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-íí^n^i 



ííí^s^ 













5?^-^ 






Digitized by the Internet Archive 

in 2010 with funding from 

University of Toronto 



http://www.archive.org/details/midiariogambOOgamb 



MI DIARIO 



POR EL MISMO AUTOR: 



Del Natural. Esbozos Contempor&neoB, K. G^mez 
«le la ruonte, editor, 3a. edición, México, 1915, 
( •>,non ) 1 volumen 

Apariencias, J. Peusor, editor, fíucnoa Aires, 1892, 

(-.••••O) EROUd» 

Impresiones y Recuerdos, A. Mocn, editor, Buenos 

.\iris, 1SÍ)3, (2,000) agotada 

Suprema Ley, Vda. de Ch. Bourot, editor, París- 

M.'xico. 1S9R. (Ti.OOO) n»rotada 

Metamorfosis, (iiiatt-mnln, 1899, (4,000) acotada 

Santa, K. (ióine/. do la Puente, editor, 5a. edición, 

M^xi.o, IIMJ». (30,000) 1 volumen 

Reconquista, K. (iómez do lu Puente, editor, Ma- 

dri.l Móxico. 1}»0S. (2,000) 1 volumen 

Mi Diario: Intimidados, literatos y literatura, 
"La Gaceta de Guadalajara," editor, 1er. to- 
mo de la la. serio, 190M, (4,000) 1 volumen 

Mi Diarlo, K. Gúmoz de la Puente, editor, México, 

l'.'iO, 2(1. tomo do la la. serio, (2,000) 1 volumen 

La Llaga, K. Gónu*/ do la Puente, editor, Mndrid- 

M.'xiro, ISM.I, (4.000) 1 volumen 

La Novela Mexicana, Conferencia, R. Gomos de 

la Puente, editor, 1914, (1,000)....... 1 folleto 

TEATRO: 

La Señorita Inocencia, arrollo tl<-l vaude\ illeope- 

n f.i ' ' M:»iii/ 'llr Nitouiho," México, 1888.... af^otada 

La Moral Eléctrica, arrollo del vaudeville "Lo 

Fiarr.- 117." (iuatomala, 1KS9 n){otadn 

La Ultima Campaña, comedia original en tren ac- 
tos y <n prosa, México, 1894, 2u. edición, Gun- 
tomála. ll'iHi agotada 

Divertirse, monólogo en prosa, original, México, 

I s'.H agotada 

La VengaBsa de la Gleba, drama original en tres 
:t< tox y m prona, WAshington, I). C. (G. U. 
.!.• A. » lili' \ agotada 

A Buena Cuenta, drama original en tres actos y en 

prona. Han Sal\»d<ir, «". A., 1907 1 vcdumen 

PRÓXIMO A PUBLICARSE: 

MI Di&rlo, lor. tomn «le In noguiida mrir I volumen 

EN PREPARACIÓN: 
La Confesión de un Palacio. Kii!ta.\<i noltro Histo- 
ria Nacional 3 vojúma. 

Todas esta» obras se hallan do venta en las principales li- 
hroría»: para podido» ni por mayor, dirigirse n la casa edito- 
rial de Ensebio Gomas de la Puente. Apartado PoHtal C>9 bis. 
•D 1a ciudad de México, o a las de *"•> • orr. m>. ixulra / Agen 
tes en U Rrpábliea y en el Kxt«ri< ■ 



FEDERICO GAMBOA 

C. DE i^ Bbal Acaokmia BspaSoi^ 



MI DIARIO 



PRIMERA SERIE— III 



" ......no te enojes si algunos tuvie- 

*'ren tnala opinión de tí, y dijeren lo 
"que no quisieras oír. — Tú debes 
sentir de ti peores cosas, y tenerte por 

el más flaco de todos " 

Tomás de Kempis 







MÉXICO 

EUSEBIO GÓMEZ DE LA PUEÍSITE, EDITOR 

/•:;-:.<;..-:>- ; í . ±kJ^\^ _ , ?,- ;."o."}b CCrs f.*):,-: 



Quedan asegurados los derechos de 
propiedad, conforme a la ley. 



NOTA l»iri. Al'TOH: Kl j.r. 
hmtm rinoo •&«• ; mi «xpalrUr 



a r •« I il o 



MÉXICO 

1901 



1.° DE ENERO. — Eu el preciso instante en que cohe- 
tes, dianas, repiques de templos y silbatos de máqui- 
nas atruenan los aires saludando a este primer año 
del siglo XX ; cuando vibra todavía la campanada úl- 
tima de las 12 de la noche que ha muerto, mi mujer 
y mi hermana hanse prosternado a rezar las viejas 
plegarias de las casas católicas, que desde niño uno, 
viene escuchando en las fechas memorables y sa- 
cras .... Las beso a las dos, y me llego a la cama de 
mi hijo, que, sin dársele un ardite dentro de sus die- 
cisiete meses de vida el que los siglos vayan y vengan, 
duerme apacible y filosóficamente. Cuidando de no 
despertarlo, besólo también, y lo bendigo, convencido 
de que las bendiciones o maldiciones de los padres, al- 
canzan a los hijos ! . . . 

¡ Cuánto bien le deseo ; cómo anhelaría acumular 
sobre su rubia cabecita, dicha, dicha, siempre dicha, 
la que a muy duras penas disfrutan los afortunados 
de veras! 

¡Dios sólo sabe lo que será de este pedazo de mi 
alma ! 

Yo apetezco que, así sufra mucho, sea ante todo ca- 



5 — 



F. GAMBOA 

ballero, caballero a toda costa, auu a costa de la muer- 
te. Pero no caballero del cuño corriente, nó; caba- 
llero a la antigua, a la aiitiquísiina, de los que ya na- 
da más van íjuedando borrosos y vagos en el recuer- 
do de los descendientes de las familias linajudas, y 
en los cuadros vetustos de los museos y catedrales. 
Que su propia coneieneia ¡lo unieo in.sohornable! sea 
su juez y su puía ; y que el día que se considere irre- 
vocablemente honorable y honrado, cuando crezca y 
llegue a hombre, si yo estoy muerto, piense en mí, y 
mis flaquezas, a él en fortalezas se le tornen, y escar- 
miente en mis penalidades, y no incurra en mis de- 
fpctas e imi)erfee(iones; y en compensación de lo 
»iue yo he sufrido y luchado, él luche y sufra lo me- 
nos posil)le. Si rsloy vivo para mtonces. (jue me pa- 
gue rstos Im'sos <|ue a modo de aguinaldo y de présta- 
mo deposito en sii frente inmaci^lada de ángel que ig- 
nora el pecado, las pasiones y los vicios, con réditos 
de réditos, como druíior de una inmen.sa deuda usu- 
raria y sin saldo. . . 

Luego, me acuesto; y a obscuras me río de lo que 
anhelaba des<le muchacho alcanzar e.sta vigésima cen- 
turia. ¡Ya sucedió! ¡y qué?... pues, nada; lo mis- 
mo que euídquiera otra noche de cualquier mes y de 
enabjuier año. ¡La transición ha sido meramente sub- 
jetiva! 

4 OK KNKBo. — Kn el viejo castillo de Chapultepec, 
invitado a un almuerzo con que el Presidente de la 
R<'pública ob8c<|uia al Cuerpo diplomático ettranjero. 

¡ Día intcrcHante ! 

\a cofia comienza desde abajo, desde la gruta bia- 

— 6- 



MI DIARIO 

tóriea en que, es fama, una loba dentro de eila es- 
condida, devoró a dos pequeños hijos de un jardine- 
ro que moraba en el alcázar, quienes en ahorro de 
distancia y tiempo, por la gruta se aventuraron ; to- 
da una leyenda de hace muchos años, cuando Santa 
Anna o cuando Maximiliano : la madre, muerta tam- 
bién entre las ensangrentadas fauces de la fiera, por 
haberse lanzado al rescate de los chicos que tanto tar- 
daban ; el padre, luego, en singular combate con 
el animal, en plenas tinieblas, armado de un mal cu- 
chillo . , . Hoy, vense lacayos, vidrieras grabadas y 
giratorias, "mar(iuesa" de cristales apagados; en el 
corredor subterráneo, pasillo muelle, de yuto, ilumi- 
nación eléctrica, estufas encendidas, tintineo de cam- 
panillas, y, a los fondos, ascensor de lujo en cuyos 
interiores harmouízanse el apagado tono de un pélu- 
che rojo, la opacidad metálica de les rejas caladas, y 
la broncínea color del criado de uniforme, reverente 
y mudo, que maneja la infantil maquinaria del apa- 
rato. De improviso, inundación de luz cenital, y el 
ascensor detiénese muy blandamente en una terraza 
esmaltada de flores, con fuente a su mitad, y hasta 
media docena de servidores enfracados que nos des- 
pojan de abrigos y sombreros. 

No conocía yo la residencia, antójaseme sencilla- 
mente imperial ; me explico las preferencias de que 
la han hecho objeto todos nuestros gobernantes, de 
los aztecas acá. ¡ Qué lontananzas ! Todo el valle, to- 
do nuestro valle soberano y profundamente melancó- 
lico a pesar de su sol: allá, los volcanes; allá, la me- 
trópoli erizada de torres que se esfuman ; allá, en emi- 
nencia verdegueante, Dolores, la necrópoli, la rival 



/'. (ÍAMBOÁ 

i\v la urho viva, a la que ya se habría trapeado si no 
fuera por las reservas que de otras partes la llegan ; 
af|uí y allí, los árboles que lardean las calzadas o se 
agrui)au. lejos, en los puebleeillos suburbanos, pare 
cen j)roeesiones místicas d»* quinu''rie.oR i^erepriiios 
que caminaran lenta y majestuosanunte, vestidos il.' 
hojas y ramas, en busca del agua que suspira en los 
canales indios y en los lagos distantes y azides, que 
alguna vez han de apagar la sed de la popidosjí ciu 
dad colonial, la de los recuerdos de oro. . . 

Hemos sido de los prinuTos. I^a esj>08a del Presi- 
dente. ('arnu>lita, — y conste (pie si la nu'iiciono con 
llaneza tanuiña, débese- a que nadie la denomina de 
otro modo, es un diminutivo afectuoso con (pie el pú 
blico j)rcMna sus bondades y virtudes, — L'armelitA nos 
recibe y .s;iluda con su moilcsta distinción y su sin 
par dulzura. En su voz suave y melódica d«' copa de 
baccarn vacía, el nombre de mi mujer y <•! apellido 
mío me suenan gratamente. 

El Oeueral, Herio siempre, siempre en su papel ; 
sin sonrisas, sin inclinaciones de su cuerpo alto y 
fuerte; su rostro, ipie nunca lo traiciona, en el «pie 
nadie puede descubrir cuándo está contento y cuan 
do di.sgu.stado. per|>ettmmente enigiiuitico. (liarla 
breves inst4iiites con Liiiiantour y conmigo, de nada, 
futesas que deletrea «lespacio, s«Miiivuelto al panora 
ma dclicio.so. 

Y yo me bago una wrie de preguntas, lo tpie me he 
preguntado desde la vez |M'imera que le hablé : 

— 4 Cómo se las coini)ondrá para engendrar aiei- 
ton, n-futos. no las adidacioiH's y los ri'spctos o mié 
dos egoístas y facticios con «pie lo tratan y w le acor- 

— 8 — 



MI DIARIO 

can los que se proclaman sus amigos, sus partidarios, 
— léase, las tres cuartas partes de los pobladores de 
la República?. . . — ¿Cómo se las compondrá?. . . 

— ¿Habrá alguien, o algo, que lo haga vibrar? 
¿ Tendrá expansiones, intimidades ? . . . 

Paj-a formar mi juicio, no me basta con la emotivi- 
dad de que en ocasiones da muestras, sobre todo si 
Iiabla en público ; ello tiene que reconocer una neuro- 
sis pasajera y resultante del surménage en que de 
continuo vive a causa de lo mucho que trabaja. Yo 
querría saber de sus amores, de sus debilidades, de 
sus pequeneces. ¿En lo íntimo, en lo muy íntimo, 
será diverso ? . . . ¿ cómo amará a sus hijos, cómo los 
habrá amado cuando fueron pequeños ? . . . ¿ Cómo 
amaría a su primera esposa, y hoy a Carmelita, que 
es mucho más joven que él, más afinada, tan cauti- 
vante y dulce ? . . . 

Las "Memorias" que del General corren publica- 
das, no bastan, ni dan la fisonomía interior de este 
hombre a quien Emerson habría considerado, por sus 
múltiples merecimientos a favor y en contra, entre 
los " representantivos. ' ■ Porfirio Díaz es una gran 
afirmación y todo un carácter. Su. misma idea fija de 
llegar al solio presidencial, — que fué el norte, la 
orientación de su vida entera, — su propósito, (clara- 
mente exteriorizado por cierto,) de no abandonar el 
poder, están revelando una voluntad poco común en- 
tre los originarios de nuestra América, — enferma des- 
de su independencia, y aun desde antes, de anarquía 
medular y abulia superaguda. El General Díaz ofre- 
ce características y rasgos que a perpetuidad lo colo- 
can por encima de casi todos nuestros gobernantes 



F. GAMBOA 

sus antecesores, y quizáis de muchos que veupan tras 
él; ptios no í's fn'(Mi«'nto vtr reunidas en un solo 
hombre tantas y tan vaiias calidades. Todo en él re- 
viste forma -extraordinaria : desde sus estudios (sus 
hióprafos afirman (jue cursó principios de jurispru- 
dencia, lo (pie en aquel entonces, y dada su condición 
social, es de tomar en cuenta), hasta la austeridad de 
su vida; <jue austero ha sido siempre, aun a pesar de 
sus hijos naturales. Acerca de est»* imj>ortantísimo 
capítulo ¡sean rendidas a Dios infinitas pracias! pues 
si llepa a poseer tpmi)eramento sensual y amoroso, 
con su voluntad, que es de roca, y nuestro servilismo, 
que ha sido sin límites ¡ vayan ustedes a saber los es- 
tragos (pie sus ansias no habrían causado on todas las 
esferas sociales, y lo que habríamos disculpado, y aun 
aplaudido, dt'smanes tamaños!... Dichosamente, es 
un casto, i)arti<lario y practicante «le los bopares le- 
gítimos, de las existencias familiares y prolíficas; su 
condueta privada no tiene tacha, es modelo y ejemplo. 

Sin duda por ser lo que es, una afirmación, ha do- 
meñado a México tan com¡)letamente: México hállase 
poblado por inmensji mayoría de individuos franca- 
mente negativos, y, lo que es ]te(tr. ]>(»r individuos va- 
eilantí's y plegadizos. 

Kl (teneral Díaz es el tipo clásico del "caudillo " 
iberoamericjíuo ; aunque atentas sus características sa- 
lientes Sí- singulariza y supera a sus congéneres, ocu- 
pa lugar espeeialísimo en la larga l«H)ría ; también en- 
tre loa "caudillos" los hay positivos y negativos. 

Son positivos: Quirogn y liosas, en la Argentina. 
lU) obstante su ineurable salvajismo cruel ; Portales. 
en Chile; (.'aatilla, en el Perú; Mosíjuera \ Rafael 

— 10-- 



MI DIARIO 

Núñez, en Colombia ; García Moreno, en El Ecuador, 
mal grado su república teológica "del Sagrado Co- 
razón de Jesús " ; el Doctor Francia, en el Paraguay ; 
en el Uruguay, Artigas; Páez, en Venezuela, y en 
cierto modo, también Guzmán Blanco ; en el Imperio 
del Brasil, el P. Feijó; en Centroamériea, Morazán. . . 
Los demás, y cuenta que no escasean, son negativos 
más o menos, pero negativos al fin. 

Ahora bien, la pluralidad y continuidad del fenó- 
meno, debe de llamar la atención. ¿Por qué en las 
Américas los dictadores y déspotas nacen con esa pro- 
fusión, se multiplican, afirman nacionalidades, con- 
suman progresos incuestionables, y a su desapareci- 
miento, — por derrocación, crimen o muerte natural, 
— sus herederos salen equivocados, ideólogos y hasta 
nocivos a las vegadas?. . . 

La respuesta se impone por sí sola : porque la Re- 
pública, — hablo de la ideal, la que representa la su- 
prema aspiración de los pensadores y altruistas, la 
que simboliza una suma perfección, la que tal vez 
pueda alcanzarse al cabo de muchos siglos, — la Re- 
pública nos resultó, cuando no una aberración, una 
•equivocación trascendental que sólo ha producido los 
gobiernos desatentados y trágicos que con aquel nom- 
bre venimos fabricándonos en el Continente, de la In- 
dependencia acá. . . Ya yo sé, por supuesto que lo sé, 
que el día que estas páginas se asomen por ahí a ver 
la luz, a mí me harán ver todas las estrellas d^ la Vía 
Láctea, los de casa y los vecinos, con las catilinarias y 
filípicas que me disparen en castigo de mi afirma- 
ción, por otra parte incontrovertible. Pero así como 
el movimiento se demuestra andando, con hechos 

— 11 — 



F. GA^ÍBOA 

¡res, non vrrba!, demostraré la iucontrovortibilidail 
(¡qué palabraza ! ^ , de mi afirmacióu. 

i De dónde prtK'edemos unos y otros, los de las tres 
Américas, es decir, los ^\lU' de indios y cspañoleii des- 
cendemos t 

l*u«s. de indios, iberos y africanos; y de africanos, 
dos veces, por lo mueho que los ib»*ros tienen de Áfri- 
ca, y i)or los negros imi>ortados «K- alh'i. d>jnint«* la 
( 'olonia. 

J)es<le entonces, eran ios iberos un pro<liicto di- ra- 
zas divrrsiis: ft-nieios y eartaffinescs. los fundadores 
de la ?]s)>afia marítima; berelx-res, los abuelos d«' los 
españoles del Mediodía ; almobades, los responsabh^s 
de la r«*<'oneil¡ae¡ón entre áraÍM-s y cristianos. 

Lt)« indios, nuestros ancestros, ¿de cuántas ra/as 
no provenían?... La ojeada más superficial y pro 
faiui a la Carta Etnojfráííca de México, <|ue ncompa- 
ñii a la obra maj^istral "(ieografia de las Iy<*n(^uas*' 
de don Manuel Oroyx'o y Berra, — \y vaya «pie en ma- 
t«TÍas talrs «-s autoridad n-spetabilísima ! — turulatos 
nos d«-ja «n cuanto a pluralidad de ra/jis al)ori(^ 
ntti. . . £1 mismo autor noa enseña en el texto del li- 
bro citaílo (capítulo XII, "Tabla (frneral «b* clasifi 
cación"», qu<' subsisten hoy, basta once familias «lis- 
tintaa y esparcidas |)or laa anchuras de nuefttro terri- 
torio. Copio a la btra: Mexií-ana; Otbomí; Hiuixte- 
ra-Maya-C¿»ncbé; Mixteca-Za|>oteca ; Matlatzinca ; Ta- 
rasca; (^pata-Tarahumar-Fima; Apache; Seri: Üuai- 
cura, y Co<*himí . . . 

¿Cómo, aobrv cimientos bi'mejantes, cdiíiear una n- 
pública f. . . 

Aparte la mo«icolan7.a étnica, arraigad ÍHimos traía 

— 12- 



MI DIARIO 

mos usos y prácticas de la sumisión, — y aun servilis- 
mo, — más perfecta y acabada. 

Por el lado indio, que es el mayor, un imperio feu- 
dal con monarca absoluto, y porción de caciques, go- 
bernadores de provincias dilatadas cual otros tantos 
reinos ; un despotismo rudo y bárbaro, al decir de va- 
rios escritores, harto inferior al de los Incas, en el 
Perú ; un despotismo ebrio de sangre humana, con 
un Huitzilopoxtli, que en nada la cede a Moloch. 
¿Prácticas?. . . tan monárquicas y suntuosas, que los 
Conquistadores, habituados al esplendor de su corte 
hispana, no daban crédito a sus ojos: 

— ' ' . . . de que vimos cosas tan admirables no sa- 
''bíamos qué nos dezir, o si era verdad lo que por de- 
''lante parecía. . . " — exclama Bernal Díaz del Casti- 
llo en su "Historia Verdadera de la Nueva España." 
Y cuando describe el recibimiento que hiciérales 
Moctezuma en la ciudad de ^léxico, la sola lectura 
nos maravilla y suspende, pues antojase ceremonia 
babilónica, artístico embuste de Marco Polo o cuento 
de hadas y hechicería : 

— " . . . desde allí se adelantaron el Cacamaci, Sé- 
' ñor de Texcoco ; y el Señor de Ixtapalapa ; y el Se- 
' ñor de Tacuba ; y el Señor de Coyoacán a encon- 
'trarse con el Gran Moctezuma, que venía cerca en 
'ricas andas, acompañado de otros grandes señores 
'y caciques que tenían vasallos. Ya que llegábamos 
'cerca de México, adonde estaban otras torrecillas, 
'se apeó el Gran Moctezuma de las andas, y traían- 
'lo de brazo aquellos grandes caciques debajo de un 
'palio muy riquísimo, a maravilla, y la color de plu- 
'mas verdes con grandes labores de oro, con mucha 



13 



F. GAMBOA 

"argentería y perlas, y piedras chalohivis que colga- 
"ban (le unas como bordaduras, que hubo mucho que 
"mirar en ello. Y el Gran Moctezuma venía muy ri- 
"caniente ataviado, según su usanza; y traía calza- 
"dos unos como eotaras, que así se dice lo (pie se cal- 
"zan, hiH suelas de oro, y muy preciada pedrería por 
"encima en ellas. E los cuatro señores que le traían 
"de brazo venían con rica manera de vestidos a tu 
"usanza, (pie parece ser se los tenían aparejados en 
"el camino, para entrar con su Señor; (|ue no traían 
"lo.s vestidos con los (jue nos fueron a recibir. K ve- 
"nían, sin a(piellos cuatro señores, otros cuatro gran- 
"des caei(pies que traían el palio sobre sus cabezas; 
"y otros muchos señores, (pie venían delante del 
"Gran Moctezuma, barriendo el suelo por donde ha- 
"bía de pisar; y le ponían manta.s, ¡wrque no pisase 
"la tierra. Todos estos señores ni ¡wr pensamiento 
"le miraban en la cara, sino los ojos bajos e con raii- 
"cho acato; excepto aquellos cuatro deudos e sobri- 
"nos suyos, que lo llevaban de brazo. K como Cortí'ís 
" vi(') y entendic). . . " 

('on esa leche estaban amanuintados los indios; y 
por la parte (\spañola se la mediaron a ellon y a los 
(•ri(»llos, con las siguientes leccioni's objetivas (Je de- 
mocracia y liberalismo: Corte, Virrey repreí*entante 
absoluto de un monarca absoluto, infalible y cuíisi di- 
vino, (pie en la Colonia asuiuia y n>onop(^lizaba t(Hlos 
los poíleres, mu>' por arriba de tribunah», Xía'xvX Au- 
diencia, tropa, rtc, etc., sostí'n y amparo de la Iglo- 
sia. Durante tres siglos, cursamos años y años (!<• 
|K)mpaii y deMpotisniOH inauditos, de abusos e irres- 
IKinsAbilidadeH: opima preparaeií'»n para la existen- 

— lAi — 



MI DIARIO 

cia republicana ! Los blancos, de amos de los de tues- 
te más subido, léase, de la gran masa. (Este respeto 
al color blanco, ha persistido ; dígalo, si no, la pre- 
ponderancia que tan pronto adquieren los extranje- 
ros en nuestro suelo, así sean unos maulas y buenos 
para nada ... Es la tradicional profecía que doble- 
gó a Moctezuma : de los mares vendrán a sojuzgarnos 
hombres blancos y barbados!) 

Lo peor es que también hayan venido y continúen 
viniéndonos con idénticos propósitos, de allende el 
Bravo; río limítrofe que, para lo mal que ha ciunpli- 
do su misión de estorbar el paso de intrusos con avie- 
sos fines, mejor debiera de apellidarse el "Manso". . . 

Únicamente la Iglesia, a poco de la conquista, se 
impuso por igual a caciques indios y a virreyes go- 
dos, gracias a las convincentes razones que esgrimía : 
excomuniones, azotes, exilios, autos de f e . . . Unos 
cuantos santos varones, los Las Casas, los Gantes, se 
preocuparon y defendieron a los indios, a los niños; 
sin ellos, se declara y trata a los conquistados con 
menos miramientos que a las bestias . . . 

O yo no entiendo palotada, o con antecedentes de 
ese jaez se funda cualquier cosa, excepto una repú- 
blica. 

¡ Pero nosotros sí la fundamos, y nos fundimos con 
la tal fundación! 

Ya Bolívar, en su clarividencia de genio, (y conste 
que respetándolo cuanto se merece, lo quiero menos 
que a su rival San Martín, y aun téngolo por menos 
grande, siéndolo tanto ; — el renunciamiento de San 
^lartín, a raíz de la nunca conocida conferencia de 
ambos en Guayaquil, ni tuvo modelo ni ha tenido 

— 15 — 



F. GAMBOA 

par!) ya Bolívar, y otros que tal. liaMaion t-laro on 
pI asunto, st'giin lo puntualiza t'l .sot-iúlogo prruano 
F. García Calderón m su bien escrita obra "Las De- 
mocracias Latinas de Anirriea". Belprano, quería 
una monarquMi ntodi rada : Bolívar, a los principios, 
monanpiías constitucionales eon príncipes extranje- 
ros, a KíT |>osil)le e.sto último; Iturbide. nuestro liber- 
tador pi-si' a (juicn pese, una uioiuirquía dependiente 
de la española, si después optó por ser él el monarca, 
no lo eidpemo.s. eulpémonos a nosí^tros tjue ya des- 
puntábamos deeiílidos partidari»)s de rendir pleito ho- 
menaje a un Señor. Oti*08 libertadores proi>onían tu- 
telajes, mediadoi-es. piotiH'tt)res y vigilantes. Kl maf?- 
no acaecimi»'nto de la indepen<leneia continental, asus- 
tó a sus propios antori>H (pie no sabían lo «pie iría a 
resultarles. L«et«iras ineendiarias. mal tliperidas v 
inapli('al)l«'s a nuestra eoiulieión de aquellos días, nos 
arrojaron a la República; y la ¡mbrecilla no nos (|ue 
<ló a la medida, nos vino ^'raiide. y nos echamos a an- 
dar a trompicones, aquí me descalaln-o. allá matrúllo- 
nie, más acá sangro: 

— ¡La historia desffarra«lor}i «le la nuti llauuida 
.\mérica latina! 

Por el 29, Bolívar rectificó ruando escrÜM' a cierto 
tninistro colond>iano, que ya no Hpet<>ce reví^ euro- 
peos, sino pn sidt luias pitjulmis jf fUalicias, aterro- 
rÍ7.ado frente a laa tleMnicílidas anibicionus de sus lu 
(fartenientes y al «lespobierno que ve venir: 

— " . . . ninfi^tn príncipe t'Xtranjero querría i>or pa 
"trimonio un principado anárquico y sin garantías; 
"las deudas nacionales y la |>obreza de los país** no 
"consienten el Hontenimietifo de.-or(»so tie un monar- 

— 16 — 



MI DIARIO 

" ca y su corte ; las clases inferiores, temerosas de la 
''desigualdad y preponderancia de la aristocracia, 
"los generales y los ambiciosos, no se conformarían 
"con la idea de verse privados del mando supremo; 
"la flamante nobleza, indispensable a toda monarquía, 
"saldría de la masa del pueblo con todas las envidias 
"y codicias, por una parte, con todos los orgullos e 
"intolerancias, por la otra. Nadie toleraría aristo- 
"cracia tan miserable, revestida de ignorancias y po- 
' ' brezas, animada de pretensiones ridiculas ..." 

La vida de Bolívar, y sus opiniones sobre todo, son 
grandes enseñanzas que convendría propagar para 
escarmiento y ejemplo; con ello se habría apartado 
de los constituyentes de nuestra América, la espesa 
venda que a ellos ios cegó y a nosotros nos ha liecho 
desgraciados ¡Dios sabe por cuánto tiempo! 

Ejerció Bolívar la dictadura; creyó en los benefi- 
cios de las presidencias inamovibles. Enamorado de 
Juan Jacobo Rousseau, el nocivo ideólogo enfermizo, 
juraba que "la voluntad del pueblo es el tínico po- 
"der que existe sobre la tierra", a reserva de corre- 
gir más tarde enormidad tamaña y declarar que "la 
"soberanía popular no puede ser ilimitada". Desde- 
ñó las pompas imperiales; le ofrecieron una corona, 
que se rehusó a ceñir ; paladeó los acíbares de la trai- 
ción y la revuelta ; Páez y Santander se le rebelaron, 
y en tierra de Colombia, a los 47 años, murió prema- 
turamente. Entre muchas virtudes, poseyó la adivi- 
nación : como palpara de lo que es capaz el carác- 
ter (?) americano, — ¡y vaya si sería sastre conocedor 
del paño, él, que cortó nada menos de cinco sayos pa- 
ra otras tantas nacionalidades que le deben el ser. . . ! ; 

— 17 — 



F. (íAMI.o Y 

— y a raíz de sus triunfos viese asomar la fa/ tofva 
(le la anarquía medular íjue nos aflipe, formuló pro- 
f«'cías, <|u«'. a causa de la verdad irndniíral»!»' que las 
aninuí, nos asustan y desconsuelan : 

— "La perman<'ncia en el poder de un inism<t indi 
"viduo, frecuentemente da al traste con los j;obiernos 
"democráticos. . . " 
pero : 

— "La libertad indefini<Ia. la democracia absoluta 
"son los escollos en que zozobran las mejores espe- 
ranzas republicanas. . . '' 

— "Los (¿l'K SKRV1.M0S \ LV ('.M'S.\ DK L.\ l.NDKPEN- 

"dencia amkrican.\, hemos auado en el makü!. . . " 

— "Xi «'11 las naciones ni en los bombn-s i\t' Aiihtí- 
"ca anida la fe: sus convenios, son pap»les mojados; 
"sus constituciones, letra muerta: stis elecciones, pe- 
"leas y batallas: sii libertad. anar(|UÍa, y h\\ vida, un 
"tormento sin termino. . . " 

— " . . . considen» a América en í-stado de crisáli- 
"da: sufíirá «n la c.xi.stfíicia física de sus pobladores 
"una metamorfosis; alguna vez habrá en ••lia una 
"nueva casta, resultante de la mezcla <le to<las las ra- 
"zas, <|uc i»roduz«'a la liomof/iiieidail del pueblo..." 

— " Abantloncmos lo del Triunvirato del Poder Kje- 
"cutivo, y rcconcentn*mo« é«te en \iri Presidente, al 
"(pn» uuff iremos con la a\itoriílad necesaria para íp»c 
"lojfre numti'nenic en el nuindo. . . " 

Por último, y en lo que a México se contrae. I.'o en 
el libro arriba citn«Io <le (Jarcia ('al<len>n que lie ve- 
nido extractando: 

— *'Por la naturaleza de su localidad, riqueza», po- 
"blación y carácter de los mexicanos, — habla el Li- 

— 1« — 



MI DIARIO 

"bertador, — imagino que al principio intentarán el 
"restablecimiento de una república representativa, 
"en la que disponga de grandes atribuciones el poder 
"ejecutivo reconcentrado en un solo individuo, quien, 
"si gobierna con justicia y cordura llegará, casi na- 
' ' turalmente, a conservar una autoridad inamovible ! ' ' 

¡ Es la anunciación de Porfirio Díaz ! 

Y la condenación de la República, no por culpa de 
(día, sino por no hallarnos suficientemente prepara- 
dos para alcanzarla. ¡ Aun nos faltan quién sabe cuán- 
tas dictaduras! dado que por otra parte, acaecimien- 
tos posteriores y trascendentales proclaman que la 
idea monárquica en América, no es viable ni se acli- 
mata tampoco : Iturbide, Maximiliano de Austria y 
hasta Pedro II del Brasil son elocuentísimas pruebas. 
Sin duda ninguna que nosotros en el Norte, los del 
Centro y los del Sur rumbo a la República camina- 
mos ; aquí y allí, creeríase que excepeionaluiente ya 
alguien la afianzó. Hay, pues, esperanzas, fundadas 
esperanzas, — certidumbres, diría yo, — de que llegare- 
mos todos; pero para la mayoría de nuestras nacio- 
nalidades, apenas si la vislumbramos, allá, muy allá, 
como suprema conquista y recompensa suprema . . . 
Antes tenemos que recorrer muchas leguas, muchísi- 
mas, y más morales que materiales; tenemos que pu- 
rificarnos, que enmendarnos siquiera segando orti- 
gas, abriendo surcos, enderezando tallos, seleccionan- 
do simientes; tenemos que realizar so])reh uníanos es- 
fuerzos, porque el daño es milenario y hondo . . . 

Porfirio Díaz es sólo una resultante fatal, — no con- 
fundir este vocablo con funesto, según suele hacerse, 
— y ¡ ya quisiéramos que los muchos dictadores que 



19 



F. (iAMIiOA 

dosdichadaineiite tcwlavía han de polMTiíainos, so pe- 
na, si no, de (ju»' la anan|uía má-s iucah'ulal>K' y es- 
pantosa nos jranfrrrnr y ultiiiu', sean por A estilo su- 
yo! A pesar de sns deteetos, y defectazos, (pie a po- 
rrillo atesora, hállase mny distante de ser un perni- 
eioso o un negativo. Por eneiiin» de todo, ««s un eons- 
tnietor; y eso es de lo (pie liabenios menester, de 
constrnetores, ya (pie con motivo de nuestra juven- 
tud o nuestra desgracia, por eonstruir lo tenemos easi 
todo; sin duda a e.iusa de esta síntesis g<>nial, eonte- 
iiida en una carta (pie Alejandro de IIund>oldt escri- 
bi('» en fraiKM's desde Saiis Souci, a 2() de octubre de 
1844. a William Ilickling Prescott, en Boston, autor 
de la "Historia de la Compiista de M('»xieo". México 
tuvo la iuili ¡H iith ncia (iitl<s ijm h>s flanrntus de la 
Ubi rtad civil . . . 

Y sin libertad civil ;, (pié independencia puede ser 
provechosa ? . . . 

Cunndo Portírio Díaz muera, — digo, cuando muera 
eorporalmente. pues de otro modo, en tanto exista 
^lí'xieo o un recuerdo de Mt'xico, el noudire y la obra 
de Díaz sobrevivirán el mismo tiempo (pie sobrevivan 
la nacionalidad o el recuerdo de ('sta, — <Miaudo mue- 
ra, en el poder probablemente, y el períoílo justicie- 
ro de las reetificaeiones eomienee a desmenuzarlo, 
eausará gran asombro su labor terca y magna: ¡x'gar 
y remendar una tierra destrozada, hasta no darle uni- 
tlad, y unidad n'spetable. ¿C^ue saldrán entonces sus 
manchas a la superficie T ;No habian de salir, si s<)lo 
SI' trjita de obra de vanuí y no d»; semidi('>s o super- 
hombre, M'giin hoy se apoila a aiiuélloa!... ¡Seamot 
justos I Si el Sol. «pie I-sel Sol, — para aplicarle la 

— 20 — 



311 DIARIO 

iinica palabra que le es aplicable, — ostenta manchas 
¿cómo se ha de pretender que individuo de carne y 
hueso no las ostente, v en número mucho mayor del 
conveniente ? . . . 

¡Sí! el General Díaz ha derramado sangre huma- 
na, de hermanos y de extraños; ha conculcado dere- 
chos ¡ sí ! ; ha mutilado libertades ¡ sí ! ; ha perpetrado 
porción de cosas censurables ¡ sí ! . . . pero ¿. en qué 
rincón de la tierra ha habido nunca hasta hoj', un go- 
bernante limpio de tales culpas, y conste que meto en 
la colada hasta a los reyes apodados santos, como San 
Luis? (1) ¿cuál es la tierra bienaventurada que lo 
poseyó? ¿cuál es el nombre de ese gobernante fénix?... 

Y a México, Porfirio Díaz ¿qué le ha dado en cam- 
bio ? . . . i Ah ! no cabe en estas páginas la enumera- 
ción de beneficios reales, tangibles, perdurables varios 
de ellos, por más que la mayoría haya sido impuesta 
a la fuerza. Diversamente, no habrían sido acepta- 
dos. Y aquí viene que ni de molde, aunque al pron- 
to paradoja parezca, el que asiente yo algo que de 
años há está escarabajeándome : 

— ¡ Con ser tanto lo que ha hecho, el General Díaz 
es y será más grande todavía por lo que espontánea- 
mente ha dejado de hacer! 

¿ Qué nó ? 

Veámoslo. Llámese a juicio secreto y personalísi- 
mo cada uno de los lectores mexicanos que la suerte 
me depare, y así nunca externe sus respuestas, respón- 
dase en lo íntimo al siguiente interrogatorio que re- 



(1). — Según el historiador Joiuville, fué el rey San Luis quien 
dijo: "Cuando discutas sobre Teología con alguieu, no trates de con- 
vencerlo: ¡traspásalo con tu espada!" 



21 



F. (iAMItOA 

(luzco a sus proporciones mínimas, aunque tola y 
asunto sobren para jtrolongarlo indefinidamt'ute: 

— ¿Después de afirmarse en el solio, ha po<lido o uó 
el General Díaz gobernar pasando ])or encima de le- 
yes, congresos, gabinetes, magistrados, soberanía de 
los Estados, etc., etc., etc.?. . . 

— i Es o nó cierto de toda notoiicdad. (pir en lugar 
de ello ha gobernado. — hasta donde la estricta ol)ser- 
vancia de leyes, decretos, ordeiiannentos y costum- 
bres no ha pugnado con su política reconstructora, 
vasta y durísima, — respetando las formas y procu- 
rando revestir sus actos, aun algunos baladít's, de le- 
galidad y rectitud?... 

— i Es o nó de asegurar, que hasta en el supuesto 
de que se hubiese iMicastillailo en el más odioso tic los 
despot isnios, a los próximos y remotos, a los menes- 
terosos de pan — ¡el estómago vence siempre a la ver- 
güenza, y hasta jtara <pie el cerebro y la voluntad fun- 
cionen reclama lastre previo y continuado! — a los me- 
nesterosos de pan y a los ahitos y acaiulalados. a lina- 
judos y plebeyos, a políticos y iu)lit ieastros — é.stos 
siempre más abundantes que aquóllos, — a los cpie ¡m)- 
dían ser independientes p<'rpetru»mente y a los (jue 
para vivir tutnn perpetuanienie qm- <lepend«'r de au- 
toridades y gobiernos, a usted, a mí. a a<|U«'l. a casi 
todos en fin. — salvo contadas peisonas. pon|ue to<los 
los denu'is somos, según «•! fenómeno si- consi»lere, o 
cómplices o eoauton's de la actual situación, — nos ha- 
brían faltado manos para aplaudir, labios para elo- 
giar, dueiilidail |>iira (•(nifuniiMtiios eon su régi- 
men?. . 

— ¿Es o nó vt-rdad que al (¡eneral Día/, s»- lia ido 

— 22 — 



MI DIARIO 

dejando la resolución de lo público y lo privado; lo 
mismo el aprendizaje del latín y griego ({iie el uni- 
forme municipal de los cocheros ; los divorcios de ma- 
trimonios desavenidos que los enlaces de las ricas he- 
rederas con extranjeros más o menos nobles y azu- 
les; los límites de los Estados y la política con veci- 
nos y parientes ; el resultado de las cosechas y lo que 
cada cual haya de comer en su domicilio ; lo trascen- 
dental y lo infinitamente nimio? 

Como la respuesta es crudelísima, quédese dentro 
de los repliegues de las conciencias a que no asoman 
nunca mirares extraños ; pero quede también mi ase- 
veración en pie : 

— ¡ Con ser tanto lo que ha hecho, el General Díaz 
es y será más grande todavía por lo que espontánea- 
mente ha dejado de hacer ! 



Sigo examinándolo, en la postura que guarda y a 
maravilla cuadra, según mi leal saber y entender, a 
su personalidad y su obra : así, de pie y descubierto 
frente al valle, desde las alturas de este alcázar asen- 
tado en rocas y secularmente histórico, inmensamente 
mexicano ; semivuelto al panorama elocuente y gran- 
dioso hacia el cual apunta su brazo extendido ; abier- 
ta su mano de sembrador y hombre de acción ; firme 
su pulso, de cazador certero, en tanto continúa ha- 
blando con Limantour y conmigo, de nada, de fute- 
sas que silabea despacio por dificultad orgánica de 
elocución, y por recurso, transmutado en hábito, de 
hombre astuto y cauto que vigila sus propias pala- 
bras gráficas y tardas, y no les da suelta sino muy po- 

— 23 — 



F. GAMIIOA 

eo a jMX'O. a fin de que cuando sus interloi-utores y 
oyentes his «Icsfiguren al repetirlas y propagarlas, ni 
desfiffuradas vayan a tener aleanee muy (liv«*rso del 
que él U's imprimió entre sus labios pálidos, |>or dí»s- 
gra<-ia poi-o pnati»*antes df la sonrisa.... 

Sijfü t xaminándolo. ha^fo nu-ntales eomparacione«, 
pieu.so en sus m«'tamorfosÍ8, en sus virtudes y defectos. 

Su físico promete longevidad incal<\dal)lr. «"s un 
físico casi de vegetal, de encina o roblr tallado a ha- 
cha, triunfador de vendaval»*s y hura«*an«'s; fiihies- 
to, macizo, ancho de espaldas. Imantado de t<'trax: el 
mirar, felino, con irisaciones »lc ágata, medio escondi- 
do bajo las cejas emblan(|uecidas. tras los párpados 
despestañados, pero inquieto y acerado; allá, muy en 
el fondo de las pupilas iu'uneda.s. <'omo que )>alpitaran 
implacabilidades agazapadas y prisioneras dulzuras... 

Repa.so su vida... ¡admirabli>! Honradez acriso- 
lada > nata, de.s«h' obscuro guerrillero; dominio ab- 
soluto sobre sí mismo; rara facultad de disimula<'i«ui ; 
profumlo conocimiento ilel prójimo, de sus flacos 
priní'ipalmente, «pie con habilidail lutda «-omún ha 
sabido explotar y utilizar; una flexibilidad, un inxler 
de adaptación y una paciencia ¡Mírtentosos ; tin ego- 
ti.smo hii»ereHtesijido. y, sin embargo, domeñado y 
oculto; un a|»arentc olvido hacia las ingratitudes y 
las injurias cometidas coutra h\\ persona. . . 

Ant<'»jas4'me, qu<- eolnuida su incurable ambición de 
mando alwoluto sin n'striccioni's ni trabas.— como 
quizás no lo disfrutaron los Hajáes y Sultan<s de (jue 
8»' guarda memoria. — ya en el iKxIer Hoña»l<». lo inva- 
dió la idea-matriz <|Uo hoy lo animn y mueve. Y como 
bajo ¡M-na de la vida ha seguido soñando, supuesto 

— 24 — 



MI DIARIO 

que vivir es soñar, este hombrazo.a quien con el cri- 
terio canónico habría que bautizar de "hombre pro- 
videncial", al despertarse dentro de la realidad del 
poder máximo que ejercita, se ha puesto a soñar un 
nuevo sueño, más alto y difícil de llevar a cabo que 
el primero : ; reedificar una Patria ! 

Empresa tal, ardua en cualquiera latitud, en- 
tre nosotros sube de punto hasta lo inconmensurable, 
por causa' de orígenes históricos y étnicos, de rebel- 
días nativas, de vicios heredados y vicios adquiridos, 
de temperamento, de clima, de ignorancia, de abu- 
lia. . . Y para su lenta reconstrucción, ha tenido que 
causar innúmeros daños individuales y pasajeros. 
La materia prima, reacia y hostil, hubo que golpear- 
la, que cortarla en lo vivo de la carne, en los anhelos 
e ideales — que son lo vivo del espíritu ! Por lo impe- 
rativo de las amputaciones indispensables, hubo que 
verter sangre, que desoír lementaciones y protestas 
de los que era fuerza desposeer y mutilar : fué preciso 
cometer injusticias del momento, oprimir para ama- 
sar, aplicar cauterios sin hilas ni bizmas, propinar 
drogas amarguísimas, apelar a extremos recursos. 
Muchas lágrimas han quedado sin enjugar, muchos 
derechos con las manos tendidas, cual si en vez de 
ser derechos fuesen mendigos ... ¡ No es tarea senci- 
lla la de edificar patrias ! Y escarbando en los cimien- 
tos de las más grandes, civilizadas y prósperas, eso 
se encuentra en todos : sangre y llanto ; que sin llanto 
y sangre, nada grande y humano se realiza ¡ ni la vi- 
da misma, sólo producida a costa del sin igual dolor 
augusto de los alumbramientos, con el que la madre 
rescata el placer de la fecundación de la liembra ! . . . 

— 25 — 



(¿por qu»' tilas na«la más, y no también nosotros, (juc 
compartimoK fl deleite ?. . . ^ 

Es que el asunto no tiene renutlio. ; l'ara llegar a 
las rientí*s orillas de las Tierras de Promisión, — ya la 
frase Sí' ha vuelto lugar común, <le puro sobada, — 
antes <'s fuerza surcar las ondas implacables de los 
Mares Rojos! 

Kl Cteneral I)ia/ ¿(pié putlría aud>iciouar. si no, 
cuando ya lo i>os«'e totlo: prest ií^io e imán cerca do 
las multitudes. <pu* vitoreámlolo dí'stio años há. — lo 
mismo a las victorias que a las derrotas y la muerte; 
lo mismo a luchar contra invasor«*s extraños (pie con- 
tra regímenes constituidos y más o menos legales, — 
lo han seguido deslumbradas, hipnotizadas ]>or la re- 
soiumcia <le su iiombn" atrayente y hanm'iiiico a cau- 
sa <le sus muchas vocah»s suaves?. ... Su estrella, in- 
negable, no ])res<'nta probabili<lades <le apagan*»- ; ne- 
gras nubes hanla eclipsado a las veces, para, a |>o- 
co, dejarla (pie brille en toda su pl(>nitud. La muer- 
te, que es la insobornable i>or excelencia, creeríaüc 
(pie lo respeta y ayuda: en sus muchas campañas, lo 
ha herido afienas:en su larga presidcMU'iada, le lia sega- 
do las vidas (pie pudieron ha(*erl«> sombra, o desviar 
sus planes, o ent<»r|M'»'er su política, y a »''l lo deja vi- 
vir no olH<taiit«> nuestro clima, lo saca indemne de ac- 
cidentes y atentados, lo salva de endemias y epide- 
mias, le ahuyenta achaipu's. le alig«*ra la pesadiiiilbre 
letal de los años, y antes préntale aalud e iiiauditaa re- 
si- V cual si con él con Tabulada |H)r ignorado 
|.,: iiíico. esjM-re para Ih-viit-seln a (pie haya n-- 
matado su gigiintonra enipres;> 

Y «'"I, tal vez Hii|M)niéndoM' <t« rno. permaiKcr mi- 

— 26 — 



Mi DIARIO 

pasible, sin sonreír nunca. ¡Es la Esfinge, hasta por 
su color y por su origen, es la Esfinge ! 

Avaro de la idea que lo anima — (¿cuál, a ciencia 
cierta?...)— a nadie se la muestra; y porque psico- 
lógicamente pertenece a los reconcentrados y solita- 
rios, ha de recrearse a sus solas con ella, como todos 
los avaros. 

La serie portentosa de sus transformaciones, — ¡ aun 
en lo físico es otro ! — ¿ se deberá a influjo conyugal 
o a un autodominio jamás visto antes? 

Porfirio Díaz es un epóuimo : ha dado nombre a un 
pueblo y a una época. 

¿ Creerá en Dios ? . . . , 



Por inesperada asociación de ideas, viénenseme a 
las mientes dos inolvidables reminiscencias que a pro- 
pósito de él conservo muy guardadas, de infancia la 
primera, de juventud la segunda, que en este propio 
instante se levantan y toman forma. 

Corría septiembre del 1876, y en mi casa — núm. 4 
de la 2a. calle del Reloj — los sucesos políticos, a gran- 
des y chicos nos traían con marcada inquietud y des- 
asosiego. A nosotros los rapaces, decididamente se 
nos expulsó de los conciliábulos que la familia, alle- 
gados y simpatizadores de la causa celebraban fre- 
cuentísimamente, a puerta cerrada, en los dos salones 
de la vivienda, en el despacho de mi padre y en las 
antesalas, que, todavía ésta es la hora en que no me 
explico por qué las llamaríamos "galerías." A causa, 
sin duda, de mis doce años de valle de lágrimas, po- 
co se me dio de desconfianza tamaña, ¡ al contrario ! 



F. GAMBOA 

resultaba yo más dueño de la casona, rpie enfocaba 
lineo (le sus diez balcones, en la calle de San Ildefon- 
so, frente al ruinoso templo de Santa Catalina y 
a un flamante cuartel de Infantería. 

Ha lie haber sido parte a (|ue nuestra casa eonvir- 
tiérase en foco central dt'l "Ijílesismo" o "Le^rali- 
dad,"* el «jue mi padre era herujano j)olítico de don 
José María Iglesias e íntimo amigo suyo, y además 
de su experiencia y jfrado militar facultativo, lle- 
vaba años de un absoluto alejamiento de la cosji pú- 
blica, trabajando en el F. (". Mexicano como Ingenie- 
ro, y esto acentuaba su inde|)endencia j)ei-sonal. lo 
mismo de los gobiernos que caían que de los qtie pu- 
dieran levantarsí». De ahí, el entrar y síilir de eoiijn- 
rallos y damas; los apartamientos y runrunes jxir 
rincones y pasillas; el golpear de puertas y el azotar 
de nniebles: el divisjir manos, que sin »hieño visible. 
»« alzaban ilesde los huecos de ventanas y balcones 
abiertos, cual si algo demandaran de las lejanías azu- 
les de los cielos: la alteracit'»n más perfecta en el ré- 
gimen famiiiai-. trastornadas las horas de las comi- 
das y del reposo, (piebrantadas las consignas a |>or- 
tcros y fámidos. las noches en vela, los rostros des- 
conocidos, y en los rostros amados, muchas desconoci- 
das expresiones: de esi>eranza, de ansiiMlad. de con- 
goja, de ineertidíunbre, de alegría... La «'a.sa ente- 
ra, — en la que mi tía, mis primos, la esposa de Joa- 
quín M. Alcalde, y qué w'» yo cuántos más m- pa.saban 
las horas. — palpitaba al unísono vow los deudos que 
andaban |»or Salanuuica. tratando tlel triunfo.de su 
causa. Nosotros los chicos, al fin contamina<los por la 
gravedad <le las circunstancias, ¡wr el aml>icnte do- 

— 28 — 



.1// DIARIO 

méstico, medio iios dábamos cuenta de la situación 
atando fragmentos de frases, examinando fisonomías, 
interrogando a emisarios y "propios" que en la coci- 
na restaurábanse. Tras de las puertas y cortinas po- 
níamonos a escuchar, y a atisbar por los ojos de las 
llaves. ... Y así me percaté de cómo en la parte baja 
de los dos pianos verticales que teníamos, por entre 
los gruesos alambres de los pedales fué escondida la 
edición, húmeda todavía y oliente a imprenta, del 
primer manifiesto de mi tío ; con tan buena suerte, 
que la tarde del cateo de nuestra casa, escaparon las 
hojas a las pesquisas policiales, y en tiempo y sazón 
pudieron ser distribuidas. Así me enteré de que mi 
tío se había partido de México, sigilosamente, en aquel 
septiembre tan movido y dramático, y refugiádose en 
algún lugar del Estado de Guanajuato, apoyado por 
el gobernador Gral. Antillón, que más tarde recono- 
ciéralo por suprema autoridad legal ; y de que los mis- 
nos " porf iristas, " también lo reconocieran y aun en- 
traran en arreglos con él. . . . 

Nuestra casa continuaba, exteriormente, de sospe- 
chosa y vigilada por la policía, en tanto el Gobierno 
del señor Lerdo vacilaba, vacilaba más cada día, has- 
ta parecer casi fuera de su centro de gravedad, co- 
mo la torre de Pisa. Interiormente, continuaba vibran- 
do con las noticias, con los rumores ora halagüeños, 
ora adver.sos: Porfirio Díaz reconocería a su vez la 
autoridad legítima de José ]\Ia. Iglesias. Persistían 
los conciliábulos, las precauciones, el entredicho dic- 
tado contra la gente menuda .... Y se vino encima 
noviembre, a aumentar la ansiedad ; la victoria de 
Tecoac, precediendo a la rendición de Puebla, apre- 

— 29 — 



F. GAMBOA 

suraba la solución anhelada: el regi-eso triunfal de la 

"Legalidad" 

Y el día 21, amanecimos sin Presidente; la víspe- 
ra í*n la nochf. el señor L«'rdo — ¡ídolo ayer! — única- 
mente acompañado de los señores Romero Rubio y 

G. Paz, y de los Generales Mejía y Escobedo, sin otro 
equipaje que des«'n{;años y amarguras, había tendido 
»'l vuelo, a Toluea por lo pronto. i)ara de ahí enea- 
minarse a Miehoacán y Guerrero, y al cabo embarcar- 
se en Aeapulcc» a fines de enero del 77, rundx) al des- 
tierro que él uiismo prolongaría hasta su muerte, ocu- 
rrida en la ciudad de Nueva York el día 21 «le abril 
de lHt<;> 

Aquella nmñana del 21 dv noviembre w me grabd a 
perpetuidad, sobre que desde nuestros balcones de la 
calle del R«'loj. tan <lesierta y asustada como el n-sto 
de la metrópoli. — también las ciudades reflejan en las 
calles, (pie son su semblante, los estados de aliiui por 
que atraviesan: las calles empalidecen. s«' anemian 
por la carencia de transeúntes; ríen y lloran; apbm- 
den y silban ;se arrepienten y anhelan ;8e ensombrecen 
e iluminan ; perdonan y condenan ; callan y aturden. 
BUS puertas y ventanas, sus fachadas ad(|uieren per- 
sonalidad, hablan. tem«'n. confían, — des<le niK'stros 
balcones «leí Reloj pudimos pres<'nciar cuándo los sol- 
dados que daban guanlia en la "Puerta Mariana" del 
Palacio desertaron, y tiran<lo tiros lan/.árons»- |H)r ahí. 
en plena revuelta A piedra y lo<lo mandaron ce- 
rrar los balcones y el zagtián «le casa, y a mí trunca- 
ronm»' «.sa segunda l«'«'«'ión «pn» por el sistt'nuí objetivo 
se encarfpiban de «lanm* los a«'onteciniientoH, aoTca 
«le nu«*«tro respeto a la b-y. «lemrx'racia prá«*ti«'a. eul- 

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MI DIARIO 

to por la libertad, por el orden, y otras zarandajas 

parecidas ¡ Valiérame haber recibido la primera 

cuando tenía yo siete años ! ¿ Somos o no somos tro- 
picales y precoces? 



La jiriiuera lección, me la dieron la tarde y noche 
del lo. de octubre del 71, con el pronunciamiento en 
la Cindadela de los Generales Toledo, Cosío Pontones, 
Carrillo, y Negrete dijeron entonces que también, con- 
tra el Gobierno del señor Juárez, autor principal de 
la 2.'' independencia nacional y acreedor a varias 
gratitudes. A costa de no poca sangre sofocó esa rebe- 
lión el Gral. D. Sostenes Rocha, — lustros más tarde 
íntimo y muy querido amigo mío, a pesar de los ídem 
que nos distanciaban, — quien fusiló, entre otros, al 
joven Subteniente don Benjamín Andrade. El des- 
venturado de Benjamín era mi íntimo, deslumhrában- 
me su uniforme, su espada, su condición de hombre 
formal si a mí comparábalo ; por lo que la noticia de 
su trágico y prematuro fin me afligió de veras, has- 
ta donde las infancias se afligen con la muerte. Pe- 
reció, asimismo, el Gobernador del Distrito, Coronel 
don José Ma. Castro, y nada se diga de las muchas 
víctimas menores y anónimas que en funciones tales 
se multiplican y que los propios filántropos estadis- 
tas acostumbran a enumerar por cantidades alzadas 
y aproximativas : ciento, doscientas, mil bajas, que 
bajan a los sepulcros y los olvidos, sin que nadie ma- 
yormente se preocupe de los desamparos, viudeces 
y orfandades que con su opaco desaparecimiento se 
originan. /Quién les manda carecer de entorchados, 

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/'. (.AMUtLi 

de [11 rsitmilulad, y iin-icisc a símtíIíchi- sus vitlas úti- 
les i»ara que los pastores del n-baño y un pufiado 
más de cosas inútiles continúen ju-osperautlo y . . . 

El famoso pronuneiamiento coineidió, — así suflen 
eoineiilir los fastos (|U»' importan a unos i-uantos. i-ctn 
los que importan a totla una conmnidad, — eon la ' sa- 
ca-a-misa'' de mi heiniana mayor, (piien euareiita días 
antes había dado a lu/ a su primogénita. A la hora 
que KO levantaban los nuuiteles, tibio el ((Miwdoi- con 
los brindis por la dielia de la reei«'n iuiei«la. iiizo irrup- 
ción un tlipiitado suialoense, Castellanos «le nombre 
y corpulento y regocijado de oi<linario como unas 
castañu«'las,(pu' m«' inspiraba horror invencible, a cau- 
sa de los seis dedos (pie adornaban su iiwino derecha, 
siendo el sexto uno rechoncho y pcípu-fnn, de uña y to- 
do, añadido al pulpar, con el (pie me pellizcaba \ a}¿[re- 
día. Tn'-mulo y d«*sencajado, eomunie»'» el notiei('tn: 

— ¡Se lia pronunciado la Cindadela I. . . 

Yo no sabía entonces lo (pie es un proiuinciamien- 
to, ni (pié era la (iudadela; |hm'o de advertir el efec- 
to que causaba la noticia destructora de nuestra fies- 
ta d(> hof^ar, mi mentalidad infantil (piedó deforma- 
da para siempre sobre puntos esenciales e im|>ortau- 
tísimos de historia patria, y diputé el succilido ))or 
peeaminoso y vitando, (¿ui/á si me hubiese sido dable 
oír y ver a los señores pronunciados, lo habría teni- 
do |>or acto plausible y benéfico: todo eH sef^úii el 
color del cristal eon (pie w mira... 

¡Vaya una noche la (pi«* |)a.s4'-! A cada ruido anor- 
mal, corría yo a los vidrios de los balcones, y medio 
adivinaba el marchar apresurado |)or la calle en tinie- 
blas, de las tropas, con «•««• ritmo peculi"»- «I'- «-m»^ /a- 

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MI DIARIO 

patones sobre el empedrado ; el huir de vecinos, pe- 
gándose a los muros, refugiándose en los vanos de las 
puertas cerradas. La caballería pasó al galope, con 
repique de sables y estribos, los bridones arrancando 
chispas de guijarros y adoquines ; y la artillería, que 
iba al trote de las muías azotadas, hacía retemblar los 
edificios, sonaba fatídicamente a cadenas y hierros, 
a máquina pesada y torpe que, dando tumbos, camina- 
ra a ciegas azuzada por los hombres. . . De tiempo 
en tiempo, escuchaba voces de mando, despóticas y 
roncas, que estrellábanse contra los cristales que me 
defendían, y que por instantes se posaban en mis oidos 
inocentes y ávidos: 

—"Más de prisa, ajo, péguenle a las muías!...," 
' ' ¡ Ajíúrenle, muchachos, apiirenle ! , " " ¡ Guar- 
den silencio !...." 

Y sin cornetas ni parches, en la penumbra de las 
calles hundíase el fantástico desfile, para a poco re- 
comenzar con los refuerzos nuevos. 

¡ Cuánto me sorprendió que hiciese luna ! . . . ¿ No 
tendría miedo, como yo? ¿cómo sería que viendo los 
sucesos derramara su luz de plata, apacible e indife- 
rente ? 

Tan medroso andaba, que mi madre me llevó a su 
cama, la ancha cama matrimonial de altas columnas 
y corona de bronce, en la que los vastagos sólo aeos- 
tábamonos con motivo de señaladas y excepcionalísi- 
mas circunstancias. El corazón no se me aquietaba y 
mis labios no paraban de balbucir preguntas, hasta 
que bien arropado, sintiendo que mi madre junto de 
mí me acariciaba, explicábame los acaecimientos con 
explicaciones a mi alcance, más por sus caricias que 

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F. GAMBOA 

por sus explicaciones me volvió el alma a su almario 
y por iiivuliifrahlc túvcnu' i qué le puede a uno suce- 
der al latió «le su madre. ui quien es c^paz de osar ata- 
carnos, si ella nos defiende y ampara?... ¡Ya podían 
reb«'larse y caer todas laü cindadelas del mundo!... 
De fijo que los pronunciados <|U«' en aquel punto y 
hora estarían muriendo, hallaríanse lejos de la suya 
y |K)r est) morían. ... Y cuanto a los soldados <|ue los 
mataltan, taniMén andarían lejos de s»i niatire. (|\ie 
si no, uo matarían ! . . . . 

— ¿Verdad, iiiamáf — iiiquiii iieilio dormido, 

aunque sin stiltarme de su mano. 

Y todavía paréceme que o'\go su respuesta, ti«'rna- 
mente melaneóliea : 

— Pídele a Dios j)or todos, y duénuete. . . pero pide 
más por las i)obres madres que mañaim amanecerán 
sin hijos 

Cum¡)liiio el piadoso encargo, me dormí tan tran- 
quilo, para despertar al cabo de las horas, sobrej>alta- 
do con los f^ritos que subían (l<>s<ie la c-alle: 

— "¡Viva el Supr«'mo (Jobierno! " *';\'iva el 

Presidente de la Kepública!. . . . ' 

Kraii las ti-(qias leales (pie rejfrc.saban triunfantes 
lie la fratricida hecatomlH*, y ahora rciutegralmn sus 
cuarteles sin curarse de ruidos ni de alarmar al vecin- 
dario, lan/andn a los airt-s la buena nueva de su victo- 
ria win^rienta y rápida. . . . 

St'ii>ose, — «lespués, — que a cierto curioso que se aso- 
mó a verlos pasar des»lc su balcón y que st'jicfró a vi- 
torear al "Supremo," me lo iuibían dejado wco de un 
tiro, doblado sobre el barandal donde el cadáver que» 
dó oscilante y tráfico. 

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MI DIARIO 

— ¿Por qué gritan?. . . . — le pregunté a mi madre 
en voz baja, sin desasirme de ella. 

— Porque ya se acabó todo . . . — me repuso muy que- 
do. 

— Y a los de la Ciudadela ¿qué les habrán he- 
cho?... 

— Duérmete, duérmete, y reza por ellos. . . . 

De entonces a hoy, — i y cuenta que ha llovido ! — 
nunca he gritado vivas a gobernantes ni gobiernos, así 
se haya tratado de los de casa o de los de fuera ; ni lo 
haré jamás, supuesto que en aquella primera lección 
aprendí que para que vivan cualesquiera gobierno y 
gobernantes, fuerza es que mueran sus opositores y 
enemigos. 

* 
* * 

Encerrados, pues, dentro de casa el 21 de noviem- 
bre de 1876, pude darme cuenta de que en la plana 
mayor de la familia y entre los partidarios de la "Le- 
galidad" que nos frecuentaban, principiaba a descon- 
fiarse del reconocimiento, por el General Díaz, de los 
dej'echos que reclamaba don José María Iglesias. Ha- 
bía ya barruntos en contrario, sospechosos indicios, 
probabilidades de mala catadura 

El 22 hubo más, la certidumbre del rompimiento, la 
víspera consumado en una hacienda del distrito de 
Querétaro, nombrada ''La Capilla," en la cual ce- 
lebraron reservadísima conferencia el Presidente de 
la Suprema Corte de Justicia y el triunfante caudillo 
revolucionario, con resultados del todo negativos. Los 
expertos en esta clase de lides, atribuían la ruptura 
de las negociaciones a maquiavelismo de don Justo 

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F. (iAMltOA 

It.iiíti'z. pri'sunto autor de la reforma de Palo Hlaneo 
al jílaii original df Tuxtep»'f. Ufcíau los oráculos. <me 
en la cuestión tumlauíental de interinidad del Ejecu- 
tivo, en el plan de Tuxtepec s*' declaraba ejecutivo in- 
terino al eiudadjino fju«' ol>tuvi«'se la mayoría <le votos 
de las (fol)ernadores de los Estados; y en la refornia 
de Palo Blanco, se reconocía en aquel supremo carácter 
al Presidente de la Suprenia forte di* .lusticia (i>on- 
jfo nroHocía. poripie el artículo constitucional relati- 
vo no enmentlado entonet»8, así lo mandaba \ siempre 
qii» aceptara en todos sus puntos y conuis el plan «le 
Tiixtepee, y a\in así lo deelararn i>or la prensa dentro 
de un mes. contado a partir de la feclm de su publi- 
cación en la í-apital de la Hepúbliea. Para el evento 
lie silencio o nej;ativa de est«' alto funcionario, asu- 
n|iría aquel carffo el jefe <le las anuas, léase el (lene- 
ral Díaz. Don Jjisto P»'nítez, o el aiitor de la reforma, 
debió pnwimir q\ie atento el retiro o alnlicación <lel 
Sí-ñor licnlo. el Pn*sidente de la Suprema Corte de 
.lusticia K<' encarjraría «le la Presitb-ncia d»' la H«'públi- 
ca por minist«'rio d«- la b'y, y. eonsijf\n«*ntement«' d«*s- 
«•onoí'ería el plmi «le Tiixt«*pee. Y ni pie t\v la letra, eso 
ocurrió. 

Era «Ion Just<» ll.iiitez int«'lijfent«- aUi^fado oaxa«pie- 
fio •• íntinu) amijfo «l.l ({«-ní-ral Día/.. c<in «|ui«'n bawta 
eautiverio compartió en Puebla, cuando el Imperio; 
era. a«lemás. una d«- las principales cabeyjjs «!•• la re- 
volución. 

I>e "liH (*a|Mlla,' mi tío ae retiró a Silao. a ef«'e- 
to «b- «pi«' las tropas «pie dcfen«lían su Ie|ritimi<lad se 
a|H-r«-ibieran a librar batalla, la «pu- al mes siifuien- 
te, en el «itio denomina«lo la Vuum de los A<lob«ii, ape- 

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MI DIARIO 

ñas si llegó a escaramuza. Luego, con su grupo de fie- 
les, — mi hermano político Eamón Alcalde, en cuenta, 
— mi tío habría de emprenderla desde el Estado de 
Guana juato hacia Guadalajara, por lo pronto, y lue- 
go a Manzanillo, donde todos ellos se embarcarían en 
el vapor ''Granada" de la Mala del Pacífico, el 17 
de enero del 77, rumbo a San Francisco de Califor- 
nia. . . 

El General Díaz, regresó de "La Capilla'' a la ciu- 
dad de México, en la que st- incautó del poder, sin 
rivales ni tropiezos. 

El día 23, como si se hubiese roto alguna presa, des- 
de temprano dio principio la inundación de esta bue- 
na metrópoli virreinal por las fuerzas '"regenerado- 
ras:"' millares y millares de serranos, — principalmen- 
te zacapoaxtlas, — que no paraban de desfilar por las 
calles, de anegarlo todo, cuarteles, escuelas, plazas,, 
atrios. . . No era tranquilizador su aspecto; mal ves- 
tidos, calzados de ''huaraches" que producían des- 
apacible ruido en su roce contra los adoquines; arma- 
dos de rifle, bayoneta y repletas cartucheras ; confun- 
didos los oficiales con "clases" y soldados; torvos, 
callados, siniestros. ¡ La horda ! 

Cerró el comercio sus aparadores y tiendas; el ve- 
cindario se atrincheró dentro de sus domicilios, y por 
las calles persistía el inacabable desfile, aquel rumor 
de agua embravecida y suelta que subía, subía sin des- 
canso, venida de montes y sierras con quién sabe qué 
apetitos, qué hambres atrasadas, qué propósitos si- 
niestros. . . 

Frente a las tremendas interrogaciones, apoderá- 
ronse del ánimo de los moradores pacíficos y asusta- 



F. (¡a.mhoa 

dizos de la capital, — la pran mayoría, — la ineortidnm- 
bre y la angustia, a pesar de que se echó a volar la 
especie de que el Gral. D. Juan N. Méndez, segundo 
en jefe de la revolución, respondía por aquellos an- 
gelitos. Mas lo que se preguntalmn todos ¿cuál sería 
su respuesta y de qxié serviría en un caso grave!. . . 

Hasta después de anochecido continuó la inunda- 
ción, y la ciudad, <|ue rebasaba d<* "regeneradores," 
simulaba improvisa<lo campamento. Oraeias que, no 
obstante ese hacinamiento do ciudadanos qíie no sa- 
bían leer ni j-scribir, no se registró mayor novedad. 

Según mis recuerdos, al día siguiente 24. o ha.sta el 
26 según lo aseveran diveiNos historiadores, se efec- 
tuó la triunfal entrada del caudillo victorioso, don 
Porfirio Díaz, en esta asendereada ciudad de México, 
que las lleva vistas de varios colores, y Vargas ave- 
rigüe las que por ver le queden to<lavía. 

Al amparo de \in pariente mad\iro y cauto, me per- 
mitieron salir a la calle y presenciar la entrada. Ins- 
talámonos tras un cristal de "La Concordia." pictó- 
rica de curio.sí)s, pues la vía pública hervía de entu- 
siastas y gritones, de energúmenos y plebe. Y con es- 
tos ojos "que »■ ha de comer la tierra" {rrfi^rome a 
Uts mios\, vi al hombre que a contar de entonces se 
adueñó de los destinos nacionales, y ha sabido guiarlos 
con singular maestría y ¡wco común acierto. 

V\U' Mun visión rápida, de Hpot«H>sis, en nunlio de 
aiilausos y vivas, al imponente clamoreo de los repi- 
ques de los templos, bajo la cnida luz viví.sima de nues- 
tro cielo. . . l'iui dewubierta de jinetí's bien montados; 
luego, en la testera tie un carruajillo yan(|ui, acom- 
pañado di" no recuerdo «piién. el ('audillo. grave, de»- 

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MI DIARIO 

cubierto, — su sombrero charro reposaba en la ban- 
queta frontera del vehículo, — semi inclinado hacia ade- 
lante, en traje de camino, contestando y agradeciendo 
la ovación. . . Yo, que no lo conocía, que por prime- 
ra vez lo miraba, durante esos pocos instantes logré 
examinarlo y se me fijó para siempre ; según se nos 
fijan las impresiones tempranas que por una causa 
u otra, sacuden y agitan nuestra infancia.... Des- 
tacábase el busto macizo, de vastas espaldas y cuello 
fuerte; la cabeza, erguida, virilmente encajada en los 
hombros ; muy quemada la tez pálida ; el bigote ne- 
gro y gacho ; la mirada dominante, profunda y resuel- 
ta, clavada en la mesa, en las calles, en los edificios; 
el ceño, ligeramente rugoso ; las cejas pobladas ; el ca- 
bello abundante y bravio ; nerviosa la nariz pronun- 
ciada, cual olfateando el medio circundante ; la frente 
amplia, y acentuada la mandíbula inferior ; las orejas, 
de probable longevo, grandes y rojas. . . . Un acabado 
tipo de masculino, que en un momento perdí de vista, 
al que no volvería a ver en mucho tiempo. . . . 

Moralmente, no me resultaba "persona grata," de- 
bido a la atmósfera familiar de los últimos días. En 
vez de haber sido el mantenedor de los derechos de 
mi tío, era su enemigo, el que se le interponía, el que 
lo alejaba de la suprema magistratura, porque dis- 
ponía de fuerzas y elementos mayores. . . 

Y por una lógica meramente infantil, me di a con- 
siderarlo como el enemigo de todos y cada uno de nos- 
otros; nos había arrebatado algo, y me amohinaba no 
poder precisar qué sería lo que a mí en lo personal me 
habría quitado ... ¡Ni siquiera ilusiones, pues las 
tiernísimas que hubieran debido ir creciendo a par 



89 



F. (JAMliOA 

de mis |>üí-os años, habiamela.s tronclunlo de raíz, la 
tragedia, i)ara mí imperecedera, del proiiuiieiamieuto 
de la Cindadela ! 

Ya era yo estudiante tle segundo cui*so de politiea 
vernácula. . . . ¿Asistiré a un tercero? 



La reminiscencia s(>gunda, es de orden más íntimo. 

A iinHÜaílos de septiembre del 83, sucumbía mi pa- 
dre a vieja lesión cardíaca insospechada, «mi unas cuain- 
tas lloras. No lie de consi^rnar aquí nuestro dolor, esa 
ela.se «le <lolor»*« se prostituyen cuando se hacen del do- 
minio público. . . . 

Falleciílo la noche del 14. no lo st'pultamos ha.sta la 
tarde del 16. Eramos un puñado de deudos y amigos 
<le veras, pues los entierros de persona pobre, sue- 
len verse e.scasameiite «'oneurridos ; no hay nada (pie 
alcanzar en ellos. 

Kn los momentos «pie nos ilisponiítiiios a .sacar el 
cuerpo, es decir, en momentos que nue.stra p«'na-He 
acrecentaba lo increíble con ese comienzo tle la sepa- 
ración absoluta. — mi pa<lre había muerto de visita en 
la mo«le.sta ea.sji de mi hi-rnuino. entonees juez de lo 
Correccional, — tocpies militares rompieron el silencio 
y (piietiid «le la calle. . . 

A j>oco. fuimos avisados «h- <|\ie p«>r onh»n «le la Se- 
cretaría di> (hierra, presentaba ns*- tropas d<> línea a 
tributar al «-adáver <!«• mi pa<lri- los honon*s debidos 
a su gra«lo «b- (icneral «le Urigaila ! . . . . Nuestra es- 
tupefacción no tuvo límites. . . Mi padre había si- 
<lo im|N'rialÍNta. <li'S|)U«'>s «le qu«*. id i^'ual «h» otros mu- 
«'ho« «pie siiriiii-ron en su «'-.xodo al (iobierno de Juárez, 

— 40 — 



MI DIARIO 

hasta San Luis Potosí, en San Luis les declaró solem- 
nemente el Presidente de Bronce (¡por el temple y 
por la raza!) : — ''La República, exhausta, no puede con- 
tinuar pagando a todos sus servidores y tampoco pue- 
de, en consecuencia, imponer sacrificios imposibles: 
los que de vosotros puedan, a su vez, ir adelante con 
sus propios recursos hasta donde nos lleve el azar que 
nos empuja, sed bien venidos ; los que no puedan hacer 
lo mismo, vayan en paz y con la conciencia tranqui- 
la." Y así, autorizados de una parte y compelidos de 
otras imperativas e íntimas, ahí dispersáronse a su pe- 
sar, una porción de hombres honrados y tan mexica- 
nos como el que más. A la caída del Imperio, púsose 
a buscar la la vida en cuanto salió libre de la prisión de 
"La Enseñanza,'' (nombre de edificio que más parecía 
entonces el de un escarmiento para los imperialistas 
¡ qué enseñanza, en efecto, tan inolvidable ! ) trabajan- 
do con su profesión de Ingeniero ; y pasó mil vicisitudes 
hasta no ser admitido en el Ferrocarril ]\Iexica no de Ve- 
racruz, en cuya construcción participó y en el que llegó 
a ocupar el puesto de director. Después de varios años, 
perdió el empleo, y de nuevo cruzó todos los calvarios 
ineonfesados que en nuestro país recorren las personas 
decentes y desprovistas de bienes de fortuna, de súbi- 
to privadas de recursos. . . . Durante este cruel perío- 
do, en el que bajamos sin cesar él, mi hermana la me- 
nor y yo, me alcanzó a mí la juventud, gracias a la 
cual no me hicieron mayor mella las innúmeras pri- 
vaciones que escoltan a la pobreza ; si en ocasiones ve- 
níanseme á la boca los acíbares y hieles de las priva- 
ciones y anhelos defraudados, pronto la risa y la es- 
peranza los vencían, prometíanme todas las compen- 

— 41 — 



F HAMHOA 

s;;eion»'s. me brindabíiii pocos baratos, los (|iu' después 
¡ay! no se logran ni con los niillonesde todos los ma|?- 
nátes; poseía yo salud, esbozos de novias, realidades 
de besos y caricias, brazos inquietos y fuertes con los 
que estrechaba (piimeras y soñaciones. . . Ijo que para 
mi padre fuera una tortura, fué para mí un deslum- 
bramiento y un hechizo: acjuel éxodo niicstro a Nue- 
va York, del (pie harto hablo en mis IMPRESIONES 
Y HE('rEKl)()S,<pie son, en realidad, los |>r»>cursores 
de MI DIARIO. Al cabo de dos años, también ese 
destino se desmoronó, — era la representacií'm del (lO- 
bierno, conjuntamentí* desempeñada por mi padi-e y 
un señor Ibarrondo, cerca de la jiuíta directiva del 
ferrocarril de Trhuantepec, radicada en la metrópoli 
yancpii, — y hul)o (pie regresiu* a México, a recomenzar 
la ingrata brega. Ello di6 al trasto con las energías 
nunca desmentidas de mi padre, dobló las manos y 
sin díH'írnoslo, yo estoy cierto «le i\\\v k«^ leconoció to- 
talmente vencido y empezó a disponer el último via- 
je, que al fin emprendió casi a los «los años de su vuel- 
ta. 

Varias veces propusiéronle (pir se b- rí*conocería, 
com(t a tantísimos otros, sti grado en el Ejército. Pe- 
ro, lo (pn- él me d*'c¡a rii las pláticas con (pi«- trataba 
de que su experiení'ia y su ancianida*] aleccionaran 
a mi juventud, lo (pn- él me decía: 

— "No debo aceptar, porqtie nada hay nu'is justo 
que pagar íntegramont«' las eipiivocaeioneH que cam- 
bian para siempn* el curso de una vi<la. . . " 

Ix) quf s«' callaba, pero quf yo be po<lido «lencubrir 
¡y con cuánto orgullo! conforme me eiitert» de la tota- 
lidad de Hu existencia, lo que se callaba era que la cau- 

— 42 — 



MI DIARIO 

sa de su oposición radicaba en la honradez de que nun- 
ca se apartó un punto ; mi padre fué un rectilíneo en 
todos y cada uno de sus actos y de sus pensamientos. 
¡ Plegué a Dios que mi hijo diga de mí otro tanto ! . . . 
Y en esos dos años del 81 al 83, mi padre vio algu- 
nas ocasiones al Gral. Díaz, con quien tendría, supon- 
go, relaciones antiguas y más o menos superficiales. 
Y lo supongo, porque hasta creo que medió entre ellos 
un episodio estrictamente militar, allá en los maldeci- 
dos años en que andábamos a la greña los hijos de es- 
ta tierra nuestra tan ensangrentada. No lo afirmaría, 
mas paréceme que de labios de mi padre escuché la na- 
rración pormenorizada del sucedido. (1). 



(1). — Con el fin de cerciorarme de aquel hecho, y supuesta mi 
relativa proximidad con el Gral. Díaz, voluntariamente e.xpatria- 
do en París, hoy que en el mes de noviembre del 1912 alisto en la 
ciudad de Bruselas estos materiales para el tomo III de la primera 
serie de "MI DIARIO,' firme en mi propósito de no hablar de acae- 
cimientos y personas hasta después de transcurridos diez años por lo 
menos, aquí reproduzco dos cartas que al asunto se refieren. La res- 
puesta del Gral. Díaz es, además, prueba palpable de lo admira- 
blemente que conserva, a pesar de la edad, sus extraordinarias fa- 
cultades mentales: 

— Señor General de División, D. Porfirio Díaz, 
etc., etc., etc., 

París. 

Mi siempre muy respetado señor General: 

Terminada y ya en prensa mi novela LA LLAGA, — de la que al 
igual de mis libros anteriores he de ofrecer a Ud. uno de los pri- 
meros ejemplares, — me he puesto a alistar los originales para el to- 
mo III de MI DI.-VRIO, que aparecerá. Dios mediante, en junio o 
julio del año venidero. 

Mucho me ocupo de Ud. en esas páginas, pero encuéntrome, en- 
tre otros hechos que no recuerdo con la precisióón que quisiera, un 
suceso que se relaciona íntimamente con Ud. y el señor Gral. D. 
Manuel Gamboa, mi padre. 

He aquí el suceso : 

Durante una de nuestras tantísimas guerras nacionales en que 
Ud. cayó prisionero, estuvo bajo la custodia de mi padre, y él pudo 
prestar a Ud. un servicio que. entre militares hidalgos, se ha registra- 
do más de uua vez, aunque qiiien lo solicita y quien lo presta figu- 
ren en filas enemigas: unos instantes de libertad para ir y ejecu- 
tar algo urgente y personalísimo, sin más garantía que la palabra 
de honor que el prisionero empeña de volver en tiempo oportuno. 
y así no sacrificar al hermano de armas que con riesgo de la propia 
vida facilita la suelta momentánea y secreta. 

i Querría Ud.. señor, precisarme sitios y fechas? 

Me permito anticipar que mi pregunta y la respuesta de Ud. 



43 



f. (JAMUOA 

Sea tle ello lo que fuere, nosotros cupimos i\\u' ii(\\\e- 
llo« houon-s póstumoH al cailávor de mi padre, -que 
de habiTlos »''l pn-visto. le liuhicran endui/atlo sus úl- 
timos momento». — i'l Oral. I). Manuel González. Pre- 
sident»' entonees de la KejUlbliea. habíalos coiiei'didn 
a iiistaiieias del (iral. Día/. 

Y los tales honore.s. operaron el j>rodinrio de atar 
por siemprf mi ^rratitiid lineia el homhrr que los pro- 
<-uró. 

Kn ocasiones, he censurado de palabra y d»- p«Misa- 
iniento muchos a«tos «l»*l gobernante, que. ante la indo- 
p«-ndeMi'ia de mi crilt'fio. han merecido cfusura ; pero 
al homl>if. a Porfirio Día/, no he dejado «le quererlo, 
ni mtMios d«' affrad«'«'erle a(piclla muestra de conside- 
ración a los «lcs|Hijos, — ¡para mí sa^jrados y benditos! 
—de un viejo soldado muerto «n el apartamiento y el 
olvido. 

lyos invitados »\ jdimi»r/.o lU < jiapidtepec. en tan 



Mrin publirada*. xg á n «tic» umita, en el Irrrrr tomo dr MI PÍA 
RIO 

l>r»4r lurgo, millnnr* lir icriirma. y, romo mifiipr». mi •f«etwo 
•(■ima }' rrapvtuoaa arfhraión 



Brúcela* II de nitvhre <lr l'M. 
"Mr K-Q (iamlMMi, Hruaria* 



(f ) r (lamlKM 



I .i .!.■ >kv.-r ai.l.. ii.ániliilr iiii> acra 

no- 

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''<le4i<iaU m* AM«aa 



I r < rorftrio DUi ' 



44 — 



MI DIARIO 

to, han ido llegando ; todos los miembros del Gabinete, 
con sus esposas, excepto la de Limantour, que no con- 
currió ; todos los miembros del Cuerpo Diplomático 
extranjero, con las suyas. Apenas si yo conozco a na- 
die. 

Muéstranme al señor don Ramón Corral, nuevo Go- 
bernador del Distrito recién salido de Sonora, de don- 
de es oriundo y donde ha sido personaje, hasta pri- 
mera autoridad. Agréganme que ha sido periodista, 
y físicamente no me resulta antipático ; lo hallo joven, 
con aspecto sano y ademanes resueltos, quizá un tan- 
to lugareños. 

Son indudablemente mucho más provincianos los 
modales y palabras del señor Gral. Mena, Secretario 
de Comunicaciones, un hombrazo recto y honrado a 
carta cabal, enemigo jurado de chanchullos, trampan- 
tojos, adulaciones y bajezas, al que le tiemblan todos, 
por su manía de decir la verdad desnuda a quien le 
mueve la lengua ; cuéntanse de él, a este respecto, anéc- 
dotas de feroz implacabilidad: a uno, le rehusó un 
abrazo, a otro no le tendió la mano, al de más allá le 
puntualizó las barrabasadas de su progenitor. . . Al 
Gral. Díaz, con quien cultiva añosa amistad íntima, 
lo trata con gran franqueza, y no tolera, cuando lo 
descubre a tiempo, que se arruine o perjudique a al- 
guien con las arteras armas de la calumnia, tan em- 
pleadas en los ambientes palaciegos. 

El Gral. don Manuel González Cosío, Secretario de 
la Gobernación, es un liberal de antigua cepa, de los 
que guerrearon contra los franceses. 

El Lie. García Peña, Subsecretario de Justicia e 
Instrucción Pública, de puro modesto, se pierde, no 

— 45 — 



F. GAMBOA 

se le ve; por lo que yo me le acerco más tle una vez, 
pues siempre me ha dispensado benevolencia y no se 
me ol villa que fué maestro de mi lu-rnumo, en la Es- 
cuela de Derecho. 

Kl Inpi'uiero don Leandro KtTííániU'Z, flamante Mi- 
nistro lU' Fomento, es tipo muy especial. Goza, y en- 
tiendo que muy merecidamente, de envidiable reputa- 
ción como técnico y como individuo. |>ero tiene sus 
vistas a filósofo pesimista, con sus ribetes de misán- 
troiK); no gusta de relumbrones ni vanidades, no se 
afana porijue sei)an (pie es Ministro, ni ponpje lo vean 
cerca del Presidente: gasta pocas palabras y menos 
amigos: tiende a la austeridad y a la reserva; suele 
mostrarse cáustieo y aun agresivo en las respuestas, 
con las (pie ni a sí mismo se indulta: eorre por ahí la 
que diera un día a persona (pie se informaba del esta- 
do de Sidud de su familia: 

— ''La familia de Zarco, (pierría l'd. decir l'ues, 
se halla sin novedad " 

Es de advertir que ea.s(') con la viuda del inolvida- 
bl(* orador parlaiiu'Utario don Franeiseo Zarco; (jue 
ha sido un pa«lre para los hijos de éste, y (jue él, Fer- 
nande/, eareee de sucesión. 

Del s«*ñ()r -Mariseal y de su esjwsji ¡(pié he de opinar 
qu<- no redunde en su elogio T 

Faltan en lista los señores Limautour y (iral. don 
Ucrnardo U«yts, uno de los cuales, — a creer en zidio 
íte» y oráculos iwlíticoB, — será el Presidente déla Repéi- 
bliea. Hoy por hoy. sin vacilar votaría yo a favor del 
primero, aunque no MU|»onga a ninguno de los dos |k}- 
seedor de los grandes mereeimientos que para aspi- 
rar a puesto tamaño debierun de atenorarse ; mas, bien 

— 46 — 



MI DIARIO 

mirado, lo propio ocurre eu todas las naciones del glo- 
bo, igual en la vieja y cultísima Inglaterra, en Fran- 
cia, Rusia, Alemania o Estados Unidos, que en Ecua- 
dor, Bolivia o Nicaragua. En unas, suben los prínci- 
pes por sus méritos dinásticos — cuando las dinastías 
los poseen — aunque personalmente luzcan más vicios 
y máculas que los combatidos por fray Luis de Grana- 
da en su " Guía de Pecadores, " y en las otras, los hom- 
bres suben a virtud del imbécil e inmoral sufragio uni- 
versal; o gracias al fraude, a la corrupción, a la violen- 
cia ... ¡ Qué le hemos de hacer ! . . . . Lo importante 
es que una vez arriba, honradamente se preocupen por 
lo poquísimo bueno que es dable alcanzar en este mun- 
do. ¿ Méritos ? . . . ¡ Qué contados son los que se encum- 
bran debido a ellos; en la íntegra ^^ Historia Univer- 
sal/' pueden enumerarse con los dedos de una sola 
mano. . . En cambio, abundan los que los adquieren 
en las alturas y desde las alturas los aplican. Se com- 
prende, pues basta y sobra con la rectitud de espíri- 
tu para labrar felicidades, si a discreción dispónese 
de enorme suma de poder y de poderes, y de enorme 
suma de elementos. 

En el caso actual, no sé, quizá mi preferencia de- 
penda de simpatía personal. Mi candidato es Liman- 
tour, salvo que andando el tiempo me lo descompon- 
gan o se me descomponga él solo. 

El banquete, tan desaborido y tedioso como todos 
los de su especie, dondequiera que los sirven. 

Después del café y los licores, apurados eu los salo- 
nes de desahogo y en el billar, audición de un octeto 
godo, cuyo director me suelta cada vuecencia, que ni 

— 47 — 



F. GAMBOA 

on rl inisiiiísimo sitio yví\\ áv Aranjin-z se han do oír 
más (It'lt'trt'íulos y sonoros. 

Muy sjitisfcrho salgo <lo la |>alatina fiesta, eonfiado 
t'M <|iit' la generación a <}ue mi hijo pertenece no se pa- 
rezca en nada a la nuestra, tan plagada de defec- 
tos, tan sin voluntad, tan poco estimahir. cívieaniente 
hablando. 

Comien/a <•! hosinii- a ensonihi'eeersc. todo se ve som- 
l>río, hasta las eahelh-ras de heno (pie euelgan de los 
ahiiehiiet«*s venerables, los viejos druidas mtidos. pero 
eoii alma y up-moi-ia. (pie tanto han presenciado... 
Sí, nuestros hijos y los (pie les sigan, titiu n ^\\u- ser 
más educados, más dignos, más hombres «pie nosotros 
(pie S('»l() hemos sido los interme<iios entre los pn'teeres 
y los In'-roes de nuestras dos iiidi'i».Miil<Mii-ias. \ filos. 
los de mañana 

Salimos del bos(pie y entramos en el l'a.s«'o de la 
Keforma, (pie hoy i)or hoy es símbolo y anhelo. 

— ¡Reforma! pero bien eiitedida. . . . y el país 
reaccionará. Poco importa (pie la evohici»'>n tarde al- 
gimn años, muchos años; para la vida de los pueblos, 
el tiempo no cuenta lo mismo (pie para la vida de los 
hombres. 

10 DK ENF.Bo. — ¡ Ix) propio aca<H!eme en todos mis re 



gr»»H08 



En cuanto me cercioro de c('mio andamos política, so- 
cial e individualmente, me ataca una morriña sin lí- 
mitefl y doy de bruces en un pesimismo enfermizo. 

Con mis repetidas y largas ausencias h/iseme aumeii 
tado hasta la idolatría el hondo amor (jue i>or naci 
miento y raza nutro desde pcfpieño hacia Mí'xico. 

— 48 — 



MI DIARIO 

Cuando a él he vuelto de países que a todas luces le 
son superiores, Europa, los Estados Unidos, la Argen- 
tina en ciertos aspectos, he llegado con la ilusión de 
hallármelo, si no a la par de lo ajeno, sí aproximán- 
dosele, con probabilidades positivas de igualar a lo 
que por mil razones y causas — de que no somos direc- 
tamente responsables — nos queda tan por encima. Y 
cuando a México he vuelto de países que como los cin- 
co Estados de Centroamérica le son innegablemente 
muy inferiores, hame reanimado la certidumbre de 
que a cada día — salvo un cataclismo político o social — 
les quedamos más adelante, más, más 

¡ Menudo que ha sido el desengaíío en aquéllas y 
en estas ocasiones! 

Cierto que continuamos a ventajosa distancia de las 
trágicas repúblicas centroamericanas ; pero cierto tam- 
bién que Europa y los Estados Unidos, considerados 
en su conjunto y a pesar de sus sendas imperfecciones 
majaisculas, a cada instante van dejándonos más a su 
zaga. Y allá vamos \ Dios sabe a dónde ! dolientes, sin 
orientación ni ideal, sin curarnos de pasados ni futu- 
ros, superficiales, indiferentes, viciosos; sólo preocu- 
pados de tesaurizar coute que coute, de proporcionar- 
nos, según los temperamentos, el mayor número de 
placeres y comodidades, a trueque del menor trabajo 
y del esfuerzo menor ; sin nada noble, ni alto, ni eter- 
no ! 

Si dice usted que cree en Dios, las clases directoras 
(?) y las pensantes ( ?), por obligación administrati- 
va y jacobinismo indigesto, se le ríen en las barbas, 
o en la cara si uno es lampiño. Nos la damos de na- 
ción atea, y por ende, adelantadísima; sin reflexio- 

— 49 — 



F. dAMIíOA 

nar que ninguna de las que valen y ¡)osan, ¡¡¡ni una 
sola!!! alardea de error tamaño, al eontrario, todas 
son ereyentes, to<las invocan a Dios para el mejor lo- 
gro de cualquiera de sus empresas. ... No sabemos 
leer, nos hemos olvidado de rezar; somos espíritus 
fuertes (¡ !) que no creen en Dios, — quédese tal pue- 
rilidad para hembras y rapaces, — pero en retorno, de 
tanto creer en el (Jeneral Días hoy, en Tturbide. San- 
ta Anna, Juárez y Lerdo ayer, y mañana en el (pie 
venga, sea quien fuere, casi en vez de hablarle, le reza- 
mos, casi de rodillas osamos acercárnosle, y a fin de 
no desmentir de nuestros ancestros indios, ]>oco nos 
falta i)ara no sentirnos dignos ni de mirarlo a la ca- 
ra, según es fama nadie miraba a .Moctezuma el Di vi 
no. . . . 

Si dice usted que cree y espera en el Arte, sus es- 
casísimos y discutibles sacerdotes y monagos lo negj»- 
rán a usted, o lo nu>rderán vivo hasta no dejarle roído 
el e8t|ueIeto; y el público, la masa, la turba, lo bauti- 
zará de vago mal entretenido y pernicioso. . . 

Si hai)la ustetl de lil)ertades, de vida propia y res- 
petable ; si pregiinta qué planes hay para lo porvenir, 
para eonjiirar el peligro i>erp«'tuo <le nuestros bien- 
inti'neiona<los vecinos del Norte, e.sos hunos más te- 
mibles que los otros, porque aquéllos murieron, y és- 
tos viven sin tra/as de extinguií-se ni de variar de pro- 
pósitos; si pregunta cuahpiicr cosa puesta en razón, 
como nacionalmente nos hallamos en crónico período 
de sinrazón, le sti|)riinir;'in a usted «-I saludo, lo amena- 
zarán con inmediata pénlida <le empleo y total sus- 
pensión de víveres, lo denunciarán a las autoridades, 
o. «i buen año alcanza, lo de<'lararán despechado, en- 

— 50 — 



MI DIARIO 

vidioso, selenita y antipatriota ; a una lo llamarán po- 
co práctico, locución que de grandísima boga disfru- 
ta, porque escuda porción de contemporizaciones y elas- 
ticidades inconfesables. Y no se diga que es culpa del 
General Díaz, por ser quien hoy se encuentra arriba; 
con sus predecesores ha sido la misma tonada, la cual, 
de tanto tocarla, raya en perfecta, y nosotros, los eje- 
cutantes, pues, rayamos en virtuosos 

Esperemos que a mi regreso venidero, note yo sig- 
nos de aliviólo se me quite la manía de escribir jere- 
miadas inoportunas que a la mayoría de los comprado- 
res de "MI DIARIO," quizás los incomoden o con- 
traríen. Y como entre ellos los puede haber extraños, 
y aun malquerientes de México, que batirían palmas 
de que un mexicano legítimo dé a la estampa porida- 
des tantísimas, pongo punto al abundante capítulo, 
me embozo en aquello de que "al buen callar llaman 
Sancho," y en memoria a los refranes del famoso es- 
cudero, aquí imprimo uno que si no lo fuese, merecía 
serlo : 

— "¡La ropa sucia, SQ^lava en casa!" 

15 DE ENERO. — ¿Influjo irresistible del medio o 
influjo, más irresistible todavía, de la abulia que me 
aflige y en México se exacerba ? . . . . 

En buen amor y compaña con uno de mis muchos 
"hermanos," corro la borrasca número primero, es- 
coltada de su correspondiente destrozo en salud y cau- 
dales. 

Proyecto de una temporada en el balneario de Te- 
huacán, y proyecto de no reincidir en nuevas calave- 
radas. . . . Veremos a ver cuál de los dos se realiza. 

— 51 — 



F. GAMBOA 

26 DK FKBRKRO. — Un mes de mala ratailura. y con- 
fornic a las Partidas, do ''malos fechos" roiisii^ii {«entó- 
rnente, tirado a las cuatro estjuinas, dejándome llevar 
de pasiones y debilidades; mucho más loco yo que el 
mismísimo fchroro, a posar de su fama. Lo i>rincip¡/' 
con dolencia física que me tumbó en la cama. 

Me admitieron como socio subscriptor en el Casino 
Nacional, el primero de nuestros centros sociales des- 
pués del Jockey Club, que es nuestro centro aristo- 
crático y exquisito. Este otro, nó; presume de \n8tas 
más arapliíus y liberales, se entra en él con facilidail 
mayor, y su fisonomía no carece de interés y varie- 
dad. 

En cierto modo, es un club político, no ponpie en 
las sesiones de su directiva, de política se trate, sino 
porque una buena parte do sus miembros, políticos 
son, y militantes y de enjundia muchos de ellos. Curio- 
sísimo resultaría un catálogo biojfráfico de sus com|)0- 
nentes. Hay (Jenerales ile verdad y de méritos, y (h'- 
nerab^s do i)effa, unos cuantos rezapados de nui'straK 
é|)ocas turbulentas y turbias: hay Senadores y Dipu 
tados pro|)ietarios, suplentes, en a^^raz y en sidmue- 
ra ; Ciobernadon*s de antecedentes limpios y de an- 
tecedentes sucios; (lobernadores que han sido y Oo- 
bcnunlores que lo serán: Maffi.stra<los de la Corte, del 
Tribunal ; Jueces Civiles, Penales, Correccionales y <lo 
Distrito; hacendados y terratenientes, domiciliados <» 
de vaeacioni*s en la iiietr<'»poli ; extranjeros con nu'ts 
humos que floresta incendiada ; Corredores de Minaji- - 
«•Mpiritualmente bauti/Jidos de "Coyotes" en el habla 
familiar de la «-iudad — numirrotOH o cautos wf^ún an- 
dan las lH>nanzas de sus acciones y corretaj»*»* : wño- 

— 52 — 



MI DIARIO 

ritos y vejetes, viciosos y ociosos; en suma, el abiga- 
rrado total que pulula en todos los círculos donde se 
juega. Porque a este respecto, el Casino corre parejas 
con el Jockey : hay haccara y poker, tresillo y malilla ; 
"paco monstruo," y otra porción de monstruosidades 
naipescas. 

He resultado concurrente asiduo, y tal asiduidad 
nada bien me presagia. Soy de los que casi siempre 
pierden, y lo que es peor, de los que quieren desqui- 
tarse. 

De tiempo en tiempo, la cariñosa voz de Jesús Con- 
treras, me predica y aconseja la abstención; pero 
¡ quiá ! estoy muy herido y necesito restañarme la san- 
gre de las heridas que yo mismo me causo. 

Y mis modestísimas economías, mis sueldos casi ín- 
tegros se me escurren y liquidan por manera alar- 
mante. 

29 DE MARZO. — Continúo en el vórtice, a un punto 
tal, que ni en este MI DIARIO vuelco ya las ideas 
e impresiones que prójimos y sucesos me producen. 

Conocí en la Subsecretaría de Relaciones Exteriores, 
a Francisco A. de Icaza, primer Secretario de nuestra 
Legación en España, y poeta bastante distinguido. 
Ha venido a México, al cabo de años de ausente, en 
uso de licencia y trae consigo su "Examen de Críti- 
cos, ' ' recién publicado en Madrid, en el que trata muy 
acerbamente a doña Emilia Pardo Bazán. 

Nos presentan, y cruzamos poquísimas palabras ; las 
suyas, pronunciadas totalmente a la española. 

10 DE MARZO. — Invitado por Jesús E. Valenzuela, 
— 53 — 



F. GÁMIiOA 

director de la "Revista Moderna" aetualmeute ins- 
talada en una de las muchas viviendas en que se ha 
suhylividido el antiguo y monumental palacio levan- 
tado en la es<iuina de San P'rancisco y Coliseo. — por 
aquel don Manuel de la Borda, de argentífera memo- 
ria, minero afortunado, que, es fama tendió desde las 
])uertas de su morada hasta las del Sagrario Metro 
politano doble ringlera de barras de plata el día del 
bautizo de su primogénito, para que dentro de ellas 
caminaran las carro/as de la comitiva, — leí ayer los 
capítulos I y II de "Santa," mi novela en prepara- 
ción ; y dentro de unos días, leeré el III. 

Hallábanse presentes casi todos los de la redacción 
y aun algunos extraños a ella. 

Buena idea la de "Tute," estas lecturas y reunio- 
nes, inatiguradas por Jesús TIrueta poco ha, con el bri- 
llantísimo víM-bo que le es propio. Jesús Urueta, que 
acaba de regresar de Europa, a la que fué pensionado 
particularmente por un rico banquero de Chihuahua. 
Enrique C. Creel, según me cuentan, se halla en es- 
tos momentos, si no en la plenitud de su talento, que 
es mucho y time de dar todavía en los años que le 
<|uedan por dchuite y que yo le deseo, mayores y me- 
jor .sazonados frutos, — salvo qu»; su salud (pie no es 
buena se lo estorbe, o que su temperamento, que allú 
s«' las disputa con su sjilud. lo d«'srarríe. — sí se halla 
en la cúspide de la popularidad y «le la fama. No 8<'>lo 
habla de perlas, sino que ha traído de ultramar una 
maiura de accionar y de decir, que cautiva y arran 
ea aplausos, casi siempi-e ovacion<»M; no hace uso de 
la tribuna, ni siquiera la consiente, va y viene jwr el 
tablado, ae aproxima o aleja de su auditorio, modula 

— 64 — 



MI DIARIO 

muy bien, declama, dispone de inesperados arranques, 

la voz es agradable, su figura juvenil lo ayuda 

vamos, que es un actor de genio. 

Comienzan a llamarlo "el divino" y "el griego," 
y él se rie, se alza de hombros, pero en el fondo ha de 
sentirse halagado. La juventud intelectual está for- 
mándole aura envidiabilísima. 

Dicen que trae, escrito en Europa, un prólogo del 
que se cuentan maravillas, intitulado "Dulcinea." Se 
espera con ansia que lo publique, y sobre todo, que 
acabe el libro que ha de seguirlo. 

20 DE MARZO. — Camino de casa, dentro de un simón, 
advierto todos los preparativos oficiales qvie las au- 
toridades y el Ayuntamiento han hecho para recibir 
al Presidente, que hoy debe de regresar de un viaje 
al Balsas, Huitzuco y Cuernavaca, en el que por poco 
no sucumbe después de una de sus acostumbradas ca- 
cerías. Enfermó gravemente del estómago, a tal pun- 
to, que los políticos, alarmados, cuéntase que se acer- 
caron al General don Bernardo Reyes, Ministro de la 
Guerra y uno de los dos candidatos a la Presidencia 
de la República, con el fin de saber lo que haría en el 
supuesto de que el Gral. Díaz falleciera .... 

Muy elocuente ha estado la fisonomía de la ciudad 
durante todos estos días en que la muerte ha amena- 
zado al Presidente: ha habido cabildeos y reuniones, 
ansiedad y congojas, ambiciones que ya no se disimu- 
laban, inquietudes, pronósticos, censuras, alabanzas. . 
¡ qué sé yo lo que no ha habido ! , . . 

Contra lo que' sí protesto es contra la palabra "trai- 
ción," que algunos, los archigobiernistas, han lanza- 

— 55 — 



/'. (i A uno A 

do a manera de anatema sobro la cabeza de los que se 
llegaron al (Jral. Keyes en demanda de su persona pa- 
ra el evento de una acefalia. i Por qué traición ? . . . . 
lia tal maniobra, easo de haber existido, — lo que yo 
no dudo, — podría justificarse i)lenamente, dado (jue 
llevóse a cabo bajo el supuesto de que el General Díaz 
sucumbiría; y no sé (|Ue haya traición para con un 
muerto. Traiciónase a los vivos, cuando si* trata de 
arrebatiu'les lo que tienen o de desposeerlos de jerar- 
• juías y alturas. A lo sinno, podrá liabci* habido ¡ire- 
mura, apresuramiento, festinación, pero nada más. 

Sea como (piiera, ya se habla de castigos y escarmien- 
tos a ingratos, ambiciosos y descastados; y por lo pron- 
to, la ciuilad mírase colgada de trofeos, banderas y 
guirnaldas, con tropas tendidas a lo largo de las ca- 
lles del tránsito, con focos y farolitos suplementarios 
que la iluminarán con exceso en cuanto la noche, — 
(|Uo no tarda, — la cobije del todo. 

Frente a la conmoción real que ha cmbargaiio a la 
metrói)oli y buena parte del país, mientras la vida del 
President»' pmilió de un hilo,yo me preguntoi(|ué será 
de veras de nosotros, el día que el ('audillo de.sa|)arez- 
caT. . . . Comprendo y reconozco que es inmoral y fal- 
sii la teoría de los hombrea indisp«'n.sables; que los tles- 
tinos de un pueblo no deben depender de lo efímero 
de una existencia humana, por prolongada y bmefi- 
ciosíi (|ue resulte, pero. . . lo cierto es (jue a juzgar <le 
apariencias e indicios, Porfirio Díaz, si no indispen- 
.sablf <'n lo absoluto, sí es necesarísimo a la trancjuili- 
dad y progreso de México. Ocurre con él, lo que según 
Goethe ocurría con NajMjleón el Grande: 

— "(ycst un ctr( <¡'onfrr siipi'rií ur. .M<iis la cdusc 

— 56 -^- 



MI DIARIO 

''principóle de sa puissance, c/est que les hommes 
" sont surs, soiis ses ordres, d'arñver a leur htit.Voila 
' ' po2irqiioi ils se rapprochaient de lui, comme de qui- 
'' conque leur inspirera une certitude pareille." 

31 DE MARZO. — Domingo de Ramos hoy, que para 
mí se ha anunciado pésimo: al despertar mi hijito 
esta mañana, nos lo lleva su cuidadora Juventina, alar- 
mada de notarlo jadeante y con luia tos muy sospe- 
chosa. . . . 

Por puro instinto paternal, diagnostico desde lue- 
go que se trata de pulmonía; y el doctor Licéaga, a 
quien acudimos en el acto, desdichadamente confirma 
mi diagnóstico aventurado.' Es, en efecto, una pulmo- 
nía, y seria, su principal foco se halla en la base del 
pulmón derecho .... 

Un mazazo en la mismísima nuca me habría pro- 
ducido menor aturdimiento .... 

Licéaga no podrá tratar el caso, pues debe partir a 
Guanajuato por el tren de la tarde ; nos enviará a un 
doctor que suele hacer sus veces y en quien tiene él 
máxima confianza 

4 DE ABRIL. — Jueves Santo. 

Mi hijo, en una gravedad suma, una gravedad es- 
pantosa, la de los niños que todavía ni a las derechas 
hablan, ni nada saben de vidas y muertes. . . . Tum- 
bado en su camita, amodorrado con la altísima fiebre 
que lo consume, apenas si se queja ; sólo habla para lla- 
mar a su mamá y para pedir agua y más agua . . . He- 
mos pasado unos días, que únicamente los que sean 
padres sabrán avalorar . . . Anteayer, como el médico 



0/ 



F. GAMBOA 

de cabecera tardaba y mi hijo so nos pusiera peor, — 
una de las tantas alternativas de la pulmonía, — »!ulo- 
quecidos llamamos a un facultativo de las cercanías, 
que hoy qued() en volver ; y hoy se han encontrado él 
y el de cabecera, a quien no oculté la aparente incon- 
secuencia. Después de que juntos y separados exami- 
naron a nuestro enfermito. de que leyeron sus mutuas 
recetas, reúneuse a hablar, a solas, y cuando coniilu- 
yen su conciliábulo ¿saben Uds. lo que me comunican 
entrambos?... ¡<|U0 ni uno ni otro pui'dc seguir <'u- 
rando al niño, supuesta mi desconfianza cu su ari.M-to 
y conocimientos profesionales! 

