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Full text of "Memorias para La Historia del Antiguo Reyno de Guatemala"

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PARA 

m 



DEL ANTIGUO REYJíO 



REDACTADAS POR 



El ILMO. Sil OR DR. D. FRANCISCO DE PAULA GARCÍA PELAEZ, 



ARZOBISPO DE ESTA SANTA IGLESIA METROPOUTANA. 



TOMO SEGUNDO. 



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^ ¿^fe^^^^^í^z-r. ^ L-t!^/C-é^.^^^^^< ^ 




^ttrtícittrtCrt. 



ESTABLECIMIENTO TIPOGUAFICO DE L. LUNA, 

Calle do Santa Rota, 2V. 4k 



Colección luis Lujan Muñoz 

Universidad Francisco Marroquín 

www.ufm.edu - Guatemala 



©i Lm mi^YEmm ©@[Kiirü¡Kio©^i 



ElV ESTE TOMO< 



^-B-tlñMMW^^' 



Paginas . 

Capítulo 44. — Hijos de los conquistadores l 

Capítulo 45. — Alternativa de alcaldes: lo 

Capítulo 46. — Extinción y restauración de los cabildos . 17 

Capítulo 47. — Administración de alcabalas 24 

Capítulo 48. — Tributo de los pardos 30 

Capítulo 49. — Cesación del tributo • 3r. 

Capítulo 50. — Restricciones del comercio 43 

Capítulo 51. — Prohibición de los vinos del Ve ru 50 

Capítulo 52. — Permisión de los vinos del Peni 67 

Capítulo 53. — Estropiezos de la navegación del sur. , . r»2 

Capítulo 51. — Abolición de la navegación del sur. . . . '>>^ 



II 
Capítulo 55. — Obstáculos de la navegación en el mar del 

norte 76 

Capítulo 5G. — Otros obstáculos de la navegación .... 82 

Capítulo 57. — Abolición del comercio déla Habana, . . 87 

Capítulo 58. — Fuerte de San Felipe 91 

Capítulo 59. — Castillo de San Carlos 98 

Capítulo 60. — Invasión de Costa- Rica 104 

Capítulo 61. — Prisión del gobernador Salinas lio 

Capítulo 62. — Flibustieres 115 

Capítulo 63. — Entradas de corsarios en la costa de Ye- 
rapaz ' . . . . 124 

Capítulo 64. — Galeones 129 

Capítulo 65. — Mansión de ingleses en Yucatán 134 

Capítulo 66. — Mansión de ingleses en Balis 139 

Capítulo 67. — Establecimiento del corso 144 

Capítulo 68. — Sublevación de Zendales 150 

Capítulo 69. — Zambos mosquitos 156 

Capítulo 70. — Hostilidad de los zambos mosquitos ... 162 

Capítulo 7í. — Gobernadores de las provincias . ..... 169 

Capítulo 72. — Otros gobernadores de las provincias . . . 177 

Capítulo 73. — 3Ioneda del retjno 841 

Capítulo 74. — Mociones 189 

Capítulo 75. — Casa de moneda 194 

Capítulo 76. — Macacos 200 

Capítulo 77. — Presidentes y gobernadores delreyno. . . 206 

Capítulo 78. — Otros presidentes y gobernadores del rey no, 212 

Capítulo 79. — Fiestas reales 221 

Capítulo 80. — Invenciones de regocijo público 228 

Capítulo 81. — Recibimiento de presidentes, 234 

Capítulo «2. — Estreno de la antigua catedral 240 

Capítulo 83. — Abasto de carnes 248 

Capítulo 84. — Feria de la Lagunilla 252 

Capítulo 85. — Tegidos é imprenta 256 



ni 

Capítulo S6. — Manuscrito de Fuentes .7 . 263 

Capítulo 87. — Presidente Berrospe 269 

Capítulo 88. — Pesquisidor 3íadriz 274 

Capítulo 89. — Crónicas de regulares 282 

Capítulo 90. — Otros impresos, 290 

Capítulo 91. — Contrabando .••.,. 297 

Capítulo 92. — Aguardiente de caña 304 



CAPITULO U, 

VLijos de los coiifiuistatlores* 

Herrera dec. 6 lib. 7 cap. 6, hablando de México por el año 
de 1542, escribe que en esta ciudad habla muchos criollos, y que 
así llamaban á los castellanos nacidos en la tierra. Humboldt, en 
su ensayo lib. 6 cap. 14 añade, que en este tiempo, siendo pocos 
los castellanos nacidos en el pais, hacian causa común con los cas- 
tellanos nacidos en Europa. Pero, según parece del obispo Casas, 
y del propio Herrera, la condición de los españoles residentes en las 
indias no era idéntica con la de los residentes en la Península. Ca- 
sas, en la razón 14», dice: en aquellas partes los hombres aun sien- 
do pobres se hacen de grandes corazones, y tienen pensamientos 
altos y desproporcionados. Este otro escritor, hablando de ellos 
dec. 8 lib. 5 cap. 4, decía: especialmente entre gente tan sospecho- 
sa, vidriosa y atrevida como los castellanos de indias. Siendo pues 
tenidos en España indistintamente en este concepto, sus pretcnsio- 
nes eran vistas con desagrado. Así es que, corriendo las dos vi- 
das, durante las cuales, se habia concedido la sucesión en las en- 
comiendas, y tratándose de negociar su perpetuidad, ó por lo me- 
nos su prolongación para la tercera vida, llevó á España esta soli- 
citud Francisco del Valle Marroquin, vecino, regidor y primer po- 
blador de esta ciudad; y sin embargo de ser nacido en España co- 
mo otros muchos que componían el ayuntamiento, en carta de 31 
de julio de 15G4 escribe lo siguiente: sobre ello no be osado tra- 
tar en el consejo generalmente ni en particular, porijue los señores 
del consejo que agora están parece que fueron puestos allí uo por 
ToM. 2. (2) 



2 CAPITULO XLIV. 

gobernadores, sino para castigo de nuestras culpas: ningún género 
de merced saben bacer á bombre de indias; y si miento, vean lo 
que negociaron los procuradores de méxico. Se ve pues estableci- 
da la distinción entre los españoles residentes en Indias, y los per- 
manentes en España, y no otra alguna. 

El mismo procurador, en carta de 10 de febrero de 65, expone, 
que para esforzar la petición, propuso servicio de dinero para la 
cámara de S. M. y haciendo cuenta de que 72 encomiendas de 
Guatemala daban 80 mil ducados cada año: 40 deCbiapa 20 mil: 
40 de San Salvador 30 mil; y otras tantas de San Miguel 8 mil, 
ofreció servir con 200 mil ducados; y añade, que fué reprendido 
del consejo, de tal manera, dice, que no é osado ni osaré tratar 
mas de ello. En consecuencia por cédula de 28 de noviembre de 
68, redactada en la ley 5 tít. 8 lib. 6, quedó á los virreyes y pre- 
sidentes la facultad de conferir las encomiendas sin mas calidad 
que la de preferir á los beneméritos, y entre estos á los descendien- 
tes de descubridores, pacificadores y primeros pobladores. No obs- 
tante, en instrucción dada á 18 de abril de 72, se lamenta así el 
ayuntamiento: cada dia vienen á estas provincias personas con cé- 
dulas reales, para que les encomienden los indios que vacaren, y les 
den de los demás aprovechamientos de la tierra; y demás del incon- 
veniente que se sigue de que sobre cada vecino encomendero aya o- 
tro que le esté aguardando á que se muera, para impetrar su enco- 
mienda, lo es muy grande para los hombres, que por sus servicios 
é antigüedad de su justicia les debian preferir. Por este tiempo 
vivia en esta ciudad Bernal Dias del Castillo, y al cap. 209 dice: 
somos vivos de los de Cortés cinco, y estamos muy viejos, y do- 
lientes de enfermedades y muy pobres y cargados de hijos é hijas 
para casar y nietos y con poca renta, y así pasamos nuestras vidas 
con trabajos y miserias. 

Lo mismo sucedió en materia de corregimientos, que estable- 
cidos éstos, y debiendo ser provistos en ellos, según se advierte en 
cabildo de 14 de enero de 70, los pobladores é hijos y descendien- 
tes de conquistadores; en instrucción de 24 de marzo de 90 dice el 
ayuntamiento: de algunos años á esta parte S. M. provee las go- 
bernaciones y alcaldías mayores que acá se proveían por el gober- 
nador, de lo cual se siguen inconvenientes, porque demás que ay 
muchas personas principales, y muy antiguas y con suficiencia pa- 
ra ello, que no tienen indios, y ayudan á la población, los que de 



HIJOS DE LOS CONQUISTADORES. 5 

"alia Vienen, como entienden que por el tiempo de sus provisiones, 
no les an de quitar los oficios, viven con mas libertad de la que 
convernia, lo cual no hacen ni hacian los que acá el gobernador pro- 
vee, antes viven con mas retitud y cuidado de no hacer exesos, 
como se a visto. En el mismo concepto escribe de España á este 
ayuntamiento el procurador Santander, diciendo: los oficios y al- 
caldías mayores que en esa tierra ay, se dan y proveen acá á per- 
sonas que van nuevamente allá; y llegando á los extremos consi- 
guientes á no ser oida su queja, añade: de ello se seguiría despo- 
blarse la tierra, y que no se podría vivir ni habitar, por no tener 
en qué ser premiados de sus servicios los vecinos que han servido. 

Abandonada la pretensión de perpetuidad de las encomiendas, 
se dá instrucción en 30 de mayo de 85 para solicitar á lo menos su 
prolongación por una tercera vida mas, mencionándose, que la mis- 
ma petición tenían hecha las provincias de Nueva-España, el Perú, 
Nuevo reyno de Granada, y otras; bien que en vano, porque se 
determinó de nuevo la libre concesión de encomiendas en 1595 
por un artículo de ordenanza redactado en la ley de recopilación 
que va referida. Sin embargo, se hizo nueva instancia, ofreciendo 
por cierto número de encomiendas cien mil ducados, sobre lo cual 
dá las gracias el ayuntamiento de Ciudad- Real á este de Guatema- 
la en carta de 4 de marzo de 96; y sin duda fué desoída, porque eu 
7 de agosto siguiente se libró el título del presidente Criado de Cas- 
tilla, que correen la elección de alcaldes de 61 1, y en él se repite la 
facultad de proveer las encomiendas, sin mas requisito, que fijarse 
edictos, llamando á los beneméritos para su graduación y preferen- 
cia. Pero su inobservancia fué lamentada en memorial de 29 de a- 
bril siguiente por estas palabras: los alcaldes ordinarios que fueron 
el año pasado de 1610 juntamente con muchos de los regidores, estu- 
vieron presos y con guardas por mandado de la real audiencia, en 
razón de aver recebido los dichos alcaldes y regidores en su cabil- 
do ciertas peticioties que cuatro vecinos de esta ciudad dieron so- 
bre que se tratase de que las encomiendas de indios (¡ue vuestro 
presidente hacia se les diesen á ellos como á hijos de coiKinistado- 
res y personas beneméritas. 

Por algún tiempo cesaron los poseedores de cneomiindas en 
su pretensión, para suscitarla después con mas fuer/a, no ya por 
la prolongación de una vida, sino por la perpetuidad de ellas en 
sus descendientes, á la cual dio principio el Pei'ú, cuyo procurador 



4 CAPITULO XLIV. 

refiere Solórzano lih. 2 cap. 22, imprimió en la corte un memo- 
rial bastante erudito. Cometido su examen al doctor Sal azar del 
oonsejo de Indias, se infiere le pareció mal por las notas que le pu- 
so al máríxen, y no tuvo mejor suerte otro, compuesto por el licen- 
ciado Ortiz, procurador así mismo del Perú; porque presentado en 
el consejo el año de 1619, la contrariedad de pareceres no dio lu- 
gar á la resolución. Sin embargo, se abrió el campo á la controver- 
sia, y se escribió de una y otra parte. 

Fray Juan Zapata, natural de México, obispo que fué de Chia- 
pa y después de Guatemala hasta el año de 630, en su tratado de 
justicia distributiva, alegó según relación de Solórzano, en favor de 
la perpetuidad: 1° haber los conquistadores y pobladores ganado 
y poblado la tierra á su costa: 2» que si el efecto de su servicio fué 
perpetuo, cual lo es la adquisición de un imperio, su remuneración, 
que eran las encomiendas, debió serlo igualmente: '^° que siendo 
accesorias las indias á España, la razón que hubo para dar seño- 
ríos en la conquista de ella, habia para conceder en las otras el per- 
petuo señorío de encomiendas; y 4° que si en la Península los títu- 
los y opulencia de los mayorazgos daban lustre al reyno y estabili- 
dad al trono, iguales ventajas producirían en indias el señorío y 
posesión de las encomiendas. 

Contra la perpetuidad se alegó 1» que en proporción que ira- 
portó al rey la adquisición de este nuevo mundo, le importaba la 
conservación, y que premiando con perpetuidad la primera, se im- 
pedia para premiar aun temporalmente la segunda: 2» que la ha- 
cienda procedente de las encomiendas no solo debia servir á la co- 
rona, mas también á los gastos de la conversión de los naturales y 
establecimiento de lafé: 3° que si los encomenderos sin seles per- 
mitir jurisdicción alguna en los indios, los predominan y hacen tan- 
tas molestias y vejaciones, que ha sido necesario prohibirles resi- 
dir en sus pueblos, ni aver con ellos trato alguno, justo es recelar 
serán peores y mas insolentes, si se viesen dueños de ellos en per- 
petuidad con jurisdicción y vasallage; y 4" que aunque las indias 
sean accesorias á España, su distancia por mar y tierra haría mas 
soberbios y desafectos á su rey á los que deben estar muy depen- 
dientes, y por todos medios colgados de las reales manos. 

El obispo Zapata, según relación del propio Solórzano, lamen- 
ta la desventura de los descendientes de los conquistadores, que 
acabadas los vidas de sus antecesores, no alcanzaron encomienda» 



HIJOS DE LOS CONRUIST ADORES. 5 

y quedaron faltos de honra, y sin otra hacienda de que se poder 
valer, y por necesidad obligados á ocuparse en oficios humildes, ó 
á mendigar y pedir limosna, como testifica averio visto por sus pro- 
pios ojos. Fuentes lib. 2 cap. 5 produce igual testimonio, mostran- 
do en su tiempo estar sin pan los descendientes del que trajo el tri- 
go á la tierra. Los que argüían en contrario, aconsejaron trazas, 
con que mas bien se fueran incorporando las encomiendas en la co- 
rona; y no pareciendo mal, en cédula de 1 3 deagosto de 1 627, redac* 
tada en la ley 38 tít. 8 lib. 6, se manda aplicar á la hacienda real 
el tercio de las encomiendas que vacasen. Limitado con esto el de- 
recho de los pretendientes de la perpetuidad de ellas, fué aflojando 
y cesó la controversia, la cual siempre sirvió para denotar el estado 
en que estaban de recibir merced los hombres de Indias. 

En consecuencia se ven estallar, al cabo de un siglo, entre los 
españoles de estas partes distinciones y diferencias harto marca- 
das, no solamente por titularse criollos los nacidos en ellas, y los 
procedentes de España cachupines, según advierte Vázquez tomo 
2 lib. 4 cap. 28, mas también por el desvío y extrañamiento con 
que los primeros comenzaron á ser tratados de los segundos, sobre 
que Solórzano lib. 2 cap. 30 hace varias observaciones, para con- 
vencer, dice, la ignorancia ó mala intención de los que no quieren, 
que los criollos participen del derecho y estimación de españoles, 
tomando por achaque que degeneran tanto bajo el cielo y tempe- 
ramento de estas provincias que pierden cuanto bueno les pudo in- 
fluir la sangre de España. Y los que mas se estreman en decir y 
publicar esto, añade, son algunos religiosos que pasan de Espa- 
ña, pretendiendo excluirlos por ello del todo de las prelacias y 
cargos honrosos de sus órdenes; y llegó esto á tanto, que un obis- 
po de México puso en duda, si los criollos podrían ser ordenados 
de sacerdotes. 

No tengo, dice todavía, por justo ni conveniente que se de ere- 
dito á esta mala opinión de criollos, contra la cual dá graves y 
bien fundadas quejas fray Juan Zapata, que murió obispo de Gua- 
temala, diciendo la siniestra intención que han tenido y tienen los 
que la esparcen, y que no solo no deben ser excluidos de las pre- 
lacias regulares y seculares, oficios y dignidades, como algunos pr^ 
tenden, sino antes en igualdad de méritos, han de ser proferidos á 
los de España. Al cual añado, que supuesto hacen con estos un 
cuerpo y un reino y son vasallos de un mesmo rey, no se les puede 



C CAPÍTULO XLIV. 

hacer mayor agravio, que intentar excluirles de estos honores. 

A los regulares de esta provincia cupo parte de esta lucha en 
razón de la prelacia: sobre lo cual Solórzano lib. 4 cap. 19 nota 
el desconsuelo de verse en sus propias tierras olvidados y á punto 
de caer en un género de desesperación que les hiciese aborrecer la 
virtud y los estudios: en el cap. 26 dice: causaba gran dolor y sen- 
timiento á los criollos verse excluidos en su patria de estos hono- 
res, teniendo partes para poder esperarlos. Vázquez, escritor de la 
orden de San Francisco, tratando esta materia, cuenta que en el 
transcurso de un siglo apenas hablan sido provinciales dos criollos, 
á saber, elp. Salcedo en 1596, y el p. Camargo, en 1623, hasta el 
capítulo general celebrado en Toledo el año de 1633, en que el p. 
Tovilla negoció, ya que no alternación entre nacidos en España y 
nacidos en Indias, á lo menos ternativa, esto es, que pudiesen estos 
últimos en cada tres elecciones obtener una, celebrándose la pri- 
mera el año de 38; pero en el siguiente capítulo celebrado el año 
de 41 se estableció ya la alternativa, que subsistió en lo sucesivo. 
Los dominicos no hablan obtenido hasta entonces ningún provin- 
cial criollo, pero el p. Morcillo, natural de Sonsonate, hijo de pa- 
dres ricos, mirando por el año de 33, que los franciscanos hacían 
solicitud de alternativa, con dinero que le dio la madre Ana de la 
Cerda, hizo viaje á Roma, hasta conseguir breve sobre ello, cuyo pa- 
se, aunque fué resistido en España por contradicción de los religio- 
sos dominicos despacio de ocho años, al fin fué otorgado por el con- 
sejo en vista y revista, como parece de ejecutoria de 15 de diciem- 
bre de 52, que corre en libro suelto con 51 fojas. En su contexto 
resulta la solicitud fundada en el ejemplo de las provincias de An- 
dalucía y Aragón, donde los naturales alternaban con los domici- 
liados. En fin, el primer provincial criollo fué fray Jacinto Dias 
del Castillo y Cárcamo, nieto del conquistador Bernal Dias del Cas- 
tillo, y hermano del doctor Ambrosio Dias del Castillo y Cárcamo, 
deán de esta iglesia catedral. 

La postergación de los regulares criollos quedó remediada, mas 
no la de los optantes de encomiendas. La provincia de Nicaragua 
envió por procurador suyo á España á Sebastian Ramírez con esta 
querella, y en cédula de 3 de diciembre de 631 se apercibe al pre- 
sidente, diciéndole: sin embargo de esto, sedan á vuestros parien- 
tes, criados y allegados y á los de mis oidores, fiscales y otras per- 
sonas. Semejante especie de apecíbimiento y de querella no debió 



HIJOS DE LOS CONDÜISTADORES. 7 

parecer bien á los presidentes, y sin duda, para precaverse de ellas 
aplicaron su atención á las elecciones de alcaldes por su influjo en 
el ayuntamiento. Al comenzarse en esta capital la del ano de 41, 
dijo el presidente Osorio, que por causas justas, que á ello le mo- 
vían concernientes al servicio de S. M. mandaba y mando, por a- 
quella vez, sin que sirviese de ejemplar, que la elección se hiciese 
precisamente y sin réplica de las catorce personas nominadas en la 
lista que llevó y corre agregada. Y aunque el alférez Carranza, que 
no estaba en ella apeló á la Audiencia la libertad de elección, el 
punto se declaró, solo apelable al consejo. En la del año de 46 el 
presidente Avendaño encareció la conveniencia universal de la repú- 
blica en que las personas, que se eligiesen de alcaldes fuesen quie- 
tas y pacíficas; y lo fué de primer voto el alférez Carranza que va 
mencionado. 

Para la elección siguiente se puso mas cuidado. En acuerdo de 
último de diciembre los oidores dijeron al mismo presidente. Se ha 
entendido que don Diego de Padilla pretende ser alcalde este año 
que viene, y que hace muchas diligencias que son públicas y otras 
secretas, quizás por no ser lícitas, y ni permitidas por derecho, y 
porque es constante y cierto, que los disgustos y diferencias, que 
á ávido estos años pasados se originaron de cuando fué alcalde el 
dicho don Diego por la inquietud de su natural, siempre inclinado 
á la turbación de la paz, y se puede presumir, que hoy lo preten- 
de para lo mismo, y mas cuando el dicho don Diego á querido in- 
troducir para su pretensión la diferencia entre los nacidos en Espa- 
ña y de otras partes, cosa jamas usada en esta ciudad, y de muy 
malas consecuencias, por aver ávido siempre entre unos y otros 
mucha conformidad sin diferencia ninguna en esta materia, que en 
otras repúblicas y comunidades á sido de tanto perjuicio, y pues 
todo lo dicho es cierto esta audiencia suplica á S. S. como se ha de 
hallar á estas elecciones, procure se hagan con toda libertad, no 
permitiendo sea electo el dicho don Diego de Padilla: el presidente 
respondió, que no á entendido hasta agora que don Diego de Pa- 
dilla trate de ser alcalde, y que lo que estuviere en mano de su se- 
ñoría, lo procurará. 

Como la elección de criollo que seguia, era del alcalde seg\nulo, 
no la obtuvo Padilla, y empatada la votación entre don Estevan de 
Alvarado y Celidon de Santiago, quedo decidida por el primero con 
el voto del presidente. Alcalde primero salió don Antonio Masa- 



8 CAPÍTULO XLIV. 

riegos, acaso en manera de triunfo, y sin duda persona importante 
en sus circunstancias, porque en adelante se advierte que tomó es* 
te nombre uno de los bandos en que se dividieron las familias de 
la ciudad. Sea como fuere, el ayuntamiento á pesar de la falta de 
libertad que gozaba en las deliberaciones de interés de los criollos, 
en cabildo de 31 de mayo del propio año de 47 remite instrucción 
á su procurador residente en España, ordenándole en el art. 2® 
suplique á S. M. no se den encomiendas, á las personas qne están 
en los reynos de España; y en el 8» que sea efectiva en favor délos 
descendientes de conquistadores la provisión en los corregimientos, 
ofidos y beneficios y otros aprovechamientos, y no se den á parien- 
tes, criados de los señores presidente, obispo, oidores, ni fiscal y 
oficiales reales. 

Sin embargo, el mal iba en aumento. Hasta entonces la querella 
era de que las encomiendas se daban á personas que venian de Es- 
paña; ahora ya es de que se daban á las que no venian, y las disfru- 
taban en la Península, Ya el obispo Zapata, según testifica Solór- 
zano lib. 3 cap. 3, había vituperado esta especie de concesiones, re- 
putándola por contraria no solamente á la justicia distributiva, mas 
también a la conmutativa, por privarse á los beneméritos del nuevo 
orbe, no ya del galardón, cuanto del estipendio y compensación de 
los grandes trabajos de sus antepasados, y sangre derramada en es- 
tas provincias. La misma observación hacia el propio Solórzano, di- 
ciendo: lo cual es muy digno de advertir en el tiempo presente para 
tener la mano, y cerrar la puerta que tan franca se vá abriendo en 
hacer merced de ellas á señores y señoras de España, y otras per- 
sonas, que aunque sean de gran calidad y servicios, no los han he- 
cho en aquellas partes, ni tratan de ir á vivir en ellas. Al cap. 32 
decia: las mas de ellas y las mejores se hallan dadas á señores y 
señoras de España y á otros que ni residen, ni han de residir en las 
íntlias, ni tienen méritos ni servicios concernientes á la conquista 
de ellas. 

Esto, que Zapata y Solórzano llaman abiertamente injusticia, 
debia mantener los ánimos de los vecinos de Guatemala interesados 
en las encomiendas, descontentos, en turbación y sin reposo, que 
hacia tiempo echaba menos la audiencia; y así no es mucho que en 
8 de octubre de 48 fuesen llamados al acuerdo diferentes vecinos de 
la ciudad, hasta en número de ocho, sin duda para apercibimientos 
sobre el sosiego y la paz. Al propio tiempo, el memorial del ayun- 



HIJOS DE LOS CONQUISTADORES. 9 

tamiento fué bien acojido en España, y despachado como se desea- 
ba, porque en 20 del mismo mes de octubre se libró cédula, en que 
insertándose otras antiguas, y encareciendo el mérito de los con- 
quistadores, pobladores, sus hijos y descendientes, se ordena de 
nuevo sean preferidos así en las encomiendas, como en los corregi- 
mientos y otros oficios y aprovechamientos. 

Como habia costumbre de oir semejante lenguage, habiendo 
ya visto repetidas veces, que los hechos no correspondían á las pa- 
labras, no se estrañó que en consecuencia, el mal llegase á su col- 
mo, y sucedió luego; pero dolió harto á Guatemala el que le cupie- 
se ser presa suya. Zapata y Solórzano en sus declamaciones no la- 
mentaron en orden á otras partes de las Indias lo que tuvo quede- 
plorar esta provincia en particular. En carta de 3 de mayo de 49, 
dice el ayuntamiento á sus procuradores: la mayor parte de los se- 
ñores del consejo real de las indias tienen rentas y cédulas pai-a 
que seles den, y ai mismo algunos del supremo de Castilla. En 
carta de 8 de abril del mismo año, expresa: que de cierto tiempo á 
aquella fecha hablan ido á España de rentas de encomiendas ai^ 
riba de 40 mil pesos, y que una habia de 10 rail ducados en poder 
de personas residentes en ella: encarece, que destituidos de los socor- 
ros destinados para los pobladores que hablan ganado la tierra, 
se veían en la necesidad de dejarla, y quedaría desierta: admira 
igualmente como los mismos consejeros eran jueces y partes; y con- 
cluye intimando, se pida á S. M. nombre ministros de otros con- 
sejos para jueces de ella. Pero un procurador lejano, escasamen- 
te pagado, y otros puramente encargados, no fueron capaces de lle- 
var adelante semejante recurso; Por el tenor de las encomiendas, es 
de inferirse la suerte que correrían los correghnientos. 

Be aquí dimanó, como era natural, la exasperación délos crio- 
llos; pero fieles al rey, no se volvieron contra el consejo; ni con- 
tra el gobierno, y sin ocuparse mas en nuevas reclamaciones, des- 
graciadamente hallaron otro objeto en qué emplear su animosidad. 
Gomóla prerogativa de los conquistadores llegó ú ostigar en la cor- 
te, y lo ilusorio del derecho de sus descendientes, tocaba en In pitís- 
cripcion, los criollos de este género no soportaban que se juzgase 
igual el agravio que ellos sufrían al que presurainn recibir los que 
no lo eran, y no aspiraban menos ú oficios y rentas; y rodiuulo so- 
bre ello rivalidad, resentimientos y luego enconos, creció la eial- 
tacion de los bandos entre los mismos criollos. Juarros hace 
TOM. 2. (3) 



^0 CAPÍTULO XLV. 

memoria de ellos, de duelos ruidosos, y oposiciones recíprocas de 
familias por los años de 54; añadiendo, que el presidente Altami- 
rano, por ladearse á la parte de los Masariegos, tuvo varias pesa- 
dumbres, incurso desde luego en la rivalidad, que condujo al Gol- 
fo en su tiempo á Padilla. El conde de las Casas alaba la conduc- 
ta de los gobernadores de Cuba residentes en la Habana su capital, 
refiriendo, que sus autoridades nunca influyeron en dar origen al 
odio entre unos y otros españoles, como generalmente ha aconte- 
cido en los demás paises del continente. La ciudad de Santiago de 
los caballeros, animada de este título en aquella época, no solamente 
vio divididos á los españoles unos de otros, mas también á los mis- 
mos criollos entre sí; y al propio Altamirano, desde luego se impu- 
tó pertenecer al bando de su clase, por lo mismo que era criollo 
natural de México, según testifica Ximenez lib. 5 cap. 4, y sin du- 
da procedente cercanamente de españoles peninsulares. La discu- 
sión de esta materia habia llegado á un refinamiento, que al fin ha- 
lló término afortunadamente en la naturaleza misma de las cosas; 
pues no tardó la época en suscitar necesidades de un interés supe- 
rior, que afectando la propia conservación, debian amortiguar to- 
da disensión antes de fenecer el siglo. 

CAPÍTULO 4o. 

AlteriiatiTa de Alcalcleis. 

Solórzano lib. 5 cap. 1, hablando de la institución de los ca- 
bildos y justicia en las Indias, hace mención de una cédula del año 
de 1565, por la cual se manda, que para alcaldes ordinarios sean 
preferidos los primeros conquistadores y pobladores y sus hijos; y 
cita á Juan Matienzo donde dice, cuan conveniente es, que uno de 
estos alcaldes ordinarios sea de los vecinos encomenderos, y otros 
de los que llaman domiciliados en las mesmas ciudades. Y así puede 
congeturarse, que la alternativa comenzó primero por deferencia 
de los conquistadores en los domiciliados, y luego continuó por la 
de sus hijos en los nuevos domiciliados, que sucesivamente ocur- 
rían, y partieron con ellos los cargos y honores de la república ea 
toda conformidad. 



ALTERNATIVA DE ALCALDES. 4^ 

• ' El propio Solórzano refiere, que establecidos que fueron loscor- 
"M^ "regidores, pareció no se necesitaba de alcaldes ordinarios, y se cues- 
tionó si convendría quitarlos, escusando se eligiesen en adelante, 
como se habia hecho en España. Al virey del Perú, en carta de 
1575, se ordenó proveyese, que donde hubiese corregidores sala- 
riados, no hubiese alcaldes ordinarios; y como no lo hizo, se le 
pide informe en 10 de abril de 1609, si convendría extinguirlos. 
Igual informe se pidió aquí á la audiencia en 15 de jubo del mis- 
mo año, y fué seguramente el motivo, por el cual el presidente Cria- 
do de Castilla propendió tanto á poner corregidor en esta ciudad, 
y restringió á personas designadas la elección de alcaldes el año de 
611. La razón que da la orden real acerca de la supresión de al- 
caldes son las connexiones de los vecinos del pais para la recta 
administración de justicia; pero la verdadera fué aniquilar toda ju- 
risdicción que no dimanase visiblemente del trono, y según su le- 
tra, ser los nombrados de ordinario naturales. 

Solórzano continúa refiriendo, que algunos vireyes hicieron 
esta supresión en algunas ciudades para su mejor gobierno, y que 
no hubiese tanto número de justicias; pero que en otras hablan ido 
tolerando, por no contristar á los vecinos de ellas, si se les quitaban 
sus antiguas costumbres y preeminencias, y para que les quedase 
algo en qué pudiesen ser ocupados, y honrados, y dar muestras 
de su ingenio, prudencia y capacidad. Añade que México hacia po- 
co habia impetrado la supresión del corregidor, y ser gobernada 
la ciudad y su contorno por alcaldes á ejemplo de Lima, donde tam- 
poco habia corregidor. Guatemala se ha visto que siempre reclamó 
y zeló esta prerogativa, y que en defensa suya, ademas de no admi- 
tir corregidor, resistió por dos veces el juzgado de provincia. 

Entre las facultades de los alcaldes se numeró la de seguir in- 
formaciones para informar al rey en las cosas del real servicio, la 
cual fué confirmada en cédula de 17 de abril de 1553; y en uso de 
ella el cabildo en 18 de febrero de 58 informa, que estando manda- 
do no faltasen dos oidores en la audiencia, sallan libremente de la 
ciudad, sin quedar mas que uno solo, que nombraba el acompaña- 
do que quería, y de ello se seguían inconvenientes á los litigantes. 
El procurador Marroquin, escribiendo al ayuntamiento en carta de 
10 de hebrero de (ió, hablando con los alcaldes, dice: deberían I S. 
mds. tener mas cuidado en lo que toca á informar ó S. ^L de la ne- 
ijcsidad y bien publico, que para esto, y no para solo ser alcaldes, los 



^2 CAPÍTULO ILV. 

elige la triste república. So color de hacer estas informaciones, don 
Diego de Herrera siguió una contra el fiscal de la audiencia, porque 
favorecía los parientes de su muger, y es reprendido y mandado 
castigar su atrevimiento en cédulas de 22 de noviembre de 79. Mas 
adelante don Carlos de Arellano y don Pedro de Alvarado siguie- 
ron otra, sobre que el presidente y oidores impedían á los caballe- 
ros llevar á la iglesia almohadillas para hincarse, la cual en el con- 
sejo solamente fuéoida. En acuerdo del propio consejo de 15 de 
junio de 602 aparece informe de que los oidores pasaban donde el 
presidente sin dar la asistencia debida á los negocios, y que el pre- 
sidente mismo, si iba un dia á audiencia, faltaba cuatro, y se re- 
presaban las causas. Se preguntó á la audiencia, y con su expli- 
cación fué provisto un oidor mas. El alcalde de la villa del Realejo 
en la provincia de Nicaragua siguió información de que no conve- 
nía hubiese cuatro corregidores en ella, que solo servían de tener 
tratos y negociaciones, y llevar salarios; y aunque por ellos fueron 
vejados hasta los testigos y escribano, tres corregimientos fueron 
suprimidos, y la facultad de los alcaldes para tales informaciones 
de nuevo declarada en cédula de 6 de junio de 31. El ayuntamien- 
to de esta ciudad usó de ella el año de 65 por la nueva introducción 
que se hizo, del juzgado de provincia; pero el juzgado se estable- 
ció, y no se emprendió mas información en adelante. 

El depósito de vara en vacante ó ausencia de los alcaldes ordi- 
narios fué contendido algún tiempo por el ayuntamiento como fa- 
cultad suya. En cabildo de 7 de noviembre de J 548 se expresa que 
por ausencia del licenciado Cueva y de Guzman que lo eran, reci- 
bían según la ordenanza de esta ciudad á Bartolomé Becerra por 
tal alcalde. En 23 de abril de 1621, habiéndose propuesto alpre- 
isidente conde de la Gomera que por fallecimiento de Pereira, alcal- 
de ordinario, se depositase la vara, según la costumbre en el regi- 
dor mas antiguo, no accedió, sino que mandó hacer elección como en 
año nuevo, que recayó en el mismo regidor mas antiguo. En 26 
de marzo de 28, proponiendo el presidente Acuña se depositase en 
el regidor mas antiguo, el cabildo repuso, que en el regidor que su 
señoría quisiese, y la depositó en Antonio Justiniano que era de los 
menos antiguos. Así fué como defiriendo el cabildo, y ensanchando 
su autoridad los presidentes, en la vacación de la primera vara acae- 
cida en 8 de mayo de 43, el presidente Avendaño ya hizo por sí 
nombramiento de alcalde en despacho de la misma fecha, que so- 




ALTERNATIVA DE ALCALDES. 45 

Jámente se notificó al cabildo para su cumplimiento. Este reclamó 
pertenecerle la elección, y el presidente replicó que si bien le perte- 
necían las anuales, las otras tocaban á él como gobernador, aña- 
diendo se cumpliese lo mandado pena de 200 pesos. El cabildo ape- 
ló á la audiencia; pero el nombrado acabó e] año. Tres meses antes 
de espirar el año, hizo ausencia el segundo alcalde, y por ella ya 
permitió que el cabildo eligiese, mas por delegación y en nombre 
^uyo. El alférez Carranza reclamó el depósito, alegando pertenecer- 
le por una cédula que se lo defería. En efecto, las de los años de 
35, 87 y 90 del siglo anterior conferían esta prerogativa al regidor 
mas antiguo, ó al alférez, estando como estaba el de esta ciudad, 
dotado del privilegio de antigüedad. Por lo cual redactadas las tres 
cédulas en la ley 13 tít. 3 lib. 5 de la recopilación, y publicada ést^ 
el año de 80, quedó desde entonces fenecido este punto. Sin em- 
bargo, en 11 de mayo de 1730, movida nueva duda por no haber 
alférez, y sí alguacil mayor con igual privilegio, consultada la au- 
diencia, resolvió por aquella vez, se le confiriese. 

Las elecciones de alcaldes siguieron vigiladas. Ellas eran presi- 
didas por el presidente, á quien solo tocaba en lo antiguo presen- 
ciar la votación, y escuchar su resultado; pero el año de 639 se no- 
ta que el escribano de cabildo, que recibía los votos y hacia la re- 
gulación, se levantó y llegó al asiento del presidente á revelar en se- 
creto los sugetos que salían electos, y no se anunció la elección á 
los presentes, sino con su permiso, sin perjuicio de confirmar la 
ya publicada. A los dos años de introducida esta práctica, se llamó 
ya estilo y costumbre. El ayuntamiento, en instrucción de 27 de 
mayo de 50, encarga á su procurador en España represente contra 
ella, y obtenga cédula para su abolición; pero no ocurre razón de 
ella, y si bien cesó algún tiempo semejante práctica, en lo sucesi- 
vo se encuentra renovada sin mas contradicción. 

La alternativa de alcaldes entre nacidos en España y en la tier- 
ra, que en su principio fué efecto de buena armonía y conformidad, 
en lo sucesivo fué objeto de rivalidad, y por ella redundados distur- 
bios éntrelos mismos criollos. Con esto la administración de justicia 
puesta en poder de parcialidades, debió padecer detrimento. La au- 
diencia aprovechó esta oportunidad, para hacer necesaria de nue- 
vo la introducción de jueces de provincia, por su naturaleza me- 
nos relacionados con el vecindario; y aunque fué repugnado por el 
ayuntamiento este juzgado, como depresivo déla autoridad de los 



Í4 CAPÍTULO XLV. 

nlcaldes, y hechas reclamaciones por su procurador en España, 
él quedó establecido. Hasta entonces no habia llamado semejante 
alternativa la atención de la corte, pero en esta vez llegó á merecer 
su recomendación en cédula de 14 de diciembre de 72, en la cual 
se previene á la audiencia disponga no se innove la costumbre que 
ha habido en este ayuntamiento en cuanto á la alternativa entre 
criollos y europeos para las elecciones de alcaldes ordinarios. 

El presidente Alaba, bien fuese por innovar la alternativa, ó 
bien con el saludable fin de eludir su rivalidad, propuso el año nue- 
vo de 82 otra especie de alternativa, cual era que cada seis meses 
alternasen el asiento los dos alcaldes, tomando entonces el segun- 
do la presidencia del cabildo, y dejando el primero para ocupar el 
asiento del segundo, como se practicaba en los reynos de México y 
Lima. El cabildo aceptó la providencia con calidad de que se diese 
cuenta, y se aprobase en el consejo; pero andando el tiempo y pa- 
reciendo quitada la escala del segundo alcalde, y así mismo reba- 
jadas las preeminencias del primero, á los tres años no gobernan- 
do ya el presidente Alaba, clamó por la abolición de esta clase de 
alternativa, y por la subsistencia de la anterior, sobre que Instrui- 
ido expediente, y oido el fiscal, se acordó de conformidad para el 
año de 85, debiendo el alcalde de primer voto, electo alternativa- 
mente entre sugetos de España y de estos reynos tener el primer 
asiento en todo el año, y como corregidor del valle entender so- 
lamente en causas de indios, y el de segundo en las de españoles y 
otras castas avecindadas en el valle. 

Entre los recursos que los presidentes y la audiencia emplearon 
para abolir ó disminuir la jurisdicción de los alcaldes en el valle, 
fué uno la institución de villas y corregimientos. En memorial he- 
cho al rey en 29 de abril de 61 1, dice el cabildo: en el valle que 
llaman de misco á tratado vuestro presidente de poblar una villa 
con los labradores circunvecinos: esta ciudad lo ha contradicho, 
por ser muy en perjuicio. Después se trató de hacer villas los pue- 
blos de Petapa, Amatitan y Escuinta, y obtenido permiso, tam- 
bién lo contradijo la ciudad, oponiendo inconvenientes, á que el 
rey en cédula de 28 de marzo de 80 ordena se ponga remedio, con 
que dejó arbitrio, para que el cabildo en 30 de marzo de 82 acor- 
dase seguirlo resistiendo, y solo fué desmembrado el partido de Es- 
cuinta, uniéndose al de Guazacapan. Ordenada de nuevo la fun- 
dación de villas en el valle, para hacer de su distrito un corregí- 




ALTERNATIVA DE ALCALDES. -i 5 

miento, el cabildo en representación de 3 de noviembre de 734 hi- 
zo nueva oposición y frustró el designio. Sin embargo, la necesi- 
dad y la propia comodidad hablan reunido en lo último del valle 
algún vecindario de españoles, los cuales, así como los ladinos de 
Amatitan, Petapa, Mixco y Pinula, eran administrados en lo reli- 
gioso por los curas del Sagrario, y tenian construidos templos. Lle- 
varon asimismo la agua de Pinula á su recinto, tomando nivela- 
ciones, levantando el piso en los bajíos, y conduciéndola en taujía, 
hasta pasar una barranca sobre un arco que ganaba el declive pa- 
ra su burgo. En 750 aparece fundada parrócfuia, sus curas titula- 
dos rectores, y su libro de bautismos con margen doble. Una ra- 
zón puesta al principio del libro de confirmaciones, expresa que se 
emprendió la conducion del agua el año de 7 35, siendo cura y pro- 
curándolo el p. Tovilla y Galvez, fué costeada por el obispo Gó- 
mez de Parada, ejecutada por el artífice Torres, y concluida dia 27 
de abril de 737. 

Hubo otra especie de alcaldes de que se sigue tratar, instituidos 
para lo económico de los oficios. Las artes que en España, para 
salir del vilipendio de los feudos, y lograr protección contra los se- 
ñores de lugares, se hablan acojido á formar gremios, siendo en 
los de las Indias ejercidas por conquistadores y primeros poblado- 
res, ellas tenian derecho para participar de los fueros de sus pro- 
fesores; pero puntualmente han sido estos los primeros en desde- 
ñarlas y dejarlas caer en nuevo menosprecio. Porque favorecidos 
con encomiendas de indios, cuenta Remesal lib. 4 cap. 4, el herre- 
ro apagó la fragua: el sastre cerró la tienda, y tan k-jos estaba de 
dar puntada, que aun no sabía como se llamaba la aguja y dedal: el 
zapatero no conocía las hormas, y para sí mismo evniaba por zapa- 
tos fuera de la ciudad: el carpintero huía de la azuela, y trataba 
de jaeces y caballos; siendo forzoso amenazarlos en cabildo de I 
de abril de 1536 con el despojo dte las encomiendas, para que usa- 
sen de sus oficios. Con que aplicándose pocos y compelidos, tuvie- 
ron ocasión primero los indígenas, y después los negros y mulatos, 
de aprenderlos y ejercerlos, siendo necesaria de nue\ o la formación 
de gremios, para dar perfección ú las artes, y pundonor á sus pro- 
fesores: lo que se logro según los tiempos, teniendo cada cual sus 
ordenanzas, sus alcaldes y veedores, sus maestros y oficiales, sus 
grados y exámenes, y aun los aprendices sus obligaciones respec- 
tivas, con que eran entregados y recibidos. 



ÍC CAP. XLV.— ALTERNATIVA DE ALCALDES. 

Así se ve á los individuos del gremio de zapateros dictar áus 
ordenanzas en cabildo de 21 de noviembre de 560 por estas pala* 
bras: nos los oficiales de zapatería de la cibdad de Santiago de Gua- 
temala nos juntamos todos como es uso y costumbre en las cibda*- 
des, villas é lugares de los reynos é señoríos de su magestad, y to- 
dos juntos por lo que conviene al bien y provecho de la repúbli* 
ca en lo que toca á las obras del oficio de zapatería hicimos las or- 
denanzas siguientes. Los oficiales españoles, bien que de linage 
común y del vulgo, como nota á este propósito Remesal, que no 
toda la repúblicaj dice, podia componerse de gente ilustre, concur- 
ren aquí con oficiales indígenas, que según se ha visto los habia, 
y también negros y mulatos; salvo, que á estos últimos, con ar* 
reglo al derecho romanó, que era el derecho de gentes de Europa, 
y al antiguo español, estando en actual esclavitud, no se permitía 
el magisterio del arte, según previene el artículo 19 de la presente 
ordenanza, que dice: otro sí, que ningún negro captivo no pueda 
tener tienda de zapatero (conforme á las pramáticas reales} por sí, 
sino fuere que su amo sea oficial del dicho oficio. La distinción de 
clases acaso no era en aquel siglo marcada con vilipendio, ni con 
el encono encendido en el siguiente con ocasión de la diferencia en- 
tre españoles peninsulares y de Indias, domiciliados y criollos; los 
cuales así oprimidos emprendieron oprimir á otros. Consecuentes, 
pues, á esa conformidad é igualdad legal, los oficiales del gremio 
nombran en el primer artículo por sus gefes á Francisco Blas al- 
calde, y á Juan de Hecija veedor, reservándose en el segundo el 
derecho de elegirlos anualmente. 

Establecidos los gremios, y de consiguiente teniendo importan- 
cia el régimen de sus gefes, tomó intervención el gobierno general, 
y en IS de junio de 624 se ve al presidente conde de la Gomera 
librar despacho de maesti'o en el oficio de guarnicionero á Lázaro 
Hernández, para que examine á los oficiales, y dé título á los que 
hallare peritos, haciéndolo reconocer pena de 200 pesos. Igual 
despacho libró el presidente Acuña en 14 de junio de 627, que 
corre en actas de cabildo, y mas adelante no faltaron otras mues- 
tras de autoridad, que rebajasen la estimación de los gremios. Por- 
que en cabildo de 24 de marzo de 643 da aviso el fiel ejecutor, 
(pxe visitando las tiendas de los cereros en unión del alcalde y del 
veedor del oficio, llegó un recado del presidente Avendaño con un 
teniente del alguacil mayor, para que no continuase, y llevó pre- 



CABILDOS. ^7 

SOS al alcalde y veedor, resultando luego que el gobierno general 
había nombrado un reveedor; sobre que acordó el ayuntamiento 
reclamar la jurisdicción, así como vindicó la de los exámenes, y 
ya en acta de 20 de octubre de 671, y 19 de febrero de 672, se le 
ve en posesión de los exámenes de oficiales y maestros, y librar tí- 
tulo á estos últimos. 

El artículo 16 déla ordenanza, que va mencionada, dice: otro 
sí, que todos los oficiales de zapateros y curtidores sean obligados 
el dia de señor san Crespin é san Crispisiano á decir una misa á don- 
de tuvieren la devoción, y que huelguen aquel dia, y no se haga o- 
bra ninguna. El traductor de Butler, en 25 de octubre, llama á es- 
tos santos mártires Crispin y Crispiniano. Sobre lo cual Capma- 
ni, en discurso sobre los gremios, dice. El interés del estado exi- 
ge que se faciliten al pueblo todos los medios de hacerse visible y 
estimable sin salir de su clase; y esto no puede verificarse en los ar- 
tesanos, sino distinguiéndolos y distribuyéndolos en aquellas cla- 
ses autorizadas, que componen la armonía de una sociedad. Esta- 
blecidos los gremios, cincuenta mil artífices, por ejemplo, son go- 
bernados y celados por medio de cien cabezas de entre ellos mismos, 
que exoneran al gobierno de una inspección inmediata sobre su con- 
ducta fabril y doméstica. A un artesano se le compensa la dureza 
del trabajo y la inferioridad de su estado con el honor de presidir 
una junta, ó fiesta del gremio. 



CAPITULO 46. 

dxtiueioii y restauración tic lois ealiildos* 

El cabildo de Guatemala continuó interesado en mantener la 
importancia de su representación. En orden á las asistencias de 
iglesia, una instrucción de 20 de abril de 1590 dice: desde que oy 
audiencia en esta ciudad, este cabildo recibió merced, y ha estado 
en posesión de tener asiento en la Catedral en un escaño que está 
abajo del estrado de dicluí audiencia; mus por el año de 1631, en 
que los oidores tomaron sillas, el cabildo hi/.o uso de bancas. El año 
nuevo de 41 pareció el tesorero de papel sellado, tomando asiento 
en el cabildo antes que los regidoi*cs con antigüedad de privilegio, 
TOM. 2. U) 



^8 CAPÍTULO XLVI. 

como los demás oficiales reales: por lo cual en instriicion de 31 de 
mayo de 47 encarga á su procurador en España, pida, no tengan 
asiento en cabildo los que no tengan oficio en él. El depositario ge- 
neral y el receptor de penas de cámara liacian uso de él después de 
los regidores y antes del síndico. Concurriendo ceñidos de espada 
los alcaldes don Alonso Alvarez de Vega y don Lorenzo Montúfar 
con la audiencia en la visita de cárcel de 13 de abril de 83, se les 
apercibió, despojándolos de ellas y multándolos en 500 pesos: sobre 
que seguida instancia en el consejo en vista y revista, por ejecutoría 
dada á 15 de junio de 88 fueron mantenidos en la posesión de esta 
preeminencia, y absueltos de la multa. La insignia de las espadas 
pareció después escusada con la proposición que hizo el alcalde don 
Juan Antonio Dighero en 4 de enero de 92, de que para el decoro 
y lustre del cabildo era bien que sus capitulares vistiesen el trage 
castellano de golillas, conforme á las leyes: todos siguieron su pa- 
recer, y conferido, se acordó poner en ejecución. Hasta entonces se 
habia estilado, que cuando hacia señal la audiencia de que salía, 
acudía la ciudad á incorporarse con ella, para entrar en la iglesia; 
pero el presidente Agurto la obligó á que entrase á palacio, á sacar- 
la á su salón; y aunque se quejó al rey, y en cédula de 7 de febre- 
ro solo se le obliga á llegar á la escalera del alto, fué exponiéndole 
á tales desaires, que tomó pasar por ello. 

En la propia cédula se expresa, que de resulta de obligarse el 
cabildo á ir á sacar á la audiencia, no habia quien se aviniese á ser- 
vir los regimientos, mayormente siendo estos oficios vendibles. Así 
es que habia regimientos vacos, y el número de regidores se iba 
disminuyendo cada dia mas. Juarrostr. 4 cap. 9 expone, que me- 
diado el siglo 17 se contaban en el reino diez y seis cabildos, y que 
á fines de él, ya se echaban menos siete, á saber, los de Trujillo, 
Gracias, Nueva-Segovia, el Realejo, Xerez de la frontera, San Pe- 
dro Zula, y Olancho. En el informe de Haya, gobernador de Costa- 
Rica, de 15 de marzo de 1719, se refiere, que hasta los alcaldes de 
Cartago, se hablan acabado el año anterior, y los de Esparza desde 
el año de 1680, por no hallarse sus vecinos con reales para inviar 
á la corthe. El propio Juarros añade que fué por haber decaído el 
vecindario de estos lugares. El de Santiago de Guatemala no habia 
decaído, y de diez y nueve individuos que debían componer su a- 
yuntamiento, á saber: dos alcaldes, alférez mayor, alguacil mayor, 
doce regidores, depositario, receptor y síndico, á fines del siglo no 



. CABILDOS. Í9 

ge encuentra la mitad, pero ni aun una tercera parte, sino solos dos 
alcades y dos regidores, con el síndico, de modo que en vista de ello 
en 27 de enero de 96 don Bartolomé de Galvez Corral emprendió te- 
ner, y dio Yoto en cabildo, contradiciéndolo los otros individuos, y 
en 21 de agosto siguiente se recibió auto del gobierno general para 
que con los alcaldes y uno ó dos regidores, pudiese celebrarse cabildo: 
lo cual fué reconocerlo extinguido. Por este tenor fué caducando lo 
demás. Alférez hacia tiempo que no lo habia para sacar el pendón 
en la festividad de Santa Cecilia, en la cual se hace memoria, dice 
el acta del año de 89, del año en que se sosegó la rebelión, y se ga- 
nó la última batalla á los indios. El paseo, que siempre habia si- 
do á caballo, por este tiempo comenzó á hacerse á pié, primero por 
pobreza, y después por falta de caballos. 

En México parece que no fué menor la falta de regidores en es- 
ta época. En despacho del virey, de 21 de abril de 93, remitido en 
testimonio, aparece, que no habiendo en aquella ciudad mas de tres 
regidores, y de éstos dos enfermos, lo representaron, pidiendo el 
nombramiento de seis para el desempeño de oficios urgentes, á que 
oponiéndose el fiscal y el acuerdo, reprodujo la petición el corregi- 
dor de la misma ciudad por la urgencia de los oficios, y dictami- 
nando ya el fiscal y el acuerdo el nombramiento de ocho regidores, 
los nombró el virey, 'con que se restableció el ayuntamiento. La 
noticia de este ejemplar, movió á esta ciudad, menos opulenta que 
México, pero mas generosa, á celebrar en 10 de enero de 98 una jun- 
ta de vecinos en cabildo extraordinario, en la cual acordaron diez 
de ellos ofrecer quinientos pesos en manera de servicio y donativo 
por cada uno de los regimientos vacos, otro mil pesos por el oficio de 
alférez mayor, y otro cuatro mil por el de alguacil mayor, igualmente 
vacos: lo que otorgado, se libró título y tomaron todos posesión. Sin 
embargo, á los doce años, es decir, por el de 1710, volvió á encon- 
trarse el cabildo en la misma inopia de individuos, celebrando sus 
juntas con uno ó dos alcaldes, uno ó dos regidores y el síndico; y no 
habiendo quien sacase el pendón el año do 12, fuécompelido á ello 
un regidor de privilegio, don Alejandro Antonio Pacheco. En esta 
vez, no menos generosos otros cinco vecinos de la ciudad, compra- 
ron en almoneda cinco regimientos, con que subsistió algún tiempo 
el ayuntamiento, tornando poco después á la misma inopia. 

Esto compelió á nuevos esfuerzos. El presidente Ui\as, en 10 de 
noviembre de 21, pidió noticia de las personas del vecindario que 



20 capítulo xlvi. 

pudiesen desempeñar estos cargos; y se le informa, que la vecin- 
dad de cf ue se compone esta república es tan corta, que apenas ha* 
brá treinta ó cuarenta familias, que son las que han cargado dichos 
eínpleos por su distinción y notoriedad. Mas como la generosidad 
cesaba ya en el vecindario, y comenzó á imitar lá serenidad mexi- 
cana, apenas se consiguió en los pregones la venta de un regimien- 
to en 750 pesos ú don Francisco Marcelino Falla, de que se le libró 
título en 30 de diciembre siguiente. 

Andando el tiempo, el cabildo iba entrando en otras ideas. Cre- 
yó que los regimientos debían ser electivos, según lo habían sido 
dos siglos antes, y siguió información sobre la necesidad de ello, y 
la utilidad de que se eligiesen anualmente, y así se suplicase á S. 
M. El rey, en cédula de 22 de junio de 727 pide informe; pero no 
fué evacuado. Entretanto, los alcaldes y regidores de privilegio úni- 
camente componían el cabildo, y no pudíendo desempeñar los ofi- 
cios y asistencias, en acuerdo de seis de noviembre de 31 mandan 
se busque la información y autos seguidos sobre la elección de re- 
gidores, sin hacerse otra cosa; pero escusándose los que había del 
recibimiento del presidente Villalon, fueron compelídos á ello; y 
esto dio impulso á la pretensión, acordándose en cabildo de 3 de 
noviembre de 33 la siguiese el síndico ante el gobierno superior, á fin 
de que diese la facultad de hacer la elección de seis regidores, mien- 
tras S. M. otra cosa disponía. Oído el fiscal, la dio el presidente en 
29 de diciembre, procediéndose inmediatamente á ella, hasta ser 
posesionados ios electos con aprobación del rey, dada en 31 de oc- 
tubre de 34. Así fué como Guatemala logró lo que mucho antes ha- 
bía obtenido México, con la ventaja de que los de aquella ciudad 
fueron nombrados por el gobierno y perpetuos, y los de esta por 
sus capitulares y anualmente. 

Restaurado que fué el cabildo, no tardó en sufrir un golpe de 
autoridad. Fué convidado por el cabildo eclesiástico para la pose- 
sión del señor Pardo, obispo de esta diócesi, el día 18 de noviem- 
bre de 36, á cuyo acto se prestaba gustoso, con calidad de que se 
guardase la costumbre de que dos de sus capitulares tomasen asien- 
to á los lados del obispo, antes que el deán y arcediano: los canóni- 
gos pusieron dificultad en ello; y para evadirla, convidaron al pre- 
sidente y á la audiencia, quienes ocupando aquel lugar, excluían á 
los capitulares, qiie ya entonces se negaron. Llegado el dia y la 
hora, la audiencia hizo reunir el cabildo para que le acompañase 



CABILDOS. 21 

como en una asistencia de tabla. El cabildo intentó ser oido, antes 
de obedecer. El presidente y la audiencia, queriendo ser obedeci- 
dos llanamente, enviaron segunda orden, pena de quinientos pesos, 
y luego tercera, con pena de privación de oficio. El cabildo pedía 
la orden por escrito, y escribía mientras un memorial sobre despo- 
jo, con protesta. Como no llegaban los capitulares al llamamiento 
hecho por la audiencia, fué cuarta orden para que no saliesen de 
la sala capitular, y el escribano de cabildo pasase á la audiencia, 
y luego la quinta declarándolos incursos en las penas, y en conse- 
cuencia soltasen las insignias y armas, depositándose éstas en el 
alcaida de la cárcel. Los porteros de la ciudad también pasaron á 
la audiencia con sus maí:as y gramallas, y nombrados nuevos al- 
caldes y dos regidores que formasen cabildo, con ellos se dio asis- 
tencia á la posesión, ocupando el lugar de los capitulai*es el presi- 
dente y el oidor decano. 

Entre tanto, los capitulares presos y depuestos pasaron los días 
18, 19 y 20 en la sala capitular, hasta que los propios alcaldes y re- 
gidores nuevos, el mismo deán y cabildo, y prelados de las religio- 
nes ocurrieron en persona al presidente y audiencia, pidiendo la 
restitución de los depuestos, y para ello recabaron de éstos un es- 
crito, en que pedían absolución y restitución. Todavía se difirió el 
proveer para el dia siguiente 2 1 , en el cual les fueron otorgadas 
la una y la otra, y notificado, fueron á dar las gracias al presi- 
dente y oidores, quienes restituyéndoles las armas é insignias, y 
dada nueva posesión, salieron con ellos para la catedral á dar a- 
sistencia de tabla por ser dia de la presentación de Nuestra Seño- 
ra, como lo fué de una nueva restauración del cabildo. El rey, en 
cédula de 17 de diciembre de 40, ordena á la audiencia no asista 
á la posesión de obispos, y se ampare á la ciudad en la costumbi-c 
de su asistencia, y asiento de sus alcaldes en el coro. 

Por diciembre del año de 30, á influjo de don Pedro Ortiz de 
Letona, regidor decano, movido de las razones que expuso o), ca- 
bildo, y diputados del comercio, se determinó la construcion de 
nuevas oficinas, cárceles y casa de ayuntamiento, conu tiendo su eje- 
cución á donjuán González Batres, quien con su zelo, aplicación, 
conducta y eficacia, la puso por obra, y dio concluida con todas sus 
piezas de bóveda y piedra labrada el año de 40: al primero de los 
altos se echó bóveda plana, que no se ha ejecutado igual, ni re- 
sentido de los terremotos. Después de bendito el edificio todo por 



22 CAPÍTULO XLVL 

el obispo, lo fueron el oratorio del primer salón y la capilla de 
los presos por el doctor don Manuel Ortiz de Letona, cura rector 
del Sagrario de esta santa Iglesia Catedral. El estreno se hizo dia 
martes 1 9 de noviembre, precediendo misa, que rezó el doctor don 
José Ignacio Ortiz de Letona, chantre de la misma santa Iglesia, y 
celebrándose el primer cabildo con asistencia del presidente gober- 
nador y capitán general del reyno. 

Para la creación de propios Alvarado dio una ordenanza, que 
transcribe el continuador del Isagoge lib. 2 cap. 5, y dice. Otro 
sí, mando que junto á la plaza sean señalados cuatro solares, el 
uno para casa de cabildo, y el otro para cárcel pública, y los otros 
para propios déla ciudad. En cabildo de 9 de noviembre de 1536, 
celebrado en la ciudad vieja, se manda concertar la fábrica de u- 
nas tiendas en un solar vaco, para que la cibdad tenga algunos pro- 
pios. Con respecto á la ciudad trasladada, el mismo continuador 
del Isagoge añade: en cuya conformidad vemos que aquellas cua- 
tro cuadras junto á la plaza, en que están las casas de cabildo, son 
propios de la ciudad, y allí pusieron la cárcel, el tajón ó la carnice- 
ría, y hicieron otras casas de alquiler: aquella y éstas con su es- 
cudo de armas de la ciudad. 

En 28 de enero de 57 se comenzaron á acensuar las tiendas 
con 200 pesos para construcción del matadero. La sisa de 2 rea- 
les en cada botija de vino empezó con licencia del presidente Villa- 
lobos en despacho de 18 de noviembre de 73, concedida hasta en 
cantidad de 1400 tostones para caminos y puentes: lo cual se pro- 
rogó después. Por acta de 30 de marzo de 77 se manda continuar 
la sisa de la carne en cantidad de dos libras. En acuerdo de la au- 
diencia de 7 de mayo de 94 da voto un oidor, porque se quiten 
del remate de las carnicerías las imposiciones de las libras de car- 
ne de sisa, y la de los tajos, y de los menudos y las otras, porque 
no ay licencia de su mag. para aplicarlo como lo aplican á propios 
de la ciudad; 

En efecto, las ordenanzas de audiencia de los años de 63 y 96, 
citadas en la ley 4tít. 5 lib. 4, solo permitían estas sisas para obras 
públicas y en cantidad señalada. En audiencia de 1 3 de noviembre 
de 608 se impuso sobre el vino y la carne para abrir el camino 
nuevo para el puerto de Santo Tomas de Castilla, sin designarse 
cantidad. A México fué permitida la sisa de un cuartillo de plata 
en cada cuartillo de vino para la obra del desagüe de la laguna has- 



I 



CABILDOS. 23 

ta concluirse, en cédula de 618, redactada en la ley 8 del mismo tí- 
tulo, Pero en esta ciudad prosiguió la sisa en la carne aplicada á 
los propios y ademas de hacerse en dinero, pujándose la cantidad 
de lo prometido en los remates, se extendió al abasto délos pueblos 
del valle, y andando el tiempo, como de costumbre inmemorial, fué 
aprobada en cédula de 20 de octubre de 648. Lo mismo se declara 
en orden á lo procedido de las licencias de las tabernas de vino en 
otra de 6 de noviembre, también de 48, con la ventaja de desapro- 
barse al presidente, que pusiese estropiezo en ello. 

Hasta entonces los ejidos solo se hablan destinado para semen- 
teras y pastos; y no habiendo autoridad de arrendar parte alguna 
para propios, como se habia otorgado á Quito, solicitó Guatemala 
igual arbitrio, y se pide informe de la necesidad de ello, en cédu- 
la de 18 de marzo de 51. Los pueblos de Santa Maria y San Juan 
del Obispo, no soportando que los prometidos que se hacían en los 
remates de su abasto perteneciesen á los propios de esta ciudad, y 
no á sus respectivas comunidades, aparece en cabildo de 1 5 de ene- 
ro de 69, que lo contradijeron y siguieron pleito en todas instan- 
cias. El ramo de aguas se aumentó, introduciéndose la de Pampu- 
tic el año de 43, y la de Santa Ana en el de 79. 

El prometido en el remate de carnes llegó el año de 92 á 100 
pesos; y como iba en aumento, el fiscal se dio traza de que tuvie- 
se parte el situado de los castillos. Así es que el año de 702 el pro- 
metido para propios llegó á 800 pesos, y el de los castillos á 400. 
Luego fué subiendo el prometido de los castillos, y bajando el de 
propios, de modo que el año de 710, el primero fué de 800 pesos, 
y el segundo de 200. En el año siguiente se igualaron sacando cada 
uno mil pesos: después alternaron, y por último bajaron ambos, 
hasta desaparecer á veces por falta de postores. 

En cabildo de l de febrero de 15 se trató de que los vendedores 
de la plaza pagasen el piso, como se practicaba en otras ciudades 
de Nueva-España. En el de 7 de febrero de 25 se mandaron exigir 
tres pesos á cada cajonero, y en el de 25 de febrero de 35, de uno 
á dos pesos impuestos á las pulperías. En las tabernas, á vuelta de 
vinos, aguardiente de España, mistelas y otros licores, se vendía 
aguardiente de caña, llamada hechiza. Hacia tiempo que valían á 
los propios cien pesos cada una, y en el año de 51 se contaban 30, 
que hacían 3 mil pesos. Pero averiguado, que el aguardiente de 
caña era dañosa, se persiguió en cumplimiento de cédula de 30 de 



24 CAPÍTULO XLVII. 

setiembre de 714, que la prohibía. Por lo que los dueños pidieron 
baja en su pensión hasta 75 pesos, y disminuido el número de ta- 
bernas, bajó también su producto. Resultan por todos los arbitrios 
adoptados hasta entonces para propios los siguientes: alquileres 
de casas, vinoterías, carnicerías, aguas, arrendamientos de ejir 
dos, cajones de la plaza, y pulperías. Por lo que hace á su produc- 
to, en cabildo de G de diciembre de 55 mencionándose la cuenta 
dada de los años de47,48y49, resultan en cargo de los tres años 
25.521 pesos 5 reales, que repartidos en ellos, salen en cada uno 
8.507 y un quebrado: los cuales aparecen doblados á los diez años: 
pues el cargo de la cuenta del de 58 es de 16716 pesos, según sue- 
na en acta de 5 de febrero de 60. 



CAPÍTULO 47. 

Atliuiíilistracioii de alcalialais. 

Habiendo el rey ordenado, que la recaudación de alcabalas con- 
tinuase á cargo de los oficiales reales, y á ella se agregase la del 
derecho de la armada de barlovento, todo bajo la inspección de un 
oidor llamado comisario, el cabildo que corría con esta última, por 
asiento hecho con el virey de México, dispuso en junta de 20 de no- 
viembre de 1676 reclamarla, pero desde luego quedó privado de 
ella. Algunas novedades indujeron disgusto, y llevaron las cosas 
á punto de un desastre. En junta de 27 de julio de 83 se advierte 
que la nueva administración cobraba alcabala de géneros por los 
cuales no la cobraba antes el cabildo, y de ello se siguió informa- 
ción para remitirla al consejo. Está á la vista un expediente en que 
siete vecinos de esta ciudad cargadores de las naos sm:tas en Santo 
Tomas, á saber: los capitanes Diego Alonso Toscano, Juan de Ver- 
roterán, Juan de Langarica, don Domingo Sotelo de Figueroa, 
don Juan Antonio Ugo, don José Varón de Berrieza, y don José de 
Aguilar, por sí y á nombre del comercio, se quejan á la audiencia de 
que el oidor don Pedro Enriquez, juez de la aduana, detenía en e- 
11a cantidad de fardos de mercaderías, porque se pagasen de con- 
tado los reales derechos de entrada, alcabala y barlovento, no bas- 
tando reclamaciones y siendo multado uno de ellos en 50 pesos 



It 



ADMINISTRACIÓN DE ALCABALAS. 25 

porque representó daños, y su procurador en 10. La petición fué re- 
pelida y sus autores apercibidos de falta de veneración y respeto, 
en auto de 4 de mayo de 88, de que se dio testimonio. En acta 
del día 11 se menciona haber dictado auto el mismo juez, declaran- 
do el valor de 4 reales á la libra de tinta, que antes tenia dos; y 
que los dueños de ganado debiesen dejar prenda por las reses, que 
matasen: de lo cual igualmente se ordena pedir testimonio. Domin- 
go de Zurrain, contador de la aduana, que intervenía en esto, des- 
pués de 18 años de servicio, hizo renuncia del oficio ante él por en- 
fermedad; y porque no habia dado cuenta de los últimos años, fué 
reducido á prisión en la cárcel y embargados sus bienes; de que 
se quejó al rey. 

El síndico de la ciudad, en vista de los males que los vecinos co- 
merciantes y personas de trafico padecen por los autos y procedi- 
mientos del oidor Enriquez, juez privativo de la aduana, pide re- 
medio en su nombre, y el cabildo dia 1 8 del propio mayo, aten- 
diendo á precaver inconvenientes, dispuso recusar á este ministro 
en todos los negocios pertenecientes al cuerpo y sus capitulares. ¥1 
obispo Nabas contestando el dia 21 desde Petapa una carta de la 
misma fecha al ayuntamiento, dice. Bien constará á U. S. cuan 
de ante mano manifesté al Señor presidente las voces que han afli- 
gido mi alma en los continuos lamentos de esas pobres provincias, 
viendo la descomunal novedad de nueva instrucción de aduana, 
después de hallarse este miserable reyno en las últimas agonías, 
sobrevenir otra mayor, cual es buscar la sangre en el vasallo, vio 
mas sensible, que lo que es tiranía en realidad se pretenda bapti- 
zar con título de justicia. Aseguro á U. S. que nunca he visto cre- 
cer los haberes del príncipe con la ruina del vasallo, antes experi- 
mentado, que vasallo pobre rey pobre: tampoco me puedo peniua- 
dir á que los reales haberes los pueda aumentar la violencia. Ks 
engaño, los reales haberes deS. M. se aumentan manteniendo sus 
ministros á los fieles vasallos en justicia y paz. Lo que suctnle en 
Goathemala pide de pronto remedio, y este le discurro en que lua 
partes interesadas den cuenta á España, pues las leyes son fran- 
cas en permitir el recurso al príncipe, y que en el ínterin no ¡>e in- 
nove, por obviar mayores inconvenientes. Esta representación ni 
el real acuerdo la puede escusar, ni el gobierno puwle huir de ella, 
estando en todo subordinados: no les queda ya otro recurso estan- 
do el veneno paliado con el ci'édito del real htiber, á cuya wtilk- 
ToM. 2. (ó) 



26 CAPÍTULO XLVII. 

ría todos se encojen, nada se resuelve, y en lo interior alcanzamos 
por donde corre el agua. 

El ayuntamiento puso diligencia en ejecutarlo así, y entre los 
documentos envió la carta del obispo. Entre tanto, en junta de 9 
de octubre siguiente, lamentándose, dice, el acta, los procedimien- 
tos y novedades introducidas por el juez de la aduana, y que en sus 
modales, obras y palabras manifiesta desafecto y públicos senti- 
mientos contra el ayuntamiento y sus capitulares, y contra los re- 
publicanos y vecinos, de que resulta desconsuelo, temiéndose ma- 
yores incovenientes de su severo natural, acordaron representarlo 
á la audiencia, que no admitió el recurso, y luego al gobierno, pa- 
ra que emplease su autoridad en contenerlo en todos sus procedi- 
mientos así de oidor en la audiencia, como de juez de la aduana, 
dando después cuenta al rey. El presidente se detuvo en tomar pro- 
videncia, y en la noche del 28 al apearse el oidor del coche en la 
puerta de su casa, le tiraron un carabinazo, en que hirieron á su 
criado. Dada cuenta á España, el procurador de esta ciudad en 
carta de 20 de mayo de 89, le dice: se mandaron juntar los infor- 
mes que ese mal ministro hacia al consejo, y todo lo ha visto el fis- 
cal: son tantos los disparates que informa, que era necesario mu- 
cho papel para referirlo; y ya conocen el yerro que se ha hecho en 
enviarlo á esa audiencia. 

El rey, en cédula de 31 de agosto, admite la dejación que el oi- 
dor Enriquez hace de la superintendencia de la aduana, y manda 
no sea admitida la que hizo Zurrain de alcaide, tesorero y conta- 
dor de ella, ordenando su libertad y desembargo de sus bienes: des- 
aprueba la innovación decretada en los aforos de las mercaderías, 
y la violación de la costumbre de permitir su salida sin pagar de 
contado los derechos, otorgándose obligación de ellos: ordena al 
presidente llame á Enriquez, y en su nombre le extrañe y repren- 
da sus procedimientos en lo referido, haciéndole saber que el con- 
sejo queda á la mira de su conducta; y en fin, desaprueba á la au- 
diencia haber desechado las quejas y recursos hechos ante ella. En 
otra de 12 de marzo de 90 aprueba lo obrado por el obispo en or- 
den á reparar los disturbios ocasionados por las operaciones del oi- 
dor Enriquez en la cobranza de derechos de la aduana; y apercibe 
al cabildo, porque habiendo remitido la carta de este prelado, agre- 
gó á ella discusiones que no le competían. 

Junto con la segunda cédula se recibió carta del procurador de 



ADMINISTRACIÓN DE ALCABALAS. 27 

la ciudad de 11 de marzo del mismo año de 90, en que le dice: 
tengo entendido, que á don Pedro Enriquez le depositan en Gua- 
dalajara, y se manda que de México vaya ministro á la averigua- 
ción, con que es cuento muy largo. Esta noticia puso en tal turba- 
ción al oidor Enriquez, que, según se refiere en acuerdo de la au- 
diencia de 26 de octubre, quiso que el cajón de correspondencia de 
España no hiciese mansión ni entrase en casa del correo mayor, 
sino que se llevase en derechura á la sala de acuerdos, y allí se re- 
partiesen las cartas. Así mismo hizo petición en 31 de diciembre, 
para que se suspendiese la elección de alcaldes, hasta nueva or- 
den, y como debían señalarse causas, ó darse traslado al cabildo, no 
se trató mas de ello. Luego resulta el mismo oidor refugiado en la 
Compañía de Jesús, y que el rector de ella, negándole este asilo, 
trataba de expelerlo de la casa; y en acuerdo de 1 1 de enero de 9 1 
se dispone que un oidor vaya con recado al padre rector del colegio 
para que no pase á ejecutar la expulsión, sobre que también se li- 
bró real provisión. 

No obstante la intimación de la audiencia, por el acuerdo del 
día 13 se ve, que el oidor Enriquez fué extraído con violencia por 
los estudiantes de la Compañía por mandado del rector, y que el 
tumulto de ellos á la puerta de San Agustín negó la obediencia á 
la voz del rey: por lo que instruida actuación contra el rector en 
auto del 15 se acordó su extrañamiento, sacándolo por Sonsonate 
para Panamá, y de allí á los reynos de Castilla; pero el presidente, 
que temía una nueva asonada, mirando de una parte la odiosidad 
general en que estaba el -oidor, y de otra el copioso número de es- 
tudiantes, y considerando, que relacionados con multitud de deu- 
dos, unos acudirían á sacarlos, otros á cooperar, y que echando 
gente armada sobre ellos, perecerían culpados y no culpados, y así 
mismo considerando que estaba para llegar el pesquisidor, que po- 
dría mejor entenderen esto, dispuso antes de dar el auxilo, protes- 
tar, que no serían de su cargo las heridas, muertes, y turbación 
que se siguiese, pidiendo de ello testimonio. La audiencia, pres- 
tando atención á estos inconvenientes, no se decidió á tomar sobre 
sí la responsabilidad, y suspendió los efectos de su auto, reser- 
vándolo al pesquisidor. 

No aparece noticia del giro que el pesquisidor dio á este negocio. 
Solo ocurre un despacho el 3 de setiembre de 91 , en el cual consta, 
que habiendo procesado á los capitanes don Fernando de la Tubi- 



28 capítulo xlvii. 

Ha y Galvez, don Agustín Parejo de Godoy, alcaldes ordinarios, don 
José Varón de Berrieza, caballero de la orden de Calatraba, maestre 
de campo, don Sancho Alvarez de las Asturias y Nava, don Isidro 
de Zepeda difunto, don José de Aguilar, y Rebolledo, Pedro de la 
Barreda Belmonte, don Francisco de Güicochea y Uriarte, Alonso 
Gil Moreno, don Francisco Xavier de Folgar, Domingo Marrube, 
don José Calvo de Lara, Francisco Bodriguez Menendez, Grego- 
rio José de Cabrera, don José Cabrejo, don Gerónimo Abarca Pa- 
niagua, don Ignacio Coronado y Ullóa, don Antonio de Ullóa y 
Bivas, don Estévan de Solórzano y Medrano, y don Lorenzo Mon- 
túfar, vecinos todos y republicanos de esta ciudad de Guatemala, 
por decirse haber sido motivo de los alborotos y desasosiegos, que 
en ella se han padecido, oponiéndose con sus escriptos á determi- 
naciones del señor juez de la aduana, y los demás de la causa, en 
que substanciada y vista, falló, quedebia absolver, y absolvió á to- 
dos los susodichos, por lo que toca á los alborotos é inquietudes, 
y en cuanto á los recursos que ejecutaron para la minoración en 
los avalúos, se les apercibe, que en lo de adelante no lo hagan en 
el cabildo secular, sino ante los señores presidentes y oidores de 
esta real audiencia, adonde toca, condenándoles en las costas del 
proceso. 

La recaudación de alcabalas y barlovento, continuaron en la 
misma forma por mas de 30 años, hasta que por cédula de lo de 
julio de 1728 le fué restituida al cabildo en arrendamiento. Se a- 
nuncia en la propia cédula que por informe de la contaduría en el 
último quinquenio hablan producido ambos derechos cada año 16 
mil pesos, y en el tanto se concedió por nueve años al cabildo: el 
cual para otorgar la obligación, entró en compañía con el comer- 
cio y vecindario, que nombró seis diputados, y lo fueron entonces 
don Ventura Arroyave, don Miguel de üria, don Juan González 
Batres, don Francisco Seaje, don Antonio de Olavarrieta, y don 
José Eguizabal. La acta de 24 de enero de 34 expresa, que para 
cuando espirasen estos nueve años, se estipulo nuevo arrendamien- 
to, continuando la pensión de 16 mil pesos, salvo llegando navios 
de registro, que entonces hablan de ser 27 mil pesos. Concluido 
igual período consta por cédula de 20 de setiembre de 39 que se 
renovó para otro, mas ya con la pensión de 18.500 pesos, y si lle- 
gaba navio de 300 toneladas, otros 11 mil: en la propia cédula se 
elogia la administración del cabildo, el aumento que habla dado á 



ADMINISTRACIÓN DE ALCABALAS. 29 

la renta, y en todcr consultando al común alivio, y redimiendo al 
vecindario de extorciones, que causaban administradores particu- 
lares. Semejante arrendamiento se otorgó á los nueve años, por 
igual término y con las mismas condiciones en cédula de 21 de a- 
bril de 48, que debió espirar el año de a7, y ya no se renovó sino 
por cinco años que fenecieron en el de 62, quedando sobrantes al 
ayuntamiento. 

Mandado establecer el estanco del tabaco, se menciona en ac- 
ta de 28 de enero del mismo año, la venia que una diputación del 
ayuntamiento fué á pedir al presidente, para representar contra su 
establecimiento, y entendiendo que México lo habia hecho, y no se 
le había tenido por parte, desistió. Teniendo, según cédula de 6 de 
julio de 67, sobrantes de propios 13.'i67 pesos 4 reales, 10 mil de 
aguardiente, y 30 mil pesos también sobrantes de alcabalas, á exi- 
tacion del presidente Heredia, proyectó en 7 de diciembre de 61 
construir hospicio y albóndiga en el resto de la cuadra á continua- 
ción del cabildo, comprando las casas, y siguiendo la misma clase 
de fábrica y orden de arquería. Para la recaudación de alcabalas, 
que estaba á cargo de oficiales reales se formó ordenanza particu- 
lar, y por ella se creó administración particular en Guatemala el a- 
ño de 76, y otras particulares en el de 77 en San Salvador, León, 
Chiapa y Comayagua. 

Solórzano lib. 6 cap. 16, observa que en lo antiguo por pro- 
visión de 1554 el presidente y dos oidores, donde había audien- 
cia, y donde no, los gobernadores recibían las cuentas de la caja: 
que esto se alteró en 1605, fundándose tribunales de cuentas uno 
en Lima, otro en Santa Fé, y otro en México con la distribución 
de provincias que señala la ley 6 tít. 6 lib. 8, por la cual la audien- 
cia de Guatemala debía pasar las suyas á la contaduría general de 
México. Estas contadurías se componían de tres iiidíNíduos con 
el título de contadores, que embarazándose en muthas ccsas,y no 
bastando á su expedición alcanzaron permiso en cédula de 635, 
para asociarse de oidores, de los cuales uno en particular fuese 
asesor, y ademas interviniese el fiscal como rn la audinuía: con 
lo cual, nota el mismo escritor, dieron los contadores en afectar 
igualarse en su clase y tratamiento á los oidores. Dilicultandosc en 
Chile, la Habana, Venezuela y Buenos-Aires ocurrir ó las conta- 
durías respectivas, fueron erigidas en sus capitales contadurías 
provinciales sugetas, como las otras al consejo de ludias; y á su 



50 CAPÍTULO XLVIII. 

ejemplo por cédula de 10 de de agosto de 767 se mandó erigir otra 
en Guatemala, que subsistió hasta el año de 87, en que se man- 
dó observar en este reyno la ordenanza de intendentes, y por ella 
se estableció contaduría general, que en las asistencias de iglesia 
tomó lugar después de la audiencia. En el corte practicado en la 
caja de Guatemala el año de 1768 aparece el producto de alcaba- 
las en cantidad de 150.175 pesos, y el siguiente de 1769 con la 
de 175.027. Donde se ve que la progresión de esta renta en el si- 
glo y medio inmediatos á su institución no es comparable á la mi- 
tad subsiguiente del siglo pasado. 



CAPITULO 48. 

Triliiito de los pardos. 

La solicitud por negros esclavos continuó cada dia mas. En 
cabildo de 27 de noviembre de 1587 se resuelve suplicar que todo 
lo que rentare el Golfo-dulce en cuatro años se emplee en negros, 
para que aderecen los caminos, y para ello no se eche repartimien- 
to á los arrieros. Poco después dirigió el cabildo á la audiencia 
un memorial, pidiendo 500 negros para las labores de tinta, á pa- 
garlos dentro de cuatro años. La audiencia transmitió la súplica al 
rey. El cabildo por medio de su procurador siguió la instancia, no 
ya por 500, sino por un navio entero de negros. El procurador 
responde en 13 de junio de 94, que pretender, que el rey envié 
á su costa algún negro á esta ú otra provincia es tiempo perdido: 
que liabia dos años y medio que los portugueses ponian diligen- 
cia en hacer un asiento, obligándose á traerlos á su costa á las 
partes, que S. M. ordenase, y no lo habian conseguido. 

En España había negros poblados y dispersos desde el siglo an- 
terior; y desde el principio, en cédulas de 1526 y 1532, redactadas 
en la ley 18 tít. 26 lib. 9, sehabia ordenado, que no pudiesen pa- 
sar de aquellos reynos á estos de las Indias ningunos negros, sal- 
vo los bozales nuevamente llevados de sus tierras. Así mismo se 
habia encargado por cédula de 1550, de que es tomada la ley si- 
guiente, no pasasen á ellas ningunos esclavos negros llamados ge- 
lofes, sin especial licencia. A pesar de estas proliibiciones ya se ex- 



TRIBUTO DE LOS PARDOS. S>í 

trañaba en cédula de 1543, citada en el epígrafe de la ley 21 del 
mismo título, que en virtud de licencias generales dadas para traer 
esclavos negros á las Indias, pasaban algunos mulatos; y se inti- 
ma de nuevo la prohibición. Pero los mulatos pasaban sin licen- 
cia ó con ella, según advierte Mier tom. 1, y asimismo los negros 
que podian venir de España no alcanzaban á lo que se necesitaba 
en las Indias: por lo que la pretensión de los de África se hacia de 
todas partes. 

Impetrada que fué la licencia, tomó corriente este tráfico, de 
modo que á los veinte años ya no se lamentaba su falta. En acuer- 
do de justicia de 3 de mayo de 1613, se habla del arribo de una nao 
llegada á Santo Tomas cargada de negros, á que se oponía el oi- 
dor Solis, dando por razón la muchedumbre de negros, que habia 
en estas provincias, y el riesgo de que acrecentándose, se podrían le- 
vantar, como lo habían pretendido hacer en México. En otro de 16 de 
agosto de 618 se menciona el arribo de una embarcación de negros 
llegada á Trujillo, que fué admitida á petición de los mineros de 
Tegucigalpa. Arribando después dos naos cargadas de negros al 
propio Trujillo, el ayuntamiento en 4 de setiembre de 20, resuelve 
oponerse á su admisión por ser mas de los que se necesitaban. En 
acuerdo de 22 de octubre de 22 se declaran perdidos y se mandan 
almonedar los del navio de Domingo Simón. En otro de 23 de di- 
ciembre de 24, se habla de una arribada de navio con negros es- 
clavos, en que los visitados fueron 182, y fuera de visita resultaron 
otros 212, que se mandaron embargar contraía protesta del mis- 
mo oidor Solis, por estar, dice, la tierra llena de negros. En el de 

29 de enero de 26 se trata de una arribada de 160 negros vivos y 

30 que habían muerto; y en el de 25 de agosto de 39 se ventila la 
del navio de Roque Ferreira, portugués, registrado para Vera-cruz 
ó Cartagena. No ocurre en el resto del siglo mas acuerdo de jus- 
ticia en materia de arribo de navio con negros, de modo que para 
obtenerlos en el transcurso de este tiempo se esfuerza la solicitud 
por dos mil de ellos en cabildo de 6 de octubre de 65; y hasta 5 
de julio de 708, es cuando se ve acuerdo sobre el arribo con ne- 
gros de don Olivero de Cubillas. 

En la época en que se repitió la venida de negros, se multipli- 
có también el número de fugitivos, tanto en este rey no como en 
otros de las Indias. Dispersos en los montes, y sacudiendo el ju- 
go de sus dueños, también se coligaron para hacer icsistcncia á la 



52 CAPÍTULO XLVIII. 

justicia. Estos se llamaron negros cimarrones, contra los cuales se 
.dictaron diferentes órdenes reales para su captura y escarmiento, 
recopiladas desde la ley 20 del tít. 5 lib. 7, ordenándose en ellas 
levantar fuerza armada, proceder en la sedición contra sus cabe- 
zas sin forma de juicio, y disipadas las partidas, restituir los es- 
clavos á sus dueños, y aplicar á la hacienda real los mostrencos. 
En cabildo de 29 de abril de G17 se manda dar aviso al presidente 
de muchos negros, que se han huido, y se van poblando en el camino 
del Golfo y otras partes. En acuerdo de 21 de agosto de 622 se ven- 
tila una competencia entre el corregidor de Escuintepec con el alcal- 
de de la hermandad por procedimientos contra negros cimarrones. 
En otro de 27 de agosto de 27 aparece el gasto de 4.030 tostones 
hecho en una entrada contra los negros cimarrones del camino del 
Golfo. Gage p. 3 cap. 2, dice: lo que mas recelo suele causar en 
ei tránsito de estas montañas es la presencia de dos ó trescientos 
negros cimarrones, que se han escapado de Guatemala y otros lu- 
gares por los malos tratamientos que recibían.... donde viven con 
sus mugeres é hijos y se aumentan todos los dias, de suerte que to- 
do el poder de Guatemala no es capaz de sugetarlos. En auto de 
nombramiento de corregidor de Sebaco, de 21 de junio de 49, he- 
cho en don Miguel de los Rios, se lee entre sus méritos, que poco 
antes habia ocurrido con indios, bagagey bastimentos en socorro 
de la gente armada que desalojó de la montaña y volcan de la Co- 
sigüina tres poblaciones de negros cimarrones. 

El precio de los esclavos negros y mulatos no fué siempre el 
mismo. En inventario de Alonso Morcillo, practicado en la villa de 
San Miguel á 3 de enero de 1539, se encuentra por tercera partida, 
un esclavo indígena en 25 pesos de oro, al paso que por auto a- 
eordado de justicia de 17 de abril de 1589, se da sentencia en una 
partición de bienes en que salen dos esclavos africanos en 932 tos- 
tones, es decir, cada uno en 232 pesos. En reparos de cuentas de 
alcabalas délos años 606, 609 y 610 se menciona la venta de 33 
esclavos, en esta forma. Negros, uno en 300 tostones, otro en 830, 
cuatro en 400, uno en 479, otro en 625, otro en 660, otro en 700, 
dos en 800, uno en 830, dos en 900, uno en 950, y otro en 1000. 
Mulatos, uno en 330, otro en 650, y otro en 700. Negras, una en 
SiOOy otra en 000, otra en 950, cuatro en 1000, y uno en 1002; y 
mulatas, una en 500, otra en 920, y otra en 1000. Por sentencia 
del hibunal, de enero de 710, un negro esclavo redime su libertad 



TRIBUTO DE LOS PARDOS. 55 

en 250 pesos, y por otra de 5 de setiembre de 730, una esclava es 
adjudicada en 200. De que aparece igual precio en los siglos 16 
y 18, y mayor en el 1 7; y que en este vallan mas los negros que los 
mulatos, y mas las hembras que los varones. Gage en la p. 3 cap. 
3 y 4 hace mención de cosa de 480 negros y mulatos esclavos es- 
parcidos en el valle de Mixco: 100 en el ingenio de Crespo Suarez 
junto á Araatitan: 20 en el de agustinos: 60 en el deZabaleta cer- 
cano á Petapa, y 300 dispersos en el resto del valle, en que hay, 
dice, como treinta ó cuarenta haciendas ó casas de los españoles. 

Entre tanto, muchos esclavos conseguían libertad, fuese que la 
recibiesen, la redimiesen, ó proscribiesen. Muy temprano, es de- 
cir, en 15 de abril de 1540, se dio orden, redactada después en la 
ley 8 tít. 5 lib. 7, para que fuesen oídos en justicia los que procla- 
masen libertad. Alonso García, esclavo, la pidió á la audiencia en 
5 de mayo de 1503 y le fué decretada por dos votos contra uno. 
En 21 de febrero de 602 la pidió también JuanRuiz, esclavo que 
habla sido de un obispo de Gliiapa, y empatada la votación pasó 
á tercero en discordia. La proclamó así mismo en 5 de mayo de 
2 1 , Juan Antonio mulato, contra don Sebastian Hurtado Betan- 
cur, por instrumento simple de última voluntad de su causante, y 
se declaró no haber probado su acción. En 18 de julio de 30, de- 
mandándola Tomas Hernández, María de los Santos, Josefa Pas- 
cual, Manuel Gerónimo, Domingo y Tomas Hernández, mulatos, 
contra don Tomas García de Medina de Solóla, fué absuclto este 
último, y amparado en la posesión de los primeros. De entonces en 
adelante la calificación de pardo libre fué harto lisongera. 

El rey don Felipe II, autor de diferentes impuestos, en cédu- 
la de 27 de abril de 1574, redactada en la ley 1 de este título, di- 
ce así. Muchos esclavos y esclavas, negros y negras, mulatos y 
mulatas que han pasado á las Indias, y otros que han nacido y 
habitan en ellas, han adquirido libertad, y por vivir en nuestros 
dominios, y tener costumbre los negros de pagar en sus natura- 
lezas el tributo en mucha cantidad, tenemos justo derecho, para 
que nos le paguen.... y luego, hablando de la tasación de él, aña- 
de: y que este sea un marco de plata en cada un uño, mas o me- 
nos conforme á las tierras donde vivieren. 

En Guatemala se trató luego de imponer el tributo a esta cla- 
se de habitantes, mas no en tanta cantidad. En inrorme (¡ue dá el 
tesorero de la hacienda real á vh'tud de auto acor^iado de 16 de ma- 
ToM. 2. (6) 



34 CAPÍTULO XLVIII. 

yo de 585, expresa, que los mulatos y negros libres podrán pa- 
gar á S. M. de tributo los varones 5 tostones, y las mugeres 3 á 
pesar de su sexo. Mas en el acuerdo que se dictó á continuación, 
se tasaron á los varones 4 tostones, y á las mugeres 2. En acuerdo 
de la junta de hacienda de 23 de enero de 87, se dispuso, que en 
lo que toca al tribuso de los mulatos y negros libres convenia co- 
meterlo á alguna persona, que lo cobre con diligencia, y que se le 
dé un tanto por ciento, hasta la tercia parte. 

Solórzano lib. 2 cap. fin. expone, que por cédulas de 1601 y 
1609 se renovó la orden de que los negros y mulatos libres paga- 
sen tributo, y se hace encargo de ello á los vireyes, para que procu- 
ren su ejecución. En Guatemala, á virtud de las mismas órdenes, en 
acuerdo de justicia de 27 de febrero de 604 se trató de que los cor- 
regidores procediesen á los padrones para el tributo de los negros 
y mulatos; mas oponiendo uno de los oidores la dificultad que se 
había hallado en junta de hacienda por el costo que tendrían los 
padrones, y el ningún provecho, nada se resolvió. El propio So- 
lórzano añade, en los años siguientes de 12 y 19 se repitieron igua- 
les órdenes, para que esta clase de vasallos tributase, y refirién- 
dose al tiempo en que escribió que fué por el año de 40, expresa, 
que ya se habla puesto en ejecución en algunas provincias, aun- 
que con pequeño interés. En las de Guatemala no fué tan corto el 
interés, porque en el libro de caja del año de 79 aparecen en car- 
go en 14 de marzo 300 tostones del tributo de negros y mialatos 
del partido de Chiquimula déla Sierra: en 26 de mayo 500 tosto- 
nes en que se remató el tributo de pardos del distrito del valle de 
76; y ademas, 378 tostones dos reales, de rezagos: en 15 de ju- 
nio 500 tostones del año de 77: en 21 de julio 701 tostones 2 rea- 
les del tributo de gente parda de la provincia de Soconusco; y en 
26 de octubre 188 de la gente parda de San Miguel y la Cholute- 
ca del año de 77. 

Ellos fueron obligados á este impuesto, sin embargo de que 
desde principios del siglo estuvieron sugetos al de la alcabala: pues 
en el encabezamiento que se hizo de los habitantes de esta ciudad 
el año de 604 para el repartimiento de su cuota, de ochenta y tan- 
tos profesores y oficiales de artes liberales y mecánicas, que la 
pagaban por la venta de sus obras, se numeran arriba de treinta 
españoles, y según congetura mas de cincuenta mulatos y negros. 
A saber, españoles: plateros de labrar plata 3, que lo eran Eran- 



/ 



TRILÜTO DE LOS PARDOS. 5o 



cisco de Rosa Raez, Lorenzo de Medina y Nicolás de Almaina: 
plateros de oro 2, llamados Luis de Arenas, y Gonzalo de N; en 
que se ve dividida la labor de joyas de la bajilla: escultores 4, 
Bernardo de Cañas, Antón de Rodas, Pedro de Brizuela y Qui- 
riño Cataño portugués, artífice de la célebre imagen del santo Cris- 
de Esquipulas, de que dá la bistoria Juarros: pintor i, Juan de 
Aliende, maestro de su hijo Pedro de Allende, que floreció después: 
sombrereros 2, barberos 2, espadero 1, silleros 2, polvorista J, 
carpintero 1, batioja 1, Francisco de Salazar: zapateros 2, calce- 
ra una, biolero 1, Francisco de Santa-Cruz: guantero 1, cereros 
3, sastres 2, cantero 1, Pedro de Cereceda; y herrero otro. Mula- 
tos y negros: sedero 1, sombrereros 2, comidero 1, calcetero 1, 
silleros 3, albañil l, confiteros 2, cereros 5, zapateros 16, herra- 
dores 4, sastres 6, herreros 2, barberos 6, escultor 1, que lo era 
Luis Ortiz, y platero otro, llamado Diego Martin. 

Que los cincuenta y tantos profesores y oficiales mencionados 
fuesen mulatos y negros, aparece, no del defecto de don, que fal- 
ta igualmente á los otros, sino de no venir sus apellidos regidos de 
la preposición de, la cual denota una procedencia de linage, de que 
blazonaban los españoles, á diferencia de los mulatos y negros 
horros, que llevaban un apellido eventual tomado de sus patro- 
nes; como lo obtenían los indígenas derivado de sus encomende- 
ros. El siervo, dice Humboldt ens. lib. 2 cap. 6, tomó muchas ve- 
ces el apellido de la familia de su señor; y todavía llevan hoy mu- 
chas familias indias apellidos españoles, sin que se haya mezclado 
jamas su sangre con la europea. Alas adelante, es decir, el año de 
6.50, seles ve incorporados con los españoles, formando gremios 
de artesanos, así en las ordenanzas municipales, como en las fun- 
ciones religiosas. Ximenez lib. 4 cap. 82 refiere, que en este tiem- 
po veinte gremios de esta clase adornaban cada uno un ángel, y lle- 
vaban en andas con mucho número de luces y acompañamiento en 
la procesión del santo Entierro que salía de Santo Domingo el vier- 
nes santo. Las ordenanzas exigían examen en cada uno de los pro- 
fesores: establecían grados de oficial, la categoría de trages y vi- 
sitas de las oficinas \ tiendas; y se les ve ademas sugctos á otro 
impuesto, porque el despacho de aprobación para el ejercicio del 
arte se libraba con cargo de pagar media annata, según se ha ex- 
puesto. 

Solórzano en el propio capítulo lamenta, que habiendo sido traí- 



36 CAPÍTULO XLIX. 

dos los negros á las Indias con el objeto de aplicarlos á las minas 
y trabajos recios de la agricultura, para eximir de ellos á los indí- 
genas, y aliviar su condición en esta parte, por el contrario, dice, 
no lo he visto practicar en ninguna provincia, dejándose mas bien 
todo este peso á los pobres indios. Pero no fué esto todo; sino que 
siendo antes los indígenas los artesanos en la mayor parte de los o- 
ficios mecánicos, por haberlos aprendido de los españoles, y sien- 
do ellos también los que les prestaban el servicio doméstico, los 
negros esclavos primero, y después los negros y mulatos libres les 
fueron subrogados, llegando éstos á ser mejor tratados que los in- 
dígenas, y apoderándose al propio tiempo de las artes mecánicas, 
que entraron á profesar los mulatos con mas aptitud y mejor éxi- 
to. De modo que si en el siglo 16 los indígenas aparecían con la 
importancia de carpinteros, tegedores, calceteros, zapateros, cur- 
tidores, y demás, ya en el 17 son los mulatos, los oficiales y pro- 
fesores de estas artes. Lo cual seguramente dio ocasión, á que, co- 
mo advierte Robertson lib. 8 art. 24, los indígenas descendiesen á 
ser la última clase de ciudadanos, y los mulatos quedasen inter- 
puestos entre ellos y los españoles. 



CAPITULO 49. 

Ceisaeion del triliuto* 

Mientras los negros huian á los montes, y se juntaban en cua- 
drillas, para defenderse de sus dueños, fueron apercibidos con gra- 
ves providencias. Las cédulas de los años de 1551, 52, 68 y 73, 
de que son tomadas las leyes 1 4 y 1 5 de este título, reputan á los 
negros y mulatos por personas inquietas, y les prohiben cargar ar- 
mas. En Guatemala, por bando del gobierno general de 8 de octu- 
bre de 85, se les veda andar á caballo ó en yegua. En ordenanzas 
dadas á 19 de mayo de 607 se prohibe á los mestizos, negros y mu- 
íalos tener caballos, yeguas y armas; y en bandos de 10 de junio, 
y 20 de julio de 34 solo se les permite andar en macho ó muía, 
y se renueva la prohibición así á negros y mulatos como á mestizos 
de llevar arma corta ó larga. El bando de 12 de agosto de 36 
fué dado contra los vagamundos, obligándolos á ejercitar y apren- 



i 



CESACIÓN DEL TRIBtTO. 37 

der algún oficio, ú ocuparse en la labranza. 

Entre tanto, las personas de esta clase, sin duda agenas de in- 
quietud y de vagancia, son empleadas en servicio militar. En in- 
forme de la audiencia hecho al rey en 18 de mayo de 615 se refie- 
re, que Juan García Serrano, alcalde ordinario que fué tres veces 
en la ciudad de San Miguel, en ocasión que aparecieron velas de 
enemigos en la mar del sur, acudió como capitán de infantería con 
130 hombres españoles, 300 indios flecheros, y 150 negros, mula- 
tos y mestizos á guarnecer el puerto de Amapal cosa de 30 ó 40 
dias. Las cédulas de 623 y 25, deque son tomadas las leyes 1 y 
11 de este título, hablan: la primera del servicio de los morenos 
hbres moradores fle los puertos, que todas veces que hay necesi- 
dad de tomar las armas en defensa de ellos, proceden con valor, 
arriesgando sus vidas, y haciendo lo que deben en buena milicia; 
y la segunda recomienda el de la compañía de morenos de Pana- 
má, para que á los unos y á los otros sean guardadas las preemi- 
nencias concedidas en razón de la guarda de los castillos y forta- 
lezas. En acuerdo de justicia de 20 de febrero de 36 se oyó la 
queja que dá un alcalde de Trujillo, de que á los moradores de 
la ciudad, que se ponían sobre las armas, y defendían el puerto, 
cuando corrían nuevas de enemigos, los gobernadores de la pro- 
vincia los sacaban fuera de su vencindario sin pagarles. 

También fueron ocupados en el servicio militar los morenos de 
lo interior de la tierra. En el libro de caja del año de 79 aparecen 
á 20 de mayo y 21 de junio enteros de medía annata hechos por los 
nombramientos de sargento y capitán de las compañías de infan- 
tería española del cuartel de la plaza y barrio del tortuguero. En 
28 de setiembre y 6 de octubre ocurren iguales partidas por seme- 
jantes nombramientos para las compañías de gente parda de los bale- 
ríos de San Sebastian, San Gerónimo, y San Francisco. En 23 de 
agosto se paga media annata por el nombramiento de alférez hecho 
en Manuel Garay, capitán de la compañía de mulatos y negros li- 
bres del valle y villa de Xerez de la Choluteca. El presidente Bar- 
ríos Leal, en la jornada al Lacandon el año de 9 1, según descrip- 
ción de Valenzuela, ibrmó mucha parte de sus compañías con par- 
dos; y en el cap. 20, enumerando este escritor los auxilios recibi- 
dos de Chiapa en aumento del ejército, hace distinguida mención 
de Marcos Antonio de la Tovilla, de color pardo, i-apilan de in- 
fantería de gente parda. 



