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Full text of "Memorias y revista de la Sociedad Científica "Antonio Alza"



.c\ 



HARVARD UNIVERSITY 



«a 




LIBRARY 



OF THE. 



Museum of Comparative Zoology 



lili \ í • 




Memopias de la Sociedad Científica "Antonio Álzate" 



MEMOIRES 



DE LA 



SOCI[T[,SC!ENTIFIOU[ "ANTONIO klUW 

Pl'BLlÉS SOUS LA DIREOTION 



1>E 



RAFAEL AGUILAR Y SANTILLAN 



SECKETAIKE PERPETÜEL 



TOML 39 
1920-1921 



MÉXICO 

SOCIKTÍ: SCIENTIFH^rE 'ANTONIO ALZATE" 

1921 



^1 



\ 



Rí/to oo 1099 



MEMORIAS 



DE LA 



SOCIEOAB científica "ANTONIO ÁLZATE 



PUBLICADAS BAJO LA DIKECCION 



DE 



RAFAEL AGUILAR Y SANTILLAN 



SECRETARIO PERPETUO 



TOMO 39 
1920-1921 



M E X I c o; 

Sociedad Científica "Antonio Álzate" 
192 1 



NOV S \i^2l 



Tomo 39. 



Núms. 1 a 6. 



MEMORIAS Y REVISTA 



DE LA 



SOCIEDAD CIENTÍFICA 

''Antonio Álzate" 

publicadas biijo la dirección de 

RAFAEL AGUILAlí Y SANTILLAN 

.SECRETARIO «¡ENERAI. PERPETUO 




SOMM AIRE 

(Mémoires, feuilles 1 ;\ 22; plaiu-hes I-XI). 

Eloiíio del yr. Ing. D. Manuel F. Alvarez por el lug. J. Galindo y Villa, p. 

1-13, lám. I. (Ji/»ífc (/< M. M. F. Alvarez). 
Notas críticas y liiltlidymñcas relativas a la obra de D. W. Thompson: Oii 

Growth and Forin, por el Prot'. A. L. Herrera, p. 15-'J2. (Xntc» rrldquen 

et bibliograpklqnes sur l'ouvraffc de I). 11'. T/iompuoii). 
Datos sobre la industria peíroleiu en México, por el Ing. J. Li'ipez Portillo y 

Weber, p. 23-44, lánis. lí-VIII. (Sur Vimlustrie ¡^étrollfére un Me-vique). 
La Casa de los Virreyes en Huehuetoca, por M. Romero de Terrero.s, p. 45- 

49, láms. IX-X. (L'Iíótel des Vlre-rols á Huehuetoca). 
Los caballos de los Couíiuistadores, por F. Gómez de Oroz<-o, p. 51-69. ( Lck 

rlieritu.e ilex Coui/ucraníx). 
Posiciones astronómicas de varios lugares de la República Mexicana, por el 

Ing. J. de Mendizábal Taniborrel, j>. 71-73. (Pimtioua (i.xtronomt<¿ues de 

différeiitti /icu.r. de hi licpublii/ue). 
Aztecas y Espartanos ])or el Lie. J. López Portillo y Rojas, p. 75-98. ( Aztéqnei,- 

li Spartiafe.'i). 
Laobi'a de Fray Francisco Xiniéuez conij)arada con la del Dr. Francisco Her- 
nández, por el Prof. G. Gándara, p. 99-120. (L'oi'nrri- dp Fmii Fnnir'isc,, 

Xiniéuez coutparéc avec relie du Dr. Hernández). 
Ai)untes relativos al e(dip.se de Luna del 21-22 de Abril de 1921, por el Ing. 

D M. Vribe. p. 121-123, lám. XL ( IJédlpse de Lvnedu U-.'.' Arril I'.IU). 
Algunos datos Sobre Hernán Cortes y su primera esposa Doña Catalina Xuá- 

rez, i»or Zelia Nuttall, p. 125-135. (Xoien sur Hernán Cortés et sa pre- 

Míére épouse). 
Los E.scorpiones de México, por el Prof. M. Herrera, p. 137-159. 33 íigs. (Le-í 

iSciirplons dti Mexique). (Vuelta. — T. s. v. p.) 



MLXICO 

SOCIEDAD científica "ANTONIO ÁLZATE" 

ENERO A JUNIO DE 19 21. 



Datos jiara una Didiiniírafia de la l''auTiii erj»etolú<íiea <le la BajaCalifoiiiia, por 

C Cuchita Te^'lóu. ]). lGl-171. (Sulix 'imur une iil<iiin;/r<i/)/iic <l( la fiiiiiif 

hhfkk'^egiiltlede Ja Bcuise Californle). 
•Lp,< Crotaljano^ iiy^xifaiio^ Jior C. Ciie.-^ta Tenón, ]>. 173-194. ( Lrs (nitaHiléci 

lio ^il caque). 
< >ti'/> i-áso íuitti¿'li(> ¿lexicauo en forma de «-alieza, jior H Beyer, p. in5-'J02, 5 

rtiís. (Sur nne vase mexlrain aiitiqíie cv forme de tele). 
Datos jiara la Historia de Toluca. Fray Andrés de Castro, por el Prof. j\I. Sa- 
linas, p. 203-217, 2 filis. (X»te.^ .sin-r/iLitoire de Toluní). 
Los Yugos. ¿Qué empleo pudieron tener entre los antiguos pobladores de Mé- 

xic'V^ por el Ing. J Galindo y Villa, p. 219-2^(3, 4 figs. (Les Jovys. Quel 

ettiploi i>e iive iit-lh uvoir eu cliez Jes auñev-^ iievpJes dn Me.rlque). 
Someras im])resiones i-línica.s sobre la epidemia de gripa de 1!)20, por el i)r. .1. 

J. Izquierdo, p. 231-25(1, 9 figs. (Impremniin rJinif/ues sorntu airen sur /'('j,l- 

dcmic de .'/)'íj)/'C de lU :<)). 
Algunos datos sobre el clima del Estado de Sinaloa, por el Ing. P. Vázquez 

Scliiaftino, p 251-259. (QiieJqves dovnécK sur le elimat de l'Kfat de Sina- 

Jou). 
Las nociones de substancia y de elemento en la (¿uíndca y Jas interjiretacio- 

nes de los fenómenos de radioactividad, jtor el Ing. C. F. de Landero, 

]i. 261-294. (Le.'! notions de suhstance et d'éJéinent en CJiimie et Jes ivterpré- 

iafions des pliévontenex de raiHoaelivité). 
VA ]>etróleo en los límites de los Estadcs de Oaxaca, Puebla y Guerrero, por 

el Ing. T. Paredes p. 295-302. (Le pétróle daii>¡ Jet JhniteH des Elats de 

Oaxaca. TiieJtJa et Guerrero). 
El ]>ulque considerado desde los ])untos de vista higiéniru, social y económii'O, 

]jor el Dr. S. Kiíjuelme. p. 303-333. (Le ¡mlque roiií<¡dér<' (lu.r p"''ds de me 

¡ii/t/ifíilqni-. ítoe'nd et éfinioiiuqve). 
El tambor de piedra del Museo Nacional por II. lieyer, p. 335-342, S fiírs. (/.<* 

tatídidiir en pierre dn Mi'St'c National j. 



i{r->.^2&¿m.'^> 



VSJFW^^'^^^ 



I%/^I 



Mcm. Soc. Álzate, 



T. 39. lám. 1. 




Sr. D. Manuel Francisco Alvarez, 

ARQUITECTO T. IXT-EXIERO CIVIL. 



SOCIÉTÉ SCIENTIFIQUE "ANTONIO ÁLZATE". — MÉMOIRES, T. 39 



Elogio del señor Ingeniero ü. Manuel Francisco Alvarez, en ocasión del 
79" aniversario de su nacimiento y 58" de labor profesional, 
pronunciado por el Profesor Jesús Galindo y Villa, M. S. A., en 
la sesión que consagró al señor Alvarez, la Sociedad Científica 
"Antonio Álzate", el 7 de Marzo de 1921. 



(lámina i). 



Atraviesa la Humanidad en estos instantes por una 
serie enérgica y gravísima de derrumbes (|ue van rápida- 
mente quebrantando las bases del orden social: derrumbe 
de la vieja y consoladora fe religiosa de nuestros padros, 
derrumbe de la moral saludable para la feliz existencia d¿ 
los hombres; derrumbe de las doctrinas que aprietan los 
lazos santos de la familia, de la sociedad y de la Patria, 
juzgados como quimeras por los destructores de cuanto 
hasta hoy ha existido para tener afectos, emociones, idea- 
les, dentro de lo santo y practicable en el mundo y de lo 
único que puede equilibrar las fuerzas regidas por la ley 
de la fatal y necesaria desigualdad social. 

Pero ningún país del mundo coimo el mexicano va per- 
diendo tan a grandes pasos su noble respeto por todo lo d? 
ayer y por cuanto debiera serle venerable. 

Seguramente, no existe otra nación como la nuestra, 
donde gran parte de la joven generación actual dé tan 
abiertamente las espaldas a la Historia, que mire a todo 
lo viejo con el mayor de los desprecios, y que todo lo lion»)- 
rable del antiguo acervo de estudiosos, de profesionales, 

Mem, Soc. Al7.ate.-30Abrill921.-,t. .19-1 



I'ROF. .IKsfs (-.ALINDO Y VIIJ.A 



(if tra))aja(l()ros, so trata de arrojar sin miraniiento alguiM 
al montón de lo inservible y de lo inútil. 

V es ((ue, como expone uno de nuestros pedagogos, 
carecemos de educación para conservar la herencia recibi- 
da de uuestros antepasados; es decir. (|\ic no sólo no sab'^- 
mos acrecentarla y beber en sus claras linfas, sino <jue la 
destruímos, la aplastamos y tratadnos de aniquilarla sin 
consideración ni piedad. ¡Pavoroso síntoma del porvenir 
(|ue aguarda a nuestras actuales generaciones, compuestas 
de cuantos serán los viejos de mañana! ¡Como serán trtt."<- 
dos entonces por sus sucesores, aquéllos (jue no supieron 
descubrirse respetuosos ante sus maestros, o ante la nevada 
cabeza del anciano cargado de años, y por lo mismo vene- 
rable, como lleno de méritos, de experiencia y de sabidii- 
i-ía ! ¡ Ay del pueblo (¡ue no sabe honrar en el present»' las 
legítimas glorias del pasado! 

Por eso en medio de las amarguras de la lu)ra históri- 
ca actual, tan frivola, tan liviana, tan materialista, tan 
hueca, tan vacía, tan presuntuosa, tan sufíciente y tan va- 
na, es -inefable el espectácido de una Sociedad C'ientífi- 
ca, centro i)ositivo de estudio y de trabajo que ha lograd ) 
vivir tre'jita y seis años lozana y joven, como la nuestra 
muy amada, <jue tributa honores no falsos ni lacrimosos so- 
b!-e una losa sepulcral de (piien ya no es el mundo, sino en 
\i(la. al (¡ue los merece, como lo hizo con el sapientísimo 
naturalista 1). Alfredo Duges; con el modesto sabio 1). 
Joaquín A'arela Salceda, (jue fue Director benemérito de 
la Escuela X. de Agricultura, hoy completa c ingratamente 
olvidado, a ])esar de que ese plante] pudo alguna vez sos- 
lener.se gracias al desinterés y a la abnegación del mismo 
señor Várela ; por último, con García ('ubas, el fundador 
de nuestra Geografía descriptiva; con Villada (pie va 
ai-rastrándo penosamente sus ochenta años, y (pie es natu- 
ralista integral, lo mismo Geólogo y Paleontólogo que 
Zoólogo y liotánico; como lo practica hoy llena de cariñ ) 



EUxnO DEL ING. I) MAXl'EL F. ALVAKEZ 



y de afecto, con ([uien es su socio distinguido y ([ue fue su 
Presidente, el señor Arquitecto e Ingeniero Civil don Ma- 
nuel PYancisco Alvarez, en los momentos en que este es- 
forzado luchador, todavía en pie, envidiable por su salud, 
la i)ureza de sus costumbres, su vida honrada y laboriosa, 
ha jíodido llegar enhiesto, al calor de los suyos a la eda-i 
(poco alcanzada entre nosotros) de los 79 años, después 
de una ininterrumpida labor profesional de cerca de seis dé- 
cadas aún no concluidas, y sin desmayos, sin languidecer 
un ápice, como contestación elocuente a (piienes suponen 
(¡uc el hombre de ciencia, iiue el estudioso de toda la vi- 
da, cuando llega a cierto número de años merece ser arrin- 
conado por caduco o retrasado. ¡Funesta Cíiuivocación de 
nuestro medio ambiente ! 



El día 9 de Marzo de 1842 el hogar de los señores Ge- 
neral don Manuel Alvarez y doña Rosario Valiente, fue 
alegrado por la venida al numdo de nuestro don Maiuiel 
Francisco, quien tuvo la desgracia de perder a la autora 
de sus días cuando apenas contaba cinco años de edad; em- 
pero, su señor padre se dedicó por completo a la educa- 
ción del niño, (pie hizo sus estudios primarios en el que 
fue conocidísimo Instituto Franco Mexicano dirigido por 
el Profesor Don Pedro Dalcour, (juien presentó a D. Manuel 
Francisco en un concurso convocado por el Ayuntamiento de 
la Ciudad de -México para todas las escuelas, habiendo obte- 
nido el joven Alvarez un segundo premio en el ramo de 
Caligrafía, contando trece años de edad. Concluidos sus 
estudios primarios, ingresó D. Manuel a la ilustre Acade- 
mia de San Carlos, hoy ni sombra de lo (pie fue en otros glo- 
riosos tiempos. Allí siguió la carrera de Arquitecto qne 
entonces se cursaba con la de Ingeniero Civil; y antes de 
terminarla, logró obtener el título de Topógrafo e Hidro- 



PliOK JB^Srs (ÍALINIM) V VILLA 



mensor; y al cabo, el 15 de Octubre de 1863, hubo dp al- 
canzar el coronamiento de sus anhelos, sustentando exa- 
men profesional de Aniuitectura y de Ingeniería Civil. 

En e.l estudio del prestigiado arquitecto español don 
Lorenzo de la Hidalga, trabajó el señor Alvarez. pudiendo 
apreciar muy de cerca las labores del distinguido construc- 
tor de nuestro llorado Gran Teatro Nacional. 

Ya en posesión de sus títulos, consagróse de lleno, don 
Manuel, al ejercicio de su profesión ; ocupó luego un puesto 
en la Sección Científica del Ministerio de Fomento; des- 
pués dirigió el camino de México a Río Frío y formó parte 
de la Comisión nombrada para trazar sobre el terreno la 
línea (jue debería seguir el Túnel del desagüe del Valle 
de México. En estas importantes obras fue también jefe 
de la Sección Central, de las cuales se separó a principios 
de 1867, ejerciendo privadamiente la ingeniería hasta 1877 
en que se le invistió con el cargo de Director de la Escuela 
Nacional de Artes y Oficios para Hombres; y ''su pri- 
mer cuidado, como se lee en "Biblos" (24 Enero de 192ü\ 
consistió en fundar un periódico órgano de la Escuela, 
que, además de dar a conocer los adelantos de los alumnos, 
sirviera para ilustrar a los obreros, tratando de una manera 
científica y artística los diversos asuntos de la industria 
moderna. Ocho años duró aífuella i)ublicación llamada 
"La Escuela Nacional de Artes y Oficios", y aun se pue- 
den registrar con provecho sus páginas." Fue una desgra- 
cia que, al cabo de veintinueve años, el encargado del Ra- 
mo Federal de Instrucción Pública (1902) olvidando lo 
que se debe a los viejos servidores, sin consideración al- 
guna y sin esperar a ({uc don Manuel cumpliera los 30 años 
de servicios para una jubilación lionrosa, quitara al señor 
Alvarez la Dirección de la Escuela ; y el modo como aquel 
Encargado (1) lo hizo, fue como el principio de una er.i 



(1). — Que no era, por cierto, un joven ni representante <le lo llamado 
'nuevo." 



ELOGIO DEL ING. D MANUEL F ALVAREZ 



de nocivas enseñanzas para la juventud intelectual, que 
empezó a desestimar a los viejos, a tenerlos en menos, a 
apagar la lámpara del santuario de la gratitud, y sin más 
compensación para el luchador que la tristeza y la amar- 
gura del desprecio y del olvido. 

La Ciudad de México había recibido ya los servicios 
de don Manuel Francisco Alvarez en los años 1874-75, en 
que éste fue regidor del Ayuntamiento, época, como en las 
anteriores y posteriores inmediatas en que era un positi- 
vo honor ser munícipe, cuando la honorabilidad de los 
ediles y su competencia constituían prenda segura para el 
manejo y adelanto de los ramos municipales, y cuando el 
puesto se servía gratuitamente, como durante las veces 
en (jue el autor de estas líneas tuvo la satisfacción gratí- 
siiíui de ser también regidor bajo la administración 
de un inmaculado Manuel María Contreras, de lui inteli- 
gentísimo Miguel Macedo o de un caballeroso y probo José 
Algara. El señor Alvarez, en el tiempo de su gestión mu- 
nicipal, presidió las Comisiones de Aguas, de Obras Pú- 
blicas, de Exposiciones y otras, para las cuales por medio 
del ejercicio de su profesión, estaba suficientemente pre- ' 
parado. Después de su cargo en la Coimisión de Festivi- 
dades, recibió del Cabildo un voto de gracias por las eco- 
nomías realizadas en los gastos de las fiestas que al Sr. Al- 
varez tocó arreglar. 

Grandísimo provecho sacó nuestro don Manuel du- 
rante un viaje que años más tarde realizó en distintos pun- 
tos de Europa. Yo mismo pude apreciar, por lo que del 
señor Alvarez recibía, su perspicaz espíritu de observa- 
ción, su afán por el estudio y su dedicación por aprovechar 
un tiempo precioso y obtener de sus visitas a museos, a 
monumentos públicos y a todas partes, el miayor jugo po- 
sible. Y así fue. Producto de ese viaje fructífero, son 
sus opúsculos intitulados: "Las Escuelas Primarias Supe- 
riores de París, de México y la Enseñanza Técnica;" "La 



I'ROP. JEsrS GAUNDO Y VILLA 



Enseñanza Técnica en México y en el Extranjero ; Estudio 
sobre la Enseñanza física en Francia y en Alemania; Las 
Escuelas de ('orrección e Industriales de la Gran Bretaña ; 
Las Escuelas de Ingenieros y Arquitectos y las Universida- 
des Alemanas, etc." Recientemente, por([ue su- pítima ja- 
más está enmollecida, ha escrito y publicado su interesan- 
te opúsculo ''Consideraciones y datos sobre la Enseñanza 
Técnica en IMéxico y el Extranjero." 



Uno de los estudios predilectos del Señor Alvarez, es 
el del arte, especialmente el arquitectónico y el pictórico. 
El ar<|uitecto es por razón de su misma carrera, arqueólogo; 
por eso no han pasado inadvertidos para nuestro don Manuel. 
los restos monumentales de los aborígenes de México ; y 
como resultado de sus investigaciones en Oaxaca, dio a hi 
estami)a su libro "Las Ruinas de Mitla y la Ar([uitect ti- 
ra," sumamente estimables porque en él reúne, aparte de 
sus ai)reeiaciones propias, las de las principales autori- 
dades conocidas hasta 1Í>00, fecha de la publicación. De 
esta obra me dice su autor en la dedicatoria autógrafa 
puesta en el ejemplar a mí obsequiado en 1905: "Presenté 
en el Congreso de Americanistas de París, de 1900, siendo 
tino de sus miembi'os, mi ])ropio trabajo sobre "Las Ruinas 
de ]\Iitla,"' y a propuesta (jue hizo después el Presidente 
i)r. Ilamy, .el Gobierno francés me concedió las Palmas 
Académicas.'' El l)r. D. Nicolás León decía al señor Al- 
varez en una t-arta a propósito de la obra citada: "IIov lu> 
acabado mi trabajo ("Guía histórico-descriptiva de Lyc»- 
baa o Mictlan." (México, 1901) nu-rced, [)rincipalmente, a 
su libro. Ks una muy buena obra y creo <|ue "en detalles 
científicos ha sujx'rado Ud. a Ilolmes; le felicito cordial- 
mente." Debo decir como complemento, (|ue antes, en 
1895, había sidí) el Sr. Alvarez inifMiibro del XI Congreso 



ELOGIO DEL ING. D. MANUEL F ALVAREZ 



(lo Americanistas reunido en la Ciudad de México ; formó 
con tal motivo parte de la excursión a las citadas ruina-; 
/.apotecas, midió y levantó el plano de- los denominados 
palacios, "y los consideró desde el punto de vista ar([ui- 
tectónico." A poco volvió a Mitla para ratiñcar o recti- 
fícar algunos detalles, y con todo su arsenal de estudios 
preparó hasta darlo a las prensas su acabado libro. 

Apareció en 1905 una simpática obra del señor Al- 
varez: sn culto fervientísimo al maestro <|ue dirigió sus 
pasos i)rofesionales; su amor inextinguible a la Madre 
Academia; su cariño por los compañeros de estudios y de 
carr<'ra, todo ello está vaciado en su libro (^ue lleva pof 
título "El Doctor Cavallari y la carrera de Ingeniero Ci- 
vil en México". Fue un extenso estudio presentado a 
nuestra Sociedad "Álzate;"' en la sesión del 6 de Noviem- 
bre de aíiuel año. ¡Con cuánta solicitud y devoción están 
trazadas sus páginas, (pie consagra a sus padres, a sus con- 
discípulos muertos, a todos sus colegas vivos! ¡Así se hace 
Historia y con ella se hace Pali'ia ! 

Por esas páginas desfilan las venerandas figuras d" 
D. Hernardo Couto, de D. Santiago Rebull, de D. José 
Fernando Ramírez, de D. José Urbano Fonseca ; de Clavé, 
de Bagally, de Vilar; de Périam y de Landesío a quienes 
tanto debió la Academia ; y especialmente la del maestro, 
D. Javier Cavallari, (pie lo fue de Arípiitectura ; y luego, 
van pasando los viejos profesores que dieron lustre a la Es- 
cuela: D. Manuel GargoUo y Parra, el Padre D.Ladislao (U' 
la Pascua, I). Joacpiín de Mier y Terán, D. José María Re- 
gó, D. Ramón y D. Juan Agea, D. Leopoldo Río de la Lo- 
za, D. Vicente Heredia, D. Manuel Rincón y Miranda. D. 
Miguel Mata y D. Juan Manchóla. 

¡ Todo un cementerio es la lista que nos presenta a los 
compañeros de don Manuel Francisco ! A muchos de ellos 
les conocí, les traté, les tuve también especial cariño. No 
existen ya, D. Francisco de P. Vera, D. Eleuterio Méndez, 



PKOK. JESIS (¿ALINDO Y VILLA 



1). Manuel Ocaranza (no ol pintor sino el arquitecto), D. 
Ignacio y D. Ensebio de la Hidalga, D. Mariano Téllez Pi- 
zarro, I). Manuel Couto, D. Eduardo Davis, D. Ricardo 
Orozco, I). Manuel Veláz(iuez de León, D. Manuel Calde- 
rón, D. Joaíjuín Gallo, D. Ángel Anguiano. Apenas vi- 
ven y ya ancianos y a los bordes del sepulcro, D. Antonio . 
Torres Torija y D. Mariano B. Soto; también D. José Ra- 
món de Ibarrola y D. Antonio Anza, y como el más joven, 
1). Juan Mendoza y Roca. El libro sobre el Dr. Cavallari. 
es fuente de primer orden para la historia de la Academia. 

Laborioso y muy interesante es el estudio presentado 
])()r el señor Alvarez a la Asociación de Ingenieros y Ar- 
«[uitectos el 7 de Agosto de 1917, intitulado "Las pinturas 
de la Academia Nacional de Bellas Artes, su mérito artís- 
tico y su valor comercial," trabajo que es nuevo venero 
también para la historia de nuestra Escuela. Tiene ese 
estudio entre muchas notas que lo ilustran, ima que plena- 
mente comprueba mi pesimismo sobre el porvenir del hom- 
bre estudioso en México y del abandono y la desgracia en 
«lue queda al llegar a la decrepitud. Hablando del meri- 
tísimo pintor y gran dibujantet D. Félix Parra, maestro 
de varias generaciones de artistas, dice el señor Alvarez 
(página 38) : "Parra, a pesar de sus sesenta y íuieve años 
trabaja todavía como Profesor en la Academia, cuando 
muy justo es que estuviera jubilado; pero esto es difícil 
para los artistas: recuerdo lo (jue pasó con el insigne pintor 
Santiago Rebull, (jue mnrió de setenta y tres años de edad en 
1!>02. Atacado rudamente y sin fundamento por el Lie. 
Ignacio M. Altamirano, con miotivo de una Concepción (|ue 
l)intó por encargo del dorador D. Francisco Arce en 1879, 
se encontró tan lastimado Rel)ull. (|ue abandonó los pince- 
les y se dedicó a la enseñanza del dibujo, en lo (|ue no fue 
más afortunado: pues todavía próximo a morir, pobre, en- 
feíMuo de una pierna, tenía (|Ue concurrir casi arrastrando 
a dar sus clases para poder vivir, no lial)iendo sidf) |)Os¡- 



ELOGIO DEL IXO. D. MANUEL V. ALVAREZ 



ble conseguir del Gobierno su jubilación. ¡ Triste vejez d-; 
los artistas mexicanos !""... . 

El estudio anterior "contiene, además de la parte his- 
tórica de la pintura, la de cada una de los principales cuadros 
de los alumnos de la Academia, la relación de los cuadros 
que formaron las galerías Fagoaga, Barrón y de otros par- 
ticulares, y el valor de las pinturas más notables mexica- 
nas .y extranjeras." El furor iconoclasta de que están po- 
seídos nuestros modernistas ha expulsado de las galerías 
a numerosoíí cuadros, dispersándolos por distintos edifi- 
cios públicos: razón por la cual sube de precio el trabajo 
del señor Alvarez. 

Consagrado asimismo al estudio de la enseñanza del 
dibujo, dio a la estampa una "Reseña de la lY Exposición 
Internacional," de aquella materia verificada en Dresde, 
Sajonia, el año 1912, 

Además, ha escrito e igualmente impreso varias mono- 
grafías sobre edificios de la ciudad de México, tales como 
la de "El Palacio de Minería", "La Escuela de Jurispru- 
dencia" y otros; y en francés "Les edifices d'Instruction 
Publique a México," trabajo que fue presentado en el III 
Congreso Internacional de Higiene Escolar de París. 

Muy trascendental es su trabajo "Algunos datos so- 
bre cimentación y piso de la ciudad de México y nivel del 
lago de Tetzeoco a través de los siglos;" porque ha venido 
siendo un problema para los constructores el sistema de 
cimientos que en los edificios, sobre todo aquellos de gran 
peso, deben emplearse en nuestra capital, dado que ya se 
modificaron profundamente las condiciones del subsuelo 
de la Metrópoli, al ser drenado por las obras de Sanea- 
miento complementarias de las del Desagüe del Valle. 

"La Plaza de la Constitución de la Ciudad de México" 
es otra de sus estimadísimas obras. Es una Memoria his- 
tórica y artística publicada en 1916, que contiene un pro- 
yecto de reformas con motivo de la tala o desaparición del 



10 I'KOK .IK.-Cs liAMXDo V Vil, LA 

arbolado on las postrimerías del mes de septiembre del 
año anterior; proyeeto (pie mereció el aplauso y la aitrol).!- 
eióii de los técnicos. Entre las ilustraciones (pie acoiiip'- 
ñan al estudio, ha}' una debida al señor Alvarez ; la eom- 
paraeión, por superposición de i)lantas, de luiestia <iraii 
Plaza de Armas, con las tle la Concordia en París >- d.- San 
Pedi-o de Ronia. 

Citaré, finalmente, sus trabajos, coi)iosos en datos, aci-/- 
ea de "La Ar(piitectura Religiosa Colonial en iMéxifo"' ; 
"Las balaustradas y su influencia en los edificios ;"" 'l^l 
Análuiac y la Religión.de los Aztecas", "en el (|ue hace \iiia 
eomparaeióii entre las Pirámides de Egipto y las de Teo- 
tihuacán."" comparación (pie años atrás había establecido 
García Cubas. Pocos meses ha (pie el señor Alvare/ dis- 
tribuyó entre los estudiosos su folleto relativo a "Las l>i- 
blioteeas Públicas y Particulares;" y nuestro muy (pierido 
consocio el Sr. 1). José de Mendizábal, acaba de publicar 
en su '-iO "Almana(pie de Efemérides de Puebla," i)ara 
1921, el estudio de don Manuel Francisco referente a la 
Catedral de Puebla, miuy atractivo tambiiMi. Ll aiilor ha- 
ce notar (pie las j)lantas de las ('atedrales de ]\Iéxico y 
Puebla son co})ias de la planta románica dr la Catedral 
de Salamanca en España, 



He af|uí a grandísimas pinceladas y omitiendo no po- 
co, la labor científica y literai'ia del señor Ingeniero ("i\d 
y Arquitecto don Manuel Francisco Alvarez, que tan bien 
y acertadamente representó a su patria en París el año 
1!)()0 en los Congresos de Ar(piite<qura, de la pjuseñanza del 
Dibujo, de la JMiseñanza Jnduslrial \' ( 'onicrcial : y a (piien 
por sus merecimientos le fueron abiertas las puertas de ¡a 
Sociedad ]\Iexicana de Geografía y Estadística, y de la 
Ci(Mitífica "Antonio Álzate". Ksta, |)or sufragio de sus 



ELOGIO DEL IX(i. U. ALXXCEL F. ALVAREZ 11 

iiüeuibros hizo su Presidente al señor Alvarez, para el año 
1905. 

Tiene don Manuel Franeisco ía gloria de ser uno de los 
fundadores de la Asociación de Ingenieros y Arquitectos 
de México, (lue en 191!) cumplió su cincuentenario celebra- 
do con grandes solemnidades, en las ([ue el señor Alvarez, 
con sus condiscípulos Torres Torija, Soto e Ibarrola, (los 
cuatro supervivientes) ocupó el puesto de honor. Taimbién 
fue de los que pusieron los cimientos de la Asociación Fran- 
cesa para el desarrollo de ía Enseñanza Técnica. 

En las Exposiciones de la Academia de Ijcllas Artes 
de los años 18S1 y 1891. obtuvo premios en la Sección ch' 
Ar(|uiteetu]'a. 



He dejado intencionalmenle pavíi lo último de est;' 
rápido elogio, un episodio mezclado en nuestra vida, de 
aquellos (pie suelen obscurecer momentáneamente los rayos 
del sol. ])ara desi)ués hacerlos brillar con mayores esplen- 
dores. Ocui)aba yo en 191.5 el ])uesto de Director de la 
Acadouia Nacional de IJellas Artes, de la que hace cinco 
lustros fui desaprovechadísimo hijo : y con el objeto exclu- 
sivo de estimular a los alumnos de dibujo abrí un concui'so 
entre ellos para proyectaran un sello (pie se suponía desti- 
imdo a servir como de emblema a nuestra Escuela ; muclvos 
correspondiero)! a mi llaimado, se calificaron las pruebas 
poi" l()s jueces y el resultado del torneo escolar se dio a 
conocer i)0]- la i^rensa metroi)olitana. así como el acta que 
apareció en el "Diario Oficial" del Supremo Gobierno. Mi 
venerado amigo el señor Alvarez con su diligencia y opor- 
tunidad habituales, se apresuró a hacer la crítica, del [n'o- 
yecto d(^l alumno premiado, creyendo ([iie se traUíbii de .iiui 
cosa definitiva y más seria, acordada ya para establecer 
"como oficial"" un nu(»vo sello de la Academia, y presentó 



]2 PROP. JESÚS GAUNDÜ Y VILLA 

SUS observaciones ante la Asociación de Ingenieros y Ar- 
(jiiitectos, dándolas a la luz en un folleto que circuló am- 
pliamente. Grande fue mi pena por aquella equivocación 
de mi viejo amigo ; pero se hizo indispensable corregir este 
error. Desempeñaba yo a la vez durante ese año, la hon- 
rosísima presidencia de esta nuestra amada Sociedad "Ál- 
zate", y aquí mismo, con gran dolor de mi alma atribulada 
me vi precisado en un estudio especial, a demostrar, apoya- 
do en toda mi documentación oficial, que únicamente se 
trataba de un concurso humilde y modesto "para poner 
a prueba los conocimientos de los alumnos y su ingenio," 
y de ninguna manera un certamen de las proposiciones li 
de los fines que mi amigo le asignaba. Pasaron los meses; 
afortunadanxente era una cuestión entre caballeros y hom- 
bres de corazón, y al mediar después una correcta expli- 
cación personal, nos estrechamos en un abrazo efusivo ; 
renació el cariño de antaño, y se afirmó sobre bases más 
sólidas nuestra vieja amistad que hoy alcanza su año tri- 
gésimo. 

Por esta última causa, es para mí legítimo y mu}' 
])lausible motivo de regocijo, el (lue nuestro no menos que- 
rido y viejo amigo don Rafael Aguilar y Santillán, columna 
robusta de la Sociedad "Álzate", me haya invitado para 
tributar nuestras públicas alabanzas a (juien ha sabido lle- 
gar a la senectud limpio de toda mancha, y aún con alien- 
tos (jue no dejan un instante ociosa su pluma ni desocupa- 
do el pensam,iento de cosas altas, provechosas y nobles. 
Es, en efecto, una bendición de Dios, una l)ienaventuran- 
za, alcanzar los linderos de la edad octogenaria, como el 
(piímico Chevreul (pie llegó dos años más allá de su cen- 
tenario, al cal)o ác una vida plácida, ilustrada ])or el tra- 
bajo honrado, en un hogar donde se es tiernanuente amado, 
y con la frente erguida : (jue es el más preciado timbre 
de la mejor nobleza. 



ELOGIO DEL ING D. MANUEL F. ALVAREZ 13 



• Seüor Ingeniero don Manuel Francisco Alvarez : 

Reciba usted el sincero y cálido homenaje de nuestra 
Institución. La Sociedad Científica ''Antonio Álzate" hon- 
rándole en esta sencilla ceremonia, precursora del aniver- 
sario que pasado mañana celebrará usted, se honra así 
misma ; enaltece a la Patria Mexicana, porque levanta so- 
bre merecido pedestal a uno de sus hijos; da ejemplo her- 
moso y saludable a la juventud, indicándole cómo ésta debe 
ceñir de fresco laurel la frente de los ancianos encorvados 
por el estudio y el trabajo más que por la pesadumbre de 
los años ; y demuestra su altísima cultura al proclamar 
urbit et orbe que lo pasado es la experiencia; los sillares 
que a través de los tiempos van formando el edificio del 
cual se aprovechan las generaciones presentes y venideras; 
que es un jalón en el camino de la vida, indicador de las 
rutas para el futuro ; que es en suma, el oráculo sin el 
cual las sociedades y los pueblos no tendrían sustentación 
alguna. 

Esta manifestación modestísima, de la cual me ha to- 
cado la ventura de ser el portavoz, es al par, amor, grati- 
tud, cariño, luz de fulgente llama que a todos nos toca ali- 
mentarla. 

Que Dios aún conserve a usted la vida en medio de sus 
hijos para su dicha mutua, y para el prestigio y progreso 
de nuestra tan querida como ilustre Sociedad Científica 
"Antonio Álzate." 

México, 7 de marzo de 1921. 

Jesús Galindo y Villa. 



SOCUCTá SC1EKTI1''IQUK -'ANTONIO ALZATK"— ÍJÉMOIRES. T. 39 1") 



NOTAS CRITICAS Y BIBLIOGRÁFICAS 

RELATIVAS A LA 

OBRA DE D'ARCY WENTWORTH THOMPSON 

"EL CRECIMIENTO Y LA FORMA" 
(ON GROWTH AND FORM). -Cambridge 1917 

POR A. L. HERRERA. 'M. S. A. 



(Sesión del lo de Julio de 1918) 

Es un verdadero acontecimiento científico la apari- 
ción de esta notable obra, debida a un sabio Profesor del 
Colegio de la Universidad de Dundee, pues tiende a la ex- 
plicación fundamentalmente matemática y físico-qnímica 
del crecimiento, la reproducción y la forma. Voltaire y 
Moritz Benodikt han dicho (jue todo en la naturaleza es 
matemático y no escasean los libros en que se apoya tan 
razonada y plausible opinión, (jue hace ingresar las cues- 
tiones, al parecer inexplicables de la biología, en el terreno 
firme de las verdades abstractas, las únicas que posee el 
hombre y se conceptúan indiscutibles. 

La aparición de esta obra es un mentís a los detracto- 
res de la plasmogenia, que sin conocerla y cegados por pa- 
siones, se atreven a censurarla, considerándome injusta- 
mente como el único que la cultiva y sin figurarse siquiera 
(|ue toda una pléyade de grandes investigadores extran- 
jeros estudian, con mejores elementos que yo y con muy 
notables resultados, el gran problema que me preocupa. 



IG A. h. HEIíRERA 



Citados y comentados por Thompson, contándose por cen- 
tenares, de diversas nacionalidades y con disímbolas ten- 
dencias, forman ya un cuerpo de doctrina que nada ni nadie 
podrá destruir, sea cual fuere el nombre <iue den a sus tra- 
bajos, ya los presenten sin incluirle en ciencia determina- 
da o los presenten a título de contribuciones científicas a la 
iiiorfogcnia. la biogenia, la citología, etc. 

La obra en cuestión trata de la magnitud, el coeficien- 
te de crecimiento, la forma interna y la estructura de ia 
celdilla, la absorción, las formas de los tejidos o agregados 
de celdillas, las concreciones, espíenlas y esíjueletos de es- 
píenlas, la geodesia aplicada a la biología, la espiral loga- 
rítmica, las conchas espirales de los foraminíferos, los as- 
pectos de los cuernos, dientes y defensas, la torsión, la co- 
locación de las hojas o ñlotaxis, los aspectos de los huevos 
y otras estructuras huecas, la forma y la eficiencia mecá- 
nica, la teoría de las transformaciones o comparación de 
las formas relacionadas. 

Como tendencia general tiene la matemática ,substitu- 
yendo los axiomas de las ciencias exactas a las explicacio- 
nes darwinianas, pero en esto me parece que se preocupa 
el autoi", pues todas las formas y adaptaciones posibles se- 
rán siempre matemáticas en el fondo, la selección hará per- 
sistentes en cada caso las más ventajosas para cada ser, en 
'deterniinadas condiciones. 

Por ejemplo, Thompson prefiere la explicación expe- 
rimental de Leduc acerca de las ocelas del Faisán Argu:s, 
por difusión, dando a entender ({ue es iiiaceptable la que 
basa Darwin en la selección sexual, los machos más her- 
mosos sei-ían preferidos cuando su hermosura superase a la 
de sus rivales. Pero es evidente que las ocelas se forman 
por causas íntimas de difusión, sin cpie éstas causas exclu- 
yan la inñuencia selectiva. Darwin no (jniso explicar los 
mecanismos embriológicos o citológicos por sus grandes 
principios y este es el error en (jue se incurre en t<jdas par- 



NOTAS CRÍTICAS Y BIBUOUKÁFICAS 17 

tes. Al asentar el hecho de que Pasteur obtuvo uui}- )res 
recompensas que Béchainp, por ejemplo, no vamos a expli- 
car los mecanismos citologicos del desarrollo cerebral úel 
primero, por la selección y la lucha entre ambos nivestiga- 
dores, que es un hecho, un resultado y no una causa. 

Otra tendencia censurable del autor y que e-ítablece' 
un grave conflicto entre todo lo que ha demostrado en 1 70 
páginas, proclamando el triunfo de las explicacioiu^s ma- 
temáticas y físico-químicas, y las reticencias y decía nuúo- 
nes metafísicas de las últimas páginas, es que más allá de 
los hechos demostrados supone otros, inexplicables y con- 
cluye por citar el paraíso de Miltou (p. 779) en vez de lle- 
gar a una' valiente conclusión unionista y modernista. 

Voy ahora a extractar y comentar algunos de los {pá- 
rrafos que más me han interesado, esbozando rápidanu^ite 
las ideas del autor 

Se dice que quizá las leyes de la energía, todas las pro- 
piedades de la materia y toda la química de los coloides 
son tan poderosas para explicar el cuerpo como impotentes 
para comprender el alma. Por su parte el autor no lo cree 
así y afirma que la ciencia física es nuestra única guía y 
maestra para estudiar la construcción, crecimiento y tra- 
bajo del cuerpo. Ninguna ley física es hollada por el me- 
canismo que lo rije. 

La morfología es no sólo el estudio de las cosas mate- 
ríales y de las formas de los seres, sino (pie tiene su as- 
pecto dinámico relacionado con la energía (p. 14), así os 
que el núcleo y los cromosomos, no obran nunca como ma- 
teria sola sino como asiento de energía y como centros do 
fuerza. Por tanto, la crítica que se me hace de que sólo in- 
vestigo la forma, es infundada y se explica por la gran ig- 
norancia de mis detractores. 

Después de un extenso estudio de la magnitud, insiste 
en la importancia de la tensión superficial para explicar 

üeiii. Soc. Alznte.-NS-M(iyol9Jl.— t. 39-^2 



18 A. L. HKKREKA 



formas y movimientos. El aumento de superficie sin 
aumento de volumen o masa es característico del desarro- 
llo del huevo y se ha imitado por medio de burbujas de 
jabón, por diversos y concienzudos autores. 

El peso de la molécula albuminoidea (10,166) sorpren- 
de al autor, ({ue se olvida, como todos, de que la raoléeuJa 
de un coloide inorgánico, la siliza, es todavía mayor, de 
ñO.OOO, enorme peso molecular que coincide con sus pro- 
piedades morfogénicas y diastásicas. 

Sigue tratando del más pequeño de los organismos, del 
movimie.nto bro^\^liano, comparándolo con el de un enjam- 
bre de moscas en actividad y el de los infusorios, siendo 
favorable a mis ideas el estudio de Karl Prizbram, demos- 
trando que estos infusorios obedecen en sus evoluciones 
a la fórmula de Einstein, que rije al movimiento browniano 
(p. 48). Ixcfíriéndose a la hipótesis de Arrhénius la consi- 
dera dudosa, pues serían muy pocos los gérmenes que pu- 
diesen venir de los espacios interplanetarios, pero consi- 
dera todos estos estudios como muy -interesantes por ilus- 
tti'ar las profundas diferencias de propiedades í1sica.s| y 
potencialidad (¡ue están asociadas en la escala de magni- 
tudes, con simples diferencias de grado comparando los 
grandes organismos con los más pequeños que concibe la 
teoría. 

Sigue tratando del coeficiente de crecimiento y en la 
página 154 presenta el siguiente resumen: 

1. — Exceptuando ciertos pequeños organismos y pe- 
íjueñas partes de organismos, cuya forma se debe a la ac- 
ción directa de las fuerzas moleculares, podemos conside- 
rar la forma del organismo como una función de crecimien- 
to o una expresión directa de un coeficiente de crecimien- 
to que varía según sus diferentes direcciones. Si, por tan- 
to se me ataca diciendo que sólo estudio la forma y su ori- 
gen, debe tenerse presente que la forma es de una impor- 



NOTAS CRÍTICAS Y BIBLIOGRÁFICAS 19 

taneia capital en sus relaciones con el crecimiento, lii 
superficie y la energía. 

2. — El coeficiente (rate) de crecimiento está sujeto a 
leyes definidas y la velocidad en diferentes direcciones, 
tiende a mantener una- relación que es más o menos cons- 
tante para cada organismo. A esta regularidad se debe 
el hecho de que la forma del organismo es, en general, re- 
gular y constante. 

En el capítulo. IV estudia la forma interna y la estruc- 
tura de la celdilla y recomiendo esta parte a los que hablan 
de memoria acerca de la plasmogenia poniendo de mani- 
fiesto su gran ignorancia en el asunto. 

* 

Describe el autor los experimentos plasraogénicos de 
infinidad de sabios, Bütschli, Loeb, Whitnian, Driesch, 
Hhunibler, Gallardo, Wilson, Ilarting, Leduc,etc. Con gran 
acopio de detalles describe las figuras naturales y artificia- 
les de la carioquinesis, el fenómeno más íntimo de la viaa 
y en ninguna parte dice que estos experimentos merezcan 
los epítetos denigrantes «lue en México, país de las críticas 
apasionadas, se dedica a los que estudian tan importantes 
problemas de la biología. El autor concluye de una prolija 
discusión de las observaciones y experimentos, que las fi- 
guras de la carioquinesis indican que el sistema dinámico 
y sus fuerzas localizadas se encuentran en constante alte- 
ración y por consecuencia se producen cambios en la con- 
figuración del sistema, sin que todavía puedan separarse las 
diversas energías actuantes para dar a una sola la prefe- 
rencia en la explicación del fenómeno. Es de sentirse que 
Thompson no conozca los experimentos publicados última- 
mente sobre este punto y que descartan de la cuestión las 
materias orgánicas, injustamente consideradas como in- 
dispensables para obtener la carioquinesis. 

Continúa el autor estudiando el fenómeno de la fe- 
cundación y lo considera como un caso particular del fa- 



20 A. L HERRERA 



moso problema de los tres cuerpos, que tanto ha ocupado 
a los astrónomos y exije un análisis matemático. La ten- 
sión superficial y sus variaciones explican los caracteres 
de la celdilla y la carioquinesis y en este punto habría lu- 
gar para una larga discusión, pues yo he visto que la ten- 
sión superficial está luchando frecuentemente con las co- 
rrientes osmóticas, que producen las formas y movimientos 
amiboideas, por ejemplo, en las gotas de mercurio someti- 
das a la acción de una mezcla cromo-nítrica. 

Considera el autor que ha sido vano el debate acerca 
de las partes vivas y muertas de la celdilla porque las ma- 
nifestaciones de fuerza únicamente se deben a la interac- 
ción de l^is diversas partes para el trasporte de la energía 
de unas a otras. Ocupándose de las formas de las celdillas 
el autor hace gala de profundos cunoeiiinontos en la mate- 
ria y describe las analogías entre los cristales y las formas 
celulares, la influencia de la tensión superficial, la forjua de 
las amibas explicada .por la tensión superficial, sin men- 
cionar las corrientes interiores que vencen a la misma. 

Jennings, Dellinger y Heidenhain, citados por el 
autor, niegan la influencia de dicha tensión, corroborando 
lo que he sostenido : pasa a explicar las formas de las cel- 
dillas comparadas con membranas líquidas, menciona los 
experimentos de Darling para producir esferas, cilindros 
y onduloides : desarrolla la teoría de las superficies míni- 
mas y de las figuras de equilibrio, los experimentos de Pla- 
tean, aplicando estos estudios a la explicación de las figu- 
ras de espirilos, relata los experimentos de Worthington 
sobre formas de gotas que se aplastan al caer, sin citar mis 
imitaciones de neurones y otras estructuras obtenidas de 
esta manera, y se vale de la comparación respectiva para 
explicar las formas de los cálices de ciertos zoófitos (Cam- 
panularia). Penetrando en región más profunda nos habla 
de la asimetría y la anisotropía; interpreta las estructuras 
de flajelados, vorticelas, noctilucas y por prinicrn vez ex 



NOTAS CRÍTICAS Y BIBLIOGRÁFICAS 21 



plica gran parte de lá morfología de los animales y vege- 
tales inferiores por medio de las matemáticas y los resul- 
tados experimentales que en México se consideran como 
locuras. Sigue estudiando las celdillas reticuladas, las 
plegadas, los Foraminíferos y los experimentos de Morey 
y Draper con resinas fundidas; explica la membrana de 
los Trypanosoma considerándola como membrana líquida 
que obedece a la ley de la constante media curvatura; for- 
ma de los glóbulos de la sangre; experimentos de Norris 
con emulsiones de alquitrán, formas de celdillas y fenóme- 
nos osmóticos; inicia una teoría de presión niembránica o 
himenopiesis que yo propuse al observar la contracción 
de las membranas de absorción; estas, según el autor no 
deben llamarse de precipitación, pues se deben a la concen- 
tración y solidificación de una solución por ciertas substan- 
cias ávidas de agua; cita experimentos de Harting y Mel- 
sens; llega a la polaridad morfológica, experimentos de 
Macallum sobre la absorción y concentración de las sales 
de potasio en las algas; por fin, entra de lleno en el 
tema de las formas de los tejidos y agregados de celdillas, 
cuya lectura recomiendo a los eternos censores de la plas- 
mogenia, para que se convenzan de su excepcional ignoran- 
cia en el asunto. Nada tiene de ridículo ni de insano y el 
autor, en unas 100 páginas y otras tantas ilustraciones lo 
trata magistralmente, citando los trabajos experimentales 
de Berthold, Errera, de Bruselas, Bénard, Leduc, Rhum- 
bler, Réaumur, Maraldi, Buffou, Robert, (burbujas de ja- 
bón), etc. 

En otros capítulos explica las estructuras de las espí- 
enlas, concreciones, esferulitas, escamas, esqueletos de es- 
ponjas, radiolarios, aplicaciones biológicas de la geodesia, 
la especial logarítmica, formas de moluscos, etc., hasta lle- 
gar a los problemas más elevados de la biología y la mor- 
fología. 



22 A. L. HERREKA 



Conclusión: Venciendo las naturales resistencias de la 
crítica, más apasionada que competente, el estudio experi- 
mental de la biología, de la forma, de la estructura, del creci- 
miento, de las funciones, del origen, de la composición 
química, de los factores físico-químicos y de las bases ma- 
temáticas de la organización, lo que yo he llamado plasmo- 
genia, conjunto de conocimientos acerca del origen y ac- 
tividades del protopla^ma, se ha impuesto de tal manera, 
con tal solidez, que nada ni nadie podrá destruir este edi- 
ficio, definitivamente cimentado por la obra de D'Arcy 
Thompson. 



México, Junio 18 de 1918. 



SOCIÉTÉ SCIENTIFICJUE "ANTONIO ÁLZATE" — MÉMOIRES, T. 39 23 



DATOS SOBRE LA INDUSTRIA PETROLERA 

EN MÉXICO 

CONFERENCIA LEÍDA POR EL ING. 

JOSÉ LÜPEZ PORTILLO Y WEBER, M. S. A. 



(Sesión del 4 de Octubre de 1920) 

(LÁMINAS II-VIIl). 

Siempre me había atraído de manera extraordinaria 
la zona petrolera, y en esas ocasiones en (jiie da uno rienda 
suelta a la fantasía, procuraba imaginármela, y veíala con 
claridad meridiana. . . .aunque debo decir que la que yo 
miraba en nada era semejante a la que al fin conocí. Jú/.- 
guese, pues, del intensísimo entusiasmo que me causaría 
el tener oportunidad, en la primera mitad del año próxi- 
mo pasado, de recorrer aípiélla región ; y eso en condiciones 
tales, que me permitirían conocerla más a fondo en pocos 
meses de lo que en años enteros habría logrado de ir bajo 
distintos auspicios. . 

La zona petrolera ha sido y es el recurso supremo y 
providencial que Dios puso al alcance de nuestro pr.ís. con- 
sag='ado a futuros e inmensos destinos, para nyudailo a es- 
capar de las desgracias provocadas por la revolución. Dé- 
bese al petróleo el que los gobiernos que sucesivamente nos 
han regido lograran conseryar una decorosa independencia 
ante el coloso del Norte. El petróleo, convertido en oro, 
hizo el estupendo milagro de la transformación repentina. 



24 INCt. .TOSÍ; I.ÓPK/ I'OKTILI,0 Y WEBEll 

rasi iustantáiica, de la eirculación dt'l papel moneda, del 
i)iliinbique oscilante y despreciado, por la especie metáli- 
ca que hoy tenemos, una de las más fijas de la tierra, y 
ello con gran sorpresa de sabios economistas. El petróleo 
nos permitió, gracias a los ingresos que determinaba, man- 
tener la neutralidad de México en la pasada guerra mun- 
dial, en vez de que, obligados por la miseria, nos hubiése- 
mos lanzado en la loca aventura en la cual sólo una disyun- 
tiva terrible se nos ofrecía, o estrellarnos ante naciones 
incomparablemente más poderosas, o unirnos al séquito de 
pueblos ciue al fin siguió a los vencedores, y (pie sin obtener 
ventaja alguna, sólo vieron morir algunos millares de sus 
hijos; y las contribuciones y empréstitos los colocaron en 
situación tan angustiosa, que la resultante natural ha sido 
la aparición del bolchevikism,o. 

Pero si el petróleo nos ha permitido en el pasado sal- 
var nlás de una crisis, puede por su misma importancia 
como factor comercial atraer sobre México la realizaciÓJi 
de las más graves e injustas amenazas; realización que 
debemos imjpedir con digna y prudente firmeza. La cons- 
tante orientación en los asuntos petroleros a través de ad- 
ministraciones diferentes en ideales y procedimientos; la 
opinión casi unánime de nuestras clases cultas respecto a 
los mismos, parecen indicar que la del petróleo es una ver- 
dadera política nacional. Muy lejos estamos de creer t[uc 
haya quien, sin esperar recomipensa proporcionada, invier- 
ta capital en empresa tan aleatoria como lo es la busca del 
f)etróleo ; pero si nos encontramos dispuestos a admitirlo, 
jio queremos que en la sociedad formada entre los capita- 
listas extranjeros, y nosotros, proveedores de la materia 
jírima, se nos niegue, no sólo la justa utilidad correspon- 
diente; sino hasta el derecho de propiedad para otros países 
indiscutible sobre cuanto oculta el propio suelo. Cierto 
([ue de faltar esos industriales quizá no habríamos explo- 
tado en mucho tiempo nuestra riqueza ; pero sin el oro lí- 



DATOS SOBRE LA INDUSTRIA PETROLERA EN MÉXICO 2o 

qiiido y negro que suda en México lu tierra generosa, ¿ha- 
brían realizado ellos las utilidades fantásticas que les per- 
miten ser señores de palacios, y mantener enjambres in- 
numerables de obreros en sus países?. . . .Quien ha empe- 
zado a perforar en México con cien mil pesos de capital, y 
hoy posee centenares de millones, tiene sobre ellos sobrado 
derecho; j^ero no lo tiene para preconizar el despojo del 
país a que todo lo debe, y menos para intrigar con ese fin. 

La primera impresión que produce Tampico, la metró- 
poli del petróleo, es la de una ciudad a medias sajonizada, 
y sólo para el que observa a fondo aparece como hecho in- 
dudable el de la persistencia de nuestra nacionalidad bajo 
esa costra extranjera que la cubre. Los centenares de su- 
jetos altos, vigorosos, de ágiles movimientos que transitan 
por las calles, la presencia en todas las trasacciones de la 
moneda americana, desconciertan a cualquiera, y esa im- 
presión de hallarse en tierra extraña se robustece a la vista 
de los destroyers y guarda-costas yankes surtos en aguas 
nacionales. Pero oculta por la plutocracia, porque eso y no 
otra cosa es la capa yanke en Tampico, se encuentra la 
masa mexicana, amorfa, pero sólida, rehacía a la mezcla, 
y quizá demasiado divorciada del aventurero ultrafronte- 
rizo. El yanke, por regla general, es trabajador y empeño- 
so, disciplinado y limpio. Por desgracia hay en la zona pe- 
trolera unos pocos extranjeros que, no contentos con des- 
pilfarrar sus sueldos crecidos en una noche de orgía, no va- 
cilan en rebajarse hasta pedir limosna, que si se les niega 
tratan de obtener por la fuerza, dando motivo a que nues- 
tro pueblo, que no sabe de pugilato, pero que sí esgrime el 
cuchillo, repela ciertas agresiones que en otro país se con- 
sideran como de poca importancia en forma a menudo trá- 
gica. Además y esta observación puedo corroborarla con 
nombres, fue dado persuadirme de que el americano, que 
abomina de los bolcheviques, nombre que jamás pronuncia 
sin hacerlo preceder de terribles injurias en español, (es 



26 1K<1. .lOSK l/iPKZ PORTILLO Y WEBER 

extraordinaria la facilidad con (|Ue los extranjeros apren- 
den las palabras demasiado enérgicas del castellano) es el 
propagandista quizá inconsiente de doctrinas tan avanza- 
das como las de Leníii y Trotski. A todas horas reclama 
la intervención del gobierno americano en las compañías, 
la repartición desproporcional de las utilidades entre el ca- 
pitalista y el obrero, (a'in/erieano), la limitación de la prole 
;i gnsto de los padres, el amor libre, y otras cosas por el 
estilo. Naturalmente no digo que todos los yankes en Tam- 
pico tengan y propalen esas ideas, pero sí (lue a varios de 
ellos oí expresarlas sin rebozo. 

Tampico es uiui población singular. Modernos rasca- 
cielos se elevan junto a míseros jacales, y con frecuencia so 
halla un solar mal cercado, en una manzana por completo 
edificada. Es (¡ue el propietario, algún buen anciano o an- 
eiaiui, habituado a la antigua vida tranípiila, y embria- 
gado por el súbito salto de valor (pie dieron sus posesiones 
urbanas, se niega tercamente a vender o edificar, y aguarda 
para hacerlo a (jiu' el petróleo se agote y el precio de la pro- 
piedad decaiga a su antiguo nivel. En ese abigarramiento de 
edificios, hospedados juagando ahiuileres fabulosos, se agitan 
más de cien mil habitantes, metidos en donde hace veinte 
años no había (|uince mil. Ahí los profesionistas, los em- 
pleados, los joiiialeros, sufren y se agotan por las incle- 
mencias del clima y la carestía de la vida, carestía a ({ue 
no es agena la presencia de la moneda americana a la cual 
la torpeza en materia de adulación cometida en México 
por largo tiemipo permitió instalarse sin competidora en 
a(|uel mercado. Toda esa gente vive en torno de unos seres 
j)oderosos e intangibles, providentes y crueles, todo a la 
vez; las compañías petroleras, o más bien, las compañías. 
No tienen estas palabras pronunciadas en México la misnm 
resoiumcia ([ue en Tampico. En Tampico evocan algo va- 
go, prestigioso, temible. Quien haya estado alija recorda- 
rá esa impresión. De los empleados de las compañías, 



DATOS SOBRE LA INDUSTRIA PETROLERA EN MÉXICO 



abogados y notarios, entre los mexicanos, son quienes re- 
ciben mejor remuneración. Y digo de los mexicanos, por- 
-^•ue los yankes son cosa aparte, se les señalan sueldos altísi- 
mos, y más que nada, tienen derecho a "gastos", es decir, 
a que sean por .cuenta de la compañía a que pertenecen sus 
erogaciones, aun cuando estén en la ciudad, en tanto, que 
de los mexicanos únicamente los ingenieros topógrafo-; 
pueden presentar sus cuentas de gastos y ello después de 
larga permanencia en el campo. 

AbaJo de la multitud afanosa y ocupada, se agita el 
hampa invisible y omnipresente que hay en el fondo de las 
sociedades ricas. De vez en cuando las lanchas que desde 
Tampico llevan dinero a los campamentos por el Canal de 
Chijol, los automóviles que recorren los caminos, o aun los 
tranvías en cuanto salen de la ciudad, son asaltados por 
audaces bandoleros, y la constancia del buen éxito en tales 
atentados parece indicar que detrás de los bandidos de ac- 
ción, se ocultan otros más cobardes o hábiles, que desde 
las mis'mias oficinas de las compañías dirigen las operaciones 
de los otros. , 

En pocos lugares puede apreciarse la riqueza de la 
zona petrolera tan bien como en el río Panuco, frente a 
Tampico. El muelle fiscal de madera maltratada, con los 
hierros tomados de orín y retorcidos por los golpes y los 
choques, hállase siempre cubierto de mercancías. Cerca de 
veinte barcos están a todas horas surtos en las sucias agu.is 
del río. Un tráfico constante puebla a éstas de grandes chala- 
lanes henchidos de peones ; de pesados convoyes de barcazas 
cargadas de chapopote; de rápidas lanchas que surcan con la 
velocidad de una flecha, apartando con la proa levantada, 
a uno y a otro lados, líquidas láminas curvas que semejan 
alas. Y entre todas esas embarcaciones se escurre el frá- 
gil esquife tripulado por un remero. Hasta perderse da 
vista míranse barcos petroleros anclados, esperando carga. 



28 IXG JOSÉ L(')PEZ PÜKTII.LO V WEBER 

El humo de navios y terminales forma una bruma parduzea 
que no siempre alcanzan a arrastrar las frescas brisas me 
riñas, y por todas partes flotan en las ondas negros man- 
chonencs lenticulares de chapopote, núcleos de películas 
hermosamente irisadas (pie se extienden,- y ocultan las 
aguas amarillas, y que son a veces desgarradas al sur.t^ir 
el espetón de los escualos. 

No menos de 16 estaciones terminales se suceden a am- 
bos lados y en las riberas del río. Se da el nombre de ter- 
minales a las estaciones donde el petróleo se almacena, y 
donde se dispone de la maquinaria indispensable para tra- 
segarlo de los tanques pintados de gris a los negros barcos 
petroleros encargados de llevarlo a lejanos países. En es- 
tas terminales hay 446 tanques, cuya capacidad de almace- 
naje es igual a 1.893,785 metros cúbicos, o sea 11.910,597 
barriles, para mencionar la cifra en la medida que el uso 
ha hecho familiar a nuestros oídos, y que equivale a 159 
litros. 

Las fases por las que atraviesa el petróleo en las pos- 
trimerías de su existencia, son las que trataré de describir 
aquí. Después de haber dormido por miles de años e)i 
las i)rofundas y tenebrosas criptas, donde las fermenta- 
ciones se han sucedido por lapsos interminables, bajo la 
dura bóveda de pizarra o caliza, está a punto de ser arran- 
cado de su lecho. Un día llega a la tierra ^xhuberante que 
se encuentra encima de la cúpula, un sujeto rubio, de peri- 
lla y bigote, que viste traje colonial y cubre la cabeza con 
casco inglés. El afán de ese quídam en romper piedras con 
un j)equeño martillo, y olerías después, hace reír a los bue- 
nos huastecos. Aquél hombre es un geólogo. La tradición 
americana í|niere que los hombres de ciencia cubran sus 
mejillas con pelo. El fallo de ese individuo, es favorable. 
En aquella tierra "puede haber petróleo." Debo decir quo 
uno de esos geólogos, en un arranque de frauíjueza, me 



DATOS SOBRE LA INDUSTRIA PKTROLEKA EN MÉXICO 29 

declaró cierta ocasión que él jamás afirmaba que podía ha- 
ber petróleo, hasta que lo veía salir del pozo. 

Entonqes aparece el Agente de tierras de la Compañía. 
Es por lo general, un alegre compadre, insinuante, decidor 
y generoso ¡ como «jue gasta de lo ajeno, pues para el sí 
hay cuenta libre en los libros de la Compañía ! El agente 
traba relaciones amistosas con los propietarios del terreno. 
Los invita a Tampico. Coge con ellos tres o más borrache- 
ras en el barrio de la Unión, ([ue es el de tolerancia en aquH 
puerto; los llama "hermanos", les golpea, cariñoso el vícq- 
tre. Y cuando juzga llegado el momento, seguro del éxito 
por las protestas de afecto que el alcohol y la buena comi- 
da, y otras cosas más, hacen pronunciar al terrateniente, 
plantea el negocio. Xo irapr.vtí» la hora a que eso tenga lu- 
gar. Un notario estará siempre pronto a registrar la es- 
critura de venta o arrendamiento, de día o de noche, car- 
gando, como es natural, bastante más la mano en los ho 
norarios si tiene qua abandonar el potro que "en la tierr.i 
caliente" es el en otras partes atractivo lecho. Ahí cesa 
el papel del Agente de su Compañía para que ponga el V" 
B°, unas cuentas feroces al lado de las cuales las de Don 
Gonzalo de Córdova son en verdad insignificantes. BíCcuer- 
do que una v*ez un agente de tierras cargó 20 dólares por 
un almuerzo , y el gerente ofreció darle la misma cantidad 
si justificaba el gasto, pero no expresó la proposición eno- 
jado, sino con el rostro lleno de sonrisas, pues por caro oue 
sea, es siempre barato un buen agente de tierras: — "En el 
acto, señor !. — replicó el empleado. Y llevó a su jefe a dn 
restaurant, donde consumió por bastante más de lo aseii- 
tado en cuenta. Verdad que el restaurant era también de 
Tampico. 

Hay veces, sin embargo, en que la interv'ención de los 
agentes de tierras se verifica en condiciones menos rego- 
cijadas y muchos de los grandes "gushers" tienen una his- 



39 INC.. .lOSÍ: LÓPKZ PORTILLO Y WEBER 

toria trágica, ({ue con temor se trasmite en voz baja de orí- 
ja a oreja. 

En seguida viene la localización del pozo, de la cual a 
veces se encarga algiín alto empleado de la Compañía in- 
teresada, y a veces el perforador a (juien el trabajo se con- 
fiará. Casi nunca se sigue un método científico al hacerla. 
Si acaso aparece un pozo rico en una comarca, en el acto 
se agrupan al derredor de él otros muchos, y en cambio fi 
dos o tres perforaciones fallan en alguna parte, ninguua 
más viene a explotar el subsuelo; de lo qne resulta que muy 
probable es, que tierras abandonadas como improductivas, 
puedan ser en realidad escondite de inmensas riquezas. 

Casi siemipre empieza la perforación por el sistema 
rotativo el cual es en esencia el que cumple el objeto intro- 
duciendo en la tierra una enorme broca hueca, formada por 
decenas de tubos atornillados los unos a los otros, y que se 
añaden y aumentan conforme el avance de la perforación 
lo pide. Una constante circulación de lodo se encarga de 
refrescar la barrena en lo profundo y de dar cierta consis- 
tencia a las paredes de la excavación. La perforación así 
progresa hasta setenta metros diarios, pues el trabajo es 
incesante de día y de noche, y los perforadores sufren cou 
gran estoicismo los ataques sañudos de los mjosquitos atraí- 
dos por la luz que alumbra las nocturnas labores. Por re 
gla general se atraviesa una capa de tierras de arrastre «lue 
puede tener cien metros de espesor. Encuéntranse luego 
pizarras de distintos colores y dureza, en un estrato de 300 
a 500 metros, y al fin se llega a la caliza, la cual, por lo co- 
mún, es de dureza casi diamantina. Sea en caliza, o sea 
en alguna capa dura de pizarra, es cementada la tuberí.i 
(pie se va metiendo a medida que la perforación avanza. P]>?.i 
operación se hace inyectando de una a tres toneladas de co- 
mento, el cual es obligado a bajar hasta el fondo del pozo, 
y a subir luego a lo largo de las paredes de la excavción, 
entre ellas y la tubería. Un ingenioso y sencillo procedí- 



DATOS SOBRE LA INDUSTRIA CLTKOLF.RA EN MÉXICO 31 



miento indica cuando esto ha tenido lugar. Se deja enton- 
ces que transcurra el tiempo necesario para que el cemento 
fragüe, se hace la prueba, que consiste en inyectar agua a 
una presión algo mayor de la que se espera tendrá el pozo, 
y se prosigue después la perforación. • Sólo que ahora el 
sistema empleado es el percutente, o "Standard". (!uaudo 
se acerciu uno a la torre, esbelta construcción de madera a 
menudo contraventeada para que pueda resistir los nortes, 
ya no se escucha el eterno rodar de lá cadena chirriante que 
hace girar la rotatoria. Ahora la construcción toda tiem- 
bla y se estremece a los golpes rítmicos, isócronos, incesan- 
tes de la barrena, que no hurga como la otra, sino choca 
destroza y pulveriza. Es una impresión imborrable la que 
experimenta el que liega por primera vez a un pozo en 
vías de perforarse, y percibe el sordo retumbo de la barre- 
na que busca el petróleo en los insondables abismos. Hay 
veces en que el pozo pierde la vertical, se inclina, se apar- 
ta de la dirección que tiene en un ])rincipio. Tal cosa se 
conoce cuando se saca la barrena para introducir ese tubo 
hueco llamado "cuchara"', con el que se extraen los escom- 
bros y restos del fondo de la excavación. Entonces, si ésta 
ha perdido la vertical, la barrena muestra un lado más des- 
gastado que el otro. Y hay que rellenar con hierro el po- 
zo hasta arriba del punto en donde empezó la desviación, 
y se vuelve a perforar, logrando así que la barrera encuen- 
tre por todas partes igual resistencia y siga la dirección 
debida. Otras veces la barrena, barra de acero que llega a 
pesar dos toneladas, se quiebra, y entonces es preciso pes- 
carla; para lo cual se introducen enormes y potentes tena- 
zas que muerden el trozo, lo sujetan y lo arrancan del lecho 
de piedra en que está hundido a menudo hasta un metro. 
Veces hay en que no es posible agarrarlo, y entonces se hace 
una excavación lateral, donde se obliga a caer el pedazo 
que estorba, a fuerza de golpear encima de él. No pocas 
veces la operación de perforar se detiene por causa de per- 



32 IN<i. .lOSÉ LÓPEZ PORTILLO V WEBER 

canees a los perforadores y supe de una ([we hubo de abar.- 
donarse por haber sido mordidos todos los encargados de la 
operación por un perro rabioso. No se escoge arbitrarianieu- 
te el empleo de los sistemas de perforar. Se prefiere la ro- 
tatoria en las capas- blandas o elásticas donde- la perciitente 
rebotaría con poco efecto, y se elige ésta para rocas de du- 
reza grande en (jue la rotatoria resbalaría sin que las ale- 
tas mordiesen. La rotatoria llega a avanzar hasta setenta me- 
tros en 24 horas, como he dicho, en tanto (jue la percutente 
rara vez llega a los 30 en igual tiempo, y por lo común 
apenas adelanta 3. En la región de Tuxpan, casi al lle- 
gar a la caliza brota el petróleo; en tanto que en Panuco 
hay que profundizar bastante en esa roca para alcanzar el 
yacimiento. 

Llega un momento, en fin, en que la perforación se 
aproxima a la estrata petrolífera. Los indicios así lo seña- 
lan en los restos que saca la cuchara. De pronto la maqui- 
naria empieza a trabajar locamente. La presión de los ga- 
ses en el pozo equilibra el peso de la barrena, y el balan- 
cín salta desordenado. Aullidos penetrantes y extraños 
bufidos salen de lo profundo. Chorros de blancos gases sil- 
vantes se elevan por la atmósfera; y al fin, con un estruen- 
do peculiar, brota el surtidor de chapopote. La barrena es 
a niienudo proyectada por los aires como una paja. La to- 
rre pierde a veces un tercio de su altura y las tablas caen, 
formando mortífera granizada, revueltas con guijarros 
eomiuíferos arrancados a las entrañas de la tieri-a. y con 
pedazos de caliza tan íntimamente empapados de petróleo, 
(jue se ven pedruzcos y despiden olor penetrante. El oscu- 
ro penacho oscila de arriba a abajo al brotar y subir las 
burbujas de gases. Zumba, crece, se agiganta, alcanza a ven- 
ces más de cien metros, cae convertido en fina lluvia; y todo 
cuanto toca se tiñe de un negro, rabioso, brillante, abso- 
luto. Pintonees, es cuando se controla el pozo. Con gran 
peligro de males graves, o aun de muerte, se acercan los 



DATOS SOBRE LA INDUSTRIA PETROLERA EN MÉXICO 33 

perforadores a la válvula. 8i coiisigiie)i hacerla girar, el 
pozo está vencido. Por todo el resto de su existencia pro- 
ductora no podrá dejar salir más petróleo que el que sus 
dominadores quieran. Pero otras veces la operación no os 
tan sencilla. Sobre todo, cuando se perforaron los primeros 
"gushers", pues los operarios americanos se hallaban' 
acostumbrados a encontrarse con los pozos de bombeo do 
su país. Pozo ha habido que dilate hasta tres meses en ser 
controlado, y el petróleo ([ue se derramaba por campos y 
ríos causó incalculables daños a la agricultura, la ganade- 
ría y la pesca. Mis observaciones personales me enseñaron 
que cuando una compañía da la perforación por contrata 
a un perforador hábil, puede llegar a obtener peetróleo on 
setenta días en tanto que si emprende la misma obra por 
administración, lo menos que dilata son tres meses, y casi 
siempre un año. Los perforadores americanos son hom- 
bres hercúleos, con gran capacidad de intensa labor, im- 
previsores y de hábitos emigratorios, que los tienen en 
constante movimiento, pues andan detrás del clima más 
agradable, y no siempre prefieren (juedarse en nuestras cos- 
tas, aun cuando se les ofrezcan sueldos cresidísimos cuando 
el verano llega. Llama la atención ver a hombrazos tan 
bien plantados, con sueldos tan altos, y tan ignorantes en 
cuanto no atañe a su trabajo. Con honrosas excepciones 
por supuesto, son tan despilfarrados en cuanto reúnen al- 
gunos cientos de dólares, (advierto que nnichos de ellos tie- 
nen salarios hasta de treinta diólares diarios), los gastan on 
en menos de una semana. Uno, que perforó un pozo de los 
más productivos que jamás haya habido en el mundo, fue 
gratificado por la Compañía por la que trabajaba con cien 
mil dólares, los cuales gastó en Tuxpan en tres meses, em- 
briagando con champaña a (luienes tocaba en suerte estar 
en la misma cantina a ({ue se le venía en gana meterse, rom- 
piendo a balazos las botellas y pagándolas a precio doble 

Mciu. Soc. Alziite.-sl6-Mayo-1921.-Nt 39--:! 



34 lX(i. .TOSK J.(')I"KZ PORTILLO Y WP:BER 

del (iiie tenían, y entregando a las arcas nnmieipales gran- 
des remesas de fondos por concepto de multas. En verdad 
debemos convencernos de que las escenas que en las pelí- 
culas americanas de cinematógrafo nos presentan y en las 
que vemos a individuos entregados a expansiones tan deli- 
cadas como las de que he hablado, no exageran, se limitan 
a poner ante los ojos, estudios de un medio que debe abuii- 
dar en las regiones más ricas de Estados Unidos. Hasta 
abril del presente año, había 1113 pozos en México, de los 
que 304 eran productivos, 75 agotados^ 279 en perforación, 
y el resto, 455 nunca produjo. 

El petróleo es llevado de los pozos a los tanques de 
almacenamiento por medio de tuberías de diversos diáme- 
tros, de los que el más común es el de 203 mm, las cuales 
se entierran de manera que la parte superior de la tubería 
se halle a 60 cmts. de la superficie. Como el petróleo al 
escurrir por la tubería pierde en temperatura y gana en 
viscosidad, llegando a tener la consistencia de la cera, io 
que hace difícil su impulsión, se instalan de trecho en tre- 
cho estaciones de bombeo en las cuales el petróleo, antes de 
entrar a las bombas, pasa por calentadores que le devuel- 
ven su fluidez. Estas tuberías llegan a ser larguísimas. La 
de la Huasteca tiene 129 kilómetros de desarrollo, y forman 
un sistema de cinco tuberías paralelas con siete estaciones 
de bombeo, en las que en inmensos salones escrupulosamen- 
te limpios trabajan gigantescas bombas cuyos volantes gi- 
ran en silencio, mientras que se oye el acompasado ruido de 
los émbolos que van y vienen en lenta carrera. Algunas 
compañías tienen sus oleoductos tendidos a todo lo largo 
de la costa, desde los campos productores a Tampico. Pe- 
ro a ciertas de ellas les pareció más barato instalar sus 
terminales en un lugar que se bautizó con el nombre <le 
Puerto Lobos. Una. ondulación de la costa, y una isla, pro- 
tegen ahí hasta cierto punto a los barcos anclados a cot-ía 
distancia, y para jíoderlos cargar se arremetió la empresa 



DATOS SOBRE LA INDUSTRIA PETROLERA EN MÉXICO 35 

de tender tuberías submarinas de longitud que varía de 
1,500 a 3,500 nits, 

Para tenderlas se abre en el monte una ancha brecha 
perpendicular a la playa. Se construye en ese callejón, en- 
tre la espesura, una vía férrea bastante angosta en la cual 
se colocan carritos de trecho en trecho. Sobre ellos se ata 
la tubería, uno de cuyos extremos tiene un dispositivo es- 
pecial para que pueda sujetarse con un cable. Se levanta 
sobre la vía, ya en la misma playa, un puente de señales. 
Dos barcos se enfilan con él, se lleva a su bordo el cable 
(jue sujeta el extremo de las tuberías, se ata a bordo de 
uno, y echan a andar ambos remolcando uno al otro, hasta 
arrastrar la tubería y meterla en el mar. Una boya indica 
el extremo de la tubería en movimiento. Cuando se llega 
a la distancia requerida se detiene la marcha, se sujeta la 
línea a dos boyas muy bien ancladas, y un buzo abre el ex- 
tremo para (jue se llene de agua. En lo sucesivo un barco 
petr( lero no necesitará más que sujetarse a las boyas, ator- 
nillar una manguera al extremo del oleoducto, y recibir la 
carga líquida ({ue de la terminal se bombea. Hasta el 20 
de agosto del presente año había en México 27 líneas sub- 
marinas pertenecientes a 8 compañías, líneas por las cuales 
se pueden bombear diariamente 269,200 mts. cubs., o sea 
algo así como 1,100,000 bis. En cuanto a oleoductos te- 
rrestres, México tenía el 31 de agosto del año en curso, 161 
tuberías con un desarrollo de 2,207,271 metros y una capa- 
cidad de conducción de 171,605 mts. cúbs. o sea 1,081,100.00 
bis. Como puede estimarse (mxiy poco aproximadamente) 
(|ue cada metro de aleoducto cuesta 35 pesos, se ve que ¿e 
han invertido 77.254,625.00 de pesos en ellos. 

Cuando el petróleo brota del pozo, no es llevado di- 
rectamente a los grandes oleoductos. Debe antes despo- 
jársele de los gases que hacen difícil y peligroso su manejo. 

Para ello, apenas salido, pasa por unos dispositivos más 
o menos complicados e ingeniosos, que pueden ser desde 



36 IKii. JOSÉ LÓPEZ PORTIIJ.O V WKBER 

dos simples tubos paralelos horizontales ligados por un sis- 
tema de varios verticales de menor diámetro, hasta una 
serie de recipientes donde el petróleo es sometido a gol- 
peos, filtraciones, y operaciones diversas, después de las 
cuales se le considera ya despojado de ciumto pueda es- 
torbar su manejo, y pasa a almacenarse en los tanques. El 
gas (jue resulta de la operación se lleva a la cúspide de co- 
linas alejadas de los poblados, y ahí arde continuamente. 
Nunca olvidaré la impresión que me^ causó la primera visi- 
ta que hice a Tepetate. Después de atravesar la laguna de 
Tamiahua, la de los paisajes grandiosos y risueños ; des- 
pués de admirar la fosforescencia nocturna de las aguas 
tranquilas, en las (pie los peces, arrancados de su sueño por 
la embarcación en movimiento, trazaban centelleantes 
tra.yectorias en su fuga, arribé a un muelle en el estero de 
Cucharas. 

Un camión de carga, de gran capacidad aguardaba 
ahí a los navegantes para llevarlos a Tepetate. Yo era (}1 
único mexicano consciente que sv;bió al vehículo. Un jo- 
ven español era el chauffeur; a su lado sentáronse varios 
sajones; yo venía en el centro, y atrás se agrupaban unos 
diez o doce indios huastecos. Tanto aiiuéllos coriso éstos 
hablaban en idiomas para mi extraños e incomprensibleí-'.. 
El camino se retorcía entre los admirables bosques de nues- 
tras tierras tropicales; subíamos agrias cuestas, verificá- 
bamos peligrosos descensos; a lo lejos el horizonte se teñía 
de un rojo de aurora, de un resplandor cuya intensidad 
aumentaba por momentos. Y cuando el carro jad-eaba en 
las cuestas, o se extremiecía en los baches, o cuando corría ve- 
loz, por las planicies, parecióme encontrar cierta analogí;i en- 
tre aquella mi situación de entonces y la de nuestra patria: 
un grupo de extranjeros me arrastraba por senderos ries- 
gosos y para mi desconocidos, aun cuando fuesen de mi 
propio país ; otro de indígenas estorbaba las maniobras v 
era siempre peso muerto, y sólo entre todos, yo aspiraba 



DATOS SOBKE LA INDUSTRIA PETROLERA EN MÉXICO 37 

el aire tibio y perfumado de la selva y aguardaba pacien- 
te el fin de aquella peregrinación que parecía arrastrarme 
hacia la luz, aquella luz extraña que se veía en el horizonte. 
De pronto, en la cima de una cuesta, descubrí el espectá- 
culo más maravilloso que pueda verse en la tierra. Era un 
valle poblado de vegetación exhuberante; en la cúspide de 
cada colina, de cada altozano de los que lo limitaban, alzá- 
banse rectas y brillantes las llamas de los quemadores ; las 
nubes cenicientas que de ellos salían velaban de manera 
misteriosa el paisaje; y a su través distinguíanse blancas 
casitas, amenos jardines, sembrados, chimeneas empenacha- 
das de humo. Fantásticamente fulguraban los fuegos de 
Cbinampa, Tepetate y Juan Casiano. De tal modo intensa 
era la iluminación, que en cualquier parte podía leerse un 
libro. 

El cuadro era tan bello que no me pareció demasiado 
caro en los 70,000 pesos ({ue con mucho acierto calculó e) 
8r. Ing. Vázquez Schiaffino valen cada 24h., los productos 
volátiles que alimentan la constante combustión. Dos Cías., 
la Huasteca y la Penn Mex., tienen plantas extractoras de 
gasolina que toman de esos gases, y la segunda aun ha 
tendido una tubería de 5 centímetros de diámetro y más de 
40 kilómetros de desarrollo que conduce hasta la barra de 
Tuxpan el producto de su planta en el Álamo. 

Una vez despojado el petróleo de sus gases, se le lleva 
a almacenar a los grandes tanques cilindricos cuyas foto- 
grafías todos conocen. Según las prudentes disposiciones 
reglamentarias de nuestros gobierno, estos tanques debie- 
ran ser todos de acero, con techo, cónico o plano, del mismo 
material, ser impermeables a los gases y tener en la chime- 
neií por la que éstos escapan una malla metálica finamente 
tejida Y tendré ocasión de demostrar lo acertado de to- 
das estas precauciones. Pero como el precio de compra, 
transporte y construcción de un tanque es de por si bas- 
tante elevado, pues en ciertas zonas llega a los 100,000 pe- 



38 IXG. JOSÉ LÓPEZ PORTILLO Y WKBKR 

SOS ; y en algunas aun dobla esa cantidad ; y como la pro- 
babilidad de que se incendie un receptáculo de este género 
es a primera vista muy remota, las Cías., tomando por pre- 
textos las dificultades que la guerra ha traído consigo para 
quienes desean conseguir grandes cantidades de láminas 
de acero, procuran eludir esas medidas, que sin embargo 
las pondrían a cubierto de muchos peligros y pérdidas si 
las llevasen a la práctica, y gran número de tanques tienen 
techos de madera cubiertos de telas que se proclaman im- 
permeables, y a veces aun de laminillas metálicas, y ni telas 
ni lámjinas llenan su objeto. Los tanques siempre están co- 
nectados con una tubería para inyectar vapor, cosa que a 
veces puede ser un buen preventivo contra incendios, y 
ciertas compañías disponen de instalaciones extinguidoras 
que ya describiré someramente. Como casi todos los casos 
de incendio han sido originados por fulminaciones, apenas 
amenaza una tempestad la tubería vomita sobre el tan(iue, 
en el espacio vacío entre el petróleo almacenado y el techo, 
chorros de vapor que forman encima del primero una capa 
protectora incombustible, expulsando a los gases ciue siciu- 
pre se desprenden del petróleo. En ocasiones el vapor 
cumple a maravilla con esa parte de su misión. Pero no 
siempre basta con eso para salvar el recipiente. Cae un 
rayo en el tanque atraviesa el casquete de vapor blanque- 
cino ([ue escapa del interior y lo rodea como un nimbo, y 
el incendio estalla. En ocasiones ni siquiera se necesita 
q'iQ hiera en el mismo edificio. Basta con que los gases seaL' 
arrastrados por el aire a distancias a menudo muy grandes, 
y que formen una nube continua hasta el tanque mismo. 
En tal caso viene a formarse una verdadera mecha impal- 
pable e invisible y entonces basta con que el rayo toque la 
nube, i)ara que el incendio vuele al tanque, el cual como 
se ve, tiene una área que llamaremos "vulnerable"' mucho 
mayor que la de su fábrica. 



DATOS SOBRE LA INDUSTRIA PETROLERA EN MÉXICO 39 

Del incendio entonces, sólo puede escaparlo la red me- 
tálica que el gobierno pide. En cuanto prende el fuego se 
esparce por la atmósfera, hasta distancias enormes, un olor 
muy poco grato. Las llamas coronan el tanque, edificio ci- 
lindrico lo suficientemente grande para que uno de, los más 
grandes salones de cine de nuestra capital quepa amplia- 
mente dentro de él pues tiene 8 metros de altura por 16 de 
radio. Las emisiones de humo se suceden sin cesar, for- 
mando discos de diámetro creciente a medida que se elevan 
por la atmósfera, y cuyos boixles se enrollan verticalmente 
al deredor de si mismos, la sucesión de los cuales llega a 
formar una columna que a menudo tiene centenares de me- 
tros de altura. En el acto comienzan las obras de salva- 
mento. El petróleo es trasegado por .un tubo que hay en el 
fondo del tanque a alguno otro próximio, mientras la tem- 
peratura a que se encuentra el líquido no constituye un 
pelibro para el otro depósito. Y si hay instalación de Foa- 
mite, llega la ocasión de servirse de ella. Consiste eso sis- 
tema extinguidor en inyectar al tanque i^or medio de uiia 
bomba adecuada y de modo (¡ue la mezcla se haga en la 
superficie ardiente, agua,' una sal y un ácido, que al mez- 
clarse producen gruesa capa de espuma, a la cual se eiicar- 
ga de dar consistencia algún cuerpo gelatinoso. El Foamit<3 
cubre el petróleo en combustión con un manto, de ireiiita 
centímetros de espuma, el cual impide siga el incendio, y 
que dura hasta 24 horas o más sin disolverse. Casi nunca 
falla. Un testigo presencial me asegura que a él debe la 
Cía. "El Águila" el conservar la Refinería de Minatitlán, 
a la cual amienazaba devorar un incendio hace pocos mese?. 
Si es que no puede dominarse el fuego, se suspende la ope- 
ración de bombeo cuando el petróleo alcanza una tempera- 
tura que lo hace peligroso para el recipiente a que ha sido 
trasegado. Se proteje con vapor a los tanques próximos 
y todas las personas se alejan del que está en llamas. Como 
siempre trae consigo el petróleo un poco de agua, y esta' 



40 iNO. .losi'; L(')i'i;z i-ortillo v weber 

es más densa ([iie aquél, se deposita en el fondo del tan- 
que a poco de que se le deje reposar. Y cuando el fuego 
llega a su nivel, viene un súbito estallido. Las láminas de 
acero se tuercen cual si fuesen de papel, y el techo en igni- 
ción y el petróleo, caen en candente lluvia cubriendo cít- 
enlos (¡ue llegan a tener hasta 200 mts. de radio. 

Si para fines del presente año todos los tanques que se 
proyectan han sido construidos, habrá el número suficien- 
te ])ara almacenar la ])roducción total de la República por 
espacio de 16 días, suponiendo que todos los pozos tuviesen 
por completo abierta su válvula, ({ue es lo que ha dado en 
llamarse producción potencial, en la (jue por lo demás, no 
debe en concepto mío fundarse cálculo alguno por razones 
obvias. Doy cifras mínimas siempre. Tiende a generalizarse 
el tanque de 8,744 metros cúbicos de capacidad (55,000 
bis.) 

No todas las Cías, exportan petróleo crudo. Dos de 
ellas tienen refinerías completas, es decir, refinerías en ([uc 
se lleva hasta su fin el proceso de la refinación. "El Águi- 
la" cuenta con dos, una en Minatitlán y otra en TaiapicD 
dotadas de modernísimos aparatos y que ocupan mu}- buen 
lugar entre todas las del mundo. La Pierce Oil Corp. tiene 
una en el mismo Puerto, encerrada en un espacio reducido 
e irregular. Pero como esta Compañía es la (pie tiene más 
tieiUpo de haber dado principio a sus trabajos, ha logrado 
formar un personal sumamente apto, y gracias al inaterial 
humano obtiene tan buenos destilados como otras con me- 
jores elementos mecánicos. Una cosa digna de atención 
respecto de los obreros (jue trabajan en la P,cfinci-ía (h> la 
Pierce, es el hecho de (pie, ])or haber vivido y vivir acl nal- 
mente en la barriada de Árbol Grande, cerca de Taini)ico y 
junto a las instalaciones de la Pierce y no tener (¡u(> hacer 
grandes recorridos para ir a sus labores, prefieren <|nedarse 
trabajando en esa refinería a ir a oti-a donde nu^jorcs ]n*e- 



DATOS SOBRE LA INDUSTRIA PETROLERA EN MÉXICO 41 



cios se les paguen. Existen además de las citadas varias 
plantas de refinación completa en diversos lugares del país. 
"El Águila" tiene una en la barra de Tuxpan, la 
'•Huasteca" dos, una en "Juan Casiano", para extraer 
gasolina del gas de sus pozos, y otra en Pueblo Viejo; la 
' Penu Mex." tiene en el "Álamo" una; también para tra- 
tar el gas de sus pozos. La "Pierce Oil" tiene una com- 
pleta en Veracruz; la "Standard" una primaria en Pueblo 
Viejo; la "Texas" una en las Matillas.y otra en Agua Dul- 
ce, Puerto Lobos, y la "Atlántica" otra en San Nicolás, 
Puerto Lobos. Entre todos pueden producir 19.654 metros 
cúbicos destilados diariamente. Se ha concedido permiso, 
además, para que se instalen 8 refinerías más, de las que 
dos son completas. 

Es verdaderamente asombroso ver cuanto aumenta de 
valor el peróleo refinado, y hasta que punto es productiva 
1^ industria que a ello se dedica. Sería de desear que los 
capitales mexicanos se dedicasen a esta rama de inversio- 
nes de éxito seguro, y de rendimientos fabulosos. Hace al- 
gunas decenas de años, los hombres de empresa mexicanos 
precedieron a los extranjeros en las investigaciones por el 
petróleo (*). Fallaron por falta de maquinaria adecuada 
y preparación técnica; pero nosotros ya no podemos ale- 
gar en nuestro descargo esa disculpa. Hemos visto lo su- 
ficiente de los procedimientos extranjeros para saber como 
emplearlos. Nuestros hombres de ciencia saben por lo me- 
nos tanto como los que vienen de otros países. La mano 
de obra podríamos conseguirla quizá con más facilidad que 
los extranjeros, y el acatamiento a nuestras leyes sería pi- 
ra nosotros mismos más fácil que para los nacidos allende 
las fronteras. Sólo se necesita que los mexicanos que se 
lancen a empresas de este género abandonen procedimien- 



(*)— Véase la conferencia del Sr. Ing. Santáella en la Soeierfad df Geo- 
grafía y Estadística. 



42 TKO. JOSÉ LÚl'EZ I'0RT1I,!,0 V WEHER 

los anticuados y de mal éxito i)ráctieo. Me refiero a la 
irracional economía administrativa. Negocios de la índo- 
le de los del petróleo, deben emprenderse sin parar mientes 
en centavo más o menos en los gastos, con mayor razón 
cuando el clima de las regiones productoras es tal (|ue los 
que allá marchan deben encontrar sueldos o salarios sufi- 
cientes para compensar con dinero lo que en otros sentidos 
pierden. Digo esto, porque desgraciadamente pude observar 
que las compañías petroleras dirigidas por mexicanos o es- 
pañoles, por regla general, se encuentran en plena anar- 
quía, no tienen directores que puedan saparlas a flote, y ello 
se debe a que los accionistas retroceden ante la idea de pa- 
gar empleados con sueldo elevado y, estos son los únicos 
que podrían hacer progresar los negocios que se les enco- 
mendaran, y rendir a sus jefes cuentas tales que el alto 
sueldo ({uedase ampliamente justificado. No sucede así 
en las compañías extranjeras, como lo he dicho, aunque es 
natural que prefieran poner en los puestos de responsabili- 
dad y buenas pagas, personas a quienes de antiguo conoz- 
can o puedan conocer, y así los mexicanos no llegan a apro- 
vechar de tan prudente y práctica directiva. 

Uno de los cargos (lue con más frecuencia se nos ha- 
ce es el de protejer el bolcheviquismo en México. No di- 
go que en la República no haya partidarios de las doctrinas 
de Ulianoff y Bromstein; pero sí que la gran masa de nues- 
tros obreros no produce espontáneamente el bolcheviquis- 
mo. ¡ Ojalá que los gerentes de las Compañías petroleras 
recomendasen a sus empleados conterráneos mayor pruden- 
cia al expresar sus doctrinas económicas y sociales! Ya he 
hablado del asunto en el curso de esta uiisnia conferencia, 
e insisto sobre él ahora: buena parte de los movimientos so- 
ciales de la zona petrolera se deben a ([ue los obreros ame- 
ricanos, al tratar con los nuestros, se convierten cu propa- 
gandistas de. doctrinas demoledoras. No hago cargos a 
nadie por ello. Es muy natural (jue en todas partes y en- 



DATOS SOBRE LA INDUSTRIA PETROLERA EN MÉXICO 43 

tre todos, se encuentre quien piense de modo parecido a 
como piensan los idealistas y soñadores rusos; pero sí se- 
ría justo que no se nos' cargase en cuenta aquello en que no 
tenemos sino un mínimo de culpa. 

Para termánar : Ha cundido en nuestro país cierta 
alarma por el agotamiento de campos productores que la 
gran masa llegó a creer perennes. Nadie sabe de cierto cual 
es el verdadero estado en que se encuentren los yacimien- 
tos; pero, eminencias geológicas me han afirmado que en 
nuestro suelo queda petróleo suficiente para mantener por 
decenas de años una producción tan intensa como la actual. 
El yacimiento explotado hasta hoy, y parte del cual ha Ih.v 
gado al agotamiento, no es más que uno de los seis que se 
hallan en situación que impropiamente podremos llamar 
paralela a la eosta del Golfo. La llamada "línea de Ham", 
que corre por los campos famosos en el mundo' entero de 
Tepetate, Chinampa,, Los Naranjos, Cerro Azul y Potrero 
del Llano, no determina la única zona productiva de M«'-- 
xico. Largos rosarios de chapopoteras que van desde Ta- 
basco y Campeche al Bravo, indican que otros depósitos, 
quizá más importantes que los conocidos, aguardan aún en 
lo profundo de la tierra la barrena que vaya a buscarlo.^. Y 
debemos tener confianza. México ha sido una nación ex- 
cepcional. Todo lo que sea bueno o malo, lo debe a sí mis- 
ma. El aislamiento en que se encuentra de pueblos de su 
propia raza e idioma, puesto que el único de ellos con el jue 
pudiera comunicarse, Guatemala, se halla separado por 
enorme área de tierra caliente y difícil tránsito, lo ha he- 
cho un poco distinto, tal vez por nuestro mal, de los países 
hermanos que habitan en el Sur del Continente. Pero en 
el futuro como en el pasado, desconocidos recursos se ha- 
llarán a nuestro alcance para ayudar a salvar situaciones 
en la apariencia desesperadas. El pasado sangriento y lú- 
gubre, padre del presente aceptable, nos enseña el opti- 
mismo. Día vendrá en que las razas que habitan nuestro 



41 ING. JOSÉ LÓI'EZ PORTILLO Y WEBER 

país se iTuezelen, que la instrucción se unifique, y entonces 
terminarán las guerras civiles, y México ocupará en. ol 
mundo de las naciones el puesto <(ue Dios le tiene designa- 
do, y gozará de una grandeza a que lo han hecho merecedor 
sus padecimientos. Esperémoslo así con esa fe que mueve 
las montañas y ha dado origen al encumbramiento de tan- 
tos pueblos. 

México, Octubre 4 de 1920. 



Mein. Soc. Álzate. 



T. 39, lám II. 



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Vista panorámica de Tampico, 
(palacios junto a jacales;. 




Pozo de petróleo en explotación. 



Mem. Soc. Álzate. 



T. 39 lám. JII. 




Cargadero de petróleo en el Río Panuco. 




Tanque de iihnaceiiamiento. 



Mem. Soc. Álzate. 



T 39, lám IV. 




Incendio de un tani^ue de almacenamiento. 




Extremo de una línea submarina a punto de ser halada. 



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T. 39. lám YI. 




La tone de senalts, desde la cual ge dirige el halado de la 
tubería submarina. 




Batería de alfimbi<|ues de una planta de refinaciÓD. 



Mem. Soc. Alzato.^24-Mnyo-192).^t. 3l)--4 





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T. 39, lám. VIII. 




Panorama de ima planta de refinación primaria. 



SOCIÉTÉ SCIENTIFIQUE "ANTONIO ÁLZATE". — MÉMOIRES, T. 39 45 



LA CASA DE LOS VIRREYES EN HÜEHUETOCA 

POR 

MANUEL ROMERO DE TERREROS, 
MARQUES DE SAN FRANCISCO.— M. S. A. 



(Sesión del 2 de Febrero de 1920) 

(LÁMINAS IX-X). 

Con el nombre de "la Casa de los Virreyes" es eonoei- 
do en Huehuetoea un edificio que, como todo ese pueblo, 
se halla actualmente en completo estado de ruina y aban- 
dono. No fue pródiga la naturaleza en el vetusto poblado. 
Falto de agua y vegetación, Huehuetoea ha sido siempre 
un sitio triste por excelencia, y si alguna importancia tu- 
vo antaño, era debido a que allí hacían escala las "diligen- 
cias" de nuestros abuelos. Pero con la construcción de los 
ferrocarriles, desapareció aquel tráfico ; y las numerosas 
revoluciones que han asolado al país, dejaron allí sus hue- 
llas, como lo atestiguan derruidos techos y paredes de ad<> 
be que rápidamente se desmoronan. 

¿Cómo fue que en un lugar de ningunos atractivos te- 
nía una casa nada menos que el primer funcionario de la 
Colonia, el Virrey de la Nueva España? La explicación es 
bien sencilla, si reflexionamos que, a muy corta distancia 
de esta casa, eorre (a lo menos, en tiempo de aguas) el río 



46 MANUEL ROMERO DE TERREROS 

de Cuautitlán, porque enseguida acude a nuestra mente 
el recuerdo del famoso desagüe de Huehuetoca, por medio 
del cual se luchó, durante tres siglos, por librar a México 
de la inundaciones que periódicamente afligían a los mora- 
dores de la Oapital del Virreinato, y que preocuparon siem- 
pre a los gobernantes del país, desde Don Luis de Velasco 
hasta don Porfirio Díaz, durante cuyo período de mando 
se dio término a tan importante empresa. El ilustre Mar- 
qués de Salinas fue el primero en romper la tierra con una 
azada, el 30 de Noviembre de 1607, (1) y casi todos sus 
sucesores tomaron vivísimo interés en la obra. Como acos- 
tumbraban visitar'las obras del desagüe muy a menudo, se 
fabricó la casa que nos ocupa, tanto para alojar a los en- 
cumbrados huéspedes en sus viajes de inspección, cuanto 
para que sirviera de oficinas y almacenes. Existe la tradi- 
ción, muy verosímil por cierto, de que fue mandada cons- 
truir por dicho don Luis de Velasco. 

¡ Cuántas veces habrán pisado sus umbrales aquellos 
grandes señores que gobernaron la Nueva España, y aque- 
llos ilustres ingenieros como diríamos hoy, que se llamaron 
Enrieo Martínez y Adrián Boot ! 

¡ Cuántas discusiones habrán escuchado sus muros, 
acerca de si debía seguirse la ciclópea tarea del tajo de No- 
chistongo, de allí cercana, o emprender el canal de desagüe 
por otro ruimho, como al fin y al cabo se hizo en nuestros 
días! 

No nos atreveremos a firmar que la casa, tal cual hoy 
existe, date del siglo XVII, pero sí es muy probable que la 
mayor parte del edificio sea la primitiva construcción, eri- 
gida quizá por el propio Enrico Martínez, aunque modi- 
ficada posteriormente, como es el caso en casi todos los edi- 
ficios de la época colonial. 



(1) Memoria Histórica, Técnica y Administrativa de las Obras del Desa- 
güe del Valle de México 1410-1900.- México, 1902. 



LA CASA DE LOS VIRREYES EN HUEHUETOCA 47 

Afecta la casa de los Virreyes la forma de un parale- 
lógrarao, y consiste en un patio, que da luz a las habitacio- 
nes que lo circundan, y un amplio portal al frente. Este, 
que mira al Poniente, es la parte más interesante de la 
casa. Mide aproximadamente, cincuenta metros de larg^ 
por unos seis de fondo, y lo forman doce arcos de medio 
punto que descansan sobre sencillas columnas de piedra 
y se halla flanqueado, en cada extremo por una torre 
con campanario de dos pisos, sencilla coimposición que no 
carece de gracia señorial. 

Los tres primeros arcos de la extremidad Norte d''l 
portal fueron segados (probablemente en el siglo XVIII) y 
elevado el techo, para formar una capilla, si hemos de juz- 
gar por la portada que se construyó dentro del portal, con 
vista al Sur, y que todavía conserva su antiguo portón de 
madera con casetones y peinazos de excelente diseño y 
buena ejecución. Pero el palacio virreinal ha venido tan 
a menos, que esta capilla después de haber servido de cár- 
cel y de juzgado de letras, es hoy una sucia pulí^uería ! . . 

Encima del zaguán de la casa hay una lápida con una 
inscripción, pero solamente nos fue posible descifrar el 
nombre de Don Domingo de Trespalacios y Escandón, Su- 
perintendente, y por lo tanto factótum del desagüe, desd3 
el 30 de diciembre de 1742 hasta el 7 de abril de 1764. Esto 
nos hizo abrigar la sospecha de (pie la casa sufriera en su 
tiempo muy radicales modificaciones, sospecha que aumen- 
tó al penetrar en el patio y encontrar la mitad de él ocu- 
pada por las ruinas de un jardín típico de la décima octa- 
va centuria. Al ver los restos de pilastras coronadas an- 
taño por macetones. los pequeños arcos decorativos y la 
disposición toda del dimjnuto' "pensil", recordamos ense- 
guida los jardines de San Ángel y San Agustín de las Cue- 
vas, que hemos procurado reseñar en más de una ocasión. 
El brocal del pozo abandonado, una que otra planta que 
pugna por florecer en medio de aquella desolación, los do- 



4S MANUEL ROMERO DE TERREROS 

rriüdos i)iiare.s, — sunt iacri2nae rerum, — nos hicieron más 
amable el recuerdo de Don Domingo de Trespalacios y Es- 
candón, si es ([ue él, como creemos, fue, el autor de este pa- 
tinillo. 

Como dintel de una puerta-ventana que se abre a este 
patio, figura una piedra con una inscripción, pero se ve a 
las claras que no fue éste su primitivo destino. Muy bo- 
rrosa hoy, sólo pudimos leer en ella lo siguiente : 

Fran. . .Duque de Alburquerque . . .Cuellar. . , . 
Marqués de Cadereyta. . .Conde de Ledesma. . . . 

Este don Francisco Fernández de la Cueva, Duque de 
Alburquerque, Marqués de Cadereyta, Conde de Cuéllar y 
Ledesma, que gobernó la Nueva España de 1653 a 1660, era 
muy afecto a la ar(|uitectura, modificó por completo el Real 
Palacio de México, y llenas están las crónicas de su tiempo 
del empeño que tomó en terminar la catedral metropolita- 
na. También le interesaba el desagüe. Leemos en el Dia- 
rio de Guijo, correspondiente al año de 1658, lo siguiente:. 

"Jueves 24 de octubre, después de haber asistido al 
acuerdo, el Virrey salió de esta ciudad en compañía de la 
Virreina y su familia, acompañado de todo el reino, a ir 
a ver el desagüe y visitar las 'minas de Pachuca, e hizo no- 
che en el pueblo de Tlalnepantla, administración de los 
franciscanos; y estuvo en ida, estada y vuelta. . .Volvióse 
luego martes sobre tarde, 29 de este mes, y no pasó a Pa- 
chuca. " 

A pesar de la redacción un tanto confusa de este pá- 
rrafo del Diario, es evidente (|ue los Virreyes pasaron más 
allá de Tlalnepantla, en donde poco podían ver del desa- 
güe; y la inscripción que hemos mencionado se refiere m- 
dudablemente a la visita virreinal a Huehuetoca, punto de 
mayor interés, por hallarse de allí cercanas las obras más 
importantes, especialmente el tajo de Nochistongo. Es por 



LA CASA DE LOS VIRREYES EN HUEHUETOCA 49 

lo tanto casi seguro, que la casa de este pueblo fue ha- 
bitada durante algunos días por los fastuosos Duques de 
Alburquerque. La dilatada comitiva, encabezada por la 
altiva y mundana Virreina Marquesa de Cadereyta, habrá 
alegrado por breves horas las estancias del palacio, em- 
pleadas hoy para oficios tan ruines, que el vieJo edificio pa- 
rece avergonzarse de su decadencia, y buscar en una muer- 
te próxima el olvido total de su antigua importancia. 

México, Febrero 1920. 



Mem. Soc. Álzate. 



T. 3Í). lám. JX. 




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La Casa de los Virieyes en Huehiietoca. 



Mem. Suc. Álzate. 



T. 39, lám. X. 





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La Casa de los Virreyes en Huehuetoca. 



SOCIÉTÉ SCIENTIFIQUE '-ANTONIO ÁLZATE". — MÉMOIRES, T. 39 51 



LOS CABALLOS DE LOS CONQUISTADORES DEL 

ANAHUAC. 

POR FEDERICO GÓMEZ DE OROZCO. M. S. A. 



(Sesión del 3 de Mayo de 1920) 

En 18 de febrero de 1517, salió del puerto de Ajaruco, 
en la Isla de Cuba una pequeña armada al mando de Fran- 
cisco Hernández de Córdoba, con dirección a las islas de los 
Guanajos para tomar indios y venderlos por esclavos ; di- 
rigióse primero la flota, hacia Puerto Príncipe para pro- 
veerse de vastimentos, saliendo de allí dijo Antón de Ala- 
minos, el piloto, que siendo mozo aún acompañó a Don 
Cristóbal Colón en su viaje, y por falta de buenos navios no 
siguió el Almirante al Poniente aunque le parecía existían 
buenas tierras hacia ese rumbo. El espíritu aventurero de 
los expedicionarios no necesitó mas para admitir las indi- 
caciones de Alaminos y poniendo la proa en la dirección in- 
dicada, comenzaron su expedición. 

Fue el 4 de marzo cuando apareció la tierra nueva a la 
vista de la gente de Hernández de Córdoba; los grandcíí 
pueblos de altos edificios de piedra, muros almenados al 
que llamaron El Gran Cairo, los trajes y la civilización de 
los habitantes les tenían admirados ; pronto su vista sagaz 
descubrió adornos de oro en los aborígenes, y su deseo de 
cambiarlo por baratijas los impulsó a costear la tierra re- 



52 FEDERICO GÓMEZ DE OUOZCO 

cien descubierta, desembarcando en diverí,os lugares, te- 
niendo que sostener escaramuzas con los indios; ningún en- 
cuentro fue más desastroso a los hispanos que el combate 
de Poton-Clian en donde a duras penas escaparon, no sin 
dejar varios muertos en el campo y salir todos excepto uno, 
con lieridas más o menos graves. 

No teniendo elementos para resistir más y menos parn 
colonizar, sin caballos, poderosos auxiliares en esas em- 
presas, determinaron tomar el camino de la Florida, lugar 
ya conocido desde 1512 en que lo descubrió Juan Ponce de 
León. 

Tras una navegación penosa arribaron al Puerto de Ca- 
renas en el actual de la Habana, Cuba; Francisco Hernán- 
dez de Córdoba, se dirigió a su encomienda de Santiespíri- 
tus, muriendo diez días después a causa de las heridas, los 
demás compañeros suyos se repartieron por la Isla, llevan- 
do la nueva del País exótico en donde abundaba el oro, todo 
através de un relato sembrado de exageración y portento- 
sas maravillas. 

IJiego Velázíjuez, Gobernador y Conquistador de la Is- 
la de Cuba seducido por las noticias de los descubridores 
de la Isla de Santa María de los Remedios, como llamaron a 
Yucatán, en tanto (pie gestionaba el permiso para tomar po- 
sesión de esas tierras, preparaba una nueva expedición al 
mando de Juan de Grijalva, para costearlas y rescatar oro, 
esto es, cambiarlo por cuentas, tijeras, espejos, y otras co- 
sas de poco precio, pero para los indios por nuevas, muy es- 
timadas. 

Con cuatro navios y suficientes baratijas, salió Grijal- 
va del Puerto de Matanzas el 22 de enero de 1518, no sin 
antes ir costeando Cuba para ir tomando hombres y víve- 
res, partiendo definitivamente el lo. de marzo del mismo 
año; Antón de Alaminos guiaba otra vez, y pronto llega- 
ron al país del oro, a la vista de Yucatán, si bien desem- 
barcaron en una isla llamada (^ozumel, o de las Golondri- 



LOS CABALLOS DE LOS CONQUISTADORES 53 

ñas, a la que pusieron, Santa Cruz. Costeando y recono- 
ciendo, tuvieron algunas escaramuzas y encuentros, sa- 
liendo herido en Campeche el mismo Grijalva. Su recorri- 
do se prolongó hasta lo que después fue Veracruz, reco- 
nociendo no ser isla Yucatán y dejando como memoria 
de su paso, su nombre al islote de San Juan de Ulua fren- 
te a Chalchiuhacán, y su apellido al caudaloso río de Ta- 
basco. 

Cumpliendo con lo ordenado rescató todo el oro qiío 
pudo y tornó a Cuba a dar parte a Velázquez de la gran- 
deza del país, que según sus indagaciones era inmensa- 
mente rico y grande, y se llamaba Coluha por ios indi(-> 
y por él Santa María de las Nieves. 

Sintió muclio Veláz((uez no se hubiera hecho ningúii 
intento de poblarlo, como (luerían los de Grijalva y peit 
sando en la importancia de tomar posesión de esas tenta- 
doras islas o continentes antes que otros lo hiciesen, co- 
menzó a reunir lo necesario para enviar la tercera expedi- 
ción muy bien pertrechada y provista. 

Después de algunas vacilaciones, por consejo de su Se- 
cretario Andrés de Duero y el Contador Real Amador de 
Lares, nombró a Hernando Cortés para tomar a su cargo 
la mayor y más grande de todas las expediciones hasta 
entonces armadas en Cuba. 

La experiencia había demostrado Jiasta entonces la 
neqesidad de contar con elementos suficientes, para pene- 
trar a un país en donde el valor de los habitantes era tan 
grande que no temían atacar a los españoles, quienes con- 
taban con armas tan superiores así ofensivas como defen- 
sivas. 

Con su acostumbrada energía y actividad, Cortés, «'1 
antiguo Alcalde de Santiago, hacía los aprestos ue<;esa- 
rios convidando a sus amigos y conocidos a tomar parte en 
la empresa. 



54 KKÜERICO OÓMKZ DE OROZCO 

No era ya un simple viaje de exploración^ sino de co- 
lonización y por lo tanto de conquista; la fama de la ri- 
queza del país atrajo a muchos, los pobres con afán de sa- 
lir de su triste condición y los ricos para aumentar sus 
caudales, y unos y otros contribuían con lo que podían pa- 
ra el equipo de la armada. 

Mientras unos, y éstos eran los más compraban ar- 
mas, comestibles y ropa, los caballeros dueños de indios 
y pingües encomiendas, vendían sus bienes o los hipoteca- 
ban a cambio de tocino, pan de cazabi, armas y CABA- 
LLOS, llegando algunos como Pedro de Alvarado y Juan 
Cedeño a contribuir con un navio propio cada uno. 

Muy pocos caballos había en la Isla de Cuba y dado 
el papel tan importante que desempeñaban en todas las ex- 
pediciones, eran excesivamente caros. 

Antes de salir Cortés para la llamada tierra de Cohi- 
ba, (juiso tocar varios puntos de Cuba tanto para hacer- 
se de elementos como para reclutar gente que lo acorapa- 
ñase ; en este tiempo fue cuando se consiguieron algunos 
caballos, los (jue no se embarcaron desde luego, siuo por 
tierra los llevaron al lugar en que se reuniría la flota pa- 
ra partir definitivamente. 

En la villa de la Trinidad se encontró Cortés con Alon- 
so Hernández Portocarrero paisano y amigo suyo, que a 
pesar de ser primo del Conde Medellín, no tenía con que 
comprar un caballo, por lo ([ue Don Hernando lo compró 
a un Yillanueva una yegua rucia, dándole unas lazadas de 
oro que .valdrían 70 pesos de oro. 

Diesciséis fueron por todos los caballos y yeguas que 
componían la caballería de los futuros conquistadores del 
A.náhuac; al salir con dirección a Cozumel, siguiendo el 
derrotero conocido por Alaminos, se repartieron los caba- 
llos en once bajeles, para lo cual se hicieron pesebres y 
se embarcaron grandes cantidades de yerba seca. 



LOS CABALLOS DE LOS COXf^UISTADORES 55 

Beriial Díaz con su acostumbrada prolijidad describe 
así los caballos y nos señala (luiénes eran sus dueños, ' ' quie- 
ro aquí poner por memoria" dice "todos los caballos y ye- 
guas que pasaron." 

"Capitán Cortés un caballo castaño zayno que luego 
se le murió en San Juan de Ulúa." 

"Pedro de Alvarado y Hernán López de Avila, una 
yegua alazana muy buena de juego y de carrera y disquo 
llegamos a la Nueva España el Pedro de Alvarado, le com- 
pró la mitad de la 3'egua o se la tomó por fuerza." 

"Alonso Hernández Puerto Carrero, una yegua ruzia 
de buena carrera, (lue le compró Cortés por las lazadas de 
oro." 

"Juan Velázquez de León otra yegua rucia muy pode- 
rosa, que llamábamos la rabona, muy revuelta y de buena 
carrera. ' ' 

"Cristóbal de Oiid un caballo castaño oscuro, arco 
bueno." 

"Francisco de Moutejo y Alonso de Abila, un caballo 
alazán tostado no fue bueno para cosa de guerra." 

"Francisco de Moría, un caballo castaño oscuro, gran 
corredor y rebuelto." 

"Juan de Escalante, un caballo castaño claro tresalvo, 
no fue bueno, üiego de Ordaz, una yegua rucia machorra 
pasadera y aunque corría poco." 

"Gonzalo Domínguez, un muy estremado ginete, au. 
caballo castaño oscuro muy bueno e gran corredor." 

"Pedro González de Truxillo, un buen caballo casta- 
ño, perfecto castaño, que corría muy bien. Morón vecino 
del Bayamo, un caballo hovero labrado de las manos y era 
bien rebuelto. Baena vecino de la Trinidad un caballo ho- 
vero algo sobre morzillo no salió bueno para cosa nin- 
guna." 

Meni. Sor. Alíate.— 2-.Jnnio-l»21.—t. 39—5 



ñ6 FEDERICO GÓMEZ DE (ilíOZCO 

"Lares el iiuiy buen ginete un caballo muy bueno, do 
color castaño algo claro e buen corredor." 

"Ortiz el músico, y un Bartolomé García, (jue solían 
tener minas de oro un muy buen caballo oscuro ([ue dezian 
El arriero, este fue uno de los buenos caballos, (jue pasamos 
en la jornada." 

"Juan Sedeño, vecino de la Habana una yegua casta- 
ña y esta yegua parió en el navio. Este Juan Sedeño pasó el 
más rico soldado que ovo en toda la armada por (jue trujo 
juivio suyo y la yegua y un negro, e cazabe e tozino porí^ue 
en aquella sazón no se podía bailar caballos, ni negros sino a 
jjeso de oro, y a Esta causa no pasaron más caballos por 
que no los babia ni de <|ue comprallo." 

"Todos estos caballos, los consiguieron los dueños res- 
pectivos y aun como lo indica Bernal Díaz, lo;, había (pie 
eran propiedad de dos personas, sin embargo cuando (.'or- 
tés quizo justificar su conducta en lo referente a su infi- 
dencia con Diego Veláz(|uez, se atribuyó haber hecho él 
sólo los gastos de la empresa y en 4 de octubre de 1520, hizo 
probanzas en la Villa de Segura de la Frontera, en la que se 
asienta: "Que de caballos ([ue el dicho señor Capitán Ge- 
neral Hernando Cortés ha comprado para servir en la di- 
cha conquista, (|ue son diez e ocho, que le han costado a 
450 e a 500 pesos, ha pagado, e (jue debe mas de ocho mil 
pesos de oro dellos." 

Mucho molestaban los indios a los españoles que cos- 
teaban el litoral de Yucatán, por lo (jue decidió don Her- 
nando sacar la caballería. 

Algo tor])es por el largo tiem|K) (|ue tenían de estar en 
las naves, hubo que esperar un día para que recobr;isen 
su habitual vigor y estuviesen en condiciones de utilizar- 
los. 

Conociendo Cortés el efecto (pu' harían las cabalga- 
duras entre los indios, pai-a (piienes eran descoíiocidos los 
caballos, mandó ponerles pretales de cascabeles y seiialó 



LOS CABALLOS DE LOS (ONyUISTADORES 57 

para que formasen la peíjiieña fuerza de caballería, a Podro 
de Alvarado, Cristóbal de Olid, Alonso Hernández Portoca- 
rrero, Juan de Escalante, Francisco Montejo. Alonso de 
Avila a quien se le dio un caballo, propiedad de Ortiz el 
músico y de Bartolomé García por que ninguno de los due- 
ños era buen jinete, Juan Velázquez de León Francisco de 
Moría Lares el buen jinete, Gonzalo Domínguez excelente 
hombre de a caballo, Morón y Pedro González de Truxillo, 
tomando el mando de esta fuerza el mismo, don Hernan- 
do, caballero en su caballo castaño zaino." 

La primera batalla formal que tuvieron las tropas de 
Cortés con los indios fue la de Centla. 

En duro trance estaban los españoles resistiendo la 
acometida y las flechas de los escuadrones indios cuando 
la caballería atacó por la retaguardia, el ruido de los casca- 
beles de los préstales, el aspecto de unos animales tan ex- 
traños a los aborígenes, tanto más ipie la creencia primera 
de ellos fue que el jinete, la lanza y la bestia eran un sólo 
animal dotado de ])ies. brazos, cabeza y armas terribles 
como las largas lanzas y cortantes espadas, puso en fuga a 
las filas de combatientes, aunque algunos sin dejar de pe- 
lear en su huida, lograron herir ocho caballos, (pie al de- 
cir de Bernal Díaz, fueron curados con unto de un indio 
muerto. 

Tan eñeaz fue la intervención de los nobles brutos en 
esta batalla, que no faltó cpiien afirmara haber venido entre 
los jinetes el glorioso Apóstol Santiago, y Señor San Pe- 
dro, por más que el verídico Bernal, dice con cierta candi- 
dez, rectificando a Gomara que dá por hecha la intercesión 
de los Santos Apóstoles, "E yo como pecador, no fuese diño 
de lo ver, lo que yo entonces vi y conocí, fue a Francisco 
de Moría en un caballo castaño (pie venia juntamente con 
Cortés". 

Escarmentados duramente los indios enviaron sus em- 
bajadores a solicitar la paz, Cortés los recibió con aprecio 



58 KEDKRICO GÓMKZ DE OROZCO 

y estando en pláticas y cumplimientos oyeron los indios re- 
linchar a los caballos (lue estaban en un patio, con mareado 
temor pintado en el semblante, preguntaron los embajado- 
res que decían los "teíjuanes", nombre que daban a los ca- 
ballos y que significaba, cosa fiera o terrible, el astuto ca- 
pitán Cortés comprendió el partido ({ue podía sacarse de la 
ignorancia de los indios, y fingiendo reserva les dijo : es- 
tán enojados por que les habéis recibido mal, y más por que 
no os he castigado, pero yo les calmaré ; al oir esto los abo- 
rígenes despacharon emisarios que tornaron poco después 
trayendo gallinas, frutas, plumas y mantas finas para des- 
agraviar a tan terribles adversarios, prometiendo para lo 
sucesivo ser sus amigos y de los españoles. 

Siguiendo el derrotero de las pasadas expediciones, las 
tropas de Cortés llegaron a la isla de San Juan de Ulúa, la 
presencia de los extranjeros no pasó desapercibida a la vi- 
gilancia de los subditos de Moctezuma, y así, apenas des- 
embarcaron, recibieron la embajada del poderoso Rey de 
Anáhuac. 

Qué mejor ocasión para mostrar todo el poderío y la 
pujanza de la hueste hispana, ante los atónitos ojos de los 
personajes indígenas ; don Hernando mandó disparar su 
artillería, la caballería ya en escuadrones, ya de dos en fondo 
evolucionó, Alvarado en su yegua alazana earacoleándola 
iba y venía por las arenosas playas, el mismo Cortés con 
marcial apostura lució sus aptitudes de buen jinete, todo 
entre el estruendo de los disparos de los falconetes, el re- 
tintín de los cascabeles de los pretales y monturas y el ale- 
gre clamor de las trompetas; espectáculo tan extraño e in- 
comprensible a los aborígenes tenía que ser referido pun- 
tualmente al Emperador Moctezuma, pero para ello nada 
daría mejor idea de tantos prodigios (jue la reproducción fiel 
de lo visto, y los hábiles pintores con fidelidad asombrosa 
retrataron a los capitanes, las naves, los caballos y hasta 
dos lebreles que con los soldados venían. 



LOS CABALLOS DE LOS CONQUISTADOKES 59 



En todas las poblaciones del tránsito hacia la imperial 
Tenochtitlán, los más vivos y variados comentarios se ha- 
cían a la vista de los caballos, opinaban los zempoaltecas 
sobre la ferocidad de las bestias, que obligaba a los es- 
pañoles a ponerles frenos para evitar se comiesen a los 
hombres, corren como venados y nadie se puede escapar de 
ellos agregaban los indios aliados, y todos temerosos, pro- 
curaban solícitos darles agua y yerba fresca tan lugeo co- 
mo relinchaban sin poder evitar un temblor de miedo -*>1 
acercarse a regalarlos. 

A pesar de todo, durante los combates que hubo en- 
tre los españoles y tlaxcaltecas, antes de hacer su alianza 
definitiva, los bravos hijos de la república lograron henr 
y aun mataron un caballo, que le fue separada la cabeza del 
cuerpo, de un sólo golpe de macana ; muerto en Zempoala 
el caballo de Cortés, adíjuirió el magnífico obscuro llama- 
da "el arriero", propiedad de Ortiz el músico y Bartolomé 
García. 

Caballero en él y al frente de sus tropas, entró a Te- 
nochtitlán el poderoso don Hernando ante las miradas ató- 
nitas de los millares de habitantes de la ciudad lacustre. 
Suponiendo a los españoles hijos de Quetzalcoatl y por lo 
tanto dioses, fueron aposentados en el Palacio del difunto 
Atzayacatl, donde tenía el Emperador Moctezuma sus ado- 
ratorios de ídolos; una gran cantidad de criados y aun sa- 
cerdotes fue puesta a su disposición, no siendo pocos los 
encargos de proveer de yerba abundante y fresca para las 
cabalgaduras. Durante el tiempo que los españoles perma- 
necieron en son de paz, siempre que salían por la ciudad da 
México, iban en sus caballos, aun para ir de su aposento al 
del Emperador, cuya distancia era muy corta. 

Cuando se supo el arribo de la flota de Narváez, don 
Hernando se apresuró a ir a conjurar el peligro, dejando 
a Pedro de Alvarado en Tenochtitlán, salió para Zempoala, 
llevando cinco de a caballo y los más bravos y leales sóida- 



60 FEDERICO (i''(ME/.. DE OROZCO 

dos. Gonzalo de Sandoval, el grande amigo de Cortés, no 
menos astuto (jue éste, envió dos españoles' de ¿olor more- 
no disfrazados de indios para espiar en su ¡¡ropio campa- 
mento al fanfarrón Panfilo de Narváez ; con atavíos indíge- 
nas y cargando niias cestas de cerezas (capulines) se pre- 
sentaron entre la gente del emisario de Velázquez. 

Salvatierra el Veedor de Narváez, ordena imperiosa- 
mente a los fingidos indios traigan yerba para su caballo, 
y ellos posesionados de su papel admirablemente van a 
traerla ; en cuclillas al estilo indígena permanecen ante el 
altivo hispano que les dá en pago una sarta de cuentas 
amarillas, i)ero al cerrar la noche, miejitras el uno vigila o.l 
otro ensilla el caballo, le pone el freno y saltan los dos 
sobre él, adelante, la suerte les depara otro que trisca a la 
orilla de un riachuelo, y a todo correr van al campo de 
Sandoval y comunican sus observaciones, mientras Salva- 
tierra colérico medita la burla de sus enemigos. 

Sabiendo por estos espías que Narváez tenía noventa 
caballos, se ordenó a los Chinantecas, sus aliados les hi- 
ciesen lanzas de cobre para ponerlas en unas picas y ata- 
car a la caballería de Narváez. La gloria, pródiga enton- 
ces con Cortés, le dio la victoria y los elementos todos de su 
adversario entre los que se contaban ochenta caballos fue- 
ron suyos. 

Con tales refuerzos volvió a Tenochtitlán, donde la co- 
dicia y la rai)acidad de Alvarado habían puesto en muy 
crítica situación a los hispanos; los mexicanos dejaron en- 
trar a los teules vencedores y vencidos, ahora unidos por 
iguales afanes y deseos. Las tropelías de Alvarado exal- 
taron tanto los ánimos ([\ie en breve se vieron sitiados los 
españoles y seriamente amenazados. 

No había más salvación (pie la fuga, era el últimt, y 
único recurso para escapar de la muerte, y fue aprobado 
por todos. 



LOS CABALLOS DE LOS CONtJUISTA DORES 61 

Aunque del Tesoro de Axayaeatl, hallado y repartido 
por Cortés, se dio la parte de cada soldado, sacando dobie 
cantidad los dueños de caballos, el valor del de Cortés y los 
({lie fueron muertos en sucesivos combates quedaba el quin- 
to real que unido a otras cantidades adquiridas con poste- 
rioridad, formaba una de las más molestas impedimentas; 
desde luego don Hernando puso a disposición de los oficia- 
les reales una yegua y seis caballos de los menos útiles, ya 
(|ue iban a desempeñar oficios de bestias de carga. 

Con el mayor sigilo al mediar la noche del 30 de ju- 
nio de 1520 salió el ejército que meses antes entrara lleno 
de orgullo y bizarría, luciendo el encanto feérico de sus 
armas y vestidos. 

Una fuerza de caballería apoyada por infantes espa- 
ñoles y tlaxcaltecas llevando el puente que facilitaría el 
paso en los canales que cortaban la calzada, abrió la mar- 
cha, el resto de hombres de a caballo se repartió por el 
centro con la impedimenta y prisioneros, otros listos a 
prestar auxilio a donde fuera necesario, y los demás a re- 
taguardia con Pedro de Alvarado por capitán para cubrir 
la espalda del fugitivo ejército. Don Hernando Cortés así 
como los capitanes Olid, Sandoval, Velázquez de León y 
otros marchaban a caballo nuindando distintas secciones de 
pequeño ejército. Para evitar hasta donde fuese posible el 
rumor de sus pasos en el silencio de la noche, las ruedas 
de los falconetes y cañones, como los pies de los caballos 
habían sido envueltos en lienzos de algodón acolchado. 

A pesar de esta precaución fueron sentidos y en un 
momento se vieron cercados de enemigos; atacados por to- 
das partes hundido el puente en el fango y sin poder pa- 
sar la segunda cortadura de la calzada de Tlacopan, los 
de a caballo intentaron salvar el c:nial de un salto, pero 
en la obscuridad absoluta empujados por sus propios com- 
pañeros desmoralizados y tratando de salvar la vida a toda 
costa cayeron, los más con todo y cabalgadura en las aguas 



62 FEDERICO UÓMEZ DE OROZCO 

del <^anal tintas en sangre. En breve espacio de tiempo 
los cadáveres de los combatientes cegaron los canales y los 
de la retaguardia aunque muy diezmados pudieron ganar 
el pueblo de Tlacopan. Don Hernando herido y maltrecha, 
se detuvo a esperar a los dispersos que aun llegaban, y con 
pena inmensa notó (jue los más fieles y valientes compaño- 
ros faltaban ; ensimismado en su dolor y sin saber casi lo 
que hacía se volvió a buscar a sus compañeros, andando un 
buen trecho con tal propósito, encontró a Pedro de Alvara- 
do lleno de sangre y de cieno, con una lanza en la mano, 
cuatro soldados españoles y ocho tlaxcaltecas, todos he- 
ridos le acopañaban ; la yegua alazana que tanto le gusta- 
ba caracolear para lucir su gentil y elegante figura, el arro- 
gante Tonatiuh (Alvarado) ({uedaba muerta en el 'ia<íina- 
miento (lue cubría el canal. 

Velázquez de León, Salcedo, Moría, Lares el buen ji- 
nete, muchos y muy esforzados soldados entre los que se 
contaba Botello el astrólogo (pie aconsejó la huida, pagaban 
eon su. vida la temeridad de su magna empresa. Dice Ber- 
nal Díaz: "Botello había predieho que moriría así como su 
caballo y en su petaca que se salvó se encontró un cua- 
derno lleno de cifras y de rayas que decía : sí morirás y 
respondía la otra raya, no morirás. En otra adelante si 
me han de matar, también mi caballo.*' 

Clareaba la aurora de esa "Noche Triste," como la lla- 
maron los españoles, los restos del ejército se reunieron, pe- 
ro en que estado, unos heridos en varias partes del cuerpo, 
(piien desengrándose y casi desfallecido; por rara casua- 
lidad los caballos con el oro estaban allí, pero del resto de 
los ochenta de Narváez y los diez que trajo Salcedo cuando 
arribó poco después de Cortés a San Juan de Ulúa y los de 
la primera vez, sólo (piedaban veintitrés, casi todos heridos. 

Los sueños de concpiista (jue acariciaba aor llfruando, 
su gloria, su prestigio y hasta sus más caros aniigos se hun- 
dieron en toi'iio do él y la fortuna, su antoí-' r'omiiañiM'a ^ vol- 



LOS CABALLOS DE LOS CONQUISTADORES 63 

vía la espalda por vez primera y el llanto cuiuo üniio eorsue- 
lo a tan grandes penas, puso lágrimas en sa ojos. Entre tan- 
to los mexicas les perseguían encarnizados, no se escapará 
ni uno sólo les gritaban arrojándoles piedras y flechas; los 
heridos fueron puestos a caballo o tomados en ancas, para 
facilitar más la marcha. Llenos de penalidades hambrien- 
tos y perdidos, vagaban buscando inútilmente el camino más 
corto para ir a Tlaxcala ; capulines y algunas tunas era su 
alimento, los perseguidores no cejabají ?n sa uiteato de aca- 
bar con ellos, cuatro hombres más fueron muertos por 1 )s 
tenaces enemigos que no perdían Ja esperc!ii7a de extermi- 
narlos. El cansancio y desaliento ({ue invadían a las des- 
trozadas fuerzas era tal que avanzaban con lentitud pas- 
mosa, los caballos se echaban al suelo y el de ]\rartín Gamboa 
murió ; en otras circunstancias su cadáver hubiera sido 
abandonado a la voracidad de los buitres, pero en tanto 
aprieto se destazó y su carne fue comida con avidez por los 
hambrientos españoles inclusive Cortés. 

Al amanecer de un día de penosísima marcha un nue- 
vo y desconsolador espectáculo se presentó a su vista, la lla- 
nura de Otompan, las pequeñas eminencias, el camino (lue 
tenían que seguir y todo a su alrededor, se encontraba 
ocupado de guerreros, los penachos de vistosas plumas, 
los atavíos lujosísimos y la actitud decidida, indicaba r,u 
calidad y firme propósito de dar batalla decisiva, y la lu- 
cha fue terrible ; un único deseo los animaba, destruirse. Ma- 
nos aun vendadas empuñaron lanzas y espadas, al ejercicio 
violentos, heridas frescas se abrían, pero el espíritu de con- 
servación sobreponiéndose a todo, daba ánimo y sacaba 
fuerzas de flaqueza. En lo más recio del combate fue he- 
rido don Hernando de una pedrada en la cabeza y de un 
flechazo en la mano, y su caballo de un flechazo en la boca, 
apeóse maltrecho el general de su corcel Dará tomar otro, 
y este, apenas libre de su jinete, huyó dando tantas coces 
y mordidas c^ue los indios se apartaban llenos de pánico 



i 



(54 FEDERICO (iÓMEZ DE OPOZCO 

a duras penas pudieron sujetarlo dos españoles para evi- 
tar fuera muerto por los guerreros. A la caballería se le 
debió esa victoria en los llanos de Otompan; la perspicacia 
del general y su arrojo i)ara atacar con los de a caballo al 
jefe indio, derribado por vi mismo Cortés de su palamiuín 
al golpe de su lanza y degollado por Juan de Salama.ica, 
puso en completa fuga a los miles de indígenas; salvándose 
los españoles de una muerte segura, y a no ser por los ca- 
ballos la suerte habría cambiado por completo quizá re- 
tardando la conquista por varios años. 

Por esos dias Juan de Yuste y Moría, con diez cargas 
de oro. cuarenta y cinco peones y cinco caballos, salierojí 
de la Villa rica de la Veracruz con rumbo a México, toca- 
ron Tlaxcala en donde se les unieron trescientos aliados, 
y sin saber el descalabro de la Xoclie Triste entraron o\\ 
tierras de Anáhuac, sorprendidos y hechos prisioneros por 
una partida de mexieas fueron sacrificados en Texcoco,- in- 
clusive los cinco caballos cuyas pieles cuidadosamente lle- 
nas de zacate se pusieron en el teocalli mayor. Igual co^i 
hicieron en México al limpiar los canales después de la sa- 
lida de los españoles en la tantas veces citada Noche Tris- 
te ; las cabezas de los caballos se colocaron alternadas con 
las de los españoles en el Tzompantli, y decían los indios 
que si volvían los invasores y sus caballos veían las t-ab?- 
zas de sus semejantes allí puestas, se espantarían y no po- 
drían manejarlos los aborrecidos teules. 

Cuando Cortés llegó a Tlaxcala, triste, herido y derrota- 
do sólo le (piedaban veinte caballos; })<'ro he a(|uí (jue la for- 
tuna vuelve a prodigarle sus favores, pues jior diversas cir- 
cunstancias inesperadas recibieron los maltrechos invasores 
una ayuda preciosísima, procedente de Cuba y con desfia- 
cho de Diego Velázquez para Narváez a quÍMi se sunonía 
victorioso, arribó una nave al mando de Pedro J.íaroa con 
soldados, armas, una yegua y un caballo. Ilábilmeiiie 



LOS CABALLOS DE LOS CONtiUISTADOUES 



65 



atraídos Barba y los suyos cayeron en poder de los amigos 
de Cortés quien contó para sí con este refuerzo. 

Poco después llegaron sucesivamente tres naves, todas 
propiedad de Francisco de Garay, conquistador del Panu- 
co ; la primera al mando de Rodrigo de Morejón con awna^, 
parque, hombres y una yegua : con el fin de tocar San Juan 
de Ulúa, Diego Camargo con dos naves también trayendo 
refuerzos y siete caballos navegaba a toda vela, pero el mal 
tiempo hizo que se perdiera todo, logrando salvarse unos 
cuantos ; por su desnudez y el color de su piel los vecinos 
de la villa rica de la Veracruz, los llamaron "panzaverde- 
tes"; la segunda nave de Garay la mandaba Ramírez, lla- 
mado el viejo, y como las anteriores contaba con lo nece- 
sario y condujo eatorce caballos, bien provista, sus tripu- 
lantes estaban gordos y robustos, mereciendo al buen hu- 
mor de sus paisanos el apodo de "lomos recios"; casi tras 
esta nave vino la tercera capitaneada por Miguel Díaz de 
Auz, cojí cuyo contingente se sumaron siete caballos más 
a parte de otros elementos ; los hombres de Díaz de Auf , 
veteranos en las guerras de Indias, tenían ropas acolchadas 
de algodón para resistir las flechas, circunstancia que dio 
motivo al sobrenombre de "los de las albardas." 

Con tantos y tan bueno^s elementos se decidió marchar 
a México, mas antes hizo alarde don Hernando, es decir 
pasó revista a sus fuerzas en el patio mayor del teocalli 
de Tlaxcala ; con su ropeta de terciopelo carmesí sobre la 
brillante armadura y en su buen caballo, revistó a sus cua- 
renta jinetes dividiéndolos en cuatro cuadrillas de a diez 
cada una. 

Estando ya en Texcoco se supo con alegría la llegada 
de un navio propiedad de Juan de Burgos, que traía a ven- 
der ballestas, pólvora, escopetas y tres caballos, dio orden 
Cortés de comprarlo todo, y se dieron tales mañas sus emi- 
sarios que Burgos, Francisco Medel, el piloto y la tripulación 
vinieron a engrosar las filas de los conquistadores ; por últi- 



6G FEDERICO GÓMEZ DE OliOZCl) 

1110, una nave con pertrcelios y ocho caballos ancló en San 
Juan de Ulúa, creemos serían los (jue mandó comprar a Ja- 
maica don Hernando con un Solís (a) de la Huerta, cuando 
se encontraba preparando la toma de Tenoclititlán en la 
siempre fiel ciudad de Tlaxcala. 

