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Full text of "Música y músicos portorriqueños"

LIBRARY OF 
WELLESLEY COLLEGE 




PURCHASED FROM 
LIBRARY FUNDS 




0^ San Juan* Puerto Rico. 



EDiTOFEá ¡ Cantero Fernandez a Co. 



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FERNANDO CALLEJO FERRER. 



IrnOi^i^J^' Xc^ SP^ íUyl'ff^ 



MÚSICA 



Músicos Portorriqueños. 




TIP, CANTERO FERNANDEZ a CO. 



1915. 



/^vSi~C Librar íT, 

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l^T2>n 



D E D I C A T o II I A 



A MI HIJA 




MARGARITA. 



CONSEJO Á MARGARITA. 



¡Dichosos los que saben agradecer! 



Si en el divino mármol de la gloria, 
tu liiimilde noml)re se esculpiese un día, 
deberás a tu patria la alegría 
de obtener tan brillante ejecutoria. 

A la patria riqueua, en cuya liistoi'ia 
sobresalen los rasgos de hidalguía, 
qué, viéndote lucbar con gallardía, 
la senda te allanó de la victoria. 

¡Quiera Dios se realicen tus ensueños! 
Y si logras triunfar en tus empeños 
alcanzando tu voz fama y honores. 

Con el culto a la patria por enseña, 
ofréndale a tu cuna l)orinqueña 
el soñado laurel de tus amores. 

Fernando CALLEJO. 



Señoka adela BOUGH I, 

MEZZO-SOPRAXO DE FAMA MUNDIAL Y 
PROFESORA DF. CANTO 




BAJO CUYA DIRECCIÓN HACE LOS ESTUDIOS 

ARTÍSTICOS EN MILÁN, 

ITALIA. 

MARGARITA CALLEJO. 



EL POR QUE DE ESTE LIBRO. 



En la gigantesca lucha que, liace cuatro años, 
vengo sosteniendo, con la ayuda de Dios y del 
generoso pueblo portorriqueño, para ver si las 
facultades artístico - vocales de mi liija Marga- 
rita, podían, por medio del estudio x de la bue- 
na escuela, adquirir el desarrollo y finalidad, 
presagiada por la profesora que en St. Aloysius 
Academy de New Lexington, Oliio, descubriera 
aquellas, este libro viene a ser como la campaña 
íinal que liabrá de decidir la realización o pér- 
dida definitiva del ideal perseguido. 

Si entonces estuve vacilante para trazar los 
planes, pues temía qwe los espejismos del amor 
paternal me hiciesen concebir ilusiones y espe- 
ranzas sin base o causas qae las justificaran; 
cuando, después de un maduro y severo examen, 
llegué a la conclusión de que, por lo menos, la 
materia prima existía en la garganta, tempera- 
mento y vocación de mi hija, me lancé al com- 
bate con valor decidido, llevando la fe por divi- 
sa, el deber por escudo, y, como única arma, mi 
tenaz voluntad. 

Todo Puerto Kico debe recordar la forma co- 
mo obtuve los recursos para llevar a Margarita 
a Milán y los medios lícitos de que me he valido 
para sostenerla allí hasta el presente. 

Ella — y al decirlo no pretendo hacer vatici- 
nios — ha correspondido a los sacrificios del ho- 
gar y a la generosidad del x^als, sintetizada por 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 

las .snbvenc-ioiies ({iie le otorgara la Legisla- 
tura y ofrendas delicadas de algunos amigos, 
consagrándose al estudio con verdadero ahinco. 

í^uíriendo privaciones y venciendo dificulta- 
des, cada vez mayores a medida que avanza por 
la escabrosa senda de la carrera artística, si 
algún aconteciíniento imprevisto no le inter- 
cepta el paso, estará en condiciones para debu- 
tar, en la primavera de 1916. 

íSi el (Ichiii será un éxito o un fracaso, no pue- 
do predecirlo; tan solo Dios conoce lo porvenir. 
Pero sí puedo afirmar ([ue ^Margarita necesitará 
recursos extraordinarios además de haber re- 
quei'ido va mi presencia, para entonces, en 
Milán. 

Xo por falta de fé ni de entusiasmos sino por 
las especiales condiciones del presente, otra 
vez la vacilación lia venido a torturar mi ánimo 
al pensar sobre la manera de lleA^ar a la práctica 
lo que considero deber ineludible. 

Cuando más perplejo estaba para seleccionar 
medio adecuado, un hecho, realizado sin otra 
pretensión que la de aportar mi grano de arena 
a la obra grandiosa de la cultura patria, vino 
a darme la solución. 

Me refiero a la conferencia que sobre el tema 
El Arfe Mui^icdl en Puerto Rieo diera en la Bi- 
blioteca Insular el 14 de marzo último y que, 
l)ublicada por El Tiempo, diario de San Juan, 
fué leída con interés y juzgada con simpatías, 
l)idiéndoseme, después, que la am])liara y edi- 
tara. 

Esa i)etición despejó la incógnita en el pro- 
blema indicado, decidiéndome a pidilicar este 
libro (juc leudi'á dos objetivos, denti'o <lc uua 
sohi íitialidad ai-tís(ica, a sabci-: ampliar el bos- 
(pu\jo hisl(')i'ico de hi disertación citada y a<l(|U¡- 
rir, si el público no le niega sus favores, recur- 

10 



EL ron QFE DE ESTE LIBRO. 



SOS económicos para que Margarita pueda ha- 
cer el examen final de la carrera, que no otra 
cosa es el Debut de una artista. 

Cuando regrese a su país, se ¡presentará tal 
cual sea, para que los moradores de esta hidal- 
ga tiej'ra borincana, sin prejuicios faA^orables o 
adversos, confirmen o rectifiquen el fallo que, al 
rendir los estudios, obtenga en el extranjero. 

Yo juro ante Dios que, desde Milán, diré la 
A'erdad a Puerto Rico. 

Si el éxito coronase los sacrificios realizados, 
los laureles serán para la patria. Pero, si des- 
graciadamente el fracr.so fuese inevitable, con la 
tranquilidad de conciencia del que ha cumi)lido 
todo lo que el deber exige, lo expondré sincera- 
mente, retirándonos al hogar. 

Explicado el por qué de este libro, réstame 
decir que, en realidad, no tendrá precio deter- 
minado; el que lo acepte, dará lo que buena- 
mente pueda o ({uiera. 

Sin tener para nada en cuenta el resultado 
financiero, puedo asegurar que, si con este hu- 
milde trabajo coopero al engrandecimiento del 
nombre portorriqueño, me sentiré altamente 
retribuido. 

Esto no es óbice para que exteriorice, una 
vez más, mi eterna gratitud hacia todos los que 
me han ayudado en la obra magna de la educa- 
ción artística de Margarita. 

Fernando CALLEJO. 

Manatí, P. R., agosto de 1915. 



11 



INTRODUCCIÓN. 



Aunque el tema de este libro sea el mismo de 
la disertación que diera lia pocos meses en la 
Biblioteca Insular, la forma de exi^osición tiene 
que ser distinta. 

La idea fundamental de la conferencia, fué 
la de establecer un paralelo entre el ])asado y el 
presente del arte musical, en Puerto Rico, (con- 
siderando sus tres aspectos principales : educa- 
tivo, creador v de interpretación) para deducir 
si había progreso, estancamiento o decadencia. 

La del libro, es recopilar los datos dispersos 
que lie podido adíiuirir acerca del desenvolvi- 
miento artístico en la isla ; exponer juicios más 
o menos extensos sobre los artistas músicos que 
el país lia producido ; y catalogar, hasta donde 
posible sea, las obras de los compositores nati- 
vos, como punto de partida para los que en el 
mañana, con mejores títulos, se decidan a hacer 
la historia del arte musical portorriqueño, que 
permanece inédita. 

El relato histórico adolescerá, en muchos i)un- 
tos, de falta de prueba documental que la acre- 
dite ante la crítica severa. Esta documentación 
ha sido imposible obtenerla debido a la carencia 
de archivos e indiferencia con que, hasta hace 
poco tiempo, se han tratado todos los asuntos 
unisicales. Por lo tanto, mis afirmaciones se 
basarán, unas veces, en referencias tradiciona- 
les; algunas, en documentación examinada; y 

13 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



otras, serán las resultantes de lieclios conocidos 
l)ersonalmente. 

8in galanura de estilo, que no poseo, pero con 
dicción clara, concisa, y, a Aceces, técnica, expon- 
dré mis juicios sobre los artistas y sus obras, 
teniendo en cuenta el medio ambiente en (iiie se 
produjeron, pues, de no hacerlo así, tal Yez el 
libro bolearía. 

En los rubros de las secciones así como en los 
juicios que emita sobre cosas y j)ersonas, segui- 
ré el orden alfabético. Las biografías serán 
unas Yeces extensas y otras limitadas, no por- 
que desee establecer preferencias y sí por no 
haber obtenido datos que solicité tenazmente. 

Como la crítica semeja un arrecife en el que, 
arrastrados por el oleaje pasional o por defec- 
tuosa orientación, Yan a estrellarse, casi siem- 
pre, los buenos deseos del que la ejerce, i>a ré- 
ceme o])ortuno reproducir aquí, lo qae hace al- 
gunos años publicara en un periódico musical 
que se editaba en San Juan, bajo la competente 
clirección del Maestro Arteaga, como introduc- 
ción a la biografía crítica de músieos portorri- 
queños fallecidos, sección que había sido enco- 
mendada a mi impericia. 

Entonces decía: "Si en países acostuüibrii- 
dos al juicio de la sana crítica resultan siem])re 
escabrosos para escritores competentes estos 
trabajos, ¿qué no lo serán para quien como yo, 
carece, en a])soluto, de condiciones y tiene que 
escribir para un público que en su mayor parte 
desconoce los fundamentos de la crítica y bene- 
ficios que de la misma se derÍYan? 

"'Criticar no es censurar por capricho o a])a- 
sionamiento: no es tampoco emitir juicios, uiás 
o meaos extensos, más o menos razonados, acei-- 
ca de una producción o de un artista delernii- 
nado. 

U 



INTRODUCCIÓN. 



''El fundamento principal de la critica es la 
enseñanza, v su saludable inñuencia ostenta 
verdadero alcance, como dijo el critico español 
Peña y Goñi, 'cuando tiende a i^enetrar en el 
fondo de la existencia misma del arte, señala 
los pasos de éste, investiga las causas de su 
marcha, de sus evoluciones, de sus tendencias 
y lo consigue con el atento estudio del estilo de 
cada compositor, de las influencias que le rodean 
o medio ambiente en que se desenvuelve/ 

"En tales principios procuraré inspirar mis 
humildes trabajos. Y puesto que he exteriori- 
zado mi apreciación sobre el concepto críticay 
voy a hacer lo propio con los de hcUcza y arte. 

'T)ice el crítico germano, Bergman, que es im- 
posible definir la belleza de un modo objetivo; 
que no puede ser percibida sino de un modo sub- 
jetivo, y, por coiisiguiente, que el problema de la 
estética consiste en definir lo que gusta a cada 
cual. 

'"Definición es ésta, completamente opuesta a 
la del escritor francés, Cousin, quien afirma que 
la belleza descansa siempre sobre una base mo- 
ral, que puede ser definida objetivamente y es, 
por su esencia la a- ariedad dentro de ia unidad. 

"Jouffroy veia en la belleza, la expresión de 
lo iuAásible. Mario Pila. . . el producto de nues- 
tras impresiones fisicas. Y Sar Pal adán afir- 
ma, que la belleza es una de las manifestaciones 
de Dios. 

"Prescindiendo, por no cansar a los lectores, 
de otras teorías, y ateniéndome a la afirmación 
de Sar Paladán, yo entiendo todo lo contrario: 
que el arte es una manifestación de Dios, siendo 
la belleza una de las manifestaciones del arte. 

"Así como Dios, teol(')gic;u!iente, es uno y tri- 
no, así también lo es el arle como manifestación 
divina, porque la verdad, la hondad y la belleza, 

15 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



sustancias inseparables que forman la esencia 
del arte, son las constitutivas de esa esencia 
creadora que llamamos Dios. 

''La belleza, por sí sola, no existe, si no va pre- 
cedida de la verdad y como secuela de la bondad ; 
y toda obra de arte que no esté insi^irada en esas 
tres cualidades esenciales, no puede ser consi- 
derada como tal, pues si solamente fuese l)ella 
por la impresión grata que produjera en los sen- 
tidos, no sería artística, toda vez que carecería 
de la verdad (pie es la que impresiona el sentido 
moral, y de la bondad, consecuencia que de1)e 
buscarse en los efectos que toda obra de arte 
produce. 

''Dice el gran pensador Tolstoy, que el arte 
no debe ser otra cosa que la expresión de la con- 
ciencia religiosa de la sociedad, y que cuando las 
manifestaciones artísticas no responden a la 
conciencia religiosa de la é^ioca, no deben con- 
ceptuarse como tales, puesto que no obedecen a 
un fin determiiuido ni conti-ibuyen a la marcha 
progresiva de la liumanidad. 

"De acuerdo con las nmnif estaciones del ilus- 
tre ruso, liaré mis apreciaciones al estudiar las 
obras de los compositores natÍA^os." Hasta alií 
el artículo de referencia. 

Se notará que, en los distintos capítul«^s de 
este libro, repito noml)res y liechos ya citados. 
Lo hago, expresamente, para facilitar la bús- 
queda de un dato aislado, en caso de consulta. 

El trabajo no es completo. T^a ])remura con 
que he practicado las últimas investigacitmes 
para preparar, a tiemi)o, la edición, puede ser 
la causa de nuevos errores u omisiones y nunca 
el prejuicio pasioual ni la envidia por méiilos 
o éxitos extraños. 

16 



INTRODUCCIÓN. 



Prefiero pecar de indulgente antes que, por 
riguroso, se me califique de egoista. Los que me 
sigan en esta labor, podrán rectificarme ya que, 
por lo menos, les presento una forma de fácil 
orientación, de la cual yo lie carecido. 

Y . . . , como el mal camino debe andarse pron- 
to, cerraré el introito para entrar en la consu- 
mación de lo que muy bien puede calificarse: 

osadía de la ignorancia. 



El Autor. 



Agosto 10 de 1915. 



17 



SECCIÓN PRIMERA. 
Anotaciones Históricas. 



CAPÍTULO I. 



1660-1800 

El arte musical, en la forma en que lia llegado 
hasta nosotros, tuvo su origen en la Iglesia 
Católica, siendo, primeramente, San Ambrosio, 
poco después San Gregorio, más tarde, Guido 
D'Arezzo, y, últimamente, Cristóbal Morales y 
Juan de Palestrina, los verdaderos fundadores 
de la música religiosa, generadora ésta, a su vez, 
de las demás formas de la composición e inter- 
pretación musical. 

San Ambrosio, Obispo de Milán, en el año 
?i8Q, estableció la base del canto llano, formando 
los cuatro primeros tonos llamados auténticos, 
X^or los cuales se entonaban todos los cantos de 
la primitiva iglesia. 

En el siglo YI, San Gregorio redujo los carac- 
teres griegos de que se hacía uso por aquella épo- 
ca para indicar los sonidos, a sólo siete letras 
con las cuales indicó este Pontífice todos los 
sonidos de la música, fundando colegios y es- 
cuelas musicales para la enseñanza de los jó- 
venes y la primera capilla que fué llamada des- 
pués pontificia. Desde entonces se le clió el 
nombre de canto yregoriano al canto llano o re- 

19 



MÚSICA Y MÚSICOS rORTORRIQUEÑOS. 



ligioso, que hoy- consta de odio tonos, para dife- 
renciarlo del profano o figurado. 

Gnido D'Arezzo o Arettino, monje de la aba- 
día de Pomposa, nacido en Arezzo, villa de la 
Toscana, a finQS del siglo X, y al que se atribu- 
yen mnclias invenciones sobre el arte j su en- 
señanza, que no son del caso relatar, es indu- 
dable que fué el primero en establecer un méto- 
do x)ara la enseñanza del canto, cuyo estudio 
era asaz difícil y penoso, y dio a los siete soni- 
dos musicales ia denominación silábica que to- 
dos conocemos, tomándola de la primera sílaba 
de cada uno de los versos del himno de San Juan 
Bautista. 

Cristóbal Morales, maestro compositor espa- 
ñol, nacido en Sevilla a principios del siglo XVI, 
que en 1540 era cantor de la capilla pontificia, y, 
en 154."), maestro de capilla de la Iglesia prima- 
da de Toledo; con Juan de Palestrina, nacido 
en Roma en 1524, nombrado, a los veintisiete 
años, maestro de la capilla Giulia y en 1554 
cantor de la pontificia, fueron los creadores de 
la actual música religiosa, a la que despojaron, 
en absoluto, del sentimiento profano de que 
estaba saturada, revistiéndola del misticismo, 
grandeza y severidad en la construcción que al 
])resente ccmserva. 

Siendo la Iglesia uno de los principales fac- 
tores en el descubrimiento de América; asu- 
miendo, casi por igual, con los conquistadores, 
los deberes y derechos de la colonización; y, es- 
tando en (41a vinculadas, i)or aquella época, to- 
das las manifestaciones del saber humano y 
más es])ecialmente las artísticas, es lógico supo- 
ner ([ue l'U'' tandjién la Iglesia la cuna del arte 
musical ])<irtorriqueñ(). 

Tal sui).)sic¡ón la couíiruia el padre Plauso, 
primer olíisjx) de Puerto Kico, al establecei- la 

20 



ANOTACIONES HISTÓRICAS. 



organización interna de la iglesia caiedral, en 
sus Letras Episcopales dadas en Sevilla, con 
carácter de documento público, ante el Notario 
(García Fernández, con asistencia de los dele- 
gados regios, como testigos. (1) 

En diclias letras se instituían seis dignidades, 
dieciseis canongías, o prebendas, seis racione- 
ros, tres medio racioneros, seis capellanes de 
coro Y seis acólitos, además vle los oficios de sa- 
cristán, organista y otros varios. 

No pudo, el padre Manso, constituir la cate- 
dral, durante los primeros años de la coloniza- 
ción, con tan lujoso cabildo, pues ni estaba eri- 
gido el templo ni disponía de recursos para sos- 
tenerlo. 

La desaparición, en 1625 (Invasión de los 
Holandeses) de los archivos eclesiásticos, no 
nos permite fijar la fecha de cuándo empezaron 
a efectuarse los servicios del organista y can- 
tores en la Catedral. Por tal motivo es que to- 
mamos, como punto de partida para estas ano- 
taciones, la fecha de 1660. 

En el tomo primero de las actas capitulares 
existentes en el Obispado, según notas certifi- 
cadas que bondadosamente ha tenido a bien 
facilitarnos el señor Secretario del Obispo, Rev. 
Padre Ilormachea a quien está encomendada 
la penosa labor de reorganizar el archivo, apa- 
rece, como primer acta, la fechada en 9 de enero 
de 1660. En ella se consignan los nond)raniien- 
tos, para dicho año, del presbítero Don Geróni- 
mo de Ovando y Guerra, como organista, y de 
Juan Pinero, para sorchantre, donando (supo- 
nemos que en calidad de honorarios) 150 mÍHas, 
valor de 15 reales de plata cada una, para el 
organista, y 50 para el sorchantre. 



(1) La Colonización de Puerto Rico. — S. Brau. 1908. P. R. 

21 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



El Padre Ovando permaneciG de organista 
hasta el año 1690, (1) quedando vacante la pla- 
za durante todo el 1G91, hasta que, en enero de 
1692, fué nombrado el padre Don Juan de Mo- 
rales quien la sirvió hasta diciembre del 1698. 

Pinero, el sorchanire, fup reelecto, consecuti- 
vamente, hasta el año 1680 en que falleció. Du- 
rante el 1681, estuvo vacante el cargo, designán- 
dose al presbítero Don Fernando de Morales, 
en enero de 1682, siendo reelecto hasta el 1698, 
último del siglo XVII, en que se hicieron tales 
nombramientos. 

Por primera vez, aparece en el acta de enero 
de 1672, la designación de maestro de capilla, a 
favor de Téllez Kodríguez, y la de Sebastián 
García Serrano, como cantor, asignándosele, al 
segundo, la cantidad de seiscientos reales de 
l)]ata, como honorarios. Ambos permanecieron 
en sus oficios hasta el 1680, cesando, en esta fe- 
cha, esas designacií)nes y sin que se indiquen, 
en las actas, las causas. 

Desde el 1698 hasta el 1756, no se encuentra, 
en las actas, ningún nombramiento de organista, 
sorchantre, maestro de capilla ni cantor. 

¿Serían suprimidos los servicios o dejarían 
de ser provistos los cargos por el cabildo de la 
catedral? 

Lo primero es inadmisible después de un siglo 
de haberlos utilizado; cabe más bien imponer lo 
segundo, en vista de la cédula expedida en el 
Escorial, el 12 de junio de 1749, por el Rey Fer- 
nando VI, en la que se negaba a acceder a la pe- 
tición del Cabildo para que se excluyesen los 
mulatos al designarse los cuatro músicos que 
constituían hi ca])illa de la cofradía del Sacra- 
mento y fuese obligatorio, para dichos músicos, 



(1) No dice el ñola si Ovando luuriú o retomó a España. 

22, 



AXOTACIONES HISTÓRICAS, 



tocar en todas las í'estividades de 1- y 2- clase. 

El Rey no consideral)a depresivo para las so- 
lemnidades del cnlto la presencia de los nuiíatos 
músicos, ni en la ca]ñ]la del Sacramento, ni en 
las xn-ocesiones y viáticos: por el contrario, re- 
comendaba se les tratase con las consideracio- 
nes debidas a todo ser Imniano, si bien indicaba 
se cnbriesen las vacantes con los más idóneos. 

¿En qné forma (^staba organizada esa capi- 
pilia? ¿Qné fnnciones desemi^eñaban los cna- 
tro músicos? 

Sin documenta ción en que apoyar el aserto 
y sólo teniendo en cuenta cómo estaban organi- 
zadas, por aipiella éiroca, las capillas de las cate- 
drales españolas, suponemos que el cuarteto es- 
taría representado por el órgano, dos chirimías 
(1) y un fagot. 

El presbítero Don Francisco de Sotres, nota- 
rio y secretario del 01)ispado, desempeñó la 
plaza de organista durante ios años 17.56 y 57; 
y la de sorcbantre, en iguales fechas, Don Ber- 
nardino Lexes. 

Desde 17.58 hasta el 1761 en que falleció, fue 
organista Miguel Feliciano, permaneciendo la 
plaza vacante hasta el 31 de dicieml)re de 1769, 
en que fué nombrado Domingo de Andino quien 
continuó hasta 1800, fecha con que cerramos 
este capítulo. 

Muerto el sorchantre Lexes, en 17.58, hasta el 
1761 no fué nombrado Miguel Bonilla, sucedién- 
dole, desde 1762 hasta el 68, el Clérigo de me- 
nores, Don Pedro Martínez. 