58 CAPÍTULO XLIX. 

Los españoles, que se habían dividido los unos de los otros en 
criollos y europeos, se unieron entre sí para distinguirse de los par- 
dos, y diversificarlos aun en el vestido, vedando por una ley á las 
negras y mulatas llevar joyas y galas, y permitiéndoles solamente 
el uso de mantellinas; con lo que multiplicándose notablemente la 
gente parda, y tomando importancia en la sociedad, resultó una 
especie de rivalidad, que no tardó en darse á conocer. En auto a- 
cordado de 11 de marzo de 97 se refiere, que varios presos inten- 
taron romper una pared de la cárcel, para hacer fuga, por lo que 
procesados sumariamente, fueron condenados á azotes, y siendo 
uno de los reos español, se suscitó artículo sobre no deber ser azo- 
tado, como sin duda no lo fué. Acaso por semejante motivo habían 
sido obligadas las compañías de los barrios á hacer guardia, y lle- 
gado el turno al de San Gerónimo, presentó escrito á la audiencia 
en 1» de julio, pidiendo ser relevados de entrar en ella. El negocio 
pasó á junta de guerra, en que desde luego no les fué otorgado; mas 
no obstante la denegación, se sabe no obedecieron, y pasando ade- 
lante el despecho, el 1 5 de setiembre, en que se hacia ejecución 
de justicia en un reo, quizá de su clase, acudieron los vecinos del 
mismo barrio, con otros que se les agregaron, en motín á impedir- 
lo, no siendo bastantes los españoles que tomaron las armas, sino 
únicamente para ser acatados en sus personas, á tiempo de propor- 
cionarse la fuga al reo, y continuar el tumulto, quedando ellos de 
espectadores, y á lo que parece frustrada la justicia. 

Con esta ocurrencia, el maese de campo don José Agustín de Es- 
trada y Aspeitia representó al gobierno superior la necesidad que 
había de que se creasen dos compañías de veinte y cinco hombres 
una de á pié y otra de á caballo, así para guarda de los señores 
presidente y oidores de la real audiencia y caja de hacienda real, 
como para atajar los motines que embarazaban la administración de 
justicia. El presidente, entre otros trámites, pasó la representación 
al ayuntamiento, el cual reunido en cabildo evtraordinario, el día 
1 9 del propio septiembre, propuesto el asunto, deliberó de la ma- 
nera siguiente. El capitán don Tomas Alvarado, Villacreces, Cueva 
y Guzman pidió se tratase en cabildo abierto. 

Ya que se menciona este sujeto, con reduplicación de apellidos, 
es de advertir: que fué nieto de don Juan de Alvarado: bisnieto 
por la abuela, según informe de la audiencia de 17 de febrero de 
617, de don Martin Maldonado de Guzman y doña Margarita Cha- 



CESACIÓN DEL TRIBUTO. 39 

vez; y según cédula de 23 de abril de 587, trasanieto de Juan Mal- 
donado de Guzman, y doña Beatriz de la Cueva: cuarto nieto de don 
Francisco de la Cueva y doña Leonor de Alvarado; y quinto nieto 
del adelantado don Pedro de Alvarado y doña Luisa, hija de Xico- 
tencal, uno de los señores de Tlascála, en quienes estaba deposita- 
da la autoridad de aquella república. Doña Maria Alvarez de la 
Fuente, viuda del mismo don Tomas, en escrito solicitando la enco- 
mienda vacante, por su fallecimiento para el mayor de sus hijos, 
á que el presidente Berrospe proveyó de conformidad en 1 2 de di- 
ciembre de 699, expresa, que dejó tres: don Tomas, doña Josefa y 
doña Manuela. 

El capitán don Domingo de Ayarza, alcalde ordinario de segun- 
do voto, fué de parecer que se formen las dos compañías como lo 
tiene representado á su señoría el señor presidente, mas há de tres 
meses, por los movimientos que ha notado en la gente plebe, co- 
mo son mulatos, mestizos é indios, con la experiencia de ocho me- 
ses, que hace administra justicia, viendo en lo jurídico y extraju- 
dicial los arrojos y poco respeto, con que hablan á los jueces, y con 
el caso sucedido en la provincia de Chiapa, donde mataron á don 
Manuel Maisterra los indios de un pueblo, siendo su alcalde ma- 
yor, y se puede esperar mayor ruina en esta ciudad. 

El capitán don Francisco Antonio de Fuentes y Guzman, regi- 
dor, dijo: que por cuanto la plebe ha crecido y la nobleza dismi- 
nuido, por haber muerto muchos y los mas de sus descendientes 
aplicádose al estado eclesiástico; y que la persona de los señores 
presidentes, reales tribunales, hacienda, sello y reales armas deben 
estar con guarnición, y para el mayor respeto, mejor manutención, 
aliento y vigor de la real justicia en los casos de accidente, como 
aora á sucedido en el embarazo, que se hizo á la ejecución de la 
real justicia por los presos de la mas ínílma plebe, á que se opuso 
el cuerpo de nobleza, conteniéndolos y castigándolos; y porque los 
nobles no pueden continuar en el trabajo y desvelo de esta guarda, 
y porque la manutención de esta cabeza de reyno cede en utilidad 
y subsistencia de las demás ciudades y villas del reyno, y en consi- 
deración de que se pueden numerar solo en los pueblos que nos 
cercan del valle de esta ciudad mas de setenta mil indios, puede pru- 
dentemente recelarse cualquiera movimiento de descrA icio del rey 
nuestro señor, aumentándose tan gran número de indios con el 
grande á que a venido el de mulatos, mestizos y zambos, tiene no 



40 capítulo xlix. 

solo por conveniente, sino por necesario el que se ponga la guar- 
da de cincuenta hombres. 

El capitán don José Fernandez de Córdova, depositario gene- 
ral y regidor, dijo: que con la experiencia que tiene de la audacia 
que ha mostrado el vulgo de esta ciudad de siete años á esta par- 
te, así en algunos casos de ejecución de la real justicia, como de 
la inobediencia que tuvo la compañía del barrio de San Gerónimo, 
y del atrevimiento que ejecutaron el dia 1 5 del corriente mes, tie- 
ne por muy conveniente la creación de una compaüia de cincuen- 
ta hombres, para que se halle pronta á cualquier movimiento que 
se ofreciere. El raaese de campo, correo mayor, y regidor Aspeitia 
reprodujo lo representado; y habiendo acabado de votar los capitu- 
lares, se mandó pasar de todo testimonio al superior gobierno. En 
cabildo de 5 de noviembre inmediato, se refiere que oidos los pa- 
receres de las juntas de guerra y de hacienda, se crearon las dos 
compañías, y se ordena dar cuenta á S. M. informando haber da- 
do el suyo el ayuntamiento, por la inopia de caballeros vecinos que 
padece la ciudad, y la muchedumbre á que ha llegado la plebe, y 
gran número de mestizos y mulatos. 

Ventilando la audiencia el pronunciamiento de una sentencia 
de muerte de 11 de agosto de 98, hubo diferencia entre sus indivi- 
duos, si para darla eran precisos tres votos de conformidad, y sobre 
ello el oidor Duardo protesta los daños que se siguen de guardar es- 
te requisito, y mas en tiempos en que se esperimentan tantos ro- 
bos, muertes alevosas, incendios de casas, y un tumulto que há 
memos de un año ocasionó el vulgo atrevido de esta ciudad. En in- 
formación seguida por Oseguera, deudo de los Alvarez, antiguos 
criadores de ganado y dueños de la hacienda del Bonete en la cos- 
ta de Escuintepeque, consta que sus antepasados abastecían de 
carne la capital, y en ocasiones de invasión de enemigos abastecían 
igualmente las huestes de soldados que acudían al puerto de Iztapa 
en la forma que lo hizo también don Francisco, dice la información, 
en la tropelía ó reencuentro, que el licenciado don Pedro de Eguaras, 
oidor que fué de esta real audiencia (por los años de 705) tuvo con 
los mulatos de la villa de la Gomera, cuando fué á ella con un tro- 
zo de hombres, y le favoreció dicho su tío en su ingenio. La infor- 
mación corre en actas de cabildo, aprobada por el superior gobierno 
en 26 de marzo de 722. Sin duda los morenos reclamaban el impues- 
to del tributo, siendo por otra parte requeridos para el servicio mi- 



^R- 



CESACIÓN DEL TRIBUTO. 4\ 

litar, puesto que en real orden de 28 de enero de 709 se pide infor- 
me del tributo que pagaban los mulatos de Acasaguastlan, Zacapa 
y Sonsonate. 

Entretanto, no aflojaba la audacia y rivalidad de los more- 
nos habitantes de la ciudad. En la noche del 5 de setiembre de 
725 fué asaltada la casa, robada y muertos á alfanjazos el bachi- 
ller don Lorenzo de Orosco presbítero, Catalina mulata su esclava, 
y un mulatillode nueve años. Seguida la causa resultaron reos por 
indicios próximos unos, otros por indicios remotos, todos en número 
de once hombres y mugeres. Entre ellos Serrano, español bien re- 
lacionado, fué sentenciado á muerte de horca el 6 de abril de 72G: 
en el acto de la notificación pidió morir á garrote ó degollado, á vir- 
tud de ejecutorias de hidalguía que mostró; pero no aparece razón 
de que fuese oido sobre ello, sino la certificación de que el dia 9 fué 
ahorcado. Lozano, cuya condición no aparece, fué sentenciado al 
propio suplicio en 9 de julio del mismo año: el tercero lo fué en 
23 de agosto; y no asoma noticia de los otros. 

La ejecución del primero debió ser desagradable al presidente, 
por dependencia doméstica, y al propio tiempo grata á la plebe, 
por su clase, según las muestras que dio cada cual. El presiden « 
te las dio de severidad, sacando desterrados en 5 de mayo de 27 
á los oidores Madrid y Orosco. La plebe de su parte obró en esta 
vez en contraposición del año de 97, atumultuándose, no en de- 
fensa del reo, sino de sus jueces. Juarros, hablando del presidente 
Echevers, dice: llegaron á tal grado las desavenencias de este pre- 
sidente con dos de los ministros de la real audiencia, que los hizo 
salir desterrados: mas cuando eran deportados para su destino, los 
quitó tumultuariamente la plebe. La acta de cabildo del dia O ex- 
presa, que estando ya en vía el convoy de la gente de guardia que 
á dichos señores ministros conduelan, y llegando al parage, que 
llaman de las ánimas, salió parte de la plebe de esta ciudad albo- 
rotados á quitar á dichos señores: que con efecto consiguieron su 
fin, mediante la multitud de piedras que descargaron sobre ia co- 
mitiva que iba de guardia, y milagrosamente escaparon las vidas, 
sin embargo de haberles tirado muchos tiros con balas. 

El acta del dia 13 del propio mayo expone, que habiendo qui- 
tado la plebe los dos oidores, fueron éstos conducidos, y se refugia- 
ron en el convento de Santo Domingo, y como no habia mas que 
estos dos ministros y el fiscal Gomendio, y ademas el pavor Uc\ó 

TüM. 2. (7) 



42 CAP. XLIX. — CESACIÓN DEL TRIBUTO. 

también al propio convento á refugiarse á los dos escribanos de cá^ 
mará y otros subalternos, la audiencia desapareció, y se suspendió 
la administración de justicia en esta parte, con detrimento de los 
interesados en los negocios, y de todo el reyno, y en deservicio del 
rey: el ayuntamiento, atendiendo al real servicio por los medios 
que estaban á su alcance, comisionó á don Lúeas Coronado, alcal- 
de ordinario de primer voto, para que pidiese venia al señor presi- 
dente, y concediéndola pasase todo el cabildo á representar á los 
señores ministros los inconvenientes quepodian redundarse de esta 
suspensión, y la necesidad que habia de que saliesen de su refugio. 

Sin duda los oidores Arana y Rodezno estarían ausentes ó im- 
pedidos de acudir al tribunal, cuando el ayuntamiento solo cuen- 
ta con los otros; pero en fin, el presidente respondió que ya ha- 
bia dado este paso, valiéndose de los muy reverendos padres fray 
José González ex-provincial de la orden de San Francisco, y el pre- 
pósito de la Congregación de San Felipe Neri, quienes habían pa- 
sado á solicitar lo mismo de los señores ministros refugiados, y no 
lo hablan conseguido. En cabildo del dia 20 se mandan bajar los 
juzgados de los dos alcaldes ordinarios á la sala de abajo, para que 
estuviesen atentos á las ocurrencias públicas, por estar la repúbli- 
ca turbada; pero ya en los cabildos subsiguientes no se hace mé- 
rito de semejante turbación, y en 27 de agosto inmediato se vé 
despachando en la audiencia á los oidores Rodezno, Madrid, y 0- 
rosco. 

Victoriosos constantemente los morenos por espacio de treinta 
años, no aparecen en lo sucesivo generalmente sometidos al tribu- 
to; y es cuando se debe decir con Solórzano que su producto era de 
poco interés en estas provincias. En el libro de caja de 729 no se 
encuentra mas que una partida de quinientos tostones enterados 
en 11 de abril, procedentes de morenos de la provincia de Suchi- 
tepequez. En la instrucción dada para la numeración de tributarios 
á 7 de julio de 67, se habla en el art. 13 del tributo de los more- 
nos como de una obhgacion que iba caducando. Averiguará, dice, 
los negros y mulatos libres que satisfacen tributo, y hará de ellos 
un padrón; y porque en este reyno, añade, está relevada esta cas- 
ta de gentes en muchos parages con la obligación de asistir á la 
defensa de la tierra y los puertos, no hará novedad donde tuvieren 
este privilegio y estuviere en práctica. En la ordenanza de inten- 
dentes, dada para la Nueva-España en 4 de diciembre de 86, no se 



I 



RESTRICCIONES DEL COMERCIO. 4 O 

habla con mas precisión. El art. 137 dice: asimismo se ha de exe* 
cuar con igualdad el tributo de los negros y mulatos libres, fiján- 
dolo á la moderada cantidad de veinte y cuatro reales. 

Tampoco estaban muy bien los morenos oficiales y profesores 
de artes mecánicas en la alcabala que pagaban por la venta de las 
obras de su oficio; y como su intrepidez no llevaba el tono de no- 
bleza y lealtad de los españoles descendientes de conquistadores, 
ella no dejaba de mortificar á la autoridad. Así es que el presiden- 
te y oidores, en bando de 19 de noviembre de GG, dijeron: que ha- 
biéndose advertido repetidos antecedentes que acreditan la falta de 
subordinación, con que parece proceden algunos individuos de la 
ínfima plebe, llevados de la novedad, ó preocupados incautamente 
de especies supuestas, falsas é injustas, debiendo tener presente !a 
equidad con que se ha gobernado la recaudación del real derecho 
úe alcabala, especialmente con respecto á los oficiales mecánicos, 
según se practica en los menestrales de los reynos de España, se 
ha suspendido imponer contribución alguna á los oficiales menes- 
trales de esta ciudad y sus provincias, sin que sobre el particular 
haya mediado otra instancia ó representación de esta ciudad y sus 
capitulares, ni mas respeto que el de atender como padres de la 
patria al alivio de los miserables de la plebe, y á la mayor libertad 
del comercio y venta de sus efectos. La providencia fué aprobada 
en cédula de 11 de noviembre de G9, con calidad deque á los pro- 
fesores de algún caudal se indujese con suavidad á que pagasen 
alguna cuota annual con título de alcabala. Se vé pues en los par- 
dos un pueblo nuevo, vigoroso, unido en sus intereses, zeloso de 
su conservación, y por ello atendido de las autoridades de la tierra 
V de la corte misma. 



— -^»«^000^5t««*« 



CAPITULO 1)0. 

Bci^itriccioiiejsi «Id (*oiiici*eÍo« 

Al paso que aumentaba la población, era restringido el co- 
mercio. Empezando por el cacao, el tráfico (¡ue se hace de este fru- 
to en el siglo 17 no llega á la mitad del que se hacia en el IG. Si 
<*n este exedió su importación ú la Nueva- España de millón y mo- 



44 CAPÍTULO L. 

dio de pesos, en la segunda centuria no se ve mas semejante ex- 
tracción. Desaparecieron en ella las embarcaciones del pais, y ai 
propio tiempo todo su comercio. En el encabezamiento de alcabalas 
del año de 604 no se numera entre los vecinos de Guatemala, si- 
no un dueño de barco, cuando antes hubo vecino que tuviese dos, 
y todos se hallaban en aptitud de hacer por sí el comercio de la 
China, que harto solicitaron. Algo puede haber contribuido la po- 
licía del lugar. Juan Vázquez de Coronado encarta de 26 de mar- 
zo de 1601, escrita de Sonsonate á Guatemala, vitupera una pro- 
visión ganada por el ayuntamiento en que se vedaba la saca del 
cacao para la Nueva-España, si en vez de dinero venia ropa para 
su cambio; y aconseja se ponga remedio en consentir meter ropa, 
y no en la saca del cacao, la cual, dice, á se de aumentar, y nopro- 
curalla menoscabar y destruir. 

Sea cual fuere la causa de esta decadencia, el evento, que se ad- 
vierte durante el siglo 17 fué disminuirse hasta el extremo la can- 
tidad del cacao en su salida y doblarse su precio. El ayuntamiento, 
en memorial dirigido al rey un siglo después, es decir, el 9 de mar- 
zo de 1709, recorriendo estos tiempos que llama felices, y en que á 
su juicio habia florecido mas este comercio, hace mención del que 
tuvo este reyno con el de Nueva-España, y lo estima en cantidad 
de trescientos mil pesos annuales. Como no expresa el número de 
cargas que eran exportadas deben sacarse por el precio que ellas 
tuvieron en su venta durante el mismo siglo. Este se encuentra 
vario, y en su fluctuación se vé subir desde 17 hasta 46 pesos, y 
descender á 21, así en remates públicos como en ventas privadas, 
según aparece en acuerdos de justicia de 24 de febrero de 620 y 23 
de marzo de 645, y en acta de cabildo de 7 de juHo de 693: de que 
tomado un medio, que es el de 30 pesos, los cuales se ven ya es- 
tablecidos el año de 39 en libro del gasto del convento de Coban, y 
vigentes en el de 69 en libro de caja de la hacienda real, resultan 
diez mil cargas; y como también saha de Nicaragua y Costa-Rica 
por la mar del sur á Panamá, y por el desaguadero del norte para 
Portobelo, como también de San Salvador, Honduras y Guatema- 
la por TrujUlo, Puerto Caballos, Santo Toma§ y Golfo-dulce, pa- 
gando en estos puertos primero dos reales el fardo y después cua- 
tro, según consta de reclamaciones del ayuntamiento de los años de 
38 y 45; puede hacerse cómputo de quince mil cargas mas anual- 
mente, y por todas veinte y cinco mil importantes 750 mil pesos. 



RESTRICCíO:VES DEL COMERCIO. 45 

Sóbrela falta de embarcaciones ocurrieron otros incidentes que 
debieron ocasionar esta baja; los cuales fueron la producion de es- 
te fruto en distintos paises, el transporte de él á otros diferentes, y 
su introducción en el propio territorio. Un auto acordado de jus- 
ticia de 20 de marzo de 627, á pedimento del fiscal de S. M. manda 
se queme el cacao trahido del pirú por el capitán Luis Gómez Bar- 
reto. Uno de gobierno de 5 de setiembre de 635, expresa: que por 
cuanto S. M. tiene prohibido se tragine y traiga cacao del reino del 
Pirú, por haberse experimentado el daño que la bebida de dicho 
género causa á los indios naturales de estas provincias por la ma- 
la calidad del cacao que á consumido y acabado la mayor parte 
de los que habia en la provincia de Nicaragua y jurisdicción de 
la villa de Sonsonate, ordenaba á los alcaldes mayores de las vi- 
llas del Realejo y Sonsonate impidiesen su introducción. 

Solórzano lib. 2 cap. 10, tratando délas huertas donde se plan- 
ta y coge el cacao, ya de antiguo, dice, se conocieron y cultivaron 
muchas en la Nueva-España, especialmente en la provincia de 
Guatemala, y de presente se ha comunicado su uso y contratación 
en grande abundancia á la provincia de Characas ó Venezuela y á 
la de Guayaquil en el Perú, y se sacan de ella muy crecidas ga- 
nancias. El fiscal de esta audiencia, licenciado Vázquez de Velaz- 
co, representa al presidente de ella el inconveniente que de la in- 
troducción del cacao del Perú se seguia en estas provincias por ser 
de mala calidad y en mucho daño de los naturales, que por hacer 
uso del, se iban acabando y consumiendo, y pide se estorbe su entra- 
da conforme á la prohibición que habia de ello: sobre que el pre- 
sidente, en auto de 6 de diciembre de 38, expresa, que no habien- 
do cédula que tal proliiba, sino solo ima provisión de la real au- 
diencia, que lo ha entredicho, ordena que para entender en ello y 
pasar todo al gobierno general donde se han hecho informaciones 
y otras diligencias, se junte con ellas la petición y vuelva al señor 
fiscal. El ayuntamiento de esta ciudad, en memorial de 8 de mayo 
de 649, dice al rey: el cacao tampoco tiene valor por la muche- 
dumbre que á la Nueva-España ocurre de partes donde no solía 
ir ninguno, siendo ^aquel reyuo, donde se consumía y gastaba lo 
que se cogia en este. 

La libertad de comercio recíproco entre Niu\a-l>[).iiia y el 
Perú, habia sido relativa á frutos de la tierra, cuenta Solórzano 
lib. 6 cap. 10, mas ao á géneros de China y de Castilla, que Nue- 



-ÍG CAPÍTULO L. 

va-España no podía llevar al Perú. Después, por cédula de 609, se 
prohibió al Perú traer á ella plata ú oro: por otra de 620 se prohi- 
bieron otros artículos, y en cédula de 624 á Nueva-España que fa- 
bricaba paños, se veda llevarlos al Perú. Mas por la contravención 
repetida y daños de ella seguidos, añade el mismo escritor, se man- 
dó últimamente el año de 631, que del todo se cerrase el comercio 
del Perú con Nueva-España y es lo que expresa la misma cédu- 
la de 624 redactada en la ley 4 tít. 26 lib. 4, que acaba diciendo: 
por conveniencias del comercio con estos reynos de Castilla, no 
se debe permitir su aumento, ni continuarlo con el Perú. En ca- 
pítulo de carta de 29 de marzo de 636, resumida en la ley 78 tít. 
45 lib. 9, se hace esta relación. Estuvo permitido que del Perú á 
Nueva-España anduviesen dos navios cada año al comercio y trá- 
fico hasta en cantidad de 200 mil ducados, que después se redujo 
á uno con ciertas calidades, y porque ha crecido con exeso el trato 
en ropa de China en el Perú, sin embargo de tantas prohibiciones 
convenientes al comercio de estos y aquellos reynos, habiendo pre- 
cedido última resolución del virey conde de Chinchón y acuerdo 
de hacienda, para quitar absolutamente la ocasión, ordenamos y 
mandamos á los virey es del Perú y Nueva- España que infalible- 
mente prohiban y estorben este comercio y tráfico entre ambos 
reynos. 

Un auto acordado de 20 de setiembre de 637 lamenta queá la 
sombra de estar permitida la llegada de la ropa de China á Guate- 
mala y llevarse á expender á las provincias, los que entendían en 
el tráfico la traían por tierra y puertos del norte para conducirla 
á los del sur en Sonsonate, el Realejo y Nicoya, y para impedirlo 
se estrechó la entrada délas recuas y la visita de las embarcacio- 
nes. A la par se procuraba el transporte del Perú prohibido á Nue- 
va-España. El procurador síndico, en cabildo de 27 de febrero de 
680, dice: viene caminando para esta ciudad y pasar á la Nueva- 
España gruesa cantidad de cacao de Guayaquil de mas de seis mil 
fanegas de las villas de Sonsonate y Amapal que vino en dos fra- 
gatillas que llegaron á dichos puertos del reyno del Perú ,que de- 
mas de ser género prohibido y de contrabando en este reyno, y 
que con pretesto de 200 fanegas que vienen registradas quieren 
pasar las dichas seis mil, es irreparable el daño y perjuicio á es- 
ta república y sus vecinos por no averies quedado otro trato y co- 
mercio que conducir el cacao de estas provincias á la Nueva-Espa- 



RESTRICCIONES DEL COMERCIO. 47 

fia, en el cual se perderán y destruirán totalmente por la baja que 
tendrá dicho género en México. 

Como no habia cédula que vedase el transporte del cacao á 
Guatemala, continuaron las reclamaciones. En otro cabildo de 16 de 
febrero de 683, el mismo procurador síndico dice: se lia recono- 
cido el daño irreparable que causa la entrada del cacao guayaquil, 
que como viene en cantidad descaeced que se coge en esta provin- 
cia de calidad que no tiene precio alguno, y no tener otro ingre- 
so para aver reales en el comercio, para que se obvie en adelan- 
te el daño tan nocivo y perjudicial, resolvieron, prosigue diciendo 
el acta, que el dicho procurador síndico en el gobierno superior ó 
donde mas convenga pida lo necesario en orden á que no se ad- 
mita la entrada de dicho cacao guayaquil. 

Al fin se impetró la prohibición en cédula de 21 de mayo de 
685. En consecuencia, repelidas en Sonsonate tres mil veinte car- 
gas que venian en un buque de Guayaquil, pagados derechos pa- 
saron á Nueva-España, y por ello el oficial del puerto fué multa- 
do en óOO pesos en cédula de 16 de diciembre de 687. El procura- 
dor de la ciudad en España en carta de 1 8 del mismo escribe al 
ayuntamiento: estos dias se han visto dos causas que se han hecho 
á algunos dueños de navios en esta provincia sobre arribadas con 
cacao de Guayaquil: an los castigado con gran rigor: no hay du- 
da que en esto se pondrá gran cuidado por acá para que á Ü. S. 
no se le haga perjuicio en sus frutos de esa provincia que tengan sa- 
lida. La prohibición se renovó en cédulas de 10 de junio de 88, y 
28 de julio de 95. 

Acerca de lo cual el ayuntamiento, en el memorial de 709 que 
vá mencionado, dice al rey: ha decaído tanto la estimación del di- 
cho fruto, que ni se solicita de las ciudades de nueva españa, ni se 
vende con la estimación que antes, ni ay vecinos que en conside- 
rables porciones lo remitan á dicho reyno, y ha estado tan deses- 
timado, que los mercaderes de él se llevan encajonatlo el dinero que 
con sus mercaderías adquieren. Y esto ha provenido de que en con- 
ti'avencion de la repetida prohibición de comerciarse el cacao gua- 
yaquil se han conducido y se transplantan con mucha iVccuoncia de 
la ciudad de Guayaquil de la jurisdicción del Perú muy crecidas 
porciones del dicho cacao á los puertos de Siguatanejo, aguatulco, 
acapulco, y la natividad, todos cuatro del mar del sur y de la ju- 
risdicción del reyno de Nueva-España, cu los cuale:} no se hace taa 



^8 CArÍTüLO L. 

mal pasage á sus conductores, que no logren todos con varios pre- 
testos sus arribadas á ellos y la descarga del dicho cacao, y auii 
cuando se comise y se venda por vuestra real hacienda, el precio 
de los remates les rinde tanta conveniencia que no alzan la mano 
de trancarlo. 

En consecuencia, pasando al siglo 1 8, de que ya se ha comenzado 
á tratar, no es mucho se diga, que el comercio de este fruto en el 
transcurso de él descendió en cantidad y en precio á cerca de la 
mitad del precedente. Hasta aquí se ha hablado de carga de sesen- 
ta zontes, confoi-me á cédula de 9 de agosto de 684, que aprueba 
un auto de la audiencia dado en esta razón amparando á los 
indios de Chiquimula de la Sierra en el pago de su tributo contra 
los oficiales reales, que pretendían componerse la carga de sesenta y 
dos libras. Don Fernando Echevers en sus ensayos mercantiles que 
dio á luz en 742 regula la saca anual de cacao de solo las provin- 
cias de San Antonio, Soconusco, Chiapa, Comayagua y Costa-ri- 
ca en 600 mil libras, que hacen 10 mil cargas de 60 libras, á que 
añadiendo otras 5 mil cargas del resto de Guatemala, Gualan, Ni- 
caragua, y contrabando de las costas de Honduras, y Matina, re- 
sultan 15 mil. 

Sin embargo, este cómputo puede parecer bajo, pues regula di- 
cho escritor la extracción de San Antonio para Oaxaca en solo 
mil tercios, cuando el deán García Redondo, en memoria publicada 
el año de 799, testifica haber visto libros antiguos de un córner^ 
ciante que de su cuenta remitía poco después 500 anualmente; 
pero en fin, puede hacerse juicio de 1 5 mil cargas importantes 300 
mil pesos á razón de 20 pesos : precio entre el de 15 y 18 de 
una parte que aparece en libros de la caja de los años de Í714 y 
1729, y de otra el de 24 y 25, que suena en acta de cabildo de 
11 de enero de 735, y comunicación á la audiencia del Sr. arzo- 
bispo Larraz de 16 de febrero de 79. 

Bien que estas 1 5 mil cargas deben haber disminuido á fines del 
siglo hasta terminar su salida con él. Alcedo, que al fin de su diccio- 
nario geográfico publicó el año de 89 otro de voces provinciales, ha- 
blando del cacao, dice. Hay dos especies de cacao: el uno silvestre, 
que es amargo, el cual era el que usaban los indios y tiene todavía 
alguna estimación, y dio motivo á cultivarlo y beneficiarlo; y el otro 
que se distingue por su calidad y según el terreno y pais: el me- 
jor y que se tiene en primer lugar, es el de Soconuisco en el reyno 



RESTRICCIONES DEL COMERCIO. 49 

de Guatemala; pero la cosecha es tan corta que apenas basta allí 
para las gentes de conveniencias, y por eso viene poco á Europa. 
En la gaceta de Guatemala de fin del siglo, se dá razón de los pre- 
cios del cacao y entrada del de Guayaquil, mas no de salida alguna 
suya del reyno. En las de 20 de febrero, por ejemplo, y 1 ó de mayo 
de 97, anunciándose el precio corriente de los frutos del pais, se 
expresa que la carga de GO libras de cacao de la costa es el de 24 
pesos y medio, y el del cacao de Nicaragua de 22 á 23 pesos quin- 
tal: en la de 19 de febrero de 98 se da al mismo cacao de la costa 
el precio de 21 pesos y medio. Respeto al de Guayaquil se avisa en 
10 de abril de 97 que vinieron áSonsonate con registro de aque- 
lla ciudad 501 cargas de 81 libras, y en la de 14 de mayo de 98 
que entraron al mismo puerto con registro de la misma ciudad 24 
zurrones con 43 cargas 11 libras por una parte, y por otra 112 
tercios con 210 cargas. 

Humboldt, en el viaje lib. 5 cap. 16, dice: Hasta mediados del 
siglo 1 7 no han dispertado los holandeses tranquilos poseedoi-es de 
la isla de Curazo por medio del comercio de contrabando, hecho el 
cacao un objeto de exportación en la provincia de Caracas. Esta 
apenas era al principio del siglo 18 de 30 mil fanegas por año: 
en 1748 de 47 mil: en 1763 de 80 mil: y en 1792 de 100 rail. De 
las 80 mil del año de 63, se enviaron 50,300 directamente á Espa- 
ña: 16,300 á Veracruz: 11,100 á las islas Canarias, y 2,300 á las 
Antillas. Su precio en los principios, 80 pesos, y después 45. Un 
manuscrito de noticias déla Habana de 1777, describiendo el in- 
greso de frutos en esta ciudad, le da el numero de 5738 zurrones 
de cacao: no sería extraño que á este surtimiento concurriese Gua- 
temala. El propio Humboldt en el ensayo lib. 4 cap. 10, tratan- 
do de la calidad del cacao, dá el primer lugar al famoso de Soco- 
nusco: el 2» al de Gualan en la costa de Honduras: 3" al deUri- 
cutu en la provincia de Caracas: 4'» al de Capiricual en la Nueva- 
Barcelona; y 5'» al de la Esmeralda en el reyno de (Juito. 

Alcedo, tratando de Suchitepeques, not^ que en el siglo 1 6, Tier- 
ra firme se surtía de cacao de GuatíMuala por Panamá; y así \ íeneii 
á resultar dos cosas: primera, que <'l Perú, surtido al principio de 
este género por Guatemala, después surtió á esta última: eu cédu- 
la de 30 de marzo de 681 se habla de un navio holandés que llciió 
á Honduras con cacao de Guayaquil; ven otra de 5 de junio de 
786 se permite la conducion de este fruto á Guatemala sin limila- 

TOM. 2. fs) 



bO CAPÍTULO Lí. 

cion alguna. Lo segundo que resulta notable es, que Tierra firme en 
el comercio del cacao siguió una razón inversa y opuesta á la qué 
observó Guatemala: porque este reyno comenzó exportando 100 
mil cargas en el primer siglo: prosiguió exportando 25 mil en el se- 
gundo, y 15 mil en el tercero, hasta terminar encero. Y Caracas, 
provincia de aquel reyno, que nada exportaba en el siglo 16, en el 
17 ya transporta de 15 á 25 mil fanegas, y en el 18, 100 mil. To- 
do fué efecto de la navegación, cesante en el uno, y creciente en 
el otro. 



CAPITULO 31. 

Proliiliieioii lie los vinos del Veríu 

Acosta, que escribió por el año de 1589, después de reconocer, 
según su modo de discurrir, en la aptitud de los terrenos y en la 
pericia de sus habitadores el logro de la uva, y confección del vi- 
no en el Perú, dice: llévase este vino á Potosí y al Cuzco, y á di- 
versas partes, y es grande grangería, pero no sale de su provincia. 
En el reyno de Chile, dice también, se hace vino como en España, 
y dá por razón que es el mismo temple; pero traido al Pirú, añade, 
se daña. No es mucho, pues, que el del Perú, salido de su provin- 
cia, y traido á Guatemala, igualmente se dañase. El ayuntamiento 
de esta ciudad, también á su modo de discurrir, hizo indagación 
de ello, disponiendo en 4 de abril de 1G03 enviar á la \illa de la 
Trinidad por 300 botijas, y venidas, dio petición el mayordomo en 
28 de mayo inmediato, declarando la experiencia que hizo en el 
vino del pirú, é atento, dice el acta, á que conforme á ella la ciu- 
dad pierde mucho dinero, se acordó que el mayordomo venda el 
que vino á veinte é dos tostones cada botija; y no explica otro re- 
sultado hasta el 26 de enero de 607, en que un artículo del acta 
dice. Trátase que se contradiga el aver dado licencia su señoría 
el señor presidente para meter vino del pirú en esta ciudad por 
cuanto de aver dado la dicha licencia recrecía mucho daño á los 
naturales, y se dio comisión al procurador síndico para que en ra- 
zón de esto haga todas las diligencias que convengan y sean nece- 
sarias con parecer del letrado de la ciudad. 



PROHIBISION DE LOS VINOS DEL PERÚ. 54 

El comercio y consulado de Sevilla , refiere un memorial que corre 
en actas posteriores, por justos motivos que tendría entonces, salió 
conti-adiciendo por este tiempo el tráfico de los vinos del Perú, por la 
poca estimación, dice, y menos precio que tendrían los que trajeran 
de Castilla las naos que con registro vinieran á los puertos de Hon- 
duras. De aquí fué que en cédula de 1 7 de diciembre de 6 1 4, recopi- 
lada en la ley 15 t. i8 1. 4, se prohibió la entrada de vinos del Perú 
en Panamá; y luego en otra de 18 de mayo de 615, recopilada en ley 
18 siguiente, se veda su traida á Guatemala. Dice así la ley. Por 
parte de la ciudad de Santiago de Guatemala nos fué representado, 
que algunas personas conducen al puerto de Acajutla de aquella 
provincia muchos vinos del Perú, que por ser fuertes nuevos y 
por cocer causan á los indios generalmente muy grande daño, coa 
que se acaban muy apriesa, demás de ser causa de que tantos me- 
nos se lleven de España en perjuicio del comercio y derechos que 
nos pertenecen; y nos, por escusar los daños referidos; mandamos 
que los vinos del Perú no se puedan traer ni traigan al puerto de 
Acajutla, ni á otra ninguna parte ni puerto de la provincia de 
Guatemala. Esta cédula fué renovada por otras de 28 de marzo de 
620, y 19 de junio de 626. 

En cumplimiento de ellas fueron confiscadas unas partidas de vi- 
no desembarcadas en el Realejo pertenecientes á Francisco Canelas, 
vecino de . aquel puerto y consignatario del doctor Juan López de 
Alarcon y Juan Francisco de Ribera de Lima; y aunque apeló y 
suplicó, fué confirmada la sentencia en postrero de mayo de I62í) 
por tres votos contra dos. Sin embargo, venia vino del Perú. En 
auto acordado de 5 de setiembre de 635 se lamenta, que demás de 
estar prohibido por cédulas de S. M. que se tragine y traiga vino del 
Perú, sea experimentado, dice, el mucho daño que la bebida de 
este género causa á los indios naturales de estas provincias, que á 
consumido la mayor parte, y que les es á los dicbos naturales de 
mas daño y perjuicio que el ir á los obrages de hacer tinta añil. En 
otro de 6 de diciembre de 638 se lamenta de nuevo la inobservan- 
cia déla prohibición de que se tragine vino del pirú, y haberse ex- 
perimentado el mucho daño (¡ue causa á los indios naturales de es- 
tas provincias la fortaleza de dicho vino, que á consumido y aca- 
bado la mayor parte de ellos; se nota asimismo, que con capa de 
otras mercaderías y registro de vinagre entraba vino, defraudándo- 
le bs reales derechos; y por último otros inconvenientes, pues por 



82 capítülq li. 

vender dicho vino, dice el auto, no se despacha el que viene de los 
reynos de espaüa, en grande daño de la comunicación de ellos con 
esta provincia. 

No tardó mucho en pesar al ayuntamiento semejante prohibición: 
porque habiéndose obligado la casa de contratación de Sevilla por 
condición puesta en el asiento de averia á enviar cada año dos naos 
armadas á los puertos de Honduras con efectos y vinos de Castilla, 
y no llegando ninguna, si no es que algún particular viniese con 
licencia que sacaba por composición á su cuenta y riesgo, y tam- 
poco bastaba al surtimiento de la tierra, que habia sido el funda- 
mento de la prohibición, no se creyó mas obligado á ella el ayun- 
tamiento, y trató de solicitar su revocación. Con este fin puso ins- 
trucción á su apoderado en España en 31 de mayo de 643, dando 
los motivos para ella, y solo obtuvo que se pidiese informe al pre- 
sidente de esta audiencia en real orden de 29 de octubre de 647. 
Sobre ello se formaron autos, y se hicieron nuevas peticiones por 
las ciudades de las otras provincias, por el cabildo eclesiástico y 
prelados de las religiones, mas como en el consejo de Indias era 
oido el comercio de Sevilla, que lo contradecía, quedó en eso. 

Entre tanto, la necesidad dictaba la contravención, y llegó á de- 
tener los apercibimientos de la autoridad, de modo que en el me- 
morial que va citado, se refiere, que la botija de una arroba de 
vino llegó á venderse á cuarenta tostones, y distribuirse por 
la autoridad pública á las iglesias para el preciso objeto de cele- 
brarse el santo sacrificio déla misa, y el aceite se repartiese y ven- 
diese únicamente para la lámpara del santísimo; y en una carta 
de la audiencia al rey se leen estas palabras. Quien ha dado 
el vino necesario para estas provincias ha sido el Perú, y en 
la pérdida de la nao Troya que vino de aquel reyno el año de 
59, y se fué á pique á vista de la tierra valió una botija de vino 
sesenta pesos, y lo mas sensible fué que no se hallaba y se dejó 
de celebrar el santo sacrificio de la misa por mucho tiempo en 
los mas partidos de los indios, hasta que llegó el año siguiente 
navio del Perú que socorrió la necesidad, y redujo este género al 
precio ordinario de 10 y 11 pesos. Lo que entendido en el consejo 
dio motivo á la cédula de 12 de enero de 667, en que se renueva 
la prohibición del tráfico de vinos del Perú, y se repite la orden para 
que el comercio del Perú continuase reducido á dos bageles de 200 
toneladas que tragesen 200 mil ducados y llevasen frutos de la 



prohibision: de los vinos del perú. 55 

tierra. Se recibió en la audiencia á fines de mayo, á tiempo que sur- 
gían en Sonsonate dos navios del Perú cargados de vino, aceite, 
vinagre, aceitunas y cantidad de barras y reales en labuena fé de la 
libertad que hablan gozado: el fiscal pidió al punto por dos veces 
9U obedecimiento, pero la audiencia lo dilató hasta el 12 de junio, 
dando tiempo á que no fuesen comprendidos en la prohibición. 

Todos vieron en ella su ruina, y causó grande desconsuelo y 
una general consternación, que obligó á representar al rey cada u- 
no por sí los inconvenientes, menoscabos, pérdidas y daños que 
se les seguían. El ayuntamiento dispuso suplicar su cumplimien- 
to y llamó en su ayuda como otras veces al cabildo eclesiástico, á 
los prelados de las religiones y á los ayuntamientos de las otras 
ciudades y villas del reyno, para que de su parte reprodujeran la 
reclamación. Se formaron autos, se recibió la causa á prueba, é 
informando la audiencia al rey en carta de 20 de junio de 668, 
dice. El vino que viene de esos reynos es cierto no es bastante pa- 
ra el sustento de estas provincias, así por que no vienen naos to- 
dos los años, como porque lo gastan muy de ordinario todo 11- 
nage de hombres y mugeres, chicos y grandes, y con lo sucedido 
este año á la nao que vino de esos reynos que cercada del enemi- 
go en Golfo- dulce con diferentes bageles se vio obligada siendo de 
mucho porte y con buena gente á levar anclas de noche, hacerse 
á la vela y procurar escaparse, y con este suceso se intimidan y 
raras veces se verán naos de Castilla en este distrito; y conclu- 
yendo, dice la audiencia: humildes criados somos de V. M. como 
tales postrados á sus pies le suplicamos se sirva informarse si los 
ministros tienen otro interés que el de la conservación de esta» pro- 
vincias. 

El ayuntamiento de esta ciudad había sido y era á la sazón el 
único cuerpo regulador de la causa pública, el que promovía y el 
que respondía por el bien común, atendiendo especialmente al co- 
mercio, no habiendo en el reyno consulado. México, según refiere 
Solórzano lib. 6 cap. 14, habia erigido el suyo con ordenanzas pro- 
pias que le fueron concedidas por auto del consejo de í) de junio 
de 1603; y aunque para el de Lima hubo alguna detención, el fué 
igualmente establecido por cédula de 11 de enero de 1614. Guate- 
mala lo habia solicitado desde el ano de 647, pero vista la solici- 
tud en el consejo, fué oida la casa de contratación y consulado de 
Sevilla, como también la audiencia y consulado de México, en que 



S4 CAPÍTULO LT. 

acaso hubo contradicción, porque no se hizo mas, y quedó en eso* 
Este último sin duda se consideraba con autoridad sobre Guate- 
mala. Corriendo el año de 66í), llegó una comisión en materia de 
impuestos librada por él, la cual sabida por el ayuntamiento de es- 
ta ciudad fué resistida vivamente en un memorial estenso y eru- 
dito que corre en actas de cabildo, y declinada su jurisdicción an- 
te la audiencia de este reyno, y por medio de ella ante el consejo. 

La suplicación de la cédula tuvo el suceso que se explica en 
real orden de 22 de junio de ii70, remitida á la casa de la contra- 
tación de Sevilla, en la cual se hace relación: que aviendo repre- 
sentado el procurador de la ciudad de Guatemala que los vinos 
que venian de aquellos reynos no eran bastantes para el abasteci- 
miento de estas provincias, porque las naos que llegaban eran po- 
cas y esas se perdían en manos de enemigos, con lo que avia fal- 
tado el vino y en muchos tiempos se avian cerrado las iglesias; y 
aviendo suplicado se le diese permiso para que del Perú viniesen 
vinos y vinagre al Realejo, atendiendo á los informes que en esta 
razón hizo el comercio de aquella ciudad no le concedió dicho per- 
miso: por lo que ordenaba al presidente y jueces oficiales de dicha 
casa no faltasen en enviar á estas provincias naos con vino, vina- 
gre y demás géneros, de manera que no padeciesen necesidad. 

El ayuntamiento, que vio desoída su pretensión, habida la ve- 
nia superior celebró cabildo abierto en 1 8 de junio del propio año 
de 70, á que concurrieron el cabildo eclesiástico, prelados de las 
religiones y vecinos de representación: en él se determinó seguir 
la instancia, y luego en otro de 1 3 de marzo de 7 1 hacerla, ofre- 
ciendo á la corona porviade donativo 5 ó 6 mil, hasta 8 mil pe- 
sos. El consejo escuchó siempre las peticiones, oyendo á la vez 
así á la casa de contratación de Sevilla, como ai consulado de Li- 
ma, y en su virtud se libraron sucesivamente varias cédulas en 
29 de octubre de 71, 14 de diciembre de 72, 4 de abril de 74, y 
17 de marzo de 75, repitiendo órdenes tanto á la casa de contra- 
tación para que remitiese anualmente las dos naos armadas con 
vinos y efectos de Castilla, según estaba obligada, como al virey 
del Perú, para que no faltase en remitir los dos bageles de 200 to- 
neladas con los 200 mil pesos en la forma que estaba ordenado. 
Pero ni los vinos y naos de España venian cumplidamente, ni los 
bageles del Perú llegaban ya con dinero, sino cargados de frutos 
de contrabando, que ó se tomaban en perjuicio de la tierra, y so- 



I 

I 



PROHIBISION DE LOS VIISOS DEL PERÜ. 55 

iirecaros, ó pasaban á los puertos de Nueva-España. En cédulas 
de 10 de noviembre de 670 y 17 de setiembre de G73 se aprueba á 
la audiencia no se hubiesen admitido 500 botijas de vinagre; y 
luego otras de vino, vinagre, aceitunas y ágies. 

En esta ocasión se vieron luchar por dilatados años, por una 
parte la consternación y despecho del vecindario de Guatemala, y 
por otra la parsimonia y gravedad del consejo de Indias. El ayun- 
tamiento en 10 de marzo de 79 proyectó una junta en el palacio 
ante el presidente, á que concurrieá'en ambos cabildos secular y 
eclesiástico, prelados de las religiones y vecinos de la ciudad, y que 
en ella fuese nombrada una persona del lugar que fuese por pro- 
curador á España á solicitar con entereza entre otras cosas los vi- 
nos del Perú; y con este objeto celebraron dos cabildos prepara- 
torios, uno ordinario en que se designaron cuatro sugetos, dos de 
España y dos de la tierra, para escoger entre ellos uno; y otro ex- 
traordinario abierto, á que concurrieron los vecinos, y en que ya 
fueron seis los propuestos, tres de España y tres criollos, á saber: 
de la parte de España el capitán don Melchor de Meneos con 1 5 
votos, el capitán don José de Aguilar y Revolledo alcalde ordina- 
rio mas antiguo con 10, el general don Lorenzo Ramírez de Guz- 
man con 9: departe de los señores déla tierra, el capitán don 
Francisco de Fuentes y Guzman con 16 votos, el capitán don Fer- 
nando de la To\ illa con otros 16, y el capitán don Isidro de Ze- 
peda con 12. Mas comenzando á anticipar cada uno las razones 
que tenia de alegar para no ir á España, quedó el negocio en a- 
quel estado, y no tuvo efecto la junta proyectada, sino otra muy 
diferente. 

Esta junta fué convocada y celebrada el 12 de mayo del mis- 
mo año por el presidente Osorio gobernador y capitán general, 
á que asistió la audiencia, y concurrieron todos los vecinos pi- 
dientes de la ciudad, á quienes mostró una cédula en que el rey 
pedia de donativo lo que cada uno pudiese según su caudal; y 
habiéndose escusado la ciudad de servir en esta ocasión á S. M. 
por la mucha pobreza y miseria, dice, á que á venido la i)rovincia 
por lo caido de los géneros y frutos de la tierra, y prohibición de 
los vinos del Perú de que se ha ocasionado la total ruina y destruc- 
ción de este reyno: todavía, añade, por mostrar el fervoroso zelo 
que tiene de servir a S. M. ofrece servirle con 20 rail pesos, con- 
cediéndosele permiso para comerciar libremente con el Perú, hasta 



^6 CAP. U. PROHIBISION DE LOS VINOS DEL PERÜ. 

en cantidad de 400 mil pesos cada año, en que puedan venir vi- 
nos, y se admitan á lo menos, cuando no los haya de España: lo 
que quedó sentado, y ofrecido condicionalmente. Celebrado cabil- 
do el dia siguiente, se acordó dar nuevo poder al agente de la 
ciudad en España, para que en su nombre la obligase á la paga y 
entero de dichos 20 mil pesos en esta real caja después de hecha 
la merced, dice el acta, y teniendo efecto la permisión referida. 
He aquí comprometida la necesidad, la delicadeza del ayuntamien- 
to por una parte, y de otra el decoro del supremo consejo de In- 
dias. 

A los dos años, en cabildo de 30 de mayo de 681, se recibie- 
ron dos cartas del agente, en que da aviso de un memorial pre- 
sentado por parte del consulado de Lima, en que pide al consejo se 
otorgue la permisión para los vinos y frutos, y se alce la remisión 
de los 200 mil ducados. Sobre lo cual se acordó escribir á S. M. 
al agente de la ciudad, y fiscal del consejo, que de no concederse 
la permisión de vinos, sin limitación alguna de reales, es decir, 
sin rebaja de los 200 mil ducados, no se acete la merced en ma- 
nera alguna; y todavía en cabildo de 13 de julio de 683 se dispu- 
so agregar al agente, que en orden al comercio de España obliga- 
se á la ciudad á recibir hasta 5 mil botijas de vino de arroba y me- 
dia á precio de 1 3 pesos, y en orden al del Perú pidiese la venida 
de un navio con 200 mil ducados y demás frutos, menos cacao gua- 
yaquil, y el permiso de ir otro de aquí con géneros de Castilla y 
China y frutos de la tierra: que haciéndose la merced como va ex- 
presado, pagará esta ciudad los 20 mil pesos; y si S. M. no fuese 
servido de conceder la dicha licencia en la forma referida, se repu- 
die, y pida se cierren los puertos de Sonsonate, Realejo y demás 
de estas provincias para con el dicho reyno del Perú totalmente; y 
que así mismo el comercio y consulado de Sevilla haga obliga- 
ción de enviar cada dos años 12 mil botijas de dicho vino, que 
se recibirán y pagarán por esta ciudad. 



57 

CAPÍTULO 52. 

Perinisioii de lois viiiois ilel Perú. 

Habiendo aprendido la ciudad en algún modo por esta vez á pe- 
dir, comenzaron las cosas á tomar algún color. A lo menos el agen- 
te de España adquirió aquella energía capaz de poner en calor el 
asunto en el consejo, sacándolo del estado en que yacía, repitiéndo- 
se las mismas providencias. En carta que escribe al ayuntamiento 
á 15 de junio de 85, le avisa, que conforme á la orden que recibió 
el año de 83, habia introducido la petición en el consejo, y sobre e- 
11a habia dado respuesta en parte favorable el señor don Diego Bal- 
verde: que dado traslado al consulado de Sevilla, salió diciendo lo 
mesmo que habia dicho en todas ocasiones desde el año de G7 á 
esta parte, y tuvieron tanta maña con el agente fiscal, que viendo 
que el señor don Diego de Balverde estaba enfermo, llevaron el 
negocio al señor don José Ortega, fiscal de cruzada, quien dio, di- 
ce el agente, la respuesta mas agria que é visto, cuya copia re- 
mito, para que la vea U. S. 

A este mesmo tiempo el señor príncipe, presidente del consejo, 
habia pedido al señor don Lope Sierra que le informase de lo que 
habia en esta razón: también habia pedido lo mesmo al señor 
g ran prior. El señor gran prior, era el señor Escobcdo, que ha- 
bia sido presidente de Guatemala desde el año de 72 hasta el de 
78; el señor Sierra Osorio el que vino por su visitador á Guatema- 
la el mismo año de 78, y quedó de presidente, según suena en 
los acuerdos, hasta el año de 82: el señor Balverde iiabia sido oi- 
dor de esta audiencia antes que estos presidentes, y sin duda los 
tres eran ahora consejeros. El agente advirtió entonces el ries- 
go que corría la materia por las alegaciones que habia hecho el 
consulado de Sevilla, y dio memorial pidiendo los autos. 

Siéndole concedidos, los vio por sí mismo, y reconocf, díeo, 
todo el echo desde el año de 20, porque vi las cédulas, que em- 
pezaron desde el año de 4, y la resolución del año de G7, y las 
siguientes hasta los años de 70 y 70, y aseguro n V. S. que no se 
como pudieron tomarse tan injustas resoluciones á vista de tantos 
inconvenientes; y de la impusihiidad (|ue hubo del no pwler llevar 
de España casi ningunos vinos. Besolvíme uzer memorial ajusta- 
ToM. 2. (9) 



88 CArÍTÜLO LII. 

do del echo, de todo lo que avia pasado, délas representaciones qtre 
avia echo esa audiencia, los señores presidentes, obispos, el ca- 
bildo y todas las comunidades, que fueron muchas y muy repeti- 
das: en fin se respondió á lo que dijo el consulado de ScYitla, tuve 
el memorial ajustado á mi satisfacción. 

A este tiempo el señor gran prior hizo el informe, que vio el 
consejo, cuya copia remito; y el señor don Lope Sierra, hallándo- 
se presente, á boca dijo lo mismo. Se mandaron llevar luego los 
autos para verlos. Ya yo habia eclio copias del memorial y se le 
di al relator: le impuse muy bien en todo. Pedí al señor don Tho- 
mas de Valdes, que preside por achaque del señor príncipe, que 
respeto que ya estaba dado traslado de parte á parte, se viese en 
público, como se me concedió. 

Bien me olgara yo, que U. S. tuviera aquí persona que viera 
como se le á defendido y los esfuerzos que de mi parte se an echo. 
Algunos de los señores extrañaron mucho el que sin embargo á la 
prohibición hablan entrado vinos del Perú, y se hablan pagado 
derechos. Adelánteme á decir, que no se habían cumplido, ni se 
debían cumplir las zédulas. A este tiempo dijo el señor don Lo- 
pe Osorio públicamente, que por iníquas era justo que no se cum- 
pliesen. 

Referí al consejo que el consulado de Sevilla y la casa de con- 
tratación siempre le hablan engañado: porque resultaba de la lé- 
dula del año de 673 remitida á esa audiencia, que decía que el 
consulado invia á don Antonio de Lima con vinos para dos añoS) 
y por certificación ha constado, que el vino que habia llevado ha^ 
bian sido 2 mil botijas: que la causa era, que aunque lo sacaban 
de Sevilla, lo echaban ala mar, como este lo hizo, y no faltó se- 
ñor del consejo que dijo, que era el evangelio. Logré también el 
que se reconociese, que desde el año de 47 hasta el G7 solo se lle- 
varon de Castilla 35 mil botijas, y del de 7 3 hasta el de 79 solo 
se hablan llevado 4.500. Con que quanto á esta parte en que har 
bia estado tan rezio y duro el señor don Tboraas de Valdes pre- 
cisamente reconocióla impusiblidad, y lo mismo todos los señores 
del consejo, porque en esta pai'te verdaderamente han reconoci- 
do lo injusto de las zédulas. 

En lo que mira á las mercadurías de China no es materia pracr 
ticable. Yo me allané, viendo la impusiblidad, y que en ablanda 
de esto, lo miran como cosa orrorosa.. 



PERMISIÓN DE LOS VÍNOS DEL PERÜ. 59 

En lo que hize esfuerzo en la yista fué sobre mercadurías de 
Castilla, representando, que en esta provincia no hay minerales, 
3ii de donde le pueda venir plata, sino es que sea del Perú, de 
donde no puede venir no habiendo comercio libre! porque aunque' 
vengan plata y vinos del Perú, los frutos de la tierra no son iqui- 
valentes, para poder cambiarlos, y mediante esto estaba la pro- 
vincia impusiblitada de poder vivir, y que su magestad era muy 
perjudicado, porque no habiendo caudal de dinero, no podían los 
Yczinos comprar las mantas y cacao y demás legumbres de sus 
tributos. 

Lo que se extrañó mucho en la vista fué lo que dije en el me- 
morial, que en caso de no concederse lo que se pedia en todo ó en 
parte, se mandase zerrar in totum el comercio con el Perú, me- 
diante el gran perjuicio que se seguía con la entrada del cacao de 
guayaquil, y de que para los vecinos del Perú tenian abierto el 
comercio: sobre que discurrió todo quanto es imaginable; y cier- 
to, que el señor don Lope Sierra lo explicó con admiración, eno- 
jándose mucho, dando á entender la razón, que á U. S. le asistía, 
en tanto grado que se propasó con el zelo grande que tiene. Todo 
el consejo se opuso, diciendo, que el zerrar el comercio no era da- 
ble porque el Perú no podía pasar sin la brea y otros frutos de es- 
ta tierra. 

Finalmente, después de controvertida la materia, hablaron los 
abogados aunque cortamente, porque no se les dio lugar. Se voto 
por todo el consejo; y según las noticias que e tenido, porque es 
materia secreta, supe que se hacía consulta á su magestad para 
•que se diese permiso, que vengan dos navios del Perú con vinos, 
y 200 mil ducados de plata en cada un año para comerciar fru- 
tos de esta provincia y que esto fuese perpetuo, con que no pudie- 
se pasar á estas provincias ningún cacao de Guayaquil, lo cual se 
prohibe. 

Esta consulta se nos barajó arriba por los señores duque de 
Mendinazeli y don José de Beytia, y se redujo á que el permiso se 
daba por tres años. 

En cuanto á las demás pretensiones del comercio de merca- 
durías de Castilla y China totalmente se nos denegó. 

Quedé con sumo dolor de ver tan mal suceso de materia en 
que tanta razón y justicia nos asiste, y estuve resuelto a no sacar 
despacho. Consulté la materia con los señores gran prior y don I.0- 



60 CAPÍTULO LII. 

pe Sierra, que fueron de sentir, que por aora no estrañase nada^ 
y que inviase despacho de lo que se concedía, que siempre queda- 
ba abierta la puerta. Su fecha 21 de mayo de 685. Aseguro á U. S. 
que en lo humano no me ha quedado diligencia por ejecutar, que 
no haya emprendido, y aunque la resolución no es absoluta, por 
lo menos se ha reconocido que se nos an echo grandes sin razones 
desde el año de 20 por lo impracticable de la prohibición. Final- 
mente, no se da nada de donativo. El producto de las botijas se a- 
plica para la defensa de esa provincia, que es de á 12 reales por 
cada una. No dudo que quien ha logrado mas ha sido el comercio 
del Perú. Hasta aquí el agente Calderón. 

Andando el tiempo, debian espirar los tres años de la conce- 
sión. El propio agente, en carta de 18 de diciembre de 687, dice al 
ayuntamiento. Estos dias é informado al señor conde de Castellar 
sobre el comercio de mercadurías con el Perú: está admirablemen- 
te á nuestro favor, que como ha sido virey sabe la justa causa que 
tiene U. S. para lo que pide. Así es que se prorogó el comercio de 
vinos por otros tres años en cédula de 10 de junio de 688. El con- 
sulado de Lima se opuso mucho á la prohibición de cacaode Gua- 
yaquil, así para Guatemala como para toda la costa de Nueva-Es- 
paña; no obstante, continuando ésta, fué prorogada la gracia de 
los vinos, en cédula de 28 de julio de 695, durante el tiempo de dos 
armadas. Mas pasado este tiempo, la gracia cesó, y se prohibió 
de nuevo dicho comercio en cédula de 27 de setiembre de 1713, 
renovándose la ley recopilada, y volviendo las cosas al orden an- 
tiguo. 

Escribiendo el ayuntamiento al rey en 1 1 de noviembre de 1 582, 
le decía. Importa que no cese el trato y comercio de esta provin- 
cia, y no permita V. M. que persona alguna sea parte para lo estor- 
bar, como dicen, que este año lo impidió un mercader de Sevilla por 
su particular interese. Así sucedió ahora con el Marques de Mon- 
te-Salvo, quien por tener compañía con el capitán don Juan de 
Berroa dueño de un navio de registro, que vino el año de 715, se 
puso de por medio y obtuvo con anticipación dicha cédula, según 
expresa el mismo ayuntamiento en memorial posterior, cuyo bor- 
rador solo lleva la fecha de 22 de marzo, y puede ser de 1716. En 
este memorial se renueva y lamenta el despecho y consternación an- 
teriores, tanto mas vivamente, cuanto era mas sensible la privación 
repentina de un tráfico ya veinte años hacia establecido, y por cu- 



PERMISIÓN DE LOS YINOS DEL PERÚ. Cí 

.ya falta entró la ciudad y el reyno en nuevos clamores. Desde lue- 
go se emprendió nueva solicitud. Se instruyó una información an- 
te el gobierno superior con treinta testigos, con que el ayuntamien- 
to acompañó el memorial que va mencionado. El oidor Arana dio 
un parecer fundado en derecho; y el presidente, marques de Torre- 
Campo, que acababa de ser condecorado con este título, y con la 
prorogacion de dos años mas en su puesto, recomendó al rey la 
pretensión en carta suya de 17 de setiembre de 716, motivándola 
con que debia auxiliar el derecho natural y positivo de que usaba 
este cabildo, y corroborar como verdad sabida la información con 
que procedía á aquella pretensión. 

Todo esto bien podia ser muy eficaz, para impetrar la gracia 
que se solicitaba, mas faltaba una alegación que se reservó para 
última y debió ser la primera, á saber, de reparar y desdecirse de 
los defectos que se atribulan á los vinos del Perú, vituperando su 
naturaleza y calificándolos de dañosos á los indios naturales de es- 
tas provincias. No faltó entereza para hacer este desagravio en el 
memorial que va mencionado, en que dice el ayuntamiento: la ex- 
periencia muestra ser mas saludables los vinos del Perú, que los 
de Castilla, y agrega una observación curiosa para razonar la es- 
pecie, y no hacer agravio á estos últimos, diciendo: es constante 
en todas partes que los vinos que se sacan de la parte del norte píi- 
ra la del sur descaecen, se deterioran y pierden su generosidad, 
como al contrario, los que pasan de la parte del sur á la del norte 
se ennoblecen y mejoran; con que saliendo los de España de la 
parte del norte para este reyno que está á la parte del sur han de 
llegar aquí habiendo pei-dido parte de su bondad, y saliendo los 
del Perú traídos para este reyno, que respeto de aquel está á la 
parte del norte, es consiguiente que aquí estarán mejorados. 

Después de semejante palinodia, propuesta á cabo de un siglo, 
no fueron menester mas debates ni 20 mil pesas de donativo, para 
que la solicitud tomase buen giro. En IG de junio del siguiente u- 
ño escribe el agente de España al ayuntamiento. Solicité enterar á 
todos estos señores de la necesidad y urgencia qwv tenían esas pro- 
vincias de los frutos expresados y la imposibilidad de poilerse man- 
tener sin ellos: porque de España no se cnvia, demás que la real 
hacienda es perjudicíida en los derechos, y (jue lii prohicion se 
puso en tiempo que la navegación destos reynos con esas pro\ in- 
das era muy frecuente, y abastecía enteramente de ellos. Con es- 



iSS CAPÍTULO Lili. 

tos motivos, y los que U. S. representó por dirección del presiden- 
te de^ esa audiencia, se ha podido disponer que el consejo com- 
prendiese lo justo del petitorio, y se ha hecho consulta muy favo- 
rable á S. M. La gracia se concedió perpetuamente en cédula de 
22 de febrero de 1718, pudiendo por ella venir treinta mil boti- 
jas y la porción de aceyte que juzgase necesaria, con los 200 mil 
ducados; menos cacao de Guayaquil. 



-i»"-^mm>-^ 



CAPITULO 53. 

£stroiiiezo8 de la iiaTe^aclon del sur. 

Guatemala, pueblo marítimo y guerrero, que en los tiempos de 
Alvarado puso dos armadas en la mar del sur, y llevó una á las 
costas del Perú, y otra á las de Nueva-Galicia: que en los de la 
primera audiencia envió socorros de gente, armas y bastimentos 
contra Gonzalo* Pizarro en aquel reyno, y en los déla segunda so- 
licitó con su marina el comercio para la China; y mas adelante en- 
vió otra armada hasta Acapulco en persecución del célebre Dracke; 
€Ste pueblo, digo, andando el tiempo encuentra estropiezos en su 
carrera, deja la navegación y abandona la defensa de sus costas, 
y por consiguiente su comercio con los reynos vecinos. 

La ciudad de Panamá, en carta de 24 de setiembre de 1594, es- 
cribe al ayuntamiento de Guatemala. Cosa notoria es la falta y es- 
terilidad que esta provincia padece en su cosecha de los mante- 
nimientos en que ese reyno abunda, y que el no comunicarse es á 
causa de la incomodidad de los puertos y falta de personas que á 
ello se ayan animado, y es ansi que martin de las salas piloto se 
á ofrecido en esta ciudad que con un navio que agora á fecho 
quiere comenzar esta navegación por ser como es platico desa cos- 
ta y tiene conocimiento de sus puertos, donde podrá cargar los di^ 
chos mantenimientos y traerlos á esta provincia, y será causa que 
otros se animen á lo mesmo. Y pues esto redundará en utilidad 
de los vecinos dése reyno por el comercio y trato que tendrán con 
este y salida de las cosas de su labranza y crianza y se darán con 
mayor diligencia á ello, y este reyno ansí mesmo recibirá grandí- 
sima utilidad de ser proveído de lo que tanto á menester como es 



ESTROriEZOS DE LA NAVEGACIÓN. 63 

Afina, trigo y cebada y oti-os granos, sebo y cecinas de todo géne- 
ro de ganado, y azúcar y conservas, frutas y otras legumbres. 

Suplicamos á U. S. prosigue diciendo, que el dicho Martin de 
las Salas como primer inventor de negocio tan importante sea on- 
rado y favorecido en todo lo que se le ofreciere para su despacho 
y aviamiento y tratamiento de su persona. Y los que de esa tierra 
quisieren venir por su grangería serán en esta favorecidos y aco- 
modados en todo lo que se les ofreciere para su honra y provecho 
y relevados de todo género de vejación, y porque tenemos entera 
confianza de la merced que se nos ha de hacer, quedamos al tan- 
to para todo lo que U. S. fuere servido de mandarnos. Se ve en 
esto una libertad recíproca de comercio, y no se ve que Guatema- 
la usase de ella como ostenta usar Panamá. 

Don Fernando Echevers, autor de los ensayos mercantiles ira- 
presos en Guatemala por los años de 1741 y 1742, indagando los 
estropiezos que impidieron al reyno continuar la navegación déla 
mar del sur, encuentra el primero en la persecución que los corsa- 
rios comenzaron á hacer á las embarcaciones y puertos de esta 
costa á fines del siglo 16, después que Dracke abrió el camino, 
pasando el estrecho de Magallanes: desde que los piratas, dice, de- 
solaron las poblazones de la costa, hostigados sus habitadores, y 
amedrentados, se retiraron tierra adentro, dando de mano á la 
marina. Mas como la persecución de los corsarios fué común á las 
costas de los reynos del Perú y Nueva-España, y estos no dejaron 
la navegación, se deja entender que no fué ella la sola causa que 
tuvo Guatemala para no continuarla. 

Un segundo estropiezo para mantenerla se encuentra en la fal- 
ta de aquella protección que exige este ramo de la fortuna publi- 
ca, la cual lograron los otros reynos, y no fué dispensada al de 
Guatemala. Desde luego se advierte, que en el Perú hubo necesi- 
dad de mantener fortalecido el Callao, y juntar armada anualmen- 
te para la conducion de las platas del rey á Panamá, á cuyo fasor 
podian sostenerse, y correr el mar las embarcaciones particulares, 
mayormente acudiendo estos á recibir los cargamentos de la flota 
que tocaba en Cartagena y luego en Portobelo. I Ha cédula de 27 
de abril de 1581, de que se tomó la ley S tít. 44 lib. í), dice. Por 
que conviene que los navios en que se trae á la pro\ lucia de Tierra 
firme la plata y oro vengan del l^crú juntos, y en forma de arma- 
da bien artillados y apercibidos para cualquier ocasiou que se pue- 



64 CAPÍTULO Lili. 

da ofrecer: mandamos á los vireyes del Perú, que hagan fundir la 
artillería y balería que fuere necesaria para el efecto, y hagan ar- 
mar dichos navios para traer con seguridad el oro y plata, prove- 
yéndolos de las municiones convenientes, y enviando siempre en 
ellos personas de inteligencia y confianza. He aquí auxilios de in- 
teligencia, armas y hacienda, de cuyo arrimo y favor carecieron 
los guatemalanos. 

Alcedo, hablando de Portobelo, dice. Esta ciudad era en tiem- 
po de galeones una de las mas populosas del mundo, porque su 
situación sobre el istmo de los dos mares, la bondad de su puer- 
to, y su inmediación á Panamá le dieron la preferencia sobre to- 
dos los demás pueblos de la América, para celebrar la feria mas 
rica del universo por los comerciantes de España y del Perú ca- 
si todos los años. Luego que la flota del Perú llegaba con los cau- 
dales á Panamá, venian los galeones de Cartagena á Portobelo; 
una mediana sala y alcoba costaba mil pesos, y las casas cinco y 
seis mil: apenas fondeaban las embarcaciones, hacian los marine- 
ros con las velas una gran tienda en la plaza para desembarcar 
los efectos: al mismo tiempo se veían llegar recuas de mas de cien 
muías cada una cargadas de cajones de oro y plata del comercio 
del Perú, unas descargaban en la aduana y otras en la plaza. 

A Nueva- España favoreció otra ocasión semejante. En cédula 
de 11 de enero de 1593, que forma la ley 1 tít. 45 lib. 9, se expre- 
sa, que todas las Indias occidentales pretendieron el comercio de 
la China. Lo pretendió Guatemala, y no fué concedido, sino á Nue- 
va-España exclusivamente. En cédula de 31 de diciembre de 1604, 
resumida en la ley 15 del mismo título, se ordena sean destinados 
á este fin tres navios de 300 toneladas, de los cuales dos hagan via- 
ge, y uno esté de reserva en el puerto de Acapulco, y todos anden, 
dice, por cuenta de nuestra real hacienda, procurando que la cos- 
ta se saque de los fletes. El puerto, ademas, fué resguardado, dice 
Alcedo, con un castülo coronado de treinta y una piezas de artille- 
ría, la mayor de á 24. Así es que la costa y el puerto eran guarne- 
cidos por cuenta de la hacienda real: ventaja que no disfrutó Gua- 
temala, 

El tercer estropiezo fué todavía mas insuperable, y el que fijó 
la suerte del pais en esta parte. A pesar de las desventajas referi- 
das, no faltaban vecinos en el reyno que emprendiesen viage al Pe- 
rú. En el encabezamiento de alcabalas de esta ciudad el año de 






ESTROPIEZOS DÉLA NAVEGACIÓN. 65 

1604 aparece Pantaleon Herrera, que estaba haciendo un navio en 
la mar del sur, sin duda para esta 'jornada. Pero en cédula de 28 
de marzo de 1620 fué prohibida á Guatemala esta navegación, y 
ordenado que solo pudiese hacerla el Perú, trayendo á los puertos 
de este rey no cada año dos navios de 200 toneladas con 200 mil 
ducados para llevar en retorno sus frutos; con que se dio á aquel 
pais una nueva ventaja en su navegación, y el comercio de éste 
quedó mas restringido. 

El comercio de Nueva-España con el Perú habia sido prohibido 
en la misma forma, permitiéndose solamente la venida de dos navios 
de 200 toneladas anualmente como á Guatemala, pero no con oro, 
plata, ni dinero, sino únicamente con frutos; mas abusandose de este 
permiso, y á vuelta de él, haciéndose el contrabando, fué prohibido 
absolutamente, y continuando el contrabando entre uno y otro rey- 
no al interés de la ropa de China, que era permitida é introducida 
en Guatemala, el comercio de esta última experimentó nuevas res- 
tricciones: porque los navios que de estos puertos volvían al Perú, 
y las fragatas y bageles que sallan de una á otra provincia del rey- 
no con solo el despacho y licencia de los oficiales reales del puerto, 
tachados de llevar ropa de China en auto acordado de 6 de mayo 
de 634, no pudieron hacerlo en adelante sin la del gobierno general 
por medio de memoiial y previo registro de los corregidores, ade- 
mas del de los oficiales reales. Se deja entender que la provincia de 
Nicaragua habia quedado en posesión de que sus embarcaciones 
fueran y vinieran á Panamá, puesto que la ciudad de Granada re- 
clamó que los vecinos de esta provincia, que llevaban en pequeñas 
fragatas, jarcias, breas y otros frutos á Tierra firme, sentirían im- 
posibilidad en ocurrir por dicha licencia hasta Guatemala, y mas 
bien dejarían el trato de que pendía la mantención desús pobres la- 
millas; y en auto acordado de 14 de febrero de 635 les fué otor- 
gado bastase la de los oficiales reales y sus tenientes, como antes, 
con tal que no llevasen ropa de China. No extinguiéndose el contra- 
bando, por otro auto acordado de 22 de setiembre de 637 ftié res- 
tringido hasta el arreo de recuas, ordenándose en el, (juo estas en- 
trasen via recta á la capital, y de ella saliese su di.-^tribueion con 
registro y guia á las cabeceras de provincia y con*eg¡mieuto: en lo 
cual se puso tanta ejecución, que se repitieron nucNos autos en l I 
y 16 de diciembre doblando las penas. Gage, que Iransilo las pro- 
vincias de San Salvador, Nicaragua y Costa- Kiea, corriendo el 
ToM. 2» (10) 



66 CAPÍTULO LUÍ. 

mismo año de 37, refiere al cap. 21, que liallánclose en lo interior 
de esta última, llegaron de Cartago imas 200 ó 300 muías en pelo 
conducidas por españoles, indios y negros de Comayagua y Gua- 
temala, que caminaron á Panamá por tierra, pasando por las mon- 
tañas de Veragua para ser vendidas; y este es, añade, el anual y 
único tráfico que Comayagua, Guatemala y iSicaragua tiene con 
Panamá por el angosto istmo que es muy peligroso por las rocas, 
montañas y barrancos, y especialmente por los indios no reducidos 
que dañan y matan á lospasageros con muías por supais: por es- 
to no seguí su ruta, y porque estando en Nicoya, supe que varios 
conductores de muías españoles hablan sido asesinados por ellos 
en el tránsito. 

Poco después, desembarcado en Panamá de tránsito para el rey- 
no del Perú el virey Toledo marques de Mancera, en carta de 3 1 de 
agosto de 639, escribe al presidente Osorio: dícenme que aquellas 
provincias no frecuentan el comercio con la gobernación de U. S. 
y yo, siendo tan amigos, si esto no lo volviésemos á lo que solia 
ser, yo no solo me prefiero á esto, sino á escribir á U. S. supli- 
cándole me mande en todo lo que fuere de su servicio. En conse- 
cuencia, el presidente Osorio dictó auto en 17 de noviembre si- 
guiente, por el cual mandaba y mando que de aquí adelante no se 
ponga en las licencias, que se dieren á los navios y fragatas y o- 
tros buques á quien se da registro en los puertos de la mar del sur 
de estas provincias la prohibición de ir á las provincias del Perú y 
sus puertos, y que sobre ello se libren los despachos necesarios, y 
se tome razón. He aquí una muestra de lo que podían, cuando que- 
rían los vireyes y presidentes. Alcedo, hablando del virey Toledo 
en el Perú, dice: hizo la numeración general de indios del reyno, 
reformó las tasas de tributos, fortificó el puerto del Callao y lo 
guarneció como otras plazas de muy buena artillería, de que hizo 
allí una gran fundición, estableció el arreglo y método de correos, 
con otras muchas disposiciones que por la utilidad perpetuaron la 
memoria de su gobierno. Su influencia, debe añadirse, llegó á 
Guatemala. 

Al favor sin duda de esta amplitud que recibió el comercio, se 
habría facilitado entonces el de la tinta, del cual habla una junta 
de hacienda de 9 de febrero de 647, refiriendo que era conducida 
á Panamá en muías con flete de 33 y 34 pesos. Igual amplitud re- 
cibió la navegación. En junta de hacienda de 15 de mayo de G47 



ESTROPIEZOS DE LA NAVEGACIÓN. 67 

avisa el presidente que ha recibido carta del virey de Nueva-Espa- 
ña, en que le manifiesta que en este año no han llegado las naos de 
Filipinas, y le pide que de los navios que estuvieren en estos puer- 
tos comprase por cuenta de S.M. dos de 300 toneladas arriba, que 
no bajasen de 2ó0, á propósito para navegará dichas islas: los cua- 
les se remitan al puerto de Acapuleo; y en caso de no haberlos, 
pasase el despacho que venia para el virey del Perú en su solicitud. 
Al punto se envió correo para que enAcajutla se embargase cual- 
quier fragat1^que hubiese, y fuese al Realejo para requerir un na- 
vio que aderezaba para volver al Callao, y aviniéndose siguiese el 
camino hasta el propio puerto del Callao en demanda del otro na- 
vio con el virey. Con respecto al comercio por tierra, en provei- 
miento de maese de campo para la provincia de Nicaragua, hecho 
por la audiencia gobernadora á 3 de enero de GóO en el capitán 
Zeledon de Morales, se numera entre sus méritos, el que en un rio 
caudaloso, que está en el camino real por donde se traginan y lle- 
van al puerto de la Caldera de la mar del sur, mercaderías, liizo u- 
na jamaca que sirve de puente; y que así mismo en el tránsito 
fundó el pueblo de San Diego de Acuña, con 180 indios de la par- 
cialidad de Jorra, que sirviese á los pasageros, por ir todos los a- 
ños por aquel camino muchas partidas de muías al reyno de Tier- 
ra firme. 

Ximenez lib. 5 cap. 10 refiere de una nao, llamada Victoria, 
salida de Filipinas en 20 de mayo de Gó6 con otras dos, que á los 
tres meses se apartó de ellas tomando altura y trabajando con ma- 
los temporales, tuvo que derribar el árbol mayor: al paso se des- 
cubrieron dos islas grandes que no estaban en la carta, y llamaron 
de Guadalupe, evitando dar en sus peñas: después de algunos tra- 
bajos y tiempo dilatado descubrieron tierra, y al tomar dirección 
para Acapuleo, arrebatados de los vientos desanduvieron lo anda- 
do: al cabo dieron en Salagua, costa de Teguantepeque, donde sol- 
taron el pliego del rey, y errando el rumbo en demanda de Acapul- 
eo pasaron á Guatemala, donde tocaron en la costa deGua/.acapan 
y saltaron cuatro en tierra, á quienes no aguardaron, ju/.giuulose 
cerca de Acapuleo, hasta que el mucbo tiempo les manifestó estaban 
perdidos, muriendo muchos de hambre: llegaron á la costa de Sa- 
catecoluca: echaron como pudieron una lanclu», y entendiendo los 
que fueron en ella donde estaban, escribieron al alcalde mayor de 
San Salvador, que les envió alguna agua y bastimentos. Los que 



68 CAPÍTULO LIV. 

quedaron en la nao, buscando el puerto de Amapal, se perdieron 
de nuevo, y estaban para barar en tierra, cuando descubrieron u- 
na barca salida del propio Amapal con mas agua y bastimentos. 
El que la llevaba, que era un negro llamado Manuel, entró en la 
nao y la gobernó, hasta ponerla legua y media del puerto: luego 
la metió por la boca y barra que lo forma, y dio fondo en él, des- 
pués de un año de navegación dia 20 de mayo de 657, habiendo 
perecido ya 150 personas, entre ellas tres almirantes. 

En junta de hacienda de 21 de abril de este año se hace rela- 
ción de cuatro hombres que entraron á nado en la barra de Nues- 
tra Señora del Salto, costa de Guazacapan, y saltaron de la nao Vic- 
toria de Filipinas que vino derrotada, y era preciso socorrer. So- 
bre ello se enviaron órdenes á los alcaldes mayores de la costa, 
Sonsonate, San Salvador y villa de Realejo. En dicha junta los ofi- 
ciales reales fueron de parecer que fuese socorrida la nao, mas no 
de hacienda real. La audiencia, que tenia entonces el gobierno, o- 
puso, que la nao costaría á S. M. mas de cien rail pesos, y era 
forzoso socorrerla de sus cajas, y si no se daría ocasión para que 
los pasageros y marineros echasen mano de las mercaderías de Chi- 
na del cargamento, y se ocasionaría un contrabando difícil de ex- 
tinguir: se dispuso pues así, y se publicaron bandos, proliibien- 
do la compra de dichos efectos. Ximenez añade, que el oidor Es- 
quivel acudió al puerto, y la nao dilató un mes para repararse, 
y seguir su viage. En cédula de 21 de julio de C59 da el rey á la 
audiencia las gracias por ello. 



CAPÍTULO 54. 

Alíollcioii de la iiave^aeioii del sur. 

En junta de il de diciembre de 660 se refiere que estando de- 
tenidos en México el gobernador, oidores y religiosos que van pa- 
ra Filipinas, y pidiendo el virey de Nueva-España un navio de 300 
toneladas, que fuese á Acapulco y de allí á aquellas islas, se ofi- 
ció sobre ello al gobernador de Nicaragua, y éste avisa que en el 
Realejo habia dos uno del capitán Antonio Rodríguez que se estaba 
acabando de fabricar tan apropósito para el viaje de Filipinas que 



ABOLICIÓN DE LA NAVEGACIÓN DEL SLR. 69 

si se hiciera de intento no se consiguiera tan acomodado; pero que 
tenia carga prevenida para el Perú, y otro del maestro mayor Juan 
Granados, de igual tamaño y seguridad, á que faltaba mas para a- 
cabarse, pero que el dueño que era bastante inteligente, ofrecía 
concluir pronto de modo que estuviese á tiempo en Acapulco. Con- 
siderado todo se determinó, que el gobernador de Nicaragua hicie- 
se una junta de los maestros de profesión de carpintería y galafa- 
tería, y si á su juicio el bagel de Granados podía estar acabado en 
el tiempo ofrecido, lo aceptase. Aquí se ve que la comunicación de 
España con Filipinas se hacia por México: lo que acumulaba algu- 
na mas importancia á aquella capital, de que carecía la de Guate- 
mala. 

El gobernador de Nicaragua practicó las diligencias pi^veni- 
das, y otras que demandó la naturaleza del negocio, y en 27 de fe- 
brero de 661 escribe al presidente, que había preferido y embarga- 
do para enviar á Acapulco al víage de Filipinas el bagel de Rodrí- 
guez, impidiéndole la ida al Perú, y al efecto le había remitido dos 
marineros el alcalde mayor de Acajutla; pero que los vecinos del 
Realejo y los interesados en la carga para el Perú le protestaban la 
pérdida del real haber y de la gente del bagel, por no haber piloto 
que le gobernase: que había hecho junta de prácticos en la nave- 
gación de Filipinas, y fueron de parecer no podía hacerse el víage 
sin manifiesto riesgo, por no haber piloto ni prácticos en aquella 
navegación; y remitía los recaudos de todo. Celebrada junta de ha- 
cienda en 9 de marzo siguiente, se resolvió remitir testimonio de to- 
do al virey de Nueva-España, y ordenar al gobernador de Nicara- 
gua continuase en la diligencia de haber á la mano algún piloto que 
llegase en alguna embarcación del Perú, y de todos modos efectua- 
se la remisión del bagel á Acapulco. Se \e en esto el atraso que ha- 
bía padecido la navegación de Guatemala en el transcurso de un 
siglo, pues en el anterior había gente de mar para emprender la 
carrera de Filipinas, y en el siguiente solo la había para la del Pe- 
rú y Nueva-España. 

El comercio y navegación para el Perú subsistían aun el ánodo 
665; pues una junta de hacienda celebrada en el día 1 7 de octubre, 
á efecto de arbitrar medios para la fortificación del rio de San Juan, 
dispone se echen varios impuestos á los géneros y mercaderías (jue 
se registrasen en los puertos del Realejo, Sonsonate, Nicoya y la 
Caldera, y ademas de esto se cobrasen 50 pesos, de cada nao que 



70 CAPITULO LIV. 

hiciese viaje á Tierra firme y á los puertos del reyno del Perú. Des- 
de luego comenzaron á cobrarse y se pusieron en ejecución dichos 
impuestos, y duraron algunos años; pues la audiencia en carta al rey 
de 10 de abril de 668, y el oidor Novoa en otra de igual raes de 
669 los suponen vigentes, y lamentan los respetos, por qué no los 
pagaba el navio San Lorenzo de propiedad particular del pais, cu- 
yo dueño recogía los frutos de su carga en el partido de Nueva- 
Segovia, y comercia con el Perú. 

Tomado conocimiento en el consej o así de este arbitrio como de 
otros que propuso la junta, se libró cédula en 29 de octubre de 
671, que entre otras cosas dice. Uno de los medios que se propu- 
sieron en la junta de hacienda el año de 1665, fué que se echasen 
diferentes derechos á los géneros y mercaderías que llegasen regis- 
tradas á los puertos del Realejo, Granada, Sonsonate, IXicoya y la 
Caldera que caen al mar del sur, y que se cobrasen cincuenta pe- 
sos de cada nao que hiciese viage á Tierra firme y a los puertos del 
reyno del Perú; y siendo así que está prohibido el trato y comercio 
por la mar del sur, respecto del perjuicio que causai'ia á los carga- 
dores que llevan de España géneros y mercaderías en la flota de 
Tierra firme y también por los fraudes que se cometerían en los di- 
chos puertos de la provincia de Nicaragua, ha parecido ordenaros 
y mandaros (como lo hago) que de ninguna manera permitáis el 
comercio, mas que en aquella cantidad que está concedida por cé- 
dula de 28 de marzo del año pasado de 1620, la cual se confirmó 
y mandó guardar por otra de 12 de enero de 1667, en que se dá 
la forma en que los vireyes del Perú han de enviar los bageles de 
200 toneladas á dichas provincias, y que solo lleven 200 mil duca- 
dos de permisión, y no mas. En cédula de 4 de diciembre de 672 
se encarga á la audiencia haga guardar las cédulas que prohiben 
el comercio del Perú con estas provincias; y en otra de 29 de ene- 
ro de 673, que haga guardar las cédulas de prohibición que están 
despachadas, cerrando el comercio de este reyno por el mar del sur. 

Aunque aquí aparece prohibida á Guatemala la navegación á 
Nueva-España por la mar del sur, hay indicios de que se habia es- 
timado permitida. Tal la supone el virey de México en su carta 
de ICde noviembre de 660 en que pidió al presidente de este rey- 
no el navio para Filipinas, esperando que algún dueño de él por 
propia conveniencia hiciese viage á Acapulco con mercaderías, y 
ofreciéndole todo buen pasage en la venta de ellas: lo que no ha- 






ABOLICIÓN DE EA NAVEGACIÓN DEL SCR. 71 

bria hecho siendo ilícito su comercio, ó hubiera brindado alguna 
dispensación, mayormente obrando á virtud de reales órdenes. A 
semejante permiso debe atribuirse el transporte hecho posterior- 
mente, á Acapulco de cuatro mil arrobas de azúcar fabricadas en 
el ingenio de don Juan de Arrivillaga, distrito de Petapa, que en in- 
ventario de sus bienes practicado el año de 673, resultan en aquel 
puerto en poder de don Francisco de Aspuero. 

Sin embargo que la providencia de la junta de hacienda fué 
desaprobada por otro respecto, ella denota cuan cierto era lo que 
vituperaba Echevers en sus ensayos, cuando dice: á esto se debe a- 
ñadir otro no menor inconveniente nacido de la poca comprensión 
política que tuvieron los que arbitraron la imposición de varias ga- 
velas sobre los frutos que avian de salir del reyno. Lo mismo de- 
ploró Vázquez de Coronado, cuando se ponian trabas á la saca del 
cacao. En efecto parece cosa dura restringir y gravar con impues- 
tos la salida de frutos, y mucho mas la de embarcaciones, aunque 
no tanto como vedarse del todo. Menos agradaría á Coronado y E- 
chevers lo que se refiere en cabildo de 22 de enero de 694, á saber: 
. que escribiendo el presidente de Panamá al de Guatemala, que 
por Sonsonate y el Realejo pudiesen salir arinas y otros frutos, oi- 
do el fiscal, y dado traslado al síndico, se le ordena contestar, opo- 
niéndose á la saca de arinas y otros frutos, que podian hacer falta 
en el pais y ocasionar carestia en las provincias. 

La navegación de Guatemala en el sur espiró junto con el siglo; 
por consecuencia cesó en sus astilleros la construcción de navios, 
desapareció en ei pais la gente de mar, y con ella la tradición expe- 
rimental de los tiempos, alturas y distancia de los rumbos. Xime- 
nez, que escribió comenzado el siglo siguiente, apenas halló rastro 
de construcción de navios en el Realejo, pues hablando de este puer- 
to, con ocasión de la nao de Filipinas, dice: donde avia noticia que 
en tiempos atrás avia habido fábricas de navios. El rey que vio la 
falta que hacia este astillero, para suplir la de embarcaciones en 
Acapulco, quiso restablecerlo, relevando en cédula de 1.5 de junio 
de 699, que menciona Echevers, al dueño de fragata de 300 to- 
neladas construida en este reyno de todo derecho en los frutos que 
embarcase en ella por término de diez años. 

La navegación y comercio recíproco entre Guatemala y Nueva 
España, que no habia sido prohibido expresamente basta entonces 
por lámar del sur, lo fué en cédula de 17 de noviembre de 701: 



72 capítulo liv. 

lo cual debió dejar la naYegacion del país reducida á los puertos 
de sus provincias que no podia ocupar grandes embarcaciones, ni 
interesar la construcción de ellas. Así es que para procurarla, se 
concedieron nuevas gracias. Cuando se ortorgó la venida de vinos 
del Perú en los dos navios anuales de permiso en 22 de febrero de 
1718, añade la cédula, hablando con el virey: que en caso de que 
se ofrezcan dos ó mas comerciantes para el uso de esta permisión, 
es mi voluntad sea preferido el que se obligare á fabricar navio 
en Guatemala. 

Estas escenciones deben haber producido algún efecto, por- 
que en la gaceta mensual antigua de Guatemala de diciembre 
de 729 se lee lo siguiente. La fabrica del navio nombrado el santo 
Cristo del INIilagro, que corre de cuenta de don Juan Antonio Gui- 
llen del Castillo, se continua y se espera ver pronto acabada. Los 
números de ella que están á la vista comprenden tres años corri- 
dos desde setiembre anterior hasta marzo de 731, en los cuales se 
ven seis embarcaciones de entrada, es decir 5 navios y una fraga- 
ta, y ocho de salida, seis navios y dos fragatas. Por las palabras 
que usan de retorno las mas de ellas, se observa que eran de otra 
procedencia, y no ocurre vocablo de donde sacar fuese alguna del 
pais. También se nota que estos navios no venian con tales 200 
mil ducados, y ademas solo trajesen vinos y aceite. Uno viene con 
22 mil pesos, 12 mil botijas de vino, 800 de aguardiente, almen- 
dra, pasas y aceitunas: otro con 81.943 pesos 6 reales, 520 boti- 
jas devino, 170 de aguardiente, 100 de aceite, 36 quintales de es- 
taño, 24 de acero, 16 de almendra, y un pasagero, general déla 
armada del sur: otro con 130 botijas de vino, 26 de aguardiente, 
10 de aceitunas, y 4 fardos de paños y bayetas de Quito; las de- 
mas embarcaciones con solo vino y aguardiente, y ninguna mas 
con dinero. 

El vino del Perú llegó también á faltar, y como no podian irlo 
á traer embarcaciones de Guatemala, si no venia, cai-ecia de él, y 
careció hasta el extremo de temerse otra vez, no podria cele- 
brarse el santo sacrificio de la misa, según lo representó esta ciu- 
dad; y á consecuencia, en cédula de 31 de octubre de 734, se re- 
quiere al virey sobre ello, y se le ordena de nuevo disponga la re- 
misión de las 30 mil botijas y 200 mil ducados. Mas adelante, es- 
cribe el oidor Arana al ayuntamiento: habiéndose librado por S. 
M. órdenes expresas á fin de que se cerrase el comercio del Perú, 



ABOLICIÓN DE LA NAVEGACIÓN DEL SUR. 75 

mandando comisar cualquiera embarcación que de aquella costa 
llegase á estos puertos, negando el tráfico de vinos, conforme á la 
ley del reyno, aviendo llegado á el de Sonsonate los navios de don 
Luis Carrillo, el de Alonso de la Banda, y el que comandaba don 
Estévandela Ramendi, que aun vive, no se halló quien diese pa- 
recer para permitir el desembarque en contravención de las Rea- 
les cédulas, y se valió el presidente de mí, y solo porque concebí 
el gravísimo daño que seguía al servicio del rey y al público, di pa- 
recer, para que se sobreseiese en la ejecución de los precitados res- 
criptos y ley de el reyno y se diesen las licencias de desembarque 
y tornavuelta á los sobre dichos navios, lo que S. M. (con grande 
honra mia) se sirvió aprobar en vista de mi parecer, como consta 
de la real cédula que para en el archivo de este muy noble ayunta- 
miento. La fecha de este oficio, es en Guatemala á 14 de noviembre 
de 1741. Es de recordar que un papel erudito de este ministro, que 
igualmente corre agregado, dio aliento á esta clase de pretensiones 
de la ciudad. 

Echevers, que publicó su segundo ensayo el año de 742, ha- 
blando del Realejo, dice: tiene un buen astillero con suficiente nú- 
mero de carpinteros, costean la construcción de una embarcación 
por mitad menos que en Guayaquil, y con la ventaja de ser de ce- 
dro: no tiene que mendigar ningún material fuera del reyno, mas 
que las anclas, las cuales se traen de el mar del norte por el rio de 
San Juan, y laguna de Granada, hasta parage donde se reciben en 
carretas en que las conducen al Realejo. Como su intento era el es- 
tablecimiento de una compauia de comercio, prosigue diciendo. 
Esta fábrica de embarcaciones seria bien útil á la compañía, porque 
cada año pudiera echar una fragata de 300 toneladas cargada para 
el Callao con los balumosos frutos de este reyno, y descargados en 
la factoría (que tuviese allí) venderla, para ganar en el casco des- 
pués de haberse servido de él. Mas adelante añade. Caso verdade- 
ramente lamentable que esté reducido un ramo tan ventajoso de 
este reyno á el feo desorden con que á el presente se maneja en em- 
barcaciones destorrentadas, que furtivamente salen de el Perú, con 
algunos comerciantes de la ínfima línea, quienes se aparecen en 
esta ciudad á solicitar géneros fiados, dos tantos mas de lo que han 
traído, y lo peor es que suelen conseguirlo de algunos de este co- 
mercio, quedando contentos por haber vendido á buenos precios. 

El ayuntamiento ^e esta ciudad en 21 de agosto de 74(3 escri- 
TüM. 2. (11) 



*74 CAPÍTULO LIV. 

bió al virey del Perú, dándole las gracias por la licencia que con- 
cedió para que se trajeran frutos de aquel reyno; y éste, en carta 
de 26 de setiembre de 747, responde que promete conceder las cor- 
respondientes conforme á la real voluntad, encargando á esta ciu- 
dad coopere á que no se exceda de los límites permitidos: de lo 
cual se hace mérito en cabildo de 27 de noviembre, como de un 
ensanche que gozaba su comercio; y lo era en realidad, según las 
restricciones que lo estrechaban entonces en todos conceptos, hasta 
que corriendo tiempo, asomó una nueva época como veremos en la 
edad de Carlos III, quien en cédula de 17 de enero de 774 las de- 
rogó todas, alzó las prohiciones de comercio recíproco con los rey- 
nos vecinos de Nueva-España, Santa Fé y el Perú, y permitió el li- 
bre comercio con ellos en el mar del sur con algunas modifica- 
ciones. 

Cuando era de esperarse el restablecimiento de la navegación 
del pais, y la prosperidad de su comercio en el mar del sur, no su- 
cede lo uno ni lo otro, y mas bien se nota una decadencia en el trá- 
fico apenas desfigurada y encubierta con la variedad de giros, por 
que al paso que escasearon las embarcaciones del Perú, ocurrie- 
ron de Nueva-España; y siempre es de lamentar, que si en princi- 
pios del siglo, en menos de tres años que van de fines de 729 á 
principios de 731, es decir en ano y medio, se contaron 6 entra- 
das y 8 salidas de navios del Perú, ahora al fin del siglo, en tres 
cerrados, corridos de principios de 797 á fines de 799, la gaceta de 
Guatemala solo numera 4 entradas y 2 safidas de ellos, en esta for- 
ma: dos entradas de navios mexicanos, la entrada y salida de dos 
peruanos, y la salida y vuelta de un guatemalano. En 3 de febrero 
de 797 ancló en el Realejo el bergantín San Telmo procedente de 
Acapulco; y en 3 de marzo de 799 enAcajutlala goleta Venturo- 
sa del puerto de San Blas en Nueva-Galicia, trayendo esta última 
59 cargas de harina y 73 de trigo, 10 cajones de loza de Guadala- 
jara, 3 cargas de jabón, un tercio de jamones, 4¿0 rebozos mexi- 
canos, 2 tercios de paño de Querétaro, 6 arrobas de clavos, 91 pie- 
les de nutria, 625 piezas cambayas, 106 de lines, 90 de burato, 6 
de coleta, 6 naguas de liencecillo, 400 libras de seda floja, 20 pie- 
zas de dunas. 

De puertos del Callao, Guayaquil y Paitia vinieron al Realejo 
y Sonsonate, y fondearon en este último los paquebotes Rosario, 
y San José en 8 de febrero y 31 de marzo de 797, y en 1 dema- 



ABOLICIÓN DE LA NAVEGACIÓN DEL SCR. 75 

yo de 798 la fragata Esmeralda, trayendo entre lastres 80872 pe- 
sos en dinero, 3.038 pellones, 110 piedras de sal, 166 botijas de 
vino, 424 de aguardiente, 424 de aceite, 55 de aceitunas, 27 quin- 
tales de pasas, 18 millares de nueces, 300 fanegas de trigo y un 
barril de harina, 3.232 gruesas de cuerdas, 648 varas de pañete 
del Cuzco, 587 del de el Perú, 5.689 de cordellate, 14.168 deger- 
ga, 2.102 de bayeta, 3.907 de tucuyos, 22 colchas de algodón, 
1.428 libras de cobre labrado, 48 platos de hoja de lata, 16 doce- 
nas tacitas de peltre, once campanas, 4 de ellas de 444 libras, 75 
quintales de fierro, 81 alfombritas, un zurrón de higos, 48 que- 
sos, 2 quintales de pescadillas, tres y media fanegas de garbanzos, 
12 quintales de lentejas, 1.485 libras de almendra, 7 54 cargas de 
cacao de 81 libras, 15 arrobas de fideos, 146 pieles de carnero, 60 
sombreros ordinarios, 14 hechizos, 12 de vicuña y 25 de Jipija- 
pa, 9 docenas decamisas ordinarias, 21 hbretes de creas listadas, 
24 jamones, 20 docenas de cortes de zapatos pintados, 64 doce- 
nas de tazas y calderas de loza de Puebla, un coche con sus guar- 
niciones; jarcia y clavazón para una fragata que se estaba constru- 
yendo en el Realejo. La embarcación de salida fué la fragata Char- 
meli, que salió del Realejo para Lima en 1 de diciembre de 799. 

La guatemalana fué el paquebot Marte que salió de Sonso- 
nate en 26 de mayo de 798 con destino al puerto de San Blas. La 
fuerza de un temporal le rompió el timón, y luego otro le puso en 
el último peligro inundándose todo, y anegándose el camarote del 
capitán, con que apenas pudo llegar á Acapulco, á hacer escala y 
reparar las averías, para seguir su ruta á San Blas. Una carta de 
San Salvador, transcrita en gaceta de l de octubre de 798, advierte 
á los dueños del paquebot lo siguiente. La experiencia ha dado á 
conocer que en lámar del sur en despacio de la zona templada y 
tórrida hasta bastante distancia de las costas no hay turbonadas, 
como las hay aproximándose á ellas en el invierno: el verano em- 
pieza en este mar desde diciembre; y lo comprueba la práctica de 
la nao de China, que nunca hace su recalada en Acapulco hasta 
este tiempo. Bernal Dias testifica que la segunda armada de Alva- 
rado se hizo á la vela en estos puertos para Nueva-Galicia en dias 
de diciembre. 

El paquebot INÍarte regresó á Sonsonate en 6 de febrero de 79'.», 
trayendo registrados 6 tercios y 5 cajones de efectos de Castilla 
que llevó, y volvieron por invendibles; trajo ademas 78 tercios de 



ÍTG CAPÍTULO LIV. 

cera déla Habana, dos de cordovanes, y 2 de jabón: 18 docenas 
rebozos de media seda, 8 de corriente de hilo, 12 de ordinarios 
decolores, 80 de cordovanes engrasados, 18 de baldreses: dos ca- 
jones de géneros asiáticos y dos de loza de China. Un comunica- 
do de la gaceta llama á este paquebot por irrisión el Fénix del sur; 
pero injustamente, porque no podia restaurarse repentinamente, 
lo que habia caducado á pausas, y siempre es laudable, quien dio 
un paso hacia el bien. Por una especie de contradicción el censor 
del Marte clama por el comercio libre con Manila, puesto bajo una 
poderosa compañía en cédula de 10 de marzo de 785, y vitupera 
sus limitaciones: sin duda guardó sus alabanzas para el primer em- 
presario de él, que debia ser mas feliz. 



CAPÍTULO 55. 