^le dejan mudo, con vivos deseos de írmeles enci- 
ma, espantado de que pueda haber individuos que así 
se comporten en un caso grave que reclama ttk'nica 
asistencia incesante. ... De nada sirven mis instan- 
cias, nuestra infinita congoja. . . . Los dos se despiden, 
entre aspavientos y frases que no percibo a las cla- 
ras; los dos s(í marchan, al propio tiempo, a tomar sus 
sendos carruajes y a seguir ejerciendo su augusto( ?í) 
ministerio!!! (asi me vi tentado de llamar a un gfu- 
darme, para (pie los detuviera y se los llevara presos 
como a dos criminales que se fugan. . . . 

Mi hijo unicho peor, es la de hoy una do las no<h«'s 
de nuiyor peligro. . . . 

El único médico constante que no nos ha abandona- 
do desde un principio, es Manuel Zubieta. «pu' vive 
al lado; hijo de un justo, don José, de quien he de 
intentar un retrato moral en estas páginas. 

f) PK ABKiL. — Viernes Santo. 

En el (íolmo rlc la deaesperación, me lanrx) cu bxm- 

— 58 — 



MI DIARIO 

ca de un médico que me salve a mi hijo, si es que Dios 
ha de permitir que salve de ésta. Las calles, hasta el 
centro de la ciudad, pletórieas de gente que recorre los 
templos. 

No doy con Gregorio Mendizábal, que es amigo mío ; 
pero en la calle de Montealegre inteinimpo la lectura 
o estudio de José Terrés, quien luego de oírme, no sólo 
no se niega a hacerse cargo de mi hijo, sino que me 
añade : 

— "Yo no tengo que saber si otros médicos lo han 

visto. Ud. quiere que yo lo vea, y eso me basta 

¡Vamos!".... 

¡No son bendiciones las que mentalmente le prodi- 
go! ¡Le besaría los pies, vaya si se los besaría ! 

Mi hijito casi ha agonizado esta noche, materialmen- 
te vi que la muerte nos lo arrebataba cuando íbamos a 
meterlo en el baño .... 

7 DE ABRnj. — i Bendita mil y mil veces sea esta Pas- 
cua de Resurrección en que Dios quiso hacerme el in- 
menso milagro de que mi hijo también resucitara ! . . . 

La pulmonía ha cesado . . . 

Y la frase que un buen amigo, de los varios que nos 
han acompañado durante la durísima prueba, me for- 
muló noches atrás, a guisa de consuelo, por dondequie- 
ra la veo centellear, sobre todo por cima de la camita 
de mi hijo que ya nos pide la mano con las suyas fla- 
quísimas y diáfanas : 

. — "¡Dios se lleva rara vez a los hijos únicos!" 

Que así sea, es lo que imploro con todas las veras 
de mi alma. No apetezco nada, nada, nada fuera de 
mi hijo, i Es mi tesoro, la flor y el fin de mi \ada! 



59 



/'. GAMBOA 

9 DE ABRIL. — Llevamos dos días de iniciada la conva- 
lecencia; mi hijito pn una debilidad tal, que diríase 
que el más tenue de los soplos podía derribarlo. No 
atina a tenerse en pie; y con el enflaquecimiento y la 
extrema palidez, sus ojos, sus ojazos han adquirido 
unas proporciones extraordinarias. Quietecito se es- 
tá las horas de las horas, frente a un montón de ju- 
fj^etes que contempla más que como niño, cual si fue- 
ra fabricante de ellos o esperara descubrirles secretos 
y misterios Y cuando nos mira a nosotros, cuan- 
do se medio ríe, especialmente, hay un no sé qu»'* en 
su mirada y en su sonrisa que a su madre y a mí nos 
enternece hasta las lágrimas. . . . 

11 i)K .\HKiL. — No cede el mal... A cierta hora, no 
hay poder humano que me estorbe el ir y sentannc al 
baccara del Casino. Durante el día, hago la resolución 
de no tlaípiear, de apartarme de este hábito condena- 
do que nunca padecí a extremo tan alarmante ; y en 
cuanto cae la tarde, invento pretextos, esquivo com- 
promisos, rehuso invitaciones, y me encamino al des- 
pluraadero 

Luego, en las madrugadas, contrito y maltrecho, 
impónense los derivados de existencia semejante: so 
va uno a cenar y a beber a las fondas nocturnas y de 
pelea, a sufrir vecindades abochornantes, a codearse 

con toda clase de gente Y por remate, los regresos 

al hogar, presa de remordimientos e iracundias, de 
anhelos y tristezas, ni más ni menos que un delincuen- 
te que ha escapado d«* la jtolicía, pero (pie no acierta 
a eKcai)ar de su propia conciencia 

Ansias secretaa de que alguien o algo venga a sa- 

— 60 — 



MI DIARIO 

carnos de la inmunda ciénaga que va tragándonos y 
tragándonos mientras más multiplicamos los esfuerzos 
por libertarnos de sus zarpas despiadadas y visco- 
sas 

4 DE MAYO. — Arreglada por Jesús Contreras, la no- 
che de hoy dio Francisco A. de Icaza en la Sala "Wag- 
ner de la calle de Zuleta, una conferencia sobre ' ' Cam- 
poamor íntimo." 

No concurrí. 

Y la noche de hoy ¡la noche de hoy! yo me la he 
pasado con Ana Radcliffe, Hoffmann y Poe, en una 
pesadilla imborrable, que quién sabe si no me dejará 
lacrado para siempre. . . 

1.° DE JULIO. — Después de estos dos meses en que no 
he tenido ánimo para asentar en MI DIARIO porción 
de sucesos infaustos y gratos, ni impresiones, ni na- 
da; dos meses que seguramente me cuentan por dos 
décadas lo menos ; dos meses durante los cuales he po- 
dido palpar satisfacciones dulcísimas de verdadera 
amistad, — díganlo principalmente Antonio de la Pe- 
ña y Reyes, y Alfredo de la Portilla, que no me han 
desamparado un solo instante ; mi hermano Pepe, que 
me ha mostrado una fraternidad amorosa y poco co- 
mún ; el señor Mariscal, que si mi padre hubiese sido 
no se comportara mejor (aun le oigo sus profundas 
frases en nuestra íntima y solemne conferencia de des- 
pedida en su casa de Tacubaya: "Todos olvidarán, 
lo que importa es que Ud. no olvide nunca! . . ." 
— ^y amarguras y decepciones hondo grabadas, en 
unión de mi mujer y de su hermano Rafael, de mi 

— 61 — 



¥. GAMBOA 

hijito y de su aya, parto a las 9 de la noche, j>or el Fe- 
rrocarril Mexicano, rumbo a Vcracniz. y a Oiiatema- 
la por la tercera vez. En cambio, es la prinu^ra que 
no experimento el gran dolor que siempre nif» origi- 
na partirme de mi tierra. ... ¡Al coiitrariol anhelaba 
salir, anhelo no regresar en varios años. . . Que las 
misericordias del tiempo caigan y caigan sobre las me- 
morias y las maloílicencias. . . 

Lleno el paradero: mi hermano, mis gontes, mis 
íntimos, un indiferente que otro cuya silueta enf unía- 
se en el conjunto de afectuosa simpatía que a aus«'n 
tarmeestimúlainc. Los muchos bnizos que me estrechan 
fh verdad, las lágrimas, que al aproximarst* nuestros 
rostros para iiuiiiiiurar las pahibras truncas y emocio- 
nadas de los adioscs sinceros, se (ntifiiiiiliii r.m bw 
mías; todo me alienta y reanima. . 

Y cuando el tn>n se hunde en la noche \ nosotros 
en nuestras yacijas, la carrera del monstnio, las som- 
bras negras que contemplo al travíV» del cristal de mi 
ventanillo me reconfortan y alegran; no duermo, nó. 
ruego mentalmente qtie el tren corra más, que corra 
mucho, mucho, hasta donde no me alcancen mis pro- 
pios pensamientos 

Por (.'órdoha despierto, en plena gloria de una ma 
nana i-ostcña, el aire que dejo penetrar a sus anchas, 
me htiele a monte y a gardenias 

; Qtié inmenso pr'> ' ■"' I <!♦' la vida! 

2 DK .H'ijo. — En Venicniz des<le temprano, con tem- 
p»'ratnra sofocante y muy justificados temores de que 
la fiebre amarilla — implaral)le este año — ataque a al- 
guno de los míon. Sin que ellos lo adviertan, a cada 

— «2 — 



MI DIARIO 

momento paso revista muda de sus semblantes, y me 
tranquiliza el no descubrirles nada. Mi hijo, a quien 
la pulmonía me lo ha dejado muy desmedrado y fia- 
cucho, ríe de lo que suda, de lo que contempla, prin- 
cipalmente del falderillo de la casa, persi^iendo a 
saltos y ladridos unas "canicas" que le arrojan las 
chicas de Manuel S. Iglesias — en cuya casa, según 
uso y costumbre, hemos parado hoy, — un veracniza- 
no por acaso, desde hace doce años que \ano a fijar 
su residencia en este puerto tres veces heroico. En la 
actualidad, no nada más ejerce su profesión de médi- 
co, sino que es el delegado del Consejo Superior de 
Salubridad y catedrático en la Escuela Naval. 

El día entero se nos pasa en muy íntimo charloteo, 
por lo que hemos dejado de vernos y por lo que dejare- 
mos, durante esta nueva ausencia mía ; pues a Manuel 
y a mí nos ocurre el fenómeno harto frecuente de ser, 
desde chicos, más amigos que parientes, a pesar de 
que el parentesco es ya de suyo demasiado próximo: 
primos hermanos. 

A la tarde, camino del muelle, nos entramos en la 
Parroquia, a cristianar el hasta ahora últimogénito de 
Manuel, a quien yo tendré en la pila de parte de Fer- 
nando Iglesias Calderón, otro primo nuestro. La cere- 
monia ritual, rápida, con escaso interés fuera del in- 
trínseco que es enorme ; solos el párroco y nosotros, y 
una pobre vieja que se deshace en augurios por la di- 
cha futura del recién nacido. 

Y a las 5 en punto, a bordo del ' ' Yucatán, ' ' inmun- 
do barquichuelo nacional de los armadores godos Ro- 
mano y Barreteaga, levamos anclas. . . . 

— 63 — 



F. GAMBOA 

3 DK jiMO. — En Coat/at^oaU'Os. 

El calor, tan inteuso o má.s, «i cabe, que el de Ve- 
racruz; pero, eii retorno, ni en el "Colón" ni en su 
rival el "Tabas(|ueño'' hay liahitacioncs ilisponihle.s. 

¿Dónde paso yo la noche con mi tribu?.... Ni el 
recurso de ii"8e a la playa en busca de fresco, pues 
por aíjuí abundan los paludi.sinos, los mosquitos y otra.s 

alimañas mayores Sin embargo, no nos movemos 

de junto a nuestros etjuipajes, para nu'nos sudar si- 
quiera. . . Al eal)o (le Dios te ^fuarde, el astur proi)ie- 
tario del "Colón" nos anuncia un par de cuarto.s, a 
eual ¡Híor, pero (jue antójansenos rejfios eámarinos. 

4 DK JULIO. — En (,'oatzacoalcos. 

Día de inmovilidad y poca ropa, «le nuuho abani- 
co y gran copia de limonadas y tamarindos helados. . . 

En la tarde, cuando el "Astro-Rey" ¡vaya un rei- 
nado! se liundc tras-os-niontcs despu»^ de habernos 
iicliicharrado sin mi.sericordia, de.scul)ro a mi hijo en 
brazos d(? Juvcntina, entregado a un pa.satiompo <|uc 
al pronto me horroriza : .sentados a la .sombra en el pi.so 
de vigas que forma el delantero del hotel, sí; entre- 
tienen, Juventina, en hostigar por los intersticios d« 
la madera al sinnúmero de cangrejos de di.stintos ta- 
maños, que al cabo salen a luz, enfurecidos y lívidos, 
sus antena-s erectas, caminando <le lado, con rapi<lez 
paxmosa y agresiva ; y mi hijo en reír, en reír sin tre- 
gua frente al hervidero de los bichos odio.sos, frente 
a 8UH carreras y movimientos dcsconii)a.«iado8; hasta 
se le conocen las ganas de aprisionarlos entre sus de- 
ditos Honrosados 

El que un cangrejo vivo pueda w r equiparado n 

— 64 — 



MI DIARIO 

•« 

un juguete, da al traste con porción de ideas hechas 
y aceptadas. Será cuestión de latitud y clima ; quizá 
los niños costeños, al igual de mi hijo, jueguen de 
veras con los repugnantes y antipáticos animaluchos. 
Por más que lo procuro, no hallo huellas que pue- 
dan evocar en esta villa de " Guazaeualco " la menor 
memoria de su ilustre regidor don Bernal Díaz del 
Castillo, mi grande y dilecto amigo. 

5 DE JULTO. — Casi catorce horas de tortura en el in- 
quisitorial ferrocarril que cruza este istmo de Tehuan- 
tepec desde Coatzacoalcos, hasta Salina Cruz, donde 
Dios mediante habremos de embarcarnos rumbo a 
Guatemala. 

Parece que debemos de darnos con un canto en los 
pechos: no hemos descarrilado ni una sola vez; caso 
raro en la línea, — que se encuentra en reconstrucción 
total por la firma británica de Pearson & Son, — en 
la que era de ordenanza descarrilar lo más posible, 
y detenerse en medio de los bosques, y mal dormir a 
bordo de los coches, en deliciosa y antihigiénica pro- 
miscuidad los pasajeros de 1.", 2.* y 3.^ clases, con 
mutua prestación de mantas y abrigos, con recípro- 
cas dádivas y probaduras de provisiones, fiambres y 
panes desmigajados. . . 

Tehuantepec al atardecer. Invasión del convoy por la 
brigada móvil de vendedoras indias ; casi todas bellas, 
altas y bien fonnadas, frescas, agresivos los senos tras 
los sueltos y policromos corpinos gráciles, acentuados 
los muslos mórbidos y las duras caderas amplias de 
hembras fecundas y prolíficas, capaces de repoblar los 
mundos; las dentaduras, que potíen al descubierto las 

— 65 — 



F. GAMBOA 

* 
sonrisas y los pregones de frutas y flores, como perlas 
iguales y vivísimas; las gargantas de j^alonia. colga- 
das de collares con ainuU'tos, medallas y momulas lias- 
ta de oro; las sayas estrechas, pegándose a las curvas 
tentadoras de sus nubiles cuerpos femeninos, que hue- 
len a limpio; los ojos, expresivos y rasgarlos, de ga- 
cela ; las crenchas de azabache, trenzadas con cintas 
de colores, o medio ocultas dentro de las albas cofia» 
tradicionales (pie iisan de siglos... Alguims son 
blancas, con carnaciones a la moda de Flandes, como 
las que pintal)a Kubens. ... V todas, hasta las ehiqui- 
llas j)reeoees que en otros climas todavía no fueran 
mujeres, todas son provocativas y voluptuosas, se arri- 
man al eoni|)rador y consienten (píe éste las jtalpe, 
para «'nardecerlo, todas m* ofrecen con sus adeinaues y 
mirares de animal en celo; ninguna propuesta las ru- 
boriza, ningún trato rechazan, ningún contacto las 

acobarda Kíen de todo, de fras«»8 y manoseos. 

ríen del hombre que las codicia, (pie las respira, (pie ¡i 
diario pa.sa eii el tn-n sin cpie a ellas les impoite de 
dónde viene ni a dónde va, (pie a las veces, dominado, 
humilde y pedigüeño, opta por pernoctar en el pueblo, 
con ellas, entre sus brazos tropicales, bebiendo en sus 
labios húnK'dos y rojos el filtro de su lascivia atávi- 
ca, con la que nacen, viven y mueren victorioHas d(íl 
macho, ignorantes «piizás de (pie pecan, inconscientes 
de su amonilidad. contentas y sanas, lucas bamadría 
das de la tierra caliente. . . . 

Mientras dura la provcK'ación, por el anden discu- 
rren individuos .sospechosos que han de ratificar los 
contratos infames y rápidos, cuyos precios cobran aíie- 
lantadn, y que se esfuman, calles dentro, precedien- 



66 



MI DIARIO 

do a las parejas enlazadas y mudas que comienzan a 
amarse 

Desde los ventanillos del tren, el pueblo divísase 
enano, coronado de palmeras, de alonas torres, de 
arboledas rumorosas y perfumadas, con ambiente ará- 
bigo Sigue obscureciendo, hay luciérnagas que 

se encienden y apagan en la atmósfera cálida; llega 
rumor de risas, de los que se marcharon asidos a las 
tehuanas ; la paz crepuscular principia a extenderse 
blandamente ; se adivina una tierra erótica, sensual y 
brava .... Ya prendieron las luces de los coches, y pa- 
labras guturales, en inglés, de los empleados yanquis, 
rompen el hechizo Partimos 

De Tehuantepec a Salina Cruz, cierra la noche y se 
abren las cataratas del cielo ¡ qué diluvio el que azo- 
ta a nuestro tren ! . . . . Para evitarnos una natación 
extemporánea y porque los ferrocarrileros se suponen 
que hemos de ser personajes muy empingorotados — 
traigo recomendaciones de la ciudad de México hasta 
para que nos instalen en la mejor casa de las de la 
compañía contratista del camino de hierro y de las 
obras del puerto ! — no nos bajan en la estación, sino 
que remolcado por una máquina ' ' de patio ' ' conducen 
el carro especial en que hemos viajado, hasta los pro- 
pios frentes del edificio que será nuestro alojamiento, 
y mozos con linternas y paraguas nos ayudan a apear- 
nos, nos alumbran las gradas que hay que subir, nos 
abren las puertas 

¡ Un palacio, para Salina Cruz ! Es una casona de 
madera, yanqui por sus cuatro costados, lo cual quie- 
re decir que es cómoda, amplia, ventilada y muy lim- 
pia. Como a mayor abundamiento, en ella se hallan 

— 67 — 



F. GAMBOA 

establecidas las oficinas superiores, la superintenden- 
cia o cosa así, y en ella viven dos o tres empleados 
principales, y en ella paran los gros boncts de México 
cuando por aquí aportan, el misino Míster Pearson y 
su secretario particular Carlos de Lauda y Escandón, 
— que es a quien yo debo la merced de semejante alo- 
jamiento, — dicho se está que el mobiliario es confor- 
table y hasta elefante — para estas alturas, babilónica- 
mente suntuoso! — con magníficas camas aseadísimas, 
armarios de luna, rocking-chnirs a porrillo, alumbrado 
eléctrico, agiia caliento y fría a voluntad, baño, ¡ ¡ ¡ W. 
C. automático ! ! !, y servidumbre oriunda de Tien- 
tsin, Shanghai, Pe-tchi-li y Chan-toung, silenciosa, di- 
ligente, vivaz y do pocas palabras. ... en castellano. 
En el Parlar (el idioma inglés os el que aquí domina), 
descubro hasta novelas y magazines, y en el Diyiing 
Ronm, en la mesa ataviada con vajilla de parcelana, 
cuchillería refulgente, cristal de St. Louis Mo., y man- 
teles nítidos, nos aguarda la cena humeante... No 
eroenios en nuestra dicha, máxime reeordando el Ho- 
tel del Pacífico en que pasamos una noche hace sois 
meses, i Qué sería de nosotros si a él hubié.semoR lle- 
garlo?. . . La misma lluvia, que no escampa, nos obli- 
ga a más estimar y más agradecer esta vivienda civi- 
lizada y gratuita a que nos ha empuja<lo la benevo- 
lencia de un amigo. lyo único de sentir es que la comi- 
da corra parejas con la nacionalidad de los fámulos: 
también ea china, comi)lica<la y «le lal)oriosa digestión ; 
la salsa del pollo, parece prófuga del "Jardín do 
los Suplicios." I>a fruta, on cambio. riquísimH, legiti- 
ma de la tierra. 

ArrtiHado« j>or el aguacíTo, fjue oje<'ut« mai*cÍAlei 

— W — 



MI DIARIO 

redobles en techos, paredes y persianas, como unos 
bienaventurados nos dormimos. 

6 DE JULIO. — Principio de nuestra villeggiatura sali- 
naerucense. 

Si no fuera por los rigores del clima, resultaría agra- 
dabilísima una permanencia aquí de dos o tres meses. 
La situación de la casa es ideal. Desde los cuatro vas- 
tos corredores que la circundan, disfrútase de pano- 
ramas poco comunes, sobre todo del corredor que que- 
da al Poniente, de cara al mar. 

El espectáculo que presenciamos durante el día, no 
puede ofrecer mayor interés: a los pies de la casa di- 
rectorial, — enclavada sobre leve eminencia, — hay un 
espacio libre, a modo de plazoleta, en cuyos extremos se 
levantan dos garitones que algún objeto tendrán. De 
las oficinas de los bajos, apenas si percíbese un sofoca- 
do tecleo de máquinas de escribir, de vez en cuando 
apagado tintineo del aparato telefónico. Sus morado- 
res son invisibles ; sábese que existen, por el eco de sus 
pasos cuando suben la escalera o cuando ambulan en 
sus habitaciones arcanas. Recortan la especie de pla- 
zoleta, dos esteros, por encima de cuyas aguas inertes 
centellean los paralelos listones de acero de varias vías, 
sin cesar recorridas por locomotoras de movimiento, 
acarreando furgones cargados de materiales, de pe- 
druscos enormes con reverberaciones en sus cuarzos y 
sílices; plataformas colmadas de operarios; cahooses 
embanderados; convoyes despaciosos con dinamitas y 
otros explosivos terroríficos, a los que desde lejos, hom- 
bres apostados junto a curvas y cambios, hacen señas 
de moderar la marcha, agitando los brazos en el aire 

— 69 — 



F. GAMBOA 

de fuego, nial si fuera a protluciree un pran sinies- 
tro Hay trozos, en (|ue los esteros so t rapan los 

rieles, que reaparecen más allá, hasta perderse en las 
Iontanan/.a8 pétreas de los cerros 

A la dertvha de mi observatorio, — fl corredor <lel 
frente, — a mediana distancia, una sucesión de morros 
calvos hunden sus faldas en las olaK que los a)>ofetean 
y escupen iracundas, despedazándose y transmután- 
dose en cataratas de espumas, irífuiéndos*' cnanto nu'is 
pueden erguirse, hasta simular catapidtas. pero cata- 
pultas impotentes para herir al cerro (pie se deja em- 
papar y les permite (pie lo alcancen en sus ])lanos y 
filos rocallosos, donde el líquido se d(*Hmenuza : que in- 
diferente las mira venir embravecidas y llamando a 
otras olas que con las asaltantes se enroscan y mez- 
clan, p insensible observa cómo se retiran después del 
asalto irifniefnoso, mutiladas y hechas añicos, bra- 
matxlo Dios sjil)e euántas maldiciones «le agonía, cuán- 
tas tremendas amenazas que en el acto se convierten 
en desesperadas realidades, en ataípies niu'vos eter- 
namente inofensivos El cerro, durante las breves 

t naguas, se enjuga, sacude el agua que por sus flan- 
eos n»sbala en hilos delgados y ípifbra«l¡zos. romo lá- 
grimas. ... Y que la pelea es implacable y recia, de 
odio de milenios, pregónalo el fragor que a i>e8ar de 
los kilómetros que me s(>para de ella, un tarjto dismi- 
nuido vieiH- a mis oídos: se oyen rctumlws de rañona- 
K08 ciclói>eoR, de rahiosna moHfpietcrías y caineneos 
amctrallamientos; es la perpetua lucha entre el Agua 
y la Piedra! 

Pero 1a Piedra, victorio«a del Mar. es la vencida 
del Hombre. 

-7p- 



MI DIARIO 

A intervalos, atruena el espacio una explosión for- 
íuidable; de' los flancos del cerro, despréndense volu- 
tas de humo que se deshacen a poco en la atmósfera 
densa y clara, y vese, abajo, entre polvos y lascas, pe- 
dazos de morro, disformes bloques agresivos y grises, 
de afiladas aristas irregulares que en su caída siguen 
desgajándose, hasta no parar en los suelos, que se es- 
tremecen a su peso, cual la montaña se estremeció en 
el instante de la brutal amputación. . . Y en los sue- 
los, dan los tumbos postrimeros, ebrios del dolor y 
del descenso rápido, y como que cavaran sus propias 
sepulturas, según se hincan tierra adentro .... El ce- 
rro, después de la explosión y de la quemadura, mueve 
a lastima ; las huellas del estrago, simulan llagas abier- 
tas en ser sensible ; las estrías carbonizadas, las venas 
y las vetas diríase que van a sangrar, creeríase que 
la mole recia fuera a quejarse. . - . 

Armados de palas y picos, los hombres que segun- 
dos antes de la explosión pusiéronse en cobro, — una 
fuga enloquecida, por grupos, — en cuanto aquella pa- 
sa, en cuanto el humo y el polvo se disipan, \Tielven 
contra el mutilado flanco del cerro por el que se dise- 
minan y en el que clavan sin misericordia sus herra- 
mientas que cabrillean al sol, y rematan la lenta y par- 
cial destrucción, siguen incansables, diminutos, frági- 
les y despreciables como insectos, siguen destruyendo 
y destruyendo al gigante que triunfó del Mar, siguen 
devorándolo a pedazos, con tenacidad de hormigas, con 
voracidad de gusanos; que eso es lo que parecen des- 
de donde yo los contemplo, eso, gusanos y hormigas; 
lo que en realidad somos, a pesar de jactancias y va- 
nidades. . . 

— 71 — 



F. GAMBOA 

Encima de la cumbre de la cordillera, se alza la to- 
rre del faro, aislada, .solitaria, valieiitr. resistiendo e.s- 
tos soles, ensordecida eon ol frapor de las ola.s que des- 
de abajo la maldicen. 

Sobro el mar casi, las frrúas poderosísimas, jrirato- 
rias, caladas, recoíriendo de los suelos pesados bloques 
de piedra, qtie vuelcan automáticamente en el seno 
de las olas; tal. musculados brazos (pie ya no pudieran 
con las peñas (pie levantan y lardan de improviso, 
cual si agotado el enonne esfuerzo, los bloques se les 
salieran y por sal írseles cayeran sin orden ni concier- 
to, según las salpicaduras .se yerguen y doblan con- 
tra las arenas de la playa y contra la escollera que 
trabajosamente comienza a dibujarsi- a flor de las 
aguas. . . 

A la izíjuierda de mi observatorio, el panorama es 
apacible: la ea.sa de empleados, muy más grande de 
la (pie nos asila, pintada de eaf(*, de varios pisos, en 
el inferior abiertas las ventanas del va.sto refectorio, 
cuyos interiores s»* divisan claramente. Más allá, cam- 
pando cada cual i>or sus respetos, con jardinillo al 
frente y corral a los fondos, ristieñas "villas" — cot- 
iagcs, para bablar al uso de la región, — en las que 
moran algunos altos empleados y uno que otro pionctr 
adinerado de la ciudad futura. . . . 

Ix) mismo que en nuestra casa, en la de los emplea- 
dos y cottagc», domina la servidiunbre de cbinos; chi- 
nos vcnse por dondecpiiera, enmandilados, sueltas sus 
trenzas, m<'»viles y vivaces loa ojillos ratoniles, mon- 
dando legimibres, preparando condumios y comistra- 
jos, fumando largas pipas metálicas. Las lenguris. más 

— 72 — 



MI DIARIO 

sueltas que las trenzas, escupen charlas ininteligibles 
de su idioma hermético y monosilábico. 

Atrás de nuestra casa, vislúmbrase a lo lejos el pue- 
blo que nace, se columbran edificios y toldos, se escucha 
desvanecido rumor; anoche, y así ha de ser todas las 
noches, veíanse luces, oíanse músicas, armonías erra- 
bundas de acordeones, organillos y guitarras .... De 
entre el caserío, señálase la estación del ferocarril, y 
no advierto indicio de templos. . . 

Hacia todos los rumbos, movimiento febril, continuo 
ruido de avispero, un laborar casi enfermizo, ansia 
manifiesta de ganar dinero dentro de este clima inhos- 
pitalario y homicida. Se escucha distintamente el ja- 
dear humano, más fuerte y angustioso que el de mo- 
tores, máquinas peregrinantes, plataformas y carros. 
Huele a sudor, los anhelos vibran, los tóraces hume- 
decidos se hinchan y contraen a ojos vistas. ... Y el 
sol ¡ este sol ! cayendo a plomo, como fuego derretido, 
como maldición bíblica, como castigo primitivo y per- 
durable. ... 

Vamos de suerte: hemos conseguido al mediodía 
una nodriza excepcional para mi liijito, obliga- 
do a sólo alimentarse con leche esterilizada que 
hay que prepararle empleando porción de aparatos 
y utensilios, todo un alambique doméstico. Quiso nues- 
tra buena fortuna que hayamos asegurado, sólo para 
él, una vaca joven, a la que por su color y mansedum- 
bre su dueña apellida "La Azucena." Pasta todo el 
día de Dios por los aledaños de la casa, atada con lar- 
ga cuerda a una estaca movediza que según pega el 
sol van clavando aquí y allí, acompañada del recen- 

-^73 — 



F. GAMBOA 

tal, hermano de leche a partir de hoy, de mi pobre- 
cito convaleciente. 

Poco antes de ponerse el sol, — qtie a la inversa de 
N'eracruz, pónese ín\\n de frente al puerto en proyec- 
to, — not«'' inusitado movimiento en empleados y ope- 
rarios. Del coche del papador. llegado esta mañana y 
detenido frente a la vivienda, en una vía de escape, 
muy escoltailo <1»' Rurales y puardas de la C'onípañía. 
han estado extrayendo sacos y sacos de pesos para li- 
ípiidar a los trabajador*^ la semana í|ue hoy, sábado, 
concluye. Y a eso de las 5, instálanse en los garitones 
de la plazoleta sendos i)aff adores, previo (h-spliepiie en 
rededor dr los nfdiculum, de la policía del hipar y de 
la de la Compañía, atinados de revólver o rifle, d»- 
bastón de castigo. Muy próximos a los pagadores, los 
capataces se alinean rou sus planillas en la mano, y. 
en las planillas, los nombres de los trabajadores, el 
miraero de horas que han trabajado, y jeroglíficos sólo 
para ellos descifrables. 

La "raya"' va a principiar. En dilatada extensión 
fueron llegamlo dos filas dobles de hombres, — una 
para caíla garitón, — sin grandes vo<'es. en marcha 
lenta y grave íel Dinero y la Miierte imprimen gra 
vedad), fumando y conversando entre sí; cual un reba- 
ño cnriMtdo, de vuelta al a[»risco y detenido jtnito a 
las rejas. A una orden cimsi militar, dieron media 
melta y se formaron frente a los depósitos de nume- 
rario, f|u«' e!i los interiores de Ins garitas repirpietea- 
ba a causa de los recticnlos. 

Y contempb'' a mis anchas esos don puña<los densos 
de «emejnntes míos. . . . ¡ Pa-naban de trojí mil! Había 

— 74 — 



MI DIARIO 

todos los trajes, todos los tipos, todas las razas ; des- 
de el rubio de miel hasta el negro de ébano, dominan- 
do el color amarillento-cobrizo de los asiáticos y de 
nuestros indios y mestizos. Oía yo exclamaciones y pa- 
labras de varios idiomas, ruso, inglés, francés, espa- 
ñol, este Tiltimo con diversidad de entonaciones y de- 
jos, según los orígenes de quienes lo hablaban. Yi 
individuos atléticos y hercúleos, otros encanijados y 
pálidos ; con vivos mirares los de aquí, y mirares mor- 
tecinos los de allá. Los rostros y cráneos hubieran he- 
cho las delicias de un antropologista : no se hallaban 
dos iguales, y, sin embargo, todos eran rostros huma- 
nos, de bases y principales lincamientos análogos. Los 
hermosos, formaban la excepción ; los feos, la mayoría. 
Dominaban las juventudes, y los raros tipos de edad 
provecta o edad avanzada, unos cuantos, disimulando 
los años o las alifafes, detonaban en el conjunto de 
virilidad y de fuerza. Aquello daba una idea de los 
constructores de la Babel — y ¿ qué cosa son las teme- 
rarias empresas modernas, sino otras tantas torres de 
Babel que sólo por prodigio se mantienen erectas y 
utilizables ? . . . — adivinábase que la sed de lucro y 
la imperiosa necesidad de vivir, había empujado hasta 
este rincón mexicano, todavía hostil y mortífero, aque- 
lla pluralidad de hombres valientes, resueltos, sin fa- 
milia, de poca conciencia, estoicos y ávidos, enfermos 
y sanos, sin patria fija o con patria prohibida por 
las maldades de ellos o las crueldades de sus destinos, 
resueltos a todo, a lo bueno y a lo malo, sin creencias 
ni esperanzas, rodando como guijarros de país en 
país, llenos de rencores y de lacras, endurecidos los 
brazos con las fatigas, y los corazones con las ingrati- 

•— 75 — 



/'. ÜAMliOA 

tudes y las desigualdades, temibles, necesarios, sin rey 
ni ley . . . Descubrí en todos, aun en los más comuni- 
cativos y alegres, un manifiesto fondo de incurable 
melancolía, cual si se supieran desahuciados y enfer- 
mos de un mal sin remedio, . . . 

¡ Con qué orden desfilaron, conforme sus apellidos 
caían de los labios de los capataces impasibles! ¡ Cómo, 
en el angosto alféizar de los garitones, tendían las ga- 
rras sarmentosas o exangües, araarfiladas o berme- 
jas, venosas o velludas, todas ])ercudidas en i>oros y 
uñas de esa porquería inquitable con que los trabajos 
rudos marcan para siemj)re las manos, y cómo en cuan- 
to los pesos y pesetas caían en las palmas morenas 
y lisas, palmas de gorila, se contraían los músculos 
a fin de ocultar el tesoro tan duramente coníjuista- 
do! 

El sol reposaba ya, amortajado en la aterciopelada 
tersura de los liorizontes divinamente azules del Pa- 
cífico. ... De la tierra, de las cordilleras, de los Ik)»- 
(jucs, llegaban las .sombras y adu»'ñában.s4' con silen- 
cios criminales e imponentes rapideces, de todos loe 
ámbitos. ... El faro se encendió, comenzó a girar, 7 
el haz luminoso, flamígero casi, de sus rayos, azota- 
ba la superficie quieta de las aguas, rítmicamente. . . 
El pueldceillo, allá, lejos, se iluminó a su vez, de súbi- 
to, porción de lucecitas que palpitaban, como cocu- 
yoH Y los ilotas, adinerados, alejábanse, hundían- 
se en sombras y meandros, por entre hocinos y alco- 
res, rumbo al pueblo que los llamaba con la palpita- 
í'ión de sus luces, el olor de sus fritangas y las destem- 
pladas armonías de sus acordeones. Allá iban, al al- 
cohol, a la baraja, a los brazos tibios y mórbidos de 



76 



^ MI DIARIO 

las tehuanas, que, en las noches de "raya" déjanse 
venir a Salina Cruz, imantadas por el dinero de los 
machos fatigados y sin ventura, a los que chupan el 
metal maldito, dándoles en cambio las flores sangui- 
nolentas y húmedas de sus bocas carnosas y un poco 
de olvido y anonadamiento con sus cuerpos duros, 
lascivos y sabios. . . . 

Era la maldición, la maldición eterna e implacable : 
— "¡Ganarás el pan con el sudor de tu rostro!..." 

A nosotros, los chinos nos anunciaron que la cena 
estaba servida ; y por cierto que si a sudar vamos, har- 
to ganada que la teníamos, pues no habíamos parado 
de sudar ni un solo minuto. 

8 DE JULIO. — En plena estación diluviana, los cie- 
los se vienen abajo día con día, todos los terrenos cir- 
cundantes se anegan, y en cuanto la lluvia escampa, 
sube de ellos gran bochorno, salvo en las noches en 
que el ' ' terral ' ' nos orea cuerpos y espíritus. En mate- 
ria de rayos, toda la gama. 

Hoy debíamos de haber partido ; pero el agente de la 
Compañía Subdamericana de Vapores, me anunció 
plácidamente que el "Tucapel" viene muy retrasado, 
y habremos de esperar unos ocho o nueve días. 

Otro funcionamiento de los garitones : de ahí distri- 
buyen tarde a tarde a los veladores, provistos de cara- 
bina y linterna, los que, diseminados por estos andu- 
rriales, se pasan la noche al raso vigilando la ciudad 
en gestación y a sus moradores adormilados. ¿Ten- 
drán dónde refugiarse de los aguaceros ? . . . . 

10 DE JULIO.— ¡Oh, las faunas diminutas e inocen- 
tes dé los países cálidos! - • ■ /^-^ ..^;^:íLí U ¿*.; 



/'. GAMBOA 

Abundan en Salina Cruz, aun dentro de nuestra 
vivienda lujosa y aseadísima, unas avispas (jue aquí 
llaman "horcadoras" — ahorcadoras, quieren decir, 
— {)oniue su picadura determina la sensación del es- 
trangulanüento. . . 

V lo que es la fuerza del hábito, ya no nos preocu- 
pa iimjs eon (\\U' crue»'!! estancias y eorredores, a cor- 
tísima distaiK'ia (le nuestros individuos. 

12 1)L Jl Llu. — Después de cenar, euaiido tumbado 
en una mecedora fumo mi puro, de cara al cielo, oyen- 
do los tumbos del mar, los murmullos erráticos que 
llefjan del pueblo, y dando rienda suelta a e-speran- 
zas, planes y anhelos, suben a anunciainn' visitas. . . 
Se me figura que he oído mal : 

— ¿Visitas?. . . . 

Sí, unos jóvenes que preguntan si podré recibirlos. 
¡No había de poder! Que pa.sen. serán bien venidos. . . 

Mis visitantes me resultan ha.sta cuatro buenos mu- 
ehaclios, lie Mé.xico, emi>leados de IVarson & Son, y por 
sus negras destlichas domiciliados en Salina Cruz para 
ípiién sabe cuánto tiempo. Supieron de mi arribo, han 
leí<lo mis libros, uno de ellos fué mi discí|)ulo en la 
Pre|»aratoria, y actúa de Maestro de Ceremonias pre- 
sí'iitándome a los demás, que (juerían conocerme.... 

Todos .son prófugos de las aulas, espíritus aventu- 
reros (jue prefirieron lanzarse en busca de su vida, a 
profM'guir sus estudios y ganar un título. Me afirman 
(pie nada los arredra, (pie viven contentos en la sole- 
dad ('"sta, que realizan economías con las (pm empren- 
derán viajes dilatados: quién a (California, (piién hiis- 
ta el Japón nada monos. . . . Lucen delgado barniz 

— 78 — 



MI DIARIO 

de letras, que sacan a relucir como para predisponer- 
me en favor suyo ; habíanme de Acuña, de Juan de 
Dios Peza, se saben versos de Luis ürbina, de Othón, 
de Manuel Gutiérrez Nájera, que me recitan según el 
palique se formaliza. . . , Uno de ellos, confiésame que 

en ocasiones lo visitan las Musas 

Dos horas deliciosas, sus juventudes reanimándo- 
me ; su conversación interrumpiendo la monotonía me- 
ditativa de mis noches 

A poco de dormirme, nos despierta sobresaltados un 
estruendo inexplicable y extraño. 

Al acostarnos, llovía que daba miedo; pero estamos 
ya tan acostumbrados al rumor de las cataratas celes- 
tes, y por otra parte, me ha sido siempre tan grato 
que el golpetear de la lluvia contra el techo que me 
cobija y las ventanas de mi estancia, me acompañe 
mientras leo, y arrulle mi sueño, que antes me he fe- 
licitado de que aquí rara sea la noche en que no dis- 
frute de música semejante. . . . 

Pero hoy, no es nada más la lluvia, que furiosamente 
vapulea a la casa, nó, es algo fantástico, un formida- 
ble sonido sin precedentes en mi memoria, que sue- 
na a cataclismo, a desventura contra la que nada pue- 
den nuestra miseria humana ni nuestras flacas fuerzas 
individuales. . . . Ya bien despierto, me echo fuera de 
la cama, instintivamente requiero el revólver, y me 
acerco a las persianas corridas que se estremecen con 
las embestidas del viento y de la lluvia . . . 

Nada distingo, ni a la luz intermitente de los re- 
lámpagos que rayan las sombras. . . Por instantes, an- 
tó jáseme que se aproximaran a Salina Cruz legiones 



F. GAMBOA 

de pfíiorrt'ros })árbaros, al horrísono son do atábalos y 
earat'ok's aztecas, como los que sobrecogían a los esfor- 
zados Conquistadores en la Noche Triste. . . . Luego, 
imagino que monstruos marinos so han adueñado d»^ 
la costa, y avanzan hacia el caserío ; o (ju»' estarán con- 
sumándose positivas hecatombes, es decir, degollan- 
do a centenares de bueyes ; o que las trompetas de Je- 
ricó vuelven a sonar, para castigo d«» nuestros peca- 
dos. ... El rumor es mugido, rugido, «pieja, maldición, 
lamento ; ensordece, asusta, llena el espacio, pone los 
pelos de punta ¿Será el nuir?. . . . 

Y no resisto, cijmicamente embutido dentro del ca- 
misón que no alcanza a cubrir la ridicula flacura de 
mis pantorrilias huérfanas de iiu'isculos, empuñando 
mi disforme revólver Colt 44, desbarrancóme escale- 
ras abajo y no paro hasta tropezar con el velador del 
vestíbulo, (pie duerme lo mismo (jue un justo. . . . Tar- 
da en recobrar el sentido y en identificarme con aque- 
lla indumentaria, medio incorporado en su estera: 

— 4 Qué pasi», me (piiere Ud. dar razón T ¿qué ruido 
f « ése ? . . . . 

— i De pasiir, no pasa nada, está lloviendo!. . .; V h>s 
sapos cantan ! . . . . 

— Eso que .se oye ¿es canio de sapos?. . . Tendrían 
que ser onornuís, y muchísimos. . . 

— Son uM hervidero, jefe, — me contt»8ta risueño y 
despero/ándo.se, — y, con perdón do iisted. del tamaño 
de un lechoncito 

El concertante de los batracios, continúa a toda or- 
fjtioírta. quizá.H más formidable que antís. porque <■! 
a^^iHcoro ha cesa<lü y la luna está pugnando, allá arri- 



MI DIARIO 

ba, por abrirse paso. Durmámonos nosotros, al ingra- 
to compás del canto de estos sapos antediluvianos. . . 

13 DE .JULIO. — Sábado. Segunda tarde de "raya" 
que me toca presenciar; y como la he observado con 
mayor calma y mejor preparación, — he tomado len- 
guas acerca de nacionalidades y tipos, — resúltame más 
interesante que la primera. 

14 DE -JULIO. — Despedazada por distante acordeón, 
me trae el viento fragmentos de la ^Marsellesa . . . Al- 
gún francés expatriado, que celebrará el aniversario 
de la toma de la Bastilla, tomándose él un par de ajen- 
jos falsificados . , , Y empenachando un ' ' casebre, ' ' 
que diría en su lengua el maestro-novelista Eea de 
Queiroz, ondean al sol los tres colores de la repúbli- 
ca que los "titanes de la Convención" apellidaron 
una c indivisible. 



15 DE .JULIO. — Falsa alarma. Por lo que tardaban 
en regresar, creímos que mi hijito y su nana Juventi- 
na se hubiesen extraviado .... Nos echamos en su bus- 
ca, y los hallamos tan tranquilos, a la sombra, sobre 
el césped, despidiéndose de la "Azucena." 

jMañaiía nos iremos. 

16 DE JULIO. — A eso de las 6 de la tarde y muy bien 
instalados a bordo de este barco chileno que ha de 
conducirnos hasta San José de Guatemala, levó sus 
anclas el "Mapoeho, " (substituto del "Tucapel"). 

Después de la comida, todavía alcanzamos a ver 
por breve espacio, las luces del faro de Salina Cruz, 
tragada ya por el ]Mar Pacífico. 

— 81 — i 



F. GAMBOA 



GUATEMALA 

19 DE JULIO. — Arribo a San .ios»', tfiiipraiio en la 
mañana. 

Luis Kicoy y Carlos Trejo vinitTon a encontramos 
hasta el puerto. 

Almuerzo en P^.seuintla. 

A las 5 en ])unto. llegamos al apeadero de la ciu- 
dad de Santiago de los Caballeros, mi vieja conocida. 

20 DE .jiLii». — Hoy en lu nodu', un ^'i-iipo de amigos 
mexicanos y guatemaltecos me obsequiaron ««on una se- 
renata j)or mi regreso a este país. El eliaparrón que 
s«' desaló un poco antes de la hora de la cita, deshu'ió 
el acto, y la orquesta de Germán Alcántara hubo de 
guarecerse «lentro de la Legación. 

La señora doña Antonia Zaldívar dt- lUanco. dama 
de cierta importancia política por "estos reynos, *' don- 
de todo es |>olítica; hermana de don Rafael Zaldívar. 
Presidt'Ute «jue fué de El Salvador, y buen amig«» mío 
a su paso por México hace bastante tiempo; 8alva«lo- 
leña ella misnm, y viu<la, eon Iwuidadowi insistencia, 
no obstante (juc nuestras relacion«'s han sido siempre 
superficialísimas, se sirve invitarme a una comida (pie 
ofrecerá mañana cu la noch»- a la I*r«*nKa (fuatemal 
teca, en el rrstaunint de! (Jran Ilotel... ; Que será 
eso? 

21 DE .iiLio. — Puntual prewntom»' a la invitación, 
y ya doña Antonia se encuentra dando la bienvenida 
a sus comensales, (|uc no hemos resultado tantos: o 

— 82 — 



MI DIARIO 

el personal presentable de la prensa "chapina" es har- 
to reducido, o no se dignaron todos acudir al llamado, 
o la señora de Blanco hizo su selección pues, por más 
que cuento, no me pasan de cuatro. . . . Dichosamente, 
asistió también Enrique Martínez Sobral, un chico 
muy despejado que viene dando a luz preciosas nove- 
las, a pesar de su profesión de abogado y de su empleo 
de juez en la Antigua ; es hijo de un antiguo Ministro 
de Relaciones Exteriores de Guatemala, que se llamó 
como él, que no quiso a México mucho que se diga, 
y que figuró cuando yo vine aquí la primera vez ¡ en 
el 1888 ! los buenos tiempos de la presidencia rústico- 
patriarcal de don Manuel Lisandro Sarillas, el inol- 
vidable y para mí muy querido ' ' Brocha, ' ' según ene- 
migos y aun amigos lo apodan en censura a su bigote 
recortado y erizo, y a su democrático oficio original, 
ya ilustrado por San José y otros varones de harta 
menor prosapia. 

Martínez Sobral me presenta a José Santos Choca- 
no, el bardo del Perú tan conocido en nuestra Améri- 
ca, que ha venido a recalar en Guatemala con no sé qué 
cargo, consular si no oigo mal. Un guapo mozo este 
Chocano, corpulento, rubio, de grandes bigotazos y mar- 
cial continente, de fácil decir, con la risa pronta y 
franca, respirando salud y ambiciones; la voz no en 
consonancia con sus hechuras corporales. 

Nos sentamos a la mesa, previo ingerimiento de 
cock-tails bravos. 

La comida, gargoUesca, igual a la de todos los res- 
taiirants, con antipasto, pollo a la Mediéis y helado 
al chocolate. La charla general, superior al menú, y 
doña Antonia, a cuya diestra colocáronme, no exenta 

— 83 — 



F. GAMBOA 

de espnt ni de sátira, cuando es menester. A los pos- 
tres, — durante la comida me repitió que conoce y ha 
visitado al Gral. Díaz, «jue si su obra es así y es asá. 
que ella lo admira, y lo aplaude, et sic de coeteris. — 
nos lanza un discui'so en toda forma, con sus {juiños 
históricos, y sus citas pei-tinentes, y algunas valen- 
tías de palabra y de pensamiento ; hasta la sacra ma- 
jestad de don Felipe II vamos a parar en una de las 
l»arrat'adas. . . Aplausos y ehampafia (pu' apuramos 
por la raza, los pueblos hermanos, los gobernantes con 
vergüenza torera : todo el arsenal de lugares comunes 
(pn; es de rigor en tales circunstancias. 

^lutiplícanse los brindis menores; pero la dosis de 
champaña, después de cada uno de rllos, <»s invariabli- 
y fija: a copa por barba y a copa i>or brindis. 

José Santos Chocano, improviwi y autografía en el 
reverso de mi mnn't la composición (pie sigue, recitada 
por ti poeta en j>ersona : 

A MKXICO 

Ya te vijnos luchar: m la jxlea 

te ceñiste los hiuros de la gloria, 

y duermes lioy tus su«'ños de victoria 
en los brazos de Palas Atenea. 

Digno dfl canto el (pie coudiata sea; 

p<'ro más huella dejará en In Historia 
quien, ciml tú, con los jíies venció la escoria. 

/ 

Quien dt'sput'H del acero de \n e.spHih) 
— 84 — 



MI DIARIO 

supo blandir el hierro de la reja, 
es digna del blasón de ser cantada ; 

Porque es más grande en su entusiasta exceso 

que quien un rastro en las batallas deja, 
i quien lo deja en las luchas del Progreso! 

Como se trata de versos, los aplausos redoblan, y 
las copas de champaña imitan a los aplausos. 
Y se levantó la sesión. No hubo heridos. 

22 DE JULIO. — En substitución de mi condiscípulo 
Luis Ricoy, transladado a París, ha llegado como se- 
gundo Secretario interino, en realidad de tercero, 
el poeta Efrén Rebolledo, un parnasiano por la cas- 
ticidad de su factura, que comienza a llamar la atención 
en nuestro reducido círculo intelectual de México. 
Cuenta apenas 24 años, y se muestra algo huraño, muy 
nostálgico por nuestra Escuela de Jurisprudencia, qué 
acaba de abandonar con el título de abogado. Llega 
en compañía de la señora su madre, con la que se 
instala en riente casita, de la que amuebla con marca- 
das predilecciones su gabinete de trabajo, el primero 
sin duda que en su vida instala. Es un reconcentra- 
do, de pocas palabras y menos sonrisas. Ahondán- 
dolo, le bullen proyectos de obras futuras, prosas y 
poemas que' se promete publicar después de mucho 
pulimentarlas, por su casi morboso culto de la for- 
ma. Y me habla del futuro, tan incierto y traicione- 
i'o, con la confiada arrogancia de que todos hemos 
padecido cuando jóvenes. Distribuye y manosea los 
años por venir, con aplomo y certidumbre envidia- 



85 



F. GAMBOA 

bles, como si la vida lo hubiera abierto un arcón col- 
mado de lustros y autorizádolo a disponer do ellos 
a su guisa: 

— ' ' ¡ Aduéñate de los que quieras y arréglatelos 
a tu gusto !...." 

30 DE JULU». — Carta de mi hermano, contándome 
gozosísimo cómo al fin realizo su anhelo, que man- 
tuvo muy oculto durante mi permanencia en México, 
de salir de la Subsecretaría de Relaciones Exteriores, 
en la que nunca estuvo satisfecho y que le significó un 
gran descalabro monetario, porque por atenderla, hubo 
de clausurar su floreciente bufete de abogado en el 
que ganaba lo (jue quería. 

Desde el :{ de junio fué nombrado Enviado Extraor- 
dinario y Ministro Plenipotenciario en las Kepúbliea« 
suramericanas; lo (jue le permitirá consiunar un via- 
je prolongjulo y agradabílisimo, con 8<')lo que las visite 
una a una, según tendrá que hacerlo. Lleva, primero, 
la misión confidencial de visitar en Estocolmo al rey 
de Sueeia y hacerle entrega de un retrato del Oral. 
Díaz, quien retribuye a aquel monarca el retrato con 
(|ue oKM^quiáralo. Después, Pepe permanecerá algi'in 
tiempo en Europa, y se embarcará en Cherburgo. rum- 
Ih) a Buenos Airea. Confiésame en su carta. <|ue In 
Subsecretaría le resultó odiosa, y llama mi atención 
liacia el hrcho ile «pie serán los dos hermanos (íamboa 
los represciutantí-s diplomáticos «li- México para toda 
la América Latina: él. en las njiúblicas del Sur, y 
yo. «11 las ilol Centro. 

ir> r>K vííosTt). — i uiiK'ii/o lii i'iii' anual de Jocote- 
— 86 — 



MI DIARIO 

nango, vieja de muchos lustros y saturada de carácter 
colonial, mezclado lo místico a lo profano, perduran- 
do con sus añejos usos, no obstante el entronizamien- 
to, — de Rufino J. Banúos acá sobre todo, — del calum- 
niado partido liberal que aflige a tantos países ame- 
ricanos. 

La tal feria, en sus orígenes esencialmente gana- 
dera, ha conservado esa característica, y así míran- 
se hatos y aun hatajos de ganado mayor y menor, pa- 
ciendo las gramas de los baldíos del rumbo ; partidas 
de caballos y mulos, en su mayoría oriundos de Méxi- 
co, El Salvador y Honduras ; tipos curiosos de cha- 
lanes y mayorales, con sus trajes regionales; se oyen 
dejos extranjeros, entre los que domina el de nues- 
tros rancheros y caballistas del Bajío, de Jalisco, de 
Chiapas; hay muchos sombreros charros y disformes; 
cueras abiertas que ponen al descubierto los calzones 
de manta gris de polvos de los largos caminos y de 
la poca frecuencia con que se la mudan sus dueños y 
portadores; arcaicas chaparreras clásicas, de chivo, 
y modernas de venado, con hebillas ; chaquetas de ga- 
muza, bordadas de plata, que las intemperies han en- 
mohecido, de pita maltratada por los años y las bre- 
gas con animales y jaras. Los chalanes vernáculos, 
discurren en sus caballerías lujosamente enjaezadas, 
a las que encabritan y buscan los bríos con la espuela 
y el "chilillo,'" en chapín, "cuarta" en mexicano, y 
látigo en español. 

En las inmediaciones, aspecto de verbena: pues- 
tos y toldos donde venden bebidas, frutas, comistrajos 
de mayor entidad y fritos al aire libre, dentro de las 
sartenes. 



/'. GAMBOA 

Una especialidad: los "liurulfs, "' sTral»a«los al fjus- 
to del coinpiaílor. cu su pres^-ncia ; son los tales, obra 
de arte primitivo y bárl)aio. al|i?o dulcificado con el 
correr de los siprlos: unas calabazas ahuecadas, de ta- 
pa. .V cuidadosaiiiriitc barnizadas con ti barniz indí- 
gena tan parecido a la laca asiática. A cuchillo, la- 
bran g^recas, orlas y dibujos en la bruñida suiM-ríi 
cié. nombres o iniciales, hasta leyendas alusivas y de 
ortografía imposible, corazones traspasados. ángel(>s 
y bestias. 

De las eiiraniadaa de las tiendas rú.stieas. cuelgan 
i-osarios de frutas, con los que es de práctica cnizar 
las gargantas y eneuentros de los caballos. 

Aquí y allí. d«'spluma«lei-os: ndetas, loterías, "car- 
Xcanianes" sentados en la yerba, aobre el sarape o la 
tilma extendida, los cobres tentadores y las tres car- 
tas latlr«»na>. en círcido bxs "compadres"' y "gan- 
chos. 

Las da.vs altas, han convertido la vetusta eostum- 
bre en pa.s«'o de carruajes y jinetes; los niños sobre 
todo, en estos tres días es fuerza que cabalguen en 
animales propios o i)restados. V el desfile .s»* prohui- 
ga, a l«> largo de la Avenida ilel Hip«>dr(»mo. luiata 
las niisniaa n'jas de ««te, en cuj'O centro w alza, — 
a?iacronismo censurable, — ••! eacar«'ado Templo de Mi- 
nerva, de aspti'to helénico, dondi' a partir del 18!»".» 
.se consuma el i'dtimo domingo de oetubr« de cada año, 
la "celebraci«'»n de uiui solemne tiesta popular y gene- 
"rnl en to«Ia la Hepública, cx>nHagrada cxclusivamcn- 
"te a ensal/^r la nlucación de la juventud...," w- 
gún manda el «leoreto relativo del I*n*si«lenle Est ra- 
lla Cabrera. 

— 88 — 



MI DIARIO 

El principal encanto de la Feria de Jocotenango, 
finca en la belleza incomparable de este cielo, de este 
clima, de los horizontes casi paradisiacos que por don- 
dequiera que se vuelva la vista, ofrece y regala esta 
privilegiada tierra de Guatemala. ; . ; ¡Oh, montañas 
que circundan el valle y que se divisan más allá del 
Hipódromo y del templo pagano !..... 

De estudiantes, según unos, y de conspiradores, se- 
gún otros, el hecho es que el domingo se registró en 
la Plaza de Toros un escándalo magno, si principal- 
mente se atiende a que los rijosos resistieron a la po- 
licía, cosa que aquí acaece rarísima vez. 

El suceso obedece a este descontento perpetuo de 
que los guatemaltecos sufren por los rigores de su 
Gobierno. Hoy, como ayer y como siempre, flota en 
la atmósfera aire de fronda. Dícese que si sucederá 
esto o aquello, que si el pueblo se cansó ya de tira- 
nías más o menos disfrazadas, que si pronto estallará 
un movimiento. . . . Los decires continuos que obli- 
gan, al Gobierno, a estrechar sus rigores, a que el es- 
pionaje y la delación supriman la tranquilidad indi- 
vidual, a que no se oiga sino lamentaciones y que- 
jas, y a que hasta nosotros, los extranjeros, contami- 
nados del -medio, vivamos amargados de zozobras por 
la suerte de amigos y conocidos, posibles víctimas ma- 
ñana de una represión o un atropello. 

. . . — De vuelta de las Carreras de Caballos, nos 
encerramos en mi gabinete de trabajo Rafael Spínola 
y yo, a que lea Rafael en voz alta el capítulo II de 
' ' Santa. ' ' 

A la noche, asisto, yo solo, al baile del Club Guate- 

— 89 — 



F. GAMIiOA 

mala, en e\ (jue. pulsando opiniones de éste y aquél, — 
me vanaglorio do que conmigo depongan su reserva 
los muchos desafectos al Gobierno, no obstante que 
aquí, (t pour cause, son maestros en disimulo y re- 
serva, — convénzome de que vibra, en efecto, una sorda 
enemiga contra Estrada Cabrera, alarmante por lo 
intensa y generalizada. 

. . . — Banquete y baile, anoche, obsequio de don 
José Ma. Lanlizábal, el dueño de la s<'gunda libre- 
ría de la capital, al Pn*sidente de la Kipública, con 
quien yo me hallo en excelentes términos personales, 
a pesar d«' <jue la Legación de México y el Gobierno 
<le Guatcjiíala. mientras las cosas sigan como van des- 
de hace muchos años, no pue»len mantener entre sí 
cordiales relaciones. Allá, a los comienzos de la repú- 
bli<*a liberal de Guatemala, en los buenos tiemi>os de 
I). .Miguel García Granados, y muy en los albores de 
la aíliniíiistraeión dura y sombría de.D. Justo Rufino 
Barrios, fué. al contrario, signo de progn-so en los 
mandatarios y de patriotifmio en los ciudadanos, 
e.xteriorizíir una profunda amistad hacia México, 
sus hombres y sistemas. I'n guatemalteco respeta- 
ble y amigo dileetisimo mío. testigo presencial de 
lo que hoy pasaría por itmudito proiligio. me ha con- 
tado que i'l propio Barrios ponía a México, entre 
sus funcionarios y gobi>rnados, como el único mode- 
lo digo (Je imitar... Pro<lujérons<' acontíH-imien- 
tos poNterion-s que todos eonooenios, y la brújula 
eainbi)! de ruml>os. no |kh*o a imk'o. sino de golp<-. lias- 
tn coloca nw donde hoy i»or hoy, — y dewie hace varios 
lustros. — la tienen fija y sujeta los directorías de la 

— 90 — 



MI DIARIO 

opinión y los conductores del -país. Ahora, lo patrióti- 
co, lo conveniente, lo saludable es hacer gala en actos 
y palabras, de una mexicofobia superaguda, que na- 
turalmente tradúcese en muy marcada hostilidad pa- 
ra con los mexicanos que por aquí aportan, — y se 
cuentan a millares, — lo mismo labriegos o artesa- 
nos, que diplomáticos y cónsules: una falacia de ge- 
neralización. Reconozco y concedo que no todos mis 
excelentísimos conterráneos que a Guatemala trans- 
plantan sus reales, o sus mañas, son precisamente unos 
espíritus puros ¡ quiá ! . . . los hay de arder en un can- 
dil ; pero los otros, los que si no son excepciones de 
bondad suma, — ¡ que algunos ha habido ! — son lo rela- 
tivamente bueno que se da en la fruta humana, y que 
solemos llamar buenísimos a falta absoluta de los que 
merecieran de veras dictado tan envidiable, ésos, los 
normales, — entre los que no es presuntuoso ni inmo- 
desto que yo meta a mis predecesores y colegas, — ¿ por 
qué son víctimas también de la enemiga nacional ? . . . 
¡Ah, es que estos odios instintivos entre los países 
limítrofes, son implacables y eternos ! . . . . 

De ahí, que el mexicano arribeño, cualquiera sea su 
condición, venga lleno de desconfianzas y prejuicios, 
con sus miajas, o quintales, de menosprecio y superio- 
ridad, porque somos o nos creemos más grandes, más 
fuertes, más prósperos, más libres; la porción de fra- 
ses hechas, de teorías y vanidades que a todos alcan- 
zan, como las monedas, y que como las monedas, al 
cabo del tanto pasar de mano en mano, llegan sucias 
y con sus leyendas borrosas a poder de los ignoran- 
tes, de los que las deletrean sin entenderlas en toda 
su alteza, pero que las arrojan con el mismo ademán 

— 91 — 



F. GAMBOA 

que 8i arrojaran oro piiro Por lo demás, este 

fenómeuo (jiie ocurre con los pueblos, ocurre ipual- 
meiitt' con los individuos: individuos y pueblos son 
o se creen siempre por cima del individuo o del 
pueblo a que se acercan. En los individuos, puedí* cstu 
díarsi'le con mayor tletalle, a poco -<|Ut' s«' observe la 
actitud respectiva de los interlocutores. ¡Cuánto se 
marcan entonces las supcrioridad«*s realfs y ficticias 
que a la fuérzalos diíer»*nfian y distancian ! Sobre que. 
aquí (|ue nadie nos oye, al ijfual mío, oh lector amado, 
tú y yo nos diputamos, de ci«»n veces noventa y nueve, 
superiores al <}ue nos trata y habla: y puede (pie en 
muchas lo s«*amos realmente, pero en las noventa y 
nueve mairnificamos la cosa; somos superiores, en úl- 
timo analísi.s, hasta en lo (pie menos es de ahpiitarar 
a ojo de buen cubero: en inteliífencia. en moral, en 
intencioní-s. 

Y los pueblos, padecí'U de achacpie idéntico. V hay 

• piien afirme que ello es bueno!... Los que pn^'oni- 
zan la superioridad de la r¡i/a sajona, |>or ejemplo: 
con lo <pie por lo pronto s«> ha obtenido (pie los señores 
sajones nos desprecien individual y colectivamente. 
Y fpie nosotros, por no ser menos, d»»spn*ciemoK a nues- 
tra vez a negros y amarillos. 

No bien el mexicano ha cruzado la frontera, <pié 
di>ro tropieza, ehoi-a eontra idénticos si no más en- 
conados prejuicios y desconfianzas que de muy atrás 
bullen aquende, atizados por quienes debieran de apa- 
(rarloN. Y con el chofpie eontinuo y >f«'iniinaniente cai- 
n<*sco, se prodiu-e un nunnou d«' harmonía, del famoso 
concierto de las iiacion<>N: concierto <|ue lleva trazas 

• le no i>oners4' nunca al unísono. Por supuesto, que 

— 92 — 



3/7 DIARIO 

siendo el fingimiento y la mentira las piedras angula- 
res en que descansan, inconmovibles, las relaciones 
entre prójimos, semejantes y hermanos, el odio aquel, 
donde se advierte más a las claras, sin tapujos casi, 
es entre los componentes de las capas inferiores, que 
se lo demuestran brutalmente con la injuria, la riña 
y el homicidio. De tejas arriba, conforme se ascien- 
de, el odio se enmascara y disfraza, mas no disminu- 
ye, ni un ápice. En la escuela, almáciga de futviros 
afectos y ayudas perdurables, — los niños, que todavía 
no son totalmente malos, porque no son todavía to- 
talmente hombres, como fueron amamantados en ese 
odio, ya se coligan contra el recién venido "del otro 
lado," y se le echan encima, lo torturan con las mil y 
una torturas de que dispone la infancia, le hacen sentir 
su calidad de extraño aunque hable la misma lengua y 
parta de un mismo origen, y la frontera sea, en ocasio- 
nes, una línea arbitraria e irreal. Luego, por su orden, 
los hombres de pensamiento ( ? ) , también metemos nues- 
tra cucharada, y ¡ ay del intruso que se permita dispu- 
tarnos notoriedad, aplausos o cuartos ! ; lo primero que 
se nos viene a la boca es enrostrarle, in mente si no 
podemos de modo más eficaz y tangible, su condiei(5u 
de extranjero, así se haya naturalizado con todas las de 
la ley y haya resultado más servicial y útil que noso-- 
tros ; esto último redunda en agravante. De los gobier- 
nos y gobernantes, ni qué hablar, pues por oficio e ins- 
tinto de conservación son los que más mienten en 
todas partes. ¿Y nosotros, los "honorables diplomá- 
ticos," pseudo mensajeros uniformados de paz y con- 
cordia, aunque con espadín — última ratio — al cin- 
to? Los discursos de entrega de credenciales y 

— 93 — 



F. GAMBOA 

las respuestas de los "Jefes de Estado."' ¡qué rara 
vez llegan a expresar la verdad ! Por lo eomún, move- 
rían a risa, a risa homérica, o sardónica, o histérica, 
a risa esdrújula, si no movieran a compasión y triste- 
za a los espíritus rectos y pensadores, que han de 
asombrarse de que con solemnidad tantísima pueda 
mentirse tan descaradamente. . . . 

JSólo la mujer, adorable quinta est-ncia de la fragili- 
dad, nacida y creada para que se j>erpetiie la e-specie. 
— perpetuación cuya utilidad a nadie será dable nun- 
ca poner en claro, — se ríe de odios, fronteras, inva- 
siones y enemistades étnicas o enanas; se entrega y 
aprisiona, acepta y se ofrece sinceramente, amorosa- 
mente, eternamente, para que los hijos que nazcan 
de esas uniones vayan borrando, muy a la larga, la 
estala de los odios milenarios. 

Porque esa es la única unión que cuenta y que per- 
«lura, la del hombre y la mujer, a condición de que 
produzca el hijo. Las uniones que estériles resultan, 
aparte que la naturaleza las rechaza, si acaso subsis- 
ten es, no por amor, sino ¡x)r la costumbre, por la mu- 
tua estima, por la repugnancia y pereza de voluntad 
y de cuerpo, que nos obliga a no alterar el curso de 
los acontecimientos, aunque el tal contraríe nuestra 
conveniencia y nuestros gustos, véase lo máximo y lo 
mínimo : por qué no truncamos una amistad que nos 
|H*rjudica, {wr qué no cerramos una puerta que nos 
molesta. 

Cuanto a mi, prefiero que así s«'a. en malrria "xe- 
nofóbica" sobre toilo; pu«-s a.sí siendo, mayor con- 
fianza inspíranme los afectos y amistades de determi- 
nados guatemaltecos; precisamente por haberse coloca- 

— 94 — 



MI DIABW 

do arriba de la ''xenofobia," no cabe dudar de su 
sinceridad. 

Quedamos, pues, en que mis relaciones personales 
con Estrada Cabrera, aparentemente son lo mejor de 
lo bueno. Y en prueba, anoche, cuando el baile del 
señor Lardizábai hattaif son plcin. cediendo a mis ins- 
tancias, el Presidente echó su cuarto a espadas, digo, 
que bailó una mazurca, "La Bella Guatemala," de 
autor nacional, y muy en boga. Hubo, luego, repetidos 
tientos a la bota, o séase. otras tantas apuraciones 
de champañas y ponches, con brindis mudos y locuaces, 
y por remate, muy tarde ya, el ^linistro de los EE. 
UU., el Dr. 1). Francisco A. Reyes, íntimo amigo mío 
e importante hombre público de El Salvador. — de pa- 
so aquí, camino de México a donde va como uno de los 
delegados de su país a la 2.^ Conferencia Panamerica- 
na que el mes entrante habrá de reunirse allá. — y al- 
gunas personalidades, ¡ yo en cuenta !, nos marchamos, 
in\átados suyos, nada menos que a la mismísima ha- 
bitación privada del Presidente de Guatemala, ubi- 
cada hoy frente al nuevo Palacio Nacional edificado 
en la época del malaventurado Reyna Barrios. 

El ^Ministro de la Gran República se nos eclipsa du- 
rante el trayecto. 

Entre ríos, — no el de la Argentina, sino de cham- 
paña, — plácidos y optimistas los ánimos, tu\'imos el 
gusto de saludar al sol, que, no obstante su grandeza, 
por entre las rejas de las ventanas abiertas, para go- 
zar de la tibieza de estas noches divinamente tropi- 
cales, se asomó y nos puso en fuga . . . 

A Reyes y a mí, fueron a dejarnos en nuestros domus 
respectivos, los landcoux presidenciales. 

— 95 — 



F. GAMBOA 

¡ Estamos en el mejor de los mundos ! 

... — Racha de festejos. Amo<-1i«' tii\iiii<is li.in.ni.i-" 
oficial en el Gran Hotel. 

Observé que Reyes estaba preoeupadísimo, a pesar 
de sus esfuerzos por no revelarlo. Y en euanto logra- 
mos un aparte, me puso al cabo: la Legación ile El 
Salvador nombró Agregado suyo a un |)ublieista nica- 
ragüense, don Manuel Mejía Barcenas (1). en la ac- 
tualidad en pésimos términos con Estrada C'al»rera. 
sin embargo de <jue Mejía Barcenas lia vivid^ en (iua- 
temala porción de veces, de <jue algunos de sus libros 
de enseñanza son textos en las escuelas, y de que a últi- 
mas fojas hasta taehábas»'le de demasiado parcial para 
personas y actos de la atlministraeión. Y hoy, a jirima 
noche, por motivos reales o ficticios ¡ Vargas lo averi- 
guará ! ha sido preso con flagrante t'.seainio df su con- 
vencional inmunidad dii)lomátiea. 

Y" como la perpctuamentr • mleble y »|Ut'i)radi/.a 
amistad guatemalteco-.salvadoreña atraviesa por grave 
crisis, teme Reyes fundadísimamente <pie el (Jral. Re- 
galado, en uno de sus "i)rontos" dé al traste con la 
pacifista labor de entrambas cancillerías, y se deje 
venir en s<'»n de guerra. ¡ El conflicto es serio!. . . . 

Las instrucciones de mi (íobierno, a e.ste respecto, 
son de públi(>a notorie<lad y consisten en procurar 
por <MiHMtos medios (|ucden a mi alcanc»' el <|uc estos 
países no lleguen a un rompimiento. De otro lado, Re- 



II n«rio 
I r y dn 

'•• fnn 



T propleot : entiendo. jK'rojDO ■ •"*'|>' 



rúaM> Pl c«rro At> Prpuideiiip dr la T: lur 

T>pnnit* «aperar qu« •Ifún di* U guiiii-iM» 
rn ronaoladora realidad rnalra a convpmrM. 



— 96 — 



MI DIARIO 

yes me pide la interposición de mis buenos oficios; a 
fin de no llamar la atención de los circunstantes con 
un cabildeo prolongado, nos citamos para el Club, den- 
tro de una hora ; y cuenta que ya es más de media no- 
che. 

Al filo de la una, se nos junta Anguiano : no ha po- 
dido esclarecer quién ha ordenado la detención de 
Mejía Barcenas, que, en realidad se halla cautivo, 
aunque "con toda clase de consideraciones" en una 
Sección de Policía. Opina porque mañana, en extra- 
ordinaria audiencia, Reyes pida a Cabrera la suelta 
inmediata del Agregado aprehendido, pues siendo 
ahora tan tarde, cree inadecuado cualquier otro arbi- 
trio. Confía en que todo se arreglará de satisfactoria 
manera y quedando a salvo hasta la negra honrilla . . . 

Reyes preferiría que la entrevista se celebrara des- 
de luego, a efecto de contrarrestar algún telegrama 
que ya hayan podido dirigir a Regalado, — con el avieso 
fin de que la situación se embrolle, — los opositores de Es- 
trada Cabrera. Y se resuelve, por lo bien que estoy en 
el ánimo del Presidente, que yo provoque el contac- 
to apetecido ¡ Hombre ! a las 2 de la madruga- 
da ! ... . ¿ y el Protocolo, qué dirá ? . . . . 

Telefónicamente póngome al habla con el Gral. D. 
Félix Plores, Jefe del Estado Mayor, que de costum- 
bre pernocta en el Palacio Presidencial: 

— ¿Sería posible, sin mayor molestia, que el Presi- 
dente nos recibiera en seguida, para tratar de asunto 
urgentísimo, al Dr. Reyes y a mí ? . . . 

¡ Pausa larga ! . . . La noche continúa envejeciendo 
y los camareros del Club descabezan sueñecicos en 
apartados divanes y poltronas .... 

— 97-^ 



F. GAMBOA 

Repiquetea el teléfono: 

— "Que el Presidente accede a recibirnos y nos es- 
pera. ..." 

\ hétenos en marcha a Reyes y a mí, rumbo al Pa- 
lacio, cuya reja se abre exclusivamente para nosotros, 
con grande extrañeza por parte de centinelas y retén 
de guardia. El Gral. Flores en persona, baja a encon- 
trarnos y nos acompaña escaleras arriba, el edificio a 
obscuras, ha.sta rl salón principal y de estilo scnumo- 
risco, de balcones a la calle, en el que nos quedamos 
solos unos cuantos instantes ; el Presidente se nos apa- 
rece abrigado en una capa española, como si acal»:ira 
de levantarse, i)cro cortés y sonriente. 

— i Qué nos lleva tan a deshoras?. . . ¿qué es lo (jue 
nos ocurre T. . , . 

Deslindo situaciones: 

A mi, por fortima, no me ocurre nada, el negocio 
es con »'l Dr. R<'ye.s, que s<' lo puntualizará amplia- 
mente. Y para (pie la explicación sea todo lo amplia 
6 intima que se requiere, a pesar de que ambos se opo- 
nen, yo insisto y al fin las dejo a solas. . . Voy y rae 
siento en la antewda, a charlar «ofi I'Mnr»^ \ oír.» je- 
fe que por ella discurre. . . . 

La entrevista se Im prolongado y ha de haber sido 
interesante, a juzgar por los murnuillos «pie nos llega- 
ban. De |»ronto. Key«'s sale a llamarme, (Mintentísimo, 
y presencio las órdenes finales que zanjan el conflicto: 
\\oT teléfono s«* manda al Comi.sario <le Policía <pie en 
el acto ponga en libertad a Mcjía liárccniui. . . 

Todavía Estrada Cabrera lleva su hospitalidad has- 
ta brindarnos con tina copa, "contra la trannocha- 

— 98 — 



MI DIARIO 

da," y nos sirven tequila legítimo, de Jalisco, que 
de regalo le acaban de enviar al Presidente. 

Muy plausible es que se haya evitado quizá una 
guerra ; pero convengamos en que la manera cómo ello 
se ha logrado, no deja de ser anormal e insólita. Re- 
cursos de esta naturaleza, no sé yo que los preconice 
ni mencione ningún internacionalista. . . 

En fin de cuentas, nul hien sans peine. 

31 DE AGOSTO. — Si fuese yo comerciante y tuviera 
que hacer el balance del mes que hoy termina, creería- 
me amenazado de inminente bancarrota. . . 

Pérdidas en el Club ; prodigalidades de salud, cual 
si en casa poseyera huchas de repuesto; contaminado 
de la melancolía ambiente de este país trágico, siem- 
pre llorando desgracias recientes, malestar actual y 
futuras sacudidas terrestres o políticas, muy más in- 
tensas éstas, que aquéllas con serlo tanto. . . 

Hasta con "Santa" he andado esquivo: el 24 de ju- 
lio ¡ a los seis meses y seis días cabales de interrum- 
pida! escribí aquí unos renglones del capítulo IV de 
la primera parte; y de entonces acá, el 9, el 14 y el 
22, otras cuántas líneas, para el propio capítulo que 
se me resiste. 

De vez en cuando, he ido a refugiarme al estudio de 
Justo de Gandarias, quien a fuerza de vicisitudes y des- 
engaños, ya no es nada más escultor de genio y pin- 
tor de humorada, sino'un filosofazo de tomo y lomo, 
cuyo trato me estimula y consuela ; a pesar de lo ava- 
ro que es de palabras y de lamentaciones, todo lo sobre- 
lleva con una resignación ejemplar. Ahora mismo, sus 
vicisitudes hanlo compelido a distribuir dentro de un 

— 99 — 



F. (iAMIiOA 

cano n-partidor que en pei-sona ^lía. una marca de 
cigarrillos que le dejó de herencia un mal negocio. 
V mueve a lástinu» encontrárselo por ahí, en algu- 
na esquina, a la vera de un estanco, presenciando desde 
su pescante cómo el mozo que lo acompaña entrega la 
mercancía y se guarda los cobres (¡ue le pagan... 
Pero, él, Justo, no se queja, ál/^se de hombros, y con 
las propias manos delicadas e inteligentes (pie han 
sabido plasmar tanta belleza. em|)uña las riendas gro- 
s<ras. restalla el látigo por cima de los lomos de la ca- 
ballería, y quién sabe si no mentalm(>nte. también lo 
restalle por cima de las injusticias (pie sobre su cabe- 
za pensadora de monje asceta, se han desencadenado 
y lu'chole añicos las ilusiones y esperanzas que cifra- 
ría en nuestra América embustera, y a las veces tan 
ingrata •• inhosiiitalaria como cualquier naciím euro- 
pea. 

Todavjji liíilla espacio para pintar alguna mancha, 
algún bosquejo (pie insensiblemente va tornándose 
cuadro. 

Su casa, coge el alma: todo revuelto, todo nevado 
de polvo, transido de abandono: aquí y allí, detalles 
artí.sticos, restos de talleres antiguos. ad«|UÍsiciones 
recientes de liierros viejos, graltados coloniales, una 
campana de bronce y con inscripciones latinas que ha 
sepultado debajo de la mesa disforme en (pie se aprie- 
tan dibujos, peiióíiicos ilustrados, carteras con pro- 
yectos, un maremágnum tan i)«lvonento, que quita las 
ganas de tocarlo De los muros, de las ventanas que 
nunca S4* cierran, cuelgan unos estrilH)s de algi'in Con- 
quistador, espadas, hachas, "bucules" y rosarios, cua- 
dros y yesos, torsos, vientres, máacaras. Junto a la ven- 

— 100 — 



MI DIARIO 

tana, el caballete, siempre con algún lienzo enfunda- 
do ; en uno de los rincones, sobre los embutidos áureos 
de una mesa de Boule, que perteneció al asesinado 
Presidente Reyna Barrios, de entre abigarrado con- 
junto de objetos se destaca la Poesía Lírica, el célebre 
bronce de Gandarias que fundió en París el año de 
1883 y que luce su nombre completo, como perdura- 
ble prueba del talentoso artista, hoy inconocible y ve- 
nido a menos. . . Y a mí se me van los ojos tras él, 
de bonísima gana se lo compraría si él quisiera ven- 
dérmelo ; pero no quiere, cuando de ello hemos habla- 
do le he oído que como no le han de pagar lo que tal 
bronce vale, prefiere guardarlo, y verlo a sus solas, 
según suele verlo, para consuelo y estímulo. . . 

En el vano de una de las puertas, sobre trípode de 
madera fina, la Japonesa original del propio Justo, 
en mármol, vuelta a su poder por puro acaso ; már- 
mol luminoso hasta cuando la tarde va cayendo. Es 
la última claridad del estudio, en estos crepúsculos 
guatemalteses rápidos y dulcísimos. . . Yo prefiero 
el barro de su Chula Madrileña, medio desportilla- 
do, encima del estante de los libros, truncos los flecos 
del mantón que circunda y acaricia las curvas pro- 
vocativas de la hembra ondulante. . . 

Y ni una sola vez se me ha mostrado Justo plañi- 
dero ni apocado ¡ que nó ! búrlase de sus desventuras, 
me comunica sus planes, unos planes largos que re- 
claman lustros y lustros, y que Gandarias se antici- 
pa cual si él no hubiese pasado del medio siglo. Con- 
fía en que la suerte ha de cambiar y él ha de enrique- 
cer, de resucitar las épocas muertas, cuando era es- 
cultor de cámara del Rey de España, cuando poseía 

— 101 — 



F. (¡AMIiOA 

en los Madriles un famosísimo estudio que frecuenta- 
ban colegas, músicos y escritores. ... Su principal es- 
peranza fúndala, no en que le liquiden alguna vez la 
indemnización a que tiene legítimo e inmgahle dere- 
cho contra el Gobierno de (fuatemala. nó. la funda en 
poder vender las varias telas de que ha venido adue- 
ñándose, desde España, y que él atribuye a grandes 
maestros; calcula que su tesoro valdrá muehos miles 
de pesetas, lo cuida más que a las niñas de sus ojos y 
no lo deja ver del primer venido. . . En ocasiones, a 
sus solas, se da un hartazgo de contemplación muda, 
de avaro. . . Y aunque yo fío lo indecible en su ta- 
lento y en su pericia, a las veces asáltame la duda de 
si en realidad sus viejas telas serán el tesoro que Justo 
quiere que sean .... 

16 DE RKiTiEMimi:. — Celebración, en casa, del 91." 
aniversario «le niiestra independencia nneional, den 
tro de mi carácter <le representante diplomátieo. 

Aunque s" hace lo de siempre, lo <le siempre en estas 
oca.siones es también siempre nuevo y siempre gra- 
to. 

De las tres partes en que la celebración se divide, 
prefiero la eeremonia <le la mañana, cuando los me- 
xicanos trabajadores, los mexicanos pobres, s<' rí'únen 
y reunidos vienen a saludar a "su Ministro. . . " Sus 
discursos, muy trabaja<los. dichos con gran esfuer/X) 
y marcado encogimiento, me connnieven hondamente, 
por lo mncerod que son. i>or lo que la abstracción de 
patria palpita en palabras enrevesadas y a<lcmaneB 
zurdos. Luego, trinco con ellos, a ea«la uno le estre- 
cho la mano, y ellos y yo nos separamos tan conten- 

— 102 — 



MI DIARIO 

tos, queriéndonos de veras, unos instantes a Ib me- 
nos .... Después . . . . ¿ qué importa que ellos y yo mu- 
tuamente nos echemos en olvido, si de olvidos está 
llena la existencia ? . . . Nos quisimos unos instan- 
tes, y sobra; hasta el año próximo, si Dios y las ase- 
chanzas de luiestras vidas respectivas lo consienten. 
A la noche, la serenata de ritual por la banda ^a- 
temalteca, a la que asiste la élite de la colonia. El edi- 
ficio de la Legación iluminado eléctricamente ; nues- 
tro himno ascendiendo a los astros y sacudiéndonos 
antes una porción de fibras recónditas ; la bandera me- 
xicana meciéndose con la brisa tibia de esta tierra 
privilegiada, en la que, por una injusticia moral y una 
exigencia geográfica, no se nos ama. ¿ Quién nos man- 
da ser país limítrofe y más fuerte?. . . , 

30 DE SEPTIEMBRE. — Al cabo dc siete sesiones áspe- 
ras, del 19 acá, pude al fin dar término al cap. lY 
de la primera parte de "Santa." 

7 DE OCTUBRE. — Los contadísimos intelectuales mili- 
tantes de "estos rey nos, " en periódicos y corrillos se 
han puesto un tanto hoscos contra el modernismo ex- 
cesivo de Rebolledo, que ha publicado una novela 
corta "El Enemigo", y algunos versos, impecables en 
su mayoría, en los dos principales diarios de Guate- 
mala. Y aunque también contra Chocano hay su mar 
de fondo, como Chocano no es de México sino del Pe- 
rú, la hostilidad resulta harto menor, no obstante que 
noches atrás hasta contendieron literariamente en el 
"Excelsior," el propio Chocano y Enrique Martínez 
Sobral. Pero Chocano, que cuenta aquí con decididos 

— 103 — 



F. GAMBOA 

adeptos, piu'ile si quiore, contribuir a que la cincelada 
labor (le Rebolledo vaya siendo mejor aeepUtla y com- 
prendida. 

Por eso la noche de hoy los reuní a comer en casa, 
y se pasó una velada agradable ; el acercamiento de 
los vates parece sincero. 

Chocano escribió en páginas de mi álbum de autó- 
grafos, la siguiente improvisación: 

"A B^EDERICO GAMBOA: 

"Tienes un hijo como yo: mi lira 
•"que en las discordias de la lid se inspira, 
"busca un regazo en el hogar prolijo; 
"y por lo mismo que al amor aspira, 
"no se eonsiigra a ti ¡sino a tu hijo! 

"Al besar a tu hijo, al mío beso; 

"y cree tú (pie el arte (jue te encinnbra 
"os cual el mío, frágil como el yeso; 

"pero tu amor, como ósti' (pif me alumbra, 
"es de verdad : no es arte, escarney hueso! 

■ • I )t>spn'ciemos los dos la falsa gloria ; 

"pero eso sí, aprendamos de memoria, 

"de dos hijos al par en la tern<v.a, 

"(pie hay del artista al arte igual historia 
"(pie la tpK' hay d«*l amora labelb'/a !..." 

. . , — ruánto me lia pcxlido el fallecimiento d«' lla- 
fael Spínola. ... Se le hizo entierro olicial, «-on asis- 
tencia d. Kstrnda Cabrera. El cadáver 8<» hallaba ex- 
pueiito en el Ministerio de Fomento; edificio íjue fué 

— 104 — 



MI DIARIO 

de M^'xico, en e^ que yo hice mis primeras armas en la 
Carrera, a fines del 1888, y que por lo mismo evócame 
puñados de recuerdos multicolores, predominando los 
juveniles y los venturosos. 

No estará mal, de paso, censurar a mi Gobierno, 
que consintió el abandono de un inmueble que no tie- 
ne rival en toda Centroamérica. Su primer dueño, el 
Ministro guatemalteco don Martín Barrundia, que al- 
canzó trágicQ fin (la tragedia en Centroamérica, con 
excepción de Costarrica de algunos años acá, es per- 
manente), a bordo de un paquete de la Pacific Mail, 
el "Acapulco. " Véase para más detalles del incalifi- 
cable y proditorio asesinato, el tomo segundo de "MI 
DIARIO," a págs. 94 y 95. Cuando aquellos sucesos, 
era Presidente de Guatemala el Sr. D. Manuel Lisan- 
dro Barillas. 

Del difunto Barrundia se cuentan periquitos; fué 
figura de gran relieve en la administración terrorista 
y sanguinaria de Justo Rufino Barrios ; una especie 
de ministro universal y omnipotente ; acúsasele de 
innúmeros desafueros y delitos; se le tacha de cruel 
y déspota. . . . Una hoja de servicios bien negra. 

En los días de su mayor poderío y privanza, Ba- 
rrundia edificó la casa, y consiguientemente, se fabri- 
có un verdadero palacio, que, repito, carece de igual 
en toda Centroamérica, por lo que respecta a magni- 
tud, comodidad, etc. Sólo patios, posee cuatro, y el 
principal hasta con juegos de agua en las fuentecillas 
de su jardín. Ostenta detalles inusitados: plafones 
de estuco y madera, cristales grabados, en sus vidrie- 
ras, herrajes de cobre importados, salones, baños de 
azulejos, vastos corredores, belvedere en el techo, con 

— 105 — 



F. CAMllOA 

cuatro (|uetzales de bronce en los cuatro ángulos de 
su baran<la. 

Esto quetzal, pájaro emblemático y sagrado, muy 
parecido en belleza al ave del Paraíso, es fama que 
muere antes que soportar cautiverio, y forma el mo- 
tivo principal del escudo eruatemalteco ¡como sím- 
bolo de libertad!. a<|uí, dond»- la libertad es tan esca- 
samente conocida. . . 

( iiauíio «Ion Eduardo Garay fué Ministro de Mé- 
xico, tuvo a las comienzos de su misión un largo perío- 
do de luna de miel con el Presidente de riuateinala; 
pues tal Ini sido la regla invariable con cuantos liemos 
venido de representantes: al pronto, luna de miel, que 
a la corta o a la larga. — más a la corta <|ue a la lar- 
ga, — en luna de hiél se trueca y transüuitíí. i^icut erai 
in principio... Eii la luna de niicl «b- (taray, pues, 
y ya Harrundía <le capa caída, por lo (pie ustedes 
gusten saeaion a remate su jialacio. El l'residcnte Ha- 
rillas externó el agrado con que vería <|ue el edificio 
pa.sasp a ser propiedad de .México, y los demá.s pos- 
tores cedieron el campo a nuestro Ministro, (juit-n en 
baratísimo precio adquirió para nuestro Gobierno una 
propiedad inmejorable, y la Legación Mexicana se 
instaló en casa de su propÍPda<l, con visos de no aban- 
donarla nunca... Transcurrieron algunos años (yo 
andaba por Iludios Aires), y allí su|»e (pie México ba- 
bía retrovendido a (íuatcmala el magnílico inmueble, 
con una ventaja en el precio, mezquina para un par- 
ticular e irrisoria i»ara un gobierno. ¿Por (piéT. . . 

Ponpic el (icneral don Ignacio R. yMatorrc, en 
aquella época nuestro Ministro, y en aquella época 
también, en las dulzuras de su luna de miel con el 

— 106 — 



MI DIARIO 

Presidente Reyna Barrios, (que en su patente afán 
por embellecer la capital de su República, venía codi- 
ciando la casa de Barrundia para destinarla como des- 
de entonces quedó destinada, a albergar el Ministerio 
de Fomento y la Dirección del Ferrocarril del Norte), 
le ofreció trabajar en el- ánimo de nuestro Gobierno 
al efecto de que consintiera en la retroventa. Y nues- 
tro Gobierno consintió, y perdimos por siempre aque- 
lla propiedad .... En cambio, el erario se benefició 
cx)n le enorme diferencia de unos ¡ ¡ ; veinte mil pe- 
sos ! ! ! si no me engaña mi memoria. Un negocio re- 
dondo. 

Hoy que vengo a ella, para asistir a los funerales 
de un amigo y de un amigo intelectual de valía, la 
murria que desde que no es nuestra me ha atacado 
las raras ocasiones que he transpuesto sus umbrales, 
mucho se acrecentó en intensidad . . . 

Me señalaron puesto muy próximo a Estrada Cabre- 
ra, que preside el duelo. La ceremonia, a pesar de dis- 
cursos y panegíricos, hueca, cual huecas son todas las 
ceremonias oficiales, lo mismo si se trata de un entie- 
rro, que de un comelitón o de un sarao. Apenas si es- 
cuché las galas oratorias y fingidas ... O resucitaba 
al muerto, con el que me ligó cordial simpatía, o evo- 
caba los días juveniles que se me consumieron dentro 
de estas paredes, que algo saben de mi vida .... 

Hasta el cementerio, en carruaje. Un cementerio, 
éste de Guatemala, tan risueño y dulce, tan podero- 
samente poético, que poetiza y embellece hasta la mis- 
ma muerte ... 

Más discursos en el salón de la derecha ; lento desfile 
de funcionarios, deudos y amigos, camino de la fosa 

— 107 — 



F. UAMIWA 

recií'n abierta. La inhuiiiación, las paletadas ilcspacio- 
sas voleamlo su coiitenitio sobro el ataúd, con ruido 
siniestro y sofocado, hasta no colmar la fosa, despia- 
dadamente, con secreto afán de <jue los vivos per- 
damos de vista a los muertos, y ya no nos rubori- 
ce perderlos luego de la memoria. . . Despedidas, con 
Semblantes y frases de eireunstaneias, en la reja; el 
regreso de los que toilavía vivimos y por emle nos 
suponemos, si no invulnerables, si sanos y rozagan- 
tes, aun<|ue nos aflijan innúiin'ros alifafes y telacii- 
ñas. De los circunstantes enlutados, (pie se distri- 
buyen en los carruajes, {)ocos acusan un sentimiento 
sincero: se encienden ciffarrillos, se ayuntan amigos 
y conocidos para regresar de charla y de bronm : son 
los indiferentes... Descubro una pareja de bracero, 
que sí ha de haber sentido de veras la ida de Spí no- 
la : Juan .1. Ortega, el talentoso galeno, y José Joa- 
quín I^alma, el tierno banlo cubano que ha hecho 
de fjuateuiala su segunda j)atria; aml)OS querían en- 
trañablemente al muerto. . . 

22 DE (K'TrHKK. — Iloy ilel)e de haberse inaugurado 
en México la sí-gunda Conferencia Intcrnacioniil Tan- 
americana. 

Convencido úv la inútil i«lad de ella, viéneme a las 
mientes el t>spiritual retruécano de un "pelado" me- 
xicano, — nuestros voifoim. — (|ue al enterars**, cuando 
comenuiron a nnimciar la reunión de semejante con- 
greso, de que si» ef^Kítuaría en México y de que se pre- 
paraban grandes f»>st«'jos, exclamé»: 

— 4 Y pa qué nos van a dar de ese pan americano, 
8Í nototron lo que comemos es pan bazo!... 

— 108 — 



MI DIARIO 

Exclamación que, analizada, resulta profunda y 
filosófica. 

28 DE OCTUBRE. — Se acabó el último capítulo de la 
primera parte de "Santa." 

Progresan mis amistades con el joven abogado. Aca- 
démico Correspondiente de la Real Española y nove- 
lista guatemalteco, Enrique Martínez Sobral. Se ha 
hecho costumbre que venga a verme los domingos 
a la tardo, y que algunas noches nos acompañe a co- 
mer. 

]\[e fué presentado por el profesor mexicano don 
Rafael Aguirre Cinta, a los principios del 1899, poco 
antes de que diera a la estampa su primer libro 
"Prosas" — prologado por otro escritor inteligentí- 
simo, don Rafael Pineda de Mont, h., — y que tuvo ex- 
traordinaria aceptación para lo raquítico del movi- 
miento literario giiatemalteco. En "Prosas", consa- 
gró Martínez Sobral un juicio crítico benévolo y en- 
comiástico, sobre mi "Suprema Ley," y de ahí datan 
nuestras buenas relaciones, más gratas mientras más 
van afianzándose. 

Después, bajo el título general de "Páginas de la 
Vida," hasta ahora divididas en dos series, lleva pu- 
blicadas cuatro novelas: "Los de Peralta," "Hu- 
mo," "Su Matrimonio" y "Alcohol," y se halla en 
prensa la quinta "Inútil Combate," dedicada a mí 
en los términos más halagüeños, véase si no : 

— "Al señor Don Federico Gamboa 

' ' Mi querido amigo : 

"A Ud., el primer novelista de la América españo 
"la, va encomendado este libro mío, que alguien lla- 

— 109 — 



F. GAMBOA 

'*niará libro de duda y que yo califico de libro de cer- 
" adumbre, por creer que de él resulta establecida la 
"conclusión de que ningún hombre, en orden alguno 
"de la existencia, tiene el derecho de aniíjuilar la 
"personalidad (jue del Creador recibió con destino 
"al cumplimiento de altísimos fines. 

"A IM. que, en METAMORFOSIS, más que en 
"SUPREMA LEY, ha cantado el himno triunfal del 
"amor, corresponde mejor que a nadie la dedicatoria 
"de este mi INÚTIL UOMHATE, en el cual canto, 
"a mi manera, si bien con voz destemplada v inse- 
"gura, estrofas de ese himno sublim«>. 

"Acepte Vá. «lue hoiut- la |>riinera i)ágina de esta 
''norrio corta, con su nombre, (pie es alto nombre. 

"Así tendrá mérito este engendro de ([uirn le (piie- 
"re y le admira, 

"E. M. S. 

"Guatemala, 10 de Dieiembro .]- lüOO." — 

La parcialidad manifiesta de dfdiratoria semejan 
te, védame calificar la ya considerable labor de Mar- 
tínez Sobral ; pues lo mucho bueno que diría yo de 
ella, a la fuerza se interpretaría, por maleantes y mos- 
quitos literarios, como forzado agradecimiento y cual- 
si él y yo i>erteneciéramos a la vasta asociación de Elo- 
gios Mutuos, con matrices en París y Madrid, y sucur- 
sales dondequiera (pie alienta gente de pluma. Y por 
Dios que lo siento, atimpíc de .sobra me consuela lo 
que sus libros van vendiéndose por estos nnnbos, re- 
fractarios a empre-sas de letras (fuera de bus de cam- 
bio, que las transacciones del café ¡ d L'iano de oro! 

— llü — 



MI DIARIO 

originan), y recompensando al autor con larga y no 
usurpada fama. 

Cuando él era un adolescente y yo un joven, — en el 
1888, — conocí a Enrique Martínez Sobral, en una fin- 
ca de Chinautla, donde veraneaba con su padre. Mi- 
nistro a la sazón de Relaciones Exteriores eíi el Ga- 
binete de don Manuel Lisandro Barillas. Tendría 
Martínez Sobral unos diecisiete años, la edad más o 
menos de su amigo y camarada Enrique Gómez Ca- 
rrillo, este último ya escritor desde entonces. (Aun 
guardo entre mis recortes un juicio crítico de Gómez 
Carrillo, sobre "El Mechero de Gas" — el primero de 
los cinco cuentos que publiqué en volumen titulado 
DEL NATURAL,— aparecido en "El Imparcial" de 
Guatemala, en diciembre del 89. Ya despuntaba la 
personalidad que ha resultado después Gómez Carrillo, 
en buen decir incisivo y castizo. El juicio de que se 
trata, tiene valentías increíbles en un muchacho; til- 
dábame de "afrancesado," rompía lanzas por el es- 
pañol y por todos los españolismos, principalmente 
los de lenguaje, y saladísimamente, atenta su corta 
edad, a vueltas de cargos y censuras contra el na- 
turalismo, me llamaba joven, siendo él casi un niño) 
Apenas si paré mientes en Gómez Carrillo — que se 
firmaba sólo Enrique Gómez — y en Martínez Sobral ; 
mi amistad radicaba en sus padres respectivos : oficial, 
con el Ministro de Relaciones Exteriores, estrecha y 
muy cariñosa, con don Agustín Gómez Carrillo, el 
atildado historiógrafo con quien todavía me unen la- 
zos bien atados de recíproco afecto. 

Mi ausencia de Guatemala, que se prolongó dos lus- 
tros cabales, hízome naturalmente perder de vista a 

— m — 



F. GAMBOA 

^laiiínoz Sobral; pero al acercarnos Apuirrc Cinta, 
sucedió i[\n' mis brazos se abrieron sin esfuerzo jiara 
brindar al actual novelista muy cordial bienvenida. 
Hasta de físico es agradable, por más qve gusta de 
variar de fisonomías a modo de actor en ejercicio : 
ora se deja toda la barba, con lo que adquiere muy 
legítimo aspecto moruno, ora luce bigote nada más. ora 
se presenta afeitado como una rodilla. Habla con mar- 
cado ceceo godo; es fumador imj)enitente de cigarri- 
llos: sus nervios lo traen a mal traer, y así no está 
nunca quieto ni callado. Su charla es fácil y chispean- 
te, con sus ribetes de cáustica ; se ha recibido de aboga- 
do en (luatemala y en Santiago de (iiile, de donde 
g\)arda plácidos recuerdos (jue a cada pa.so saca a que 
se oreen y conozcan; ha sido juez en la Antigua, abo- 
gado postídante en toda la Rí'públiea, y hoy diputado 
a la Asamblea Legislativa; es casado y varias veces 
padre, con muy fundadas probabilidades de que su 
paternidad s«' multipli(|Uc aun hasta la docena de vas- 
tagos ctwuido menos. 

Sospechóme (pie, no obstante su investidura legis- 
lativa, no las tiene todas consigo y funda«lamente se 
teme qiie en cuabpiier momento se desencadenen en su 
contra las formidabh's y tortuosiis iras presi<lenciales. 
No me lo ha dicho a las elaras, — es rarísimo «pie a(pií 
nadie S4' confiese a las claras personalidad poco gra- 
ta al (lobiirno. — pero sí llámelo dado a entender, y 
mucho insiste en manif«*stars«^ desí'osísimo de tran.s- 
ladar a Mí^xieo stis penates y bártidos por toda una 
eternidad. 

27 DK NovuRE. — 1)1 termnio al capitulo I d»- In se- 
— 112 — 



MI DIARIO 

gunda parte de "Santa," comenzado desde el día 4. 

La situación política, continúa amenazante y tur- 
bia ; y este descontento ambiente que se respira en 
Guatemala, — eco de lágrimas, fragmentos de confi- 
dencias dolorosas, narraciones susurradas de atrope- 
llos y desafueros que quedan en la sombra y en la 
impunidad, odios acumulados, anhelos destructores 
y homicidas : toda la gama que resuena sof ocadamente 
en los países despotizados! — le amarga a uno la vida, 
aunque no le toquen de cerca sus horrores. . . 

11 DE DICIEMBRE. — HacB un año que partimos rum- 
bo a México. 



12 DE DICIEMBRE. — Acabé hoy la lectura de ''Paroles 
d'un Homme Libre'' de Tolstoi, y me encuentro con 
que el gran novelista ruso, en cierta época, muy arrai- 
gado tuvo el vicio del juego ! . . . ¡Lo mismo que Dos- 
toievsky ! . . . 

13 DE DICIEMBRE. — Llégame de Chiapas un número 
de "La Revista de Soconusco," en la que me atacan 
ruda y ruinmente. 

14 DE DICIEMBRE. — Coucluído el capítulo II de la 
segunda parte de "Santa;" lo he escrito en doce 
días. 

22 DE DICIEMBRE. — Cumplí 37 años. 

31 DE DICIEMBRE. — Cou el año se terminó el cap. III 
de la 2.-'' parte de "Santa." 

— 113 — 



1902 



1." DE ENERO. — ¡Año Nuevo ! 

Válgame el que, por malas que sean sus intencio- 
nes en mi contra, jamás será peor <}ue el (jue ha ex- 
pirado apenas. 

12 DE ENERO. — Nutrido correo de México. 

Probabilidades remotas, pero encantadoras, de que 
me transladen a Londres. ¿De veras se pensará en 
sacarm»» de mi prolongado destierro guatemalen.se T... 
Sólo sentiríalo por los cuantos amigos que aquí deja- 
ría sin amparo. 

16 DE ENERO. — En busca de fortaleza para mi hi- 
jo, que liarto la ha menester, y de un restahlfcimien- 
to para mí, harto inválido y descuach'rnado después 
de la enfermedad de estómago que por poco no me 
li(|uida «'11 los tn-s meses que llevo <le padecerla, la 
emi)rendimos hoy, dentro de carruaje al<|uil<')n con 
vistas a diligencia, hasta una finca llamada "Villa- 
lol)O.H, " i)ropi<'dad «le la familia Samayoa, y Imnda- 
dosamente pu«'sta a nuestras órdenes. 

Tnas dos horas de camino, cuesta bajo casi siem- 
pre, a partir del Guarda Viejo. El camino, delicioso, 

— 114 — 



MI DIARIO 

delicioso, delicioso, como todos los de esta hechicera 
Centroamérica. "Villalobos" queda en el fondo de 
una hoya natural, emparedada por montañas gigan- 
tes y verdes ; a cortísima distancia de Villanueva, un 
pueblecillo con cura párroco, autoridades laicas, y, 
a los medios de su plaza, una robusta ceiba, la ceiba 
infaltable de estas regiones, copuda, centenaria, segu- 
ro domicilio de pájaros, de recuerdos, de cierta me- 
lancólica poesía. 

Para entrar en la finca, hay que cruzar el cauce de 
un regato y dejar, a sus entrambos lados, enanas ran- 
cherías humeantes, de cerca florida, en que moran los 
peones, que aquí se llaman mozos. (A su tiempo se 
hablará del inhumano tráfico de que son víctimas). 
Una última vuelta, a la izquierda, y bajo oliente bó- 
veda tupida de hojas y ramas, hollando tierra ne- 
gra de puro vegetal, el carruaje, flanqueado de árbo- 
les añosos que a modo de centinelas impávidos guar- 
dan y hermosean la heredad, el carruaje avanza con 
lentitudes forzadas, a causa de la enfurecida jauría de 
mastines que se tiran a las muías y a las llantas de 
las ruedas polvorientas. . . Al fondo de la calzada 
magnífica, se alzan, la vivienda y las dependencias 
de la finca, edificios en ruinas casi, roídos de lepras 
y de soles: trojes almenadas, restos de una fábrica de 
cerámicas, una antigua capilla. . . Al final de la cal- 
zada, divísanse un fragmento de los corrales, caballos 
sueltos, más perros que ladran a los intrusos. . . Por 
dondequiera, árboles y flores y plantas y hojas; tras- 
cienden la salud y la vida, respirase paz ... El ma^ 
yordomo, su familia, los mozos, nos aguardan descu- 
biertos y sonrientes, respetuosísimos, con el respeto 

— 115 — 



F. X i AMBO A 

heredado (jue distingue a los campesinos autóctonos 
de nuestra América. Hasta la dulzura de la luz que 
desmaya, son las 5 dadas, contribuye a realzar el sa- 
bor geórgico del conjunto; todo es verdad y belleza, 
hasta aquí tal vez no alcance la maldad humana. Y 
mi idolatría incurable por el campo, me corta el ha- 
bla, miro y miro, sin hartarme de mirar. . . 

La vivienda, tal cual ; hay un colgadizo o corredor 
techado y con columnas sencillas, al (jue se baja por 
cinco gradas: a su frente, espacioso cuadro con 
árboles, tapizado de césped ; adivínan.se lontananzas 
gratas, so delata una cocina, se oye muy débil la ro- 
manza del agua ; más allá, los montes, sus enormes 
mol(»s de paíiuidermos. bebiendo los postrimeros es- 
tri'inecimientos de la tarde. A la izípiierda d«*l ancho 
corredor, las habitaciones, primero la sída, con mue- 
bles de Viena, un j^iano. v\ piso cul>i<'r1o de esteras, 
cortinas de punto en la puerta y en sus dos ventanas 
de Itatientes de madera sin cristales: después, dos 
dormilorios. (|ue se comunican, con todos los menes- 
teres indispensables: luego, el comedor, estreclio y de 
una sola pueti;i. Kn el extremo, la capiUa nueva, pe- 
({ueñina, con pocos afeites y muy esca.sji de imágenes; 
en su único altar, hi pintura imprecisa de una imagen 
milagrosa, »ic la \'irgen «le la Candelaria, qtie vienen 
a adorar desde algunas leguas a la redonda. Toda la 
capilla tiembla y vaeHa. por culpa de los parpadeos 
d«' la lamparilla de aceite (pie la alumbra, pentliente 
del te<'ho. . . . 