En el sitio y toma de México, así como en el reconoci- 
miento y sujeción de otros pequeños estados no hubo acción 
en (lue los corceles no prestaran su apoyo y eficacísima ayu- 
da ; en un asalto tjue dio don Hernando en persona al fren- 
te de sus huestes, en el sitio de México es duramente re- 
chazado, pierde cincuenta y tres españoles un número ma- 
yor de aliados y cinco caballos, todos vivos son conducidos 
a los diversos tcocallis, al mayor lo fueron los cincuenta y 
tres blancos y sus cinco caballos para ser sacrificados todos 
en aras de Huitzilopochtli. Otro día en fuerza de pelear 
se aparta Cortés de los suyos, le matan el caballo lo sujetan 
Ion indios evitando matarlo para llevarlo a sacrificar, Ma- 
linche, Malinche, gritaban los indios al tenerlo en sus ma- 
nos, Cristóbal de Olea a caballo hiere a los opresores de 
don Hernando, éste se incorpora, pero Olea con todo y ca- 
ballo queda muerto en la lucha, otro jinete se acerca a dar 
caballo al general y es herido de una lanzada en la gar- 
ganta, al fin unos tlaxcaltecas libertan a don Hernando, 
(jue escapa en el caballo del soldado muerto. 

En el desamparo en (jue día a día quedaban los valien- 
tes defensores de Tenochtitlán por las defecciones de sus 
aliados y vasallos, el Emperador Cuauhtemoc, envió embaja- 
dores a los pueblos vecinos anunciando (jue-los dioses pro- 
metían la victoria para ñiuy pronto y como prueba de 'a 
lU) inmortalidad d(> los teules, creída aun por muchos les 
mostraban los emisarios dos cabezas de caballos y cinco de 
españoles. 

En uno de los últimos asaltos a la ciudad, un jinete a 
todo correr tiró con una lanza a un indio pasándolo de par- 
te a parte, hizo esfuerzos para no perder su arma y resba- 



LOS CABALLOS DE LOS CONQUISTADORES 



lando su caballo dio en tierra, era tan pulido el pulimento 
de la plaza del teoealli mayor, que estos incidentes se repe- 
tían a menudo, sobre el caído descendió un diluvio de pie- 
dras y flechas que lo mataron ; un grupo de indios se apode- 
ró del caballo herido y a golpes de macahuitl lo remataron. 
No era raro ver indios mexicanos con las colas de los caba- 
llos prendidas a sus atavíos guerreros como prueba de su 
valor para atacar y matar a las bestias de los teules, y la 
mayor parte de los caballos muertos por los indios lo fue- 
ron con largas picas en las (pe ataban los puñales y espa- 
das de los españoles y algunas veces por lanzas de los mis- 
mos quitadas en los combates. 

Prolijo e interminable sería el relato de las hazañas 
de los bravos jinetes de la coníiuista, se puede decir sin exa- 
geración que no hubo lance de guerra en que no tuvieran 
participación principal, abrían la marcha en todo tiempo 
y empresa protegiendo a los peones, con igual propósito 
cubrían la retirada ; cubiertos de vistosos paramentos 
agitando en alegre tintineo los cascabeles de sus pretales 
cuando no llenos de lodo y heridas, pasaron ante los ojos 
atónitos de los indios como seres fabulosos inspirándoles 
las ideas más peregrinas que puedan imaginarse. Hemos 
visto ya que para los Tabasqueños eran TEQUANES, como 
si dijésemos monstruos, para los tlaxcaltecas eran venados 
<iue por arte de encantamiento se dejaban montar, ([uien 
suponía que volaban y hasta (jue hablaban como se cuenta 
que creyó Moctezuma al verlos por vez primera ; no menos 
superticiosos los españoles también atribuyeron a hechizo 
de los indios cierta vez (¿ue caminando de noche cayeron 
cinco caballos enfermos debido sin duda al frío de la no- 
che o al extremo cansancio de sus cuerpos. 

Nobles y sufridos brutos, a ellos se debió en más de 
una ocasión la victoria, sin ellos quizá la conquista hubiera 
sido irrealizable, compartieron con sus amos los peligros 
trabajos y fatigas, llegando en ocasiones hasta servirles de 



G8 FEDERICO GÓMEZ DE OlíOZCO 

alimento ; el terror qué su presencia infundía a los indíge- 
nas fue la i)riniera victoria alcanzada por ellos ; vencedo- 
re y vencidos los estimaron por igual, en códices y pintu- 
ras los reprodujeron éstos con asombrosa fidelidad, tras- 
mitiéndonos sus colores, hierros y otras particularidades. 

Desde don Hernando Cortés hasta el último cronista 
nos hablan de los corceles; al mismo Emperador don Gar- 
los le fue hecha relación de ellos, alcanzando la cédula 
siguiente : 

"El Rey. — Nuestros oficiales de la Nueva España. Por 
parte de don Hernando Cortés nuestro gobernador y capi- 
tán general desta dicha tierra y provincias della me es he- 
cha relación (jue en la gran cibdad de Temixtitlán, e otras 
partes e lugares de esa dicha tierra los naturales della an 
muerto a el e a los de su compañía, hasta cincuenta e seis 
cavallos e yeguas e que los mas están por pagar e que cos- 
taron a muy escesibos precios e me suplico e pidió por mer- 
ced se los mandai'a pagar pues murieron en mi servicio o 
como la mi merced fuere e porque yo quiero ser informiado 
dello por ende yo vos mando (lue luego (jue esta veays agays 
información que tantos cavayos e yeguas son los que m.i- 
taron los yndios al dicho capitán general e a la dicha gente 
e (lue podrá valer cada uno justamente poniendo muy cs- 
pecifícadamente e de todo lo demás (lue vos vyerdes que es 
menester saber para ser mejor ynformado e saber la verdad 
cerca de lo susodicho y la dicha ynforniación ávida e la ver- 
dad savida escrita en limpio e signada del escribano ante 
quien parece e cerrada e sellada en publica forma en ma- 
nera <(ue haga fee la enviareys ante nos para (lue la man- 
dtíiiios ver e i)robeer en ello lo que viéremos (jue mas con- 
benga e no fagades ende al siendo tomada la razón desta 
nuestra cédula por losv nuestros oficiales (|ue resyden en la 
dicha cibdad de Sevilla en la casa de la i.'outratación de 
las Indias." 



LOS CABA1>L0.S DK LOS CONC¿nsTADOIiES 69 

"Fecha en Valladolid a quince días del mes de Octubre 
de mili e (luinientos e veynte e dos años. — YO EL REY. ' 

"Por mandado de su majestad, Francisco de los Co- 
bos." 

Tal es en resumen, aunque en desaliñados datos, la his- 
toria de los cuadrúpedos que en compañía de los esforzados 
conquistadores, ganaron para España, la más hermosa tie- 
rra del Xuevo Mundo. 



México, D. F., a :í de mayo de 1920. 



SOCIÉTÉ SCIENTIFIQUE 'ANTONIO ALZATK", — MÉMOIKES T. 39 



POSICIONES ASTRONÓMICAS 

De varios lugai-es de la República Mexicana detemiinadas 
por el Ingeniero Geógrafo 

JOAQUÍN DE MENDIZABALTAMBORREL, M. S. A. 



Algunas longitudes de varios lugares de la República Me- 
xicana que tuve el honor de presentar a la Sociedad Científica 
"Antonio Álzate" y que se publicaron en el tomo 34 de las Me- 
morias, resultaron erróneas por el motivo siguiente: 

El 9 de agosto de 1S8 el Sr. Ingeniero D. Francisco Jimé- 
nez envió oficialmente al C. Jefe de la Comisión Mexicana de 
Límites con Guatemala el valor de la longitud del Observatorio 
Central de México, que era de 6 h 36 m 26 s 67 W de Green- 
wich. Posteriormente, se determinó por señales telegráficas la 
diferencia de longitudes entre San Luis Missouri y Tacubaya, 
encontrándose que la longitud del Observatorio Central de Mé- 
xico debía ser 6 h 3 6 m 31 s 57. En consecuencia, las longitu- 
des que había obtenido para aquellos lugares, en los que tomé 
como punto de partida este Observatorio en la época en que 
estuve en la Comisión de Límites con Guatemala, deben corre- 
girse, siendo los resultados definitivos los que constan en la lis- 
ta siguiente en la que figuran algunas posiciones que no se en- 
contraban en la anterior. 

Longitud W. 
Lugares Latitud N. de Greenwich 



Acanceh, Yuc. 20° 48' 50"60 5h 57m49s0t 

Amatenango, Chis 15 26 10.47 6 08 24.10 

Balancán, Tab 17 48 04.10 6 06 05.83 

Barra de Santa Ana, Tab. . . 18 18 14.48 6 15 20.26 



Mem. Soc. Álzate.- 10Juiiio-1921.—t. 39-6 



JOAQUÍN I»F. MENDIZABAI. TAMBORREL 



Lugares 

Barra de San Pedro, Tab . . 18 

Barra de Tonalá, Tab 18 

Barra de Tupilco, Tab. ... 18 

Boca del río Candelaria, Cam. 18 

Campeche, Cam 19 

Cansaheab, Yuc 21 

Comalcalco, Tab 18 

Comltán, Chis 16 

Córdoba, Ver 18 

Cuicatlán, Oax 17 

Cunduacán, Tab 18 

Chiapa de Corzo, Chis. ... 16 

Chiltepec, (El Puerto) Tab. 18 

Dos Bocas, Tab 18 

El Carmen, Cam 18 

El Efcalón, Chis 17 

Frontera, Tab 18 

Gracias a Dios (Finca) Chis. 17 

Guadalupe (Finca) Tab. . . 18 

Huajuapan, Oax 17 

Huimanguillo, Tab 17 

Ixbul, Chis 16 

Izamal, Yuc 20 

Jalapa, Tab 17 

Jalpa, Tab 18 

Jonuta, Tab 18 

Juchitán, Oax 16 

La Aguada, Cam 18 

La Ermita, Chis 17 

León, Gto 21 

Los Cacaos, Tab 17 

Macuspana, Tab 17 

Mérida, Yuc 20 

Minatitlán, Ver 17 

Montecristo, Tab 17 

Motul, Yuc 21 

Nacajuca, Tab 18 

Orizaba, Ver 18 

Palenoue. Chis 17 









Longiti 


Lid W. 


Latitu 


dN. 

07' 


'35 


de 
6h 


Greenwich 


' 39' 


09m 


52sY7 


12 


37. 


94 








25 


16, 


,78 


6 


13 


47.15 


36 


53. 


,40 


6 


04 


57.94 


50 


47, 


.00 


6 


02 


06.32 


09 


32. 


20 


5 


56 


23.68 


15 


53, 


,69 


6 


12 


52.80 


14 


56, 


,67 


6 


08 


31.85 


53 


31. 


,25 


6 


27 


42.22 


48 


06, 


,60 


6 


27 


54.00 


03 


52 


.12 


6 


12 


42.48 


42 


29. 


80 








26 


01, 


.22 


6 


12 


36.76 


25 


07, 


,08 








38 


20, 


.78 


6 


07 


20.61 


21 


27, 


.36 


6 


11 


19.13 


31 


49, 


.08 


6 


10 


35.93 


17 


27, 


.52 








25 


07 


.10 


6 


12 


38.79 


48 


34 


.09 


6 


31 


08.60 


50 


19 


.90 


6 


13 


34.60 


02 


34, 


,51 


6 


07 


05.05 


56 


03, 


.00 


5 


56 


03.63 


43 


19, 


,70 


6 


11 


14.80 


10 


31 


.48 


6 


12 


22. -11 


05 


34 


.11 


6 


08 


31.13 


25 


55 


.01 


6 


20 


04.81 


46 


59 


.90 


6 


05 


54.97 


38 


04 


.20 


6 


11 


50.84 


07 


20 


.21 


6 


46 


44.27 


49 


41 


.90 


6 


11 


28.17 


45 


34 


.02 


6 


10 


22.24 


58 


04 


.96 


5 


58 


28.90 


58 


53 


.83 


6 


18 


07.82 


44 


46 


.60 


6 


06 


59.73 


05 


49 


.50 


5 


57 


07.09 


10 


10 


.08 


6 


11 


48.69 


5 


5 5 


.89 


6 


28 


14.51 


30 


50 


.48 


6 


07 


55.13 



POSICIONES ASTRONÓMICAS 



73 



Lugares 



Latitud N. 



Longitud W. 
de Greenwich 



Palizada, Cam 18° 15' 39"50 

Paraíso. Tab 18 23 40.19 

Pedro Ruiz, Chis 

Peto, Yuc 20 07 36 . 40 

Pichucalco, Chis 17 30 50.39 

Pueblo Nuevo, Tab 17 50 46.55 

Querétaro, Qro 20 35 38.01 

San Andrés, Chis 16 53 22.80 

San Antonio Cárdenas, Tab. 17 59 19.70 

San Bartolomé, Chis 16 20 21.20 

San Bernardo, Chis 17 25 21.56 

S.Cristóbal Las Casas, Chis. 16 44 08.27 

San Juan Bautista, Tab. .. 17 59 15.02 

Simojovel, Chis 18 08 49.28 

Tacotalpa, Tab 17 35 46.66 

Tapachula, Chis 14 54 15.78 

Tapijulapa, Chis 17 28 09.00 

Tapízala, Chis 15 34 57.80 

Teapa, Tab 17 33 13.54 

Tehuantepec, Oax 16 19 56.00 

Tekax, Yuc 20 12 16.20 

Temax, Yuc 21 09 08.40 

Tenosique, Tab 17 28 45.10 

Tepetitán, Tab 17 49 14.79 

Ticul, Yuc 20 23 56.40 

Tinún, Yuc ^0 46 05.10 

Tixkokob, Yuc 21 00 15.60 

Tlacolula, Oax 16 57 13.11 

Tunkax, Yuc 20 54 14.00 

Tuxtla Gutiérrez, Chis. ... 16 45 19.49 

Unión Juárez, Chis 15 03 08.10 

Valladolid, Yuc 20 41 27.60 

Yalgüitz, Chis 16 15 07.28 



6h 08m 18s94 
6 12 39.39 



6 


11 


15. 


.81 


5 


55 


41. 


52 


6 


12 


14. 


44 


6 


11 


30. 


,74 


6 


41 


32, 


,84 


6 


10 


50. 


,08 


6 


13 


30. 


12 


6 


11 


10. 


,02 


6 


10 


33. 


,44 


6 


11 


40. 


34 


6 


10 


51. 


,37 


6 


11 


18. 


03 


6 


09 


03 


.76 


6 


11 


05 


.13 


6 


11 


48, 


,97 


6 


20 


53 


.91 


5 


56 


15 


,49 


5 


55 


45 


.51 


6 


05 


41 


.43 


6 


09 


29. 


18 


5 


58 


08 


.41 


5 


53 


29 


.97 


5 


57 


33 


.69 


6 


25 


54 


.00 


5 


55 


00 


.40 


6 


08 


21 


.57 


6 


52 


49 


.89 


6 


08 


28 


.90 



SOCIÉTÉ SCIENTIPIQUE "ANTONIO ÁLZATE" — MÉMOIRES, T. 39 75 



AZTECAS Y ESPARTANOS 

POR EL 

Lie JOSÉ LÓPEZ PORTILLO Y ROJAS. M. S. A. 



(Sesión del 2 de Agosto de 1920) 

¿Será posible criar una nueva sociedad y sustituir de 
manera absoluta y definitiva el actual orden de cosas por 
otro mejor y más perfecto? ¿Lograrán los ácratas mundia- 
les imponer a la Humanidad su sistema acéfalo y comunis- 
ta, como lo están haciendo ahora los bolshevikis en Ru- 
sia? Preguntas son estas ({ue se formula con ansiedad el 
mundo entero en los momentos actuales. En mí concepto, 
no hay motivo para que tales temores subsistan, pues la or- 
ganización presente del agregado humano no es solamente 
la lógica y natural, sino la única posible. Podrá ser defec- 
tuosa en ciertos detalles y para ciertos grupos y habrá 
que corregir sus deficiencias en todo lo posible; pero en sus 
lincamientos generales y en su conjunto, es insustituible. 
Que la organización actual es la que la naturaleza impone, 
lo enseña no sólo la razón, sino que la Historia misma lo de- 
muestra. Podrá alterarse temporalmente el orden que exis- 
te ; podrá cambiarse ocasionalmente el sistema conocido, 
pero la sustitución durará lo que la fuerza que la deter- 
mina, y la excepción caerá pronto, como todas las excep- 
ciones, para dejar campo abierto al imperio de la regla. 
Uxia generación es poco, considerada en la sucesión de los 



76 AZTFA'AS Y ESPARTANOS 



tiempos, y sin embargo, posible es que la nuestra alcance a 
ver que la misma Rusia se encargue de demostrar la in- 
consistencia de los planes artificiales de su vida colectiva, 
por el ruidoso fracaso de la república de los soviets. 

Trataré de demostrar que la organización presente es 
la úniea natural, por medio de ejemplos tomados al azar 
de dos pueblos que vivieron en el pasado sin contacto al- 
guno entre sí, divididos por las inmensidades del espacio y 
del tiempo. Pero antes de eso, y comió un paréntesis, per- 
mítasem,e decir que el comunismo no es cosa nueva, que ha 
sido ensayado ya en diversas épocas de la historia y partes 
del mundo, que se halla en la génesis de los pueblos, y ha 
sido compañero de la barbarie primitiva ; y que para sa- 
lir de ésta, ha sido preciso sacudir el yugo del comunismo 
y pasar al sistema de la propieadad privada individual. 
Nuestro país, sin ir más lejos, sorprendido en el curso del 
desarrollo de su raza autónoma por la invasión de los blan- 
cos, presenta un ejem^plo palpable de ello en la persona de 
Quinatzin, personaje histórico que implantó la propiedad 
entre los chichimecas salvajes, y dio causa con ello a que, 
di cabo de dos o tres generaciones, llegasen éstos a ser la 
raza más adelantada del Anáhuac. 

La Humanidad, al principio de los tiempos, obede- 
ciendo a ese singular y en la apariencia poco explicable im- 
pulso que la hizo fraccionarse cuando más necesitaba estar 
unida, dividióse en tres núcleos principales: los caucásicos, 
los amarillos y los bronceados. Los indo-europeos ocupa- 
ron el extremo del viejo continente ; los amarillos quedá- 
ronse en las vertientes y llanuras que arrancan del Ilimala- 
ya, "el tejado del mundo"; 3^ los bronceados cubriéronlas 
vírgenes tierras de las dos Américas. Haremos a un lado, por 
el momento, a negros y australianos, para simplificar el ra- 
zonamiento. Separados blancos y amarillos por miles de 
kilómetros y de desiertos sólo recorridos por unos cuantos 
nómadas feroces, perdieron hasta el recuerdo de su mutua 



T.IC. JOSÉ U)PKZ PORTILLO Y ROJAS 



existencia, y unos y otros olvidaron la de sus hermanos los 
cobrizos, que emigraron a un continente desconocido. So- 
lamente la filología puede demostrar el lejano parenteseo 
que entre todos ellos existe, descubriendo raíces comunes 
en los idiomas de pieles rojas y eúskaros, de mayas y de 
elimos. 

Apartados entre sí los tres grupos y abandonados a sí 
mismos, siguió cada uno de ellos el camino natural y sin 
ejemplo que ante sí se le presentaba, para llevar a cabo su 
propia organización. No puede decirse que chinos o euro- 
peos sirvieran de patrón al indio, o éste a aquéllos ; y, sin 
embargo, el sistema general de su vida y la creación y ei 
funcionamiento de sus órganos vitales, aparecen en forma 
paralela en la historia general humana, no sincrónicamen- 
te, es verdad, pues la raza blanca pronto se sobrepuso a 
las otras dos; pero sí de modo constante y sucesivo. Igua- 
les vicisitudes fueron resueltas de idéntico modo en las tres 
grandes agrupaciones. Y así vemos reyes en Europa, Asia 
y América ; aristocracia blanca, bronceada y amarilla ; sa- 
cerdotes indios, chinos y caucásicos; ejércitos encargados 
de defender a la patria y el orden por dondequiera; y la 
institución de la propiedad surgiendo como flor de civi- 
lización del oscuro caos primitivo. Todo es igual, todo es lo 
mismo en el mundo. Así, cuando tres ramas distintas de 
la especie humana se desarrollan de un modo semejante, 
aun cuando en las unas el crecimiento sea más rápido que 
en las otras, podemos concluir que el sistema seguido por 
todas ellas es el natural, el lógico, y por ende, el mejor, a 
pesar de los defectos que pueda tener en el orden abstrac- 
to e ideológico. Pero ¿que hay perfecto en lo creado? El 
sol tiene manchas y el agua microbios; los alimentos, gér- 
menes de muerte. Pretender alterar el orden impuesto 
por Dios, es hacer la obra vana de los minuciosos aviculto- 
res y jardineros japoneses, que a vueltas de mil cuidados y 
fatigas, logran obtener aves de colas enormes, condenadas 



Lie. JOSK L(»PE7, PORTILLO Y ROJAS 



a perecer si un día falta quien las cuide, y naranjos enanos, 
pobres plantas de invernadero, efímeras y sin fruto. 

Veces hay en que la similitud de los organismos apare- 
ce tan palpable en grupos sociales separados por distancias 
incalculables de tiempo y de espacio, que la mente se pasma 
al contemplarla. Tomemos un caso particular. ¿Habrá 
quien se atreva a pensar (jue exista algo de común entre los 
más hermosos de los helenos, los espartanos, y los flacos y 
nervudos aztecas de tez cobriza? 

"¡No!" exclamarán todos cuantos oigan la pregunta: 
'•'esa semejanza no existe." Y sin embargo, las condicio- 
nes similares en ([ue se encontraron ambos pueblos, deter- 
minaron en ellos organizaciones muy parecidas, como paso en 
seguida a demostrarlo. Los dos fueron arrastrados o em- 
pujados por una invasión común, a la vez que ptros mu- 
chos de su misma raza ; unos y otros aparecieron como con- 
quistadores en tierras ocupadas ya, y vivieron rodeados de 
enemigos. A lacedemonios y nahoas amagaban a toda ho- 
ra por una parte, la revuelta de los sojuzgados, y por otra, 
la invasión de los vecinos; y para hacer frente a la peligro- 
sa situación en que se hallaban, no tuvieron más (jue un 
medio: ser fuertes. Y para serlo, ambos siguieron idénti- 
cos caminos. 

Notemos sólo de paso un detalle sorprendente, cual os 
la igualdad de número de las aldeas que sirvieron de nú- 
cleo a los dos pueblos ; fueron cuatro acá y allá. Las de la 
Hélade llevaron el formidable nombre de Esparta ; las de 
América (los calpulli primitivos), constituyeron la base y 
el fundamento de la feroz Tenochtitlán. Pero no nos deten- 
gamos a ver esto únicamente ; examinemos semejanzas más 
profundas. Nahoas y espartanos tuvieron que ser no sólo 
guerreros ocasionales, sino militares permanentes. Brasi- 
das, en la guerra del Peloponeso, habló así, según Tucídi- 
des, a los espartanos (jue militaban bajo sus óredenoíT: "So- 
mos pocos, y estamos rodeados de enemigos. Sólo podre- 



AZTECAS Y ESPARTANOS 



mos vivir combatiendo y siendo siempre vencedores." Y 
los tlaxcaltecas decían a Cortés: "Si todos nos uniéramos, 
el imperio azteca no duraría dos días." En Zvléxico, bastó 
la llegada de unos cuantos centenares de blancos para de- 
terminar la coalición arrolladura; en Laconia, los periokis 
sometidos alzáronse en su mayor parte al avanzar, victo- 
rioso, Epaminondas. Pero si en las causas de la decadencia 
hay semejanza, las hay aun mayores en las del. largo y bri- 
llante apogeo de éstos y aquéllos. Unos y otros dominaran 
por largos años, por decenas de años, imponiendo su volun- 
tad a pueblos más cultos : a Atenas en Grecia, a Texcoco 
en México. Y para lagrarlo, para humillar a los demás, 
empezaron por dominarse a sí mismos, por hacer de cada 
uno de los suyos un guerrero inaccesible al miedo, respe- 
tuoso de sus superiores, duro a la fatiga, indomable al do- 
lor. Así eran de heroicos para sufrir, tanto los humildes 
hoplitas lacedemonios armados de mazas de madera, como 
los pobres y desnudos yaoyizquez aztecas. Ahora bien, 
como el renunciamiento de sí mismo repugna a los instintos 
naturales del hombre, espartanos y mexicas se apoderaban 
del niño desde la infancia, para educarlo a su manera. 

Esparta atribuía a Licurgo su organización especial, 
que fue severamente disciplinada. 

Poco es lo que sabe de este hombre extraordinario. Plu- 
tarco confiesa que: ''. . . .nada podemos afirmar de el, 
que no quede sujeto a controversia." Herotodo nacía de cal 
legislador un eurístenida o agida, es decir, un hombre ae 
sangre real, y fijaba como época de su ñorecimiento, la que 
precedió doscientos veinte años a la primera Olimpiada, lo 
que significaría colocar su existencia al deredor de 996 años 
a J. G. Aristóteles y Dieutekidas creíanle también de san- 
gre real aunque de otro linaje, pues le juzgaban próklida, 
y localizaban su existencia 120 años más tarde. Timeo ad- 
mitía la existencia de dos Licurgos, y Tucídides, sin mencio- 
nar su nombre, pero sí la aparición de sus leyes y la euno- 



80 Lie. JOSÉ LÓPEZ PORTILLO Y ROJAS 



mía o buen gobierno que éstas trajeron a Esparta, casi nos 
saca de estas dudas, pues afirma de manera indirecta, que 
esa legislación apareció "cuatrocientos años y algo más, 
antes de la guerra del Peloponeso"; lo que vendría a fijar 
como fecha del acontecimiento, la comprendida entre los 
años 830 a 820 antes de J. C. Y como por ésta época, bajo el 
rey de Teleklos. dio principio la brillante carrera de Es- 
parta, parece (pie Tucídides, digno de su fama, como histo- 
riador de la clave de la más verosímil solución que puede 
tener el problema. Pero si del hombre sabentós poco, como 
acontece con frecuencia con todos los ipie hacen obra im- 
perecedera, sí conocemos bastante de sus hechos. 

''En el principio era el caos, "dice la Biblia. Antes 
de Licurgo, reinaba en Esparta la confusión más espanto- 
sa, lo mismo que en toda la G'recia. Surgió la legislación es- 
partana, algo parecida a la de otros países helenos, aunque 
diferente en muchos puntos esenciales, (como, por ejemplo, 
en la rígida educación de cuartel (pie imponía al hombre 
desde la niñez) y surgió con ella el orden. Así el gobierno 
espartano se consolidó y el pueblo lacedemonio se distin- 
guió entre todos los de la Hela de, y la eunomía, quedó es- 
tablecida sobre bases tan sólidas, que resistió hasta la mis- 
ma crisis de Leuktra, y sólo vino a caer en el reinado de 
Cléemíenes III, al empuje de las armas romanas. Herodoto 
dice que el propio Apolo por boca de la Pitonisa, dictó en 
Délos, la "Rhetra" o contrato (pie Licurgo llevó consigo 
a Esparta. Poco nos importa la organización política que 
la Rhetra prescribiese; poco nos interesa saber si la "ek- 
kelsia" o asamblea popular era apta para aprobar tan só- 
lo, o si también lo era para deliberar con amplitud; de suer- 
te (pie sólo por ser punto debatido hago mérito afjuí de esa 
reunión, 

Lo (jue nos importa es conocer la marcha general del 
Estado espartano. Aquel gobierno seguía procedimientos 
más secretos (jue los del famoso Consejo ventHíiano "de los 



AZTECAS Y ESPARTANOS 81 



diez." Los éforos o magistrados que le formaban, eran ar- 
bitros mudos e implacables. Elegidos para funcionar un 
año tan sólo, veíanse libres durante ese período, de la rí- 
gida disciplina general, y mensualmente exigían a los re- 
yes (pues en Esparta siempre hubo dos) un juramento se- 
mejante al que reclamaban del monarca los ricos-homes de 
Aragón: "Nos, (jue valemos tanto como vos, e juntos más 
que vos. . . " Las condiciones de este juramento, según Je- 
nofonte, obligaban al pueblo a respetar a los reyes sólo en 
el caso de que éstos ejerciesen sus funciones de acuerdo 
con las leyes establecidas. Cierto que ese mismo precario 
respeto fue menguando con el curso de los años, pero ver- 
dad también que no llegó a desaparecer por completo, por 
ser considerados aípiellos funcionarios como des-cendien- 
tes de Herakles. Jefes natos del ejército, sólo cuando su 
incompetencia era reconocida, se veían rodeados y dirigi- 
dos por un grupo de estrategas, cuerpo en algo semejante 
a nuestros modernos Estados Mayores. El gobierno es- 
partano era esencialmente místico. La voz del oráculo de 
Délos era decisiva en todo caso, y si alguna vez las conse- 
cuencias del consejo eran malas, achacábase el éxito desfa- 
vorable a una torcida interpretación de las palabras divi- 
nas. Este recurso estuvo siempre al alcance de la anti- 
güedad, por la obscuridad y ambigüedad comunes a las 
sentencias. Son dignas de admiración, en efecto, la habili- 
dad y sutileza en todo tiempo desplegadas por las pithyas, 
que siempre daban respuestas enigmáticas, susceptibles di 
ser interpretadas en varios y hasta opuestos sentidos. 

Los espartanos eran dorios, y venían originariamente 
de tres tribus : Hyleyos, Panfilos y Dimanos. Parece que a 
ellas se unió después otra más de la misma raza, aunque no 
de importancia igual. Entre todas ellas poblaron las cua- 
tro aldeas que al unirse, constituyeron el Estado espartano : 
Lima, Mesoa, Pitaña y Kinosura. La posición de la ciu- 
dad había sido elegida de modo admirable. Alzábase sobre 



82 TJC. JOSÉ LÓPEZ PORTILLO Y ROJAS 

colinas, y dominaba todas las entradas (lue conducían al 
interior del país. Los dorios conquistadores, y las razas 
sometidas a ellos, formaron las tres clases sociales: espar- 
tanos, periokis e ilotas. Constituían la priiiiiera categoría 
los dorios ricos, capaces de pagar su cuota en las sisicias o 
comidas públicas, y eran los únicos elegibles para los car- 
gos públicos. 

Ellos constituían la fuerza de la ciudad con exclusión 
de las otras clases. Sus derechos políticos eran pocos, y 
luimerosos sus deberes sociales y militares ; mas, a pesar de 
todo, .sentíanse felices, lo que parece increíble. ¡ Felices con 
pocos derechos y muchos deberes ! Pero no viene a ser el 
derecho de cada uno la suma de los deberes de los demás? 
Si todos cumplieran sus obligaciones, la expresión "dere- 
cho" sería vana y ociosa. Por eso, porque el pueblo sabía 
cumplir sus deberes, la rígida sociedad espartana albergaba 
en su seno hombres contentos y satisfechos. Las revueltas 
([w hubo en Lacedemonia nunca fueron sociales, al revés 
do lo que ocurrió en el resto de la Hélade. Los disturbios 
eran causados por las razas sometidas, las cuales por lo 
demás, no llevaban una vida más dura que la de sus opre- 
sores. La igualdad en la fatiga entre pobres y ricos, mató 
la envidia en Esparta. El lacedemonio abandonaba de buen 
grado las tareas del gobierno a sus éforos implacables, a 
sus reyes incoloros y a su Senado siempre pasivo. No tenía 
más que un deseo, ser fuerte ; y un sólo propósito, sobrepo- 
ner su patria a todas las otras naciones. La disciplina, esa 
fuerza moral maravillosa que coordina las energías huma- 
nas haciéndolas concurrir al mismo fin, unificó las ambicii»- 
nes espartanas, y el político declamador, el agitador famé- 
lico, el orador callejero siempre prontos a lanzar frases 
grandilocuentes y palabras sonoras, eran vistos por aque- 
llos hombres de acción con un desdén soberano. Pero, como 
toda medalla tiene su reverso, el espartano, harto conscien- 
te de su fuerza, hízose duro, desdeñoso v altivo. Viéndose 



AZTECAS Y ESPARTANOS 83 



rodeado de enemigos y sintiéndose superior a ellos, los tra- 
tó con desprecio ; acostumbrado a conducirse con franque- 
za, nunca ocultó su desdén ; y los demás helenos, recono- 
ciendo la superioridad militar de "esos artistas en las co- 
sas de la guerra", como decía Plutarco, concibieron, a su 
vez, un rencor indecible hacia Esparta. 

Las mujeres eran vistas con sumo respeto por los hont- 
bres. La timidez de éstos ante ellas, esto es, la timidez; 
d*e ios guerreros que hacían temblar a Grrecia con su valor, 
debe haber acrecentado extrordinariamente el carácter do- 
minante de aquellas bravas iiembras. Las espartanas ver- 
tían túnicas cortas, para no estorbar el libre juego de sus 
miembros (lo cual escandalizaba a los demás griegos, que 
decían andaban desnudas), asistían al gimnasio y tomabaii 
parte en los juegos públicos. En ellos, y en presencia de 
los jóvenes guerreros, disputábanse premios de carreras, 
luchas y puñetazos. Esta vida agitada y activa produjo 
en Esparta una raza femenina cuya hermosura fue prover- 
bial en la Grecia entera. Aristófanes, en su Lisistrata, no 
vaciló en presentar a la espartana Lampito como ejemplo 
de femenina belleza al par que de vigor varonil. Aristóte- 
les decía que las mujeres lacederaonias tenían sujetos a sus 
maridos como Afrodita a Ares, o sea como Venus a Marte. 
Al despedir a su hijos y parientes, cuando marchaban a la 
guerra, dirigíanles la conocida frase: "Volved con el es- 
cudo, o sobre el escudo". Las vigorosas espartanas no de- 
ben haber sido madres tiernas y mimosas; así que, al salir 
de sus casas sus hijos no han de haber hallado demasiado 
duro el régimen a que el Estado los sujetaba. 

A los siete años iba el niño al gimnasio, institución ori- 
ginaria de Esparta, que se extendió después a toda la Gre- 
cia. Allí tiraba el disco, luchaba, ejercitábase en el doloro- 
so e irritante arte del pugilato, practicaba las evoluciones 
militares de la "enomotia", que venía a ser la primera uni- 
dad técnica espartana, y se le familirizaba con el cumplí- 



84 UC. JOSÉ LÓPEZ PORTILLO T ROJAS 



miento de Jos diversos deberes (lue tenía cada hombre e.n 
afjuella formación. Y lográbase esto a tal pnnto, (jue con 
frecuencia acontecía que, en medio del desorden del cora- 
bate, cuando caían los combatientes cercanos, y se encon- 
traban los compatriotas dispersos, en el acto que se halla- 
ban, poníanse codo con codo, enristraban la lanza, y ata- 
caban, se defendían y maniobraban como antigua enomotia 
perfectamente organizada. Marcliaban los jóvenes al so- 
nido del pífano del cual salían aires marciales que inspi- 
raban sereno valor e inquebrantable firmeza. Su amor por 
la nuisica llegaba al punto de permitir a los músicos ex- 
tranjeros permanecer en Esparta, lo que estaba general- 
mente vedado a los extraños. Alimentados con parquedad, 
vigilados de continuo, sólo podían tomar como manjar 
extraordinario lo que robasen sin ser notado, pues si se 
les sorprendía en el hurto, caía sobre ellos terrible e instan- 
táneo castigo. Conocida es la anécdota del niño ({ue ocul- 
tó un zorro bajo su capa, y soportó estoicamente sus mor- 
deduras hasta que el sufrimiento le causó un desmayo. E! 
Espartano era de andar majestuoso y continente impasible 
y altivo. De su parsimonia en el hablar, da idea la palabra 
'Maconismio", adoptada por todas las lenguas euroj)eas. 
Acostumbrado a comer sobriamente, a dormir en ol suelo, 
a andar descalzo sobre espinas, a vestir el mismo traje en 
invierno que en verano, a combatir en simulacros guerre- 
ros semejantes al bo-tao-shi de los japoneses, en (|ue con 
frecuencia había muertos, y siempre heridos, iiifligíansíí, 
además, crueles flagelaciones ante el aliar de Artemisa Or- 
tia. (.'omían en la Feidición o mesa común, aun cuando 
fueran casados. El matrimonio era una de las singularida- 
des más notables de acjuel pueblo. Si el joven era bello y 
bien jiroporcionado, escogíaiile una esposa adecuada, alguna 
doncella de grande hermosura, a la cual no podía ver sino 
a hurtadillas, durante los primieros tiempos del enlace. 
Cuéntase que había parejas que habían tenido varios hijos 



AZTECAS Y ESPARTANOS 85 



y que jamás se habían visto durante el día. Hacía el joven 
las visitas nocturnas a su mujer escapándose del cuartel, o 
trayendo a él a su compañera disfrazada. La idea de her- 
mosear y robustecer la raza, dominante entre los esparta- 
nos, llegó a tal extremo, que estableció la increíble costum- 
bre de que los esposos mismos provocasen entrevistas de sus 
mujeres <3on los hombres de belleza o vigor extraordin.i- 
rios ; y había matronas respetadas, casadas con dos hom- 
bres, y reinas a la vez de dos hogares. Este régimen, con 
tendencia constante a ahogar todo impulso natural, traía 
como consecuencia el desarrollo tan extremado de ciertas 
buenas cualidades, que hasta dejaban éstas de serlo, para 
convertirse en graves defectos. Así, no había oficio, por vil 
que fuese, o acto, por repugnante que pareciera, ([ue al es- 
partano no estuviese dispuesto a ejecutar si sus jefes se 
lo ordenaban. Trescientos jóvenes, elegidos entre los más 
valientes, robustos y distinguidos de Esparta, formaban la 
siniestra Kripteia, especie de policía secreta de que los éfo- 
ros disponían libremente, y de la cual servíanse para man- 
dar matar a quien les estorbaba en la masa vulgar. Tueí- 
dides cueiita (|ue en cierta ocasión, y con pretexto de pre- 
miarlos, llamaron los éforos a dos mil de aquellos ilotas ; 
hiciéronlos pasear un día coronados de flores por las calles 
de Esparta, y al siguiente habían desaparecido, sin que a 
nadie se le ocurriera preguntar lo que había sido de ellos. 
El propio investigador hizo investigaciones sobre el parti- 
cular y no tuvo noticia alguna, a pesar de que la Kripteia 
entera, y quizá muchos centenares de ciudadanos, habían 
tomado parte en aquella hecatombe. Los jóvenes de la 
Kripteia tenían a su cargo, además, desempeñar otras mil 
encomiendas, todas de peligro y coñanza. Hay que recor- 
dar a este propósito, la hazaña de aquel esparciata que, fin- 
giéndose comerciante, recorrió ciudades y pueblos griegos, 
establecióse en lugar bien escogido y encontró allí el cuer- 
po colosal de Orestes, que sacó secretamente de la tumba. 



8G Lie JOSÉ LÓPEZ PORTILLO Y ROJAS 

para llevarle e Esparta. Dueña de aquel sortilegio, logró 
Laeedemonia triunfar en una de las guerras Mésenlas. He 
aquí un ejemplo bien antiguo de astucia y espionaje. 

Fácil es comprender -que tan estricta disciplina no se 
adquiere cuando se desea, sino que es fruto de aprendizaje 
largo y costoso. Por eso los lacedemonios negábanse a ad- 
mitir de modo permanente la presencia de los extranjeros, 
diciendo de ellos, que eran revoltosos y egoístas. A poco 
que un forastero fijase en Esparta su morada, aplicábanle 
una ley equivalente al famoso artículo 33 de nuestra Cons- 
titución, ese precepto que tantos disgustos causó a Mr. Fall 
durante las investigaciones, poco amistosas por cierto, lle- 
vadas a cabo en nuestras fronteras. Los espartanos llama- 
ban a esa disposición, jenelasia. Consistía en poner buena- 
mente al extranjero más allá de los límites de Esparta con 
una seca indicación de que no regresase. Sólo músicos y 
poetas eran a veces eximidos de tal medida. Tirteo obtuvo 
lo que llamaríamos carta de naturalización en Esparta, de- 
bido a sus. odas y cantos, pues puso la magia de sus versos 
al servicio de los dorios, y con ella salvó a la nación de más 
de un trance apurado. 

La industria y el comiere io estaban reservados a los 
periokis, y los servicios manuales a los ilotas ; pero aíui en- 
tre unos y otros reclutábase tropa en caso de peligro. En 
esas ocasiones demostraron los siervos que sabían valerse de 
sus manos de manera tal, que justificaban la precaución que 
tomaban sus amos al no perder de vista sus armas y escudes 
para impedir (^ue los ilotas se sirviesen de ellos. Sólo el 
ilota que mataba cien enemigos tenía derecho de ofrecer 
a Zeus el sacrificio llamado "Hekatomfonia." 

No se limitaba la práctica espartana a las maniobras 
de la enomotia. Sus conocimientos guerreros hacían de él un 
verdadero militar, muy distinto del héroe homérico, señor de 
armas encantadas y fuerzas descomunales, que, sin cuidar- 
se de sus hombres, lanzaba contra el enemigo el huracán 



AZTECAS Y ESPARTANOS 



de su carro tirado por caballos regalados por los dioses, 
arrojaba la javalina, embrazaba el escudo y Vomitaba im- 
properios. Xo ; los espartanos de la enomotia, conocían el 
puesto de ella en el pentekostys, el del pentekostys en el lo- 
cos, y el de éste en la mora ; y combinaban movimientos, fin- 
gían retiradas, desalojábanse de flanco y nunca rompían 
sus ñlas. Sus órdenes, además, se comunicaban siempre 
por lo que en los tiempos actuales llamaríamos conductos 
de ordenanza. Hablaban el rey a los polemarcas; dirigíanse 
éstos a los locagis; nmndaban a los pentenkonteros y, al 
fin, la voz llegaba a los hoplitas. 

Figuraos por un momento que asistís a un combate : 
sea alguno de los librados con el Gran Rey. La verde lla- 
nura se extiende hasta el límite de las azules ondas del mar. 
En el cielo sin nubes, flamea el radiante sol ; junto a las 
playas arenosas hay ancladas centenares de galeras que tri- 
pulan aguleños fenicios; una inmensa muchedumbre pu- 
lula en la planicie ; resplandece la tiara del monarca, a cu- 
ya presencia se postran' millones de hombres ; caracolean 
los briosos corceles de los aqueménidas persas; los tracios, 
los hijos de cuarenta y ocho naciones, escitas, frigios, hia- 
dus, masagetas, aullan y blanden sus armas relampaguean- 
tes, enmedio de nubes de polvo que se levantan del suelo. 
Los correos, helenos, despachados a toda prisa, han cumpli- 
do jornadas de ciento veinte kilómetros en veinticuatro 
horas; las tropas, reunidas con premura, han recorrido 
ochenta en el mismo tiempo. La hueste griega forma una 
pequeña mancha blanca en la llanura ; parece una roca des- 
tinada a ser cubierta bajo la espuma de un mar furioso, 
por el ejército persa. De pronto suena en las filas el pean 
sagrado. A sus primeras notas, los musculosos brazos de 
los guerreros enristran las lanzas y embrazan las rodelas. 
Apriétanse los hombres uno contra otro y con paso igual 
y rítmico se lanzan adelante. La clamorosa muchedumbre 

Menn. Sor. Alzdte. — IS Jinüo 1921.- 1 39-T 



88 Lie. .TOSÍ; l/)I*EZ POKTIl.l.o Y HOJAS 

enemiga se detiene en presencia de tan increíble osadía; 
trábase el combate, y los irresistibles helenos perforan y 
atraviesan la masa de su torpe adversario. Miles de cuer- 
pos cubren la llanura, caen aqueménidas y jefes, y en unas 
cuantas horas, el triunfo, (lue parecía imposible, es alcanza- 
do por aquellos hombres, que fueron vencedores, porque 
antes aprendieron a vencerse. Y el secrett) de esa disci- 
plina, lo dio Esparta a Grecia y al mundo. 

* * * 

¿Quién fue en Anáhuac el autor de la organización 
guerrera? No lo sabemos. Probablemente el sistema se 
impuso por sí sólo, acjuí como en Esparta. Su creación de- 
be haberse atribuido a algún grave teciüitli de tes bron- 
ceada, dueño de un nombre poco eufónico, abundantemente 
dotado de tes y de eles, y terminando por la ¡lartícula reve- 
rencial "tzin'*. 

Como quiera (|ue ha^'a sido, la idea de una patria co- 
mún, si es (jue alguna vez existió en los pueblos del Aná- 
huac, lo que es muy discutible, había desaparecido al prin- 
cipio de la época que consideramos histórica. Aquí, como 
en Grecia, la masa de la población habíase pulverizado en 
pequeñas comunas, ligadas entre sí a veces por una fe igual 
en los mismos dioses, y atraída a determinados santuarios 
para la celebración de ciertas fiestas y ritos. Aquí, como 
allá, la voz del oráculo era ciegamente obedecida. Los he- 
lenos que preguntaban a hi pitya donde debían fundar sus 
colonias, veíanse reproducidas por los mexicas salvajes, que 
peregrinaron años enteros aguardando la señal de su dios, 
(jue les habría de decir qué sitio debían elegir para su mo- 
rada. La edad de oro, representada en nuestro país por ¡a 
culminación de la monarípiía tolteca, parece revelar, al tra- 
vés de espesas brumas legendarias, una época en que hubo 



A8TECAS Y ESPARTANOS 89 



grandes imperios. Presentóse en Tolán ese enigmático y 
bondadoso Qnetzalcoatl, uno de los misterios más grandes 
que nunca haya habido en la Historia, y quizá el mito que 
más influencia ha tenido desde hace dos mil años en el des- 
arrollo de los sucesos humanos ; pero alzóse contra él Tez- 
catlipoca. Y la metrópoli tolteca hudióse después de cruen- 
tas y porfiadas luchas. No sólo el Anáhuac, sino, a creer 
viejas tradiciones que merecen atención, ambas costas, y 
con especialidad la del Occidente, enviaron innumerables 
ejércitos al asedio de hi ciudad imperial. Podemos evocar 
con la imiaginación el cuadro que se ofrecería a la vista d<:"l 
guerrero tolteca, alto y barbado, al- hacer la guardia en !o 
alto de las murallas protectoras de los palacios de pétreas 
y colosales cariátides, donde los reyes habían galanteado a 
las princesas y bajo cuyo techo el trágico Topilotzin gobe^*- 
naba. Abigarrada muchedumbre congregábase en torno d¿ 
la ciudad. Los desnudos "hia-hu" de ojos oblicuos lanza- 
ban injurias en su lengua monosilábica ; los rechonchos ma- 
yas danzaban al sonido de sus tunkules, cubiertos los grue- 
sos cuerpos con corazas de sal ; los feroces nahoas mestizos 
de occidente, hacían llover sobre la plaza incesante grani- 
zada de piedras y flechas. Toda aquella multitud bárbara 
y codiciosa, empujaba por su fe en Tezcatlipoea, atraída, 
por el ansia del despojo, movía en torno de las murallas sus 
cuerpos pintados de variados colores y sacudían de con- 
tinuo los plumeros que cubrían sus cabezas. Derrumbóse 
al fin Tolán. Incendiados fueron sus templos, destruidos 
sus palacios y arrasados sus hogares, y al repartirse el bo- 
tín, faltas del único motivo que las había reun'dc, separá- 
ronse de nuevo las tribus, alejáronse los guerreros y entra- 
ron en descomposición y se desintegraron los antes inmen- 
sos imperios; pero todas esas tribus quedaron esperando 
inconsientemente el poder que habría de suceder al caído 
de la opulenta Tolán. Y surgió, en efecto, ese poder, mas 
no salió de los descendientes presuntos de los toltecas. Una 



90 LIO. JOSÉ LÓPEZ PORTILLO Y ROJAS 

de las tribus invagoras, la última en ponerse en movimien- 
to, la más perseguida, la más miserable de todas, fundó una 
aldea en el centro de un lago, el de Texeoco. Los miembros 
que la formaban, eran necesitados, pero valientes. Xegóse- 
les lo necesario por los pueblos ribereños, y se hicieron ra- 
paces. Poco numerosos, disciplináronse desde su infancia. 
Y su dominio, corto al principio y reducido al peñasco que 
habitaban, salió como marca montante a las riberas del la- 
go ; cundió luego por todo el Anáhuac y extendióse más 
allá, hasta la lejana Quauhtemalau. Y México fue, al de- 
cir de Chavero : 

"Una laguna de sangre en donde se ahogaban la fa- 
milia, la sociedad, las magistraturas y los reyes, y en la cual 
sólo sobrenadaba, lúgubre y espantosa, la figura negra del 
teotecuhtli, ¡del señor del dios!" 

Una excusa tenían los aztecas, para ser sanguinarios -, 
su espantosa teología. Para ellos, la sangre vertida jigia- 
daba a los dioses, y toda víctima era recibida con gloria en 
el Mictlan. En cambio, ¿(pie otra razón, sino la polític;:, 
podían alegar en su defensa los espartanos que asesinaron 
a los dos mil ilotas de que hablé antes? Matanza por ma- 
tanza, es más justificada la de Ashayacatl, que la orderiada 
por los éforos. Mas, por arraigadas que estuviesen las su- 
persticiones entre los antiguos mexicanos, las víctimas con- 
denadas de antemano a morir de nna manera cruelísima 
(pues ciertos suplicios llegaban hasta el total desollamien- 
to en vida de la persona) no podían menos de protestar y 
procurar huir del tormento. Los tributos que los mexicas 
imponían a los vencidos, eran pesadísimos; su desdén para 
los extranjeros, implacable, ¿no dieron muerte al hercúleo 
Tlalhuieole, únicamente por no ser de su nación, a pesar 
de haber combatido bravamente al lado de ellos? Eran, 
después de todo, unos verdaderos estoicos. Bernal Díaz viá 
a aquellos señores muy principales de la corte de México, 
llegando a Cenxpoala. Iban oliendo rosas, abanicándose con 



AZTECAS Y ESPARTANOS 91 



galanos abanicos, y sin manifestar sorpresa, asombro, ad- 
miración o espanto a la vista de los españoles. Antes pa- 
recía que ni siquiera los habían mirado. Sólo puede admi- 
rarse lo suficiente su conducta al recordar que las tradicio- 
nes del Anáhuac predecían la venida de los blancos coin- 
cidiendo con el tiempo en que se hundiría el imperio mexi- 
cano, y que la fe en ellas era vivísima. Con todo, los emi- 
sarios de Moctezuma fingieron no ver a los "hijos del sol", 
mantuvieron continente altivo y sereno, y hasta se atre- 
vieron o amenazar al obeso cacique de Cempoala. 

Mas aquí, como en Esparta, esa altivez, ese dominio de 
la propia naturaleza, no se adquiría de un momento ;i oti-o. 
Los guerreros aztecas, que dejaban en manos de los mace- 
huales, como los lacedemonios en los de los ilotas, las 
labores de fatiga, hallábanse sujetos desde su infancia a 
una rígida y tremenda disciplina. Por noble que fuese su cas- 
ta, debía el niño, apenas su edad se lo permitiese, ir por leña y 
agua al monte. Su niisión en la vida se anunciaba desde al na- 
cer, colocando escudo y flechas en la puerta de la casa del in- 
fante; lo cual era un símbolo, A los quince años, si era de 
sangre escogida, entraba al Calmecac, la "casa de peniten- 
cia y lágrimas," y si era plebeyo, al Telpushcali. Ambos 
establecimientos eran escuelas militares en las que la ense- 
ñanza era tan ruda, que apenas puede comprenderse haya 
habido quien la resistiera. Dormían los educandos en el 
suelo, recogiéndose a las primeras horas de la noche. Le- 
vantábaseles al filo de la media noche, y se les enseñaba a 
conocer la hora por la posición de las estrellas. Después, 
debían buscar un sitio solitario donde hacer sacrificio, hun- 
diendo en pantorrillas, bíceps, narices, pecho, labios, dien- 
tes, orejas, lengua y otras partes del cuerpo, agudas espi- 
nas de maguey, que después, chorreando sangre, clavaban 
c]i bolas de algodón para ofrecerlas ante el altar de sus 
dioses. Levantábanse al amanecer; trabajaban en las la- 
bores religiosas; danzaban, se ejercitaban en el manejo de 



92 Lie. JOSK LÓPEZ POR'IILLO Y ROJAS 

la porra de basalto y de la espada de obsidiana, esgrimiendo 
ambas armas contra un poste ; salían al campo a cazar o a 
la laguna a pescar, para adiestrarse en el arco y en el acatl, 
especie de dardo, o en el tlacochtli, arma parecida del mis- 
rao género. Volvían a practicar ejercicios militares, con- 
formes con la táctica propia de sus armas ofensivas y de- 
fensivas. S"i cometían faltas graves, eran quemados vivos, 
o asaetados, o despeñados, o muertos a palos. Para acos- 
tumbrarlos al dolor, los sacerdotes les clavaban espinas en 
las carnes, o les quemaban la cabellera con teas resinosas, 
cuyas llamaradas llegaban siempre a la piel. 

En presencia de este sistema de educación, hay que ad- 
mirar, no tanto la fortaleza e indiferencia con que Cuahté- 
moc vio se le asaban los pies, sino, el desfallecimiento mo- 
mentáneo de Tetlepanquetzal, que se quejaba del dolor. 
Los nahoas y sus imitadores (hecho notable en la historia 
de las Mitologías), no eran admiradores de la fuerza y ca- 
recían en su Olimpo de algún dios con tal atributo, sino de 
la resistencia. Así, la que llegaban a adquirir por medio de 
la educación y el jemeplo, era admirable. De ello puede 
darnos ieda la defensa que de su persona hizo Coanacoh, 
después de haber estado largos días sujeto a la viga en que 
le ató Cortés. Lograban ese aguante por medio de mav- 
chas, danzas y ejerciocios guerreros, y practicando el más 
mexicano de todos los deportes: el tlachtli. ¿No os dice 
nada este nombre? Pues trátase, sin emibargo, de un ejer- 
cicio bien conocido, que emigró de su país de origen y ha 
regresado a él bautizado con vocablos sajones: el foot-bail, 
el rugby, el basket-ball. 

Jugábase el tlachtli en un gran patio cuadrangular, .-il 
que ciertas paredes que en él se construían, daban la forma 
de una cruz. Consistía el juego en hacer pasar la bola de 
hiile, gruesa como una mediana de bolos, al decir de los 
conquistadores, por el centro agujereado de un disco de pie- 
dra, que ahora llamaríamos goal o basket, ganando el ju- 



AZTECAS Y ESPARTANOS 95 



gador que tal lograba. Podría ser impulsada la pelota 
con rodillas o caderas, y también con las manos, aunque es- 
to era poco elegante. Ahora bien, como la pelota era de 
hule macizo, los jugadores (pie eran golpeados por ella, que- 
daban tan tundidos, (pie algunas veces morían, y siempre 
tenían ({ue sajarse las carnes con pequeñas navajas de obsi- 
diana para curarse de hinchazones y cardenales. Aquél 
juego bárbaro simbolizaba los movimientos del sol. 

La alimentación estaba sujeta a reglas bien estudia- 
das, y se fijaba, conforme a ellas, hasta el número de tOi-- 
tillas que podía comer cada (piien, según su clase y edad. 
Considerábase como un premio el tomar la bebida del ca- 
cao frío (chocolatl) ante los guerreros. No a todos les era 
permitido casarse; si algún guerrero era sorprendido con 
una mujer antes de estar facultado para el matrimonio, era 
en el acto privado de la vida. Hay quien diga que entre 
los mexicas era común el pecado nefando; es una calumnia. 
Los aztecas mataban sin piedad a las viles criaturas a cpiie- 
nes sorprendían en falta tan repugnante. 

Al salir del colegio, marchaba el mancebo a la campa- 
ña vigilado por un guerrero de su barrio, si era plebeyo, o 
por los principales yabizques, si noble. Se le enseñaba a 
manejar la rodela con tal arte, que dice Duran que en vien- 
do venir una flecha, "dábanle con el escudo, que la echaban 
de través." Tal destreza sólo se adquiere después de pro- 
longados ejercicios, no exentos de peligro y dolores. Así 
como en Esparta el que daba muerte a cien enemigos tenía 
derecho a ofrecer a Zeus la Hecatomfonia, aquí las consi- 
deraciones llovían sobre aquél que hacía prisionero algún 
enemigo, y su clase ascendía con el número de cautivos que 
cogiese. El mancebo de Techpulcalli podía llegar a Tlaca- 
tecatl, y el de Calmecac a cuáchic o tequihua. Cada uno 
tenía insignias diversas, y se peinaba y teñía el cuerpo de 
manera distinta. Pero el mando del ejército no se daba a 
los guerreros, por valientes que fuesen; pertenecía de dere- 



94 ].1C .I08É LÓPEZ PORTILLO Y KoJAS 

ello al Tecuthtli, a quien asistía un cuerpo de cuatro genera- 
les, que formaban su Estado ]\Iayor. Contábase entre ellos 
el Tlaeohcalcatl, jefe de la casa de los dardos, quien tenía 
a su cargo el servicio de administración y aprovisiona- 
miento del ejército. 

He •d<[uí como empezaban generalmente las campaña;-^. 
Una clase especial de aztecas, los comerciantes, los poshtecas, 
salían de Tenochtitlán a cambiar por otras sus mercancías 
en pueblos lejanos. A su frente marchaba disfrazado, un te- 
(juihua, es decir, uno de los guerreros elegidos, de los favo- 
ritos del emperador, de aíjuellos a quienes éste llamaba "ku 
de sus ojos. "¿No os recuerda esto algo de los espartanos 
de la Kripteia ? Entraban en los pueblos enemigos u hostiles 
a la luz de] día, abanicándose con altiva indiferencia e 
iban a instalarse al centro del poblado. Pero al caer la no- 
che, descalzos y con el tequihua al frente, recorrían las en- 
encrueijadas, medían con varas la plaza principal donde se 
alzaba el teocali, templo y cindadela a la vez de los anti- 
guos indios, y apuntaban cuidadosos todos los datos que les 
parecían interesantes para el objeto agresivo que les 
servía de norte. A veces eran sorprendidos en sus tareas de 
espionaje, y los furiosos habitantes del pueblo arrojábanse 
sobre ellos, y se iniciaba la matanza ; pero en ella comba- 
tían los poshtecas con sin igual bravura, hasta morir. Si 
alguno de ellos lograba escapar, era un "painani"', un co- 
rreo. Dirigíase a escape a Tenochtitlán o al más próximo 
puesto de mexicas, y daba noticia de lo sucedido. De allí 
partía en el acto otro painani, y la velocidad de todos era 
tal, que a veces una noticia hacia cuatrocientos kilómetros 
en veinticuatro horas. El que llegaba a Tenochtitlán, coni) 
portador de malas nuevas que era, entraba en el Téepan 
con el pelo suelto y echado sobre el rostro. El asesinato d'^ 
los mercaderes, ese era el nombre oficial de los espías, era 
intolerable para la orgullosa ciudad azteca. Apenas sa- 
bida la fatal nueva, elevábanse en la cúspide de los teocalis 



AZTECAS Y ESPARTANOS 95 



densas nubes de humo; sacrificábanse prisioneros para te- 
ner gratos a los dioses; oíase el ronco rugir de los bígaros 
y el sordo retumbar de los huehuetles apellidando gente. 
Y en el acto los guerreros corrían a reunirse. El Tlas- 
eoshcalcatl enviaba a toda prisa mensajeros que avisasen 
el próximo paso del ejército por los pueblos (pie se hallasen 
en el camino elegido, y hacía en el Tlacoshcali acopio de 
dardos y armas diversas. Entretanto, reuníanse las gen- 
tes de los cuatro calpull o barrios principales en torno de 
sus capitanes, y Cuepopan, Atzacualco, Moyotla y Zoquia- 
pan eran recorridos por enjambres de yaoyizquez apresura- 
dos, y, después de ellos los barrios menos importantes, que 
se' agregaron más tarde a la ciudad. El movimiento geno- 
ral jjarecía una orgía de colores. Reunidos los guerreros 
en torno de sus jefes, que se distinguían por las plumas o 
banderas que llebavan atadas a la espalda, esperaban la lla- 
gada del Tlacatecuhtli. Presentábase al fin éste, llevado 
en grandes andas y trayendo consigo un pequeño tambor- 
cilio de oro, uno de esos tambores que hicieron sonar si- 
niestramente en los campos de batalla durante la pasada 
revolución los yaquis, esos nahoas casi puros. En el se- 
no de aqiiella muchedumbre armada y silenciosa, flamean 
las banderas, tiemblan los penachos de plumas brillantes, 
refulgen las joyas de oro, las piedrezuelas, los espejos de 
pirita; resaltan los colores; y en medio de aquella animada 
policromía, los sacerdotes y dignatarios del Calmecac, dis- 
tínguense por la negra pintura de sus cuerpos. 

Rompe la marcha. Los águilas y tigres llevan las ór- 
denes del tecuhtli a toda la columna; los tequihuas dispo- 
nen el orden de las tropas. Y una vez desempeñada esta 
encomienda, pasa cada uno de ellos a la vanguardia a man- 
dar un grupo de cinco honderos. Los otomitles van tam- 
bién por delante mandando cinco arqueros cada uno. Los 
telpushtlato marchan a la cabeza de sus escuadrones, lle- 
vando al lado el ashcau, con la insignia de la unidad. Cu- 



96 LIO. .TOSÍ; LÓPEZ l'ORTILLO V ROJAS 



bren los flancos honderos y flecheros y a la retaguardia, co- 
mo reserva, van los mancebos bisónos y los feroces ciiáelii- 
(lues, guerreros desnudos y sin más armas que sus brazos, 
la flor del ejército azteca. 

Se llega a la vista del enemigo. Encima de las nopai-'- 
ras y órganos, mírase el teocali poblado de guerreros. Par- 
te de ellos aguarda a pie firme la arremetida de los mexi- 
cas. El Tlacatecuhtli da la señal de la batalla redoblando 
en el tamborcillo de oro, que no cesará de tocar, tenazmen- 
te, de ahí en más, mientras dure la refriega. A su redoble 
responde el de los otros huehuetles; rugen los bígaros, fla- 
mean las banderas, que son semáforos de las evoluciones. 
Prorrumpen los yaoyizquez en espantables alaridos; Ihi;^- 
ven las flechas sobre el enemigo, y de pronto, arroUadora, 
la masa del ejército se lanza macuahuitl en mano sobre ^a 
hueste contraria. Corta es la lucha ; cede el enmigo y 
abandona las entradas del pueblo; y los mexicas se lanzan 
al asalto de la pirámide sagrada, donde por cortos instan- 
tes el combate se intensifica. Arde al fin la capilla coloca- 
da en la cima; es la señal del triunfo de los aztecas. Los 
prisioneros enemigos, atados y destinados al sacrificio, son 
conducidos al través de las calles de su propia ciudad, y 
un painani es despachado a dar aviso de la victoria al glo- 
rioso emperador, y entra en la ciudad con el cabello tren- 
zado, esgrimiendo el macuaiiitl y dando gritos de regocijo. 
Así también llegaban los mensajeros griegos a las ciudades 
helenas después de los triunfos alcanzados. 

Mucho más de lo (Hic llevo dielio, podría consignar <'ii 
este trabajo, para poner en mayor resalto la semejanza de 
instituciones y costumbres lacedemonias y mexicas ; pero me 
abstengo de hacerlo por ahora para no pecar de prolijo. Lo 
dicho basta, según mi concepto, para dejar bien fundadas 
mis observaciones a este pro])ósito. 

No me parece ocioso, con todo, llamar la atención do 
mi distinguido auditorio, acerca de otro importante rasgo 



AZTECAS Y ESPARTANOS 97 



que fue común a los dos pueblos: la codicia. Los mexica- 
nos agobiaban bajo el peso de los tributos a las provincias 
conquistadas, y los espartanos se hicieron famosos por su 
avidez adquisitiva. Los primeros recibían cereales, algo- 
dón y piedras finas en cantidad exorbitante, de los venci- 
dos y los austeros laconios despojaban a sus víctimas de 
todas las joyas y obras de arte que les placían, para orna- 
mento y delicia de sus casas y mujeres. 

En resumen: los dos pueblos rodeados de enemigos, tu- 
vieron (pe luchar para someterse, se hicieron fuertes por 
la disciplina y sujetaron a las generaciones a métodos se- 
veros de vida que endurecieron sus cuerpos y sus almas. 
Pero esos métodos artificiales, fueron perdiendo su vigor 
y eficacia con el transcurso de los años, hasta que acabó la 
naturaleza por recobrar su imperio y sobreponerse a ellos, 
como acaba la mar por romper los diques que la separan de 
las tierras bajas, por cuya extensión se dilatan tranquila- 
mente sus aguas. 

Así también sucederá no muy tarde con los violentos 
sistemas sociales que gobernantes ambiciosos y criminaLís 
o visionarios soñadores han estado imponiendo a ciertos 
pueblos contemporáneos. La anarquía reina y se levanta 
victoriosa sobre las ruinas del orden ; aliméntase de los 
tesoros acumulados por el ahorro de los tiempos normales; 
entra a saco la riqueza ; destruj^e los instrumentos del tra- 
bajo ■ seca las fuentes de la producción y genera en derre- 
dor hambre y miseria, desesperación y congoja. Pero las 
sociedades no perecen; están dotadas de los elementos que 
necesitan para una supervivencia indefinida. Y cuando se 
presenta en acción un fenómeno perturbador que parece 
contradecir las leyes que las rigen, una vez pasado el so- 
bresalto de la intimidación, recógense las agrupaciones hu- 
manas en sí mismas, sacan de su propio seno fuerzas no 
sospechadas, luchan silenciosa o abiertamente contra los ele- 
mentos malsanos, y acaban por recobrar el perdido equili- 



98 Lie. ,I()SÉ LÓPEZ PORTILLO Y HOJAS 

brio bajo el imperio de las leyes bolladas de la naturaleza, 
cuyo vigor se restablece. 

Esta verdad sociológica, fruto del raciocinio, se en- 
cuentra comprobada por la historia a cada paso. Los pre- 
sentes apuntes han tenido por objeto demostrarla, con el 
testimonio de dos pueblos que nunca estuvieron en contac- 
to ; el uno, el lacedemonio, el más guerrero de Grecia, y ci 
otro, el mexicano, el más guerrero de Anáhuac. Así al tra- 
vés de los accidentes idiosineráticos de cada pueblo, se per- 
cibe el firme cimiento de la unidad fundamental humana, 
y el océano inmenso de la naturaleza va tragando de con- 
tinuo los restos náufragos de todas las instituciones arti- 
ficiales. 



SOCIÉTÉ SCIENTIFIQUE "ANTONIO ÁLZATE".— MKMOIRES, T. 39 99 



LA OBRA DE FRAY FRANCISCO XIMENEZ 

COMPARADA CON LA DEL DOCTOR FRANCISCO 

HERNÁNDEZ, RECOMPUESTA 

POR EL DR. NARDO ANTONNO RECCO 

POR GUILLERMO GÁNDARA, M. S. A. 



(Sesión del i de Octubre de 1920) 

Fray Francisco Xirnénez, de la Orden de Predicadores 
de España del convento de Santo Domingo de México, en 
1615 dio a luz una obra sobre virtudes médicas de plantas, 
animales y minerales de la Nueva España, con el siguiente 
título : ' ' Quatro libros de la Naturaleza y virtudes de las 
plantas que están recevidas en el uso de Medizina en la Nue- 
va España y la Methodo y corrección y preparación quo 
para administrallas se requiere con lo que el Doctor Fran- 
cisco Hernández escrivió en lengua latina. Muy útil para 
todo género de gente que vive en estancias y pueblos do 
no hay médicos ni botica. Traduzido y aumentados ma- 
chos simples y Compuestos y otros muchos secretos cura- 
tivos, por Fray Francisco Ximénez, hijo del Convento de 
S. Domingo de México, Natural de la Villa de Luna del Rey- 
no de Aragón, etc." 

El historiador de las ciencias naturales, Hoeffer, dice 
en su historia de la Botánica (París 1882, p. 167) que antes 
de la impresión de la obra de Recchi (que no es otra que la 



100 GUILLERMO fiÁNDARA 



de Hernández arreglada y corregida por ese botánico ita- 
liano del siglo XVII) había llegado a México y había sido 
traducida en español por el Padre Francisco Ximénez; 
pero nuestro compatriota el Sr. Dr. Nicolás León, en su Bi- 
blioteca Botánico-Mexicana (Tip. de la Secretaría de Fo- 
mento, 1895, ]). 266) dice que la referida obra de Ximénez 
"no es como se cree vulgarmente, servil traducción de la 
de Hernández, porque abundan en ella pasajes y observacio- 
nes originales de no escaso mérito." 

El Sr. Dr. José Mariano Beristáin y Souza, en la Bi- 
blioteca Hispano Americana Septentrional (2a. edición, 
Amecameca, 1883, Tomo III, p. 303) dice refiriéndose a la 
obra de Hernández: "y el traductor al castellano, a lo me- 
nos de aquellos Cuatro Libros, fue Fray Francisco Xiiuc- 
nez, religioso lego de Santo Domingo de México." 

En las licencias recabadas por Ximénez ante los Cjo- 
biernos eclesiástico y civil para la publicación de su obra, 
licencias publicadas al principio de la misma, se en.'iientran 
los datos siguientes: 

"Por ([uanto Fray Francisco Ximénez. . . .me a liceho 
relación que ol tiene escrito y recopilado un libro intitu- 
lado." ote... \'irrey, ]\Iar()ués de Guadalcazar. 

"Vi este libro que el Hermano Fray Francisco Ximé- 
nez. . . .a recopilado y escrito" etc. Maestro. Fray Luis 
Vallejo. 

"Compuesto por Fray Francisco Ximénez" (flefirié]i- 
dose al libro mencionado). — M. Provincial. Fray Hernando 
Bazan. 

"E visto un libro. . .qur a recopilado y escrito Fray 
Francisco Ximénez", etc. — Fray Bartolomé Gómez. 

"Los quatro libros de la materia medizinal de esta 
Nueva España que el Padre Fray Francisco Ximénez de la 
orden de los Predicadores, a traduzido de los que el Doctor 
Francisco Hernández escrivió en lengua latina. He visto 
por mandado de su Excelencia, en los quates no solo a guar- 



LA OBRA DE FRAY FRANCISCO XIMÉMEZ 101 

dado la fidelidad de la traducción, sino aumentada muchos 
simples de nuevo y maravillosos compuestos, enmendando 
y puesto, en buen methodo muchas cosas que por andar 
mano escriptas estaban con infinitos errores, con lo qual a 
ilustrado esta materia y así es digno se conozca por ello 
el trabajo, De su Autor". — Doctor Diego Cisneros. 

El mismo Frav Francisco Ximénez dirigiéndose al 

Prior Provincional Gray Hernando Bazán, dice: " así yo, 

abiendo con la pobreza de mi ingeiiio esta obra'' y después 
al dirigirse al lector, dice entre otras cosas; "no va cosa en es- 
ta obra. (|ue la experiencia no aya certificado, y otros de más 
sutil ingenio que el mío, descubireto del perpetuo olvido 
en que tantos años estava sepultada entre los quales el 
Doctor Francisco Hernández, Proto-m'édico que fue en esta 
Nueva España, hizo por mandado de su Magestad una His- 
toria en Lengua Latina, llevóse a la Corte y aunque fue bien 
recivida de algunos, que lo merecía la erudición cuidado y 
solicitud del autor no le faltaron émulos. Cometióse al Doc- 
tor Nardo Antonio Recco Médico Napolitano, moderóla 
en menos bolumen y el original assi anjoderado y revisto por 
el Doctor Valle y con su firma vino a las yndias y a mi poder 
por extraordinarios caminos, he leído en el una y muchas 
veces la letura que ocassion o affición grandissima aumen- 
tada con la experiencia que la e hallado con la fuerza y vi- 
gor que en los medicamentos se require y visto no a tenido 
menos eficacia que en el Hospital de Oaxtepec assistiendo en 
el muchos días en mi presencia vi hazer maravillpsas curas 

con yervas y medizinas de la tierra" "'todo lo qual 

me a compelido a que hu^^endo la ociosidad principio de 
todos los vicios y origen de todo mal, recogiese este libro 
a lo estado muchos días del rincón de nuestra celda". . . 
"Lo qual entiendo a sido parte para que se ayan trasla- 
dado muchas copias del Doctor Francisco Hernández, su- 
yas en el nombre y de todo punto corruptas, assí en los 



102 GUILLERMO (ÍÁNDARA 



bocablos como eu los medicamentos y para que a pedazos 
se ayan aprovechado j-mpresso muchos Doctores." 

Ahora bien: como de las diversas opiniones anotadas 
y confesiones manifiestas del mismo Fray Ximénez, bien 
puede inferirse respecto de ia obra en cuestión : 

I. — Que Ximénez fue su autor original, celoso de agre- 
garle lo más digno de éa obra de Hernández, arreglada por 
Recco (obra que conoció, habiéndole llegado inédita ''por 
extraordinarios caminos"). 

11. — Que Ximénez fue el fiel traductor de esta última 
obra agregándole "muchos simples y compuestos; arre- 
glándola y corrigiéndola "de infinitos errores" y hacién- 
dola abundante "en pasajes y observaciones originales de 
no escaso mérito." 

III. — Que Ximénez fue el traductor puro sin adiciones 
ni substracciones de ningún género, como lo dice Hoefer. 

IV. — Que Ximénez fue el compilador de los datos y el 
escritor o compositor de la obra de referencia. 

V. — Y por último, que Ximénez no fue más que un sim- 
ple guardián de ese tesoro (la obra de Hernández) que por 
"lo haber tenido muchos días del rincón de su celda" quiso 
publicarlo para bien de la humanidad, toda Vez que en Eu- 
ropa "se le había dado publicación y una vez cerciorado de 
los buenos resultados de las medicinas aplicadas en el Hos- 
pital de Oaxtepec, donde él vio maravillosas curas. 

Resulta que todavía en nuestro siglo no faltan autores 
que al tratar de plantas y animales mexicanos con aplica- 
ciones a la medicina o a la industria, citan la obra de Her- 
nández o la de Ximénez como si fueran iguales o bien como 
completamente distintas y por ésto conviene saber de una 
vez por todas, qué papel, ])0r íiii. desempeñó Fray Francis- 
co Ximénez en la obra que por tres largos siglos ha lle^a- 
do su nombre. 



LA OBKA DK FKAY FRANCISCO XIMÉNEZ 103 

Mi biblioteca de Botánica y Zoología cuenta con la 
obra de Ximénez (edición de la Secretaría de Fomento, 
1888) y con la de Hernández arreglada por Receo (edición 
única de Roma, 1651) con las adiciones de los linceos Juan 
Terencio, Faber Bamburguensis, Fabio Colonna y Federico 
Cesi, la misma cuyo enorme título comienza diciendo en mag- 
nífica portada iconográfica : "Rerum Medicarum Novae His- 
paniae Thesaurus seu Plantarum, Animalium Mineralium 
Mexicanorum", etc. Por consiguiente, he podido hacer la 
comparación de dichas obras, encontrando que la de Ximé- 
nez en lo general está contenida en la de Hernández arregla- 
da por Recco, desde la página 28 hasta la 344 de esta última 
obra. De modo es que el trabajo de Ximénez se concretó 
a traducir del latín a Hernández, agregando en ciertos ca- 
pítulos algunas observaciones particulares ; pero para que 
se note bien la diferencia que hay entre la simple traduc- 
ción y lo que Ximénez puso de su parte, expongo en segui- 
da las adiciones y substracciones que Fray Francisco hizo 
a la obra de Hernández tantas veces citada. 

PARTE PRIMERA DEL LIBRO PRIMERO 

Los veintiséis capítulos de que consta, están fielmen- 
te traducidos. 

PARTE SEGUNDA DEL LIBRO PRIMERO 

Capítulo I. — Al tratar del copal, agrega la fórmula del 
ceroto mexicano muy útil para cualquier dolor de causa 
fría. ^ 

Capítulo XVI. — Al tratar del árbol que produce la go- 
ma llamada Tecamahca, agrega la fórmula para el encera- 
do o bizma, "remedio santísimo para todos los males de 
causa fría" que le dicen "los daba de limosna el Canónigo 
Salazar cuyo premio recibirá en el Cielo por tan buena 
obra." 

Mein. Snc. Alzntc— 20-Juu¡o-1921.— t. 39— S 



104 GiriLLEUMO GÁNDAUA 



Capítulo XVII.— Al tratar de la Caraña o Tlahuilillo- 
can, agrega las fórmulas de tres ungüentos: el de caraña, 
el del aceite indio y el de un ceroto, para hemorroides }' 
heridas. 

Capítulo XVIII. — Al tratar del Xochiocotzol, da ins- 
trucciones i)ara la a])licaciün del sahumerio con esa plan- 
ta contra el pasmo y otras destemplanzas frías. 

Capítulo XX. — Agrega una nota explicativa de lo que 
es el óbolo, como medida farmacéutica, según la cuenta 
de Saladino. 

Capítulo XXII. — Al tratar del Ezcuahutl o sangre de 
drago, agrega datos sobre otros lugares en que se encuen- 
tra esa planta, por qué le llaman así, cómo se extrae su 
goma y pai*a qué sirve en medicina. 

Capítulo XXVI. — Este capítulo trata del Huitzpazotl ; 
pero Hernández lo llama Hucipochotl. Probablemente son 
sinónimos. 

Capítulo XXA^II. — Trata del Sasafrás; pero agrega la 
explicación de cómo y en dónde observó que las astillas 
del palo de esta planta vuelve dulce el agua del mar. 

Capítulo XXIX. — Trata del Gruayacán.^Agrega las se- 
ñales para reconocer el verdadero Guayacán, explica la 
manera de administrarlo contra el mal francés, no sin la 
filípica correspondiente a los médicos de su época que or- 
denan la dieta rigurosa y a los pacientes que por hacer- 
se otros remedios que les aconsejan los curanderos, no obe- 
decen las indicaciones de un médico, y compara los resul- 
tados del Guayacán con los de la zarzaparrilla y (piina 
para la misma enfermedad. 

Capítulo XXXI. — Trata del Tepozán. Agrega que cura 
también las quemaduras y que hay otro Tepozán que de- 
seca las llagas de la cabeza. 

Capítulo XXXII.— Quauíhtlepatli o árbol del fuego.— 
Agrega que Hernández estuvo en peligro de muerte por 



LA OBRA DE FRAY FRANCISCO XIMÉNEZ 105 

haber probado la leche de este árbol en Ocopetlayoean, 
Mich., y que resuelve las apostemas. 

Capítulo XXXVI. — Trata del Caeapolton que Hernán- 
dez trae con el nombre de Xoxocoyoltzin. 

Capítulo XXXVII. — Trata del Izquixochitl. Agrega que 
también se halla en Tepoztlán y Tlaquiltenango. 

Capítulo XXXVIII.— Trata del Tlalamatl. Agrega que 
sirve de forraje para los caballos. 

Capítulo XL. — Trata del Coyolli, nombre que tanto 
Hernández como Ximénez dan al coco de agua. Agrega 
que se encuentra además en Puerto Rico. Filipinas, Coli- 
ma y Zacatilla, da señales acerca de la flor y del fruto y 
aun reglas para su cultivo. 

C*apítulo XLI. — Trata del Achiote. Agrega que existe 
en Oaxaca, Tehuantepec y Coatzacualco, y que no debe 
quitarse la corteza al cacao para hacer el chocolate por 
ser digestiva. 

Capítulo XLII. — De la Bunga o Coyol. Agrega que en 
Nueva España hay muchas especies y que con su fruto se 
hacen rosarios. 

Capítulo XLIV. — Corrige a Hernández quien escribe 
Xonoehtli por Xonocochtli, y agrega (|ue la goma del no- 
pal se llama alquitira en España y que en vie.jo libro le- 
yó que el zacanochtli, tunar arbóreo, cuj'as hojas puestas 
en forma de emplasto concierta y suelda los huesos que- 
brados con mucha facilidad. 

Capítulo XLA^. — Refiriéndose a la grana de la cochi- 
nilla del nopal, agrega que en la aduana de Sevilla alcan- 
za un alto valor, y que aun cuando va dejando de emplear- 
se esa tintura, cree que volverá a tener una buena de- 
manda. 

XLVI. — Acerca del cacao indica que en Galicia y Gua- 
dalajara lo usaban como moneda, y que un tapatío valía 
diez cacaos enredados en un trapo. Explica además, que 
el mucho cacao hace el mismo efecto que el mucho taba- 



106 GUILLERMO GÁNDARA 



co, da instrucciones para hacer el champurrado, y reco- 
mienda sobre chocolates, el libro del Doctor Barrios. 

Capítulo L. — En cuanto al Tamarindo agrega que tam- 
bién vive en Oaxtepec dentro del mismo Hospital. 

Capítulo LI. — Agrega la manera de hacer el jarabe de 
hojas de guayabo para la disenteria. 

Capítulo LII. — En cuanto al Cachoz, agrega que de una 
planta semejante hacen en la Florida una bebida llama- 
da Cacina, que sirve para provocar la micción y explica 
cómo se hace el brevaje al que agregando agua de mar re- 
sulta purga. Con la cacina se alivió de una enfermedad 
que padecía el Inquisidor Juan de los Llanos de Baldes, 
Canónigo de Sevilla. 

Capítulo LIV. — Trata del Quauhaj'ohuaehtli. árbol 
que produce semillas purgantes. Da más señales para su 
identificación y agrega que habita en el Marquesado y en 
Tepoztlán. 

Capítulo LVIIL— ^Trata del Ahuacaquahuitl. Agrega 
que los españoles le llaman aguacate, que es afrodisíaco 
y que picando con alfileres un paño sobre un hueso, se mar- 
ca una mancha que no se quita jamás. 

Capítulo LIX. — Agrega que el hueso de zapote blanco 
es muy venenoso para quien lo coma. 

Capítulo LX. — En cuanto a las Anonas, le faltó tra- 
ducir que también las hay en Cuernavaca. 

Capítulo LXIX. — Trata del Huamuchil. Agrega que 
la corteza de la raíz la empleó en el Hospital de Oaxte- 
pec contra los llagas y que el cocimiento, sana, castra y 
cría carne nueva. 

Capítulo LXX. — Del Ca<;aloxochitl. Agrega cómo se 
hace el cocimiento de la corteza para los humores grue- 
sos y flemáticos, para los dolores del vientre y del estó- 
mago, para resolver las ventosidades, para deshacer las 
opilaciones del hígado y del bazo y para otras enfermeda- 



LA OBKA DE FlíAY FRANCISCO XIMÉNEZ 107 

des. Para los convalecientes, explica cómo se hace un ja- 
rabe de esa corteza. 

Capítulo LXXV. — Agrega que la Enguamba es de tem- 
peratura templada algo inclinada a frialdad. 

Capítulo LXXVII. — Del Ihuixochitl. Condena la su- 
perstición relativa a que el que lleve una ramita en la 
mano tiene suerte. 

Capítulo LXXIX. — Del Guao o árbol del fuego. Agre- 
ga que su madera es llevada a España donde la emplean 
en hacer camas, porque la madera de esa planta no cría 
chinches, aunque los carpinteros que la labran sufren in- 
flamaciones en las manos y en la cara. 

Capítulo LXXX. — Del Tlatzcan. Agrega que así lla- 
man los indios al cedro. 

Capítulo LXXXII. — De la papaya. Agrega que con los 
frutos se hace conserva que es cordial. 

Los capítulos LXXXIV, LXXXV, LXXXVI, LXXXVII 
y LXXXVIII, son originales de Ximénez. El 1.° trata del 
Guayabara o hubero, árbol notable por la flexibilidad de 
sus ramas y por sus hojas sobre las cuales podía escribir- 
se con un alfiler ; el 2° del Bolón, árbol que produce unos 
frutos con cuyo })ericarpio se hace jabonadura restregán- 
dolo entre las manos con agua y con cuyas semillas ne- 
gras y redondas como una canica, se hacen magníficos ro- 
sarios ; el 3.° del Macanillo, árbol en cuya sombra se hin- 
chan los que en ella descansen ; produce un líquido como 
agvia fuerte, que si cae a los ojos los deja ciegos; el 4.°, 
del Xahuali, árbol de madera pesada y que produce unos 
frutos del tamaño de la adormidera del cual los indios 
sacan un líquido que tiñe de negro las carnes por lo que 
es muy propio para hace lunares artificiales, porque en la 
carne manchada no se quita sino después de muchos días 
de lavarse; y el 5.° del Tecomate, árbol que produce unos 
frutos del tamaño de una pequeña calabaza y con el cual 
los indios hacen las jicaras. 



108 (iriM.ERMO liÁN'DARA 



PARTE TERCERA DEL LIBRO PRIMERO 

Capítulo III. — Xiniónez escribe Tehiiiloyaean y Her- 
nández dice Teotihuacaii. 

Capítulo VI. — Le faltó traducir al final de este capí- 
tulo, las palabras "dolores de las articulaciones." 

Capítulo XIV. — Al finalizar el capítulo, agrega: "de 
paso en lo que toca al beneficio del azúcar, cosa que de to- 
do punto ignoraron los antiguos." 

Capítulo XXV.— ^En cuanto a la planta llamada Coatí, 
agrega que se produce en Chimalliuacán, Chalco y Tepoz- 
tlán y en casi todo el mal país de Coj^oliuacán y en otras 
muchas parte. Además se refiere a lo que escribió Monar- 
des sobre el palo de esta planta, pues que puesto en agua 
limpia, se toma ésta para curar los males de la orina, ha- 
biendo visto en Sevilla un caso de cura radical. 

Capítulo XXXII. — Agrega que el Pinahuizxiliuitl pro- 
voca más sueño a los indios que a los españoles. ' 

Capítulo XXXIV. — Hernández escribe Atlinan y Xi- 
ménez, Centlinan. 

El capítulo XXXVI de Hernández que trata del Bu- 
yobuyo, no lo tradujo Ximénez. 

Capítulo XXXVII. — Trata de la Yuca o Cazave y to- 
do es original de Ximénez. 

Capítulo XXXIX.— Del Totoloxtli o parra silvestre. 
Agrega que hay mucha en la Florida y tacha a la gente 
de ese lugar de descudiada y floja por no trasplantarla 
a sus jardines y huertas. 

Capítulo XLIl. — Agrega que el Yamancapatli, lo ha- 
bía en la huerta del Convento de Santo Domingo. 

PARTE PRIMERA DEL LIBRO SEGUNDO 

El proemio es original de Ximénez. 



LA OBRA DE FRAY FRANCISCO XIMÉNEZ 109 

Capítulo XIV. — Agrega la nota de que la semilla del 
Ololiuhqui para provocar la lujuria es mejor molida y be- 
bida con leche y chile y que es mejor no decir dónde se 
consigue esa hierba, pues más vale que los españoles no 
la conozcan. 

Capítulo XXIX. — Del Ceijipohualxochitl. Agrega que 
la planta se da en España y en otras naciones donde las 
ha visto hermosear con sus flores los jardines; pero que 
fuera de México se ignoran sus virtudes. 

Capítulo XXX. — En cuanto al Cihuapatle, agrega que 
también lo ha}' en Tierra caliente y el Marquesado. 

Capítulo XXXI\\- — Del Yaiitli. Agrega que es una es- 
pecie de hipericón no conocido en España. 

Capítulo XXXV. — Del Pelonxochitl o mastuerzo. Agre- 
ga que hay mi mastuerzo mexicano llamado Mexisquilitl 
y da las señales para distinguirlo del mastuerzo del Perú. 

Capítulo XXXVI.— Del Fehuame o Clemátide del par- 
to. Agrega que la hay en lugares templados de toda Nue- 
va España, que sirve para las calenturas y explica cómo 
se administra. 

Capítulo XXX\'III.— Del Matlalitztic. Agrega que 
hay otro Matlalitztic distinto de los indicados por Hernán- 
dez y además dos fórmulas para preparar el jarabe de la 
raíz de Xalapa, como purgante. 

Capítulo XLVI.— Del Gengibre de la India. Explica 
cómo de la raíz se hace un dulce en conserva de muy buen 
gusto. 

Capítulo L. — Del Chiehihualmemeya, planta purgante. 
Al indicar Hernández el número de avellanas que deben 
entrar en la fórmula respectiva, agrega Ximénez que "'no 
de las tierras como pensó el otro, sino de las de España 
y si no, almendras." 

Ll. — Del tabaco. Al tratar de esta planta, desde la lí- 
nea 1-i hasta la 153 del capítulo, es original de Ximénez. 



lio GUILLERMO OÁNnARA 



Expone los graves daños que causa el tabaco a quienes 
abusan de él, confirmando su parecer con un ejemplo prác- 
tico observado en el Hospital de Oaxtepec. Ataca la opi- 
nión de que el tabaco sea un alimento, conforme al pare- 
cer de Galeno. Explica por qué la práctica de masticar 
tabaco suspende la sed y el hambre, la diferencia que hay 
entre masticar tabaco y masticar chicle siendo malo és- 
to y peor aquéllo. Ataca también la teoría que vio en un 
libro de que el humo del tabaco sustentaba a quien lo fu- 
maba y por ser curioso su argumento transcribo aquí una 
de sus partes, como muestra de los argumentos médicos 
de su época: "Por cierto que si esta opinión e ymaginación 
fuera verdad de que el cuerpo humano se sustentara de 
humo, que me atreviera yo a sustentar con solo el olor de 
una buena olla a todo un convento de frayles, aunque fue- 
ra tan grande como el nuestro, quedándose la olla tan en- 
tera como estava de antes, porque sin comer della podian 
llegando la boca y narices a aquel vapor subir gran suma 
del tal vapor o humo al celebro }' sustentarse con el, pe- 
ro entiendo quedaran tan muertos de hambre como de an- 
tes, pudieranme responder que para que los tales humos 
suban mejor al celebro, es necesario maxcar el manjar por 
cierto que si solo esto bastara para sustentarse uno, que 
diera yo por remedio a los que por flaqueza de estómago, 
como sucede en esta Nueva España no pueden digerir que 
maxcaran el manjar y no lo tragaran, sino que sustenta- 
ran de aquel humo, y assi no se ahitaran, mas entiendo 
que si no lo tragaran, se avian de quedar tan desmaj^ados 
como estavan de antes por mas humos que de maxcar el 
manjar subieran al celebro, y assi juzgo esta opinión co- 
mo otras que en el mismo libro se hallan." 

Por último, manifiesta su inconformidad con los que 
dicen que basta que el tabaco comience a ser masticado 
para que dé vigor al cuerpo, lo que explica por medio de 
las doctrinas de Hipócrates, 1.°, porque no hay tal niante- 



LA OBRA DE FRAY FRANCISCO XIMÉXEZ 111 

nimiento y 2°, porque en efecto se siente cierto bienes- 
tar o satisfacción al tomar alguna cosa en la boca, antes 
de ser digerida. 

Capítulo LII. — Del Tlalcocoltzin. Comienza por confe- 
sar que no conoce la hierba y por eso sólo traduce a Her- 
nández en lo relativo a ella. Sin embargo, al terminar el 
capítulo, agrega que la raíz es buena para purga y hemo- 
rroides y que Juan Gómez, de Tizayuca, cosecha la raíz 
y la conserva "para remediar gente pobre de semejantes 
males y enfermedades." 

Capítulo LVIII.— Del Turbith. Agrega que en Tétela 
y Hueyapan hay una planta que pasa por Turbith y que 
un viejo boticario del lugar lo llevó adonde se producía; 
cogió la raíz, la partió para sacar el centro y quedó con 
un fuerte escozor de ojos y narices que lo molestó todo el 
día. De ahí en adelante usó la hierba en medicina como 
si fuera el Turbith de las Indias Orientales. 

El Capítiulo LIX de Hernández que trata del Ixte- 
nextic, no lo tradujo sino hasta el Capítulo LXV del libro 
siguiente. 

PARTE SEGUNDA DEL LIBRO SEGUNDO 

Capítulo I. — Del Ayotectli o calabaza amarga. Agre- 
ga que hizo secar algunas calabazas, pero que siempre que- 
daron blandas por lo que no pudo hacer el polvo ; que por 
lo demás estas calabazas amargas de México se parecen a 
la Coloquíntida. 

Capítulo in. — Del Acocotli. Este capítulo es original 
de Ximénez. Da las señas de la planta, indica en dónde se 
halla y sus facultades médicas como diurético, carminati- 
vo, diaforético y resolutivo. 

Capítulo XLIX. — Del Ixtauyatl. Agrega que sus ho- 
jas molidas con miel sana las hinchazones de la lengua y 
hace desflemar la cabeza. 



112 liriLLERMo GÁNDARA 



Capítulo Ll. — Del Tlanoquilouipatli. No tradujo que 
también ataca a la garganta. 

Capítulo LII de Hernández que trata del Eloquiltic, 
no lo tradujo Ximénez. 

Capítulo LVIÍ.— l>el Cozolmeeatl. Agrega la siguien- 
te frase: "ni el tiempo que en ello gastó el Doctor Fran- 
cisco Hernández en escribir esta historia." 

Capítulo LX. — Hernández dice "Chicallotl" y Ximé- 
nez "Chillazotl." 

El Capítulo LXII de Hernández que trata del Caquiz- 
tli, no lo tradujo Ximénez. 

Capítulo LXn.— Del Amamaxtla o Kuibarbo. Agre- 
ga que en la huerta de Bernardino del Castillo en Cuerna- 
vaca había mucho ruibarbo y que no sólo en ese punto 
sino en toda la Nueva España es abundante esa hierba con 
la que curó millares de enfermedades. Explica después que 
no se usa en Nueva España el Ruibarbo verdadero por- 
que llega e]i mal estado y relata sus éxitos obtenidos en 
Oaxtepec aplicando como purgante la raíz de Amamaxtla. 
Agrega también que según Laguna,, la diversidad de los 
suelos suele variar las plantas y que no ])orfía que el rui- 
barbo mexicano sea el mismo de Alejandría, sino que aquél 
puede sustituir a éste. 

Capítulo LXV. — Ya hemos dicho que este capítulo lo 
tradujo Ximénez del LIX de Hernández. 

PARTE PRIMERA DEL LIBRO TERCERO 

El proemio es original de Ximénez. 

Capítulo XXIII. — En la octava línea agrega: "antes 
que el Doctor Francisco Hernández." 

Capítulo XXX. — Yolloxochitl. — Hernández le llama 
Occloxochitl : pero no se trata del Cacomite (Tigridla Pa- 
vonica). 



LA OBRA I)K FRAY FRANCISCO XIMÉNEZ 113 

Capítulo XLI. — Del Tlaolli. Agvega ca-nsíderacioiies 
sobre la utilidad de todas las partes de la planta y com- 
para el dilatado procedimiento de hacer el pan de la ha- 
rina del trigo con la presteza que se hacen las tortillas. 

Capítulo XLIÍI. — Del trigo de Michoacán. Agrega es- 
tas palabras: "Esto dice el Doctor Francisco Hernández 
en un capítulo propio, el cual traduzi fielmente y a la le- 
tra." 

El capítulo LI de Hernández que trata del Tlalcaca- 
huatl, no lo tradujo Ximénez. 

PARTE SEGUNDA DEL LIBRO TERCERO 

Capítulo H.— Del Aeazellotl que Hernández llama 
Aeacoyotl. 

Agrega que con las semillas las mozas de cántaro de 
Valencia y Barcelona suelen hacer sartales para el cue- 
llo con las cuales se adornan y componen. 

Capítulo XXIT.— Ocelo xochitl o flor de tigre. Agre- 
ga que la había en la huerta del Convento de Santo Do- 
mingo. 

Capítulo XXIX.— Del Tlatiuilin. Agrega que las flo- 
res son como las de la campanilla de Castilla y que los la- 
tinos llaman Helix hederácea ; pero no trodujo la parte 
.relativa a la descripción de los órganos de la planta. 

Capítulo XXXI. — Del Tlallantla quacuitlapilli. Agre- 
ga que a la goma tragacanto se le llama en España alqui- 
tira. ' 

Capítulo XLI. — Mecapatli o zarzaparrilla. Agrega 'a 
manera de hacer el agua de zarzaparrilla para las enfer- 
medades de bubas y sobrehuesos. Además da las recetas 
de dos jarabes de zarzaparrilla, según Monardez. 

Capítulo XLIII. — Al tratar de otro Mecapatli, agre- 
ga que se dice ser de Honduras que es el que se lleva a 



114 GUILLERMO GÁNDARA 



España ; pero qne es mejor el de Orizaba y bueno el de la 
sierra. 

Capítulo XLVIl. — Tlaelpatli. Agrega que hay otra 
hierba que tiene el mismo nombre y sirve para los mis- 
mos efectos; pero que es de distintas hojas y se halla on 
Tonalá. 

El capítulo L de Hernández, que trata del Tomatl, 
no lo tradujo Ximiénez y el capítulo L de Ximénez corres- 
ponde al LI de Hernández. 

Capítulo L. Del Xaltomatl. Agrega la dosis que de- 
be tomarse de la raíz para los cólicos ventosos y otras en- 
fermedades. 

Además dice que la vio administrar a los indios en 
las calenturas ardientes y en los muy fríos tabardetes, y 
que la raíz de esta hierba es un milagroso remedio para 
las viruelas; indica cómo debe aplicarse y agrega que con 
sólo ese remedio vio sanar de las viruelas a muchísimos 
niños. 

Capítulo LV. — Cohuapatli. Al indicar Hernández que 
la raíz de esta hierba es buena contra las mordeduras de 
las serpientes y para los bebedizos envenenados, agrega 
el caso visto por él de un herrero cuya amasia lo enyerbó 
con tamales que le dio a las seis de la mañana y estando 
muy grave dos horas después, un indio le dio la raíz de la 
hierba y a las cuatro de la tarde se había aliviado com- 
pletamente, después de deponer lo (jue se había comido. 

Capítulo LVII. — Del Coanenepilli. Agrega que en 
cuanto a que las flores hacen el mismo efecto que la raíz, 
no lo ha experimentado porque él siempre tuvo raíz de 
sobra. 

Capítulo LVni. — Coca del Perú. Agrega tiue las bo- 
litas que hacían los indios con la hoja molida de la coca, 
servían de moneda mlás valiosa que la del cacao. 

El Capítulo LXVni- de Hernández, que trata del Tla- 
lamatl, lo tradujo Ximénez en el LXXVH de su obra. 



La obra de fray francisco ximénez 115 

Capítulo LXVIII. — Del Ixcuinpatli o cebadilla. Agre- 
ga que el polvo de la semilla se usa con éxito contra las 
llagas cancerosas porque corroe la carne mala, dejando 
limpias las llagas. Da además, otras explicaciones sobre 
la aplicación del remedio. 

Capítulo LXXVI. — Del Matzatli o pina. Agrega que 
partida a la mitad y vuelta a juntar se sueldan los pe- 
dazos. Cree que las pinas podrían llevarse a Castilla pa- 
ra trasplantarse allá. 

PARTE PRIIMERA DEL LIBRO CUARTO 

El proemio es original de Ximénez. 

Capítulo I.^ — Ayotochtli o armadillo. Sin traducir to- 
do el capítulo de Hernández agrega cómo la concha es 
gran remedio contra el mal francés y cómo el último hue- 
so de la cola quita la sordera cuando procede de causa 
caliente y saca las espinas de entre las uñas y de otras 
partes del cuerpo. Indica además que el armadillo se en- 
cuentra en Cuernavaca, Yautepec y España y que en el 
Convento de Santo Domingo tuvo uno en el que compro- 
bó que comía gusanos. 

Capítulo III. — Del Acuitzpalin o caimán. Agrega la 
historia de' la muerte de un caimán que presenció en la 
Habana, para demostrar (^ue lo conoce. Recomienda el 
polvo del buche del caimán para la hidropesía. 

Capítulo V. — De la Iguana. Este capítulo es original 
de Ximénez. Además de describir al animal, indica que su 
carne se come y sabe a pollo y que sus huevos también se 
comen como los de tortuga ; (|ue los que comen iguana y 
han estado enfermos de bubas, vuelven a sentir ese mal ; 
que en la cabeza llevan las iguanas una piedra que es un 
importantísimo remedio para deshacer la de los riñónos 
y vejiga y, por último, que en el Marquesado se encuen- 
tran muchos de esos animales. 



116 omLLERMO GÁNDARA 



Capítulo VI. — También es original de Ximénez. Tra- 
ta de los lobos marinos, indicando los mares en que habi- 
tan, el sabor y })rovecho de su earnc, (|ue son enemigos 
acérrimos de los tiburones; relata cómo los tiburones ace- 
chan a un lobo ¡na riño y cómo es la pelea y, por último, 
indica la nota curiosa de que los hombres ([ue usan co- 
rreas de ])iel de lobo marino, saben el estado dinámico del 
mar, por el aspecto que toma el pelo de la correa. 

Capítulo VII. — De los tiburones. Este capítulo es ori- 
ginal de Ximénez. Da las señales de cómo son los tiburo- 
nes, indica (]ue son más feroces ([ue los caimanes y expli- 
ca la manera de pescarlos en alta mar. Dice que los indios 
emplean los dientes del tiburón })ara sus flechas, y (lue en 
la cabeza llevan una piedra blanca (jue, según Monardes 
y los indios, sirve para deshacer piedras de los ríñones y 
contra la retención de la orina ; pero ({ue él no ha hecho 
la experiencia. 

Capítulo VIII. — Del Manatí. Agrega la explicación 
de cómo y para qué sirve la piedra blanca que lleva el 
manatí en la cabeza y además es interesante lo que cuen- 
ta respecto al modo de pescar los indios a este animal, 
por medio de un pececillo llanuido Homérico o Revesi «luo 
tiene la propiedad de molestar a acjuél hasta cansarlo y 
hacerlo que se acerque a las playas donde fácilmente pue- 
de ser cazado. Por eso los indios cuando pescan un Ro- 
merico se consideran felices, porípie esi)e('ialmente lo con- 
servan y lo cuidan para que amari-ado con un hilo lo 
echen al mar a buscar el manatí y se encargue de traerlo 
hasta la playa. 

Capítulo IX. — Del Axin. Este capítulo equivale al V 
de Hernández. 

Capítulo X. — De los Corys o conejos del Perú. Capí- 
tulo original de Ximénez. Sólo se limita a describirlos y 
por las señas que de ellos da, parece que se trata de los 

CUVS. 



LA OBRA DE FRAV f^RAXCISCO XIMÉNEZ 117 



Capítulo XV.— Del Huitzitzil. Ave de plumas de di- 
versos colores. Agrega que se conoce con distinto nom- 
bre, según las diversas partes en que habita, y que en Tie- 
rra caliente donde no faltan las flores, no perece; pero 
que en Tierra fría en invierno, no existen. 

Capítulo XVII. — Del Tepayaxin o camaleón. Agrega 
que también existe en las huertas de México y que nada 
come, pues se sustenta del viento. 

Capítulo XX. — Al tratar de los venados, agrega en 
cuanto a las piedras bezares, (jue Masealonso en su libro 
trae la manera de contrahacer esas piedras. 

Capítulo XXII. — Teuchtlacozanhíjui o señora de las 
serpientes. Agrega que hay una culebrilla delgada y ver- 
de, venenosísima, que se cuelga de la cola en las ramas 
de los árboles para esperar el paso de las personas o ani- 
males y morderlos ; que los indios aprovechan su ponzoña 
para envenenar las flechas, y, por último, que culebras y 
lagartos son comidos por los indios menos la culebrilla 
mencionada. 

Capítulo XXIII. — De los zopilotes. Agrega que cuan- 
do comen mucho se vuelven tan pesados que no pueden 
volar y que entonces es cuando se puede atraparlos; pe- 
ro (lue no les falta un compañero (jue insta a volar al pe- 
sado para librarlo de la captura ; que certifican muchos 
españoles enfermos del nial francés que han sanado por 
comer carne de zopilote por consejo de los indios y que, 
según éstos, cuando tienen huevos los zopilotes, los rodean 
de piedras, pero que la opinión más cierta es que crían 
bajo tierra y que cuando tienen hijos, los entierran y que 
sólo los saca la madre para darles de comer. 

Capítulo XXVI. — De los Raviaorcados y otras aves. 
Este capítulo es original de Xiraénez. Los Raviaorcados son 
aves de rapiña que vuelan muy alto en alta mar, son de 
diversos colores, tienen la cola terminada en dos puntas; 



118 GUILLERMO GÁNDARA 



abierto de alas es más ancho que un hombre abierto de 
brazos. Cuando los navegantes ven esas aves es señal de 
que están cerca de tierra. Su enjundia o unto sirve para 
borrar señales o cicatrices de la cara. Hay otra ave de ra- 
piña muy grande, terrestre y marina, de color blanco eoii 
manchas pardas y pico de gavilán. Se dice que tiene una 
pata de ánade y la otra apropósito para la rapiña y t;in 
caza peces con esta pata mientras nada con la otra. En 
tierra caza pájaros como los gavilanes. En esta tierra de 
Indias hay otros pajarillos conio gorriones que hacen un 
solo nido para vivir en comunidad, como si fuera un panal 
de abejas, y cuando son molestados por una ave de rapi- 
ña, salen en parvadas a picotearla hasta hacerla peda- 
zos. Termina el capítulo explicando el ardid de que se ^ a- 
lían los indios para atrapar vivos los patos de la lagun i : 
dice que echaban al agua calabazas huecas que flotaban 
a merced del vientecillo y que cuando los patos se habíaii 
familiarizado con ellas, los indios se echaban al agua has- 
ta el cuello con una calabaza hueca y grande metida í^u 
la cabeza con agujeros para ver, y que así llegaban hasta 
donde están los animales para cogerlos de las patas y 
hundirlos para no espantar a los demás. 

Capítulo XXVII. — De los rosarios de Pexemula v de 
caballo marino. Este capítulo es original de Ximéncí. Di- 
ce que sabe que en Filipinas hay unos rosarios y anillas 
hechos de colmillos de un pez, que dichos colmillos los 
llevan de la india Oriental, y ({ue traídas esas piedras 
en el cuello o en los dedos, sirven para quitar el dolor do 
cabeza, para curar las hemorroides, para detener la san- 
gre de las narices y para producir leche en grande super- 
abundancia, a las mujeres (pe crían. Asimismo los rosa- 
rios y anillos de colmillo de caballo marino se llevan '-ii 
el cuerpo para librarse de las hemorroides. 



LA OBRA DE FRAY FRANCISCO XIMÉNEZ 119 



PARTE SEGUNDA DEL LIBRO CUARTO 

Capítulo VIII. — De la piedra Tlilayotic. Agrega la 
prevención que hay que tener con los indios cuando se les 
compran piedras, porque dicen tener para muchos reme- 
dios y siempre dan una por diverso que sea el nombre 
con que se les pide. 

Capítulo IX. — Piedras de las Filipinas. Agrega que 
por orden del Rey Felipe II, el Doctor Hernández escri- 
bió en latín la Historia Natural de la Nueva España, de 
la que él (Ximénez) se ha valido para escribir su obra, 
considerando la utilidad que prestará a las gentes de los 
lugares de la Nueva España donde no hay médicos ni bo- 
tica y aun para los de España misma, puesto que llevan 
allá todas esas materias de que ha tratado y no saben sus 
aplicaciones. 

Capítulo XVII. — De la piedra Ixtecuilotl o piedra 
cristalina. Agrega que reprueba que sirva para ahuyen- 
tar a los demonios y serpientes venenosas y para obtener 
gracia con el príncipe. 

Capítulo XIX. — Del Tecpatli. Agrega que él tiene esa 
piedra, que en medicina le llaman del hígado. 

Capítulo XXVI. — Al tratar del tequesquite reprueba 
como donosa suciedad una receta de las mujeres indias 
para curar la tina. 

Hasta aquí los Cuatro Libros de la Naturaleza por 
Ximénez, del que podríamos decir, que en resum'en, cons- 
ta de 378 capítulos traducidos, 80 anotados, 12 originales, 
3 mutilados y 5 no traducidos. La traducción de los pri- 
meros no puede ser más fiel, las notas de los segundos, 
unas veces cortas, otras diltadas, están ajustadas al espí- 
ritu de la obra de Hernández al grado de que no parece 
sólo seguirlo en una simple traducción, sino más bien ser 

Mem. Soc. Álzate. -,4-Julio-1921.-st. 39^9 



120 «¡L'ILKKKMO GÁNDARA 



SU digno colaborador, pues no discrepa ni el estilo ni el 
método de exposición. Lo mismo puede decirse de los ca- 
pítulos originales (jue parecen ser de ambos autores. Los 
capítulos mutilados y los no traducidos probablemente se 
deben a que la obra de Hernández que conoció Ximénez 
antes de 1615, tenía también esos defectos. 

Por todo lo expuesto se comprueba que Ximénez es- 
cribió su obra traduciendo a Hernández y agregando sus 
conocimientos de indiscutible mérito comió médico teóri- 
co empapado en las doctrinas de Hipócrates, Galeno, Mo- 
nardes, Laguna y otros médicos naturalistas, notables en 
su época, y como médico práctico por la experiencia que 
adípirió en el Hospital de Oaxtepec. Cierto es que no fal- 
tan errorees en su obra (pe sólo el tiempo se encargaría 
de aclarar según el progreso de la ciencia ; pero como 
hombre de elevada cultura de la época, no sólo se limi- 
tó a vivir el claustro para Dios, sino que aplicó caritati- 
vamente la medicina a los indios y españoles, y venció las 
dificultades necesarias para publicar su obra no sólo pa 
ra librar a la de Hernández del perpetuo olvido en que 
yacía, sino para (pie a través de tres siglos, y aun toda- 
vía, llamen la atención del mundo sus interesantes secre- 
tos, como profundo y sincero observador de la Naturale- 
za y caritativo médico. 

Con razón el Sr. Dr. Nicolás León ha dicho de Ximé- 
nez, que su obra no es como se cree vulgarmente, servil 
traducción de la de Hernández, porípe abundan en cHü 
pasajes y observaciones originales de no escaso mérito. 



México, Septiembre 39 de 1920. 



Mem. Soc. Álzate. 



T. 3 9, Iñni. XT. 




n. M. Uribe. — Eclipse total de Luna, 21-22 Abril 1921. 



SOCIÉTÉ SCIENTIFIQUE "ANTONIO ÁLZATE" — MÉMOIRES, T. 39 121 



APUNTES RELATIVOS AL ECLIPSE DE LUNA DE] 
21-22 DE ABRIL DE 1921 

POR EL ING. DAVID M. URIBE. M. S. A. 



Tulancingo, Hidalgo. — México 

OBSERVATORIO ASTRONÓMICO Y METEOROLÓGICO 

''FLAMMARION" 



Coordenadas geográficas: 

Latitud Norte, 20° 05' 10". 

Longitud Este de Tacubaya, Oh 03ni 19s. 

Altura absoluta, 2181 metros. 

Circunstancias del eclipse para la ciudad de Tulancing-o. 

La Luna entra en la penumbra, 21 de abril, 22h 23m 7 
(T. C. Tulancingo.) 

La Luna entra en la sombra, 21 de abril, 23h, 29m fj. 
Medio del eclipse, el 22 de abril, Ih lOm 8. 
La Luna sale de la sombra, 2h 53m 1. 
La Luna sale de la penumbra, 31i 58m 4. 

Ángulos de posición de los contactos con la sombra 

Primer contacto, 130° del N. al E. 
Segundo contacto (salida de la sombra), 79° del N. al W. 

Magnitud del eclipse tomando el diámetro de la Lu- 
na por unidad, 1.074. 

El Cielo estuvo despejado pero calinoso desde el 
principio hasta el fin de este notable e interesante fenó- 



122 ING. DAVID M. tJRIBE 



meno celeste, lo cual no impidió que se hubiese podido 
observar con toda claridad la topografía lunar en las 
diferentes fases del eclipse. 

A las 23h 35m, que principié mis observaciones, el 
temporal de la sombra invadía el Mar de los Humores, 
estando ocultos los cráteres Cavendish, Marcenius y Rei- 
ner, desapareciendo cinco minutos más tarde, Kepler, 
Aristarco y el gran circo Clavius. 

A las 23h 45ni, penetraban en la sombra el Copér- 
nico y el Euler, quedando oculto en una buena parte el 
Océano de Las Tempestades. En estos instantes el limbo 
sureste de la Luna había desaparecido corApletamente, 
perdiéndose poco después los cráteres Ptolomeo, Alfonso, 
Flamarión y Herschell. 

El centro de la Luna pasó por el meridiano a las 
23b 59ni 55s, (tiempo medio local), del 21 de abril, ano- 
tándose la distancia zenital correspondiente, 31° 33' 52". 
En estos momentos la sombra se aproxima a Los Apeni- 
nos e Hiparco. 

A las Oh 15m del 22, la sombra toca los cráteres 
Aristóteles y Torricelli y los mares de La Serenidad, El 
Néctar y La Trantiuilidad, desapareciendo los circos 
Teófilo, Cirilo y Catarina. La parte brillante del astro 
presenta una coloración amjarilla, y la obscura tiene todo 
el aspecto que presenta la "Luz Cenicienta", que se ob- 
serva en los primeros días de la luna nueva. El limbo 
envuelto en la sombra se dibuja confusamente. 

A las Oh 27m, la sombra alcanza la altura del Mar 
de las Crisis. En estos momentos se perciben distinta- 
mente las estrellas ESPIGA de la Virgen y ARTURUS, 
respectivamente al Oeste y Norte de la Luna, formando 
con ellas un triángulo rectángulo. 

Doce minutos más tarde, solo se nota al Noroeste 
del borde, una luminosidad gris en forma de casquete 



ECLIPSE DE LUNA 21-22 DE ABKIL DE 1921 123 

esférico que por efecto de óptica, a la simple vista, se 
ve alargado hacia el Norte. — Este casquete apenas se 
percibe a la lli lOiu. Su coloración es plomiza, y la de 
los bordes oriental y occidental, muy tenue y cobriza, 
más visible en aquél. En el centro del globo lunar la 
sombra se condensa y toma un color gris muy obscuro. 
El limbo meridional desaparece en lo absoluto. En estas 
condiciones de visibilidad se presenta el astro en los 
momentos en que ocurre el MEDIO DEL ECLIPSE.— El 
cielo por efecto de la bruma, presenta un aspecto más som- 
brío, distinguiéndose con dificultad algunas estrellas en- 
tre las cuales aparecen muy veladas Wega, Altair, Da- 
neb, Espiga, Arturus y Kiffa boreal, esta al Oriente de 
la Luna. — A la Ih 50m, el casquete luminoso, muy bri- 
llante ya y de color amarillo pálido, se ha desplazado 
hacia el Nordeste del borde lunar, y, a medida que la 
sombra proyectada por la Tierra se desaloja del disco, 
se van distinguiendo como manchas muy obscuras y 
como si fueran prolongaciones de la sombra, los mares 
de las Lluvias, de la Serenidad y el Océano de las Tem- 
pestades, apareciendo muy brillante también y rodeado por 
una sombra gris concéntrica al limbo, el límite boreal 
de aquellos mares. 

A las 2h 15m, más de la mitad del globo lunar se 
encuentra iluminado; y a las 3h (T. C. local), la totali- 
dad del eclipse ha terminado, contribuyendo a hacer más 
admirable este espectáculo celeste, al final, el interesan- 
te aspecto de nuestro satélite que aparecía brillando ex- 
pléndido y rodeado por una multicolor corona encerra- 
da en un gran halo. 

Las circunstancias del eclipse han sido calculadas 
con los datos tomados del Anuario Astronómico del Ob- 
servatorio Astronómico Nacional de Tacubaya. 

Tulancingo, Hgo., 25 de abril de 1921. 



SCCIÉTK SCIENTIFIQUF. ' ANTONIO ÁLZATE." — MÉMOIRES. T. 39 125 



ALGUNOS DATOS SOBRE HERNÁN CORTES 
Y SU PRIMERA ESPOSA DOÑA CATALINA XUAREZ 

POR 2ELIA NUTTALL, M. S. A. 



(Sesión del 7 de Febrero de 1921) 

En la interesante monografía que acaba de publicar 
el distinguido historiador D. Francisco Fernández del Cas- 
tillo, sobre Doña Catalina Xuárez (1) en la cual presenta 
muchos datos inéditos, encontré unas afirmaciones y con- 
jeturas referentes a la sepultura de la primera esposa de 
Don Hernando Cortés, que me causaron alguna sorpresa 
porque demostraban (pie desconocía ciertos documentos 
publicados, entre ellos el que el historiador Don Lucas Ala- 
mán dio á luz en 1844 que indica el sitio exacto donde fue- 
ron trasladados los restos de Doña Catalina de la capilla en 
Coyoacán adonde fueron enterrados en primer lugar. 

Este documento, perteneciente al archivo del Sr. Du- 
que de Terranova y Monteleone está conservado en el Hos- 
pital de Jesús fundado por Hernán Cortés, y fue impreso 
en el tomo segundo de las "Disertaciones sobre la Historia 
de la República Mexicana'' (Apéndice 2, p. 51). 

Figura entre los docum;entos relativos al entierro del 
cadáver de don Pedro Cortés y de los restos de las cenizas 
de su abuelo Don Fernando Cortés, los cuales se hallaban, 
depositados en el convento de los Franciscanos de Texcoco, 



126 7.KLIA NUTTALL 



de donde fueron trasladado^ -^ México en el año de 1629, 
para darles sepultura en la iglesia de San Francisco al mis- 
mo tiempo que se hizo con el cadáver del nieto. 

Este documento que sigue se intitula : 

"Reconocimiento hecho por los RR. PP. provincial y 
definidores de esta provincia de Franciscanos del Santo 
Evangelio, de ser la capilla mayor del convento grande de 
esta capital propiedad de los Exmos. Sres. Marqueses del 
Valle de Oajaca y de sus sucesores en cuya virtud se hizo en 
ello él entierro de los señores D. Fernando y Pedro Cortés. 

"Nos Fray Miguel Navarro, comisario general de la 
orden de los frailes menores en las provincias de esta Nue- 
va España ; Fray Antonio Roldan, ministro provincial del 
Santo Evangelio ; Fray Melchor de Benavente, Fray Pe- 
dro Orog, Fray Francisco de las Navas, definidores de ella 
decimos: Que por cuanto hoy día de la fecha de esta, es- 
tando juntos en nuestro definitorio como lo tenemos de uso 
y costumbre, según los ritos y estatutos de nuestra religión, 
nos fue presentada por parte del Illmo. Sr. Marqués del Va- 
lle una petición, en la cual nos pedía y demandaba que la 
capilla mayor de este convento de San Francisco de Méjico 
era y pertenecía a su Señoría, por cuanto el marqués D. 
Fernando Cortés la hizo para él y sus descendientes, y así 
en el medio de la dicha capilla está sepultada la primera 
mujer del dicho Sr. Marqués D. Fernando Cortés, doña Ca- 
talina Juárez y (pie ninguna otra persona sin su consen- 
timiento se había de enterrar en ella, excepto los religiosos 
conforme a lo que estaba tratado, escrito y acordado en al- 
gunas escrituras, así suyas como de la orden a que se refe- 
ría, según más largamente en la dicha petición se contiene ; 
y ])or nos vista, hicimos traer ante nos los libros antiguos 
de este convento de Méjico que estaban en el archivo de él 
para saber y verificar lo en la dicha petición contenido, y 
andando en su busca hallamos una cláusula en la cual de- 
cía, la capilla mayor de este convento ser de su lllma. se- 



ALGUNOS DATOS SOBRE HKRNÁN fOIÍTÉS 127 

noria del Marqués del Valle, y pertenecer a él y sus descen- 
dientes, sin cuyo consentimiento y voluntad ninguna per- 
sona se podía enterrar en ella ; y tratado y ventilado entre 
nos sobre esta dicha razón. . . hallamos conforme a la es- 
critura y testimonio público dé los religiosos de su funda- 
ción acá, que la dicha capilla pertenece y es del Sr. Marqués 
del Valle y que sin su consentimiento ninguna otra perso- 
na de cualquier estado y condición que sea, se debe enterrar 
en ella, por cuanto su señoría, según parece, la hizo a su 
costo y mención, y su voluntad fue sirviese para sí y sus he- 
rederos y no otra persona, y así sabido que un contador de 
S. M. sin su consentimiento se había enterrado en ella, quiso 
y tuvo determinado sacar los huesos de ella según parece 
por nuestros libros de nuestro archivo. Por todo lo cual 
hallamos ser suya la dicha capilla y no del convento, salvo 
las sepulturas que el mismo Sr. Marqués señaló donde ;;e 
entierren los religiosos, y esta respuesta y revalidación se 
dé y entregue al factor de su señoría, sellada con el sello 
mayor de la comisión del dicho padre comisario y con el 
ordinario de esta provincia del Santo Evangelio, para que 
la envíe y haga entregar al dicho Sr. Marqués del Valle. 
Dada en nuestro convento de San Francisco de Mégieo a 
cuatro días del mes de Agosto, año de nuestro Redentor de 
mil y quinientos y setenta y cinco años.'' 

Después de este documento que asienta que tres años 
después de su muerte los restos de Doña Catalina fueron 
sepultados con los honores correspondientes a la esposa del 
Conquistador y Gobernador de Nueva España en el medio 
de la capilla que este último fundó, es interesante recordar 
lo (jue Fray Gerónimo de Mendieta escribió acerca de la fá- 
brica de la iglesia de San Francisco. 

Dice: 

"La primera iglesia que hubo en todas las Indias de 
lo que se llama Nueva España y Perú, fue la de San Fran- 
cisco de México, la cual se edificó el año de mil quinientos 



128 7.KLIA Nl'TTALI. 



y veinte y cinco con mucha brevedad ; porque el goberna- 
dor D. Fernando Cortés puso en la edificación mucha caloi' 
y por poca (lue pusiera l)astara, según era la multitud de 
gente. 

Cubrióse el cuerjjo (h' la iglesia de nuidera, y la capi- 
lla mayor de bóveda y en ella pusieron las armas de Cor- 
tés; no por(|ue el la avíese edificado a su costo ((pie en 
aquellos tiempos ni muchos años después no se les pagaba 
a los indios lo (jue trabajaban en edificio de iglesias, sino 
que cada pueblo hacía la suya y aún a las obras de México, 
otros muchos ))uebl()s ayudaron a los principios sin paga, 
y cuando mucho daban de comer en los monasterios a los 
trabajadores), más pusiéronse las armas en aíjuella capi- 
lla por el mucho favor que daba a los frailes, no sólo en 
aquella obra sino en todo lo (|ue que se les ofrecía, así de 
necesidades temporales como para la conversión y ministe- 
rio de los indios. El mismo año de veinte y cinco se puso 
en aquella iglesia el Santísimo Sacramento de la Eucaris- 
tía. Y para esta solemnidad (como era razón) se buscaron 
todas las maneras posibles para fiestas. . . .Y de aípií to- 
maron ellos ejenxplo para celebrar después de (pie fueron 
cristianos, las festividades de Nuestro Señor y de sus san- 
tos, haciéndolo con el aparato y suntuosidad (pie por ventu- 
ra tocará mayormente en la fiesta de Corpus Christi. En los 
tres años primeros o cuatro, después que se ganó la ciudad 
de México, no hubo Sacramento sino únicamente en la igle- 
sia de San Francisco y después el segundo lugar en que se 
puso fye en Tezcuco". . . .(2) 

Sería ultrajar la memoria de los primeros misioneros 
que vinieron y ((iie fueron de los más dignos discípulos del 
gran Santo de Assisi, de suponer que si hubieran tenido el 
menor motivo para sospechar (pie Cortés fue responsable 
de la muerte de su esposa le hubieran permitido colocar sus 
armas en la iglesia (]ue fue la primera parroquia del con- 
tinente americano y sepultar a su supuesta víctima en un 



ALGUXOS DATOS SOBFiE HERNÁX COKTÉS 129 



sitio señalado del santuario donde depositaron por priiue- 
j-a vez el Santísimo Sacramento. 

Hay también otros dos documentos publicados por 
el padre Cuevas en 1915, a los cuales el Sr. Francisco del 
Castillo no hace alusión, pero (pie hablan poderosamente en 
favor del acusado. El primero es la carta escrita por Cor- 
tés a su mayordomo en 1528, seis años después de la muerte 
de Catalina Xuarez y un año antes de casarse de nuevo. En 
esta encargó al mayordomo de tener mucho cuidado de sa- 
ber si se cumplía en el dicho hospital (ahora de Jesús),"' las 
dos conmemoraciones que son obligados a hacer cada año 
la una por las almas que murieron en esa ciudad y la otra 
j)or Catalina Xuarez, <|ue en gloria sean." (8) 

Después de la muerte de Cortés, esta conmemoración 
se incorporó naturalmente en la (pie se ha celebrado en ca- 
da aniversario de su fallecimiento desde entonces, todas 
las misas rezadas aquel día siendo por las ánimas del fun- 
dador, del hospital de Jesús; de todos los miembros de su 
familia 3' de los que perecieron en la Conquista. Además 
de esto se celebra todavía semanariamente una misa con ia 
misma intención. Como Doña Catalina Xuarez, está in- 
cluida en la familia de Cortés resulta que por la iniciativa 
de su esposo tiene el honor de ser la única mujer para la 
cual se ha rezado durante cuatro siglos en América. 

Como el hospital de Jesús está en pleno renacimiento 
debido a la administración tan competente y eficaz del Sr. 
Lie. Fernando Orvañanos y Quintanilla, sin duda se seguirá 
obsei'vando la conmemoración por muchos siglos más. 

El segundo documento (pie es para mí el más importan- 
te y elocuente de todos, especialmente en conjunto con los 
datos anteriores que confirman su veracidad, es la declara- 
ción formulada por el mismo Hernán Cortés, para vindi- 
carse del tremendo cargo de haber asesinado a su mujer y 
(^ue fue incluido en los once cargos (pie resultaron de la pes- 
qiiiza secreta en su juicio de residencia de 1534. Siendo 



]30 ZELIA NUTTALL 



ausente, Cortés en España, fue Alonso de Paredes quien 
en nombre del Marqués del Valle, respondió por él a los 
cargos secretos que le fueron notificados. "Al quinto car- 
go y capítulo (lue se le pone al dicho marqués: que dize 
que lo contenido en el dicho cargo caresce de relación ver- 
dadera e lo tal no se devia presumir del dicho mi parte 
por ser, como es buen christiano e fue muy biei; casado Cdn 
la dicha Doña Catalina Xuarez su muger, que la quiso 
mucho e la honró e trató como era obligado e la dicha Do- 
ña Catalina Xuarez fue tal persona ((ue no hubo causa por 
donde se pudiese presumir que el dicho marqués en ningún 
tiempo la tubiese odio ni mala voluntad. E la dicha Doña 
Catalina murió de su muerte natural v hera muger enfer- 
ma e que muchas veces le tomaba mal de corazón e se que- 
dava amortecido mucho rato de manera (pe las que la 
veyan pensaran que hera muerta. E los testigos que en es- 
te caso deponen contra el dicho marqués, mi parte son mu- 
jeres y de baxa suerte e manera. Porque no es de presumir 
ni verosímil que durmiendo el dielio maríjués en una cá- 
mara con su muger y estando otras cámaras y apartados 
cerca de la dicha cámara donde estavan las mugeres criadas 
de la dicha su nrager y pajes y criados del dicho mar- 
qués, pudiese ahogar a la dicha su muger sin (jue fuese sen- 
tido e que le conosciesen e oyesen, e se hiciese mucho rui- 
do. (4). 

Después de estudiar detenidamente y con entera im- 
parcialidad (porque no tengo ningiín motivo para querer 
disculpar o acusar a Cortés) su refutación del cargo te- 
rrible, entiendo por qué los tribunales lo rechazaron y con- 
signaron al olvido de donde solamente salió cuando, eu 
1852 se publicó por el Lie. Ignacio López Rayón el inciden- 
te que lleva por título, "Proceso Criminal de IMaría Mar- 
cayda contra Don Fernando Cortés" que no estaba com- 
pleto porque si bien está toda la sumaria, le faltan los des- 
cargos y defensa del acusado. 



ALGUNOS DATOS SOBRE HERNÁN CORTÉS 131 

La refutacióu arriba citada publicada por el Padre 
Cuevas suple a esta falta y se ve que Cortés con toda ver- 
dad hacer observar que los testigos que depoueu contra él 
sou únicamente "mujeres de baja suerte y manera." Hace 
también notar lo inverosímil de la presunción que en casa 
habitada y llena de servidumbre una mujer pudiera morir 
de muerte violenta sin romper el silencio de la noche y sin 
despertar a alguno. 

La razón más poderosa que declara, en primer lugar, 
para disculparse es que "era buen cristiano" y nadie pue- 
de negar que siempre ha sido estimado como a tal, especial- 
mente por las religiosas sus contemporáneas. 

Sus declaraciones que siendo muy bien casado quiso 
mucho a su esposa y la honró y trató como era obligado, es- 
tán plenamente confirmadas por Don Juan Suárez de Pe- 
ralta, el nieto del hermano de Doña Catalina, en la obra que 
acabó de escribir en 1589, la cual citaré mas adelante. 
También otros historiadores describen cómo cuando Doña 
Catalina llegó de Cuba, Cortés fue a recibirla a Texcoco, 
con numerosa comitiva y todos los honores debidos que le 
coi-respondían a la esposa del que gobernaba el país re- 
cién conquistado. En Coyoacán adonde vivía Cortés en- 
tonces fue festejada como una soberana. 

Su entierro en medio de la capilla mayor de la primera 
iglesia de México fue seguramente acompañada con igual 
ostentación y honores. Aun sabemos que seis años des- 
pués de su muerte Cortés tenía solicitud por el cumplimien- 
to de la conmemoración que había instituido en el hospital 
de Jesús para honrar su memoria y asegurar su felicidad 
eterna. 

La omisión del nombre de Catalina en el testamento de 
Hernán Cortés, y que intrigó tanto al Sr. Fernández del 
Castillo se explica perfectamente cuando se considera que, 
en tiempo oportuno, veinte y cinco años antes de su muerte 



13'2 ZELIA XUTTALL 



SU autor había, cumplido con sus deberes hacia su primera 
esposa de la manera más completa. 

Volviendo a su refutación del cargo diré (jue lo que me 
perece casi lo más signifícativo de todas las declaraciones 
de Cortés es como demuestran ({ue el asesinato hubiera si- 
do enteramente injustiñcable por(|ue Doña Catalina Xuarez 
'■fue tal persona ([ue no hubo causa i)or donde se pudiese 
presumir (]ue el dicho marqués le tuviese odio y mala vo- 
luntad en ningún tiempo." Esta declaración ({ue demues- 
tra (|ue su esposa nunca le había faltado y por lo tanto no 
le había dado causa para disgustarse siendo cumplida en 
sus deberes constituye una leal y caballerosa defensa coii- 
tra todas las sospechas que pudieran levantarse en con- 
tra de la buena fama de Doña (■atalina como resultado de 
la acusación que su marido la mató". 

Para justificarse, un verdadero asesino hubiera podido 
acusar a su esposa de infidelidad (pie merecía castigó y cual- 
quier tribunal hubiera absuelto de culpabilidad al esposo 
ofendido. Hubiera sido fácil para él de producir testigos 
de la misma categoría que las criadas y criado que decla- 
raron en contra de Cortés. 

Es significativo (pie en lugar de valerse de un modo de 
disculparse tan fácil en aipiellos tiempos Hernán Cortés, 
se empeñó en defender el buen nombre de su esposa lo (jue 
constituye una prueba convencedora de la sinceridad de sus 
afirmaciones (pie "estaba muy bien casado con ella y que la 
quiso mucho", lo ({ue está confirmado ])or la declaración 
de D(m Juan Suárez de Peralta, (pie el Mar(pu^s. . . ."la 
quería en extremo" (5). 

Un testinuniio de suma imi)orlaucia es el del niisuio 
Don Juan (luien escribió un capítulo en su historia dando 
pormenores sobre la llegada de su tía abuela Doña Catalina 
a México y de su enfermedad y muerte repentina. Dice que 
"(piando (piisieron procurar remedio ya no lo tenía; y así 
entre las manos dio su ánima a Dios". Añade (pie "halló- 



ALGUNOS DATOS SOBRE HERNÁN CORTÉS 133 

se con ella una su camarera que se llamaba Antonia Her- 
nández, muger que fue segunda vez de Juan de Moscoso el 
macero a la cual se lo oí contar y con lágrimas porque la 
quería mucho." 

Como consta que en 1522, cuando murió su ama, An- 
tonia tenía veinte y tres años, es probable que fue en su 
niñez o juventud que Don Juan (nacido entre 1535 y 1540} 
la trató y que la anciana vivía entonces como dependiente 
en la casa de la familia Suarez. El nombre de Antonia Her- 
nández figura entre los seis testigos del famoso proceso, pe- 
ro se ve que no respondió a cinco de las preguntas; que se 
limitó en dos otras a contestar que "había oydo decir 
públicamente..." lo contenido en la pregunta y que sa 
testimonio evasivo, en conjunto, ]io contribuyó a incul- 
par a Cortés. 

Lo que es nuiy significativo es que un caballero culto y 
honorable cama Don Juan de Peralta, después de habar 
oído lo (lue la camarera Antonia contó de las circunstan- 
cias de la muerte de Doña Catalina escribió el capítulo y 
fallo siguientes : 

"De como levantaron al Marqués que abía muerto su 
primera mujer. 

Como en este miserable mundo jamás faltan nuevas 
cosas ([ue tratar y en (jue mostrarse las malas yntenciones, 
en esta ocasión se declararon algunas que contra el mar- 
qués abía, diziendo que aquella noche que sucedió aquella 
desgracia, abían reñido marido y mujer y que el la abía 
muerto ; todo a fin de hazelle causa al marqués para que 
por ella fuera castigado y privado del cargo y dinidad que 
tenía : fue maldad grandísima levantada de malos hombres 
los quales, creo y tengo por muy cierto la han pagado o pa- 
gan en el otro mundo. Ella murió como e dicho y no tu- 
vo culpa el marqués, y dio satisfacción dello con el senti- 
miento que hizo porque la quería muy en extremo." 



134 ZELIA NUTTALL 



Este fallo, pronunciado apenas sesenta y siete años 
después de la muerte de Doña Catalina, por un miembro de 
su propia familia y plenamente confirmado por los datos 
auténticos que se acaban de presentar parece establecer de 
una manera concluyente, la inculpabilidad de Hernando 
Cortés. 

Ojalá (luo la publicación de estos datos por la Sociedad 
Científica "Antonio Álzate" traiga por consecuencia la ex- 
terminación del popular, tan ridículo cuento, nacido de la 
más profunda ignorancia, de que Hernán Cortés, el fun- 
dador de la capilla mayor do la Iglesia de San Francisco, 
como lugar de sepultura para Doña Catalina y para él y 
sus descendientes, haya ahogado a ésta su esposa y echado 
su cadáver en un pozo en la villa de Coyoacán ! 



NOTAS 



(1.)' "Doña Catalina Xuarez Marcayda Primera esposa de 
Hernán Cortés y su familia. Datos tomados de la obra inédita 
"Biografías de conquistadores de México y Guatemala" por Fran- 
cisco Fernández del Castillo, de la Academia Mexicana de la His- 
toria, Correspondiente de la Real de Madrid. México, 1921. 

(2). Historia Eclesiástica Indiana por Fray Gei'ónimo de 
Mendieta de la Orden de San Francisco, ed Icazbalceta, México, 
1870. cap. XVín, p. 222. 

Consta según el texto de las preguntas décima y undécima 
del "Proceso criminal de María de Marcayda oonti-a Don Hernando 
Cortés" (Tomo H del Archivo Mexicano, Documentos para la His- 
toria de México. México 1853. págs. 333-375) y según las de- 
claraciones de testigos que dos frailes de San Francisco (y un fray 
Bartolomé de la orden de la Merced) fueron a ver al cadáver de 
Doña Catalina "en amaneciendo" de manera que hasta los que acu- 
saron a Cortés reconocieron que frailes de San Francisco, cuyos 
nombres no dan, estaban de los primeros que investigaron el asun- 
to, quedando evidentemente satisfechos de la inculpabilidad de 
Cortés. 

(3). Encargos de Hernán Cortés a su mayordomo, Francisco 
de Santa Cruz. México, G de Mar¿o 1528. Cartas y otros docu- 
mentos de Hernán Cortés, novísimamente descubiertos en el Ar- 
chivo General de Indias e ilustradas por el P. Mariano Cuevas, 
S. J. Sevilla. 1915, p. 45. 



ALGUXOS DATOS SOBRE HERNÁN CORTÉS 135 



(4). Op. cit. p. 145. 