Oliistáculois ele la iiaTe^aeioit en el mai* 
del norte* 

Los obstáculos que tuvo la navegación del pais en el mar del 
norte se encuentran idénticos, y acaso mas marcados que en el mar 
del sur, á saber: la persecución de los corsarios y la falta de pro- 
tección. En el mar del sur se ha visto á Acapulco fortalecido, y que 
mantenía tres navios de cuenta de la real hacienda para el comer- 
cio de Filipinas, dos en carrera y uno de reserva, que precisamen- 
te guardaba el puerto y la costa, y cuyo calor por necesidad debia 
abrigar las otras embarcaciones del territorio. En el Perú se ha 
visto también fortalecido el Callao, y ademas unas embarcaciones 
armadas de cuenta de la hacienda real, y otras reunidas al interés 
del comercio de España que se hacia por Panamá; y sobre carecer 
de todo esto Guatemala, y de ser privada en detrimento de su na- 
vegación de un comercio activo por aquel mar, fué obligada al pa- 
sivo en fomento déla navegación vecina. 

Lo mismo viene sucediendo en el mar del norte. En primer 
lugar los puertos de la Habana en Cuba, y los de Santo Domingo 
y Puerto Rico en las islas de este nombre son fortalecidos mediado 
el siglo IG, y mas adelántelo son, según relación de Alcedo, Por- 
tobelo, con tres castillos denominados San Felipe, Santiago y San 



OBSTÁCULOS DE LA NÁYEGiCION DEL NORTE. 77 

Gerónimo: Cartagena con seis, bajo la advocación de San Luis, San- 
ta Cruz, Castillo viejo, San José, San Felipe y el Pastelillo: en el 
mismo tiempo Veracruz muda de sitio para se mejor fortificado. 

Del reyno de Guatemala hablan sido fortalecidos Trujillo, Ta- 
lamanca, el Desaguadero y el Golfo- dulce; pero no duraron sus 
presidios. Gage el año de 637 prefirió el camino del Rio Suen-e, 
al de Talamanca, lo que no habría hecho teniendo este último 
guarnición. En todo el proceso de la invasión de Granada el año 
de 665, y fortificación del desaguadero el año de 69, no se hace 
mención, ni aun de los vestigios del fuerte de Santa Cruz. Tnijillo 
no tenia otro resguardo que el vecindario de la ciudad. El puerto 
de Caballos habia sido abandonado por el de Santo Tomas; y la po- 
blación misma de Santo Tomas habia pasado con su alcalde ma- 
yor y comandante al fuerte de Bustamante en el Golfo-dulce, desti- 
tuido hasta de sus armas. 

El ayuntamiento de esta ciudad, hablando del último, en me- 
morial dirigido al rey en 4 de marzo de 1586, dice: le parece V. 
M. se sirva de entender que el Golfo-dulce, á donde no se puede 
entrar si no es con lanchas por ser vajíos, es en el que convendría 
oviese algún reparo, porque es la lonja donde se recojen todas 
las mercadurías que vienen en los navios de Honduras, y de allí 
en recuas se sube a esta ciudad é á las demás del distrito desta au- 
diencia, épornoaver ávido jamas en él mas que un hombre con 
sus criados, que recibe como encomendero la ropa de todos los mer- 
caderes, y de allí la va entregando á las recuas que sus dueños en- 
vían, que la meten la tierra adentro. 

Luego, lamentando la falta de fortificación, añade. La expe- 
riencia a mostrado, que por no tener otra guarnición de reparo, un 
ladroncillo con una sola lancha mal harmado entro el dicho Golfo 
é robó el dinero que halló así de vuestro real aver procedido del 
almojarifazgo, como de particulares é tomó el vino é bastimentos 
que ovo menester, y fué Dios servido que no hiciese otro daño, que 
pudiera pegar fuego á toda la hacienda que allí estaba écasas con 
que quedaban destituidos mucha suma de vecinos de Castilla y des- 
ta tierra, porque avia en el dicho (Jolfo duzicntos mil tostones de 
ropa, é por no aver en él roas que una guarda, le fué forzado 
uirse al monte. Esto se podría reparar con hacer en él alguna casa 
fuerte, porque el sitio de su naturaleza lo es, v con poca prepara- 
eion podría estar seguro en cualquier ocasión. 



78 CAPÍTULO LV. 

Adam Smith, en la Riq, de las nac. lib. 5 parte 3, hablan- 
do de la protección que el soberano debe á la sociedad, del car- 
go de defenderla de la invasión de otras sociedades, y de los 
gastos que le corresponde hacer en la institución y conservación 
de los establecimientos públicos, en cuyo número incluye los puer- 
tos, enseña: que según el periodo en que se halla la sociedad, y 
cuando el estado de adelantamiento á que ha llegado es tal que 
ellos producen renta y espensas para costear su mejoramiento y 
resguardo, deben éstos hacerse de su cuenta. Tal era la preten- 
sión del ayuntamiento de esta ciudad, cuando, descubierto el puer- 
to de Santo Tomas en 604, pedia en 607 su fortificación y presi- 
dio en instrucción de que se ha hecho mérito, remitida á Alonso de 
Ibar su solicitador en España, dicéndole. Ha de hacer Vmd. gran 
instancia y suplicar que S. M. mande y ordene que de su real ha- 
cienda se fortalezca este puerto y ponga en él presidio de soldados: 
pues no es esta ciudad y provincias de tan poca importancia al ser- 
vicio de S. M. que esté sin la fortificación y defensa que los de- 
mas puertos, que muchos sin ser de tanta consideración é interés 
lo están; y después de otras razones, añade: teniéndose atención á 
que aunque de otras partes vaya mas plata y dinero, de ninguna 
tantos frutos y derechos de ellos para S. M. Pero nada se ade- 
lantó, y todo quedó en el mismo estado. 

En el libro de alcabalas de este tiempo, corre razón de las co- 
bradas el año de 1610, y en ella la de las ventas de la cargazón de 
las naos venidas al puerto de Sato Tomas el año anterior, de que 
fué maestre Gerónimo de Arrieta, y por la cuantía que ellas mon- 
tan puede conjeturarse la baja que el comercio tenia ya á los vein- 
te y cinco años. Las ventas son como sigue: 120 quintales de hierro 
en cantidad de 2400 tostones: otros 2 quintales de hierro y 2 de 
herrage caballar en 711 tostones: 18 pares de chapines y 12 resmas 
de papel en 231: 100 botijas devino en 1250: otras 200 en 4500; y 
150 en 2250: una cargazón de mercadurías de Pedro López de Se- 
villa á Cristóval Ibáñez vecino de esta ciudad, en 5286 tt. 2^ rea- 
les: otra cargazón de mercadurías Antonio Jovel de Sevilla al 
mismo Ibáñez en 5105 tt. 2 reales: otra cargazón Francisco Zeron 
de Sevilla al mismo en 4966 t. 1 real: otra Martin de Mendizábal 
á Juan Martínez en 2776 t. 2K reales: otra Diego Rosales á To- 
mas de Verdia en 7703 t. un real: otra Juan de Bergara al capi- 
tán Pedro de Solórzano en 6948: otra Antonio de Villapando á An- 



OBSTÁCULOS DE Li NAVEGACIÓN DEL NORTE. 79 

dres de Espisa en 5697: otra Femando de Palma á Cristóval de 
Santana en 4678; y otra Francisco Abarca á Alonso Alvarez en 8328. 
Todas ellas hacen la cuantía de 62831 tost. 1 real, que son 31415 
pesos 5 reales, casi una cuarta parte de los 200 mil tostones de ropa 
afuera del vino que habia en el Golfo el año de 1586; y aparece re- 
bajado el comercio en tres cuartas partes, y reducido á casi una so- 
la. Por otro respecto no es de estrañar la menor cuantía de mer- 
cadurías, habiéndose ordenado por cédula de 13 de febrero de 608, 
según queda referido, que las naos de Honduras trajesen cada una 
ocho piezas de artillería de bronce, cuya cargazón debia estorbar y 
disminuir la de otros efectos. 

La segunda especie de protección dispensada á Nueva-España, 
y no prestada á Guatemala, fué el impulso de la navegación. La cé- 
dula de 13 de junio de 590, de que es tomada la ley 9 tít. 18 lib 4, 
dice. Los vireyes de Nueva-España den las órdenes que conven- 
gan, para que continuamente se lleven bastimentos á la isla de 
Cuba, de forma que esté bien abastecida, y de esto tengan muy 
especial cuidado. Las órdenes que convenían á este efecto, com- 
prendían la abundancia de los frutos de tal provisión, el fomento 
de su comercio; y para la navegación, siendo al propio tiempo el 
virey general de la armada, eran convenientes las respectivas á la 
seguridad de las embarcaciones, á la construcción de ellas y res- 
ponsabilidad de sus pilotos, á la continuación de viages, al buen 
éxito de ellos, á la utilidad de sus interesados, y en fin, á todo lo 
que llenase un cuidado no común, sino muy particular. 

Con los presidentes de Guatemala no se encuentra ley ni cé- 
dula que hable sobre este punto, ni providencia que los obligue á 
dar órdenes para que se embarquen bastimentos, ni cargo que tu- 
viese de estar proveída de ellos ninguna isla ni provincia, ni que 
de ello debiese tener algún cuidado común ó particular. Para esta 
preterición, es menester repetirlo, debe buscarse otra causa, que 
no sea la pobreza del pais. Una instrucción del ayuntamiento ya 
mencionada de 16 de abril de 1572, solicitando Universidad, cali- 
fica la tierra de abundante de mantenimientos; y Picmesal lib. 2 
cap. 1 de mas bien proveída y barata que otras. Asi es que aun- 
que la ciudad de Panamá, en carta de 24 de setiembre de 505 qwe 
se ha transcrito, pide á la de Guatemala los mantenimientos que en 
esta tierra abundan, y en aquella (altan, ni el ayuntamiento solo 
tenia posibilidad para ello, ni los presidentes cargo de dar ordenes 



80 CAPÍTULO LV. 

al efecto. Juatros trat. 5 cap. 17, hace mención de una fragata de 
Trujillo, que espontáneamente viajaba á Jamaica. Echevers en su 
ensayo, hablando de esta época, anterior precisamente al año de 
630, dice: en otro tiempo se enviaban para España crecidas can- 
tidades de azúcar de Trujillo, hasta que los piratas desolaron a- 
quella ciudad. Gage, que se retiró de Guatemala por los años de 
637 p. 3 cap. 2, después de hablar del ingenio de azúucar de los 
dominicos, trata del de Zabaleta, en tieras que adquirió cerca de 
Petapa, comenzando á traginar primero con dos muías, y contan- 
do después el candad de 500 mil ducados: todos los años, dice, fa- 
brica una gran cantidad de azúcar, vendiendo una parte en el pais, 
y mandando el resto á España. Luego trata de un trapiche de A- 
gustinos á media legua; y por último del ingenio de Pedro Crespo, 
gefe de la casa de postas, en la inmediación de Amatitan, en que 
hay, dice también, un molino mas grande que el de Zabaleta: todos 
los cuales, añade, contribuyen mucho á la riqueza de Guatemala, 
y á su comercio con España. 

Algunas provincias del Perú y de Tierra firme tampoco fueron 
olvidadas en ordena su comercio y navegación. En cédula de 18 
de febrero de 595 que forma la ley 10 del mismo tít. se manda á 
los vireyes del Perú tengan cuidado de que la ciudad de Panamá 
esté bien proveída de bastimentos, y que á los valles de Trujillo y 
Saña no se impida llevarlos á esta ciudad: en efecto nota Alcedo, 
que esta provincia en el puerto de Charrepe cargaba muchos na- 
vios de frutos para Panamá. En otra cédula de 29 de marzo de 621, 
de que son tomadas las leyes 11 y 12 siguientes, se trata en la mis- 
ma forma de que Cartagena sea provista de mantenimientos de las 
provincias de Santa Marta y la Hacha; y que Portobelo lo sea de 
las circunvecinas á Panamá. He aquí la tierra adentro y litoral del 
Perú, con el cargo de abastecer á Panamá, la circunvecina de Pa- 
namá á Portobelo, y la interior y litoral de Tierra firme á Carta- 
gena, y todas ellas protegidas en la libertad del tráfico lejano. 

Únicamente con las provincias internas de Guatemala no se 
cuenta para que surtan de mantenimientos á sus puertos, ni para 
que las litorales y circunvecinas á ellos acudan á otras distantes, 
ni á sus presidentes se encarga el cuidado del surtimiento de puer- 
to alguno propio ó vecino, ni la libertad del tráfico de las provin- 
cias de su mando, que harto la necesitaban. Panamá en carta que 
se ha citado de 22 de enero de 694 pide bastimentos de harinas y 



OBSTÁCULOS DE LA NAVEGACIÓN DEL NORTE. S'l 

Otros frutos á Guatemala, y esta sufre que después de oído el fis- 
cal se dé traslado al ayuntamiento para que se oponga el procura- 
dor síndico. Se sabe que, aunque existan las libertades públicas, 
importa que sean consignadas en las leyes, mayormente siéndolo 
las de otras provincias, y cuánto interesa una autoridad, por oficio 
motriz de la industria y el tráfico, cuando no basta el interés de 
los subditos. Pero, abandonada Guatemala á sí misma, sus mora- 
dores debian quedar á merced de una autoridad común, y bastar- 
les las garantías generales. Ellos por sí solos deberán medrar poco, 
y prosperar lentamente su fortuna. 

Las provincias de Costa-Rica y Nicaragua, aunque preteridas y 
olvidadas en las leyes y cédulas, todavía por contiguas á Panamá, 
Portobelo y Cartagena estaban en aptitud de una mejor suerte. Ni- 
caragua, aunque mas distante, continúa enviando bastimentos por 
la laguna de Granada y rio de San Juan á Portobelo y Cartagena. 
En auto acordado de 6 de mayo de 634, para precaver la salida de 
ropa de China se puso orden á todos los puertos para que ninguna 
embarcación saliese sin licencia del gobierno general del rey no pedida 
por escrito; pero habiendo reclamado Granada el perjuicio que se 
seguía á su comercio, por otro auto de 14 de febrero de 635 le fué 
otorgado bastase la licencia de los oficiales reales y sus tenientes; con 
que continuó la navegación acudiendo á Cartagena y Portobelo, 
principalmente en la mansión de los galeones, y tornando con efec- 
tos de Castilla. 

Gageenla p. 4 cap. 4, describiendo el pasagede estas fragatas, 
dice: cuando bajan del lago al rio, llamado en este sitio el desa- 
guadero, para irse después al mar, se encuentra una gran dificul- 
tad, que hace que este pequeño viage dure algunas veces dos me- 
ses: en algunos sitios la caida de las aguas es tan grande entre dos 
peñascos que muchas veces se está precisado á descargar los bu- 
ques y después volverlos á cargar con la ayuda de muías entrete- 
nidas exprofeso para el intento, y de algunos indios que viven en 
la orilla del rio; éstos cuidan de los almacenes donde se guaixlan 
las mercancías, mientras que los buques atraviesan todos estos si- 
tios peligrosos, para ir á otro almacén donde las muías vienen a 
traer las mercancías, y donde las cargan en derechura á las fraga- 
tas: y aunque esto se hace todos los años, rara vez se ve perecer al- 
guno. Lacayo, en representación de IT.VJ, dice: practicaban su co- 
mercio los moradores de Granada por el rio de San Juan con Por- 
TOM. 2. (12) 



82 capItülo lvi. 

tóbelo y Cartagena en embarcaciones de poca quilla, que llaman 
chatas, que son las mas acomodadas para esta navegación por la 
poca agua que calan. 

Costa-Rica igualmente cargaba bastimentos por sus ríos y puer- 
tos: pues aunque Talamanca habia sido perdida á principios del 
siglo por sublevación de los indígenas que la incendiaron, ella fué 
luego restaurada, como queda expuesto. Por lo queGage en su vuel- 
ta á Europa, no pudiendo embarcarse en Granada por temor de ene- 
migos, emprendió acabando el año de 637, seguir su marcha por 
Costa-Rica, para hacerlo en uno de sus ríos, y dice al cap. 21 . Ha- 
biendo sabido que habia una fragata en el rio de los Anzuelos 
(antes Talamanca y también la Estrella) y otra en Suerre (por otro 
nombre Pacuare), y habiéndonos informado que el camino por el 
río Suerre era el mejor, nos resolvimos á emprender ese viage hacia 
el norte. El cargamento de la fragata en que salimos era miel, cue- 
ros, jamón, harinas y gallinas. Tales eran las ventajas que disfru- 
taban Costa-Rica y Nicaragua en su proximidad á Panamá y Por- 
tobelo, de que carecían las otras provincias de Guatemala por su 
ma} or distancia, así de Panamá y Cartagena, como de Yeracruz y 
la Habana. 



-&M^^ 



CAPÍTULO 56. 

Otrois obstáculos para la navegación* 

La tercera especie de protección dispensada á los reynos veci- 
nos fueron las dos flotas destinadas, una para Veracruz en la Nue- 
va-España y otra para Cartagena y Portobelo en la Tierra firme, 
que resguardadas de la armada que permanecía en la Habana, res^ 
guardaban las embarcaciones de los puertos de uno y otro extremo, 
fuese que saliesen ó volviesen en su carrera de Veracruz á la Ha- 
bana, de Panamá á Cartagena y aun de Cartagena á la Habana. 
Auxilio igualmente denegado á Guatemala. Pues aunque para sus 
provincias era destinada la flotilla de Honduras, ésta no podia va- 
lerse á sí misma, ni aprovechaba mucho en encuentros reñidos, es- 
tando indefensos los puertos, según observa el ayuntamiento en la 
instrucción de 607j y ademas, ella no tardó en ser retirada por cé- 



OTROS OBSTÁCULOS PARA LA NAYEGACIOX. 85 

dula de 12 de abril de 633, en la cual se mandan aplicar á la flota 
de Nueva-España las dos naos de guerra, que venían á Honduras, 
y se ordena que las de particulares caminen en derechura sin arri- 
marse á Yucatán, y que la plata de S. M. recaudada en las cajas 
de Guatemala se remita por tierra al puerto de Veracruz. 

Así fué como Guatemala se halló también en esta parte aban- 
donada á sí misma; y entonces los particulares debieron decir: si la 
plata de S. M. no está segura en nuestros puertos ni en sus em- 
barcaciones, tampoco lo estará nuestra hacienda, y si por ellos el 
riesgo del comercio no es ya común sino evidente, nosotros debe- 
mos de necesidad abandonarlo igualmente, ó esforzarnos á hacer- 
lo por el rodeo que busca y lleva la plata de S. M. 

Gage, al retirarse de Guatemala para Europa el año de G37, se 
sometió al imperio de esta necesidad, emprendiendo su marcha por 
tierra hasta Granada, para embarcarse en la laguna; y en la narra- 
ción de su jornada, hablando de esta ciudad, dice. A consecuen- 
cia del despacho de las fragatas, es esta ciudad una de las mas ri- 
cas de la América del lado del norte, porque los comerciantes de 
Guatemala, temiendo mandar sus efectos por el Golfo de Hondu- 
ras, habiendo sido cogidos varias veces por los holandeses entre 
éste y la Habana, consideraron mas reguro remitirlos en las fra- 
gatas de Cartagena, cuyo pasage no ha sido interrumpido tanto 
como el otro por los holandeses. Igualmente los tesoros del rey fue- 
ron pasados por este camino de la laguna de Granada á Cartage- 
na. En un dia entraban seis recuas que contenían por lo bajo 300 
muías, todas de San Salvador y Comayagua, cargadas solo de tinta, 
grana y cueros: dos días después entraron tres recuas mas de Gua- 
temala, una cargada de plata de tributos del rey de aquel pais, o- 
tra con azúcar, y la otra con tintas. A este tiempo Uciró orden de 
Guatemala, mandando suspender las embarcaciones por noticias 
que había de enemigos en aquella época. No fué esto sin funda- 
mento, porque la fragata en que poco después salió Gage por el rio 
de los Anzuelos en Costa-Rica á corto trecho cayó en poder de dos 
buques holandeses, uno de guerra, y le quitaron o mil pesos de 1 1 
mil que llevaba en perlas, piedras preciosas, medias onzas y onzas, 
fruto, dice este viagero, del trabajo de 12 años. Por lo que volvió 
á tierra, y todavía se detuvo en aquella provincia. 

Con motivo de semejantes sucesos se pretirió la vía de Vera- 
cruz, haciéndose el camino por tierra á este puerto. En junta de 



84 CAPÍTULO LVI. 

hacienda de 23 de marzo de G51 se refiere, que habiéndose prego- 
nado este viage, para darlo al postor que llevase menos flete, hizo 
postura Domingo de Velasco, exigiendo 60 pesos por carga de 4 
mil, y 130 por la comisión de todas; pero desoída y luego modifi- 
cada, quedó en 70 pesos, sin el tanto de comisión; y dada cuenta 
fué aprobado el ajuste en cédula de 11 de marzo de 652. 

El ayuntamiento, en memorial de 29 de abril de 1601, cuenta 
entre las especies de protección, debidas al reyno de Guatemala, 
una que fué concedida á otros contiguos. Vuestra Magestad, dice, 
hizo merced á Panamá y á la isla de Santo Domingo de dalles pre- 
sidente de capacidad, atento á los rebatos que cada dia tienen de 
enemigos, y aunque esta ciudad no es puerto de mar, tiene subdi- 
tos á ella la costa de Costa-Rica y Nicoya, el Realejo, Sonsonate y 
el puerto de Istapa y el Salto hasta Teguantepeque por la costa del 
mar del sur y por la del norte, desde el puerto de San Juan el des- 
aguadero, hasta el puerto de Caballos, de los cuales cada dia ay 
nuevas de enemigos y adonde es necesario quel presidente ques- 
ta audiencia governare sea mui buen soldado para prevenir lo que 
convenga, pues no se puede hallar presente por estar los dos puer- 
tos distantes desta ciudad, y como V. M. sabe, es esta tierra nece- 
sitada de gente española respeto de la grandeza della, y cuando se 
ofreciere algún rebato, lo que Dios no quiera, el buen govierno 
sustenta la poca gente en la guerra, cuanto y mas que todo el año 
tiene que hacer en proveer los dichos puertos con las nuevas que ay 
de cosarios, las cuales prevenciones, siendo soldado, sabría mejor 
las que son menester, y gastaría á V. M. de una vez su real aver, 
por todo lo cual esta ciudad suplica á V. M. si es posible se ños 
aga merced, pues con ella en las cosas de la guerra será V. M. mas 
bien servido. 

Hasta enónces los gobernadores y presidentes que hubo des- 
pués del adelantado Alvarado todos hablan sido letrados, aboga- 
dos y doctores, cual era el actual doctor Alonso Criado de Castilla, 
y con la solicitud solo se adelantó, que en lo sucesivo fuesen proveí- 
dos títulos de Castilla y caballeros de las órdenes, hasta mas allá 
de mediado el siglo. No podía ni debía esto atribuirse á inferiori- 
dad del puesto, ni la presidencia y gobierno de Guatemala era tal 
que cediese en cosa alguna á la de Santo Domingo y Panamá. Si 
su rango debe sacarse por los sueldos, á la presidencia y gobierno 
de Panamá asigna la ley l» tít. 2 lib. 5, tomada de cédulas anterio- 



OTROS OBSTÁCULOS PARA LA NAVEGACIÓN. 85 

res, 4.500 ducados, al paso que á la de Guatemala son puestos 5 
mil; y si la de Santo Domingo tiene los mismos 5 mil ducados, ellos 
por cédulas de 608 y 642, de que dimana la ley 13 tít. 26 lib. 8, 
se mandan pagar en la caja de Panamá, si no los habia en la de 
la propia isla, lo que no sucedía en Guatemala. La presidencia de 
Nueva-España tiene en la misma ley 5 mil ducados, la de Santa Fé 
6 mil, y la del Perú 30 mil. Sin embargo, la inferioridad de Guate- 
mala respecto de estas últimas no es tan marcada que no le queda- 
se harta importancia. 

Esto era lo de ley, que en el hecho, llevaban las cosas otro te- 
nor. Gage, con respecto á Guatemala, dice al cap. 18. La pensión 
que tienen los presidentes por el rey son 12 mil ducados; y ademas 
de esto él puede con su comercio y regalos hacer dos tantos mas: 
como se ha visto en el conde de la Gomera presidente de esta chan- 
cillería, que en el espacio de 14 años ha juntado millones de duca- 
dos: millares, querrá decir. La pensión pagada á los ministros de 
chancillería, continúa, son 4 mil ducados anuales: al fiscal 3 mil. 
Don Luis de las Infantas, oidor de esta audiencia, me contó, aña- 
de, que sin embargo que el empleo de un ministro era en Lima mas 
honorable, era mas ventajoso en Guatemala, porque ganaba mu- 
cho en los coechos. Prescindiendo de esta nota, que mencionan 
Ulloa y Juan, y mirando lo tocante á la presidencia en orden al 
sueldo de 12 mil ducados, él no carece de otros anuncios que lo ve- 
rifiquen. En carta del oidor Garate al rey, de 20 de mayo de 668, 
avisa que el presidente Meneos sacaba 3 y 4 mil pesos de reparti- 
miento de indios del valle de esta ciudad, y ratificándolo en México 
en declaración que dá ante el oidor Montemayor comisionado del 
virey á 9 de febrero de 67 1 , añade, que igualmente se aprovechaba 
de ellos el presidente Rosica de Caldas, su sucesor. Este, antes de 
ser visitado se anticipó á informar al propio monarca, que los per- 
cibía como todos todos sus antecesores, y lo hacia por servir á S. M. 
con mas limpieza; y en cédula de 29 de octubre de 71 se manda 
hacer averiguación de ello: la que practicada, dieron informe la 
audiencia y el obispo en que resulta montar lo procedido del re- 
partimiento 5 y 6 mil pesos, y por otra cédula de 30 do noviembre 
de 72 se mandan entrar en cajas, y aplicarse á oti'os objetos. 

Por este estilo, contando también con el tanto de comisos y mul- 
tas, pudieron computarse los 12 mil ducados, y ser positiva la nar- 
ración de Gage. Cuando tal no resultase, no por eso dejaba de ser 



86 CAP. LVI. — OBSTÁCULOS PARA LA NAVEGACIÓN. 

justa y oportuna la pretensión del ayuntamiento; pero el rey, acaso 
atendiendo á la paz de la audiencia, que en otras partes era turba- 
da por sus ministros como en Panamá, según Alcedo, proveyó pri- 
mero un título de Castilla, como va referido, y sucesivamente ca- 
balleros de las ordeños militares. Y ¿qué sucedió? una aberración 
de costumbres y del carácter del pais: porque los vecinos, andando 
el tiempo, ya no quisieron ser soldados, sino caballeros: ya no hu- 
bo 400 arcabuceros y gente bien ejercitada, como á fines del siglo 
anterior: no hubo mas tropa viva ni milicias. Los que hacian cau- 
dal obtenían hábitos de las órdenes militares á toda costa, y los 
demás que era mucha gente lucida, afectando no valer menos y ser 
caballeros de orden heroica, no desdeñaban las jactancias del pun- 
donor, como se ha visto con detrimento del sosiego de las familias 
y sin tendencia á objetos útiles. 

Gage, que vino á este reyno corriendo el año de 625, lo encon- 
tró sin soldados, sin armas ni municiones. Guatemala, dice, sin 
embargo que no tiene armas ni municiones de guerra, se puede con- 
siderar bien fuerte por la raza de negros esclavos que hay en las 
estancias y obrages de añil, y aunque no tienen mas armas que 
machete y pullas ó lanzas para pullar el ganado, son tan desespe- 
rados, que la misma ciudad de Guatemala los ha temido muchas 
veces, como también los mismos amos: alguno de ellos no tiene 
embarazo en atacar un toro. 

Así es que era cosa singular este reyno. No son fortalecidos 
sus puertos como los de las islas, los de Tierra firme y Nueva-Es- 
paña: no son obUgados los presidentes á embarcar bastimentos, 
ni es fomentado su tráfico de mantenimientos, como en Nueva-Es- 
paña, Panamá y Tierra firme: sus embarcaciones no son abriga- 
das por la flota y armada como las de Nueva-España, Tierra firme 
y Panamá; ni tiene comandancia viva como Panamá, Chile y Fili- 
pinas. Poco debe haberle faltado, para quedar aislado en el centro de 
la América. Ademas de su posición geográfica, el ayuntamiento re- 
presentó desde el año de 586, como va referido, que estaba en me- 
dio de dos tan importantes reynos, como son los de Tierra firme, 
y el Perú y de Nueva-España, y por lo mismo corría este riesgo. 



87 

CAPÍTULO 57. 

Aliolíeioii del comercio de la Haliaiia* 

Lo que faltaba para el aislamiento de Guatemala era un estro- 
piezo de comerciar con la Habana. En tiempo de Gage estaba 
aunen corriente este tráfico. Así lo supone en la p. 4 cap. 1, en 
que refiere haber escogido para volverse á Europa el camino por 
Nicaragua y lago de Granada, puesto que el tiempo, dice, en que 
las fragatas sallan de este lago para la Habana era ordinariamen- 
te después de mediados de enero; y en el cap. 3, describiendo la 
ciudad de León, nota en sus vecinos que tenian pájaros y jardines, 
pero no aspiran, dice, mucho al trato y comercio, no obstante te- 
ner tan cerca la laguna, adonde llegan todos los años algunas fra- 
gatas de la Habana del lado del norte, pero sí son tan peripuestos 
y fantásticos como los de Chiapa. Este permiso fué renovado en 
cédula de 9 de febrero de 646, que forma la ley 33 tít. 33 lib. 9. 
En junta de hacienda de 14 de julio de 659, se habla de una fraga- 
ta que vino de la Habana á Puerto Caballos por frutos de la tier- 
ra, y fué requerida para que llevase los soldados de un galeón que 
naufragó en el Golfo, y no podian irse en dos embarcaciones me- 
nores que estaban haciendo en él, porque les faltaba mucho. 

Mas adelante se suspendió este comercio, según parece en cé- 
dula de 10 de febrero de 1676, por la cual el rey aprueba los ca- 
pítulos que hizo el comercio de Sevilla para el despacho de ga- 
leones y flotas por tiempo de cinco años, de los cuales fué uno, 
que durante dicho asiento, no habia de permitir el gobernador de 
la Habana, que de allí salieran embarcaciones algunas para estos 
puertos de Honduras, ni para la Veracruz por el daño que recibi- 
ría la flota con que abundase la ropa y frutos de aquellas partes^ 
mediante las embarcaciones de la Habana. 

No se sabe que para este asiento fuesen oídas las provincias de 
Guatemala, ñique diesen su consentimiento. Para negarlo tenían 
por motivo la tardanza que en este tiempo gastaban las naos de 
España, demorando seis y mas años su venida á estos puertos, co- 
mo se ha observado. Nueva-España que tenia consulado debe ha- 
ber sido oida, y cuando no, siempre contaba con la llegada de la 
flota á Veracruz. Mas sea como fuere, transcurrido el periodo del 



88 CAPÍTULO LVII. 

asiento, debió cesar el estropiezo para la salida de las naos de la 
Habana. A lo menos debe haberse restablecido el comercio recípro- 
co de este puerto con Nueva-España, que por otra parte era de ley; 
pero no parece que fuese restablecido el de Guatemala. El agente 
de esta ciudad en España, en carta de 9 de octubre de 685, le dice. 
En conformidad de lo que me escribió el señor maestro de campo 
don José Agustín de Estrada y la carta de U. S. para S. M. ten- 
go introducida la pretensión de que se abra el comercio de la Aba- 
na para que se puedan comerciar los frutos que U. S. tiene en su 
provincia con aquella ciudad: está para verse, y estoy con recelo 
de que se ha de mandar que informe el consulado de Sevilla. Ha- 
ré todas las diligencias que sean posibles: el señor don Lope Sier- 
ra me da mui buenas esperanzas. 

En otra de 2 de mayo de 687 dice el propio agente. En cuanto 
á la pretensión del comercio desde Honduras á la Abana con los 
frutos de la tierra, habiéndose llevado al señor fiscal, á dado res- 
puesta, pidiendo lo mesmo, y añadiendo que lo mesmo estaba re- 
presentado por el governador de la Abana, sobre que habia expe- 
diente, y que era mui justo el concederse. Está para verse con bre- 
vedad; hanse juntado los autos que hay: el relator es bueno: emos 
de tener buen suceso, y mas con la ayuda del señor Lope Sierra, 
que mira las cosas de U. S. con cariño, y puedo decir ingenua- 
mente que es su agente. A cabo de otro año, con fecha 6 de junio 
de 687, escribe al propio ayuntamiento. En orden al comercio de 
Honduras con la Abana, también está para verse. En este negocio 
abiendo comunicado á los señores don Lope Sierra y don Diego 
Balverde, los alio mui descordes, el señor Sierra á nuestro favor, 
y el señor Balverde contrario, y así es menester guardar el ayre. 
Todavía con fecha 3 de diciembre dice. Comercio de la Abana: 
también está para verse, y aguardo ocasión que sea á propósito; é 
visto mui favorable al señor marques de los Velez. 

He aquí la suerte que llevaban en la corte los asuntos mas ira- 
portantes; y como al propio tiempo no habia consulado en Guate- 
mala, y el ayuntamiento era el único cuerpo regulador del bien ge- 
neral, que hallándose diminuto en esta época por la escasez de com- 
pradores de sus oficios, y recargado de negocios que ocurrían de 
nuevo de interés mas inmediato, prestaba á éstos la atención y las 
expensas, con ellos postergadas otras solicitudes, caducaban amor- 
tiguadas con el tiempo; y por este tenor continuó el estropiezo del 



ABOLICIÓN DEL COMERCIO DE LA HABANA. 89 

asiento de Sevilla para poder comerciar con la Habana, y ya se ex- 
tendía á Cartagena, hasta que en principios del siglo siguiente, no 
pudiendo el vecindario soportar la falta y carestía de géneros de 
Castilla, celebró cabildo en 7 de julio de 707. En él se propuso so- 
licitar se abra el comercio del Perú, el de la ciudad de la Habana, 
de Cartagena, y otras islas de barlovento, por hallarse estas pro- 
vincias' sin que tengan salida sus frutos; y habiéndose conferido 
se resolvió se busquen todos los papeles conducentes á esta mate- 
ria: los cuales vistos en el del dia 12 inmediato, se determinó so- 
licitar cabildo abierto, en que se deliberase sobre todo, y se tuvo 
el dia 13 de diciembre de 1707. 

Se abrió la junta con la lectura de un papel que presentó el 
maestro de campo don Juan Antonio de Bustamante caballero de 
la orden de Santiago, alcalde ordinario mas antiguo, en que la ciu- 
dad, dice, pone en consideración de los señores concurrentes la 
falta de navios de registro en tantos años, la carestía de los frutos 
de Castilla y ropa, cuyos precios extenúan el caudal de los vecinos 
de esta ciudad y sus provincias, y como su penuria pende de la 
oposición del comercio de Sevilla: que la ciudad junta díscun*a el 
remedio, y si es necesario se ejecute ala real piedad y grandeza de 
S. M. con el rendimiento y postración de esta ciudad, recordán- 
dole su lealtad, y ser de las mas antiguas de la América. Así son 
llamadas por primera vez las Indias en cabildo, después de Gage. 

En la junta, la inteligencia común de todos era, según el acta, 
que desde luego debia procurarse el trato y comercio con los de la 
Habana, y de estos con aquellos con tal seguridad que nunca se 
atribuiría á culpa ó delito, no habiendo orden, ley ni cédula que lo 
prohibiera, sino el asiento del consulado de Sevilla, el cual habia 
pasado, y las cosas vuelto al tiempo antiguo, en que hubo este co- 
mercio, y quisieron practicarlo así. Pero conferido y tratado todo, 
se resolvió que el procurador síndico ocurra al superior gobierno 
á pedir expresa declaración, sobre si los vecinos y moradores de es- 
te reyno pueden libremente y sin embarazo alguno tratar y nego- 
ciar con la ciudad de la Habana y sus puertos, y a(iuellos vecinos 
y moradores con los de este reyno, para que declarándose, no ha- 
ber impedimento para el trálico y comercio con la Habana, se so- 
licite el que se tenga, y en caso de negarse, se ocurra á S. M. á su- 
plicarle rendidamente se sirva concederlo. 

No hubo en esta ocasión un gobernador cu la Habana que tu- 
To3i. 2. (13) 



90 CAP.'LVII. — COMERCIO DE LA HABANA. 

viese los comedimientos del virey Toledo del Perú, ni en Guateraar 
la un presidente Osorio que tomase trazas en favor del comercio. 
Hecho el ocurso, y seguidos autos el fiscal en 20 de octubre de 708 
pidió no se hiciese novedad, y se consultase á S. M. como se eje- 
cutó el año siguiente. El ayuntamiento de su parte dispuso el me- 
morial que va citado bastantemente historial, razonado y metódico. 
Entre otras cosas expone, que la vara de rúan llegó á valer 12 rea- 
les, otro tanto una de bretaña, 28 pesos una resma de papel, 25 
una libra de canela, y á este tenor otros géneros. Funda la solici- 
tud, loen que dicho comercio de su naturaleza, y por las leyes e- 
ra franco y libre: 2» en que las naos de registro, que debian venir 
de España á estos puertos á lo menos cada dos años, hacian mu- 
chos que no hablan venido mas que dos, según se ha observado otra 
vez: 3" que faltando los géneros y frutos de España, como se a- 
montonan muchos que se introducen de varias partes en la Haba- 
na, sus vecinos los traerán, ó estos habitadores, dice, irán, ó envia- 
rán por ellos, alentándose para este fin y para este efecto á la fábri- 
ca de embarcaciones de mayor ó menor porte, que conseguirán en 
breve tiempo y á mediana costa por la abundancia de maderas y 
demás materiales, que les ofrecen y franquean las dichas provincias 
y sus puertos: 4" que lograrán sus moradores el expendio de sus 
preciosos y abundantes frutos: 5» que obtendrán los géneros y fru- 
tos de España á precios acomodados y no ecxesivos como en los que 
compran á los mercaderes de Nueva-España: 6" que serán muchos 
menos los costos de conducion de la tinta, achiote y otros géneros 
de estos puertos á la Habana, que los que han tenido de esta ciu- 
dad á la de México y Veracruz: 7» que este comercio rendirá á 
S. M. crecida utilidad en los reales derechos de almojarifazgo, a- 
vería, alcabala y barlovento; y por último, para los casos y cosas 
del real servicio, añade, se hallarán á mano embarcaciones, que 
den avisos, lleven noticias, y limpien de piratas las costas. Firman 
don Sebastian de Loaysa y Ledesma, José Bernardo Cabrejo y Ro- 
sas, José Fernandez de Górdova, don José Agustín de Estrada y 
Aspeytia, Alejandro Antonio Pacheco, y don Juan de Uría. 

Esta segunda instancia, desde luego con el contrapeso del con- 
sulado de Sevilla, quedó en el mismo estado de la primera, he- 
cha habia mas de 20 años. A los otros veinte se hizo la tercera, 
que tuvo aun peor éxito, porque en ella fué denegado á Guatema- 
la el comercio con la Habana en cédula de 1 de enero de 7 30, se- 



CAP. LVIII.— FUERTE DE SAN FELIPE. 94 

gun aparece en cabildo de 26 de agosto de 732. 

A la tardanza de las naos de España en hacer viage á los 
puertos de Honduras, fueron consiguientes otros males, que o- 
casionaba la incertidumbre del tiempo de su venida, ó la sorpresa 
de su improvisa llegada, que viniendo periódicamente la flota á 
Veracruz, fletaban recuas con tiempo los comerciantes de Gua- 
temala y remitían allá sus frutos y dinero para las ventas y com- 
pras: á ese tiempo, cuando menos se esperaba, llegaba á puerto 
de Honduras la nao ó naos de España, y ofreciendo mas cuen- 
ta vender en tienda pública por la falta que habia de géneros, lo 
hacian por sí los dueños de las naos á precios subidos; y cuando 
tornaban de Veracruz las recuas y cargamentos de los comer- 
ciantes de la tierra, perdían por lo menos la ganancia. Alguna vez 
sucedió que llegasen las naos en ocasión que ya los comerciantes 
del pais hubiesen recibido su cargamento, y tuviesen surtimiento 
en el mercado, y estando desprovistos de frutos y dinero para nue- 
vos cambios y compras al contado, los dueños de las naos se vie- 
sen precisados á dejar sus géneros á menos precio y fiados: por lo 
que esta materia llegó á ser un punto de especulación en el comer- 
cio de Sevilla. La ciudad puso queja de ello en memorial de 1 1 de 
febrero de 7 35, pidiendo, que precisamente viniesen las naos con 
la flota, cuyos tiempos eran conocidos ó se hacian notorios, y no 
estuviese su remisión al arbitrio y elección de los interesados. Nun- 
ca hubo estropiezo en proveer á semejante solicitud de conformi- 
dad. Se dio pues resolución, previniéndolo así en cédula de 29 de 
noviembre de 738. Con lo que denegado todo comercio activo á 
Guatemala por ambos mares, quedó reducido y regulado al pasi- 
vo que le permaneció otorgado de dos navios anuales del Perú v 
dos de España. 



CAPITULO U. 

ITiicrtc tle San I'elliic. 

Ocupadas muchas islas menores de las Antillas por naciones 
con quienes alternativamente manlcnia guerra España, y retiradas 
las dos naos de guerra de la flotilla de la carrera de Honduras, los 



92 CAPÍTULO Lvni. 

corsarios tuvieron mas amplitud para frecuentar sus costas, y coa 
esta oeasion nuestros puertos y eral3arcaciones se vieron mas osti- 
gadas de ellos. Entre t^nto, no Labia en el reyno cuerpo alguno de 
milicias para su resguardo; y cuando llegaba el caso de invasión, 
«ran requeridos los moradores de él indistintamente para el servicio 
militar, y muchos de ellos obligados á tener y comprar armas, y 
-aun á prestar expensas para lo uno y lo otro. En junta de hacien- 
da de 7 de junio de 644 se menciona un donativo que iba á pedirse 
para las prevenciones que se estaban haciendo de armas y soldados. 
Esto era ademas de 3.350 pesos que habia de reponer el comercio 
de otra tanta cantidad que de pronto se tomó de la caja para gas- 
tos de 40 soldados que estuvieron en Trujillo aguardando las naos 
de España. En esta junta, y en otra de 20 de julio de 645, de que 
se ha hecho mérito, se mandan comprar dos mil libras de pólvora 
en cantidad de 1.500 pesos enterados de repartimiento hecho á los 
vecinos. Al gobernador de Honduras para la defensa de Trujillo 
en los casos ordinarios, se previene en orden á la gente, que so- 
lo ocupe los habitantes del valle y la ciudad; y con respecto á las 
armas, que los 50 arcabuces que se enviaron, los reparta á los ve- 
cinos que los puedan comprar al costo y costas, y estén de mani- 
fiesto lo mismo que los demás arcabuces y pistolas que se tomaron 
al enemigo. 

A la sazón, el presidente Avendaño, atendiendo al resguardo 
de esta costa, representó al rey la necesidad de fortalecer uno de sus 
puertos, y en respuesta, que era de estilo, le pide informe de cual 
de ellos debia fortalecerse, y con qué arbitrios, que no fuesen de la 
hacienda real; y para evacuarlo, propone el presidente el negocio 
en consulta á la junta de hacienda de 9 de febrero de 647: en la 
cual, por lo relativo á si debian ser el de Trujillo, de Caballos, ó 
Santo Tomas, ofreció el fiscal don Pedro Vázquez de Velasco ha- 
cer la jornada para su reconocimiento, llevando personas prácticas 
así en milicia como en fortificación, y por lo concerniente á expen- 
sas, se proyectó gravar cada cajón de tinta en su salida sobre los 
demás impuestos con dos pesos para este preciso objeto: los cua- 
les, suscitándose reclamaciones de particulares, en junta de 14 de 
marzo siguiente, se redujeron á uno solo, al fin sin efecto; con que 
BO pasó el negocio á mas, y quedó en eso. 

Por este tenor anduvo el sistema militar durante la primera mi- 
tad del siglo 17, hasta que gobernando la audiencia en principios 



FUERTE DE SAN FELIPE. 95 

de la segunda, tomó un nuevo aspecto. La junta de 15 de setiem- 
bre de 663 se congratula de haberse fundado presidio, aunque te- 
nuísimo, en el Golfo desde marzo de 651, y que liabia aprovecha- 
do mucho. Lo cual se confirma por otra de 20 de marzo del año 
de 52, en que oponiéndose á la continuación de gastos el oidor 
López de Solis, porque sin orden de S. M. no podían hacerse tales 
fundaciones, el oidor presidente Lara Mogrovejo, el fiscal Esqui- 
vel y los oficiales reales Santiago y Sotomayor, con presencia de los 
autos hechos en esta razón, alegaron la última cédula de su mages- 
tad, en que negando el permiso de aplicar el procedido de barloven- 
to por algunos años en la fortificación de los puertos, ordena no 
deje de hacerse dicha fortificación, valiéndose de otros medios, y 
que no teniendo otro destino los situados délos puertos de Trujillo 
y Santo Tomas que no estaban forlalecidos, y estando facultados 
los gobernadores y capitanes generales del reyno para aplicarlos en 
los puertos donde haya mas necesidad y en que mas sea servido 
su magestad, la audiencia á cuyo cargo está actualmente el gobier- 
no y capitanía general de estas provincias, ha podido invertirlos y 
continuarlos invirtiendo en la fortificación del puerto del Golfo-dul- 
ce, donde se hace la descarga de las naos de registro que vienen 
de España, mayormente habiendo dado cuenta á su magestad, y 
estando en él la artillería y mosquetes, que no se pueden remover 
mas, sin deshonra de sus armas y sin nueva orden para ello. Así 
es que también se reedificó el fuerte, que el acta llama de San Fe- 
lipe, advirtiendo haberse llamado antiguamente de Bustamante; y 
Juan de Veraza, quedando de alcalde mayor de Santo Tomas, pasó 
á ser castellano del Golfo. 

Lo que antes parecía intrincado y dificil, facilita la audiencia 
á impulsos de la aplicación de su presidente; pues procedió á for- 
mar cuerpos de milicias, no ya de españoles, que habían dejado las 
armas desde el siglo pasado, sino de nuevos americanos, que pro- 
cediendo de africanos, europeos y antiguos indígenas, componen 
un vasto pueblo, dotados de la intrepidez y vigor africano, del inge- 
nio y agilidad castellana, de la docilidad y color indígena, aparecen 
con las gracias é inocencia de una raza joven, capaces délas mejo- 
res impresiones; acuden al servicio doméstico, soportan las fatigas 
del campo, acogen las artes de lodo género, desempeñan cargos, y 
ahora la confianza de las armiis, que la audiencia pone en sus ma- 
nos. 



94 CAPITULO Lviir. 

Los recientes plantíos del mando pasagero de este cuerpo go- 
bernador se ven prosperados en lo sucesivo. El nuevo presidente 
Altamirano conde de Santiago que gobierna desde el año de 54 
basta el de 57, dota y cria un situado para el fuerte de San Felipe, 
y de nuevo da cuenta al rey manifestando su utilidad, según se re- 
fiere poco después de sus dias en junta de 17 de julio del mismo 
ano, y el establecimiento es aprobado en cédula de 7 de noviembre 
de 58, encargándose su fomento y conservación. Presentándose el 
enemigo cosario en el mar del sur, las compañías milicianas de la 
ciudad y distrito de Escuintepeque, según narración de otra de 2 
de enero del propio año, gobernando otra vez la audiencia, están 
á punto de acudir y acuden á guarnecer las playas y barras de la 
costa, para que el enemigo no pueda echar gente en ellas, ni tomar 
refresco, ni socorro alguno. 

Las prevenciones de guerra no cesaron, mayormente viniendo 
el año de 659 un presidente militar, el general de armada don Mar- 
tin Carlos de Meneos, quien en junta de 12 de agosto inmediato, 
dispuso del fondo de barlovento las pagas devengadas por el arme- 
ro empleado en alistar las armas de la sala de este título: en 1 1 de 
agosto de 63 toma de ella 32 botijas de pólvora, para remitir 16 á 
Honduras y otras tantas á Nicaragua; y ordena la prevención de 
30 quintales, y ademas 20 de cuerda, y 15 de balas, poniendo en 
mejor estado la casa-mata para su fábrica, prestándose del mismo 
fondo, para no perdfir tiempo: sin embargo, á la fecha solo eran en 
deber los situados 1.500 pesos. 

Los temores de una invasión enemiga no habian sido vanos: 
porque ademas de los corsarios que hostilizaban y robaban las em- 
barcaciones y los puertos, se destinaban también escuadras con 
gente de desembarco, para ocupar tierras descubiertas y no pobla- 
das de españoles, y aun aquellas en que estaban establecidos. La 
Florida que comprendía desde el rio de las Palmas en 22 grados 
de latitud, hasta la punta de los Bacallaos en los 48, y no tenia po- 
blada mas que la costa meridional y la península oriental, fué ocu- 
pada llanamente por franceses, ingleses y holandeses, sin mas en- 
cuentro que dos batallas dadas en la Carolina, una ganada y otra 
perdida, estableciéndose por ellos en consecuencia esta colonia y 
las de Virginia, Maryland, Nueva Plymouth, y otras hasta el Ca- 
nadá, desde los años de 606 hasta el de 665. En el de 630, en que 
Portugal y por consiguiente el Brasil aun pertenecía á España, 



FUERTE DE SAN FELIPE. 95 

apareció en estas costas una escuadra holandesa con 46 buques de 
guerra, con que fueron ocupadas tres provincias. En 637 llegaron 
nuevas fuerzas con que fueron conquistadas otras siete de las mas 
ricas; y hubieran quedado todas en su poder, á no haber ocurrido 
la revolución de Lisboa, en que España perdió estos dominios; pe- 
ro salió lo mismo, porque siempre perdió la corona el Brasil, y por 
esta causa Portugal. La Guayana se dividió éntrelos mismos por 
este tiempo; y Surinan, ocupado primero por franceses en 640, y 
en 661 por ingleses, fué cambiado con los holandeses por Nueva- 
York. 

En 636 fué invadida Jamayca por el coronel Jackson, con un 
armamento de las islas de sotavento. Los habitantes se defendie- 
ron con denuedo; pero los ingleses vencieron y entraron espada en 
mano, y después de haber saciado su avaricia y ferocidad, se re- 
embarcaron, con un rico botin. En 655 volvieron, y por la supe- 
rioridad de sus fuerzas se apoderaron de ella con harta barbarie, 
obligando á los colonos españoles á desamparar sus propiedades y sa- 
lir de la isla. Estos resolvieron recobrarla, desembarcando en 3 de 
mayo de 58 con una fuerza considerable para la defensa y ataque; 
pero fueron obligados á retirarse, con gran pérdida de una y otra 
parte. Cromwel, que no solo pretendía una conquista, sino una co- 
lonia, fometó la inmigración, é invitó mas de tres mil personas á 
embarcarse: con lo cual, y la buena administración de D' Oyley, 
prosperó la isla. En junta de 15 de setiembre de 663 se expresa, 
que los ingleses rompieron la guerra saqueando la ciudad y puer- 
to de Cuba, y la villa de San Francisco de Campeche. Xiraénez lib. 
5 cap. 14 advierte, que la entrada en Campeche fué en marzo, y 
permanecieron en la villa cuatro dias. Últimamente, en carta del 
oidor Garate al rey de 20 de mayo de 68, se refiere, que el año 
anterior, entrando el enemigo por el puerto de Caballos, habia sa- 
queado y quemado la ciudad de San Pedro. 

Entretanto que el fuerte de San Felipe prestaba algún resguar- 
do, su fábrica parece no merecía este nombre, según muestran las 
circunstancias de la prisión hecha en su edificio, de que se habla en 
cédula de 6 de mayo de 670 dirigida al obispo Sto. Mathia para la 
visita del presidente Alvarez, que entre otras cosas, dice: con las 
cartas del año de 668 se han recebido aora otras de diferentes per- 
sonas fechas en abril y mayo de 669, que no solo coníirman lo re- 
ferido, sino añaden, que por haber sabido el dicho presidente don 



96 CAPÍTULO LVIII. 

Sebastian Alvarez, que don Pedro de Miranda Santillan, que á la 
sazón era fiscal de aquella audiencia, y ya es oidor de ella, me daba 
cuenta de sus procedimientos, por tomarle los pliegos que entonces 
remitía, le habia hecbo causa y imbiádole al castillo de San Pbelip- 
pe de el Golfo, que dista ochenta leguas de esa ciudad de Goathe- 
mala, privándole del comercio humano, cuando le prendió, para 
que nadie le hablase ni socorriese, de que se imbió testimonio al 
consejo.... 

Y habiéndose visto en el de las Indias, con lo que pidió el fiscal, 
y consultádoseme, teniendo consideración á... que no fué menor el 
exceso que ejecutó en la prisión del fiscal imbiándole á un castillo 
tan remoto, con las circunstancias referidas, pues aunque sus pro- 
cedimientos mereciesen castigo, no le era permitido al presidente 
hacer tan violenta demostración, ni tuvo authoridad para ejecutarla 
en un ministro togado nombrado por mí, y parte de su misma au- 
diencia, pues es cierto que si procediera con alguna justificación y 
no apasionadamente, se contentara con hacer la averiguación y dar 
cuenta al consejo... Por tanto, he resuelto. 

Hablando de la pieza del edificio, que no debía ser inferior, 
Juan Pérez de Prado, mercader yente y viniente, en declaración da- 
da en México á 2 de marzo de 67 1 ante el señor Monteraayor, oi- 
dor comisionado, dice: que habiendo desembarcado en el Golfo el 
8 de setiembre de 69, trayendo cartas de recomendación para el 
señor don Pedro de Miranda Santillan, fiscal de la real audiencia de 
Guatemala, hallándole en el castillo de aquel puerto, le fué á ver 
luego, y le dio las cartas que traya, y le estuvo asistiendo y acom- 
pañando, comiendo á su mesa, y viviendo en un bajareque de ca- 
rias, donde estaba el dicho señor fiscal hasta que murió. Su falle- 
cimiento fué á 9 de octubre, según carta del padre Manuel Lobo de 
la Compañía del día 31 al señor Garate, entonces oidor de México, 

A su turno no tardó en ser atacado el castillo de San Felipe. 
En cabildo de 1» de agosto de 684 sus individuos reciben no- 
ticia de hallarse invadido el puerto del Golfo-dulce, y demolido el 
castillo de San Phelipe. Juarros tr. 4 cap. 8 dice, que tuvo muy 
poca duración, porque estando cubierto de palma ó macanac, le die- 
ron fuego los corsarios Yanques y Cocolen. 

El ayuntamiento en el propio dia acordó representarlo á S. M. 
manifestando ser el puerto principal de esta provincia para el co- 
mercio con la casa de contratación de Sevilla, y pidiendo se sirva 



FUERTE DE SAN FELIPE . 97 

dar las órdenes necesarias. En consecuencia, el presidente celebró 
^ina junta, á que concurrieron diputados de la ciudad y vecinos, en 
que se trató de solicitar medios para la fortificación del puerto, y 
se pasó consulta al propio cabildo suplicante. 

Kstc, en acuerdo de 6 de febrero de 685, resolvió se hiciese una 
ínemoria de los vecinos republicanos y comerciantes que pudiesen 
concurrir al cabildo siguiente, y fuesen requeridos. Se celebró el dia 
lí, compuesto de dos alcaldes, seis regidores, el proetirador síndico, 
quince vecinos comerciantes, y el abogado asesor del cabildo. Lei- 
da la consulta, y comprendida su relación, se extrañó mucho que 
los diputados de la ciudad, y republicanos que se hallaron en 
la junta hubiesen ofrecido hacer cada uno lo que cupiese en las 
fuerzas de su caudal, y el primero que manifestó su sentir, fué 
el capitán don José de Aguilar Revolledo, reclamando no se con^ 
sintiese nuevo impuesto alguno sobre la tinta, único fruto que 
sostenía el pequeño comercio que habia, y se perpetuaría como se 
perpetuó la duplicación de alcabala, y oy lo está percibiendo su ma- 
gestad, y proponiendo se aplicase á este fin, y se apUcasen así mis- 
mo mas de siete mil pesos de comiso de vinos del Perú, lo caido del 
situado del castillo que pasa de diez mil pesos, y siquiera por una 
vez ambos almojarifazgos: sóbrelo cual ayudarían las porciones vo- 
luntarias que ofreciese cada individuo, en que él sería el primero; 
y habiéndose conferido este parecer, todos le siguieron. Dada cuen- 
ta,. desde luego se aprobó esto último, y se libró despacho al mismo 
cabildo para la contribución de los vecinos republicanos y comer- 
ciantes; y en 13 de febrero, entre 31 individuos, dando el que mas 
500 pesos, y el que menos diez, se recogieron 4.021 pesos. 

Mas adelante, según narración de Ximenez cap. 40, habiendo 
llegado con mal tiempo á puerto de Caballos tres urcas de registro 
de Juan Tomas Miluti, andando el año de 88, con 30 religiosos do- 
minicos, 4 oidores y el presidente Barrios Leal de pasagcros, este 
último, luego que se acabaron dos barcas, quiso tomar una para 
pasar al Golfo, y escusándoselo el capitán hasta ir con los navios, 
tuvo que ceder, poniéndole 25 hombres con armas para su resguar- 
do, conduciéndola un práctico, que entrando al rio del Golfo, advir- 
tió luego rastro de cosarios, y lo avisó al presidente, quien le res- 
pondió: que babia militado en Flandes, y estaba acostumbrado á los 
peligros; pero no á cautelas de piratas, le replicó el piloto, el cual 
á pesar de ellas defirió á la arrogancia del presidente, por uo ser 

TOM. 2. (14) 



08 CAPÍTULO LIX. 

de menos. 

Así sucedió lo que este escritor sigue refiriendo: saltó en tierra,' 
dice, y dejando los barcos cargados con toda su hacienda que era 
mucha y la de otros, se dieron á fiestas en los ranchos. El enemigo 
estaba con una fragata y piraguas adelante escondido, pero enve- 
la á ver si podia lograr el tiro. Ofrecióle la ocasión el descuido del 
presidente y de todos los demás, que no hablan puesto siquiera una 
centinela en los barcos, que estaban amarrados á la lengua del a- 
gua. A la noche se fué viniendo el enemigo en sus piraguas á la 
sordina, y llegando cerca, y hallando los barcos solos, y la gente 
en los ranchos muy divertida con música y bailes, disparó una car- 
ga cerrada de mosquetería á los ranchos, enderezando la puntería 
adonde via la luz, que quiso Dios estaba en lugar eminente, y se 
fué toda la carga por alto. 

Viéndose asaltados de improviso, y que todas las armas es- 
taban en los barcos, y que ya se habían apoderado de ellos, no tu- 
vieron mas que hacer, y echaron á huir por aquellas montañas a- 
dentro, con que quedó el enemigo dueño de todo, y el presidente y 
los demás sin mas que lo que tenían encima. Perdió el presidente 
según aseguraron los que lo sabían 200 mil pesos en plata, oro y 
alhajas de mucho valor, é importó toda la presa mas de 300 mil pe- 
sos. Juarros, hablando del castillo de este puerto, añade, que ha- 
bía quedado desmantelado, hasta que el presidente don Jacinto de 
Barrios Leal lo mandó reedificar en forma regular, cubierto de teja. 



CAPITULO 59. 

Caistillo de fSau Carlos» 

Tomada la isla de Jamaica por los ingleses el año de 655, cre- 
ció la facilidad de los corsarios de esta nación para correr las cos- 
tas de las provincias de Guatemala; y si hasta entonces en la de Ni- 
caragua solo habían acechado, y tomaban las embarcaciones en la 
desembocadura del rio de la laguna de Granada, mas adelante em- 
prendieron algo mas. En junta de hacienda de 10 de juUo de 665, 
avisa el presidente Meneos que á los 29 de junio anterior entró el 
enemigo ingles de parte déla noche á las dos de la mañana con 140 



CASTILLO DE SAN CARLOS. 99 

hombres en la ciudad de Granada de la provincia de Nicaragua, y 
robó y saqueó los templos y casas de los vecinos, y se retiró á una 
isla que está en la laguna inmediata á la ciudad, llevándose consi- 
go algunos particulares prisioneros, pidiendo bastimentos y ame- 
nazando quemar los templos y casas de la ciudad, como parece por 
carta escrita por don Diego Ruiz de Ocaña vecino de Granada al 
gobernador de aquella provincia, quien quedaba tomando algunas 
disposiciones para la resistencia del enemigo. Alcedo, aunque no 
concuerda en la época de esta invasión, la atribuye al pirata Eduar- 
do David. Ximenez, lib. 5 cap. 21 , dice: aqueste año por el mes 
de junio entró el enemigo en la ciudad de Granada y la saqueó: en- 
tró por el rio de San .Tuan á la laguna: pues por aquella parte que 
podian temer algún daño, vivían descuidados, que ni una vigía te- 
nían: por loque fué procesado el gobernador, según acuerdos de 9 
de octubre de 666. 

El gobernador de la provincia, en informe que bace al gobier- 
no general en 1 3 de setiembre, entre otras cosas escribe: desde el 
año de 40 han sido infinitas las fragatas y caudales cuantiosos que 
el enemigo ha llevado y robado: luego, con respecto al caso presen- 
te, dice: les ha llevado sus caudales, ropa y plata acuñada, bagiilas 
y todas embarcaciones; y mas adelante: he averiguado por pesquisa 
particular, que el pirata David, que robó esta ciudad, dijo, que es- 
timaba en lo que vale una botija de vino el thesoro que llevaba, en 
comparación de haber reconocido esta plaza, la laguna y sus ísletas, 
y la isla de Ometepet, y que habia de hacer todo esfuerzo, para fo- 
mentar con .Jamaica ó Portugal le diesen gente para ocupar estos 
puertos, donde se prometía con mucha facilidad ocupar la mar de 
el sur, afirmando no habia mas que tres leguas, habiendo bccho 
dicho pirata grandes agasajos y galanterías con los indios a quienes 
comunicaron que fueron muchos, ofreciéndoles no tendrían justi- 
cias que les apremiasen á el trabajo, ni pagarían tributo, y tendrían 
libertad de conciencia. Y al capitán Francisco de Mena, dijo David 
pirata, que se habia de ver mui presto en la plaza de el Rejilejo; y 
otros dijeron, que hablan de tocar las campanas de León y Reale- 
jo, como tocaron las de esta ciudad. 

Los vecinos de Granada habían ocurrido al gobierno geneml 
representando, que quedaron aterrorados y destruidos déla borras- 
ca pasada, que de no ponerlos en defensa y fortificar el rio, des- 
ampararán esta ciudad, y se irán á poblar á donde tengan segura s 



ÁQO CAPÍTULO LIX. 

susmugeres yMjos y hacienda. En consecuencia, el señor Menco^ 
que era el presidente gobernador y capitán general, pidió iaformc 
al gobernador de la provincia, para que le dijese qué fortificad(Wi 
podia hacerse, en qué lugar del rio, el costo que pudiera tener, ei 
número de gente que pudiese custodiarlo, y con qué medios podría 
contarse para ello. 

El gobernador de Nicaragua, que lo era el maestre de campo 
don Juan de Salinas y Cerda, caballero de la orden de Calatrava, 
y adelantado de la provincia de Costa-Rica, para evacuarlo, hizo 
junta de pilotos y prácticos, y expone: que no puede hacerse forti- 
ficación de fundamento en el raudal de Santa Cruz por el puesto 
frontero, que daría ventaja al enemigo: que la boca del brazuelo 
que está al nordeste, era el lugar mas apropósito, para levantar u- 
na torre, y en la boca de Taure, que está al este, debia hacerse u- 
na atalaya grande, que sirva de vigía; y dicha torre y atalaya se 
podrán avisar con humos que harán de dia, y hachones en la no- 
che: que una y otra pueden guarnecerse con 50 hombres, inclusa 
plana mayor: en la torre se pondrán cuatro piezas de las que hay a- 
quí, y 2 en la atalaya, y se meterán algunos mosquetes, pinzotes 
y esmeriles, y á dichas torres se subirá por escala de cuerda. Se- 
gún lo que he podido alcanzar con los vaquéanos, albañiles y de- 
mas oficiales, dicen serán necesarios para fábrica de una y otra 
pieza 12 mil pesos. 

Agrega, estaba informado, que en la sorpresa que el enemigo hi- 
zo en Campeche, se valió el gobierno de México, á pedimento del 
fiscal Esquivel, de las encomiendas de aquella provincia por tres 
años para la asistencia de presidios y fortificaciones, que se hicie- 
ron, y lo mismo podia hacerse en estas provincias y las otras del 
reino: pues de hacer pié aquí el enemigo se sigue la inseguridad 
del Callao, Bailes y Panamá y demás puertos de esta costa. Aña- 
de, que se ofrecía á ir en persona á dirigir los trabajos, y con la 
gente pedida estar á su resguardo. Acompaña por último un mapa 
del rio y la laguna con la costa del norte de Punta-Gorda á Suer- 
re, y costa del sur hasta el Realejo; y asimismo una planta de 
las fortificaciones, que se han de hacer en el rio en las bocas del 
Brazuelo y de Taure. 

La ciudad de Granada, que á pesar de sus quebrantos man- 
tenía comercio por el norte y por el sur, en cabildo de 1 5 de se- 
tiembre, propone que para la fábrica de dichas fortificaciones se 



CASTIUO DE SAN aRLOS. i! 01 

podrán cargar en la salida para la Tierra firme á cada fragata 50 
pesos, á la botija de vino un peso, al cajón de tinta cuatro reales, 
al zurrón de sebo un real, á la petaca de cebadilla un real, al cajón 
de tabaco un real, al quintal de jarcia un real, y á este respecto los 
demás géneros; y en la entrada dos pesos al fardo de ropa: lo mis- 
mo los géneros que se embarcan en los puertos del Realejo, Son- 
§onate, Nicoya y la Caldera; y dos reales la muía que pasa á Pa- 
namá. Y como la invasión si sucediese sería general, generalmente 
debe cargarse en las rentas de todas las provincias alguna canti- 
dad por tiempo y de las encomiendas que fueren vacando se enco- 
mienden algunas para este efecto; y que en el ínterin que estos efec- 
tos dan fruto, se supla de la real caja. Vino con esta representación 
el sargento mayor Gonzalo de Noguera Rebolledo, procurador sín- 
dico general, y por la ciudad de Nueva-Segovia hizo la misma ins- 
tancia Luis Marin, procurador del número, en su nombre. 

Recibido con cartas de particulares celosos, vistas las cédulas 
de 5 de diciembre de 649 y 17 de julio de 661, que encargan el cui- 
dado de estos puertos y costas, y otras mas urgentes de 23 y 30 de 
enero de 63, con otra que trajo el mismo procurador de Granada, 
pidiendo informe del estado que tienen aquellos puertos y discipli- 
na de la gente de guerra, considerado asimismo el riesgo inmi- 
nente deque el enemigo se introdujese con gente de la mucha que 
tenia en Jamaica, y oído el voto del acuerdo, dictó auto el presi- 
dente Meneos, para que se viese en junta de hacienda, y en ella sus 
individuos diesen su parecer por escrito, sobre tres puntos: l" si 
se pondrá por obra la fortificación propuesta por el gobernador de 
Nicaragua: 2» si para hacerla sin pérdida de tiempo se tomaran 
dineros de la hacienda de S. M. á reserva de reponerlos del fondo 
que se destine para ello; y 3« cuales medios deban destinarse para 
crear dicho fondo. 

Se hizo la junta el dia 13 de octubre del propio año de 6Gó, y 
si bien no ofreció dificultad el primer punto de que se pusiera por 
obra la fortificación, sí la ofreció el segundo acerca del suplemento 
de la hacienda real, oponiéndose el oidor G arate á que se tocase, 
por estar prohibido, y proponiendo para el presidio, que los enco- 
menderos de la provincia ocurriesen á formarlo, los presentes en 
ella por sí, y los ausentes en Kspaíia por medio de sus escuderos, 
pues con este cargo lo son; y para los 1 2 mil pesos de la fábrica del 
castillo y torreón, que se repartan á los ricos de la misma provin- 



402 CAPÍTULO LIX. 

cia, que los suplan mientras son reintegrados; pues siendo los a- 
provechados, no era razón quisiesen estar defendidos á costa age- 
na, mayormente siendo los vecinos de Nicaragua los mas ricos é 
interesados en el comercio, que hay en todas estas provincias; y que 
S.M. en casos semejantes puede valerse de la hacienda de sus va- 
sallos mandando dichos empréstitos, especialmente donde los veci- 
nos se hallan tan libres de pechos, gozando de tanta tranquilidad, 
y lo que faltare se puede sacar de las milpas de soldados manda- 
das hacer; y así mesmo se puede pedir un donativo voluntario 
en todas las demás provincias, y así contradecía se tocase la ha- 
cienda de S. M. y aun el retardar lo que se debe inviar por los a- 
prietos en que se halla, sin que los vasallos de estas provincias par- 
ticipen de las calamidades que sufren los de Espaiía. Este lengua- 
ge acaso habría cogido de novedad á los capitulares del año de 
603, de que se ha hecho mérito. ¡Tal era el p rogreso de las ideas! 
El parecer del presidente fué, que convenia ganar tiempo en po- 
ner por obra la fábrica de las dos torres fuertes dictaminadas por 
el gobernador, pedidas por el cabildo de Granada y aconsejadas por 
personas celosas, para que tapadas las bocas, y cerrada la puerta, 
se desvaneciesen los intentos del enemigo, estando como estaba in- 
formado, que tanteó, y muy fijo, volver con 1500 hombres, y que 
convenía librar sobre la caja de aquella provincia 8 mil pesos á 
orden de dicho gobernador con intervención de los tenientes de o- 
ficiales reales de aquella ciudad para este fin, á reserva de reinte- 
grarlos del fondo que se crie, y si faltasen para la remisión á Es- 
paña, supUrlos su señoría de su caudal, obligándose á pagárselos 
el mismo fondo; y así se determinó, y ordenó hacerse, hbrándose 
los despachos necesarios. Se ve aquí la moderación y entereza del 
presidente Meneos. 

Para conferir el tercer punto se tuvo junta el día 17 siguiente: 
en la cual se resolvió no solamente gravar los frutos y efectos del 
comercio de la provincia en su salida por ambos mares, mas tam- 
bién en la entrada de los que vienen del Perú y Tierra firme por el 
del sur, pertenecientes sin duda á sus vecinos. Parece se adopta- 
ron otros, según el contexto de razones que después se alegaron. 
Para la recaudación de ellos se dieron las órdenes necesarias y se 
nombraron comisionados. El ayuntamiento de Granada habia es- 
crito también al de esta capital, encareciéndole emplease su gran- 
de autoridad en coadyuvar su solicitud de la fortificación, según se 



CASTILLO DE SAN CARLOS. ^05 

refiere en acta de 23 del propio mes de octubre de CG5. 

A vuelta del estío llegó á esta capital aviso de Panamá, reci- 
bido de Cartagena, de haber parecido á la vista de aquel puerto 14 
bageles de enemigos con indicios de encaminarse á la laguna de 
Granada; y luego carta de Salinas gobernador de Nicaragua con 
fecha 20 de abril de 666, en que comunica otro de don Juan Ló- 
pez de la Flor gobernador de Costa-Rica, de que el enemigo ha 
echado fuerza de gente en el puerto de Matina, llamado antes Chir- 
ripo, que dista 12 leguas de las bocas del rio de San Juan, dándo- 
le á entender que el intento es hacerse de bastimentos, y esperar 
que crezcan las aguas de dicho rio para subir á la laguna. 

Hasta entonces no habia bajado el gobernador Salinas á comen- 
zar las fábricas, y pide 200 hombres para guardar según parece, 
el paso de Santa Cruz. Hace presente que 400 hombres que tenian 
en lista los cabos estaban sin disciplina á 20 y 30 leguas, con quie- 
nes no se podia contar por su desidia, y haber algunos de ellos tan 
bajos, que ayudaron al enemigo en el pillage. Sobre lo cual oído 
el voto del acuerdo, y hecha junta de hacienda, se resolvió enviar al 
gobernador Salinas, cuando no toda la gente que pide, á lo menos 
parte de ella; y que se tomen prestados 3 mil pesos de la bolsa y 
fondo de barlovento á reponerse del que se sitúe para esta fortifi- 
cación, aviniéndose como se avino el presidente á ser pagado do 
sus 8 mil pesos, después de pagados estos 3 mil. 

Entre tanto, representa el gobernador de Nicaragua, que ha co- 
menzado los trabajos con solo 700 pesos que habia en aquella ca- 
ja; y en junta de 29 de mayo se dan órdenes para la remisión de 
dineros á ella. Poco después el oidor Garate al rey en otra de 12 de 
agosto, dice: en cuanto á fortificar el rio deS. Juan, se va haciendo 
lo posible, y se han discurrido los medios para los gastos, no fan- 
tásticos ni dudosos, sino en mi sentir ciertos y efectuosos; y su se- 
ñoría el señor presidente á supHdo de su caudal, en el ínterin pro- 
ducen, no pequeña cantidad para que se pueda logar trabajo tan 
importante. 



Í04 

CAPÍfÜlO 60. 

IiiTaslon de €oi»ta-Blca. 

El gobernador de Costa-Rica en cartas de 12 de marzo de 666, 
escritas al acuerdo y presidente comunica que el gobernador de Oii- 
riqu í yelp. La Jos, cura de la tierra que confina con la Talaman- 
ea, le avisan había en la costa en varias ensenadas 38 embarca- 
ciones enemigas: que en Doy pe, punta de tierra que sale á la mar, 
tacian casas y fortificación; y que por informaciones que habia se- 
guido, tenia averiguado que el intento era invadir la provincia de 
Costa-Rica, y ocupar la mar del sur: que ademas el gobernador de 
Veragua en carta de 4 de abril le comunica, que dado tormento á 
cuatro ingleses, confesaron estaban 14 bageles en la isla del Na- 
ranjo con intento de embestir áPortobelo y Panamá. Lo cual mo- 
vió á declararse en junta de hacienda de 29 de mayo, que la pro- 
vincia de Costa-Rica estaba en el caso de invasión, y su goberna- 
dor autorizado para gastar de la hacienda real; y por si en aque- 
llas cajas no habia dinero, se enviasen 8 mil pesos de barlovento 
á la de Nicaragua de prevención. Como las comunicaciones se ha- 
cían por agua> ésta debió llegar á tiempo á Costa-Rica con la velo- 
cidad que la suya vino á Guatemala. 

Sin embargo, estas fechas no concuerdan con la del suceso, 
que se refiere en informe del gobernador Haya hecho al rey á 1 5 de 
marzo de 1719, en que escribe. Habiendo trasegado los libros an- 
tiguos y modernos, que paran en los archivos de cabildo y gobier- 
no de esta ciudad de Cartago, é informádome al mismo tiempo de 
diferentes personas de crecidas edades, e hallado que el dia diez y 
siete de abril del año de mili seiscientos y sesenta y seis el cosario 
Manñes hizo Üesembarco de ochocientos hombres en el valle de 
Matina, con los cuales marchó por el camino de tierra hasta llegar 
al sitio de Turrialba, que está á ocho leguas de esta ciudad, y ha- 
biendo salido de ella el sargento mayor Alonso de Bonilla con los 
ocho hombres con sus armas, por no haber habido mas, ni con 
qué provisionarlos, les hizo retroceder en su marcha, desalojándo- 
los de esta provincia, en cuya ocasión se cogieron dos de los pira- 
tas, que por estropeados se hallaron en los caminos, y á quienes 
se preguntó qué motivos tuvieron para ejecutar la fuga á tan pe- 



INVASIÓN DE COSTA-RICA. 405 

quena oposición, como se les habia hecho, y aseguraron habérse- 
les manifestado á la vista un ejército numeroso, y por lo que des- 
pués acaeció se tuvo por milagro cierto, ejecutado por disposición 
de la Reyna de los cielos nuestra Señora del pueblo de Ujarraz. 

Si semejante evento se refiriese al diez y siete de julio, vendría 
bien con las fechas del testimonio que está á la vista: pues se- 
gún él, el dia doce de agosto con nuevos avisos que tuvo el pre- 
sidente, convocó junta de guerra á que concurrieron el obispo, oi- 
dores, oficiales reales, alcaldes ordinarios, alcaldes mayores y al- 
gunos capitanes y vecinos visibles de la ciudad, á la cual mani- 
festó, que con las muchas presas que hacían los ingleses en las 
costas de Tierra firme y Nueva-España, y saco que sufrían los luga- 
res marítimos, se habian repetido órdenes para tener la tierra en 
defensa, y dándole cuidado ver las provincias de su cargo á tan- 
to riesgo de que el ingles con número de gente vuelva á subir 
el desaguadero como lo prometió; y aunque varió de intento, 
pareciendole que en los raudales de dicho rio no había agua 
bastante para subir con embarcaciones de llevar número de 
gente, como lo ay en casi todo el discurso del invierno, re- 
solvió penetrar las montañas de Costa-l\ica, y llegar hasta el pue- 
blo de Turrialba, siete leguas de la ciudad de Cartago, habien- 
do andado 38 con 700 hombres al mando del eoronel Mastled, 
cuya retirada, si no fué milagrosa, se debe tener á suma dicha, 
pues con la noticia que le dio una india de estar nuestra gente 
aguardándole en pasos estrechos, sin mas causa resolvió dicho 
coronel su retirada contra el parecer de sus capitanes, y se em- 
barcó, dejando nuestros prisioneros, con ánimo de volver á ocu- 
par dicha ciudad de Cartago, y puerto de la Caldera del mar del 
sur con mas grueso de gente, como se verifica en cíutas y otros 
instrumentos, de que resulta haber saqueado y quemado el pue- 
blo de Veragua, y tomado la isla de Sta. Catarina y otras (jue 
están á la mano en la costa de esta provincia y la de INicara- 
gua, para estar en ellas con ánimo de proseguir en el intento 
de ocupar una de las dos provincias, por estar mas indefensas, 
y ser mas importantes para ser dueño de entrambos mares. Com(» 
quiera que tiene á su cargo el gobierno y defensa de dichas pro- 
vincias, há resuelto ir en persona á Granada, sin reparar en sus 
años, remitiéndose de esta ciudad dos compañías voluntarias pa- 
gadas, y si fuere necesario otra de San Salvador, y que los gas- 
ToM. 2. (ló) 



406 CAPÍTULO LX. 

tos y sueldo se pueda y deba suplir de hacienda real. 

El oidor Garate dio su parecer, confesando el riesgo en que 
estaban aquellas provincias, y lo dificultoso que sería recobrarlas, 
creciendo el recelo con haber penetrado el enemigo en la provin- 
cia de Costa-Rica, aunque siempre como ladrón ratero, sin arres- 
garse, deseando solo un descuido, como lo hizo en Granada; pe- 
ro que le parecen bastantes las providencias dadas, y no el que 
caminen las compañías á Nicaragua, donde solo en Granada hay 
mas de 400 iiombres que pretendan tomar armas, y mas de 1500 
en toda ella, que pueden disciplinarse alentándolos sus cabos, que 
en la provincia hay armas suficientes, pues á mas de las que ha- 
bla, se han llevado otras, y todo género de munición, y que la 
materia de gastos de hacienda debia verse en junta de ella. 

El obispo Ribera en el suyo dice, que si es ó no invasión la 
del enemigo no debe discurrirse, sino ver que ya entró y saqueó 
Granada, que penetró en las montañas de Costa-Rica hasta las cer- 
canías de Cartago, y que se apoderó de la isla de Sta. Catarina, 
con que ya tiene casa propia muí cercana, y cierto que no la quie- 
re para solo estarse en ella, ni debe reducirse á cuestión, que de- 
ban hacerse las prevenciones necesarias contra el enemigo, ó que 
para el caso presente esté reservada la real hacienda, según las 
cédulas deS. M. 

Vistos todos los pareceres por su señoría del señor presidente, 
dijo que se conformaba con ellos, menos los de los señores oi- 
dores de la real audiencia; y convocó junta de hacienda: en la 
cual, lo mismo que en la pasada, se advierte una reñida contro- 
versia, substituida á las campañas, que así para recobrar la pre- 
sa, como para repeler al enemigo, fueron de desear en Nicaragua 
y Costa-Rica; y en fin, á lo menos ella muestra por una parte, 
como se trataban las materias de hacienda y los asuntos de guer- 
ra, y por otra el contrapeso recíproco de autoridad establecido 
entre el gobierno y la audiencia. 

Celebrada la junta el dia 17 de agosto, el oidor Garate dijo, 
que según las órdenes de S. M. solo quiere se gaste de su real 
hacienda en casos de invasión actual, como fué la de Costa-Rica 
según se declaró en junta habida para ello, mas no en preven- 
ciones de invasión contingente y dudosa como la presente, y así 
no es de parecer se saquen dineros para prevenciones por im- 
portantes que parezcan. 



INVASIÓN DE COSTA-RICi. >I07 

El presidente dio el suyo diciendo, que según el sentido de las 
cédulas, antes de ahora era llegado el caso de valerse de la ha- 
cienda real para tener en defensa las dos provincias como lo 
encarga S. M. á que se sigue que no puede haber defensa sin 
prevenciones, ni prevenciones sin gasto, particularmente en pro- 
vincias sin gente, donde las que hay son sin disciplina y menos 
resolución en sus ánimos, para librar en ella la defensa de pro- 
vincias las mas importantes que S. M. tiene en las Indias, y las 
mas fáciles de ocuparse por el enemigo, y las que si llegara el 
caso, que Dios no permita, sería muy dificultoso recuperar, aun- 
que se apliquen todas las fuerzas y caudal de las Indias, y con- 
sidera firmemente no ser del servicio de S. M. que se aventure 
su defensa, por escusar gastos leves de hacienda real, ni que 
deba escusarse de ocurrir á la ocasión, según la instancia de los 
gobernadores y de todas las demás personas que discurren en la 
materia, menos los señores de la real audiencia, que conforme 
su mucha inteligencia y zelo son de otro parecer. 

Sin embargo, el presidente no tomó resolución, y en ese esta- 
do pasaron 40 dias. Entre tanto, los gobernadores por repetidas 
cartas pedían socorro, y para conferir lo conveniente al real ser- 
vicio, convocó nueva junta de hacienda para el dia 27 de setiem- 
bre, poniendo á votación cuatro puntos: l^si enfermándose y mu- 
riendo la poca gente que tiene el gobernador de Costa-Rica se 
le enviarán cien hombres que pide pagados, y de donde: 2° si es- 
tando falta de pagas la poca gente que el de Nicaragua tiene cu 
la guarnición del rio, por no ser suficientes los medios destina- 
dos para ello, y recelar lo dejen solo, podrá gastarse lo preci- 
so é inescusable de hacienda real: 3" si las noticias de invasión 
son vagas, para escusar las prevenciones y gastos, y si persistien- 
do en la costa el enemigo, yendo y viniendo, para hacer lo uno 
y lo otro se deba aguardar al tiempo que vaya entrando y pe- 
netrando la tierra, estando los socorros tan distantes que no lle- 
guen tarde; y 4" si por no gastar alguna parte de bacienda real, 
y según el estado que tienen los fuertes y su guarda, deba poner- 
se á contingencia una de las dos provincias ó entrambas, á ries- 
go que para recuperarse sean necesarias fuerzas de estos reynos 
y de los de España, con mayor detrimento de la hacienda real. 

En la junta, el oidor Garate, cuanto al primer punto, expu- 
so que el socorro sería bueno para provincia como la de Costa- 



408 CAPÍTULO LX. 

Kica tan falta de medios; pero que según las órdenes de S. M. 
no se puede gastar cosa alguna en presidios de gente ni otros gas- 
tos concernientes, sino en caso de invasión actual, y esta no la 
hay en dicha provincia, aunque la ha habido; y se recela que la 
aya, como se recelan otros males que son contingentes, y así el 
socorro lo juzgaba útil, si su señoría halla como, sin tocar á la 
real hacienda. 

En orden al segundo, relativo á Nicaragua, expuso, que los fuer- 
tes según su estado no -están ni aun casi empezados, y se ha gas- 
tado mucho mas de lo que se juzgó podían gastar, y los medios 
adoptados para ello no se sabe lo que han producido, ni enta- 
blados de modo que rindan todo lo que pueden rendir, y en es- 
ta parte no se puede negar que ha habido omisión en los encar- 
gados, y es preciso acomodarse á lo que fueren rindiendo, Ínterin 
que S. M. con las noticias repetidas de las invasiones ordena lo 
que mas convenga, no pudiendo gastarse cosa alguna de su real 
hacienda en presidiar y fortificar provincias, salvo en defender- 
las en caso de invasión. 

En orden al tercero, sobre si las noticias de invasión son va- 
gas, dijo, que hasta ahora el enemigo ha llegado como ladrón 
y cosario, y no como soldado, y no por estos recelos podemos 
extendernos á gastar el caudal corto que S. M. tiene en estas 
provincias. En fm, acerca del cuarto, sobre fiar las provincias á la 
contingencia, expresa, que debemos estar prevenidos y en vela, 
la gente prevenida y ejercitada, con armas y municiones, con 
vigías y atalayas, lo cual se ha ejecutado con repetidas órdenes, 
y con hacer lo que podemos, parece cumplimos exactamente con 
nuestra obligación, que las contingencias, malos sucesos y casos 
fortuitos que después de esto sucedieren, no podrán correr por 
nuestra cuenta. 

El oidor don Diego Val verde adoptó este parecer: también le 
siguieron el oidor don Sebastian Caballero de Medina, y el fiscal 
don Pedro de Miranda Santillan, y por último el tesorero don Da- 
mián de Ochaita. 

El presidente dijo entonces, que según la importancia de man- 
tener estas provincias, no puede concurrir con lo votado por la ma- 
yor parte, fundándose en la inteligencia que da á los despachos de 
S. M. vistos en la junta, en el sentir general de cuantos ha oído 
discurrir,, y aun de los mismos señores de la real audiencia, con 



INVASIÓN DE COSTA-RICA. 409 

que no esta reducida á opiniones, y siendo principio llano y asen- 
tado que no pueden hacerse gastos de hacienda, sin que preceda 
invasión, y no siendo fácil en ocasión tan violenta poder detener al 
enemigo con solo en aquel frangente hacer gastos de hacienda real, 
con ocasión del riesgo que considera, ha resuelto partirse á Grana- 
da, con setenta años de edad y achaques, á exponer la vida, re- 
servando lo que pudiera añadir, y de lo que hiciere dará cuenta á 
S. M. con lo que se acahó la junta, y rubricaron. 

Así cesó la controversia suscitada entre el presidente y la au- 
diencia, pero no tan del todo, que no asomase otra especie de en- 
cuentro entre la una y el otro, que pudo afortunadamente desva- 
necerse á favor de las ocurrencias del tiempo. Porque al dia siguien- 
te 28 de seteimbre nombró el presidente al oidor G arate auditor de 
guerra y superintendente de los medios destinados á la fortificación, 
para que le acompañase en la jornada, y cuidase de su estableci- 
miento y buena inversión. Este no fué un negocio tan llano ni de 
tan fácil expedición que no lo demorase algunos dias: pues pai*e- 
ciendo á Garate lo uno y lo otro ageno de su magistratura, sién- 
dole notificado el nombramiento, suplicó se le escusase de su ad- 
misión: el presidente decretó se estuviese á lo mandado: Garate a- 
peló á la audiencia; y ésta otorgó la apelación. 

Las personas cuerdas, á quienes desagradaba esta diferencia, 
comenzaron á ver en la jornada nuevos inconvenientes. El ayun- 
tamiento de su parte, en junta ordinaria de 12 de octubre, nombró 
diputados que fuesen á representar al señor presidente la falta que 
su persona hacia en la ciudad cabecera del reyno, donde ocurriau 
todos los negocios, y ser bastantes las providencias y prevenciones 
hechas á cargo de personas de suposición para resguardo de las 
provincias, y que en un viage tan largo por distintos climas expo- 
nía su salud y el buen gobierno que disfrutaba. Eu esta coyuntura 
se tuvo noticia de nuevo presidente que venia, don Sebastian Al- 
varez Alfonso señor de la casa de Caldas y caballero de la orden 
de Santiago, y llegó á los tres meses. INo fué menester mas para que 
el señor Meneos desistiese de la jornada, y tratase de ^ <^'^ ♦''•^" <"»- 
mo se volvió, á España. 



no 



CAPITULO 61. 

Prisión del ^olieruacloi* l^ialiiias* 

Los humos de semejante triunfo parece duraban á la audiencia 
cuando recibió al señor Alvarez. Este presidente en su llegada, ha- 
ciendo mansión en el pueblo de Jocotenango el dia 1 7 de enero de 
667, desde allí envió sus despachos al acuerdo, donde recibidos el 
dia 18, hizo alto el oidor Garate en que solo venian los de presi- 
dente de la audiencia y capitán general para lo de guerra, y no el 
de gobernador: por lo que el fiscal Miranda pidió que solo fuese 
posesionado de la presidencia y capitanía general, y declarado vaco 
el gobierno, entrase á gobernar la audiencia. Se prolongó la cues- 
tión hasta el dia 2 1 , en que remitiendo el despacho que tenia para 
tomar residencia á su antecesor, y por ello corresponderle el go- 
bierno, se acordó la posesión de todos oficios. 

La jornada del señor Meneos á Granada, aunque no sucedió, 
el rumor de ella, desde agosto en que la habia emprendido, se 
difundió en Nicaragua lo bastante, para enardecer los trabajos 
de la fortificación. El oidor Garate, en la carta que vá menciona- 
da al rey, escribe. Aun los mesmos enemigos de el dicho don Juan 
confesaban el que todo el tiempo que estuvo en el gobierno tra- 
bajó incesantemente por la defensa de aquella provincia, especial- 
mente en la fuerza que fabricó tal cual sea, donde cuatro ó cinco 
meses dicen por público, no se desnudó ni de dia ni de noche, sien- 
do el primero que trabajaba, usando de todos los oficios concernien- 
tes á dicha fuerza, por mecánicos que fuesen. Así mismo hablan- 
do de la orden que tuvo este gobernador, para hacer una fuerza en 
las bocas del rio de San Juan, que asistida de cuarenta ó cincuenta 
hombres, pudiese resistir al enemigo, dice: lo cual puso por obra 
en la forma que pudo, haciendo una fuerza, no en las bocas del rio, 
sino en otra parte y sitio que le pareció á propósito. 

Como fué preciso, continúa diciendo, para bajar á el rio ausen- 
tarse de la ciudad mas de cincuenta leguas, pareció conveniente al 
general Meneos nombrar persona que en Ínterin volvía gobernase 
las armas por los accidentes que podían suceder, nombró á don 
Francisco de Valdez, que á la sazón estaba por corregidor del par- 



PRISIÓN DE SALINAS. -1 M 

tido de Sutiaba en la misma provincia de Nicaragua, dándole por 
orden expresa en su título estuviese á la del dicho raaese de campo 
Salinas. 

De aquí se debieron originar algunas emulaciones y encuentros 
entre los dos, con que el dicho don Francisco de Valdez procuró 
por cartas y relaciones y otras diligencias afectadas desacreditar en 
todo las acciones del modo de obrar de el dicho maese de campo, 
y en este medio tiempo acabó su gobierno el general don Martin 
Carlos de Meneos, y se ausentó y entró á gobernar el presidente 
que hoy tenemos, el cual es cuñado de el dicho don Francisco de 
Valdez, con que así que tuvo noticia de la venida de su cuñado el 
presidente, se partió de la ciudad de Granada donde estaba para 
esta, procurando lograr el intento que habia comenzado de desacre- 
ditar las acciones del dicho maese de campo. 

Halló acojida en el presidente, y de la vista resultó que el pre- 
sidente porscripto hizo un como manifiesto en el acuerdo contra el 
dicho maese de campo don Juan de Salinas, diciendo, no haber 
guardado la orden y hecho la fuerza en distinto sitio, gastando en 
ella grandes cantidades. 

Con esto el fiscal se querelló ante el presidente, quien luego 
despachó juez amigo y parcial, conocido del dicho don Francisco 
de Valdez, y enemigo del dicho don Juan de Salinas, y al mesmo 
tiempo nombró por gobernador de la provincia de INicaragua á don 
Francisco de Valdez su cuñado, despojando y desposeyendo de he- 
cho al maese de campo que estaba gobernando, de tal forma que 
á un mesmo tiempo salieron de esta ciudad y fueron juntos y en 
compañía el pesquisidor y el gobernador intruso. 

Vino don Juan de Salinas á valerse de el recurso de esta real 
audiencia, donde se presentó en grado de apelación del despojo, y 
recusó al juez como enemigo suyo, pidiendo desembargo délos bie- 
nes que le habian embargado exediendo de su comisión. 

Mandó la audiencia fuese restituido á su oficio: dio ni juez por 
recusado, y que fuese á hacer esta pesquisa el doctor don Benito 
de Noboa Salgado, oidor de esta real audiencia, y hacer vista de 
ojos de la fuerza el sargento mayor Juan Míuíiucz Cabrera gober- 
nador y capitán general de la provincia de Comayagna, que á la 
sazón se hallaba en esta ciudad, y ambos á dos sujetos se habian 
ofrecido voluntariamente á ir. 

El presidente se exasperó sumamente de este decreto de tal for- 



-i 4 2 CAPÍTULO LXI. 

ma que recojió los despachos, sin permitir se entregasen á la par- 
te, y advocó en sí la causa sin parecer de asesor, y en virtud de 
autos que remitió el juez recusado, empezó el presidente sin pare- 
cer de asesor alguno á proceder contra el dicho don Juan de Sali- 
nas, prendiéndole, tomándole la confesión, y recibiendo la causa 
á prueba. 

Proveyó otros autos tocantes á la misma causa, y hizo empeño 
y propaló que porque el dicho don Juan de Salinas se habia venido 
á valer de la audiencia habia de tomar por su cuenta esta causa, y 
para poderlo hacer no quiso fiar esta diligencia de nadie. Y en es- 
ta consecuencia, dice otra carta de 20 de marzo, se rosolvió á ha- 
cer viage á la provincia de Nicaragua con pretesto de reconocer la 
fuerza, que el maestre de campo don Juan de Salinas habia hecho 
en el rio de San Juan. 

En carta de 10 de abril también de 668 los oidores Novóa y 
Gárate y fiscal Miranda dicen al rey, hablando del presidente: ha- 
biendo resuelto por sí mesmo el ir á la provincia de Nicaragua y á 
las bocas del rio de San Juan que dista de esta ciudad mas de 260 
leguas, y habiéndole requerido esta audiencia no saliese de esta 
ciudad por los graves daños que atrae á las provincias el movimien- 
to de un presidente con la mucha gente que k acompaña, no ha- 
biendo asentido á ello, hizo notificar á dicho doctor don Juan de 
Garate auto en que le mandó se dispusiese para ir con él á esta 
jornada. Habiendo supHcado de él con toda atención le hizo noti- 
ficar otro, que le obligó á refugiarse en la Compañía, y en este es- 
tado se trató de paces y se avino á ir asistiendo al presidente. 

El cabildo igualmente por acuerdo de 4 de noviembre, cor- 
riendo el año de 667, dispuso disuadirle por escrito, manifestándo- 
le los inconvenientes de su ausencia, los de un dilatado viage por 
malos caminos, con variedad de temples y riesgo de su salud: lo 
que calificado por el presidente de motejarle y darle forma de go- 
bierno, ordenó el dia 5 se celebrase cabildo extraordinario, y se- 
guidamente en él se notificase también á don Juan de Roa alcal- 
de ordinario mas antiguo y á Luis López de Andravide regidor, 
que le llevaron el pliego, se aliñen y apresten dentro de 24 horas 
pata salir con su señoría en su compañía el dia 7 inmediato: y aun- 
que lo cumplieron y salieron de la ciudad, se les mandó revolver 
en Petapa. 

Después de practicado el reconocimiento, dice otra carta de los 



PRISIÓN DE SALINAS. ÁÁO 

propios oidores de 20 de mayo de 68: al cabo se quedaron las co- 
sas de peor calidad que antes, reducido á opiniones y á confusas 
y vagas determinaciones el sitio donde se dice conviene hacer la 
fuerza para la defensa de la provincia de Nicaragua, sin que di- 
cha jornada se enderezase á mas que á ratificar los testigos de la 
información hecha contra el maese de campo don Juan de Salinas. 

El oidor Garate en su carta de la propia fecha dice: el segun- 
do motivo que hubo para esta jornada consistió en yr hacer perso- 
nalmente vista de ojos de el castillo ó fuerza que el dicho don Juan 
de Salinas fabricó en el rio de San Juan, y aunque es así que por 
las personas que le reconocieron, y se dice entienden de la mate- 
ria, se le hallaron algunos defectos considerables, pocas fuerzas, 
ay que dejen de tenerlos, si se empiezan á escudriñar, mayormente 
cuando el que obró no era ingeniero, ni de la profesión y hizo lo 
que pudo, y alcanzó. 

Toda esta jornada tan ruidosa y de tanto costo, dice todavía, se 
ha reducido á ratificar los testigos de una información, y á man- 
dar que don Juan de Salinas diese cuenta de el dinero que había 
gastado en dicha fuerza, y á ver y reconocer si 40 hombres que 
han de estar atrincherados en el rio de San Juan para su defensa 
estarán mejor en otro puesto que en él que hoy están: esto es so- 
lo lo que se ha obrado; y para esto sale un presidente ó mas de 
doscientas leguas, lleva arrastrado un oidor, saca de su provincia 
á el gobernador Juan Márquez Cabrera, sacó así mesmo al de Cos- 
ta-Rica, teniendo ya en la provincia de Nicaragua á el goberna- 
dor de ella don Martin Teiniño Bávila caballero de la orden de Ca- 
latraba. 

Kn carta que escribe la audiencia en 20 de junio de GG8 y fir- 
man el presidente Alvarez, los oidores Medina y Novoa y el fiscal 
Miranda, dando cuenta al rey de diferentes materias, llegando á la 
presente, dicen. Por noviembre del año pasado de 07 salió de esta 
ciudad el presidente don Sebastian Alvarez Alfonso á reconocer i-i 
castillo que se habia fabricado por el maestre de campo don Juan 
de Salinas para la defensa de la provincia de Nicaragua, examinar 
sus gastos por quejas que le habían venido, advertir el sitio, su 
disposición y alcance para la mos(iuetería y discurrir á las bocas 
de San Juan y Taurc y tocar con las manos á fuerza de muchos in- 
convenientes, si convenia ó no fabricar en cada una de ellas, la 
fortificación que se habia mandado hacer y dotar por juntas de 

TOM. 2. (IC) 



4 14 CAPÍTULO LXI. 

guerra y hacienda. 

Fué de tanta importancia su jornada, que se le hubieran gas- 
tado á V. M. muy gruesas cantidades de su real hacienda: por 
que los efectos destinados y muchos mas que hubiesen no eran 
bastantes con manifiesto desperdicio y mal logro del intento que 
era la defensa y resistencia á el enemigo en sus invasiones. 

Halló su cuidado un sitio, registrándolos todos, en el Raudal 
que llaman de Santa Cruz, el mas apropósito, cercano para los 
socorros y avisos, y el mas libre de los peligros é inclemencias de 
aquel rio, de que dará cuenta á V. M. con mas claridad y dis- 
tinción como quien lo vio á costa de su hacienda y en conocidos 
riesgos de su vida, si bien le ayudó mucho la inteligencia y ex- 
periencia del capitán Martin de Andujar, persona de toda satis- 
facción, ingeniero y con zelo del servicio de V. M. Todo parece- 
rá de los autos que remite el presidente. Al fin del artículo si- 
gue esta nota. En cuanto á la importancia de esta jornada no 
se ajustaron á lo referido el doctor don Benito de Noboa, y el fiscal. 

Por este tiempo recibió el presidente Alvarez cédula de 24 de 
enero 668, en que se le ordena mande sacar al oydor Garate 500 
pesos de multa por haber desobedecido y apelado la orden del 
presidente Meneos para que le acompañase en la jornada á Ni- 
caragua; y mas adelante vistas en el consejo las caitas que van re- 
feridas, y los autos que en ellas se mencionan, acordó en 23 de 
febrero de 669 sobre los de Salinas que informase el presidente 
Alvarez, y sobre los de fortificación, que con lo que informase el 
general Meneos se llevasen al consejo de guerra. 

Entre tanto la costa no estaba libre de piratas. Alcedo refiere 
que la isla de Santa Catalina tomada por Juan Morgan, inglés, 
fué recobrada por el maestre de campo don Juan Pérez de Guz- 
man gobernador de Cartagena; pero mas pronto el mismo Juan 
Morgan invade Portobelo en 668, y en 671 saquea y quema la 
ciudad de Panamá dia 27 de enero, siendo entonces presidente go- 
bernador y capitán general de ella el propio don Juan Pérez de 
Guzman. Motivo por que lo depuso el virey del Perú conde de 
Lemos, y la ciudad se trasladó á distancia de una legua, y dio prin- 
cipio á su fortificación don Alonso Mercado de Yillacorta. Ella es, 
añade Alcedo, irregular y poco defensa. INo es mucho pues que lo 
fuese la de San Carlos de Austria, así llamada la construida por 
Salinas en el rio de San Juan. Ximenez, en el mismo lib. 5 cap. 



PRISIÓN DE SALINAS. ÁVi) 

21, escribe: por el mes de agosto de aqueste año de 70 entró el 
enemigo otra vez en Granada, y la saqueó. 