(1) La oliirimía ora un instinmento de madera muy seme- 
jante al óhoc. y estuvo muy en uso en las iglesias españolas hasta 
la introducción de los violines. Su boquilla era igual a la que se 
emplea para el óhoe y fagot modernos. La elürimía cantaba 
siempre al unisono con el tiple, y la segunda con el contralto o 
tenor. 

23 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



Don José de Torres fué sorcliantre en el año 
1769, y del 1770 al 74, José Vicente Muñoz. 

En 1775, designóse al presbítero Don Antonio 
José Espeleta, reeligiéndosele para el 1776, y, 
desde 1777 ñasta 1788, sirvió la plaza Don Leo- 
nardo del Toro v Quiñones, que falleció en este 
año. Le sucedió, interinamente, Don José Ma- 
ría Euiz hasta el 1785 en que fué nombrado, en 
propiedad, Don Pedro Level que la sirvió liasta 
el 1790. 

Durante los años 1791 y 92 desempeñó el ofi- 
cio, Nicolás Kuíz; del 179.3 al 95, Don Pascual 
González; y, desde 1796 hasta el 1800, el Rev. 
Don Agustín Benito Yaldejuli que ejercía, a la 
vez, las funciones de Secretario y Protonota- 
rio. 

La frecuencia con que Asacaba el oficio de sor- 
chantre y el tiempo que i)ermanecía sin cubrirse 
el cargo, hace suponer cuan escasos serían los 
apropiados i)ai"a ejercerlo, hi])ótesis que confir- 
ma la Real Cédula de 18 de diciembre de 1792, 
incluyendo copia de un oficio del Obispo sobre: 
"la necesidad de un sujeto instruido en el canto 
"llano que tiene la Catedral para que se informe 
"sobre lo que expresa." (1) 

Ya por estos mismos años, según dice otra cé- 
dula que, sin fev'ha ni encabezamiento, existe 
en el archivo, se solicitaba la asignación de $50 
l)ara un profesor de solfeo y canto, a fin de ins- 
truir un número de niños que ayudasen a solem- 
nizar las festividades. 

Esto, unido a la carencia absoluta de bandas 
militares, pues al organizar el mariscal de cam- 
po, gobernador en 1765, Don Domingo de O' 
Reilly, el batallón denominado El Fijo, sola- 



(1) Boletín hiütúrieu de riiorto Rico. — Coll y Tosté. — Tomo 
I, página 57. 

24 



AXOTACION'ES HISTÓRICAS. 



mente lo dotó de dos pífanos y dos tambores, 
nos hace sostener la creL'ncia de qne el arte mn- 
sical estal)a completamente, en pañales, al fina- 
lizar el siglo XVIII, teniendo por únicas mani- 
festaciones, la música religiosa (circnnscrita 
a los servicios de la catedral, conventos de frai- 
les y algnna qne otra parroqnia de la isla) y la 
de baile, sin qne podamos informar la forma 
en qne ésta se producía. 



25 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



CAPITULO II. 



1800-Í858 

El grito de independencia lanzado por las 
colonias españolas de Centro y Sur América, 
al empezar el siglo XIX, Mzo que el gobierno 
español reforzara la guarnición de Puerto Eico, 
destinando un regimiento de línea (1) con ban- 
da de música, que debió arribar a San Juan 
en la primera década del siglo, va que al veri- 
ñcarse, el 24 de julio de 1812, la proclamación 
de la Constitución de Cádiz, en la Gaceta de 
Puerto Rico del 29 de julio de 1812, Xo. 27, Vol. 
7, (2) se cita, por dos veces, a la música del re- 
gimiento de línea, solemnizando las fiestas. 

.Dicha banda, sin que estuviese constituida 
por artistas, ni la índole de sus trabajos forma- 
sen escuela, vino a ser un nuevo elemento en el 
desarrollo del arte musical. 

Durante las guerras de las colonias, se esta- 
bleció una gran corriente de inmigración liacia 
esta isla, que llegó a su mayor incremento cuan- 
do, en el año 1821, se emancipó Venezuela. 

De Costa Firme, como se la llamaba también, 
vinieron a Puerto Rico un gran número de fa- 
milias, muchas de ellas ricas, ilustradas y cul- 
tivadoras de la música : y un nuevo regimiento 
de línea, creo que el de (iranada, con su música, 
constituyó, con el de Asturias, fijo de artillería, 
la compañía de caballería y las milicias, la guar- 
nición militar de toda la isla. 



(1.) Sonúii n rcroiiciíis, so (lclioniiii;ii»¡i "dr Asturias." 
(2) Boletín histórico de Puerlo líico. ^vv. ruadcnio (U-l lomo 
II. — Col! y Tosté. ~ 1915. 



AXOTACIOXES HISTÓRICAS. 



Las bandas, entonces, estaban organizadas 
con el instrnuiental antiguo en que, el figle y el 
scrpcntón, ocupaban el puesto del hoaiharclino 
y bajo modernos; las trompas y clarines eran 
''de manos", es decir, que la escala de sus soni- 
dos se producía por la mayor o menor intro- 
ducción de la mano en la campana del instru- 
mento, lo que hacía muy difícil la ejecución; los 
t)-()i)ihones eran de barras en. vez de pistones y 
el total de instrumentos no i^asaba de 20 a 22, 
incluyendo los de percusión. 

Ija música recreativa empezó a tener maj^ores 
exi)onentes que los del género bailable, pues las 
bandas que acostumbraban a solemnizar las 
misas de tropa, dejaban oir, durante ellas, tro- 
zos de música un poco más selecta que la, basta 
entonces generalmente conocida. 

Los bailables, cuya procedencia era comple- 
tamente española, predominando la contradan- 
za de figuras, se aumentaron con el danzón de 
ritmo monótono e insulsa melodía, que impor- 
tado de Venezuela, tomó carta de naturaleza 
riqueña, siendo el origen de nuestra danza ac- 
tual. 

En la parte religiosa, no hubo notable modifi- 
cación, pues, oficialmente, en la Catedral conti- 
nuaba el cabildo liaciendo los nombramientos 
de organista y sorcliantres. 

Como organista, siguió reeligiéndose a Do- 
mingo de Andino (nombrado por primera vez 
en diciembre de 1769) liasta el año 1819, en que, 
según acta del 12 de diciembre de 1818, el ca- 
bildo acordó ''que, en atención a estar ya impo- 
sibilitado para ejercer la profesión (tenía 80 
años) y haber pasado más de sesenta años en 
el servicio de la iglesia, se le jubilase con una 
pensión anual de 180 pesos, y que se le propor- 
cionase otro músico de canto llano y figurado 

. 27 



:\IÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQITEÑOS. 



l)ara (jue le asistiese a tocar el órgano en todas 
las misas de rúbrica v en las demás que hayan, 
consignándole, por estos servicios, 300 pesos 
anuales." 

Los sorchantres fueron: en 1800, Francisco 
Kodríguez Colón; en 1801, Don Francisco Car- 
bañón, interino hasta nuevo acuerdo, que recayó 
en el fraile dominico, Francisco Riesco al que 
se le aumentó el salario hasta completarlo en 
100 pesos. ( 1 ) En 1802, Don Juan Xepomuceno 
Xusién al que sucedió, en 1803, Don Emigdio 
de Torres, clérigo tonsurado, con obligación de 
ponerse de acuerdo con el canónigo Don Juan 
de Andino, para que le enseñase los tonos nece- 
sarios del canto llano y que no se cubriese la 
plaza hasta la partida de Xusién. 

\^acante el cargo en 1804, el clérigo diá,cono 
Don Victoriano Martínez, fué nond)rado en 
1805, desempeñando el cargo hasta el 1810 en 
que designaron, interinamente, al tonsurado, 
Don Cavetano Pastrana, quien la sirvió hasta 
el 1811.' 

Aumentadas a dos, en 1812, las plazas de sor- 
chantres, Don Juan Yicens ocupó la de 1- y Don 
José Matías Cuxach la de 2-, con 100 i)esos de 
asignación. 

Cuxach desempeñaba, a la vez, la plaza de or- 
ganista, sustituto, pues como titular seguía 
apareciendo Domingo de Andino, honor especial 
que quiso conferirle el cabildo hasta su muerte 
acaecida en 1822. 

Desde el 1813 hasta 1821, en que falleció, con- 
tinuó de organista, sustituto y en propiedad, 
Don Matías Cuxach. Don Juan Yicens sesfuía 



(1) I.íi luiuuta lio dice si ese estiix'inlio crn aimnl u iiiciisumI 
Aiit(^s tenííi la asignación de 32 pesos. 

2b 



ANOTACIONES HISTÓRICAS. 



siendo el primer sorchaiitre, teniendo por se- 
gundo, en 1824, a Miguel Sandoval. 

Muerto Cuxach, en 1825 ocupó la plaza de 
organista Don José María Benigno Freijó. Era 
en este año sorchantre 2' Don Kamón Girona. 

Don Juan Vicens sirvió el cargo de organista, 
en calidad de interino, a la muerte del anterior, 
nombrándosele en propiedad, hasta el 1830 en 
que falleció. 

Desde 1826 hasta 1830, figuraron como sor- 
chantres, Kamón de Soto, Don Isidoro Martí y 
Don Ramón Segné. 

En la década del 40, el cultivo de la música 
debió de adquirir mayor impulso, pues así lo 
hace suponer le existencia de algunos pianos o 
clavicordios, en San Juan, y el haber sido ter- 
minado el teatro (el actual municipal en su es- 
tructura antigua) que empezó a edificarse en 
el 1823, a iniciativas de la Real Sociedad Eco- 
nómica de Amigos del País, (1) organismo que 
contribuyó poderosamente al desarrollo econó- 
mico, social e intelectual de Puerto Rico. Los 
músicos mayores y partes principales de las 
bandas de música contribuyeron mucho al fo- 
mento de la enseñanza musical. 

Entre aquéllos, figuró, en primera línea, Dou 
José Alvarez, músico mayor del Regimiento de 
Granada, y que después pasó con igual cargo, 
al de Cataluña, cuando éste y el de Antequera, 
relevaron a los de Asturias y Granada. 

Don José Alvarez debió poseer buenos cono- 
cimientos de música, a juzgar por los discípulos 
que obtuvo, entre los que sobresalieron sus hi- 
jos Mauricio y Hermógenes, Don Felipe Gutié- 
rrez V Juan Inés Ramos. 



(1 I La Real Orden, aprobando los oítatutos. tioue fecha 2 
de julio de 1814. — Coll y Tosté. — Boletín Histórico. — 1914. 

20 



MÚSICA Y MÚSICOS TORTORRIQUEXOS. 



Además de Alvarez, por entonces ya figura- 
ban como profesores de violín, Don Victoriano 
Juárez (1838) v Mr. Wainet, Adolinista y com- 
positor francés, que, del 40 al 50, vivió en San 
Juan. 

Como organistas, fueron nombrados: de ISol 
al 32, Don Manuel Benigno Freij(3, y, en 1833, 
Don Isidro Martí, (interinamente) que era uno 
de los sorcbantres. Después fué designado Don 
José Bermejo Iturriaga (1834) quien sirvió el 
oficio basta su muerte, acaecida en 1848, susti- 
tuyéndole., desde entonces, basta el 1858, en que 
termina este capitulo, Don Domingo Delgado, 
compositor de música religiosa de mucbo mérito, 
que desde 1846 venía sirviendo la i^laza de se- 
gundo sorcbantre y la de organista sustituto, 
con la sola retribución de 25 pesos por mes y 
sin ovenciones. Tan escasa retribución motivó 
una petición que biciera el padre Delgado, al 
cabildo, en que manifestaba: "que, liaciendo 
diez años que Atenía sirviendo dos cargos sin 
más estipendios que los de 25 pesos, suplicaba 
se le aumentase el sueldo o le señalasen oven- 
ciones", petición que fué atendida aunque no 
consta en el acta en 'qué forma. 

Desde el 1831 basta el 36, Don Isidro Martí 
era el primer sorcbantre y Don Eamón Segné, 
el segundo. Muerto Martí, en 1836, Segné ocu])ó 
el primer puesto, designándose a Don Domingo 
Delgado i)ara el segundo, siendo éste sustituido, 
en 1848, por Don Domingo de Villanueva, al que 
sucedió José Bey, desde 1851 basta el 54 en que 
la ocupó Vicente Martínez, permaneciendo co- 
mo tal basta 1858. 

Desde el 1840, él cultivo de la música se exten- 
dió considerablemente, predominando la afición 
al estudio de los instrumentos de cuerda, incluso 
el arpa, aumentándose la importación de pianos. 

80 



AXOTACIOXES IllSTOUICAS. 



Los músicos mayores de los regimientos de Aii- 
tequtra, Granada e Iberi.i (este último fué agre- 
gado a la guarnición) así como el del bata- 
llón de Artillería, (este organizó su banda, 
según referencias, en 1849) que después fueron 
sustituidos por los de Cádiz, 3íadrid j Vallado- 
lid, eran músicos de gran competencia, algunos 
extranjeros como Luigini, concertista de cor- 
netín, que murió en la guerra de Santo Domin- 
go ; Don Carlos Al lar d, flautista afamado v her- 
nmno de Don Delfín, director, entonces, del Con- 
servatorio de París, cuya escuela de violín toda- 
xm se enseña en la Isla, y Don Rosario Aruti, 
buen armonista y compositor. (1) 

El modo de ser xíolítico-social de la época, ba- 
cía que las clases más elevadas de la sociedad 
no desdeñasen el cultivo de la música, pudién- 
dose decir, que en ellas estaban vinculadas la 
mayor parte de las manifestaciones del arte. 
Familias enteras, como las de Santaella, 011er, 
Panlagua, Montilla, Cabrera, Martínez Apari- 
cio, Martorell, Vassallo, Ginorio, Otero, Lago, 
Dueño, Geigel y otras más de toda la Isla, al 
arte dedicaban su más preferente atención. 

Desde el año 42, empezaron a visitar el país 
artistas de mérito y algunas compañías de ópe- 
ra, siendo la primera, la que trajo el señor Ste- 
fano Busatti, en la que figuraba como soprano, 
la señora Giovanini y como tenor, Don Félix 
Astol autor de la Borhiquen, danza que por el 



(1) Aunque al reorganizarse en 1841 el cuerpo de Artillería, 
en el cuadro de oñciales y demás clases del batallón, uo ligura- 
bau más que un cabo y ocho tambores, más cuatro soldados apren- 
dices de tambor. — ■ Boletín histórico de Puerto Rico. Pá?. 163 del 
tomo II. — Coll y Tosté. —1915. — por referencias de buen orí- 
iren podemos afirmar, que al poco tiempo se organizó, con fondos 
del cuerjx). ]a lian<la de música, siendo Don Felipe Costas el pri- 
mer músico mayor, sustituyéndole jtoco después Don Rosario Aru- 
ti. (jue había llegado a la Isla como maestro director y concer- 
tador de una compañía de Opera. 

31 



MUSICxV Y MUSK.'ÜS PORTORRIQIEXOS. 



pueblo es considerada como el himno portorri- 
queño, por haber hecho su aparición en la época 
de la insurreción de Lares y haberse adaptado 
a la música una letra con pensamientos separa- 
tistas. 

Xo era solamente en k^ án Juan en donde ])r()- 
í>Tesaba el arte; también en la Isla tenia buenos 
cultivadores. 

En Arecibo se esta,)lecié) en 1840, como pro- 
fesor de música, Juan Inés Ramos, clarinete que 
fiu'' de la banda del batallón de Cataluña, obte- 
niendo alumnos aventajados, como lo fueron sus 
hijos Heraclio y Federico, y el diletante Don 
José María Lago, que como clarinetista alcanz(') 
gran renondíre. 

En Aguadilla, el pianista, compositor alemán, 
Mr. Mello; en Mayagüez el farmacéutico Don 
Rufíno Ramírez (discípulo en París, del gran 
nuiestro de violín Mr. lieriot, profesor del Con- 
servatorio ) ; en Ponce, Don Antonio Egipciaco ; 
Don Ignacio Otero en Humacao; Don José Al- 
varez (ex-músico mayor del Regimiento de Ca- 
taluña) en Cáguas, donde ftjara su residencia; 
en ^Manatí, Don I*edro José Vega, músico prin- 
cipal que fué de la banda del Regimiento de An- 
tequera, fueron, entre otros, los que encauzaron 
el temperamento artístico de los portorrique- 
ños por las sendas del estudio y del buen gusto. 

La influencia del sentimiento religioso que en- 
tonces i^redominaba, hizo que este género atra- 
yese más principalmente, la atención artística 
y ,tal vez, por eso mismo fué que el arte alcanzó 
después tanto desarrollo, pues no hay nada co- 
mo la fe, como el ideal y el cultivo de los nobles 
sentimientos humanos ])ara impulsar las artes. 

El organista de Catedral, presbítero Don Do- 
mingo I)elgado, fué el primer maestro compo- 
sitor que creó, en el país, un bellísimo reperto- 

32 



ANOTACIONES HISTÓRICAS. 



rio de música sacra, que en su mayor parte po- 
seemos. A él sigue, Y suponemos fuera su dis- 
cípulo de composición, el que después lia sido el 
mejor maestro compositor sagrado que lia pro- 
ducido el país, Don Felipe Gutiérrez y Espinosa, 
que fué músico mayor del Regimiento de Iberia, 
y, más tarde, Maestro fundador de la Orquesta 
de Capilla de la Iglesia Catedral. 

Al finalizar los lustros de que venimos hablan- 
do, siendo Gobernador de la Isla el General se- 
ñor Conde de Mirasol, se constituyó, en la capi- 
tal, una sociedad titulada La Filarmónica de la 
que fueron los más entusiastas sostenedores, D. 
Martín Salavarría, D. Martín Travieso y la fa- 
milia Montilla. Su principal objetivo era fo- 
mentar las artes y, esj^ecialmente, la música. 
Tenía su domicilio en la calle de la Cruz, casa en 
donde se encuentra hoy establecido el Colmado 
Central y la que todavía se designa con el nom- 
bre La Filarmonía. 

Dicha sociedad puso en escena, en el Teatro, 
a los pocos meses de haberse estrenado en Ma- 
drid, la bella zarzuela del maestro Arrieta, El 
Dominó Azul, con tan buen éxito, que después 
acometió obras de mayor empeño. 

Y, en efecto, a los pocos meses estrenábase la 
ópera en tres actos, letra de Don Alejandro 
'i'apia y música de Don Felipe Gutiérrez, titu- 
lada (ruarionex, con el siguiente reparto: 

Loarina, (Tiple) . Srta. Dña. Antonia Montilla. 

Anona, (Tiple Srta. Dña. Isabel Oller. 

El Español, (Tenor) . Sr. D. Manuel Panlagua. 
Guarioncjc-, (Barítono) . . Sr. D. Antero Adzuar. 
El indio Taboa (Bajo Cantante) 

Sr. D. Francisco Oller. 

Los coros y partiquinos estaban desempeña- 

33 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



dos por jóvenes aficionados, de la mejor socie- 
dad, alcanzando nn gran éxito dicha obra y re- 
pitiéndose, por varias veces, sn representación. 

La Fihirmónica tnvo, por largo tiempo, vida 
robnsta, dando a conocer obras de antores y 
risuntos na^tivos, como El Amor fie un Pescador^ 
ópera en dos actos del maestro Gntiérrez, hasta 
qne des^Kiés, el General la Peznela, al fnndar 
la Academia de Buenas Letras, la hizo incor- 
l)orar a esta Institución. 

El género bailable que, a principios del siglo, 
tenía poco sabor criollo, con motivo de las típi- 
cas fiestas de San Juan, fué tomando tintes más 
regionalistas, pues venían de los pueblos comar- 
canos, orquestas jíbaras constituidas por trova- 
dores y afamados tocadores de tiple, cuatro y 
hirdonúa, que hicieron conocer y apreciar las 
bellezas de sus cantos titulados Décimas, Caha- 
IJos, Coplas, así como del característico Vals 
Jíbaro y Seis Chorreao. (1) 

Caguas era el pueblo en donde el canto regio- 
nal estaba mejor integrado, no tan sólo por la 
pureza del genero, en cuanto a la insi^iración y 
variedad, sí que también por contar con los me- 
jores tocadores de tiple y cuatro. El jíbaro Cal- 
derín, nos ha referido don Mauricio Alvarez, 
era un concertista en el tiple y la bordonúa. En 
1851, ya había en Cáguas una magnífica orques- 
ta dirigida por Don José Alvarez y de la que 
formaban parte, entre otros, Don José Ildefonso 
Jjatorre, 1er. violín, y como voces, el escribano 
Don Je íús Calderón, Don Saturnino Colón y 
Don Fulgencio Mercado; la orquesta tenía dos 
trompar.. 



(1) Sepiíu el doctor Don Cayetano Coll y Tostó, el nombre de 
Seis Chorrud procede de que, siendo la sexta íigura de la con- 
tradanza l;i única eu que las parejas se enlaza))an para dar vuel- 
tas vei-ti'r'nosas. de ahí aplicaron los jíbaros el nombre a su ca- 
ractei'ístico baile. 

34 



ANOTACIONES HISTÓRICAS. 



Después de la Compañía de Busatti, vino un 
cuadro de ópera que dirigía el barítono Vita, y, 
poco después la gran Compañía de Stefanelli. 

La primer compañía de Zarzuela que visitó 
l;i Isla fué la de Bien, siendo su Maestro Concer- 
tador el señor Conde, dando a conocer (en 1858) 
las zarzuelas Los 3Iadf/iares, Juramento, Jugar 
con fuego j Los ■Diamantes de la Corona. Esta 
compañía fué la que inauguró el teatro La Perla 
de Ponce. 

Además, venían con frecuencia, como hemos 
dicho antes, artistas de fama que recorrían la 
Isla dando conciertos. En 1852, la célebre diva 
Adelina Patti, que aún vive, y el no menos afa- 
mado pianista Goltschalk, dieron una serie de 
recitales en los que tomaban partes elementos 
artísticos de la alta sociedad, como la señora 
Kortright, de Manatí, que era una buena arpis- 
ta, y la señorita Isabel 011er, de San Juan, cuya 
bien timbrada a^oz de soprano ligera, en nada 
desmerecía a la de la Patti, en aquella época, 
cuando cantaban a diio trozos de ópera. 

La música di camera, tenía también sus culti- 
vadores. En algunas casas particulares, como 
las de Don Aurelio Dueño, Don Manuel Martí- 
nez Aparicio, Don Felipe lieclit y otros extran- 
jeros, se rendía culto al cuarteto clásico. 

El pueblo tenía como expresión musical, las 
canciones a una y dos voces y la danza o danzón 
al que casi siempre le aplicaban letra, si bien 
ésta era más bien adaptada a la música, desjmés 
de oírse esta, y los temas carecían de interés. 

La cultura general del país, a la mitad del si- 
glo XIX, se manifestaba ya de una manera tan 
satisfactoria, considerando el corto número de 
años de haber sido iniciada, que el Gobierno fué 
el primero que se interesó para darla a conocer. 

Dos hechos importantísimos vinieron a paten- 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEXOS. 



tizar el desarrollo que el arte iba adquiriendo. 