(5). Tratado del descubrimiento de las Indias y de su conquis- 
ta. . '. .Por Don Joan Suárez de Peralta, en Noticias históricas 
de la Nueva España, publicadas por Don Justo Zaragoza. Ma- 
drid 1878, p. 134, también pp. 132 y 133. En la Nota 25 (pág. 
315) de esta obra se reimprimió el Sumario de la residencia.... 
y el texto del proceso con la recomendación del editor, Don Justo 
Zaragoza de no olvidar que "el proceso se formó siete años des- 
pués de ocurridos los hechos a que se contrae, siendo presidente 
de la audiencia de México, ese Ñuño de Guzmán tan poco amigo 
de Cortés, que hasta intentó negarle la gloria de haber descubier- 
to y conquistado la Nueva España, y no debe tampoco perderse 
de vista que Cortés estaba en Castilla durante el curso del proce- 
dimiento y que éste se procuró terminar antes de 15 de Julio de 
1530, en que regresó a México." 

(6). Alamán. Disertaciones, Apéndice II, p. 56. 

(7). Los conventos suprimidos en México, por Don Manuel 
Ramírez Aparicio. México, 1862, pp. 336 y 340. 

(8). Ver Alamán. Disertaciones, Apéndice II, p. 78-84 por los 
detalles que siguen. 

(9). Mendieta. Historia Eclesiástica, cap. XXIX, p. 639 et 
sequitur. 



Mem. Soc. Álzate.- C-Julio-I921. t. 39-10 



SOCIÉTÉ SCIENTIFIQUE "ANTONIO ÁLZATE". — MÉMOIRES, T. 39 137 



LOS ESCORPIONES DE MÉXICO 

POR MOISÉS HERRERA. 

NATURALISTA DE LA DIRECCIÓN DE ESTUDIOS BIOLÓGICOS. 



(MEMORIA PRESENTADA POR EL PROF. ALFONSO L. HERRERA, M. S. A., 
DIRECTOR DE ESTUDIOS BIOLÓGICOS, EN LA SESIÓN DEL 2 DE JUNIO DE 1919) 



Los alacranes o escorpiones, son artrópodos perte- 
necientes a la clase de los Arácnidos y al orden de los 
Escorpiones. Las trescientas cincuenta o cuatrocientas 
especies de que dicho orden se compone, se hallan disemi- 
nadas por todo el mundo, exceptuando aquellos lugares 
en que, como las heladas regiones del polo, la vida es 
imposible. 

Los escorpiones habitan de preferencia los lugares 
pedregosos. Durante el día ÍDermanecen ocultos debajo 
de las piedras, y por la noche salen de su escondite en 
busca de alimento, el cual consiste en pequeños insectos 
a los que persiguen y devoran después de haberles dado 
muerte con su venenoso aguijonazo. 

Las hembras, una vez que han sido fecundadas, pa- 
ren varios hijuelos \'ivos, cuarenta a cincuenta, raras 
veces sesenta, los cuales tan luego como nacen, se ad- 
hieren al cuerpo de la madre de donde no se despren- 
den sino después de que ésta ha muerto, lo cual acon- 
tece a poco de verificado el parto. El parecido que lo& 



KjS MOISKS HERRERA 



peciueñuelos tienen con los adultos es verdaderamente no- 
table, y el arácnido no sufre otra transformación para lle- 
gar a su completo estado de desarrollo, que pasar por va- 
rias mudas, fenómeno conocido con el nombre de ecdi- 
sis, el cual se verifica de la manera siguiente : La en- 
voltura (juitinosa que cubre al arácnido, y que llega u 
inipedir el libre crecimiento del cuerpo, cae ; se forma 
una nueva para caer después, renovarse más tarde y así 
sucesivamente hasta que el animal llega a su más com- 
pleto desarrollo. La piel abandonada, que conserva el 
aspecto del animal sin perder el más mínimo detalle, re- 
cibe el uombre de exuvia. 

Cuando va a efectuarse la muda, se forma debajo 
de la capa tegumentaria que va a desprenderse, una nue- 
va capa, mediante la actividad de las células hipodér- 
micas, las cuales se hacen más numerosas y obligan a la 
nueva piel a replegarse debajo de la antigua, cuyas cé- 
lulas han muerto, y se ha hecho inflexible. 

Entre el nuevo y antiguo tegumento se acumula un 
líquido especial secretado por grandes células hipodér- 
micas. El viejo tegumento se rompe al fin, y el nuevo, 
se ensancha, creciendo el animal tanto como lo permite 
la elasticidad de la nueva . capa quitinosa. El animal 
aumenta en el intervalo de dos mudas sucesivas, casi 
ei doble de su tamaño. 

anatomía. — Para poder comprender las descrip- 
ciones que ios autores hacen de las diferentes especies- 
de alacranes, es indispensable ante todo, familiarizarse 
con ciertos tecnicismos que a cada momento son usa- 
dos, para cuyo objeto dedicaré algunas líneas a la ana- 
tomía de esta clase de arácnidos, ilustrando el texto pa- 
ra su mejor inteligencia, con algunas figuras tomadas 
de la interesante obra titulada "El Reino Animal"', y 
"Biología Centrali-Americana.'' 



LOS ESCORPIONES DE MÉXICO 139 



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^■■■•■■/&m,.-..^ 



*-_; 

t. 



'^ 3 • t • • u 'é 



Fig. 1. Fig. 2. Fig. 3. 

Figura 1. Cefalotórax del Scorpio europeus, Linn. (muy 
aumentada) mostrando los seis ojos que caracterizan al géne- 
ro Escorpión de Leach. — a. El primer par de ojos medioposte- 
rior. — b. Los dos pares de ojos latero-anteriores. 

Figura 2. Ojos del Buthus palmatus, Ehrenb, especie que, 
por razón de la pequenez de los ojos del tercer par lateral, 
tiende a establecer el paso entre los Escorpiones propiamente 
dichos, y el género Buthus de Leach. (Según Ehrenberg). 

Figura 3. Ojos de un Escorpión del género Androctonus en 
el cual el número de estos constituye un carácter que distingue 
a este grupo. (Según Ehrenberg). 

En los alacranes, la cabeza y el tórax se unen ín- 
timamente llegando a constituir una sola pieza que ha 
recibido el nombre de cefalotórax. (Véase Fig, 1 a 3). 
Los ojos a y b, se encuentran en la patre superior del 
cefalotórax en número de tres a seis pares, de tal ma- 
nera distribuidos que el par más grande, a, se encuentra 
siempre en medio de esta parte del cuerpo ; y los otros, 
b. b., a derecha e izquierda del borde frontal. 

Los ojos son sencillos. 

En la parte anterior del cefalotórax se insertan 
los dos pares de órganos bucales, de los cuales el pri- 
mero, (Véase figura 4 a), recibe el nombre de mandí- 
bulas; y el segundo, b, el de mandíbulas inferiores. 

Las mandíbulas, también denominadas quelíceros, 
quetíceros, mandíbulas superiores, antenas, pinzas o an- 
tenas mandíbulas, (esta última denominación por haber 
sido considerados estos órganos como antenas transforma- 
das) son triarticuladas y terminan en pinzas didáctilas. 



140 



MOISKS HKHRERA 




6 6 



Figura 4. Extremidad anterior del cefalotórax del Scorpio 
afer, Linn. visto por delante, a, mandíbulas; b, base de los pal- 
pos maxilares; c, base de las patas anteriores; d, apéndices basi- 
lares de las patas del segundo par. 

Las mandíbulas inferiores están constituidas por 
una lámina basilar o artejo basilar, y de un poderoso 
palpo maxilar en forma de pata, (Véase figura 5), que 




Figura 5. Palpo maxilar del Diplocentinis keysorlingi, Karsch 
(macho), a, mano; b, dedos; c, mandíbulas; d, cefalótax. 



LOS ESCORPIONES DE MÉXICO 



141 



termina por una fuerte pinza didáctila. Con estas pin- 
zas didáctilas los escorpiones sujetan sus presas para ma- 
tarlas. 

Al cefalotórax se une el abdomen (Véase figura 6, a), 



} 




n 



Figura 6. a, abdomen; b, preabdomen; c, postabdonien; d, 
vesícula que contiene las glándulas de veneno; e, aguijón; f, 
primer par de patas; g, segundo par de patas; h, tercer par 
de patas; i, cuarto par de patas. 



142 MOISÉS HERRERA 



el cual se divide en dos porciones; la primera, com- 
puesta de siete segmentos casi tan anchos como la par- 
te posterior del cefalotórax, que recibe el nombre de 
preabdomen, b, y la segunda, c, compuesta de seis seg- 
mentos sumamente estrechos en comparación con los an- 
teriores, que se denomina postabdomen. El último seg- 
mento postabdominal d, forma la vesícula que contiene 
dos glándulas de veneno, la cual termina en un aguijón 
e, que sirve al arácnido para herir a sus víctimas. 

En la parte inferior del cefalotórax se insertan los 
cuatro pares de patas vigorosamente desarrolladas, ca- 
da una de las cuales termina en dobles ganchos. 

El sistema nervioso (Véase figura 7), está constituido 
por un pequeño cerebro bilobulado a, de donde nacen los 
nervios ópticos b y c, los nervios antenarios d, y los ner- 
vios de los palpos maxilares f; de una gran masa gan- 
glionar formada por la reunión de los ganglios posteso- 
fagianos de toda la porción anterior del cuerpo e, la cual 
da nacimiento a los nervios de los cuatro pares de patas, 
g, g' h, h'; y a los nervios de los primeros anillos preab- 
dominales; y de siete u ocho pequeños abultamientos ab- 
dominales, de los cuales los tres primeros, k, k, k, corres- 
ponden a los últimos anillos preabdominales, y los cua- 
tro restantes a los cuatro primeros anillos postabdo- 
minales, 1, 1, 1, 1. 

Un pequeño ganglio situado al principio del esófago, 
y que se une al cerebro' por medio de filamentos, envía ner- 
vios al tubo digestivo. 

El aparato circulatorio se compone de un corazón dor- 
sal alargado, (Véase figuras 8 y 9), provisto de ocho pa- 
res de orificios aferentes y divididos en ocho cámaras ; es- 
tá fijo al dorso mediante oclio pares de músculos alifor- 
mes, y se halla rodeado de un seno pericardiaco del que 
recibe la sangre por ocho pares de hendiduras. En el inte- 
rior de este vaso dorsal o corazón, y cerca de cada orifi- 



LOS ESCORPIONES DE MÉXICO 



143 






I 












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íM 




Fig. 7. — Sistema nervioso de un Androctonus, según Newport 
(On the structure, etc., of the nervous and circulatory systems, 
Phil. trans. 1843). a, Ganglios cerebi'oides o cefálicos (cerebro 
Latr.) b, ojos principales con sus nervios ópticos; c, Los ojos late- 
rales y los nervios ópticos accesorios, d, Nervios anteriores, e, Ma- 
sa nerviosa formada por la reunión de los ganglios postesofagia- 
nos. f, Nervios de los palpos maxilares, g, Nervios de las patas 
del primer par. g, Nervios de las patas del segundo par. ii, 
Nervios de las patas del tercer par. h' Nervios de las patas del 



144 



MOISÉS HERRERA 



cuarto par. i, Nervios de los primeros p.nillos del abdomen na- 
ciendo del borde posterior de la masa ganglionar toráxica. k, 
Ganglios correspondientes a los últimos anillos pi-eabdominales. 
1, 1, 1, 1, Ganglios correspondientes a los primeros segmen- 
tos postabdominales. m, Nervios del anillo anal, n, Nervios del 
último anillo postabdominal que constituye la vesícula que con- 
tiene las glándulas venenosas. 



Fig. 8. 














'jlmmW 




-O' 







^c. 



Fig. 9. 



LOS ESCORPIONES DE MÉXICO 145 



Figura 8. Aparato bascular del Buthus afer visto por arri- 
ba, (Según Newport). a, Porción ventricular del vaso dorsal 
dividido en una serie de compartimientos, b, Primer par de 
músculos uniformes del vaso dorsal, c, c, Ramas arteriales que 
se distribuyen en cada anillo a los músculos y a 1í.s visceras. 
d, Porción abdominal del vaso dorsal, e, Vasos pneumocardiacos. 
f, Porción anterior del vaso dorsal o arteria aorta dando na- 
cimiento a las ai'terias oftálmicas, maxilares, etc. 

Figura 9. Figura teórica del aparato circulatorio en el 
Buthus afer. (Aumentada) (Según Newport). a, El corazón o 
porción ventricular del vaso dorsal dividido en siete comparti- 
mientos; a' Orificios laterales por los cuales la sangre pe- 
netra en los ventrículos, b, Porción posterior del vaso dorsal 
o ai'teria abdominal, c. Porción anterior o aórtica del vaso 
dorsal que penetra en el cefalotórax. d, Arterias cefálicas que 
nacen en la extremidad anterior de la aorta, rodeando los gan- 
glios cerebroidales, y dirigiéndose después hacia atrás, en- 
viando ramas a las glándulas salivares, a los músculos de la 
cara dorsal del cuerpo, etc. e, Arterias oftálmicas, f, Arterias 
de las antenas-pinzas, g, Arterias de los palpos, h, Arterias 
de las patas anteriores, h' Arterias de las patas posteriores, 
j, Arteria esternal procedente de la extremidad anterior de 
la aorta, y que avanza bajo la cadena ganglionar k has- 
ta la extremidad posterior del cuerpo. 1, Ramas laterales del 
vaso dorsal, m. Arteria gástrica que nace de lá aorta, o^ Ul- 
tima rama pneumocardiaca. p, p, El canal digestivo con una 
porción de sus apéndices, q. Terminación de los canales bilia- 
res, r, r. Bolsas pulmonares. 

cío aferente, hay un repliegue nienibraiioso, a manera de 
válvula, que permite la entrada de la sangre venosa, del 
seno pericardiaco, y el cual se cierra cuando la corriente 
tiende a establecerse en sentido contrario. 

Por una arteria anterior, una posterior y varias lato- 
rales, se dirige la sangre hacia los órganos. A lo largo del 
cordón ventral, corre la gran arteria supraneural, la cual 
emerge de la aorta cefálica. Las últimas ramificaciones 
de las arterias parecen comunicar por medio de capilares 
con las venas, de donde pasa la sangre a un receptáculo 
situado encima de la pared ventral. De este seno o recep- 
táculo, va la sangre a los órganos respiratorios, y de és- 
tos, por medio de venas especiales, vuelve al seno pericar- 
diaco y, por último, al corazón. 



146 



MOISKS HERRERA 



El tubo digestivo recorre sin inflexiones, (Véanse ñ- 
guras 10 y 11), en línea recta la longitud del cuerpo .y 
desagua por el ano en el peniiltinio anillo del postabdo- 
men. Distínguense un esófago delgado que comienza en la 



f? 



^¡^f 







Figrura 10. Porción anterior de la aorta y apai-ato dicros- 
tivo (aumentado) (Según Newport). a, El estómago, b, Intes- 
tino, c, Ano. d, d, Apéndices gástricos y cuerpos adiposos. 



LOS ESCORPIONES DE MÉXICO 147 



e, Porción de los canales biliares, f, Porción terminal de la 
aorta, g, Arteria gástrica, h, Arterias de las patas, etc. i, i, 
Arterias cefálicas. 




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Figura 11. Extremidad del postabdomen visto por debajo 
para mostrar la porción del ano. (a). 



boca, y un intestino gástrico que tiene una porción ante- 
rior dilatada. Este intestino está rodeado en el preabdó- 
men por un hígado voluminoso compuesto de múltiples con- 
ductos ramificados. 

Como órganos excretores funcionan dos vasos de Mal- 
pigio, presentando a la vez un par de glándulas coxales 
que desaguan en el tercer par de patas. 

La respiración, (Véanse figuras 12, 13 y 14), se efec- 
túa mediante cuatro pares de sacos pulmonares ctue des- 
de el tercero ai sexto anillos abdominales, se abren por 
otros tantos pares de estigmas y están formados por un 
corto número de tubos aplanados. 

El aparato ponzoñoso, compuesto de un par de glán- 
dulas ovaladas, está contenido en el último segmento del 
postabdomen, y el veneno que secretan es expulsado por la 
contracción de fibras musculares longitudinales de que es- 
tán provistas. 



148 



MOISKS HERUF.RA 







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Figura 12. Cefalotórax y abdomen del Scorpio afer, Linn. 

visto por debajo, a, Antenas-pinzas, b, Base de los palpos, o, 

d, e, f, Base de las patas, g, Lámina opercularia recubriendo 

el orificio del aparato reproductor, h, Peine, i, i, Los cuatro 
pares de estigmas. 



Kl veneno es un lííiuido transparente, viscoso, ácido, 
muy volátil, soluble en el agua e insoluble en el éter y en 
el alcohol absoluto. 

Los órganos genitales, (Véanse figuras 15, 16 y 17 j, 
se hallan situados en el proabdoiueii, abriéndose el orifi- 
cio genital tanto masculino como femenino debajo de dos 
láminas córneas <iue se encuentran entre los ai)éndices pec- 
tiniformes, restos de los miembros del segundo anillo ab- 



LOS ESCORPIONES DE MÉXICO 



149 




' \ 




Figura 13. Algunas de las láminas respiratorias extraídas 
de un saco pulmonar. (Muy aumentadas). 



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V 



\ 







Figura 14. Uno de los sacos pulmonares, visto por su ca- 
ra superior. (Muy aumentado). 



domina!, que desempeña probablemente las funciones do 
órganos olfatorios y táctiles. 



150 



MOISÉS HERRERA 











Figura 15. Cefalotórax, abdomen y los dos piñmeros ani- 
llos postabdominales del Sscoipio occitanus, Linn. visto por 
debajo (muy aumentado). — a, Boca. — b, Base de los palpos. — 
c, d, e, i, Porción basilar de las patas. — g, Piezas esternales 
de las patas de los dos primeros pares semejando una espe- 
cie de labio inferior. — i, Orificio sexual. — h, Apéndices pectini- 
foi'mes. — j, Estigmas del segundo par. — k, Estigmas del cuarto 
par. — 1, Ultimo anillo abdominal. — ín, Pi'imer anillo postabdo- 
minal. 



Los escorpiones tienen dobles los órganos de la gene- 
ración, tanto los machos como las hembras. Los del macho 
se componen de dos testículos constituidos cada uno de 
ellos ])or un vaso espermático compuesto de tres grandes 
mallas niuy semejantes entre sí, (lue se anastomosan y en- 



LOS ESCORPIONES DE MÉXICO 



151 





^0 



Figura 16. Orificio sexual y peines del mismo (muy au- 
mentado). — a, Base del tórax. — b, Base de las patas del tercer 
pai". — c, Placas opercularias del orificio sexual. — d, Abdomen. 
— e, Peine. 



corvan a lo largo del hígado; y de dos vergas, a las que 
Moiisieiir León Dufour denominó armaduras sexuales, las 
cuales salen a la parte exterior del cuerpo por la abertu- 
ra bilabiada que se encuentra en la base del abdomen en- 
tre los apéndices pectinifornies. 

Los órganos sexuales de la hembra se componen de 
dos ovarios colocados en el interior del hígado y a dere- 
cha e izquierda de este órgano, y están formados por un 
conducto membranoso compuesto de cuatro grandes mallas 
cuadriláteras que se anastomosan entre sí y con las del la- 
do opuesto ; estos ovarios tienen entre sí una conexión 
íntima y constante, lo que no sucede con los testículos -iti 
el macho. Un cuello simple y común a las dos matrices 
desemboca en la vulva, que es única, y está situada entre 



Mctn. Sor. Alrate.-8Jnlio-1921.— t. 39-H 



152 



MOISKS lIKKliKKA 






T' 




Figura 17. Región genital del Scorpio afer, Linn. — a, Tó- 
rax. — b, Opéi'culo genital. — c, Orificio del aparato genital. — d, 
d, Peines. 



los (los apéndices peí^tiiiifornics, la foriuan dos pie/as ova- 
les planas y separadas entre sí por nna línea hundida. 

Por la posición de sus óro:anos genitales, la fecunda- 
ción debe de efectuarse de un modo particular; Macca^y 
dice haber visto (jue durante el apareamiento la hembra 
se coloca con el vientre hacia arriba y el macho se pone 
encima. 

Los Escorpiones Mexicanos. — Según la l>iología Cen- 
trali Americana, únicamente dos especies de alacranes per- 
tenecientes a la Familia .Scorpionidae viven en México. 
Estas dos especies sf»n el Diplocentrus whitei y <>! Diplo- 
centrus Iceyscrliiigi. de los cuales nos ocuparemos a conü- 
nuación : 



LOS ESC'OEPIONES DE MKXICO 



153 



EL DIPLOCENTRÜS WHITEI, KARSCH. 

Sinonimia y Bibliografía. — Seorpio whitei, Gervais. 
Ins. Apt. III. p. 63 (1844). 

Diplocentrus whitei, Kar.seh. Mit. Ent. Ver. III, 98 
(1879); Pocock, Journ, Limi. Soc. ; Zool. XXIV. p. 396 
(1893); Ann & Mag. Nat. Hist. (7) I, p. 391 (1898); 
Kraepelin. Das Tierr. Scorpiones ct Pedipaipi, p. 101 
(1899). 

(Nec D. Avhitei, Kraepelin, Jahrb. Hamb. Wiss. Anst. 
XI. p. 13 (1894). 




]54 



JídlSES HERRERA 






Fig. 20. 



Fig. 21. 






'^a. ?» 




Fig. 23. 



Fig. 24. 



Figura 18. Diplocentrus whitei, Gerv. (hembra) Tamaño 
natural. — Fig. 19 Extremidad del quelícero. — Fig. 20. Dedo mo- 
vible. — Fig. 21. Esternón, Opéix-ulo genital y Peines. — Fig 22. 
Aspecto lateral de la cola o postabdomen. — Fig. 23. Vista late- 
ral del tarso de la cuarta pierna. — Fig. 24. Figura del mismo 
vista de perfil. 



LOS ESCORPIONES DE MÉXICO 



155 




Fig. 25. 





Fig. 26. 



Figura 25. Diplocentras whitei, Gervais. Macho. Tamaño na- 
tural. — Figura 26. Cefalotórax y palpo maxilar. — Figura 27. Es- 
ternón, Opérculo genital y Peines. — Fig. 28. Vista lateral de! 
postabdomen. — Figura 29. Lado inferior del mismo. 



156 



^roisKS herrei;a 



<.:/LiJ:-- '■■^ 



'■^C^ 









Fig. 27. 




Fig;. 28. 




^ 



Fig. 29. 



D¡i)loeentras nioxieanus, Peters, MB. Ak. Wiss. Bor- 
lin, 3861, p. 512; Karsch, Mittheil. Müneh. Ent. Ver. TIF. 
p. 99; Zeitschr. Natiirw. (:^) V. p. 497 (1880). 

Diplocentnis antiileiisis, Kraepelin, Jahrb. Haiub. Wiss, 
Anst. Xr. }). 16. (1894) (noc D. autillanus, Pocock). 

Descripción de la especie. — Diplocentrus wliitei. — 
(Hembra). — El tronco ofrece im color moreno obscuro o 
verde moreno ; las patas moreno amarillentas y las manos 
y último segmento postabdominal rojizos. La parte supe- 
rior del tronco es tersa y brillante, con unas cuantas gra- 
nulaciones sobre el borde de los lóbulos frontales. El c^- 
falotórax es miayor en longitud <iue los dos ])rimeros seg- 
mentos postabdomiiudes y un poco menor (|ue el (|uin{o. 
VA postabdomen tiene cerca de cuatro veces la longitud 
del cefalotórax, los espacios intercarinales lisos y las (|ui- 



LOS ESCORPIONES DE MÉXICO 



157 




Fig. 30. 




IP 



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Fig. 31. 



Figura 30. Diplocentrus keyserlingi, Karsch. Macho. Tama- 
ño natural, especie de México. — Figura 31. Cefalotórax y palpo 
maxilar. — Figura 32. Vista lateral de la cauda o postabdomen. 
— Figura 33. Id. de abajo. 



158 



MOISKS HERRERA 




Fie:. 32. 




Fig. 33. 



lias laterales superior e inferior débiles y ligeramente tu- 
berculares, haciéndose éstas progresivamente más ligeras 
del prim,ero al cuarto segmentos. La quilla lateral media- 
na se extiende sobre la mitad posterior del segundo seg- 
mento, siendo completa en el primero, y representada por 
unas cuantas granulaciones en el tercero. En los segmen- 
tos primero, segundo y tercero, las cuatro quillas inferio- 
res son fuertes y tuberculares. Vesícula lisa y puntiaguda 
de granulaciones solamente hacia la parte inferior. Pal- 
pos maxilares tersos y brillantes casi en su totalidad. 
Crestas humerales denticuladas, las anteriores fuertes y 
completas. Mano tersa y brillante con la cara superior 
ligeramente crestada, su borde interior denticulado. De- 
dos curvos. Las piernas casi tersas. Dientes pectiiuiles: 
10-15. 

Longitud total de la hembra : 65 milímetros. — Cefalo- 
tórax, í) milímetros. — Postabdomen, 32 milímetros. 

(Macho). — ^El macho tiene el cefalotórax finamente 
puntuado en partes. Las quillas laterales inferiores de los 
segmentos postabdominales, corren i)aralelas en el pri- 
mero, segundo y tercero. Los i)alpos maxilares con la 
parte superior del húmero plana, y la ci-esta anterior 
fuerte. Manos ásperamente reticuladas por encima ,más 
finamente debajo, y provista de dos crestas, la externa 



LOS ESCORPIONES ÜE MÉXK'O 159 

fuerte y prolongándose casi hasta la base del dedo in- 
móvil. Dedos curvos como en la hembra. Piernas de los 
pares tercero y cuarto con algunos granulos ásperos. 
Dientes pectinales 14. 

Langitud total del macho: 53 milímetros. — Cefalotó- 
rax, 7 milímetros. — Postabdomen o cauda, 31 milímetros. 

Habitat. — Texas y México. La distribución geográfica 
de la especie no está definida de una manera exacta. 

DIPLOCENTRUS KEYSERLINGI, KARSCH. 

Sinonimia y Bibliografía. — Diplocentrus keyserlingii, 
Karsch, SB. Ges. nat. Fr. Berlín, 18S0, p. 57; Kraepelia, 
Das Tierr. Scorpioues et Pedipalpi, p. 102 (1899). 

Diplocentrus rectimanus, Pocock, Aun. & Mag. Nat. 
Hist. (7) I. p. 390 (1898). 

Descripción de la especie. — Diplocentrus keyserlingi. 
(Macho). — Es del mismo color que el de la especie ante- 
riormente descrita. Tiene toda la superficie superior del 
tronco fina y cerradamente granular, con ásperos tubércu- 
los en los lóbulos frontales del cefalotórax. Los segmentos 
postabdominales como en el Diplocentrus whitei; pero los 
lados del primero al cuarto segmentos convexamente re- 
dondeados cuando se ven por encima, y las crestas latera- 
les inferiores convergentes posteriormente. Palpos maxila- 
res en la parte superior del fémur, ligeramente convexa, 
y con cresta anterior débil. Mano toscamente esculpida 
arriba, y dos quillas paralelas que corren desde la base del 
dedo inmóvil sin llegar a alcanzar éste. Dedos mucho más 
derechos que en el Diplocentrus whitei. Dientes pectina- 
les 9-10. 

- Longitud total, 55 milímetros. — Cefalotórax, 6 milí- 
metros. — Postabdomen, 30 milímetros. 

México, 30 de Abril de 1919. 



SOCIÉTÉ SCIKNTIFIQUE "ANTONIO ÁLZATE '.—MÉMOIRES, T. 39 161 



DIRECCIÓN DE ESTUDIOS BIOLÓGICOS. 

Departamento de Reptiles, Batracios y Peces 



DATOS PARA UNA MONOGRAFÍA DE LA FAUNA 

ERPETOLOGICA DE LA PENÍNSULA DE LA 

BAJA CALIFORNIA 

POR CARLOS CUESTA TERRÓN. 

NATURALISTA DE LA DIRECCIÓN DE ESTUDIOS BIOLÓGICOS 



(MeTHoria presentada por el Prof. Alfonso '._. Herrera, M. S. A . 
Director de Estudios Biológicos, en la sesión 
del 7 de Julio de 1919) 

Eí estudio de la zoología regional mexicana, empren- 
dido en todas las épocas con mayor o menor entusiasmo, 
forzosamente ha de contribuir a la formación de una mag- 
na obra, (jue trate de nuestra fauna y ({ue tenga la inesti- 
mable cualidad de ser trabajo netamente nacional. Impó- 
nese creación semejante, ([ue además de prestar innumera- 
bles servicios a los naturalistas mexicanos, dará crédito 
amplio a nuestras instituciones científicas y hombres dedi- 
cados al estudio de la Naturaleza. En la actualidad, la ca- 
rencia de obra tan preciosa, nos obliga de continuo a acep- 
tar los datos, verídicos o no, que nos proporcionan las obras 
extranjeras, incompletas las más y llenas, en ocasiones, de 
inexactitudes, sobre todo en lo que al Habitat de las espe- 
cies se refiere. Hemos tenido oportunidad de comprobar 
esto. 



162 CAKI-OS CUESTA TERRÓN 



La literatura zoológica nacional, no ha llegado ni con 
mucho, a la abundancia de la extranjera; ese raquitismo 
lo ocasionan diversos factores que hacen imposible la pu- 
blicación de artículos y monografías zoológicas de autores 
nacionales, que seguramente, con el andar del tiempo, ven- 
drían a constituir una inestimable fuente" de noticias, para 
la formación de la obra que hemos dicho ser tan necesaria. 
Resultados visibles de esta pobreza en escritos zoológicos 
nacionales, los tenemos en nuestra práctica diaria conti- 
nuamente y provocan las numerosas dificultades de que el 
naturalista mexicano se ve rodeado y le impiden, en mu- 
chos casos, el logro de determinados propósitos. 

En la actualidad, las exploraciones regionales tienden 
a ser bastantes fecundas en resultados y esperamos que no 
ha de tardar injucho para que las Ciencias Naturales adquie- 
ran en nuestra Patria, el esplendor y desarrollo a que han 
llegado en otros países. 

Hay regiones dentro de la República Mexicana que, 
fácilmente accesibles, pueden ser visitadas con frecuencia y 
por ello facilítase más, en ellas, la formación de coleccio- 
nes de su fauna, siéndonos mejor conocidas; pero lo defi- 
ciente de nuestros medios de comunicación, escasez de fe- 
rrocarriles, vapores y carreteras, nos tienen casi vedados 
determinados campos de acción, lejanos y aislados, que en- 
cierran muchas sorpresas para el zoólogo. Efectivamente, 
por ejemlplo, de la península de la Baja California, mucho 
es lo que ignoramos. Hemos creído por tanto, que hablar 
aunque sea con superficialidad, de algunos representantes 
de la fauna erpetológica de aquella casi olvidada región, 
tendría- algo de original y es por ello, y además para con- 
tribuir con algo a nuestra literatura zoológica, por lo que 
nos hemos atrevido a escribir estas líneas, que deseamos 
ardientemnete puedan tener alguna utilidad. 



FAUNA ERPETOLÓGICA DE LA BAJA CALIFORNIA 1 G3 



¿PUEDE CARACTERIZARSE LA FAUNA ERPETOLO- 
LOGICA DE BAJA CALIFORNIA? 



Pensando en la formación de nuestra geografía zooló- 
gica, hemos procurado ante todo, estudiar comparativamen- 
te la fauna de la península, y las de los Estados circunve- 
cinos, para ver la manera de caracterizar debidamente la 
región californiana. Por proximidad, los naturalistas ame- 
ricanos de California, han sido los que se han preocupado 
algo por el estudio de la región mexicana, al seguir en sus 
radios de distribución geográfica a algunas de las especies 
que existen en el suroeste de la República vecina. Una di- 
visión convencional ha sido hecha por ellos y ha determi- 
nado la formación de una región, o más bien sub-región, 
a la que han denominado sonorense. Esta sub-región sufre, 
según Cope, cuatro naturales subdivisiones, denomidas dis- 
tritos. Dos de ellos encierran faunas mezcladas, mexicanas 
y norteamericanas, y los otros no contienen sino faunas ne- 
tamente de aquel país y, por tanto, poco es lo que importan 
a nosotros. Uno de los distritos, formado por especies mez- 
cladas, es el que llaman de Chihuahua, y en él comprenden 
la parte situada al norte de la Ciudad de la Paz, correspon- 
diente a nuestra península ; el segundo es llamado Distrito 
de Baja California, y comprende el resto de esta entidad. 
Cierta arbitrariedad j)uede observarse en esta manera de 
fraccionar y limitar territorios zoológicos y, sobre todo, 
tal división no conviene a nuestra geografía zoológica, pues 
incurriríamos en el error de considerar adjuntas algunas 
especies exóticas. Hay que pensar que el seccionamiento 
bosquejado, no fue hecho para nuestra comodidad, sino pa- 
ra la de los naturalistas americanos.. 

Estudiando los representantes de reptiles de Baja Ca- 
lifornia, encontramos que algunos son típicos de la penín- 
sula, es decir, no se les ha encontrado en ninguna otra en- 
tidad mexicana ; los más pueden colectarse también en los 



104 CARLOS CUKSTA TERRÓN 



Estados de Sonora y Chihuahua. Así el Pityophis vertebra- 
lis lílainville, es peculiar de la Baja California, mientras 
que la Salvadora grahanijiae lí. y G. y el Phrynosoma co- 
ronatum Blainv., entre otros, se encuentra también en So- 
nora y Chihuahua. Al Este o al Sur de tales Estados, no 
hay noticia de (jue hayan sido colectadas las especies ([ue 
forman el 90 por ciento de las faunas ehihuahueña, sono- 
rense y californiana. Por lo dicho, es nuestra opinión que 
podríamos formar una región, perfectamente caracteriza- 
da y limitada, con los dos Estados y la península, a la que 
consecuentes con su situación geográfica, podríamos, por 
ejemplo, llamar: Eegión extrema noroeste de México. 

Pronto y fácilmente, nos convenceremos de que la fau- 
na erpetológica de la Baja California, no es muy rica. Sus 
especies son contadas, la mayoría pertenecen a los saurios 
y a los ofidios no ponzoñosos,, que habitan, por lo general, 
lugares áridos. Las especies comienzan a tener cierta rare- 
za para nosotros, ya que nuestro trato diario es con espe- 
cies del centro y sur de nuestro país. Una .lista completa 
de las 13 (jue Cope considera como típicas de la península, 
nos convencerá de lo dicho : 

"1.— Ctenosaura hemilopha Cope. 

2. — Uta thalassina Cope. 

3. — ^üta nigricauda Cope. 

4. — Phyllodactylus unctus Cope. 

5. — Cnemidophorus maximus Cope, 

6. — Euchirotes biporus Cope. 

7. — Lichanura trivirgata Cope. 

8. — Zamenis aurigulus Cope. 

í). — Phyllorhynchus decurtatus Cope. 
10. — Pityophis vertebralis Blainville. 
11. — Chüameniscus stramineus Cope. 
12. — Tantilla planiceps Blainville, 
13. — Crotalus enyo Cope. 



FAUNA EKPETOLÓfíICA DE LA BAJA CALIFORNIA 1G5 



Lejos estamos de poder presentar una colección com- 
pleta de los reptiles californianos y solamente nos ocupa- 
remos de unas cuantas especies, ([ue con las típicas, habi- 
tan la región y cuya lista damos a continuación : 

1. — Testudo a'gassizi (Cooper). 
2. — Phrynosoma coronatum Blainville. 
8. — Sceloporus clarkii (Baird y Girará). 
4. — Sceloporus zosteromus Cope. 
5. — Ctenosaura hemilopha Cope. 
6.— Dipsosaurus dorsalis (Baird y Girard). 
7. — Crotalus atrox (Baird y Girard). 
S.^Salvadora grahamiae Baird y Girard. 
9. — Zamenis flagellum flagellum Shaw. 
10. — Ophibolus getulus var boylii (Baird y Girard). 



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* * * 



]. —Tortuga de tierra.— TESTUDO AGASSIZI (Cooper). 

Es de pequeñas dimensiones, 25 a 30 centímetros de 
longitud por lo general, con el carapacho casi tan ancho 
como largo y una de las especies que más interesan en sus 
costumbres, pues demuestra poseer iniayor grado de inteli- 
gencia (jue otros Quelonios. Puede domesticarse con faci- 
lidad y su color (amarillo obscuro uniforme), y sus carac- 
teres la acercan a la Testudo polyphemus (Daudin), ([ue vi- 
ve en el sureste de los Estados Unidos. 

Los lugares propios para colectar esta especie, son 
aquellos adonde el suelo está formado por tierra floja, ya 
que le agrada construir galerías subterráneas, que miden 
en ocasiones más de dos metros y terminan por un ligero 



166 CARLOS CUESTA TKRRÓN 



ensanchamiento. Haciendo un corte vertical de estas gale- 
rías, se puede ver que tiene la forma exactamente de la 
tortuga. 

Puede encontrarse a la Testudo ag-assizi, en ocasiones 
a considerables distancias de los lugares adonde existe 
agua y, por tanto, es de presumirse, que poca falta les hace 
este lííjuido, tanto para beber, como para habitar en él, 
aunque sea por momentos. Su régimen alimenticio es esen- 
cialmente hervíboro y, en cautividad, les agrada la lechu- 
ga, el apio y los plátanos. Llegan a tomar el alimento de 
manos de su guardián. 

2.— Camaleón.— PHRYNOSOMA CORONATHUM BlainviUe 

Especie que se aleja bastante de nuestro Phrynosoma 
orbicularis Wiegl. Tiene caracteres osteológicos, que clara- 
mente lo hacen resaltar dentro del género Phrynosoma y lo 
identifican, separándolo de otra especie que presenta con 
él analogías hasta en su nombre específico, el Phrynosoma 
comutum Harían, que puede colectarse también en el nor- 
te de nuestro país, pero en los Estados del noreste, encon- 
trándosele al sur hasta Monterrey. 

La especie coronatum, es abundante en el sur de la pe- 
nínsula y va escaseando poco a poco, conforme nos acerca- 
mos al norte. Presenta, como todos sus congéneres, un mi- 
metismo bastante pronunciado y parece ser que el fenóme- 
no de la sangría refleja que presentan los Phrynosomas, 
acontece con mayor facilidad en el que nos ocupa. Como 
dato curioso, podemos decir, que el Phrynosoma coronatum 
tiene especial pavor a los perros y su carácter, pacífico por 
lo general, cambia en presencia de un can, dando entonces 
el saurio, muestras de irritación intensa. Sus principales 
enemigos son las culebras de cascabel. Fácilmente se adap- 
ta a la domesticidad y se alimenta de hormigas, moscas, 
grillos y pequeños insectos. 



FAUNA ERPETOLÓGICA DE LA BAJA CALIFORNIA 1(37 

3 y 4.— Lagartijas.— SCELOPORUS CLARKII (B. y G.) 
y SCELOPORUS ZOSTEROMUS Cope. 

Abundantes en nuestra patria son los diversos repre- 
sentantes del género SCELOPORUS y perfectamente cono- 
cidos nos son algunos, con especialidad el Sceloporus tor- 
quatus Wiegín o Lagartija de collar, tan abundante en to- 
do el centro del país, más en el Valle de México. Un con- 
génere interesante, más desarrollado y con las escamas 
fuertemente carenadas, se encuentra en la r>aja California. 
Nos referimos al SCELOPORUS CLARKII (Baird y Gi- 
rard). Cada escama de los animales de esta especie, presen- 
ta una mancha azulada y, además, existe un collar negro 
incompleto, ya que lo manchado no llega sino hasta adelan- 
te 'de la 'articulación de los miembros anteriores. En Cali- 
fornia es muy abundante, pero la rapidez de sus movimien- 
tos y su excesiva precaución, hacen que difícilmente pue- 
da capturársele. 

Gusta de subir a los Cactus, más que a otros vegetales. 
En cautividad, puede observarse que, como todos los repti- 
les, es muy afecto al sol, y en las horas en que éste lanza 
sus rayos perpendicularmente, es Cuando estas lagíirtijas 
muestran mayor actividad y buscan su alimento, que con- 
siste en grillos y larvas de lepidópteros. En los días en que 
Febo no calienta, la actividad de esta lagartija es casi nula 
y no procura alimentarse. 

Algunos ejemplares cautivos, han podido vivir varios 
años. 

Otra especie de SCELOPORUS, el ZOSTEROMUS Co- 
pe, habita también en la península, pero nada sabemos so- 
bre sus costumbres. 

Mem. Sor, Alzate.-8-Julio-192l.— t. 39-12 



168 CARLOS CUESTA TERRÓN 



5 y 6— CTENOSAURA HEMILOPHA Cope y DIPSO- 
SAURUS DORSALIS (li. y G). 

Los Jguaiiiaiios, animales ([ue bien i)udiéranios llamar 
nacionales, en atención a que México es uno de los países 
que los tienen en abundancia, no dejan de tener represen- 
tantes en aciuel apartado girón de tierra mexicana y per 
teneciente al g-énero CTENOSAURA, encontramos la espe- 
cie HEMILOPHA de Cope, de pe(|uerias dimensiones y cu- 
yas costumbres no difieren mucho de las de sus congéneres. 

La Cachora (Dipsosaurus dorsalis), es, según la opi- 
nión de Ditmars, probablemente una Iguana degenerada. 
Tiene, en efecto, caracteres (jue la acercan al género CTE- 
NOSAURA; en la línea media del cuerpo una fila de esca- 
mas, algo sobresalientes y carenadas, más grandes y notable.^ 
en la cola ; esta línea comienza imuediatamente atrás de 
la cabeza. La cola presenta anillos de escamas, perfecta- 
mente regulares y la red (jue forma el color negro sobre 
fondo a'iniarilio paja, le es perfectamente característica, 

7.— Culebra de cascabel.— CROTALUS ATROX 
(Baird y Girard). 

Uno de los más temibles Crotalianos, puede ser colec- 
tado en los alrededores de La Paz, el : CROTALUS ATROX 
(B, y G). — P]sta especie se encuentra más al sur ([ue (Chi- 
huahua y Sonora y la caracterizan fácilmente y a primera 
vista, los anillos blancos ({ue, alternando con los negros, se 
encuentran en la cola, antes del cascabel. 

Sin duda, la ponzoña de este ofidio es de las (jue obran 
con mayor rapidez, y experiencias hechas por nosotros con 
dos ejemplares vivos del Museo Nacional de Historia Na- 
tural, nos lo han demostrado. Encontramos esta misma apre- 
ciación en el relato de un caso de mordedura de un ejem- 
plai- de la especie de Crótalo de (pie hablamos, ocurrido en 



FAUNA ERPETOLÓGICA DK LA BA.TA CALIFORNIA 169 

New York, en el Museo de Historia Natural. Paréeenos in- 
teresante hacer constar, que en este case fue utilizado el 
suero antiponzoñoso de Calmette, para contrarrestar los 
efectos tóxicos, sin obtenerse favorables resultados y debi- 
do a una feliz casualidad, la de encontrarse en aíjuella ciu- 
dad el Dr. Vital Brazil, no murió la víctima, porque se le 
administraron inyecciones de un suero específico, qué su 
autor denomina anti-crotálico y que demostró una eficacia 
suprema en accidentes como el de la historia. Por lo que 
sabemos a este respecto, el suero de Brazil, ha venido a lle- 
nar un inmenso vacío y a beneficiar enormemente a la Hu- 
manidad. El problema, al parecer resuelto por el sabio mé- 
dico, ha sido perseguido por muchos años. 

Hemos observado las costumbres del CROTALUS 
ATROX: los ejemplares vivos llegados al IMuseo, miden po- 
co más de metro y medio de longitud ; en los primeros días 
de cautiverio dieron muestras de gran actividad y a una 
distancia de dos metros se arrojaban sobre las personas que, 
cerca de la jaula donde se encuentran prisioneros, pasa- 
ban. Su ataque es muy rápido, pero la preparación para él, 
se hace lentamente y acompañada de un fuerte sonar de 
cascabeles. 

La abundancia de esta especie, es bastante en la pe- 
nínsula y puede ser colectada en las partes montañosas, 

8.— Culebra sorda.— SALVADORA GRAHAMIAE Baird 

y Girard. 

Entre los ofidios no ponzoñosos, se encuentra la espe- 
cie mencionada, cuya placa rostral, por su desarrollo, es 
característica. Este género y la especie de referencia, se ha- 
ya limitado al norte de México y sur de los Estados Unidos 
y por ello, caracteriza la fauna noroeste de México. 

Habita en aquellas regiones, que son secas y rocallosas, 
principalmente las barrancas y hondonadas y tiene alguna.s 



170 CARLOS CUESTA TERRÓN 



semejanzas anatómicas con el género PHYLLORHYNCHÜS, 
del cual existe también un representante en la penínsti.R : 
el PHYLLORHYNCHÜS DECURTATUS Cope. 

9.— Zincuate.— PITYOPHIS VERTEBRALIS Blainville. 

El Zincuate que más conocemos, el que con bástanle 
facilidad puede colectarse en el Valle de México, el Pityo- 
phis deppei D. y B., tiene su semejante en la Baja Califor- 
nia : el Pityophis vertebralis Blainville, especie en la que 
domina el color rojo ladrillo, mientras <|ue en la primera 
es el color amarillo paja; este color rojizo es más fuerte 
en la parte anterior del cuerpo del reptil y, poco a poco, 
va siendo amarillento a medida que llega a la región cau- 
dal. Indebidamente se le llama Coralillo en la Baja Cali- 
fornia, pero quizá dependa esto del solor que decimos tiene. 

Habitualmente se le encuentra en terrenos donde la ve- 
getación es poca, y en los arenosos. Es muy semejante al 
Pityophis melanoleucos de los Estados Unidos y, como -il 
principio de este escrito lo dijimos, es especie típica de la 
Baja California el Pityophis vertebralis Blainville. 

10.— Chirrionera.— ZAMENIS FLAGELLUM FLAGE- 

LLUM Shaw. 

Entre las especies que vulgarmente son denominadas 
Chirrioneras, se haya la que hemos nombrado. Se encuen- 
tran ejemplares de la misma especie, cuyos colores varían 
bastante, el típico es le negro azulado. Con facilidad 
puede observarse la longitud, relativamente grande, de su 
cola, que emplea como verdadero flagelo. Parece ser <iue 
esta especie llega al sur hasta Guadalajara y ha sido colec- 
tada también en Guanajuato. En Baja California, puede 
ser capturada en los alrededores de la Paz. 

Huye del hombre y vive en los lugares en (jue hay ve- 
getación. 



FAUNA ERPETOLÓGICA DE LA BAJA CALIFORNIA 171 

11.— Coralillo.— OPHIBOLUS GETULUS var. 
BOYLII (B. y G.) 

Algunos congéneres de esta especie prestan utilidad a 
los agricultores, para destruir las plagas de roedores que 
diezman sus sementeras. Por analogía en las costumbres, 
pudiera ser que la especie que nos ocupa, tuviera igual 
utilidad. 

Se le encuentra en los alrededores de La Paz. 

Presentamos, además, un ejemplar de Boa Iinperator 
Linn, que habita en todas las islas que rodean a la Baja 
California y en el sur de la misma península. 

Nota. — Los ejemplares que fueron presentados en la 
sesión, han sido colectados en la Baja California, por el 
Naturalista viajero de la Dirección de Estudios Biológicos, 
Profesor don Celedonio Núñez. 

México, julio 7 de 1919. 



SOCIÉTÉ SCIENTIFiyUK -ANTONIO ÁLZATE". — MÉMOIKES T. 39 173 



LOS CROTALIANOS MEXICANOS 

monografía 

POR CARLOS CUESTA TERRÓN. 

NATURALISTA DE LA DIRECCIÓN DE ESTUDIOS BIOLÓGICOS. 



(MEMORIA PRESENTADA POR EL PROP. ALFONSO L. HERRERA. M. S. A., 

DIRECTOR DE ESTUDIOS BIOLÓGICOS, EN LA SESIÓN 

1>EL 6 DE OCTUBRE DE 1919) 



La familia CROTALIDAE, que algunos erpetólogos 
consideran incluida dentro de la VIPERIDAE, siendo una 
de las sub-faniilias de esta última, es una de las niás inte- 
resantes y extensa, de las (jue constituyen la fauna de 
Tanatofidios mexicanos. 

Hemos preferido separar a esta familia, de la VIPE- 
RIDAE, teniendo para ello en cuenta razones convincentes 
expuestas por naturalistas de reconocida fama, por espe- 
cialistas como C. Dumeril y L. Stejneger, quienes opinan 
que los caracteres de los Crotalianos, son particulares, y 
los hacen distinguir de los que forman la familia de las 
Víboras, siendo estos caracteres tan importantes, que per- 
miten y aun obligan a constituir con los Crotalideos, una 
familia aparte, 

CARACTERES DE LA FAMILIA: 

Lo que más hace que se distingan los individuos que 
forman la familia, es un par de pequeñas fosas, situada una 



174 CARLOS CUKSTA TEKIiÓN 



a cada lado del hocico, intermedia entre la abertura df 
las fosas nasales y los ojos. Estudiadas estas fosetas, unos 
autores han creído (jue se comunican con las órbitas y por 
ello les han dado el nombre de "fositas lacrimales." Siíi 
embargo, es más creíble (jue no exista comunicación alguna. 

Las fosetas que hemos mencionado, no existen en nin- 
gún ofídio (jue pertenezca a otra familia. Llamo la aten- 
ción de distinguidos erpetólogos ([\\e han querido encon- 
trar la significación, el i)or ([ué de la existencia de tales 
depresiones. No se ha llegado en esta investigación a un 
resultado franco y sólo por hipótesis, se les asignan dife- 
rentes papeles, entre ellos el de tomar parte activa en la 
eyaeulación de la ponzoña, obrando como una cámara de 
aire, ({ue al contraerse ejerciera presión sobre las glándu- 
las del veneno, ayudando a los músculos y favoreciendo la 
expulsión del tóxico. Para Leydig, las fosas constituyen 
órganos de un sexto sentido. Lo cierto es que la piel (]ue 
recubre estas depresiones, es la misma que cubre al cuer- 
po, aunque bastante diferenciada en su textura íntima, más 
delgada y llena de terminaciones nerviosas, lo que proba- 
blemente indujo a Leydig a lanzar su teoría. 

Los Crotalianos, son de esbelto cuerpo, con la cola 
larga y prensil en algunos, su cabeza es aovada o pirami- 
dal truncada, perfectamente distinta del cuerpo ; los orifi- 
cios nasales, se pueden ver situados en las partes laterales 
del hocico ; la pupila es vertical, y los escudos de la ca- 
beza son imperfectos. La presencia de dos largos y curvos 
colmillos, huecos, con un ancho orificio en su extremidad 
aguda, por donde la ponzoña sale, caracteriza también a 
los individuos de la familia. 

Existe mucha anarquía en las clasificaciones de dis- 
tintos autores, pero puede conceptuarse (jue las especies 
mexicanas de Crotalianos, pertenecen a los cuatro géneros 
siguientes: 



LOS C'R0TALIAN08 MEXICANOS 175 



1.— Género ANCISTRODOx\. 

2.— Género BOTHROPS. 

3.— Género SISTRURUS. 

4.— Género CROTALÜS. 

Todos los individuos de los géneros anteriores, po- 
seen glándulas pozoiiosas, el CROTALÜS tiene, además, 
en la extremidad de la cola una sonaja, que le es pecu- 
liar y que no existe en los otros géneros. 

La acción de la ponzoña de cualquier Crotaliano, es 
casi siempre mortal. Experiencias practicadas demuestran 
su violencia en el obrar, confirmada desgraciadamente en 
muchos casos en que el hombre perece. En el Brasil, la 
abundancia de Crotalianos, los numerosos y continuos ac- 
cidentes que ocasionaban en la población las mordeduras 
de estos ofidios, ha hecho, (lue sea en aquella nación sud- 
americana, en la que más preocupación ha existido por 
el descubrimiento de antídotos eficaces. Así existe el Lis- 
tituto de Butantan, dedicado únicamente al estudio de las 
ponzoñas de los diversos Crotalianos. Es tamhién a un bra- 
sileño a quien se le debe el descubrimiento de sueros anti- 
ponzoñosos específicos, de resultados asombrosos, nos re- 
ferimos a los sueros del Dr. Vital Brazil. 

En México, los Crotalianos se encuentran repartidos 
por toda la República, siendo más abundantes en las zo- 
nas calientes. 



1.— Género ANCISTRODON 

Sinonimia : 

AGKISTRODOX, Bauvois, Trans. Am. Phil. Soc. 

1799, p. 381. 
ANCISTRODON, Cope, Proc. Ac. Nat. Se. Phil. xi. 

p. 336. (1860). 



176 CARr-OS CLKSTA TKRKÓX 



CEXCHRTS, Daiid, Hist. Nat. Rept. v. p. 356. (1802'. 

TOXICOPHIS Troost, Ann. Lyc. Nat. Hist. N. Y., 
III. 1833, p. 190. 
Al género ANCISTRODON, pertenece un pequeño nú- 
mero de Crotalianos, caracterizados poi* el tamaño de las 
escamas de la extremidad de la cabeza. Son éstas, en nú- 
mero de 9, simétricas ; existen dos placas nasales, dos fo- 
sas; las escamas son carenadas, la placa anal y el escudo 
caudal indivisos. No existe cascabel y el cuerpo y la cola 
son cilindricos. La pupila de los ojos es elíptica. 

Diez son las especies que constituyen el género, siete 
de las cuales habitan, por lo general, en el centro del Asia. 
Las tres restantes viven en América, dos de ellas, exclu- 
sivamente en el Norte, la restante en México, extendién- 
dose en Centro América. 

1.— ANCISTRODON BILINEATUS Gunth. 
Nombre vulgar: CANTIL. 

Sinonimia : 

ANCISTRODON P>ILTNEATUS Gunth, Ann. & Mag. 
Nat. Hist. 1863; Cope, Proc. Ac. Nat. Se. Phil. 
1865 ; Sumiehrast, Pulí. Soc. Zool. Fr. 1880, p. 185. 

Caracteres de la especie. — La coloración de los indi- 
viduos, varía según sean jóvenes a adultos. Estos son de 
color moreno castaño, moreno obscuro y aún negro. En 
los jóvenes, el color es raás claro y se ven unas fajas an- 
chas y obscuras, que atraviesan el dorso y terminan algu- 
nas veces por puntos blan(juecinos, (}ue en ocasiones per- 
sisten después de ((ue las fajas han desaparecido, siendo 
estos puntos más notables cu los lados y en el abdomen, 
que en la parte dorsal. Nótanse, además, dos líneas : unn 
blanca o amarillenta, (pie corre desde la rostral, a lo largo 
del canto, la extremidad superciliar hasta la comisura d'^ 
la boca; la otra línea, amarillenta, va por todas las supra- 



LOS CROTALIANOS MEXICANOS 177 



labiales. Algunas veces la rostral se encuentra dividida 
por una faja angosta, amarilla o blanca, (lue se continiía 
en la mandíbula inferior. 

Se cuentan 23 series de escamas carenadas; las ven- 
trales son en número de 187 a 138; las subcaudales exis- 
ten en número de 65, siendo la posterior doble. Hay ocho 
supralabiales. 

Habitat; La especie ha sido colectada en la parte Sur 
y Oeste de la República ; llega a existir en Guadalajara y 
Colima, pero es especialmente abundante en Tchuante- 
pec. Se encuentra en Yucatán y en los paises Centro- 
americanos, limítrofes con México. 



2.— Género BOTHROPS. 

Sinonimia : 
BOTHROPS, ap., Wagler, Syst. Amphib. p. 174. 

(1830). 
BOTHR.OPS y OPHRYACUS, Cope, Bull. U. S. N. 

Mus. no. 32. 1887, p. 88. 
BOTHORPS. A. M. C. Dumeril. Erp. gen. ou Hist. 
Nat. des Rep.— t. VII, 2.^ p. p. 1502. 
En las especies del género BOTHROPS, existen bien 
marcadas las fosetas características de todos los Crotalia- 
nos, la cabeza, con excepción de la extremidad del hocico 
y de la región supraciliar, no tiene sino pequeñas esca- 
mas, no escudos. La cola es medianamente larga y en al- 
gunos individuos prensil. 

Son ofidios de estructura esbelta y fuerte. Las escamas 
del cuerpo, carenadas, se encuentran dispuestas desde 17 
hasta 27 series, formando los escudos subcaudales dos 
series 

1.— BOTHROPS UNDULATUS (Jan). 
Sinonimia : 



178 CARLOS CUESTA TKRRÓX 



ATROPUS UNDULATUS, Jan, Rev. et Mag. Zool. 

1859. p. 157. 
OPHRYACUS ÜXDULATUS Cope, Bull. U. S. Nat. 

Mus. no. 32. p. 88. 

Caracteres de la especie: Los individuos adultos tie- 
nen im color amarillento verdoso, con las escamas pun- 
teadas de negro. Se ven manchas romboideas negras, en 
el dorso, no bien claras en todos los ejemplares. El vien- 
tre es de color amarillento, con los escudos caudales pun- 
teados de negro. 

Habitat: Esta especie ha sido colectada en Omitleme 
(Guerrero), Orizaba, Veracruz y Oaxaca. 

2.— BOTHROPS ATROX Wag-ler. 

Nombres vulgares: COLA BLANCA, TEPOCHO, TE- 
POTZO, NAUYAQUE. 
Sinonimia : 

COLUBER ATROX, Linn. Mus. Ad. Fried. i. p. 33., 

t. 22. fig. 2. 
BOTHROPS ATROX Wagl. Syst. Amph. p. 174; 
Dum. & Bibr. Erpet. vii. p. 1507 ; Jan Iconogra])";!. 
Ophid. xlvii. t. 2; Cope, Journ. Ac. Nat, Se. Phil. 
viii. p. 151. (1875). 
TRIGOXOCEPHALUS ATROX, Schleg. Ess. ii. p. 
535, t. 19. figs. 5 y 6. 

Caracteres de la especie: El señor don Aniceto More- 
no, describe a la especie en esta forma: "Mide ochenta 
y dos centímetros de longitud y su color es aceitunado, 
más o menos claro, con manchas en los costados y el lomo, 
de un color muy obscuro, casi negro, figurando flores. La 
cabeza con escamas y pcfiueños escudos en la extremidad 
de la frente y sobre los ojos, cola terminada en nna es-. 
pina; placas subcaudales en dos hileras hasta la extremi- 
dad de la cola; gastrostegas con muchas manchas." 



LOS CROTALIANOS MEXICANOS 179 

Costumbres: El mismo autor, refiriéndose a las cos- 
tumbres de este ofidio, dice: "El tepotzo, es nocturno, lo 
que se revela desde luego en su pupila vertical y lineal. 
Vive en los parajes húmedos y obscuros, en las montañas 
debajo de las piedras, donde la vegetación es más espesa, 
y en los terrenos planos al pie de los arbustos que extien- 
den mucho sus ramas, especialmente si éstas se inclinan al 
suelo, de manera que impidan la aproximación del tron- 
co. Durante el día es muy torpe en sus movimientos ; y 
sea que le falte vista, o no quiera molestarse, se deja has- 
ta tocar sin huir, aunque entonces es muy común que 
muerda; sin embargo, no he sabido de ningún caso de mor- 
dedura, tal vez por los hábitos nocturnos del reptil. Gene- 
ralmente tiene dos colmillos, pero hay individuos que lle- 
van tres y aun cuatro, dos de cada lado. El tepotzo, es 
vivíparo y la hembra da a luz hasta trece pequeños, que 
desde su nacimiento hasta cierta edad, tienen la cola blan- 
ca, y su magnitud al nacer, es como de cinco centímetros. 
Se alimenta de insectos, de reptiles y de pequeños ma- 
míferos." 

Habitat: Mineral de Santa Fe (Chiapas), Macuspa- 
na, Motzorongo, Córdoba, Tamazuchale, Orizaba, Túxpam, 
Atoyac, Teapa en Tabasco, Tehuantepec . 



3.— Género SISTRURUS. 

Sinonimia : 

SISTRURUS, Garman. N. Amer. Rept. 1883, p. 110. 
CROTALUS, Fleming, Philos. Zool., II, p. 294. 
CROTALOPHORÜS, Gray. Aun. Philos., 1825. (p. 

205). 
CAUDISONA, Fitzinger, N. Class. Rept., p. 34. 1826. 
Las especies del género SISTRURUS, tienen un cas- 
cabel en la extremidad de la cola. La cabeza posee nue- 



180 CAKLOS CUESTA TElíRÓN 



ve escudos simétricos. Urostegas sin dividir. Escamas ca- 
renadas. 

Las serpientes (lue forman este género, se reducen a 
tres especies distintas, una de las cuales se encuentra ¿n 
México. 

1.— SISTRÜRUS CATENATUS EDWARDISII Baird 

y Girard. 

Sinonimia : 

CROTALOPHORUS EDWARDSII Baírd y Girard, 

Cat. N. Am. Serp., p. 15, 1853. 
CROTALUS MILIARIUS Jan, Icón. Ophid., livr. 46. 

pt. III, fig. 6. 
SISTRÜRUS MILLIARIUS var. EDWARDSII, Gar- 
man. Rept. Batr. N. Am,., I Ophid., p. 177. 
Caracteres de la especie: Las escamas dorsales se en- 
cuentran dispuestas en 23 series, no siendo todas carena- 
das, pues (jue las series primera y segunda laterales, son 
lisas, la placa rostral es vertical, existen dos preoculares, 
la superior es de mayor tamaño (]ue la inferior y llega 
hasta la post-nasal. Hileras de manchas laterales, propor- 
eionalmente muy pequeñas. 

El color de fondo es amarillento muy obscuro, con 
tres series laterales de manchas café obscuro, casi negro. 
Dos manchas castaño obscuro se extienden desde las su- 
perciliares hacia atrás. Una faja angosta castaña va des- 
de las prefrontales, pasando por los ojos hasta el cuello. 
Una línea amarilla puede verse desde las aberturas nasa- 
les hasta la comisura de la boca. Existen manchas obscu- 
ras irregulares en el dorso, marginadas con negro y con 
una línea amarillenta. 

Existen de 148 a 153 gastrotegas y de 24 a 31 uros- 
tegas. 

Existe mucha variación en el color, según los indi- 
viduos. 



LOS CROTALIANOS MEXICANOS 181 

Costumbres : Probablemente esta especie prefiere para 
vivir los llanos, los lugares en donde hay pantanos o son 
húmedos. Xo obstante (jue la especie es bien pequeña (unos 
cuarenta centímetros de longitud total), su mordida es tan 
temible como la de cualquier culebra de cascabel. Se ali- 
menta principalmente con pequeños roedores, según los 
exámenes que han sido practicados, en los estómagos de 
algunos ejemplares. Dada la pequenez de su cascabel, 
cuando lo agita, casi no se escucha. En un ejemplar colec- 
tado en Durango, por el Tng. Ibarra García, hemos nota- 
do que en cautiverio es un ofidio activo, de movimientos 
rápidos. 

Habitat: Noreste de México, Durango (Ibarra García). 



4.— Género CROTALUS. 

* 
Sinonimia : 

CROTALUS Liun, Syst. Nat., 10 ed., 1. p. 214. 1758. 

CROTALOPHORUS, Houttyn, Linn. Natuurl. Hist., 
vi., p. 290. 

CAUDISOXA, Laurenti, Sny. Rept., p. 92. 

CROTALINUS, Rafinesque, Am. Month. Mag., 11 1. 
(P. 446), IV, p. 290. 

UROPSOPHUS, Wagler, Syst. Amph., p. 176. 1830. 

UROCROTALON, Fitzinger, Syst. Rept., p. 29. 1843. 
De todos los individuos que forman la familia, los que 
pertenecen al género CROTALUS son, sin duda, los mejor 
conocidos por la gente del pueblo. Desde la época de los 
mexicanos viene este conocimiento y se han encontrado 
varias cabezas de Crótalos estilizadas. Les daban los si- 
guientes nombres a diversas especies y variedades : TEPE- 
COLCOATL, TEUHTLACOTZAUHQUI, CUECH, TLE- 
HUA v CHIAUCOATL. En la actualidad, reciben los si- 



182 C'AKl.OS CUESTA TKIvRnN 



guientes nombres: víboras de cascabel, culebras de casca- 
bel, víbora serrana, hocico de puerco. 

Las víboras de cascabel tienen una amplia distribución 
geográfica en la República, son muy abundantes en varios 
lugares, en los que causan numerosas víctimas. 

Tienen los siguientes caracteres: Las urostegas sin di- 
vidir ; la cola termina en una sonaja constituida por va- 
rios segmt^ntos, siendo esto lo que más las distingue ; la ex- 
tremidad de la cabeza está cubierta con escamas. El cuer- 
po es cilindrico. 

El Cascabel: "Se compone de un número variable de 
sonajitas comprimidas, engastadas una dentro de otra, 
córneas y de forma triangular, con dos cinturas bastante 
profundas y un surco lateral a lo largo : estas piezas se 
mueven libremente, y agitadas por los movimientos rápi- 
dos de la cola producen un sonido fuerte, estridente, pa- 
recido al de una matraca de hoja de lata o al que se veri- 
fica al soplar entre los labios casi cerrados y flojos. Si ha- 
tjemos un corte de este aparato, quitándole todos los cas- 
cabeles no adherentes, encontraremos lo siguiente : en la 
parte central, está la última vértebra caudal, (pie parece 
más bien una eoalescencia de tres vértebras, como lo indi- 
can sus ángulos y cinturas; tiene la forma de una flecha 
con punta doble y está llena de asperezas que prestan un 
punto de adherencia muy firme a la capa de tejido fibroso 
bastante gruesa que envuelve al hueso : este tejido es el 
dermis, recorrido por vasos sanguíneos numerosos, que pe- 
netran por sus ramificaciones terminales dentro del cuer- 
po mucoso de Malpighi. Este último, se ve completamente 
lleno de celdillas de pigmento negro, y cubierto por una 
envoltura delgada de epidertnis : como estas diferentes 
partes de la piel se amoldan sobre el hueso central, la ca- 
pa epidérmica reproduce su forma con los ángulos redon- 
deados, y cuando está para formarse un nuevo cascabeL 
se ven distintamente dos láminas, la una desprendiéndose 



LOS CROTALIAXOS MEXICANOS 183 

de las partes subyacentes, mientras la más Interior está to- 
davía blanda y adhereute a la red pigmentaria." (Dugés). 
Existe la creencia vulgar, de que cada año se origina 
un nuevo cascabel y que así, la edad de una serpiente 
puede calcularse por el número de cascabeles que tiene. 
Esta creencia, carece de fundamento y no na podido ser 
comprobada. En efecto, las culebras de cascabel adquie- 
ren de dos a tres cascabeles cada año, algunas veces has- 
ta cuatro. Llegan a tener hasta once y una vez que la lon- 
gitud del órgano es bastante, los cascabeles que siguen 
saliendo, fácilmente se rompen, máxim^e si se tiene en cuen- 
ta que muchas veces la extremidad de la cola, golpea con- 
tra partes duras. 

1.— CROTALUS TRISERIATUS Cope. 
Nombre vulgar: HOCICO DE PUERCO. 

Sinonimia : 

CROTALUS TRISERIATUS Cope, Proc. Am. Phil. 

Soc. xxii. p. 179. (1885). 
CROTALUS LUGUBRIS A. Dugés, la Naturaleza, 
iv. p. 25. (1877). 

Caracteres de la especie: "La longitud de la culebra 
adulta de esta especie, generalmente no llega a un metro. 
El cascabel tiene siete segmentos. El vientre es de color 
rosa apagado, con manchas pardo rosadas ; debajo de la 
cola color rosa brillante. Partes superiores del tronco gris- 
verdoso mezclado de naranjado claro hacia los flancos : es- 
tos últimos tienen, bajo ciertas incidencias de luz, un her- 
moso reflejo azul ultramar; sobre la región dorsal se ve 
una serie de 29 a 31 manchas pardo obscuras, un poco 
más claras en el centro, casi cuadradas, y separadas entre 
sí por otra serie de manchas pequeñas, verde amarillo pá- 
lido, algo análogo a la luz del fósforo ; sobre los flancos y 

Mem. Sor. Alzste.— 9 Julio 1921.— t. 39-13 



184 CARLOS CUESTA TERRÓN 



opuestas a las del dorso, se ven unas fajas verticales an- 
gostas foriuadas de dos o tres gruesos puntos pardo-obs- 
curos, .y entre ellas unas 'manchas deslavadas (jue llenan 
los intervalos; en el vértice de la cabeza, detrás de los 
ojos, existe un círculo pardo, interrumpido anteriormen- 
te, y dos manchas delante de las palpebrales : algunas ve- 
ees en lugar de este dibujo, hay de cada lado tres man- 
chas; comienza sobre el occipucio, para extenderse sobre el 
cuello, una especie de herradura angulosa, abierta i)or de- 
lante: luia faja pardo obscuro, se extiende desde el ángu- 
lo posterior del ojo hasta sobre el lado del cuello, pasan- 
do muy cerca del ángulo de la boca ; los labios están man- 
chados de pardo obscuro ; tres o cuatro senii-anillos sobre 
la cola. Las manchas del vientre, algunas veces nmy nu- 
merosas y obscuras, suelen formar como fajas longitudi- 
nales en las extremidades de las gastrostegas. Iris dorado 
arriba, pardo abajo. Sonaja amarillosa ; sus piezas son pe- 
queñas para el cuerpo, y van disminuyendo rápidamente 
de manera que el conjunto representa un cono comprimido 
bastante agudo." (Dugés). 

Habitat: Gnanajuato, Toluca, Zacualtipan, Jalapa, 
Orizaba. 

2.— CROTALUS POLYSTICTUS Cope. 
Nombres vulgares: VÍBORA DE CASCABEL, HOCI- 
CO DE PUERCO. 

Caracteres de la especie: "Esta especie llega a medir 
hasta 90 centímetros de longitud, llegando a tener el cas- 
cabel hasta 9 segmentos. El color general, es gris verduz- 
co; el vientre blanco, con matices violados y naranjados 
o color de rosa, y manchas negruzcas fiue a veces ocupan 
toda la mitad basal de las gastrostegas. Labios color de 
carne ; garganta blanca con sus orillas color de rosa. De- 
bajo de la foseta una mancha sub-cuadrangular : ésta, co- 



LOS CROTALIAXOS MEXICANOS ] 85 



mo todas las otras del cuerpo, de mi pardo rojo, teniendo 
en derredor una línea negra delgada, mny evidente, y las 
más veces, afuera de ésta, otra blanquizca : debajo del ojo 
' una mancha también: del ojo al ángulo de la boca, una 
ancha faja oblicua ; una mancha subtriangular cubre la 
mitad anterior de la escama palpebral, avanzándose sobre 
la región frgntal mediana, y parece como la continuación 
de la manehita infraocular : sobre el vértice y occipucio se 
ven dos franjas separadas posteriormente para recibir 
otras dos manchas alargadas, y en el interior de este do- 
ble triángulo interrumpido, hay dos puntos redondos. En 
el labio inferior una mancha correspondiendo a la de aba- 
jo de la f oseta, otra pequeña debajo del ojo, y una ter- 
cera hacia los dos tercios posteriores de la mandíbula. A 
lo largo del dorso se observa una serie longitudinal de 
grandes manchas subromboides u ovaladas; a los lados de 
éstas los flancos ostentan tres series de manchas, las de la 
segunda hilera son más chicas y las de la tercera están, 
formadas por dos o tres puntos obscuros, cada uno ocu- 
pando una escama; todas estas manchas se engranan en 
los intervalos unas de otras, de manera que no dejan en- 
tre sí más <iue unos espacios claros, del ancho de una esca- 
ma. La cola es, por lo común, más clara y tirando a leo- 
nado; se le cuentan seis o siete fajas transversales y al- 
gunas veces las últimas se separan en dos mitades alter- 
nas; los cascabeles son rubios, el iris cobrizo en su mitad 
superior y pardo en la inferior, la lengua negra. 

Existen ocho prefrontales, 4 anteriores y 4 posterio- 
res, seguidas por tres pequeñas intrapalpebrales, detrás de 
las cuales se ven las pequeñas escamas que cubren el res- 
to de la cabeza; generalmente se observan tres preocula- 
res alargadas en un sentido longitudinal, una encima de 
otra, dos nasales grandes; el semicírculo que rodea el ojo 
inferiormente está separado de las supralabiales por una 
o dos hileras de escamas; hay una naso frenal sub-cuadra- 



186 CARLOS CUESTA TERIiÓX 



da arriba de la f oseta ; 14 q 15 labiales superiores y otras 
tantas inferiores ; las escamas dorsales son comunmente 
25 en una línea oblicua, siendo lisas las tres hileras lon- 
gitudinales externas y las otras con una quilla o arista 
muy señalada. La anal simple." (Dugés). 

Costumbres: En varios ejemplares que hemos obser- 
vado vivos en el Museo Nacional de Historia -Natural, he- 
mos podido darnos cuenta de las costumbres de esta espe- 
cie en cautividad. 

Las víboras, permanecen la mayor parte del día en- 
redadas en forma de espiral, sin dar señales de vida. 
Cuando las aguijonea el hambre, se mueven perezosamen- 
te, arrastrándose con voluptuosidad y abriendo de vez en 
cuando las mandíbulas, como bostezando. Agitan su cas- 
cabel con intermitencia y recorren en todos sentidos el lu- 
gar en que se encuentran prisioneras. Recién capturadas, 
se lanzan violentamente sobre las personas que ven cerca, 
repetidas veces, produciendo un sonido parecido al que 
producen los Zincuates (Pituophis), al atacar, agitando al 
mismo tiempo, con gran violencia, su cascabel. Antes de 
atacar, se enredan dando vueltas en espiral, tardando muy 
poco tiempo para hacer este movimiento. Muerden varias 
veces a sus presas y si no intentan comérselas, sino que 
tratan únicamente de (juitarse un molesto compañero, una 
vez que las muerden las abandonan, seguras del efecto que 
causará su ponzoña. Si tratan de que les sirvan de ali- 
mento, las empiezan a ingerir poco a poco, tardando algu- 
nos minutos en hacerlas desaparecer por completo. Des- 
pués que han comido, reposan la comida, durmiendo una 
especie de siesta que dura varios días muchas veces. 

La especie descrita, era antiguamente abundante en 
los Pedregales de San Ángel y Tlálpam en el Distrito Fe- 
deral. En la actualidad es escasa. El señor Profesor don 
Alfonso L. Herrera, refiere que, no obstante que muchas 
ocasiones ha explorado en aquellas regiones, nunca había 



LOS CROTALIA^^OS MEXICANOS 187 

tenido la oportunidad de encontx'arse con un Crótalo, has- 
ta hace poco tiempo, en que iba a ser víctima de la mor- 
dedura de im pequeño ofidio de éstos, que fue colectado por 
el propio Profesor y mide 53 centímetros de longitud. 

Habitat: Colima, Guanajuato, Guadalajara, Puebla, 
Zacatlán (Hermino Ruano), Pedregal de San Ángel (Al- 
fonso L. Herrera). 

3.— CROTALUS OMILTEMANUS sp. n. 

Sinonimia : 

CROTALUS OMILTEMANUS, Bio-Centr. Amer. 
Rept. & Batrac. p. 192. 
Caracteres de la especie: Existen en esta especie uu 
número pe(j[ueño de escamas labiales y un gran número 
de escamas ventrales. 

El cuerpo es un poco más alargado que en las otras es- 
pecies; las ventrales varían en número desde 178 hasta 
185. Las escamas se encuentran dispuestas en 21 series, 
siendo las escamas del dorso fuertemente carenadas y tres 
series externas lisas. La cabeza es triangular y comprimi- 
da en el sentido vertical; la superficie superior del hoci- 
co, enfrente de las supraciliares está cubierta con escudos 
alargados, que varían en tamaño y en número. Dos esca- 
mas nádales, la anterior más grande que la posterior, mon- 
tándose sobre el anterior y parte superior del hocico. Es- 
camas: rostral, curva hacia atrás; nueve supralabiales se- 
paradas del ojo por una sola serie de escamas. 

Color general: pardo obscuro, con una serie dorsal de 
grandes y más o menos redondeados puntos negros y dos 
o tres series laterales de puntos más peqvieños ; partes in- 
feriores negruzcas; existe una faja negra oblicua que va 
desde el ojo hasta el cuello. Mide de 70 a 8ü centímetros 
y el cascabel posee cinco segmentos. 

Habitat: Omitleme (Guerrero). 



188 CAKI-OS CUESTA TEKKÓN 



4— CROTALUS TIGRIS Kenn. 

Sinonimia : 
CROTALUS TIGRIS Kennicott, U. S. and. Mex. 
Bound. Surv., II, 1859, p. 14. 

Caracteres de la especie: El tamaño de este ofidio, es 
mediano, la cabeza es oval, el canto rostral corto y poco 
distinto, la placa rostral triangular y está en contacto con 
la prenasal. La post nasal y las preorbitarias cortas y sin 
estar en contacto ; existen una o dos loreales. Dos o tres 
filas de escamas abajo de la órbita. Escamas en la parte 
lateral de la cabeza y dorso, carenadas. Tres series de es- 
camas exteriores lisas. 

El color de fondo es café amarillento y blanco sucio 
en las partes inferiores. Existen, atravesando la líneti me- 
dia dorsal numerosos exágonos de color plomizo obscuro. 

Habitat: Monclova, en Coahuila. 

5.— CROTALUS SALVINI, sp. n. 

Sinonimia : 
CROTALUS MOLOSSUS Garman, Bull. Essex. Inst. 
xix. p. 123. 

Caracteres de la especien El color de fondo es gris 
oliváceo, con 32 manchas i)ardo obscuro, subcuadrangula- 
res en el dorso, dos series de puntos pequeños corren a lo 
largo de las partes laterales; parte superior de la cabeza, 
negra anteriormente. Hay una mancha obscura oblicua que 
va desde el ojo hasta el ángulo de la boca. La cola tiene 
bandas obscuras. Las partes inferiores, son de un blanco 
uniforme. 173 placas ventrales; escamas en 25 series y 
fuertemente carenadas. Cuatro series externas, de escamas 
lisas. Los escudos de la cabeza son cóncavos en el centro, 
con los bordes vueltos hacia arriba de manera peculiar. 
Hay trece pcíiueñas supralabiales. 



I.OS CROTALIANOS WEXICAKOS 1S9 

Habitat: Hnamantla, Tlax. Montes de Alvarez, cerca 
de San Luis Potosí. 

6— CROTALUS HORRIDUS Linn. 

Sinonimia : 

CROTALUS HORRIDUS Linn.— Syst. Nat. i. p. 312. 

CROTALUS HORRIDUS Daud. Hist. Rept. v. p.311, 
t. 69. fig. 1. — Jan, leonograph. Ophid. xlvi. t. 3. 
fig. 1. 
CROTALUS DURISSIUS Cope. 
Caracteres de la especie: Dos internasales subtriangii- 
lares en contacto una de otra. La región superciliar se ha- 
ya cubierta por una escama graiule oval. De 12 a 14 supra- 
labiales, siendo más grandes la cuarta y la quinta ; de tre- 
ce a (juince infralabiales. Dos preoculares, la inferior toca 
generalmente la f oseta. Las escamas del cuerpo, se encuen- 
tran dispuestas en 23 a 25 filas, son carenadas, con excep- 
ción de las dos filas exteriores. 

El color de fondo, varía desde el amarillento claro 
hasta el obscuro. Una línea clara va desde la superciliar 
hasta la comisura de la boca, a los lados de la línea me- 
dia dorsal existen dos series de puntos café obscuros o 
negros. Las manchas del dorso son romboideas. La cola 3S 
casi siempre negra. 

Habitat: Sur de México, Omitleme (Guerrero), Te- 
huantepec. 

7.— CROTALUS BASILISCUS Cope. 

Sinonimia : 
CROTALUS BASILISCUS Cope, Bull. U. S. Nat. 
Mus. no. 32, p. 89; A. Dugés, La Naturaleza, (2) 
i. p. 133. (1888). 



190 CARLOS Cl'ESTA TKIíUÓN 



Caracteres de la especie: "Dos y tres series de esca- 
mas debajo del ojo ; series del cuerpo 29, labiales 14. Co- 
lor pardo amarillento con grandes rombos dorsales adya- 
centes de un color rojo castaño con orillas amarillas, alter- 
nando con manchas castañas; no hay fajas longitudinales 
anteriormente. Cascabel acuminado ; alto el hocico, cu- 
bierto por tres pares de escudetes simétricos en contacto ; 
nasales distintas. (Cope). Mide más de un metro de lon- 
gitud. 

Habitat: Colima, Mezquital del Oro. Zacatecas, Valle 
de México, San Luis Potosí, Guanajuato, Guadalajara, Si- 
lao, Zamora, Puebla. 

8.— CROTALUS ATROX Baü'd y Girard. 

Sinonimia : 

CROTALUS ADAMANTEUS, Beauvois. Trans. Am. 

Phil. Soc. iv. p. 368 (1824). 
CROTALUS ADAMANTEUS var ATR.OX, Garman, 

Mem. Mus. Comp. Zool. viii. p. 113 (1883). 
CROTALUS ATROX, Baird y Girard. Cat. N. Amer. 
Rept. pp. 5, 156. 
Caracteres de la especie: Entre las Culebras de cas- 
cabel, son de las más grandes las de esta especie. Se han 
llegado a encontrar individuos de más de dos metros ds 
longitud. El aspecto de este ofidio es particular, pues que 
desde luego revela ser fuerte y terrible, la cabeza es más 
ancha y aplastada que en los individuos de otras especies. 
Existen placas en la cabeza; dos internasales en contacto 
una de otra, entre éstas y las superciliares, a un lado de 
la corona, hay dos placas imbricadas; las supraoculares 
están bordeadas por uiui fihi de escamas grandes. Existen 
tres filas de escamas, entre las labiales y las suborbita- 
rias ; 16 supralabiales, siendo la primera, la (luinta }' i:i 



LOS CROTA líanos MEXICANOS 191 

séptima más grandes; 15 infralabiales, la primera y la ter- 
cera más grandes; de 25 a 27 filas de escamas dorsales 
carenadas, con excepción de las dos filas exteriores; en la 
cola existen de 3 a 6 anillos negros incompletos, que se des- 
tacan sobre fondo blanco. 

El color es oliva o café tabaco, dibujándose en el dor- 
so manchas subrómbicas de margen amarillento. El abdo- 
men es amarillento : La extremidad de la cabeza es poco 
más obscura que el resto del cuerpo. 

Los colmillos ponzoñosos, se encuentran en esta espe- 
cie muy desarrollados, las glándulas de la ponzoña igual- 
mente. Es una de las serpientes más peligrosas ¡lor .la acti- 
vidad de su ponzoña. 

Costumbres : Vive en las proximidades de los lugares 
en que existe agua. En cautividad, hemos tenido oportuni- 
dad de observar dos ejemplares adultos : Uno murió a los 
pocos días de haber sido capturado ; el otro, al principio 
dio muestras de actividad y se irritaba con mucha faci- 
lidad, después volvióse poco activo. En general, el CRO- 
TALUS POLYSTICTUS, nos parece más nervioso que la 
especie de que nos ocupamos. La violencia de su ponzoña 
la hemos confirmado en experiencias que sobre el particu- 
lar hicimos. Dos ratas blancas (MUS RATUS var ALBUS 
Linn), de igual tamaño y aproximadamente de igual peso, 
fueron mordidas, separadamente, por un ejemplar adulto 
de la especie POLYSTICUS y uno de la especie ATROX. 
Los dos ofidios mordieron con fiereza a sus víctimas, des- 
pués de una preparación larga, en la que irritamos a am- 
bas culebras. La ponzoña del ATROX terminó con la vi- 
da de la rata en 14 minutos y medio, dilatando 7 minu- 
tos más en morir la rata mordida por el POLYSTICTUS. 

Habitat: Noroeste de México, Baja California (C. 
Núñez). 



]92 CARLOS TUESTA TERRÓN 



* * * 



Muchos esfuerzos han hecho los hombres de ciencia en 
pro de conseguir sueros específicos, ¡jue contrarresten los 
fatales efectos de las ponzoñas de los Crotalídeos. Hasta 
hace algún tiempo, el único suero conocido era el del Dr. 
Calmette, preparado por el Instituto Pasteur, de Francia. 
Este suero, presentado bajo una forma sólida, no llenaba 
los requisitos deseables y su eficacia era relativa. El Dr. 
Vital Brazil, parece haber solucionado el problema y su 
suero "ANTICROTALICO," fue empleado con sorpren. 
dente éxito, en un caso de iniordcdura acaecido en el i\lu- 
seo de Nueva York. 

La gente de nuestro pueblo, tiene infinidad de reme- 
dios, de dudosa seguridad, para combatir los efectos de 
la ponzoña de los Crotalianos. En cada región del país, 
existen remedios distintos, cuya enumeración sería inter- 
minable. En lo general, se sigue la práctica de dar a las 
víctimas grandes dosis de alcohol. Esta es una práctica 
mala, si se tiene en cuenta (lue a los efectos de la ponzoña 
sobre el sistema nervioso, se suman los efectos tóxicos del 
alcohol. En el Estado de Morelos, adonde frecuentemente 
en los ingenios azucareros, entre las siembras de caña, eran 
mordidos los peones, la costumbre mencionada era muy 
común. Igualmente acontece en el Estado de Veracruz. 

No debemos descuidar, el hacer constar en este tra- 
bajo, lo (pie puede y debe hacerse innu^diatamente en ca- 
so de un accidente: i)or regla general, los lugares del cuer- 
po que con frecuencia se ven lieridos j)()r los colmillos de 
los Crotalianos, son las piernas y los brazos. Sin perder 
tiempo, lo primero que hay (pie hacer en caso de un acci- 
•lente, es ligar el miembro herido, arriba del sitio vulne- 



LOS CRtn A líanos mexicanos 193 

rado, esta ligadura puede hacerse con un lienzo, en forma 
de venda, con una faja o ceñidor, y ha de procurarse que 
sea todo lo fuerte posible. A continuación, las heridas cau- 
sadas por los colmillos, han de ampliarse con una navaja 
o cualquiera otro instrumento cortante. Con estas dos co- 
sas, se procura impedir <iue la ponzoña pase al torrente 
eirculatorio, y esto casi se logra cuando se obra rápida- 
mente. Las cortadas ([ue se hagan para ampliar las heri- 
das producidas por los colmillos del ofidio, deben ser sufi- 
cientemente amplias y profundas, para provocar abundan- 
te hemorragia, teniéndose el cuidado de no lesionar algu- 
na arteria o vena importante. A ser posible, la herida se 
"chupará" con la boca; es ésto .peligroso, porf^ue pudie- 
ran existir grietas o pcíjueñas escoriaciones en los labios, 
lengua, encías o paladar, por donde la ponzoña pudiera 
penetrar. Las h'eridas deberán ser lavadas después, con 
una solución concentrada de pernianganato de potasio. Es- 
tos lavados se repetirán varias veces. La ligadura se irá 
aflojando poco a poco, pues de no hacerlo, se provocaría 
la gangrena del miembro herido. Para tonificar a la víc- 
tima se le suministrarán PEQUEÑAS DOSIS de alcohol, 
a intervalos regulares. Por último, los sudoríficos, las be- 
bidas que obliguen a orinar obundantemente, son recomen- 
dables, pues se favorece la eliminación de la ponzoña. Las 
inyecciones de estricnina, cafeína y esparteína, pueden 
emplearse para reanimar a la víctima. En los lugares en 
i[ue. haya poblados de importancia cerca, lo más convenien- 
te es acudir en seguida a un médico ; después de haber 
practicado la ligadura y la ampliación de las heridas el 
mismo herido. 

Todos los Crotalídeos, deben ser perseguidos sin pie- 
dad y aun puede obtenerse utilidad de esta persecución, 
3'a que sus pieles se cuotizan, en los Estados Unidos, 'al 
precio de 50 centavos, oro americano, pieza. 



194 f'ARLOS (TESTA TERRÓN' 



En algunos Estados, en el de Jalisco, por. ejemplo, con 
frecuencia so venden en los mercados, carne, pieles y col- 
millos de culebras de cascabel. El vulgo dice que tienen 
propiedades miedicamentosas, entre otras, la de regular la 
menstruación en las mujeres y la de prevenir las hemo- 
rragias post-partum. Creemos no sea esto sino una vulga- 
ridad y la consignamos como dato curioso. 



México, agosto 31 de 1919. 



AUTORES CONSULTADOS: 

Eritish Museum.— "Catalogue of Snakes."— Yol. VIH. 
—1896. 

Brehm A. E.— "La Vida de los Animales."— Tomo V.— 
Reptiles, Batracios y Peces. — 1882. 

Cope Edward D. — "The Crocodilians, Lizards and Snakes 
of America."— 1900. 

Diiges Alfredo. — "Apuntes para la Monografía de los Cró- 
talos de México." "La Naturaleza." Tomo IV, Pri- 
mera serie, 1879, pp. l-íjé; "Erpetología del Valle 
de México." "La Naturaleza," Tomo 1, Segunda se- 
rie, 1891. p. 97. 

Dumeril C. — "Erpétologie genérale ou Histoire Naturelie 
des Roptih^s." Tomo Vil. 2^ parte.— 1854. 

Ditmars Raymond L.— "Tlie Reptile Book."— 1908. 

Gunther Albert C. L. G. — "l^iología Centrali- Americana." 
— Reptilia and Batrachia.— 1885-1902. 

Jan Georges et Sordelli Ferdinand. — "Iconographic gené- 
rale des ophidiens."— 1860-1866. 

Stejneger L. — "The poisonous snakes of North America." 
1895. — "Ilerpetoiogy of Japan and adyacent terri- 
tory." 1907. 



SOCIÉTÉ SCIEKTIFIQUE "ANTONIO ÁLZATE" — MÉMOIRES, T. 39 195 



OTRO ANTIGUO VASO MEXICANO EN FORMA 

DE CABEZA 

POR HERMANN BEYER, M. S. A. 



(Sesión del 6 de Septiembre de 1920) 

Hace casi cinco años tuve la oportunidad de presen- 
tar a esta Sociedad, una vasija antropomórfica, acompañan- 
do su exposición con algunas palabras explicativas. El pe- 
queño comentario ha sido publicado últimamente (1) y hoy 
estoy en la condición de poder enseñar una segunda pieza 
del mismo carácter (figura la y Ib). 

Este ejemplar es propiedad del señor Erwin Rupp, 
quien bondadosamente me lo prestó para su estudio y pu- 
blicación, facilitándome, además, un dato importante, el de 
la procedencia de la pieza. Fue encontrada en el pueblo 
de Coatlinehán, distrito de Texcoco, y adquirido por dicho 
señor de una persona intermediaria. 

La configuración de esta vasija es semejante a la del 
vaso del señor Porcher, representando un tecomate con 
asiento. Pero la nueva pieza es 'uiás chica (altura: 15 cm. ; 
ancho en la parte más dilatada, 13,5 cm.), y de aspecto 
más comprimida. 

La cara o máscara de Xipe en que está transformada 
la copa, está fácilmente reconocible por la boca abierta y 
los párpados caídos. Los demás emblemas, empero, no son 
tan bien ejecutados como en el primer ejemplar. 



196 



HEll-VIAXN BKYKK 




Fig. 1 a. — Vaso de barro, visto de perfil. 
(Colección Rupp). 



El yopitzontli, el íocado consistiendo on un adorno 
puntiagudo con cintas que terminan en dos cabos en las 
representaciones típicas, está indicado o substituido en 
nuestra pieza, i)oi- rayas (|ue forman un cono (figura 2), 
Parece ser el mismo pelo (lue está arreglado de esta man^^- 
ra. Como yopitzontli, literalmente traducido, (juiere decir 
"pelo o cabellera yopi," esta manera de reproducirlo no 
nos debe extrañar. Una forma algo parecida afecta el ador- 



ANTIGUO VASO MEXICANO EN F«iRMA DE CABEZA 



197 




Fig. 1 b. — Vaso de barro, visto de arriba. 



no que corona la cabeza de un Xipe Totee, grabado en una 
máscara de piedra (figura 3). 

Las orejas ostentan simples discos con un círculo in- 
terior, en vez del elaborado colgaje de la vasija de Por- 
cher y de los dibujos de Xipe, de los códices. 

' El adorno de la nariz también es atípico. Generalmen- 
te es un yopitzontli pequeño con dos cintas laterales rema- 
tadas en puntas. En nuestro caso, del cono central ya que- 
da sólo una indistinta prominencia y los cabos no terminan 



198 



HERMANX BEYER 




Fie. 2. — Detalle del vaso. 




*y 



1 



¿y 



Fig. 3. — Reverso de una máscara de piedra. 
Museo Británico. Londres. 



en dos puntas, sino en lóbulos tripartitos. Sin embargo, una 
u otra vez también en los manuscritos pictóricos, estos ador- 
nos simbólicos salen en tres puntas (por ejemplo. Códice 
Nuttall, págs. 83 y 84, Códice Vaticano U, págs. 39-y 92). 

Como última parte del adorno he dejado la venda, 
porque en ésta hay un detalle que no puedo explicar satis- 
factoriamente. Esta faja está embellecida en cada lado con 
dos discos (jue tienen un botón. Corresponden estos círcu- 
los a las piedras azules o verdes fjue adornan la venda del 
dios, en representaciones pictóricas (figura 4). Pero el de- 
talle emblemático sobre la mitad de la frente (figura I.'"', 



ANTIGUO VASO MEXICANO KN FORMA DE CABEZA 



199 




Fig. 4.^Xipe Totee. Códice Borbónico, pág. 36. 

no puede ser idéntico con la pieza (jiie ocupa el mismo 
lugar en la figura 4. En este caso es también un pormenor 
conocido, una voluta fabricada de piedra preciosa. Como 
adorno central de la venda de Xipe Totee aparecen, ad*'- 
más la cabeza del cipactli (Códice Xuttall, pág. 38), ia 
codorniz (Códice Vaticano B, pág. 39), y tres puntas, evi- 
dentemente cortadas de papel de amate (figura 5). Sólo con 




Fig. 5. — Cabeza de Xipe Totee. 
Códice Borgiano, pág. 24. 



Mcir. Soc. Álzate— S-Jnlio-1021.—t. 39—14 



200 HERMANN BEVER 



este Último ornato es con el (jue se puede comparar el del 
vaso. Pero como también la nariguera del Xipe del vaso 
ostenta un adorno tripartito, puede tratarse igualmente en 
el problemático emblema frontal del símbolo de esta dei- 
dad en aquella variación, y no es posible decidirse por una 
de las dos posibilidades. 

Me resta hacer unas observaciones acerca de la técni- 
ca de su ejecución y de la clase de alfarería a (jue perte- 
nece nuestro vaso. Está hecho de un barro moreno claro 
y pintado con un color plomizo. La copa o receptáculo fue 
fabricado en dos partes, como se comprende por las hue- 
llas de unión que han quedado ; a la altura de las orejuo, 
en el interior, se observa un saliente horizontal y fuera se 
ve un lijero abultamiento, bien notable en la región de la 
barba. La pieza, amiíjue bastante bien modelada, no me- 
rece la calificación de obra artística ; parece más bien un 
objeto hecho por un alfarero hábil, pero rutinario. 

La vasija pertenece a una cerámica que se distingue 
poi- un barniz o baño de color obscuro v de lustre metáli- 
co. Alfarería de este grupo técnico ya es conocida desde 
hace tiempo y Seler reunió casi todo el material en el to- 
mo V de sus Uisertaciones. (2) Las piezas allí reproduci- 
das son, en su mayor parte, obras de valor artístico y su 
barniz forma una capa gruesa, dando un aspecto vidriado 
a las vasijas. En nuestro ejemplar, o sea el vaso del señor 
Rupj). el baño de coloración plomiza es muy delgado y así 
el brillo metálico apenas notable. Pero que se trata del mis- 
mo barniz (jue ostentan las piezas finas, se comprende del 
hecho de (jue éste, en alguna parte, toma color moreno 
amarillento. Esto precisamente sucede también en los ob- 
jetos estudiados por Seler (-3) y Saville (4^. Entre estos 
l»r()(Iu('tos cerámicos existe también un \asi) cilindrico d.''- 
coradu con una figura del dios Xipe Totee, (|ue hallado 
en Teotihuacán (5). 



ANTIGUO VASO MEXICANO EN FORMA DE CABEZA 201 

La vasija de Porcher y la de Rupp, aunque casi idén- 
ticas en su forma general, son absolutamente distintas en 
su técnica y nos comprueban qne la idea de emplear la 
máscara o cabeza de Xipe para vasos, era conocida en di- 
ferentes regiones del antiguo México. Como los autores del 
siglo XVI nombran a Xipe Totee "dios universal," lo que 
quiere decir (jue fue deidad adorada por todas las tribus 
nahuas, esta difusión de su imagen es bien explicable. 

Aunque bajean sido encontradas varias piezas de la ce- 
rámica de lustre metálico en el Valle de México y entre 
ellos la que dio causa a este trabajito, no es probable que 
se hayan fabricado en esta comarca. Su centro de produc- 
ción debe buscarse en el Sur de la R-epública o en Centra 
América. Sólo como mercancía fueron importadas a la re- 
gión central. 

Nuestro artefacto fue entregado al señor Rupp, como 
"pebetero." Esta clasificación no se ha de fundar en cir- 
cunstancias del hallazgo, sino parece ser una mera conje- 
tura del vendedor. Para mí queda fuera de lo posible (jue 
un vaso con receptáculo casi cerrado y sin agujeros de 
ventilación laterales, pudiera haber servido de pebetero 
o incensario ; carbón y copal echado en este objeto, se apa- 
garían en pocos minutos. Por eso sostengo la misma opi- 
nión que emití acerca del vaso de la colección de Porcher: 
ambos son objetos de lujo que ocasionalmente sirvieron 
para tomar en ellos algún líquido. 



202 HERMANN BEYER 



NOTAS 

(1) Hermann Beyer. Sobre un antiguo Vaso Mexicano en 
fonna de Cabeza. Memoi'ias de Sociedad Científica "Antonio 
Álzate," México. T. (1920), págs. 81-90. 

(2) Eduard Seler, Die Teotiuacán-Kultur des Hochlands 
von México, Gesammelte Abandlungen, T. V. (Berlín, 1915), 
págs. 557-585. Algunas otras piezas se encuentran en el es- 
tudio del Prof. Marshall H. Saville, The Glazed Ware of Cen- 
tral América, with special reference to a Wistting Jar from 
Honduras. Holnies Anniversary Volumen, Washington, 1916, 
págs. 421-426. 

(3) Seler, op. cit. pág. 557. 

(4) Saville, op. cit. pág. 427. 

(5) Seler, págs. 579 (fig. 263) y 580-581. 



SOCIÉTÉ SCIENTIFIQUE "ANTONIO ÁLZATE".— MÉMOIRES, T. 39 203 



DATOS PARA LA HISTORIA DE TOLUCA 

FRAY ANDRÉS DE CASTRO 

POR EL PROF. MIGUEL SALINAS, M. S. A. 



(Sesión del 5 de Julio de 1920) 

Los que hoy habitan la metrópoli mexicana leen coa 
frecuencia, en las placas de ciertas calles, los nombres de 
Motolinía y de Gante; pero son muchos, seguramente, los 
que ignoran que tales apellidos no fueron puestos en esas 
vías por la voluntad de un partido vencedor, sino que se 
impusieron, sin duda, por sí mismos, en virtud de la gran- 
deza indiscutible de los claros varones que llevaron en vi- 
da esos nombres. 

El mérito triunfa casi siempre. La Justicia, en toda 
tiemjio, reclama sus fueros. Por eso he concebido la esp.í- 
ranza de que suceda en Toluca lo que ha sucedido en Mé- 
xico ; y creo que, tarde o temprano, la primera de estas 
ciudades, llevando a cabo la más justa de las reparaciones, 
glorificará, en un monumento público, el nombre de Fray 
Andrés de Castro. ¡ Parece mentira que Toluca haya olvi- 
dado enteramente a tan benemérito franciscano, que pue- 
de considerarse como uno de los fundadores de aquella ur- 
be, y que fue el primero y más importante apóstol de ia 
nación matlatzinca ! 

Lo mismo que Gante y Motolinía, Castro fue misione- 
ro cristiano ; fue, como el segundo, español del siglo XVI, 



204 l'ROF. MIGUEL SALINAS 



y tuvo un puesto en la numerosa falange franciscana. Con- 
currieron, pues, en su persona las características del hé- 
roe religioso de aquella época ; por la sanidad de su vida 
y por lo extraordinario de su labor civilizadora, llegó a la 
cima del heroísmo. 

Vastago de una familia noble, nació en la ciudad de 
Burgos, capital de Castilla la Vieja. Desde los primeros 
años de su infancia se inclinó al estudio y a la práctica de 
las virtudes ; y cuando llegó a la edad exigida por las re- 
glas monásticas, entró de novicio en el Convento de San 
Francisco de su ciudad natal. Pasado su período de prue- 
ba, hizo profesión y se consagró en seguida al estudio. (1) Oyó 
primero un curso de Artes y luego otro de Teología ; no 
conforme con lo que había aprendido, fue a Salamanca con 
beneplácito de su prelado, y allí, durante cinco años, siguió 
los cursos dados por los famosos maestros Fr. Andrés Ve- 
ga, Fr. Francisco del Castillo y Fr. Alonso de Castro, todos 
de la Orden Seráfica. 

La vasta cultura de Fr. Andrés y la vida ejemplar que 
llevaba, hicieron que los miembros de su comunidad se fi- 
jaran en él y lo nombrasen maestro de novicios. 

De lo que toca al año de su nacimiento, nada dicen los 
autores que he consultado ; pero teniendo en cuenta el pe- 
ríodo de su noviciado, el tiempo que duraron sus estudios 
en Burgos y en Salamanca y el que pasó desempeñando al- 
gunos cargos, no habrá gran error en asegurar que cuando 
pisó el suelo de Nueva España, su edad era ya de treinta 
años o de un poco más. Vivió en América siete lustros, y 
acabó bienaventuradamente en santa vejez, según dice 
Mendieta ; y como su fallecimiento fue el 14 de diciembre 



(1) Después de publicada la primera edición de esta biografía, 
supe que la toma de hábito de Fr. Andrés fue en 1526. Me comu- 
nicó tal noticia el señor don Federico Gómez de Orozco. La 
encontró en la páf?. l.'U de un Diccionario Biográfico de Autores 
de la Provincia de Burgos, escrito por Manuel Martínez Añí- 
barro.— Madrid, Imp. de Manuel Tello, 1889. 



FRAY ANDRÉS DE CASTRO 205 



de 1577, puede colegirse que debe de haber nacido al fin de 
la primera década del siglo XVI o al principio de la se- 
gunda. 

* * * 

Para el gobierno de los franciscanos que vinieron pri- 
meramente a las Indias, el Ministro General de la Orden 
Seráfica concedió facultades al Provincial de Andalucía y. 
a falta de éste, al Guardián de San Francisco de Sevilla. 
Pero debido a la lejanía de las comarcas y a la gran difi- 
cultad de mantener fácil y constante comunicación con sus 
superiores, los frailes se congregaron en grupos llamados 
custodias, regidas, cada una, por un custodio, electo por 
sus hermanos cada tres años. El primero que en México 
tuvo tal dignidad fue Fr. Martín de Valencia; el cuarto, 
Fr. Jacobo de Testera. 

Por la importancia que muy pronto adquirió la Cus- 
todia de México, fue elevada a la jerarquía de provincia 
en 1536, en el capítulo general de Niza, con el nombre de 
Provincia del Santo Evang-elio. Su primer provincial fue 
Fr. García de Cisneros, uno de los doce franciscanos que 
llegaron en 1524 y que formaron aquel grupo que bien me- 
rece el nombre de Apostolado de Anáhuac. 

Los frailes de San Francisco celebraban periódicamen- 
te una reunión, a la cual llamaban capítulo general, inte- 
grada por representantes de todas las provincias y custo- 
dias del mundo. Esa reunión se efectuaba en diferentes ciu- 
dades. Para el capítulo general que se congregó en Mantua 
en 1541, la Provincia del Santo Evangelio envió como re- 
presentantes a Fr. Jacobo de Testera y a Fr. Martín de Ho- 
jacastro. El primero obtuvo en Mantua, durante el capítu- 
lo, la alta investidura de Comisario General para todas las 
Indias, cargo que duraba seis años, que era superior al .de 
provincial y que daba derecho para visitar e inspeccionar 



20G PK(»F. MIGUEL SALIKAS 



todas las provincias y custodias del Nuevo Mundo. Algún 
tiempo después este Comisariato General se dividió en dos : 
uno para México o Nueva España y otro para la Nueva 
Castilla o Perú. 

Terminado el capítulo de Mantua, Fr. Jacabo se aper- 
cibió a regresar a la América. Inspirado por su generoso 
pensamiento de apóstol y obligado por su elevada investi- 
dura, pasó por España para reclutar, entre los mínimos hi- 
jos del de Asís, una legión numerosa, dispuesta a despre- 
ciar los peligros del viaje y del clima, a vivir una vida de 
extremada pobreza, a practicar muchas virtudes y a sacar 
de la idolatría a millones de seres humanos, para llevarlos 
al seno de la fe cristiana. Recinto unos ciento veinte o 
ciento cincuenta misioneros, pasó con ellos el Océano y ■ú 
fin llegó a pisar de nuevo la tierra de Anáhuac. Entre esa 
falange de civilizadores, vino a México Fr. Andrés de 
Castro. 



* * * 



Hombre de letras, y, además, inflamado por el espíri- 
tu apostólico, comprendió que su labor sería estéril, si uo 
aprendía las lenguas que hablaban los hijos del país. Se 
consagró desde luego al estudio del náhuatl, y una vez do- 
minada esa lengua, se dio al ejercicio de la predicación. 

Enviado al valle de Matalcing-o (así llamaban al de To- 
luea), lo recorrió en todas direcciones, subió a las monta- 
ñas que lo cercan y se puso en contacto con los habitantes 
de aquellas comarcas. Grande fue su pena cuando se con- 
venció de que tales gentes, casi en su totalidad, practicaban 
aún la idolatría ; y se apenó más cuando se dio cuenta de 
que aquellos idólatras no podían ser evangelizados, porque 
sólo hablaban la lengua matlatzinca y nada entendían de lo 
que se les explicaba en español o en mexicano. No se arre- 
dró ante semejante dificultad, y lo que no habían intentado 



FRAY AXDIíKS DE CASTRO 207 



siquiera sus santos y diligentes predecesores, él lo acome- 
tió y llevó al cabo felizmente : aprender el matlatzinca o 
pirinda, lengua bárbara y dificultosa, que dice Mendieta. 

Los largos estudios que hizo Castro en España lo ca- 
pacitaron ampliamente para las labores lingüísticas. Aque- 
llos que entonces, de un modo asiduo, seguían los cursos de 
Teología eran excelentes conocedores del latín y sabían mu- 
cho de griego y aun de hebreo. Fr. Andrés fue, sin duda, 
de éstos : así se explica que en corto tiempo haya dominado 
el Dáhuatl y el matlatzinca. 

La práctica intensa y constante de este segundo idio- 
ma le permitió escribir en él varios libros : un Arte con su 
correspondiente Vocabulario, una Doctrina Cristiana y un 
Sermonario. El último contenía sermones para todas las fies- 
tas del año. (1). 

Mientras vivió Castro, y aun mucho tiempo después de 
su muerte, ningimo de los religiosos venidos de España su- 
po la lengua matlatzinca. Más tarde hubo misioneros que la 
estudiaron, y escribieron en ella gramáticas y vocabula- 
rios : figuran en ese número Fr. Miguel de Guevara y Fr. 
Diego Basalenque. Algo se ha publicado de la obra del pri- 
mero ; no así de la del segundo. (2) Existeun ejemplar ma- 
nuscrito de ésta — tal vez incompleto — en el Museo Nacio- 
nal de Arqueología; hay uno que otro en manos de particu- 
lares, y uno completo y muy bien conservado, que pertene- 
ció al Dr. don Nicolás León, está en una biblioteca de los 
Estados Unidos. 



(1) En el tomo publicado por el Ministerio de Fomento 
de España, con el título de Cartas de Religiosos, en la pág. 
162, se halla una carta dirigida a Felipe II, acerca de un 
monasterio llamado de la Madre de Dios. Esa carta está fir- 
mada por Fr. Andrés de Castro, Miguel Navarro, Fr. Juan de 
Escalante, Fr. Francisco Villalba y Fr. Ventura de Fuencalada. 

2 Véase el Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía 
y Estadística, Primera Época, Tomo IX, pags. 197 a 260. 



208 PROF. MKU'Er, SALiXAS 



De las obras manuscritas que dejó Fr. Andrés de Cas- 
tro, nada se sabe. Las enumera Mendieta en su Historia 
Eclesiástica Indiana; (1) hacen lo mismo Tor(|uemada y 
Vetancurt en sus respectivas historias ; repiten la notieia 
León Pinelo, Nicolás Antonio, Eguiara y Beristáin : y en un 
libro, relativamente moderno, del Conde de la Vinaza, (2) 
hay un resumen de todas estas citas; El origen de ellas es 
Mendieta, autoridad intachable, pues conoció personalmen- 
te a Fr. Andrés en el convento de Toluca y tuvo en sus mu- 
nos, probablemente, los manuscritos. Beristáin asegura ha- 
ber visto un ejemplar de ellos, muy bien conservado y os- 
crito de buena letra, en la biblioteca del convento de Tlal- 
telolco. (3) 

Nadie negará el mérito de Guevara, Basalen(}ue y de- 
más misioneros que lograron aprender el matlatzinca y es- 
cribieron obras en él: pero este mérito nunca igualará al 
de aquél que lo supo y estudió primero. Quizá no fuera te- 
merario asegurar que aquellos insignes poliglotos bordaron 
en la tela ya tejida por Fr. Andrés de Castro. 

Conociendo ampliamente dos lenguas indígenas, soltó 
las velas a su deseo fervoroso de evangelizar, combatió sin 
tregua la idolatría, predicó la doctrina de Cristo, procuró 
constantemente recoger a los miles de indios que vivían en 
las selvas y despoblados y los indujo a formar sociedad y 
a habitar en pueblos y ciudades. La policía y el bienestar 
material de los indios nunca le fueron indiferentes. 

Las tareas apostólicas de Fr. Andrés de Castro lleva- 
ron al seno de la Iglesia copiosas multitudes; el misionero 
se identificó de tal modo con los matlatzincas, que éstos 



1 Libro V, Parte Primera, Cap. Lili, pág-. 7.06. 

2 Bibliografía de las lenguas indígenas de América, oág. 
247, edición de Madrid, 1892. 

3 El Sr. Dr. don Nicolás León, con la diligencia que suele, 
está haciendo pesquisas que tal vez lo lleven a descubrir el 
paradero de los manuscritos matlatzincas de Fr. Andrés de 
Castro. Es de desear que así suceda. 



FRAY ANDRÉS DE CASThO 200 



acudían a él — único que -sabía comprenderlos — en todas sus 
necesidades. Apenas puede concebirse que un solo varón, 
por sí mismo, sin ayuda de nadie, haya podido atender a 
millares de hombres, no sólo en sus justas demandas, sino 
hasta en sus impertinencias. Esto dio por resultado que se 
le acumulase tanto trabajo, que, a las veces, le fue imposi- 
ble soportarlo, pues iba más allá del límite del aguante hu- 
mano. Por tal motivo, en varias ocasiones estuvo a punto 
de abandonar el valle de Toluca ; pero los indios lo seguían, 
se le ponían delante, formando una valla infranqueable ; las 
mujeres y los niños le abrazaban las rodillas, lloraban to- 
dos y, al fin, los hombres lo alzaban en vilo y lo llevaban 
de nuevo a su iglesia y convento. 

Para tener idea de la carga que echó sobre sus hom- 
bros este sacerdote de carácter férreo, bastará saber que 
cada domingo y día festivo, decía misa, predicaba después 
un sermón en matlatzinca, luego otro en náhuatl y al fia 
un tercero en castellano. Bajaba del pulpito y bautizaba a 
numerosos neófitos, administraba el sacramento del matri- 
monio y, a las veces, sepultaba a los muertos. En los días 
ordinarios, iba a los pueblos circunvecinos a confesar a los 
que lo llamaban, que eran muchos ; impartía constantemen- 
te las enseñanzas religiosas a niños y adultos, valiéndose de 
los más variados e ingeniosos procedimientos; cumplía es- 
crupulosamente sus reglas relativas a las horas de meditar 
y rezar; nunca le faltaban consejos prudentes para aque- 
llos de sus hijos espirituales que sufrían quebranto en sus 
negocios; intervenía en el arreglo de las desavenencias con- 
yugales, y procuraba con gran solicitud la extirpación de 
la idolatría y de ios vicios. 

Enseñar y predicar constantem^ente en varias lenguas; 
resistir siempre soles, lluvias y fríos ; confesar sin descan- 
so a numerosos individuos, muchos de ellos dados al uso 
de bebidas embriagantes; comer cada día una sola comida, 
demasiado frugal, y sólo beber agua, es algo que apenas 



210 PROF. MIOUEL SALINAS 



l)uede concebirse y que arruina al más vigoroso de los or- 
ganismos humanos. Fr. Andrés de Castro hizo todo esto du- 
rante siete lustros. 

Asegura Mendieta fjue fue incontable el número de in- 
dios que convirtió y bautizó el Apóstol de Toluca. La ad- 
ministración del bautismo a las multitudes constituye una 
operación muy fatigosa. En los primeros años del régimen 
colonial, los franciscanos, en muchas ocasiones, bautizaron 
por grupos y no individualmente; esto hizo nacer ciertas 
dudas que atormentaron a las conciencias timoratas y que 
vino a calmar la bula Altitudo, expedida en Roma por el 
Papa Paulo III en junio de 1537. Dicha bula declaró váli- 
dos JOS bautismos hechos anteriormente por grupos ; pero 
mandó que, a fin de hacer comprender a los catecúmenos 
toda la alteza del sacramento, se bautizara siempre con agua 
consagrada — excepto en los casos de urgencia ; que, tra- 
tándose de multitudes, sólo se pusiera la sal, saliva, capillo 
y candela a los dos o tres primeros neófitos ; pero que el 
agua, catecismo y exorcismo se aplicaran individualmente. 
A estas instrucciones se sujetó siempre Fr. Andrés. 

Antes de la llegada de éste, los frailes que lo precedie- 
ron habían comenzado a evangelizar a los moradores del 
valle de Matalcing-o y habían levantado una capilla provi- 
sional. Esto es indudable, pues en el testimonio de Pascuí.il 
de Ang^ulo (1) se afirma que cuando Hernán Cortés iba a 
Toluca, se aposentaba en la casa de los caciques, donde te- 
nía sus divertimientos, y asistía por las mañanas a los ofi- 
cios divinos. Como el Conquistador se partió para España 
en 1540 y Fr. Andrés de Castro llegó de ella en 1542, se 
infiere ({ue antes del año de 40 ya ha])ía en Toluca una ca- 
pilla consagrada al culto. Sin embargo, no debe olvidarse 
(jue las tareas evangélicas del Apóstol aumentaron conside- 



1 Documento auténtico que perteneció a la colección de 
clon Joaquín García Icazbalceta y que trata de la fundación 
del convento de San Francisco do Toluca. 



FRAY ANDRÉS DE CASTRO 



211 



rablemente el número de fieles, y que los franciscanos sin- 
tieron la necesidad de ampliar desde luego la primitiva ca- 
pilla y de construir después la iglesia grande y el conven- 
to anexo. 

El primitivo templo católico de Toluca — no hay noticia 
de otro más antiguo, — del cual existe aún la portada, com- 
puesta de tres arcos sosteilidos por columnas monolíticas, 




Portada de la Capilla de la Santa Cruz de los Otoniites. 

Los tres arcos subsisten avin ; el de la derecha está descubierto, 

y los otros dos, cubiertos. 



fue la Capilla de la Santa Cruz de los Otomites. Estaba al 
Poniente de lo que hoy e§ Parroquia de San José y, en otro 
tiempo, iglesia de la Tercera Orden de San Francisco. La 
actual sacristía de esta iglesia formó parte de dicha capi- 
lla, lo mismo que un tramo del pasillo que hoy conduce del 
Portal Merlín al Cuadrante de la Parroquia. 



PROF. MIGUEL SALINAS 



Es muy probable <iue Fr. Andrés de Castro haya cola- 
borado en la ampliación y reedificación de la Capilla de la 
Santa Cruz: ésta fue uno de los teatros más importantes 
de sus tareas apostólicas : de ello nos (luedan pruebas se- 
guras. Tanto en el testimonio de Pascual de Ángulo comD 
en La Ciudad de Toluca, obra publicada por don Isauro 
Manuel Garrido en 1883, se asienta que en los muros late- 
rales de la Capilla, por la parte interna, había sendos reta- 
blos o pinturas, acompañados de inscripciones en lengua 
mexicana. Un diligente vecino de Toluca — el señor don Mel- 
chor Carrasco — copió y conservó las inscripciones que re- 
produce Garrido (1) 

En uno de los retablos aparecía el primer Marques del 
Valle, el Cacique de Toluca, un grupo de religiosos y otro 
de indios principales, todos frente a una cruz. El otro reta- 
blo representaba a unos frailes administrando a numerosos 
indios los sacramentos del bautismo, de la penitencia y de 
la comunión. Es seguro que entre aquellas figuras de frai- 
les estaba la de Fr. Andrés de Castro : tal se presume de la 
inscripción mexicana, cuya traducción libre decía así : 
"Cuando fue renovada i la Capilla de la Santa Cruz), pre- 
dicaron el P. Guardián Fr. Pedro de S. S'' y Fray Andrés 
de Castro, instructor de los matlatzincas ; y se administró 
en ella la sagrada comunión. Año de 1775." (2) 



1 La Ciudad de Toluca, pa^s- 19 y 20. Toluca, Imprenta 
del Instituto Literario a cargo de Pedro Martínez, 1883. 

2 El señor don Mariano Jacobo Rojas, profesor de Lengua 
Mexicana, no está conforme ni con la ortografía náhuatl do 
las inscripciones, ni con la traducción castellana de éstas. 

En Garrido se lee: "Icua oyaque quica omacoqui otontlaca 
Capilla Santa Cruz oquimote ochitcuili Padre Guardián, Fr. 
Antonio del Castillo Flanco y huan Fr. Alonso Ortos temha- 
tiani, Otontlaca Gobernador don Pedro Cortez y hupanxihuol 
de 15.52 años." — Traducción: "El Padre Guardián, Fr. Antonio 
del Castillo Flanco, y el P. Cura Fr. Alonzo Ortoz, siendo Go- 
bernador don Pedro Cortez, predicando y doctrinando a los 
indios de los pueblos de Toluca, el año 1552." 

Segunda inscripción: "An himi quac onio yan cuili ypan 
motlatolti Padre Guardián Fr. P" D. S. S' y yhuan Fr. An- 



FRAY- ANDRÉS DE CASTRO 



Dos años y medio después, el 14 de diciembre de 1577, 
según queda dicho, murió el insigue Misionero y fue se- 
pultado en la iglesia de San Francisco, que ya entonces 
estaba construida. Por tratarse de un hombre ilustre, es 
probable que se haya escogido para sepultarlo un sitio del 
presbiterio o un punto cercano a éste : Tal sitio forma hoy 
parte del pavimento de una calle de Toluca, que, al ser 
abierta, llevó el nombre de Calle de ia Concordia. ¡ Quién sa- 
be si los que hoy habitan aquella urbe huellan, día por día, 
el suelo que sirvió de tumba al Apóstol de los matlatzincas ! 

Se dice en la Historia Eclesiástica Indiana, (1) con la 
ingenuidad de Mendieta, ({ue Fr. Andrés era muy alto, pe- 
sado y corpulento ; pero que tenía las piernas muy delga- 
das, por lo que, al llegar a la vejez, sus pies, no pudiendo 
soportar aquella corpulencia, se hincharon excesivamente y 



drés de Castro, temahtianin tlastzinca Tlatohua ypan Jueves 
Santo nican omoceli Santísimo Sacramento ypan Xihuil de 
1575 años." — Traducción: "El año de 1575 se concluyó esta 
capilla y la bendijo el Padre Guardián Fr. Pedro de la Santí- 
sima, quien en compañía del P. Fr. Andrés de Castro, minis- 
tró la comunión el Jueves Santo a los de los pueblos perte- 
necientes a esta doctrina." 

Según el señor don Maiñano Jacobo Rojas, las inscripcio- 
nes y su traducción deben ser como sigue: "Icuac oyáque oton- 
tlaca ica omácocuic in Tecapilla Santa Ciitz, oquimoteochihuili 
in Padre Guardián Fr. Antonio de! Castillo Flanco ihuau Fr. 
Alonso Ortos, Temachtiani otontlaca, Gobernador don Pedro 
Cortez, ípan xihuitl 1552." — Traducción: "Capilla de Santa 
Cruz construida para los otomíes, quienes asistieron a la ben- 
dición dada por el Padre Guardián Fr. Antonio del Castillo 
Flanco y Fr. Alonso Ortos, evangelizador de los otomíes, el 
año de 1552, siendo Gobernador don Pedro Cortés." 

Segunda inscripción: "Auh inícuac omoyancuili, ípan omo- 
tlatolti in Tlapizcatatzintli (Padre Guardián) P" D. S. S' 
ihuan Fr. Andrés de Casti'o, iteinmachtica matlaltzinca, ípan 
Jueves Santo, nícan ocelíloc_ in Santísimo Sacramento, ípan 
xihuitl 1575." — Traducción: "í cuando fue renovada (la capi- 
lla), predicó el Padre Guardián Fr P" D. S. S' y Fr. Andrés 
de Castro, evangelizador de los matlaltzincas, y el Jueves 
Santo de 1575, fue administrada en dicho lugar la Sagrada 
Comunión." 

1 Libro V, Parte I, Cap. Lili, pág 707. 



214 l'KOF. MKil'KL SAMXAS 



le impidieron andar. No fue, sin duda, la pesadumbre del 
cuerpo lo (jne causó el edema de los pies al santo misione- 
ro ; fue tal vez un padecimiento cardíaco o renal, producido 
por la altura de aciuellas comarcas, por el clima o por los 
trabajos y abstinencias de una vida austera y apostólica. 

Cuando Fr. Andrés ya no pudo andar, caminó a caba- 
llo, pero no interrumpió sus tareas evangelizadoras ; y cuan- 
do le fue imposible cabalgar, se hizo conducir en una cami- 
lla, y sentado o acostado en ella, confesaba y enseñaba. 

Rehusó sistemáticamente los puestos elevados; pero 
alguna vez, «obligado por santa obediencia, aceptó el cargo 
de Definidor, que se compadecía perfectamente con su dis- 
creción y cultura, pues los definidores asisten de continuo 
a los prelados en el estudio y resolución de los arduos ne- 
gocios de la comunidad. En otra ocasión fue nombrado 
Guardián del convento de Toluca, investidura que aceptó 
durante algunos meses y que en seguida renunció. 

En sus cortos momentos de descanso, apetecía mucho 
la soledad y retiro de su celda ; pero pocas veces gozaba de 
semejante placer, porque era muy buscado de indios y es- 
pañoles, no sólo para asuntos "de su ministerio, sino por que 
su conversación era muy amena y apacible. 

El mejor elogio que puede hacerse de Fr. Andrés de 
Castro, es recordar una anécdota referida por quien lo cono- 
ció íntimamente, por Fr. Jerónimo de Mendieta. Este fran- 
ciscano conspicuo, historiador ilustre y consejero de prela- 
dos, magistrados y reyes, cuenta que conoció en Toluca a 
un indio llamado Pablo, intérprete, que predicaba los ser- 
mones en matlatzinca. Pablo vivió una vida tan santa, y dio 
tantas muestras de bondad natural, de cristiandad y de vir- 
tud sobre todos sus coetáneos, que cuando murió, creyó 
Fr. Jerónimo que sería una injuria para tan excelente in- 
dio, no poner en su tumba una lápida que honrase su me- 
moria y sus méritos. Compró la piedra y mandó grabar en 
ella las letras; pero al disponerse a colocarla en su sitio. 



FRAY ANDRÉS DE CASTRO 



215 




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Bart ^tTl M UfX l l *' I ■'« 



Porción del actual Poi"tal Merlin, que en otro tiempo for- 
mó parte del atrio de la Capilla de la Santa Cruz. 



cambió de opinión, al considerar que no habían recibido 
seiiDejante honra muchos claros varones, sembradores de la 
fe, que dormían el último sueño en la iglesia de Toluca, so- 
bre todo Fr. Andrés de Castro, que, por sus merecimientos 
extraordinarios, era acreedor a un mausoleo riquísimo de 
mármol o de jaspe. (1) 

La vida del Apóstol de Toluca está narrada en el libro 
.de Mendieta y en los de Torquemada y Vetaneurt. Los 



1 A fin de honrar la memoria de Fr. Andrés de Castro 
y de consei"var entre los habitantes de Toluca el recuerdo de 
la primitiva Capilla de la Santa Cruz, sería de desear que se 
repusiese un letrero que, hace algunos años, existía en el mu- 
ro meridional del pasillo que hoy da entrada al Curato de 
San José. Este letrero, cubierto con la pintura de la pared, se 
halla junto al arco mencionado en el texto, está reproducido 
en la página 19 de la obra de Garrido y dice así: 



Mem. Soc. Álzate.— n-Julio-192I.—t 39—1.'. 



216 l'líOK. MIGUEL SAIJN'AS 



(los Últimos no hicieron más que copiar al primero. Tales 
libros son antiguos, muy escasos y apenas leídos por algu- 
nos eruditos. Los historiadores modernos — los (pie yo co- 
nozco, al menos — nada dicen de Castro ; nada dice don Joa- 
({uín García Icazbalceta, (pie escribi() tan numerosas e in- 
teresantes biografías. Perdónese, pues, mi jactancia, si de- 
claro (pie me siento poseído de gran satisfacción al haber 
exhumado la memoria de un varón insigne, a fin de hacerlo 
admirar y bendecir de mis conterráneos. 

# * * 

Los españoles del siglo XVI, según el sentir de gran- 
des pensadores, formaron, ante todo, un pueblo d<! fervoro- 
sos creyentes, un pueblo de teólogos <pie se encaró con la 
Reforma y se fabricó la (piimera de ani(piilarla y de lograr 
(|ue no hubiera en el mundo más (pie una sola grey y un 
solo pastor. (1) Para realizar tal propósito, obraron todos 
de consuno : los grandes y los peípieños, los malos y los bue- 
nos, los soldados y los sacerdotes. Sobrepusieron el senti- 
miento religioso a todos los demás sentimientos; ejecutaron 
los hechos más heroicos; y si a las veces llegaron al crimen, 
en cambio, asombraron al mundo con las más portentosas 



A LAS GENERACIONES FUTURAS 

No se ha regularizado el tránsito, por conservar este arco 
y los del fondo de la Sacristía que formaban el frente del pri- 
mer templo católico que hubo en Toluca. 

1 Hernando de Acuña, poeta favorito de Carlos V, ci- 
tado por Menéndez y Pelayo, dice así en un magnífico soneto: 
"Ya se acerca, Señor, o ya es Iletrada 
la edad dichosa en que promete el cielo 
una grey y un Pastor sólo en el suelo, 
por suerte a nuestros tiempos reservada." 

"Ya tan alto principio en tal jornada 
nos muestra el fin de vuestro santo celo, 
y anuncia al mundo para más consuelo 
un Monai'ca, un imperio y una espada." 



FRAY ANDRÉS DK CASTRO 2J7 



hazañas. Me atreveré a decir, tomando el vocablo en buena 
parte, que todas sus acciones tuvieron el sello del fanatis- 
mo ; y esto es tan cierto, que Menéndez y Pelayo dijo algu- 
na vez (jue esa palabra, arrojada a los españoles como 
baldón, ha sido recogida por ellos como título de gloria. 

A esa raza, a esos hombres, a esa patria y a ese sigla 
perteneció Fr. Andrés de Castro. Realizó, como bueno, una 
misión gloriosa, y no puede exigírsele más. Cambió el ho- 
rrible culto del Tolotzin por el de la cruz ; llevó millares de 
hombres a la civilización cristiana, y así los dejó bien pre- 
parados para las evoluciones futuras. Si después de él han 
surgido algunos (jue han pretendido ser apóstoles de nue- 
vas ideas, y han ido al fracaso, será sin duda poniue no han 
defendido una causa justa y buena, o porque — haciendo las 
necesarias modificaciones exigidas por la época y el me- 
dio — no han seguido las huellas luminosas de a(iuel ilu.stre 
fraile. 

Fe inquebrantable en la excelencia de una causa, vo- 
luntad indomable para hacerla triunfar, ardiente caridad y 
generoso amor para los hombres, abnegación llevada al he- 
roísmo, y desprecio patente por los bienes terrenos, son las 
cualidades del verdadero apóstol, son las que conducen "se- 
guramente a la victoria. Esas cualidades resplandecierou 
siempre en el Apóstol de los matlatzincas. 



SOCIÉTÉ SCIENTIPIQUE "ANTONIO ÁLZATE" — MÉMOIRKS, T. 39 219 



LOS "YUGOS" 

cQué empleo pudieron tener entre los antiguos pobladores 

de México? 
POR JESÚS GALINDO Y VILLA. M. S. A.. 

CORRESPONDIENTE DE LA 
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA DE LA HISTORIA, ETC. 



(Sesión del 2 de Agosto de 1920) 

Hace pocos días, mi querido amigo el señor Profesor 
don Kafael Aguilar Santillán, arco toral de nuestra bien. 
amada Sociedad Científica "Antonio Álzate," me pidió con- 
sejo acerca de cóino habría de redactarse una tarjeta que, 
puesta sobre un objeto arqueológico obsequiado a la Cor- 
poración, sirviera de indicadora para tener al frente los 
usuales datos de procedencia, composición, fines, etc., del 
citado objeto. Entonces le prometí formular esta breve no- 
ta para la sesión de hoy, proporcionándome a la vez la opor- 
tunidad de hacer una declaración formal referente a lo 
que pienso, en términos generales en punto a las interpre- 
taciones de nuestros documentos arqueológicos. Durante mi 
larga y modesta vida de estudiante de nuestra Historia na- 
cional, me he visto obligado numerosas voces a poner en 
juego "la ciencia oficial;" pero ni en aquellos tiempos ni 
en los posteriores, ni en ningún trabajo también oficial o 



(1) Leído en la sesión que celebró la Sociedad Científica 
'Antonio Álzate," el 2 de Agosto de 1920. 



220 PROP. JESÚS UAMNDO Y VILLA 

particular mío, he tiuerido nunca introdiicinne f-n ol ca- 
mino incierto de la interpretación arciueológica, sin duda 
por mis escasas aficiones a esta clase de estudios (lo decla- 
ro sinceramente), dada su obscuridad; y porque siempre 
he tenido en cuenta lo que con tanto donaire expresaba 
Fray Servando Teresa de Mier: "Los arípieólogos — do- 
cía — empiezan interpretando, siguen adivinando y acaban 
delirando." 

Por eso esta nota, no es más <iue la recopilación Je 
opiniones ajenas, y a éstas debe dejarse la responsabilidad 
de su dicho. 

El objeto arqueológico a (lue primero me referí, per- 
tenece a la clase de los llamados comunmente "arcos" o 
"yugos," y tiene la forma de una herradura. Es de pie- 
dra, como todos estos ejemplares. Nuestro Museo Nacional 
posee diez y nueve piezas semejantes, de distintas proce- 
dencias; once de ellas están lisas; seis labradas, algunas 
exquisitamente, y dos de la forma (|ue llamaré cerrada; 
porque así está en la parte opuesta al arco, mientras que 
los demás yugos son abiertos. Entre los ejemplares d?l 
Museo, hay uno bellísimo, de diorita labrada, que repre- 
senta la figura número 1, y (jue tiene 0m42 de longitud 
máxima, por 36 cm. de anchura media. Los dos cerrados 
son lisos, como puede verse en la figura 2. En general, 
presentan la superficie interior como achaflanada, es de- 
cir, formando un plano inclinado en relación con las su- 
perficies externas adyacentes. 

¿Para qué pudieron servir entre los aborígenes de Mé- 
xico a cuya respectiva cultura pertenecieron estos ob- 
jetos ? 

Los señores don Gumersindo Mendoza y don Jesús Sán- 
chez, en su "Catálogo de las Colecciones Histórica y Ar- 
queológica del Museo Nacional de México," publicado en 
1882, en el tomo II de la j)rimera época, de los "Anales" 
de aquel establecimiento, dicen, página 476: "Arcos o yu- 



LOS •YUiiOS" 221 



gos. — Es muy difícil acertar en muchas de las obras anti- 
guas aztecas acerca de su legítimo uso, por carecer abso- 
lutamente de datos que suministren alguna luz. Los obje- 
tos a la vista se designan vulgarmente con los nombres 
de arcos o yugos, suponiéndose <iue servían en los sacri- 
ficios humanos colocándolos bajo los ríñones de la vícti- 
ma, para hacer saliente el pecho y facilitar así la extrac- 
ción del corazón, o aplicándolos sobre el cuello de la mis- 
ma ])ara producir la asfixia, o, por lo menos, obtener la 
inmovilidad. Se han encontrado arcos o yugos en México, 
Tlaxeala, Orizaba (Expedición Dupaix) y Chiapas. Su 
destino parece exclusivo de los grandes templos ; de ma- 
nera (jue, si no se admite (jue servían para los sacrificios, 
podemos suponer (pie eran un signo religioso." 

Don Alfredo (Jhavero, en la nota (s) (pie pone a la 
anterior indicación, en el mismo "Catálogo," dice, pági- 
na 485: "....he manifestado mi opinión de ({ue los yu- 
gos servían para asfixiar al sacrificado, evitándole los su- 
frimientos consiguientes a la extracción del corazón ; y por 
lo mismo el yugo se ponía en el cuello de la víctima cuan- 
do el sacrificio se hacía en el tajón. Lo colocaba el sacer- 
dote, según puede verse en las pinturas del P. Duran y 
del Códice Vaticano." 

Duran escribe prolijamente la ceremonia del sacrifi- 
cio común, la cual, aunijue bien conocida de todos los eru- 
ditos, no lo es, seguramente, de la generalidad de mis con- 
socios. Vale la pena transcribir las palabras del ilustre his- 
toriador dominico, que se hallan en el tomo II, página :)2 
de su "Historia de las Indias de la Nueva España," escri- 
ta en el siglo XVI y publicada en 1880. 

"Después de haber relatado — dice — lo (jue del ydolo 
uitzilopochtli hemos oydo antes de dar fin a las muchas ce- 
rimonias (pie faltan por referir y contar.... ({uise contar 
el modo (puesta gente tenia de sacrificar.... salían los sa- 



221' I'UOi'. .lESrs (iAí.lNIXl Y VILLA 



erifieadores de hombres (jue para este dia y fiesta hauiau 
diputado y constituidos en aquella dignidad los (juales eran 
seis, los <|uatro para los pies y manos y otro para la gar- 
ganta, el otro para cortar el pecho y sacar el corazón del 
sacrificado y ofrecerlo al demonio; los nombres de los cin- 
co eran chachalmeca ({ue en nuestra lengua (piiere tanto 
como decir lebita o ministro de cossa dibina o sagrada, era 
una dignidad entre ellos muy suprema y en mucho teni- 
da, la qual se heredaiia de hijos a padres como cossa de 
mayorasgo sucediendo los hijos a los padres en aquella san- 
grienta dignidad endemoniada y cruel. El sesto ministro 
que era el que tenia oficio de matar era tenido y reveren- 
ciado como supremo sacerdote o pontífice el nombre del 
qual era diferente conforme a la diferencia de los tiempos 
y solemnidades en (jue sacrificaba asi como en la diferen- 
cia de sus pontificales bestidos con que se adornaua quan- 
do salia a exicitar el oficio de suprema dignidad en la fies- 
ta del ydolo de que banios tratando ; el nombre de su dig- 
nidad era topiltzin con el (jual nombre se aderezaba y bes- 
tia unas ropas aplicadas a onor de aiiuel gran balor (pie 
llamamos topiltzin, de <iue hicimos memoria en el capitu- 
lo de atrás ; el traxe y ropa era una manta colorada a ma- 
nera de almatica con unas flocaduras berdes por orla, vna 
corona de ricas i)lumas berdes y amarillas en la cabeza, y 
en las orejas vnas orejeras de oro engastadas en ellas pie- 
dras berdes, y debajo del labio un bezote de vna piedra 
azul. Benian todos estos seis matadores enbixados de ne- 
gro mu}^ atezados; traian los cinco vnas cauelleras muy 
enrrizadas y rebueltas con viuis bendas de cuero ceñidas 
las cabezas, y cu la frente traj'an vnas rodelas pcípie- 
ñitas de papel pintadas de dibersos colores, bestidos con 
vnas almaticas blancas labradas de negro a las quales 11a- 
mauan papaloípiachtli. Trayaii estos la mesma figura del 
demonio (pie bellos salir con tan mala catadura ponia pa- 
bor y miedo grandissimo a todo el pueblo. El supremo 



LOS 'yugos'; 223 



sacerdote traya en la mano nn gran cuchillo de pedernal 
mny agudo y ancho ; el otro traya una collera de palo la- 
brada a la fig-ura de una culebra; puestos ante el y dolo ha- 
cían su humillación y poníanse en orden junto a una pie- 
dra puntiaguda questaua frontero a la puerta de la cáma- 
ra donde estaua el ydolo tan alta que daua a la cintura y 
tan puntiaguda qué hechado de espaldas encima della el 
que hauia de ser sacrificado se doblaua de tal suerte que 
en dejando caer el cuchillo encimia del pecho, con mucha 
facilidad se habría vn hombre por medio, como una gra- 
nada." 