Salimos a «-onoeer los inti'riores; al cabo d»- un pa- 
sillo, del Otro lado de las habitacion(>8, nuevo colgadi- 
zo, una iKxlega a la izquienla, el guarnicionero, junto 

— 116 — 



MI DIARIO 

a su puerta un poyo desgastado, desde donde señoras 
y caballeros alcanzan el estribo los días de cabalgatas. 
Transpuesto este segundo cobertizo, una cocina, "la 
de los amos," lavaderos bajo techado, y el corral, 
con puerta de cantería a la izquierda, y a los fondos, 
tranquera que incomunica de la ordeña, del abrevade- 
ro de las bestias, y de unos campos cercados en los que 
hay algunos plantíos de caña de azúcar y unos arbola- 
zos venerables. A los centros del corral, el bramadero, 
y todo el testero de los fondos, ocupado por mache- 
ros y caballerizas para los animales finos, de silla y de 
tiro. 

A la izquierda de la ordeña, y del abrevadero que 
se ase al muro de las caballerizas, restos de un moli- 
no, una gran rueda dentada que se oxida inútil y aban- 
donada ; digo, no tan inútil, que más de una gallina 
con cría la frecuenta y aprovecha. Enmarañada y ca- 
prichosa topografía. A los frentes de la vivienda, más 
allá de la cocina del mayordomo, escondido entre las 
frondas, tazón desconchado que se llena a voluntad 
y que sirve de baño. . . hasta lo limita un banco rús- 
tico, curvo y resabioso a siglo XVIII ; evoca, dentro 
de su fisonomía de ruina, ora un rinconcito de Tria- 
nón, ora una decoración de teatro. . . Por dondequie- 
ra, tonalidades verdes, ramazones y árboles, y a los 
fondos de todos los paisajes, montañas y más mon- 
tañas, próximas, remotas, azules, verdegueantes, color 
de esmeralda. De todos los rumbos, en el dulce atar- 
decer que va acentuándose, rumor de vida : zumban 
las abejas, gorjean y trinan los pájaros, muge el ga- 
nado, tañen esquilas, resuenan cantares campesinos, 
ladran canes r-elinchan caballerías, flotan perfumes 

— 117 — 



F. GAMBOA 

desmayados de plantas silvestres, de rosales y viole- 
tas. . . Es Arcadia, una Arcadia diminuta y escondi- 
da, lejos de las revoluciones y de los odios de los hom- 
bres. . . , Con las sombras de la noche que se acerca 
sin ruido, aquello adquiere una idealidad que me sub- 
yuga, que me fuerza a detenerme aquí y allí, sin otro 
objeto que prolongar mis contemplaciones, saturarme 
de quietud y de paz. las que mis nervios enformos me 
reclaman... Y como de súbito estalla a distancia la 
risa de plata de mi hijo, que tanto alegra y alivia a 
mi ánima enferma, .seguro de que no me ve nadie, en 
amante comunión con la Naturaleza, agradecido de 
vi^^^ y de que ría mi hijo, dibujo en la diafanidad 
de la atmósfera una amplia bendición casi sacerdotal 
que lo abarca todo, para después sepultarse en las 
agonías crepusculares y en las iniciales vibraciones 
de la noche. í|ue. igual a los s«'n»s y a las cosas, empie- 
za a cobijarnos. 

15 DE ENERO. — Muy a menudo nos trasladamos a la 
vecina Villanueva, en carruaje, y más generalmente a 
caballo, ¡>or la ancha carretera que s«'rpenteando sil- 
be ha.sta el pueblecillo. 

lian comenzado las amistades con los villanovensos: 
unas .si'ñoras, pro|)ietarias de la tienda mejor surtida; 
la lavandera y su crecida prole; la autoridad, encogi- 
da y lios«*a. pon|ue siendo nosotros mexicanos, con des- 
confianza hay que tratarnos; la ehiquillería de la es- 
cuela del (íobierno ubicada en la plaza, a la que las 
gargantas infantiles lanzan su «lelicioso canturriar 
cuando deletrean «'1 silabario; y el cura párroco de 
Villanueva y Petapa, don .1. Antonio Roldan, un »e- 

— 118- 



MI DIARIO 

sentón cenceño y recio, espigado de cuerpo, varón de 
más experiencia que ciencia y con lindes hacia el 
buen humor ; creyente a macha martillo, hasta con sus 
ribetes de agresivo e intransigente, enemigo de libe- 
rales y franc-masones, — que para él son en el fondo 
sinónimos, — testigo de muchos horrores centroameri- 
canos y guatemaleses más particularmente, que gusta 
de repetir y aun de comentar cuando ya cobró con- 
fianza en sus interlocutores; humanista a las veces y 
partidario siempre de frases rotundas y bien parladas ; 
aseadísimo de rostro, cuerpo y sotana ; tocado de jipi- 
japa albo y arriscado ; de pañuelo de seda al cuello ; 
y fumador impenitente de cigarrillos de hoja. Es ji- 
nete consumado y no carece de arrestos varoniles. 

El curato, — que por estas tierras se nombra el con- 
vento, aunque nada más lo habite una sola persona,— 
se halla pegado al templo, en sí mismo enano e in- 
expresivo, muy dado de cal, con atrio florido y cercado, 
puerta de reja y macetones de ladrillo en sus bardas. 
Al curato súbese por cinco escalones de aristas des- 
gastadas por los pies descalzos de los feligreses que 
hace siglos lo frecuentan ; en su fachada, figuran tam- 
bién dos ventanas, una a cada lado de la puerta, con 
visillos que fueron blancos y vidrios legañosos y opa- 
cos. Transpuestos los dinteles, hay un pasillo provis- 
to de dos poyos enjalbegados, y se penetra en la ha- 
bitación principal de la vivienda, que es a la vez ofi- 
cina parroquial, comedor y dormitorio, por lo que 
adviértese gran mescolanza en el mobilario ; hay un es- 
critorio con libros y papeles, los registros parroquia- 
les ; mesa ahulada, para los ágapes parcos del cura 
de almas; catre y mesa de noche, en uno de los án- 

— 119 — 



F. GAMIiOA 

gulos; percha de madera con colgaderos ocupados; ar- 
mario y cómoda ; diminuta biblioteca en tablas que 
con cordeles se agarnin del muro; un reclinatorio a los 
pies de Crucifijo de mediano tamaño y factura no 
mala; santos y santas en litografía y en cromo; lam- 
parilla suspendida tle otra pared, y sillas, una meco- 
dora, un taburete ; arrumbados en un rincón, ciria- 
les en desuso, restos de candeleros presbiterialeü apo* 
Hilados. . . El piso, cubierto de esteras, y a trtHíhos 
asomando el maderamen fregoteado y caduco. 

En el lienzo frontero al de la entrada, puerta con 
escalera que cae al corral, huerto y jardín del "con- 
vento," y que comunica con una de las entradas la- 
tcrah's de la iglesia. Des<le la ««tancia divísaiisí» al- 
gunas horlali/as, »'l iimchero en (jue haliitan las dos 
muías del dueño de la casa, los lavaderos, las gallinas 
que van y vien»'n con cría y sin ella; m pos de un sul- 
tán tle cresta sonrosada, variopinto de jtlunuije y de 
crecidos espolones. El guardián, lanudo y negro, tum- 
bado al sol, duerme profundamente. 

l'oncluí«lo el negocio «pie me llevaba al curato (ver 
si el I*. Roldan puetle decirnos misa domingos y fies- 
tas en la capilla de la "finca,"), despiit'-s de una ins- 
pección ocular en el templo, donde me enamoro de un 
viejo cuadro místico con nmrco de talla, después de 
una charla promete«lora de buenas relaciones, aupados 
por el sacristán, <|ue no ignora los oficios tb- espoli- 
que y mozo de estribo, al apresurmio y sabroso andar 
de las bestias, ganamos nuestros prestados dominios, 
liaif» lili sol <-apM/ lie t»)starle los sesos al más |»intado. 

18 i)K KNKKO. — Fuert« y prolongado lenddor a las 
— 120 — 



MI DIARIO 

5 y 45 de la tarde, que mi hijo festeja con risas y ca- 
rantoñas, por ignorante de sus peligros posibles. 

20 DE ENERO. — Pronto he normalizado mi vida. 

Voy a Guatemala dos veces por semana, caballero 
en una muía episcopal, si a sus excelencias y comodísi- 
mos andares ha de atenderse. Pasa de las siete cuartas 
en su alzada, es ancha de encuentros y redonda de 
ancas, muy metida de cola y muy fina de remos, gru- 
lla de color, las orejas acaballadas y móviles, vivos y 
negros los ojos, amiga de galopes y enemiga de resa- 
bios, blanda al freno y nada asustadiza, de mucha 
vergüenza para tolerar látigo ni espuela ; un porten- 
to de muía, como sólo suelen verse en Centroamérica, 
donde lo suizo de sus caminos obliga a que se las pre- 
fiera a los bucéfalos. El cabalgar en ellas me resul- 
ta un deleite y juego de chicos las tres leguas y me- 
dia de ida y las otras tantas de vuelta, que tengo de 
tragarme en mis excursiones bisemanales. 

Si el viaje a Guatemala lo realizo con la parienta 
y fel vastago, el sistema de locomoción se altera y mu- 
da ; entonces la emprendemos dentro de un sulky tira- 
do por corpulenta y mansa yegua californiana, de tro- 
te largo y sostenido, que apura las distancias con las 
mismas ganas que embodega piensos. 

En Guatemala almuerzo, cumplo compromisos so- 
ciales y despacho asuntos oficiales, y a eso de las 5, 
"a mis soledades vuélvome, " a tiempo que el sol, el 
insolente y despiadado sol de los trópicos, principia 
su descenso y sus breves ocultaciones intermitentes 
tras los picachos y crestas de la sierra, hasta su final 
zampuzo, allá, al Poniente que se incendia y ornamen- 

— 121 — 



F. GAMBOA 

ta con gualdas, nácares y perlas, en tanto los últi- 
mos rayos luminosos y flamíf?eros se extienden por 
los ciclos a modo de frustrado ca.stigo, de amenaza 
perpetua de que si esta tarde nó, alguna otra ha de 
acabar, a pesar de sus bellezas, con este orbe pecador 
y empedernido.. . . 

Retardo d arribo: ensíirto la charla con mi espoli- 
(pic — un mozo ehai>ín. a hon-ajadas en "recado" ver- 
náculo, (pie siiele despotricar conmigo, porípie ya so- 
mos de confianza; interrogo arrieros y caminantes, 
cuando ellos lo consienten, (pie es casi siempre Mos 
humildes de aquí son ¡tnttdfis miitandis como los humil- 
des nuestros, vale decir. (|ue en cuanto se cercioran 
de ípie a[>}irentem<»nte no se les sigue mal ninguno, 
86 franquean hasta ci«'rto punto, a reserva de encon- 
chante cuando sus refinadas y recónditas malicias 
creen ail vertir riesgos o responsabilidades con sus res- 
puestas) ; det engome en cierto rancho ubica<lo mitad 
sobre el abismo y mitad al borde de la carretera, cu- 
yos dueños venden tistr, friitas y tabaco a boyeros y 
viandantes, y perfef-eiono. sin llegar a ajustarlo, un 
contrato de compra-venta: ando deseosísimo de adqui- 
rir un guarda-barranco, canora cspe<'ie exclusiva de 
estas eonuircas. (pu* «-n sí misma reinn- nnielii» di- nues- 
tro clarín y de nuestro jilguero 

Y al capricho de mi nuda, si^'o peñas abajo, a la 
media luz del crepú.sculo instantáneo (pie viste de cen- 
dales los contomos. Cuando la cuesta da fin y que los 
easeoH de la bestia w empapan en d regato murmu- 
rante que por este lado deslinda la finca, penetro 
en plena ranchería j>or la ancha vereda que separa 
a las apreta<las casucas de los mozos, cercadas de flo- 

— 122 — 



MI DIARIO 

res. precedidas de jardinillos descuidados, respalda- 
das de corrales diminutos en los que pavos y gallinas 
han enmudecido, y los verracos y lechones todavía si- 
guen hozando los desperdicios y los lodos; de algún 
corral, se alcanza a ver la silueta de jamelgo flaco, des- 
cansando sobre las cuatro patas, el pescuezo ligeramen- 
te inclinado hacia la tierra, como si reflexionara en lo 
ruin y contrario de su sino .... De las entrañas de las 
viviendas, salen humos que huelen a modestos yanta- 
res, ecos de voces adultas y de lloros infantiles, res- 
plandores ígneos que se recuestan un instante en el 
polvo de la vereda; apoyados en las jambas de las 
puertas o posada una mano en las cercas vegetales, 
los hombres piensan y fuman a sus solas, o charlan 
en parejas y grupos que tienden a borrarse; los chu- 
chos, exagerando sus iras, salen disparados y se tiran 
a los corvejones de mi macha, que algo se inquieta y 
solivianta. . . . En el cielo se han encendido los astros, 
y la finca, iluminada, acribilla a las sombras sin cesar 
en aumento. . . Llego, repartienda "buenas noches" 
a porción de sombreros tremolados en lo obscuro y a 
porción de labios amigos, cual si fuese yo un obispo 
de regreso a su sede. . . Entro por último, en la calza- 
da de la finca, la bordeada de árboles centenarios, 
hasta la que se adelanta, festejosa, la cuadrilla de pe- 
rros bravos que la guardan. Y al apearme, cansadí- 
simo, en la boca del corredor, un mozo ase las bridas 
de la muía, y mi mujer y mi hijo me dan la bienve- 
nida. 

Casi reñimos hoy el Ministro de Relaciones Exterio- 
res, Juan Barrios M., y yo. 

— 123 — 



/'. (;AMi:nA 

Principié los arreglos para la impresión de "San- 
ta." 

21 PE ENERO. — Surmtnage por mis dos caminatas a 
caballo, que fiu'rzaine a pasar la mañana ocioso y tum- 
bado en la cama, sumido en un profundo mara.smo. 

Hasta eso de las 4 de la tarde no pude ponerme a 
e.scribir en mi libro. 

Los .sábados solemos tener visitas a dormir, Rafael 
mi cuñado, los Bégueri.sse o los León, Rebolledo y Ro- 
dríguez Parra, (jue con no.sotros pernmneeen basta 
el lunes siguiente. 

El domingo último, bice con Béguerisse, una ex- 
cursión liípica a Amatitlán, la del lago. En Amati- 
tlán di.scurrimos proveernos de frutas y pollos, quo 
atamos a los tientos de las sillas, aunque con tan mala 
fortuim para los |)ollos. (|ue dos llegaron abogados, 
a causa del calor, probablemente, o de (jue venían col- 
gados de las patas. Sentimiento grandísimo para mi 
bijo. la doble defunción accidental ; el mucbacbo está 
sidicndome, y yo .se lo fomento, anliente simjiat i/ador 
de toda cla.s4> de animales, los domésticos sobre todo: 
de abí. a (|uerer a sus semejantes, jkkío qué andar ba «le 
quedarle. 

22 m: k.nerü. — Curioso lo que varían las prácticas 
y costinnbres en cada pueblo. A(juí, por ejemplo, en 
plena finca <le camino, la ordeña es a las 8 do la ma- 
ñana ; en la ciudad dr Q\inuhtnnn¡an. el mercado ábn»- 
se cerca de las 10; la Pla/a de Toros, tiene uim calle 
praclicable, que separa In contrabarrera de las pri- 
meras gradas, y el Hipódromo carece de paseo frente 

— 124 — 



MI DIARIO 

a las tribunas. , . Aquí debió de haber escrito Huys- 
mans su Au rehours. 

24 DE ENERO. — Estuve ayer en Guatemala; y con 
motivo de los sucesos actuales: conjuras, represiones, 
atropellos, cómo salta a la vista la miseria del Go- 
bierno y la miseria de los gobernados ; la de éstos muy 
más disculpable que la de aquél. El Presidente de la 
República, a quien tanto pido en obsequio de mis pai- 
sanos y los suyos, perseguidos por igual, es hoy la 
segunda vez que niégase a recibirme, alegando un 
mal grave de anginas. 'Me rehusé a tratar con su Sub- 
secretario de la Guerra, comisionado para escucharme 
en su nombre. 

• Decididamente, el campo me serena y embelesa. 
Ojalá que hoy no me interrumpan, y pueda dar punto 
al penúltimo capítulo de ''Santa." 

26 DE ENERO. — Malas noticias, ayer, de mi herma- 
na enferma. 

Arribó hoy a^ Guatemala el Presidente de Costarri- 
ca, ü. Rafael Iglesias, con quien me liga muy buena 
amistad privada, amén de la oficial ; esperemos fes- 
tejos, es decir, esperemos tedios. 

Mi señora doña Antonia Zaldívar de Blanco, mi an- 
fitrión de ha poco, por suponerme gratuitamente pro 
tector de unos ricos conterráneos suyos, con quienes 
litiga en los tribunales, rompe lanzas conmigo y en- 
derézame una epístola por demás injuriosa. Y por si 
esto no fuera bastante, la tía de un mexicano homici- 
da, para quien logré un indulto, me pone de asco, a 
causa — dice — de que no le saqué indemnización (!!!); 

— 125 — 



F. GAMBOA 

un periódico de Chiapas, tíldame de porción de cosas; 
un compatriota, propóneme «'n carta un cohecho de 
$ 6,000.00; un cantinero, rae hace responsable de lo 
que le adeuda "por traaos" el escribiente tic la Lepa- 
cióu, al (pie propino una jabonadura oral, y en la ca- 
lle, camino ya de la finca, sostengo altercado agrio 
con un Don Nadie. 

Hay día.s aciagos. ¡Jr ni'en veux a moi-mcmc! 

27 DK ENP-KO. — Invitailos a comer en el curato, en 
debida y protocolar reciprocidad por parte del 1*. Kol- 
dán. compañero de nuestra mesa en dos o tres ocasio- 
nes, el palique se fornuiliza de súbito y se nos escapa 
por teosofías y ocultismos. Cuéntanos de un milagro 
patente ocurrido cuando la muerte de la señora su 
madre, allá en Guatemala, hace diez o doce años. Era 
la señora, devotísinuí de la \'irgen del Carmen, ads- 
cripta a una de tantas cofradías de esa advocación, 
portadora del escapulario respectivo y fiel obsí-rvante 
de cuanto al propósito ordena y nmnda la Bula Sa- 
batina, en' cuenta, rezar el Oficio Parvo, no obstante 
sus longitudes. Tí'uía encargado, para después de 
fallecida, que se revistiera su cuerpo coij el hál)ito de 
la Virgen. Falleció en viernes, y la noche del silbado, 
que el velorio continuaba, fatigado el I'. Hohb'in de la 
trasnochada de la víspera, fué y se recostó en un ga- 
binete próximo a la sala en que yacía el ca<láver. no 
sin recomendar í|ue lo <lespertas<>n a «Icterminada ho- 
ra para reanudar preces y acompañamiento piado- 
so a los despojos maternos. . . El gabinete tenía otra 
puerta que daba al corredor de la casíi. muy recogida 
y silenciosa a consecuencia del triste acaecimiento. Con 

— 126 — 



MI DIARIO 

sueño de piedra durmióse en seguida, y minutos an- 
tes de la hora señalada, oyó que llamaban en los cris- 
tales del corredor. Se incorpora y divisa a una monja 
carmelita — el hábito es inconfundible — que le apunta- 
ba hacia la sala primero, y hacia el cielo después. . . 
Muy impresionado y sin pizca de sueño, se encaminó a 
la vidriera, la abrió, y no halló a nadie; el corredor, 
lo mismo que la casa toda, persistía en su silencio 
y en su recogimiento. . . Más impresionado todavía, 
interroga a los demás familiares, a la servidumbre : 
¿quién había llamado a una monja carmelita, y dón- 
de estaba ? ¿ quién le había abierto el zaguán ? . . . Sor- 
presa general y general negativa : nadie había llama- 
do a monja ninguna, ni monja ninguna estaba en la 
casa tampoco . . . 

¡ Era el milagro ! 

Y me puntualiza éste. Es fama que a los devotos 
de la Virgen del Carmen, los que portan el escapulario 
y piden para sus cuerpos el hábito, al primer sábado 
después del fallecimiento, la Virgen se digna aparecer- 
seles y salvarles el alma. . . . 

Dícemelo con una fe tan honrada y profunda, con- 
tribuye tanto el marco que nos encierra, el atardecer, 
el pedazo de huerto que desde la estancia se columbra, 
la esquila de la torre que comienza a tocar a Ora- 
ciones, la figura medianamente ascética del Padre, 
que los escepticismos se esconden quién sabe dónde, 
callamos todos, vuelta la memoria a infancias y pu- 
rezas muertas también, y se registra una pausa lar- 
ga, un silencio piadoso que antójaseme sufragio men- 
tal de todos, y mío muy principalmente, por nues- 
tros padres muertos. . . . 

— 127 — 



F. GAMBOA 

Encienden el curato. 

Y la j)lática ahora, toma otros rumbos. El P. Rol- 
dan, hasta hace unos cuantos meses, nunca habíase 
sei)arado del cadáver de su madre, con el que viajó 
por toda la República, de curato en curato. Es que, 
por un prodigio que los médicos más afamados de 
Guatemala i»udieron comprobar, el cadáver se momi- 
ficó maravillosamente, sin adtpiirir el repugnante e 
inexpresivo' aspecto de las momias, antes con frescura 
tal, con tal apariencia de vida, de sueño mejor dicho, 
que a nadie provocaba ascos, y al hijo menos que a na- 
die. Entre otras rarezas, el cuerpo guardó relativa 
rigidez cadav«'>rica. Y aquí da principio lo macabro: 
el P. Roldan no sólo cargaba con su muerta adonde- 
quiera que iba, sino que la mudaba de traje, lavába- 
la, la sacaba al sol.... Nos puntualiza sus excursio- 
nes por serranías y valles. |)or i)ucbl08 y aldeas, sin 
confesar lo que llevaba dentro de aquel cajón de ma- 
dera, cuidadosiímente atornillado y de contornos re- 
gulares para no llamar la atención, el ataúd dentro 
de la caja trasportada a lomo de muía por caminos 
y vericuetos; y cuamlo menos una vez a la s<'mana, 
la exhumación, el ttt(-á-trt( funerario, el aseo d«'l cuer- 
po venerado, con todo linaje de miramientos, las ora- 
ciones musitadas en voz baja, como si le hablara . . . 
Luego. í'l encajonamiento, la colocación del ataú»l en 
sitio preferente de la «b-snuda alcoba monacal, la vida 
en común con los despojos empeñados en conservarse 
intactos. . . 

Hasta que la cosa, al fin del dominio público y del 
científico, llegó a oídos del Arzobispo, quien ordenó al 
deudo la sepultación definitiva de la muerta trasbu- 

— 128 — 



MI DIARIO 

mante ; aparte la irreverencia, había el peligro de que, 
fallecido el P. Roldan, el pobre cadáver insepulto pa- 
rara Dios sabe dónde .... 

Y el P. Roldan enterró a su madre en el cemente- 
rio de Guatemala. Y esta segunda separación le fué, 
quizá, más dolorosa que la de la muerte. 

31 DE ENERO. — Entregué ayer en Guatemala, a la ti- 
pografía de Arturo Síguere, la primera parte, ya reco- 
piada a máquina, de "Santa." La impresión comen- 
zará en seguida. ¡ Dios vaya con ella y con el libro, 
por cuyo asunto nutro serios temores ! No hago la edi- 
ción en la Tipografía Nacional, como hice la de "Me- 
tamorfosis," para no tener con este Gobierno más li- 
gas que las oficiales. El papel que en muestras me ha 
enseñado Síguere, magnífico por cierto, lo introduciré 
libre de derechos, gracias a mi prerrogativa diplomá- 
tica. 

A'^agos rumores de que se me condecorará con la Le- 
gión de Honor. 

1.° DE FEBRERO. — Banquete en la residencia presi- 
dencial de La Aurora, sitio incomparable, escondido 
más allá del Paseo de la Reforma, tras una vieja 
arquería colonial, las tapias de uno de sus lados, las 
ventanas de su "altillo" y una de sus entradas, recos- 
tadas sobre ancha carretera que al Guarda Viejo con- 
duce ; es finca y huerta, jardín y bosque ; sus habita- 
ciones, más que aceptables, ideal su temperatura, y a 
una distancia mínima de la ciudad. De mí sé decir, 
que gusto tanto de ella como de nuestro alcázar de 

— 129 — 



r 



F. GAMllüA 

Chapultej)ee, a tal extremo, que así cotno si un día 
llegara yo a Presidente de mi tierra, — lo ijue nunca se- 
rá, y por nunca serlo anticipo y rindo a Dios gracias 
infinitas! — ni con frailes descalzos me harían salir 
de L'hapultepec en estación alguna creada o por crear, 
así también caso que pudiera yo ser Presidente de Gua- 
temala, — y anticipo y rindo a Dios gracias nu'is in- 
finitas todavía, de que ello no ha de realizarse en ja- 
más de los jamases! — nadie sacaríame de La Aurora, 
durante mi gobierno. 

Después tlel baiKjuete, parloteo frivolo — tntsct'n- 
dental con don Rafael Iglesias, acerca de Presidentes 
centroamericanos (tle los (pie poco bueno prométese 
mi ilustre interlocutor, si han de seguir en lo general 
como hasta hoy, — y él, Iglesias, modestamente se me- 
te el primero en la colada), y acerca de la reciente 
conferencia pacificadora de esta epiléptica región ist- 
meña — en obsccjuio a la justicia ha de declararse aíjuí, 
que Costarrica es la excepción destle hace algún tiem- 
po, el mirlo blanco, como si dijéramos! — celebrada en 
el puerto nicaragüense de (^orinto entre los cinco Pre- 
sidentes, menos Estrada Cabrera, asistidos de conseje- 
ros y Ministros de Relaciones Exteriores. (Opinan 
los nudeantes <jue Estrada Cabrera no concurri('), a 
pesar de lo formal y solemne del compromiso inter- 
nacional, por temores a un atentado posible contra su 
persona durante la ida o durante la vuelta; él. c.vcu- 
8<)8c a última hora so pretexto de que en el airtual 
momento político de (tuatemala, su pn'scncia «th aquí 
indisi)cnsíd)lej. Parece {\\n\ el Gral. R«'galado iX^^yt 
algo qué desí'nr por su comiíortamiento pasablemen- 
te impulsivo. . . . 

— 130- 



MI DIARIO 

Deshice el trato con Síguere : la impresión de ' ' San- 
ta" saldría costándome unos $3,000.00 guatemaltecos, 
y no abundo en ese percal. Recogí mis originales. 

2 DE FEBRERO. — Fiesta de la Candelaria, patrona de 
la finca. 

En lo general, fisonomía análoga a nuestras fies- 
tas mexicanas de naturales, y a las españolas, rusas, 
flamencas, etc., etc. ; domina en ella la idolatría, agra- 
vada de alcoholismo superagudo. La humanidad, en 
sus capas inferiores sobre todo, apenas si deja conocer 
que lleva ¡ veinte siglos ! de caminar rumbo a la ci- 
vilización : 71CC varietur. 

Fuera de esos dos linearaientos generales, no cen- 
surables en lo absoluto, a pesar de que en sí lo son 
ambos, la fiesta abundó en color y en carácter. (Vaya 
Ud. a invitar para los ilotas y parias del universo 
entero, un sucedáneo del alcohol, que como el alcohol, 
siquiera sea por instantes y a trueque de la salud mo- 
ral y material de las razas, borre las penas, ahuyen- 
te los dolores, y con espejismos morbosos ponga la 
dicha, — esta picara dicha que todos perseguimos y 
que a todos nos es indispensable intermitentemente 
cuando menos ! — al alcance de la mano, obsequie con 
asequibles quimeras, brinde con el olvido, que es el su- 
premo bien para los qué sufren . . . ) . La lucha contra 
el alcoholismo la encuentro admirable, pero incomple- 
ta, le falta la lucha en favor de la abolición de las 
desigualdades en el reparto y goce de los bienes te- 
rrenales. Y cuenta que entre las clases favorecidas, 
directoras, y demás tituladas, escasean los abstemios 
y temperantes, a pesar de que siendo poseedores de 

— 131 — 



F. GAMBOA ^ 

otra porción tle compensaciones, debieran de ser ejem- 
plo y no escándalo. Clamemos contra el alcoholismo, 
combatámoslo con todas las armas y todos los medios, 
mas ofrezcamos algo en cambio, a los alcohólicos, nues- 
tra enmienda siíjuiera. A ver quiénes se curan pri- 
mero, si ellos o nosotros. . . 

La fiv-'sta, decía yo, abundó en color y en carácter, 
lástima que comenzara antes del alba, con unos ca- 
marazos capaces de arrebatarle el sueño al mismísi- 
mo Polifemo antes de perder su ojo. Ya (h'sde días 
atrás, andábamos atareados en los preparativos del 
ornato: escogimiento de ramas frescas, di- Hores, eolo- 
eaeión de guirnaldas de papel picado, alzadura de 
templetes y edificación de arcos. Desde la vísjjcra ha- 
bían dormido en dominios de la linca, á la hcUc ¿toUv, 
los dueños de tinglados y puestos, y aun algo velaron 
para levantar é.stos a t'ntram])os lados de la calzada 
tlel ingreso. 

La mañana se nos fué en prácticas religiosas: misa 
de tres padres, con sermón y desfile. Los oficiantes, 
almorzaron con nosotros. La tard»', tuvimos repre.sí'u- 
tación de cuadros alusivos, algo así como pastorela, con 
danzas de indios disfrazados y liorripilantes, al .son 
de ehirimías y alambon'.s. La noche, hubo iluminación 
de antorchas, de brea en cajuelas, baile y vendimias. 
Duranlf rl día íntfgro. lo menos dos millones de co- 
hetes de todos los calibres, (pie a las j)ersonas nos pu- 
sieron sordas de tanto oírlos, y a los perros roncos 
de tanto aullarles. 

La capilla, víó.m' nmy frecuentada de fieles venitlos 
de porción de rumbos próximos y remotos, que ofren- 
daron ceras, flores y cx-votos. que no pararon de re- 

— 132 — 



MI DIARIO 

zar en voz baja, en voz alta, con sollozos, con lágrimas 
silenciosas, con cantos y con prosternaciones, según 
los temperamentos y penas de cada cual. El baile y los 
fuegos artificiales, viéronse honrados con la asistencia 
de las familias y de las autoridades de Yillanueva : 
aquéllas, endomingadas, alardeando de su superiori- 
dad sobre los indios, y éstas, hoscas, de bota y látigo, 
de revólver al cinto, mirándonos de reojo a nosotros, 
que, por mexicanos, les resultábamos intrusos y doble- 
mente extranjeros. 

La verbena, se prolongó hasta las mil y quinientas; 
esclavos del protocolo, sin despedida nos entramos a 
acostarnos. • 

3 DE FEBRERO.— ^Caballeros en sendas muías y escol- 
tados por el sacristán, ahora en funciones de mozo 
de estribo, nos encaminamos el P. Roldan y yo ha.s- 
ta Petapa, donde también ejerce jurisdición. 

Es de veras impresionante en esta Guatemala, có- 
mo a pesar de la soberana belleza de sus campos, los 
pueblos y ciudades se hallan saturadas de profunda 
melancolía, mayor quizá de la que ensuelve a ]Méxi- 
co. 

¿Provendrá de que el grueso de sus pobladores, 
aquí y allá, es netamente indio, y el indio, por razones 
históricas y raciales, es un desheredado de la dicha 
y de la alegría ? . . . 

El curato de Petapa, — el "convento," — sin impor- 
tancia ; unas cuantas habitaciones destartaladas, un 
huerto mustio, un templo paupérrimo. 

El villorrio, ni fu ni fa ; su plaza, sus portales, 
su ceiba, inmensa, añosa, copuda. 

— 133 — 



F. GAMJiOA 

') DK FKUKKRo. — A lus dioz y iiu'dia, ¡iitcrnunpo mi es- 
Cí'itura el P. Roldan, (luo viene a almorzar eonmigo. 
Malas noticias de mi marco churrigueresco: tuvo el 
Padre que solicitar autorización del Arzobispo de (iua- 
temala para cedérmelo, y nada h' contestan ; proba- 
blemente, mi limosna a la parroquia, — léase, precio 
del marco, — habrá (pie cargarla a i)érdidas y ganan- 
cias. 

Cuando regresaba de dejar al 1*. Koldán en su •'con- 
vento" de Villanueva, puse mi muía al galoi)e, «pie 
toda mi vida hame significado placer físico el galopar 
a caballo. Y sin duda cogí algún enfriamiento, por- 
que mi neurastenia saca las uñas y tengo (pie inte- 
rrumpir mi libro ; imposible escribir dos líneas segui- 
das: vértigos y fobias, con sus coros y comparsiis. Ni 
leer puedo, acostado ya; gáname miedo de sufrir un 
ataíjuc al cerebro. 

6 DE FEBRERO. — Día abominable. Jaípieca. tos, mal 
de garganta. Ni me acerco a mi mesa de trabajo, no 
hago nada absolutamente, a sjil)ii'ndas de (pie la ocio 
sidad me empeora; nunca me surtió conceder asueto a 
"la loca de la casa." lo rpio pienso es dislocado, poco 
grato, sin ideología. . . 

Algo mejórame, a la noche, presenciar el baño de mi 
hijo. 

7 DE FEBRERO. — AHviado, al cabo de diez horas de 
sueño de cal y canto. A trabajar. . . unos instantes tan 
8<')lo, pues ofrecí ir a ver la empacadora de heno, re- 
cién instalada en la finca, allá en sus lindes. 

Arxia de malas este capítulo último de "Santa." 

— 134 — 



MI DIARIO 

Recado escrito del P. Roldan: el Arzobispado ne- 
gó la licencia de cederme el marco, que "tal vez haya 
que presentarlo en alguna exposición!!!" (sic). 

Siempre me atrajeron las consejas y preocupaciones 
del vulgacho, porque en su fondo encierran mucho 
de cierto y no menos de poético y sentimental. Lo 
digo a propósito de lo que me ha ocurrido aquí con 
"El Cadejo," importantísimo personaje fantástico, 
señor y dueño de los campos y fincas guatemaleses. 

"El Cadejo," según viejos y honorables campesi- 
nos, es un monstruo mitad buco y mitad demonio, que 
aullando sus desventuras y las ajenas, recorre en galo- 
pes desatentados, a eso de la media noche, los altoza- 
nos, bajíos, cimas y barrancos, huertos, bosques y fin- 
cas de la República. Arremete contra cuanto se le 
opone a su correr enloquecido, sea cosa o individuo, 
y dondequiera deja tristes huellas de su paso y de su 
ira. Hay quien pretende que luce larga pelambrera 
obscura, tirando a rojiza, y que de ésta, de las pezu- 
ñas y de la cornamenta se desprenden espantables fos- 
forescencias, aunque menores de las que despiden sus 
ojazos garzos. Son contados los que han sobrevivido 
a la terrorífica visión, al demoníaco encuentro, so- 
bre que quien con él tropieza, es de rigor que se quede 
en el sitio, sin habla ni vida, o si bien le va, arrastran- 
do después del acaecimiento, breve y vuletudinaria 
existencia que al fin apágase entre torturas de todos 
géneros, más morales que físicas. A los supervivien- 
tes del maleficio, es a quienes se debe el aproximado 
retrato de la bestia. 

Y el mayordomo, — persona seria si las hay, de co- 

— 135 — 



F. GÁMJiüA 

rajudos antecedentes (fué soldado, y valiente, de la 
época de J. Hufíuo Barrios), honrado y buenazo, amén 
de sano y corpulento, — con quien charlo del fenóme- 
no a la sombra de una de las ceibas de la huerta in- 
terior de la finca, fumando cigarrillos de hoja, me 
afínna "bajo su i)alabra," que el animal existe y que 
ni los mozos más arrestados son capaces de buscarlo o 
de enfrentársele ; de perseguirlo, no hay ni (|ue hablar, 
pues en su cuero endiantrado y recio embótanse las ba- 
las y postas de rémingtous y escopetas, los filas de los 
más acerados machetes y los colmillos de los masti- 
nes más bravos. Nada, que lo único prudente cuando 
se le oye a lo lejos, y las siembras se estremecen, y 
los ganados huyen, y los perros gimen, es encerrar- 
se y peilir a Dios (pie la alimaña pas<* de bngo y s«' 
pierda en las profundidades de la noche bruja. . . . 

La charla vino con motivo de los tra.stornos noc- 
turnos <|ue vienen repitiéndose en la finca. Vo acos 
tumbro a leer, ya entre sábanas, ha.sta media noche 
corrida, y llevamos tres o cuatro en (pie poco antes 
de (pie apague la luz, se aU>orota la jauría y sale la- 
drando furiosa hasta los medios de la calzada, y d«' 
súbito re|)liégas4* a\dlando en el |>ortal frontero de 
nuestras habitacioncí*, donde gruñe como amedrentada 
frente a peligro invencible e inminente. A poco, to 
dos los ímiíiialc-s de los maebcros relinchan y cocean, 
tiran de las cadenas y cuerdas que los sujetan a las pe- 
sebreras, se agitan lo mismo que cuando se asustan 
en los caminos. . . La ])rimern noche, al estallar el 
alboroto entre perros y caballerías, instintivamente 
me eché fuera de la cama y entreabrí la ventana, que 
es de dos batientes de madera, sin cristales, pero con 

— 136 — 



MI DIARIO 

algo de polilla en la juntiira de sus tableros . . . Es- 
cudriñé las sombras del portal, y de divisar a los pe- 
rros agrupados y trémulos, brillantes las pupilas di- 
latadas, erectos los pelos de sus espinazos, entre las 
piernas los rabos, y gruñendo por lo bajo, muy que- 
jumbrosamente ; de sentir que las caballerías paula- 
tinamente se aquietaban lanzando rezongos nasales 
de desconfianza, cual si ''El Cadejo" o lo que fuera, 
ya se hubiese alejado, la verdad es que interrumpí 
mis pesquisas y volví a la tibieza del lecho, prome- 
tiéndome para mejor ocasión el apurar la inquisi- 
tiva .... 

Ocasipn que se presentó a poco, la noche del siguien- 
te sábado que en la finca pernoctaron Rebolledo, Ro- 
dríguez Parra y Rafael mi cuñado. Muy apercibidos 
hasta con revólver en mano, aguardamos la hora clá- 
sica de los vestiglos ; y en cuanto la algazara se pro- 
dujo, hétenos en persecución de la fiera invisible. Re- 
gistramos los corrales, en los que las bestias tembla- 
ban y resoplaban todavía ; por más halagos, no obtu- 
vimos que los perros nos siguieran, y aunque cami- 
namos por largo espacio, no dimos con el demoníaco 
"Cadejo" ni con huellas ningunas de su paso. . . Mas, 
lo que me argumentaba el mayordomo : 

— ¿ Cómo explicar el pánico de los animales ? . . . 

Prefiero dejar la cosa de tal tamaño, a efecto de 
no restarle el encanto que respira, así, en nebulosa, en 
los lindes de la verdad y la ficción, sin que nadie pue- 
da afirmar si es conseja, o leyenda campesina, o fe- 
nómeno natural pero inexplicado. . . Quédese "El 
Cadejo" dueño de sus dominios, regando maleficios, 
sembrando terrores, provocando fiebres y muertes, re- 



137 



F. GAMBOA 

zos y conjuros, aumentando más aún la poesía de es- 
tos camj)Os, (jue sólo son poesía. . . 

No conocí a "El Cadejo," pero en retorno llevóme 
en mis recuerdos una It-yenda más. Y vayase lo uno 
por lo otro. 

10 OK fp:brp:ro. — El casí-abeleo de un puayín inte- 
rrumpe mis soliloquios con "Santa," y como no aguar- 
damos visitas, todos salimos a averiguar quién i)0- 
drá caernos a la improvista. 

Es Rafael mi cuñado, mostrándonos destle lejos un 
papel en su mano; en cuanto se halla a tiro, nos gri- 
ta la nueva : 

— ¡Cable!. . . . ¡de Mr.xirol. . . ¡f.' llaman de la Se- 
cretaría ! . . . 

Estupefacción y júbilo... ¿qu»'' será ello?... 

Agrupados, leemos y releemos el lacónico mens;ije: 
"Venga en comisión, luego que reciba viáticos." 

Sofoco mi júbilo y el de mis gentes; hay que acla- 
rar el enigma. Y nada mejor ocúrreme rpie preguntar, 
también í)or el telégrafo, si deberé llevar conmigo n 
mi familia; i)ueK según sea el sentido de la resj)uesta 
colegiré si el llamado es temporal o si (h'íinitivamen- 
te se me saca de Guatemala. Y después «leí almtier- 
zo, en su propio guayín despachamos a liafacl, con 
encargo de ípie tra.smita el \m\t\v a sti d<*stino. 

12 DE FKüKKRO. — Anuirgado el aniversario de niies- 
tro casamiento, con la respuesta telegráfica de Rela- 
ciones, que nos deja \x\i\s hundidos en las cavilaeio- 
nes que nos originó con su llamado de anteayer: "que 
deberé llevarme familia. . . " 

— 138 — 



MI DIARIO 

Póngome, sin descanso, a terminar "Santa," teme- 
roso de que con el trastorno que me echan encima, 
la novela, que anda ya por sus finales, se me quede 
inconclusa. 

14 DE FEBRERO. — Al filo del medio día, alcanzó tér- 
mino y remate la novela de mi pobre pecadora ' ' San- 
ta." Si a augurios vamos, el libro vivirá. ]\Iire us- 
ted que es mucho sol éste, y mucho cielo azul, y mucha 
naturaleza exúbera, y mucha belleza la del rincón 
agreste que ¡ Dios sabe ! si no volveremos a ver nun- 
ca.. . . 

Notificada mi mujer de la terminación de mi obra, 
va hasta mi mesa, sirve dos copas, y solos ella y yo, 
brindamos porque "Santa" llegue a vieja, y con la 
narración de su endiantrado "sávir nos agencie mon- 
tañas de pesos, toda la cordillera de que habernos me- 
nester para que subsistamos sin servir a Reyes ni 
Roques. 

15 DE FEBRERO. — Partimos de "Villalobos..." Y 
como todas las partidas, también ésta nos resulta me- 
lancólica. 

Hay revista de servidumbre, — desde hace dos días se 
comenta en sementeras, rancherías, fogones y cuadras 
que nos ausentamos, — deseos burdos y sinceros por- 
que nos vaya bien, regalos de última hora, de frutas 
y flores, abrazos encogidos y con relentes de sudores, 
apretones de manos ásperas y color de canela, terque- 
dades de mi hijo, — dentro de sus tres años no caba- 
les, — por cargar con Cirilo, un granuja algo mayor 
que él, su inseparable y secretario. . . 

— 139 — 



/'. GAMBOA 

El cura de Villamieva, estuvo a despedirse, tem- 
prano en la mañana, después de su misa. . . . Anuncia- 
nos el mayordomo que el síilky está listo, y que el gua- 
yin (|ue ha de trasportar a los criados acaba de lle}?ar. 
Restallo la fusta, y a todo el trote de la noble yegua 
californiana, salimos de la finca... Delicioso paseo 
de hora y media, con escala en el Guarda Viejo, y a 
las cercanías de las cinco de la tardf. t'utraila en 
nuestra casa de Guatemala. 

22 DE FEBRERO. — Oclio días de ajetreo, levantando 
la tienda, guardando efectos, libros, etc. ; cercados de 
maletas y baúles. Ello no obstante, heme dado tiempo 
para terminar a máíjuina la puesta en limpio del ca- 
pítulo I de la 2." parte de SANTA ; la \mrtc prime- 
ra, ya lo estaba. Y a(pií la dejo, quédese el resto i)ara 
ser terminado en Mé.xieo o donde me envíen, que se- 
rá, según cartas particulares, en El Haya, como Encar- 
gado de Negocios, o de primer Secretario. {¿ encoré f) 
en Bruselas, Berlín o Londres, pero de todos modos 
Europa. Europa al fin. después tic perseguirla los años 
de los años, desde que entrv en la Carrera, emprendiila 
princi[)alinente con ese objeto. ('ontraríam»>, sin em- 
bargo, (pie i'Utre las probables y futuras residencias 
también figure Santiago de ('hile, porque, y perdónen- 
me los chilenos, de América ya estoy servido, y si en 
ella he de |>ermanceer, reclamo mi México, todavía no 
lo suficientemente conocido por mí en su pasjulo princi- 
palmente, a pesar de lo (pie me interesa y de lo <|ue lo 
idolatro. 

De ser cierto mi traslado a Europa, resultaría la 
prueba millón y tantas, de la benevolencia divina... 

— 140 — 



MI DIARIO 

E invádenme olas de piedad mística, mis fervores in- 
fantiles se y erguen y eércanme y es un retorno a mi 
fe de niño, la que no razona, ni duda, ni desconfía ; 
la que sólo bendice y espera. . . Siento que vuelve a 
amanecer dentro de mí, que mi alma sumérgese en 
claridades aurórales, los nublados del espíritu de la 
época y de lecturas mal sanas, desvanécense . . . 

¡ Creo ! . . . . ¡ creo !!!... Apenas si hay que arrancar 
ortigas menudas, que aun persisten en creer y reprodu- 
cirse; por suerte, son enemigas de imperfecciones del 
clero y minucias del culto; pero el Dogma, lo funda- 
mental e inconmovible, impera y reina, me ha recon- 
quistado 

Es tiempo ya de principiar RECONQUISTA. 

5 DE MARZO. — No he podido disimular el júbilo que 
mi inminente partida rae proporciona ; cuantos se me 
acercan, lo descubren y publican. 

La molestia de los baúles, el tráfago de deshacer mi 
espléndido gabinete de trabajo, — dentro del que me 
emparedé con los manuscritos de SANTA para comba- 
tir tenaces tristezas y nostalgias hondísimas, — la ner- 
viosidad precursora de cualquier viaje, todo lo conllevo 
de buen talante, encantado de irme. . . de irme !!!... 

A la media noche, daume mis amigos, bajo los bal- 
cones, una magnífica serenata de marimbas y música 
de cuerda. Estas marimbas, esencialmente centroame- 
ricanas, son xilófonos dulcísimos que en la alta no- 
che adquieren resonancias de juventud y amores. 

Mi neurastenia encabritase y me hinca sus más filo- 
sas garras. 



141 



F. (jAMllOA 

7 PK MARZO. — Con qui»''n sabe cuántas toneladas de 
equipaje y con media (Juateniala en la estación del fe- 
rrocarril, a bordo de coche especial ofrecido por las 
autoridades, a las 8 de la mañana emprendemos la 
marcha. ¡ Adiós, sí ! . . . ¡ adiós por siempre, tal vez ! . . . 
A elevarme, a refinar mi pobre espíritu de literato 
en otros mundos, en ciudades superiores, en tierras 
viejas de cultura . . . 

El paradero y el caserío, se empequeñecen, van bo- 
rrándose y borrándose. . . 

Nos aproximamos a Escuintla, estación de almuer- 
zo, y con mi hijito en los brazos apercí borne a saltar 
al andén. . . En el andén, embísteme un t,'ranuja porta- 
dor de cabltgnnun cerrado... i de dónde?... i de 
quién?. . . 

— "¡¡¡Para usté, don Federico!!!" — díceme son- 
riente y en espera de su propina. 

Por pura corazonada le atirmo a Rafael mi cuña- 
do, que es un cable de México prohibiéndome salir. 
Rompo el sobre, y deletreo espantado: 

— "Aunque haya ncibido viáticos, no salga hasta 
recibir instrucciones.*^ 

¡ Menor efecto causi'irame el dernimbamieuto del 
Volcán de Agua, (pie s<' alza en «•! horizonte!. . . ¿No 
partir cuando ya casi estábamos embarcados! 

Vacilo, hay pelea intrrna. <ntre el deber y el deseo; 
inclinóme a ceder a las instancias que se me hacen 
de continuar el viaje emprendido... Pero ¿y esta 
orden nmda que me quema las manos, di'l Oobicrno 
que me paga y al que yo repn'wntoT. . . ¡Triunfó el 
deber! Y lo mismo que si voluntariamente me enca- 
minara a un cautiverio, perdiendo los gastos hechos, 

— 142 — 



MI DIARIO 

privado de equipaje que ha de ir llegando al puerto, 
regreso a la ciudad de Santiago de los Caballeros, de la 
que telegrafío a México, para caer después en un ma- 
rasmo que me alarma. 

Guatemala, al pronto, se ha sobrecogido con mi vuel- 
ta inexplicable; después, aplaude {¡plaudite cives!), 
sucédense las visitas de enhorabuena, me alegan que 
he liberado prisioneros, salvado vidas, procurado con- 
suelos. . . Y yo, anonadado, casi ni las gracias doy, 
cual si de veras mereciera los afectuosos elogios. 

A mis solas, maldigo de mi suerte, mascullo filoso- 
fías baratas y cursis : el grueso de un cabello, el trans- 
curso de un minuto habrían alterado los hechos; la 
casualidad. . . el hado. . . mi estrella. . . Y reconstru- 
yo mentalmente el proceso de mi mala sombra : si aquí 
no violaran toda clase de correspondencia, igual la 
postal que la telegráfica, el Presidente, o quien haya 
sido, no se hubiera impuesto del malhadado mensa- 
je, ni mandado, como estoja seguro de que mandó, que 
se me entregara a medio camino. Por otra parte, si 
de México no me hubiesen dirigido contraorden tan 
extemporánea, — ¡ al mes de habérseme ordenado salir 
de Centroamérica ! — o el mensaje me lo remiten es- 
crito en clave, dado que yo no he de andar con la ci- 
fra en la memoria o debajo del brazo, sin desobedecer 
mandamiento tan inopinado, encontraríame ahora 
dando tumbos en el Pacífico. . . . 

8 DE MARZO. — Persistió mi atonía hasta la noche de 
hoj^, que cedió el puesto al paroxismo : Perico de Ca- 
rrere y Lembeye, Ministro de España en Centroamé- 
rica y ayer desembarcado de México, barre con sus 

— 143 — 



/•'. GAMJiOA 

confidencias la fábula <1<' la LiH-hcra que había yo veni- 
do adaptando a mi individuo: no se me enviará a Eu- 
ropa ni a ninguno otro punto del globo: si acaso, se 
me favorecerá con opaca coniisioncilla en el Ministe- 
rio. . . Corre en mis lares la torpe especie tle (pie yo 
perpetré aquí magno escándalo en aiH)stnítos de mozas 
del partido, y de que en cierta alborada, instalado 
ya en las viñas del Señor, fui y desperté a Estrada 
Cabrera, al grave propósito internacioiuil de que me 
obsequiara con ana copa de cualquier líquido embria- 
gante!!!... Y que el General Díaz está indignadísi- 
mo. . . 

¡Hay para privarse! 

i Quién será el autor de la burda conseja?. . . Ahora 
más (jue nunca ansio llegar a sincerarme o a sufrir, 
en el imposible supuesto de que se me compruebe la 
culpabilidad mínima, todas las penas conocidas, y las 
desconoci«laK ¡>or añadidura. . . 

Por lo pronto y como a seguro refugio, torno a la 
máquina de escribir; póngome, estoicamente, a conti- 
nuar la copia de los manuscritos de mi SANT.^. 

10 DK MARZO. — Recibí esta noche, del Ministerio de 
Mé.xico, mensaje {>é*simamente cifrailo: (pie in.HÍsta yo 
en una reclamación wcundaria. . . No s<' alu«le a mi 
exccMO de di.sciplina, ni se me anuncia palabra acer- 
ca de mi futtiro. . . 

I'ara no aumentar tristuras, sigo co¡uando manus- 
criptos de SANTA, tecleo día y noche, haiita no rendir- 
me. . . 

Insomnios y presagios poco gratos. 

— 144 — 



MI DIARIO 

20 DE MARZO. — Periódicos de México. "El Irapar- 
cial" y "El País" despejan la incógnita; según ellos, 
he sido nombrado jefe de la sección Consular. 

27 DE MARZO. — Telegrama de Nueva York anun- 
ciándome situación de fondos, y telegrama correla- 
tivo de México con la noticia de que se me ha manda- 
do pagar este mes de marzo y el entrante de abril ; 
lo que en romance significa que hasta principios de 
mayo no hay que pensar en viajes ni regresos. 

2 DE ABRIL. — Procedente de San Salvador, aunque 
impreso en San José de Costarrica, me llega un libro 
intitulado PAGINAS, cuj'o autor, don Salvador Cal- 
derón, mucho elogia mi METAMORFOSIS en el ca- 
pítulo último del volumen. Llevaba yo tantos días de 
sólo almacenar noticias pésimas, que infantilmente 
póngome a leer y releer las alabanzas del benévolo 
escritor centroamericano. 

Cartas de México, de casa, puntualizándome con 
copia de detalles, la tempestad en mi contra desata- 
da. Parece que, mis amigos sobre todo, hanme desga- 
rrado a más y mejor; parece que corrí riesgo positi- 
vo de que por cable se me destituyera (¿sin oírme 
previamente, según lo previenen nuestros reglamentos 
y leyes. . . ?) y parece por último, que mis amigos, mis 
enemigos y los indiferentes, ya relamíanse de gusto 
por tamaños rigores. . . 

Por dicha, todo se estrelló ante la altitud de es- 
píritu del señor Mariscal, quien, una vez más, logró 
sacarme avante y conjurar la tormenta. Y así ha de 
ser, supuesto que en el correo oficial de hoy siguen 

— 145 — 



F. GAMBOA 

como siempre "aprobando mi conducta," y en deter- 
minada respuesta emplean el clisé burocrático de "Im- 
puesto con interés..."; fórmula que ecjuivale a "lo 
ha hecho usted divinísimamente bien." 

7 DE AHKiL.— Espigo CU el ZAKATHOUSTRA de 
Nietzsche, para epígrafe de .MI DIARIO: 

— "...mi pasado rompió su tumba ¡cuánto dolor, 
"enterrado vivo, se liespertó!. . . " " . . .pensamientos 
"venidos de mi abismo, no he osado hasta hoy llamaros 
"a la superficie; hame bastado llevaros dentro de mí! 
"No he sido ha.sta hoy lo suficientemente fuerte i)ara 
"la última audacia del león, para la temeridad úl- 
"tima. \'uestio peso me ha sido si('mi)re tt-rrible: pero 
"un día, quiero encontrar la fuerza y la vo/. del bMWi 
* ' para haceros subir a la superficie ..." 

Anda revoloteándome el argumento de un drama 
al que ya puse título: RESL'HUEXIT. 

í) i)K .VHUIL. — Terminé la copia a má(|uina de toila 
SANTA. Y sin duda por culpa de cuanto me acaece, 
notóme con harto menor entusia.smo del que siempre 
me acarreó la conclusión de libros anteriores. . . 

Tampoco deci<lo principiar «'1 drama; lleno de incer- 
tidumbre como estoy, mi biblioteca empacada y en 
el puerto hace más de un mes, asediado de "mundos" 
y maleta.s, no nu* sit'uto dispuesto a enfniscarme en 
labor intelectual de algún aliento. Necejiito, de urgen- 
cia... un ])uñado de cosas que no a.soman todavía, 
y me sobra tanto, pero tanto. . . 

¿(¿uién editará SANTA, Halh\scá o Bourel T 

— 146 — 



MI DIARIO 

11 DE ABRIL. — Honda desilusión la que sufro con 
la lectura de BOUVARD ET PECUCHET, obra pos- 
tuma de mi admiradísimo Gustavo Flaubert. Creo en 
mi ánima, que si la novela luciese firma distinta, po- 
cos leeríanla y menos aplaudiríanla. Vaya un libro 
más tedioso y más estrafalario y más feúcho. Asegu- 
ra el autor, en su CORRESPONDENCIA, que para 
poder escribirlo hubo de echarse al coleto unos cinco 
mil volúmenes. . . ¡ Qué lástima que lectura tanta pro- 
dujese un hermano, a mi juicio monstruoso, de las 
magistrales y deliciosas BOVARY y EDUCATION 
SENTIMENTALE ! 

Periódicos de México entéranme de la fundación, 
allá, de una Sociedad de Autores, Escritores y Artis- 
tas. Con tal que haya nacido a las derechas y no se 
transmute en centro adulatorio o camarilla agresi- 
va. . . 

A la zaga del ZARATIIOUSTRA, heme leído EL 
REY y EL PERIODISTA del dramaturgo escandina- 
vo Bjórnstjerne Bjórnson, (pronuncie Ud. las jotas 
como íes, o renuncie a llamar por su nombre a este 
caballero ) . . . ¡ Qué literatura delirante y rara ! Toca, 
como fundamental, la propia tecla que Nietzsche : 
¡que Dios ha muerto! . . . Entrambos autores déjan- 
me idéntica impresión que los locos semilúcidos de los 
manicomios: piedad y miedo. 

Doy a los dos por Heurik Ibsen. 

15 DE ABRIL. — Visión rápida, en la calle, al atar- 
decer, del Almirante británico Bickford, hoy llegado 
a San José, a bordo de formidable acorazado, e inme- 

— 147 — 



F. (¡AMIiOA 

diatamente venido a Xelajú. (Rumorase qut» il tal 
acorazado, en unión de naves guerreras galas y tudes- 
cas que no han de tardar, preparan una "demostra- 
ción naval" a estos gobernantes chapines, algo atra- 
sados en el pago de su deuda con los de extranjis). 

Válgame Dios y qué rostro se gasta el señor de Bick- 
ford, duro, despótico, implaeal)le! Sólo su cara es ya 
por si misma, una demostración ... De corrido léese 
en ella bombardeos, abordajes, órdenes de de^strueeión 
y aniíjuilaiiiieiito ; toda la cultura inglesa: biblia, whis- 
key y. . . ¡irogreso a gran orquesta, como en Egipto, 
Transval y demás gente ordinaria. Los ojos del Almi- 
rante, fríos, acerados, despiadados a pesar de su color 
dulcemente azul, ocultos bajo unas cejius bravias y 
entrecanas, han de haber contemplado muchas ago- 
nías y nuielios incendios y niuclia saiigi-e hiiniana, en 
las posesiones inconfoniies con el suave yugo, <pie por 
el orbe entero impone la rubia Rritania. . . 

Acompáñanlo dos señoras; los transeúntes lo nñran 
y se dicen, dándose de codo : 

— "¡Ahí va el Almirante inglés!..." 

Y puede (pie en el fondo sea un excelente sujeto. 

18 dp: .muul.— -Noche horrenda, un venladero cata- 
eli.smo del <pie por milagro escapamos. 

A eso de las 5 de la tarde, que leía yo en tina mece- 
dora, en la terraza, aleé casualmente los ojos al cielo, 
t(»do él plomizo, cual «i se aveeirmra alguna tormen- 
ta de las que por aquí abundan cuando como en este 
año la temporada de lluvias se adelanta. Anocheció 
a poco, y <lespejós»' el firmamento. 

Minutos ílespués de laj* 7, inopinadamente, debió 



148 



MI DIARIO 

de caer muy cerca de casa una formidable descarga 
eléctrica, cuyo estruendo nos ensordeció y cuya luz vi- 
vísima y cárdena nos dejó medio ciegos. Y de las nu- 
bes, se dejó venir un diluvio que mal año para el del 
abuelo Noé. . . . 

Era llegada la hora del baño de mi hijo, quien ha 
dado en la idea de que yo lo acompañe, lo saqué de 
la artesa, y sentándomelo en los muslos, le enjugué 
su cuerpecillo. Nos encerramos en la estancia, su ma- 
dre y yo ; su nana y su alter cgo Pancho, — un arrapie- 
zo natural y vecino de Guatemala, vastago de la co- 
cinera y objeto de grandes quereres de mi muchacho, 
— y nuestra perra "Diana," ejemplar perfecto y pre- 
cioso de la raza pointer. Pasó el baño con su acompaña- 
miento de risas, espumas, salpicaduras y pataleos ; 
concluido el acto, se envió a la nana al piso bajo en 
busca de la leche para nuestro heredero. . . 

De súbito, comenzó un terremoto espantoso, que sa- 
cudía la casa y la ciudad entera, con reconcentrada 
extrahumana fuerza devastadora ; algo horrible y nun- 
ca antes sentido... Mi mujer cae de hinojos; Pan- 
cho grita, y la perra "Diana" aulla fatídicamente. . . 
Al pronto, quedóme inmóvil, con mi hijo desnudo en- 
tre mis. brazos, sus grandes ojos de criatura inteli- 
gente, mirándome despavorido. . . 

Sin disminuir en su intensidad espantable, el terre- 
moto continúa. . . 

Al cabo de siniestros parpadeos, la luz eléctrica se 
apaga ; estamos en piso alto, en tinieblas, sin esperan- 
za de salvación. . . Repican las arañas de cristal, cru- 
jen muebles, puertas y techos. . . . 

Continúa el terremoto 

— WJ - 



/'. (i AMBO A 

Sit'inpre con mi liijo en los brazos, trabajosamente 
rae levanto de la silla, A'acilo como un beodo o ataca- 
do de vértigo ; a tientas y con no menores trabajos, 
abro la puerta, y en sus umbrales coloco a mi mujer 
arrodillada y a Pancho; "Diana," sin dejar de aullar, 
me planta sus manos en mis espaldas, que yo hinco 
en la jamba. . . . 

El terremoto continúa saeutiiéndonos en la tiniebla. 

Reza mi mujer en voz alta y trémula, entreverada 
de sollozos; mi hijito, cual si a mí me fuese dable ata- 
jar el fenómeno, susúrrame de vez en cuando, muy 
quedo, en su infantil media lengua: 

— "¡Ya, Papá, ya!, . . ¡Nene tiene miedo!. . . " 

Rezo yo a mi vez; pero en vista de que el temblor 
no cesa, pienso en que las resistencias tienen su lími- 
te, y en que, si Dios no nos salva, estamos perdidos, 
irremisiblemente perdidos. . . Entonces, no por tran- 
quilizar a mi mujer, sino por propia y honrada con- 
vicción, la exhorto a que se resigne: 

— Si Dios no nos ayuda, confórmate, hija, (\no si- 
quiera la muerte nos lle\ar;i a to<los juntos. . . 

Al fin, el sismo se aplaca lentamente, y para. . . En 
los primeros instantes de respiro, mi mtijer no me per- 
mite ni <|ue vaya yo a encender iina luz. . . 

Nuevo temblor rápido... La repetición rae alar- 
ma, y resuelvo nuestro traslado al piso bajo, a obscu- 
ras tínlavía. . . V cuando j»r()fe<líaMios eotí los sirvien- 
tes, tan aterrorizados como nosotros, a bajar colcho- 
nes y ropa de rama, arríbame de Méxieo un telegrama 
eon la lie»»neia para embarcarme el pr<'»xim() 22. . . 

En el resto de la noche, que nos pasamos en vela, 
siete sacudidas más. Narración que me hace mi cu- 

— IftO — 



MI DIARIO 

nado, del pánico que en cafés y calles originó el des- 
comunal terremoto . . . 

21 DE ABRIL. — Persisten los sacudimientos, la ciu- 
dad presenta una fisonomía de pavura indescriptible. 
Han principiado a venir las noticias de los Departa- 
mentos: la ciudad de Quezaltenango, casi totalmen- 
te destruida y con unas mil vidas de menos ; Eseuintla 
y Amatitlán, medio arrasadas ; todo el Occidente, per- 
judicadísimo ; centenares de fincas de café y de caña, 
por los suelos : una calamidad nacional. 

Don Cayetano Romero, — ascendido a Ministro y de- 
signado para sucederme en Centroamérica, — me tele- 
grafió desde Acapulco anunciándome que arribará a 
ésta el jueves 24. 

No han parado los temblores, y ya vamos familiari- 
lüándonos con ellos ; es una sensación, por lo continua, 
como la que se experimenta a bordo de navegante bar- 
co. 

Noches atrás, registróse un pánico harto justificado 
a causa del estado de nuestros ánimos: ignórase quién 
lanzó la especie de que había llegado aviso telegrá- 
fico del Observatorio de San Francisco de California, 
sobre una tremenda catástrofe que amenaza a Guate- 
mala; que sólo el Presidente y yo sabíamos la cosa, y 
que no se propalaba ésta, a fin de evitar una locura 
colectiva; pero que si no el fin del mundo, lo que es 
el fin de Guatemala sí era indubitable y próximo ! . . . 

Mucha gente estuvo viéndome y rogándome la saca- 
ra yo de dudas ; a un punto, que hasta llegué a dudar 
si sería cierto lo del aviso. E hice que interrogaran de 



151 



F. GAMIiOA 

mi parte a Estrada Cabrera, para calmarlos a ellos 
y calmarme yo mismo. 

Que todo era una torpe conseja, que ninguna catás- 
trofe, amén de la (jue ya teníamos encima, amapaba 
a la comarca, (¡ue apaciguara yo a los incjuietos y asus- 
tados. . . Aunque lo procuré, esa noche sin eml)arffo, 
aumentó el éxodo en tranvías y carruajes particulares 
a las afueras de la ciudad, donde varias familias han 
mal dormido durante varias noches de alarnui. 

24 DE .\i5RiL. — Hemos seguido padeciendo de mal de 
san Vito; «'I día (|ue menos, cuatro o cinco temblores 
ligeros. 

A la tarde, llegó con dos de sus hijos, — una señori- 
ta y un mocetón, — el Ministro don Cayetano Romero, 
único hermano superviviente de nuestro memorable 
I). Matías, (pie tan lucido papel desempeñó cuando la 
Intervención y el Imperio. 

25 DE AHRiii. — Mi despedida del Presidente de Guate- 
mala, cordial al parecer; nos protestamos amistad nm 
tua y duradera. 

26 DE .\nniL. — Segunda manifestación social en la es- 
tación ; despídenos media capital. Mi siicesor no da 
créílito a su vi.sta (i qué tal si-rá lo que en mi contra 
m^ liabrá dicho en Mé.xico?. . . ). 

¡Bendito sea Dios! Sano y salvo con t<Hla mi fa- 
milia, duenuo esta noche a bordo del vapor alemán 
"Serapis" de la línea "Kosmos." Zarparemos maña- 
na. 

28 DE ABRIL. — Invitado por Mr. Siiiart. l'actor de 
— 152- 



MI DIARIO 

la Compañía de Agencias en este puerto de Cham- 
perico, saltamos a tierra e instalémonos en la casa de 
la empresa. 

Paseo vespertino, por la playa; quiere Stuart mos- 
trarme la enorme grieta de más de ¡ i ¡ 800 pies de 
longitud y de un decímetro de anchura ! ! ! que en la 
apretada arena causó el terremoto del día 18. . . 

Y a guisa de despedida de esta tierra ístmica y 
epiléptica, a la media noche, dos últimos temblores, 
de intensidad mediana, que nos truncan el sueño . . . 

30 DE ABRIL. — De regreso a bordo, para emprender- 
la rumbo a Ocós. 

Larga plática, comentada, con Enrique Martínez 
Sobral, a quien logré sacar aunque con muchísimas 
dificultades, de su país, donde a pesar de su carácter 
de diputado a la Asamblea Legislativa, corría ries- 
gos positivos de que Estrada Cabrera lo encarcelara 
cuando muy menos. . , Una heroicidad la aventura 
de Enrique : sin bienes de fortuna y padre de crecida 
prole, se lanza a ^México en busca de bienestar y pa- 
tria. . . Arregló su partida a la chita callando, en 
tanto yo ablandaba a Estrada Cabrera, renuente a 
los principios a dejarlo salir. Y en un tris estuvo que 
no saliera. Llegó con nosotros hasta el puerto de San 
José, debidamente autorizados para embarcarse él y los 
suyos. Mas como la práctica es que además del pasa- 
porte, el Capitán de Puerto pregunte por el telégra- 
fo si los portadores de tal documento, — firmado, se- 
llado y contrasellado, — pueden en efecto ahuecar el 
ala, sucedió que las horas corrían y la anhelada res- 
puesta afirmativa no parecía. Al telegrama del Capi- 

— 153 — 



b\ GAMIiOA 

táii. Oriofre Bono, (nicaragüense de antecedentes y 
consecuentes), se sumó uno mío recordando al Presi- 
dente su promesa de llevarme conmigo a Sobral, y 
primero nos alcanzó la noche <pie la licencia, alomen- 
tos antes de zarpar, se nos juntó Enrique, con legí- 
timas aprensiones de que de Champerico o de Ocós, 
lo desembanjuen do orden su|)Prior. . . Ha venido ta- 
citurno y receloso, avaro de palabras y i-ico ib' ]»i('sa- 
gios desagradables. . . . 

1." DK MAYO. — Frente a Ocós; día insípido y de calor 
sofocante. 

2 DE MAYO. — Frente a San B»'nito. 

Martínez Sobral ha vuelto a ser lo (pie era. jovial 
y conversador. De sentirse en aguas mexicanas, char- 
la hasta por los codos, ve halagüeño su porvenir, me 
invita a un cocktail, él. (pie es abstemio convencido. 

Llévannos a bordo periódicos y noticias acerca del 
temblor del 18, que por estas regiones fué también 
extraordinario y de cuidado. 

3 DE MAYO. — Frente a Tonalá. 

Gáname un humor negro, una sensación de des- 
aliento y tristeza; téngome por caído, y me acobarda 
estar en lo justo. Todavía hoy. los empleados de la 
aduana venidos a bordo, me llaman "wñor Minis- 
tro. . . "; todavía hoy, la bandera mexicana enarbola- 
da en el tope de los mástiles, ondea vn mi honor. . .. 
y dentro «le algunas lioras. . . " K4'cuenla, hombre, (pie 
polvo eres y en polvo has de convertirte." Entendido, 
pero es (lurillo. 

— 154 — 



MI DIARIO 

4 DE MAYO. — Desembarco en Salina Cruz, puerto 
que, resueltamente, me es hostil. Desde luego, por po- 
co no me ahogan, gracias al patrón de la falúa que 
galantemente puso a mi disposición la aduana, y que 
por hallarse en estado de ebriedad, — el patrón, se en- 
tiende, — rodó conmigo entre las olas, en el corto tra- 
yecto que es fuerza andar a lomo humano mientras 
no haya un desembarcadero en este emporio de "tan- 
to porvenir..." Pataleando nos alcanzó un tumbo 
mugidor que nos cubrió del todo ; y como el patrón no 
queíña soltarme ni yo quería perecer, hube de apretar- 
le el pescuezo hasta que aflojó y yo logré desasirme, 
poniendo mi individuo a salvo, mis pies, en tierra oa- 
jaqueña y proveedora de presidentes, y en manos se- 
guras la maletilla que guarda nuestro ¡tesoro! unos 
$ 800 mexicanos y las muy modestas alhajas con que 
durante tres años he ido obsequiando a mi parienta. 
En una casucha de la playa, friccionóme con alcohol, 
cambio de ropa y declaro simbólico mi chapuzón: he 
estado a punto de ahogarme, pero no me ahogué ; hay, . 
pues, esperanzas de que tampoco me ahogue por las al- 
tas esferas del Gobierno. . . 

Segundo percance : agrio altercado con celadores. 
Vistas y Administrador de la aduana, que se emperran 
en que mis equipajes han de ser examinados, no obs- 
tante mis alegaciones, cita de la ley respectiva, etc. 
Y diplomático y todo, quedo por debajo de extranje- 
ros, toreros y cómicos que conmigo vienen de Guatema- 
la y a los que apenas por fórmula se les molesta.. . 

Con mi humillación a cuestas, ya anochecido, atra- 
vieso a pie un estero que conocí casi navegable ; es 
un progreso ! Entrevi viviendas de operarios ; llamara- 

— 155 — 



F. ÜAMIIOA 

das (U' f^randcs fratjiias : chimeneas humeantes cual si 
acabaran de disparar contra los áureos astros del cre- 
púsculo pálido ; escuché jadeo de máquinas en reposo, 
maitilleos lejanos, cantos anónimos, vocablos ininte- 
ligibles de lenguas extrañas; y rendido, sudoroso, lle- 
gué a un fementido hotelucho en el que por singu- 
lar merced y rara fortuna, habíase conseguido aloja- 
miento para mis deudos y para mí; una venta menos 
que cervantesca, con habitaciones aborrecibles, sospe- 
chosas vecindades y una comida (jue ni para chuchos... 

5 dp: mayo. — Bajo este sol sudanés y sudando yo la 
gota gorda, arreglé nuestra partida. Mañana habrá 
tren. 

6 DE M.\YO. — Camino de Coatzacoalcos, sobre la vía 
herrada del Istmo. , . Catorce horas de zarandeo, 
aun(|ue, contra moda y costumbre cu la línea, sin 
retraso ni accidentes. ... 

Kn Coatzacoalcos. 

Empresa de rojuanos tratar de hospedarse. Damos 
con nuestros huesos, harto molidos, en godo parador 
inverosímil, donde rccíbennos con la gratísima nueva 
de f|ue hay fif-lin* aiiuirilla. . . 

-> in. .MWii. — \ pascar |ior la pla_\ii, <juc fs a<jm liíi- 
dísinuí, en cuanto d .sol m- pone. Vam«>s solos los tres, 
mi mujer y mi hijo y yo, de la mano. . . Vimos ])eH- 
car ; correr, oblicuamente, cangrejos y jaÜNis; dibu- 
jamos monstruos y (b-satinos en la arena; atlrcde nos 
mojamoH los pies con agua salobre, conchas y espu- 
mas; mi hijo w reía a carcajadas de que no obstante 

— 156 — 



MI DIARIO 

sus grandes gritos yo no lo oyera, por culpa de las 
enormes reventazones que parecían írsenos encima y 
sin embargo nos daban alcance empequeñecidas y man- 
sas, como gozques, y como gozques nos lamían. . . 

Y el mar rebramaba ; y mi hijito, envalentonado 
de aspirar sus emanaciones, engallaba su diminuta 
estatura y enfrentándosele, remedábalo, citábalo con 
sus manecitas menudas a un combate descomunal, que 
ya sabía él no era realizable . . . 

9 DE MAYO. — A las 5 de la tarde nos embarcamos 
a bordo del inmundo vapor "México", de la flotilla 
mercante de Romano y Barreteaga. 

Noche de las que ha de haber recetado el filántropo 
don Pedro de Arbués: nadie ha comido, porque la 
comida no se ha dejado, y porque "México" se revuel- 
ve y corcovea según corcoveaba cuando la Guerra de 
Tres Años; hay persona que asegura haber desaloja- 
do hasta la papilla del bautismo. 

A causa del exceso de pasaje, fueron asaltados los 
pocos camarotes por los que se embarcaron antes, y 
aunque yo muestro mis billetes de primera clase, el 
Sobrecargo me hace palpar la imposibilidad de guare- 
cerme bajo techo ; la misma cubierta, simula el en- 
trepuente de algún trasatlántico con emigrantes, tal 
es la suma de prójimos y prójimas que en ella yacen 
hacinados y cubiertos de mantas y otros abrigos. . . 
Movido a piedad, cédeme su propia cabina para mi 
costilla y mi vastago. Rafael y yo, la pasaremos al fres- 
co, sin metáfora, un fresco legítimo que cala los hue- 
sos. 

Para colmo, un marinero valenciano, fierabrás y 

— 157 — 



/•'. GAMBOA 

caseariabias, por quítame allá osa.s pajas, la empren- 
de coumigo y me vierte cuanta insolencia figura en 
el Diccionario, y aínda maif;, rétame a riña para los 
médanos veracruzanos. . . 

En silla de lona, al parecer mostrenca, apereíbome 
a pasar la noche, y falto de abrigo, habilito de tal 
un sillón plegadizo. Heciio una etcétera, me acomodo 
en lecho tan ingrato, y amanezco entumecido y dueño 
de un torticoli de patente. . . 

10 DK MAYO. — Poco antes de las 5 avistamos Vera- 
cruz. . . Está amaneciendo y hace un frío impropio 
de estas costas. Todo magullado, incorporóme en mi 
sillón ; a las descoloridas claridades del alba, diviso 
en derredor mío a los inuclios pa.sajeros (pie como yo 
durmieron a la intemperie. . . van enderezándose su- 
cesivamente, rugosos los i)árpados, desencajadas las 
facies, j)ero sonrientes frente a la tierra <|ue a distancia 
esbózase y hacia la cual nos avecinamos. . . Enorme e 
ígneo, coronado de diaih'nm í'áTdeiia. surge el sol, de 
las omlas, y pónese a pincelar con sus oi-os, haciendo 
añicos los ópalos y esmeraldas de las nubes, los perfiles 
y contornos de sierras, edificios, espadañas y torres. . . 
Veraciuz se precisa. . . . 

Las luces de la entratla del puerto reformado, no 
las apagan to<lavía, y aun reverberan con livideces de 
estrellas muy <listaiites; de la iiiaiisedumbre azul <le 
la baliía, en la )|ue acabamos de entrar, los vapores 
negruzcos, los biupics de vela con sus palos escuetos, 
las embarcaciones pe<jueñas y cabeceantes, el ca.sti- 
llo de Ulúa, todo se yergue confuso y poético, todo 
68 incierto y vago «lentro de Ihs tonali<lades grises 



158 



MI DIARIO 

del amanecer. . . El "México" ha disminuido sus an- 
dares, y se asea ; oigo el correr del agua y los escoba- 
zos del baldeo ; iza la bandera nacional, a su popa, 
y balanceándose, recoge a su bordo al práctico jarocho 
que ha de darnos acomodo. . . 

En mi interior, lo de siempre ala hora de los abando- 
nos y de los regresos : honda emoción secreta e ín- 
tima ; la Patria, cariñosa y muda, recibiéndome entre 
sus múltiples brazos invisibles de recuerdos, afectos 
y adoraciones. . . Corro a despertar a los míos, a car- 
gar a mi hijo, junto a mi pecho, para que sólo él ad- 
vierta, si es que ya puede advertirlos, los latidos que 
muy adentro me da este borrico enfermo, este mi co- 
razón que no escarmientan ni le hacen mella durade- 
ra las injusticias y las ingratitudes. . . 

A las 7, el desembarco ; y a esperar luego, con Manuel 
S. Iglesias y su familia, las horas que faltan para 
que sigamos a Drizaba. Hay mucho vómito. 

En Drizaba, al obscurecer. Llueve, aquí llueve siem- 
pre, sobre que es la "Pluviosilla" de Rafael Delgado. 
Y ¡ vaya un apellido ni mejor hallado ni más justo ! 

Es la primera noche de todo el viaje que experi- 
mentamos, con la bondad y limpieza de las camas del 
"Hotel de France, " inenarrable bienestar físico al 
acostarnos. Mi muchacho aplaude a su catre, se le tira 
vestido y en el instante duérmese ; convertido en un 
tronco, lo desnudamos. 

11 DE MAYO. — Mis sobrinos Rafael y Pepe, llegan 
de México a encontrarnos. 

Después de comer, Pepe y yo charlamos de indivi- 
duos, sucesos y literatura, en la que él ya milita no 

— 159 — 



F. OAMliOA 

obstante sus 24 años. Confírmame buena parte de 
mis temores: hay viento de fronda en mi contra; 
hasta colegas y "hermanos" me desuellan por mis 
inventadas fazañas, y clavan los colmillos en mis li- 
bros, en mis frases, en mi progresivo encumbra- 
miento administrativo. ... Se me imputan i)erre- 
rías sin cuento, se me declara responsable de porción 
de depravaciones; cual si mis juzgadores y críti- 
cos fuesen puritanos. ... La pul)lioaei('tn de SANTA, 
inspira a Pepe miedo grandísimo ; ha escuchado 
campanudos pareceres de ípie me hundiré definiti- 
vamente si libro tan vitando acierta a ver la luz. . . . 
¡la historia de una ])rostituta !. . . Le han añadi- 
do, que por liaber pintado yo en METAMORFOSIS el 
convento del Sagrado Corazón, de México, nuestra 
aristocracia y nuestros pudientes, pusiéronme en en- 
tredicho. . . . 

Desvanezco los miedos de Pej)e contándole a gran- 
des rasgos la alteza de mi SANTA, y para mis ¡iden- 
tros felicitóme de que me aguarden tantas enemista- 
des. . . Pláceme regresar así, eahnnniado y atacado 
de varios, áo tnuchos, de todos; y yo. solo, con mi hijo, 
mi mujer y mis libros, con los ¡mcos (pie de veras me 
aman como este barbilampiño de Pepe. <|ue es casi 
otro hijo mío... ¡Mejor que haya guerra, y g\ierra 
anónima, solapada, tortuosji! Seguiré arrojaiulo al 
ro.stro del público, libros y libros, oldigándolo a que 
los compre y a que los lea. . . 

12 DE MAYO. — Nuestro arrÜM) a México. 

En Otumba y en Buena Vi.sta, los leales, los «pie 
me importan; lágrimas y abrazos del resto de la fa- 
milia; mi ciuda<l natal, besándome con sus auras suti- 

— 160 — 



MI DIARIO 

les, y, embrazado a iiiaiiera de escudo invulnerable, mi 
hijo, que lo examina todo con una inteligente descon- 
fianza de niño precoz y mimado. . . 

Falto en la estación mi pobre hermana mayor, cru- 
cificada por el cáncer. . . Fui yo quien voló en busca 
suya, a su casa: y me recibió encamada, rígida, pre- 
sa de dolores atroces, y sin embargo, l)endiciendo a 
Dios, porque volvió a reunimos. . . 

14 DE MAYO. — En la Secretaría de Relaciones Ex- 
teriores, a rendir infinitas gracias al señor ^Mariscal 
por la noble y desinteresada defensa que hizo de mi 
individuo. 

Recibido en el acto, con interés y afecto innega- 
bles exígeme la verdad ])ura ¿ qué fué lo que hice ? 
¿ por qué el Gobierno de Guatemala comisionó a su 
Ministro aquí, don Antonio Lazo Arriaga, — hondure- 
no de oi'igen, — para que solicitara, cetra-oficio, mi re- 
tiro de allá?. . . Hay cargos furibundos, el señor Ma- 
riscal me concreta los dos principales: "Que cierta 
"madrugada, en amor y compaña del ^Ministro salva- 
"doreño, me aventuré a despertar al Presidente Es- 
"trada Cabrera, al reprobado propósito de pedirle una 
"copa !!!..."" "Que una noche, pistola en inano según 
"unos, con la espada del Director de la Policía según 
' ■ otros ( ¿ por (pié nunca los tratadistas se pondrán 
"de acuerdo?...), obligué al ama de casa pecamino- 
"sa e infame, a que me abriera su altruista estable- 
" cimiento y sacara a relucir lo mejorcito de su gana- 
"do, a fin de que yo, ti-ansmutado en sultán o sátiro, 
"le arrojara el pañuelo a la odalisca que más me con- 
' ■ viniera !!!..."' 

— 161 — 



F. (i A M no A 

El propio señor Mariscal, con el csprit que lo sin- 
gulariza, termina, por vía «le comentario: 

— Lo defendí a l'd. de entrambos ear«;os, a jirinri. 
por(|iie de ser ciertos, resultarían pecailo de cretinis- 
mo. . . Ni el último de los alcohólicos acude a pedirle 
una co|>a a un .Jefe de Estado, así se ti-ate de la Repú- 
blica de Andona o de la de San Marino. . . Pero a<|UÍ. 
en su tieri'a de l'd., a mi «Mitcuder nudiciosjimeute. sí 
líasele dado asenso a patrañas tan burdas. . . ¿ Xo tiene 

l'd. idea *h- <|lliénes pue<|cn Ser SUS eUemigOS ? . . . 



— Pues, cuídese, amigo mío, <'uí(iese. . . Por lo 
pronto, la tonnenta se conjuró haciendo valer las 
f>artidas (pie tiene í'd. a favor. . . Hasta los meicadc- 
res en quiebra poseen algo en su activo... Y según 
oferta del señor Presidente, se procurará cpie venga 
Ud. a la Cámara de Diputados... 

Guardóme de exteriorizar el ningún entusiasmo (pie 
la noticia me provoca: pero no me stnluce ni un po- 
quito, calculai-me de mani(|uí votante y plegadizo, arre- 
llenado en una poltroiui ilel extinguido Ti-atro de Ittir- 
bide. Nuestro CueriK) L«'gislativo. salvo contadas y 
honrosas excepciones, cuando no c»>.sa peor, es un ce- 
menterio de energía.s, uiui tumba de indepentlencias 
individuales, un mausob'O <lel decoro: cuna de eon- 
temi>orizaciones inconfesables, de <'omplaecncias cri- 
minosjis, de abulias íra.sceud«*nteK. V no por razones 
ningunas especiabas o privativas, sino porque tal es 
la n»gla en tollos los parlamentos, aun de los fpie w 
precian y consideran los primeros del mundo. Lue- 
go, (pie ]>or nada me resigno a <pie me trunquen mi 
carrera diplomática: única <pie me permite ensanchar 

— 162 — 



MI DIARIO 

horizontes, afinar mi espíritu, producir libros y elevar 
mis pensamientos, que bien lo necesitan. Detesto la 
política, y más la política hispanoamericana, enana y 
sucia de suyo, más aun de lo que ya lo es la política 
3'anqui y europea. Y es que, como atinadamente opina 
Joaquim Nabuco. . . : "una gran vida pública, al igual 
"de la arquitectura de Ruskin, requiere ser alumbra- 
' ' da, entre otras, por las lámparas del sacrificio, de la 
"verdad, de la imaginación, de la belleza y de la obe- 
"diencia. . . " Y yo suplico a Uds., — señalando a mis 
lectores, — que se digan cuántos hombres públicos co- 
nocen alumbrados por lámparas semejantes. . . Cono- 
cerán muchos alunibrados, pero no por lámpara ningu- 
na de Ruskin, sino por... ¡Mejor no meneallo! 

El señor Mariscal asegúrame que no saldré de la 
carrera ; que lo que el Presidente quiere es tenerme 
en observación ; que seguiré con mi sitio en el escala- 
fón, y que, desde luego, para que no me devoren len- 
guaraces, báseme extendido nombramiento honroso 
y de confianza : alistar antecedentes y papeles en el 
litigio por el ' ' Fondo Piadoso de las Californias, ' ' que 
en breve hemos de ventilar con los EE. UU. de Amé- 
rica, ante el Tribunal Permanente de Arbitramento 
de El Haya. 

¿ Con qué palabras agradecer interés tanto ? . . . 
De ahí que calle, a fin de ocultar mi emoción. Adivi- 
nándola el señor Mariscal, festivamente reclámame 
detallada narración de los recientes temblores de Gua- 
temala : 

— ¿. Conque por poco no nos obliga Ud. a ir y ex- 
traerlo de los escombros ? . . . 

Salgo del Ministerio queriendo más y más a este an- 

— 163 — 



F. GAMBOA 

ciano venerable, que se ha propuesto sacarme avante 
<!♦• todas mis dificultatles. Solioitaráme en l)reve. una 
au<lieuc'ia i)rivada del Presidente: 

— Para que lo escuche, vale que no i)tMa IM. de si- 
lencioso. . . . 

15 r>K MAYO. — Sin preámbulos ni eufemismos, en 
plena calle, Jesús E. Valenzuela me dispara ht fú- 
nebre noticia : 

— Julián Montiel ha mii<ito ¡moche, y mañana será 
el entierro ¿no irás?. . . . 

¡ Xo había yo de ir! Kl >íoli>e es rudo, <|Ut'ria yo 
nnicho al muerto, con quien tuve intimidad estrtH.'hí- 
sima, no obstante el puñado de lustros (|Ui' hubiera 
debido de distanciarnos. 

\jO conocí, allá por las media«los del S6. cuando aun 
no era í)iputa»lo y vivitimhn, trabajosa pero valiente- 
mente, sin pe<lir nada a nadie, «lado el hidalgo or^idlo 
con que se cobijaba. 

Envuelto en sus añoranzas polifornies y policromas, 
ami^ <ie totlos. archivo pintoresco y viviente {\v con- 
tem|K)ránea historia nacional, blasfemo y detilengua- 
do ¡mur i'pattr h bntn-f/rnis, f^alante y valiente, idóla- 
tra de cuanto al teatro se retier»-. liberal, manirroto, 
romántico y pítela, n'sultaba Julián un supervivien- 
te de los aplaudidores del "Ilernani,"' un rezafjado 
volteriano y un tipo muy nuestro, de la |)lévad«' de 
inteb'ctuales qu«'. a raí/ de la n'stauración de la He- 
pública, sentó sus reales en esta buena Tenoc'htitlán, 
a la {\ue ha lio asustaron eon sus excesos d<' palabra 
y (if obra. 

(ttiHtavo Ba/ nos pres^-niara, en la clásica farmacia 

— 164 — 
\ 



MI DIARIO 

de Francisco Llamas ; desde luego simpatizamos, y en 
la misma botica, a diario dimos en vernos. . . 

Torné de Guatemala por primera vez, y nos vimos 
apenas ; los dos meses de permanencia en México no 
me bastaron para cumplir con éste ni otros muchos 
deberes gratos. Pero a fines del 93, que regresé cesante 
de la América del Sur y de Europa, gracias a peregri- 
na ocurrencia de D. ]\Iatías Romero, de suprimir por 
economía, únicamente la Legación de México en 8ur- 
américa, y no las del Jap(Sn y Rusia (!), mi intimi- 
dad con Julián alcanzó su grado máximo. ¡ Cuánto nos 
tratamos y qué cerca vivimos uno del otro! Tanto lle- 
gamos a conocernos, que hasta flaquezas y defectos 
entraron en la colada de las confidencias, y ¡ qué rego- 
cijados andábamos ambos con haber descubierto y 
afianzado una amistad legítima y sincerísima ! . . . 

Interesante fisonomía la de Julián, así en lo físico 
como en lo moral. 

Era, en lo físico, erguido y alto ; de anchas espal- 
das y pecho levantado ; la color broncínea, muy 
broncínea, y el rostro inteligente y vivaz ; pequeños 
y expresivos sus ojos garzos, despejada la frente, po- 
bladas las cejas, gruesa la nariz, sensuales los labios, 
alba y completa la dentadura, a pesar de lo mucho 
que había mordido los frutos permitidos y prohil)i- 
dos del árbol de la vida . . . ; el bigote y la pera, sedeños 
y canos ; en la quijada diestra, excrecencia carnosa de 
la que él se reía, y que resultaba más emparentada 
con las verrugas que con los lunares. El cráneo, to- 
talmente ^iicateco, sobre que Julián era meridano ; 
la melena que cubríaselo, blanca y copiosísima, a la 
moda de 1830, una auténtica melena romántica. Las 

— 165 — 



F. CAMIiOA 

orejas, grandes, de longevo; con una flaqueza, sua 
pies, chicos (le verdad y bien conformados, que él ciii- 
ilara con prolijo esnu-ro inconfrsado. Cualidail domi- 
nante, su extremado aseo tle pei-sona y de pergeño, ün 
arcaísmo: sus perfumes favoritos fueron los que pri- 
vaban en su niñez, t-I ajrua dr Florida y la de Colo- 
nia 

En lo nioi-al, l'ué Julián alto de miras y er^ruido de 
earácter; de amplio eora/»'»n y levantados aidielos; 
puntilloso y «juijote; muy cumplido con los (pie amó, 
pero muy exi>í«'nte al |>ropio tiempo; (pieria tpio lo 
pagaran en la misma moneda (pie «'-1 dilapid<'i i>ntre sus 
afectos; prinligo hasta rayar en víctima, lo suyo era 
de sus amigos, igual cuando los monises sobraban 
(pie cuando escaseaban, mas con una limitaci/m : (pie 
no sospechase Julián que s*» pensaba explotarlo, |>or- 
(pie entonces encrespábase, y en vez de cuartos sol- 
taba temos. Había sido un amoroso y continuaba sien- 
<lo un apasionado: no podía tratar mal a mujer al- 
guna, — cuahpiiera fue.s»- su condici('»n. — y sí trataba 
]M'*simamente al más pintado de los varones, si a jui- 
cio de él merecíalo. Por su hermano don Isidro Mon- 
tiel y Duarte, cons«'rvaba Julián iin respeto filial casi; 
y por todas las mujeres (pie lo amaron, culto respe- 
tuoso y tierno. Solía decir, que a su hermano le debía 
la vida, y a sus amantes la dicha de haberla vivido. 

l*or Angela Peralta, su esposíi, iiu(>stra alondra na- 
cional, nutría recuerdo idolátrico que día a día au- 
inentábast-, y (pie, a poco de removerlo, trocado en na- 
rraciones, elogios, encomiásticas reminiscencias y lá- 
griinaa que no disimulaba, salía a la superficie. Ate- 
soraba de la artista laureada, sus diplomas italianos. 

— 166 — 



MI DIARIO 

alhajas, coronas, flores mustias de trapo, y polvo de 
flores naturales, sus retratos, sus ropas, sus partitu- 
ras, las cartas en que felieitáranla admiradores y ma- 
estros, las cartas que él, Julián, recibió de ella cuan 
do las ausencias y las separaciones, y hasta un me- 
chón de pelo, cortado al cadáver de Angela .... 

¡Qué de ocasiones no proyectamos escribir y publi- 
car la existencia triunfal de la artista y la existencia 
desdichada de la mujer!. . . Mas, el tal libro se quedó 
por escribir, como se quedan tantos ¡ los mejores, qui- 
zá! 

Puede decirse que Julián y yo, durante largo pla- 
zo, tuvimos vida casi común, veíamonos a mañana, 
tarde y noche ; juntos comíamos a menudo, y más a 
menudo juntos cenábamos : juntos en el Teatro Prin- 
cipal, noche a noche, en el palco de la empresa y en 
el escenario — fué Julián impenitente teatrófilo — y 
juntos en ésta y aquella calaverada mínima o máxima ; 
que de todo había en nuestro A'ivir. 

Con ocasión del estreno de mi comedia "La Ultima 
Campaña," Julián no quiso felicitarme a la hora de 
los abrazos anónimos y sin substancia ; pero luego, a 
solas, me obsequió con pluma de oro y ébano que él 
tenía usada muchísimos años, y que yo iiso todavía . . . 

Precióme de conocer su novelesca existencia como 
nadie : lo de su plagio cuando criatura, sus tribulacio- 
nes y luchas, sus múltiples conflictos sentimentales, 
sus altos y bajos, sus triunfos y caídas. . . 

Resístome a ir y ver su cadáver ¿para qué? a él 
de nada ha de servirle y a mí me enfermaría de fijo. 
Prefiero rumiar el recuerdo de nuestra entrevista pos- 

— 167 — 



F. (i AMBO A 

triinera, »*1 mismo día de mi partida a Guatemala, 
después de mi ps»*udo-oatástrof»' nialdrcid:! : 

— ''Hijo, — díjouu' eoiimovido hasta las láfriimas. — 
mucho cuidado ¡ ix)r Dios!. . . *' 

Laconismo (iu«* sólo yo podía eoiiipi'«'inl«M\ y (pie lia- 
df haljer jtaifcido áiabe a los extraños (pie nos acom- 
pañaban. 

16 i>K .MAYd. — En la casa mortuoria. ifuipraiK». Sa- 
ludo a las dos lii.jas de Jidián, a su \«'rno. a varios 
Diputados y a un j>uñatlo de amibos míos. 

Xo s('' a (piién, o (pM* cosa aguardamos, ello es (pit- 
ia espera proltíngase, y en el ínterim. p<'ingome men 
talmente a reconstruir la vivienda de Julián, scífúii 
la conocí a los eomienzos de nuestra amistad. Ahora 
ha variado d»- aspecto,. gracias a tliversos muebles niO- 
«Itinos (pif su hija ea.sada. y su yt-ino. paulatinamen- 
te fueron regalándole. 

La morada |>ostrera de Julián fué una de las mu- 
chas viviendas en (pie .se sul)divide el va.sto y colonial 
inmueble mareado con el número Jl en el callej<in 
de Hetlemitas. La tal casona, siempre me ha sido es- 
p(>eialmente simpática, y la habitación de Julián, más 
aún, «pie en elhi a])rendí las |)rimeras letras, allá 
por el 71 > el T'J. en un colegio de niñas — "Amiga," 
segi'in entre nosí>tros apodáronse antaño esos plante- 
les femenino.s — «pie regenteaba viuda honesta, gua- 
pa y decentísima. ¡ Ali, el sinnúmero de condiseípu- 
las, hoy ya cisadas y muy s<»ñoras mías, «pie tuve 
entonces!. . . Hasta la «sposa de un Presidente, nada 
menos. De ahí que la ]>rimera vez (pie Julián me lle- 
vó a Nii casa, yo entrara en muda, pi^^-sa de inmensa 

— 16H — 



311 DIARIO 

ternura ; como que al trasponer los umbrales, se me 
amontonaron en el corazón bandadas de recuerdos in- 
fantiles, y toda mi niñez, feliz y alba, resucitó má- 
gicamente .... ¡ Pobres de nosotros, y pobres infan- 
cias nuestras que se van por siempre, j)ara tornar, 
acaso, transmutadas en reminiscencias instantáneas 
que apenas si se posan breve espacio en los aleros del 
cerebro, apretado ya de pasiones, odios, enconos y 
hieles, los huéspedes siniestros de las edades adultas! 

De coro sabíame el edificio entero, y así se lo pun- 
tualicé a Julián en cuanto volvióme el habla : En la 
vivienda de al lado, habitó mi padrino de bautismo, 
don Paulino María Oviedo, santo varón casado dos 
ocasiones y genitor de crecida prole, que vivió y mu- 
rió en el temor de Dios larga y venerable existencia 
patriarcal, virtuoso cual un eremita, trabajador como 
una hormiga, benévolo com^ un justo, devoto de las 
buenas obras y de los ágapes y reuniones familiares, 
pronto a reír hasta las lágrimas — que enjugaba con 
amplio paliacaie de yerbas, por ser gran consumidor 
de rapé, — así tratárase de su propia pobreza, con risa 
sonora y franca de persona de limpia conciencia ; apos- 
tólica la testa, partidas en dos mitades las abundosas 
guedejas de plata, y el rostro, ligeramente cetrino y 
cariancho, exornado de imponente barba fluvial, de 
cejas bravias y de ojos pequeños y limpios, heraldos 
de la pureza de sus costumbres. De más a más, edu- 
cador y enamorado de los niños, para los que escri- 
biera una media docena de textos didácticos y elemen- 
tales, que muchos señorones han de rememorar todavía. 

En otra dependencia, vivió un lejano pariente nues- 
tro, medio chiflado a consecuencia de su catástrofe 



169 



F. GAMBOA 

conyugal, que consumía sus acíbares sol¡loquean<ío y 
recorriendo a grandes zancadas vacilantes, los ámbi- 
tos de su cuarto único, o plasmando tíguias mistieas 
en jabón, que realizaba luego entre beatas y sacris- 
tías. Llaiiu'ibase Felipe, nunca se apeaba una capa es- 
pañola, pasiíbb'mente astrosa en su esclavina, y a mí 
me inspiraba un miedo irrazonado e inví'ucible. 

En otra dependencia, vivían dos sacerdotes; en 
otra, la familia \'incc)urt, ilueña de uno <le los |)rime- 
ro8 "Gabinetes de Lectura" que en la ciudad se es- 
tablecieron. . . Ila.sta los últimos rincoiu's sabíame de 
mt'iiioria ; y como hiciese mucho tiempo (pu- no veía 
por dentro el eílificio, hubo de transcurrir largo espa- 
cio para explicar a Julián el ponpié de mi mutismo 
y turbaci<'in: aparentemente examinaba yo mui'(»s y 
ventanas, corredores y tránsitos, ladrillos de los pisos 
y vigas de los techos; en reali«lad, miraba más allá, lia- 
cia un gran fragmento de mi vida linnrta. . . . 

La morada de Julián, t¡m is|it(ÍHl y característica 
eonm su dueño. En entrando, la sala, y en ésta, canapé 
y dos silloms antiguos; hasta seis u o<'ho sillas di- cer- 
da ; en un ángulo, el piano, vertical y muy limpio, 
l>or(Hic Lola, — la hija soltera que habita con .lulián, — 
lo as4'a y pulsa; en ángido frontero, la liluería, em- 
jwlvado estante ni lrav»'s i\f cuyos vitirios divísnnse 
y trabajosamente se deletrea el títido de los volúme- 
nes; en los medios, mesa "tortuga" con car|>«'ta, s\i8- 
tentando lámpafa de petróleo; y tres pantles de la 
habitación, — la cuarta inutilízala el balcón <pie cae al 
patio. — literalmente tapizadas de «-uailros: son los <li- 
plomas de Angela Peralta, sus premio» eiiropeOH, Iok 
retratos de los gran<le8 maestros «le su época, autógra- 

— 170 — 



.1/7 DIARIO 

fos valiosos a ella dedicados, y las coronas ganadas 
allende y aquende el océano por la modesta y gloriosa 
artista mexicana, rediviva en la vivienda del viudo 
intelectual e idólatra suyo, que la ha trasmutado en 
amante museo íntimo, exclusivamente consagrado a 
la memoria de la cantatriz. Por doquiera se la ve : 
en fotografías pequeñas y anticuadas, en fotografías 
máximas y borrosas, cuando joven, cuando mujer, en 
traje de calle, en traje de Gilda, de Leonora, de Aida, 
de Violeta de Yalery . . . 

Tras la sala, el comedor, con mesa baja para cuatro 
comensales, y algunos otros muebles indefinibles, en 
cuenta, magnífica rinconera vetusta de caoba maci- 
za. En uno de los rincones, alcoba de cortinas ramea- 
das. 

Luego, a la izquierda y precursora de la cocina, es- 
tancia en la que entiendo se halla el baño. A la dere- 
cha, el dormitorio de Julián, en el que hay de todo: 
catre de bronce ; tocador de madera de rosa, con luna 
biselada, y abajo cómoda de cristales, que encierra di- 
versas reliquias de Angela ; secrf taire de marquetería, 
también de Angela, en el que Julián escribe y guar- 
da sus papeles reservados ; mecedoras de latón, per- 
chas vienesas de pie y de colgar, sofás de bejuco, si- 
llas de rejilla y de tapicería, mesas con cubierta de 
mármol. En las paredes, más retratos y diplomas de 
la alondra, más coronas, más recuerdos... 

La pieza última, es depositaría de inmensa cantidad 
de vestuario, atrezzo. y archivo musical de los tiempos 
en que Julián fué empresario de ópera italiana. Se- 
guramente que hay almacenados allí algunos milla- 
res de pesos. Era curioso cada mes, presenciar el aseo 

— 171 — 



F. GAMBOA 

de las ropas, indispensable para que la palomilla no 
las devore ; se procedía por orden, a partitura por mes: 
hoy, ''Lucía,'' mañana, "Rigoletto," "llernani" lue- 
^o. y .«c (le coeteris. . . 

¡Ali. las horas gratas pasadas ahí, en la morada 
original, al sabroso calor de la anecdótica charla de 
Julián, convencido de su amistad, de su rectitud y 
de su afecto!. . . 

Ya sale el ataúd... dolientes y acompañantes nos 
alineamos a su i)a.so : nos metemos, luego, en los tran- 
vías que se echan a rodar desde la esquina de la Inde- 
pendencia y Gante, hasta ol Cíementerio Ks|»añol. 
más allá de At/.capotzalco. . . 

Quisieron las hijas de Julián que al cadáver de su 
padre s»' le hicieran honras religiosas; por eso a las 
puertas del camposanto nos recibió un clérigo reves- 
tido de ro<piete y auxiliado de acólito con cirio ardien- 
do. Encaminámonos lentamente a la capilla — harto 
feúcha i)or ciei-to. — en cuyos \nid)rales nos distribii- 
yeron sendas ceras que aceptamos todos, menos los 
.señores (pie integran la comisión (>nv¡ada por la Cáma- 
ra de Diputados al sepelio del fallecido eoh'ga, (piie- 
nes también se rehuwiron a penetrar en el recinto 
del templo; jirefirieron aguardar afuera, en el tétrico 
jardín. ¡No vayamos a sos] techa i"l os «le espíritus dé- 
bilea o poco ateos! 

La tristeza con que regresé .Id «•ciiieiiteno ha peí-. li- 
rado el día entero. )»onpie mi memoria no ha para<h) 
de evocar a Julián : lo he visto vivo y sano, he escu- 
chado sti plátií'a, sus ocurrencias, sus inti-mperancias 
de lenguaj»'; he rememorado lo que me (piisíj. y no me 
resigno con haberlo perdido, hoy menos «pie nunca, 

— 172 — 



MI DIARIO 

hoy que tanto he menester de cariños ciertos, para 
contrarrestar las malas voluntades que me amagan y 
cercan. 

8 DE MAYO. — A la Escuela Nacional Pi-ei)aratoria, 
en busca de Luis G. Urbina, actualmente secretario' 
particular de Justo Sierra, desde su retorno de Eu- 
ropa, Subsecretario de Instrucción Pública y Bellas 
Artes. Subsecretaría recién creada en la forma inde- 
pendiente que hoy guarda, y establecida, mientras se 
termina el edificio propio que ella y la Secretaría de 
Justicia han de ocupar en el viejo palacio de la prime- 
i-a del Reloj y Cordobanes, en el vetusto Colegio de 
San Ildefonso. 

Llévanme tres objetos: saludar a Luis, y ver de al- 
canzar dos favores de Justo Sierra, tan encumbrado 
e influyente en estos momentos: una recomendación 
suya para que Raoul Mille, de la librería de la Vda. 
de Ch. Bouret y editor de mi ''Suprema Ley," o San- 
tiago Ballescá, en defecto de Raoul, edite mi novela 
"Santa "en las mejores condiciones; y que me conceda 
alguna cátedra de Español, Litei-atura o Geografía 
en la Preparatoria, donde ya he sido catedrático y si- 
nodal el año de 1898. Anímame a solicitar de Justo 
tal ayuda, el saber que está protegiendo de buen grado 
a los que en ]\Iéxico nos diputamos por intelectua- 
les; díganlo si no, José Juan Tablada, el mismo Luis 
G. Urbina, Amado Xervo (de moda ahora, por su re- 
ciente regreso de Europa), Jesús Contreras, que de 
sobra se lo merece, Jesús Urueta, Rubén M. Campos, 
Leandro Izaguirre, y porción de escultores, pintores, 
músicos y literatos más . . . Luego, que valga o no val- 
í—o 
— lio — 



F. GAMBOA 

ga, yo le dediqué a Justo mi nowla "METAMOR- 
FOSIS,*' cuaudo ui asomos había de que yo descen- 
diera de mi cumbre de representante de México ; y 
Justo aun no me da las gracias, a pesar de haberme 
prometido un artículo nada menos, juzgando del libro, 
artículo impreso en el (pie habría de todo : agradeci- 
miento, estímulo, censura y aplauso. De esto y de más 
le hablo a Luis, y, primera desilusión, — hija sin duda 
de mi estado de ánimo, — paréeeme notar (pie nuestra 
vieja amistad, la (pie por años tantísimos y con tan- 
tísima estn'chi'Z |)ti-duró entre Luis y yo, como todo 
lo viejo, está eniiiohecida. Nos hemos abrazado, ¡ no 
íbamos a abrazarnos! ijerorf ¡i'rst ¡xis cu... él me ex- 
plica por (pié no me lia buscado: excelentes razones 
que apai-entemente nos dejan satisfechos a entram- 
bos. . .tenemos silencios cortos que a los dos nos ape- 
nan. . . lo (pie siempre acaece con las plantas delicadas 
cuyo cultivo .se interrumpe, — ¡y apenas hay planta 
mas delicada que una ami.stad! — se marchitan; y a 
uno le da pena inmen.sa descubrir roto su tallo y por 
el suelo sus pétalos. . . . 

— ¡Vienes a buscar a don Justo, venhul?. . . Pa-sa, 
pasa, para ti no hay antesalas. . . . 