Fué el uno, la celebración, en 1854, siendo ca- 
pitán general de la Isla, Don Fernando de Nor- 
zagaray, de la primer Feria-Exposición. Entre 
los niuclios premios consignados para las exM- 
biciones agrícolas, industriales y profesionales, 
los había también para las artísticas, habiendo 
obtenido la medalla de plata, ])remio de música, 
el joA^en pianista arecibeño (sólo contaba 18 
años) Adolfo Heraclio Ramos, por una fantasía 
con variaciones para piano sobre La Polka Fa- 
rorita de Jenni) Lind. (1) 

El otro lo constituyó la creación, por el Rev. 
Obispo de la Diócesis, Fray Pablo Benigno Ca- 
rrión, de la orquesta de Capilla de Catedral, en 
el año de 1858, con la siguiente organización : 

Maestro director D. Felipe Gutiérrez. 

Tenor ^ D. J. Salavet. 

Barítono D. Rafael Fatjó. 

1er. Yiolín D. Claudio Grandi. 

2do. yiolín D. Aniceto Andino. 

3er. yiolín, D. Francisco Martínez Aparicio. 

Flauta D. Eduardo Martorell. 

Clarinete 1" D. Salvador Laloma. 

Clarinete 2- D. José Belén Tizol. 

Trompa 1* D. Juan Xoriega. 

Trompa '2' D. Juan F. Borras. 

Bombardino D. Jaime Bastard. 

Yiohmcello. . 1). Manuel Martínez Aparicio. 
Contrabajo D. Aurelio Dueño. 

Para la inauguración compuso Don Felipe 
Guíiéri'pz una misa en Do, que todavía se toca 
en alíir:Has iglesias. 



(1) Ji:iiin/ Lina fnO una fainosn cantaiito liijílosa. — F. C. 

3(> 



ANOTACIONES HISTÓRICAS. 



CAPÍTULO III. 



1858-1898 

A partir del año 1858 en que termina el relato 
del capitulo anterior, el arte musical siguió evo- 
lucionando en crcsccufJo. 

La enseñanza del piano tenía carácter de es- 
cuela determinada, contando con buenos profe- 
sores, en su mayor parte catalanes, que en dis- 
tintas poblaciones de la Isla iban obteniendo 
discípulos de mérito. 

Don Juan Cabrizas, en San Juan, que trasmi- 
tía con propiedad sus amplios conocimientos, 
aunque, como todos los de la época y hasta poco 
después de la venida de Tavarez, y Toledo, se- 
guía la escuela francesa, e italiana en los méto- 
dos de enseñanza, obtuvo muy buenos discípulos 
como entre otros Tavarez, Gonzalo Xúñez, Ge- 
rardo Soler y la Srta. Inocencia Caparros. 

En Mayagüez, que por entonces, era una de 
las poblaciones de mayor cultura intelectual y 
social, inies su riqueza, no A^nculada como hoy 
en pocas manos, permitía a muchas familias 
viajar por el extranjero y España, en cuyas prin- 
cipales capitales quedábanse educando muchos 
jóvenes, tenía la música muy buenos cultivado- 
res, no solamente entre las clases más altas, si 
que también en el pueblo, de cuyas aptitudes 
logró obtener, el connotado maestro de música, 
Don José Antonio Gaudier, catalán, alumnos de 
mérito, que como los Xadal, Kamírez, Freyre, 
Casanova, Defllló, Brito, Mesorana y otros, 
ocuparon, ya como dilettantes, ya como profe- 
sionales, i>uestos de honor artístico. Todos los 
hijos del Sr. Gaudier poseyeron conocimientos 

37 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



110 superficiales de música, aunque no los utili- 
zaron como profesión por haberles podido dar 
su Sr. padre, carreras literarias o científicas, 
cosa imposible lio,y para (piien solamente tenga 
por entradas los estipendios de la profesión. 

En Aguadilla, el maestro alemán Mr. Mello, 
cimentó la afición a la buena música y estudio 
del piano, a juzgar por sus discípulos meritísi- 
mos, como los Amell, Méndez, Carvaná y otros. 

En Ponce, Egipciaco, Pedro Gabriel Carre- 
ras, Ernesto del Castillo, Forns, Pasarell y otros 
que no recordamos. En Arecibo, Heraclio Ra- 
mos; y Guillen, Felipa Andino, Eduardo Ciie- 
bas, Ignacio Otero, la familia Tizol, más prin- 
cipalmente los hermanos Manuel, José Belén y 
Ensebio, Gutiérrez, Callejo, Montón, Aruti, Ar- 
cas, Valero y. algunos de mayor o menor talla, 
se dedicaban, con ahinco y proyecho, a la ense- 
ñanza en San Juan y pueblos de la isla. 

Las Ferias-Exposiciones continuaban y aun- 
que nos ha sido imposible, a pesar del interés 
con que los hemos solicitado, obtener datos ofi- 
ciales a ellas referentes, el Dr. D. Cayetano Coll 
y Tosté, actual historiador de Puerto Rico, nos 
afirma, que en la de 1860 obtuvo Heraclio Ra- 
mos, medalla de oro por unas Variaciones para 
Piano sobre motivos del Carnaval de Yenecia. 

A principios de 1865, los señores Gutiérrez, 
Callejo y Meléndez coiistituyer(m en la Capital 
una sociedad artística que fué muy beneficiosa 
para el arte y para los músicos. 

Lo fué para el arte, porque integrada la or- 
questa por los mejores instrumentistas de en- 
tonce^ y dotada, aunque en pro])orcióii relativa, 
del personal requerido para la gran orquesta, 
estaba en condiciones para servir, sin elementos 
de afuera, a las compauías de ó])ei'a que con fre- 
cuencia visitaban la Isla, ensayándose, a la vez, 

38 



ANOTACIONES HISTÓRICAS. 



en la interpretación de algunas obras clásicas, 
ya qne, entre el lote de partitnras qne tocara a 
nuestro padre cuando se disolvió la sociedad, 3^ 
que todavía conservamos, estaban las sinfonías 
de Beetlioven, impresas y orquestadas en París, 
para gran orquesta. Además fué un acicate 
para que el genio musical de Gutiérrez se pro- 
dujera en todos los géneros, pero más especial- 
mente en el religioso y sinfónico. 

Para los músicos fué útilísima la sociedad, 
porque con la selección y competencia, el estí- 
mulo les hacía estudiar, a parte de que con la 
sección benéfica de aquélla, obtuvieron, en más 
de una ocasión, eñcaz auxilio, cuando las enfer- 
medades o desgracias de la vida, añigían sus 
bogares. 

Uno de los actos en que la sociedad tomó par- 
te activa fué al secundar la iniciativa de D. Au- 
relio Dueño, para celebrar en 1865 la festividad 
de Santa Cecilia, patrona del arte dentro ele las 
creencias católicas. 

Diclia festividad, más artística que religiosa, 
fué un gran exponente del estado de progreso 
en que se encontraba el arte en toda la Isla, 
pues de la mayor parte de los pueblos acudieron 
los mejores músicos para integrar la orquesta 
que debía solemnizar los números del progra- 
ma. 

Este se componía, entre otros, de : Gran Re- 
treta militar en la noche del 21 de noviembre; 
Misa solemne, el día 22, en la Iglesia de San 
José, y en la noche de ese día. Certamen Musical 
en el Teatro, seguido de un concierto vocal- ins- 
trumental. 

Del Certamen nos ocupamos en la sección 
correspondiente, y en cuanto a la festividad re- 
ligiosa, en ella se estrenó la Gran Misa com- 
puesta para el certamen por Gutiérrez, y que 

39 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



obtuvo el primer premio, cuya partitura pone- 
mos a la disposición de los peritos que deseen 
examinarla ; la que, según Braulio Dueño Colón, 
que la ovó ejecutar, es una de las mejores obras 
del maestro Gutiérrez, sobre todo el Credo, que 
después de liaber sido ensayado con esmero no 
l^udo ejecutarse, por cuestiones ¿ti rúbrica en 
la liturgia de la Iglesia. 

Las bandas militares de la guarnición consti- 
tuidas por los batallones de Cádiz, Madrid, Va- 
lladolid y Artillería, así como la del de Puerto 
Rico que se organizó al final de ésta década, da- 
ban semanalmente, jueves y domingos, retretas 
en la plaza de armas, en las que ejecutaban los 
mejores números de las óperas italianas y fran- 
cesas, más en boga i)or entonces, no en forma 
de selecciones, como ahora, sino tal como ai)are- 
cían en las partituras originales. 

En muchas casas particulares continuaba el 
culto por la música di camera, como en las de 
Heclit, Martínez y Arricruz. 

En Bayamón, Don Sandalio Callejo estable- 
ció en 1870, una academia de música, en la que 
se daban estudios severos y completos de teoría, 
solfeo 3^ mecanismo elemental de los instrumen- 
tos. De ella salieron, entre otros, Pedro Arcí- 
lagos que después ha figurado y figura aún, pres- 
tigiosamente, en el extranjero. 

Las orquestas de Iglesia y de baile más re- 
nombradas y que continuamente eran solicita- 
das de la Isla para solemnizar las fiestas patro- 
nales, eran las de Callejo, Estmio, (Damián) y 
Segné. (De ésta formaba parte el popular bar- 
bero Rufo Mojica). Por entonces fué que Ju- 
lián Andino, compuso la danza ''La IMargarita" 
en la que sustituyó el antiguo tango del acom- 
paíiamiento ])or el de tresillos, que aunque gran- 
demente reformado, todavía se estila. 

40 



ANOTACIONES HISTÓRICAS. 



Del 1870 al 1880, iiiievas manifestaciones ar- 
tísticas contribuyeron a los progresos del arte. 

Fué una de las priuieras, la Academia de Mú- 
sica creada por el Municipio, en 1871, por ini- 
ciativa de Don Felipe Gutiérrez. 

Algo laboriosa fué la tramitación del expe- 
diente, del que vamos a hacer lijera reseña por 
datos documentados. (1) 

En 26 de enero de 1871, Don Felipe Gutiérrez, 
cumplimentando las leyes de entonces, solicitó 
del Gol)ierno General permiso para establecer 
una academia de miisica. La petición fué favo- 
rablemente endosada por el Secretario del Go- 
bierno y remitida al Ayuntamiento, que conce- 
dió la autorización. 

Posteriormente, en mayo 16 del mismo año, 
elevó Gutiérrez otra instancia al Gobierno, para 
que se le señalase una subvención, siquiera pa- 
ra cubrir los alquileres de casa y material artís- 
tico, ya que la academia contaba con más de 360 
alumnos y como local, utilizaba el de la Acade- 
mia de pintura, subvencionada por el Municipio, 
y que generosamente le cedía de noclie, su buen 
amigo, el director de aquella, y afamado pintor 
Frasquito 011er. 

El secretario del Gobierno General, Don Fran- 
cisco Izquierdo, el 19 de mayo remitía la instan- 
cia al Ayuntamiento, recomendando la subven- 
ción, y este en su primer sesión designó a los 
regidores Don J. Eustaquio Cabrera y Don Pe- 
dro de Menchaca, para que, en comisión, infor- 
masen. 

El Secretario Municipal, Don Federico Asen- 
jo, mandó la copia del acuerdo a los comisiona- 
dos, con fecha 7 de junio, y éstos lo devolvieron. 



(1) Leeajo 57.— Expo(iipiito No, 33, de] arcliivo Municipal de 
Sau Juan. 1871-1877. 

ál 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



informado de acuerdo con la petición, el 11 de 
septiembre. Al siguiente día, 12 de septiembre 
el Municipio, reunido en sesión ordinaria, dene- 
gó la recomendación que los comisionados lia- 
cían, de pagarse lo pedido con cargo al fondo de 
loterías, por estar va agotados los mismos, acor- 
dando, sin embargo, que se aplazase la resolu- 
ción, hasta que se encontrase la forma de i^oder 
incluir la partida en el presupuesto general de 
gastos para 1872. Así lo liicieron, comunicando 
al Maestro Gutiérrez, que desde enero de 1872 
se le concedía la subvención de 50 i)esos mensua- 
les para casa y 10 pesos para material, los que 
percibiría del fondo de loterías, señalándosele 
un mínimun de 60 alumnos y que las matrículas 
serían lieclias por el Secretario del Municii^io. 

Así continuó la academia basta el 30 de mar- 
zo de 1874, en que hubo de cerrarse, porque la 
subvención fué retirada, a causa de haber pa- 
sado la lotería a poder, y como renta propia, de 
la Diputación Provincial. 

En 1877 Alarios vecinos de San Juan eleA^aron 
al Ayuntamiento distintas peticiones para que 
se restableciese la Academia, pero fueron todas 
denegadas por falta de fondos. 

En 1876, el Municipio y la Diputación subven- 
cionaron con 1,000 pesos al Maestro Gutiérrez 
para que se trasladase a Europa a visitar la ex- 
posición de Viena, y después a París con el fin 
de que a la par que se diese a conocer, ampliase 
sus conocimientos artísticos. El Aiaje fué de 
])oco proA'echo, pues el tem])eramento artístico 
del maestro estaba desarrollado y saturado de 
un ambiente com]íletamente distinto, y su edad 
y dolencias no le ]>eriiiitínu dedicni-se a nuevos 
estudios. De lodos modos lué una especie de 
premio que tácitamente (¡uiso darle el Gobierno 

42 



ANOTACIONES HISTÓRICAS. 



por su labor incesante y fecunda como maestro 
compositor. 

La Diputación Provincial estableció en 1875 
una clase de música en el asilo de Beneficencia 
designando como profesor al maestro italiano 
Don Rosario Aruti. Muerto éste en 1878 le 
sucedió en el cargo Don Sandalio Callejo hasta 
su muerte, acaecida en 1883 (16 de junio). Ob- 
tuvo el cargo Don Jaime Bastard Tizol, joven 
músico, que prometía y que a los pocos meses, 
también murió, nombrándose entonces a Don 
Francisco Verar quien lo desempeñó hasta el 
cambio de nacionalidad, 1898. 

Don Sandalio Callejo fué el primer director 
que en la clase de música del Asilo estableció 
la enseñanza de los instrumentos de cuerda, or- 
ganizando una orquesta para los cultos de la 
Capilla del establecimiento, llevando, asimismo, 
a muchos asilados músicos, a la Banda del 1er. 
Batallón de Voluntarios, de la que era músico 
mayor, para que practicasen en ella, algunos de 
los que después han ocupado x^uestos de honor 
en las bandas y orquestas de la Isla. 

Durante esta década tres buenas orquestas 
religiosas se disputaban la supremacía. La de 
Catedral, dirigida por Gutiérrez; la que bajo 
la dirección del com})etente maestro, compositor 
y organista, Don Gregorio Ledesma, establecie- 
ron los PP. Jesuítas en la Iglesia de San José; 
y la de la parroquia de San Francisco que diri- 
gía Callejo. 

Ellas no solamente interpretaban las obras 
religiosas de Delgado, Gutiérrez, Dueño, Ledes- 
ma, Callejo y otros, sino que dieron a conocer 
muchas de ]\rercadante. Miné, Miller, Calahorra, 
Caballero, Solis y otros autores españoles y 
exti'anjeros, de mus i en sagrada. Y como era 
costumbre finalizar las grandes salves y misas, 



43 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



tocando música sinfónica, las mejores oberturas 
de ópera y algunos tiempos de sinfonías clásicas 
eran también interpretados por dicbas orques- 
tas. 

La Isla fué visitada en esta éi)Oca i^or un buen 
número de compañías de ópera y zarzuela, re- 
•cordando, entre las primeras a la de Petrilli 
(1877) en la que figuraba como soprano la se- 
ñora D'Aponte ; Tenor, Sr. Baccei ; Barítono, Pe- 
trilli y Bajo, La Torre ; otra en que venía de 
maestro, el señor Frencñel, 1879, y entre los ar- 
tistas principales, Ida Visconti, soprano. La 
Mercanti, contralto; Baccei, tenor; Mari, barí- 
tono, aunque en algunas ocasiones, como en el 
'^ Fausto-^ hacía el papel de Mefistófcles, bajo; y 
la que en 1880 se organizó en Ponce, siendo el 
empresario Don Alfredo Casáis, en la que vino 
de Soprano la que después ña sido artista mun- 
dial, la célebre Eva Tetrazzini; de tenores, Ros- 
nati y Varoncelli, A^iganotti de barítono, no pu- 
diendo recordar el nombre del bajo. Entre las 
de zarzuela la memoria nos recuerda a la de 
Carratalá, que fué muy aplaudida y otra en que 
venía de tiple la afamada Hueto. 

Después de la muerte, (en 1856) del organista 
de Catedral Don Domingo Delgado, la i)laza fué 
servida, interinamente, por los sacerdotes mú- 
sicos, señores Herrera, cubano y Cabrera, por- 
torriqueño, basta que con motivo de la creación 
de la orquesta de Capilla, se acordó por el Ca- 
bildo, que la plaza de organista se cubriese por 
oposición, siendo el primero, que así la obtuvo, 
Don Gregorio Ledesma, aragonés, músico com- 
positor do mérito, qu(^ liabiendo sido desterrado 
de España, por causas políticas (era carlista) 
aquí constituyó definitivamente su bogar, des- 
])ués de babel- ciniiplido en el ejéi'cilo, el castigo 
impuesto, y del que fué indultado al poco tiem- 

44 



ANOTACIONES HISTÓRICAS. 



po. Sus hijos, Matías y Pepe, han sido porto- 
rriqueños, cuya memoria (pues ambos han falle- 
cido) se recuerda honrosamente. 

Al morir Ledesma, fué nombrado Don Luís 
Rengel, en calidad de interino, sirviéndola así 
por más de ocho años, hasta que al veriñcarse las 
oposiciones, la obtuvo, en buena lid, el connota- 
do maestro Agiilló, que permaneció como tal 
hasta el cambio de nacionalidad. Las plazas 
de sorchantres que habían sido aumentadas a 
cuatro, las cubría, por designación, el Cabildo. 
Uno de los que recordamos, que sirvió la plaza 
hasta que la Iglesia fué separada del estado 
con el cambio de régimen, fué Manuel Jordán, 
que todavía vive dedicado a la profesión de can- 
tor e instrumentista. 

En la misma forma de oposición fueron cu- 
briéndose las vacantes de la orquesta de Capilla, 
aunque de momento se nombraban algunos inte- 
rinamente, ocupando las plazas con ese carácter 
hasta que se llamaba a oposiciones. 

En las celebradas en 1880, cuyo jurado lo for- 
maban los maestros Gutiérrez, Toledo y Valero, 
(Don José), más dos canónigos y el Dean como 
Presidente, fueron adjudicadas las siguientes 
plazas : 

Violín 1'', Julián Andino. Servía interinamente. 
Violín 2-, José Eendón. Servía interinamente. 

Yiolín 3', Sergio Lecompte. (1) 

Flauta Braulio Dueño Colón. 



(1) En esta designación se cometió una gran injusticia, pues 
Sergio Lecompte era un violinista de la talla artística de Andino, 
y muy superior, musicalmente, a Rendón, que como violinista 
estal>a conceptuado (.-orno el mejor, para ocupa)- la cabecera de Ion 
seyundoíi riolines en una orciuesta y (pie solamente pudo presentar 
ante el jurado, como mcritíjs superiores a los de Lecom^ite. el ha- 
bré servido la plaza interinamente durante largos años. El mis- 
mo Rendóu reconocía la superioridad de T^ecompte como violi- 
nista. — F. C- 

45 



MÚSICA y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



Clarinete Francisco Yerar. 

Trompa T • José Bey. 

Trompa 2* Vicente Jordán. 

Contrabajo, Ensebio Tizol, q. la venia sirviendo. 

Despnés en otras oposiciones, mnerto Rendón, 
pasó Lecompte al pnesto de 2'- violín, y fneron 
nombrados, Pepe Paris, trompa, y José Laza, 
Bombardino. Las demás desigimciones no las 
recordamos. 

La enseñanza del piano adqnirió nnevos rnm- 
bos, con el retorno, primeramente, de Tavárez, 
y despnés con la llegada a la Isla de varios 
maestros, siendo entre éstos el más comiotado 
y al qne se debe la implantación en San Juan 
de la escuela moderna, Don Fermín Toledo. 

Tavárez se estableció primeramente en San 
Juan, después en Caguas y últimamente escogió, 
como domicilio definitivo, la ciudad de Ponce. 
La llegada de Tavárez a esta ciudad coincidió 
con la de muchos jóvenes ponceños que retorna- 
ban de Europa con títulos académicos y bastan- 
te cultura general, en la que la música ocupaba 
puesto prominente, así como otros amate iirs del 
arte, también de título y posición económica 
desahogada, que allí fueron a ejercer sus profe- 
siones. 

Entre éstos figuraba el doctor Don ^lartín 
Corchado, que i)oseía y cultivaba, como dilettan- 
te, una hermosa voz de tenor-, Don Olinijíio Ote- 
ro, i)ersona cultísima y de gran infiuencia en la 
ciudad del Sur, y otros tantos, como los ]Marín, 
Biaggi, Cabrera, Sal a zar y otros más, que fue- 
ron los iniciadores, ]K)r decirlo así, del renaci- 
miento social, iuteleclual, artístico y político de 
aquella Ciudad, (pie desde 1870 )iasta ])oco antes 
de ocui-rir el cambio de nacicmalidad, figuraba 
a la portada del progreso portorriqueño. 

•16 



ANOTACIONES HISTÓRICAS. 



En San Juan, Kamón garriera, G. de Aranza- 
niendi, Carlos Géigel, Galván, Pedro Delgado, 
continuaban la enseñanza de la escuela brillan- 
te en el piano. Sarriera era el más connotado, 
pues además de liaber obtenido discípulas tan 
distinguidas como Dolores Iriarte, Josefa y Ra- 
mona Sicardó, Matilde Girona y Erma Mon- 
toto, dirigía una sociedad de cuartetos, vocal e 
instrumental, dando frecuentes audiciones en 
las que se distinguían los cantantes-añcionados, 
señorita Damiana Ferrer, Sras. Llopis de Go- 
ded y Emilia T. de Cortés, y los caballeros Po- 
mar, Todd (el actual alcalde de San Juan), 
Aranda, y San Juan, así como sus discípulas de 
piano. 

En Arecibo, Heraclio Ramos ; su liermano Fe- 
derico, en Utuado; Alejandro Romero, en Ma- 
natí ; José María Scliwartzkof f , en Cayey ; Otero 
y Lino Rendón, en Humacao; Mauricio y Her- 
mógenes Alvarez, en Cáguas ; Canales y Carva- 
ná, en Aguadilla ; Espada, en San Germán, fue- 
ron, entre otros más, los encargados de fomen- 
tar el arte en los pueblos de la Isla. 