Lacayo, en representación de 759 hace, la misma relación, aña- 
diendo que dada noticia de ello á la corte, la reyna gobernado- 
ra, en cédula de 29 de octubre de 771, dice á la audiencia. Por 
despacho de la fecha envió á don Fernando Francisco de Escobe- 
do, á quien tengo nombrado para que gobierne en ínterin esas pro- 
vincias, vaya en persona á reconocer la boca del rio de San Juan 
en la de Nicaragua, y disponer la fortificación que fuese necesa- 
rio hacer en ella, para impedir y defender su entrada. El ac- 
ta de 26 de noviembre de 672 refiere haber entrado en cabildo 
de esta fecha á despedirse para la jornada. Juarros escribe: pasó 
personalmente á Nicaragua el Sr Escobedo, reconoció el puerto, man- 
do construir y fortificar el presidio, é hizo las ordenanzas para su 
gobierno, que firmó en Granada á 20 de marzo de 73. Poco des- 
pués se concluyeron los trabajos, y se hizo fiesta en Granada, en 
que hubo sermón, que se imprimió en Guatemala: el rótulo di- 
ce: por haberse acabado este presente año de 1675 en el rio S. 
Juan la fábrica del castillo con título de N. S. de Concepción, á 
diligencia y cuidado del gobernador de las armas y de lo políti- 
co teniente de capitán general don Pablo Loyola: en el cuerpo 
del sermón suena, que fué asentado en frente del Raudal de Sta. 
Cruz, que ayuda á su defensa, y lleva su plataforma un caba- 
llero y cuatro baluartes. Las ordenanzas, añade Juarros, fueron 
confirmadas por cédula de 5 de junio de 085, sin duda relativas 
á la guarnición, su reemplazo y surtimiento. Ximonez lib. 5 cap. 

22, después de repetir la invasión del enemigo y saqueo de Grana- 
da, entrando por el rio de San Juan, añade: agora con el castillo 
que en el rio fundó el señor Escobedo, siendo presidente, se ha 
remediado aquel daño. 

— ^•'•»í^ooo»:í««— — 

CAPÍfLLO G2. 

S^liliiisUf^iTM. 

Jamás la piratería habia sido doctrina de unn secta, ni la pro- 
fesión de un pueblo tomado colectivamente, hasta mediado el si- 



A\(} CAPÍTULO LXII. 

glo 1 7 en que se dieron á conocer en el mar de las Antillas los 
Bucanieres, y luego los Flibustieres. Llevaron aquel nombre, dice 
Alcedo, los primeros colonos franceses establecidos en la isla Es- 
pañola el año de 660. Su denominación viene de la voz Bucan, 
que daban al campo destinado á secar la carne y los cueros de 
las reses que mataban, donde vivian de dos en dos, en perfecta 
comunidad, sin admitir mugeres, entregados á la casa, y dándo- 
se mutuamente todos los auxilios con perfecta participación de 
bienes. Sin otra religión que la memoria de la creencia de sus pa- 
dres, sin otra profesión que la montería, sin mas comida que la 
que ella brindaba, ni mas vestido que una camisa manchada de 
sangre, unos calzones sucios que adquirían á cambio de cueros, 
tendían á la barbarie de los cafres y otentotes, hasta que ostiga- 
dos de este género de vida, preferían el de los flibustieres. 

Estos eran los bucanieres de Santo Domingo, esta su situación, 
cuando los españoles emprendieron echarlos de allí, y cuya guerra 
al principio les fué favorable; porque yendo en pequeñas partidas 
á cazar, era fácil sorprenderlos, y así mataron á muchos, y hicieron 
prisioneros á otros, y extinguidos después de muchos combates, 
se agregaron los pocos que habían quedado á los flibustieres. 

Flibustieres, escribe al mismo Alcedo, es el nombre de los cor- 
sarios, ó mas bien piratas, que de todas las naciones se estable- 
cieron en la isla de Santo Domingo con el nombre de Bucaniers: 
algunos, que no estaban contentos con aquella vida, se juntaban 
en número de cuarenta ó cincuenta, compraban una barca, y e- 
legian un comandante, con el cual salían á robar y piratear cuan- 
tas embarcaciones encontraban: con esta facilidad de hacerse ri- 
cos, y libertad de vivir en los vicios mas abominables se aumen- 
taron considerablemente, y hechos dueños de la pequeña isla de 
Tortuga, y de algunas embarcaciones considerables, empezaron á 
atacar los puertos y costas de los españoles, cometiendo en ellas 
las mayores atrocidades. 

El traductor español de Van-der-velde, en el prologo de la no- 
vela americana El Flibustero: así llamaban, dice, la profesión de 
los piratas, que en un tiempo sembraron el terror en los mares 
de la América occidental, y cuyo atrevimiento feroz fué tal, según 
todos los historiadores, que de simples corsarios llegaron á ser 
el espanto del género humano, asaltando y abordando, no sola- 
mente los galeones de España, y otros muchos buques, sino va- 



TLIBÜSTIERES. 417 

rias ciudades, quemándolas, saqueándolas, y cometiendo toda suer- 
te de crímenes; pero al mismo tiempo solian también ser gente 
de valor tan bizarro, que mas de una vez ganaron batallas, y ven- 
cieron ejércitos numerosos, particularmente á los españoles, con 
táctica y serenidad tan bien dirigidas, que hubieran honrado aun á 
los mas distinguidos campeones. Estos mismos piratas, conocidos 
bajo el nombre francés de flibustiers, que nosotros gramaticalmente 
hemos traducido flibustéros, hubo ocasión en que, ya recibiendo 
subsidios, ó ya aceptando por medio de su carta blanca de cor- 
so, et cet, el inmenso botin que les producían sus expediciones 
marítimas, y terrestres, ganado casi siempre á costa de mucha san- 
gre de los vencedores y vencidos, se vendieron como auxiliares 
de varias naciones [ no las nombraremos ] que no tuvieron re- 
paro ni rubor en despachar sus patentes á unos hombres que to- 
do el mundo debia considerar como una verdadera plaga, muí 
digna de ser extinguida por todos los medios posibles. Pero ¡ta- 
les son los hombres que jamás cesarán de inventar medios pa- 
ra destruirse I 

He aquí la calamidad, que devastó la costa toda de las pro- 
vincias de Guatemala á fines del siglo 17, y principios del IS: pues 
aunque las embarcaciones y costas de los demás establecimientos 
españoles estaban expuestas en general á su depredación, las del 
reyno de Guatemala, frontero y mas cercano á su domicilio, y 
con menos resguardo de todo género, estuvo sugeto especialmen- 
te, y mas que otro alguno á sus estragos. 

El propio escritor refiere que Lord Windsor, gobernador de 
Jamayca, permitió á los flibustieres domiciliarse en la isla, y que- 
jándose la corte de España de las piraterías y robos que hacían 
protegidos por él, fué separado del gobierno el año de 1063. De 
Tomás Moddyford, su sucesor, expresa, que en su tiempo cobró 
su mayor auge esta colonia, porque fomentó las plantaciones, 
y establecimientos, y á los piratas que con sus robos enriquecieron 
la isla. El gobernador Tomás IJnch, que siguió los pasos de su 
antecesor, comisionó al pirata Morgan en las expediciones (|ue hi- 
zo contra los españoles á Maracaibo, Granada, Panamá, Portobe- 
lo y Chagre, y dio motivo á que las vivas representaciones de la 
corte de España á la Inglaterra lo separasen del gobierno el año 
de 1G73. Un sumario de cédula de 22 de agosto de 677, dice: que 
para el reconocimiento de los nos y paragcs por donde el enemi- 



^^8 CAPÍTULO LXII. 

go entró á saquear la nueva Segovia, fué enviado por el presiden- 
te el oidor don Gerónimo de Viga y Vega, encargándole ponga todo 
el resguardo necesario en aquella provincia, y dé cuenta de lo que 
ejecutare, para resolver lo que mas convenga á su defensa y se- 
guridad. 

La costa del sur, aunque mas remota por haberse de doblar el 
estrecho de Magallanes, no estuvo menos expuesta, porque inde- 
fensos sus puertos, vedado en esta época el comercio con los rey- 
nos vecinos, extinguida del todo su navegación, y desiertas sus pla- 
yas de embarcaciones, quedó desmantelada y abierta, y sus pobla- 
ciones y haciendas sugetas al pillage y devastación. 

Después de tomada y quemada Panamá la vieja el año de 671, 
avistándose embarcaciones enemigas en la costa de Nicaragua y Cos- 
ta-Rica, se dispusieron fuerzas para su defensa, acudiendo gente 
de Guatemala, á cuya reunión concurrió don Melchor de Meneos 
con su persona y el sueldo de 20 infantes, que se mandaba re- 
cibir en la caja por auto de 13 de febrero de 671. Descubiertos 6 
navios de alto bordo de enemigos el año de 683, y apercibiéndose 
gente para la defensa, el mismo Meneos y el gobernador don Juan 
Gonzales Batres sustentaron igualmente sobre las armas 50 hom- 
bres, durante el peligro, según certificación del presidente Augurto 
de 25 de octubre del mismo año. 

El señor Haya, gobernador de Costa-Rica, en informe que dá al 
rey de muchas cosas concernientes á la provincia en 1 5 de marzo 
de 1719, entre otras dice: en los años de 1681, y en el de 1686 en 
el puerto de la Caldera y ciudad de Esparza de la parte del sur de 
esta provincia entraron los corsarios Charpe y otro, que quemaron 
y robaron aquella ciudad, y se llevaron algunas personas de todos 
sexos, las cuales después por el rescate de mil pesos volvieron á 
echar á tierra: de estas dos ocasiones tuvieron por conveniente, y 
por no experimentar otras, el retirarse á vivir en los campos de 
Bagaces y Landecho: razón por qué desde entonces á quedado aque- 
lla ciudad despoblada. 

En informe que dá al superior gobierno el señor Tristan obis- 
po de Nicaragua á 18 de marzo de 1783, escribe. En el mismo ca- 
mino real que de Nicaragua vá para Cartago se hallaban dos nu- 
merosos pueblos de indios: el uno en el sitio de Aranjuez y el otro 
en el de Garavito. Por los antiguos asientos que del siglo pa- 
sado se hallan en los Ubros de las reales cajas consta, que estos 



FLIBÜSTIERES. ^ \ 9 

pueblos se componían de muchos miles de indios contribuyen- - -' 
tes. En el año pasado de 1685 entraron los ingleses por el puer- 
to de la Caldera en el mar del sur, saquearon, quemaron y destru- 
yeron la famosa ciudad de Esparza, que babia sido cabeza de la 
provincia de Gostarrica, y por su puerto facilitaba el útil comer- 
cio con el Perú y Tierra firme del reyno de Panamá. Los indios 
de Aranjuez y Garavito, huyendo de la invasión de los ingleses, y 
de la injusticia con que hacían esclavos á los indios prisioneros, se 
retiraron á la cordilleria de la montaña, y en el dia solo se ven 
algunas pocas casas, y muchos vestigios de las dos poblaciones. 
Juarros, hablando de la ciudad de Esparza, dice: habiéndola sa- 
queado un pirata francés, el año de 1670, se esparcieron sus mo- 
radores en la tierra adentro, y quedó despoblada hasta el dia de 
hoy. Puede haber sido el año de 85. Una información de la cu- 
ria de León atribuye al dia de San Bartolomé la toma de la ciu- 
dad de Zana en Panamá por el sur en este tiempo. 

Alcedo, describiendo la ciudad de León, capital de la provincia 
de Nicaragua, refiere que á vista de un cuerpo de tropas que no 
pudieron impedirlo, la saquearon piratas ingleses; aunque no acier- 
ta á dar el año, pues dice 1585 en vez de 1685. Luego, hablan- 
do del Realejo, dice: esta ciudad ha padecido mucho en repe- 
tidas invasiones, que ha experimentado de los piratas la centu- 
ria pasada. 

Don Gerónimo de la Vega y Lacayo, sargento mayor de Gra- 
nada, en representación hecha al rey en 10 de enero de 17 59, 
que corre impresa, hablando del propio lugar, dice. Esta ciudad 
sería sin duda la mas opulenta de la provincia, a no haber sido 
saqueada tres veces, las dos por el rio de San Juan, y la otra 
por Escalante, puerto situado en la mar del sur veinte leguas dis- 
tante: desembarcó en él á 7 de abril de 1685 un pequeño nume- 
ro de ingleses y franceses, no ascendían á cuatrocientos: noticio- 
sos los espafioles de esta novedad, hicieron sus preparalixos para 
defenderse, formando en la plaza una trinchera cuadrada con ca- 
torce cañones y seis pedreros: á las dos de la tarde del dia nue- 
ve se acercó el enemigo á ella, doblando para esto sus marchas: 
una emboscada le hizo detener el paso, y perder un hombre: co- 
menzó á atacar la trinchera, y en breve tiempo la asalto, y se 
apoderó de la plaza: al día siguiente propuso a su vecindario su 
rescate, y que de reusarlo sería entregada al fuego: creyó este ser 







«^20 CAPÍTULO LXII. 

amenaza, y no trató de redimirla, hasta que vieron arder la igle- 
sia del convento de San Francisco, y diez y ocho casas princi- 
pales: causado este daño, se retiró el enemigo, sin mas pérdida 
que la de trece hombres. 

Guembes de Villa-nueva, cura rector de Granada, certificando 
en 18 de abril de 734 la confirmación del V. P. Ovando, deplo- 
ra las mutilaciones del archivo de su iglesia, estrago de tres in- 
vasiones de enemigos por el norte y por el sur. La información 
instruida en la curia episcopal de León por decreto de 1 3 de fe- 
brero de 744, expresa que á Granada entraron por Escalante, pa- 
sando en regreso por Masaya y otros pueblos, hasta salir por Ma- 
sachapa; y que en León entraron por el estero del fuerte, especi- 
ficando una declaración que al aviso de la vigía en la sorpresa 
de la ciudad tocó la caxa de guerra doña Paula, muger de don 
Antonio del Real, y que uno de los prisioneros tomados por el ene- 
migo fué el presbítero licenciado don Francisco de Ovando. 

La misma capital del reyno estuvo cerca de ser amenazada de 
los piratas. En despacho librado al propio Meneos de general en 
la expedición del Peten de que se ha hecho mérito, dice la real 
provisión: por los cuales fuisteis nombrado por comisario general 
de la caballería de la dicha mi corte y sus contornos, como pare- 
ce de mi real título de 6 de setiembre de 1685, en cuyo tiempo 
mi presidente gobernador y capitán general, que á la sazón era, 
tuvo diferentes noticias de enemigos, y de haber invadido la pro- 
vincia de Nicaragua, entrado y quemado la ciudad de León y la 
villa y puerto del Realejo, y que sus designios eran invadir la di- 
cha mi corte por la barra de Istapa de la jurisdicion de Escuin- 
ta, y resolvió con consulta de la junta general de guerra hacer 
plaza de armas en el pueblo de Escuinta. 

Para lo cual se convocaron las compañías de gente española y 
parda de aquel partido, tres de la de dicha ciudad de Goateraala 
y cinco del valle de ella, y salisteis de la dicha ciudad como tal co- 
misario general de la caballería á asistir á dicha plaza de armas, 
donde estuvistes gobernando como cabo principal las compañías 
que iban llegando, y de orden de dicho mi presidente en los pa- 
sos estrechos por donde el enemigo podía tomar la marcha hicis- 
teis y fabricasteis trincheras asistiendo á todo lo referido con la 
prontitud, zelo, actividad y cuidado que manifiesta el testimonio 
dado por mi escribano mayor de gobernación y guerra á los 13 de 



FLIBÜSTIERES. J{2\ 

noviembre de 685, hasta que á los 23 del mismo mes fuistes lla- 
mado por el dicho mi presidente. 

Después hayándoos de alcalde hordinario mas antiguo de la 
dicha ciudad de Goatemala y corregidor de su valle, tuvo noti- 
cia mi presidente de aquel reyno de haber entrado por el rio del 
Golfo-dulce del mar de el norte 21 piraguas de enemigos encami- 
nándose á el rio que se comunica con la provincia de la Vei-a- 
paz, y os nombró por gobernador y cabo principal de las tro- 
pas y gente que habia de ir á la oposición de dichos enemigos, 
y os mandó que con la mayor brevedad salieseis para la dicha 
provincia haciendo que raarchaBen aceleradamente á ella dos com- 
pañías, con cuyos soldados y la demás gente de el país que os 
pareciese observaseis los movimientos y desinios de los cosarios 
y les impidieseis las ostilidades que intentasen, como mas larga- 
mente lo contiene el despacho de 1» de henero de 68 G. 

Las ciudades de la provincia de Honduras no estuvieron me- 
nos perseguidas en esta época y por rumbos tampoco esperados. 
Una cédula remitida al presidente Barrios Leal en 3 1 de diciem- 
bre de 689, dice. A las noticias que me participaistes en carta de 
29 de setiembre de 1688, añadís, que habiéndose juntado con 
los piratas del mar del norte los que salieron de la del sur por el 
rio de la Segovia, entraron en el Valle de Trujillo por el rio A- 
guan, incógnita hasta entonces su navegación, y echaron en tier- 
ra 400 hombres, que se dividieron en dos trozos, y que los u- 
nos se encaminaron á robar a Trujillo, y los otros á saquear á 
Olancho, que estos últimos se perdieron en el monte, y no pu- 
dieron lograr la empresa, pero que los primeros la consiguieron 
con grandes atrocidades, y se llevaron al teniente de gobernador, 
veintidós mugeres, y otras personas, apreciando su rescate en cin- 
co mil pesos. 

También tocó la devastación á la frontera de Costa-Uií-a: pues 
sigue diciendo la cédula, con referencia á la carta, que en una 
embarcación de Panamá tuvisteis noticia haber entrado en el es- 
cudo de Veraguas por un rio incógnito 60 piratas que robaron 
á Chiriqui, azotando al gobernador, y haciendo otras maldades, 
llevaron cantidades considerables de plata y otras alajas, y vol- 
vieron á salirse al mar del norte, sobre ((ue ponderáis el gran cui- 
dado que debe dar, que piratas traginen esta senda; y concluis 
con que el gobernador de la escuadra de corso de Lima queda- 
TOM. 2. (17) 



422 CAPÍTULO LXII. 

ba despachado para hacer su \iaje en busca de los enemigos, y 
que para su despacho habia supHdo mi real hacienda en Guate- 
mala mas de 1 3 mil pesos con calidad de reintegrarlos en la ca- 
ja de Panamá al primer despacho de galeones. 

Alcedo, continuando la relación de gobernadores de Jamay- 
ca, dice. El duque de Aberaarle, enviado con particular comi- 
sión de exterminar los piratas, lo hizo así, mandando ahorcar á 
cuantos pudo haber á las manos, cuyo beneficio produjo la tran- 
quilidad en las costas y puertos de los españoles, y grande a- 
plauso á este gobernador, que murió el año de 1689. En cédula 
de 14 de noviembre de 690, se rentievan otras de 85 y 86, por las 
cuales se ordena que los cabos de piratas apresados en las Indias, 
sean ahorcados ó pasados por las armas, y los demás prisioneros 
remitidos á España, sentenciados á galeras. Pero en las provin- 
cias de este reyno no ocurre en este tiempo ejemplo alguno de 
castigo, ni presa de esta clase. Todavía en cabildo de 2 de mar- 
zo de 1721, se anuncia que en la ciudad de San Miguel, estando 
el enemigo ingles en la mar del sur, en años anteriores, el maes- 
tro de campo don Juan José de Molina obligó á don José de Guz- 
man alcalde provincial á que marchase á la costa á defender a- 
quel punto. 

El pillage que el obispo Tristan menciona se hacia en la cos- 
ta del sur, llevando los indíjenas cautivos y reducidos á esclavitud, 
se practicaba desde mucho antes en la del norte. Ximenez lib. 5 
cap. 9, hablando de las entradas de religiosos al Chol y Mopan 
en la costa de Verapaz, escribe: los piratas son frecuentes en a- 
quellas costas al interés del palo que llaman de campeche, y el 
ámbar que se cria en aquella bahia y costa de bacalar, y coger de 
aquestos indios para servirse de ellos. 

¡Semejante plagio de hombres, ejercido precisamente sobre la 
clase de habitantes menos comprometida en las contiendas de na- 
ción á nación, necesitaba las declamaciones y pintura de un su- 
cesor del ínclito Casas! Con razón Solórzano lib. l cap. fin. ex- 
clamando acerca de los extrangeros censores de los españoles por 
las vejaciones inferidas á los indios en la conquista y después de 
ella, dice. Quisiera yo mucho que metieran la mano en su pecho 
los que en esta parte nos calumnian y muerden, y digan si no hu- 
bieran hecho mayores daños y exesos, si les hubieran cabido en 
suerte nuestras conquistas, como se lo. dice y advierte un au- 



FLIBÜSTIERES. ^ 25 

tor de ellos mismos, Theodoro de Bry por estas palabras. Xo 
seamos tan ligeros en vituperar á los españoles, sin que antes ha- 
yamos examinado seriamente, si habríamos sido nosotros mejores 
que ellos. 

Los ingleses del norte, según relación del compendio histórico 
de sus colonias, hablando de la extensión de siembras de tabaco en 
la Virginia, dice: la necesidad de procurarse víveres, fué causa de 
que se renovasen las vejaciones contra los indios. Mas adelante, 
tratando de un asalto con que los indígenas rompieron la paz, es- 
cribe. Una guerra sangrienta se siguió á esta ruptura, y los ingle- 
ses desarrollaron los mismos medios y el mismo furor contra los 
indios que los que con horror de la humanidad los españoles des- 
plegaron en sus colonias. Los cazaban en los bosques como bestias 
salvages: hicieron con ellos tratados de paz para asesinarlos luego 
por sorpresa. En fin, no hay clase de perfidia ni de atrocidad de 
que no usasen los ingleses para con aquellos desgraciados habitan- 
tes. De este modo despoblaron una vasta extensión de pais. La in- 
vención inhumana de cazar en los bosques salvages como bestias, 
duraba después de un siglo, y la ejercía en 1724 una compañía de 
bombres feroces, organizada por John Lovewel, pagando el gobier- 
no las cabelleras. 

No obstante, según se refiere en cédula de 1 8 de noviembre de 
682, por este tiempo se publicó por los holandeses en Amstcrdan 
La piedad del monte, papel declamatorio sobre la introducción y o- 
peraciones de los españoles en América por sus crueldades y des- 
trucción de los indios, como si las inferidas por unos europeos hu- 
biesen dado derecho al turno de otros para las suyas en lo sucesivo. 

Los pardos, que á la sazón soportaban solos el servicio militar 
en todas las provincias, apurando en esta época las hostilidades de 
enemigos, entraron á ser auxiliados de españoles, formándose com- 
pañías de milicias suyas indistintamente y alguna de españoles eu- 
ropeos. Se ha hecho ya mención el año de G8ó de compañías ile 
gente española así de la capital como de su valle y distrito de Kscuin- 
ta reunidas en esta pla/.a. Kn cabildo de 18 de setiembre de (ií>7, 
dando su voto el capitán don Domingo de Ayarza sobre el estable- 
cimiento de dos compañías para guarda de la caja, presidente, au- 
diencia y tribunales, dice: convendrá el (pie se crien dichas compa- 
ñías por las referidas noticias de estar infestíulos ambos mares del 
pirata francés y otros, para cuya resistencia se valen los goberna- 



^24 CAPÍTULO LXIII. 

dores de la gente miliciana que es muy pobre y mísera, y en ellos 
es queja generalmente, como se ha experimentado en las ocasiones 
que con noticias de piratas en la mar del sur ha ido á la costa de 
Escuinta la compañía de vizcaínos, montañeses y forasteros. 

No es mucho pertenezca á Guatemala en particular lo que Al- 
cedo, acabando de hablar de los flibustieres, expresa en general de 
la América, cuando dice: este cuerpo numeroso ya, de hombres des- 
almados, sin religión, ni ley, causólos mayores daños á los espa- 
ñoles, y el gobierno francés se sirvió de ellos para hacerles la guer- 
ra, y permanecieron siendo el azote de la América hasta el año de 
1714, en que el conde de Blenac, gobernador de Santo Domingo, 
los obligó á avecindarse, y dejar la piratería. Tal fué la termina- 
ción de esta plaga, azote de Guatemala, y las principales ciudades 
de sus provincias. 



CAPITULO 63. 

Kiitraclais de corsarios á la costa 
de ^erapaz. 

Destituidos los corsarios ingleses de todo socorro en las islas 
Guanajas mediado el siglo 17 con haber sacado á sus naturales, in- 
cendiado sus ranchos y talado sus sementeras, donde se surtian de 
bastimentos y hacían mansión, hubieron de buscar lo uno y lo o- 
tro en la tierra adentro de la costa, en que hubiesen sementeras, 
ranchos y naturales moradores de la tierra, para no carecer de su 
provisión. Todo esto hallaron en las provincias del Chol, Manché, 
Mopan y Typú situados en lo largo de la costa de la Verapaz y el 
Lacandon, desde el Golfo-dulce hasta Yucatán. El p. Delgado, mi- 
sionero dominico, en una entrada que hizo pasando adelante del 
Manché de tránsito para Yucatán con el objeto de hallar camino 
para aquella provincia y abrir comunicación con ella, da el derro- 
tero de su viage y mucha razón de la población que descubrió al pa- 
so, en relación de que se ha hecho mérito y trascribe Ximenez lib, 
5 cap. 33. 

Defiriendo al testimonio de Remesal que se ha citado, de que ca- 
minando de Cahabon al nordeste á 38 leguas estaba el pueblo del 



CORSARIOS. 425 

Manché, se sigue ver la relación de Delgado, que comienza, dicien- 
do. Del Manché á una ranchería de un indio llamado Bol, ay 4 le- 
guas. De aquí á la de Marcos Zibat 4 leguas. De aquí á la de Juan 
Petz 5 leguas; y para llegar á esta ranchería se pasa dos veces el 
Yaxal, que baja á la mar, rio peligroso y grande: mas arriba se lla- 
ma este rio Puzilha de un pueblo antiguo de este nombre. 

De casa de Juan Petz, prosigue el autor, salí y fui á dormir á 
la montaña, junto á un riachuelo llamado Conconha á 7 leguas. De 
aquí salí y llegué á comer á otro rio llamado Latetum, á 4 leguas. 
De aquí salí y llegué á otra ranchería de unos indios llamados Pa- 
ches, su cacique Vicente Pach, á 4 leguas. De aquí salí y fui á co- 
mer á la otra orilla del rio Yaxal, pasándolo otra vez por una puen- 
te de madera, ay 5 leguas. De aquí salí y llegué á la ranchería de 
un indio llamado Martin Petz, ay 5 leguas. En esta ranchería hallé 
tres españoles de la provincia de Yucatán, llamados Alonso More- 
no, Luis González y Antonio Mendoza, á quienes los ingleses avian 
robado, y vinieron á dar á estas montañas. 

Todo este camino desde el Manché anduve en cuatro dias á pié, 
y en todas estas rancherías avrá en cada casa veinte ó treinta al- 
mas, y en otras muchas casas que ay mui cerca como de una legua 
ó dos ay mucha gente, de la cual se puede hacer un famoso y gran- 
de pueblo, porque la casa que tiene menos gente tendrá veinte, 
treinta ó cuarenta almas: otras casas ay mas cerca unas de otras co- 
mo un cuarto de legua, otras como media legua, otras como tres 
cuadras, otras memos, de manera que ay mucha gente; Dios las 
traiga á su conocimiento. 

Como hice parada en casa de Martin Petz, los españoles que 
son pláticos en la tierra, me dijeron las rancherías siguientes que 
las han andado. Hacia el norte los indios Batenas a una legua, ten- 
drán en tres casas 30 almas. Otra ay á media legua llamada Tzu- 
nun Chan, que tendrá diez ó doce almas. A tres leguas otra llama- 
da Yahcab, avrá cuarenta ó sincuenta almas repartidas vn seis u 
ocho casas. Sigúese otra auna legua, su cacique (^)u¡squin, tiene i 
casas, en que abrá treinta ó cuarenta almas. De acjuí a dos leguas 
los Potes, en tres casas avrá 2o almas. De aquí a una legua otra 
casa llamada Tzac, tendrá diez almas. De aquí á una legua la ca- 
sa de Joseph Tzac, tiene (» casas, y en ellas avrán cuarenta ó sin- 
cuenta almas. De aquí á otra rancliería llamada Tehax á dos leguas, 
dos casas, avrá diez almas. De aquí á otra ranchería llamada Chati- 



4 20 CAPÍTULO LXIII. 

col, á dos leguas, ay muchas casas, y en ellas mucha gente, avrá 
80 almas con muchos muchachos y mugeres. Se siguen otras ran- 
cherías, que no se anduvieron, y se volvieron los españoles. 

Hacia el poniente hallaron las rancherías siguientes. A la vuel- 
ta de lo andado una llamada Cache á dos leguas, tendrá treinta ó 
cuarenta almas. De aquí á cuatro leguas otra ranchería llamada Chi- 
cuí, avrá en ella y en contorno dos ó tres caciques llamados Chica- 
yes, Quines, y Tzaques, y mas de cien personas. Volvieron á casa 
de Martin Petz, y salieron hacia el sur. Llegaron á Tizimique á 8 
leguas. Aquí hallaron mucha gente. A otro dia entró el ingles por 
el rio llamado Tutuilha, y se llevó á los españoles, y algunos in- 
dios, otros huyeron. 

De la ranchería de Martin Petz para las de los Mopanes y Ahi- 
tzaes ay el camino siguiente, según relación de este indio, que lo 
ha andado y mercadeado entre ellos. De su casa á la de Miguel Ba- 
tena, que está á orilla del rio Ochtun, ay medio dia de camino, y 
avrá de gente 30 personas. De aquí se sigue la ranchería de Cante- 
lac de los indios Chicuyes, que hablan otra lengua llamada Omon, 
ay un dia de camino, y avrá 40 personas. A la ranchería llamada 
Tixayab ay otro dia de camino, y avrá mas de cien indios con mu- 
geres y muchachos. Otros muchos ay en Tixonte, y al rededor mu- 
chos mas, que los ocultan. De Tixonte á los Ahitzaes avrá cuatro 
dias de camino. Todo es sabana, y dicen estos indios no es el cami- 
no derecho, sino desde el pueblo de Chocaban, que está antes del 
Manché. 

A los españoles soltaron después de muchos dias á la orilla del 
rio Yaxal, y vinieron á esta casa de Martin Petz otra vez. Hicimos 
parada, mientras hacíamos una piragua para pasar á Bacalar. Ya 
hecha la echamos á la agua estando el rio Yaxal de avenida, que 
solo de esa manera se puede navegar. Amarróse con fuertes corde- 
les. Aquella primera noche bajó el rio, y quedó la canoa colgada en 
el aire, y con el peso grande rebentaron los cordeles, y fuese la ca- 
noa, y pasó á la mar, que está de allí siete leguas la boca. Gastamos 
un dia en buscar otro palo, para hacer otra canoa, y Dios nos dio 
un madero de zeyba, con que en diez dias labramos otra hermosa 
piragua. Yo por informarme y conocer los rios y bocas determiné á 
pasar con los españoles á Bacalar. 

Por la mar ay los rios siguientes. De el rio Yaxal á Zimin ay 
media legua. De aquí al rioPaliac ay 7 leguas. De aquí al rio Pule- 



CORSARIOS. -127 

tan ay 3 leguas. De aquí al rio Vacon ayuna legua. De aquí al rio 
Vain ay dos leguas. De aquí al rio Campin ay 9 leguas. De aquí al 
rio Puhuy ay 5 leguas. De aquí al rio de Xiote ay 5 leguas. De a- 
quí al rio Texoc ay 2 leguas. De aquí al rio Texach ay 3 leguas. 
De aquí al rio Xibun ay 4 leguas. De aquí al rio deBalix ay dos 
leguas. Después se entra en el rio Tipú. Este rio es distinto del de 
Tepu, que queda en el distrito de Yucatán, y divide el territorio 
sudeste hasta la costa, conquistado de orden del capitán Francisco 
Montejo por Juan de Aguilar en 547, según refiere Cogolludo lib. 
3 cap. 4, poblado de tribus indígenas de la jurisdicción deBakalal, 
que según relación del mismo lib. 11 cap. 15, se alzaron corriendo 
el año de 639, y es mencionado de Villagutierre en la conquista del 
Peten. Todos estos rios, prosigue Delgado, por la banda de tierra 
se vadean, que aunque parece son muy grandes y anchos tienen 
en las bocas de al mar grandes bancos de arena. En el rio Texach sá- 
bado 20 de agosto fué Dios servido, que me aprisionara el enemigo. 

La relación de este suceso es transcrita por Ximenez cap. 31. 
Pasamos, dice, hasta las orillas del Tipú, como no me dieron en- 
trada, ni á los de Bacalar, volvimos por otro parage, hasta llegar 
al rio Tezach. En todo el camino no hubo cosa notable. Estando 
en el rio Tezach, quisimos pasarlo á vado, y no se pudo por ser 
mui grande. Salimos de aquí para la mar, que ay ocho leguas. Lle- 
gamos sobre tarde á la mar, y aquella noche hicimos fuego, para 
calentarnos, y secar la ropa, y eso nos perdió: porque una legua el 
rio arriba ay una isleta, donde estaban poblados unos ingleses pi- 
ratas. Aquella noche no nos cogieron, por haber estado lloviendo. 

Yo estaba mui maltratado, y muerto de hambre, y como me mo- 
jé toda la noche, lloviendo sobre mí, á las cinco de la mañana sa- 
lí a la playa, á secar un pañuelo al aire, que ponerme en el estó- 
mago, y estando en eso, nos embistieron cinco ingleses, diciendo: 
date España. Levánteme de una hamaca, donde estaba sentado, y 
al decir: buen quartel, por espantarme, me tiraron un carabinazo con 
postas. Como álcelos brazos, pidiendo buen quartel, me pasó una 
posta el brazo izquierdo, entrando por la muñeca hasta el codo, 
que hoy dia tengo en medio del brazo. 

Así que me vieron herido me alagaron, diciendo: perdón, pa- 
dre picaron. Un palo de maria y su leche me pusieron en la herida, 
apretáronme, y eché mucha sangre: el brazo tenia casi muerto, y 
del susto, ó de la sangre, ó de haber estado sin comer dia y inetlio 



128 CAP. LXm. — CORSARIOS. 

me daban desmayos, pero no por eso me libré: pues con los corde- 
les de la hamaca me ataron las manos por detras, dándome dos li- 
gaduras en las muñecas y en los molledos ó gatos de los brazos. E- 
charon el lazo en la rama de un árbol, y quedé quasi colgado, como 
lámpara: otro ingles por burlarse, me solia suspender para arriba, 
y parecía que volvían el cuerpo lo de adentro afuera, según era el 
dolor de cuerpo y brazos, y lo que mas me dolía eran los hombros. 

Después llegó á mí otro ingles, y me dijo, ¿unde el pataca? y 
respondíle, que no tenía petaca, sino un cajón, y apurado me decía: 
pataca, pataca. Yo le decía: no hay petaca. Enfadóse, y me dio con 
la coz, ó cabeza de la escopeta un golpe entre los dos brazos, queme 
privó de sentidos. No cay, por estar semícolgado. Al darme el golpe, 
di un grito, y muí colérico me volvió á pedir las patacas, díciéndome: 
por Dios, hijo de puta, hijo de una perra, alzando el gato de la esco- 
peta, como para matarme. En esto me hizo señas, haciendo una O 
con los dedos, á modo de un peso, diciendo: pataca, pataca. Enten- 
dí lo que pedia, y le dije: plata, plata. Silí, me respondió. Llamé al 
muchacho, que aun no lo avían amarrado. Vino: pedíle la llave de 
el caxon, recibiéronla, hallaron 60 pesos en reales, calíx, y horna- 
mentos, con eso se sosegaron. Pataca llama el diccionario el real 
de á ocho. 

A los de Bacalar, continúa, les quitaron unos tercios de ca- 
cao, y á mí toda la ropa. Aquel día estuvimos todos amarrados, 
y nos llevaron en su embarcación á la isleta donde tenían sus 
ranchos. A los de Bacalar les dieron á cien azotes con cas- 
cara de manatí. Fué Dios servido que á mí no me tocasen: lo 
que hízíeron fué, que uno me mandaba sentar bajo de un árbol, 
díciéndome: siéntate señor: otro venia y decía: ven acá; con que 
por cansarme y molerme, me traían de aquí para allí. Viendo 
sus bufonadas, me atreví á pedirles de comer: riéronse, y me 
dieron de comer. 

A los tres días nos embarcaron, y nos llevaron á los cayos de 
cocina, donde avía poblazon de ellos, y su capitán era un ingles 
de buena disposición, llamado Burte Charpa, quien me examinó, 
y me dijo: ¿Quanto España, quanto flecha, quanto lanza, quanto 
indio salvage? Dígele, que los que allí aviamos éramos no mas. 
Mandóme soltar, y que nos diesen un pasaporte, para si topá- 
bamos con otros. Así se hizo, y á los nueve días nos soltaron en 
las playas, donde cogen el ámbar, que tienen 80 leguas, llamada 



CAP. LXIV. GALEONES. ^29 

la bahia del Espíritu Santo, que pertenece á Bacalar, y la otra de 
la Ascensión, que pertenece ala villa de Valladolid de Yucatán. 
Murillo, en su Geografía lib. 9 cap. 3, hablando de esta última pro- 
vincia, escribe. Aquí hay mucho palo colorado para teñir, que lla- 
man brasil y campeche, y por aprovecharse de él, se establecie- 
ron algunos ingleses. 



CAPITULO 64. 

O aleones. 

Solórzano lib. 5 cap. 18 escribe: aunque en tiempos pasados 
las flotas iban y venían solas, y bastaban menores prevenciones de 
guerra, en los presentes, como los cosarios y otros enemigos de la 
corona, que se las envidian y asaltan, son tantos y tan poderosos, es 
forzoso que las armadas sean mayores, y mas poderosas; y si los 
enemigos no perdonan gasto ni trabajo, por robarnos estos teso- 
ros, justo es que de nuestra parte nos desvelemos por estorbár- 
selo, y escarmentemos en el que perdimos el año de 1628, deque 
los rebeldes blasonaron tanto, que lo añadieron por trofeo de sus 
insignias, pintando la América, como que se le ofrece, y á Olanda, 
como que la recibe, diciendo, veniste al fiUy como parecerá por 
la estampa que Juan Laet pone al principio de sus navegaciones. 

Pues cuando este escritor apetece que las flotas de la carrera 
de Indias lleven mas resguardo, es cuando se retiran los dos ga- 
leones que hacen el comercio de Honduras, y si el surtimiento que 
hacían las flotas con mas custodia era limitado é insuficiente para 
los reynosy provincias á que se dirijian, ¿cuanto mas insuficiente 
y limitado debió ser el que se dirijia al reyno y provincias de Gua- 
temala, no con menos custodia, sino retirado del todo su resguar- 
do? Robertson lib. 8 ¡§ 42, citando á Campomanes, dice: á media- 
dos del siglo 17, cuando el comercio exclusivo de Sevilla en A- 
mérica estaba en su mas alto grado de prosperidad, las dos escua- 
dras unidas de galeones y la flota no llevaban mas de 27500 tone- 
ladas. Una semejante carga, añade, debía estar bien lejos de poder 
satisfacer á la demanda de estas vastas y numerosas colonias, que 

esperaban todas las comodidades y la mayor parte de las necesida- 
TOM. 2. (18) " 



^ 50 CAPÍTULO LXIV. 

des de la vida. 

De aquí es que se repitieron los clamores. En instrucción que 
dá el ayuntamiento á su procurador en España á 31 de mayo de 
647, dice al cap. 6: que su magestad se sirva ordenar que todos 
los anos precisamente vengan dos galeones del armada á recor- 
rer las costas, y puertos de Honduras, donde los enemigos entran 
y salen sin resistencia robando y saqueándolos en todas ocasiones: 
y que la contribución de estas provincias se dé en uno de los puer- 
tos de ellas de Trujillo, ó Sto. Tomás á dichos galeones de bar- 
lovento para su apresto; y que se pida cédula dello para el señor 
virey, y en caso que dicho virey no los imbie, que el señor pre- 
sidente desta real audiencia pueda gastar estos efectos en la defen- 
sa de los puertos. 

Una cédula de 20 de octubre de 648, impetrada en materia de 
encomiendas y corregimientos, refiere entre las quejas que dan los 
vecinos de esta ciudad, la de haber perdido, y tomádoles el ene- 
migo de dos años á aquella parte cuatro millones: no expresa de 
qué. En instrucción remitida á 27 de mayo de 650, al cap. l» di- 
ce el ayuntamiento: no obstante las paces hechas con los estados 
de Olanda, se an quedado en las islas cercanas á los puertos des- 
tas costas con cantidad de bajeles, que las infestan é impiden el 
comercio destas provincias. 

Mas adelante fué ocupada Jamayca por los ingleses; y coma 
mucha parte del comercio se hacia por el rodeo de Veracruz, en 
cabildo de 22 de febrero de 669 se refiere, que para la paga de 
125 mil pesos, que se repartieron á la Nueva España en el asien- 
to del consulado de Sevilla por cada una de las flotas, se hablan 
rateado á cada cajón de tinta añir diez pesos, á cada carga de ca- 
cao dos, á cada tercio de grana silvestre diez, á cada cajón de cho- 
colate diez, y á cada cajón de baynillas otros diez, y esto á ins- 
tancia y pedimento del prior y cónsules de la universidad de mer- 
caderes de la ciudad de México, y habiéndose tratado sin consulta, 
ni sabiduría de esta ciudad y cabildo, debía ocurrir ante el señor 
virey, ó señores del real consejo de las Indias á solicitar la de- 
bida moderación de dicho repartimiento, y no pare perjuicio á es- 
ta ciudad y sus vecinos mercaderes que de ella remiten los fru- 
tos referidos. 

Las vejaciones que sufría por esta parte el comercio de Gua- 
temala, lo obligaban á buscar el paso natural de los puertos del 



GALEONES. 151 

distrito, y repetir las reclamaciones de sji resguardo. En cabildo 
de 4 de julio de 684, dice el acta. Y así mismo se ordene al 
agente de esta dicha ciudad haga pedimento en forma á su mages- 
tad, para que se expida real cédula, mandando por ella, que la 
dicha armada de barlovento venga á correr estos puertos las ve- 
ces que sea necesario, para que con esta diligencia el enemigo 
no la infeste. En cabildo abierto de 9 de febrero de 685, toman- 
do la voz el capitán don Josef de Aguilar Revolledo, decia: que 
del almojarifazgo de salida llamado barlovento, podría justificar, 
que en el espacio de treinta años se habían contribuido arriba de 
ochocientos mil pesos, sin que la armada haya entendido en nin- 
guna defensa de estos puertos. 

La cobranza de este derecho á los mercaderes de Guatemala 
llegó á términos en Nueva-España, que pareció ponerse impedi- 
mento al tráfico de su tinta; y el ayuntamiento en junta de 10 de 
enero de 689, acordó pedir en la audiencia se declarase, que era 
libre el comercio de este con aquel rey no. Sin embargo de un co- 
bro tan exacto, en cédula de 3 de junio de 697 se expresa, que 
el virey de Nueva-España deseaba componer la armada de diez 
navios, de modo que se carenasen unos, mientras se hallaban en 
la mar otros; pero que dificultándose, por haber minorado los efec- 
tos aplicados á su dotación á solos 220 mil pesos anuales, no po- 
dían mantenerse mas que los seis navios, de que constaba. Con 
razón el mismo Robertson advierte, que se disminuyeron las em- 
barcaciones, y las toneladas bajaron después á 15 mil; y como 
éstas primero sallan de Sevilla, hasta el año de 720, que comen- 
zaron á salii* de Cádiz, debe referirse á estos tiempos la narración 
que hace Barry en nota al capítulo final de las noticias de ülloa 
y Jorge J«an, diciendo. La famosa armada de galeones, que par- 
tía una sola vez cada año del puerto de Cádiz para el de Cartage- 
na de Indias, no era mas que un con\oy de una docena de barcos 
mercantes de 500 toneladas cada uno, y aun éstos saliaii á media 
carga; pues las provisiones para una tripulación numerosa, y la 
acomodación para un crecido número de empleados y tratantes pa- 
sageros ocupaba la otra mitad. 

Por aquí puede inferirse la prolvibilidad de que alguno de los 
navios armados viniese á correr las costas de Cuatemala. En ca- 
bildo de 6 de setiembre de 703 confirióse, que el derecho de bar- 
lovento es aplicado para la defensa de estas costas y sus puer- 



í 52 CAPÍTILO LXIV. 

tos, y que siendo mui cuantiosa la cantidad que se recauda, no 
ha recébido este reyno algún beneficio, porque la armada de bar- 
lovento nunca há venido á limpiar las costas de este reyno de pi- 
ratas, ni á cuidar del seguro de sus puertos. Este es el tiempo en 
que pasaron seis, doce y mas anos sin que viniese un navio á los 
de Honduras, y el que llegaba seguramente no era de 500 tone- 
ladas. 

En fin, fuesen pocas ó muchas las embarcaciones que venian 
de España á Guatemala y lo demás de las Indias, y muchas ó 
pocas las toneladas, su carga no toda eran efectos y frutos de 
la península, ni de lícito comercio. Robertson, con respeto á prin- 
cipios del siglo 17, citando á Zabala, dice: exhausta la España 
de hombres, y mucho mas de brazos industriosos, no podia satis- 
facer á las demandas de sus colonias, siempre mas considerables. 
Ella recurrió entonces á sus vecinos. Las manufacturas de los 
Paises Bajos, de la Inglaterra, y de la Italia, que sus necesi- 
dades hicieron nacer, ó reanimaron, le ofrecieron abundantemente 
todo lo que ella pidió. En vano la ley fundamental, que excluía 
todo comercio extrangero con las colonias, se oponia á esta in- 
novación: la necesidad, mas imperiosa que las leyes, suspendia su 
efecto, y forzaba á los españoles mismos á eludirlas. El ingles, 
el francés, el olandes, descansando sobre el honor y fidelidad de 
los mercaderes españoles, que prestaban sus nombres para cu- 
brir la contravención, enviaban los objetos de sus manufacturas de 
que ellos recibían el precio en especies ó en mercaderías precio- 
sas del nuevo mundo. 

Citando á Campomanes, añade. En poco tiempo no habia una 
vigésima parte de mercaderías exportadas á la América, que vi- 
niesen del suelo, ó de las fabricas de la España. Todo el resto 
pertenecía á mercaderes extrangeros, aunque introducidas bajo el 
nombre de mercaderes de España. Después de esta época, se pue- 
de decir, que la España no poseyó mas los tesoros del nuevo 
mundo. El traductor de Smith, en la nota 12 al cap. 7 lib. 4, 
conviniendo en este punto, es como que dá otro sentido á la ope- 
ración, porque dice: los españoles, en el comercio lícito de sus 
flotas, de veinte partes del cargamento llevaban una de géneros y 
manufacturas propias, y diez y nueve del extrangero, quedando por 
este medio reducida España á ser un mero canal de las riquezas de 
las demás naciones. De este modo los extrangeros, amigos por el 



GALEONES. «1 55 

comercio y los extrangeros enemigos por el pillage, fueron verifl- 
cando el tránsito de la América, á las manos rivales. 

Lo que era permitido á las embarcaciones de la flota que ve- 
nia á Nueva-España y Tierra firme, no lo fué á una venida á 
Guatemala, que fué la nao Soledad, traida con registro por don 
Nicolás Justiniano, natural de esta ciudad, porque llegado á e- 
lla, con una ligera información del teniente de gobernador de Tru- 
jillo, fué preso en las casas de ayuntamiento, y embargado por 
orden del superior gobierno de 16 de diciembre de 660, y según a- 
cuerdo de 26 de setiembre sufrió este apercibimiento por haber traí- 
do sus mercaderías en cabeza agena; y aunque obtuvo soltura 
y desembargo bajo fianza de estar á juzgado y sentenciado, ha- 
ciendo tornaviage á España, fué embargado, luego decomisado 
y al fin arruinado. 

Si se atiende á la realidad de las cosas, no fué la América la 
que pasó á los extrangeros, sino éstos los que transportaron la 
Europa cerca de esta última, poblando las islas del mar de las 
Antillas, y haciendo de ellas un mapa de aquella gran parte del 
mundo; en que Sto. Domingo, la Martinica, Guadalupe, y Sta. 
Cruz representasen á la Francia: la Antigua, Barbada, San Cris- 
toval. Anguila, Jamayca y otras á Inglaterra: San Eustaquio, y Cu- 
razao á la Olanda; y Sto. Thome á Dinamarca, según se ha obser- 
vado. Aquí, no contentos con las 19 partes del comercio que les 
cabia en los galeones que venian á las Indias, emprendieron el 
que Solorzano lib. 6. cap. 10 llama en ellas contrabando. 

Por la narración de Alcedo, aparece, que desde entonces la 
compañía francesa de las Indias occidentales hizo asiento en Gua- 
dalupe y Sta. Cruz: los holandeses traían á Curazao todos los a- 
ños muchas embarcaciones ricamente cargadas, con que hacían 
un gran comercio en toda la América; y desde San Eustaquio ejer- 
cían el tráfico de contrabando con los españoles. De Santo Thome, 
isla de los dinamarqueses en concepto de neutrales, afirma: pue- 
de mirarse como el emporio del contrabando de los ingleses, fran- 
ceses, holandeses y españoles. Donde se vé cómo los peninsulares 
mismos entraban en este trafico. En Guatemala, Juan de Cuellar 
y Adam Días son sindicados de trato con el olandés en acuerdo de 
3 de octubre de 661. Robertson nota, España á e^t:l sazón ob- 
tenía por este medio provisiones de cacao de Caracas, que no 
conseguía por conducto de las flotas, viéndose precisada á adqui- 



4 54 CAPÍTULO LXIV. 

rir en precio exorbitante de los extrangeros una producción de 
sus colonias. Lo mismo sucedió después de la toma de Jamay- 
ca, según Robertson lib. 7 § 25, con el ingles hecho dueño del 
corte del palo de tinta en las costas de Yucatán y Verapaz. En 
cédula de 30 de marzo de 681 se hace mención de ropa y cacao 
conducidos á Honduras por un navio olandes. El propio Alcedo 
refiere, que después del año de 1 692, siendo gobernador de Ja- 
mayca Milord Bellamont, se establecieron los escoceses en la pro- 
vincia del Darien, protegidos por él, á cuyo pesar fueron echados 
por el de Cartagena; y que sucediéndole en el gobierno de la isla 
el conde de Peterbourg, enviado con motivo de la guerra de su- 
cesión en 1708, tuvo el objeto de fomentar de nuevo el estable- 
cimiento del Darien, trayendo autoridad para que estuviesen á sus 
órdenes cuantas embarcaciones inglesas hubiese en la América. 

Al paso que caducaba la armada del mar del norte, no era 
mejor la suerte de la del sur, á cargo del virey del Perú. Ulloa 
y Jorge Juan, en las Noticias secretas de la América part. 1 cap. 
3, escriben; la armada, ó las fuerzas marítimas de él, consistían 
hasta el año de 1740 en dos navios, que se fabricaron por los años 
de 1690, nombrados la Concepción, y el Sacramento; porque aun- 
que fueron tres los que se construyeron, se habia perdido uno. 
Su construcción era tan irregular en todos, como la de los navios 
mercantes. El teniente general don Blas de Leso dispuso arrasar- 
los, quitándoles una batería, en cuya obra se gastaron sumas tan 
considerables, que excedieron á todo el valor de los navios, que- 
dando sin embargo siempre imperfectos y malos. 

CAPÍTULO 65. 

Üflansioii de iiigleises en ITiicatan* 

No fueron solo las bahias del Espíritu Santo de Bacalar, y la 
de la Ascensión las ocupadas por ingleses con el corte del palo de 
tinte en Yucatán: lo hablan sido mucho antes el cabo Catoche, y 
otros parages hasta la laguna de Términos. Robertson lib. 7 § 
68 dice. Después de la conquista de Jamayca uno de los prime- 
ros objetos que tentaron los ingleses fué el gran provecho del co- 



INGLESES EN YUCATÁN. 4 55 

mercio del palo de tintura, y la facilidad de arrebatar una parte 
de él á los españoles. Algunos aventureros de esta isla hicieron 
la primera tentativa en el cabo Catoche situado al sudueste de 
Yucatán, y tuvieron una grande ganancia, cortando palos. Cuan- 
do los árboles mas próximos á la costa fueron abatidos, ellos se 
acercaron á la isla de Triste en la bahia de Campeche. 

El almanaque de Balis del año de 828, tratando esta mate- 
ria, refiere que al principio las embarcaciones inglesas cruzaban 
los mares en solicitud de embarcaciones españolas; que mas a- 
delante no haciendo presa de ellas, aprendieron los ingleses por 
sí á cortar su carga; y que el primer establecimiento de cortado- 
res se hizo en el cabo Catoche por aventureros de Jamayca, que en 
poco tiempo se estendieron hacia el sur hasta la playa de W'aliz, 
y hacia el oeste hasta la isla de Triste: con que teniendo este mo- 
do de ganar la subsistencia, dejaron la depredación por tratado he- 
cho con la España en Madrid en 667. 

Este tratado en el artículo 8 dice: y por lo que mira á las dos 
Indias, ú otros lugares, la corona de España quiere, que sean con- 
cedidos á S. M. Británica y á sus subditos los mismos privilegios 
que á las Provincias Unidas de los Países Bajos, por el tratado 
deMunsterdel año de 648, como si el dicho tratado estuviese in- 
cluido en este. El de Munster, en el art. 5, dice. Las dos altas par- 
tes contratantes permanecerán dueñas, y gozarán de las posesiones 
que ellas ocupan en las dos Indias, en el Brasil y sobre las costas 
de África y de América respectivamente. 

Muchos de nuestros aventureros, dice el almanaque volviendo 
á Bretaña, después de acumular ricas fortunas, despertaron la en- 
vidiosa disposición de la España, y no obstante algunos tratados 
de paz celebrados con aquella nación, por desgracia se mantuvie- 
ron en términos generales, sin una i'eferencia particular á las po- 
sesiones inglesas de palo Campeche; lo que sospechamos haber pro- 
venido entonces de la falta de conocimientos geográficos, porque 
aun en el dia hemos oído llamar una isla el establecimiento de 
Honduras en el parlamento ingles.^ 

Continuando aun, dice todavía, las depredaciones en las Indias 
occidentales contra los españoles, por medio de las embarcaciones 
privadas, se celebró otro tratado en julio de 1G70, que aunque en 
los mismos y generales términos que el de 6G7, sin embargo, el 
artículo séptimo se interpretaba propiamente como una sanción á 



-^56 CAPÍTULO LXIV. 

nuestras posesiones: dice así. Ademas, se estipula, que el serení- 
simo rey de la Gran Bretaña, sus herederos y sucesores, tendrán, 
mantendrán, retendrán y gozarán por siempre, con pleno derecho 
de soberanía, dominación, posesión y propiedad, todas aquellas tier- 
ras, regiones, colonias y lugares cualesquiera que sean, que hayan, 
ó estén situadas en las Indias occidentales, ó en alguna otra parte 
de América, que el dicho rey de la Gran Bretaña y sus subditos ten- 
gan y posean al presente, así que con respecto á esto, por algún 
color, ó pretesto cualquiera, nada pueda ó deba excitarse, ni jamas 
se mueva en adelante cuestión, ó controversia alguna. 

El comercio entonces comenzó á tomar un aspecto mas lisonge- 
ro: la extensión á que fué llevado, y el número de embarcaciones 
empleadas, mientras se dejó ver la energía de la Bretaña, excitó los 
celos del monarca español, y comenzó otra vez á disputar los dere- 
chos de la Inglaterra. Se suscitaron investigaciones y discusiones 
entre las dos coronas, cuando una falta de energía y decisión de 
parte de los ministros de Carlos II, los obligó á pensar que el ter- 
ritorio de palo campeche ingles no se poseía con título suficiente. 
Los magistrados del consejo comenzaron entonces á investigar la 
causa, por qué estos establecimientos se habían formado y man- 
tenido. La primera investigación fué dirigida al gobernador de Ja- 
mayca, sir Tomas Linch, que había tomado un gran ínteres en el 
cumplimiento y protección ú tratado; y nosotros no podemos me- 
jor transmitir las razones dadas por él, que en las palabras de su 
despacho dado en 10 de marzo de 1671. 

Primero: que la Inglaterra lo había hecho así por muchos años. 
Segundo: que era aquel un lugar desolado, inhabitable. Tercero: 
que parecía posesión concedida por el tratado de América de 1670. 
Cuarto: que se daría un derecho á la Holanda y á la Francia, si se 
rompiese con la España. Quinto: que los españoles no habían has- 
ta aquel tiempo hecho ningún reclamo. Sexto: que este empleo ha- 
ce mas fácil la reducción de los corsarios; y séptimo: que se em- 
plearían cien buques annualmente, que inportaran mas á los de- 
rechos de su magestad, y comercio de lanacion, que cualquiera 
colonia, que el rey posea. 

Mientras se consideraban estos argumentos, prosigue, el con- 
de Arlington mostró ante los señores de la junta una carta de sir 
Tomas Modyford, primer gobernador de Jamayca, datada el 16 
de mayo de 1672, donde después de dar cuenta de la extensión 



I 



INGLESES EN YUCATÁN. A 57 

del pais en que se cultiva el palo de campeche, y de los lugares 
frecuentados por los ingleses, añade: que ellos hablan hecho aquel 
comercio durante tres años; al principio encontrándolo en la ori- 
lla del mar: pero que después, viéndose obligados á internarse cua- 
tro ó cinco millas dentro de el pais, habían hecho, provisiones in- 
dígenas, y construido casas allí, para preservarse ellos mismos 
y sus provisiones del mal tiempo: que generalmente le hablan a- 
segurado, que nunca hablan visto españoles ú otras personas en 
todo el tiempo de su obra, á pesar de haber ido seis ó siete mi- 
llas mas lejos á matar venados. 

Por este tiempo, refiere el propio almanaque, don Fernando 
Francisco de Escobedo gobernador de Campeche, que no fué si- 
no de Guatemala, capitán general del reyno, presidente de su au- 
diencia, permitió que algunos españoles de guerra, sin duda navios 
de Cádiz que venían armados, tomasen dos buques ingleses, des- 
de luego en el cargamento de que se trata. Sobre lo cual el go- 
bernador Linch requirió al señor Escobedo, y siguió información, 
tomando declaración á los capitanes de los buques, con que dio 
cuenta á Londres, y dictó providencia razonada según el contexto 
siguiente. 

Cuando fué informado por los juramentos de muchos testigos 
creíbles, que los subditos de su magestad habiendo usado de la 
caza, pesca, y corte de madera en diversas bahías, islas, y par- 
tes del continente no frecuentadas ó poseídas por ninguno de los 
subditos de su magestad católica, y que lo mismo habían hecho 
por algunos años sin níuguna molestia, no obstante que varias 
embarcaciones habían sido tomadas á la ancla y bajo vela por al- 
gunos piratas y fugitivos de esta isla, y estando en peligro de ser 
así sorprendidos otra vez, por tanto mamlaba y decretaba que to- 
dos los buques se hiciesen á la vela de puerto real, y con el ya 
dicho empleo legal saliesen juntamente en pequeñas escuadrillas 
cuatro lo menos por compañía ol)lí«iados á cuidarlos, y obedecer 
á aquel á quien él hiciera comandante de la expedición pava su 
mutua defensa y para la preservación de los subditos de su ma- 
gestad, sus buques y bienes. 

Esta conducta, dice por último, viva y determinada del gober- 
nador de Jamayca fué aprobada por los miembros de la junta. 
Mas bien debiera decir el autor, (¡ue fue desaprobada por el go- 
bierno de su nación, y que la piratería sistemada le valió la de- 

TOM. 2. (19) 



458 CArixüLo Lxv. 

l^osicion del empleo. Alcedo, hablando de este gobernador, y de 
su conducta en orden á esto, escribe: lo cual dio motivo á que 
las vivas representaciones de la corte de España á la Inglaterra 
lo separasen del gobierno el año de 1673. 

Dice también el almanaque. En oposición al tenor de estos 
tratados se hacia toda clase de daños á los cortadores de palo 
de campeche, sacándose expediciones contra ellos por el goberna- 
dor de dicha plaza, que aunque uniformemente desgraciadas sir- 
vieron únicamente para exitar la venganza de los cortadores, de 
palo campeche, cuyas primeras provocaciones los condujeron á con- 
siderar á los españoles, como sus naturales enemigos; y los que 
por dos veces atacaron y tomaron posesión de la ciudad de Cam- 
peche, primero en 1659, y después en 1678, sin la asistencia de 
una simple pieza de cañón, siendo auxiliados solamente por los 
marineros empleados entonces en el comercio. 

Debiera haber ocurrido á la memoria del autor del almanaque, 
que tanto insiste en la posesión material del territorio, que para 
estar dotada de algún título, debiera haberse adquirido por subdi- 
tos, agentes del gobierno de su dependencia y responsabilidad, y 
no por aventureros desprendidos de ella, que obrasen en contra- 
vención á sus órdenes. Puntualmente reinaba una paz inaltera- 
ble entre Inglaterra y España, y ademas testifica Duchesne, que 
ligadas ambas potencias con el emperador Leopoldo I, hacian por 
este tiempo la guerra á la Francia en los Paises Bajos, cuando los 
aventureros de Jamayca, así llamados por Robertson y por el au- 
tor, ágenos de estos vínculos, la hacian en América á Guatemala 
y Yucatán. 

El reverendo padre Delgado, religioso dominico, condecora- 
do con delegaciones apostólicas en las costas de Verapaz, pais de 
su misión, pasagero pacífico que transita á la provincia de su go- 
bierno, autorizado con letras de comisión y encargo del goberna- 
dor del reyno el exmo. señor Escobedo para negocios del servi- 
cio de su rey, acompañado de mercaderes igualmente pacíficos 
de la misma provincia Alonso Moreno, Luis González y Anto- 
nio Mendoza, son éstos últimos sorprendidos en tres distintas ve- 
ces, en una presos, en otra robados, y en la otra presos, robados 
y apaleados, y el primero tratado bruscamente, insultado, preso, 
robado, colgado, mofado, y sugeto á pasaporte para no serlo mas; 
todo esto corriendo le año de 677, según va referido, y por in- 



Il 



INGLESES EN YUCATÁN. i 59 

gleses, no subditos de la Gran Bretaña, que á serlo, les habrían 
tratado como amigos y aliados, sino por piratas, aventureros, y 
prófugos, ó infieles á dicha nación. 

Lo mismo sucedió en Yucatán, según la relación de Alcedo, 
quien hablando de Campeche, dice: ha decaído mucho con la des- 
gracia de las invasiones que experimentó: primero por los ingle- 
ses, que la tomaron y saquearon el año de 1659, luego el pira- 
ta LuisScott el de 1678. 

No fué pues en oposición de tratado alguno lo que expresa 
el autor'del almanaque, quien, tratando de los ingleses emplea- 
dos en el comercio de palo campeche, escribe: mas continuando 
aun en las persecuciones de parte de los españoles, tomándoles 
sus barcos, bajo pretexto de ser piratas, los llevaron á tal estado 
de daño, que mientras sus compañeros se establecen en rio hon- 
do, rio nuevo y Waliz en una remota situación, ellos estaban 
quietos, y no fueron molestados hasta el año de 1680, en el mes 
de abril, en que algunos barcos, bajo la comandancia de don Fe- 
lipe de Veredea Villegas, arribaron á la isla de Triste y laguna de 
Términos, atacaron á nuestros cortadores de palo campeche, y los 
desalojaron de aquella parte adyacente á Campeche; después de 
lo cual, se situaron ellos mismos en los límites del presente es- 
tablecimiento. Las bahías del Espíritu Santo de Valladolid, y la 
de la Ascensión de Bacalar fueron también evacuadas; porque mas 
adelante añade. En el año de 1680, los establecimientos sobre el 
otro lado del cabo Catoche fueron enteramente abandonados. 



CAPÍTULO 66. 

]fIaiii§ioii <le Ingleses en Ilalis* 

Si los tratados invocados por el almanaque no prestaban a- 
poyo á la posesión del territorio de Yucatán, mucho menos po- 
dían dispensarlo á la ocupación del de Balis. Lo primero, por 
llevar consigo idéntico vicio: lo segundo, por ser ella posterior á 
los tratados. La introducción formal en el territorio data el año 
de 080, y los tratados fueron celebrados en 070 y 067. Asi apa- 
rece literalmente de la narración del almanaque: consta de la de 



\40 CAPÍTULO LXVI. 

Ximenez, ya referida, que por este tiempo solo menciona entra- 
das y salidas de piratas al interés de palo de tinte: de la de Del- 
gado, CUYO testimonio oficial por el carácter de empleado^ y coe- 
táneo ál hecho que refiere, muestra que hasta el año de 677 no 
poseían los ingleses mas que el cayo Cosina, y el islote del rio 
Tejach, sin hacer asiento aun en la tierra firme de la costa. Del- 
gado recorrió cuidadosamente, y reconoció todas las bocas de los 
rios, y vio desierta la de Balis, que se conceptúa de primera fun- 
dación. Robertson mismo denótala posterioridad de ella, cuando 
describiendo los progresos de este negocio, añade: y en fin, ellos 
han colocado su principal establecimiento en la baliia de Hon- 
duras. 

Sucesivamente refiere el propio almanaque, que el tribunal 
de comercio dirigió un memorial á su magestad Jorge I, en que 
para informarle de la importancia del tráfico de palo campeche, 
presenta la cuenta de sus productos después de la guerra, por 
este orden: 2189 toneladas el año de 1713: 4878 en el de 714: 
5863 en el de 715; y 2032 en el de 716. Este memorial fué dis- 
puesto el año de 717, en que la tonelada, dice estaba de 40 á 
16 libras, habiendo estado antes en mejores tiempos á cien li- 
bras. 

Los cortadores, refiere también, se establecieron en los rios de 
Waliz, rio hondo y rio nuevo donde permanecieron sin perjuicio 
hasta el año de 718, en que enviada del Peten una fuerza espa- 
ñola con orden de desalojar á los ingleses de su asiento y del rio, 
hicieron alguna pausa de unos meses, y erigieron una fortificación, 
que aun permanece, aunque arruinada junto al rio Norvest; pe- 
ro tan lejos estuvieron ellos de hacer los preparativos necesarios 
para el ataque, que los colonos tuvieron tiempo de procurar la 
asistencia del rey mosquito, y esto mismo les dio motivo á le- 
vantar un fuerte por esta parte. Por último advierte que en es- 
te tiempo comenzaron á trabajar negros de Jamayca y la Bermu- 
da en los cortes der palo, habiéndose empleado antes solo blan- 
cos, soportando la fatiga, é insalubridad del clima. En informe 
hecho al gobierno superior del rey no por el padre comisario de 
misiones fray Alonso del Castillo, y firmado de su nombre en 16 
de agosto de 1724, se dá la relación siguiente. 

Demás de dichos zambos mosquitos hay poblados como tres- 
cientos ingleses, según el informe que me hicieron los prácticos 




INC^LESES EN B ALK . ^4\ 

cha costa, y que han estado entre ellos. Mas estas pobla- 
zonesde ingleses están muy apartadas y distantes del parage de 
los zambos mosquitos. Están dichos ingleses en el parage que lla- 
man Balis en esta costa de la mar del norte á el lado y costa del 
castillo del Golfo, que mira como quien navega para Campeche. 
De suerte que saliendo del castillo del Golfo, y navegando costa á 
costa á los cuati'o dias de navegación se encuentra con. las pobla- 
zones de Balis á la lengua del agua. Estos ingleses ha mucho tiem- 
po que están poblados y cortando palo de brasil, que es el fin 
y único ejercicio que tienen. Ellos cortan de este palo que supe- 
rabunda en aquel parage, y gran parte de su circunferencia, por 
lo que mira á la montaña de dicha costa, y en porciones lo van 
vendiendo á otros ingleses, que á este fin vienen de Jamayca y de 
Inglaterra. 

En la montaña de dicho parage solo hay montes espesísimos y 
casi impenetrables; porque nunca jamas se ha oido hayan atrave- 
sado aquellas montañas por tierra, ni los ingleses á los pueblos ó 
haciendas de cathólicos por tierra adentro, ni los cathólicos al pue- 
blo, parage de Balis. Todo esto débese entender de un tiempo pos- 
terior á la jornada del padre Delgado en adelante; pues en esa é- 
poca aun habia camino por tierra de la Verapaz á Bacalar. Solo 
por mar, continúa diciendo el padre Castillo, en canoas ó por tier- 
ra, costa á costa, entre la lengua del agua y orilla de la montaña, 
han pasado algunos españoles y mulatos que han arribado á Balis, 
unos por temporal, otros que habiéndolos aprisionado en la mar, 
los han echado en Balis. 

Y las experiencias repetidas que hay del porte y proceder de 
estos ingleses de Balis, es que á cuantos cathólicos españoles han 
llegado allí, los han atendido y mirado bien. Y no solo no hacen 
daño, mas ha sucedido que habiendo un pirata echado en Balis á 
un español muy mal herido, los ingleses lo curaron y regalai'ou, y 
también lo aviaron de bastimentos, para que se volviese á su tierra. 
Y según me informaron, dichos ingleses atienden mucho a los po- 
bres españoles que llegan allí desrotados y necesitados, y losíivían 
de lo necesario para irse á su tierra. 

Mas dichos ingleses nunca jamas salen á pelear, ni hacer daño 
alguno, ni por mar ni por tierra, salvo cuando alguna vez, que ya 
ha sucedido, andan los mulatos y españoles á corso, y en llegando 
á Balis intentan quitarles sus balandras y piraguas, eutouces sí se 



A 42 CAPÍTULO LXVI. 

defienden y bien. Y solo á hurtadillas y descuidados les han cojí- 
do tal vez una ú otra balandra y uno ú otro hombre; pero si no les 
tocan á ellos, ellos no hacen mal alguno, antes sí mucho bien. Y 
por lo que mira al palo que cortan, no es eso en perjuicio alguno 
de los nuestros, porque abundan mucho todas aquellas montañas 
desiertas, y los nuestros no se ocupan jamas en aquellos parages 
en tal ejercicio de cortar brasil. 

El segundo motivo de esta relación de Balis es, porque si des- 
pués de exterminados los zambos pareciese exterminar también los 
ingleses de Balis, será cosa muy conveniente y acertada, porque 
aunque de ellos no hay las hostilidades ni amenaza el peligro, á lo 
menos próxima, que de los zambos, con todo eso no están bien los 
ingleses allí, ni deben estar. Y advierto, que de haberse de ejecu- 
tar también el exterminio de dichos ingleses, es justo y muy debi- 
do, el que sean atendidos con charidad, y exterminados con la 
méno^ molestia de ellos que fuere posible, en recompensa de la pie- 
dad y generosidad con que ellos se han portado con los nuestros. 
De suerte que estos ingleses son algunos que por pobres ó por no 
andar hurtando, metiéndose á piratas ni ladrones, han tomado el 
medio de ocuparse en cortar palo de aquellas montañas; pero co- 
mo he dicho, es muy bueno su exterminio. 

En 29 de enero de 729 son pagados por oficiales reales 1112 
tostones al apoderado de don Antonio de Liendo, gobernador y ca- 
bo del presidio de Peten, de gastos hechos en alimentos y condu- 
cion á esta ciudad de nueve negros que se huyeron del río Waliz, 
en que están poblados los ingleses, y se fueron al dicho presidio: 
cuya paga, dice la partida, hicimos de cuenta de lo que produje- 
ren dichos negros, respecto estarse entendiendo en la venta de ellos 
de cuenta de S. M. en conformidad de lo mandado por decreto de 
este superior gobierno. Acaso en contravención de cédula de prin- 
cipios del siglo. 

Alcedo, en la palabra Honduras, dice. Tiene el mismo nom- 
bre que esta provincia una bahia de ella muy grande y cómoda 
entre el cabo de Honduras y el de Catoche. Es célebre esta ba- 
hia, por el establecimiento que los ingleses hicieron en ella pa- 
ra cortar el palo de tinte, y ha sido motivo de muchas diferen- 
cias en varias ocasiones de las dos cortes de Madrid y de Londres: 
el parage que elijieron para esto es, según el caballero Uringe, una 
gran llanura, la mayor parte pantanosa, y llena de lagunas; en- 



t le 



INGLESES EN BALIS. ^4o 

empo (le seca, cuando los cortadores tienen porción de árboles 

ortados, fabrican una cabana en que habitan, quitan la corteza á 

los árboles, y los amontonan, haciendo canales debajo, de modo 

que cuando las lluvias inundan el terreno, bajan flotando por ellos 

asta el embarcadero, donde los compradores pagan á cinco libras 

esterlinas de Jamayca la tonelada. 

Al principio hacian este tráfico los ingleses de la bahia de Cam- 
peche; pero echados de allí por los españoles, se transfirieron á es- 
ta de Honduras: en el tiempo á propósito para esto van en busca 
de los árboles que están dispuestos en línea por algimas millas, cor- 
tan las ramas en trozos grandes, que dejan en tierra hasta que las 
lluvias las arrastran á el rio, de donde las transportan en canoas ai 
almacén grande de las barcaderas. 

El mozo que se dedica á este tráfico empieza de marinero asa- 
lariado por una tonelada de palo de campeche cada mes, con el 
beneficio de trabajar un dia en la semana para sí; si es sobrio y de 
buena conducta, con el tiempo une sus fondos con los del patrón, y 
luego sigue el comercio con independencia: todos estos trabajado- 
res elijen un rey que los gobierna por leyes que forma él, y las 
embarcaciones que entran en la bahia están bajo de su custodia, y 
van á buscar la madera en barcos chatos, casi siempre de noche, 
para entrarla á bordo de dia. 

Cuando los marineros en Jamayca se ven perseguidos por deu- 
das ó delitos, se embarcan para la bahia de Honduras: el equipage 
que llevan consiste en provisión de hachas, escoplos, sierras, cuclii- 
llos grandes, una piedra de afilar, un fusil, pólvora, balas y per- 
digones, que todo lo encierran en una arca, y una tienda liada con 
una cuerda: su ocupación es cortar la madera mas cerca del mar 
que es posible, y las tartanas de la Nueva-Inglaterra que van á 
Jamayca, si no encuentran allí carga, vienen á esta bahia á bus- 
carla: muchas veces cortan montones los cortadores antes del tiem- 
po y si los dejan solos no se atreve nadie á tomarlos. Este tráfico 
se hizo una madriguera de piratas, y después una espelunca de 
ladrones; y los malhechores de Jamayca, Martinica, Curazao y 
demás islas acostumbraban buscar gente en la bahia, que eran 
atrevidos, hechos á la fatiga, bien armados, y buenos marineros. 



CAPÍTULO 67. 

ÍEistableeliiiieiito del eoriso. 

Caducando la armada de barlovento con la dificultad de su 
costo, entraron en su auxilio otros establecimientos, para el soste- 
nimiento de la fuerza marítima en los mares y costas de la Améri*- 
ca, mayormente creciendo la marina de los ingleses y otras nacio- 
nes establecidas en ella. Smith lib. 4 cap. 7, hablando de las del 
norte, dice: la idea de aumentar la marina y poder naval con la ex- 
tensión de las pesquerías desús colonias, parece haber sido un ob- 
jeto que nunca perdió de vista el gobierno británico: han reci^ 
bido estas pesquerías cuantos fomentos pudo darlas la franqueza 
y libertad de este tráfico, que en efecto ha florecido allí conside- 
rablemente: para su exportación á Europa, sus embarcaciones es- 
pontáneamente numerosas no necesitaban juntarse en conserva 
de flota ni del resguardo de una armada. El pescado salado, re- 
fiere el mismo escritor, es uno de los principales artículos en que 
la América septentrional comercia con Espaiía y Portugal, y con 
todas las potencias del Mediterráneo. La Jamayca igualmente, a- 
ñade, lleva sus azúcares á la Gran Bretaña y á las demás nacio- 
nes. Las propias embarcaciones se ha visto que transitaban de u- 
nos á otros establecimientos: las de la Nueva Inglaterra, si no 
hallaban carga en Jamayca, venían á tomarla á Balis, y vol- 
vían con madera de la costa de Verapaz: todo lo cual hacian sin 
la necesidad de unirse en flota, ni de esperar el resguardo de u- 
na armada; antes bien ellas inducían esta precisión á las embar- 
caciones españolas de la travesía. 

Cuando aquellas aumentaron, y éstas disminuían, la Haba- 
na fué la primera que acudió á su refuerzo. Sobre las ventajas 
de este puerto, dice Alcedo, tiene la de un excelente astillero en 
que se construyen continuamente navios para la real armada, y por 
eso hay en é\ un departamento de marina; cuyo comandante es un 
oficial general, y manda la escuadra, que de ordinario se mantie- 
ne allí con el nombre de armada de barlovento. Por este tiempo 
se hace ya mención de embarcaciones guarda-costas de Yucatán, 
en cédula de 20 de noviembre de 713, que ordena se mande á esta 
provincia el importe del impuesto sobre caldos para la mantención 



I 



ESTABLECIMIENTO DEL CORSO. -145 

de sus gnarda-costas. Puede haber sido operación de la misma es- 
cuadra, lo que refiere el propio Alcedo, hablando del tráfico de ma- 
deras en Balis, cuando dice: el año de 1722 se interrumpió este co- 
mercio por cinco fragatas españolas, que tomaron doce embarca- 
ciones, destruyeron los establecimientos que tenian y la madera 
cortada, pasando á cuchillo los colonos. 

También puede haber sido esto efecto de los clamores de Gua- 
temala. La Gazeta mensual de esta capital de diciembre de 1729, 
en su último artículo, dice. Las cartas de Puerto Caballos havisan, 
que el capitán Enrique Okelii entró en este puerto el mes pasa- 
do con un bergantín, y dos balandras inglesas, que apresó con 
su armamento cargadas de palo de brasil, y fierro, y en ellas do- 
ce negros. La de diciembre del año de 730, en el artículo Goma- 
yagua, dicer las cartas de esta ciudad participan, que á los últimos 
de octubre y principios de noviembre, dos armadores de corso, 
de los que se hallan en Puerto Caballos, apresaron dos balandras 
inglesas, de las que comercian en el rio de Balis, la una cargada de 
vino, aguardiente, carnes, harina y algunos lienzos, y la otra con 
alguna aguardiente y un negro. 

Murillo lib. 9 cap 3, hablando del establecimiento de ingleses 
en Yucatán, escribe. Y esta misma parece es la laguna de Bacar 
lar, de que habla la Gaceta de México de 1730, donde mandó el 
rey se pueble la villa de Bacalar, que mas de 97 años estu- 
vo arruinada; y fué allá don Antonio de Figueroa, gobernador de 
la provincia, y supo que las rancherías de los ingleses se estendian 
treinta y cuatro leguas y perdieron los ingleses cuarenta y dos em- 
barcaciones, cuarenta pilas de palo de tinta, con otros despojos, 
que cojieron los españoles, y en la boca del rio se fabricó un fuer»- 
te con baluartes, artillería y pedreros, para impedir en adelante la 
entrada á los ingleses. 

intimamente, la Gazeta de Guatemala, de enero siguien- 
te de 731, en el artículo Mérida, dice: por cartas de esta 
ciudad de 5 de agosto del año próximo pasado, avisan también 
que un corsario de Campeche, que con patente del gobernador 
navegaba aquellos mares en un bergantín bien armado, apreso en 
el rio de Balis siete embarcaciones inglesas, berganthies y balan- 
dras, con las que se restituyó á Campeche; y á pocos días fomen- 
tado del gobernador, y acompañado de otro, navegaron a Ba- 
calar, á donde llevaron seis cañones de buen calibre, enviados 

TOM. 2. (20) 



^46 CAPÍTULO LXYII. 

por el gobernador, los cuales desde luego se montaron en la nue- 
va fortaleza de San Felipe, y acompañados del presidente de la 
fortaleza con su castellano don Alonso de Figueroa, de orden del 
gobernador, y practicando todas las que le confirió al castellano 
para el desembarco, que ejecutaron después de aver penetrado 
entrambos bergantines treinta y nueve leguas arriba por el rio 
nuevo, y caminando por tierra al del Typu, de allí al de Balis, 
en el tránsito de uno á otro, aprisionaron diez y seis ingleses, 
una inglesa con su bija, 16 negros y cuatro negras: quemaron 
treinta rancherías, llenas de palo de tinta, que tenían ya pron- 
to los ingleses para embarcarlos, y en uno y otro rio quemaron 
treinta y cuatro embarcaciones, y aviendo recogido un gran nú- 
mero de hachas, azerruchos, sierras, y otras herramientas, que 
sirven al corte del palo, se retiraron á los bergantines ( logrando 
el salir sin ser acometidos de los ingleses, que rece- 
losos de mayor daño se retiraron á los montes ) y navegaron á 
Bacalar, y de allí á Campeche, á donde llegaron el dia 20 de ju- 
nio; y aseguran que con estas invasiones, y otras que de orden 
del gobernador se han practicado contra los ingleses, impidién- 
doles el corte del palo de tinta en nuestros montes, ha subido tan- 
to su precio en Londres, que dos navios del real asiento de ne- 
gros estaban en Campeche cambiándolos por palo. 

Al paso que crece el comercio de Balis, y que á él acuden em- 
barcaciones de Curazao, se ven también acudir españoles al res- 
guardo de la costa de Honduras. La misma Gazeta de Guatema- 
la en noviembre de 729, refiere que un armamento de 20 pira- 
guas y dos galeotas apresaron en la ensenada de Trujillo un ber*- 
gantin tratante, que pasaba de la isla de Curazao al rio de Balis. 
En la de mayo de 730 expresa, que llegaron á Puerto Caballos el 
dia 13 de abril dos balandras de la Habana armadas en corzo 
la una nombrada el Santo Cristo de Maracaibo, á cargo de don 
José Herrera, con 86 hombres, 12 cañones y 10 pedreros; y la 
otra nombrada San Francisco, á cargo de don Antonio Morales, 
con 60 hombres, 10 cañones y 8 pedreros, los cuales después de 
aver estado algunos dias en este puerto salieron á emplearse en 
su destino. 

Todo esto da lugar á congeturar que los clamores de Guate- 
mala no habían sido vanos, ni lo era la exhibición de sus almo- 
jarifazgos destinados para la armada de barlovento; pues en vez 



ESTABLECIMIENTO DEL CORSO. '1 47 

de los galeones de ella acudían á sus puertos y resguardo de su 
costa embarcaciones armadas en corzo así del \ireynato de Nue- 
va-España al cual pertenecía Bacalar, como de la capitanía ge- 
neral de la Habana, y su departamento de marina perteneciente 
á la misma armada, cuyos gobernadores sin duda obraban á vir- 
tud de reales órdenes, y autorizados por ellas. Por este tiempo se 
deja ver otra institución no menos importante en la banda opues- 
ta de Tierra firme, de que se hace solemne mención en la misma 
gazetade esta capital del mes de noviembre de 730, donde con 
referencia á la Habana, dice: las cartas de esta ciudad de octu- 
bre participan la noticia de que en dias del mes antecedente llego á 
ella monsieur Lage, segundo theniente de uno de los navios guar- 
da costas, de Cartagena, que estaba á cargo de don Francisco Gui- 
ral. 

En vista de lo referido, no cabe duda de la fuerza marítima 
que existía agregada á la armada, y repartida en Tierra firme, 
Cuba y Nueva-España en resguardo de estos mares, y así en el 
de su costa respectiva, como en la de Guatemala. Mas no es ya 
esto lo que debe hacer fuerza, sino el que no suene una sola em- 
barcación de parte de este reyno empleada en auxilio ageno, ni en 
su propio valimiento; pero esta admiración cesará, recordando que 
á sus provincias en este tiempo no era ya permitido el comer- 
cio con Cartagena y la Habana y que careciendo de este ínteres, 
y demás auxilios cuyo goce alentaba á otras, no podía moverlas 
el único del corso, y la guerra. 

En igual estado se hallaba el reyno con respecto al mar del 
sur, atenido á la armada de este nombre en el Perú, que impi- 
diese el paso á los enemigos y corsarios. En el mar del sur, di- 
cen Ulloa y Jorge Juan p. 1 cap. 3, ha habido siempre un cuer- 
po de armada, cuyo nombre le dan allí, aunque mas propiamen- 
te podía dársele el de guarda costas, según lo corto que ha si- 
do en todos tiempos el número de bageles, que la componían, co- 
mo se ha visto; y en la p. 2 cap. í), hablando de Mantas, lugar 
situado en la ensenada de Panamá, de mucha riqueza en tiempos 
pasados por la pesquería de perlas, escriben que el principal mo- 
tivo de la decadencia de ella, há sido la ausencia de los vecinos 
acaudalados, que la mantenían, huyendo de las sorpresas que ex- 
perimentaban con las invasiones de los piratas enemiiíos, (|ue e- 
rau muy repetidas, y contra cuyos insultos no tenían ninguna de- 



■448 CAPÍTULO LXVII. 

fensa, como tampoco la hay, añaden, en los tiempos presentes en 
parte alguna de aquella costa. 

Refieren en la p. 1 cap. 7 la toma y saqueo de Guayaquil el a- 
ño de 709 por los piratas Dampierre y Rodger que mandaban dos 
fragatas, y en el 8 el saqueo é incendio de Paita en el de 741 
por el vice almirante Anson; y siguen describiendo la grande es- 
casez de armas de toda especie que se padecía en las poblaciones 
y puertos del Perú para su defensa, cuya relación no es de omi- 
tir, no porque sea simplemente aplicable al reyno de Guatema- 
la, sino porque destituido de fortificación en los puertos del sur 
y en este tiempo aun de su marina mercante, le es mucho mas 
aplicable proporcionalmente. 

Es tan común la falta de armas en el Perú, dicen, que ningu- 
no podrá conocer su escasez á menos de haberlo experimentado 
en las ocasiones que han hecho forzoso echar mano de ellas, pa- 
ra ocurrir á las urgencias. A fin del año de 1740 se pusieron en 
el mejor estado posible para resistir la invasión de los ingleses, 
que se esperaba en todas aquellas costas» En Guayaquil deter- 
minaron dar registro á uno de los barcos de aquel puerto sin em- 
bargo de la prohibición para que fuese á Nueva-España, y com- 
prase allí el número necesario de armas: el comisionado no las 
encontró de venta, aunque las solicitó en la misma ciudad de Mé- 
xico; y así se volvió sin ellas, quedando las milicias como esta- 
ban antes, armadas con lanzas y machetes de monte los de á ca- 
ballo, y los de á pié, unos con lanzas á manera de alabardas, y 
otros con arcabuces de mecha, y aun éstos eran tan pocos y en tan 
mal estado que solo servían de formalidad á la vista, y de espan- 
to á los que los ven de lejos. 

La única compañía, prosiguen diciendo, que tenia armas, y 
que se hallaba en buena disposición era la de forasteros, porque 
componiéndose toda de europeos, que son los que trafican allí, 
á ninguno le faltaba á lo menos escopeta; y como en todas las 
ciudades y poblaciones grandes de aquellos reynos hay el mis- 
mo régimen de formar entre los forasteros una compañía, esta 
eradla única que se hallaba proveída de armas. En la capital 
de Guatemala se ha visto que habia una de vizcaynos, monta- 
ñeses, y otros forasteros. 

Las poblaciones desde Guayaquil hasta Lima, dicen todavía, 
estaban sobre este particular en un estado tan malo, que en los 



■"S^K 



ESTABLECIMIENTO DEL CORSO. 440 

cuerpos de guardia de cada pueblo donde se juntaban las mili- 
cias y se guardaban las armas, solo se veian pedazos de palo con 
espigas de hierro atadas á la punta con pretensiones de lanzas, 
cañones de escopeta, y arcabuces antiguos sin llave, ni mas ca- 
ja que un pedazo de palo á que estaban amarrados con un cor- 
del, de tal modo que algunas veces los vimos disparar teniéndolo 
y apuntando uno, mientras que otro le ponia fuego. 

Sin embargo de lo que vá referido se vio ser suplida la fal- 
de armas con el valor y entusiasmo de sus habitantes. Al- 
cedo menciona alojamientos y derrotas de piratxis dispuestas por 
los vireyes; y tomada Paita, el año de 741, cuentan los mismos 
escritores: el corregidor de Piura don Juan de Vinatea se puso 
en marcha con 150 hombres, que pudo juntar por lo pronto, y 
vino en socorro de Paita, que la ocupaban solo 30 hombres; pe- 
ro como los que conduela el corregidor estaban desarmados, man- 
dó tocar las cajas, pífanos y clarines desde mas de una legua 
antes de llegar á ellos: el estruendo militar tuvo el efecto deseado, 
por que los ingleses resolvieron desocupar á Paita, aunque irri- 
tados, pegaron fuego al lugar, antes de embarcarse. El almi- 
rante Wernon en 742, conduciendo 2500 hombres y 500 negros 
de desembarco en 53 embarcaciones, tomado Portobelo se dirijia 
á sitiar Panamá; pero llegando del Callao una escuadra de cua- 
tro navios y una fragata con poca gente y pocos cañones de cor- 
to calibre, entendiendo el almirante ingles que cada navio con- 
duela 50 cañones de grueso calibre y mas de 500 hombres, mu- 
dó de dictamen parcciéndole temeridad. 

Por lo que respecta al corso, los mismos Ulloa y Jorge Juan, 
según relación suya cap. 4, de orden del virey salieron el pro- 
pio año 742 con dos navios de guerra á hacerla en las costas del 
Chile; y como que eran embarcaciones del Perú las que comercia- 
ban en Guatemala era de su cai*go por necesidad venir á sus cos- 
tas á la mira de su resguardo, según se ha visto en el socorro 
que dio el presidente Bamos Leal en ellas á una escuadra de es- 
ta clase salida de Lima. Los propios autores en informes dados 
al virey son de dictamen, con\endria hubiese en el Callao una 
embarcación pequeña de cien toneladas, así para despachar por 
brea y alquitrán á Guatemala, como para dar avisos á ?sueva- 
España. 



^30 

CPÍTÜLO 68. 

SulileTaeioii de Zeiiclalos* 

Ya que no habia en el reyno fuerzas para repeler las inva- 
siones exteriores de los piratas, hubo á lo menos las suficientes 
para reprimir los motines de indígenas suscitados en lo interior 
contra sus alcaldes mayores. Ximenez lib. 5 cap. 35 hace men- 
ción de uno sucedido en la Verapaz por el año de 678. El alcal- 
de mayor Solivera, dice, hacía los repartimientos de hilados en 
todos los pueblos de su jurisdicion, cuya peste no ha podido S. 
M. destruir. Valíase para esto de los indios, que en los pueblos 
avia mas á propósito. En Rabinal avia uno cortado á medida de 
su deseo, llamado Gaspar Pérez á quien mantuvo todo su tiem- 
po por alcalde y escribano para que con el mando de la vara y 
escribanía forzase á el repartimiento. No podían los indios dar 
cumplimiento, y así caían en muchas faltas, y sobre ello los de- 
sollaba á azotes, y tenia muchos días en la cárcel. 

Quejándose varias veces de aquel indio, al alcalde mayor, y 
como era el todo de su negocio, no le hablaba palabra, antes lo 
mantenía en su cargo, y el indio mas altivo hacia mayores agra- 
vios. Viendo los indios que no tenían recurso en su alcalde ma- 
yor, ocurrieron á la audiencia, quejándose solo del indio, sin to- 
mar en boca al alcalde mayor. La audiencia viendo justificada 
la queja, dio real provisión para el alcalde mayor, mandando, que 
le quitase la vara. Hízosele muy duro el ejecutarlo, porque le ha- 
bia hecho mucha hacienda, y no quiso mostrarse desagradecido, 
y también mirando que ya acababa su oficio, y que su sucesor 
Godoy sentiría le quitase aquel indio, de quien quería también 
valerse para sus grangerías, y así entretuvo á los indios con de- 
cirles, que ya él acababa, y que su sucesor lo ejecutaría. 

Guando los indios acudieron á éste para la ejecución, hallaron 
cerrada la puerta. Con esto exasperados, y alcanzando que ocur- 
rir otra vez á la audiencia era cansarse, hubieron de acudir á la 
fuerza, y ciegos de cólera, concurrió todo el pueblo á la casa real 
con ánimo de matar al indio alcalde y al alcalde mayor que se 
hallaban juntos en ella. Noticiosos del motín muchos españoles, 
que á la sazón estaban en el pueblo, acudieron con sus armas y 



SÜBLEBACION DE ZENDALES. Áo\ 

defendieron uno y otro alcalde de la furia popular. Llegada la no- 
ticia á Guatemala, el alcalde mayor antecesor, que se hallaba a- 
llí, dispuso con el presidente que enviase despacho para que le 
trajesen preso á Gaspar Pérez, y los indios engañados con que lo 
llevaban para que fuese castigado, fueron con él muchísimos á 
entregarlo, y no fué sino para cogerlos á ellos sobre seguro, co- 
mo cogieron mas de doscientos, y los desterraron, unos á Grana- 
da, y otros á Jalpatagua, donde todos perecieron miserablemen- 
te, quedando castigados los agraviados, y defendido el malhechor. 

No fué tan afortunado, prosigue el propio Ximenez, don Ma- 
nuel Maisterra, alcalde mayor de la provincia de Chiapa, en el 
pueblo de Tustla, donde tenia un gobernador, que hacia lo que 
Pérez en Rabinal; sería esto por el año de 695. Ocurrieron á la 
audiencia, quien por su real provisión mandó le quitase el go- 
bierno. Haciéndosele duro al alcalde mayor cumpHr el despacho, 
porque perdía mucha utilidad, los entretuvo con decir, que él 
iría al pueblo y lo ejecutaría. Aguardaron los indios: él lo dilata- 
ba; hasta que le dijeron, que ¿ cómo no se ejecutaba lo que S. 
M. mandaba, que era el señor supremo, á quien todos deben o- 
bedecer? El alcalde mayor se encolerizó, y les trató mal de pa- 
labra, diciendo que eran unos desvergonzados, atrevidos. Los in- 
dios ya calientes de ver la maldad que con ellos se usaba, to- 
maron piedras, y lo empezaron á apedrear, y así lo mataron, con 
que murió. También mataron y quemaron al tal gobernador y 
á un su alguacil. El mal y daño, añade el mismo escritor, les 
vino después, ahorcando á treinta de ellos, y descuartizándolos, 
desterrando á muchos, y vendiendo á otros por esclavos. 

En la Nueva España una sublevación de indígenas por este 
tiempo atentó contra el virey, según relación de Humboklt en el 
ens. lib. 6 cap. 14. Rara vez, dice, se ha visto perturbada la tran- 
quilidad interior del reyno de México desde el año de 596, en que 
el poder de los castellanos se vio asegurado desde la península 
de Yucatán hasta las costas déla Nueva California. En 601, 609, 
624, y 092 hubo algunos movimientos de parte de los indios, 
y en el último los indígenas quemaron el palacio del virey, la 
casa del ayuntamiento, y las cárceles públicas, no hallando el vi- 
rey conde de Gal ve su seguridad, sino protegido por los frailes 
de San Francisco. Apesar de estos acontecimientos á que dio lu- 
gar la falta de víveres, la corte de Madi-id no creyó necesario au- 



^52 CAPÍTULO LXVIII. 

mentar las fuerzas militares de la Nueva España. En Guatemala 
se ha visto que se estimó necesario el año de 697 la formación 
de dos compañías para el resguardo de las primeras autoridades, 
no solamente por recelo de los indígenas, mas principalmente de 
los pardos. 

En aquellos tiempos, prosigue este escritor, en que era mas 
íntima la unión entre los españoles mexicanos y los europeos, 
la metrópoli no desconfiaba sino de los indios y mestizos; y el 
número de creollos blancos era tan corto que por lo mismo se 
inclinaban generalmente á hacer causa común con los europeos. 
A esta reunión de circunstancias debe atribuirse la tranquilidad, 
que reynó en las colonias españolas, cuando á la muerte de Car- 
los II se disputaron dos príncipes extrangeros la posesión de la 
España. Los mexicanos gobernados en aquella época, primero 
por un descendiente de Montezuma, y luego por un obispo de Me- 
choacan, fueron espectadores tranquilos de la grande lucha, que se 
empeñó entre las casas de Francia y Austria. 

Una cédula de 28 de enero de 701, remitida á Guatemala por 
la reyna gobernadora, dice. Recelándose que ingleses y olandeses 
envien alguna escuadra de bageles á esos dominios con el fin 
de perturbarlos, intentando sorprenderlos y aclamar en ellos por 
rey al archiduque, he resuelto preveniros estén con el cuidado 
y vigilancia dehida para oponeros á lo que se intentare, ejecután- 
dolo con la maña y reserva, que pide la gravedad de la mate- 
ria. Las colonias, añade Humboldt, siguieron sin réplica la suer*- 
te de la metrópoli, y los sucesores de Felipe V, aun no temían 
el espíritu de independencia, que desde el año de 643 se habia 
manifestado en la Nueva Inglaterra. 

En Guatemala el movimiento de indígenas, que mas parece 
haber ocupado la atención del gobierno, fué el alzamiento de los 
zendales en la provincia de Chiapa por el año de 712. Ximenez 
ofrece hablar de él; pero el tomo 4 donde corresponde no está 
á la vista de los redactores. En una ante-sala de la antigua au- 
diencia existe un lienzo de dos varas en cuadro con la pintura de 
los pasages principales, y abajo su explicación numerada, que di- 
ce. 1» En el pueblo de Guistan cercan los indios ádon Fernan- 
do Monge y sus soldados. 2«> Pasa el alcalde mayor don Pedro 
Gutiérrez á socorrer á los de Guistan. 3« Matan los indios al sar- 
gento mayor don Bartholomé Tercero de Rosas. 4^ Resisten los 



SUBLEVACIÓN DE ZENDALES. \ 55 

indios debajo de una trinchera en San Pedro al alcalde mayor, 
y le obligan á retirarse. 6^ Refriegas de los indios con el gober- 
nador de las armas don Nicolás de Segovia en Oschuc. 

6° Entrada de los señores presidente y auditor general en 
Ciudad Real. 7» Esperan los indios al señor presidente debajo 
de una trinchera en el camino de San Martin, y son vencidos, 
perdiendo la eminencia de un cerro. 8» Hace quemar el señor 
presidente el pueblo de San Martin. 9» Real del señor presiden- 
te. Batalla y expugnación de la trinchera de Cancuc. 10° Ha- 
lla milagrosamente agua para beber el ejército del señor presi- 
dente, ll» Trinchera inexpugnable que tejen los indios en el ca- 
mino real de Oschuc para Cancuc. 

12» Fuerte que hizo luego que se ganó Cancuc. 13» Manda 
el señor presidente ahorcar en Cancuc á Juan García, capitán ge- 
neral de los alzados, y á un indio. 14» Manda asimismo ahor- 
car en Yajaton nueve capitanes de los alzados, y una india bru- 
ja. 15» Entra con sus tropas en Guistiupan, y el alcalde mayor 
de Tabasco don Juan Francisco de Medina Cachen. 16» Trinche- 
ra de los indios para impedir la entrada del alcalde mayor de 
Tabasco por los Moyos. 17" Acometen los alzados, queman y sa- 
quean el pueblo de Sinejobel por ser fiel, matando en la Iglesia 
al padre fray Juan Campero del orden de San Francisco, y lo cuel- 
gan en un naranjo. 18" En Ococingo y Cuira degüellan los alza- 
dos las criaturas hijas de españoles y ladinos. 19» Matan en el 
camino real de Cancuc para Oschuc al padre fray Juan Gómez 
dominicano. 20» Matan en el camino de Huaquitepeque para Ciu- 
haco á los pp. fray Nicolás de Colindres, y fray Manuel de Ma- 
riscal. 21" En Chilon matan los alzados á los españoles, y arro- 
jan á muchos por la torre de la iglesia. 22" En Tonalá matan 
los dichos al padre don Francisco de And rada su cura. 

Arriba del lienzo tiene un brevete. En 1712 se sublevaron 
los pueblos de los partidos de los zendales de la provincia de Chia- 
pa, y en poco mas de tres meses fueron sugetados, castigados y 
reducidos enteramente á la obediencia del rey N. S. por el señor 
don Toribio Cosío, caballero de la orden de Calatraba, gobernador 
y capitán general del reyno de (Juatemala, y presidente de su real 
audiencia. Asistió á toda la empresa el señor licenciado don Die- 
go Antonio de Oviedo y Baños, oidor de dicha real audiencia, y 
electo del real y supremo consejo de las Indias, como su asesor 
ToM. 2.' (21] 



^54 CAPÍTULO Lxvni. 

y auditor. En actas de cabildo de 5 de octubre de 712, y 7 dé 
abril de 713 se trata de la jornada, y del regreso del presiden- 
te Cosío; y mas adelante en 6 de noviembre de 714 se recibe 
cédula en que le es prorogada la presidencia, gobierno y capi- 
tanía general por dos años mas sobre los ocho de su concesión, 
en premio de este servicio. Juarros agrega que le fué conferido 
el título de marques de Torre-campo, y así es titulado sucesiva- 
mente en las mismas actas y cédulas posteriores. 

Echevers, en su ensayo sobre comercio, hace el elogio de los 
zendales el año de 742. La grana silvestre, dice, es producción 
de Chiapa: en otro tiempo era mucha la cantidad que se saca- 
ba por los zendales, y zoques, quienes la abandonaron por fal- 
ta de compradores, y cuando entró á gobernar aquellas provin- 
cias don Martin de Bustamante no se cogían mas de trescientas 
arrobas; pero con haber fomentado á cuatro pueblos de los zoques, 
los puso en estado de que beneficiasen mil y seiscientas: lo mis- 
mo harían, y aun con exceso los pueblos de los zendales, si lo- 
grasen igual fomento. 

Aquí se habla con alabanza de un corregidor; pero Ulloa y 
Jorge Juan p. 2 se explican menos lisongeramente de otros en 
el Perú, estendiéndose en el mismo sentido con respecto á hacen- 
dados y curas, y á la manera con que son oidas sus causas por 
los jueces, y defendidos por los protectores fiscales. Esta conduc- 
ta para con los indios dicen en el cap. 1, fué el principio que tu- 
vo la sublevación de los chunchos, quienes se separaron de la 
obediencia del rey, y ocupando los parages circunvecinos á Tar- 
ma y Jauja por la parte del oriente en las montañas de los An- 
des han hecho guerra contra los españoles, desde el año de 1742, 
cuya rebelión no se há podido apaciguar hasta el presente; y es- 
tas son las tiranías, que su caudillo les decia intentaba reformar, 
sacándolos del gobierno de los españoles. Si se reflexiona sobre 
lealtad, afirman en el cap. 3, no se encontrará nación alguna en 
el mundo que hable con mas respeto y veneración de su rey: ellos 
nunca toman su nombre en la boca, sin anteponer el distintivo 
de señor, descubriéndose la cabeza, ceremonia que ni los curas ni 
los corregidores les han enseñado, porque éstos no la practican, 
ni han visto un ejemplo tal: dicen regularmente el señor rey, y 
algunas veces el señor nuestro rey. 