Ju.sto Sierra s<' halla con Manuel Flons, — nombra- 
do últimamente director de la Escuela Nacional Pre- 
paratoria. Recíbeme con su cordialidad caracterís- 
tica, con sus bromas de costumbre y una (pie otra 
palabraza costeña, de las que s(Slo gasta cuando ha- 
bla con los íntimos. Mientras ellos t»'rminaii, Luis mu* 
hace los honores de la ea.sa, principiando i>or .su 
despacho, que es la piezi» última i\o la seri»- «'ii «pie 
por este lado se encuentra instalada la .*^ubs«'cretaría 

— 174 — 



MI DIARIO 

de Instrucción Pública y Bellas Artes; una habita- 
ción con ventana de vidrios de colores que cae a una 
escalera interior, la cual lleva al patio del "Colegio de 
Pasantes. ' ' 

— Mira, — me dice Luis, — aquí nos reunimos. . . Us- 
tedes, los que yo quiero, entran sin anunciarse, lla- 
mando a esta puertecita .... 

A poco, en efecto, aparecen, sucesivamente, Amado 
Ñervo y Jesús Urueta, luego, Carlos Díaz Dufóo. 

Inquiere Luis el objeto de mi visita a Justo. 

— ¿ Qué le quieres ? . . . ¿ Puedo ayudarte ? 

¡ Harto que puede ! Le digo a lo que voy : tras una 
cátedra y tras el arreglo, en remunerativas condicio- 
nes, con Raoul ]\Iille, de la casa de Bouret, o con San- 
tiago Ballescá, para que me editen SANTA, previa 
eficaz recomendación de Justo, quien yo sé ejerce de- 
cisivo influjo en uno y en otro. 

— Para la edición de SANTA quizá no necesitemos 
acudir a don Justo. Yo la llevo muy bien con Aralu- 
ce, ¿ te acuerdas de él ? . . . es el sucesor de don Juan 
de la Fuente Parres, muchacho inteligente y audaz 
en su oficio ; a mi está editándome un tomo de cuen- 
tos, y aquí has de verlo, viene a diario . . . 

Justo me llama a su despacho y da a la entrevis- 
ta un sello humorístico: 

— ¿ Qué viene usted a pedirme, hombre de Dios ? 
I es posible que en cuanto vuelve usted a ]\Iéxico me 
ha de caer encima ? ¿ por qué no mejor se quedó radi- 
cado en sus Guatemalas?. . . 

Le contesto en serio, precisándole lo que persigo: 
una cátedra, de materia que se halle a mi alcance. 
Alego los que yo considero antecedentes atendibles, 



lir) 



F. (íAMHüA 

y que mi presiipiu'sto cojea «lo entrain])as piornas, 
que estoy iiistaláiuloine de nueva cuenta y sin econo- 
mías ningunas. . cuanto se confía a \iii amigo. 

Y salimos con (jue las cáte<lras sólo s«' ganan ]>or 
oposición, a pesiir tic lo que en contrario habíame ase- 
gurado Balbiuo Dávalos; que no las hay con el títu- 
lo de interinas. . . l.'n desahucio en toda regla, (pie 
me aflige de veras y me tieshace una esperanza. . . 

En el cuarto de Luis ya se encuentra Araluce, quien 
se apresura a venir a saludar a Justo no bien asoma- 
mos |)or la puerta. Justo en persona, apeándose de sus 
jeiarípiías oficiales, es el que me presenta al editor 
ibero, hacieuilo gala de <'.sa afectuosa familiaridad «pie 
lo di.stiugue; una d<' sus más grandes vii-tu«les y la 
clave lie su ])Opularidad entre los estudiant»*s. princi- 
paU*8 autores, dígase lo (pie se quiera, de la m«'reci<la 
y larga fama del liombn'. del catedrático y del litei-a- 
to. 

Araluce y yo, ya éramas conocidos; registrantlo ai- 
chivos mentales ha aparecido la inn»'gabl«' constancia 
de (pie trabamos relación en (pi»'- .s('' yo cuál juerga do 
las mil y tantas que esmaltan mi juventud y soltería. 
Desdi" lui-go acepta el negocio, (>ditará SANTA; y me 
i'ita para cual(|uier día, a |>artir de mañana, en su es- 
tablecimiento editorial del callejón de Santa Inés. El 
y Luis, (pn- comen juntos una vez ]»or semana, invítan- 
me para su pn'tximo ágape. Kn cuanto .Insto se des- 
|)¡de, nos Kjdimos los demás, en grupo, h tomar la clá- 
sica copa d«'l m<diodía, en una de las cantinas bara- 
tas del Itari'io estudiantil, tan grátieann'nle des<-rito 
.11 rA(n TILLAS de Porfirio Parra. 

(uiiiino de mi vivif'uda. es decir, de la de mt brniia- 

— 176 — 



MI DIARIO 

un, donde paramos mientras plantamos tienda propia, 
acibárame el júbilo de la edición de SANTA, el que 
Luis difiera tle mi Luis de antaño y el (jue Justo me 
baya escatimado su ayuda, con la <]ue yo tan ciega- 
mente contaba. 

20 DE MAYO. — Segunda visita a Luis Urbiiia. lioy 
comemos con Araluee. 

Malísima la noticia con (pie me recibe : Jesús Con- 
treras ¡el amigo sin par! perdido de .su cáncer, está 
l)or regresar de un momento a otro de la ciudad de 
Puebla, a cuyos baños, milagrosos a las veces, lo ha- 
bían despachado los médicos... Añade Luis que no 
hay la menor probabilidad tle que Jf.sús pueda nun- 
ca recuperar la salud, que se nos morirá sin reme- 
dio. . . 

('omimos en el "" Salón Webei',"" cervecería alema- / 
na, con su mucho de hrassrrir literai'ia, en la cual de 
tiempo atrás nos hemos reunido los intrlectualeís mi- 
litantes, que, a pesar de todo, perdurainos y produ- 
cinms. Precisamente, el pobrecillo de Jesús era uno 
de sus clientes más asiduos. 

29 DE .MAYO. — Hoy (piedó definitivamente aregla- 
da la edición de SANTA. 

Por acorde designación del editor y del autor, de- 
jóse al leal saber y entender de Luis rrbina la fija- 
ción de precio y demás condiciones. Araluee deposi- 
ta en él sus intereses monetarios, y yo los míos cere- 
brales. 

Araluee me ha sorprendido con la halagüeña nue- 
va de que en carta certificada le piden de Puerto Rico, 
muchos ejemplares de mis ¡¡obras completas!! 

— 177 — 



/'. a A y un A 

— Xo Se (jMt'jará ustc<l <!•' los portorriqueños, y ya 
lu'inos (K' hablar <!»• esais ¡obras completas!. . . ;euáii- 
tos libros lleva usted publicados?... 

Como la cuenta no es muy larga (pie se diga, sin 
tomar resuello le espeto los nombr»>s de la media do- 
cena dados a luz hasta la fecha... l'ero, es igual, la 
sola enunciación de ¡¡¡obras completas!!! me ha he- 
cho sentirme un cscritorazo de los i)Ocos en libra. 
¿Cuándo cesará uno ile ser infantil y víctima de t-s- 
ta.s vanidades (pie a la fuerza acarrea el cultivo de las 
letras?. . . 

:]0 di: mayo. — Mi entrevista con el Presidente de la 
República. 

Raras ocasione» m.- Miiti dueño de más a|)l()mo ni 
mayor trantpiilidad ; lo (pie mucho me regocija, debi 
do a <pie tanto me han repetido (pn- el Presidente .se 
halla muy pi'edispuesto en mi contra, (pie casi he lle- 
gado a ereei'lo. ayer soltre todo, cuando el señor Ma- 
riscal, sidx'dor de mi audiencia de hoy. eon su delicado 
tacto me lo ratificó: 

— No .sería de extrañar (pie el señor Presidente le 
manifieste a I'd. su desagrado. . . SiiuM'rese con ('1, se- 
gún .se ha sineei'ado conmigo. . . . 

Lejos d(> recibirme con iracundia, no asoma en la 
yn (le suyo indescifrable fa/. del (Jeiieral Díaz, ni un 
bariMinto de contrariedad o prevenci<'»n : de lo (pie en 
.seguida me aprovecho para ponerme a wnn <iis) . Y le 
reproduzco los alegatos formulados ante d señor Ma- 
riscal, con más. el original de una carta fech:nla en 
San Salvador, del Doctor D. Franeisi-o A. HeycM, ac- 
tual Ministro de Kelaciones Exteriores de a(piella He 

— 17.S — 



MI DIARIO 

pública, en la que se puntualizan los sucesos que, adul- 
terados, se me imputan, y adulterados sí que me perju- 
dican con razón sobrada. La hojilla deleznable y ma- 
nuscrita, echa por tierra, — con la sola narración de los 
sucesos que a Reyes cónstanle como a testigo ocular, — 
la torpe calumnia que corre por ahí, de que cierta ma- 
drugada fui y desperté al Presidente de Guatemala 
para exigirle que nu obsequiam ron inta copa de cog- 
nac!!!... llago más aún: propongo al General Díaz 
que me autorice a ])reguntar telegráficamente y va- 
liéndome de su telegrafista particular, al Presiden- 
te Estrada Cabrera, en lo oficial o en lo privado, si 
es cierto el hecho ; o que sea mi sucesor en la Lega- 
ción quien lo pregunte, bajo todas las reservas canci- 
llerescas, bien a Estrada Cabrera, bien a su Ministro 
de Relaciones Exteriores de entonces, don Francisco 
Anguiano. No puedo ofrecer más. 

El General Díaz se niega ; díceme que prefiere cre- 
erme bajo mi palabra, no obstante el fidedigno conduc- 
to que le comunicó la noticia. 

-¿ '. 

— El señor don Antonio Lazo Arriaga. 

(El mismo que se* lo dijo al señor ^Mariscal, según 
el señor Mariscal me lo manifestó confidencialmente). 

i Lazo Arriaga ! . . . ¿y por qué ? . . . Sumérjome en 
un mar de conjeturas. . . Nunca le hice daño, antes 
estuve a punto de prestarle un pequeño servicio cuan- 
do su licencia en Guatemala, de la que se ausentó sin 
(jue nos conociéramos ni de -vista . . . ¡ Enigma ! 

A no ser que el propio Estrada Cabrera ordenara 
a su Ministro en Washington, Lazo Arriaga, de paso 
en México con motivo del timo del Panamericanismo 

— 179 — 



F. (i AMBO A 

(la 2." Confeiviicia ), i\\\v pidit-ra mi retiro, y lo pi- 
dió fundado v\\ lo (|iu' de (iiiatemala le poniienoriza- 
ban, y lo obtuvo por mis negras ilesdiehas. 

Todo ello, en síntesis, se lo explico al General Díaz, 
«|Ue me escucha con atención suma... ;, De veras le 
interesara mi caso, o su actitud será la resultante del 
(•ontraí«lo hábito de simulai- eoncentrada ateneión has- 
ta piíi'a lo nías nimio que viein-n a eontalr iiitei-lo- 
iMittHes de todos los tamaños?. . . 

En la duda <le si .son kí'Ik*>-*< <• '«^i' poden«*os. yo ex- 
ploto ese intiMvs' sincero o tingi<l(), y cm'hnitt hasta 
donde |)Ued(). fU el ánimo de este disjtcnsador de pre- 
mios y caslitfos. A la mitad de mi disciii-so. cuando 
luicía yo hincapié m Iü tristeza (pie me eausa la se- 
paiacii'>ii <li' mi carrera, <•! (ieneial Día/ mt- iiiterrinM- 
pe: 

— ¿C^uién le lia dielio a Id. ipie srrá sepai'ado Y . . . 
Tal vez vuelva al extranjero, antes de h> ipie l'd. m: 
piense. ... si se conduce «-omo ilebe eon<lueirse mien- 
tras lo tengamos en nbs» rrnrión . . . 

— ¿Por «pié esa nhsi micióii. .señor. — me avcnttiro 
a reclama!" en .son de bi-oma.— me considera l'd. un 
iiptsta<ln .' . . . 

— Apestatlo, nó,— í"eplíeame sm apearse de su bi'ou- 
eíuea seriedad, «pie en tan impoi'taiile lo «'onvii'rte. — 

p«Mi) si es Id. UM ruso sospulinst», \ ilebr l'd. agl'atle- 
«■er «pie el <iobierno l«> i>hsrri'i . e>i lugar d*- maii<larlo 
al lazareto por iiieurable. . . 

< 'on i'l Has«'o de mi lumiorisnn» a «-ui-stas, persisto 
en lolfirnii «h'iitro «h'l ánimo «l«- este grande hombre, 
y !«• punluali/o» |K»r «pié <|iiisiii¡t \ol\.r h salir de 
México <ruanto ant»*»: 

— IMJ — 



311 DIARIO 

— . . .Usted no se figura, señor, ni nunca podrá fi- 
gurárselo desde su altísimo puesto, lo difícil que la 
vida se vuelve en México a individuo comb yo, a quien 
se supone caído de la gracia de üd. ; vive uno de mi- 
lagro, la gente cree que tratándolo peor que a can hi- 
drófobo, a Ud. lo halaga ; y por halagarlo, vienen y 
le cuentan calumnias y chismes, que Ud., por buena 
que sea su policía, jamás podrá saber hasta dónde 
lo imputado es cierto. . . Estamos enfermos, señor, es- 
tamos enfermos 

El General Díaz me ha oído excesivamente serio; 
un instante, hasta paréeeme que ha fruncido el ceño. 
Y cuando yo callo, él me examina, fijamente, uno 
o dos segundos ; pero yo, que estoy barrenando mis 
naves, sostengo su mirada, con mucho respeto y tam- 
bién con mucha entereza. 

— Algo hay de eso, — contéstame, — es lo que les ocu- 
rre a todos los gobernantes... Pero Ud. exagera... 

— Es muy posible, señor, y hasta que esté engañado ; 
mas como me hallo ahora en una posición falsa, com- 
pelido por el instinto de mi conservación a proporcio- 
narme todas las armas necesarias a mi defensa, voy a 
permitirme pedirle una merced : que caso que mis 
amigos intenten desconceptuarme ante Ud., viniendo 
a inventar o desfigurar mis hechos y dichos, Ud. se 
sirva reservar su juicio hasta no oírme a mí mismo ; 
en la inteligencia de que si alguna fe k- merecen mis 
promesas, yo le empeño mi palabra de honor de nun- 
ca negarle lo que haya dicho o hecho, .-tsí incurra por 
ello en el mayor de los escarmientos . . . ¿ quiere Ud. ?. . . 

— ¡ Se lo ofrezco ! — me respondió el Presidente. 



181 



F. C.UJHOA 

Apí-rijido porcpie la aiidii-ncia s«' prolon^ja. lo ina- 
iiitícsto así al (iral. Díaz, y (A me contí'sta : 

— Lo h»' ivcibido a IM. para n\u- un* dijiia cnanto 
tuvici-a (|in' di'finii»' : de t-onsijíuicntc, coucluya IM. 
sin reparar «mi la hora. . . 

La convei*sación salta a otros tenias. El Ciral. Día/ 
nu* intcrrojja ai'«*rt'a d»' ('('n1r()anit''i'ii'a y sns gober- 
nantes, respecto a (|ui<'nes tiene iilt'as e informaciones 
inny próximas a la realidatl, cnando no son la realidad 
misma. 

A jfrandes rasgos, le pornu-nori/.o lo (pie yo })or 
cierto di|)uto: (pie Regalado, y Zelaya muy espe- 
cialmente, le profesan positivo culto; Zelaya, hasta 
retratado lo luce en su despacho. Estrada Cabrera, 
aunipie seguramente ha ile adnurarlo, no me parece 
<pie lo (piiera ; en cambio, en la sala d»' .s» eas:i parti- 
eidar, se mira un i'ctrato de Juárez. ¡V en verdad <pie 
nunca vi a dos hombres públicos <pie «'utre sí prcsíMi- 
icii memos puntos de contacto! 

(^ui<*n' .sidx'r el ííral. Díaz si no es mía doble leyen- 
da el valor de Regalado y la virtud opuesta en Es- 
trada Cabrera. Afirmóle lo (pie sé, «'sto e.s, que la va- 
lentía de R«>galado raya en tenieri«lad. y (pie Estrada 
( "abreía <'stá muy lejos de la cobarilía ; es astuto y 
cauto, y a «'ste propósito 1«' rcjiito lo que algtinn vez 
oí de labios del I*resi<lentc de (luatemnla, cuando 
éramos dos buenos amigos: 

— "Mis malcpierient<*s algo «larían |>or acabar con- 
migo, y si yo tanto me cui<lo es por probarles que 
ello lio es empresa fácil. . . " 

Y riM'Ogí esta gran fraw del (ítal. Día/ 

— "Siempre he cnído inútil <pie los gcth.iimiites 

— 182 — 



.1// DIARIO 

nos rodeemos de precauciones extremadas para res- 
guardar nuestra existencia : el día que tropezamos 
con quien da vida por vida, perdemos la nuestra con 
pi'ecauciones y todo. . . ¡ Por eso yo no me cuido !" 

Muy esperanzado salgo de la larga audiencia, y con 
excepción de mi familia y del señor Mariscal, a nadie 
se la cuento en detalle. Opto por que sigan creyén- 
dome náufrago ; reiré con más gana y con más asco 
de actitudes fugitivas, de los que no quieren compro- 
meterse tratándome, de los que me aconsejan panacas 
y remedios para conjurar la tormenta, de los que me 
han retirado el saludo . . . ¡ infelices ! . . . Y (pierré con 
mayor cariño a los pocos, poquísimos que han persis- 
tido en continuar a mi vera, sin consejos, ni repul- 
gos, ni temores. . . 

5 DE Ji'Nio. — Hoy entregué los originales de mi 
SANTA en las propias manos de su futuro editor, 
Ramón de San Nicolás Araluce. 

Fué en el despacho de su espaciosa casa editorial, 
con imprenta, taller de rayado, de grabado, de en- 
cuademación . . . Conseguí que la novela lleve dos ilus- 
traciones originales, que debo a la galantería del pin- 
tor peninsular Paco ^las. 

Al despedirnos, avísame del regreso de Jesiis Con- 
treras; volvió ya de Puebla, en tal gravedad, que se 
espera un funesto desenlace. . . . 

6 DE .JUNIO. — En el saloncito de Luis Urbina, me 
encuentro con Jesús Urueta y Amado Ñervo: a poco, 
Carlos Díaz Dufóo. 

Ninguno de los tres ha variado de fisonomía moral ; 

— 183 — 



/'. (.AMÜOA 

físifiíiiifiitr. Amatlo, poftjxloi" sihora de barha a la 
Uuulangfi' \ tlf lili |)t*rpi*ñü casi «'Irpaiitf. si si- le 
compara a I<»n iIc antaño. 

J«'sús rrii«-ta. .sigiu' daiuio la rax/ui a su iiitnUMMi- 
tor, rrpitiiMido la última |)alal>ra (U* vs\v o int»ri*alaii- 
(lo sus acostuiiiltrados ■■;piu*s. ««s clait)!." los tpie no 
sabe uno a (pu* atrilmir: ¿los formula |)or(pM' no s«> 
di^na discutir con nadie o porípu* nalmcntc w «lacla- 
ra c'onviMuido de lo <pu' escucha, casi siempre con mar 
cada desgana?... Sijíiie con sus au.sencias de aten- 
ción, con sus raptos de entusiasmo, breves cual relám- 
paf^os, (pie lo levantan del asiento, y lo hacen mano- 
tear, y sacudir la melena ipie tira a rubia: si^iie con 
sus risas intermitentes, «le colegial, y «'on el hi'ibito de 
hincar los codos en las rodillas y la bM»"b;i en las ina- 
noH, mienti'as escucha : sigue juvenil, lleno de proycí*- 
tos para obras futuras, con una <pi • otra llamara- 
da ambicio.sa (pie le ilumina el mirar f''IÍM(» de sus oj(»s 
claroH. . . Díceme (pie se halla en visptijis de casorio, 
con una .sobrina de Justo Sierra. 

Amado. c(»iitinúa como antes en peiisimien'os y de- 
cires: los decircK. lifreraiiHMite i x-cathnlra, convencido 
de su Kii|Mrinridad intelectual (pie nadie le disputa, 
pero un tanto a^rravado ahora tal coti\'M»cimi»'nto |H»r 
el rtuftiiii nii ul de su viaje a Kuropa : está de moda y 
él lo niih*'. anuípie *»' esfuerce en af»arentar (jiie lo 
ignora. A prop('»sito d»- su permaneii(*ia en «I "Viejo 
Mundo" — sobre la (pie publica en estos momentos 
sus impresiones en la KKVISTA .MODKHNA. bajo 
el título feliz d«- ■■ VA Kxodo y las Flores del ('amin().' 
— tiene un th-talle de mal gusto: se declara nostálgi- 
co de París. IVn» es el iniMiiio muchacho afectuoso \ 

— 184 — 



MI DIARIO 

noble, más sano del espíritu que del cuerpo, aunque 
aquél ande siempre curioseando honduras místicas 
y tiquis miquis escolásticos, querendón del grupo, sin 
envidias ni doblez, más reservado que comunicativo, 
de intimidades sobre todo. . . Me confía su ambición 
actual : ir de Secretario a cualquiera de nuestras Le- 
gaciones europeas ; parece que Joaquín D. Casasús, — 
influyente personaje contemporáneo con legítimo re- 
lieve, que alguna vez delinearé en estas páginas, — le 
ha prometido su valiosa ayuda para que lo realice. 
En el pensar. Amado sigue alto, sentimental, simbolis- 
ta y religioso, con sus miajas de obscuro. Me pregun- 
ta por SANTA; me afirma que, prendado del nom- 
bre, a punto estuvo ile apropiárselo en no sé cuál de 
sus composiciones, y que venció la tentación al recor- 
dar que era de mi pertenencia. Yo, de todas veras lo 
felicito calurosamente por su poema magistral a la 
HERMANA AGUA. 

Carlos Díaz Dufóo, también sin notable variación, 
continúa con su esprit espontáneo y mordaz, a las ve- 
gadas forzado, porque lo esgrime sin parar. Se ha en- 
tregado a la Economía Política y colabora en "El 
Economista Mexicano" de Manuel Zapata Vera, Jefe 
de la Sección Consular en la Secretaría de Relaciones 
Exteriores. Nada quiere ahora con las Letras ni con 
el periodismo de combate y de sátira, en el que es pa- 
<lro y maestro. 

A la noche, me encaminé hasta el domicilio de Jesús 
Contreras, una deliciosa casita de su propiedad, ubi- 
cada en el naciente barrio pi-óximo al Paseo de la 
Reforma, que nuestros ediles han cristianado de "Co- 



183 



F. CAMBO A 

lonia Juárez. " y »^1 i)úblifO (Ifiioniina "Colonia Ame- 
ricana."' 

Poco aguardo en la sala; no taitlo «ii oír «1 runioi* 
<U* pases pesados tpic vienen a ra.stras por los parquds 
rianiantcs y sin alfombras, y se me aparece Jesús ai>o- 
yado en su esposa Carmen, (piien lo conduc»' y ^juía co- 
mo a niño torpe que aun no supie»* andar. . . su an- 
tes hermoso euerpo de hombr»' sjino y fuerte, transmu- 
tado en una esj)eei«* de guiñapo (pie a durísimas penas 
camina... ¡Ali. «I trágico saludo que. más «pie su 
euerpo trunco y doblegado por el cancel-, y «-1 mió to- 
do trémulo de diu'lo hondo y mudo, s»' tlan miestros 
espíritus (pie tanto se aman y comprenden !. . . En mis 
brazos ll«*ga a su sillón, en < 1 <pie como un trapo, res- 
bala \ dóblase. Ni él ni yo desju-gauíos los labios ;, pa- 
ra (pié?... ("lávame s»is ojos a punto de verter lá- 
grimas, (pie al fin no salen gracias a sobrehumano es- 
fuerzo, y los míos huyen de a(piilla mirada tiislísima- 
niente interrogante, .se pomn a <bt«rminar tontamen- 
te las molduras de las chambranas y los dibujos de 
los muros estucados. . . . 

— Ya ves en qué estado me hallas — mniiiuira luego 
Y yo persisto en callar, no acierto a contestarle |)a- 

labra 

Pa.sadn la primera impresión (¡(pié es lo (jue no pa 
sa en esta vidaT^ comenzamos a hablar: lugares co- 
mun<*s, para engañarnas. para alejar le pesadilla de 
su situación ; bromas sobre (iuateinala, sobre mí mis- 
mo, sobre lo «pie pienso hacer. Ciia delicadeza suya: 
— i Cómo está SANTA T. . . . 

Ahora verás. — aña<Ie en seguida. — si me he olvida- 
do «b- »1Ih. de (pie me la has dedicado.. . 

— 186 — 



MI DIARIO 

Y sale Carinen en busca de uno de los cuadernos 
del artista, en los que durante viajes y paseos iba 
apuntando con lápiz proyectos y bocetos, ideas y linca- 
mientos de obras nonnafas, fisonomía de personas y si- 
tios, para las esculturas venideras. Cuadernos que to- 
dos los pintores y escultores poseen, en los (jue a las 
veces palpitan sus inspiraciones mejores. Pero hoy, 
dado el estado de Jesús, las pobres hojas antójanse- 
me de una indecible ironía . . . 

— Mira a SANTA, — me dice, y no puede ni soste- 
ner el cuaderno, — en la postura en que he de escul- 
pirla, cuando al desnudarse en el cuai'to sin luz, sus 
manos tropiezan con el escapulario. . . ¿te gusta?. . . 
son unos cuantos lapizazos. . . 

Por divagarlo, le pormenorizo lo bien encaminado 
de la edición del libro; pero aunque él no me lo diga 
a las claras, los dos pensamos, a un tiempo, el mismo 
pensamiento negro que se delata en la manera de mi- 
rarnos: la novela impresa, no ha de verla Jesús.... 
(Cuántas ocasiones, y algunas qué solemnes, realízase 
este fenómeno de pensar un mismo asunto dos per- 
nas que se encuentran hablando de otro, principal- 
mente, cuando dos amantes se juran eternidades en 
su querer recíproco, sabiendo — ¿ cómo ? ¿ por qué ? . . . 
— que su querer ha de concluir, que tiene que con- 
cluir . . . ) . 

Nuestra charla, desmañada y melancólica a pesar 
de lo que la rociamos de fingidos entusiasmos, nos 
la interrumpe Carmen a cada paso, para limpiar la 
boca de Jesús, para enjugarle los labios, el sudor del 
rostro nazareno y barbado, para alisarle la cabellera 
mohtmaviroisc y bravia, para montarle la pierna 

— 187 — 



F. (iAMIlOA 

imuTta sol)!"»' la pierna medio viva aún. |>ara mover- 
le la úniea nmno y el brazo único (|ue le restan inertes 
y rtáeidos. . . Jesús no pued»* ya reí izar el nuMior 
movimiento. . . . 

Esta incesante, aiiiantisini;! y adiiiiraMe devoei<'in 
de Carmen por sn enfermo, ¡cuánto me connnu've! 
¡qu«'* mujer tan exc»*|)eioíialmente buena I De ver oómo 
le sonríe a todo y todo s«* lo festeja ; cómo lo llena a un 
tiempo de mimos y de esperan/as didces; cómo le lia 
bla de su alivio, con certidund>re tal. <|ue. poi- momen- 
tos. Jesús entreabre sus ojos y también sonríe cual 
si de veras ereye.se baeed»M'0 el prodiffio imposible; esa 
devoción me lleva a rememorar la perpetua adora- 
ción que siempn* nutrió Carmen |)or su artista capri- 
choso e in(piieto, KU benevolencia para disinudarlc 
escapatorias y calavera<las: su aimor inne^^able para 
este hond)re-niño <pie ha sido to<lo corazón con su fa- 
milia, y con sus amibos, y con cuantos .s»* le acercaron ; 
para este enamorado de la lu/, del movimiento y de la 
línea. . . ^" los vuelvo a ver, hace ¡mh'os años, vuelvo 
a recriarme frente a la frentil pareja: Carmen, vir>{¡ 
nalment»- bella, buena y didce; Jesús, virilmente her 
moHO, ¡ironto a to<la.s las {;eneroNÍdadcs. manirroto, 
locuaz, feliz y .sano.. . 

Saljfo de.sf;arrado. burilado en el cerebro d »uadrt» 
doliente, nmliliciendo de estaü ciiferniedailes implncn- 
bles que nadie puede atajar... Vacilo entre volver 
o nó, y resuelvo regrcHar mañana, ya «pie sus ins- 
tantea ♦•atan contados. Y supuesto «pn* no ««xinte reme- 
dio humano para sus males, casi anhelo (pie niicstrn 
entrevista iKwtriinera no m- halle lejon. . . 

— 188 — 



MI DIARIO 

7 DE JUNIO. — A ver a Luis T'rbiua, en la Preparato- 
ria. 

Al igual de ayer, llegaron a poco Amado Ñervo y 
Jesús Urueta ; después Carlos Díaz Duf(3o ; luego, Ara- 
luce. Toda nuestra conversación versó sobre el estado 
de Jesús Contreras; y sin embargo, nos citamos pa- 
ra en la noche, a una función de beneficio en el tea- 
tro del Renacimiento, de una artista patrocinada por 
•'El Imparcial." 

10 DE JUNIO. — Tocóme presenciar, y aun interve- 
nir en una de las curaciones crudelísimas que un mé- 
dico alemán, hoy de fama en ^léxico, practicó en el 
cuerpo mártir de Jesús (."ontreras: inyecciones hi- 
podérmicas de quién sabe qué substancia brutal, que 
le arrancó gemidos de dolor espantoso, y al fin, lo des- 
mayó entre mis brazos, instantáneamente. . . El gale- 
no teutón dícese "especialista"' nai-a curar el cáncer 
y me fuerza a escucharle amplias explicaciones técni- 
cas de sus específicos, las cuales, según siempre acaece, 
resultán árabe para los legos. 

¡Qué atroz espectáculo esta incontrastal)le agonía 
de mi pobre Jesús ! . . . 

12 DE JUNIO. — Esta noche hallábase Jesús en apa- 
rente mejoría, y despotricamos respecto a nuestra in- 
mínente entrada en el Congreso, como Diputados. ( Es 
ya el secreto de Polichinela, que Jesús Contreras, Je- 
sús Urueta, Manuel Calero — joven abogado inteligen- 
te que comienza a surgir, y que es sobrino y yerno de 
Justo Sierra, — y yo, somos, o seremos elegidos Padres 
de la Patria, en la próxima hornada) . . . Confíame 

— 189 — 



F. GAMIIOA 

Jesús, (jiic fu»'* siempr»' uno de sus Ku«'ños fi^furar «-n 
nuestro ('uer|)o Iv^pislativo, y yo »• lo i^hato, «ludo 
qiu» tan poca rosa — en los tiempos «|u»* oorn-n — haya 
si|fnifi«*á<lolf una ilusión. Lo que yo nip .sosperho rs 
qiie en su ineonfesado y justifieadísiino afán «le vivir. 
♦'1 asunto dr s\\ dipiitnción s«'a un pretexto para (pie 
no s«» 1«* tome a puerilida<l. atento su e.stado. «-I (pie 
(pilera sepíiir viviendo. . . . Pero nos pusimos a l)or- 
dar proyectos: los drl pni])0 nos soTitaremos juntos, 
votanMuos «Ir acuerdo, proeuraremas esto y acpiello... 
Ix> irrealizable, lo <pie es quimera alcanzar dentro de 
los ( 'onjrrcsos. así Dios se di^'nara. por \\n milairro, 
sanar a Jesús. . . 

Ks inhumano que los enfermos (fravi's y (h'sahu- 
ciados hahlcn »-n s<'mejantes términos. AA ti«>m|H> i>or 
llejfar. cuando ellos siihi n «pi»- no vivirán para enton- 
ces. . . 

20 i>K .irxio. — En una oeiositlad im|M'r¡al. <l«- cuan- 
do los ••mp»*ra<lon»s no se ocupaban en nada 8<»rio y de 
provc<'lu). pui's mi (pichaccr en el Ministerio, aunque 
me abstrae algunas horas, no basta a ñus aí'tivitlades 

JcKÚN Contreras, con alternativas en su salud. i>ero 
sin «pie el cáncer internnu|>a su marcha homicida e 
implacable. 

W DK .irMO. — A pí'sar de mis viejas reputfnaneias 
|H»r to«lo lo que <»M mentira y falsedad.- -y di's^rnieia- 
damente no en otra coiw nuestro ("uerpo í/efrislativo 
fen »*'<o idéntico a casi to<los sus eonjfénen's del (Jlo- 
bo. y más pnrtieularnu'nte a varios de los de Hispano 
am^ricn que yo me af), por momentoa me da cierto 

— IIK) — 



MI DIARIO 

alborozo que las elecciones (?) de una vez se consu- 
men, y yo me vea transmutado en padre conscripto... 

6 DE JULIO. — Dentro de una semana sabré si mi po- 
pularidad fué bastante a que el pueblo de . . . ¿ vaya 
Ud. a saber de donde ?, me haya nombrado represen- 
tante suyo. . . Y con intermitencias, experimento al- 
go que se parece a alborozo porque así suceda. 

10 DE JULIO. — Impetuosa gravedad de Jesvis, qxie 
nos hace esperar su muerte de un modo inminente. 

12 DE JULIO. — Jesús lleva dos días de haber enmude- 
cido, de un golpe, sin síntoma ninguno previo : un ra- 
yo invisible que lo privó del habla . . . 

Presenta un aspecto espantoso : encamado, esque- 
lético, hundidos y vidriosos sus ojos antes expresivos 
y vivísimos, inmóvil, mudo. . . En ocasiones, una an- 
sia inmensa de incorporarse y hablar, que imprime a 
su cuerpo estremecimientos suaves, y a su mirada una 
intensidad acongojante, un brillo extraño que mueve 
a lástima . . . 

Carmen su mujer, interpreta y deletrea a maravilla 
sus deseos, cual si los leyera en una pizarra . . . ¡ Uno 
de los mil prodigios que sólo el amor sabe operar! 

Por ella supimos Luis Urbina y yo, que Jesús que- 
ría hablarnos ; y fué una escena dramática : Luis y 
yo, a entrambos lados de la cama ; Jesús, mirándonos 
alternativamente, con ansias infinitas, desorbitados 
los ojos, tratando de levantar la cabeza ; los labios, 
impotentes para formular palabras, trémulos y páli- 
dos, como los de un extático que musitara plegarias 



191 



F. iJAMHOA 

lueiitailt's. . . ^' al Hii iio piuiimos ihmkt i-ii claro (|U(* 
«pUTría (lecirnos: vaya, tii Canneii. ipn- vino ni mi»*s- 
tro auxilio. . . Sólo Dios y «'-I sabrán si s»- trataría tU' 
eneoinifUilii iiii|Miriantr, dr i-ni'arffos |>ostrinu'roK, «li» 
fraws <]«• affi'to. . . V i-nanilo su li«'i*inosa trKta volvi<'> 
a caer en las iilntoliatlas, tic sus ojos cntrc4-crra<ioK 
reshaiaba llanto. . . 

Luis y yo .salimos tras|iasa<U>s «le la estancia «ie 
agonía, y yo no i»aré basta ini cii.s;i. a la que lleffué 
titulH'aiuio |M)r la» calle.s <1<'1 tránsito, pláeidanieiite 
aliinibraiiaN poi- l:i luna y por los focos <le ai'eo. . . 

13 I>K .ii'l.lo. — CiuumIo llegué (>Mta iiiañan:i a la casa 
•le Jesús, ya *• había eonsuinailo la catástrofe: fallecÍ<S 
iles«l«* anoche, n pm-o »le halN-nne retirailo. . . 

No nTuerclo con cpiiéii |M'iu*tré tl»'s«ie luego en la eá- 
niara mortuoria, ni reeuci'ilo tampoco (pié artistas no 
a|M'reibíaii a sacar su mascarilla en yeao. ni (Miál pin- 
tor o dibujante copiaba su rostro, a la vera <io la ca- 
ma t(Mla\ía il«*sbcclia en sus ropas y almohadaH. . . 

, Cjuc S4'reniilail en el .sciiibbinte del cadáver, ciiuil- 
do aun ayer era la expresión del dolor humano!... 
Su propia y exeíttiva palitle/.. ipie ya lucía en vida, 
antes lo heniios«>a y espirituali/n. Debido al eort»* «le mi 
barba, a lo abuntloNo de su catN'll'*ra, su tÍM«>nomía ha- 
bía ad«piirido,--<licho Hi'a sin irrevep»*ncia. — un mar- 
caílo pan^-ido con la de CrÍHto «-n la Cruz. . . Por «u- 
piimto fpie todo lo <pie yo veía, veíalo al travé<M de 
mis lágrimas ipie me em|>añaban el fúnebre cn««lro. .. 
Pasada la priniiTa emoción invencible, me aecr(|ué 
al muerto, y iblicada y efíiHivunieiitc, temerom il(> 
lastimarlo, — <pie su iM^iiHibílidad de Ioh últimos tietn- 

— isri — 



MI DIARIO 

pos era hiperestésiea, — le cogí su diestra exangüe y 
tibia, con mis dos manos temblorosas, y entre ellas 
la guardé largo espacio, en prenda de cariñosa y pos- 
trimera despedida . . . 

La casa íbase llenando de parientes, amigos, discí- 
pulos y admiradores, dominando como era natural 
que sucediera, el elemento artista : pintores, esculto- 
res, literatos y miisicos; muchas corbatas La Valliere 
y muchas barbas y melenas carlovingias, puestas en 
boga unas y otras por el mismo Jesús a su regreso de 
Europa... Las flores llegaban, llegaban sin término, 
coronas, cruces, ramos; y la noticia corría las calles, 
empujaba más gente a la vivienda risueña, reporteros 
amenazantes de carnet y lápiz, hasta curiosos e indi- 
ferentes que se aprovechaban de las circunstancias pa- 
ra conocer al artista fallecido. . . Dentro de la mora- 
da, Justo Sierra, afectadísimo, hacía cabeza. . . Y to- 
dos hablábamos en voz baja, palpitaba un duelo de 
verdad. . . 

Se apareció Carmen por el JialL y sin poder hablar- 
nos ni nosotros contestarle, se echó a llorar sobre las 
espaldas de Luis L'^rbina y sobre las mías, en recuer- 
do sin duda de la fraternal intimidad '<jue nos unía 
a Jesús 

A la tarde, se procedió al embalsamiento del cuer- 
po en una de las habitaciones interiores, y se fijó el 
programa de la velada de esta noche, y de los funera- 
les de mañana ; distribuyéronse los turnos para la 
Academia de Bellas Artes, — en la que Jesús había 
sido profesor, — y el obscurecer, se trasladó el féretro 
desde la Colonia Juárez hasta la calle de la Acade- 
mia . . . Cuando sacaban la caja en hombros, oí que 

— 193 — 



F. (¡AMllOA 

Luis L'rbiiia. en el colmo de la aflicción y completa- 
iiiciit»' apartatlo. hahlaha a solas. . . La i)iocfSÍ('>n. im 
ponente y tarda. 

La capilla ardiente se instaló en el Salón de Actos, 
precisamente restaiifado por Jesús, (pie nunca ha de 
lialx'i' sospechado (pie s«' inauguraría con es<is honores 
a sus despojos. . . . Los adornos del local, sobrios y <lel 
mejor pusto, ideados y lundios por ¡)rofesores y alum- 
nos d«'l plantel y por compañeíos de Jesús. Allí* ha- 
bló Justo, pero tan emocionado, <pu* es la primera 
ve/ (pie su sol)erbia oratoria no me ha dicho nada. . . 

Resultamos t-n d reparto de turnos, jiuitos Jesús 
liiieta y yo. de 10 y 1 2 a 11 ; y resolvimos ir ant«*s 
a cenar al .Monte-( "arlo, en la e.sfpiina de la hnlepen- 
dencia y Cob'u'io de Niñas. Por el camino, compramos 
los periiHÜcos «jue pid)licaban el residtado de las elec- 
ciones, leído í»s«'i"upulosauíente mientras nos servían. .. 
Todos los del jfrupo, inclusive Jesús Contreras (pie ya 
?io lo sabrá, figuran entre los favoix'cidos, to<luH me- 
nos yo. ípie he de halx'rme tilutgndn. Sí'gún se dice de 
los que fracasan en estas lides (Ti. 

A Jesús Trueta, el jiibilo se le ewapa por los po 
ros, y a mí el destMigaño acaba de acibarainic i-l ilía. ya 
de suyo harto amargo. 

14 !»K .JiLio. — Funerales de Jesús Contreras. en el 
Cementerio Francés de la Pie<l»d. 

Muy concíirridos: ««s un sinnúmero t\r tranvías ates 
tados de dolicnt«*s. y una MMicbe«hnnbre de curiosos, los 
(pie contemplan el desfile funerario. 

A nuestro paso i)or las calles de Hucareli. muy elo- 
cuentemente para los iHKpiísinms fpie estábamos imi el 

— 194 — 



MI DIARIO 

secreto, de las ventanas de determinada casa hubo al- 
guien que medio levantara los visillos, a fin de conser- 
var en el fondo de unos ojazos arábigos, esa visión 
última del cortejo . . . Luis Urbina y yo, que juntos 
hemos advertido la discreta maniobra, nos miramos 
sin despegar los labios, respetuosos frente a un duelo 
que carece hasta del derecho de exhibirse. . . Esa 
crispatura de la cortina, ha de haber sido el reflejo de 
la crispatura de una alma virginal, bruscamente des- 
pertada de ensueño pecaminoso, que nunca llegó a los 
lodos. . . 

En el tranvía, se escucha la voz de Amado Ñervo : 
— "Lo que él habría apetecido, lo llevamos a descau- 
sar en tierra francesa, a la que él amó tanto. . . '' 

31 DE .ji'Lio. — ^luy mal yo de compañías y prácti- 
cas. . . 

También me falló el proyecto de irme con Emilio 
Pardo jr. a defender en el Tribunal Permanente de 
Arbitramento en El Haya, la justicia que nos asiste 
en la inicua reclamación yanqui, conocida bajo el 
nombre de "Fondo Piadoso de las Californias." 

10 DE AGOSTO. — Entregué en la imprenta los dos 
grabados originales de Paco Mas, para SANTA. 

6 DE OCTUBRE.— Llegaron de Barcelona las prime- 
ras pruebas de SANTA ; unas -lo páginas impresas, 
que corrijo en un rato. 

10 DE OCTUBRE. — Tarde intere.sante, con Eugenio 
Zubieta. un excelente amigo, viejo empleado de la 



195 



F. GAMBOA 

Bihliott'ca Nacional tn la (|ue presta útilísimos sorvi- 
fios por lo í|ue la conoce, porque ama su oficio y 
porque su crudicióu, sobre todo en bibliografía y li- 
teratura antiguas, y mexicanas se entiende, es poco 
común: en su biblioteca particular, posee maraviHas 
f|ue lee y relee a sus solas. Y este es su defecto, ser 
un solitario; nada se le importa de apla\isos ni bom- 
])Os; estudia por gusto, sin curarse de (pie .sepa nadie 
hasta <]ón(b» va de conocimientos y aprendizajes. Ade- 
más i]t' .solitario es un silencioso, lo «pie le agrava su 
ílefecto ; para los extraños, quizás pase hasta por iiii 
misántropo, mas los (|ue lo tratamos de cerca, póde- 
nlos declarar i\\\v es totlo lo contrario: nobh'. afectuoso 
y recto: vil-t\ides directamente hereda<las del si'ñor 
su pailre. <|ue e.s un justo. 

Llevóme Eugenio hasta la casa ihl Tenient»' Coro- 
nel retirado 1 >. .Miiitíii Espino-Barros, coleccionista 
casi maniático de una porción d«' cosa.s tlesemejantcs, 
]M*queñinas, frágiles, al |)arecer sin imp(»riiineia nni- 
chas <le ellas. 

Desde hi vivienda es de iidmii'ar. en los fondos de j>a- 
tio interior «le amplia ca.sj» de vecinda»! en \\w\ de las 
calles de Bucareli. El mismo nos abrió la piieita. pa- 
saron las presentaciones y saludos, y en el acto dio 
principio la ••xhihición. sazonada con la historia frag- 
mentaria y pinton*Hca de las adquisicioin's. y con al- 
gunos comentarios ?nu\' atinados. .Muéstrase iifam» d«' 
su tesoTO. nos cuenta «pie nunca ha qneiiilo ven<lerIo, 
no olwtanle las buenas ofertas (pie se le han hecho, y 
con cierto orgullo añade (pie, a sí-r rico, lo cínlería al 
Mu.seo Nacional. 

Toflo se halla, más que cientificainenttf, c«r¡ño8«- 

— lí»6 — 



MI DIARIO 

mente, colecciouado en cajas, armarios y muros ; \o 
más preciado, bajo de llave o tras de cristales. 

Un maremágnum. En sellos, conseguidos con el 
transcurso de los años, — y mi señor Espino-Barros ya 
no se cuece al primer hervor, — sellos oficiales y parti- 
culares, posee la friolera de 30.000, adheridos a libros 
y cuadernos; hay un álbum, dedicado a sellos de ofi- 
cinas de Gobierno ; otro, que pudiera servir hasta para 
la historia de nuestro comercio, sólo con sellos mer- 
cantiles. 

De papel en blanco, luce muestras en pliegos o me- 
dios pliegos de cuanto papel se ha empleado en Méxi- 
co durante los siglos XYI, XVII, XYIII y XIX. 

De autógrafos, el océano; es un in-foUo con milla- 
radas de firmas de ilustres ignorados, y varios cen- 
tenares de personajes conocidos. , 

De condecoraciones militares, habrá cerca de 200 ; 
de sociedades científicas y mutualistas, unas 300 ; me- 
dallas conmemorativas, 500 y pico ; monedas de pla- 
ta, nos dice que 396, de cobre, 927, y ¡ falsas, 2ó ! . . . 
De mérito real, pocas a mi juicio. 

Satisfecho desenvuelve, y nos consiente que la toque- 
mos con nuestras manos, una vieja y rugosa cartera 
de tafilete en cuyo frente, primorosamente bordado 
aunque ya mustio, se ostenta el escudo de armas de 
don Juan Prim; y en los interiores, una relación, — 
posterior seguramente, — pormenorizando la jerarquía 
nobiliaria de que era titular el ilustre Marqués de 
los Castillejos y Conde de Reus. 

Timbres, postales, de diversos países y años, nos afir- 
ma que tiene más de 1.700, y cubiertas de carta, tim- 
bradas V selladas, 1832. . . 



197 



F. CAMltdA 

.Fatigados del lento discurrir frente a armarios y 
'* vitrinas, '■ nos brinda con sendos asientos y s^ihrosa 
eharla : ha visto niuclio, peleado uo menos, allá en las 
buenas épocas de los mochos y los puros, tratado a 
pnVeres y a guerreros, conoce a toilos nuestros "an- 
ticuarios": Luis (lonzález Obrcgón. Jenaro García, 
y otros dioses menores; padece de reúma, y nunca 
sale por las noches. Un tipo {;rato. (pie diriase arrnn- 
eailo de páfjiruis de Dickens o de Pérez GaldiVs. 

Al salir, pn'púntame Eugenio Zubieta (pié es lo que 
me parece más notable de la coleccii'm. 

Y sin vacilar le ivspondo: 

— La paciencia del señ<»!* Esjiino-Barros. 

:{ í)K NdViKMHRE. — Esta noche, para h\iir de las malas 
tentaciouí's «pie están precipitando mi ruina moneta- 
ria, comencé la lectura de los manusci-jtos de MI IMA- 
R|(). al señor Mariscal. 

Prolongada sesi('»n. hasta eso de las 11. con el grande 
estínudo de uiui boTídadosji y reconcentrada afenci<'>n 
|M)r paite de don Igiuício, autoridad si las hay. en 
materia de letras. El talento literario dd señor Maris- 
cal, del (pie tiene dadas lobiistas |>rucbas como la 
magistral traduccií'tn de EL (TERVO d.- Edgar 
Alian Poe. es, sin embargo, principalmente crítico, 
más fpie productor; su vasta erudiei(>n y mi relativa 
|H'n'za para pro<hicir, le han refinado a un extremo el 
sentido crítico, que ni en la charla más trivial deja 
que los yerros y ••«piivocaciones pasí'u inadverli'los , 
es un ptirista. To<lo ello unido al respetuso y profiui- 
do cariño que \e profcno, van a convertirme en deli- 
cioHas e instructivas tales veladas; a «olas él y yo, 

— lí)H — 



MI DIARIO 

dentro de su ami)lia y nutrida biblioteca, con ancho 
balcíSn a esta calle colonial y silente de la Espalda 
de la ]\Ioneda. 

5 DE NOVIEMBRE. — Terminé la lectura de EX TU- 
RANIA, de Ciro B. Ceballos. 

Unas páginas vibrantes de pasión y de encono, con 
algunos juicios exactos a las veces, en lo general 
agresivos e injustos. El estilo, siempre tortuoso, por 
alardear de léxico modernista o arcaico : muy cor- 
tos los renglones y a menudo comenzados con minús- 
culas, de vez en cuando, empinándose hasta las serenas 
alturas de la grandilocuencia. El fondo, «iempre com- 
bativo e implacable, hasta venenoso aquí y allí. 

11 DE NOVIEMBRE. — Ciro B. Ceballos llevó a presen- 
tarme a un joven poeta de San Luis Potosí, José Ma- 
ría Facha, cuya ídem resulta francamente simpá- 
tica. 

12 DE NOVIEMBRE. — T^u zaliorí i)olítico me puntuali- 
za las dos versiones de por qué no vine Diputado al 
Congreso. 

Ninguna de las dos me convence ; la una es infan- 
til, y la otra, abusurda. 

Lecturas, esta noche, en la casa de Francisco Cardo- 
na, de la MONNA VANNA del pensador flamenco 
Maeterlink, traducida en prosa rimada por Bal bino 
Dávalos, y de la GUADALUPE, de Marcelino Dava- 
les. 

Estos dos Dávalos, no son parientes entre sí. 

De Balbino, ni qué hablar, pues es harto conoci- 
do como humanista y como literato activo y juñncipal ; 

— 199 — 



F <,.\Mi:(>.\ 

ya lo lu" iiu'tieiouado ««n lofi tomos anteriores de MI 
DIARIO, y líe «le n^-ncionarlo más en el pivs«'iite y «mi 
los sue«'siv<>.s. 

Marcelino. »s un escritor ]>i<)vinciano, de Guadalaja- 
ra. <|U«* sf lia consa^rrado al teatro. deseuidan<lo su pro- 
fesión »le alionado. Ww culpa de su juventud, — no 
aparenta más de 2"» años, — sus piezas teatrales no po- 
seen toda la fuer/a ni toda la perfección (|ue fuera 
de dcsi'ar; pero s«'jfui'am»'Ute «pie en su individuo, (pie 
tira a gordo, hay madera para \\n l»ueu :iutor dramá- 
tico. A<lemás de sel' joven. es trijfueño. »le muy mo- 
desta estatura, ancho' de cara y ih- incipiente ho/o, 
ilulzón el mirar \ tíxlo él tímido en palahras. ento- 
naciones, ademanes, juiciíis y r«»s|»uestas. V^nti«'ndo 
<pn* se halla en México <'on licencia : <p>e conoció a 
Pancho Cardona y a \'ir>finia Fáhrcffas, en una de tan- 
tas correrías de esta pareja de mi particular afei-to, 
y «pie ahora viene, amparado a su soiidua. para «pie 
le representen en su teatro la (¡1 .\ I »A LI 1*K. «pie va- 
mos a esi'ucharle. y otras ohras (pie trae en cartera. 

La lc<'tura, intima; Pancho ("ardona. encamado por- 
que eatá enfermo; sentados a los pies de la cama, Vir- 
l^inia Fáhreifas. y mi sohrino .Ios(' .Ioa(piín (iaml>oa; 
en derrctlor '!•• um» iiii-'«íI1ji iid<in«l;i lí.dhiiKi. Min- 
ee) i no y yo. 

Arrullado por las leeturas. Panclut .s«- in»s duerme. 

18 UE NoviKMBRK. — Arnüuado. . . 

21 PK NoviKMiiKK. — Por se^funda ve/ en mi vida. Iu»y 
empeñé en las fílantrópicas garnis de un usurero ami- 
go ( t), ífran parte de mis muebles. Porción de for- 
malidades altruistas: hay firma de pairarrá. emltar^ro 

_-200 — 



MI DIARIO 

simulado, y quedo de depositario de mis propios tras- 
tos, para que si falta, una astilla que sea, por "de- 
positario infiel, ' ' no pare yo hasta el mismísimo Belem 
Los réditos, moderados^ 12 0|0 al mes. . . 

22 DE NOVIEMBRE. — Para que el Liceo "Altamira- 
nno" no muera de igual muerte que la mayoría de 
nuestras sociedades análogas, Joaquín D. Casasús, que 
es el alma de éste, ha ideado que las sesiones mensua- 
les se efectúen en las casas de los socios que quieran 
prestarlas con tal objeto. Y la sesión de esta noche se 
celebrará en la suntuosa morada de Casasús, en la ca- 
lle de los Héroes; vasto inmueble, que Joaquín ha 
venido ensanchando y embelleciendo hasta no trans- 
mutarlo en señoril palacio. 

El embellecimiento y ensanche de la casa de la 
calle de los Héroes, es fiel trasmuto de la existencia 
de su dueño, uno de los pocos y legítimos self-made- 
man de nuestro país. 

Joaquín D. Casasús, tabasqueño de origen, salió de 
su terruño hace un puñado de años, resuelto a reali- 
zar la conquista de México. En constante y encarni- 
zada brega con la pobreza más perfecta y acabada, 
logró recibirse de abogado, y acabó de retar a la suer- 
te casándose con una hermana política del maestro 
Altamirano, cuando su porvenir era todavía brumoso 
e incierto. Su talento y su carácter, pronto lo hicie- 
ron triunfar de la Vida, y con más prisa que muchos, 
se ha dado a subir los innúmeros peldaños que llevan 
a los fuertes, desde los sótanos de las necesidades has- 
ta los salones del esplendor y la riqueza. Rico ya, e 
inñuyente en el Foro y en la Política, — es miembro 

— 201 — 



activo y principHl i\A racimo de juventudes inteli^rou- 
t«*s e ilustratlas (|u»* supieron medrar a la sombra «!»• 
don Mhiiui'I HoiiM-ro Kuhio. — ijuiso también dt'scoMar 
en las Ii«'1ras; y así, jiúsow* a cultivarlas, y ha publiea- 
<lo impeeabb's traducciones de clásicos latinos, y ha 
:>cinnula<lo pn-ciosa biblioteca, y protejfido a escritores 
pobres e incipientCK. y abierto su lx>lsa jiara aliviar 
miseriaH vcrpon/antes de viejos literatos vcmí«Ios a m»*- 
nos, y »ic amibos y satélites dí-svalidos. Ha prwreado 
numerosa familia, y ae <la mejor vida «pie media doce- 
na de ricos profesionales e liist«'»rieo«. Como todo hom- 
bre de empuje, m»- fjasta sus enemi^s y mahpierien- 
tes, que lo muerden y aun deturpan a kus eapaldas; 
jH'ro él se «•neop»' de hombros y sijrtie sn camino ascen- 
dente, con el paso tirm»- y confiado de tpiieii. i>or pi*o- 
pio esfuerzo, tranapuso ya las primeran cu(*MtaM atrriaK 
y sabe que ha «le ll«>f^r a las a/ules lejanías de lan 
cimas. . . No nie|;o, — ni cr^-o «pie él lo nief^ue tam|K>- 
co, — (pie la fortuna y muertos InMiefactores lo hayan 
ayu«la<lo; ni «pi»* sea \\i\ apasionaiio y ra«li«'al. «mi mnt»-- 
ria de affctos sobre to«io: como enemifiro «■» implacable 
y como ami^ no tiene precio. . . jhto si afínno «pie 
tiene el «lere«'bo <l«» ufanarse con s>is victorias. <pn' es 
una voluntad y un carácter. — frutos escasísimos en- 
tre nosotros.— y que «-stá llanmdo. si el «liablo no me- 
te la cola, a «Icsimu penar, «-on pn'sumible acierto y 

com|nten«*iji en la mayoríji «le Im»' v ^ •,!, i.ii|..1 i,„. 

l»ortante en nui'stro miflio. 

( 'on su reffia bospitali«lad «!«■ esin n«H*he. Im <>pH«*Mdo 
a los futuros anHtrioni's: bulto mu«*ho i-ntrnr y nalir 
de lat'ayos «le libr«>a. abun«lancia d«* pastas y caldon, 
«le tabacíis y lieoren. y rttinmr dr riguenr. los iuffeuioA 

— 202 — 



-1/7 DIARIO 

se aguzaron, espiritualizáronse réplicas, discusiones y 
ocurrencias; y para que nada detonara, hasta las lec- 
turas, inclusive la del amo de la casa, resultaron muy 
pasaderas y agradables. 

27 DE NOVIEMBRE. — Segunda remesa de pruebas de 
SANTA. La portada del libro, infumable, tanto, que 
hube de devolverla. 

Sigo arruinándome. . . 

1." DE DICIEMBRE. — ^lás prucbas de SANTA. 

12 DE DICIEMBRE. — ¡ ^Milagro ]iatente, y en esta fe- 
cha, más innegable todavía ! 

A la vuelta de su acuerdo con el Presidente de la 
República, me llamó el señor Mariscal a .su gabinete, 
para comunicarme la grata nueva de que hoy había- 
me conseguido el puesto de Primer Secretario de nues- 
tra Embajada en "Washington. . . 

Inmenso agradecimiento hacia mi venerable y des- 
interesado protector ; y marcado malestar físico du- 
rante el resto del día y la noche entera, en la que dor- 
mí endiantradamente mal. Estoy enfermo de dicha . . . 

17 DE DICIEMBRE. — Fcchados ayer, entregáronme hoy 
mi nombramiento y la orden de pago de sueldos y 
viáticos. 

19 DE DICIEMBRE. — En cspcra del señor ^lariscal, en 
las antesalas de la Presidencia de la República, cuan- 
do después de salir él de su acuerdo nos disponíamos 
a regresar a la Secretaría de Relaciones, vino en su 
seguimiento el señor General don Bernardo Reyes, y 

— 203 — 



F. GAMIKfA 

lo liaiuú apartí- con acentuada familiaridad afectuosa: 

— "Oi^ía IM., Nacho. . . " 

Al^o hablaron juntos. «K* bracero, ruiiil>o a los co- 
rredores, dond»' se desjiidieron c«si festivamente. 

A mi vez «dudé al (Jeneral, > le anuneir (pie iría 
en i)ersoim a su MinistiTJo o ii su casa, a pi'dirli- sus 
órtlene> 

— Yh s»', \.i, i|ue s<" nos \a 1 d. a Wasliiiijílon ; i|ue 
tn'ñ jiara bien, y si ha de mole.stai"sc en buscarm»', va 
ya mejor al .Ministerio, esta noche, después de las 
7 . . . 

Y i*n la propia tarde, .se su|>o su «-aída sensacional, 
(K>rdada con 1o<la enpecie de cuiufut arios. 

20 i)K oiriKMHRE. — Sí'sión del Liceo ■" Altamirano." 
en la casa d»- Antonio <le la Peña y Kcyes. 

22 i>K DiriKMBRK. — Dí'Kílc el tlía l!í, barruntos de (pi-- 
IKxleroHOK inHujos dieran al traste con mi nondua 
ndento : hoy deKvan«'<Mérons<» elo<'uentemente. con el 
pajfo en la Teson-ria d»- .i: ().!l4ir:í(». im¡>orte de los 
viáticos y (Ir un t^rtio a<l*'lantado de sueldos, ««on- 
formc a la b-y. Kstoy dcs|>achailo. 

A la tanb', me r<'cibió el Pn-sidcnte di- bi Ui piiltli 
cr. en an<lienem privada ele despedida. 

Por Ku actitud, por nl|ro (pu* me dijo claris verbii 
y aljfo ipie me dejó entender. í>or lo «pie yo adiviné, 
llevóme la impresión de «pie me Ik- ganado, hasta 
donde ello es relativamonte ¡xwible. la voluntad de 
<^e sobornante genial y habiHf(imo. 

Hoy njuNté treinta y oi'lio nñoN ó*- edad; no es tlo- 
— 204 — 



3/7 DIARIO 

ja la "cuelga" con que se ha dignado obsequiarme 
la Providencia. 

24 DE DICIEMBRE. — Eli excursión votiva, fui con mi 
mujer a la Colegiata de Guadalupe ; y por lo especial 
de mi estado de ánimo, como nunca me impresionó el 
culto nacional a nuestra Virgen india. Bajo las naves 
del templo venerado, mi próxima novela RECON- 
QUISTA. — nebulosa hasta estas fechas, — casi adqui- 
rió forma completa. 

De vuelta a casa, esperábame la fotografía, con fir- 
ma autógrafa, del Presidente de la República. 

Y poco después de anochecido, salía yo de una mal 
encarada casona en las calles de Valvanera, de liber- 
tar mis muebles de las zarpas logreras que tenían- 
los estrangulados, y de paso, a mí con ellos. 

31 DE DICIEMBRE. — Sí 110 fucra por la gravedad sin 
esperanza de alivio de mi hermana la señora viuda 
de Alcalde, cada día más próxima al sepulcro, vícti- 
ma de un cáncer tan implacable como el que cargó 
con Jesiis Contreras, la noche de este fin de año, al la- 
do de mis gentes, habría sido feliz del todo. Sin em- 
bargo, al sonar las 12 hubo sus brindis familiares, mu- 
tuos augurios, caricias verdad. Y yo, dentro de mí, 
pensaba : 

— ¡ El año ha muerto, viva el año, sí, viva la Vi- 
da !.. . A Washington, a luchar y a vencer los malos 
instintos y las viejas lacras, para que a mi hijo, cuan- 
do crezca y me juzgue, no le dé pena el haber sido 
hijo mío. . . ¡Dios sea loado! 

— 205 — 



F. GAMBOA 

Y lo8 silbatos (le máquinas y fábricas, las campa- 
nas a vuelo de los templos ensonlecen la ciudad vi- 
rreinal ; exteriorizan el miedo a la Muerte de esta 
(X)bre bumanidad cobarde y flaca : su ansia infínita 
de seguir viviendo, no obstante las espinas y amargu- 
ras ((ue loü inciertos mañanas nos tienen reservados; 
el júbilo meramente animal y físico, de haber vivido 
un año más. . . 



— 20C — 



1903 



1." DE EXERO. — Mucho me congratulan en la calle. 
diz que por el Año Nuevo y por mi nombramiento pa- 
ra Washington. . . Y yo, al igual de todo gato escal- 
dado que del agua Iría huye, huyo de creer en la sin- 
ceridad de un noventa y cinco por ciento, cuando me- 
nos, de tales felicitaciones. 

Estuve en Palacio, con Pepe Algara, — Subsecreta- 
rio de Relaciones Exteriores, — y los jefes de Sección 
del Ministerio, para participar en la felicitación ofi- 
cial al Presidente de la República. 

Luego, a felicitar en grupo al señor Mariscal, con- 
finado en su casa a consecuencia de la gnppe. que in- 
faltablemente lo ataca todos los inviernos. 

2 DE ENERO. — A pesar del jnejoramiento que ello rae 
trke aparejado, con algo de tristeza quitamos nues- 
tra casa. . . que todas las ausencias son amenazan- 
tes por desconocidas e inciertas. 

Por fuera, hemos dado principio a las compras y 
gastos precursores de los viajes. 

7 DE ENERO. — Estuve a despedirme de don José I. 
Liraantour. y contra lo que me esperaba por las fal- 

— 207 — 



F. GA}fH(tA 

sas historÍH.s venidas hasta mi oído, lu hallé cordial 
y afí'otiioso. . . ••spasnuMlicainrnto af«H'tnos<í, srjfún ««s 
él, un iioiiihn' dr hielo «luc inantienc a distancia a su 
interlocutor, aun(|uc al recibirlo se haya adelantado 
a lino K<»nri«'nte y cordial, <'on las uumos tendidas. . . 
de súhito, encastillase' en su res«Mva habitual c in(|ui- 
sitiva. casi depriinento, el ceño fruncido, el mirar in- 
terroffante y frío, su jis|n'cto todo respirando, a sa- 
bi<*ndas o nó, una superiorida*! (pie lastima. Ksn frial- 
dad, tén^ln para raí como la principal eausai de su 
«•Kca.sa |M>pularidad. Limantour no w^rá nunca |>opu- 
lar; es un priK-rr (|U»' ni vibra ni hace vibrar, tpio re 
calca las distancias. El se queda, allá, en sus alturuK 
<le dinero, de posición, de cultura refinada, en la ari- 
dez «!«• sus problemas monetarios. No s«* le conocen 
amifroR íntimos, de loa que nunca ae nos tteparan. Es 
un solitario y un avaro <lc ]>alabras: apan-ntrnientc, 
avaro d»* aft*ctos. salvo <|Uf ff»ii su fumilia los prodi- 
^le y inafriiifiqíie. 

I)uranti* niu'stra entrevista, se nw pr«s«'nta i-on las 
faces sucesivas (pie ya le he advertulo en ocasioin's 
anteriorea: un tantico periñfleur, con ifrandea viatas 
para cierto« problemas naeionab-s. vistas «le ho- 
ciólof^ y de espíritu archicultivado. auiupie más 
doctrinario <|Ue práctico; en aNuntoN financieros, -qiu- 
yo d»'sconoz«'o |»or carencia de preparación y ¡>or in- 
veuí'ible n pu(;nancia y antipatía.— un «"onHumado ex- 
{terto; en |M>litica, cauto, con sus amhiciomii. si alfru- 
na tiene, ilomeñadas y ocultas*, liejnndo en cambio 
que aNonifi). a |H*sar de su auto-ilominio de t«*mpano. 
desfX'choN y enconos fufiritivos. hijos d«* lo mal que lo 
han ju7|rado sus cnemifros. ])•> cualquiera manera. 

— 208 — 



MI DIARIO 

es un hombre superior, que se iinjíone ; con menos de- 
voción a los números y los caudales, y más calor en 
el alma, sería mi candidato para la Presidencia de la 
República, y sería un Presidente quizás superior al 
nivel de los que hayan de gobernarnos, cuando desgra- 
ciadamente el General Díaz desaparezca. 

9 DE ENERO. — Le compré a Paco Mas dos primorosos 
óleos: una Tentación de S. Antonio y un Vaquero 
Cordqbés, que seguramente llamarán la atención de 
los washingtonianos llamados a contemplarlos, y que 
han de significar, en el inminente destierro, un hala- 
go para mis ojos de latino, ávido de color y de luz. 

10 DE ENERO. — Comida en la casa de Luis Urbina, 
con su familia. Sus dos chiquillas, me obsequian de 
sobremesa con una pieza en el piano, que ejecutan a 
cuatro manos. 

Juntos vamos luego a que yo me despida de Justo 
Sierra ; y ya anochecido, nos corremos hasta el estudio 
del pintor Germán Gedovius, que está haciendo un 
retrato de Luis. Como por la falta de luz, no hubo 
sesión de pose, Gedovius, que es un niño a pesar de 
su edad y de su cuerpazo, nos cuenta en su pintores- 
ca jerga semiteutona y semicastellana, congestionada 
de infinitivos, de su vida en Alemania, de sus pro- 
yectos; y acaba mostrándonos sus cuadros actuales, 
bocetos y manchas de antaño, y los dos animalitos que 
le endulzan su existir de anacoreta: una apipizca y 
un gato que se le acercan sin recelos, el ave acuática, 
graznando y con las alas extendidas, el morrongo, con 



209 



F. V-AMIIOA 

el ralK) fivcto. fnart'ado el lomo, coutriií«ias las pupi- 
las «le suM ojos de á^ata.. . . 

12 ÜI-: ENKBO. — Cejia, en la casa do Arturo l*a/.. 

17 OK ÉX ERO.— Sesión di'l Licfo " Altainiraiio," en 
el rt sítiurnnt Sylvaiu. 

Práctica nueva v agradalile. (jue consiste en einar 
affnijiados, y des|>ués de la eeiia «'seuchar lecturas, 
abrir di.scusione.s, etc. 

1^8 socios {{uv concurren pajean, al sjdir. el ifli|M)rte 
de 8U euHieiib, de antemano arrej^lado con desi'uento. 
Do' este ni'o<ló, ni Joacjuín I), (asasú.s es el anfitrión 
per^nhe'; ni los rt'stantes niiiMubros del Liceo, entre 
los (pie más abundamos i)obres (pie ricos, se ven sa<'ri- 
ficadoH la noche ipie en «u ca.<ía .se celebrara seííión, 
así fi¿loi6ft*<>cieyeíu hdrehatad y Bizcoclio(í de Aiubri/. 

20 HK KNERO. — Cena en la ca.sa de Antonio de la J'e 
ña y Jl^ey^^,^ Si} brindis carp'iosu c intelif^ente, con 
el qiM: n^e.£elk>it^, uie aplaude. y jne eatliuiüa. 

2á* DE ENERÓ.— Ésta noí'he me lie oiH*rado de las 
cataratas de mi espíiitu. 

AI ciibó do niucbo meditarlo, y conveniMtlo <li' (pie 
ífeílo <^ el 'aenode T)io8 debemos refugiarnos, desí-n- 
gjifiado, — ya era tiemi>o, — (le todos y de todo, con 
vencido de fpie el Kcl(>H¡áKt«''s tiene raz(»ii, de vuelta 
de Tnni^ias tem|M«stades y siniestros, rpie pudieron V 
debieron balx-rnie aiii(piilado moral y materiulnien 
te. eon más eanaN i>or dentro, de las muebnH (pie ya 
blanrpiean mi cabeza, viejo iiremaluro, retorno d« 
Itonísiino grado a mi fe infantil, la «pie no ra7x>nA ni 

— 210^ 



MI DIARIO 

discute, la que cree totalmente, simplemente, eterna- 
mente, la que consuela y levanta, la que promete y 
sana .... 

Y fui y me confesé con el P. Labastida, Prepósito 
de la Profesa ; un sabio var(3n, mi amigo y compañero 
de Academia. 

Me confesó en su espacioso gabinete de trabajo, — 
primorosamente puesto, por cierto, en la quinta de 
su propiedad, en Coyoacán, — a la hospitalaria luz 
de su lámpara eléctrica con pantalla, que nos alum- 
braba desde lejos, desde la mesa colmada de libros y 
papeles, en que se alza un Cristo crucificado de me- 
diano tamaño. Sentóse el Padre bajo las ventanas 
entreabiertas que caen a su huerto ensombrecido y 
desierto, por las que de tiempo en tiempo nos entra- 
ban ráfagas tibias que olían a flores. . . 
^ Una confesión amplia, en voz alta, como la ha- 
bía yo anhelado, con hombre de talento, de larga 
práctica en este tribunal que repugnamos porqíie 
acercarse a él significa un enorme sacrificio de nues- 
tro amor propio, de nuestras incurables vanidades... 
Entre él y yo, ahondamos mucho en mi pobre vida 
muerta, en mi vida de ayer... Y me concedió hasta 
el recurso de la defensa, de que alegara yo atenuan- 
tes a mis momentos de culpa y de flaqueza ; dis- 
cutimos varias de mis faltas, y cuando terminamos, 
cuando su mano me bendijo en señal de perdón, y 
sus labios pronunciaron las palabras rituales, me alcé 
aligerado y satisfecho, vuelta mi memoria a las épo- 
cas en que mi madre me esperaba cerca del confe- 
sonario, allá, en la vetusta iglesia de San Fernando, 

— 211 — 



l)aia (jiu* a su lado futia yo rezando las oraciones que 
la confesión reclama. 

Y por largo espacio, ti Padre y yo nos entregamos 
a conversa amistosa, me enseñó sus preseas biblio- 
gráficas, la joya <lel domicilio: un órgano extran- 
jero, (jue él suele tocar, y (jue cubre casi todo un mu- 
ro de su oratorio privado. 

.Salí a la calle, y mientras me recogía el tranvía 
bajo los árboles añosos de la calle principal de Co 
yoacán, pensé con tristeza en nuestros libre-pensado 
res de cartel, que repugnan las prácticas del culto 
que s*» declaran irreducibles e incapaces, por cnn 
viciión, de prosternarse ante Dios; a reserva de be 
.sar las botas de cuabpiier dispensa«lor »le mercedes y 
siu'blos, y de arrodillarse ante los i)r('>eer»'s y los des 
jMjtas. 

I*refíei*o prosternarme ante Dios, y proclamarlo a 
los cuatro vientos, ya <jue mi buena fortuna me ha 
permitido <|Ue nunca me humille ante los hombres. 

24 DE ENERO. — Comunión muy matinal, m la Cole- 
giata dr («uadalupe. m (*ompañía «b' todas las per- 
sonas i\r mi familia. 

¡ Haría '2'.i años que no comulgaba yo!. . . 

I*rofuiidisima emoción en el síílemm- instante de 
Minnir la Forma. 

28 DE K.NERO. — Níiestra i)arti«la de México, i>or el 
*' nocturno* cb* ^'eracruz. La estación, pictórica de 
parientes y amigos. 

2í> i>E ENERO. — En Veracruz casi «-I día ent«ro, has- 
ta las 4 de la tarde, en rpir /arpamos a bordo del 

- 212 — 



MI DIARIO 

paquete yanqui "Havana,"' rumbo a Nueva York. 
El tiempo, magnífico. 

Recibí, en el puerto, la confidencia de un amigo 
recomendable por los cuatro costados, padre ejem- 
plar y marido muy merecidamente alabado. Y sin 
embargo, tuvo su caída sentimental : un collaf/c que 
pudo ser de consecuencias, y del que lo apartó el tac- 
to de su esposa, sabedora del hecho, pero prudente 
y discreta hasta lo último. Nunca le hizo el menor 
reproche. ¡ Todos somos iguales frente a las tenta- 
ciones; el mal no radica en nosotros, sino en la es- 
pecie humana que es de suyo incurable ! 

31 DE ENERO. — Frente a Progreso, desde por la ma- 
ñana. 

Los que se quedan en Yucatán y los que de Yu- 
catán suben a nuestro bordo, acusan en sus mira- 
das y palabras una insaciable sed de riquezas ; la 
que provoca y suele apagar el Pactólo del henequén, 
gracias a que los dueños de la bienaventurada fibra 
gastan a raudales sus ganancias, lo mismo en jorna- 
les que en alhajas y \'iajes y despil farros. La pe- 
nínsula se halla en plena bonanza, y de ahí estos afa- 
nes por venir a ella, a pesar de su clima, y en ella 
enriquecerse pronto, lo más pronto que se pueda, 
aun a trueque de la salud y de la vida. . . 

Un vendedor de canarios, que los realiza al módi- 
co precio de diez pesos cada uno, me cuenta que sus 
viajes de Progreso a los vapores, y de éstos a Pro- 
greso, holgadamente los saca de las gardenias que 
también vende a los viajeros. . . 

Al atardecer, levamos anclas. 

— 213 — 



F. (iAMIiOA 

\° DE FEBRERO. — Mareo general a bordo, (juc a noso- 
tros se nos conipliea eon una alta y re|>ontina calentu- 
ra que invade a mi hijito. 

2 DE FEBRERO. — A las 2 p. ju. heuios entrado en 
la Habana, y aunque desde las époeas de la domina- 
ción española no había yo vuelto a verla, apenas si 
paro mientes en su aspecto, lindísimo siempre desde 
la bahía. Por lo pronto, más me preocupa procurar- 
me un buen médico de tierra, que atienda :i mi hijo, 
del todo vencido por una temperatura muy alta y 
por una tosecilla qin- me enloípirce. . . Bríndame sus 
servicios uno d(> los facultativos venidos con la Sa- 
nidad. — anciano vivaz y a^^radable (pie simpatiza con 
mi aflicción. i)or(|ue, se^ún me dice, ««s más (pie pa- 
dre, es abuelo. — ausculta a ujiestro enfermito con es- 
pecial detenimiento, diagnostica una a^^uda broiupii- 
tis y nos autoriza a que si^rainos nm-stra travesía sin 
temores por los ^;randes fríos que habi-emos de encon- 
trarnos en Nueva York. INm- añadi<lura. me «-nseña 
a conocer el síntoma ineípiívcx-o <ie la pulmonía, en 
los niños sobre todo : 

— "Hay pulmonía cuanil»» el jtaeiente jadea y res- 
pira dilatando las narices." 

Hasta entonces no me doy e\ieiita de la nueva físono- 
raía de la Habana, en la persona de su8 celadores y 
flemas funcionarios «pie di.senrriMi por el barco; en 
la multiplicidad de banderas cubanas (pie Haeiide la 
bri.sa : en las placas flamantes de Ion fruardas, con las 
iniciales de " R. ('.' ' Repúliliea Cubana i. Ya son 
libres, o por mejor decir, ya creen ser libres — ¡como 
si alguna vez los ¡uieblos lo fueran!... — ya nacu- 

— 211 — 



MI DIARIO 

dieron el yugo español y han tomado a lo serio su 
metamorfosis republicana, tanto, que en exámenes e 
interrogatorios a nosotros los pasajeros, en las remi- 
siones a la cuarentena de Triseornia, de los sospecho- 
sos, en sus ademanes y palabras antójanseme republica- 
nos demasiado dernier ct-i, criaturas empeñadas en 
demostrar a las personas mayores que son muy serie- 
eitos, muy acreedores a la distinción de que los han 
hecho objeto ... Y es necesario rememorar lo épico y 
prolongado de su insurrección, el afán que todos pa- 
decemos de soñar siquiera con que nos hemos adue- 
ñado de la Libertad, para no censurarles el que es- 
tén con su república, como chiquillos con zapatos nue- 
vos. El tiempo y sus naturales desengaños se encar- 
garán de irles minorando estas arrogancias de los pri- 
meros momentos; se encuentran en la luna de miel 
con su conquista. 

Imposibilitado de desembarcar, tumbóme después de 
comer en uno de los sillones plegadizos de lona, a fu- 
mar mi tabaco, y entablo plática confidencial con un 
aduanero cubano sobre la voladura del "Maine," cu- 
yo esqueleto crispado y retorcido surge de las aguas, 
a modo de maldición o de amenaza ... 

El aduanero, afirmándome que es el eco de la ma- 
yoría de la opinión en la Isla, confirma mis apren- 
siones y conjeturas formuladas a raiz del trascenden- 
tal sucedido: el "Maine" fué volado por alguien in- 
teresado en precipitar el conflicto, — insurrecto o yan- 
qui, — y no por manos españolas. 

Alejado mi aduanero, recogidos mi mujer y mi hi- 
jo, quedóme enteramente a solas frente a la poética 
ciudad voluptuosa y disoluta, hecha una ascua de oro 

— 215 — 



F. (iAMIiOÁ 

a causa do lo j>o«í»to80 c1<* su iluiniuación pródiga. . . 
Y "hastii A barco iniíuivil. diluidos cu la distancia y 
cu la pureza de la Jioclic cstrcUatla, licúan, intcrini- 
teiitcH y muy desvanecidas, las palpitaciones de su vi- 
da tro¡)ical y pcrHistcnte. . . Ks una ciudad iusouinc, 
caliente nido di- anuir y de dolor, por lo mucho, mu- 
chísimo, que ha amado y cpie ha sufrido. 

3 i>E KFJiKKRo. — A eso d»* las 4 de la tard»' empren- 
demos nuestra marcha, eou velocidad máxinuí para la 
andadura d«' la nave: |)i-onto hacemos diecis»''is millas 
por hora, y vamos empujados por la "Corriente del 
Cíolfo.' 

4 DK KtiiKKKo. — En pleno uc«'*ano. A la.s VI, s^' averi- 
IJTua que la siufíladura monta a 3H2 millas. Si a tal paso 
continuáramos, arribaríamos a Nueva York el viernes 
por la taide. 

Nuestro hijo, sin calentura. 

;') i»K KKUKKKo. — Kn conmemoracitin de nuestra (ar- 
ta Magna (y tan magna. . . i, el bu(|ue ha salta«lo des- 
esperadamente, derribando de nuin^ a to«lo el pa- 
saje. 

Muy deprimi<io mi hijo. . . 

6 DK KKiiKKRo. — I*o<'o autí's del mediodía avistamos 
Nueva York, y cuando nos hallamos a la altura de 
Sandy Hook. h»* nos incor|>orH el piloto, disminuye 
el barco s»is andan-s, y desgarran«lo la «b-nsa neblina 
invernal (pie eonuia a la ( 'iu«la<Mmperio y su lar- 
guísima coHta. la enorme níetró|H)li surg»* b-ntanien- 

- 216 — 



MI DIARIO 

te, majestuosamente, resistiendo el frío, un frío po- 
lar que nos veda la permanencia sobre cubierta . . . 

Segunda detención, para recoger a los empleados 
fiscales y sanitarios, implacables y bruscos. Como quie- 
ra que se hallan oficialmente informados de mi lle- 
gada, me allanan las molestias indispensables de los 
desembarcos, y llevan sus atenciones hasta permitir- 
me que un carruaje de punto penetre en el muelle, 
a fin de que los cierzos helados que soplan y gruñen, 
ofendan a mi hijito lo menos posible. . . .¡Dios se lo 
pague ! 

En el propio muelle, Gervasio Pérez, condueño del 
liotel "América" y viejo amigo mío, me brinda su ca- 
sa, nos empaqueta en el simón y nos despacha hasta 
la University Place. . . 

Conforme vamos penetrando en las entrañas del 
monstruo, que principia a encender las grandes lu- 
ces de sus plazas, avenidas y calles, y las innúmeras 
de sus tiendas y edificios ; conforme al través de los 
cristales empañados del cojitranco coupf, podemos me- 
dio divisar nuestro recorrido, intermitente por lo inten- 
so del tráfico, y palpar el hormigueo de seres apresu- 
rados que vienen y van, el golpe de vehículos de to- 
dos géneros, la magnitud de los inmuebles cuyo rema- 
te no alcanzamos a distinguir desde los interiores 
del coche que se detiene a cada paso, todos nos calla- 
mos, y mi hijito hasta se incorpora en mi regazo pa- 
ra mejor contemplar el inusitado aspecto. j\Ii silencio 
es quizá el más reconcentrado, sobre que a cada sitio 
que identifico, a cada rincón que me resulta un anti- 
guo conocido, resucita mi juventud, y una muchedum- 

— 217 — 



F. <;amií(í.\ 

bre de recuerdos de haee ¡ 23 años I échauseme enei- 
ina. . . 

Llegados al liotel, enviamos en biisea de un médico, 
el Dr. Henna, portorriqueño de oripen y muy me- 
recidamentf leputado mire la colonia »'S})añola. 

Nos vuelve el alma al cuerpo con su prom'ístico df 
inmediato alivio, y para celebrarlo, salimos, a pesar 
<lel frío excesivo, a comprarle a nuestii) nuichacho 
una i-aja de soldados (pit- nos tenía pt'diila. 

7 nK FmiRERo. — Incontables los lambios y nu'jora- 
mientos (pie advierto en Nueva York. ¿ Hasta dónde 
parará <■] prodijrioso progreso de este pueblo extraor- 
dinario?. . . 

Lo «pie no cambia mucho es el tipo étnico del yan- 
<pii. Es el mismo de los principios, el mismo (pie yo 
conocí, el cantado i)or Whitman; más simpático «'U 
lo pei-sonal <pie en lo eob^ctivo; en nuircha hacia toda-s 
las con<piistas; ambicioso, resuelto, brutal; mátpiiua 
perfeccionadísima de hacer dinero; celoso guardián 
<le sus libertades individuales, de la religio.sii princi- 
palmente, causa y origen de las demás; atlético. nie- 
dio niño a las veces, i)eligroso y admirable. . . 

\j», americana, bella \ frivola en su juventud, />íí.s- 
hliu cuando madura, encantadora ciumdo vieja por 
el delicado aspecto (pie adijuiere de grabado en ace- 
ro: románticü y extravagante, algo .soña»loia. la má- 
quina más |)erfeceionada de gastar dinero. . . 

H DE FKBRKRO. — Lluevp v es domingo, dos circuns- 
tancias capaces en esta ciuda<l bori'al y protestante, 
de «pie hasta las estatuas de bron<'e se coman de mo- 
rriña y «le nostalgia. 

- LMK — 



MI DIARIO 

Misa en San Francisco Xavier, rezada, con positi- 
vos trabajos para leer nuestros libros, por las sombres 
qne anegan el templo. 

Excursión vespertina, en haudsome-cah, hasta el fa- 
moso Parque Central, por en medio de los apreta- 
dos hilos de lluvia, incesantes y tercos. Todo me- 
lancólico y vestido de niebla, de una gasa que evo- 
ca otros soles y otros climas, y que nos fuerza a mi 
mujer y a mí, a asirnos de las manos y a no despe- 
gar los labios; nuestros pensamientos, como golondri- 
nas ateridas, volando rumbo a ]VIéxico.. . 

9 DE FEBRERO. — Compra de gran parte de nuestros 
muebles, en los grandes almacenes de Wannamaker 
con los que llenaremos la tienda que nuestra estre- 
lla nos depare en Washington. Merma considerable 
de mis haberes. 

Por la noche, en la Academia de ]\Iúsica, a ver 
"Florodora." 

Y a la salida del teatro, cena en un café de Broad- 
way ; y a vagar luego, por estas calles inmensas y po- 
pulosaS cuando son arterias, y sombrías y taciturnas 
cuando son transversales. 

10 DE FEBRERO. — Embarcados en el suntuosísimo 
"Congressional Limited" de la compañía del Pennsyl- 
vama Railroad. 

Casi siete horas de devorar leguas y leguas de ca- 
minos nevados ; de columbrar estaciones y poblados 
importantes, a entrambos lados de las cuatro vías de 
rieles. Encuentro inopinado y grato con Federico Me- 

— 219 — 



F. GAMBOA 

jía, de El Salvador, Secretario o Encardado de Nego- 
cios de sil país. 

Ya de noche. Iletrada a Wáslnií^ton ; .Manuel To- 
rres Saf^a-seta eon .su familia, Alfredo I>arron y Ro 
drigo Azpíroz, esperándonos en el paradero. 

Grata la priuwra iiupn'.sión de e.sta eindad ; apostMi- 
taniiento en ti hotel " ('tuina n" y colacic'tn «mi A 
rcsfauraiit del ".\)ir Willdid." 

11 i)K FuiKEKO. — Presentación ofieial ant»- el Einha- 
jador, en su de.spacho, y anti- los Sccntarios, en la 
caneillería. . . 

Innecí'saria una sinopsis dt* mis futuros eomj)añe- 
ros y jefe; casi todos vidllfs cohikií.'ísuhí < s, htlasl 

Paisaje de invierno en la eindad ; y eomo errata eoni- 
pensación, pruebas de S.\NTA. por el correo. 

12 DK FEnRF.RO. — En el I )epartameli1o de Kstado. 
con el Embajador, a «pie me eonozea .Míster John 
Hay. rph' es el actual Secretario. 

El Departamento de Estado o<Mipa una buena |)or- 
ci6n <h'l soberbio edificio uíás comúnmente di*nomi- 
nado Departamento di' (Inerra y Marina, ponpie t\ste 
último lo llena en casi su totalidad. Es, sin eiid)ar>fo. 
amplio y bastante a las necesidades de su fuin-iona 
miento, a pe.sar de (pie las relaciones internaciona- 
leB de los EE. W. no ¡lueden ser ni nuts importan 
tes ni más numerasas. Dominan en su aspecto jfene 
ral, decorado, mobiliario, porqutts. iluminación y tn 
maño de antesalas, pasillos, oficinan y salones, una 
8«nerida<l «pie mucho cuadra con el clima del país 
y lofl orígenes protestant*»» de la ra^a, y ciertos airea 

— 220 — 



( MI DIARIO 

de incuestionable grandeza. La servidumbre, lo mis- 
mo que en casi todas las dependencias gubernamen- 
tales, está exclusivamente encomendada a los negros 
o "gente de color" {colorea people,) según aquí dis- 
paratadamente se les llama en inglés, supuesto que el 
negro es la negación del color. 

Fáltame averiguar si esta predilección por los ne- 
gros, es anterior o posterior a la gloriosa presiden- 
cia de Lincoln. 

Un moreno, pues, y de categoría, nos despojó de 
abrigos y nos ofreció asientos, en tanto el señor Hay 
concluía con la persona que nos había precedido en 
la audiencia. 

Vino nuestro turno, y campanudamente anuncia- 
dos, penetramos en el despacho, solemne por sus an- 
churas, tapicerías, retratos al óleo y escasa luz, del 
Secretario de Estado de los EE. UU. de América. 

Imponente el señor John Hay, de pie y apoyada una 
mano en el extremo de larga mesa sin carpeta, en que 
despacha y recibe. Frisa en los cincuenta años, no 
es muy alto, pero sí ancho y fuerte, viste pulcramen- 
te jaquette negra y pantalones obscuros ; gasta bar- 
ba y bigote, más enblanquecidos que castaños; usa 
lentes de oro y cordoncillo ; mira con fijeza, como aquí 
por educación y hábito miran todos los varones, y 
amiga ligeramente el ceño ; habla despacio y en in- 
glés purísimo ; se muestra atento, aunque guardando 
las distancias; la sonrisa es fácil, pero un tanto facti- 
cia ; su conjunto atrayente, de hombre civilizado y 
distinguido. 

Me recibe con los lugares comunes de rigor para es- 
tas presentaciones vanas y de mera fórmula; y póne- 

— 221 — 



F. GAMBOA 

se al habla con el Embajador, en un francés muy 
convencional y cosmopolita por parte ilc ambos. 

Examinólo a mis anchas, su frente es vasta y abovt'- 
dada, de hombre de pensamiento; la mandíbula, pro- 
nunciada, de hombre de acción ; mezcla frecuente en 
estas latitudes, (jue así las han puesto en cimas s»)- 
ciolúgicas y políticas, de las que nosotros andamos 
tan ayunos y menesterosos. Y reconstruyo sus ant<*- 
cedcntes •!»' jov^n sin caudales, empicado. ])r¡iin'ro. y 
secretario particular, después, del coloso d»- Ahiahaiii 
Lincoln, cuya vida, ejemplar y casi santa, ha <<«• ha- 
ber moldeado su pioi)io espíritu... Luego. caU-uIo 
su temperamento de escritor, sus servicios como Se- 
cretario de Legación a los principios, su pentuuieiieia 
en España, domle pensó indu«iabU*iiiente su libro pu- 
blicado más tarde bajo el título de "Días Castella- 
nos;" en seguida, sus ascensos hasta .Ministro Ph-nipo- 
tenciario cerca <le la eortí' de Saint .laim-s: la atilielada 
visita a la vieja Inglaterra. <pu' t«»dos U>s individtios 
de relieve en esta tierra, han llevath» a eaho con fruto. 
— Hawthorne, entiv otros. Por remate, compláceme 
su encuml)ramieuto, ganado a puño, hasta la Se- 
cretaría de Estado. <'on el iiuilaventuiado de MeKui 
ley antes, y ahora con el impulsivo de Koos«velt . . . 

De vez en cuando, tercio en la conversación des 
mayada, respondiendo a preguntas ilireetas y cortf- 
«68 de Mr. Hay: y al despedirnos, algo me defrauíla 
con su eeremonio.**o apretón de manos, i»! viril shnkr- 
Ixituls (jue yo me aginirdaba. \'olvimos a s»*r, él, Se- 
cretario de Estado, y yo. un l'rniier Secretario de 
Embajada cualquiera. . . Ya procuraré que UeguemoH 
a más, eon el trato. 

— 222 — 



MI DIARIO 

.13 DE FEBRERO. — Onda fría. 

A la noche, copiosísima nevada, que beneíicianios 
al ir y al volver de nuestras primeras visitas de con- 
fianza. 

14 DE FEBRERO. — Wásliingtou, desdc mis ventanas 
que abrí al levantarme, totalmente envuelta en es- 
peso sudario. 

¡ Cuántos años de no mirar nieve, y cuánta triste- 
za de advertir la melancolía que su vista me provocal 
ello es indicio de que mi juventud se me ha ido por 
siempre . . . ¡ por siempre ! . . . 

No hemos cesado en lo poco que de tiempo libre 
me deja la Embajada, severamente conducida por el 
señor Azpíroz, de buscar casa ; a todas las que exa- 
minamos, mi mujer las encuentra demasiado obscuras 
y se resiste a habitarlas. Yo la dejo qué las calumnie, 
que a ellas atribuya defectos de que cáreceh. para 
no puntualizarle que estos inviernos septentrionales 
son así, ladrones de luz, enemigos del sol y amigos 
de ponerle a uno el alma en un piíño, que las sombras 
que la asustan no vagan en tamaña cantidad por las 
viviendas vacías, sino que van dentro de nosotros, 
dentro de nuestros entumecidos cuerpos de tropica- 
les, huérfanos de sol . . . 

Y hoy cerré trato con el notario William Corcoran 
Hill (sí, aquí se alquilan las casas con los notarios), 
por la número 1722 de la Avenida de Conneeticut ; 
un contrato de año y medio, con derecho a renovar- 
lo a su expiración. , .;, 

La Avenida de Conneeticut, es una de las más dis- 

— 223 — 



/'. (f AMBO A 

tingiiidas (!»• la capital. ;il (hcir de los ^\iv se fijau 
en semejantes nimiedades. 

16 DK FEBRERO. — Don Mauricio Wollheim, Ministro 
Diploiuátieo retirado, y anti<|UÍsiino y muy respetable 
funcionario mexicano (m»*xicano jmr naturalización \ 
lle^ó hoy tle lejas tierras, no sé a {)unto lijo de d<'»ude, 
con el carácter de secn'tario i)articidar del Kiulwi- 
jador. . . . 

El caso es tan extraño, tpie me sume «mi cavilacio- 
nes; presiento en lontananza posibles conflictos de ju- 
risdicción burocrática: confírmame lo (pie alguien 
bienintencionado y próximo al señor Mariseal. me co- 
municó eonfídencialmente a mi salida de México: ((ue 
el s«'ñor Azpíroz, a causa de la pésima atmósfera que 
me formaron suceilidos y pei"sonas. y no obstanlí* co- 
nocenne de antaño como mi jefe en el Ministerio, se 
opuso a (pi«' me enviaran a la Kiiibajaila. y si eí»<lió 
ante la insistencia de la Secretaría, hí/.olo contra su 
voluntad. 

Por suerte, Wollheiin y yo la liemos Ib-vado sinn- 
pi-»- admirablemente, y algo fs algo. 

IS DE KKHHERo. — Instahu'ión en nuestro nuevo do- 
micilio: una tinca de la<lrillos, <'uatro pi.HOs, sola y 
bien orientada. En el piso bajo, hay \ni KiujlisU ha- 
srmrnt. destinado a fumadero y <pio no utilizo para 
gabinete »|e trabajo, a causa de sus exiguas pro|>or- 
ciones; mi gabinete lo pongo en el tercer pÍHO, una 
habitación amjtlia, de tres ventanas a la Avenida 
e inmediata a la alcoba. 

Encuentro. < n >■] Dupont i'ircie, con Domingo Gana, 

— 224 — 



MI DIARIO 

Secretario de la Legación de Chile en los EE. UU., 
y su interesantísima esposa. A ambos los conocimos 
y tratamos en Guatemala, donde desempeñaba encar- 
go análogo. Charla de acaecimientos retrospectivos 
y gratos; y a nuestro regreso a casa, esta primera no- 
che que vamos a habitarla, al encender las luces y 
tomar inequívoca posesión del inmueble, la verdad es 
que el estado de nuestros ánimos, no es festivo preci- 
samente. 

23 DE FEBRERO. — Comida de familia en la casa de los 
Gana, y por la mañana, visita de ceremonial al Sub- 
secretario Loomis. 

24 DE FEBRERO. — Me presentó el Embajador al Pre- 
sidente de los EE. UU., Teodoro Roosevelt, en su des- 
pacho de la Casa Blanca; la tan traída y llevada en 
cancillerías y periódicos, la esfinge, cuando no el coco, 
de los países de este Continente, la que sólo a fuer- 
za de manos de jalbegue persiste exteriormente en 
su blancura mentirosa ; ya que únicamente de veras 
lo ha sido por dentro, cuando Washington, cuando 
Jéf f erson, cuando Lincoln. . . 

A pesar de los agregados que la exigencia de los 
tiempos han venido imponiéndole, aun conserva la 
sencillez y modestia de sus orígenes, el sello patriar- 
cal y candido de la arquitectura virginiana, tan ca- 
racterística en los Estados del Sur, con reminiscen- 
cias inglesas modificadas, en peor, por los fundado- 
res de la República. Los parques y terrenos que la cir- 
cundan, los modernos edificios agarrados a sus flancos 
y fondos, le han prestado en grandeza lo que le arre- 



225 



F. GAMBOA 

batarou t'ii poesía; aunque Id graucieza tjue respira 
radica esencialmente en la idea, — <iue se incrusta 
quieras que uo. en el pensamiento del (pie la contem- 
pla o la visita, — de que en sus interiores vive y ali»'n- 
ta uno de los poileres más formitiahles de la tierra, 
una fábrica de rayos y desmedidas ambiciones, no 
todas ¡ ay ! encaminadas en provecho de la humani- 
dad ; la mayoría, en j)roveclio d»* este j)ueblo (pie co- 
rre desbocado hacia el porvenir... ¡La Ca.sa Blanca!... 
y casi me parece mentira hallarme dentro de ella, y 
que no sea más, pero muchísimo nuis de lo que es. . , 

Teodoro Roosevelt, — que estaba rodeado de varios 
personajes, sus Ministros, serían, — se aparta de ellos 
y nos lleva hasta un canai)é y dos sillones de cuero, 
colocados entre dos ventanas que dan al parque pri- 
vado del edificio. Xo es muy alto, pero sí muy corpu- 
lento, con apariencias de' disjmner <le uim fuerza 
hercúlea de cazailor de osos y antif^uo cowboy : snu- 
guíneo y nervioso, tirando a epileptiforme, según 
lo reví'lan sus tics faciales y su incpiietud contin\ui. 
Me ha tendido su mano, fran(*amenti'. mirándome en 
los ojos, y muestra hacia el Embajador una cordiali- 
da<l manifiesta. El lleva la palabra, no s<'>lo ponpie 
así lo manda la cortesía, sino ponpje su verbosidiul 
de orador y de político no pirmite que uno unta ba- 
za. Se exj)resa de México con mareado afecto, y del 
Oral. Díaz con admiración extrema; a tal punto, que 
recojo y guardo con avaricia la siguiente frase, que 
en sus labios de americano y de Presidente de los 
EE. W. sobre todo, no tiene precio: 

— "Para que la gran<leza de los Estados Unidos 

— 226 — 



MI DIARIO 

" fuera total, sólo les hace falta tener de Presidente 
' ' un hombre de los tamaños de Porfirio Díaz ..." 

Y el individuo, que ya se me habí(i hecho simpático 
desde los primeros momentos, con su alabanza me cau- 
tiva; no tanto porque yo admire a ciegas, al Gral. 
Díaz como mandatario, cuanto porque me es gratísi- 
mo escuchar de persona tan caracterizada, un elogio 
de esa magnitud para un gobernante de mi tierra. 

Padece Roosevelt de un tic facial que lo obliga a 
cada tres o cuatro frases de los centenares que le ñu- 
yen en la conversación, a hacer una mueca muy seme- 
jante a una franca sonrisa; despégansele los labios, 
se le arruga el semblante íntegro, pone al descubier- 
to su dentadura, los ojos se le empequeñecen y los 
quevedos le vacilan en la ternilla de su ancha nariz. 
Y yo, que creí se tratara en efecto de sonrisa de sim- 
patía, le he estado pagando su mueca con sonrisa de 
verdad, una porción de veces, hasta no percatarme de 
que el Embajador permanecía impasible, y de que la 
sonrisa rooseveltiana se reproducía sin término, aun 
cuando hablara de los asuntos más serios y solemnes. . . 

Por la noche, gran- baile en la Embajada Británi- 
ca. 

Una fiesta distinguidísima, sobre que es legítima- 
mente británica. La casa, un palacio soberbiamente 
puesto ; los amos de ella, Sir Herbert y señora, gente 
de suposición, made in England; los Secretarios y 
Agregados, en relación con sus jefes ; la concurrencia, 
lo mejorcito que por aquí se cosecha; el buffet y los 
caldos, a millones de leguas del Gout Américain que 
en los cuellos estañados de las botellas Mumm se dele- 



227 



F. GAMBOA 

trea, y la orquesta, de italianos, franceses y austria- 

008.' ■ • • 

• El r'uer|)o Diploiníitieo. completo; ilajiian la aten- 
ción por el lujo de sus vestiduras exóticas, los cliinos 
y coreanos. 

- Tna nota df supr«Mna nielaneolía: Sir lIcrluTt, a 
quien todo U- sonrír y (pie totlo lo posee, euiui. posi- 
ción, esposa bellísima, fortuna, relativa juventud, es 
víctima de una tuh»*rculosis «pie arteratnente va matán- 
dolo. ..Ya j)es<ir lie sus esfuerzos, no lo pued»* ocul- 
tar, i Con cuánto trabajo no ha hecho los honores 
de su mansión y de su fiesta, lo mismo al saludar a los 
invitados al lado de Mi*s. Ilcrbí-rt, euan<l() 'le^jábamos, 
tjue al despedirnos junto a la puerta del pran salón. 
Vn instante, ha tenido (pie descansar en un diván y 
que sofocar la tos implacable (pie le sacudía su cuer- 
po enflaípiecido, que le pintaba de sombra su sem- 
blante rosado de caucásico ! . . . 

1." DK .MARZO. — Misa en el templo inconcluso de San 
Mateo, (pie a nosotros nos (pieda a un paso, el favorito 
de los diplomáticos y de la /mV//i lifc. 

Por lo inconcluao. seguramente, nótase gran escaaez 
de imájfenes y de altares laterales; pero tal escasez, 
sumada al fervor de los íieh's, — un fervor del (pie no 
tenemoa idea en México, no obstante lo que cacarea- 
mos nuestro catolicismo, — n la valentía del sermón 
pronunciado entre el Evangelio y el Credo; a la lectu- 
ra del evangelio del día, deade el pulpito; a la stMiiioba- 
curidad de la iglesia, iluminada ]>or los cirios del altar 
njayor y i>or nuichedumbre de ¡licog de gas; y a los 
bancos cerrados y macizas {pcxe*), con oojinca y rocli- 

— 228 — 



MI DIARIO 

natorios, todo ello me obliga a preguntarme si el cul- 
to católico en los paises fundamentalmente protestan- 
tes, no se contagiará de ciertas rigideces del protes- 
tantismo, en la forma externa cuando menos?. . . 

2 DE MARZO. — Arribo de los sueldos de cuatro meses. 
Y de hacer nuestras cuentas y advertir que no van a 
bastarnos, angustia por vernos aislados y sin tener 
a quién recurrir .... 

4 DE MARZO. — Desde hace algunas tardes, al dárse- 
nos suelta en la Embajada, largas caminatas a pie, 
con mi mujer, hasta después de anochecido. 

Fuimos hoy a la colina donde se alzan el Capitolio 
y la Biblioteca del Congreso. 

Un ideal de juventud realizado, esto • de hallarme 
frente a frente del Capitolio, — que propongo escudri- 
ñar por .dentro, hasta donde me lo permitan sus guar- 
dianes. 

Por lo pronto, detenidamente póngome a determi- 
nar sus fachadas ; conforme lo hice con el teatro de la 
Opera en París, que me negué a visitarlo mientras 
no se anunciara la representación del "Fausto" de 
Gounod. Así con el Capitolio, no he de entrar en él 
mientras no me sea dable asistir a una de las grandes 
óperas políticas que en sus entrañas se representan . . . 

Impresionante la magna mole del edificio majestuo- 
so, cuyas aristas y curvas se destacan con singular pre"- 
cisión en la bóveda gris del firmamento y en los nu- 
blados hoi-izontes de invierno. 

7 DE MARZO. — ¡Memento homo!... El Embajador 
hízome su primer extrañamiento. 

— 229 — 



F. GAMBOA 

8 DK MARZO. — Murrias (iomiiiicalcs, (jiio nfjiiza o in- 
tensifica el inclenu-nte clima de Washington, el tifo 
(jne impera todo «•! año. la lluvia necia, y hasta las 
veleidades de la i>riniavera que anda ya medio asoman- 
do las narices, con temjieraturas vacilantes y gran 
golpe de gríppt's, carraspeos y otros ornamentos. 

Colgaba yo un cuadro en mi gabinete de trabajo, 
desi)U»''s de la comida, cuando recibimos un telegrama 
dirigido a mi mujer, que nos amedrenta antes de abrir- 
lo. Es de México, nos trae la noticia, telegráficamen- 
te desea rnaila y bestial, de la muerte lie mi hermana 
Virginia, uno de los pocos y grandes cariños que me 
(jut'daban ; la primera (|Ue se marcha d»' los cuatro 
hermanos (pie supervivÍMiiios n la iirnlíficu nidada de 
la familia . . . 

Estas mutilaciones incontraKtabU»8 ¡cómo nos hie- 
ren si nos dan alcance en tierras extrañas!. . . El res- 
to de la noche, vuelves»' mudo y hos<'o. Mi mujer, ha 
llorado conmigo; mi hijito, con infantil extrañeza, 
nos ha contemplado a uno y a otro, interrumpiendo 
sus juegos y su chachara; y cuando ya acostados to- 
dos, ellos dormían a la meilia luz amiga de la velado- 
ra, yo he vi.'ito mi niñez di.stante, toda transcurrida 
bajo la guanla de mi hermana nuu-rta, y me he (|ueri- 
do a mí mismo, en lo antiguo, he querido a atpiel yo, 
inocente y puro, muerto tambi/n hace un jmh'ukIo de 
años. . . 

10 DE M.\Rzo.— Pruebas «le SANTA, de Barcelona. 

Compra de un legítimo cachorro foxtfrrit r. al que 
bautizo con el nombre de "Potómnc," el río de Wi'is- 
hington. 

— 230 - 



MI DIARIO 

Decididamente no sé vivir sin un perro en mi casa. 
Buen síntoma. 

11 DE MARZO.— Pruebas de SANTA, de México toda- 
vía ; una retrasada signatura de * ' primeras. ' ' 

15 DE MARZO. — Es particular que los domingos aquí 
sean especialmente insoportables: llueve y truena, 
o nieva, o cae plomo derretido, según la estación. Y 
cuenta que la ciudad, de suyo lindísima y una de las 
mejores del universo (sobre que es de las pocas que 
han sido concebidas, trazadas y edificadas para ser 
ciudad exclusivamente), se mira afeada por su clima, 
un clima variable y de perros, con cambios instantá- 
neos y de lo más extremoso en su temperatura. Sus 
otros defectos salientes, tales como su pésimo alumbra- 
do y su agua potable imbebible, conviértense en pecca- 
ta minuta. 

Pero hoy, por excepción, es un domingo radioso ; 
ya los 10.000 y pico de árboles que tanto hermosean 
las calles nada más, de esta metrópoli, — dejo aparte 
los millares y millares de sus parques y de sus bosques 
próximos, — y los céspedes que alfombran los frentes 
de las viviendas, principian a reverdecer ; son los pri- 
meros brotes. Y la población entera, nosotros inclusi- 
ve, se echa a respirar aire puro ; nosotros a lo hor- 
tera, dentro de alquilón Herdic-cab, que nos lleva has- 
ta las rejas del Jardín Zoológico, el ''Zoo," como aquí 
lo apodan en su afán inmoderado de abreviar el 
discurso. 