La escena gráfica de este horrendo sacrificio común la 
representó el P. Duran en la lámina 4.^ del Tratado 2.°, y 
está fielmente reproducida en la figura 3.^ que se acompa- 
ña. Habla, en verdad de una collera, pero dice ser ésta de 
palo; pero todos los yugos conocidos son de piedra. 

Mí maestro, don Francisco del Paso y Troncoso, al des- 
cribir el Códice llamado "Colombino," en su laboriosísimo 
"Catálogo" de la Sección de México en la Exposición His- 
tórico-Americana de Madrid de 1892, dice en la página 50 
del tomo I: "... .en la faja 54 de la página XIX, hallamos 
vehementes indicios de uno de los destinos a que consagra- 
ban las piedras conocidas con el nombre de yugos, y que a 
mi entender no eran más ({ue piedras penitenciales; idea 
nueva que someto al examen de los inteligentes, pues auu 
cuando ciertos objetos semejantes a los yugos se vean 
también sobre el cuello y la cintura de algunas figurillas 
de barro mayas y tuztecas, y en el Códice Colombino pa- 
rezcan servir sólo de respaldo a los penitentes, podrá ello 
significar que en aquel caso estaban en uso y en el 
otro no." 

Los indicios a que se refiere el señor Troncoso, pue- 
den verse en la figura 4 adjunta, donde los he señalado con 
letras a y b, respectivamente. 



2124 ]'KOF. JKSrs (lAlJNUO V VILLA 

Mi colega y buen amigo el licenciado don Ramón Me- 
na, Profesor Conservador del Departamento de Arqueolo- 
gía de nuestro Museo Nacional, tuvo la bondad de des- 
glosar la siguiente noticia, que aparecerá en la obra que 
viene escribiendo desde 1917 sobre "Los Totonacos:" 

"Estos ejemplares (los yugos) pertenecen inconcus'i- 
mente a la civilización de los Totonacos. En 1846, todavía 
no eran denominados yugos los monolitos en estudio ; 
pues en la conocidísima edición de Prescott hecha por Cum- 
plido, el notable arqueólogo don José Fernando Ramírez, 
habla repetidas veces de unos arcos, de los cuales habían 
llegado al Museo dos, uno de Orizaba y otro de Chiapas. 

"No fue sino hasta 1880, cuaaido el notable Orozco y 
Berra, en su célebre Historia, denomina yugos a estos mo- 
nolitos; luego en 1882 se les da este nombre en el Catálo- 
go de las Colecciones del Museo. 

"Con posterioridad, don Alfredo Chavero en México 
a Través de los Siglos, les nombra yugos y en los Anales 
del Museo les llama quechyótetl. 

"En cuanto al uso de estas piezas, Baradére y Saint 
Priest, comentando la primera expedición del capitán Du- 
paix, pretenden (lue este "caballete" (así textualmente 
denominan al yugo) servía para colocarlo bajo los ríño- 
nes de las víctimas destinadas a los sacrificios humanos, 
de modo que obligaran a levantar el pecho ; pero también lo 
estimaron objeto de diversión. 

"Ramírez, Orozco y Berra y Chavero, creyeron (pie los 
yugos eran instrumentos para los sacrificios humanos, co- 
locando una pieza de éstas en el cuello de la víctima. Cha- 
vero, en su Apéndice a la interpretación (pie hizo el P. 
Fábregas, del Códice Borgiano, asienta la nueva opinión 
de que fueron objetos de culto ; y que son representati- 
vos de la Vía Láctea como deidad creadora. 



LOS ••yugos" 225 



"William Holmes, en el Anthropological Series, Chica- 
go, 1897, afirma que estas bellas esculturas representan 
Seres. 

"El señor Abadiano cree que son instrumentos ritua- 
les de la virginidad. 

"El profesor don José María Arreóla, los estima de 
uso funerario y representativos de la Luna, también como 
deidad creadora. Dice : Meztli, es nuestro satélite y la hor- 
cajada de las piernas, el origen de la vida. 

"Yo los estimo — dice el licenciado Mena — Monumen- 
tos cosmogónicos, bien por su forma en U, bien cerrada en 
forma de collera. 

"Cuando los yugos tienen relieves con colores, inde- 
fectiblemente son símbolos de fuerzas creadoras : tigre, ra- 
na, culebra, o deidades antropomórñcas como Tezcatlipo- 
ca ; y aun ataduras típicas del fuego, como las presentadas 
en el yugo cerrado existente en Chicago al (lue se refiere el 
señor Hohnes. 

"El doctor Seler, en sus "Disertaciones" arqueológi- 
cas, tomo III, solamente escribe ({ue los yugos de piedra 
son totonacos. 

"Strebel, los considera mayas, y dice (lue represen- 
tan a Yahau-ku, el Dios-hombre, el del collar, de forma 
parecida a una rana. 

"Spinden, en la Serie 3 de su Colección de Manuales, 
editada en Nueva York, bajo el título de Civilizaciones 
menores, 1917, habla de los yugos, les deja este nombre, y 
manifiesta desconocer su uso, aunque sí la posición hori- 
zontal sobre la cara inferior ; datos que pertenecen al se- 
ñor Troncoso, a (juien no se sirve citar el profesor ame- 
ricano. 

"Los más hermosos yugos conocidos, proceden de las 
cercanías del Tajín, en Papantla, Estado de Veracruz ; 
existiendo unos, en el Museo Nacional de México y otros 
en la Dirección de Antropología." 



226 PROF. JESÚS GALINDO Y VILLA 



* # * 



En resumen, y para dejar obsequiados los deseos de 
nuestro querido Secretario General Perpetuo, propongo la 
siguiente redacción para la tarjeta que se coloque en la pie- 
za arcjueológica obseciuiada a la Sociedad "Álzate:" 

Sociedad Científica "Antonio Álzate." — México, D. F. 

Objeto procedente de Ocuilapa, Municipalidad y Par- 
tido de Tonalá, Estado de Chiapas. — Es de pegniatita. — 
Peso 27 kilogramos. — Pertenece a la clase de los llamados 
comunmente yugos, y de los abiertos en la parte opuesta 
al arco. — Mide 0.42 cms. de longitud, por 0.85 cms. de an- 
chura media. — Se ignora el uso verdadero de estas piezas 
ar(¡ueol6gicas. Los autores dan diversas opiniones acerca 
del particular : unos se inclinan a (jue los yugos fueron 
instrumentos destinados a ser colocados en el cuello de la 
víctima humana i)ara facilitar el sacrificio común, ritual 
y cruento ; otros suponen (pie son piedras penitenciales, o 
bien objetos de culto, o representativos de Seres o de fuer- 
zas creadoras, o para uso funerario, o monumentos cosmo- 
gónicos. Hay algunos yugos exquisitamente labrados. En 
su mayoría son de procedencia totonaca. 

Obse(|uiado a esta Sociedad por el señor ingeniero E. 
A. Cervantes. 

México, 2 Agosto 1920. 



LOS "yugos"' 



221 



Figura / 




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228 



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LOS ' YUGOS 



229 



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SOCIÉTÉ SCIENTIFIQUE "AXTOXIO ÁLZATE".— MÉMOIRES T. 39 231 



SOMERAS IMPRESIONES CLÍNICAS SOBRE LA 
EPIDEMIA DE GRIPA DE 1920 

POR EL 

DR. JOSÉ JOAQUÍN IZQUIERDO. M. S. A. 

ENCARGADO DEL PABELLÓN DE GRIPOSOS DEL HOSPITAL (JENERAL 



(Sesión del 5 de Julio de 1920) 



El día 21 de febrero de 1920, en ateución al crecido 
núniero de atacados de gripa que ingresaban cada día al 
Hospital General, la Dirección del Establecimiento se sir- 
vió confiar a mi cuidado los hombres enfermos, entonces 
alojados en el pabellón número 30, más como su número 
creciera todavía, tanto por remediar a la insuficiencia del 
local que ocupaban, como por evitar las aglomeraciones, 
de tan fatales consecuencias en las epidemias, ordenó la 
propia Dirección que se abriera el amplio pabellón 25, ya 
visitado el año anterior por los numerosos enfermos de J:i 
gripa epidémica, y (pie a él fueran transladados los en- 
fermos de nuestro servicio. 

Duró la epidemia mucho menos que el año pasado 
(1919), pues si al principio el número de atacados aumen- 
tó en grado tal que en un solo día llegamos a pasar visi- 
ta a 59 enfermos, para fines de marzo sólo quedaban en 
el pabellón algunos convalecientes' o individuos que sufrían 
de alguna de las secuelas del mal. 



Mein. Soc. Álzate.— lJ-Julio-1921 t. 39— Ifi 



232 Dli. .1. J. IZC^UIERDO 



Durante ese lapso de tiempo, atendí a 103 individuoíí, 
todos del sexo masculino, de los cuales, 85 sanaron y 18 
murieron, lo que da una mortalidad global de 21.1 por 
ciento. El cuadro siguiente da a conocer cómio se repartie- 
ron las formas observadas, cuáles fueron los casos curados 
y cuáles los que terminaron por la muerte : Entran en es- 
ta estadística no pocos viejos que, en su mayor parte, pre- 
sentaron las formas más graves y contribuyeron en buena 
parte a la mortalidad, hecho que señalo con relación a la 
pretendida inmunidad gripal ({ue se les ha atribuido, ex- 
plicable por una inmunidad adquirida cuando jóvenes, en 
epidemias anteriores. 

Formas observadas. Curados. Muertos. 

Gripa sim])le 42 5 - 

Convalecientes de gripa 4 

Recidiva de gripa 1 

bronquitis gripal 16 1 

Congestión pulmonar gripal 1 

Bronípiitis gripal y neumonía 2 

Xeuinoiiía gripal de la base 1 1 
Neumonía de la parte media del 

pulmón y de la base 3 2 
Neumonía de la parte media 2 
Neumonía gripal maciza 1 
Neumonía doble 1 1 
Neumonía de la base y pleure- 
sía postneumónica, seroíibrinosa 1 
Pleuresía posinenmónica grijial, 

supurada 2 (1) 

Grijia gastroitestinal 1 
Gripa gastro-intestinal seguida de 

lunnnonía 1 1 



(1) Una abierta en los bronquios; la otra operada. 



IMPRESIOXKS CLÍNICAS SOBRE LA EPIDEMIA DE (iRIPA 233 

Broneoiieumonía 4 

Otitis media supurada simple 6 

Otitis media supurada doble 2 

Laringitis y gripa 1 



Totales 85 18 10:{ 

Proporción por 100. de muertos : 21% 

bacteriología 

Era particularmente interesante investigar la bacterio- 
logía de la pandemia, pues el pequeño bacilo gram-negati- 
vo descrito en 1892 por Pfeiffer como causante especíti- 
co de la infección y posteriormente tenido indudablemen- 
te como tal durante largos años, conforme a los estudios 
recientes que se hicieron en todo el mundo con motivo de 
la epidemia de 1918, no siempre fue encontrado y muchos 
investigadores no llegaron a aislarlo. 

El estado actual de la cuestión aún no permite for- 
marse una idea precisa acerca del papel del bacilo de la 
influenza, pero haciendo a un lado confusiones y contra- 
dicciones de segundo orden, bien puede establecerse que 
son tres las opiniones reinantes: 1. Que el bacilo de la in- 
fluenza es la causa especifica de la enfermedad; 2. Que co- 
mo causa específica tiene una parte insignificante o nula, 
y, 3. Que el bacilo abre la puerta, por decirlo así, a otros 
micro-organismos, (neumococos, estreptococos, estafiloco- 
cos, bacilos de Friedlaender,) y que estos gérmenes son fre- 
cuentemente los causantes de las complicaciones. La últi- 
ma concepción permitiría explicar la variabilidad de as- 
pectos y de gravedad de la enfermedad. 

Por desgracia no pudo llevarse la investigación bac- 
teriológica, en nuestros enfermos, en la escala que hubie- 
ra deseado, a causa de que en esa época no trabajó el la- 
boratorio del Hospital. Pero al menos, gracias a la galante- 



234 DIÍ. J. .1. IZQUIERDO 



ría del l)r. Aurelio de Avila, que se sirvió practicar algu- 
nos exámenes en el laboratorio de la Escuela de Medicina, 
anexo a las Clínicas que se dan en este Establecimiento, 
puedo ofrecer los resultados (pie se obtuvieron del examen 
de la expectoración de diez enfermos: 



Casos de gripa simple 
2 con neumococos 



) 



1 con neumococos y b. de Ffeiffer; 

1 con cocobacilo de Pfeiffer, neumococos y es- 
tafilococos, en proporciones iguales : 

1 con neumococos, micrococos catharralis, sarci- 
nas y leptothrix. 

En un caso de bronquitis gripal intensa: neumoco- 
cos y mierococus catharralis. 

Casos de neumonía. 

3 con neumococos jniros ; 

1 con neumococos y micrococos catharralis. 

^i no puede sacarse conclusión alguna de tan reduci- 
do número de exámenes, al menos i)arece evidente que el 
bacilo de Pfeiffer no tiene una acción patógena específica. 
Además, con relación a las neumonías, permiten apreciar 
que no es esencialmente necesario ((ue haya una infección 
mixta, pues de los cuatro casos estudiados, en tres de ellos 
se encontraron neumococos puros. El estudio se limitó al 
examen bacterioscópico y, por lo tanto, también lamento 
no haber tenido ocasión de saber de (pié tipo de neumo- 
coco se trató; sabido es que en la epidemia de 1918 fu? 
el tipo IV el más frecuentemente señalado. También hubié- 
ramos buscado en el último estado de las neumonías, si 
existía la infección terciaria del foco neumónico i)or los es- 



IMPRESIONES CLÍNICAS SOBRE LA EPIDEMIA DE GRIPA 235 

treptococos (heraolíticos o no), pero repito, por las circuns- 
tancias expresadas no fue posible hacerlo. También hubie- 
ran abundado en interés los estudios repetidos en los mis- 
mos enfermos, encaminados a comprobar si realmente, como 
hoy se cree, el bacilo de Pfeiffer es el causante de la in- 
fección inicial de la mucosa de las partes superiores de las 
vías respiratorias (tráquea y bronquios) ; si en ocasiones 
el neumococo no toma parte en el proceso y los estrepto- 
cocos son desde luego los invasores secundarios, y si a ve- 
ces son éstos los estafilococos o los bacilos de Friedlaender 
y, por último, si hay otra serie de casos en los que el ba- 
cilo de la influenza puede propagarse hasta el tejido pul- 
monar y dar origen a una neumonía. 

Por un medio indirecto, es decir, teniendo en cuenta 
la rareza de formas hemorrágicas, sospechamos que en es- 
ta epidemia el estreptococo hemolítico, su causante, se ba 
de haber encontrado escasamente, a cambio de los obser- 
vados en la epidemia del año anterior. 

síntomas 

Conforme a los datos recogidos en el interrogatorio de 
lOjS enfermos, el principio de la infección tuvo lugar en la 
forma generalmente descrita por los autores: brusco ma- 
lestar y sensación de decaimiento ; falta de calosfríos fran- 
cos, pero en cambio, quebrantamiento y sensación de cuer- 
po cortado ; fiebre brusca, y, como hecho muy principal, 
dolor resentido, por lo general, en todo el cuerpo, pero 
particularmente intenso en las piernas, la cabeza, los glo- 
bos oculares y la región lumbar (conjunto de sensaciones 
que el vulgo comparó pintorescamente a un trancazo). 
Además, en la forma respiratoria, que fue la más común., 
catarro nasal con secreción abundante y a veces sanguino- 
lenta ; dolor de garganta, de ordinario enrojecida ; dolor en 
el pecho y tos tenaz y dolorosa, al principio seca y más 



23G DR J. J. IZciUIERDO 



tarde acompañada de esputos mucopurulentos. Las epis- 
taxis fueron observadas, pero inconstantes y de muy esca- 
sa abundancia. Los desarreglos gastrointestinales no fueron 
raros, por uno o dos días, independientemente de los ca- 
sos de verdadero tipo gastrointestinal. Algunos enfermos 
presentaron náusea y vómitos al principio del ataque, pero 
en ningún caso pudimos comijjrobar, como en la epidemia 
pasada, ni los vómitos de sangre ni las diarreas hemorrá- 
gicas que se señalaron en algunos raros casos. En dos o 
tres enfermos observamos ictericia. Entre los síntomas ner- 
■viosos, predominó el insomnio, hubo a veces delirio y aun 
delirio de acción. 

Esputo. — Ya dijimos que al principio la tos fue tenaz 
pero seca y (pie posteriormente se acompañaba de espec- 
toración mucopurulenta. En algunos casos, al fínal del ata- 
que se hizo, la bronquitis francamente purulenta; en otros 
se observó el esputo con estrías sanguinolentas, pero nun- 
ca se le halló francamente sanguinolento. 

Temperatura. — Se ha mencionado en otras epidemias, 
la existencia de un tipo de gripa muy atenuado, en el cual 
la fiebre es muy corta o falta por completo ; en ninguno 
de nuestros enfermos pudimos comprobar casos semejantes. 

La fiebre fue alta, por lo general, desde el principio. 
Las curvas termométricas demuestran un tipo febril conti- 
nuo, de duración media de 6-7 días, (pie después descendía 
rápidamente a la normal en 24 o 86 horas (figura 1), mo- 
dalidad por cierto no rara. Pero lo más frecuente fue que 
la temperatura bajara en lisis, completa al cabo de 3 ó 4 
días (figura 2). También tuvimos casos en los cuales el 
descenso térmico se hizo de un modo irregular (figura 3), 
y en ocasiones fue seguido de agudas remisiojies de más o 
menos duración. Estos nuevos ascensos térmicos se obser- 
varon frecuentemente, fuera de todo signo físico y funcio- 
nal por parte del enfermo, (|ue no sólo no ofrecía la me- 
nor alteración objetiva, sino (pie no acusaba el menor tras- 



IMPRESlOXES CLÍNICAS SUBRE LA EPIDEMIA DE GRIPA 



23- 



torno subjetivo. En algunos casos, el breve ascenso térmi- 
co llegó a observarse después de un período apirétieo de 
2 o 3 días de duración. El tiempo que persistía era el ele- 
mento que permitía diferenciar tales ascensos de los que 
obedecían a una neumonía, una colección pleural, etc. 



Enfermo Celerino Chávez. Ca- 
ma 56 del Pabellón 25. 




Fig 1. — Descenso término en cri- 
sis, en un caso de gripa simple. 

Una vez pasado el período febril, lo más comunmente 
observado, fue que la temperatura se mantuviera por de- 
bajo de la normal durante varios días y aun semanas. 

Aparato circulatorio. — Se ha dicho que uno de los he- 
chos más interesantes de la gripa está en la relativa len- 
titud del pulso, comparado con la alteración febril, pues 
aun en los casos complicados de neumonía, se conserva des- 
proporcionalmente acelerado. En realidad, no fijamos nues- 
tra atención de un imodo especial sobre este punto v sólo 
recordamos haber encontrado bradicardia en algunas con- 
valecencias. 

En algunos casos, encontramos cianosis, no relaciona- 
da con alguna de las graves complicaciones pulmonare'?. 



238 



DR. J. J. IZQUIKKDO 



sino con una sinij)le broníjuitis con abundantes secreciones 
que no eran expectoradas. Un viejo, bron(iuítíco crónico, se 
encontró en este caso; sus broncjuios permanecieron atas- 
cados, sin reaccionar a las medicaciones excitantes de su 
contractilidad. Era un bronquectásico (jue, después de la 



Enfermo Antonio Espinosa. 
Cama 18 del Pabellón 25. 




Fig. 2. — Descenso térmico en cri- 
sis en un caso de gripa simple. 



administración de un vomitivo, arrojó gran cantidad d;- 
espectoración mucopurulenta, pero (pie, a pesar de esto, 
en los días siguientes se volvió a formar el atascamiento y, 
al fin, ol ])ac*i('iito murió. No deben dejar de citarse los ca- 
sos de cianosis debida más bien a una toxemia i)rofuiida 
que a un trastorno circulatorio o de la homatosis. 

No hicimos observaciones de la tensión sanguínea, pe- 
ro de seguro las cifras han de ser muy variables, según las 
circunstancias. 



líl PRESIONES clínicas SOBRE LA. EPIDEMIA DE GRIPA 



239 




Fig. S. — Enfermo Antonio Diaz. 
Pab. 25. Cama 13. 



Respiración. — La frecuencia de la respiración está su- 
jeta a notables variaciones, aun en los casos libres de to- 
da complicación. Puede ser bastante acelerada, pero es raro 
que así continúe, a menos que se presenten complicaciones 
pulmonares. / 

Orina.- — La falta de trabajos del laboratorio químico, 
que entonces trabajaba en muy corta escala, por vacante 
de su encargado, nos impidió comprobar las alteraciones 
que se han apuntado, análogamente a lo que ocurre en las 
infecciones agudas: presencia de cierta cantidad de albá- 
mina y de cilindros, en proporciones análogas a las halla- 
das en otras infecciones. Fue excepcional que comprobáse- 
mos retención urinaria por parálisis de la vejiga, que dis- 
tendiendo el órgano, hiciera necesaria su evacuación por el 
cateterismo. 

Leucodiag"nóstico. — Tampoco podemos dar datos a es- 
te respecto. Dado el gran interés que hubiera tenido reco- 
gerlos, tuvimos el deseo de hacer personalmente algunas 
cuentas de glóbulos blancos, pero el excesivo trabajo que 



240 DR. .T. J. IZQUIERDO 



nos imponía la atención cuidadosa de la parte clínica, nos 
impidió hacerlo. 

Los autores consideran que en la influenza, siempre es 
de regla la leucopenia o la conservación del número nor- 
mal de leucocitos, én tanto que una leucocitoeis indica una 
complicación; al venir la mejoría se tornaría la leucopenia 
en ligera leucocitoeis. Además, se lia asegurado que en la 
bronconeumonía no pasan de 15,000 los leucocitos, mien- 
tras que en la neumonía lobar exceden notablemente este 
punto. 

SIGNOS físicos 

En los casos de gripa simple, de tipo respiratorio, el 
examen físico demostró la existencia de una bronquitis, por 
lo general bilateral, pero a menudo más marcada de un 
lado que de otro. Los estertores, de modo general, estuvie- 
ron diseminados en los dos pulmones, pero quizá es más 
frecuente que se limitaran a las bases de ellos, por la par- 
te posterior. En ocasiones la broncpiitis se limitó a una sola 
rama bronquial. El carácter de los estertores fue a veces 
subcrepitante, pero con más frecuencia sólo se percibían 
gruesos estertores mucosos. 

Xo se observaron áreas de condensación pulmonar, 
puesto (jue el proceso estaba limitado simplemente a los 
bron(iu¡os y al tejido i)eribron(|uial. Los ruidos cardíacos 
no i)resentaron nada anormal, fuera de su frecuencia, des- 
proporcional, según hemos dicho, a las variaciones febriles. 

También hemos hecho notar que la gripa simple tuvo 
una duración media de 6-7 días. 

bronconeumonía gíupal 

Aún no se establece el acuerdo sobre si la bronconeu- 
monía debe ser considerada como una complicación o como 
parte integrante de la enfermedad. Ya dejamos apuntado 



IMPRESIONES CLÍNICAS SOBRE LA EPIDEMIA DE GRIPA 241 

()ue la inflamación de la mucosa bronquial constituye una 
lesión abierta que puede ser infectada secundariamente 
por otros microbios, especialmente neumococos, estreptoco- 
cos, estafilococos, bacilos de Friedlaeiider, etc.. aisladamen- 
te o asociados. Se tiene por bien sabido que los casos de 
influenza, libres de complicaciones, rara vez son fatales y 
que en muchos de los tenidos por tales, las lesiones se han 
extendido más allá de los broncjuios, hasta el parenfiuima 
pulmonar. Si en estos casos se atribuyen las defunciones a 
la gripa simlple, esto es debido a que los signos físicos, o.n 
ocasiones son tan vagos, (jue no permiten admitir la exis- 
tencia de una condensación pulmonar. 

A menudo, la duración de una supuesta influenza que 
empieza a sobrepasar el término ordinario de 6-7 días, y 
la presencia de síntomas tóxicos, es lo que hace sospechar 
en una bronconeumonía. 

El principio de la neumonía gripal es variable ; puede 
desarrollarse gradualmente y hacerse aparente a los 5-6 
días de principiada la influenza, pero en otras ocasiones es 
de tipo fulminante y aparece un día o algo después del 
principio de la influenza o simultáneamente. En los dos 
vinieos casos que pude seguir, se estableció lentamente ; los 
otros dos (jue aparecen en nuestra estadística murieron el 
día de su entrada, antes de que pudiéramos pasarles visi- 
ta, motivo por el cual dudamos que realmente lo hayan ji- 
do, pues diariamente debía rectificar muchísimos de los 
diagnósticos de entrada que hacían ingresar a vulgares 
griposos como bronconeumónicos y vice versa. En ambos 
casos hubo signos de severa septisemia, comparables a los 
de ciertas septisemias puerperales. Es de lamentar que nos 
falten los estudios bacteriológicos relativos. 

Desde luego, conforme a nuestras observaciones, basa- 
das en el estudio diario y cuidadoso de nuestros enfermos, 
a pesar de su número, auscultados y percutidos casi dia- 
riamente y no sólo para establecer el diagnóstico, — sin 



242 DK. .1. .1. IZQriKlíDO 



atender a la opinión expresada por alguno de ([ue tales cui- 
dados deben suprimirse en tiempos de epidemia, — resulta 
que la frecuencia de la bronconeumonía fue mucho menor 
(lue la que señalaban en la prensa diaria las estadísticas 
del Registro Civil, cosa que atribuyo, primero, a nn estudio 
insuficiente de muchos enfermos, poco fundado en los sig- 
nos de la exploración física, (pie dejan de recogerse y apre- 
ciarse debidamente por pereza o por otro motivo que no 
debemos mencionar, y después, a (pie muchos profesionis- 
tas gustan de exagerar la gravedad de los padecimientos 
con el fin de aumentar su reputación ante las familias, una 
vez (pie el enfermo sane. En 108 enfermos (pie, repito, es- 
tudiamos cuidadosamente, tan sólo pude comprobar dos 
bronconeumonías, pero llegando a admitir (pie los otros 
dos casos (jiie no nos constan, en realidad lo fueron, ten- 
dríamos a lo más una proporción de unos 4 por ciento, in- 
finitamente menor (pie la que daban las estadísticas díjl 
Registro Civil. Y no hay cpie olvidar que los enfermos que 
vienen a los hospitales, son aciuellos en (piienes se obser- 
van siempre las formas más graves, porque en su gran ma- 
yoría se encuentran en condiciones de resistencia más des- 
favorables. 

De tan singulares casos (pie se ])resentaron, me (pu'- 
dó la impresión de (jue el cuadro clínico de la bronconeu- 
monía gripal no difiere esencialmente del de la ordinaria, 
con excepción de peciueños detalles. 

En el enfermo ([ue mejor estudiamos, el i)rincipio fue 
aj)arentemente el de una gripa simple y al cabo de unos 
cinco o seis días de fiebre, todo hacía pensar que ter- 
minaría en breve plazo. Bien jn-onto se observó acentua- 
ción en el ascenso térmico y el examen físico demostró que 
la infección se había propagado a los alveolos pulmonares 
y (jue asistíamos a una bronconeumonía del lado derecho. 
El estado general no era del todo malo, por más ([ue la res- 
piración era superficial, laboriosa y rápida y se notaban 



IMPRESIONES CLÍXICAS SOBRE LA EPIDEMIA DE GRIPA 243 

signos de profunda toxeniia ; el enfermo sudaba profusa- 
mente, hasta en la cara, y concebimos la esperanza, cuan- 
do logramos sostenerlo por varios días, de que recupera- 
ría la salud, más a los dos o tres días de esto, comprobci- 
mos la invasión del otro pulmón y la muerte sobrevino con 
rapidez. En el período final observamos cianosis ; la inteli- 
gencia que antes se había conservado, se obscureció y dejó 
que un mareado estupor se apoderara del paciente. 

SIGNOS físicos 

Entre los autores (jue se ocuparon de la epidemia de 
1918, encontramos (pie en ocasiones la exploración del pe- 
cho no revela signos físicos de importancia : inalterabili- 
dad de las vibraciones vocales, falta de cambios a la per- 
cusión y de respiración bronciuial, en una palabra, de los 
signos de condensación pulmonar. Aunque tales afirmacio 
nes se refieren a casos ciertamente más numerosos <|ue los 
nuestros y se apoyan en exámenes post-mortem y por los 
rayos X, nuestras impresiones a este respecto difieren. No- 
tamos exageración de las vibraciones y de la transmisión 
de la voz, obscuridad generalizada de las áreas pulmona- 
res, respiración bronquial y esa mezcla de estertores de to- 
das clases que Récamier llamó nudo de tempestad. En las 
áreas silenciosas, la respiración forzada hacía aparecer coii 
frecuencia estertores antes no percibidos. 

NEUIVIONIA LOBAR GRIPAL * 

Fue la forma (|ue dio mayor contingente de muertes, 
según puede verse en el cuadro estadístico. Este tipo de 
neumonía no empezó por calosfrío como la neumonía clá- 
sica, sino gradualmente, durante el curso de la influenza, 
(figuras 4 y 5). Tampoco llegamos a observar el esputo he- 
rrumbroso, por más que con frecuencia viniera estriado de 
sangre, sin llegar a estar constituido por sangre pura, co- 



244 



DH. .1. J. IZQUIERDO 




Fig. 4. — Bronquitis gripal seguida 
de neumonía. — Enfermo Gua- 
dalupe Alcántara. Cama 32. 




Fig. 5. — Enfermo Toribio Hernández. Cama 46. 

Gripa gastrointestinal seguida de neumonía del 

véi'tice izquierdo. 



mo en pasadas epidemias. No observamos herpes febrilis. 
La respiración estaba acelerada y el pnlso nos pareció en 
desproporción con la temperatura, acusando menor fre- 
cuencia que la (jue se observa en casos semejantes de neu- 
monía crupal. La temperatura se mantuvo con ligeras r3- 
misiones entre 38° y 40°, durante 4-5 días y, hecho impor- 
tante, aunque muchas veces el descenso febril se hizo por 
crisis (figura 6), no faltaron casos en (jue fuera por lisis 
de 3-4 días de duración. En el párrafo que se refiere a las 



IMPRESIONES CLIXIC'AS SOBRE h\ EPIDEMIA DE GRIPA 



245 




Fig. 6. — Terminación crítica de 

una neumonía doble. — Enfermo 

José Zenón. — Cama 47. 



c'oniplicaciones liablaremos de los derrtinies sorofibrinosos 
y purulentos que pudimos comprobar, iniciados a los po- 
cos días de terminada la neumonía, a diferencia vde los que 
aparecen en los casos de neumonía ordinaria, en los qiie 
se muestran como una secuela. 

Signos físicos. — Los signos físicos de éstas que, por lo 
antes dicho, bien pueden llamarse formas atípicas de neu- 
monía, son con frecuencia idénticos a los de la neumonía 
lobar ordinaria. Pueden indicar el ataque de todo un ló- 
bulo y ofrecer los signos de condensaci(Sn (respiración 
bronquial, broncofonía, pectorilociuia áfona,) en una área 
que puede alcanzar el tamaño de la palma de la mano, gí- 
tuada a veces en la axila, pero tal vez con mayor frecuen- 
cia cerca del ángulo del omóplato. También las encontra- 
mos en la base. En el resto del pulmón atacado, la percu- 
sión daba un sonido mate y por lo común había disminu- 
ción de los ruidos respiratorios. 

COMPLICACIONES Y SECUELAS 



Para seguir el orden en que han sido colocados por 
los autores, que los han encontrado como la ' complicacióji 
gripal más frecuente, coloco en primer lugar los derrames 



124G 



DR. J. .T. IZQUIERDO 



pleurales, sin dejar do advertir que en mis enfermos fue- 
ron observados con bastante rareza (2 serofíbrinosos y 2 
supurados en 103 casos), a cambio de las otitis medias su- 
puradas (jue fue la complicación que observé con mayor 
frecuencia. 

En ocasiones se desarrollaron en el curso de la fiebre 
y a veces cuando después de unos días, ya parecía esta- 
blecida la convalecencia (figaira 7). Los derrames que se 
forman en el curso de la neumonía, son a veces difíciles de 
apreciar cuando evolucionan a la par de la consolidación 
pulmonar, pues ofrecen a la exploración, intensa respira- 




Fig. 7. — Enfermo Carlos Rodríguez. — Cama 19 del Pabellón 2.5. 
Neumonía de la base del pulmón izquierdo, se- 
guido de pleuresía serofibrinosa. 



ción broiKjuial y exageración de la voz, en vez del silen- 
cio (jue ordinariamente se encuentra sobre las colecciones 
líquidas. La punción fue el medio más eficaz de aclarar du- 
das, cuando después de que la temperatura había bajado, 
empezaban a notarse nuevas remisiones (> interinitcncias, 
unidas a los signos físicos. 

El examen citológico del lí(|uido serofibrinoso del en- 
fermo a (jue se refiere la figura número 7, me demostró 



IMPKESIONES clínicas SOBKE LA EPIDEMIA DE <íRIPA 



247 



que había casi únicamente polinucleares y escasos linfo- 
citos. 

Los derrames que pasaron a la supuración fueron en- 
viados a los. servicios de cirugía para su tratamiento ope- 
ratorio, con excepción del registrado en la curva 8, (píe se 
abrió espontáneamente en los bronquios y después de la 
vómica siguió canalizando muy bien por el árbol aéreo. 

No observamos ninguno de los casos descritos en la 
epidemia pasada, de empiemas producidos por la ruptura 
de un absceso pulmonar en la cavidad pleural, accidente 
observado por lo general en la convalecencia e iniciado por 



38' 



37' 



36« 



E^ = = EE=EEE3EEEEEEEEEEEEE^^E 


es'^eeeejeeee"eeee=ee=e-=- 

ñiiiiiíiiiiiniiiyjiM 



"Fig. 8. — Enfermo José Flores. — Cama 48. Pab. 25. 
Pleuresía supurada, abierta en los bronquios. 

un dolor de pecho, repentino y agudo (jue jxjiiía al enfer- 
mo en un estado de gravedad inmediato, mientras la tem- 
peratura subía intensamente, el pulso se hacía rápido y 
pequeño y la respiración superficial y dolorosa. 

Abscesos pulmonares. — Con lo anterior queda dicho 
que no fueron observados. 

Bronquéctasis. — Se ha señalado la dilatación de los 
bronípiios en el período de estado de la infección y, más 
frecuentemente, como una secuela tardía, apreeiable al ca- 
bo de los años. Las lesiones de brouíiuitis y peribroiuiui- 
tis, producidas por el bacilo de la influenza, reblandece- 

Mem. Soc. Álzate. — 12-.IiiIio-I021.^t. :;0~17 



248 I>R.. .1. J. IZQUIERDO 



rían las paredes y determinarían su dilatación por el me- 
canismo conocido, en (lue participa la tos. En las prime- 
ras epidemias se calificaban estos hechos de broncoplegias 
y se aconsejaba tratarlas por la estricnina. AiuKiue obser- 
vaníbs dos casos acentuado's de broníjuectasia, a uno de los 
cuales ya nos hemos referido, no es posible considerarlos 
como de esta naturaleza, pues se trató de ancianos, viejos 
tosedores (jue tenían lesiones de broncpiitis crónicas, que 
seguramente fueron las originantes del mal. Sobre las dila- 
taciones tardías, ya se comprende ([ue no podemos decir 
nada. 

Tuberculosis, — Se tiene por indudable (jiie en los con- 
valecientes de grii)a se ingerta con frecuencia la tubercu- 
losis y después de la epidemia pasada todos hemos cono- 
cido tuberculosos, (jue nos han referido el principio de su 
mal a un ataque de la enfermedad. 

Sobre esto no podemos decir nada porque los enfer- 
mos escapaban a nuestra observación al poco tiempo de 
curados, pero sí dejaremos anotado ({ue tuvimos la opor- 
tunidad de seguir un caso de gripa en un tuberculoso ca- 
vitario. Es sabido que un j)ulmóii (|ue desde hace tiempo 
es asiento de lesiones tuberculosas, es extremadamente 
susceptible a las infecciones respiratorias agudas, (|ue tien- 
den a persistir un tiempo mucho más largo (jue en un ór- 
gano sano en virtud de cambios en él determinados. En 
el enfermo a (|ue me refiero, la infección gripal fue real- 
mente más prolongada y la fiebre se caracterizó por gran- 
des remisiones con elevaciones vesperales acentuadas. 
Partes en relación con las vías respiratorias superiores. 
— Cuino resultado de la inñamación de las vías aéreas su- 
periores, pueden ser atacadas las ])artes (|ue están en re- 
lación con ellas. Las otitis medias supuradas fueron las 
comjilicaciones (|ue anota'mos con nuíyor frecuencia, pues 
entre los 10:} enfermos que tuvimos, se presentaron en 8 de 
ellos. En su mayor ])aite se presentaron después que la 



IMPRESIONES CLÍNICAS SOBKE I, A EPIDEMIA DE GKIPA 



249 



curva térmica había descendido, inanifestándose por un 
brusco reascenso (figura 9), que por lo general duraba has- 
ta que el pus, — cuyo germen lamentamos no haber deter- 
minado, — era evacuado al exterior. Xo llegamos a observar 
mastoiditis. 




Fig. 9. — Enfermo Jesús Campos.- Cama 21. 
Gripa y otitis, media supurada. 



No dejaré de mencionar algunas conjuntivitis locali- 
zadas al ángulo interno, irradiadas al rededor de la entra- 
da del canal lacrimal, transmisor indudable de la infec- 
ción de las fosas nasales. 

Sistema circulatorio.-^Cierta ta(|uieardia y palpitacio- 
nes en la convalecencia, hipotensión especialmente marca- 
da en los casos que dejaban profunda postración nerviosa. 

Sistema nervioso. — Es muy notable la acción de la gri- 
pa sobre el sistema nervioso, siendo sus manifestaciones 
más notables por su frecuencia, la psicastenia y la neuras- 
tenia, que en ocasiones se presentan simultáneamente. Los 
enfermos que están en estas condiciones hacen mluy lenta- 
mente sus convalecencias y sus fuerzas vuelven con extre- 
ma lentitud; tienen sensación de debilidad acentuada, can- 



250 DK. .1. .1. IZQUIERDO 



sancio rápido, taquicardia y sudor al menor esfuerzo. En 
algunos es imposible el esfuerzo mental. 

Neuritis. — La observamos dos o tres veces, localizada 
a un simi)le tronco nervioso (ramas del trigémino), mani- 
festadas por atroces dolores neurálgicos, con frecuencia 
lentos en ceder al tratamiento. 

Encefalitis. — No llegamos a observarla. 

Aparato digestivo. — Los trastornos digestivos pueden 
persistir y prolongar la convalecencia, a causa de la nutri- 
ción defectuosa. En muchos casos pudimos comprobar esto 
y no sabemios hasta qué grado pueda haber tenido parte 
la alimentación del hospital. 

Insuficiencia suprarenal. — A paso y medida que termi- 
naba el período gripal febril y (pie entraba en convalecen- 
cia uno de nuestros enfermos, presentó signos de astenia 
cada vez mayores. Ya en plena convalecencia empezó por 
no poder levantarse y después por no poder permanecer 
sentado en el lecho, hasta que al fin permanecía inerte, con 
la cara impasible, como una máscara. Interrogado en alta 
voz, el único signo que permiitía comprender que oía y com- 
prendía la voz, era un esbozo de sonrisa ([ue retraía las 
comisuras de los labios. La temperatura se mantuvo en- 
tre 36° y 36°.3, el pulso era pequeño, blando y lento. A la 
necropsia se encontraron las suprarenales profundamente 
alteradas. La parte cortical de ambas estaba esclerosa ; !a 
medular muy disminuida y fibrosa en una; convertida m 
una papilla saniosa en la otra. No podría afirmar si la al- 
teración fue debida exclusivamente a la gripa o si sólo fue 
exagerada una lesión preexistente (tuberculosa), (pie es )o 
más probable. 



México, 6 de mayo de 1920. 



SOCIÉTÉ SCIENTIFIQUE '-ANTONIO ÁLZATE" — MÉMOIRES. T. 3Ü ?51 



ALGUNOS DATOS SOBRE EL CLIMA DEL ESTADO 

DE SINALOA 

POR EL 

ING. PABLO VÁZQUEZ SHIAFFINO. 

DIRECTOR DEL OBSERVATORIO DE MAZATLÁX, SIN. 



(Sesión del 4 de Octubre de 1920) 

Próxima a inaugurarse la nueva Red de Estaciones Me- 
teorológicas y Tenuopluviométricas del Estado, con cuyos 
futuros datos y después de una serie continuada de varios 
años de observaciones, podrá hacerse una concienzuda dis- 
cusión y fuaidada clasificación de las condiciones climato- 
lógicas de los diferentes regiones de Sinaloa, hemos creí- 
do oportuno contribuir, auníjue brevemente, al principio de 
dicho estudio, con la recopilación de los datos de Tas Esta- 
ciones Meteorológicas existentes años atrás. 

Aun(jue los resultados obtenidos no sean producto de 
luengas series de observaciones meteorológicas (excep- 
tuando en lo (jue a Culiacán y Mazatlán se refiere), sí son 
lo bastante aproximados para dar una idea del clima de 
varias regiones del Estado. 

No creemios necesario llamar la atención del agricul- 
tor sobre la importancia (¡ue le merece y la utilidad que 
le reportará el conocimiento de las condiciones climatéri- 
cas de la región donde radican sus intereses, y por ello, 
al escribir estas líneas, juzgamos sinceramente qué contri- 
buimos, aunque en pequeña escala, a fomentar el progreso 
de la Agricultura, principal- fuente de riqueza así de este 
Estado como de la Nación entera. 



252 INO. PABLO VÁZ(irEZ SHIAFFINO 



* * # 

En la división climatológica, por regiones del territo- 
rio mexicano, el Estado de Sinaloa, junto con el de So- 
nora, pequeñas ¡¡orciones de los de Chihuahua, parte de 
Durango y Naj'arit, forma la extensa región Norte de la 
Vertiente del Pacífico. 

Ricamente dotado por la Naturaleza, posee un extenso 
litoral (¡ue bañan el Mar de Cortés y el Grande Océano, 
en los que van a desembocar sus numerosos ríos que, cual 
paralelas arterias, lo surcan de Oriente a Poniente, des- 
cendiendo de las estribaciones de la Sierra ]\Iadre, que for- 
ma el límite oriental y orográfico de su territorio. 

Este se divide en dos zonas paralelas : la oriental, al- 
ta y montañosa, y la occidental de mayor extensión que 
la primera, baja y de suave declive hacia la costa. 

La zona oriental puede subdividirse en dos regiones : 
la de mayor elevación con alturas hasta de más de 2000 
metros, cuyo clima se clasifica como frío ; y la de alturas, 
que varían entre 1200 y 1800 metros, que puede juzgar- 
se, en lo general, de clima templado. 

En la primera de estas regiones no son raras las he- 
ladas prematuras del Otoño y tardías de la Primavera, 
siendo muy frecuentes e intensas durante el Invierno. 

En la segunda ocurren heladas raramente, de poca ex- 
tensión, en los inviernos rigurosos. 

La zona occidental, formada por valles de corta exten- 
sión y dilatadas llanuras, cruzada a intervalos por siste- 
mas aislados de colinas de poca altitud, que corren a tre- 
chos paralelas a la costa, se clasifica como de clima maríti- 
mo cálido, pues a más de mantenerse en ella el termómetro 
extremadamente alto durante casi todo el año, muy rara 
vez ocurren en el Invierno abatimientos térmicos de gran 
consideración. 



ALGL'NOS DATOS .SOBRE EL CLIMA DE SIXALOA 



253 



Insertamo.s a continuación un cuadro formado, como 
arriba se dijo, con los principales datos meteorológicos ob- 
tenidos en los Observatorios de Culiacán y Mazatlán, y 
en las varias Estaciones, durante dos años de observacio- 
nes en éstas últimas : 



Estaciones 


£. 

! ^ 

g £ 


Temperaturas del aire 

a la sombra eii gratólos 

centígrados 


o! 

z i 

•3: tí 

■X — 

s g 


1 1 
? — 

á £ 


Lluvias cu inilíme- 
tros de altura 


"= s 

Á £ 

57 
29 
40 
41 
60 
82 
81 
59 
73 
68 
45 




a = 
S = 


16°3 
15 

15 7 
1.) 4 

16 

16 4 

15 9 

17 4 
20 5 

16 5 

17 4 


:= tí 


1 


X Z 

s < 


Choix 

Fuerte 

Sinaloa 

Moco rito . . . 
Badiraguato. 
Culiacán ... 

Cósala 

San Ignacio 
Mazatlán (1) 
Concordia .. 
Rosario 


390 
81 
55 
50 

183 
44 

450 

140 
6 

160 
60 


24" 7 

23 8 

24 2 
24 

24 4 

25 1 

23 6 
25 8 

24 5 

23 7 

24 6 


33"1 
32 6 
32 3 
32 6 
32 9 
32 5 
31 2 
34 3 
26 8 

30 9 

31 8 


1608 
17 6 

16 6 

17 2 
16 9 
16 1 
15 3 
1() 9 

6 3 
14 4 
14 4 


Jun. 

Jun. 

Jun. 

Jun. 

Jun. 

Jun. 

May. 

MaV. 

Jui. 

Jun. 

Oet. 


Feb. 

Feb 

Feb. 

Feb. 

Feb. 

Feb. 

Feb. 

Feb. 

Feb. 

Feb. 

Feb. 


994.3 
399.1 
579.6 
637.8 
792.6 
540.6 
760.2 
711.2 
811.8 
1222.3 
1086.5 


223.3 
110.2 
194.1 
200.5 
336.3 
162.8 
26ir3 
232.6 
225.4 
454 4 
405.5 



(1) — Promedio de 32 años de ob.servaciones 
Datos para iina altiira de 78 metros sobre el mar 

Si se desea reducir al nivel del mar los datos termométricos de ésta Esta- 
ción, debe sumárseles 0''3. 



El cuadro anterior da una idea aproximada de las coa- 
diciones climatéricas ({ue rigen en las diferentes regionc'S 
agrícolas del Estado, y de su discusión, con la de otros da- 
tos que por falta de espacio no incluimos, podemos obte 
ner las siguientes conclusiones : 

La temperatura media anual es casi uniforme en las 
porciones del Estado (lue comprende el anterior resumen, 
pues la diferencia entre la temperatura de la región de San 
Ignacio que resulta ser la de mayor media en el año y 'a 
de Cósala, (pie es la de mínima, sólo monta a 2." 2. 



254 ING PABLO VÁZQUKZ SHIAKFINO 



Es también la región de San Ignacio donde la tempe- 
ratura máxima alcanza el mayor valor, registrándose en el 
mes de Mayo y en los del Estío, temperaturas que, con 
frecuencia, sobrepasan a 40 del centígrado. 

Corresponden a Cósala y a El Fuerte las menores tem- 
peraturas mínimas medias, y es en esta última Estación, 
con las de Sinaloa, Mocorito y Clioix, donde se registran 
las más bajas temperaturas invernales, llegando en ellas 
a señalar la columna del termómetro, en los grados fríos, 
el punto de congelación. 

Es en la de Mazatlán, y con ella en toda la región 
próxima al mar, donde la temperatura mínima se mantie- 
ne, por tal causa, más alta: 20° 5; no llegando, en cambio, 
su temperatura media máxima más (^ue a 26° 8, muy infe- 
rior a las máximas medias registradas a algunos kilóme- 
tros tierra adentro, que sobrepasan, en todas las Estacio- 
nes a 30'. 

Es también en toda la faja de la costa donde, por ra- 
zón natural, la oscilación térmica media anual alcanza los 
menores valores, no llegando en Mazatlán más que a 6° "í. 
La más amplia oscilación media anual de la temperatura 
ocurre en El Fuerte y la menor, como antes se dijo, en Ma- 
zatlán, aumentando casi progresivamente conforme a la al- 
tura sobre el mar y la distancia al mismo de la región (¿ue 
se considere. 

incluimos en el cuadro a discusión, dos columnas (jue 
muestran los meses en ([ue la temperatura máxima media 
es más alta y la mínima media más baja en las diversas 
Estaciones. Se verá por ellas (|ue en casi todo el Estado 
la temperatura máxima media mensual mayor se i-egistra 
en el ulcs de Junio, exceptuando las regiones de ('osalá y 
San Ignacio en las (jue se efectúa en Mayo, en Julio en Ma- 
zatlán y en Rosario el mes de Octubre. El mes de Febrero 
es, {)ara todas las Estaciones, el de menor temperatura mí- 
nima media. 



ALGLN(.)S DATOS SOBRE KL CLIMA DE SIXALOA 200 

Xo debe interpretarse lo anterior como que los meses 
citados son los más calurosos y fríos, respectivamente, del 
año ; en general puede afirmarse que el mes de Junio es <l 
más caluroso, auncjue en las regiones más próximas al mar 
es el de Julio, como ocurre en Culiacán, Mazatlán y Rosa- 
fio. Toca a Diciembre ser el mes más frío, exceptuando 
en la faja de la costa donde la menor temperatura media 
mensual se registra en Febrero, cambio (pie se explica por 
la influencia misma de la proximidad del mar. Las tem- 
peraturas mínimas extremas se registran en la gran ma- 
yoría de las Estaciones en el mes de Febrero. 

Con muy escasos datos contamos para referirnos a la 
humedad relativa del aire que es muy alta y uniforme en 
la costa donde es muy frecuente la formación de nieblas 
densas y persistentes, en los meses del Invierno y de la 
Primavera. 

En la faja de la costa el elemento a (|ue nos venimos 
refiriendo, tiene un valor medio anual de 76.8 por ciento, 
(pie decrece paulatinamente con la altitud del suelo y la 
distancia del mar, siendo la media anual en la región de Cu- 
liacán 62 por ciento y 55 por ciento en la de El Fuerte. 

Por razón natural, los meses de mayor humedad rela- 
tiva del aire, son los del Estío ; registrándose la mínima 
humedad al principiar el Invierno. 

Las lluvias, el conocimiento de cuyas frecuencia y can- 
tidad es de importancia capital para el agricultor, son muy 
variables, en cuanto a altura, en las diversas regiones del 
Estado. 

Consideraremos tres zonas de precipitación pluvial : 
1.'^ Inferior a 500 milímetros de altura. 
2.^ Entre 500 y 1000. 
3.* Superior a un metro. 

Sólo la región de El Fuerte forma parte de la prime- 
ra, siendo al mismo tiempo la ({ue arroja el total mínimo 



256 !NG PABLO VÁZQVEZ SHIAKKINO 

de precipitación anual ele las regiones del Estado de que se 
tienen datos pluvioiuétricos. 

Forman parte de la 2." zona todas las Estaciones, ex- 
cepción hecha de El Fuerte, que se clasifica arriba, y de 
Concordia y Rosario, cuyas alturas de precipitación sobre- 
pasan a un metro y (puedan eomjirendidas en la '-^.^ zona. 

Es ésta, la de' Rosario y Concordia, una de las zonas 
de más abundante precipitación anual en la República Me- 
xicana, y la altura de las lluvias registradas en ella, sólo 
es excedida por las zonas de excepcional cantidad de pre- 
cipitación anual en los Estados de Yeracruz y Tabasco. 

Debe notarse por el cuadro a discusión, que la altura 
de la lluvia recogida no está en razón directa de su fre- 
cuencia, y así tenemos (pie la región de Culiacán, donde las 
lluvias son más frecuentes, no es la que registra- la mayor 
altura, sino que ocupa el penúltimo lugar en cuanto a can- 
tidad. 

En la zona de Concordia y Rosario es donde con más 
frecuencia ocurren las tormentas' estivales, acompañadas 
de la gran precipitación a que se hizo ya referencia. Es por 
ello que en esta región, aun((ue el número anual de días 
con lluvia sea relativamente reducido, la precipitación to- 
tal alcanza tan gran valor. Nos explicamos la frecuente 
formación de estas tempestades eléctricas, por ser la re- 
gión referida muy propicia a su nacimiento y desarrollo, 
pues existen en ella innnerosos y extensos esteros y maris- 
mas que originan poderosas corrientes ascendentes carga- 
das de vapor de agua. Estos meteoros siguen, en lo general, 
una trayectoria SE a NW, paralela a la costa, descargan- 
do la lluvia de sus potentes nubes desde el origen de su 
carrera en la que cruzan la región de referencia. Nos expli- 
camos así también la abundante precipitación que se re- 
gistra en Mazatlán (comparada con la de las Estacion.'^s 
más al Norte), por ser la región más próxima a aquella en 
que tienen nacimiento las tormentas. 



AL<;rX(tS DATOS SOBRE EL CMMA DE SIXALOA 20í 



Damos a continuación el orden progresivo de Estacio- 
nes, según la cantidad de lluvia anual en ellas recogida.— 
llenos de 500 milímetros : El Fuerte ; de 500 a 1000 m.m. : 
Culiacán, "Sinaloa, Mocorito, San Ignacio, Cósala, Badira- 
guato, Mazatlán y Choix ; de más de un metro : Rosario y 
Concordia. 

Las mayores precipitaciones mensuales se regieran por 
regla general en el mes de Agosto, aunque algunas veces 
son aventajadas por las de Septiembre u Octubre, tenien- 
do ello como causa el paso, próximo a la costa, de aU 
guno de los ciclones tropicales que la recorren al fin dei 
Estío o principio del Otoño, procedentes del Sur. Cuanda 
ésto ocurre, las lluvias ad(iuieren un carácter netamente 
ciclónico, persisten sin interrupción por dos o tres días, v 
son tan abundantes que originan las grandes avenidas de 
los ríos f[ue tantos perjuicios ocasionan a la Agricultura 
del Estado. Afortunadamente esto no ocurre con frecuen- 
cia, pues aunque es regular cada año la formación de una 
perturbación atmosférica de origen tropical, no siempre al 
recorrer su trayectoria el meteoro se aproxima lo suficien- 
te a la costa para influenciar el tiempo en el Estado en la 

forma peligrosa que arriba se indicó. 

íiOS vientos dominantes en el territorio del Estado son 
occidentales, verdaderas brisas de mar, que varían su di- 
rección al internarse de acuerdo con la topografía de la re-- 
gión que se considere, pero teniendo aquélla como límites 
extremos, el SW y el XW. En la faja de la costa los 
vientos, o brisas, soplan moderados, y aun algo fuertes y 
arrafagados por la tarde ; al entrar a tierra pierden en ve- 
locidad y en humedad, soplando débiles en la zona central 
del Estado. En algunos lugares, aunque bastante retira- 
dos de la costa, dominan indiferentemente las brisas de 
mar y tierra : de día la primera y de noche la segunda. 



258 IN(i. PABI.O VÁZQUKZ SlíIAFFINO 

En Culiacán, por ejemplo, tanto puede considerarse 
viento dominante al WSW como al XE, siendo de antagó- 
nicas características ambas corrientes. Pero, en general, 
como antes dijimos, la corriente dominante es occidental, 
húmeda y, por tanto, benéfica a la fertilidad del suelo. 

En la costa ocasionalmente se registran vientos hura- 
canados originados por los trastornos atmosféricos de ([ue 
hablamos en párrafo anterior o los locales de carácter pa- 
sajero, siendo aquéllos de dirección variable. En Mazatlán 
ha registrado el anemómetro velocidades de viento hasta de 
33 metros por segundo. 

En la zona central y oriental del Estado llegan a re- 
gistrarse, durante el Estío, vientos violentos que general- 
mente preceden o acompañan a las tormentas locales, en sa 
mayoría de dirección austral, y que aunque de gran inten- 
sidad, son de corta duración. 

Disponemos de muy pocos datos para juzgar de la ne- 
bulosidad en las regiones del Estado. Parece ser aquélla 
mayor en la porción media central del mismo, decreciendo 
igualmente hacia el Norte y Sur, 

Como datos de la duración anual de la insolación efec- 
tiva, aportamos los de El Fuerte, Culiacán y Mazatlán. Así 
tenemos que en El Fuerte la insolación efectiva es de 
2802 horas de las 8760 (pie forman el año común. En Culia- 
cán decrece a 2267 y en Mazatlán sube a 2678 horas. Es- 
tos resultados parecen confirmar nuestro anterior aserto, 
referente a la nublosidad en el Estado. 

Creemos que hemos logrado el objeto propuesto al 
principiar este artículo: "dar una idea, lo más aproxima- 
da posible, del clima del Estado, valiéndonos de los datos 
obtenibles." Réstanos, para terminar, hacer cordial invita- 
ción a todos los Agricultores sinaloenses, a interesarse en 
la observación y estudio de los fenómenos atmosféricos, o 



ALGUNOS DATOS SOBRE EL CLIMA DE SINALOA 259 

sea la Meteorología, íntimamente ligada con la Agricultu- 
ra ; y cooperar, proporcionando todos los informes que so- 
bre tal asunto estimen útiles, al mejoramiento y éxito de la 
Red Meteorológica del Estado, ramificación de este impor- 
tante Servicio Nacional, el cual esperamos llegará a ser, en 
próximo futuro, la clave del éxito del agricultor mexicano 
y con ello del engrandecimiento de nuestra patria. 

Mazatlán, Sin., Octubre 1920. 



SOCIÉTÉ SOIEXTIFIQUK • ANTONIO AtZATí:."— MÉMOIRES, T. 39 261 



LAS NOCIONES DE SUBSTANCIA Y DE ELEMENTO 

EN LA química Y LAS INTERPRETACIONES 

DE LOS FENÓMENOS DE RADIOACTIVIDAD 

POli EL 

PROF. CARLOS F. DE LANDERO, M. S. A. 

INGENIERO DE MINAS 

"Moi'cover tlie progress of >stuily opens out 
new pvoblems to be eonsidered. iind thus broa- 
dens the arca of 'conscious ignorance, " even 
raoi-e tliiin it increases the stock of "ascertaincd 
kuowledgc."— Alfred Marsliall.— Industry and 
Trade; p. 7. (Londres, 1919). 

(Sesión del 3 de Enero de 1921) 

'"El i)rogre.su del estudio descubre nuevos problcniíis 
por examinar, y con ello ensancha el campo de la ignoran- 
cia consciente, aún más (|ue lo que aumenta el acopio del 
saber verificado." Esa profunda observación del gran eco- 
nomista inglés contemporáneo, (piien la hace con ocasión 
de indagaciones harto concretas, es, en verdad, aplicable 
universalmente en todos los dominios del saber, sin excep- 
tuar los de la ciencia pura. Fases hay en el desarrollo pro- 
gresivo de cualquiera ciencia en las que algim concepto 
de uno u otro de sus fundamentales objetos o principios, 
que estaba antes adoptado como de sobra claro y suficien- 
te, pasa a verse dudoso e inadecuado a consecuencia del 
descubrimiento de ciertos hechos antes desconocidos. Esto 
puede dar margen a tales confusiones y perplejidades, 
acompañadas de ideas hipotéticas copiosas , contradictorias 



262 PKOH". CARLOS F. DE LANDEKO 

entre sí y con las (jiie antes privaban, a veees de tal suer- 
te atrevidas e inesperadas, (ino tal parece <iue se eonmin- 
ven y (juebrantan los cimientos, (jue antes se tuvieran por. 
firmes, del edificio intelectual de dicha ciencia. En seme- 
jantes períodos transitivos del pensamiento científico, ca- 
be la paradoja de (pie a consecuencia de descubrimientos de 
real trascendencia, llegue a pensarse (pie ha habido retro- 
gradación más bien (lue i)rogreso, viendo conmovidos los 
fundamentos de la ciencia, tenidos antes por incpiebrant;;- 
bles: pero lo (jue hay en realidad es (|ue privan en las in- 
vestigaciones problemas (pie son en esos momentos irre- 
solubles. 

Tal es mi impresión de conjunto en lo que toca a !a 
transición violenta (lue están sufriendo ahora los concep- 
tos básicos de la Química, y con ellos los de la Física, con- 
secutivamente a.l descubrimiento importante de singulares 
hechos, de los fenómenos que se han denominado de ra- 
dio-actividad. El postulado fundamental en esas cienciars, 
que muchos veían a guisa de verdad necesaria, de la per- 
petua subsistencia de la masa o indestructibilidad de la 
materia, llega a verse puesto a discusión, y con ello, el con- 
cepto mismo de materia o substancia se mira por hoy en- 
vuelto en un positivo caos de contradictorias opiniones, for- 
zadas hipótesis y nebulosas doctrinas. 

» * * 

La noción de substancia, tal como llegó paso a paso 
a entenderse en la Química, — mayormente a partir de La- 
voisier, y a diferencia de la ipie, con más o menos grave- 
dad, predominaba entre los filósofos herméticos, — se ca- 
racteriza por no separar de ella las nociones de propieda- 
des, cualidades o accidentes; conceptuóse la esencia pro- 
pia de las sendas substancias específicas como determi- 
nante de sus propiedades todas, de ella inseparables. Se 



NOCIONES DE SUBsTAXCTA Y DE ELEMENTO EN LA QUÍMICA 263 

ha venido a considerar la "masa"' como el soporte de la 
substancia o materia, contemplada, en general, como la 
calidad común a todas las substancias que unas de otras 
difieren específicamente. Vino a precisarse la noción de 
"masa" caracterizándola y midiéndola por su resistencia 
al movimiento, a la acción del impulso motor, que si per- 
siste y es constante, imprime a iguales masas iguales ace- 
leraciones. Ese concepto es fundamental en la Mecánica 
General, y lo lia sido en las extensiones de ésta a las otras 
ciencias físicas. 

Además de acoger la Química la noción dinámica de 
masa, hubo de admitir para su dominio propio la de diver- 
sidad esencial en la calidad o naturaleza de las substan- 
cias individuales, que se presentan ya puras, ya entremez- 
cladas, formando los cuerpos ; todas ellas tienen de comiin 
atributo la propiedad cuantitativa peculiar a la masa. Un 
caso particular de la acción de las fuerzas sobre las ma- 
sas, es la operación de la pesantez o gravedad, cuyos efec- 
tos en los cuerpos produce las relaciones ponderales entre 
ellos, relaciones siempre proporcionales a las que pudie- 
ran deducirse de las aceleraciones que fuerzas de otros 
géneros les imprimiesen : los pesos y las masas son canti- 
dades de diferente especie, pero sus respectivas relacio- 
nes numéricas son coincidentes. Caso particular de la per- 
manencia general de propiedades, sean cualitativas o cuan- 
titativas, en las sendas substancias específicas, es la inva- 
riabilidad de sus correspondientes pesos, sean cuales fue- 
ren los ciclos de transformaciones que dichas substancias 
experimenten por virtud de sus mutuas acciones. 

A la noción de la invariabilidad de las masas, y con 
ellas de los pesos, al pasar las substancias de unas a otras 
transformaciones, vinieron aiin a añadirse, como funda- 
mentales en la Química, los conceptos de elementos o subs- 
tancias esencialmente elementales, y de la persistencia o 

lleni. Soc. Álzate,- ia-Jiilio-1921.- t. 39—18 



264 PROF. CARLOS V. DE LAXDERO 

conservación específica de cada uno de ellos. Las snbstau- 
cias elementales constituyen, por sus uniones o combina- 
ciones, todas las substancias puras (^ue la Química estu- 
dia ; la destrucción de cada combinación tiene por límite 
infranqueable la restauración de sus componentes elemen- 
tales al estado libre. De esta suerte llegó a aceptarse, muy 
generalmente, no obstante algunas vistaá hipotéticas en 
contrario, que los elementos químicos no son susceptibles 
de modiñcación en su calidad de tales, (pe no son trans- 
mutables unos en otros : además del postulado general do 
la persistencia de la masa, común a la Mecánica y a la 
Física, se lia mantenido en la Química el postulado espe- 
cial de la individualidad permanente de los elementos o 
conservación de ellos. De fijo no tiene este postulado cer- 
tidumbre forzosa, metafísica o absoluta, no es de verdad 
necesaria : es únicamente un resultado de anterior expe- 
riencia, que en todo tiempo puede ser abrogado por expe- 
riencia posterior, por virtud de hechos bien constantes que 
lo contraríen, sin que por ello padezca la verdad de la 
ciencia. En rigor estricto, la significación precisa de la no- 
ción del elemento químico y de su persistente individuc^- 
lidad es solamente que ciertas substancias conocidas tie- 
nen a su favor la presunción de ser elementales, mientras 
tanto no fueren descompuestas; el criterio de la transición 
del elemento al compuesto, es la observación fidedigna de 
un aumento de peso, como de una disminución de éste el 
del tránsito del compuesto al elemento. El mismo Lavoi- 
sier veía como elementos a los metales entonces conocidos, 
pero de un modo provisional, y tenía por elementales al 
agua, a los álcalis fijos y a diversas tierras. 

* # * 

Investigaciones que fueron instituidas por Lavoisier, 
con la importante cooperación del gran astrónomo mate- 
mático Laplace, proseguidas posteriormente con perseve- 



NOCIONES DE SUBSTANCIA Y DE ELEMENTO EN LA QUÍMICA 265 

rancia, mostraron finalmente que cada elemento está ca- 
racterizado no solamente por la constancia de su masa 
propia que con relación a las de otros entra y es substi-i 
tuida en las combinaciones, — por lo que sucesivamente se 
ha llamado e(iuivalente químico y peso atómico, — sino, a 
la vez, por la de cierta determinada energía potencial que 
le pertenece, — vista hipotéticamente como una forma pecu- 
liar de energía cinética; — esta noción vino a reemplazar la 
de la afinidad que era, en cierto modo, indefinida y vaga- 
rosa, menos sugestiva de comprobaciones experimentales 
posibles de intentar. Esas energías almacenadas, análogas 
hasta cierto punto a las consiguientes a los cambios diver- 
sos de estado físico de los cuerpos, se transforman parcial- 
mente en energías actuales, de forma térmica, electrodiná- 
mica o lumínica, simultáneamente con los cambios de "es- 
tado químico," que bien podemos apellidar así a los actos 
de las combinaciones. En cada uno de estos actos no llega 
a transformarse en actual la totalidad de la energía poten- 
cial que las masas químicas elementales que intervienen 
encierran y guardan : alguna parte de ella, cuya propor- 
ción no nos es bien conocida, si bien tendemos a conocerla 
siquiera sea aproximadamente, queda latente en los com- 
puestos, para desenvolverse a su turno, en parte, durante 
las reacciones exotérmicas entre los dichos compuestos 
unos con otros, o entre compuestos y elementos. Cada com- 
puesto, cada substancia pura no elemental, tiene y conser- 
va guardada su reserva peculiar y constante de energía, 
en cantidad menor, si fue formado exotérmicamente, que ia 
suma de las energías químicas latentes de sus componen- 
tes. Por otra parte, los cuerpos, sean elementales o com- 
puestos, almacenan energía ^ toanándola de- fuentes exterio- 
res, concomitantemente a todas las reacciones endotérmi- 
cas, generalmente de descomposición, con menor frecuen- 
cia de composición o bien de mutaciones isoméricas de 
compuestos o alotrópicas de elementos. 



266 PKOF. CARLOS F. DE LAXDERO 

Las investigaciones calorimétricas iniciadas por La- 
voisier y Laplace, proseguidas con ahinco y extendidas 
fuera del campo exclusivo de la Química por Rumford y 
tantos otros, condujeron años adelante, ya en la siguiente 
centuria, a la concepción de la teoría mecánica del calor, 
cuyo criterio se hizo extensivo a la explicación de los de- 
más agentes físicos y condujo a la adopción del gran pos- 
tulado general de la conservación de la energía, prime- 
ramente formulado por Julius Robert von JMayer, puntua- 
lizado después por otros grandes físicos, entre quienes ca- 
be citar principalmenet a Hermann von Helmholtz. De 
cierto es sorprendente la época de Lavoisier en la Histo- 
ria de la Ciencia, sin desconocer la gran parte en su obra 
de sus predeceroes y coetáneos: ¡el fundador de la Quími- 
ca, en cuanto disciplina científica sistematizada, fue asi- 
mismo el precursor de la Termoquímica y con ella de la 
Química — física y Energética ! Valga a tal respecto dejarse 
arrebatar j^or el entusiasmo y exclamar, — como lo hace 
Wurtz con ocasión del descubrimiento por Mitscherlich : 
"¡En aquel tiempo se hacían grandes cosas!"; pero es de 
justicia añadir ai punto que no menos grandes se habían 
hecho, se hacen y habrán de hacerse en todos los tiempos, 
desde Arquímedes hasta Newton, de Aristóteles a AquiuD 
y a Leibnitz, de Euclides a Lagrange, de Tales el de Mi- 
leto a Ampére, de los espagiricos egipcios y griegos a Ge- 
ber, el gran alquimista árabe, a Alberto Magno, a Roberto 
Boyle y Antonio Lorenzo Lavoisier, de éste a los Curie, 
los Ramsay y los Ostwald, como también de Stahl a Helm- 
holtz, con innúmeros términos intermediarios, no menos 
fúlgidos cada uno entre los diversos extremos citados de 
esas resplandecientes series del intelecto. 

El activo y rápido desenvolvimiento (pie ha tenido la 
Energética, ha dado margen a la tendencia creciente, — 
acentuada mayormente en nuestros días, — a contemplar la 
energía como una realidad objetiva de mayor generalidad 



NOCIONES DE SUBSTANCIA Y DE ELEMENTO EN LA QUÍMICA 267 

(jiie la substancia poiiderable o materia, o más propiamen- 
te que la masa, ya que analizando las ideas contemporá- 
neas dominantes, debe verse que juntamente la masa y la 
energía determinan el conjunto de propiedades de los cuer- 
pos que son, en rigor, las realidades objetivas. Priva hoy 
día entre los físicos la propensión a atribuir realidad obje- 
tiva únicamente a la energía, en singular contraste con las 
inclinaciones, de sobra materialistas, de sus predecesores 
no lejanos. Para suplir el concepto de materia y el más 
abstracto de masa, se recurre a sutilísimas hipótesis acer- 
ca de la estructura intra-atómica, a las que volveré a re- 
ferirme adelante. 



Antes de pasar a la consideración de los fenómenos 
de radioactividad y del influjo modificador que están ejer- 
ciendo en las hipótesis (piímieas tendentes por hoy a pre- 
valecer, diré aígo acerca de una manera precisa de pre- 
sentar las nociones de mezcla, solución y substancia quí- 
mica pura, ya compuesta o mixta, j^a elemental o simple, 
con entera independencia de las vistas hipotéticas sobre la 
constitución íntima de la materia, que han sido prevalen- 
tes desde Boyle y Dalton hasta nuestros días y que hoy 
propenden a tornarse más a más complexas. Dicha manera 
de presentar esas nociones básicas, tuvieron origen en los 
valiosos trabajos del eximio químico americano Williard 
Gibbs, ta-n grande como modesto, teniendo ciertamente el 
mérito de suprimir vaguedades de antecedentes defini- 
ciones. 

Lo que se llama en Química "substancia," es todo lo 
que constituye los cuerpos materiales o ponderables. Ha- 
biendo heterogeneidad de las partes de una substancia, •:\e 
llama a ésta "miczcla mecánica," y se le llama "fase" si 
todas sus partes son homogéneas, si uniformemente pre- 
sentan propiedades idénticas en momento y condiciones 



288 PROP. CARLOS F. DE LaNDERO 

dados. La fase se califica de '"substancia pura," química- 
mente hablando, cuando sus propiedades no cambian por al- 
guna modificación en las condiciones de presión y tempe- 
ratura, califieándo!»e de "solución" cuando a virtud de tal 
modificación experimenta alteración de propiedades. La 
acepción de "solución," así definida, difiere únicamente 
por ampliación del sentido corriente de la palabra : todo 
cuanto así se llama usualmente es asimismo "solución" en 
el sentido lato expuesto, siéndolo igualmente otras mezclas 
homogéneas, que pueden ser de gases con gases y aún de 
sólidos con sólidos. 

Al modificarse las condiciones de temperatura y pre- 
sión en que se presente alguna fase, puede pasar a formar- 
se otra, pudiendo coexistir ambas; hay generalmente para 
esas condiciones un par de valores, mutuamente relacio- 
nados, i^ara el cual coexisten siempre las dos fases suce- 
sivas, sin (|ue tal coexistencia sea efímera : sean ejemplos 
de ello el agua coexistente con el hielo al estar acjuélla 
congelándose ; el agua hirviente, con coexistencia del va- 
por, en el acto prolongado de formarse éste y desprender- 
se, y el agua líquida remanente : ambas fases duales se pre- 
sentan bajo nuestra presión atmosférica normal a respec- 
tivas temperaturas fijas. 

Durante la transición de una fase a otra, puede tal 
cambio efectuarse totalmente a temperatura y presión 
constantes, o bien ser variables éstas, sufriendo alteracio- 
nes consecutivas al progreso de la transformación. La tran- 
sición del primer género es característica precisa, de anta- 
ño reconocida, de la "substancia pura," siéndolo de la 
"solución" la forma del segundo género: en el caso pri- 
rnero llega a su término la transformación sin que sufran 
alteraciones las propiedades de la nueva fase, ni las del 
residuo decreciente de la primitiva ; en el segundo apare- 
cen sucesivas modificaciones de propiedades, ya sea en la 
una, en la otra fase, o en ambas. Contraste ilustrativo de 



NOCIONES DE SUBSTANCIA Y DE ELEMENTO EN LA QUÍMICA 269 

esos casos es el del proceso de la ebullición, del agua pu- 
ra por una parte, por otra del agua que contenga disuel- 
tos gases o sales. Las transformaciones del primer género 
se han llanxado "hilotrópicas. " 

Una "substancia pura" puede no conservarse tal en 
cualesquiera condiciones de temperatura y presión, sino 
sólo dentro de ciertos límites de ellas, habiendo condicio- 
nes en las cuales pase a comportarse como "solución": en- 
tonces se califica de "substancia pura compuesta." Las 
"substancias puras," que bajo cualesquiera condiciones 
combinadas de presión y temperatura presentan únicamen- 
te transformaciones "hilotrópicas" de fases, son las "subs- 
tancias puras elementales," elementos químicos o cuerpos 
simples. 

Las transformaciones en "soluciones" de las "subs- 
tancias puras," pueden ser ocasionadas por otos factores 
energéticos, no solamente por los de temperatura y pre- 
sión. En general, toda aportación o substracción de ener- 
gía, bajo cualquiera de sus formas, puede en ciertos casos 
transformar en soluciones las substancias puras, o éstas en 
aquéllas : tales tránsitos son las descomposiciones y las 
combinaciones químicas. Los elementos químicos, — repitien- 
do con mayor amplitud de su característica el enunciado 
del párrafo anterior, — son aquellas substancias química- 
mente puras que únicamente presentan transformaciones 
hilotrópicas bajo cualesquiera influencias energéticas a que 
sean sometidos. 

Anticipándome a lo que habré de exponer después, di- 
ré que de confirmarse plenariamente las conclusiones deri- 
vadas del estudio de los fenómenos radioactivos, tal como 
están siendo interpretados, se impone la modificación del 
concepto riguroso del elemento químico conforme a la de- 
finición que precede, o bien la modificación de ésta, bas- 
tando con excluir de las condiciones de lo predicado las 
influencias energéticas ejercidas por mediación de los di- 



270 PROF. Ci^RLOS F. DE LANDERO 

chos fenómenos radioactivos. El radio, según lo que hasta 
hoy parece, sufre espontáneamente substracciones de ener- 
gía ; la emanación que de él proviene y que acarrea esa 
energía, tiene otras propiedades que él y no lo instaura al 
condensarse, sino que parece que en ciertos momentos y 
circunstancias es calificable de ''solución," mezcla de "ni- 
tón" y helio: la transformación de que provino no fue, por 
tanto, "hilotrópica ;" hay más aún: la emanación del ra- 
dio parece ser capaz de introducir energía en ciertas otras 
substancias elementales haciéndolas con ello mudar de na- 
turaleza química, aunque las observaciones a este último 
respecto han menester todavía de confirmación. 

* * * 

Los fenómenos que exhiben las materias radioactivas, 
como he dicho, han venido a perturbar la confianza que 
reinaba en los tres postulados fundamentales de la Quími- 
ca. Son estas materias dos elementos de antes conocidos, 
el uranio y el torio; otro nuevo, el raido, bien caracteriza- 
do ya químicamente, no obstante haber sido encontrado 
solamente en mínimas proporciones en los pocos y escasos 
minerales que lo contienen. Hay, además, una pléyade de 
otros elementos radioactivos, también nuevos, entre los que 
se cuentan el polonio, el actinio, el gas nitón, los mesoto- 
rios y otros más dudosos o menos definidos en cuanto a 
sus propiedades observadas, que no han recibido nombres 
separados, designándose por ahora con los nombres de 
otros elementos adicionados de letras o números. Son por 
igual radioactivos esos cuerpos y todos los compuestos de 
aquellos que los forman, pues los hay que parecen fiuími- 
camente tan inertes como los nuevos gases atmosféricos ; 
para el examen de los nuevos fenómenos no es menester 
aislar los elementos, exhibiéndolos sus sales todas con in- 
tensidades proporcionales a su contenido, del respectivo 



NOCIONES DE SUBSTANCIA Y DE ELEMENTO EN LA QUÍMICA 271 

elemento active. Es el primer caso que se observa de que 
alguna propiedad de un elemento sea reteneida íntegra- 
mente en sus compuestos, no habiendo entre los hechos de 
tiempo anterior conocidos ninguno comparable ; sólo podía 
decirse que en ciertos casos había en los compuestos algo 
análogo a propiedades de los componentes, meros vestigios 
en otros, ni tan siquiera éstos en muchos. Citaré algunos 
ejemplos ilustrativos, en mayor o menor grado, de esta 
tesis. Los tungstatos, aun los de bases alcalinas, se señalan 
por sus altas densidades, consiguientes a la muy alta del 
tungsteno : sales aún más complexas, los borotungstatos, 
retienen densidad relativamente alta hasta en sus disolucio- 
nes acuosas cuando éstas están saturadas. El líquido com- 
plexo llamado alcohol tálico, debe seguramente al talio 
que con otros tres elementos, ligeros éstos, entra en su com- 
posición, su elevado peso específico ; lo mismo puede decir- 
se del doble ioduro de mercurio y bario, como del de mercu- 
rio y potasio, y de sus disoluciones acuosas; otras sales do 
metales pesados son también relativamente densas. El bro- 
moformo es de densidad bastante alta, a consecuencia del 
bromo que entra en su composición ; pero lo es asimismo, 
si, bien en menor grado, el cloroformo, que no contiene 
elemento de densidad notable. Las sales de mercurio son 
venenosas en grados mayores o menores, como lo es el me- 
tal libre, al menos en estado gaseiforme. Por regla gene- 
ral, son tóxicos los compuestos arsenicales, como el arsé- 
nico elemental. Por contra, siendo venenosísimo el fósforo, 
no lo son sus ácidos ni las sales de éstos, siéndolo diver- 
sos compuestos binarios suyos, como los fosfuros de hidró- 
geno y el cloruro de fósforo ; por otra parte, una de las 
'formas alotrópicas del elemento libre es inocua. Los sul- 
furos de muchos metales pesados, plomo, plata, cobre, an- 
timonio, bismuto, tienen como ellos, color y brillo metáli- 
cos; pero divergen en cuanto a tal aspecto exterior los de 
mercurio, arsénico, cadmio y zinc. El carbono y el ázoe, 



PROP. CARLOS F. DE LANDERO 



cuerpos enteramente inofensivos al organismo humano, 
dan, combinándose, el letal cianógeno, cuyas propiedades 
a ese respecto son extensivas a cuasi todos sus compues- 
tos ; por contra, es inofensivo el paracianógeno, (jue es un 
polimero del cianógeno. 

Es el radio el cuerpo que presenta, en más eminente 
grado, las propiedades de actividad radiante ; es un metal 
de baja densidad, de muy alto peso atómico como los otros 
radioactivos, sus congéneres, en cuanto a la exhibición de 
esas notables actividades; por el conjunto de sus propie- 
dades, otras que las radioactivas, tienen analogía muy 
grande, casi completa, con el bario, metal alcalino-térreo, 
del cual difiere por su espectro luminoso, por impartir a 
la llama coloración roja en vez de verde, y por ciertas di- 
ferencias de grado en las solubilidades de las respectivas 
sales, que hacen practicable la separación de ambos meta- 
les, aunque a fuerza de tardías y reiteradas operaciones 
de precipitación y cristalización fraccionadas. En grado 
muchísimo menor que el radio, presentan actividad radian- 
te el uranio, el torio, actinio, ionio y polonio : la presentan 
fuerte diversos presumidos elementos inestables, tenidos 
por de transición del torio al plomo, del uranio al acti- 
nio y al radio, y de cada uno de estos dos al plomo, o aca- 
so al bismuto y al talio. 

El hecho, directa e inmediatamente observable, que 
ofrecen el radio y sus sales en soberbio grado, es la irra- 
diación de energía, al parecer espontánea, sin que para 
ello medien acciones físicas ni químicas de las de antes co- 
nocidas. Este fenómeno es tan palpable, que un fragmen- 
to de sal radica está constanteiniente a temperatura uno a 
dos grados mayor (|ue la del medio circunvecino, es con 
frecuencia espontáneamente luminoso y, enfriado (|ue fue- 
re, restaura de por sí solo su eiiuilibrio de temperatura, a 
la manera de los seres vivientes. El tratar de interpretar 



NOCIONES DE SUBSTANCIA Y DE ELEMENTO EX LA QUÍMICA 273 

racionalmente tan notables fenómenos, ha dado lugar a los 
tres siguientes términos de disyuntivas : 

1) Los materiales radioactivos infringen la ley o pos- 
tulado probabilísimo de la conservación de la energía ; 

2) Infringen el postulado fundamental de la conserva- 
ción de la masa, siendo atribuibles los hechos observados, 
por hoy singulares, a algo sin precedente en los de ante- 
rior observación, a destrucción de materia, de substancia, 
de masa elemental, con simultánea y correspondiente crea- 
ción, por decirlo así, de energía ; 

3) Subsistiendo incólumes los dos postulados de refe- 
rencia, infringen los cuerpos radioactivos el postulado más 
contingente de los generalmente admitidos, el de la con- 
servación de los elementos químicos en calidad de tales: 
es atribuible la energía que emiten a incesante, espontá- 
nea transformación en el seno de ellos de su elemento in- 
estable en otra u otras substancias elementales. Esas trans- 
formaciones serían exotérmicas, como lo son tantas otras, 
de antes bien conocidas, combinaciones de elementos y 
compuestos, descomposición y aun resolución en sus ele- 
mentos componentes de los compuestos endotérmicos, cam- 
bios isoméricos y alotrópicos. 

Cabe hacer notar aquí, que es tal la fe humana pre- 
sente en el gran postulado general de la conservación de la 
energía, que apenas hubo quien se detuviera en la ínter 
prefación primeramente apuntada ; ante tamaña infrac 
ción, no faltaron (juienes prefiriesen llegar hasta a aceptar 
la del postulado, por largo tiempo tenido por más fidedig- 
no, de la indestructibilidad de la materia o conservación 
de la masa, por mucho que la abrogación de la ley de La- 
voisier conmueva, quizá en mayor grado, el edificio de la 
ciencia experimental que la de la ley de Mayer. Empero, 
presto se encaminó de preferencia la inclinación de los 
principales pensadores a la aceptación de la tercia inter- 
pretación señalada, que admite una transformación o mu- 



274 PROF. CARLOS F. DE LAXDERO 

tacióii de elementos, desenterrando con ello, por más dis- 
tinciones nominalistas que se aduzcan en contrario, cadu- 
cas doctrinas espagírieas o alquímicas. Presumo que ha te- 
nido parte en la preferencia dada a la tercera interpreta- 
ción, el que desde Prout hasta nuestros días no han falta- 
do pensadoreis implícitamente int-onformes con el p&stula- 
do de la conservación a perpetuidad de los elementos quí- 
micos, (jue trae consigo una excesiva pluralidad de subs- 
tancias simples, ({ue si bien se basa en hechos de experien- 
cia parece poco satisfactoria al espíritu, tendente de algún 
modo a hipótesis más sencillas sobre la constitución de los 
cuerpos materiales. Los químicos de inclinaciones filosófi- 
cas, — o si se quiere llamarlas de otro modo, ontológicas o 
metafísicas, — han abrigado, en todo tiempo, cierta espe- 
ranza de ([ue se lleguen a descubrir o entrever hechos jus- 
tificantes de la prototesis de la unidad de constitución ín- 
tima de la materia, no dejando de prever ({ue de ocurrir 
semejantes hechos tendrían, probablemente, (jue ser de un 
orden diferente del de los fenómenos químicos iiormales. 
Para dar cabida a la tercera, como a la segunda inter- 
pretación, en calidad de prototesis confirmada, no de mera 
hipótesis inconfirmable, sería, sin embargo, preciso llegar 
a observar ([ue sufriesen el radio y siis congéneres alguna 
disminución ponderal consecutiva a sus irradiaciones de 
energía. Es lo cierto que este re(iuisito importante no ha 
llegado todavía a llenarse por observación directa bien 
constante y comprobada, cuyo resultado esté fuera de toda 
duda y discusión. En cambio, las comprobaciones cualita- 
tivas obtenidas ya de la realidad objetiva de substancias 
materiales emanadas del radio son innegables, haciendo 
admisible provisionalmente la conjelura fundada de que 
dicho metal disminuye espontáneamente de masa y que la 
magnitud ,de sus decremientos en orden al tiempo, habrá 
de ser mensurable con certeza antes o desi)ués. Es ardua 
la tarea por razón de dificultades insuperables mientras no 



NOCIONES DE .SrBSTANflA Y DE ELEMENTO EN LA QUÍMICA 2tn 



hubiere un cambio feliz de las circunstancias presentes : el 
clecreniento es probablemente tan pequeño, que no puede 
apreciarse con la balanza, dadas la exigüedad de las can- 
tidades de radio disponibles y la relativa brevedad de los 
períodos de tiempo en que su determinación ha podido in- 
tentarse. Con tan diminutas cantidades de material de ob- 
servación como las que se tienen disponibles, la medida de 
una mínima fracción de ellas, infinitesimal en la unidad 
de tiempo, requeriría un período secular, ya que no mile- 
nario, entre los estados inicial y final, entre la institución 
de un experimento dilatado y su terminación. Con perío- 
dos de tiempo tan breves comjo los que son aprovechables, 
tratándose de tan lento fenómeno, sería necesario contar 
con cantidades de radio mucho mayores. No pudiendo lle- 
narse por hoy alguno de los dos requisitos Indispensables, 
o bien el de perfeccionar enormemente los ya muy perfec- 
cionados instrumentos auxiliares de la observación, el in- 
tento de la mensura daría resultados de orden de magni- 
tud tal vez inferior al de los errores de observación, a la 
manera de los intentos de medida de la paralaje anual de 
las estrellas fijas otras que las muy contadas calificables 
de relativamente cercanas a iniestro planeta y centro de 
observación. Las sales de torio y de urario están disponi- 
bles en cantidades relativamente fuertes ; pero la intensi- 
dad de los fenómenos en cuestión, es colosalmente menor 
en ellas que en las de radio. 

Sobre bases que son, en parte, demasiadamente hipo- 
téticas todavía, ha llegado a conuputarse, a guisa solamen- 
te de primera, ruda y provisional aproximación ,que los pe- 
ríodos de tiempo necesarios para que los que son hasta hoy 
los principales metales radioactivos decrezcan de peso has- 
ta llegar a perder la mitad de sus respectivas masas, son 
para cada uno de ellos : 

Radio — 2,000 años, cifra cuya estimación se redujo su- 
cesivamente a 1,730 y a 1,690 años ; 



276 PROF. CARLOS F. DE LANDKRO 

Uranio — 8,000 millones de años; 

Torio — 26,000 millones de años. Sin creer (jue esas ci- 
fras deban tomarse por ahora muy en serio, ya ciue proce- 
den de vistas hipotéticas de sobra complexas y de extra- 
polaciones excesivas, las consigno poríjue dan cierta idea 
imaginativa, impresionante, de las altas cifras a que pue- 
den llegar las cantidades totales de energía por emitir en 
semejantes períodos, ya que a diferencia de lo que pasa 
con la por hoy incomparable disminución de masa, la ener- 
gía desprendida del radio en breve tiempo es ya suscepti- 
ble de medida bastante precisa y es cantidad de cierta im- 
portancia. Las relaciones entre las cifras de años apunta- 
das, dan idea de las relativas intensidades de la radioacti- 
vidad de los metales a que corresponden. 

* * * 

Como hube de anticiparlo, consisten los fenómenos ra- 
dioactivos en emisiones de energía multiforme y aun en 
emanaciones materiales, en cantidades no ponderables, pe- 
ro reconocibles cualitativamente con certeza, merced a la 
sensibilidad altísima del análisis espectrométrico. Las ra- 
diaciones observadas han sido de tres géneros, que se han 
designado, para nombrarlas de algún modo, por rayos al- 
fa, beta y gama; sus características distintivas están ya 
bastante bien estudiadas : los rayos alfa se tienen por elec- 
trones, por partículas materiales con cargas eléctricas po- 
sitivas, llegando a presumirse, no sin serio fundamento ex- 
perimental, que sean átomos ionizados de helio; los rayos 
beta se presumen cuasi idénticos a los rayos catódicos, de 
los ((ue solamente difieren en punto a velocidades, no sieji- 
do homogéneas las de los beta, (jue, en término medio, son 
cinco veces mayores (jue la de los catódicos y como de la 
mitad de la velocidad de la hi/; los rayos gama se han ca- 
lificado como una forma de rayos X, dotada en alto grado 



NOCIONES DE SUBSTANCIA Y DE ELEMENTO EN LA QUÍMICA 277 



de la facultad de penetración, siendo discernibles eleetros- 
cópicamente tras de una pantalla de hierro de 30 centí- 
metros de espesor. Las observaciones electrométricas y óp- 
ticas de estas radiaciones, gracias a grandes perfecciona- 
mientos de los instrumentos empleados y a la experiencia 
que ya se poseía por el estudio de los rayos X y los cató- 
dicos, han sido materia de investigaciones muy precisas. 

Ha llegado a aventurarse, — cosa muy propia de la ín- 
dole inquietamente generalizadora del espíritu humano, — 
la prototesis de que todos los elementos químicos, y con 
ellos todos los cuerpos, son radioactivos, si bien en grado 
por hoy inaccesible a la observación ; es lo cierto que va 
creciendo el número de cuerpos en que han podido paten- 
tizarse dichas sorprendentes propiedades, vestigios de las 
cuales han podido ya hacerse constar en el rubidio y el 
potasio, las metales alcalinos de mayores pesos atómicos, 
después del cesio. Para la confirmación plenaria de estas 
y otras presunciones, y para la comprobación relativa de 
las interpretaciones por hoy provisoriamente admitidas, o 
para reformar éstas con tino, es mentester que llegue 
a descubrirse y estraerse radio en mayores cantidades que 
hasta hoy día, que se aislen y separen otras materias inten- 
samente radioactivas, y que se perfeccionen aún más los 
medios de observación de todas las modalidades de los fe- 
nómenos en cuestión, o bien (^ue se inventen otros méto- 
do^ y medios. En todos esos caminos se ha andado y se 
anda incesantemente, como que las inquisiciones de ese 
orden son de las que apasionan hondamente al alma, como 
lo muestra el hecho de que no hayan sufrido entera sus- 
pensión ni durante la terrífica guerra reciente, que para- 
lizó tantas energías y descaminó tantas otras. 

Las medidas ya efectuadas de las cantidades de ener- 
gía yent es y vinientes durante la radioactividad, de for- 
mas térmica y eléctrica y de forma hipotéticamente ciné- 
tica, han sido más positivas que las de decrecimientos de 



278 PROF. CARLOS F. DE LAXDERO 

masa. Refiriendo a un gramo de radio elemental el calor 
irradiado por pequeña cantidad de sal radica, medido en 
calorímetro de Bunsen, como también en otro singularmen- 
te interesante, de hidrógeno líquido, lo computó Curie en 
100 calorías pequeñas (gramos-grados) por hora; posterio- 
res determinaciones han dado 132,3 calorías como la suma 
de todas las energías despedidas, principalmente térmica 
y eléctrica, valoradas en junto en unidades calorimétri- 
cas. Estas medidas calorimétricas, a diferencia de -las an- 
tes practicadas en tan gran número, desde Lavoisier hasta 
Thomsen y Berthelot, han sido de cantidades marginales 
y no de totales: el cronómetro vino i)or primera vez a ser 
instrumento esencial en Calorimetría, contándose con eUo 
un caso más de solidaridad entre las diversas ciencias y 
entre sus métodos inciuisitivos. 

Bien positivos han sido igualmente los resultados de 
las observaciones esmeradas sobre las emanaciones de ma- 
teria gaseosa, despedidas por los compuestos radíeos, ma- 
terias de naturaleza <iuímica muy diferente de la del me- 
tal, de cuya desintegración provienen. No obstante ser di- 
minutas las cantidades de tales emanaciones estudiadas 
por Sir William Ramsay, — el (jue años antes descubriera 
la presencia en la Tierra del helio, — logró reconocer con 
notoria certeza, por examen espectrométrico, (pie la ema- 
nación acaba por mostrarse formada de dos gases, el "ni- 
tón," nuevo gas de peso atómico singularmente alto, y el 
helio, el de antes conocido, hallado primeramente en la cro- 
mosfera solar, después en la corteza sólida del terrestre 
globo. El dicho "nitón" es inestable en cuanto elemento; 
se desintegra rápidamente pasando por sucesivas etapas, 
con sucesivos desenvolvimientos de energía de la una a la 
otra, y ha llegado a colegirse, — sin pleno fundamento ex-, 
perimental todavía, — (|ue el punto final de tal secuela de 
transmutaciones intermedias es el plomo, o quizás más 
bien un metal isotópico del plomo, no enterameiite des- 



XOCIONES DE SUBSTANCIA Y DE ELEMENTO EX LA QVÍMICA 279 

provisto de actividad radiante o capaz de tomarla indu- 
cida. Es de saber que una de las particularidades del ra- 
dio, de los elementos sus congéneres y de sus emanacio- 
nes, de cierto muy notoria, es la facultad de in'ducir radio- 
actividad en muchos cuerpos que son normalmente neu- 
tros a ese respecto. Las emanaciones producen otros efec- 
tos notables, y presentan otras propiedades que. por hoy, 
se miran singulares ; pero fuera impracticable hacer rela- 
ción de todo ello en digresión de la índole de la presente, 
sin que tal prolijidad la hiciera perder en relativa clari- 
dad lo que ganase en extensión. Ya que cité a Ranisay, 
haré mención entre los muchos investigadores de estas 
cuestiones palpitantes, dignos continuadores de la labor de 
los Beequerel y los Curie, de Sir Ernest Rutherford y Fra- 
derick Soddy, cuyos trabajos han sido justamente apre- 
ciados en Alemania, aun durante la guerra, nacido el pri- 
mero en la Nueva Zelandia, y de Sir Joseph John Thom- 
son, y cuenta que podrían mencionarse muchos otros de 
justa nombradía. 

Las sucesivas fases transitivas, mencionadas con mo- 
tivo del "niton," son nueve a partir del radio, sin contar 
una u otra de recientes indicaciones, más o menos discu- 
tidas todavía : las nueve han sido designadas con los nom- 
bres de emanación del radio o "niton," radio-A, radio-B, 
radio-C, radio-C, radio-D o radio-plomo, radio-E, raido-F, 
o polonio, radio-G, que es el presumido idéntico, en todo 
caso, semejante al plomo. El peso atómico del radio, deter- 
minado por su descubridora. Madama María Sklodowska 
Curie, es 226, admitiéndose por hoy que un átomo de ese 
elemento se transmuta en uno de helio, de peso atómico 
de 4, y uno de "niton" que lo tiene de 222; de confirmar- 
se esta prototesis se mantendría incólume, al lado de la 
transmutación observada, la conservación de la masa. Los 
sendos pesos atómicos de los sucesivos cuerpos inestables, 

Mem. Sor. Airóte.— 12-Julio-1921.—t. 39—19 



280 PROF. CARLOS F. DE LANDEKO 

cuyos nombres especificiué, van decreciendo del uno al otro, 
siendo de 210 el del polonio, de 207 el del plomo. Presú- 
mese, según reportes muy recientes, que el radio-G, el pre- 
sunto plomo, sea más bien isotópico y" no idéntico al Satur- 
no alquímico; se asegura que deja aún escapar rayos-beta 
y pasa a convertirse en radio-H o radio-talio, (pie despide 
rayos-alfa, lo cual debe aún estimarse sub judice. 

Análogamente a lo (pie indiqué, es decir, sobre base 
de observaciones ciertas en consorcio con presunciones 
provisionales, se admite por ahora (pie el radio mismo pro- 
viene, a su vez, del uranio, pasando la transmutación por 
unas cuatro etapas intermediarias, asimismo con decreci- 
miento sucesivo del peso atómico, siendo 238 el del uranio. 
Los dichos cuerpos intermediarios del uranio al radio, se 
han denominado diversamente, siendo hoy más usual lla- 
marlos iiranio-2, uranio-Y, uranio-X, ionio ; parece ser cap- 
paz el uranio de sufrir otra distinta serie de etapas 
de transformación que no lleva el radio, sino al ac- 
tinio, pero se ha estado discutiendo mucho todavía 
esa paternidad del actinio. A partir de dicho actinio, 
que se tiene en cuanto a carácter (piímico por seme- 
jante al lantano, se enumeran siete fases de transfor- 
mación, radio-actinio, actinio-X, emanación del actinio, 
actinio-A, actinio-B, actinio-C, actinio-D, y nuevamente 
el presunto plomo. Se tiene otra serie homologa de 
transformaciones escalonadas, que parte del torio, el cual 
pasa a meso-torio 1 y meso-torio 2, siguiendo el radio- 
torio, el torio-X, la emanación del torio, torio-A torio- 
B, torio-C y, finalmente, el torio-1), que unos pre- 
sumen para en transmutarse en plomo, otros que en 
bismuto. No se han fijado las ideas acerca de atribuir o no 
el carácter químico de elemento, a todos los 85 o más in- 
dividuos de las series enuiiu'radas, conducentes del uranio, 
el radio, el actinio y el torio al plomo, o ({uizás al talio y 
al bismuto, o de atribuirlo a ciertos de ellos solamente : la 



NOCIONES DE SUBSTANCIA Y DE ELEMENTO EN LA QUÍMICA 281 

resolución es más bien materia de convención razonable, 
mientras tanto no llegue a adoptarse algún criterio juicio- 
so del concepto propio del elemento inestable o transitivo. 
Los amantes de la Ciencia, vemos cómo una de las desgra- 
cias causadas por la execrable guerra, y no de las menores, 
el haber impedido la realización de un Congreso Interna- 
cional, que debió haberse reunido en Viena en 1915, en el 
<iue se proyectaba discutir y fijar la nomenclatura de los 
radio-elementos, con cuya oportunidad se habrían puesto 
en claro multitud de puntos importantes por hoy dubi- 
tativos. 

Las emanaciones gaseosas provenientes del actinio y 
del torio, son similares de la del radio, el "nitón;" pero 
difieren un poco de éste y entre sí, en peso atómico. Se ha 
computado por Rutherford, con buena base experimental, 
que un gramo de radio produce anualmente 16-1 (29 mi- 
lésimos de miligramo), y se ha estimado que en el propio 
período de tiempo iguales pesos de uranio y de torio dan, 
respectivamente, once y tres cienmilésimos de milímetro 
cúbico. Me ha parecido pertinente consignar esos datos. 

El nombre de "isotópicos" se ha dado a aquellos de 
los presuntos elementos (pie son idénticos o muy propía- 
cuos en cuanto a carácter ({uímico, pero (|ue discrepan t;n 
pesos atómicos y grado de actividad radiante ; la califica- 
ción se extiende a los elementos similares de los nuevos en- 
tre los conocidos nuestros de antaño. Se han llamado "iso- 
báricos" los que, difiriendo en propiedades, tienen iguales 
pesos atómicos. Se aproximan a esa particularidad, entre 
los elementos fijos antiguos, el níquel (59) y el cobalto 
(58,7), el hierro (55,9^ y el manganeso (55), el argón 
(39,9) y el calcio (40,1), el teluro (127,6) y el xenón (128), 
el bromo (79,9) y el selenio (79,2), el plomo (207,2) y el 
bismuto (208). A cada cuerpo apuntado sigue, entre pa- 
réntesis, la <íifra de su peso atómico. 



282 PROF. CARLOS F. DE LANDERO 



* * 



En términos de la doctrina atómica se intenta expli- 
car o representar la energía química normal por algo que 
se revela en los actos de unión entre átomos heterogéneos 
y de separación de ellos : se mira como inter-atóniica e in- 
tramolecular. Analógicamente juzgando o suponiendo, se 
tiene ahora la energía potencial que se torna actual en los 
fenómenos radioactivos, como residente en el interior de 
los átomos, como intra-atómica. Lo cierto es que parece ya 
bien comprobado que su magnitud es muchísimo mayor qae 
la de la energía química normal : se ha estimado que la 
consiguiente a la desintegración completa de un peso da- 
do de radio es como un millón de veces mayor que la des- 
arrollada por la combustión de un peso igual de carbón, 
es decir, que el calor de formación del gas carbónico COy 
a partir de sus elementos componentes. Como depende tal 
estimación de otra no suficientemente evidenciada, la del 
período de tiempo de la desintegración total del radio, no 
hay que tomarla por hecho averiguado, sino por presun- 
ción de incierto grado de verosimilitud. A diferencia de las 
transformaciones (juímicas comunes, cuasi instantáneas 
muchas, otras muy rápidas, bastante lentas en menor o ma- 
yor grado, pero cuya terminación deviene observable, la 
desintegración del radio se efectúa con lentitud extraordi- 
naria, por lo cual sólo nos es dable conocer y aún medir 
características de sus manifestaciones meramente iniciales. 
Admitir que la ley observada durante breves tiempos en 
tales manifestaciones se prorrogue invariable, con acción 
continua y uniforme, durante períodos milenarios, implica 
una extrapolación desmesurada : tal admisión, como mu- 
chas otras en las ciencias, debe reputarse hipotética en al- 
to grado y meramente provisoria, mientras tanto se llega 
a poseer mayores datos. Así como repecto de las valoracio- 
nes de los períodos de vida de los elementos radioactivos 



NOCIOXES DE SUBSTAXCIA Y DE ELEMENTO EN LA QUÍMICA 283 

indiqué que no creo deban tomarse demasiadamente en se- 
rio, indico debe hacerse respecto de estimaciones que sou 
corolarios de aquéllas. Sin embargo, es indudable ya que 
la energía total, cuya fuente se mira en la desintegración 
del radio, desintegración presumida solamente pero verosí- 
mil, es de orden de magnitud muy superior al de la que se 
revela en los fenómenos termoquímicos de antes conoci- 
dos: voy a presentar una comparación discreta de ellas, 
basada en datos de los que ya pueden tenerse por seguros, 
comparación que no podrá argüirse de aventurada, por- 
que cuido de huir en ella de extrapolaciones. 

Cuando un acto completo de cualquier naturaleza, aso- 
ciado íntimamente con alguna manifestación cuantitativa, 
se desenvuelve desde su estado inicial hasta su final estado 
en breve intervalo de tiempo, es o puede llegar a ser me- 
dible la totalidad de tal manifestación, expresable por nú- 
mero ; pero no es generalmente accesible a la observación 
directa su progresión en orden al tiempo : la determina- 
ción del valor de la suma, más propiamente de la integr.^il, 
que es lo susceptible de mensura, no da a conocer los su- 
mandos, los valores parciales intermediarios, ni tampoco la 
Ic}^ conforme a la cual se suceden. Inversamente, cuando 
los actos requieren para su completo desenvolvimiento 
largo período de tiempo, máxime si éste llegare a secular 
o milenario, no nos es dable determinar la referida totali- 
dad, pero entonces podemos medir, con mayor o menor pre- 
cisión, a Aceces muy grande, partes de ella ocurrentes en 
fracciones, en momentos dados, del período completo : en 
acciones de esta clase las cantidades conocibles son parcia,- 
les o marginales, jamás totales por determinación directa. 
De tal clase son las revoluciones de los cuerpos celestes 
en sus órbitas, la variación de la oblicuidad de la eclíp- 
tica, y copia de otros fenómenos astronómicos ; de esta cla- 
se son generalmente los más importantes de los fenómenos 
económico-sociales, y de ella son, por lo visto, las trans- 



284 PROP. CARLOS F. DE LANDEKO 

formaciones que parecen ser el origen de los fenómenos 
radioactivos, a diferencia de los fenómenos químicos nor- 
males, que son desde instantáneos hasta lentos, pero de 
lentitud no trascendental. 

La constancia de las manifestaciones energéticas atri- 
buidas a desintegración lentísima del radio, cuerpo descu- 
bierto por Madama Curie en 1898, puede tenerse ya por 
plenamente comprobada en un período, por lo menos de 
veinte años, puesto que las medidas calorimétricas ejecu- 
tadas por los esposos Curie por fines del XIX siglo, con- 
cuerdan en resultados con las de hoy oii día, siendo ad- 
misible que tales concordancias se han obtenido con un 
mismo material de investigación, individualmente conside- 
rado, ya que la notoria escasez del radio da lugar a qae 
porciones de un mismo reducido acopio hajan estado usán- 
dose recurrentemente para esas investigaciones. En todo 
caso, fácil eosa sería repetir actualmente mediciones calo- 
rimétricas con ejemjílares auténticos que hayan servido 
años atrás para idénticas operaciones. La constancia de las 
propiedads cuantitativas del radio durante veinte años por 
lo menos, es por tanto, admisible sin temeridad. Sentado 
esto, paso a consignar los cómputos comparativos anun- 
ciados. 

Un gramo de radio, ya esté libre o on combinación, 
emite cantidad de energía que se ha valorado, con módi- 
co error probable, en 132,3 calorías pequeñas, por horn. 
Esta eifra corresponde a 3.175,2 calorías diarias, a un mi- 
llón y 158.984 anuales, y a veintitrés millones y 191.661 
calorías en un lapso de veinte años, de los cuales cuatro 
sean bisiestos. Por otra parte, el calor de formación del 
cloruro de bario sólido ])or sus elementos componentes, 
cloro gaseoso y bario sólido, es de 197.100 calorías peque- 
ñas (*) ; esta cifra significa (|ue 137,34 gramos de bario 



( ') Landolt-líoriisteiii. — Pliysikalisch-cht'iiiisclie Tabellen. 



NOCIONES DE SUBSTANCIA Y DE ELEMENTO EN LA QUÍMICA 285 

al combinarse, cuasi instantáneamente, con 71 gramos le 
cloro, desarr.ollan ese número de unidades calorimétricas. 
Por consiguiente, un gramo de bario, ardiendo en atmós- 
fera de cloro, desarrolla 1.432 calorías. 

La total transformación en térmica de las energías 
químicas transformables propias del bario y del cloro, con- 
siguiente a la mutación en cloruro bárico de un gramo de 
bario, al combinarse con la cantidad equivalente de cloro 
(cerca de 52 centigramos, .que a la presión de esta ciudad 
de México, a temperatura de O" ocupan un volumen do 
unos 209 centímetros cúbicos), es, repito, de 1.432 calorías, 
siendo de 132,3 la transformación, meramentg inicial o 
marginal, de la energía que llamaré ultraquímica del ra- 
dio, consecuente a la infinitésima desintegración sufrida 
por un gramo del metal durante una hora. Esta cantidad 
marginal es equivalente de cerca de la oncena parte de 
a(iuella cantidad total: la desintegración incipiente del ra- 
dio durante unas diez horas y cerca de cincuenta y dos 
minutos equivale, en cuanto a energía transformada con- 
comitantemente, a la mutación química total, rapidísima- 
mente consumada, de un peso igual de bario formando su 
cloruro. En un año, el calor de desintegración del radio 
llega a cerca de 808 veces el de la formación de cantidad 
de cloruro bárico que contenga peso igual de bario al del 
radio ({ue esté desintegrándose ; dicha relación numérica, 
para un período de veinte años, es 16.172. Con lo expuesto, 
creo dejar demostrado en terreno enteramente firme, sin 
vuelos imaginativos, sin recurrir a inauditas, extrapolacio- 
nes, con rigor severo, que el orden de magnitud de la ener- 
gía espontáneamente despedida por el potente radio, sean 
lo que fueren el mecanismo y la naturaleza propios de tal 
fenómeno, singular por hoy, es grandemente mayor que el 
orden de magnitud de las energías puestas en juego en los 
fenómenos termoquímieos : la energía potencial ultraquí- 



286 PROF. CARLOS F. DE LAXDERO 

mica, llamada intra-atómica, es mucho más abundosa que 
la energía potencial química, llamada intra-moleeular. 

Para la comparación precedente hube de escoger el 
bario, inducido por su similitud al radio en cuanto a sus 
propiedades químicas respectivas; habría elegido más bien 
con tal objeto la energía puramente química del propio 
radio, desarrollada en el acto de sus combinaciones mejor 
conocidas, con el cloro o con el bromo; pero no se han 
hecho las correspondientes determinaciones calorimétricas, 
o, por lo menos, no las he encontrado publicadas. Es de 
presumirse, por analogías con el comportamiento termo- 
químico del estroncio y el bario, congéneres químicos del 
radio que el calor de formación del cloruro de radio, com- 
puesto por 226 gramos de éste y 71 de cloro, sea de unas 
220,000 calorías, lo cual correspondería a unas 973 por 
gramo de radio al combinarse con el cloro necesario para 
formar el cloruro Rd Cr. Si así fuere, en unas siete horas 
y tercia despide el radio energía que iguala la de su pro- 
pia transformación química total en su cloruro, sin que 
el entrar en combinación obste, como antes se dijo, para 
que siga emitiendo energía espontáneamente. 

Ya que ha solido hacerse referencia a la combustión 
del carbón en las comparaciones extrapoladas de energías 
totales, daré las cifras que corresponden, en los términos 
de mi comparación de energía total con energía marginal 
conocidas, a la más exotérmica de las combinaciones del 
carbono puro con el oxígeno en parangón con las consi- 
guientes a la. desintegración del radio. Un gramo de car- 
bono amorfo, quemado en el oxígeno, formando gas carbó- 
nico, C O", desarrolla 8,138 calorías. El calor de la densi- 
tegración parcial del radio, en dos días y trece horas, 
iguala al de la combustión total de igual peso de carbono 
puro amorfo ; durante un año es 142 veces mayor, 2,849 
veces mayor en veinte años. 



XOCIOXES DE .SUBSTANCIA Y DE ELEMENTO EN LA QUÍMICA 287 



Paréceme pertinente consignar acjiíí ciertos datos que 
darán idea muy clara e impresionante del grado de la es- 
casez que hasta hoy tenemos del interesante radio. He leí- 
do en la reciente obra de Henrich, "Chemie und chemi- 
sche Technologie radioaktiver Stoffe'' (Berlin, 1918), que 
por 1902 costaban las sales radicas a razón de diez mar- 
cos el miligramo del metal que contuviesen, — precio que 
se veía por entonces como altísimo, — mientras que en 1918, 
antes todavía de la desastrosa caída del poder adquisiti- 
vo del marco, había llegado el precio de esa unidad a M. 
500 o 600, con tendencia más bien de a)za. En obra enci- 
clopédica americana (International Year Book), veo que 
hasta 1915 lo que pudiera llamarse precio de mercado del 
radio correspondió en Europa a Dls. 120 a 160 el miligra- 
mo, y que en 1918 se estimó en los Estados Unidos en 
Dls. 100, baja relativa en la que seguramente tuvieron par- 
te los considerables esfuerzos americanos para abaratar la 
que llamaré su extracción metalúrgica, usando de mate- 
rias primeras menas de Colorado que contienen carnotita 
(vanadato hidratado uránico y potásico, mineral terreo, 
amarillo, mate). En la citada obra de Herr Henrich se 
consigna que antes de la guerra la producción anual de 
radio en Austria, país que era su principal productor en 
Europa, fue de unos dos gramos, y en los Estados Unidos 
Americanos, de seis gramos. Fue por 1908 cuando en los 
Estados Unidos comenzó a tratarse seriamente de extraer 
el radio de materias primeras nacionales relativamente 
abundantes, induciendo a ello el alto interés científico de 
contar con él en las mayores cantidades posibles y la pers- 
pectiva de sus posibles aplicaciones, terapéuticas y otras; 
la tarea fue afrontada y proseguida con la actividad, la 
amplitud de medios, la eficiencia y el tezón que tanto ca- 
racterizan a ese gran pueblo. El mineral más favorable. 



288 PROF. CARLOS K. DE LAXDERO 

por razón de la relativa cuantía de sus yacimientos, tuvo 
que sujetarse a largo y costoso proceso técnico, logrando 
extraer a razón de un gramo del codiciado CQuiponeute de 
seiscientas toneladas de mena ; se ha contado y se cuenta, 
como el mejor medio de reducir los costes, con el aprove- 
chamiento del vanadio y del uranio contenidos en dicha 
mena. 

De 1908 a 1918, inclusive, la total producción ame- 
ricana fue de 50 gramos ; cifra sorprendente tratándose 
del escaso radio, pero sorprendente asimismo como pro- 
ducción resultante de tenaces y crecientes esfuerzos du- 
rante once años, llevados a cabo en país donde son tan con- 
tadas las producciones diarias que no cuentan por carga- 
mentos de trenes ferroviarios y barcos por entero ! Se es- 
timaba íiue la producción de 1919 resultaría menor que la 
de 1918, pero mayor que la de 1917 ; fueron éstas, respec- 
tivamente, de 25 y 12 gramos. Es de advertir (|ue ciertas 
aplicaciones militares, — pinturas muy luminosas para ca- 
rátulas de aparatos indicadores de los aeroplanos y miras 
de los cañones, — fueron parte a redoblar las actividades 
productivas en 1917 y 1918, por virtud del deplorable es- 
tado bélico entonces imperante. Con los datos numéricos 
de producción antes apuntados, puede estimarse que i-l 
stcck de radio del mundo en estas fechas, diciembre de 
1920, puede ser a lo más de unos 120 a 130 gramos ; pero 
atendiendo a <iue buena parte del que sufrió aplicaciones 
militares no ha de haber sido recobrable, quedando defini- 
tivamente consumido, me parece juicioso estimar dicho 
stock presente en 80 o 90 gramos. 

Citaré un hecho concreto, ({ue me ha parecido intere- 
sante, por gráfico de la escasez del cuerpo radioactivo por 
excelencia. El eminente (luímico Sir William Ramsay, — tú 
descubridor del helio sobre la Tierra en 1895, y después 
en 1903, en la emanación del radio, — emprendió allá por 
fines de 1907, importante investigación experimental de 



KOCIONES DE SUBSTANCIA Y DE ELEMENTO EX LA QUÍMICA 289 

largo aliento, para la cual había menester de lo que por 
entonces se decía muy fuerte cantidad de radio : al efecto, 
la Academia Imperial de Ciencias de Viena le prestó, por 
uno o más años, un '"lote" de bromuro radico relativamen- 
te puro, cuyo contenido del elemento era de 211 miligra- 
mos. Las primeras experimentaciones de Kamsay, como 
también las de Rutherford y Soddy, sobre la emanaeió)i 
del radio, se hicieron con "lotes" de 20, 30 o 50 miligra- 
mos de sal radica. 

Juzgando por analogías pretéritas, creo que podemos 
esperar, confiadamente, que habrá de llegar a contar el 
mundo científico, en porvenir próximo, con buena provi- 
ísíón del preciado radio, a cuyo respecto encuentro ilustra- 
tivo lo que ha pasado con el helio, gas al (jue he hecho 
ahora muchas referencias a virtud de su conexión con los 
fenómenos radioactivos. Dicho gas se encuentra en nues- 
tra atmósfera, lo cual consta desde fines del pasado siglo, 
pero en proporción de tal suerte mínima, en contraste con 
su abundancia en la envoltura gaseosa del Sol, que es ma- 
yor la proporción en (lue se halla disuelto el oro en las 
aguas de los mares. Habiendo sido extraído de la cleveita 
y de otros minerales de uranio y de torio, llegó en 1915 a 
ser su producción anual en el mundo terrestre de unos 100 
pies cúbicos (2,800 litros), volumen que se vio, en tal sa- 
zón, como exhorbitante ; por entonces se estimó su precio 
en 1,700 dólares el pie cúbico, o sea de 60 dólares el litro, 
los 179 miligramos de gas, precio que parecía muy módi- 
co. Hubo de descubrirse la presencia del helio entre los ga- 
ses salientes de varias fuentes termales, y más adelante se 
reconoció que lo contiene en proporción importante el gas 
combustible natural de nuestra vecina República. Con mo- 
tivo de las actividades consiguientes a la colosal guerra, 
hubieron de estudiar con ahinco los químicos americanos 
la mejor manera de apartarlo en escala industrial de tan 
copiosa materia prinm-a, habiendo tenido tan feliz éxito 



290 PROF. CARLOS F. DE LANDERO 

que pudo adoptarse el helio extraído del gas natural para 
inflar, en conveniente substitución del incendiable hidróge- 
no, los globos dirigibles militares. Actualmente se compu- 
ta que puede tenerse el helio de esa procedencia con un 
costo de 10 centavos de dólar el pie cúbico, equivalente 
a menos de un centavo nuestro el litro : tan prodigiosa ba- 
ja de costo, en cinco años de fructuosos trabajos, ha sido 
de 17,000 a uno ! 



Voy, para terminar, a permitirme consignar ciertas re- 
flexiones que tal vez se tachen como de índole general en 
demasía. La noción abstracta de la "masa," — considerada 
ésta dinámicamente, con entera independencia de cuanto 
atañe a la diversidad de esencia química de los cuerpos, — 
tiene ciertamente analogía con la noción aristotélica y to- 
mista de la ''materia," principio pasivo de los cuerpos to- 
dos, (lue no se concebía existente sej^aradamente del prin- 
cipio activo de ellos, la "forma substancial." Esta última, 
que tampoco Se veía como capaí; de independiente existen- 
cia, — no deja de ofrecer cierta analogía conceptual con la 
"energía," tal como ha llegado ésta a contemplarse. Las 
incisivas, apasionadas censuras modernas del pensamiento 
antiguo, han sido, con harta frecuencia, injustas y desca- 
minadas; las de los referidos conceptos abstractieios esco- 
lásticos lo han sido particularmente al implicar que aque- 
llos pensadores de primera línea, atribuyeran entidad ob- 
jetiva a las propiedades aisladamente consideradas, pro- 
viniendo tal juicio ligero de inexacta apreciación del sig- 
nificado dado antes a las palabras en uso para designar 
los conceptos. 

La ciencia experimental de nuestros tiempos, desde 
Lord Bacon de Verulam hasta Lord Kelvin y hasta el i)re- 
sente, — no en lo que toca a su metodizada y severa disqui- 
sición de los fenómenos y sus circuMtancias, a la constan- 



NOCIONES DE SUBSTANCIA Y DE ELEMENTO EN LA QUÍMICA 291 

cia precisa de los hechos, siuo eii lo referente a las inter- 
pretaciones figurativas de ellos, — abunda en nuevas abs- 
tracciones no menos sutiles de lo que hayan podido ser las 
que privaron en lo antiguo ; aún más, guarda buen núme- 
ro de conceptos de arcaicos orígenes, ya franca y explíci- 
tamente, ya presumiendo negarlos sin abstenerse con ello 
de retenerlos ; no es excepcional, por añadidura, que atri- 
huyd realidad objetiva a lo que no la tiene, a entidades 
de razón. Baste citar, por vía de muestra de lo que indi- 
co, las nociones de corpúsculo, partícula insecable, m,olé- 
cula y átomo con todo un cortejo de ideas ultra-hipotéti- 
cas sucesivas y crecientemente hacinadas en contorno, — 
átomos duros y moléculas perfectamente elásticas, átomos 
simples coligados, átomos indivisibles o ya complexos, áto- 
mos-vórtices, átomos saturnianos, atomicidad, átomos ioni- 
zados, electrones y núcleos, magnetones, — el éter con las 
múltiples características, algunas contradictorias, que le 
han sido prodigadas a porfía, materia radiante, fluidos im- 
ponderables, calórico, ñogisto, pesantez negativa ; fuerzas 
varias "ad lioc," vital, psíquica, afinidad con sus califica- 
ciones de predisponente y electiva, cohesión, gravitación, 
atracciones y repulsiones otras diversas, eléctricas, magné- 
ticas y muchas más, satisfacción completa o incompleta de 
las valencias atomísticas ; evolución biológica vista a ma- 
nera de causa eficiente, cual dotada de volición personal, 
y no como mera secuela de hechos sucesivamente debidos 
a variable resultante de multiformes acciones concurren- 
tes : podrían enumerarse centenares más, fuera de los con- 
ceptos abstractos universales, comunes a todas las épocas 
en que haya pensadores, espacio, tiempo, relación, canti- 
dad, número y los derivados de ellos. 

Cabe aludir aún a que las ideas contrastantes, como 
entre muchas otras, las de acciones a distancia e impulsos 
inmediatos, emisiones corpusculares y ondulaciones de me- 
dios elásticos, han sido alternativamente profesadas de 



2912 PROF. CARLOS P. DK LAXDERO 

cierto modo idolátrico y abandonadas hasta con encono, 
para volver más tarde a ser invocadas y preconizadas. De- 
bo advertir que no ha consistido el yerro en la adopción, 
ni tampoco en el abandono y readopción alternantes de 
nnos u otros supuestos : el uso discreto de las hipótesis es 
generalmente provechoso para las ciencias, capaz de pro- 
mover adelantos verdaderos, por ser tales supuestos figu- 
rativos sugerentes de coordinaciones juiciosas de los he- 
chos observados, como también de generalizaciones a ve- 
ces muy fecundas, con lo cual suelen ser auxiliares pode- 
rosos del razonamiento inductivo : dijo un filósofo francés 
contemporáneo (*), que las metáforas tienen sin duda su 
papel legítimo, ([ue tanto derecho de usarlas tienen los sa- 
bios como los mismos poetas, pero que así los poetas como 
los sabios no deberían jamás olvidarse de que son solamen- 
te metáforas. Estriba el error en los casos de referencia 
en el frecuente y hasta habitual olvido, durante los perío- 
dos de privanza, de auge, de toda gran hipótesis, de la ver- 
dadera esencia de ella, propendiéndose a tomar postula- 
dos por axiomas, o por verdad demiostrada lo que, tras luen- 
go encadenamiento de deducciones, si se quiere irreprocha- 
bles en cuanto a tales, no deja de depender originaria- 
mente de premisas falaces, fundadas en meros supuestos. 
El razonamiento matemático, aplicado a las ciencias físi- 
cas, suele contribuir a prestar apariencias de verdad rigu- 
rosa a deducciones ya distantes de sus premisas hipotéti- 
cas, que por razón de ellas pecan por su base : tal racioci- 
nio, infalible como instrumento deductivo, no puede por 
ello conferir certidumbre a las consecuencias de principios 
inciertos o meramente probables o posibles ; la verdad de 
toda deducción deriva forzosamente de la de sus premisas 
básicas, siendo con ellas lo deducido real o condicionalmen- 
te cierto, probable, dudoso o falaz. 



(*) Gastón Rageot. — Les savants et la iihilosophie. (París, 1908). 



NOCIONES DE SUBSTANCIA Y DE ELEMENTO EN LA QUÍMICA 293 



Es harto frecuente que haya eutre los pensadores que 
yerran en la indicada forma, muchos que abrigan vistas de 
sobra positivistas y agnósticas, que suelen pregonar a todos 
vientos que aceptan exclusivamente hechos constantes por 
esmerada, escrupulosa observación, y las consecuencias de- 
rivadas de ellos, por vía de infalible deducción o de discre- 
ta inducción, cuyos resultados se hayan visto confirmados 
experimentalmente de uno en uno: renuentes a ultranza a 
reconocer el orden sobrenatural y lo único absoluto, la su- 
prema causa de todas causas secundarias, no vacilan por 
contra en asignar entidad objetiva a las abstracciones y 
realidad a entidades hipotéticas, concediéndoles potencia- 
lidad y actuación de causas eficientes, todo ello con singu- 
lar plasticidad mental, en contradicción ñagrante con su 
pretendido rigorismo de criterio. Como adicional observa- 
ción, ejemplo de las contradicciones en que suélese incu- 
rrir, citaré aún el hecho de haber reinado en algunas ra- 
mas de la ciencia la admisión, expresa o tácita, de accio- 
nes a distancia, imperando al propio tiempo en otras ra- 
mas la sistemática negación de la posibilidad de acciones 
tales, intentándose explicar todo linaje de movimientos por 
impulsos comunicados por otros móviles en virtud de con- 
tacto, ya inmediato, ya efectuado por intermediación de hi- 
potético fluido transmisor revestido "ad hoc," de todas las 
propiedades ideales requeridas para poder desempeñar su 
imaginada misión. 

Unas veces se ha propendido a ver en la materia la 
realidad objetiva por excelencia, cuando no la única ; otras 
la propensión ha sido opuesta, habiendo llegado el gran 
Ostwald, hace bastante tiempo, a calificar la materia de 
simple hipótesis ; por hoy predomina la inclinación a negar 
realidad a la materia y aún a desechar su concepto como 
abstracción superfina, pasando a atribuir realidad tan só- 
lo a la energía, que está en privanza. Se imagina que los 
átomos, — antes supuestos indivisibles y perdurables, indes- 



294 PROF. CAKLÜS F. DE LAKDERO 

triictibles, — estén constituidos interiormiente por complica- 
das estructuras, con sendos núcleos centrales y abimdantí- 
simos electrones que recorren órbitas cerradas, viendo en 
cada átomo complexo algo así como un remedo, que apelli- 
daré ultramicroscüsmico, de nuestro sistema solar y plane- 
tario. La energía intra-atómica, que se mira como necesa- 
riamente actual, — teniendo ya por descarriada la primitiva 
noción de Rankine, que fue tan fecunda, de la energía po- 
tencial, — se conceptúa como una integral de las energías 
cinéticas de esos giros de electrones animados de altísimas 
velocidades, del orden ' de magnitud de la velocidad de la 
luz. Se tiende más y más a desechar la misma noción de la 
masa, reputándola innecesaria, mirando los electrones co- 
mo cargas eléctricas libres, — sin soporte pasivo, sin reci- 
piente capaz de la carga, — siendo la polaridad de dichas 
cargas opuesta a la de la carga positiva del núcleo. 

Sin pretender negar utilidad a esas concepciones, que 
forman tan alambicado conjunto de vistas hipotéticas, re- 
conociendo que sirven en calidad de imágenes sugestivas 
de ordenamientos atinados de los hechos de observacióii, 
reconociendo asimismo que la coordinación juiciosa de los 
hechos, — que sin el uso de las hipótesis quedarían aisla- 
dos, — es indispensable para erigir sobre el conocimiento de 
ellos verdadera disciplina científica, me atrevo, sin embar- 
go, a pensar que con las recientes adiciones y reformas su- 
cesivas ha llegado la doctrina atómica a formar un siste- 
ma tan complexo y tan poco verosímil, que acaso John Dal- 
ton, si ahora volviese a la humana vida, se estremecería 
sintiéndose arrepentido de haber tenido parte principal en 
el resurgimiento de las lucubraciones atomísticas de Leuci- 
po, Demócrito de Abdera, Epicuro y Lucrecio. 

México, 1 Enero 1021. 



SOCIÉTÉ SCIENTIFIQUE "ANTONIO ÁLZATE".— MÉMOIRES, T. 39 295 



EL PETRÓLEO EN LOS LIMITES DE LOS ESTADOS 
DE OAXACA, PUEBLA Y GUERRERO 

POR EL INGENIERO DE MINAS 

TRINIDAD PAREDES, M. S. A. 



(Sesión del 4 de Abril de 1921) 

Indicaciones superficiales. — El Rancho de la Sábila, 
pertenece a la Municipalidad de Zapotitlán Lagunas, Dis- 
trito de Silacayoapan, Estado de Oaxaca, y cerca de los 
límites del Estado de Guerrero. — En ese lugar se encuea- 
tra un pequeño arroyo con dirección S.E. que se une a 
otros arroyos que van a dar a la barranca principal, que 
baja de Vista Hermosa, la cual, es un afluente del Río 
Atoyac, Río Mexcala o líío Balsas, en ese arroyo existe una 
pequeña chapopotera que consiste en un lloradero de 
una substancia negruzca y grasosa que embarra a las ca- 
lizas; por el olor y el aspecto no cabe la menor duda de 
que es chapopote o petróleo crudo. — El lugar es accidenta- 
do en lo general, al sureste de la Ranchería se domina una 
especie como de llano pequeño y ondulado, todo sembrado 
de maíz, siendo el arroyo el límite Sur del llano. — El te- 
rreno pertenece al pueblo de Zapotitlán, habiéndose opues- 
to la autoridad municipal de una manera sistemática a que 
personas extrañas se enteren de la existencia de esta cha- 
popotera. — Nos referimos a una sola chapopotera debido 
a que era la única conocida por el Sr. Flores, habiendo la 

Mem. Soc. Alíate.- 13-JiUio-192I. — t 39—20 



296 IXO. TKINIDAD PAREDES 



necesidad de que nos acompañaran fuerzas federales como 
una precaución indispensable en vista de la hostilidad ma- 
nifiesta de la autoridad municipal y de los vecinos de Ja 
Sábila ; estando allí, nadie quiso ser nuestro guía diciendo 
que desconocían la existencia de otros lugares donde apa- 
rece el petróleo. Aun cuando se tenía noticia de que exis- 
tían otras diferentes chapopoteras en esa comarca y des- 
pués hemos sabido de otras más alejadas por otros luga- 
res y parece que con bastantes visos de verdad. — Natural- 
mente, comprendimos que nuestro deber era no exacerbar 
en lo más mínimo las pasiones exaltadas de los morado- 
res, puesto que cualquier imprudencia sería en perjuicio 
de nuestra seguridad y consideramos que los futuros ope- 
radores no deberán encontrar mal preparado el ambiente 
en el que tendrán que operar. — Si existe esta chapopote- 
ra, aun cuando sea pequeña si la comparamos con algunas 
de la región de Tampico, si nos consta su existencia por- 
que la hemos visto, tocado y reconocido ; no cabe dudar, 
como yo no dudo, de que existan otras y de las (pie se va 
teniendo noticia tal en vista del empeño que hay en en- 
contrarlas y cuyo rumor se propaga entre todas las clases: 
absolutamente entre todos, ya sean moradores o transeún- 
tes. — Estos son por decirlo así, los hechos salientes; vea- 
mos ahora las formaciones geológicas en que se encuentra 
ésta que pudiéramos llamar joya, si nos ponemos a consi- 
derar la importancia que encierra el descubrimiento de la 
existencia del petróleo en una región de condiciones tan 
diferentes como la del Golfo. 

Geología. — Como a medio camino entre Tulcingo y 
Tlaltepeje, empieza una formación de calizas compactas, 
duras y resistentes que se extiende a Zapotitlán Lagunas, 
sigue a la Sábila y se continúa bastantes kilómetros por 
todos lados. — Estas calizas están marraorizadas v dolomi- 
tizadas, es decir, contienen carbonatos de cal y de magn(í- 
sia en grande extensión, tienen los caracteres de todas bis 



EL PETRÓLEO EN LOS LÍMITES DE OAXACA, PUEBLA Y GUERRERO 297 

formaciones de caliza ; formas bizarras en las montañas, 
barrancas profundas con paredes acantiladas, hundimien- 
tos antiguos y recientes, y con cuencas cerradas de dre- 
naje subterráneo. — Zapotitlán Lagunas (Tierra de Zapo- 
tes), está en un valle como de 10 kilómetros de diámetro 
en cuyo fondo se ha acumulado la tierra negra, arcillosa, 
rica en elementos fertilizantes propia de estas formaciones ; 
en donde se forman lagunetas o charcos transitorios con 
fondo arcilloso impermeable, pero con bordes cavernosos. 
— Esta formación empieza a los mil metros sobre el nivel 
del mar. El Valle de Vista Hermosa está a mil quinientos 
cincuenta metros, el de Zapotitlán a mil quinientos ; la Sá- 
bila a mil trescientos cincuenta ; pero las cumbres pasan 
algunas de los dos mil metros sobre el mar. Esta diferen- 
cia de nivel no nos indica el espesor de la formación, el 
cual es muy superior a esa altura. Al Sur de Chiautla 
aflora un gneiss surcado de pegmatitas que es la for- 
mación más antigua enter las que yo vi; sigue una su- 
cesión de pizarras cericíticas, casi gneissicas y de pi- 
zarras carbonosas de bastante espesor ; vienen después 
unas rocas metamórficas que parecen andesitas y dia- 
basas que se apoyan sobre un conglomerado rojo de 
poco espesor ; sobre las andesitas \ iene una formación 
yesífera y sobre éstas viene las calizas de Zapotitlán. 
^La formación calcárea, como lo hemos dicho, está mar- 
morizada en muchos lugares; no se encuentran fósiles, 
y no podemos decir las relaciones que pueden tener con 
las formaciones de Tlaxiaeo consideradas como del Ju- 
rásico, y las de San Juan Rayas del Distrito de Te- 
huacán que pertenecen al Cretácico inferior como lo han 
demostrado los completos e interesantes trabajos del señor 
J. G. Aguilera. En mi concepto, las calizas de Zapotitlán 
son cretácicas. — En esta formación calcárea debemos con- 
siderar dos condiciones de la caliza : la superior al drenaje 
actual y la inferior a este drenaje ; la superior es de una 



298 IKO. TRINIDAD PAKEDES 



permeabilidad en grande y completa, pues está surcada de 
numerosas cavernas y de conductos fáciles para la salida 
de los fluidos que pudieran existir. La segunda o la infe- 
rior, abajo del drenaje actual, es compacta y con grietas 
pequeñas imperceptibles que no impiden (jue la caliza sea 
. capaz de contener fluidos y ser prácticamente impermea- 
ble. — El drenaje actual está formado por el Río Atoyac, 
y el Río Mixteco (pie se unen para formar el Río Mexcala 
o el Río Balsas, adonde van a dar los arroyos que drenan 
la región. Hacia el Sur existen otros drenes que desembo- 
can directamente al miar, pero éstos, ni actual ni anterior- 
mente, ni superficial ni subterráneamente, drenan a la co- 
marca de Zapotitlán que es la que consideramos ; están de- 
masiado lejos interponiéndose macizos montañosos, así co- 
mo valles y llanuras extensas y elevadas (pie aislan a esta 
zona del Océano Pacífico y de esos ríos que pudieran estar 
más bajos que el Río Atoyac. La confluencia del Atoyac 
y el Mixteco pasa a ochocientos cincuenta metros sobre ti 
nivel del mar y a una distancia como de treinta y cinco 
kilómetros al Norte de Zapotitlán : naturalmente el nivel 
hidrostático se levanta a medida que se aleja el cauce del 
río hasta encontrarse entre cien y doscientos metros del 
lugar de la cliapopotera o sean mil cien metros aproxima- 
damente sobre el nivel del mar a una distancia como de 
tres kilómetros hacia el Sur. 

Factores para la acumulación del petróleo. — Bajo !j1 
punto de vista de las condiciones geológicas para la exis- 
tencia del petróleo en esta comarca, tenemos que hacer las 
siguientes consideraciones : Es condición esencial que exis- 
tan formaciones sedimentarias, puesto que aun cuando en 
rocas ígneas se han llegado a encontrar pe(iueñas porcio- 
nes de hidrocarburos, hasta la fecha, en el mundo, todos 
los yacimientos comerciales de petróleo sólo se han encon- 
trado en íntima relación con las rocas sedimentarias, y 
aquí las tenemos en abundancia constituidas por calizas de 



EL PETRÓLEO EN LOS LÍMITES DE OAXACA, PUEBLA Y GUERRERO 299 

origen marino de un espesor superior a mil metros y en 
las que existió materia orgánica en cantidad sobrada para 
producir petróleo comercial. Xo necesitamps referirnos a 
que el petróleo de la región de Tampico y Tuxpan, se con- 
sidera proveniente de la caliza "Tamazopo" que aflora en 
muchos trechos de la Sierra Madre Oriental. Yo he tenido 
oportunidad de ver calizas compactas y resistentes con fó- 
siles transformados en grahamita (un hidrocarburo sóli- 
do) y pizarras con esqueletos de peces transformados tam- 
bién en hidrocarburos sólidos en Xilitla, San Luis Potosí, 
en uno de los a-floramientos de las calizas en el escalón de 
la Sierra Madre Oriental. — Por consiguiente, no hay mo- 
tivos para que en otra caliza de un erigen semejante, aun 
cuando sea de una edad diferente, no pueda originarse la 
formación de los hidrocarburos combustibles. Además, he- 
mos visto una chapopotera, es decir, visto y palpado la 
existencia de los hidrocarburos líijuidos y gaseosos. Hemos 
recogido muestras de azufre nativo en la proximidad y 
sabemos que también se toma como un indicio para la exis- 
tencia del petróleo. 