La fundación del Ateneo, el 30 de Abril de 
1876, sesión preliminar, y, definitivamente, el 
29 de junio del mismo año, inauguración oficial, 
(1) de cuyo centro fué el alma, Don Manuel de 
Elzaburo, abogado distinguidísimo, vino a con- 
tribuir, poderosamente, al desarrollo del arte 
musical portorriqueño, puesto que, desde el si- 
guiente año de 1877, empezó a celebrar, perió- 
dicamente, certámenes artístico - literarios, en 
los que, seleccionando la clasificación de temas 
y géneros para las convocatorias, y escogiendo 
jurados imparciales y competentes, logró fomen- 



(1) Boletín Histórico de Puerto Rico. — Año IT.-^No. ?,. — 
Págiua 41. — G. Coll j Tosté. — Sau Juau, P. R. 

47 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



tar el cultivo de la composición musical, hacien- 
do que los artistas, a los que acogia cariñosa- 
mente en su seno, y que, por falta de estímulo, 
permanecían negligentes o sumidos en la oscu- 
ridad, sacudiendo la especie de parálisis que les 
atrofiaba, y poniendo en ejercicio sus facultades 
creadoras, aspirasen a ceñir sus frentes con lau- 
reles de glorias. La historia del Ateneo porto- 
rriqueño, sobre todo en las páginas correspon- 
dientes a los años del 1876 hasta 1898, es una 
de las más honrosas que puede presentar a las 
generaciones futuras, el archivo cultural del 
país. 

Don Fermín Toledo, connotado maestro de 
piano y música, procedente del Conservatorio 
de Madrid, al trasladar su. residencia desde 
Guajama a San Juan, fué un A^aliosísimo ele- 
mento que adquirió la Capital, y, sobre todo, el 
arte. 

Toledo, que además de su cultura musical, 
poseíala también social e intelectual, aparte de 
su carácter, altamente simpático, tenía una acti- 
vidad grandísima para todo. 

Desde que se estableciera como maestro de 
piano, se adueñó de las mejores lecciones de la 
alta sociedad. Implantó, como ya hemos dicho 
antes, la escuela del conservatorio de ]Madrid, 
en el que, a pesar de que alguien lo ha calificado 
de escuela adocenada, se siguen, estudios, coui- 
pletamente similares a los de París, Roma, oli- 
lán y demás de Europa, y del cual han salido 
artistas proclamados como tales, jmr los mejo- 
res centros musicales del mundo, aunque mu- 
chos vayan a estiuliar a otras escuelas en el ex- 
tranjero, pues el mero hecho de ol)lener un di- 
l)l()ma o ])remi() en un conservatorio, si el titu- 
lado no sigue estudiando, no le peruiitirá esca- 
lar mayores alturas, 

48 



ANOTACIONES HISTÓRICAS. 



Como maestro de piano, Toledo obtuvo discí- 
piilas que, en y fuera de Puerto Rico, han sido 
después muy aplaudidas, como, entre otras, que 
ami viven honrando al maestro, María Medina 
de Vasconi, Trina Padilla de Sanz, Leonisa Eius 
y Asunción Bobadilla. 

Pero además del piano, tenía grandes condi- 
ciones de organizador y director, como lo de- 
mostró cuando en la noche del 22 de noviembre 
de 1879, inaugurando la reconstrucción del tea- 
tro municipal que acababa de efectuar nuestro 
competentísimo ingeniero Don Tulio Larrínaga, 
actual consejero del Ejecutivo, presentó al pú- 
blico de San Juan la gran sociedad de conciertos 
que en menos de cuatro meses había organizado 
y que integrada por los instrumentistas más va- 
liosos de San Juan, podía hacer acto de presen- 
cia musical en cualquier público inteligente. 
Los conciertos tuvieron gran acej)tación j la so- 
ciedad tuvo vida, hasta poco después de haber 
obtenido la medalla de Oro en la Feria-Exposi- 
ción de Ponce, 1882. Toledo al poco tiemj)o tras- 
ladaba su domicilio a New York en donde estuvo 
por muchos años al frente de una gran fábrica 
de pianos y órganos, trasladándose después a 
París en cuya gran ciudad se abrió paso franco, 
rindiéndosele, a su muerte, el homenaje artís- 
tico que mereció. 

El ambiente de libertad que empezaron a res- 
pirar los portorriqueños desde la célebre revo- 
lución española de 1869, sobre todo durante el 
tiempo en que fué regida la Isla i^or el sistema 
republicano implantado, aunque efímeramente 
en España; el relativo bienestar económico de 
que disfrutaba el país por esos años y la supre- 
sión, sino absoluta, por lo menos en gran proj)or- 
ción, del fanatismo político-religioso que hasta 
el 1869 imi^eraba, no dejaron de influir bastante 

49 



MÚSICA y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



en el desenvolvimiento del arte musical, pues 
los comi)ositores, con excepción de Gutiérrez, 
que, a pesar de sus esfuerzos, no pudo cambiar 
el misticismo de sus concepciones, inspiraban 
sus producciones en obras comi^letamente mun- 
danas aunque con mayor preferencia en el gé- 
nero bailable y regional. 

Be todos modos, en los certámenes del Ate- 
neo y otros que convocaban distintas sociedades, 
se presentaban obras de género severo, que fue- 
ron encauzando el buen gusto y fomentando los 
estudios, bastante descuidados basta entonces, 
de la armonía y composición. 

Las bandas militares, mejoraron mucMsimo 
en su organización y repertorio y las mismas or- 
questas de baile se oían con sumo agrado. La. 
danza, en su estructura musical, se elevó a gran 
altura con el nuevo estilo melódico-armónico 
que introdujera Tavárez, y en los campos, las 
típicas orquestas jíbaras constituidas por el ale- 
gre tiple, el bullicioso cuatro, la coquetuela bor- 
donúa y el animoso güiro o (juicharo, alegrando 
los bateyes de alturas y sabanas proporcionaban 
a nuestros pobres pálidos, innumerables horas 
de alegría y solaz, ^-a en los ritornellos de las 
faenas agrícolas, en las fiestas patronales, en 
velorios y rosarios, ya en los bailes, en los que 
el seis chorreao era y es para ellos el desiderá- 
tum de sus placeres coreográficos. 

Aunque al morir Tavárez, en julio 1 de 1883, 
ya Cami)os era una gran figura musical, su 
triunfo en la Feria-Exposición le bizo, con ple- 
no derecho, asumir la dirección general artís- 
tica de ronce, comenzando un período de cre- 
ciente actividad, que después de su muerte fué 
descendiendo hasta casi llegar a un estado de 
póstriación, a pesar de los esfuerzos hechos por 

50 



ANOTACIONES HISTÓRICAS. 



Arteaga j más principalmente por Chavier, Pa- 
sarell y Pericas. 

En la década de 1880 a 1890 hay un período 
de tiempo del cual no podemos ocuparnos, por 
haber residido, desde julio de 1884 hasta fines 
de 1889, en Madrid y desconocer, en absoluto, el 
movimiento artístico de entonces, aunque i3or 
las referencias que se nos han hecho, nada de 
notable ocurrió que merezca citarse. 

La llegada a San Juan, en 1887, de los distin- 
guidos pianistas y profesores, Don Celio Rossy, 
portorriqueño y del señor Segura Villalba, esi:)a- 
ñol, fué motivo j^ara que, después de haberse 
apreciado sus altas condiciones artísticas, les 
secundasen los mejores profesionales de enton- 
ces y el público en general, para la instalación 
de un instituto de música que llegó a tener vida 
real durante un año con bastantes y buenos re- 
sultados, pero que, por no cubrir los gastos y 
no haber sido posible obtener una subvención 
oficial, tuvo que cerrarse definitivamente. 

Por esa misma época se estableció en Maya- 
güez el maestro compositor, barcelonés, Don 
José Gotós, director que había sido de la orques- 
ta del Liceo de Barcelona, el cual, nombrado 
Director artístico del Casino de Mayagüez, dio 
gran impulso a los actos musicales de dicho 
Centro. 

Gotós ejerció como profesor de Canto, Com- 
posición, Piano y Violín, sobresaliendo como 
tal, en nuestro concepto, en la enseñanza de la 
composición y del violín. Uno de sus mejores 
discípulos de violín lo ha sido el joven Salvador 
Castro Casanova, que hasta hace poco tiempo 
ocupaba puesto prominente en la orquesta del 
Covent-Garden, de Londres, después de haber 
sido, por muchos años, violín concertino de la 

51 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



del Yate, de uno de los más linajudos Lores de 
Inglaterra. 

Muchas fueron las composiciones que el maes- 
tro Gotós hiciera expresamente para el Casino 
de Mavagüez, sobre todo, overturas y coros. En 
1897 falleció en San Juan. 

En Arecibo, el joven Paco Cortés, que después 
adquirió gran reiioml^re en París con su obra 
para la escena lírica titulada ^'Le noit du NoeV\ 
ejerciendo la profesión en 1889 organizó una 
compañía infantil de zarzuela, que debutó con 
"'Los Sobrinos del Capitán Granf\ obteniendo 
un gran éxito y algunos positivos beneficios que 
le hicieron realizar su soñado viaje a Barcelona, 
para proseguir estudios superiores. La Dipu- 
tación Provincial le concedió, con tal objeto, una 
subvención durante dos años. 

Al siguiente año regresaba de París y New 
York para establecerse en Ponce, el Maestro 
pianista Sr. Julio C. Arteaga, después de haber 
obtenido el primer premio de acompañamiento 
en el Gran Conservatorio francés. Al poco tiem- 
po, ya era el maestro predilecto de la sociedad 
ponceña, obteniendo con su plan de enseñanza, 
aventajadas discípulas que en distintas audi- 
ciones públicas patentizaron sus grandes ade- 
lantos y su correcta escuela de piano. A la vez 
ocupaba las columnas de los periódicos de Ponce 
con artículos en pro de la cultura musical del 
país. 

Por este tiempo un nuevo astro apareció en 
el cielo tropical del arte. Nos referimos a la 
pianista líumacaeña Ana Otero, que recorrió en 
esmerada fnurnrc artística las princii)ales po- 
1)1 aciones de la Isla, para obtener recursos con 
que trasladarse a París a completar 'sus estu- 
dios. Los resultados, a la i)ar que gloriosos, 
lo fueron satisfactoriamente económicos. Dos 

52 



ANOTACIONES HISTÓRICAS. 



años de permanencia en París, bajo la dirección 
artística del maestro Mr. Fissot, la permitieron 
ceñir los laureles del triunfo, habiendo sido muy 
aplaudida en las audiciones que diera en la sala 
Pleycl de París y Palacio de la Música, de Bar- 
celona. 

Cuando retornó a la Isla, mostró al país sus 
grandes adelantos y se estableció en San Juan, 
abriendo una Academia de Piano de la que sa- 
lieron afamadas pianistas como Alicia Sicardó, 
^lonsita Ferrer, Carmen Belén Barbosa y Kosa 
Galiñanes, quienes actualmente sostienen, en 
la enseñanza, la buena escuela de piano que les 
trasmitiera su inolvidable preceptora. 

El taller litográfico que desde 1877 había esta- 
blecido la Imprenta del Boletín Mercantil, per- 
mitió a muchos compositores dar a conocer sus 
obras, sobre todo las de carácter regional. Asi- 
mismo, la casa mercantil ponceña de Olimpio 
Otero, hoy. Otero y Co., editaba en Barcelona 
todas las obras de Campos, Pasarell y otros com- 
positores ponceños, siendo el i^rimer estableci- 
miento que, en Ponce, dedicó una sección espe- 
cial para la venta de métodos y obras musicales 
para Piano, instrumentos y orquesta, lo que fa- 
cilitó grandemente el conocimiento de las obras 
extranjeras. 

La celebración del 4- Centenario del descu- 
brimiento de esta Isla dio oportunidad a los 
compositores para ejercitar sus facultades, ya 
<pie en la exposición, por primera vez, se desig- 
naban premios para grupos de obras. El gran 
premio de composición lo obtuA^o Juan Morell 
Campos por su sinfonía para gran orquesta, ti- 
tulada Puerto Rico. Con motivo del Centenario, 
el ya citado señor Segura Villalba, trajo a la 
Isla una compañía de ópera española, bastante 
aceptable por la igualdad del conjunto en los 

53 



MÚSICA Y Ml.SICÜS rOUTORUIQUEXOS. 



elementos que la integrabaii. En ella figuraban 
los artistas, siguientes: soprano, Sra. Gav; te- 
nor, Pedro Sotorra ; barítono, Sr. Ventura ; con- 
tralto, Srta. Virginia Ferranti; bajo, Sr. Gil 
Rey y niaeslro director y concertador, el que lo 
liabía sido de varios teatros líricos de Barcelona 
y Lisboa, Sr. Mazzi. 

En 1893, después de liaber terminado sus es- 
tudios musicales en el Conservatorio de París 
con notable aprovecliamiento, se estableció en 
Ponce, el Pianista Arístides Cliavier, empren-- 
diendo, desde su llegada, una enérgica campaña 
en pro del clasicismo musical, bajo todos sus 
aspectos, que si bien le ha podido crear, entre los 
desconocedores del arte o falsos adoradores del 
mismo, una atmósfera hostil, en cambio le hizo 
consolidar su alto y merecido prestigio, logran- 
do, a ])esar de todo, que muchos de nuestros com- 
positores e intérpretes dirijan sus aptitudes, 
por senderos que b abrán de conducirles a fina^ 
lidades más elevadas que las del género bailable 
a que con tanto aliinco se dedicaban. 

Con motivo de la última guerra separatista 
de Cuba, los batallones de Cádiz, Madrid y Va- 
lladolid, que guarnecían la Isla, fueron enviados 
a la antilla hermana, viniendo a sustituirlos los 
de Alfonzo XII y Provisionales Xos. 3 y 4, cuyas 
bandas de música, especialmente las núujeros 
3 y 4 dii'igidas por los maestros Cerda y Villa- 
plana han sido las mejores que visitaron la Isla, 
recordándose todavía, placentíu'amente, los con- 
ciertos q^ie semanalmente dalian en la Plaza 
Baldorloty, de San Juan. 

Durante los cuatro últimos lustros del gobier- 
no esjniñol, todos los batallones de voluntarios 
de la isla tpn'an bandas de música, siendo las 
n^ejores las de San Juan. Mavagücz y Arecibo. 
En otios pueblos había bandas municipales y 

54 



AXOTACIOXKS II ISTOltlCAS. 



pequeñas orquestas de baile; si exceptuamos 
la banda que en Bavainón organizara Dueü ;:> Í!)- 
lón, la cual podía competir con cualquiera otra 
de San Juan, las demás no valían gran cosa. 

La música religiosa había decaído muellísimo, 
siendo únicamente los PP. Paules, que regían 
y rigen aún la Iglesia Parroquial de Ponce, los 
que prestaban a diclia música la debida aten- 
ción. Todas las festividades que con frecuencia 
ellos celebraban, las solemnizaban con una Inie- 
na orquesta, cuva parte vocal estaba encomen- 
dada a un nutrido coro femenino de la mejor 
sociedad ponceña, dirigido por la notabilísima. 
(JíIcUanti, de gran escuela italiana, y dulcísima 
voz de soprano ligera, Sra. Lizzie S. Graliam, 
cultísima dama que todavía conserva fresca y 
rolmsta el tesoro de su garganta privilegiada. 

Hasta aquí el estado en que se encontraba el 
arte musical portorriqueño cuando surgió, casi 
de improviso, la guerra iiis]:)ano-americaiia, ce- 
sando, en 18 de octubre de 1898, la soberanía de 
la ]:>atria española, en Puerto Rico. 

Aunque nó con la potencialidad inliereivN^ al 
temperamento o especiales condiciones artísti- 
cas de los portorriqueños, debido a la lentitud 
con que el .írobierno español desarrollaba su sis- 
tema de administración en las colonias, es in- 
negable y la consignamos aquí como acto de jus- 
ticia a la par que de reconocimiento y afectuosa 
gratitud, que a España se debe el grado irryor 
o menor de cultura musical del país, ya que des- 
de los primeros años de la colonización, espa- 
ñoles fueron los primeros m.úsicos que regar m 
en la Isla las simientes del arte; españoles los 
que abonándolas más tarde hicieron crecer el 
naciente tallo, y los que durante casi todo el si- 
glo XIX cultivaron los campos del arte, reco- 
giendo el país los frutos. Y no fueron los mú- 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



sitos españoles solamente los encargados de la 
2)ropagación del divino arte; los mismos capi- 
tanes generales y con ellos las altas antoridades 
administrativas, nnas veces secnndando inicia- 
tivas particulares y otras realizando las pro- 
pias, siempre se mostraron propicios, dentro 
<del sistema especial del gobierno, a fomentar la 
música en todas sus manifestaciones. 

De no liaber sobrevenido el cambio de nacio- 
nalidad, seguros estamos de que el gabinete au- 
tomunico hubiera llevado a la práctica, tal vez 
ami)liándolo, el proyecto de escuelas de música 
..que aparece en el apéndice do este libro, abrien- 
do, para el arte y los artistas, liorizontes amplí- 
isimos de gloria y realidades altamente benefi- 
■ciosas i)ara el puel)]o. 



ANOTACIONES HISTÓRICAS. 



CAPÍTULO IV. 



Í898-Í9Í4 

El cambio de nacionalidad, trajo como conse- 
cuencia, demostrada por la historia en las gran- 
des conmociones políticas de los pueblos, la pa- 
ralización, ya que no el retroceso, del desenvol- 
miento artístico cuyo progreso se liabía efectua- 
do tan notablemente en la Isla. 

Afortunadamente la forma especial con que 
se desarrolló en Puerto Eico la guerra hispano- 
americana, pues asumió un carácter, más que de 
combate, de penetración pacífica, aunque arma- 
da, hizo que, en la vida general, de momento 
apenas se notasen las diferencias esenciales del 
(•niobio. 

Xo así en la vida oficial, pues siendo, bajo 
todos los asj^íectos, completamente distinto el 
sistema administrativo del gobierno americano, 
era lógicamente natural, aunque la mayoría del 
país opinase de otro modo, que aquel, deste- 
rrando en absoluto las T)rácticas españolas, im- 
plantase sus métodos, ya porque los conceptuase 
como los iRiejores, ya también porque rarns veces 
consigna la historia casos en que el puel)lo con- 
quistador se adapte o asimile los usos y costuui- 
bres del pueblo conquistado. 

Xo es práctica en Norte América, que el Es- 
tado se haga car.Qo, directamente, del fomento 
de las artes, v de ahí, que uno de los primeros 
actos del régimen en Puerto Rico, fuese la su- 
presión de todas las subvenciones de caráct(M* 
artístico. 

La separación d? la Iglesia y el Estad:), ]\'z-i 

57 



MÚSICA Y iMUSICOS l'ORTOnRKH'KNOS. 



desaparecer la orquesta de Capilla de la Cate- 
dral, así como al Organista oficial. La primera, 
no ha sido repuesta, si bien en determinadas 
festividades religiosas, el Obispado o el Párroco 
de Catedral, llevan orquesta para solemnizarlas, 
pero no existe una con carácter permanente. Y 
en cuanto al órgano, apenas repercuten i)ür los 
ámbitos de las majestuosas naves de los tem- 
l)los, las graves, solemnes y místicas armonías 
de tan bello instrumento. 

En lo que a la Catedral atañe, al retornar a 
España el Organista oficial Sr. Agulló, fué nue- 
vamente llamado para desempeñar el carga, aun- 
que con una retribución menor, que paga la i)a- 
rroquia, el antiguo organista Don Luís Eengel. 
Durante los primeros años de la nueva nacio- 
nalidad, el Rev. Padre Don Rafael Mangual y 
Nieva, secretario del Obispado y a la vez orga- 
nista compositor, de amplios y sólidos conoci- 
mientos, organizó una escolanía, que i)or más 
de un año llegó a solemnizar los cultos de la Ca- 
tedral, pero fué suprimida por haber sido de- 
signado el Director para regir la Vicaría de 
liumacao. 

Suprimidas las sul)venciones otorgadas por la 
Diputación Provincial, hubieron de retornar a 
la Isla, la Srta. Elisa Tavárez y el joven Ángel 
Celestino Morales, que, en Airtud de aquellas, 
cursaban esludios nmsicales en el Conservato- 
rio de Madrid, aunque afortunadamente acaba- 
l)au de íeruiinar los estudios de Piano y Yiolín 
([ue iesi)ectivauiente hicieran en el referido cen- 
tro docente. 

And)os se dieron a conocer en el país, ])or me- 
dio de recitales. Elisa Tavárez, prinun- preuiio 
de piano, por sus excelentes dotes de pianista 
cautivó inmediatamente al público y .Vngel Ce- 
lestino Morales, fué acogido con grandes sim- 



ANOTACIONES HISTÓRICAS. 



patías, pues sin ser un vírtuose, demostró lial)er 
api'ovecliaílo tiempo y dinero. 

La Tavárez se estableció como profesora en 
San Juan j después en Arecibo, en donde, vícti- 
ma del cicf/o-alado, trocó sin relegarlas al olvido, 
las sfniatas y rapsodias musicales por los im- 
proDiptus y herceuces del bogar, abandonando 
la profesión, aunque recientemente lia vuelto a 
ejercerla en Iltuado, donde radican los intereses 
de su esposo. 

Morales emprendió una tournéc de conciertos 
por las antillas y repiil)licas sud-americanas, 
liasta que en Santiago de Cuba le sor})rendió 
prematuramente la muerte, cuando empezaba 
a realizar sus ensueños de gloria y estaba en ple- 
no idilio de amor por haber efectuado, hacía po- 
cos meses, su nmtrimonio con una notable pia- 
nista mejicana. 

Compenetrados de que la opinión colectiva 
impulsada por el espíritu de Asociación, es la 
que orienta y hasta casi rige la A^da oficial norte- 
americana, tratamos, desde los primeros meses 
del cam1>i() de nacionalidad, de reunir en apre- 
tado haz a todos los elementos musicales del 
país, como medio de evitar la decadencia que 
para el ai-te presentíamos. Con tal motivo a 
fines de diciembre de 1898, y secundados por los 
maestros Arteaga, Chavier, Carreras, Pasarell, 
Cruz y demás elementos valiosos de Ponce, efec- 
tuamos un mitin pú]>lico en los salones del 
"Taller Benéfico" de dicha ciudad, en el que que- 
daron aprobadas las bases constitutivas de la 
Asociación Musical de Puerto Rico, y designado 
el comité local, que nombró al Maestro Arteaga 
para que, en comisión, prosiguiera con nosotros 
la propaganda o labor constitutiva por toda la 
Isla. 

El 30 de Diciembre del mismo año se efec- 

59 



MÚSICA Y MÚSICOS TORTORRIQUENOS. 



tuaba en los salones del Ateneo de San Juan el 
segundo mitin de propaganda y allí también 
quedaron aprobadas las bases y organizado el 
comité local, en el que ñguraban, entre otros de 
los principales elementos musicales, el IVíaestro 
Gutiérrez y la pianista Anita Otero. Gutiérrez 
fué designado para, con Arteaga y el que esto 
relata, poner en manos del Gobernador Henry 
nn escrito x)idiéndole patrocinase los fines de la 
Asociación, subvencionándola para la constitu- 
ción de nn Instituto de miisica en San Juan. 