Por poco no soy testigo de unas nupcias regias. . . 
las de un león enjaulado, — el Key del Desierto, — con 

— 231 — 



F. GAMBOA 

una l«*ona su conipafuTa do cnutivi'rio, n-acia a los 
prinuTos avances dt* su nu*lt*nu(lo «'iiainorado, mos- 
trándole unas fauces y obsequiándolo con tales ru^ji- 
dos, (jin' hubieran enfriado al proj)io Casanova. el de 
las libidinosas "Memorias." Cuando la bembra se 
ablandaba, — todas las hembras se ablandan al amo- 
roso reclamo, — se endureció el hrhmi» tinifornmdo, 
I)udorosamente cubrió con tablas las rejas de la jaula, 
y bonitamente nos expulsó i\o\ recinto a los pasean- 
tes. . . 

16 dp: m.vrzo. — Tengo para mí «pie una de las causas 
que envuelven a Washington »'n la melancolía «pn- la 
singulariza, estriba en sti ausencia de njúsieas; no hay 
conciertos al aire libre, no se oye una banda, ni una 
retreta, nada; a lo sumo los órganos de niedas, muy 
sjiperiores a los (pie los fraíice.S4»s llaman órganos de 
Hcrberie, (pie pordiosean pegados a las awras. frente 
a las hospederías y frente a las residencias de los mi- 
llonarios, muy abun«lantes en la nu'trópoli, donde 
viene siendo moda que los ricos de cualquier Kstjido 
lie la Tnión se labren su palacio, para vivir en él sus 
últimos días. 

21 DE M.VRZO. — Pruebas de SANTA y carta de Ara- 
luce dentro de la que me remite muestra.s de afficht't 
|)ol¡cromos <le la novela; nada extraoriliiu»rio, unas 
hojas con el dibujo de Paco Mas, — <pie ha de figurar 
en la portada del libro, — y con las guardiui motlernis- 
tas. mieno. para los fines mercantib-ít <le anunciar la 
obra profusamente. 

— 232 — 



MI DIARIO 

22 DE M-VRzo. — Hasta hoy y gracias a un devociona- 
rio con que poco antes de morir me obsequiara mi 
pobre hermana Virginia, me hago cargo pormenori- 
zado de lo que es una misa, mientras asisto a la canta- 
da, de tres Padres, en S. Mateo. 

Los per omnia sécula seculonim que aletean sobera- 
nos por las bóvedas de las naves, son una comproba- 
ción y una promesa ; comprueban que el culto católi- 
co data de siglos, y prometen, supuesto lo que han 
perdurado hasta en su idioma prístino y a pesar de 
persecuciones y vicisitudes, que su triunfal duración 
es eterna e inconmovible en todos los países, aun en 
aquellos que alardean de superioridad sobre los la- 
tinos. 

Admirable, simbólico, grande ; habrá que aprove- 
charlo, desarrollándolo, en RECONQUISTA. 

24 DE MARZO. — ¡ Ah ! el cuadro encantador que con- 
templo esta mañana, camino de la Oficina de ¡a Unión 
Internacional de las. Repúblicas Americanas, (qué 
atrocidad de título ! ) al cnizar el parquecillo frontero 
a la Casa Blanca, el que luce los monumentos de La 
fayette, Jacksón y Rochambeau. 

Persiste la deliciosa vacilación de la primavera, que, 
diríase, coquetea antes de aparecerse en forma: hay 
hojas y colores, comienzo de aromas y alegría de. ái> 
boles y prados llamándola, llamándola ... 

Washington abunda en gorriones, por miles alber- 
ga a estos pájaros bohemios y callejeros. Durante 
el invierno, muchos de ellos sucumben a la inanición 
y el frío ; pero los substituyen otros, más, incontables, 
tan perdularios y simpáticos como los idos. Son tre- 

— 233 — 



F. GAMBOA 

mendos: gritones, peleoneros. voraces, oníliantríidos. 
En parvadas hambrientas, sobre la viva nieve se aba- 
ten a picotear el estiércol humeante con que estos 
sufridos y educados ca))aliazos de normanda proge- 
nie, a su lento andar de bestias útiles, ensucian los 
armiños de las nevadas; y los rechonchos euerpeeitos 
de los pájaros cenicientos, desplegadas las alas, man- 
chan de trémulos almagres la candida blancura de loa 
arroyos resbaladizos y espejeantes. . . Se insultan, 
arrebátanse de los picos las briznas de paja que con 
pidí'ra habilidad segregan de los montículos innnnulos 
y tibios; riñen de veniad, por grupos, jyor j)arejas. en 
combates singulares. . . A pesar de que el cierzo azota 
la cara, sin (pierer se detiene uno a contemplarlos y a 
reír de su pelea . . . 

¡Pobrecillos! quién sabe dónde donnirán todos; el 
Ayuntamiento y algunas almas piadosas, eurlgan de 
varios de los árboles desnudos y retoreidos, vivien- 
das de madera para uso de estos vagabundos; i»ero 
no han de eaber ¡hay tantos!. . . 

En la primavera y el verano, se multiplican, pti- 
lulan. aduéñanse de esta capital del Capitolio. En- 
touí'fs, son plaga: hay que ahuyentarlos para potlcr 
cruzar de una acrra a otra acera, para jxxler dis<'u- 
rrir j)or entre los arriatas de los parques innúme- 
ros. . . 

Y e.sta mañana, por descuido de un inquilino que 
88 IcNTintaría tanle, a consecuencia de sus picardías 
de anoehf. digo yo, dfs<'ul)ro uno de sus palaeios dr in- 
vi»'rno. Es enorme el palacio, bien abrigado, jmto algo 
obscuro, eso sí, mas ¡qué demonio! gratuito y con 
trazas de no concluírsele» nunca. IvO menos, puede 

—234 — 



MI DIARIO 

dar cabida a una veintena, y si no regañan, si el frío 
los torna caritativos, pues, apretándose, cabrán hasta 
cuarenta.. . y cuarenta multiplicados por cuatro, hacen 
ciento sesenta . . . Ciento sesenta caballeros gorriones 
que se asilan en los lúgubres interiores de los cuatro 
cañones inválidos, que, encajados en sendas cureñas 
circundan el momumento a Jackson, después de ha- 
ber vomitado, años há, metralla que fué un horror. 
Vejez ejemplar la de estos desgarbados criminales an- 
tiguos y tomados de orín, desollados de carcoma y em- 
blanquecidos de intemperie. Menos mal que arrepen- 
tidos, — al igual de todos los viejos, — de lo perpetrado 
años atrás, les haya dado por ahí, en desagravio de 
sus crímenes. . . 

Cuando mi gorrión se percata de que estoy obser- 
vando cómo lleva a cabo una toilette a la ligera, con 
sus patitas sucias, posado en la broncínea fauce de la 
jubilada máquina de guerra, contrariadísirao se echa 
a volar gritándome sabe Dios qué insolencias en su 
slang anglo-gorrionesco : 

— "Pío... pío... píiio..." 

27 DE MARZO. — Si no saliera yo tan tarde de la Em- 
bajada, como un calicot de su tienda, no me habría 
encontrado cerrada ya la Corearan Art Gallcry. 

Mohíno, la tiro a pie hasta el monumento de Was- 
hington, el soberbio obelisco hueco, de piedra pura, 
que levantó la admiración nacional a su Grande Hom- 
bre (cada uno de los Estados de la Unión contribuyó 
con algo: operarios, piedra, hierro, etc.) y que de don- 
dequiera se divisa por su altura. Es enteramente egip- 
ciano y está admirablemente colocado, en un sitio que 

._ 235 — 



/'. (íAMIWá 

llaman el M'hití Quién Sabe Cuántos. . . Lo dedico lo 
menos un buen cuarto de hora de muda contemplación, 
sentado en un banco de hierro. Consiileraciones acer- 
ca de este país-portento, de su historia, de sus desti- 
nos. . . 

Monto luego en el priinei- tranvía <|ue me sale al 
paso; siempre he gustado tle ir conociendo así. a la 
ventura, las ciudades extranjeras (jue habito. Y «'•«- 
te llévame a donde tanto apetecía yo llegar destle 
hace díjis: a las riberas del Potómac. 

Coincide con el atanlecer, la entrada de un enor- 
me firnj-hiHit. 

¡ Ah, la hermosísima ciudad silente!. . . 

28 DE MARZO. — En unión del Kml>ajador, a n^correr 
una ex|)08Íción en la Corearan Art (iallmi. de a<'uare- 
las japone.(«j)s. 

La tal (íalería, impresióname gratamente, aunqu«> su 
contenido en escultura. — f\iera de alg»inos duplicadas 
til yeso d«' los clásicos. — nada de extraordinario pre- 
senta. De ¡tintura anda jM'or; {>ongan IMs^aparte un 
Ticiano legítimo, y hasta media docena de buenos etia- 
drOR frane«'^i♦'K, y el resto, "buñuelos.. . 

Kl edifieio. apn)|>ia<lo y .sob«*rbio. 

1\) i)K M.\K/o. — Níiestra infaltable exeursii'in domi- 
nical en Jlcrdic. Hoy ñas llevan hasta "Sahlicrs'JIi)- 
me." a tn-s millas al N. del Capitolio. Opinan los 
wn.shingtonianos, y puede (pn* con razón, que de lo 
(pie circunda la ciiidad federal, lo que n)ás desctiella, 
al Oliste, en la columnata del pórtico de la Arlinqinn 
Uoute, en las alturaa del Estado de Virginia, y al 

— 236 



MI DIARIO 

Norte, la blanca torrecilla normanda de la United 
States SoIdiers'Home. 

Esta Home, — pueden Uds. traducir, lo mismo ho- 
gar, que casa, o asilo, — goza en efecto, de muy favora- 
ble ubicación, sobre vasta eminencia, en medio a dulce 
paisaje, rodeada de viejo bosque, y con amplias y di- 
latadas vistas que abarcan la ciudad entera, el Capi- 
tolio, la Biblioteca, el Monumento y los pensativos 
meandros del Potómac. 

La Soldiers'Home de Washington, al igual de sus 
varias congéneres en los EE. UU., fué fundada para 
beneficio de los militares licenciados honorablemente 
del ejército regular al cabo de veinte años de servi- 
cios continuos, y de los inutilizados a causa de heri- 
das o enfermedades. Recíbese a los asilados, por pla- 
zos limitados o por toda la vida ; y caben hasta unos 
800. De los cinco edificios destinados a dormitorios, 
el principal es el Pabellón "Scott, " así crismado 
en agradecida memoria al Gral. Winfield Scott, el 
que tomó nuestra ciudad de ]\Iéxico cuando la guerra 
del 47, y fundador de la benéfica Home. Este pabe- 
llón es de mármol blanco, con muros almenados al esti- 
lo normando, y una torre de reloj. 

El Pabellón "Sherman," se erigió en honor del 
Gral. W. T. Sherman, y eL"Shéridan" en el del Gral. 
Philip H. Shéridan ; dos connotados jefes republi- 
canos de la Guerra de Secesión. 

El Pabellón "Anderson," — también conocido por 
el "Cottage del Presidente," debido a que varios de 
los Presidentes americanos, el gran Lincoln muy par- 
ticularmente, han pasado en él los sofocantes meses 
del verano, — debe su nombre al Gral. Robert Ander- 

— 237 — 



F. GAMBOA 

son, vu reeonoeiiniento a sus esfuerzos en favor de la 
JIonu, allá, a sus principios. 

Pabellón "King" llámase el quinto, en reeuenlo 
ilel Méiiieo-C'irujano H. King, ilurante muchos años 
eiicaifíatlo ile los enfermos del establecimiento. 

Completan el grupo, — siendo cada cual edificio se- 
parado. — las " Officcis'(Ju(irt(rs;" uim biblioteca con 
casi h.üOO volúmenes, eu su nmyoría i)roilucto de do- 
naciones particularí*s ; la capilla, y »'l hospital. Cér- 
ea de la capilla, levántiise un monumento (jue costea- 
ron los veteranos del ejército, a la memoria, — léese 
en su socio, — tle"llenry Wilson, the ¿^oldií rs'Fricnd/' 

Los terrenos y bosques del |)lautel, comprenden con- 
siderable extensión, nada menos ile '¡Ti lurcs. o sea, 
doscientos y tantos mil metros cuailrados, en los que 
hay »le todo: árboles, caídas de agua, prados, lomas, 
y barrancos y (juebradas. En una cima, figura la es- 
tatua en bronce del Gral. Scott, obra de Launt Thomp- 
son : y en el coronamiento <le la reja tle entrada, di*8- 
táca.se con sus letras de oro, esta inscripción. <|ue se 
antoja a la vez premio y estímulo: 

— '*A Gratcful Country — to kcr Difrndrrs." 

Amablemente nos lo mostraron, mejor dicho, nos de- 
jaron neorrer lo no vetlado. Y vimos comer a un gru- 
\\o de iuquilinos; nos asomamos al dormitorio "Scott," 
en el que, sin averiguar nuestra procetlencia, nos <•«- 
petaron <jue dicho M'ñor (jral. hal)ía sido el ('i>ut¡\uror 
of México... ; examinamos lo8 baños, y la dí-siHínwi, 
y las cocinas, y una sala »lel hospital, y los interionm 
de la b¡l)lioteca al través k\v los cristales de sus venta- 
nas. Mi hijo no paró hajita tentar con sus manos de 
criatura, uno tle los varios cañones montados. <pio por 

— 288 — 



MI DIARIO 

los sotos abundan. Divisamos porción de inválidos que 
ya habían comido y ahora fumaban la pipa apoyados 
en las peñas, sentados en los bancos agrestes o por en- 
tre los árboles desnudos, bajo las ramazones sin hojas 
todavía, solitarios unos, en parejas y grupos los otros. 

Pero lo que me maravilló, lo que púsome medita- 
bundo y suspenso, fué el hecho de que ninguno de ellos 
hablase, ni nada se comunicaran recíprocamente aun 
los que mirábanse codo con codo, ¡nada! no despega- 
ban los labios, no se les oía palabra . . . Algunos de los 
que ambulaban lentamente, inclinábanse de vez en 
cuando sobre los bordes de los puentes rústicos, en los 
filos de las quebradas y las rampas, junto a las ma- 
tas recias que comienzan a erguirse, y arrancaban una 
hoja tierna, una flor tempranera que revolvían y acari- 
ciaban con los dedos ankilosados y protuberantes de 
sus manos sarmentosas, y luego aspiraban su aroma, 
zurdamente, sumidos en mudas contemplaciones. . .¿ Por 
qué aquel silencio ?. . . ¿ Por la pesadumbre de los años, 
por la agonía de la tarde que suspiraba entre las 
enramadas yertas y los troncos sin hojas?. . . ¿No se- 
ría por el crepúsculo de sus propias vidas, tan desnu- 
das y yertas como las ramazones y los troncos? ¿No 
sería porque la Home, al fin y al cabo es un asilo, y 
nunca los asilos equivalieron a los hogares familiares, 
en los que el amor de los hijos y de los nietos da ca- 
lor de carne a las ancianidades que van consumién- 
dose ? . . . 

A punto ya de reembarcarnos en nuestro Herdic 
de un solo caballo, que al unísono con el apoplético 
automedonte cabeceaba allá, lejos, en espera nuestra, 

— 239 — 



F. CAMliOA 

un veterano manco y de gachos hi^jotes a lo galo, nos 
aconseja (|ue nos llegnieinos al cementerio: 

— Tho Sational Crnutt ry. . . — deletrean sus encías 
desdentadas, ^n tanto el brazo sano apunta hacia el 
rumbo en (|ue descansan los muertos. 

Alumbrados por las postrimer;>s vibraciones cre- 
pusculares, nos encaminamos a tlonde indica el brazo 
rípiílo ; y transpuesta la reja, aun nos es dable deter- 
minar dt'Utro dfl eampo-sjinto. el monumento (|ue los 
asilados de In liomc levantaron años há al (.iral. John 
(.'. Kelton. (Jobernador que fué del instituto v\\ ls!>2. 

Y eonltsuplaiiiüs las 7.000 lápidas manas y pétreas, 
en simétrica formación militar, a la cabecera de las 
tumbas <ii> otros tantos soldados ahí sepidtados. . . 

La i<b*a original de s»'mejante colocaiei<'iii, to<lo ese 
ejército durmiendo «I último sueño, trájome a la nn ■ 
moria "Iy)s Círanadijos" de Enri(|Ue Ileine, uno de 
los cuales se alzaría de s\i sepulcro, j)ara pres«'ntar 
armas al Empera<lor ! 

¿Se alzarán éstos el día <|ue se haga preciso tlefen- 
der y vitorear a su República-Imperio?... 

wO di: marzo. — Tn desengaño: mis gorriones. — afír- 
mamelo (juien lo .sabe. — .son unius fieras dimiinitas. Ma- 
tan a cimnto pájaro si* atreve a aportar por sus tlo- 
minioH, de ahí (pie abunden ellos únicamente. 

¡Señor Dios! hasta los pajarillos en vsXhs regioni'K 
son implacables. 

Otro de.s4'ngaño, y mayúsí'ido. 

Tradueía yo para el Ministerio de H4'laeion«*M Ex- 
teriores de México las leyes de casi toiios los EE. W . 
Hobre vagancia, cuando tropecé (¡y fjué tropezón 1 1 

— 240 — 



MI DIARIO 

con que en el de Kentueky, los vagabundos son ven- 
didos al mejor postor y por el término de un año ! ! ! .-. . 

Y el monumento a AVáshington continúa firme en su 
sitio, y no se ha derrumbado el Capitolio, ni siquiera 
le asoman cuarteaduras. 

Ved aquí esa ley: 

—"KENTJJCKY. If any ahle hodied person le 
'^foiDid loitering or rmiibling ahout, not having the 
"means to niaintain himself by some visible property, 
" or who does not hetake himsclf to labor or some lio- 
"nest calling to obtain a livelilwod, or who not posses- 
"sing such means has quit his habitation leaving a 
''wife or child without suitahle means of sy,bsistence, 
" or who is idle or dissoliiie in habits tcithout visible 
"means of support, he shall be taken and adjudged 
''to be vagrant and giiilty of a high misdemeanor. 
"He may be apprehended by a magistrate and bound 
" over to the circuit court, and, if after indictment 
"and trial he shall be ndjudged a vagrant he MAY 
"BE SOLD INTO SERVÍ TU DE FOR A PERIOD 
"NOT EXCEEDING TWELVE MONTHS. If the 
"vagrant be a minor he riwy be apprenticed until he 
"is 21 ycars of age. THE PURCHASER OF A VA- 
"GRANT SHALL BE ENTITLED TO HIS LABOR 
"for the period especified. (Oficio del Gobernador del 
"Kentueky, del 24 de febrero de 1903). 

¡ El Capitolio me sale sobrando ! 

i Los dioses se van ! 

31 DE MARZO. — Pruebas de SANTA; páginas 225 
a 240 inclusive, con lo que casi se da término al pri- 
mer capítulo de la II parte. Aun me faltan tres. 

— 24] — 

16 



F. (i AMBO A 

1." DE ABRIL. — Hace unos cuantos días recibí jmr co- 
rroo interior una invitación que dice: 

"Thf Columbian l'nivcrsity — Vous prii de vouloir 
**hicn assistfr — A une Conféreuce qui sera donnéc 
"le mecredi — 1.° Atril lí>0:i, á 4 hnirts et un quart. 
'<par—}J. LEOI'OLl) MAIULLKAI—Sujrt d< la 
** Conference: — Ce que les Etats Unis durtnt a La 
" Foyette et ce que Im Fayette dut aux Etats Fuis. — 
"Cette ('onftrtnee a ití organisér qrace a la qñurvu3€ 
"iuitiatii'e de M. Jamis ÍI. líyde." 

A fH-sar de mi luto, nu' proponjjo asistir, y aun con 
alfjo df alborozo ¡(|U«'' ílenionid! la rnivfrsi«liul de Co- 
lombia no es precisamente un teatrucho "Riva Pala- 
cio" ni muellísimo mumios. La "generosa iniciativa" 
del cxct'bntf Mr. Hvtb', me luu'le a i'hc<|Uf »'Xpresi- 
vo t\v muchos dólares, que mi señor Mnbilleau, — cuya 
pt'i-sonalidad me es absolutamente deseonoeida, por mi 
ignorancia ha de ser, — se eml)olsiirá tan tranquilo. 

Y desde antes de la hora, cuélome en el paraninfo. 
(Esto de paraninfo ^'s lit»'rat»ira pina, que las \niiver- 
sida<les yanípiis carecen de ellos, m la forma a lo me- 
nos de los paraninfos de las viejas universidades euro- 
peas, las españolas muy particularmente». El salón 
<le Conferencias, — (|Ue (jueda a la Í7.<juierda conforme 
Be entra, al terminar la escalera fpie da acceso al ves- 
tíbulo y í'orreílorejí, — se halla divinamente ai'ondicio- 
nado, como todo lo escolar y universitario d«l país. 
Rí'vi.stc las proiwreiones y lincamientos de anfiteatro, 
<'OM una sola galería superior (pie tw encara a la pla- 
taforma del conferenciante, tres gradas más alta (pie 
los asientos para el público, y coronada por amplio ar- 
co. Allí, en vez de tribuna, larga mi'sa <le biblioteca, 

— 242 — 



MI DIARIO 

con una especie de atril ancho y sólido, cuadrado, sin 
declive apenas. Revestimiento de maderas enceradas 
hasta cierta altura de los muros ; y a los fondos de este 
a modo de escenario, dos puertas de talla, que sepa 
Dios a dónde conduzcan. Encima de la mesa, el infal- 
table garrafón de agua, con su copa, y a la izquierda 
del atril, enhiesto candelabro de bronce, de ampolle- 
ta ineandeseente y ahat-jour metálico, que sube y baja 
a voluntad. 

El espacio para el público, espacioso y severo; de 
levantado artesón y esbeltas columnas ; muchedumbre 
de butacas de esparto, arresortadas ; caloríferos de va- 
por que algo han enlutado las paredes albas y los dos 
pegotes de yeso, facsímiles de algo borroso ya ; espe- 
sos pasillos de alfombra, ahogadores de inoportunas 
pisadas ; capacidad para unas trescientas personas. 

A las 4 y 15, está el salón a reventar ; y en humillan- 
te proporción para las dos docenas de varones que fi- 
guramos en el local, dominan las mujeres. Escucho 
francés femenino, no mucho, aquí y allí ; el que repi- 
quetea es el inglés, en las bocas encantadoras de las 
3IÍSSCS y de las young Mistresscs ; las bocas de las oíd 
Ladies, adrede no las veo. Hay toilettes y alhajas es- 
tupendas ; pianísimo discreteo ; atmósfera de distinción 
y cultura, las características de esta Washington tan 
bella y tan distante, por su fisonomía sui generis, del 
resto de las grandes ciudades de los EE. UU. 

En el sexo "fuerte," varios colegas diplomáticos: 
es de internacional snobismo entre ''los de la Carrera" 
alardear de refinados y de aburridos en todas las fies- 
tas que exornan con su presencia, las intelectuales in 
capite; conferencias, recitales, museos, vernissages, 

— 243 — 



F, GAMBOA 

premieres y demás tituladas con nombres rebuscados 
y no al alcance d«'l común de mortales. 

La confer»'MCÍa en sí. poco niás qwi' me<liana. Al 8«>- 
ñor Mahilleau todavía le falta juira hombrearse con 
los grandes literatos de su tierra: i)erp«'ño. parisiense 
puro, l«''ase cursi ; ademanes, violadores de kw que pre- 
vienen los cánones; lóg'ica pobre; abundancia de hi- 
pares comunes. En ocasiones. i7 patauge. . . 

En dos o tres ríprisrs, las americanas, que, estoy 
sepuro, no aprecian las exquisiteces del idioma, aplau- 
den : p«'ro tan a destiempo, que en una «le ellas descon- 
ciertan a MabilU*au, el cual contém[)lalas extrañado. 
Con su mirada vivaz de galo inteligente, parece que 
se pregunta : 

— '*¡i*or qu»' me aplaudirán estas madamas?..." 

Ha de ignorar ípie la mujer norteamericana adolece, 
— en deteriniíuida |>osiei('in soeinl, — tic un hnsbl/'uismo 
in.soi)ortal>l«'. (íraduadas en univ«rsidadi*s y colegios, 
salen más licurgas que sabias, y opinan, sobre cien- 
cia, sobre arte, con una suficiencia y un aplomo que 
8<')lo se les perdona porque en lo grneral son lindísi- 
mas, como tentaciones, y peligrosas, como abismos. 

pMUgome a d«'terminar al confermeiante. que nrt" es 
nada antipático. Lo encuentro bien francí^ y bien 
homme dr Uttres, — lo que eíjuivale a plrin d'aplomb y 
a poxeur, n-speetivament»', — realizando con este viaje 
lo <|ue con trabajo tantísimo fn> alcan/.a en París a los 
muchos años y con mucho talento: notorio<lad y dine- 
ro. Adivino su afán de ahorro, — v\ envidial)le e in- 
nato en to<io francés, que los habitúa a «'eonomizar la 
mitad cuando menos de lo que ganan, lo que en re- 
tomo les permite, en las lindes de su vejez, disfrutar 

— 244 — 



MI DIARIO 

de una renta que les garantiza una independencia 
tranquila... Helo aquí, a Mabilleau, trajeado en la 
calle de Richelieu, proclamando a gritos que no ha ve- 
nido pour des primes, que no se comprará ni un par 
de guantes. . . En cambio, quelle rentrée tñomphale, 
qué recuento de las ganancias, qué hermosear la vi- 
vienda literaria y económica, allá, en la rive gauche 
de su París incomparable y único, qué mentir inteli- 
gente, chispeante, sobre América y los americanos, 
que quizás exteriorice en un libro . . . 

Concluye muy bien, con dos toques que arrancan 
los aplausos nutridos que no pedían sino estallar. 

Cita, primero, las frases de La Fayette, las que re- 
comendó se le pusieran en su tumba : 

— ^'Ci git La Fagette, Géntral Francais et Cito- 
** yen Américain." 

Y cierra con un lugar común, que provoca un hura- 
cán de aplausos : 

— "Francia y los Estados Unidos, han salvado y con- 
tinuarán salvando a la humanidad entera ! ! ! " 

Son las 5.30. Afuera, en la calle, el desfile es suntuo- 
so por el lujo de los trenes abiertos, de sus ocupantes^ 
de los soberbios troncos que piafan o se parten al gran 
trote por las avenidas asfaltadas de la urbe aristocrá- 
tica . . . 

La primavera, sigue avanzando ; ya los millares 
de árboles que bordean las aceras, están coronados 
de brotes verdes. 

Prima vera : los primeros verdores. 

En la mismísima esquina, topóme con grotesco es- 
pectáculo : un tranvía de verano, relleno de ladies and 

— 245 — 



F. GAMBOA 

gentlemen, que luce al exterior grandes rótulos pin- 
tnrrnj»>ndos de carro de circo, "Spfcial Car for Sccing 
Wdshintjinn." y en sus mlentros atesora, amén de los 
pasajeros, a un fíarker (ladrador, al pie de la letra), 
que se dosjfañita dc8<le las profundidades do mons- 
truosa l»ot'ina : 

— ** Here, io my left, ü the cclebrotcd and famous 
" Columbian í'uivtrsitt/. . . " 

Para escapar a esos ochenta rostros graves que están 
pendientes con sajón recogimiento, sin pestafiear, de 
las vociferaciones del emltudo. aprieto el i>aso ; huyo 
lie los (pie están viendo Wásliington . . . 

No paro hasta el Duponi Circlf, — i*l más aseñorado 
tal Vez de los (pie hprmos«'an la conflueiieia cireidar 
de calles y avenidas, — vn el cual. i>or su i>roximidad a 
casa, viene a jugar mi hijito con chiquillería yan- 
qui. . . 

En cuanto me descubre, viene a mí con el júbilo ex- 
plosivo que le origina divisarme en cualquier parte; 
se Tue encarama jadeante, dobla su calx'cita sobre mi 
pecho, y él y yo enmudi'cemos frente al crepúsculo; 
uno de estos tramontos «'ptentrionales, imj)onente« y 
lentos. . . 

5 DF AHRIL. — Domingo. Kn tranvía hasta ("hrvy 
Chase Lakc. 

6 DE .vBRii.. — Acabo de leer " Verité.*' de Emilio Zola. 
Decididamente, no es un "evangelista," nunqtie ha- 
ya intentado (>srribir nada menof^ de tres; aix'uas ai 
llega A predicador laico de nocialismo corriente... Y 
me cuesta, ¡ vaya si me cuenta ! estampar «rtas 

-246 — 



MI DIARIO 

tratándose del para mí respetadísimo y bien amado 
maestro, y agregar que es éste el único libro suyo, — 
y cuenta que he leído y aun poseo como un blasón su 
íntegra obra magna, — que no luce ni una página si- 
quiera, impregnada de aquel gran arte que tanto abun- 
da en sus producciones anteriores. 

¡ Qué lastima que en esta vez el sectario ahogara 
al artista ! 

9 DE ABRIL. — (Jueves Santo). Explicable. Estas so- 
lemnes festividades que en mi tierra, y en otras tan 
devotas como ella, no me producían sino aburrimien- 
to y fastidio, en este país protestante las echo de me- 
nos. Toda mi educación de católico, rebelase ante la 
helada indiferencia con que por acá se acoge a días tan 
señalados. . . 

Para ponerme "dentro del movimiento" encaminó- 
me, no a ver las Siete Casas, encaminóme al obelisco 
egipcio, erigido en honor de Jorge Washington. 

Sopla un viento huracanado y no se siente calor 
que digamos ; sin embargo, pacientemente aguardo a 
que me toque mi turno, incorporado a la larga línea de 
visitantes que aguardan el suyo. Entramos, y subi- 
mos de seis en seis a bordo del ascensor, en tanto que 
los fuertes e impacientes se tragan los centenares de 
gradas de la escalera. A los 555 pies de altura, se 
detiene el elevador y nos deposita en los topes de la 
torre, agujereada con un par de troneras en cada una 
de sus cuatro caras. Y miré la ciudad . . . con cierto 
regocijo pueril de vencido, de tenerla "a mis pies". . . 

La vi encantadora, diminuta, verdegueante, bellísi- 
ma, ceñida por su impuro Potómac, bello también a 

— 247 — 



F. GAMBOA 

estas alturas. El Capitolio, ccino un símbolo, lo domi- 
na todo ; cada día sedúceme más. y uo sé qué diera 
porque en realidad símbolo resultara, y de sus entra- 
ñas brotaran y se esparcieran por nuestra América, 
iluminándola y enseñándola, las sentencias definitivas 
de la Libertad y de la Justicia. . . Y no que sid^ra, se- 
pún suele, precisamente lo contrario. 

El monmnento, después de visitado, >f im- antoja 
por st'r artificial. \in tantico i)iffm»'0 y ¡pariente de la 
torre de Babel, un arranque de la me^ralomanía que 
aflipe a los s<'ñores yan<piis. Jorpe Wj'isliinpton. eon y 
.sin moinimento, es ineonmt*nsurai>lf. 

Para comemorar a ese hombre, el monumento, no 
rtb.stante sus proporoiones, ««s meZ(iu¡no. Qu»» es "muy 
alto"... ;y quéT Más alto es Wáslnnpton. . ¡Que se le 
ve desde lejos?. . . Mentira, a las dos le^iaa y nunlia, 
ya se perdió, mientras que la memoria de Wjishinp- 
ton perdiirarA eon »•! mundo. Emo . . . 

11 i)K .Miifii.. — Compré mi piiino ¡el priim-r i)iano 
quo me pairo en mi vi<la ! un flamante Cbíckerinp. 
de Boston,- que instalamos en ntiestro parlar eon orfn>- 
11o desmedida). 

La inají^furaciiui es a puerta cerrada: mi mujer 
nos toca el himno nacional a mi hijito y a mí. que 
lo e.HC'uchamos absortos, religiosamente, muy Hi)retadoM 
el uno eontra el otro, yo en pie. mi hijo entre mis bra- 
roK. . . Y mi padre, el herido de la AufroKtura, al tra- 
vés del cri.stal del niarco qtie encierra hu fotografía y 
que he cni^alanado mu I<im i'Mlor.-»; ini.strim .11 «I-da. 
preside la escena. . 

Eso en, que las nolas sa^fradas «le una patria (pie 

— 248 — 



MI DIARIO 

existe aún, se esparzan y adhieran a las paredes y te- 
chos, y rincones y pisos de una casa yanqui, en la ca- 
pital yanqui; que la purifiquen y nos la tornen habi- 
table por el tiempo que haya de durar este dorado 
destierro diplomático. 

15 DE ABRIL. — A pesar de lo mal que me siento de 
salud y de lo que me agobia el mucho quehacer de la 
Embajada, di principio la noche de hoy a mi próxi- 
ma novela RECONQUISTA; un. buen trozo, brotado 
sin mayor esfuerzo, que no me disgusta para comienzo. 
Llegué a temer que nunca empezaría la nueva obra. 

19 DE ABRIL. — Visita matutina de un Mr. Dentón, 
redactor de ''The Evenivg Star" y corresponsal re- 
cientemente nombrado de "The Mexican Herald." 
Verborragia recíproca. Que quiere mi retrato ; el de 
mi gabinete de trabajo ; el de la portada de SANTA ; 
los títulos de mis libros anteriores; mi pasado lite- 
rario ; mi presente íntimo ; mi porvenir probable . . . 
¡qué sé yo! el delirio. Me enumera las ventajas: millo- 
nes de lectores, salvar fronteras . . . ¡ otro delirio ! 

Y como vivimos en la era de los ''bombos," y este 
país, — que inventó a Barnum, o al que Barnum ha da- 
do no escasa admiración de la que es boga alimentar 
por la Grrran Rrrepúbliea. . . — sabe fabricarlos cual 
ningún otro, digo que sí a cuanto me piden, repitien- 
do para mis adentros el latigazo de Lope : "... el vul- 
go es necio y pues que paga es justo ", . . . que, quién 
sabe si no también rece conmigo. 

Escribí, luego, el escenario del capítulo I de RE- 
CONQUISTA; y a la tarde, — es domingo, — reali- 

— 249 — 



F. (;amiíoa 

zainos a pie y andando, una larpa correría por las 
afueras ; mi hijo, de mi mano, en una crisis de ffran 
salud, saltarín, hablador y contento. 

21 DE AHKIL. — Noche Sensacional, con los astros. 

Juntos el íímbajador y yo, salimos de la Embajada 
después de las 8, rumbo al Observatorio Naval As- 
tronómico, que queda muy lejos, a una media ho- 
ra de trote incesante de los frisones que tiran del 
carruaje i)articular del señor Azi»íroz. en pleno cami>o, 
más allá de la universitaria y pobre (íeor^fetown. ruin- 
mente alumbrada, anterior a la ciudad federal ; la 
"Ciudad de Jorge" fundada por los Jesuítas, en loor 
de Jorpe Washington. 

Muy bien recibidos por los técnicos (jue dirigen 
el edificio, nos llevan hasta los gigante8<«os tí'lescopios 
qu«* apuntan a los cielos por las rajadiiras verticales 
del ••norme domlx) metálico. 

Y allí, instalado cada cual junto a las lentes pode- 
rosas que nos acercan las estrellas, en sendos sillones 
nui'ánicos (jue s«' nnieven juntamente con los teleaco- 
pioH, ammadoH al infinito, escuchamos sin parar niien- 
ti's, sabias explicaciones sobre rotación, trayectorias, 
distancias y volúmeni's. . . Asombra«lo y entristecido 
yo, de que seamos tan |MH|uita cosa, muy inferiores 
a los más inferiores animálculos <le la creación; más 
eonviMicitio (pie nunca de (jue nuestra verdadera gran- 
deza radica en el cerebro, y iobrc todo y por encima 
de totlo, en el alma. . . 

25 nE ABBIL. — Perdido de unos vértigos casi perma- 
nentes, que todo me lo entenebrecen, que me amilanan. 

— 250 — 



MI DIARIO 

Ellos me impidieron ir a trabajar esta tarde; y el 
encierro y el malestar precipítanme en profundas si- 
mas de nostalgia. , . 

26 DE ABRIL. — (Domingo). Dilatada caminata en 
Herdic-cab, enteramente a campo traviesa, solitario y 
agreste, hasta los jardines del Observatorio Naval ; y 
de regreso, por el Parque de Cleveland, al "Zoo." 

El tal Parque, — es el cochero quien me suministra 
los informes, — se apellida Cleveland porque el Pre- 
sidente demócrata de aquel nombre, compró en veinte 
mil dólares los terrenos que hoy ocupa, edificó una 
buena casa en pie todavía, y vendió luego terrenos y 
casa en ciento y tantos mil escudos. ( ¿ Cómo andaría 
esa especulacioncita, que huele que apesta a hispano- 
americana ? ¿ que tanto se parece a la de. . . y la de. . . ?) 

Ahora, el Parque de Cleveland lo han urbanizado 
y subdividido en lotes para residencias privadas. 

A poco caminar, nuestro sabihondo auriga, — que es 
blanco, por más señas, — nos detiene frente a la vivien- 
da veraniega del Almirante Dewey. No puede garan- 
tizarme el cochero si este cottagc, al igual de la ha- 
bitación de la avenida de Rhode Island, fué también 
un obsequio de los amigos y admiradores del afortu- 
nado e indiscreto marino. . . 

A propósito de la casa de la avenida de RJiode Is- 
land, cuéntase este rasgo que a mi juicio vale más 
que el edificio entero, con mobiliario inclusive. Ad- 
vierto que yo lo oí, tale qiiale, de labios de una dama ; 
pero ignoro si es maledicencia o un hecho com- 
probado : El total de la subscripción, excedía del va- 
lor de la finca ; el Almirante lo supo, y sin duda cre- 

— 251 — 



/'. (JAMJiOA 

Yt-ndost* aún dentro de la haliía de Manila, disparó el 
proyectilazo que aquí so consigna: 

— "Pues, regaUnne la casa con muebles, i\ue así el 
repalo es niás completo y mas útil. . . " 

Y (•» la verdad que la caiía con que lo obsequiaron, 
estaba amueblada lujosi\mente de arriba abajo. Ni non 
€ vero. . . 

¡ Ab, las pequeneces de los grandes bombrcs! llt- aquí 
a un gran ciudadano que rehusa nada menos que la 
presidencia de los EE. W. de América, e indica, o pi- 
de a las claras, muebles para la casa (¡ue van n r»-- 
galarle. 

28 DK ABRIL. — Peor de mis vértigos. Tengo que in- 
terrumpir mis trabajos literarios, que no escribir sino 
po((uÍ8Ímas cartas. ¡ Neurastenia T .. . 

De8<le la tanle <le jioy y lia.sta el prí'iximo domingo 
por la noche, quedo al frente de la Embajada, como 
Encargado de Negocios aü inicrim, debido a un viaje 
del señor Azpíroz. (|ue a las 3 se ha nmnhado a Saint 
Ix)uis Missouri para concurrir a los feütejos dcüicnto- 
rios de los terrenos en (jue habrá de efectuarse, el 
año veniílero, la ExiK).siei»'in l'niversal Conmemorati- 
va de la Compra de la Ix)uisiana. 

30 DK ABRIL. — Má« pruebas de SANTA, ha«ta la pá- 
gina 280. Qué aiuiia de concluir. 

4 i>F. MAYO. — 2." aniversario. . . 

El punzante recuerdo me acibara to<io el día de 
hoy... ¡Por qué tenílré conciencia tan Mvera para 

— 262 — 



MI DIARIO 

conmigo mismo, y memoria tan fiel para recordar mis 
propias faltas?... ¿pof qué mis buenas acciones, a 
poco de consumadas, pasarán a la categoría de nebu- 
losa ? . . . 

Con copia de detalles, resucita la noche fementida, 
y de palparla dentro de mí, comprendo la exactitud 
de la virgiliana frase de "La Eneida": 

— "Vivit suh pectorc vidnus." 

No puedo ya con los vértigos, y póngome en manos 
de un especialista alemán que me sujeta a minucioso 
y brusco reconocimiento general. . . 

Que no hay novedad por el hígado ni por el car- 
dio ; que lo que no anda es el estómago. Y me dispara 
un diagnóstico amenazante; de puro. científico, ininte- 
ligible. 

6 DE MAYO. — En el Departamento de Estado, a ul- 
timar con Mr. Hay la entrevista que solicita Liman- 
tour desde Nueva York, para el arreglo que este últi- 
mo ha salido a procurar de nuestra cuestión moneta- 
ria. De ahí, al nuevo edificio propio de la Legación de 
China, — una cajita de laca, — con el mismo objeto. 

9 DE MAYO. — En la estación del Pennsylvania, con 
el Embajador, a la 1.30 de la tarde, a esperar la llega- 
da de nuestro Secretario de Hacienda y Crédito Pú- 
blico. 

Arribo de Limantour, de su esposa e hijo, y de un 
caballero mudo y sonriente que viene con ellos. Es el 
banquero chihu«huense don Enrique C. Creel, miem- 
bro de la comisión mexicana, el Mecenas que le costeó a 
•Jesús Urueta su viaje por Europa. 

— 253 — 



\ 



F. GAMBOA 

10 DE MAYO. — Limantour se presenta en la cancille- 
ría de la Embajada, a paparnos a los Secretarios la 
visita (le corti'sia «|U«' si'parailanu'nte le hieiinos ayer. 
Acompáñalo su familia, el Embajailor con una de sus 
hijas, y don Enrique C. Creel. 

Muy afectuoso. s«'gún suele manifestarse cuando 
quiere, recorre con nosotros las oficinas, y se charla 
unos momentos en el saloncillo de nvibo. cpie en uno 
de sus testeros ostenta la carta geográfica de Mé.xi- 
co. Descúbrela Limantour, y acercándose a ella, ex- 
clama: 

— "Veamos a nuestra qiu'rida tierra". . . 

¿ Por qué la sencilla y explicable frase no habrá ha- 
llado eco?. . . 

f're<'l, continúa de j>o(j\iísimas palabras. 

Después de haber de8i)edido a Limantour y party, 
que se marcharon a bis 4 de la tarde, en tranvía con 
mis gentes la tiramos hasta Cohtn John; uno de los 
alrededores más at rayentes y pintorescos en que abun- 
da Wá.shington. 

11 DK M.\YO. — Esta tarde estamos de circo, por lo 
que mi hijo me lo lia pedido y porcpie .somos vícti- 
mas del contagio de locura (|ue el célebre Circo de 
liarnum provoca a su paM en cualquier ciudad de loa 
EE. rr. Llega a tal extremo esii locura, rpie el comer- 
cio cierra sus puertas y las autoridades tienen acor- 
dado que sólo un día permanezcan en nada punto estos 
empresarios excepcionales. piH'S de prolongai-se su per- 
manencia, se |>«'rjudicaria el e4|UÍlibrio monetario de 
las {^oblaciones tie H<>gundo y tercer orden. Y es que 
nadie prescinde de asistir a la diversión favorita; 

— 254 — 



MI DIARIO 

grandes y chicos, pobres y ricos, negros y blancos, 
escuelas y cuarteles se precipitan a comprar su bille- 
te. ¡ Ríanse ustedes de los entusiasmos por una corri- 
da de toros en Madrid o México ! 

Con algunos días de anticipación, el Circo empieza 
a anunciar su llegada por medio de anuncios costo- 
sos, atestados de ilustraciones, con la historia de la em- 
presa desde sus orígenes ; y por medio de la prensa, en- 
tre la que paga avisos y reclames a pedir de boca. Hay 
entusiastas que no pierden ni el desembarco de artis- 
tas, fieras y bestias. 

Las dos funciones las llevan a término por la tarde 
y por la noche de las únicas veinticuatro horas de que 
el Circo es usufructuario. Y por la mañana, previa 
propaganda pormenorizada de lo que se verá en tales 
y cuales avenidas que ha de recorrer el inmenso cor- 
tejo, — las que se aprietan de curiosos, — se echan a an- 
dar en lento desfile aplaudidísimo, al compás de sus 
varias bandas y orquestas, el par de centenares de 
artistas, y el sinnúmero de carros tripulados de clowns 
y de cirqueras en traje de carácter, que lucen muy 
agradables anatomías bajo las mallas rosas y los cor- 
seletes salpicados de lentejuela. Ellos, los hombres, 
hercúleos y rubicundos, caballeros en mansos pala- 
frenes enjaezados primorosamente, caballeros en pa- 
cienzudos elefantes, en gestudo's y gibosos camellos y 
dromedarios. En la procesión, cebras, girafas, ponnies, 
y enjauladas pero dejándolas ver, la magnífica colec- 
ción de fieras vivas. Aquello dura las horas, aunque 
no tanto como el regocijo de los espectadores. En el 
paseo de esta mañana, he oído un órgano de hierro. 



255 



F. GAMBOA 

¡ ¡ movido por vapor!! capaz de romperle los tímpa- 
nos a la estatua del tinado Almirante Fárragrut. . . 

A la tarde, con el bocado en la boca, fuimos y nos 
acomodamos en nuestras localidades, sudando la pota 
gorda bajo la lona candente de la desmedida tienda 
que los herederos de Baruum llevan consigo, y le- 
vantan siempre en las afueras de las poblaciones que 
frecuentan, por falta, dentro de éstas, de espacio sufi- 
ciente. 

El espectiiculo, de tan variado e intensivo, agotan- 
te; ha.sta tn*s i)istas. en cada una de la.s. cuales suce- 
díanse sin interrupción números y números de actos 
de suprema habilidad y atrevimiento: ora caballos 
amaestrados o jinetes y "jinetas" realizando proezas 
de eijuilibrio; ora acróbatíis volando por los aires, los 
alambres y las barras, con peligro inminente de sus 
vidas; ora juegos malabares, p<*rros sjibios, juglares 
asiáticos, cuanto la imaginación humana ])uede in- 
ventar, cuanto peligro puede desafiarse y vencerse a 
fuerza de adiestramiento y de hambre, niños di.sloca- 
dos. a«lultos come-fuego y traga-espadas. . . Durante 
los instantán(K)s intermetiios, la brigada de rlowns re- 
corriendo el inacabable piTÍmetro oblongo, con far- 
sas, sjdtos. carreras, contorsiones y pantomimas (|ue 
sacudían de risa convulsiva a los catorce o quince mil 
espectadores apiñados en las buta<'as y graderías, no 
obstante s4-r la enjundia «le su gracia en movimientos, 
tramas y palabras, netamente sajona y «le.saborida, 
infantil a las veci's, y a las vec<>M burda y sin delica- 
deza... ('ual<|uiera <le los números "si-rvidos, " ais- 
ladamente haría un exitazo en el más reputado de 
los Muxir llalla europeos: lo hace de fijo, supuesto 

— 2r)6 — 



MI DIARIO 

que los ejecutantes son los mismos que cruzan el char- 
co y allá se exhiben con aplauso y lucro. 

La enfermiza representación dio comienzo con un 
paseo triunfal de artistas, elefantes, caballos, drome- 
darios, cebras, ponnies y lebreles, vestidos y enjaeza- 
dos, respectivamente, con suntuosidades orientales, en 
tanto las orquestas y bandas, al mando de una sola 
batuta, atronaban los ámbitos con una marcha bár- 
bara. Luego, en un escenario máximo con kilométricas 
cortinas de terciopelo, nos dieron una féeñe en la que 
tomaron parte no menos de doscientas personas ; al- 
go que pasaba en lejas tierras, con rajáes y huríes, 
cimitarras y gumías, bailes y cantos . . . 

Por final, la tienda anexa, una tienda casi tera- 
tológica : enanos, gigantes, albinos, monstruos huma- 
nos, y una compañía de Ministréis uniformados, que 
tocaban y cantaban desde un tablado . . . 

Y para ganar la salida, al cabo de dos horas de 
tamaño ajetreo, el recorrido frente a las jaulas de 
las fieras ; una colección tan completa y abundante, 
que ya la querría para su regalo un buen jardín 
zoológico. 

Se sale enfermo, la atención mental y la atención 
visual hechas añicos, y los nervios sacudidos cual des- 
pués de una tremenda azotaina. Trabajo costó que mi 
hijo concillara el sueño. 

12 DE MAYO. — En el "Lafaycüe Opera House", a 
ver la "Resurrección" de Tolstoi, arreglada y tra- 
ducida al inglés por un Míster Burt Sayre, — don Teo- 
doro, — a quien, si Dios y el viejo novelista ruso no se 

257 — 

1-7 



F. GAMBOA 

la pt-rdonan. trabajo ha de costniie salvarse. Un 
desacato. 

14 PE MAYO. — A mi salitla de la Kiiihajada. y eomo 
de onlinario nialliuiiiorado y molido, tomo un tran- 
vía cuyo derrotero ignoro, (|ue me lleva hasta Krook- 
1(1)1(1. poblado suburbio en los límites del Distrito de 
Columbia, y luego, a dos pueblecillos dtl Estado de 
Maryland : lIyaitsvxUe y Riverdale . . 

Al)ismado desde mi ventanilla, <le la prospcritlad y 
grandeza yanquis. . . 

De regreso, me encontré en mi iiu'sa di- trabajo 
pruebas de SANTA, cjue alcanzan a la j)ágiüa 302. 

17 DK M.vYo. — Pasigffintta dominicale en *' Jlvrdic'' 
descubierto. \'\\ atracón de campo, diez millas, liasta 
los confines del Hiuk ('i-,ih l'inh, muy más :ill;'i -bl 
Jardín Zoológico. 

Nos apeamos m medio tlcl l>o.s(|ue, y horrorizado 
I)or el encuentro, reí'inbarco a mis gentes. I na ser- 
piente, larga de dos metros y <le muy pintadas esca- 
mas, se arra.stra por nuestra vereda. Con pésimo tino, 
el cochero de.s<l»' v\ pescante le asi-.sta un trallazo, 
y yo, enarl>olando el bastón, corro en su wguimien- 
to; todo inútil, el reptil s«' ha hundido por entre 
las mal(>zas d«> una sima. . . 

Es mucho cuento, y .sólo a \\\\ me acaecen estas co- 
sas. Ilaiber recorrido los caminos de herradura de 
rentroanl^rica, <\\\f toda ella no es sino tin nido de 
víboras. — ¡juro «pie lo digo sin calembour! — y no 
halnrme troj)e/ado tan de cerca con una alinuu'ia de 
ítiXa», mi pesadilln, para venir y hallármela en tie- 

— 268 — 



I 



MI DIARIO 

rras boreales, tiene gracia ; nada más que yo no se 
la encuentro. 

El campo, soberbio, en poderosa eclosión de vera- 
no. Todo es verde, preciosamente verde. 

19 DE MAYO. — Impóneme "El Imparcial" de Mé- 
xico, de la muerte, allá, de Fernando Luna y Drusina. 
Leo que las alabanzas huecas y de cajón, el suelto 
funerario, son para el experto íjuímico ; para el poe- 
ta, nada. . . 

Es una injusticia, pues aunque Fernando no era 
príncipe parnasiano, su poesía es muy digna de que 
se la tome en cuenta ; dígalo, si no, su letra a la dan- 
za "Perjura," de Miguel Lerdo de Tejada, tan popu- 
lar en el país, que, estoy seguro, no hay enamorado 
ni enamorada que no se la sepan de coro. 

Lo que nadie sabe es el porqué de esa letra: una 
pasión prohibida que amargó la existencia de Fer- 
nando, pues al igual de todas las pasiones, aun las 
permitidas, tuvo más de espinas que de rosas; espi- 
nas que crudelísimamente le hincaba una dama que 
yo saludo reverente. 

Su "Perjura" aparte, saboreada y aplaudida, — 
lo que ya sería título para no escatimarle el de 
poeta, — deja Luna y Drusina una obra de mediano 
tamaño, en la que se destacan algunas composiciones 
de mérito, por mucho que se resientan de roman- 
ticismo ultra en el fondo, y de Bequerianismo y Ur- 
binismo, — 1." época, — en la forma; Gustavo Adol- 
fo Béquer y Luis G. Urbina fueron los modelos pre- 
dilectos de Fernando. 

Su profesión de químico, la detestaba, a pesar de 

— 259 — 



F. (iAMliOA 

lo que se distinguió en ella. j)orque eonsi(l«'rál)ala 
la nuis incompatible con la poesía y una tle las nu'is 
prosaicas que pueden darse. ¡ Cuántas veces, que yo 
lo v¡s¡t«' en su faruiaeia, o en el Consejo Superior 
de ¡Salubridad, revestitlo de niamjil y nianejamlo d 
mortero o la espátula, la maldijo conmigo: 

— "Mira cómo me eneuentras, — exclamaba accio- 
nando, — a leguas y leguas de las Musas. . . " 

Lo consolaba yo, citándole el ejemplo de Suniler- 
mann. farmacéutico como él. y. sin embargo. \in dra- 
maturgo de tomo y lomo. 

Fué Luna y Drusina, por temperamento, un amo- 
roso y un poeta ; y quizás habría legado mejores fru- 
tos, si, tle veras, su profesión hubiese sido ilistinta. 

La tal profesión, enconada frente a las ingratitu- 
des y maledicencias de ípie la hiciera perenne ob- 
jHo, al fin se vengó de Fernando y le segó su vida : 
inspeccionando unas ví.sceras infectadas, contrajo el 
tifo que prenuituramente le diera nuierte. . . Murió 
en el cumplimiento de su deber como perito (piímico 
del (.'onsejo, vale decir, <jue murió heroicamente, aun- 
que semejantes heroicida<les y otras que tal, todavía 
pasen inadvertidas entre nosotros. Y no ha de ha- 
berse figurado (pie muriendo así, en el laboratorio, en 
el desempeño de noble empresa, con su muerte es- 
cribió el verso más sentitlo y perdurable! 

Ya í|ue no me es permitido acompañarlo a su fo.sa, 
y a él no w le realizó el anhelo de ver reunidos en 
un tomo todas las notas (pie arrancó a su lira, sin 
su licencia estampo atpií la composición iné«iita <pie 
me dedicara, y que algo deja entrever tii' su psico- 
logía : 

- 2fi3 — 



MI DIARIA 
MIS RECUERDOS 



A Federico Gamboa 



Cuando en mis noches de insomnio 
hago venir mis recuerdos, 
que yaceJí quietos y mudos 
— como en su tumba los muertos — 
en el rincón más obscuro 
del fatigado cerebro ; 

Cuando ante mi van pasando 
con andar pesado y lento 
— cual pasa la comitiva 
que acompañando va al féretr< 
las lágrimas de mis ojos 
van silenciosas saliendo, 
y ruedan por mis mejillas, 
y en silencio me las bebo . . . 

Ni un suspiro, ni una queja 
exhala triste mi pecho, 
ni de la noche lá calma 
viene a turbar mi lamento ; 

yo solo sé mis congojas, 
yo solo sé lo que tengo 
cuando mis insomnios paso 
llorando quedo, muy quedo. 

Y entonces, en esas horas 
de angustias, es cuando creo 
que debo tener el alma 
más resistente que el hierro ; 
pues quiero gritar, y callo, 
y sufro mucho ¡ y no muero ! 

— 2G1 — 



F. GAMBOA 

¿ Por (lué lio vuelven. Dios mío, 
esas horas y esos tiempos? 

¿Por qué no son golondrinas 
que vienen eonio se fueron T . . . 

Si no podéis darme dicha, 
si es ¡in[)0sihle mi anhelo, 
no vengáis a mi llamado, 
no despertéis a mi acento 
como despierta en las Ixivedas, 
la voz. los dormidos ecos. 

De nuevo volved al sitio 
en (|ue estabais. m\s recuerdos; 
volved al rincón obscuro 
del fatigado cerebro; 

y (jueilad allí tran(|U¡los. 
siempre mudos, siemj)re <|UÍetos, 
como oruga en su capullo, 
como en su tumba los muertos. , , 

México: mayo, 30196. 

21 df: .mayo. — Allende el Capitolio, en el Panjue de 
Lincoln. 

Un monumento en bronce, del gran al>olicionista 
asesinado por un cómico fanático, de pie y en hermosa 
actitud, la una mano sobre la eiuuala/ada melma 
de un í'sclavo medio arro<lillado a sus pica y con la 
eadi-na rota, y la otra .víibre «-I a<'ta de almlieión de 
la es<*lavitud, (pie deseausa en una columna. 

Las inscripciom-s en relieve, conmovetloras : el mo- 
numento lo co.stearon por subseripción voluntaria, los 
negros y una sociedad anti-esíjlavista. Inició la subs- 
cripción una liberta, con los primeros cinco dólares 

— 2tí2 — 



MI DIARIO 

que ganó trabajando ya como mujer libre, al saber 
que Lincoln había sido asesinado. 

25 DE MAYO. — No hicimos ayer nuestra habitual ex- 
cursión "dominicana," porque tenía yo resuelto que 
fuéramos lioy a sitio de mayor interés: Mount Ver- 
non, a visitar la casa y la tumba de Washington. 

Comienzan, pues, las peregrinaciones de año atrás 
contempladas, que propongo realizar en los EE. UU. 
No muchas, nó, tres nada más e importantes, aun- 
que de naturaleza distinta : la primera, la de hoy ; 
luego, conforme disponga de tiempo y dinero, a la 
tumba de Edgar Alian Poe en la abadía de West- 
minster, de Baltimore, y por último, a la tumba y 
casa de Walt Whitman, en Camden de Nueva Jersey. 

A las 10 en punto de la mañana zarpamos del mue- 
lle que se encuentra al pie de la Calle 7.", a bordo 
de guapísimo barco, un '^ChurUs ]\íacalester," espe- 
cialmente fabricado para esta carrera. Golpe de pasa- 
. jeros, los nativos en mayoría, sin que escaseemos los 
de otras latitudes. 

El Potómac, histórico y trágico bebedor de san- 
gre anglosajona en las pocas guerras que han asola- 
do este país de paz, de las orillas washingtonianas 
divísase impuro y sucio ; y como se sabe que con su 
hábito envenena, maldito lo que se le admira. Pero 
hoy es una revelación, hoy se me manifiesta bajo 
faz diversa: ancho, de gran volumen, importante, con 
riberas pintorescas, y harto surcado por embarcacio- 
nes de todas clases y tamaños. 

La onda fría que sopla desde ayer, aliviándonos del 
tórrido calor que comenzaba a derretirnos, adquiere en 

— 263 — 



F. GAMBOA 

la cubiertii d»! '' Mncalratcr," iiingiiantnl)li> tostpu'- 
dades que nos fuerza a refugiarnos dentro del salón 
en (|ue los calo!Íf»'ros runrunean. Adlicrido al cris- 
tal de un Ventanillo, Jio se nu» eseapa detalle de la 
travesía. Enteróme del aspecto general de la Villa de 
Alexandria. — primera capital (pie tuvo el Estado de 
\irginia, — vetusta ciudad <pie ha perdi<lo de s»i an- 
tigua importancia por la proximidad con Washington. 
Atracamos breves instantes. toTuanios y ilejainns via- 
jeros, el correo, algunos "morenos'' que .se luimlen 
silenciosos en la segunda cla.se, bajo el puentf. . 

Sigue el panorama. Los eami)Os, en plena ort:ia de 
verano: ebrios de luz. de hojas, de aires bien olientes. 
de horizontes de8peja<los y diáfanos, de alada ga- 
rndería : hay arboledas y ariml«Mlas, d«» cmindo en 
cuando cortadas por chimeneas humeant«'s y altísi- 
mas, — las otras arl)oledas que tanto abtindan en es- 
te prodigioso suelo d»* tradiajo y <le indu.stria; más 
lejos, nuintañas azules; muy cerca, colinas y laderas, 
Oíjuedades y abras, verdes, verdí»a, to<lo Vs verde... 
Por entrand)as bandas del " Mnmh stfr," pasan de 
tiem[)0 en tiempo laboriosos remolcadores, puja (pie te 
puja, tirando de balandros cargados, de navi»« ca- 
pricho.sas (pie la inventiva de estos demonios multi- 
plica y adapta a sus necesidades. 

Al cabo de una hora, escala en el "Fort ]yashÍHg- 
ton." donde d(>positamos a un par de artilleros (pie 
venían con nasotros; largamos dos roncos pitn/os y 
¡hala!. . . 

Mount Vrrmtn. 

(^í'miodnmente saltamos .1.1 ■ .!/»/< /i « s . / <■ \.\ iir- 
rrn firme; es un desembarcadero en forma, con em- 

— 264 — 



MI DIARIO 

pleados de gorra galoneada, que exigen los billetes 
de a veinticinco centavos que cuesta pasar adelante. 

Desde luego, — y aun falta trecho para la turaba 
y la vivienda, — las charlas se apagan, ahora se ha- 
bla en voz baja, está prohibido fumar y trasponer 
la reja del ingreso con canastos, perros, bebidas ni 
viandas. . . Algo de solemne ha de flotar en la at- 
mósfera, supuesto que hasta los pequeños se ponen 
serios; dígalo el mío, que por el campo se perece, y 
que va caminando quietecito y mudo, como los otros 
dos o tres rapaces que integran nuestra romería . . . 

Henos frente a la tumba... Severa construcción 
de ladrillo, con reja de hierro en forma de arco, y 
esta lacónica insciñpeión entallada, arriba, en re- 
ducida lápida de mármol: 

^'Within this cnclosiire rcst the remains of Gene- 
'' rol George Washington". (Dentro de este cercado 
reposan los restos del General Jorge Washington). 

En el interior, encima de los dos sarcófagos, — el de 
Washington y el de su esposa, — se leen, entalladas 
asimismo, las palabras de Juan el Evangelista: 

"Yo soy la Resurrección y la Vida. El que en Mí 
' ' crea, aunque haya muerto vivirá ..." 

El sarcófago de Washington, que es de mármol 
blanco cortado como ataúd, sólo dice en su tapa : 
WASHINGTON, y cincelados, ostenta única- 
mente el escudo de armas de los EE. UU. y el pabe- 
llón nacional en paño simulado. 

Una de las garras del águila del escudo, falta, fué 
mutilada por un ciudadano que sabía leer y escribir, 
durante la guerra de secesión. {¿Tu quoque. Bru- 
to?...) 

— 265 — 



F. GAMBOA 

Eli ti otro sarcófago, se lee: "Martha. Con- 
" sorte de Washington. Murió el 21 de mayo df ISOl. 
" a la edad de 71 años." 

Es curioso que se hayan equivocado en la f«'cha; 
la viuda de Washington no murió hasta el 1802. 

E.sta tumba se denomina la "Tumba Nueva," j)a- 
ra dift-reneiarla ile la j)riinitiva. la "Tumba Vieja," 
— a unos cuantos pasos, camino de la vivienda. — 
que Lafayette visitó cuando su famoso viaje en el 
año de 1824. 

La "Tumba Vieja" fué violada el I8:il. y por aña- 
di<lura. saqutadu . . . Manos sacrilegas extrajeron un 
cráneo de sus entrañas santas, y el j>rofanador osó 
pretender que el tal, era r\ cráneo de Washington. . . 
('oniprobaeiont'S científicas posteriores han demostra- 
do plenamente, — ¡(juiéralo Dios! — (jue los restos del 
grande hombre se encuentran completos. 

(Por lo demás, (^ta violación y la mutilacituí del 
escudo de armas, — a.sí como análogos horrores ile si- 
glos atrás perpetrados en Europa, y en París i ¡ ¡ la 
Ciudad-Luz! ! ! con las ceni/as de Juan Jacobo. de Vol- 
taire y de (|uién sabe cuántos monarcas sepultados en 
Saini Dcnis, esparcidas a los cuatro vientos; el aten- 
tado más reciente a la tumba de Napoleón, — en cierto 
moilo, me consuelan auiupie muy tristemente, por lo 
que a los mexicanos nos alivian del merecido dicta- 
do de bárbaros con que «'1 mundo ha solido bauti- 
zarnos en recompensa a proezjis parecidas o peores. 
Confieso (pie lo hemos sido, más de la cuenta, que 
«piizás mañaiui reincidamos, pero. Señor, (pie los ex- 
tranjeros no nos lo echen en cara tan a menudo y a 
desti(m|)o; que a su vez entonen su nica culpa y re- 

— 266 — 



MI DIARIO 

conozcan que el populacho y las chusmas, y en ocasio- 
nes hasta uno que otro civilizado, errata de la espe- 
cie, son en todas partes igualmente salvajes, eterna- 
mente salvajes, incurablemente salvajes ! . . . ) 

En previsión de otro atentado, se edificó la "Tum- 
ba Nueva," modelo de seguridad y solidez, verdadero 
recinto inviolable, y a ella transladaron los despojos 
de "Washington y de Marta. Un John Struthers, de 
Piladelfia, labró con sus manos los dos mausoleos, em- 
pleando bloques de mármol de una sola pieza, y los 
obsequió al propósito de que para siempre custodiaran 
las venerandas reliquias. Se procedió con toda pompa 
al enterramiento final, y la llave del panteón la arro- 
jaron a las profundidades del Potómac. 

En su derredor míranse, por las afueras, diversas 
tumbas de herederos y parientes de Washington ; mas 
lo que yo digo, ni después de muerto conviene hallarse 
muy cerca de las grandezas, so pena de que nadie se 
fije en uno. Que es lo que ocurre con todos estos di- 
funtos, ni quien se detenga ante sus lápidas. . . 

Detúvemc, en cambio, frente a cada uno de los ocho 
árboles conmemorativos que crecen cabe el panteón, 
y eu3'as procedencias pueden averiguarse leyendo los 
sendos cartones que cuelgan de sus troncos: 

I. — Un olmo, plantado en 1876, por Dom Pedro, Em- 
perador del Brasil entonces ; 

II. — Un plátano falso (arce), plantado el 31 de oc- 
tubre de 1881 por las " Temperance Laúies" de Amé- 
rica ; 

III. — Un roble británico, plantado por encargo del 
Príncipe de Gales, — hoy Eduardo VII, — para reem- 
plazar el que como recuerdo de su visita a Mount Ver- 

^ — 267 — 



F. GAMBOA 

non i)lantó j)or sí mismo el año do 18G0. y que so agos- 
tó al poco tiomix) : 

IV. — rii árbol ¡)lanta(lo el 29 de novbro. de 1890, 
por la Fraternidad estudiantil "Sifjma. I'ln/*'; 

V. — l'n álamo de Concordia, ¡ilantado en abril de 
1897, por los ** Hijos de la Revolueión Americana"; 

VI. — l'n encino blanco, plaiita<lo el VA de mayo de 
1899, f>or la asociación atnericana de Inffenieros Ci- 
viles ; 

\'II. — l'n tilo permano. plantado el 27 de ftbnro de 
lí)02, por el Príncipe Enri(|\i«' de Prtisia, y 

\'lll. — l'n álamo, plantado el 19 de marzo de lfí02, 
por la Fraternidad estudiantil "I'liii. Itrta, I'sjf." 

La licre(lad de .!/<>»//»/ VrrnoH, en sus orípenes, w 
denominó " Hunting Crfick Estáte,'* y ha.sta 1743 que 
la ad(|uiriern Lawrence, — un medio hermano <le 
Wásliiii^rton.— y m ella edificara su lial)itación, no le 
vino el nombre de M(»uvt Vrrtion: en honor <lel Al- 
mirante \'ernon, a cuyas ónlenes había combatido 
Tiawn'iice contra Kspaña. A la muerte de Lawrence 
y de su hija única, Washington heredó los dominios. 

Data, a contar de entonces, la celebridad del sitio, 
debiílo exclusivamente a la alte/jj de su dutño. tan 
grande en su gloriosa y excepcional viíla i)ública, co- 
mo en su nobilísima y ejemplar viíla privada. 

Muy |>oco despu^'-s de su matrimonio en 17ri9. ví- 
noíM" Washington a habitar Mount Vernon. Aquí tra- 
bajó la tierra y administró la propicílad, hasta «pie 
la patria no lo llamó al campo de batalla ; aqtií regresí'), 
después de Yorktown, y despu»'* de sus períoílos pre- 
sidenciales; a<pií vivió en digno retiro, ««omo un eiu- 
dadano cualípiiera, sin ambiciones ni una .sola man- 

— 26S — 



MI DIARIO 

cha, amado y grande hasta la fecha de su muerte, 
en 1799. Aquí, por último, duerme apaciblemente 
su postrimer sueño, venerado de propios, admirado 
de extraños: aquí, en sus tierras, donde vivió, tra- 
bajó y amó ; donde menospreció las mentidas gran- 
dezas humanas, muy inferiores a su grandeza propia, 
tan inmensa, que casi parece extrahumana . . . Aquí 
reposa ; y resulta imponente el acto de equidad que 
con él ha consumado este conglomerado de ochenta 
millones de individuos, al transmutar en templo la 
poética morada, y peregrinar a ella año tras año, va- 
rias veces algunos, los próximos y los remotos, con 
pío recogimiento, veneración y respeto. Hacen divi- 
namente, levántanse a sí mismos, es el legítimo tribu- 
to que tenían que pagar las posteridades del hombre 
puro, los cultores de la fuerza física, los sectarios de 
las ambiciones y de las audacias, los practicantes del 
abuso, y aun de la rapacidad internacional, que, co- 
mo al galgo, de raza les viene. . . Hacen divinamente 
en llegar y prosternarse ante la tumba del que creyó 
y practicó el Derecho, del que sirvió a la Justicia, del 
que adoró a Dios, — y no al Dólar, — del que fundó la 
Libertad en todo un Continente, que. ¡ ay de mí ! pa- 
rece que no acierta todavía a idolatrarla y reveren- 
ciarla cuanto se merece. Ojalá que los hijos de los 
hijos de los americanos de hoy, en cada generación fu- 
tura se aproximen más y más a la grandeza de miras 
y pureza de hábitos de este Patriarca que sólo con su 
recuerdo llena el orbe. . . " E Plurihus Unum." De to- 
dos ellos, los plurihus vivos y muertos, apenas si los 
unums serán tres: Washington, Jéfferson, Lincoln... 
Hay qne consignar un precioso rasgo que mucho 

— 269 — 



F. GAMBOA 

enaltece a la mujer aniorieana ; si no es por ella, se 
piecde la propiedad de Mount Venion, y en lugar 
de templo cívico sería ahora lo que l\ls. gusten : fiiu- 
diciúu, molino, fábrica. Una egregia dama de la Ca- 
rolina del Sur, Miss Ann Pamela Cunningham, ani- 
mada de celo patrio poco común, se echó encima la 
ardua empresa de allegar los fondos bastantes a la 
compra del dominio, cuyo último propietario, John 
Augustine Washington, sin medios ni influjas, lo sa- 
có al asta el año 1853. ^liss Cunningham propúsose, 
y lo realizó, reunir la crecida suma de 200.000 dóla- 
res indispensables para su intento; y al efecto púsose 
a la cabeza en 1858 de la " Moittit Vcriion Ladics'As- 
sociation of thc i'nion," societlad organizada «lebiila- 
mente, con representantes en doce Estados, por lo 
pronto, y pedigüt-ña incansable de contribuciones, 
subscripciones y voluntarias dádivas. De é.stas, \ina 
resalta y merece su renglón aparte. 

El literato Edward Everett, consignó los pro<iucto8 
de una conferencia de paga que dio en la ciudad ca- 
pital, y de ciertos de sus escritos a la venta, a la inci- 
piente asociación patriótica; una nadería, Día 

70.0001!! <le los que, no digo un plumitiiu», — ¡wr re- 
gla general a la cuarta jMrgunta en tanto no C4>lebran 
nui>c¡a8 o barraganías con mi señora la Faran, — un 
filántropo multimillonario y profeaionai, difícilmen- 
te Sí' <lespr«'nde. 

Lü Asociación seguía en su tarea. Otro í-scritor de 
nota, qtie cuando joven yo causó mis delicitis con su 
admirable "Vida y Viajes de Tristóbal Colón," Wáa- 
hington Irving, ejecutóse con 500 dólares... Luego, 

— 270 — 



MI DIARIO 

contribuyeron todos, los de aquí y de allí, las mujeres, 
los varones. . . 

Nota de suprema ternura y de altísima enseñanza 
de civismo : se abrió una subscripción múltiple en 
las escuelas primarias, y todos los niños, ¡todos! die- 
ron cinco centavos cada uno. Miles y miles de criatu- 
ras, — madres y ciudadanos mañana, — los hijos de 
los acaudalados y de los menesterosos, los hijos de los 
blancos y los hijos de los pobres negros, sin diferen- 
cias ni humillaciones, daban idéntico óbolo para que 
el Padre de sus padres, el Padre de una Patria, dur- 
miera tranquilo el sueño de que nunca se despierta, 
en su finca de campo, dentro de sus antiguas pro- 
piedades, a orillas de su Potómac, en su amada ''Ole 
Virginny," su "Vieja Virginia". . , 

La Asociación vencía ; antes de expirar el 1859, los 
I)ls. 200.000 se hallaban en su caja contantes y sonan- 
tes; y al año siguiente, el 1860, Mount Yernon fué ad- 
quirido por la sociedad femenina, y, consiguientemen- 
te, por el Gobierno, que es aquí el respetado patrono y 
administrador de las propiedades particulares e incor- 
poradas, de personas morales de esta naturaleza, por- 
que las cuida y regentea con honradez normal, sin apo- 
derarse de réditos ni objetos, antes protegiéndolas, fo- 
^ mentándolas, subvencionándolas, cediéndoles rentas, 
edificios, terrenos nacionales. A diferencia de otros 
países que yo me sé, donde los Gobiernos son más temi- 
bles y peligrosos que los forajidos de las selvas. Y que 
no me fuercen a citar ejemplos. . . 

De entonces acá, — hace cuarenta y tres años, — se 
va a Mount Vernon en piadosa peregrinación, si de 
americanos se trata, o en peregrinación de curiosidad 

— 271 — 



F. GAMJiOA 

sana, si se trata de extranjtTOS como yo. Con el rodar 
de tanto año. la interesante historia de la adquisición 
se ha esfumado, sobrevive un detalle que otro, pero 
se estro|)ean noinlires, se confunden ffchas ; ha.sta mu- 
chos indígenas van por convencionalismo, y por sno- 
bismo MMU-hos forasteros. Yo. nó ; llev«* a cabo dilata- 
da y concienzuda visita, tragándome anti's cuanto se 
ha escrito respecto a Mount Venían, ponjue quiero 
señalar en las verídicas pá«;inas dt* MI DIAHK^, to- 
do lo que de bueno y de malo advierta en e.ste pue- 
blo. Y en prenda de mi sinceridatl y reverencia, iiu: 
descubrí dentro de la morada sacra, nu'is, obligué a 
mi hijo, — que es la idolatría de mi vida.— a ípie a su 
turno se descubriese. 

— Cuando crezca.s. hijo mío. y que leyendo estos 
renglones te enteres de lo (|ue hiciste a mi latió, has 
de agradecerme que en un lugar como la casa <le 
Washington, lu infancia purísima se haya descu- 
bierto. 

Panjue arriba, nos detenemos en la "Ca.sa di- \'e- 
rano, " kiosco de madera nn-dianaim-nte espacio.so, 
hincado en una eminencia y con vistas al Potómac. 
Un poco más arriba, — subimos siempre, — el *'Par<|U»* 
de los Ciervos," cercado de alambre, «mi declive hasta 
la ribera, en el (pn* se apacientan venados virginianos 
a los que Wá.shington era muy afecto y de los (pie 
eontiiniameute guardaba algunos. Doblamos a la iz- 
ípiirrda. y .se aparece la vivienda tan jwpidarizada en 
gral)ad()s «• ilustraciones, en el centro d«' ancha plazo- 
leta, a cuyos me<lios y al extremo su|M*rior «le empina- 
do y í'slM'lto má.stil, on«i«'j> a perp«'tuidad «-1 Pabclbui 
de las Estrellas. 

— 272 — 



MI DIARIO 

Transpusimos el Main Hall, del que arranca la es- 
calera para los ^isos altos. Principia el museo : a la 
izquierda y aprisionada en nicho de cristales (¡también 
al verdugo azotan!), la llave de la Bastilla, que La- 
fayette regaló a Washington, después de su toma y de 
molición el 14 de julio de 1789, juntamente con un 
modelo de la fortaleza, — colocado en la Sala de Ban- 
quetes, — y amparados entrambos regalos con la si- 
guiente auténtica autógrafa : 

— "Permítame Ud., mi querido General, que le ob- 
" sequie con una copia de la Bastilla, — según se veía 
" pocos días después de que ordené su demolición, — 
" y con la llave principal de la fortaleza del despo- 
" tismo. Debo a Ud. este obsequio, como un hijo a su 
" padre adoptivo, como un Ayudante de Campo a su 
" General, y como un Misionero de la Libertad al Pa- 
" triarca de ésta.'' 

Junto al nicho de la llavaza de hierro forjado y de 
siete pulgadas inglesas de longitud, mírase, encuadra- 
da y con vidrio, la copia en facsímile del contrato 
firmado en París el año de 1776, entre Silas Deane, 
Ministro de los EE. UU., y el Marqués de Lafayette, 
admitiendo a éste en el ejército americano con el gra- 
do de Mayor-General. 

Frente por frente, cautivas asimismo dentro de ni- 
cho de cristales, tres de las cuatro espadas que Was- 
hington legó a cinco de sus sobrinos, y copia de la 
cláusula del testamento : 

— "A cada uno de mis sobrinos, Guillermo Agus- 
" tín Washington, Jorge Lewis, Jorge Steptoe Wás- 
" hington, Bushorod Washington y Samuel Wáshing- 
" ton, doy una de las espadas, o cutteaux (sic), que 

— 213 — 

18 



F. GAMBOA 

" puotla yo poseer cuando muera y que ellos escoge- 
" rán en el orden en que a{|uí son enumerados. Acom- 
** paña a las espadas la orden expresa de que no las 
'* d«'snud»'n jiara derramar sangre, salvo en defensa 
" propia o en defensa de la Patria y sus «lereelios; 
" caso este último en que las conservarán tlosrnidas. 
" preíirii'ndo, a su al»andono, eat'r con ellas euln* sus 
" manos." 

Los trt'S aceros tjU)- sf <'(nis<'rv}in, son: el i-scogido 
por B. Washington, un espadín en cuya hoja se gra- 
baron dos inscripciones latinas: "Cumple el Debor," 
y "A ningún hombre teme"; el escogido i>or Lewis, 
esjj/idín iiislóiieo (|ue Washington llevó al cinto en 
varias y muy solemn«»s ocasiones, principalmente, 
cuando resignó el iiuindo en AnnapoUs, y cuando la 
inauguración <le su |)oder en Nueva York, y el escogi- 
do por (J. S. Wá.shington, obse(juio a Washington de 
Theophilus Alt. afaumdo espadero prusiano de la 
ciudad de Solingcn, con esta in.s<'r¡pci«'in «*n alemán: 
" Destructor del Despotismo, Protector de la Liher- 
" tad; IIoMd)re Glorioso ! Acej>ta de las manos de mi 
*' hijo esta espada, te lo ruego. Tlu-opliilus Alt. " 

En el *'OrÍ€ntai I'arlor," — crismado así por su 
orientación y no porcpie encierre nada de los país«-s 
de Levante, e igualmente conocido por *'Sah'in de 
Música," — entre muebles de la época, se contienen: 
un <'lavicor«lio inglés, legítimo, que Washington rega- 
ló a su .sobrina Xellie Custis. con niotivo de la boila 
de éata, y la flauta que tocaba Washington. \ Ah ! tam- 
bién íinii mesilla ríe juego, en la que hacían su par- 
tida áeuliixt Wá.shington y Lafayette. 

Esto I>afayette sf que la acertó. Figura en toda la 

— 274 — 



MI DIARIO 

casa ; en una habitación, obsequió esto, en aquélla, 
lo otro ; el cuarto que le dedicaron, en el segundo 
piso, hállase tal y como si lo aguardaran a la noche ; 
su nombre aparece arriba, abajo, en todos lados ; y 
mucho de las irradiaciones poderosas del Gran Ame- 
ricano lo alcanza y cobija, lo ha incrustado ya en los 
fastos de este pueblo, que vive y olvida tan de prisa... 
En el "Occidental Parlor," llaman la atención: las 
armas heráldicas de la familia Washington ; una sun- 
tuosa silla esmaltada de blanco, que procede del cas- 
tillo de Chavagniac, — cuna de Lafayette, — con que el 
Senador Edmond de Lafayette, nieto del ]\Iarqués, 
obsequió a la Asociación Femenina de Mount Ver non. 
Vese, además, algo que conmueve, que es irónico y es 
hondamente triste : un retrato de Luis XVI en tra- 
je de corte, que el Monarca malaventurado envió "en 
prueba de su estimación", al fundador de la Repú- 
blica. . . Con el retrato venía un tapete tejido de or- 
den del propio Luis XVI (¿en los Gobelinos ? , . . ) , 
que no fué admitido en aquellos dichosos días, porque 
a Washington, como Presidente (1), estábale prohi- 
bido aceptar obsequios de potencias o gobernantes ex- 
tranjeros. Más tarde lo vendieron (¿en pública su- 
basta?) a Jasper Yates, Juez de Lancáster de 
Pennsylvania, cuya nieta o tataranieta^ Mrs. Sarah 
Yates Whelen, le cedió a la Asociación con plausible 
desprendimiento, el año de 1897. Es de fondo verde 
obscuro, y en su centro mírase el águila americana 
circundada de las 13 estrellas históricas de los primi- 
tivos Estados Unidos, los verdaderamente grandes por 



(1). — La saludable prohibicióón subsiste. 

— 275 — 



F. OAMIiOA 

mucho que no poseyeran el enorme territorio ilc lioy ; 
poseían algo más, en cambio: el temor de Dios y la de- 
voción del honor, de la justicia y del derecho. Bajo 
las garras tlel águila el *'A' I'luribtts i'num." 

La biblioteca. El culto aquí cae en cultomanía ^^ los 
libros encerrados en los e.stantes. no son los tle Was- 
hington, <|ue atesora «•! Ateneo de Boston, sino un du- 
plicado de a(|uéllos, comprados o adquiridos en fuen- 
tes varias. Hay algo peor: tomos muy bien empasta- 
dos, tlamantes algunos, de lf<;>!» y aun posteriores, (pu* 
nada tienen que ver con el singular estadista; por 
ejemplo: "Anales de la Asociación <le Mouut Vrr- 
uon" "Historia d»* los Esípiilmos de la Fine.a"... 
un totum rcvolutum cpie desnaturaliza la amplia ea- 
taneia en que pensó, leyó y eseribió el grande hombre. 

Obras ile arte: v\ busto en bronee de Washington, 
modelado por Houdoii, y copias de los inconclusos re- 
tratos de Washington y tle Marta, que Stujirt pintó 
<lel natural en ITH") y (pie, s«'gúu (h'cires, es lo iiu'jor 
«¡ue de Washington se ha hecho; jíor antonomasia llá- 
maseh' "la Cabeza Modelo" (fin Standard lírnti), 
y i*s el (pn* antla por ahí en tind)res |>ostales. libros, 
grabados y revistas. Los originales obran eii poder 
del Museo de Bellas Artes de Boston. 

De entre los voliunenes alineados en los ana»iue- 
let>, distinguí con grandísimo regocijo, un "(iil Bhis 
<U* Santillana ' en dos tomos. . . (¿Por qué con regoci- 
jo, si no me consta <pie Washington lo leyera!) 

El (Comedor de Familia. I^a ciiltomanía se agrava 
con golpe de minucins nada intere.santes. así refiéran- 
se o pertenecieran a Wíushington, su consorte, sus he- 
rederos y amigos; la concentración que i>oco a ¡wco 

— 276 — 



Mí DIARIO 

ha ido adueñándose del espíritu del visitante, se di- 
vaga . . . En el armario-rinconero, es de admirar una 
reproducción del servicio de fina porcelana (¿Limo- 
ges?) que los oficiales de la Flota Francesa de la Re- 
pública Una e Indivisible, presentaron a la señora 
de Washington en 1792. Gada pieza está marcada con 
el monograma "M. W.," dentro de corona de olivo 
y laurel, con cadena cuyos eslabones lucen los nom- 
bres de los Trece Estados de aquel entonces. (¿Por 
qué no se quedarían en cifra tan moderada e in- 
ofensiva ? . . . ) 

En velador aparte, una licorera de precio, regalo de 
Lord Fairfax a Washington. 

El " Sitting Boom" de Marta, con muebles, cuadros 
y objetos que no dicen nada. 

Sala de Banquetes. Domina una soberbia chimenea 
central de mármoles de Carrara y de Siena, en Italia 
esculpidos, que un londinense, Samuel Vaughan, Es- 
quive , regaló a Washington. Quieren las crónicas, que 
durante la travesía del artefacto, rumbo a América, 
unos piratas franceses se lo adjudicaran como parte 
del botín de la nave saqueada, en que venía ; pero 
que al enterarse de que estaba destinado a Jorge 
Washington, intacto lo remitieron a su destino . . . 

Cuelgan de los muros muy curiosas acuarelas de no 
mala factura : el feudo de Sulgrave, hogar británico 
de Washington, y sepulcros de ancestros, otros Was- 
hington vueltos polvo hace años de años, en Little 
BHngton y Great Brington de Inglaterra. 

En armarios y mesas, infinita variedad de reliquias, 
— la cultomanía se ha hiperestesiado, — hasta hebillas 
de coturnos y botones de uniformes. 



277 



F. GAMIiOA 

Eloout'iitt'. a i«'sar tlf su mutismo d»' iiiauiunido y 
huriiihlo, un ladrillo vidriado de la Taberna dr Fraun- 
ces, en Nueva York, donde Wá-shin^ton dio a rus ofi- 
ciales "su atliós inmortal" {his immortal farvwcll). 

Nos acercamos al sitio solemne por excelencia, en 
el piso alto, la estancia en (|U»' Washington exhaló su 
último suspiro. 

Es honda la impresión qtie se recilie, más de lo (pie 
uno se imaginaba. Todo se halla como en la fincha del 
fallecimiento: los mismos muebles, las mismas ropas de 
cania, el mismo baúl de cuero (pie Washington lle- 
vaba consigo en sus campañas, está ahí, al pie del 
vasto lecho de columnas, como en las vísperas de las 
gloriosas excursiones... Y se habla bajo y j)oco; se 
dice a los íntimos, "¡Mira:...", y todas no hacen 
sino ver, mirar, contemplar, soñar. . . 

De puntillas hemos .salido de la alcoba; ya el res- 
to de la casa significa ]M)ca cosa. Ixw pensares hanse 
amotinado en el cerebro y azotan los s¡en<»s. . . ipor 
qué pienso en mi Mi'xicoT. . . i por <]\U' haitré asido la 
manecita de mi hijo, y se la habré apretado tanto, 
tanto t. . . 

Con desgana recorro los cuartos restantes, des- 
de el de Marta ha.sta el del Marcpiés de Lafayette; 
sin contar porci()n de hnbitacione» inexpresivas, tri- 
viales casi. 

De una ventana, ha descubierto mi hijo un hato de 
carneros (pie pacen en el jardín, y a rcniobpie me obli- 
ga a ípic bajemos y los miremoH de cerca: 

— ¡Cómprame uno! — me pide en el tono salamero 
que enii)lea paru dominarme. 

Tn triunfo me cuesta hacerle comprender que no 

— 278 — 



MI DIARIO 

se venden; y a mis juicios y proudhomescos argu- 
mentos, opóneme su voluntad, que es mi actual so- 
berana : 

— ¡ Yo quiero uno, papá ! 

La vista de las flores, (que ama casi tanto como a 
los animales,— no vas descaminado, hijo mío, y Dios 
sea servido de mantenerte por tan segura senda : 
animales, flores. . . cuánto mejores que los hom- 
bres. . . y aun que las mujeres!) — ^lo distrae de su 
capricho. Andamos ambos jardines ; nos asomamos 
en el invernadero, la hilandería y la carpintería ; 
penetramos en la antigua cocina patriarcal de mag- 
na chimenea, a cuyo calor arrimábanse amos, cria- 
dos y esclavos, en las prolongadas vigilias inverna- 
les, de disforme mesa de pino, para los ágapes co- 
loniales, reposados y graves. De la campana del fo- 
gón, penden las marmitas ventrudas, y de sus mu- 
ros retostados, platos y tazas de auténtica China . . . 
Todo igual que antaño, cuando el gran desapareci- 
do habitaba y animaba sus extensos dominios. Aquí, 
en la cocina, el museo ha cedido el lugar a la tien- 
da : compramos recuerdos de Mount Vernon, obje- 
tos de madera trabajados en la casa y provenientes 
de la de sus bosques y parques. 

A la mitad del patio de labor, que se encara a 
la cocina, un reloj de sol, moderno y excelentemen- 
te acabado, substituye al que allí había en los tiem- 
pos idos. 

A fin de grabarme por siempre la morada y sus 
depende^ncias, mi curiosidad se entra hasta en el 
granero o troje ; y por último, echamos una ojeada 
a un vetusto furlón que se apolilla en la cochera, 

— 279 — 



F. GAMnuA 

y que se conoce por «'1 "cocho ix'rdido, ' pues jxt- 
dido, en efecto, estuvo varios lustros. 

Meditabundo yo, nostálgica mi mujer, — |)arécenie 
que esta tierra no ha de ¡Lranárscla nunca, — y lo<'\iaz 
mi muchacho, regresamos a la ea|)ilal federal, a bor- 
do de nuestro "Charles MacaUsttf," y en su cubier- 
ta couRinos. . . 

Nuestro yantar es melancólico, y a su término, espon- 
táneamente mi mujer y yo nos llegamos a la borda 
del barco, junto a nuestro hijo; nuestros mirares, cía- 
vatios en las omlas verdosas del i'otómac. nuestros 
pensamientos, clavados pn México; nuestros rostros, 
azotados i)í)r brisas virginianas. y iniesíros cuerpos, 
amortajadas sutilnuMite en las brumas y neblinas del 
río histórico y trágico. Poco a poco, la ciudad de 
Washington se nos nuiestra a lo lejos, y el Capitolio 
se dibuja, crece, se impone. . . 

¡ Ah ! vosotros los que jamás habéis guRtatio el amar- 
po dejo (h' los destierros; los <|ue jamás padecis- 
teis de la espaíitosa ansie<laíl inconfesada de no sa- 
ber lo (pie os alean/ará primero, si la muerte i*n tie- 
rra extraña o el regreso a la patria, vosotras igno- 
ráis lo qtie en momentos tales se experimenta, lo 
que se anhela volver al terruíio, aunque sea i)e<pie. 
ño, aunque st*a defectuoso; esa peqtieñez y esos d»'- 
fectOR no existen en la ausencia, [lorípie el amor los 
borra, caritativamente. . . 

20 PK MAYO. — Llegó ay«'r la notiíia a la Kndtajada 
de la abíiolucinn en México del (iral. I). Bernardo 
Reyes. (iob«mndor <lel Estado <le Nuevo León. 

El delito por que se le acaso, no pueiie ser peor: 

— 280 — 



MI DIARIO 

una matanza de ciudadanos pacíficos, fusilados des- 
de el Palacio Municipal de Monterrey, por tropa de 
línea, el 2 de abril último, so pretexto de que fueron 
ellos, — los opositores políticos de Reyes, — quienes tra- 
baron la mortal pelea en contra de los "reyistas. " 
Reyes, o sus defensores cuando menos, alegan que el 
choque de las dos manifestaciones se registró fren- 
te al Palacio Municipal, y que las fuerzas que guar- 
necían éste, por propia conservación y disciplina, dis- 
pararon al aire ; que los muertos, — muchos muertos, — 
y los heridos, lo fueron porque los miembros de en- 
trambas manifestaciones iban armados y resueltos a 
la pelea. 

Sea de ello lo que fuere, el Gral. Reyes fué acusado 
ante la Representación Nacional, erigida en Gran Ju- 
rado, y cuando se creía en una condena, el dedo om- 
nipotente del Gral. Díaz decretó la absolución un- 
ánime. 

Y una de dos: o de veras era culpable el Gral. 
Reyes,— según se colegiría del voluminoso proceso, — 
^y entonces ni los diez dedos de las dos manos del 
>3^ral. Díaz debieron de salvarlo ; o era inocente, y 
entonces, la entereza más elemental exigía que los in- 
dividuos del grupo ''científico," sus enemigos irre- 
conciliables, no se hubiesen abstenido de votar, como 
es fama que se abstuvieron, por transacción con el 
Presidente de la República. Ya que bajo de cuerda 
le habían trabajado su proceso, no esquivar la vota- 
ción, según de acuerdo con las noticias que nos lle- 
gan, parece que la esquivaron. 

Mal presagio. 

— 281 — 



F. OAMBOA 

28 PE MAYO. — Che prccatto! estar tan alcan/aclo de 
inoiii.st's. Si no, concurriría yo d 10 del entrante ju- 
nio a la inauguración en Nueva York del 149." curno 
anual de la Columhiü I'uin rsiti/. i)ara el «pie he sido 
especialmente invitado a la propia plataf<;riiia *-n ({ue 
se arrellanarán los directores y las facultades. . . 

30 DE M.vYc). — " Dfcaratuní Dini." o entre no.sotros, 
Día de Muertos. 

Kn casas, avenidas, calles, pla/as, si¡i(ut(s y rirchs, 
banderas; en carruajes, tranvías y denu'us vehícidos, 
banderas; y en todas las estatuas de los parques, ban- 
deras. Y todavía me aseguran. (|ue en los cemfnterios 
ocurre lo propio, (jue toilos his .srpidcros lucen, más 
que flores, banderas. 

Así^'gúranme, asimismo, — y ello va m nuestra con- 
tra, — que a diferencia de las verbenas que nuestro 
pueblo celebra el Día de Difuntos, cuando en los cam- 
po.santos "le va a llorar al hueso. " at\\ú los asisten- 
tes a ellos, que no son los humildes nada nu'is, — van 
humildes y poderosos, — s<' conducen con extremailo 
ri'sprto y compostura. . . 

Knvidiable c6stund)re la del cídto a los muertos, 
(jue nosotros, entre la millonada de defectos (pie nos 
¡M-rjuílican. no practicamos. Sólo cultivamos el cid 
to a los vivos que están arriba y otorgan njercedes y 
<]ádivns, y el culto a los más t'ivon <pie nosotros, los 
que con la vergüenza a las (>spaldas son capaces <!« 
todo. . . Para nuestros muertos, tenemos únicnmen- 
t<» tierra y olvido; y t-no si» llama, creo, s<'r d<*Hí'nstado 

Por las aceras de Washington, tropiez/) con muche- 
ílíimbre de condecorados, ¡claro! si es el " ¡trmra 

— 282 — 



MI DIARIO 

tion Day"; militares viejos, militares jóvenes, hom- 
bres blancos y hombres negros que sacan a relucir lo 
mismo medallas y cruces ganadas en la guerra, que 
cintajos y distintivos de sociedades y gremios. Oh! 
Eabelais. . . 

2 DE JUNIO. — Primera visita nocturna a la Biblio- 
teca del Congreso, de la que ando prendado desde 
mi arribo. 

Pura y simplemente, una maravilla de alto gusto, 
un precioso relicario de arte y de ciencia. Escoltado 
por uno de sus empleados, que sotto voce va expli- 
cándonosla — está prohibido levantar la voz para no 
perturbar a los lectores — la inspecciono minuciosa- 
mente, y mientras más la penetro, mas me encanta... 
i Qué ganas de cargar con ella y colocarla en la Ave- 
nida Juárez, donde estaba el Hospicio de Pobres! 

A fin de conocerla hasta en sus mecanismos, méto- 
me con mi mujer en la gran rotonda destinada a la 
lectura, y pido la última edición de las obras de Walt 
Whitman ; mientras me la dan, nos sentamos en uno 
de los tantos escritorios, el 221, al que me llevan a 
poco los tomos solicitados, que han venido a la ro- 
tonda como de la rotonda partió mi demanda escri' 
ta : por tubos pneumáticos, silentes e invisibles. Fa- 
cilitan papel y lápiz, y no permiten escribir con 
tinta. 

Póngome a leer, de verdad, hasta las 10, que cie- 
rran ; póngome a tomar algunas notas. Y de verme 
con mi mujer al lado, inclinada sobre el libro que 
consulto, pidiéndome que le traduzca aquí y allí, me 
olvido de mi "delicado" carácter diplomático, evoco 

— 283 — 



P. GAMBOA 

parejas stMncjantes (jue en más de una ocasión »'n- 
viilié por bibliotecas y museos ile Europa, y me atir- 
mo en que éso es lo único que he sido, soy y seré : 
un impenitente y eterno hombre de letras, a pi'sar 
de h'íjraeiones y tMubajailas, tle espadines y veneras, 
de vanidades que me hacen reír a solas, <le serieda- 
des y fingimientos que a ii'irañadientes practico, casi 
asnales de puro candorosos. 

3 i»i; .n M(). — Chfvii Chase de noche, desde el tran- 
vía abierto, escuchándose amortecidas las hannoiiias 
de un vals acompasado y bello, netanu'Ute americano, 
que ejecuta la renombrada Randa de la Marina. . . 

Espolvoreado de luce.s ineandesceiites. brilla a mo- 
do de enorme bra.sa (jue ac.-ibara de eonsxnuirse en 
medio de los campos. 

11 di: .jinio. — Esta mañana, vino el barbero a afei- 
tarme a casa. Mi barbero es nepro. condiciones amba» 
que lo hacen aun más charlatán «pie sus eofradef, 
blancos. 

Se d«'spidio d«' mí. ponpie a la noehe o man.iim se 
marcha a California; aquí lo for/.aron a eeirar su 
tienda las reparaciones (pie están llevándose i\ cabo en 
el Hotel Normandia. en cuyos bajos ti-níala estable- 
cida. Al terminar conmigo, peina a mi hijo, del que 
08 muy devoto, y yo entoncea le pre^r\into por su mu- 
jer y su chiquilla, jmr (pié no ha esco^rido lucrar niá.« 
cercano a ellas, o Nueva York, si sejj'in me aimnria, 
volverá a Washington con lo» primeron fríos. 

— ¡ Ah ! .H4'ñor. — me replica en patético tono. — yo bien 
quisiera, pem mi color me lo impide... En Nueva 

— 2«4 — 



MI DIARIO 

York no nos admiten como ''oficiales" ni nos per- 
miten establecernos por nuestra cuenta. . . No nos 
consideran iguales a los blancos. 

???... 

— Sí, señor ; en este país, que es el nuestro y que 
se proclama la cuna de todas las libertades, nosotros 
"los de color" estaraos lo mismo, o peor, que cuan- 
do fuimos esclavos. . . Ya Ud. algo habrá notado 
¿verdad?. . . pero no ha de saber ni la mitad: lo que 
sufrimos, lo que se nos persigue, lo que se nos humi- 
lla .. . Somos contribuyentes, al igual de los blan- 
cos, y sin embargo no podemos votar, ni ser vota- 
dos para cargo alguno, salvo los de peligro, agentes 
de policía, bomberos, soldados que de preferencia se 
envía a que los maten en Cuba y las Filipinas. . . 

Y mi negro Fígaro se extiende en interminables 
lamentaciones, de individuo postergado y persegui- 
do, que se siente paria. 

— ¿Acaso ignoran Uds., — le pregunto yo, — que son 
una masa no menor de nueve millones, una entidad 
seria y una fuerza temible? ¿por qué no se unen y 
defienden ? . . . 

— Porque ellos son los más y no podríamos con 
ellos, porque en lo general somos mansos, ¡ quién sabe 
por qué causa ! . . . 

¿ La causa ? . . . La esclavitud que por siglos ha pe- 
sado sobre sus hombros musculados de bestias de la- 
bor y de carga ; por eso son mansos, por eso, a menos 
de una reversión étnica, perpetuamente respetarán y 
temerán al blanco. Pero nada de esto le digo, dejóle 
partirse con sus dudas y amarguras, con las melanco- 

— 285 — 



F. GAMBOA 

lías que no atina a ocultar por lu inminente sepa- 
ración tle su hija : 

— l'na negrita, — me explica él mismo, — a^i de al- 
ta. . . V hasta la altura de la» rodillas haja una de 
sus manazas gorilescas. Luego, desde la jmerta, 
añade: 

— ¿Creerá LM. (jue no cruzo nunca el i)uente tpie 
nos separa ile Virginia?... 

— ÍTT... 

— Porque en Virginia, como en todo el Sur, nos 
o<lian. y nos matan por eual<|uier pequenez. . . 

¡Ah! nación mentirosa y cruel, de la que no ha <jue- 
rido divorciarnos un cataclismo terrestre. . . 

Y rabio dentro de mí, al reflexionar (jue estos des- 
venturados negros, peor tratados aquí <jue los caballos 
y los perros, ;sin hipérbole!, fjue tan sinuisos se ma- 
nifí(*stan |)ara con sus conciudadanos (?) los blan- 
cos, K'u cuanto transi>onen la frontera y en México 
se suponen, aunque vistan librea o desempeñen vih* 
oficios, se crecen y comportan con altanería. Ks (juc 
allá sí son hijos de la fJrrran Rrrepública, la (jue nos 
reclamaría hasta la piel íntegra de unos de i-stos ih>tas, 
que, en su propio país, a la menor conjetura de tlr 
üncuencin, los cuelgan, fusilan y ttiestan... 

La lib<>rtad (de Harthohli^, continúa alumbrando 
al mundo. . . d(>sde la entrada de la bahía de Nueva 
York, por Ins noches, mando le pn*Menden stis luces 
eléctricas. 

17 i»K .11 Mn. — Kl Knibj«jH<M>r s<' ¡«u"*<titji do Was- 
hington: va a veranear ««on su familia, por tn-s m<*Hifi, 
en Ueul Beach de Nueva Jersey. 

--2«6 — 



MI DIARIO 

Los impudores del calor. En esta época, las seño- 
ras \'isten telas delgadísimas y delatoras de sus en- 
cantos; y, o no gastan corsé o gástanlo demasiado ba- 
jo, ello es que con los andares de sus dueñas, palpi- 
tan los senos, en un ofrecimiento voluptuoso. . . 

19 DE JUNIO. — Como si la peste bubónica fuera a 
abatirse sobre la ciudad. 

La llegada del verano ahuyenta a sus pobladores, 
y hoteles y residencias particulares ciérranse a pie- 
dra y lodo, con maderas y alambrados. 

Sin embargo, Washington sigue embelleciendo: ya 
toda ella es una alameda, una selva de árboles fron- 
dosísimos, un búcaro de flores; hay calles, en las que 
no penetra el sol, así de tupida es la bóveda de ho- 
jas que las defiende. Las ramas de los árboles de en- 
trambas aceras se han desposado, por unos meses. 

El termómetro Fahrenheit, marca 93 grados, con 
la certidumbre de subir todavía. . . 

22 DE JUNIO. — Pruebas de SANTA, de Barcelona. 

De México recibí, publicado en la "Kevista Mo- 
derna," mi manchón gorrionesco, aunque mutilado 
en su final, que es la miga de todo el boceto. Me 
suprimieron lo de ''Señor Dios, hasta los paj arillos 
en estas regiones son implacables." 

¿Sería por "consideración" a los EE. UU? Mal es- 
taríamos de ahyeccionitis. 

28 DE JUNIO. — En la edición literaria del "New 
York Herald" de hoy, leo algunos nombres nuestros, 
already ayankados, terca floración de su tierra na- 

— 287 — 



F. GAMBOA 

tiva que ya no nos pertenece. Son del " Far IV'fíí" 
de estos señores, o si les parece a Uds. mejor, del 
''Lost Snrth" i\e nosotros, y tucen: " Lasoinif the 
Bronco." ¡Verdad que proclanum a gritos su pro- 
sapia mexicana? 

4 DE JiMo. — ¡Oh, Libertad! digo, ¡olí, Wjishing- 
ton ! Vaya una connu'iiioración d»* su " (ihiriouH 
Fourht", la que se estila m la capital federal del 
"primer país de la tierra". . . : bombas y cohetes, pe- 
tardos y negros; negros y f)etardos, cohetes y bom- 
bas. El calor, sofocante destle el «lía 1.", ayer y hoy, 
100 grados a la sombra. Ni ceremonia cívica, ni desfi- 
le de tropas, ni una mala música... 

Que no sepan en México cómo fH" celcbín jior (*^ll)H 
rund;os la indej)fnd«'ncia yanqui, y al .saber lo (\\H' 
hace "el coloso del Norte," vayamos a suprimir nues- 
tra incoinparabl»' noche di-l 1.') do .srj)tifinbn' y luirs- 
tro jultilcso día 16. 

A la tarde, hubo una variante atfuosférica : llu- 
via. Por lo demás, persistió el sugestivo programa de 
la mañana. 

A la noche, se invirtió v\ ordvu, y tuvimos; cohe- 
tes y negros; bombas y negros; negros y petardos; 
negros y negros . . . 

¡Oh, Wá.sliiiigton ! digo, ¡oh, Liberia ! 

T) DE jiLH». — A las 11 y 40 de la noche, ruiidm a 
Nueva York, en busca de un "ctittagf" a orillas <iel 
mar, para que nuBMlro hijo sane de una tos ferina 
que está aniquilándonOHlo hace nián de un mes. 

— 288 — 



MI DIARIO 

6 DE juiiio. — Día de fatigas. Recorrí Jersey City, 
Long Branch, West End, Atlantic Ilighlands, y re- 
gresé a Nueva York por mar, en confortable barco 
del F. C. C. de Neiv Jersey. Para digerir mi luncheon, 
subí a fumar mi tabaco en la cubierta superior, — el 
hurricane deck, — pues el grandioso espectáculo de la 
bahía de esta Nueva Amsterdam, no me cansa nunca. 

A la altura del Arsenal, el crucero argentino ' ' Pre- 
sidente Sarmiento," hacía a los fuertes su saludo de 
recién llegado, que se lo devolvieron a cañonazo por 
cañonazo. Y los del "Sarmiento" predispusiéronme 
a la morriña, se me antojaron especial saludo a mi 
persona, que tan dichosa fué en aquella tierra a la 
que todavía amo tanto . . . 

11 DE JULIO. — Al cabo de ocho horas de camino de 
hierro, a las 4 de la tarde hemos llegado a Atlantic 
Highlands, y procedido a instalarnos en el "Michaelis' 
Cottage," que por tres meses será nuestro, y del que 
esperamos sacar toda la salud y la conformidad toda 
de que habernos menester. El sitio es un primor, fren- 
te al mar ; me propongo trabajar mucho en él. 

12 DE JULIO. — El rincón soñado, la casita apeteci- 
da, el cottage ideal : pequeño, cómodo, lindo, sobre 
una eminencia, en pleno campo y frente al mar. 

¡ Qué hartazgo de trabajo literario voy a darme : 
¡ qué perspectiva de días y días de serenidad e inde- 
pendencia, bien lejos de nuestra escolar Embajada, 
de las flaquezas de mis compañeros en burocracia, de 
la labor pesada e insípida, de las vanidades e incon- 
venientes de Washington ! ¡ qué tardes apacibles en 

— 289 — 

19 



F. GAMBOA 

mi horizonte íntimo, saliendo a caminar con nuestro 
hijo enfermo, hasta no verlo rozagante y sano con 
estos aires! ¡qué noches de tranquilidad, de contem- 
plación de seres y cosjis, de recuenlos y anhelos, de 
mutismo y quietud espiritual y ooriK)ral, sentado en 
una mecedora, bajo el pórtico de "mi" cottagr, don- 
de fumaré mi puro después de la comida familiar, 
desde donde escucharemos la onpiesta del casino (jue 
nos queda cerca, las risas y charlas de los vecinos invi- 
sibles, la sin igual música del océano. . . 

Y el día entero se nos va en la instalación del do- 
micilio nuevo y desconocido, en exclamaciones de 
sorpresa y saudades jior nuestros ausentes. . . 