Receptáculo. — Existiendo los hidrocarburos que cons- 
tituyen el petróleo, éste necesita un receptáculo donde alo- 
jarse y conservarse a presión, el cual, en nuestro caso, pue- 
de encontrarse entre las calizas mismas, al disminuir de 
volumen cuando se convierten en dolomías, una de las 
transformaciones frecuentes de las calizas en la génesis de 
los petróleos; los "gushers" de la región de Tampico y 
Tuxpan, y especialmente los más abundantes como el fa- 
moso de "Dos Bocas,'' han provenido de un receptáculo 
en calizas doloinitizadas ; es lo aceptado común y corrien- 
te; por lo tanto, entre las calizas mismas pueden existir 
los huecos adonde alojarse el petróleo. 

Estructura. — Otro factor de capital importancia para 
que exista el petróleo en cantidad comercial, es la estruc- 
tura de las formaciones en que se encuentra el yaeimien- 



300 ING. TRINIDAD PAREDES 



to : si el terreno está ondulado en anticlinales y sinclina- 
les regulares, existirá una de las estructuras más favora- 
bles. Aquí en la Sábila nos encontramos con un monoclinal 
claro que probablemente es parte del flanco de un anti- 
clinal muy amplio, el cual puede tener dislocaciones y fa- 
llas que muchas veces no son perjudiciales, sino que se 
convierten en barreras impermeables al escape de los flui- 
dos. Los estratos en la Sábila tienen una dirección Orien- 
te a Poniente con echado al Sur. Hemos dicho que la for- 
mación calcárea tiene dos condiciones diferentes respecto 
a su permeabilidad o sea su capacidad para dar salida a 
los fluidos; la parte alta es -muy permeable y la parte in- 
ferior compacta y sin drenes ni subterráneos. Esto, ade- 
más de ser un hecho, es una consecuencia de los sucesos 
geológicos que han tenido lugar en esa parte de nuestro 
país. Aquella porción de valles elevados como Zapotitlán, 
Vista Hermosa y otros muchos que se encuentran en los 
Estados de Oaxaca y Guerrero a mil quinientos metros, 
término medio, es una continuación de la altiplanicie de 
Anahuac o Mesa Central que, como sabemos, culmina en 
los valles de Puebla, de México y de Toluca. Hacia el Sur 
seguía el valle de Atlixco y entre estos valles y los de Za- 
potitlán con los que le siguen al Sur, se interpone el Río 
Atoyac o Río Mexcala o Río Balsas como un valle de ero- 
sión como lo ha probado magistralmente el señor J. G. 
Aguilera, por lo menos en lo que se refiere a esta parte 
del mencionado Bjo. — rBosquejando a grandes rasgos la 
historia geológica, encontramos: que después del Cratáci- 
co medio se inicia el poderoso levantamiento que formó 
nuestra Mesa Central con cuencas sucesivas de elevados 
lagos como mares por su extensión, levantamiento (jue se 
continuó por todo el Terciario y sin que hayan desapare- 
cido como lo indica el número relativamente grande de vol- 
canes activos con que contamos en nuestro territorio. En 
suma, las formaciones calcáreas de Zapotitlán, primera- 



EL petk(3leo ex los límites de oaxaca, puebla y guerrero 301 

mente cubiertas de sedimentos y rocas ígneas por largos 
períodos, y después exhibidas por la erosión del Balsas, no 
han tenido un drenaje más bajo que el actual ; por con- 
siguiente, las calizas inferiores al nivel hidrostático exis- 
tente, no están cavernosas más que en las partes donde lia]i 
sufrido una dolomitización y de las que no han experimen- 
tado esa transformación, son prácticamente impermeables. 
El chapopote o petróleo crudo en la actualidad, llega a 
aparecer en la superficie después de haber recorrido un 
camino tortuoso, irregular y largo, por entre grietas estre- 
chas producidas por los movimientos tectónicos en esta ro- 
ca compacta pero frágil. La génesis de esta chapopotera 
es enteramente igual a las chapopoteras de la zona del Gol- 
fo de México. 

Por estas mismas causas, porque la roca caliza es com- 
pacta y no ha estado expuesta al intemperismo, forma la 
roca confinante superior que es tan necesaria para la acu- 
mulaeión del petróleo, (juizá existan pizarras intercaladas 
que desempeñen ventajosamente esa función ; pero noso- 
tros no tuvimos oportunidad de identificarlas. 

Existen, por lo tanto, los siguientes factores: 

I.** — Rocas sedimentarias en abundancia susceptibles 
de contener la substancia orgánica en calidad y cantidad 
para producir el petróleo. 

2.° — Existe el receptáculo donde deba alojarse el pe- 
tróleo. 

» 

3.° — Las rocas susceptibles de contener el petróleo, no 
han sido dislocadas a un grado tal, de quedar expuestas 
al intemperismo más que en parte, quedancto la otra se- 
pultada y, por consiguiente, existen las condiciones estruc- 
turales en las formaciones y del yacimiento, favorables 
para que se encuentre el petróleo en acumulación comer- 
cial en algunos lugares. 



302 IN(i TRINIDAD PAREDES 



4." — Las formaciones geológicas existentes le propor- 
cionan la cubierta confinante que impide el fácil escapo 
de los hidrocarburos. 

Después de hablar de la existencia del petróleo, pare- 
ce natural que muchas personas pregunten desde luego, si 
será tan abundante como en nuestros campos del Golfo; 
creo que con el conocimiento que yo he ad(|uirido de esta 
zona no podría negar el que exista en esa abundancia, pe- 
ro tampoco puedo afirmarlo. A este respecto conviene de- 
cir, que nuestros campos del Golfo son hasta la fecha los 
yacimientos más ricos de petróleo en el mundo, puesto que 
una sola comarca ha podido colocar a nuestro país en el 
segundo lugar de producción mundial. Solamente la región 
de Bakú, en Rusia, le ha sido parecida en producción, te- 
niendo en cuenta su extensión ; por consiguiente, no con- 
viene tomar como tipo lo que es extraordinario en riqueza ; 
no debemos creer que cada pozo será un Potrero del Lla- 
no o un Cerro Azul, que han producido CIENTOS de mi- 
llones de pesos, ni siquiera en la misma región del Golfo. 
Y si ahora en nuestro país se desprecian producciones 
hasta de mil barriles por día, época vendrá en (jue esa 
producción será una riqueza ya que en los Estados Unido^, 
con producciones hasta de un barril ])or día, ha sido cos- 
teable la industria.— Esta comarca que podemos consignar 
como nueva, es extensa, es amplia, el único problema que 
amortiguará su desarrollo es el de las vías de comunica; 
ción; para llegar a la Sábila, (jue podemos considerar co- 
mo el centro de la nueva zona petrolera, se tienen como 
ochenta kilómetros de camino algo difícil, sin que se. pre- 
senten cuestas muy grandes o escarpadas sino bastante mo- 
deradas; otra parte pequeña es de camino plano (jue puedo 
hacerse fáeil monte de automóviles y el resto de ferrocarril. 



México, Septiembre de 1920. 



SOCIÉTÉ SCIENTIFIQUE ''ANTONIO ÁLZATE". — MÉMOIlCES T. 39 303 



BREVES APUNTES SOBRE EL PULQUE, CONSIDE- 
RADO DESDE LOS PUNTOS DE VISTA HIGIÉ- 
NICO, SOCIAL Y ECONÓMICO 

POR EL DR. SlLViNO RIQUELME. M. S. A. 



(Sesión del 6 de Febrero de 1917) 

Apo3'ar en hechos ciertos y en argumentos irrefuta- 
bles una causa que se defiende, es darle todo el prestigio 
necesario para el triunfo; pero si para- sostenerla se re- 
curre a inexactitudes o afirmaciones gratuitas, se la des- 
virtúa en gran parte, porque la verdad siempre se abre 
paso y destruye las bases falsas en ([ue se pretende sus- 
tentarla. Muy justa y necesaria es la campaña que en to- 
das partes se emprende contra él alcoholismo y son mu- 
chos los elementos que la harán eficaz, por lo que es de 
sentirse que acuda a opiniones falsas y erróneas (jue de- 
ben en todo caso desatenderse, para encontrar en lo ver- 
dadero la base firme de su acción. Esto pasa con la afirma- 
ción, tan a m,enudo repetida y no probada, de (|ue el pul- 
que no es un alimento. Y como nosotros afirmamos lo 
contrario, es decir, que esta bebida es alimenticia, no in- 
curriremos en la misma falta de dejar sin demostración 
nuestro dicho, que se funda en los datos que la Ciencia nos 
entrega. Yeámoslo : 

El fisiologista Küss define los alimentos como mate- 
riales reconstitutivos del organismo, para renovar núes- 



304 DR. SILVINO RIQUEI.ME 



tros Órganos y conservar sus funciones (calor). Todos los 
fisiologistas están de acuerdo en lo esencial de esta defi- 
nición, ya que los elementos de que el hombre (para no 
hablar sino de éste), hace uso para alimentarse, tienen por 
objeto reparar las . pérdidas (píe experimenta su cuerpo 
mientras vive, reconstituir los elementos celulares que des- 
aparecen y contribuir así necesariamente a mantener el 
conjunto del organismo en estado de equilibrio cuando ha 
alcanzado su pleno desarrollo, y a completarlo cuando no 
ha llegado a él todavía. 

En toda obra de fisiología y de higiene se encuentra 
que los alimentos provienen y se sacan del reino animal, 
del vegetal y del mineral. Entre los primeros están la car- 
ne, la leche, los huevos, etc. ; entre los segundos el trigo, 
el maíz, el arroz, las patatas, etc.; y entre los últimos las 
sales alcalinas y alcalino-terrosas, el azufre, el fósforo, c-1 
fierro, etc. Todos son necesarios a la economía y le llevan 
a ésta los elementos de que están formados sus órganos. 
Estos elementos son el ázoe, el carbono, el oxígeno, el hy- 
drógeno y las sales minerales, y todos ellos se encuentran, 
en combinaciones más o mehos complicadas, en los diver- 
sos alimentos ; distinguiéndose éstos en cuaternarios, azoa- 
dos, proteicos o plásticos y encerrando azufre, fósforo y 
sales; en ternarios o hydroearbonados, respiratorios, ter- 
mógenos o dyiiamóf oros ; entre estos últimos se encuen- 
tran el alcohol en primer término, y luego los principios 
activos del café, del té y de las bebidas semejantes. Du- 
rante mucho tiempo se consideró (pie el alcohol no era uti- 
lizado en la economía animal, a (juif^n sólo atravesaba ex- 
citándola, sin perder su composición, y esto apoyado en 
experimentos incompletos de Lallemand y Perrin y Duroy 
en 1860 que, sin embargo, fueron aceptados; pero los ex- 
perimentos posteriores de Ross y Hedon demostraron (pie 
el alcohol introducido on la economía entraba en combus- 
tión y se (piemaba en la ])roporción de 96 por ciento ; y 



BREVES APUNTES SOBRE EL PULQUE 305 

los muy recientes trabajos científicos de Atwater y Beue- 
dickt son coucluj-entes y dejan fuera de toda duda que el 
alcohol es un verdadero alimento que suministra, según sea 
necesario, o calor o fuerza viva. 

En un folleto de Fourniére, de 1901, se encuentra que : 
"El trabajo muscular exige como combustible ciertos ali- 
mentos. La máquina humana, como las demás máquinas, 
transforman el calor en trabajo mecánico. El calor tiene 
su origen en las combustiones que se realizan en los múscu- 
los durante su funcionamiento. Los materiales que hacen 
posibles estas combustiones, son los alimentos, principal- 
mente los que contienen carbono, hydrógeno y oxígeno, y 
los hydrocarburos. La cantidad de trabajo muscular pro- 
ducido está en razón directa del calor desarrollado en las 
combustiones, es decir, de la alimentación. Los alimentos 
que consume un obrero bastan para llenar su estómago y 
calmar su hambre ; pero no para producir la cantidad no- 
cesaria de calor y, por consiguiente, trabajo muscular; 
necesita, pues, recurrir a substancias que hagan más útil 
la combustión, a las que favorecen la transformación del 
calor en fuerza, permitiendo utilizar más las verdaderas 
substancias alimenticias ya absorbidas. Entre estas subs- 
tancias, merece figurar en primer término el alcohol. Por 
lo tanto, la alimentación insuficiente del obrero le impone 
el alcohol." 

En el periódico médico "Le Scalpel," de 1." de febr.?- 
ro de 1906, hay un artículo "El alcohol, el azúcar, la ca- 
feína y su influencia sobre el trabajo muscular," y ahí, 
entre otros conceptos, se expresa que "el alcohol que ha 
pasado durante tanto tiempo por ser un excitante exclu- 
sivo, es un alimento, lo que se ha demostrado por medio 
del análisis matemático, método que han seguido los Doc- 
tores Ch.Henry y Yoteyco empleando con éxito para la so- 
lución curvas ergográficas; el ergógrafo ha dado a cono- 
cer que : el alcohol a pequeñas dosis tiene un doble papel. 



506 DR. SILVIXO RK^UKLME 



en calidad de alimento ternario economiza los albuminoi- 
des y disminuye la intoxicación muscular." 

Con estos datos y examinando la composición del pul- 
que, encontramos (lue éste se halla formado, según el no- 
table y sal)io (químico L. Río de la Loza, por: 

En 1,000 
partes 

Substancia albuminoide, goma y resina.. 12.57 

Azúcares 8.23 

Sales solubles en el agua 1.68 

Id. Id. en los -ácidos 0.37 

Id. insolubles en ambos vehículos. . . 0.15 
Alcohol absoluto (promedio de tres opera- 
ciones) 36.80 

Agua y productos gaseosos 940.00 

Según el (piímico francés Boussingault : 

En 976 gra- 
mos 

Alcohol absoluto 58.76 

Glucosa ■ 0.00 

Glieerina • 2.10 

Acido suecínico 1.40 

Acido carbónico 0.61 

Acido orgánico libre (málico) 5.50 

Id. butírico y acético indicios' 

Id. láctico 0.00 

Goma 0.50 

Amoníaco formado 0.05 

- Potasa 0.85 

Cal, magnesia, ácido fosfórico 2.50 

Materia azoada (caseína?) 1.90 

Agua, materias indeterminadas (por dife- 
rencia) 901.83 



■ BREVES APUNTES SOBRE EL PULQUE 307 



Según los señores O' Gorman 3' Alien, ensayadores 
([uímieos, en 1909, y en pnlqües de los expendios en l:i 
Ciudad de México : 

Por mil. 

A. Total contenido sólido (extracto). ... 17.90 

Gomosa 0.52 % 

Albuminoides 0.17 

Azúcar (no glucosa) 0.32 

(a) Ceniza (sales) 0.29 

Acido fijo (exi^resado como má- 

lico) 0.19 

Glicerina 0.24 

Acido succínico 0.06 

Total. 1.79 % 

B. Alcohol absoluto 44.50 

C. Ácidos volátiles (expresados como ácido 

acético) 0.90 

Acido carbónico 0.30 

Agua y aceites esenciales (por diferencia) . 936.40 

(En los ácidos volátiles se incluyen indicios de áci- 
do propiónico y butírico). 

(a) — Análisis de cenizas: 

Acido fosfórico 39.05 % 

Potasa 28.03 

Fosfato de magnesia 22.06 

Fosfato de cal 9.06 

Según el Ingeniero D. F. Bulnes que repitió sus aná- 
lisis cinco veces, terminando el 24 de Septiembre de 1909, 
y con pulques de los expendios de México, esta bebida se 
compone de : 



308 DR SILVINO RIQüELME 



Tanto por 
ciento 

Alcohol etílico. , 3.72 

Alcoholes superiores 0.00 

Materias azoadas 0.81 

Materias gomosas 4.02 

Azúcar sin fermentar 1.80 

Materias minerales. 0.64 

Glieerina 0.09 

Ácidos libres 0.18 

Agua 88.74 



En todos estos análisis cualitativos y cuantitativos se 
manifiesta la existencia del alcohol (alimento termógeno 
o dynamógeno), materias azoadas o albuminoides (alimen- 
to plástico o proteico), azúcares (alimento respiratorio), 
materias gomosas y glieerina (alimentos hydro-carbona- 
dos), materias minerales (que se encierran en todos los 
alimentos animales y vegetales y necesarias a la economía) 
y agua (im{-)rescindible para todo organismo). 

Queda, por tanto, probado, demostrado por análisis 
científicos, que los factores constituyentes del pubiue son 
todos alimentos; y la conclusión ineludible, necesaria, es 
que la bebida es alimienticia, contra todas las afirmaciones 
gratuitas, personales y carentes de apoyo y de base en (jue 
sostenerlas y, por lo mismo, falsas y erróneas. 

Sentado, pues, el hecho indiscutible en lo de adelan- 
te (puesto (jue sólo volverá a ser negado i)or la ignora ii- 
eia, la obcecación, el capricho o el interés), de que la be- 
bida nacional está dotada de propiedades alimenticias, se 
impone la necesidad de defenderla de la supresión a (jue 
se quiere condenarla tan injustificadamente, sin consid<>- 
rar el papel (pie desempeña ante la liigiene y ante la so- 
ciología. 



BREVES APUNTES SOBKE EL PULQUE 309 



Respecto de la higiene, se ha repetido ya hasta la sa- 
ciedad que, a fin de garantizar la salud individual y la sa- 
lubridad pública, es preciso favorecer el uso de las bebi- 
das fermentadas para que desaparezca el de las destiladas 
y sus derivados; porque las primeras son saludables y bas- 
tante nocivas las otras; que el alcoholismo crónico es el 
resultado, no sólo del abuso, sino aún del uso continuo del 
alcohol destilado y de los licores que lo contienen; que el 
alcoholismo agudo se presenta aún con cortas dosis de al- 
cohol, mientras que requiere la ingestión de considerables 
cantidades de las bebidas fermentadas para que aparezca. 

Recordaremos lo dicho por algunos escritores. En el 
'^ Medical Magazine," 1899, el Dr. G. G. Reid "demuestra 
la inutilidad de todas las medidas modernas de temperan- 
cia, sea para persuadir, sea para obligar a los hombres a 
abstenerse de las bebidas alcohólicas, e insinúa que la abs- 
tinencia total impuesta por la prohibición es el medio más 
eficaz de promover la intemperancia. En este respecto se 
adelanta mucho a una antigua Comisión de la Asociación 
Americana de Salud pública, cuyo informe abogaba por- 
que se extendieran más la manufactura y el uso de vinos 
y cerveza como un medio de prevenir el alcoholismo/' 

En "Le Correspondant Medical, Oct. 1900," artículo 
"El alcohol, el carácter y la política," se dice: "Entre dos 
males es preferible elegir el menor. Cualquier exceso es 
deplorable, pero los (jue produce el vino, la sidra y la cer- 
veza son menos graves que los debidos al alcohol. Favo- 
rezcamos, pues, en lo posible, las bebidas llamadas higié- 
nicas a expensas del alcohol." En el mismo periódico mé- 
dico. Junio de 1901, artículo "La lucha contra el alcoho- 
lismo," vemos que "La Municipalidad de Burdeos hace 
concurrencia a las tabernas con la instalación, en las vías 
próximas al río, de bodegas de sobriedad. Son éstas ele- 
gante chalets de madera pintada, donde por la módica su- 
ma de 10 céntimos -sirven a los obreros del puerto bebidas 



310 I)R. SILVINO RIQUELME 



higiénicas : vino natural, leche, té y café .... No podemos 
menos que aprovechar la opinión del Dr. Mauriac y de 
tantos otros médicos. Hemos recibido en repetidas ocasio- 
nes, acerca de esto, multitud de cartas reprobando nues- 
tra campaña antialcohólica. Y era porque nuestros lecto- 
res nos habían comprendido mal. No hemos pretendido 
nunca reprobar el uso moderado del vino natural ; lo que 
siempre hemos combatido es el empleo de los alcoholes 
aperitivos, licores, etc." 

En "La Vie Medícale," Agosto de 1905, artículo "Los 
bebedores de Vulneraria, " se lee : " Cuando vemos a nues- 
tro alrededor a personas instruidas abstenerse de beber 
vino bajo el falaz pretexto de que el vino contiene alco- 
hol, pensamos que estas gentes hacen obra nefasta. La ex- 
periencia está ahí desde hace muchos siglos, para decir 
que el vino natural no ha sido jamás nocivo para la salud 
del hombre. En esto el pueblo no se equivoca. Así, cuando 
la misma boca predica la abstinencia total del vino como 
también del ajenjo, nadie hace caso. Solamente las gentes 
que creen que puede ser de buen tono no beber sino agua 
o tizanas indefinidas, predican con el ejemplo persuadidas 
de etiíjuetarse así entre la flor y nata de la inteligencia. 
Todo esto es un error, y la lucha así emprendida está pre- 
destinada a la estirilidad absoluta.... Que un experimen- 
tador desinteresado venga a demostrar un día con prue- 
bas experimentales en su apoyo, que el vino, lejos de ser 
peligroso a las dosis usuales, es, por el contrario, útil, y 
se tocará con la mano la exageración criminal de los be- 
bedores de agua. Por<jue la lucha contra la terrible pla- 
ga se resentirá. No olvidemos (pie son los alcoholes, y so- 
bre todo, los alcoholes aromáticos, los (pie pueblan los 
asilos de enajenados, y no los vinos de los collados de 
Francia." 

Y al citar todo esto, nosotros decíamos en 1907, en una 
Exposición al Gobernador del Distrito Federal: "De to- 



BREVES APUNTES S(JBRE EL PULíJUE 311 



do lo anterior se deduce de una manera clara y terminan- 
te, que la campaña que en todas partes se ha emprendido 
tan justamente contra la plaga del alcoholismo, tiene, por 
objeto desviar a todos los consumidores de bebidas alco- 
hólicas del uso de aquellas en que el alcohol se encuentra 
en estado de pureza o bastante concentrado para no em-^ 
plear sino las fermentadas. En países que no son México 
es claro que no ha podido tomarse en consideración el pul- 
que, porque es peculiar y exclusivo de algunas regiones 
de esta República ; pero teniendo esta bebida todos los ca- 
racteres de las fermentadas y acaso de composición más 
nutritiva y con jíropiedades medicinales, reconocidas des- 
de hace muchísimos años por gran número de médicos, se 
la debe por fuerza comprender en la categoría de Uis que 
deben ser protegidas, tanto para cojnpletar la nutrición 
escasa y deficiente de las clases populares, de la clase obre- 
ra y de- todos los hombres (pie necesitan reparar sus fuer- 
zas gastadas en el trabajo, como para evitar los estragos 
del alcoholismo." 

Queda, pues, sostenido por los testimonios de autores 
acreditados y enemigos decididos del alcoholismo, el cri- 
terio científico, como también por la experiencia milenaria 
y universal, de que para conservar la salud, que es el ob- 
jeto de la Higiene, deben eliminarse del uso del hombre 3I 
alcohol puro y las bebidas (lue con él se fabrican, por los 
males físicos que provocan y por los daños que causan a la 
inteligencia y sus facultades, extendiendo su acción a las 
generaciones del intoxicado ; y (pie para llegar a este fin, 
para obtener esa eliminación, nada más práctico y perti- 
nente que el facilitar el uso de las bebidas fermentadas 
que, sin originar los desastrosos efectos del alcohol des- 
tilado, satisfacen las necesidades del organismo humano 
ayudándolo a la producción del calor que le es indispen- 
sable y a transformar esté en trabajo muscular activo, evi- 



Menri. Sor. Ai?.ate. — i:; Julio 19-Jl. — t 30-LM 



312 DR. SILVIXO l;l<¿UEI,MK 



tándole el consumo de sus propios elementos (pe uo i;ue- 
den ser reparados sino por medio de una alimentación 
adecuada y suficiente. Ahora bien, la clase trabajadora 
forma el mayor número de la población en todas '>irtes, 
y esa clase es precisamente la (jue carece de los medios 
bastantes a satisfacer sus exigencias alimenticias, por lo 
(jue es imprescindible que recurra a los medios que suplan 
esas deficiencias y que le proporcionen los factores que ha- 
cen posible el trabajo, y que no encuentra en 3u pobre 
alimentación. De manera que es higiénico el no permitir 
que el organismo del trabajador se agote y se consuma, 
y por lo mismo es higiénico suministrarle elementos ';ue 
estén a su alcance para evitar ese desgaste orgánico y ;i la 
vez para conservarle la energía del funcionamiento mus- 
cular. Y como para facilitarle el uso de tales elementos 
es preciso que pueda adquirirlos sin gran gasto pecuiii.i 
rio, se ve la conveniencia y la utilidad de que el merca- 
do se los ofrezca baratos. En este caso se encuentra 1j. 
bebida mexicana, el pulque, que debido a su carácter de 
fermentada, de alimenticia, de dynamógena y además ba- 
rata, reúne en sí todas las cualidades ([ue ía convierten 
en un auxiliar de importancia, higiénica y socialmente, del 
trabajo. 

Pero he aquí que la pasión (pie uo razona, que el odio 
irreñexivo, el interés que sobrepone su conveniencia a to- 
da consideración de justicia y de verdad, acusan a la be- 
bida precisamente de ser barata porque ello la generaliza 
y hace grande y extenso su consumo. De modo que en lu- 
gar de ver en este hecho una ventaja, un medio poderoso 
de defensa contra el alcoholismo verdadero, lo tr;insforma]i 
en arma de ataque para destruir al enemigo que trata na- 
da menos (pie de oponerse al avance e invasión del alco- 
hol. Es hasta donde puede conducir la ignorancia y la opo- 
sición sistemática. Es una paradoja que sólo se explica 
por lo superficial de los estudios en este asunto y por la 



BREVES APUNTES SOBRE EL PULQUE 313 

incompetencia de los que de él se ocupan, puesto quo lo 
tratan tan ligeramente y no penetran a su fondo para dar- 
se razón de las causas que determinan un fenómeno SSe 
fijan sólo en los resultados del abuso y no examinan ni se 
detienen en el uso de las cosas, tan diferentes como son 
sus resultados. Con el pulque sucede que se estudian, se 
escudriñan, se hacen patentes todos los efectos de su abuso 
y las consecuencias de la embriaguez que este abu?o trae 
por fuerza, y de sus cualidades como bebida fermentada, 
higiénica y alimenticia no sólo se hace caso omiso siü> 
que aun se le niegan. Con tal procedimiento únicamente 
se le ve por el lado malo, rehuyendo con toda intencióu 
el entrar al examen de la parte útil y benéfica, ((ue es la 
principal. Y como esta parte es la que corresponde a la 
higiene y a la sociología, éstas son las competentes para 
decidir sobre un tema tan debatido entre persoucis que no 
toman en cuenta aquellas ciencias, y cuyas conclusiones 
tienen que ser forzosamente líricas y desautorizadas. 

Los datos científicos, positivos, irrecusables por io 
mismo, dándonos a conocer los materiales constitutivos de 
la bebida, nos imponen de un modo incontrastable la ne- 
cesidad de admitirla como alimenticia y de clasificarla co- 
mo higiénica, a despecho de las negaciones profanas que 
se levantan sin base alguna, sin el más ligero apoyo y que 
por esto no pueden subsistir. 

Bajo el aspecto social, es indudable que una bebida 
provista de tales propiedades no puede causar mal de nin- 
guna especie, y por el contrario, su uso debe favorecerse 
para que, llenando las exigencias que el hombre busca y 
encuentra en las bebidas, no lo lleven a emplear las que 
satisfaciéndolas le ocasionan al mismo tiempo perjuicios 
personales graves y extensivos a su descendencia. Los nu- 
merosos habitantes de los Estados de México, Puebla, Hi- 
dalgo y Tlaxcala y los del Distrito Federal, son un ejem- 
plo vivo y concluyente de que el pulque, que usan con 



314 ])i;. SILVIXO RU¿UELME 



conocida abundaucia, no es produetor del alcoñolisuio ; 
que unido a sus alimentos les procura mayor nutrición ; 
y que entre las clases trabajadoras eorporalmente, que son 
la mayoría, existe el vigor, la fuerza y la energía bastan- 
tes para desempeñar sus fatigosas labores. Y debe tenerse 
presente que el alimento que estas clases consumen no po- 
dría, ni por su cantidad ni i)or su calidad, conservarle 
aquellos atributos si no fuera ayudado y reforzado por la 
acción economizadora y dynamógena del i)ulque. 

A la Ciudad de México se introducían diariamente, en 
los últimos tiempos normales, más o menos unos 1500 ba- 
rriles de pulque, o sean 375,000 litros, que se repartían 
luego por las cercanas poblaciones que rodean a la Capi- 
tal. Por el censo último puede estimarse que éáta y algu- 
nos pueblos vecinos tienen laios 400,000 habitantes ; y co- 
mo es notorio ({ue todas las clases sociales, sobre todo l:i 
media y la humilde hacen uso de la bebida, es razonable 
afirmar (|ue el consumo por habitante no llega al litro, 
cantidad que no sale de la moderación, puesto (pie con tal 
cantidad de líquido sólo se han ingerido 32 gramos de al- 
cohol, y esto diluido y no en una sola vez sino distribui- 
do en las dos principales comidas del día. Esto no daña y 
sí favorece a la nutrición. 

Considerando (jue muchas personas, entre las que pue- 
den procurarse mayores comodidades, hacen uso de vinos 
y cerveza en sus comidas, y suponiendo ([üe sean la cuar- 
ta parte de los 400,000 habitantes, lo (jue es mucho, que- 
dan 300,000. Ahoi'a si de estos 300.000 restamos los traba- 
jadores, los (jue gastan su esfuerzo en trabajo muscular, y 
que no lo reparan ni sostienen sino por medio de mayor 
cantidad de calor (|ue les suministra el elemento termóge- 
no o dynamógeiio (|ue es el pul(|ue, y cuyo alcohol se con- 
sume a medida (pie se ingiere ponpie se quema y arde 
en la mácjuina humana para convertirse en trabajo; si 
restamos tales factores sociales ípie componen cuando me- 



BFiEVEs APUNTES SOBRE EL PULQUE 315 

nos dos terceras partes, reducimos a 100,000 el número de 
los (jiie usan la bebida sin transformarla en labor mecá- 
nica y sólo como al'iinienticia. Si éstos consumen un litro 
diario, los 375,000 litros disminuyen a 275,000, (lue tienen 
'(jue distribuirse entre los 200.000 trabajadores, lo que da 
por resultado (jue a cada uno de éstos toca un litro 375 
mililitros. 

No cabe, pues, en lo posible que esta cantidad de un 
líquido Irifiiénico produzca la embriaguez, ni aunque se 
tomara el doble o sean casi tres litros que encierran 96 
gramos de alcohol, considerando que no se ingieren a un 
tiempo sino distribuidos durante las comidas y las horas 
de trabajo, lo (jue da lugar bastante a ({ue el alcohol en- 
tre en combustión, produzca su efecto mecánico y aun pue- 
da eliminarse si es que algo escapara a ella, lo (lue es del 
todo improbable. 

Siendo, como es, muy aproximada a la verdad la re- 
partición del pulque (]ue se introducía a la Capital, resul- 
ta (jue la bebida era usada por casi la totalidad de sus 
habitantes y sería proferir un agravio calumnioso y por lo 
mismo sin justicia, el creer (lue todos sus habitantes son 
ebrios. Y bien, la supresión completa de la bebida^ con el 
pi'ctexto de suprimir la embriaguez, además de implicar 
tal agravio, priva a la gran mayoría sobria y temperante, 
de un elemento de initrición, de una bebida higiénica y de 
un enemigo del alcoholismo; se sacrifica al todo por una 
pequeña parte y para impedir un mal reducido se impide 
el beneficio extenso. Esto sería simplemente ridículo si 
no produjera males de trascendencia. 

Es de sano criterio y propio de una verdadera ilus- 
tración no confundir eí uso con el abuso, y tratar de evi- 
tar éste sin detrimento de aquél. Pero es insensato aca- 
bar con los dos, ateniéndose a que el abuso deriva del uso. 
La dolorosa experiencia del mundo desde que existe, y ahí 
está la Historia Universal para atestiguarlo, nos enseña 



316 I)R. SILVINO RUJUELME 



que los ejércitos lian sido la ealaiuidacl mayor que ha pe- 
sado sobre la Tierra ; porque apartándonos de su verda- 
dero destino, han abusado de las armas y de la fuerza que 
ellas dan para efectuar los grandes robos llamados con- 
quistas; han trastornado las Naciones y los pueblos y han 
sido los arbitros de su existencia y de sus gobiernos. Las 
armas que la Patria les confía para su guarda, con suma 
frecuencia las emplean para su mal. Y con todo esto, 
¿existe una Nación que no tenga su ejército? ¿se le ha su- 
primido para que no abuse? 

La suma de poder de que está investido un Estado 
monárijuico o ({ue los pueblos prestan a sus gobiernos en 
las democracias, aun bajo la existencia de Constituciones, 
los convierten con suma facilidad en déspotas y tiranos 
que oprimen a su Nación y que orighian revoluciones san- 
grientas. Es el abuso del poder, que en todas partes se 
siente. Por ésto ¿se deben suprimir los Grobiernos, como 
quieren los anarquistas? 

La bien conocida exclamación : ¡ Olí Libertad, cuántos 
crímenes se cometen en tu nombre !, indica que se ha abu- 
sado y se abusa de uno de los más sagrados derechos del 
hombre. Suprimamos este derecho, porciue da nacimiento 
al crimen. ¡ Muera la Libertad ! 

La^; religiones todas han creado Ja teocracia y con ella 
la preponderancia del sacerdocio, la sumisión ciega de las 
masas, la superstición y el fanatismo. En nombre de la re- 
ligión los adeptos de diferentes sectas han ensangrentado 
el mundo de diversos modos. Han abusado del sentimien- 
to natural de la humanidad (|ue lo eleva fuera del mundo 
físico para buscar lo Absoluto en el Inlinito. Como el abu- 
so no existiría si no existiera ese sentimiento, desterremos 
éste y que desaparezca la Religión. 

Uno de los grandes elementos de civilización y de bien- 
estar es el comercio entre las Naciones, e indispensable en 
el interior en cada una de ellas; pero comete grandes frau- 



BREVES APUNTES SOBRE EL PUL(.¿UE 317 

des, es avaro y adultera todos los artículos aun con per- 
juicio de la salubridad pviblica. Hace un uso ilícito de su 
objeto, es decir, abusa y por lo mismo no debe existir. 

La prensa se extralimita coiitinuamente de las faculta- 
des (pie la civilización le ha asignado y abusa de su po- 
der para calumniar, para difamar, para noticiar falseda- 
des, para extraviar la opinión pública e incurre en graví- 
simas faltas. Pues no debe haber periódicos, ni revistas, 
ni libros. Moralicemos a las 'sociedades suprimiendo la 
prensa. 

En todas partes se encuentran glotones que comen 
exageradamente, que se dan el placer de la buena mesa, 
Y en todas partes hay gotosos, arterio-esclerosos, hemiplé- 
jicos, etc. La causa está en el abuso de los alimentos. En 
nombre, pues, de la higiene los alimentos deben proscri- 
birse. 

La prostitución sexual resulta del abuso del amor, y 
el amor vive porque hay hombres y mujeres. ¿Cuál es el 
remedio? Suprimir a las mujeres y a los hombres y su- 
primir de una vez nuestro mundo, ya (pie en él se abusa 
de la amistad, de la buena fe, del amor y de todo lo que 
existe sobre el planeta. 

Hasta este extremo conduce la confusión lamentable 
del uso y del abuso : y bien claro se ve que éste es el que 
tiene que ser combatido, al que se ha de castigar y perse- 
guir, no haciendo sentir la pena al (pie no delinque, al 
que se conduce con moderación y «pie, al amparo de la li- 
bertad humana a que tiene pleno y natural derecho, em- 
plea todo lo que la naturaleza o su industria le ofrecen 
para sus ne<íesidades, su gusto o su placer y sin dañarse 
a sí mismo ni perjudicar a los demás. Pasaron ya los tiem- 
pos en que Calvino, en Ginebra, investido de facultades 
para dirigir las costumbres ordenaba los vestidos que de- 
bían llevarse, las horas de salir de la casa, las oraciones 
que debían de hacerse y en suma, era el arbitro hasta de 



318 1>R. SILVIXO RIQUELME 



las intimidades del hogar. En México hnbo algo parecido 
durante la época colonial. ¿Se quieren revivir tales tiem- 
pos, volver a la censura de todos los actos humanos, hoy 
(pie se pregona en todos los tonos el derrumbamiento de 
las tiranías? No sin razón se ha dicho ([ue los Gobiernos 
son para los pueblos y no los pueblos para los Gobiernos. 
Demostrado, como f[ueda, que el pulque es un líquido 
alimenticio, higiénico y, como fermentado, valladar del al- 
coholismo ; y (pie por tales condiciones su uso no debe ser 
condenado ni restringido, sino muy al contrario facilitado 
su consumo y darle a su comercio la más amplia libertad 
(pie la justicia, apoyada en las Ciencias de la salud y do 
la sociedad, tiene (jue otorgarle ; demostrado esto, hay que 
fijarse igualmente en la parte económico-política, puesto 
que su producción desempeña un factor nada despreciable 
de la riqueza pública. El Estado, o sea una Nación consti- 
tuida, necesita para vivir de los recursos todos que le su- 
ministran los individuos (pie la forman, contribuyendo a 
su sostenimiento y a la marcha segura y fácil de todos los 
diversos ramos de su administración. Mientras mayores ri- 
quezas particulares se forman por la minería, la agricultu- 
ra, la industria, las manufacturas y el comercio, mayor es 
también la rirpieza pública, por(pie ésta la constituyen to- 
das las prividas, que dan su contingente y deben darlo en 
proporción a su monto, sin (pie resulten perjudicadas. De 
modo que aumentando el número de capitales, aumenta a 
la vez la cantidad (pie el Estado {)ercibe, y percibiendo 
maj'ores cantidades su gestión es tran(piila, libre de zozo- 
bras y apuros, y puede nivelar sus presupuestos de ingre- 
sos y egresos, pagar con puntualidad los intereses de la 
deuda pública (pie toda Nación tiene, amortizarla aún y 
dedicar los sobrantes a las mejoras materiales, al progreso 
en todos sentidos. Si esto es así, un Gobierno no i)üede ni 
debe consentir en (pie la riqueza privada, siemjjre (pie sea 
legítima, disminuya ni menos (pie desaparezca, por(iue es 



BREVES APUNTES SOBRE EL PULQUE 310 

con detrimento de sí mismo. Como refluye en su provechc, 
un buen Gobierno necesita alentar, facilitar, proteger toda 
clase de riquezas y procurar que se formen nuevas. Estas 
riquezas y su ahorro constituyen el capital que tiene que 
emplearse en la producción futura. 8in capital no pueden 
existir ninguno de los ramos de producción, y sin éstos una 
Nación no puede ser independiente y por este hecho deja- 
rá de vivir. La nivelación de las riípiezas, de las fortunas, 
como anhelan muchos socialistas poco previsores y nada 
prácticos, es contraproducente y conduciría a la ruina de 
las sociedades en vez de mejorarlas. 

La supresión del puhiue (jue se procura ahora con tan- 
to ahinco como poca reflexión, lleva de la mano a la s)i- 
presión de un ramo de riciueza importante. Se ha dicho 
mucho que la Nación tiene sobrados recursos y que no ne- 
cesita de los (jue proporciona un producto que causa la 
inmoralidad y la degeneración del pueblo. Hemos visto 
que tales cargos y acusaciones son por completo infunda- 
dos y sólo pueden formularse por <iuienes, apartándose ele 
los datos científicos rigurosos que suministran la higiene 
y la sociología y despreciándolos, se basan en las preoc^i- 
paeiones vulgares y en ideas solamente especulativas que 
por lo mismo son indignas de un buen criterio. En nuestro 
folleto "La Lidustria pulquera," 1906, nos hemos ocupa- 
do con alguna extensión de las verdaderas causas de ia 
perversión y delincuencia de nuestras clases ínfimas, y 
quien en ello se interese hará bien en leerlo. Tenemos el 
convencimiento de haber dicho la verdad en este asunto 
y, por lo mismo, de haber conseguido la absolución de la 
bebida nacional de toda culpa. 

Pero olvidando todo esto, reaparecen con suma fre- 
cuencia y en la sucesión de los tiempos los mismos cargos, 
idénticos reproches a la bebida, confirmando el adagio de 
que "no hay peor sordo que el que no quiere oír." Por 
otra parte, estas inculpaciones se presentan ante gente nue- 



320 PH. SILVIXO Rl<¿tEl>MK 



va, auto generaciones recientes ({iie ignoran el pasado y 
no conocen las inipngnaciones y propugnaciones (jne se han 
hecho en la materia ; por lo que obligan a volver a la bre- 
cha para la defensa, y a repetir lo publicado. 

Los mismos <jne pretenden hacer morir la producción 
puhpiera han comprendido el perjuicio y daño que con ello 
se infiere a un factor de riqueza ; pero encuentran la com- 
pensaci(5n, y aun la ventaja, en substituirla con el apro- 
vechamiento del maguey destinándolo a la extracción de 
su fibra, fabricando alcohol, azúcar, piloncillo y miel. Xos 
iremos ocupando de esto a la vez que hagamos ver lo (|ue 
representa el pulque como elemento de- riqueza. 

Es sabido <{ue el pulque se obtiene sólo de determi- 
nadas especies de maguey, porque aunque existen innume- 
rables, sólo unas pocas son propias para este fin, siendo 
la mejor la (pie se conoce con el nombre de nuiguey man- 
so fino. Los magueyes pulqueros se hallan en una vasta 
extensión calculada en 2,500 kilómetros cuadrados que 
forma la zona pulquera, comprendiendo parte de los Esta- 
dos de Hidalgo, México, Puebla y Tlaxcala. Fuera de ella, 
la producción no es de buen pulque sino del llamado tla- 
cbiíjue, (|ue también se consume. La zona del maguey pul- 
(piero la constituyen generalmente lomeríos y colinas de 
suelo arable poco profundo, reseco, arcilloso y arcillo-are- 
noso y la com|)OSÍción geológica del subsuelo es una toba 
arcillosa llamada tepetate. Su clima es más frío (pie tem- 
plado ; .su altura sobre el nivel del mar está entre 2,220 y 
2,7Ü0 metros; carece por completo de agua y sólo la reci- 
be de las nubes en la época de las lluvias, (jue son en ex- 
tremo irregulares debido a los fuertes vientos ({ue soplan 
a esas alturas y (pie arrastran a las nubes, ya próximas y 
dispuestas a verter el fecundante lí(piido de que tan ávi- 
das están las tierras; las heladas se presentan temprano 
y fuertes; en tales condiciones tales tierras son poco pro- 
picias a las siembras de cereales y de granos, porque son 



BREVES APUNTES SOBRE EL PULQUE 



<lel todo inciertas las cosechas; y sin embargo, se empren- 
den, demostrando ((ne no hay indolencia ni apatía, que se 
hace todo esfuerzo para obtener los mayores rendimien- 
tos de la tierra a pesar de las pocas probabilidades de 
éxito, y que se aprovecha el aflojamiento del suelo, que se 
hace para el cultivo del maguey, confiándole semillas con 
la esperanza de nmltiplicarlas. Todo esto indica que la 
zona pulquera no podría formar una región de labores 
agrícolas, de tierras de labor, sino muy secundariamente ; 
y al mismo tiempo nos hace ver la fecundidad y previsi(5n 
de la Naturaleza tjue ha poblado esos terrenos de una plan- 
ta admirable, (pie se adapta, vive y se multiplica en medio 
de elementos poco propios para otros vegetales y para ella 
tan benéficos. Querer cambiar las cosas es oponerse a las 
leyes naturales y el fracaso es el castigo del atentado. 

El maguey manso, por sus dimensiones, por su estruc- 
tura, por la composición de su savia y por sus funcioues 
fisiológicas, está destinado por la naturaleza para sumi- 
nistrar el aguamiel, y ésta ha sido empleada por el hom- 
bre para obtener de ella el pub^ue, alcohol y azúcar. lu- 
dustrialmente se obtienen las tres cosas; pero bajo el pun- 
to de vista comercial sólo el primero es remunerador; el 
segundo hace menos sensible la pérdida que causa la abun- 
dancia del primero, nms no produce utilidad; y en cuan- 
to al azúcar no le es posible competir en el mercado con 
la (jue da la caña, ni ann con la de remolacha, porque 
el jugo de la caña contiene de 18 a 25 por ciento de azú- 
car, y el jugo de la remolacha azucarera, o sea la blanca 
de Silesia, contiene el 101/2 por ciento, en tanto que el 
aguamiel sólo nos da el 6.17 por ciento. Uñase a esto que 
la remolacha es planta bisanual, anual la caña, y para 
que el maguey suministre su jugo azucarado exige de 12 
a 16 años después de plantado. 

Ya entre los aztecas la fabricación de azúcar, por me- 
dio del aguamiel era muy usada. En una de las cartas de 



322 IiR. Sir.VIXO RI(¿t'ELME 



Hernán Cortés a Carlos V, hablando del mercado de Mé- 
xico, dice: "Venden miel de abejas y cera y miel de cañas 
de maíz, que son tan melosas como las de azúcar ; y miel 
de unas plantas que llaman maguey, (¡ue es muy mejor 
que arrope, y de estas plantas hacen azúcar y vino, (|ue 
asimismo venden." Pero^los mexicanos, y en general los 
habitantes de América, no conocían la caña de azúcar, ({ue 
fue después introducida por los españoles ; desde que este 
cultivo se generalizó y se obtuvo azúcar de mejor clase y 
poder edulcorante miayor, fue desterrándose paulatinamen- 
te la elaboración del producto hasta acabar por desapare- 
cer. Hasta el año de 1858 volvió a hablarse del azúcar del 
maguel, con motivo del privilegio exclusivo (pie solicita- 
ron para producirla el inteligente cultivador de esta plan- 
ta D, Fernando Pontones, en unión de D. Melquíades Choii- 
sal. Para estudiar el punto, se nombró por el Gobierno 
una comisión, que fue auxiliada por el famoso (juímico 
]). Leopoldo Río de la Loza, y que examinó el aguardien- 
te, la miel, jarabe, jñloneillo, panocha y azúcar presen- 
tados por los solicitantes. El dictamen de la comisión fue 
en gran parte satisfactorio para éstos ; y sin embargo, co- 
mo dice D. Manuel Payno en su "Memoria sobre el pul- 
(pie," (piizá los costos de la fabricación fueron excesivos, 
para (iiie mercantilmente hablando, })udieran competir los 
frutos del maguey con los de la caña; el caso es (|ue hi 
empresa se paralizó." Los señores L. Río de la Loza y I). 
Francisco Pimentel en algunos artículos sobre esta cues- 
tión, exponen: "Puede asegurarse que todos los ramos de 
ex{)lctación agrícola tropiezan actualmente con esta diíi- 
cultad (falta do población laboriosa, o sean brazos secun- 
darios), hasta el punto de tener ((ue limitar sus labores a 
menos de lo que permite la extensión de sus terrenos. Pe- 
ro aun hay más: esos br-íjzos secvnidarios, a los que acaso 
puede confiarse una hibor, no tienen, en general, la misma 
disposición para la industria azucarera. Esta requiere, ade- 



BREVES APUNTES SOBRE EL PULQUE 323 

más, un capital proporcionado para la buena elaboración 
de los productos o sea el establecimiento para la fabrica- 
ción; y debemos tener presente que pocos han de ser los 
que cuenten con la posibilidad para ello." 

Ante estos hechos caen por su propio peso las incul- 
paciones de obstinación y de terquedad que se hacen a los 
productores de puhjue porcjue no emplean sus magueye-í, 
que son para pulque, en otros distintos usos. ¿Por qué al 
cultivador del algodonero se le habría de exigir que no 
cosechara y vendiera el algodón, y que se limitara a ex- 
plotar la semilla, de la cual extrae aceite, harina y pastas 
para alimentación del ganado? ¿Por ([ué no se obligaría 
al que cultiva el plátano a despreciar el fruto, ya que de 
las demás partes de la planta se obtiene fibra? Es que se- 
ría irracional despreciar el principal producto y aprove- 
char tan sólo los secundarios, cuando ambos se pueden uti- 
lizar y obtener rendimientos, mayores del primero y 
reducidos los de los otros. Sería lo mismo, y estaríamos 
en idéntico ca^o, si del maguey de Jalisco, propio para la 
fabricación del mezcal (tequila), o del de San Luis Potosí 
y de Zacatecas, del que se obtiene el mezcal chorrera, o 
del silvestre de estos mismos Estados y de los de Chihua- 
hua, Tamaulipas, Michoacán, Chiapas, etc., que dan la fi- 
bra lechuguilla, se pretendiera no tener en cuenta estos 
artículos y se destinara la planta a producir pulque. Es- 
te, si pudiera obtenerse, sería en pcíiueña cantidad y ma- 
lo; y se dejaría de explotar como se debe lo principal, que 
es la fibra. N^o se puede, pues, forzar a la Naturaleza para 
dar todo lo que el hombre quiere o necesita, en todo lugar. 
Ella ha distribuido sus dones adaptándolos a distintas lo- 
ealidades, tiempos, climas, alturas, condiciones meteoroló- 
gicas, etc., y el hombre no tiene otro recurso que sujetarse 
a las leyes <iue rigen a la Naturaleza, siendo impotente 
para resistirlas. No podrá hacer que el trigo se dé en las 
tierras calientes, o el arroz en las frías y secas. 



324 DU SUBVINO lll(¿rELWK 



El luaguey iiian.so está espeeialineiitc })r()vist() de \\(>- 
jas o pencas grandes, grnesas, abundantemente ricas en 
tejido celular y vasos en (jue se elabora y circula la savia 
(|U(' da origen al aguamiel y (lue brota de la superficie de 
la cavidad artificial (jue se i)raetica en el mezontete o ti'oii- 
co del maguey, por medio de la raspa. La libra de las lio- 
jas, muy diseminada y perdida entre el predominante teji- 
do celular de la base, (pie es muy gruesa y muy ancha, va 
reuniéndose a medida tpie se aproxima a la extremidad 
de la hoja hasta formar un hacecillo (pie, estrechándos.% 
termina en la piia o espina rígida ({ue da remate a dich;V 
hoja. Por tal disposición, la parte ulilizable de la penca 
no pasa de un metro de la longitud total de ésta, y en los 
diversos ensayos ([ue se han efectuado no se ha logrado 
extraer sino unos 100 gramos de fibra seca. Una jilanta de 
maguel ya desarrollada tiene ]ior término medio unas 20 
hojas, así es ({ue proporcionarían 2 kilogramos de fibra, 
al cabo de 12 a 16 años (pie acinélla necesita para alcan- 
zar su desarrollo y morir. Damos estos ligeros detalles pa- 
ra demostrar (pie el rendimiento de la fibra no es remune- 
rativo por sí solo, teniendo en cuenta (pie aun cuando se 
poseyeran máquinas eficaces para el objeto (lo (pie hasfa 
ahora no se ha conseguido), el costo de ellas y la mano 
de obra reducen a muy poco la utilidad ([ue se busca. 

Por esto se ve que ni la fibra, ni el alcohol, ni el 
azúcar pueden compensar al cultivador del maguey man- 
so, ni menos procurarle ventajas al dejar de elaborar el 
pubjue. Para la extracción de la fibra ya hemos visto los 
inconvenientes y dificultades; para la producción del al- 
cohol es preciso que el aguamiel fermente, es decir, se ha- 
ga })ul(pie, de modo (pu' hay el gasto doble para hacer el 
pubpie y transformarlo luego en alcohol ; en cuanto a fa- 
bricar azúcar y miel, es preciso conocer la macpiinaria mo- 
derna que se emplea para su obtención para deducir desde 
luego la imposibilidad de establecerla en lugares donde 



BREVES APUNTES SOBRE EL PULQUE 325 

falta el combustible y el agua por completo, teniendo que 
trabajar todo el año, y en ([ue la materia prima es pobre 
eji dulce ; y si con la misma uiaquinaria no podría soste- 
ner la competencia con otras azúcares, mucho menos ha- 
ciendo uso de otros procedimientos. 

Es indudable (¡ue el hoinbre siempre anhela sacar el 
mayor producto de los objetos de (}ue dispone, porque es- 
to es en provecho propio, y por su mismo interés lo busca 
y lo persigue. El dueño de un plantío de maguey manso 
sabe por experiencia que esta' planta le da aguamiel, y que 
ésta le produce utilidad si la destina a fabricar pulque, 
])ara lo ((ue no tiene necesidad de maípiinaria ni de varias 
oficinas ; (pie si no puede vender todo su pulque, por cual- 
(|uiera circunstancia, le (pieda el recurso de destilarlo pa- 
ra no perder todo ; pero en este caso, al costo del pubjue 
tiene (pie añadir el valor del alambique, el valor del com- 
bustible y la maniobra, y esto ya no le deja utilidad sino 
pérdida; y ésta es irremisible si en lugar del pulque em- 
plea su aguamiel en azúcar y miel. 

Queda, por tanto, establecido (pu' el maguey manso lo 
I)uede dar beneficios de otro modo (jue como generador 
de puhpie, y (pie a este beneficio se aumentará el que rin- 
da la explotación de la fibra cuando pueda efectuarse en 
condiciones favorables. Entre tanto, no queda de explota- 
ble en dicha planta más del pulque, del que ya es tiempo 
que hablemos en el sentido de su cooperación a la riqueza 
pública. 

Para tratar esta cuestión con todo acierto y hacer re- 
saltar su importancia, son indispensables estadísticas exac- 
tas y recientes, de (pie por .desgracia carecemos, pues en 
este ramo de Administración pública, aunque mucho se ha 
hecho, existen todavía lamentables deficiencias. Esto no 
obstante, los pocos datos de que podemos disponer, si no 
revelan toda la verdad, nos acercan a ella al grado de de- 
jar presumir lo cuantioso de los elementos con que con- 



326 DR. SILVIXO RIQIKI.ME 



tribuye la bebida nacional en la estimación de la riqueza 
del país. 

En una exposición a la Sociedad Agrícola Mexicana 
por un agricultor de Los Llanos, en 1901, se dice: "La 
gran zona pulquera, que de los llanos de Apaní se extiende 
por los Estados de Hidalgo, México, Tlaxcala y Puebla, re- 
presenta un valor territorial inmenso, pero cuya cifra exac- 
ta no puede fijarse por no haberse formado aím el cata.s- 
tro perfecto de ella. Pero tomando por base lo (jue en :1 
año fiscal anterior pagaban dichas haciendas por derecho 
predial a las entidades federativas en cpie están situadas, 
puede calcularse el valor de aípiéllas en $45 o $50.000,000. 
— Y para comprobar ({ue esta cifra no es exagerada, bas- 
ta recorrer el siguiente cuadro estadístico según los padro- 
nes oficiales, del valor de las haciendas pulqueras de sólo 
tres Distritos del Estado de Hidalgo : 

Fincas puhperas del Distrito de Pachuca. .$ 2.924,975.07 

„ Distrito de Apam. . . 8.842,156.91 
„ Distrito de Tulaucingo. 2.66.3,941.00 



$ 14.4.31,072. 3«^ 



Si, pues, el Fisco asigna a las haciendas i)ul(iueras un 
valor de 45 a 50 millones, en 1900, en realidad deben esti- 
marse en el doble cuando menos, por ser bien sabido y de 
notoria publicidad que por varios motivos, casi todos jus- 
tos y disculpables, los dueños de todas clases de haciendas 
no dan a conocer el valor real de sus fincas. De modo que 
deberá fijarse sin exageración el valor de las pulqueras en 
90 o 100.000,000 de pesos, representando esta suma el valor 
o riqueza territorial. 

De esta ri(|ueza participan en nn\y buena parte los Go- 
biernos de los Pastados que la poseen, pues sólo la contri- 



BREVES APUNTES SOBKE EL PULQUE 327 

bueión predial, cuyo promedio es del 12 al millar anual, 
sobre 50 millones, importa $600,000 al año. Los municipios, 
el 10 por ciento o sean $60,000; y el Erario Federal el 25 
por ciento, o sean $150,000. 

Descontando esto último, los Estados reciben, pues, de 
sólo las haciendas de pulque, por impuestos locales, la su- 
ma de $660,000 anuales. 

El pulque que entra al Distrito Federal paga al Era- 
rio de la Federación al ser introducido, un centavo por 
litro (quizá IVo, según las últimas disposiciones), o sean 
$2.50 por barril, es decir, $3,750 diarios o $1.368,750 al año. 
Como la casi totalidad de los introductores son comprado- 
res, se puede estnnar que las dos terceras partes o sean 
1,000 barriles diarios son comprados y siendo el precio de 
cada barril en tiempos normales de $5.00, las compras se 
hacen por $5,000 al día, lo (lue deja al Timbre $25, y al 
año $9,125. — Por ventas al menudeo en los expendios, se 
causa el impuesto del Timbre a razón de V2 por ciento, así 
es que vendiendo unas tres cuartas partes de lo introduci- 
do o sean 281,250 litros, al precio común y corriente (en 
tiempos normales) de 4 centavos, nos dan $11,250. obte- 
niendo el Timbre $56.25 en un día o $20,531 en un año. 
De todo esto resulta que el Gobierno Federal recibe en con- 
junto al año, por introducción de pulque, por ventas al ma- 
yor y menor y por el 25 por ciento de los Estados, .... 
$1.548,4t)6. 

Al Municipio de la ciudad de México le toca también 
su parte en este ramo de ri([ueza pública, pues apreciando 
el promedio del derecho de patente que cobra a cada ex- 
pendio de pul([ue en $17.50 y siendo el número de esos 
expendios el de 1,000 aproximadamente, obtiene al mes 
$17,500. y al año $210,000.— Como están obligados los ex- 
pendios a tener agua, por este servicio pagan cuando me- 
nos la mitad de ellos, o sean $1,000 mensuales, $12,000 al 

Mem. Soc. AliBtc — 1-1 .Tulio-I(t21.— t 39—22 



328 DR. SILVINO RIQUKLMK 



año. De esto modo el Municipio aprovecha $222,000. No 
tenemos en cuenta las frecuentes multas que se prodigan 
por la más leve infracción y que aumentan este rendi- 
miento. 

Al circular el pulípie de las haciendas a las plazas de 
consumo o mercado, se le transporta a ellas por medio de 
los Ferrocarriles, a quienes paga fletes, siendo los princi- 
pales (jue hacen este tráfico el Mexicano, el Interoceánico 
y el de Hidalgo y Nordeste. El transporte al Distrito Fe- 
deral les deja, teniendo en cuenta (pie la entrada diaria 
es de 1,500 barriles y (pie el promedio de fletes es de $1 
por barril, $1,500 o sean al año $587,500. — Calculando ({ue 
el pulque llevado a las plazas de Pachuea, Tulancingo, 
Puebla, Orizaba, Jalapa, Veracruz y otras, se contenga 
cuando menos en 500 barriles, o sea una tercera parte de 
los ((ue entran al D. F., los Ferrocarriles obtendrán anual- 
mente $182,500 (pie, sumados a la cantidad anterior, dan 
un total de $720,000. Como hemos dicho, careciendo de es- 
tadísticas no es posible dar cifras exactas; pero })rol)abl<?- 
mente nuestros cálculos pecan más por deficiencia (pie por 
exceso. 

A título únicamente de ensayo por falta de datos j)re- 
cisos, y a reserva de (pie cuando (listos puedan ad(piirirse 
se ratifiquen o rectifiquen, vamos a dar a conocer el re- 
parto de la riípieza puhjuera entre los particulares. Des- 
de luego se presentan los tlachiqueros, liombres «|ue ex- 
traen el aguamiel de los magueyes; ganan en hi ;ictualidad 
y como promedio, 12 centavos por cada cubo de 25 litrí3S 
de puhpie (pie se saca del tinacal para su venta. Ya hemos 
apreciado en 2,000 barriles los (pío so introducen í\ 1;is 
})rincipHlos plazas; pero como también so vendo ol pul- 
que en las poblaciones cortas disomiiuidas en los Esta- 
dos piddiictores, es do suponer (jfio entro (vstas so con- 
sumen otros 500 hai-rilos y así asciendo la canlidad 
vendida diariamente a 2,500 barrib's, los (pie contienen 



BREVKS APUNTES SOBRE EL PULQUE 329 

25,000 cubos, que a $0.12 cada uno dan la cantidad de 
$3,000 al día o $1.095,000 al año. Todo esto queda a los 
tlachiqueros como producto de su trabajo. 

Si aceptamos lo que dice Segura en su libro "El Ma- 
guey," que hay en lo que llama Llanos de Apam 278 ha- 
ciendas V ranchos, habrá cuando menos el mismo número 
de Mayordomos de tinacal, con un sueldo en promedio de 
$30 al mes ganando todos $8,340 mensuales o $100,080 
al año. 

No es aventurado creer que de los 2,500 barriles ven- 
didos diariamente, la mitad o sean 1,250 son tran.sportados 
en carros de los tinacales a las Estaciones ferrocarrileras. 
Cargando cada carro unas seis barricas, se emplean 208 
carros y por tanto 208 carreros al día, con un sueldo en 
promedio de $0.75, por lo que ganan $156 o 23,725 al año. 
Ya en las plazas de con.sumo, se transportan de los ferro- 
carriles a los expendios los 2,000 barriles que entran, eii 
carros que cargan 4 barriles si son de dos ruedas o 6 ba- 
rriles si son de cuatro ruedas. Tomando el promedio o sean 
5 barriles por carro, se necesitan 400 carros y 400 carre- 
ros, (jue al mismo tipo anterior, ganan $300 o sean.... 
$109,500 anuales. 

Los encargados de las casillas de expendio, sólo en 
la ciudad de México, cuyo número puede llegar a 1,000, 
ganan por lo bajo como promedio $2.00 cada uno, o $2,000 
al día o $330,000 al año. 

Los propietarios de casas, al rentar sus accesorias píi- 
ra expendios, perciben en promedio $30 por accesoria, o 
sean 30,000 al mes o $360,000 al año. 

Por ser demasiado difícil, o tal vez imposible, apre- 
ciar los beneficios que deja el ramo de pulques a los to- 
neleros, carroceros, herradores, carpinteros, pintores, pele- 
teros, etc., tan sólo hacemos mención de ello para (pie se 
tenga en cuenta. 



330 t)K. SILVINO RIQUKLME 



Los dueños de haciendas pulcjiíeras venden la bebida 
por término medio a dos centavos el litro, o $0.50 el cubo, 
o $5.00 el barril; y como hemos visto antes ([ue se puede 
estimar en 2,500 barriles diarios de producción, por su 
venta se obtendrán $12,500. — Por pérdidas debidas a des- 
composición en los tinacales, por ventas a menor precio 
en épocas de abundancia y por otros variados motivos que 
uunce faltan, consideramos que se pueden deducir 500 ba- 
rriles, (luedando sólo útiles 2,000, equivalentes a $10,000. 
De éstos hay que restar el costo de su producción, forma- 
do por lo siguiente: $278 diarios, sueldo de Mayordomos; 
$3,000 diarios, por flachiqueros ; $156 por carreros ; en to- 
tal, $8,434, que restados de los $10,000 dejan sólo $6,56G. 
Esto representa la utilidad, y como son 500,000 los litros 
contenidos en los 2,000 barriles, la utilidad que deja un 
litro es de un centavo 312 milésimos. Si despreciamos la 
fracción, (jue debe destinarse a varios gastos de adminis- 
tración, pago de guarda-tandas, reparación de útiles y en- 
seres del tinacal, reparación de carros, herraje, muías, etc., 
nos ({uedará un centavo de utilidad por litro, o sean $5,000 
diarios, o $1.825,000 al año. Esta cantidad representa el 
interés de $100.000,000 en (pie fijamos el valor territorial 
de las haciendas pulqueras, o sea el 1.825 por ciento. Con- 
cedamos, no obstante, (jue llegue ese interés al 2 por cien- 
to, y tendremos entonces (pie los hacendados perciben 
anualmente, entre todos, $2.000,000. 

Todos los datos anteriores, (pie repetimos, no son in- 
falibles por no estar apoyados en estadísticas exactas y 
precisas (|U(' les conumiquen tal carácter, los conceptuamos 
aproximados, sin embargo, a la verdad di las cosas y la 
crítica puede modificarlos si los obtiene mejores y más 
com])robados. Mientras tanto, y sujetándonos a lo expues- 
to, i)odemos presentar el cuadro siguiente (pie resume la 
<lislribu(*ión de la ricjueza (pie proviene de la produccióii 
y comercio de la bebida nacional : 



BREVES APUNTES SOBRE EL PULQUE 331 



A los Estados, por impuestos locales. . . .$ 660,000 
Al Erario Federal, por introducción y tim- 
bre 1.548,406 

A los Ferrocarriles, por fletes 720,000 

Al Municipio de México, por patentes y 

agua 222,000 

A Mayordomos de tinacal, sueldos. . . . 100,080 

A tlachiqueros, por su trabajo 1.095,000 

A carreros 133,225 

A expendedores 730,000 

A propietarios de casas 360,000 

Placendados, por utilidad 2.000,000 



/ 



Total $ 7.568,711. 



La vista y el examen del cuadro anterior sugiere va- 
rias ideas y conduce a las siguientes conclusiones: 

1.^ Que la producción y comercio del pulque es un ra- 
mo de riqueza pública de grande importancia, por lo que 
su supresión envuelve un error económico de mucha gra- 
vedad y lesiona múltiples intereses. 

2.^ Que la producción y comercio del pulque procuran 
mayores beneficios al Gobierno Federal y de los Estados 
que al productor mismo. 

3.* Que por esto resulta y se comprende el inmenso 
gravamen que pesa sobre este ramo de riqueza y con el 
que se le tiene agobiado, como si fuera un nial su exis- 
tencia. 

4.^ Que a los hacendados pubiueros sólo les reporta 
una utilidad del 2 por ciento, demostrando por esto que es 
enteramente falsa la opinión pública que los considera co- 
mo unos potentados y poseedores de grandes fortunas. 

5.^ Que a los productores inmediatos de la bebida (tía- 
chiqueros y mayordomos), les toca y perciben un poco más 
que la mitad de lo percibido por los hacendados. 



332 DR. SILVINO KUJUKLME 



Miiclias más consideraciones se presentan al espíritu 
reflexivo ; háganlas los que buscan de corazón el progreso 
y desarrollo de la República, pues nosotros las omitimos 
para dar término a este estudio que, si es deficiente por 
los motivos antes expresados, ha sido no obstante laborio- 
so y hecho para poner de manifiesto los males de trascen- 
dencia ({ue provocan las disposiciones que se dictan sin 
un conocimiento verdadero y concienzudo de las cosas. 

Por ahora los males se han dejado sentir ya; en lo 
de adelante, si se persiste en lo decretado, se verá la des- 
aparición de esta riqueza y la ruina absoluta de muchos ca- 
pitales que la forman. ¿Se ha pensado en todo esto? 

Concluimos transcribiendo algunos .conceptos del emi- 
nente economista Malthus (pie expresa en el prefacio de 
una de sus obras: "De todos nuestros conocimientos, el 
más precioso es, sin contradicción, el que nos enseña lo que 
está en nuestro poder ejecutar, y cuáles son los medios de 
conseguirlo. Lo (pie importa más saber después de esto, es 
conocer lo que no es susceptible de^ ejecución y de dónde 
vienen los obstáculos (jue a ello se oponen. L*a primera nos 
pone en estado de obtener ventajas positivas, desarrollar 
nuestras facultades y aumentar nuestra dicha ; la segunda 
nos ahorra los desagrados (jue traen las tentativas infruc- 
tuosas, y las pérdidas y las desgracias (pie son la conse- 
cuencia de proyectos siempre decepcionantes. — Estas inves- 
tigaciones exigen más tiempo y atención de las (pie pue- 
den darle los hombres <pie rigen el Estado, a los cuales im- 
porta sin embargo profundizarlas bastante. Todo el ñauí- 
do, sin duda, toma parte en las me.didas del Gobierno ; pe- 
ro los (pie los lian aconsejado, o qiic han contribuido más 
a hacerlas adoptar, deben poner un interés mayor, cu con- 
sideración a la responsabilidad (|ue i)esa sobre ellos; y si 
les falta tiempo para entregarse i)()r sí misuios a semejan- 
tes investigaciones, no deben desdeñar aprovecharse, con 
la prudencia conveniente, de las luces que otros han podi- 



BREVES APUNTES SOBKE KL PULQUE 333 

do adiquirir. Los iiiiiiistros harían mal, sin duda, si toma- 
sen medidas decisivas, antes de creerse bien seguros del 
plan que se proponen seguir; pero se debe esperar de ellos 
que hagan uso de todas las luces que puedan alumbrar su 
marcha, y ayudarlos a alcanzar el fin que se proponen." 
Y más adelante dice: "Por otra parte, se puede afirmar 
atrevidamente que los deseos de hacer mucho es un indicio 
cierto de la ignorancia y de la temeridad de un gobierno. 
Los médicos más hábiles son los (pie prodigan menos me- 
dicamentos, y que ponen más confianza en los esfuerzos 
saludables de la naturaleza. Del mismo modo, el hombre 
de Estado que tiene más conocimientos, se mostrará siem- 
pre menos dispuesto a interrumpir la dirección natural de 
la industria y de los capitales." 

México, Abril de 1916. 



SOCIÉTÉ SCIENTIFIQUE "ANTONIO ÁLZATE". — MÉMOIRES, T. 39 335 



EL TAMBOR DE PIEDRA DEL MUSEO NACIONAL 

POR HERMANN BEYER, M. S. A. 



(Sesión del 5 de Noviembre de 1917) 

Los antiguos mexicanos poseyeron varias clases de 
tambores que podemos dividir en dos grupos bien distin- 
tos. Al primer grupo pertenecen los tambores de piel; al 
segundo los teponaztles, que son un género de címbalo- 
tambores. 

Los tambores de piel (huehuetl), eran fabricados de 
cuatro formas. La primera consistía en un alto cilindro 
de madera que era tocado por un músico en pie (fig. 2). 
Los de la segunda forma eran más chatos y de un cuerpo 
redondo: generalmente se les usaba seíitado (fig. 3 y 8). 
El otro era un tamborcillo que los hombres tocaban bajo 
de un brazo o metido entre las piernas (fig. 4). El último 
era simplemente una olla cubierta de piel. (fig. 5). 

No cabe duda que el primer y tercer subgrupo toma- 
ron su origen del tronco de un árbol hueco. Cortado éste 
y restirada no más sobre su lado superior una piel, era 
ya instalado el más sencillo tambor. El pequeño instrumen- 
to que forma nuestra tercera división no es más que una 
variedad chica del primiero. 

Pero para el segundo tipo, nos parece, se tiene que 
buscar otro origen. Como nos demuestran las figuras 6 v 
7 evidentemente se compuso de dos partes, el pedestal 
y el tambor propio. La configuración de éste nos indica 



336 iier:manx bever 



(jiie tomó su C'oniieiizo en una cosa redonda, globular. Era 
este tambor, en efecto, un paralelo de nuestro timbal. Su 
forma más primitiva no habrá sido otra cosa que una ca- 
labaza, urna u olla grande, cubierta de un pedazo de piel 
y puesto en un banquillo, bien que después se haya imi- 
tado esta forma también en madera. 

Este tambor, como los anteriores, o eran tocados solo 
o en combinación con otros instrumentos como teponaztles. 
flautas, bocinas, sonajas, etc. Generalmente se les usaba en 
los bailes de recreo y danzas religiosas (areitos, mitotes), 
pero el portátil era tocado también por el general en la 
batalla, animando con su sonido los guerreros al ataque, 
y los grandes sirvieron para dar la alarma. 

Como miisicos fungían cantores profesionales, sacerdo- 
tes y guerreros. Los códices pintan muchas veces persona- 
jes mitológicos tocando los instrumentos (figs. 4 y 8). 

Se tocaban los tambores grandes siempre con las ma- 
nos o los dedos (figs. 2, 3 y 8) ; sólo para el tamborcillo 
(jue se llevaba sobre las espaldas se usaba un bolillo. 

Mientras de los grandes tambores cilindricos existen 
todavía varios ejemplares perfectos, de los cuales nos pro- 
ponemos dar una descripción concienzuda en otro artículo, 
de los chatos curvados no se ha conservado ninguna mues- 
tra. Su estado más quebradizo, seguramente, es la causa 
principal de este hecho. 

Sin embargo, nos podemos formar una idea adecuada 
de su tamaño y construcción por las pinturas de los códi- 
ces y por una representación en piedra (jue conserva el Mu- 
seo Nacional en su Salón de Monolitos (fig. 1). 

En las figuras 6 y 7 reproducimos dos dibujos de tam- 
bores redondos de dos diferentes manuscritos pictóricos 
(|ue han llegado hasta nuestro tiempo, y en la figura 8 da- 
mos por comparación un atabal maya. Estos ejemplos y 
el de la figura 3 nos i)ermiten clasificar también la piedra 
figura 1 como una representación de un tambor, porque to- 



EL TAMBOR DE PIEDRA DEL MUSEO NACIONAL 337 

dos se asemejan tanto en su contorno general como en los 
diversos detalles. 

Nuestra piedra labrada está en su superficie de arri- 
ba lisa, porque ella representa la piel despelada sirviendo 
de parche. Pero sí en los lados se ven pequeñas prominen- 
cias y liuecos algo más grandes que son una estiliza- 
ción de la piel del jaguar; esa piel vemos, en efecto, 
claramente en los dibujos antiguos de las figuras 2, 3, 
5 y 6. La piel de la figura 1 está cortada de una ma- 
nera especial formando ondas. El modo de sujeción no 
está indicado, probablemente en su arípietipo estaba pe- 
gada o clavada la piel a la madera. 

El armazón del tambor de piedra estaba originalmen- 
te liso, los deterioros que muestra ahora ha sufrido por 
casualidad después. Está unido a su base por una faja ador- 
nada. En su parte superior tiene esta faja las conocidas 
grecas escalonadas que eran el ornamento principal de los 
antiguos mexicanos, llamado xicalcoliuhqui, "'voluta de 
jicara," por encontrarse especialmente como ornato de va- 
sijas y tazas. En su lado inferior tiene tallados flores 
y hojas. 

El pedestal se compone de cuatro pies que no son otra 
cosa (jue variaciones de la mencionada greca o meandro 
mexicano. 

La piedra, (jue es de un pórfido rojizo, tiene de alti;- 
ra 38 cm. y de diámetro 49 cm. Su estado de conservación 
es bastante bueno; los pe(|ueños desperfectos no impiden 
en nada el reconocimiento de los detalles porque esos s:^ 
repiten siempre varias veces. 

De las medidas se comprende (pe el tambor de piedra 
era una imitación exacta de los que estaban entonces en 
uso real. 

Acerca de su objeto podemos decir que probablemen- 
te servía en el templo de un dios de música que allí tam- 
bién era representado en piedra. Semejantes imitaciones 



338 IIERMANN BEYEK 



de instrumentos musicales — pero en barro y mucho más 
chicas — se han encontrado en las excavaciones de la anti- 
gua Calle de las Escalerillas, junto con el dios Xochipilli 
o Macuilxochitl, patrón del baile, de la música y del juego. 



Xov. 1917. 



* * 



Aquí termina mi artieulito. Pero quiero adjuntar la 
declaración que lo he escrito hace más que dos años y en- 
tregado a la Eedacción del "Cosnios Magazine." Cuando 
esta revista suspendió su publicación i)edí (jue me lo devol- 
vieran. Hago esta declaración porí^ue cuando escribí este 
trabajito el objeto del Museo tenía una errónea clasifica- 
ción y desde algim tiempo tiene la misma (lue acabo de dar. 
Xo sé (juién es el autor de la nueva clasificación, pero es- 
toy casi seguro (|ue ya se encuentra en el Catálogo del 
Museo Nacional de Ar(]ueología, hecho por el Dr. Seler, y 
iiK' aprovecho de la ocasión de recomendar la publicación 
de este catálogo que desde hace 8 o 9 años debe existir 
en el archivo del Museo. 



EL TAMBOR DE PIEDRA DEL MUSEO NACIONAL 



339 




Fig. 1. — ^Representación de un tambor de piedra 
(Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología, México) 



340 



HERMANN BEYEPv 



^<^ 




Fig. 2. — Músico tocando el tambor alto. 
Códice Mendocino 71. 




Fig. 3. — Músico tocando el tambor bajo. 
Códice Borbónico 4. 



EL TAMBOR DK PIEDRA DEL Mt^SEO XACIONAL 



341 




Fig. 4. — Dios lunar tocando tamboreillo. 
Códice Laúd 34. 



OOOOO 





Fig. 5 — Olla sirviendo de tambor. 
Códice Borgiano 39. 



Fig. 6. — Tambor. 
Códice Borgiano 24. 



342 



HERMANN BEVER 




Fig. 7. — Tambor. 
Manuscrit du Cacique 8. 




Fig. 8. — Dios maya tocando tambor. 
Códice Troano 35. 



MEMORIAS Y REVISTA 



DE LA 



SOCIEDAO CIENTIflCA "AIITONIO ÁLZATE' 

MÉXICO 



Le volume 06 (Puebla, su territoiño y sus habitantes) a été publié en deux 
parties (1917 ;7 48 pages). 

Volume o6th (Puebla, su territorio y sus habitantes) was published com- 
pleted in two parts (1917:748 pages). 

l^es volumes 35, 37, 38; números 1 a 6 du 'A9 et números 1 & 2 da 40 sont 

parus. 

Volumes '^5, 37, 38, numbers 1-6 of 39 and 1 vi' 2 of 40 ha ve already appea- 

red. 



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, MÉXICO, D. F. 

MÉXICO. 



Tomo 39. Núms. 7 y 8 



MEMORIAS Y REVISTA 

DE LA 

SOCIEDAD CIENTÍFÍCA 

''Antonio Álzate" 

publicadas bajo la dirección de 

RAFAEL AGUILAR Y SANTILLAN 

SECRETARIO GENERAL PERPETUO 

SOMIVI AIRE 

(Mémoires, feuilles 23 a 33). 

Experimentos de difusión en vasos porosos, por el Pi'of. A. L. Hen-era, i^ágs. 

343-347. (Expériences de diffusion dans les vases poreux) 
Biología general de los microbios qu*^ viven en el pap^l: su resistencia hl ca- 
lor y al tiempo. Nota de M. V. Galippe comentada por A. L. Herrera. 

págs. 349-356. (Jiiologie des microbes qui vivent dan-i le papicr. Note de M. 

Galippe commentée par A. L. Herrera). 
Biología general. La llamada teoría biológica del movimiento browniano por 

el Dr. F. Ocaranza, págs. 357-386. (Biolotjie fjénérale. La soit disante 

théorie hiolof/ique du mouvement hrownien). 
Acción que el ])ulque ejerce en los cuys, por Luis Gr. Cabrera, págs. 387-394. 

(Ohservatioits sur l'action da "pulque" sur les cohai/es). 
Riquezas naturales de México aprovechables por la Silvicultura, por el Dr. S. 

J. Bonansea, págs. 395-404. (Ilicheses naturelles da Mexique utilisables 

par !a Si/hicultilre). 
Una excursión al Popocatepetl, por el Prof. Elpidio López, págs. 40.')-413. 
Museología. Los museos y su doble función educativa e instructiva, por el 

Prof. J. Galindo y Villa, págs. 415-473. (Muséolo'jie. Les musées et leur 

dovhle foitction cdnratirc et i iistrurtive). 
Las nubes de polvo sobre la ciudad de México, por el Ing. E. Ordóñez y H 

Larios, págs. 475-479. (Les mtées de poussiére dans la ville de México). 
Los recursos de agua de la ciudad de Pachuca, Hgo., por el Ing. T. Paredes 

págs. 481-507. CZes ressources d'eaa de la ville de Padiuca). 
Notas entomológica)?, por el Ing. C. Patoni, págs. 509-518. (Notes entomolor/i- 

ques). 

MLXICO 

SOCIEDAD científica "ANTONIO ÁLZATE" 

JULIO Y AGOSTO DE 1921. 



MEMORIAS Y REVISTA 



DE LA 



SOCIEDAD científica "ANTONIO ÁLZATE" 

MEXIOO 



Le volume 36 (Puebla, su territorio y su3 habitantes) a été publié en deux 
parties (1917;748 pages). 

Volume 36th (Puebla, su territorio y sus habitantes) was published com- 
pleted in two parts (1917;74S pages). 

l^es volumes 35, 37, 38; números 1 ü 8 du ^9 et numero 1 du 40 sont parus. 

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JAN 2¿o lií-.í 



SOCIÉTÉ SCIENTIPIQUE "ANTONIO ÁLZATE'. — MÉMOIRES. T. 39 343 



EXPERIMENTOS DE DIFUSIÓN EN VASOS POROSOS 

POR A L. HERRERA. M. S. A. 



(Sesión del 2 de Diciembre de 1918) 

Después de uua gran serie de experimentos llegué a 
la conclusión de que las difusiones de sales disueltas deben 
hacerse con la mayor lentitud, para que, los precipitados 
o cristalizaciones presenten las analogías máximas con las 
celdillas naturales. Además, se necesita que la sal crista- 
loide (iue por doble descomposición produzca el precipita- 
do, esté íntimamente unida con un coloide, siendo la den- 
sidad de la solución la más alta posible, de 1500 a 1630, 
La otra solución también debería contener un coloide, pe- 
ro hasta hoy me he limitado a formarla con un cristaloide. 
Los mejores resultados se logran con una solución de sili- 
cato de potasa y carbonato de potasa y por otra parte una 
solución de cloruro de calcio que marque un grado Bau- 
mé. Estas soluciones deben difundirse con la mayor lenti- 
tud posible a través de las paredes de un vaso poroso de 
porcelana sin barnizar. Lo (pe me ha dado mejores resul- 
tados ha sido un crisol de 15 centímetros de alto y de 4 
de diámetro, de porcelana porosa. Se llena con la solución 
de silieo-carbonato de potasa, 60 ce. y se introduce en un 
vaso de precipitados que contenga 300 e.c. de la solución 
de cloruro de calcio, ^e tapa con una cubierta de vidrio y 

Meni. Soc. Alzute. — 14-,Julio-19-2l.— t. 39—:;! 



344 A. I, ÍIKRRKUA 



se deja eu reposo. Conviene agregar algunas gotas de so- 
lución alcohólica de fenoltaleina ([uo da una coloración 
roja tanto más viva cuanto mayor es la cantidad de álcali. 
Para llegar a resultados constantes es necesario determi- 
nar, por medio de la solución normal de ácido sulfúrico, la 
cantidad de potasa libre y combinada que contiene la so- 
lución de sil ico-carbonato, pues si pasa de cierto grado, 
si el carbonato y el silicato tienen mayor proporción de 
álcali (lue la normal, se forma un carbonato doble de cal 
y de potasa que es soluble y no da celdillas ni cristales y 
si esta suposición no es exacta, pues no he podido com- 
probarla en vista de que no se conoce la manera de ana- 
lizar esta sal doble en solución, habrá que explicar a i'nlta 
de cristales y celdillas por otra causa ([ue no conozco. Si no 
hay un exceso de álcali, pasadas 24 horas han salido de las 
paredes del vaso poroso numerosos tubos del grueso de un 
hilo de seda, sumamente ligeros cuando están secos y que 
tienen en la superfície numerosas celdillas microscópicas y 
algunas veces están fornmdos exclusivamente por ellas, 
siendo de ima delicadeza y transparencia admirables. Si 
hay un exceso de álcali o de ácido estos tubos se compv)- 
nen solamente de silicato de cal, y si las soluciones están 
muy diluidas no hay formación de tubos sino de grumos 
que caen al fondo del vaso. 

p]l mecanismo ([ue explica estas estructuras es el si- 
guiente: Las i)artículas cristalinas del carbonato de cal 
formado i)()r doble descomposición del carbonato de pota- 
sa y el cloruro de calcio no pueden orientarse y agruparse 
libremente para formar cristales perfectos, porcpie lo im- 
piden las membranas de silicato de cal (|ue se forman pri- 
meramente por ser más insolubles. Es una emulsión de 
carbonato de cal cristaloide en silicato de cal coloide, cu- 
yas membranas senii-permeables determinan los fenómenos 
osmóticos bien conocidos. Una infinita variedad de formas 
v estructuras resulta de la variable cantidad de silicato v 



EXPERIMENTOS DE DIFUSIÓN EN VASOS POROSOS 345 

de otras muchas condiciones. En el mismo tubo se encuen- 
tran algunas veces todos los pasos entre el cristal perfecta 
y la celdilla, presentando cruces de polarización más o me- 
nos vagas y (jue llegan a desaparecer cuando no existe la 
anisotropia. 

Indudablemente hay cambios osmóticos entre las dos 
soluciones, a través del vaso jDoroso, y el nivel sube poco 
a poco en el vaso interior, que contiene la solución más 
densa. De estos cambios osmóticos resulta una verdadera 
nutrición de las celdillas, que hasta hoy no se había conse- 
guido y consiste en que están recibiendo la solución de 
silico-carbonato que escurre dentro de los tubos, por la 
superficie interior de las celdillas y por la exterior estáii 
recibiendo nuevas cantidades de cloruro de calcio que con- 
tiene el vaso de precipitación. Así se explica su crecimien- 
to y las grandes dimensiones, hasta de cincuenta o cien 
mieras, que llegan a tener. Pero si se mezclan estas dos so- 
luciones, violentamente, en una copa, sólo aparecen esfe- 
rolitas mucho más pequeñas y que presentan cruces de po- 
larización muy intensas, porque se forman con una gota 
o centro de concentración que se envuelve de membranas 
y deja de crecer bien jDronto por que no se renueva ni au- 
menta su contenido. 

Esta observación me obliga a proponer la hipótesis de 
(pie los primeros organismos o protobios se formaron tam- 
bién por difusión a través de paredes porosas y que por 
adaptaciones y perfeccionamientos seculares llegaron a ad- 
quirir los medios necesarios para obtener esta doble co- 
rriente nutritiva, una interior y otra exterior, cuando deja- 
ron para siempre las paredes o placentas de las superficies 
porosas. En realidad las celdillas de plantas y animales 
pluri-celulares están disfrutando de esa doble corriente, 
pues reciben por un lado los elementos nutritivos de Iíi 
sangre o la savia y por el otro los que proceden de la*? 
reservas o depósitos interiores. 



346 A. L IIEKKERA 



Resultados. — Los tubos ([ue brotan del vaso poroso se 
parecen a los cilindros epiteliales que se encuentran en la 
orina de los albuminúrieos. Las celdillas de la capa pro- 
funda son más perfectas ({ue las acumuladas en la capa o 
capas superficiales y que se parecen más a los cristales por 
tener menor cantidad de silicato de cal. Evidentemente es- 
tas celdillas han pasado por una fase semi-líquida y al com- 
primirse han tomado formas poliédricas, como en el cuso 
de las celdillas naturales. Cada celdilla se compone de una 
membrana, un protoplasma que puede plasmolizarse y uno 
o varios núcleos. He llegado a observar notables figuras 
de asters y de earioquinesis. Casi siempre hay finísimas 
granulaciones y el aspecto es notablemente análogo al de 
las celdillas naturales, ofreciendo iguales propiedades se- 
lectivas de las materias colorantes. 

Es la primera vez que se logran elementos celulares, 
minerales tan perfectos y que se forman por sí mismos, 
sin intervención continua del experimentador, pues se 
abandonan los vasos y las soluciones y después de 24 horas 
se anotan los resultados, mientras que lá"s celdillas de Le- 
duc se producen muy artificialmente depositando gotas de 
soluciones por medio de un gotero, lo que no se pudo ha- 
ber producido en la naturaleza, 

CONSEía ACIÓN DE T.OS TUBOS Y CELDILLAS 

Se agita el vaso poroso o se frotan sus paredes con 
una paletilla para hacer caer los tubos, se lavan por de- 
cantación, se fijan con alcohol absoluto, se vuelven a lavar 
con mucha agua, se tifien con los colores y mordentes ha- 
bituales, se pasan al alcohol y al jilol y se montan en 
bálsamo de Canadá ([ue se ha endurecido perviamente ca- 
lentándolo en el porta-objeto hasta (pie se acaba de des- 
prender toda la esencia <iue contiene; se diquida calentán- 



F.XPERLMENTOS DE DIFUSIÓN EX VASOS POROSOS 347 

dolo y sobre él se depositan los tubos epiteliales y luego 
el cubre-objeto. Así se evita que las celdillas se modifiquen 
y tiendan a cristalizar si se incluyen en el bálsamo del 
Canadá líquido y se solidifican después de mucho tiempo. 
Pueden remitirse las preparaciones inmediatamente por 
correo; ya he enviado muchas a mis corresponsales. 

México, Diciembre 1.° de 1918. 



SOCIÉTÉ SCIENTIFIQUE "ANTONIO ÁLZATE" — MÉMOIRES, T. 39 349 



biología general de los microbios que viven 

en el papel; su resistencia al calor 

y al tiempo 

Nota de M. V. (íalippe, presentada por M. Ivés Delage. en la 
Academia de Ciencias de París, en 3 de noviembre de 1918. (1) 



Comentarios por A. L. Herrera, M. S. A. 

(Traducido por el Sr. Prof. D. Enrique Orozco). 



(Sesión del 5 de Enero de 1920) 

La presencia de mieroorganisinos en las diferentes es- 
pecies de papel en uso, no debe admirarnos; mas hay la 
creencia general de que por los diversos tratamientos su- 
fridos por la pasta de papel, aquéllos deben ser destruido:í. 
Hemos podido asegurarnos de lo contrario, en los exáme- 
nes (pie hemos practicado. Todos los papeles contienen en 
sus fibras elementos vivos y cultivables. Desde hace muchos 
años nos servimos en nuestras manipulaciones, de papel-filtro 
calentado a 120° durante media hora. El examen directo de 
papel-filtro esterilizado por dilaceración y coloración, permi- 
te ver que contiene en su trama, y particularmente en sus 
fibras un gran niimero de bacilos ovoides reunidos en ma- 
sas. Los (jue se encontraban aislados estaban dotados de 
movimiento. Muchas series de cultivos se practicaron con 
resultados positivos comparables. 



(1) C. R. Xo. 18 (3 Nov. 1919)— T. 169, pág. 814. 



350 A. K HERRERA 



Según nuestras observaciones, la presencia de los ele- 
mentos vivos en el papel de filtrar aun esterilizado, no 
ofrece grandes inconvenientes, al menos para los líquidos 
de filtración rápida ; mas_ no sucedería lo mismo para los 
líquidos orgánicos de filtración lenta. 

Nos hemos preguntado qué influencia ejercería el tiem- 
po en los elementos vivos contenidos en los papeles. Lle- 
vamos nuestras investigaciones a papeles fabricados en los 
siglos XVIII y XV. Nuestra técnica es la siguiente : frag- 
mentos de papel son j)uestos en contacto con agua desti- 
lada y frecuentemente agitada. Puestos en seguida a secar 
estos fragmentos y colocados durante muchas horas en 
agua esterilizada y sobersaturada con éter. Después de ha- 
ber sido de nuevo secados estos fragmentos, se siembra)i. 

El papel del siglo XVIII así tratado, fue examinado 
directamente después de la dilaceración y coloración. Se 
comprueba que las fibras que lo constituían, encerraban 
cierto número de bacilos ovoides. Las siembras dieron re- 
sultados positivos desde el día siguiente. 

El examen microscópico muestra la existencia de nu- 
merosos bastoncillos, bacilos y diplo-bacilos, así como mi- 
crozimas y formas mitocondriales. Papel proveniente de un 
libro impreso en 1496, fue tratado como queda dicho. El 
examen directo, después de la dilaceración y coloración, pu- 
so en evidencia gruesos micrococos, encerrando un micro- 
zima, bacilos ovoides y numerosos microzimas. Los micro- 
organismos libres en la preparación, estaban dotados de 
moviiniento; los ([ue colonizaban las fibras del papel, per- 
manecían inmóviles. Las siembras se mostraron positivas 
desde el día sigiuente. Adeuu'is de los bacilos ovoides y bas- 
toncillos, el cultivo contenía formas mitocondriales extre- 
madamente curiosas, recordando las (|ue hemos observado 
anteriormente en el tejido muscular y en la epidermis de 
los pétalos de ciertas flores. Muchos exámenes del mismo 



BIOLOGÍA GENERAL DE LOS MICROBIOS QUE VIVEN EN EL PAPEL 351 

papel, así como nueva siembra, diei-on resultados compa- 
rables. 

Todavía debemos señalar que en uno de nuestros cul- 
tivos hemos encontrado un bacilo morfológicamente idén- 
tico al de Nicolaier (B. del tétanos). 

Alentados por estos primeros resultados, nos hemos 
preguntado si papeles más antiguos aún, nos darían resul- 
tados comparables y gracias a la amabilidad de un eru- 
dito, nos procuramos fragmentos de manuscritos chinos. 
Ninguna fecha precisa se ha podido asignar a estos manus- 
critos ; pero nos ha sido afirmado que remontaban a una 
época muy anterior al descubrimiento de la imprenta. De 
estos dos ejemplares, uno (núm. 1), parecía más antiguo 
y más resistente que el segundo (núm. 2). Después de ha- 
ber sido tratados por el método indicado, estos fragmen- 
tos de papel fueron sometidos al examen directo. 

El número 1 encerraba en el interior de sus fibras nu- 
merosos bacilos ovoides; bastoncillos, micrococos, y diplo- 
cocos. Sembrados en gelatina, estos fragmentos dieron re- 
sultados positivos y el cultivo se mostró constituido por 
bastoncillos, gruesos bacilos ovoides y foriiMciones mito- 
condriales. Todos estos organismos estaban dotados de 
movimientos. Y dos días después de la siembra, se encon- 
traban en las fibras del papel, bacilos ovoides, y cadeni- 
llas de bastoncitos dotados de movimientos. 

La evolución de los microorganismos, no presenta na- 
da de particular. 

El examen directo del ejemplar número 2, permite ver 
en el interior de las fibras, bacilos ovoides, de un volu- 
men considerable. La siembra da resultados positivos. El 
cultivo contiene formas mitocondriales ya señaladas ; grue- 
sos bastoncillos así como gran número de bacilos ovoides 
y microzimas. Después de tres días de incubación, todos 
estos elementos se habían multiplicado y habían sufrido su 
evolución normal. Estaban dotados de movimientos. 



352 A. ]> liERRKKA 



Un sabio Egiptólogo, M. Venedite, tuvo a bien remi- 
tirnos un fragmento de papiro de la época Ptoloñíaiea, es 
decir, que se remontaba a doscientos años próximamente 
antes de nuestra era. Después de haber sido sometido al 
tratamiento dicho, fragmentos de este papirus fueron sem- 
brados en diferentes medios de cultivo. Uno de ellos fue 
sometido al examen directo después de la dilaceración y 
coloración. Se encuentran inalteradas grandes células epi- 
dérmicas ([ue premanecen unidas entre sí. Entre éstas, 
unas estaban vacías, otras encerraban microorganismos de 
formas diferentes. Se distinguían tanibién gruesos cuer- 
pos esféricos, bastoncillos dispuestos en cadenitas, bacilos 
ovoides, micrococos y diplococos. Después de tres horas de 
hidratación, estos microorganismos -intracelulares, inmóvi- 
les después de tantos siglos, se mostraron dotados de mo- 
vimiento. Después de 24 horas, la siembra da resultados 
positivos y se encuentra en los cultivos, en vía de multi- 
plicación y de evolución, formaciones mitocondriales, así 
como diversos microorganismos observados en el examen 
directo. 

En presencia de estos resultados inesperados, hemos 
procedido a nuevas investigaciones; pero modificando nues- 
tra técnica, es decir, haciendo macerar, en éter puro, 
fragmentos de papirus a fin de privarlos de materias re- 
sinosas (jue contenían y (|ue embarazaban nuestras obser- 
vaciones. Los resultados obtenidos no fueron modificados 
y el examen de un fragmento de papiro, dilacerado y colo- 
rido, nos permitió cneoníi-ar las mismas particularidades 
señaladas antes, con esta diferencia, (pie los microorga- 
nismos intracelulares, estaban dotados de movimientos. 
Las siembras han dado resultados en cierto modo super- 
ponibles a las primeras. A fin de completar este trabajo, 
gracias al concurso amistoso del señor Profesor Guignard, 
hemos podido estudiar lui ejemplar del Cyperus Papyrus 
desde el punto de vista anatómico y bacteriológico. El 



BIOLíXiÍA GENERAL DE hOS MICROBIOS QUE VIVEN KN EL, PAPEL 353 

examen directo de la epidermis de las vainas foliares y del 
tallo, nos ha permitido encontrar los mismos elementos 
anatómicos que los encontrados en el Papyrus ptolemai- 
que. Hemos observado en las células, en las fíbras y en 
nuestros cultivos, las formas mitocondriales señaladas arri- 
ba, así como Ijaeilos ovoides, bastoncillos y numerosos mi- 
crozimas, dotados de movimiento. 

Nuestras investigaciones aUiteriores habían estableci- 
do la resistencia de los organismos intracelulares a la ac- 
ción del calor y de diferentes antisépticos; éstas demues- 
tran que el tiempo no ejerce, además, acción sobre 
ellos. (1)". 

El trabajo anterior comprueba que pueden existir bac- 
terias tan resistentes que soporten las lejías a más de 130 
grados centígrados y aun el cloro empleado generalmen- 
te en la fabricación del papel, permaneciendo al estado de 
vida latente, por tiempo indefinido. 

El Dr. Galippe también encuentra los micrococos que 
he observado y cuya resistencia, a pesar de las críticas, 
<iueda así demostrada. 

Últimamente hice una observación que me parece de- 
cisiva, para admitir la idea de que los corpúsculos llama- 
dos brownianos, son en realidad seres vivientes. 

Se encierra una gotita de emulsión de resina disuelta 
en agua y precipitada por el alcohol, entre un porta y un 
cubre objeto, de manera que el líquido moje bien un frag- 
mento de tela de seda muy fina, entre cuyas mallas se mue- 
ven las granulaciones. Algunas quedan encerradas en muy 
pequeños espacios circunscritos por los hilos de seda, igua- 
les a su diámetro, y a pesar de que en estas condiciones 
deberían ser menos amplios sus movimientos, no disminu- 
yen en intensidad. Si la fuerza cinética les moviera, al dis- 
minuir la cantidad de agua y por lo mismo el número de 



(1) Este trabajo fue hecho en el Laboratorio del Sr. Profesor 
Y. Delage, con el concurso de Mme. G. Souffland. 



354 A. L. HEURKRA 



eho(jues moleculares, debería disminuir igualmente el mo- 
vimiento browniano. Perrin, su acérrimo defensor, compa- 
ra este movimiento al de un barco de vela que desde la 
playa a gran distancia, parece poseer una actividad pro- 
pia, pero en realidad sus movimientos se deben al oleaje. 

Ahora bien, el mismo barco se mueve mucho menos en ' 
una bahía tranquila, menos aún en un lago y menos en un 
charco. La fuerza cinética se relaciona estrechamente con 
la cantidad de energía cinética que posee cada molécula y 
disminuyendo el número de ellas, la energía total debe 
también disminuir, los brownianos deberían paralizarse ca- 
si completamente, pero sucede lo contrario; cuando se con- 
centra una solución y aumenta la viscosidad y el número 
de dichas moléculas todo movimiento browniano cesa com- 
pletamente. 

Tal vez en este caso y en mi observación con la seda 
se podría objetar que la atracción capilar aumenta al au- 
mentar la viscosidad y de una manera mecánica se opone 
a los movimientos y que al disminuir el volumen de líqui- 
do quedan aún suficientes moléculas para comunicar su 
movimiento a las granulaciones, pero sin discutir estas mi- 
nuciosidades del resorte de la física y la mecánica, que co- 
nozco muy poco, diré (pie, el experimento con la seda me 
proporcionó otra prueba biológica muy importante : las jjra- 
nulaciones, atentamente observadas con un aumento sufi- 
ciente, muestran, con la mayor clai-idad, una gran tenden- 
cia a escaparse de los hilos que las detienen, los siguen ya 
en un lado ya en otro, exactamente como los infusorios 
aprisionados entre fibras de algodón. Si encuentran un po- 
ro, una grieta, se insinúan por ella, siempre ensayando, por 
el procedimiento (pie los autores americanos han estudia- 
do y designan como un sistema de experiencias en las ami- 
bas y otros organismos y (|uc es la base* de la manera de 
conducirse o behavior, una especie de conciencia general 
V rudimental basada en los resultados de la experiencia. 



BIOLOGÍA GENERAL DE LOS MICROBIOS QCE VIVEX EX EL PAPEL OOO 

Por muy buena voluntad (¡ue se tenga para aceptar la 
teoría cinética es imposible, al hacer esta observación, que 
no ocurra la teoría biológica, sobre todo si se observan a 
la vez infusorios aprisionados de un modo semejante. El 
mejor físico, el más convencido partidario de la explica- 
ción molecular del movimiento browniano, se vería muy 
apurado para explicar la sencilla observación a que rae re- 
fiero, pues ninguna fórmula, ningún principio de mecánica 
puede explicar los movimientos intencionados de una bac- 
teria que pugna por escaparse de una red de hilos sedosos, 
hasta conseguirlo. Nadie sostendría la absurda explicacióii 
cinética para interpretar actitudes y movimientos semejan- 
tes de un ratoncillo encerrado en una jaula de alambrado, 
— suponiendo (¡ue las moléculas de aire le empujaban de 
un lado a otro, hasta que se escapaba por un punto débil. 

Los presidiarios, si conocieran las extravagantes teo- 
rías de Mr. Perrin, soñarían en cho(|ues moleculares invi- 
sibles que les hicieran salir de las penitenciarías, sin mo- 
lestia alguna. 

Confiemos, por últiim), en que el tiempo acabará de 
esclarecer el asunto. 

También debo mencionar el liecho importante de que 
los autores citados en uno de los últimos números del'"Wis- 
tar Institute of Anatomy, " han contado el número de gra- 
nulaciones que se encuentran en las celdillas y concuerdan 
con las cifras casi fabulosas (\ue existen en las emulsiones 
de resina y en general, en los coloides. Estas granulacio- 
nes brownianas pasan del agua a los organismos, se acu- 
mulan en el protoplasma, por millones, y se les encuentra 
después en las substancias (jue éste produce, resinas, látex, 
fovila, etc., llegando hasta el papel y durmiendo el sueño 
eterno en los papiros egipcios estudiados por el Doctor Ga- 
lippe. 

Y si no parecieren suficientes las anteriores pruebas 
biológicas, hay otra, muy concluyente, y es, que la tinta de 



356 A. I, IIERREIÍA 



china, en la cual se observa con gran intensidad el movi- 
miento browniano, las plantas metálicas de Traube y los 
copos gelatinosos de los coloides en el estado de hidroge- 
les, son sensibles a la luz, presentan un fototropismo posi- 
tivo o negativo, señalado por Leduc, Quincke y otros y (pie 
demuestran claramente la presencia de seres vivientes. 

En resumen, multitud de observaciones, hoy compro- 
badas por el l)r. Galippe, demuestran (lue ciertas bacte- 
rias, llamadas impropiamente granulaciones, son seres vi- 
vientes capaces de resistir de una manera asombrosa a los 
agentes físicos y (juímicos y cuya vitalidad se conserva des- 
pués de 2,000 años, en el papiro. 

México. Enero 5 de 1920. 



SOCIÉTÉ SCIEXTIFIC¿UE '-AXTOXIO ÁLZATE".— MÉMOI RES T. 39 357 



biología general 

la llamada teoría biológica del movimien- 
to browniano, 

POR EL DR. FERNANDO OCARANZA. M. S, A. 



(Sesión del l'.> de Marzo de 1920) 

Impulsado por el interés (jue tengo de conocer cuan- 
tos estudios biológicos pueda y por el muy especial que 
me causan los trabajos nacionales, solicité del señor Secre- 
tario Perpetuo de nuestra meritísima Sociedad que pusiera 
en mis manos la nota (jue presentó recientemente el señor 
í)rofesor Alfonso L. Herrera sobre los microbios que viven 
en el papel y su resistencia al calor y al tiempo, escrita por 
el Dr. Galippe y llevada a la Academia de Ciencias de Pa- 
rís el 8 de noviembre del año próximo pasado, por el señor 
Ivés Delage, nota rápidamente comentada por el señor He- 
rrera, o más bien, aprovechada para agregar un nuevo me- 
dio defensivo a lo que llama la "teoría biológica" del mo- 
vimiento browniano. 

Después de haberme enterado cuidadosamente de una 
y otra cosa y en vista de (lue no estov de acuerdo muv 
principalmente con los comentarios del señor Herrera, creo 
(jue no cumpliría fielmente con mis deberes de socio de la 
■'Antonio Álzate," y de profesor de biología de la Facul- 
tad de Medicina si no publicara las observaciones que han 
debido sugerirme. Lahiento agregar esta ocasión más a la 



358 DK. FERNANDO OCARANZA 



crítica que con otros motivos he debido hacer a los estu- 
dios del biólogo mexicano ; mas como hacia el terreno (jue 
cultiva van mis preferencias, en él he jjodido encontrar ta- 
les o cuales ideas con las ({ue no estoy de acuerdo y por eso 
es (jue he debido discutirlas. Cánsame, sin embargo, algún 
malestar (jue un simple diletante por los estudios biológi- 
cos se vea obligado a criticar a (piien lleva reputación de 
sabio ; pero como escribe para el público y éste tiene de- 
recho a discutir sus ideas y a no acatarlas como dogmas, 
me acojo a ese mismo derecho y de ahí mi atrevimiento. 
El mismo derecho ya me .obligó en otra ocasión a discu- 
tir lina obra (pie tenía por principal argumento para que 
se le considerase como un estudio definitivo haber sido co- 
ronada por una institución americana respetable y muy 
prestigiada. 

El señor Galippe dice y con justicia, que la presenem 
de microbios en el papel no debe admirarnos. Claro que no. 
ya que toda clase de papeles está constantemente expues- 
ta a todo género de contaminaciones y mientras más burda 
sea su fabricación y más anfractuosa su estructura, más 
motivos tendremos para comprender cómo puede abrigar 
indefinidamente tales o cuales gérmenes. Que desde el mo- 
mento de su fabricación pueda conservarlos, tampoco debe 
sorprendernos puesto <[i\e la materia prima no es ni con 
mucho estéril y el agua y los Hípiidos empleados para las 
diversas manipulaciones así como los utensilios y maíjuina- 
ria de los talleres o fábricas tampoco lo están. 

La resistencia a la temperatura y a los agentes (piími- 
cos en el momento de la fabricación no es una novedad, 
poríjue de muchos años atrás ya sabemos (pu' el límite tér- 
mico de la vida hasta hoy conocido, es de 200' inferior ;.l 
de las manipulaciones i)ara Iíi fabricación del ]);ii)el; que 
liay organismos unicelulares (¡uc resisten al alcohol, el éter, 
la bencina, el cldioroniio, los ácidos diluidos y los álcalis, 
y que precisamente las formas esporuladas llamadas tam- 



LA LLAMADA TEORÍA BIOLÓGICA DEL MOVIMIENTO BROWNIANO 35[) 

bien de resistencia son las muy particularmente adaptadas 
para esas condiciones extremas de la vida. Mas nada nos 
autoriza para creer como indiscutible que haya organismos 
que soporten la temperatura del arco eléctrico o la acción 
desorganizante del ácido sulfúrico químicamente puro o por 
lo menos concentrado. 

La resistencia de las bacterias al tiempo, es cosa de an- 
taño sabida, ya desde 1894 eran bien conocidos los magní- 
ficos estudios de Giard sobre la vida latente y en particu- 
lar por la que depende de la privación de agua, que el mis- 
mo biólogo distinguió con el nombre de anhidrobiosis ; os 
cosa bien sabida que en lo más profundo de los herméticos 
sepulcros romanos se han encontrado bacterias que, lleva- 
das a un medio propicio, han podido desarrollar y multipli- 
carse. Este mismo conocimiento fue aprovechado por Arrhe- 
nius para contestar alguna de las objeciones oue se hicie- 
ron a su teoría sobre el origen de la vida. Lo único que 
niegan los egiptólogos serios y entre ellos Mariette, es que 
las semillas que han permanecido durante siglos en las tum- 
bas faraónicas, sean susceptibles de germinar. 

Hasta aquí me he colocado en el supuesto de que las 
bacterias hayan sido extracelulares; mas en el supuesto de 
que fueran intracelulares, en el caso del papirus por ejem- 
plo, no habría motivo para suponer que por semejante con- 
dición no pupdieran resistir al factor tiempo. 

El señor Galippe indica el proceder que puso en jue- 
go para sorprender y cultivar a los microbios del papel y 
manifiesta cierta admiración de que tan luego como se en- 
contraran libres pudieran moverse, después de tanto tiem- 
po de inmovilidad ; pero el mismo señor hace notar que los 
bacilos que colonizaban las fibras permanecían inmóviles. 
Sería difícil la explicación biológica de esos dos hechos ; mas 
el conocijniento de las fuerzas interatómicas, nos explica fá- 

Meni. Soc. Álzate. — l.l-Jiilio-1921.—t. 30—24 



3G0 DK. FKRNANDO OCARANZA 



Gilmente lo uno y lo otro como después tendré buen cui- 
dado de exponer. 

Sobre lo (jue el señor Galippe llama formas mitocon- 
driales me privo de decir una palabra, la denominación es 
vaga, pues si es muy cierto (lue emplea también el vocablo 
mitocondria me parece que los términos no están usados con 
toda firmeza y lo dicho por el biólogo francés tiene más 
bien el aspecto de una interpretación, que el de un relato 
sobre un hecho o hechos bien observados. De todos modos, 
la nota del señor Galippe es nuiy interesante y no por otra 
cosa, sino porque agrega un documento más para la histo- 
ria de la vida latente o de la indiferencia (luímiea de los 
seres vivientes, como diría Le Dantec. 

Pasemos ahora a los comentarios del señor Herrera 
quien los encabeza con la afirmación muy prematura de que 
el señor Galippe ha encontrado los micrococus (jue el mismo 
señor Herrera ha observado y cuya resistencia, a pesar de 
las críticas, queda así demostrada. En verdad, (jue no tan 
sólo el señor Herrera, sino muchos investigadores más, han 
observado en la materia viviente y en su medio externo pe- 
queños cuerpecillos del tamaño y forma de un micrococo, 
animados de movimiento browniano ; mas no todos han he- 
cho de su observación una interpretación semejante a la del 
mismo Sr. Herrera, ni le han llamado como él "Microco- 
cus brownianos," ni piensan que su papel biológico sea el 
que les atribuye y que procuraré extraer de sus escritos y 
de los de las personas que lo han hecho seguram.'iir.e por 
su inspiración, así como de conferencias, declaraciones y 
conversaciones no reservadas, sino de carácter público que 
he tenido la oportunidad de oír en la importante institución 
que dirige el señor profesor. La tarea es (piizá un tanto di- 
fícil, ¡loríjue la importante obra del señor Herrera es frag- 
mentaria, no se encuentran en ella tesis amplias, detalladas 
y precisas ; sino rápidos relatos de experiencias, afirmacio- 
nes o interpretaciones un tanto vagas que si tendrían la ven- 



LA LLAMADA TEORÍA BIOLÓGICA DEL MOVIMIENTO BROWXIANO 361 

taja de una fácil defensa en uno u otro sentido, llegado 
el caso tienen el inconveniente de no permitir una compren- 
sión clara y precisa del asunto que se expone o se discute. 

En cuanto a que el señor Galippe haya demostrado la 
resistencia de los microbios hasta el grado que la supone 
el señor Herrera, no me parece que sea enteramente exac- 
to. El señor Galippe, tan sólo agrega un documento sobi o la 
resistencia de las bacterias; pero siempre dentro de los lí- 
mites ya aceptados: en el tiempo veinte siglos, agentes quí- 
micos determinados y temperaturas inferiores a 200, mas 
lio demuestra la resistencia al arco eléctrico y al ácido s d- 
fúrieo químicamente puro o por lo menos concentrado, (=.o- 
mo se ha dado en afirmar. 

Concretaré el asunto al microbio universal que el se- 
ñor Herrera dice haber estudiado y al que, según cuentan 
sus corifeos, llamó desde el año de 1912 Micrococus brow- 
nianus. .¿Qué es el Micrococus brownianus? 

Si se arroja tal cantidad de creolina en agua conte- 
nida en una copa o vaso de laboratorio y después se agi- 
tan los dos lííjuidos hasta que se mezclen íntimamente o 
el segundo se disuelva en el primero, se obtiene un líquido 
blanco, que no vacilaremos en llamar emulsión estable y 
(pie presenta todos los caracteres de una sendo solución co- 
loidal : fenómeno de Tyndall, no sube el punto de ebulli- 
ción y de evaporación ni baja el de congelación del nuevo 
líquido, depositada una gota sobre un cubre-objetos y vis- 
ta al microscopio se descubren numerosas granulaciones 
que se agitan constantemente. Estas granulaciones son 
Micrococus brownianos, según el profesor Herrera. 

Se prepara tintura de brea, disolviendo un gramo de 
brea en 10 cents, cúbs. de alcohol. Lista la tintura se vier- 
te gota a gota en determinada cantidad de agua contenida 
en una copa o vaso de laboratorio, agitándola constante- 
mente se forma un líquido opalino primero, blanco lecho- 
so después, según vaj^a an aumento la cantidad de tintura 



362 DR. FERNANDO OCARANZA 



vertida. El lí(|UÍdo toma el asi)ecto d<> una seiido-solucióxi 
coloidal ; estabilidad, fenómeno de Tyndall no suben el 
punto de ebullición y de evaporación, ni baja el de con- 
gelación en el nuevo líquido, depositada una gota sobre un 
porta-objeto y llevada a la platina del microscopio, se ob- 
servan pequeñísimas granulaciones suspendidas en el agua 
y constantemente agitadas. Tales granulaciones son Mi- 
cricocus brownianos, según el señor Herrera. 

En el caldo estéril para cultivos hecho según la té';- 
nica m,icrobiológica, nos es dable observar cuerpecitos re- 
dondos de 1 a 3 mieras de diámetro, animados de movi- 
miento browniano. Son micrococus, según el señor Herrera. 

Tomemos varios efímeros, y con todo cuidado, lenta- 
mente hagamos presión sobre sus débiles cuerpos entre ^:l 
pulgar y el índice de nuestras manos llevadas dentro de 
un pequeño vaso que contenga líquido de Ringer. Filtre- 
mos y observemos al microscopio. Relativamente abundan- 
te descubriremos cuerpecillos esféricos, agitados por un 
movimiento continuo de vaivén irregular. Son Micrococus 
brownianos, según el señor profesor Herrera. 

En el protoplasma de los leucocitos de la serie granu- 
losa, existen cuerpecillos redondos de tamaño variable den- 
tro de su pequenez y de afinidades diversas por los colo- 
rantes según la especie a que pertenezean; entre los ele- 
mentos figurados de la sangre hay una cuarta categoría 
que los autores modernos se han complacido en llamar he- 
moconías; unos ennebrecen con el ácido ósmico y otros 
no, éstos en cambio, tíñense con los reactivos panerómicos, 
unos en azul, en rosa los otros. Granulaciones leucocitarias 
y hemoconías son probablemente ^íicrococus broAvnianos 
siguiendo el criterio generalizador del señor Herrera. 

Las células nerviosas contienen granitos (jue abundan 
más o menos, según la edad del animal y según la hora. 
Los histólogos les llaman granitos de Niesl; el señor He- 
rrera cree posible que sean Micrococus broAvnianos. 



LA LLAMABA TEORÍA BIOLÓGICA DEL MOVIMIEXTO BRO^VKIANO 363 

En las células secretantes en los elementos germinati- 
vos, en las células precursoras de la fibra muscular estria- 
da, descúbrense cuerpecitos de tamaño y forma variables, 
redondos, ovoides, elípticos, cilindricos, embronoides, de 
formas que recuerdan la del espermatozoide, en cadenas a 
manera de los estreptocoeus, etc. A todos esos diversos or- 
gauitos celulares se les llama mitocondrias con las varie- 
dades de condriomitos, condriocontos, etc. Portier les lla- 
ma simbiotas y los clasifica entre los microbios, y el señor 
Herrera los comprende en su ya inmenso grupo de Mi- 
crococus brownianos. 

Las maceraciones de paja son medios de primer orden 
para estudios biológicos, en ellas podemos seguir paso a 
paso las diversas manifestaciones de la vida en los orga- 
nismos unicelulares desde las bacterias, las monas y las es- 
pirilas, hasta las vorticelas, los dileptus y arfileptus, pa- 
sando* por las astasias, las násulas, los paramecianos, las 
amibas, etc., etc. 

En el protoplasma de gran número de ellos, descubri- 
remos granitos redondos agitados por el movimiento brow- 
niano. En el medio externo mismo de todos los protozoa- 
rios que ennumeré, descubriremos asimismo pasados mu- 
chos días de observación diaria, a partir del momento en 
(|ue hicimos la maceración, descubriremos, repito, inmensa 
cantidad de granulaciones redondas agitadas más intensa- 
mente por el mismo movimiento browniano. Son micro- 
coeus brownianos nos dice el señor Herrera, tanto los 
endocelulares como los que se agitan en el medio ex- 
terno. 

En el importantísimo libro de Perrín, "Los átomos,'' 
se cuenta que en algunas muestras de cuarzo, existen ca- 
vidades herméticamente cerradas que contienen por siglos 
agua, que examinada al microscopio aparece como el me- 
dio en donde muévense constantemente cuerpecitos redon- 



S64 DR. KKRNANDO OCARANZA 



dos. "¡Son Micrococus browuianos, " apostilla ol señor 
Herrera. 

Es muy posible (pie pudiera seguir ini enumeración; 
pero no he querido mencionar sino que puedo entresacar 
de escritos, conferencias y declaraciones. Es decir, de lo 
que se ha publicado, pertenece al público y sin cometer 
indiscreción, puede analizarse y tiénese derecho para cri- 
ticar. Veamos ahora a qué pueden reducirse de un modo 
incontestable algunos Micrococus brownianos y qué inter- 
pretación puede darse de los demás. 

La creolina y el agua enteramente puras vistas de mi- 
croscopio no tienen corpúsculos con movimiento brownia- 
no. Si se mezclan y se agitan se forma una emulsión es- 
table o si se quiere una sendo- solución i^or la gran frag- 
mentación y estabilidad de la creolina dentro del agua. 
Vista una gota al microscopio se observan cuerpecillos do- 
tados de movimiento browniano. Agregúese al la gq.ta un 
disolvente de la creolina y desaparecen las granulaciones. 
Agregúese algún reactivo de la creolina y cada granula- 
ción dará una reacción micro(juímica de la creolina. Las 
granulaciones son de creolina y no hay en tal caso mi- 
crococus. 

A una gota emulsión o una seudo-solución de brea pre- 
parada como ya indi({ué y mientras se le observa al mi- 
croscopio, agregúese una gota, dos' o las que sean nece- 
sarias de alcohol absoluto, desaparecen las granulacioneíí, 
mézclese nuevamente con agua, reaparecen las granulacio- 
nes. Son inies fragmentillos de resina (pie precipitan o yo 
disuelven alternativamente según se agregue alcohol o agua 
a la primera gota. 

Dejemos secar la gota y observemos: hay granulacio- 
nes inmóviles; depositemos una gota de agua sobre el mis- 
mo sitio: las granulaciones siguen innuSviles .¿Por qué? 
Son gotitas microscópicas de brea que se adhieren al por- 
ta-objetos y pierden definitivamente su movilidad a menos 



LA ¿LAMADA TEllRÍA BIOLÓGICA DEL MOVIMIBNTO BROAVNIANO 365 

([lie, dejemos secar de nuevo, agreguemos una gota de al- 
cohol para disolverlas y mezclemos nuevamente con agua 
para emulsionar: reaparecen las granulaciones y vuelven a 
agitarse con movimiento browniano. En el caso de la emul- 
sión de brea como en los casos de emulsiones de goma 
guta, almáziga, resina de palo amarillo, etc., los cuerpee! - 
líos en movimiento son gotas de resinas, coloides de resi- 
nas ; pero nunca Microcoeus. 

Podría decirse, forzando la llamada teoría biológica 
del movimiento browniano, que efectivamente en tales lí- 
({uidos hay substancias en estado coloidal, más aparte de 
ellas microcoeus (¡ue las "llevan a cuestas," y las mueven; 
pero al agregar alcohol todo desaparece, no queda algún 
cuerpecillo, ni siíjuiera observando con el alumbrado de 
ultra-microscopio ; al emulsionar nuevamente aparecen una 
vez más las granulaciones redondas con incesante y muy 
interesante baile. Juiciosamente, nadie i)odría pensar (|ue 
los microcoeus son destruidos y creados alternativamente, 
que mueren y renacen, que desaparecen y vuelven anie 
nosotros por súbita generación espontánea. 

En el caldo estéril, si acaso se ve tina que otra granu- 
lación f|ue si fueran seres vivientes, dadas la resistencia 
y abundancia natural de los Microcoeus brownianos, au- 
mentarían día a día, ya (jue el medio es uno de los más 
propicios para cultivo; pero nada sucede, pasan los días, 
pasan las semanas, pasan los meses y el caldo estéril en- 
T^errado en ampolletas presenta siempre el mismo aspec- 
to : una que otra granulación. Deben ser, ya sea materias 
extractivas, ya albuminoides de la carne en estado coloi- 
dal, naturalmente, unos y otros y por necesidad los se- 
gundos. 

Las hemoconias se conocen desde Juan Müller, quien 
las llamó granulaciones elementales, este nombre fue acep- 
tado por Hayem; en los últimos años, las reacciones mi- 
eroquímicas nos han dado mayores seguridades sobre sa 



366 DK. B'ERNANDO OCARANZA 



naturaleza. Dije en otro lugar (|rie unas se enuegreeeii con 
el ácido ósmieo y otras iio ; las liltiiuas, toinau ya sea los 
colores nucleares o bien los protoplásmicos, por lo que con 
grandes motivos se les ha tomado por fragmentos de nú- 
cleo o fragmentos de hematías. Las hemoconias grasicntas 
abundan particularmente después de las comidas, cuando 
está en regla la función del hígado y por tal razón se uti- 
liza .su investigación para juzgar sobre la suficiencia o in- 
suficiencia de la glándula hepática. Por las razones ante- 
riores considero peligroso tomar por Micrococus brownia- 
nos a las hemoconias. 

En la gran clase de las mitocondrias colocaré a las 
granulacioiies protoplásmicas de los protozoarios y a los 
cuerpecillos multiformes (jue se encuentran en las células 
glandulares y en las germinativas, principalmiente, por más 
<|ue según Portier existen en todas las células, sin excep- 
ción. En 1858, Trécul observó en gran número de células 
vegetales elementos muy pequeños a los cuales llamó ve- 
sículas; pero no tuvo ni la menor idea de la función que 
l)udieran desempeñar. En 1888, W. Schimper renueva in- 
vestigaciones en el propio sentido y comprende que los bio- 
plastos o leucocitos desempeñan un papel interesante en 
los fenómenos del metabolismo celular. Más tarde Altmanu 
encuentra los mismos cuerpecillos en el protoplasma ani- 
mal, les da el nombre de bioblastos y los considera como 
microorganismos. La crítica francesa ya dijo a este propó- 
sito (|ue Altmann cometió dos errores, el primero, haber 
tomado por microbios a las mitocondrias y el segundo, ha- 
bei'se vuelto loco. 

El señor Rafael Dubois, llamó más tarde vacuolides a 
los bioblastos de Altmann, pero el nombre de mitocondrias 
que por fin hizo fortuna lo encontramos hasta Renda, en 
1897, quien con una técnica precisa pudo ponerlas en com- 
pleta evidencia. Después de tal fecha vienen numerosos tra- 
bajos de perfeccionamiento, dí'talle e interpretación debi- 



LA LLAMADA TEORÍA BIOLÓGICA DEL MOVIMIENTO BKOWXIANO 367 . 

dos muy especialmente a Regaucl, Guilliermond, Laguesse, 
Meves, Hemiegiiy, Fauré-Fremiet, Lewis, Mayer, Shaeffer, 
Oehoterena, etc., etc. 

Ante todo debo asegurar (jue las mitocondrias no son 
productos artificiales nacidos por la acción de los diversos 
reactivos histológicos, su existencia es real, ya que pueden 
observarse en el protoplasma vivo de los protozoarios; pe- 
ro en el protoplasma muerto son muy difíciles de conser- 
var y esto se logra tan sólo empleando procederes especia- 
les y muy complicados para la fijeza .y teñido. 

Cuando se pretende observar las mitocondrias al ul- 
tra-microscopio no se destacan como puntos brillantes pa- 
recidos a las estrellas que cintilan en una noche otoñal tal 
como sucede con los granitos coloides, sean metales, resi- 
nas o albúminas o con las hemoconias mismas, sino según 
Fauré-Freiniet, su luminosidad, se destaca apenas como 
manclias nebulosas sobre el fondo sombrío del protoplasma. 

Las mitocondrias son cuerpecillos líquidos o por lo me- 
nos de muy blanda consistencia limitados por el protoplas- 
ma embiente; según los observadores su constitución en un 
fondo albuminoide unido para unos a un ácido graso y 
para otros a un lipoide, se disuelven fácilmente en el al- 
cohol, el éter, el xilol, la bencina, en general en todos los 
disolventes de las grasas. Se alteran fácilmente cuando se 
varía la concentración del medio^ o cuando éste es ligera- 
mente ácido o perceptiblemente alcalino, se destruyen por 
la compresión o con la asfixia. En una palabra, tienen una 
delicadeza tan extraordinaria que tan sólo con medios es- 
peciales y complicados es posible conservarlas. Las mito- 
condrias tienen, pues, el carácter de organitos celulares y 
no de microbios ; del enigmático micrococus browniano, se 
alejarían extraordinariamente, ya que los caracteres atri- 
buidos a éste son, la forma, la resistencia y la propiedad 
de moverse incesantemente ya con ritmo trepidatorio o ya 
con ritmo de vaivén. Las mitocondrias, no tienen siempre 



. 368 1)R. FERNANDO OCAKANZA 

la forma inieroeocus, sino (]ue son esencialmente polimórñ- 
cas ; las mitocondrias tienen una exigua resistencia y se 
cuenta que el micrococus brownianos es capaz de resistir, 
hasta la temperatura del arco eléctrico, el ácido ósmico y 
el ácido sulfúrico ; las mitocondrias presentan movimiento 
browniano tan sólo cuando tienen dimensiones muy peipie- 
ñas, es decir, las compatibles con la aparición del fenóme- 
no, las demás son completamente inmóviles. Con respecto 
al papel biológico ([ue se atribuye a las micondrias diré: 
"que para Benda desempeñarían un papel motor; para INIe- 
ves serían el depósito de los caracteres hereditarios ; Bünts- 
ehli las considera como una cromatina eitoplásmica ; esta 
misma es la opinión de Prenant y do Champy; Dengeard 
establece una relación entre las micondrias y el sistema 
vacuolar de la célula ; Fauré-Fremiet, Mayer y Schaf er 
piensan (pie en ellas tienen sitio las oxidaciones;" Ochote- 
rena ha estudiado en muchos casos la relación cpie existe 
entre las mitocondrias y las secreciones y Portier las in- 
cluye dentro del gran grupo de los siuibiotas o sean orga- 
nismos de dimensiones bacterianas (pie viven dentro de la 
célula, subordinados a ella y utilizados para actos diver- 
sos de la vida: secreciones, fenómenos del metabolismo, de 
la reproducción de la herencia y hasta en las mismas des- 
viaciones patológicas. 

* * * 

En ocasiones muy diversas se ha repetido ((ue c!e^de 
el año de 1912, fueron descubiertas en México graimlacio- 
nes "de gran importancia biológica" a las (pie se ha lla- 
mado micrococus brownianos. A'eamos si el descubrimien- 
to es tal y si suponiéndolo cierto tendría la gran impor- 
tancia (lue se cuenta. El supuesto de (pie los granillos iu- 
tracelulares sean microbios se cucucnlra cu una obra de 
Altmann (1886) citada en todas las l>il)liografías (jue con 



LA LLAMADA TEOKÍA BIOLÓGICA DEL MOVIMIENTO BROWNIANO 369 

el asunto tengan relación, si nos esforzamos un poco re- 
montaremos la interpretación hasta Bechamp (Les micro- 
zymas — 1883), y quizá a Spallanzani. El nombre microco- 
cus que indica una forma determinada, se aplica por el de- 
fensor de la teoría biológica del movimiento browniano a 
elementos biológicos o físicos, intra o extra celulares, que 
tienen las formas más disemejantes. Ya he demostrado que 
muchos de los llamados micrococus no son microbios; sino 
simples granos coloides, (jue otros son fragmentos de nú- 
cleo o de estroma hemático, granulaciones grasicntas, etc., 
y, por último, que es muy aventurado conceder el carácter 
de seres vivientes a las mitocondrias, que son en realidad 
importantísimos organitos celulares. 

Suponiendo (pie por lo menos algunos de los llamados 
mocrococus brownianos lo sean en realidad ¿de qué mane- 
ra se ha concretado su importancia biológica? Hasta hoy, 
que yo sepa, tan sólo concediéndoles el papel de autores 
del movimiento browniano, ya que nada trasciende en de- 
finitiva efundir frases como éstas: "su gran trascenden- 
cia, su importancia biológica," "el gran papel que deben 
desempeñar en los actos de la vida," etc. Otros si, han con- 
cretado y expresado en térniinos precisos, tamaiía impor- 
tancia, cuando aseguran el 'papel que deben desempe¿iar 
las granulaciones intra-celulares en los fenómenos del me- 
tabolismo, en los actos de la reproducción y como deposi- 
tarios de la herencia. Crear una palabra nueva que no ex- 
presa mejor que las anteriores, el papel que tales granula- 
ciones desempeñan no tiene más resultado que complicar 
la nomenclatura biológica ya bastante complicada con los 
términos de bioplastos, bioblastos, vacuolides, centrofoi'- 
iiias, esferoplastos, etc., etc., con los que distintos auto- 
res llaman a la misma cosa. Diré de paso que micelas y tai- 
mas, expresan algo diverso de las granulaciones a las eua- 
els me vengo refiriendo. 



370 DR. FERNANDO OCARANZA 



Quedaría, por lo tanto, reducido el microcoeus brow- 
iiianus como novedad a la de supuesto agente del movi- 
miento broAvniano. 

La llamada teoría biológica del movimiento brownia- 
no como interpretación universal, requiere la innegable 
existencia del microcoeus brownianus; ya demostramos que 
en unos casos no existe y en otros es una simple interpre- 
tación m'uy discutible; pero- siéndolo aún en ciertas oca- 
siones la teoría como biológica, perdería su importancia, 
puesto que dejaría de ser universal y en tal caso habría que 
buscar una explicación que comprendiera tanto a los cuer- 
pecillos de materia bruta como a los microcoeus. verdade- 
ros y tal explicación general no podría ser sino la teoría 
física de la que hablaré adelante. 

Podría eximirme, negada ya la existencia del microco- 
eus brownianus, de continuar discutiendo semejante teo- 
ría ; pero existen algunos detalles que tienen interés para 
el biólogo, ya que muestran los peligros en que fácilmente 
l)uede caerse. Unos dependen del análisis prematuro que 
determinó en darwinianos y neo-darwinianos la convicción 
completa de la existencia de las partículas representativas 
o de los bióforos, cuando explicaban el misterio de la he- 
rencia. De seguro que más burdas son las equivocaciones 
(ju» el señor Edmundo Perrier, menciona en su libro "La 
vie en action:" el descubrimiento de una nueva especie de 
parásitos intestinales en una joven que comía naranjas a 
diario. Los tales gusanos no eran otra cosa que los peque- 
ños sacos que contienen el jugo de la naranja y que la 
l)resumida enferina arrojaba intactos. Un médico militar 
tuvo durante algún tiempo algún renombre con el supues- 
to del descubrimiento de un parásito causal de la diarrea 
de C'ochinchina, enfernwdad de las más mortíferas. Hizo 
una descripción minuciosa de un gusano, que resultó des- 
provisto de órganos y protegido por una membrana grue- 
sa y resistente como la de una fibra vegetal ; en efecto, los 



LA LLAMADA TEORÍA BIOLÓGICA DEL MOVIMIENTO BKOAVXIANO óil 

tales gusanos resultaron a la postre, pelos de las raíces 
del arroz. 

El peligro del análisis prematuro, produce pues caí- 
das frecuentes, hasta en los mismos experimentadores ave- 
zados. Yo mismo que hago en este momento un trabajo do 
crítica biológica, no me considero a cubierto. El entvisias- 
mo desmedido es el mejor conductor hacia peligro seme- 
jante y yo no me considero con fuerzas para condenar el 
entusiasmo, tan sólo señalo sus peligros. 

El señor Herrera no se encontró a cubierto de otro 
peligro, el antropomórfico, y así es como ha podido consi 
derar que lo (jue pase en el hombre y en los animales que 
tienen sistema nervioso, puede suceder igualmente en los 
protozoarios y en las bacterias ; así es también, como des- 
graciadamente, ha Comparado casos que no tienen nada de 
comparables; el micrococus en las mallas de seda, el ratón 
en la trampa y el hombre detrás de las rejas de una pri- 
sión. 

Dije ya que según la teoría biológica del movimiento 
browniano, podrían pensarse dos cosas, o «jue las granu- 
laciones movibles son microbios o bien partículas de ma- 
teria bruta, en estado coloidal llevadas por microbios que 
se encargarían de moverlas, sin que sepa yo con qué fin. 

Era por tanto indispensable descubrirle un aparato de 
locomoción a semejanza del que poseen los protozoarios que 
de paso diré, nada tienen (|ue ver con las. bacterias. La au- 
reola de refrigencia (fenómeno físico vulgar), que pudo 
apreciarse alrededor de los llamados micrococus, fue inter- 
pretada como una corona de pestañas vibrátiles que pro- 
ducían una imagen continua por virtud de su movimiento 
incesante. Para identificar las pestañas recurrióse a diver- 
sos procederes de coloración sin éxito alguno, como era de 
esperarse y a la impresión de una serie de microfotografías 
que fueran dando aumentos más y más grandes, sin poder 
identificar tampoco las pestañas por este medio. Las mi- 



372 1)R. I'EKNANDO OCARANZA 



crofotograí'ías han sido exhibidas en diversas conferencias 
para que el público pueda verlas, por esta razón las men- 
ciono. 

Creo que los fracasos anteriores determinaron al señor 
Herrera a aplicar el "behavior" de los psicólogos amierica- 
nos para explicar el movimiento. 

Debo hacer algunas consideraciones sobre lo que es el 
"behavior." La palabra es nueva; pero el concepto no, la 
hipótesis de una conciencia elemental, de una inteligencia 
inferior ([ue podría encontrarse hasta en la misma mate- 
ria bruta puede descubrirse hasta en las escuelas filo- 
sóficas de Grecia. Aristóteles ya dijo (pu' la vida es el mo- 
vimiento y Leonardo da Viiici, que el inuvimieiito es 
causa de toda manifestación vital (11 moto é causa d'ogni- 
vita), pero quien desarrolló el concepto de la vida uni- 
versal fue de seguro Alfredo Fouillé negando la existen- 
cia de los tres reinos naturales y no aceptando más que 
un solo reino «pie comprendiera animales, vegetales y 
minerales. Hay filósofos (pie no pueden concebir la com- 
plicada conciencia del hombre si antes no existió en las 
moléculas y en los átomos, puesto que el todo dicen, tieiu^ 
o debe tener las propiedades de las partes. Fuera de (lue 
la conciencia es una estiuLación puramente subjetiva y 
que por lo mismo no podemos asegurar sino en nosotros 
mismos, no es exacto que el todo reproduzca, las propieda- 
des de las partes y en cada nueva combinación o compli- 
cación de la materia aparecen nuevas propiedades (pie ni 
elementalmente tienen los precursores. Los átomos tienen 
propiedades diversas do los electrones, las molécnlas de los 
átomos y a partir de aquellas nuevas, nu\lti])les combina- 
ciones han determinado la variedad de cuerpos, luios bru- 
tos y otros vivos en donde no es posible descubrir las pro- 
piedades de los elementos ; como en éstos tampoco es posi- 
ble sospechar las propiedades de los compuestos futuros. 
Un carácter nuevo imprimió a los seres vivos la aparición 



Li LLAMADA TEORÍA BIOLÓOICA DEL MOVIMIENTO BROWNIANO 373 

de iin sistema nervioso, el naeiniiento de la inteligencia 
que por trabajoso camino llegó hasta la superior del hom- 
bre, único ser en <iuien podemos asegurar la conciencia, ya 
que no tenemos otro camino sino el subjetivo, ya que no 
es demostrable por los medios (jue ponen en acción las 
ciencias positivas. Así, pues, hablar de conciencia en otros 
seres (jue no sean el hombre, es hacer ciencia de palabras 
y la expresión "behavior, " que en realidad significa con- 
ducta o comportamiento, ha hecho fortuna por la suges- 
tión <iue ejercitan algunas palabras mágicas sobre el espí- 
i'itu humano. 