El General Henry, recibió cortesmente a la 
comisión 3^ enterado por el intérprete de la pe- 
tición, prometió, como lo liiciera después, endo- 
sarla favorablemente al Jefe del Gabinete anto- 
nómico, quien contestó en sentido negativo, la- 
mentando no poder atender los deseos de la na- 
ciente Asociación porque las partidas del limi- 
tado presupuesto, casi no se podían entonces 
cubrir con los ingresos. A i^esar de que se liabía 
fracasado en el primer intento, se prosiguieron 
los trabajos para constituir definitivamente la 
Asociación general, pero también tuvieron que 
abandonarse, porque la idiosincracia de los mú- 
sicos, por defectos de educación cívica, era bas- 
tante refractaria al espíritu de asociación. 

Como organismo oficial de carácter docente- 
musical únicamente subsistió la banda o escuela 
de mtísica del asilo benéfico de niños, circuns- 
crita a la enseñanza de los instrumentos que in- 
tegran las llandas militares y sin ipie, hasta 
ahora, puedan apreciarse grandes resultados en 
la enseñanza. 

Aunque el cuerj^o de la ]K)licía iusular fué 
establecido en Puerto Rico a los pocos meses del 
cambio de nacionalidad, la banda de música no 
fué creada hasta, la implantaiión del gobierno 
civil, en Ma\(^ de lí)()(), nond)ráudose músico nia- 

60 



ANOTACIONES HISTÓRICAS. 



Yor al (jiie lo había sido por más de quince años 
de la del primer batallón de Voluntarios, señor 
Francisco ^'^erar. 

Esta banda, que al principio solamente cons- 
taba de 22 instrumentistas y que después fueron 
aumentados hasta 35, predominando la cuerda 
de clarinetes, y estando proporcionalmente re- 
presentados los cuartetos que integran a las ban- 
das militares, llegó a gozar de un merecido pres- 
tigio, pues constituida por los mejores elementos 
músicos de la Isla, y poseyendo el director una 
gran práctica, los conciertos bisemanales que 
daba en la plaza principal, atraían enorme con- 
currencia, recibiendo constantemente muchos 
aplausos. Con elementos de ella, el señor Verar 
tenía organizada una orquesta, que solemniza- 
ba los actos prÍYados, aunque con carácter ofi- 
cial, de la Mansión Ejecutiva, y era muy soli- 
citada por el público. Banda y orquesta queda- 
ron suprimidas para siempre cuando surgió el 
conflicto económico entre las dos ramas de la 
Legislatura Insular, y los presupuestos fueron 
distribuidos ])or el Gobernador Post, dentro del 
total aprobado para el año anterior. 

El 14 de Mayo de 190.3, el connotado profesor 
de música Don JManuel Tizol Marques, organizó 
una banda popular de 25 profesores, denomi- 
nada ''Juventud del Comercio", para dar con- 
ciertos semanales en la plaza pública, pero co- 
mo la vida económica de ella, dependía de una 
suscripción voluntai'ia, esta fué decayendo y 
la banda tuvo que disolverse. 

La depresión económica que sufriera el país 
con el cambio de moneda, reformas de la trilm- 
tación y estragos horribles que causara en la 
agricultura el ciclón del 8 de agosto de 1899 
conocido ])or el nombre de Ciclón de Slan Ciríaco, 
paralizó poi- .*{ o 4 años las YÍsilas frecuentes 

r.i 



MTSICA Y Ml'SICOS I'OUTORRIQUEN'OS. 



que hacían a la isla dh^ersas compañías de zar- 
zuela y óíjera. Con tal motivo, y con el fin de 
hacer amena la xiáa capitaleña. Alarios dilet- 
tantes organizaron la sociedad, denominada 
(lira Artí^ika, para poner en escena obras dra- 
máticas y líricas del género chico. En la sección 
lírica figuraban, Imjo la dirección del maestro 
concertador Don Joaquín Eurset, joven huma- 
caeño que había hecho sus estudios musicales 
en Barcelona, los siguientes artistas aficiona- 
dos: Sra. Maceira, tiple; Sra. Europa Dueño, 
contralto-característica; Sr. Abella Blanco, te- 
nor; Sr. Montesinos, barítono; Sr. Sandoval, 
partiquino y los jóvenes Don Evaristo Vélez Ló- 
pez y Don Juan Nadal como bajos. El director 
artístico lo era Evaristo Yelez López, que por 
sus facultades pudo haber llegado a ser actor 
de fama si se lml)iese dedicado con ahinco al arte 
lírico-escénico. 

Entre las muchas obras nuevas que se dieron 
a conocer, figuró la zarzuela en un acto, de asun- 
to nativo, titulada "El 12 de Mayo", letra del 
Ledo. Don Antonio Moreno Calderón y música 
del autor de estas anotaciones, circunstancia 
por la (¡ue nos abstenemos de hacer un solo co- 
mentario. 

La (iifd Arfísticd, fué muy aplaudida no tan 
Sido poi' el público de San Juan, si que también 
por los de Í*once, IMavagüez y otros de la Isla, 
viniendo a probar, que hay de sobra elementos 
en Puerto Rico para, con buena direcciém, aten- 
der a muchas de las manifestaciones del arte. 

Desde líXT), empezar(m a organizarse bandas 
escolares en algunos pueblos de la Isla, siendo 
sufragados los gastos ])or las Juntas Escolares 
y eu algunos pueblos, mitad por ellas y la otra 
mitad i)or los municipios. Durante algún tiem- 
po el Departamento de Instrucción autorizaba 

02 



AXÜTACIOXHS HISTUUICAS. 



el pago (le los profesores y por lo tanto, el ñin- 
cionainieiito de dichas bandas durante todo el 
año natural, pero en 1910, el Auditor de Puerto 
Rico, i)asó una orden al Comisionado de Instruc- 
ción notificándole, que, para los efectos de la 
legalidad en los pagos de las Juntas, los profe- 
sores de música solamente podían ejercer, como 
tales, durante el año escolar. 

Esta anómala orden trajo como secuela, la 
desorganización constante de dichas bandas, 
pues durante los tres meses de vacaciones, que 
es cuando el maestro puede disponer de mayor 
tiempo para la enseñanza, los alumnos, se que- 
dan sin lecciones y basta sin prácticas de los 
instrumentos, ya que al cesar el curso, son re- 
cogidos los mismos, cesando para el profesor 
todas las obligaciones. Si a ésto añadimos los 
cambios constantes en el personal de las bandas, 
así como en el de los directores, es lógico deducir, 
que resulta completamente nula la enseñanza 
musical que se dá en las referidas bandas cuyo 
objetivo o finalidades son, más recreativas que 
de instrucción. 

Lo mismo ocurre con la enseñanza de música 
en los grados escolares, pues a pesar de que se 
lia aumentado el número de preceptores de mú- 
sica y hay una inspectora general para 
aquella, los resultados aun no han podido apre- 
ciarse satisfactoriamente. Consideramos que si 
con el dinero que se invierte en profesores de 
música y directores de bandas, se crease una 
verdadera escuela de música completamente se- 
parada de la instrucción general, se daría un 
verdadero paso de avance en pro del arte mu- 
sical. 

En 1911, 16 de febrero, el Municipio de San 
Juan creó la banda de bomberos que, dirijida 
l)()r el Profesor Tizol e integrada por veinte y dos * 

6'^ 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



iiistrumentisías, tuvo que ser disiielta, por- 
que segúu el revisor de cuentas municii)ales, 
previa consulta que hiciera al Auditor de Puerto 
Eico, el gasto era ilegal por no estar de acuerdo 
con los preceptos de la Ley Municipal entonces 
vigente. 

Con la implantación en 1900 del gobierno civil, 
coincidió la creación del regimiento de infante- 
ría de Puerto Rico, al que dotaron de banda de 
miisica, que dirijida los primeros meses por un 
profesor americano, desde el 14 de junio de 1901 
lo fué, y es en la actualidad, por el joven comT)o- 
sitor utuadeño Don Luís R. ^liranda. 

Diclia banda está constituida por 28 músicos 
con el sigiiiente reparto instrumental : 1 flautín, 

1 requinto, 5 clarinetes, 1 fagote, 2 saxofones, 5 
cornetines, 2 barítonos, .'> onóvenes, l> troml)ones, 

2 bastuvas, 1 helicón, 1 bombo, platillo y caja- 
redo])lante. 

La pericia del Director, la delicada atención 
que presta al estudio de las obras que interpreta 
la banda, la selección de los programas, y la con- 
ciencia artística que ix^vela el conjunto, han lie- 
clio que el xDiiblico la aplauda donde quiera (pie 
lia ce acto de presencia. 

El 11 de enero de 1909 debutaba en San Juan 
un Octeto, organizado por el profesor Tizol ]Mar- 
quez, que vino a llenar la necesidad que liabía 
de un núcleo orquestal, propio pai-a amenizar 
veladas, banquetes, recepciones y demás actos 
similares. El octeto estaba constituido así : 
Alolín solista, Julián Andino; 1- señora Luisa 
Lecompte; 2os. Domingo Andino y Sergio Le- 
coujpte, Jr. ; Viola, Sergio Lecompte Aspurúa : 
Cello, Francisco Roíuns ; Contrabajo, Manuel 
Tizol Márquez; Flauta, Rafael Márquez; Oboe, 
Andrés Fernández y Piano acompañante, Joa- 
fiuín A. línrsel. La selección del personal, inies 

ci 



ANOTA(M<>Ni:s HISTÓRICAS. 



eran los mejores instrumentistas de la capital, 
así como la habilidad del Director j el esmero 
en la confección v ejecución de los programas, 
cautivando al púidico, les proporcionó gran co- 
secha de aphiusos y beneficios, va que era la or- 
(piesta ])referida j)ara todos los actos sociales de 
mayor resonancia. 

:\[odificada, por la Legislatura Insular, la 
Ley Municipal, para (pie, entre otras cosas, pu- 
diesen los municipios consignar en los presu- 
l)uestos ordinarios, j)artidas que cubriesen los 
íiastos de academias o bandas de música, el !'■ 
de julio de lí)lo fué restablecida la de Bombe- 
ros de San Juan, así, como las Municipales de 
otros pueblos. La de San Juan fué nuevamente 
encargado de dirigirla el profesor Tizol, quien 
le (lió la organización siguiente : 1 flautín, 2 flau- 
tas, 2 oboes, 1 recpiinto, 11 clarinetes, 2 fagotes, 
5 saxofones, 1 fliscorno, 3 cornetines, 1 tromba, 
1 trompa, ;} altos, 3 trombones, 3 bombardinos, 
1 helicón, 1 bastuba, 2 l)ajos, 2 violoncellos, 2 
contrabajos de 4 cuerdas, y batería completa. 
La banda dá dos conciertos semanales en la Pla- 
za Baldorioty y asiste a todos los actos públicos 
del municipio. El esmero con que últimamente 
selecciona e interpreta las obras, dando prefe- 
rencia a las de los clásicos, la permite ser califi- 
cada, merecidamente, como una de las mejores 
de las antillas. 

En octubre de 1913 inauguró el citado señor 
Tizol, que está considerado como un gran orga- 
nizador, una sociedad de conciertos que, a juz- 
gar por las revistas que hiciera la prensa de 
San Juan, pues no pudimos oiría, constituyó una 
nota de progreso artístico. 

También, hace más de tres años, viene cele- 
brando mensualmente selectas audiciones mu- 
sicales, otra sociedad denominada Cliih Armó- 
ño 



arUSK.'A Y MISICOS l'OUTORIÍlQrKXOS. 



nico, integrada por buenos artistas, en su mayor 
parte dilettantes, que con una constancia digna 
de encomio y gran fervor artístico, se reúnen 
todas las noclies en el salón Apolo, para estu- 
diar, minuciosamente, las obras que lian de ser 
ejecutadas en el concierto mensual, prescrito por 
los reglamentos de la institución. 

La sociedad no tiene ningún objetivo de lucro 
sino únicamente, el de practicar el culto de la 
música entre los asociados, de los que, un gran 
número son americanos. 

El Club comprende dos secciones, la orquesta 
de conciertos y la de mandolinas; ambas alter- 
nan en los programas de las audiciones. La 
dirección artística la asume el jefe de la banda 
de música del regimiento, Don Luís R. Miranda, 
y como sustituto, el maestro Don Justo Pastor 
Torre?, hábil violinista y concertador, meji- 
cano. 

Esta sociedad, está considerada como una de 
las más altas manifestaciones de cultura ar lis- 
tica, que pueden registrarse durante el período 
de tiempo que relatamos. 

Hace poco más de un año, que el Consejo de 
"San Juan'', de los CahdUcros de Colón organizó 
un Orfeón con más de 20 voces, para solemnizar 
todos los actos de la orden. 

Diclio Orfeón, modesto al nacer, i^ero integra- 
d ) ])or buenas voces y entusiastas cultivadores 
de la música, actualmente se está reconstitu- 
yendo con carácter autónomo, pero siempre lía- 
jo los auspicios del Consejo, con el fin de darle 
mayor amplitud. Lo dirige el citado maestro 
Pastor Torres, y está llamado a registrarse co- 
mo una gran nota de progreso en los anales del 
arte portorriqueño. 

Como manifestación artística, aunque de ca- 
rácter })rivado, debemos anotar un cuartel o vo- 

66 



ANOTACIÓN !:s II 1 Sl'( (R! ( 'AS. 



cal con acompañamiento de ]3Íano, que se reúne 
todos los miércoles por la noclie en la inorada 
del culto caballero suizo, Mr. George A'illard, 
director de los ferrocarriles de Puerto Rico. El 
cuarteto lo forman: Mr. Villard, 1er. Tenor; T>. 
Miguel Gorbea, 2o. tenor; D. Luis Zubiaurre y 
I). Luís Esparolini, barítonos; D. Evaristo Yé- 
lez, bajo v el pianista, graduado en la academia 
musical de Lenox, Mass., EE. UU., D. Juan 
O'Neill López. La música que interpretan, es 
de la mas selecta dentro del género clásico. 

Fuera de San Juan, en las demás x)Obl a clones 
de la isla, el arte decae considerablemente. 

A pesar de los esfuerzos IiecLos por el maes- 
tro Cliavier, la Liga Progresista v los profesores 
Pasarell, Pericas y Cruz, en Ponce, si exceptua- 
mos el certamen que en noviembre de 191.') or- 
ganizara la referida Ijiga, y otro convocado en 
1914 por la sociedad de escritores y artistas, (1) 
Desde la muerte de Campos no se ka constituido 
ninguna otra orquesta de conciertos como "La 
Lira Poncella'-. Solamente subsiste la antigua 
banda de Bomberos dirigida por Domingo 
Cruz, (Cocolía) j algunas orquestas de baile. 
La orquesta que solemniza las festividades re- 
ligiosas, dirigida por el competente profesor D. 
Arturo Pasarell, es la única que puede conside- 
rarse como un verdadero núcleo orquestal. 

En Mayagüez, el profesor de Yiolín y compo- 
sitor de música regional Simón Madera orga- 
nizó, en 1912, una sociedad de conciertos titula- 
da ''Orquesta Juventud", que fué muv a]>laudi- 
díi en las audiciones que diera en dicba Ciudail, 
Yauco y Santo Domingo. Debe haberse disuel- 
to, pues hace tiempo no tenemos noticias de 
ella. 



(1) Véíise la sección "Certúmenos" de este libro. — F. C. 

(•>7 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



En el resto de la Isla solamente existen peque- 
ñas orquestas de baile y bandas escolares o mu- 
nicipales, que, con escepción de las de Humacao, 
Cabo-Rojo, Comerlo y Aguadilla, las demás no 
merecen citarse como manifestaciones de pro- 
gi'eso. 

La enseñanza del piano se ha generalizado en 
todo el país, debido principalmente al al)arata- 
miento del precio y facilidades para la comjíra 
del instrumento; pero eso mismo lia lieclio que 
se dediquen a la profesión infinidad de personas. 

Si esceptuamos a un determinado número de 
profesores (1) de alta escuela que en San Juan, 
Ponce, Arecibo, Bay anión, Coamo y alguna otra 
población ejercen a conciencia su delicada labor, 
el resto de los que se titulan maestros ostentan 
inmerecidamente el calificativo, a juzgar ])or el 
modo de tocar de los alumnos confiados a su pre- 
ceptiva. 

Durante el período de tiempo que reseñamos, 
la música regional lia jíerdido muellísimo de su 
típica estructura, pues la danza, que a tan gran- 
de altura elevaron Tavárez, Heraclio Ramos, 
Dueño Colón y especialmente Morell Campos, 
lia sido sofistificada por sus mismos cultivado- 
res, que dejándose influenciar por el snobismo 
de la época, introdujeron en la conformación me- 
lódica, y más principalmente, en la rítmica, la 
estructura de bailables exóticos, despojándola 
de su cadenciosa belleza para revestirla de un 
ropaje voluptuosamente africano. 

Afortunadamente, debido a la persistencia de 
la crítica, nótase una pequeña reacción, que si 
continúa, traerá el renacimiento completo de la 
tan seductora e idealista danza portorriqueña. 

En los últimos dos lustros lian visitado la 



(1) Véase la sección "Profosoraao" de este libro. — ¥. C. 

68 



ANOTACIONES HISTÓRICAS. 



Isla algunas compañías líricas de ói^era, zarzue- 
la y opereta de bastante mérito. La que con- 
tratara en Milán, el en tusiasta dilettante, Améri- 
co Marín, va fallecido, fué conceptuada como de 
primer orden, pues no solamente estaba tripli- 
cado el cuarteto de voces principales, sino que 
los integraban artistas afamados como Di Ber- 
nardo, Paganelli, Regina Alvarez y otros de 
igual o superior talla. Además, el cuerpo de 
coros era nutrido, el atrezzo y repertorio, mo- 
dernos, y el Maestro lo era uno italiano de alta 
competencia artística. 

En zarzuela española del género cliico, debe- 
mos citar a la Músico Teatral, empresa porto- 
rriqueña. En ella venía como tiple cómica, Lui- 
sa Arregui, que fué una gran artista en todo el 
valer del concei^to. Las simpatías rayanas en 
cariñoso delirio, que se captó en San Juan, se 
hicieron patentes, cuando la muerte, siempre 
traidora, tronchó su preciosa existencia. El 
homenaje de afecto que espontánea y sincera- 
mente tributara a sus despojos mortales, el pue- 
blo capitaleño, cuando se efectuó el sei)elio, no 
ha tenido precedente, por lo grandioso. 

La compañía de Gutiérrez y la de la Gatini, 
ambas de Opereta, la primera en español y la 
última en italiano, fueron muy aplaudidas en 
toda la Isla. Esperanza Iris en la "Viuda Ale- 
gre" y la Gatini en "Eva" y "Le Poupée" son 
recordadas placenteramente. 

El Ateneo ha proseguido, periódicamente, la 
celebración de certámenes literario-musicales, y, 
además, ha efectuado veladas en honor a la me- 
moria de los artistas Morell Campos, Felipe Gu- 
tiérrez y Ana Otero. 

Otros centros sociales de la Isla, han secun- 
dado la costumbre del Ateneo, en la convocacióii 
de certámenes artísticos. 

69 



MÚSICA Y ansíeos rORTORRIQUENOR. 



Se está generalizando, lo ({ue encontramos al- 
tamente plausible, la celebración de audiciones 
públicas por parte del alto i)roí'esorado de piano. 
En ellas presentan a sus discípulos más aven- 
tajados, para que padres y público puedan apre- 
ciar la preceptiva del maestro y los adelantos 
de los alumnos. Arteaga v Cliavier, fueron los 
iniciadores en Ponce de esa práctica europea, y 
después secundaron la iniciativa, Trina Padilla 
en Arecibo; Elisa Tavárez, Alicia Sicardó y la 
Sra. Montoto, en San Juan. La últimamente 
efectuada por Alicia Sicardó lia sido un verda- 
dero acontecimiento, según las reseñas de la 
prensa de San Juan. 

La Legislatura Insular lia consignado, desde 
1910, en los presupuestos generales de la Isla, 
partidas para subvenir a la educación artística 
de algunas señoritas en el extranjero. Azela y 
Consuelo Menchaca, esta última malograda en 
IMilán, cuando por sus aptitudes y estuilios en- 
cientes, era una legítima esperanza de gloria ; 
Alicia Felicci, que estudia en París v ^íargaritn 
Callejo, en Milán, lian sido las beneficiadas por 
la generosa acción de nuestras Cámaras. 

También se encuentra, actualmente, haciendo 
estudios superiores de piano y composicicúi en 
el Conservatorio de Madrid, la Srta. ■Mercedes 
Rodríguez, que en concurso de oposición obtuvo 
la beca ofrecida por el filantrópico caballero, 
licenciado en Letras. D. Teodoro Aguilar Mora, 
muy culto en materia de arte. Esta Srta. i)ro- 
cede de la escuela de piano que dirige, en San 
Juan, Alicia Sicardó, discípula predilecta de 
Anita Otero. 

Recientemente, lia sido presentado ante el 
público de San Juan, el niño de 11 años Jesús 
María San Roma, natural de Fajardo, como un 
¡)ianista precoz. Realmente, aunque carece de 

70 



ANOTACIONES HISTÓRICAS. 



escuela, es aílmirable, interpretando obras de tan 
difícil ejecución como las ra])Hodms de Litz los 
im})ro}}ijdiis y hahutas de Cliopín, las .sonaias 
de líeetlioven y otras similares del género clá- 
sico y brillante. 

El niño San Roma, debe ser ]>rotegido ])or el 
país, oficial o particularmente, i)ara que, cuanto 
antes, pueda trasladarse a un gran centro do- 
cente, en donde sus facultades extraordinarias, 
bien dirigidas y severamente educadas, le per- 
mitan orlar su frente con los laureles del triunfo. 

San Itomá es de los escogidos para brillar con 
luz pro])ia en el cielo del arte universal. 

Y con tan bella es])eranza. . . cerramos estas 
anotaciones, que ; ojalá ! puedan servir de alguna 
utilidad a los que, en el mañana, se decidan a 
escribir la liistoria del arte musical de Puerto 
Rico. 

3íanatí, octubre 1 de 1915. 



71 



MÚSICA Y MÚSICOS I'ORTORRIQÜEÑOS. 



SECCIÓN SEGUNDA. 
Biografías. 



CAPÍTULO V. 



Dedicada esta sección a jíoiier de relieve los 
méritos de las altas personalidades artísticas 
que el país lia x^roducido, es de sentirse no figu- 
ren en ella, por la carencia o parquedad de da- 
tos, algunos que lian dado prestigio al nombre 
portorriqueño en el exterior, aunque no los re- 
legamos al olvido pues son mencionados en las 
secc iones correspoiwliemes a sus aptitudes mu- 
sicí'.les. 

T is biografías de Ana Otero, Julio C. Artea- 
ga ,y Felipe Gutiérrez, lian sido trazadas, acce- 
diendo a reiteradas solicitudes nuestras, por los 
connotados musicólogos, Sra, Trina Padilla de 
Sauz, la Hija del Carihe, tan justamente apre- 
ciada en el mundo literario, v por los no menos 
correctos escritores, Don Arístides Chavier y 
Don Braulio Dueño Colón, proporcionando a es- 
te libro, con sus cortesías, el único valer real de 
que pueda liacer gala. 