— Mira (pié vista, mira... allá, lejos, un transa- 
tlántico (pie arriba, un velero que zarpa... y iu\u\ 
cerca, sí, a(pií mismo, (pié mueble tan práctico, (pié 
puerta tan atinada, (jué inmediato se halla el baño. . . 
Desde las ventanas abiertas, en nuestro ir y venir, di- 
visíunos los cottmjrs i)ró.\im(js, los hoteles embandera- 
dos; oímos las eamj)anas de las hoanling-housís lla- 
mando a comer, y los silbatos de los trenes (pie lle- 
gan ; podemos ver los regios yates, airosos y sin velas, 
(pie han Vi-nido a i)elear la "('oi)a de América," y 
ha.sta allá, junto a la punta de Sandy llook, los 
** Shnmr<nk" de Sir Tilomas Li|)ton... 

Subimos, bajamos, cargamos muebles, mi hijo aplau- 
de, reímos nosotros, es una fiesta que de cuando en 
cuanilo nos trunca el recuerdo; pensjunos en los nues- 
tros, los que al otro lado de la frontera de veras nos 
aman, los que nos llaman, Ioh que nos echan de me- 
nos. Y nos d(>cimos a dúo : 

— ¡Si estuvieran a(pií, con nosotros!... 

— 290 — 



MI DIARIO 

14 DE JULIO. — Acalenturado nuestro hijo, no afloja 
su tos. 

16 DE JULIO. — Franca y bendecida mejoría del 
Hereu; fresco y como unas pascuas, cantando reclama 
su desayuno. 

Primer baño de mar. 

En tren a Deal Bcach, a saludar al Embajador. 
Panorama de belleza, de dinero tirado a manos lle- 
nas a entrambos lados de la vía. Lujosa coquetería 
de los cottages: las habitaciones, allá, principescas; 
las cocheras y caballerizas, acá; viviendas y cuadras, 
salpicadas de parquecillos a la inglesa y alfombradas 
de pasto afeitado. Se respira bienestar y abundan- 
cia, casi se mira el oro y los billetes desparramados. 
De todos estos lugares, Long Branch inclusive, me 
quedo con Sea Bright, no tiene pero. 

18 DE JULIO. — Coincidió con la terminación del ca- 
pítulo I de RECONQUISTA, trabajado aquí en su 
mayor parte, el arribo de Barcelona de las pruebas 
finales de SANTA. 

19 DE JULIO. — Misa en el rústico templo de allende 
el paradero del ferrocarril. Intempestivamente, el 
recuerdo de que hoy ajusta mi madre veintiocho años 
de muerta. 

¡ Toda una vida ! 

21 DE JULIO. — A Nueva York, por mar, con mi pe- 
queña brigada. 

Regreso a las 9 de la noche, molidos de cansancio, 

— 291 — 



F. GAMBOA 

aturdidos de ruidos y andares por la eiudad-inoustnio, 
que, sin poder remediarlo y a ])esar de todo, amo y me 
subyuga. En ella viví y gocé, en ella cumplí mis die- 
ciséis años. . . 

Feliz ocurrencia de mi hijo, (jue ha venido en la bre- 
ve travesía, durmiendo como un lirón. Desperezase a 
medias, y de ver que su mamá y yo recogemos para- 
guas y bultos de compras, nos pregunta : 

— i A ver a mí quién me carga?. . . 

26 DE JL'Lio. — Iléme impuesto la tarea de leer no- 
che a noche el ** Journal", y domingo a domingo, la 
edición Loviatán de **Thc Neiv Yurk II i raid." Es tal 
el cúmulo de salvajismos que los yantjuis perpetran 
a millaradas (lynchamientos, crímenes espeluznantes, 
suicidios, robos variados y peculados frecuentísimos, 
adulterios y cuanto hay ¡toda la gama del delito!) 
que desisto de trasladarlos uno a uno a MI DIARIO. 
Sería ocioso, que ni ellos los ocultan o excusan, ni im- 
piden (jue esta tierra anornud, siga adelante y ade- 
lante. . . 

IjO que en euahjuier otra nación resultaría remora 
y atra.so, o rcduntlaría en «Icserédito, es a(juí insigni- 
ficante efemérides sin mayor resonancia. . . para ellos, 
que se encogen de hombros, o que claman al cielo si 
usted o yo nos atrevemos a censurar la mayor de sus 
enormidades consuetudinarias. (Quieren ser los per- 
fectos, y ni quien los apee de ese macho. . . Véase lo 
que ya í 'barbas Diekens escribía de.s4le Nueva York a 
mi amigo .lohn Forster, en lyondres, a principios de 
1842, sobre la propiedad literaria, desconocida y pi- 
rateada entonces en la Oran República: 

— 292 — 



MI DIARIO 

"...I believe there is 110 countrij on ihe face of 
' the earth where there is less freedoYii of opinión on 
' any suhject in reference te ivhich there is a hroad 
' difference of opinión than in this. . . There! I ivrite 
' the words with reluctance, disappointment , and 
' sorrow; hut I helieve it from the hottoni of my 
' soul. I spoke, as you know. of international copy- 
' right at Boston and I spoke of it agoin at Hartford. 
' My fñends ivere paralyzed icith wonder at such 
' audacious daring. The notion that I, a man alone 
' hy himself, in America, should venture to suggest 
' to the Americans that there was one point on which 
' they were neither just to their oivn countrymen ñor 
* to US, actually struck the holdest dumh" . . . 

El mismo "graft," que en la acepción exclusiva- 
mente yanqui, significa: corrupción administrativa, 
política, mercantil, en sus varias formas de cohecho, 
prevaricación, etc., según un diario de Washington, es 
dolencia crónica que ya la padecían los EE. Uü. des- 
de los tiempos de Jorge el Puro . . . 

Y sin embargo, todo el mundo tan contento. 

27 DE JULIO. — Aun no comienzo el capítulo II de 
KECONQUISTA. Se comen mis mañanas las cartas 
particulares y el alistamiento de originales de MI 
DIARIO, que habrá de publicarse. Dea volente, si 
SANTA triunfa en la venta. 

Las tardes las consagramos a vagar por los caminos 
deliciosos de estos lugares, en los que nuestro hijo, 
con la colaboración del "Potómac," juega al ferro- 
carril, y para que no le falte el humo a su imagina- 
ria locomotora, levanta unas polvaredas que a él le 

— 293 — 



F. GAMBOA 

arranean carcajadas y toses, lágrimas a nosotras y la- 
dridos y saltos al "Potómac." El mar no nos desam- 
para, aun<|U«' por momentos se nos oenitc. sus tumbos 
van acompañándonos eon el fin manifiesto de que no 
nos sintamos tan solos. 

A cobrar respiro nos sentamos hoy en puente apres- 
te, de pi»'dra-p«')mez, eon bancos empotrados v\\ sus 
flancos, con linternas góticas de muy trabajado hie- 
rro y muy limpios cristales, cuya fe de bautismo se 
destacaba en letras de bronce: '' OouucJwdi lindge — 
** Erectcd by the Borough and Public Spirited Ci- 

Son las 8. Arrellanóme en mi mecedora, en el pórti- 
co, de cara a la gloria del crepúsculo cárdeno, a la 
diadema de oro (pie cintila al Poniente, tras os mon- 
tes lejanos de Statcn Island. Desde mi nltiirn, — nues- 
tra easuea s»- halla en el upprr ctrclr de esta imbla- 
cioncilla escalonada en un anfiteatro que arranca do 
la playa, las "Atlantic Ilighlands." — los grandes y 
pe<pieños cottofjis diríase «jue van resbalaiulo ¡wr las 
colinas enanas y verdegueantes; colundtro siluetas de 
mujeres jóvenes, rubias, bellas, vestidas de blanco 
como las del Florentino ; me alcanzjín pedazí)s de risas 
infantiles; v«'o humear chimeneas. A nn «liestra, el 
mar, la bahía minúscula que se forma en este ancón 
natural: más di.stante, la lengim «le tierra (pie a(>aba 
eu Sandy Ilook. con su par ile faros y su caserío, que 
no he llegado a sabor si M*rá el presidio de Sing- 
Sing o el Manicomio de Mujeres. . . A la vera de la 
|)enínsula, cabecean el "Shamrock I" y el "Shamrock 
11" venidos de Britannia a disputar la "Copa de 

— 294 — 



Mr DIARIO 

América," dos esbeltos yates que, escoltados por sen- 
dos vapores, a diario salen a ejercitarse mar afuera,— 
la regata de combate se efectuará en agosto, — y a 
los atardeceres tornan al anclaje. . . Todavía más dis- 
tante, algún transatlántico — un liner, — ¿entrando?... 
¿ saliendo ? . . . y naves veleras que se van, se van dan- 
do tumbos, quién sabe a dónde. . . 

A mi diestra siempre, en la playa opuesta y muy 
disminuidos por la lejanía, el far Rockaivay, la esfu- 
mada costa de Coney Island abrasándose en sus mi- 
llones de focos eléctricos, los Bronx, suburbio de 
Brooklyn, las quintas y fábricas de Long Island. 

Traicionada por su halo de aurora boreal que ras- 
ga la bruma, Nueva York, la cosmópoli. 

A mis pies, los muelles de la flotilla y el parade- 
ro del F. C. C. de Nueva Jersey, con ir y venir de 
trenes que silban y tañen melancólicas campanas. 

En el Casino de este mi pueblo, ha principiado el 
bailoteo de todas las noches, oigo los voluptuosos val- 
ses lentos que los americanos han hecho su especia- 
lidad. 

Todo empieza a encenderse : Casino, cottages, calles, 
estación, muelles; el cielo guarda, más débil, la luz 
de su diadema en incomparable agonía ; la atmós- 
fera es diáfana, tan pura como el soñar de los niños... 

Qué inmensa serenidad sale del mar, y de la tie- 
rra, y del cielo, y de todas las cosas; cómo se anega 
en ella mi espíritu de literato y de nostálgico ; con 
qué emoción releo una carta de casa. . . 

Cuan dulce no sería, tristemente dulce, morir fren- 
te a un cuadro como éste ... 

¡ Qué paz, Dios mío, qué paz tan grande, tan hon- 

— 295 — 



F. GAMBOA 

tía. que a modo de bendición y de infinita misericor- 
dia, vibra, vaga, suspira ! . . . 



8 DE AGOSTO. — Dedicados a nuestros i>olíticos y so- 
ciólogos, predicadores de que Hispanoamérica debe- 
ría s«'r un trasunto de los EE. W ., inicio hoy la 
reproducción de casos típicsnucnte yancpiis. (pu' bien 
po<lían titularse "Casos Ejemplares." Y otras ma- 
nos ípie no sean las mías, <pie sigan con Uxs incensa- 
rios en movimiento. Ninguno será tic mi cosecha, si- 
no traducciones o extractos d«' lo qur siis mismos dia- 
rios y n-vistas sa(juen a luz. 

Leo esta tarde en el "Scw Yurk Journal" — Sight 
Special N." 7537, que dirige William Ran<lolph Hcarst, 
candidato a la presidencia de la K«'públiea, millonario, 
politiíion y iiitxirófobo de profesión: 

" Gllil. Wllll'l'ED AT POST /.V .1 (¡KOUdlA 
** PlilSOS — Mtnibf.r nf Prominrut Saratiiiah Fnwi- 
" /»/ Cnuüy pun¡.h,,1—íSp,,,,il h, IIJK KVKSISd 

** JOVRSAL 

" Millfdgcvillr, (irorgia. Aug. 8. 

fVei-sión castellana) " La brutal flagiliicion d»- la 
" wñorita Mamie De C'rist. en la Cárcel Agrícola don- 
" de exting\ip condena de dos años por rolw a joyeroB 
" de Savannah, ha levantado intensa indignación en 
■* íjxla (ieorgia. Amig<»s de la joven, «pie desde la fc- 
" cha de su encarcelamiento no han cesado de soste- 
'* ncr fpie sus nil>os los ¡x'rpetró durante una |>ertur- 
*' bación de stis facultades mentales, han dicho (pie 
*' no desean.sarán hasta qiie se abra una investigación 
" y se derribe to<lo el sistema penitenciario del Em 
" tado. 

— 296 — 



MI DIARIO 

" La Srita. De Crist, que es una joven notablemen- 
" te bonita y que pertenece a buena familia de Sa- 
" vannñh, fué acusada de contumaz por los empleados 
" del presidio. Conducida a la oficina del médico del 
" establecimiento, la ataron a un poste, la desnuda- 
'' ron hasta la cintura, y la azotaron. El médico vi- 
" giló el castigo, a fin de que no fuese más allá de las 
" resistencias de la pohre mujer. 

' ' La despiadada flagelación la llevó a cabo un guar- 
'' dián de la propia cárcel. La muchacha, gritaba y 
' ' se retorcía bajo los golpes brutales ; y apenas si po- 
" día tenerse en pie cuando, su cuerpo todo cubierto 
" de cardenales y manando sangre algunos, la des- 
'' ataron y llevaron a su separo. Aunque se guardó el 
'' mayor secreto, al fin se ha hecho público en Mi- 
" lledgeville el asunto, y se ha desencadenado una 
" tempestad de indignación. 

" La Srita. De Crist figuraba en la alta sociedad 
" de Savannah y Atlanta ; las joj^as de que se apoderó 
" en Savannah, inventando falsas comisiones, montan 
" a respetable suma. Cuando la vista de su causa, se 
" alegó, sin éxito, la exculpante de demencia. 

" Aseguran sus amigos, que la Srita. De Crist no es 
" equilibrada, y que su insubordinación dentro de la 
" cárcel débese a su estado mental. En todos los cír- 
" culos se califica su flagelación de brutal e injusti- 
** ficada." 

— ¿Y el Capitolio, — me preguntarán Uds., — y la es- 
tatua de la "Libertad iluminando al Mundo"!, y la 
Civilización y el Derecho de que los EE. üü. se han 
declarado depositarios y dispensadores ? . . . 

— i Pues, todos bien, y muchísimas gracias ! 

— 297 — 



F. GAMBOA 

9 DE AGOSTO. — "r/i€ Ncw York Tlerald" de hoy, a 
gu vez ocúpase en el salvaje castigo aj>l¡eailo en Geor- 
gia a la Srita. De Crist ; y a guisa de eoiisuflo. ex- 
presa que "nada puede hacerse" porque la l»-g¡sla- 
ción local prescribe los "castigos inmediatos". . . pa- 
ra los pn'sos (|ue »• n-lx'lan . . . 

A esto se contesta en mi tierra con un "Apaga y 
vamonos". . ., pues en efecto, entran ganas de largar- 
se a otro país que no goce de tantas lilx'rtades. Y ca- 
be preguntarse: ¿Si tales cosas ocurren en el E. de 
Georgia, y en el resto de los Cuarenta y Tantos tues- 
tan a los n»>gros, a (\\U' dejwríes iK)r el estilo no se en- 
tregarán en los países que conquisten?. . . 

La "culta Europa." cada día se deja más que los 
señores yauípiis la vuelvan tartimha; ya no dominan 
Sitio »*n las profesiones reconoeitlamente suyas, como 
la de dentistas, pongo ¡>or caso; ahora, la cos:i aumen- 
ta: en París, Ix>ndres, Berlín, Viena, Bru8»'las, si* baila 
el **('ak(-\Valk," predomina «•! calzailo yanqui, so 
cantan **<'oon'» Songs" ; yan(|uis son lají batutas 
de baln«*arios, caravanxfrnils, vtc. El Káiwr. nfibió 
y trata a uno «le los Vántlerbilt, cual si furse una 
tí'sta coronaíla ; la Fábrica Krupp contrata, a cual- 
quitr nufldo, ©jH-rarios yan(|uis; de liondn's, se d<>s- 
cuelga en Nueva York una comisión para estudiar 
el sistema de tranvías y demás comunicaciones ur- 
banas. . . El rniverso-Mumlo, se pasma!!! El Rí-y 
de Portugal sí» deshace en zalemas con el AlmirHnt«> 
Cotton, durante la estadía dr su ('WMUidra en Lis- 
boa; en Vortrmouth. dan a los marinos americanotí 
un lunchfon <!•• 800 cubiertos y tina n'pn'Sí'ntación 
de gala; Centroamériea y gran parte d(> Suram«'-rica, 

— 208 — 



MI DIARIO 

se dislocan por los Estados Unidos... ¿y nosotros?... 

Una buena noticia: Jean Eichepin vendrá en el 
invierno a dar conferencias en diversas ciudades, 
Washington en cuenta. Diz que viene para presenciar 
los ensayos de su "Mmc du Barry," léase, para ven- 
cer a un autor-empresario, Belasco, que, — esto la afir- 
ma Richepin, — le ha plagiado la obra; y para em- 
bolsarse pirámides de dólares, que seguramente se 
embolsai'á, y yo me alegraré mucho de que se los em- 
bolse ; válgale ser literato de verdad y no de expor- 
tación ni de pega. Lo conoceré y lo oiré. 

Algo apocalíptico que garantiza el "Netv York 
Herold." 

Trátase ya de edificar un teatro en París, donde 
únicamente se represente repertorio "Made in Ame- 
rica" ; ópera americana, drama americano, petipie- 
zas americanas, todo cantado y declamado por artis- 
tas de aquende el Atlántico . . . 

i Dios vaya con los accionistas y con los especta- 
dores ! 

12 DE AGOSTO. — El ''Journal" de esta tarde y el de 
ayer, cogen el cielo con las manos a propósito de la 
civilizada azotaina a Miss De Crist. Reproduce car- 
tas^ protestas y opiniones de jurisconsultos, condenan- 
do a una la infamante escena. . . 

Se ha aclarado ya por qué azotaron a la desequi- 
librada : porque no cedió a los ruegos de su guar- 
dián ; y ya se aclaró algo más : que mientras no se 
reformen las leyes del E. de Georgia, no hay por 

— 299 ~ 



F. GAMliOA 

qué alannai-se de paliza más o menos, "como no 
existe prohibición expresa de emplear el látigo, ¡y 
empléase el látigo desde tiempo inmemorial! es casi 
seguro que el atentado se queilará impune. . . 

África y Cliina, se me hacen dos criaturillas ino- 
centes. 

El magazine "The Munscy" correspondiente a 
agosto en curso, que se publica en el número 11') 
de la C^uinta Avenida de Nueva York. — volumen 
XXIX, número 5, — trae un artículo de Mr. Joseph 
Freeman Marsten, intitulado "The Mavhtrom of ihe 
Ihítiny-Hing," en el «pu* e«Misura con coj>ia de docu- 
mentación y detalles, el juego desenfrenado a que to- 
dos se entregan — las .s*'ñoras i>i cápitr — vn las diarias 
carreras de caballos que a cabo se llevan en una mi- 
llarada de liiptKlromos. Y sentencia al concluir: 

— *'Tnily, wc Amcricans are o nation of gam- 
blcrs." 

— De veras que nosotros los americanos, somos una 
nación de tahúres. 

15 DE AGOSTO. — El "Journal" proclama que como 
consí'cuencia de la indignación rpie al fin ha estallado 
"en todas los EE. UU." por la bárbara tortura do 
Mamie De Grist, el Senado y la Cámara de Kepre- 
sentantes inter\en«lrán y en el E. de (iiH)rgia queilará 
abolida la jiena de a/otes. . . a las mujeres. 

A los hombres, que nos muerda un perro, digo yo. 

Aun no nie salo. — ni es probable cpie me salga en 
muchos años, — la impresión compleja que me ha ori- 

— 300 — 



3/7 DIARIO 

ginado la troglodítica lucha de ayer en San Fran- 
cisco de California, y en la que se ocupan hoy la prensa 
integra de este país dilatado, y grandísima parte de 
sus 80.000.000 de habitantes ... No vuelvo de mi pá- 
nico, aun perdura mi duelo de hombre de raza más 
fina y más sensible, que sufre y contempla un des- 
afuero que no le es dable impedir ni castigar. Esto 
es el salto atrás al período primitivo, la regresión 
al "Hombre de las Cavernas", a una velocidad de 
70 millas por hora en caminos de hierro, sin rival en 
el mundo, que cruzan uno de los pueblos más porten- 
tosos de la tierra, con millares de fábricas e indus- 
trias, con laboradas regiones agrícolas sin segundo, 
con conglomerados de millones de almas archiciviliza- 
das ... El Hombre de las Cavernas, que pasea en au- 
tomóviles perfeccionados, que ha inventado el telé- 
fono. . . y los trusts, que practica el divorcio ilimi- 
tado, que masca tabaco o chicle, y escupe sabios por el 
colmillo de sus innúmeros colegios y universidades, 
que no desdeña la prostitución y crea el "Femi- 
nismo "... 

Este Hombre de las Cavernas es el que anoche abo- 
feteó a la civilización y a la humanidad, en la arena 
( ?) del " Mechanics'Pavilion" de San Francisco, con 
la lucha por el Campeonato Mundial de Pugilismo. 

Es el Hombre de las Cavernas el que sanciona, 
apuesta, aplaude y se enloquece frente a un espec- 
táculo propio de aduar centroaf ricano ; es el troglo- 
dita, el huno, el seguidor de Atila, con la agravante 
de los siglos trascurridos, pero trascurridos en 
balde. . . 

Tres meses llevábamos los que en los EE. UU. vivi- 

— 301 — 



F. GAMBOA 

mos, da lotT a diario j)ornioiiorizaila8 columnas im- 
presas, relativas al ctitrenamienfo de los "célebres y 
afamados" James J. J«'ffries y James J. Corhett, (jue 
no son sabios, ni artistas, ni filósofos, ni explorado- 
res, ni apóstoles o educacionistas, sino dos tocayos 
líeavyucight Prizc-fightcrs, jialabraza que en roman- 
ce significa "Púgiles de peso máximo." El par de 
angelitos, — cada cual por su lado y respectivamente 
asistidos de padrinos, amigos y especialistas, — se 
adiestraban para el descomunal encuentro de anoche. 
Corbett, era el "Campeón del Mundo," lo que no me 
causó extrañrza ninguna, por el hábito que he venido 
contrayendo de que cuanto los EE. IT. producen o 
atesoran, lo apoden ellos mismos lo primero o lo único; 
la arrogancia y exageración hasta hoy imputadas a 
lusitanos, brasileños, andaluces, marselleses, nai>oli- 
tanos y demás gente charlatana y embustera, a(|uí 
han encontrado su sepultura. Era campeón del mun- 
do, ix)r(jue había vencitlo a Sullivan, pero su reino 
fué efímero (¿cuál no lo es?...), porque Jeffries, 
boilrrmakcr, de son état, — forjador de calderas, — for- 
tisimo de suyo y fortalecido más aún con la i)ráctica 
de su oficio ciclópeo, so «livorció de yumpie y iiuu'ti- 
llos para entregarse al ])ugili.smo, mejor retribuido 
y mirado (jUe todos y cada uno de los "milenta" mil 
oficias conocidos en "América," si se exerptúan rl 
de multimillonario o el de get-rich-qnick, especialida- 
des de estos andurriales. En cuanto Jeffries sintiiMH* 
capaz, retó a Corlx'tt, y el 11 de mayo tli-l año del 
Señor, 1900, último del siglo XIX, llamado también 
de las íiUci'S. en la ciudad de Cmut/ Jslnml, a un sus- 
piro de Nueva York y a seis dían del Viejo Continm- 

— 302 — 



MI DIARIO 

te, previa furibunda paliza ¡ 23 asaltos ! derrocó a 
Corbett, y quedó dueño absoluto de las insignias del 
campeonato: banda-cinturón de seda bordada, y unos 
calzones cortos, que se portan a la hora de la pelea 
y que lucen las Stars and Stripes. . . {Oú l'Amour 
va-t-il se nicher . . .) 

De entonces acá, inconforme Corbett con el destro- 
namiento (¿qué monarca destronado no lo está?), pú- 
sose a adquirir más conocimientos, agilidad y fuer- 
za, a efecto de enfrentarse de nuevo con Jeffries, 
quien no obstante su manifiesta superioridad física 
sobre el derrotado antagonista, también púsose a 
echar más músculo y a procurar mayor ligereza, de 
la que carece a causa de su mole gigantesca. 

Los EB. UU., a su vez, se interesaron; los periódi- 
cos mejorcitos, — y vaya si abundan, — enviaron co- 
rresponsales y dibujantes a uno y otro cubil, digo, a 
uno y otro retiro de los gladiadores, con el laudable 
objeto de tener al público al tanto de cuándo aumen- 
taban una libra de peso o una pulgada de bíceps ; de 
si Jeffries trepaba ya escarpadas colinas y mataba 
a riflazos cuanto venado le pasaba por la mira; de si 
Corbett se ensanchaba o aprendía golpes misteriosos y 
certeros. Conforme el tiempo transcurría, informes y 
dibujos se multiplicaron hasta no alcanzar el semblan- 
te de obsesión y pesadilla en estos días últimos ; todo 
era Corbett y Jeffries . . . 

Ellos, entretanto, seguían en su iraining, el cual es 
más severo que el del más severo monasterio, y más 
tiránico que el programa abstinente de que nos ha- 
bla Don Quijote. No es permitido: 

— 303 — 



F. GAMBOA 

''...ni comer pan a manteles, 
"ni con la rryna folgar. . . '.', 

ni consumar la porción tle cosas que el común de 
mortales ejecutamos día i>or día, y aun más de una 
noche. Ellos, los púgiles, ayunan. 

Quií-ras ijue no, ha.sta los enemigos de la fuerza 
bruta, como yo, nos impusimos al pormenor, — dado 
que no se pensaba, hal)lal)a ni escribía otra cosa, — 
de la anelnira de tobillos, muñecas, pectorales y me- 
nudencias de los combatientes. ¿Para qué, Señor, para 
qué?... Y diputé por tan inútil, pcrnieio.so y antit's- 
tético ocuparme en v\ n-giaincntailo sidvajismo (peor 
si cabe, y mire Ud. que ya cabía poco, que las co- 
rritlas de toros 'í, que decidí ni mencionarlo en MI 
DIAIíM); pero más tarde, he reflexionado (pie siendo 
lo (pie es, el predilecto espectáculo, conviene acusar- 
lo en sus rej»ugnantes pormenores, para que conste 
que esta nación también padece sus llagas, ¡y (pié 
llagas!, en relación con su innegable y cacareada 
grandeza. 

Datos ofiicialea: Jeffries pesa de 2H7 a 223 libras, 
Corbett de lí)0 a 185; el juez do la lucha, atleta él, 
Eddie Graney, prometió urhi rt orhi que discernirá 
el prendo conforme a los méritos estrictos de los 
luchadores; que *'por lo que tenemos de mortales," 
habría vigilantes y un par de policías en el ángido — 
cornrr — de cada uno de los rivales, a fin de garan- 
tizar un "juego limpio" — te assurr the men fair 
play; — rpie no eon.siMitiría en el anillo — Ihf ring — pa- 
drinos ni compadres, y que la batalla — thr haltlr — se 
libraría sin separarse» un ápice de las reglas del Mar- 

— 304 — 



MI DIARIO 

qués de Queensberry. Busquen Uds., si el asunto les 
interesa, en la Enciclopedia Británica, la biografía 
del tal Marqués, pues yo no he de darla. 

Pai'a que cupiera mucho público, se escogió como 
local, — ¡qué sarcasmo! — el '' Mcchanics'Pavilion" de 
San Francisco de California, — es un honor a la fa- 
milia, — que permite acomodar a ¡ ¡i 10.000 ! ! ! ocupan- 
tes. De apuestas se versó — sin incluir la '"purse" 
que se distribuye entre los reñidores, descontados los 
gastos de papeleta, — la friolera de ¡ ¡ ¡ 300.000 ! ! ! dó- 
lares ; sólo Nueva York contribuyó con sesenta y tan- 
tos mil ; San Francisco, como dueña de casa, se lle- 
vó la palma en el capítulo de apuestas ; el resto de 
Estados, sin embargo, figuró con "honrosa propor- 
ción." 

La demanda de billetes, — siguen ilustrando los dia- 
rios, — fué sin precedente; en la taquilla solamente, 
recogiéronse unos $60.000 ; la suma que se embolsó 
el ganancioso Jeff ries, oscila entre $27 y 30.000 ; la 
que se guardó el aporreado Corbett, alcanza unos 
$16.000. Una gran funrza de las reservas de Policia 
se envió al sitio del encuentro, para guardar el or- 
den (sic). 

Hubo en Nueva York tal anhelo por ir conociendo 
los detalles de la lucha, que en las dos oficinas de 
''The Journal," — Park Row, y esquina de Broadivay 
y Calle 37.", — pusiéronse enormes cartelones ilumi- 
nados, con aditamento de "estereopticón, " que minu- 
to a minuto los anunciaban, desde el anochecer hasta 
la madrugada en que, por diferencia de meridianos 
entre San Francisco y Nueva York, se supo el final 
resultado. Acudió densa masa de curiosos, incluso 

— 305 — 



F. GAMliOA 

Indits, "ni más ni menos que si se tratase de una elec- 
ción pivsideneial (.tic).'* 

Pactado el combate por veinte asaltos — roí/ndf.v, — 
al díVimo, de espantosa puñada cti el "plexo solar," 
Corbett cayó fuera de coinl)ate — knockrd nui — "a me- 
dio sentar, los labios contraídos en forma de círculo, 
agónica la faz. sin perder totalmente el sentido..." 
Al recuperarse, el primer hombre <pie le estrechó la 
niauo, fué su vencedor. . . 

¡ Oh, Pieles Rojas, sois corderos ! 

Hoy, que con mis frentes fui a \ueva York a reci- 
bir a Hafat'l Sapa.seta, que nos Uepa de México, me 
encontré toílavía vibrante de emoeióu a i'sta sober- 
bia Manhattan, aunque en su morl)osa actividad de 
costumbre; bella, im|>onente. inmensii. des«Mnpeñando 
importantísimo pai)el en el coneierto ilel nuuido, sin 
que se le advierta en la cara que todo el orffanismo 
social a (|ue t-Jla j>ertent^'e, ancla pobre de entrañas, 
antes disimulando con su nuuito imperial de dinero, 
trabajo y fuerza, todas las inmorali<lades, los críme- 
nes todos que nutre, que practi<»a y hasta ¡«pié ver- 
güenza! que aplaude, como las luchas humanas... 

Kí'sueltamente, los EE. IT., en la alta y completa 
acepción de la |>alabra. un son un país civilizado <lel 
todo, i Será f|ue esíi eiviji/aeión ideal no exista ru 
parte nin^^runaT. . . 

Taine, en su admirable "Filosofía drl Arte," dice 
algo (|ue conviene no olvidar: 

— ** La hautf rivilijiation. Ir c^iinpht divrloppe- 
*' mcnt, la pmfondr ilaboration dr Vantc ne pfuvrnt 
" »r rcnconlrfr avrc un rorps athlitif/uc, nu, armm- 

— 306 — 



MI DIARIO 

" pli dans la vie gymnastique. Le front méditatif, 
" la finesse des traits, la complicaUon de la pJiysio- 
" nomie feraient disparate avec des membres de lut- 
" teur et de coureur." 

¡Tanto peor para el pugilato y sus devotos! 

20 DÉ AGOSTO. — Paseo exciting, en una lancha de 
vapor, la "Dorothy," pequeña y regida por el due- 
ño de las casetas de baño de la playa. Vamos a es- 
perar el regreso de los yates que hoy comenzaron a 
disputar la ''Copa de América." Por cincuenta cen- 
tavos me he puesto en las manos de este excelente 
sujeto, con más aspecto de farmacéutico que de mari- 
no. Los demás tripulantes, son : Rafael mi cuñado ; 
hasta media docena de mocetones en traje de baño, 
instalados en la tolda de la " Doroihy," a la que sa- 
cuden con sus potriles retozos ; un joven gordo y pa- 
cífico, que ayuda al patrón; otro, flaco, portador de 
una Kodac. 

Nos lanzamos muy mar afuera, transponemos 8an- 
dy Hook, sufriendo unas cabezadas capaces de ma- 
rear a un cachalote. Y a pesar de lo que persistimos 
en nuestra espera al garete, no vemos nada. Tornamos 
un poco antes que el "Erin," suntuoso yate de vapor 
de Sir Thomas Lipton, tripulado por lindas mujeres 
elegantes, oficiales de marina, yachtmen de cartel, 
millonarios... Un instante, atácanme ráfagas de mega- 
lomanía, ¿ poseyera yo una embarcación así ? . . . De- 
tallo el "Erin" y a sus tripulantes... ¡un platal! 
Nos adelanta el "Shamrock II" — gemelo del actual 
combatiente "Shamrock III." Hoy no hubo regata, 
por culpa del poco viento; pero yo renuncio a nue- 



307 



F. GAMBOA 

va salida rn esta zan|;olotina *' Dtnothi/," (jue los dia- 
rios me enteren de las peripecias náuticas de la 
justa. 

Sir Tilomas, (pie ya no se cuece de un hervor, es 
el pei*sonaje a la moda, el punto de vista neoyorquino. 
Noches atrás, (pie asistió invitado i>or el "Yavht 
Club" a no sé qué teatro, le enderezaron a inedia fun- 
ción unas coplas compuestas en su obsequio; urba- 
namente pasó al escenario en el entreacto, a dar las 
gracias, y el "coro de señoras" se le tiró a los besos, 
unos veinte minutos de bombardeo de ('«culos. . . Nue- 
va York ha reíilo de la ocurrencia, los gnithmtn la 
aplauden, hus ladiis tómanla a buena parte, los golfos 
y granujas ya le apearon el tratamiento, y s<)lo le 
llaman " Tom-nwj," los periódicos comentan el sucedi- 
do, en tono .serio. . . 

Nota de angustia: Hay lejos de nuestro ancón — la 
J/orscshnf-fí<i¡i — una gran l)oya, con campana (pie 
repica al compás de las olas que la mecen, ora pau- 
sadamente si el mar está en calma relativa, ora deses- 
peradamente si está agitado; y a nuestro paso i)or 
sus cercanías, la esi'uchamos (pie toca con violencia 
grandísima, — el mar anda revuelto, — y es un tañer 
que coge el corazón, que suena a desamparo, a luiii- 
fragio, a muerte implacable en el hosco y (lesj>iadMdo 
desierto de agua . . . 

A propósito d(> las rt>gatas internacionales por la 
"Copa de América,** \*\l a<pií cómo las juzga el 
'* Journal" de esta noche: 

— ** La Gran Regata de Hoy — Our excitcmcnt se 
" basa en una emoción inocente, aunque no litil: el 
** deseo de ganar en cuahpiier clase de juego. . , John 

— 308 — 



MI DIARIO 

Biill y el Tío Sam han sacado a relucir sus corre- 
dores de juguete, y millones de personas talluditas 
seguirán la regata con la misma excitación nerviosa 
de los niños que rodean el estanque de un par- 
que. . . Así, a lo lejos en nuestra historia, nuestro 
patriotismo hase despertado con las luchas entre 
un yate de juego y el de algún tercero, entre nues- 
tro caballo de carrera y algún caballo de carrera 
inglés, entre nuestros púgiles y algún pugilista in- 
glés. Habremos progresado el día que el entusiasmo 
de las dos naciones se concentre en una lucha y una 
ambición de categoría más alta y noble. CASI TO- 
DOS NOSOTROS, SOMOS DESCENDIENTES 
DE PIRATAS, CUYOS CRUCEROS TRIUNFA- 
LES dependían, para acarrear su bo- 
tín, DE MÁSTILES ALTOS. SOMOS LOS DES- 
CENDIENTES MAS PRÓXIMOS DE UNOS 
HOMBRES CUYO PRINCIPAL PLACER ERA 
REÑIR, todavía lo QUE MAS NOS SEDU- 
CE, ES: BARCOS LIGEROS, CABALLOS DE 
CARRERA, PUGILISTAS, ETC. -Tiempo vendrá 
i esperémoslo ! en que cuando las naciones o los in- 
dividuos quieran competir, compitan en materias 
distintas. . . Sir Thomas Lipton ha gastado mi- 
llones, alegremente, porque su yate sea el mejor y 
más veloz del mundo. El Rey (de la Gran Breta- 
ña), el Presidente (de los EE. UU.), todos lo alien- 
tan. . . ^ir Thomas dijo al Rey y al Presidente: 
mi yate será más ligero que ninguno, sin reparar 
en su costo. El Rey y el Presidente, le dieron apro- 
batorias palmadas en la espalda. Si les hubiese di- 
cho en cambio, voy a hacer que mis obreros, hombres 

— 309 — 



F. GAMBOA 

** y mujeres, sean los m&s satisfechos y felices del 
" mundo, es probable que el Bey no hubiera dispues- 
" to d»' tit'inpo i»ara escucharlo. De coiisif;u¡»*nt«', co- 
*' mo nosotros todos nos perecemos POK'^l'E NOS 
** ALABEN y por hombrearnos con presidentes y mo- 
" narras, apenas si resulta explicable que Nir Tliomas 
*' emplee su dinero en un barco-juguete, de preferen- 
" cia a que se lo gaste en mejorar vivientes seres hu- 
" nuínos". . . 

Lo restante del artículo se suprime, pues extrenuí 
la nota "socialista-cargosa", de que alardea Mr. 
Hearst en sus publicaciones. 

23 DE AO<>sTí>. — Inoculado «b* la manía imperante 
por la "Physical CuHurc" y cetliendo a viejas aficio- 
nes, toda la tarde de hoy, domingo, consj'igrola a re- 
mar por esta *' JIorsrshfH -boy," pobla«la de yati'S de 
placer, de vapor y tle vela, propie<lad de ricoshonws 
(|Ue la han e.seogido i>or fondeadero, «le.stle los co- 
mienzos de las Tfiralas internacionales. 

26 DE AGOSTO. — Al anochecer, una luz vivísima re- 
corre con gran velocidad buena porción del firmamen- 
to, l'ara qu«' fuera glol)o, w hallaba demasiado alta ; 
pura ser Ih'ilido, caminalia con lentitud, y para sor 
estrella, corría demasiado y brillaba extraordinaria- 

ni'-nt.. 

27 DE A008T0. — Ni una palabra en los diarios que 
registro, awrca de la volante luz finnamental de ayer 
noche. 

— 310 — 



^7 DIARIO 

Triunfaron los yanquis en la tercera regata de hoy 
por la "Copa de América"; el yate "Reliance" de- 
rrotó con seis minutos de ventaja a su competidor 
"Shamrock III,"' venido de Inglaterra a disputar el 
trofeo. Periódicos y personas están a punto de esta- 
llar de exultación. 

28 DE AGOSTO. — Nos despierta temprano en la ma- 
ñana, huracán que, con lluvia, sopla del mar. Frío 
y confinamiento dentro del cottagf:, que clausuramos 
concienzudamente. Durante el día y la noche, plañi- 
dero llorar de las "sirenas" de las embarcaciones 
ancladas. 

30 DE AGOSTO. — Han continuado, el temporal des- 
hecho y nuestra reclusión absoluta. 

Panorama ventanero : espesa niebla, que todo lo bo- 
rra; desolación y desconsuelo; el distante ajetreo del 
puerto, fantástico a la distancia, borroso, angus- 
tiante. . . 

Un viento de borrasca, con velocidad de "X" mi- 
llas a la hora, azota casas y parques, doblega arbo- 
ledas, gime por hendeduras y ramazones; "paque- 
tes" de agua salada estréllanse contra fachadas y vi- 
drios ; nuestro cottage tiembla y se sacude cual si fue- 
ran a arrancarlo de cuajo. . . Y las ideas negras, las 
tristezas recónditas pugnan por asomarse en el cere- 
bro y en el ánimo; la distancia que nos separa de 
México, lo menos se nos ha triplicado. 

Por la equivocada interpretación de una noticia 
oficial, el Gobierno de los EE. UU. se ha tirado ma- 

— 311 — 



F. (¡AMUOA 

yúsoula plancha. Como se »l¡jera que el Vice-bónsul 
en Siria, — Tuniuía Asiática, — había sido asesinado a 
su regreso a hi ofieina. después de una partida de 
"golf," los periódicos y los "Revendidos" protes- 
tantes, pusieron a los tiircos que no había jior donde 
eop-rlos; la "Op¡ni('»n Pública" frunció el ceño, y el 
Gobierno ordenó la movilización "a todo vafwr'* del 
fnrniidable " fírooklffti," del no menos fonniílable 
"San Francisco" y del nunlianamente formidable 
" Machias", hacia los Dardanelos. . . Ansie<lad nacio- 
nal superapuda, y de súbito, la resurrección del Vice- 
cónsul, quien disfruta de una salud (jue yo jiara mí 
quisiera; que se equivocaron al cifrar o al descifrar el 
mensjije, y fjue la Sublime no se ha apartado de los 
cánones: supo del atentado, — i)uea atentado hubo, eu 
efíníto, perpetrado por enemigo personal del Vice-cón- 
sul, — y ha prometido j)or Imca de uno de sus tantísi- 
mos "bi'yes," actual Ministro de Relaciones Extran- 
jeras, lo que siempre se promete en casos tal»*s, que 
en cuanto pue<la habers«' al culj)able, s»* hará ejem- 
plar justicia, que lamentan de todas veras el íleplo- 
rable suc*»80, y que patatín y qu«' patatán. . . 

Jja escuaílrilla yanfjui, sigue no obstante camino 
de agmis turcas; puí*s lo q»ie estos señónos dicen, aun- 
í|ue hoy jwr hoy nada pue<le intentarsi» jtara ca.sti- 
gar la no-muerte de un representante mercantil, quirá 
peligren la colonia y los intereses americanos en Tur- 
quía, y es deb<'r nacional ir y traTuniili/arlns. . . Ni 
a tiros reconocerán su yerro, primero bombardean 
Constant inopia. Según los btis<'avi<las, la oilpa de li- 
gereza tan impenlonabU en un pai.s sfrin. pi'sa sobre 
don Teo<loro Roosevclt, quien rompien<lo hasta con 

— 312—* 



311 DIARIO 

prácticas burocráticas, desde su balneario ordenó por 
telégrafo al Subsecretario de Marina, que despacha- 
ra de urgencia a Beyreut, al Vicealmirante Cotton, 
tan quitado de la pena en Villef ranche . . . 

Sin embargo, la primera derrota, la sufrieron hoy 
por boca de Chékib bey. Ministro diplomático de la 
Puerta, en los EE. UU. Una derrota impresa e in- 
cruenta, pero que ha de haberles levantado ámpula. 
Dice S. E., en las columnas del "New York Herald" 
de esta fecha : 

— " . . .el envío de la escuadra, va a resultarnos con- 
traproducente a nosotros los turcos. Ya no es necesa- 
ria, supuesto que no hubo tal asesinato de Vice-cón- 
sul, y en cambio, será alentadora para los rebeldes 
que han de suponerse apoyados por los EE. UU., so- 
bre todo después de lo que en las páginas de su pren- 
sa se ha tronado contra nosotros. . . Nuestras relacio- 
nes, son de lo bueno lo mejor; Uds. se quejan de que 
sin previo examen facultativo, no se permita a los 
médicos de los EE. UU. el ejercicio de su profesión 
en Turquía, pero lo mismo exigimos de los médicos 
de Francia y de toda Europa. ¿ Por qué si los médicos 
de Uds. se hallan tan científicamente preparados, re- 
pugnan lo del examen previo 1-. . . Otra fuente de di- 
ficultades radica en los misioneros de Uds., sin que 
por lo que voy a decir, pueda creerse que los censuro, 
nosotros los turcos somos de lo más tolerantes (¡esto 
es guasa viva!), díganlo si no, esos mismos misione- 
ros; y el pago que Uds. nos han dado, consiste en 
gritar a voz en cuello que debería borrársenos del ma- 
pa, después de que, allá, sus agentes incitan a los ar- 
menios a exterminarnos, ... Supongan Uds. que yo 

— 313 — 



F. GAMBOA 

estableciese en Wásbiugton una escuela para negros, 
y que mis profesores les predicaran la rebeldía con- 
tra el lynchamiento. . . ¿me dejarían en el país ])or 
mucho tiempo? ¿prosperaría mi escuela?... Me in- 
terrogan Uds. sobre las matanzas de cristianos en 
Tur(|uía ; sí, desdichadaiiKiite se registran; pero 
¿ACASO EN LAS NACIONES CRISTIANAS NO 
TAMBIÉN SE MATA? NADIE SERIA TAN NE- 
CIO DE DECLARAR RESPONSABLE AL GO- 
BIERNO DE UDS., CADA OCASIÓN EN QUE SE 
LYNCHA A UN NECÍRO. EL OOBIERNO DE l^DS. 
I)i:i'lA)RA TALES VIOLENCIAS. BERO A'O 
í<lEMl'IiE VVEDE PREVENIRLAS... LO PRO- 
PIO HACE TURQUÍA, DEVLOliA las matanzas, 
y para prevenir las actuales, estaraos apurando todos 
los medios?". . , 

— ¿Qué opinan Uds. de este bey, dÍH|)arand() ta- 
mañas verdades en la primera publicación periódica 
de los EE. W ., y qu»' del "Jí(rnl(i." <jue les da ca- 
bida y no les da respuesta? 

L" PK SKi*TiK.MimE.— *A jx'sar de mi aborrecimiento 
hacia traducciones y tradnctores, — irmluiiorc, ira- 
üittorr, — lioy traduje paia la "Revista Moderna,'' 
de México, un precioso cuento de Bruno Lessing. 

¿Que, «juién es Bruno Lessing?... \jO j)ro|)io me 
pregiuité días ha, cuando h-ía otro cuento suyo, que 
l)or su estih> y fondo se aparta de los d«' hi generalidad 
pul'licados a toneladas en diarios, hebdomadarios y 
maffaziiit'H. Bruno Lewing, es un artista de cuerpo en- 
tero, cuyo nombre hasta me sueiui a progenie latina, 
a ancestros en Sorrenlo o en Calabria D.- fijo (\ur no 

— 314 — 



MI DIARIO 

aprendió el oficio por la posta, sí, lectores míos, por- 
la-pos-ta, según aquí le enseñan a uno porción de pro- 
fesiones "liberales," "conservadoras," etc. Hojee 
quien lo dude, la sección de anuncios de cualquier 
magazine, y se encontrará con que en el ramo de mú- 
sica, por correo le habilitan a Ud. de violinista, ar- 
pista o afinador de pianos ; en el 7'amo de pintura, por 
correo le enseñan a pintar óleos, acuarelas o rótulos 
de tiendas; en el de elocuencia, me lo transmutan en 
orador político, sagrado o de sociedad (sic) : banque- 
tes, funerales, matrimonios; en el ramo literario, en 
poeta, novelador, dramaturgo, libretista, "cuentista- 
corto," (skort-story icriter), sainetero o corrector de 
pruebas. . . lo que uno elija, de cerca o de lejos, de 
maestro a discípulo, sin intermediarios ; todo por la pos- 
ta, o séase, por la mala, con o sin equívoco, que mala 
quiere decir posta, y mala, malísima es la cosecha 
que por medios tales se levanta, ¿No ven Uds. que los 
buenos son contados en la mole de 80.000.000 ha- 
bitantes, que no abundan los Emerson y Ilawthorne, 
los Whitman y Poe, los Bryant y Longf ellow ? . . . 

10 DE SEPTIEMBRE. — El termómetro principia a lo- 
quear y mi licencia expira ; mañana regresaremos a 
Washington. 

El "Journal" de esta noche, me ha traído de des- 
pedida la siguiente estadística que compila con mo- 
tivo del fallecimiento de un pugilista en Filadelfia, 
i la ciudad quákera ! : 

— " EL PUGILISTA MUERE DESPUÉS DE UN 
COMBATE DE SEIS ASALTOS— DICEN SUS 
AMIGOS QUE DEBIÓ DE RECONOCERLO AL- 

— 315 — 



P. GAMBOA 

GUN DOCTOR ANTES DE LA BATALLA— MAS 
DE SESENTA MATADOS EN LA ARENA— Más 
de sesenta iiuHTtes se registran a consecncncia de 
las luchas por dinero (prtzr-fiyhts) ; entre las más 
recientes se mencionan : Alejandro Scott, de Broo- 
klyn, 26 de afrosto de lsí)S; Memo (Bilh/) Walker, 
de Omaha, 8 de octubre lie 1898; Tono (Tom) Lan- 
sing, de Lomsxñllr, 12 de enero de 1898; Quico 
(Harru) Apfel. <le ünwkhnt. 1SÍ)9; Félix Carr, de 
San Albauo, Virginia Occidental, 1891) ; .Chiquito 
(Kid) Lavelle, de Pittsburgo, Prutisiflvania, 1899; 
fíalph Miller. de Brooklyn, ]:K)0; Memo Smith. de 
Lonilres, Inglaterra, 1901; (,'urtis L. Crane, de Co/u- 
bridgf, MassaehuM'tts, 1901; Eugenio O'Connell, de 
Scituatc, ¡ihodc Island. 1903; Pepe (Joe) Stearks, 
de Conntcticut, 1903, y Olin Knight, «le Filadflfia, 
1903. — Filadelíia: 10 de septiembre. La necesidad de 
que se reconozca total y facidtativamente a los pu- 
gilistas antes d«' ípie s«» les líermita pisar la liza, es 
el asunto de las conversaciones en los círculos pu- 
gilisticos, a consecuencia de la muerte de Olin Night, 
conocido por .To.sé Reilly, acaecida después de una 
pelea de 6 a.saitos con (irifdth Jones. La lucha se 
efectuó en el Club Atlético del Sur, y Knight falle- 
ció nías tarde en el lIos|»ital de Santa Inés. — fJui- 
llermo llahl Knight, jtropií-tario del Club, y los cinco 
padrinos de los combatientes se encuentran deteniílos 
— todos estíin conti'Xtes hoy en ípie Knight dí'bía de 
hallanu' en muy malas contlieiones cuando pisó la 
liza. ¥A combote no fué de los particularmente du- 
ros; y la nuierte pareí-e (pie no In provocó golpe de- 
tcnninado, sino el muehaeamiento (pie Jones le infli- 

— 316 — 



MI DIARIO 

gió en el costado 3' el estómago, v el agotamien- 
to consiguiente al esfuerzo. — Si un doctor hubiese 
reconocido a Knight antes de su entrada en el círcu- 
lo, habríase descubierto su condición y evitádose el 
desenlace, — opinan hoy los peritos. — Acabado el en- 
cuentro, ambos combatientes saltaron ágilmente por 
sobre los alambres y se encaminaron a sus vestidores. 
Llevaba Knight unos cuantos minutos en su cuarto, 
cuando repentinamente se abatió sin vida. — El doc- 
tor P. Brooks Bland, trabajó por volverlo a la vi- 
da, unos veinte minutos, y lo condujo al hospital ; 
nada sirvió para salvar a Knight." 

— ¿Verdad que nuestras salvajes y crueles corridas 
de toros, se convierten en juego de chiquillos ? . . . 

Pues tomen nota nuestros políticos y sociólogos, 
porque estos místeres que se matan a puñadas, por 
dinero, son hermanitos carnales de los que los aplau- 
den y endiosan, el gran remanente de sus compatrio- 
tas que se nos pone de modelo. 

¿Ellos nuestros conquistadores y maestros?... ¿Y 
a dónde pararíamos, si ya tenemos de sobra con nues- 
tras propias y prolííicas máculas ? . . . Copiémosles lo 
que de bueno atesoran, y cuanto antes, mejor ; pero 
cada cual en su casa, y Dios en la de todos. 

11 DE SEPTIEMBRE. — De regreso a Washington, que 
rabia de calor, 88 grados Fharenheit. 

Las cigarras, incansables, ensordecen con su cantar 
rispido, son la única nota ruidosa. Todo lo demás se 
sofoca, suda, enmudece. . . 

16 DE SEPTIEMBRE. — Auoche y hoy no hemos para- 
— 317 — 



F. GAMBOA 

do de devanar en las ruecas de charlas y pensares, 
el montón de recuerdos que nos han alborotado estas 
fechas patrias. 

En lo oíicial, nada; el Embajador aun no regresji 
de Decd Beach, ni habría para qué. La estación so- 
cial y política, todavía no se inaugura; nuichas casas 
siguen cerradas y alambradas; casi nadie ha vuelto 
del campo, de las playas, de las montañas o de Euro- 
pa. La conmemoración que do nuestra Indi*p»'ndcncia 
se intentara, resultaría deslucida y sin concurrentes. 

20 DE SEPTIEMBRE. — Cartü dc Guadalajara, que subs- 
cribe Frederick Starr, de la "Universidad de Chi- 
cago." solicitando mi retrato y datos biográficos, a la 
mayor brevedad, para .sacar uno y otros en un libro 
que comenzará a imprimir en Chicago dentro de dos 
semanas, bajo el título de *' Rcndtngs from Modtrn 
Mcxican Authors"; "unos veinticinco, — explícame 
en la carta, — entre los que Ud. figurará con varias 
páginas de SUPREMA LEY. que he copiado y tradu- 
cido con esmero... diríjame Ud. retrato y apuntes 
a la Universidad de Chicago, para la que salgo en 
breve. . . " 

Ce<lo de bonísimo grado, por la maldita vanidad 
literaria de verse traducitlo y publicado en tierra ex- 
traña, con vera efigies y too. 

23 DE SEITIEMBRE. — Verbosa circular al mimeógrafo 
que hoy me llega firmada i>or Emeterio de la Cíar/a 
jr., Jo.st'í l*ti'>n d'i N'alle y .Jtsús Trurta. «ntórame 
de que han acometido los tre.s, en México, ardua y dis- 
pen<Iir»Hji einprfwi: sacar a la calh' obra dt* romanos, 
<iue habrá de llamarse "México Intelectual" y de 

— 318 — 



MI DIARIO 

ser el heraldo de los progresos realizados en la Ee- 
pública, en aquel campo. Dará a la estampa, a gran 
lujo, todo o parte de la obra que cada uno de nues- 
tros autores designe como su chef d'oeuvre, y biogra- 
fías y retratos de los autores elegidos por la nego- 
ciación. 

Para eso me han escrito, para que les remita bio- 
grafía y retrato, juntamente con la indicación de 
cuál de mis libros reputo por el mejor. 

27 DE SEPTIEMBRE. — Comienzan las tristezas otoña- 
les, con la melancólica caída de las hojas. . . 

Como en todos los órdenes de la naturaleza, las 
que primero caen, son las hojas más débiles. ¡Po- 
bres de los débiles ! . . , 

El "New York Herald" de hoy, trae interesante 
artículo, "Opening of the Art Season in the City 
Studios, and in Galleries and Marts," en el que, a 
vuelta de comentarios y reclames sobre éste y aquel 
taller, aquélla y esta galería (estupendas algunas), 
y éste y aquel traficante o rematador de cuadros, 
anuncia que la casa parisiense de Soligman Fréres. 
negociante en pinturas, muebles antiguos y obje- 
tos de arte, en el presente otoño establecerá su ca- 
sa matriz en el número 303 de la Quinta Avenida. 
Agrega el ''Herald," en el colmo de la satisfacción, 
lo que nadie puede negar ya : " No sólo tenemos año 
por año en nuestros teatros de Broadway lo más no- 
table y reputado del Viejo Mundo en todas las ramas 
teatrales, sino que con la venida de esta afamada 
casa parisiense, se pone de manifiesto lo que nosotros 
nos sabíamos desde hace tiempo : que nuestra metró- 

--319 — 



F. GAMBOA 

poli ha llegado a ser imo de los grandes emporios de 
arte del universo {thc metrópolis has hecome one 
of thc (jnat ari marts of thr vorld"). Lo cual que, 
es la verdad desnuda . . . 

¡ Oh ! influencia omnipoderosa del oro, que asi trans- 
mutas a loK filisteos en Mecenas, primero, y en artis- 
tas luego. 

30 i>K SKi'TiKMBRK. — ¡La justicia inmanente! Don 
Lázaro l'rrutia, de (Juatemala. visítame sin nu'is ob- 
jeto que disculpar al I>r. Lazo Arriaga, — con (juien 
acalla de estar en Nueva York. — |>or haber éste soli- 
citado de orden de Kstra<la Calirera, mi '•••'i»" Af «Jim- 
tenuda. . . 

El Dr. Laxo Arriaga, háiiasi' a plinto de renunciar 
su cargo de Ministro diplomático en los KE. W. 

6 DE om'BRE. — Mr. Frederick Starr, en nn-iproci- 
dud amistosa, me remite desde Chicago su fotografía. 

Y me ocurre que bien |>odía s<«r este caballero 
el hinnano vehículo para que yo mt> ganara unos (piin- 
ce o veinte mil dólares (la eterna fábula de "La Le- 
chera"), realÍ7.ándos4> mi vieja ilusión <le verme tra- 
ducido ¿ i>or qtié noT Con (pie tradujera SANTA, y 
SANTA gustura y me la compraran nuichos lecto- 
res. . . pues, (otra vez *'La Lí-chera"), sería la fortu- 
na, y con ella, la consumación de mi sueño: comprar 
una casa en San Ángel y vivir tie mis libros. . . 

8 DE ocTiTiRE. — Carta de Araluce. anunciándome 
que ¡al fin! SANTA ae )>oudrá a la venta en México 
y Hareelona, sinuiltáneann-nte. la segunda quincena 
del nu-s que corre. S«' nmnili<'«ta muy «"speranzado de 

— 320 — 



MI DIARIO 

alcanzar carretadas de pesetas con mi novela ; y yo, 
que poco necesitaba, contagióme en el acto de ilusio- 
nes, y también me doy a creer que SANTA me saca- 
rá de pobre. 

11 DE OCTUBRE. — ¡ Cuánto me place lo que leo en el 
"New York Herald."! El próximo martes se pon- 
drá en escena en el teatro "Manhattan," la "Tie- 
rra Baja" de Ángel Guimerá. Dios saque con bien a 
joya tan preciosa, y haga que a su autor le caiga llu- 
via de onzas. Me alarma, sin embargo, desde el títu- 
lo de la traducción, arreglo o lo que sea: "Marta of 
tJtp, Loidands—A Plaxj of Spanish Pcasant Life." 
Los autores llámanse, Wallace Gillpatrick y Guido 
Marburg, y no sé por qué pluralizarían el título del 
original. ¿Marta de las Tierras Bajas?. . . 

12 DE OCTUBRE. — A horas de oficina en la Embaja- 
da, solicita hablar conmigo un individuo que no co- 
nozco y cuya tarjeta dice: "H. Hiimphrey Read — 
Scientific American, CompiUng Department — New 
York." 

Son tan frecuentes estas visitas, y tan ociosas, (hay 
ocasiones en que sólo quitan el tiempo con preguntas 
necias : ¿ por dónde deben enviarse a México los equi- 
pajes; qué industria o comercio es más productiva; 
cuánto cuesta la vida material en la capital y los 
Estados, etc.?) que por lo general, bajo al salón mal 
prevenido y con el gesto agrio. Pero hoy, la cosa 
varía. 

El señor Humphrey, de irreprochable pergeño y 
verbosidad de sacamuelas, — calidades ambas, comu- 

— 321 — 



nes aquí entre los masculinos, — viene de jtarte del 
"Scientific American" a mostrarme, primero. los jfra- 
bados y páffiíias inieialcs df la nuipna ohra (pie bajo 
el título <it' " Cfiiloptudiit Aun rirund," está t*<litando 
o va a «'ditar la i-mpresa del " Scirntific." Obra enor- 
me, con ipii*Mi sabe (pi<> cantidad de palabras, mapas, 
vistas, retratos de celebridades en todos los ranios del 
saber humano; obia <pie ya cu«'sta $200.000, y que 
lleffara al iiiill('>n ; perfeciísiinanieiite hecha en su par- 
te ti|)Ográfica, de la que desde luej;o ¡»ue«ie ju/.^farse; 
con la cola))oración d(> muchedumbre de apellidos in- 
ph'ses, escoltados de abecedarios iiuivúsculos. — siste- 
nm (juc indica celebridad entre los anglosajones, — 
Doctor en Divinidades, en Humanidades, en Derecho, 
en Medicina. 'D. I). I).* "Ll., D." "D. M." A^. 
J." Obra llamada a perdurar centurias y edades, en 
atención a su enjundia y a que se han subscripto a 
ella los ( Jobiernos, Knd)ajadas, Legaciones, l'niversi- 
dades. Colegios, llombfis <],- |,.fi;is \rii>;t;is millo- 
narios. . . 

— Vengo a dos asuntos, — «'oncluye Mr. llumplirey. 
ínt(rln(¡u>' frente a mi defensivo silencio, — a saber 
quién en la Knd)ajada se encargaría «le escribir lo 
concerniente a México. ¿Td. o el Embajador?... Me 
han así'gurado que IM. sería el indicado. Trátasi' «le 
sintetizar "en tres o cuatro mil palabras la situación 
de Méxií'o" (sic^. ¡Ciñiere VA. hact-rloT. . . 

— Todo depende dr las condiciones .que TM 
ofrezca . . . 

Kstupcfaclo |M)r mi ssadía contémplame Mr. llum- 
phrcy, y con una cómica sorpresa rctrata<la «ii su 
semblante afeitado, agreda : 

- y¿¿ 



MI DIARIO 

— Los que colaboran, considerando que su colabo- 
ración es tarea de patriotismo y de legítimo orgullo 
para ellos, "¡figurar junto a celebridades universa- 
les!"... no han pedido honorarios . . . 

Continúo sordo-mudo, no oigo de ese lado. . . Pu- 
blicación que redituará los .°acos de pesos y que nada 
paga a quienes la escriben, no me seduce ; qué pa- 
triotismo ni qué hojarascas el trabajar gratis para 
obra yanqui. . . 

Mr. Humphrey embaula sus muestras en sendas 
carpetas de marroquí, con graves ademanes de per- 
sonaje de Dickens. 

— ¿Cree Ud. que el Embajador lo hará?... — me 
pregunta. 

— El Embajador no regresará de Nueva York has- 
ta mediados de semana : tómese Ud. la molestia de 
volver y preguntárselo directamente. 

Se levanta la sesión. 

Son impagables estos nuestros primos, hay que tra- 
tarlos, hay que tratarlos. 

El rasgo final, es de veintidós quilates: 

— ¿ Cuántas subscripciones me tomará la Emba- 
jada ? . . . 

"The Washington Mirror" es una hoja periódica 
de las mil y tantas que se dan por estos climas, con 
exclusiva floración de chantages, procacidades y ca- 
lumnias, entre los que se deslizan una vez que otra 
verdades como puños. El sábado iiltimo nos tocó nues- 
tro turno, a propósito de las muy solemnes exequias 
celebradas en el templo anglicano de San Juan, por 
cuenta del Gobierno de los EE. UU., en memoria del 

— 323 — 



F. GAMBOA 

Embajador británico iS'i'r Michael Herbtrt, fallecido 
en Suiza de tuberculosis. Discurrre '*The Mi ñor": 
''...Cuando murió el Sr. D. Matía.s Romero, n raíz 
" de su noinbramiento de Embaja<lor tle México en 
" los EE. W., después de haber sido Ministro en 
" Wásliinpíon durante unos cuarenta años, nuestro 
■■ (iobi«'rno no desplegó, ni con mucho, la centcsium 
"parte del esplendor desplegado hoy por Sir Mi- 
" clijiel Ilerbtrt. Las ext'<|uias de D. Matías Romero, 
" fueron menos (pie modestas. ; Por qué seria?"... 

14 uv. oíTtFmi:. — El Teniente Toronel de Ingenieros 
don Ignacio Altamira. Agregado Militar a nuestra 
Embajada desde principios de año, cuéntame lo (pie 
le oeurrié» en la ca.sa amueblada fpie habitaba antes 
de instalarse en el 'ajíartamento" «pie ahora ocupa. 

El sucedido es una muestra de hipocresía pu- 
ritana. 

La víspera de la entrega, se le presentó un joven 
preguntándole con insistencia cuándo dejaba la vi- 
vienda. Le informó Altamira (pie s«M*ía al día si- 
guiente, pero (pie no entregaría bus llaves hasta des- 
pués de cuatro o cinco. A la noche, que Altamira 
acompañado de su hijo, — un chico de catorce años. — 
pasí» por el frente del edificio, avirtió luz y ruidos 
dentro de las habitaciones (pie debieran de hallarse 
calladas y a ob.scuras. Fué Altamira a dejar a su 
hijo, y regresó solo; los ruidos iban en crfscfndo. 
Abrió con su llavín, y lo primero que le sale a la ca- 
ra es un sujeto en paños mínimo.H, (p>e, asustado, lán- 
zase escaleras arriba en denmnda del caU'cilla del alla- 
namiento. Viene éfrte, igualmente escaso de ropas, 

— 324 — 



MI DIARIO 

y resultó ser el curioso que averiguaba la fecha de 
desocupación . . . Nada, un encierro de reses bravas ; 
media docena de mozas de Baltimore y Washington, 
con otros tantos varoncitos, que en casa ajena y es- 
calada por los fondos, se entregaban a una juerga 
de arte mayor. 

El cabecilla intentó engallarse, era el hijo del due- 
ño del inmueble ; pero Altamira, justísimamente irri- 
tado, mantúvose inflexible mostrándoles la puerta, por 
la que se escurrieron a medio vestir ellos y ellas, no 
sin haber antes suplicádole no diera aviso a la poli- 
cía .. . Altamira se limitó a participarlo al notario 
que le alquiló la casa, en previsión de lo que sátiros 
y ninfas hubiesen roto o substraído. 

Vecina oficiosa y escandalizada, pormenorizó a Al- 
tamira que el tal ' ' hijo del dueño del inmueble, ' ' des- 
pués de escalar la morada y de franquear la puerta 
del frente, "en automóvil estuvo acarreando a sus in- 
vitados "... 

Si en México el heredero del más capitalista de 
nuestros capitalistas llevase a término algo análogo 
en el domicilio del Agregado Militar a la Embajada 
de los EE. UU. ¿cuánto no nos costaría y qué de sen- 
tencias no estamparían en sus "grandes rotativos" 
contra la República entera ? . . . 

15 DE OCTUBRE. — De asisteucia oficial a un tablado 
que lleva más de un mes de afear el parque que se 
halla a espaldas de la Tesorería, para presenciar la 
ceremonia oficial, con discursos, de descubrir una es- 
tatua ecuestre del finado General Sherman. 

Hacía veintidós años que no veía yo tropas de los 

— 325 — 



F. (iAMIiOA 

EE. rr., vn cantidad taniafui, y he y\v haber «¡ido 
el único concurrente a quien el marcial desfile, harto 
imperfecto, sin calumniar a nadie, le pusiera el hu- 
mor como las entrañas de un tintero. Y es <|u«' no 
puedo olvidarme de "lo que nos hicieron". . . el pa- 
sado nuestro, despertaba dciitri) de mi memoria; de 
Verlos triunfant«*s. aplaudidos, prandrs, «le oír sus 
músicas bárbaras, abríanseme mis viejas heridas in- 
cicatri/adas de mexicano, de vencido sin es|>ernnzas 
de revancha, antes continuamente am«'naza<lo tie j»o- 
sibles despojos nuevos y de po.sibbs humillaciones 
futuras. . . 

19 DE OCTUBRE. — Estuvo a visitarme, de vuelta de 
México, el Dr. A. í'ond»' d»' Sarak. con (piien trabé 
relaciones superficiales de vecinos de me.sa en el rr.s'- 
taurant del hotel Cochran a mi llegada a Wáfihinjfton. 

Sarak s^' llama a sí mismo "Esotrrista del Tüx-t" 
nada menos; y iik- pormenoriza los Itumos rr.sidta- 
<los (pii* logró en mi tierra, «mi la «pie fundí) un 
"centro." 

Ofréceme, para una ib- esta.s noches, en mi casa o 
en la suya, aclararnu* **de dónde venf^> y a d«'tnde 
voy". . . Y de oírlo no más. un escalofrío me recorre 
todo el cuerpo. ¿Será cierto eso «b-l <><idtismoT. . . 

20 DK oCTi liRE. — En alta mar. sm .salir d«' mi jfa- 
bin«'t«' «I»' trabajo, con la l<M-tura «le las obra» comple- 
tas tic Walt Whitman. sus Menioriaa, ('orn'H|>onden- 
cia. etc. No obstante lo extraonlinario «leí artista, — 
extraonlinario en to«los M-ntido.s, hasta «-n lo d<>susjido 
de su metro y de su rima, «pie no son ni rima ni me- 

— 326 — 



MI DIARIO 

tro, — prefiero al hombre, con gusto cambio sus "Leá- 
ves of Grass" por sus " Specimen Days," y sin va- 
cilar regalo su obra íntegra, para aplaudir y admi- 
rar su incesante sacrificio seráfico cerca de heridos 
y moribundos durante la Guerra de Secesión. 

Conviene que cuanto antes realice yo mi segunda 
excursión votiva en el país: visitar su tumba en Cam- 
den de Nueva Jersey ; pues propongo a mi regreso 
a México, — del que ¡ plegué a Dios ! nunca más vuel- 
va a salir, — dar conferencias sobre Whitman y Poe; 
conferencias concienzudamente documentadas, que ya 
he principiado con apuntaciones y datos interesantí- 
simos; conferencias a la europea, por cuanto vos, en 
nuestro Conservatorio o en algún teatro. 

24 DE OCTUBRE. — Ni quito ni pongo Rey. 
" Munsey's Magazine"—Yol. XXX.— :S° 2.—No- 
" vemher, 1903. — The Frank A. Munseij Company, 
"111 Fifth Avenuc, New York. 
Traduzco : 

LA TIERRA DE LOS ODIOS 

por 
Hartley Davis y Clifford Smyth 
Una Región de los EE. UU. en que la Ma- 
tanza es un Pasatiempo, y el Asesinato Co- 
barde y Cruel queda Impune. La Historia 
Terrible de los Siete Grandes Feudos del 
Kentucky. 
" La Tierra de los Odios ha ganádose su nombre 
'* con sus asesinatos al por mayor. El homicidio es su 
" entretenimiento y su pasión. Debía de llamársela 
" reliquia de la Edad Media, en la que se injertaron 

— 327 — 



F. GAMBOA 



las atrocidades de las modornas banderías políti- 
cas; mezcla híbrida que ha producido semejante 
moiitruosidad 

" La Tierra de los Odios, tieue definidos sus lími- 
tes geográficos : hállase en el corazón de las monta- 
ñas appalachianas, en el punto en que se reúnen o 
aproximan las fronteras de cuatro Estados, Kcn- 
tucky, Tennessee, Virginia y Virginia Occidental. 
Pero su región más siniestra está on Kentueky, en 
los diecinueve Condados del sureste del Estado, ha- 
cia los orígenes de cuatro ríos: el Cumbrrlaud. el 
Kcutucky. el Licking, (el "Lamedor", o entre el 
vulgo, el "Golpeador"), y el Big Saudy; región, 
en su mayor parte, sin ferrocarriles ni telégrafos; 
comarca salvaje y primitiva en la que se han des- 
arrollado esas feroces y terríficas guerras de familia, 
los odios anu'i-icanos. junto a los cuales la v(udilt<i 
italiana es casi una ocupación filantii'pica y bii- 

nianitai"ia " 

" Cuando uno estudia la historia de los siete ma- 
yores feudos de odio del Krntuckii. — purs, al igual 
de las cstrrllas, dificrt-n m magnitud, — sólo se tro- 
pieza con la nai'racii'tn de un morboso derranuimifii- 
to de sangí»', n'p«'tido y vuelto a n-petir; con il ata- 
que cobarde, por la espalda : con los dispai'os a lioni- 
bres inermes. Lo único (pie varía son los espaiilo- 
sos detalles. Ni un solo acto caballeresco, ni un rayo 
<le nobleza o de altruismo, ni sicpiiera una vislum- 
bre de rectas intenciones (pie ilumine las negruras 
de tales leyendas. Entre aquella gente, la s(»d de 
sangre humana se ha convertido en mía doleneia 
maligna". . . 



328 — 



MI DIARIO 

Y durante diez páginas más, a dos eoluninas de a 
57 renglones e|u, y con ilustraciones explicativas s'il 
vous plait! no hay sino la recitación documentada, 
dantesca y lacónica, de crímenes, crímenes, críme- 
nes . . '. Vamos, que no pueden leerse sin horror, sin 
no cerciorarse de que algunos de los orígenes de la 
génesis de este gran pueblo, fórmanla agrupaciones 
troglodíticas de individuos sin piedades ni sentido 
moral, maculados de crueldades y vesanias. 

¿ Ellos los que habrán de absorbernos o de civi- 
lizarnos ? . . . 

i Santísimo Dios, si te dignaras romper el Conti- 
nente y que un ancho brazo del mar océano, liberta- 
dor y fuerte, nos alejara un tanto ! . . . 

27 DE OCTUBRE. — Un gran día. Llegaron de Barce- 
lona los primeros ejemplares de SANTA ; catorce 
tomos, de los de lujo, que al igual de todos y cada uno 
de mis libros anteriores, deléitanme con su olor a pa- 
pel nuevo e impreso, con sus hojas por cortar, con 
sus portadas flamantes en que el nombre del autor, 
a la cabeza de la página, es un dasafío, un reto no- 
ble al público, a los Aristarcos, a los envidiosos y a 
los impotentes . . . 

Para que el júbilo sea completo, en la Embajada 
me entregaron por adelantado mi sueldo de cuatro 
meses ; un puñado de oro que viene a aliviarme de por- 
ción de achaques. 

28 DE OCTUBRE. — Los diarios yanquis nos enteran 
de un atentado en Guanajuato contra la vida del 
Gral. Díaz. Algunos hispanoamericanos pasan a in- 

— 329 — 



F. GAMBOA 

formarse de si la noticia es cierta: de los diplomáti- 
cos eiiroi)tK)s. ni uno. . . 

29 i>K OCTIBRE. — El (íral. Díaz contestó a nuestro 
telegrama. Cuanto se ha dicho, es falso de toda fal- 
sedad. Nuestra Secretaría de Relaciones Exteriores 
autoriza al Embajador a desmentir la fantástica inieva. 

2 DE NOVIEMBRE. — Encantador y profun<lo el nom- 
bre inglés con que se conoce «d día «le hoy: .1// Snuls' 
dny, Día de todas las almas. . . 

Cómo hace pensar. 

4 DK NOVIEMBRE. — Es (le siiber, que los domiciliado8 
en la ciudad-capital de la Grrran Rrrepública, y los 
nacidos y residentes en el Distrito de Columbia. ca- 
recen dí'l derecho de sufragio: ¡ ¡ ; no votan!!! 

Ello no obstante, se amotinaron wta noche frente 
a los cartelones luminosos que en plazas y esípiinas 
de calles céntricas, publican los resultados de las 
eleciones de Senadores en algunos Estados vecinos. 

Adrede no salgo ni a curiosear esta curiosidad «le los 
americanos por su farsa electoral, de la (|ue tan ufa- 
nos s<' manifiestan, por mucho que sepan que ningu- 
na elección es de veras libre y honrada. Aun<jue los 
electores, individuos conscientes parezcan, no son en 
H\\ inmensa mayoría más que ven«lidos o al(|uilados, 
carentes de credo político sincero. Votan ni mejor ¡íos- 
tor, por f|uien paga más. así residte ili'<-lia<lo d»- vi- 
cios y defectos. 

El arbitro electoral, y el arbitro de una varieilad 
de cosas, es el dólar, el Alniif/htif Dallar. 

— 330 — 



MI DIARIO 

5 DE NOVIEMBRE. — Alarmantísima la noticia llega- 
da ayer, de que el istmo de Panamá adquirió su in- 
dependencia, y república se ha declarado... 

Los periódicos se muestran con gran reserva, aun- 
que en su ánimo y en el de todo bicho viviente se 
halle incrustada la convicción de que tal indepen- 
dencia sería obra exclusiva y traicionera de los EE. 
UU. de América. 

¿Me tocará ser testigo de una de las más cínicas y 
villanas piraterías que hayan visto los siglos ? . . . 

7 DE NOVIEMBRE. — Cou detalles que lo transportan 
a uno al dominio de las pesadillas, confírmase lo de 
Panamá. 

Los EE. UU., por la fuerza incontrastable de sus 
acorazados, opónense a que Colombia desembarque 
fuerzas en el istmo y reduzca al orden a los rebeldes 
separatistas . . . 

Parece mentira ¿verdad?. . . 

Pues crean Uds. que ha de ser así, puntualmente, 
si no peor, can agravantes que más tarde irán sa- 
biéndose. . . 

8 DE NOVIEMBRE. — ¡ Abajo caretas ! 

El ''New York Herald" de hoy, trae copia de por- 
menores acerca de la "República de Panamá." 

Lo mismo que cuando un terremoto nos sorprende 
y amenaza, cierro los ojos anonadado, extiendo los 
brazos al vacío . . . Esto es un terremoto de insonda- 
bles consecuencias para los chapados a la antigua 
que aun creemos y adoramos en las patrias. No es el 

— 331 — 



F. GAMBOA 

fin de una raza, nó, es el fin de un mundo inmolado 
por estos mercaderes fuertes y ricos. 

Vae victis, o mejor, Vae pauperilyíis, que por serlo 
resultan vencidos en todos los mundos, en todas las 
escalas y en todos los órdenes, hasta en el de la Na- 
turaleza... ¡Quién nos manda carecer de músculos! 

i Habrá Cruzados que saldan, no a la recoiumlsta 
de un Santo Sepulcro, sino a enfrentarse y castigar 
a estos EE. UU., que so pretexto de una civilización 
que ni ellos mismos poseen completa, se han eonver- 
tido en peligro y amenaza armada i>ara totlo un Con- 
tinente?. . . 

Hoy, más que todos los domingos, — tan ingratos 
aquí por lo evang»''licos, pseudo-puritanos y tétricos 
(¡oh, tierra de la hipocresía!) — gánanme tentaciones 
desiiforadas de correr y correr con mis gentes y mis 
IíImos, con las contadas ilusiones y esperanzas (pie me 
quedan, ha.sta ignorado rincón de mi ciudad de Méxi- 
co, en el (\uo s<')lo la muerte ;la Inevitable! me dé al- 
cance cuando nu'jor le plazca, en meilio de las pocas 
almas que adoro totlavía ; lejos de todos y de toílo, 
de las Babilonias y Cosmópolis modernas, de las lui- 
ciones podero.sas y tic las débiles; a fin de escapar al 
horrible exilio de los ideales y de los dioses, ya cpie en 
parte ninguna moran la .íusticia y el Derecho. 

10 DE NoxHEMBiiE. — Em el "Cotivcnlion Hall", a oír 
a la Nonliea y a la Oniuesta Sinfónica de la Si w York 
Mttropnlitan Opirn liousf. que «lirige J. S. Duw». 

Preciosamente rjí»outado8 el "Lifbrstod", de **TrÍH- 
tán e Isolda": el "¡ni Kohn*\ de Orieg, y el " U'n/- 
(irsfjfxprnrrh". de Soluniiann : la " Polonesa", ile 

— 332 — 



MI DIARIO 

"Mignon". Soberbia la obertura "1812", de Tseliai- 
kowsky, conmemorativa de la invasión de Rusia por 
Napoleón, y de la retirada de Moscow. 

12 DE NOVIEMBRE. — Siguen las firmas. 

''The Washington Pnst'- de hoy, bajo el título dft 
"The Test of Phüantrophy" (¡ojo!), dice entre otras 
razones a propósito de la República de Panamá, — • 
acontecimiento que reprueba por la forma de que se 
han valido los EE. UU. para consumarlo, — lo que 
sabrá el que siga leyéndome: 

" Tcxans will not hecome very hitter in their de- 
" nunciation of the Administration course in Pana- 
"ma if theij stop to think WHAT TEXAS DID TO 
" MÉXICO, SOME YEARS AGOü!" 

Permita Dios, que nuestros directores y sabios pro- 
fesionales, los que hoy tienen la sartén por el mango 
y los que mañana hayan de tenerla, se aprendan de 
coro el parrafejo, al efecto de aprender la suerte que 
aguarda a los renegados. . . 

Y mientras se lo aprenden o nos arrastran a que 
todos lo experimentemos, que continúen en su ciega 
imitación de cuanto se piensa, dice y hace en este 
país ; y favoreciendo la * ' conquista pacífica " ; y 
abriendo puertas y segando resistencias a su decan- 
tado "destino manifiesto." 

Rayo de sol. Viénenme más ejemplares de SANTA, 
y un proyecto de liquidación que vuelve verosímiles 
unas ganancias, que, de producirse, resultarían casi 
portentosas, dado que se trata de obra puramente li- 
teraria, y dados también, nuestro idioma y nuestro 
medio . . . 



333 



F. GAMBOA 

Da capo con la eterna fál)ula tle "La Lechera." 

13 DE NOVIEMBRE. — ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ I^s Estados l'iiidos de 
Ainériea han recibido hoy, nfirinlnii ntr, al represen- 
tante diplomático ( ?) de la República ( ??"> de Pa- 
namá !!!!!! 

Dicha República. — Uamémo.sla así. — nació el día 3 
de los corrientes. 

Su reconocimiento por e.stos fenicios de nuevo cuño, 
es el toíiue a depüello. en jilazos indeterminados, de 
todas las nacionalidades américoespañolas (pie co- 
mienzan al MU- del r>ravo: nosotros los primeros. , . 

¿De (pié sirve predicar el saludable "('av«- ratirm" 
que lucían los umbrales pompeyanos, .si no queremos 
cuidarnos ; si del Bravo a la Tierra del Fuego no nos 
curamos de alianzas ni de fraterniílades; si en los 
interiores de nuestras ca.sas .solariegas y amenazadas, 
en vez de sembrar arra.samos, en vez de querernos 
nos odiamos y en vez de construir dcfensíis y hoi;ares 
nuevos, destruímos los antif¿rnos y no vijjilamos Ia.s 
fronteras T Con nuestras luchas intestinas y nuestras 
seculares inmoralidades, con nuestros jiicobinismos 
intransigentes y nuestros ateísmos facticios, vamos (pie 
volamos a todos los suicidios. . . 

14 i)K NOVIEMBRE. — ¡ No toda Dinamarca está jk)- 
drida! l'n puñado de recort»*« de diversos <liarios 
americanos, (pie de Nueva York remiten a la Emba- 
jada, censuran con la severidad (pie el atentado re- 
clama, la fa/4iña de (»ta admini.stracií'tn strftnious. en 
tierra de Colombia; jmnen de aseo a los autores, lo« 
alKifetean : y yo leo y releo los lati^razos y las protes- 

— 334 — 



MI DIARIO 

tas, por lo que me desquitan de mi forzado mutismo, y 
por la libertad de pensamiento que su publicación en- 
traña. 

15 DE NOVIEMBRE. — Al concluir el acuerdo con el 
Embajador, nos quedamos divagando sobre lo de Pa- 
namá ; y de súbito, paramos en recuerdos de la Inter- 
vención y el Imperio, de los hombres de entonces, con 
los que figuró el señor Azpíroz. 

Entre otras interesantes efemérides, me cuenta 
por qué fracasaron las tentativas extraoficiales ini- 
ciadas por Francia para reanudar sus relaciones con 
nosotros. 

Jules Fabre, antiguo defensor parlamentario de 
nuestra causa, cuando subió a la Presidencia de la 
República Francesa, para ser consecuente consigo 
mismo, se propuso consumar la reconciliación inter- 
nacional con México. Desgraciadamente, había en Mé- 
xico un Agente francés de poco seso y mucha intriga, 
que no desperdiciaba coyuntura para frustrar los 
buenos pasos que la tal reconciliación recorría : envia- 
ba informes falsos o adulterados de cuanto grande o 
pequeño ocurría por entonces a diario en todo el país. 
Un buen día, por conducto del Ministro de los EE. 
UU., se interrogó en nota oficial al señor Azpíroz, — 
Encargado del Ministerio, dentro de su categoría de 
Subsecretario, — sobre si México aceptaría los avan- 
ces que Francia pensaba llevar a cabo. No quiso Az- 
píroz asumir la responsabilidad de respuesta tan tras- 
cendente, y fué y consultó con Juárez. Muy halaga- 
do, Juárez lo autorizó a responder que México los re- 
cibiría con el mayor agrado y los retribuiría, confor- 

— 335 — 



F. GAMHOA 

me a tleríflio. en cuanto Francia realizara el primero. 

Puntualmente lo contestó Azpíroz al Ministro yan- 
qui, <|uien. a su vez, lo transmitió en sepuitla a Wash- 
ington. Algo de la secreta negociación t raspo raría.st' 
en público, pues el periódico franct'*s <le la é|>oca in- 
terpeló al "Diario Oficial." 

Cuál no sería la sorpresa del señor Azpíroz al leer 
el "Diario" y encontrars** con un artículo en «pie iK)r 
modo categórico se declaraba que "nada había do 
cierto respi'cto a negociaciones confidenciales para 
reanudar relaciones diplomáticas con Francia..." 
Llamó el señor Azpíroz al director del "Diario" y le 
pidió e.xplicacionfs dt'l logogrifo, y fu«'*s«» de espaldas 
al .saber (pie la noticia venía especial y dirirta del 
Prí'sidente Juárez. Corrió a ver a éste, que le ratificó 
lo aseverado por el director del "Diario." 

— " Pero, s«'ñor, — le argtnnentó Azpíroz, — ^>*o ya oo- 
" muni(pié al Ministro Americano, para conocimiento 
" del (tabincte <le Washington, qur el (iobierno de la 
" Ktpública i*staba anuente a la reanudación... ¿có- 
"mo oompaginamoa mi dicho y lo publicado en el ór- 
" gano (bl ( iobierno T. . . " 

MoiiKiitánt-o silencio de Juárez, sin apartarse «le sti 
impasibilidad de estatua. . . 

— " Pues, ¡es Verdad! C^ue niaii.-iiui jijuirc/rii una 
" rectificación, dicimdo (pn-, iin*jnr iiifonuado^, «Me..." 

Y así s«' hizo. Y aai noa fué. 

El njalévolo Agente privado, s»' a|»nhurn a nmitir 
a Francia lo prim«rament«' publica«lo rn el "Diario 
Oficial", acusándonoH de soberbioa, a par que el Mi- 
nistro de Francia vu los EE. VV . avÍBaba a gu (io- 
bierno qu»* México aci'ptaría laa <t%ivt rtunn francesas 

— 3.16 -- 



MI DIARIO 

y prometía retribuirlas. La llegada de las dos noti- 
cias contradictorias, que revelaban al parecer una ma- 
lísima fe por parte de México, hizo que Jules Fabre 
prescindiera con enojo de su proyecto de ser él quien 
reanudara las rotas relaciones de amistad con la na- 
ción injustamente victimada. Todo vínose abajo, a 
causa de una inhibición en la memoria de Juárez; la 
que nos significó, además, que andando los años, y a 
cambio de que se estableciera en México el Banco 
Franco-Egipcio, — padre del Banco Nacional, — Méxi- 
co-fuera el que tuviese que solicitar la tal reanuda- 
ron, el año de 1884, por el conducto de don Emilio 
V'elasco. 

i 'Cree el señor Azpíroz, que ésta y otras inhibicio- 
nes de Juárez, eran síntomas de la enfermedad que lo 
mató al cabo ; supuesto que de su patriotismo y recti- 
tud/ nadie puede dudar. ' ■ 

^^" Y yo menos que nadie, — me agrega, — que 16 
traté mu-elio: y que venero su memoria. . . " 

De ahí, pasamos forzosamente a la caída del Impe- 
rio, vista fañ descerca por el Embajador : y la pre- 
'güñtaí que hace tiempo traigo en los labios, se apare- 
ce en la . charla : 

-—¿Qué impresión personal la produjo, a Ud. Ma- 
ximiliano, y cuál conserva de él?. . . 
. Breve reconcentración del señor Azpíroz ; luegó^ 
rugoso eL ceño, con el. acento de honda honradez que 
es la característica suya, rae responde : 

— "Me subyugó. . . " 

Entra en pormenores, palpitantes, de la secuela del 
proceso que formó ' por sí propio : cómo se trataban 
en el calabozo ; la entereza del Archiduque ; su urba- 



— 337 — 

22 



F. GAMBOA 

nidad i'Xijuisita ; las uinguiias ilitícultadcs <juo tuvo 
cou los interrogatorios, repreguntas, etc. 

— *' Yo no (juería ser el Fiscal de esa causa, — si- 
** gue hablando el st'ñor Azpíroz, — y por suerte, ha- 
" bíanine encargado de la dirección del periódico ofi- 
" cial en Zacatecas, una de las muchas atenciones que 
" me prodigó el señor Lerdo. Pero mi pundonor de 
" soldado me obligó a solicitar el abandono de empleo 
" tan pacífico, y mi incorporación a mis compañeros 
** de armas, para cuando tuvieran <|ue batirse. 

" Se me concedió, y al saberse que Miramón, re- 
" hecho, se nos iba encima, n>e permitieron reunirme 
" con el ejército activo, en cuyas filas había yo pelea- 
" do durante toda la Intervención; y fui y combatí, a 
" las órdenes del General Aranda. 

" Derrotado Miramón, de inievo me encargué del 
*' periódico oficial, en San Luis Potosí ahora, hasta 
" que al saberse que Querétaro resistía, destináronme 
** al ejército de oi>eracinnes al mando del (Jrnl. Esco- 
'* l)edo. 

" Presencié, pues, la caída material del Imperio; 
" estuve presente en el momento preciso en qtie Ma- 
"ximiliano rindió su espada... Luego, conchuda la 
" campaña, con mi grado de Teniente Coronel me 1¡- 
" cenciaron como a otros tajitos, y tina vez más volví 
" a San Luis Potosí, resucito a marcharme a casa, con 
" mi madre, a la que hacía algunos años no veía. El 
" s<'ñor Lerdo, al sjibcrlo, me confirió honrosa comi- 
"sión enteramcnt»' confidencial cerca de Ks«'obed(). 

— '* Aprovecho el paso ele l'd. por C^uerétaro, — me 
"dijo. — para nH»oiiiendarle «liga a KscoIkiIo esto y lo 
" otro, y para ípie l'd. lo ay\i«le como abogado, en 

— 3.V — 



MI DIARIO 

" las dificultades que necesariamente han de produ- 
" cirse con el proceso que se impone. . . 

" En cuanto Escobedo se enteró de mi recado ofi- 
" eial, y de que mis servicios profesionales podía uti- 
" lizarlos en lo privado, me significó: 

— " Lo necesito a Ud. de Fiscal, porque ningún 
" otro posee sus condiciones, y porque Asesor lo tengo 
' * ya en la persona de Joaquín Escoto . . . 

— " Me rehusé, — continúa Azpíroz, — desde luego y 
" redondamente. Para todo menos para Fiscal de esa 
" causa, dispone Ud. de mí, — le repuse. Escobedo en- 
" tonces, con ruda franqueza de veterano, me espetó 
' ' en términos crudos una verdadera filípica : Así son 
" todos Uds., todos iguales, todos creyendo que el va- 
" lor sólo consiste en exponer la vida a las balas, en 
" verter la propia sangre, en alcanzar heridas y cica- 
" trices. . . Hay un valor más alto, y veo que a Ud. 
"también le falta, como a todos los demás: el de arros- 
" trar, en cumplimiento del deber, una responsabili- 
'' dad inmensa ante el mundo entero, ante propios y 
" extraños; una responsabilidad que todos tratan de 
' ' descargar sobre mis espaldas. ¡ Y para eso sí que se 
* ' necesita de . . . calzones ! Está bien, déjeme según 
' ' me dejan todos ; yo arrostraré solo lo que tanto 
" hombre repugna compartir conmigo. . . 

— " Me cegó el amor propio, hábilmente espoleado 
" por el Gral. Escobedo, — opina el Embajador, ofre- 
" ciéndome un cigarrillo mexicano, — me cegó lo mu- 
" cho que de juventud me quedaba, y todo rojo de 
'' que alguien pudiese sospechar que carecía yo de 
*' valor, del grandísimo valor civil que se ha menes- 
" ter para afrontar una situación tan comprometida, 

— 339 — 



F. GAMBOA 

" acepté i'l noinbrajnieiito ilo Fiscal. aun(|uc nv-tíian- 
" te ciertas comliciones: Seré el Fiscal, mi (íeneral, 
" seré el Fiscal; pero, prométame l'd. que por motivo 
*' niu^iino seré yo c|uien conduzca al patíbulo, — sí. sí. 
" al patíbulo, ¡no nos forjemos ilusiones! \\\., y yo, 
" y todos sabemos cpie los crímenes contra las patrias 
'* ajenas, se pa^an con la vi<la. — que no seré yo (piim 
" conduzca a los (pie resulten sentenciados por la jus- 
" tieia nacional. i*ara es«> último acto, que alf?ui»'n me 
"substituya, pretextaré enfermedad... 

" Escobedo aceptó, y no fué necesario pretextar en- 
** fermediMl imaginaria: de veras me enfermé, de fie- 
" bre Cerebral, por los insomnios y la continuada ten- 
" sión de espíritu. . . Llejrué a delirar, por las íioehes, 
" en la soledad de mi cuarto. . . no probaba l>ocado, y 
** aunque ni lo parezco ni soy impresionable, me im- 
" |)re>ioné fm-ra «b- meilida con el desrnlace de ese 
" pran drama en iim- por jioeo no zozobrn la K«pú- 
'* blica..." 

l'n largo espacio, pensando cada cual p(u- su bulo, 
el señor Azpíroz y yo pennant'cemos taciturnos. . 

A poeo. vibrante Azpjroz con la evocación (b* ni|m- 
llas jornadas i|»' epo|)eya, exclama: 

— "¿Sabe Id. quién fué el culpable principal «b* 
(pie yo iMifermara T. . . " 

— t!T... 

— "Miguel Miramón." 

-¡ !... 

— " Sí, Miguel Miramón, — repite con mayorea ener- 
" gías. Desde un principio HÍm|iatizamo8 ambos, nos 
" pri'Sí'ntó »'l (iral. Vélez, (pie lo (pieria como a un 
*' bermano y cpie. parece, le babb'i primores de mí; y 

— 340 — 



MI DIARIO 

Miramóii, dentro de la hidalguía que irradiaban sus 
actos y palabras, rae conquistó totalmente a las pri- 
meras que cruzamos. ¡ Si viera Ud. con qué clari- 
dad y con qué noble franqueza respondía a mis in- 
terrogatorios ! . . . A pedido suyo, convinimos en 
que él diríame al detalle todo lo que supiese acerca 
de los puntos preguntados, y que yo, luego, les da- 
ría forma a sus respuestas. Así lo hicimos, aunque 
con la precaución de mi parte, de leerle en alta voz 
lo que iba yo dictando. El día de la confesión con 
cargos^-áiligencia. odiosísima si las hay, — nos fa- 
tigamos mucho. Lo advirtió Miramón, y jovialmen- 
te propúsome : 

— " Si no tiene Ud. inconveniente, señor licencia- 
do, descansaremos un poco los dos, que a cual más 
estamos de fatigados, y mientras descansamos ha- 
blaremos de asuntos menos ingratos, y tomaremos 
juntos una cxDpa de un vino generoso con el que me 
han obsequiado, ¿ acepta Ud ? . . . 
" Acepté de buen grado, pues mi fatiga era tanta a 
causa de los delicados quehaceres del proceso y de 
mi escasez de alimentación y de sueño, que en oca- 
siones la cabeza se me^Dartía, y la j)luma, material- 
mente se me caía de las manos ; por otra parte, la 
confesión con cargos afligíame aun desde antes de 
proceder a ella ; y por último, ]\Iiramón habíaseme 
hecho de tal modo simpático, pedía las cosas con 
maneras tan especiales suyas, — maneras de valiente 
que procura no revelarlo, — -que bebí con él una copa 
de no sé qué vino dulce. Al levantarse Miramón y 
colocar la botella en su sitio, extrajo de su baúl una 
fotografía que puso ante mis ojos : 



341 



F. GAMBOA 

— '* Mire Ud., st*ñor lict-nciado, estos son mis hi- 
jos. . . 

Y al tlecírnulo, parecía que con su mano libre 
" acariciara en el aire los rizos de las idolatradas ca- 
" bellcras infantiles. . . '' 

Ni Azpíroz puede continuar hablando, ni yo escu- 
charlo ; a él y a mí nos aliona honda emoción que no 
intcntamas disimular. 

Hru.vcamente abandono el despacho, contentísimo 
del descubrimiento impensado (pie acaba de realizar- 
se: no es cierto, conforme me lo temía por fal.sos deci- 
res y por la "cascara amarga" que informa los exte- 
riores del actual End)ajador de México en los EE. 
UU., que sea un bombr»* de alma endun-cida. Azpí- 
roz es un hombre reconcentrado, de convicciones arrai- 
gadas, (pie no gusta de e.xhibirse delante de extraños 
o intiiferentes; (pie mucho sabe <ie la vida y de los 
hombres, jH*ro que sepulta dentro de sí mismo, igual 
los de.sengaños padecidos que la esca.sa estinuí que sus 
SíMiiejantes d«*spicrtan en su vejez e.\p<'rimentaiia. 

El descubrimiento regocíjauíe. Harto estoy ya d»* 
■cuerpos vacíos" y de "retóricas huecas.'' 

16 DE NoviKMBKK. — A Nueva York, |>or el nocturno 
del /'#H«.s-i//ffi»i<i. a esperar al señor Mariscal (pie re- 
gresi» de Europa. 

17 I>K NoviFMHKK. — ( 'araniust t(ii¡ . M'gun el diccio- 
nario franet's, (piiere decir: **l*arad«»r púlilico de 
Oriente, para alojar a las caravanas." Enmiéndese la 
fras»' en el sentido de "parador púlilico del oriente 
de los EE. n .. para alojar viajeros presuntuoNOs y 

— 342 — 



' MI DIARIO 

marcadamente vastas", y se habrá definido el nunca 
bien afamado hotel "Waldorf-Asioria" de la impe- 
rial ciudad de Nueva York. 

Menudos eran mis deseos d-e alojarme alguna vez 
en este hotel ponderadísimo ; y de que supe que a nos- 
otros los miembros del Cuerpo Diplomático extranje- 
ro, se nos concede una rebaja de 25 0|0, me prometí 
aprovechar la primera ocasión de habitarlo. 

Si no fuera por un detalle que otro, legítimamente 
rastaquoeur, el hotel resultaría sin defecto; pero es 
tanto el oro, y el estuco, y los mármoles y rasos, que 
la hostelería se convierte en símbolo de los EE. UU., 
enfermos de ostentación tosca, de advenedizo enri- 
quecido. La historia de la casa es aplastante, un 
aguacero de millones : sus dueños son multimillona- 
rios patentados; el menaje, importó un número "N" 
de millones; de empleados, dependientes y servidores, 
hay varios miles; en flores para los 14 comedores, y 
pasillos, escaleras, tránsitos, salones, cantinas y halls, 
se invierten al año, cuarenta y cuatro mil dólares; el 
inmueble, posee una atrocidad de pisos; hay doce as- 
censores, sólo para pasajeros; billones de focos eléctri- 
cos y de lacayos, chasseurs, mensajeros y pajes galo- 
neados; trillones de comodidades, y cuatrillones de lo 
que Uds. manden .... ¡Es mucho hotel ! Detalle de 
platino : está prohibido que señoras y caballeros, de 
cualquier categoría y cualquiera sea el precio de sus 
habitaciones, recihan dentro de éstas visitas a ningu- 
na hora, y a guisa de compensación, en comedores, sa- 
lones y halls no cesan de día ni de noche el desfile, char- 
la y coqueteo de centenas y centenas de demámon- 
daines conocidísimas, con las que puede Ud. hablar a 

— 343 — 



F. OAMBOA 

sus anchas o a su>> ajigostas, a]»alabrar i'ntiwistas i)üs- 
terioivs de mayor sabor, sentarlas Hd)ríakfasts, tunch- 
(tnis. (¡ui>i*rs y su/tpirs más o menos roeiaclos de cal- 
dos importailoH e indígenas, dentro del rcspfciablí es- 
tablecimiento. I>e sabido se calla, que hay también 
al)uiidam-ia de llamas de veras, cjue no desdeñan la 
j)romiscnitl;i.l \ .1 istudio euiiiparativo ili- l<«>. mascu- 
linos. 

Inconvciiit-jit*' iuMiperabie: <-s tal la demanda de 
cuartos por anticipación y hasta por teléprafo, no 
obstante el coste exa^ferado de habitaciones y res- 
tduranh. (pie no le hacen a uno uuddito el caso, y a 
ellos la mi.sma les pefja (pie se (^U'de l'il. o (pie st- va- 
ya. Es uno un número, como en los presidios. 

Por la tarde, ha.sta los muelles de la poderosa com- 
|»añía " }i<tr(l<lrutsthfr Llotftl". de liremen, situados 
en Ja barriada de llitbnkf». Camino de Jl'iboktn. scn- 
saci('>n de unidad intinitesimal frente a este projrreso 
prodi^rioHo. dentro de este pnn-ido y pidulimtc colme- 
iwir iiumano. 

lios miu'llcs, formidables, con proi>orcioues de ba- 
sílicas, lie tres |)isos, todos de hierro y exudando a 
pesar del eier/o marino, las montañas de dólares (pie 
habrán costado; |)ara (piien los mire de tierra, perdu- 
rables y fuert«"8: mirados del nu«r y jtinto al mar. i-n- 
clenipu's, eaqu«''.\i<'os. míseros. . . 

Cerca de las 4, atrací» el "Wilhrlm tirr (rmssc", 
barco-leviatán de catorce mil toneladas y seiseientoK 
euan-nta y nueve pies de longitud, a cuyo bordo vie- 
ne el si'ñor .Mariscal ron su esfK)»» muy (rrave, tanto, 
(pie a cada nuino amiga «pie estrecha las suyas, n cada 
voz afiH'luosíi (|iie le pretruiitn cómo sigue, se le saltan 

— :t44 — 



MI DIARIO 

las lágrimas. .El señor ]\Iariscal, como siempre para 
conmigo, paternalmente cariñoso, haciendo pública la 
amistad con que me distingue y favorece. 

Después de comer en el "Waldorf-Astoria", a los 
arrullos de no sé cuál de las orquestas balkánicas y 
húngaras del edificio, al lado de cautivante judía blan- 
da de corazón y cuajada de gemas, — que es la ''ami- 
ga" del anfitrión, — nos vamos a ver "The Three Lit- 
tle Maids", una de tantas "comedias-musicales" que 
disparan desde casi todos los teatros: mucho attrezzo; 
magnífico vestuario de altos precios; muchedumbre 
de chicas guapas y rubias, semi-desnudas ; par de vie- 
jos, cómicos excelentes, que dicen chistes. . . en in- 
glés, y se bailan y zapatean cuando el argumento ( ?) 
lo reclama ; tres o cuatro buenos mozos, tan irrepro- 
chablemente vestidos como un Agregado de Embaja- 
da,, que diz que cantan de tenor o de barítono ; luces 
eléctricas, de magnesio, de colores; efectos de luna, 
de estrellas, de aurora boreal, de sol y de cometa ; y 
vengan tres actos, y aplausos, y repeticiones de los 
"cantables", y a las 11 en punto, ¡afuera! la comedia 
é ■finitta. . . 

De cena en el Café Martin de la Quinta Avenida, 
<iue nada le pide a los mejores de la Avenida de la 
Opera y de los Grandes Boulevards. Congestionado 
de concurrentes; de bellezas al alcance de todas las 
admiraciones y deseos, y al de poquísimas fortunas. 
Derroche de sedas, de joyas, de flores, de fragmenta- 
rias desnudeces que dejan contemplar carnes blancas 
y jóvenes, de tentación y de pecado. Orquesta oculta, 
que toca sin descanso música moderna. Plenilunio de 
luz incandescente. 

— 345 — 



¥. GAMBOA 

Perinanecemos hasta eso do las 2 ile la Jiiañana. "li- 
bando" Munim, presididos por la judía blanda de co- 
razón y cuajada de gemas. . . 

Si ahora se me obligara a llevar esta vida, que tanto 
llevé dentro de marcos muy más modestos, me mori- 
ría de tedio, de gastritis y de anemia. . . 

20 OF. NOViEMBRK. — De regnso tu Wáshiufítou. 

24 PE NOVIEMBRE. — A cumplir su ofrecimiento de 
descifrar mi porvenir, el l)r. A. Conde de Sarak vino 
esta noche a casa. 

Encerrados en mi gabinete de trabajo, clíjonje: 

— Antes de que me duerma, va l'd. a concretarme 
sobre ípié asuntos desea l'd. preferentemente conocer 
el futuro. Tendrán que ser tres; el número '.i es el 
eje y centro de todo, Pitágoras fué el primero en así 
declararlo. Luego, cuando yo vaya durnii«'ndome. no 
s»' alarme l'd. aunque me ata<juen convulsiones, tléje- 
me estar; yo iré escribiendo en un papel y le tenderé 
mi otra mano, en la <|ue l'd. apoNará la suya; enton- 
c«*s, me interrogará. Cuando despierte, que si-rá (con- 
sultando su reloj) dentn> de una media hora, h»* ser- 
virá l'd. darme un sorln» «le cual(pii«T aleoliol. con un 
poco de agim. ¡(Quiere l'il. <jue prineipiemos?. . . 

Excepto un solo pico de gas, extinguinms las de- 
más lu<'es; instalas»' Snrak en mi diván, y yo le vendo 
los ojos con un pañuelo; fn'itaw frente y cráneo con 
cilindro metálico parecido a los (pie sirven para in- 
yectar suero quirúrgico. — díceme «jue contiene flui- 
do. . . — ; transcurren algunos minutos en silencio ab- 

— 346 — 



MI DIARIO 

soluto, y Sarak sacúdese con breves y muy ligeras con- 
vulsiones. 

No experimento ni pizca de impresión. 

Cae Sarak en sueño auto-hipnótico, tranquilo a los 
comienzos, inquieto en seguida, hasta que se incorpo- 
ra, y \'uelta la cara a la pared pónese a gesticular con 
algo invisible, y a hablar por lo bajo, de prisa . . . 

Los tres puntos que le concreté, son : 

Primero y principal : ¿ Triunfará SANTA ? 

Segundo : ¿ La traducirán al inglés, y los productos 
serán tales que me permitan vivir independiente y 
decir en libros posteriores las muchas verdades que 
ahora me está vedado imprimir? 

Tercero : En lo general, ¿ qué me reserva mi suerte f 

Sarak me advirtió que no debía yo de afligirme si 
dejaba sin esclarecer puntos que me contrariaran. 

— Puede que vea, — me dijo, — cosas extrañas a las 
tres interrogaciones, pues voy a enfrentarme, por in- 
terpósita persona, con el dohJe de Ud. ; lo que los es- 
piritistas denominan malamente el periespíñtu . . . 
Diré lo que vea, y si Ud. se interesa, pregunte a su 
antojo, responderé hasta donde me sea dable . . . 

De improviso, Sarak se apodera del bloque de pa- 
pel y enristra el lápiz. Empieza por dibujar una elip- 
se perfecta, si se atiende a que lo hace a tientas : esa 
elipse divídela con una raya horizontal, después con 
una oblicua, de izquierda a derecha ; la línea horizon- 
tal salva el contorno de la elipse y termina en el fila 
de la hoja. De la oblicua, a la que corta en tres pun- 
tos y a la horizontal en otros tres, ha nacido un ras- 
go tembloroso y ancho. Vése un centro, claramente 
demarcado, y viniendo de afuera, una ñecha que va 

— 347 — 



F. GAMBOA 

a parar en sitio tli-tfiíiiinado d»' la ancha linea vaci- 
lante. 