A lo que parece, el señor Herrera cree (pie es una prue- 
ba definitiva, su experiencia de la gota de emulsión de re- 
sina y el tejido de seda. Quizá por haber sido escrito de 
prisa el artículo del señor Herrera, al (jue me referí al 
principio, se dicen las siguientes palabras (jue es necesa- 
rio rectificar: "se encierra una gotita de emulsión de re- 
sina disuelta en agua y precipitada por el alcohol." En 
realidad la emulsión de resina no se disuelve en el agua 
y cuando más se diluye y el alcohol no precipita las resi- 
nas sino las disuelve. No entiendo, pues, ese detalle de 

técnica del señor profesor. Dice en seguida: "de manera 

^ . . . , t 

(pie el Inpiido moje también un fragmento de tela de seda 

muy fina, entre cuyas mallas se mueven las granulaciones. 
Algunas quedan encerradas en muy pequeños espacios cir- 
cunscritos por los hilos de seda iguales a su diámetro y a 
pesar de (pie en estas condiciones deberán ser menos am- 
plios sus movimientos, no disminuyen en intensidad. "Si 
la fuerza cinética les moviera, al disminuir la cantidad de 
agua y, por lo mismo el número de choques moleculares 
debería disminuir igualmente el movimiento browniano," 
"Perrín, su acérrimo defensor compara este movimiento ul 
de un barco de vela (pie desde la playa a gran distancia 
parece poseer una actividad propia, pero en realidad sus 
movimientos se deben al oleaje." Más adelante sigue di- 



374 I)R. FERNANDO OCARANZA 



ciendo el mismo señor Herrera: "las granulaciones aten- 
tamente observadas con un aumento suficiente muestran, 
con la mayor claridad, una tendencia a escaparse de los 
Iiilos que las detienen, los sigueii ya en un lado ya en otro, 
exactamente como los infusorios aprisionados entre las ü- 
bras de algodón." "Si encuentran un poro, una grieta, se 
insinúan por ella siempre ensayando por el procedimien- 
to ({ue los autores americanos han estudiado y designan 
como un sistema de experiencias en las amibas y otros 
organismos y que es la base de la manera de conducirse 
o behavior, una especie de conciencia general o rudimen- 
tal basada en los resultados de la experiencia." 

No (juiero detenerme sobre lo mucho discutible de las 
frases anteriores ({ue puede apreciar quien lea con aten- 
ción todos los párrafos transcriptos y coteje unos con los 
otros; tan sólo debo insistir sobre el punto biológico ge- 
neral y esto prescindiendo del micrococus broAvniano, puos 
nuevamente digo que creo haber demostrado <jue muchos 
de sus ejemplares no son organismos vivos y otros es muy 
discutible que lo sean. 

El concepto del behavior emana de los trabajos del 
señor Jacobo Loeb, auncjue esto parezca extraordinario. 
Este eminente biólogo norteamericano, de quien el señor 
Jorge Bohm dice cine desempeñará para la biología del 
porvenir el mismo papel (jue para la actual desempeña 
Juan Lamarck, llevó el análisis sobre los tropismos y en 
general sobre los actos vitales de los protozoarios y de los 
metazoarios inferiores hasta un gi-ado tal, ([ue bien puede 
asegurarse (pie a su obra han sido agregados este o a(iuel 
detalle lan sólo. Tuvo contiiuiadores o más bien ardientes 
sostenedores de sus ideas, y en nuestros tiempos creo «pie 
los más representativos son los señores Bouvier y Bohm. 
J)e la escuela de Loeb partieron dos corrientes: una do 
exageración y la otra de reacción; la primera muy partí- 



LA LLAMADA TEORÍA BIOLÓGICA DEL MOVIMIENTO BROWNIANO 375 



cularniente desarrollada en Alemania ; la de los psicólogos 
mecanistas y la segunda en Estados Unidos, la de los bió- 
logos psicologantes. En el primer caso hubo de negarse la 
inteligencia hasta en los animales superiores más vecinos 
al hombre : quienes tan sólo estarían manejados por tropis- 
mos y en el segundo hubo de concederse inteligencia y 
dotarse de conciencia hasta las amibas y los protozoarios 
y como en ciertos casos deja entenderse hasta a las bacte- 
rias mismas. 

No me sería posible presentar los diversos pareceres, 
fundamentos, experiencias, hipótesis de esas diversas es- 
cuelas dados los límites estrechos de este trabajo ; pero 
envío a mis oyentes o lectores a las obras de Loeb, Lub- 
bock, Uexküll, Nuel, Beer, Bethe, Ziegler, Yer Kes, Jénn- 
ings, Margarito Washburn, Ribot, Giard, Perrier, Bouvier, 
Bohm, Waxweiller, Ana Drzewina, etc., etc., en donde en- 
contrarán uno u otro de los sentidos de la corriente bioló- 
gica en lo (|ue respecta a los tropismos, la inteligencia y 
la conciencia. 

No sé si con toda intención o sin ella ; pero es el caso 
([ue el señor Herrera aplica la famosa ley de los ensayos 
, y de los errores de Jennings, (pie estudiada muy parti- 
cularmente en los monos, -se aplicó más tarde a las mismas 
amibas y los protozoarios. Consiste en lo siguiente : en una 
j)ieza se ponen en serie vasijas de distintas formas o de 
distintos colores, en el primer caso de corte circular, cua- 
drado, poliédrico o afectando aspectos geométricos gene- 
rales diversos, en el segundo de colores rojo, azul, amari- 
llo, negro, etc. ; en una se coloca solamente el alimento y 
se da entrada al animal; lo busca sucesivamente en todas 
hasta que lo encuentra ; se repite la experiencia muchas 
veces anotando los ensayos y los errores y obsérvase que 
después de tal niímero de tanteos, el animal se dirige siem- 
pre directamente hacia la vasija que contiene el alimento. 

Merii. Soc. Álzate. — l."i-Julio-1921.-t 39— ir. 



\ 



'¿~6 I)R. FERNANDO OCARANZA 



Se cambia más tarde el lugar de la oomida y se procede 
por anotaciones como en el primer caso. Jennings pensó 
(|ue la dirección de los protozoarios en las maeeraciones d>í 
paja está regida por una ley semejante a la de tanteos y 
errores, estudiada en las monos. 

Todas estas falsas apreciaciones dependen del análisis 
])rematuro y hacen caer a los observadores entusiastas o 
indiscretos en cualquiera de los dos precipicios : el antropo- 
mórfico o sea el que él conduce a pesar (|ue lo sucedido en 
los animales inferiores es como en los superiores o el arai- 
bomórfico que los obliga a suponer (|ue simples fenómenos 
trópicos de las amibas dirigen los actos más complicados 
de los organismos superiores; unos y otros, mecanistas y 
psicologantes se alejan del terreno estrictamente científico 
para caer en errores igualmente lamentables, ([ue evitan 
de seguro los (¡ue han justipreciado las leyes de los tro- 
pismos, el significado de la sensibilidad diferencial y ia 
importancia de la complexidad fenomenal. 

Un excitante determina la marcha en línea recta de un 
protozoario en la misma dirección (pie aíjuél se encuentra, 
siguiendo una de sus líneas de radiación ; esto es evidente 
en los cuerpos de simetría bilateral o de simetría radiada, 
es decir, cuando el excitante cae por igual sobre una y otra 
de las mitades longitudinales del orgariismo; si esto no su- 
cede y una es excitada más (jue la otra, se produce el mo- 
vimiento de vaivén muy especial en los gusanos, o de ro- 
tación o sea de manija en los protozoarios. Cuando el exci- 
tante cambia de intensidad, ya sea por exceso o })or de- 
fecto, aparecen los fenómenos de la sensibilidad diferen- 
cial; los principales son los siguientes: al aproximarse un 
protozoario a la zona de variación gira formando un ángu- 
lo de :}0, 60, 120, 180 grados y entonces retrocede hasta 
cierto límite para tomar en seguida la dirección del ex- 
citante; en ocasiones la vuelta es completa, es decir, de 



LA LLAMADA TEOIíÍA BIOLÓGICA DEL MOVIMIENTO BROWNIANO 377 

'460 y aparece por tanto, el movimiento de manija, éste 
io tengo muy observado usando como excitante ciertas 
substancias que sirven para el teñido, como la eosina y la 
hematoxilina ; principalmente la primera. Basta depositar 
una pequeña gota de solución de eosina con sumo cuidado 
para que no se mezcle en una gran gota de maceración de 
paja que contenga protozoarios, a manera de obtener una 
zona teñida y otra sin colorante, para observar el fenóme- 
no por todas partes. Hay casos en que los protozoarios no 
pueden, penetrar a la zona de variación y otros, en que ha- 
biendo penetrado, no pueden salir. En el medio externo, 
diversos excitantes obran continuamente : (luímicos de ac- 
ción positiva o negativa y de intensidad diversa, lumino- 
sos, térmicos, etc.; esto es lo (|ue se ha llamado la com- 
plexidad fenomenal y ([ue, como muy bien se comprende, 
debe producir en el movimiento de los protozoarios las 
más grandes variaciones que, sin embargo, un análisis pro- 
longado y juicioso debe reducir a los movimientos siguien- 
tes : avance en línea recta hacia el exitante, rotación según 
ángulos diversos, retroceso y movimiento de manija. Es in- 
útil por tanto la hipótesis de una conciencia elemental o 
general, que nuicho tiene de metafísica. Un profundo aná- 
lisis y la aplicación del método etológico preconizado por 
Giard, nos proporcionan explicaciones naturales muy más 
aceptables. Aun en ciertos metazoarios, los tropismos ex- 
plican los actos más complicados. Entre muchos citaré, ti 
siguiente : Un pólipo del género cerianthum presenta geo- 
tropismo positivo y si en un' acuario se le coloca sobro 
un tejido de alambre al (jue se impriman diversas posi- 
ciones pasará muchas veces entre las mallas, siguiendo la 
dirección que le imprime el tropismo ya indicado. Loeb en 
tal caso, no pensó en una conciencia elemental, sino en un 
geotropismo positivo y esto después de prolongadas ob- 
servaciones y experiencias. 



378 ]>R. FKRNAXDO OCARANZA 



* * * 



Si, como dijimos aiiterionneiite, la teoría biológica del 
movimiento browiiiano no puede darnos una explicación 
general, debemos buscarla por otra parte y e*s necesario 
que comprenda tanto lo (|ue se observa en la materia viva 
como en la materia bruta. 

No me parece disculpable <iue un biólogo asegure no 
conocer a fondo la física y la (juímica ; aparte de que la 
biología como ciencia positiva debe colocarse entre las fí- 
sicas y naturales y tiene por tanto grandes relaciones con 
todas ellas, se apoya muy especialmente en la físico-quí- 
mica, ya ([ue toda explicación biológica natural es de se- 
mejante naturaleza. 

No de ahora, sino desde principios del siglo pasado 
vamos conociendo poco a poco las le3^es que rigen a las 
acciones moleculares y atómicas tales como las de Dalton 
y Avogadro primero, los trabajos de Claussius y Carnot 
después y, por iiltimo, la ley de Van't Hoff que aplicada 
desde luego a los gases, se extendió después a las solucio- 
nes de substancias ionisables. 

En 1828, el botánico inglés Roberto Brown, se dio 
cuenta de que ciertas partículas microscópicas estaban agi- 
tadas constantemente por un movimiento oscilatorio rápi- 
do. Desde ese día han venido publicándose varias explica- 
ciones sobre el movimiento browniano, atribuido ya sea a 
diferencias de temperatura o de tensión eléctrica, a cho- 
(|ues moleculares del medio sobre las partículas, etc., etc.; 
pero ninguna fundada en investigaciones experimentales. 
Desde luego, la existencia de una causa exterior, está en 
contradicción con la independencia del movimiento de las 
partículas vecinas y la expli<'ación eléctrica no está de 
acuerdo con la experiencia de Svedberg (|ue consiste en h) 
siguiente: si se agrega poe-o a poco una solución de alguna 
sal de aluminio a una seudo-solución coloidal de plata, .«e 



LA LLAMADA TEORÍA BIOLÓGICA DEL MOVIMIENTO BROWNIANO 379 

invierte el signo potencial eléctrico do las partículas y a 
pesar de ello, en ningún momento puede apreciarse cam- 
bio alguno, ni en la intensidad ni en la dirección general 
del movimiento. 

En fecha reciente — 1908, — Perrín ha indicado que el 
movimiento broMaiiano es idéntico al de las moléculas da 
un líquido y desde ese momento, no antes, quedó fundada 
la teoría cinética. Con el objeto de comprender los fun- 
damentos de la teoría es indispensable decir algunas pa- 
labras sobre las bases en donde se asienta. Recordemos des- 
de luego que las moléculas gaseosas tienden constantemen- 
te a separarse las unas de las otras, a difundirse; según el 
término consagrado, las moléculas lí(iuidas si están libres 
deslizan unas sobre otras hacia el nivel más bajo o hacia 
el sitio de menor presión ; si están contenidas en un vaso, 
su movimiento es otro y de esto ya hablaremos adelante. 
Las moléculas de los cuerpos sólidos tienden a la fijeza y 
tan sólo tienen movimientos oscilatorios más o menos am- 
plios, cuando el cuerpo nos produce sensación de calor. 
Los granos coloidales se constituyen en un sistema" de mo- 
léculas como las de un líciuido, sistema muy restringido 
y en suspenso en un medio lícjuido también ; pero de pro- 
piedades físicas y químicas distintas. Los granos coloida- 
les por más que contengan aún muchas moléculas, se acer- 
can al tamaño molecular y la energía intermolecular "^e 
hace por éstas y por las anteriores razones, perfectamente 
ostensible. 

Además, de acuerdo con la teoría cinética de los ga- 
ses, las moléculas respectivas, a pesar de su grandísima 
pequenez, pueden tener tamaños variables y el espacio ocu- 
pado por ellas, o mejor, por su esfera de acción, es muy 
pequeño comparado con el espacio no ocupado. Las molé- 
culas están en incesante movimiento a todas las tempera- 
turas situadas arriba del cero absoluto y si alguna de ellas 
toma determinada dirección, de seguro que se encuentra 



380 DK. FERNANDO OCARANZA 



con Otra ; después del choque, hay un intercambio de ener- 
gía y las moléculas tienden a recorrer un nuevo camino ; 
pero como ocurren varios choques sucesivos cambian cons- 
tantemente las direcciones y la magnitud de las velocida- 
des. De lo anterior se desprende que la energía molecular, 
considerada individualmente debe variar a cada momento; 
pero siempre alrededor de un término medio. Frases seme- 
jantes pueden aplicarse a los líquidos en los que, sin em- 
bargo, hay (pe tener en cuenta la fuerza de cohesión, re- 
presentada por a en la ecuación de Van der Waals y que 
se opone a la difusión, pero no al movimiento restringidc. 

Las moléculas de los sólidos no cambian constantemen- 
te de lugar como sucede en los gases y en los líquidos. Co- 
mo dije antes, tan sólo presentan un limitado movimiento 
de vaivén, cuando en ellos, percibimos, la sensación de 
calor. 

Como la ley de Avogadro tiene algunas aplicaciones 
al caso que voy tratando y le sirve de precedente desde 
el punto de vista de los hechos demostrativos, me veo en 
la necesidad de hacer algunas referencias. Ciertas dificulta- 
des (jue se encuentran con respecto a la teoría atómica de 
Daltoii cuando se quería aplicar al volumen de los gases 
que toman parte en una reacción, fueron salvadas con la 
ley de Avogadro, (|ue dice lo siguiente: "volúmenes igua- 
les de gases a la misma presión, contienen igual número 
de moléculas." Por tanto, un volumen determinado de un 
gas tendrá siempre un número determinado de moléculas. 
Esta cifra, (pie se llama "constante de Avogadro," varía 
naturalmente con la temperatura y la presión; pero se ha 
designado con la letra N la (pie corresponde a temperatu- 
ra y presión que se toman como tijx) y habiéndose tomado 
jfor i)rocederes distintos, siempre se ha obtenido el mismo 
resultado, lo (pie demuestra la verdad de la ley y <le Ui 
constante de Avogadro. 



l.A LLAMADA TEOKÍA BIOLÓGICA DKL MOVIMIENTO BROAVXIAXO 381 

Un eaniino semejante siguió Perrín para demostiar su 
tesis sobre el movimiento browniano, obteniendo siempre 
los mismos resultados. Tres métodos han sido aplicados. 
El primero consiste en lo siguiente : si el movimiento brow- 
niano es semejante al de las moléculas de los gases, su dis- 
tribución vertical debe ser semejante a la ([ue obedece la 
atmósfera solicitada por la gravedad. Efectivamente así es, 
nada más que para verificar la experiencia es necesario pre- 
parar suspensiones en las cuales las partículas tengan un 
tamaño uniforme y suficiente para una observación niicros- 
cópiea con los aumentos y alumbrado comunes. Para es- 
ta demostración deben recomendarse la gutagamba y la 
almáziga, obteniéndose emulsiones de granos uniformes con 
centrifugaciones sucesivas. 

El segundo procedimiento está fundado en la fórmula 
de Einstein y se refiere al desalojamiento de las partículas 
consideradas individualmente, dentro de tiempo determi- 
nado. Para esto, se usa la cámara clara y se trazan los ca- 
minos sobre papel cuadriculado. La observación de varios 
diagramas demuestra (pie las partículas siguen la constan- 
te de Avogadro y obedecen a las leyes de la cinética de los 
■ gases y de los lícpiidos. 

El tercer medio sirve de contraprueba y para reali- 
zarlo se emplean hidrosoles en donde las partículas tengan 
grandes dimensiones. En este caso, serán igualmente apre- 
ciables las perturbaciones causadas por los choques de las 
moléculas de agua que pasarán más o menos tangencial- 
mente sobre las partículas coloides, determinando sobre 
ellas un movimiento de rotación (¡ue puede observarse per- 
fectamente. 

En los dos primeros casos, en los cuales no se ha pro- 
vocado perturbación alguna, la constante N, tiene un mis- 
mo valor de 70.5 x 10.22; en el tercero, que repito, sirvió 
de contraprueba, la constante es de 65 x 10.22. 



382 DR. FERNANDO OCAUANZA 



Posteriores investigaciones de MiUikan, empleando 
medios distintos, han demostrado igualmente ([ue el movi- 
miento browniano obedece a la cinética de los líquidos y 
de los gases. 



México, Febrero 28 de 1920. 



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SOCIÉTÉ SCIENTIFIQUE '-ANTONIO ÁLZATE"'.— MÉMOIRES. T. 39 387 



BREVE RESUMEN DE LAS OBSERVACIONES 

REALIZADAS SOBRE LA ACCIÓN QUE EL PULQUE 

EJERCE EN LOS CUYS 

POR EL 

DR. L. G CABRERA, 

NATURALISTA DE LA DIRECCIÓN DE ESTUDIOS BIOLÓGICOS 



Trabajo presentado por el Prof. A. L. Herrera, M. S. A., 
Director de Estudios Biológicos 



(Sesión del 2 de Febrero de 1920) 

Voy a tener la honra de presentar ante ustedes, un cor- 
to trabajo acerca de las observaciones realizadas desde el 
mes de Marzo del año próximo pasado, sobre la acción que 
el pulque ejerce en los euj's sometidos a la ingestión de 
esa bebida nacional. 

Elegimos de preferencia el cuy, para esa experimenta- 
ción debido a su fácil manejo, y a la sencillez con la cual 
pueden observarse aún los menores trastornos, (|ue en su 
vitalidad y sus constantes fisiológicas, origina la introduc- 
ción de la bebida citada. 

El régimen alimenticio a que estuvieron sometidos los 
animales en experiencia, fue el mismo durante todo el tiem- 
po que duró esta observación, pues se comprende que una 
diferencia entre los alimentos tomados por el cuy someti- 
do a la ingestión del pubjue, y el testigo, hubiera falseado 
notablemente los resultados. 

El primer animal con el cual principiamos nuestras 
observaciones, era un cuy macho, de cuatro meses y medio 



388 DIl. L. G. CABRERA 



de edad y 681 gramos de peso, siendo sus constantes fisio- 
lógicas las siguientes : Número de pulsaciones, 152 por mi- 
nuto; número de respiraciones, 78; temperatura, 37° 1. Es- 
tos números representan las medias obtenidas después de 
estar observando al animal durante un mes, y anotando 
diariamente las variaciones (|ue presentaba. Procedimos de 
un modo idéntico con el testigo, siendo sus constantes fi- 
siológicas en este último las siguientes: 660 gramos de pe- 
so ; número de pulsaciones, 148 ; número de respiraciones, 
92 ; temperatura, 37' 3. 

No solamente estos dos animales fueron observados, pe- 
ro como los resultados obtenidos son nuiy parecidos, nos 
limitaremos a describir las alteraciones sobrevenidas en es 
te primer cuy después de la ingestión del pubjue. 

Dado (jue los primeros trastornos sobrevenidos en los 
individuos habituados a esta bebida nacional, empiezan pre- 
ferentemente en el tubo digestivo ; elegimos la misma vía 
de introducción, en el animal en experiencia, para estar en 
las mismas condiciones (jue los bebedores de pul(|ue, y po- 
der observar y comparar los resultados y los trastornos (jue 
otros investigadores habían descrito, señalando la acííión 
patógena (lue ejerce en la mucosa gástrica y en v\ intesti- 
no, de donde i>asa en seguida al hígado, por la vena porta, 
ejerciendo igualmente en esa viscera una acción nociva p:i- 
ra la vitalidad de la celdilla. 

Durante los ¡neses de abril, mayo y junio, se le hiz<) 
ingerir 20 gramos de pul(|ue y en los siguientes meses hav- 
ta la fecha, la cantidad de 30 gramos. Pista ingestión se 
efectuaba entre í) y 10 de la mañana, utilizando para este 
objeto una i)e(|ueña sonda de goma. 

('oiiio i)uede verse en la curva (U' ])rs(), del cuy some- 
tido a la ingestión del pulcpie, hubo un aumento de peso 
los primeros cinco días hasta el 10 de marzo, seguido de 
una dimiiuición lenta y gradual, luisla el 25 del mismo 
mes, fecha en (pie principió de nuevo el ascenso. Compa- 



ACCIÓN QUE EL Pri.Ql'E KJERCE KN LOS CUYS 389 

rada esa curva, con la presentada por el testigo, notamos 
inmediatamente la diferencia, la curva del ascenso de peso 
fue normal, presentando únicamente las ligeras variaciones 
que se notan en el crecimiento de estos animales. 

Notamos también los cinco primeros días una diferen- 
cia de medio grado en la temperatura, pero que desapare- 
ció dos días después, teniendo en seguida ligerísimas va- 
riaciones, y hasta la fecha la media de las temperaturas es 
la misma que antes de hacerle ingerir el puhpie. 

En los primeros diez o doce días, notamos (pie el cuy 
sometido a la absorción de la bebida (lue nos ocupa, se en- 
contraba triste, comía menor cantidad de alimentos, orina- 
ba más abundantemente y tuvo ligera diarrea ; esos sínto- 
mas desaparecieron después, y solamente en julio, en que 
se aumentaron 10 gramos a la dosis diaria que toaijaba el 
aninuil, aparecieron de nuevo esos síntomas, pero siendo 
menos ostensibles que la primera vez. 

En el mes de abril del año próximo ]>asado, notamos 
ya una marcada diferencia, entre el cuy sometido a esa 
prueba, y el testigo : el peso del que toma pulque, siguió 
descendiendo de una manera lenta y paulatina, como si su 
crecimiento se hubiese retardado; la temperatura como an- 
tes dijimos, ha sido casi la misma (lue antes de la observación 
(37° 1). La tensión arterial ha disminuido, pues el número 
de pulsaciones ha aumentado, siendo actualmente de 168 
por minuto, el número de respiraciones (pie antes de la in- 
gestión era de 78 ha permanecido idéntico. 

Analicemos ahora eon más detalle las acciones particu- 
lares que en los diversos aparatos, ha obrado la bebida que 
nos ocupa : 

El aparato digestivo, más directamente interesado que 
ningún otro, por ser el primero que era impresionado por 
la llegada directa de esta bebida alcohólica, presentó los tras- 
tornos que enseguida enumeramos : la anorexia, como antes 
dijimos, duró pocos días, en cambio eran frecuentes los vó- 



390 DR. L. U. CABRERA 



mitos; creímos al principio (jiie se trataría de un reflejo 
nauseoso, debido al paso de la sonda por la glotis, pero 
como a pesar de anestesiar previamente al animal, antes de 
hacer la introducción del lícjuido, se provocaban los vómi- 
tos, nos inclinamos a creer que eran debidos a un reflejo 
producido por el contacto irritante del pulque con la mu- 
cosa gástrica, pues mes y medio después desapareció por 
completo ese síntoma, debido probablemente a la mayor to- 
lerancia del estómago, creada por el hábito. La diarrea 
((ue apareció los primeros días, la creemos debida igualmen- 
te a la irritación gastro intestinal producida por esa bebi- 
da. Estos trastornos digestivos contribuyeron poderosamen- 
te i^ara iniciar la diminución del peso del cuy en experien- 
cia, alterando las funciones digestivas e impidiendo la bue- 
na asimilación de los materiales nutritivos. 

Es bien sabido, que el número de latidos cardíacos por 
minuto, en el cuy, es mucho mayor que en el hombre, pues 
en el primero son por término medio de 150 a 160 por mi- 
luito, y son más frecuentes cuanto más peijueño y de me- 
nor edad es el animal. Las pulsaciones son isócronas en los 
dos tiempos de la respiración. En el animal sometido a la 
ingestión del puhjue notamos (lue hubo un aumento del nú- 
mero de pulsaciones, alcanzando la cifra de 170 por minu- 
to, y además eran débiles, desiguales y ligeramente arrít- 
micas; estos cambios indicaban un descenso de la presión 
arterial, según la ley de Marey. Estas alteraciones de la 
bioenergética cardio-vascular, han persistido hasta la fe- 
cha, indicando uim alteración anatómica de la fil)ra mus- 
cular cardíaca. 

Las alteraciones sufridas por el animal, en las funcio- 
nes de su aparato respiratorio, fueron más difíciles de no- 
tar. El ritmo respiratorio del cuy, cambia bruscamente por 
causas enteramente baladíes, basta (|iie se acercjue uno al 
animal, para <|ue haya un cambio, por lo cual eonviem;^ ob- 
servarlo a distancia, o bien colocarlo bajo una campana de 



ACCIÓN i^UE EL PULQUE EJERCE EN LOS CUYS 391 

cristal y dejarlo tranquilo por un espacio de tiempo bas- 
tante largo. En el animal sometido a la ingestión del pul- 
que, el número de inspiraciones antes de esta prueba era 
de 78 por minuto; descendiendo después hasta 59, y per- 
sistiendo en esta cifra hasta hoy, presentando solamente li- 
geras variaciones como puede verse en la curva adjunta. 
Puede notarse (^ue la curva que representa el aumento df^l 
número de pulsaciones sufre un aumento en tanto (¿ue la 
que indica las respiraciones, desciende inversamente y de 
una manera notable ; normalmente esto acontece por razón 
del crecimiento de los cuys, pues las inspiraciones son en 
mayor númlero conforme el animal es más pequeño, hecho 
que ocurre igualmente en todos los mamíferos, pero nun- 
ca de una manera tan marcada, como en el caso que nos 
ocupa. 

Durante los meses de junio, julio y agosto, el ritmo res- 
piratorio tuvo un ascenso apreciable, tanto en el animal so- 
metido a la ingestión de la bebida, como en el testigo, per3 
esto se debía únicamente a una causa exterior: el aumenlo 
del calor atmosférico (jue, como se sabe, hace aumentar 
el número de respiraciones en estos animales. 

Respecto a la acción, que ejerce el pulque sobre las 
funciones renales, ya al principio de este trabajo indica- 
mos que hubo un aumento de la cantidad de orina emitida 
por el animal en las veinticuatro horas ; este efecto diuré- 
tico ha persistido hasta hoy, indicando que dicha bebida 
'ejerce una acción excitante sobre el epitelio glomerulav; 
la cantidad de orina emitida por el cuy sometido a la in- 
gestión del pulque es mayor que la del testigo. 

El cuy, es uno de los animales mamíferos, que tiene 
mayor coeficiente de desiuineralización por la orina y, sin 
embargo, hubo todavía mayor pérdida de dichas substan- 
cias, en el cuy que tomaba pulque que en el testigo, pues 
cuando en el primero el coeficiente de desmineralización 

Mein. Soc. Aiznte.— 15-Jaliü-192I.— t. :;9-2(í' 



I)R. I,. G. CABRERA 



era de cuatro y cinco gramx)s diariamente por término me- 
dio, en el testigo fue de 3 gramos 30, [Hay que recordar 
que los dos cuys no pesaban lo mismo, pero la corta dife- 
rencia ([ue existe, no basta para explicar la diferencia tan 
notable en los coeficientes de desmineralización). 

Este hecho nos parece indicar que la absorción de 
la bebida nacional aumenta la pérdida de substancias mi- 
nerales por la orina, produciendo una verdadera desmin(>- 
ralización. 

Esta pérdida fue mayor durante los meses de invier- 
no en ambos cuys, una vez que la temperatura exterior 
descendió, pero siendo a pesar de ese factor externo, mu- 
cho mayor en el animal sometido a la ingestión del pulque 
que en el testigo. 

Estos hechos necesitan todavía una mayor observación 
para afirmarlos, pues aun ejemplares de la misma edad, del 
mismo peso y sometidos a un régimen idéntico y examina- 
dos simultáneamente, no secretan una orina idéntica en 
su composición (juímica, pues ésta depende de numerosos 
factores individuales, por lo tanto las diferencias halladas 
no siempre deben suponerse causadas por la experimen- 
tación. 

Es oportuno hacer notar, además, (pie los caracteres 
macroscópicos de la orina del animal sometido a esta prue- 
ba, presentó un cambio notable. La orina del cuy, normal- 
mente es lui lí(|nido alcalino, turbia y como lechosa y lige- 
ramente amarillenta ; este color amarillento va haciéndose 
más intenso mientras más tiempo lleva de estar expuesta al 
aire, hasta llegar a tomar un color café. 

La orina del animal sometido a la ingestión del pul- 
que, presenta un tinte rojo amarillento que rápidamente se 
transfornuiba en un color negruzco, y esto con más rapidez 
(|ue la del testigo; la ¡¡ersistencia de este hecho, nos lleva 
a creer (pie fue debido a la ingestión del pulque; pues aun- 
f(ue a veces la orina del cuy normal toma ese color rojo 



ACCIÓN QUE EL PULQUE EJERCE EN LOS CUYS 393 



obscuro, sin cansa aparente, este cambio dura muy pocos 
días, volviendo de nuevo a presentarse con los caracteres 
que hemos señalado. 

Las funciones de reproducción, parece que también son 
perturbadas por la ingestión del pulque. Entre los anima- 
les sometidos a esa ingestión, se encontraba un cuy hem- 
bra de tres meses y medio de edad y de peso de 589 gra- 
mos, y cuyas constantes fisiológicas eran las siguientes: 
Núiiüero de pulsaciones, 148 por minuto ; número de respi- 
raciones, 82; temperatura, 37° 3, por término medio. Este 
animal presentó igualmente los síntomas, que ya hemos des- 
crito al hablar del primer cuy ; pero habiéndose embaraza- 
do, nos propusimos observar con cuidado, todos los fenó- 
menos que ocurrieran en ese nuevo estado ; la duración de 
la gestación fue como normalmente, de treinta a treinta y 
cinco días, y el parto fue perfectamente cutócico, dando 
a luz a tres pequeños, que nacieron bien conformados y en 
buena salud. Desgraciadamente, dos días después murieron, 
y creemos que esa muerte tan rápida se debió a los tras- 
tornos que en el organismo del cuy hembra, había produ- 
cido el pulque ; pues no hubo ninguna otra causa que nos 
explicara satisfactoriamente esa muerte tan rápida. 

Vemos, por lo tanto, que todos los fenómenos vitales 
en el organismo de los cuys sometidos a la ingestión del 
pulque, fueron alterados por esta bebida; hasta la energía 
niuscular sufrió una diminución, pues el animal permane- 
cía inactivo varias horas después de la ingestión, y conser- 
vaba cierta torpeza en sus movimientos. 

Intencionalmente no hemos tratado de aumentar la do- 
sis diaria que toman de pulque, con objeto de que dure por 
más largo tiempo la observación y estar seguros de que 
cuando sea sacrificado el animal, o muera, hallemos ya per- 
fectamente definidas las alteraciones anatomo-patológicas 
que en sus visceras ha debido producir esa absorción dia- 



394 I)R. ].. U CABRERA 



ria de im elemento uo sólo extraño a su organismo sino 
tóxico. 

En la exposición de las observaciones citadas, hemos 
tratado de seguir un orden cronológico y lo más exacto po- 
sible ; por desgracia, el número de casos observados es to- 
davía reducido para sacar conclusión ninguna, pues sería 
prematuro el hacerlo. 

Además, hay que tener en cuenta que el cuy es un 
animal excesivamente impresionable ; una causa ligerísima 
hace variar por completo todas sus funciones, principalmen- 
te las respiratorias y también probablemente las digestivas. 
Ch. Livon, que ha escrito sobre este asunto, cita en. apoyo 
de estas afirmaciones, el hecho de que basta cambiar de 
jaula al animal, para apreciar inmediatamente un cambio 
notable. 

Para completar este estudio, es preciso, por lo tanto, 
observar mayor número de cuys sometidos a la ingestión 
de la bebida nacional, para poder afirmar con certeza qué 
alteraciones son las que originan ésta en su organismo, y 
analizar minuciosamente, una vez sacrificado el animal, las 
modificaciones histológicas que las células han experimen- 
tado bajo la acción tóxica del pulque. 



México, Enero 28 de 1920. 



SOCIÉTÉ SCIENTIFIQUE "ANTONIO ÁLZATE". — MÉMOIBES, T. 39 395 



ENORMES RIQUEZAS NATURALES DE MÉXICO 
APROVECHABLES POR LA SILVICULTURA 

POR EL DR. 

SILVIO J. BONANSEA, M. S. A. 



Al sññoY Ing. (Ion Miguel A. de Quevedo, Director; 
al Prof. don Ángel Roldan y al muy H. Profeso- 
rado de la Escuela N. Forestal de México. 
Con todo afecto. 

8. J. BONANSEA. 



(Sesión del 6 de Diciembre de 1920) 

La importancia de la Silvicultura es tau conocida que 
ya no es el caso de tratar aquí de la interesante cuestión 
forestal en sus múltiples puntos de vista. Mi objeto es sólo 
llamar la atención de las autoridades y muy particularmen- 
te de los especialistas en las Ciencias forestales, hacia las 
enormes riquezas que de una explotación bien dirigida pue- 
den obtenerse de las florestas mexicanas. 

Actualmente las publicaciones que hablan de materia 
forestal, tratan el asunto únicamente en su aspecto princi- 
pal, es decir, la conservación del bosque y la explotacióü 
ordenada, racional, sistemática de las florestas, ocupándose 
esencialmente de la repoblación de los bosques que una in- 
sensata codicia había talado en casi todo el mundo. 

Se necesitaba la gran guerra mundial para demostrar 
que los bosques pueden dar productos secundarios muy im- 
portantes, quizá de más rendimiento que la leña misma. 



39G ÜR. SILVIO J. BONANSEA 



El cataclismo europeo, entre sus inmensos males, sir- 
vió también, más de una vez, para poner a la vista el valor 
grandísimo de ciertas industrias, de ciertas producciones 
que antes se descuidaban, cosas (jue nadie creía merecedo- 
ras de atención especial. Algo de estas ventajas tocó a las 
industrias forestales, y es precisamente con relación a és- 
tas, que yo deseo llamar la atención de los técnicos me- 
xicanos. 

Todas las naciones beligerantes europeas se han visto 
en la necesidad absoluta de escogitar medios de produccio- 
nes rápidas y positivas i3ara las imperiosas necesidades de 
la guerra y para el abastecimiento de las poblaciones civi- 
les, y de allí que, mientras por una parte se procuraba con- 
sumir lo menos posible, por otro lado se intentó apelar a 
los medios posibles para acrecentar rápidamente las produc- 
ciones. 

8i todos los beligerantes se vieron en apuros y esforza- 
ron, por decirlo así, su inteligencia y su ingenio, por lo que 
a las florestas se refieren, quizás ninguna nación llegó a ex- 
plotarlas tan intensa y ventajosamente como lo hizo Ale- 
mania. 

Un informe del Prof. Borgmann, de la Academia Fo- 
restal alemana de Tharandt, informe que fue redactado con 
el fin de utilizar metódicamente todos los productos secun- 
darios de las florestas alemanas para aprovecharlos en la 
gran guerra, hizo revivir en mi memoria muchas considera- 
ciones que yo había hecho en los para mí dichosos años 
de 1901 a 1905, cuando con el carácter de naturalista via- 
jero, tuve la dicha de excursionar en el país y visitar mu- 
chas florestas vírgenes, lugares (|ue jjrobablemente nunea 
habían sido invadirlos por el liombre, casi siempre des- 
tructor. 

El bien razonado iiil'orme del sabio alemán, hace con- 
sideraciones tan profundas y tan acertadas, (jue me ha pa- 
recido útil extractar lo más esencial del trabajo y someter- 



ENORMES RIQUEZAS NATURALES DE MÉXICO 397 

lo a la consideración de los profesionistas forestales mexi- 
canos, seguro de ({ue sacarán mucho provecho de tal estu- 
dio, y podrán dar vida a una serie de industrias descono- 
cidas entre nosotros, formando un programa especial para 
utilizar muchas riquezas del bosque y de la silvicultura, 
ri(|uezas (jue hoy día se desperdician totalmente con gran 
perjuicio para la riqueza pública y la privada. 

Me limitaré a mencionar algunas disposiciones que, ri- 
gurosamente aplicadas en México, darían, como han dado 
en Alemania, grandes utilidades a las industrias, omitiendo 
las múltiples aplicaciones de la madera en la guerra, por no 
ser este mi objeto, y llamando tan sólo la atención de los 
técnicos hacia la intensiva explotación de los bosques sin 
perjudicarlos, protegiendo su conservación ; tratando de fo- 
mentar algunas nuevas industrias (pie derivan su vida de 
la sola explotación y el aprovechamiento de productos se- 
cundarios de los bosques. 

A proposición del Prof. Borgmann, fueron expedidos 
dos decretos que reglainentaron la cosecha de todas las 
plantas medicinales que crecen espontáneas en las florestas, 
disciplinándola de tal manera ((ue fuese confiada a los far- 
macéuticos ancianos y a los maestros de escuela (jue no 
habían sido llamados a las armas, quienes dependían de las 
autoridades locales, las (|ue debían proporcionar también 
vegetales que pudieran suplir a la falta absoluta de té. Por 
lo tanto, se reglamentó la cosecha y la reciuisición de Tas 
hojas de aquellas plantas que podían servir como succedá- 
neos del te, como la Violeta, la Frambuesa, Rosa canina, 
Zarzamora, Tejocote, Cerezo, Epilobium, etc., mientras que 
otro decreto imponía la recolección de todas las frutas ali- 
menticias espontáneas de los bosques ; los nísperos, cerezas, 
tejocotes, capulines, ciruelas, bayas de enebro, fresas, zar- 
zamoras, frambuesas, etc., etc. ; así como todos los hongos 
comestibles, de los que se expusieron profusamente a la vis- 



398 DR. SILVIO J. EONANSEA 



ta del público cartelones ilustrados, catálogos con los nom- 
bres vulgares, con el fin de instruir al pueblo y evitar la 
recolección de las especies venenosas. 

Otra disposición reglamentó la explotación de todos los 
productos oleaginosos que se pueden sacar, directa o indi- 
rectamente, de los bosques; y una severa ordenanza preve- 
nía que era obligación, en donde se desmontaba ini terreno 
o se talaba un bosque, sembrar el terreno inmediatamente 
con mirasol, amapola de opio, ajonjolí, lino, etc. ; disposi- 
ción que abarcó grande extensión de terreno productor de 
semillas oleaginosas, y en el sólo año de 1916 se habían 
sembrado más de 30 mil hectáreas ! 

Un decreto especial reglamentó la cosecha y la requisi- 
ción de todas las semillas de Fagns, que, como se sabe, son 
ricas en aceite dulce y muy estimado para la alimentación. 
Alemania poseía, antes de la guerra, 1.800,000 hectáreas de 
bos(iues de Fa^gus, que daban anualmente cien mil hectoli- 
tros de aceite y 250,000 quintales de pasta o tortas precio- 
sas para la alimentación del ganado. Igualmente se regla- 
mentó la cosecha y el consumo de las nueces, avellanas, cas- 
tañas de India, semillas de tila, de tejocote, de piñón, de 
03'amel, de calabazas, etc., y cuantas semillas pueden explo- 
tarse i)ara la ])roducción de aceite. 

Otra ordeiuuiza federal reglamentó el consumo de los 
productos de bosque que sirven de alimento, tanto para 
el hombre cuanto para los demás animales domésticos, pro- 
cediéndose a la recolección de las castañas, bellotas, al- 
mendras, procurando el mejor uso de las pastas que se ob- 
tienen con la extracción del aceite de esas semillas o frutos. 

Simplemente las plantas medicinales dieron una enor- 
me economía a Alemania, <|Uf' antes importaba grandes can- 
tidades de Italia. Francia y E.spaña y pudo así satisfacer 
sus imperiosas necesidades, aumentadas extraordinariamen- 
te por los heridos de guerra. 



ENORMES RIQUEZAS NATURALES DE MÉXICO 399 

Un producto secundario, (|ue llamó la atención del mun- 
do entero, producto auxiliar de la alimentación, fue la fa- 
liiosa harina de madera, y hacia el fin de 1916 existían ya 
en Alemania cuatro grandes fábricas que preparaban una 
harina finísima, que se empleaba mezclada con las harinas 
usadas para hacer el pan ; y una harina alimenticia para 
el ganado, preparada con varias especies vegetales, pero 
principalmente con Erica scoparia, especie que entiendo ha 
de crecer abundante y espontánea en los terrenos estériles 
del Oeste y del Mediodía de Alemania. Por último, se pre- 
paraba una tercera clase de harina alimenticia para el hom- 
bre, secando y pulverizando grandes cantidades de liqúe- 
nes cosechados en los bosques. Sabido es por todos, que los 
liqúenes tienen muchas aplicaciones prácticas, sin hablar 
del papel que desempeñan en los países muy pobres del 
Norte, en donde casi no hay vegetación posible y los liqúe- 
nes forman praderas que alimentan a los providenciales re- 
baños de Renos. Los liqúenes, xrmy ricos en. almidón y en 
manita, sirven muy bien para la alimentación del hombre, 
y hasta para la preparación de una bebida fermentada aná- 
loga a la cerveza. El bíblico Maná de los Judíos, tal vez no 
fue más que un liquen, y quizá el Lecanora sculenta, de for- 
ma granular, tubercular, que llevado por el viento, y de- 
jado caer, da origen a las famosas lluvias, que aun hoy áia, 
siguen cayendo, y es recogido para emplearlo como rico ali- 
mento para el ganado. 

Las grandes cantidades de madera necesitadas para 
usos bélicos, producían muchos desperdicios de leña y ase- 
rrín que se empleó para múltiples aplicaciones, creando 
industrias que casi parecen inverosímiles. Desde luego se 
sacaba provecho de todo : la madera buena se utilizaba en 
la preparación de celulosa para la fabricación de papel, y 
ustedes saben que aun hoy día llaman poderosamente la 
atención los trajes y las cuerdas de papel que Alemania fa- 
bricó durante la guerra. Los desperdicios de esas fábricas, 



400 DK. SILVIO J. «ONANREA 



la leña y el aserrín no aprovechables de otra manera, me- 
diante especiales tratamientos químicos, se transformaban en 
una substancia azucarada, especie de glucosa impura (jue 
se empleó en diferentes usos industriales ! 

Y como si esto no fuera suficiente, el incansable espí- 
ritu alemán, aguijoneado por la necesidad, aprovechó en 
grande escala las hojas secas y caídas de los árboles, ho- 
jas que eran maceradas en grandes tanijues llenos de agua, 
y mediante un hongo especial se promovía una fermenta- 
ción artificial, que permitió sacar grandes cantidades d? 
grasa y de albíimina de un material que siempre se acos- 
tumbra desperdiciar por entero. 

Muchas otras disposiciones sumamente cuerdas y (lue 
dieron grandes utilidades a la atribulada nación alemana, 
fueron dictadas para utilizar los forrajes y sostener la in- 
dustria zootécnica. Leyes y decretos en extremo providen- 
ciales fueron dictados para explotar la caza y la pesca con 
el fin de completar la alimentación del hombre, recurrien- 
do a sistemas sumamente racionales, de modo ([ue las cace- 
rías y la pesca no sólo no destruían las especies animales, 
(como desgraciada y vergonzosamente se hace en México), 
sino «pie se formaron reglamentos tales, (jue obligaban a 
los guardabosf|ues y a los agentes forestales a pi-oveer arti- 
ficialmente, durante los crudos inviernos de aíjuellas nor- 
tenses regiones, de forrajes y de alimentos los lugares más 
frecuentados por los aninudes silvestres; y i)odría asegu- 
rarse que, desde la codorniz al pato silvestre, desde la lie- 
bre al ciervo y al jabalí, todo fue explotado como si :>e 
tratase de un gallinero o de un rebaño de ovejas zootécni- 
camente atendido por el ganadero más inteligente y pro- 
visor. 

A todas estas disposiciones, ya muy importantes, si- 
guen otras muchas dictadas i)ara la mejor utilización de 
todos los terrenos que se desmontaron o se talaron por ne- 
cesidad de madera y de leña. Tan j)ronto como se utiliza- 



ENORMES RIQUEZAS NATUR:4LES DE MÉXICO 401 

sen, los árboles o las especies forestales que cubrían los te- 
rrenos, éstos debían inmediatamente cultivarse, en cuanto 
posible fuere, sembrando cereales y habas ; y es interesante 
saber que el cultivo de la haba dio resultado hasta en t.^- 
rrenos turbosos (jue se creían inadecuados para la agricul- 
tura. Por último, el magistral informe-proyecto del sabio 
l^rofesor forestal Borgmann, motivó una severa ordenanza 
disponiendo que todo desperdicio de bos(iue, no aprovecha- 
ble de otra manera, como ramas secas, aserrín, cortezas, 
etc., etc., se empleasen para la producción de alcohol. 

Como se ve, el arte forestal tiene abierto un nuevo ho'^ 
rizonte, y hoy día las escuelas forestales deben dedicar aten- 
ción muy especial a las industrias ((ue yo creo se deben lla- 
mar de química tecnológica forestal, puesto ([ue empezando 
por la recolección y explotación de las simples hierbas y flo- 
res medicinales, y siguiendo con las semillas oleosas, los 
frutos espontáneos, los hongos y liqúenes, para llegar a la 
producción de aceites, de alcoholes, de esencias, de harinas 
y de otros muchos productos de alto valor comercial, hay 
un vastísimo campo industrial para explotarse. 

Muchos frutos agrios pueden dar apreciables cantida- 
des de ácidos cítrico, málico, tartárico, tánico, etc. ; y ha- 
rinas alimenticias si no i^ara el hombre, para (juien es de 
desear que nunca falten el trigo y el maíz, para los anima- 
les domésticos sí es deseable se aprovechen los vegetales 
ricos en grasa y en almidón para convertirlos en lana, gra- 
sa y carne. 

La protección de los animales silvícolas y de los peces, 
es otro punto de importancia colosal para México, pues re- 
glamentando la explotación. en debida forma, se obtendría 
grandísima entrada para el fisco, lo que permitiría rebajar 
las elevadas contribuciones (^ue hoy gravitan sobre indus- 
trias y artículos de primera necesidad, y se abarataría la 
carne con la producción en los mercados de pescado y de 
salvajina barata accesible a todas las fortunas. 



402 DR. SILVIO .T. BONANSEA 



Desde luego, en México, hacemos un gran consumo de 
leña, lo que causa el constante talado de montes con gran- 
dísimo perjuicio para la agricultura nacional. Inútilmente 
se escribe en la prensa ; en vano se habla en Sociedades 
científicas y se imprimen libros indicando la importancia de 
los bosques, la codicia humana no cesa de talar, la vandá- 
lica hacha del despiadado leñador sigue perturbando el 
equilibrio natural, preparando inundaciones, sequías, hura- 
canes y fatales alteraciones climatéricas y telúricas. No es 
aquí tiempo para tratar de la necesidad imperiosa de repo- 
Dlar nuestros montes; únicamente me permito llamar i.i 
atención de ustedes sobre la posibilidad, y el deber que te- 
nemos todos los que nos ocupamos de ciencias aplicadas, 
de substituir en grandísima parte el carbón yegetal y la le- 
ña mediante aceites minerales gasificados, y sacando de los 
desperdicios de las maderas suficiente alcohol para combus- 
tión y alumbrado. 

El precio de la leña para combustible aumenta cada 
día, y naturalmente es estímulo para los egoístas propieta- 
rios de montes, quienes talan sin misericordia grandes ex- 
tensiones de arboledas. En cambio, se desperdician las se- 
millas oleosas de muchísimas especies forestales, semillas 
que aprovechadas como se hizo en Alemania, darían a Mé- 
xico una colosal riqueza con producción de capitales fabu- 
losos representados en aceites comestibles y combustibles. 
Por ejemplo, México produce bastante uva, jitomate, oj^a- 
mel, mirasol y muchísimas otras especies espontáneas, cuyas 
semillas son muy ricas en aceite, entre ellas las semillas 
del tabaco. Para dar un dato seguro, mencionaré las semi- 
llas de las uvas, pues muchos experimentos han comproba- 
do (lue 100 kilos de uva dan Kg. 3,700 de semillas, las que 
comprimidas en caliente, producen de 11 a 12 por ciento 
de aceite. 

Las semillas del Pirú, tan abundantes en México, son 
completamente descuidadas; muchas especies silvestres do 



ENORMES RIQUEZAS NATURALES DE MÉXICO 403 

Lepidium, (Coclearia del país); de mirasol, de algodón, de 
amapolas, de Cleome, etc., etc., no son consideradas por na- 
die, y es mucho si algún botánico las colecciona para sus 
muestras y herbarios ; pero las semillas de estas plantas con- 
tienen cantidades de aceite tan considerables que. conve- 
nientemente extraído, representaría muchos millones de pe- 
sos que cada año entrarían en la circulación del país bajo 
diferentes formas, alimentando varias industrias que darían 
pan a muchas personas. 

Otras grandes industrias, inexplotadas en México, son 
las destilerías de plantas para la producción de esencias 
medicinales y aromáticas. México, el país de las Salvias y 
de muchas otras especies botánicas ricas en aceites esen- 
ciales, importa del extranjero sus perfumes, sus esencias, 
hasta las esencias de naranja, de limón y de lima que tati- 
to abundan en los bosques de las tierras calientes. ¿Qué 
más? Mientras el aceite de coco es muy solicitado en ios 
vecinos mercados del norte, aquí sólo se prepara en corta 
cantidad del llamado coquito de aceite (Elaeis melanococca, 
Gaert.) 

Demasiado ocupé la atención de ustedes, señores con- 
socios, y no quiero abusar de vuestra indulgencia ; mi ob- 
jeto fue únicamente señalar las riquezas enormes que hoy 
desperdiciamos, a la vez que mandamos muchos millones 
al extranjero para importar lo que deberíamos de expor- 
tar en grande escala, fomentando industrias nacionales y 
dando vida a un sinnúmero de pequeñas industrias para cu- 
ya gestión uo se necesita más que una poca de buena volun- 
tad, algo de iniciativa, y vulgarización de conocimientos 
industriales entre las clases trabajadoras. 

Como miembro que soy de la "Asociación Italiana pro 
Plantas Medicinales, Aromáticas y otras útües," estoy ges- 
tionando la exportación a Italia de especies vegetales medi- 
cinales de México ; y hago votos para que México, esta mi 
querida patria de adopción, establezca una Sección de Her- 



404 1)R. SILVIO .1. BON'ANSKA 



boristeria en la Escuela N. Forestal, y aprovechando los ade- 
lantos de la química forestal alemana, se eduque en la prác- 
tica de la (juímica aplicada a los jóvenes estudiantes, de 
modo que al salir de la escuela sean verdaderos técnicos 
capaces de ganarse la vida y de regentear industrias que 
fomenten la riqueza pública y la privada. 

Entretanto no olvidéis, señores estudiosos, que es deber 
del sabio mejorar las condiciones sociales de la humana so- 
ciedad, y que en México, aun cuando esto parezca uum 
paradoja, debemos empezar por convencer al público y a 
las autoridades, que precisa economizar leña y producir 
aceites y alcoholes baratos para combustibles e iluminación. 



IMéxico, 6 Diciembre 1920. 



SOCIÉTÍ: SOIENTIFIQC'E -ANTONIO ALZARE."— MÉMOIRES, T. 39 405 



NOTA SOBRE UNA EXCURSIÓN AL POPOCATEPETL 
24 al 26 de Diciembre de 1920 

POR EL PROF. 

ELPIDIO LÓPEZ. M. S. A. 



(Sesión del 3 de Enero de 1921) 

Desde el mes de noviembre el Sr. Fritz Weitzberg y yo, 
veníamos proyectando la manera de poder hacer una excur- 
sión al volcán Popocatépetl, aprovechando algunos días de 
descanso. Hubiéramos deseado, sin embargo, esperar el buen 
tiempo, y realizar nuestro deseo en época propicia, previa 
una previsión lo más completa posible de las condiciones 
atmosféricas reinantes en un período no menor de tres días ; 
pero ante las ocupaciones inherentes al cargo docente que 
desempeñábamos, fuimos obligados por la fuerza de las cir- 
cunstancias a realizar nuestra proyectada excursión en la 
Navidad. 

El Sr, Weitzberg estaba singularmente interesado en 
observar una región del volcán donde, según sus investi- 
gaciones, era probable existiera un cráter secundario ; y yo 
tenía como mira principal el estudio del clima de la mon- 
taña, aprovechando a la vez el viaje para hacer algunas 
observaciones hipsométricas y de i'adiación solar. 

El estado del tiempo en general había sido bueno en los 
días anteriores a la marcha, y hasta el 23 por la mañana 
no se presentaba signo alguno (jue hiciera prever un cam- 
bio violento e inconveniente para el buen éxito de la excur- 
sión. Sin embargo, el día 24 el tipo de tiempo ya era un 



406 ELPIDIO LÓPEZ 



poco sospechoso, pues al mismo tiempo que un centro anti- 
ciclónico de gran área descendía por el Valle Central de los 
Estados Unidos, se presentaba inusitadamente una depre- 
sión en nuestras costas meridionales del Pacífico. 

Esto no hizo modificar nuestro propósito, y salimos de 
la Capital la tarde del día 24 con el objeto de pernoctar 
en Araecameea esa noche. El grupo de excursionistas s»-* 
componía de los señores Fritz Weitzberg, Walter Kreutzue, 
Guillermo López y el que habla. 

Admirable era el aspecto <iue presentaba la Sierra Neva- 
da desde algunos puntos recorridos por la línea del ferro- 
carril, especialmente el Ixtaccihuatl que, observado tras de 
un primer plano formado por la montaña, destacaba su per- 
fil blanco entre stratus desgarrados y un fondo gris de nu- 
bes sombrías, 

Al día siguiente, la presión atmosférica seguía en des- 
censo; cirrus vittatus con foco al SE hacían palidecer la 
coloración cianométriea en ese cuadrante, indicando ya d2 
una manera clara el desarrollo de una perturbación al Sur. 
La situación dinámica de la atmósfera sufría un cambio rá- 
pido y completo, común en la estación fría, apareciendo cada 
vez con más claridad los caracteres particulares que anun- 
ciaban la aproximación de una onda fría. 

Se tomó la altura con el hipsómetro en el piso bajo 
del hotel del Sacro Monte, (pie fue nuestro alojamiento de 
esa noche, y después de un ligero almuerzo se emprendió 
el viaje a la Sierra a las 8h 30m de la mañana, montados 
en unas buenas muías. Un aneroide altimétrico compensa- 
do y comparado, de la marca Negretti & Zambra, (|ue bon- 
dadosamente me facilitó la Dirección de Estudios Geográ- 
ficos, señalaba 242Üm de altura sobre el nivel del mar üI 
comenzar la jomada. 

El camino sigue jirimeramente el antiguo cauce de un 
pequeño aiToyo (¡uc llega de la montaña. El tiem])o era 



NOTA SOBRE UNA EXCURSIÓN AL POPOCATEPETL 407 

espléndido. El sol brillaba admirablemente en un cielo 
azul apenas manchado por pequeñas agrupaciones de cirrus 
que por su aspecto indicaban la baja temperatura de la 
zona de humedad máxima. Pequeños fracto-stratus desga- 
rrados por la brisa del S se alzaban tras de la Sierra ne- 
vada. El Popo arrojaba ligeras columnas de vapor que la- 
mían su falda boreal. El Ixtaccihuatl con sus hermosos 
campos de nieve y su admirable ventisquero, brillaba en 
im cielo completamente limpio. 

A las 9h 15m. pasamos a la vista de la abandonada fá- 
brica de Tomacoco. 

Una hora después de la salida de Amecameca la Sie- 
rra comenzaba a ser invadida por los fracto-stratus. El as- 
censo a la montaña se iniciaba con una suave rampa entre 
los sembrados de cebada que bordeaban el camino polvoso 
y estrecho. 

A las lOh 55m llegábamos a la entrada del bosque, 
marcando el aneroide una altura de 2820 metros. 

Pocos minutos antes de alcanzar los 3000 metros de 
altura, al dar vuelta a un recodo del camino, pudimos ob- 
servar el valle de Amecameca, la Sierra del Ajusco y algu- 
nos de los montes del eje volcánico que limitan el Valle 
de México. Los abetos, dominando en la montaña talada 
sin piedad día a día por el ignorante leñador, alcanzaban 
cada vez alturas maj^ores. 

A las llh 45m llegamos a la Cueva del Negro, llama- 
do así al paso de un arroyo que precipita sus aguas crista- 
linas por un thahveg de la montaña. A los 3330 metros de 
altura los pinos comienzan a dominar sobre los abetos, y 
a los 3360 los primeros eran casi la única especie de arbo- 
leda que nos rodeaba, dejándose ver ya de tiempo en tiem- 
po claros grandes en las laderas. El bosque tendía a ífu 
fin. Una nueva fuente de a_gua fué cruzada a esa altura. 

Meni. Soc.Aiz«te.—li>JuliolWl.—t 30-27 



408 PROF. ELPIDU) LÓPEZ 



Nubes de las clases cirrus-eommunis, cirrus-ventosus, 
y cirro-stratus nebulosos cubrían va en gran parte el cie- 
lo, desgarrándose los stratus en los picachos de la monta- 
ña. El estado del cielo no era sino un nuevo paso hacia el 
mal tiempo. La temperatura aíin era agradable y el vien- 
to era sólo una débil brisa austral orginada por la pen- 
diente de temperatura natural a esas alturas. 

A las 12h 40m de la tarde llegamos a un lugar llama- 
do El Paraje, punto adonde se bifurcan los caminos que 
van a Puebla y al volcán. Se tomó la altura con hipsóme- 
tro, que resultó ser de 3555m, y algunos minutos más tar- 
de se pudo observar en toda su grandeza el volcán Popo- 
eatépetl frente a nosotros. Alcanzamos entonces el nivel 
inferior de los stratus, (¡ue desgarrados por el viento de 
montaña corrían como avalanchas por las abras del mon- 
te. El Cerro que Humea se levantaba ante nosotros como 
un coloso que quisiera tocar el cielo con su cima. Nieve y 
hielo a trechos, éste último en mucha mayor cantidad, 
manchaban sus faldas,- dándole un color gris un tanto mo- 
nótono. Tal era la majestad de su mole que se antojaba 
que desde su elevada cumbre se podría contemplar toda 
la Tierra.... (luizá el Universo. 

A la Ih lom alcanzábamos el límite superior del bos- 
que de pinos, (jue ya con anterioridad habían disminuido 
en altura y frondosidad, haciéndose cada vez más peque- 
ños, de tronco más y más irregular y retorcido, y dejando 
claros grandes y numerosos, cubiertos de zacatal seco ; co- 
mo si al presentir la altura se inclinaran respetuosamente 
hacia el suelo. Los fracto-stratus ascendían de las abras 
como fantasmones blancos em])ujados por fuerza invisible. 

Los .S700 metros de altura sobre el nivel del mar, se 
pasaron a la Ih 20m de la tarde, y veinte minutos después 
teníamos a la vista, a luiestra izciuierda, el Valle de Cal- 
pulálpam. Próximo a nosotros se alzaba ya el cerro de 



NOTA SOBRE UNA EXCURSIÓN AL POPOCATEPETL 409 

■ .^___^_ 

Tlamacas. A lo lejos, hacia el Norte, limitaba el horizonte 
las azules montañas que forman la cordillera de Tlaxco con 
la alta y hermosa peña del Rosario. Atrás el Ixtaecihuatl, 
majestuoso e imponente también como su compañero, lucía 
su nivea vestidura y sus picachos al parecer iimaccesibles. 
A las 2h 5m un nuevo cambio de panorama tan interesan- 
te como los anteriores: el Valle de Puebla estaba a la vis- 
ta con la Malinche sirviéndole de horizonte oriental. Lle- 
gábamos entonces al límite de las arenas volcánicas, y en- 
tramos en campos de ellas, ligeramente rizadas por el 
viento. 

Al fin, a las 2h 15m de la tarde, alcanzábamos el pa- 
raje de Tlamacas, a una altura de 3867 metros sobre el ni- 
vel del mar, según las observaciones hipsométricas practi- 
cadas esa misma tarde. Este paraje, lugar obligado d;? 
refugio para pasar la noche, se encuentra situado en una 
hondonada a pocos pasos del límite de los hielos del Po- 
po, y hasta donde llegan los últimos y ratiuíticos pinos, 
separados de trecho en trecho por grandes zacatales o por 
espacios cubiertos de arenizca volcánica. 

Unas míseras chozas construidas, entre los troncos de 
estos últimos ejemplares de la flora de la montaña, con 
ramas entrelazadas y zacate en abundancia a guisa de te- 
cho y de lecho, sirven de improvisado dormitorio a todos 
los excursionistas qué se aventuran a visitar estas soleda- 
des, atraídos, como nosotros, por el deseo de estudiar o 
por simple curiosidad de turistas. 

Hasta aquí terminó nuestra jornada en mxila, pero 
apenas tomamos ligero alimento salimos a pie hacia el ven- 
tisquero del Fraile, que se miraba como un pico de granito 
en lo alto de la cuesta ([ue formaba el horizonte occiden- 
tal. A las 4 de la tarde alcanzábamos el pie del ventisque- 
ro y la cima de un precipicio a la vez, donde el señor 
Weitzberg se proponía hacer determinada serie de inves- 
tigaciones de orden vulcanológico. Yo me dediqué a otra 



410 PROF ELPIDIO LÓPEX 



clase de estudios, comenzando desde allí una serie de ob- 
servaciones de carácter climatológico con el objeto de co- 
nocer algunos importantes detalles del clima de montaña. 

El termómetro se mantenía entonces próximo a 0\ pe- 
ro sin alcanzar aún esta temperatura crítica del agua. Los 
stratus, desgarrados siemipre por un ciento ascendente de 
montaña, pasaban envolviéndome y precipitándose en cas- 
cada liacia el noreste. La humedad del aire era débil, osci- 
lante entre un 50 y un 55 por ciento a lo más. La altura 
medida fue de 4177 metros sobre el nivel del mar. 

Unas de las causas que con especial interés me lleva- 
ron al pie del ventisquero, fue la de saber el por qué de 
la desaparición de la nieve del volcán, ahora cubierto en 
su mayor parte por una gruesa capa de hielo endurecido 
que brillaba a la luz solar, como si el cono volcánico hu- 
biera sido hábilmente barnizado. Se dice con insistencia 
que este fenómeno de la desaparición de la nieve se debe 
a la actividad en que se encuentra, pues se supone que la 
temperatura del cono volcánico ha sufrido un aumento que 
no le permite conservar nieve en su superficie. La respues- 
ta, lejos de satisfacer a los principios de la ciencia, está 
en contradicción con las leyes físicas ; pues si la nieve se 
licúa al contacto de superficies cuya temperatura es supe- 
rior a O ', o bajo la influencia de una atmósfera llena de 
vapores en las mismas condiciones de calor, con mayor ra- 
zón le sucedería al hielo que cubre en gran parte la falda 
inhiesta del cono volcánico, que requiere para su manteni- 
miento temperaturas inferiores al punto de congelación. 

Ahora bien, se observa que las fumarolas (|ue lamen 
frecuentemente la superficie del volcán no llegan a fundir 
la capa de hielo (|ue la cubre; y si orientadas por el vien- 
to forman un manto horizontal a grande altura, su efecto 
no puede ser otro que el de dismiiuiir la transparencia 
del aire, y por lo tanto atenuar el valor de la radiación 
solar. 



NOTA SOBRE UNA EXCURSIÓN AL POPOCATEPETL 411 

Sabido es que para que haya formación de nieve, es 
condición indispensable que la condensación por enfria- 
miento sea lenta y progresiva; pues si, por lo contrario, 
se verifica ésta rápidamente, estando en estado de sobre- 
fusión las gotitas de agua que constituyen las nubes, id 
contacto con un cuerpo sólido se solidifican inmediatamen- 
te recubriendo poco a poco el cuerpo de una capa de pe- 
queños cristales de hielo, tal como se observa en el Popo- 
catépetl. Así pues, los vapores que arroja el cráter, lejos 
de licuar la nieve ya formada, la endurecen rápidamente al 
evitar el enfriamiento lento de las capas de aire próximas 
a la superficie del cono volcánico ; o bien impiden su for- 
mación por la propiedad que tienen de atenuar la radia- 
ción solar. 

Antes de descender de esta altura a que habíamos lle- 
gado, pude oír claramente los silbidos que salían del cráter 
del volcán al arrojar la nube de vapores que aparecía de 
tiempo en tiempo. En ocasiones parecía semejante al redo- 
ble de un tambor o al silbido del vie'nto ; pero cuando la 
cantidad de vapores era mayor, el ruido era igual al del 
tiiieno que retumba en las concavidades de la montaña du- 
rante una tempestad de calor. 

Al caer la tarde descendimos del ventisquero hasta 
nuesro improvisado albergue en Tlamacas, donde nos es- 
peraba una buena hoguera, encendida por los guías junto 
a una de las chozas allí distribuidas. 

Tan luego como la noche cayó sobre nuestro campa- 
mento el termómetro descendió a 0°, y el ambiente se tor- 
nó en extremo desagradable. Un viento del SW comenzó a 
soplar moderadamente desde las ocho de la noche, y a me- 
dida que el tiempo avanzaba, su velocidad subía regular- 
mente y de prisa. Hacia las 91i 30m el viento alcanzó a ser 
fuerte ; y a la luz de la Luna en llena pudimos observar 
que nubes cirrus-ventosus corrían rápidas del SW, al mis- 



412 PROF. ELPIDIO LÓPEZ 



rao tiempo que densos nubarrones de los tipos inferiores 
avanzaban por el Oeste, trasponiendo la cresta del ventis- 
quero. Minutos más tarde el viento arreciaba aún más; de 
fuerte pasó a violento, y una tempestad de nieve se nos 
echó encima. Confirmamos entonces nuestra previsión-: La 
depresión del Pacífico adquiría su máxima intensidad, con- 
tribuyendo a la formación de una fuerte pendiente baro- 
métrica, que dos días después daba origen a la primera on- 
da fría de este Invierno. 

El viento, casi huracanado en algunas de sus rachas 
más fuertes, producía ruidos poco tranquilizadores entre el 
follaje de los pinos que nos rodeaban, confundiéndose con es- 
tos ruidos los que nos llegaban del cráter del volcán. Por 
momentos semejaban unos y otros el paso de un pesado 
tren de carga sobre un puente metálico, el ronco retum- 
bar del trueno, el estrepitoso rodar de cien carretas sobre 
un mal empedrado ; y cuando pasaban ráfagas de gran ve- 
locidad, claro se distinguía su rápido alejamiento hacia el 
abismo, llegando hasta nosotros el estrépito cada vez más 
lejano que éstas originaban en el espeso bosque que se ex- 
tendía a nuestros pies. 

El viento duró toda la noche, arreciando la nevada en 
la madrugada del día 26. Al amanecer todavía podían re- 
gistrarse algunas rachas de viento fuerte, que nos impidie- 
ron continuar la marcha hacia el cráter del volcán. La tem- 
peratura se mantenía abajo de 0°, los nublados invadían 
tanto el Valle de México como el de Puebla, y los cirrus 
seguían moviéndose de prisa. Todas las probabilidades eran 
de ([ue el mal tiempo no hacía sino empezar, y (jue lo pru- 
dente era dejar el cami)o libre a la boirasca. 

A las 9h 30m de la mañana se emprendió el viaje de 
regreso, el cual se hizo sin novedad alguna digna de men- 
ción ; y cuando de vuelta en la Capital pudimos orientar- 
nos sobre la situación dinámica reinante en las capas bajas 



NOTA 80BRE UNA EXCURSIÓN AL POPOCATEPETL 413 

de la atmósfera, comprendimos lo aceitado de nuestro re- 
greso, pues la pendiente barométrica era de 1.8, presentánr 
dose el tipo característico de las nevadas en la Mesa Cen- 
tral. Entonces se tenían ya todos los datos para prever que 
ía onda fría que se avecinaba era la más intensa del año, 
así como que era probable que dada su intensidad bajaría 
hasta el Valle, con su acompañamiento de nevadas en las 
montañas y fuertes heladas a continuación. 
Y en efecto, así sucedió. 

México, 31 de diciembre de 1920. 



SOCIÉTÉ SCIENTIFIQUE "ANTONIO ÁLZATE".— MÉMOIRES, T. 39 415 



MUSEOLOGIA 



LOS MUSEOS Y SU DOBLE FUNCIÓN EDUCATIVA 
E INSTRUCTIVA (1) 

POR JESÚS GALINDO Y VILLA. M. S. A. 

Profesor decano del Museo Nacional de Arqueologi'a, 

Historia y Etnología : ex- Di rector de este Instituto 

y de la Academia Nacional de Bellas Artes 



I 

LOS MUSEOS 

La extrema importancia que viene asignándose al mu- 
seo moderno, ya sea desde el punto de vista científico o 
artístico, y del industrial y comercial, pero más que nada 
como centro educativo e instructivo de primer orden, me 
mueve a ocuparme en determinadas generalidades sobre 
este linaje de instituciones, que ya han merecido la aten- 
ción de nuestros hombres de estudio ; y recientemente las 
juiciosas indicaciones y apreciaciones de un espíritu cul 
tivado, lleno de entusiasmo y de fe por el avance de los 
acontecimientos humanos, en nuestro medio intelectual tan 
pobre y tan lleno de anemia. (2) 



(1) Trabajo inédito, leído por su autor en las sesiones que 
celebró la Sociedad Científica "Antonio Álzate", el 6 d^e di- 
ciembre de 1915 y el 3 de enero de 1916. 

(2) Dr. Alfonso Pruneda. — Algunas consideracionos sóbrelos 
Museos. Estudio de introducción presentado a !a Sociedad Me- 
xicana de Geografía y Estadística. — México, 1913. 



416 PROF. JESÚS GALINDO Y VILLA 

Es verdad que aim en brega absoluta contra la falta 
de estímtilo y frente a la eterna lucha de las pasiones y do 
las pequeneces terrenas, hay en México grupos de hom 
bres especialistas que lejos de todo fin de lucro y por amor 
verdadero a lo que es casi exclusivo objeto de sus afanes, 
han venido manteniendo el fuego sagrado del arte o de 
la ciencia en el seno de nuestros museos. 

El sumo cuidado con que los gobiernos extranjeros 
atienden generalmente a los museos, las sumas fabulosas 
que en algunos se invierten, como por ejemplo, en el gran 
Instituto de South-Kensington, en Londres, que posee una 
asignación anual por parte del Gobierno Británico de . . . 
£600,000 o sean 15.000,000 de francos ; la preeminencia que 
tienen dentro de las mismas ciudades, ocupando grandio- 
sos palacios, ya sea adaptados como el del Louvre o espe- 
cialmente construidos como la rica Pinacoteca de Munich, 
o los Museos de los Estados Unidos ; la escrupulosa selec- 
ción de su competentísimo personal docente a cuya cabe- 
za figuran los hombres de ciencia de reputación univer- 
sal, como lo han sido los egiptólogos Mariette y Maspero, 
o artistas distinguidísimos y eruditos como los Madrazos, 
encargados que fueron del soberbio Museo pictórico del 
Prado de la Capital de España ; el deseo fervoroso de to- 
dos los viajeros cultos, de todo hombre ilustrado, de re- 
correr las galerías de esos planteles, para instruirse con 
sus enseñanzas, o deleitarse ante las obras de arte o remon- 
tarse a tiempos pretéritos y vivir la vida de centenares 
de años atrás, todo ello nos hace pensar en el inmenso va- 
lor técnico de los Museos y en los fines prácticos y utili- 
tarios — en el sano sentido de este término — para los que 
han sido instituidos. 

* * # 

¿Qué es, ante todo, un Museo? En parte alguna del 
mundo — aun cuando parezca exagerada la expresión — creo 



LOS MUSEOS Y SU DOBLE FUNCIÓN EDUCATIVA E INSTRUCTIVA 417 

que hay tanta ignorancia sobre el carácter genuino de los 
Museos y de su alta y noble finalidad, como en México. 

No ha sido para nosotros, ese soñado "templo de las 
Musas," "el gabinete de estudio del hombre de ciencia o 
de letras y el foco del trabajo del artista," sino el alma- 
cén de curiosidades inservibles ; la bodega de lo inútil ; el 
rincón para depositar todos los desperdicios de cosas 
viejas. 

¿Qué podré agregar a la calurosa defensa que, por 
ejemplo, hizo de nuestro antiguo Museo Nacional la be- 
nemérita Sociedad Mexicana de Historia Natural, ante la 
Cámara de Diputados, (1) cuando se pretendió, en 1881, 
suprimir nada menos que el personal y los gastos del plan- 
tel ; es decir, todas sus fuentes de prosperidad, de fomen- 
to, de conservación y de recursos? Entonces, la Sociedad 
sintetizó en un estudio dirigido a aquel alto Cuerpo, lo que 
era y lo que debía ser un Museo. Concretándose al nues- 
tro, citado, recordaba que se fundó para la investigación 
científica : para el estudio de la flora y de la fauna mexi- 
canas, de los minerales, de la estructura de la costra te- 
rrestre y de nuestras antigüedades, como fuentes de infor- 
mación y documentos para esas investigaciones. Colecta-', 
clasificar metódicamente para servir a la vez de enseñan- 
za popular y de estudio al sabio, al erudito, son los fines 
principales — decía la Sociedad — de todos los Museos del 
mundo. Los trabajos de selección y de clasificación requie- 
ren gran suma de conocimientos y dilatada práctica, y 
aquéllos — los conocimientos— se obtienen a fuerza de es- 
tudio y de prolongadas vigilias. Por eso todos los gobier- 
nos de los pueblos civilizados protegen, a porfía, los Mu- 
seos, dotándolos con verdadera esplendidez, sin considerar 
jamás superfino, por cuantioso que sea, ningún gasto im- 



(1) El Museo Nacional. — La Sociedad Mexicana de His- 
toria Natural a la Cámara de Diputados del Congreso de la 
Unión. — México 1881. 



418 PHOP. JESÚS GALINDO V VILLA 

pendido en la conservación y en el prog-reso de los esta- 
blecimientos en donde el viajero encuentra reunidos, cla- 
sificados y estudiados, los varios productos del suelo, y en 
donde palpa y examina de bulto los progresos de la civi- 
lización, el origen, las costumbres, las mutaciones, las ten- 
dencias y los progresos realizados por los aborígenes y poí* 
todas las razas que a ellos sucedieron ; es el museo, la his- 
toria viviente y la voz de las generaciones que fueron ; 
retrata la civilización y el carácter de las presentes, y re- 
coge cuidadoso las reliquias de las venideras. No sólo el 
sabio encuentra en los museos motivo de estudio y asun- 
tos de investigación ; el pueblo, por indocto que sea, ha- 
lla también la más completa instrucción objetiva, la que, 
hablando a los sentidos, despierta su inteligencia y pone 
en ejercicio su razón, sin necesidad de fatigosos estu- 
dios en los libros, no siempre al alcance de muchos de los 
concurrentes a los museos. Ninguna enseñanza es de más 
fructuosos resultados que la que pone a la vista los hechos 
y los objetos en que se ocupa. Las más arduas explicacio- 
nes, la disertación más luminosa, no dejan tan profunda 
huella como la demostración práctica que pone al oyente 
en aptitud de examinar la bondad de las teorías, y por ?í 
mismo analiza y estudia las relaciones que entre sí guar- 
dan los hechos que se le refieren. La observación propia es 
siempre origen de útiles deducciones y contribuye al escla- 
recimiento de la verdad. A fines tan provechosos satisfa- 
cen cumplidamente los Museos; son, por decirlo así, libros 
prácticos en donde el pueblo ve la ciencia de bulto. (1) 

Las anteriores consideraciones ; el concepto moderna 
de Museo, o más bien dicho, la idea nueva que de esta 
institución se tiene; los trabajos que se han emprendido 
en los nuestros y la importancia (jue van adquiriendo loí 
ya establecidos en la Ciudad de México, no sólo permiten 



(1) Pruneda. — Algunas consideraciones sobre los Museos. 



LOS MUSEOS Y SU DOBLE FUNCIÓN EDUCATIVA E INSTRUCTIVA 419 

sino que aún obligan a rectificar el falso concepto que de 
ellos se tiene, a fijar su carácter técnico y a señalarlos co- 
mo centros indiscutibles de educación y de instrucción. 

* * * 

Por lo que brevemente acabo de exponer, puede acep 
tarse la definición de Museo, en general, tal como bajo 
esa- idea nueva se considera en la actualidad. Museo es, 
pues, una institución destinada a guardar cuidadosamente 
todas las obras humanas, tanto científicas como artísticas 
y muchas de la naturaleza, que interesan al hombre; y pa- 
ra preservarlas de la destrucción y contribuir por medio 
de ellas a la cultura social. (1) 

Por tanto, el Museo ideal — rcouxo se ha hecho not'^r— 
abarcará todos los dominios de los conocimientos huma- 
nos; lo que hace arbitraria en cierto modo la separación 
que, por diversas circunstancias, existe comunmente en- 
tre los Museos de ciencia y los de arte. En efecto, en un 
Museo, deberíamos encontrar sistemáticamente exhibidos, 
desde el ejemplar anorgánico, la roca, el mineral, el metal, 
hasta el más perfecto etnográfico, es decir, la historia de 
la Tierra, y desde la Prehistoria con su cortejo de teorías 
y de fósiles, (2) hasta lo que el hombre fabrica o elabora 
en nuestros días. Pero si esto es imposible prácticamente, 
en cambio la coordinación, la unidad, el encadenamiento 
científico o artísticos, debería alcanzarse haciendo depen- 
der todos los Museos de un centro directivo común. 



(1) Loe. cit. 

(2). — Viene desde hace tiempo tildándose de errónea, eti- 
mológicamente, la denominación de Prehistoria (antes de la 
Historia) y, por tanto, la de tiempos prehistóricos, denomina- 
ción que, como dice Altamira en su Historia de España, se 
presta a falsas interpretaciones; pero no se ha querido dar, 



420 i'Koi'. JESÚS (íalixdo y villa 






Prescindiendo de hacer la historia del Museo, en ge- 
neral, pues sabemos bien que esta clase de instituciones 
es relativamente reciente en la forma y organización que 
hoy tienen ; y sin hacer mérito de las obras de arte o de 
los restos materiales históricos que desde los mejores tiem- 
pos atenienses y de la época de Pausanias, ya se colocaban 
en plazas y en calles a la pública expectación, el término 
Museo se aplica actualmente : 

1.° A la institución que contiene una gran colección 
de objetos de arte o de ciencia ; 

2.° A instituciones destinadas a dar a conocer los pro- 
ductos de los países para la industria y el comercio, y que 
forman a manera de exposiciones permanentes. 

En consecuencia, se impone la siguiente división na- 
tural : 

1. Museos Científicos; 

2. Museos de Arte ; 

3. Museos Comerciales e Indvistriales. 

Dentro de esta división, cabe la de Museos generales 
y Museos especiales. 

Atendiendo, en consecuencia, a la complexidad de los 
conocimientos humanos y, por tanto, a la naturaleza in- 
trínseca de los objetos de exhibición, y a los fines del Mu- 
seo, intentaré presentar como ejemplo de clasificación el 
cuadro siguiente y que expongo tan sólo para ilustrar 
el punto, y siti presunción alguna: 



sin embarg:o, a ese término tal sentido, según advierte el pro- 
pio estudioso autor, sino el de referirse a tiempos en que no 
existían aún testimonios literarios escritos (narración histó- 
rica de la vida de los pueblos), pudiendo utilizarse tan sólo 
los restos materiales que son documentos inapreciables para 
la Arqueología prehistórica. Desde este punto de vista, es per- 
fectamente admisible, en mi concepto, un museo ya sea de 
Prehistoria general, o de Prehistoria especial o particular. 



LOS MUSEOS Y SCJ DOBLE FUNCIÓN EDUCATIVA E INSTRUCTIVA 



421 



íBiología 
Historia natui'al 
Antropología General 
Generales -j Etnografía General 
Prehistoria General 
Historia General 
[ Arqueología General 



Museos 
Científicos 



í Mineralogía 
Geología 



Paleontología 



^ Pal 
I Pal 



Paleontología 
eozoología 



Botánica -Jardines 
Zoología-- Jardines 

Antropología física 



5 Gran 

^Anti 



Botánicos 
Zoológicos 

aneología 

roponietrla 

Etnografía regional (Mexicana) 
Prehistoria r^-gional (Casas Grandes) 

I Epigrafía 

! Nixmisniática 
Historia pariicular I Heráldica 

I Iconografía 

l^Etc. 



Especiales i 



(Mexicana 



Arqueología 
particular 



(Azteca 
I Maya 

Mixteco-Zapoteca 
{ Tarasca 
I Totonaca 

Paleucana 

Etc. 



Anatomía humana 



■ Egipcia 
I Asirla 
(Cristiana & 

^ Normal 
'^ Patológica 

Anatomía comparada 
Museos escolares 
Museos pedagógicos 

Artillería y Marina (Desde el punto de vista neta- 
mente científico) 
Etc. 



Museos 
Artísticos 



Artes 
Plásticas 



Arte Industrial 



(Arquitectura 
1 Pintura 



I Escultura 
[ Grabado 

í Indumentaria 
! Mueble 
{ Panoplia 
j Eborarii 
( Orfebrería 



422 



PROF. JEsrS GALIXDO Y VILLA 



Museos Comerciales o 
Industriales 



Museos diversos 



í Tecnológicos 
! Forestales 
I Electrotécnicos 
I De Minas 

f Historia de Ciudades 

i Postales 

; Sociales (como el del Conde de Chambrun en París) 

I De imágenes (Figuras de cera) 

[Etc. 



Un Museo Ideal sería, de consiguiente, un Museo ab- 
solutamente completo, de Astronomía y de Historia Na- 
tural propiamente dicha; y comprendería la más variada 
suerte de ejemplares de toda especie, distribuidos según 
todos los conocimientos humanos (originales, copias, foto- 
grafías, dibujos, esquemas, cuadros, etc., etc.) Así, verbi 
gratia, tendríamos : 

I.^ astronomía.— El Universo en su conjunto. 



II.— HISTORIA 
NATUKAL 



Biología. 

(La Ciencia de 

la vida). 



1 Historia de la 
!■ Tierra 



( í Geología 
A)- ; Mineralogía 

I Paleontología I 

B)-Botánica. — El mundo vegetal. — 

Floras . 
C)-Zoología. — El mundo animal. — 

Faunas 

ÍEl Hombre con todas 
las infinitas mani- 
festaciones de su 
actividad, desde su 
aparición solare la 
superficie de la Tie- 
ira hasta el momen- 
to actual. — Artes, 
Ciencias, Industrias 
cuadro completo de 
las Civilizaciones. 



D)- Antropología 
(Tomada en 
su más am- 
]ilia acepción, 
como la cien- 
(•ia del hom- 
bre). 



* * * 



Por otra parte, los Museos escolares, cuyas coleccio- 
nes de objetos los más variados están formados — como es 



LOS MUSEOS Y SU DOBLE FUNCIÓN EDUCATIVA^ E INSTRUCTIVA 423 

bien sabido — en las escuelas primarias, "frecuentemente 
por los profesores, con ayuda de los alumnos, y general- 
mente con productos de la región donde está la Escuela, 
son accesorios indispensables de la lección de cosas de crea- 
ción moderna, su papel es importante en los actuales sis- 
temas de enseñanza: los sostienen para su prosperidad, el 
Estado o el Municipio." 

El tipo de Museo Pedag-ógico, es el de París, creado 
(1879) para ayudar en sus investigaciones a cuantas per- 
sonas se consagran a la enseñanza primaria. Encuentran 
en él todos los libros y documentos que pueden interesar- 
les; los objetos de mobiliario y material escolar, instru- 
mentos eientíñcos, etc. : provisto, además, de su biblioteca 
circulante que se compone de libros destinados a ser pres- 
tados en todo el país. 

Los Museos Comerciales están destinados a dar a co- 
nocer los productos de los países para el consumo de la 
industria y el comercio (Tecnológicos), y constituyen una 
exposición permanente. En varios países han adquirido un 
importante desarrollo. 

También a ciertos Museos se les ha dado el nombre, 
bastante correcto, de Conservatorios; a nuestro Museo Na- 
cional se le llamó en sus orígenes, Conservatorio de Anti- 
güedades; porque también están aquellas instituciones 
destinadas al progreso de las Artes, a propagar su ense- 
. ñanza y a fomentarla por todos los medios posibles ; si bien 
actualmente se restringe el término, aplicado a las artes 
industriales o al arte divino de Euterpe. 

Los Gabinetes son pequeños museos o colecciones de 
útiles, aparatos, instrumentos o ejemplares pertenecientes 
a algunas ciencias y que existen en determinados centros 
docentes, tales como los Gabinetes de Física o de Historia 
Natural. 

Mem. Sor. Álzate. — lC-Julio-W21.—t. 3U— 28 



424 PROK. JESÚS OALINDO Y VILLA 

A cada Museo importante va siempre anexa una bi- 
blioteca especialista, que es el complemlento obligado e in- 
dispensable de toda institución docente. 

Hay también ciudades enteras, que son verdaderos 
Museos: nadie negará este carácter a las ciudades de Ro- 
ma o Florencia, a la de Toledo en España o a la Ciudad 
muerta de Pompeya en la propia Italia. 

II 
LOS FINES — LOS MEDIOS 

Hemos dicho que un Museo recoge, clasifica y conser- 
va los objetos que exhibe al público ; por tanto, hay dos 
cuestiones que desde luego surgen, cada una con su impor- 
tancia esencial : los Fines que se propone la institución .il 
organizarse, y los Medios de que dispone para llegar al re- 
sultado práctico de esos fines. 

Veamos cada una separadamente : 

FINES 

Claramente se ha asentado que el objeto de los Mu- 
seos es el de la cultura general ; es decir, enseñar. Pero la 
función pedagógica comprende otras dos que, si bien son 
distintas, casi siempre caminan paralelas : la educación y 
la instrucción, que con frecuencia se las confunde. 

La educación es tanto o más importante que la ins- 
trucción : la primera, es de detalle fundamental para lle- 
gar a establecer los principios de perfeccionamiento del 
hombre ; mientras (pie la segunda se consagra a formular 
ios preceptos que deban practicarse para realizar el fin 
de la enseñanza. (1) 



(1) L. E. Ruiz. — Pedagogía. 



LOS MUSE08 Y SU DOBLE FUNCIÓN EDUCATIVA E TNSTRUCTIVA 425 

Así se educan, como todos lo sabemos, las facultades 
físicas, morales e intelectuales del individuo, por una se- 
rie sucesiva de ejercicios constantes ; se educan las facul- 
tades sensorias, las locomotrices, la actividad; la vista, 
el oído, el gusto ; la percepción, la atención, la memoria, 
la imaginación, el raciocinio, la abstracción ; se educan los 
sentimientos, la voluntad, el carácter; hay educación reli- 
giosa, como la hay cívica (no confundirla con la instruc- 
ción) o la estética. 

Se educan asimismo, el lenguaje, los modales, el mo- 
do de conducirse en sociedad, hasta la manera de andar 
en las calles, y cuántas veces, más que una instrucción sin 
educación, ésta última es la médula de la felicidad del in- 
dividuo. En efecto, está demostrado que la instrucción ais- 
lada, si no se la integra con una educación sabia y pro- 
funda, perjudica a ese individuo y puede llevarlo hasta 
el más punible delito, . como lo comprueban las estadísti- 
cas de la criminalogía. Por eso los moralistas, los psicólo- 
gos, los pedagogos, exclaman sin cesar : educar, educar, 
educar. 

La música de los buenos maestros, bien escuchada de 
continuo, llega a refinar el oído, el gusto, el sentimiento 
estético ; y esta refinación, es educación ; la vista frecuen- 
te de pinturas, de esculturas celebradas, de edificios ma- 
jestuosos, y de indisputables bellezas, como una catedral 
o un palacio educarán a ese precioso sentido, el gusto mis- 
mo y el sentimiento estético también, al par de la percep- 
ción, de la atención, de la imaginación, y aun la abstrac- 
ción hacia el objeto de nuestro examen, que puede llegar 
a absorbernos aislándonos momentáneamente de cuanto nos 
rodea. Nada hay comparable con la observación y la con- 
templación de la Naturaleza como medio educativo ; el mo- 
vimiento grandioso y mudo de los astros ; la distribución 
de las especies vegetales y animales sobre la superficie de 
nuestro mísero globo ; el encadenamiento admirable de los 



426 PROF. JESÚS G ALINDO Y VILLA 

seres organizados desde la insignificante celdilla hasta el 
hombre, superior a todos por el brillo de su inteligencia 
y por su facultad de comunicación por medio de la pala- 
bra hablada, todo ello despierta en nosotros la noción edu- 
cativa del orden, de la armonía, en medio de tanta com- 
plexidad, de la existencia de leyes incomparables que go- 
biernan el Universo entero ; concepciones (pie nos discipli- 
nan y acostumbran a la vez, a sujetarnos a nosotros mis- 
mos, a métodos y orden de vida y de trabajos. 

Todos sentimos la emoción del patriotismo o de la ad- 
miración ante el retrato de un héroe o por la representa- 
ción de un hecho de armas glorioso, o ante un monumen- 
to conmemorativo, y si a la vista de esas imágenes recor- 
damos de viva voz o en forma perdurable, con una 
leyenda o una simple etiqueta, la vida de aquel héroe o 
los episodios de esa batalla, abriremos de par en par las 
puertas a la curiosidad histórica, al evocar nombres, fe- 
chas, lugares, anécdotas ; templaremos las cuerdas del ci- 
vismo, y si multiplicamos los objetos y el ejemplo y nos 
ejercitamos frecuentemente en su contemplación y en sa 
análisis, iremos educando, sin darnos casi cuenta, la volun- 
tad y el carácter, con lo cual llegaremos a ser buenos ciu- 
dadanos y a poseer la noción de la Patria, que es tan vaga 
en ciertos espíritus, pero que en ellos está latente y pue- 
de exteriorizarse en eual(]uier momento. 

Y ¿qué mejor enseñanza (|U0 la ])roporcionada por un 
Museo, i^uesto que es esencialmente objetiva? Con ésta se 
obtiene el desiderátum de la pedagogía : la educación múl- 
tiple y simultánea de la atención, de la abstracción, de la 
vista, de la percepción, del sentimiento estético, del racio- 
cinio ; en suma, de las facultades en general, de consuno 
con el desarrollo paralelo de la instrucción. 

Sería ocioso (pie confirmáramos con mayores ejemplos 
tales aseveraciones, después de lo (pie hemos pretendido 
fijar,- sobre las altas funciones pedagógicas de los museos. 



LOS MUSEOS Y SU DOBLE FUNCIÓN EDUCATIVA E INSTRUCTIVA 427 

Supongamos, empero, una visita a las salas de escul- 
tura de nuestra Academia de Bellas Artes, y otra a las 
de Pintura : si se hace por abstraer al individuo hacia una 
escultura, se irá acostumbrando a fijar la atención y al 
par la vista, sobre la actitud, el modelado, la anatomía 
de las formas, la delicadeza y mobilidad o rigidez de las 
líneas (percepción) ; la belleza del ejemplar, la del mismo 
material (mármol o bronce) de los modelos; se exaltará 
el sentimiento estético y el gusto se irá conformando. Un 
cuadro de cualquiera naturaleza que sea, despierta la aten- 
ción: sobre si están fielmente representados los objetos so- 
bre el lienzo ; si los colores, las luces y el conjunto son ver- 
daderos, y así la vista, la atención, la percepción nos 
educarán la apreciación y el juicio estéticos, etc. Ahora 
bien ; si la escultura se llama Moisés de Miguel Ángel, 
gloria del Reuacimento italiano, o el paisaje Valle de 
México, por José María Velasco, discípulo distinguido del 
paisajista milanés Eugenio Landesio ; y un cuadro que 
examinemos el Padre Las Casas, de Félix Parra, todo 
ello nos hará entrar en una serie de análisis y consi- 
deraciones, para poner en actividad lan función instruc- 
tiva, del Museo, porque nos recuerdan o nos darán a co- 
nocer, épocas históricas, escuelas artísticas, personajes, 
maestros, artistas, etc. 

A muchas personas ilustradas he oído decir ante nues- 
tros monolitos arqueológicos: "'eso es pavoroso; no hemos 
visto esculturas más deformes y horribles." En este caso 
ha faltado educación e instrucción en la materia ; pues 
cuando a esas mismas personas se les han ido mostrando 
sucesivamente las bellezas de las formas, las grecas, y cur- 
vas, el movimiento de las líneas y de las superficies escul- 
pidas, etc., han quedado asombradas de lo que antes su no 
educada percepción no alcanzaba; de lo que el ojo no veía; 
del heriatismo solemne, inmutable, como el majestuoso 



428 PKOF. JEsrs galindo y villa 

egipcio, que rige a las innumerables figuras de nuestras ci- 
vilizaciones prehispánicas. 

¿Quién negará la belleza y el primor, después de ese 
análisis, a los bajos relieves del Palenque, al Calendario 
Azteca y al Océlotl de la calle del Reloj ? Y si también an- 
te esos ejemplares nos ponemos a disertar sobre los impe- 
rios desaparecidos, cuj'os restos palpitantes contemplamos, 
se agolpan en nuestra mente toda su organización sorpren- 
dida por la falange de Cortés; su religión, su calendario, 
su escritura jeroglífica, su historia, en último análisis; y 
así la enseñanza, es decir, la función pedagógica quedará 
consumada. 

La contemplación de la Naturaleza, llama fuertemen- 
te la atención de todos los espíritus por más incultos (jue 
sean, y contribuye, como antes decía yo, a disciplinar has- 
ta las mismas acciones humanas con el método y el orden. 
¡Cuan eminentemente educativo y profundamente instruc- 
tivo es un Museo de Historia Natural! Sus cuadros gene- 
rales son las síntesis de la vida del Universo : sus detalles, 
innumerables ejemplos que imitar, j A (|ué serie de estu- 
dios, de exámenes, de consideraciones, de investigaciones, 
se presta la infinita variedad de rocas, de plantas y ani- 
males! Basta una simple visita, bajo una hábil dirección, 
para que la inteligencia menos pulimentada pueda enten- 
der desde luego la gran división entre el mundo anorgá- 
nico y el orgánico, entre los vertebrados y los invertebra- 
dos ; y al despertarse la curiosidad y repitiendo visitas 
y explicaciones con cierto método y constancia se obten- 
drá satisfactoria instrucción objetiva acerca de clases, ór- 
denes, familias, géneros, especies, etc. ; sobre usos, costum- 
bres, caracteres y aplicaciones respectivas ; Morfología, 
Anatomía, Fisiología, etc. 

Debe decirse con verdadero beneplácito, ({ue el actual 
Director de Estudios Biológicos, (pie lo es también del Mu- 



LOS musp:os y si' doble punción educativa e instructiva 429 

seo Nacional de Historia Natural, (1) ha sabido dar a éste 
un carácter práctico, a la vez que educativo e instructivo, 
por medio de letreros, de etiquetas, de referencias de to- 
das clases y al alcance de todos los intelectos ; al grado 
de que el arreglo de las colecciones de ese Museo y sus 
indicaciones, pueden tomarse como un modelo digno de to- 
do encomio y de imitación en los demás planteles simi- 
lares. 

"El Museo, — dice el Dr. OsbOrn, (2) — no debe ser un 
santuario ni una caja fuerte para guardar objetos raros, 
curiosos o de valor; no es una fuerza conservadora, es una 
fuerza siempre en movimiento hacia el progreso;" y esta 
fuerza educativa progresista, se realiza en dos direcciones : 

a) En la de la investigación, 

b) En la de la enseñanza. 

Como centro de investigación, hace valer activamente 
los materiales (pie tienen guardados, poniéndolos a dispo- 
sición de los sabios y de los hombres de estudio, (pie en- 
cuentran en ellos fuentes de fecundas inducciones. 

Como centro de enseñanza, vemos que realizan una 
labor calificada ya de primer orden. El mismo Osborn, agre- 
ga: El Museo no es un lujo de civilización, sino una fuer- 
za esencial y vital en la ilustración del pueblo." "Tiene 
(esa institución) — dice el Dr. Pruneda — una cualidad par- 
ticular: enseña como la naturaleza, hablando directameji- 
te al espíritu ; el Museo tendrá éxito, si enseña ; fracasará 
prácticamente, si sólo divierte o interesa al pueblo, y fra- 
casará en lo absoluto si solamente mistifica. El museo, 
pues, debe ante todo ser un centro de educación pública y 
para ello no debe desperdiciar ninguna de las oportuni- 
dades que se le presentan, ni dejar de aprovechar todos 
los valiosos recursos de que se disj^one. Debe abrir sas 



(1) El Profesor D. Alfonso L. Herrera. 

(2) Pruneda, Loe. cit. 



430 PKOF. JESÚS GALINDO Y VILLA 

puertas a todo el mundo. En ninguna parte la educacioa 
encontrará mejor terreno que en un museo, por su objeti- 
vidad." 

Los museos, como moralizadores del pueblo, apartan 
a éste de los lugares perniciosos, de las tabernas y de los 
garitos; y como observa el mismo Dr. Pruneda, estrechan 
los lazos de la familia que acompaña al padre ; elevan el 
espíritu por la contemplación de las maravillas de la na- 
turaleza o de los prodigios del arte. 

El distinguido etnólogo Dr. Franz Boas, que varias 
veces nos ha visitado y que recientemente fue Director de 
la Escuela Internacional de Arqueología, dice refiriéndo- 
se a la doble labor educativa e instructiva de las institu- 
ciones que nos ocupan: "No hay que desperdiciar el valor 
de un museo como medio de distracción popular, especial- 
mente en una ciudad populosa, en donde debe aprovechar- 
se toda oportunidad para dar empleóla los ratos de ocio 
del pueblo, en un ambiente sano y estimulante; en donde 
cuabjuier atractivo que se le presente puede contrarrestar 
la influencia de la taberna y del atavismo, lo cual es de 
grande importancia." (1) 

MEDIOS 

Acabamos de exponer las siguientes verdades: (pie el 
museo tendrá éxito si enseña; (jue .fracasará prácticamen- 
te si sólo divierte c interesa al pueblo; que fracasará en 
lo absoluto si solamente mistifica. En consecuencia, para 
alcanzar lo primero, todos los esfuerzos deben concurrir 
a poner en juego cuantos niedios estén al alcance de esas 
instituciones. 

Dos son los resortes poderosos o medios esenciales de 
que disponen para esta altísima labor educativa, como di- 



(1) Uok'tín de Instrucción Pública.— México, IX, p. 382.— 
"Algunos principios soijre la administración de los Mu.seos." 



LOS MUSEOS Y STT DOBLE BT'Nt'IÓN EDUCATIVA E INSTRUCTIVA 431 

ce con acierto el Dr. Priineda : sus profesores y sus ejem- 
plares. 

Es tan importante cada una de estas cuestiones, que 
merecen capítulo aparte, respectivamente. 



III 

LOS PROFESORES 

Tal vez sea oportuno volver a insistir aquí en el error 
de apreciación técnica entre las verdaderas funciones de 
los profesores en los museos en general, sobre todo en los 
museos científicos y aun en los artísticos, y los profesores 
que transmiten en las aulas sus conocimientos; porque 
la falta de distinción de las primeras, ha venido perjudi- 
cando, o al menos retardando la eficacia de su cometido en 
lo que toca al actual Museo Nacional de Arqueología, His- 
toria y Etnología. Ya la Sociedad Mexicana de Historia 
Natural hacía ver ese error y esa confusión: (1) hay dos 
categorías o clases de profesores: una, la de los investig-a- 
dores; otra, la de los de la cátedra propiamente dicha, ra- 
zón por la que antiguamente se les llamaba catedráticos. 
El papel en los museos científicos del profesor investiga- 
dor se halla perfectamente definido : agrupa los objetos en- 
tregados a su estudio, bajo un método rigurosamente cien- 
tífico ; acumula el material describiendo cada una de sus 
partes, para que el catedrático o sea el profesor de aulas, 
formule la teoría y la transmita a sus discípulos ; el pro- 
fesor de un museo da vida, por decirlo así, a los objetos, 
da luz, inspira al catedrático ; éste tiene por teatro el au- 
hi ; aquél tiene un escenario mucho más vasto ; a él toca 
la observación directa, la observación experimental, la ad- 
quisición de elementos para enriquecer la ciencia ; el ca- 

(1) Loe. cit. 



432 PROP. JESÚS GALINDO Y VILLA 

tedrático es el órgano de transmisión de los trabajos del 
profesor del museo. Es necesario establecer la distinción, 
"porque es creencia muy generalizada que no hay profe- 
sorado donde no hay cátedra ; que no puede existir el pri- 
mero sin la segunda, y que nada enseña el profesor del 
museo, porque no enseña la ciencia o el ^rte, en su caso, 
desde sus rudimentos, ni inculca los conocimientos desde 
sus principios fundamentales ; siendo así <(ue ambos pro- 
fesores enseñan, y desempeñan la misma tarea valiéndose 
de diferentes medios. 

"Pudiera seguir sus tareas con el mayor éxito el pro- 
fesor de un museo sin recurrir al catedrático, en tanto que 
éste no puede desempeñar satisfactoriamente los trabajos 
sin los elementos del primero." 

Pero desde que, por ejemplo, en nuestro antiguo Mu- 
seo Nacional se establecieron investigaciones de alumnos, 
mal llamadas clases, bajo la dirección de los profesores 
del plantel, el eri'or ha sido- más intenso y más generali- 
zado, y, hasta la fecha, todavía se les iguala a \o:\ profeso- 
res de aulas sin considerar que los repetidos profesores 
del museo tienen, además, sobre sus hombros una labor 
abrumadora y de efectiva responsabilidad : son conserva- 
dores de sus departamentos. El papel de Conservador de 
un Museo, es la clave del éxito de éste, más que los mis-' 
mos ejemplares aun cuando éstos formen copiosas colec- 
ciones. 

El profesor de aula no va, generalmente, más allá de 
la enseñanza del grupo de sus discípulos, y tiene limitada 
por decirlo así, su labor. El Conservador necesita ante to- 
do ser especialista, y consagrarse en cuerpo y alma a esa 
especialidad, en la (pie casi consume su vida ; él selecciona 
los ejemi)lares destinados a la exiiibieión, para emprender 
después el arduo, el difícil, el comprometedor trabajo de 
clasificación; él tiene ((ue dar noticia, con las explicacio- 
nes consiguientes, del origen, del uso o aplicaciones, obje- 



LOS MUSEOS Y SU DOBLE FUNCIÓN EDUCATIVA E INSTRUCTIVA 433 

ta por objeto, sin faltar ninguno, y consignar todo género 
de datos en inventarios, listas, catálogos y guías ; el dar 
conferencias, escribir monoglrafías y mantener constante 
el interés y la integridad de las colecciones, que son el 
alma, la vida, la materia prima de los museos. Buena parte 
de la labor científica de los museos, consideradas como los 
mejores instrumentos para realizar los fines educativos de 
aquéllos, son las etiquetas explicativas que redactan los 
profesores-conservadores, al cabo de un trabajo ímprobo, 
apenas comprendido. (1) 

Por eso la idoneidad, la competencia, la actividad, la 
cultura y la instrucción del personal de los museos, co- 
menzando por los Directores, (Profesores, Conservadores, 
Ayudantes, Jefes de Departamento, etc.), debe ser absolu- 
ta ; y ese mismo personal requiere la elección cuidadosa 
por parte de quienes dependen de esas instituciones. Así, 
por ejemplo, en el gran Museo de South-Kensington, de 
Landres, que antes cité, y (¡ue comprende seis grandes di- 
visiones (Museo de Artes decorativas compuesto de 50.000 
ejemplares ; Biblioteca Artística, de 80,000 volúmenes y 
240,000 dibujos, grabados y fotografías ; Biblioteca cientí- 
fica y técnica de 60,000 volúmenes; Escuela de artes: di- 
bujo, pintura y modelado ; el Museo científico y Real Co- 
legio de Ciencias), los profesores, los directores, los exa- 
minadores, son hombres especialistas de los más notables 
del mundo, magníficamente expensados y estimulados, y 
cuya labor se refleja en el incesante desarrollo de aquella 
admirable institución, en su importancia siempre crecien- 
te y en los benéficos resultados científicos y artísticos pa- 



(1) Teniendo a mi cargo la Dirección del Museo Nacional 
de Arqueología, formulé en 29 de abril de 1915, ante la Se- 
cretaría de Instrucción Pública, la iniciativa para que las cla- 
ses del Museo pasaran a ocupar su sitio natural en la Escuela 
Nacional de Altos Estudios; la que fue desde luego acordada 
con fecha 27 de mayo siguiente. 



434 PROF. JESÚS GALINDO V VILLA 

ra la enseñanza general, <iue se extienden por todos los 
ámbitos del país y fuera de él. 

IV 

LOS EJEMPLARES 

(Las colecciones. — Su Exposición.) 

Si el personal docente de un museo necesita reunir 
gran suma de requisitos, nada diremos de los ejemplares 
que en el museo moderno forman la materia esencial de la 
curiosidad, del interés y de la enseñanza de las masas so- 
ciales. Pero por más ricos y selectos que sean esos objetos, 
de nada servirán para los fines pedagógicos, si un crite- 
rio sano no los selecciona, si el método no los ordena, si 
la clasificación es errónea y defectuosa, y si están mudos 
por falta de explicaciones concisas, completas y claras, que 
suplan de momento a las más amplias verbales o consig- 
nadas en catálogos y guías ; o si los edificios carecen de las 
condiciones indispensables de comodidad, de amplitud, de 
luz, de ventilación, etc., que deben llenar. La exposición 
de los ejemplares se cuida extraordinariamente en todos 
los ¡iiuseos de Europa y de los Estados Unidos. Aun re- 
cuerdo — entre otros, — la gran riqueza de las inmensas sa- 
las de los Museos del Vaticano, en donde no se sabe qué 
admirar más, si los restos de pasadas grandezas, si los 
lienzos o las esculturas de los más gloriosos maestros, o 
los pisos de lapislázuli y mosaicos de las galerías, los es- 
tucos de los muros o la esplendidez de sus artesonados. 

En el Louvre hay sala especial para un objeto único, 
en donde nada distraiga la vista y la atención del ejem- 
plar (lue con su encanto y la casta pureza de sus líneas, se 
muestra incomparable y bello en el centro de ese sitio: 
la Venus de Milo. 



LOS MUSEOS Y SU DOBLE FUNCIÓN EDUCATIVA E INSTRUCTIVA 435 

Otras veces, la decoración corresponde al carácter de 
los ejemplares, como la de las austeras salas egipcias o 
asirlas, en las cuales, el visitante, absorto, respetuoso y 
como envuelto por el polvo sagrado de las orillas del Nilo 
o de la Mesopotamia, no se atreve ni a respirar, temiendo 
que despierten de su sueño milenario las momias encerra- 
das en sus ataúdes de piedra ; se perturbe la actitud hic- 
rática de las divinidades misteriosas, o se vuelvan airados 
contra los profanadores modernos, aquellos toros de in- 
mensas alas, de cabezas humanas coronadas de tiaras y con 
rizadas barbas, que fueron el asombro de pretéritas gene- 
raciones en el celebrado palacio de Sargón. 

Aparte de los ejemplares auténticos, los museos mo- 
dernos se preocupan ahora por obtener copias de los ori- 
ginales, vaciados, moldeados y modelos, dibujos, fotogra- 
fías, planos, cartas geográficas, etc., (|ue completen la exhi- 
bición. 

Recordaré con cuánta solicitud trajo -en 1791 el exi- 
mio artista D. Manuel Tolsa, para nuestra vieja Academia 
Nacional de San Carlos, el valioso y exquisito presente de 
copias en yeso enviadas por el soberano español, y que 
constituyó el núcleo de nuestras Galerías de Escultura. El 
Rey D. Carlos III obtuvo del Papa Pío VI, como un favor 
especialísimio, la concesión de que se hicieron vaciados di- 
rectos de los principales ejemplares escultóricos del Ma- 
sco del Vaticano, para donarlos a nuestra Academia, de 
la cual el Monarca era protector. La colección se estimó 
entonces en $40,000.00, y de ella dijo el Barón de Hum- 
boldt cuando estuvo en México, que "era a principios del 
siglo XIX, la más bella y más completa que ninguna de 
cuantas existían en Alemania ' ' ¡ Yesos venerables que nin- 
guna mano sacrilega debió jamás de haber tocado para 

destruirlos! (1) 

p 

(1) Véase mi Reseña histórica de la Academia Nacional 
de Bellas Artes, en el número 1, tomo I de los Anales (1913) 



436 PROP. JESl'S GALINDO Y VILLA 

Recordaré asimismo, lo instructivo e interesante que 
fue nuestra colección de vaciados (jue llevamos a la Ex- 
posición Histórica-americana de Madrid, en 1892, y con la 
cual colección pudieron darse cuenta los sabios y los estu- 
diosos en general, de las dimensiones y de la importancia 
de los más notables monolitos de nuestro IMuseo Nacional. 
Y, a propósito de este detalle, cabe observar aquí que el 
éxito extraordinario (pie tuvo la sección de México en 
aípiel inolvidable certamen, único en su género y de difí- 
cil repetición, se debió más (jue nada al método y a la or- 
ganización científica (pie presidieron siempre en el arre- 
glo de las abundantes colecciones (pie llevamos, a la exce- 
lente colocación de los objetos y a las breves explicacio- 
nes ({ue ilustraban al visitante; en lo (pie trabajó a la 
cabeza de la Comisión, nuestro eminente maestro D. Fran- 
cisco del Paso y Troncóse. 

Traeré a la memoria algo más remoto pero que mucbos 
no hemos olvidado porcpie éramos a la sazón estudiantes. 

A fines de 1885, recién entrado a la dircción de la Es- 
cuela X. Preparatoria el Lie. D. Vidal de Castañeda y Ná- 
jera, se celebró en la Biblioteca del plantel y en parte de 
los patios, una interesantísima Exposición de Electricidad, 
que no' ha vuelto tampoco a rei)etirse, y (pie fue eminen- 
temente educativa. Todo México desfiló por la Escuela y se 
deleitó e instruyó con las conferencias y explicaciones prác- 
ticas de profesores tan distinguidos y competentes como 
nuestros maestros D. Manuel María Contreras, I). José 
Guadalupe Lobato y I). Mariano Villamil. 

¡Cuan trascendental sería hoy un Museo Electrotécni- 
co, ayudado asimismo de explicaciones, clases y conferen- 
cias para los industriales, los obreros, los estudiantes y pu 
ra todo el mundo (pie (piisiera ilustrarse, puesto (pie los 



de ese plantel, único que se publicó la víspera de mi honro- 
sísima destitución. 



LOS MUSEOS Y SU J)OBLE FUNCIÓN EDUCATIVA E INSTRUCTIVA 437 

imiseos según lo hemos dicho, no son sina exposiciones 
permanentes ! 



* * 



Entremos ahora en algunas consideraciones generales 
sobre lo que constituye el fondo de un Museo. 

Desde luego, el factor colección es el capital y de ma- 
yor importancia. La colección de objetos de cuabiuiera es- 
pecie (jue sea (documentos) arqueológicos, prehistóricos, 
minerales, famia, piezas artísticas, objetos industriales, 
etc., etc., debe reunir dos condiciones sociales : 

a) Ser completa ; 

b) Ser interesante. 

a) Una colección completa adcjuiere un inmenso valor 
intrínseco y estimativo, y sabemos bien cuánto cuidan los 
museos al allegar para sus colecciones, copias, vaciados, 
moldeados, facsímiles, imitaciones, topografías, esquemas, 
modelos, etc., cuando no puedan ad(iuirirse los originales. 
El estudio sobre esa colección, podrá entonces desarrollar- 
se a través de todas sus fases, y será precisamente uno 
de los atractivos para el investigador, saber que tendrá a 
su alcance los medios que en ninguna otra parte encontra- 
rá para sus especulaciones. 

b) El interés lo proporcionan los objetos mismos, ge- 
neralmente por su valor estimativo, como los históricos; 
y, por tanto, aún cuando una colección sea más o menos 
completa, debe sumar otras condiciones no menos impor- 
tantes: ser selecta, escogida, exquisita hasta donde las cir- 
cunstancias lo permitan. El hacinamiento de objetos simi- 
lares repetidos, además de que desvía de la idea fundamen- 
tal y de la unidad de idea y ({ue perjudica a la concen- 
tración, a la abstracción y por tanto, a la atención, fatiga 
inútilmente, aun cuando se aproveche el número de sus 
ejemplares para el estudio comparativo. 



438 PROF. JESÚS liALIXDO Y VILLA 

Por tanto, el problema de la exposición de los ejem- 
plares y de las colecciones enteras, da lugar a diversos ca- 
sos que deben tenerse en cuenta en la organización de un 
museo. 

LA EXPOSICIÓN 

En efecto, después del factor colección, tenemos el de 
mayor importancia : el factor público. 

Como no debe perderse de vista que el Museo tiene 
la doble función popularizadora y la de investigación 
científíca, surge desde luego la cuestión de cómo habrán 
de disponerse los ejemplares : 

a) o en exposición sistemática rigurosa, 

b) ordenando hechos y clasificando ideas; 

c) o bien separando totalmente de las colecciones cuan- 

to signifique una obra científica. 
Brevemente analizaremos cada uno de estos tres puntos: 
a) La exposición sistemática, la clasificación riguro- 
samente científica, debe reservarse para el sabio, para el 
docto, para el estudiante, para e] especialista, para el in- 
vestigador en general ; todo este es i)úblico que forma un 
grupo aparte del resto de la masa social y que concurre 
al Museo para aprovecharse intelectualmente de él; pues- 
to que una de las funciones de los museos es la de impar- 
tir información sistemática, y sus deberes para satisfacer 
este punto son indiscutibles en tales instituciones. Pero en 
la práctica se presenta una grave dificultad, puesto que 
bajo ese programa se transforma en muy extenso un mu- 
seo al sistematizar las colecciones (|ue ilustren todos los 
ramos diferentes de las materias (pie informen la natura- 
leza del museo. Xo todos los edificios, nuichísimo menos 
los mexicanos, (pie están adaptados, pueden ser del mode- 
lo del American Museum of Natural History (|U'' licué unos 
18 salones y 6 galerías, (pie ocupan un espacio de 8 a 



LOS MUSEOS Y SU DOBLE FUNCIÓN EDUCATIVA E INSTRUCTIVA 439 

10,000 pies cuadrados para los salones y de 4 a 5,000 pies 
para las galerías, y que puede satisfacer las exigencias de 
la sistematización. 

Ahora bien : arreglado sistemáticamente un museo ba- 
jo la clasificación científica rigurosa, en donde la disci- 
plina del método se manifieste por todas partes, será una 
institución técnica de primer orden, y el orgullo de sus 
organizadores ; pero completamente inadecuada para la 
vulgarización y para estar en contacto con las masas po- 
pulares. En consecuencia, el museo así concebido, solamen- 
te llenará una de sus funciones : la de investigación cien- 
tífica o artística. 

b) Veamos la segunda forma, que ordena hechos y 
clasifica ideas. Esta concepción pertenece a nuestro anti- 
guo compañero y colega el señor Profesor D. Alfonso L. 
Herrera, expuesta en e] seno de esta ya ilustre Sociedad 
hace varios años (Mem. Soc. "Álzate," IX, 1896, bajo el 
título de Les Musées de 1 'Avenir.) He aquí sus principa- 
les fundamentales: (se refiere a los Museos de Historia 
Natural), no hay sala de insectos, no la hay de aves, ni 
de mamíferos, ni de conchas ni de reptiles ; no hay ni 
colección de coleópteros ni de queirópteros, ni de faisa- 
nes o de palomas ; las salas no están dispuestas de una 
manera cualquiera ni según un sistema natural (expresión 
contradictoria — sistema natural — según Goethe). Los mu- 
seos del porvenir dice el autor, no clasifican por clases, 
familias, tribus, géneros, especies, subespecies, variedades, 
subvariedades, razas, subrazas ; ponen en orden, como di- 
jimos, u ordenan, más bien, hechos, clasifican ideas. Así 
hay salas de 

a — La herencia ; 

b — La ontogénesis (origen de los seres) 

c — La cenogénesis ; 

d — La variación; 

Meni. Soc. Álzate.- 10-Jq1ío-1921.- t. 39-29 



440 PROF. JESÚS GALINDO V VILLA 

e — El Mimetismo ; 

f — La lucha por la vida (cuestión rebatida a la evo- 
lucionista por la escuela positivista). 
g — La alimentación, etc., etc. 

Dispone el autor estas salas en series progresivas' con- 
forme a los principios de la filosofía natural ; salas que 
deberán ser en número considerable y visitadas por el pú- 
blico en un orden filosófico (sala número 1, luego la nú- 
mero 2, la 3, etc., recorriéndose en el mlismo orden). Adop- 
ta la clasificación decimal de Dewej', preferible a la llama- 
da natural. Recomienda los contrastes: al lado del toro 
Yak o toro del Himalaya (altas regiones heladas), con su 
piel de pelos inmensos ((ue le sirven de abrigo, coloca al 
toro desnudo de las regiones tropicales, etc. 

Desecha en lo absoluto el sistema taxonómico, y di- 
ce: "-este es uno de los fines de los museos del porvenir: 
hacer difícil la tarea de los clasificadores, y mientras ma- 
yor sea el desorden más grandiosos serán los resultados ; 
los museos del porvenir hacen síntesis e ignoran que ha}^ 
individuos, familias, géneros, especies, clases: saben que 
hay una cosa que les interesa en este mundo : la VIDA, 
una en su pluralidad (in multis una) y (pie ello es sufi- 
ciente para el progreso del esi)íritu liuuunio. " 

Las salas toman diversos nombres, s-jgún su contenido. 

Así la Sala número 1, se llama de la Unidad; y va 
mostrando diversos elementos para comprobar la unidad 
de composición (juímica (carbono, hidrógeno, oxígeno, ázoe) ; 
la unidad de la materia organizada; la unidad de las fuer- 
zas orgánicas; la unidad de los fenómenos vitales; la uni- 
dad de plan de organización; la unidad de origen (celdi- 
lla, mónada) ; unidad de fin u objeto, etc. La Sala 2, es 
de Anatomía y Fisiología animales; la 3, es de la Unidad 
de los fenómenos hiiiión sexual, nutrición, lactancia, re- 
producción. })oliformismo, etc.). 



LOS MUSEOS Y Sr DOBLE FUNCIÓN EDUCATIVA E INSTRUCTIVA 441 

Por esta exposición sumarísima del Museo del porve- 
nir, se comprenderá que la idea podrá en parte realizarse 
en museos de Historia Xatural, y está apropiada no para 
clasificación sistemática sino como síntesis general de las 
ciencias biológicas ; luego, también en este caso, el Museo 
no cumple con una de sus condiciones : la información sis- 
temática, como elemento de la investigación científica; es 
decir, que este modo de organización es el extremo opues- 
to del anterior o sea el sistemático y rigurosamente cien- 
tífico ; el primero es analítico, el segundo sintético, como 
acaba de decirse. 

c) El tercer medio de organización y exhibición de 
ejemplares, será aquel en que desaparezca todo lo que sig- 
nifique una obra científica. Las exhibiciones del Museo Na- 
cional de los Estados Unidos que se presentan en el De- 
partamento de Biología, están dispuestas como acaba de 
indicarse. 

Luego entonces, ¿cómo solucionar el conflicto, sobre 
todo en México, donde contamos con escasos elementos? 
¿Cómo si hasta nuestros mismos edificios son inadecuados, 
por ejemplo, el Museo Nacional de Arqueología, que se ha- 
lla en una construcción adaptada que servía para casa de 
Moneda, y el de Historia Natural en una jaula de hierro 
y cristales perfectamente propicia para la destrucción rá- 
pida de los ejemplares, por la temperatura elevada y la luz? 

En algunos museos se han inclinado a una solución 
que pudiéramos llamar intermedia, destinando la parte cen- 
tral de las salas o galerías, a la exhibición popular y las 
partes laterales a la exhibición sistemática ; pero esto re- 
quiere también locales especiales y el empleo de una gran 
superficie. 

En otros Iray exhibiciones sistemáticas en departamen- 
tos reducidos, destinadas a los investigadores. En nuestro 
concepto, la exposición metódica y aun sistemática de los 
ejemplares de un museo, no excluye la popularización, co- 



442 PROP. JESÚS GALINDO Y VILLA 

mo jamás la ciencia, al popularizarse, podrá sacudirse del 
método de ciertos principios que la informan. En efec- 
to, lo vemos a diario con los naturalistas mismos ¿no aca- 
so al lado del nombre científico de cada ejemplar de una 
especie zoológica o de una planta en un herbario, aparece 
el nombre vulgar? ¿Xo muchas veces inmediatamente des- 
pués de la clasificación se indican las costumbres o las 
aplicaciones y los usos? Luego si adaptamos un término 
medio para la exhibición de las colecciones, en la cual, 
«•in abandonar el tecnicismo de la ciencia, las explicacio- 
nes estén al alcance de todos, habremos dado un paso im- 
portante en el camino de la popularización, llenando al 
par los objetivos de un museo ; y recorreremos todo el ca- 
mino si completamos con exhibiciones especiales periódi- 
cas, con monografías populares que se distribuyan gratui- 
ta y profusamente, con explicaciones verbales, con confe- 
rencias frecuentes, etc., etc. 

Es verdad que no debemos olvidarnos de la categoría 
intelectual del público que concurre a los museos, general- 
mente. La observación descubre la manera cómo este pú- 
blico visita a nuestros institutos de exposición : casi siem- 
pre va a pasar el rato, a divertirse, a decir que ha visto 
el Museo; y fija su atención, no en el carácter ni en el 
fondo ni en la significación del ejemplar o en su valor in- 
trínseco, sino en la hermosura o la fealdad, las dimensio- 
nes o la forma, etc., y mu}^ pocos leen las etiquetas o van 
a la esencia de la cuestión. 

¡ Cuánto pasa inadvertido aun para quienes tienen me- 
dio educada la atención ! Más que en ninguno otro, en un 
museo de Historia Natural es donde se advierte lo (lue 
acabamos de decir: llaman extraordinariamente la atención 
de todos — y es lógico — las mariposas brasileñas de alas de 
brillantísimos reflejos metálicos, mas que las costumbres 
del útilísimo castor o del gusano de seda ; más una balle- 
na que una abeja en su panal ; y todos, hombres, mujeres 



LOS MUSEOS Y SU DOBLE FCXCKJN EDUCATIVA E INSTRUCTIVA 443 

y niños se agrupan más al rededor de un mono vivo que 
hace gimnasia incansable, que junto a un microscopio por 
medio del cual se palpe la conformación histológica del 
tejido celular, por ejemplo. Luego entonces debemos ar- 
monizar los intereses del público con los de la ciencia, ya 
sea por medio de la exposición adecuada, ya por medio 
de las explicaciones en la forma ya indicada. 

El Dr. Boas aconseja, o más bien expone lo siguiente 
sobre el asunto: (1) 

Primero : Que los museos sistemáticos deben ser pe- 
queños museos ; 

Segundo : Que debe desecharse el esfuerzo de sistema- 
tización, en todos sentidos, porque aquélla está basada en 
un error respecto a la función de los grandes museos. 

Además, el método que se adopte para las exhibicio- 
nes, determinará en lo futuro la forma en la construcción 
de los edificios destinados a museos. 

El Museo Zoológico de Berlín, ha llevado a -íabo nu- 
merosos ensayos deliberados para separar las colecciones 
de exhibición de las de estudio. 



En resumen, queda comprobado que los museos tie- 
nen sobre todas sus excelencias y sobre toda su importan- 
cia, por finalidad suprema, la más alta y noble de la edu- 
cación y la instrucción de toda suerte de individuos, de 
elevar el espíritu y de moralizar a las masas ; son por tan- 
to, instrumentos de cultura, de popularización objetiva de 
infinita variedad de conocimlientos humanos, y en forma 
amena y sugestiva. < 

En otro orden de ideas, la Universidad Popular Me- 
xicana realiza también, por su parte, esa obra de los mu- 

(1) Loe. cit. 



444 PROK. JESÚS GALINDO Y VILLA 

seos, y ya varias ocasiones y con todo éxito, han colabo- 
rado juntos, activamente, éstos y aquélla. 

Finalmente, creo que, con todos los elementos de que 
disponen nuestros pocos museos, podemos nosotros contri- 
buir tanto al desarrollo de la investigación científica co- 
mo a la popularización de numerosos conocimientos hu- 
manos, y, en consecuencia, a la educación e instrucción de 
las masas, no olvidando los siguientes preceptos de Boas : 

a) Presentar de una manera sencilla los resultados de 
la investigación científica, pero sin descuidar algunos ob- 
jetos fundamentales de la popularización de la ciencia ; 

b) Que el gran museo, como la Universidad, debe es- 
tablecer como principio, y como fin, en sus relaciones con 
el público, así como en las científicas, el perseguir los idea- 
les superiores de la ciencia. 

En consecuencia, la protección a los museos debe ser 
efectiva y con todos los recursos de (jue pueda disponer 
el Estado ; ya que en nuestro medio, sin esta ayuda, que- 
darán aniquilados; multiplicarlos por todos lados, propa- 
gar sus enseñanzas ; atraer hacia ellos a las clases socia- 
les, por medio de pláticas, de conferencias, de actos pú- 
blicos sencillos dirigidos por los mismos profesores, los 
conservadores y sus ayudantes ; difundir, popularmente, la 
instrucción, mediante folletos, monografías condensadas y 
breves, hojas volantes, catálogos y guías, para hacer más 
consistente la labor pedagógica, y que no sea estéril o se 
extinga la del personal docente ; y así también, llegare- 
mos, incuestionablemente, a abrir nuevos surcos a la paz 
y al progreso nacional. 



LOS MUSEOS Y SU DOBLE FUNCIÓN EDUCATIVA E INSTRUCTIVA 445 



PARTE COMPLEMENTARIA 



Los Museos Mexicanos 



Para completar en parte, la breve exposición qne an- 
tecede, convendría referirme aquí a la organización de 
los museos ya públicos o privados que existen en la ciu- 
dad de México y en otros lugares de la República ; no se- 
rá posible llevar a cabo esta labor, primeramente, en vir- 
tud de que varias de las instituciones mencionadas sufren 
modificaciones radicales en su estructura y otras deberán 
realizarlas de acuerdo con las nuevas orientaciones que, 
por ejemplo, informan la labor de la Secretaría de Instruc- 
ción Pública, al crearse la Dirección General de las Bellas 
Artes, que " se encuentra ya en funciones. Además, la 
falta absoluta de comunicaciones con el interior del país, 
a causa de la cruenta lucha fratricida, me ha impedido 
ponerme en relaciones con los encargados de los museos de 
los Estados en donde los hay establecidos. 

Me limitaré, por tanto, a enumerar, con ligeras obser- 
vaciones, los principales museos mtropolitanos y algunos 
otros que pudieran servir de materia de estudio, en conso- 
nancia con la anterior parte expositiva. 



Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología. 

— En estos momentos doy punto final a una reseña sobre 
dicho museo, destinada para su publicación en la obra "Mé- 
xico en la ciencia, en la vida y en el arte," que viene pre- 
parando la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Ar- 
tes; reseña en la cual aparecen datos más o menos exten- 



446 PROF. JESÚS GALIXDO Y VILLA 

SOS acerca del origen y fundación del museo, su carácter 
científico, su desenvolvimiento material e intelectual y su 
organización presente. — Este museo es el más interesante 
de la República y uno de los primeros del Continente, por 
sus magníficas colecciones ar(|ueológicas ; su salón de Mo- 
nolitos podría figurar dignamente en cualquier museo de 
Europa. Sus colecciones históricas, etnográficas y antropo- 
lógicas, son aún exiguas, y, en general, poco bien exhibi- 
das, en razón de que el edificio es impropio para disponer- 
las ordenada y metódicamente. 

Con el tiempo, y a medida que estas colecciones au- 
menten su número de ejemplares y que se ilustren las ga- 
lerías con modelos, vaciados, planos, mapas croquis, esque- 
mas, fotografías, etc., se formarán indudablemente nuevas 
instituciones independientes del Museo Nacional ; tales se- 
rán: el Museo de Etnografía, si bien cabe discutir, por su 
amplitud, esta denominación; y el Instituto Antropológi- 
co; quedando reservado el actual edificio, tan sólo para 
el Museo Arqueológico Nacional. 

De esta suerte, la importancia de que adquiera cada 
uno de los propios organismos, será incalculable, aunque 
deberán tener un centro de coordinación científica, para 
enlazar y armonizar entre sí los respectivos trabajos de 
investigación. 

El museo posee también un interesante departamen- 
to llamado de Arte Industrial Retrospectivo, cuyas colec- 
ciones (Retratos, muebles, trajes, joyas de toda especie, 
armas, hierros, etc.), forman el núcleo de una nueva ins- 
titución que en estos momentos se organiza, el Museo de 
Arte Colonial, y (|ue en el transcurso del año próximo de 
1916, según todas las probabilidades, quedará instalado en 
el ex-Convento de la Merced. 

En suma, el Museo Nacional de Arqueología, Historia 
y Etnología, comjjrende, el día de la fecha, los siguientes 
departamentos : 



LOS MUSEOS y su DOBLE PUNCIÓN EDUCATIVA E INSTRUCTIVA 447 

I. — Departamento de Arqueología. — Sumamente inte- 
resante y rico es de los primeros de América en cuanto 
a la calidad de sus colecciones de monolitos, de objetos 
de todas clases para el culto y de transición entre el ho- 
gar y el templo ; de uso doméstico, para las artes, etc. ; 
sus ejemplares de oro, obsidiana, jadeita admirablemente 
trabajados, son de la mayor importancia. — Cuenta con un 
pequeño departamento que guarda manuscritos indígenas 
(Códices), aunque pobre: lo de mayor interés se encuen- 
tra en bibliotecas y museos de Europa. — Su sección de va- 
ciados en yeso, bien merece continuarse cuando desaloja- 
das las coleccicones del futuro Museo de Arti. Colonial 
cuente con nuevo espacio para extenderse. 

II. — Departamento de Historia. — Todavía muy despro- 
visto de elementos que lo hagan verdaderamente impor- 
tante, tiene cuatro salas de exposición mal acondiciona- 
das y peor alumbradas (luz unilateral en vez de la ceni- 
tal). Es evidente que si lograra independerse el Departa- 
mento para constituir el Museo de Historia, llegaría a ser 
degrande utilidad, con empeño y dedicación de sus nue- 
vos directores. 

III. — Departamento de Etnología. — Mal instalado tam- 
bién, en cinco salas del entresuelo, pide ya que se le sa- 
que de ahí para formar un nuevo organismo. Exhibe nu- 
merosos ejemplares de trajes, adornos personales de toda 
especie, tejidos, bordados, modelos de yeso de indios típi- 
cos ; además de sus cartas etnográficas, fotografías, etc. 

IV.— Departamento de Antropología Física y Antro- 
pometría. — Reconstruido en estos . últimos tiempos con los 
restos mutilados del antiguo departamento creado en 1895, 
presenta en bien arregladas series, colecciones de cráneos 
indígenas, ejemplares osteológicos diversos, copias en ye- 
so de cerebros, cuadros, dibujos, retratos, fotografías, etc. ; 
y posee, además, un pequeño arsenal para tomar datos 
antropométricos. 



448 PROF .JESÚS GAUNDO Y VILLA 

V.— Departamento de Arte Industrial Retrospectivo. 
— Creado en 1907, ya copioso : fue inaugurado en el año 
1910, del Centenario de la Independencia, y contiene unas 
4500 piezas, entre muebles, cuadros, objetos de metal, ar- 
mas, peinetas, pulseras, fistoles, cruces, collares, prendas e 
insignias del Ejército mexicano, abanicos, tinteros, piezas 
de carácter industrial ; parte de la vajilla de Maximiliano ; 
trajes y tibores chinos del siglo XVIII ; rifjuísimas piezas 
de malaquita y bronce ; objetos diversos de vidrio, loza, 
cristal y porcelana. Todo este acerbo será el núcleo del 
Museo de Arte Goionial, que se instalará en el ex-Conven- 
to de la Merced. 

Como parte integrante de nuestro Museo de Arqueo- 
logía, tiene éste su Biblioteca y el importante Departamen- 
to de Publicaciones, del cual dependen los talleres de Im- 
prenta, Encuademación y Fotograbado. 

Museo Nacional de Historia Natural. — Dirección de 
Estudios Biológicos. — El Museo de Tacubaya. — El Museo 
Nacional de Historia Natural no es otra cosa que el anti- 
guo Departamento de Historia Natural de nuestro viejo 
Museo Nacional de Arqueología, y que se compuso de las 
Secciones de Mineralogía, Geología, Paleontología, Botá- 
nica, Zoología, Anatomía Comparada y Teratología, que 
largos años estuvieron in.staladas en el edificio de la calle 
de la Moneda ; Secciones que según frase gráfica, salieron 
expulsadas de ahí, para alojarse primeramente, el año 
1909, en luia casa particular de la 2.^ calle de la Moneda, 
(jue servía de verdadera bodega. Posteriormente las colec- 
ciones de Historia Natural fueron translndadas a su sitio 
actual, i>rimera calle del r'ho])o para constituir el Museo 
Nacional de Historia Natural, inaugurado solemnemente 
hasta el 1.° de Diciembre de 1913. 

Cuando se encontraba en el Museo de la ^Moneda, ocu- 
pando todo el piso superior (excepto la parte reservada a 
Historia de México), y en varios salones del entresuelo, 



LOS MUSEOS Y SU DOBLE FUNCIÓN EDUCATIVA E INSTRUCTIVA 449 

el Departamento estaba perfectamente arreglado y clasifi- 
cado por los profesores, y entonces pudieron darse a la 
estampa los Catálogos, como se hizo en Historia de Mé- 
xico y en Arqueología para visitar sus distintas Secciones; 
lo cual demuestra que todo el Museo, antes de las reformas 
materiales de 1910, y de la nueva disposición de las co- 
lecciones estaba perfectamente organizado hasta donde lo 
permitían los recursos y los medios exiguos con que se con- 
taba. Expulsadas, como dije, esas colecciones, y resuelta 
la reinstalación en un local amplio, para formar el nuevo 
Museo, se eligió el edificio del Chopo ; el peor que pudo 
haberse señalado para la conservación de los ejemplares, 
de suyo muy delicados, como los de mamíferos, de aves, 
de reptiles disecados, de insectos ; porque tal edificio cons- 
truido todo de hierro y cristales, es un verdadero inver- 
náculo propio para la más rápida destrucción de tales ejem- 
plares. 

De todos modos, quedó inaugurado en la fecha indi- 
cada, bajo la direccción del Dr. D. Jesús Díaz de León; 
y su Director siguiente, el Profesor D. Alfonso L. Herre- 
ra, que conocía las colecciones como a sus propias manos, 
por haberlas manejado y aún arreglado como Ayudante 
Naturalista en el antiguo Museo Nacional, ha tratado con 
singular éxito de que la institución cumpla con los altos 
fines del Museo Moderno, y que se dejan apuntados : al par 
de la investigación científica, la educación y la in.strucción 
populares, por medio de tarjetas y cuadros explicativos, 
esquemas, dibujos, fotografías, monografías, conferencias, 
etcétera. 

Este Museo, como institución genuinamente universi- 
taria, debiera tener como centro coordinador (como el de 
Arqueología, Historia y Etnología), a la Escuela de Altos 
Estudios. Así llegó a considerarse en fecha más o menos 
reciente (ley de 15 de Abril de 1914), y es seguro que, con 
el tiempo dichos Museos girarán hacia su centro de atrae- 



450 PROF. JES'JS GALINDO Y VILLA 

ción, para colocarse en la órbita científica que a cada uno 
corresponde. 

Por acuerdo dictado en Veracruz, en Noviembre de 
1915, por el Gobierno Constitucionalista, con motivo de la 
organización de la Secretaría de Instrucción Pública y Be- 
llas Artes, seg-ún un plan nuevo, se dispuso que el Museo 
de Historia Natural y el Instituto Médico Nacional, pasa- 
ran a ser dependencias de la Secretaría de Fomento, Colo- 
nización e Industria. 