ARTEAGA, JULIO C. 

PIANISTA-COMPOSITOR. 

Nació en la ciudad de Ponce, P. R., el 29 de 
octubre del año 1864. 

Desde su tierna infancia demostró aptitudes 
especiales para el estudio de la música, circuns- 
tancia que indujo a sus amantes padres a llamar 

72 



I'.IOGKAFIAS. JT'LIO C. ARTEAGA. 



al profesor Don Pedro Gabriel y Carreras, para 
encomendarle la edncación artística elemental 
de sn hijo. Este profesor, hombre de aptitudes 
y de conciencia, reconoció las dotes del niño y 
auguró a sus familiares y amigos las más risue- 
ñas perspectivas. 

Iniciado en los elementos de la música y con 
conocimientos algo apreciables del violín y del 
Piano, pasó Arteaga a New York, a continuar 
sus estudios musicales bajo la dirección del dis- 
tinguido pianista y compositor Gonzalo J. Nu- 
ñez, — quien igualmente reconoció sus singula- 
res aptitudes, recomendándole de continuar in- 
definidamente a su lado, lo que desestimó, — y 
del notable organista canadiense Mr. Samuel 
P. Warren, bajo cuya dirección estudió el gran 
órgano, realizando apreciables progresos. 

En el año 1883 marchó Arteaga para París, 
en cuyo Conservatorio ingresara, después de ha- 
ber probado sus ventajosas condiciones para i^o- 
der ascender a la altura que más tarde ascen- 
diera. En dicha institución docente trabajó 
nuestro compatriota con verdadero celo y entu- 
siasi.io, el piano, la armonía y demás ramas del 
arte nuisical. Su i)rofesor de piano fué el ilus- 
tre Mr. Georges Mathias, antiguo y predilecto 
discípulo de Cliopín; su profesor de armonía y 
contrapunto, lo fué Mr. A. Taudou, un h;íl)il y 
profundo conocedor de la ciencia armónica y 
contrapuntal; su profesor de acompañamiento,, 
lo fué Mr. Auguste Bazille, profesor del Conser- 
vatorio, y organista e improvisador que se había 
captado la admiración de Meycrheer. Mr. P>a- 
zille, a la sazón, desempeñaba la plaza de orga- 
nista en la iglesia de Sainte Elizabeth, de 
París. 

Arteaga reanudó sus estudios de órgano, ini- 
ciados en Xew York, v al efecto ingresó en la 

73 



MÚSICA Y MÚSICOS I'ORTOURIQUIOÑOS. 



clase (le órgano e improvisación del ilnstre maes- 
tro, organista, improvisador y compositor emi- 
nente, Mr. César Auguste n^ranck. También 
hizo estndios de cant^^ bajo la dirección del in- 
signe barítono profesor E. Crosti, antor de va- 
rias obras didácticas sobre el canto, y antiguo 
discípulo del gran Francesco Lamperii. Así 
mismo — y éste es un timbre muy honroso y que 
muy i)0C0S pueden ostentar — Arteaga fué discí- 
pulo auditor de la clase de alta composición mu- 
sical de] grande e ilustre Jules Masscnct. En 
1887 obtuvo un accésit, clase de acompañamien- 
to, y en 1888, después de un brillante examen, 
recibió el primer premio. 

Obtenido el anterior triunfo, Arteaga retornó 
a l*uerto Rico, al lado de sus familiares, a di- 
fundir los positivos conocimientos que había ad- 
quirido en la ciudad-luz. Al efecto, se estableció 
en I*once, en donde formó un núcleo de discípulas 
muy aprovechadas y que hicieron honor a su 
enseñanza. En la ciudad-perla, llegó a realizar 
algunas audiciones de sus alumnas, que mere- 
cieron las más cordiales muestras de admira- 
ción de los elementos competentes. 

3Iás tarde marchó a la Habana y a New York, 
en cu^^as ciudades cimentó su reputación de 
pianista gallardo y profesor eficiente y concien- 
zudo. En New York, de 1902 a 19(il, desem- 
l)eñ6 con éxito la plaza de profesor superior de 
piano en el Conservatorio Internacional, que es 
una de las instituciones más importantes de la 
Metrópoli. 

Es indiscutilde que Arteaga ha recibido una 
educación musical sana y vigorosa, que le colo- 
ca en la cúspide de nuestra representa ciéui artís- 
tica y ])rofesional. Sus triunfos, jHKHle asegu- 
rarse, han sido mayores en el extraujero que en 
su propio país; pues allí han podido aquilatar 

74 



biografías. JULIO ('. ARTEAGA. 



más justicieramente sus méritos, prescindiendo 
de sus rarezas, que revelan un carácter algo 
quisquilloso y un temperamento harto suscep- 
tible, Y que suele grangearle no pocas desazones. 
Es no obstante, Julio C. Arteaga, un corazón 
Imeno y, como artista al fin, accesible a los más 
tiernos sentimientos. 

Arteaga, como pianista, lia llamado siempre 
la atención. Posee una técnica sólida, vigorosa, 
flexible; iiace frente a las mayores dificultades 
trascendentales del instrumento que preferen- 
temente lia cultivado, sin esfuerzo alguno; do- 
mina las obras más culminantes de los grandes 
maestros clásicos y modernos, siendo Chopin y 
Liszf sus favoritos. En nuestro medio artístico 
— precisa reconocerlo — Arteaga, a pesar de sus 
dotes, lio lia obtenido los fervientes aplausos 
que lian obtenido otros, considerablemnte menos 
aptos y concienzudos que él, en el arte que cul- 
tivan. Pero, ya se sabe que nuestro público es 
más impresionable que reflexivo, y, regularmen- 
te demuestra predilección por aquello que satis- 
face mejor sus ambiciones snohistas, y sin esta- 
blecer la diferencia existente entre el oro y el 
oropel que suele brindársele . . . 

Como acompañador, Arteaga no tiene rival; 
es además, un lector intrépido. Como maestro 
de armonía y composición ya lia demostrado su 
eficiencia. Ha escrito algunas obras musicales, 
que revelan sus sólidos conocimientos armónicos 
y contrapuntales. Entre esas comi^osiciones de 
índole seria, figura un Cuarteto, escrito para 
violín, viola, cello y piano, que lia sido ejecutado 
con éxito en distintas ocaciones. Ha escrito, 
así mismo, algunos coros, con sol i y orquesta, y 
algunos trozos para canto; la ma3^or parte de 
esos trabajos están inéditos. En la Habana 
obtuvo nuestro compañero un sensible triunfo 

T5 



MÚSICA Y MÚSICOS I'ORTORRIQUENOS. 



con la ejecución de su interesante Marclia Triun- 
fal, compuesta para banda, en homenaje al gran 
descubridor Cristóbal Colón. Fué obedeciendo 
a las insinuaciones del periódico El Fífjaro de 
la Habana, que nuestro, compatriota se decidió 
a escribir la expresada Marcha, que le valió ca- 
lurosos aplausos de la sociedad habanera, y más 
tarde de la sociedad portorriqueña. 

Arteaga cultiva igualmente la dirección or- 
questal, y tiene aptitudes para la crítica musi- 
cal. Aunque su pluma suele ser rebelde en la 
expresión, ha}^ que reconocer que en sus traba- 
jos de índole docente, se destacan siempre sus 
conocimientos sobre la técnica musical y la his- 
toria del arte. ¡Lástima es que haya permane- 
cido impasible en ciertas ocasiones en que las 
circunstancias han debido incitarle al combate! 
No obstante, ha dicho algunas verdades, que le 
han valido los plácemes de la minoría, que cons- 
tituye el elemento sensato de nuestra sociedad. 

Julio C. Arteaga ha sido aplaudido en centros 
de gran cultura artística. En París, en New 
York, en la Habana, en Caracas, en fin, en todas 
las poblaciones importantes que ha recorrido, 
han tenido la oportunidad de juzgar sus ai^titu- 
des, rindiéndole los homenajes a que se ha hecho 
acreedor. 

En 190G, fundó una revista musical, que re- 
dactó en unión de otros elementos artísticos por- 
torriqueños. Dicha publicación tuvo muy corta 
existencia ; pues el público no respondió, como se 
esperaba, al esfuei'zo que en su obsequio se hacía. 
En la expresada Revista de Ai única, colaboraron 
los distinguidos artistas y escritores Braulio 
Dueño Colón, Manuel Martínez Plée, Fernando 
Callejo, Ramón Moría, Trinidad Padilla de Sanz 
y el que suscribe. 

Julio C. Arteaga se encuentra actualmente 

7G 



biografías. JULIO C. ARTBAGA. 



en San Juan, dedicado a su labor i^rofesional, 
con la eficiencia ya demostrada y reconocida por 
todo el público sensato portorriíuieño. No obs- 
tante, sus éxitos materiales son exiguos y están 
muy lejos de satisfacer sus justas ambiciones. 
Pero, ya se sabe (pie nuestro país suele brindar 
a los osados y a las medianías que se agitan en 
su seno, el perfume de sus rosas, dejando para 
sus verdaderos artistas, para aquellos que le 
enaltecen ante el mundo, las punzantes espinas 
de sus zarzales. 

Aristides CHAVIER. 

Ponce, P. R., Sept. 20 de 1915. 



77 



SrrSICA Y MT'SICOS tortorriquenos. 



CAPÍTULO YI. 
CHAYTER ARÉ V ALO, ARÍSTIDES. 

PIANISTA - Cü3.irOSITOPt. 

Carlos Gounod, el inmortal autor del ''Faus- 
to,"' en el prólogo a la correspondencia inédita 
de Berlióz, juzgando a este maestro francés di- 
ce: ''Bei'lióz era un liombve entero, sin concesio- 
"nes ni componendas ; pertenecía a la raza de 
"los Alcestes, y tuvo contra él la raza de los 
"Orontes. Se le lia juzgado atrabilario y quis- 
"quilloso; pero iia,y que tener en cuenta, que a 
''esa sensibilidad excesiva, llevada a veces ¿asta 
"la irritabilidad, le inducían circunstancias 
"personales y desengaños sufridos. Si sus opi- 
"iiiones han parecido duras, na.die al menos lia 
"podido atribuirlas al Aergonzoso móvil de la 
"envidia, tan incompatible con aquella noble, 
"generosa y leal naturaleza." 

Este juicio sintético de la personalidad de 
Eerlinz, iniede ser aplicado, sobre todo en el pri- 
mero y último punto, al artista Arístides Cha- 
vier Arévalo, nacido en Ponce el 3 de Se})tiem- 
bre de ISGT, uno de los poquísimos que cultiva 
con propiedad el género de música conocido con 
el nombre de música di catarra. 

Cliavier hizo sus primeros estudios con i^rofe- 
sores de música de Ponce, dedicando su atención 
primeramente a la flauta, instrumento que lue- 
go abandonó por el piano, que lia sido el único 
que después ha cultivado. 

En 1884 marchó a Ncav York en donde perma- 
neció i)oco más de un año estudiando el ])iano 
bajo la dirección del distinguido pianista y coni- 

78 



¡nOíiRAriAS AiU.sTJDES ClIAVIEU AREVAI.O 



positor Gonzalo Nuñez, y la armonía con Mr. 
Frederlck Doland, competente maestro, gradna- 
do en el Conservatorio de Leipzig, Alemania. 
En vista de los progresos que realizara y la in- 
tensidad de sus aficiones, sus padres determi- 
naron enviarlo a París, a cursar estudios supe- 
riores, llegando a la Capital de Francia en ma- 
yo de 1886. 

Ya en París, continuó los estudios de piano, 
bajo la dirección de Mr. Georges Matliias, emi- 
nente ])ianista y compositor, antiguo discípu- 
lo de Cliopin y Ilalevy, y profesor del Conserva- 
torio. La armonía, el contrapunto y la compo- 
sición musical, las estudió con Mr. A. Taudou, 
profundo y iiábil maestro del Conservatorio y 
Mr. Louis de Serres, antiguo discípulo de Cesar 
Frank, actualmente profesor de composición en 
la "Sellóla Cantorum"'. También asistía, en 
calidad de alumno auditor, a las clases de piano 
y aruíonia del Conservatorio, sin abamdonar 
las lecciones ppa^ticulares con los profesores an- 
tes mencionados. 

Sus ])rogTesos fueron importantes, pues en 
los diplomas que le otorgaron sus maestros se 
expresa: '"trabajó con celo e inteligencia ba- 
"ciendo progresos maravillosos, encontrándo- 
"se en condiciones favorables para dedicarse a 
"la (mseñanza, puesto que está en posesión de 
''los conocimientos necesarios para ser un exce- 
''lente maestro de miisica y oiano." 

En París dio algunas audiciones mereciendo 
plácemes. Taml^ién en Xew York, años más 
tarde, se T)resentó al público, recibiendo elogios 
de elementos competentes. //. Prof/resso diario 
italiano, y Le Courrier des Etats IJnis, magazin 
francés, ambos editados en New York, le dedi- 
caron frases encomiásticas. 

En la capital de Francia, antes de retornar a 

79 



MISICA Y MÚSICOS I'ORTORRIQUEXOS. 



SU país, ejerció de maestro de piano i)or más 
de seis meses, y lo mismo en New York, en donde 
pensaba establecerse definitivamente, lo que no 
pudo efectuar, porque el clima le fué altamente 
perjudicial a su salud, retornando definitiva- 
mente a Puerto Rico en 1893 y estableciéndose 
en Ponce, en donde ejerce desde entonces. Pe- 
riódicamente lia dado en su ciudad natal audi- 
ciones públicas de sus alumnas, que obtuvieron 
gran éxito, despertando el entusiasmo artístico 
del público en general y más particularmente 
del perito en nmterias de arte. 

En 1904 envió un grupo de composiciones pa- 
ra i3Íano y orquesta a la exposición de Saint 
Louis, Illinois, U. S., que fueron premiadas con 
dii3lonia y medalla de oro. 

Como pianista es tan concienzudo, (]ue con 
técnica irreprochable, en la que no olvida los 
detalles más insignificantes, cuando interpreta, 
expone las ideas substanciales de las obras sin 
amaneramientos ni osadías. 

Es además un buen compositor y musicólogo 
de amplia y sólida cultura. 

Como compositor lia i^roducido mudio y bue- 
no, permaneciendo inéditas la mayor parte de 
sus obras, en las que predominan las de forma 
clásica para instrumentos de cuerda y las ca- 
racterísticas para i)iano. Fuera de Ponce, ape- 
nas se conocen sus composiciones. Y para que 
l)ueda aquilatarse con cuanta i)ro])iedad le da- 
mos el calificativo de maestro compositor, trans- 
cribiremos, a continuación, un juicio crítico que 
jmblicó El Día, de Ponce, edición corresi)on- 
dieníe al 19 de febrero de 1914, en la que su au- 
tor, el ilustrado compañero líraulio Dueño Co- 
lón, después de ciertas salvedades sobre lo (pit^ 
el prejuzga ''incompetencia para emitir juicios", 
dice lo sig-uiente : 

80 



i;i()Oi:afías — akistidks ("itavikr arevalo 



''TRIO (¡I ¡ni be mol. Op. 21, pun\ violíii, viola 
y violoncello. — Sieiii})re lie considerado que de 
todas las combinaciones instrumentales es el 
trío la más difícil de escribir, no tan sólo por 
ser la que menos recursos proporciona al autor 
]íai'a el desarrolla teihático, sino por ser la que 
menos se i)r3sta para cierto género de combi- 
naciones melódicas, a menos que sea el piano 
uno de los instrumentos que figure en el trío; 
siendo éste el caso del señor Cliavier, i^or cuan- 
to su composición está escrita para Acolín, viola 
y violoncello. 

"Es indudable que a esas circunstancias que 
señalo, se debe el que los compositores hayan 
sido tan parcos en la composición de tríos de 
esa especie. 

"No tengo a mano el catálogo de los compo- 
sitores clásicos; pero registrando mi memoria, 
sólo recuerdo lial^er visto un trío de Romberg, 
compositor alemán, para violín, flauta j cello. 
En los demás que conozco, figura siempre el pia- 
no como uno de los componentes del trío. 

"Teniendo en cuenta lo que llevo manifestado, 
liay que confesar, forzosamente, que el señor 
Cliavier lia salido airoso de prueba tan difícil. 
Su trío Op. 21 es una demostración elocuente 
de sus conocimientos musicales. No es un mero 
juego de sonidos, sino una serie de temas bien 
desarrollados, obedeciendo a un plan sencillo, 
pero llevado a cabo dentro ele la más exquisita 
unidad tonal y rítmica. El hraiúsimo scherso 
finaley en (i por 8, está admirablemente combina- 
do y tiene el sprít del de la sonata de Krautser 
de Beetlioven. 

''Cuarteto, Op. 25 en tní menor para dos vio- 
lines, viola y cello. - — He leído y releído deteni- 
damente este cuarteto y siento, de veras, no ha- 
ber tenido la oj)ortunidad de oírlo; no i>oi'que 

...81 



MÚSICA V Ml.SlCOS l'OUTUliUIQl'KNOS. 



crea yo, como un querido amigo y compañero 
mío, que sea indispensable oir una composición 
musical para poder juzgar si está bien o mal 
escrita, sino porque me gustaría poder apreciar 
si el efecto de ese Cuarteto al ser ejecutado di- 
fiere algo del que yo he podido apreciar al oírlo 
dentro de mí mismo, cuando lo leía. Al exami- 
nar esta obra he podido observar lo siguiente : 
Originalidad en las ideas, perfecta adaptabili- 
dad de la frase melódica a lo que exige la música 
di camera, buen trabajo temático, delicado in- 
genio en las combinaciones melódicas y discreta 
proporción en el trabajo asignado a cada ins- 
trumento; pudiendo decirse de este Cuarteto lo 
que decía Marx del primer tiempo de un Cuar- 
teto de Beethoven, "una verdadera canse ¡-ir en 
la que los cuatro instrumentos usan de la pala- 
bra bajo la indiscutible dirección del primer 
violín." 

"El Andanie Canfahile ed Espressiro, es en- 
cantador, y a mi juicio, lo mejor del Cuarteto, 
no obstante que el Finale representa una labor 
concienzuda bajo el punto de Aista escolástico. 

"'De todas las obras del grupo que he exami- 
nado, ésta es, tal A^ez, en la que se destaca mejor 
la personalidad artística del compositor. 

''Dos srís de rarlaciones, para piano, ()p. -í), y 
32. — Son magníficas unas y otras; y no podía 
ser de otra manera, si se tiene en cuenta (pie el 
autor pos'^e las tres cualidades más esenciales 
para esa clase de trabajos ,cuales son : co- 
nociuiiento profundo del contrapunto, imagina- 
ción fértil y dominio del piano. 

"Xo sé porque, pero a mí me encantan las va- 
riaciones cuando, como las presentes, están bien 
hechas; y me complazco en confesar, para satis- 
facción del autor, que el tema Hummel lo en- 
cuentro más fielmente interpretado y con más 

82 



biografías ARISTIDES CHAVIER AREVAIiO 

maestría que por los compositores que liasta 
ahora lo lian empleado. El delicado liumorismo 
que se nota en algunas A^ariaciones, recuerda el 
que diluyó Beetlioven en sus célebres variacio- 
nes sobre el vals de Diabelli. 

"Ohcrtiua Fue rio Rico, para orquesta. — Op. 
26. — Está muy bien escrita ; y si el autor la ins- 
trumenta de nuevo, como parece ser su i^ropósi- 
to, resultará de mejor efecto en la ejecución; 
pero. . . mi opinión franca y leal es que el com- 
I)ositor que lia escrito una música di camera tan 
magistral como la que fígura en el grupo de sus 
composiciones, i)uede y debe componer una o1)er- 
tura superior a esa, en el sentido — Enticnílasc 
hicn — de que la forma de la obra sea más am- 
plia, y — ¿por qué no decirlo? — que los conceptos 
melódicos sean más expansivos; que levanten 
el espíritu abatido de los puertorriqueños; en 
uíia palabra, que al oírla no nos entristezcamos 
más de lo que estamos, como me lia sucedido a 
mí al leerla. (No hay que echar en olvido — di- 
cho sea como justificación de mi censura — (pie el 
autor está cantando a Puerto Rico.) 

'*Yo siento que esto mortifique algo al autor; 
pero, aparte de que ese tono de ve menor, al igual 
que el de do menor me causa sieuipre un efecto 
fatal, por cuanto me entristecen demasiado, hay 
taui])íéu la circunstancia de que mi ánimo en 
estos días es algo anormal. Tal vez si yo oyera 
ejecutar la obra cambiaría de parecer. Todo es 
posible, puesto que se trata de un sentimiento 
estético. 

"Diüamos, sin embai'go, en descargo del autor, 
que él ha escrito esa obra bajo la infiuencia de 
la temperatura moral de que nos habla Taine; 
del medio ambiente, cuyos efectos sobre el áni- 
mo del artista son irresistibles, pues por más 
que se diga en contrario, el artista no puedo ex- 

83 



MÚSICA Y MÚSICOS l'ORTÜRRIQUEXOS. 



presar más que sentimientos análogos a aque- 
llos (iiie experimenta. En la música de Camera 
no se nota ese fenómeno, porque ella está exenta 
del subjetivismo, por cuanto el autor no está 
atento más que a la labor científica, si así pue- 
de decirse, y estas obras representan, por lo re- 
gular, la inteligencia del autor, más no su esta- 
do de alma. 

"Claro está que ésto tiene sus escepciones, co- 
mo sucede con el IV Cuarteto en do menor, VII 
en fá y los cuatro últimos de Beetlioyen. Sin em- 
bargo, obsérvase que en los demás de este au- 
tor, hasta diecisiete que escribi(3, campea el más 
absoluto subjetiyismo. 

**Y llegamos al QUINTETO, en do menor, Op. 
23, que de intento lie dejado i^ara lo último. Te- 
nía razón el señor Cliavier al decirme, liace al- 
gún tiempo, que era esta obra de la que había 
quedado más satisfecho, porque, en realidad, es 
la de más mérito y mejor trabajada de todas las 
obras del autor i^onceño. El Minuetto y Finale 
nioíto vivace, sobre todo, están tratados niagis- 
tralDiente. El segundo tiemx)o, o sea el Andante 
í^ostenuto e Cantahile está muy bien trabajado; 
])ero no hay tanta novedad en las ideas como en 
los otros tiempos. La obra en general está muy 
l)ien delineada, y si acerca del Cuarteto, Op. 25 
dije que era la obra en que más se destacaba 
la personalidad artística del autor, del Quinte- 
to puede decirse que es la obra que presenta 
más de relieve sus vastos conocimientos musi- 
cales. 

"En resumen; la labor artística del señor 
Chavier, condensada en el gruido de composicio- 
nes que he examinado — la obertura inclusive, 
pues si algo desfavorable dije acerca de ella fué 
bajo el punto de vista estético — es de un mérito 
imponderable ; y no vacilo en repetir aquí lo que 

84 



liKXiRAL'IAS ARISTIDES CHAVIER AREVALO 

dije al estimado artista poiiceño al recibir sus 
composiciones : iiiiigmi otro comi^ositor porto- 
rriqueño — que yo sei)a, al menos, — ha abordado 
con tan buen éxito como lo lia hecho usted, ese 
género que se llama música di camera, que con 
ser el de más mérito es el que, en nuestro país, 
clá menos provecho.'' 