La guerra que los indígenas haciau en sus alzamientos en 



I 



SUBLEVACIÓN DE ZENDALES . ^ 55 

Guatemala y en las demás colonias españolas, no era como la 
que los mismos hacian en las colonias inglesas del norte: pues 
en ellas, según se refiere en el compendio de la historia de aque- 
llos estados, y se ha dicho otra vez, hacian la guerra á los in- 
gleses con armas de fuego y toda especie de arma blanca: porque 
aliados temprano con los franceses del Canadá, hasta con los vín- 
culos del matrimonio, eran surtidos de ellas, é instruidos en su 
uso por ellos mismos. Aliados otras veces con los ingleses con- 
tra franceses los indígenas del Canadá, recibían igual instrucción 
y surtimiento de los piimeros: con lo que toda especie de arma 
y pericia militar ultramarinas se hicieron comunes entre aque- 
llos naturales, y la guerra con ellos siempre fué y es todavia es- 
tragosa y temible. 

Ademas, los colonos ingleses abrían campañas con los colonos 
franceses recíprocamente en sus territorios en tiempo de guerra 
éntrelas naciones matrices, y con esta ocasión, empeñada la con- 
tienda en materia de límites, se prolongaba fácilmente. Fueron así 
mismo distintas veces atacados y su territorio invadido el año de 
744: con lo que siempre tuvieron que acudir á su defensa; y con- 
sultando por sí mismos á su propia conservación, al fin se halla- 
ron en estado no solamente de repeler á sus invasores, mas tam- 
bién en el de auxiliar á la nación matriz. Así es que por sí solos 
tomaron el año de 758 á los franceses á Luis Bourg puerto y ciu- 
dad fortificada del Canadá, y á los españoles la Habana en el de 
762. 

A los indígenas de las colonias españolas no permaneció mu- 
cho tiempo desconocido el uso del arma de fuego. Alcedo, hablan- 
do de los chunchos, dice: estos indios tienen un gefe ó principe, 
descendiente según dicen de la estirpe real de los incas, el cual 
quiso hacer valer sus derechos á la monarquía del Perú, represen- 
tando el año de 1744 al virey marques de Villa Garcia, con ame- 
nazas de que se haría justicia con las armas: es católico y ha to- 
mado entre los suyos el título y honores de rey del Perú: fué cria- 
do en Lima entre los españoles como hijo de cacique, donde se 
instruyó en el gobierno, la policía y el arte militar, (jue introdu- 
jo en su país con el uso de las armas blancas y de fuego. 

Acaso vendría de aquí, lo que observa Humboldt, donde dice. 
Todavia creciíü'on los temores de la corte, cuando pocos años antes 
de la paz de Versalles, Gabriel Coudorcanquij hijo del cacique <lo 



^56 CAPÍTULO LXIX. 

Tongasuca, y mas conocido con el nombre de Tupac-Aráaru, su- 
blevó los indígenas del Perú, para restablecer en Cuzco el antiguo 
imperio de los incas. Esta guerra civil, durante la cual cometie- 
ron los indios las mas atroces crueldades, duró cerca de tres años; 
y si los españoles hubieran perdido la batalla en la provincia de 
Tinta, la atrevida empresa de Tupac-Amaru hubiera tenido funes- 
tas consecuencias, no solo para los intereses de la metrópoli; sino 
probablemente también para la existencia de los blancos. 



CAPÍTULO 69. 

Zanibos moisqiiitois* 

Entre los indígenas emigrados de la tierra dentro, que mediado 
el siglo 16 entraron á habitar la dilatada región de Tologalpa y 
Teguzgalpa, desiertas entonces con el salteamiento anterior de sus 
antiguos moradores, se encuentran los habitadores de la costa que 
tomaron á fines del siglo 17 el nombre de Zambos mosquitos. Mos- 
quitos, acaso por los arrecifes, así llamados, próximos al Cabo de 
Gracias; pues el nombre primitivo de su pais, visitado por Colon, 
€S Cariay. Delgado, tomado prisionero el año de 677 por los pira- 
tas ingleses de Balis, se queja ya de un indio del Mosquito, que 
lo mortificó bastantemente. Zambos, sin duda, porque comercian^ 
^0 Jamayca en negros, y abundando en la isla su tráfico, fu- 
gitivos de ella, y refugiados en esta costa, se mezclaron con hem- 
bras naturales de la tierra, y su descendencia tomó este distintivo, 
específicamente suyo, que no inspira á su raza civilización algu- 
na. Los negros de que proceden eran provocados á la fuga con 
la libertad que hallaban en sus dilatados bosques, declarada así 
mismo para los prófugos de dominios ingleses y holandeses en cé- 
dula de 1» de julio de 704, que les aprovechó poco, no siendo 
acatado el nombre español en el distrito. 

Alcedo refiere, que removido Lynch del gobierno de Jamayca 
el año de 673, le sucedió el duque de Abemarle, enviado con par- 
ticular comisión de exterminar los piratas, como lo hizo mandan- 
do ahorcar á cuantos pudo haber á las manos. Pero expulsos que 
fueron de Yucatán los cortadores ingleses del palo de tinte el a- 



I 



ZAMBOS MOSQUITOS. Í57 

ño de 680, este gobernador no parece que haya continuado en 
el mismo propósito, sino que trasladó la animosidad á la 
costa de mosquitos. Un escritor británico, bastante reciente, lle- 
gando á hacer la descripción de esta última, nota con particu- 
laridad que este gobernador inspiró á sus habitantes aversión y en- 
cono contra los españoles: lo que pudo verificar durando en a- 
quel gobierno hasta el año de 689. 

Peyreleau en la historia de las Antillas francesas t. 2 observa, 
que dispuesta una grande armada por los flibusteros, comandada 
por Pointis, con que auxiliaron la francesa de mr. Ducase en el 
ataque y toma de Cartagena el 15 de abril de 697, al fin de la 
expedición de retorno de Brest, cayeron en medio de una flota in- 
glesa y holandesa aliada de España, que los desbarató comple- 
tamente, y renunciando entonces á su espantosa reunión, se di- 
seminaron por todo el nuevo mundo; y no será estraño que tocase 
á las costas de zambos y á la de mosquitos una parte del hos- 
pedage de estos hombres, que teniendo por divisa el odio á los es- 
pañoles, concurriesen á infundirlo á los mismos naturales. Ello es 
que cesando los flibusteros europeos en Guatemala, se halló el se- 
creto de substituirles otros americanos del propio pais: pues an- 
dando el tiempo, y obrando sugeridos de los ingleses, llenaron su 
objeto tanto mas aventajadamente, cuanto que eran unos enemigos 
domésticos, situados en el territorio del reyno, y puertas aden- 
tro de sus provincias. 

El presidente marques de Torre Campo victorioso de los zen- 
dales, habiéndosele prolongado el tiempo de su gobierno, dispu- 
so extender sus triunfos sobre los mosquitos, y en junta general 
de guerra del año de 715 resolvió exterminarlos, removiéndolos 
de su sitio, como se hizo con los guanajos el siglo anterior. Como 
esta empresa no podía practicarse por tierra, se tomaron provi- 
dencias para ejecutarla por agua; pero concluida la proroga de su 
gobierno, fué promovido á la presidencia de rilipiuas, v sucedién- 
dole el señor Rivas, en su tiempo se construyeron en el Golfo mu- 
chas piraguas y canoas, dice el guardián Castillo en informe da- 
do sobre esta materia en 16 de agosto de 1721. Otro, de ios ofi- 
ciales realesMuñoz y Cortez, de 1" de junio de 726, pondera los gas- 
tos hechos en la armadilla que se fabricó para la exploración del 
enemigo zambo de la isla de mos(| uitos. 

Comenzando por dar alguna idea de esta nación, escribe el 



458 CAPÍTULO LXIX. 

mismo Castilllo. El número de hombres de armas, sin muchachos 
ni mugeres es de 800 poco mas ó menos, esto es de zambos mos- 
quitos, y demás de estos ay como 300 hombres de yarias calida- 
des, los mas son negros y mulatos prisioneros, ó que mal hallados 
con sus amos se han refugiado allí, y uno ú otro español, francés, 
ó ingles, que son pocos, y de ellos hacen poco caso los mosqui- 
tos, y aunque los llevan en su ayuda se dedignan gobernarse por 
ellos. Entre renglones está en este manuscrito una nota de lo con- 
trario. 

Tienen dichos zambos á uno que llaman su rey, el cual en 
dia de festejo viste á lo español con peluca: en los demás dias 
solo lleva un casacon y una banda, sin camisa ni calzones. La 
obediencia que le tienen es casi ninguna. Las determinaciones de 
guerra, y para salir á robar y saquear se toman entre los principa- 
les. La insignia de este rey es un bastón, que le ha dado el go- 
bernador de Jamayca. Hay ocho dias de navegación á esta isla, 
á donde van á vender indios, que cogen en Talamanca, y toda la 
costa de Trujillo hasta Campeche: los cuales venden por escope- 
tas, pólvora, balas lanzas, y demás. Son diestrísimos en las armas, 
porque no tienen otro oficio, que tirar blancos, cazar animales. 
Muestra de que los indígenas de Guatemala conocieron el uso de 
ellas antes de los chunchos del Perú. 

Demás de dichos zambos y advenedizos ay también como 600 
de la nación paya: los cuales solo están divididos por el rio que 
llaman tinto. Están las poblazones de los unos y los otros á la 
orilla del agua de la mar. Los payas por la inmediación y trato 
con los zambos están ya diestros en las armas de fuego, y ma- 
nijan también otras, como son lanzas, espadas y demás. Aunque 
no hacen un cuerpo los unos con los otros, se ayudan y convidan, 
cuando se ofrece. 

De los 800 zambos, solo 500 tienen fusiles ó escopetas, porque 
como cada escopeta que compran de los ingleses corsantes ó pi- 
ratas, ó de Jamayca les cuesta un indio, de los que cogen ya en 
Campeche, ya en Talamanca, o ya en los pueblos de los obispa- 
dos de Honduras y Nicaragua, y no todos participan de su pi- 
llage, no todos tienen con que comprar escopetas. A que se llega 
el que como dichos zambos no tienen fraguas ni herreros, la esco- 
peta que una vez se descompuso, descompuesta se queda para 
siempre. Y aunque van á Jamayca á componer algunas, pagan- 



ZAMBOS MOSQUITOS. -159 

do al herrero en concha de carey, ó algodón, ni todos tienen con 
que componer sus escopetas, ni van todos á Jamayca. La prue- 
ba es que cuando salieron 30 zambos á saquear el pueblo de la 
Candelaria junto á san Pedro Zula, solo cinco ó seis traían es- 
copetas; lo mismo cuando salieron y cogieron una porción de mu- 
geres y niños españoles en las haciendas de la Segovia del obis- 
pado de Nicaragua. 

Tienen también, continúa Castillo como 25 pedreros, de los cua- 
les algunos usan en sus piraguas, y los mas tienen en el parage 
principal para su defensa. Tienen también dos piezas de artille- 
ría puestas á la boca del rio tinto, donde está la principal entra- 
da á su sitio y poblazones. Y en cuanto á la pólvora y balas, me 
aseguraron dichos prácticos todos, que es poca su provisión, aun- 
que nunca les falta, porque los ingleses de Jamayca corsantes ó 
piratas, que son los que se la venden, son muy tiranos con ellos. 
Y como dichos zambos no tienen ni usan plata, sino indios, ca- 
rey, algodón y bastimentos de mais, yuca y plátanos, es mucho 
lo que los ingleses les piden por una poca pólvora que les dan. 

No tienen en toda esta costa pueblo alguno formado, porque 
viven en porcioncillas de 4 á 6 casas á trechos distantes, y la ma- 
yor porción está en una punta de tierra firme, que entra en el 
mar, y viene á ser península: la cual tiene por un lado el rio tinto, 
que desde allí comienza á entrar á la mar, y por el otro, otro rio, 
que también desde allí comienza á entrar en ella. Tiene la pe- 
nínsula una legua de ancho, y tres ó cuatro de largo, sin los islo- 
tes cercanos despoblados, que solo sirven á los muchachos para 
ir á jugar y pescar. 

Entre las naciones que pueblan las montañas tierra adentro 
por la parte de la Tegusgalpa hacia Yoroy Olancho existen tres; 
de las cuales una tendrá mil almas, otras 1200, y otra como 6000, 
de que proceden los que habitan las orillas de la mar, y comu- 
nican con ellos, y como también tienen comercio con los cristia- 
nos del obispado de Honduras, toman de ellos noticia de lo que 
se dispone en (luatcmala contra los habitantes de la orilla de la 
mar, y les dan relación de todo, con que no están ignorantes de 
nada. Yo estuve, dice este escritor, en casa del gobernador Esco- 
to, hacendado, descendiente de otro Escoto, que fomentó estas mi- 
siones el siglo pasado, y él y su hermano son de sangre noble, 
y lian hecho crecidos gastos en sostenerlas, dan auxilios á los sa- 



^60 CAPÍTULO LXIX. 

cerdotes, que llegan; pero faltando las ayudas de costa, no pue- 
den distraer de sus trabajos á los mulatos que les escoltarían de 
buena gana. 

Pasando ya á tratarde los medios para el exterminio, sea lo pri- 
mero, continúa, que en todo el distrito de esta capitanía general de 
Guatemala, aunque tienen varios puertos de mar, no ay balandras, 
bergantines, botes, fragatas, ni chalupas, ni de nuestro católico 
rey, ni de particular alguno, y lo mas que ay es tal cual canoa 
ó piragua, y ponerse á fabricarlas de cuenta de S. M. es gastar 
el dinero en vano. Llégase á esto, que ni en esta ciudad de Gua- 
temala, ni en todo el reyno ay gente marítima, y solo se hallan 
tal cual mulato en el obispado de Comayagua de San Pedro Zula, 
Yoro, y Trujillo, que esté acostumbrado á andar en la mar; pe- 
ro todos los demás solo entienden de mercancías, ingenios de a- 
zúcar, y haciendas de ganado, y aunque muestren buen ánimo el 
mareo los postra. 

Así sucedió en la galeota que se fabricó para este fin en la 
laguna de Granada á expensas de S. M, y esfuerzos del señor 
obispo Garret, que habiendo salido á la mar los españoles y mu- 
latos con su cabo, descubrieron una canoa de zambos y mosqui- 
tos, y estando á tiro de pedrero, fueron tan gallinas, que ni aco- 
metieron, ni dispararon una arma, ni hicieron movimiento algu- 
no, hasta que advirtiendo el zambo mosquito la gente y armas de 
la Galeota, temió solo de verlos, y se fué desviando poco á poco, 
hasta que estando ya en distancia segura, se puso dicho zambo 
mosquito á hacer burla y mofa de los de la Galeota, y se fué sin 
que le hiciera daño, ni le siguieran. Lo mismo sucedió con las 
canoas, que á costa de S. M. se fabricaron ahora cuatro ó seis a- 
ños junto al Castillo del Golfo, en que se gastaron muchos mi- 
llares de pesos á S. M. sin provecho, y todo paró en humo. Y 
así, señor, no sirve, no sirve para la mar la gente de este rey- 
no de Guatemala. Una exposición á la audiencia del ayuntamien- 
to de la ciudad de Granada de 14 de abril de 716, dice que fue- 
ron una galeota y tres piraguas. 

He aquí lo que se dice en esta época entre otras cosas de la 
gente de Granada, de la opulenta y marítima ciudad de Granada, 
que en 634 y 638 enviando innumerables fragatas á Portobelo, no 
es capaz á los 90 años de enviar una galeota al mosquito. Todo 
ha sido efecto, así de las restricciones en la navegación, como de 



ZAMBOS MOSQUITOS. 461 

haber ellas terminado en su abolición total, que acabó junto con el 
siglo hasta con la gente de mar en todo el reyno, según se ha ob- 
servado. 

El autor del informe calcula 500 fusiles á 800 zambos, y nin- 
guno computa á los 600 payas, de que se olvida, sin duda facili- 
tando la expedición. De aquí es que sigue diciendo. Supuesto 
pues que no ay embarcaciones, ni gente marítima, mi dictamen 
y el de todos los prácticos es que para esta función recurra U. S. 
á Campeche, á la Trinidad, y si fuere necesario también á Porto- 
belo, para que los corsantes de dichos puertos, dándoles su suel- 
do ó ayuda de costa, vengan con embarcaciones competentes á di- 
cha costa de mosquitos, y ayudándoles con todo lo necesario des- 
de los puertos deUlíia y Trujillo, hagan la función tomando tier- 
ra en dicha península, formen desde luego allí un fuerte de es- 
tacas, y cojan todas las piraguas que tienen los mosquitos en las 
riberas y en los rios. Luego conducidos 600 hombres con víveres 
y armas de Tequegua, Tiuma y Santiago, que están en la orilla del 
rio de Ulúa, penetren la tierra adentro, donde formarán otro fuer- 
te, se distribuyan en porciones de ciento en ciento á cojer los in- 
dios, y destruir sus milpas, yucales, platanales, árboles frutíferos, 
y cuanto hubiere y tuvieren. Desde luego todos los prisioneros y 
mulatos, que muchos ay mal contentos, han de buscar el real, y 
hallando cuartel, ayudarán á inducir á los indios á buscar refugio 
en él, lo que harán no hallando ya que comer, y no haciéndoles 
daño alguno, cargar con todos, y trasportarlos á países distantes 
de la costa opuesta, ó á Filipinas. 

Gonzalo Pizarro, al disponer una armada en el sur con qué 
llevar á cabo su rebelión en el Perú, dijo: que era menester ser 
dueño del agua, para serlo de la tierra; pero Guatemala no pare- 
ció poseída de esta persuacion, ni que renunciase este dominio, 
al avenirse, andando el tiempo, á ser privada de su marina. Ella 
ciertamente no volvió á ver los navios que armaron Alvarado, 
Quiñonez y Valverde, ni el tercer siglo de su colonización halló 
es bueno repetirlo, rastro alguno, de las armadas salidas de sus 
puertos, durante el primero, tanto al sur como al norte del pa- 
cífico. Frustrada asimismo la colonización del país ocupado, tan 
necesaria para su custodia y conservación, toda\ia se empleó en 
el siglo segundo, como un medio á propósito para el mismo íiii 
la despoblación de él, y transporte de sus habitantes. Habia echa- 
TüM. 2. (22) 



462 CAPÍTULO LXX. 

do honda raiz en el territorio una semejante institución, y ya se 
destinaba á los venturosos moradores del Cariay, como america- 
nos, al fin procedentes del Asia, su retorno á aquel continente 
en Filipinas, siguiendo el impulso de la repoblación del mundo de 
oriente á poniente. 

Lacayo en su representación de 759, dice. Son mui diestros 
en el manejo de las armas, por haberlos instruido en su uso los 
ingleses: insignes en la pesca y navegación: bárbaros en sus cos- 
tumbres, esclavizan á los prisioneros, y los venden á los de Ja- 
mayca: su comercio lo hacen con piraguas, que fabrican de una 
pieza: profesan ojeriza á los españoles, por haberles imbuido los 
ingleses, en que hacen esclavos, obligan á pagar tributo, y á tra- 
bajar en las minas á los indios vasallos de V. M, y que en ellos si 
prestasen obediencia, ejecutarían lo mismo. Les han impresiona- 
do, en que los defenderán, siempre que se intente su reducción, 
y manejarlos sin rigor, dejándolos en el libre uso de su secta y 
costumbres, y que reconozcan al cacique por su legítimo señor. 



CAPÍTULO 70. 

Hoistilitlad tie los zaniliois mosquitois. 

El autor de la representación que va citada, hablando con 
respecto á Nicaragua, decia. No puedo referir sin dolor las hos- 
tilidades é invasiones, que ha experimentado esta provincia en 
este siglo por los indios zambos mosquitos, por sí en tiempo de 
paz, y tripulados con ingleses en el de guerra: por el año de 
709 y 710 saquearon por tres veces el partido de los chontales, 
robando y talandQ sus haciendas, y llevándose diferentes fami- 
lias prisioneras. 

El gobernador Haya, en su informe del valle y barras de Ma- 
tina en Costa-Rica el año de 1719, dice: no embargante las centi- 
nelas expresadas han hostilizado diferentes veces el referido valle 
los enemigos zambos mosquitos, llevándose las cosechas de ca- 
cao, los esclavos, que los vecinos tienen al cultivo de las hacien- 
das y muchas personas libres de color, vendiéndolas por esclavos 
en las colonias de Jamayca, Curazao y en otras poblazones, que 



ZAMBOS MOSQUITOS. >l G5 

tieiven en esta comarca. En la Gazeta mensual de Guatemala de 
noviembre de 729, se refiere que los zambos habian hecbo algu- 
nos prisioneros en la costa de Honduras. En la de febrero de 7 30, 
numerándose las doctrinas que eran á cargo 'de la orden de San 
Francisco, se dá el estado, sin contar dice con otras que tiene en 
las reducciones de indios infieles de las bárbaras provincias de Ji- 
caque, Payas, Pakaka, y Pantasma donde apostólicamente emplea- 
dos viven mucbos religiosos al arbitrio de sus bárbaros habita- 
dores. Aunque esto debe haber sido de tiempo en tiempo, según 
sentencia de la audiencia de 16 de mayo de 763. 

La de abril dice. El dia 9 convocó el M. ilustre señor presi- 
dente junta de guerra, y en ella se leyeron las cartas de los go- 
bernadores de Nicaragua, Honduras y Costa-Rica, y los autos que 
siguió este en Cartago sobre las declaraciones de los indios del 
pueblo de Chiriquí, que estuvieron prisioneros en poder <le los 
bárbaros mosquitos, y ahora lograron hacer fuga; los tíñales de- 
claran, que muerto el año pasado de 29 Anibel, que se llamaba reí 
de estos bárbaros, ocupé el trono su hijo Beltran, de que nació en- 
tre ellos una civil guerra, negando al nuevo rei la obediencia los 
avitadores del pueblo <de Carate, seguidos de otros muchos de a- 
quella bárbara nación, que no conoce mas ley que su albedrío, 
ni tiene mas riqueza, que la que adquiere el robo, y algún comer- 
cio que tiene de los frutos, que lleva su pais con los ingleses, 
de quienes adquieren la pólvora y armas de fuego, con que in 
festan nuestras costas, y saquean nuestros pueblos, llevándose la 
gente: de la cual los hombres venden por esclavos á los ingleses, 
y las fnugeres, que es su mas apreciable robo, aplican á su tori^c 
uso, aziéndolas á todos comunes. 

No profesan religión alguna, ni en sus poblazones se encuen- 
tra algiui venerado umbral, que avise adorarse dentro alguna 
deidad: hablan una confusa mezcla de lenguas; pero la mas co- 
mún oy es la inglesa, que han adquirido de aquellos ingleses fa- 
cinerosos, que continuamente se les agreiian de las colonias que 
esta nación tiene en la mar del norte: tienen gran número de pi- 
raguas de guerra, y algunas galeotas con que invaden nuestras 
costas, y ha crecido tanto su osadía, qiu» turban ya el sosiego de 
todas ellas, y ahora declaran los fu^^Mtivos, ((ue dirimida la civil 
discordia, y asegurado IJeltran en el trono, aprestaba un gran 
-armamento de piraguas y galeotas, cuyo destino ignoraban; de 



464 CAPÍTULO LXX. 

que receloso el gobernador de Costa-Rica sea invadido el pueblo 
de Malina por haberlo tenido bloqueado el año pasado los bár- 
baros, consulta algunas prevenciones para su seguridad, sobre que 
determinó la junta, la remisión de pólvora que se necesita, y algu- 
nas órdenes que expidió el señor presidente á los gobernadores de 
las otras provincias, para su resguardo. 

He aquí un pueblo rebelado y rival de Guatemala, provisto de 
embarcaciones de que ésta carece, y á quien nada falta para trafi- 
car el mar de las Antillas: él gira un comercio recíproco con in- 
gleses, y ademas de poderlo resguardar, toma la actitud de inva- 
dir y atacar el reyno de Guatemala en todas sus costas del norte: 
con lo cual se sobrepone y subroga á él; pues no son ya Guate- 
mala ni Honduras las que envían una embarcación á la isla de Cu- 
ba: tampoco Nicaragua ni Costa-Rica las que atraviesan el mar, 
para remitir sus frutos á Portobelo y Cartagena. Mosquitos es a- 
hora quien recorre las costas desde Campeche hasta Portobelo, él 
quien conduce sus frutos á la isla de Jamaica, y Mosquitos en fin el 
que bloquea los puertos de Guatemala. Así es que esta tribu indí- 
gena merece un lugar distinguido entre las de su clase, y si cede la 
primacía en el uso de las armas de fuego á los valientes iroque- 
ses y apalaches del norte, á veces vencedores y aliados de los in- 
gleses americanos, ella se reserva la de haber armado el primero 
una escuadra en el océano, de que fueron pasivos y temerosos es- 
pectadores los españoles guatemalanos. 

Llegando la misma Gazeta al artículo de Puerto Caballos, di- 
ce: en este puerto se mantienen acuarteladas las milicias de él, de 
orden del gobernador de Honduras, recelando la invasión de los 
bárbaros mosquitos, y lo mismo se practica en Trujillo, en San 
Pedro Zula, y toda la costa. En la de mayo del mismo año 730 
se lee lo siguiente. El dia 1 1 convocó el M. ilustre señor presiden- 
te junta de guerra, y en ella se leyeron las cartas del goberna- 
dor de Honduras y del alcalde mayor de Tegucigalpa, quienes 
avisan la intempestiva, cuanto irremediable invasión, que los bár- 
baros mosquitos ejecutaron el dia 30 de abril en el valle de Olan- 
cho, llevándose 36 personas; y aunque el gobernador consulta en- 
trar á sangre y fuego en la montaña de los indios chatos, de quie- 
nes entraron auxiliados los mosquitos, en número bien crecido, 
determinó la junta negar al gobernador esta Ucencia hasta nueva 
orden, que se dará, en viniendo ciertos informes, que se esperan 



It 



ZAMBOS MOSQTITOS. -i 65 

de Coraayagiia, y ahora se dieron algunas providencias, que pa- 
decieron convenientes al resguardo de este valle y su comarca. Las 
i^'tas de Gomayagua llegaron, y noticia que el número fué de 
180 m cuatro compañías comandadas por los ingleses, y que 
aunque el teniente de gobernador de Olancho hizo gente y mar- 
chó en su alcance, no logró el rescate de los prisioneros, sino so- 
lo los deudos el de una española por cien pesos. 

Lacayo, en su representación de 759, dice. De esta alianza ha 
provenido la osadía con que estos bárbaros saquean continuamen- 
te los pueblos vecinos matando á sus moradores, llevándose las 
mugeres, profanando los templos, cometiendo los demás absur- 
dos que les dicta su fiereza, con los cuales obligan á sus natura- 
les, á que abandonen sus casas y haciendas. 

Hace mención este escritor, que don Pedro Truco, encargado 
del mariscal de campo don Alonso de Heredia en el tiempo que fué 
gobernador de Honduras y INicaragua, desalojó á los indios zam- 
bos del pueblo de Sonaguera, de que tripulados con ingleses se 
hablan apoderado por el año de 747. No son menores, añade, 
las hostilidades experimentadas en otros parages, especialmente 
en el valle de Matina, mui conocido por el cacao tan exquisito que 
produce, numerándose en él ciento cuarenta y dos haciendas de 
este fruto, situadas sobre las orillas de los rios Barbilla y Car- 
pintero. Para la conservación y defensa de éstas se erigió un for- 
tín, con el nombre de San Fernando, en la boca del segundo, 
que los ingleses mezclados con los indios demolieron en el año 
de 747. Por el año de 740 invadieron los pueblos de Comalapa y 
Boaco, que desampararon sus moradores: al de Muimui y Xino- 
tega por cuatro ocasiones, llevándose muchas familias robadas: al 
de Lovaga por el de 7G0, y diferentes otros pueblos, villas, y lu- 
gares. 

El ingeniero don Luis Dies Navarro en informe de 31 de ma- 
yo de 1745 escribe. Por el año pasado de 1743 sacaron del pue- 
blo de Xinotega, en el partido de Matagalpa cuarenta mugeres y 
niños, cuya entrada hicieron cien indios mosíjuitos y cuatro ó 
cinco ingleses: y aunque el corregidor, que entonces era les sa- 
lió al encuentro con mas de trescientos hombres armados, y les 
cortó el paso en un rio, con todo no se atrevió á embestir. Mas a- 
delante añade: en la provincia de Nueva-Segovia varias veces han 
salido y saqueado la ciudíid de Segovia, que es cabecera de ella, 



-166 CAPÍTULO LXX. 

obligando á sus moradores á qiíe muden «u situadon á diferen- 
tes parages por tres veces. Juarros dice á tres diferentes pBrages. 
Hasta el río de esta citidnd parece haber mudado de posición pues 
el uso antiguo además de darle este origen y denominación, lo hace 
divisorio de las provincias de Honduras y Nicaragua, conservando 
en su desembocadura en el cabo de Gracias el nombre de Yare, 
donde antes estuvo el puerto y villa de Natividad: lo mismo se ad- 
vierte en el mapa de Jauregui de la capitanía general; y en carta 
de 1826 aun conservad rio este sitio: pero en otra de 1850 ya se 
interna en esta última provincia, y lleva su desembocadura al la- 
go de Blufiels, junto á la de San Juan. 

Don Félix Francisco Bejarano, gobernador de Veragua, en infor- 
me de 15 de setiembre de 775, escribe: los indios infieles ca- 
vecaras, vireitas y nortes-terrabas, que ocupan el centro de la 
montaña de Talamanca han recibido grandes daños de dichos zam- 
bos mosquitos, quienes hicieron prisioneros todos los indios que 
avitaban en las Bocas del toro, y por esta razón se llamaban Bo- 
ca-toros de la misma casta y nación de los nortes-terrabas, cuyo 
número ascendía á mil personas, que se llevaron á poder de in- 
gleses, quedando toda la costa sin indio alguno; por cuya razón 
dicho zambo mosquito se introduce por las referidas Bocas del to- 
ro y rio de la Estrella, internándose á la montaña, en donde sue- 
le hacer prisioneros los indios, que puede, de dichas naciones, por 
lo que éstos se han retirado al centro de la montaña 1 5 dias de 
■camino de las playas de norte. El mal se extendió á mas, llegan- 
do al vireynato de Nueva Granada, porque el mismo escritor men- 
ciona el perjuicio que han causado en Tierra-firme por toda la 
-costa de Veragua hasta Portobelo, llevándose prisioneros infini- 
dad de indios no solo infieles, sino también tributarios. 

Alcedo, hablando de mosquitos, dice: los españoles no tienen 
establecimiento, ni población alguna en este pais, porque los na- 
turales conservan tanta aversión á éstos, que con facilidad hacen 
amistad con los extrangeros, especialmente con los ingleses, que 
son los que mas frecuentan sus costas, para hacerles extorsiones: 
son excelentes pescadores, y se ejercitan en la pesca dd manatí, ó 
vaca marina, y con frecuencia van á Jamayca en las embarcacio- 
nes inglesas. El duque de Abemarie, siendo gobernador de esta 
provincia, admitió á los indios mosquitos bajo la pi'oteccion de In- 
glaterra, y su príncipe recibió especial comisión: después que mu- 



ZAMBOS MOSQUITOS. 467 

rió éste pasó su heredero á Jamayea á revalidar el tratado, pero sus 
vasallos no quisieron reconocerle. Los ingleses han proyectado va- 
rias veces establecer allí una colonia. El pirata Guillermo Dam- 
pierre, hablando de estos indios dice, que tienen la vista tan pers- 
picaz, que distinguen las embarcaciones á mucha mayor distancia 
que los europeos. Su destreza es tal, que con sola una barita, co- 
mo la baqueta de un fusil paran todos los golpes, seguros de que 
les toque ninguno, si no se quiebra. 

El propio escritor, hablando del rio de San Juan, dice: por él 
navegan unas chatas del tamaño de las balandras y canoas muy 
grandes cargadas de sebo y otros efectos, que llevan á Portobelo 
distante 80 leguas, y en tiempo de galeones conducían ropas y 
mercaderías con permiso para el abasto de la provincia, no sin 
evidente riesgo de los enemigos zambos mosquitos que continua- 
mente hacen hostilidades en ella, y en la costa de Honduras por 
estar poblados en varias islas inmediatas: las embarcaciones re- 
feridas hacen el viage con la pensión de descargar en tres parages 
ó raudales que hay por donde no pueden pasar cargadas. 

En uno de éstos, sigue diciendo, está situado el castillo de nues- 
tra Señora de la Concepción sobre una montaña de peña viva, y 
aunque no es muy grande, basta para impedir el paso y subida 
del rio á los enemigos. Está guarnecido de 36 cañones, y tiene un 
caballero muy bien construido, desde donde aunque se tome la 
fortaleza pueden los que lo ocupen hacer que lo desalojen: á la 
lengua del agua tiene una plata-forma con G cañones: á la par- 
te de tierra lo defiende el foso y estacada que lo rodea hasta el 
rio. Ordinariamente lo guarnecen cien hombres, ademas 1(> ar- 
tilleros, un condestable, 40 mosqueteros, castellano ó gobenia- 
dor, capellán, teniente y 20 milicianos para el manejo de los cham- 
panes ó barcos, de que todas las noches hay dos apostados de 
guardia rio arriba y rio abajo y 18 esclavos entre hombres y rau- 
geres forzados para el servicio de la guarnición, que es asistida 
de mais, carnes, legumbres, gallinas y otras cosas de la ciudatl 
de Granada distante GO leguas, y siempre tiene víveres pai-a 6 me- 
ses. 

El temperamento es mui enfermiso, porque continuamente llue- 
ve allí, y cada dos años, ó antes si lo pide el castellano se reclu- 
ta en la capital de Guatemala una compañía de 50 hombres pa- 
ra reemplazo de los que mueren, y mientras tiene obligación el go- 



AGS CAP. LXX. ZAMBOS MOSQUITOS. 

bernador de la provincia de remitir con puntualidad la gente que 
se le pida. 

Este castillo se llama el antemural de los reynos de Nueva-Es- 
paña y del Perú, porque introducidos los enemigos por este rio, 
como ha sucedido dos veces con los piratas Francisco Lolonois, y 
Juan Morgan, podran ir ocupando la Nueva-España, y estable- 
cidos en el Puerto del Realejo, que dista 30 leguas de la ciudad 
de Granada, hacerse dueños de la mar del sur, y construir em- 
barcaciones con las excelentes maderas que hay para ello; por cu- 
yo motivo se ha tenido siempre especial cuidado con esta forta- 
leza. 

El presidente Mayorga, en consulta de 30 de octubre de 773, 
muestra que continuaban en este tiempo las invasiones é insultos 
de los zambos mosquitos: pues recibe aviso del comandante de 0- 
moa, que habiendo éstos llegado á la boca del rio de Ulúa don- 
de estaba una vigía nuestra de cuatro indios tributarios, matando 
uno y llevando prisioneros los tres restantes, salió armada la pira- 
gua Sta. Rosalía á cargo del piloto don Joseph Antonio Martínez 
con veinte hombres de tripulación, que siguiendo su rumbo costa á 
costa á Ulúa, puerto de Sal, y Triunfo de la Cruz sin encontrar na- 
da, prosiguiendo á la barra del rio de Lean, vio dice, cuatro casas 
ó ranchos, y en ellos cosa de 25 á 30 hombres, no pudiendo dis- 
tinguir, si eran zambos ó ingleses, y hubo de parte á parte un 
vivo fuego que empezaron los contrarios, empeñándose la pira- 
gua á la entrada del rio donde baró; y habiendo hecho huir a- 
quella gente descuadernada en una piragua y un bote, en que le 
parece embarcaron tercios, siguió el resto de seis ú ocho hombres, 
que quedaron en las casas haciendo mucho fuego á los nuestros 
al abrigo de troncos y árboles, matando al patrón Pedro Mártir 
de un balazo, y se retiró Martínez ya escaso de municiones, y por 
no ser á propósito la piragua para dar caza, pareciéndole haber 
hecho destrozo en los contrarios. 



h 



469 

CAPÍTULO 71. 

Goliematloreis de lais provincias* 



No por faltar noticia de todos los gobernadores de las pro- 
vincias, se ha de suprimir la que ha ocurrido de algunos en ca- 
da una de ellas. Comencemos por la de 

Costa-rica. 

1560 Francisco Vázquez: provisto por el rey para reducir los 
indios Chomes, en la parte de Veragua, entonces provincia de Nue- 
va Cartago, según la cédula de que se ha hecho mérito de 18 de 
julio de 1560 art. 12. 

1563 Juan Vázquez de Coronado; según lo expuesto acerca 
del establecimiento de corregidores. 

1569 Perafan de Ribera, nombrado por el rey, según cédula 
de 15 de agosto de este año, que dice: nos proveymos y nombra- 
mos por nuestro gobernador de la provincia de costa-rica á pera- 
fan de rribera... y aunque á mucho tiempo que hicimos en él 
el dicho nombramiento, somos informados, que hasta agora no 
á ido á servir la dicha gobernación ni continuado la población 
della. 

1587 El capitán Alonso de Angusiana Gamboa. Hizo muchas 
jornadas, conquistas y poblaciones de las ciudades de Cartago, 
Esparza y Austria: mudó y redujo á policía otros pueblos de in- 
dios en Suerre, Garavito, y otros, y descubrió las minas de oro y 
cobre de esta provincia, en que gastó mas de 20 mil pesos de do- 
ña Inés Cerrato su muger, hija del doctor Juan López Cerrato, 
hermano del licenciaáo Cerrato, presidente desta audiencia, in- 
forme de 22 de marzo de 1627. Alcedo dice: dieron al pais loses- 
pañoles el nombre de Costa-Rica por el mucbo oro y plata que en- 
cierra en sus minas, y de la que llaman Tisingal se ha sacado 
poca menos ri([ueza ([ue del cerro de Potosí en el Poru. Kl rey 
llamó antes Castilla de oro á lo íiue Colon en su principio Iwibia 
nombrado Ciamba. 

1588 Don Gonzalo Vaz([uez de Coronailo, adelantado de Cos- 
ta-Rica, aparece en Guatemala con cédula del rey, pidiendo asien- 
to de regidor en cabildo de 5 de febrero de este año; y luego en 

ToM. 2. (23) 



^170 CAPÍTULO LXXI. 

auto acordado de la audiencia de dias de marzo de 592 se men- 
cionan autos venidos de aquella provincia en apelación otorgada 
por el adelantado don Gonzalo Vázquez de Coronado. 

1598 Don Juan de Ocon y Trillo. El presidente y oidores, en 
informe hecho al rey en 1 de junio de G23, escriben: dicho don Juan 
de Ocon en nueve años que sirvió el dicho oficio de gobernador 
y capitán de Costa-Rica conquistó, pobló, pacificó la ciudad de 
Talamanca á su costa, y la sustentó cuatro años. Lo mismo se 
expresa en cédula de 15 de marzo de 635 inserta en auto de en- 
comienda, de que se ha hecho mérito; y en un resumen de 
cronicón y expedientes de misiones formado por un relator, sin 
duda de la audiencia, se hace esta narración. Por los años de 
1601, formaron los españoles un pueblo nombrado Nuestra Seño- 
ra de Concepción en el rio de la Estrella, y en el centro de Ta- 
lamanca una ciudad llamada Santiago de Talamanca, con una 
fortaleza, que se decia San Ildefonso. El informe del gobernador 
Bejarano, dice: hasta que el 16 de agosto de 610 se levantaron 
los indios y pueblos del contorno, asaltaron la ciudad en la no- 
che, quitando las vidas del gobernador maestre de campo don 
Diego Soxo, y demás españoles y gente de color, incendiaron y 
redujeron á ceniza la ciudad, menos el castillo. El de Haya, aña- 
de, que se llevaron muchas mugeres españolas. 

1610 Don Diego Soxo, maestre de campo. 

1612 Don Gonzalo Vázquez de Coronado otra vez, según au- 
to de encomienda que va citado de 18 de junio de 1647, después 
de reconquistada por Ocon Talamanca, y desde luego acabado su 
tiempo: de consiguiente después de Soxo. 

1615 Don Juan de Medrano y Mendoza, de quien se hace 
mención en auto acordado de 8 de octubre. 

1622 Don Alonso de Guzman y Casilla^ Por querella de ma- 
los tratamientos en autos de 1 de diciembre dictaminan los oido- 
res su venida de la provincia, y discordando el presidente opone, 
que el dicho gobernador está actualmente ocupado en la conquis- 
ta y pacificación de los indios de guerra de aquella provincia, que 
se han rebelado y muerto á los sacerdotes y españoles, y que S. 
M. por capítulo de carta tiene aprobada la pacificación, quel 
susodicho gobernador hizo los dias pasados, reduciendo y con- 
quistando muchos indios de los rebeldes, y castigando á los cul- 
pados, y se a dado por servido dello, y que si faltase el dicho 




GOBERNADORES DE LAS PROVINCIAS. Á 7\ 

gobernador acia grande falta por ser como es tan diligente y pe- 
rito en cosas de milicia, y que resultan grandes inconvenientes, 
por tanto lo advierte á los dichos SS. y les requiere quel dicho 
^gobernador no sea traido á esta ciudad. Pasado tiempo de con- 
iluido sú gobierno, y habiendo estado preso y embargado por pa- 
ras gravísimas y dignas de castigo ejemplar, de que se le acu- 
haber dicho contra el rey, en acuerdos de 4 de febrero de 627, 
le da soltura, y alza el embargo. 

1647 D. Juan deChavez, de que se hace mención en auto acor- 
dado de 7 de octubre. En su tiempo continuaban poblados de es- 
pañoles, y á su obediencia los partidos de Talamanca: pues se re- 
gistran nombramientos de corregidores hechos para todos ellos. 
Para Turrialba es nombrado José de Villalobos en 29 de mayo 
de 646. En 7 de agosto del mismo aüo para Pacaca don Diego 
Ramírez Corajo, nieto de Francisco Ramírez Corajo; y en la pro- 
pia fecha para Chirripo el alférez don Gil de Alvarado, quien en 
auto de encomienda de 25 del mismo, consta ser vecino de la 
ciudad de Cartago, hijo legítimo del capitán y sargento mayor 
don Jorge de Alvarado, vecino que fué de la ciudad de Santia- 
go de Guatemala, nieto de don Lope de Alvarado y viznieto de 
don Jorge de Alvarado hermano del adelantado don Pedro de 
Alvarado. Ademas se agregó el partido de Quepo que de orden 
del gobernador de la provincia redujo y conquistó en la tier- 
ra adentro Gerónimo de Retes, á quien fué conferido su corre- 
gimiento en 25 de setiembre de 649. En 22 de diciembre de 49 
se hace nombramiento en don Diego de Ramírez de Valdes para 
el partido de Turrialba y puerto de Suerre. En auto de encomien- 
da de 3 de enero de 50 se expresa, que Celidon de florales con 
comisión del gobernador pacificó y pobló Roruca. Todavía se re- 
gistran iguales nombramientos de corregidor en 11 de julio de 50, 
4 de noviembre de 51, 11 y 30 de enero de 52. 

Don Andrés Arias, nombrado por el rey, según Lobo 
en la vida del venerable hermano Pedro Retancur, y padre del 
Alférez 

1660 Don Rodrigo Arias Maldonado, á quien Juarros trat. 5 
cap. 19, presenta igualmente reconquistándolos partidos de Ta- 
lamanca, restaurando pueblos en ellos, y en premio titulado mar- 
ques de Talamanca. 

1666 Macsc de campo don Juan IVriunukv. ile Salinas y Cer- 



472 CAPÍTULO LXXI. 

da, resulta por este tiempo titulado adelantado de esta provincia, 
lo que denota haber obtenido algo mas que su gobierno. 

1669 Don Juan López de la Flor, en cuyo tiempo fué invadi- 
da la provincia de ingleses, y salió con gente en defensa de ella. 
Las invasiones continuaron en los años de 71, y siguientes, y á 
este tiempo debe referirse lo que añade el mismo escritor, que a- 
cabado el gobierno de Maldonado, los talamancas se volvieron 
al monte, los pueblos se asolaron, y todo el fruto de sus traba- 
jos quedó perdido. 

1677 El maestro de campo don Juan Francisco Saenz, quien 
representó estos desastres al rey, pidiendo la construcción de dos 
torres en el puerto de Matina, y una compañía de cien hombres 
para su guarnición, que le fueron otorgadas en cédula de 4 de 
junio de 1677, sin que tuviesen efecto. 

1681 Don Miguel Gómez de Lara, que reprodujo igual re- 
presentación, y siéndole otorgadas de nuevo ambas peticiones en 
cédula de 27 de setiembre de 1681, solo tuvo efecto la forma- 
ción de la compañía, sobre que le habla el presidente Agurto en 
despacho de 30 de abril de 1682, asignándole para la paga de 
cien plazas varios ramos, y remitiendo 70 hombres levados en 
esta capital. Entre los ramos de asignación tienen lugar 30 pesos, 
que pagaban las embarcaciones que sallan por el norte ó por el 
sur para Panamá, dos pesos cada muía que caminaba para Tier- 
ra firme, y un peso la salida del zurrón de cacao. La de estas 
embarcaciones por el sur á Panamá, era un permiso, que se ha- 
bla negado á las de Nicaragua. 

1692 Don Manuel de Bustamante y Vivero. Demorándose á 
veces la venida de galeones á Portobelo, y disminuyéndose en 
número y surtimiento por una parte, y por otra apocándose las 
embarcaciones que sallan de la provincia, ó siendo presa de pi- 
ratas, que fueron abundando, el situado de la dotación de plazas 
fué mermando considerablemente, de modo que este gobernador 
en su entrada, hallando solo 19 llenas, comenzó á levar gente pa- 
ra completar el número, y dio cuenta á la audiencia en 6 de ju- 
nio de 1692, pidiendo se le asistiese con el situado, á que se le 
contestó por real provisión, ordenándole, cesase en la recluta y 
guardase lo determinado en junta de guerra y hacienda ¿e 24 de 
mayo, y 30 de abril del año antecedente. 

1704 Don Francisco Bruno Serrano de Reina. En autoacorda- 



i 



GOBERNADORES DE LAS PROVINCIAS. í 75 

do de 4 de febrero resulta culpado en comercio que vecinos de la 
provincia tienen con extrangeros, y de ello se hace mérito en repre- 
sentación que corre en actas del cabildo de Guatemala de 22 de 
abril de 721. Después teniente de oficiales reales de la provincia; 
y mas adelante titulado raaese de campo en auto de 31 de agos- 
to de 1716. 

1709 Don Lorenzo Antonio de la Granda Balbin; en cuyo 
tiempo acaeció la cuarta sublevación de la provincia ó pueblos de 
Talamanca. Informe del guardián Urcullú de 3 de noviembre de 
1763 en que se expresa hizo jornada para el castigo, que hizo 
en su caudillo. En acuerdo de 22 de abril de 1712 se discute, a- 
demas de su deposición, la de los capitulares de Cartago en vis- 
ta de los autos sobre negociación con enemigos de la corona. 

Don José Antonio Lacayo de Briones. Auto de residen- 
cias de 23 de agosto de 721. 

Don Pedro Ruiz de Bustamante. El mismo auto. En cer- 
tificación del escribano de San Miguel de 2 de enero de 723 apa- 
rece este nombre en el alcalde 1» y teniente de justicia mayor de 
esta ciudad. 

1718 Don Diego de la Haya Fernandez. Auto acorda.do de lo 
de noviembre de este año, y 7 de julio de 1722, en que también 
suenan los anteriores. 

17 30 Don Francisco Valde-Rama. Gaceta de Guatemala del 
mes de marzo de este ano. 

1746 El maese de campo don Francisco Fernandez de la Pas- 
tora, con el gobierno político, sugeto en lo militar al de Nicara- 
gua, siéndolo el señor Heredia. Cuaderno historial de misiones. 

1748 El Brigadier don Luis Diez Navarro, de quien se habla en 
el resumen de los expedientes de misiones: acaso autor de una 
descripción del reyno de Guatemala firmada en 31 de mayo de 
1745, y publicada en 1850. 

1759 Don Manuel Soler, capitán de caballería de los reales 
ejércitos. Auto de 28 de junio en información de misiones de Ta- 
lamanca. 

1773 Don José Joaquín de Nava, de quien hace relación fr. 
Juan Nepomuceno Martínez guardián, en informe de 22 de se- 
tiembre de 802. 

1779 Don José Perie. 

1780 Teniente coronel don Juan Fernandez Bobadilla. Cons. 



Á 74 CAPÍTULO L3:xi. 

de 20 de setiembre. 

1782 Don Juau Flores, que dio cuatro fusiles para defensa de 
las fieras en la entrada de la montaña hecha en 4 de abril por Te- 
norio, en busca de los Huatusos: informe del obispo Tristan. 

1785. Don José Terci, ante quien se siguió en este tiempo 
una información sobre el estado de las misiones. 

Nicaragua. 

1560 Licenciado Ortiz, de quien se hace mención en cédula 
de 18 de julio ya citada art. 12: fué el primer fiscal de esta au- 
diencia, nombrado en acuerdo del año de 45. 

Agustín de Hinojosa, alcalde mayor que habia sido de 
Sonsonate, lo fué de esta provincia antes de 

1575 Francisco del Valle Marroquin, según informe déla au- 
diencia de este año. Antiguo poblador, sobrino del obispo de es- 
te nombre, vecino y regidor de Guatemala, y su procurador en 
España, da muestra de su entereza en carta de 1 de febrero de 
65, en que dice al ayuntamiento: en el consejo harta nota de vs. 
mds. y afrenta mia é recibido por república tan sorda é tan mal 
avenida, que ni á su rey escribe sus necesidades, ni á su pro- 
curador avisa lo que debe hacer. 

1586 Diego de Artieda Ghirinos, gobernador de esta provin- 
cia, procedió contra Jodar de los Dies por 150 pesos, y en acuer- 
do de 18 de enero de 588 se ordena siga la ejecución, y embar- 
de ellos. La distancia de la época dificulta sea este el goberna- 
or, de que habla Juarros, tratando de Costa-Rica. 

1589 Don Carlos de Arellano. Informe de la audiencia de 29 
de abril: fué alcalde ordinario de Guatemala, en cuyo tiempo se 
le atribuyeron desacatos contra un oidor, y al ayuntamiento se 
reusó la facultad de informar contra ellos. 

1592 Bartolomé Lences. En acuerdos de dias de abril se insi- 
núa habia sido gobernador de la provincia. 

1594 Bernardino de Obando. Auto acordado de 26 de abril. A 
la época déoste gobernador, y de su sucesor pertenece el fuerte del 
desaguadero que se supone construido en acuerdo de 9 de diciem- 
bre de 602, donde se refiere de un oidor haber suplicado al se- 
ñor presidente fuese servido que de los tributos de las encomien- 
das, que al presente están vacas, y adelante vacaren, se entere 
la real hacienda de S. M- de todo lo que de ella se gastó en el 



GOBERNADORES DE LAS PROVINCIAS. ^ ^ 75 

fuerte de Santa Cruz, del desaguadero de INicaragua, y en el pre- 
sidio y otras cosas. Construido acaso á estilo del primero de San 
Felipe del Golfo, no parece llegó su duración á medio siglo. Pue- 
de congeturarse haya sido 'este gobernador abuelo del venerable 
padre maestro don Bernardino de Obregon y Obando, nacido en 
Granada el 2 de julio de 629, á quien la fé de confirmación hace 
hijo de Francisco de Obregon, y doña Mariana de Obando. 

1603 Capitán Alonso Lara de Córdova. Acuerdo de 27 de 
noviembre. En informe que hace la audiencia de Juan Bautista 
Bartolomé en 22 de marzo de 627, entre otras cosas dice: visitó 
los oficiales reales de la provincia de Nicaragua, y tomó cuenta 
de los gastos de guerra y fortificación del desaguadero, y tuvo co- 
misiones contra el capitán Alonso Lara de Córdova. 

Maese de campo Fernando Casco. De atestación puesta 
por el escribano de cámara, con presencia de documentos, de orden 
del presidente Cosió á 19 de setiembre de 1716, sobre proceden- 
cias de linage de don Juan González Batres, aparece la de hijo de 
doña Maria Aívarez de Vega, nieto de don Alonso Alvarez de 
Vega, Yiznieto de doña Juana Monroy Casco de Aviles, trasnieto 
de doña Isabel Casco de Aviles, y cuarto nieto de dicho maese de 
campo, que por haberse hallado en la conquista y pacificación de 
estas provincias, obtuvo la gobernación y capitanía general de Ni- 
caragua. 

1622 Capitán Cristóval de Villagran. Acuerdo de 2-1 de no- 
viembre. Sin duda acaba ó fué interino, porque luego sigue el 

Capitán Alonso Lazo, provisto por el rey: por su falle- 
cimiento le sucedió. 

1623 Don Santiago deFigueroa, según acuerdo de 16 de oc- 
tubre. 

1625 Capitán Lázaro de Albisúa. Acuerdo de 22 de setiem- 
bre, é informe de 21 de agosto de 631. 

1627 Capitán Juandc Agüero. Acuerdo de 10 de mayo. Re- 
cusa para su residencia á 

1630 Don Francisco de Asagra y Vargas en acuerdo de 20 
de julio. 

1634 Licenciado don Pedro de Velasco. Acuerdo de 17 de oc- 
tubre. 

1641 Don Juan de Bracamoutc. Junta de hacienda de 21 de 
febrero. 



.>•- 



^76 CAPÍTULO LXXT. 

1660 Capitán don Diego de Castro. Junta de hacienda de 11 
de diciembre. 

1667 Don Juan de Salinas y Cerda, adelantado de Costa-Ri- 
ca y caballero de la orden de Calatraba, que constmyó el fuerte 
de San Carlos, y por ello sufrió todos los males de la emulación. 
Parece no existia ya el de Santa Cruz, pues en carta de 20 de a- 
bril vista en junta de hacienda de 7 de mayo de 666, le llama 
simplemente. Puerto de Santa Cruz. 

1669 Don Antonio Temiño Dávila, caballero de la orden de 
Calatraba. 

1681 Don Antonio Coello. Cédula de 21 de agosto de 682. 

1692 Maese decampo don Gabriel Rodríguez Rravo de Ho- 
jos. Cédula de 23 de mayo. En acuerdo de abril de 693 resulta 
preso y culpado en el levantamiento de los indios de Sébaco. 

1696 Don Pedro Gerónimo Luis de Colmenares. Pone quere- 
lla contra don Juan de Novoa alcalde ordinario de la ciudad de 
Granada en acuerdo de 3 de setiembre de 1696; y en el de 11 de 
diciembre de 98, él y los capitulares de Granada son apercibi- 
dos por alboroto en una elección de alcaldes. 

1705 Don Miguel de Camargo, confinado á Granada por di- 
ferencias con vecinos de la Segovia, según acuerdo de 22 de oc- 
tubre. 

1706 Comisario general don José Calvo de Lara. Acuerdo de 
9 de agosto. 

Don Sebastian de Aransivia y Sasi. Auto de residencia 
de 23 de agosto de 721. 

1722 Don Antonio Poveda. En acuerdo de 20 de julio se ha- 
ce mención de queja de indios contra él; y mas adelante de ha- 
ber sido muerto en una sedición, y entrado á sucederle 

1728 Don Tomas Duque de Estrada. Acuerdo de 26 de agos- 
to de este año, y 19 de marzo del siguiente. 

1730 Don Bartolomé González Fitoria. Gaceta de Guatemala 
del mes de agosto de este año, igual nombre ocurre de alcalde ma- 
yor de Sutiaba en acuerdo de 13 de marzo de 705, y del Realejo en 
el de 2^5 de febrero de 715. 

1744 Don José Lacayo. Acuerdo de 27 de octubre. 

1747 Don Alonso Fernandez de Heredia, después presidente 
gobernador y capitán general del reyno. Informe del guardián de 
misioneros de 3 de noviembre de 1763. 



GOBERNADORES DE LAS PROVINCIAS. Á 77 

Coronel don Pantaleon Ibañez, Informe de Lacayo de 
759. 

1765 Capitán de los reales ejércitos don Melchor Vidal de Lor- 
ca y Villena. Libro de sentencias de la audiencia en la de 18 de 
Junio de este año. 

1766. Don Domingo Cabello, según otra de 15 de diciem- 
bre de 767. 

1780 Teniente coronel don Manuel de Quiroga. Cons. de 23 
de marzo. 

1783 Don José Estachería, después presidente y gobernador 
del reyno. Carta del señor Tristan sobre misiones. 

1789 Don Juan de Ayza. Relación del p. Barroeta sobre Mos- 
quitos, foja 5 del libro núm. 34. 



-8-©:-s-< 



CAPÍTULO 72. 

Oti*o8 Ctolieritadoi-eíS ele las iiroTiiieiais. 

HONDURAS. 

1561 No expresa el nombre la cédula de 23 de marzo de este 
año dirijida al gobernador de esta provincia. 

Don Diego de Herrera general que fué después de la ar- 
mada del sur contra Drake: casó una hija suya con don Pedro de 
Loayza, hijo del oidor Jofre de Loayza, según informe de 4 de ma- 
yo de 589. 

1589 Don Rodrigo PoncedeLeon, capitulado en Guatemala cu 
auto acordado de 4 de febrero. 

Alonso de Contreras Guevara, nieto del presidente licen- 
ciado Cerrato; gobernador que habia sido de Veragua, y antes al- 
calde ordinario de la ciudad de Santiago y corregidor de su valle. 
Informe de 13 de mayo de 600; 

1598 Gerónimo Sánchez: mencionado en auto acordado de 3 
de enero; y que fué su teniente Diego Ramírez. 

1602 Don Jorge de Alvarado, nieto de don Jorge de Al varado 
hermano del adelantado. Kn acuerdo de 24 de enero se le ordena 
remitir presos á España á Pedro del Conde, al capitán Jeremías y 
otros extrangcros perdidos en la tierra. 
ToM. 2. (23) 



478 CiríTÜLO LXXÍI. 

Capitán Pedro de Castro. Auto acordado de 10 de junio si- 
guiente de 602 en que se acuerda vaya juez comisionado á actuarle 
sobre Iiaber dicho que S. M. no tenia con buena conciencia los rey- 
nos de las Indias. Fué por visitador Martin de Celaya, según acuer- 
do de 26 de setiembre del mismo año. 

1610 Don Juan Guerra de Ayala. Entre los acuerdos de 4 de 
mayo de 1610 y 29 de agosto de 1611 se lee uno que dice: sá- 
bado veinte y seis de marzo deste año de mil y seiscientos y seis 
se votó el pleito que trataba contra el gobernador de Honduras 
don Juan Guerra de Ayala el obispo don fray Gaspar de Andrada 
obispo de aquella provincia, sobre la querella que del dicho gober- 
nador dio por avelle tenido preso al dicho obispo y otras cosas, 
que se sentenció en revista de esta real audiencia, en que fueron 
jueces los señores doctor Diego Gómez Cornejo y doctor Garcia 
de Carabajal y Pedro Sánchez de Araque, y fueron de parecer 
los dichos señores, que se confirmase la sentencia de vista dada é 
pronunciada contra el dicho don Juan Guerra de Ayala, con que 
toda la pena fuese la prisión larga, que tuvo el dicho gobernador, 
y las costas y salarios, conforme á lo cual se hizo sentencia. El 
obispo Andrada, según Alcedo, murió el año de 612; y desde lue- 
go, confundiéndose con el tiempo la noticia de su muerte con la 
de su prisión, la tradición vulgar vino atribuyendo después el 
fallecimiento mismo á la prisión y al autor de ella. 

1621 Capitán Juan de Miranda. Por el auxilio que prestó á 
los misioneros para la entrada á la Teguzgalpa por la costa, hace 
mención suya Vasquez p. 2 tr. 5 lib. l cap. 16; y se repite ena- 
cuerdo de 19 de abril de 625. 

1627 Capitán don Pedro del Rosal. Con comisión del consejo 
tomó conocimiento de un motin, y palabras en que tocaron á la 
ciudad de México, dice el acuerdo de í 8 de febrero. 

1632 Francisco Martínez de Riva Montan Santander. En a- 
cuerdo de 18 de mayo se dispone venga preso por palabras de 
desacato á la audiencia, y se le aperciba sobre la buena correspon- 
dencia con el obispo y oficiales reales. 

1640 Don Francisco de Avila y Lugo. Acuerdo de 3 de oc- 
tubre, en que acusado de trato con portugueses enemigos de la 
corona, se le manda venir, y va con comisión, quedando en la 
provincia, 

Don Alonso de Silva Salazar. 



í 



GOBERNADORES DE LAS TROVINCIAS. Á 79 

1644 Don Melchor Alonso Tamayo. Acuerdo de 18 de febre- 
ro, en que concuerda el de 8 de abril de 645 de la junta de ha- 
cienda. A poco tiempo de retiradas por este gobernador en Coma- 
yagua las fuerzas que de San Salvador y San Miguel iban en so- 
corro de Trujillo, este puerto fué atacado de enemigos, y defen- 
dido por su vecindario, que quedó con el triunfo y un botin de 
armas, según va referido. 

1647 Maese de Campo Baltazar de la Cruz. Junta de hacienda 
de 25 de abril. Por fallecimiento suyo le sucedió 

1650 Juan deSuasa, acuerdo de 1 de junio. Al obispo Merlo, 
canónigo doctoral que fué de Puebla, y electo de esta diócesis el 
año de 648, puede referirse lo que el V. Palafox en carta de 8 de 
enero de 649 escribe al Papa Inocencio X; dada repulsa por los 
religiosos jesuítas á los artículos de concordia, que yo les proponía, 
repitieron la guerra contra mi dignidad y rebaño, encarcelando á 
muchos clérigos, y poniendo en prisión por el brazo secular á mi 
vicario general, ya entonces obispo electo de Honduras; pero no 
lo que mas adelante escribe al rey, tom. 12 pág. 283: las desdi- 
chas de Honduras desde que mataron á su obispo, las he visto 
llorar con lágrimas al consejo. 

1668 Sargento mayor Juan Márquez Cabrera, que concurrió 
al reconocimiento del fuerte de San Carlos. 

1676 Don Francisco de Castro Ayala, acuerdo de 26 de febre- 
ro, en que se determina ordenarle vaya en persona á Puerto Ca- 
ballos, y no permita hacerse á la vela la nao de registro por las 
embarcaciones enemigas, sino que ayudado del ingeniero nom- 
brado por S. M. sargento mayor don Diego de Ocampo, se des- 
cargue y con 12 piezas de artillería de ella misma, se haga una 
plataforma para su defensa. La orden llegó salida la nao que tu- 
bo dura refriega con enemigos, dice Ximenez lib. 5 cap. 30, y llegó 
á España con crecidos intereses, entre ellos mil pesos para vidrie- 
ras de la iglesia de Sta. Rosa de esta ciudad. 

1679 El capitán don Lorenzo Ramírez de Guzman. Xcuoi-do 
de 19 de junio. 

1690 Don Sancho Ordoñez. Acuerdo de 22 de enero. 
1698 Don Antonio de Ayala. Acuerdo de 9 de junio en que se 
trata de las costas de autos de la residencia que tomó á su ante- 
cesor. 

1703 El maestro de campo don Antonio Monfort, á quien a- 



480 CAPÍTULO LXXII. 

percibe el presidente Zeballos en auto de de 22 de setiembre, y 
aparece tomando residencia su sucesor en acuerdo de 14 de abril 
de 1712. 

Don Diego de Arguelles, que consta habia tenido por 
este tiempo el gobierno en acuerdo de 13 de marzo de 1729. 

1717 Don Enrique Hokman. Apercibido por comercio con e- 
nemigos, y fugo de la provincia y reyno, va á la pesquisa encar- 
gado del gobierno de ella el 

Oidor Joseph Rodesno. Auto de residencia de 23 de a- 
gosto de 721. 

1730 Don Manuel Castilla y Portugal. Gazetade 30 de mar- 
zo, y acuerdo de 3 de setiembre de 7 31. 

1742 Don Francisco deParga. Acuerdo de 26 de febrero. 

1745 Don Tilomas Hermenegildo de Arana. 

1747 Coronel don Juan de Vera. Acuerdo de 23 de febrero. 

1748 Don Diego de Tablada, interino por fallecimiento de su 
antecesor. Informe de misiones de 22 de junio por el guardián 
Lorenzana. 

Don José Saenz Bahamonde. Real orden de 6 de abril 
de 1775. 

Teniente coronel don Bartolomé Pérez Quijano. Consul- 
ta de 27 de octubre. 

1775 Subteniente don Agustín Pérez Quijano, hijo del antece- 
sor. 

1780 Barón de Riperdá, brigadier de caballería de los reales 
ejércitos. Consulta de 6 de enero. 

1781 Sargento mayor de milicias don Francisco Aybar. Con- 
sulta de 8 de octubre, 

SAN SALVADOR. 

Alonso de Nava. Consta que habia sido alcalde mayor 
de esta provincia en acuerdo de 9 de diciembre de 1585. 
Lucas Pinto. Por su fallecimiento le sucedió 
1589 Diego de Paz, hijo de Alvaro de Paz, armador de navios, 
y que sirvió oficios de justicia y hacienda en Honduras, según 
se ha observado. Informe de la audiencia de 29 de abril. 

1593 Pedro Xiron de Alvarado. Acuerdo de 25 de enero, en 
que se trata de su residencia. 

1603 Don Juan Guiral. Acuerdo de 31 de julio. 




GOBERNADORES DE LAS PROVINCIAS. ASI 

1614 Don Andrés Orantes. Acuerdos de 11 de julio. 

1619 Don Pedro Farfan de los Godos. Acuerdo de 5 de junio, 

1625 Don Pedro de Aguilar Lazo déla Vega, caballero de la 
rden de Calatraba. Acuerdo de 22 de agosto, é informe de 29 

de agosto de 631, en que consta que juntando tropas y cercan- 
do á los negros esclavos, reprimió la conspiración y motin en que 
mataron á don Diego de Oceguera: que recogió mas de once mil 
pesos de donativo al rey; y que resguardó los puertos y costas de 
la provincia en el tránsito del cosario Jaques* por lo que se puso 
también gente, y se hicieron trincheras el año de 24 en el puer- 
to de Jicalapa, de la jurisdicion de Zapotitlan, para impedir la 
entrada al olandes, según otro informe de 17 de agosto de 628. 

1626 Don Pedro de Torres. Acuerdo de ó de noviembre. 
Don Juan Sarmiento Valde-Rama, á quien sucedió 

1646. Don Antonio Justiniano Chavarri, caballero de la orden 
de Santiago, natural de Guatemala. Acuerdo de 9 de agosto, y Xi- 
menez lib. 4 cap. 77. Este es distinto de otro Antonio Justiniano 
Chavarri, el cual fué, dice este escritor, ginoves de nación, el hom- 
bre mas poderoso que ha tenido aquella ciudad de Guatemala: ja- 
mas ejecutó á alguno, y aunque le debiese mucha cantidad, no des- 
deñaba recibir un peso á cuenta. Otro hermano suyo, llamado To- 
bías Justiniano Chavarri, fué también hombre poderoso, aunque 
no tanto, y tuvo dos hijos don Francisco, que pasó á España, to- 
mó el hábito de Santiago y fué alguacil mayor del consejo de In- 
dias, y don Antonio, que fué alcalde mayor de esta provincia, vis- 
tió el hábito de Santiago, y murió a 27 de noviembre de 658. Hu- 
bo otro Justiniano Chavarri, que heredó á los otros, pasó á Espa- 
ña, vistió el hábito de Calatraba el año de 660, \ino á Trujillo 
con mucha riqueza, fué preso en Guatemala, y volviendo á Es- 
paña en un encuentro con enemigos en aquella costa perdió mu- 
cho, y en su llegada lo que le quedó fué embargado; así acabó, 
dice Ximenez, la mayor hacienda, que han tenido las Indias. 

1650 Don Josef Portal. Acuerdo de 3 de octubre. 

1667 Don Pedro de Zaravalles se halló en el recibimiento del 
presidente Alvarez en su transito y vuelta de Nicaragua. Infor- 
mes de 10 de abril y 10 de mayo de 1668. 

1678 Don Juan de Miranda, apercibido sobre no cumplir las 
provisiones en acuerdo de 2 4 de enero. 

1679 Don Diego de Garaarra Barcarcel, caballero de la orden 



\ 82 CAPÍTULO LXXII. 

de Santiago. Sentencia de la audiencia de 21 de enero, en que a- 
parece, que esta alcaldía mayor tenia 500 pesos de oro, y la go- 
bernación de Soconusco 600. En informe del capitán Antonio de 
Herrarte, contador de la caja, de 15 de julio de 716 tiene la alcal- 
día mayor de Sonsonate 600 pesos de oro: la de Suchitepequez 
700: la de Verapaz 777; y la de Chiapa 800: las otras de Quezal- 
tenango, Totonicapa', Solóla, Atitan y Escuinta 200 cada una. 

1695 El alférez mayor don Josef Calvo de Lara: Valenzuela 
en la historia de la conquista del Peten menciona una carta suya, 
conque acompaña 70 caballos, 11 bestias mulares, y 200 pesos 
de donativo para la jornada del presidente Barrios al Lacandon. 

1697 Don Bartliolomé Galvez Corral, mencionado en cédula de 
11 de diciembre. 

Don Manuel Carlos de Meneos, nombrado en ella para 
sucederle. 

1704 Maestre de campo don Juan de Bustamante. Acuerdo 
de 19 de diciembre. 

1710 Don Francisco Chacón Medina y Salazar, capitulado con 
querellas de San Miguel y San Vicente en sentencia de 17 de mayo. 

1714 D.Francisco Rodríguez Franco. Acuerdo de 18 de junio. 

1719 Don Pedro Doralea. Acuerdo de dias intermedios entre 
febrero y marzo, en que renuncia y entra 

1720 Coronel don Josef Llanes, según dos acuerdos del día 
25 de setiembre, en que aparece en el último que recusa al pre- 
sidente Rivas, y es multado en mil pesos. 

1721 Don Pedro Dolarea otra vez. 

Don Estévan de la Ramendi. Recaudó 1 5 mil pesos de 
donativo'en las provincias de su jurisdicción, y le sucedió 

1722 Don Francisco Rodríguez Franco, según sentencia de 3 
de diciembre. 

1730 Don Pedro de Echevers. Gazeta»de Guatemala del mes 
de mayo. 

Don Manuel Galvez Corral. Acuerdo de 9 de junio de 
1744. 

1763 Don Francisco Ignacio Chamorro. Sentencia de la audien- 
cia de 3 de setiembre. 



í 



GOBERNADORES DE LAS PROVINCIAS. 4 83 

CHIAPA. 

Juan de Mesa Altamirano, á quien sucedió y residenció 
1590 Don Garcia de Padilla. Acuerdo de dias de marzo. 
1593 Licenciado Martínez. Acuerdo de 29 de julio. 

1596 Bachiller Antonio de Obando. Acuerdo de 10 de octubre. 

1597 Bartolomé de Padilla. Acuerdo de 29 de diciembre, en 
que mas parece corregidor de Chiapa, que alcalde mayor de Ciudad 
Real. 

1598 Licenciado Alfonso Bernaldez Quiros. Acuerdo de 9 de 
febrero. 

1621 Don Garcia de Albornos Legaspi y Acuña, caballero del 
hábito de Santiago, recusó á todos los oidores en sus causas. A- 
cuerdo de 8 de julio. 

1627 Don Gabriel deUgarte y Ayala. Acuerdo de 9 de marzo. 

1629 Don Juan Ruiz de Contreras. Acuerdo de 10 de julio. 

1644 Don Juan Guirao Becerra. Acuerdo 11 de mayo. 

1649 Don Melchor Sardo de Céspedes. Acuerdo de 15 de no- 
viembre. 

1650 Diego de Masariegos. Sentencia de 21 de febrero. 
1650 Don Alonso de Zapata. Acuerdo de 27 de octubre. 
1694 Comisario general don Melchor de Meneos y Medrano, 

caballero de la orden de Santiago. Valenzuela cap. 10. 

1697 Don Francisco Vadillo, de quien se hace mención en la 
cédula de 1 1 de noviembre del nombramiento de su sucesor. 

1703 Don Francisco de Astudillo Sardo de Céspedes, multado 
en 100 pesos por haber dejado votar en la elección de alcaldesa 
don Josef de Villalobos. Acuerdo de 21 de mayo. 

1708 Don Martin González de Vergara. Acuerdo de 29 de oc- 
tubre. ' 

1713 Don Pedro Gutiérrez de Mier y Theran, caballero déla 
orden de Santiago. Acuerdo de 20 de octubre. 

1730 Don INÍartin de Bustamante, fomentador de la grana en 
los zendales, á quien, según laGazetadeGuatomiUa del mes de mai-^ 
zo, sucedió 

17 30 Don Antonio de Várela, sobrino del obispo. Gazeta del 
raes de marzo. 

1734 Don Pedro Caballero. Condenado en daños y perjuicios 
inferidos á don Fernando Echevers, autor después del ensayo de 



84 1 CAPÍTULO LXXIII. 

comercio impreso el año de 741. Sentencia de 17 de abril. 

Don Antonio Suasua. Por el atraso de tributos en su tiempo 
fué gente armada á la provincia de Ghiapa, de que se hace men- 
ción en consulta del ayuntamiento de esta ciudad de 24 de abril 
do 1744. 

En el informe de la contaduría que va mencionado tiene de sa- 
lario la gobernación de Costa-Rica dos mil ducados, la de Nicara- 
gua un mil ducados, y la de Comayagua un mil pesos de oro 
de minas: la alcaldía mayor de las minas 400 pesos de oro: el 
corregimiento del Realejo 437 pesos, cuatro reales de plata: el 
de Nicoya 275; y los de Sébaco y Sutiaba 250. 



CAPITULO 73. 

lloiieila €lel reyíio. 

El peso de oro parece haber sido la primer moneda construi- 
da en las Indias. Remesal lib. 2 cap. 10 expresa que en la Españo- 
la en tiempos de fundición con motivo de llevar cada uno el oro 
que habia cojido, acudia multitud de personas como á las ferias en 
Castilla, para dar y recibir las pagas, y por que no avia moneda 
de oro, hicieron ciertas piezas como de castellanos y ducados de 
diferentes hechuras. En Nueva-España, cuenta Herrera dec. 5 lib. 
í) cap. 1, los castellanos parala contratación andaban cortando los 
pedazos de oro y plata para hacer las pagas de lo que se compraba 
y vendia. En Guatemala, refiere el propio Remesal lib. i cap. 6, 
señalaron de salario por la predicación al cura licenciado Marro- 
quin 150 pesos de oro: los cuales dice mandaron pagar por ter- 
cios como los otros salarios, que da esta ciudad en oro fundido 
é marcado de ley perfeta; y hablando del p. Ximenez, primer cu- 
ra de San Salvador, expone que su estipendio el año de 1528 
fueron 170 pesos de oro en oja de dar y tomar. El ayuntamien- 
to de Guatemala en cabildo de G de julio de este año ordena se 
paguen á su escribano Reguera de salario 150 pesos de oro de á 
mil maravedís cada uno. 

Así es que estos pesos venian á ser ojas de oro fundidas é mar- 
cadas con el sello real en \^lor de rail maravedís; mas como no 



MONEDA DEL REYNO. '1 85 

detalla la ley perfeta de oro, esto parece ofreció después dudas. 
En cabildo de 6 de agosto de 29 se examinaba con qué oro se ha- 
bían de pagar las deudas, y ordenaron é mandaron que todas las 
deudas ya hechas, que no expresaren de qué suerte de oro se han 
de pagar se entienda que se paguen de oro de tepusque, como se 
pagan en la ciudad de México, El año de 32 se ofrecieron á quien 
matase el león que comia los ganados 25 pesos de oro, ó cien 
fanegas de raaiz, y el que le dio la muerte prefirió los primeros; 
y si el precio de la fanega de aquel grano eran 4 reales como 20 
años después, salen al peso de oro los mil maravedís, es decir 
mas de dos pesos de plata. 

No obstante, Herrera en los primeros tiempos desde la isla Es- 
pañola da al peso de oro menos importancia; y en la decada 
8 lib. 2 cap, 15 por el año de 46 le atribuye el valor de trece 
reales y cuartillo, que á razón de 34 maravedís salen solamente 
450; y en una materia tan delicada y regulada por las leyes, Gua- 
temala debia conformarse. Así es que en escritura otorgada ante 
Blas Hidalgo de Sierra á 4 de mayo de 1571, el licenciado Ro- 
drigo Vázquez dice, que da en arrendamiento su casa de alto y 
bajo á Christoval de Avila por el presente año en cantidad de se- 
senta pesos de oro de minas de á cuatrocientos y cincuenta ma- 
ravedís cada uno. 

Solórzano, que escribió por el año de 640, en el lib. 6 cap. 1 
tratando esta materia, dice: cada peso vale trece reales y un cuar- 
tillo. En el informe de la contaduría del año de 716, que va ci- 
tado, en la paga de pesos de oro de los salarios de gol)ernado- 
res. alcaldes mayores, y corregidores se hace el mismo cómputo; 
y así al alcalde mayor de San Salvador se pagan dice, 827 pesos 
1 real y 22 mai-avedis, por razón de 500 pesos de oro de minas: 
al gobernador de Soconusco 992 pesos 5 reales 6 mamvedis por 
COO: al de Suchitepeques 1158 pesos 24 maravedís por 700: al 
de Chiapa 1315 pesos 2 reales 2 maravedís por 800; y al gober- 
nador de Honduras 1654 pesos 3 reales y 10 maravedís por lOOO. 

El presidente, gobernador y capitán general del reyno tenia 5 
mil ducados: monetla, acaso venida de Italia, dice el Diccionario 
de la lengua castellana, que mandaron labrar los reyes don Fer- 
nando y doña Tzabel en 13 de junio de 1 197: y aunque se con- 
sumió en España, todavía conservó el nombre de ducado la can- 
tidad de once reales, y un maravedí. En partida de data de la ca- 

TOM. 2. (25) 



-1 86 CAPÍTULO LXXIIIr 

ja de 31 de diciembre de íGld se ponen 6893 tostones 1 real y 13 
maravedís de la mitad del sueldo corrido desde 1» de julio. En ei 
informe de la contaduría de 716, de que se ha hecho mérito, se re^ 
fiere, que al gobernador de Costa-rica por razón de dos mil duca* 
dos de su salarióse le pagan 2750 pesos, aunque incluyendo el 
quebrado de maravedís parece que salen 2757 pesos 2 reales y 28 
maravedís. Al de Nicaragua se ponen 1375 pesos por razón de mil 
ducados, de modo que tenia mas el de Honduras con los mil pe* 
sos de oro. El ensayo mercantil de Echevers impreso en 1742 com- 
puta los 200 mil ducados del comercio del Perú en 2T^5 mil pesos. 

El propio Remesal, hablando de la moneda de plata, dice con 
respeto á la isla Española por etaño de 1510: usábase yxi moneda 
de reales. Por este tiempo cuenta Herrera 1, 7, 7, se comenzó en 
Sevilla á labrar el oro llevado de estas islas: luego del llevado del 
Barien el año de 524: y para que se labrase suficiente, se repartió 
en Toledo, Segovia y Burgos, dice en la dec. 3. Hb. 4 cap. 21, y 
en el 8 refiere, que Cortés en Méjico hizo buscar minas de oro y 
plata, halló muchas y ricas, y fabricóse moneda, con que enno- 
bleció la ciudad. Mas adelante, andando el año de 525, expone 
este escritor hb. 8 cap. 15, enviaron nuevos cuños, para marcar 
el oro y plata con la divisa de su magestad, que es el PLUS UL- 
TRA. También expresa 6, 5, 9, que se estableció casa de moneda 
en la isla Española según dos capítulos de ardenanza del año de 
1565, resumidos en la ley 1» tit. 23 lib. 4: no tardó en establecer-^ 
se igualmente en Santa Fé de Bogotá y villa imperial del Potosí; 

Trayendo á la vista esta primera moneda se encuentra tortuo- 
samente circular, y sin labor alguna en el canto: por un lado las- 
dos columnas, sobre las olas del mar, cada una con una corona 
real, al diámetro entreverado un renglón orizontal con las letras 
del plus ultra, repartidas de tres en tres; por el otro, un escudo de 
las armas de Castilla y León, con corona real en su cima, y en la 
orla la letra: Charolus et Johana reges, de un lado, y del otro his- 
paniarum etindiarum. Esta, que se describe es tostón de á cuatro 
reales, moneda que dio el nombre mucho tiempo á la numeración 
común de cantidades grandes y pequeñas, en contratos, litigios 
y multas: las partidas de cargo en los libros de la caja suenan to- 
davía por tostones el año de 1729, sin embargo que la numera- 
ción por pesos ya se invocaba desde acuerdos de 22 dfe agosto, y 
14 de noviembre de 1622. Los reales del tiempo de la reina doña 



MONLDA DEL REYNO. ^ 87 

loiana y don Carlos emperador aparecen con la misma estampa de 
uno y otro lado sin mas diferencia que menos letras. En el sello 
de las cédulas de esta época se lee en latín el mote, que vuelto 
en romance, dice: Juana y Carlos emperador reyes de las Espa- 
ñas y de las islas de las indias del mar occeano. 

El beneficio del oro en las minas, expone también Herrera 8, 
2, 15, se hacia entonces á fuego: luego escasamente con azogue, 
que venia de la mina de Almadén en España, y luego, descubier- 
ta que fué la de Guancavelica en el Perú el año de ló66, de su a- 
Rogue'pudieron ya surtirse todas las minas de las Indias, y se ven- 
día por cuenta del rey á Nueva-España y Honduras en precio de 
60 ducados el quintal puesto en ellas, y á Nueva-Granada en el 
de 80, según parece en cédulas de 1572, 73, y 74, y 1G16 y 17, 
recopiladas en el tit. 2Z llb, 8. 

La plata, añade Herrera, comenzó también á apartarse con azo- 
gue. La audiencia de Guatemala, en informe del año de 1579, dice 
al rey. Los mineros de la provincia de Comayagua, que son el 
licenciado Alonso de Esguaza, Agustín Spindola, doña Leonor 
de Alvarado,y otros dueños de minas parecieron en esta audien- 
cia, y pidieron se hiciese información de lo que toca á las dichas 
minas, y cuan mal se labran por falta de negros y de azogues, pa- 
ra que V. M. les hiciese merced en ayudarlos con algo. Parece, 
que las minas de Guazacaran, y las del cerro de Sant Marcos y las 
del cerro de Agaltera, y las del cerro de Tcguzgalpa, y las del 
cerro de Apazapo, y otras principales son tierras que dan á seis 
onzas generalmente, y en algunas á nueve y á diez onzas y mas 
por quintal, que es arta riqueza: y que se dejan de labrar por 
la falta que hay de negros y de azogue, para beneficiar la plata. 

A pocotíempo parece se descubrió el mineral del Corpus. Eii 
carta escrita al ayuntamiento de Guatemala en 10 de diciembre de 
1587, y firmada fray Alonso obis^x) de Honduras, se le dice. Re- 
cibo la de US. en que se sirve encargarme, lo que yo debiera so- 
licitar, que es el fomento del mineral de oro, que se ha descu- 
bierto en esta provincia. Ximenez, en la historia natural tit. 13, 
parece indicar sus descubridores, cuando escribe: bástenos el e- 
jemplar, que en nuestros días vimos de la gran riqueza de las mi- 
nas que llamaron del Corpus, (|ue de tal modo minoró el oro, don- 
de se sacaba con tanta abundancia, (jue apenas oy se saca un 
poco, y los que se vieron sobre las nubes ensoberbecidos con la 



^88 , CAPÍTULO LXXIir. 

mucha riqueza^ se vieron después tan abatidos, como fueron un, 
Santiago de Berroteran, un Cordero, alcaldes que de ellas fueron, 
un Garachey un González descubridores de aquellas minas. Juar- 
ros, describiendo la provincia tr. 1 cap. 3, el Corpus, dice, mi- 
neral el mas famoso, que ha tenido este reyno, produjo tanto o- 
ro, que se llegó á dudar si lo era, y solo para el cobro de los quin- 
tos se estableció caja real en este lugar, pero acabó trágicamente. 

El informe de la audiencia del año de 579 concluye con respeto 
al azogue, diciendo. A esta audiencia parece que V. M. les debe 
hacer merced de mandar que vuestras provincias del pirú cada 
año traigan 300 quintales de azogue: por el bien que vendrá á 
la tierra, con que las minas se labren, los azogues, serán bien 
pagados, y los quintos y dineros de V. M. El epiloga de cédu- 
las del siglo 17, llegando á la de 30 de diciembre de 1636, dice: 
previniendo se disponga el envío á la jurisdicción de Guadalajara 
de 600 quintales de az.ogue que el oidor don Rodrigo de Balca- 
cer informó existir en Comayagua, sin que hubiese en qué gas- 
tarlos. A continuación, prosigue, se hallan las diligencias instrui- 
das en el particular, y oposición hecha por el fiscal y oficiales rea- 
les para que tuviese efecto la remesa. Con ocasión de haber man- 
dado el rey en cédula de 12 de diciembre de 649, que el azogue, 
que el superior gobierno de este reyno pedia para beneficio de 
las minas de Tegucigalpa, se diese al virey de Nueva-España, 
se acuerda en junta de hacienda de 9 de setiembre de 650, se 
le pida, mande duzcientos quintales. 

Lo que vá referido denota el alto y bajo: ocurridos en la la- 
bor de minas de fines del siglo 16 á principios del 17, y el grado 
de restauración, que obtuvo mediado este último. En junta de 
5 de enero de 651 se advierte sucedía ahora con la plata, lo 
que mas de un siglo antes con el oro, á saber, hacerse pedacitos 
las planchas para las pagas. Como esta era una necesidad ines- 
cusable en los mineros así dueños como jornaleros para haber 
mercancías y bastimentos, y era al propio tiempo un abuso no- 
civo al real haber, por exponerse la plata á correr sin quinto, pi- 
dió el fiscal se trocasen estas planchas por reales, así para que la 
hacienda real no perdiese los quintos, como por que enviándose 
á España en especie, le eran de mas conveniencia, que los reales 
en moneda, y se acordó que los reales que remitía á la caja de 
Guatemala la tesorería de Nicaragua, se entregasen en Tegucigal- 



MONEDA DEL REYISO. 'i 80 

pa al oficial que residía en las minas. Habiéndose entregado y con- 
sumido en ellas, todavía se pidieron á Guatemala 30 mil pesos 
mas, y en las juntas de 2 y 13 de mayo se mandaron remitir pri- 
mero 4 mil y después 2 mil. En acuerdo de 9 de noviembre de 
699 aparece que había salido comisionado por el gobierno superior 
á virtud de una cédula, el oidor Duardo á las minas del Corpus, 
y se mencionan autos remitidos de la forma con que este minis- 
tro dio principio al taladro ó socabon para el desagüe general de 
ellas, y las cartas venidas al real acuerdo, pidiendo se diesen gra- 
cias. En otro de 10 de diciembre del mismo año resulta apelación 
del oidor comisionado interpuesta por el alcalde mayor don San- 
tiago Berroteran, y el maese de campo don Juan Antonio Galindo. 



CAPITULO 74. 

Mociones* 

La moneda en lo sucesivo no se labró de una manera unifor- 
me. Tanto la mexicana como la peruana resulta con la faz de co- 
lumnas suprimida, y substituido en su lugar un escudo de armas, 
quizá de la casa de Austria, de que era la familia reinante, con- * 
servando la otra faz las de Castilla y León. La ley que tenían me- 
diado el siglo 17, puede conocerse por el siguiente memorial. M. 
P. S. Los jueces oficiales de la real hacienda de esta corte con- 
sultan á V. A. en razón de lo resuelto en la última junta de 
hacienda sobre la moneda del pirú, mandando no se reciba cues- 
ta real caja, sino solo de los indios, excluyendo á los españoles: de 
que se sigue que implícitamente se prohibe la administración y 
cobranza de la real hacienda, porque universal mente es la mo- 
neda del pirú la que ay corriente en estas provincias, y muí poca 
ó ninguna de otras casas de moneda: con que, no habiéndola de 
recibir, no se puede ni deben hacerse diligencias judiciales ni ex- 
trajudícíales contra los deudores, ni remates de las cosas que so 
rematan. Toda la moneda del piru, que corre en este rey no es de 
muí buena ley, como la experiencia de los ensayos echos á mani- 
festado: por Ura. Real persona no á ávido ni ay orden especial, 
y sin ella se debe de escusar cualquiera novedad: el haber real 



í 90 CAPÍTULO LXXIV. 

está muy adeudado, y con muchas pagas que yr haciendo y los 
interesados no dificultan recibirla, por tener bien experimentada 
la bondad de su valor intrínseco, y no recibirles esta moneda, 
y pagarles en ella aunque sea su voluntad no guarda igualdad. 
El acuerdo es de 29 de abril de 1652, que los oficiales reales den- 
tro de segundo dia certifiquen los débitos fiscales, y los géneros 
que ay que rematar. 

El resentimiento de la moneda continúa. En junta de 16 de 
mayo de 653 se proponen los inconvenientes de la moneda peru- 
lera, á que al paso que en las provincias del Perú y Nueva-Es- 
paña se ha proveído de remedio con la pramática de 1» de octu- 
bre de 1650, que reduce los reales de á 8 al precio de 6, y los 
de á 4 al de 3, en las provincias de Guatemala no solamente corría 
en todas partes, sino que la estaban trayendo y resbalándose de 
todas las otras provincias, donde estaba rebajada, y llevándose 
la moneda mexicana, de que no ha quedado, sino mui rara; y en 
vista de ello se acordó el cumplimiento y publicación de dicha pra- 
mática en todo el reyno, ordenándose ademas, que los que no 
quieran perder en su dinero, pueden ocurrir con él á la caja, pa- 
ra ensayar el que estuviere bueno, y reducido á planchas resella- 

^ das, poderlo mandar acuñar, donde haya casa de moneda. 

^ , Xlmenez lib. 5 cap. 4 escribe. Fué aqueste año de 53 mui 
trabajoso para el reyno de Guatemala por la baja de la moneda, 
á causa de que se halló aver entrado mucha porción de moneda 
de plata con mucha mas liga que la que la ley dispone: y así 
se mandó que los pesos de á 8 reales valiesen solamente 6, y los 
de á 4, que valiesen 3 reales: y así hubieron mucha pérdida los 
que se hallaron con mucha plata, y de este modo corrió la moneda 
algún tiempo. Robertson lib. 8 not. 93, dice: toda la plata amone- 
dada llevada del Perú á Portobelo en 1654, se halló alterada y 
mezclada en una quinta parte de mal metal. Se descubrió el frau- 
de, y el tesorero de rentas del Perú, que era el autor, fué que- 
mado públicamente. 

A esta moneda se daba entonces el nombre de mociones, y 
don Francisco Delgado de Nájera en exposición que hace acerca 
de ella, dice: algunos particulares la recojen para fundirla, por 
tener cierta la ganancia, pues ay experiencia que en siendo el 
moción de ley tiene mas de los seis reales. El capitán don Juan 
Bernal del Caño, tesorero del derecho de barlovento, en exposición 



ce 

M 



MOCLONES, /f 9\ 

suya, escribe: de pocos meses á esta parte se ha reconocido que 
á ydo entrando en estas provincias muciía moneda falsa de cobre, 
que no es de la viciada, por haber sabido, que en ellas corría to- 
davía la moneda de mociones, por seis reales de valor. El capitán 
don Agustín Matute, tesorero juez oficial real, en otra que ha- 
ce sobre la materia dice: no ay razón, mandato, ni costumbre 
que haya podido disponer corra la moneda falsa de cobre, y co- 
nociendo V. A. ser esto así, acordó y mandó, que en esta ciu- 
dad y las demás de su distrito se pregonase que dentro de quin- 
ce días la manifestasen, y que pasados se procedería contra los 
que la tuviesen: en el cual tiempo se á manifestado la cantidad, 
que tengo certificada con distinción de la falsa, viciada, y muí 
oca buena. 

Recelándose todavía mayores inconvenientes, se celebraron jun- 
s y se pidieron votos por escrito á prelados, empleados, y par- 
ticulares que los dieron el día 21 de junio de 661. Muchos pro- 
pusieron la extinción total de los mociones, algunos la resistieron. 
El contador Ochaita la funda, diciendo: que habiéndose consumi- 
do en toda España y parte de las Indias la moneda llamada pe- 
rulera por el defecto conocido de falso, solo en esta ciudad se al- 
zó la mano, y se suspendió, mandando corriese en el ínterin, pa- 
ra queubiese moneda usual; y aunque á corrido por este fin, to- 
davía se a reconocido por los que an entrado de otros reynos, 
haciendo grangería en traerla, que de pocos días á esta parte se 
a aumentado tanta y de tan mala calidad, que si se diera lugar 
á que corriese, continuasen en traer mas y mas cada día, y que- 
dase la misma dificultad, y menos remedio. 

El thesorero Bernal del Caño, en el suyo escribe: en razón de 
la moneda viciada y falsa digo, se debe fundir y consumir toda 
aquella que no fuere del nuevo sello de columnas: lo primero por 
ser así la orden de S. M, y no ser conveniente aver dos sellos 
de moneda: lo segundo, porque del sella de columnas ay bastan- 
te moneda, para comerciar en este re^no, y nunca é visto tanta 
como oy; y lo otro, que cada día vemos no querer nnyde rccehir 
este dinero, por cuya causa en ningunos reynos de S. M. corro, 
y tampoco es conveniente corra en estas provincias. 

Don Alonso Cristóval Calanche Valenzuela, en el suyo, dice: 
sobre la reprobación y consumo de la moneda perulera, llamada 
mociones, rae afirmo en que uo hallo para reprobaí* moneda fa- 



^92 CAPÍTULO LXXIV. 

cuitad en esta real audiencia: que para remedio de los daños de 
la consulta divulgada, podia mandar trocar en la real caja sin 
premio alguno la moneda buena de mociones á moneda de colum- 
nas; y proceder conforme á derecho contra los que retuviesen ó 
comerciasen en moneda falsa. 

Pasando al modo de consumir la moneda, dice Nájera: el me- 
dio que se meofrece, es, que todos los que se hallaren con mone- 
da moclona, acudan con ella á la real caja, donde se les dará lo 
que correspondiere á la que llevaren estando un ensayador y los 
oficiales reales, para que vean la que es buena. El tesorero Matute 
dice: que reducida á planchas ensayadas, se truequen por su ver- 
dadero valor con la moneda que fuere entrando en la real caja. 

Parece que la providencia que se tomó es indicada por Xime- 
nez, que continuando su relación, dice: hallando convenir, que a- 
questa moneda se extinguiese, se mandó que no corriese, que es 
la que llamaron mociones, y los dueños por no perder su plata, la 
fundieron en barras, y otros hicieron plata labrada. Así es que no 
se adoptó el parecer de Nágera ni Matute, acaso por la dificultad 
de dar cumplimiento al contado á los interesados; porque si el a- 
ño de 51 de 30 mil pesos que se pidieron de Tegucigalpa para 
rescate de planchas, solo se remitieron 6 mil, menos se podia en 
el de 61 atender á ambos objetos. 

Extinguidos los pesos y tostones de esta clase, advierte el mis- 
mo Ximenez, solo corrieron los reales de á dos, hasta que el año 
de 1663 se mandó, que no corriesen, si no es que se reconociesen 
los que no estaban adulterados, y aquesos se resellaron, que son 
los que el dia de oy se hallan con una corona. Sin duda algunos 
mociones de mejor ley escaparon de la extinción, puesto que se ha 
habido á la mano uno de á 8 con la figura de un pedazo de tiesto^ 
que tiene por el lado convexo las armas, desde luego de Austria, 
y el nombre de Felipe IV; y del otro una cruz con las de Castilla 
y León, y el año de 1650. También se ha reconocido uno de á 
dos con las mismas armas, y el resello de una corona real. 

Ximenez añade: porque las rentas reales de S. M. solo se lleva- 
ban en pesos de 8 reales, y no se hallaban, por haberles quitado 
el valor á los que llaman mociones, y de las nuevas fábricas avia 
todavía pocos, se mandó que se llevasen, aunque fuesen en rea- 
les de dos, como se hizo; y así se empezó á experimentar mucha 
falta de plata para los comercios, y los navios que venian al Golfo, 



MOCLONES. 495 

llevaban de la plata fundida de los mociones, porque no avia o- 
tra plata. 

La contienda por los reales de á dos, aun no era acabada 15 
años después de resellados, y ademas, se extendió á los reales sen- 
cillos. En real provisión de 13 de abril de 1678, el presidente y 
oidores dijeron. Por cuanto en la real caja de esta corte se halla 
alguna plata en deadoses resellados pertenecientes á S. M. que no 
se han podido reducir á moneda doble, ni aun á los deadoses y 
sencillos, que están mandados remitir al señor virey para su true- 
que, y habiéndosele dado noticia que el capitán don Isidro de Ze- 
peda llegó á preguntar, si anticipando alguna moneda doble, se 
le remataría el cacao del tercio de Sant Juan, y habiéndosele en- 
viado recado, para que sirviese á S. M. en reducir á moneda do- 
ble 5 mil pesos de la que se halla en la real caja resellada provincia- 
na con cargo de que se le volverá; respondió no hallarse con mo- 
neda doble, por cuya razón ¡op habia hecho postura, que á tener- 
la, sirviera á S. M. mediante lo cual, mandaban y mandaron, sin 
embargo de lo que respondió, se le notifique, ponga oy en todo e\ 
dia en la real caja 5 mil pesos en moneda doble, para que en ella 
se trueque, con cargo de que dentro de dos meses se le volverá. 
Notificada la providencia al interesado, apeló á la misma audien- 
cia, y en eso quedó. 

Sin embargo que la moneda de columnas se ha visto contra- 
puesta á la de escudos, no cesó de labrarse esta última lo mismo 
que la primera, y ya parecen en lo sucesivo cambiadas, esto es; 
de ley superior una de escudos, que se ha tenido á la vista, del a- 
ño de 1G82; y de inferior, una de columnas de 1G83: ambas cir- 
culares, y sin labor en el canto: la de columnas con el nombre de 
Potosí, algún tanto elevada en el centro; y la de escudos sin nom- 
bre de lugar, con ambas superficies del todo planas. Alcedo, des- 
cribiendo Lima, advierte, que fué trasladada á esta ciudad la ca- 
sa de moneda de Potosí el año de G03; pero hablando de esta vi- 
lla, supone permanente en ella la casa de moneda, como se ve en 
1683; y puede suceder, que en la primera se tnilmjase con mas 
perfección que en la segunda. Mas sea como fuere, aparecen dos 
pesos duros, uno de 1688, y otro de 1601, ambos de columnas, 
con figura del todo irregular en la superficie, y en la circunferencia, 
sin otro rastro de forma circular, (jue el que alcanza la marca del 
punzón en la amplitud de la hoja del metal, mas ó menos prolon- 
TOM. 2. (26) 



Í94 CAPÍTULO LXXV. 

gada, y contraheclia en todas direcciones. Las monedas inferiores 
de á cuatro, y de dos reales, aunque son abrigadas por la marca, 
llevan las columnas tanta imperfección, que mas denotan un enre- 
jado. En fin, las armas de la casa de Austria desaparecen en ellas, 
y en otro duro de 1702, no tornando á aparecer, hasta el año de 
1712 en moneda del archiduque, que al entrar militarmente en 
Madrid, toma el nombre de Carlos III, y se titula rey de las Es- 
pañas. 



KB'S^I3^f€i- 



CAPÍTULO 73. 

Casa de iiioiiefla. 

El presidente Cosió en 20 de setiembre de 1714 dictó el auto 
siguiente. Debiendo escogitar medios por donde reviva este reyno, 
para que sus moradores no lo desamparen á urgencias de las ne- 
cesidades, que se experimentan, por no hallarse un real, viéndose 
precisados á comerciar á cambios de efectos y con cacao, como en 
Nicaragua, Costa-rica y Honduras, y este sea la fundación de la 
casa de moneda con su cuño en esta ciudad, para lo que brindan 
sus preciosos minerales, y para que cada uno exprese su sentir en 
asunto de tanta importancia: pásese copia de este auto al real a- 
cuerdo, al señor obispo de esta ciudad, al venerable deán y cabil- 
do, al ayuntamiento de esta ciudad, á los ministros, oficiales rea- 
les y contador, y á los reverendos padres de Santo Domingo, San 
Francisco, la Merced, y prelados de San Agustín, rector de la 
Compañia de Jesús y Belén. 

El real acuerdo reprodujo el auto superior: el obispo y demás 
prelados lamentan la pobreza de la tierra- los oficiales reales el a- 
traso para realizar los tributos; y el ayuntamiento la falta de di- 
nero, dimanada de que ya no venian de Nueva-España 200 y 250 
mil pesos, que se traian antes, á reportarlos en cacao: ni venían 
del Perú los 200 mil ducados, que debian traer, para volver con 
frutos del pais: que al propio tiempo sallan cantidades crecidas 
para España, así de S. M. como de particulares; y que así, una 
vez que habia en la tierra trece minas de oro, entre ellas la del 
Corpus que daba oro de 23 quilates, y quince de plata, entre e- 



CASA DE MONEDA. ^05 

lias la de Tegucigalpa, que daba plata copella, cuyas labores ba- 
bian cesado por falta de dinero, había necesidad y proporción de 
fabricarse en la tierra moneda para su comercio. 