El Museo de Tacubaya. — Dirección de Estudios Bioló- 
gicos. — Consagrado el Profesor Herrera desde hace largos 
años a la Biología, consiguió realizar su sueño, fundando 
la Dirección de Estudios Biológicos, aprovechando los ele- 
mentos que aportaba el Instituto Médico, más las copiosas 
colecciones del Museo que en la ciudad de Tacubaya fue 
formando la antigua Comisión Geográfica-Exploradora, y 
que figuraba en el Presupuesto de 1913-1914 con el nombre 
de Exploración Biológica del Territorio Nacional. El día 
2 de Octubre de 1915, quedó en acto solemne inaugurada 
esa nueva Dirección, compuesta del Museo del Chopo, en- 
riquecido con el de Tacubaya y del Instituto Médico, que, 
a su vez tomó el nombre de Instituto de Biología General 
Médica. — De esta suerte, a la flamante Dirección de Estu- 
dios Biológicos se le deben y deberán : 

Primero. — La unificación de los Museos de Historia 
Natural ; 

Segundo. — La creación segura del Jardín Botánico, 
del que por hecho inexplicable, carece México ; 

Tercero. — Trabajos de investigación biológica y de las 
ciencias conexaf; ; 

Cuarto. — Trabajos de vulgarización y exhibición; 

Quinto. — Trabajos de aplicación. 

Es decir, que se han entendido los ideales y los fines 
de un Museo de tan alta importancia educativa e instruc- 
tiva, como lo es el de Historia Natural, (Véase el Discur- 



LOS MUSEOS Y SU DOBLE FUNCIÓN EDUCATIVA E INSTRUCTIVA 451 

SO del Profesor Herrera, al inaugurarse la dirección de Es- 
tudios Biológicos. — Boletín de esta Dirección, Tomo I, Nú- 
mero 1, octubre 1915). 

Tanto el Museo de Historia Natural, como él ex-Ins- 
tituto Médico, poseen sus respectivas Bibliotecas especia- 
listas. 

Museo Nacional de Artillería. — Instalado en el edificio 
de la Cindadela (o Fábrica de Armas). — Regularmente do- 
tado, con buena estantería y salas más o menos bien acon- 
dicionadas, pero amplias, es ya muy interesante desde el 
punto de vista de la ciencia de la guerra. — Contiene piezas 
de carácter histórico que pudieran enriquecer las coleccio- 
nes del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etno- 
logía, en donde encontrarían su verdadero lugar. El Mu- 
seo ha publicado un Catálogo (1910) con ilustraciones, apai- 
sado, en 16, 86 páginas, bajo la siguiente distribución, más 
bien que clasificación : 

Salón * ' Hidalgo. ' ' — Reliquias Históricas. — (Iconogra- 
fía, Heráldica, Armas históricas. Indumentaria militar. Si- 
gilografía, Banderas, Autógrafos y documentos). 

Armas en general. — (Armas blancas. Armas de fuego y 
sus accesorios. — Proyectiles, Espoletas. — Gran colección de 
fusiles y carabinas). 

Salón "Morelos." — Reliquias históricas. — (Armas, Ico- 
nografía, Banderas y Estandartes), Además, planos, cro- 
quis, fotografías. Armas modernas de todas clases; 

Salón ' ' Guerrero. ' ' — Reliquias históricas. — (Pabello- 
nes americanos de la guerra del 46-47, Banderas, Gallarde- 
tes, Retratos). Aparte, armas, bocas de fuego. Coleccífe 
de armas extranjeras y de piezas de indumentaria militar 
(espadas antiguas, espadines, espuelas, guanteletes, estri- 
bos cincelados, fusiles de chispa). 

En la parte exterior del edificio (lado Norte), se ex- 
hibe una colección de cañones de bronce y hierro, de fac- 
tura antigua. 



432 i'ROF. Ji:sL's (¡alindo y villa 

El Museo tiene una biblioteca interesante. 

Quií:á falte a este plantel una dirección inteligente y 
erudita para la relación escrita de las cédulas <iue tienen 
impuestas numerosos ejemplares; redacción en cuyo con- 
tenido no estamos de acuerdo en general. 

I Museo Tecnológico Industrial. — Dependiente de la Se- 
cretaría de Fomento. — Ocupa la nave de la que fue iglesia 
del ex-convento de Betlemitas, y después Biblioteca Pú- 
blica, bajo el nombre de Biblioteca del 5 de Mayo (perte- 
neció a la Compañía Lancasteriana, hoy extinguida : sus li- 
bros, al morir esta institución, pasarcii a la Biblioteca Na- 
cional). El Museo está llamado a ser sunram'ente intere- 
sante, cviando se instale en un local más amplio y adecua- 
do y se acompañen sus colecciones de todo género de ex- 
plicaciones educativas. Actualmente y coino se aparece 
organizado, no llena en mi concepto, las funciones que se- 
guramente se tuvieron en cuenta para su creación. En efec- 
to, a pesar de que se le agregó un corredor para extender 
la exhibición, ésta se encuentra muy aglomerada ; y los 
pasillos entre la estantería central de la nave y la lateral, 
son tan estrechos que apenas se puede caminar. Faltan 
\)0Y todas partes indicaciones prácticas : las que ahora se 
ostentan ahí, parecen más bien reclamos comerciales ; v. g. : 
las dos siguientes copiadas textualmente : 



Museo Tecnológico Iniíustrial 
México, Distrito Federal 



Museo Tecnológico Industrial 
México, Distrito Federal 



LA UNION, S. A. 

Cía. Jabonera de Torreón. 

Torreón, Couliuila. 



Desi)aclio de México 
4a. de San Amustia, 99 



Estante núm. 12 
Clemente Jacques y Cía. 
Fabricante de Conservas Ali- 
menticias 



4*. de San A,L;nstín 45 
Mó.\ico, D. F. 



¿A quién aprovechan tales iiulicaciones? Tan sólo al 
fabricante o comerciante. Y si, por ejemplo, se explicara 



LOS MUSfXíS Y SU DOBLE FUNCIÓN EDUCATIVA E INSTRUCTIVA 453 

con toda claridad qué cosa es un jabón química e indus- 
trialmente considerado ese producto, cómo se saponifican 
las grasas, qué substancias entran en la fabricación de 
aquél ; y si se acompañaran asimismo las noticias con da- 
tos estadísticos sobre nuestra industria jabonera, etc., se- 
ría en verdad muy provechoso e instructivo para toda cla- 
se de personas. Lo mismo puede decirse de infinidad de in- 
dustrias que .son otros tantos motores de la prosperidad 
nacional. Ahí también, ¡ cuánto habría que exponer en for- 
ma sencilla y popular al alcance de todas las intelig-en- 
cias y culturas, sobre las materias primas que poseemos en 
la Repiiblica, sin necesidad de recurrir a la importación 
extranjera ! Recordemos la preciosa fibra que es la base 
de la riqueza yucateca, el henequén ; nuestro famoso cerro 
del Mercado, en Durango, enorme masa de hierro de tras- 
cendental importancia industrial ; el café, el tabaco, el ca- 
cao, el árbol del hule, el chicle, la caña de azúcar, la vid, 
el añil, el algodón; las frutas, las maderas preciosas; el 
oro, la plata, el cobre, el tecali, los mármoles, etc., etc. 

El Museo tiene muestras de telas, de calzado, som- 
breros, ceñidores, bolsas, reatas, riendas, canastas, morra- 
les, cordeles, cables, hechos solamente con el henequén, y 
la más ligera explicación acerca de este textil y de su ela- 
boración industrial sería de una enseñanza incalculable 
para el visitante, para el niño, para el com,erciante, para 
el cónsul, para el consumidor, y sobre todo, para los alum- 
nos de las escuelas oficiales y particulares, si concurrieran 
a visitas sistemáticas, y si se les despertaran las faculta- 
des de la atención y de la percepción, además de que así 
se enseñarían a ir conociendo de bulto nuestras riquezas 
naturales. 

Están representadas en este Museo industrias mexica- 
nas no menos interesantes, que no piden favor a las extra- 
ñas : la de la loza, con muestras de kaolín, y que se pres- 
ta a aplicaciones que pueden también desarrollar el senti- 



454 PKOF. JESÚS GALINDO Y VILLA 

miento estético al referirse las explicaciones a formas ar- 
tísticas y a decoración ; — el arte plumaria, en que fueron 
peritísimos los antiguos mexicanos, y que en parte, se ha 
seguido cultivando en varias regiones del país : admíran- 
se en el Museo algunas muestras hechas con plumas lin- 
dísimas de troquilídeos, de reflejos metálicos hermosos, y 
sería" de desearse que esa bella industria tuviera — como tí- 
pica nuestra — muy amplia protección ; — la fabricación de 
aceites, de sombreros, de hilados y tejidos (Fábrica de Río 
Blanco), y otra de velas, de harinas, de rebozos, de produc- 
tos de seda, etc., de productos químicos y farmacéuticos 
y otros muchos. 

En nuestro concepto, el Museo Tecnológico Industrial, 
es susceptible de un inmenso desarrollo y de vastísimas 
aplicaciones ; podría ser una gran exposición permanente 
de primer orden, y a la vez un centro cultural de educa- 
ción e instrucción populares, de los de mayor importancia 
en el país. 

Pinacoteca y Galerías de Escultura de la Academia 
Nacional de Bellas Artes. — En su viejo local del ex-Hos- 
pital del Amor de Dios, más o menos adaptado al través 
del tiempo. — Cuando la Junta Directiva de la Academia 
contó en 1843 cno la protección de D. Javier Echeverría, 
y años después (1860) con un espíritu cultísimo, como el 
de D. Bernardo Couto, se formaron propiamente las Gale- 
rías de Pintura de la antigua escuela mexicana : ahí están 
representados entre otros, Baltazar de Echave, el viejo, 
Luis Juárez, Miguel Cabrera, José Juárez, Antonio Rodrí- 
guez, Nicolás Rodríguez Juárez, Francisco Antonio Valle- 
jo, Juan Patricio Morlete y José Alcíbar. — D. Peiegrín 
Clavé, Director del Ramo de Pintura, formó escuela. 

Por ese afán insensato de renovación, cuando no pre- 
ceden el estudio y la inteligencia; por ese desprecio in- 
concebible a todo lo viejo (ni siquiera igualado por las ac- 
tuales generaciones de artistas), se han removido nume- 



LOS MUSEOS Y SU DOBLE FUNCIÓN EDUCATIVA E INSTRUCTIVA 455 

rosas obras meritorias de muchos de los discípulos de Cla- 
vé (Santiago Rebull, José Salomé Pina, Juan Manchóla, 
Joaquín Ramírez, Ramón Sagredo, Petronilo Monroy, etc.) 
y seleccionadas para formar las nuevas galerías/con pérdi- 
da de preciosos datos para la historia del arte mexicano 
en ese período de tiempo. Las escuelas europeas tienen 
obras auténticas muy escasas por cierto, pero interesantes. 
En paisaje, los trabajos de los discípulos del profesor ita- 
liano D. Eugenio Landesio (José María Velasco en primer 
término), Luis Coto, Gregorio Dumaine y otros, han sido 
insuperables. Por tanto, las galerías no deben desintegrar- 
se más, sino conservarse con todos sus ejemplares buenos 
y malos, porque ello significa en calidad y en cantidad, el 
esfuerzo mexicano en el campo del arte ; sobre todo, cuan- 
do es el nuestro tan pobre y tan desmedrado. 

Las galerías de Escultura, enriquecidas por los yesos 
venerables obsequiados por el Rey D. Carlos III, a nues- 
tra Academia, copiados de los originales del Museo del "^"a- 
tieano, y que fueron elogiados por el Barón de Humboldt, 
y estuvieron a punto de ser hechos añicos (muchos fue- 
ron bárbaramente destruidos por manos profanas que por 
poco acaban con toda la Academia), han sido restaur-adas, 
desde que yo me hice cargo de la Dirección de la propia 
Academia en Octubre de 1912. Entonces pude contemplar 
con dolor inmenso las ruinas de mi querida Escuela ; y 
con entusiasmo y con fe me consagré a reconstruirla : pero 
repentinamente se me quitó del puesto, y cupo en suerte 
a mi afortunado sucesor concluir mis trabajos de difícil 
y muy penosa reorganización. 

(Véase : mi Reseña histórica de la Academia de Be- 
llas Artes antigua de San Carlos, en el iinieo número de 
los "Anales" fundados por mí, Julio de 1913; — y mi In- 
forme que quise públicamente dar a mi sucesor, en el 
acto de entrega de la Dirección el 15 de Agosto de ese 
año). 

Mem. Soc. Alíate, — 17-Jiilio-1921.— t 36-30 



4Ó6 I'ROK. JKSrs GALINDO V VILLA 

La Academia puede ser otro centro de gran cultura : 
las tarjetas explicativas, sus guías y catálogos, pequeñas 
monografías y conferencias, darán siempre los mejores re- 
sultados. 

Otros Museos y Gabinetes. — Algunos Institutos oficia- 
les cuentan igualmente en esta capital, con pequeños Mu- 
seos y Gabinetes dignos de ser conocidos y visitados por 
el estudioso y el investigador, y por los alumnos de las 
escuelas ; como por ejemplo, el Museo Anatómico de la Es- 
cuela Nacional de Medicina : — los Gabinetes de ]\Iinerd- 
logía, Geología y Paleontología de la Escuela Nacional de 
Ingenieros y del Instituto Geológico Nacional. 

El Consejo Superior de Salubridad, formó hace tiem- 
po un pequeño Museo Higiénico, que, a ser piiblico y a 
fomentarse, habría de prestar interesantes servicios a hi- 
gienistas, ingenieros, constructores, propietarios, iiulustria- 
les, etc. — El Instituto Patológico Nacional, hoy desapare- 
cido, también estaba formando una colección inapreciable 
de casos, para su museo anatorao-patológico. — La Secreta- 
ría de Instrucción Pública, ha sostenido un Museo Peda- 
gógico Escolar. 

* * * 

MUSEOS INSTALADOS FUERA DE LA CIUDAD 
DE MÉXICO. — Solamente mencionaré aquellos de que ten- 
go noticia, y (jue no detallo por las razones expuestas al 
principio de este capítulo ; pero (pie serían motivo de un 
estudio cspcfial : 

Museo Arqueológico de San Juan Teotihuacán. — Al 
l)i(' de la Pirámide del Sol, y en un cdifício coiLst ruido ad- 
hoc, depediente de la Inspección de Monumentos Arqueo- 
lógicos, contiene |)riiicipalmente, i-estos materiales proce- 
dentes de estas ruinas; es por tanto, enteramente local y 
especial. 



LOS MUSEOS Y SU DOBLE FUNCIÓN EDUCATIVA E INSTRUCTIVA 457 

Museo del Tepozteco, en el Estado de Morelos, funda- 
do por el señor Arquitecto D. Francisco M. Rodríguez, Ex- 
Subdirector del Museo Nacional de Arqueología. — Tam- 
bién regional de antigüedades del Estado. 

Museo Michoacano, organizado por el Dr. D. Nicolás 
León, en la ciudad de Morelia, es histórico r arqueológico 
(antigüedades tarascas principalmente). Instalado en el 
Colegio de San Nicolás. 

Museo Oaxaqueño, también organizado por el doctor 
León. — Regional. — Antigüedades Mixteco-Zapotecas, ins- 
talado en el Instituto del Estado, en la ciudad de Oaxaea. 

Museo Campechano. — En la ciudad de Campeche. — 
Regional, de Antigüedades. 

Museo Yucateco, en Mérida. — De antigüedades mayas. 

Este apunte está sujeto a rectificaciones naturalmente. 

En la ciudad de Querétaro, en San Cristóbal Ecatepec 
y otros lugares históricos, hay también exhibiciones. 

Museos Particulares. — Tengo noticia de algunos, for- 
mados por aficionados a coleccionar, aunque no se mues- 
tran generalmente al público. Citaré el museo arqueológi- 
co y artístico del señor D. Arístides Martel ; el artístico 
del licenciado D. Francisco Alfaro y el Guadalupano del 
señor D. Ángel Vivanco Esteve, en la cercana ciudad de 
Guadalupe Hidalgo. 

II 

LOS MUSEOS EXTRANJEROS 

Toda descripción resultará pálida, incompleta y defi- 
ciente ante la realidad. A los Museos hay que visitarlos, 
que verlos palpablemente, para que sus impresiones en- 
tren por los sentidos ; tan sólo así podremos darnos cuen- 
ta cabal del sumo interés que revisten estas instituciones, 
de cómo están dispuestas, cómo arregladas y exhibidas sus 
colecciones ; y de cómo se cuidan y estudian hasta las con- 



458 PKOF. JESÚS GALINDO Y VILLA 

(liciones de luz, de higiene, de ventilación, de entrada y 
salida de los edificios destinados a este género de estable- 
cimientos. Sumas enormes se han gastado y gastan en adap- 
taciones de viejas construcciones, y sobre todo, en las ad- 
hoc, como las de las ciudades de la gran nación norte- 
americana. Favorece a los Museos de Europa, la circuns- 
tancia de la antigüedad de las poblaciones del Viejo Mun- 
do ; que tienen prehistoria, que de sus tiempos remotos, 
de su Edad Media y de sus tiempos modernos, poseen ma- 
ravillas; tesoros de sus templos paganos, de su mitología, 
de sus catedrales, de sus iglesias, de sus monasterios, de 
sus castillos y palacios; y recuerdos de toda especie. Les 
ayuda también la exquisita cultura de numerosos particu- 
lares que o prestan sus colecciones privadas para ser es- 
tudiadas o exhibidas libremente, o dan cuantiosas sumas 
para la fundación de Museos ; o bien como la admirable 
Lady Brassey, que ella misma ha coleccionado en per- 
sona, objetos verdaderamente preciosos para la arípieo- 
logía y la etnografía, en sus numerosos viajes por la In- 
dia, por China, Oceanía, Egipto y la América del Sur. 

Otro ejemplo semejante me viene a la memoria : la 
Expedición Hemenway, cuyos objetos me fueron hace 
algunos años conocidos en persona. P]sta expedición par- 
ticular fue costeada i)or la señora Mary Hemenway, 
de Boston, con objeto de investigaciones etnológicas y 
aríjueológieas de los ])ueblos indios de Xuevo México 
y Arizona, como los sedentarios (|ue llevan el nombre 
de Ilo-pi y los de la antigua e interesante provincia 
de Tusayan. La colección, por su abundancia y calidad, 
mereció ser exhibida en la gran Exposición llistórico- 
Americana de Madrid de 1892, ([ue conmemoró el cuar- 
to centenario ilel Descubrimiento de América. 

Cuanto dijera yo en este sentido, con referencia a los 
Museos de los Estados Unidos, comenzando por la magna 
fundación del Listituto Smithsoniano de Washington, 



LOS MUSEOS Y SU DOBLE PUNCIÓN EDUCATIVA E INSTRUCTIVA 459 

(Smithsonian Institution), sería bien poco, lo mismo que 
del Museo de Historia Natural de Nueva York. Ahí, eu ese 
priviIeg"iado país del dólar, los multimillonarios derraman 
el oro a manos llenas para fomento del arte y de la cien- 
cia; mientras que nuestros llamados ricos (con una que 
otra excepción) han consumido generalmente su vida, ca- 
si siempre en la inutilidad más completa ; y muchos de ellos 
— salvo también contados casos — han creído cumplir con 
sus deberes de conciencia fundando asilos u hospitales, con 
absurdos requisitos de admisión de desvalidos o enfermos 
que hacen nugatorias tales fundaciones. 

Ya que materialmente nos es imposible recorrer en per- 
sona los Museos extranjeros, conformémonos al menos citan- 
do los principales del mundo; y de los cuales })()seemos 
descripciones casi completas, planos y otros detalles que 
ponemos a disposición de nuestros investigadores y hom- 
bres de estudio. 

A.— MUSEOS DE ALEMANIA 

Haremos melieión muy principal de los de Berlín, Dres- 
de y Munich. 

Museos de Berlín. — De Ciencias : Museo de Minas.— De 
Historia Natural. — Higiénico. — Zoológico.. — Etnográfico. — ■ 
Histórico ; Museo Egipcio. — De Arte : el Museo Viejo, el 
Museo Nuevo, La Galería Nacional, El Cristiano, El Colo- 
nial. — Arte Industrial: De Moldeados. — Museos varios: 
Hohénzollern, Agrícola, Postal, Provincial, Rauch y otros. 
— Como más notables, haremos particular mención del Mu- 
seo Etnográfico, del de Arte Industrial y del Hohénzollern. 

La Galería de Pinturas del Museo Viejo, es muy nota- 
ble : si no tan rica como la de Dresde, sí se distingue entre 
las europeas por estar en ella representadas las diferentes 
escuelas y épocas, de una manera completa. El Museo Et- 



460 PROK. JESÚS GALINDO Y VILLA 

nográfieo (Museum für Vaelkerkunde) es rico en coleccio- 
nes alemanas, asiáticas y americanas, ha sido como es, cen- 
tro de investigaciones de nuestra historia antigua de Mé- 
xico, bajo la dirección de iin infatigable americanista, ami- 
go nuestro, el doctor don Eduardo Seler. — Como Museo es- 
peeialísimo, el Hohenzollern merece citarse como modelo : 
situado en el Castillo de Monbijou, contiene recuerdos cu- 
riosísimos de la familia imperial reinante, desde el siglo 
XVIII ; retratos, esculturas, trajes, objetos de uso perso- 
nal, etc. 

Museo de Dresde. — De Arte e Historia: Academia de 
Bellas Artes, Galería de Estampas, Galería de Medallas, 
Galería de Pinturas, Galería de Armas, Galería Verde, Mu- 
seo Histórico, Museo de Arte Industrial, Museos de Cien- 
cias: Mineralogía, Zoolf)gía ; Schiling. — Después de las ga- 
lerías de Pinturas de París y Florencia, repútase la de la 
capital de Sajonia como la más interesante. Es célebre uni- 
versalmente, la Madona Sixtina de Rafael, y las obras de 
insignes artistas (Corregió, Tieiano, Pablo Veronés, Tinto- 
reto, J. Van Eych, Rembrandt, Van Everdingen, Wouwer- 
man, Holbein, Murillo, etc.) cpie hacen tan notable a esta 
Galería. El Museo Verde (Grüne Gewoelbe), es particular- 
mente instructivo para el artista, por sus ricos ejemplares 
de marfiles, de vasos de oro y plata, camafeos, objetos de 
fantasía, joyas de la corona y su importante gabinete de 
medallas (Münzkabinet). 

Pinacoteca y Gliptoteca de Munich. — Me conformaré 
tan sólo con apuntar estos dos soberbios museos artístico."^. 
El primero está constituido actualmente por la Antigua Pi- 
nacoteca en edificio independiente, y que contiene cuadros 
nuevos, la mayor parte de la escuela de Munich. — La Glip- 
toteca se forma de esculturas antiguas, ejemplares arcpieo- 
lógicos de Asiría, de Egii)to, de Egiiiii, de Italia y otras 
partes; iiii-uiiables u obras de ai't<' jhíihíiíno, etc. 



LOS MUSEOS Y Sü DOBLE FUNCIÓN EDUCATIVA E INSTRUCTIVA 461 



Además, casi no liay ciudad alguna <iue no posea su 
museo, como Colonia, Francfort del Mein, Ratisbona, Gotlia; 
Darmstad, etc. 

I 

B.— MI'SEOS DE ESPAÑA 

Museos de Madrid. — La capital del Reino contiene gran- 
des riquezas, principalmente arqueol(5gicas y artísticas en 
Museos públicos y en colecciones particulares. Bastará una 
cita rápida para confirmar lo anterior. En primer término 
el magnífico Museo Pictórico del Prado, uno de los prime- 
ros del mundo (los catálogos ilustrados de los Madrazos 
son muy interesantes), por la riqueza de las obras de todas 
las escuelas europeas, 3' singularmente las españolas re- 
presentadas por Claudio Coello, Yelázquez, Ribera, Zurba- 
rán, Murillo, Goya, etc. — El Museo Arqueológico Nacional, 
([ue encierra mucho americano (ar(iueología peruana, co- 
lombiana, mexicana) ; el Museo de Ultramar, con ejemplares 
de las antiguas colonias asiáticas de España ; Museo de Ar- 
tillería, magnífico también; Museo Naval; Pedógagico Na- 
cional; la grandiosa Armería Real. Entre los particulares, 
el Museo Estruch, de armas; el Segarra, de numismática; 
el Fontanalls, de azulejos ; el del Conde de Valencia de Don 
Juan, de armas y cerámica. 

Museos Provinciales y Municipales. — Museos Aríjueoló- 
gicos: de Barcelona, de Granada, de Sevilla, de Toledo, de 
Tarragona, de Valladolid, de León, de La Coruña. En Bar- 
celona hay también interesantes Museos de Arquitectura, 
de Historia, de Bellas Artes y de Reproducciones. Otros 
regionales en Valencia, Burgos, Badajoz, Almería, Cádiz, 
Oviedo, Gerona, etc. En las Palmas de Mallorca, cuéntase 
el Museo Antropológico y Etnográfico, 

C— MUSEOS DE FRANCIA 

(Sin incluir todos los de los Departamentos). 
Nos referimos únicamente a los numerosos que existen 



462 TROF. JESÚS GALINDO Y VILLA 

eu la Ciudad de París, y que son manantial inagotable de 
enseñanzas para el viajero, y aun para el simple curioso. 

Museos científicos. — Broca, Antropol(3g'ico ; Orfila. Ana- 
tómico ; Dupuytren, Patológico ; Museo Anatómico de la 
Escuela de Medicina ; Museo de Mineralogía, Geología y 
Paleontología ; Museo de Historia Natural. Además podemos 
incluir dentro de esta clacificación, al Museo Forestal, (^ue 
es de grande importancia práctica, para el cuidado y la re- 
po])laeión de los bosques; el Jardín de Aclimatación; el 
de Plantas ; el Zoológico, y el Botánico. 

Museo de Arte, Historia, Arqueolog-ía y Etnografía. — El 
gran Museo del Louvre, con sus espléndidas colecciones le 
Pintura, de Escultura, que cuenta con ejemplares de pri- 
mer orden como la Venus del Milo ; de antigüedades egip- 
cias, asirías, caldeas, etc. ; con tesoros maravillosos en joyas, 
camafeos, estampas, grabados, medallas, etc. Su descrip- 
ción sería materia de un libro. 

El Museo Etnográfico del Trocadero, con ejemplares de 
Europa misma, Asia, África, América, Oceanía, modelos de 
construcciones, moldeados, trajes, utensilios de diverso gé- 
nero; escultura comparada. El Museo de Cluny, de pro- 
ductos artísticos e industriales de toda especie, con cerca 
de 12,000 ejemplares, estatuas, bordados, medallas, pintura.i, 
muebles, bajos relieves, tallados en madera, mármoles; ])or- 
eelanas francesas, flamencas y holandesas; porcelanas ita- 
lianas en magnífica colección ; esmaltes, vidrios, porcelanas 
hispano-moriscas ; intrumentos músicos riquísimos, orfebre- 
ría, marfiles; obras de hierro, bronces; sellos; y una colec- 
ción de carruajes de gala de los siglos XVTT y XVI TI, 
además de oti-a multitud de piezas dignas del mayor iute-- 
rés. E] Museo Carnavalet o Museo Histórico de la Ciudad 
de París, es un conjunto im])ortante de monumentos y ob- 
jetos diversos relativos a la historia de ese capital y de 
la Revolución francesa. Por todas partes hay explicaciones 
escritas, de suma utilidad. Contiene fósiles y monumentos 



LOS MUSEOS Y SU DOBLE PUNCIÓN EDUCATIVA E INSTRUCTIVA 463 

de la Edad de Piedra ; restos de construcciones romanas, de 
las arenas de la vieja Lutecia (París) ; ataúdes antiguos, 
mlodeados de esqueletos descubiertos en las arenas ; frag- 
mento de edificios galo-romanos ; cerámica, vasos ; armas 
de bronce, medallas encontradas en excavaciones ; inscrip- 
ciones funerarias y monumentales. Recuerdos de París, 
cuadros, pinturas, planos, dibujos, bustos de hijos ilustres 
de la ciudaid ; porcelanas, insignias, condecoraciones, autó- 
grafos, etc. Este Museo podría ser modelo para uno seme- 
jante en la ciudad de México, que contuviera la historia de 
\a evolución de nuestra Metrópoli. Museo de Luxemburgo: 
comprende colecciones de artistas vivos, especialmente pin- 
tores y escultores. Además, enumeramos, para no hacer can- 
sada esta lista, los Museos de la Revolución, de Artillería, 
del Ejército, el Paleográfico, el Pedagógico, el de los Gobe- 
linos, el Monetario, el Cerámico (Sevres), el de Calcografía, 
y el del Guarda Mueble (arte retrospectivo) ; el de la Ope- 
ra, el Museo Internacional y el Instrumental, el Museo His- 
tórico de los Inválidos. Además, entre los museos particu- 
lares de arte, principalmente son dignos de nota, el Grevin, 
el Guimet, el Cernuschi y el Emmery. 

En los alrededores de París, son propiamente museos 
los grandiosos palacios de Versalles y de Fontainebleau 
como lo es en España el majestuosa palacio del Escorial 
que es al mismo tiempo un austero monasterio de religiosos 
agustinos. 

D.— MUSEOS INGLESES 

Numerosos y todos interesantes en general. Citaremos 
solamente los culminantes. 

Museos de Londres. El gran Museo Británico (British 
Museum), abarca siete divisiones: impresos, manuscritos, es- 
tampas y dibujos, antigüedades británicas y de la Edad 
Media y Etnografía ; antigüedades griegas y romanas, mo- 
nedas y medallas. Sus colecciones de Zoología, Botánica, 



464 PKOF. JESrS GALINDO Y VILLA 

Geología y Mineralogía, pasaron al de South-Kensington. 
Es riquísimo en su acervo y de los primeros del mundo : sus 
manuscritos, su magnífica biblioteca, sus soberbias galeríxs 
de Escultura ; los solemnes restos de la arquitectura asiría, 
sus galerías arqueológicas de Egipto ; las antigüedades se- 
míticas y etniscas, son incomparables; como lo son asimismo 
sus colecciones de medallas, de orfebrería, de gemas, de te- 
rracotas antiguas y las medioevales. Es un imnenso centro 
de enseñanza objetiva. El Museo de South-Kensington aca- 
bado de citar, es un plantel artístico y científico de primer 
orden. Ya hemos dicho que anualmente gasta el Estado en 
sostenerlo, la cuantiosa suma de £600,000 (15.000.000 de 
francos). En su recinto se encuentra lo siguiente: lo., un 
Museo de Artes Decorativas; 2o., una Galería de Pinturas, 
(National Gallery of British Art) ; 8o., una Biblioteca Cien- 
tífica y Técnica (60,000 volúmenes) ; 5o. una Escuela de Ar- 
tes, en ({Uí» se enseña dil)u,io, pintura y moldeado: 60., el 
Museo Científico (Science Museum), y el Real Colegio de 
Ciencias. Cada una de estas divisiones es interesantísima por 
sí misma. Otros Museos: Posee Londres, entre otros muchos 
el de Anatomía, el de Geología y el de Historia Natural : de 
Arquitectura y el del Ejército y Marina. Hemos citado el de 
Lad}' Brassey, entre los particulares, formado con los ejem- 
plares de las expediciones realizadas en diversas lugares 
del globo; la Galería Tate. etc. 

Museos fuera de Londres. — Tanü)ién numerosos, ]iero 
haremos solamente meiieinn de los de (ílasgow (Art Gallery 
and Museum) ; Hunterian Museum of the University of 
Glasgow; el Ashmolean Museum, de Elias Ashniole (1667), 
de Oxford, y los de Manchester. 

E.— MUSEOS DE ITALIA 

La nación artística por excelencia, no debía (piedarse 
atrás en punto a templos ípie custodiaran las reliquias y las 
obras estéticas de sus inmortales, j)riii('ipalmen1<'. Italia es- 



LOS MUSEOS Y SU DOBLE FUNCIÓN EDUCATIVA E INSTRUCTIVA 465 

tá llena de Museos y de Ciudades-Museos, como Florencia, 
como Pisa, como Roma misma, que por donde quiera tiene 
recuerdos de sus tiempos de la pompa imperial o de los pri- 
meros siglos del Cristianismo. En Roma, su grandioso Mu- 
seo del Vaticano, incesantemente enri(|uecido por los Papas, 
es igualmente uno de los primeros del mundo, por sus joyas 
artísticas y arqueológicas ; en medio de sus salas, bajo los 
artesonados de sus techos, y pisando apenas el lapizlázuli 
y el jaspe de sus pavimentos suntuosos, nos hemos quedado 
extasiados y absortos. Las galerías de pintura, donde la es- 
cuela italiana tiene brillantísimos representantes ; el conjun- 
to de verdaderos museos, como el Chiaramonti (esculturas), 
el Pío-Clementino (antigüedades), lo hacen ser el primero 
del mundo en ar(pieología general, y son celebradas las jo- 
yas que contiene, universalmente conocidas, como el Lao- 
coonte, el Apolo del Belvedere ; el Museo Egipcio es so- 
berbio, lo mismo que el etrusco gregoriano (ataúdes, mo- 
mias, papiros, ídolos, estatuas, etc.). El mismo Palacio del 
Vaticano, es un verdadero Museo, por los frescos de Rafael, 
Miguel Ángel (Capilla Sixtina) y demás obras de los insig- 
nes artistas y de sus discípulos. La Biblioteca Apostólica, 
muy rica también, posee varios manuscritos indígenas me- 
xicanos (Códice Vaticano (Ritual) 3773 y el Vaticano Ríos). 
Además, hay en Roma, el Museo de Letrán, el de la Acade- 
mia de San Lucas y el del Capitolio ; merecen cita especial. 
Museos fuera de Roma. — Decía yo (pie en Italia los 
museos son muy abundantes, casi todos de arte : la espléndi- 
da Galería de los Uffizi, pasa por ser la más rica de Europa 
en pinturas de los grandes maestros de las primeras escue- 
las del mundo. De la Galería Pitti, puede decirse que tam- 
poco conoce rival por su colección de pinturas casi todas 
de extraordinario valor. La Pinacoteca de Bolonia, los mu- 
seos de Venecia, Parma, Milán, Turín, Modena, Ferrara, 
Brescia, Perusa, Siena, Pisa, Ravena, Volterra, Palermo 
(Sicilia), muestran de modo palpitante la intensísima cul- 



406 PROF. .TKSáS GALINDO Y VILLA 

tura artística de los italianos, y el amor con que guardan 
y veneran sus reliquias y más preciadas joyas; como las 
venera y guarda Ñapóles. 

F.— OTROS MUSEOS BE EUROPA 

No es fácil que en tan somera noticia, que vamos ex- 
tractando para no hacerla interminable, podamos abarcar 
el detalle de mayor número de Museos; pero al menos, que- 
den como mero apunte, las citas del Museo de la Ermitag^e 
en San Petersburgo (Rusia), grandiosa institución que com- 
prende las más ricas colecciones imperiales de antigüedades 
egipcias, de esculturas greco-romanas, bronces, terracotas, 
estampas, arqueología escita y siberiana ; colecciones de la 
Edad Media y del Renacimiento; interesantísima galería 
de pinturas, de las primeras de Europa, por lo copiosa y la 
calidad de las obras maestras; 200,000 medallas y sinnúme- 
ro de riquezas inapreciables. Los Museos Imperiales de Vie- 
na (Austria), figuran en primera categoría: el Museo de 
Historia Natural (Naturhistorisches Museum) ; el Museo Ar- 
tístico e Histórico (Kunsthistorisches Museum), atestados de 
objetos perfectamente clasificados, y expuestos. En otras 
capitales y centros de cultura : l>ruselas, La Haya, con su 
Museo Real de Pintura, el Koninklojk Kabinet van Schil- 
derijen, de los más célebres de Europa. Las Salas de Expo- 
sición de la Universidaíd de Upsala, en Suecia ; el Museo 
Nacional de Estokolmo que comprende un museo histórico, 
un gabinete de medallas, el museo industrial y las escultu- 
ras; las pinturas, los dibujos y las estampas; el Museo de 
Helias Artes, Kunstmusset, de Cristianía ; el P]tnográfico y 
de Artes Industriales de la misma capital noruega, etc., etc. 
Hay manifiestas muestras de que el Museo es la institución 
por excelencia para la guarda de lo pasado y para preservar 
lo presente, y un testimonio elocuente de cultura y de ci- 
vilización. 



LOS MUSEOS Y SU DOBLE FUNCIÓN EDUCATIVA E INSTRUCTIVA 467 

G.— EL MUSEO EGIPCIO DE GIZE 

Ejemplo de Museo arqueológico regional de primer or- 
den, que debemos apuntar antes de concluir con el esquema 
relativo al Viejo Mundo. Egipto ha llenado con sus despojos 
milenarios, salas enteras del Museo Británico, del Louvre, 
del Vaticano v de numerosas instituciones similares, v ha 
tenido y tiene para colmar aún las de su Museo especial 
cercano al Cairo (antiguamente en Boulak). Sus colecciones 
son las más importantes en su género, y han sido arregladas 
bajo la inteligente dirección de insignes egiptólogos (Ma- 
riette, Maspero, Grebant, Morgan, Loret). Tiene un depar- 
tamento consagrado a estudios especiales; un Catálogo eru- 
dito y explicaciones en cada ejemplar. El inmenso edificio 
del Museo, dispone de cerca de noventa salas distribuidas 
en dos pisos. En el piso inferior están los monumentso más 
pesados y los más antiguos taml)ién, que se remontan a cer- 
ca de 3,000 años A. J. C, clasificados por dinastías. En re- 
sumen, el Museo contiene : Monumentos del Antiguo Impe- 
rio : estatuas, relieves, fragmentos de tumbas, ataúdes, mo- 
mias de reyes como la notable de Ramsés II el Grande, va- 
sos de bronce y alabastro, ofrendas sepulcrales, canopas o 
vasos que contienen las entrañas del cadáver, joyas de oro, 
piedras finas, amuletos, vasos de plata, incensarios, objetos 
de transición. Monumentos del Imperio Medio y del período 
de los H^'ksos (estelas, estatuas, esfinges, ataúdes^ : — Mo- 
numentos del Nuevo Imperio (hasta la Conquista de Egip- 
to por Alejandro el Grande : estelas de reyes etiopes, ba- 
jos relieves, estatuas, estelas triunfales de fai'aones, ataú- 
des, etc.) : — ^Monumentos de épocas posteriores (ptolemai- 
ca, romana, copta) : mitología, estelas, el célebre decreto 
trilingüe de Canope encontrado en Tanis, mármoles, ins- 
cripciones romanas, monumentos del arte copto o cristiano; 
terracotas alejandrinas y vasos greco-romanos. Además, en 
las salas superiores, espléndidas colecciones de utensilios 



468 PROF. JESÚS (¡ALINDO Y VILLA 

egipcios de todo género, manuscritos, papiros, ostraca o 
tiestos de barro, lechos, objetos para el culto a los muer- 
tos y objetos de interés histórico, amuletos, escarabajos, y 
otros. Arcos y flechas, indumentaria, piezas de las más an- 
tiguas, retratos, máscaras, imágenes de dioses y objetos del 
eidto en general, bronces, estelas funerarias. Aparte, las co- 
lecciones de botánica y miiu»ralogía de la región. 

El Museo se completa con la interesante exhibición pro- 
ducto (le los grandes descubrimientos de Deir-el-bahri : es 
una rica colección de ataúdes y momias de los sacerdotes 
de Amón encontrados en 1891 en una gran tumba de los 
alrededores del templo de Deir-el-bahri, pertenecientes a 
las dinastías XVII a XX: cada momia .tenía dos ataúdes 
de madera, uno interior y otro exterior; — colección de mo- 
mias reales y objetos accesorios, algunas admirablemente 
bien conservadas. 

Finalmente, uiui colección de Antropología organizada 
por el Dr. Fouquet con momias de sacerdotes de Amón, es 
pecialmente. 

Por este resumen, se comprenderá toda la importan- 
cia de semejante institución, y del alcance eminentemente 
educativo e instructivo que su conocimiento envuelve. 

H. — Museos de los Estados Unidos del Norte 

Si carecen, en general, de la suntuosidad artística do 
muchos de Europa, a lo cual contribuyen los viejos palacios 
y el as{)ecto y aun el ambiente de las centenarias ciuda- 
des del Viejo Mundo, en cambio los Museos de los Estados 
Unidos tienen el mérito de estar sostenidos en su mayor 
parte, por instituciones privadas o por donativos de millo- 
narios que con ])rofunda satisfacción invierten en ello cuan- 
tiosos capitales. Difícil sería siquiera hacer una Hsta (b> 
todos los museos norteamericanos, y como lo liicimos an- 
tes, sólo se mencionarán, a(inellos (|ue, en nuestro concepto, 
son los (|ue culminan. 



LOS MUSEOS Y SU DOBLE FUNCIÓN EDUCATIVA E INSTRUCTIVA 4G9 



NUEVA YORK.— El American Museum of Natural 
History (Museo Americano de Historia Natural), fundado 
en 1869 por el Estaido de Nueva York, con magníficas con- 
diciones de distribución, de amplitud, de luz y excelente 
organización. — El Metropolitan Museum of Art (JMuseo 
Metropolitano de Arte), de recieiite creación (1871); 
contiene numerosas rarezas artísticas como la exocDcional 
colección de antigüedades Chipriotas, la mayor y más pre- 
ciosa de objetos fenicios y de la Grecia arcaica ; la 
colección histórica de cristalería y la de cilindros epi 
gráficos asirios, en nada le excede a su rival del Mu 
seo Británico; posee inapreciables ejemplares de pintu- 
ras modernas de varias escuelas europeas; de la fran- 
cesa tiene telas de los más afamados maestros contem- 
poráneos (Meissonier, Detaille, Rosa Bonheur, etc.), lo mis- 
mo que de los ilustres y celebrados pinceles de Rem- 
brandt, Van Dyck, Veláz(|uez, etc., lo cual indica (|ue el 
gusto artístico ha ido penetrando abiertamente en el 
suelo de los Estados Unidos, y como lo comprueban ya 
numerosos y elocuentes hechos. Además, este importan- 
te Museo atesora colecciones de esculturas antiguas y 
antigiiedades egipcias : inscripciones y bronces antiguos 
también, cerámica; antigüedades americanas, aguas fuer- 
tes, gemas, miniaturas, obras de oro y plata ; colección de 
telas modernas pictóricas donadas por Miss Catherine 
Lorillard-Wolfe, etc. 

Washington. — El National Museum, nxagnífico e im- 
portante por , sus colecciones de Historia Natural, de Et- 
nografía, de Arqueología, objetos de Arte Industriales, 
admirablemente organizados y dispuestos. Ocupan un 
edificio cuadrado, bajo la sabia dirección del Instituto 
(Smithscnian Institution) tiene también su museo par- 
ticular, con ejemplares de Historia Natural y precio- 
sos de Aríjueología americana sobre todo (de México y 
América Central — Nuevo México, Arizona).— El .A.rmy 



470 PKOF. JESÚS GALINDO Y VILLA 

Medical Museum (Museo Médico del Ejército), con iVn.i 
colección patológica y de aparatos e instrumentos para 
el servicio médico militar. — La Goncoran Gallery of Art 
(Particular), iiiterosaiite ; ])ronces, ceráinica, galería de 
pinturas. 

Cambridge, Massachussets. — De su venerable y rit.-a 
Universidad de Harvard, la más eéiebre de la Unión 
Americana, depende el interesante Museo Peabody apar- 
te de otros varios; éste es de Etnografía y Arqueolo- 
gía Americana, con una gran colección de objetos pre- 
históricos ; una de sus ri(|uezas consiste en ejemplares 
de objetos relativos a los constructores de tumbas y .i 
los antiguos habitantes de la región oriental de los Es- 
tados Unidos. — La Universidad de Harvard, fundada el 
año 1636 i)or el Reverendo John Harvard, no lia ce- 
sado de evolucionar; es de los pocos establecimientos 
del país vecino, de este género, que imparte a los es- 
tudiantes enseñanzas sobre la Arqueología de América, 
como lo ha venido liaciendo la Universidad «le Colum- 
bia, a la cual ha impartido ayuda el distinguido ameri- 
canista Du(|ue de Loubat. 

Otros Museos. — Casi en cada ciudad importante hay 
uno establecido. Mencionaremos al vuelo, el Boston Mu- 
seum of Fine Art; — el Archaeologiseum de Chicago, > 
el Chicago Art Institution. — The Commercial Museum 
of Philadelphia, es único en su género. 

Las Universidades, las Galerías de Arte, las liiblio 
tecas, los Jardines líotánicos y Zoológicos, . están prodi- 
giosamente multiplicados por todo el territorio de estu 
gran Nación. 

1.— MUSEOS CENTRO Y SUDAMERICANOS 

En Costa Rica. — El Museo Nacional de San José. — 
Colección Ar<jueo]ógica Americana. 



LOS MUSEOS Y SU DOBLE FUNCIÓN EDUCATIVA E INSTRUCTIVA 471 

En la República Agentina. — El Museo de Buenos 
Aires, y el Museo de La Plata, con coleceioues de His- 
toria Natural. 

En la República de Chile. — El Museo de Santiago. 

En el Brasil.— El Museo de Río Janeiro. 

Distínguense las tres últimas Naciones, por la im- 
portancia de sus publicaciones, que pueden consultar- 
se en la rica Biblioteca de nuestra Sociedad Científica 
"Antonio Álzate", (jue las recibe con toda regularidad. 

" * * * 

Ninguna presunción reviste la nota anterior, de- 
ficiente, en todos sentidos, y como tiene ({ue ser una not^i 
brevísima y compendiada, (pie no alcanza más finalida- 
des (pie despertar el estudio por esta clase de institu- 
ciones; llamar la atención acerca de su multiplicidad e 
importancia, y servir de ejemplo para ilustrar de algún 
modo el rápido estudio anterior. Esto es tanto más necesa- 
rio, cuanto que en México no tenemos noción precisa 
de lo que son los museos extranjeros. Cuando tales esta- 
blecimientos se visitan y contemplan, advertimos con 
pena nuestro atraso en semejante materia. De consiguiente 
se hace preciso evolucionar, fomentando las investigacio- 
nes, destinando sumas para la conservaciión y adquisi- 
ción de colecciones, popularizando los Museos, y dán- 
doles carácter; porque en ellos indiscutiblemente se re- 
fleja la cultura de los pueblos que saben velar por la 
custodia de sus tesoros ahí encerrados, como las vesta- 
les eternamente consagradas a alimentar la llama del 



faego sacro. 



México, 6 Diciembre 1915. 



Mem. Scc. Álzate.— 10-.Julio-1921.—t. 39—31 



472 pro;-', jk-süs oai.im«> v villa 



OBISERVAC'IONEÍS SOHKE EL TRABAJO AXTERIOU 

El trabajo (¡iie precede fue escrito en 1915, y, al 
])ubliearse en las Memorias de la "Sociedad Álzate", no 
se ha tocado su texto; pero a causa del tiempo trans- 
currido hasta la fecha (seis años largos), deben hacer- 
se las observaciones siguientes, como principales: 

la. — Xo existe ya la Secretaría de Instrucción Pú- 
blica y Bellas Artes, suprimida por la Constitución de 
1917. ni tampoco la Dirección General de las Bellas Ar- 
tes, que dependía de aquélla ; en estos momentos está 
casi aprobada la creación de la Secretaría de Educación 
Pública, í[ue .substituirá a la primera. 

2a. — El Museo Nacional de Arqueología, Historia y 
Etnología, enumera sus Departamentos en el orden si- 
guiente : 

Antropología Física o Somatológica. 

Etnografía aborigen. 

Etnografía colonial y contemporánea. 

Arqueología. 

Historia. 

En dicho orden deben describirse sus colecciones. 

'Sil. — Por disposición expresa del señor don Venus- 
tiano Carranza, dejó de existir el bien arreglado Museo 
Nacional de Artillería, refundiéndose sus colecciones en 
el de Arqueología. 

4a. — líl Museo Tecnológico desalojó la nave de la 
ex-iglesia de Betlemitas, en la calle de Tacuba, y se 
transladó al ligero y provisional edificio llamado "Pa- 
bellón Españor* en la Avenida Juárez. El templo está 
ocupado actualmente por la Biblioteca Pública de la 
Secretaría de Agricultura y Fomento. 

5a. — Cuanto se dice del Museo Nacional de Historia 
Natural, en el cuerpo del estudio anterior, debe enten- 
derse únicamente en el sentido de su buen arreglo v 



LOS Ml'SEOS Y SU DOBLE .KUXCIÓN EDUCATIVA E INSTRUCTIVA 473 

de que su Director ha entendido la función social de 
esa institución, hija del antiguo Museo Nacional; pero 
bajo ningún concepto en cuanto a aceptar las doctrinas 
biológicas que en el plantel de la calle del Chopo (y 
en la Dirección de Estudios Biológicos) vienen profe- 
sándose y desarrollándose ; doctrinas que se hallan en 
abierta pugna con las del subscrito por lo (jue toca «1 
origen de la vida, biológica y filosóficamente conside- 
rado. 

6a. — Tengo noticia de que a últimas fechas ha que- 
dado vacía la Sala de la Escuela Moderna Mexicana 
de Pintura, en la Academia Nacional de Bellas Artes, 
y embodegados sus cuadros. A ser cierta la especie, de- 
be censurarse. Parece ser la tendencia actual, borrar de 
la presente generación de artistas, el pasado ; sembrar 
la semilla de la ingratitud ; despreciar la Historia ; y 
arrojar injustamente en el olvido las obras de los maes-*- 
tros. ¡ Ojahl ({ue se detenga esa labor iconoclasta que 
siempre he reprobado ! 

J. G. V. 

México, Julio 1921. 



SOCIÉTÉ SCIENTIPIQUE "ANTONIO ÁLZATE".— MÉMOIRES. T. 39 475 



LAS NUBES DE POLVO SOBRE LA CIUDAD D13 

MÉXICO 
POR E, ORDOÑEZ, M. S. A. Y H. LARIOS 



(Sesión del 3 de Julio de 1916) 



Sucede con alguna frecuencia ([ue a la salida del 
invierno, durante los meses de Febrero y Marzo, o a l-i 
entrada de las lluvias, en los meses de Mayo y Junio, 
la atmósfera de la Ciudad de México se vé por las tar- 
des, repentinamente invadida por una deiisa nube de 
polvo de color amarillo sucio que camina con velocidad 
a veces grande ; esta nube viene siempre del Oriente o 
del Noreste. 

Es muy notable el contraste entre la atmósfera 
limpia a veces con fondo de cielo muy azul y la nube 
amarillenta que avanzando poco a poco empaña de tal 
modo el aire, que esconde los objetos distantes y obs- 
curece la luz del sol. En las casas comerciales y en al- 
gunas habitaciones de la Ciudad la obscuridad hace in- 
dispensable el uso de la luz artificial. Otras veces la 
nube de polvo cubre un cielo con nimbus y precede a 
la lluvia. 

Eslas nubes de polvo las levantan los grandes re- 
molinos de vientos impetuosos que se forman en la su- 
perficie plana, árida y seca del antiguo lecho del Lago 
de Texcoco. 

Como es bien sabido desde que se terminaron las 
obras del desagüe de la Cuenca de México, el gran Ca- 



476 K. ORDÓÑEZ Y H. LAKIOS 



nal de dronaje de la Ciudad de México, que atraviesa 
la. parte occidental del lago, ha drenado la mayor par- 
te de las aguas (jue a él afluían, dejando solamente en 
él centro un pequeño espacio con aguas casi permanen- 
tes. Durante la estación de las lluvias una delgada ca- 
pa de agua cubre una gran parte de la área del anti- 
guo lago. 

El Lago de Texcoco ha sido y es el término de un 
gran número de pequeñas corrientes de aguas tempora- 
les que reunidas en pcípieños ríos bajan de las montañas do 
la Sierra Nevada, al Oriente de la Capital. Los materia- 
les que aportan estos pefpieños ríos son: primero, en 
las pendientes, aluviones arrastrados por las avenidas; 
hacia el pié de las montañas son arenas, y ya en el plau 
regularizado de la cuenca son materiales muy finos en 
suspensión en las aguas, los que al fin se depositan en 
la superficie entera del lago. 

Lo <iue esas aguas aportan y dejan en la forma 
de sedimento fino en el Lago de Texcoco es muy consi- 
derable. Las medidas (jue se han hecho recientemen- 
te han probado (pie ese sedimento representa un espe- 
sor de varios centímetros cada año. 

Habiendo sido por mucho tiempo el Lago de Tex- 
coco un receptáculo sin salida, donde se acumulaban 
aguas anuales, extendidas con muy poco fondo en una 
gran superfieie de evaporación, ha resultado, en el trans- 
curso de los siglos, una concentración de las materias 
salinas disueltas en las aguas en proporción infinito- 
simal. Por efecto de ht concentración, las aguas de este 
Lago han sido fuertemente salinas, lo mismo que las 
tierras del fondo liasta cici-ta profundidad, con ésta 
di.sminuye ])aulatinameute el contenido de sal. Es in- 
dudable (pie la salinidad de las aguas de Texcoco se 
ha aumentado con la de manantiales de aguas tennales 
hoy ya desaparecidos. 



LAS XUBKS DE POLVO SOBRE LA CICDAD DE MÉXICO 477 

Con el drenaje de la Cuenca de México y la re- 
gresión de las aguas, (|ue ha resultado no solamente por 
-este drenaje sino también por la acumulación secular 
de los sedimentos, gran parte de la superficie del La- 
go queda en seco la mayor parte del año, y se cu- 
bre de eflorescencias salinas que se ven a distancia co- 
mo un manto blanquecino. 

Las sales disueltas en las aguas o en eflorescencia 
en la superficie seca del Lago, son esencialmente una 
mezcla de carbonatos y cloruros de sodio, conocidos coa 
el nombre de te(iuez(iuites. Su composición media ha si- 
do ya determinada varias veces, y los análisis corren 
impresos en varias publicaciones. 

Volviendo a las inibes de polvo, las que como de- 
cimos se forman en la superficie desecada del Lago, 
son arrastradas por los vientos huracanados del X. E. 
de duración transitoria. Poco a poco las nubes de pol- 
vo se diluyen en la atmósfera cubriendo una grande 
área. Momentáneamente cesa el viento y cae el polvo 
no sin haber causado las molestias fisiológicas consi- 
guientes. 

Al aire libre, la cantidad de polvo que cae en la 
Ciudad de México, cada vez ijue la invaden estas nu- 
bes, es considerable. Tenemos como ejemplo la nube 
de polvo que envolvió a la Ciudad la tarde del día 6 de 
Junio y (lue ha sido una de las más densas del año. 
En la terraza de una casa de la calle del General 
Prim, al Poniente de la Ciudad, se recogieron 7 gramos 
de estos polvos, en una superficie de 10 m. cuadrados. 
Suponiendo (pie en" toda la Ciudad hubiera caído una 
cantidad igual, lo que es posible, y asignándole a la 
Ciudad una área aproximada de 14 kilómetros cuadra- 
dos, se encuentra (pie el peso total de polvo caído en 
esa tarde fue de 10 toneladas. 



478 K. ORDÓÑEZ Y H LAHIOS 



Si se toma una faja de tierra de 11 kilómetros de 
largo <iue es más o menos la distancia (jue hay desde 
la orilla del Lago de Texcoco, hasta cerca de Chapulte* 
pee donde se disuelven frecuentemente las nubes de 
polvo, y de 8 kilómetros de ancho, que es la distancia 
que hay de Guadalupe hasta el Hospicio, en la calzada 
de Tlalpam, suponiendo además que la cantidad de pol- 
vo fue en todas partes la misma que cayó en la calle 
del General Prim, resultaría que solamente en la tar- 
de del día 6 de Junio, cayeron alrededor de 60 tonela- 
das de polvo, considerable masa de tierra (jue por la 
sola influencia del viento, es substraída al lecho del 
Jjago de Texcoco, 

Estudiando los polvos al microscopio se encuentra 
({ue tienen un tamaño medio de 65 micrones (milési- 
mos de milímetro). Consisten los polvos de pedazos do 
cristales y de microlitos de piroxenas, rómbica y mono- 
clínica, de feldespatos cálcico-sódicos y fragmentos de 
vidrio volcánico ; además hay granos de arcilla, partí- 
culas de carbón y de óxidos hidratados de fierro. Abun- 
dan las partíciilas de teciuezquite y tiene un color ama- 
rillento debido a la materia orgánica que traen, se ha- 
llan en cantidad de 5.40% en peso. 

Los polvos lavados, para quitarles la arcilla y sa- 
les solubles (|ue contienen, toman al microscopio la apa- 
vioíicia de una ceniza volcánica muy fina. 

Como se vé, el material de los polvos es andesíti- 
co, lo que es natural, puesto que son productos de la 
desagregación de las rocas de las montañas de la Sie- 
ri'a Nevada, que se componen exclusivanuMite de esta 
«•lase de rocas. El carbón proviene de las chiniieneas de 
las fábricas e.stblecidas al Oriente de la Ciudad. Las 
arcillas y los óxidos de fierro hidratados, provienen de 
los materiales descompuestos de las rocas. 



LAS NUBES DE POLVO SOBRE LA CIUDAD DE MÉXICO 479 

Al microscopio se observan finos pelos de plantas 
y algunos restos de diatomeas. 

Estos apuntes deberían completarse con el estudio 
del origen y carácter de los vientos que causan los re- 
molinos y las nubes de polvo, y con el estudio de los 
trastornos fisiológicos que pueden causar en el organis- 
mo esta abundancia inusitada de partículas sólidas en 
el aire, tareas que dejamos a otras personan. 

México, 22 de Junio de 1916. 



SOCIÉTÉ SCIENTIPIQUE "ANTONIO ÁLZATE".— MÉMOIRES, T. 39 481 



LOS RECURSOS DE AGUAS DE LA CIUDAD DE 

PACHUCA 

POR EL INGENIERO DE MINAS 

TRINIDAD PAREDES, M. S. A. 



(Sesión del 5 de Marzo de 1917) 

En informe de fecha lo. de abril del presente año, 
se dijo ya (^ue ^n Paclmca se necesitan para cubrir 
l;<s necesidades de su población, de unos 3.000,000 de 
metros cúbicos de agua por año y no tiene más de... 
260,000; es decir, menos de la décinxa parte. También 
se dijo a grandes rasgos las condiciones insalubres de 
esa agua, ([ue no sólo, no debe considerarse poco pura, 
sino aún nociva en un grado que sería largo referir. 
Dejamos al Consejo de Salubridad la misión de mos- 
trar las enfermedades que produce o a las que \^r^'- 
dispone, y • por consiguiente, la necesidad tan apremian- 
> te y forzosa ({ue hay de (pie por algún medio se sumi- 
nistre agua menos mala y en mucha mayor cantidad 
hasta conseguir ministrar los 3.000,000 de metros cú- 
bicos que son necesarios para cubrir las necesidades 
de alimentación, aseo, drenaje, que tendrá que venir, 
y el riego de las calles y jardines que necesita la po- 
blación de Pachuca. 

Con respecto a los recursos de aguas existen en re- 
sumen las siguientes condiciones : 

Por su situación topográfica, su altura sobre el ni- 
vel del mar, su climatología, la profundidad de sus mi- 



482 IN«. TRIN'IDAD I'AREDRS 



ñas, la formación geológica, y la manera de circular 
el agua en esta formación ; vemos (^ue el aprovisiona- 
miento de agua para esta ciudad, üs un caso algo com- 
plicado y que no se resuelve por un solo tipo de apro- 
visionamiento de los más comunes. 

Por su altura sobre el nivel del mar, de 2,425 me- 
tros, y su situación topográfica, en la falda sur-occiden- 
tal de la Sierra de Pachuca, no se cuenta con un río 
de donde tomar fácilmente sus aguas y preocuparse 
sólo de su purificación, sino (lue, al contrario, sus co- 
rrientes superficiales son torrentes ciue sólo en las llu- 
vias tienen agua, y eso por unas cuantas horas ; por la 
misma causa, es decir, por la configuración del terreno, 
en estos contornos no hay lugares para almacenar agua 
que satisfagan los reíjuisitos que estos almacenes deben 
tener. Por su climatología, entre otros las lluvias, todo 
el que haya vivido en Pachuca un año siciuiera, sabrá 
íjue llueve poco (242 mm. media anual). 

Por el nvimero de sus minas, la extensión de sus 
labores, hi i)rot'undidad de^ ellas, y por las conuiocio- 
nes originadas por el activo atacjue de sus ricjuezas, 
cada uno de estos profundos trabajos, son otros tantos 
drenes eficientes, para extraer el agua subterránea que 
esta porción de la Sierra i)uede contener. 

Por su forinación geológica, compuesta en lo gene- • 
ral de andesitas, o sean rocas ígneas, compactas, im- 
permeables por sí solas: ])or() muy jíormeables por las 
iniuierosísiiiias fraduras (|ut' conticuen, ])ues las hay de 
todos tamaños, desde grietas imperceptibles y micros- 
cópicas, hasta grietas amplias (pie se mezclan, se entre- 
cruzan y que grandes o petjueñas son caminos para la 
circulación de las aguas subterráneas, más y más fáci- 
les mientras más conmovido está el terreno }){)r la ex- 
plotación de las vetas; todo lo cual nos iiace aceptar 
con reservas los socavones a un nivel provechoso pa- 



LOS KECURSOS DE AGUAS DE LA CIUDAD DE PACHUCA 483 

ra la ciudad. En resumen, estamos en una localidad po- 
bre en recursos de aguas, y por lo mismo, hay que trfi- 
bajar más, mucho más, para proveerla de agua y es- 
to a un costo que en otras partes sería exagerado ; hay 
la circunstancia de que tiene recursos pecviniarios, tie- 
ne 35,000 habitantes, cuya salud y comodidad justifican 
hasta algún sacrificio ; además, las entrañas de estas 
tierras han dado a millares los miles de pesos que es- 
tas obras pueden costar, y es justo que los hombres 
dejen algo en provecho de la comimidad y de esta ex- 
poleada tierra. 

El actual Gobierno tiene el loabje empeño de dotar 
de agua a la ciudad; si lo realiza, merecerá la alaban- 
za más sincera y justa (jue pueda existir. A nosotros 
sólo nos toca proponer los medios. 

Geografía 

La ciudad de Pachuca, según datos consignados 
en la Carta General de la República formada en la Se- 
cretaría de Fomento en 1910, tiene las coordenadas 
geográficas siguientes: Long. 0° 24' 10". 7 E., Lat. 29' 
07' 49". 1 N. 

Se encuentra dicha ciudad situada a los 2,425 me- 
tros sobre el nivel del mar, en la falda sur-occidental 
de la Sierra de Pachuca ; tiene alrededor de 35,000 habi- 
tantes, su principal elemento de vida es la Minería. 
Su importancia comercial nos la ponen de manifiesto 
sus seis vías de ferrocarriles; es de las capitales de Es- 
tado, una de las que cuenta con más vías de comunica- 
ción debido a su comercio propio, pues no ocupa nin- 
guna importancia estratégica en las vías ferrocarrile- 
ras del país. Su historia está íntimamente ligada a la 
de sus minas. 



484 ING. TKIXIDAD I'AIIEUES 



Fisiogragía 

La Sierra de Pachuca se levanta en el extremo 
NE. del Valle de México ; tiene una orientación gene- 
ral de XW. a 8E. Es una sierra de poca extensión y 
que se une a otras serranías diferentes, menos caracte- 
rizadas, como relieves principales de la comarca. En su 
tramo central, o sea la parte (pie propiamente se llama 
Sierra de Pachuca, tendrá unos 40 kilómetros de largo 
por 20 de anchura, poco más o menos. Puede decirse 
que esta Sierra forma parte del sistema montañoso de 
nuestro país, llamado Sierra Madre Oriental. No os 
una unidad orogénica bien determinada, sino que al 
Norte V Sur se une a otras montañas, v serranías de 
caracteres fisiográficos y geológicos muy diferentes. En 
su cumbrera se destacan agrupamienlos de agujas, picu- 
chos y acantilados, de una gran altura, de muy difícil 
acceso y de gran belleza, que hacen por muchos con- 
ceptos notable a esta Sierra. Entre estos picachos se 
encuentran: "Los Órganos de Actopan," con 2,977 me- 
tros; "Las Ventanas del Chico," 3,080 metros; "El 
Zuñíate," 3,057 metros; "El Jacal," 3,200 metros; "El 
Cerro de las Navajas," 3,212; "La Peña del Águila" 
y otras iiiudiüs eminencias. Podemos decir ([ue la sie- 
rra tiene una altura media de 3,000 metros sobre el ni- 
vel del mar, con flancos abruptos y escarpados has- 
ta las planicies (pie se extienden a uno y otro lado de 
la Sierra. Del lado sur-occidental, a los 2,450 metros, 
comienzan los valles estrechos, y alargados de la Con- 
cepción, Pachuca. Azoyatla y otros, (|ue es de donde 
principia la parte plana del Valle de México, (|ii(' co- 
se sabe, es una de las llanuras donde culmina la altipla- 
nicie conocida por Me.sa Central, o Mesa de Anáhuae; 
altiplanicie (pie tiene un descenso general hacia el No- 



LOS KECURSOS DE Alil'AS DE LA CIUDAD DE PACHl'CA 485 



roeste hasta el talweg llamado Río Bravo del Xorto; 
del mismo lado Ponient'e, se encuentra el Valle de Ac- 
topan, más bajo que el de México. 

Del lado oriental de la Sierra, sus flancos también 
son abruptos, hasta la llanura prolongación del Valle 
de Tulancingo. valle (|ue después ha sido cortado y 
erosionado por la barranca de Metztitlán y sus afluen- 
tes ; por cuyo motivo, este flanco hoy nos presenta una 
fisiografía mncho más complicada que la opuesta; pe- 
ro (jue haciendo abstracción del tajo producido por la 
mencionada barranca, tenemos la llanura más oriental 
de esta mesa de Anáhuac. 

La .situación especial de Pachuca en la barranca 
formada por el cerro de la Rejona y el de San Cris- 
tóbal por el NW. ; el de Magdalena por el NE. ; el de 
las Coronas por el E., hacen que el viento dominante 
del Norte se encajone y sople con inusitada frecuen- 
cia a la vez que con violencia. 

Hidrografía 

La parte SW. de esta Sierra es tributaria del si.s- 
tema hidrográfico interior formado por la cuenca del 
Valle de México, hoy tributaria artificialmente del río 
de Tula ; la parte XW. forma lo que se llama río de Ac- 
topan, que se une al río de Tula, un poco abajo de 
Ixmiquilpan ; la parte oriental pertenece a los ríos de 
Amajac y Río Grande de Metztitlán, después se unen el 
de Amajac y el de Metztitlán con el río Panuco,' que desem- 
boca en el Golfo de México por Tampico. 

En esta Sierra nacen, como es natural, multitud 
de arroyuelos (pie se unen formando algunos arroyos 
que pomposamente se les da el nombre de ríos, como ol 
río de Actopan, el de la Concepción, el de las Aveni- 
das o de Pachuca, y otros semejantes por el lado Po- 
niente. Por el Oriente, son un poco más formales, como 



486 ING. TRINIDAD PARKDES 



el río de la Virgen, el del Keal y el de Huasca. Los 
arroyos del lado Poniente sólo én las lluvias tiene agua, 
y esto por unas cuantas horas, aun(iue es cierto ([ue algunas 
veces estas avenidas son de fatales consecuencias, como 
ha sucedido en diferentes épocas con el de Pachuey,, 
pues este río surca a la ciudad en toda su longitud, 
pero a pesar de ([ue en ella ha estado establecido ti 
G-obierno del Estado y residen muchas compañías mi- 
neras muy importantes, nadie,, que nosotros sepamoo, 
se ha puesto a calcular el gasto de este arroyo ; ni en 
años normales, ni en las avenidas anormales. 

Xo tenemos datos de extensión de la cuenca que 
desagua por el río de Pachuea, ni menos de las lluvias 
anormales, para ver si éstas caben o no por el cauce 
de este río, aunque es bien conocido (|ue este cauce se 
ha azolvado mucho ; y si en otras épocas, cuando era , 
más bajo y ancho, hubo inundaciones que causaron 
grandes daños, hoy que los ojos de los puentes están 
casi cegados, una cantidad de agua como la de esas 
inundaciones, sería de muy fatales consecuencias. Xo so 
necesitan -grandes consideraciones para hacer resaltar la 
necesidad de poner un remedio; bastaría describir aiiuc- 
llas inundaciones y recordar ([ue lioy se multiplicarían sus 
efectos. Las causas del grande azolve del río son varias: 

la. — Por la que pudiéramos llamar natural, por el 
cambio de pendiente del arroyo, el cual baja con fuer- 
te pendiente de la falda de la montaña y al llegar al 
comienzo del plan, esta pendiente disminuye; en las 
lluvias, cuando baja agua por este arroyo, esta agua 
tiene un poder de arrastre «pie se multiplica con la pen- 
diente, por lo ({ue al llegar al principio del plan de- 
posita una gran porción de los guijarros, gravas y se- 
dimentos (|ue ha podido arrastrar en su camino supe- 
rior, formando lo que se llama el "cono de deyección" 
del arroyo. ^ 



LOS RECURSOS DE AGUAS DE LA CIUDAD DE PACHUCA 487 

2a. — Por los jales y residuos de las haciendas de 
beneficio, que son abundantísimos y casi constantes, a 
los que se les ha quitado una gran porción del líquido 
con el fin de recuperar el cianuro que esa agua puede 
contener, de tal manera, que la cantidad de agua que 
le dejan no tiene el poder de arrastre suficiente para 
llevar a gran distancia estos residuos por finos que 
puedan ser; sino que por la cantidad de agua que se 
evapora, estos residuos se van depositando subiendo a 
gran prisa el lecho del río; pues las avenidas, por 1) 
menos las normales, no son suficientes para limpiar ;'l 
río de estos depósitos. 

3a. — Por los terreros de las minas, que cada año 
son arrastrados parcialmente por las lluvias, pues todos 
carecen de muros de sostenimiento, y 

4a. — Por unas presas de poca altura que se cons- 
truj'^eron por Coscotitlán y que han levantado el lecho 
del río. Todos estos factores son de resultados seguros 
para azolvar el río y poner en peligro a la ciudad. El 
primero es evitable, pero a un gran costo ; respecto al 
segundo, diré que en otros países está reglamentada, 
impidiendo que estos jales vayan a esterilizar las tierras 
inferiores, y aun cuando aquí no es el mismo perjuicio 
el que hacen, se podría hacer que los causantes del da- 
ño contribuyeran de alguna manera al desazolve del 
río ; el tercero también se podría evitar de igual mane- 
ra en gran parte ; y el cuarto, no habría más que ir 
con una cuadrilla de peones y destruir esas presas por 
causa de salud pública. 

El río de Pachuca, nace en el llano de la Sabani- 
lla, a 3,000 metros sobre el nivel del mar, sigue su cur- 
so general de Norte a Sur; abajo de este llano su cau- 
ce está relativamente inclinado hasta el Salto de Pablo, 
sigue otra parte de su curso menos inclinadu en lo 

Mcni. Sor. Alziite.— 22-Julio-192l.— t. 39— :í2 



488 ING. TRINIDAD PAREDES 



(¡ne se llama el Jaramillo hasta irnos 2,850 metros y do 
ídlí se despeña con fuerte pendiente hasta la ciudad 
de Paehuca, con un desnivel de 400 metros, en una dis- 
tancia de unos cuatro kilómetros poco más o menos, 
es decir, con una pendiente general de un 10%. Al cau- 
ce que hemos detallado, en el Jaramillo se le une la ba- 
rranca de Texinca y la del Rosario, todas de menor ex- 
tensión de la <|ue baja de la Sabanilla. 



Geología 



o' 



.En la Sierra de' Paehuca, hay las siguientes rocas : 
andesitas, rhyolitas, tobas y basaltos. 

Las * andesitas son las rocas niás abundantes ; las 
dominantes en la parte que consideramos, son andesi- 
tas de piroxena, porfiroides y compactas ((ue varían 
algo. 

T^as rhyolitas son más escasas, se encuentran en las 
cercanías de Cerezo, o al Xorte del Bordo y en man- 
chones en las cercanías del Real del Monte, son com- 
pactas y cuarcíferas. 

Las tobas son andesitícas y riiyolíticas, se encuei"- 
tran en varios lugares por Cerezo, la mina de San Pe- 
dro y en otras partes de la cumbre de la Sierra. 

Los basaltos son escasos; sólo' en el cerro de San 
Cristó])al se encuentran. 

El orden sucesivo de estas rocas casi es el orden 
en (|ue las .hemos enumerado: por virtud de los plega- 
gainientos (|ue sufrió esla parte del continente, al fin 
del Cretácico, se abrieron grietas (h orientación seme- 
jante a las de la Sierra actual. ])()r esas grietas vinie- 
ron otras diferentes emisiones de andesitas; pero hav 
dos que se se])araron bastante, como lo manifiesta el 
crucero del Xorte en la mina de San Rafael. Allí exis- 
te la andesita inferior con una .superficie ondulada tiuc 
se cubrió de tierra probablemente con vegetación, y 



LOS RECL'RSOS DE AGUAS DE LA CIUDAD DE PACHUCA 489 



sobre esa tierra se derramó una corriente, superior, ge- 
neralmente más compacta y morada que la inferior; 
esta capa de tierra que separa las dos corrientes se ve 
hoy compacta en virtud del metamorfismo producido 
por la corriente superior; después vinieron tobas an- 
desíticas ; en seguida diíjues de rhyolitas que se derra- 
maron en extensiones relativamente cortas, uno de es- 
tas diques lo tenemos aflorando muy poco al Norte de 
Cerezo y lo encontramos más i)otente al Norte de San 
Rafael, como a 250 o 300 metros abajo de la superficie. 
Después vinieron tobas rhyolíticas más abundantes por 
el Real del Monte y menos en Cei'ezo, y por último, 
los basaltos. Algunos opinan (¡ue el fracturamiento ea 
que arman las vetas, fue después de las rhyolitas coma 
una manifestación última de los efectos dinámicos inte- 
riores; pero esto nos lo padría aclarar el socavón 'ú 
Norte de San Rafael, o algunos otros trabajos de las 
minas ; bien pudiera ser (jue fueran anteriores a la;? 
rhyolitas, en el espacio bastante largo (jue medió en- 
tre las diferentes emisiones de andesitas distintas. El 
objeto de este informe no amerita una discusión de es- 
ta naturaleza ; pero lo cierto es que estas rocas com- 
pactas por naturaleza, están muy fracturadas ; casi to- 
das esas fracturas se rellenaron con cuarzo y otras 
substancias entre las (jue se encuentran los minerales 
explotables. Uji plano en (|ue están situadas todas las 
vetas conocidas, nos enseña el grandísimo número de 
estas fracturas, mostrándonos una verdadera red de 
grietas ({ue se unen, se mezclan y una es continuación, 
de otra. La zona abarcada por estas fracturas es muy 
extensa, existiendo probablemente diferentes centros de 
fracturamiento, pero siempre semejantes, pues tenemos 
centros bien conocidos, comjo los de las cercanías de 
Pachuca, Santa Rosa, Tepenené, el Chico, Real del Mon- 
te y otros. 



490 ING. TRINIDAD PAREDES 



Para comprobar la importancia de estas fracturas, 
bastará decir ([ue la veta Vizcaína tiene nna longitud 
como de 16 kilómetros, 20 metros de potencia, aun cuan- 
do sea menor la parte explotable, y de más de 650 me- 
tros de profundidad, la que podrá llegar hasta 5,000 me- 
tros, según algunas autoridades le calculan. 



Hidrolasría 



o' 



El agua de las lluvias se distribuye de la siguien- 
te manera : una parte escurre por la superficie, otra 
se evapora, otra se convierte en subterránea y otra au- 
menta las plantas. Mientras más desnudo, pendiente y 
compacto es el terreno, mayor cantidad de agua se es- 
curre por la superficie; mientras más corriente de aire 
haya, siendo ese aire seco y más alta sea la temperatu- 
ra, mayor cantidad de agua de lluvia se evapora ; mien- 
tras más permeable sea un terreno y permanezca más 
tiempo el agua de lluvia sobre él, mayor cantidad de 
agua se convierte en subterránea ; estos son los prin- 
cipios generales (jue rigen al agua de lluvia, y son tají 
conocidos y tan claroá que no necesitan explicaciones 
detalladas. 

En la comarca que nos ocupa, hemos, dicho ((ue no 
existen datos sobre las lluvias; en realidad existen, pe- 
ro muy probablemente equivocados que más vale suponer 
que no existejí y sólo podemos conocerlos por compara- 
ción y sujetos a la apreciación muy personal. J3sta;\ llu- 
vias para el <iue no conoce la ciudad de México y í*a- 
chuca, cree evidente (|ue en México llueve más (iue 
en Pachuca y que en la j)arte alta de la Sierra de 
Pachuca llueve más que en la ciudad ; tenemos varias 
pruebas en apoyo de esta últin%a afirmación. Los vien- 
tos húmedos que vienen del Golfo de México por el 
Oriente, al encontrar el obstáculo de la Sierra a ;í,000 



LOS RECURSOS DE AGUAS UE LA CIUDAB DE PACHUCA 491 

metros sobre el nivel del mar, se enfrían y se resuel- 
ven en lluvias conforme a las leyes que gobiernan a es- 
te fenómeno climatológico, pero que no exponemos por 
no hacer difuso nuestro informe; no así los vientos 
del suroeste, que son secos por atravesar todo el valle 
de México, y aun otras sierras más elevadas, como la 
del Ajusco y la Sierra Nevada ; por cuyos motivos so- 
bre el flanco oriental de la sierra llueve más que en 
el flanco sur-occidental. En. la población del Real del 
Monte, situada del lado oriente, las brumas son más 
frecuentes, lo mismo que las lluvias, las nevadas, los 
rocíos, las escarchas y todos los fenómenos acuosos; se 
podría decir que es porque el Real del ]\Ionte está más 
alto que Pachuca ; pero sucede lo mismo en el Chico, 
no obstante estar más abajo (jue Pachuca : el aire es 
húmedo, llueve mucho y nieva más que en Pachuca, ((ue 
está situado al lado sur-occidental; los arroyos del Orien- 
te, tienen siempre agua, los del Occidente sólo en las llu- 
vias, y eso por horas, como ya se ha dicho. El flanco orien- 
te está cubierto de vegetación enteramente, a pesar de 
los desmontes despiadados; por el flanco occidental, ni 
en las barrancas existe buena vegetación, ni en los lu- 
gares cuidados ; y en los poblados como en las cerca- 
nías de Pachuca, todo es un erial desolado donde las 
peñas están desnudas. Del lado oriental, yo no he sa- 
bido de inundaciones ni de crecientes peligrosas; del 
lado occidental, el río que pasa por Pachuca, se llama 
Río de las Avenidas. 

Naturalmente, la cumbrera y una zona alta, redu- 
cida del flanco occidental, participa de las condiciones 
climatológicas que prevalecen en ?1 lado oriental; ese 
límite lo podemos fijar, siguiendo el cauce del arroyue- 
lo de Pachuca, un poco abajo del Jaramillo ; a 2,700 
metros hay vegetación, hay tierra vegetal, la pendien- 
te es menos abrupta, hay muchos factores que contri- 



492 JN(Í. TRINIDAD PARKDES 



buyen a ({uc el agua permanezca im poco de mas tiempo 
sobre el terreno, que una mayor porción del agua de 
lluvia se convierte en subterránea y que esa agiui no se 
precipite en forma de torrente impetuoso de muy efíme- 
ra duración. 

Por las consideraciones anteriores, nos será permi- 
tido suponer que en la parte reducida del flanco oc- 
cidental comprendida entre la cumbrera o parte-aguas 
de la Sierra, hasta los dos .mil setecientos metros, llueve 
tanto como en la ciudad de México, es decir, tpnemi)s 
una lluvia media anual como de 68 centímetros y que de 
los 2,700 metros para abajo, va descendiendo hasta una 
media anual (juizá de 40 centímetros, o menos. 

Este dato de las lluvias nos interesa fijarlo con vi- 
sos de exactitud, porque ya se sabe que las lluvias, nie- 
ves, granizos, rocíos, escarchas, etc., son el único ori- 
gen de los ríos, de las fuentes, de los inanantiales y 
de las aguas subterráneas, ya sean superficiales o pro 
fundas; lluvias (lue pueden haber caído en terrenos cer- 
canos o a muchos kilómetros de distancia; pero <iue 
aquí, en esta comarca (|ue consideramos, las lluvias (|U3 
nos dan todos los recursos de aguas, no son de tie- 
rras lejanas, sino de las <|ue han caído en la Sierra 
misma, por eso hemos tenido (|ue referirnos a la fisio 
grafía, configuración y geología general del terreno. 

Cuando las lluvias han caído, o cuando la nieve o 
granizo se licúan, la vegetación, la tierra vegetal, la 
parte alterada de las rocas y todos los obstáculos exis- 
tentes, inq)iden <|ue el agua se escurra por la superfi- 
cie violentamente ; la retienen hasta impregnarse y des- 
pués la restituyen, tal como lo haría una esponja ; la 
que primero absorbe el agua hasta im{)regnarse, des- 
pués deja escurrir el excedente ; después, cuando ya 
no le llega el agua, ésta va descendiendo lentamen- 
te, dando cierta cantidad al fondo sobre (lue desean- 



LOS KECURSOS DE AGUAS DE LA CIUDAD DE PACHUCA 493 

sa, hasta que por último, sólo se conserva húmedo el 
asiento de esta esponja sobre el material impermeable ; 
así se comjportan la tierra vegetal, la parte alterada 
de las rocas y todo el material permeable que existe 
sobre la superficie del terreno. Cuando comiezan las 
lluvias, este material se impregna, dejando escurrir el 
excedente de agua ; después, cierta cantidad de agua 
escurre sobre la roca compacta impermeable y va a 
aflorar al talweg del terreno, o donde aparece desnu- 
da esa roca impermeable; este es el origen de muchos 
manantiales de la parte alta de la Sierra, como los de 
la Sabanilla, los del Jaramillo, los de Peña Redonda, 
los del llano de Barrera y otros mucho más pequeños, 
de vida más o menos larga, más bien transitoria; se- 
gún el espesor del material permeable, la cuenca de 
abastecimiento de esos manantiales, lo recio y abundan- 
te de la vegetación y de otras varias circunstancias. 

Estos manantiales son de vida más o menos larga, 
más bien corta; son muy abundantes inmediatamente 
después de las lluvias, luego van disminuyendo hasta 
agotarse, volviendo a aparecer después de otros días de 
lluvias; la temperatura de sus aguas varía con la tem- 
peratura ambiente, y tienen todas las oscilaciones de 
la climatología del lugar, nada más que un poco ate- 
nuadas. Cuando el agua que escurre entre el material 
permeable y la roca compacta, encuentra una fractu- 
ra o un sistema de fracturas, que puedan ser más o 
menos grandes, por allí penetra esta agua, siguienda 
un camino que le marcan: primero, la gravedad y la 
amplitud de la fractura, después la presión debida a la 
altura de la columna de agua contenida entre esa frac- 
tura; es decir, presión, longitud y amplitud del tra- 
yecto. 

Cuando alguna de estas fracturas aflora en la su- 
perficie, se forman una serie de manantiales, con gastos 



494 ING. TRINIDAD PAKKDES 



casi uniformes, lo mismo que su temperatura, su com- 
posición y otros diferentes caracteres. A esta clase de 
manantiales pertenecen algunos del Chico y los que 
existen en las minas. 

Las fracturas son de diferentes clases; las pode- 
mos clasificar en tres grupos generales; leptoclasas o 
fracturas pequeñas, diaclasas o fracturas (jue alcanzan 
hasta centenas de metros de longitud y de profundidad, 
más o menos abiertas ; y paraclasas, semejantes a las 
anteriores con saltos, generalmente más largas y pro- 
fundas que las diaclasas. 

Los orígenes de estas fracturas son, especialmen.- 
te para las dos últimas, los movimientos generales de 
la corteza terrestre producidos por el enfriamiento se- 
cular del globo y (pe puede manifestarse con movimien- 
tos lentos, imperceptibles en una o muchas generacio- 
nes, o violentas y paroxismales ; las leptoclasas pueden 
provenir por el intemperismo, por vibraciones, explosio- 
nes o simplemente ser los relices de cruceros de la ro- 
ca, o por el agrietamiento consiguiente de la producció]i 
de las fracturas grandes. 

Todas las fracturas, pequeñas o grandes, deptocla- 
sas, diaclasas o paraclasas, son caminos del agua ; en 
las pequeñas caminará con lentitud, en las grandes con 
más facilidad; todas estas fracturas, por las que pue- 
de circular el agua, pueden llenarse o no con substan- 
cias minerales y venir a ser pobres o ricas ; es decir, 
con materiales de poca estimación o de metales nobles, 
o aun ]iueden permanecer abiertas. Pues como ya he- 
mos dicho que las fracturas son producidas por los mo- 
vimientos tectónicos de la corteza terrestre, todas si- 
guen determinadas leyes en relación con la tectónica 
de la región. Generalmente, se reparten en sistemas (jue 
siguen orientaciones y echados paralelos, así como otros 
caracteres semejantes. 



LOS RECURS08 DE AOUAS DE LA CIL'DaD DE PACHUCA 495 



En Pachuca, son bien conocidas las direcciones de 
las principales vetas que fueron otras tantas diaclasas 
y paraclasas, dv^s numerosas las úKimas. aunque al- 
gunos digan lo contrario, pues yo creo que la mayor 
parte de las vetas de Pachuca fueron verdaderas fa- 
llas rellenadas posteriormente por las substancias mi- 
nerales. Estas vetas tienen una dirección general de EW. 
con desviaciones más o menos marcadas, de tal mane- 
ra, que se unen las unas con las otras. En el Jaramillo 
hemos anotado las siguientes fallas: una con rumbo 
de 55° XW. A' 65° de echado al XE,, otra de 50° XE. 
vertical y otra E. a W. vertical. 

Repetimos (jue la veta Vizcaína tiene unos 16 kiló- 
metros, la de los Analcos 6 y así sucesivamente, para 
fjue tengamos una idea clara de la importancia de es- 
tas aberturas y de (pie su profundidad fue muy gran- 
de, tengan o no minerales. Pues todas las fracturas, 
ya sean ricas o pobres, o no rellenadas, se entrecruzan, 
se mezclan y siempre tienen importancia en la circula- 
ción de las aguas, pues ellas, los respaldos o sus cercci.- 
nías son otros tantos caminos fáciles para las aguas, 
aun cuando las rocas en que arman sean impermeables 
por sí solas, y si no impermeables en lo absoluto, sí 
lo suficiente para considerarlas como tales en la prác- 
tica. Estas rocas andesíticas de la Sierra, tienen una 
permeabilidad secundaria, o adquirida por un inten- 
so fracturamiento, la mejor prueba de esta gran per- 
meabilidad es la enorme cantidad de agua que se extrae 
de todas las minas ; pero puntualizando esto con un 
ejemplo, tenemos las minas de Camelia y San Rafael 
por las que se extrae una cantidad de agua que varía 
de 1 a 3 millones de metros cúbicos por año, como quien 
dice : el agua que puede convertirse en subterránea en 
una extensión en números redondos como de 5,000 hec- 
táreas;, en otros términos, estas dos minas, son drenes 



496 ING. TRINIDAD PAREDKS 



profundos muy eficaces del agua (jue se precipita por 
caminos invisibles o subterráneos muy fáciles hasta una 
profundidad de más de 500 metros («ue se ha infiltrado 
por grietas o fracturas esparcidas en una extensión 
como de 5,000 hectáreas. ¿A qué superficie de la Sie- 
rra drenan estas minas y cada una de las otras que 
existen en localidad? no lo podríamos decir desde luego; 
se necesitaría organizar y metodizar experiencias largas 
y algo costosas. 

Los trabajos en las minas de esta comarca deben, 
en sus primeros tiempos, haber encontrado agua desde 
los primeros metros de cueles, pues el nivel hidrostátieo 
estaba muy cerca de la superficie; a medida <[ue se cola- 
ba una fuente o })ozo, se drenaban con más o menos 
lentitud las fracturas que iban a dar a esos trabajos, 
hasta (juedar agotados los recursos de agua de toda la 
]>arte ¡«niperior de esas fracturas, y aun de algunas que 
no iban a dar allí, sino que se comunicaban con las 
fracturas nuevamente abiertas por las explosiones, vi- 
braciones o intemperismo como consecuencia directa de! 
trabajo en esos lugares. Después, al profundizar una 
mina, se extendía el radio de acción del dren o encon- 
traba una fractura en comunicación con otras (|ue re- 
cibían sus aguas de una zona hasta entonces indepen- 
diente; de la parte ya drcnadn, se venía el agua, sien- 
do algunas veces una verdadera avalancha de agua ([uo 
producía efectos desastrosos, como los de 1895, y con 
cada metro f|ue se avanzaba en la mina, tanto en lon- 
gitud como en profundidad, se ampliaba más y más ia 
zona drenada, haciéndose también más y más expeditos 
los caminos recorridos por el agua (|ue con cada lluviü, 
granizada, rocío, etc., se ccuovaba en su superficie, po:* 
lo que fue desceiuliendo muchísimo el nivel hidrostá- 
tieo, hasta hacer imposibles los ])ozos y la vegetación, 



LOS RECURSOS DE A(;UAS DE LA CIUDAD DK PACHUCA 497 



a menos de aislarla localmente y alimentarla con fre- 
cuencia. 

Por esto vemos que los socavones dados sobre la 
Sierra desde los 400 metros arriba de la ciudad y mas 
abajo, tienen agua en una parte de su curso, donde atra- 
viesan la zona de acción de los drenes profundos cerca- 
nos; fuera de allí tiene muy poca, prácticamente son se- 
cos, como el del Norte de la mina de San Rafael, no 
obstante que alcanza una longitud de 900 metros desde 
donde encuentra el socavón Girault y una profundidad 
de 200 metros en la parte más baja de la superficie. 
Con más longitud «piizá tendrá que encontrar agua 
cuando pase la zona drenada por los trabajos profun- 
dos de San Rafael y CaiiMjlia; y decimos (juizá, porque 
cuando i)ase esa zona estará a unos 400 a 700 metros 
abajo de la superficie, y como es una zona poco fracturada 
y casi nada conmovida por los trabajos mineros, puede su- 
ceder, y será lo más probable, que el enorme peso de las ro- 
cas impida ({ue las aguas penetren las fracturas comprimi- 
das, tal como ha sucedido en algunas partes ; como en Gua- 
najuato por ejemplo, donde los trabajos del tiro de Xueva 
Luz, el más profundo de allí, cortaron a la veta madre a 200 
metros abajo de los planes inundados de la Mina La Valen- 
ciana, el corte se encontró seco, habiéndose mantenido de la 
misma manera después de más de un año. 

En Real del Monte al NW. de la mina Dificultad, hay 
obras emprendidas a dos niveles muy diferentes; las unas 
desde la superficie y las otras al nivel de 400 metros abajo 
del tiro Dificultad ; las primeras tienen agua, porijue del 
agua superficial, una parte se convierte en subterrujiea pe- 
netrajido por las fracturas que van a drenarse por las obras 
de 150 metros de profundidad, pues el terreno, aun cuando 
fuera muy compacto, se ha ido conmoviendo por las explo- 
raciones del trabajo minero que se ha llevado desde la su- 
perficie. Las segundas, las obras del nivel 400 del tiro Difi- 



498 IXG. TRINIDAD PAREDES 



cuitad, qne llegan abajo de las anteriores, y separadas un 
kilómetro del dren más profundo de 650 metros y donde la 
acción de ese dren profundo ya no se deja sentir, allí no 
hay agua ; las vetas están secas a consecuencia de que el 
peso de las rocas ha cerrado las fracturas anteriores para 
no dejar penetrar una cantidad de agua apreciable y las 
exploraciones producidas por el trabajo de ese nivel, no son 
suficientes para conmover el terreno superior. Esas obras 
interiores tendrán agua, cuando los trabajos de comunica- 
ción con las superiores se acerquen y las exploraciones sean 
suficientes para conmover el terreno superior. 

Hemos bosquejado las condiciones del terreno ([ue go- 
biernan las cantidades de agua de lluvia : la que escurre, la 
que se evapora, la que se convierte en subterránea y la que 
consumen las plantas para su alimentación; en el flanco 
occidental donde el terreno es muy pendiente y desnudo, un 
tanto por ciento bien grande del agua que cae, se escurre 
por la superficie en forma de avenidas ; las otras cantidades, 
la que se evapora y la que se convierte en subterránea, y la 
que toman las plantas, son mucho menores en proporción a 
la ([ue escurre, sobre todo la última, pues casi no hay plan- 
tas. En la parte alta de 2,700 metros para arriba y en el 
flanco oriental, el tanto por ciento de la cantidad de agua 
es mucho menor en relación con la que se convierte en sub- 
terránea, la que ocupan las plantas para su alimentación 
y la íjue se evapora. Carecemos de datos precisos para mar- 
car estas cantidades con exactitud, pero vemos (lue se tiene 
una zona eficiente para aprovisionamiento de agua y esta 
zona es la parte alta de la Sierra, o sea la comprendida en- 
tre la cumbrera y los 2,700 por el lado occidental y de la 
cumbrera para el lado oriental. 

Nosotros necesitamos 3.000,000 de metros cúbicos de 
agua cada año y debemos tratar de obtenerlos, de la que es- 
curre por la superficie y de la que se convierte en subterrá- 
nea fuera de las zonas drenadas ])()i- los trabajos profundos 



LOS RECURSOS DE AGUAS DE LA CIUDAD DE PACHUCA 499 

de las minas. Contamos con medio millón en las presas de la 
Estanzuela, el Romerillo y la Garnica, por supuesto repa- 
rando y acondicionando estas presas, pues en informe ante- 
rior, dijimos que en la de la Estanzuela, o del Rincón, sólo 
se aprovechan los 7,80 metros inferiores,- es decir, una ter- 
cera parte de su verdadera capacidad. Xos faltan dos millo- 
nes y medio y vamos a ver de dónde podemos obtenerlos ; 
naturalmente de la zona alta, de la que es más eficiente en 
lluvias, de aquellas que hemos supuesto lluevan alrededor de 
68 centímetros, que tiene manantiales, que retiene más agua, 
porque hay vegetación, humedad, mejores lluvias y hasta 
partes que si no son precisamente planas, son menos incli- 
nadas que el resto de los flancos, principalmente el occiden- 
tal. Ya hemos visto en qué condiciones se encuentra esa zo- 
na; por lo que podemos siquiera por vía de apreciación, su- 
poner, con algunos autores, que del agua de lluvia, se escu- 
rre un 3%, que un 20% se convierte en subterránea, pue:; 
tiene un ''colchón'' bastante grueso en toda la zona y el 
resto se evapora y lo consumen las plantas. 

Debemos tratar de recuperar la mayor cantidad de agua 
posible, o sea. la que escurre y la que se convierte en subte- 
rránea ; para la primera se necesitan presas que capten una 
superficie aproximada de 1,000 hectáreas. 

Con las aguas de las minas profundas no debemos con- 
tar, no sólo por el informe tan malo que dio el Consejo Su- 
perior de Salubridad de México, sino que con anterioridad 
habíamos dicho al Consejo de Salubridad de esta ciadad, 
que si de algim análisis bactereológico de esta agua resultaba 
buena, no se debería concluir que serviría para la alimenta- 
ción, sino que, dadas las condiciones de su modo de circu- 
lación, está muy expuesta a una contaminación, por lo que 
nunca se debía aceptar para el aprovechamiento de la ciu- 
dad, sino en casos muy especiales, eomo en el que hemos 
estado muy expuestos, de quedarnos sin una gota de agua 
de otra procedencia. 



500 ING. TRINIDAD PAREDKS 



La Presa del Jaramillo, ({ue hace tiempo se ha proyecta- 
do, tiene una cuenca de abastecimiento como de 500 hectá- 
reas (1) o sea una capacidad de un millón de metros cúbicos, 
en números redondos como máximo. 

Hay otra presa <|ue se puede levantar y (pie tiene una 
cuenca de abastecimiento aproximada a la del Jaramillo, es 
decir, como unas 500 hectáreas; esta presa está situada en 
la extremidad SE. del llano de Barrera, sobre el arroyo de 
Pueblo Xuevo, de la cuenca hidrográfica del Río Amajac, o 
sea en el lado oriental de la Sierra. De la cortina de esta 
presa, se construirá un canal bien acondicionado, (jue fal- 
deando la Sierra en dirección al Suroeste, llegue a la ciudad 
de Pachuca. 

Tenemos otra obra (jue tendrá por objeto recuperar al- 
go del agua que se convierte en subterránea, y es un socavón 
que partiendo de la parte baja del Salto de Pablo, sigue por 
que partiendo de la parte baja del Salto de Pablo, siga por 
el curso del arroyo hasta el llano de la Sabanilla. Hemos 
dicho que ])ara (|ue la obra dé buenos resultados debe ser 
un dren (\ne atraviese un material permeable, ya sea de 
una permeabilidad propia o de una permeabilidad adíjuiri- 
da como la de las arenas o la de las rocas fracturadas, y co- 
mo este último es nuestro caso, el socavón debe atravesar 
el mayor número de fracturas acuíferas. En el caso de esta 
obra, tenemos que atravesar una corriente de andesitas, en 
donde por la espesa capa de la tierra vegetal y exuberante 
vegetación, no se puede distinguir si está nuicho, poco o 
nada fracturada ; yo pude anotar, cerca del Salto de Pablo, 
dos fallas con rumbo de 70° XE. y otra de 80° XE. y echa- 
dos entre 70 al XW. y verticales. Esta roca, entre la (|ue irá 
el túnel, soporta una brecha (pie ak-.inza una altura muy 



(1) Decimos "como 500 hectáreas", porciue esfe dato no 
Sí; ctMioce; hasta hoy se está hacientio un levantamiento parí 
eorocerlo con exactitud y determinru- la altura que esta pri- 
sa deberá tener. 



LOS RECURSOS DE AGUAS DE LA CU'DAD DE PACHUCA 501 



desigual hasta de más de 100 metros, como en las "Ventanas 
del Chico " ; la brecha tiene numerosas diaclasas o fracturas 
sin saltos, por los que fácilmente penetra el agua, pero en 
la roca que sirve de pedestal, o asiento a esta brecha, no es 
fácil ver si estas fracturas se continúan, por lo qne es in- 
dispensable hacer un túnel de 50 metros, .y si el terreno está 
fracturado deberá continuarse ; si no lo está, deberá aban- 
donarse. 

Tratemos de analizar el por (¡ué y el posible resultado 
de cada una de estas obras; la presa del Rincón o de la Es- 
tanzuela, que tiene una capacidad calculada de 235,000 me- 
tros cúbicos, no se llena por dos razones: porque se filtra. 
y porque tiene una cuenca de abastecimiento muy pe((ueña: 
para evitarlo, primero necesita de iina compostura formal ; 
para lo segundo el señor Ingeniero Castillo propone hacer 
unos drenajes de la parte Norte, tributaria de la presa del 
Romerillo, para que lleven sus aguas a la de la Estanzuela, 
pues hay (lue empeñarse en utilizarla, piiesto que ya está 
construida y hecho un gasto importante, esos canales pasa- 
rán arriba del pueblo de la Estanzuela, para evitar ([ue los 
desperdicios e inundaciones lleguen a la presa. 

La presa de la Garnica, no puede aumentar, lo mismo 
que la del Romerillo, pues sus cuencas de abastecimiento son 
grendes y, además, en la del Romerillo se ve que la cortina 
construida es solamente una parte de la (lue realmente se 
proyectó y se empezó; de estos trabajos parece que en la 
Dirección de Aguas no hay datos porque el agua estaba re- 
genteada por una compañía particular que no dejó archivo. 
Se necesitará antes de comenzar el aumento de las dos cor- 
tinas, hacer unos planos para' saber lo que se aumenta de 
agua y lo que cuestan, pero la reparación desde luego se 
debía empezar, lo mismo que los canales que desemboquen 
en el Rincón. 



502 INO. TRINIDAD PAREDES 



La presa del Jaramillo, ([iie ya se ha estudiado, tiene 
muchos defectos: ya se dijo que la falda de la Sierra, desde 
arriba hasta Pachuca, está fuertemente inclinada, y por lo 
mismo, no existen lugares que satisfagan a las reglas que 
deben llenar los vasos para almacenar aguas; sólo existen 
lugares menos incliuados, y esto es lo que sucede precisa- 
mente en el Jaramillo, es una parte menos inclinada que la 
generalidad del cauce del arroyo. Además, la presa está so- 
bre el arroyo mismo que pasa por Pachuca y si desgracia- 
damente alguna vez se rompe esta presa estando llena, el 
peligro es inminente. Además, su cuenca de abastecimiento 
parece ser muy reducida. 

Como consecuencia del primer defecto, esta presa a la 
altura de 19 metros, altura enorme en relación con otras mu- 
chas presas, no almacena más de 155,000 metros cúbicos: 
su capacidad empieza de los 25 metros para arriba, cuando 
la superficie cubierta por cada metro de agua es de relativa 
consideración. 

En otros términos, la cantidad de agua almacenada al- 
canzará un costo demasiado alto ; si estas aguas fueran para 
la irrigación, esta industria lu» lo soportaría; pero como se 
trata de alimentar a una ciudad (jue debe aun a gran costo 
arbitrarse el agua, no importan esos defectos, puesto que el 
del peligro inminente también se subsana, dándole un poco 
más de seguridad, o sea con un poco más de costo. 

Esta presa deberá construirse, se están estudiando los 
últimos detalles, y si <•! entusiasmo no decrece, pronto se 
habrán iniciado los trabajos. Se ha tratado de ver también 
cuál será lo más económico, dadas las condiciones precisas 
de nuestro medio, si una i)r<'sa de iiiaiiq)ostería, en que hay 
(pie llevar la cal y hi arena 'Ixicna que en las cercanías no 
hay, o una presa «le piedra suelta revestida con muros bien 
hechos, además de una cnbiei-ta de cemento de l)uena cali- 
dad. 



LOS RECURSOS DE AGUAS DE LA CIUDAD DE PACHUCA 503 

La otra presa que propongo tiene los mismos defectos 
un poco menos mareados, la inclinación del terreno es me- 
nos fuerte y los lados se abren un poco más ; es decir, se 
obtiene una cantidad de agua igual o mayor que en el Ja- 
ramillo con un gasto menor; pero es necesario hacer antes 
el estudio para precisar sus defectos y ventajas. El canal 
sí alcanzaría un desarrollo bastante largo, lo ([ue es un de- 
fecto, pero esto es conveniente, para (|ue la cantidad de agia 
que recoja de las aguas ([ue escurren por cada arroyo sea 
mayor. También se puede hacer un túnel, pues hay lugares 
convenientes para unir la torre de toma con la cañería exis- 
tente, que viene de Llano Largo o de los Leones ; este tiinel 
alcanzaría poco más de 500 metros. Habrá que proyectar las 
dos maneras y ver la que resuelve mejor la cuestión. 

Del túnel de Jaramillo que ya hablamos se dijo que se 
deben hacer luego unos 50 metros para decidir, en vista de 
• los resultados, si se continúa en todo su desarrollo. 

Como complemento de todas estas obras, es preciso e 
indispensable que el Gobierno se haga de todo el terrreno 
cuyas aguas escurren hacia estas diferentes obras; que evi- 
te el paso de las gentes y principalmente la tala de los mon- 
tes. Dadas las costumbres adcpiiridas por la gente, será pre- 
ciso tener varios guardas armados para que puedan hacer- 
se respetar y evitar de una manera efectiva la tala de los 
montes. 

La realización de estas obras creo (pie costará alrede- 
dor de un millón de pesos plata, es decir, tres metros cúbi- 
cos de agua por cada peso; quizá cuesten menos; de esta 
manera se hará un solo gasto y después vendrá la conserva- 
ción, que lo dan con creces la venta del agua en la ciudad; 
estos gastos se reportarían poco más o menos de la siguien- 
te manera : 

Presa del Jaramillo .. .. $300.000.00 

Presa en el Llano de Barreras y Canal 200,000.00 

Mem. Soc. Álzate.— 24-Julio-1921.—t. 30-?.?. 



504 INfí. TRINIDAD PAREDES 



Aumento y reparatáóu de las presas 

de laEstanzuela 50,000.00 

Compra de los terrenos y todos los 

montes 100,000.00 

Túnel del Jaramillo 50,000.00 

Cañerías de la Ciudad, instalaciones 

y filtros 200.000.00 

Imprevistos 100,000.00 

Y sólo me refiero al aprovechamiento de agua de la ciu- 
dad, puesto (jue después vendrá el drenaje, jardines, pavi- 
mentación, etc. 

De donde se obtendrían las sisruientes cantidades de 



't?' 



agua 



Presas dé La Estanzuela, El Rincón, 

El Romerillo y Garniea 500.000 m. 

Presa del Jaramillo 1.000,000,. 

Presa del Llano de la Barrera 1.000,000 „ 

Canal (pie partiendo de la Presa de la 

Barrera faldea la Sierra . 500,000 „ 

Estas aguas se pueden clasificar en dos rangos: las de 
la Estanzuela. muy turbias y (piizá insalubres por la gran 
cantidad de limos (pie contiene, así como pf)r las inimuuli- 
cias y desperdicios (pie le suministra el pueblo de la Es- 
tanzuela, y las refutantes buenas con muy pocos limos y si se 
logra vedar i>or completo los montes cuyas aguas escurren 
a estas obras, se obtendrá agua bastante elara y pura. Con 
las obras (pie a<pií propongo, el agua del canal se ha fijado 
como de 50,000 metros cúbicos, pci-o muy probablemente 
sería mayor, bastando para la alimentacií'ui y para todos loa 
servicios de la ciudad en los meses de julio a noviembre; m\ 
se ha hecho medición del gasto de estos arroyos pai-ii poder 
fijar estas cantidades con alguna a|)i-oximación ; el agua de 
las otras presas se dejaría para el i-csto del año asignándo- 
le al agua de la Estanzuela, únicamente el drenaje de la 
ciudad. 



LOS RECURSOS DE AGtJAS DE LA CIUDAD DE PACHUCA 505 

Aun cuando no pudieran realizarse todas las obras, des- 
de Juego se deberían estudiar en su conjunto y tener en con- 
sideración todos estos factores para que al proyectar cañe- 
rías, fíltros, depósitos y demás accesorios se construyeran pa- 
ra la dotación total de agua y evitar gastos repetidos. 

Xo está por demás ver las ventajas que tienen estas 
obras que se proyectan aquí con relación a otros proyectos 
para suministrar agua a la ciudad. 

Ya dijimos en nuestro informe anterior: algunos acon- 
sejan que el socavón del Norte de San Rafael se continúe; 
esta obra es aventurada, no existe la seguridad de (jue en- 
cuentre agua en cantidad apreciable (pie sea recurso para 
alimentación de la ciudad y su cuele es a mi entender muy 
costoso por la profundidad a (jue se encuentra, pues se nece- 
sita instalación de aire comprimido,' extracción por el tiro 
de Previsora, y otras muchas condiciones para poder ser co- 
lado ; supongamos que se traspasara la sierra y sacara el 
agua del naneo oriental de ella ; para esto faltarán 9,000 
metros poco más o menos ; a $200.00 metro de cuele, resulta 
más de un millón de pesos, y eso en unos diez años por lo 
bajo, cuando la ciudad ya se muere de sed. 

Otros opinan porcjue del lado del Chico se instalen las 
bombas suficientes, se traspase la Sierra y se arroje el agua 
a Paehuca; pero no consideran el costo de una instalación 
para levantar el agua 600 metros efectivos y con un gasto 
mínimo de 5.000 litros por minuto. 

í^n "Dificultad" extraen término ¡nedio 6,000 litros por 
minuto del fondo de la mina al socavón Aviadero, o sean 

325 metros efectivos, y el desagüe cuesta anualmente 

$50,000.00 plata en números redondos, sin tener en cuenta 
el costo de maquinaria e instalación. 

Otros opinan porque se haga una presa en la Concep- 
ción y se envíe el agua a Paehuca, pero no se ponen a con- 
siderar el costo de mía cortina muy larga que se necesita- 
ría ; luego levantar el agua y de allí una cañería bastante 
larga. 



506 ING. TRINIDAD PAREDES 



Otros opinan porque se haga una presa por los "Cubi- 
tos" y de allí se levante el agua para el drenaje; pero splo 
se levantarían unos 20 metros poco más o menos, y esto so- 
lo en los días que se laven las atarjeas, aunque el subsuelo. 
muy probablemente dada su formación, no retendría el agua 
y la cortina y bombas resultarían inútiles. 

En resumen, yo creo que lo que yo propongo es lo me- 
jor, y que si mis eompaiieros de la ComisiíSn de Aguas lo 
aprueban, se diga al Superior Gobierno : que es de violentar 
la compostura y reparación de la presa del Rincón o de la 
Estanzuela; (jue se le abran las zanjas (jue han de llevar 
el agua para que se utilice esta presa en toda su capacidad, 
y que nombre una persona encargada de esta parte de las 
obras, a la vez que estudie lo que se le debe aumentar al 
Romerillo y a la Garnica, facultando a la Dirección de 
Aguas, para (jue, por su conducto, se ministren los fondos 
necesarios. 

Que se haga la presa del Jaramillo, para lo cual se debe 
arreglar primero la posesión del terreno del vaso, en donde 
deba construirse, con la compañía "propietaria actual, y des- 
pués, las condiciones a que se ha de sujetar el contratista 
de esta obra. 

Que se haga también desde luego el estudio completo, 
de la presa del Llano de Barrera, así como el canal o túnel 
«jue ha de llevar sus aguas a la ciudad ; para esto, que se vea 
a otro ingeniero a quien se le pagará una cantidad conve- 
nida, i)or todo el estudio completo i)ara que lo haga en el 
menor tiempo posible. 

Que se perforen desde luego por contrato o adminis- 
tración, los primeros 50 metros del túnel del Jaramillo. 

Por último, ([Mv se nonil)r(' un ingeniero, (piien se en- 
cargará de inspeccionar todas las presas para que los con- 
tratistas o encargados de estas obras, empleen los materia- 
les mejores y todo lo 1i;i<í;iii con el itniyor cuidado posible. 



-LOS REOUKSOS DE AGUAS DE LA CIUDAD DE PACUUCA 507 

pues son obras que deben ser estables, durables y por su cos- 
to, ameritan una vigilancia constante y minuciosa. 

Después se comprará-n los terrenos, y después de obteni- 
da el agua, se proyectarán cañerías, drenaje, pavimentación 
y embellecimiento de la ciudad. 

Pachuca, Julio lo. de lí>16. 



SOCIKTK SCIENTIFIQUE "ANTONIO ÁLZATE". — MÉMOIRES, T. 39 509 



NOTAS ENTOMOLÓGICAS 

POR EL INGENIERO 

CARLOS PATONI. M. S. A. 



(Sesión del 3 de Julio de 1916) 



UNA OBSERVACIÓN RELATIVA AL VUELO NUPCIAL 
DE LAS HORMIGAS 

Desde hace tiempo me ha Hamado la atención, ({ue en 
lo que se ha escrito sobre las hormigas de los Estados Uni- 
dos, o por lo menos, en la literatura no escasa (lue sobre la 
materia ha llegado a mis manos, no se haga referencia a la 
circunstancia de que el vuelo nupcial tiene lugar, siempre, 
al día siguiente de uno de lluvia. 

A(iuí en nuestro país, aun los niños saben que las hor- 
migas con alas sólo aparecen después de las primeras preci- 
pitaciones de nuestra estación lluviosa. Esto sucede siempre : 
aun cuando la temperatura se eleve lo suficiente, no apare- 
cen los individuos alados, machos y hembras ; sino hasta que 
viene la primera lluvia. Acaece esto de mayo en adelante, 
en la mitad Septentrional del país, es decir : de Aguascalien- 
tes para el Norte, que es donde yo he observado y estudiado 
las hormigas ; pero en las regiones áridas, del Norte de Za- 
catecas, Noreste de Durango, la mayor parte de Coahuila y 
de Chihuahua, etc., donde las lluvias son tan escasas e irre- 
gulares ; en muchos lugares aparecen las primeras lluvias 
sólo en julio o agosto y a veces hasta en septiembre : enton- 
ces el vuelo nupcial no tiene lugar, sino hasta esa época tan 
retardada. 



510 ING. CARLOS PATÜNI 



Como es natural, en las grandes especies de hormigas, 
es donde resulta más fácil observar la relación íntima y pro- 
bablemente necesaria (pie existe entre la lluvia y el vuelo 
nupcial. 

De las grandes especies, las más comunes en la parte 
Norte de nuestra altiplanicie son: la "hormiga arriera", 
Atta Mexicana mayor (jue la A. fervens que habita la mitad 
meridional de México, así como las regiones cálidas de am- 
bas vertientes y la "hormiga brava" Pogomomyrmex bar- 
batus junto con el P. molefaciens; considerado el último, i)or 
muchos Mirmecólogos. solo como una subespecie. Es esta 
toda de color rojo claro y en el Norte se la llama ''hormiga 
güera" para distinguirla del P. barbatus que tiene la cabe- 
za y el tórax de color casi negro, con sólo el gaster rojo. 

La subespecie molefaciens, o especie, si se le admite este 
rango, parece ser una hormiga comiin en el Valle de Méxi- 
co ; pues sus nidos u "hormigueros" se encuentran aun en 
algunas calles de la capital. 

Fácil también de observarse en el Norte, es una liornii- 
ga de tamaño solo poco menor ((ue la molefaciens: es un 
Ischnom5rrmex ; i)robablemente idéntica con el I. Cocke- 
relli" común en toda la frontera de los Estados Unidos. 

He observado en algunos años, el vuelo nupcial de una 
especie indeterminada y de tamaño mediano, (jue en gran 
l)arte de los Estados de Durango y Zacatecas, anida bajo la 
corteza de una especie de Quercus o Encina ; el vuelo de esa 
especie ha tenido- lugar invariablemente después de un día 
de lluvia, como en las hormigas (pie tienen sus habitaciones 
debajo del suelo. 

La aparición de los individuos alados, siempre al día si- 
guiente de una lluvia, se observa también en las especies 
peíjueñas de los géneros Solenopsis, Pheidole, Monomorium, 
etc., (jue viven en las habitaciones humanas y anidan no sólo 
en el suelo, sino más comunmente en las paredes o en la ma- 
dera de pisos, techos y aun muebles, no siendo algunas de 
esas especies indígenas de nuestro país, sino advenías. 



NOTAS ENTOMOLÓGICAS 511 



El hecho de que el fenómeno que nos ocupa, se presente 
en especies no terrestres, que anidan en las habitaciones, en 
las cortezas o huecos de los árboles, etc., excluye la idea de 
que la lluvia tenga por efecto reblandecer el suelo, favore- 
ciendo así la salida de los alados, a semejanza de lo que pasa 
entre un gran número de dípteros y de otros hiraeiiópteros 
distintos de las hormigas. 

La lluvia no debe pues de influir, en la aparición de los 
jnachos y hembras de las hormigas fuera de sus madrigue- 
ras ; sino porque su efecto es aumentar la humedad de la 
atmósfera. Quizá a las alas delicadas y frágiles de las hor- 
migas aladas, sea necesario para su funcionamiento un buen 
grado de humedad en el aire, o también muy i)robablemente, 
es útil esa humedad para evitar que se evaporen y desequen 
los humores que intervienen en la cópula y fecundación, ac- 
tos que son el objeto del vuelo nupcial. 

Fundándonos en lo que antecede, podemos ahora expli- 
carnos por ([ué en los autores americanos, no aparecen obser- 
vaciones sobre el fenómeno que nos ocupa, aunque el hecho 
entre nosotros, por lo menos en la mitad Norte de México, 
sea conocido de la gente del pueblo y como al principio di- 
jimos, aun de los niños. En nuestro Continente de los 38° o 
40" de latitud para el Norte, la cantidad de vapor de agua 
en el aire es siempre relativamente elevada, de modo que 
si la humedad del ambiente es indispensable para que se 
verifique el vuelo nupcial, éste ya no tendrá lugar precisa- 
mente después de un día de lluvia. Pero aun suponiendo que 
en el Norte fuera también necesaria tal lluvia, sería difícil 
observar su enlace con la aparición de las hormigas aladas, 
en un clima donde son tantos los 'días lluviosos; pues que 
aun en mayo y junio, época en que tiene lugar la aparición 
de los alados en los países septentrionales, son frecuentes 
esos días de lluvia. En verdad, para observar y estudiar el 
fenómeno en tales condiciones, sería necesario haber tenido 
antes, alguna idea de él. 



512 ING. CARLOS PATOXI 



Es cierto (jiie en los Estados Unidos existe una vasta re- 
gión, en ([ue el clima es tan seco, como el de nuestros Esta- 
dos septentrionales y de seguro (lue en esa zona árida de la 
República del Norte, la aparición de las lionnigas aladas, 
exige la previa lluvia ; pero los entomólogos que han visitado 
tales territorios desprovistos de humedad en la atmósfera, 
han sido todos habitantes del húmedo Xort(> ; ]\IcCook, 
Wheeler, etc., y la observación del fenómeno de (lue nos ocu- 
pamos, para poderlo admitir y comprobar, tendría ([ue ha- 
cerse, no en uno o dos años, sino en una larga serie de ellos, 
como ha acontecido de seguro con nuestra gente del pueblo. 

No conozco nada de literatura norteamericana en los úl- 
timos tres años, respecto a hormigas y es posible (¡ue en ese 
transcurso de tiempo se haya publicado algo sobre la rela- 
ción íntima que existe entre la lluvia y la aparición de los 
iiulividuos alados: para el caso de que no fuera así, me he 
decidido a publicar mis observaciones sobre este punto, las 
cuales indudablemente son todavía deficientes; pero precisa- 
mente las doy a luz, para ([ue puedan ser completadas o co- 
rregidas por personas competentes, como lo son los entomó- 
logos que se hayan dedicado al estudio especial de las hor- 
migas. 



México, Septiembre de 1915. 



MANIOBRAS DE LA "HORMIGA LEÓN" PARA COGER 

SU PRESA 

Desde (jue en la primera mitad del siglo XVITI publicó 
Reaunuir sus notables observaciones sobre estos insectos, se 
han venido repitiendo midtitnd de inexactitudes respecto 
a sus costumbres, especialmente sobre ol modo de coger su 
presa. 



NOTAS ENTOMOLÓGICAS 513 



Se ha estampado muchas veces, aun en obras de cierta 
importancia, (pe la hormiga león o larva de Mirmeleón, 
arroja arena o tierra sobre los pequeños insectos que se acer- 
can al borde de su trampa, para cegarlos y que con esto cai- 
gan al fondo del embudo donde está emboscada. Es esta una 
burda conseja que supone en los insectos (pie son la presa 
ordinaria de la hormiga león, ojos como los humanos. ¿De 
qué pe(iueñísimas dimensiones necesitarían ser los granos 
de arena o de tierra capaces de velar los ojos de las víctimas 
del Mirmeleonido? De seguro que no podrían ser las partícu- 
las de tierra, que a la simple vista se miran elevarse del fon- 
do del embudo donde está oculta la larva. 

Se ha dicho después, (pie la larva arroja hacia arriba 
la menuda arena, para con ella precipitar a los insectos que 
trata de hacer sus víctimas al fondo de su trampa. Tampoco 
esta explicación tiene fundamento y es tan inverosímil ese 
bombardeo €on proyectiles de granos de arena, como lo de 
cegar a las futuras víctimas. 

Paso en seguida a explicar cuál es el medio sencillo que 
ernplea la larva hormiga león, para hacer que su presa caiga 
al fondo de la trampa ; pero antes debo decir algo sobre cuá- 
les son los insectos observados. 

En el Norte de Zacatecas, en Durango, con las partes 
adyacentes de Coahuila y Chihuahua, he tenido ocasión de 
observar diversas especies de Mirmeleonidos. Como en nues- 
tro país casi no existen colecciones entomológicas clasifica- 
das y además, entre los diversos ramos de la Biología no ha 
sido mi especialidad el estudio de los insectos, no he podido 
clasificar esas especies y a veces ni los géneros han sido de- 
terminados con seguridad. No dirigiéndose mis estudios sino 
incidentalmente hacia entomología, no he tenido muchas 
veces tiempo de identificar los insectos perfectos a que per- 
tenecen las larvas que he observado. 

La larva de Mirmeleón más común en las regiones arri- 
ba indicadas, tiene aproximadamente las dimensiones de la 
chinche común o Acanthia lectularia. Construye sus trampas 



514 ING. CARLOS PATONI 



en forma de cono invertido o embudo, como es común a las 
larvas del género. Dicho cono o embudo tiene en su base un 
■diámetro de 2V^ a 3V2 centímetros y como 2 a 2V^ de pro- 
fundidad, resultando con esto que sus paredes presentan tal 
inclinación o talud que es mayor que la pendiente natural 
de las tierras o arenas, la que pueden tomar, solo debido a 
las pequeñas dimensiones del embudo y a su sección trans- 
versa circular. 

La larva, según se ha descrito para las especies euro- 
peas, se mantiene en el fondo del embudo, sepultada en la 
tierra o arena fina, entre la cual puede percibirse ai)enas el 
extremo de sus mandíbulas o tenazas. Tan luego como algún 
peíjueño insecto, comunmente una hormiga, traspasa el boi-de 
superior del cono que constituye la trampa, la larva agita 
violentamente sus tenazas, rompiendo i)or medio de esta 
maniobra, que efectúa en la base de las paredes, el equili- 
brio inestable de éstas, principalmente de la que corresponde 
al lado por donde aparece la futura presa y se produce el 
derrumbe o deslizamiento de esa pared, con lo que el insecto 
es precipitado al fondo del embudo, donde es cogido pronta- 
mente por las robustas mandíbulas de la larva. 

El fuerte movimiento de las tenazas de la hormiga león, 
lanza hacia arriba los menudos granos de arena, pero sin 
(jue éstos vayan a cubrir los ojos de la futura víctima, ni 
tampoco para ((ue hagan sobre ella el efecto de otros tantos 
proyectiles; sino que toda hi maniobra tiene por único ob- 
jeto, provocar el deslizamiento hacia el fondo de las paredes 
del cono, lo cual necesariamente habrá de producir la caída 
de la presa. 

Como los movimientos de la larva, para los insectos de 
Europa, se describen según yo los he visto y los describo 
arriba, creo (pie mi explicación sobre el efecto de tales mo- 
vimientos, es aplicable tainl)i«'ii n las larvas de Mirmeleo.n 
de aípiel Continente. 



]\Iéxico. Noviembre de líH.^i. 



NOTAS ENTOMOLÓGICAS 515 



LA APRECIACIÓN DE LOS COLORES POR ALGUNOS 

INSECTOS 

Mucho se ha discutido por los naturalistas, en los últi- 
mos años, sobre si los insectos son o no susceptibles' de apre- 
ciar los colores ; originada tal discusicjn, principalmente, por 
las relaciones que ese punto tiene con la fecundación de las 
plantas, habiendo quienes hayan negado del todo a los ojos 
de esos seres, la facultad de ser impresionados por los colo- 
res ; mientras que otros, aunque reconociendo tal facultad 
sólo admiten que la percepción de ellos es muy vaga. Para 
sostener esta opinión se fundan en lo imperfecto de los ór- 
ganos de la visión en todas las especies de los hexapidos. 

En oposición a los naturalistas de que acabamos de ha- 
blar, ha habido muchos que continúan sosteniendo que los 
insectos realmente son capaces de distinguir los colores ; tan- 
to (pie no tienen otra razón de ser, los que afectan las flores 
de un gran número de plantas. Aquí voy a hacer constar 
una observación, (]ue parece comprobar lo que mantienen 
estos últimos. 

Mi observación se refiere a los dípteros, de la familia 
de los Culicideos o mosquitos picadores. Muchas personas 
habrán podido observar (jue los individuos de un gran nú- 
mero de especies de tan molestos- alados se mantienen posa- 
dos durante el día, de preferencia sobre los objetos de color 
obscuro, por lo común en piezas de ropa negras o de tintes 
muy subidos. La repugnancia de estos Nematoceros por los 
colores claros, se considera por muchos entomólogos, como 
una manifestación del instinto protectivo ; aunque hay mos- 
quitos de algunas especies que descansan en las paredes y 
objetos no obscuros durante el día; pero aun en este caso 
se alejan de los lugares de mucha iluminación. 

Los hechos expuestos indican ya que en los Culicideos 
debe de existir la apreciación de los colores ; pero la obser- 
vación que es el objeto principal de este artículo, presenta 
a ese respecto un caso concreto y más bien determinado. 



516 INCi. CARLOS PATO>'I 



En el Estado de Coahuila hay una extensión de territo- 
rio, llamada "El Barreal", la ([ue se extiende del borde dd- 
la Laguna de Mayrán para el Oriente a lo largo de las lí- 
neas de los Ferrocarriles Central e Internacional, hasta la 
estación Sauceda y al Norte y Sur, hasta el pie de las se- 
rranías, límite del valle (pie constituye la región. En ésta 
vive un Culicideo o mosfiuito, bien diferente de los (jue he 
observado hacia el Poniente en Torreón o al Oriente en Sal- 
tillo : es no sólo específicamente distinto de los (pie habitan 
en esas dos ciudades y sus inmediaciones, sino también ge- 
néricamente y aun es probable (pie pertenezca a otra subfa- 
milia. No obstante la aridez y carácter desértico de la re- 
gión, ese díptero se desarrolla y multiplica en ella de un 
modo notable durante la estación lluviosa. 

Los huevecillos del insecto deben de quedar sobre el 
suelo seco después (pie se evapora el agua donde fueron de- 
po.sitados por las hembras, hasta (pie al año siguiente vuel- 
ven a ser llenadas por las lluvias las charcas formadas en 
las pequeñas depresiones (lue presenta la superficie plana de 
El Barreal : no es sino entonces cuando tiene lugar la eclo- 
sión y salida de las larvas. Debe de ser muy grande la vita- 
lidad de esos huevecillos y perfectamente impermeable su 
envoltura o tegumentos ; pues (pie permanecen expuestos a 
los fuertes rayos del sol y a la acción de un aire muy seco, 
durante tanto tiempo. 

Muy ])0(()s (lías después de his primeras precipitacio- 
nes, siempre muy escasas en El líarreal, aparecen los mos- 
(piitos. Yo tuve la ocasión de observarlos en los veranos de 
lí)07 a 1910. durante mis trabajos de campo en esa región, 
habiendo sido con frecuencia víctima de sus ata(pies; pero 
auuípie son de tamaño menor (pie los C'ulicideos más comunes 
en nuestro país, pican fuertemente de día y de noche; pero 
sobre todo j)or la tarde. 

En las zanjas (|ue existen a los lados del terraplén de 
la vÍM férrea, como puede permanecer el agua relativamente 



XOTAS ENTOMOLÓGICAS 517 



por más tiempo sin desaparecer por la evaporación, se desa- 
rrollan en abundancia los mosquitos. 

En junio de 1914, crucé en ferrocarril de San Pedro a 
Saltillo y en las estaciones al Oriente de la Laguna de May- 
rán, volví a encontrarme con mis antiguos conocidos los mos- 
quitos de El Barreal, que en todos los lugares donde nos de- 
teníamos, penetraban a nuestro tren pasando por las puer- 
tas y ventanillas abiertas. 

El carro de ferrocarril en que viajaba, tenía asientos de 
dos colores diferentes; unos con cubierta de un verde obs- 
curo y los otros con la de color rojo subido común en esos 
asientos. Los mos(juitos (jue penetraban a nuestro carro, se 
posaban de preferencia en los asientos de color rojo; muy 
pocos lo hacían en los de color verde y a menudo, los (lue 
al introducirse se habían asentado en estos últimos, pasado 
un rato volaban a pararse en los rojos. 

Ya en esa época el movimiento de los ferrocarriles era 
bien defíciente y en nuestro viaje hacíamos largas paradas 
en muchas estaciones, así es (|ue, en el trayecto de El Ba 
rreal empleamos gran parte del día, por lo que, en todos los 
lugares donde nos deteníamos y había agua próxima en las 
cunetas de la vía, tuve ocasión de observar con espacio, cuá- 
les eran los puntos que los mosquitos elegían para posarse, 
pudiendo comprobar que la gran mayoría de ellos se posaba 
siempre en los asientos de color rojo. 

Xo pretendo (]ue este caso sólo baste a decidir que los 
mosquitos, sí son capaces de apreciar los colores : se nece- 
sitaría de observaciones más numerosas y continuadas por 
mucho tiempo, para inferir con fundamento, algo de carác- 
ter siquiera probable, en tan difícil cuestión. Me he decidido 
a dar cuenta de lo que presencié en los Culicideos de El Ba- 
rreal, por(iue corrobora en forma un poco más precisa, las 
observaciones llevadas a cabo hace tiempo respecto a esos 
insectos y de que se ha hecho mención al principio de este 
artículo. 



518 ING. CARLOS PATONI 



No sería difícil efectuar experiencias con los mosquitos 
de El Barreal y con los de otros lugares, en las que se em- 
plearan telas de materiales diversos y de distintos colores, 
obtenidos éstos por medios de compuestos también dife- 
rentes evitando así que la preferencia de esos dípteros 
por determinados matices, pudiera atribuirse a la na- 
turaleza de los tejidos o de las materias tintóreas. 



Méxi(Mi, Octubre de 1915. 



Tomo 39. Núms. 9-12. 

(Fin del Tomo) 

MEMORIAS Y REVISTA 

DE LA 

SOCIEDAD CIENTÍFICA 

''Antonio Álzate" 

publicadas bajo la dirección de 

RAFAEL AGUILAR Y SANTILLAN 

SECRETAKIO GENERAL PERPETUO 

SOMIVI AIRE 

(Mémoir s et Revue, feuilles 34 u 44. pl. XII-XVII). 

La ligadura de los Tunes. Nota acerca de las pinturas murales de Santa Rita. 

Hüiid. Brit-, por Hermann Beyer, j>. 519-5125, lám. XII. (La l¡</atnre des 

Tunes). 
Federico Alejandro Barón de Humboldt. por el Prof. Alberto María Carreño, 

p. 527-561. láms. XIII-XVII. 
Intensidad uuíxinia de la llu\-ia en la ci\idad de México, por el Prof. Elpidio 

López, p. 563-567. (Inlensité máxima de. la pluie dans la ville de 2fex!co). 
Evolución del sistema nervioso, por el Prof. Isaac Ochoterena. p. 569-573. 

( EvoJution du sj/stéme neri-eux) 
La industria del azufre j sus criaderos en México, por el Ing. Enrique A. 

Cervantes, p 575-582. (L'industrie du soufre). 
Industria y explotación de la mica, por el Ingeniero Enrique A. Cervantes, p. 

583-595. 
Observaciones geológicas en la altiplanicie de San Juan de los Llanos, Pue., 

por el Dr. Ernesto Wittich, p. 597-613. ( Observations géologiques dans le 

platcau de San Juan de los Llnnos, Pue.). 
Genealogía de la familia Izquierdo, por el Dr. José Joaquín Izquierdo, p. 615- 

650. (Généalogie de la Famille Izquierdo). 
Contribuciones a la Mineralogía mexicana, por los Drs. E. Wittich e I. Krat- 

zert: Dumortierita. o-nizas de vidrio y de cuarzo, berilo, diopsida, pe- 
nina y axinita de Guadalcázar, S. L. P., p. 651-661. (Contrihutions á la 

Minéralof/ie mexicaine). (Vuelta. — T. s v. p.) 

MÉXICO 

SOCIEDAD científica "ANTONIO ÁLZATE" 

DICIEMBRE DE 1921. 



REVISTA. — Sesiones de la Sociedad. (Comptes rendus des séances), Noviem- 
bre 1913 a Diciembre 1914. p. 663 679. — Errata en las tablas de logarit- 
mos de Duí'field y en la.s antropométricas de Fürst, por J. de Mendi- 
zábal TamboiTel, \>. 680. 

Bibliografía: Tassy et Léri«, Órnelas, Burckliardt, Eddingtou. Sociedad Es 
pañola de Historia Natural. — Anales del Congreso Minenero, Lima p 
681-687.— Mapoteca Mexicana, p. 688-689 

índice del tomo 39 de Memorias. 



SOCIÉTÉ SCIENTIFIQÜE "ANTONIO ÁLZATE".— MÉMOIRES, T. 39 519 



LA LIGADURA DE LOS TUNES 

NOTA ACERCA DE LAS PINTURAS MURALES DE SANTA RITA, HOND. BRIT. 

POR HERMANN BEYER. M. S. A. 



(Sesión del 6 de Junio de 1921) 

Al señor doctor Thomas W. Gaun, de Corozal, Hon- 
duras Británica, debemos ya una serie de valiosas contribu- 
ciones a la Arqueología y Etnografía de esa poco conocida 
colonia inglesa. También por la copia y descripción de algu- 
nas pinturas murales de un templo antiguo descubierto en 
los terrenos de la Hacienda de Santa Rita, ubicada cerca de 
Corozal, merece ese señor el agradecimiento de los estudio- 
sos. Pero la interpretación de las deidades y otros detalles 
de esos frescos que dio a luz en una de las publicaciones de 
la Oficina de Etnología Americana, en Washington (1) de- 
ja que desear bastante. 

He dado una especie de clasificación en bruto de esos 
dioses (2) y algunos pormenores han sido tratados por otros 
autores. (3) También el doctor Gann ha rectificado des- 
pués algunas de sus explicaciones anteriores. (4) 

Las representaciones de seres mitológicos de Santa Rita, 
tienen la gran ventaja de haber conservado perfectamente 
su rico colorido cuando fueron copiadas. Generalmente las 
estatuas y relieves de origen maya sólo poseen algunos ves- 
tigios de color y las figuras de los códices están iluminadas 
en parte y muy sumariamente. Por esas razones los frescos 
son de gran valor científico y servirán para elucidar ciertas 

Meni. Soc. Álzate.— 20 Juliol921.—t. 39-31 



520 HERMANN BEYER 



cuestiones de detalle. Pero una detenida indagación de todos 
esos dioses y símbolos requiere muchos estudios prelimina- 
res y colaterales y, ante todo, numerosos dibujos compara- 
tivos, cosas para las cuales no dispongo actualmente del tiem- 
po necesario. 

Sin embargo, me permito presentar algunas reflexiones 
sobre ciertos jeroglíñcos que están junto a las deidades y 
que nos revelan la idea fundamental del asunto que tratan 
las representaciones pictóricas. 

Si fijamos nuestra atención en la pintura que cubre la 
parte oriental de la fachada del templo de Santa Rita (lá- 
mina XXIX de Gann), vemos a casi todos los personajes 
míticos acompañados de una fecha que tiene por signo de día 
"ahau". En la figura Ib. he juntado todos esos jeroglíficos 
en la secuela que tienen en el original, dejando un hueco en 
los casos donde existe una deidad, pero donde falta la fecha. 

Si ahora consultamos la lista de los veinte tunes que 
contiene el primer katun del décimo ciclo, publicada por el 
profesor Seler (5), vemos que aparecen en esta serie las fe- 
chas del fresco (indicadas por subrayado) en el mismo 
orden, sólo que debe leerse de abajo para arriba, o más 
correcto : los geroglífieos cronológicos en la mitad orien- 
tal de la fachada se siguen de derecha a izquierda del 
observador. Como en las escrituras maya y mexicana es- 
tán empleadas las dos direcciones, este modo de contar 
no tiene nada de especial. 

Desde luego se ofrece la idea de que todas las diez figu- 
ras de la pared pintada deben tener su fecha, o que, por lo 
menos, la representan. Efectivamente, después de la fecha 
"9 ahau'' viene el dios K, cuyo rico tocado llena todo el es- 
pacio hasta la faja superior. Tal vez más abajo venía su fe- 
cha. Pero como esta parte de la pintura está destruida, iio 
lo sabemos de seguro. De todas maneras, dejando un hueco 
para la fecha que le corresponde, tendríamos como siguiente 
según la lista, "1 ahau" y fso es lo que precisamente mues- 
tra la pintura. En la figura Ib. he juiosto abajo en cuadra»- 





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10 „ 

LISTA DE LA SERIE DE TUNES DEL PRIMER KATUN 

DE UN CICLO 

tes, todas las fechas que originalmente debe haber tenido 
esta parte de la decoración mural. Su conjunto sería exac- 
tamente la mitad de un katun, un lahuntun, y, según la lista, 
la s©o-unda mitad del primer katun del ciclo. Conforme a es- 
ta suposición, he puesto debajo de los cuadretes cifras que 
indican su colocación en la serie de tunes. 



522 HERMANN BEYER 



Ahora, la segunda mitad de la pintura de la fachada, 
o sea la parte que va desde la puerta central hasta la es- 
esquina occidental, debía tener una hilera de otros diez re- 
presentantes de tunes. Gann cuenta sólo nueve figuras, pero 
esa falta aparente de un ente mitológico se explica con el 
hecho de que en el edificio de la figura 2, lámina XXX, del 
"Report" originalmente había dos animales (6), probable- 
mente tigres. Más difícil es la explicación de que sólo tres 
fechas con ahau aparecen en este lado. Uno u otra puede 
haber sido destruida, pero no se ven suficientes huecos para 
todas las «que faltan. Lo más probable, entonces, es que la 
en todo caso bien caracterizada deidad bastaba al iniciada 
para indicarle el tun que representaba. 