Así termina su juicio crítico sobre el composi- 
tor Chavier, el competente Dueño Colón, auto- 
ridad en materia de arte lírico, y i)or lo que no 
hemos vacilaíLo en hacer en este libro la trans- 
cripción, que tanto honra al autor de las obras 
que en ella se juzgan. 

Como musicólogo, es Chavier uno de los pocos 
que, periódicamente, difunde en la prensa, con 
estilo claro, elegante y repleto de ideas, el mo- 
vimiento artístico mundial, sin olvidarse de ex- 
teriorizar también sus imi)resiones sobre hechos 
musicales acaecidos en el país. 

ísTo siempre su argumentación, que no puede 
calificarse de sofística, es convincente, sobre 
todo cuando juzga hechos y obras que están en 
contradicción con las exquiciteces de su tempe- 
ramento y gusto artístico. 

I^as varias controversias que ha sostenido en 
pro del clasicismo, bajo todos sus aspectos, al 
que rinde fanático culto, le han hecho ser juzga- 
do por algunos como enemigo recalcitrante de 
la miisica regional. 

Tal imi)utación está erróneamente aplicada, 
pues la gran cultura artístico - literaria que él 
posee no le permitirá negar el valor relativo que 
han tenido j tienen, dentro de la arquitectura 
del arte musical, las composiciones del género 
popular o regional. Los grandes maestros han 
inspirado muchos niimeros de sus obras famosas 
en melodías, canciones y bailables de natura- 
leza regional, las qué, en su ma3^or parte, son la 

85 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



expresión del sentimiento religioso o estado de 
la conciencia popular de la época en que se pro- 
dnjeron. 

Lo que ha ocurrido a Cliavier es, que cuando 
retornó de Francia, esperaba encontrar alcjuna 
roca en donde cimentar el ideaUsfa templo con 
que soñara para engrandecer el culto del arte 
portorriqueño, y al encontrarse que el subsuelo^ 
en su mayor parte, estaba constituido por el i)o- 
co compacto terreno de la música regional, del 
que brotaban, casi exclusivamente, las fuentes 
de ins])iración de los compositores, dijo para sí: 
"cuando la base natural no existe, puede cons- 
truirse artificialmente'', y empleando el cemen- 
to armado de la exageración en el ataque hacia 
la música regional, y más especialmente en con- 
tra de los bailables, dio principio a la cimenta- 
ción, que, a pesar de las lu'otestas de los coJin- 
dantes, va destacando los muros, pues al presen- 
te se x)resta mayor atención al género clásico o 
severo y muchos de los compositores noveles lo 
cultivan con bastante fortuna. 

Chavier, y no^ permitimos asegiirarlo sin (pie 
él nos contradiga, no desdeña la danza : lo (jue 
no tolera, y en esto debe secundársele, es (\\iv sea 
ella el único objetivo de nuestro pueblo, comí) fi- 
nalidad artística. 

A las cualidades descritas, honrosos laurele'^ 
qTie orlan su nombre ^prestigioso', hay (pie agre- 
gar la propaganda tenaz, teórica-práctica, en 
pro de la buena música, y su conciencia como 
l)r9ceptor. 

Es ini propagandista incansable. Teórica- 
mente, si se acepta la exDresií'm, no cesa de tra- 
ducir y dar a la im])iic¡dad, todo lo que encuen- 
tra (m la prensa extranjera, relaciímado con (d 
inovimiento artístico contemporáneo; en la 
práctica, fué el aJma mater del gran certamen 

86 



niOGRAPIAS ARISTIDES CIIAVIER AREVAI.O 



convocado en el pasado año por la "Liga Progre- 
sista" de Ponce, del que damoy amplios detalles 
en la sección "Certámenes" de este libro. 

Como preceptor es severo en el fondo, aunque 
delicado en las formas de trasmisión. Su plan 
de estudios, ajustado al del Conservatorio de 
París, en donde se educara, lo liace cumplir es- 
trictamente a los alumnos. Posición, pulsación, 
independencia y aplicación correcta de los dedos, 
igualdad del mecanismo, colorido, articulado, 
pureza y claridad de expresión, precisión de los 
movimientos, manejo adecuado de los pedales, 
todo lo observa, corrije y enseña con pulcritud y 
maestría. Con tal escuela, ¿cómo no ha de ob- 
tener discípulos de mérito? 

Consideramos que si Chavier pudiera sus- 
traerse del aislamiento voluntario en que se lia 
encerrado y con un medio ambiente más propicio, 
que puede obtener, pone completamente de re- 
lieve todo su A^alor artístico, su gran carácter 
cívico y su honradez profesional, servirían para 
levantar el arte, que languidece, entre otras cau- 
sas, por falta de caracteres en la orientación. 

lie aquí la relación de sus obras : 

PAEA PIANO A DOS MAXOS. 

Op. 1. Mazurka en La bemol, {Transcripción ) . 
Op. 2 Marcha Fúnebre, en Mi IJeniol menor. Op. 
3. Marcha Festival, en Sol mavor. — Op. 4. Valse 
en La bemol. — Oo. 5. Melodía en />o s;)stenido 
menor. — Op. 5. Impromptu, en Sol nienor. — 
O]^. 7. Seis Variaciones, en Ee menar. {Tema 
original) . — Op. 8. Nocturno en Re bemol mayor. 
— 0]^, 9. Barcarola en Fá sostenido menor. — 
Op. 10. Melodía Fúnebre, en Fa sosteniílo me- 
nor. (transcri])ción.) — Op. 11. Tres Trozos 
Fantásticos: Picrrot, Arlequín, Colomhine. — 

87 



MÚSICA Y MÚSICOS TORTORRIQUEXOS. 



Op. 12. Capricho en Re bemol iiiavor. — Op. 13. 
Tarantella, en Mí mayor. — Op. 14. Av.iérica, 
Marcha Triunfal en Sí bemol, (transcripción). 

— Op. 15. Allegro Scherzando en 3Ii bemol ma- 
yor. — Op. IG. Ocho A^nriaciones en Mi mayor. 
(Tema original.) — Op. 18. Air de Ballet, en La 
menor. (Transcripción.) — Op. 19. Diez Varia- 
ciones sobre un tema de Weber, en Do mayor. — 
Op. 20. Romanza sin palabras, en Sol menor. — 
Op. 22. Seis Variaciones sobre un tema de Bee- 
thoyen, en Re menor. — Op. 24. Deu.v Esqiiisses 
pour le Piano: — 1. ScJierzo. — 2. Danse des 
Fees. — Op. 27. Deux Morceaux ponr le Piano : 

— 1. Seherzetto. — 2. Toccatina. — Op.28. Doce 
Pequeños Trozos para el Piano. — Op. 29. Ca- 
torce yariaciones sobre un tema de ílummel, en 
Si ])emol. — Op. 30. Ejercicios de Mecanismo y 
Virtuosidad. (Difíciles.). — Op. 31. Cuatro Tro- 
zos ]>ara el Piano: — 1-, Ilunioresque. — 2-, 
Scherzino. — 3-, BarcaroUe. — 4-, Capriecio,. — 
32. Doce Variaciones en Fa mayor. (Tema ori- 
ginal.) — Op. 33. Cuatro Trozos i^ara Piano:— 
1-, TIumoresque. — 2", Badina</e. — 3", Ba rearó- 
le. — 4°, Tarantella. — Op. 34. Seis yariaciones 
en La menor,, (Tema original.) — Op. 35. Dos 
Trozos para Piano: — V .Impromptu. — 2", Ca- 
prieeio. — O]). 30. Oclio yariaciones sobre un tema 
de Mozart,en ]Mi bemol. — Op. 37. Diez Varia- 
ciones sobre un tema de Mozart, en La l)emol. 

— Op 38. Seis Variaciones sobre un tema de 
Sclmbert, eu >SV>/ menor. — Op. 39 Ocho Varia- 
ciones sobre un tema de Hayden, en La mayor. 

— Op. 40. Seis Trozos para Piano : — 1', Tocca- 
tina. — 2-, Allegro Marciale. — 3-, Humores que. 

— 4-, Variaciones Cromáticas. — 5-, Bercctise. 
— O", Badinage. 

88 



biografías ARISTIDIíS CHAVIER AREVAIX) 



PARA PIANO A CUATRO MANOS. 

Op. 14. America, Marclia Triunfal en Si be- 
mol, ( Transcripción. ) 

Op. 18. Air de Ballet , en La menor, (Trans- 
cripción. ) 

PARA BANDA MILITAR. 

Op. 11. America, Marclia Triunfal en Si bemol. 

PARA ORQUESTA. 

Op. 1. Mazurka en La bemol. — Op. 10. Melo- 
lodía Fúnebre en Fa sostenido menor. — Op. 18. 
Air de Ballet, en La menor. — Op. 24. Deux- Es- 
guisse : — 1", Scherzo, - — 2-, Dance des Fées. — 
Op. 2G. Puerto Rico, Obertura en Re menor. 

PARA INSTRUMENTOS DE CUERDA. 

Op. 17. Cuarteto en Sol mayor, i^ara dos Yio- 
lines, Alóla v Cello. — 1. Allegro, nía non troppo. 
— 2. Menuctto y Trio. — 3. Andante con Yaria- 
ziono. — 4. Finale : Allegro Vivace. 

Op. 21. Trío en Mi bemol, para Tiolín, Viola 
y Celio. — 1. Allegro con Brío. — 2. Andaníe 
Cantahile. — 3. Menuetto // Trio. — 4. Finale : 
Allegro Molto Vivace. 

Op. 2:>. Quinteto eii Do menor, para 2 Violi- 
nes, 2 Violas, y Cello. — 1. Allegro JIoderato. — ■ 
2. Andante Cantahile ed Sostenuto. — 3. Me- 
mietto e Trio. — 4, Finale : Allegro Molto Vira- 
ce e con Fifoco. — Op. 25. Cuarteto en I\Ii menor, 
para 2 violines, Viola y Cello. — 1, AUcgr-) nin 
troppo. — 2, Andante Cantahile ed e^prasivo. 
— 3. Menuetto e Trío. — 4. Finale: Prest') Fu- 
gado. 

89 



MrsiCA Y MÚSICOS rORTORRIQUENOS. 



CAPÍTULO YII. 
DUEÑO COLÓN, BRAULIO. 

FLAUTISTA - COMrOSITOR. 

En la calle del Sol de San Juan, y en una ea- 
Nci, (lue ya ha desaparecido, cercana al castillo 
de San Cristóbal, nació el 26 de marzo de 1854, 
Braulio Dueño Colón, hijo del ilustrado procu- 
rador de la Real Audiencia, y a la vez músico 
distinguido, Don Aurelio. 

El gran temperamento artístico con que Dios 
le dotara, fué fraguándose, desde niño, en el cá- 
li(hj ambiente de su hogar, consagrado, no tan 
sólo al culto de la música, si que también al de 
la literatura, ya que su hermano, Don Manuel, 
fué un poeta delicadísimo, que hizo honor a la 
lira borincana. 

Con su señor ])adre hizo los estudios elemen- 
tales de la música prosiguiéndolos después sólo, 
hasta que, por indicaciones del director de una 
conq>añía de ópera a quien llamó la atención ver- 
lo tan joven ocupando el ¡cuesto de flauta en la 
orquesta, le dijo: "Tu tienes gran disposición 
musical y ejecutas nnicho, pero te falta escue- 
la". Ent(mces solicitó del maestro Aruti,— que 
no le gustaba enseñar — le diese algunas clases 
y este, ccmio excepción, (Aruti sohimente ense- 
ñó, con intermitencias, a Dueño y otro joven) le 
di(') lecciímes de flauta, perfeccionándolo en la 
gran escuela. 

En cu«\nto a la conq)osición, que es lo (jue le 
ha dado mayor renombre, Fetis, Durand, l>ar- 
bereau, .Vsioti y Richter, fueron los maestros 
(jue, leídos, meditados y siempre c(msultados 

1)0 



bio(;kafias. — p.RArLio diexo colon. 



cuidadosamente, le hicieron conocer, desde las 
soledades de sn gabinete de estudio, los secretos 
de la armonía y del contrapunto; aplicándolos, 
primeramente, con la natural timidez j descuido 
del principiante, y, poco después, con la seguri- 
dad del maestro, a la siempre lozana v fértil ins- 
piración de su fantasía criolla, que, desde los 
14 años, empezó a producirse febrilmente. 

La personalidad artística de Dueño Colón 
liay que considerarla bajo varios aspectos ; como 
instrumentista, como director, como compositor 
y como musicólogo. 

Bajo el primer aspecto, fué un flautista, — de- 
cimos fué porque liace ya muchos años que aban- 
donó su ejercicio, — que, dominando por comple- 
to el mecanismo, al parecer fácil, pero no exento 
de dificultades para obtener una ejecución lim- 
pia, y haciendo un estudio especial del doble- 
picado, alcanzó, muy joyen, el puesto de con- 
certista, siendo desde entonces considerado co- 
mo un virtuose. Obtuyo por oposición, en 1880, 
la plaza de flauta de la orquesta de calcilla, que 
siryió durante largos años. Hizo algunas com- 
posiciones para Flauta y piano^ fantasías so- 
bre temas de óperas, tan difíciles, que hay que 
estudiarlas con detención para decirlas correc- 
tamente. Los conocimientos de solfeo, en las 
siete clayes, que le trasmitiera su padre, fueron 
tan sólidos, que le permitieron ser un gran re- 
pentista, e igual transportador. 

Como director, en donde más ha ejercido, ha 
sido en Bayamón, su residencia desde hace mu- 
chos. Allí organizó una banda municipal, (pie 
por mucho tiempo se convirtió en un verdadero 
centro de cultura musical, ya por el esmero en 
la trasmisión de la enseñanza, ya por lo escogi- 
do del rei^ertorio que la misma llegó a interpre- 
tar cuando los adelantos del conjunto lo i^er- 

91 



MÚSICA Y MÚSICOS I'ORTORRIQUEXOS. 



mitieron. Cultivador exquisito de la música re- 
gional, colocó siempre a ésta en el puesto que le 
corresponde dentro de lo que pudiera llamarse 
etiqueta palaciega de los géneros, y alternándo- 
la con obras selectas de buenos autores, los pro- 
gramas de los conciertos semanales cpie daba al 
público resultaban equilibrados en calidad y 
variedad. Su batuta, como su carácter, es aus- 
tera, algo sobria de detalles, pero enérgica, vi- 
gorosa y precisa. Como las obras, que ponía, 
casi todas las instrumentaba expresamente, te- 
nía la liabilidad de atemperarse a las condicio- 
nes de los instrumentistas, y a la vez, las defi- 
ciencias del instrumental sabía suplirlas susti- 
tuyendo efectos de determinados instrumentos 
por los de otros similares. De alií la armonía 
del conjunto y la percepción, por los inteligen- 
tes, de todas las bellezas de las partituras. Hoy 
también lia abandonado este ramo de la profe- 
sión. 

Antes de proseguir en el estudio de sus con- 
diciones artísticas, debemos decir algo de su 
vida como ciudadano, pues ella lia influido mu- 
clio en el carácter de sus producciones. 

Procedente de un liogar culto y lionrado, en 
el que, cosa algo rara en aquella época, las ideas 
libre-]iensadoras regíanlo intrínsecamente, al sa- 
lir del estado de crisálida, la mariposa de sus 
ensueños no pudo batir libremente sus alas iior 
los jardines de la emaiici])ación política y de con- 
ciencia, sino que, replegándolas cuando quería 
libar el néctar de las ideas liberales, o tenía que 
rebuscar las flores ocultas de aUjún jardín pro- 
hihido por las lei/cs, o morir de inanición por el 
enrarecimiento del medio ambiente. 

Sus pensamientos y sentimientos fueron re- 
concentrándose, y su carácter, a medida que se 
desarrollaba paralelamente con los afectos pa- 

92 



UKXÍRAI'ÍAS. imAULIO DITENO COLON. 



sioiíales, fué tomándose austero, pesimista y re- 
celoso. De allí que su aspecto físico denote, so- 
bre todo, en las líneas del rostro cuando se le vé 
sin tratarlo, un temperamento frío, indiferente, 
más adaptable a las soledades de un gabinete 
científico, que ai alegre bullicio de la vida artís- 
tica. 

Y sin embargo el arte lia sido siempre el pro- 
pulsor de su A ida. 

De joven y mientras viviera su padre, dejó va- 
gar a la loca de la casa, por los camx)os del ideal, 
y ora tocando la flauta, ora emborronando pen- 
tagramas, cuyas notaciones concent rahan ideas, 
o bien esbozando en la mente la silueta del amor 
único que germinaba en su alma, y que más tar- 
de liubo de realizar con gran acopio de diclias, 
vivió relativamente feliz. 

Pero cuando se encontró solo, sin otro hori- 
zonte para sus nobles aspiraciones, que el triste 
destinillo público, el escritorio particular o la 
vida azarosa, por lo insegura y mal retribuida, 
de la profesión artística, al optar por un escri- 
torio de contabilidad en donde consumió, casi 
iníitilmente, todas las energías de su juventud 
y virilidad, recibiendo, como único premio, un 
retiro ad Jwnorcm, solamente en el arte encon- 
tró el oasis que mitigara la sed idealista de su 
alma, en la peregrinación por los áridos desier- 
tos de la vida colonial. 

Su vida social ha sido, por lo tanto, más bien 
retraída que pródiga. Buen hijo, mejor es})oso 
y padre, correctísimo ciudadano, y fiel guarda- 
dor de la moral en todas sus manifestaciones, 
cuando muera legará a sus hijos un nombre sin 
mancha, orlado con los laureles de sus triunfos 
artísticos y de las buenas obras, que ha practi- 
cado y practica incesantemente desde el jardín 

03 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



ociilío en donde, desde su juventud, cultivó siem- 
pre la flor hermosa de la libertad. 

Cuando se le trata por primera vez, es imposi- 
ble juzgarlo, porque dentro de la corrección de 
formas, producto de su cultura y educación, no 
se muestra expansivo, sino más bien reservado; 
pero a medida que se cultiva su amistad, la es- 
carcha que encubre su noble ser, descongelán- 
dose al calor de una recíproca lealtad y compe- 
netración de ideas, permite apreciar la delica- 
deza de un alma buena ; como de artista al fin. 

Ese es el hombre, que ya en el descenso de la 
vida humana, se sostiene firme en el pináculo de 
la artística. 

Dueño Colón empezó muy joven a producir; 
y, como lo hicieran casi todos los compositores 
de aquella época, dio a los géneros ])ailable y 
religioso, las primicias de su inspiración. 

En sus primeras composiciones, se destacaba 
la originalidad de las ideas, aunque la dema- 
siada simetría en la métrica de los fragmentos 
y frases, defecto en que incurren todos los prin- 
cii)iínites y sobre todo los que, sin preceptores 
han hecho estudios de la composición, le imj^edía 
desarrollar completamente los pensamientos. 

Las religiosas, y entre ellas recordamos una 
salve })ara voces y orquesta, carecían del misti- 
cismo (jue las caracteriza, saturándolas, i^or el 
contrario y princi])almente en los efectos de la 
instrumentación, del sabor i)rofan() que predo- 
mina en la lírica escénica. 

Citamos estos defectos en sus primeros pasos 
de compositor, expresamente, para poder aqui- 
latar mejor, la exquisita corrección de sus obras 
l)oster¡ores. Él mismo nos decía, en ocasión en 
(jue le recordábamos algunas de sus primeras 
<laiizas, "no me las nombre siquiera, que me aver- 
güenzo de haberlas escrito." Ingenuidad que 

94 



biografías. BRAULIO DUEÑO COLON. 



le eleva, pues es releA^adora del conocimiento que 
tiene de sí mismo, y de su modestia. 

Sin al)and(marlos, se apartó un poco de los 
"('^neros citados, y abordó el lírico-teatral, po- 
niéndole música a una zarzuela en dos actos, 
letra de Don Genaro de Aranzamendi, titulada : 
"Los Baños de Coamo'\ que fué estrenada, con 
gran éxito, en el teatro Moratín, que en la calle 
de la Luna, de San Juan, estuvo abierto durante 
se liacía la transformación interior del antiguo 
municipal, en la forma que todavía conserva. 

Persuadido de que el andíiente de Puerto Kico 
no es i)ropicio, para que literatos y músicos se 
esfuercen en j^roducir obras para la escena, que 
aún cuando resulten acabadas, todas tienen efí- 
mera existencia, sin otro producto que el de fe- 
licitaciones y aplausos la noclie del estreno, y 
cuando más en la reprise de éste, y habiéndose 
lieclio cargo de la contabilidad de la casa comer- 
cial de yííxs, Soler y Co., en la que continuó por 
más de 20 años, a pesar de los cambios de la ra- 
zón social, dejó descansar, por poco tiempo, la 
pluma artística, hasta que, volvió a tomarla, con 
mayor suma de conocimientos y en pleno idilio 
de amor, por estar en los prolegómenos de su ma- 
trimonio, cuando el Ateneo hiciera la convoca- 
toria para su primer certamen literario-musical, 
en 1877. 

En él obtuvo Dueño su primer triunfo, pues 
le adjudicaron, merecidamente, la medalla de 
oro y di|)loma de honor, i)rimer premio, por una 
obertura para orquesta, estilo rosiniano, titu- 
lada L(( Amistad. 

Dado el primer paso, con tan grandioso éxito, 
éste no le ha abandonado nunca. Trabajos que 
Dueño Colón envía a concursos, son siempre pre- 

95 



iMt'SICA Y MÚSICOS I'OHTORRIQUEAOS. 



niiiulos ]^()i' lo cual su reputación de maestro está 
cimeníada sólidaiíieute. (1) 

En el g\hierí) sinfónico ])ara gran orquesta es 
que iia obtenido la mayor parte de sus lauros. 

Sensible es no poder tener las partituras para, 
examinándolas, emitir algún juicio, aunque el 
nuestro, nada nuevo podría añadir a los que en 
los respectivos laudos emitieran los jurados, 
pov todos conceptos, más competentes que nos- 
otros. 

Fueron premiadas, además de La Amistad, la 
Sinfonía Drüinúfica (iirimer premio) y la ober- 
tura Noche de Oto fio (primer premio, discerni- 
do en Madrid. ) 

También ol)tuvo mención honorífica jDor un 
Are María para cuatro voces y orquesta; diplo- 
ma y medalla de })lata en la Exposición de Bú- 
falo (1901) y medalla de oro y diploma en la de 
Cliarleston, U. S. de 1902 x)or las dos series de 
Cantor Escolares, escritos expresamente para 
las escuelas públicas de Puerto Rico, con letra 
del ilustre literato, Don Manuel Fernández Jun- 
cos ; y con diploma y Lira de Oro en el certamen 
del Ateneo de 1912, por una Canción Escolar, es- 
pecial para graduación. 