Transcribo en seguida con su propia ortografía. — 
cuyo original pa.sa al toitio IV del l*R(1('KSO DE 
MÍ8 OHRAS <|ui* lego a mi hijo M¡gu«*l F«»lix. — el 
horóscopo, o lo que fuere, d»'l esoteri.sta del Tilxt. 
Doctor A. Conde de 8arak: 

— *' ¡Aípií está tu elip.se de vida! la flecha siñala d 
** punto en el cual te encuentras hoy, tu vida pa.sa- 
*' da a sido una lucha coiwtante nadie ha conipren«li- 
*' do tus nobles ideales et tus pcn.sanu»'ntos, tus nii.s- 
" nia8 aspiraciones han sido la causa que muy pocos 
*' hayan si«lo lo (pie te han comprendido casi ningu- 
*' no, ni tu misma compañera to<lo «{UcnMidote muciio 
*■ y siendo buena con tigo, sinendiargo uo ha alcanza- 
* «lo la comprensión de tu pensamiento! Tus idea- 
" h-H son superiores, y si en tu pa.sado as sufrido niu- 
" chos desengaños sobre todo de aquellos mismos (pie 
'•* tu creias tus mejores amigos, hoy te ves obligatlo a 
*' reconocerlo, y una nu»*va linca de vida si* |trcs»Mita- 
*' sa para ti, de aqui 7 ou 8 mes«»s! — Todo cambiara. 
'* y las pn*ocupacion(»8 de hoy desaparecerán si t«' 
" im|K)nes ílrniemente de ir adelante! 

*'¡Pero hagaa atención! alia en tu mismo Pais. 
■* allá en r\ símio mismo «le acpiellos «pie tu crees (pie 
■ te (piieren, allá hay I S() (pie m lugar de ay\idar- 
" te no et muy faborable fwr ti I. . . Acá mismo entre 
" tus compañeros, hay unn (pie-ha i*serito no ha mu- 
" cho no en muy favorables t«'*nninos. — l'cro no hagas 
'* caso. — ¡Adelante! — y tu triunfaras — tu vida es aun 
"tiiuy larga, pronto dejaras Washington, y un cam- 
" bio grande habrá en tu destino venidero. — 

— .'VI8 — 



311 DIARIO 

" Alguien busca tu mismo puesto acá y han habla- 
"' do va a un gran Personaje de tu Pais; ¡pero que 
'' no te preocupe.! adelante. 

" ¡ Tus libros ! tu llegaras a lo que deseas, pero . . . 
' ' hay un obstáculo creado por algunos medios ... y 

'' tu vencerás en 7 ou 8 meses. — 

' ' Es una buena inspiración que as tenido, pero hay 
" que no confiar á nadie tus ideas, ya as hablado a 
" ((¡guien y este alguien en lugar de ayudarte ha ha- 
" blado á este Alto Personaje en contra tuya. — 
" ¡Silencio! y vei-dadera diplomacia. — 
' ' ¡ Tu llegaras ! ¡ el tiempo no es largo adelante ! 

"Tu tendrás que sepárate por algunos (aquí un 
" principio de paUíhra ffíc/K/c/r/^ meses de tu compa- 
" ñera, ella ira por una cosa importante una noticia 
''inesperada á su pais! — pero no importa, tu iras á 
" otra ciudad de los E. ü. 

" Valor y adelante. 

"Yo no soy el Doctor que que escribe, no soy más 
"que tu Guía Espiritual que te ayuda y te protege 
" contra todos tus enemigos que son aquellos mismos 
" que alia en Centro America te hicieron mucho da- 
' ' no, tu lo recuerdas ! . . , 

" Pero los vencerás, adelante te bendigo.'^ 

Arroja el papel escrito y me tiende su mano abierta : 

— i Interrógame ! . . . — murmura. 

Lo interrogo, a fin de que me esclarezca lo que ha 
escrito. 

Y me lo esclarece. Todo ha de efectuarse dentro de 



349 



/' (jAMfíOA 

7 a ^ nu-jifs ^ cifra que al parecer me persif^uo) ; mi li- 
bro triunfará en la traducción, aunque deben» de ba- 
cer "inuebas eoiic»*sione.s'* ; dentro de poco y ¡wr au- 
aencia d»'l Embajador, babré de ({uedarme al frente 
de la Embajada un corto tiempo; después, no me pre- 
cisa si abandonaré la earnra diplomática, o <jué, kóIo 
me predice que saldré de Wásbington, a otro tfriiu 
centro de este país, primero, y luegro, fuera de Ioh 
EE. rr., a causa de mi.s libros. . . 

Mi vida wrá larffa. me encuentro casi a la mitad 
<le ella, "a un ¡hmío más de la mitad"; mis dolencias 
son morales y nerviosas, no me matarán; subiré ¿có- 
moT. . . ¿en qué?... ¿cuándo!... Sarak, o no lo sa- 
be o no puede decírmelo; en cambio, adviérteme (pie 
uif cuide de uno de los empb-ados de la Embajada. . . 

V despierta, se despereza, no af^uanta la luz, se 
siente can.sado. Nada recuerda, ni lo <jue ««sí-ribió con 
su |)uñ<) y b'tni. y se o{>one a que yo se lo mue.stre: 

— Nó, nú, guárdelo l'il. ; y el tiempo dirá si me en- 
gañé o de veras be visto su futuro. . . 

Clausura la sesión contándome cpie él pre<iijo »1 
trágico íin del asesinado l'resitlente McKinley, y la 
exaltación al Solio Pontificio del actual Papa IMo X, 
bace mucbos años, en Monza, en pri>S4>ncia del enton- 
ces Príncipe Ileretlero y boy Solx'rano de Italia. 

Honradamente dejo consignado lo que anteiM'de. 
Ni creo ni dudo : ¡ ignoro ! 

Que el tiem|>o, como Sarak opina, decida si la pro- 
fecía es cierta o fué una mistiticación. 

Por dicba, mi neurastenia no se ha agravado con 
la s<>sión aparatosa; exi>rrim«>nto una ecuanimidad ab- 
•oluta. y voy a la cama completamente tranquilo. 

— 350 — 



MI DIARIO 

28 DE NOVIEMBRE. — Primera nevada en forma, de la 
estación ; nevada copiosa, insistente, que cubre de in- 
menso sudario esta lindísima ciudad muerta. 

¡ Qué frío por dentro, de considerar que el invier- 
no se nos echa encima, la estación de las nieves y las 
tristezas, de los cielos grises y los espíritus acongoja- 
dos, que a mí sorpréndeme tan desprovisto ya de ju- 
ventud, ilusiones y esperanzas, tan provisto de des- 
engaños ! . . . 

Mando que se queme mucho carbón en nuestra ca- 
sa; y procuro que mi mujer y mi hijo se me aparten 
lo menos posible. 

Continúa cayendo la nieve, en la calle ; los copos, 
bailan y tiemblan por los aires, se asen a los retorci- 
dos troncos desnudos de los árboles, se posan en los 
tejados, emblanquecen las ropas de los transeúntes y 
los techos de los vehículos. 

Los copos tiemblan y bailan, muchos, muchos, mu- 
chos. . . 

Y yo en mi casa, entre mi mujer y mi hijo, — que 
son la chimenea de mi alma, — junto a la chimenea de 
mi gabinete de trabajo, que se arde, tiemblo más que 
los copos ; porque descubro que con ser ellos tan po- 
quita cosa, tan efímeros, tan endebles, son ¡ ay ! más 
que yo mismo . . . 

2 DE DICIEMBRE. — Noticias de SANTA. 

Mi sobrino José Joaquín Gamboa me escribe que el 
libro triunfa, a pesar de que no ha habido en su ob- 
sequio, ya no propaganda, ni anuncio siquiera ; que 
se discute en público, y cuenta con defensores y ene- 
migos ; que ha hecho verter llantos femeninos y que 

— 351 — 



F. GAMHOA 

se iiu- pro«li(íHii insiiltos: que algunos de "mis mejo- 
res amigos", han ileelarado (jue un libro así sólo de- 
biera escribirlo un in(U'pendi»'nt«'. no un enif>leado 
como yo. al <|U«' novela scnu-jante <|ui/á le eueste la 
torta . . . 

"El Correo Español", de .México, me elogia. 

Mi tieri'a es un abisMín ; y mis eontcnáneos. dos 
abismos. 

Por lo demás. ¡Dios .s«'a loado! (pie me devoren y 
despedacen, (pié importa, pero «pie lean la obra, de 
principio a íin. Va .S(* (pie ha de anuirgtir: y si fuese 
hace<lero. la vendería con sendos ejem])lares del fa- 
moso "¡ Trágala !. . . " 

r> i>K niciK.MUivi.. — De.sdc Uarcclona me i*emrte Arji- 
luee un número d»- "La Vanguardia", en el que po- 
nen a SANTA iK)quito más acá de las nubt^s; a vuelta 
de alabanzas sin tasa, ha.sta me la llaman "libro in- 
coiiiparahif". . . 

is DK i>i( ikmhkf:. — Aeoinitañado de "atento dticio", 
llégame de México, de la iáecretaría de Fomento, el 
diploma (pie alcancé ( ?) colectivamente, con mis 
obras (!!!), «n la Exposicit'm Tniversal de París «le 
1900. 

¡Oh, farsjis, farsas, farsas! 

A benévolo I »od ido de Ferrari Pén-r. eonhcntí en 
enviar mis obras (!!!), y por J<>kúm (ontreras supe 
que todos los cajones que contenían libros ; ¡j ni abier- 
to» fueron por «•! .Jurado!!! 

Ix> mismo <>s todo en la vida. 

Ciuanlaré el diploma, ¡lorquc en sí lo merei'c; y lo 

— 352 — 



MI DIARIO 

colgaré en un hueco del hall de mi casa yanqui, mien- 
tras se va conmigo a mi vivienda mexicana y definiti- 
va, que he soñado tanto. . . Je suis diplomé. 

En la Casa Blanca, a un Té que la señora de Roose- 
velt ofrece al Cuerpo Diplomático. 

Cuánta cursilería, dentro de esta innegable gran- 
deza yanqui. 

Mis honorables "colegas", más trabajosos cada 
día, y más vacíos. No sabe uno a quién ir, si a los 
europeos, o a los asiáticos, o a los hispanoamericanos; 
la mayoría de ellos parece empeñada en realzar lo ca- 
ricaturesco de la Carrera, cuando principalmente se 
desempeña dans le monde. 

Sin miedo a un mentís, es de afirmar que mientras 
más pequeña, insignificante y débil es una Potencia, 
más altanero, ignorante e inflado es su Representan- 
te. Los señores europeos, nos huyen a los hispano- 
americanos, — digan lo que quieran algunos de éstos, — 
cual si fuésemos leprosos y apestados; es un positivo 
cisma : ellos a un lado, a otro nosotros. 

¡ Cómo esmeróme en alternar nada más con los re- 
pudiados a que, gracias a Dios, pertenezco ! Tanto 
peor para los que nos repudian, yo reúnome a los po- 
cos sanos. 

\ 

20 DE DICIEMBRE. — Acabé los " Specimen Days" de 
Walt Whitman. El original pensador no favorece mu- 
cho que se diga a estos EE. Uü. que tanto adoró. 

Valiente artistazo. 

21 DE DICIEMBRE. — Halagüeñas noticias particulares 

23 



F. OAMItOA 

acerca del lento triunfar ilc SANTA cu México. Sin 
íMuhargo. "El l'orrro Español" aparte, no hay pe- 
riódico que me la nicncioue. 
La conjuración d»'l silencio. 

22 DK DiciKMmu.. — ('uiii|>lo titinia y nufvc añas. 

Hí'trotracción mental a ójioras d«-s<ipan'cidas y día-s 
mejores; "siempre el tiempo pasado fu*'*. 

Auníjuc a(|uí nic rodea. Moipiéaine nui-s bien dielio. 
atmósfera de grandeza moral, material y otros uhs 
(no confundirse con las cervezas británicas de este 
nombre I . el día íntegro me p«'i*s¡gíien unos versos de 
Luis l'rbina, «pie repito y rei)it<) hasta (pie «'1 sueño 
me vence, ya en mi cuarto a obscuras, entrapajado en 
la cama: 

"... mis bosques y mis colinas, 
" mi triste pueblo, mi pobre hogar, 
" y hasta el enjambre de golondrinas 
" que hi/o su nido en las ruinas 
" de la parro(piia de mi lugar. . . " 
Entiendo que a esto se le llama nostalgia pura. 

24 DE niriEMBRK. — Christmnit, para los rubios; Navi- 
dad, en mi lengua. 

"Ljis Nove<ladeK". de N\ieva York, han siclo mi 
Santa Claus. — un siinto qtiimérico vestid») de pieles, 
de larga y alba barba Huvial, tocado de gorra Iwrla- 
«la, enguantado y de Uitas, ipie con su trineo tiradf» 
por ciervos y abarrotado de juguetes para I<ih niños, 
viene de^Ie tierras de Fantasía caminando por enci- 
ma de torres y techos, y en «"«ta no<'he precisamente. 
s«> cuela a una misma hora en to<ÍHM las chunenuas, en 

— 354 — 



MI DIARIO 

las que están alineados los zapatitos y las medias de 
la gente menuda, que sonriente, sueña con su venida, 
desde las camas de rejilla y las cunas blancas de los 
bogares callados, segura de que a cada uno le dejará 
su juguete, el juguete ambicionado que los papas lian 
comprado y tenido oculto, — y me trajeron elogiosísi- 
mo artículo, firmado por Tres Estrellas, en loor de mi 
pobre SANTA. . . El enmascarado autor me supone 
guatemalteco, y aunque tal suposición me vendría de 
perlas si guatemalteco hubiese nacido, le escribiré pa- 
ra rectificar mi nacionalidad y para darle muy expre- 
sivas gracias. 

28 DE DiciEí^iBRE. — Carlos Béguerisse me escribe de 
Guatemala, que la primera remisión de ejemplares de 
SANTA, se agotó en menos de una semana. 

A pesar de presagios y apariencias, no quiero con- 
sentir en que con SANTA haya yo al fin conquistado 
la definitiva victoria literaria que vengo persiguien- 
do solitaria y valientemente, hace más de cuatro lus- 
tros. 

Harto es conseguir que el libro se lea mucho, y que 
se venda en razón directa de lo que se lea. 

29 DE DICIEMBRE. — Eu el audéii del paradero del 
"Pennsylvcmia", intensa y dramática conversación 
fragmentaria con el ilustre general colombiano D. Ra- 
fael Reyes. Sobre lo de Panamá ¡ claro ! no íbamos a 
hablar de la Vía Láctea. 

Opina el anciano exPresidente, y yo con él, que 
asunto tan trascendental no ha preocupado lo que de- 
biera a los países nuestros, a pesar de que los EE. 



355 



F. GAMIiOA 

UU., con su brutal agresión i* incalificable atropello, 
a todos nosotros se han tlirigiilo. En lo que disenti- 
mos, y asi me permito manifestárs*'lo, es en lo que él 
agrega: (pie el presente atropello debería de unirnas. 
para mejor resistir los próximos (pie vendrán fatal- 
mente, dentro de/ plazos indefinidos. 

Al('*gole el precedente estadístico: Cuando el aten- 
tado contra M«'XÍco, del 47, tan inicuo o más que el 
actual, aparte de (pie nadie nos tendió la mano, — ex- 
cluyo ayudas individuales y simpatías platónicas. — 
la dura lección no fué por nadie aproveciíada. 

Todos los hispanoamericanos caminamos, y camina- 
remos salvo un milagro de educación, aislados y egoís- 
tas rumbo a los exterminios y las disoluciones: somo- 
fatalistas y retóricos, casi orientales. . . 

Después de despedir a mi tío O. Alfredo ( híimui. 
que regres;! a México, nos separamos junto a un tran- 
vía : la noche helada, tlesnudos los árboles, entristecién- 
dolo todo una espesa nelílina. Kl (teiural me estre- 
cha la nutno y exclama: 

— No hay remedio ninguno ; la Casa Blanca me 
responderá r<'chazando cuanto le he propuesto... y 
¿(piién calnuí a mis paisíuíos?. . . No uos (pieda otro 
recnrso <pie matar a estos di>monios, es decir, matar 
los más (pie podainoM, yo el primero. . . 

Y él y s\i Secn-tario. (pie mordisípieaba nerviosa- 
mente HU cigarrillo, en tanto yo hablaba con su jefe de 
problema tan grave, montan en e| ebVtrico iluminado, 
melancólicos, silenciosos, pensativos, con su odio a 
cuestas, y con el convencimiento de «u débil ida<l fren- 
te a la descomunal fuerza de estos corsarios up-to- 
date... 

— 356 — 



MI DIARIO 

31 DE DICIEMBRE. — Al obscurecer, nos dirigimos mi 
mujer y yo a San Mateo, — nuestra parroquia aquí,— 
a dar gracias por el año que concluye. Desierto el 
templo, escasamente alumbrado por tres de sus can- 
delabros de gas, y por las lámparas rituales que pes- 
tañean colgadas frente al tabernáculo . . . 

Hasta el templo se cuelan las clownescas armonías 
de la "Hiawatha", que un organillo toca una vez y 
otra vez, afuera, en la calle. . . 

''Las Novedades", de Nueva York, siguen empe- 
ñadas en obsequiarme ; ahora me llega su aguinaldo, 
en respuesta a mi rectificación de nacionalidad. Ni a 
quién presentar excusas por mi inmodestia de trasla- 
darlo a estas páginas ; para los que me quieran, el 
suelto ha de serles grato, y para los que nó, pues allá 
se las hayan: 

" El distinguido colaborador de nuestro semanario 
' que modestamente veló su nombre bajo las socorri- 
' das tres estrellas y a quien debemos el obsequio del 
' artículo crítico que sobre la novela del señor don 
' Federico Gamboa intitulada SANTA, tuvimos el 
' gusto de publicar en el número de la semana pasa- 
' da, nos suplica hagamos en su nombre la siguiente 
' rectificación: 

" No es el señor Gamboa guatemalteco, como erró- 
' neamente apuntó nuestro estimable colaborador, 
' quien ahora se apresura a reponerle en su legítima 
' nacionalidad de mexicano. La circunstancia de ha- 
' ber residido en Guatemala el i|ustre hijo de Méxi- 
' co, pudo hacer creer que tenía^allí más que el arrai- 
' go de su cariño, y pudo también contribuir a este 

— 357 — 



F. a AMBO A 

concepto el notorio aprecio, la peneral estima que 
" allá, en la culta (iuatt'inala, encontró tan iionorabl»* 
*' huésped. . . " 

A j>esar de mi impiulor. trunco las alabanzas que 
todavía se me protli^an. purs hasta a mis prop('»sitos 
con lo íjiH' (U'jo consignado. 

Metilo dormido ya, despabílame el juvi'nil vocear 
en la calle, de "alcances" de periódicos, suceso inusi- 
tado en la ciudad muda. 

—"¡Extra I'ost!. . . ¡extra Post ! . .." 

Enfundado en mi bata, bajo y compro el alcance ex- 
traordinario de "Thi Woshifiqtnti Pnsi''. que un gra- 
nuja aterido de frío me alarga por la puerta entre- 
abierta, y (pn», en la sombra de la ancha acera alfom- 
brada <lf niev«', antójaseme un gorrión con cachu- 
cha . . . 

Subo a nuestro tibio dormitorio en el que runrunea 
el caloríf«'ro. y a la luz del fo<piillo de mi me.sa de no- 
cb«'. It'o la siniestra noticia: el voraz incendio homici- 
da del teatro " Iroquois" de Chicago, la ciudad trá 
gica. 

¡(.¿ué atrocidad!. . . Hasta estos momentos se sabe 
de seiscientas víctima.s, niños en su mayor parto. . . 

íyos horripilantes <letalb's de la catástrofí'. me ahu- 
yentan el suí'ño. me fuerzan a volverme y volverme a 
la camita en que mi hijo duerme apaciblemente, me 
o)>ligan a partieipar des«le aquí del duelo de tantísi- 
mos hogares dí'siertos. en los q\ic las cunas vacías w» 
han de chivar como dagas en las almas paternales, he- 
ridas para HÍ»mpre con la más despiadada de las mu- 

f ihleidllcS 

— 358 — 



1904 



1.^ DE ENERO. — Día teatral, aunque muy pintoresco 
y nutridísimo de observaciones. Hoy ha sido la so- 
lemne recepción anual, en la Casa Blanca, del Cuer- 
po Diplomático extranjero. Hoy, el Secretario de Es- 
tado nos obsequió a grandes y chicos, desde Embaja- 
dores a Agregados, — y cónyuges inclusive, — con un 
almuerzo en su residencia, del que periódicos y parti- 
culares se hacen lenguas durante los 364 días que les 
queda a los años astronómicos, descontado el del Año 
Nuevo. 

De uniforme y condecoraciones, a partir de las 10 
de la mañana, en que pasó a recogernos uno de los ca- 
rruajes de la Embajada. 

Frío y niebla. 

Imponente nuestra acomodación, por precedencias, 
en el gran comedor de la Casa Blanca ; sobre que su- 
mamos nada menos de treinta y ocho misiones, y al- 
gunas de ellas copiosas, la nuestra sin ir muy lejos, 
que cuenta diez personas. Por el estilo hay varias: la 
de Rusia, cuyo j* fe, el Conde Cassini, es el decano del 
Cuerpo ; la de Alemania ; la de la Gran Bretaña, y las 
del Extremo Oriente : Japón, China, Corea. 

La multiplicación de vestimentas, condecoraciones, 



359 



F. GAMBOA 

alliajas íViiieninas, uniformes militaros y navalfs lU' 
tantísimo país, forma un conjunto resjíland»'eient«> lU' 
poder y tle escenografía, que no carece de hermosura 
y grandeza. Los uniformes coreanos y chinos, visto- 
sos y exóticos, en nada amenguan la infinita variedad 
de uniformes rusos, austriacos, mailgyares, húngaros, 
hispanos, jn-rsas, tnreos, noruegas, suecos, hclgas, ho- 
landeses, galos, británicos, siameses, portugueses, da- 
neses, italianos, argentinos, chileños, haitianos, eiiba- 
noa, etc. l'n total do dorados y diseños rpie haría la 
fortuna dt» cuaUpiier Harnum (pu' lograse exhibirnos. 
¡Ninguna troup< «le ningi'in teatro del mundo ha luci- 
do jamás jin cuadro de artistas y do otnzzo a «'"stos 
comparables!. . . Mire usted (pie hay dinero, y elegan- 
cia ; belleza y .señorío en muchas de las damas. Liiego. 
(|ue asusta calcular lo «pie simboliza despli«'gue tama- 
ño: ¡las ]*(>ten«M;is! — así. con nuiyúsevda. — el eípiili- 
i)rio europeo, el problema do Oriento, el concierto 
universal, las Améiieas. los EK. IT. con su iruxt de 
civ¡lizaci('»n y de progreso... Cuánto .Monarca repre- 
.sentailo, cuánto Imperio, cuánta Hepúlflica (ttt), 
(*uántas bayonetas, cuántas injusticias y cuántos abu- 
sos de fuerza. Los grandes ejércitos, las gran«los mi- 
serias, ol proletaria<lo, la Iticha entre el capital y el 
trabajo, los orfanatorios. los pri-sidios. la pena de 
muerte, la cadena |ierpetua y los trabajos forzados, 
los azotes, el knout, el yatagán, el ".Jardín de los Su- 
plií'ios". Sibi-ria. la Isla del Diablo. Ceuta, los Itnxvrx, 
los absolutismos monár(pii(*os. las tiraniiis hÍK|iano- 
americnnaH, las brutalidades do los KG. UU. ; los (pie 
.s«« mueren de hambre, los (pie se mueren de injusticia, 
los (pie no Silben le.-r. los pobres, las prostitutas, los 

>_ 360 — 



MI DIARIO 

turiferarios, los mártires, los perennemente oprimi- 
dos. . . La eterna mentira, la comedia eterna, las jau- 
rías de lobos que se llaman naciones, este padecer de 
la humanidad, infinito e irremediable... 

¡Diantres! por poco no me inclino, conforme a pro- 
tocolo, ante XXX. . . 

Estalla, abajo, el himno yanqui, que ejecuta la ban- 
da de la Marina. 

El desfile comienza. 

A la cabeza, Rusia ; México después, con mohina y 
agravio mal contenidos del resto de colegas europeos 
que, quieras que nó, por haber sido acreditados con 
posterioridad a nviestro Embajador, tienen que se- 
guirnos. . . 

Lo de ritual: apretón de manos a Roosevelt, con su 
mueca facial agravada y permanente ; y reverencia 
máxima para su esposa y para las de los miembros 
del Gabinete, que componen su corte republicana. 

Ametrallados por la curiosidad hon (tifani de los 
reporteros, y por la de Misses y Místress que por los 
vanos de las puertas nos. contemplan entre risueñas y 
embobadas, nosotros, muy graves, nos derramamos 
en los salones adyacentes. . , 

Teodoro Roosevelt, con la propia mano con que ha 
saludado a los representantes de las ¡ ¡ ¡ Potencias ! ! !, 
las ha abofeteado, por supuesto, ya que a bofetón equi- 
vale estrechar con efusión idéntica la mano de tanto 
Embajador, Ministro, Secretario y Attaché, que la del 
Plenipotenciario de la República de Panamá, Mon- 
si(:iir P. Bunau-^'arilla, ¡aun no reconocida por mu- 
chas de esas mismas Potencias!, y obra atentatoria y 

— 361 — 



F. a AMBO A 

exclusiva <ii> este inaiulatario strcnuons. El Sr. Hu- 
nau-Varilla. jwrtaba uniforme de cireunstaneias. 

Minutos antes del medio día, — cada oveja con su 
pareja. — nos transladamos en los coches a la coreana 
y señorial mansión del Secretario de Estado, a jrustar 
el amuerzo kolossal cacareado por la prensa. 

Racimos de curiosos nos atisbají de las aceras; algu- 
nos fotógrafos profesionales, y no menos amatturs, 
nos a{)untan con sus cámaras y kodaks, ex|M)uiéudo- 
nos n poses comprometidas, si s«» ati<'nde a nuestro 
apn-suramiento para apearnos de los vchícidos. y al 
afán, común a maridos y t»sposas, de que sayas y uni- 
formes nos caifjan sin arrugas ni peros. 

En los interiores di- la nvicnda. cuesta un triunfo 
moversi» ; nadie da paso, so pena de magullarse o ma- 
gullar al vecino: el cotorreo de los cultos invitados, 
ensordece. . . 

¡ Al comedor! 

En el comedor no hay asientos, es liecir, no hay me- 
sa en forma, ni oficial ni i»rivada; to»lo w hace au pe- 
tit bouhnir. I^as si'ñoras que afianzan una silla, se 
dan por satisfechas, y apenas si una Embajadora que 
otra, se han instalado de milagro. El servicio d»* ar- 
ras r nwlhados, — que diría un lusitano, — lo desempe- 
ñan "Exeeb'neias", "Honorables" y "Señorías" en 
traje «le carácter, malgrado wr en su ol>84'(piio la co- 
lación : el champaña hierve en las fluirá do servidoreü 
y servidas, y las mauilíbulas diplomáticas mastican 
tan proHaicamente como las del |irini«r hambrón. 

Horrorizado, me refugio en la biblioteca de Mr. 
Hay. (|u<' ahora sí puedo examinar a mis anchas... 
; .Soberltia ! de hombr<- ile letras legítimo y acaudala- 

— ;í62 — 



MI DIARIO 

do. Un detalle que revela al Secretario Particular, al 
partidario y al amigo del Presidente Mártir : sobre 
uno de los estantes más visibles, destácase, en yeso, la 
mano yerta de Abraham Lincoln ; y en uno de los tes- 
teros de la estancia tapizada de libros, cuadros, bron- 
ces y otras preciosidades, un magnífico retrato al óleo 
de aquel gran mandatario. 

¡ Qué lástima que el famoso luncheon no pueda efec- 
tuarse de manera diversa, a causa de los muchos con- 
currentes! No querría censurar nada de Mr. Hay,, 
que me es excesivamente simpático, y sin embargo, su 
almuerzo es censurable : o darlo bien o no darlo. 

5 DE ENERO. — '/Le Nouveau Monde", de París, y el 
"Diario del Salvador", de San Salvador, — antípo- 
das, — se ocupan en SANTA ; y de México, ni un solo 
periódico que siquiera mencione el título de la nueva 
novela. 

7 DE ENERO. — Recepción en la Casa Blanca, en ho- 
nor del Cuerpo Diplomático extranjero. 

¡ Grotescamente grandiosa ! Rayan en lo inverosí- 
mil el ceremonial y las prácticas que por aquí rigen. 
Ved una muestra : como el país es oficialmente abste^ 
mió, no le brindan a Ud., ya no digamos una copa de 
nada, ni una taza de té; sólo hay agua, agua pura y 
helada, que tiene Ud. que salir a beber hasta una 
fuentecilla del hall, en vasos metálicos y encadenados 
a la propia fuente . . . 

Y cuidadito con las censuras, porque todo el mun- 
do se le echa a uno encima, los indígenas los primeros, 
cuya egolatría hiperestesiada se atufa por quítame 
allá esas pajas. 

— 363—- 



F. GAMBOA 

Pero ¿no es ampuloso y falso que proelameii en to- 
dos los tonos que cuanto los EE. W. pienwín. ejecu- 
tan, escriben, pintan, tocan, bailan, producen y has- 
ta imaginan, es lo primero del mundo! í No es cen- 
surable el trato que dan a los negros? ¿ni su reciente 
escántlalo de Correos? i ni su atentado último contra 
Colombia? ¡ni su silencio para con la Gran Bretaña 
y Alemania, ahora íjue blocpiearon puertos venezola- 
nos. i>oniendo con ello a la Doctrina Monroe cual no 
digan dueñas?... ¡No es censurable cpie a sus bar- 
berías las llamen Tonsorial I'arlors.o sea,Salon»»s Ton- 
surantes?. . . 

8 DE ENERO. — **E1 Popidar". de Mi'xieo. (jiH- acaba 
de llegarme, pide a **La8 Novedades", de Nueva York, 
(pie me repongan "en mi legítima nacioruilidad de 
mexicano, erptivoeada al hacer un .sensato juicio de la 
novela SANTA", y agrega (pie lo pide "por cuesti<'in 
de negra honrilla". . . 

jíloqueados ¡wr la nieve y ateridos por el frío. ¡ Va- 

>a un invierno I 

9 DE ENERO. — Resuelvo intentar la reali/aeión d»- un 
viejo anhelo: que nje tradu/ean a mi idioma q\n' w 
lea en me<lio \inivei*so. 

Y le disparo al antropologista Starr. de Chieago. 
(pie sin eonoc»'rmc personalmente me hará figurar en 
MU libro sobr»' escritores m<*xicanos, tina epístola 
II rinstar yanrpii : que tra<iu7.ea SANTA ni ingh'*», 
(con mi ayuda para mexieanismos y giros regiotudesl, 
en enpio.Hji ediei<'in de las (pie |>or acá se acostumbran, 

— 364 — 



MI DIARIO 

— 100.000 ejemplares mínimum, — que él se entienda 
con editor, propaganda, etc., y que irá conmigo a mi- 
tad de utilidades. . . 

Con sorpresa me entero de que "El Popular", de 
México, ha reproducido íntegra la encomiástica recti- 
ficación de "Las Novedades", a propósito de mi na- 
cionalidad y de SANTA. 

Primera visita en forma al Capitolio, al que me en- 
caminé resbalando aquí y allí en la nieve endurecida 
y espejeante de las calles, soplándome los dedos por 
el cierzo, — había a las 9 de la mañana unos 17 o 18 
grados bajo O, centígrado. 

Pero a él empujábanme, la discusión sobre el asun- 
to de Panamá y unos párrafos de Justo Sierra, que 
entresaco de su libro "En Tierra Yanqui — Notas a 
todo Vapor" (México, 1898. Tipografía de la Oficina 
Impresora del Timbre. Palacio Nacional.) 

Dice el maestro, a págs. 131, capítulo XII, intitu- 
lado : "El Capitolio — Paseando ' " : 

"... Como el San Pedro en Roma, el domo de esta 
gran catedral laica de la Libertad humana, se ve de 
todas partes. Confesémoslo de buen grado : el Ca- 
pitolio de Washington es el centro de la transfor- 
mación republicana del mundo cristiano. La teoría 
científica (apoyada en la observación y la experien- 
cia), del gobierno libre, democrático y federal, for- 
mulada en preceptos en la Constitución, ha sido, en 
este laboratorio político y judicial, reducida a la 
práctica. Y a pesar de que el admirable domo blan- 
co, asentado sobre un tambor artístico de puro es- 
tilo francés neo-clásico, ha disminuido a la vista 

— 365 — 



F. GAMBOA 

" sus majestuosas i)roi)orfion4's de antaño, gracias al 
^* crecimiento constante de los pabellones laterales, 

puede decirse (jue. idealmente, «l^seuella sobre to<lo 
"el Continente nuestro: «-s la mayor altura aiiirri- 
" cana. . . " 

A la página siguiente \\-i'2; ilel propio capítulo, 
arrepentido sin duda <le su arrancjue "id«'alista". lia- 
bla de la labor del Capitolio, y exclama : 

"... las iniípiidadcs allí sancionadas por la fac- 
*' ción que perpetre» la guerra con Mé.xico y la ane- 
*' xión de territorios que no eran Texas; pensaba en 
"' lo ípje por tanto tiempo babía logrado bacer el par- 
'* tido esclavista protegido por la ley; en la j'ispera e 
** implacable política de egoísmo nacional que con «1 
*' título de protrvcióti a Ui industña, no sólo ba crea- 
*' do la industria americana, lo <|ue poilía justificarla, 
■" sino que después de nacida y crecida, la ba mante- 
'' nido en su sittiacirm privilegiada, lo que ba dado 
*' |)or resultado la formación tic formidables divisio- 
" nes sociales en el seno de la democracia, provocan- 
*' do el amontonamiento de gigantescas riipiezas en 
" manos <le unos cuantos oligarcas, y »le apetitos in- 
" saciables en las densísimas nmsas obreras. . . " 

Y a la 153, tiene este grito «pie me sacó de quicio 
•destle que |>or vez primera lo leí : 

'* . . . cómo no inclinarjios ante ella (la lal>or capi- 
" tolina, en sus lados buenos) nosotros. pol>res átomos 
** sin nombre, si la Historia si» inclina' 

. Maistro, por Dios!. . . 

No he <l«* descriliir el edifício, «pie recorrí al por 
menor, asistido de un guía •■xperto y abpiilado. rpie 
iba <letallúndomo como a un paleto cuab^uiera, hasta 

— 366 — 



MI DIARIO 

los rincones y escondrijos últimos, y no desagradado 
con mi atención, silencio y mansedumbre, aunque sí 
un tanto sorprendido de mi aguante — -de las 9.30 has- 
ta la 1.15 de la tarde, no pedí tregua, descanso o 
asiento, ni a él se los consentí tampoco. Algo le con- 
trarió enterarse, cuando entrábamos en la galería del 
Senado, de que era yo portador de un ''Sésamo-ábre- 
te", en mi tarjeta-pase de Secretario de Embajada; 
y muchísimo más, el que no me pasmara yo frente al 
óleo mural que llena la meseta de una de las monu- 
mentales escaleras de mármol, pintado por un gene- 
ral del ejército invasor, y que ostenta el para nos- 
otros sacro nombre de ' ' Chapultepec "... Vaya un 
mamarracho. Lo es tanto, que ni indignación provo- 
ca; mueve a lástima hacia su autor y hacia el gusto 
artístico del país, que conserva en sitio de honor lo que 
un prendero ignorante desecharía alzándose de hom- 
bros. . . Ved una muestra del. . . cuadro (???) : en- 
tre los asaltantes triunfadores de nuestro histórico al- 
cázar, — que remeda en el lienzo, inexpugnable forta- 
leza rhiniana de la Edad Media, — figuran unos hull- 
dogs y hloodfioimds frenéticos, que se lanzan contra la 
colina, o dan bocados a los heridos yacentes, o persi- 
guen a defensores fugitivos. . . 

Cúpome en suerte presenciar la instalación del tri- 
bunal pleno de la Suprema Corte de Justicia, una de 
las poquísimas instituciones, si no la única, respetable 
de veras en estos "inconmensurables" Estados Uni- 
dos. Pasa por ser, — aunque ya hay quien opine en 
contrario o con reservas, citándole a Ud. casos espe- 
cíficos que lo comprueban, — honorabilísimo cuerpo in- 
tegrado por sabios y rectos juristas, que no ceden a 

— 367 — 



F. GAMBOA 

tentaciones ni eonsignHs, ilepositarios y distribuido- 
res de justicias y derechos, venerados de tirios y tró- 
vanos <|ii«' acatan sus resohicion»*s, cual si fuesen mo- 
saicas i>arál>oias tlr un nutvo Sinaí. . . Casi to«los sus 
inieiiibros son ancianos o de edad provecta, y funcio- 
nan n'Vt'stidos de la clásica toga, no ol)stantc la ca- 
careada tK'Miocracia ilel país, (pie sin einl)argo se pe- 
rece por cintajos, veneras y trajes privativos. Ellos, 
no: portan, y con c\iantísiino decoro un tantico tea- 
tral, el célebre pergeño <le sus predecesores «mi las cu- 
rias romanas; un pergeño que Walt Whitman califi- 
caría de "feudal", según «le feudal tachaba todo lo 
antiguo europeo y todo lo monánpiico. 

El cargo de estos "Justices" es vitalicio, de ahí el 
secreto <le síi i)o<lerío, de su honradez y del respeto 
general en (pie se los tiene. 

Asistí a la incor|)oración d«' dos o tres abogadillos 
ríH'ientemeuti' graduados en sabe Dios qué universi- 
dad provinciana, (pie prestan el juramento profesio- 
nal ante uno tic los empleados, y me doy |)or satisfe- 
cho. He conocido una agrtipaci<'in humana de las me- 
nos manchadas, no obstante (pie dirimen asuntos tras- 
cendentaies; un núcleo de hombres, (pie, al decir de la 
mayoría de sus conterráneos, son casi incorruptibles. 
V es espectáculo hermoso, que reconcilia con la especie 
y hace confiar en el perfeccioni.smo j>rogre«ivo 

Pasé, luego, al Senado. 

Ija M>si('in había principiado ya. I/os ii<*\< ni.i > mi 
"privilegiados", — s(>gi'in a(pií denominan a los Sena- 
dores, — por conducto de unos ujieres-infantes, rapa- 
ces entre doce y diecisí'is años, enviaban propuestas 
iiianu.scritas (pie los ujieres recogen de la.s propias ma- 

— 368 — 



MI DIARIO 

nos de sus autores, puestos en pie desde sus pupitres 
Esas propuestas, conducidas con singular maestría 
por los muchachos uniformados, son entregadas al 
CJiief Clerk instalado en la primera tribuna e inme- 
diatamente abajo de la de la presidencia del alto Cuer- 
po; el Presidente, sentado, recibe los papeles y escu- 
cha los discursos y discusiones, que los Senadores for- 
mulan de pie. 

La cosa va larga y yo renuncio a tragarme la dis- 
cusión que habrá de iniciarse a poco. Ya los Senado- 
res demócratas, — opositores a la conducta del Go- 
bierno en lo de Panamá, — reúnense en corrillos ame- 
nazantes. . . Por fortuna, ahí esta el " Congrcssional 
Record", impreso dos horas después de las sesiones 
del Congreso, que reproduce con exactitud admirable 
¡ ni una errata ! lo propuesto, discutido y aprobado o 
rechazado por entrambas Cámaras, respectivamente. 

Para concluir mi excursión, asomóme a la Casa de 
Representantes, o sea la Cámara de Diputados, llama- 
da aquí por abreviación y antonomasia "the House." 

Local harto más vasto que el Senado, como que al- 
berga a irnos cuatrocientos Padres Conscriptos. 

El Representante Fulano de Tal, desgañítase por 
que le escuchen su peroración, una campaña contra la 
falsificación de marcas de fábrica. A cada período de 
los que vocifera, ase de su pupitre una botella, un po- 
mo, una lata de los varios que tiene alineados y que 
son otros tantos frascos y botellas de vinos y conser- 
vas alimenticias. 

El Speaker (lean Uds. el Presidente, aunque tam- 
bién signifique el "hablador" ¡tanto monta!) arre- 
llanado en monumental sillón de cuero, allá, en su ele- 

— 369 — 



F. GAMBOA 

vadísima y marmórea plataforma, sin más dosel que 
el pabellón nacional desplepado. — un detallo imix>- 
ncute y bien concebido, — lee un libro, sin que se le im- 
porte un ardite de los oradores; sólo interrumpe wi 
lectura, cuando la algazara de los "Honorables'' es 
tan ensorilecedora. que ni él puede seguir leyendo ni 
el tribuno perorando. Tañe entonces una es<iuila, y, 
con entonaciones de prefi-cto de estudios, recomien- 
da, avinagrado, mayor comj)Ostura. . . 

Mi diseursero persiste en su logorrea ; algunos cu- 
riosos se han llegado a contemplarlo de cerca y a ma- 
nosear botellas y i>omos. El resto de Diputados sigue 
en sus charlas, recorre las amplias páginas desplega- 
das de los kilométricos diarios yanípiis. . . 

El orador habla, habla, alza las nuinos, emi»uña fras- 
cos, se debate, gira, acciona. . . 

Y yo me marcho. 

Decididamente, no me ha heelio feliz esta "gran 
catedral laica de la Libertad hunmna." 

Lo que Justo Sierra calificara de "la mayor altu- 
ra americana", a mí me residta apenas el nido de las 
grandes ini<|uidades impunes. 

12 DK KNKRo. — Xota democrática. 

El Secretario de Estaílo, — nos conuinica nuestro 
decano el Conde Cassini, Embajador «le Rusia, — nn^- 
mienda. j>or acuenlo presidencial, al Ctierpo Diplomá- 
tico Extranjero, (pie el |)ersonal de las Endmjatlíis y 
Legaciones, así como sus jefes, "se sirvan en lo de 
adelante" asi.stir do uniforme a las recepciones y fies- 
tas a que .son invitados, piu's "Mr. ¡{ooscvclt wiU bé 
phascd" de ello. . . 

— 370 — 



MI DIARIO 

Jamás, en lo que de vida cuenta la Gran Repúbli- 
ca, se expresó deseo parecido. Es un adelanto ha- 
cia. . . el delirio de grandeza ; un rompimiento con sus 
prácticas sencillas y austeras; un de profundis de sus 
acendrados hábitos republicanos, que tanto singulari- 
zaron a Franklin cuando su permanencia en Europa 
la monárquica. 

22 DE ENERO. — Recepción anoche en la Casa Blan- 
ca, en obsequio del Poder Judicial, a la que concurri- 
mos los diplomáticos, "de uniforme". Y el caballero 
que actúa de Introductor, Mr. M'Cowell, nos hizo des- 
filar por ante el Ejecutivo, primero que a los Magis- 
trados (Jvstices.) 

Los periódicos de hoy ponen el grito en el cielo por 
lo que califican, conforme al criterio de los Justices, 
de imperdonable desacato. ¿ Cómo, — exclaman, — los 
Diplomáticos han pasado antes que los Magistrados?... 
Y todos los EE. UU. se han estremecido de indigna- 
ción; y los ''Justicias", que no tienen pelos en la len- 
gua, hanse apersonado con Roosevelt y echádole en 
cara sus procederes, con términos durísimos ; y Roose- 
velt, que por asegurar su reelección no sabe ya a qué 
santo encomendarse ni cómo halagar a partidarios y 
opositores, ha pedido mil perdones y culpado al ino- 
cente de M'Cowell, a quien periódicos y particulares 
ponen como hoja de perejil. , . 

No parece sino que se trata de alguno de nuestros 
países; salvo en el hecho de que aquí es posible ir y 
exigir cuentas al mismísimo Presidente. 

De la recepción en sí, peor es meneallo ; imperial- 

—371 — 



F. GAMBOA 

mente cursi, hasta chiquillos concurrieron a ella, y 
«lamas eusombreradas. y caballeros de jaquettc. 
La Democracia en cueros. 

2 DE FUiRERO. — Continúan empeorando las crudezas 
de este excepcional invierno, las nevadas y "ondas 
frías" son incesantes casi. 

Por las noches sobre todo, en el silencio caracterís- 
tico de la bella ciuilad tristísima, ahora cubierta de 
nieve, — una inmeihsa sábana blanca que sofoca cual- 
quier ruido, — s<ílo s«^ esí'ueha el aconfroja»lo tintinear 
de los cascabeles y campanillas de innúmeros trineos 
exhumados al cabo de varios años de confinamiento, 
praeias a lo inclemente de la estación actual. 

( 'reería.se', al oírlo. (\uv una porción *le "Viáticos"' 
recorrieran apresuradamente las Cidles y aveuidius, pa- 
ra Herrar a tiempo junto a las cabeceras de muchas 
agonías ignoradas y anónimas. . . 

5 DK FKHiíKRO. — Terminé la le<'tura. — con anotacio- 
nes marginales, — de todas las obras en prosa de Walt 
Whitman. 

Ya hablare dcH'nitlaniente de algunas de sus apre- 
ciaciones sobre ésta su tierra, que él amó tanto. 

7 DK FEnRKiK). — Al atanleci'r compré vu la calle el 
alcance al ** Washington Post", el siniestro *'Kxtrn 
I'tist" qiie los vendedores voceaban a toda í-arrera. 
¡ llalirá estallado la guerra entre el .Ia[>óii y Husia T... 

Nó, es r.áltimore. la ciudad católica por excelencia 
de los EE. TT., (|ne r<* anle i>or sus cuatro costados. 

La frecuencia de las calamidades públicas en este 
paÍA, me amedrenta : incendio en Chicn^, huelgas san- 

— 372 — 



MI DIARIO 

grientas, crímenes a porrillo, catástrofes ferrocarrile- 
ras a diario, el fuego de hoy que no pueden apagar, 
que amenaza propagarse. . . 

¿De veras se manifestará por modo general y tan- 
gible la cólera divina?. . . ¿Los EE. UU. serán acree- 
dores a castigos tales, ante la Suprema Justicia ? . . . 

En dos noches he devorado, lleno de angustia, los 
"Recuerdos de la Casa de los Muertos", del portento- 
so Dostoiewski. 

9 DE FEBRERO. — Al fin extinguieron el incendio de 
Báltimore, después de que el fuego consumió tres 
cuartas partes de la populosa y próspera ciudad. . . 

Y al fin estalló la guerra entre el Japón y Rusia . . . 
Malas entrañas las que se trae el señor don 1904. 

18 DE FEBRERO. — Llégame de San Salvador un nú- 
mero de "La Quincena", semanario que allá dirige el 
poeta Vicente Acosta, con un juicio crítico sobre 
SANTA. 

Nueve columnas, con varias transcripciones del li- 
bro ; crítica amiga y desapasionada, que cierra con 
una galantería máxima. 

La moralidad mercantil al menudeo, de los EE. 
UU., corre parejas con la que observan al mayoreo, y 
con su moralidad administrativa. Unas cuantas prue- 
bas al canto, de la millonada que podría aducirse : 

En la cancillería de nuestra Embajada, más de me- 
dia docena de veces hemos tenido que' exhibir recibos 
viejos, para evitar que nos cobraran por dos ocasio- 
nes una misma cuenta . . . 

Y lo que le ocurrió al Dr. don Juan N. Navarro, 

— 373 — 



F. GAMBOA 

Cónsul General en Nueva York, y testigo mayor de to- 
da excepción. Hablaba yo con él de la mala fe yanqui, 
y para ilustrarla inc narró con su peculiar iu^jenio re- 
gocijado, que un buen día prest-utáronlc para su pago 
un recibo importante poco menos de cien dólares. Ca- 
sualmonff hizo meniorin do tenerlo pagado; rectificó 
registrando archivos y dio, en cf«'cto. con »•] doi'umcn- 
to, saldado ya. 

— ** Triunfante. — nio dijo. — lo mostró al pretcndi- 
" do acreedor, (piien lo examinó n'j»ctidamcnt«', y aca- 
" bú j)or contestarme: El recibo es bueno, pero no 
" creíamos que lo hubi«'ra Ud. conservado tantos 
" años..." 

De su moralidad admini.strativa, "no quiero acor- 
darme". . . 

Pero sí he puesto en claro, con motivo de los últi- 
mos atropellos «n Panamá, — i)ara no insistir en «I tre- 
mebundo y reciente peculado |>ostal, en quiebras frau- 
dtdentas, etc., etc., etc.. — i*l título de los textos que 
han de estudiar en la "Escuela «le Leyes y Diploma- 
cia", — gran e<lificio anexo a la Universidad de ('o- 
Inmbia. de esta capital. — textos con los (pie no atina- 
ba yo y (jue teníanme intrigado, ¿(¿ué Diplomacia ««s- 
tudiaríui y practicarán? — preguntábame. Y ya di con 
ella, es obra vasta cuyos tomos principales m' deno- 
minan: 

— "Texas" 

— "Ilawaii ' 

— "Puerto Rico" y "Filipinas'* 

— "Panamá". . . 

Lo grave es (|Ue la tal no ha concluido; en la última 

— :í74 — 



MI DIARIO 

página del tomo más reciente, léese un amenazante: 
' ' Continuará ..." 

22 DE FEBRERO. — Me cncuentro, leyendo un periódi- 
co extranjero, con que en ruso hay una palabra que 
se escribe Jcaracho y significa "muy bien". ¿Qué pa- 
rentesco la ligará a nuestro vulgar "caracho"? ¿pa- 
saría del ruso al español o del español al ruso ? . . . 

Logré a principios del año que la Embajada se 
subscribiera a "Le Fígaro", diario, y a "Le Fígaro" , 
mensual ilustrado, de París; y hoy que llegó la pri- 
mer remesa, no es hartazgo el que me he dado con su 
lectura. Dígase lo que se quiera, es incurable en los 
hispanoamericanos, — y más en los que somos escrito- 
res, — el culto a Francia intelectual, y a París princi- 
palmente. . . 

Recorriendo los números, tropiezo con folletines de 
Jules Huret, titulados "En Amérique". En el corres- 
pondiente al 7 del mes en curso, que se llama "Chi- 
cago", después de defender a la ciudad jamonera, de 
las censuras y menosprecio con que la tildan los po- 
bladores del Este de los EE. UU., — censuras y menos- 
precio grandísimos, — narra su visita a la Universidad 
de aquel centro, mucho la encomia, y concluye trans- 
cribiendo un diálogo con su Presidente, Mr. Harper: 
inconveniencia de que se eduquen mozos y mozas en 
buen amor y compaña ; castidad (?) de los estudian- 
tes yanquis, y en general, castidad de todos los jóve- 
nes americanos (???), quienes, al decir de Mr. Har- 
per, antiguo Pastor bautista, en un 70 % consérvanse 
castos hasta su matrimonio ...!!! Luego, Huret inte- 
rroga a Harper acerca del movimiento militarista que 

— 375 — 



F. GAMBOA 

en los EE. LU. se acentúa con los progresos de su im- 
perialismo : 

— "¿Se convortirán en ^Mierreros?. . . " 

— " Nó, — afirma Mr. Ilarper, — después de la puo- 
" rra de las Filipinas habrá terminado nuestra fx- 
" pansióu. El militarismo, por lo rxrHintj que es en 
*' sí, es una poijucñn s;iti^fíic<-ión con la (lUi' nos rega- 
" lamos..." 

Iluret. — cjue no es un ignorante, ni menos un igno- 
rado. — pero que al igual de todos sus congéneres y 
compatriotas lo que especialmente ha de buácar con 
este viaje y la correlativa jiublicación de sus impresio- 
nes, es el dólar, el condenado dólar que tantos des- 
aciertos nos fuerza a perpetrar, Huret agrega : 

— "Pourtatit. il restera le Canadá ct le Mcrique á 
" vous ativcxrr. . . *' 

Más sensato y discreto resulta Mr. Ilnrprr ron lo 
que le replica : 

— " Ij€ Canadá ricndra a nous df lui w hk . ( '>>i 
** en somme le mrmc juuple que nous. il a hs nn'mfs 
'* religions, le mémc commerce, les mémes intérctít, 
** c'est fifrré. Quant au Mcriquf, r'est n\ rffrt unr 
" autre race, et nnr nvfrr hutffuc. Jr n'ai pos rtudié 
" la qucstioii 

No en*o (\\\r txista m<\i<'ano ••n parte iiiM^fiiiwi, que 
])or eongraeiarse con nadie, preg\inte a un aleiin'in 
l»nr f|ué no le arrebataron más Provincias a Francia, 
o cuándo piensan anirpiilarla |>ara siempr»-. 

25 DE FEBRfniO. — Para los (jue no (piieren ver y pa- 
ra los que no quieren oír, al pie de la letra reproduz- 
co, sin traducirla, la carta que un caballero particular 

— 376 — 



MI DIARIO 

dirigió ayer al Embajador, desde uno población del 
Estado de Pennsylvania: 

''Johnston, Pa., Feh. 23, 1904. 
"To the Hon. Minister of México. 

"Washington, D. C. 
" Honor ed Sir: 

" Kindly inform your correspondent whether 
" or not Mr. Edmundo J. Plaza, formerly fourth 
'' Secretary at Washington, is now located at 
" Tokyo or YokoJiama. 

" Hoping that üncle Sam, THE NEW LAND 
'' THIEF ivill not soon BOTHER (1) the home 
" of Porfirio Díaz, 

" 1 remain, 
" Yery respectfully, 
(firmado) "Duncan McCrcady 
''No. 332, Walnut Street." 

28 DE FEBRERO. — ¡ Vava !• sólo ésta les faltaba a los 
señores yanquis. . . 

"The New York Herald", — con una libertad de 
lenguaje que para nuestros países quisiera, — con gran- 
des grabados publicó hace ocho días la noticia de que 
en una porción de Estados del Far West, se trata a los 
peones de labranza ni más ni menos que como a los de 
nuestras "haciendas", o peor si cabe, — y ya cabe po- 
co, — a punta de látigo, exacciones, abusos, atropellos, 
cual si fuesen esclavos, vamos al decir. 

En el número de hoy del propio diario, denunciase 
la humanitaria práctica vigente en "todos los Estados 



(1) Las mayúsculas son por mi cuenta. — X. del A. 



— 377 — 



F. GAMBOA 

del Golfo", para habérselas con los trabajadores ne- 
gros: lo mismito que antes de Lincoln y de su aboli- 
ción memorable, con mayor crueldad aiin, \n\vs se lle- 
ga a perseguirlos "a tiros y con traillas de perros bra- 
vos", — después de arrasarles casas y heredades, — 
cuando ])or lo brutal de los castigos corporales huyen 
a las selvas. . . Diz que va a intentarse una campaña 
por la prensa y el Congreso, contra hábitos tan filan- 
trópicos y civilizados. Pero a mí ya no me la ptgaii ; 
igual ofrecieron a raíz de la azotaina a aquella seño- 
rita de Georgia (blanca, por más s^Mlas,) y ésta es la 
hora vn (\\u' nada so ha hecho: o] horrendo crimen pa- 
S(j al olvido, y tutti contcnti. . . 

Huelga, pues, que a sí mismo w llamr «'ste país la 
tierra do Promisión, de la Justicia y del Derecho. 

¡ Mienten los (pie tal cosa afirman ! 

Es, a lo sumo, la tierra de las Mayúscidas. . . Im- 
posturas, 

7 DE MARZO. — Tarde anoche, terminé la lectura de 
"L(aves of Grasx" de Walt Witman, y con día, la 
de sus obras completas. 

Salgo aturdido, cual si saliera de Munhaftan, la 
Nueva York idolatrada de este poeta raro y sin rimas, 
nebuloso, ai>ostólico, casi siempre incomprensible, a 
menudo enorme, más a menutlo infantil y trivial, ora 
blasfemo, ora místico y cuákero, que con artísticb y 
valiente desenfado, con no escaso talento nuineja y 
manosea, descarnadamente en ocasiones, grandes ideas, 
grandes doctrinas, grandt^ utopías, grand(*8 esperan- 
zas y grandísimas enormidades. . . 

Prefiero sus obras en prosa, sus " Specimcn Days" 

— 378 — 



MI DIARIO 

sobre todas, en que nos cuenta, con bellezas a puñados, 
de su vida y viajes, de su infancia y sus dolencias, de 
sus anhelos y vagares, de su amor entrañable a la na- 
turaleza y de su culto sin par a la América, que él con- 
densó y personificó, — como casi todos los yanquis, y 
aun algunos no yanquis, — en "Estos Estados", se- 
gim amorosamente denominó siempre a los Estados 
Unidos. . . Y por cima de las obras en prosa, todavía 
prefiero su propia vida, ese su dulce y espontáneo sa- 
cerdocio durante la cruenta Guerra de Secesión, en la 
que perdió su hermosa fortaleza física de varón sano ; 
ese su altísimo altruismo, su misión femenina casi, 
de atender, curar y "consolar" por campamentos, 
hospitales y ciudades a unos ¡ ¡ ¡ 100.000 ! ! ! combatien- 
tes de uno y otro bando, surianos y del Norte, blan- 
cos y negros ; a todos los que sufrían, los que agoniza- 
ban, los que habían menester de arrimo, de palabras, 
de agua, de "golosinas y sellos postales", de ama- 
nuense para escribir a las esposas y los hijos y los pa- 
dres, distantes y acongojados por la falta de noticias 
de los guerreros; los necesitados de plegarias, de lec- 
turas, de que piadosamente les cerraran los ojos y los 
escoltaran hasta el sepulcro, después de haberlos acom- 
pañado durante las imperativas amputaciones crue- 
les, durante las largas noches insomnes y de marti- 
rios de la carne, durante los instantes de cobardía pa- 
ra los cuerpos torturados y de cobardía para las al- 
mas que se asoman a los abismos de la Muerte. . . 
Obra santa e inmensa, que nos fuerza a respetar y 
querer al vate, sagrado por el dolor ajeno, obra que to- 
ca de luz su inteligente testa blanca de anciano soña- 
dor y socialista. 

— 379 — 



F. GAMBOA 

Naturalmente, no hay en todos los EE. UU. un 
solo monumento que en bronce o mármol perpetúe su 
memoria entre este pueblo mercader (jue él amó en- 
trañablemente. . . 

De muy «lifícil léxico es dueño el poeta, y sin em- 
barco, jíooo bregué con el diccionario : pero la jirolon- 
gada b-etura en su idioma, me ha lastimado cb- euer- 
po y de espíritu. Hasta creo en los "íncubos" y "Sii- 
cubos" medievales; sí, yo no postK) el ingb''S, es el in- 
glés ({uien me posee a mí, haeiéndome padeeer lo in- 
decible con la tal j>ose8Íóu, sofocándome, dislocándo- 
me, atenaceándome con sus dure/as. brutalitlades y la- 
trocinios (¡oh, sínd>olo de las ra/as ínie lo parlan!» 

El idioma inglés es mi íncubo. 

liO (juc por la trillonésima ocasión me eom|»rueba 
que la barrera de las lengiuis es infraníjUi-able, eter- 
namente infranqueable, y a Dios wan rendidas mil y 
mil gracias. 

Si alguna vez realizo mi proyirtada conferencia en 
México sol)re ^Vhitman y I*oe, por lo <pu' al primero 
mira hablaré es«*ncialmente de é-ste su sincero amor 
por la liumanidad. práetieo y gramle, sin teorías ni 
idealismos, (pie le dejó, a guisa de reeoinpensjt elo- 
cuonte. una parálisis incurable. . . 

10 m. .M AKZo. — En la ciudad ile Spnmjfitltl. Kstadt» 
de Ohio, un negro asesinó a un agente ile policía. 
Commc de rigucur, se le aplicó la civilizada ley de 
Lynch: fué ahorcado en un ¡wste de luz eléctrica, en 
me<lio <le los aplausos y canibalismo ¡HH'idiar a estas 
gentes, cada vez que se hacen justicia por su mano; 

— 380 — 



MI DIARIO 

con asistencia de la población entera y universal rego- 
cijo. 

Hasta aquí, la cosa va mal, ¡ indudablemente !, pero 
habituados ya los de casa y los de fuera al salvaje 
procedimiento de estos pseudo-cultos, nadie paró ma- 
yores mientes en el homicidio. ¡ Bali ! un negro de 
menos y un crimen colectivo de más, es poco para la 
Grrran Rrrepública, que tan de priesa avanza por los 
senderos del Progreso. . . Mas ved aquí que el acos- 
tumbrado drama alcanza un tremendo epílogo, un 
epílogo espeluznante : toda la parte blanca de Spring- 
fielcl, ebria de ivhiskey y sedienta de sangre "de co- 
lor", encamínase, con niños a su cabeza, a INCEN- 
DIAR Y MATAR con estrépito, con gritos de chaca- 
les y aullidos de hienas. . . Van a arrasar la íntegra 
barriada que habitan los negros; llevan dinamita y 
odio ancestral, puñales y petróleo ; nada ni nadie los 
ataja, van ciegos de encono, tambaleantes de afán de 
matar y destruir, convertidos, por ese formidable sal- 
to atrás, en los hombres de las cavernas . . . 

De todos los ámbitos de los EE. UU. ha brotado un 
inmenso grito de espanto, a pesar de que no pecan de 
asustadizos ; en periódicos y. personas nótase el remor- 
dimiento, el horror y la vergüenza. 

Por lo cual, no me meteré en apreciaciones perso- 
nales, reproduciré, mejor, lo que ''The Washington 
"Fost" de hoy, publica en el primer artículo de fondo 
de su página 6 : 

"RACE HAT RED IN OH I O 

" Alfogether the most ominons featurc of the lynch- 
" ing at Spñngfield, Ohio, is the disclosure of deep- 
" seated race prejudice and hatred which characteriz- 

— 381 — 



F, GAMBOA 

" ed it. LYNVHING IS IIIDEOCS ENOIGH, cven 
" tu its ifimphst asp(cts, bul uJicn the kiUiftg of the 
'^ ostiíiifible offendcr is attaidcd by an outburst of 
" murdtroKS animosity ogainst ihc cntirc negro co- 
" lotii) it attain« the proportions of nn uU-pcrvading 
" calamitjf. No mattcr how copiplctdy wc may con- 
'* demn and nbhor the lawlcss dcstruction of a hu- 
" man Ufe, it is still possibh to imnginc thr infuria- 
" tion provokcd by soyne particulurly fiendish crimc. 
" Bui when this appaUing outburst of mob violence 
" is follt>w«d by a dfmitnstratian of gfncral and rom- 
" prehtnsii'c passñon for ma.'isai-n. onc stands oghiist 
" at the horror and the barbarity of the spectaile. 

" Thesc frightful phvnonu na ncarly ahvays attrnd 
" a Lynching at the Sorth. Thcy nevcr do at the 
" South. In Alabama or Mississippi, Arkansas or 
"Carolina, thry eatch thr culprit. or the SUrrOSEJ} 
" CL'IJ'JilT, and put him to dcath—ofttn IWDKH 
'• CIliCUMSTASCES OF ISSVEAKABLE UOH- 
" JiOIi. Itut thcrc the matttr cnds. No carnival of 
" BVTCHERY EN SI ES. No outbreak of race ha- 
" ired and persecution is provokcd. THE Clil.MIN- 
" AL IS EXECUTED A NI) TIÍAT IS ALL... 
" In Ohio, Indiana, Illinois, Kansas, Delatcare and 
" othcr Northern States the lynching is merely THE 
" SI'AIih' TIIAT LEADS TO THE EM'I.OSION. 
" IN AL.MOST EVEHY INSTANCE THE MOIi 
" WHETS ITS AI'I'ETITE FOR SÍ.Al (iHTEH 
"AND PEVASTATION ON THE IN ¡TI AL SA- 
" CIÍIFICE. IT IS ONLY TOO I'LAIN THAT 
'• THE Í.YNCHEIíS ,^EEK THE E.XTEBMIN- 

" ATios ny Tin: ne<!Hí)Es? ani> i se the 

— 382 — 



MI DIARIO 

" LYNCHING AS A PRETEXT. THE QVE8TI0N 
" 18 NOT THAT OF PUNISHING SOME INDIVI- 
" DUAL OFFENDERf HOWEVER CRUELLY, 
'' BVT OF KILLING EVERY MEMBER OF THE 
" RACE WITHIN REACH. 

" What, we have often asked ourselves, can le the 
" explanation of this appalUng iendency? It cannot 
" le that the negroes in Ohio or Pennsijlvania are 
" u-orse than the negroes in Virginia or Texas. It is 
" inconceivahle that Northern people hate them AS 
" SAVAGELY AS THESE DEMONSTRATIONS 
" WOULD SEEM TO IMPLY .But if neither of 
" these hypotheses will serve, HOW ARE WE TO 
'' ACCOUNT FOR SUCH A SAVAGE AND IN- 
'' SENSATE FURY AS HAS JUST POSSESSED 
" THE WHITE PEOPLE OF SPRINGFIELD, 
" Ohio? A press report, pullished in yesterdaij's 
*' afternoon neivspapers, says that practically THE 
" EN TIRE WHITE POPULATION WAS IN SYM- 
'' PATHY WITH THE MOB. Many of Springfield's 
" lest people have participated—the end is not yet — 
'' etc. In other words, PUBLIC SEN TIMEN T AP- 
" PROVED NOT ONLY THE LYNCHING OF 
" THE WRETCHED NEGRO MURDERER, BUT 
" ENCOURAGED AND PROMOTED THE MOVE- 
*' MENT AGAINST THE WHOLE NEGRO COL- 
" ONY. THE REVOLVER AND THE TORCH 
" HAD THE SYMPATHY OF THE COMMUNITY. 
-A SLUMBERING, BUT BITTER, HATRED 
" WOKE, AND TOOK THE FORM OF UNIVERS- 
" AL MAS SACRE AND IN DISCRIMÍNATE EX- 
" TERMINATION. 

— 383 — 



F. GAMBOA 

'* Of coursí, thcrc musí he a rcason for all thcse 
** ghastly and abomiiiahlc things. M'v an told ihat 
" thc negro should be cducated, and assurcd ihat the 
'* race prohlvm, as thty cali it, witl reccivc its sol- 
" ution by ihat mcans. The South is reproachcd and 
" denounced on thc assumption ihui it docs nof edu- 
** cate sufficirntly. Thc North, from an cminencc of 
'* superior virtue and wisdom, invitfs inspuiion and 
** imitation of its more righicous mcthods and its 
*■ finer civiliz<ition. But thc Springfifld problcm re- 
•• mains. ^VIW WILL h'ESOLVK IT FOB ISf" 

Yo sé quién podría resolverlo: iina coalición d«» na- 
ciónos qiu? vinieran a eastipar a esta tierra do civili- 
zación y de justicia; pero iiin^ma lo pensiirá siquie- 
ra. Apuesto ... 

Es de advertir, qne esta jrran república en cuyo 
s**no se perpetran iniquidades tainaña.s, es la niisina 
que puso el grito en el cielo ¡wr las nuttanzas do ju- 
díos en Kusia; la que llama incivilizadas a "las pc- 
({ueñas repid)liquitas liispanoainericanas*' y se pro- 
pone ci-vi-li-zar-las por niotjo análofjo. o pí'or, — ¡scf^ún 
sea menester! — la que a sí misnuí se ha un^fido mode- 
lo y depósito y dispensador de todo lo bueno <pie aca- 
ricia la mente humana... 

Dvtallcs cotizables a un millón de dólares cada uno, 
y qne el "Iltrald" de Nueva York publicA sin censu- 
ra.s, al «lar cuenta de este horror: 

— ¡ Más de íloscienta» familias de negros se han re- 
fugiado en los l)os/|uos. sin recursos de ninginia espe- 
cie, huyendo de la bArhaní perseeíición !. . . 

— El pueblo incendiario iba precetlido en «u sinies- 
tra procesión, por luui |>orci('in d«' Sinos algo alcoholi- 

— 384 — 



MI DIARIO 

zados y tan frenéticos o más que los adultos!. . . (¿Se 
imaginan Uds. esas almas infantiles camino del homi- 
cidio y del incendio ? . . . En cambio, hay una socie- 
dad en Nueva Jer&ey o Peiinsijlvania, que a todo el 
mundo pide dinero para preservar a los menores de 
"los peligros de las calles y del vagar, y de ser apri- 
sionados, cuando delinquen, juntamente con los de- 
lincuentes mayores ...'"') 

— Un maquinista del "Big Four" (es una compa- 
ñía poderosa de ferrocarriles que por ser de este país 
había de denominarse "grande",) confesó sonriente, 
QUE HACE DIECISEIS AÑOS TRATABA DE 
QUE LAS CHISPAS DE LAS LOCOMOTORAS A 
SU CARGO, AL COSTEAR LOS TERRENOS DE 
LAS VIVIENDAS DE ESTAS FAMILIAS NE- 
GRAS — ¡ ¡ ¡ toda una colonia ! ! ! — INCENDIARAN 
LOS TECHOS DE LAS CASAS Y A SUS MORA- 
DORES. . . (Nadie piensa en que esta fiera que pre- 
medita por tanto año un crimen horrible, vaya a pre- 
sidio ; ¿quién podrá decir si no irá mejor a una curul 
o a la mismísima presidencia ? . . . ) 

— Las compañías de seguros, "han declarado por 
medio de sus patronos jurídicos", que no pagarán un 
centavo a los fugitivos propietarios de las viviendas 
incendiadas, por no ser "exigible el seguro." 

— Los dueños de tiendas y almacenes colindantes 
con las casas arrasadas, anuncian que comprarán esos 
terrenos y en ellos levantarán "anexos" bellísimos y 
modernos, a sus establecimientos mercantiles. . , ¡ ¡¡la 
comunidad se regocija por estas mejoras materia- 
les!!!. . . 

Leí hace poco en un periódico de México (ministe- 

— 385 — 

2S 



F. GAMBOA 

rial), que Justo Sierra, en su carácter de Subsecreta- 
rio de la Instiiicción i)úbliea, había pedido quién sa- 
be cuántos miles de ejemplares de la obra, — notable 
por otra parte, — del profesor negro Booker T. Wash- 
ington, que se intitula "De esclavo a Preceptor", 
con el objeto de declararla lectura de texto, — supon- 
go que traducida al castellano, — en nuestras escuelas 
de primeras letras, y que aprendieran nuestros ]>ár\ni- 
los, — ¡el porvenir de la patria! — ciuno se j»racti( aii la 
igualdad y la democracia en un pueblo libre. . . Y la 
cosa me i)areci6 laudable. 

Pero para (pie qued»' completa, habrá (pie añadir 
un libro II. por el (^stilo de las parrafadas que ante- 
ceden. (|ue püii^'a la verdad en su lugar, y desengañar 
a nuesti'os entusiastas i/í//í A- «'/' /"•">' que .se j)asman eon 
estos individuos, |>()r lo b^jos que les resultan a pesar 
de la diai'ia eoiiiuiiieaei('>n de las vías férreas, y en.se- 
ñar a nuestros j)árvulos, (pie a(pií, como en euabpiiera 
otra parte en que se padece de la misma enfermedad, 
hay un odio de ra/a. inextinguible, contra los negros; 
que los Hooker T. Wasliington son la exeepci('>n, y los 
ajusticiados en la hoguera, en la horca, en las calles, 
en sus ea.síus. . . a ciencia y paciencia de las autorida- 
des, de la policía y del ¡¡¡Capitolio!!! ("la mayor al- 
tura americana"), la regla general. Por un Koo.se- 
velt (pie invita a su mesa y jirotegc abiertamente (sus 
enemigos y opositores aseguran (pie también jmr ga- 
narse en las próximas elecciones presidenciales los 
¡O.OOO.fKX)! de votos (pie forman la p()blaci('>n "de co- 
lor" de los Estados luidos, ) a un Hooker T. Wash- 
ington, hay en toda In Unión miles y miles de cadáve- 
res de pobres negros ignorados, muertos a manos de 

— 3«6 — 



MI DIARIO 

estos blancos que están siendo la admiración del uni- 
verso, y que han sido, son y serán los implacables 
enemigos de cuanto no es ellos mismos, y de México, 
por cercano y codiciable, más particularmente. . . 

12 DE MARZO. — Como de una cruel pesadilla delicio- 
samente artística, que me hubiese durado por tres no- 
ches consecutivas, salgo de la lectura de las "Confe- 
siones de un inglés comedor de opio", por Th. de 
Quincey . . . ¡ Con razón soñó lo que soñó, sobre que 
llegó a apurar, por varios días ¡ ¡ ¡ ocho mil gotas de 
láudano, o sean seis vasos ordinarios !!!... Y vivió 
75 años, fué casado, padre de familia. . . 

Encantadora la descripción de su " cottage", que 
habitó después de Wadsworth ; soberanas sus visiones 
asiáticas; espeluznantes las de los cocodrilos y demás 
monstruos ; ¡ formidable el libro entero ! ¿ Peligroso ?... 
¡puede que sí! Altamente dramático al narrar su mí- 
sero vivir abandonado, por Londres ; dulcísima, la his- 
toria de sus castos amores con Ana la tísica, la pros- 
tituta de dieciséis o dieciocho años que lo salva de la 
inanición; historia que tan bien comenta Paul Bour- 
get en sus "Estudios y Retratos'', capítulo de "Los 
lagos ingleses." Soberbio de soberbia británica, — ¡la 
mayor soberbia de las soberbias! — al enumerar las 
causas en que funda su profundísimo desprecio, y ho- 
rror, por los chinos. . , 

15 DE MARZO. — Comenzada, anoche, al acostarme, — 
única hora en que puedo leer, — la lectura de las obras 
completas de Edgard Alian Poe ; seis gruesos volúme- 
nes que me ocuparán qué sé yo cuántas noches. . . 

— 387 — 



F. GAMBOA 

18 DE MARZO. — Estupenda la gratuita v elocuente 
contribución con que el '^Washinrjion Post" de ayer, 
nu' ol)st'(|uia en uno de sus artículos de fondo, — páf». 
6, columna 2a.. — (jue se intitula: **Rcspcct for Law 
and Ordcr." 

Substancialmente (que los curiosos acudan a la 
fuente, para eso determino el nombre del periódico y 
su fecha, etc.), es uiui respuesta a esta tremenda ])re- 
giHita formulada i)<)r "Thr linston Ilfrahl", después 
de consignar el heelio de que las matanzas de judíos 
en Kishenef lian alean/ado ya en Rusia la única so- 
lución civilizada y ju.stici»'ra ; sus autores e instigailo- 
res fueron di*scubiertos, juzgados y condenados, y co- 
mo los Estados ruidos tanto gritaron contra ellas y 
hasta anunciaron (pie iban "a protestar oficialmente", 
por humanidad (?), dice: 

" WILL THE pnTJCE AND rOT'RTS OK 
■ SPHINfJFlKLl), ollio. DO AS Mrcil? THK 
" INSTANTES WHEX AMERICAN MOBS OR- 
" OAMZEI) FOR RIOT AND .MCROEH CARRV 
** Ol'T TllEIR rNLAWFl'L PlIíPOSH WITIl 
•* COMPLETE IMMXTNITY KROM PrNISH- 
•• MENT ARE FREQl'ENT. MFST AMERICA 
" YIELI) T(> RCSSIA IN RESPKCT F<)K L.WV 
•♦AND ORDERT" 

Y el •' \\'ashinf¡tnn l'ost" conte.sta «pie nu <'s lo mis- 
mo una democracia, como la de los Estados Cuidos, 
que una autocracia como la d«> Rusia ; que aqui, cada 
Estado es soberano y s«' iiuuida según le pega la gana, 
y fpie los yerros. — ¡grandísimos en oca-siones! — «pie 
cometen los component<»H de la Unión, no dañan a la 
Cnióu cutera, atento el hecho de que •cmejunte unión 

— 388 — 



MI DIARIO 

es la de ciudadanos libres que a sí mismos se gobier- 
nan, aunque sujetos a un pacto que para ciertas cosas 
los liga a todos. Que en Rusia, el dispensador de jus- 
ticias e injusticias, de premios y castigos, de obliga- 
ciones y derechos, es sólo un hombre (aquí, varias pe- 
sadeces en contra del pobre de Nicolás II), más suje- 
to a errar en lo que a sus subditos se refiere, que en lo 
que se refiere a naciones extrañas. . . 

. . . Qué sé yo cuánto más ; un chorro de lugares co- 
munes, del que se desprenderían, más bien, las excelen- 
cias de un régimen autocrático, supuesto que bajo su 
yugo, matanzas como las de Kishinef se reprimen o 
castigan, y las que aquí a diario se perpetran quedan 
impunes a pesar de la sacrosanta Democracia. . . 

.... Luego, las promesas de siempre : que andando 
los años vendrá el mejoramiento y el perfeccionismo 
absoluto ; que éste es el mejor mundo de los mundos 
posibles, con defectos y todo, y que, etc., etc. ; los kiñes 
con que estos individuos vociferan la egolatría incu- 
rable de que padecen. 

Y concluye con las siguientes confesiones, — ¡ precio- 
sas por mil títulos! — que ojalá sean leídas y releídas 
y aprendidas de coro por los innúmeros ' ' yankófilos ' ' 
de nuestra Hispanoamérica: 

. " ... There is nothing to be gained by denying 
*' OUR SHORTCOMIXGS. We are WOEFULLY 
" and SHAMEFULLY deficient in the administrat- 
'' ion of our criminal laws. The deficiency is not con- 
" fined to the HORRID CRIMES OF 'MOBS OR- 
" GANIZED FOR RIOT AND MURDER', MANY 
".AND GREAT AND INFAMOUS as they are. The 
". trouble extends to other murders and to less ser- 

— 389 — 



F. GAMBOA 

" ious crimes. Oiir record in this respect — our aggre- 
" pato of UXPT'NISIIED CRniE— ¡ ¡; ¡¡ ¡EXCELS 
" TIIAT OF ANV OTHEK CIVILIZED XATION 
" ON THE GLOBE"! !!!!!... 

f'onq\iP, qut'da declarado, y por el perii'idico capi- 
talino que se precia de inspirarse y reflejar la infor- 
mación y la verdad oficial, que este país, — no obstante 
(pie fl artiiMilista despu«''s <1«' sn confesión apretra : ser 
extraordinario (jue contra lo (pie era de esperar, dados 
semejantes antecedentes y radicales vicios, vaya esta 
nación a la cabeza del universo en iinlustria, comer- 
cio, agricultura, etc., etc., etc.. — (pieda declarado, re- 
pito, que el total de CRÍMENES IMPUNES en los 
Estados Unidos, ¡¡¡EXCEDE AL DE UUALQUÍE- 
RA OTRA NACIÓN CIVILIZADA DEL CLO- 
BO ! ! ! . 

¡De8pu»-.s de esto, el caos! 

19 DK M.vRzo. — ¡Sentimentalismo?... bien puede 
ser. 

Por .sctíunda vez voy esta tarde en tranvía basta 
Anacostia, del otro lado del Potómac, el bumilde ba- 
rrio de los menesterosas de Wásbinpton. Estas ba- 
rriadas de las grandes cijidades, en las (pie s<» refu- 
gian los jmbres francos y los |>obre8 vergonzantes, — 
¡más pol)res éstos (pie aqiK'llos! — siempre me han 
atraído; ¡ve uno tantas caras raras y adivina tantos 
calvarios de almas y de cueri>os!. . . 

Entre los chi(piillos que juguetean libremente j>or 
el arroyo de las calles, a pesar de que continúa el frío 
de este invierno prolongadísimo y excepcional, que co- 
mienza a extinguirse, domina, como en muchas par- 

— 390 — 



MI DIARIO 

tes de los Estados Unidos, el tipo italiano, bello, bello, 
eternamente bello. 

Los italianos son ''los garañones" modernos, los 
generadores de las buenas razas; están poblando el 
Nuevo Mundo, — Estados Unidos y Argentina, — y 
quizá parte del Viejo. Son inagotables, sucios, igno- 
rantes, viciosos; se alardea de despreciarlos como in- 
migrantes, y ellos se vengan inyectando sangre latina 
en hembras fecundas, engendrando rapaces escultóri- 
cos, hermosos, fuertes, que allá van ¡a todas las con- 
quistas ! con el indeleble sello de su eugeneia inmortal, 
mal que pese a los sajones y a los adoradores de los 
sajones. 

24 DE MARZO. — Aviso telegráfico, de México, de que 
mi hermano José María y mi sobrino José Joaquín se 
hallan en camino de Nueva York. 

El solo aviso me mejora de mis achaques neurasté- 
nicos. 

25 DE MARZO. — A Nueva York, a esperar a mi her- 
mano y a mi sobrino. 

28 DE MARZO. — Regreso de Nueva York, saboreando 
el dulcísimo dejo de la charla íntima con Pepe y su 
hijo ; ordenando todo lo oído y todo lo comentado en 
este par de días, en que ellos y yo hemos padecido de 
aguda hemorragia de ideas y caricias . . . 

Destruyo el tedio de las seis horas mortales del ca- 
mino de hierro, con la lectura del libro de un argen- 
tino, Bunge, que se intitula "Nuestra América", 
acerca del cual no es difícil que hable yo en estas pá- 

— 391 — 



F. GAMBOA 

ginas, pues ilipútola de obra falsa y honrada, más 
honrada que falsa. 

:íO DE MARZO. — ¡ Ah, las revelaciones de las grandes 
ciudades! No he podido olvidarme tle lo que en Nue- 
va York me dijo, casualmente, persona bien informa- 
da, de cuya veracidad no puedo dudar, algo extraor- 
dinario y poco conocido de los mexicanos; una pre- 
gunta formidable, cuya respuesta no seré yo (piien a 
darla se atreva, pero cuyos términos, — en sus dos su- 
puestos posibles. — sí quiero hacer del dominio públi- 
co, por lo que nacionalmente nos importa (pie la ver- 
dad se esclarezca, cuando estas ¡mbres hojas vean la 
luz. 

Tratas*' de averiguar el paradero de lo que don Se- 
bastián Lerdo de Tejada, durante sus seis o siete años 
de destierro voluntario en Niicva York, se supone 
que dejó escrito para la i>o.stcridad. !)<• «pie algo es- 
cribió, no cabe la menor duda ; testigos hay «jue ma- 
terialmente lo vieron. es<'ribir con tesón nmnifiesto. Su 
ayu<la de cámara, (pie con él compartió el destierro, 
añrma el propio hecho: ¡el señor Lerdo escribía a 
diario! 

Cuando v\ s«»ñor Lerdo pagi'i en tierra extraña su 
tributo corporal a la naturaleza, A entonci'S. y ahora 
toilavÍH, Cónsul fJeneral de México en Ntieva York, 
doet<»r «Ion Juan N. Navarro, en el ejercicio de s\ih 
atribuciones oficiabas, s(> incautó de t04lo lo que deja- 
ba »'l ilustre difunto ".«m'h (urotttrnr ni nstitmis rlr ma- 
lí H.irnlos, de memorias, autobiografía, historia o cosa 
A'jiiejante. '* Y de lo que haya afírniado don Juan N. 
Navarro no putnle dudarse, pues su honorabilidad se 

— 392 — 



MI DIARIO 

halla por encima de discusión y de duda. ¿ Qué se hi- 
cieron, pues, esos papeles ? . . . 

A poco de la muerte del señor Lerdo, su camarista 
superviviente fué a México, "en donde, según ha di- 
cho, se le ofrecieron algunos empleos modestos que a 
él no le convino aceptar'', y regresó a estos Estados 
Unidos, en los que vive, casado y no en la abundan- 
cia. . . 

Lo que me dice, al llegar aquí, la persona que me ha , 
ministrado lo que antecede : una de dos, o los manus- 
critos fueron entregados por el camarista, — único en 
el mundo (dentro del más estrecho cálculo de proba- 
bilidades,) que sabiendo su existencia y su especial 
importancia puede haberse adueñado de ellos, al Go- 
bierno, de manera absolutamente secreta, o los entre- 
gó, también bajo el mayor sigilo, al señor don Ángel 
Lerdo de Tejada que fué el principal de los herederos 
de su hermano don Sebastián . . . 

-En el primer caso, el camarista es un camarista in- 
fiel, es decir, común y corriente, ni peor lii mejor que 
los millones y millones de camaristas que andan por 
el mundo ; en el segundo, es un hombre de excepcional 
fidelidad, que merece por su raro comportamiento los 
respetos de cuantos conozcan el hecho ! 

Mas en uno u otro caso, [. en dónde están los manus- 
critos ? . . . 

Téngalos el Gobierno de la República, o el señor 
don Ángel Lerdo de Tejada, a ninguno do los dos per- 
tenecen, pertenecen al país a que el autor los destinó ; 
y lo mismo el señor don Ángel Lerdo que el Gobierno, 
tenían, en conciencia, la obligación de restituirlos a su 
legítimo dueño. 

— 393 — 



F. GAMBOA 

9 DE ABRIL. — Se necesita haber salido con bien de 
uno de estos in\'iernos implacables y prolonpados de 
los Estados Unidos; de uno tan excepcionalmcnto cru- 
do como el que acaba de extinguirse — sin ejemplo en 
¡35 años! según las estadísticas de la prensa — para 
gozar y sentir, como yo he pozado y sentido con los 
primeros brotes de las matas y de los árboles, del cés- 
ped de los parques y de las llores de las plantas, que, 
diríase, alguien las colocó anoclie, con la mano, para 
dar hoy la sorpresa. Pálpa.se entonces que, de veras, 
la primavera es la resurrección, la viila (pie torna en- 
galanada y sonriente. 

¡ Es bello y es grande vivir ! 

11 i>E .MiKiL. — Una buena noticia: ayer <piitaron a 
mi perro "Potómac", en plena calle de esta culta ciu- 
dad-capital del ¡)aís más culto de la tierra, el eoUar 
que. con candatlo, portaba al cuello. La noticia me 
parece buena por lo que equipara mi ciudad de Mé- 
xico a «'«sta, no mía, ciudad de Wásliington. ¿l^ue allá 
hay muchos rateros?. . . ¡Pues aeá In inisiiiu» \ a ma- 
no, mundo! 

16 DK AKRiii. — Así haliía querido eonocerla y visi- 
tarla, i)or Borpresa. Vagando por laa calles n la buena 
de Dios, como casi todas las tardes vago después de 
la oñcina, con mi mujer y con mi hijo ; y nu'is e.stas tar- 
des en que la primavera, nn'ién nacida aún, convier- 
te nuestro vagar en una callada fiesta admirativa pa- 
ra nuestros cuerpos friolentos de tropicales y para 
nuestros tristes mirares de desterrados, de repente 
nos hallamos en la " Mount Vcrnon Square", en cu- 

- 394 — 



311 DIARIO 

yo centro se alza, simpático y noble, el monumento 
nuevo de alba cantería. . . 

— ¿Qué edificio es ése? — le pregunto a un chico 
que conduce de la mano su bicicleta, mientras con la 
otra engulle, a dentelladas casi feroces de puro infan- 
tiles, una manzana madura y mora que lo empapa de 
jugo en los labios sanguíneos. 

— La biblioteca pública ... la que regaló a Wash- 
ington Andrew Carnegie . . . 

Y no aguarda mis agradecimientos — aquí no se fin- 
gen esas cosas como entre nosotros, — arrea su máqui- 
na y le pega nueva dentellada a su poma. 

Nosotros penetramos al establecimiento que a sí 
mismo se intitula: 

"A UNIVERSITY FOR THE PEOPLE" 

Eso es, en efecto, una universidad para el pueblo, 
majestuosa, de poco más de un año de edad y poco 
más de 100,000 volúmenes a ella donados por particu- 
lares, empresas periodísticas, casas editoras, oficinas 
del gobierno, etc., etc. ; con dos novedades a cual me- 
jor: la una, que puede uno sacar libros y llevárselos 
a su casa, previos determinados requisitos, y la otra,. 
que existe en su seno un amplísimo departamento con- 
sagrado sólo a los niños, subdividido en dos : el prime- 
ro para párvulos, y el segundo para niños más creci- 
dos, ¡ hasta de 16 años ! . . . 

Resulta tierno ver tanta cabecita rubia que con- 
templa estampas, o deletrea, o lee ya de corrido, incli- 
nadas sobre mesas pequeñas ... los asientos son tam- 
bién bajos, y las estanterías. . . Las vigilantes y encar- 
gadas son todas mujeres, que hasta sonríen frente a 

— 395 — 



F. GAMBOA 

esta especie de juego sublime: que la niñez cobre 
amor a la lectura. . . 

¡ Vi dos chiquillas negras ! . . . 

En cuanto se enteran de que soy extranjero, me su- 
ministran cuantos datos solicito, me obscíjuian con un 
álbum tic vistas dvl edifício, me ofrecen entrevistas con 
los directores para que me enteren ampliamente, se 
excusan de que en el piso superior estén aliora en re- 
paraciones (|ue me impiden contemplar el gran salón 
de conferencias, me ruegan (|ue vuelva, cuando gus- 
te. . . 

¡Pues ya lo creo (pie volveré, y iiuichísimas veces! 

El caballero escocés, Andrew C'arnegie, (pie en los 
EE. W. enriqueció, lleva regalados al universo para 
obras de esta índole, — es su esju-eialidad. las bil)l¡()te- 
cas, — y para las (pie tienden a eoiis(>rvar la pn/ uni- 
versal, la friolera de ¡¡¡ciento y tantos millones de 
dólares!!! lia licclio púMiiTi. iidciiiás. isla dii-lnra- 
cion : 

— ••¡¡¡KL RICO (¿rr: .Mri:i;i-: uno. miiíki-: 

DESIIONHADO!!! • 

i Qué le costaría al señor Carnegic asomarse por 
México y dejarnos un recuerdo de estos?. . . 

Fuera de honrosísimas y contadísimas exce|)ciones, 
según la teoría de Carnegic, ¿cómo debíanos declarar 
(pie mueren nuestros ricos, nuestros pobren ricos t 
¡ honrados. . . T 

.'iO HK ABRIL. — En la (a.sa I Manca, a prewnciar la 
apertura de la Exposición de St.Louis, (pie desde aquí 
abre Roosevelt oprimiendo un botón eléctrico delante 
de Ion representantes do casi todas las Potencias. . . 



306 



MI DIARIO 

Ni asientos para las damas ni atenciones para los 
hombres: un discurso presidencial, himno yanqui, 
veintiiin cañonazos, y que Uds. la pasen... ¡como 
puedan ! 

1.° DE MAYO. — Leyendo un estudio médico-psicoló- 
gico del doctor francés Gastón Lougue, sobre Teodo- 
ro Mikailovith Dostoievski, al concluir la lectura del 
voluminoso '^Journal d'un Ecrivain", del eslavo ad- 
mirable, me encuentro con que, en ruso, a nuestra 
nana se la llama nmnia. 

Van dos semejanzas entre ambos idiomas: el otro 
día, Caracho, hoy, niania. 

También me entera este "estudio" de que, por mi- 
seria, Dostoievski jugó en Baden-Baden, hasta las 
enaguas de su segunda esposa . . . 

Mi sobrino Pepe, que desde hace cosa de un mes se 
encuentra conmigo, me lee esta noche, su nuevo dra- 
ma ' ' El hogar " ; un drama que, o mucho me engaño, 
o ha de ser su mejor obra y una de las pocas buenas 
y artísticas de nuestro raquítico teatro nacional. Tie- 
ne un final soberano, a la Ibsen. 

4 DE ^lAYO. — ¡ Tres años hace hoy de mi noche me- 
morable ! . . . Realízase la predicción del señor Ma- 
riscal : 

— '^ Cuando todos se hayan olvidado del suceso, 
' ' Ud. continuará recordándolo ; y eso será a la vez 
' ' el castigo y el remedio ! . . . " 

5 DE MAYO. — Otro aniversario: Hoy hace doce 
años que di principio a este diario, que, sólo la muer- 



397 



F. GAMBOA 

te o alguna enfermeilad (jue materialmente me impi- 
diese escribir, truncará ya... 

8 DE MAYO. — Al escuchar en la misa cantada a (jue 
asisto en el templo católico de San Mateo, con ijué »'n- 
touaeioues gloriosas se esparcen por la anchura de las 
naves y de las bóvedas los cantos sacerdotales en la- 
tín, que las voces del coro, acompañadas por al órga- 
no, contestan en el propio idioma ; idioma y cantos 
que han sobrevivido al tiempo y a los odios y a las 
persecuciones y a las vicisitudes, pienso en que, de ve- 
ras, existen las razas inmortales e imborrables, las ra- 
zas (pie perduran por la lengua y por el alma ¡ por el 
alma sobre todo ! . . . 

La raza latina es eterna, y la religión católica, — 
¡que es coraza y su custodia! — también es eterna: 

— a ¡I* ir omnia simula sinculorumU! . . . 

Así lo cantan, a los tantos siglos, las'voces sajonas; 
así lo comprueban en este instante, Francia e Italia, 
dándase a la faz del universo el s;icrosanto ósculo de 
la reconciliación y de la conciencia de su espíritu im- 
perecedero. 

9 DE M.vYO. — Me llega de México. — di^pués de una 
larga e injustifica<la interruj>eión de varios meses, — 
el número de la "Kevista Moderna", corresiíondiente 
al mes de abril. Ya ostenta la forma de " imujazinc" 
de los Estados l'nidos, es decir, ya perdió su fisono- 
mía propia y en cambio lia adcpiirido la de imitación 
torpe. I'cro luce algo peor, un título ípie jamás se ha 
aplicado a liti'ratos ni a letras: Jesús Irueta, que an- 
tes figuraba de jefe do la redacción, ha sido ascendi- 

— 398 — 



MI DIARIO 

do ¿a qué?... — preguntarán Uds., — pues nada me- 
nos que a "¡¡¡CONSULTOR LITERARIO Y AR- 
TÍSTICO"! !!.. . 

Con canibalesea complacencia, algunos diarios de 
México ("El Mundo", "El Imparcial", "El Popu- 
lar", etc.,) vienen llenos de copia de detalles y de 
grabados bárbaros, a propósito del fusilamiento de un 
soldado, efectuado hace poco en nuestra culta ( ?) 
capital. . . 

No sólo no se censura la aplicación de la incalifica- 
ble pena de muerte ¡ nó ! sino que por sacar más mi- 
serables cuartos, se halagan los malos instintos de los 
muchos que todavía en muchas partes tienen de orácu- 
lo a los periódicos. . . hasta los últimos pormenores, 
los gestos del ajusticiado ( !), las lágrimas de su fa- 
milia, los instantes postrimeros, etc., etc. . . . Una de- 
lectación sanguinaria y hienesca, de periodistas (???) 
sin pizca de sentido moral, acariciando la parte rudi- 
mentaria de un pobre pueblo que, quizás, podría 
aprender a mirar hacia arriba. . . 

11 DE MAYO. — ¡Qué contraste! 

Una revista que se publica en castellano, en Pa- 
rís, dice : 

" MÉXICO. — Contra el idioma nacional. — A juz- 
" gar por la aseveración de un colega, el ministerio 
" de instrucción pública de la Federación pretende 
" que los alumnos procedentes de colegios ingleses 
" sean examinados en su idioma para ingresar en los 
" colegios mexicanos. 

" Es elemental que en cualquier país se observe de 

— 399 — 



/'. GAMBOA 

" prefen'iieia su propio idioma; ya por imposición o 
" como una necesidad derivada del derecho de i)ropia 
" subsistencia. 

"De cual<iuier modo, el idioma de una nación es de 
" carácter oficial. Los exámenes, entretanto estén su- 
" jetos- al régimen de autoridad los e.stablecimientos 
" de enseñanza, son evidentemente también actos ofi- 
" cíales. 

** Aparte de las dificultades que tendría la necesi- 
*' da<l de (|ue los profesores de distintas materias fue- 
" sen nativos ingleses o norteamericanos, para con 
" má-s pureza poseer el idionuí, constituirá esa medi- 
" da un rtapraiite atentado contra el iilioma propio. 

" SKillKNDO ASI Y HACIENDO DEíSAPA- 
" RECER GRADUALMENTE LOS GRANDES 
"DISTINTIVOS DE LA NACIONALID.M). NO 
" SERIA EXTRAÑO t^l'E HASTA LA IDEA DE 
"EXISTENCIA Sí^BERANA E INDEPENDÍ EN- 
" TE VAYA EXTIN(;riENI)OSE." (1) 

(La cosa, aunque «K'.satinada a todas luces, no me 
sorprendería (pie en hecho se convirtiera; pues en es- 
ta materia, mal andamos: a nuestros gi-ndarínes se les 
exige que aprendan a hablar en inglés.) 

En cambio, he leído en un periódico yancpii de estos 
liltimos «lías, que el afama«lo pianista Paderewzki, en 
los recitales (pie acaba de dar en San Petersburgo. ha 
tenido uim serie de triunfos tan extraordinarios, «pie 
el Czar en persona, ¡¡¡el Czar de todas las Rusias!!! 
quiso felicitarlo directamente después de uno de ellos. 



(1) "R«TÍstm Latino- Amertcana". Paria: 30 dt abril da 1IK>4. 
— 400 — 



MI DIARIO 

El artista compareció ante el autócrata, quien se dig- 
nó significarle, más o menos: 

— " Felicito a Ud. por su legítimo triunfo y me fe- 
" licito a mí mismo, porque un ruso posea facultades 
' ' tan asombrosas ..." 

— " Perdone V. M. — interrumpió el "virtuoso", — 
' ' ¡ pero yo soy polaco ! " . . . 

Y un úkase imperial ha declarado proscripto para 
siempre de todas las Rusias, al irreverente pianista. 

Lo siento por Kusia. 

¿Si nosotros dijéramos también al que lo ignore, 
finja ignorarlo o no quiera saberlo, que somos mexica- 
nos y mexicanos moriremos ? . . . 

¿Si frente a cualquier poder y en cualesquiera cir- 
cunstancias nos condujésemos como el grande artista 
sin patria, nosotros, que la tenemos todavía?. . . 

12 DE MAYO. — Acabo de releer — cuando por prime- 
ra vez lo hice era yo un muchacho, — "II Signar lo", 
de Salvatore Fariña, adaptado al francés y publicado 
en 15 folletines áe" Le Figaro" por Pierre-Paiü Plan. 

¡ Qué sencillo, qué tierno y qué artístico ! ¡ Ah, ita- 
lianos!. . . 

20 DE MAYO. — ¡ Honda desgarradura afectiva que 
me produce la lectura de una carta horrible ! . . . 

Depresión y tristeza, de que nuestras llagas hu- 
manas sean incurables. 

22 DE MAYO. — Inopinadamente, — aunque no inespe- 
radamente, — viéneme hoy el argumento de un drama, 
que hace diez años, desde la representación de "La úl- 



401 



F. GAMBOA 

tima campaña", estoy buscándome en el cerebro. Vie- 
ne tal y cuino yo lo quería : a favor de nuestros des- 
heredados, totalmente nacional, azotando en plena ca- 
ra no sólo a nuestras clases privilegiadas ¡que tanto 
se lo merecen ! sino taiid)¡t'n a todas nuestras otras 
clases í !), ¡(pie «piizá se lo nu-recen más! 

Lo bautizo en seguida, durante los momentos inefa- 
bles que preceden a la formación nmterial y sieinpr»' 
imperfecta de los hijos del ingenio, (pie, mientras no 
los cebamos sobr»* el papel, se nos antojan — y tal vez 
lo sean entonces. — la obra maestra, perseguida desde 
los comienzos, y por maestra nunca realizada a la en- 
tera satisfacción del autor. 

Lo ))autizo, mientras sus tres actos se esbozan en mi 
mente; y su títido me .suena a himno de purificación 
y de castigo. s«' drnominará : LA VEXtíANZA DE 
LA (Ji.EliA. 

23 DK M.vYo. — Princij)ia el^nacinnento de mi drama 
¡con cuántos trabajos!. . , 

l)espu«''S de una labor del día íntegro, apenas si doy 
término a la escena primara. 

1/' i>K JiN'io. — Acabé anoche el primer acto de 
nu drama, oue. en lectura, se lleva ba.stante más de 
tres cuartos de hora. 

6 HK .M'.Mo. — Aquí en los KE. 11.. to.lo is grandf, 
lo bueno y lo malo: el territorio; los pobladores «b* 
uno y otro h<'Xo ; las funciones de los elementos; el 
(;Ibna : la fauna y la flora, — ¡basta las domé.stieas! — 
los crímenes y las virlud«'M. los defectos y las calida- 
des. . . 

— 402 — 



MI DIARIO 

Ya tenemos el verano encima ; un verano implaca- 
ble y capaz de tostar al africano más africano de 
África ecuatorial, — temperatura variable durante es- 
tos tres últimos días, ¡ ¡ ¡ entre 72 grados Fahrenheit, 
mínima, y 98 máxima ! ! ! — y anoche y antenoche, la 
ciudad enA'uelta en rayos ¡ qué tempestad ! como no la 
había yo sufrido nunca, ni en los trópicos. 

7 DE JUNIO. — Principio el acto II de "Ln venganza 
de la gleba" y termino la escena primera. 

10 DE juxio. — Después de 2 meses exactos de vivir 
conmigo, hoy se marcha a Nueva York mi sobrino Jo- 
sé Joaquín, para reunirse con su padre. 

11 DE JUNIO. — Asistí ayer a una recepción en la Ca- 
sa Blanca, para la que había invitado desde hace va- 
rios días la esposa del presidente Roosevelt, con obje- 
to de festejar a 45 filipinos que vienen de su archi- 
piélago, comisionados para representarlo en el certa- 
men universal de Saint Loitis ?.Iissouri. Casi todos son 
funcionarios; hay muchos jueces, doctores, ct sic de 
coetens, son gente de razón, vamos al decir. 

La recepción, de las pocas de veras agradables a que 
he concurrido en la mansión presidencial; con un 
gran lujo de uniformes militares y marítimos ¿somos 
o no somos una de las primeras Potencias del miiver- 
so-mundo?... (hablo por los Estados Unidos, ¡conste!) 

¿ Y saben Uds. cómo fué el envío de mis 45 filipinos, 
agasajados y deslumhrados con tanto galón y tanta 
rubia encantadora y tanto erguido gcntleman y tanto 
representante diplomático, al concluir la brillante fies- 

— 403 — 



F. GAMJIUA 

ta (l;i»la <mi su ol).st'(|uio?. . . ¡Parece mentira! Enipa 
mictatlos, a-pesiír de sus chisteras y levitas, a pesar de 
sus títulos y doctorados universitarios, a pesar de ser 
los nuevos hijos ile esta nación civ{li:otnz. enipaípie- 
tados por grupos de a 14 individuos, dentro de infec- 
tos ómnibus de al(|uiler, tirados |)or muías; y el últi- 
nío {irrupo ¡oh, ignominia! ¡oh, inutilidad de los cen- 
tenares de millones ahorrados en la Tesorería! ¡oh, 
desprecio infínito para estos recién nacidos a la vida 
del derecho, del respeto y de la justieia. por obra y 
gracia de los Estados l'nidos! el último grupo fué em- 
pa(|uetado dentro de un carretón de expreso ¡como 
suena! con rótulo y todo: "The Geo. W. Knox Ex- 
pnss Compauy" . . . 

15 DE Ji'Nio. — ¡Aii. país trágico, trágieo. trágico, 
en el (pie hasta la muerte es grande!. . . 

Antes del meilioilía de hoy, salió a luz »1 fatítlieo 
"Extra Post", anunciando la espantosa catástrofe 
ocurrida a bordo del vapor de excursiones "General 
Sln< itm", (pie se incendió y se fué a pitpie en el río 
del Este. . . Detalles horribles, y muchos: era una ex- 
cursión de placer; unos mil s<'res pertenecientes a la 
iglesia evangélica luteraini de San Marcos, que con su 
pa.st()r y todo, iban a un picnic, ¡muchísimas señoras, 
muchísimos niños!... Y hasta «'.stos momentos, se sa- 
be (pie untre cadáven-s y de.saparecitlos el número de 
las víct ¡mas s<' eleva a casi ¡ ¡ ¡ 500 !!!... 

16 i)K .n Nio. — Termino el aet<> II de "lia vcnganra 
de la gleba." 

— 404 — 



311 DIARIO 

17 DE JUNIO. — i Abajo caretas ! El Departamento de 
Estado, aquí, lia expedido una circular que dehc es- 
pantarnos a todos los países hispanos del Continente : 
a partir de su fecha, — creo que es de anteayer, — las 
embajadas, legaciones y los consulados de los Estados 
Unidos en todas las muchísimas naciones en que los 
hay, no se denominarán ya ''Embajada de los Esta- 
dos Unidos en. . . ", "Legación de los Estados Unidos 
en . . . ", ' ' Consulado general, o particular, o agencia 
consular de los Estados Unidos en. . . ", sino "EMBA- 
JADA, LEGACIÓN O CONSULADO DE AMERI- 
CA EN . . . " ; porque, reza la circular, ' ' hay dignidad 
y sencillez en el término AMERICA, y porque, ha- 
biendo algunos otros países americanos que también 
se llaman Estados Unidos de ésto o de aquéllo, ¡ ¡ ¡ las 
naciones extranjeras quedan expuestas a confusio- 
nes!!!" 

i El principio del fin ! Ahora es el despojo de un 
nombre que a todos por igual nos pertenece, ¡ mañana 
será el despojo de la tierra^! 

Sigamos, pues, en toda Hispanoamérica brindando 
facilidades a estos místeres ; sigamos dándoles la bien- 
venid^ con concesiones, contratas y ainda mais. . . 
¡ya nos saldrá a la cara, más de lo que ya nos ha sa- 
lido! • 

18 DE JUNIO. — Nuevos detalles acerca del siniestro 
del "General Slocíim". Las víctimas montan al ¡ i ¡ mi- 
llar ! ! ! y se cree que aun naya mayor número. 

Que el Gobierno Federal va a tomar cartas en el 
asunto, y a castigar a los que resulten responsables; 
pues, entre otras cosas, hemos salido con que los sal- 



405 



F. GAMBOA 

vaviílas a que los pasajeros echaron mano, se halla- 
ban "iKHlriilos y se deshacían al estarlos fijando. . . " 
i Y a tantos y tantos que en estos instantes y por 
tiempo indefinido lloran el desaparecimiento tráífico, 
— ¡ por eausii punible ! — d»- los más amados de su al- 
ma : los hijos, los padres, las esposas, para ({ué les sir- 
ve que ahora se castigue a los criminales (jue i)or el 
morboso afán <le hiero (juu reina en este país, no eiun- 
plieron con determinadas prevenciones de policía, y 
por ahorrar el gasto, verbigracia, de renovar la dota- 
ción de sidvavidas, son los causantes de la muerte de 
más de mil almas T. . . 

27 DE JUNIO. — El "Herald" de Nueva York anun- 
cia qtie anoehe, tlentro de cerrado y custo<liado recin- 
to en las cam|K)s de la Exposición de Saint Louis, Mo., 
— ¡los custoilios eran (fuardns He Jeffrrsnn.' — manoA 
criminales, "vándalos" (¡ñr). rasgaron con navaja en 
varios lugares, el globo dirigible que tlesd.- París trae 
consigo el aeronauta brasileño Santos Dumont, para 
concurrir al coneurso úv navegación aérea «pie de aquí 
a dos MMitanas habrá d«* í'fectuaiTi»* en Saint Ix>uíb: 
premio al v«'nce<lor ¡ ; ¡ $200,000 ! ! I . . . 

Agrega el diario neoyorkino. ínie a jh-sht lie Icis 
grandi*s ««sfuer/os tlespiegadns por las autoridades y 
por la policía, no ha sido posible dar con loa "vánda- 
loa". . . Y que Santos Dumont. al ver su cIoIk) iniíti- 
lizado, Uoní. 