La pretensión se hizo en España; pero promovido el presiden- 
te Cosío, marques de Torre-Campo, para la presidencia y gobierno 
de Filipinas, decayó su importancia, siguiéndola entonces el ayun- 
tamiento en unión de otras que tenia pendientes, y se ve en 13 
de abril de 718, que acuerda hacer instancia sobre ella y por las 
demás encargadas á su agente. Pasados once años, la tomó por 
principal, y celebrando cabildo abierto en 28 de henero de 729, 
dispuso, dice el acta, se haga consulta al gobierno superior, impe- 
trando licencia para poner en práctica un molinete, y en él fabri- 
car de duzíenlos á trescientos mil pesos: para cuyo efecto se solici- 
te informe del ilmo. señor obispo, de su V. D. y cabildo, y sagra- 
das religiones. 

La antigua gaceta de Guatemala da alguna idea del estado de 
la labor de las minas en este tiempo. La del mes de noviembre de 
729 en el artículo Honduras, dice: las minas de esta provincia es- 
tan paradas la mayor parte por falta de trabajadores. La de hene- 
ro de 730 refiere haber entrado este mes en esta ciudad de los rea- 
íes de minas en partidas conocidas, por una parte 12 mil marcos 
de plata de ley, por otra 104.558 pesos seis reales, que con otras 
porciones que no se han podido averiguar se discurre llegarán á 
20 mil marcos: la de marzo da noticia de 8.500 marcos, y 74072 
pesos 4 reales; y la de junio, dice: avisan que el trabajo de las 
minas de plata anda en toda la provincia muy vivo, y que cada 
diase experimenta mas la riqueza de los minerales, aunque la fal- 
ta de trabajadores, y la general necesidad, que en todo el reyno 
se padece de moneda, no permite el beneficio de las minas conibr- 
me á su riqueza, y deseo de sus dueños. 

Entre tanto en España se daba curso á la solicitud de Guate- 
mala por casa de moneda, y se pidió informe al virey de ÍNueva- 
España, á tiempo que había vuelto de Filipinas y se hallaba en Mé- 
xico el señor Cosío, marques de Torre-Cjuiipo, (jue babia sido pre- 
dente de Guatemala y dado impulso ü la pretensión, y mirándola 
como suya, oficiosamente hizo las explicaciones convenientes. Así 
es, que este trámite no tuvo el éxito que cupo el sii;lo anterior al 
del consulado; porque en la gaceta de agosto del mismo año ya se 
lee; por cartas de México se sabe que el excelentísimo señor virev 



A 96 CAPÍTULO LXXV . 

marques de Casa-faerte informó al rey nuestro señor largamente 
sobre lo importante que será en esta ciudad la casa y fábrica de 
moneda, que tanto deseamos conseguir. Por último, en las de no- 
viembre y diciembre del mismo año 730 se da noticia de la llegada 
de azogues, la viveza y provecho del trabajo en las minas, y la ve- 
nida de 9 mil marcos de plata. 

La concesión de casa de moneda á Guatemala fué hecha en 
cédula de 17 de enero de 1731, y la noticia de ello comunicada por 
el agente, recibida en 7 de agosto siguiente. Fué cometida su eje- 
cución al virey de Nueva-España, quien en cumplimiento nombró 
oficiales que viniesen, y por director al presbítero don José Eus- 
taquio de León, remitiendo así mismo utensilios de labor y los se- 
llos: de lo cual envia noticia el virey en carta de 3 de agosto de 
1732, que vino con otra de 6 de agosto del señor Cosió marques 
de Torre-Campo, manifestando lo satisfactorio que le habia sido 
cooperar á la concesión y ejecución de todo, que fueron recibidas 
en cabildo de 31 de octubre siguiente. 

Puesto á camino el director con sus oficiales, los sellos é ins- 
trumentos, avisa hallarse en Oaxaca en carta recibida en cabildo 
de 27 de enero de 1733, en el cual se dispuso la solemnidad de su 
recibimiento que se hizo el dia 1 7 de febrero, según relación de 
Juarros trat. 2 cap. 9; quien añade que en marzo siguiente co- 
menzó á acuñarse la primera moneda. Entonces regia el sello de 
Felipe V, y como este monarca era de la casa de Borbon, hablan 
desaparecido otra vez las columnas, y se fabricaba la moneda con 
dos escudos de armas, las de Castilla y León de un lado; y del otro, 
no ya las de la casa de Austria, sino de la familia reinante, en que 
aparecen las flores de hs, y el escudo todo con corona imperial. 
Tales faces muestran cuatro monedas de á dos reales, que se han 
traido á la vista, todas circulares sin labor al canto, con el nombre 
de Fehpe V de un lado, y del otro: rey de las Españas; sin desig- 
nación de lugar: una tiene el año de 1718, dos el de 1722 y la 
otra de 1725. En otra moneda, de tradición, mexicana también de 
á dos reales, se han reconocido ambos escudos, y puede pertene- 
cer al mismo reinado: tiene ambas superficies medianamente pla- 
nas, y el contorno trozado en varias direcciones. 

De este último género ocurre estimar la primera moneda acu- 
ñada en Guatemala por el esmero con que están marcados multi- 
tud de pesos, que se han tenido á la vista, y llevar la letra de Phe- 



CASA DE MONEDA. 4 07 

lippe V por la gracia de Dios rey de las Espaüás y las Indias, y 
así mismo el año de 1733. Ademas de estos pesos, se han recono- 
cido otros vaciados de ley inferior del mismo año, sin duda falsea- 
dos. Uno del Perú también del año de 1733 de buena ley apare- 
ce con columnas, y con toda la irregularidad de los mociones. En 
el año de 1734 ya hubo novación. En un peso mexicano de este 
año, las armas que antes llenaban dos escudos, ahora ocupan uno 
solo, siendo colocadas las flores de lis en el centro de los castillos 
y leones; y quedando despejada la otra faz de la moneda, son 
repuestas las columnas, no ya solas, sino al resguardo de los he- 
misferios, con la letra: ambas uno, que hace un solo reyno de am- 
bas Españas. Ademas, este duro es circular, y tiene el canto ó lo- 
mo labrado con un cordón, que ciñe toda la medianía, ampliándo- 
se, y angostándose, y llenándose las angosturas con labor que sa- 
le de los lados para el medio, todo muy bien calado, y haciendo 
juego coala guarda de la superficie. En 1735 aun continúan en 
el Perú las columnas enrejadas y la irregularidad moclona. 

En extracto tomado de los expedientes de la casa de moneda, 
al artículo 22 se lee: que puesta en corriente, se observó, que 
las labores de plata no correspondian á los informes echos á S. 
M. de la abundancia de metales, que dio motivo principalmente 
á concederse su establecimiento; y en cabildo de 26 de octubre 
de 734 se ve dársele traslado de una pretensión que hacen los ofi- 
ciales inferiores de la casa, pidiendo seles hagan buenos los 7 ó mil 
marcos, que informó esta ciudad, podrán labrarse, atento á que 
no tenían ellos en qué trabajar, y adquirir su manutención. Se re- 
fiere también en el art. 22, que se dictaron varias providencias para 
celar el extravio de las platas, que se destinaron para rescate de 
ellas 80 mil pesos del caudal de la real hacienda, y que el director 
propusiese las ordenanzas mas adaptables para el gobierno de la 
casa. Mas adelante desaprueba el rey que los 80 mil pesos des- 
tinados para rescate de platas, se aplicasen á la habilitación de los 
mineros; y son aprobadas las monedas remitidas y labradas en es- 
ta casa en cédula de 5 de julio de 739, porque habiéndose recono- 
cido, dice, por la junta de moneda y comercio, se encontraron a- 
justadas con muy poca diferencia a la ley y peso que deben tener. 

Echevers en la primera parte de su ensayo mercantil impresa 
en 1741, al número 33 escribe: creyéndose por los zelosos del bien 
público, que para adelantar las minas era el mejor medio el esta- 



\ 98 CAPÍTULO LXXV. 

blecimiento de la casa de moneda, se empleó todo esfuerzo en con- 
seguirla; pero el efecto no ha respondido como se deseaba, porque 
sin fomentarse la saca de metales, es imposible verse plata, y to- 
dos han concebido mucho riesgo para dicha labor. Al presente se 
beneficia la plata á fuego, á excepción de la de Alotepeque, en 
que es por azogue, y en ello reconoceremos cuanto podrá adelan- 
tarse con el ahorro: porque en los Potrerillos donde ay mayor a- 
bundancia de metales, aunque no de los mas ricos, para el bene- 
ficio de la liga, necesitan entre otras cosas 4 tiradores de fuelles 
á 4 reales, los que se pudieran ahorrar, haciendo en lugar de los 
fuelles, un soplo de agua, con que, en tanto que por los fuelles 
se fundan 6 quintales, por el soplo se funden 30. De la escasez 
de víveres se originan también desórdenes con gran menoscabo 
de las minas, porque las desamparan casi todos los años la mayor 
parte délos operarios por la falta de bastimentos. Al número 44, 
dice: la mina de Opoteca al presente está desamparada por cau- 
sa de la dureza de sus metales, al tanto que son los mas ricos. 
También está la mina del Corpus al presente desamparada por fal- 
ta de medios para el socabon que necesita. 

En la segunda parte impresa el año de 742 al número 32 es- 
cribe. Las minas por ahora trabajadas por gente pobre, producen 
al año 300 mil pesos. Pudieran rendir doblada cantidad solo con 
que se costearan por una compañía algunos ingenios ó molinos 
para beneficiar por azogue todos los metales que no son de fuego. 
Para todo ayudan las disposiciones de este rey no. Así se ve ha- 
ciéndose el careo con las minas de Zacatecas que mantienen 7 315 
muías para el manejo de 97 molinos: en las minas de este reyno 
se ahorraba la exorbitancia de este gasto por los rios que ay, pa- 
ra mover los molinos. Allá les cuesta el azogue á 90 pesos quin- 
tal: acá por la nueva concesión de S. M. á favor de la minería 
les costará poco mas de 30 pesos, 

Al número 37 dice. Los españoles luego que se posesionaron 
de este reyno, se aplicaron á la minería, que en los primeros tiem- 
pos ñoreció, hasta que en estos últimos ha llegado á la mayor de- 
cadencia, y no obstante esta, entran cada año' en esta ciudad co- 
mo producto de las minas 300 mil pesos, fuera de lo que se ex- 
tarvia para el comercio ilícito á la costa de Honduras: multipli- 
cados pues éstos por 218 años, que ha que están establecidos los 
españoles montan 65,400.000 pesos, sin que en esta suma se in- 



CASA DE MONEDA. -199 

Cluyan las iomensas cantidades de oro, que se sacaron al fm del 
siglo pasado de las minas del Corpus, del que no ha quedado mas 
que el que se empleó en dorar retablos, ni tampoco (así el origi- 
nal ) de la moneda de plata y oro venida del Perú en todo este 
tiempo; sino solo la poca plata perulera, que está circulando en 
el comercio, y por gastada no es apetecida para fuera del reyno, 
cuyas dos partidas pueden importar igual ó mayor cantidad de mi- 
llones que los que se regulan de la saca anual, y de todos estos no 
ha quedado mas que una bagilla, y la plata que religiosamente se 
ha destinado para el culto y adorno de los templos. 

En real orden de 31 de julio de 74G se avisa la remisión de 
nuevos sellos con el nombre de Fernando Y I por fallecimiento del 
monarca antecesor: se han reconocido multitud de pesos y tosto- 
nes de esta clase, reputados mexicanos con el nombre del prín- 
cipe reinante, los dos hemisferios, y el año de la acuñación entre 
dos GG, planos en ambas superficies y ti-ozados en todas direc- 
ciones. En otra de 14 de mayo de 751 manda S. M. se labre la 
moneda circular, como en la casa de México: lo que comenzó á 
verificarse, y tuvo cumplimiento el ano de 754, 

El director León, evacuó el encargo de proponer unas orde- 
nanzas; y el superintendente Aguirre, haciendo observaciones acer- 
ca de ellas, en el cap. 2 da noticia, de que el año de 736 se amo- 
nedaron 28.930 marcos de plata: en 737 la cantidad de 33.G42 
marcos en 738 la de 32.G01: en el de 739 la de 38 mil; y en el 
de 752 la de 31 mil. Mas estos fueron los años de abundancia, que 
en algunos fueron 10 mil: en el de 49 quince mil: en el de 50 
diez y ocho mil: en el de 54 veinte y un mil, y debe haber habido 
otros de escasez de metales en que bajase la acuñación á menos 
de 20 mil marcos: porque agrega el mismo Aguirre, que desde la 
erección de la casa que fué el año de 7 33, hasta el de 754, que ha- 
cen 22 años se hablan labrado 508.401 marcos de plata, que re- 
partidos en ellos, á cada uno caben 23.112 marcos: todo esto sin 
los febles que en los 22 años dieron 77 15 pesos, 4 nales. Con res- 
pecto al oro, añade, que se labraron en los propios 22 años 2124 
marcos, que repartidos del mismo modo, dan por año 90 marcos 
4 onzas. Su fecha junio 28 de 17 55. Un tostón de á 4 reales fa- 
bricado en Guatemala en 1755, no se diferencia del peso mexica- 
no del año de 7 34, que va descrito, sino en el nombre del prínci- 
l)e reinante, y el del lugar de la acuñación, que son las dos üG. 



200 CAPÍTULO LXXVI. 

en vez de dos MM. una á cada lado de la numeración de! año. 
También se diferencia el cordón en dos hojas que salen del medio 
á los lados. 



CAPITULO 76. 

Macacois* 

Tratándose de dar cumplimiento á una cédula de 9 de agosto 
de 1755, acerca de la moneda antigua, anterior ala circular ú or- 
bicular, se celebró una junta, y para esclarecimiento de la ma- 
teria, dio el director León un parecer en 20 de abril de 1757, re- 
ducido á cuatro puntos. Trata en el primero de la moneda defec- 
tuosa que hay en estas provincias, y dice: con motivo de no correr 
la moneda que aquí circula, en otros dominios de S. M. ha ocur- 
rido á centruarse en este reyno, introduciéndola los advertidos á 
cambio de los efectos que aquí se hallan para ahorrarse de la pér- 
dida, que les ofrece renovarla en las casas de moneda que debieran, 
y para adelantar en los géneros por que la cambian; por lo que 
parece conveniente cerrar la puerta, para que no se introduzga mas 
de la que corre en todas las provincias de este reyno: pues así 
como los que se pasan de este á otros, llevan de aquí moneda cir- 
cular para su transporte y comercios, también es justo, que los 
que vienen del Perú y sus provincias traigan de la moneda circu- 
lar, que allá se labra para los propios fines. 

De la moneda antigua mexicana ha quedado mui poca; y la me 
nuda tan gastada, que apenas se percibe su estampa: de la troza- 
da que se labró aquí, ha quedado poquísima; y la circular labra- 
da después, es mui rara por el crédito con que una y otra ha cor- 
rido: como los frutos de este reyno no equivalen á los que entran 
de China y España, para completar sus importes, se ha llevado 
la moneda mas florida de ambas especies, trozadas y circular. 

En el segundo punto, sobre qué moneda circular se ha labra- 
do en este reyno, escribe: desde el año de 1754, en que se comen- 
zó á labrar, hasta la fecha van 72.085 marcos, inclusos los febles, 
que han producido 614.118 pesos 6 reales. Sobre el tercer punto, 
expone, conviene recoger la moneda antigua defectuosa; porque 
no es conforme, que cuando en todos los dominios de S. M. se ha 



MACACOS. 20 1 

recogido, para reducirla á mejor forma, solo en Guatemala circu- 
le la mas inferior, que puede hallarse. 

Al cuarto punto, del tiempo y modo de extinguirla, dice que 
el tiempo solo no puede consumir la moneda falsa, porque de es- 
te reyno no tiene salida; y que sin gravamen de la real hacienda 
ni atraso del comercio, se puede conseguir reducirla á su debida 
perfección, reservándose en esta casa de moneda lo que produ- 
cen los quintos, que no tienen destino preciso, hasta en canti- 
dad de 20 mil pesos. Con este caudal quiere se rescaten dos mil 
marcos de plata, de manera que se amonede uno, mientras se re- 
cauda el otro: asigna para el cambio el tres por ciento á estilo de 
comercio: hace tres separaciones de ella: la ajustada fuerte y 
feble dentro de la permisión para que circule: la excedida en fuer- 
te, para abono de alguna parte de la falta; y la notablemente, pa- 
ra su reforma: pone el marco á 6 pesos 4 reales en su rescate; 
y da varias trazas, que ademas de dilatar la explicación, por trivia- 
les parecerían onerosas é ilusorias. 

Sin embargo, importa no ignorar que los mil marcos de plata 
con la gratificación del hacedor, los derechos reales, aumento de 
liga y costos de fundición y ensaye salen en 7.720 pesos 5 reales 17 
maravedis. A los mil marcos, sacando cinco por ciento de mer- 
ma, y aumentando 86 marcos dos onzas y 7 maravedis: de li- 
ga, hace subir á 1.03G marcos dos onzas y 7 maravedis los cua- 
les pagados á 8 pesos y 2 maravedis valen 8. 298 pesos, 4 reales 32 
maravedis, adelantando 577 pesos 7 reales y 15 maravedis que 
quedan libres: por lo que juzga el modo compatible con el tiem- 
po sin perjuicio de ninguno, á beneficio de todos, y cu provecho 
de la real hacienda. 

Entre tanto que en México y luego en Guatemala desde el año 
de 754 se labraba la moneda circular, el Perú no cesa de la- 
brar moneda de columnas enrejadas, deforme en la superficie y el 
contorno, y de toda clase: pesos, tostones, doscs, sencillos, y rae- 
dios reales, antes no conocidos; los cuales aparecen con los años 
de 50, GO, y 70, y mas adelante de 771, 772 hasta 77 3. Por es- 
te tiempo labraba ya Guatemala su moneda circular con el bus- 
to del rey, que lo era (darlos 111 desde fines del año de 59. Acaso se 
suscitó entonces este uso en los príncipes. Lna moneda de Luis \1V, 
que comenzó á reynar en 774 lleva en un lado su busto, y del 
otro un genio sentado en un tiburón, que juega sobre las aguas 
TOM. 2. (27) 



202 CAPÍTULO LXXVÍ. 

del mar. La de Carlos III tiene en una faz su busto y en la otra 
el escudo de las armas reales con las columnas del plus ultra á los 
lados, y no aparecen en lo sucesivo los dos hemisferios, ni la letra: 
ambas uno. 

El placentero uso de la moneda con el busto real hizo concebir 
el designio de hacer desaparecer la moneda antigua, y renovar- 
se el de consumirla. En 6 de octubre de 772 se publicó bando con 
referencia á la real ordenanza, mandando que dentro de un año 
se llevase toda á la casa de moneda para devolverla de la nueva 
orbicular con el retrato de S. M. sin mas rebaja que la falta que 
tuviese en su peso, y pasado el año se agregaría la de los costos. 

Semejante providencia choco en extremo al vecindario de Gua- 
temala; y su ayuntamiento dispuso ocurrir al rey por medio de su 
apoderado en Madrid, dándole instrucción en 1 de diciembre in* 
mediato, firmada: Bentura de Najerar Manuel de Batres: Basilio 
Vicente Boma: Juan Fermin de Ayzinena: Juan Thomas de Mi- 
cheo: Nicolás Obregon. En ella le tachan tres defectos: primero, 
que la real ordenanza habla de la antigua de cordoncillo en con- 
traposición de la del nuevo cuño, y este reyno está mui ageno de 
abundar en la de cordoncillo, en la cual no ay pérdida, y es tan 
rara, que se solicita con un tanto por ciento: la que ha corrido, 
dicen, y corre es la macaca, y en tal abundancia que de los rey- 
nos de Méjico y Perú ha venido toda á parar á este, como que 
ya en aquellos reynos no corre, y junta con la de aquí, circula 
solamente en él, como moneda regional: con ella comerciamos 
y tratamos todos, y se pagan los salarios de la real caja, y sus in- 
dios los tributos. 

La segunda tacha es la rebaja de la falta de peso dentro del 
año; y para ello se alega el ejemplar de Méjico, donde se dictó 
la recaudación de dicha moneda y su cambio llanamente, y sin re- 
baja alguna. Está averiguado physicamente, exponen, la dema- 
siada merma, que ocasiona el cambio de la moneda del nuevo sello 
con el retrato del rostro de S. M. con la antigua ó macaca, que 
se nota haber en la clase de solo medios en cantidad de ciea pe- 
sos la diferencia hasta de 11 pesos 4 reales, para llegar á los 
ciento del nuevo sello: de modo que para obtener y lograr cien pesos 
cumpHdos de la nueva moneda, habia de llevar uno, hablando en 
cuanto á los medios reales, 111 pesos 4 reales. En la moneda de 
la clase de los reales hay de merma 9 pesos 4 reales y en la de 



MACACOS. 205 

los doses 3 pesos 2 reales. 

En México, añaden, se puso la rebaja del peso para los que a- 
cudiesen, pasado el término, como en pena de su rebeldía: de modo 
que antes de que se cumpliese, cada cual llevaba su cantidad de 
una moneda, y se le devolvía de la otra, sin merma alguna: lle- 
vaba uno mil pesos macacos, se le devolvían mil pesos redondos ó 
ele cordoncillo. Pero pasado el término solo se recibia al peso, por 
ejemplo: llevaba uno mil pesos macacos, se los pesaban, y del peso 
resultaba darle en moneda de cordoncillo, no los mil, sino 900; de 
manera, que perdia indispensablemente 100 pesos en cada mil, que 
llevaban á trocar. 

Para evitar este descalabro, dicen todavía, por babcrse pasado el 
término á mucbos, sin haber llevado sus macacos, los hicieron venir 
y pasar á este reyno, y lo mismo sucedió con el del Perú, porque la 
situación de este es recipiente de uno y otro, por cuya razón se ha- 
lla inundado de tanta moneda macaca, sobre la propia que circula. 

La tercera tacha opuesta al acuerdo fué la inopia de moneda 
en esta casa; cuando en México para dictar semejante providencia 
se hablan prevenido sumas cuantiosísimas, para ir dando á los que 
iban llegando á trocar su moneda, sin dilación ni extorsión; pe- 
ro en este cuño no hay prevención; y se sabe que si en el año lleva- 
ran todos sus dineros macacos, se quedarían allí enterrados, y ni 
aun en seis años se embolsarían los dineros del nuevo sello, y es- 
tarían privados lastimosamente de su uso por este, ó mas tiempo. 
No obstante, siguen exponiendo, el quebranto, que achaca á los 
particulares, como si fuesen capaces todos de recogerse y llevar á 
sepultar eternamente su moneda, y quedarse sin esta, y sin la 
del nuevo sello, porque si en término del año prefinido se hubie- 
se de recoger en la casa, como está mandado, se juntarían de to- 
do el reyno mas de tres millones de pesos, y acuñándose, según 
tenemos noticia, en ella lo sumo 600 mil pesos al año; ya se deja 
ver cuanto tiempo seria necesario para acuñar los tres millones, y 
lo que de nuevo fuese entrando de las minas. No obstante todo es- 
to, de 29 de abril á 22 de julio de 773 iban enterados en la caja 
123.760 pesos en macacos; pero sobrevino el terremoto del 29 
del propio julio, y fué necesíuiu devolverlos como entraron. 

En los 600 mil pesos de acuñación que aquí suenan, no se ex- 
presa, ni va incluido el oro. Vn estado de acuñación de las casas 
de moneda de América formado por este tiempo, no atribuye, tan- 



204 CAPÍTULO LXXVI. 

ta cantidad á la de Guatemala, y aunque anda escaso en la pla- 
ta, parece excesivo en el oro. Es como sigue. 



Casas de moneda. 


Marcos de pta. 


Pesos por 8 J4 


Utilid.deS.M. 


Valor de qnintos. 


México . . . 


1,400.000 


11,900.000 


689.706 


2,242.058 


Guatemala . 


20.000 


170.000 


9.853 


32.029 


Lima .... 


312.000 


2,652.000 


153.706 


499.658 


Potosí. ... 


380.000 


3,230.000 


187.206 


608.558 


Santiago Chile 


1.000 


8.500 


493 


1.601 


Santa Fé . . 


000 


000 


000 


ooa 


Pa payan . . 


000 


000 


000 


000 


Casas de moneda. 


Marcos de oro. 


Pesos. 


Utilidades. 


Quintos. 


México . . . 


4.000 


544.000 


31.530 


102.494 


Guatemala . 


.500 


68.000 


3.942 


12.811 


Lima .... 


10.000 


1,360.000 


78.824 


256.235 


Potosí. . . . 


000 


000 


000 


000 


Santiago Chile 


3.000 


408.000 


23.647 


76.870 


Santa Fé . . 


6.000 


816.000 


47.294 


153.744 


Popayan . . 


4.000 


1 544.000 


000 


102.494 



Humboldt en el ens. lib. 4 cap. 11 pone á México el año de 1772 
de labor de plata 1,996.689 marcos, y en el de 1773 ya le da 
2,227.442. 

Por el año de 775 ya suenan los 80 mil pesos, destinados en 
Guatemala para rescate de platas, reducidos á 60 mil; y en el li- 
bro de corte de caja se dá por existente dicha cantidad para este 
destino el año de 769. El presidente Calvez en consulta escrita al 
ministro de estado su hermano á 6 de enero de 779, le dice. De- 
seoso de poder instruir á V. E. de las minas que en el dia se ha- 
llan descubiertas en este reyno, he adquirido el papel que inclu- 
yo, por el que se hará cargo V. E. de los parages en que se hallan, 
sus abonos y calidades, á que corresponden los metales, y la de- 
cadencia en que se hallan por falta de caudales y gente para el tra- 
bajo de todas. Por varios otros verdaderos informes me consta, 
que si S. M. determinase caudales suficientes, con qué ayudar á 
los mineros en calidad de préstamos, y cobrara en rescate de la 
plata y oro, seria inmensa la riqueza que resultaría al real erario, 
y á los operarios de las minas. En otra de 6 de setiembre del mis- 
mo año le dice. Quedo enterado por la real orden de 20 de mayo 
último haber resuelto S. M. que para el fomento de los mineros 
de este reyno, me aproveche de los productos sobrantes de la ren- 



MACACOS. 205 

te del tabaco, procurando asegurar el pago en platas y oros de 
las cantidades que se suplieren, para labrar las minas, que fueren 
mas abundantes; como también de darse orden al virey de INueva- 
España, para que haga pasar á este revno algunos mineros hábi- 
les que elija el cuerpo de aquella minería, cuyo encargo me pre- 
viene V. E. haga yo igualmente á dicho virey. 

El libro de corte de caja que está á la vista, y muestra el pro- 
ducto de rentas de trece años corridos desde 768 hasta 780, sa- 
ca en la del tabaco el año de 768 el de 12 mil pesos, en el de 769 
el de 6 mil, en el 770, y los diez restantes nada absolutamente. 
Por consiguiente, la providencia no pudo ser muy fructuosa. En 
el índice de cédulas de la misma caja se menciona una de 16 de 
febrero de 769 sobre baja de precios de azogue y pólvora á los mi- 
neros: otra de 17 de julio de 773, prorogando por diez años mas 
la gracia; y otra de 4 de abril de 789, que ordena se dé el azogue 
á los mineros á 60 pesos quintal, pagando el flete. Así mismo se 
mencionan dos instrucciones, una de 14 de octubre de 779 para 
el fomento de minas, otra de 30 de enero de 780 para la casa de 
rescates, y una cédula de 1 de junio de 792 extinguiendo la casa de 
rescates, y creando un cuerpo de minería. 

Desde la época brillante de Carlos V, dice Humboldt, la Amé- 
rica española ha estado separada de la Europa en cuanto á la co- 
municación de los descubrimientos útiles á la sociedad. Los pocos 
conocimientos, que se tenian en el siglo 16 en el arte del laborío y 
de la fundición en Alemania, Vizcaya, y las provincias bélgicas, ha- 
bían pasado rápidamente á México y al Perú, que eran las primeras 
colonias que se formaron en aquellos países; pero desde entonces has- 
ta el reinado de Carlos III, los mineros americanos casi nada haa 
aprendido de los europeos, á excepción de la saca con pólvora en 
las rocas que resisten al pico. Este rey y su sucesor manifestaron 
el mas loable deseo de que participasen las colonias de todos los 
beneficios que saca la Europa de la perfección de las máquinas, de 
los progresos de las ciencias fisicoquímicas, y de su aplicación á 
la metalurgia. 

El licenciado .Tose del \ alie, auditor de guerra que fucile esta 
capitanía general, en el periódico titulado Amigo de la Patria en 16 
de julio de 821, dice. Guatemala serla la provincia que gozara 
mas bienes, porque es la provincia del centro: la que el autor de 
la naturaleza creó en medio de las dos Aniericas, entre los dos o- 



206 capítulo lxxvii. 

céanos que la circundan. Tiene todos los metales, que hay en am- 
bas. La cordillera que la atraviesa es la misma, que ha dado tan- 
tas riquezas en Potosí, y producido tantos metales en Guanajua- 
to. Son ricos en oro y plata los minerales que posee. Los tiene de 
fierro y plomo. Hay cobre en abundancia; y se cree que no falta 
el cinabrio. En nota al pié añade. El señor don Manuel Rodríguez 
Barranco, obispo de Comayagua, lo manifestó á este gobierno, in- 
dicando la opinión fundada de existir en aquella provincia una 
mina de azogue. Ximenez en la hist; nat. tít. 13, con respecto al 
cobre, dice: también en aqueste reyno de Guatemala ha dado Dios 
minerales de ello, pero no lo sacan. En las memorias de la revolu- 
ción de Centro-América impresas en Jalapa año de 1822, se afir- 
ma hablando de su territorio: posee toda clase de minerales, entre 
ellos los mas apreciables, como oro, plata, cobre, plomo, fierro, 
ópalos, nitro, azufre, mercurio; cuyos principales constituyentes 
son el granito y el pórfido. 



CAPITULO n, 

Presitleiites y golieriiatlores del reyno» 

17 El general don Martin Carlos de Meneos, caballero del or- 
den de Santiago, alcaide perpetuo de los alcázares de Tafalla, del 
consejo de guerra y junta de armadas. Vino porPortobelo y llegó 
á esta capital el 6 de enero de 1659. Gobernó, dice Juarros, con 
gran prudencia y acierto; de suerte que hasta este tiempo no se ha- 
bía visto gefe mas generalmente aclamado. Fué el primer presi- 
dente militar que tuvo el reyno: contando 70 años de edad, inva- 
didas las provincias de Nicaragua y Costa-Rica en los años de 65 
y 66, resolvió hacer viaje á Granada, conociendo la importancia 
del designio del enemigo en la ocupación de aquellos puntos; y 
aunque no lo verificó por la cesación de su mando, solo el eco de 
la jornada hizo sus veces y con las disposiciones que dio, puso en 
arma aquel territorio, y en estado de defensa, supliendo cantida- 
des de su caudal, por el contrapeso de la audiencia en las eroga- 
ciones del erario. Se volvió á España, llegado el sucesor. 

18 Don Sebastian Alvarez Alfonso, caballero de la orden de 



PRESIDENTES. 207 

Santiago, señor de la casa de Caldas. Hizo viaje á Granada por 
tierra para reconocer el fuerte de San Carlos, dispuesto por su an- 
tecesor, y consultó al rey la variación de localidad. Porque el oi- 
dor Garate en paseo á Jocotenango llevó coche con 4 muías y 2 
cocheros, publicó bando con pena, para que nadie los llevase, si- 
no el obispo, según carta de la audiencia de 20 de junio de 668; 
y porque el oidor Novoa no detuvo su coche, encontrándolo á pié, 
le multó en 200 pesos, sobre que llevada la querella al consejo» el 
fiscal dictaminó su aprobación, por haber faltado, dice, á la corte- 
sía y obsequio que debia hacer á su presidente por la representa- 
ción que tiene, y pide se le devuelva la multa, y así se determinó 
en 20 de febrero de 669. El p. Manuel Lobo de la Compañía, en 
carta á México de 18 de noviembre de 670 para el primero de es- 
tos ministros promovido á aquella audiencia, escribe del señor Al- 
varez: tenia un natural compasivo, que lo inclinaba á hacer bien 
á los pobres. Nombrado visitador suyo en cédula de 6 de mayo 
de 670, el ilustrísimo señor doctor donjuán de Santo-Matia Saenz 
Mañosea, obispo de esta diócesi, y en consecuencia presidente de 
esta real audiencia, gobernador y capitán general de este reyno, 
tomó posesión en acuerdo de 29 de octubre de estos empleos, que 
desempeñó, dice Juarros, con la prudencia, madurez y rectitud que 
le eran propias; y aunque algunos pretendientes, no hallando ca- 
bida, se quejaron de él, de que distribuía las encomiendas y ofi- 
cios en creollos, esta acusación fué despreciada en el consejo. El 
p. Lobo en la propia carta, escribe: entró el señor obispo en el go- 
bierno con mucha aceptación y general aplauso, porque su capa- 
cidad, experiencia y autoridad han prometido muí seguros acier- 
tos, hasta ahora no ha comenzado á disponer las materias, y en to- 
das procede muy á lo inquisidor, con espera y silencio. 

19 El excelentísimo señor don Fernando Francisco de Escobe- 
do, general de la artillería del reyno de Jaén, caballero, gran cruz 
del orden de San Juan y Haylio de Lora, nombrado por la reyna 
gobernadora en cédula de 29 de octubre de 671, para que gober- 
nase en ínterin estas provincias, fuese en persona á n^conocer la 
boca del rio de San Juan en la de Nicaragua, y dispusiese la forti- 
ficación, que fuese necesario hacer en ella, vino en febrero de 72, 
hizo la jornada, y dispuso la fábrica del castillo de Concepción, 
que se concluyó el año de 75, y después tomo el nombre del rio. 
Ximcnez lib. 5 cap. 27 escribe: este mismo año víspera de Sau 



208 CAPÍTULO LXXVII. 

Andrés, yendo en su carroza don Pedro de Escobedo caballero de 
Calatraba, sobrino del presidente don Francisco de Escobedo, a- 
tropelló á una señora, llamada dona María Marroquin; derramóle 
los sesos: ocho días después pasando por el mismo lugar, se asom- 
braron los caballos, de suerte que rebentaron las vidrieras. Con- 
currió este presidente, dice Juarros con mas de 55 mil pesos para 
la fábrica de la iglesia de Belén; y de resulta de informes que se 
hicieron á la corte vino de visitador á este reyno el licenciado don 
Lope de Sierra Osorio, oidor de la audiencia de México, y presi- 
dente de la de Guadalajara, que llegó á esta capital el año de 78, 
á tiempo que recaía en el señor Escobedo el gran priorato de Cas- 
tilla, y vino á estos puertos una embarcación á llamarlo para que 
fuese y fué á servirlo, y mas adelante entró en el consejo de Indias, 
donde prestó oídos, y favor á las solicitudes de Guatemala sobre 
permisión del comercio del Perú. El señor Osorio continuó con la 
presidencia, gobierno y capitanía general del reyno. En su tiem- 
po, un auto acordado de la audiencia de 18 de setiembre de 79, 
dice: considerando cuánto depende la tranquilidad y conservación 
de las provincias de la autoridad de los tribunales superiores.... al 
parecido digna de reparo la desatención, con que en esta ciudad 
proceden algunos de sus vecinos, no tratando á los señores minis- 
tros de esta real audiencia con la cortesía y respeto que son obli- 
gados... lo cual ha llegado á tal extremo que yendo dichos señores 
á pié en diferentes ocasiones, han encontrado con vecinos de esta 
dicha ciudad en coche y á caballo, y no han parado, ni hecho pa- 
rar á sus cocheros... y para que en esto se obvien inconvenientes, 
mandaban y mandaron... El señor Osorio aparece después en el 
consejo de Indias, y en las reclamaciones de Guatemala ardiente 
abogado suyo, que les dio el triunfo por entonces. 

20 El licenciado don Juan Miguel de Augurto y Alaba, del or- 
den de Alcántara, oidor de México: vino, dice Juarros, con el tí- 
tulo de visitador general á concluir la visita del señor Escobedo, 
y concluida ésta siguió con el gobierno de estas provincias. 

21 Don Enrique Enriquez de Guzman del orden de Alcántara, 
del consejo de guerra y junta de Indias y armadas: tomó posesión 
de la presidencia el año de 1684. Este presidente, dice Juarros re- 
edificó y puso en forma el hospital de San Juan de Dios. En un 
despacho de 1 7 de enero aparece, que entonces mantenía cuarenta 
camas, y estaba reducido á un corto recinto. Para ensancharlo, se 



PRESIDENTES. 209 

compraron dos casas contiguas, en lo cual y en levantar una sala 
espaciosa iban gastados cinco mil pesos que puso de su caudal el 
señor Enriquez, y mas de un mil colectados de limosna. Ajustó 70 
camas, y llama en su auxilio al ayuntamiento, para que se cua- 
dre el sitio, y haya amplitud para oficinas, y 200 camas. Renun- 
ció el empleo, añade Juarros, el año de 688, y se volvió á Espa- 
ña á servir su plaza en el supremo consejo de guerra. 

22 Don Jacinto de Barrios Leal, general de la artillería de los 
reales ejércitos. Hizo su entrada el año de G88. En el de 689 cho- 
có con la audiencia: luego es confinado y separado del tribunal el 
oidor mas antiguo: en el de 91 separado el mismo señor Barrios, 
y visitado por el licenciado don Fernando López Urcino y Orbane- 
ja, oidor de la real chancillería de México, que tomó los oficios de 
presidente, gobernador y capitán general, hasta el de 94, en que 
indemnizado el señor Barrios es restituido á sus empleos; y en el 
de 95, emprendida la jornada al Lacandon, reconvenido de qne 
delegaba la autoridad en el oidor Scals, y no en el mas antiguo, 
contesta en 10 de enero: que el gobierno era privativo de los seño- 
res vlreyes y presidentes, sin poderlo embarazar las audiencias, 
en quienes solo recala en casos de fallecimiento, enfermedad ó 
ausencia del distrito, y que no siendo llegado ninguno de ellos era 
arbitro para delegarlo, y lo hacia, dejando el ordinario en alivio de 
los interesados en negocios comunes, y reservándose lo extraordi- 
nario, sin introducir en ello novedad, pues los señores presidentes 
«US antecesores, hablan hecho nombramientos de la misma calidad. 
En este periodo, en IG de diciembre de 93, y 13 de enero de 95 
ocurren dos pareceres salvados sobre poner en tormento dos rau- 
geres, antes del suplicio; de las cuales, una fué condenada a muer- 
te, y otra á azotes. En fin, el señor Barrios murió dia 12 de no- 
viembre, permaneciendo confinado el oidor mas antiguo, según 
testifica Ximencz lib. 3 cap. 69. 

A este ministro seguía en antigüedad el licenciado don Tran- 
cisco Valenzuela Bcnegas, caballero de la orden de Santiago. Pu- 
blicada la Recopilación de Indias el año de 680, riííió ya la ley 67 
tít. 15 lib. 2. que decia: faltando el virey, ó presidente, sucedan 
en el gobierno nuestras reales audiencias: y el oidor mas antiguo 
sea presidente; y si fuere capitán general use así mismo este car- 
go el oidor mas antiguo. En consecuencia celebró acuerdo la au- 
diencia, en que declaró residir en ella el gobierno; pero en lo que 
ToM. 2. (28) 



210 CAPÍTULO LXXVII. 

mira á la presidencia de la misma audiencia, y capitanía general 
del reyno, sucedió lo cfue dice Juarros, que tomó el bastón el li- 
cenciado don José de Scals, también caballero de la orden de San- 
tiago, que titula oidor decano, porque la audiencia en el mismo 
concepto le declaró ambos oficios. En seguida celebró otro acuer- 
do dia 24 de noviembre en que declaró residir en ella el vice pa- 
tronato eclesiástico; y en 29 del mismo corresponder á su presi- 
dente el uso de sitial y besar el evangelio en la iglesia catedral. En 
otro de 22 de diciembre dice el presidente Scals: representé, se die- 
se providencia, para que el señor don Francisco en sus peticiones 
y escritos trate con decencia al señor presidente de esta real au- 
diencia, i á mí que al presente lo soy, i el dia de oi se ba presen- 
tado otra petición del dicho señor Valenzuela con el mismo tra- 
tamiento, sin querer nomJ)rarme presidente, i á esto se añade, que 
como es público, dicho señor Valenzuela dice á todas oras, que 
le tengo usurpados los puestos de presidente y capitán general de 
este reyno contra lo determinado por este real acuerdo. No por 
esto dejó el señor Scals de hacer estimación de ellos^ y de consul- 
tar, si deberla añadirse en la catedral en la colecta al regium se- 
natum praíside Josepho, á que se opuso el oidor Baltodano; pero 
sienta la razón hasta 25 de junio del año siguiente. 

23 Bon Gabriel Sánchez de Berrospe, proveedor general de 
galeones, posesionado en la presidencia de este reyno el dia 2á de 
marzo de 1G9G. Notando desconcierto en la audiencia, emprendió 
en sus individuos la observancia de las ordenanzas de su gobier- 
no interior, de que se redundaron los disturbios, que refiere Juar- 
ros. Luego desaprobando el año nuevo de 97 la elección de 2^ al- 
calde hecha en don Francisco Xavier del Folgar por una tutela 
pendiente, opuesta por uno de los capitulares, mandó al cabildo 
procediese á nueva elección, y resistiéndose á ello, nombró á don 
Domingo de Ayarza, por lo que puesta queja en la corte, vino 
multado en 500 pesos, que exhibidos, dirigió reclamación, alegan- 
do tenia dos votos el nombrado. En fin, sosegadas algún tanto las 
turbulencias, se volvió á España por Chiapa, llevando el gobierno 
hasta los últimos términos del distrito. Vista su reclamación en el 
consejo, se le absolvió de la multa, que fué devuelta aquí á su a- 
poderado, y se declaró en cédula de 12 de mayo de 703, haber 
obrado rectamente, pues habiendo votado el mayor número por 
sugeto incapaz, lo quedaron ellos para hacer cabildo, y en este 



I 



TRESIDENTKS. 211 

caso los dos votos le hicieron, votando por sugeto hábil. 

24 El doctor don Alonso de Ccballos y Villagutierre, presbíte- 
ro, caballero de la órdén de Alcántara: de presidente de Guadala- 
jara pasó á serlo de este reyno, en que fué posesionado dia 14 de 
mayo de 7 o 2. El cabildo en 20 del mismo acuerda dar cuenta de 
ello á S. M. y que rindiendo las gracias por semejante provisión, 
se insinúe que esta ziudad le desea para obispo de esta diócesi. En 
auto acordado de gobierno de 15 de enero de 703 se nota la con- 
currencia de cinco oidores, ademas del presidente. Estando los 
mercaderes vendiendo el papel á 25 pesos resma, y faltando para 
los negocios á vecinos y forasteros, se ordenó por bando de 5 de 
octubre siguiente, no excediese su precio de 12, pena de 200 pe- 
sos. Ya en cabildo de 22 de diciembre anterior se habia anuncia- 
do estar en esta capital su señoría el señor don José Osorio Espi- 
noza de los Monteros juez visitador con órdenes de S. M. para el 
cumplimiento de varias comisiones relativas al sosiego de esta re- 
pública, perturbada con las operaciones del pesquisidor licencia- 
do don Francisco Gómez de la Madriz. Ahora en el de 29 de oc- 
tubre el maestre de campo don José Agustín de Estrada regidor 
de esta ciudad tiene el comedimiento de dar á su ayuntamiento el 
pésame de la muerte de su señoría el señor doctor don Alonso de 
Ceballos Villagutierre por la falta grande que sus loables prendas 
harán en el gobierno de este reyno; y cuando era de esperar que 
entrase á él el visitador Osorio, se reduce el regidor Estrada á 
proponer, convendría dar noticia de ello al excelentísimo señor 
arzobispo de México, insinuándole que el lugar vaco tan superior 
podría ocuparse con común regocijo por su señoría el señor doc- 
tor don Joseplí Osorio Espinoza de los Monteros por la pruden- 
cia, rectitud, paz y sosiego que se tienen experimentadas, para que 
si se hallare con órdenes de S. M. competentes á este caso, se 
sirva favorecer á este reyno; el arzobispo de México era el señor 
Ortega Montañés, que babia sido obispo de Guatemala, y mostró 
interés por su antigua diócesi. Un auto acordado de ."> de novieir- 
bre, dice. Habiendo muerto el señor don Alonso de Obailos \ illa- 
gutierre, presidente, gobernador y capitán general de este reyno 
el dia 27 de octubre de este corriente uño de 703, en acuerdo ex- 
traordinario de :)1 del mismo se declaró aver recaído el gobierno 
en toda la audiencia, y la presidencia y eapitania general en el se- 
ñor licenciado don Juan Gerónimo Duardo, como oidor mas anti- 



2\2 CAPÍTULO LXXYIII. 

guo por aora, y con lo acordado que fué se escribiesen cartas por 
dicho señor don Juan, y el señor don Fernando de la Riva Agüe- 
ro á los señores duque de Alburquerque virey de Nueva-España, 
y arzobispo de México don Juan de Ortega Montañés, participán- 
doles esta vacante, y pidiendo especialmente al dicho señor arzo- 
bispo, que en conformidad de las reales órdenes, que se conside- 
ró tener, explícase si la real voluntad disponía recayese dicha pre- 
sidencia y empleos en el señor doctor don Joséph Osorio oidor de 
dicha real audiencia de México, que se halla en esta ciudad, en- 
tendiendo en diferentes negocios del real servicio. A vuelta de e- 
llos, habia ya separado de la audiencia tres oidores mas an- 
tiguos, y sin duda, reducido á sus comisiones, no le convenia mez- 
clarse en otra cosa; por lo que de una parte no ocurre mas men- 
ción suya en mucho tiempo, y por otra se ve á la audiencia en 
posesión del gobierno, y á su actual decano don Juan Gerónimo 
Duardo titulado presidente de ella, y capitán general del reyno en 
repetidos autos acordados de gobierno en cuatro años consecuti- 
vos, con datas desde once de diciembre de 703 hasta diez y nueve 
de enero de 706. Las actas de cabildo muestran igualmente al 
mismo señor Duardo, presidiendo las elecciones de alcaldes en los 
años de 704, de 705 y 706. 



CAPÍTULO n, 

Otrois Presidentes j Oolieruatlores 
del reyíio. 

25 Don Toribio José de Cosío y Campa, marques de Torre- 
Campo, del orden de Calatraba, posesionado en 30 de agosto de 
706. A tiempo de la vacante del antecesor habia ya mas oidores 
que antes, de modo que en el acuerdo declaratorio de ella, aun 
siendo el mas antiguo el actual decano, quedaban después de él 
otros cuatro afuera del fiscal; mas como el visitador Osorio con- 
tinuó retirando otros de la audiencia, á poco de entrado el presen- 
te, se halló con solos dos ministros, Duardo y Oviedo, y de éstos, 
el último en la mayor parte impedido, por ser acompañado del vi- 
sitador en la prosecución de sus causas; por lo que tuvo necesi- 



PRESIDENTES. 243 

dad de nombrar un abogado para bacer tribunal, y nombró en 25 
de octubre de 707 al licenciado Gómez de Ángulo, abogado de 
los reales consejos, entonces juez provisor y vicario general del o- 
bispado. De los retirados y mas antiguos, uno era el doctor Ossae- 
ta, el cual parece restituido condecoradamente en la ausencia del 
señor Cosío á los zendales, según aparece en la autorización del 
fallo siguiente, dictado con otros tres oidores: Fallamos, atento 
á los autos y méritos del proceso, á que nos referimos, que, dejan- 
do en su fuerza y vigor las informaciones y probanzas, basta a- 
quí recebidas en esta causa, debemos condenar, y condenamos al 
dicbo Antonio Sicajay en tormento y tormentos per se in caput 
alienum, cuya calidad, y cantidad en nosotros reservamos. La 
cual sentencia, dice el escribano, dieron y pronunciaron los seño- 
res presidente y oidores de esta real audiencia, es á saber su seño- 
ría el señor doctor don Pedro Ossaeta y Oro, tbeniente de gober- 
nador y capitán general.... enGoatemala en 1 4 de febrero de 1713. 
Mas adelante fué restituido otro, y venidos aun otros nuevos lle- 
garon en 7 1 4 á número de siete, y en auto acordado de 1 1 de ene- 
ro de 715, al de nueve, afuera de presidente y fiscal, hasta fines 
del mismo año, en que solo aparecen siete en los acuerdos y sen- 
tencias, sin duda provistos por el rey en esta vez. El acuerdo de 
28 de mayo de 714 declaratorio de fuerza en la excomunión ful- 
minada contra don Joseph Poveda corregidor del Realejo por el 
obispo de jNicaragua don fr. Benito Garret, en el cual se dispuso 
librar la primera carta, se hizo por ocho oidores. Librada la se- 
gunda en 11 de febrero de 715, como el obispo no mostraba ce- 
der, el ayuntamiento de Granada en representación de 14 de abril 
de 716, deplora su ausencia siendo extrañado, y los mismos ocho 
oidores, conociendo el embarazo, que oponía su renuencia en la 
absolución del corregidor, adoptaron el arbitrio de requisiciones 
del presidente y decano. No bastando, y librada tercera, el obispo 
disponía viaje á España: con lo que la cuestión en 26 de junio ya 
era por falta de licencia del rey para la ida, y se trata de sobreser, 
y ordenar á Poveda, que ya no era corregidor, compareciese ante 
el obispo á pedir absolución. Pero sin duda el obispo murió á po- 
co, porque en un libro de la caja se anuncian osiwlios suyos, y 
Alcedo muestra al señor Galindo sucesor suyo, electo el año de 
718. 

2C Don Francisco Rodiigucz de Rivas, maestre de campo de 



214 CAPÍTULO LXXVIII. 

los reales ejércitos, corregidor de Riobamba en el reyno de Quito^ 
posesionado en 4 de octubre de 716. Venido de tierra de temblo- 
res no siguió el voto consultivo del acuerdo, ni exorto del vl- 
rey de México, marques de Valero para la traslación de los tribu- 
nales, y las cajas de oficiales y contaduría, y en pos de ellos de la 
capital, maltratada con el de 717, y tomó de su cuenta la reedifi- 
cación de los templos del oratorio de San Felipe Neri, y del santo 
Calvario, que hizo á su costa, dice Juarros; sin que por eso le de- 
jase de interesar la seguridad de los tribunales, de las cajas y la 
capital. Como las dos compañías de españoles, que les hacian la 
guarda, hablan caducado, y conocían su necesidad, dispuso resta- 
blecerlas, y concedido permiso para sus expensas en cédula de 18 
de octubre de 718, lo hizo con pardos, que entonces sacudían el 
tributo, y el servicio militar servia para su exención. Una certifi- 
cación de la caja de 1 de junio de 726 cuenta entre sus gastos el 
sueldo de los soldados de guardia, que han estado y están en el 
real palacio. En último de diciembre de 729 se ponen en data 
4.872 tostones, que importan en seis meses los pagamentos de 50 
hombres de infantería de la guardia del real palacio, inclusos alfé- 
rez y sargento, con mas pífano y tambor. El propio Juarros nota 
el acierto con que el señor Rivas sirvió la presidencia, y ocurre 
en apoyo el acuerdo de 6 de octubre de 724, en que dispuesta dos 
dias antes tercera carta de fuerza contra el provisor y vicario ca- 
pitular Sunsin de Herrera, que oponía el trámite que debía prece- 
derle, conminando con censuras presidente y oidores, tomada la 
firma de este último el dia antecedente, dispusieron diferir su re- 
misión, para venido que fuese el obispo Cervantes, provisto ya pa- 
ra esta iglesia. Continúa en este siglo la práctica de arrastrar por 
las calles á los reos antes del suplicio. Una sentencia de 10 de di- 
ciembre de 718, dice: sea sacado en forma de justicia con sogaá 
la garganta y á son de trompeta, y voz de pregonero, que publi- 
que su delicto, sea arrastrado en un cerón á la cola de un caballo 
por las calles públicas y acostumbradas, liasta llegar á la plaza 
mayor, donde estará una horca, de la cual sea colgado, hasta que 
naturaUnente muera, y luego sea hecho cuartos... Otra de dos reos 
cómplices, hombre y muger de 11 de junio de 722, remitida á la 
ciudad de san Miguel para su ejecución, dice: hasta llegar á la 
plaza mayor, donde puesta una horca, sean colgados, hasta que 
íiaturalmente mueran, y después de muertos, sean metidos en un 



t 



PRESIDENTES. 21 

saco de cuero, en que encierren con ellos un can, un gallo, una 
culebra y un ximio, y cocida la boca del dicho saco, los arrojen al 
rio mas inmediato; y respecto á constar hallarse preñada... el di- 
cho alcalde suspenda la notificación y ejecución desta sentencia 
por lo que á la susodicha toca, hasta que para... Un alférez, es- 
cribano de aquella ciudad, certifica el 2 de enero de 723, que en 
í de agosto anterior se ejecutó la sentencia en el primer reo, y no 
en la segunda, que parió en 6 de diciembre, porque habia entra- 
do tiempo feriado, y quedaba con la criatura, y en prisiones: cer- 
tifica asíimsmo que el cadáver del reo fué metida en un zurrón 
de cuero entero con los animales que se previenen en la senten- 
cia, y arrojado en un pozo del rio grande, de donde con permiso 
fué extraído por la hermandad de la piedad para su sepultura. U- 
na certificación de 10 de junio del mismo año de esta clase de su- 
plicio en la capital, expresa, que el reo fué arrastrado en un cue- 
ro; y otra de 26 de agosto de 726 hace mención de verdugo en la 
ejecución. 

27 Don Antonio Pedro de Echevers y Suvisa, del orden de Ca- 
latraba, gentil hombre de cámara de S. M. y señor de la Llave do- 
rada, posesionado por su antecesor el 2 de diciembre de 1724. En 
el periodo de su gobierno, advierte Juarros, ocurrieron en la capi- 
tal asuntos ruidosos, de que se ha hecho mérito, y no menos en 
las provincias. De un parecer dado en el acuerdo de 20 de julio 
de 722 aparece, se habian deducido quejas primero de indios, y 
personas particulares, y luego del cabildo de Granada contra don 
Antonio Povcda gobernador de Nicaragua; y como se exijian fian- 
zas, para suspenderlo del cargo, y entender en ellas, sin duda no 
se prestaron, y tampoco se tomó providencia, ó acaso por haberse 
tomado, cesaría después en el mando. En acuerdo de 26 de agos- 
to de 728 resulta don Tomas Duque de Estrada por gobernador, 
separado del gobierno, pidiendo su restitución, que pendía de au- 
tos, sobre el esclarecimiento de la sublevación de la provincia, y 
de la muerte de Poveda, que pide el fiscal se reserve para cuan- 
do llegue el obispo, que se esperaba, el señor Villavicencio, y 
entre tanto no se permita vuelva á ella el maestro de campo don 
Vicente de Luna y Victoria. Mas adelante resulta dado en 19 de 
marzo de 7 29 voto consultivo por el real acuerdo en los autos de 
las sediciones de Nicaragua, restitución del gobernador Estrada, 
averiguación del homicidio de Poveda y demás, sobre que el voto 



2\ 6 CAPÍTULO LXXVIII. 

particular de uno de sus individuos fué, se denegase honorífica- 
mente el ingreso en la provincia al maestro de campo Victoria, y 
proceder por sorteo contra las milicias y sus cabos, practicándose 
la averiguación y castigo more militari, y en cuanto al homicidio 
se suspendiese la averiguación, hasta las resultas de este sorteo, 
y llegada del señor obispo de aquella iglesia. 

En la antigua gaceta, la del mes de febrero de 730 refiere, que 
el alcalde de la hermandad de la ciudad de León don Juan Gómez 
Mayorga aprehendió el dia 9 de enero un ladrón cuatrero, y des- 
terró al castillo de Granada: al conducirlo, salió un tio suyo con 
espada en mano en ademan de matar al reo: pero se experimen- 
tó lo contrario, que ayudándole algunos conductores, ganó liber- 
tad el sobrino, y ambos fugaron. Los alcaldes ordinarios empren- 
dieron su pesquisa, y ellos agavillándose con su infame parente- 
la, dice el editor, y otros muchos de aquella indómita plebe, se 
determinaron también en matar á los alcaldes. Llegó el caso de 
refriega, que describe el mismo editor, y dice: el dia 18 de hene- 
ro, andando de ronda el alcalde don José de Urbina, bien acom- 
pañado, como sabedor de los designios de los mulatos, los en- 
contró en una calle estrecha la noche de este dia, y queriendo re- 
conocerlos, le acometieron, granizando sobre él y su comitiva 
gran número de piedras, que una liirió en la cabeza al alcalde, y 
aunque la comitiva de éste hizo fuego con las armas que llevaba, 
y después las espadas que con valor singular manejaron don Ni- 
colás Briseño, y don Francisco Zapata, resistiendo la multitud de 
las contrarias, el primero herido de una gran cuchillada en la cabe- 
za, y el segundo de un golpe de piedra: experimentaron no obstan- 
te su corage los mulatos, que muchos salieron heridos, hasta que 
cedieron al ímpetu de los vecinos españoles, que se juntaron am- 
parando la justicia y nombre del rey, que el alcalde y su comitiva 
invocaron, no pudiendo por entonces hacer presos algunos, hasta 
después que fueron cogidos tres, y sustanciada la causa, remitió 
el alcalde Urbina á Goatemala, para que la real audiencia dé cor- 
respondiente castigo á tamaño crimen. Habiendo venido sucesor 
al señor Echevers, añade Juarros, el 11 de julio de 33, entregó 
el bastón; quedóse en esta ciudad, y murió el 25 de diciembre del 
mismo año, dejando eternizada su memoria en el suntuoso templo 
del monasterio de Santa Clara, que levantó á su costa. 

28 Don Pedro de Ribera y Villalon, mariscal de campo de los 



PRESIDENTES. 217 

reales ejércitos, gobernador que fué de Veracruz y visitador gene- 
ral de los presidios internos de Nueva-España. Así le titula el es- 
cribano de cámara autorizando una sentencia de 12 de noviembre 
de 1735, que firman presidente y oidores. En ella condenan dos 
reos al último suplicio, y con ella parece cesar el arrastramiento 
por las calles para el patíbulo, porque dice: sean sacados en bes- 
tia de albarda, por las calles públicas y acostumbradas. Un escri- 
bano certifica haberse practicado así, y hace mención de ministro 
ejecutor de su muerte. En cabildo de 27 de setiembre de 737 se 
puso por obra la construcción de una casa de albóndiga; y en el 
de 7 de abril de 739 se ve concluida, y en corriente la venta de 
granos. El señor Yillalon dispuso con aprobación real, no se hi- 
ciese pago en lá caja, sino con decreto suyo, y practicar por sí 
los cobros de hacienda. Los oficiales reales representaron contra 
este método, ganando un rescripto, y para que no tuviese efecto, 
el ayuntamiento acordó en 18 de julio de 741, representaren fa- 
vor, y dicen sus individuos: ser sabidores por lo que han vis- 
to, experimentado y oido á sus mayores, que en ningún tiempo 
se vio en mejor corriente la administración de la real hacienda; 
tanto en las recaudaciones de lo que á ella pertenece, como en las 
distribuciones y pagas, quede ella salen: uno y otro, porque coa 
el estilo de su señoría, sin mas diligencia que la de sus cartas, y 
benévolas providencias, sin los estrépitos de ejecuciones, embar- 
gos, comisiones, y otros actos violentos, que en otros tiempos se 
an visto, con demora de las cobranzas en sus plazos, sin el fruto 
de la integridad de las pagas, ni otro que el de la mayor destruc- 
ción de los deudores por las expensas de estas diligencias, y de o- 
tras indebidas, que suele introducir la malicia, se conocen benefi- 
ciados la real bacienda y los vasallos: todo lo cual aprueba la ma- 
sa de caudales: pues las reales cajas nunca se han visto mas pro- 
veídas de ellos, que en el tiempo de que se trata: siendo así que 
pudiera hacer el tener menos el verse efectuadas las distribuciones 
y pagas, no solo de los corrientes sueldos, sino de los adeudados 
en otros tiempos, que han sido satisleclios en el del gobierno de 
su señoría, con tanta puntualidad, que en esta seguridad Ihican 
su alivio los interesados, como lo publican, y proclaman con ex- 
presiones de un justo agradecimiento por ser benolu'io de ((ue no 
gozaron en otros tiempos: dándole estaá prueba mayor exalte el 
hecho, de que para la remisión á S. M. de socorros, según su 
ToM. 2. (21)) 



218 CAPÍTULO LXXVIII. 

real disposición, en la última conducta, en el tiempo de su ante- 
cesor se emprendieron préstamos del vecindario, por no haber en 
aquel tiempo caudales en las reales cajas, y en el de que se trata, 
se ven pagados, y sin la ocasión de que se emprenda igual opera- 
ción por lo abastecido de dichas cajas reales. La escuela que había 
en el colegio de San Buenaventura de bastante fruto en la ciudad, 
liabia sido suprimida en un capitulo provincial de San Franciseo 
presidido por el visitador Abasólo; y causando su falta conmoción 
en los vecinos, el señor Villalon, y el ayuntamiento, según acta 
de 21 de julio de7ao, emplearon su mediación para su restable- 
ciento con el comisario general de Nueva-España: por lo que vol- 
viendo á otra capítulo el presidente Abasólo, para que no hiciese 
nueva supresión, la audiencia en acuerdo de 20 de abril de 742, 
presidido por el señor Villalon, puso á su comisión las trabas de 
una bula y cédulas consiguientes. Pudiera afirmarse, que Juarros 
dijo poco, cuando expresa, que el presidente Villalon gobernó es- 
te reyno cou gran paz y tranquilidad; pero en sus circunstancias, 
es la alabanza, que mas le conviene. Habia sido provisto presi- 
dente de esta audiencia con mucha anticipación el licenciado donr 
Tomas de Rivera Santa Crux para la vacante del señor Rivera Vi- 
llalon, y presentados con igual anticipación sus títulos en ella, 
entendiendo acaso que esta provisión era simultánea y revocatoria 
de la del primer0> en acuerdo de 7 35 dispuso devolver los origina- 
les y consultar áS,. M. sobre la duración del actual, suspendien- 
do entre tanto su obedecimiento, hasta saber la real voluntad. Que- 
dó en estopor entonces.. Cumplido el tiempo, dio aviso el sucesor 
desde México encartas de 3 de octubre de 741, que disponía su 
viaje para este reyno. El ayuntamiento por su parte, igualmente 
dudoso de una provisión sucesiva, contestó al señor Santa Cruz, 
que la audiencia habia dispuesto, consultar á S. M. y entre tan- 
to no hacer novedad, que sabida que fuese la real voluntad, se- 
ría bien recibido. Escribió ademas á la audiencia de México, que 
á la sazón tenia el gobierno de aquel vireynato. Exmo. señor, di- 
ce en resumen al oidor decano don Pedro Malo de Villavicencio. 
El prevenir á los males el remedio^ ha sido sin comparación de 
mejor efecto, que el que se dá á los males experimentados. El se- 
ñor don Tomas de Rivera Santa Cruz, nombrado presidente, go- 
bernador y capitán general de este reyno ha dispuesto su venida; 
esta audiencia tiene resuelto, no se haga novedad en el gobierno 



PRESIDEMES. 210 

del actual, ha cousultado áS. M. y espera la real resolución! asilo 
ha significado al señor Santa Cruz este ayuntamiento, para que 
sabida la real voluntad, fuese bien recibido; mas como puede su- 
ceder, que algunos consejos le sugieran la venida, y se ponga en 
camino, aimque de sus talentos es de esperar la consideración de 
las perjudicial ísimas resultas de su ingreso, y si sucediese, se aven- 
turaría á perder la paz este reyno, redunda ndose alborotos, que 
con menos causa hasta hoy se lloran: siendo obligación de esta 
ciudad evitar inquietudes, y mantener á su pueblo en paz, ponien- 
do remedio, acordó el de la protección de V. E. y desfructar su 
zelo, suplicándole, se sirva pulsar esta materia, examinando la re- 
solución de dicho señor, y si es venir á tomar posesión, la pruden- 
cia y authoridad de V. E. le contenga el intento, hasta la deter- 
minación de S. M. La fecha es 7 de noviembre de 1741: las fir- 
mas, don Antonio de Zepeda y Nágera, don Juan de Abaurrea, 
don Guillermo Martínez de Pereda, don Joseph de Nágera, don 
Pedro de Letona, don Gaspar Xuarros. La audiencia no menos 
recelosa, que trascendía connivencia en su presidente, calificándo- 
la, si tal fuese, de atentado, pendiente la consulta de S. M. y 
por ella, considerándose sin facultades para recibirle, en acuerdo 
de 8 de enero de 742 después de razonar estos antecedentes, a- 
cordó, que á dicho señor don Thomas de Rivera Santa Ouz no 
se reciba, ni pueda recibir, hasta que S. M. informado de todo, 
mande lo que se deba ejecutar; y ordena, se haga nueva consulta 
y se haga saber al ayuntamiento de esta ciudad, para que lo ten- 
ga entendido. En cabildo de 17 de agosto de 7 12 recibida carta 
del mui ilustre señor don Thomas de Ilivera Santa Cniz, en que 
avisa la declaratoria de S. M. en orden al ejercicio de esta presi- 
dencia, en que es electo, y proximidad de su viage, acordó su re- 
cibimiento. Pidiendo permiso, dia y lugar el obispo Pardo para a- 
legar en la audiencia sobre arreglo de ración, servicio y proventos 
parroquiales, se le dio, señaló dia, y lugar el que le tocase; y re- 
cibido aviso, acudió, tomó el asiento, que seguia ni decano, y des- 
pués de razonar el presidente, hizo su alegato dia 12 de mayo de 
7 12. El señor Rivera Villalon en O de octubre se despidió del a- 
yuiitamiento, y el IG de abril siguiente salió pura México. Al oi- 
dor Arana, que según acta de u de abril de 731 erogó .jOO pesos 
en la conducción del agua y fábrica de la pila de la plazuela de 
San Pedro, y llevaba 33 años de servicio en la audiencia, por car- 



220 CAP. LXXVIII. PRESIDEINTES. 

ta suplicatoria de 24 de diciembre de 743 procura el ayuntamien- 
to impedir la ausencia que tiene dispuesta con licencia del rey. 

29 El licenciado don Tomas de Rivera y Santa Cruz, natural 
de la ciudad de Lima, en las autorizaciones de sentencia titulado, 
del ponsejo de S. M. Posesionado en 16 de octubre de 742, en 
acuerdo de 22 del propio mes es condecorado con voto en materias 
de justicia: en 8 de noviembre inmediato para las asistencias de 
tabla en catedral se ordenó poner su silla atravesada, como se es- 
tila, dice el acuerdo, en las chancillerías de México, Lima, Gua- 
dalajara, y otras: en 22 del mismo noviembre se innova el asiento, 
que tomaban los alcaldes ardinarios en las visitas de cárcel. Ha- 
biendo reclutado y remitido gente de armas á Cliiapa el señor San- 
ta Cruz para el cobro de tributos rezagados, la audiencia en 20 
de abril de 744 libró despacho al ayuntamiento de esta ciudad, 
para que se interpusiese con su señoría el señor presidente, como 
lo hizo en representación del dia 24, manifestando que la conti- 
nuación de su marcha podia inducir la turbación en aquella pro- 
vincia, y cuando menos dar alas á los rebeldes en cosa, que debia 
hacerse por otros medios. Escribió también la audiencia al señor 
virey de México, á fin de que S. E. en atención al sosiego del rey- 
no, cuya perturbación se temia, diese las providencias interinas 
de su arbitrio. Al propio tiempo el oidor Alvarez de Castro usan- 
do reservadamente de una comisión real sobre un navio de regis- 
tro de don Miguel Iturbide, fué recusado por éste, y tachado de 
exceso en la comisión, resultó refugiado en la Compañía. Los 
oidores Arana y Orosco tachados igualmente de haber incurrido 
en una asonada, suponiendo turbaciones que no habia, y vistien- 
do con los adornos de la paz pública lo que en realidad era proce- 
der contra ella, requeridos por los antecedentes para dar autos 
y despacho en nombre de la audiencia, resultan en 8 de julio re- 
fugiados uno en San Francisco y otro en la Recolección, y el obis- 
po ocupado en mediaciones. Los capitulares obligados á vestir de 
golilla, comparecen ante el presidente con este trage el dia 9 de 
octubre de 745, y en cabildo ordinario de 8 de marzo de 746 un 
regidor y el síndico por indisposición acuden de capa. Asi es que 
los temores de la venida de este presidente no salieron vanos. Juar- 
ros, dice: hiciéronsele muchos y graves cargos, por los que fué de- 
puesto de la presidencia. El año de 48 pasó de alcalde del crimen 
á México. 



FIESTAS REALES. 221 

30 Don José de Araujo y Rio: estando de presidente en Quito, 
dice el propio Juarros, tuvo algunos encuentros con aquella au- 
diencia, por cuyo motivo fué á la corte, y S. M. le reemplazó dos 
años, que le faltaban de la expresada presidencia en la de Guatema- 
la. Entró á ella en 26 de setiembre de 48, y la sirvió hasta el de 
51, que se restituyó al Perú. 



JLO 79. 

Fiesta^s realeis* 

Carlos V, en cédula de 16 de enero de 1556, anuncia al conse- 
jo, justicia, regidores, caballeros, escuderos, oficiales y ornes bue- 
nos de la ciudad de San Salvador de la provincia de Guatemala, 
y luego en otra del dia 17 á los de la ciudad de Santiago de la mis- 
ma provincia, que ha renunciado la corona de España y las indias 
en su hijo sucesor suyo. En consecuencia esta última ciudad en 
cabildo de 25 de mayo de 1557 dispone alzar pendón por el se- 
ñor Felipe II. Acordóse, dice el acta, que se hiciese un pendón de 
damasco carmesí ó azul del tamaño que lo suelen tener ias ciu- 
dades de España, en el cual se pongan las armas de su magcstad y 
las insignas y armas de la ciudad, como mejor pareciere á los seño- 
res presidente é oidores, con quien se ha de comunicar todo, así en 
las solemnidades que se requieren, como en el orden y forma que 
se ha de tener en alzar el dicho pendón. 

En cabildo del dia 26 dijeron, se pregonase que todas las per- 
sonas oficiales de todos oficios acompañen el pendón que ha de sa- 
lir de las casas de cabildo en capitanía é ordenanza á las casas 
reales de la audiencia y chancillería, donde estará el estandarte 
real, á le obedecer. Otro sí, que la noche del dia, en que comen- 
zare el regocijo, todos los vecinos y moradores cada uno en su 
casa y ventanas, y puertas y corredores ponga y tenga luminarias, 
ítem, porcuanto la ciudad está empeñada y acensuada, y se man- 
dó, que hasta quitar los censos, no gastase cosa alguna, revoca- 
ban lo acerca dello proveído, y mandaron, que gaste en el pendón 
y lo demás necesario los pesos de oro, que fueren menester. 

Llegado el 26 de julio señalado, dice el acia. Los dichos se- 



222 CAPÍTULO LXXIX. 

üores justicia é regidores, habiendo recibido la orden que se abia 
de tener, mandaron á mí el dicho escribano leyese las cartas rea- 
les que su magestad imperial y real escribió á este cabildo, é sien- 
do leydas, los dichos señores justicia é regidores y caballeros to- 
máronlas en sus manos, é las besaron, é pusieron sobre su cabe- 
za, diciendo á una voz: que las obedecían como cartas de su rey 
y señor; y estando el pendón sobre la mesa, el señor Juan de Guz- 
man alcalde ordinario lo alzó en nombre de su magestad, y luego 
lo entregó á Francisco López regidor mas antiguo, que para ello 
estaba diputado, y así entregado, el dicho Francisco López regidor 
juntamente con los dichos señores justicia y regidores y caballe- 
ros llevaron el dicho pendón al antepecho de las casas de cabildo, 
y le sacaron afuera, y el dicho Francisco López regidor á altas vo- 
ces dijo; Guatemala, Guatemala por el rey don Felipe nuestro se- 
ñor rey dje Castilla y de León y de las indias; y quedó puesto el 
pendón en el antepecho, siendo testigo Melchor Ruiz alguacil me- 
nor, é Agustín López alguacil de la cárcel, é otros vecinos de la 
dicha ciudad. 

Después délo cual, siendo congregada muclia gente de caba- 
llo é una capitanía de infantería, se llevó el dicho pendón por de- 
lante las casas del audiencia real, donde estaba el pendón della, y 
el dicho Francisco López, regidor, abajando el pendón de la ciu- 
dad, y dando la obediencia al pendón de la dicha real audiencia, 
tornó á decir á altas voces: Viva el rey don Felipe nuestro señor. 
Y de allí bajaron los señores presidente é oidores, y otros oficia- 
les de la real audiencia, y con ellos el reverendísimo señor obispo 
don Francisco Marroquin, y con toda orden llevaron los dichos 
pendones á la iglesia mayor, donde se dijeron solenes bíspras é 
bendiciones: y acabadas se fueron á un teatro, que estaba sentado 
sobre la plaza pública, y allí se leyeron las cartas de su magestad 
escritas á dicha real audiencia, y por los dichos señores perlado, 
presidente y oidores se obedecieron, y fueron tornados á sacarlos 
pendones, diciendo las palabras de suso: y se bajaron, y á caballo 
con grand solenidad se anduvieron paseando por ciertas calles de 
la ciudad, y el pendón de la real audiencia se quedó en ella, y el 
de la ciudad en las casas de cabildo. E yo el dicho escribano digo, 
que Lorenzo de Godoy é Ignacio Masariegos procuradores de esta 
ciudad en nombre de ella me pidieron testimonio, de como se de- 
cía lo de suso, y de lo que pasaba, á lo cual estuvo mucha gente. 



FIESTAS REALES. 225 

y presentes por testigos Alvaro de Paz y el doctor Blas Cotta. 

Pasado lo susodicho, continúa el acta, la noche siguiente hu- 
bo muchas alegrías de gente de á caballo con cantidad de lumina- 
rias. Martes 27 refiere que se sacó el pendón del cabildo, y llevó á 
la audiencia, y unidos ambos, se llevaron á la iglesia mayor, don- 
de se dijo misa de pontifical, y acabada, yendo delante la capita- 
nía é infantería, volvieron á sus edificios; y este dia en la tarde 
hubo regocijo de toros hasta casi hora de noche. Miércoles y jue- 
ves, dice todavía, hubo toros y juegos de cañas, y otras solenida- 
des con grandísimo placer de todos; y así quedó por nuestro se- 
ñor natural la magestad del rey don Felipe, que viva y reyne por 
largos tiempos. 

Habiéndose tomado gusto á las fiestas reales de Felipe II, y te- 
uniendo ya pendón la ciudad, quiso dar esta solemnidad al dia de 
ianta Cecilia, aniversario de la conquista; y así en cabildo delviér- 
;s 30 de julio, platicóse, dice la acta, que por cuanto por loable 
^costumbre en todas las ciudades é provincias principales destos rey- 
nos de Indias, en memoria del dia que fué ganada la tal ciudad, 
se saca el pendón con las armas de la tal ciudad, y porque esta 
pi*ovinciti de Guatemala, mediante la voluntad de Dios nuestro se- 
ñor se ganó el dia de Santa Cecilia, conviene se haga lo mesmo en 
esta ciudad, y se hiciese ordenanza en forma, y en ella se conten- 
ga el orden que en el sacar el pendón se ha de guardar, y las fies- 
tas que se han de hacer, é se lleve á consultar á la real audiencia. 

Hecha la consulta, y acercándose el tiempo, en cabildo de l 
de setiembre los dichos señores dijeron: que por cuanto el dia de 
Santa Cecilia de cada un año, que es á veinte é dos del mes de no- 
viembre, que se ganó esta ciudad de Santiago de Guatemala; y por 
que es razón que el tal dia aya memoria, y se saque el pendón de 
la ciudad desde las casas de este cabildo, y se lleve á la iglesia 
mayor de esta ciudad, y conforme á lo que el letrado ordenase, se 
lleve á misa el tal dia, y á vísperas el dia antes, ordenaban y or- 
denaron por votos, y en conformidad, que de aquí adelante así se 
haga, guarde é cumpla conao dicho es. Y nombraron para este año 
de 557 años al regidor mas antiguo, y que ay sucesivamente va- 
ya de regidor en regidor según su ancianidad, y porque el regi- 
dor mas antiguo que es Francisco López y don Francisco de la 
Cueva sacaron en las fiestas pasadas de su magestad el estandarte 
y pendón, nombraban y nombraron para este dicho año, que sai- 



221 capítulo LXXIX. 

que el pendón dia de Santa Cecilia á Bernal Dias del Castillo, ve- 
cino é regidor de esta ciudad, como á regidor mas antiguo, al cual 
señalaron porque se prevenga con tiempo, y dentro de tercero dia 
lo acete. 

La fiesta de Santa Cecilia, como se vé, no estaba modelada por 
la de San Christóval en Ciudad Real, y á Remesal que escribió la 
historia de la provincia de S. Vicente de Cliiapa y Guatemala en 
lo religioso, y á vuelta de ello lo secular de esta de Guatemala, 
chocó tanto la expresión del aíita de haber sido ganada esta ciu- 
dad dia de Santa Cecilia de cada un año, que sobre replicar, que 
en tal dia de año alguno fuese ganada la tierra, para dar apoyo á 
su contradicción, no cuidó en preservarse de inconvenientes. 

Porque dice, que la devoción á Santa Cecilia comenzó desde el 
asiento de la ciudad, que fué ese dia, y eso afirma sin probarlo, 
debiendo, una vez que ventila hecho anterior al tiempo de su man- 
sión en Guatemala, que fué entrado el siglo siguiente. Sus pala- 
bras, empezando el cap. 11 del lib. 1, son estas. Desde este dia que 
se tomó el sitio de esta ciudad, que notó el secretario, aunque en- 
tre renglones, comenzaron los vecinos á tener devoción con esta 
gloriosa virgen y mártir, y á respetarla como abogada y patrona 
suya; y así tenian su santa imagen en el retablo antiguo de la igle- 
sia mayor, igual con la de su principal patrón y abogado Santia- 
go, y celebraban su dia con mucha solemnidad. El padre Reme- 
sal sabia muy bien que el patronato de Santiago fué invocado por 
trazarse en su dia el campamento, villa y luego ciudad que llevó su 
nombre. Sabría también que el obispo Marroquin en su synodo 
diocesano del año de 555 declaró á Santa Cecilia patrona de la 
misma ciudad; y no podía ignorar que no pueden otorgarse dos 
santos patrones á un lugar, villa ó ciudad, por un mismo motivo: 
luego el del patronato de Santa Cecilia debió ser otro diferente, y 
su devoción anterior al asiento formal de la ciudad. 

A esto alude, dice Vázquez tom. 1 lib. 1 cap. 14, el prudentí- 
simo y muy discreto cabildo del año siguiente en las diligencias 
que dispuso desde 28 de octubre, para que tomase asiento la fun- 
dación de la ciudad de Santiago de Guatemala y disponiéndolo 
con acuerdo, determinaron tomar posesión del mismo sitio, en 
que residían, el dia de Santa Cecilia: que el notarlo entre renglones 
el escribano, fué advertencia nacida de la obligación y memoria 
del beneficio de la victoria, que dio Dios á los españoles el año 



I 



i 



FIESTAS REALES. 223 

antecedente en el dia de la gloriosa santa y mártir insigne. 

Mas adelante muda de medio Remesa), y conociendo muy bien, 
que el patronato de Santa Cecilia no podia ser por el asiento de 
la ciudad, refiere, que le tenían devoción sus vecinos, sin saber 
la causa, y continua como en triunfo, discurriendo que no podia 
ser la ganancia de la ciudad, como en México y Sevilla, llegando 
al extremo de argüir á vecinos antiguos y cuerdos de novicios é 
insensatos, que suponían, que antes de entrar españoles en aquel 
recinto tenían los indios ciudad, á que se mudó el nombre. 

Sus palabras son estas: Anduvieron los tiempos, muriéronse 
los viejos, y primeros pobladores de la ciudad, ausentáronse otros, 
y dentro de 30 años no hubo quien se acordase de la razón y cau- 
sa, por que en la ciudad se celebraba el dia de Santa Cecilia, y 
entendieron que era, porque en este dia se ganó la ciudad, como 
México dia de San Hipólito, y Sevilla dia de San Clemente: por 
que como los libros de cabildo no eran comunes, y por otra parte 
ninguno de los de cabildo se halló presente á tomar la posesión, ni 
muchos años después vino á la tierra, entendieron todos que an- 
tes que entrasen los españoles en Guatemala, tenían indios ciudad 
y república formada, como en la Nueva-España, y que después que 
vino á poder de los españoles se llamó Santiago; y con este pre- 
supuesto, que no les dañaba la concencia, á los 30 de julio de 
1557 entraron en cabildo. 

Ocurren aquí cosas raras: Una subrogación universal, de ve- 
cindario á los 30 años: una ofuscación total de las tradiciones lo- 
cales durante ellos; y harta animosidad en el vecindario del año 
de 1557 para suplantar otras en su lugar. Admira que el p. Reme- 
sal, que estuvo de tránsito en Guatemala mas de medio siglo des- 
pués, que escribía por el año de IGIG, y publicó su historia en el 
de 1619, supiese muy bien lo que sucedía en esta ciudad 60 años 
antes, y que los vecinos arraigados de asiento en ella, ignorasen 
entonces, lo que habia precedido antes de 30 y pasaba a su vista. 
Lo cierto es que el dicho de un cuerpo colectivo de los primeros 
hombres de república, que hablan oficialmente, de buena ív y sin 
prevención, merece crédito, y su testiiniento no puede ser abando- 
nado ligeramente. Todavía se componía en esta época el cabildo 
de soldados que recibieron heridas en las últimas batallas, como 
Bernal Días del Castillo: de regidores, que autorizaron la posesión 
y asiento de la ciudad, como Juan Pérez Dardon, que después do 

TOM. 2. (30) 



226 CAPÍTULO LXXIX. 

haber sido alcalde ordinario habitual en años anteriores, aun lo fué 
en los de 563 y 573: se componiaen fm de letrados contemporá- 
neos de Alvarado, como el licenciado don Francisco de la Cueva, 
cuñado suyo, á quien después de él, el virey Mendoza nombró 
gobernador de esta provincia antes de Maldonado; y si cesaron de 
acudir al mismo cabildo Bartolomé Bezerra en 1551, y Cristóval 
Salvatierra en 1553, estaban ya repuestos por otros que les suce- 
dieron en ancianidad de vecindario y de puesto. 

Estos conquistadores y primeros pobladores, antes de que Ber- 
nal Dias publicase la historia, que acabó de escribir en esta ciu- 
dad el dia 26 de febrero de í 568, sabian mui bien, que Guatima- 
la la vieja, en que antes de que entrasen españoles, tenian los in- 
dios ciudad y república formada como en México, era mui distin- 
ta de Guatimala la nueva, poblada por españoles en el valle y en 
sitio por el propio Remesal llamado Iniquinapan donde los indios 
solo tenian rancherías dispersas; y confundirlas en el orden físico 
y material, habría sido un presupuesto, que si no dañaba la con- 
cencia, como opina Remesal, debia dañar el honor, mas el identi- 
ficarlas en !o formal y político, como cabeceras y capitales del rey- 
no, de ninguna manera: en este concepto han sido una misma ciu- 
dad Guatimala la vieja, Guatimala la nueva, la ciudad vieja, la an- 
tigua y la nueva Guatemala; y en este presupuesto, que segura- 
mente no daña la conciencia ni el honor, pudo el cabildo afirmar 
en sus actas primero que la provincia, y luego que su capital fué 
ganada dia de Santa Cecilia. Aun esta ganancia no fué simultánea, 
ni puede contarse por un solo acto, porque uno fué la toma de la 
antigua capital: otro la de los peñoles, á que se retiraron los reyes; 
y otra la vuelta del ejército, y entrada en triunfo con los prisione- 
ros en la nueva capital: cualquiera de estos actos, que sirviese 
de término á la conquista, y cupiese el dia de Santa Cecilia, fué 
motivo bastante para la invocación de su nombre y de su patronato. 
He aquí la causa de su culto, devoción y solemnidad, sin necesidad 
de consulta á la audiencia: ésta se hizo entonces para sacar el pen- 
dón y los gastos, que no podia disponer el cabildo sin su licencia» 

No obstante, Remesal continúa su narración, sin probarla, di- 
ciendo, que todo el mes de agosto tardaron los alcaldes y regido- 
res en consultas con la audiencia, letrados y caballeros, y que cor- 
regidos, en que la provincia no se ganó dia de Santa Cecilia, un 
miércoles primero de setiembre^ entraron en cabildo, é luego los 



FIESTAS REALES. 227 

dichos señores dijeron, y demás. 

Era forzoso á este escritor, empeñado en su empresa, incur- 
rir en tales extremos: pues no es otra cosa hacer un chiste de 
una semejante desobediencia, de la cual no era capaz el cabildo, á 
la frente de un vecindario harto culto, ni habria sufrido una au- 
diencia, que le hacia sentir su autoridad; y para colmo del descon- 
cierto, añade, que esto fué ocasión para que los gobernadores otor- 
gasen hacer otro tanto cada año dia de Santa Cecilia, aunque no 
sabian la razón. 

En el intermedio de mayo y 26 de julio habia ocurrido celebrar- 
se las fiestas de Corpus Cristi, y Señor Santiago; y en cabildo de 
3 de junio los dichos señores justicia é regidores dijeron, que man- 
daban y mandaron se pregone públicamente que todos los oficia- 
les de esta ciudad saquen sus oficios la fiesta del Corpus Cristi que 
agora viene, como se ha acostumbrado en esta ciudad so pena de 
diez pesos de oro al que no lo cumpliere así: la tercera parte pa- 
ra la cera del Santísimo Sacramento, y la otra tercera parte para 
la cámara de su magestad, y la otra tercera parte para obras pú- 
blicas de la ciudad: en la cual dicha pena daban y dieron por con- 
denado al que lo contrario hiciere, y diez dias de cárcel. El otro 
artículo de acta dice: los dichos señores justicia é regidores man- 
daron que se gasten las puyas necesarias para los toros de la fies- 
ta de Corpus Cristi, y para fiesta del Señor Santiago, y que se pa- 
guen de los bienes y rentas de esta ciudad. 

Andando el tiempo, la salida del pendón se aplicó también á 
la fiesta del santo patrono del asiento y advocación de la ciudad; 
y en cabildo de 24 de julio de 1560 se ordena á Bernal Dias del 
Castillo saque el pendón mañana dia de Señor Santiago so pena de 
30 pesos de oro: en el de 14 de noviembre de 1561 platicóse, di- 
ce el acta, que á veinte é dos deste dicho mes de noviembre es el 
dia de Santa Cccila, é conforme á la costumbre buena, que se tie- 
ne de sacar el pendón de esta cibdad, y llevallo por las callos, co- 
mo se hace en la cibdad de México y en otras principales, de un 
acuerdo é conformidad nombraban 6 nombraron á Francisco del 
Valle Marroquin, regidor t? fiel ejecutor, para que lo saque este 
año con la solegnidad, que se suele hacer, é que el dicho dia se 
corran toros, é se gasten veinte tostones de penas para el dicho 
efeto, e gastándose por el mayordomo de la cibdad, se le recibi- 
rán en cuenta. 



228 

CAPÍTULO 80. 

IiiTeiieioiies ele regocijo púlilico. 

El nacimiento del príncipe que nació á Carlos V no se sabe 
mas qne por relación de Remesal lib. 1 cap. 16, que dice: aun- 
que me he detenido en referir el buen gobierno, la vecindad y pros- 
peros sucesos de la ciudad de Santiago, no se han acabado de decir 
todos, que el mejor falta por advertir, que fué nacerle en este a- 
año de 1527 á los 21 de mayo en la mui noble villa de Valladolid^ 
su principe, rey y señor natural don Felipe segundo deste nombre, 
hijo del invictísimo emperador rey de Castilla. De Alvarado, que 
venia de España con despachos de gobernador, cuenta la acta de 
23 de mayo de 1539; este diase leyó en este cabildo una carta del 
seüor adelantado don Pedro de Alvarado, por la cual parece pide, 
que vayan, y este cabildo invie á la gobernación delgüeras é Hon- 
duras dos regidores y un alcalde con poder del cabildo, para que 
allá ante ellos presente las provisiones, que dice trae de goberna- 
dor desta tierra.... Todos los dichos señores de un acuerdo é vo- 
luntad conformes, dijeron, que los alcaldes y regidores de esta cib- 
dad no ternan jurisdicion en otra gobernación, é que si su mages- 
tad manda, que fuera de aquí le reciban, que vista la provisión 
lo harán, é que el gobernador, que aquí está por su magestad, ay 
necesidad que vea las provisiones, y entregue la vara de la justi- 
cia mayor al señor adelantado, é sobre esto le respondieron por su 
carta. Finada la emperatriz doña Juana, en cabildo de 13 de oc- 
tubre de 1531, los dichos señores mandaron que para las onras de 
nuestra señora emperatriz se gasten los dineros, que fueren menes- 
ter de cualesquier, que la ciudad tenga de penas de cámara, y en 
otra cualquier manera. 

Tal era la entereza y simplicidad de estos tiempos, que en los 
sucesivos tomaron las cosas otra forma. El nacimiento del prínci- 
pe don Fernando, después Felipe III, ya es anunciado en cabildo 
de 18 de julio de 1572, y entra áser objeto de funciones religio- 
sas en hacimiento de gracias, y materia de regocijos públicos, que 
se acuerdan en el de 19 de setiembre, disponiéndose los siguientes: 
tiros de pólvora, colgaduras, luminarias, en las casas y en las ca- 
lles, juego de cañas, corrida de toros, y salida del pendón. Los 



REGOCTJO PUBLICO. 229 

tiros de pólvora no distingue si eran de arcabuces ó cámaras: la 
pólvora venia antes de España, hasta el año de icoi que comen- 
zó á fabricarse en Guatemala, según parece de escrito presentada 
á la audiencia por Diego de Mercado, contestando otro del procu- 
rador del cabildo, para que no no se le impidiese hacerla en su ca- 
sa, situada dentro la ronda de la ciudad, esquina de la calle que 
sale de la plaza, y cruza la de Santa Lucía, y expresa que habia 
seis años que se fabricaba, y él habia sido el primero, á que fué 
proveído auto por dicho tribunal, declarándose sin lugar su pre- 
tensión en 9 de junio de 1607. 

Las culgaduras se mandan poner en el dia en los balcones de 
cabildo y en la noche hachas encendidas: lo mismo en las venta- 
nas de las casas de todos los vecinos y moradores de la ciudad. La 
luminaria de las calles era la encamisada, que el diccionario de la 
lengua castellana define: estratagema militar que se usa de noche 
para insultar y acometer á los enemigos, y cogerlos de repente, 
dando de rebato sobre ellos lo que se hace poniéndose sobre los 
vestidos una camisa, para que con la oscuridad de la noche no se 
confundan con los contrarios; y es también dice: cierta fiesta que 
se hacia de noche por la ciudad en señal de regocijo, yendo á ca- 
ballo, sin prevención de libreas, ni orden de máscara por lo repen- 
tino, para no dilatar la demostración y celebración de la felicidad 
sucedida. Esta solemnidad, pues, se ordenó á los encomenderos y 
caballeros la noche de las funciones religiosas, y la siguiente al dia 
de toros y cañas, con prevención, que llevasen sus negros. 

A las cañas, ó juego de cañas, define el mismo diccionario, 
fiesta de á caballo, que la nobleza suele hacer en ocasiones de algu- 
na celebridad pública: fórmase de diferentes cuadrillas, que hacen 
varias escaramuzas, y corren unas contra otras, arrojándose recí- 
procamente las cañas, de que se resguardan con las adargas. El 
pendón se ordenó sacar el tercer dia, por las calles lo mismo, que 
el dia de Santa Cecilia. 

Los presidentes ya son cumplimentados en su aproximación á 
la capital, y ademas felicitados en su llegada. En cabildo de 26 de 
henero de 573 se anuncia la venida del presidente ^ illalobos, y se 
nombra al licenciado Vázquez letrado de la ciudad, que le vaya á 
recibir, y para su llegada, se acuerda en 4 de febrero se haga la 
noche de ese dia un regocijo de máscaras con hachas. El dicciona- 
rio dando esta definición, dice: cobertura del rostro con tafetán ue- 



250 CAPÍTULO LXXX. 

gro, ú otra cosa con dos aberturas sobre los ojos: y también, in- 
vención que se saca en algún festin de personas, que se disfrazan; 
y por último, festejo de nobles á caballo con libreas que se ejecuta 
de noche con hachas, corriendo parejas. Se dispuso también for- 
mar un letrero en que se mostré el contento que esta ciudad recibe 
de su venida; y se ordena así mismo aderezar la ciudad, y cami- 
no con hojas y ramos y otros usos, y que se aperciban las trom- 
petas y flautas y atabales y otras músicas, que tuvieren los natu- 
rales. 

Alguna vez ofrecieron dificultad estos recibimientos. Hurtado 
de Mendoza y Juan de Cueto, nombrados por el cabildo para el del 
presidente Mallen de Rueda, apelaron á la audiencia, escusándose 
por pobres, y se le ordena en acuerdo de 3 de julio de 589 admita 
la ida del regidor rico, que se ofrece, dándole compañero. La au- 
diencia enviaba también comisionado por su parte. Para el del pre- 
sidente Criado de Castilla, no habiendo individuo de su seno, nom- 
bró en acuerdo de 27 de julio de 598 á don Diego de Guzman, ca- 
ballero principal y rico, para que fuese con el alguacil mayor: re- 
usándolo un oidor, y proponiendo alguno de los oficiales reales, 
ó Diego de Paz y Quiñonez, ó Pedro de Solórzano, ú Alonzo Mu- 
ñoz, ó Sancho de Barahona, se sostuvo su nombramiento, dispo- 
niéndose su ida bástala villa de la Trinidad, donde sehabia dete- 
nido el presidente por indisposición. 

Llegado el año de 1621 ocurrió el fallecimiento de Felipe III, 
y la coronación de Felipe IV. El ayuntamiento no podia disponer 
ya de las multas y penas de cámara, que se hablan agregado á la 
hacienda real, ni hacer uso del fondo de propios, que se hallaba 
embargado á la sazón, hasta que pagase la ciudad 5 mil ducados 
en que habia comprado el alferazgo hacia 20 años. Hizo pues de- 
jación de él, por ser fuero de ella hacer gastos en las exequias de 
S. M. y obtenida licencia para gastar mil ducados, dispuso el 1 
de octubre entre otras cosas, hacer lutos de bayeta de Castilla, y 
no habiendo bayeta, de perpetúan; y no habiendo perpetúan, de 
paño, para cubrir los asientos. 

Para las fiestas de proclamación se concedió licencia de gastar 
dos mil tostones; y en uso de ella, el 2G de octubre se acordaron 
luminarias la víspera del dia, en que se ha de alzar el pendón con 
repique de campañas en todas las iglesias: 2» que se haga un car- 
ro, como se acostumbra, en que vaya la música, forrado de alfora- 



REGOCIJO PUBLICO. 251 

bras y sedas: 3° que un dia después de alzar pendones, se haga 
en la plaza de esta ciudad un peñol de los indios, como se acos- 
tumbra: 40 que haya máscara y toros; y 5» que se haga un juego 
de cañas con libreas de tafetán dando á cada vecino para ello las 
varas necesarias, sin que ninguno las pueda diferenciar, suplicán- 
dose por los alcaldes á los caballeros encomenderos que salgan. 

El peñol de los indios se llama después volcan, cuya fiesta des- 
cribe Juarros trat. 6 cap. 11, citando á Fuentes, y dice: la hacen 
los indios de este reyno en ocasión de fiestas reales, y es una re- 
presentación de esta acción militar. Cuando se ha de hacer, se avi- 
sa con tiempo á los pueblos, á quienes se encarga dicha función; 
y estos levantan en la plaza mayor de esta ciudad un monte mui 
^«levado, que visten de verbas y flores, y ramas de árboles; en es- 
|tas colocan muchos monos, guacamayas, chocoyos, ardillas y otros 
nmalillos: forman en el monte algunas grutas, en que ponen 
lautas, ciervos, jabalíes y pizotes: en la cima del monte hacen una 
^casilla, que llaman la casa del rey. 

Llegado el dia de fiesta, á cosa de las tres de la tarde, se tien- 
den dos compañías de la caballeria en el costado oriental de la pla- 
za, y dos de la infantería en el meridional: después van entrando 
muchas tropas de indios, que llegarán al numero de mil, estos se 
presentan á la usanza de su gentilidad, desnudos con solo sus 
mastates, embijados, (pintados querrá decir y aderezados) con plu- 
mas de guacamayas y pericos, y sus arcos y flechas despuntadas, y 
otros con varas y rodelas: tras estos vienen otros muchos, tocando 
varios instrumentos, délos que usa esta nación: siguen varias dan- 
zas bien ordenadas y vistosas por la diversidad y costo de sus ves- 
tidos, y matices de lucidas plumas, con que van adornados. 

Por último viene el gobernador de Jocotenango, con grande a- 
compañamiento de todos los principales de su pueblo, ricamente 
vestidos á su usanza, con costosos ayates, cadenas al cuello y som- 
breros con plumas í el gobernador representa la persona del rey 
Sinacam, y así lo traen en hombros en una silla dorada, adorna- 
da con plumas de quetzal, y muchos abanicos; y t4 viene atavia- 
do con magnificencia de gran monarca, con un abanico de plumas 
en una mano, cetro en la otra, y corona en la cabeza. Después, 
continua Juarros según Fuentes, entran marchando en la plaza, 
dos compañías de indios tlascaitccas, descendientes de los que a- 
sistieron á don Pedro Portocarrero eu esta expedición, vestidos u 



252 CAPÍTULO LXXX. 

la española, armados con espadas, arcabuces y picas, acaudilla- 
dos poi* el gobernador de Ciudad-Vieja. 

Estos también se dirijen al volcan, y empiezan el asedio de 
la fortaleza, formando sitio en torno de la circunvalación de este 
monte, disparando los arcabuces, y dando sus asaltos por varias 
partes: los defensores tirando sus saetas al aire, con muchos sil- 
bos, alaridos y voces, representan mui al vivo la defensa de aque- 
lla fortaleza: ya se vienen á una parte, á resistir el asalto de los 
tlascaltecos; ya se vuelven á esparcir por el cuerpo de aquel fingi- 
do monte: y esta contienda dura largo rato, con gran divertimien- 
to y gusto de los expectadores: basta que dando el último avance 
los tlascaltecos, se retrayendo los del volcan, y siguiéndolos los 
de Ciudad- Vieja: ellos hacen como que van huyendo, dejando de 
intento solo al Sinacam de esta farsa; y entonces lo aprisionan, y 
aseguran con una cadena el gobernador y alcaldes de Almolonga, 
y descendiendo del volcan, vienen con él á palacio, y lo presentan 
rendido al señor presidente. Entonces no se babia ocupado la pla- 
za con los cajones del mercado. 

Como el alferazgo era ya oficio vendible, y el ayuntamiento 
habia hecho dejación de él, en cabildo del dia 19 del mismo octu- 
bre, acordóse, dice el acta, que por cuanto viene la fiesta de Santa 
Cecilia, en la cual se saca el pendón en memoria de la conquista, 
la audiencia señale persona, que saque el dicho pendón. El oficio 
sin duda, fué subastado y rematado en Juan Bautista de Carran- 
za y Medinilla, que presentó título del en 19 de noviembre in- 
mediato. La proclamación de Felipe IV hecha este año de 1621, 
ya se denomina jura en cabildo de 4 de diciembre, en que se a- 
cuerda comiencen las fiestas el dia 8, mas no se da la acta de ellas. 

No cedió en solemnidad el recibimiento del presidente Acuña. 
En su aproximación para cumplimentarle en Petapa es nombra- 
do en cabildo de 10 de mayo de 1627 el alférez mayor Juan Bau- 
tista de Carranza alcalde ordinario mas antiguo, acompañado de 
don Alonso Alvarez de Vega y Juan de Agüero con 5G0 tostones 
para ayuda de costa que no aceptó; y para su entrada, acordóse 
1^ recibirle con las salvas de las compañías de infantería que el 
señor conde de la Oomera presidente de esta real audiencia, go- 
bernador y capitán general en ella ordenare: 2" el mismo dia 
de la entrada, desde la oración en adelante hasta las diez de la 
noche, se haga luminaria general; y una máscara con dos car- 



REGOCIJO PUBLICO. 



255 



ros triunfales, bien adornados, y sobre unp se haga y represente 
un coloquio, y sobre el otro una música, y estos carros con la más- 
cara por delante, en que han de salir el cabildo, justicia y regido- 
res con sus capas blancas prendidas, y representando el coloquio, 
y dada la música, han de ir por las calles para mayor demostración. 
3° Acordóse, se haga otro día el volcan de la conquista, por 
ser antigualla de mucho gusto el vello, y há de salir gente de á ca- 
ballo y la infantería que el señor presidente señalare, para que 
combatan al peño], y este dia así mismo ha de salir la máscara. 
Acordóse, 4^ que el dia siguiente se haga la fiesta del estafermo, 
que el diccionario define: figura de un hombre armado, que tiene 
embrazado un escudo en mano izquierda, y en la derecha una cor- 
rea con unas bolas pendientes, ó unos saquillos llenos de arena, 
la cual está espetada en un mástil, de manera que se anda y vuel- 
ve á la redonda: pónese en medio de una carrera, y viniendo á 
encontrarla los que juegan, ó corren con la lanza puesta en el ris- 
tre, le dan en el escudo, y le hacen volver, y al mismo tiempo sa- 
cude al que pasa un golpe, si no es muí diestro, con lo que tiene 
p€n la mano derecha; y esto hace reir á los que están mirando el 

lego y festejo. Acordóse pues, dice el acta se haga la fiesta del 
estafermo en la plaza de esta ciudad, donde por los caballeros se 
corran lanzas con torno y máscara, y aderezada toda la plaza con 
cortinas de sedas, que eso será desde las dos, hasta las seis de la 
tarde, y se encarga convidar los caballeros, y hacer poner la tela 
y contratela, con su cartel y desafio, acompañado así mismo de los 
caballeros. 