La primera figura de este segundo fresco, es, según 
Gann, igual a la figura 10 del otro lado y por eso no la co- 
pió. Si en el lado oriental la serie comenzaba con este sím- 
bolo, también lo hará en el del Oeste y entonces la sucesión 
corre en sentido opuesto. Si llenamos los cuadretes según 
esa presuposición (figura la., abajo), ocupan, efectivamente. 
las fechas "2 ahau" y "11 ahau" las últimas posiciones co- 
mo lo hacen en la pintura mural. La tercera fecha, entre las 
figuras 5 y 6 de Gann, sólo está trazada, quiere decir no muy 
bien conservada. Así me ha parecido mejor dejarla fuera 
de consideración. Aunque esta mitad del katun no está re- 
producida en el fresco con la claridad como .la otra, por lo 
menos, las dos últimas cifras de la secuela corroboran mi 
hipótesis. 

Tendríamos, entonces, representados los veinte tunes 
que componen un katun que comienza con el tun "8 ahau" 
y termina con el 1 un "10 ahau". Los patrones de los tunos, 
con dos o tres excepciones, están pintados como amarrados 
con una soga, formando así ima hilera de prisioneros, que, 
en mi concepto, es una expresión pictórica de la idea de que 
el katun forma una ligadura de los tunes. 



LA LIGADURA DE LOS TUNES 523 

Como esta representación ocupa la parte más importan- 
te del exterior del templo, la fachada, creo que está signi- 
ficante para el destino que tuvo éste. Probablemente fue 
erigido en conmemoración del katun que forma su decora- 
ción principal, de una manera parecida como en las gran- 
des ciudades de Copan, Quiriguá, Yaxcliilán, etc., fueron 
erigidas las estelas para katunes y hotunes. 

En los frescos de los otros muros hay representaciones 
algo distintas. Ante todo, no hay más dioses amarrados a 
una soga. Por consiguiente, no se puede tratar de otras ale- 
gorías de nuevos y distintos katunes, sino sólo de asuntos 
relacionados con el tema fundamental, la serie de tunes que 
aparece en la fachada. 

En la pared oriental estaban pintados tres números, dos 
de ellos en actitud de combate, atacándose con hachas. 

En cambio, en el fresco del muro que mira al Occiden- 
te, se ve a un dios que toca tambor y empuña sonaja. Pero 
enfrente de él vemos otra deidad que lleva en cada mano 
una cabeza y otra cabeza cortada, la de un tigre, se nota al 
lado. Estos detalles macabros y la calavera que adorna el 
tambor están más bien en consonancia con las ideas gene- 
ralmente asociadas con el Poniente, con el punto cardinal 
donde se hunden los astros y se entra a las regiones subte- 
rráneas. 

Me parece que las pinturas murales de los cuatro lados 
del templo reúnen la simbolización de ciertas ideas que aquel 
pueblo tuvo sobre la influencia o la índole de los puntos 
cardinales con el concepto de la suerte de la casta guerrera, 
sugerido por la manera de representar los tunes como hom- 
bres atados o sea prisioneros. 

Entonces tendríamos como divisa del Este, "guerra"; 
para el Norte, "cautiveTio", y para el Occidente, "triun- 
fo", expresado por la celebración de la victoria ostentando 
las cabezas de las víctimas. El lado meridional también tu- 
vo originalmente su decoración policroma, pero sólo algu- 
nos vestigios fueron visibles según Gann. Sin embargo, ba- 



524 HERMANX BEYER 



sándonos en ciertas representaciones de los códices mayas, 
podemos afirmar que el concepto de la "muerte" o algo pa- 
recido se encontró pintado en este lugar. 

Esa indicación simbólica de las cuatro direcciones del 
mundo no está en pugna con el asunto principal o sea la re- 
presentación de los veinte tunes de un katun, sino que queda 
subordenada ; es una especie de idea secundaria y acciden- 
tal, causada por la razón técnica de tener que adornar cua- 
tro paredes. 

La serie de los tunes fue lo ({ue en primer lugar ocupó 
el pensamiento del pintor. En este sentido vemos a las dos 
figuras conservadas del fresco del muro occidental acompa- 
ñadas por la fecha "7 ahau" y "8 ahau", respectivamente. 
Estos jeroglíficos son los del primer y undécimo tun, eso es 

de los tunes iniciales de las dos mitades del katun. Una com- 
probación para la tesis de que los constructores del templo 
hicieron una división del katun en dos series de tunes (la- 
huntun), una adscrita al Levante y otra al Poniente, la te- 
nemos en el hecho de que el muro del Este y la mitad orien- 
tal de la fachada tienen su fondo del mismo color azul, 
mientras que la pared del Oeste y la parte occidental de la 
fachada lo tienen de color de rosa. 

Que la primera mitad del katun ocupe la parte occiden- 
tal de la fachada, y no la oriental como uno espera, natural- 
mente también es intencionado e indica alguna relación con 
el Poniente donde se baja el sol y existe la entrada al In- 
fierno. La misma conexión con conceptos lúgubres revela 
la circunstancia de estar dirigida la fachada del templo 
al Norte ; eso es, al rumbo donde queda el Mictlan mexicano 
y el Mitnal maya. Tal vez el katun representado en los fres- 
cos fue dedicado a una deidad de la muerte o hace alusión 
a algún hecho histórico de carácter funesto que aconteció 
durante el katun. 



LA LIGADURA DE LOS TUNES 525 



NOTAS 

(1) Thomas Gann, Mounás in Northern Honduras. Nine- 
tenth Annual Report of the Burean of American Ethnology, 
1897-98. Washington, 1900. pág. 655-692 

(2) Beyer, Apuntes Críticos sobre el "Manual de Arqueo- 
logía Americana", de Beuchat. Boletín de la Sociedad Mexicana 
de Geografía y Estadística, 5a. época, t. IX. (1919), p. 118. 

(3) Dr. Herbert J. Spinden. A. Etudy of Maya Art, its sub- 
ject matter and historical development. Memoirs of the Peabody 
Museum, vol. VI. (1913), págs. 132, 150, 209, 213 y 226. 

Thomas A. Joyce, Mexican Archaeology. London, 1914. Píi- 
gina 320 ff. 

Adela Bretón, Some notes on Xochicalco. Ti'íinsactions Dep. 
Ahchaeol. Univcrsity oí Pennsylvania. philadelphia, 1906. Pág. 57. 

(4) Thomau W. Gann, The Maya Indians of Southern 
Yucatán and Northern British Honduras. Bulletin 6 4 of the 
Bureau of American Ethnology, Washington, 1918. Págs. 56-57. 

(5) Eduard Seler, Gesammelte Abhandlungen. T. I., Bei'- 
lín, 1902. Pags. 788-789 y 830-831. 

(6) Gann, Mounds in Northern Honduras. Pág. 668. 



Mem. 8oc. Álzate. 



T. 39. Lám. Xilí. 





Barón Alejandro de Humboldt 
14 Septiembre ITdÜ— r. Mayo 1859 



SOCIÉTÉ SCIEXTIPIQUE "ANTONIO ALZuVTE". — MÉMOIRES, T. 39 527 



FEDERICO ALEJANDRO, BARÓN DE HUMBOLDT 



Discurso leído por el Prof. Alberto M. Carreño. M. S. A., 

en la solemne velada con que la Sociedad Mexicana de 

Geografía y Estadística y la Sociedad Científica 

'Antonio Álzate" conmemora ror\ en el solórj de actos de la 

antigua Escuela de Minería el 150° aniversario del 

nacimiento de Humboldt, la noche del 13 de 

Septiembre de 1919 



Humboldt supo inmortalizarse con- 
sagrando su larga vida al servicio de 
la humanidad. 

Gabino Barreda. — Discurso en el 
centenario de Humboldt. 1869. 

Inmenso como el océano y como él 
profundo fue su saber, nobles y puros 
los sentimientos de su corazón, como 
la sangre de sus venas; jamás supera- 
das la independencia de su carácter 
y la rectitud de sus actos; exúbera su 
Imaginación como las selvas del Nue- 
vo Mundo por él exploradas; elevados 
sus propósitos como las cimas de las 
montañas que en Europa, en Asia y 
en América holló su planta antes que 
ninguna otra. 

Francisco Sosa. — Boletín de la Bi- 
blioteca Nacional de México. 1910. 

En toda época han querido los hombres perpetuar ki 
memoria de los acontecimientos notables, ora en la vida de 
un pueblo, ora en el desarrollo de una ciencia, y esta es la 



528 PROF. ALBERTO M. CARKEÑO 

razón que nos permite contemplar aquí o allá los monumen- 
tos levantados para recordar una fecha, para rememorar 
un descubrimiento, para glorificar a un gran hombre. 

Mas todos los monumentos caen al certero golpe de la 
piqueta del tiempo : de unos quedan vestigios, de otros na- 
da perdura, y si tales vestigios constituyen lo único que 
resta del recuerdo de aquel hombre, de aquel descubrimien- 
to o de aquella fecha, bien se ve (jue poco, nada se conser- 
va de lo que se quiso hacer imperecedero. 

Muy otro es lo que acontece cuando el monumento lo 
constituye el amor tradicional (jue los padres transmiten 
a los hijos y los hijos a los nietos; porque éste va de ge- 
neración en generación, renovándose para alcanzar vida 
perenne y sin término. 

¡Dichosos los hombres (^ue logran merecer tan maravi- 
lloso monumento ! 

Nosotros hoy nos reunimos para agregar un florón 
nuevo al (jue hemos levantado en nuestros corazones al sa- 
bio insigne cuyo nombre encierra una página gloriosa del 
libro de la ciencia; al viajero infatigable (pie, enamorado 
de la obra grandiosísima de Dios, la escudriñó paciente y 
la analizó sagaz, dejándonos como legado de incomparable 
valor el resultado de sus meditaciones y de sus vigilias : a 
Federico Alejandro, Barón de Humboldt. 

Mañana se cumple siglo y medio desde el día en que 
vino a la luz (1) (juien había de constituirse en luz vivísi- 
nia que iluminara los vastos campos del humano saber; y 
México, (pie una y otra vez ha comprobado su devoción 
por aquel hombre ilustre, ha querido, por conducto de dos 
de sus más respetables instituciones científicas, tomar li 
parte que le corresponde en el homenaje con que se re- 
cuerda aquel acontecimiento. 

Y otra vez me ha cabido en suerte patentizar de modo 
público mi personal admiración por aquel sacerdote del 



FEDERICO ALEJANDRO BARÓN DE HUMBOLDT 529 

^aber, (*) al recibir el encargo de poner de manifiesto la 
de los organizadores de esta festividad ; pero ¿ qué puedo 
decir yo, que no sepa el distinguidísimo auditorio que me 
rodea ? 

Todos los hombres de letras aquí reunidos han exami- 
nado seguramente página a página las magistrales y varia- 
das obras de Humboldt, ora consagren sus esfuerzos al es- 
tudio de la Botánica o de la Zoología, ora se interesen por 
los problemas de la Geología o de la Astronomía, ora, en 
fin, gusten como etnólogos de la Geografía o de la Historia. 

Y quienes se conserven apartados del estudio por con- 
sagrarse a otras diversas actividades, están, sin embargo, 
acostumbrados desde su niñez a escuchar el elogio de a(iuel 
infatigable escudriñador de los misterios de la Naturaleza. 

Tal vez, no obstante, convenga recordar detalles quizá 
olvidados de su paso por la Nueva España ; tal vez conven- 
ga dar a luz juicios en parte desconocidos hasta hoy, de la 
alta estima en que los españoles europeos y los españoles 
americanos — como en aquel tiempo se designaba a los na- 
cidos en Europa y a los nacidos de españoles en este Con- 
tinente — tuvieron al hombre de ciencia cuyo natalicio con- 
memoramos; tal vez, en fin, convenga analizar un aspecto 
del sabio, que tengo para mí no ha sido ampliamente estu- 
diado : su psicología, tal como podemos descubrirla a tra- 
vés de sus obras, a través de sus cartas íntimas. 

Voy a recorrer, siquiera sea de una manera brevísima, 
estas tres sendas, que ellas nos conducirán, estoy seguro de 
ello, a la alta cima de gloria alcanzada por Alejandro Huin- 
boldt. 



' (*) La vez anterior fue en la hermosa fiesta celebrada 
e' 12 de septiembre de 1910 en la Biblioteca Nacional de Mt'- 
xico, al descubrirse la estatua de Humboldt donada por el 
Emperador Guillermo II a nuestro país, con motivo del cen- 
tenario de nuestra independencia. 



530 PROF. ALBERTO M. CARREÑO 



* * * 



Era el día 22 de marzo de 1803 (2) cuando de la fra- 
gata "Atlante" desembarcaban en el puerto de Acapulco 
dos hombres jóvenes, alemán el -uno, francés el otro, que si 
acababan de experimentar el peligro de una recia tormenta 
en el mar, al que con razón el primero de aquéllos no en- 
cuentra justificado que se le llame Pacífico, (3) han pasa- 
do por peligros mucho mayores, incomparablemente ma- 
yores, al recorrer dos tercios quizá de los extensos domi- 
nios de España en América, explorando aquí y allá regio- 
nes jamás holladas por humana planta. 

La Nueva España, hija predilecta de la gran España, 
dará desde luego acogida entusiasta a los viajeros; y el 
jefe de la expedición, más noble por sus actos que por sus 
títulos, habrá de compensar esta acogida convirtiéndose en 
el pregonero universal de los tesoros que México encierra, 
y que lo pueden hacer, si es prudente y es hábil, uno de los 
países más poderosos de la tierra. 

Humboldt, a pesar de sus pocos años, es ya una figura 
de renombre, y cuando solicita el apoyo moral del monar- 
ca hispano a fin de que se le permita explorar sus dominios 
en este Continente, lo recibe amplísimo. (4) 

Entonces los ríos más caudalosos, las selvas más in- 
trincadas, las montañas más enhiestas, atraen a Humboldt 
y a Bonpland, quienes sorprenden en sus guaridas a las 
fieras, que no habían conocido al ser humano ; quienes des- 
cubren ejemplares que hasta allí la Naturaleza había con- 
servado ocultos, pero que sumisa les entrega al -fin, rendi- 
da por tan desinteresada intrepidez. 

Y todas estas hazañas y todas estas proezas, en gran 
parte conocidas j^a, sin duda constituyen mejor recomenda- 
ción aún que la del propio monarca, y por ello los hombres 
de ciencia de la Nueva España se apresuraron a testificar, 



FEDERICO ALEJANDRO BARÓN DE HUMBOLDT 531 

en su cordial acogida a los viajeros, la admiración que sus 
trabajos habían logrado despertar. 

Huniboldt, por su parte, al recorrer con ojos asombra- 
dos los tesoros que encierra esta tierra nuestra, tan privile- 
giada como infeliz, puesto que los bienes que Natura lo 
otorga los destruyen sus hijos, comprende que ha llegado ?, 
la meta de sus aspiraciones; pero un deseo del Virrey Itu- 
rrigara}'', expuesto al joven sabio, le presta nuevos bríos 
y excita más aún, si esto es posible, su anhelo de escudri- 
ñar de un extremo a otro nuestro país. 

El Virrey pretende que Humboldt le comunique "al- 
gunos materiales interesantes para el Gobierno de estos 
vastos dominios", (5) y el explorador, que ingenuamente 
declara: "Esta insinuación ha sido para mí una orden con 
la cual he cumplido, tanto más gustosamente que mis via- 
jes no llevan otro fin que el de contribuir con mis cortas 
luces al bien público...," (6) se apresta inmediatamente 
al estudio solicitado. 

Consulta desde luego el valioso y hoy célebre informe 
del gran Re villa gigedo, honra y prez de los gobernantes 
de la Colonia ; mas como no basta a sus propósitos, pone a 
contribución, de una parte, sus personales y perspicaces 
observaciones; de la otra, el esfuerzo de todo el personal 
administrativo, que en cada intendencia, en cada ámbito de 
la Nueva España, se mira obligado a sacudir su acostum- 
brada pereza para recoger los datos estadísticos y de toda 
suerte, que puedan producir un nuevo conocimiento. 

Resultado de este esfuerzo colectivo serán las "Tablas 
geográñco-políticas del Reino de la Nueva España en el 
año de 1803", (7) que constituj^en el germen que se conver- 
tirá más tarde en el "Ensayo Político sobre la Nueva Es- 
paña", y que revelan una extraordinaria laboriosidad de 
parte del mancebo. Humboldt, efectivamente — en medio 
del ajetreo de la vida social y de las exploraciones nue- 
vas — , de los numerosos datos que le llegan de uno a otro 



532 PROF. ALBERTO M. CIARREÑO 

extremo del país, de los numerosos datos que por sí mismo 
ha recogido, entresaca, ordena, compila, como el relojero 
(lue engrana las numerosas piezas de maquinaria compli- 
cadísima, para lograr la obra de arte y de ciencia que ha 
de regular el tiempo. 

¡Y con qué modestia presenta el resultado de su es- 
fuerzo ! 

"He reunido en el papel adjunto — escribe al Virrey — 
todo quanto he calculado sobre la superficie o área, la po- 
blación, la agricultura, las minas, el comercio... (8) de 
estos vastos dominios. Me lisongeo que este penoso trabajo 
que me atrevo á dedicar a V, E. como una débil prueva de 
mi eterna Gratitud, no disagradará (sic) a un Virey que 
desde los primeros dias de su feliz Gobierno ha dado tan 
bellas y repetidas pruevas de su amor por la humanidad. 
La superficie del Keyno de Nueva España, cinco veces ma- 
yor (jue la de la Península, por falta de buenas observa- 
ciones astronómicas nunca ha sido calculada antes (9). En 
el dibuxo y en mis tablas encontrará V. E. el tamaño y la 
fuerza política de todas las Yntendencias. Ño se puede 
juzgar del bien o mal poblado de un pays sin conocer la, 
área sobre la qual su población está repartida. Noticias que 
he sacado del Arzobispado me han facilitado los medios 
de corregir los errores de la Numeración del Conde de Re- 
villagigedo y de reducirla al año de 1803, época del Go- 
bierno de V. E. Mis cálculos, fundados sobre los datos de la 
Arithmetica política, darán á V. E. la consolante Noticia 
({uc la Población de estos Dominios, tan rebaxada por va- 
rios escritores enemigos de la Nación y del Gobiei-no Es- 
pañol, llega ya a mas de cinco millones y nu'-dio. La mayor 
parte de los Materiales que he usado no existen en la Se- 
cretaría de este Vireynato, (lOj y esta reñexiou sola me 
dexa creer (pie mi trabajo tendrá algún ínteres para V. E. 
En el caso (pie lo tenga se copiarán ambos papeles en ])o- 
cos dias para ahorrar a V. E. el fastidio de mi letra Pru- 
siana.. ." (11) 



FEDERICO ALEJANDRO BARi')N DE HUMBOLDT 533 

No puede pedirse mayor sencillez de quien hacía al 
Virreinato un tan señalado servicio, toda vez que si indu- 
dablemente la Secretaría virreinal había solicitado el con- 
curso de las autoridades, según queda dicho y puede verse 
en los numerosos informes que el Archivo General de la 
Nación guarda en el volumen mismo en que se conservan 
el trabajo y el autógrafo del explorador, (12) no es menos 
cierto que la amistad personal de éste con el Arzobispo, 
don Francisco Javier de Lizana y Beaumont, y con el Pro- 
visor del Arzobispado y sucesor de Lizana, el doctor don 
Pedro José de Fonte, le proporcionó datos valiosísimos pa- 
ra el gobierno civil y militar de la Colonia, los cuales, sin 
el esfuerzo de Humboldt, no se hubieran podido . aprove- 
char tal vez. 

Mas esto no era todo : sus impídsos juveniles que lo 
hacían buscar la vida escolar — momento el más hermoso 
de los que hemos pasado por las aulas — sus profundos co- 
nocimientos en los minerales y su interés por el funciona- 
miento del Eeal Tribunal de Minería, lleváronlo también 
a ponerse en íntimo contacto con los creadores de este her- 
mosísimo palacio, dedicado a la ciencia, que hoy nos acoge 
bajo su techo ; y lleváronlo a ponerse en íntimo contacto 
con los alumnos del "Seminario Metálico'', según se llama- 
ba entonces a la Escuela de Minas. 

Ya veremos la estima en que tuvo a los pro-hombres 
de la ciencia en México por aquellos días ; pero permitidme 
recordaros desde luego que al terminar el año escolar de 
1803 se quiso aprovechar la estancia de Humboldt en nues- 
tro país a fin de patentizar ante él los adelantos, que habían 
alcanzado aquí los estudios mineralógicos. 

No he podido encontrar en los archivos del viejo -Semi- 
nario Metálico las constancias de que año por año, antes 
de 1803, se diera tanta solemnidad a los exámenes ; pero en 
aquella ocasión el director del Seminario, el inolvidable don 
Fausto de Elhuyar, envió al Tribunal de Minería el pro- 



534 PROF. ALBERTO M. CARREÑO 

yecto de un folleto que debería imprimirse (13) y distri- 
buirse previamente, indicando de manera menuda los nom- 
bres de los sustentantes del acto público y las materias en 
que deberían ser examinados. 

Y los exámenes lleváronse a término en el recinto del 
antiguo Colegio de San Pedro y San Pablo, según los re- 
gistros del Seminario. Por desgracia, no me fue dable ha- 
llar el acta levantada sin duda con aquella ocasión, por es- 
tar ya incompletos los archivos; mas la "Gaceta de Méxi- 
co" recogió el recuerdo de aquel suceso, y a ella debemos 
el realizar esta recordación y comenzar a ver de manera 
palmaria la estima y el respeto que el joven sabio se había 
granjeado entre españoles y mexicanos. 

Tras de encomiar las aptitudes de que los alumnos die- 
ron muestras durante los exámenes verificados en los días 
17, 18, 20 y 21 de octubre, asienta "La Gaceta": 

"Contribuyó en gran parte a este extraordinario lu- 
cimiento el esmero y empeño de los sabios Examinadores, 
habiendo sido claramente manifiesto, el del señor don Ale- 
jandro Barón de Humboldt, que como apasionado a estas 
ciencias y muy afecto a los Seminaristas, no se dispensó 
molestia alguna : asitió con particular gusto, examinó a to- 
dos los jóvenes y se vio en dos tardes levantarse de su 
asiento para auxiliar al más ligero manejo de las máquinas; 
concurriendo en los días anteriores familiarmente con los 
alumnos en los Gabinetes y Laboratorios, significándoles 
con la expresión más sincera la complacencia y satisfacción 
que tenía en tratar con jóvenes aplicados e instruidos". (14) 

Y quien así obraba era un Consejero del Rey de Pru- 
sia, era un miembro tan conspicuo del cuerpo científico del 
mundo, que^ para no citar sino a los sabios conterráneos 
del compañero de a({uél en la expedición, tenía por "amigos 
y camaradas, ({ue para él guardaban mu.v alta estima, a 
Berthellot, a Gay-Lussac, a Cuvier, a Arago y a Laplace, 
entre otros muchos, como puede comprobarse en la copiosa 



FEDERICO ALEJANDRO BARÓN DE HUMBOLDT 535 

correspondencia de Humboldt, que otro gran sabio francés 
ha dado a luz : el eminente arqueólogo Hamy. 

Con razón al cerrarse aquella serie de exámenes, el cé- 
lebre biógrafo y bibliógrafo nuestro, el canónigo de la Ca- 
tedral, don José Mariano Beristáin, una vez que en elocuen- 
tísima arenga puso de relieve los méritos del Tribunal de 
Minería, para estimular a maestros y alumnos, "... les 
presentó un modelo en el señor Barón de Humboldt, de cu- 
ya ilustre persona hizo un corto diseño, ponderando la ins- 
trucción, virtudes y prendas tan recomendables que consti- 
tuyen el distinguido mérito de un héroe literario, digno de 
elogios superiores y de ponerse a la vista de unos jóvenes 
que, dirigidos por los sentimientos del honor, deben alen- 
tarse para no desmayar en sus tareas". (15) 

Así recogía el sabio, públicamente, los homenajes a 
que sus talentos, y con sus talentos su carácter, hacíanlo 
acreedor. 

Después, ya lo sabéis: el Tribunal, movido por estas 
cualidadfe."- del hombre de ciencias y del hombre en sí mis- 
mo, quiso patentizarle su devoción, "pidiéndole licencia pa- 
ra hacer un retrato de su persona y colocarlo en una de 
las salas o gabinetes del colegio" (16) y le obsequió con un 
juego de medallas de la erección del Tribunal, un ejemplar 
de sus Reales Ordenanzas y otro de las obras del Semina- 
rio, impresas en esta ciudad. (17) 

Del interés de Humboldt por nuestras instituciones, de 
la estima en que aquí se le tenía, pueden presentarse aún 
nuevas muestras, algunas de las cuales nos las proporcionan 
ciertos documentos inéditos y hasta hoy generalmente des- 
conocidos. 

El ilustre director del Seminario Metálico, don Fausto 
de Elhuyar, deseoso de mejorar más y más las condiciones 
de aquel célebre instituto, insinuó al naturalista la con- 
veniencia que a dicho instituto resultaría de adquirir los 

Mem. Soc. Álzate.— 2G-Agosto-1921 — t. 39-35 



536 PliOK. ALBERTO M. CARREÑO 

instrumentos de (pe el sabio servíase para sus investiga- 
ciones científicas : y éste se apresuró a cederlos en condi- 
ciones muy favorables: (18) pero Elhuyar no se conformó 
con esto, sino que (juiso (pe el explorador, a su regreso a 
Europa, se encargara de ad(}uirir nuevos instrumentos cien- 
tíficos para el Seminario, y este deseo nos permite poner de 
manifiesto, de una parte, la elevada opinión en que de El- 
huyar tenía a Humboldt ; de otra parte, la simpatía de éste 
por el Seminario, y uno de los rasgos distintivos de su ca- 
rácter : un noble desprendimiento de los intereses mate- 
riales. 

"El v4vo interés que durante su mansión en esta Capi- 
tal ha manifestado el S. Barón de Humboldt por los progre- 
sos de este Seminario — escribía de Elhuyar en 23 de enero 
de 1804 al Tribunal de Minería — y los repetidos ofreci- 
mientos q.e ha hecho de contribuir a ellos con cuanto pueda 
de su parte, me han movido a preguntarle si tendría em- 
barazo de encargarse, á su regreso a Europa, del acopio de 
varios instrumentos q.e faltan en las colecciones q.e hasta 
ahora se han formado para la enseñanza de los jóvenes, de- 
seos de que escogidas por un sujeto de tan vastos y pro- 
fundos conocimientos en los diversos ramos de las ciencias 
naturales, fuesen de los más modernos y perfectos. Su fran- 
queza y generosidad no le i)ermitieron vacilar en manifes- 
tar su pronta disposición en complacer a este Rl. Tribunal, 
en este y (luahiuier otro encargo en que pudiese servirle. 
"En este concepto, — agregaba el director del Semi- 
nario — , enterado ya por menor del estado actual de nues- 
tras colecciones, procedimos a formar la adjunta nota de 
los artículos q.e por ahora convendría se le encomendasen, 
la q.e paso á manos de V. S, i)ara q.e si le pareciere bien la 
idea se sirva hacerle directamente el encargo, acompañán- 
dole copia de ella. Sería oportuno añadiese V. S., si lo tu- 
viese a bien, íjue además de los referidos artículos, serán 
bien recibidos, cuales(iuiera otros instrumentos que los des- 



FEDERICO ALEJANDRO BARÓN DE HUMBOLDT 537 

cubrimientos modernos hayan iproporcionado y considere 
útiles para los fines de este establecimiento", (19) 

Pero si lo transcrito hasta aquí sólo pudiera indicar 
un temperamento accesible y presto a servir a los demás, 
en lo que sigue de aquella nota, queda comprobado el des- 
prendimiento a que me he referido. 

"Según hemos podido regular — continuaba, en efecto, 
de Elhuyar — el importe de estos instrumentos será de tres 
á cuatro mil pesos. Para su satisfacción, considerando q.e 
en el día no tiene este Tral. fondos en España y q.e los ru- 
mores de la guerra no le permitirán proporcionarlos tan 
breve, he propuesto al S. Barón como medio de facilitarlo, 
el q.e llevasp consigo en dinero parte de lo q.e se necesita, 
pero no ha venido en ello por no acomodarle el llevar cui- 
dado. En lugar de esto se frauíjuea generosamente á suplir- 
lo de su .pecu^Mo, mientras este Tral. tiene ocasión de hacer 
alguna» remisión, sin exigir premio alguno, excepto el caso 
en que por declararse la guerra se dilate demasiado su re- 
integro, pues entonces cargará- en cuenta el rédito corres- 
pondiente al tiempo que se retardare su reembolso. . . " (20) 

Por de contado que el Tribunal de Minería aceptó agrá- 
decido aquel ofrecimiento y dirigió al servicial y despren- 
dido mancebo una afectuosa nota (21) en que le hacía el en- 
cargo de los instrumentos, al tiempo mismo que le expre- 
saba sus cordiales agradecimientos. 

Con razón, por su parte, el Gobernador de la Nueva 
España, cuando Humboldt ya presto para regresar a Euro- 
pa le envió las "Tablas Geográfi^o-políticas", no sólo agra- 
decíale aquel "documento, q.e al paso que acreditaba los 
profundos conocimientos (del explorador), le proporciona- 
ba (al Virrey) adquirir algunos muy útiles para el gobier- 
no de estos dominios. . .," (22) sino que al desearle un fe- 
liz viaje, le aseguraba: "... desde todas partes oiré con 
gusto su nombre, y celebraré ocasiones de complacerle. . ." 
(23) 



538 PROF. ALBERTO M. CARKEXO 

En febrero de 1804, (24) Ilumboldt abandonó el país 
en unión de su bien querido Bonpland, después de haber 
visitado las minas más preciadas y ricas, de haber medido 
las montañas más escarpadas y enhiestas, de haber escala- 
do cimas inaccesibles y bajado a profundidades pavorosas 
en busca de un elemento geológico nuevo, de una especie 
desconocida, de la satisfacción de un anhelo inextiuguible : 
ampliar y siempre ampliar sus ya vastísimos conocimien- 
tos, que le permitían más tarde abarcar en su potente ce- 
rebro todo el Cosmos. 

Pero sus ligas con México habrían de perdurar lo que 
las nieves perpetuas en las cimas de nuestros volcanes, lo 
que las ondas agitadas en nuestros mares, lo que la luz ra- 
diante y esplendorosa en nuestro incomparable cielo azul. 

Y habrían de ser así sus ligas, no sólo porque iba a 
encargarse de presentarnos ante el mundo, sino por el afec- 
to de que siempre dio muestra a los mexicanos, poc el in- 
terés con que vio siempse la vida de nuestro país. 

Díganlo si no sus opiniones acerca de los sabios a quie- 
nes conoció aquí personalmente o por las referencias que 
de ellos tuvo ; díganlo si no, las atenciones <]ue gustó dis- 
pensar a nuestros compatriotas cuando los halló en Europa. 

El elogio, por ejemplo, (|ue tributa a don Joaquín Ve- 
lázíjuez Cárdenas y León, a don Antonio de León y Gama 
y al Br. don Antonio Álzate, con cuyo nombre se engala- 
na una de las corporaciones científicas ({ue hoy honran la 
meroria de Humboldt, no puede ser más afectuoso ni más 
expresivo, sobre todo respecto del primero. 

Y liecho el elogio, todavía añade jior comentario: 
"Permítaseme el haberme detenido en tantas particulari- 
dades acerca del mérito literario de estos tres sabios me- 
jicanos, para probar con su ejemplo que esa ignorancia 
que el orgullo europeo se complace en echar en cara a los 
criollos, no es efecto del clima o falta de energía moral, si- 
no que en la parte donde todavía se advierte e.sa ignoran- 



FEDERICO ALEJANDRO BARÓN DE HUMBOLDT 539 

cia debe atribuirse al alejamiento y falta de buenas insti- 
tuciones sociales en que tienen a las colonias". (25) 

Ya antes había asegurado que "Ninguna ciudad del 
nuevo continente, sin exceptuar las de los Estados Unidos, 
presenta establecimientos científicos tan grandes y sólidos 
como la capital de México"; (26) ya antes liabía enalte- 
cido "la escuela de Minas dirigida por el sabio Elhuyar" 
y la Academia de las nobles artes y el jardín botánico y la 
Real y Pontificia Universidad; ya antes había tributado 
caluroso elogio a Tolsa, y a Constanzó, a del Río y a Cer- 
vantes, a Sesé y a Moziño. (27) 

Y su interés por los mexicanos y por México lo pode- 
mos hallar en la acogida cordialísima otorgada a los ofi- 
ciales técnicos de nuestro ejército, los señores don Vicente 
Ortigoza (28) y don Bruno Aguilar (29), a quienes se em- 
peña en ayudar al logro de su comisión y ponerlos en con- 
tacto con la familia imperial y con los hombres de ciencia 
alemanes; (30) lo podemos ver en la anécdota relacionada 
con el general López Uraga. 

Se dice, en efecto, que estando este general en Alema- 
nia, en el desempeño de una misión diplomática, hablaba 
en una fonda de cosas relacionadas con México, sin parar 
mientes siquiera en un anciano que comía cerca de aquél. 

De pronto, el anciano, sin poder contener su emoción, 
se acerca a López Uraga, entusiasmado, le pregunta por- 
personas y cosas de nuestro país; y cuando el general, ex- 
trañado de que aquel caballero conozca México mejor que 
su propio representante, interroga a su vez al anciano cuán- 
do y en qué circunstancias adquirió tantas noticias, éste 
con sencillez le contesta : 

—Desde 1803 en que allí estuve, sin haber dejado de 
mantenerme en contacto con aquel país, por el que tengo 
singular predilección. 

— ¿Su nombre, caballero? insiste el Ministro. 

— Alejandro Humboldt, le responde el anciano. 



540 PROF. ALBERTO M. CARREÑO 



Inútil es decir cuál fue entonces la emoción de López 
Uraga. (31) 

Mas si todos estos rasgos pudieran darnos ya elemen- 
tos de sobra para asomarnos en esa alma buena, generosa 
y noble, veamos a la ligera — porque vuela nuestro tiem- 
po — algunos otros de sus actos; analicemos algunos otros 
de sus juicios, en sus obras, en su correspondencia ínti- 
ma, para persuadirnos de la ecuanimidad de sus opinio- 
nes, del altruismo de su espíritu, de la sencillez de su 
carácter. 

Es severa su crítica — sea un ejemplo — cuando trata 
de algunas manifestaciones que fueron resultado de la con- 
quista española ; es severa su crítica cuando encuentra que 
"la religión, que por sus principios debía favorecer la li- 
bertad, se vio envilecida desde que se la hizo interesada en 
la esclavitud del pueblo", cuando también los religiosos 
recibieron encomiendas de indios. (32) 

Es, sin embargo, amplio su elogio cuando se refiere a 
los gobernantes de la Colonia que se esforzaron en benefi- 
ciar a sus gobernados; es muy amplio su elogio cuando se 
refiere a la misión augusta desempeñada por los religio- 
sos, y recuerda sus esfuerzos nobles y levantados en pro 
de la raza indígena. 

Ilumboldt admira los progresos de los aborígenes; 
Huraboldt fustiga los resultados de la administración polí- 
tica preeortesiana ; Humboldt patentiza la "estupidez y la 
indolencia" de los indios, "que se dejan dar de palos — di- 
ce — a las puertas de las iglesias ; Humboldt pone de ma- 
nifiesto su astucia, su activdad, su arrebato y su crueldad . . . 
siempre que obran unidos en un motín popular". 

Y si el etnólogo endereza sus reproches a los españoles 
encargados del gobierno de los indios, vitupera con acritud 
a los indios, que son los peores enemigos de su raza cuando 
escalan el poder. 



FEDERICO ALEJANDRO BARÓN DE HUMBOLDT 541 

El viajero llevó su entusiasmo por México hasta deno- 
minarlo ''Ciudad de los Palacios"; el explorador declara sin 
ambages que "la fama esparcida en Europa de la grandeza 
de estas riquezas mexicanas ha hecho concebir ideas muy exa- 
geradas sobre la abundancia de oro y plata que se emplean 
en la Xueva España en vajillas, muebles, utensilios de co- 
cina y jaeces". (33) 

Al leer el testamento inédito de Cortés y encontrar que 
el conquistador vacila acerca de si obró mal aprovechándose 
de los indios, a quienes había esclavizado, escribe : 

"Este gran capitán, (pie en el curso de sus victorias y 
en su pérfida conducta para con el desgraciado rey Mocte- 
zuma II no había mostrado una conciencia demasiado deli- 
cada, cayó en escrúpulos al fin de sus días sobre la legitimi- 
dad de los títulos con que poseía sus inmensos bienes en Mé- 
xico ; y ordena a su hijo que haga las más exquisitas indaga- 
ciones sobre los tributos que habían percibido los grandes 
señores mexicanos que habían sido propietarios de su ma- 
yorazgo antes de la llegada de los españoles a Veracruz, 
siendo su voluntad (pie se restituya a los indígenas el valor 
de los tributos que se habían exigido en su nombre, en 
cuanto excedían a los impuestos usados antiguamente..." 
(34) ■ 

Pero si el recordar este hecho pudiera parecer un repro- 
che al capitán con(iuistador, tras de asentar al pie de la le- 
tra las palabras de Cortés, agrega este comentario: " . .Con- 
fesemos que tres siglos después, a pesar de las luces que de- 
rrama nuestra adelantada civilización, los ricos propietarios 
de América tienen menos estrecha la conciencia, aun a la 
hora de la muerte." (35) 

Humboldt censura abiertamente el martirio primero y 
la muerte después del emperador Cuauhtémoe, ordenados 
por Cortés ; pero muy alta le parece la figura del extre- 
meño, al comentar aquí y allá su labor inteligente y osada. 



542 PROF. ALBERTO M. CARREÑO 



"Cortés, asienta el sabio al referirse a la Alta California, 
después de haber asombrado al mundo con sus hazañas en 
la tierra firme, desplegó su energía de carácter no menos 
admirable en sus empresas marítimas. Inquieto, ambicioso, 
atormentado por la idea de ver el país ({ue su valor había 
conquistado, administrado ya por un corregidor de Toledo, 
ya por un regente de la Audiencia o por un obispo de Santo 
Domingo, se entregó enteramente a las expediciones de des- 
cubiertas en el mar del Sur. Parecía olvidarse de que lo 
grande y lo rápido de sus victorias le habían suscitado los 
poderosos enemigos que en la Corte tenía, y se lisonjeaba que 
los reduciría al silencio con el lustre de la nueva carrera 
que se abría a su actividad. De otra parte — iprosigue Hum- 
boldt — , el gobierno, que desconfiaba de un hombre tan ex- 
traordinario, lo alentaba en su propósito de recorrer el Océa- 
no. Creyendo el emperador desde la toma de México no ne- 
cesitar más del talento de Cortés, se complacía en verle 
lanzado en empresas peligrosas ; y, sobre todo, deseaba ale- 
jar al héroe del teatro en donde había desplegado con tanto 
lustre su denuedo y su audacia." (36) 

Y no conforme con este sereno juicio acerca del "gran 
Cortés", como llama a don Hernando, en alguna otra parte 
de su obra exclama : 

"Es bien reparable que en toda la América, desde Bue- 
nos Aires a Monterrey, desde la Trinidad y Puerto Rico a 
Panamá y Veraguas, en ninguna parte se halla un monu- 
mento nacñonal levantado por la gratitud ni a Cristóbal Co- 
lón ni Hernán Cortés!" (37) 

Mas si tan ponderados aparecen sus juicios, su altruis- 
mo resulta claro y patente en diversos pasajes de sus pape- 
les íntimos, ora se trate de su desprendimiento de los bienes 
materiales, ora se trate de su anhelo por servir a los demás. 

Veamos, si no, este desinterés en el documento que 
Hamy ha considerado como apuntaciones autobiográficas del 
sabio : 



FEDERICO ALEJANDRO BARÓN DE HUMBOLDT 543 

"Deseando con ardor, escribe, contemplar otra parte 
del mundo v verla con relación a la física general ; estudiar 
no solamente las especies y sus caracteres (estudios a los 
cuales se consagra uno aquí tan sólo), sino la influencia de 
la atmósfera y de su composición química sobre los cuerpos 
organizados, la constitución del globo, la indentidad de las 
capas en los países más alejados los unos de ios otros ; en fin, 
las grandes armonías de la Naturaleza, concebí el deseo de 
apartarme por algunos años del servicio del Rey y de sa- 
crificar una parte de mi pequeña fortuna al progreso de las 
ciencias. Pedí para ello el permiso necesario ; pero S. M., en 
lugar de concedérmelo, me nombró su consejero superior de 
minas, aumentando mi pensión y permitiéndome hacer un 
viaje relacionado con la Historia Natural. Como no podía 
ser útil a mi patria en un alejamiento tan grande, no acepté 
la pensión y di las gracias a S. M. por un favor que se con- 
cedía, más que a mi escaso mérito, al de mi padre, que gozó 
hasta su muerte de la más alta confianza de su soberano" 
(38) 

No, no era la retribución pecuniaria la que buscaba .el 
sabio ; era la necesidad de examinar cada vez más de cerca, 
en bien de los demás, los secretos admirables y portentosos 
de la Naturaleza la que movía sus actos, sin importarle pa- 
ra ello las dificultades y las privaciones que a su paso pu- 
diera encontrar. 

Así se desprende claramente de la nota que desde la ca- 
pital de México dirigía en 21 de junio de 1803 al Instituto 
de Francia, en su propio nombre y en el de Bonpland, al 
enviarle una parte de los materiales coleccionados y una no- 
ticia de sus descubrimientos, puesto que en esa nota dice 
con una sencillez admirable : 

"Acostumbrados a las privaciones y a los reveses más 
grandes, continuamos sin desmayo los trabajos que creemos 
útiles a los hombres. . . " (39) 



5i4 PROF. ALBERTO M CARREÑO 

Pero dejemos todavía que los sabios profesores del Mu- 
seo de Historia Natural en París, Jussieu, Lamarck y Des- 
fontaines, nos hablen de estos rasgos característicos de aquel 
a (luien hoy celebramos. 

Son ellos los encargados de dictaminar, y así lo hacen 
en 1." de enero de 1805, acerca del ofrecimiento de Humboldt 
y de Bonpland de poner en manos del Museo las muestras 
. de las plantas recogidas por ellos en América, y claro está 
que desde luego su opinión es favorable ; pero su dictamen 
nos permite no sólo ver de modo claro el alto concepto que 
de Plumboldt tienen, sino el empeñe^ fraternal de éste, (jue 
jamás buscaba recompensa material para sí, a fin de que se 
otorgara a su compañero Bonpland una pensión que lo ayu- 
dara a pasar el resto de su existencia y un i^uesto en el cual 
pudiera desarrollar más aún sus actividades científicas. 

"Este s^bio viajero y gentil hombre prusiano — dicen 
los dictaminadores — , que goza en su país de una fortuna 
considerable y que ha hecjio este viaje a sus expensas, nada 
pide para sí en cambio de su colección. El se contenta con 
asegurar que si su expedición tuvo éxito en esta parte — ía 
botánica — , se debe principalmente al señor Bonpland, (jue 
I)artió de Francia con él y que, ocupado de modo especial 
en las investigaciones botánicas, ha reunido un gran número 
de plantas del herbario y ha hecho las cuatro quintas partes 
de las descripciones. 

"El señor Humboldt — continúan — invita a la adminis- 
tración del Museo para que recomiende a su amigo ante la 
generosidad del gobierno, (lue recompensa los trabajos y los 
^viajes emprendidos para el progreso de las ciencias. "Como 
"los frutos de esta expedición, dice él, aparecerán bajo el 
"nombre de los dos viajeros, puede ser (|ue el gobierno fran- 
"cés no desdeñe el interesarse en un viaje ejecutado por pef- 
"sonas que pertenecen a dos naciones ligadas por tantos 
"conceptos. Puede ser también, añade él mismo, que sea 
"factible agregar al señor Bonpland al .lardín de Plantan 
"como naturalista viajero." Y termina su solicitud aseguran- 



FEDERICO ALEJANDRO BARÓN DE HÜMBOLDT 545 

do que si alguna cosa podría agregar al reconocimiento que 
debe a este país, en donde se le ha acogido con un interés 
tan general, sería la benevolencia con la cual los profesores 
del Museo quisieran recomendar al señor Bonpland cerca 
del ministro del Interior." (40) 

No fue posible dar al distinguido botánico francés el 
puesto que para él pedía Humboldt, debido a la organización 
del Museo ; pero sí se le acordó una pensión, y el artículo 2o. 
del decreto expedido en las Tullerías por el Emperador Na- 
poleón, en 13 de marzo de 1804, claramente reconoce la in- 
tervención del sabio, cuya memoria conmemoramos, toda vez 
que allí se lee : 

"En reconocimiento de este donativo — la colección de 
plantas — y conforme al deseo expuesto por el señor Hum- 
boldt, se concede al señor Bonpland, que ha compartido los 
trabajos de su viaje, una pensión anual de tres mil francos, 
que será pagada con fondos de las pensiones." (41) 

El altruismo eu este caso en favor de Bonpland es evi- 
dente ; pero no es menos elevado aquel de que da muestra su 
intervención en beneficio del Teniente Coronel Carlos Bc- 
neski, el compañero del Emperador Iturbide hasta el patí- 
bulo. 

"Cmi la más respetuosa confianza — escribía al Presi- 
dente Guadalupe Victoria, desde París, en 10 de diciembre 
de 1824 — • me dirijo al. Primer Magistrado de la República 
Mexicana, a aquel a quien el libre sufragio de la Nación 
acaba de llamar a un punto tanto más eminente, cuanto (pie 
por él goza de la facultad de usar de clemencia y de aliviar 
los padecimientos de los desgraciados. 

"¡ Qué- satisfactorio me es considerar que la primera vez 
que me presento ante el Supremo Gobierno de un país cuyas 
riquezas y recursos nacionales he hecho conocer a la Europa, 
pueden mis síiplicas consolar a una familia angustiada ! Aca- 
bo de saber hoy mismo que el Coronel don Carlos Beneski, 
a quien no conozco, no obstante ser de la colonia prusiana y 



546 PROF. ALBfíRTO M. CARREÑO 

un compatriota, pero que ha hecho señalados servicios en 
las últimas guerras de mi Patria, ha seguido la misma suer- 
te de don Agustín Iturbide. 

"Un padre muy anciano y dos hermanas, relacionadas 
con familias respetables, temen ([ue aquél pierda' la vida. Se 
han dirigido a mí esperanzados en que mi voz será escucha- 
da con agrado, y que mis ruegos alcanzarán la libertad de 
un hijo y de un hermano cuya residencia en América aún se 
ignoraba en las orillas del Rhin. 

El antiguo mundo ha admirado los sentimientos gene- 
rosos que la Nación Mexicana ha manifestado asegurando 
la suerte de la familia del ex-Emperador. Dígnese, pues, V. 
E., por un favor hacia mí, hacer extensiva esa clemencia na- 
cional, al Coronel Beneski, y para consuelo de su desgracia- 
do padre, se conmute la pena de muerte en sólo la expulsión 
del territorio de la República. Envanecido con mi adhesión 
a un país por quien V. E. ha hecho tan grandes y tan nobles 
sacrificios, me atrevo a hacerle esta súplica con una ente- 
ra esperanza." (42) 

¡ Qué noble, qué alto aparece el altruismo de Humboldt, 
no ya en bien de un amigo, de un compañero de penalida- 
des y de glorias, sino de un desconocido, de un ignorado ; 
pero de un ignorado y de un desconocido que está a punto 
de perder la vida, que tiene una familia que llora y que su- 
plica se otorgue compasión a un miembro suyo ! 

Mas tiempo es ya de que veamos la sencillez de carác- 
ter del ilustre sabio, y para ello permitidme que por un mo- 
mento deje ahora a Boussingault que nos diga sus impresio- 
nes acerca de a<iuel que con todo empeño se consagró a pre- 
pararlo, aun enseñándole el manejo de ciertos instrumentos, 
para la expedición científica que Boussingault iba a em- 
prender. 

"Humboldt, escribe, tenía entonces cincuenta y cinco 
años; (43) era de talla media, robusto, de cabellos blancos, 
mirada indefinible, fisonomía móvil y espiritual, y presen- 



FEDERICO ALEJANDRO BARÓX DE HUMBOLDT 547 

taba algunas marcas de viruela, enfermedad que había con- 
traído en Cartagena, en las Indias. Su brazo derecho se ha- 
bía paralizado a causa de un reumatismo ocasionado por el 
acostarse sobre las hojas húmedas en los bosques que bor- 
dean el Orinoco. Cuando quería escribir, cuando quería dar 
su mano derecha, con la izquierda levantaba el brazo enfer- 
mo a la altura necesaria. Sus vestidos continuaban siendo 
los de la época del Directorio : levita azul con botones ama- 
rillos, chaleco de este último color, pantalón a rayas, botas 
de revés, (44) las únicas ({ue se encontraban en París en 
1821, corbata blanca y sombrero de forma ya pasada tam- 
bién y con abolladuras. 

"Yo esperaba — agrega el admirador de Humboldt — 
encontrar al Chambelán del Rey de Prusia en una espléndida 
habitación, y mi asombro fue grande cuando penetré en la 
casa del célebre viajero : una pequeña recámara ostentaba 
un lecho sin pabellón; en la pieza de trabajo veíanse cuatro 
sillas con asientos de paja, así como una gran mesa de sa- 
bino sobre la cual escribía y la cual estaba cubierta de cálcu- 
los numéricos y de logaritmos. Cuando la mesa quedaba lle- 
na de cifras, hacía venir un carpintero para que las limpiara 
con un cepillo. Casi nada de libros : las tablas de Callet y la 
"Connaissance de Temps." (45) 

Desde luego, lo asentado por Boussignault explica la 
costumbre, rara en apariencia, que el sabio tenía de escribir 
sobre su pierna ; era que la honrosísima cicatriz que le de- 
jara la más grandiosa de las batallas, la sostenida con la 
Naturaleza para obtener que se le cediera sus secretos, per- 
mitíale escribir así con mayor comodidad que la que tendría 
obligando a su mano derecha a permanecer largo tiempo le- 
vantada. 

Pero lo verdaderamente digno de llamar la atención 
respecto de quien tenía pocos libros, porque su cerebro era 
una enciclopedia, es la forma modesta y sencilla con que vi- 
vía aquel hombre absorto en el estudio y en la meditación 
de los problemas científicos que le rodeaban. 



548 PROF. ALBERTO M. CARKKÑO 

Y cuenta que este hombre a quien las rifjuezas no fal- 
taban, aun(iue tampoco le hacían falta, había recibido los 
agasajos y las felicitaciones lo mismo de los reyes que de los 
sabios. 

Su propio Rey, Federico Guillermo III, habíale escrito : 
Estimado y particularmente ([uerido fiel: (46) 
"Yeo con el más vivo interés, por vuestra carta del día 
3 del mes actual, (47) que habéis regresado sano y salvo de 
vuestro viaje tan importante para la Historia Natural y pa- 
ra la Etnografía, y que pensáis ahora volver a vuestra pa- 
tria después de haber concluido vuestros asuntos litei'arios 
en París y visitado a vuestro hermano en Roma, para vivir 
en Berlín consagrado a la ciencia y a la publicación de vues- 
tros manuscritos y dibujos. Yo os concedo sin vacilación el 
permiso para (jue permanezcáis hasta el próximo estío en 
Francia y en Italia, porque es necesario que yo haga justi- 
cia a los motivos que a ello os deciden, a pesar del vehemen- 
te deseo que tengo de conocer a un hombre que por amor 
a la ciencia se ha expuesto, con una persistencia antes des- 
conocida y durante varios años, a las mayores penali- 
dades y a los mayores peligros, y. que por este medio 
ha enriquecido a su i)aís con una gloria nueva. Yo 
añado a este permiso ia i)romesa de ((uo a vuestro ic- 
greso recibiréis no solamente la distinción debida a vues- 
tro glorioso mérito, sino una recompensa anual (jue os permi- 
ta vivir para vos mismo y para las ciencias. El obsequio 
que deseáis hacer de vuestras colecciones a mi gabinete mi- 
neralógico merece mis cordiales agradecimientos, no sólo a 
causa de su valor excepcional, sino porcpie es una prueba d-^ 
vuestro indiscutible amor a vuestra patria. Yo las espero 
con impaciencia, lo mismo que el raro fragmento de plíftino 
con que deseáis enriquecer mi gabinete, y no (|uedo menos 
agradecido a vuestro pensamiento de enriquecer también con 
raras especies mi jardín l)otánico." 

Quedo con una estima enteramente especial. Vuestro 
Gracioso Rey." (48) 



FEDERICO ALEJANDRO BARÓN DE HUMBOLDT 549 

Pero si esta carta era bastante para enorgullecer a 
cualquiera otro que no fuera Humboldt, la de los sabios 
profesores del Museo de Historia Natural de París era 
cuanto podía apetecer un hombre de ciencia. 

Días más tarde que el Rey de Prusia, en 31 de oc- 
tubre de 1804, ellos le escribían : 

"Hemos recibido con reconocimiento, señor, los dien- 
tes de elefantes fósiles que habéis remitido a nuestro 
colega el señor Cuvier, así como el crocodrilo que nos 
ha entregado el señor Peale y que os habéis encarga- 
do de traernos. Si os debemos las gracias por estos ob- 
jetos, mayores os debemos por las observaciones con que 
habéis enriquecido todas las ramas de la Historia Natu- 
ral. Consagrados únicamente a esta ciencia, encargados 
de enseñarla y de tomar en cuenta sus progresos, com> 
prendemos mejor el valer de vuestros trabajos. Los amigos de 
las ciencias fijan con interés sus miradas en vos ; y ¿ qué 
no deben aguardar de un hombre que ha realizado tan 
grandes obras en una edad en que de ordinario no s» 
dan sino esperanzas? Otro hubiera podido intentar la 
misma empresa, pero para llegar a los mismos resulta- 
dos eran indispensables extensos conocimientos, talen- 
tos extraordinarios y esa energía, ese ardor por los des- 
cubrimientos que os han hecho vencer todos los obstácu- 
los. 

"Si entre los duplicados de vuestra colección se en- 
cuentran objetos con los que a bien tuvierais enriquecer 
nuestro Museo, añadiríais un motivo más de reconoci- 
miento. Allí servirán para la instrucción y allí s^ráu 
conservados preciosamente para servir como pruebas a 
los nuevos descubrimientos debidos a vuestras investiga- 
ciones. 

"Hemos sabido, señor, que vinisteis a nuestra últi- 
ma asamblea en el momento en que ella había termina 
do, y la hubiéramos prolongado si hubiéramos sabido 



550 PROF. ALBERTO M. CARREÑO 

que podríamos veros. Esperamos que en otra ocasión os 
tendremos entre nosotros y nos causará gran placer con- 
versar con vos y presentaros cada uno en lo particular 
los sentimientos que nos inspiráis." (49) 

Pues bien, este joven sabio que recibía tales home- 
najes, siendo miembro ya de la Academia de Berlín, del 
Instituto de Francia, de la Sociedad de Filadelfia y de 
los Cuarenta de la Academia de Italia, (50) lejos de en- 
vanecerse con tantos y tan grandes elogios, pedía a Cu- 
vier, al enviarle algún tiempo después sus manuscritos 
sobre los crocodrilos de América, para que los leyera an- 
tes de darlos a las prensas, (jue dondequiera que halla- 
ra cualquier error lo corrigiera "sin escribirle una pa- 
labra." (51) 

A nadie, por lo mismo, extrañará ya un último ras- 
go de 'Su carácter que (juiero citar, y que revela de ma- 
nera bien clara lo que fue aíiuel hombre extraordinario. 

En un documento privado que dirigió a Pictet en 
3 de febrero de 1806, pidiéndole se lo devolviera, le de- 
cía: 

"Al hablar de mí, desearía que dijerais simplemen- 
te el señor Humboldt, o, a lo más, el señor Alejandro 
Humboldt. Es más inglés, porque el de frecuentemen- 
te repetido suena mal. Para conservar los títulos de nues- 
tra familia (porque, como veis, trato a vuestro padre 
diplomáticamente) poned una sola vez (52) Federico 
Alejandro, Barón de Humboldt; pero una sola vez, por- 
que esto obedece a principios <iue vos no compartís en- 
teramente (pero ([ue mi hermano y yo sostenemos a pe- 
sar de los cambios de tiempos) de no usar del título 
sino en los casos más extraordinarios ; en consecuencia, 
jamás a la cabeza de un libro." (53) 

¡Qué lección de sencillez para tantos y tantos que 
ayunos de nobleza, de la que no se prueba con blasones, 
sino con actos, se empeñan afanosos en buscar mediante 



FEDERICO ALEJANDRO BARÓN DE HUMBOLDT 551 

un vil puñado de dinero o de bajezas, más viles que el 
dinero, un título que les permita usar un de que Hum- 
boldt rechazaba .... por no sonar bien al oído ! 

j Qué lección de sencillez para quienes, hinchados 
de soberbia, creen sobreponerse a los demás con vanos 
alardes de lujo, de mando o de saber ! 

Ya os explicaréis, señores, por qué he puesto como 
título a esta desaliñada exposición el nombre que vues- 
tro sabio quería se le diera una vez sola : Federico-Ale- 
jandro, Barón de Humboldt, y por qué una sola ocasiív.i 
le di el título nobiliario que heredó de sus padres. 

Si desde un mundo mejor que el nuestro nos con- 
templa entremezclados aquí con los sucesores de Veláz- 
quez Cárdenas y León y de León y Gama, de Álzate y de 
Moziño ; entremezclados con los que nutren sus inteli- 
gencias en lo que en otros días fuera el Seminario Me- 
tálico, teatro de la gloria de Elhuyar y del Río, Hum- 
boldt ha de sentirse satisfecho, no precisamente porque 
el homenaje se haga al sabio, sino porque este homenaje se 
lo rinde el México que tanto amó; y, también ¿por qué 
no decirlo? porque mira que a través del tiempo los me- 
xicanos queremos complacer algunos, por lo menos, de 
sus más nobles deseos. 

Perdonadme si no supe ser breve ; perdonadme si 
nada os dije de la obra del sabio; más, señores, si gran- 
de, si grandísimo es el sabio, ¿el hombre ecuánime, al- 
truista, sencillo, a quien he procurado recordar, no va- 
le tanto o más que aquél? 

¡ La sabiduría puede adquirirse ; la nobleza del al- 
ma es don del cielo ! 

México, 13 de septiembre de 1919. 



Metii. Soc. Alznte — 30-AgO9to-;921. — t. a9— 36 



552 PROF. ALBERTO M. CARREÑO 



NOTAS COMPLEMENTARIAS DEL DISCURSO ANTERIOR. 



(1) HumboMt nació en Berlín el día 14 de septiembre d« 
1769. 

(2) Los biógrafos de Humboldt generalmente han equivo- 
cado la fecha del arribo al puerto de Acapulco. El sabio da 
la del 22 de marzo en la carta que dirigió al P. Antonio Jos-3 
Cavanillas, desde México, el 22 de abril de 1803. Lettres 
Américaines d'Alexandre de Humboldt, publicadas con otros 
documentos ipor el doctor E. T. Hamiy, pp. 148 y sig. 

(3) Carta citada y comiunicación al Instituto de Francia 
en 21 de junio del mismo año. Oip. cit., pp. 162-3. 

(4) Humboldt refiere así los (hechos: "Un joven ministro, 
el caballero da Urquijo, protegía las ciencias con una libera- 
lidad extraordinaria. Yo le fui presentado por el Barón de Fo- 
rell, Ministro ide Sajonia en Madrid, mineralogista distinguido 
que prepara, a fin de p iblicarla, una excelente geografía mi- 
neralógica de España. El Rey y la Reina de este país 'me otor- 
garon una señalada bienvenida y concedieron a un ;particular 
lo que frecuentemente se rehusaba a gobiernos amigos. Pro- 
vis.to de recomendaciones de la Corte, partí de la Coruña el 
5 de junio de 1799." — "Mis confesiones,'' Lettres américaines, 
p. 242. 

(5) Nota al Virrey Iturrigaray. MS. en el Archivo General 
de la Nación, Ramo de Historia. Vol. 72; reproducido en fac- 
símile en el Boletín de Geografía y Estadística dedicado a la 
memoria del ilustre Alejandro de Humboldt en el ani versarlo 
del c-ntésimo año de su nacimiento. México, ISfiL*. 

Í6) MS. cit. 

(7) MiS. en el lugar citado. Se imprimió en el Boletín de 
la Sociedad de Geografía igualmente citado. 

(8) Los puntos suspensivos aparecen en el original. 

(9) No está subrayado el original. 

(10) El original no está subrayado. 

(11) MS antes citado. 

(12) Humboldt nos lo declara también al publicar en el 
"Ensayo Po'lítico sobre la Nueva Es/paña" un cuadro con los 
"Nombres de las intendencias y ^gobiernos en los cuales se 
ha completado el censo de 1793," pues allí asienta: "Yo pu- 
blico este estado según la copia conservada en los archivos 
del Virrey." Op. cit. Vol. I, p. 112. 

(13) El folleto se imprimió y lo he tenido a la vista tn 
el archivo del Tribunal de Minería, \'éase además el libro 
de "Oficios, consultas e informes relativos al Seminario de 
•Minería de Nueva España, del año de 1801 a 1808," Vol. lí, 
en el mismo Ardhivo. 

(14) Los alumnos que sustentaron el acto público fueron 
los señores Ramón Garay y José Antonio Davales, de Arit- 



FEDERICO ALEJANDRO BARÓN DE HUMBOLDT 553 



niética, Geometría Elemental y Trigonometría plana; Lorenzo 
Obregón y Juan José de Lejarza, de Algebra, Secciones có- 
nicas y Geometría Práctica con aplicación a las medidas de 
las iminas; José Oteiza y Sixto Cardona, de Cálculo diferen- 
cial e integral y Física; Juan José Rodríguez y Manuel de 
la Llera, de Química y Miguel Hosta, de Orictognosia, Geog- 
nosia y Laboreo de Minas. MS. e impreso en el Archivo de 
Minería. Oficios, consultas e informes relativos al Seminario 
de Minería de Nueva España, ya cit. pp. 132 y sig. Santiago 
Ramírez, Datos para la Historia del Colegio de Minería, Ed. 
de 'la Sociedad Álzate, México, 1894, p. 190-1. 

(15) Gac&ía de México, Vol. X, p. 384. Boletín de Geog. 
y Est., p. 62. 

(16) Loe. cit. El retrato fue hecho por D. Mariano Ji- 
meno y se le pagaron $160 por el trabajo. Diario de las la- 
bores del Tribunal de Minería. Febrero 23 de 1804. MS. en 
el Archivo de Minería. 

(17) Gaceta citada, p. 385. Boletín de Geog. y Est., p 62. 

(18) Los documentos relacionados con este asunto di 
cen a la letra: 

"Entre las Diligencias que procuro .practicar para propor- 
cionar los Libros, instrumentos e utensilios necesarios para ¡a 
enseñanza de este Real Seminario, me ha ocurrido solicitar 
del Señor Barón de Humlboldt, Consejero de Minas de S. M. 
el Rey de Prusia, y iNaturalista de primer orden, que des- 
pués de recorrer las altas cordilleras de los Andes ha veni- 
do a este Reyno a continuar sus observaciones, cediese 'pa- 
ra este establecimiento parte de sus instrumentos que respec- 
to a su próximo regreso a Europa le será fácil adquirir de 
nuevo allí. 

"Insinuada, la idea a dho. Señor Barón se manifestó des- 
de luego dispuesto a acceder a ella en beneficio de este Es- 
tablecimiento cuyos progresos le han merecido particula'r aten- 
ción, como no ignora V. S. y habiéndole pedido en conse- 
cuencia Nota de los que podría ceder con espresión de su va- 
lor, me ha entregado la adjunta que paso a manos de V. 3. 
para que, reconociéndola, se sirva avisarme, si podré proce- 
der a su recivo, y satisfacción de su importe. 

"Estos instrumentos son muí vtiles para la enseñanza de 
este Seminario, tienen la recomendación de ser de los mas 
nuevos, y perfectos en su construcción; excusa su adquisi- 
ción el pedirlos a Europa de donde tardarían en venir y 
acaso no llegarían tan buenos y finalm.te los precios que se 
les asignan en la Nota son en mi concepto muy moderados. 
En este concepto V. S. determinara lo que juzgue mas con- 
veniente. 

"Dios Gue, á V. S m. s. a. e. México, 29 de Novieanbre 
de 1803. 

"Fausto de Elhuyar. — ^Señores Adm.OT y Diput.s Grales. 
del Rl. Tribl. de Minería." 

El Tribunal dictó el siguiente acuerdo y contestó a de 
Ellhuyar: 



554 PKOF. ALBERTO M. C!AIlREÑO 



"Rl. Tribl. gl. del imp.te Cuerpo de la Min.a de N. E. 
Mex.o 2 de Diciembre de 1803. — Hágase como propone el Sr. 
Director, lo q.e se le comunique por ^nedio de oficio, preve- 
niendole dé la correspondiente orden para q.e pague el Ma- 
yordomo del Colegio el importe de la Lista q.e acompaña, 
y q.e de parte de este tribunal tribute las deibidas gracias al 
Sr. Barón de Humboldt. — Anza. — Obregon. — Alfaro. — José Ma. de 
Castro. — Fho. el of.o al so.r Director en 5 de Dbre."' 



"Nos ha iparecido bien el arbitrio q.e ha tomado V. S. 
\P.a prover al Seminario Metálico de los Instrumentos q.e han 
sido del S.or Barón de Humboldt, quien ha tenido la bondad 
de cederlos a instancias de V. S. p.r I03 precios cómodos q.e 
manifiesta su Nota. En consequencia esperamos q.e V. S. 
dé las mas expresivas gracias al mencionado Sr. Barón p.r 
este efecto de su benevolencia, comunicando al mismo tpo. la 
orn. conven.te al Mayordomo de dho. Seminario p.a q.e le sa- 
tisfaga los dos mil quinientos cincuenta y un i).s valor de los 
insinuados instrumentos. 

Dios Gue. á V. S. m. s. a s. R.l Tral, Gral. de la Mhie- 
r.a Mex.co 5 de Dbre. de 1803. — José Mariano de Fago-iga. — 
Marcelo José de Anza. — Ignacio de Obragcn. — ^Sr. Director Ural. 
Dn. Fausto de Elhuyar. 

"Minería.— 1803.— N.o 132 Y M.— Legajo N." 197." 

(19) Aunque D. Santiago RamJrez menciona de modo niüv 
breve estos hechos, los documentos han quedado inéditos has- 
ta 'hoy y son desconocidos. Véanse los Datos para la Historia 
del Colegio de Minería, pp. 191, 192 y 193. El escrito del Tri- 
bunal acompañando al Virrey las tres estampas de 'a Pa- 
sigrafía escrita por Humboldt, a que se refiere D. Santiago 
Ramírez, no lo encontré en el Archivo de Minería, y por fal- 
ta ide tiempo hube de suspender mis pesquisas en el Archivo 
General de la Nación, en donde seguramente existe el original. 
En el primero de estos archivo« sólo se halla un extracte 
en el Diario de labores del Tribunal de Minería correspondien- 
te a 1804. Tal vez dicho extracto es lo único que vio Ramírez. 
Corresi)onde al 9 de agosto de 1804 y dice: "Oficio á S. E. 
acompañándole las tres estampas de la Pasigrafía escrita por 
el Barón de Humboldt." 

(20) Los documentos que si.gnen forman el complemento 
de este expediente inédito. 

En 24 del mismo mes de enero se acordó de conformidad, 
y al día siguiente el Tribunal le dirigió esta nota: 

"Muy s.or mió: Instruido este Tribunal p.r el Señor Direc- 
tor de q.e a concequencia del distinguido aprecio q.e ha me- 
recido a V. S. nuestro Seminario de Minería y del interés 
q.e loma en sus progresos, ha tenido la bondá de franquear- 
se á contri/buir á la perfección de su Enseñanza, encargando 
de la elección y acá¡)io de los Libros, Ynstrumientos y demás 
q.e sea necesario hacer benir de Eurá|)a, corresponde á V. 
S. con el mas vivo reconocimiento, dándole las debidas gra- 
cias p.r su benebolencia. 



FEDERICO ALKJAXDRO BARÓN DE HUIIBOLDT 000 



"Confiados en su generosa disposición, dirigimos a V. S. 
la adjunta Nota de los instrumentos q.e ip.r ahora hacen mas 
falta, suplicándole q.e quando ibuenamente se halle en citua- 
cion de proporcionarlos, se sirva tomar la molestia de esco- 
gerlos ó mandarlos hacer á su satisfacción, y dirigirlos p r 
la via q.e mejor le pareciere a Cádiz a los Comicionados p.r 
los cinco Gremios Mayores de Madrid, á quienes oportuna- 
mente daremos la orden correspondiente p.a su recivo y em- 
bio ulterior á estos Dominios. 

"Si ademas de los artículos indicados en dha. Nota oca- 
rrieren a V. S. algunos otros ó p.r nuebos, ó p.r no tenerlos 
en nuestras Colecciones, graduare puedan convenir p.a el ob- 
jeto y íines de este E'sta'blecimiento, le estimaremos se siv- 
va agregarlos. 

"No teniendo en el Dia este Tribunal fondos en España, 
no .podemos indicar a V. S. p.r ahora á donde deba ocurrir 
p.r el importe de estos instrumentos; pero determinados á 
remitir algún caudal luego que cese la periplexidad actual de 
los Negocios políticos de Europa, y ■■:& proporcionen Buques 
seguros, avisaremos a V. S. quando se berifique. Entretanto 
impuestos de q.e su generosidad ha ofrecido no pararse en 
ello p a efectuar la expedición de dichos efectos, le repetimos 
nuestra sincera gratitud p.r su favor. Esperamos no havra 
necesidad de q.e se estienda a tanto el q.e se sirva dispen- 
sarnos; pero .p.r si las circunstancias lo exigieren, (prevenimos 
a V. iS. que no jiodemos admitirlo, sino con la precisa con- 
dición de q.e en tal evento ha de abonarse y cargarse el 
premio correspondiente al tiempo q.e se retardare el rein- 
tegro de su desembolso. 

"Si en correspondencia a sus finesas nos proporciona \'. 
S. ocasiones de servirle, tendremos la mayor complacencia de 
acreditarle la alta estimación q.e hacemos de su persona, cu- 
ya memoria se perpetuara en este Tribunal con la distinción 
que merecen, su raro talento y tareas científicas, no menos 
que sus recomendables prendas personales. 

Dios Gue. a V. S. m. s a. s. Rl. Tral. Gl. de la Miner.a 
Mex.co 25 de En. o de 1804.^ — José Mariano de Fagoaga. — Mar- 
celo José de Anza. — Ignacio de Obregon. — S.or Barón de Hum- 
boldt." 

Al terminar ese año, en 3 de Diciem'bre de 1804, el Tri- 
bunal se dirigió al Director <le los Cinco Gremios Mayores 
de Madrid, indicándole la «omisión que se había dado a Hum- 
boldt y manifestándole que si éste solicitaba fondos, se le 
sttrainistraran con cai-go al Tribunal; y en esta misma fecha 
se le dirigió a Humlboldt esta nueva nota: 

"Muy Sor ntro. con fha. 25 de En.o ultimo acompaña- 
mos a V. S. una nota de varios (sic) q. consideramos nece- 
sarios p.a nuestro Seminario suplicándole se sirviese prever- 
nos de ellos en el concepto de q. aunq. nos hallavamos sin 
caudales en Europa providenciaríamos remitirlos luego q. ce- 
sase la perplexidad en que estaban los asuntos ■ Politices- y 
se proporcionasen Buq.s seguros. Y haviendolo verificado ya, 



55G 



PROF. ALBERTO M CARRENO 



p.r SU imp.ts 
á quienes con 
q. pidiere, 
a.s Kl. TI (1). 



á los SS. 
esta fha. 



Director.s 
escrivimos 



d la Minería. 



esiperamos q. V, S. ocurra 
de los 5 G. M. de Madrid 
le tranquen las cantidades 

Dios Gue. á V. S. m.s 
3 de Diciembre de 1804. Blms. do v'. S. sus mas afeemos, 
guros servidores. — José Mariano oe Fagoacja. — Fausto de E 
yar. — Marcelo José de Anza. — Ignacio de Obregon. 

.S.or Barón de Humboldt. 

Minería.— 1804.— N 60 Y M.— Legajo 197." 



Mex.co 
se- 
hu- 



'NOTAS DE INSTRUMENTOS, 



200 1 Un sextante grande del mejor Artista con horizonte 
artificial. 

170 2 Dos sextantes de 7 á 8 pulgadas con horizontes ar- 
tificiales. 

120 3 Seis sextantes de faltriquera con horizontes artifi- 
ciales. 

350 4 Un teodolito ide 8 á 10 pulgadas. 

300 5 Dos grafómetros de 6 á 8 pulgadas. 
30 6 Una toesa con casquillos de platino. 
30 7 Un metro con casquillos de platino. 

600 8 Doce juegos de instrumentos 'de Geometría subterrá- 
nea compuesto: 1" De una Brújula de doble suspen- 
sión de 21/4 pulgadas de diámetro, su aguja dividida 
en .dos semicírculos de 180 grados contados de Nor- 
te al Este y de Sur al Oeste, con los vientos de Or. 
y Occ. cambiadoíj; la retenida de tornillo en el fondo: 
dos agujas de remuda. 2." un semicírculo de suspen- 
sión de ocho pulgadas de diámetro, dividido en 2 
quadrantes, ea grados y quintos de grado. 3." Una ca- 
ja paraleílíipipeda Zuleg instrument ipara trazar pía 
nos con la brújula. 4." seis barrenas de bronce para 
afianzar el cordel. 

La caja paralelipipeda vendrá en otra de madera po- 
separado de las demás piezas, que se colocarán en 
otra aforrada en cuero, y cuya figura sea acomodada 
para aplicarla con una correa a la cintura. En esta 
vendrá también un librito de pergamino preparado pa- 
ra apunte. 

En estos instrumentos se imitara el método saxon. 

600 9 Doce balanzas finas para ensayes regulares. 
50 10 Doce balanzas mas comunes para pesar polvo en los 
ensayes. 

100 11 Una cajita de pesas de Ensaye de platina que con- 
tenga el peso mayor de una onza efectiva y divisio- 
nes de i/o onza, ^4 de onza y i/g de onza. Las tres 
primeras vendrán en una fila y -la última hará el 
))rincipio de otra, en que representando un quintal, 
marcándola con el numero 100 seguirán gus sub- 
divisiones en 50 libras, 25, 16, 8. 4, 2, 1 id libra. En otro 
coTnpartimiento se pondrán las pesas representativí-s 



Moni. 8oc. Alznlo. 



T. nn, Láni. XÍV 




f^sf 



Gral. Bruno Aguilar 
t; Oftiihrc ISIO— 27 Enevo 1870. 



FEDERICO ALEJANDRO BARÓN DE HUMBOLDT 557 



siguientes: 8 onzas que será la mitad de la il'bra. 
De la fila precedente, y a su continuación las de 4 
onzas, 4, 1 id 4 ochavas, 2, 1, %, i^ id. 
120 12 Doce cajitas de pesas de ensaye ihechas de plata en 
los proprios términos Que las del n.° 11. 
60 13 Doce abujones de faltriquera divididos en grados 3n 

la misma conformidad ^que los del n.° 8. 
20 14 Una cadena mensoria de toesas y ultima invención. 
30 15 Doce escalas ide barómetro de latón en pulgadas fran- 
cesas que señalen de 13 á 29 pulgadas. 
40 16 Quince thermometros de todas clases. 
40 17 Seis docenas de tubos de barómetro cerrados ambos 

extremos. 
50 18 Dos Hygrometros de Delne y dos de Saussure. 
40 19 Cuatro Eudiometros con sus aparatos de Fontana. 
20 20 Dos Eudiometros de Reboul. 
5 21 Dos Anthachometros. 
5 22 Quatro Gonometros de Hauy. 

5 23 Quatro aparatos eléctricos y magnéticos de Hauy. 
50 24 Un magnetometro de Saussure 
10 25 Seis Gravímetros de Morveau con pesas. 
15 26 Quatro Electrómetros de Bennet, Cavallo y Volta. 
100 27 Doce estuches de Matemáticas de mediano valor. 
50 28 Cuatro docenas de compases sueltos con sus adita- 
mentos de remuda. 
100 29 El (pendulo de Janvier ide 14 pulgadas. 
80 30 Dos anteojos acromáticos de 2-i/¿ pies de Dolon. 

31 Un nivel acromático de Dolon 

32 Dos niveles de agua comunes. 

33 Doce niveles de aire sencillos de diversos taimañcs 
pareados. 

Véase en el Leg. 197 y en libro de "Oficios, consultas 
o Informes relativos al Seminario de Minería de Nueva Espa- 
ña del año de 1801 á 1808." Yol. 2. (En este, a pj). 147 v. 
y sig.) Archivo del Tribunal de Minería. 

(21) Ibid. 

(22) MS. en el Archivo General Vol. 72, ya cit. 

(23) Loe. cit. 

(24) Carta a Freiesleben esorita "Pres de Bordeaux, sur 
le batean. En hate" el 1.° de agosto de 1804. 

(25) Ensayo Político sobre la Nueva España. Vol I, pp. 
238-42. 

(26) Vol. I, Lib. II, Cap. III. 

(27) Loe. cit. 

(28) Don Vicente Ortigoza nació en Tepic el 5 de Abril 
de 1817 y murió en Guadalajara el 3 de Enero de 1877. Hizo 
brillantes estudios de Química bajo la dirección del ilustre quí- 
mico alemán Liebig en la Universidad de Giessen, de Octubre 
de 1839 a Agosto de 1842. 

(29) AGUILAR (BRUNO).— Hijo de D. Juan José Agullar 
y de Da. María Orendain. 



558 PROF. ALBERTO M. fAliKF.ÑO 



Nació en Guadalajara, Jal., el 6 de Octubre de 1810. Mu- 
rió en México, el 27 de Enero de 1876. General de Artillería, 
minero y homlbre de notoria rectitud. Hizo scobresalientes es- 
tudios en el Colegio Militar y fue pensionado a Europa, en donde 
profundizó sus conocimientos de artillería, minas, química, ma- 
temáticas, etc. en las Escuelas Politécnica y de Minas de Pa- 
rís, la Casa de Moneda de la misma Capital, bajo la direc- 
ción de los ilustres Dulong, Dufrénoy, D'Arcet, Gay-Lussac, 
Arago, etc. Pasó después a la Maestranza y Escuela prácti<'a 
de Artillería de Douai, la Fábrica de pólvora de Esquerdes, 
la Fábrica Real de Armas de Chatellerault, la Fundición de 
proyectiles de Saint-Etienne, las fundiciones de hierro y de 
armas de Lieja (Bélgica) y la Maestranza y Escuela práctica 
de Guerra de Woolwich (Inglaterra). En seguida, con una hon- 
rosa carta que le dio el célebre Barón de Humboldt, a quien 
trató en Berlín, frecuentó los Establecimientos de construc- 
ción del material de artillería de los Reinos de Prusia, Sa- 
jonia y Würtenberg así coimo el laboratorio del eminente quí- 
mico Liebig, en Giessen. En estos estudios permaneció en Eu- 
ropa desde Abril de 1834 hasta Abril de 1841 en que regre.^ó 
a la ipatria. En el país desempeñó distinguidos puestos y co- 
misiones; fundó y dirigió la fundición de cañones de Chapul- 
tepec (1846), fué iComandante del Distrito de Sultepec (1859), 
Gobernador y Comandante General del Departamento de Tla\- 
cala (1866), Inspector General de Artillería (1863). Ayudante 
de Campo del Archiduque Maximiliano (1865), Visitador Im- 
perial de Pachuca (1865), Director General de Artillería 
(1867), alejándose después de los puestos públicos y ocupán- 
dose exclusivamente en la dirección y explotación de minas 
en los Estados de México, Michoacán y Guerreno. Publicó: 
Instrucción del artillero (1844) y Táctica de artillería de mon- 
taña (1854). Fué Socio honorario de la Sociedad de Químicos 
entusiastas (Mayo 1851), Miembro propietario de la Sociedad 
promovedora de mejoras materiales (1852), Socio honorario 
de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística (Mar7;o 
1860), IMiembro de la Commission scientifique, du Mexique, a 
la cual pertennció como Presidente de :a Sección de Matemá- 
ticas y Mecánica (1864), Socio corresponsal de la Sociedad 
Mexicana de iHistoria Natural (1872), etc. 

(Tomado del Diccionario de Historia, Geografía y Biogra- 
fía Mexicanas por A. Leduc, Lara y Pardo v Roumagnac. Bou- 
ret. 1910). 

(30) El señor D. Rafael Aguilar y Santillán, actual Vice- 
presidente de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadís- 
tica y Secretario Peripetuo de la Sociedad Científica "Antonio 
Álzate," posee dos cartas autógrafas de Humboldt, una diri- 
gida a los señores Ortigoza y Aguilar, padre este último del 
poseedor de los documentos; otra al Sr. José Burkart, autor 
de la obra "Aufenthait und Reisen in México" (Estancia y 
viajes en México). Por bondad suya puedo publicar hoy ani- 
íbae cartas inéditas 

Helas aquí traducidas del alemán: 



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Carta del Barón de Humboldt a los señores Ortigosa y Aguilar. 
(Inéditíi. — Vóasp la nota L'íi). 




Carta del Barón de Humboldt al Sr. José Burkart. 
(Inédita. — Véase la nota 29). 




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Una invitación de Humboldt a los Sres. Ortigosa y Aguilar. 
(Inédita.^Véase la nota 29). 



y 



jSo. r^/'^y. 



eir 



y.ur iJcMHilzim" dei- Kiinicliclien Bihlioilieli iníí 
JJeobaclilung der vorgescliriehcnen Fójjnliírli- 

Td 

Berlín, am,^ len .^^^tT /ííjf. 



keileii genieldel.- 




KoniglicheBibliblliek. 



Tarjeta expedida por la Real Biblioteca de Berlín en 
favor del entonces Teniente Bruno Aguilar, con la me- 
diación de Humboldt. (Inédita. — Véase la nota 29). 



FEDERICO ALEJANDRO BARÓN DE HUMBOLDT 559 



"He sabido con mucho sentimiento que la muy amable 
recomendación del Ministro del Gabinete, el Barón de Wer- 
ther, no ha tenido el éxito deseado. En consecuencia de esto 
fui a ver esta mañana al Ministro de Guerra, Sr. de Rauca, 
pero no he podido allanar las dificultades. La entrada a todos 
los talleres de artillería estará abierta para Uds. en Berlín, 
y si Uds. quieren, también está permitido visitar la Escuela 
de Guerra; pero asistir a las clases de la Escuela de Artille- 
ría o a sus ejercicios no se permite ni a los Oficiales con- 
federados. Si Uds. quieren conferenciar conmigo sobre esto, 
me agradará mucho su visita entre 1 y 2 de cualquier día. 
El ayudante único que tiene relación con el Rey en asuntos 
(ie Guerra me ha ratificado la declaración del Ministro de 
Guerra. E'l Monarca no puede permitir que asistan a la Bs 
cuela o Ejercicios de artillería. 

"Con la más distinguida estimación, 

"Su obediente 

Humboidt. 

"Quiero fijar con Uds. un día en que los pueda lllevar a 
casa del ipríncipe Adalberto, sobrino de nuestro rey, quien d-.;- 
sea conocer a Uds." 

La carta a Burkart dice: 

"'Las atenciones que Ud. ha tenido para mí, mandándome 
su interesantísima obra sobre México, me hacen esperar, que 
Ud. se servirá atender mi súplica, recibiendo con su acostum- 
brada benevolencia al portador de és^a. Señor Ortigosa, jo- 
ven oficial mexicano muy distinguido y de fina educación. 

El Señor Ortigosa y su amigo el Señor Aguiiar, de Gua- 
dalajara, dos caballeros muy estudiosos e ilustrados en gene- 
ral, han sido muy bien recibidos hasta en la Familia Real. Su- 
plico a V. Sa. se sirva atender a mis jóvenes amigos y favo- 
recerlos con nuevas recomendaciones. 

Reciban Ud. y su apreciable amigo, el Señor Consejero de 
Minas, Noeggerath, la. expresión de mi alta consideración y 
aiprecio. 

A. V. Humboidt, 

Sansouci, 8 Oct. 1839." 

(31) Todas las cartas de Humboidt revelan su afición '¿)0\' 
México, pero por ser casi desconocida, publico nuevamente la re- 
producida no ha mucho en "El Universal," diario de México, 
(Junio 8 de 1918), por mi ilustrado amigo el señor Dr. D. Manuel 
, Mestre Ghiliazza (Leopoldo Archivero) en sus "Migajas His- 
tóricas " La carta de nuestro Ministro de Relaciones, D. Lu- 
cas Alamán, que motivó aquélla, y la respuesta de Humholdt, 
son las que siguen: 

"México, julio 21 de 1824. 

"Los luminosos escritos de V. S. relativos a América, fru- 
to de sus talentos y de sus viajes a esta parte del globo, han 
sido recibidos generalmente con aquella estimación que recli-. 
man sus interesantes materias y las noticias de que abundan 
Ellas hacen formar un cabal cocepto de lo que podrá ser Mé- 



5G0 PROF. ALBERTO M. CARREÑO 



xico bajo una buena y liberal Constitución, por tener en su 
seno los elementos todos de prosperidad, y su lectura no na 
contribuido poco a avivar el espíritu de independencia qua 
germinaba en muchos de sus halbitantes, y a despertar a otros 
del letargo en que los tenía una dominación extraña. 

"La Nación toda está penetrada de gratitud ipor los tra- 
bajos de V. S., ipues ellos les proporcionaron que el mundo 
conociera su aptitud y disiposición para hacerse feliz por sí 
mismo, y el Supremo Gobierno encargado de su administra- 
ción pública está de acuerdo en esta parte con el voto gene- 
ral. En consecuencia, se ha servido disponer que, como su 
Ministro de Estado y Relaciones, lo diga a V. S., así como 
que leniendo entendido que V. S. se propone volver a es.íe 
país, sería esto de la mayor satisfacción para S. A. S., pues 
desea vivamente que lleve V. S. adelante esta Idea, compla- 
ciéndose en la de poder contar entre los habitantes de esta 
Reipíiblica un hombre tan ilustre y dignamente estimado en el 
mundo civilizado. 

"Al comunicar a V. iS estas ideas y sentimientos de mi 
Gobierno, tengo la mayor saitisfacción, pues me proporciona 
la de repetirle mis consideraciones y respetos. — LUCAS ALA- 
MAN. — Señor Barón don Alejandro Humlboldt. 

Contestación a la carta anterior: 

"En carta oficial de 21 de julio, se ha servido V. E. trans- 
mitirme 'los sentimientos de afecto y estimación con que ia 
Nación Mexicana y iS. A. S. el Supremo Gobierno, se 'dignan 
honrar mis cortos trabajos literarios En una carrera dedicada 
enteramente al cultivo de las ciencias y al respeto de los 
principios eternos de que dependen los pregones de la razón 
y la mejora de las instituciones públicas, nada podía lisonjear 
tanto mi amor propio, como este testimonio solemne, expresa- 
do de una manera tan noble y tan ^interesante. Suplico, pues, 
a V. E. que presente a S. A. S. este homenaje de mi ipro fun- 
do respeto y ide mi eterna gratitud. 

"Si las obras que he publicado han producido algún ibien, 
sólo debe atribuirse a mi amor a la verdad, a la pureza de 
mis isentimientos y a la admiración que me inspira un país 
a quien la Naturaleza ha destinado a una suerte tan elevada. 
No ipierdo la es-peranza de volver a ver (prevdo el permiso de 
mi soberano) esas majestuosas cordilleras del Anáhuac, de 
estudiar otra vez sus productos naturales y gozar del aspecto 
de una felicidad progresiva que deben producir necesariamen- 
te en el seno de la República Mexicana, las instituciones li- 
bres y las artes de la paz. 

"Al suplicar a V. E. que sea el órgano de mi gratitud pi- 
ra con S. A. S. el Suipremo Gobierno, me apresuro a reiterar- 
le los sentimientos de la más alta y más afectuosa considera- 
ción con que tengo el honor de ser de V. E. su muy humil- 
de y obediente servidor.— ALEJANDRO DE HUMBOLDT. — 
París, 6 do noviembre de 1824. — Al Excmo. Sr. Ministro Se- 



FEDERICO ALEJANDRO BARÓN DE HUMBOLDT 561 



cretario de Estado de la República Mexicana, Don Lucas Ala- 
mán." 

(32) Ensayo Político, Vol. I, pp. 197 y siguientes. 

(33) Loe. cit. Vol. I, p. 250. 

(34) Loe cit., p. 256. 

(35) Loe. cit. 

(36) Loe. cit. ip. 108. 

(37) Oí), cit., p. 337. 

(38) Lettres américaines, cit., pp. 221 y 239. 

(39) Loe. cit, p. 158. 

(40) 0,p. eit., p, 232. 

(41) Op. cit, p. 233. 

(42) Véase el interesante artículo escrito sobre el parti 
cular por el distinguido hombre de letras Dr. D. Manuel Mes- 
tre Ghiliazza en "Bl Universal," iperiódieo diario correspondien- 
te al 10 de Junio de 1918. 

(43) Cincuenta y tres en realidad. Nota del Dr. Hamy. 

(44) Llamáronse así a las botas que en la parte superior 
dejaban ver el revés dé la piel eon que estaban hechas. 

(45) Lettres américaines, pp. 203 y sig. 

(46) Vieja forma empleada por los reyes en sus cartas. 
Lachatre, Nouveau Dictionnaire Universal. 

(47) La carta está íechada en Potsdam el 25 de septiem- 
bre de 1804. 

(48) Op. cit., p 235-6. 

(49j Lettres américaines, pp. 229-30. 

(50) Véanse "mis confesiones." Lettres, p. 242. 

(51) Op. cit, p. 202. 

(52) Lo subrayado aparece así en el original. 

(53) Olp. cit., p. 244. 



SOCIÉTÉ SCIENTIFIQUE "ANTONIO ÁLZATE".— MKMOIRES, T. 39 563 



INTENSIDAD BIA-XIMA DE LA LLUVIA EN LA 

CIUDAD DE MÉXICO 

POR EL PROF. ELPIDIO LÓPEZ, M. S. A. 



(Sesión del 6 de Febrero de 1917) 



De una manera general puede decirse ([ue es rara 
la lluvia (jue durando cuando menos una hora, dé más de 
60 mm. en este espacio de tiempo ; pues de estos casos 
solo podrán citarse bien pocos ; pero si la precipitación 
intensa solo dura algunos minutos puede llegar a dar 
o o 4 mm. por minuto. Sin embargo, en nuestros climas 
la lluvia superior a un milímetr.o por minuto puede ya 
ser considerada como excepcionaL 

Desde el año de 1877 en que se fundó el Observü- 
torio Meteorológico Central, la máxima precipitaeióii 
en 24 horas había sido inferior a 60mm ; pero en las 
últimas horas de la tarde del día 30 de septiembre de 
1915 se abatió sobre el Valle de México una lluvia to- 
rrencial de intensidad tal, (|ue llegó a causar una verda- 
dera, aunque efímera inundación, hasta en las más cén- 
tricas avenidas de la Capital. Para tener una idea más 
completa de esta gran lluvia diré que habiéndose inicia- 
do a las cinco de la tarde del día indicado, terminó has- 
ta las siete y media de la mañana del día siguiente, arro- 
jando un total de 89 mm 7. 

He creído interesante para la teoría, así como pa 
ra cierta clase de aplicaciones de drenage y escurrimien- 



564 PROP. ELPIDIO LÓPEZ 



to, poder darse una idea ciara y precisa de la mayor 
intensidad de estas precipitaciones en un momento dado, 
y con este objeto he empleado el procedimiento siguiente : 
La forma general que afecta la curva de lluvia cu 
un registrador puede ser representada analíticamente 
por la fórmula 



cuya derivada 



y = a -|- bx -|- cx^ 



dy 

T- = b + 2cx 
dx 



nos dará la intensidad que se busca; pero esta deriva- 
da puede encontrarse fácilmente por un procedimiento 
gráfico que consiste en trazar sobre el mismo diagrama 
y en el punto de la curva en que la intensidad de la 
lluvia es máxima, la tangente a esta que formará con 
el eje de las abcisas el ángulo cuya tangente a su vez 
será la derivada que se busca. Haciendo uso en seguida 
de la fórmula de trigonometría 

e = b tg. C 

se obtiene en milímetros de lluvia la ordenada para ese 
punto, o sea la intensidad de la lluvia en ese momen- 
to. Esta investigación nos da el resultado siguiente para 
las 5h.41m. de la tarde del día 30 de septiembre, mo- 
mento del máximo de intensidad : 

ÍZ = tg. '/ = tg. 89° = 57.29 
dx 

h = tg. « t = llmm. 

de donde 



INTENSIDAD MÁXIMA DE LA LLUVIA EN LA CIUDAD DE MÉXICO 565 

h = llmni X 57.29 = 630muil9 

resultado que corresponde a un valor de t. igual a una 
hora; y como en el diagrama cada milímetro de lluvia 
corresponde a 7 de la altura h. tendremos finalmente 
que la intensidad será 

630.19 
1 = = linmo 

7 X 60 

lo que nos dice que en ese momento considerando la in- 
tensidad de la lluvia era de Imm. 5 por minuto. 

Esta excepcional precipitación, por su carácter g^;- 
neral, parece haber tenido origen ciclónico ; debido pro- 
bablemente a la expansión y enfriamiento de grandes 
masas de aire cargado de vapor de agua que ascendieron 
por la vertiente del Golfo de México a impulsos de vien- 
tos, ciclónicos que soplaban por esas fechas en esa re- 
gión. Ha sido la máxima precipitación registrada en el 
Valle de México desde hace 39 años. 

El profesor Kotaro Honda ha ideado para medir ¡a 
intensidad de la lluvia un aparato registrador compues 
to de un largo resorte de metal suspendido por medio 
de un gancho y en cuya parte ijiferior queda unido a 
un rectángulo de alambre que sujeta un vaso y al mis- 
mo tiempo una ligera palanea de aluminio en cuya ex- 
tremidad va colocada -la pluma que registra en un ci- 
lindro. El agua de lluvia cae en el vaso por medio de 
un tubo de cristal ligeramente encurvado y en el cual, 
para evitar el efecto impulsivo del líquido, se coloca en 
su extremidad una bolsita de lino que tiene un atado 
de fibras. 

Para que este aparato pueda registrar la intensidad 
de la lluvia se hace necesario que ei vaso tenga una sa- 
lida de forma perfectamente calculada. Imaginémonos 
este depósito de la forma de un paralepípedo rectangu- 



566 PROF. ELPIDIO LÓPEZ 



lar; en uno de cuyos lados tiene nna abertura de la for- 
ma expresada por la ecuación : x^ y = c-, en la cual 
(y) representa la altura y (x) el ancho de la abertura. 
Además supongamos que la altura del agua en el vaso 
sea : y", según el teorema de Torricelli el flujo por uni- 
dad de tiempo Q será : 



=--ff''^ 2g(Yo-y) 2xdv 



O 

Pero como x-y = c-, tendremos: 

Q= f^" V 2g(y.-y) --^ = .c J~2^ v„ 

De aquí que, la velocidad del agua saliendo del va- 
so será proporcional a la altura del agua en él. 

El profesor T. Hayashi dio otra forma a este mismo 
vaso. En este modelo cada una de las paredes opues- 
tas está terminada por una parábola vertical cuyo eje 
lo fotma el fondo del mismo vaso y cuyas paredes late 
rales están encurvadas a ini ancho constante. En una 
de las caras planas hay una abertura larga y estecha 
a lo largo del eje de la parábola y que llega hasta el 
fondo. 

Si suponemos que los ejes de la parábola y su cor- 
te superior y perpendicular sean la (y) y la (x) respec- 
tivamente; y llamamos (a) el ancho de la abertura, te- 
nemos la ecuación de la parál)ola re))resentada por: 

y = b x" 

La salida del agua por unidad de tiempo será : 

Q = /7° ^ 2K (y„-y) a cly = | ^/ 2^ y. '■ 



INTENSIDAD MÁXIMA DE LA LLUVIA EN LA CIUDAD DE MÉXICO 567 

Y la cantidad de agua contenida en el vaso cuya an- 
chura llamaremos (e), será: 



Q'= f^"2xedy = 4^/y"y^dy = 



4 e 3 

Jo- 



De aquí que la velocidad de salida será proporcio- 
nal al peso del agua contenida en el vaso ; que es la coti- 
dición indispensable para que el aparato pueda regis- 
trar la intensidad de la lluvia. 



Mem. Soc. Alzate.-lo.-Sepbn; -1921.— t 30—37 



SOCIÉTÉ SCIENTIFIQUE "ANTONIO ÁLZATE".— MÉMOIRES, T. 39 569 



EVOLUCIÓN DEL SISTEMA NERVIOSO 

POR EL PROFESOR 

ISAAC OCHOTERENA, M. S. A. 



;Sesión del i de Julio de 1921) 



Aun cuando los movimientos del embrión del pollo 
principian muy temprano, desde que llega a los cuatro 
o cinco milímetros, su carácter es tan peculiar que con 
razón dice Stewart Patón, apenas son más complejos que 
los movimientos comunes de los Protozoarios; pero si se 
observa el embrión de esta ave, a las ochenta horas de 
incubación es sorprendente notar que -existen ya movi- 
mientos rítmicos que indublemente son debidos a la ac- 
ción de las células nerviosas motrices de las astas ante- 
riores pues como His, Cajal, Tello y otros han demostra- 
do, al comienzo del tercer día están ya bien marcados 
los rudimentos de las raíces medulares, mas no hemos po- 
dido provocar estos movimientos por la acción del con- 
tacto de una aguja de disección, por lo que colegimos 
que otros estímulos distintos del tipo conocido del refle- 
jo nervioso son los que los provocan; a las cien horas la 
respuesta al contacto es ya discernible especialmente 
aplicando la aguja en los miotomos del polo cefálico y 
como las células y cilindros ejes de los ganglios raquí- 
deos existen también antes de las cien horas, creemos qne 



570 PROK. ISAAC OCHOTKRENA 

hasta esa época es cuando se establecen las relaciones 
entre los elementos sensitivos y los motores, es decir, hasta 
entonces los movimientos reconocen como causa la sensibi- 
lidad, en el sentido con que comunmente se admite es- 
te término. 

En el embrión humano las vías sensitivas desarró- 
llanse tempranamente y como Flechsig demostró, desde 
el quinto mes se encuentran ya tractos espino-cerebrales y 
cerebro-espinales que ligan la médula a diversas regio- 
nes del cerebro y que descienden de este órgano a la mé- 
dula, hallándose también, acaso, integrada una vía larga que 
llega hasta el cerebro, pero los grandes tractos cortico-espina- 
les y rubro-espinales, son aún rudimentarios y no se ha- 
llan en aptitud de funcionar, por esto es que de ninguna 
manera pueden considerarse como voluntarios los movi- 
mientos del feto, pues falta el camino de regreso del in- 
flujo nervioso y cuanto movimiento se efectúe es estric- 
tamente de un tipo reflejo análogo al que se observa en 
la rana descerebrada o mejor aún al que se vio en los 
perros a quienes F. Goltz extirpó el manto cerebral ; po- 
drán moverse, mas no dirigir por sí mismos estos mo- 
vimientos ; responder a ciertas excitaciones luminosas, 
distinguir las substancias comestibles, reaccionar a las 
irritaciones cutáneas, manifestar cólera, etc. La exac- 
titud de tales apreciaciones se manifiesta especialmente 
en los niños no nacidos a término o mejor aún en cier- 
tos casos como los que describen Edinger y Fischer, 
de un niño que nació sin hemisferios cerebrales y a pe- 
sar de esto pudo vivir cuatro años, en la más perfecta 
animalidad, casi siempre dormido, ciego, sordo, sin po- 
der reconocer a la madre, sin mímica, como los mon-s 
que Karplus y Kreidl descerebraron. Acusa por otro la- 
do esa vida exclusivamente palencefálica, la falta de atem- 
peración de los reflejos por falta de vías corticales, común 
a todos los niños pero exagerados en casos patológicos 



EVOLUCIÓN DKL SISTEMA NERVIOSO 571 



como en el simdroma de Little atribuido a una deten- 
ción en el desarrollo, no rara en los niños nacidos a 
los siete meses y probablemente según Feer, Fierre Ma- 
rie, Brissaud y van Gehuchten debido a una agenesia 
del tracto córtico-espinal. 

Guando el niño nace, su sistema nervioso no es al- 
go terminado, definitivo; en ciertos casos apenas si es 
un boceto que ni aún permite concebir la obra poste- 
rior, ni siquiera existe el número completo de los ele- 
mentos nerviosos que son patrimonio de la especie. Ezra 
Alien que ha estudiado el sistema nervioso central de 
la rata desde este punto de vista, ha encontrado mito- 
sis en el cerebro hasta los veinte o veinticinco días y 
aplicando a este dato las relaciones tan hábil y prolija- 
mente establecidas por Donaldson, resulta que aproxi- 
madamente aún hay células neoformadas hasta el final 
del segundo año en la especie humana ; Marinesco nos 
enseña que las células radiculares a pesar de ser de tem- 
prana diferenciación son en esa edad de escaso tamaño, 
tanto en lo que respecta al soma como a las prolonga- 
ciones celulares, con escasa substancia cromática y con peque- 
ños grumos de Nissl, periféricos ; las células del cerebelo 
aún no se diferencian convenientemente persistiendo una 
capa externa de elementos de naturaleza enigmática que 
no son reconocibles en el adulto, bien por haber desa- 
parecido o bien porque experimenten transformaciones 
jue en la actualidad nos son desconocidas; las células 
de Purkinje estudiadas en sus etapas sucesivas, espe- 
cialmente por Don Carlos Calleja y Borja-Tarrius, pre- 
sentan un aspecto tan diverso de la primorosa estructu- 
ra que poseen cuando son adultas, que más bien seme- 
jan precipitados irregulares de cromato de plata a no 
ser por la clara presencia de un cilindro-eje, que se in- 
corpora al fascículo central de la substancia blanca de 
la laminilla cerebelosa, aparece el esbozo de la rama 



572 PROF. ISAAC OCUOTEREXA 

protoplásmica principal que por sucesivas dicotomídíS 
producirá la más admirable de las dendritas, desapare- 
cen las expansiones inferiores que acompañan al ci- 
lindro-eje y se reabsorben las espinas que antes orla- 
ban el contorno del cuerpo celular necesitándose en el 
gato tres y en el perro dos semanas para (pie lo« ele- 
mentos de que nos ocupamos adquieran su completo de- 
sarrollo. 

Aún cuando los tractos ascendentes están en la épo- 
ca del nacimiento medulados en su mayor parte, los des- 
cendentes y la corteza cerebral sólo se haya con mielina 
en las especies que poseyendo ya en esa época corteza exi- 
table, como el cerdo y el cuy según Tarchanoff y Beeh- 
terew, pueden ya andar y dar muestras de una activi- 
dad nerviosa distinta de la refleja; Fuchs lia demos- 
trado que el niño recién nacido no posee fibras mieli- 
nizadas en la corteza y (jue la adquisición de esta subs- 
tancia principia hasta los cinco meses en la lámina zo- 
nalis y en los estratos piramidales solamente hasta el 
final del primer año, teniendo a los quince meses apro- 
ximadamente la corteza su espesor normal; las primeras 
fibras asociativas inician su aparición desde los siete me- 
ses y continúan desarrollándose y formando relaciones 
complicadísimas hasta la edad de veinticinco o treirrta 
años según Cajal y Yulpius para adquirir su máximura 
de complexidad de los cuarenta a cincuenta años sin 
que el desarrollo se suspenda totalmente con posteriori- 
dad pues según los trabajos de Donaldson son el aumento 
en peso del cerebro está representado por una curva 
primero rái)ida y después lenta ])ero eonstantemente 
ascendente hasta una época (pie podría corresponder a 
un hombre de noventa años; con razón se ha dicho ([iie 
el cerebro puede considerarse como órgano cuya evolu- 
ción no termina nunca, sino que interrumpida con la 



EVOLUCIÓN DEL SISTEMA NERVIOSO 573 

muerte del individuo continuará, con sus inherentes 
vicisitudes, en la especie. 

Considerado en su conjunto y desde el punto de vis- 
ta especialmente funcional nos parece cada vez más jus- 
tificada la división Edingeriana del sistema nervioso en 
dos partes ; el Palencéfalo que sepresenta, de acuerdo 
con las actividades de cada tipo, la estiiictura fijada 
al través de un número de generaciones tan antiguas 
y remotas como el mundo orgánico, asiento ya de los 
reflejos simples que nos aproximan a los peldaños in- 
feriores de la animalidad, ya de los reflejos múltiple, 
complexa y estructuralmente definidos que constituyen 
el instinto o bien las nuevas adquisiciones que impre- 
sionando primero la corteza, llegan a afectar el palenc«''- 
falo dando los instintos ad([uiridos. las aptitudes que 
más o menos ocultas no son sino la exteriorización de 
arreglos de textura fijados después de un proceso de 
desesperante laboriosidad y lentitud ; esta parte es la 
que primero adquiere su perfeccionamiento y madure/ 
y cuya evolución casi termina en las primeras etapas 
de la vida. El Xeencéfalo es la porción más plástica y 
de reciente adquisición, integrado no sólo por las áreas 
sensitivas o motrices sino por centros de asociación nun- 
ca acabados, con inmensos espacios cuyas funciones nos 
son desconocidas y que tal vez constituyen campos pro- 
picios para nuevas adquisiciones, para futuros retoques 
en los que fincamos las esperanzas de perfeccionamien- 
to, el anhelo de una humanidad que deje de ser forma 
tan imperfecta y transitoria para acercarse, conforme a 
las leyes genialmente expresadas por Darwin a ese ideal 
lleno de belleza y de maravillas que a partir de un sim- 
ple ' e imperfecto origen seguirá desenvolviéndose er 
la sucesión de los siglos. 



SOCIÉTÉ SCIENTIFIQUE "ANTONIO ÁLZATE".— MÉMOIKES T. 39 575 



LA INDUSTRIA DEL AZUFRE 

Y LOCALIZACION DE SUS CRIADEROS EN LOS 

ESTADOS UNIDOS MEXICANOS 

POR EL INGENIERO 

ENRIQUE A. CERVANTES. M. S. A. 



(Sesión del 2 de Agosto de 1920) 



APLICACIONES INDUSTRIALES.— Son bien extea- 
soa los usos que en la actualidad se hacen del azufre 
siendo muchos de ellos de gran importancia. 

Es uno de los principales componentes para la fa 
bricación de diversos productos químicos ; del ácido sul- 
furoso, del sulfuro de carbono, de los sulfuros de cobre, 
mercurio, potasio, sodio, etc. ; siéndolo también para l;v 
goma elástica vulcanizada y para la fabricación del pa- 
pel. 

Se fabrican con * azufre las mechas azufradas que 
se hacen arder en los toneles donde se envasa vino con 
el fin de disminuir la causa de su alteración. 

Su fluidez y la propiedad de solidificarse por en- 
friamiento hacen que se emplee con eficacia en el mol- 
deado de medallas y producciones de relieve. 

Se utiliza también para soldar el fierro con la pie- 
día, y para ello se practica un agujero en la piedra, 
el cual se llena con flor de azufre introduciéndose en él 
la barra de hierro previamente calentada al rojo. 



57G * ING. ENRIQUE A. CERVANTES 

LOCALIZACION DE LOS CRIADEROS EN LOS ESTADOS 

UNIDOS MEXICANOS 



AGUASCALTENTLS 

Partido de Ocampo. 

En la Municipalidad de Tepezalá. 

BAJA CALIFORNIA 

Distrito Norte. 

En la sierra de Ciicupás, mina del Promontorio, Mu- 
nicipalidad de Ensenada. 

Distrito Sur. 

En la Mnieipalidad de Mulugé, Volcán de "Las 
Vírgenes. ' ' 

COAHUILA 

Distrito de Monclova. 

En el Mineral de Sierra Mojada, jMunicipalidad del 
mismo nombre. 

Distrito de Parras. 

En la sierra de Mayran, mina San Rafael y en ol 
cerro de la Mala Noche, pertenecientes al rancho de las 
Norias, de la Municipalidad de Parras, 

Distrito de Río Grande. 

En terrenos de la hacienda de Guadalupe, de la Mu- 
nicipalidad de Guerrero. 

Distrito de Viesca. 
Cerca de la estación de Hornos. 

En la sierra de Baicuen y Burras pertenecientes a 
la hacienda de Arenal, IMunicipalidad de Viesca. 
En la ^Municipalidad de ^latanioros Laguna. 



LA INDUSTRIA DEL AZUFRE EN LOS EE. ÜU. MEXICANOS 577 

COLIMA 

Distrito del Centro. 

En la hacienda de la Magdalena, Municipalidad de 
Coquiniatlán. 

CHIAPAS 

Departamento de las Casas. 

En el rancho de Uchubijab, Miinicipalidad de Hiils- 
tán. 

Departamento de Mexcalapa. 

Al Norte del pueblo de Magdalena, Municipalidad 
del mismo nombre. 

En los terrenos de la Municipalidad de San Barto- 
lomé. 

Departamento de Plchucalco. 

En la hacienda de Mexcalapa. 

CHIHUAHUA 
Distrito de Camargo. 

En la sierra de Encinillas, Municipalidad de Ca- 
margo. 

En terrenos de los ejidos del pueblo de Julimes, 
Municipalidad del mismo nombre. 

DURANGO 

Partido de Mapimí. 

En las sierras de la Tajada, lado Este de la Cam- 
pana, Tlahualilo, Indio, Azufre, Banderas y en los ce- 
rros del Jaboncillo, Pedernales y Melones, de la Muni- 
cipalidad del mismo nombre. 



578 IXG. ENRIQUE A. CERVANTES 

Partido de Nombre de Dios. 

En los linderos de las haciendas "El Ojo" y "La 
Ochoa" y en el cerro Colorado, de la Municipalidad de 
Poanes. 

Partido de Santiago Papasquiaro. 

Mineral de San Andrés de la Sierra, minas : Espe- 
ranza, Santa Juliana, Fortuna, La Bella, Santa Ejta y 
Huacana de la Municipalidad de Victoria. 

GUERRERO 

Distrito de Alarcón. 

En' el pueblo de Xoxtepec. Municipalidad de Te- 
tipac. 

Distrito de Alvarez. 

En el Pueblo de Tlacoyotitlán, Municipalidad da 
Copalillo. 

Distrito de Bravos. 

En el Pueblo de Huitzotepec, Municipalidad de 
Zumpango del Río. 

Distrito de Hidalgo. 

En el mineral de Huitzuco, de la Municipalidad del 
mismo nombre. 

Distrito de Morelos. 

En terrenos de la Municipalidad de Alcozauca. 

GUANAJUATO 
Distrito de Victoria. 
En el mineral de Xichú cerro de Alamos, Municipa- 
lidad de Xichú. 



LA INDUSTRIA DEL AZUFRE EN LOS EE. UU. MEXICANOS TuO 

HIDALGO 

Distrito de Atotcnilco el Grande. 

En la Municipalidad del mismo nombre, cerca de los 
baños de Amajac. 

Distrito de Huichapan. 

En terrenos de la Municipalidad de Teeozautla. 

Distrito de Tulancingo. 

En la Municipalidad de Singuilucan y en un punto 
conocido con el nombre de "La Peñuela", pertenecientes 
a la hacienda de Cuyaraaloya. 

Distrito de Zacualtipán. 
En terrenos de la Municipalidad del mismo nombre. 

JALISCO 

Primer Cantón. 

En el cerro de Col de la ^Municipalidad de Guada- 
lajara. 

MÉXICO 

Distrito de Chalco. 

En la Municipalidad de Ameca, volcanes de Popo- 
catepetl a Iztlacihuatl. 

Distrito de Otumba 

En terrenos de la hacienda de Solís, de la Municipali- 
dad de Temaxcalapa. 

MICHOACAN 

Distrito de Zinapécuaro. 

En la Municipalidad del mismo nombre, hacienda 
de Ucareo. 



580 ING. ENRIQUE A. CERVANTES 



PUEBLA 
Distrito de Alatriste. 

Ea terrenos de la Municipalidad de Aquixtla, y en 
el rancho de San Isidro Pedernales, barranca de Alcapa- 
rroza y Tlacholoya de la Municipalidad de Chignaliuapaii. 

En el rancho de Cuautelolulco, lugar denominado 
"Hoyo Hediondo", de la Municipalidad de Chignahuapan. 

Distrito de Chalchicomula. 

En ol volcan de Citlaltepee o Pico de Orizaba, Mu- 
nicipalidad de Aljojuca. 

Distrito de San Juan de los Llanos. 

En el pueblo de Tepeyahualco, ^Municipalidad del 
mismo nombre. 

Distrito de Tezuitlán. 

En el pueblo de Chinantla, Municipalidad del mis- 
mo nombre y en un lugar denominado "Las Humeras'', 
de la IMunicipalidad de Tezuitlán. 

Distrito de Zacatlán. 

En el rancho de Trejo, segunda sección del rancho 
Viejo, en un punto llamado "Las Hornillas". 

QUERETARO 

Distrito de Cadereyta de Montes. 

En terrenos de la Municipalidad del mismo nombre. 

SAN LUIS POTOSÍ 

Partido de Catorce. 

• En San Pedro de los Arvida de la Municipalidad 
de Cedral. 



LA INDUSTRIA DEL AZUFRE EN LOS EE. UU. MEXICANOS 581 

Partido de Cerritos. 

En la hacienda de Huacamá y en terrenos del ran- 
cho de Carrizal, hacienda de Agua de Enmedio, Munici- 
palidad de Carbonera. 

PaiTtido de Ciudad del Maíz. 

En la Municipalidad del mismo nombre, rancho de 
Moritas. 

Partido de Guadalcázar. 

En la Municipalidad del mismo nombre, cerro de 
"Los Verdes", pertenecientes al rancho de Tapona, ha- 
cienda de Peotillos. 

Partido de Río Verde. 

En el cerro de la Quemada, hacienda de Agua de 
Enmedio, Municipalidad de Pastora. 

Partido de Venado. 

En la IMunicipalidad del mismo nombre, como a 
500 metros al Norte de la presa de Tepeyac anexa a la 
hacienda de Coronado y en terrenos del rancho del Car- 
men de la IMunicipalidad de Charcas. 

SONORA 
Distrito de Alamos. 

En la Municipalidad del mismo nombre, en terre- 
nos del rancho de Colorado, como a 3 kilómetros, al 
Este de las casas del pueblo. 

Distrito de Altar. 

En terrenos de la Municipalidad del mismo nombre. 

Distrito de Guaymas. 

En terrenos de la Municipalidad del mismo nombre. 



582 ING. ENRIQUE A. CERVANTES 

TAMAULIPAS 

Distrito Norte. 

Eii el cerro de Coronado de la Municipalidad de 
Burgos. 

Distrito Sur. 

En el punto conocido con el nombre "El Chapopo- 
tito", do la Municipalidad de Magiscatzín, y en el rin- 
cón de Santa Lucía, lomerío del mismo nombre de la 
Municipalidad de Villa de Cruillas. 

ZACATECAS 

Partido de Mazapil. 

En el cañón del "Borrego", cordillera de "Tecolo- 
tes", de la misma Municipalidad. 

Partido de Nieves. 

En la Municipalidad del mismo nombre, terrenos 
de la hacienda de "La Noria", en un pimto llamado 
"Sierrecillas". 

Partido de Zacatecas. 

En la ]\Iunicipalidad y mineral del mismo nombre. 



SOCIÉTÉ SCIENTIFIQUE "ANTONIO ÁLZATE". — MÉMOIRES, T 39. 583 



INDUSTRIA Y EXPLOTACIÓN DE LA MICA 

POR EL INGENIERO 

ENRIQUE A. CERVANTES. M. S. A. 



(Sesión del 1" de Septiembre de 1919) 



Sumario : Opinión del Señor Ingeniero D. Trinidad 
Paredes, respecto a los criaderos de mica. — Generalida- 
des. — Composición química. — Biotita. — Flogopita. — Lepidoli- 
ta. — Lepidomelana. — Muscovita. — Paragonita. — Zinnwaldi- 
ta.— Yacimientos. — Explotación y costo. — Precios. — Aplica- 
ciones industriales. — Distribución. — Localización de criade- 
ros en la República Mexicana. — Producción Mundial. — 
Bibliografía. 



México, 28 de Mayo de 1919. 
Señor Ing. D. Enrique A Cervantes. 

Presente. 
Estimado amigo y compañero : 

Me complazco en felicitarle por su trabajo sobre 
''micas", lo considero muy provechoso, y más, en los 
momentos en que empieza a despertarse el entusiasmo 
por el aprovechamiento de varias substancias natura- 
les en el País ; permitiéndome solamente, expresarle algu- 
nas observaciones : 

Los criaderos de "mica" susceptibles de explota- 
ción casi son desconocidos en nuestro país; la causa de 

Mem. Soc. Álzate.— 8-Sepbie. -1921.— t. :!9-38 



584 ING. ENRIQUE A. CERVANTES 

esto no se debe a que esta substancia no exista entre 
nosotros, sino que es una consecuencia directa de su 
poco valor y de la deficiencia en nuestras vías de cornu» 
nicación. Para trabajarse sería necesario recargarla d(; 
altos fletes para llevarla a las estaciones, a más de los 
transportes de mar y tierra, así como las comisiones 
consiguientes para exportarla al extranjero, debido a 
que entre nosotros no tiene aplicaciones. Solamente los 
metales nobles y últimamente el cobre y una que otra 
substancia han constituido nuestra industria minera, pu- 
diendo decirse que la plata es la única que ha podido 
soportar nuestra deficiencia en transportes. 

Al hablar de "micas" me refiero a la mica explo- 
table pues como es bien sabido, la mica en láminas pe- 
queñas existe en numerosas rocas ígneas y metamórfi- 
cas ; algunas andesitas en la falda occidental del Iztac • 
cihuatl contienen mica, y nadie intentará decir que allí 
se encuentre un criadero bajo el punto de vista indus- 
trial. Pero en donde afloran los granitos, los gneis y ¡t-s 
mica-esquistos será diferente, allí es muy probable, casi 
seguro, que se encuentren criaderos explotables de es- 
ta substancia. En tal virtud, estos criaderos se encontra- 
rán de preferencia en la zona Sur Occidental do nues- 
tro País y en otras varias como al Norte de Silao, Gto. : 
Peñón Blanco, Zac, quizá Iztaccihuatl, Méx., y lugares 
donde afloren las rocas referidas. 

He tenido oportunidad de conocer uno de los raros 
criaderos de donde se ha exportado algo así como <iuin- 
ee toneladas por vías de experimentación, habiéndose 
publicado una nota "Una mina de mica en el Estado 
de Oaxaca" en un número del Boletín Minero. En este 
criadero puede notarse el error que existe en considerar 
la mica como si fuera plata, y tratar las minas y las 
vetas de ambas substancias como iguales, e intentar su 
valorización y explotación de una manera semejante; 



INDUSTRIA Y EXPLOTACIÓN DE LA MICA 585 

este error sin duda conducirá a consumir inútilmente 
algunos capitales y lo que es mas malo aún, a desacredi- 
tar la explotación de esa substancia, 

Trinidad Paredes Rúbrica. 



GENERALIDADES 

Las "micas" están constituidas por silicatos y en al- 
gunos casos por hidro-silicatos de alúmina con potasio 
e hidrógeno, conteniendo también manganeso, y 'raras ve- 
ces óxido férrico, sodio, litio, etc. Siendo las propieda- 
des características de estos minerales su fácil exfolia- 
ción en cuya virtud pueden separarse en láminas muy 
delgadas, flexibles y resistentes, y agregando a esto su 
transparencia e incoductibilidad eléctrica, fácil nos se- 
rá comprender su importancia industrial, pues es casi 
indispensable en las manufacturas de aparatos eléctri- 
cos, aisladores, maquinaria, estufas, etc., etc. 

COMPOSICIÓN QUÍMICA 

La composición químico-teórica, de las diversas mi- 
cas está a continuación, haciendo notar que la mayor 
parte de ellas, contienen cantidades de mezclas menu- 
das de minerales extraños que alteran los análisis, así 
como que en la generalidad de los casos, los elementos 
equivalentes se reemplazan los unos a los otros dentro 
de cierta medida, por lo que los resultados obtenidos, 
concuerdan raramente con las composiciones teóricas. 

- Biotita: (H,K,) (Mg.Fe",) (Al,Pe"i,) SiAs- 

Conocida en el comercio por mica negra. Sistema 
de cristalización : monóclinieo. Dureza : 2,5-3. Gravedad : 
2,7 - 3,1. Lustre : resplandeciente poco más o menos aperlado. 
Color: generalmente de verde obscuro a negro. 



586 ING. ENKIQUE A. CERVANTES 

Según Tsehennak es una mezcla de H^KAl.^SijO.^ 
(muscovita) y (Mg.Feo) SiO^ (Olivino) en el estado nor- 
mal de 1 :3. 

La biotita es un constituyente común de las rocas 
cristalinas, granitos, gneis, etc., obteniéndose algimas 
veces asociada con la muscovita. 

Flogopita : M.Mg^Al.SioO,,,. 

Llamada también mica ámbar, Dureza : 2. .3-3. Grave- 
dad: 2,78-2,85. Lustre: aperlado. Color: amarillento, 
castaño rojizo, verdusco, etc. 

Su composición es: sílice (SiO.J 40.8, alúmina (ALOsj 
13.9, mag-nesia (MgO) 2.6, potasa (K2O) 12.7. Suele encon- 
trarse en las dolomías y demás carbonatos calcicos cris- 
talizados, así como también en las serpentinas. 

Lepidolita : HLiaK^Al^SieOv. 

Dureza : 2,5 - 4, Gravedad : 2,8 - 2,9. Lustre ; aper- 
lado. Color: rosado, violeta, gris, amarillo o blanco. 

Su composición es: sílice (SiOJ 48.6, alúmina (Al,0..'< 
27.4, potasa (K.O) 18.9, litio (Li.O) 4.0 y agua (H.O/ 
1.1. 

De las micas aíjuí descritas es la más rara, y ge- 
neralmente ocurre en los granitos y gneis, y algunas ve- 
ces está asociada en las casiteritas y turmalinas roja, 
verde o negra. 

Lepidomelana : HK.Fc," Fe, '"Al.Si, 0,o. 

liajo este nombre está comprendida una serie de 
micas ricas en fierro, las cuales se encuentran en pe- 
queñas placas en las rocas plutónicas. Su composición 
es sílice (SiO.) 36.1, alúmina (ALO,) 10.3, óxido de fie- 
rro (FeO) 14. 4, óxido férrico (Fe.Oj) 32.1, potasa 
(K.O) 6.3 y agua (ILO) 0.8. 

Muscovita : M,.KAl,Si.^0i2. 

Comercialmente conocida por mica blanca o clara, 
y es la (pie iíidustrialmente tiene más demanda. 



INDUSTRIA Y EXPLOTACIÓN DE LA MICA 587 

Cristalización : monoclínica. Dureza : 2-2.5. Gravedad 
2.76 - 8. Lustre : vitreo, poco más o menos aperlado. Su 
color es variado entre el plomo al gris, verdoso, ama- 
rillento y algunas veces rosado. Sus láminas son trans- 
parentes. 

La composición normal de la muscovita propiamente 
comercial es como sigue: sílice (SiOo) 45.2, alúmina 
(AI2O3) 38.4, potasa (KoO) 11.8 y agua (H,0) 4.6; aun- 
que frecuente contiene a más de estos componenetss pe- 
íiueñas cantidades de fluorita y fierro, haciéndose este 
último notable en las hojas obscuras y manchadas de 
rojo. 

Es la más común de las micas y se le encuentra gene- 
ralmente en los granitos, gneis, raicasitas, etc. 

Paragonita : NaNaAlaSigOia. 

Sistema de cristalizí^ción : amorfo. Dureza: 2.5-3. 
Gravedad : 2.78 - 2.90. Lustre : perla. Color : amarillento, 
gríseo y verdoso. 

Su composición es : sílice (SiOJ 48.1, alúmina (AlgO;..) 
40.1, sosa (NaoO) 8.1 y agua (H.O) 4.7. 

Zinnwaldita : Li^K^Fe," Al,Si,0,,,. 

Sistema de cristalización: monoclínieo. Dureza: 2.5-3, 
Gravedad : 2.82 - 3.20. Lustre : aperlado. Color : violado 
pálido, gris o amarillo castaño. 

Su coposición es: sílice (SiOo) 47.1, alúmina (ALO,) 
22.9, potasa (KoO) 10.5, óxido férrico (FeO) 16.1 y li- 
tio (LigO) 3.4. Caracteriza en las vetas de pegmatita, 
entre granitos y gneis. 

YACIMIENTOS 

Las micas se encuentran siempre en conexión con 
la pegmatita, roca compuesta de cuarzo, feldespato y mi- 
ca; presentándose los minerales en cirstales de gran ta- 



588 ING. ENRIQUE A. CERVANTES 

maño y en cantidades variables, llegando a tener en ca- 
sos excepcionales hasta 50 por ciento de mica. 

La pegmatita se presenta en formas muy variadas ; 
ya sea afectando la de diques o vetas crestoneando on 
varios cientos de metros, en forma lenticular concor- 
dando con los estratos de los esquistos y gneis, o bien, 
en forma irregular cortando los estratos con potencia 
variable^ de 5 centímetros a varios metros. 

Las partes de la pegmatita (jue contienen mica se 
encuentran generalmente en forma de bolsas o nidos, 
alargándose y adelgazándose de una manera tan irre- 
gular, que es imposible preveer su porvenir, y lo que 
ahora se presenta como un yacimiento lleno de promesas, 
no será más tarde sino lo contrario. 

EXPLOTACIÓN Y COSTO 

En términos generales, el éxito de la explotación 
de una mina depende en gran parte de la administra- 
ción acertada y económica, y de los métodos empleados 
para la explotación del mineral, no solamente con el me- 
nos gasto posible, sino con la previsión y cuidado para 
el porvenir de la mina. Ahora bien, aplicando el caso a 
un criadero de mica que presenta problemas \^(;i'dade- 
ramente difíciles, tanto por los ningunos caracteres tí- 
picos de los criaderos, como por los diferentes métodos 
empleados para su explotación, ya sea por los lugares 
de ubicación, o bien, por la riqueza de los minerales, 
nada podrá decirse respecto a los métodos de explota- 
ción y costo, pues estos dependen de causas puramente 
locales ; sin embargo, la opinión que sobre el particular 
se tenía en los Estados Unidos no ha mucho tiempo 
era : que para que un criadero de mica fuese costeabl*^, 
tendría que dar, siempre que éste fuera explotado en 
forma de canteras, 750 libras por cada 100 tonehidas 



INDUSTRIA Y EXPLOTACIÓN DE LA MICA 589 

de roca removida y cerca de 1,250 libras si los trabajos 
estuviesen a más de 300 pies de profundidad. 

Esta opinión no podrá tomarse como base, pues en 
realidad todo depende de su demanda industrial, y en 
relación con esto de su precio, calidad, situación y otras 
muchas causas particulares. En nuestro País, dada la nin- 
guna explotación que hasta la fecha se ha hecho, so 
tendrán que hacer estudios para cada uno de los prime- 
ros' casos, y después con la práctica de algunas experien- 
cias se podrá formular en lo que cabe alguna opinión 
particular sobre los métodos de explotación. 

Generalmente en las explotaciones de poca importan- 
cia se utilizan taladros y picos de mano, martillos, cin- 
celes, etc., para las de mayor importancia perforadoras, 
cortadoras, atomizadoras, etc. 

En la separación o corte de las hojas se utilizan 
navajas de dos filos o máquinas eléctricas que hacen 
tres movimientos por segundo. El espesor en que las ho- 
jas pueden ser divididas es de dos milésimas de pulgada. 

Anteriormente sólo se utilizaban las hojas que me- 
dían 2'' X 4'' en adelante, pero en la actualidad nada se 
desperdicia, y tan luego como las hojas han sido cuida- 
dosamente separadas de las rocas que le contienen, son 
cortadas y clasificadas según sus dimensiones, y los ta- 
maños pequeños son pulverizados por medio de máquinas 
para ese objeto. 

PRECIOS 

Los precios de la mica son variables, y éstos depen- 
den más bien de su clase, producción y demanda indus- 
trial ; dando a continuación la variación habida en los 
últimos años en los mercados de Estados Unidos y los 
cuales se refieren únicamente a hojas de buena calidad. 



590 



ING. ENRIQUE A. CERVANTES 



Precios de hojas de mica pagados en los mercados 
de los Estados Unidos, durante los últimos cinco años. 



DIMENSIONES 
EN PULGADAS 


PRECIOS POR PUL( 


;ada '¿ (CTs. 


ORO AMERK 


•ANO) 


1913 


J914 


1915 


1916 


1917 


Ux 2 


1 

4. 33 


(3.7 


ao 


13.3 


2x2 


7.5 (3.3 


10. 


13.8 


17.5 


2x3 


11.7 10.8 


11.7 


15. 


18.3 


3x3 


12.8 


11 1 


111 


15. 


17.2 


3x4 


11.3 


10 


10.4 


14.2 


15.4 


3x5 


11.3 


10. 


10 


13. 


14.3 


4 X (i 


9.4 


8 3 


8.8 


11.9 


12.9 


(3 x () 


8.3 


7 5 


7.8 


97 


10.6 


tí X 8 


8.3 


7 5 


73 


10.4 


9.8 


8 X 10 


7.5 


68 


6 5 


9.4 


9.4 



El siguiente cuadro manifiesta lo.s precios de mica 
según sus dimensiones y clases, pagada en el Sur de los 
Estados Unidos, durante el año de 1918, por una libra. 



DIMENSIONES • 


BUENA 


LmEBAMKNTK 


DN peco 


(on pulgadas) 


CALIDAD 


MANCHADAS 


MANCHADAS 


Triturada 


0.07 


06 


05 


U X 2 


45 


35 


0.20 


2x2 


80 


0(33 


35 


2 x3 


1 25 


100 


0.65 


3x3 


1.60 


1.40 


0.90 


3x4 


1.90 


1.60 


1.20 


3x5 


2.25 


1.90 


140 


4x6 


3 25 


2.50 


1.75 


6x8 


5 00 


3.75 


2 25 



APLICACIONES INDUSTRIALES 



Los diferentes usos de la mica en la industria de- 
penden en gran parte de su forma, ya sea en hojas o en 
polvo. La mica en hojas se emplea en la manufactura de 
aparatos eléctricos como aislador, ya sea en la maqui- 



INDUSTRIA Y EXPLOTACIÓN DE LA MICA 591 



naria dinamo-eléctrica, "sockets", teléfonos, tapones, et''. 
Reemplaza al vidrio en la manufactura de algunos ac- 
cesorios de automóviles, lámparas de gas, pantallas y 
demás, habiéndose empleado últimamente con motivo de 
la guerra Europea para la fabricación de caretas contra 
los gases asfixiantes. 

La aplicación de la mica hecha polvo se emplea en 
el decorado del papel tapiz, pinturas de fantasía, lubri- 
cantes y para la conservación de maderas y armaduras 
de hierro, o bien, moldeado para aisladores eléctricos. 

DISTRIBUCIÓN 

Bajo el punto de vista industrial los depósitos de 
mica se reducen a unos cuantos países. La mayor parte 
de muscovita se obtiene de la India Británica y los Es- 
tados Unidos, y en menor cantidad por el Canadá, Bra- 
sil y África Alemana del Este ; pudiendo decirse que el 
abastecimiento mundial de flogopita se reduce solamente 
al Canadá. 

En México son bien pocos los lugares donde se ha 
localizado este mineral, pues dada la poca importancia 
que ha guardado en la Industria Minera de nuestro 
País, ha permanecido hasta los últimos años inexplota- 
da y hasta cierto punto desapercibida. 

LOCALIZACION DE LOS CRIADEROS EN LA 
REPÚBLICA MEXICANA 

BAJA CALIFORNIA 

Distrito Norte, Mun. Ensenada, Min Alamos. (*) 



(*) Datos tomados del Catálogo Sistemático y Geográfico 
de las especies mineralógicas de la República Mexicana.— 
J. G. Aguilera. — Las localidades de ocurrencia de minerales en 



592 ING. ENRIQUE A. CERVANTES 

COAHUILA 

Distrito de Monclova, Municipalidad de Romero Ru- 
bio. 

CHIHUAHUA 

Distrito de Mina, Municipalidad de Guadalupe y 
Calvo, Sección Municipal de San Simón, lugar conocido 
por "El Arenal". 

HIDALGO 

Distrito de Atotonilco el . Grande, barranca de Re- 
gla (muscovita). (*) 

OAXACA 

Municipalidad de Santiago Tenango, Ex-Distrito de 
Etla, loma del Ho^'o, fundo "Asunción". 

Municipalida de San Francisco, Ex-Distrito de Etla, 
hmdo "Esperanza". 

Municipalidad de Telixtlahuaea, Ex-Distrito de Etla, 
Cañada de Meza, fundo "María Isabel". 

Cañada de Sosola, fundo "Panchita". 

Cañada de Alacrán, fundo "La Carolina". 

Municipalidad de Santa María Peñoles, Ex-Distrito 
de Etla, Cañada de la Hormiga, fundo "La Hormiga". 

En la ladera del Manzanito, fundo "El Consuelo". 

]\Iunicipalidad de Santiago Tlazoyaltepec, Ex-Distri- 
to de Etla, en la ladera de la Cañada de la Bos, fundo 
"Olga". 

Municipalidad de Asunción Mixtepec, Ex-Distrito 
de Zimatlán, en la cumbre del cerro "El Peral". 

^lunicipalidad de Santa María Vigjillo, Ex-Distrito 
de Zimatlán, fundo "La Trinidad". 



este catálogo, no implica que éstos estén en abundancia, pues 
en muchos casos su origen es secundario y en cantidades tan 
pequeñas que no costea su explotación. 



INDUSTRIA Y EXPLOTACIÓX DE LA MICA 593 

J\í'iuicipalidad de San Miguel Reyes, Ex-Distrito de 
Zima ti áü, loma de la Tabla, fundo "Las Delicias". 

Miuiicápalidad de Santa Cruz Mixtepec, Ex-Distriío 
de Zimatláu, loma de la Maguellera, fundo "Santa Ali- 
cia'", y en la hacienda de Trapiche. 

Municipalidad de Ziniatlán, Ex-Distrito de Zimatlán, 
Ij-^a de Piedra Blanca, fundo "Panchito". 

SINOLOA 

Distrito y Municipalidad de San Ignacio, terrenos 
del Checo, fundo "La Aurora". 

SONORA 

Distrito de Sahuaripa, Municipalidad de Bacanora, 
a 550 metros al Sur de la Huerta de Galindo, en la 
falda del cerro de lá citada huerta, fundo "San José". 

VERACRUZ 

Cantón de Jalapa, Municipalidad de Las Vigas, Ba- 
rranca de Tatatila. 

ZACATECAS 
En la mina de la Capilla (Muscovita). 



PRODUCCIÓN MUNDIAL 

El siguiente cuadro manifiesta los principales países 
productores de mica, habiéndose reunido en la columna 
"otros países", las cantidades correspondientes a las na- 
ciones cuya producción es insignificante como son : Bra- 
sil, Argentina, Transvaal, Madagascar, Ceylan, Austra- 
lia, etc. 



594 



IXG. ENRIt^VE A. CERVANTES 





Est. Unidos 


India 


Canadá 


Otros países 


TOTAL 


Anos 


kilóeramos 


kilogramos 


kilogramos 


kilogramos 


kilogramos 


1900 


5.193.628 


930.771 




907 


6.125.306 , 


1901 


2.132.790 


1.155.752 




907 


3.289.449 i 


1902 


1.439.701 


1.036 911 




77.111 


2 553.723 \ 


1903 


1.786.245 


1 094 064 




35 380 


2.915 689 I 


1904 


1 297.273 


i. 005. 160 





11.793 


2.314.226 ¡ 


1905 


1.440.608 


1.163.010 




13.608 


2 617.226 ¡ 


190() 


1.996.712 


2.383.172 


520 724 


44.452 


4.945.060 


1907 


3.225.039 


2 367.750 


702.160 


48.988 


6.343.937 


1908 


2.633.555 


2.428.532 


395.532 


113.398 


5.571.017 


1909 


4 531.384 


1.492.318 


334.751 


110.676 


6 4e>9 129 


1910 


4 810.797 


1.029.654 


687.645 


156.943 


6.685 039 


1911 


4 042.412 


1 537.677 


535 239 


187.787 


6.303 115 


1912 


3.310 314 


1.983.547 


526.167 


196.859 


6.021.887 


1913 


5.599 140 


2.075.637 


1.001.531 


9.979