— ¡Córcholia! — cato lo «ligo yo, — ¡lloraría una !)ca- 
ta <1p ni- 

Si í"»»'' llegan a ¡x-rpetrar su fechoría en 

cualqui«-r otro pala menoa civiliuido ( f ) y menos mo- 

— 406 — 



MI DIARIO 

ral (???) que la Gran República, ya no habría por 
dónde coger a éste, y ya se le estaría compeliendo j por 
la fuerza! a que entonara un grandísimo "mea culpa" 
y a que indemnizara al perjudicado, hasta en la cuar- 
ta generación de herederos. 

¿ Cuánto apuestan Uds. a que para el renioto caso 
en que se descubra a los "vándalos" prófugos, éstos 
resultan extranjeros ? . . . 

28 DE JUNIO. — Termino de escribir "La venganza 
de la gleba." 

Ahora sólo falta que después de mi esfuerzo, o no 
pueda yo al fin arreglar mi viaje a ^México para el 
mes que entra, o aunque lo arregle, a mi llegada 
allá, la compañía dramática de Pancho Cardona haya 
concluido su temporada, y no pueda o no quiera repre- 
sentar mi pieza. 

¡ Todo es posible ! 

3 DE JULIO. — Termino la copia, a máquina, de mi 
drama. 

5 DE JULIO. — ¡ La nota que me faltaba en esta opu- 
lenta ciudad vanidosa ! 

Casi al fondo de la ancha y mercantil avenida de 
Pennsylvama, a donde voy en busca de un encuader- 
nador barato para el ejemplar de mi "Santa", me ha- 
llo con que mi artesano, — que, entre paréntesis, tra- 
baja a maravilla, — tiene su taller en el cuarto piso de 
un edificio menguado y sombrío, con escalera mu- 
grienta y carcomida de años y polilla, que me da gus- 
to trepar ¡ sí ! positivo gusto ; necesitaba que también 

— 407 — 



F. GAMliOA 

aquí, como en Europa. í'xisti«ran estas mjulripuoras. 
En cambio, el taller, arriba, al que llego medio sofo- 
cado, espacioso, lleno de obreros y de trabajo, hei'ho 
un invernadero con la mo<Ierada teniperatura de hoy : 
¡ ¡ j yy grados Fahrenheit !!!... 

SegiHi diarios «le México, salió v»'rdad mi temor: la 
temporada teatral de Pancho Cardona, allá, en el Tea- 
tro del Reiuicimiento. se clausurará el próximo día 1'». 
¡Quién .sabe cuánto tiempo irá a dormir mi drama con- 
cluido, y copiado. ími un cajón de mi mesa!. . . 

11 DK .M'Lio. — ¡Todo abajo! 

No puedo, a pesar de la licen»-ia «pn- s<»li(itf y ob- 
tuve, ir a pa.s«r dos me.s«*s en México. Y pn'ocupado, 
aterrailo más bien dicho, a causa tlel verano que tie- 
ne convertida en ciudad-horno a esta ciudad-capital 
de los Estados I'nitlos, a totla j)risa. sin orden ni con- 
cierto, póngome a pedir informes y precios en los lu- 
gares de veraneo que no son de alto tono. 

Admírame y consuébniíc, por«|ur alg<» (juiere d«»eir, 
la conformidad con que pronto me resigno a poner 
buena cara al mal ticm|>o. 

Problema: ¿Cómo, ciuiudo y dónde s<' repn*wnta- 
rá "La venganza de la gleba'*!... Ix>h diarion de 
México impónenme «le que Pauclio Cardona, con lo 
má.H granado de s\\ compañía y todo su riquísiuio «le- 
corado, hc va a España, a Madrid, aitocÍRdo a Emilio 
Thuilli»'r. a trabajar rn el Teatro de La Princ««Hj» ; (pie 
luego, harán una jira teatral por Zaragoza. Harcelo- 
na, etc., y, |>or rtMnate, se lanzarán, juntas 8Íenipre 
lan dos compañíaM. haata Huenos Aires. 

— 408 — 



MI DIARIO 

¿Si "La venganza de la gleba" pudiese ser repre- 
sentada por primera vez en teatro madrileño ? . . . 

15 DE JULIO. — Despiértame, a las 5 y i/^ de la ma- 
ñana, el ingrato concertante de las primeras ciga- 
rras. . . 

¡ El termómetro, a 92 grados Falirenheit ! 

¡ Oh, Grecia ! 

17 DE JULIO. — Arreglada nuestra villegiatura, en 
Atlantic Highlands, como el año pasado. 

20 DE JULIO. — Viaje e instalación en Atlantic, en 
un cottage superior al que habitamos hace un año, 
más grande, más cómodo, pero inferior en situación: 
no se ve el mar ; está enclavado en el centro de un 
macizo de árboles, pleno bosque ; tiene piano, para en- 
dulzar las noches; lleva el nombre del propietario, se 
llama "Patterson's cottage." 

21 DE JULIO. — Madrugada. Quietud corporal, de va- 
rias horas, en el portal (porch) de la casa, aspirando, 
saturándonos de oxígeno. . . Más tarde, primer baño 
en el mar, que me rinde a causa de los esfuerzos de la 
natación. . . Después del almuerzo, al compás de los 
tumbos oceánicos que desmayadamente vienen a aca- 
riciar mi oído por entre pinos y castaños; casi ensor- 
decido por el insolente cantar de las cigarras; perdi- 
do en este rinconcito encantador de este balneario di- 
minuto, que, a su vez se halla perdido en esta costa 
inmensa, la que resulta bien poca cosa en comparación 
a todas las costas de todos los continentes; continen- 

— 409 — 



F. GAMBOA 

tes y costas que nada valen, ni sumados, ni elevados 
a la vipósimaíiuinta potencia, si se los compara al 
Resto, a lo (|ue no vemos, ni eom])n'ndiMnos, ni sospe- 
chamos: es decir, convencido de <jue no soy imda, na- 
da, nada ¡ absolutamente nada ! . . . de leer en los pe- 
riódicos Ih'gados anteayer de México y (pie conmigo 
me traje, el resultado de nuestras elecciones ( ?T?!!!) 
nacionales, la serie enorme de fraudes, bajezas, 
envilecimientos, discursos vacuos, ignaros, ram- 
pantes. . . todavía me siento, solo yo y valiemlo tan 
poca cosí!, más, mucho más , iiieom|>arablemente más! 
(pie el grotesco conjiuito de indivitluos. aetos y pala- 
bras de mi tierra. La triste lectura — ¡y qué triste, 
Dios mío ! — oblígame a cncog<*r los hombros y a 
sonreír compasivamente, eon <l^t^ uiia y>r>L'iinf!i meu- 
tal que me aterra : 

— ¡Si jíor cualquiera causa posible: mal comporta- 
miento mío, un cajiricho de alguno de tantos como 
arriba me (piedan, etc., me arrebataran de súldto 
este remedo de independencia espiritual y cori>oral 
en (pie tan a gu.sto vivo, y me arrojaran, inerme como 
estoy para luchar por la vida, en el medio aquel, (jue 
defectuoso y todo, es el mío, lo fué de mi padre y lo 
será de mi hijo, ¡no estaría yo obligado — por instinto 
de consí'rvación — a con<lucirme igual o más bajamen- 
te aún de cómo se conducen h)s (pie ahora censuro t... 
¡no en todas parte», estos grandes EG. IT. iuelusive, 
las (*osaN pasan lo mismo más o meiiosT. . . ¡no los dio- 
ses ha tiem|io que .SI- fueron de (íre<'ia. y de Homa, y 
del mundo T. . . 

V para buír a la despiadada respuesta (pie se im- 

— 410 — 



MI DIARIO 

pone, abro el tomo V de las obras completas de Edgar 
Alian Poe, — que vengo leyendo hace meses, — y me 
encuentro con la declaración siguiente : 

" No me avergüenza el confesar que prefiero Vol- 
" taire a Goethe. . ." 

El dueño de mi cottage, Mr.^ Patterson, que es 
aquí nada menos que el encargado de la estación del 
''New York Yacht Club", invítame a pasear en esta 
apartada bahía (Sandy HooTx Bay) a bordo de su lan- 
cha eléctrica " Commoclore Roice" . . . Y me echa a 
perder, sin quererlo, lo delicioso de la travesía y del 
crepúsculo, con las necedades de su charla ; necedades 
característica y universalmente yanquis, que sólo con- 
testo, ocultando el mal humor que me originan, con 
monosílabos escupidos sobre las olas, por encima de 
uno y otro bordo de la gallarda lancha que nos con- 
duce recta y temblorosa, a razón de 8 nudos por hora : 

— "Yo admiro mucho al presidente Díaz" (pro- 
nuncia Dáias.) 

— "¿No mira ]\Iéxico con aprensión, nuestra ida a 
Panamá?... ¡lo hemos encerrado!" (y síus manos, 
apartándose del timón, se juntan y forman un círcu- 
lo constrictor, de serpiente boa.) 

— "Nosotros tenemos muchas responsabilidades pa- 
ra con el mundo "... 

— "¡Nosotros respondemos por toda la América"! 

— "Pero nosotros la defendemos de Europa." 

— 411 — 



F. GAMBOA 

—"Va vo I'd. lo que hemos hecjho de Cuba." 

— "Méxieo ha progresado mucho, y a nosotros nos 
alegra, le vendemos cuanto necesita." 

^''Nosotros no queremos territorio. 

— ■ ■ ^' IMs. ■(•.lur;in líiii Ilifii rdiiKi uosot ros ? . . . " 



Mete SU eueharaila. asiiiiisim», «-n el j>rohl«Mna de la 
Iglesia y el Estado, con la arrogante ignoijmia y i-l 
insoportable aplomo sajón. 

I'a.so las de Caín. . . 

Por dieha, hemos regresado a su muelle; atraca- 
mos, y tengo que darle las gracias. Me invita, con sin- 
cera cortesía, a (¡ue siempre que yo lo desee venga a 
<»mbarearme con él : 

— Iremos mucho más lejos, — añade. 

Resuelvo no aceptar, que con la distancia recorri- 
da hoy en tres cuartos de hora, hallóme satisfecho. . . 

Acurétome, pensando en "HíH-onquista"; en que 
aqtií la comencé; en que hace un año que no iloy plu- 
nuida en ella, gracias a la embajada ¡que Dios con- 
fumla!; y en que es fuerza (jue aquí crezca dos capí- 
tulos si(|uiera. . . 

23 DE JULIO. — AtAcame uno de los agotamientos to- 
ta l«»s, con calentura y todo, de que padezco periódi- 
camente. 

25 PE JULIO. — Lxxx G. Lxxx, recién llegado de M6- 
— 412 — 



MI DIARIO 

xico, y lio obstante que es por herencia y por hábito 
propio, un "reservado", almuerza con nosotros y 
cuéntame, a propósito de dos o tres casos, el alarman- 
te estado político-social en que el país entero se de- 
bate ; no hay idea de lo que allí ocurre ; hay que ver- 
lo, que verlo y que escapar. . . 

Siempre que oigo estas cosas, éntranme ganas de 
que se me prolongue el destierro ; aquí, siquiera, vivo 
con una tranquilidad y una independencia — de opi- 
niones, y de pensamiento, sobre todo — grandísimas. 

27 DE JULIO. — Mejorado ; vuelvo a mis baños de 
mar, de los que es fuerza que saque la ídem de que 
he menester. 

Por la tarde, avanzo mucho en mi próximo libro, 
en el cap. II de "Reconquista", principiado en este 
mismo pueblo el 31 de julio del año pasado, e inte- 
rrumpido en Washington desde el 18 de marzo. 

28 DE JULIO. — Sigue avanzando mi cap. II. 
Secretas esperanzas de que Pancho Cardona, a su 

paso para España, se detenga en Nueva York, y yo 
pueda leerle mi drama, y él se lo lleve con el compro- 
miso solemne de representármelo por dondequiera 
que vaya. 

29 DE JULIO. — Quinto cumpleaños de mi hijo. Cuán- 
tos anhelos amantes. . . 

31 DE JULIO. — Termino la lectura de las "Almas 
muertas", de Nicolás Gogol, el famoso novelista ruso 
que escribió por los años de 1830 a 1850. Mientras 

— 413 — 



F. dAMfíOA 

más leo a los grandes escritores de aquel imperio, 
más parecidos dt-scubro »'ntn' los rusos y nosotros los 
mexicanos, y más desi-ubro también ¡ay! (pie los ru- 
sos son unos perfectos salvajes en todos sentidos. 

1." DK AGOSTO. — Por la mañana y por la tard»- d»' 
hoy, consagróme al cap. II. de ' R4H.'on(piista", tenien- 
do (pie vcncrr un dcsidiento giandísiino y justificado. 
4 Para (pié cmp»*ñaniie »*n escribir libro tras libro, si 
mientras más avanzo en mi obra, más intentan los pe- 
riíMÜccKS y los críticos ( T) de mi tierra, un desconso- 
lador vacío al rededor de ella y al de mi nombn* lite- 
rario ?. . . Ahí está "Santa", que no sólo ha sido muy 
leída, sino muy gustada por profesionales, por ama- 
tcurs y i>or el vulgo, ¿qué satisfacción directa y po- 
sitiva me ha projwrcionado t . . . Ni siquiera la de un 
rendimiento monetario acej^table, (pie é.sta es la hora 
que no me llega ni un .solo peso. . . i A (pié, pues, em- 
peñarse y poner la salud y los cinco sentidos en mi 
pobre obra, sin cesar creciente, y superior en canti- 
dad y cohesiéin, a lo menos, a la de todos mis dt'vau- 
cierx, con exceiK'ión de José T. de Cuéllar?. . . 

— ¡(¿uién representará mi drama?... 

— ¡Ijuién editará mi " Kecompiista'T. . . 

— ¿C¿uién dará a la estampa los tres primeros volú- 
menes de la primera serie de "Mi Diario", (pie des<lc 
hace tantísimos años vengo escribiendo?. . . 

Y la verdad w «pie no me seduce, al calw de siete 
libros publicados y de más de tres lustros de hallar- 
me |H*gado al yunque, pasar a la ejitetrnrÍH di- ;iiit,.r 
inénlito. . . 

Ello no olwtante, siento que si dejara de ewnlur, 

— 414 — 



MI DIARIO 

mi vida carecería de objeto y se me iría por quién 
sabe dónde, perpetrando qué sé yo qué cosas. . . 
Zapatero, a tus zapatos. 

2 DE AGOSTO. — Cada día mejora la cosa y aumenta 
la moralidad en este poderosísimo país. Ya está pac- 
tado un encuentro para disputarse el "campeonato 
del mundo ' ' entre dos púgiles : Corbett, el vencedor 
del año pasado, y un tal — este "tal" va sin malicia — 
Munroe ; la lucha será a fines de mes, en la ciudad 
de San Francisco de California. 

Y en las goteras de Chicago, tres valientes detuvie- 
ron y saquearon un tren de vapor, hiriendo a dos pa- 
sajeros. . . 

En un periódico de hace pocos días, leí un artículo 
que se intitulaba : ' ' Diferencia de Civilizaciones : 
Guerra en el extremo Oriente y Exposición Univer- 
sal en "Saint Louis Missouri" . . . Uds. dirán lo que 
gusten. 

Yo, en vez de decir nada de mi propia cosecha, li- 
mitóme a transcribir autorizada opinión: 

" ... the United States are fit for manij excellent 
" purposes, hut they certainJy are not TO LIVE 
" IN..." 

(Letters, hy Nathaniel Hawthorne, publicadas en 
fragmento por el niagazinc de Harper, correspon- 
diente al mes de marzo del año en curso, en el núm. 
DCXLYI, volumen CVIII.) 

Y Hawthorne no es el j)rimer venido, aunque no lo 
conozcamos ni mencionemos en nuestras revistas, dia- 
rios, etc., de Hispanoamérica ; Hawthorne es el pri- 
mer novelista de los Estados Unidos, el primero de 



41.5 



F. GAMIWA 

los vivos y muertos, más conocedor de la lengua in- 
glesa y con fama y renombre más extendidos que 
Poe y Wbitinan. Es además, originario de Mass^i- 
ehusetts, vale decir, dos veces americano, y su vere- 
dicto es la mejor autoridad en esta materia. 

4 OK AGOSTO. — Con mi nuijir y mi hijo pá.somc la 
tanle entera en la eneantadora ciudad de Ashurif 
Park, en la famosa Ocean Gror> 

Todo n<\\ú es portentoso. Dios mió, lo mismo lo 
l)Ueno (|ue lo nudo. . . 

Cuánto diiu'ro, cuánto movimiento, cuánto ruido, 
cuánta prisa para vivir, euánta "nrurorragia". . . 

Ca<la día enf»'rnmm»' nuis «\ste ruido i-araeterístico 
df las grandes agrupaciones yanquis, mi neurastenia 
se n'crudeee, nn espíritu si* alarma. Cierto (pie soy y 
he sido siemj)re un eirgo adorador de la Vida, pero 
no tan formidable, no tan «'ufermiza y morbosa, no 
arrastrándolo a uno y aniquilándolo. Vivir, sí, pe- 
ro vivir raeionalmente, con tregiuis para los sentidos 
y para el organismo, sin esta fatiga, sin esta ansia de 
acabar, de apurarlo todo en unos euantos s«'gund<»K: 
con descansos y rejwsos, con renovamiento de fuer- 
zas, con horas de contemplaciones tranipiilas y con 
vagar para las faeultadt's mentales; (pie si excelente 
♦•s el Vertiginoso camino de hierro, es «lelicioso el ch- 
minar a pie, de cuando en cuando, y detenerse a las 
contemj»Iaeiones mudas y dilatadas del camino. Al 
cabo, no i>or vivir tan de prisa w aicorta ni se violen- 
ta el Fin; de uno o de otro nio<lo liemos de llegar a 
él... 

5 DE AGOSTO. — ('on cuánto júl>do. |>or lo que me ha- 

— 416 — 



MI DIARIO 

bía tardado en contra de mi voluntad, termino la tar- 
de de hoy el capítulo II de "Reconquista." 

12 DE AGOSTO. — Leyendo en el ^^ Journal" de Nue- 
va York, de esta tarde, la noticia del nacimiento de 
un hijo varón a los Czares de Rusia, me encuentro con 
esta observación curiosísima, comprobada al concluir- 
se la tremenda guerra de secesión de este país: en 
las épocas de guerra, nacen muchos más varones que 
hembras, como para llenar los vacíos causados por 
aquélla. Y cuenta que la Czarina, lamentando muy 
mucho el conflicto en el extremo Oriente, en el fondo 
regocijábase de que existiese, confiando en "que por 
su causa", en esta vez pariría el heredero masculino 
tan deseado por el pueblo y por el Czar. 

Una rareza que es bueno consignar : el Presidente 
Roosevelt ordenó a las autoridades aduaneras de Nue- 
va York, que el equipaje del célebre escritor Mr. Sa- 
muel L. Clemens — 3Iark Twain — no fuese inspeccio- 
nado ni abierto, a su desembarco del transatlántico 
que lo devuelve a su tierra después de una prolonga- 
da ausencia en Europa — en Italia principalmente, 
donde, por cierto, enviudó. YjS decir, lo ha equipara- 
do a los dignatarios y grandes personalidades extran- 
jeras, que son los únicos aquí, además de los diplo- 
máticos, cuyos equipajes no se registran. Me ale- 
gro por Roosevelt, y, de paso, por los Estados Unidos, 
que comienzan a gastar esta clase de distinciones en 
obsequio a sus artistas y hombres de talento. 

— 417 — 



/•'. UAMÜOA 

I A VíT ruando los iinitainos nosotros?. . . 

Anteayer, y después de uno dr los prolongadísimo ; 
silencios a (pie ya me tiene aeostumbrado mi editoi 
Ramón de S. N. Aralnee. recibí carta suya anuncián- 
dome, entre otras cosas, el envío de un jíiicio crítico 
sobre "Santa", apan*cido t-n el diario barcelonés 
"La Publicidad". Y hoy me llegó el diario, con un 
artículo clogiosísiuío y sobrio i'csp<«eto de mi novt'h». 
que subscribe "Suasus" — p.s<Midónimo (pie, según el 
mistno Araluce me e.\plicH, |>ertenece a E. Mar<piin;i 

Como compen.sación al buen sidwr (jue esta lectura 
prodúccmí-, me llega, siempre por conducto tle Aralu- 
ce, es «lecir, por la vía de Hareelona, otro ju¡<'io sobre 
"Santa", publi«ado en la "líevi.sta .Moderna" de Mé- 
xico, por Jos«*' Juan 1'ablada, destle el mes de fe- 
brero (núm. 6 del volumen 1." »le este actual " min¡:- 
zinv" ineolor, en (p»e vino a eonvertinw la antigjia 
"Hevista Moderna" a vwyn r«'dacción pertcn«*cí píir 
varios años.) Jos»'- .luán .S4- propuso, y lo logró, e 
cribir acerca de mi libro uno do los juicios nn-nos be- 
nevólos (pie han Milido de su plunta inteligente; ha.;- 
ta loa nombres de los persoiuijes cambia y adultera : 
a Hipo lo diMioniituí "Ni|»o", y a mi torero Jaranje- 
ño le «lice "Parameño". Luego ile ponerm»- durante 
cuatro eolumnaa, de oro y a/ul, empleando a laa ve- 
ceN imperdonables ligere/4is presuntuosas para tratar 
— no mi ¡M'rsonalidad literaria, que bien poco vale, 
nr'i — para tratar la emMii'la natundista y otros asuntos 
igualmente allrm, termina (]ir. que pro<>lamando que 
"nn novelíi. en bloque, »•« una obra vigorosa que, 

— 418 — 



MI DIARIO 

•' una vez más, revela las raras y grandes condiciones 
'' que, como novelista, posee el autor de ''Suprema 
' ' ley " y de " Metamorfosis "... 

La carta de Araluce, tráeme otra buena nueva : 
"Santa" se ha vendido bastante en México, y conti- 
núa vendiéndose. De los males el menos. 

Las sucursales de la "Maffia" y de la "Mano Ne- 
gra", de Nueva York, siguen sembrando el pánico 
entre sus connacionales establecidos en e,sa metrópo- 
li y ya adinerados. Ha habido, en estos últimos días, 
varias voladuras con dinamita, un plagio y dos o tres 
asesinatos. Temóme que de un momento a otro, la 
población d;e Nueva York, asistida francamente por 
la policía y las autoridades, o indirectamente por las 
mismas, que consentirán cruzadas de brazos las re- 
presalias que amenazan desencadenarse, lleve a cabo 
una hecatombe-escarmiento de italianos criminales, 
en la que asimismo perezcan — como es de rigor en 
casos tales — cantidades iguales de inocentes. . . Y 
iiay que recordar que, según las últimas estadísticas, 
sólo en Nueva York alientan unos 400,000 italianos. 

Persisten las diarios de México en asquearme, a es- 
ta distancia, con lo de la farsa electoral y con las adu- 
laciones de todo género que consiguientemente son y 
serán, hasta que Dios quiera, su resultante lógica, y 
deplorable... ^ 

17 DE AGOSTO. — Me había propuesto no volver a 
mencionar ni uno solo de los miles y miles de lyn- 
chamientos que sin cesar ocurren en este privilegiado 

— 419 — 



P. GAMBOA 

j)aís, porque ya propios y extrañas so *Micog«Mi de 
hombros ante esos horripilantes sucedidos (jue, por hi 
frecuencia con que ocurren y el :ípla\iso e impunidad 
con (jue cuentan, deben ser eonsidcrjulos vifux jt u o 
como dicen por aquí, oíd fa^ihioa. Pero el acaecido 
ayer en una población. Stntrsh'^irn, del Estado de 
Ginirpia, t[\U' boy pornu-noriza y iM-nsura i'l " Ih raid" 
dr Nueva York — pacientemente leído por mí <lia a 
día y d»* cabo a rabo — sale a ¡umto tal dr la mcdiila de 
horror, común a esta dasi' »!«• erímcnes colectivos y co- 
bardes (pie a sanpn* fría perjietran los "civilizados" 
blancos. (ju«' eonct-ptúo de mi (b-lw-r i-onsipnarlo. para 
enseñanza y leeci«'»n <le los adoradoras «■ imita«lor»'s de 
los EE. rr. en todas nuestras república*} hispanas. 

Dos nrfíros. Paul Reed y Will ("ato, convictos de 
haber (pienuulo vivos dentro de su propia casa a tin 
señor Ilenry Hoíljfes, su mujer y sus tres hijos, hace 
poco (eriínen borripilant»', indudablemente, y mcr»'- 
ccílor del más severo de los castiffosi, lueffo de juzfja- 
do8, se les sentenció n la horca para el día }> <lel en- 
trante wptii'mbrc. Temeroso el tribunal de (pie la 
población se adelantase la justicia por propia mano, 
solicitó de Savanuah el envío de un fuerte destaca- 
mento de sus tropas, a fin de qtie custodiaran a los 
reo.s, mientras eran transladadas a la propia "Sarán- 
nah, cuyas cárceles, por ser la población de mucha 
nmyor imi>ortancia, ofnrían niás s<'ífuridadí'8. 

Ayer, (h'spucs dyl juicio y condena, como es cos- 
tund>re, pasaron los reos a la pie/^i de los testi^^s, ha- 
biendo sido previa y com|M'tentemcnte cercado y 
(fuarneeitlo con las tropas el "Templo de Themis". La 
multitud, niíficnte de oilio. si« llejfó a la puerta prin- 

— 12<» — 



MI DIARIO 

cipal del edificio y a la de su parte posterior, parla- 
mentando con los soldados que los aguardaban bayo- 
neta calada, "pero con los rifles descargados"... 
Tras breve lucha en la que "milagrosamente" no hu^ 
bo un herido ni un lastimado siquiera, sacaron a ras- 
tras a los asesinos, a pesar de las protestas de las au- 
toridades que suplicaban no hubiera violencias y que 
se dejara que la ley siguiera su curso, supuesto que 
los culpables ya estaban condenados a la última pe- 
na. ¡ Qué si quieres ! . . . La muchedumbre no oía por 
ese lado, y, siempre arrastrándolos, cargaron con los 
negros incendiarios hasta unas dos millas de la ciu- 
dad, bajo un sol de fuego. Llegados al punto que les 
pareció conveniente, hicieron alto, disponiendo lo ne- 
cesario para colgar a los negros culpables, cuando se 
escucharon voces de "quemarlos". . . "quemarlos vi- 
vos". . . y se resolvió complacer a los que reclamaban 
tal castigo. Hubo sus demoras ; se carecía de petróleo, 
y de leña ; y a presencia de los reos se envió gente 
hasta el centro de la ciudad en busca del líquido infla- 
mable, en tanto que otros, muchos, acarreaban de las 
granjas vecinas la cantidad indispensable de combus- 
tible seco y apropiado, que entregaron gratuitamen- 
te los dueños de él. Los dos negros, encadenados, con- 
templaban con espanto los canibalescos y lentos pre- 
parativos. . . Por fin, regresaron los que habían ido 
en busca del petróleo ; se sujetó a los negros, con sus 
propias cadenas y algunos lazos más, para que perma- 
necieran inmóviles durante el tormento. Y SE DE- 
RRAMO EN SUS ROPAS Y CUERPOS LA CAN- 
TIDAD DE DIEZ GALONES DE KEROSÉN PA- 
RA CADA UNO; Reed, nada dijo, sólo veía, veía. . . 

— 421 — 



F. (;A}fBOA 

pero Cato, más nervioso sin dutla, jn'isoso a impetrar 
clemencia, a pritos: 

— " ¡Por i'l amor dv Dios, señores, ten^^an miseri- 
•* conlia, yo no maté a nadie; no niego mi compliei- 
'* dad. pero no in«* (iinnu'n. ('uéltruemn»'. inát<'inin* a 
" tiros, prro no nu* (piciiitMi. por d amor d»- Dios!"'. . . 

Todavía transcurriría una media hora, antes de 
que la pira cstuvit-sí» tcrminatia. . . La terminaron, 
los negros fueron atados a unas estacas, se iba ya a 
prenderles fuego. . . 

I'na demora más. acjUella nuisa de liienas lunnaiuis 
alejóse un poco de sus víctimas, para (¿l'K l'N FO- 
TíXíRAFO SACASE V.VKIAS VISTAS DK LA 
KSCENA.. . 

Y se arrim<'i la íiaina a las piras, y el fuego prendió 
formidable, en llamas que el viento avivaba y agran- 
daba. desmesura<lamente, envolviendo a los negros 
atadas con cad«'ims. . . en tanto los blancos, festeja- 
ban con gritos y burras el festín de las llamas enfu- 
recidas. . . 

Otro (b'talle (jue prueba concluyentemenle la irre- 
me<liable criminalidad y salvajismo de estos civiliza- 
dos (TT?) n-sueltos a sul)yugar el orbe, s<« encuen- 
tra en los dos siguientes renglones (jue traduzco: 

•* ...Conspicuos, entre la ¡nultitud, (h'stacábanKt» 
muchos NLVOS. TODAVÍA (< t.N KL l'A\TALo\ 
A LA RODILLA. ..•• 

Me horroriza transcribir otra porción de porme- 
nores, a tal grado bárbaros, (pie w n*siste uno a creer 
en ellos, (pie lo obligan a pensar en -Mvii.r.iv v r<pre- 
salias espantosas. . . 

Y para (pie no w diga (pie yo. ¡Kír ignorancia o 

— 422 — 



MI DIARIO 

por malicia y parti pris, desfiguro lo que el mismo 
'' Herald" de hoy asienta en uno de sus editoriales 
cortos, limitóme a reproducirlo íntegro y al pie de la 
letra; tradúzcanlo mis lectores. 

" The New York Herald. Wednesday, Avgnst 17, 
" 1904. (Página 8, columnas 2a. y principio de la 3a.) 



'' GEORGIA 'S SHAME 

'' For cold hlooded otrocíty tJtc moh whick yestcr- 
day hurnrd two negro crimináis ai the stake with- 
in fiyty miles of Savannah, Ga., hrtaks all records. 
" The murder of the Hodge famüy hy these ne- 
groes ivas a shocking crime, hnt there tvas no de- 
lay of the laiv in this case. One of the men was 
convicted hy a Jury on Monday evening and the 
other yesterday morning, and hoth sentenced to 
he hanged on Septemher 9. 

'' Although the hrother of the murdered ' man 
pleaded that the law might he permitted to take 
its course and the trial judge in like manner ad- 
dressed the moh, the prisoners ivere seized from 
hehind the hayonets of the alleged National 
Guardsmen, tied to a stake, covered with kerose- 
ne oil and roasted to death in presence of the moh. 
^^The cold hlooded deliheration of the proceeding 
is attested hy the fact that the crowd fell hack and 
grouped itself to permit a photographer to take a 
series of pictures of the victims under torture! 
What a commentary upon our hoasted civilization! 
None of the familiar excuses for lynching was pre- 
sent in this case. There ivas no hot headed out- 
hreak of rage. There was no delay of the latv — 



423 



F. GAMÍU)A 

" hoht pr{s<fm rs wrre uttdrr scuicnce of dcaih — and 
'' thc relativts of the i'ictims, instcad of inciting to 
" riot, bcgged ihat there might be no cxhibUion of 
'' savngerif hy thc mob. 

" Thc cñmc <>f thc ignornut and bcsotted ncgroat 
*' was appalling in its fcrovity. Whut shall be said 
'* of that prrprtratrd by thc mob of tvhHc and prc- 
" sumably cirilizcd and intcUigcnt ynm* It wnuld 
*• disgracc South Sea cannibals. Shamc. Shamí." 

Es cierto, no hay iwteneia ningruna sobre la tierra 
que veiiífa y reclame justicia y castigo ])or este cri- 
men, jjt'ro (lidiosamente, por encima de todas las po- 
tencias terrenales, existe la Justicia Divina. 

Y vaya <»tro lynehamiento. ik» lu.-iios sjilvaj»'. aun- 
que de índole muy distinta: 

I)rspin''s de iris daños catisiidos al fxli>lK> diritíiltle 
de Santos Dumont. (pie lo inhabilitan para tomar 
parte en la competencia con premio de $200.()0(). (pie 
habrá de efectuarse en terrenos de la Exposición t\o 
Saint Lnnis. daños (pie **no se sabe" (piién los caus('», 
pero que ya alejaron al competidor brasileño de la 
|>r('»xima lucha cíi (pie ])U(lo salir triunfante; despíK's 
de este vandalismo. (•'«•ii<'h<ii \'<U >-'<v.\ (>tr;i Iristísjma 
narraci<')n : 

Thr Mi tnipnlittin Muscu^n n( Alt, de la ^jrau ciu- 
dad de Nueva York, (¡de roilillas. profanos! con! rat('> 
con el í'scidtor ronuino Ern«*sto Hiondi la exhibici('»n 
durante un año de su e(''lebrc grupo " Saturnalia" 
en las gab-rías de su grandioso inmueble. Esta "Sa- 
turnalia". dicho s«'a de paso, formada jwr nueve 
figuras, recibií» el gran premio en la Exposición de 

— 424 — 



MI DIARIO 

París de 1900 ; su original encuéntrase en el Mu- 
seo del Louvre, y una copia en la Galería Nazzionale 
de Eoma. En 1902, se celebró el contrato con los of- 
ficers y trustees del Metropolitan, quienes, al re- 
cibir el famoso grupo, declaráronlo, a título de sus 
millones únicamente — pues no ha llegado a mi noticia 
que J. Pierpont Morgan y demás trustees (con ex- 
cepción, naturalmente, del secretario Luigi P. de 
Cesnola,) sean expertos en obras de arte, sino al con- 
trario, declararon el grupo, repito, inadmisible', a pe- 
sar del contrato escrito que los obligaba a exhibirlo 
en el museo neoyorkino, por ''encontrarlo artística- 
" mente malo, degradante e inmoral en su tendencia 
" y características ETICAS". . . ! ! ! 

¿ Verdad que hay para privarse ? . . . 

Luigi P. de Cesnola, que no es sólo secretario de la 
junta de administración, sino también y sobre todo 
director del Metropolitan, en explicable rapto de in- 
dignación ayer, del que hoy por desgracia y por ra- 
zones igualmente explicables — pérdida de empleo, 
etc., — se desdice, denominó a los inteligentes y mora- 
lísimos ofücers y trustees — 18 ricos, y políticos, y 
diplomáticos de este país — "una colección de asnos" 
(a set of ignoramuses.) 

El desventurado de Biondi, que ante el inesperado 
fracaso se ha puesto malísimo de neurastenia, impo- 
sibilitado según los médicos, de dedicarse a su arte 
en un año a lo menos ; que tiene cerrado su estudio en 
Roma, desde hace más de dos que se halla esperando 
aquí lo que harían con su grupo — soterrado de enton- 
ces acá en los sótanos del Museum of Art — va a de- 
mandar $200.000 por daños y perjuicios. 

— 425 — 



F. CAMnOA 

Ojalá los obtendrá, que lo dudo, pues es ose el único 
castipo (pie duele a estos Hunos y a estos Otros: per- 
der ílóiares. 

Dice el "Herald'', que "se dice" que la clave del 
desastre está en que la esposa de uno de los trustcrs. 
lastimada en su pudor de i^rnorante, diriffió la cruza- 
da en contra de (pie el jrrupo se exhibiese en los Es- 
tados Unidos, y (pie cuando en junta peneral se sip- 
nificíj a su esposo las responsal)ilidadcs a (pie el Mu- 
seo se exponía, faltando al cumpliniiento de un con 
trato escrito y legal, el marido contest*'»: 

— " Asumo esas responsal>ilidades lépales, y si r«- 
'* claman perjuicios, YO LOS PAGARE. . . " 

Oh, becerro de oro. ¿qiiostjitr ifnidmi . . . f 

26 DE AGOSTO. — Leída " í.a Cnmmum ". d»- los Iht 
manos Marpu«*r¡tte. Vaya una frati-rnidad tan ta- 
lentosa y tan artística... El lil»ro, i>or ser fiel tra- 
sunto de aipicUos días nefastos en que la civili/^ciíui 
universal estuvo en suspenso, admirable y horrible: 
haei«''nd<ilo a uno riH-onoecr, atin(jn<' no lo (pusiera, 
que tienen raz<)n los (Joncourt : el pueblo francé.-í 
c*s **un j)ueblo de asesinos". . . 

Pero ¿acaso no lo son tambi('*n, o lo han sido, to- 
dos los demás pueblos del mundo, nu'w o menos?. . . 
Hasta el de (»stos Estado** Tnidos lo es: horroriza le «r 
cuahpiifia de suf" .liarios. reflexionar en los sucesos 
de todos ('trdenes (pie |>or a(pií acM«*ccn "a caldera- 
<lns. " 

27 DE .\oofíTo. — En todos Ion p<tÍ(k1ícos de la TniíSn 
se hace salxT el plobo terráqueo, con copia de porine- 

— 426 - 



MI DIARIO 

ñores, que anoche, en la ciudad de San Francisco de 
California, en el "Pabellón de los Mecánicos", ven- 
ció el campeón del mundo Jeffries al púgil exmine- 
ro Munroe que osó disputarle en la arena, el título o 
grado o lo que sea, de campeón número uno del uni- 
verso . . . Dos asaltos, y Munroe se fué a dormir me- 
dio muerto por las puñadas '"terríficas" — dicen ellos 
con verdadera unción — que le propinó Jeffries. . . 

A las 5 de la tarde, termino el capítulo III de "Re- 
conquista." 

29 DE AGOSTO. — A mi vuelta de Allcnhursf, hoy en 
la noche, encuéntrome mi cottagc en movimiento,, 
cual si durante mi ausencia hubiese ocurrido algo que 
no me quisieran revelar. ¿ Qué ha sido ello ? . . . Que 
a mi pobre perro ''Potómac" lo ha mal herido uno 
de los tantos trenes de vapor como cruzan este pue- 
blo. Bajo a verlo, al hasemenf, está todavía con su 
cerebro torpe por la conmoción y con dos grandes he- 
ridas en un ojo y en el brazo derecho, sin contar di- 
versas lastimaduras en todo su cuerpo. Reconóceme, 
sin embargo, y se deja curar por mí, aunque tirán- 
dome unos cuantos mordiscos, con los que a las claras 
me significa — ya que no sabe hablar — que por mucho 
que me quiera, el dolor puede más que el cariño. Po- 
bre animal, hoy ha vuelto a nacer. , . 

No he podido explicarme nunca por qué padecerá 
de la fobia de la velocidad, desde cachorro. Ciego de 
ira persigue siempre, tratando de atacarlos, los tre- 
nes de vapor aun cuando vayan a toda máquina, los 
automóviles y las bicicletas ; en cambio, permanece 
tranquilo ante los tranvías eléctricos y los vehículos 



427 



F. GAMIiOA 

tirados por bestias... ¡Por qué aquéllos lo excita- 
rán y éstos nú ? . . . 

El golpe de hoy, me cuentan, fué espantoso: venía 
un tren de 4 carros de pasajeros; el '* P(ttomac". s»> 
le tiró a la locomotora como siempre se tira, inten- 
tando, en irracional justa, correr má^ que ellas, junto 
a sus metías. No calculó las distancias y el "av«'nta- 
dor" — nombre (jue no.sotros llamos al aparato delan- 
tero de lü!} locomotoras, y que en inglés denominan 
coivcatchtr ( caza- vacas, ) — lo "aventó" por los aires, 
después de golpearlo. "Muy alto lo aventé» — dí- 
ceme la sirvienta — como el humo de la chimenea ". . . 
Tuvo " Potómac" la fortuna de ir a caer en medio de 
la vía, por entre dos plataformas; «le ahí qu«' el con- 
voy entero ¡¡a.sase i>or encima de él sin destrozarlo: 
y grac¡a.s tand)¡én, a (pie con el tremendo choque per- 
di»'» el sentiíio y «•stúvose quietin-ito. 

Gran parte del pueblo se ha enterado del suceso e 
inter«'sádos«' por mi fox-iirrit r. \in médico de Nue- 
va York, (pie a(pií pa.sa su verano y (pu* se ¡H-rec»- 
por los canes ( posee uiui jauría de siete u ocho de di- 
versos tanuiños y especies,) lo curó cariñosamente y 
sin cobrar ni un solo centavo; varia.s chiipiillas, unas 
eubanitaa entre otras, vienen, tarde ya, a inforraarw 
de cómo sigue (>1 contuso. . . 

A vso de las 10, el enfermo ladra. . . 

Duerme, luego, debajo de nü cama, un sueño in- 
traiKpiilo y (piejundiroso, de persona; \o oigo cínno sa- 
lame las heridas y cómo se queja, con el menor ruido 
posible, para que uo lo mande yo al piso de abajo. 

MalaM lint ifijiH ili-l ;ilit r(i|i«i|iiifist ii tl« ("Incubo. ]•'!'- 

— 420 — 



MI DIARIO 

derick Starr: no traducirá "Santa" al inglés, porque 
— díceme — "aunque interesante en su asunto y en el 
modo de tratarlo, no lo resistiría sin hacerle ascos, el 
pudibundo público norteamericano, y su nombre (el 
de Starr) se perjudicaría"... Recomiéndame a dos 
buenos traductores, pero pienso lo que cobrarán, los 
reparos que puedan oponer, sus exigencias; además, 
yo no conozco libreros" ni editores aquí ¿ qué voy a ha- 
cer ? . . . Sin embargo, no renuncio a mi ensueño, 
sólo lo aplazo : GANAR MI INDEPENDENCIA IN- 
DIVIDUAL CON EL PRODUCTO DE ALGÚN 
LIBRO Mío. . . Ello ha de ser. ¿Cuándo?. . . 

30 DE AGOSTO. — En paquete certificado llégame el 
ejemplar con que Starr me obsequia de su libro re- 
cién nacido: " Readings from Modern Mexican Au- 
thors", en el que figuro en su capítulo último ; mi bio- 
grafía, y traducidos (bastante bien, por cierto), frag- 
mentos de mi "Suprema Ley." 

El descubrirme en el capítulo postrimero, revéla- 
me ¡ay! que me he convertido ya, por virtud de los 
años, en el último de "los viejos" y el primero de 
"los jóvenes". . . dura lex. . . 

Con este libro de Starr, son ya siete los que se han 
ocupado de mi personalidad literaria en tierra propia 
y en tierra extraña ; un principio de bibliografía que, 
en mi ánima lo juro, no me ha costado hasta la fe- 
cha un solo centavo. Los que así lo han querido, de 
mí se han ocupado en sus libros — sin contar artículos 
de publicaciones periódicas. Dios se lo pague a todos, 
a los que aplauden y a los que censuran. He aquí la 
lista de tales libros, por su orden cronológico : 

— 429 — 



/'. UAMBOA 

"íitsrñas y i'rítiris", por Ernesto Quesada — Hu«- 
nos Aires, 1893 — 1 vol. 

**En el Ocaso", por Andrés (1«»rn»>nte Vázquez, Ha- 
hana, 1898—1 vol. 

'^ D» )ni rnsfcha'-. por \ irioiiaiio Sülado Alvan'Z — 
<juadalajara. Móx.. 1899—1 vcil. 

"Prosas", por Enriipu- Martínt-z Sobral — Guate- 
mala, 1899—1 vol. 

"Páginas", ¡K)r Salvador ("alderóh — S. José de 
Costa Rica, 1901—1 vol. 

"JIomens e colisas cstrangiiras", por Jos»' Veris- 
simo. Río de Janeiro. 1902 — 1 vol. 

" Jhadings from Mmitrn Mixican authurs", por 
Krederick Starr. — (,'hieago, 111., líHM — 1 vol. 

2 DE SEiTiEMHRE. — Vuelvo esta tarde de mi excur- 
f\('t\ núiiu'ro dos en este verano, a Nueva York. Qui.so 
que mi familia eonoeiera Cotny Island; y la tuve que 
"conocer" yo también, que la aetual ('muy Island 
no es ni el recuerdo de la de mi tiempo, de la de hace 
22 o 23 años, a la «pie iba mi juventud c-urio.sjuiiente 
enfermiza <le latino. , . 

Coney Jslaud. lo mismo que Nu«va York, y que to- 
<lo8 los graniles eentros populo-sos, «je los HE. {'[', 
principalmente, exuberante, eoiiKestionada de eapi'c- 
láeulos, de priesas, de j?ente, de dinero, <le ansia de 
apurar la existencia en un sulo minuto, de apurar el 
pla<;er sobre totlo. Yo, decididamente, ya lio sirvo 
para esto; me fatif^; eonsagro hondos suspiros a mi 
rincón; creo en |K)quísimas eo.Has de este mundo; he 

— 430 — 



MI DIARIO 

probado muchos besos y acariciado muchas quime- 
ras. Y como tampoco entiendo palotada para hacer 
dinero, y no seré nunca lo que por aquí llaman un 
get-7'ich-qmck, cuánto anhelo ir a encerrarme a ca- 
sa, en México, a seguir escribiendo "la verdad ver- 
dadera"-— más de lo que hasta la fecha he podido rea- 
lizarlo debido a mi condición de empleado, — ponien- 
do en práctica, después de tanto como lo he leído y 
releído, el portentoso y verídico " Ecclesiastés. " 

4 DE SEPTIEMBRE. — Cou el viento de esta tarde, caen 
las primeras hojas de los árboles. . . Astronómica- 
mente, faltan todavía diecisiete días para que el ve- 
rano se marche. 

5 DE SEPTIEMBRE. — Hoy es el Labor Day que 
una vez al año celébrase con pompa grandísima en to- 
dos los Estados Unidos. Los que trabajan en este in- 
conmensurable colmenar humano — que son los más, 
hay que confesarlo, hombres, mujeres y hasta niños, 
— al llegar esta fecha, alzan los útiles y las herra- 
mientas ; desertan los talleres, fábricas, etc., etc., y sin 
perder el sueldo o el jornal, se dedican al descanso, o 
a concurrir a innúmeros festejos durante veinti- 
cuatro horas. Todo se abarata en su beneficio : vapo- 
res, caminos de hierro, tranvías, etc., y el formidable 
ejército de lá industria y del comercio (las tiendas de 
todas clases cierran sus puertas y dan suelta a sus 
dependientes) se desparrama por teatros, parques, al- 
rededores de las grandes ciudades, campos, playas, 
etc., hallando en todos los sitios entretenimientos y 
diversiones a mitad y a cuarta de precios, que en su 



431 



F. GAMBOA 

obsequio funcionan. El espectáculo es imponente y 
es conmovedor: este país excepcional, que debe su 
grandeza al trabajo, glorificándolo siquiera un día 
en el año. Ah, si no existiera la enearnizaila lucha en- 
tre este trabajo y el ea^jital... 

El ''Sew York Urruld" de esta fecha, publica la 
explicación del homicidio infantil que se regi.stró el 
Silbado en el Panjue de Seward. al salir de una de las 
escuelas municipales su racimo de alumnos y jílum- 
nas. Copio y traduzco: 



iiOV AN EXPEKT 
WITH 'SOLAR PLE- 
XrS" BLOW. 

\V I L L 1 E K A T Z, 
WHo KILLED HY- 
MAX AHH'AMSON, 
WAS UNIUSUALLY 
l'HOFICIENT IN ITS 

rsE. 

AT AN EXAMINA- 
TION CONDrcTEI) 
BY CORO.NER (i(Hd)- 
ENKRANZ INTOTHE 
KILMNíí OF IIV.MAN 
AÜRA.MSoN. ()F No. 
r>0 MARKET STREET, 
IN SEWAHI) IWRK. 
SATIRhAV .\1-THK- 
N O O N , I T W A S 
LEARNEI) TlIAT 
T II E IM) Y S W 11 o 



Muchacho perito en 
el golpe en «•! plexo. 

Memo Kíiiz. (jiic ma- 
tó a ilyman Abram.son, 
era excepcionalmente 
diestro jiara emplearlo. 

En la investigucióu 
dirigida por el coroner 
(m\\ú se llama ront- 
nir a un funcionario 
cuyo oficio es indagar 
la causa de las muertes 
repentinas y violentas, 
en pn^Hcncia del cuer- 
po) Ooldenkranz acer- 
ca de la muerte tic Ily- 
man Abramson, del No. 



— 432 — 



MI DIARIO 



HAVE BEEN USING 
THE PARK FOR 
ATHLETIC EXERCI- 
SES HAVE BEEN 
PRACTISING THE 
"SOLAR PLEXUS" 
BLOW, WITH WHICH 
WILLIE KATZ, OF 
No. 69 MARKET 
STREET, CAUSED 
THE DEATH OF HIS 
EIGHT - YEAR - OLD 
OPPONENT. 

WITH A VIEW TO 
DEVELOPING THE 
BLOW WITH WHICH 
FITZSIMMONS TOOK 
FROM C O R B E T T 
THE WORLD 'S 
CH^,AMPÍONSHIP, 
THE BOYS HAVE 
BEEN PRACTISING 
IT FOR SEVERAL 
WEEKS. KATZ IS 
SAID TO HAVE BE- 
COME UNUSUALLY 
PROFICIENT IN 
LANDING ON THE 
VITAL SPOT BELOW 
THE BRESTBONE. 



50 de la calle de Mar- 
ket, en el Parque de 
Seward el sábado por 
la tarde, se ha averi- 
guado que los mucha- 
chos, que habían veni- 
do haciendo uso del 
Parque para sus ejerci- 
cios atléticos, mucho 
practicaron el golpe al 
plexo, con el cual Memo 
Katz, del No. 69 de la 
calle de Market, causó 
la muerte de su compe- 
tidor, de ocho años de 
edad. Con la mira de 
lucir su ciencia en ese 
golpe con el que Fitz- 
simmons arrebató a 
Corbett el "campeona- 
to" del mundo, los mu- 
chachos habían estado 
ejercitándolo por va- 
rias semanas. Dícese 
que Katz ha llegado a 
adquirir excepcional ha- 
bilidad para dar ese 
golpe en el sitio vital 
preciso, abajo del ester- 
nón. 



Y nada más; ni un comentario en contra, ni una 
— 433 — 



28 



/'. (iAMIiOA 

lamentación por parte del importante y sesudo dia- 
rio, líay un liomic-ida de nueve años, que mata a un 
compañero de infancia, en un parque en el (jue ellos 
y sus condiscípulos van a jugar todas las tardes, al 
concluir de sus estudios, y ni sitjuiera i>or pelear una 
nian/ana. un jufíuct»* — las ¡¡riim-rus causas de discor- 
dia tií la niñez. <pn'. a los cuantos cachetes sin conse- 
cuencias, coiiipaiten la manzana o destrozan juntos 
el jufíUfte (|uc MíoirientáiH'amrntc los hizo odiarse. — 
nó, el desafío es «n fornui. ante un i)úl)lico de gente 
niernida <|Ut' aplaude y i-epite los golpes famosos de 
los lingüistas profesionales, los <pie "por dinero" se 
estropean y aún matan, en las Arenas de las citidadi's 
principales de la l'nión ; el desafío es i)remedita«lo, 
han venido preparándolo, estudiando el puñetazo 
mortal ; saben <|Me. a la larga, esto les dará gloria y di 
ñero. . . V luchan; el concurso de chi(|UÍllos y chiqui- 
llas les forma rueda, los azuza, los enardece, como 
sus padres lo haceti cuando apuesUui a ju'igiles »le ver- 
dad. . . l'no de los dos minúsculos coiid>atientes. cae. 
no se nuícve, los d«'más se le acercan creyendo que tin- 
ge, que quiere asustarlos, lo llaman ])or su nombre, 
por el mote cariñoso <|ue le han «lado en el aida. . . Y 
como pájaros ciudadanos (pie en parques y jardines 
picotean his flores en parvadas alegre* y canoras, has- 
ta ípie al acercárseles alguien, huyen piando y descri- 
biendo curvas fantásticas en los aires; así esta parva- 
da de niños, ho dispersa llorando al descubrir que la 
Muerte se halla entre ellos, y carga ya con uno d«* sus 
compañeros de juegos y de ri.sas. . . 

Natlie ha «licho |)alabra, ejemplo: el "Snv York 
Herahi" 



4'i4 



MI DIARIO 

¿ Verdad que es cosa que horroriza ? ¿ verdad que es 
preferible que nuestros hijos, en nuestras tierras 
"atrasadas" no adelanten tanto, ni tanto se den al 
cultivo físico ( physicaJ-c ulture ) , que no sean atletas, 
si es que para lograr título tan bárbaro se corre el 
riesgo de ser también asesino a los 9 años ? . . . 

No me nieguen Uds. que los Prize-fights moralizan 
y estimulan. 

6 DE SEPTIEMBRE. — Yo lo habría dicho, por lo mucho 
que lo he experimentado durante mis casi diecisiete 
años de carreta diplomática, a cada vez que he salido 
de México sin saber cuándo ni cómo se efectuará mi 
regreso. Es la verdad pura, embellecida por el talen- 
to del poeta francés d 'Haracoui't, en su famoso rondel 
del Adiós, hoy reproducido por Marcel Ballot en su 
revista crítica semanaria, que los domingos publica en 
"Le Fígaro" bajo el título de "'La Vie littérqire": 
" Partir, c'est mourir un peu, 
" C'est mourir á ce qu'on aime. 
" Et ron part, et c'est un jeu, 
" Et jusqu' á l'adieu supréme, 
" C'est son ame que l'on sémc, 
" Que l'on séme á chaqué adieu. . . 
''Partir, c'est mourir un peu!" 
Eso es partir, eso. 

Es tal el odio que aquí, — los surianos sobre todo, — 
alimentan contra los negros, que, a propósito de las 
grandes maniobras (ya estamos de acuerdo en que en 
los Estados Unidos a todo lo propio se denomina 
"grande" aun cuando no lo sea, ni con mucho,) que 

— 435 — 



F. GAMBOA 

en estos días se llevan a cabo on Virffinia, — nnos 
26,000 homlire (K' las tres armas y entro milicias de los 
Estados y tropas de lín»'ii, — «-1 " II < raid" de Nueva 
York hace saber al mundo, sin sonrojarse por supues- 
to, ni llamar a los sucesos con el nombre (|ue les co- 
rrrspond»' y (juc con el mayor júbilo disc»'rniría a 
cualípiicr otro país tii (pie hubiese acaecido algo si- 
(piicra análopo, ti "Htnild" anuncia (pie, ninffún 
soldado ])lanco saluda a los oficiab-s "d»* color", y «pit- 
ias tropas surianas han declarado públicamente, <pi<' 
si no retiran a las tropas negras, a la hora del fuego 
DISPAKAKAN CON BALA EN CONTRA DE 
ELLOS... Se han llevado a cal)0 miiuiciosos regis- 
tros entre los soldados blancos, y. en efecto, se les han 
encontrado muchos cartuchos de bala... 

Caballeros, y denominar este conglomerado "los Es- 
tados T'nidos". . . Esta«los, sí rpie lo son, pero ¿uni- 
dos t . . . 

11 DK SKITIKMURF. — "De Orden superior", tengo 
<pie truncar mi mes de licencia y (pie regresar a 
Washington mañana mismo. En esa virtud, ayer fuí- 
me. a Nueva York con mi familia, para pasearnos en 
señal de despedida de nuestro veraneo de este año. . . 
Y el <les;igradabilísiino incidente de que me hizo víc- 
tima un mal educa<lo agente de i»olieía, así como la 
crasa ignorancia de los empleados superiores de la 
[)ropin "institucií'm", a pesar del berrinche que me 
produjo, no lo daría yo ni i>or algunos miles de dóla- 
res, no obstante lo bienvenidos (pie s«'rían ; permíteme 
el tal incidente haber conocido "prácticamente", que 
la famosa i>olicía di' la nietn'ipoli de lo» Estados l'ni- 

— 436 — 



MI DIARIO 

dos ¡ de la imperial ciudad de Nueva York ! se halla 
tan echada a perder como todas o casi todas las cam- 
panudas instituciones del país. Yo ya sabía, — por la 
prensa (única institución libre de veras, en la que to- 
do se puede decir, aplaudir o censurar, así se trate 
del Presidente de la República o de los cuatro Evange- 
listas,) — un puñado de las imbecilidades policiales 
de Cosmópolis: que habían resuelto contener la velo- 
cidad abusiva de los automóviles, a punta de revól- 
ver; que en el plagio reciente del italianito Man- 
nino, los plagiarios se habían burlado a su sabor de 
los 12 o 14,000 individuos que componen el cuerpo, 
— entre agentes uniformados, secretos, superiores y 
subalternos, — durante 11 mortales días, en los que les 
hicieron gastar dinero, aprehender a una porción de 
inocentes, y andar la Ceca y la Meca sin resultado po- 
sitivo nunca, con detalles como éste, que pinta la as- 
tuta e inteligente vigilancia de los sabuesos neoyorki- 
nos: los plagiarios, — mientras no llegaron a un con- 
venio con el padre del niño plagiado, — le endereza- 
ban a diario, "Y DESDE LA MISMA SUCURSAL 
DE CORREOS", tarjetas postales, para que la po- 
licía se enterara del contenido, apremiándolo a soltar 
la mosca cuanto antes y a retirar su demanda de pro- 
tección y esclarecimiento del crimen por parte de las 
autoridades, ¡ so pena de perder a su hijo para siem- 
pre ! Y no sólo la policía ' ' no dio ' ' con la persona que 
en un mismo sitio y día por día depositaba las cínicas 
tarjetas, sino que los italianos plagiarios llevaron su 
audacia y su guasa al límite: amenazaron, también 
por tarjeta postal, a uno de los capitanes de la poli- 
cía (que aquí equivalen a nuestros comisarios de de- 

— 437 — 



F. GAMBOA 

marcación), al capitán en cuyo "prtH?into" liabía 
ocurrido el hecho, con «pie si no dejaba en paz a los 
crinunait's. lo revt'Utarían con dinamita o lo cosi^ían 
a ]>uñaladas. . . Y, efectivamente, el chico no pare- 
ció hasta (pío no le dio la pana a s\is secuestradores, y 
esta es la hora en que esos individuos han de estar 
riendo a carcajadas de su impunidad, ornaila de hur- 
las hacia la |»olicía afamadísima de Nueva York (ya 
se sahe. ¡la primera del mundo!: ; sabia yo también, 
(pu- el "Comisionado" jefe de la policía, un señor 
MeA<ioo. alarmado de lo (pu^ la cri>ninalida<l aumen- 
ta sólo en la isla de MonJntttan, es dreir. la ciudad de 
Nueva York, lia r«*suelto "barajar" a los capitanes 
de los i>reeintos (h'-ase: comisarios de las deman-aeio- 
nes, ) para ver si <'l juefjo, y los homicidios, y los asal- 
tos disminuyen un tantico sicpiiera í<lcl 1." de ajjoKto 
al día de ayer, luiiise perj^etrado ¡¡¡20 asesinatos!!! y 
sólo tres arrestos: entre el mismo 1." de ajíosto y el 4 
del actual, se han cometido ¡¡¡42 robos con asalto y 
sjn «'II!! (pie no sólo han (piedado iini)unes. sino (pie 
"ni registrados se hallan" The Srir York II ( raid i; 
sabia yo otra porción de lindezas, y ya mcílio habi- 
tuado a leerlas a diario, casi me eneopía de liombros, 
dado que. en definitiva ¿a mí qu('' me importan!... 
Pero jamás sospeché que pudiera ocurrir lo que a mí 
me ocurrió. Helo acpií: 

I)es|)iu''s de tomar hnirhmn ■'jd)ajo de la ciudad", 
en Hroaduay. con mi mujer y con mi liijo, resolvimos 
ir a los grandes almacenes ( Dnj (ifods Stnrrs} de la 
fia. Avenida. Para mejor distraernos con la vista tU' 
aparadores y vidrieras, en vez ile tomar el ferroca- 
rril elevado, tomamos los tranvías ehVt ricos del mis- 

— 438 — 



MI DIARIO 

mo Broadicay, y al llegar a la curva de Union 
Square, nos apeamos y doblamos por la calle 14a. A 
los cuantos pasos, entramos en una casa de diversio- 
nes, en la que cada cosa vale ¡ un centavo ' ora mirar 
estereóscopos, buenaventura automática, etc., etc. ; 
nos dedicamos a ver vistas sobre la guerra del Japón, 
cuando discurrí grabar el nombre de mi hijo en una 
tarjeta de aluminio, para lo cual introduje dos cen- 
tavos en la máquina que, decíase, las grababa ; hice 
funcionar el aparato, sujetándome a las instrucciones 
impresas que adheridas contiene, y, efectivamente, 
no salió ni tarjeta, ni nombre, ni nada . . . En virtud 
de un letrero repetido en los muros y con gruesos ca- 
racteres, en los que se suplica que cuando un aparato 
no funcione se avise a los vigilantes, para que los 
pongan en orden o para que devuelvan lo gastado, 
acudí a un negro uniformado que aseaba baran- 
dales, en demanda del arreglo de la máquina, y éste 
me señaló a otro uniformado, blanco él y coloso él, 
que discurría por entre la muchedumbre de concu- 
rrentes, con la gravedad asnal que es característica 
en los anglosajones cuando se consideran "funciona- 
rios. ' ' 

Le enderecé idéntica demanda que al negro, y en 
lugar de proceder conforme a los letreros de los mu- 
ros, se me encara, y con los términos más poco urba- 
nos y la más insolente entonación, no acepta mi re- 
clamación ni mis objeciones, sino que me amenaza con 
¡ ¡ i SACARME POR LA FUERZA DEL ESTABLE- 
CIMIENTO !!!... Enmudezco de asombro, y sin 
tiempo para oponerme, en efecto me saca, cogiéndo- 
me de un brazo. . . Ni por pienso me le resisto, pri- 

— 439- 



F. GAMBOA 

mero, poríjue físicaiiu-nte me pondría yo en ridícMilo, 
y este bárbaro me sacaría como a uua pluma, — 6 pies 
de estatuía y unas 200 Ibs. de peso, — y segundo, por- 
que quiero conservar toda mi justificación para la 
queja que, í/i contim nti, resuelvo jin-siMitar juit.' 
quien, o ante quienes corresponda. 

Diríjome, ya en la calle. — confluencia de Jiroad- 
wuy. i'nion Squarc y calle 14a. — al policía de guar- 
dia; éste me consigna a otro, con el que regreso al es- 
tablecimiento, y exijo, — declinando mi carácter di- 
I)lomático, — el arresto del (lue yo supongo un em- 
pleado descortés y brutal, Al pronto, el culpable se 
niega a venir, (juiere enviar en su lugar al i>obre ne- 
gro, le guiña el ojo al ]>olicía ({ue me acompaña*, am)>- 
náxame con hacerme encerrar en un calabozo; pero 
ante mi enérgica insistencia de (pie lo sa(|uen y con- 
duzcan a dar cuenta de su atropello, resíirnase al fin. 
y de malísinm gana sale con no.sotros. 

Dentio di- un carruaje, despacho a mi mujer y a 
mi hijito, — qu«' Hora alarnmdo, creyendo rpie yo i-o 
rro un |>eligro, — al muelle en <pie hemos de embarcar 
nos para regresar a nuestro balneario; y nos enea 
minamos al prfcinrt (comisaría) (jue corn'sponde 
Por el camino, el policía d«' la calle, propónenn 
que entre en un avenimiento con el animalazo unifoi 
mado de gris, pero yo relmso. y llegamos, por último 
a la comisaría. 

InfiK?to lugar, congestionado de policías uniforma 
«los y de i>olieías s«'cretos; sí>mbrío. sucio. A nuestro 
arrÜM). cierran la |)Uerta y me nxiea una veintena de 
esbirros. El oficial encargado de tomar las declara- 
ciones, resulta más descort»'*» aún que el arrestado a 

— 440 — 



MI DIARIO 

petición mía ; asegúrame que no le importa mi cate- 
goría ; apela al capitán, — el comisario, — una bestia 
de gorra muy galoneada, que reprende al policía que 
me impartió auxilio, porque, dice señalando al ves- 
tido de gris, — que éste es un oficial de la misma po- 
licía, comisionado en el establecimiento de recreo . . . 

Luego, pretende darme a mí una lección, que yo 
cuido de interrumpir en el acto, aunque no sin sentir 
que me ahoga la bilis ... 

País del ¡hum-hvg! ¡¡mentiroso e hipócrita en to- 
do y para todo ! ! ¡ ¡ ¡ ignorante y presuntuoso I ! ! piso- 
teador de porción de derechos. . . 

Salgo decidido a elevar mi queja al Commissioner 
(Inspector General de Policía), y a mi salida, más de 
media docena de individuos me ofrecen espontánea- 
mente su testimonio ; presenciaron los hechos y me 
dan sus nombres y direcciones para que los llamen 
cuando sea necesario. La tiro hasta la calle de Mul- 
herry, — ahí está la Inspección General. El "comisio- 
nado", McAdoo, sobre el qué tengo las mejores refe- 
rencias, está ausente, en Brookiyn, atendiendo a no 
sé qué asuntos de su incumbencia. Tengo que confor- 
marme con hablar al que hace sus veces, un tal 
Brooke o Brooks, zafio y mal educado como todos los 
subalternos con quienes he hablado hasta ahora. ¡Ni 
la gorra se quita, dentro de su despacho, al que yo he 
penetrado sombrero en mano !!!... 

i No puedo más de indignación, y así se lo significo 
con bastante dureza ! Ante su obstinación para no ha- 
cerme la justicia a que me creo con derecho perfecto ; 
ante sus obstrucciones y dificultades: ante sus arro- 

— 441 — 



F. (íAMIiOA 

paneias, sólo le nianitiesto. \H)r final, que daré parte 
de lo que me ha oeurri«lo a mi Embajador. . . 

¡ ¡ ¡ Oh, Nueva York, metrópoli del Contineute !!!... 

12 DE SEITIKMHRE. — Kefjrt'samos a Washington. En 
la misma noehe doy cuenta al Embajador de mi des- 
agrado. El señor Azpíro/. háceiiu- ver, eon ealma, (jue 
si presenta queja fornml ante el Departamento de Es- 
tado, nos satisfarán, pero después de que toda esta 
prensa temible w apodere del hecho, y lo comente y 
tergiverse a su Ciiprieho, para salir, al cabo de la 
averiguación ( ?) que levanten, con que yo fui, si no 
el culpable, el responsable por lo menos del sucedido. 

— ** Siii embargo, — me añad»-, — si l'd. (juiere pon- 
** dré la nota. . . '' 

Y yo no quiero míe se ponga ¿para qué? Me doy 
de sobra eon haber sabido, jwr experiencia propia, 
que la policía de ¡¡¡LOS ESTADOS UNIDOS DE 
AMÉRICA!!! se halla al nivel de la de Guatemala o 
Nicaragua. . . 

22 DE SEiTiEMBRK. — Realízas(> hoy, por modo de lo 
más inesperado, un dr.seo viejísimo (pie nutro desde 
qu«' entré en la carrera diplomática: ípi«'<lar de repn-- 
wntante de México en estos Estados l'nidos. . . 

A partir de hoy. y hasta que no regrese el Embaja- 
dor de Saint íahíís Missnun, adonde va con misicni 
oficial del Gobierno nuestro, soy el Encargado de Ne- 
gocios interino d»- México en este país. 

¡ Vaniilad T. . . Puede «pie sí; pero vanidad y to- 
do, siéntome halagad ísimo. ¡Cuándo cesaremos los 
hombres, de tener arranques de chiquillos T. . . 

— 442 — 



MI DIARIO 

10 DE OCTUBRE. — Terminé anoche ¡al fin! la lectura 
de las obras completas de Edgar Alian Poe ; unos seis 
volúmenes de 500 a 600 páginas cada uno. Urgeme 
ahora, llevar a cabo mi proyectada peregrinación a su 
tumba, en Baltimore, y a la de "Whitman en Nueva 
Jersey; me alegro de que el invierno se acerque, es 
la estación propicia para estas visitas solemnes. 

12 DE OCTUBRE. — Como llovida del cielo, para mi jus- 
tificación, me cae la aventura que con la policía de 
3Iassa<'husetts acaba de ocurrirle al 3er. Secretario de 
la Embajada Británica, Mr. Hugh Gurney. 

Paseaba, diz que a mayor velocidad de la permi- 
tida por las leyes del Estado, en su automóvil, cuan- 
do fué detenido por la policía y llevado a la presen- 
cia del juez de paz (¡un plomero, de son état!) quien, 
aunque Gurney le declaró en inglés purísimo ¡ inglés 
de Londres! que era diplomático, etc., etc., etc., le 
propuso este dilema: o paga Ud. $25.00 de multa o lo 
meto en la cárcel, pues me importa tres pitos todo 
eso que me cuenta de inmunidades y otras zaranda- 
jas. Negóse Gurney a reconocer autoridad en el juez 
de paz, y negóse el juez de paz a dejarlo asomar la 
nariz a la calle, antes lo multó en $25.00 más, "por 
desacato al tribunal, cuya autoridad desconocía, y 
aun escarnecía, no contestando palabra a los interro- 
gatorios que le dirigían "... 

Se resolvió a pagar, pero como no llevara consigo 
sino $15.00, "POR MERCED ESPECIAL" del juez, 
se le concedió que llegara hasta su hospedería, custo- 
diado por un policía, y allí reuniera el importe de la 

— 443 — 



F. (¡AMHOA 

multa... Y atravesó Lcnox y Lrr, oh, Gran Breta- 
ña, ¡ ¡ ¡ escoltado por un imlizonte rural !!!... 

Quiso en el hotel resistirse a papar, y el polizonte, a 
imitación del juez de paz, i)ropiisole itléntieo dilema : 
o dinero o cárcel. . . Y pagó la multa. 

Avisados el primer Secretario de la Embajaila — ijue 
es a la vez el Consejero de ella, — y el Embajador en 
persona, — veraneando en punto lejano, vino la pro- 
testa fornuU, y la reclamación, y cuanto es de rigor en 
casos tales. Resultado: el Departamento "presentó 
sus condolencias por lo ocurrido" y, bajo cuerda, 
obligó a (jiu' el Gobernador del sol)»Tano <• indepen- 
diente (?) Massachusctts, ordenara al bárbaro juez 
de paz a escupir la multa y dar excusas. 

Ignórase todavía si el Embajailor británico se con- 
formará con lo que le llevan dado, o exigirá la de.sti- 
tución del j)lomero togado. . . 

Pero lo que sí s^* sabe es que la prensi» ilc todas lo.s 
colores, las personas de todos los grados sociales y la 
atmósfera misma de este país de libertad y de respe- 
to al derecho, encuéntranse gozosísimos con que un 
Secretario haya pa.siulo \}0V ahogos de es»- calibre ; así 
lo dicen en sils charlas, en sus artículos impresos, en 
sus comentarios y hasta en sus caricaturas. . . 

Un iwrmenor: el juez-plomero decbíro en un pe- 
riíxlico, que al mismísimo Embajador británico en ¡km*- 
.sona le habría hecho, vu iguahlad de condicion«'M, lo 
(jue le hizo a su "Jlujh Lord .Smitartf" (sic». ¡¡¡ En 
premio, hánle ofrecido mejores emplíK)»!!! 

Y cuenta (pie en el caso tratábase di- los reprewn- 
tantes (\f potencias amigas, d»* la i>otencia (pie los 

— 444 — 



MI DIARIO 

engendró y que con ellos comparte el trust de la justi- 
cia, del derecho y de la cultura . . . 

¡ Pobres de nosotros, los demás, que no somos sajo- 
nes, ni fuertes, ni ricos! 

14 DE OCTUBRE. — Parécemc conveniente guardar la 
siguiente opinión del novelista de los Estados Unidos, 
Henry James, recién vuelto a esta su tierra, después 
de una ausencia de veinte años, pasados . en Inglate- 
rra. (Véase el "New York Herald'' — magazine sec- 
tion — del domingo 2 de octubre de 1904.) 

" . . .when questionccl ahout his views of American 
" literature Mr. James would only speak in general. 
"' ' The mass of writing is so great' he explained, 
" ' and so unguided. Never yet has such a mass of 
" literatura heen put forth so unwarned, so unpro- 
" tectcd, so unguided by any adequate cHticism.' 
" He spoke rather sadly, rather aghast, of the effects 
" of the demand of the Ameñcan puhlics, which he 
" considers so intermingled, so almost inseparable in 
" their parts, as to be unsusccptible to división inte 
" classes of tastes. 

" We have such a vast nuniber of dissolute read- 
'' ers — OMNIVOROUS, GULPING READERS — 
" those who, fortunatcly, cannot remember WHAT 
" THEY READ AND OUGHT NOT TO CARE TO, 
" THEY ARE IGNORANT OR WEARY, THEY 
" READ either to soothe or to indulge. ¡ ¡ ¡ PEOPLE 
" IN GENERAL IN AMERICA DO NOT LIKE TO 
" THINK!!!!!!..." 

Con lo que viene a comprobarse, que tenía yo toda 
la razón, noches atrás, cuando discutiendo con uno 

— 445 — 



/'. GAMBOA 

de tantos adoradores ciejros e hispanoanu'rioanos con 
que cuentan los Estados Unidos, al afirmar que en 
este país se lee mucho, muchísimo ( ¡ ya quisiéramos ! ) , 
pero se piensa muy poco, en razón directa de lo que 
se lee. Pueblo de lector«'S de diarios, magazints, no- 
velas (?), etc., — j concedido, aunque sus periódicos, 
novelas (?), ma^'azines, etc., sean como son! — lyievo 
los Estados Unidos pueblo de pensadores?... ¡¡¡De 
algunos pensadores, sí, pero ni tantos, dada su pobla- 
ción extraordinaria I ! ! 

18 DE OCTI'BRE. — Iloy rcgres.'» de St. Louis Mo.. el 
Embajador, nuiñana cesaré en mis interinas funciones 
de Encargailo de Negocios de México ; lo fui 27 días. 

21 DE OCTIBRE. — Acabo de leer, y eon muellísimo 
interés por cierto, el libro escrito por Pancho Uulnes 
en México, bajo el título d»- "El venladero Juárez". 
Al i)ropio tiempo he venido enterándome por nuestra 
prensa (?), de la campaña emprendida en contra 
del autor, y me he sentido avergonzado con esta últi- 
ma, que, con sus excesos y procacidades, nos retrata 
de cuerpo cutero y al tanmño natural. NO hay idea de 
lo que a Hulnes s<' le ha dieho: y aunque él se ha de- 
fendido ha.sta donde le ha .sido j>osilile, acosado por la 
jauría de nuestros íuilvajismos nacionales, ya guar- 
da silencio. 

¡¡¡Cada día vamos peor!!! ¡A dónde llegare- 
mos?. . . Misterio, enigiiut, sí'creto. . . 

2'.i DE í»CTrHRE. — ImpiMieme el "Hiíitid" de Nue- 

— 446 — 



MI DIARIO 

va York, de que el señor C. F. Sehwartz, — uno de 
los "expertos" del Departamento de Insectos en el 
Instituto Smithsoniano, — acaba de declarar que una 
araña moradora de esta capital de los EE. UU., y 
sus vecindades, conocida en el sur de Europa bajo el 
nombre de " malnúgniatte" , es de los bicbos más ve- 
nenosos que se conocen, pudiendo matar con su mor- 
dedura, picadura, o lo que sea, hasta a un adulto bien 
desarrollado. Como además da su descripción corpo- 
ral, por dondequiera qiíe vuelvo los ojos, paréeeme 
descubrir al animalito . . . 

Y hable Ud. luego de los inconvenientes de los Tró- 
picos y de las excelencias de estos climas templa- 
dos (!) y fríos. 

¿Qué le faltará a Washington, digo yo, para ser 
una de las ciudades más agradables de la tierra, se- 
gún lo afirman sus hijos, sobrinos y demás parientes? 
De enfermedades, las posee todas — el tifo, con mayor 
abundancia en cantidad y calidad que nuestra po- 
bre México ; — la viruela, el corazón, una tisis de pa- 
tente, cuanto hay ; y ahora salimos con que también 
gasta sus arácnidas homicidas. Por suerte, su clima 
es abominable. 

27 DE OCTUBRE. — Auoclie, — que concurrí a ver uno 
de estos disparates cómico-líricos que denominan 
"piezas de teatro", con música de todo el mundo, le- 
tra o argumento sin pies ni cabeza, chistes entera- 
mente sajones, un batallón de mujeres encantadoras 
que se visten. . . digo, que se desnudan admirablemen- 
te, con un lujo que desconocemos en nuestros tea- 



447 



F. GAMBOA 

tros y (jue se desconoce también aún en los mejores 
teatros europeos, — observé, por secunda vez, una 
mejora <|ue nie protluce un raro efecto, no sé si de 
censura o de aplauso: en Jos bailables y grupos que 
se efectúan estantío el escenario casi a obscuras, y la 
sala y la orquesta en tinieblas, a fin de que mejor luz- 
can los efectos de las luces de color que aparecen lue- 
ÍTo, la batuta del director se ilumina en su extremo 
libre con una diminuta lucecilla eléctrica, que, como 
una luciérnaga amaestrada, rasga las sombras guar- 
dando el eompáü de la música, y a la (pie los ejecu- 
tantes, los profesores de la onjuesta, y ¡hasta el pú- 
blico!, sigue sin pestañear en sus zig-zags y volteos 
fantásticos. . . 

J. 1>K NOVIEMBRE. — Después de asistir eii .1 "Srw 

National" a la comedia inglesa tle gran fama y re- 
nombre *'The School for Scandal" — una enorme mis- 
tificación desd»' mi i)unto de vista del arte dramático 
— recorro en tranvía la avenida de " I'( nitsylvania. 
que es a(juí la arteria en que todos los acontecimien- 
tos ¡)úl)licOs de wnsación se manifi«*stan y laten, para 
presenciar a mis anchas lo excitado (\uv este pueblo 
s«* pone con motivo de sus elecciones presidenciales. . . 
Allí me entero, leyendo los eartelones de manta (pie 
los principales diarios plantan delant«' de las faeha- 
das de rus edificios, del triunfo formidable de Roose- 
velt : un triunfo al (pie apenas si puede compararse 
el del partido republicano a raíz de su victoria cuan- 
do la «"spantosa guerra de secesión. 

Dos eosas me a.sond)ran. Primera, (pie en ♦•sta ciu- 
dad, ea.slrnda de sus dt-reelios políticos ( ¡ ¡ ; el Distrito 

— 448 — 



MI DIARIO 

de Colimibia no vota ! ! ! ) , el entusiasmo sea igual al 
de cualquiera otra ciudad completa; y segunda, que 
haya tal cantidad de bebedores a las puertas de las 
cantinas (¡ablentas durante la noche entera!)^ en las 
que se ven cordones de gentes esperando su turno pa- 
ra penetrar y apurar su copa, o copas. Como en un 
teatro, ils font la qneue! 

4 DE NOVIEMBRE. — Importada directa y personal- 
mente por T. Hansen, 1er. Secretario de la Embajada 
de Rusia aquí, hoy rae hace entrega el mismo Hansen 
de la balalaika que me permití encargarle cuando 
se marchó a San Petersburgo con licencia, hace unos 
cuatro o cinco meses. ¿Qué es una balalaika f pues 
una especie de mandolina, un instrumento tricor- 
de, y triangular en su caja armónica, que todos los 
cosacos, moujiks, obreros, y aun presidiarios (véase 
Dostoiewski en su "Casa de los Muertos"; véase 
Gogol en sus "Almas muertas") tañen en Rusia: 
el instrumento nacional por excelencia, entre cu- 
yas cuerdas late y vibra la incomprensible e inmensa 
alma moscovita, que yo deseaba poseer hace muchísi- 
mo tiempo. En cuanto viene a mis manos, biiscole y 
encuéntrole un sitio adecuado en mi gabinete de tra- 
bajo : encima del diván, entre mis armas. . . 

17 DE NOVIEMBRE. — Comienza la season de invier- 
no : hoy es la primera asistencia a un té en la Casa 
Blanca, ofrecido por la señora de Roosevelt . . . 

Comienza, pues, este gran fastidio diz que diplo- 
mático, con que año por año me martirizan aquí. ¡ Pa- 
ciencia y barajar ! 



449 



F. üAMliOA 

U> Di: NctviKMHKK.. — Otra ceroiiioiiia oficial: liov des- 
cubre la Einbajailora de Alemauia una estatua de Fe- 
derico el Grande, )>or más de uu ai'io guardada, por- 
que en el Senado oi)oníanse a que los Estados Tni- 
<lo8 ¡¡¡tierra tle la democracia!!! ace|)taran la efigie 
de un monarca, ofrecida por otro monarca, el actual 
v mepalónmno Kaiser de Alemania. 

< omo ya la nu-lección de Roosevelt (lui'dt'» asegu- 
rada, al fui se admitió el obsequio kaiseriano, y se dio 
a la admisión pompa gran<Hsima: Presidente, miem- 
bros del (jabinete. Cuerpo diplomático n\i (jrand cnm- 
pUt. soldados, músicas, banderas, y grandes cantida- 
des de j)úblico. 

Kl discui'so «Ir aceptación de l{oosf\elt, consagra- 
do a la pa/. . . 

Por la noche, recei>cióu en la Emliaja<la tudesca, 
con asistencia tic l<»s dos generales prusianos (¡ue hi- 
cieron entrega d»'l bronce, en nombre de su sol>crauo; 
y con supcral)undancia del elemento militar yan(|ui 
entre los innúmeros concurrentes que "decoramos con 
nuestra presencia" — t'omo decía Flaubert, — el pala- 
cio de la Embajada. 

*J1 Dt NüViK&iiiKK. — Obtengo el retrato de Máximo 
Gorki, el pro<ligioHO vagabundo y novela<lor runo, y 
IlanstMi me envía a vnsix el complemento «Icl obsequio 
que me trajo de San Prtei-sburgo: una fíitografía de 
Dostoíewski. 

2S DK NoviK.MbRK. — Decido, en vista d"l qjiehacer 
sin cesar en aumento de nuefltra £mbaja<la, que me 
"mpiílo atin denpachar «ni «•orrcHiwudencia particu- 

— 450 — 



MI DIARIO 

lar y me obliga a permanecer en la cancillería hasta 
bien entrada la noche, trabajar en casa mi próxima 
novela, en la que no he dado plumada desde mi perma- 
nencia veraniega a orillas del mar. 

9 DE DICIEMBRE. — Metódicamente escribo noche a 
noche mis manuscritos de "Reconquista", en mi ga- 
binete de trabajo, solo y sin ruidos interiores ni 
exteriores, que, adentro, mi hijo duerme y mi mujer 
acompáñame desde un sillón, en el que hace de todo: 
una labor, primero, rezos después y cabeceos a lo úl- 
timo ; y afuera, con tanta nieve como nos está cayen- 
do, todos los rumores se apagan, ¡ oh, invierno ! . . . 

22 DE DICIEMBRE. — Hoy ajusto cuarenta años de 
edad, y me sorprende la mezcla de ideas y seutimien- 
íos que me invaden; siéntome niño aún, para muchas 
cosas, y en cambio, muy viejo para otras. ^. (¿Fenó- 
meno subjetivo ? . . . ) 

Por las tempestades que me han azotado durante 
lanto año, muerto ya, debiera yo considerar que hoy 
doblo el Cabo de las Tormentas, (así bautizado el sur- 
africano por el portugués Bartolomé Díaz, su descu- 
bridor en el año 1486 del siglo XV), mas en recuerdo 
de lo que el Rey Don Juan de Portugal opinó al sa- 
ber lo del bautizo de Bartolomé Díaz, y sintiéndome 
regenerado, de mi espíritu principalmente ¡que es lo 
que más importa ! cambio el nombre del aniversario, 
y una vez que hoy doblé el Cabo de las Tormentas, 
llámense en lo de adelante mis 40 años el Cabo de la 
Buena Esperanza de mi vida. 

i No quiero navegar más por mares bravios ! 

— 451 — 



25 DE DICIEMBRE. — Caigo eii la cama, derribado por 
una treiiifiida "influenza" (|ue me invade al salir de 
misa, a causa, in(iuiial)lcmeute, del ri^or de esta esta- 
ción tan espantosa. 

; Xi«'va. nieva, ni^'va . . . ! 

31 DF. mciE.MHKE. — Eu mi cama tle t-nfermü, oigo a 
la media noche el clamoreo de los silbatos de vapor, 
de las campanas y de los cohetes (jue anuncian ti 
desapart-cimii-nto, en el ocaso iniíu-nso (h-l olvido, de 
este año Itisit-sto de ÜKJ4, <juc. por mí, bien puede 
descan.siír en ¡taz. 



FIN DEL TOMO TERCERO Y DE LA PRI.MERA SERIE 



índice alfabético 



A 



Abramson, Hyman — 432. 
Acosta, Vicente — 373. 
Aguirre Cinta, Eafael — 109, 

112. 
Alatorre, Ignacio K. — 106 
Alcalde, Señora de — 161, 

205, 230, 233. 
Alcalde, Joaquín Ma. — 28. 
Alcalde, Rafael— 159. 
Alcalde, Eamón- — 37. 
Alcántara, Germán — 82. 
Alemania, Embajadora de — 

450. 
Alfonso XII, de España— 101 
Algara, José — 207. 
Alt, Theophilus— 274. 
Altamira, Ignacio — 324, 325. 
Altamira liijo, Ignacio — 324. 
Altamirano, Ignacio M. — 201, 

210. 
Ambriz, X.— 210. 
Anderson, Eobert — 237. 



Andrade, Benjamín — 31. 

Anguiano, Francisco — 9 7, 
179. 

Antillón, Florencio — 29. 

Apfel, Harry— 316. 

Arahice, Ramón de S. N. — 
175, 176, 177, 183, 189, 232, 
320, 352, 418, 419. 

Aranda, Silvestre— 338. 

Arbués, Pedro de — 157. 

Artigas, José — 11. 

Arzobispo de Guatemala — 
128, 134. 

Atila— 301. 

Azpíroz, Manuel de— 223, 224, 
226, 227, 236, 250, 252, 254, 
286, 291, 318, 322, 323, 330, 
335, 336, 337, 338, 339, 340, 
341, 342, 350, 361, 377, 442, 
446. 

Azpíroz, Rodrigo — 220. 



Balleseá, Santiago — 146, 173, Barrios, Justo Rufino — 87,90, 

175. 105, 136. 

Ballot, Marcel — 435. Barron, Alfredo— 220. 

Barillas, Manuel L. — 83, 105, Barrundia, Martín — 105, 106, 

106, 111. 107. 

Barnum- 249, 256, 360. Baz, Gustavo— 164. 

Barreteaga, N. — 63, 157. Béguerisse, Carlos — 124, 355. 
Barrios, Juan M.— 123. | Belasco, N.— 299. 



Bi-lf^rano, Manuel — 16. 
Benitez, Justo — 36. 
Bécquer, Gustavo Adolfo — 

259. 
Biokfortl, Aliniranto — 147. 
Bioiuli. Ernesto — 424, 425. 
Bjornson, Bjornstjerne — 147. 
Bland, P. Brooks— 317. 
Bolívar, Simón— 15, 16, 17, 

19. 
Bone, Onofre — 154. 
Borda, Manuel de la — 54. 
BoulnnRiT, General — 184. 



Boufft, f'h.— 146, 173. 

Bourget, Paul— 387. 

Británico, Embajador — 444. 

Brooko, N.— 441. 

Bruto — 26r). 

Brjant, N.— 315. 

Huoaroli, Antonio Ma. de — 

15»4, 196. 
Bulnes, Francisco — 446. 
Bunau Varilla, P.— 361, .162. 
Bunjfe, Carlos Octavio — 391. 
Burt Sayre, Theodore- 2.'57. 



Talero, Mannel — 189. 
Calderón, Salvador— 145, 430. 
Campoamor, Ramón «le — 61. 
Campos, Rubén M. — 173. 
Cardona, Francisco — 199, 

200, 407, 408, 413. 
Carnegie, Andrew — 395, 396. 
Carr, Félix— 316. 

Carrero y Lombeyc, IVdro 

de.— 143. 
Carrillo. General— 31. 
Casanova, Juan .Tacobo — 23ÍÍ. 
CasaHÚs, Joaquín D. — 185, 

201, 210. 

f'assini. Conde — 359, 370. 
Castellanoa, N. — 32. 
r'aatilla, Ramón— 10. 
Castro, José Ma. — 31. 
Cato, Will— 420, 421. 
Ceballos, Ciro B.— 199. 
Ce«n«»ln, Luijfi P. de- 425. 
Cleniena, Hnmuei L. (Mark 



Twaln)— 417. 
i Cleveland, Grover — 2."»l. 
I CoK.n, Cristóbal— 270. 
! Ciintreras, Jesú» — 56,61. 173. 
I 177, 183, 185, 186, 187. 189, 
190, 191, 192, 193, 194. 20.5, 
.352. 
i Corbot, James J.— 302, 303, 
304, 305, 30fl, 415, 433. 
Corcornn líill. WiHinm»— 223. 
Cortés, Hernán — 14. 
Corral. Ramón — 15. 
Cosío FVmtones. General — 31. 
Cotton. Vice Almirante 298. 

313. 
Crane, í'urtis L. — 316. 
Creel, Enrique C— 54, 25.'», 

254. 
Cuóllar, Jos* T. de— 414. 
Cunnin(;ham, Am P. 270. . 
Cuntís, Nellie— 274. 



CH 



Chavero, Alfredo- .356. 
Chékib, bey— 313. 
Chiekering, N.— 248. 



Chorano, José Santos — H8, 
84, 10.3, 104. 



D 



Dante Alighieri — 294. 
Cávalos, Balbino— 176, 199, 

200. 
Dávalos, Marcelino — 199, 

200. 
Davia, Hartley— 327. 
Deane Silas— 273. 
De Crist, Mamie— 296, 297, 

298, 299, 300. 
Delgado, Rafael— 159. 
Dentón, X.— 249. 
Dewey, Almirante — 251, 252. 
Díaz, Bartolomé — 151. 
D 'Haracourt — 435. 
Díaz, Sra. de — 8, 9. 
Díaz, Porfirio— 6, 8, 9, 10, 19, 

20, 21, 22, 23, 26, 27, 29, 



35, 36, 37, 38, 43, 44, 45, 
50, 51, 55, 56, 84, 86, 144, 
162, 163, 178, 179, 180, 181, 

182, 203, 204, 205, 207, 209, 
226, 227, 281, 329, 330, 377, 
•411. 

Díaz del Castillo, Bernal — 

13, 65. 
Díaz Dufóo, Carlos — 175, 

183, 185, 189. 
Dickens, Charles— 198, 292. 
Dostoiewski, Fedor — 373,. 

397, 449, 450. 
Duniont, Santos — 406, 424. 
Dupont, Almirante — 246. 
Duss', J. S.— 332. 



Eduardo Vil, de Inglaterra 

—267, 309, 310. 
Emerson, Ralph Waldo — 9, 

315. 
Enrique, de Prusia — 268. 
Escobedo, Mariano — 30, 338, 

339, 340. 
Escoto, Joaquín — 339. 



Espino-Barros, Martin — 196, 
197, 198. 

Estrada Cabrera, Manuel — 
88, 90, 95, 96, 97, 98, 99, 
104, 107, 125, 130, 143, 144, 
151, 152, 153, 154, 161, 179, 
182, 320. 



Fabre, Jules— 335, 337. 
Facha, José Ma. — 199. 
Fairfax, Lord— 277. 
Fariña, Salvatore — 401. 
Fárragut, Almirante — 256. 
Federico el Grande — 450. 
Feijóo, Padre — 11. 
Felipe II, de España — 84. 
Fernández, Leandro — 46. 
Ferrari Pérez, N. — 352. 



Fitzsimmous, >». — 433. 

Flaubert, Gustavo— 147, 450. 

Flores, Félix— 97, 98. 

Flores, Manuel — 174. % 

Forster, John— 292. 

Francia, José Gaspar To- 
más Rodríguez — 11. 

Franklin, Benjamín — 371. 

Freeman Marsten, Joseph — 
300. 



Gaiubou, José J. — 159, 160, 

200, 251, 391, 397, 403. 
Gamboa, José M.— 40, 61, 86, 

391. 
Gamboa, Manuel— 28, 40, 42, 

4:í, 44. 248. 
Gamboa, Sra. If^lesias de — 

33, 34, 35, 291. 
(iamboa, Sra. de — 5, 8, 57, 

61, 121, 123, 139, 149, 150, 

155, 156, 157, 207, 215, 219, 
223, 229, 230, 248, 280, 283, 
292, 348, 349, 3r.l, 357. 394, 
416. 438, 440, 451. 

(iamboa, Miguel Félix — 5, 6, 
48, 57, 58, 59, 60, 62, 6.'i, 64, 
73, 81, 114, 118, 121, 123, 
124, 134, 139, 142, 149, 150, 

156, 157, 159, 161, 214, 215, 
216, 217, 230, 238, 246, 248, 
257, 272, 27H, 279. 280, 288, 
290, 291. 292, 293, 351, 358, 
394, 413, 416, 438, 439. 440, 
451. 

(íana, Domingo — 224, 225. 
(íana, 8ra. du — 225. 
Gante, Fr. Podro de — 15. 
G.'iray, Eduardo — 106. 
García, Jenaro — 198. 
Garría Calderón, F. — 16. 18. 



liarcía GranathiM. Mig»u>l — 

90. 
Garría Peñn, \. — 15. 
Garza jr., Kmeterio de la — 

318. 
Godovius, Germán — 209. 
Gillpatrick, Wallace— 321. 
Goethe, Wulfgang — 56, 411 
Gogol, NieoláB — 113. 449. 
Goldonkran/., Ooroner - 432. 
Gómez Carrillo, Agustín — 

m. 

Cíónu'Z Carrillo, Enrique — 

111. 
Gonoourt, Hormanos — 426. 
Gonr.Alez, Manuel — 44. 
Gon/.Alez Cosío, Manuel— 45. 
Cíonzúlez Obregón. LuÍ8--198. 
Gorki, Máximo — 1.")0. 
Gounod, Carlos — 229. 
Graney. Kddie - .304. 
Grieg, K<luardo— 332. 
(tuillermo II, de Alemania — 

298, 344, 450. 
(iurney, Hugb — 443, 444. 
Gutiérrez Nájera, Manuel — 

79. 
Guzm/in Hlanro, Antonio — 

11. 



H 

Hansen, Th. — 449. I Heine, Knric|uo 240. 

Harper, Presldent -375, 376. Henna, l>octor— 21K. 
Ilarper, N. — 415. | I{i>rbert. Hir Mielinel 227. 

Hawthorne, Nathaniel— 222, | 228. 234. 

•TI'», 415. i Herbrrt, Kady— 22H. 

Hay. John — 220, 221, 222, ! líod^e». Henry~420, 42.3. 

253, 3.59. .362. .363. 370. i Hoffmann, (Juillorrao A.- 61. 

MearM. Wm Knnd..lj,h -296. ¡ Houdon, N.— 276. 

310 I llumboldt, Alejandro de — SO. 



Humphrey Eeed, E. - 321, i Huysmans, Joris Karl-125. 

322 323. Hyde, James H. — 242. 

Huret, Jales — 375, 376. ¡ 



1 



Ibanondo, Francisco — 42. 
Ibsen, Henrik— 147, 397. 
Icaza, Francisco A. de — 53, 

61. 
Iglesias, José Ma. — 28, 29, 

35, 37 



Iglesias, Kafael— 123, 130. 
Iglesias Calderón, Fernando 

—63. 
Irving, Washington — 270. 
Iturbide, Agustín de — 16, 19, 

50. 



Iglesias, Manuel S.— 63, 159. ¡ Izaguirre, Leandro— 173. 

J 



Jackson, Andrew — 233. 
James, Henry — 445. 
Jéfferson, Thomas— 225, 269, 

406. 
Jeffries, James J.— 302, 303, 

304, 305, 427. 
Joinville, Jean de — 21. 



•Jones, Griffith— 316. 

Juan el Evangelista, San — 

265. 
Juan de Portugal, Don— 451. 
Juárez, Benito — 31, 41, 50, 

182, 186, 193, 283,335, 336, 

337, 446. 



K 



Katz, Willie— 432, 433. 
Kelton, John C— 240. 
King, B.— 238. 



Knight, Ollin— 316, 317. 
Knox, Geo. W.— 404. 
Krupp, Alfred— 298. 



L 



Labastida, Padre— 211, 212. 
Las Casas, Fr. Bartolomé de 

—15. 

Lafayette, Joseph Marie de 

—233, 242, 245, 266, 273, 

274, 275, 278. 

Lafayette, Edmond de— 275. 

Landa Escanden, Carlos de 

—68. 
Lansiug, Tom — 316. 
Lardizábal, José Ma. — 90, 

95. 
Lavelle, Kid— 316. 



Lawrence, N. — 268. 

Lazo Arriaga, Antonio — 161, 

179, 320. 
León, Luis de — 124. 
Lerdo de Tejada, Ángel— 

393. 
Lerdo de Tejada, Miguel— 

259. 
Lerdo de Tejada, Sebastián 

—29, 30, 36, 50, 338, 392, 

393. 
Lessing, Bruno — 314. 
Lewis, George — 273, 274.. 



Liréaga, Eduardo — 57. 
Limantour, José Ivés — 8, 23, 

45, 47, 207, 208, 253, 254. 
Limantour, Sra. de — 45, 253. 
Lincoln. Ahraham— 221, 222, 

225, 237, 262, 263, 269, 363, 

378. 
Lipton, 8ir Th..ma8 — 2yO, 

.'{07, 308, 309, 310. 
Lonjffi'llow, H. Woilsucirtli- 

315. 



LonfTue, Gastón — 397. 

Lope de Vega ('arpio, Félix-- 

249. 
Locimis, N.— 225. 
Luis, San, Rey do Francia — 

21. 
Luis, Fr., de Granada — 47. 
Luis XIV, de Francia — 275. 
Luna y Drusina, Fernando — 

259, 260. 
I.vn<-h— 3S0. 



LL 



I.Innias. Francisco — 1<>.' 



M 



.Mahilh-aii. l.«M>pol.| j^L-, i,'44, 

24.".. 
Macalesttr, < ha ríes — 263, 

264, 2M0. 
Marburg. Guido — 321. 
.Marco Polo— 13. 
Marguerittp, Hrrmanoa — 426 
Nfariscal, Ignacio — 46, 61, 

14r., 161, 162, 163, 178, 179, 

183, 198, 203, 204, 207, 224, 

342. 344. 345, 397. 
MnriHcal, Sra. do — 46, 344. 
.Mnr<|uina, Kdiiardo — 418. 
Martin. X.— 345, 
Martínez Sobral, Enriqne — 

83, 103, 109. 110, 111, 112, 

153. 154, 430. 
Mas. Paco— 183. 195. 209, 

232. 
Maximiliano de Hahshnrgo 

—7, 19. 337. 
Me Adoo. N.— 4.38. 441. 
MTowHl, N.-371. 
Mr f'ready, I>nnean— 377. 
Me Kinley, William— 350. 



.M.'.<'na8-320. 

Mejía, Federico — 219, 220. 

Mí'jia. Ignacio — 30. 

Mcjía Hílrccnas, Manuel — 96, 

97, 98. 
Mena. Francisco Z.- 45. 
Ménder, Juan N,— 38, 
MendÍ7.Abal, Gregorio — 59. 
Millo, Kaoul 173, 175. 
Millor. Kulph— 316. 
Mirnmón, Miguel— 338, 340, 

341, 342. 
Moctezuma II 13, 14, 15, 50. 
Morgan, J. Pierpont— 425. 
Monroe, Jamos- ,364. 
Montiel, JuliAn— 164. 165, 

166, 167, 16N. 169. 170, 171, 

172. 
Montiel y Huarto, Isidro — 

166. 
Morar&n. Franciüco— 11. 
Mos4|uorR. TomA» r'iprinno 

de— 10. 
Mumm— 227, 846. 
Munroe, N.— 415, 427. 



N 



Nabuco, Joaquim — 163. 
Napoleón el Grande — 56, 

240, 266, 333, 
Navarro, Juan N. — 373, 374, 

392. 
Negrete, Miguel — 31. 
Xer\o, Amaclo--178, 17.1, 183, 



184, 185, 189, 195. 
Nicolás II, de Rusia — 389, 

400, 401, 417. 
Nietzsche, Federico — 1,46 
Nórdica, La— 332. 
Xúñez, Eafael — 11. 



O 



O'Conell, Eugenio— 316. 
Orozco y Berra, Manuel — 11. 
Ortega, Juan J. — 108. 



Othón, Manuel José — 79. 
Oviedo, Paulino Ma. — 169. 



Páez, José Antonio — 11, 17. 
Paderewzki, Jan — 401. 
Palma, José Joaquín — 108. 
Pardo jr., Emilio — 195. 
Pardo Bazán, Emilia — 53. 
Parra, Porfirio — 176. 
Parres, Juan de la Fuente — 

175. 
Patterson, N.— 411. 
Paz, Arturo — 210. 
Paz, G.— 30. 
Pearson, N.— 68. 
Pearson and Son. — 65, 78. 
Pedro del Brasil, Dom — 19, 

267. 
Peña y Reyes, Antonio de la 

—61, 204, 210. 



Peón del Valle, José — 318. 
Pérez, Gervasio — 217. 
Pérez Galdós, Benito— 198. 
Peza, Juan de Dios — 79. 
Pineda de Mont li., Rafael — 

109. 
Pío X— 350. 
Pitágoras — 346. 
Plan, Pierre-Paul— 401. 
Plaza, Edmundo J. — 377. 
Poe, Edgar Alian— 61, 198, 

263, 315, 327, 380, 387, 411, 
416, 443. 
Portales, Diego José Víctor 

—10. 
Portilla, Alfredo de la — 61. 
Prescott, Wm. Hickling — 20. 



Q 

Queensberrvj Marqués de — i Quesada, Ernesto — 430. 



305. 
Queiroz, Eca de — 81. 



Radcliffe, Ana— 61. 



Quincey, Th. de— 387. 
Quiroga, Facundo — -10. 



R 



104, 124, 137. 



Rebolledo, Efrén — 85, 103, \ Reed, Paul— 420, 421. 



Reilly, José— 316. 
Kejfalado, Toniáa — 96, 97, 

i;<0, 182. 
Reyes, Bernardo — 46, 5.1, .16, 

203, 204, 280. 
Reye8\ Francisco A. — 95, 96, 

U7, 98, 178, 179. 
Reyes, Rafael— a.-í.!, 3.16. 
Rey de Portujfal— 298. 
Rey de Snecia — 86. 
Rey na Barrios, Josó Ma. — 

9.1, 101, 107. 
Ricoy, Luis G.— 82, 85. 
Riclielieu, Armand-Jean du 

P.— 245. 
Richepin, Jean — 299. 
Rocha, Sí'ístenes — 31. 
Rochamlu'aii, f'onde de — 233. 
Rodripn-z Parra, Fidel — 124, 

137. 



Roldan, J. Antonio — ^llH, 

120, 126, 127, 128, 129, 133, 

134, 135, 140. 
Romano, N. — 63, 157. 
Romero, Cayetano — 151, 152. 
Romero, Matías— 152, 165, 

324. 
Romero Riiliio, Manuel — ,10, 

202. 
Roo.sovelt, Theo. — 225, 226, 

227, :<09. 312, .361, 370, 371. 

3S6, 396, 403, 417, 448, 4.50. 
Roosevelt, Mrs.- .353, 449. 
Rosas, Juan Manuel Ortiz 

de— 10. 
Rousseau, Juan Jacobo — 17, 

266. 
Rowe. Comodoro — 441. 
Rul>eii!<, Pedro Pablo -66. 
Ruítkin, John. — 163. 



Sagaseta, Rafael — 61, 124, 
137, 138, 142, 157, .306, .307. 

S.ijfaseta. Hra. de — .1, 41. 

Halado Alvarez, Victoriano- 
430. 

Santa Anna, Antonio LApez 
de— 7, .10. 

San Martín, Jon/- <|( — 15. 

Santander, FrancÍNoo de Pau- 
la— 17. 

Sarak, I)r. A., Conde de — 
326, 346, .347, 348, 34», 350. 

Sarmiento, Doniinjío— 289. 

•Scott. Alejandro— 316. 

Srott, Winfield 237, 238. 

Schumann, Robert — 332. 

Sohwartz, <•. T— 447. 

Shéridan, Philip H.— 237, 

Sherman, W. T.— 237, 325. 



Seward, N. — 132, 4.33. 
Sierra, Justo— 173, 174, 175, 

176, 177, 184, 189, 193, 194. 

209, 365, 366, 370, 386. 
SÍKuere, Arturo— 129, 131. 
Sniith, Billy— 316. 
Smyth. Clifford— 327. 
Hlonim. (íeneral - 404. 405. 
Roliffman, Fríres— 319. 
Hpinola. Rafael- 89, 104, lOH. 
Starr, Frederick — 31H. .320, 

.364, 429, 4.30. 
Steurks, Joc— 316. 
Stnithers. John 267. 
8tuart, J. X.— 276. 
Htuart, N.— 1.12, 1.13. 
Sullivan, N.— .302. 
HiiiKltriiianii, \.- 260. 



T 



Tablada, José Juan--173, 418. 
Taine, Hipólito— 306. 
Terrés, José — 59. 
Thompson, Launt — 238. 
Thuillier, Emilio— 408. 
Ticiano, Vecellio^236. 



Toledo, General— 31. 
Tolstoi, León— 113, 257. 
Torres Sagaseta, Manuel- 

220. 
Trejo, Carlos Ma.— 82. 
Tschaikowskv— 333. 



u 



Urueta, Jesús — 54, 55, 173, 
175, 183, 184, 189, 194, 253, 
318, 398. 

ürbina, Luis G. — 79, 173, 



174, 175, 176, 177, 183, 189, 
191, 192, 193, 194, 195, 209, 
2.59, 354. 
Urrutia, Lázaro — 320. 



V 



Valenzuela, Jesús E.-53, 54, 

164. 
Vándervilt, X.— 218. 
Vaughan, Samuel — 277. 
Vázquez, Andrés Clemente — 

430. 
Velasen, Emilio— 337. 
Vélez, Francisco — 340. 



Verissimo, José — 430. 
Vernon, Almirante — 268. 
Víctor Manuel III, de Italia 

—350. 
Vincourt, Carlos — 170. 
A'^irgilio — 255. 
Voltaire, Arouet de — 266, 

411. 



w 



Wadsworth, N.— 387. 
Wágner, Ricardo — 61. 
Wálker, Billy— 316. 
Wannamaker, John — 219. 
Washington, Booker T.--386. 
Washington, Bushorod — 273, 

274. 
Washington, George Step- 

toe— 273, 274. 
Washington, John A. — 270. 
Washington, Jorge--225, 247, 

248, 250, 263, 265, 267, 268, 



269, 272, 273, 274, 276, 277, 

278, 293. 
Washington, Martha — 266, 

267, 276, 277, 278. 
Washington, Samuel — 273. 
Washington, Wm. A, — 273. 
Whitman, Walt — 218, 263, 

283, 315, 326, 327, 353, 368, 

372, 378, 379, 380, 416, 443. 
Wilson, Henry— 238. 
Wollheim, Mauricio — 224. 



Y 

Yates, Jasper — 275. 



Zaldivar, Rafael— 82. 
Zaldfvar de Blanco, Antonia 

— Hl'. »-A. 125. 
Zapata Vera, Manuel — 185. 
Zureo, Francií»''' — »»• 



Zelaya, José Santos — 182. 
Zula, Emilio — 246. 
Zubieta, Eugenio — li»5, 198. 
Zubieta, José — 58. 
Zuzicta, Manuel — 5H. 






índice general. 

Págs. 

5 
Año de IQOl ^^^ 

Año de 1902 207 

Año de 1903 ; " " 359 

Año de 190,4 _^.^ 

índice Alfabético 



Este 
'^ libro se 
terminó el 
día 5 de junio 
de 1920. en los 
Talleres de Artes 
Gráficas, de Herrero 
Hermanos, Suce- 
sores — 4* calle 
de Manrique 
n ú m e ro 53 
México 
D. F. 



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