Acordóse 5° que tras esta fiesta se haga juego de cañas con 
libreas de raso ó tafetán de la china, y en los puestos de las dichas 
cañas han de ir cabos, el uno y el primero el dicho alférez mayor 
Juan Bautista de Carranza alcalde ordinario mas antiguo, y el otro 
el alcalde don Pedro de Paz y Quiñonez, para que aya igualdad, 
que los cuatro de una cuadrilla no an de diferenciaren las guar- 
niciones y bordaduras el uno del otro. Acordóse 6» aya un din to- 
ros, paseo y lanzada, colgada toda la plaza como se acostumbra: 
7" se hagan dos comedias en el patio de las casas reales, ha- 
ciendo un tablado, y ramadas y colgaduras de sedas, como para 
el caso; y 8" se haga un castillo y una sierpe de pólvora, que se 
convatan una noche en la plaza de la ciudad. Y en fin, se pida U- 

íncia, para gastar 5 mil tostones. 
ToM. 2. (31) 



254 



CAPITULO U. 

Reei?)iinieiito de preí^itleiitcs* 

Participado en cédula dirigida al cabildo el nacimiento de uno 
de los príncipes, sin duda primogénito, llamado nuestro señor en 
acta de 3 de setiembre de 1630, dispone los regocijos siguientes: 
máscara general en la noche del primer día con coloquio y músi- 
ca en dos carros en la plaza, ante la audiencia en sus corredores 
y luego paseo de la justicia, regimiento, encomenderos, caballeros, 
y vecinos, por todas las calles de la ciudad y sus barrios: dos dias 
de toros, uno en aquella semana, y otro en la siguiente: otro dia 
el estafermo con torneo y gente de á caballo, con que dada la ora- 
ción, ninguno de la máscara pueda andcir por la calle: otro dia el 
peñol de la conquista, en que an de salir los soldados españoles, 
que batan el dicho peñol: otro dia después de la fiesta del peñol, 
una comedia en las casas reales, haciéndose allí los tablados, ador- 
nados de seda, alfombras y flores; otro dia un castillo y sierpe de 
fuego en la plaza, frontero á las casas reales, después de la ora- 
ción, con luminaria general, saliendo los de la máscara, que quie- 
ran salir, sin máscara; y otro dia por fin de la fiesta juego de ca- 
ñas con libreas, para las cuales se á de dar á los que salieren, que 
serán 24, por lo menos á dos varas de damasco, y seis onzas de 
seda para cada librea, y cada cuadrilla de á cuatro an de salir de 
ima manera; y este dia se á de dar colación, como se acostumbra 
en nacimiento de príncipes, á la real audiencia. Y por cuanto los 
gastos de semejantes fiestas y regocijos se an hecho de los propios 
y rentas de esta dicha ciudad, que están destinadas principalmente 
para estas ocasiones, que todas tocan al común servicio de S. M. 
demostración de gusto, que aya de averies dado príncipe heredero 
de sus reynos, se acordó, para que las fiestas se hagan con la au- 
toridad y pompa que es razón en correspondencia de tantos y tales 
mercedes, para cumplir su real cédula, se pida licencia para gas- 
tar de los dichos propios y rentas cinco mil pesos de á ocho reales. 

En 17 de abril de 1632, juntóse este cabildo, dice el acta, pa- 
ra tratar de las fiestas, que se han de hacer en la venida del señor 
obispo, don Agustín de Ugarte: á lo cual el dicho alcalde don An- 



RECIBIMIENTO DE PRESIDENTES. 255 

tonio de Galvez dijo, que dio parte á su señoría del señor presiden- 
te, para hacer las dichas fiestas, y en conformidad de que avia em- 
pezado á tratar de ellas en este cabildo, y se le respondió, estaba 
la ciudad empeñada, y no tenia con qué poder hacer fiestas, el di- 
cho señor presidente k dijo, que se hiciese ei miércoles que viniese, 
máscara y estafermo y toros, y el sábado juego de cañas de rodeo 
y toros, y que en esta conformidad tiene mandadas pregonar las di- 
chas fiestas, y se á hecho: y vista la dicha propusicion por los di- 
chos regidores, dijeron, que se hagan las fiestas, ecepto la másca- 
ra, por los inconvenientes que della resultan, y dello se le dé par- 
te al señor presidente por el licenciado Martin Dieguez alcalde, y 
Antonio Justiniano regidor y don Gerónimo Sánchez de Carranza. 
Siguióse la entrada de los presidentes Osorio y Avendaño. El 
recibimiento del primero se acordó en 24 de enero de 1634, y se dis- 
puso hacer con salva de las compañías de infantería, luminaria, 
máscara, carros, coloquio, música y paseo por las calles: el volcan 
de la conquista, batiendo el peñol la infantería, y gente de á ca- 
ballo: juego de cañas, saliendo los de las cuadrillas vestidos de ne- 
gro: comedias en las casas reales: castillo y sierpe; regulándose 
para gastos cuatro mil tostones. El concepto que se habia forma- 
do de que en este tiempo no habia soldados en Guatemala, se des- 
vanece con la mención repetida que en estas fiestas se hace de 
compañías de infantería y gente de á caballo; mas si eran al es- 
tilo de las cuadrillas del juego de cañas, y para batir la guarni- 
ción del peñol de Sinacam, no parece deba hacerse juicio de ellus. 
El recibimiento del segundo presidente ya se denomina posesión, 
y se ordena en 21 de henero de 1G42, salir á recibirle el dia de la 
entrada el cabildo en cuerpo de ciudad con sus maceros, y los ca- 
balleros y vecinos, y hacerse ademas fuegos, luminaria, encami- 
sada, carros, coloquio, volcan, toros, cañas y comedias, con que 
casi no difería el recibimiento de un presidente al nacimiento de 
un príncipe ó proclamación de un monarca. Regulados cuatro mil 
tostones de gasto, se pide el desembargo de propios y rentas de l:i 
ciudad á la sazón embargadas. No obstante, andando el año de 
1043, se destinaron mil pesos para honras de la reyna, y se dis- 
pusieron artificios de fuego en la entrada de la presidenta doña A- 
na de Rentería; y para el recibimiento del ob¡sp«> ^'»lt(Mo iguales 
fiestas que í\ su antecesor. 

Repetidas las fiestas, perdieron algún tanto lu novedad; y asi 



256 capítulo lxxxi. 

para el recibimiento del presidente Altamirano conde de Santiago 
ya se varió de festejo y de fausto en cabildo de 24 de abril de 1654: 
pues solo se destinan 500 pesos para disponerle comida en Joco- 
tenango el dia de su entrada, y la cantidad necesaria para com- 
prar y prepararle un caballo con silla y telliz y demás conveniente 
para su aderezo. Los gastos se libraron sobre el producido de li- 
cencias de tabernas y prometido de carnicerías. Esta variación, vi- 
no escusando la mitad de los gastos practicados en lo anterior. 

En cabildo de !<> de octubre de 1658 se trata déla aproxima- 
ción del presidente Meneos, del obispo Rivera, y de un fiscal de 
la audiencia, y se resolvió inviar al primero dos capitulares, que 
le den la bien venida en Sonsonate, y á cumplimentarle en Petapa 
un alcalde y cuatro regidores: al segundo dos regidores, conforme 
á la costumbre, dice el acta, que esta ciudad tiene, de que vayan 
dos capitulares, á dar á su señoría la bien venida á nombre desta 
ciudad; y otros dos regidores al último, que viene caminando, y 
es costumbre de esta ciudad, vayan dos capitulares á dalle la bien 
venida. En los festejos de este presidente se siguió la reforma, a- 
gregando á ella la costumbre con los antiguos gastos: pues acordó- 
se, dice el acta, que en el pueblo de Santa Inés el dia de la entra- 
da del señor presidente se le dé por esta ciudad de comer, como 
se ha hecho siempre... Acordóse así mesmo, que para la entrada 
de su señoría se le dé caballo, como se hizo en la del señor conde 
de Santiago, con su silla y telin... que para la noche de la entra- 
da se hagan fuegos, y pongan luminarias en las puertas y venta- 
nas de los vecinos... que se hagan regocijos de toros, y juego de 
cañas en los dias que pareciere... que se hagan en palacio dos co- 
medias en dias diferentes... y en caballo silla y telin se gasten 400 
pesos. Y en fin se pida licencia para gastar dos mil pesos por agora. 

Entre tanto ocurrió el nacimiento del serenísimo príncipe don 
Felipe Próspero, de cuyas fiestas no hay otra razón, que mandar- 
se en cabildo de 15 de noviembre del propio año 1658 pagar el 
costo de darse á la estampa en la ciudad de los Angeles el primer 
sermón predicado por el p. Lobo de la Compañía, y la relación de 
ellas hecha por el licenciado Velasco. Tampoco hay otra noticia de 
las honras de Felipe IV y proclamación de Carlos II, todavía in- 
fante, sino la que resulta en cabildo de 4 de henero de 1667 de es- 
tarse debiendo 500 pesos de ambos gastos, y lamentarse en orden 
á propios y rentas de la ciudad, que no alcanza el recibo al gasto. 



RECIBIMIEINTO DE PRESIDE>sTES. 257 

Sin embargo continuaron los recibimientos de presidente. En 
cabildo de 26 de noviembre de 1666 se ordenan tres cumplimien- 
tos al señor Alvarez: uno de dos capitulares, que le fuesen á dar 
la bien venida á Tepan Atitan: otro de un alcalde y cuatro regi- 
dores que vayan á Pazon, á besarle la mano; y el tercero en su 
llegada: en la cual se destinaron 500 pesos para darle de comer 
en los pueblos de Jocotenango ó Ciudad- Vieja, por donde viniese 
caminando, y que debiendo ser la entrada á caballo se le compre 
y prepare uno con silla y telin, y ademas en la noche de la entra- 
da hubiese luminaria general y fuegos de pólvora, y el siguiente 
día se hiciesen los regocijos de plaza, como toros y demás que 
dispusiese el encargado de ellos. La audiencia, que por su parte 
cumplimentaba al nuevo presidente desde una jornada antes de la 
capital con el caudal de multas y penas de cámara, y debia dar- 
le de comer en Pazon, en esta vez no contaba con existencia al- 
guna de este fondo, y dio provisión en 5 de enero de 67, para que 
la ciudad lo hiciese con los suyos en Pazon, Patzicía, y Cliimal- 
tenango, pena de cien ducados cada capitular, á satisfacción de 
práctica semejante en México, Lima y otras ciudades. Notificada 
al cabildo el dia 7, fué obedecida con protesta, y se destinaron 
para todo dos mil pesos. Este presidente al fin del año hizo jorna- 
da al rio de San Juan de Nicaragua, y en 13 de marzo del siguien- 
te año se trata de recibirle en su vuelta, nombrándose un alcalde 
y cuatro regidores para cumplimentarle en Petapa, los cuales fue- 
ron el alférez don Isidro de Cepeda alcalde de segundo voto, el 
capitán don Francisco Delgado de Nágera alguacil mayor, el ca- 
pitán don Luis López de Andravide, Joseph Agustín de Estrada, y 
Gregorio de la Cerna Bravo, regidores; y se libraron 400 pesos, pa- 
ra darle de comer en dicho pueblo, lo mismo (lue se habia hecho 
en la ida. 

En la venida del presidente Escobedo se ordenaron en cabildo 
de 16 de febrero de 1672 los mismos cumplimientos de bienveni- 
da, besa mano y recibimiento: comida en Jocotenango ó Ciudad- 
Vieja: caballo con silla y teliz, luminaria, fuegos y toros con gas- 
to de 2 mil pesos; y volviendo de la jornada que hizo al mismo 
rio de San Juan, se libraron en 21 de abril de 673 para la comi- 
da en Petapa 500 pesos. Este presidente, que era caballero de la 
orden de San Juan de Malta, y habia de ser después gran prior 
de ella, debió restaurar algún tanto las costumbres antiguas; y asi 



258 CAPÍTULO LXXXI. 

echando menos el paseo que antes se hacia en la fiesta de San- 
tiago, intimó orden en 14 de julio siguiente al ayuntamiento, para 
que la víspera y dia del santo apóstol se saque el estandarte real, 
y se haga el paseo, como se acostumbra el de Santa Cecilia. 

Cumpliendo el rey Carlos II los años de pubertad el 6 de ene- 
ro de 1675, en cabildo del 2 se dispusieron cinco dias de fiestas, 
en que hubiesen toros, carreras, sortija, y estafermo con toda la 
pompa y lucimiento, que se requería. Sortija llama el diccionario, 
fiesta de á caballo que se ejecuta poniendo una sortija de hierro 
del tamaño de un ochavo segoviano, la cual está encajada en otro 
hierro, de donde se puede sacar con facilidad, y este pende de u- 
na cuerda, ó palo, tres ó cuatro varas alto del suelo; y los caba- 
lleros ó personas que la corren, tomando la debida distancia, á 
carrera, se encaminan á ella, y el que con la lanza se la lleva en- 
cajándola en la sortija, se lleva la gloria del mas diestro, y afor- 
tunado. 

Habiendo tomado el gobierno Carlos II, se ordenaron nuevas 
fiestas en cabildo de 27 de abril de 1676, á saber: encamisada con 
su carro y representación, como otras veces: fuegos, los mejores 
que se pudieren, á toda costa: el volcan; y toros por tres dias, de 
los cuales en el primero aya encierro, á que asistan los caballeros, 
se jueguen alcancías y queden algunos á rejonear en la plaza: en 
el segundo, sortija; y en el tercero, estafermo. Para los fuegos se 
destinaron mil pesos á cargo del alguacil mayor don Tomas Delga- 
do de Nágera, y el maese decampo don Joseph Agustín de Estra- 
da, contratándose con el artífice de ellos por escritura la ejecución 
de un ingenio, un castillo, un árbol, y otras representaciones vis- 
tosas: para premios se asignaron mil pesos á cargo del alférez ma- 
yor don Joséph Calvo de Lara y capitán don Francisco de Fuentes 
y Guzman, que los compren para repartjr á los que sobresalgan 
en la sortija: mil pesos de colación y aguas á cargo de los alcaldes 
ordinarios para la real audiencia, señor obispo, cabildo eclesiásti- 
co y la ciudad; y otros mil para carro, encamisada, coloquio y 
volean á cargo de don Juan de Padilla, don Gerónimo Panlagua, 
y don Josef Fernandez de Córdova regidores. Los gremios de es- 
ta ciudad se sigan después de los caballeros, haciendo sus oficia- 
les la encamisada con el mayor lucimiento, desde luego á propias 
expensas. 

En el recibimiento de presidentes ya se tomó un medio entre 



REC1BDIIE?^T0 DE PRESIDENTES. 259 

la reforma y la costumbre: porque para el del señor Agurto, per- 
maneciendo la bienvenida, besa mano y festejo de comida y cena, 
por acuerdo de 14 de octubre de 1681 solo se dispusieron el ca- 
ballo con su silla y telliz, fuegos y tres dias de toros, y para todos 
gastos 1500 pesos. En cabildo de 16 de marzo de 1683 dan cuen- 
ta el alférez Calvo de Lara y capitán don Josef Mait y Lizarraga 
regidores, que habiendo ido á Amatitan y felicitado al obispo Na- 
yas, su señoría retribuía la enhorabuena á la ciudad; y en el de 
24 de octubre de 1683 para el recibimiento del presidente Enri- 
quez que vino por Puerto Caballos, se ordenó la bienvenida, en el 
parage que mejor pareciese, el besa mano en Petapa, y la comida 
y cena en Santa Inés, caballo, silla y telliz para la entrada, fuegos 
en la noche, y para ello 1500 pesos, á cargo del capitán don Lo- 
renzo Montúfar, don Joséf Agustín de la Cueva y Gaspar Gonzá- 
lez de Andino. 

No se halla felicitación alguna hecha al presidente Barrios Leal 
que entró por el Golfo. El p. fr. Francisco Ximenez, que vino en- 
tonces en barcada, y escribió después la historia que se ha citado, 
refiere lib. 5 cap. 49, que tomó el camino á pié, huyendo de los 
piratas, sin mas de lo que tenia encima, y añade: peor le ubiera 
ido, si no topa luego con nuestro avío de muías y bastimentos, 
que avia inviado la provincia. Así es que en cabildo de 23 de a- 
bril de 1688 solo aparece el festejo de un dia de toros puesto por 
el raaese de campo don Juan Antonio Dighero alcalde mas anti- 
guo: otro por el capitán don Juan Batres, y otro por los demás 
capitulares. De la venida del presidente Berrospe trata el cabildo 
de 27 de enero de 1696, disponiendo las felicitaciones y festejos 
acostumbrados; pei*o no cediendo la audiencia permiso para gas- 
tos en mas cantidad que la de mil pesos, intentaba apelar y con- 
tuvo el recurso el capitán don Bartolomé de Calvez Corral, alcal- 
de ordinario mas antiguo, ofreciendo costear de su pai'te el caba- 
llo, silla y telliz. 

En el transcurso del siglo se ve subir el gasto de recibimien- 
to de presidentes ó 5 mil tostones, mantenerse en el pié de 4 mil; 
y descenderá 1500 y aun mas. En cédulas de 1574, 1590 y 1627, 
resumidas en la ley 4 tít. 13 lib. 4, se prohibe á los cabildos ha- 
cer gastos de propios en recibimiento de prelados, presidentes, 
oidores, fiscales, y corregidores; mas como en ellas so e.xeptuan 
los permitidos, y éstos lo eran por la audiencia, sin duda no se 



240 CAPÍTULO LXXXI. 

incluían en la prohibición. Sraith lib. 4 cap. 7, escribiendo á este 
propósito, dice. En algún tiempo fueron enormes las sumas que 
se invertían en el recibimiento de un nuevo virey en el Perú y en 
otras provincias del continente español americano: cuyos gastos 
no solamente equivalían á una pesada contribución sobre los ri- 
cos del pais, sino que coadyuvaban á fomentar la vanidad y la 
extravagancia en todas las clases del pueblo, acostumbrándolas al 
dispendio y á la ostentación en todas ocasiones. Al fin del siglo 
estaba ya establecido el gobierno británico en las colonias ingle- 
sas del norte, y con respecto á ellas, añade el mismo escritor: el ce- 
remonial que se observaba en el recibimiento de un nuevo gober- 
nador, el de la abertura de una nueva asamblea y otros de esta es- 
pecie, aunque bastante decente, ni se hacia ni se permitía hacer 
con una pompa ostentosa, costosa y extravagante. 



CAPITULO 82. 

Eistreno de la anticua Catedral* 

La antigua catedral, sacada de cimientos el año de 1669, se 
concluyó en el de 1680. Juarros en el tratado VII, manuscrito iné- 
dito, continuación de su obra cap. 4, hace la descripción de su es- 
treno, diciendo. La función del estreno y dedicación de esta Basí- 
lica es quizá la mas solemne, suntuosa y completa, que se ha vis- 
to en Guatemala. Sigue haciendo menuda relación de las funcio- 
nes religiosas de la víspera, dia principal, y siete siguientes, y 
llegando á las profanas, continúa diciendo. Después de vísperas, 
antes de cubrir al Santísimo Sacramento, hubo las ocho tardes sa- 
rao, con asistencia de los tribunales, y de toda la ciudad. 

Para estas danzas se dispusieron dos cuadrillas una de niños, 
y otra de niñas, que se alternaron en las ocho tardes. Las danzas 
que se enseñaron á los niños fueron el tocotin, chichimequillo y 
tálame, al uso de los caciques de México, y conforme á él iban 
vestidos. Escogiéronse once caballeritos de la primera nobleza: u- 
no representaba al emperador Moctezuma: dos hacían de capita- 
nes; y dos cuadrillas de á cuatro cada una. Para que se haga al- 
gún juicio de la riqueza con que iban vestidos, referiremos por 



ESTRENO DE LA ANTIGUA CATEDRAL. 241 

menor como estaba ataviado el Moctezuma: llevaba almilla, tilma, 
y calzón de lama encarnada con encajes de plata de Milán y botón 
de filigrana: el ayate estaba formado de solo puntas, bordados sus 
florones de seda y oro, apresillados con joyel de perlas y oro: dos 
joyeles en los hombros, con dos ricas esmeraldas: las medias eran 
de torzal, bordada la canal de perlas: los braceletes eran dos lazos 
do perlas y esmeraldas, y otro lazo de lo mismo al pecho, y coro- 
na imperial de igual riqueza. A proporción del Moctezuma iban 
vestidos los otros niños; yes de advertir que algunos de ellos mu- 
daron ropas los cuatro dias que bailaron. Esta danza corrió á cui- 
dado de los BB. don Rodrigo de Cilieza y don Pedro Delgado de 
Nágera. 

La otra cuadrilla era de doce niñas que representaban á ¡as 
sibilas: éstas, aunque no eran de la nobleza, ni de facultades, iban 
tan ricamente vestidas, que parecían las primeras de la república: 
cubríanlas preciosas telas, puntas de Milán de oro y plata, que es- 
maltaban joyas y preseas de sumo valor, y algunas es pusieron dis- 
tintas ropas las cuatro tardes: todas estaban vestidas á la españo- 
la, pero se procuró imitar cuanto se pudo, la diversidad en núme- 
ro, tiempo y nación de las sibilas. Dispusieron este sarao los pp. 
Nicolás de Vejarano, coadjutor de la parroquia de San Sebastian, 
y Antonio Rogel. 

Entrada la noche se veía la plaza mayor ocupada de inmenso 
pueblo, iluminada con teas, y prevenidas las piezas que habian de 
arder; y esto se observó en las siete noches. En unas hubo cinco 
árboles de fuego, en otras menos, y muchas piezas ya manuales, 
ya fijas, cuya descripción por menor se omite, evitando prolijidad: 
los referidos árboles, de que algunos se levantaban hasta quince 
varas, ya representaban torres, ya el juego del volador muy usa- 
do entre los indios, ya una fuente, ya una palma, ya un campana- 
rio. Estos regocijos se costearon la primera noche por la iglesia: 
la segunda por los curas de la ciudad: la tercera por los curas de 
la provincia de Suchitepequez: la cuarta y quinta por los de otras 
provincias del obispado, la sesta por seis clérigos de la ciudad, y la 
séptima por el muy noble ayuntamiento de esta ciudad. 

Después de los fuegos artificiales, siguió una lucida encamisa- 
da, dispuesta por el muy noble ayuntamiento de esta ciudad, en 
que salieron 20 caballeros de la primera nobleza, con el correspon- 
diente número de lacayos, copia de haclias de cera y multitud de 
TOM. 2. (32) 



242 capítulo lxxxii. 

clarines. Iban todos suntuosamente vestidos, adornados de pre- 
ciosa pedrería, telas, lamas y plumas, sentados en briosos y bien 
enjaezados caballos: mas para que se haga juicio de la pompa y 
brillantez con que iban ataviados estos nobles republicanos, hare- 
mos una sucinta relación de como estaban vestidos algunos de 
ellos. 

El raaese de campo don Josef Agustín de Estrada regidor de- 
cano, y el capitán don Josef Calvo de Lara alférez real, vestidos 
á la Húngara, con petos dorados, mangas y calzón de encajes fi- 
nos de celeste, plata y oro, sobre lama de oro, mantos imperiales 
de rengue verde con ramazón de oro sobre raso blanco, y las vuel- 
tas de armiños negros con puntas al vuelo de plata: caballos ove- 
ros, sillas bordadas de oro y plata sobre carmesí. El maestre de 
campo don Sancho Alvarez de las Asturias, y el capitán don José 
de Santiago, alcaldes ordinarios, llevaban vestidos de lama con 
franjas de plata, y cabos de lo mismo: sombreros con penachos de 
blanco, negro y amarillo, con presillas á la vuelta de diamantes: 
caballos azulejos, sillas, bridas de azul y plata. 

Be esta suerte se encaminaron para la plaza mayor, llevando 
en las manos hachas de cera con arandelas de plata: resonaron 
los clarines, iluminóse la plaza con las hachas que llevaban los 
lacayos, salió á sus asientos la real audiencia, entró el comisario 
con número de lacayos y alguaciles y clarines: pedida venia á la 
audiencia, que se concedió en el acto, entró la caballería con gran- 
de aparato y gravedad, y llegando á la vista de la real audiencia, 
tremolando penachos y haciendo acatamientos, que hasta los ca- 
ballos parece hacian genuflexiones: dieron vuelta por la plaza, y 
continuaron su paseo por las calles. 

La noche del quinta dia del octavario, después de los fuegos 
artificiales, hubo segunda encamisada, con que los gremios de me- 
nestrales celebraron la dedicación de la matriz: salieron hasta en 
número de treinta: entraron en la plaza mayor con gran bizarría, 
en briosos caballos, con ricos jaeces, costosas libreas, soberbias 
galas: pues iban vestidos de telas, lamas, lienzos, puntas y mucha 
pedrería, pasearon la plaza, cumpliendo con todas las obligaciones 
cortesanas, donde habiendo gallardamente ruado los caballos, con- 
tinuaron su paseo por las calles de la ciudad. 

La tercera encamisada se guardó para coronar las fiestas del 
octavario, y así se hizo la noche del dia octavo, en que no habien- 



ESTRENO DE LA ANTICUA CATEDRAL. 245 

dose quemado fuegos artificiales, se dedicó toda al lucimiento de 
esta función. Dispusiéronla y ejecutáronla varias personas del cle- 
ro, excepto la Malinche y la Sultana, que se representaron por se- 
culares. Poco mas de treinta clérigos formaban la encamisada, y 
esta se dividía en cuatro cuadrillas de diversas naciones, indios, 
turcos, españoles y moros. Querer referir por menor como estaba 
ataviado cada uno, seria hacer una relación interminable: baste 
decir, que todos iban vestidos de lamas y rasos de varios colores, 
con bordaduras de hilo de oro, de plata y de perlas, puntas de oro 
de Milán, con joyas de esmeraldas, y otras piedras preciosas: los 
sombreros eran de castor con penachos de plumas de varios colo- 
res y joyel de esmeraldas, siguiendo cada cuadrilla en el modo de 
vestir al estilo de la nación que representaba. Entre todos sobresa- 
lían en riqueza los que representaban al gran turco, y la Sultana, 
Moctezuma, y la Malinche. 

Esta noche parece fué mayor el concurso en la plaza que las 
antecedentes. Los señores de la real audiencia ocuparon sus asien- 
tos en el corredor del palacio, y los dos cabildos los suyos en las 
casas consistoriales, é inmediatamente se vio entrar la encamisa- 
da acompañada de muchos lacayos, con hachas de cuatro pábilos, 
que iluminaban la plaza y calles por donde pasaban: iba por de- 
lante una tropa de cajas, atabales, clarines, trompetas, marimbas, 
y todos los instrumentos de que usan los indios: éstos iban en 
gran número, con ricos vestidos y galas como acostumbran en 
sus bailes. Después de esta cuadrilla, venian pidiendo plaza dos 
ayudantes mayores. Seguíase el guión que llevaba el bachiller don 
Miguel de Cuellar Varaona, y á sus lados dos comisarios con sus 
cuatro alabarderos. 

Continuaban la marcha las cuatro naciones. Cerraban los cua- 
tro tercios los dos coroneles, que eran don Francisco Alvarcz de 
Toledo y don Francisco Niño-Ladron de Guevara, vestidos á la es- 
pañola, y llevaban seis lacayos con hachas. 

Tras la encamisada, venia el carro triunfal, tirado por seis 
muías encubertadas: éste tenia seis varas de largo, y tres de ancho: 
dividíase en dos partes: la anterior tenia su pasamano de balaus- 
tres, y sobre ellos mecheros con hachas: la parte posterior repre- 
sentaba una torre que se levantaba nueve >aras, dividida en tres 
cuerpos, iluminada con muchas hachas, remataba en punta, don- 
de iba la fama, figura de escultura con alas y clarín. Iban en el 



244 CAPITULO LXXXII. 

primer cuerpo seis niños para danzar entre las jornadas, y seis 
músicos para representar la comedia, que se intituló la Matriz co- 
ronada. Púsose la encamisada á vista de la real audiencia, don- 
de le hicieron los correspondientes acatamientos; y así aquí, como 
delante los dos cabildos se representó una y otra vez la referida 
comedia. 

Concluidas las fiestas de iglesia en el octavario, conforme al 
rito romano, mas no satisfecho el afecto del vecindario, se dispu- 
sieron cuatro comedias, y tres dias de fiestas de plaza para la se- 
mana siguiente. Se puso el teatro para las comedias en la lonja del 
costado de la iglesia: la real audiencia y ambos cabildos asistie- 
ron en un corredor, que tiene enfrente de este parage, la casa del 
capitán don Martin de Alvarado Guzman y Villacreces, y toda la 
calle se hizo anfiteatro: estas funciones se hicieron con el esplendor 
y lucimiento que las antecedentes. 

En los tres dias siguientes hubo corridas de toros, y juegos de 
cañas y alcancías: para este juego, que solo se hace entre perso- 
nas nobles, se dispusieron cosa de veinte caballeros de la primera 
nobleza: habia entre ellos dos caballeros cruzados, dos maestres 
de campo, y otros de semejantes graduaciones: vistieron de negro, 
unos bordados de oro, y otros de plata con penachos de plumas de 
varios colores en los sombreros, en la vuelta de éstos, joyeles de 
perlas t con igual riqueza iban enjaezados los caballos, y no eran 
de menos pompa las libreas de los lacayos, que llevaba seis cada 
uno. Hicieron alto al llegar á la esquina de la plaza, Ínterin entró 
á pedir la venia á la real audiencia el maestre de campo don Juan 
Antonio Dighero, padrino de la caballería, llevando por delante 
veinte y cuatro soldados chuceros, un sargento, dos ayudantes y 
seis lacayos: y conseguida la licencia, volvió al cuerpo de la caba- 
llería, y entrando con ella, hechas las cortesías correspondientes, 
dieron vuelta á la plaza, y puestos en el lugar por donde entraron, 
comenzaron á correr á la real audiencia, y después á los cabildos: 
y concluidas las carreras, pasaron á tomar asiento al cabildo, pa- 
ra ver el juego de toros. 

El segundo dia por la mañana, vinieron los mismos caballe- 
ros de color para torear, y á la tarde de negro para correr, y siem- 
pre con diferentes trajes y caballos, ya á la brida, ya á la gineta: 
soltáronse los toros, corrieron los caballeros, hubo varios lances, 
ya de rejón, ya de lanceta, en que salieron con aire los ginetes. 



ESTRENO DE LA ANTIGlTA CATEDRAL. 245 

Volvieron á la tarde, unos por una esquina, otros por otra; y unos 
por acá, y otros por allá, se cruzaron á carreras alternativa y pun- 
tualmente: después se dividieron y pusieron frente á frente, y e- 
cliando mano de las alcancías, arrojó uno la primera bala de de- 
safio: á este siguieron los otros, doblando la munición, y tirando 
alguna de á tres y de á cuatro: hasta que saliendo un toro puso fin 
á la altercación, y los caballeros tuvieron que salir corriendo á 
rienda suelta. 

La tercera tarde, con galas diferentes pasearon la plaza, y dí- 
rididos en dos trozos trabaron una diestra escaramuza, vistoso la- 
berinto de giros imperceptibles, y airosas vueltas: deshízose la es- 
iramuza corriendo parejas, unos para la audiencia, otros para los 
ibildos, y siguieron los toros, con lo que se concluyeron las fiestas. 

Don Diego Félix de Carranza y Córdova, cura de Jutiapa, que 
escribió la relación de las plausibles fiestas de la dedicación de es- 
ta santa iglesia catedral, de donde hemos sacado todo lo que lle- 
vamos referido en este capítulo, concluye Juarros, hace juicio, que 
los costos de estas fiestas en altares, fuegos, comedias, galas, jae- 
ces, libreas, encamisadas y danzas, ascenderían á mas de cincuen- 
ta mil pesos. Así mismo hace juicio que el valor de las joyas pre- 
seas, perlas, pedrería, alhajas de oro y plata, que se pusieron los 
que salieron en los saraos, encamisadas y carreras pasaría de me- 
dio millón de pesos. 

Entrado el siglo 18, lo primero que ocurre es la proclamación 
de Felipe V en 1701, festinada algún tanto á instancia del presi- 
dente Berrospe, por los justos motivos con que dice se hallaba. El 
costo de las fiestas continúa en pié de 2 mil pesos. Para ellas se 
dispuso, la pintura del retrato de S. M.: se derramaron y esparcie- 
ron 150 pesos en reales bambas, moneda antigua y solicitada, di- 
ce el acta: y por tres veces dieron carga los pedreros y mosquetes 
que estaban en un lucido fortín, cuyo cabo lo regia armado con 
alfange y broquel. 

Las fiestas de recibimientos de presidentes se ven reducidas al 
costo de un mil pesos, que fueron los que se gastaron en el del se- 
ñor Ceballos el ano de 702 en comida, ceua, caballo, silla, teliz, y 
toros, como se había hecho poco mas o menos GO años antes. En 
el del señor Rivasel año de 710 subió el gasto á 1200 pesos; y no 
se advierte que exceda esta cantidad el del señor ^'¡llalün en 703, 
en el cual se tomaron 2 mil pesos á usura, para dar cumplimiento. 



246 CAPÍTULO LXXXÍI. 

Entre tanto aumentan las fiestas reales, y se llevan la atención. 
El nacimiento del infante primogénito se celebra en 708: su reco- 
nocimiento por príncipe de Asturias en 710, y su casamiento en 
722. En las primeras fiestas se repiten las antiguas: entre ellas, 
ordenadas dos encamisadas, una de hombres nobles, y otra de 
hombres de los gremios, comienzan á escusarse los primeros, y 
son subrogados por otras personas; bien que decentes y lucidas: lo 
cual era ya el crepúsculo de una cesación poco distante. El rego- 
cijo del volcan parece que se hace entonces por última vez. Juar- 
ros trat. 6 cap. 11, advierte, que el gobernador de Jocotenango 
de nación guatimalteca, á quien correspondía representar al rey 
Sinacam, estimaba tanto este derecho, que ofreciéndole una vez el 
de Itzapa 500 pesos por que le cediese el de esta representación, 
desechó constantemente su propuesta. Igualmente se ordenó el es- 
tafermo, con premio para los que salieren mas ridículos; y por úl- 
timo se asignan cien pesos para mantas y vestuario de los indios 
que saquen de la plaza los toros muertos en la lid. 

En las segundas fiestas, el año de 710, ademas de los gremios 
toman parte los barrios, y disponen cinco comedias, un baile y un 
j coloquio de niños principales; y se mandó formar, y dar á la pren- 
/^)]Z¿)-*»sa relación de todo, para dar cuenta á S. M. En lo sucesivo ya se 
^ harán salvas en semejantes funciones con artillería gruesa, porque 
el ayuntamiento en 14 de octubre de 712 acuerda dar las gracias 
á los capitanes don Sebastian de Loayza, don Juan Bautista de 
Iribe y don Pedro de Iturbide por la construcción de cuatro piezas 
de ella, y ocho pedreros. En fin, el año de 722, destinados para 
las otras fiestas del príncipe de Asturias 1200 pesos, el alcalde de 
primer voto don Juan Barreneche dio 1300, para ajustar 2.500, 
ofreciendo mas si fuese menester: con que se repitieron los anti- 
guos regocijos, entre ellos la encamisada de caballeros, y ademas 
se agregaron cuatro mogigangas. El diccionario define esta pala- 
bra: fiesta pública, que se hace, con varios disfraces ridículos en- 
mascarados los hombres, especialmente en figuras de animales. 

Por este tiempo, andando el año de 743 ocurrió la erección de 
esta silla episcopal en metropolitana, y la venida del palio de su 
primer arzobispo illmo. señor doctor don fray Pedro Pardo de Fi- 
gueroa el año de 745. El licenciado don Antonio de Paz y Salga- 
do, en relación impresa el año de 747, cuenta que lo trajo hasta 
Yeracruz el illmo. señor doctor don Isidro Marin obispo de Nica- 



ESTRENO DE LA ANTIGUA CATEDRAL. 247 

ragua: lo recibió y condujo hasta Guatemala el señor don Francis- 
co Molina obispo de Comayagua; y se halló en su recibimiento el 
illmo. señor don fray José Cubero obispo de Ciudad-Real: con que 
se juntaron en esta capital el metropolitano y sus tres sufragáneos. 
La comitiva de obispos, cabildo eclesiástico, ayuntamiento, prela- 
dos y caballeros que acudió á recibir la insignia en Jocotenango 
y entró en cuerpo en la ciudad hasta el palacio arzobispal, ocupó 
setenta y cinco forlones. En la noche de la imposición ardieron cin- 
co castillos, distribuidos en el centro y ángulos de la plaza: de e- 
llos el primero constaba de siete cuerpos, y los otros de cinco; los 
cuales estallaron y lucieron en distintos tiempos, ya alternativa, 
ya simultáneamente, correspondidos entre sí. Pasadas las funcio- 
nes religiosas hubo siete corridas de toros costeadas por don José 
de Nágera, don José de Arrivillaga y don Miguel de Coronada. 
Entre otros lances, de que el escritor hace prolija narración, se 
menciona uno, en que montados dos toros se embestian uno á otro 
contra sus respectivos ginetes; y otro en que tomando el toreador 
las gradas de la pila, y luego el borda de ella, hubo de echarse en 
la fuente. 

A los dos años se hizo la proclamación del rey don Fernando 
VI, y ya se dobla el gasto de las fiestas, para las cuales se desti- 
nan 4 mil pesos, en cabildo de 25 de febrero de 747, distribuidos 
en esta forma: mil pesos para colaciones: mil para fuegos; 500 
para el teatro de comedias en el palacio de presidentes: 400 para 
el de la jura en la plaza: 200 para esparcir en moneda de á 2 rea- 
les: 130 para el retrato de S. M. é iluminación: 100 para festeja 
de la gente dePtlapa, á que se encomendó la comedia de la ciudad 
con loas, y el resto para gastos inferiores, aprovechándose el arren- 
damiento del circuito de la plaza para indemnización del tablado y 
toril. Al teatro de la plaza en la jura se manda echar á distancia 
de diez varas un cerco en contorno: el paseo se ordena seguido 
de las compañías milicianas de caballería: una comedia se costea 
por las milicias de infantería y caballería: otra por los procurado- 
res de la audiencia; y otra por los escribanos. A todos los pueblos 
del valle se llama, para que vengan con toda, y la mas aparatosa, 
triunfante, festiva pompa, trayendo cuantas inventivas tengan de 
celebración, aplauso y regocijo, vestidos decentemente, en sus ca- 
ballos,, todos los principales y justicias. 



^48 

CAPÍTULO 83. 

Abasto de cariicis* 

Smiht lib. 4 cap. 7, hablando del progreso de una colonia, di- 
ce: en un pais, que no disfruta ni aun de la mitad del cultivo y 
población de que es capaz, el ganado se multiplica mucho mas de 
lo que exige el consumo de sus habitantes, y por lo mismo es de 
muy poco ó de ningún valor. Así parece sucedió en Guatemala á fi- 
nes del siglo 16. Se ha visto, que el año de 1576 se daban en el mer- 
cado 28 Hbras por el real: en cabildo de 3 de marzo de 1587 apa- 
rece que se estaban dando 11 libras mas délas que se hablan dado 
el año anterior; y una cédula de 22 de diciembre de 1605, anuncia 
haberse dado antes de esta época 40 libras por el real. 

Mas ya entonces, entrado el siglo 17, extraña la misma cédula 
se estuviesen dando 14 libras; y ello sale conforme al valor que 
tenia el ganado y la piel. En cargo de alcabalas de 6 de noviembre 
de 1609, se lee una partida de 200 cueros de toro por 300 tosto- 
nes; otra de 300 cueros de ganado vacuno á 5 reales; y una de mil 
cabezas de ganado á razón de cuatro tostones: y así no es extraño, 
que en el tiempo de la cédula se diesen 14 libras por el real. 

Sin embargo, el precio de la carne en el mercado no pendía 
precisamente de la abundancia del ganado: dimanaba también de 
la libertad ó sisa impuesta á su venta. En cabildo de 19 de agos- 
to de 1586 aparece impuesta una de 4 libras, y en el de 3 de mar- 
zo de 1587, abolida: en 27 de agosto de 1609 resulta quitada una; 
y mas pronto en 7 de setiembre inmediato cargada otra, para cuya 
abolición se acuerda hacer toda gestión. 

Acerca del surtimiento del mercado, un artículo de acta de 28 
de febrero de 1609, dice: tratóse sobre la carne de abasto de la 
ciudad, y atento que an dado en pregones, y no a abido hasta ora 
persona que se quiera obligar á dar carne abasto, se mandó á pre- 
gonar, que si oviere persona que se quiera obligar, se le dará á la 
persona que mejor baja hiciese, cinco mil tostones prestados hasta 
el dia de navidad fin deste año, dando fianzas para la paga de ellos 
á comercio del cabildo desta ciudad. Otro de la de 7 de setiembre 
siguiente, dice. Así mismo se acordó que las carnicerías desta 
ciudad, se traigan en pregón declarando que á la persona que se 



ABASTO DE CARNES. 249 

quisiere obligar á dar carne abasto á esta ciudad por todo el año 
de seiscientos y diez hasta las carnestolendas del de seiscientos y 
^nce, se le prestarán cuatro mil tostones con fianzas á comercio 
del cabildo para volverlos el dia de navidad fin del año. Estos prés- 
tamos, según otras actas, se hacian de bienes de difuntos, y tam- 
bién de las alcabalas. 

Gage, con respecto al tiempo que estuvo en esta capital, que fué 
por los años de 1627 á 1637, al cap. 18, dice. Carne de res hay 
bastante sin excepción mas que en todas partes de América, como 
se ve por la cantidad de cueros, que anualmente van de Guatema- 
la á España, donde matan mas el ganado por el interés de los cue- 
ros, que tiene en España. La carne estaba tan barata, que daban 
trece libras y media por medio real; siendo ésta la moneda mas pe- 
queña equivalente á cinco peniques. Sin embargo que todo el pais 
cerca de Guatemala tiene estancias grandes, ó haciendas para criar 
ganado hasta el Golfo-dulce, llegaba mucho de Comayagua, San 
Salvador y Nicaragua. Pero sobre todo, las estancias grandes es- 
tan hacia la costa del sur, en donde habia un repastor, que en su 
propia hacienda con tenia 40 mil cabezas de ganado grandes y pe- 
queñas, ademas de muchos cimarrones que se mantenían sueltos 
en las montañas; los cuales no se podían juntar, y se cazaban co- 
mo puercos de monte, y les tiraban diariamente por recelo que se 
multiplicasen, y dañasen el demás ganado. Yo he estado presente 
en una feria en la villa de Petapa con un amigo mió, llamado Lo^ 
pe de Chavez, que era obligado de proveer de carne seis ó siete 
poblaciones, quien en un trato con un mismo sujeto compró seis 
mil cabezas de ganado, grande y pequeño, pagando uno con otro 
á diez y ocho reales, ó nueve shelines. 

Habla también este escritor del abastecimiento de carnero, y 
dice. Ademas de que no falta carne de res, hay también de carní^ 
ro en Mixco, Pínula, Petapa, Amatitan, y el Fango, y otros luga- 
res. Yo vivia con Alonso Zapata, que mantenía cuatro mil carne- 
ros. En consecuencia está provisto el pais de bastimentos baratos 
que es imposible encontrar un pobre, poríiue por medio real el 
mas pobre tiene carne para una semana, y lo mismo cacao y pmi 
de maíz. 

Andando el tiempo, la sisa de la carne prevaleció en beneficio 
de los propios; y ya en cédula de 20 de octubre de 018 es ampara- 
do el ayuntamiento en el prometido de caiuicerías, y de los pue- 

TüM. 2. (33) 



250 capítulo lxxxiii. 

blos de su valle, quedando adjudicado á los fondos de la ciudad, 
para sus necesidades, dice la cédula, y cosas inescusables de obras 
públicas, fiestas y otros gastos. Ya entonces se sacaban las carni- 
cerías al pregón sin habilitación, prefiriéndose la postura, que ba- 
jaba mas el precio de la carne, y subia mas el prometido para 
propios. 

El abasto de carnero, que no estaba sugeto á sisa, se mantenía, 
según parece en cabildo de 2 de junio de 1643 en el pié de tres li- 
bras por el real: el de res que lo estaba, resulta en 7 de diciembre 
de 1666 en cuantía de catorce libras con el prometido de mil pesos 
para propios. En 23 de agosto de 667 aun conserva el de carnero 
la de tres libras, hasta el remate que se menciona en 22 de agosto 
de 670, en que desciende á dos libras y media, y no se ve bajar á 
dos libras netas, sino acabado el siglo y comenzado el siguiente en 
cabildo de 20 de junio de 1702. 

El prometido para propios sufrió algunos menoscabos. En jung- 
la de hacienda de 17 de octubre de 1665 entre otros arbitrios para 
dotar el castillo de Granada, se propuso el que concurriese á su do- 
tación el prometido de carnicerías; y ya se ve puesto en ejecución 
con las de los pueblos del valle el año de 1679, en el cual corren 
partidas de enteros hechos en la caja por el abastecimiento de San- 
ta María de Jesús, San Juan del Obispo, Mixco, Santiago, San 
Lucas, San Martin, San Raymundo y otros pueblos de la costa. El 
arbitrio fué aprobado en cédula de 26 de febrero de 1687; y lue- 
go incluido el prometido de carnicerías de la misma capital, se ve 
en cab;ldo de 19 de febrero de 1703 que de 1200 pesos que com- 
prende, 400 son para castillos, y 800 para propios: mas adelante 
en 709 son 800 pesos para castillos y 200 para propios: en 710 
para castilllos 800, para propios 600: en 712, para castillos 800, 
para propios 750: en 1721 para castillos 800, para propios 600; 
y lo mismo en 725, para castillos 800 y para propios 600. 

Cuando no habla postor para el abasto, ó la postura no era ad- 
misible, se hacia por repartimiento, esto es, se distribuía el cargo 
de abastecer, entre los criadores y dueños de ganado, dándose por 
base el número de libras que se regulaban al precio de un real, y 
prorateándose el contingente de la cantidad que se regulaba de 
prometido para castillos y propios. En 1 de abril de 1705 por au- 
to del superior gobierno oido el fiscal y previamente el ayunta- 
miento, se fijaron doce libras por el real, 400 pesos para castillos 



ABiSTO DE CARNES.^ 251 

y 200 para propios* El repartimiento se hacia entre treinta su ge- 
tos, distribuyéndoles diferentes dias de cada mes en los doce del 
año. Luego se oian reclamaciones, á que se daban trámites, y co- 
mo ellas eran frecuentes, rara vez se se llegaba al caso de reparti- 
miento. ' 

La cuantía de 14 libras por el real permaneció largo tiempo con 
altos y bajos, ya descendiendo á 13 y 12, como en los años de 
701, 704, y 709; ya ascendiendo á 15 y 16, como en los de 703 
y 708, y baja para no volver á subir el año de 1725. Algo puede 
haber contribuido la alcabala cargada á este género de mantemieu- 
to, á no intervenir otras causas necesarias. En una certificación 
de la contaduría de 18 de marzo de este año suenan 881 pesos 3 
reales de alcabala de la carne, sebo, manteca y cueros de la matan- 
za de reses en la ciudad, y 394 de la de los pueblos de Jocotenan- 
go. Ciudad- Vieja, San Juan del Obispo y Santa Maria, rematada á 
la ciudad el dia 28 del propio mes en cantidad de rail pesos anua- 
les por diez años. 

El prometido que antes ofrecieron los remates de abasto de los 
pueblos de Mixco, Santiago, San Lucas, San Raymundo, y otros 
de la costa ya no aparece en las partidas de cargo en el libro de 
la caja del año de 1729, que está á la vista. Señal de que caducó 
y fué substituido por la alcabala. El abasto de carnero que aun 
subsistía en cantidad de dos libras por el real, en 7 de marzo de 
1730 resulta gravado con 15 pesos de prometido, y no aparece 
mas en lo sucesivo con gravamen semejante, ni sin él. El embara- 
zo para el abastecimiento de la carne de res llega á punto que no ha- 
biendo postura, ni pudiéndose subrogar con repartimiento, resuel- 
ve el ayuntamiento en 25 de enero de 1732 comprar 200 reses 
para acudir al surtimiento de cuenta de propios. Según razón de 
acta de 22 de abril de 1718 se mataban entonces 29 diariamente. 

Echevers, en el ensayo mercantil publicado el año de 1742 al 
número 49, escribe: los cueros crudos y curtidos, de que hasta 
ahora se ha hecho poco caso, pueden hacer un artículo conside- 
rable, pues en esta ciudad y su valle se matan al año sobre 40 mil 
reses, y teniéndose en las contadurías mas atención que hasta 
ahora, que con la abundancia de la cascara queman los cueros por 
lo que desmerecen los curtidos, se harían mas aprcciables. En ac- 
ta de 15 de abril de 760, tratándose del buen despacho en la car- 
nicería mayor, para lo cual se ordena poner en alto y con ayudan- 



252 CAPÍTULO LXXXIV. 

te para el peso, se anuncia ser remitidas solamente á ella 20 reses 
diariamente. Al abastecedor del año de 763 se previene en 17 de 
marzo introduzca diariamente en el rastro para la matanza sesen- 
ta reses. 

La cantidad de libras por el real fué descendiendo progresiva- 
mente, y mucho mas la de prometidos. El del año de 1731 en 
18 de marzo fué de 300 pesos para castillos, y. 200 para, pro- 
pios: en 12 de junio de 759 se ordena proceder al repartimien- 
to sin hacerse mención de prometidos; y en el remate del 6 de. a- 
bril de 764, lejos de mencionarse éstos, se ofrece el abasto con 
calidad de que no se haga novación en la alcabala, á que estaba 
sugeta la matanza. Las libras bajan el año de 731 á cuantía de 11 
y 10 por el real: en el de 740 á nueve y media: en el de 741 á 
nueve netas: en el de 744 á ocho: en el de 750 á siete y media: 
en el de 759 á siete netas; y en siete netas permanecen los años de 
763, 764 y 769; Prescindiendo de las causas ocasionales de esta 
subida de precio en la carne, se hallará la eficiente en los progre- 
sos del cultivo y de la población asignada por Smitli. 



CAPIÍÜLO 84. 

Feria de la Ija^uiiilla* 

Acerca del precio del ganado, la acta de 4 de marzo de 1728, 
dice: consta que el año pasado se vendió el ganado al precio de 21 
y 22 reales: y en el presente al de 22, 23, 24, 25 y 26 reales ca- 
da cabeza. La antigua Gaceta de esta capital en enero de 1730, di- 
ce: En el parage nombrado Cerro-Redondo se han vendido este 
mes 14 mil cabezas de ganado mayor: su precio de 20 á 27 rea- 
les; en febrero, dice: Se han vendido este mes en el parage nom- 
brado Cerro-Redondo 6 mil cabezas de ganado mayor, su precio 
de 20 á 31 real; y por la escasez de ganados, que este año han 
traido de la provincia de Honduras y Nicaragua, y la que en ade- 
lante se espera, siendo menos el número de todos los años, pues 
apenas se han vendido en este 20 mil cabezas, y otros años, aun 
pasando de 36 mil, se ha padecido escasez, para precaverla, se 
han librado despachos por el superior gobierno al gobernador de 



FÉRU DE LA LAGÜNILLA. 255 

Costa-Rica, y alcalde mayor de Nicoya, para que no embaracen éí 
los habitantes de aquellas provincias, traer el ganado á Cerro-Re- 
dondo; aunque por esta razón cesará el comercio del sebo en la 
ciudad de Panamá. En enero de 731, da razón en la misma forma 
de 18 mil cabezas, toros y vacas vendidas en la propia feria á pre- 
cio de 22 á 30 reales, aunque algunas mui selectas partidas, aña- 
de, han valido algo mas; y en febrero siguiente la da de 4.500 ca- 
bezas al mismo precio de 22 á 30 reales. 

En cabildo de 1 de octubre de 1748 se trata del recibimiento 
del presidente Araujo, y acordándose celebrar con tres dias de to-^ 
ros, disponen los alcaldes y capitulares hacerlo á sus expensas, y 
no á costa de los propios, á que ha dado mérito, dice el acta, lá- 
consideracion de no deberse practicar funciones de esta naturaleza 
con gravamen de sus empeñadas rentas, que deben expenderse 
conforme á la institución de sus saludables destinos. Para ayuda 
de costa se ordena el arrendamiento de la plaza, sacándola á pre- 
gones para su remate en mejor postor; y así mismo la compra de 
80 toros al precio corriente de 5 pesos: délos que escogidos 60 se 
compartan en las tres tardes, designándose diez toreadores de á 
pié, cuatro de á caballo de rejón corto, y dos de vara larga y de lu- 
neta ► 

Los cinco pesos, que aquí se mencionan no era precio de feria. 
En información de los precios de ella, y cantidad de ganado que 
acudió á la del año de 1759 aparece haber caminado de Santa Ana 
para la Laguna sobre 40 mil reses, y que su precio común fué el 
de 4 pesos 4 reales, en algunas partidas el de 4 pesos 6 reales, en 
otras 4 con 2, y hubo de 31 reales. Entre tanto, después de los 
conatos del año de 748, para no celebrar recibimiento de presiden- 
te á costa de propios, no es de olvidar, que en 1 5 de diciembre de 
67 1 se cobran por el comisionado para el banquete, puesto en el 
del señor Heredia, 1.154 pesos dos y medio reales del costo de so- 
lo este festejo, y se mandan pagar prestados de alcabalas. En fin, 
un razonamiento del acta de 5 de abril de 764, dice: se ve el cre- 
cido número de ganado que entró á la feria el presente año, que 
fué el de mas de 52 mil reses, y sus precios prorateados el de 4 
pesos y un real. 

El presidente Galvez, escribiendo al ministro Gah oz su herma- 
no con fecha en Masaya á 20 de julio de 1780, dice: Excelentísi- 
mo señor: teniendo presente en la real instniccion de gobierno el 



2o4 CAÍTÜLO LXXXIV. 

capítulo 29, en que se manda corrija los desórdenes, que se come- 
ten todos los años en la feria de ganado de la Lagunilla... á poco 
tiempo de haber llegado yo á la Nueva Goatemala, me informé de 
los abusos de esta feria, y para asegurarme, y después remediarlos, 
hice que el administrador general de alcabalas pasase á la Laguni- 
lla á presenciarla, cobrar la alcabala, y por escrito informase de lo 
que en ella acontecía. 

Hízolo así, se informó de las muchas reses que se vendían an- 
tes de llegar al parage, y de las tiranías que los compradores co- 
metían contra los criadores de las provincias, y siendo una de las 
mayores el haberle ido mudando de sitio á la feria, siempre arri- 
mándola hacia la capital, llegaron á entablarla á poco mas de un 
día de camino de ella, en parage árido y sin agua, á fin de que no 
pudiendo subsistir los animales, los vendan por el precio que les 
ofrezcan los regidores de Goatemala, que siempre han sido los úni- 
cos compradores y marchantes de aquel mercado tirano. 

A mas de lo dicho, les queman todos los pastos cercanos á los 
caminos por donde pasan, para que por falta de sustento no pue- 
dan volverse con los ganados. 

Con estos conocimientos, y otros que reservo, en el año ante- 
cedente dispuso la audiencia como gobernadora, el que el sitio de 
la feria fuese el aguage de Chalchuapa, como mas oportuno á los 
criadores en cercanía, aguas y pastos: pero indignados los mar- 
chantes contra tan justa disposición, se convocaron, y solo se pre- 
sentó uno á comprar; y fué tal el monopolio, que hasta los tratos 
cerrados los negaron, y tomaron las reses al precio que se les an- 
tojó, é hicieron que á cuenta y riesgo de los primeros dueños se 
los pusiesen en los parages que estipularon, de forma que nunca 
han experimentado los cosecheros mayor ruina, y al presente se 
hallan resueltos á no llevar mas ganado á la feria, si no se pone 
remedio á tales males. 

Habiendo dicho en parte los que corresponden á los criadores, 
sigo refiriendo los que sufren los consumidores de las carnes. Co- 
mo el ganado lo compran solamente ocho ó diez sugetos de Goate- 
mala, éstos por punto de gobierno están obligados á abastecer a- 
quella ciudad, dando cinco ó seis libras de carne, sin sebo ni gor- 
dura por un real, formando esta proporción al precio de la feria, 
que por lo regular es de cinco á seis pesos cada res, y solo un año 
dicen, que una partida que compró don Fernando de Corona su- 



FERIA DE LA LAGÜNILLA. 255 

bió á siete. 

Ya he dicho que son los regidores los compradores y abaste- 
cedores, y como todo lo sugetan en sí, matan solo aquellas reses 
que les parece, y si son 20 ó 30 en cada día, publican que son 60, 
y 70: engaño, que justifiqué en el año antecedente, que queján- 
doseme el pueblo, de que no abastecían las carnicerías, llamé al 
síndico personero, y haciéndole cargo de la falta de un abasto tan 
preciso, me dijo, que todos los dias se mataban 50 bueyes, á que 
le mandé, que en lugar de aquel número matasen cuantos fueran 
necesarios, pues de la feria hablan traído mas de 40 mil reses, di- 
jo, que se haría; y habiéndole preguntado al segundo ó tercero dia 
después por el número que se mataban diariamente, me aseguró, 
eran 70. 

Pero durando los clamores del pueblo, encargué á sugeto de mi 
satisfacción, se informase del número de reses, que diariamente 
se mataban, y habiendo cumplido la diligencia con la exactitud 
que correspondía, me aseguró que no llegaban á 30: que todo era 
un engaño á fin de libertar el ganado de la obligación, para ven- 
derlo en pié á 25 y 30 pesos cada uno, para abastecer otros pue- 
blos, y á mí mismo me dijo una mulata, que vendía carne por me- 
nor en la arruinada Goatemala, dando 14 onzas por un real, que 
cada res de las que mataba, le costaba 35 pesos, asegurándome de 
los feriantes que eran. 

Por lo expuesto vendrá V. E. en conocimiento de que ha sido 
providencia del Altísimo el que el rey me mande remediar y 
corregir los desórdenes de la feria de ganado de la Lagunilla, y 
desde luego podrá V. E. asegurar á su real clemencia, que yo cor- 
taré todos los abusos y perjuicios luego que llegue el tiempo del 
mercado y daré cuenta de los sucesos de él. 

El arreglo de la feria produjo el contrabando. En 1795 suenan 
garita en Cuajiniquilapa, la necesidad de guia para el arreo de par- 
tidas, autos y juez comisionado de la feria: lo fué este año el cor- 
regidor de Escuinta y Guazacapan, y aparece en Jalpatagua ha- 
ciendo pesquisa de ventas clandestinas de partidas arreadas por o- 
tras rutas desde Gracias y Sensenti hasta las inmediaciones de esta 
capital, procediendo en ella á virtud de despacho del superior go- 
bierno de 13 de enero, el cual entre otras cosas dice: sin embargo 
de las reiteradas providencias que se han dictado, proliibiendo las 
ventas clandestinas de ganados, hasta ahora nada ha sido bastante 



250 CAPÍTULO LXXXV. 

para contener á los infractores que animados del interés que sé 
prometen de este género de negocio, lo preparan estudiosamente 
de un año para otro: varios son los expedientes que penden en esta 
superioridad, promovidos de oficio sobre esta materia. Los precios 
que resultan en la información, así en compras clandestinas como 
de feria, son de nueve, nueve y medio, y diez hasta doce pesos. 

La Gaceta de esta capital de 20 de marzo de 1797 presenta un 
estado que manifiesta el que tuvo, dice, la feria de ganados vacu- 
nos, en el pueblo de Jalpatagua. Reses salidas de las haciendas de 
la intendencia de Comayagua 3975: salidas de la de León 10159: 
son por todas 14.134. Se consumieron en la manutención de los 

arreadores 114 

Se perdieron en el camino 1.186 

Murieron de epidemia 2.627 

Se vendieron en el camino por cansadas 1.593 

Llegaron al lugar de la feria 8.614 

Son las • . . . . 14.134 

En cédula de 26 de febrero de 1797 se ordena que la feria si- 
ga en Chalehuapa; y en la de 19 de setiembre de 1800, que para 
las posturas no se señalen libras, ni el abastecedor goce derecho 
exclusivo de venta: que faltando postor no se haga repartimiento: 
ni se obligue á las provincias á traer sus ganados, y cualquiera pue- 
da comprarlos y venderlos; con solo la obligación en el abastecedor 
de fijar tablilla del número de libras y sujeto en la calidad á la 
policía local, con recurso al gobierno superior, sin intervención de 
la audiencia. 

¡ gCDD — 



CAPÍTULO 85. 

Tejidos^ é imprenta* 

En cabildo de 23 de febrero de 1712, dice un artículo de ac- 
ta: vióse una petición del capitán Domingo Moscoso, en que pidió 
licencia para tener un obrador de paños y palmillas en la casa y 
hacienda que fué del alférez Pedro de Alraengor, de que se man- 
dó dar traslado al procurador síndico. En el de 11 de diciembre 
de 714 dice otro artículo: vióse una petición presentada por Salva- 
dor Cano, procurador de ios del número de esta corte, en nombre 



TEJIDOS, É IMPRENTA. 257 

del capitán Domingo Moscoso, en que pretende que este ayunta- 
miento informe á S. M. sobre la utilidad, que á esta ciudad se 
seguirá de que no se demuela y permanezca el obrage de fabricar 
paños que posee y fué de Pedro de Almengor, y se mandó hacer 
dicho informe. 

El ilustre nombre de Moscoso sigue con mas ventura el que se 
menciona en la Gaceta mensual de esta capital de noviembre de 
1729, en que se lee; los navios que se hallan surtos en el puerto de 
Sonsonate tienen aprontada la carga correspondiente á su buque; 
y esta se compondrá de alquitrán, brea, añir corte, cantidad de 
varas de las fábricas de algodón de esta ciudad, como son, lona, 
mantas, naguas, ó chapanecos, cotines de la nueva fábrica y asien- 
to de don Francisco Andonaegui. Fuentes lib. 5 cap. 9, menciona 
por este tiempo cinco obrages de paños, palmillas, rajas, gergas y 
gerguetas. 

Se halla condecorada con el nombre de este empresario el acta 
de 23 de diciembre del mismo año, que dice así en un artículo. 
El sargento mayor don Francisco Miguel de Andonaegui hizo de- 
mostración de una real provisión, su fecha de 22 de diciembre, en 
que se le concede facultad por el superior gobierno de este reyno, 
para que pueda hacer la fabrica de rayadillo por diez años, y tra- 
ncarlos al Perú y Nueva-España, ofreciendo dar 300 pesos aplica- 
dos para penas de cámara. 

En la Gaceta de enero de 1730 se dá noticia de la salida de 
"un navio de Sonsonate para el Callao, pero solo llevó de registro 
brea, alquitrán, añir, y palo brasil. En la de febrero se da razón 
de la salida de otro con registro de gran cantidad de añir, brea, 
alquitrán, tabaco en polvo, palo brasil, y de las fábricas de algo- 
don, lona, cotines, mantas, y algunas maderas. En la de abril se 
anuncia la salida de otro, con solo gran 'cantidad de añir, brea, 
alquitrán, tabaco en polvo, palo brasil, y maderas: en la de mayo 
la salida con brea, alquitrán, gran cantidad de tabaco en polvo, 
añir, corambre y jarcia: en agosto, alquitrán, palo brasil, jarcia, y 
otros frutos: en setiembre tabaco en polvo, añir, palo brasil, y o- 
tros frutos. 

El célebre Andonaegui fué también envuelto en la contradic- 
ción. Un artículo de acta de 3 de noviembre de 17 33, dice: pre- 
sentóse una petición de don Francisco de Andonaejíui, asentista de 
ios cotíes, en que espresó estarse siguiendo demanda por el señor 
TOM. 2. (34) 



^.1*"^ 



258 CAPÍTULO Lxxxy. 

síndico, sobre que se extinga este asiento: q\ie las causas en qxté 
se funda son inverosímiles; y que contra ellas eran ciertas la» prue- 
bas y la utilidad común. 

Después de semejante contratiempo, los tegidos deben haber 
prevalecido, porque mas adelante ya se mencionan distintos atra- 
sos. Echevers en su ensayo mercantil el año de 1742, dice: el al- 
godón es sin duda el fruto mas importante y útil, pues con su tra- 
bajo se sustenta una gran parte del pueblo, y á faltar esta noble 
producción, no serían suficientes todos los dema» frutos, y minas 
para pagar la mitad del vestuario, que necesitan comprar sus ha- 
bitadores, y en tal caso sería este el pais mas pobre de la América. 
Algunos años es tan copiosa la producción de este fruto, que en 
sus cosechas abandonan mucha parte, dejándola que se pierda en 
el campo por falta de compradores: sígnense otros años de esterili- 
dad, por lo que escaseándose los hilados, muchos tejedores de es- 
ta ciudad no hallan en que buscar su sustento, como ha sucedido 
en estos tres años pasados, que han ajustado la cuenta de mas de 
600 telares parados. 

Este desorden dice todavía, proponiendo la formación de una 
compañía, era fácil de remediar, porque destinando un caudal pa» 
ra compra de algodón en greña en los años abundantes, y tenién- 
dolo almacenado para los de esterilidad, no solo se correjiría el 
desorden, sino que siempre estarían en esta ciudad los telares en 
corriente, con que se proveería la necesidad del reyno, y después 
se hallarían sobre 200 mil pesos de varios tejidos para el Perú- y 
Nueva-España. 

El mismo autor después de recorrer otras prodticcíones y las 
ventajas de su extracción para la riqueza, añade: á esto se debe 
agregar la inclinación de este pueblo á las artes mecánicas coa 
tan primorosa y diestra habilidad, que sm tener mas luces, que la 
propia meditación consiguen la fábrica de todo cuanto^ emprenden. 
El año pasado, la falta de alambre de Europa suplieron^ csn hacer 
aquí para el gasto de la ciudad, y para ventas que hicieron á los 
peruleros: otro por curiosidad hizo un órgano de papel de bellas 
voces: otro hizo una máquina pneumática para extraer el viento, 
sin tener noticia, que tal instrumento hubiese en el mBndo. 

Uno de los ingenios aficionados de que habla aquí este escritor, 
puede haber sido alguno délos pp. don Nicolás y don Francisco, ó 
don Antonio López que después se cree hicieron los órganos 'lelcor© 



TEJIDOS, i IMPRENTA. 259 

del monasterio de la Concepción, de S. Cristo v^l Chiquimula, y Can- 
tel délos Altos: fueron hijos de Pedro López capitán de ingenieros, 
que parece dispuso la anivelacion del agua que por sierra hecha 
á mano se llevó de Canales al valle del rio de las Vacas por el año 
de 1735, según razón que existe al principio del libro de confir- 
maciones de aquella antigua parroquia. Don Antonio tuvo é ins- 
piró la misma apHcacion á don Francisco López, que fabricó los 
órganos del coro del monasterio de Santa Catarina, el de Santo 
Domingo, que acabó, y los de los Dolores del Cerro y Dolores de 
abajo, de los cuales uno quedó en la Candelaria, el del Oratorio de 
San Pedro, que pasó á la iglesia de Señor San José en la capital y 
el de Cuscatasingo en la provincia de San Salvador: don Francisco 
fué padre de don Vicente, que hizo el antiguo de Capuchinas; y 
de don Mariano, que ha hecho los que hoy están en servicio en la 
Catedral, Recolección, Congregación de San Felipe Neri en la Nue- 
va Guatemala; en la Antigua, los de San Sebastian, Señor San Jo- 
sé y el Calvario; el de Amatitan, San Martin y otros; y así mis- 
mo fortepianos, aventajados en finura de voces y primor de su es- 
tructura. No son de olvidar Juan de León, que mediado el siglo pa- 
sado hizo el órgano de Belén, y su hijo el de la Merced; ni Pedro 
de Sánchez que hizo en la misma época el reloj del Seminario, y el 
p, don Juan, su hermano, el del propio convento de la Merced. 

El otro ingenio, sin duda sobresaliente é inventor, que mencio- 
na Echevers, debe ser el p. don Juan José Padilla, de quien habla 
Juarros entre los varones ilustres, y pondera su tratado de Arit- 
mética. Por esta obra se conoce que poseía esta ciencia: enseña el 
modo de extraer las raices cuadrada y cúbica, y mejoró las opera- 
ciones por decimales en aquel tiempo: muestra el de averiguar sin 
^pactas ni letras dominicales, las fiestas movibles, y las conjuncio- 
nes de la luna, hasta el año que se quiera, solo por reglas de arit- 
mética: el de medir superficies y sólidos, y toda clase de combi- 
naciones, con otras muchas reglas útiles y curiosas: lo que prue- 
ba una gran capacidad é instrucción en las matemáticas. Escribió 
también una Arca de Musurgia musaríthmica en 4'» con ll fojas: 
contiene á su juicio el modo con que cualquiera, aunque sea igno- 
rante en la música, pueda en breve tiempo componer perfecta- 
mente melodías de todo género, á dos, tres, ó mas voces, con infi- 
nita variedad; aunque no se ha hallado el secreto de verificar. Es- 
tá á la vista así mismo una caja de estructura suya de una sesma 



260 CAPÍTULO LXXXV. 

de largo, cuadrada de una pulgada de grueso con las piezas sf-^ 
guientes. 1» En el anverso un reloj de luna, realizado y simplifi- 
cado el de Tosca, en un círculo movible de latón, que según el mo- 
vimiento que se le dá, presenta las diversas faces de la luna: tiene 
este círculo una ventanilla por la cual se descubren los dias de la 
luna, y un espejo azogado en el centro, donde debe representarse 
la luna del cielo, y esta, por medio de un arco, señala la hora, no 
solamente de noche, aun cuando está muy pequeña, sino también 
cuando se ve de dia: lo cual se ha verificado. 2» En el interior de 
la caja, una tabla con las alturas del polo de varios lugares del rey- 
no y ambas Américas. 3» Abierta la caja queda un reloj de sol con 
su aguja de marear. 4» En el reverso de la caja está colocada una 
tabla para entender el áureo número y epacta de cada año hasta 
el de 1800. También está un lunario perpetuo: compuesto de dos 
círculos movibles de latón; por la abertura del círculo mayor se 
descubre la epacta del año correspondiente: en el círculo menor 
describe los dias del mes para saber los dias que debe tener la lu- 
na, y cuando es conjunción ó llena. Estos mismos círculos sirven 
para demostrar la hora en que debe salir la luna. La instrucción 
de su puño es de 729. Existe igualmente en casa particular un 
reloj de construcción suya en una figura sexagonal de siete pul- 
gadas de ancho y cuatro de alto todo de latón de bolante con las 
doce horas para el dia y doce para la noche, mientras que el mi- 
nutero corre todo el círculo de sesenta minutos. Tiene dispertador, 
diario, meses, lunario y signos del zodiaco, dos campanas en dúo, 
la una para los cuartos y la otra para las horas; todo trabajado 
con primor y perfección. 

Prosigue, Echevers y concluye diciendo: al impresor de esta 
obra, que lo fué en 1742 don Sebastian de Arévalo, la necesidad, 
dice, le puso en la empresa de hacer las matrices para la imprenta 
con que trabaja, que hasta ahora en ninguna parte de la América 
se han fabricado, ni aun creo que en España. Imprenta hacia tiempo 
habia en Guatemala, y mucho antes en el Perú y Nueva-España. El 
Concilio provincial III mexicano, que no se habia impreso, según 
se refiere en el privilegio real para su impresión, sale á luz por 
primera vez. en la metrópoli que entonces era de este arzobispado 
el año de 1622. Las constituciones sinodales del obispado de la ciu- 
dad de la Paz se imprimen en Lima en el de 1639. Ximenezlib. 5 
cap. 20, refiriendo, como el presidente Alvarez Rosica de Caldas 



TEJIDOS, i IMPRENTA. 26 I 

escribió al rey una carta, proponiendo ciertos capítulos, para que 
se le concediese la conquista del Lacandon, expresa que la hizo 
imprimir en esta ciudad, y fué la primera pieza, que se imprimió 
en la imprenta, dice, que poco antes el año de 1660 por el mes 
de julio avia entrado en Guatemala, que antes no la avia. 

Esta fué de Joseph de Pineda Sbarra, en la que se imprimió 

íl año de 1663, un tratado theológico, cuyo volumen comprende 

^728 páginas en columnas de letra clara y uniforme, bien cortado, 

íncuadernado y asentado como en Europa. En 1673 se imprimió 

)tro volumen en 4» de menor letra en columnas con 408 páginas 

[ue contiene nueve sermones predicados en la canonización de S. 

*edro Pascasio, y una dilatada relación de las fiestas hechas en 

f:^lla, dispuesta por fray Roque Nuñez, sugeto de vasta erudición 

i-piitológica y otras bellas letras, que emplea muchas piezas de poe- 

»a, propias y agenas: entre éstas puede citarse una canción fúne- 

^bre á la muerte del santo mártir, hecha por el padre fray Miguel 

'leí Valle. 

Cortaste, parca fiera. 

La vida que rescata muchas vidas. 

¡O fieros! ¡O obstinados homicidas! 

¡O Átropos severa! 

¿Por qué tan obediente 

Convienes con el golpe, que inclemente 

Ejecuta la mano 

De un bárbaro, de un ciego sarraceno? 

No es triunfo tuyo: no, que su veneno 

Le degüelle tirano. 

No niego, que tú matas, 

Y que de nuestros cuerpos desatas 

Las almas mas unidas; 

Pero es natural muerte, aunque es extraña 

Al hombre, la que hace tu guadaña. 

Mira, pues, cuantas vidas 

En captiverio dejas. 

¡Triste del que á la muerte le dá quejas! 
Sería extraño no quedase rastro en el pais, de haber escucha- 
do éste un siglo antes á Juan Mestanza de Rivera, admitido al Par- 
>aiaso por Cervantes, y que se sabe por informe de la audiencia de 
19 de abril de 1 589, haber sido entonces alcalde mayor de Sonsonate. 



2G2 CAP. IXXXV. — TEJIDOS, IMPÍIENTA. 

Habiendo fallecido el venerable hermano Pedro de san Joseph 
Betancurt en el mes de abril de 1667, se celebraron poco después 
sus honras, y el sermón, que predicó don Gerónimo Varaona de 
Loayza, comienza así. Si es para llorada la muerte de un amigo, 
¿ que será la de un amigo y hermano ? Mas ¿ que será la de un her- 
mano, amigo y padre? ; O muerte cruel I tantas veces cruel, cuan- 
tos fueron los estragos, que de un golpe solo hiciste: muerte ava- 
ra, que con una sola vida que quitaste, quitaste á tantas vidas el 
aliento. ¿Qué hiciste? No te bastaba quitar á los pobres el susten- 
to, ¿ para qué quitaste á los huérfanos su amparo? No te bastaba 
quitar á las cárceles su alivio, ¿para qué quitaste á los liospitales 
su socorro? No te bastaba quitar á los vivos su alegría, ¿ para qué 
quitaste á los muertos los sufragios? Pues todo lo quitaste, con qui- 
tar la vida al hermano Pedro de san Joseph. ¡ O ! Lloren todos pér- 
dida tan de todos, y si les diere lugar el dolor, prediquen todos 
sus honras, solo con repetir sus beneficios: predíquenlas los pobres, 
predíquenlas los huérfanos, los desvalidos, los enfermos, los vi- 
vos, los muertos; pues todos debieron á Pedro beneficios. 

De su vida escrita por el padre Manuel Lobo de la Compañía, 
reimpresa en Sevilla en 1683, puede hacerse juicio por el pasage 
del lib. 2 cap. 26, en que se menciona el marques de Talamanca 
hecho alumno del hermano Pedro, y dice así: Cuatro meses antes 
de sacarlo la divina providencia de esta vida, le encaminó hasta po- 
nerle en sus manos á un caballero de conocida nobleza y experi- 
mentada capacidad, prendas propias de un superior, para que sea 
respetoso y acertado. Hallándose en la mas florida lozanía de su 
juventud fué gobernador y capitán general de uno de los mas prin- 
cipales y honrosos gobiernos, que S. M. provee en estas provin- 
cias, con tan singular aplauso, que parece se ensayaba desde enton- 
ces en la justicia, el valor y la prudencia, con que atendía al ser- 
vicio del rey, para gobernar después con la misma y mayor rec- 
titud una nueva compañía en servicio de Dios. Admiró los ejem- 
plos, y atendió á la enseñanza del hermano Pedro, con que no so- 
lo se movió á dar cuanto tenia á los pobres, sino que se redujo á 
servirlos en el hospital, vistiéndose de su humilde y penitente saco. 
Nunca le parecieron á este generoso atleta de la milicia de Cristo 
mejor las vanidades y oropeles del mundo, que cuando los con- 
sideró despojos viles de su animosa resolución. Por las calles mis- 
mas que paseó acompañado y servido de criados, llevaba sobre sus 



CAP. LXXXVJ. MANUSCRITO DE FUENTES. 265 

homoros á los indios y á los negros, cargándolos en la silla, para 
llevarlos á los hospitales, donde los revolvía en las camas, los a- 
gasajaba, y les traia á cuestas en las arquenas y cántaros el sus- 
tento, que le daban los fieles de limosna. 



CAPITULO 86. 

Iflaniiscrito de Fueiiteis. 

La historia del pueblo guatemalano pende de la acumulación 
de monumentos en que están consignados los hechos que la for- 
man. Merecen el primer lugar los escritos del adelantado don Pe- 
dro Alvarado. En el catálogo de los autores que cita el doctor Ro- 
bertson, se hace mención de dos relaciones de este capitán, dirijidas 
á Hernán Cortés, refiriéndole sus expediciones y conquistas en 
varias provincias de Nueva España, y se encuentran, dice, en el 
tomo primero de Barcia, uno de los historiadores primitivos de 
las indias occidentales, edición de Madrid de 1749: se mencionan 
también dos cartas del mismo don Pedro, que trae Ramos tomo III 
página 296, y cita el obispo Casas en el hbro de la destruicion de 
las indias. He aquí cuatro piezas interesantes, de que se carece en 
el pais. 

El segundo lugar corresponde á la memoria de las guerras de 
la conquista, formada por el caudillo de la reconquista, de que da 
testimonio Bernal Dias del Castillo en el cap. 64 por estas palabras. 
E ya que hemos hecho relación de la conquista y pacificación de 
Guatimala y sus provincias, y mui cumplidamente lo dice en una 
memoria que dello tiene hecha un vecino de Guatimala, deudo de 
los Alvarados, que se dice Gonzalo de Alvarado, lo cual verán 
mas por estenso, si yo en algo aquí faltare. Toma el tercer lugar 
el mismo Bernal Diíis, y de él no tíinto su obra impresa, cuanto 
una copla de su original manuscrito, que se ha citado otra vez, 
cuyas variaciones sin duda van fielmente señaladas en la primera 
con una manita, que es bastante frecuente. No obstante, el cronista 
Fuentes nota mutilaciones y adulteraciones hechas á este escrito, 
aunque no advierte cuales. El editor de la Gazeta de Guatemala en 
núm. de 18 de septiembre, de 797 da aviso de que don Juan Bau- 



264 CAPÍTULO LXXXVI. 

tista Muñoz, escritor de la historia general de América, solicita co- 
pia coetánea de la mui apreciable y pura historia que de estas par- 
tes escribió dicho autor para averiguar las alteraciones anotadas 
por el padre Ramón, coronista mercedario; y acaso no. se tuvo no- 
ticia entonces del que posee esta ciudad. 

El cuarto y mui importante lugar pertenece á las obras del be- 
nemérito obispo Casas, principalmente aquellas de que ha careci- 
do y carece el pais en la actualidad. Ha carecido de las dos his- 
torias apologética y general de las Indias de que da razón Reme- 
sal lib. 10 cap. 24. Los libros y tratados, dice, qué de propósito 
escribió, según están impresos y escritos de mano en el depósito 
del muy insigne colegio de san Gregorio de Valladolid, son los si- 
guientes. Un volumen grande de 830 hojas de á folio de su misma 
letra, cuyo título es. Apologética historia sumaria, cuanto á las ca- 
lidades, disposición, discrepcion, cielo y suelo destas tierras, y con- 
diciones naturales, políticas, repúblicas, maneras de vivir, é cos- 
tumbres de las gentes de estas indias occidentales y meridionales, 
cuyo imperio soberano pertenece á los reyes de Castilla. La causa 
final de escribilla fué, dice el prólogo, conocer todas y tan infini- 
tas naciones deste vastísimo orbe, infamadas por algunos que no 
temieron á Dios, publicando que no eran gentes de buena razón 
para gobernarse, carecientes de humana pulicia y ordenadas re- 
públicas. 

Escribió también el Sr. Obispo, continúa Remesal, una histo- 
ria general de las indias, de la cual yo solo he podido ver dos to- 
mos. Añade que dice en el prólogo, haber acabado de escribir el 
año de 1.559, y el encargo de no publicarse su obra antes de cua- 
renta años, estar firmado en el de 1560: por lo que advierte, que 
Antonio de Herrera, que tomó tanto de ella, no imprimió la su- 
ya hasta el de 1600. Estas obras deben contener mucho de Gua- 
temala, tanto mas cuanto su autor no solo trató y habló con los 
que estaban instruidos de las cosas de la tierra, mas también mo- 
ró y tuvo oficios en ella. 

La obra que poseyó, y de la que acaso carece hoy Guatemala, 
es la que trata del único modo de vocación de las gentes al cristia- 
nismo, en la cual ocupa Remesal todo el capítulo nono del lib. 3«, 
y refiere que el autor afirma que todas las de estas Indias eran in- 
geniosas, y aun mas que otras para el gobierno de la vida huma^ 
na, y después de probarlo por causas universales y particulares, y 



MANUSCRITO DE FUENTES. 265 

aun accidentales, lo testigua con las maravillosas y subtiles obras 
que hacen por sus manos de todas las artes mecánicas: acerca de 
lo cual no se propuso hablar Remesal, sino que prescindiendo de 
indagar las antigüedades de pais, desde luego lo supuso sujeto al 
Anahuac. Si, como opina el doctor Mier, este libro fué escrito en 
el territorio, él debe contener noticias del ingenio, industria, y cos- 
tumbres de sus habitantes. El propio Remesal en el cap. fin. del 
lib. 10 expresa, que el señor Casas parece hizo muchos traslados 
de este libro, porque yo he visto, dice, cuatro de ellos: el que está 
en el Colegio, el que yo tengo, otro en la Nueva-España, y otro en 
poder del licenciado Antonio Prieto de Villegas, cura de Mazalte- 
nango, en la costa de Guatemala, y todos de una misma letra. Xi- 
noenez lib, 3 cap. 62 quita la esperanza, de que exista algún ejem- 
plar en Guatemala, porque no se halla, dice, ni se vé, para valer- 
se de su maravillosa doctrina. 

Ya que existe la historia general del cronista Herrera, Juarros 
no aprueba su uso. Deseando, dice en la introducción á sus tra- 
tados, la mayor exactitud y puntualidad en las noticias, no nos he- 
mos valido de las que se hallan en las geografías é historias gene- 
rales de Indias... Pero si algún recelo puede caber en cualesquiera 
otras, no en la de este escritor, y muclio menos en la del señor 
Casas, de que tomó la suya Herrera, y en la que no sería extraño 
estuviesen resumidas otras relaciones, que deben estimarse nacio- 
nales, por haberse escrito en Guatemala, ó fuera de ella, por per- 
sonages pertenecientes áella. El propio Herrera, en la dcc. 6 lib. 3 
cap. 19, hablando del presidente del consejo, escribe: también me 
dio los papeles, que para este efecto enviaron los presidentes de las 
audiencias reales, gobernadores y ministros de todas las partes de 
las Indias. Vi también, añade, treinta y dos fragmentos manuscri- 
tos é impresos de diversos autores, con lo que dijeron fray Bartolo- 
mé de las Casas, santo obispo de Chiapa, y el doctísimo Juscpe de 
Acosta, de la Compañía de Jesús, y las memorias del doctor Cer- 
vantes, deán de la Santa Iglesia de México, varón diligente y eru- 
dito. El mismo Remesal, discumendo acerca de esta obra del se- 
ñor Casas, dice: es la historia, á quien mas crédito se debe dar, 
que á otra ninguna de las Indias; y es mucho de alabar el coro- 
nista mayor de las indias, Antonio de Herrera, que con su buena 
elección en lo que escribió, se aprovechó mas de esta historia. No 
Hpría, pues, temeridad, estimarse la de Herrera nacional. 
TOM. 2. (3G) 



^ 2Q6 CAPÍTULO Lxxxvr. 

Acerca de Remesal, nada ocurre decir, sino que hay noticia de 
existir una copia del original, pertenecieiite á los archivos de la 
federación, con que convendría cotejar la impresión para serfeisfa- 
cerse de si las difíeultades de ella obligaron al autor a alguna tran- 
sacion; y pasando á tratar de Tomas Gage, irlandés, de cuya his- 
toria primero solo hubo tiempo de copiar dos capítulos, y después 
se obtuvo ejemplar traducido; aunque no sea alabada en la Gaceta 
de Guatemala de 15 de mayo de 1797, y á juicio de su autor se 
encuentran en ella como llovidas las anécdotas; todavía no habien- 
do datos para discernirlas entre sus narraciones, éstas van con- 
signadas en su lugar respectivo á precio de mercado. De esta obra 
dicela Nueva Biografía, liaber sido publicada en t651: que Col- 
bert la hizo traducir al francés; y que la novedad del asunto la pu- 
so muy en moda. Según la misma Gazeta, corre en el tomo 21 del 
Viagero Universal, sin duda traducida al castellano. 

Por el año de 1680 se publicó la Recopilación de Indias y fue- 
ron reducidas á leyes órdenes antiguas ya olvidadas, entre ellas 
una de 25 de junio de 1578, que es la ley 30 tít. 14 lib. 3, en que 
para que se pueda proseguir la historia general de las Indias con 
fundamento de verdad y noticia de los casos y sucesos dignos de 
memoria, se ordena á los vireyes,. audiencias y gobernadores ha- 
gan ver y reconocer los archivos y papeles que tuvieren por per- 
sonas inteligentes, y los que tocaren á la historia, así en materias 
de gobierno, como de guerra, descubrimientos y cosas señaladas, 
que en sus distritos hubieren sucedido, nos envíen en originales ó 
copias auténticas. Esta ley junto con la proporción que entonces 
¿/2jp habla por primera vez, de imprenta, enardeció en Guatemala el 
f espíritu amortiguado de escribir, y andando^ el tiempo produjo va- 

rios escritores. 

Uno de éstos fué el regidor Fuentes, de quien se habla en ac- 
ta de 6 de mayo de 1689. En este cabildo, dice, pidió el capitán 
don Francisco Fuentes y Guzman, regidor del, y que está escribien- 
do la historia general de este reyno, se le entreguen unos pape- 
les concernientes á la dicha historia, que están en el archivo se- 
creto de este cabildo. Otra de 29 de octubre siguiente, dice: el 
capitán don Francisco Antonio de Fuentes y Guzman, regidor y 
coronista de este reyoo, para efecto de comprobar lo que escribe 
en la historia pidió del archivo secreto de este cabildo los papeles 
siguientes. En la minuta ocupa cuarto lugar. Un mapa del cabildo 



MANUSCRITO DE FUENTES. 267 

%k Almolonga. Lo que denota haber acaso habido á las manos 
estos primeros hombres el general del reyno hasta Veragua, que 
Cortés sacó del Peten ea su tránsito para Trujillo. Juarros, atribu- 
yendo á este escritor el mismo titulo de cronista general de este 
reyno, cuenta, que escribió su historia en tres tomos en folio. Des- 
de luego tuvo presente el autor las leyes 1 y 2 tit. 24 lib. 1, que 
prohiben pueda imprimirse, ó impreso pueda pasar á estos reynos 
libro alguno, que trate materias de indias, no teniendo especial 
licencia despachada por el consejo. Para obtenerla, envió este la- 
borioso escritor la primera parte de los suyos; y en cédula de 2G 
de enero de 1691, se avisa, quedarse viendo en el consejo la his- 
toria del reyno de Guatemala escrita por don Francisco Antonio 
de Fuentes. 

Entre tanto este escritor, habituado á indagaciones, se anuncia, 
haber hecho hallazgos felices. En cabildo de 29 de julio de 1692, 
el capitán don Antonio de Fuentes y Guzman, dice el acta, trajo 
á esta sala siete peticiones escriptas en cortessas de árboles. Mas 
eomo Ro se hace otna explicación, semejante antigüedad, en su 
caso, debe pertenecer á época de primeros pobladores. Aunque la 
primera parte de la obra de este escritor fué aprobada en el con- 
sejo, todavía para darle el título de cronista del reyno se esperaba 
ver la segunda, le dice don Francisco de la Calle Madrigal, caballero 
de la orden de Santiago, deudo suyo, en carta de l» de noviembre de 
692; y en otra de 30 de mayo de 694 te avisa el agente Calde- 
rón que del fiscal habia pasado á un consejero, luego al oficial se- 
gundo de la secretaria, que habia venido de oidor á México, y no 
parecía roas, según advierte el autor cap. 9. 

El capitán Nicolás de Valenzuela pasó de escribano á escritor 
el año de 1695; porque siéndolo de cámara y gobierno, y acom- 
pañando al presidente Barrios en la jornada al Lacandon, tuvo 
la curiosidad de describirla con presencia de documentos oficiales, 
y lo hizo muy menudamente en 26 capítulos, que forman un vo- 
lumen con 402 fojas. La autenticidad de la relación no es la me- 
nor parte de la importancia de este manuscrito, que quedó inédito. 
Pero Ursúa, que emprendió la jornada con mejor éxito, logró, que 
resumiéndose la relación de la primera, escribiese en España la his- 
toria de ambas el licenciado don Juan de Yillagutierrcs y Soto-^Ia- 
yor, relator del consejo, y se imprimiese en Madrid con privilegio 
real, dado en 7 de diciembre de 1700, por considerarse, dice la 



268 CAP. LXXXVI. MANUSCRITO DE FUENTES. 

reyna gobernodora; que obra de tanto trabajo cede en servicio mío, 
y lustre de la nación. 

Escribió tarabiea el regidor Fuentes una obra intitulada Nor- 
te Político, porque según parece lo daba al ayuntamiento, des- 
cribiendo los estilos de este cuerpo y sus individuos en sus jun- 
tas, en fiestas reales, en recibimientos de presidentes,, obispos, oi- 
dores, concurrencias al acuerdo, en visitas de cárcel, y asisten- 
cias con la audiencia, cabildo eclesiástico, tribunal de cruzada, 
y otras autoridades, sus costumbres y privilegios,, que condecora- 
ban al cuerpo y sus individuos. Se bace mención de ella en ac- 
ta de 7 de diciembre de 1700, que dice. Leyóse en este cabildo u- 
na petición presentada por el capitán don Francisco de Fuentes y 
Cilieza, en que exhibe un libro de cabildos antiguo que es el oc- 
tavo. Puntualmente este y el quinto faltan en la numeración délos 
que estaña la vista, y llegan á 45, que es buen guardar. Al ca- 
bildo eclesiástico, teniendo menos, falta el segundo. Comenzó, si- 
gue el acta, el dia 1° de enero, de 1589, y acaba el último cabildo 
á 6 de diciembre de 1599. Y al principio, dice todavía, pide se le 
entregue un libro manuscrito, que exhibió el capitán don Manuel 
de Fariñas, regidor de esta ciudad, intitulado Norte Político, escrito 
por el capitán don Francisco de Fuentes y Guzman, regidor de esta 
ciudad.. 

Por este tiempo no aparecen mas que tres sermones impresos 
en Guatemala, dos de san Pedro Pascasio, y otro de la Concepción 
de Maria, y sus títulos son como suena, y vá referido; á diferen- 
cia de uno de san Juan de Dios, impreso en Sevilla en 1680, que 
se titula: Mundo místico san Juan de Dios, discurrido en sermón: 
otro de san Juan Evangelista, impreso en México en 1689, que se 
titula, sermón del Gran Privado de Cristo, el Evangelista san Juan: 
otro en Puebla, el propio año de 89, que no se titula mas que 
sermón del Angélico doctor de la iglesia santo Tomas de Aquino: 
otro de Concepción, también en México en 1692, intitulado: Fábri- 
ca de luz sacada con fundamentos de sabiduría hecha á el dia del 
instante, en que se concibió sin mancha María Santísima Nuestra 
Señora. Lo cual denota, que á tiempo que en Guatemala y otras 
ciudades duraban los restos de la noble sencillez y grata expresión 
délos padres Peréa, provisor de Chiapa, y Cano, religioso dominico, 
que procedían del siglo de Granada; en la Península florecía un 
nuevo gusto, que ya se comunicaba á las grandes capitales de A- 



CAP. LXXXVII.— PRESIDEISTE BERROSPE. 2G9 

mérica. En México, ademas de estas materias, se iraprimian otras. 
Cuando el ayuntamiento de esta ciudad dispuso renovar sus or- 
denanzas, pidió las de aquella ciudad por medio de su correspon- 
sal, y en cabildo de 26 de junio de 1703 dá cuenta el escribano 
que las recibió impresas ► 



CAPÍTULO 87. 

Presidente Berrospe. 

La enfermedad y temprana muerte del presidente Barrios Leal, 
icedida el 12 de noviembre de 695, no fué el único efecto del 
lal éxito de su jornada al Lacandon: ni lo fué en la dispuesta 
"consecutivamente por la audiencia gobernadora, á cargo del oidor 
Amezqueta, la derrota y exterminio del capitán Yelasco con toda 
su gente hecho por las huestes indígenas del Peten: porque enca- 
denándose unos males con otros, trajeron el embarazo al sucesor, 
el señor Berrospe, posesionado de la presidencia dia 25 de marzo 
de 696. 

Ximenez lib. 5 cap. 81, hablando de este presidente, dice: era 
caballero de mui alta capacidad, gran papelista y mui político, pe- 
co desgraciado en parte de su gobierno: halló mal humorado el 
reyno con las cosas, que avian pasado en el tiempo de don Ja- 
cinto, con los agravios, que avia hecho, yerros notables que avia 
cometido, aunque involuntarios, en aquestas conquistas. 

Luego, tratando del gobierno de la audiencia, dice: no eran 
de menor cuantía los absuixlos del presidente de sala don Joseh 
de Escals; y al nuevo presidente, como hombre celoso, no solo die- 
ron en rostro los agravios, que á muchas personas de bastante 
categoría se habían hecho, sino también lo mucho que se avia 
disipado la hacienda real con tan poco fruto. 

La segunda jornada, que debiá enmendar los yerros de la pri- 
mera, no hizo, sino aumentar sus desastivs: por lo que el mis- 
mo Ximenez cap. 66, reílexionando sobre ellos, dice: eso sucede 
con estos señores garnachas, cuando pican de soldados. El presi- 
dente, atendiendo á la magistratura muestra sorpresa á la \ista del 
desconcierto que nota en la audiencia; y en auto acordado de 13 



270 CAPÍTULO LXXXVII. 

de junio y 3 de agosto siguientes, hace notificar á los oidores en sm 
casas la asistencia al tribunal á sus horas, el conocimiento y vota- 
ción de las causas, y en caso de indisposición por enfermedad que 
no fuese grave, la remisión de su voto por escrito al acuerdo. 

Obrando esta providencia efectos contrarios, en pliego puesto 
en acuerdo del mismo dia 27 de agosto, les dice. Habiendo visto 
en el acuerdo del jueves 23 de este una consulta hecha por el señor 
oydor alcalde de corte don Joseph Scals, y una petición del señor 
oydor alcalde de corte don Bartolomé de Amezqueta, presentadas 
en la audiencia del miércoles 22, sin dejar de advertir la variedad 
en la forma de sus escritos, y la elección que hicieron de esta real 
audiencia para presentarlos, cuando debió ser en el gobierno su- 
perior, á quien privativamente toca el contenido de dichos escri- 
tos, ó discurriendo jurisdicción dominante, haber recurrido á este 
real acuerdo, en que claramente, continuando como hasta aquí, en 
invertir el orden y estilo, tan de la voluntad y servicio de S. 
M; manifiestan su poca ó ninguna advertencia, en cuanto he solici- 
tado poner derechas las reglas y disposiciones para que sin confu- 
sión ni desasosiego del reyno se administre justicia, poniéndose ca- 
da jurisdicción en sus límites, siendo tan claro que únicamente to- 
ca el gobierno de las audiencias y del reyno á los vireyes y presi- 
dentes, y que en los casos de mero gobierno no hay ni puede ha- 
ber otro recurso que el del supremo consejo de Indias, y cuestionar 
en resolución tan fundada y práctica, es culpa tanto mas grave cuan- 
to es mayor la obligación de saberla, y mas torcido el fin de In- 
culcarla. 

Deseando yo, prosigue, atajar el cáncer que procedía de la pre- 
version de tribunales, y viendo se ocupaban mas en la disputa de 
rencores que en el ejemplo y fiel administración de justicia, con 
graves perjuicios de la integridad del tribunal, y paz pública; pro- 
vey entre otros autos de buen gobierno uno que sirviese de orde- 
nanza en las visitas de cárcel, donde intentó el dicho señor don 
Bartolomé de Amezqueta introducir novedad contra la authoridad 
de mi puesto. 

Para repetir los actos de inquietud y turbar la paz, en que he 
puesto este tribunal, y con él todo el reyno, introduciéndose es- 
tos dos señores ministros con la sutileza de dar título de notifica- 
ción á la real audiencia, queda desvanecido este arte con la expe- 
riencia que he dado en solicitar la mayor estimación de los señores 



PRESIDENTE BERROSPE. 271 

ministros y veneración del supremo tribunal, en cuanto ha tocado 
en mi tiempo, y estaba ajado y perdido cuando tomé la posesión. 
Divertida esta audiencia en bandos y discordias de señores mi- 
nistros con señores ministros, dándose escritos indecorosos y per- 
mitiendo que los ministros inferiores y abogados cabilosos, patro- 
cinados délos que dominaban, presentasen peticiones desacatadas, 
y no dignas de admitirse por la gravedad del tribunal, calidad y 
representación de los ministros, á quien zaerían, de que resultaba 
ni haber asistencia de los ministros inferiores, ni en los superiores 
guardarse la forma y estilo en las horas de audiencia, que tienen 
todos los consejos supremos y chancillerías de los reinos de Casti- 
lla y éstos, con que totalmente estaba parada la administración de 
justicia, determiné por auto la precisa asistencia y hora de au- 
diencia: 

Y porque al paso que me desvelo en la aplicación de los reme- 
dios, se intentan perturbar, no habiendo otro medio, se quiso in- 
troducir la dilación de votar los pleitos con la escusa de no haber 
estudiado, á cuyo daño ocurrí con el medio de señalarlos de un dia 
para otro, hasta que tomando por último pretesto el de quedarse 
en casa por enfermos, por otro auto hordené, que el señor que es- 
tuviese malo, inviase sus votos por escrito. 

Y porque, ni ay jurisdicción en la real audiencia para conocer 
de las operaciones que ejecuto de mero gobierno, ni de unos seño- 
res ministros con otros, el admitirse semejantes consultas y peticio- 
nes sobre ser contra la dignidad del puesto que obtengo; es suscitar 
la sedición. Y manifestándose claramente, que el oponerse estos dos 
señores á estas y otras disposiciones que he dado, es querer provo- 
carme, y tomar motivos para refugiarse, ausentarse, ú obligarme á 
que ejecute alguna deliberación, antes que venga la resolución que 
temen de S. M. me veo obligado á manifestar que mi deseo es que 
el tribunal se mantenga en decoro, en paz, y con libertad en los 
votos. Y por que se han echado voces de que yo destierro, ó pren- 
do algunos señores ministros, protesto que ni lo he intentado ni 
me moveré á nada, sino es en el caso, que no bastando estas re- 
petidas protestas, me vea obligado á atajar los daños que pueden 
seguirse; no conteniéndose en su obligación y concurriendo áque 
yo pueda cumplir con la mia sin estorbos ni inquietudes. 

Ximenez cap. C6 refiere, que el oydor Escals logró el expedien- 
te de ir á hacer visita á la provincia de Cliiapa, donde le ocurrió 



272 CAPÍTULO LXXXVIT. 

suscitar otras diferencias. El obispo, cuenta Villagutierre 1. G cap. 
1, habia desaprobado mucho la saca de indios, y requisición de sus 
muías para avíos del ejército en su tránsito al Lacandon, sobre que 
se expresó mui agriamente en carta que escribió á Ococingo al maes- 
tro de campo Vargas, quien la pasó al oydor Escals, encargado 
entonces del gobierno; y recordando ahora á tiempo de la \isita es^ 
ta especie, se propuso mortificar al obispo. Tenia su poco de ere- 
ge sacramentarlo, dice Ximenez, é hizo cosas execrables, sobre que 
lo tuvo descomulgado el señor obispo de aquel obispado, donde 
dejó unas ordenanzas contra el Santísimo Sacramento. En cédula 
de 25 de abril de 698 lo que resulta es, que sin embargo de aver 
la audiencia, moderado y anotado dichas ordenanzas, la inquisi- 
ción de México poco tiempo después izo publicar edicto mandándo- 
las recojer, y notificar al archivero de la misma audiencia, que pe- 
na de excomunión mayor, y de 200 ducados exibiese orijinales 
las hechas por el visitador, sobre cuyo punto á pedimento del fis- 
cal se formó competencia por parte de la audiencia. El rey decla- 
ra, que no debieron publicarse las ordenanzas, que para gobier- 
no de esta provincia izo el oidor visitador, por contener expre- 
siones injuriosas á la dignidad episcopal. Ximenez añade, que Es- 
cals fué llamado á España. 

Quedó el oidor Amezqueta, á quien no pudo faltar alguna nue- 
va ocurrencia: porque estando de presidente de sala, en ausencia 
del señor presidente el dia 20 de febrero de 699, le puso consul- 
ta el señor obispo de la diócesi, acompañándole unos autos, y pi- 
diéndole imparticion del auxilio real para una prisión. El señor 
Amezqueta en el mismo papel puso que se trújese al real acuerdo 
de aquella tarde, escribiéndolo de su letra, y rubricándolo. Estan- 
do en el acuerdo, el oidor Ozaeta puso reparo, en que la petición 
no se hacia á la audiencia, ni el decreto venia autorizado: cuyo 
parecer siguió el oidor Duardo. El señor Amezqtieta tocó la cam- 
panilla, llamando al escribano; Ozaeta le intimó no entrase. A- 
mezqueta propuso, que de una manera ú otra se proveyese, de- 
sechando la petición, ó admitiéndola. Ozaeta hizo ademan de vol- 
verse á su casa. Amezqueta le replicó: no se vaya U. S. que yo me 
saldré; y se levantó á llamar al escribano, que autorizase su proveí- 
do, y volviendo á tomar asiento, habían ya dejado el suyo Duar- 
do y Ozaeta, pidiendo y tomando sus capas. Amezqueta mandó al 
portero cerrase la puerta, y al cerrarla, le dijo Ozaeta, abra U. 9 



PRESIDENTE BERROSPE. :¿iO 

nos perdemos todos: abra pues, le dijo Amezqueta, para que na- 
die se pierda. Salieron en efecto, y yendo por el corredor, salió es- 
te último, y les dijo en voz alta, que volviesen al acuerdo, que de 
parte de su magestad les requería, y les hacia cargo del escándalo, 
y dauos que se siguiesen. Sin embargo, prosiguieron su camino. 
Amezqueta mandó todavía, al escribano fuese en su alcance á la 
escalera, ó patio, y los redujese á volver al acuerdo, y se volvió 
sin conseguirlo: de lo cual hizo narración en la propia fecha, y 
firmó Amezqueta. El señor Duardo, pasados días, que la vio, hi- 
zo también la suya en 16 de marzo, razonando su retirada, con 
que el señor Amezqueta, airado, había salido primero, desampa- 
rando, y desatendiendo la soberanía del real acuerdo: el señor Ozae- 
ta puso la suya, manifestando, que el presidente de sala, en au- 
sencia del señor presidente, que se hallaba á distancia de seis le- 
guas, pudo impartir por sí el auxilio real, como lo hizo al otro día, 
que ocurrió de nuevo el R. obispo; y que ni como oidor, ni como 
alcalde de corte, ni como presidente de sala, pudo poner provey- 
do para el acuerdo, que únicamente tocaba al señor presidente, 
gobernador del rey no. 

Ocurrieron otras diferencias que no merecen el nombre sino 
mas bien el de entereza entre los individuos del tribunal, que con- 
trapesada con la cordura de la discusión, redundaba en su explen- 
dor. En 22 de junio inmediato, con ocasión de haber salido el oi- 
dor Duardo con comisión del gobierno superior á poner por obra 
un beneficio en las minas del Corpus de orden real, el oidor A- 
mezqueta pidió se hiciesen á su señoría el sr. presidente d. Gabriel 
Sánchez de Berrospe los requerimientos y protestas, que disponen 
y permiten las leyes, sobre que no se vulnere la jurisdicción del a- 
cuerdo, en cuanto al voto decisivo que tiene acerca de la sali- 
da de ministro togado á diligencias y comisiones: el oidor Ozaeta 
opuso que respeto de aver salido, según de público se decia, no 
era tiempo de dichas protestas y requerimientos. Reproduciendo 
en 9 de noviembre, que el oidor comisionado, exedicndo la co- 
misión, se daba por visitador, y ejercía jurisdicción civil y crimi- 
nal en todas instancias, y debía librarse inhibitoria, para contener- 
le en los límites de su comisión; Ozaeta opinó, que pasando ni se- 
ñor fiscal, y pidiendo éste, se resolvería con respeto al real servicio, 
á la causa pública, al decoro de la toga y estimación de un mi- 
nistro y compañero. Por último instando en 10 de diciembre, so- 
TOM. 2. (3C) 



Z/4 CAPITULO LXXXVIII. 

bre que el señor presidente no otorgaba apelación del superior go- 
bierno á la audiencia sin previa yénia suya, por lo que habia mul- 
tado, y prendido, y convenia representarle con modestia y entere- 
za: replicó Ozaeta, que no habiendo constancia de ello, no era lle- 
gado el caso, ni llegado que fuese, no estando presente, que era 
cuando lo permitían las leyes, sino ausente en Escuintepeque, 
tampoco debian hacerse; pues ejecutándolas de esta suerte, podrían 
causar inquietud, ó perturbación de la paz pública, y de la buena 
y urbana correspondencia, que S. M. quiere, que tengamos con 
nuestro presidente y cabeza superior. 



CAPITULO 88. 

Pesciui^idor jfladríz. 

El remedio que habría conducido para sosegar las inquietudes, 
que desconcertaban la audiencia el año de 9G, vino en el de 700, 
cuando ellas hablan cesado; é induciendo embarazos al tribunal, 
sembróse la turbación en la capital, y no menos en las provin- 
cias delreyno. El oidor Ezguaras, en acuerdo de 4 de abril de 1700, 
pide al presidente Berrospe, que mientras sale la gente, que hace 
viage á Panamá, ronde esta ciudad, por lo que importa, dice, á el 
sosiego de ella, por haber ocasionado notables inquietudes en ella 
el licenciado don Francisco Gómez de la Madriz, juez pesquisidor, 
y sus parciales. En el de G de setiembre se presentó una pe- 
tición por parte del padre Ignacio Azpeitia, rector del colegio de 
la Compañía, en nombre del señor licenciado don Francisco Gómez 
de la Madriz, juez pesquisidor que fué en esta ciudad, sobre la co- 
branza de los salarios de dicho pesquisidor; y se proveyó: Guár- 
dese lo proveydo; y lo proveído fué dar cuenta á su magestad con 
los autos de los motivos, que esta real audiencia tuvo para no man- 
dar pagar dichos salarios. 

El ayuntamiento se resintió del peligro. Un artículo de acta de 
18 de enero de 1701, dice. Se propuso por el capitán don Manuel 
de Solórzano, que respeto de hallarse esta ciudad y sus provincias 
con la grande inquietud, que se está experimentando, y que de 
ella se teme su pérdida total, y que es de la obligación de esta 



PESQUISIDOR MADRIZ. 275 

ciudad el consultar y dar cuenta del estado y conturbación en que 
se halla á los excelentísimos señores virey y Arzobispo de la Nue- 
va España, para que por parte de dichos excelentísimos señores se 
den aquellas providencias, que les parecieren competentes al ser- 
vicio de ambas magestades, paz y tranquilidad de esta república 
y su reyno, y habiéndose conferido la materia, acordaron unáni- 
mes y conformes, el que se escriba carta á los dichos excelentísi- 
mos señores, dando cuenta de el estado de esta república con la 
noticia de la venida del señor juez pesquisidor don Francisco Gó- 
mez de la Madriz á la provincia de Soconusco, y de los efectos que 
há causado. 

El oidor Ri va Agüero, con fecha 15 de abril de 701, dice. En 
el acuerdo de ayer 14 del corriente fui de sentir, que por ahora 
no conviene hacer novedad, ni proceder en manera alguna en las 
causas que traen origen de las comisiones del pesquisidor don Fran- 
cisco Gómez de la Madriz, por no aventurar la paz y tranquilidad 
que en esta república se ha empezado á gozar, por esperarse muí 
en breve providencia de S. M. que componga y ordene lo que pa- 
reciere digno de remedio, y por el reparo que se ofrece de que los 
ministros actuales de este tribunal no pueden ser jueces en dichas 
causas, respeto de considerarse lastimados y naturalmente quejosos 
y mal satisfechos de los procedimientos del referido pesquisidor. 

En la audiencia del dia 22 del propio abril, habiendo traído á 
ella el señor presidente algunas cartas y papelitos sueltos, en que 
confusamente se le participaba, que el pesquisidor don Francisco 
Gómez de la Madriz volvía azia estas provincias, y que algunos 
mulatos del partido de Escuinta se convocaban; el mismo oidor 
reprodujo lo contenido en el parecer antecedente, para que se le 
digese lo que convenia ejecutar en la materia, proponiendo, que 
tenia motivos para no interponer su dictamen en estos negocios. 

Juarros, hablando del presidente Berrospe, parece sigue esta nar- 
ración tan alegóricamente, que llena de obscuridad este pasage, por 
que dice: habiendo venido de visitador el licenciado Tequeli, hu- 
bo tales diferencias entre dicho letrado, y el presidente, que se 
dividió la república en dos bandos, llamándose Berrospistas, los del 
partido del presidente, y tequelies, los que scguian al visitador: es- 
ta división tomó tanto cuerpo, que llegaron á ponerse en arma, y 
el señor Berrospe murió, antes de serenarse la borrasca. 

No puede entenderse esto á la letra, porque los españoles de la 



276 CAPÍTULO LXXXVIII. 

presente época en Guatemala no eran los del sigla de la conquista. 
Estos, blasonando de guerreros, eran en la realidad soldados, no 
aguerridos todos, pero sí dispuestos al arma, y á batirse con un 
enemigo común de la nación: no asilos del siglo 17, que precián- 
dose de caballeros, no liacian uso de las armas, sino para la esgri- 
ma y el reto, y sus hazañas hubieron de ser abandonadas, luego que 
dado el ejemplo á nuevas castas, y transmitido á ellas el pundonor, 
tuvieron que temer un pueblo rival. Los españoles del tiempo de 
que se trata son mas moderados para empuñar la espada. 

El p. Juarros escribe con cordura y habla acaso aquí de otras ar- 
mas de que los caballeros de la tierra se sirvieron, comenzando el 
siglo 18, á saber: las del ingenio y el donaire, á que alude un edicto 
del ilustrísimo señor Navas, obispo de la diócesi, prohibiendo los 
pasquines, versos y coplones sátiros fabricados y desparramados de 
resulta, y por dependencias y consecuencias de los injustos proce- 
dimientos del pesquisidor don Francisco Gómez de la Madriz, man- 
dando su sefioría ilustn'sima consumir totalmente los que hasta en- 
tonces avia labrado la iniquidad de la maligna ociosidad, y de la 
enconada y torpe pasión, y que en adelante no se hicieran ni fa- 
bricaran algunos, so pena de excomunión mayor. 

Apesar de semejantes disturbios, no faltó persona abstraída del 
bullicio, que aplicándose sin duda con buena intención á cosas mas, 
útiles, dispuso componer una obra, de que se hace mención en 
cabildo de 12 de julio de 1701, en el cual leída una petición del 
escritor, solicitando licencia para reconocer los papeles del archi- 
vo para el nobiliario, que está escribiendo, se le concedió el que 
reconozca los privilegios de esta ciudad, con asistencia del capitán 
don Juan de Langarica y del maese de campo don Joseph Agus^ 
tín de Estrada. A consecuencia de los anales, que se consignaban 
en el nobiliario, se suscitó otro escritor, que contrapusiese un li- 
belo denominado tizón, que desde luego ofuscaba sus blasones y 
sembró una dilatada contienda de papeles. 

En cabildo de 27 de agosto de 701, un artículo de acta, refi- 
riéndose á la excomunión fulminada por el señor obispo, dice: cu- 
yo remedio fué por entonces tan eficaz, que mediante él, cesaron 
los dichos pasquines, papelones y versos sátiros, hasta el tiempo 
presente, en que de pocos días á esta parte han salido algunos que 
por poco nocivos se han tenido por yocosos, y el disimulo de ellos, 
su tolerancia, ó el menosprecio, que han merecido, ha ocasiona- 



PESQUISIDOR MADRIZ. 277 

do, que de tres ó cuatro dias á esta parte, se aia desparramado un 
cuaderno, que contiene mas de ciento y treinta coplones, antece- 
diendo á ellos mucho número de sátiras en prosa, en que su au- 
tor maligno, haciendo alarde de las sutilezas de su ingenio, des- 
cubre su perverso genio en macular, desacreditar y deshonrar á 
muchísimas personas seculares, con quienes envuelve á muchas 
eclesiásticas, que mereciendo por su buen ejemplo y solicitud del 
servicio de Dios, y por los empleos superiores que ejercen toda 
veneración, respeto y estimación se les atribuyen gravísimos defec- 
tos con irrisión y escarnio, mormurándoles aquellas ocupaciones, 
que por tocantes á la mayor honra y gloria de Dios, deben ser y 
son loables... Después de otras cosas, prosigue diciendo: de los cua- 
les se pueden recrecer, y justamente recela este ayuntamiento, re- 
sulten y se encadenen otros gravísimos daños, cuya comprensión 
no se esconde á la consideración de este cabildo. Mas adelante, di- 
ce: y por obviar, que las conciencias de los fieles se perturben, y 
en ellas se arraiguen odios, enconos y deseos de venganza, y que en 
nuestra santa fé católica no introduzga el trabieso genio ó diabó- 
lico ingenia alguna seta, ó eregía... Concluye ordenando, se ocurra 
de nuevo al señor obispo, y también al señor comisario de la san- 
ta inquisición. 

Ya se ha visto la división que se introdujo en España en los 
principios entre españoles moradores de la península, y españoles 
transportados á las indias: luego la que resultó entre españoles eu- 
ropeos, y españoles criollos; y en fin, la que se ocasionó entre crio- 
llos de antigua y reciente descendencia de europeos, no llevando 
bien los primeros el que los segundos se colocasen en igual ca- 
tegoría para la opción á oficios y encomiendas. Es de suponer, 
observan Ulloa y Jorge Juan lib. 2 cap. 6, que la vanidad de los 
criollos, y su presunción en punto de calidad se encumbra á 
tanto, que les parecen no tienen que envidiar en nobleza y antigüe- 
dad á las primeras casas de España. En Guatemala los unos y los 
otros aspiraban á superior nobleza y á su respectiva antigüedad, ó 
bien á disminuir la antigüedad y nobleza de sus competidores, y en 
fin á oponer descendencia de personas de otra nación ó color, pro- 
hibidas de pasar á las Indias. Es cosa graciosa, añaden los mis- 
mos escritores, lo que sucede en estos casos, y es que ellos mis- 
mos se hacen pregoneros de sus faltas recíprocamente: en otros paí- 
ses producirían estas disenciones sucesos mui lastimosos, si llega- 



278 CAPÍTULO LXXXVII. 

se á desfogar la ira en el uso de las armas; pero como esto casi 
nunca sucede, suele reducirse todo á amenazas, y convertirse la fu- 
ria en vituperios. 

Este es el origen, dicen todavía, de las inconsideradas y mo- 
lestas quejas, con que de continuo mortifican á los vireyes y pre- 
sidentes; y aunque hay ocasiones en que las armas toman también 
parte en satisfacciones particulares, se disipan con facilidad estos 
alborotos. En el pais tenia esto inconvenientes en la época de que 
se trata. Hablando de los mulatos y castas con respeto al Perú, 
testifican también Ulloa y Jorge Juanlib. 1 cap. 7 y 8, que nunca 
se ha dado ejemplar, de que esta gente se haya alborotado, ni da- 
do el menor motivo de desconfianza. De Guatemala no podia en- 
tonces afirmarse cosa semejante, donde cuatro años antes habia 
quitado un reo del patíbulo á la justicia una sublevación suya, y 
sonaba ya, que se convocaban algunos en Escuinta, que cuatro a- 
ños después dieron en qué entender al oidor Ezguaras. 

Entre tanto habían cesado los procedimientos del pesquisidor, 
y quedado sus resultas. En la audiencia, que se tuvo el día 6 de 
setiembre de 701, habiéndose dado cuenta de cinco cartas escri- 
tas por el justicia mayor de Soconusco, y otras por el de las mi- 
nas del Corpus, en orden á bienes embargados por los susesos del 
juez pesquisidor, el oidor Riva Agüero fué de parecer, que dichos 
bienes se tuviesen en custodia y buena cuenta y no se pasase á 
su venta, hasta que para ello viniese orden de S. M. 

En fin, en acuerdos de 24 de enero y 17 de febrero de 1702 
se trata en el primero de la venida de un nuevo presidente el se- 
ñor Zeballos, y en el segundo de la ida del antiguo señor Berros- 
pe, permitiéndose al alcalde mayor de Chiapa, salga á recibir á 
este último; y en otro de 4 de junio se extraña, hubiese llevado 
consigo el gobierno hasta los últimos términos del distrito. 

Las resultas del pesquisidor hicieron necesaria la venida de o- 
tro juez, el visitador Osorio, oidor de México, quien se ocupó en ellas 
dilatado tiempo; pues á los seis años aun se hallaba en Guatemala, 
y á consecuencia de impedirse unos oidores, y ser necesarios otros, 
vinieron mas, con que llegaban á nueve en 1715. 

Así esta visita como las demás que en todas ocasiones se ha- 
cían á las audiencias, presidentes y gobernadores denotan bastan- 
temente, que cuanto pendía de la corte era vigilada la adminis- 
tración de justicia y gobierno en todos sus ramos. Cualidad que 



PESQUISIDOR MADRIZ. 279 

Robertson admira en uu gobierno lejano, y nota con asombro la 
prolijidad y tesón que el consejo de Indias empleaba en imponer- 
se y entender en los negocios mas menudos de sus vastas colonias. 

No menos llama la atención la presteza y generosidad con que 
la misma corte premiaba los mas cortos servicios de los emplea- 
dos en ellas. Así, el presidente Criado de Castilla, porque en su 
tiempo se descubrió el puerto de santo Tomas, es provisto para 
el consejo de Indias. Ayala y Osorio, porque fundan las villas de 
la Gomera y san Vicente, uno es nombrado conde de la Gomera, 
y el segundo marqués de Lorenzana, sobrenombre del patrón del 
lugar. A Cosío, que reprime y sosiega la sublevación de zendales, 
se proroga por dos años la presidencia y gobierno del reyno, y es 
promovido á marqués de Torrecampo. 

El señor Núñez de la Vega fué obispo de Cbiapa por este tiem- 
po. Andando el año de 1685 ganó el gobernador de Soconusco u- 
na carta de fuerza contra él para el caso que no le otorgase una 
apelación, y le absolviese de una excomunión que le habia impues- 
to. El obispo en la notificación respondió que le absolvería pidién- 
dolo, y que la apelación sería otorgada, añadiendo, que una pro- 
visión ligera de fuerza no estaba agena de censuras. Se libró se- 
gunda, repitiéndose el ruego y encargo, so pena de 500 pesos de 
oro, extrañez y temporalidades: respondió, estaban mandados en- 
tregar los autos apelados al apoderado del gobernador, y manda- 
do absolver éste, restituida que fuese una cofradía de la iglesia 
del pueblo de Mapastepeque de una hacienda de que le habia des- 
pojado en procuración de su común de indios: que su persona es- 
taba á disposición para ser aprendida, y sus cortos bienes para en- 
trar en cuenta de la multa; pero en su diócesi, y fuera de ella con 
autoridad para apercibir á sus expulsores. Librada tercera, res- 
pondió: que si el apoderado del gobernador no ocurría por los 
autos, para seguir la apelación ante el metropolitano, ni á pedir 
absolución, restituyendo, ó prestando por lo menos caución jura- 
toria de ello, no era culpa suya; y que si careciendo de ésta, era 
expulso, iría á los pies del trono, á manifestar á S. M. lo que mi- 
nistros suyos hacían en su real nombre, para que fuesen cohibidos 
los desacatos. Esta tercera le fué notificada segunda vez por el al- 
calde mayor de la ciudad: respondió que las leyes le favorecían, y 
mucho mas las instrucciones dadas para las Indias, y reservaba pa- 
ra su tiempo usar de su defensa. Era va entrado el año de 80. 



280 CAPÍTULO LXXXVIII, 

Corriendo el tiempo, llegó real provisión de ruego y encargo, 
para que absolviese al gobernador, prestando la caución, de que 
mandándosele por juez competente, restituiría la hacienda á la co- 
fradía: respondió, que no era esa la caución de derecho, sino es- 
tar á juzgado y sentenciado del tribunal, á quien la prestaba. Por 
el mes de agosto fueron secuestrados los bienes y rentas del obis- 
po, quien escribió al presidente de sala de la audiencia, que viera 
como obraban, haciendo suya una causa injusta. En este estado el 
señor Enriquez presidente de la audiencia escribió al obispo, pro- 
poniéndole absolver al gobernador, depositándose la hacienda: con- 
testó, otorgándolo, haciéndose el depósito á satisfacion de dicho 
señor presidente y del cura del pueblo. Entre tanto se hizo tercera 
notificación por el alcalde mayor al señor obispo, para que saliese 
de grado de la ciudad y distrito, y no llegara el caso de ser echado 
con violencia, en que no era su ánimo poner manos violentas, 
protestándole los daños consiguientes. 

En 1 5 de septiembre hizo el alcalde mayor el último requeri- 
miento al señor obispo, para que saliese del obispado, y á las dos 
de la tarde hizo tocar cajas de guerra en la plaza, y á voz de prego- 
nero echó bando por las calles principales, mandando só pena de 
la vida, de traidor al rey, y perdimiento de bienes, que todos los 
vecinos acudiesen el dia siguiente por la mañana con sus armas á 
los portales de la audiencia pública, donde se les daria el orden, 
que hablan de guardar. El dia siguiente en conformidad del bando 
se juntaron los vecinos con aparato militar, pero cesó todo, ocur- 
riendo al obispo el hacer una intimación al alcalde mayor por 
medio de un capitán, con que recelándose otros males, convinie- 
ron ambos en escribir á la audiencia y presidente de ella; y luego 
el gobernador consintió en el depósito de la hacienda, y en reci- 
bir la absolución, desistiendo de la apelación interpuesta. 

De todo se dio cuenta á S. M. y dada vista al fiscal del con- 
sejo dice en su pedimento en lo que toca á las provisiones de fuer- 
za, que la primera fué librada, no interpuesta la apelación: la se- 
gunda, no habiéndose denegado: obrando en ello por informes, sin 
guardar términos, ni forma: causas todas, porque con no ponde- 
rable sentimiento manifestó el obispo en la última notificación ver- 
se reprendido tan sin fundamento, y con tanta prisa é intrepidez; 
y últimamente, lo conoció el fiscal de la audiencia, pidiendo se pro- 
cediese contra el alcalde mayor, gobernador de Soconusco, y su a- 






PESQUISIDOR MADRIZ. 284 

poderado. En lo principal de la justicia, que tiene la cofradía se 
reconocen iguales irregularidades de parte del gobernador y au- 
diencia: ésta exedió notablemente en haber permitido semejante 
despojo, y no castigado el exeso; y en haber declarado sóbrela pro- 
piedad, siendo pleito de posesión, tan privilegiada en antigüedad, 
y contra las instancias del cura. 

En el punto de la absolución, en que mandó el obispo, que el 
gobernador diese caución de estar al juicio de la iglesia y que da- 
da se le absolviese, debe darse providencia, y es que sea dada con 
semejante expresión, y mandarse á dicho gobernador de Soconusco 
bajo severas penas, y la multa pecuniaria que al consejo parecie- 
re: no pudiendo el fiscal dejar de poner á la suprema censura del 
consejo la notoria malicia de éste, siendo su ánimo desfrutar la 
estancia, y habiendo nacido de aquí todo esto en el despojo que 
hizo á la cofradía, por lo que debe ser castigado y multado gra- 
vemente: dejando al supremo arbitrio del consejo la censura que 
merecen el despacho de las provisiones de la audiencia, y facili- 
dad con que las libraron; y concluye pidiendo, se ruegue y encar- 
gue al obispo, que prestada la caución por el gobernador en la for- 
ma prescrita, le absuelva. A este tiempo llegaron aviso y autos 
remitidos por el presidente de la audiencia en razón de haber man- 
dado, no se llevase á ejecución la provisión de extraüeza, y se le 
aprueba en cédula de 20 de octubre de 87. 

Por el año de 692 escribió unas constituciones para su obis- 
pado, que dedicadas al Papa Inocencio XI, junto con otras car- 
tas pastorales, que siguió expidiendo hasta el año de 95, se im- 
primieron en Roma en el de 1702, en las cuales anduvo menos 
afortunado, porque fueron desaprobadas en el consejo, y manda- 
das quemar en cédula de 6 de octubre de 1714, por contener, dice, 
cláusulas contra las regalías. Tal puede haberse estimado la tra- 
ducción que hace en la explicación del symbolo de una extravagan- 
te de Bonifacio VIII, concerniente por lo menos al abuso de las 
regalías. 

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TOM. 2. [37] 



282 

CAPÍTULO 89. 

Cróiiicais ele regulares*^ 

En 1 3 de enero de 1714 los señores presidente y oidores, estan- 
do en acuerdo, dijeron; que siendo noticiados de que en la ofi- 
eina de Antonio de Pineda Ibarra se imprimen frecuentemente cua- 
dernillos de diferentes materias, sermones, libros, y otros papeles 
de importancia, para lo cual, aunque precedan las licencias nece- 
sarias, todavía por el respeto, autoridad y representación de esta 
real audiencia debe dicho impresor, á imitación de lo que se prac- 
tica en todas las Indias, repartir tantos de todo lo que se impri- 
ma entre todos los señores ministros de que se compone; por tan- 
to, para que á tan inexcusable atención no se falte por el suso- 
dicho, ni otro alguno, mandaban y mandaron se le notificase, 
así lo hiciese pena de cien pesos. A los dos años resulta la im- 
prenta en poder del bachiller Antonio de Velasco, en cuya ofici- 
na se imprimió la vida de la venerable doña Ana Guerra, escrita 
por el padre Antonio de Siria de la Compañía: fué esta señora na- 
tural de San Vicente de la provincia de San Salvador, hija de don 
Juan Guerra Jovél de las Islas Canarias, 'y de doña Beatriz López 
de Pineda de la ciudad de Gracias, casada con Diego Hernández, 
dueño de una estancia á siete leguas de aquella villa, con quien tu- 
vo dos hijos, y murió de 74 años, dia 17 de mayo de 171 a. El au- 
tor anuncia en el prólogo la historia de una mugerque lo fué solo 
en el sexo, pero mui varonil en el ánimo, y mas que humana en 
el espíritu: se imprimió en 4» con 330 páginas, año de 1716. 

La necesidad de un privilegio real pai'a el que escribía en las 
Indias sobre materias de gobierno y guerra, fué declinada por 
el padre frai Francisco Vázquez, religioso franciscano, acojiéndose 
á dar en sus escritos la crónica de la provincia de su ói'den, y to- 
cando solo por incidencia la entrada de los españoles, fundación 
de ciudades, y establecimiento de su gobierno, en cuanto le con- 
ducen al intento, bien que ofrece noticias útiles. Se dio á luz en 
dos tomos en esta ciudad con licencia del superior gobierno dada 
por el presidente Cosío en 23 de julio de 1714, imprimiéndose an- 
tes el primero en folio con 786 páginas, y luego el segundo en 
1716 con 904, y esto en imprenta propia del convento, juntan- 



CRÓNICAS DE REGULARES. 285 

dose entóneos dos en la ciudad. 

El editor de la Gazeta de Guatemala, en 25 de diciembre 
de 1797, hablando de los cronistas que van mencionados, lle- 
gando al presente, se halló desobligado á tributarle elogios. De 
Remesal dice: este historiador, ó cronista es prolijo como todos los 
de su tiempo; pero tiene dos bellas calidades, la sinceridad y la 
pureza del lenguage, que se hablaba en Castilla, cuando Cervan- 
tes empezaba á escribir conceptos raetafísicos en prosa rimada. A 
fines del mismo siglo, el capitán don Francisco Fuentes y Guzman, 
regidor del mui noble ayuntamiento, escribió su historia de Gua- 
temala, que existe original en el archivo del ilustre cabildo, y es 
sumamente preciosa por las noticias y luces, que suministra, aun- 
que su estilo es afectado, pedante, y por lo mismo enfadoso y de- 
sapacible. 

Al padre Vázquez, continúa, fuera de no tener ninguna de las 
bellas prendas de Remesal y de Fuentes, le fué dado un estilo 
tan duro, tan cansado, tan insoportable, que á quien lea dos hojas 
de su libro sin vomitar, bien pueden dársele eméticos á pasto. A 
mas de eso es un historiador á la manera de Varillas. Después que 
éste habia descrito el sitio de una plaza, mitad según lo poco 
que de él sabia, y la otra mitad según su imaginación, le llega- 
ron memorias auténticas, en las cuales se pintaba lo cierto del 
suceso. No importa, dijo: como yo lo he escrito está mejor; y lo 
dejó correr. Mas bien le hubiera estado á Varillas eludir la con- 
tienda para salir con aire, como lo hace el propio editor ostiga- 
do de la cuestión de 10 de diciembre de 98. Esta recaía sobre el 
origen del patronato de Santa Cecilia, ó lo que es. lo mismo, so- 
bre el dia de la entrada triunfante en que los conquistadores ga- 
naron la tierra: polémica suscitada por el autor de un artículo co- 
municado en aquel periódico; y si su célebre editor hubiese adver- 
tido, quien de los escritores que menciona, y de que se ha hecho 
mérito, era el Varillas de la escena, no habría excluido del todo de 
su aceptación á Vázquez. 

Las alabanzas, que deniega aquí este escritor al p. Vázquez, 
en orden á estilo, no las habría otorgado al cronisUi de la orden de 
predicadores fr. Francisco Ximenez, que escribió la crónica de esta 
provincia en cuatro tomos, resumiendo los anales dados por Re- 
mesal, y otros de sus continuíidores. Cuando escribía la foja 2-17 
del tercero que comprende 514, corría el año de 1721; y así ofre- 



■m* 



284 CAPÍTULO LXXXIX. 

ciendo en la última continuar la historia en el cuarto desde el año 
de 699, hasta donde alcanzare, debe ella llegar mas adelante. En 
ellib. 5 cap. 57, hablando del Peten, dice: sin entender de Cos- 
mografía, hice un mapa, en que delineaba todos los pueblos que 
circunvalan estas montañas de los indios infieles por esta parte d^ 
Guatemala, según yo las tenia vistas y demarcadas: en este mapa 
dividí el grado en 53 leguas y media poco mas ó menos de los u- 
suales de esta tierra: cosa que hizo á muchos grande fuerza: mas 
por la esperiencia vieron que era como yo decia. 

Con respeto á este territorio, que los dominicos estimaban en 
mas que el de Suchitepequez, vierte también Juarros especies, que 
entendidas á la letra, resultan lisongeras, y necesitan esclarecimien- 
to, porque dice: habiéndose conseguido por este tiempo la reduc- 
ción y conquista del Peten, el señor Berrospe en virtud de nuevas 
órdenes, entendió en la fortificación de la villa de los Dolores y 
fundación del presidio del Peten: logró ver aumentados con los tér- 
minos de este partido el distrito de su gobierno, cosa que sus an- 
tecesores intentaron con inmensos trabajos, y no consiguieron. 

Para aumentarse el distrito de un gobierno no basta adquirir 
la posesión de un partido por una banda^ si por otra se pierde la 
posesión de otro. Los religiosos tuvieron la de toda la costa del 
Manché, y el Mopan hasta el Tipú en Yucatán y el Peten, fundan- 
do pueblos, nombrando alcaldes, y dando varas de justicia en nom- 
bre del rey. Para mantenerla, solicitaron una población de espa- 
ñoles en las sabanas del distrito de aquella vicaría, que se estendían 
hasta la ranchería de Martin Petz, fronteras á la sierra, que dá 
nacimiento á los ríos Xibum y Balix, denominados en el mapa de 
la sociedad deGeografiade París, Sibum y Belice, y tienen al po- 
niente el de Ochtum, llamado Poctum, en el Mopan contiguo al 
Peten. Ademas de la conservación religiosa délo conquistado, y a- 
delantamiento de sus misiones, pretendían un resguardo, que pre- 
servase las poblaciones por la costa del pillage de piratas, que re- 
ducían los indígenas á esclavitud; y así mismo sirviese de escala 
para abrirse camino y facilitarse el tráfico con Bacalar. No valió á 
los misioneros Salazar, Moran y Delgado, hombres hechos que ha- 
bían servido cátedras y prelacias, y aprendido teórica y práctica- 
mente los idiomas, recorrer los diferentes rumbos á su costa, mal- 
aviados, y á la vez aprehendidos y robados de los mismos piratas. 
En el Mopan se solicitó también población de españoles; sobre lo 



m 



CRÓNICAS DE REGULARES. ^5 

cual habla el p. Cano al presidente Barrios Leal en carta que trans- 
cribe Valenzuela cap. 37, fecha en San Pedro Mártir á 16 de ma- 
yo de 695, intimándole cuanto convenia, se formase en este para- 
ge una villa, para mantener el puesto según lo habia representa- 
do en otras anteriores. 

¡Cosa raral Por este tiempo picaron los presidentes de conquis- 
tadores, y ya que no pasaron sus riesgos, debieran en consecuen- 
cia haber tomado siquiera sus máximas, que eran colonizar lo con- 
quistado: mas lo que no hicieron aquellos primeros hombres, na- 
die después emprendió; antes bien se aniquilaban las villas y ciu- 
.dades y sus ayuntamientos fundados por ellos. El golpe de despo- 
blar las Guanajas, dado por el señor Avendaño mediado el siglo 
17, tomó por regla el señor Barrios para el Manché eí año de 89, 
y adopta ahora apasionadamente el señor Berrospe,. transmitiéndo- 
la á sus sucesores, para que sea intentada en el siglo 18. Los in- 
defensos indígenas mancheses, que escapan del pillage exterior de 
la costa, no se libran del interior en la tierra adentro ► 

Villagutierre lib. 6 cap. fin. celebra como un triunfo cuatro 
sacas que se hicieron de ellos,^ terminadas, dice, el año de 9G, vitu- 
perando al p. Cano que no tomase parte por temores de irregula- 
ridad, y añadiendo, que el capellán del castillo del Golfo bautizó á 
muchos por si morian, y que asentados en tres pueblos del valle 
de Urran, fueron regalados y vestidos por el presidente Berrospe. 
Ximenez lib. 5 cap. 85 refiere, que con el buen suceso que tuvo 
el presidente con los indios que habia sacado el año de 96, dio or- 
den al alcalde mayor, para sacar mas por principios de aqueste a- 
ño de 97, en que salieron en busca de ellos, primero un trozo de 
300 indios de Cahabon y San Agustín con cuatro alcaldes y un ca- 
bo, luego otros 200, y por último 150, y volvieron también en 
trozos, primero con 100, luego con otros 100, y por último con 80, 
disculpándose de que no hablan traido mas, porque muchos ha- 
blan muerto. Después de situados en los pueblos del valle de I r- 
ran, añade el autor: dióse luego cuenta al presidente de la gente, 
que se habia apresado, y mandó socorrerles, para que se vistiesen 
como se habia hecho con los demás, pero de todos éstos mui pocos 
se lograron, porque murieron muchos* 

Ahora es de preguntarse, ¿qué podía seguirse de semejante 
sistema, sino el abandono del territorio, el abandono de su pobla- 
ción, y lo que es mas, el de su posesión? ¿Qué habia de seguir- 



28G CAPÍTULO LXXXIX. 

se, si no el que los piratas que estaban á la puerta, no mirando ya 
al dueño de la tierra, estendiesen sus entradas en ella? No llamó es- 
ta pérdida la atención del presidente Cosío, ocupado en 1714 en ir 
por el Golfo y Granada contra los Mosquitos, á continuar el siste- 
ma despoblador, desalojándolos de Teguzgalpa y Tologalpa, si hu- 
biera podido. Entre tanto, los ingleses por el año de 1720, ya pue- 
den poner oficinas en el Manché, asentar diferentes comercios, y 
en el de 1724 están poblados 300. En vano las embarcaciones y 
gente de Bacalar armadas en corso, y algunas de Puerto Caballos 
por los años de 729 y 31 desalojan á los ingleses valisenses, ma- 
tan, incendian, apresan, exterminan: no habiendo gente, ni pobla- 
ción española en Manché y Mopan, ellos han de volver. He aquí 
el fruto de las providencias de Berrospe, y de los inmensos traba- 
jos de sus antecesores, que Ximenez cap. 81 llama yerros, y aña- 
de, diga lo que quiera Villagntierre, y alabe y ensalce hasta las 
nubes las hazañas de los presidentes. 

Vamos á la banda de la villa de los Dolores, que el rey man- 
dó fortificar. El presidente Berrospe, la manda despoblar según la 
máxima vigente de exterminio. Para que de una vez se sepa, dice 
Ximenez cap. 81, en qué pararon aquestos indios Lacandones, des- 
pués de tantos trabajos, fatigas y gastos, fué que aviéndose man- 
tenido en aquella poblazon de los Dolores, adonde se juntaron to- 
dos los que se hallaron, con una guarnición de 20 hombres con su 
cabo, y estando ya mui domésticos, no atreviéndose á dejarlos so- 
los con su ministro, y viendo que el gasto de su magestad era mu- 
cho para mantener tan poca gente, se dispuso por el gobierno supe- 
rior, que los sacasen afuera entre los indios cristianos, y los pobla- 
ron en unas buenas tierras junto al rio de Aquéspala, donde ellos 
luego estuvieron contentos, y tomaron como ellos dicen su corazón, 
y así luego hicieron sus casas é iglesia, y hicieron sus milperías y 
sembrados, plantando sus árboles frutales; pero luego se dispuso que 
los quitasen de allí, y los trasladasen á un parage muy ruin, que lla- 
man el rancho de San Ramón, y no paró en esto, sino que de allí 
los llevaron á Santa Catarina Retaluleu en la costa de San Antonio, 
en cuyas translaciones y transmigraciones, unos se murieron, otros 
se desparramaron en otros pueblos, y otros se volvieron á sus mon- 
tañas, quedando mui pocos de todos ellos, que hoy perseveran allí. 
El lugar desierto y su comarca conservaron el título del Lacandon. 

No poblándose pues la villa de San Pedro Mártir hacia la Ve- 



CRÓMCAS DE REGULARES. 287 

rapaz, y despoblándose la de Dolores hacia Güegüetenango ¿qué 
viene á ser el Peten, sino un destierro para sus inocentes habitan- 
tes? No obstante, el mérito de Berrospe es grande por el fomento 
que prestó á la población española de esta bella isla, presente del 
inmortal Ursúa, quien excediendo en esta parte al oidor Quiñonez 
que no pobló ni sometió al gobierno sus conquistas, venciendo el 
contrapeso de un competidor poderoso, y sobreponiéndose á las 
ineptitudes del distrito, intrépido, generoso, cuerdo y constante 
llevó al cabo una empresa ya desesperada, y merece con justicia 
ser colocado entre los conquistadores del pais, sin participar de 
sus abusos; y ahora por lo que va referido se conoce, que perdo- 
nadas las demasías de estos grandes hombres, es preciso conceder- 
les la gloria de haber fundado cada cual un imperio, erigido ciu- 
dades, sometido pueblos, y puesto en sociedad las unas con los o- 
tros, con un arte suyo propio, que desapareció después en el terri- 
torio á su posteridad, y solamente asoma en las provincias inter- 
nas mexicanas del norte. 

Ya que ocupa este lugar la crónica de Ximenez, no es de olvi- 
dar lo que escribe, el año de 649 iib. 4 cap. 82 de Andrés de Mo- 
lina que sirvió 18 años á la Virgen de Soledad del convento, y tu- 
vo dos hijos religiosos: fué, dice, hombre de singulares fuerzas, 
pues llegó á quebrar cuatro herraduras juntas, y á detener una rue- 
da de ingenio; y para desengaño de los hombres, murió casi de re- 
pente de habérsele torcido una tripa. Como también lo que refiere 
el año de G7.5 Iib. 5 cap. 26, de un monstruo nacido aqueste año 
en el pueblo de Santo Domingo Xenacoc, que eran dos niños pe- 
gados de la cintura para arriba con dos cabezas, dos manos y tres 
pies: murió de parto la madre, dice, y bautizólos entrambos el p. 
presentado fr. Miguel del Valle que adnainistraba aquel pueblo, 
y luego murieron á 1 1 del mes de agosto. 

Hablando de la Universidad Iib. 5 cap. 37, dice: Este año de 
681 á 6 de llenero se dio principio, y se abrieron los estudios en 
la real Universidad de San Carlos. Tuvo el inicio el R. 1*. fr. A- 
gustin Cano, á que asistió la real audiencia, y todo lo mas lucido 
de Guatemala, y luego el día 7 comenzaron á leer sus cáthcdras 
interinas, la de prima el M. R. P. M. fr. Raphael del Castillo, la 
de vísperas el M. R. P. M. fi\ Diego de Rivas de la religión de 
Ntra. Sra. de las Mercedes, la de artes el M. R. P. fr. Agustín Ca- 
no, que después fué cathedrático de prima y jubiló en ella. Conjen- 



288 CAPÍTULO LXXXIX. 

zaron mas de setenta estudiantes, de los cuales salieron mui seña- 
lados sugetos. Leyó así mismo don Antonio de Quiñonez la de 
instituía, la de cánones don Baltazar de Agüero natural de Nicara- 
gua, que murió yendo por oidor á Manila, don Lorenzo Panlagua 
la de leyes, y la de las lenguas cachiquel y quiche el p. fr. José 
Ángel Zenoyo, dominico. 

Juárros advierte, que fué provisto para la de medicina el ba- 
chiller don José Salmerón; pero el acta de cabildo de 23 de junio 
de 679 le titula doctor don José de Salmerón y Castro, entonces re- 
sidente en México, y cathedrático en aquella Universidad, acor- 
dando en ella el ayuntamiento proporcionarle medios para su veni- 
da, como los facilitaron antes al doctor don Diego Vasquez de Inos- 
trosa, y otra vez habían conseguido la del doctor Bartolomé Sán- 
chez Parejo, de cuyos grados corre testimonio en actas del año de 
650: el de licenciado le fué conferido en México á 7 de noviembre 
de 624, siendo bachiller graduado á título de suficiencia, y exami- 
nado por diez y seis vocales, once doctores y cinco maestros, cuya 
aprobación consta por el sufragio de diez y seis aes materialmente 
certificadas; y el de doctor en 7 de marzo de 641, asistiendo el 
ilustrísimo y reverendísimo señor Palafox y Mendoza, obispo de la 
imperial ciudad de Puebla, entonces visitador de las provincias de 
Nueva-España, y de consiguiente su gobernador y capitán general 
y presidente de su audiencia; concurriendo así mismo el maestre- 
escuela, rector, decano, nueve oidores y cuarenta doctores, licen- 
ciados y maestros. Antes de Parejo aparece por los años de 618 
con el cargo del protomedicato el doctor Diego López Ruiz. 

Provistas en propiedad las cátedras en España, según relación 
de Juarros lo fué para la de medicina el doctor don Miguel Fernan- 
dez, casado con una hija del doctor don Alonso Limón Montero, 
catedrático primero de anatomía y cirujía y después de vísperas 
en la Universidad de Alcalá: vino con su familia recomendado en 
cédula de 24 de abril de 687; y disponiendo pasar á México por 
hallarse con poca comodidad, el ayuntamiento en 29 de diciembre 
de 693 emprendió el estorbárselo, obligándose el alcalde ordinario 
mas antiguo capitán don José de Aguilar y Rebolledo con otros 
vecinos á darle 500 pesos anuales, y otros 200 los demás capitu- 
lares con escritura: uno y otro ademas del salario de 200 pesos que 
esta ciudad le dá, dice el acta, de los propios, y el de catedrático 
y visitas, y 200 pesos mas que se le situaron en encomiendas en 



CRÓNICAS DE REGULARES. 



280 



auto de G de febrero de 694, dictado por el presidente Barrios para 
tres vidas: lo que denota capacidad en el profesor, su esmero y a- 
ceptacion. 

No es de omitir, que M. H. Ternaux Corapans en el artículo de 
la liistoria de Guatemala escrita por don Domingo Juarros, que da 
en la Revista francesa en Paris tom. 3 núm. 2 año de 1837, ha- 
blando de los hombres ilustres, de que ofrece el catálogo este au- 
tor, añade: se ha olvidado de hacer mención del padre Diego Saenz 
Ovecure, dominico, que ha hecho imprimir en Guatemala en 1G67, 
un poema épico intitulado La Thomasiada, de que yo poseo un 
ejemplar. Este libro, prosigue, es de la mas grande rareza, y ha 
quedado desconocido á los biógrafos, que no colocan la introduc- 
ción de la imprenta en el pais, sino al fin del siglo décimo octavo. 

Tampoco omitiremos, que Alcedo en el de los de México in- 
cluye un personage del siglo siguiente, que no pertenece menos al 
pais, el padre Cristóval de Villafañe, víctima de la caridad, dice, 
degollado á manos de unos reos, que auxiliaba, para el suplicio en 
la ciudad de Guatemala, donde era prefecto de cárceles. El presi- 
dente Salazar, escribiendo al ministerio, y mencionando autos se- 
guidos por la muerte que ejecutaron cinco negros esclavos de S. 
M. en el segundo sobrestante del real de Omoa don Ensebio Cabe- 
za de Baca el 14 de setiembre de 1764, dice. Mandé conducir á 
esta capital tres de dichos reos, y puesta la causa en estado, pro- 
nuncié mi sentencia arreglado al parecer del asesor de guerra, po- 
niéndose inmediatamente los tres reos en la capilla, luego que se 
les notificó dia 26 de agosto del próximo pasado año; y luego aña- 
de. De lo acaecido con el padre Cristóval Villafañe, de la Compa- 
ñía de Jesús, como á las dos de la tarde del dia 28; muerte, que le 
dieron, y demás practicado con este motivo, tengo dada cuenta á 
•V. E. con fecha de 31 de agosto último. La de esta consulta es de 
enero 31 de 1767. 



-=ffi'S<?3=- 



ToM. 2. 



(38) 



cf¿ 



290 

CAPÍTULO 90. 

Otros isaiprcj^ois. 

En í72^ subsistía solamente la imprenta del badiiller Velasco^ 
en la cual se reimprimió este año un aleijato con 52 fojas en folio so-- 
bre el derecho del Colegio Seminario á que ios regulares que obte- 
nían curato contribuyesen con la pensión designada por el Tridenti- 
iio: acaso fué dispuesto por su rector el bachiller don Francisco Dá- 
vila Valenzuela, que según tradición lo fue 10 años. Dejó manus- 
crita una instrucción para su gobierno. El señor obispo Córdova 
lo fundó, y le dio estatutos en 24 de agosto de 1597. Un informe 
de la audiencia de 13 de mayo de 1600, dice: este colegio se fun- 
do en cuatro de henero del año mil y quinientos y noventa y ocho 
Y en él ay al presente ocho colegiales de beca, que llaman mayo- 
res, y siete que llaman menores, porque tienen solo el manto sin 
beca, y un familiar; y por la pobreza del colegio de los ocho cole- 
giales mayores, se sustentan dos de sus propias haciendas, y el co- 
legio á los seis, y de los menores se sustentan así mismo otros 
dos, y á los demás el colegio. El señor obispo Eivera le dio nue- 
vos estatutos en 3 de julio de 16GG. 

En el § 7 deLalegato se lee: la ciudad deSérntiago de los caballe- 
ros tuvo en su fundación mas de 800 familias descendientes de la 
nobleza de España, y cuando este número en una tierra tan abun- 
dante y copiosa de todos frutos prometía el mas opulento reyno de 
la América, y su capital una de las mayores del orbe, se halla ^y 
en tan corta vecindad, que no se numeran 30 familias ilustres: con 
que á la vista de que según cómputos prudentes, una sola es bas- 
tante á la generación de mas de un millón en 200 años, que se po- 
drá decir de Guatemala, cuando no solo no corresponde á estos au- 
mentos, sino que corre á tal declinación en menos de 200. Sin que 
se pueda dar otra razón de tan lamentable ruina, se puede decir, 
que el haberse extinguido las familias de los Mendozas, Arévalos, 
Rojas, Cárdenas, Salvatierras, Monroyes, Acuñas y otras, ha sido 
por la falta de doctrina, y educación de los hijos. Vasquez lib. 4 
cap; 28 lamenta la de Aguilares, Mazariegos y Medinillas. Fuentes 
lib. 2 cap. ó menciona G9 familias de que habia quedado un corto 
número. 



0/>o 



OTROS IMPRESOS. 201 

Notorio es, prosigue el alegíito, cuantos niñas de la primera ca- 
lidad están atareadas al huso, rueca, telar, ó bastidor, no por ho- 
nesta recreación, sino impelidas de la necesidad, en que si á la 
constancia de su trabajo deben los escasos alimentos de unas tor- 
tillas y carne de vaca, no alcanzan una muy moderada basquina, 
ó un manto para salir á la iglesia. Véase cuantas, exediendo la 
fortaleza de su sexo, se entregan á los amacijos, hornos y pilas, 
sin que las acobarde lo recio del trabajo. En los niños es mas las- 
timosa esta miseria, porque no pudiéndose mantener en el recogi- 
miento que las doncellas, tienen en sus casas los viles ministerios, 
que en otro tiempo ejercian sus esclavos: á que se llega que superan- 
do precisamente la plebe, descaecen las familias ilustres, se abaten 
los ánimos de los niños á barajarse, y tripularse entre negros y mu- 
latos. Bien lastimoso ejemplo son algunas familias, á que no ha que- 
dado mas que el nombre, mezcladas por su pobreza en la plebe. 

De que se sigue, que los padres de familias temerosos de seme- 
jantes estragos, no bien llega á los años de discreción la hija, cuan- 
do tratan de que se entre al monasterio, pero no consiguen total- 
mente el remedio de la pobreza, pues dentro los claustros se lloran 
tales miserias, que puede decirse ser la virtud que en ellos sobresale. 
Lo mismo se ejecuta con los hijos, procui-ando luego darles estado 
en la religión, donde piensan vincular conveniencias, para el re^to 
déla vida: las consecuencias queden á quien sepa sentir las faltas 
de vocación. El autor lamenta aqui la falta de matrimonios y po- 
l)reza del pais al modo que se ha deplorado la falta de salida de los 
frutos de la tierra, la falta de navegación propia, y la inseguridad 
de la a gen a. 

En 172G resulla la imprenta sin nombre del dueño, hasta el 
año de 1729, que aparece con el de Sebastian de Arévalo, y con él 
sigue una colección de gacetas mésales, que comienza en nomviebre 
de este año y termina en marzo de 31. Los sermones que ocurren 
impresos desde el año de 7 20 aquí y en otras ciudades de America 
hasta el año de O!, van por el estilo anunciado en fines del siglo 
anterior: como también dos relaciones de exequias rcides, celebra- 
das en el fallecimiento de las reynas d( ñíi B.irbara de Portugal cu 
7.')í), y doña Amalia de Sajonia en GGl,con sus sonetos coplas y 
dos oraciones fúnebres, en lalin muy bien ordenado, pronunciadas, 
iMia por el doctor y maestro don .luán .lose (lonzalez Hatres, y la o- 
tra por el uoclor prebendado don .luán Antonio Dighero. 



292 CAPÍTULO LXXXX. 

En la relación de las primeras corre una lámina en pliego de la 
pira que sirvió en ellas, grabada por José Valladares: es de un 
cuerpo con 6 columnas, 4 en los lados, y 2 en el centro: estas dos 
están algún tanto levantadas sobre el asiento común: su alquitra- 
ba cubre el túmulo, y sostiene un escudo de armas, separada de 
las laterales que están á nivel, las cuales llevan por un estrerao una 
maceta con su perilla, y por el otro cargan la cúpula, que igual- 
raente descansa con algún intervalo sobre la alquitraba y colum- 
nas del medio, y se eleva proporcionalmente, dicela relación, alie- 
nar la altura de la nave principal del templo: la pira está asenta- 
da sobre un entablamento, que sirve de basa á toda ella, circun- 
valado de baranda en contorno, á que se sube por gradas bella- 
mente resguardadas de pasamano, y su remate de columnas en el 
pavimento. 

Este diseño no está tomado del orden gótico antiguo ni moder- 
no en otro tiempo, empleado entonces en altares y portadas de 
muchos cuerpos, recargadados de adorno. Poco antes se habia se- 
guido el orden toscano en la fábrica de los templos de la Escuela 
de Cristo, Capuchinas, y parte de la Merced; y ahora el ingenio de 
Valladares aspira al corinto, y aun al compuesto, y aunque no lo 
ha conseguido, empleando en las columnas pedestales con boceles 
sin basa ática, flores irregulares en los capiteles, volutas sin dimi- 
nución en el círculo, y cornisas sin oblicuidad: sin embargo, su 
artificio denota un esfuerzo del talento de este profesor, que sobre- 
poniéndose á los conocimientos de su tiempo, hace impulso á otros 
superiores, y venciendo los obstáculos que opone tal empresa, rea- 
liza el tránsito á una nueva época, y lleva la gloria de presentar 
los primeros rudimentos. Grabó también imágenes de santos, y 
aunque su buril habia adquirido poca finura, sus giros son acer- 
tados. Su principal ocupación fué la pintura, y es obra que honra 
su pincel el apostolado de la Merced. Así fué como un solo indi- 
viduo contribuyó al adelantamiento de tres nobles artes. Dos hijas 
suyas se aplicaron á la pintura, acreditando en ella la habilidad 
de su sexo. 

La misma aplicación habia tenido un siglo antes una nieta de 
Juan de Liendo, padre acaso de esta fticultad en el pais, hija de 
Pedro de Liendo, pintor también y arquitecto, padre de otro Pedro 
de Liendo su hermano, de quienes se ha hecho mención, y refiere 
Ximenez lib. 5 cap. 10, que dejó la pintura, por dedicarse al jue- 



OTROS IMPRESOS. 295 

go (le las armas, entonces boyante, de que escribió un libro. En re- 
posición suya floreció el capitán don Antonio de Montúfar de quien 
cuenta Vasquez p. 2 lib. 5 trat. 3 cap. 9, tuvo tal afición á este 
arte, que hizo viage á España, por comunicar los mas sobresalien- 
tes maestros, y adquirir noticias de la facultad: en su vuelta, to- 
mó aquí á su cargo por devoción, y pintó de su mano los lienzos 
de la pasión de la iglesia del Calvario, en que se ocupó desde el año 
de GÓ4 hasta el de Gó6. Si otros oficios decaían, porque los desde- 
ñaban los españoles europeos, al llegar á las Indias Antonio Espi- 
noza blasona de su profesión, al obtener vecindario en el pais en 
9 de noviembre de 658. Alonso Alvarez hace durable su nombre, 
pintando la vida de San Pedro Nolasco, y la fama conserva el de 
Merlo por el acierto de sus obras. Balthazar España en 1714 agre- 
ga á la pericia de su profesión la del grabado, trabajando la lámi- 
raa que da fachada á la Crónica del p. Vasquez. El p. don Juan 
Sánchez, que acredita su habilidad en la relojería, no quiere privarse 
de la gloria de pintar entre otras piezas el lienzo de la pasión del Co- 
legio de Cristo. Así conserva su perfección este arte, y se preserva 
del atraso que la ofuscación del siglo indujo en otros conocimien- 
tos útiles. 

Semejante honra pertenece todavía con mas justicia á la escul- 
tura, que trasmitida por los discípulos de Quirio Cataño, que se 
han mencionado otra vez, es acogida y cultivada con esmero, pai'a 
decirlo así por Pedro de Mendoza á quien Ximenez lib. 5 cap. 1 3 
llama escultor insigne, y refiere, que murió á 6 de enero de 1G62. 
A mediados de este siglo corresponde la estructura de la estatua 
de San Dionisio, que Juarros en el trat. 7 aun inédito cap. 3 ex- 
plica tenia altar el año de 669 á la espalda del coro, hacia la puer- 
ta principal, cuando se demolió la antigua Catedral. A este profe- 
sor sucedió el célebre Zúñiga, artífice délas estatuas de Jesús -Na- 
zareno de la Merced y de Candelaria. El propio escritor trat. 2 cap. 
6 refiere, que andando el tiempo, y creciendo la devoción, fué 
consagrada la de la Merced, el dia 5 de agosto de 1717, á imitación 
de la de nuestra Señora de los Reyes de Sevilla. Euego floreció A- 
lonso de la Paz que fabricó la de Señor San José, y a cabo de tiem- 
po fué colocada en el templo de este nombre, construido por el a- 
ño de 1740, deque hace relación el propio Juarros cap. 9: ocurren 
indicios de que á esta profesión juntó la de pintura, y son de 
su mano los lienzos del Patrocinio y los cinco señores colocados en 



204 CiPÍTltO LXXXX. 

la misma iglesia. Mas adelante ocupó su lugar Juan de Cliavcz^ 
autor de las estatuas de San Sebastian y San Francisco de Paula, 
colocadas con posterioridad, según testimonio del mismo escritor tr, 
7 c. 3, en sus respectivas capillas en la nueva catedral, de las cua- 
les amplió después la segunda el señor arzobispo Figueredo. Tam- 
bién conserva la fama los nombres de Rudecindo, que murió de 
cien años; de Gervasio Cuellar, que cegó, Martin Cuellar y otros. 

El padre José Ignacio Yallejo de la Compañía, natural de Gua- 
dalajara, de quien Juarros babla entre los bombres ilustres del pais 
por baber venido al colegio de Guatemala el año de 1752, y mo- 
rado en esta ciudad basta el de G 7 en que fué expulso, escribió en 
Italia una vida de Seuor San Josepb, que imprimió en Cesena en 
17 74, y hablando de su culto en la ciudad de Guatemala, en la p. 
3 cap. 5, dice. Las estatuas del Santísimo Patriarca que allí se 
baeian, y se yeneraban eran por su multitud innumerables, y todas 
según las medidas del arte, que perfectamente poseían en estos úl- 
timos tiempos los célebres maestros Blas Bodega y Matias España, 
La encarnación se la daban á estas estatuas, que por lo común 
eran de finísimo cedro, los diestros oficiales Garlos Bolaños, JosepU 
Guzman, y Gaicano Guzman, con tal acierto, que estas obras de 
sus manos eran tan pretendidas de toda aquella América, que ape- 
nas podian los artífices satisfacer á los deseos délos pretendientes. 
Otras estatuas se baeian déla piedra de Guamanga, que era una 
bellísima especie de mármol, que llevaban á Guatemala los peru- 
leros comerciantes. 

La música tuvo distinta suerte, y parece siguió la condición de 
los otros conocimientos útiles, porque si en los principios se halla 
memo, ia de sus profesores, mas adelante no aparece rastro alguno. 
Toca la gloria de llevar la primacía en el puesto de organista de la 
Santa Iglesia Catedral á Antonio Pérez, mencionado en cabildo de 
1" de diciembre de 1548. Entró en su lugar el año de GO Gaspar 
Martínez. Así consta en acta de 20 de Marzo de 1571, en que pre- 
sento un memorial, diciendo: soy organista, que bago los órganos, 
y los sé tañer, y siempre los tengo concertados y templados, y ade- 
rezados; y este órgano que la dicha Iglesia tiene, yo lo hice, y no 
se me pagó por él lo que merecía conforme al gasto y tí"abí\jo que 
en ello puse y gasté. Llevaba once años de servicio, pedia renta 
\italicia, y se le concedió por diez, ciento noventa pesos, que te* 
nia: faé casado y tuvo hijos. 



OTROS IMPRESOS. 295 

Mas adelante se hizo uso de la viola, llamada en el Diccionario 
ñe la lengua castellana, instrumento de seis cuerdas, que sin duda 
dá el nombre á dos profesores, que en el encabezamiento de alca- 
balas del año de ICO 4 son designados con la denominación de vio- 
leros, y lo fueron Juan de los Reyes y Francisco de Santa Cruz. 
Del rabel, á que el Diccionario designa tres cuerdas, y de violón 
á que dá cuatro, se hace mención en las fiestas de la canonización 
de San Pedro Paseasio, el año de 1G7 3, de que la relación en pro- 
sa, algún tanto rimada, escrita por iSúñez, al cap. 3 dice. Passe 
por fábula, la música que forman las Sirenas en los palacios de ne- 
vada espuma: sea ficción norabuena la cítara de Apolo, que des- 
pertaba los castalios coros de las Piusas: sea idea inventada ei 
acento dulcísimo de Atlante, que enseñaba dulzuras á la Yida: que 
no es ficción, ni fábula decir yo, que las acordes y sonoras músi- 
cas, que estaban en la Iglesia suspendían los sentidos de los hom- 
bres, por suaves, por acordes, y sonoras, ni fábula tampoco, que 
dispertaban á las nue\ e deidades del Olimpo; pues no hubo hom- 
bre alguno, que se hiciese lenguas en alabar lo diestro, lo claro, y 
dulcísono de las harpas, vigüelas, violones, y rabeles, que sona- 
ban. He aquí el conjunto de instrumentos que formó la música eu 
este siglo. Alabando el mismo escritor en el cap. 9, la letra del vi- 
llancico, expresa que se cantó con el harpa. 

Se mencionan músicas en las fiestas reales en todo el siglo 1 7 
y parte del 18, conducidas en carro con pompa, y debió haberlas 
en los portales altos del cabildo y en las comedias; mas á tiempo 
que se designan quinientos y mil pesos para comidas y banquetes, 
ochocientos y mil para fuegos artificiales, y á este tenor cantida- 
des semejantes para otras invenciones de regocijo, no se hallan una 
vez señalados ciento para música: muestra de que su gasto era 
tan tenue, que no hacia bulto, y de que agregado á los otros, no 
era bien remunerado su desempeño, ni estimulado el ejercicio de la 
profesión. Así es que el único mejoramiento que se nota en la ca- 
pilla de música de la ('atedral, corriendo el siglo 1 8, es la agrega- 
ción de un instrumento regional, la maiimba, desde luego algún 
tanto perfeccionada. Mucho se debería al talento raro de Padilla, 
<iue üoreció por este tiempo: vivía con un ))rofesor, acaso el maes- 
tro de capilla, Ramón Zaens, y llegando á poseer las matemáticas 
y la ciencia del sonido, embelesado en la música, inventa instru- 
mentos, descubre artes de composición, y dá á la facultad impulso 



296 CAP. LXXXX. — OTROS IMPRESOS, 

y estimación. 

Mas era llegada la época de su adelantamiento. Jnarros refiere 
del señor Pardo, que fué natural de Lima, de esclarecido linage, y 
religioso del orden de los mínimos, que habiendo seguido lucida 
carrera en las letras, hizo viage á España con amplísimos poderes 
de su convento para las cortes de Madrid y Roma; y en fin, que nom- 
brado secretario del general, á quien desempeñó felizmente, fué 
presentado por el rey para la mitra de Guatemala el año de 1735, 
en que aun era este obispado sufragáneo de México. Una tradición 
local ha conservado memoria de que el nuevo obispo que era afec- 
to á la música, tocando en Sonsonate de tránsito por la mar del sur 
para aquella metrópoli, habia sabido el atraso que en esta parte su- 
fría la ciudad episcopal que después le perteneció, y dispuso en su 
venida, traer y trajo en efecto un profesor de la facultad, de apelli- 
do Palomino, cuyo instrumento principal en la ejecución fué vio- 
Ion, y vivia en el palacio. Esto y mucho mas es de creer de un pre- 
lado, de quien el mismo Juarros escribe. Apenas llegó á su Igle- 
sia, cuando comenzó á hermosearla con magnificencia: adornóla 
con famosas pinturas, elegantes estatuas y suntuosos altares. So- 
bre todo, emprendió y consiguió la exaltación de esta Iglesia en 
metropolitana, llegando á ser su último obispo y primer arzobis-* 
po: construyó un magnífico templo en Esquipulas, cuya sola ar- 
quitectura mereciera aqui un elogio distinguido; y en fin, fabricó 
un palacio de campo en Dueñas. 

El licenciado don Antonio de Paz y Salgado, abogado de esta 
real audiencia, escribió una relación, así del estado de esta iglesia, 
siendo sufragánea, como de las diligencias practicadas para su exal- 
tación en metropolitana; de la venida é imposición del palio: de las 
solemnidades que hubo en ello y fiestas que se hicieron: la cual im- 
primió en México en 1747; y hablando de la llegada y recibimien- 
to de la insignia en la Iglesia Catedral, refiere haberse cantado un 
solemne TeDeum, que entonó, dice, la armoniosa capilla del choro, 
gobernada por su famoso maestro Kiros, en cuya diestra pericia, y 
suaves modulaciones parece se ha pasado todo el aire, y estilos déla 
Italia. Era natural del pais, su nombre Manuel, acaso hijo del capitán 
don Antonio Ernandes de Quiros, y sin duda para el estreno del 
templo le llevó consigo el señor Pardo á Esquipulas. Fué sobrino 
y discípulo suyo, y sucesor en la capilla el maestro Rafael Caste- 
ilanos, y contemporáneos de este último, Mateo y Manuel Pellecer: 



CAP. XCI. CONTRABANDO. 297 

discípulos del primero los maestros Miguel Pontaza, Pedro Ariston- 
do, Francisco Aragón, de quien fué hijo y discípulo José Antonio 
Aragón; y del segundo, José Tomas Guzman, Narciso Trujillo, y 
Vicente Zaens, de quien lo fué Benedicto Zaens: todos sujetos que 
adquiriendo comodidades en su oficio, hicieron casa en lugares 
principales, y dejaron familias de lucimiento. El propio Salgado 
es autor de otra obra impresa en Guatemala con 80 páginas en 
cuarto, en 'que se dan muy cuerdas advertencias á los litigantes 
,en la primera parte, y en la segunda á los oficiales del foro, con una 
instrucción de los formularios de escritos, autos y diligencias de 
varios juicios, y en el criminal se menciona menudamente la prác- 
tica del tormento. 

— 0(í)g-@£CDD ^ 

CAPÍTULO 01. 

Coiitraliaiiilo. 

Habiéndose escaseado al fin del siglo 17 las embarcaciones de 
la flota, que venia anualmente al comercio de las Indias, y dis- 
minuídose también las toneladas del cargamento que traían, para 
surtirlas desde 27.300 hasta 12000 y aun 6000, según va expuesto; 
y por otra parte, comenzando, después de la guerra de sucesión, á 
florecer las artes en España, fué consiguiente que las diez y nueve 
partes de efectos y frutos extrangeros, que venían en ellas, menos- 
cabasen, y que esto fuese tanto mas reparable, á los estrangeros 
interesados en ellas, cuanto la demanda de las colonias iba en au- 
mento. De aquí fué que los ingleses, dice Robcrtson lib. 8 § 
51, acostumbrados á tener parte en su comercio, solicitaron, y les 
concedió Felipe Y por asiento el permiso de que enviasen un navio 
suyo con 500 toneladas, en unión de los de la flota que venia á la 
feria de Portobelo. 

En consecuencia, continúa Robertson, comisionados ingleses se 
establecieron en las ciudades de Cartagena, l*anamá, Veracruz, 
Buenos-Ayres (asi el autor), y otros lugares de comercio. El velo, 
con que España habia cubierto hasta entonces el estado y los nego- 
cios de las colonias, fué alzado. Los agentes de una nación rival, 
admitidos en los principales lugares de comercio, no fidtaron en 
medios de instruirse de la posición interior de sus provincias, de 
ToM. 2. (39) 



298 CAPÍTULO xa. 

sus necesidades constantes ó accidentales, y de conocer la especie de 
mercaderías, cuya importación era mas ventajosa. Bien pronto, por 
estas informaciones, auténticas y prontas, los negociantes de Ja- 
mayca y las otras colonias inglesas, puestos en ligación de comercio 
con el continente español, estuvieron en aptitud de surtir y pro- 
porcionar exactamente sus cargamentos á las necesidades del mer- 
cado, de manera que el comercio de contrabando llegó á ser mas 
fácil y mas estenso. 

No era ya el navio del asiento lo mas pernicioso al comercio 
de España. Los agentes de la compañía inglesa de la mar del sur, 
al abrigo de la importación que estaba autorizada para hacer por 
el navio que enviaba todos los años á Portobelo, esparcían sus mer- 
caderías en el continente español sin límites y sin obstáculos. En 
lugar de un navio de 500 toneladas, como era estipulado por un 
tratado, ellos empleaban uno de mas de 900, y éste era acompa- 
ñado de dos ó tres embarcaciones, que amarradas en alguna cale- 
ta vecina, ofrecían clandestinamente nuevas mercaderías, para re- 
emplazar las que habían sido vendidas. Los inspectores de la feria,. 
y los oficiales de la aduana, ganados por presentes Considerables, 
facilitaban el fraude. Después de fundar el autor estas noticias en 
informe del presidente de la audiencia de Quito, dado antes de la 
declaratoria de guerra de 1739, las estima exageradas y disculpa á 
la compañía, atribuyendo estas operaciones á sus dependientes, y 
confesando, que el comercio de contrabando de la Jamayca y las 
otras colonias inglesas había llegado á ser muy considerable. 

Aunque en ningún puerto del reyno de Guatemala se puso enton- 
ces comisionado, sin embargo, fué frecuentado lo bastante el con- 
trabando en sus provincias. En acuerdos de 22 y 29 de marzo de 708 
se manda hacer averiguación de él en la de Honduras, y por omi- 
sión en su celo es suspenso el teniente de Yoro. El rey, en cédula de 
1 5 de marzo de 7 1 o intima esta vigilancia á la audiencia; y en acuer- 
do de 1« dejuniode711 se hace mención de autos de pesquizas he- 
chas sobre averiguar los comercios, tratos y contratos que ha habido 
de años á esa part econ extrangeros enemigos de la corona de la mis- 
ma provincia. En 19 de diciembre de 712, se defiere al señor Pé- 
rez Carpintero, obispo de aquella diócesi, seguir averiguación con- 
tra dos curas, uno de ellos de la ciudad de San Pedro, por el co- 
mercio y trato, que con ingleses se percibe han tenido. En los acuer- 
dos de 26 de noviembre de 714 hasta 24 de setiembre de 716, oeur- 



CONTRABANDO. 



299 



ren denuncias contra los vecinos y naturales déla provincia de Co- 
inayagua en general, y contra particulares sobre comercio con ex- 
trangeros enemigos de la corona: el gobernador dá cuenta de la 
aprehensión de unas cartas, en número de cinco, escriptas por el 
cabo de una embarcación de ingleses, á tiempo que es acusado de 
público comercio con ellos: renuncia el puesto; pero sin entender 
en la renuncia, se manda hacer averiguación, cometida al oidor 
Rodezno, que se constituye en la capital de la provincia, y toma el 
gobierno: el gobernador se viene á Guatemala, es preso en esta 
ciudad en las casas de cabildo, y fuga de ellas, sin saberse mas. 

En Costa-Rica, según acuerdo de 10 de noviembre de 718, el 
gobernador forma proceso á su antecesor por trato y contrato con 
enemigos, que continúa su sucesor. En sentencia de vista de 7 de 
julio de 722 resultan ya 21 cuadernos, y en ella absuel tos dos ve- 
cinos de Cartago acusados de trato y comercio por Matina con zam- 
bos, mosquitos, y enemigos de la corona. Mas adelante aparecen 
ya factores ingleses, que no son muy desechados: porque apelando 
de un comiso declarado por el superior gobierno á la audiencia, 
en ella se deniega lugar al recurso en 2 de setiembre de 7 33, con- 
firmando lo hecho, dice el acuerdo, en todo lo que no se compren- 
diese en comercio, y pueda entenderse contenido en la capitula- 
ción de su asiento. 

Echevers, en su ensayo mercantil publicado en esta ciudad el 
año de 741 al n. 49, hablando de la provincia de Honduras, la- 
menta el comercio ilícito que hacen los ingleses, sin que los pobres 
habitadores lo puedan impedir, porque se les entran, dice, hasta 
sus casas á sacar los frutos: deplora igualmente el extravío de las 
platas, que se luicen de los minerales, por la comodidad de la cer- 
canía, y estar de continuo los ingleses protejiendo á los zambos de 
el mosquito; y así mismo en el establecimiento que tienen hecho en 
el rio de Balis, después que fueron expelidos de la laguna de Tér- 
minos, el comercio grande que tienen de palo de tinte, que llaman 
de campeche. Alcedo, tratando esta materia, escribe. La estraccion 
de palo de campeche que hacen los ingleses, se reputa en veinte mil 
toneladas al ano, y el producto de lo que los holandeses sacan de 
los géneros que llevan, en mas de 300 mil pesos. 

El propio Echevers, en el ensayo publicado el año de 742, al 
n. /il, dice. La pimienta de Chiapa tiene en el Perú gran consumo, 
y por la experiencia que tienen de ser saludable la prefieren á la 



500 CAPÍTULO XCI. 

de la India oriental: cójese con grande abundancia en toda la costa 
del norte de este reyno, de donde la sacan en crecida cantidad los 
ingleses y la llaman pimienta de Jamayca, los holandeses amomi; y 
solo los españoles, criándose en sus dominios, no la usan ni la co- 
nocen, tanto que don Gerónimo Uztariz en el libro cxue escribió de 
comercio, dá una escasa y limitada noticia. 

Volviendo ahora á Comayagua, en acuerdo de 8 de noviembre 
de 1745, resulta otro gobernador de la provincia refugiado en sa- 
grado, y se trata de exterminar el comercio ilícico con enemigos, 
de la corona. 

En lo que va referido desde luego es de notar que no aparecen 
incursas en contrabando las provincias de INicaragua y Guatemala, 
lo cual puede dimanar de las distintas circunstancias de cada una 
de ellas: porque Guatemala, mal ó bien, era abastecida de los na- 
vios de registro que venían de España; pues aunque venian á 
Honduras, su carga en el todo ó la mayor parte era de vecinos de 
Guatemala, y cuando no fuese, según el establecimiento de la adua- 
na y superintendencia de ella, de que se habla en cédula de 13 de 
marzo de 690, toda la de bodegas era dirigida con guias á esta 
ciudad, y de ésta con las mismas distribuida á las provincias: lo 
propio debe decirse del retorno de viage de la Veracruz por dispo- 
siciones anteriores concernientes á evitar el contrabando de la ro- 
pa de China, de que se ha hecho mérito: con que la capital de 
esta provincia, que lo era del reyno, venia á ser el centro del co- 
mercio, y el almacén de las mercaderías de Europa y la China, de 
que se habían de surtir las demás provincias. 

San Salvador llamaba á su seno las mercaderías de Guatemala 
en sus ferias de tinta, bálsamo y bainillas, así llamadas clásicamen- 
te en acuerdo de 31 de diciembre de 1742, y participaba del sur- 
timiento de Sonsonate, donde había caja y oficiales reales. Nicara- 
gua, después que Granada cesó de ser una plaza de comercio me- 
diado el siglo anterior, era surtida por el Realejo de los mismos 
navios del Perú, y sus tintas entraban en la feria de San Miguel. 
A Comayagua en este tiempo solo quedaba el cambio de susreses, 
que traía á las cercanías de Guatemala. El comercio que Costa- 
Rica hacia entonces con Panamá por la Caldera no merecía el nom- 
bre. Nicoya, lo mismo que los olanchanos, traía sus ganados á la 
feria de la Lagunílla. ¿Qué mucho es, pues, que aquellas dos pro- 
vincias, provocadas por la costa del norte, y puestas en tales cir- 



co^TRABÁ^'Do. 501 

cunstancias, admitiesen el contrabando? Bien podian las cédulas 
de 556, 557, 603, 606, y 610, redactadas en la ley 8 tit. 13 lib. 3 
de la Recopilación publicada el año de 680, imponer la pena de 
muerte. Los hondurenses y costaricenses se bailaban en el caso, que 
Robertson ba dicbo, se bailaron los españoles, de una ley de ne- 
cesidad, mas imperiosa que las leyes bumanas. Es por esto, que 
no ocurre ejemplo de baberse aplicado: primero, porque éstas obra- 
ron su efecto; después, porque perdieron su fuerza. 

Murillo en la Geografía lib. 9 cap. 10, transcribiendo la Gace- 
ta de Madrid de 10 de febrero de 723, dice: los galeones vinieron 
muy interesados, pues solo en especie de oro y plata en moneda y 
en pasta traen 12.319.549 pesos: los dos millones 92,266 ps.para 
S. M. y los diez millones para particulares; y ademas 954 tercios de 
grana fina; 45 de silvestre: 708 de tinta añil: 2859 de cacao guaya- 
quil: 498 de jalapa: 30 de zarza: 3 de contrayerba: 3.33.4 de taba- 
co en rama: 1.100 de cascarilla: 37 cajones de bainillas: 14 de 
chocolate: 2 de polvos de guajaca: 156 de regalos: 5 de carey: 
25 de copal: 17 de bálsamo: 938 de azúcar: 4.937 de tabaco en 
polvo: 14 sacos de lana de vicuña: 2.782 quintales de palo bra- 
sil: 354 palos de guayacan: 17.611 cueros curtidos y al pelo: 2 
sacos de algodón: un cajón de liquidambar; y 1.082 planchas de 
cobre. Transcribiendo la de 25 de agosto de 739, y la carga de 
los galeones, dice: iban 5,141.133 pesos en oro y plata: 22.128 ai'- 
robas de grana fina: 683 de silvestre: 4.272 de añil: 2.800 de 
purga: 554 de achiote: 17.681 de tabaco en polvo: 24.682 en ra- 
ma: 361 fanegas de cebadilla: 433 quintales de palo de tinta: 
279.700 bainillas; y 3.827 curtidos. Se deja ver la rebaja de uno 
á otro cargamento; y no se expresa la pertenencia de su propie- 
dad. 

Para ocurrir al contrabando que hacían los holandeses apode- 
rados de las cosechas del cacao y del azúcar del distrito de Cara- 
cas con la proximidad de la isla de Curazao, se estableció una com- 
pañia de vizcaynos, á que concedió Felipe V en 1728 el derecho 
de hacer este comercio en derechura con la península, y traer mer- 
caderías de Europa en retorno, con la calidad de equipar á sus ex- 
pensas un suficiente número de embarcaciones para purgar la cos- 
ta de contrabandistas. La compañía, dice Robertson, condujo con 
tal vigor su comercio, que la España recobró este ramo importante 
del tráfico de sus colonias, proveyendo abundantemente á las ne- 



502 CAPÍTULO XCI. 

cesiclades de su consumo, y fueron también surtidas por ella de 
este fruto, según se ha observado, los puertos de Veracruz, y la 
Habana. Esta última estableció igualmente por este tiempo su com- 
pañía de comercio, llamada, según el manuscrito de Aguirre y 
Arostegui. 

No faltó la España en hacer otros esfuerzos para reprimir el 
contrabando. Dispuso apostar en las costas de las provincias mas 
frecuentemente visitadas de los contrabandistas, navios armados 
con el nombre de guarda-costas, de que se ha hablado con respec- 
to á Guatemala. Como el interés particular, nota aquí Robertson, 
y el deber contribuían á hacer á los oficiales de estos navios activos 
y vigilantes, los progresos del comercio de contrabando disminuye- 
ron. Ciertamente era imposible establecer un número de cruceros 
suficiente para guardar una estension de costa tan dilatada y acce- 
sible. No obstante, la Inglaterra sintió la pérdida de una comunica- 
ción ya como establecida, y tan fácil: se excitaron reclamaciones y 
quejas; y se hicieron mas interesantes con actos de violencia de par- 
te de los capitanes délos navios guarda-costas, empeñando á la In- 
glaterra en reclamaciones y quejas. El rey, dice Murillo, se avino 
á pagar 95 mil libras esterlinas por los daños; mas no en que los 
capitanes guarda-costas dejasen de registrar en la mar las embar- 
caciones inglesas, y declaró esta nación á España la guerra el año 
de 739. 

Los ingleses, escribe Alcedo, á las órdenes del almirante Wer- 
non y del general Wembort sitiaron á Cartagena en 1740, arrui- 
nando sus castillos, y bombardeando la ciudad, sin poderla tomar, 
porque la defendieron gloriosamente el virey don Sebastian de Es- 
laba y don Blas de Lezo, tenientes generales de mar y tierra, que 
les hicieron abandonar la empresa precipitadamente con mucha pér- 
dida. El vice-al mirante Anson, que según va expuesto entró por 
este tiempo á la mar del sur, corrió, dice Robertson, la costa de 
Nueva-España, y tomó en la de Acapulco un navio de la carrera 
de Filipinas, con 1,313.843 pesos, sin contar la plata no amoneda- 
da, importante 36.611 pesos mas. Por medio de esta guerra, aña- 
de, España se desembarazó del asiento, y quedó libre para arreglar 
el comercio de sus colonias. 

Guatemala y Nicaragua, que han parecido exentas del contra- 
bando ingles, hay indicios de que no lo estuvieron del de ropa de 
China. UlloayJorge Juan en el cap. final déla p. 1, después de 



CONTRABANDO. 505 

tratar del que hacían los santafenos, popayanes y quítanos, to- 
mando la mitad de su carga en los puertos de feria, y la otra 
mitad ó mas, de los ingleses en la costa de Tierra firme; después 
de explicar el que practicaban los españoles de la península en 
Cartagena, demorándose en el puerto y reemplazando la carga de 
un barco, habla del que ejercían los otros americanos en lo largo 
de la costa del Perú, Panamá y Nueva-España, bajo cuyo nombre 
son comprendidas á veces las provincias de Guatemala y sus puer- 
tos, cuyos son los productos que mencionan, porque dicen: como 
hay arbitrio en aquellos presidentes de conceder licencia á algu- 
nas embarcaciones para que pasen á la costa de jSueva-España, 
van éstas con registros corrientes, y á su vuelta infestan con ropa 
de China todas las costas del Perú; porque aunque no les es líci- 
to llevarlas, no por eso dejan de hacerlo, y tomando alguna carga 
de añil, brea, alquitrán ó hierro, que son los efectos que se pue- 
den traer de Nueva-España al Perú lícitamente, á la sombra de 
ellos entran todos los demás. 

Si la imputación que se hace aquí á Guatemala y Nicaragua, 
fuese referente á la primera mitad del siglo 17, hallaría apoyo en 
los acuerdos, apercibimientos y providencias del gobierno general 
del reyno, dictadas para remediar la contravención en la tierra 
adentro y en los puertos hasta el desaguadero; pero aludiendo á la se- 
gunda mitad de ese siglo y la primera del 18, ella no encuentra men- 
ción ni rastro en ninguna acta ni acuerdo, que la corrobore, ni 
ejemplo alguno de apercibimiento, debiendo hacerse, si lo hubiera 
habido: por ejemplo, cuando fué denunciada la fragata San Lo- 
renzo el año de 1G69 que hacia viage al Perú cargada de brea por 
cuenta del corregidor de Sébaco; y en 671, cuando se prohibió de 
nuevo la navegación de este reyno para el del Perú, no por cul- 
pable de abusos, sino por expuesta á inconvenientes. 

Esto es por lo que toca á la última mitad del siglo 17, que en 
lo respectivo á la primera del siguiente, lejos de ocurrir anuncio de 
contrabando, resultan datos en muy diverso sentido. En acuerdo 
de 18 de mayo de 71 1, (\ petición de un vecino de Lima se confir- 
ma la multa de 150 pesos impuesta á otro de Esparza, por haber 
faltado á la legalidad en la visita que hizo de la fragata Nuestra Se- 
ñora del Carmen: lo cual mas bien prueba rigor y daijos, que otro 
genero de prevaricación. En sentencia de 27 de mayo de 721 se 
confirma otra de 18 de julio de 713, del comiso de si cajones con 



504 CAPÍTULO XCI. 

349 rail pesos venidos el año de 703 al puerto del Realejo del del 
Callao, con licencia y registro en el navio San Juan Bautista, por 
que sus dueños eran vecinos de México, y á los moradores de este 
rey no estaba vedado el comercio con el del Perú. La causa se siguió 
en rebeldía con los estrados, porque nadie reclamó su dinero; y el 
maestre del navio no lo perdió, porque tuvo la advertencia de re- 
tirarse, prestada caución de estar á juzgado y sentenciado. 

Sin embargo, caso que estas provincias se preservasen del con- 
trabando por su rara sumisión y docilidad, y durante la larga y re- 
ñida contienda con la casa de contratación sobre los vinos del Pe- 
rú, su recato no debe haber pasado de principios del siglo, porque 
mas adelante, él se halla testificado por Echevers en su segundo 
ensayo año de 1742, tanto mas auténticamente, cuanto debiendo 
guardar silencio, profiere lo muy preciso para cerrar su razona- 
miento al número 56 por estas palabras: si no se pone remedio po- 
drá prohibirse totalmente la correspondencia de una á otra costa; 
pues en estos años, á causa de la guerra y la escasez de ropas ha 
tolerado el comercio del Perú con un violento disimulo las ilíci- 
tas introducciones: luego que con la paz se restablezca el de Por- 
tobelo, no disimulará mas, y á la menor insinuación que haga el 
comercio de España, y ambos al rey, ¿quién podrá impedir una 
prohibición rigorosa, como la que últimamente sucedió al tráfico 
de los navios para Acapulco? En fin, UUoa y Jorge Juan escriben: 
no hay puerto, ciudad ó población en las Indias, que no adolezca 
en mayor ó menor exeso, del comercio ilícito. Y mediado el siglo, 
ocupado por los ingleses el tránsito de Roatan áBalis, ya se men- 
ciona el de mercería por esta costa con Guatemala en la represen- 
tación de Lacayo del año de 759; y mas adelante el de otros efec- 
tos por los desiertos del Lacandon, especialmente por el rio de 
Tabasco, que sale á la laguna de Términos. 



CAPÍTULO n, 

A^iiarcllefiíte ele caña. 

En el tiempo que pudo preciarse Guatemala de no comerciar en 
géneros prohibidos, tuvo harto que lidiar en lo interior su capital 



AGUARDIENTE DE CAÑA. 505 

con el aguardiente clandestino. Un auto acordado de gobierno, dic- 
tado por el presidente y oidores en 20 de mayo de 1585, dice: en 
los obrages y trapiches de azúcar se dá á los indios una bebida, 
que llaman guarapo, de que se emborrachan, y á unos se lo venden, 
y á otros se lo dan en paga de su jornal y trabajo, y para que ce- 
sen las ofensas de Dios nuestro Señor que dello resulta, y el da- 
ño de los dichos indios, mandaban y mandaron, que ningún señor 
de trapiche de azúcar por sí, ni por la persona, que lo tuviere á su 
cargo, ni por sus criados, direte ni endirete, no dé el dicho gua- 
rapo á indios, vendido ni en pago, ni por otra via, ni en mane- 
ra alguna, so pena de diez pesos. Guarapo llama Alcedo, bebida 
común en todo el reyno de Tierra-firme, y otras partes, que es el 
vino de los negros y gente común: se hace del zumo de la caña 
dulce puesto en agua, y dejado fermentar: hay tanto consumo de 
él, como de pulque en Nueva-España: también se hace de maiz, 
y es el que usan en el Perú. 

Otro auto dictado por el presidente Osorio en 1 1 de octubre de 
1635, dice: sin embargo de estar prohibido por autos de este 
gobierno general y por hordenanza de esta ciudad, que ningunas 
personas sean osadas á hacer la bebida, que llaman chicha, que 
acostumbran beber los indios y negros, con que se embriagan, por 
el daño que se ha experimentado hace la bebida, imponiéndoseles 
penas y apercibimientos sobre ello; todavía en su contravención se 
acostumbra hacer y dar á beber á los dichos indios y negros ocul- 
tamente, no solo por personas tales, sino también por españoles, 
que lo tienen por grangería sin atender al daño, que causan cou 
ello de morirse los que beben el dicho brevage, y que se tiene por 
cierto, que por acostumbrarse en el reino de Nueva-España se ha 
consumido la mayor parte de los naturales de ella; y para que el 
exceso, que en esto ha habido se remedie de aquí adelante, y se 
escusen semejantes daños, é inconvenientes que resultan en deser- 
vicio de Dios nuestro Señor y de la república, mandaba y mando, 
se pregone en esta ciudad y las demás cabezas de partidos de es- 
tas provincias, que ninguna persona de ninguna calidad que sea, 
sea osado á hacer el dicho brevage de chicha, ni á venderlo publi- 
ca ni secretamente, so pena, al español que lo hiciere ó consintiere 
en su casa, de cien ducados, y siendo mestizo, indio, mulato, o ne- 
gro que tenga caudal, la misma i)cna y cien azotes, que le sean 
dados por la» calles públicas, y no pagando la dicha condenación 
TOM. 2. (40) 



506 CAPITULO XCII. 

pecuniaria le sean dados 200 azotes en la forma referida, luego in 
fraganti, sin que en razón de ello sea necesario hacer estrépito de 
juicio. Cliicha, dice Alcedo, bebida común de los indios y de la 
gente de color: es el fermento de alguna fruta, y por eso hay mu- 
chas especies de chichas, que toman el nombre de lo que la hacen, 
como chicha de pina, etc. 

Habiendo sido condenados y sufrido tres indígenas de San Gas- 
par el suplicio de cien azotes cada uno á virtud de auto de 7 de 
llenero de 666, proveído por el maese de campo don Roque Maya 
de Salcedo, caballero del hábito de Santiago, alcalde ordinario mas 
antiguo de esta ciudad, por decirse tener en su casa diicha, el fis- 
cal Miranda Santillan apeló á la audiencia, alegando, á pesar del 
auto acordado del presidente Osorio, la falta de forma de juicio, y 
exceso de facultades en la justicia ordinaria. Con efecto, la necesi- 
dad de comunicar á la audiencia la imposición de una pena aflic- 
tiva, no se había puesto hasta entonces, y la que se habia prescri- 
to en la de muerte para su ejecución, se habia quitado dos años 
antes en cédula de 25 de agosto de 664, comunicada á esta audien- 
cia, que forma la ley 16 tít. 8 lib. 7, y que mas adelante fué dero- 
gada; pero la necesidad de un juicio, no lo habia sido. Así es que 
la audiencia, en auto de ll del mismo enero, declaró nulo el del al- 
calde pronunciado el día 7, ordenando para lo sucesivo en toda 
pena aflictiva la necesidad de un juicio, y la noticia de la audien- 
cia que no exigía la cédula, con pena de 500 ducados. 

Los alcaldes ordinarios Maya y don Francisco de Agüero, á la 
cuenta hijo de don Juan de Agüero, gobernador de Nicaragua y 
nieto del oidor de este apellido, dieron petición á la audiencia, ma- 
nifestando que muchas veces acontece aver causas tan leves, que 
si se hubiese de escribir en ellas, fuera causar costas, y detención 
á las partes, y éstas suele ser necesario sean castigadas con azotes, 
que se dan en la picota, ó en un pilar de los portales, ó en otras par- 
tes, con que se procura remediar el daño y que sirva de ejemplo, 
y para observancia de lo mandado, piden y solicitan se declare, si 
en semejantes casos se debe dar cuenta. Dada vista al fiscal, éste 
responde: que ésta era pena corporal donde quiera que se aplica- 
se: que proceder conforme á derecho y dar cuenta á la sala de jus- 
ticia que está patente para oír á todos, no es de inconvenien- 
te ni gasto ni dilación en las causas sumarias; y en todos ca- 
sos debia guardarse lo mandado. La audiencia por auto de 4 de fe- 



AGUARDIENTE DE CAÑA. 507 

brcro siguiente, declaró, que en cuanto á la justificación del deli- 
to y del delincuente no hubiese ecepcion, mas en dar cuenta á la 
sala del crimen, la hubiese en los castigos leves, que no excedan de 
50 azotes, en personas viles. Por lo que se ve la reforma del auto 
del presidente Osorio, y la modificación de la cédula, únicamente 
suenan «n esta capital. 

Sin embargo de estas providencias, el guarapo y la chicha sub- 
sistían, y para la fábrica y venta del primero parece que no falta- 
ron factores ingleses. En cabildo de 17 de julio de 703 se presen- 
tó escrito por Santiago Izquierdo y otros vinateros, pidiendo que 
un ingles nombrado Juan, y otro que está en el barrio de San Se- 
bastian se les cierren sus tiendas, y que estaban prestos á pagar lo 
que importasen las licencias; á que se mandó que dichos dos ta- 
berneros legitimasen sus personas. Sin duda la exigencia del tiem- 
po dictó poco después la cédula de 30 de setiembre de 714, diri- 
gida á este reyno, cuyo sumario dice: se prohibe con varias penas 
la fábrica, venta y uso del aguardiente de caña. De este caldo, con 
respecto á las colonias inglesas de la América, escribe Smith lib. 4 
cap. 7: el ron es también un artículo muy interesante del comercio 
americano, conduciéndolo á las costas de África, de donde se sa- 
ca el retorno de esclavos negros. He aquí que mientras el negro y 
el indio son personas viles, á los ojos del magistrado guatemala- 
no, á los del comerciante anglo-americano son unas mercaderías, 
de las cuales en esta época por una botija de aguardiente adquie- 
re al uno en la costa de África, y al otro en la de Mosquitos. 

Mas adelante, aparece ya otro licor. En cabildo de 9 de setiem- 
bre de 729, vióse, dice el acta, una respuesta del señor síndico á 
la pretensión de Carlos Antonio Vadis de licencia para fabricar cer- 
beza, en que dicho señor síndico contradice la pretensión, expo- 
niendo las diligencias que se están practicando para extinguir las 
fábricas de aguardientes hechizas y demás bfbidas nocivas, y que 
en esta conformidad se deniegue dicha pretensión: v so proNtvó: 
hágase como dice el señor síndico. 

Ya se ha visto que por este tiempo venían nguardiontcsdel Pe- 
rú: el permiso era para vinos; pero de seis embarcaciones llegadas 
al Realejo y Sousonate en los años de 729, 730 y 731 se ve que 
la primera trajo 800 botijas de aiínardiente, otra 1 100, la tercera 
1 70, y por este tenor las dnnas. 0)ntra este aguardiente nada se 
dijo, sin embargo de los aforismos de Paw, según los cuales se ha- 



508 CAPÍTULO xcn. 

bian proscrito los vinos peruanos: la saña recaía sobre el aguar- 
diente de la tierra. Una acta de 4 de diciembre de 733 dice: in- 
formaron los dos señores alcaldes, que sus rondas hablan produ- 
cido haber hallado en varias partes fábrica de aguardiente y que 
ademas de los agresores hablan aprendido y estaban presos parte 
de los compradores, y que sería conveniente el registro de taber- 
nas para la averiguación de los vinoteros que compran y expenden 
estos caldos contrahechos. 

Apercibiendo el alcalde primero don Juan González Batres á 
don Ambrosio Pasos por venta de rosolies, acudió éste al ayunta- 
miento pidiendo licencia para su fábrica, y recusándolo para la 
determinación, oído el síndico, pidió fuesen reconocidos los roso- 
lies por el protomedicato. El alcalde Batres, sin embargo de esti- 
mar frivola su recusación, ofreció abstenerse de votar, pero argü- 
yó de incompetencia al ayuntamiento, para la averiguación y per- 
miso, mediando para la extinción de aguardientes hechizos y be- 
bidas que causan embriaguez, la cédula de 714, que probibia la 
fábrica y venta de aguardientes de caña, y haciéndole cargo de 
conciencia los repetidos esfuerzos de los predicadores, y hombres 
justos, que lo agravan: con que se escusó al reconocimiento, y en 
cabildo de 18 de marzo de 735 se acordó prevenir á Pasos llevase 
su solicitud adonde mejor le conviniese. El acta de 19 de abril in- 
mediato lamenta lo viciado, que está esta repúbhca en su común 
con las embriagueces que causan las aguardientes hechizas, y que 
su fabricación prendía en la villa de Sonsonate, de donde se ha- 
cían las remisiones: lo cual se ordena al síndico denuncie al gobier- 
no superior, pidiendo la observancia de la cédula de 714. 

En otra de 27 de febrero de 739 representan los alcaldes ordina- 
rios los graves inconvenientes, que esta república recibe del creci- 
do número de tabernas, pasando de treinta, á tiempo que era no- 
toria la escasez de caldos puros: que la multitud de ellas evidencia la 
abundancia de aguardientes hechizos y perniciosos á la salud pública: 
que derramadas por los barrios abrigan reuniones de mucha gente 
particularmente indios; y que nada se podía remediar, sino redu- 
ciendo el número de tabernas, reformándolas, y situándolas en el 
centro de la ciudad. Como el producto que rendían á los propios 
era de 1200 á 1500 pesos, se acordó cargar esta cantidad en diez 
y seis de ellas, distribuidas la mayor parte en el centro, y una en 
cada barrio. 



AGUARDIENTE DE CANA. 609 

Este acuerdo parece que tuvo poca observancia, porque ya en 
18 de enero de 741 se mandan cerrar las tabernas que hubiese sin 
licencia, y aunque en las que la tuviesen se dispuso extinguir los 
aguardientes hechizos y vinos contrahechos, en 21 de enero de 744 
se amplió á veinte y seis el número de ellas, cada una con pen- 
sión de cien pesos, lo cual debia dificultar la reforma. Así es que 
en cédula de 1 3 de diciembre del mismo año de 44 se renueva la 
prohibición déla fábrica y uso del aguardiente de caña, por el no- 
table perjuicio, que resulta al gremio de cosecheros de viñas de 
Andalucía por la ruina total que estos experimentan con la pér- 
dida de sus aguardientes, á los dueños de navios por el poco ó nin- 
gún embarazo que hacen recelosos á la difícil venta que tienen ellos 
en estas provincias, y á la real hacienda por la decadencia de los 
derechos, que deje de percibir. 

Después de estas providencias, todavía creció la dificultad de 
su observancia, concediendo el presidente Rivera Santa Cruz di- 
ferentes licencias para la fábrica y venta de cerbeza, con que au- 
mentada la embriaguez, siendo alcalde primero don Bartolomé de 
Eguizabal, recogió muchas por el abuso que se hacia de ellas, fa- 
bricando chichas, y dejando pasar de tiempo la propia cerbeza pa- 
ra que espiritualizada causase los oficios de la embriaguez: de lo 
cual da aviso en cabildo de 8 de marzo de 746, añadiendo, que da- 
da cuenta á su señoría del señor presidente, parece no habia sen- 
tido bien de su resolución, calificándola de inmatura, y ordenán- 
dole siguiese justificación contra los transgresores, y le consulta- 
se. El ayuntamiento se halló bastante embarazado, se confirió lar^ 
gamente, se llamaron los individuos que no estaban presentes, se 
multiplicaron los pareceres, délos cuales uno era: no ser estilo del 
cabildo el sacar la cara y usar de defensa por sus alcaldes ordina- 
rios, ni por los capitulares en materias de sus ministerios, sino que 
por sí satisfacían, si se les considerase culpados; hasta que reco- 
nocido ser mas de las doce del día, se le^antal•on los dichos seño- 
res dice el escribano, difiriendo la determinación. 

Hecha visita de las tabernas con comisión especial por don Fe- 
lipe Manrique de Guzman, regidor, á ^irtud de las representacio- 
nes continuadas de los escándalos de la embriaguez, las perniciosas 
costumbres que causa, procedente del exeso y desorden con que 
se vende todo género de caldos hechizos y adulterados, del recre- 
cido número de tabernas distribuidas cu los barrios y paragcs me- 



5^0 CAPÍTULO XCII. 

tíos públicos y tiendas ocultas, cuyo abuso no corrigen las prohi- 
biciones, los castigos, ni incansable vigilancia de los alcaldes; pro- 
cedió á reducir y redujo las tabernas á catorce, concediéndolas á o- 
tras tantas señaladas personas, nombradas todas en cada uno de 
los despachos para su zelo recíproco, con siete artículos de orde- 
nanza, que entre otras cosas llevan la condición de no vender, sino 
vinos, mistelas, y aguardientes del Perú, islas y España, y jamas 
á los indios, dejando á cada taberna la pensión de cien pesos, y dá 
cuenta de ello en cabildo de 23 de agosto siguiente, que tuvo á 
bien el menoscabo del mas florido de los fondos, como se precavan 
las embriagueces, nunca mas trascendidas en la plebe, cuyas cor- 
rompidas costumbres, escandalosamente introducidas, testifican los 
ebrios que se encuentran en los barrios, y aun en las calles públi- 
cas, los homicidios, robos, heridas, pleitos y discordias, no siendo 
el origen de tan malas consecuencias el mayor número de taber- 
nas, sino la numerosa copia de fábricas ocultas de vino y aguar- 
diente, tabernas de capote en la plaza mayor, y otras, y jacales, 
donde con pretesto de aguadulce y de cerbeza, lo mas que se ven- 
de son aguardientes requintadas de la tierra. 

Se ve en todo lo que va referido, que la embriaguez se hace 
notable después demediado el siglo 17, cuando lo fué también el 
incremento de la población parda, y que el menoscabo, que por es- 
te tiempo comenzó á sufrir y sufrió progresivamente el fondo de 
propios con la aplicación del impuesto de posturas al abasto de car- 
nes á la dotación de los castillos, fué reparado también abundante 
y progresivamente con el producto de las licencias de taberna. Se 
ve así mismo en este progreso alternarse la amplitud y restricción 
del número de las tabernas en proporción de la entereza de los al- 
caldes y regidores dotados de zelo por las costumbres, y de la im- 
portancia que hacia este ramo de propios el mas florido de sus fon- 
dos. Por último se ve, que habia tabernas de capote en la plaza ma- 
yor y otras; y que en las permitidas se prohibía la venta de sus cal- 
dos á indígenas. Smith lib. 4 cap. 3 dice: por lo general los ha- 
bitantes de los países de vinos son los mas moderados en beber en 
toda Europa; sean de esto testigos los españoles, los italianos y 
los pobladores délas provincias meridionales de Francia. Mas ade- 
lante añade, al presente no es la embriaguez en Inglaterra un vi- 
cio común entre las gentes de buena crianza y de mediana educa- 
ción, y mucho menos de las de primera gerarquía. En fin, hecha 



AGUARDIENTE DE CANA. 5\\ 

la reforma qtie va mencionada, contra el dictamen del síndico se 
concedió permiso á dos mercaderes peruleros para otras dos taber- 
nas en 24 de enero de 747, por no haber hallado compradores de 
sus aguardientes; y en 7 de febrero inmediato aparecen anticipa- 
dos 800 pesos de los seis primeros meses de las diez y seis tabernas. 



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riN DEL TOMO SEGUNDO. 




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