Aunque los cantos escolares no tienen, dentro 
de los géneros de la composición, el mérito ar- 
tístico de las obras sinfónicas, en nuestra opi- 
nión, ]^or la dificultad que envuelve el carácter 
sencillo de los mismos, si se logra, como con 
tanta habilidad y maestría lo ba logrado Dueño 
Colón, hacer una colección (doble en este caso) 
com])letamente ajustada al objeto, tal vez si el 
mérito pueda igualarse al de las obras del gé- 
nero sevei'o, ya que en éstas el compositor tiene 



(1) "ST'i'.sc l;i s(<('ción "Cím-í rímenos". — F. C 

96 



biografías. líRAT'I.IÜ DUEÑO COLON. 



ancho campo en donde desarrollar la inspiración 
Y los conocimientos, mientras qne en los referi- 
dos cantos, la acción es mnv limitada, y a la vez 
tiene qne ajustarse la inspiración musical a los 
l)ensamientos de la letra. 

Por eso es que no vacilamos en calificar los 
^'Cantos Escolares'' como la mejor obra de Due- 
ño, la que liará recordar su personalidad artís- 
tica, puesto que siempre resonarán en los salo- 
nes escolares de las generaciones futuras, las 
dulces melodías, en que el alma nativa del com- 
positor se expandió libremente para cantar las 
bellezas de la tierruca amada y los idilios de la 
niñez. 

La colección la forman 85 cantos; 42 en la 
primera serie y 43 en la segunda. No todos son 
producciones originales, sino que, con el objeto 
de ir familiarizando a la niñez en la percepción 
de la buena música, adaptándolos a la métrica 
del verso, ha seleccionado trozos escogidos de 
las obras de Lyman, Marcela Reilly, Tschai- 
kowsky, Wilson, Joly, Beethoven, Gounod, 
Kreuz, Rungenhagen, Ketterer, Carey y otros 
autores clásicos, así como fragmentos deliciosos 
de danzas de Campos y melodías de Tavarez, 
que intercalándolos con los propios, ha hecho 
que el conjunto semeje, delicado estuche de per- 
fumería de diminutos pomos, en los que están 
concentradas las sutiles esencias de las flores 
simbólicas del arte. 

En cuanto a la factura musical propia, Dueño 
Colón, añorando los ensueños de su niñez y ju- 
ventud, libre el alma de dolos y la inspiración 
de trabas, supo exponer los pensamientos meló- 
dicos con sencillez, espontaneidad, veracidad, 
expresión adecuada, belleza de giros y facilidad 
de entonación, completados con una armoniza- 
ción, a la x)ar que elegante y correcta, sin rebus- 

97 



MÚSICA Y JirSICüS rOUTORUIUUENOS. 



caniientos de efectos, logrando producir, en in- 
térpretes Y auditorio, la emoción estética, exi- 
gida a toda obra A^erdadera de arte. 

El único defecto que encontramos es que no 
siemT)re los acentos pros(3dicos de la letra co- 
rresponden con los rítmicos de la música, io que 
atribuímos a un lijero descuido, ya que ni como 
músico ni como literato, es capaz Dueño de co- 
meter, adrede, tal incorrección. 

El Barquero^ Dulce Abeja, La Ola j El Arro- 
yo, Cantar (este es delicioso,) La Bandera, (so- 
berbiamente expresado). La Muñeca, (delica- 
dísima, pues parece que en ella se expresa una 
ilusión perdida), La Canción del Mucha dio (de 
sabor pastoril) y Margaritas, (pensamiento 
completo Y de lionda emoción) en el primer to- 
mo; la Canción de las Manzanas, Plegaria, (pre- 
cioso tema para desarrollarlo con más amplitud 
en una romanza), La Oracióm por todos, (la me- 
jor de todas por su estructura melódica-armóni- 
ca), La Tierruca, entre otras del segundo tomo, 
pueden ser examinadas para probar la Aeraci- 
dad de nuestros juicios. 

En los géneros de salón y bailable taml)ién Ira 
estado feliz nuestro biografido. En danzas, tie- 
ne un estilo propio, intermedio entre los de Ta- 
Yarez y Campos. La Criolla, Delia y Belén, 
¡Patria!, entre otras, si al ejecutarlas en el pia- 
no, se modifica el moYÍniiento propio del baile, 
pueden srr consideradas como romanzas sin pa- 
laltras. 

Para resumir el concepto que nos merece co- 
mo com])ositor, reproducimos lo que al juzgarle 
decíamos en la conferencia: "Dueño Colúii, es 
un compositor correctísimo en el fondo, elegante 
en la forma ; algunas Yeces sobrio y austero en 
la exposición de la idea, siempre original en el 
desarrollo de la frase melódica; conocedor pro- 

98 



r.[0(:RAFIAS. líUAULIO DUEXO COLON. 



fundo da la técnica armónica, en ocasiones, snl)- 
vnga a esta la espontaneidad de la inspiración, 
haciéndola perder en belleza poética lo qne gana 
en variedad de factnra. Maneja el contrapnnto 
con snnia habilidad v al instrnmentar, hace nso 
apropiado de los distintos cuartetos." 

Como musícolo, nos abstenemos de juzgarle, 
va que en esta misma sección aparece un mag- 
nífico trabajo suyo (la biografía de Gutiérrez) 
Y los lectores pueden hacerlo de por sí. 

Pero debemos consignar que fué premiado con 
diploma de honor y un busto en oro de Juan Mo- 
rell Campos, por un Estudio sobre la fianza Por- 
tofTÍqueña. 

Y para que pueda tenerse una idea de su labor 
como compositor, catalogamos, a continuación 
sus principales obras. 

MÚSICA RELIGIOSA. 

Misa en do mayor, para dos voces y orquesta. 
— Salve en do mayor, para dos voces y orquesta. 
— Salve en re mayor, para mezzo-soprano, coros 
y órgano u orquesta. — Letanías, en sol mayor, 
para contralto, coros y orquesta. — Padre Nues- 
tro, para mezzo-soprano y órgano. — .Irr María, 
para cuatro voces y orquesta. (Premiada.) 

MÚSICA PEOFAXA. 

La Amistad, Obertura i)ara orquesta (premia- 
da). Sinfonía Dramática, para sfran orquesta 
(premiada.) — Noche de Otoño. 0])ertura -jara 
orquesta (premiada en Madrid). — Ecos de mi 
Tierra, Sinfonía i)ara ornuesta, sobre motivos 
de cantos regionales. — ^Ladr^ma, Obertura pa- 
ra orquesta. — La Calandria, 0])ertiira para or- 
questa. — El Parto, pequeña obertura ])ara or- 

99 



MÚSICA Y ¡MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



qiiesta. — Canciones Escolares, colección de can- 
tos, para voces y piano, pnblicados en dos series, 
Y premiados en dos exposiciones internacionales. 
— La Rosa de Oro, Marcha festival, para orques- 
ta compuesta expresamente para los Juegos Flo- 
rales de Bayamón. — Mariposas, Gran A^als pa- 
ra Banda. — Las Golondrinas, Gran Vals i:)ara 
2 Flautas y Piano. — Navidad, Yals para Flau- 
ta y Piano. — El Piiirre, Vals x>ara Flauta y 
Piano. — Los Fantoches, Vals para 2 bombar- 
dinos y Banda. — La PolJca del Ruiseñor^ Scher- 
zo para Flauta y Piano. — La Hebrea^ La Crio- 
Hita, Teresa, Pohre Borinquen, La Aurora, La 
Criolla, Delia y Belén, ¡Patria! y otras danxas, 
además de la danza-intermezzo La Esmeralda. 



100 



r.lOGRAFIAS-FELIl'E GUTHíRREZ Y ESPINOSA 

CAPITULO VIII. 
GUTIÉRREZ Y ESPINOSA. FELIPE, 

MAESTRO- -COMPOSITOR. 

La vida de aquel artista eminentemente vir- 
tuoso, a quien sus discípulos llamaban "Maestro 
Gutiérrez," fué una serie, jamás interrumpida, 
de amargos sinsabores, producida por la escasez 
de recursos con que atender al sostenimiento de 
sus numerosas hermanas, las que como él, que- 
daron en la mayor estrechez i^ecuniaria a la 
muerte de su padre. 

Esclavo de sus deberes fraternales j lleván- 
dolos, si se quiere, a la exageración, permaneció 
célibe toda su juventud. — "Muerto mi padre, 
solía decir, yo lo soy de mis hermanas, y no tengo 
derecho, por consiguiente, a someterlas a priva- 
ciones, como indudablemente ocurriría si se au- 
mentaran los gastos de la casa. 

La figura de Gutiérrez, una vez vista, no era 
fácil olvidarla. De alta estatura, algo cargado 
de espaldas, muy trigueño, de amplia frente, de 
mirada casi siemi^re distraída j andar pausado 
y lento; tales eran los rasgos característicos de 
aquella noble figura. 

Era de carácter afable con todo el mundo y 
en extremo cariñoso con los niños; de ideas li- 
berales en política, y una mezcla de católico y 
libre-pensador, que hacía sonreír a sus amigos. 

Laborioso como pocos, no abandonaba el traba- 
jo sino a las horas de comida y del descanso; y 
frecuentemente le sorprendía la media noche an- 
te su mesa de trabajo. 

Sin haber tenido otra instrucción que la pri- 

101 



:música y músicos portorriquexos. 

niaria que se adquiría en las escuelas de aquel 
tiempo, leía mucho y con proveclio, llegando a 
adquirir algunos conocimientos que aplicaba 
con gran oportunidad en su fluida y agradable 
couYersación. 

Le preocupaba mucho su fama, pero no sabía 
cultiYarla; y aún cuando poseía plena concien- 
cia de su Yaler, tenía que luchar con las reputa- 
ciones Yiejas; como si dijéramos: los intereses 
creados. Desgraciadamente para el maestro, no 
solamente carecía de aptitudes para esa clase de 
luchas, sino que yíyíó siempre en la creencia de 
que, al fin y al cabo, sus paisanos habrían de re- 
conocer su mérito y se apresurarían a i>roclamar, 
urhi et orhe, su indiscutible supremacía sobre 
los demás compositores del país. 

Cuando conocí al Maestro Gutiérrez frisaba 
este en los cuarenta. Había nacido en 1825. 
Vestía siempre de negro y era gran bebedor de 
café Y fumador empedernido. 

Tal era el hombre. 

Afeamos ahora como era el artista. 

^: ^ ^ ^ 

Gutiérrez fué, cual otro Campeche, un ins])i- 
rado que, sin pre|)aración adecuada y guiado 
sólo por su fantasía inagotal)le, escribió más de 
trescientas composiciones, en las que abarcó to- 
dos los géneros, el de la ópera inclusÍA^e. De ésto 
último son gallardas muestras las partituras de 
Guarione.r, Maeías y El Bearnés. Escribió tam- 
bién una zarzuela titulada El Anio)' de un Pes- 
eador. 

Tri ó])pra (j¡u'ir}'iU'\)\ cuyo libro fué escrito 
por Alejandro Tania, obtuYo un l¡sonjei*!> éxito 
la noche de su estreno, habéndose repetido des- 
l)ués unas cuantns Aceces. 

102 



BIOGRAFÍAS-FELIPE GUTIÉRREZ Y ESPINOSA 



Pero en donde más descolló el genio mnsical 
de Gutiérrez fué indudablemente, en el género 
religioso. 

Siendo maestro de Capilla de la Catedral de 
San Juan, hizo un profundo estudio del Canto 
Gregoriano, y aún cuando no lo aplicó en toda 
su pureza, tomó de él sus elementos de tonalidad 
y utilizó, como tema para sus misas, los himnos 
con que la Iglesia Católica celebra las principa- 
les festividades del año. Tal es la l)ase so])re la 
cual descansan las últimas i^roducciones reli- 
giosas del maestro, entre otras, las misas de la 
"Circuncisión,'" ''Purificación", "Corpus-Christi" 
etc., etc. 

En todas sus composiciones demostró siempre 
un delicado gusto estético. Era, además muy 
hábil contrapuntista. Sentía predilección por 
la música pura, y era admirador ferviente de 
Mozart. Esto no obstante, en sus obras teatra- 
les, — en Guarionex sobre todo — , se nota la in- 
fluencia de Donizetti. 

Desdeñaba el aplauso de la mucheduui])re, 
dándose por satisfecho con la aprobación de sus 
discípulos, cuya opinión, así como la de su inte- 
ligente hermana Justina, solicitaba siempre con 
ahinco. Xo componía música por lucro, puesto 
que jamás cobró nada por sus producciones ; y, 
sin embargo, tal era la necesidad í(ue tenía de 
dar salida a sn desbordante inspiración, que 
escribía incesantemente, de día y de noche^ 
hasta enfermar. 

Desde muy niño emprendió el estudio de la 
música bajo la dirección de su padre Don Ju- 
lián, músico español de medianos alcances, pe- 
ro de una larga práctica profesional, el cual lle- 
gó a esta Isla en 1815, incorporado al regimien- 
to de infantería de "Granada". 

Digamos, de paso, que este fué el regimiento 

103 



MÚSICA Y MLSICOS TORTORRIQUENOS. 



que se sublevó en IS^i."), cuando nuestro Don Fe- 
lipe sólo contaba diez años; 3^ puede calcularse 
cuan grande sería el i:)esar de la familia, por 
más que Don Julián-músico al fin--no era de ca- 
rácter revolucionario, y no tomó parte, ni po- 
ca ni muclia, en la que, posteriormente se lia 11a- 
nuido : ''revolución de San Rafael", i)or haber- 
se dado el grito el día 24 de octubre. 

Con tal aprovechamiento estudió la música 
nuestro biografiado, que a los diez y oclio años 
ya conocía los principales instrumentos, entre 
ellos el piano, y componía largo y tendido, en 
casi todos los géneros. Cuando apenas tenía 
veinte años, fué nombrado músico mayor del 
batallón de Iberia, del cual era músico de se- 
gunda clase su señor padre y maestro, por ha- 
berse disuelto el sedicioso regimiento de Gra- 
nada. 

])i suelto también más adelante el de Iberia, 
quedó reducido nuestro artista a lo que le paga- 
ban por dar lecciones a domicilio y por tocar al- 
gún instrumento en las orquestas, hasta que 
más adelante (año 1858) obtuvo, por oposición, 
la plaza de maestro de Capilla de la Catedral de 
Puerto Rico. 

De esa época es la popular misa en do mayor, 
que se ha cantado en todas las iglesias de la 
isla, el "Magníficat", el "Miserere" y la segun- 
da Lamentación que se canta el miércoles san- 
to. Quince años designes escribió la "Tercera 
Lamentación" en sol menor, que es una obra 
maestra, tan llena de sentimiento, que no es po- 
sible oiría sin que se agolpen las lágrimas a los 
ojos. 

No pasaremos adelante sin hacer constar que 
fué el maestro Gutiérrez quien, imitando pri- 
mero a Don Domingo Delgado, compositor de 
aquella éj)0ca, y adaptando más tarde un esti- 

104 



BIOGRAFÍAS-FELIPE GUTIÉRREZ Y ESPINOSA 



lo propio luá.s brillante y criginal que el de su 
predecesor, causó una revolución entre nuestro 
pequeño mundo artístico. Por lo pronto Uejíó 
a desterrar para siempre de las iglesias de San 
Juan, las estravagantes composiciones religio- 
sas que se venían ejecutando, entre las cuales 
no era raro encontrarse con un "Aire de Fan- 
dango^', o, como tuve ocasión de ver en el arclii- 
vo de música de la Capilla de Catedral, un em- 
butido, en la Gloria de una misa, de la antigua 
canción que empieza así : — "Ojalá que Alejan- 
dra -tan bella — Comprendiera las penas de 
amor". — (1) 

Durante la década comi^rendida entre 1860 
y 1870, disfrutó el nmestro de alguna holgura 
en sus medios de vía ir, gracias a una síx^iedad 
musical que formó con Don Sandalio Callejo, 
distinguido profesor, que supo obtener gloria, 
— bien merecida por cierto, — y proveclio de un 
arte improductivo basta aquella fecha. 

Al cesar la soberanía de España, cesó tam- 
bién en su destino de Maestro de Capilla, pa- 
sando a desempeñar, después de algunos días 
de hambre, la plaza de Conserje del Instituto de 
Segunda Enseñanza^ con cuarenta pesos men- 
suales. (2) 

Suprimido poco después el Instituto, fué pen- 
cionado por el municipio de San Juan con ¡Vein- 
te Pesos Mensuales! 



(1) Es indu'lable que la composición a que alude el señor 
Dueño Colón, sería importada por los antiguos organistas o maes- 
tros de Capilla, de la 'Del Sacramento", mencionada en el primer 
capítulo de este lil>ro. ya que, y a pesar de la reforma radical, 
que hicieran Morales y Talestriiia (siglo XVI,) dicha mvlsica, 
por más de un siglo, contniuó ejocutündose en las iglesias de 
Es])aña .v de sus colonias amei'icanas. — F. C. 

(2) De tal nombramiento protestó enérgicamente el autor de 
esta obra, desde las columnas del periódico, no recordamos el 
nom])i'e, que por entonces dirigía en Ponce, el connotado literato 
dominicano D. E. Descliamps. — F. C. 

105 



MLTSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



La verdad es que se presta a muy amargos co- 
mentarios el hecho de que el Gobierno español, 
como se verá más adelante, concediera a nuestro 
artista una subvención de mil pesos para que 
se trasladara a Europa por dos o tres meses, así 
como que el Gobierno americano haya pensio- 
nado posteriormente, con bastante largueza, a 
varios artistas y literatos, y que el gobierno au- 
tonómico, el único genuinamente portorriqueño 
([ue liemos tenido, dejara morir, casi de inani- 
ción al más inspirado de los artistas portorri- 
queños. 

Continuemos. Después de tan doloroso xír- 
crucis, y cansado de tanta lucha, dejó de existir 
el incomparable maestro. 



Era tal su facilidad })ara componer y tan fe- 
cunda su inspiración, que no era raro verle es- 
ci'ibir, en horas y de un tirón, obras que a cual- 
quier otro hubieran ocupado algunos días. 

Entre otros, citaré los siguientes casos. 

Ausentábase para la Isla de Cuba un alto em- 
pleado español que había sido buen amigo de los 
portorriqueños, y, con tal motivo, se intentó, a 
iiltima hora, obsecpiiarle con una serenata. 

Estaban los iniciadores reunidos en la impren- 
ta (le Acosta, y allí mismo, y sobro el escritorio 
de Don Pepe Acosta escribió Ramón Marín una 
tierna despedida en verso, cuya lectura fué aco- 
gida c(m gran entusiasmo j)or los concurrentes. 
Faltaba quien pusiera música a los versos, y, 
¡oh oportuna casualidad!: por la acera de en- 
frente iba a la sazón, a paso lento, y ensimisma- 
do, como era su costumbre, el maestro Ciutié- 
rrez. 

Llamáronle para encargarle la música de la 
serenata, a lo (jue se prestó sin vacilar. Kran 
las diez de la mañana. El vapor correo se espe- 

106 



BIOGRAFÍAS-FELIPE GUTIÉRREZ Y ESPINOSA 

raba dos días después ; así era que el acto debía 
llevarse a cabo al día siguiente. 

Pues bien : a las tres de la tarde estaba com- 
puesta e instrumentada la serenata, que cons- 
taba de una introducción a gran orquesta, un 
coro y tres estrofas. 

Al siguiente día por la noche el pueblo con- 
gregado en los alrededores del Casino Español, 
local escogido por el magnate para recibir el ho- 
menaje que se le tributaba, pudo saborear las 
bellezas que el maestro i^rodigara en aquella 
obra que no liabía de ejecutarse más que una 
sola vez. 

A la terminación del liimno, tanto el pueblo 
so])erano como la inmensa concurrencia que lle- 
naba los salones del Casino, premiaba la labor 
del maestro con una prolongada salva de a})lau- 
sos, disputándose todos el honor de estrechar sul 
mano; porque eso sí: no ha habido artista en 
Puerto Kico que haya sido más sahumado i^or el 
A^aho glorioso que Gutiérrez ; así como no ha ha- 
bido otro tampoco que haya sido menos favore- 
cido por el sonido argentino. De Gutiérrez pue- 
de decirse que la gloria le perseguía, pero el di- 
nero huía de él. 

En otra ocasión se había proyectado una vela- 
da en el Teatro en celebración de no recuerdo 
que suceso. La fiesta había de comenzar con un 
himno cantado por más de cincuenta Aboces, 
acompañadas por una orquesta de cien músicos; 
pero sucedió que el poeta encargado de hacer los 
versos se enfermó, y no pudo entregarlos hasta 
la antevíspera de la fiesta. También fué el maes- 
tro Gutiérrez el que esta A^ez sah^ó la situación, 
escribiendo en dos o tres horas la música del 
himno, con el cual comenzó la A^eUida a la noche 
siguiente. 

Cuéntase, también, que cierto día j durante 

107 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



el sermón de una misa cuya orquesta dirigía, 
escribió, sentado en la escalera que daba acceso 
al coro, un primoroso Ofertorio, que fué ejecu- 
tado en aquel mismo acto, causando la admira- 
ción de los músicos, a pesar de lo acostumbrados 
que estaban a admirar aquel fenómeno artístico. 

Para termnar la relación de estos rasgos de 
pasmosa expontaneidad, citaré el heclio siguien- 
te, de que fui testigo. 

Estrenábase en el Teatro de San Juan por la 
compañía dramática de Gonzalo Duelos el dra- 
ma titulado ''El músico de la Murga". En el 
segundo acto, una murga ejecutaba un bolero 
frente a una casa, y como el maestro Gutiérrez, 
que dirigía por aquel entonces la orquesta del 
Teatro, encontrase muy defectuosa la composi- 
ción que le entregara Duelos, allí mismo, detrás 
de los mismos papeles, y mientras los actores 
ensayaban el drama, escribió otro bolero tan 
lindo, tan original y al mismo tiempo de un dejo 
tan amargo, en consonancia con la situación del 
protagonista de la obra, que Duelos abrazó lleno 
de efusión al maestro, y se llevó el bolero, cuyo 
autor liabrá permanecido ignorado, porque, se- 
gún nos dijo más tarde el maestro, se había olvi- 
dado de firmarlo. 

Así como Campecbe era aficionado a la mú- 
sica y llegó a ser un liábil instrumentista, nues- 
tro biografiado tenía también regulares aptitu- 
des i^ara el dibujo y la pintura. 

Recordamos liaberle encontrado muclias veces 
pintando paisajes en las paredes del comedor y 
del patio de su casa, y es muy común encontrar 
en sus originales, los caprichosos dibujos a la 
pluma, con los cuales Tachaba las frases que no 
salían a su gusto. 

Por cierto que esa afición a la pintura fué 
causa de que cierto día lo encarcelaran. 



108 



BIOGRAFÍAS-FELIPE GUTIÉRREZ Y ESPINOSA 

Véase como ocurrió el caso. 

Celebrábase, no recordamos que fiesta en la 
casa Ayuntamiento, en la que toumba parte la 
orquesta de capilla que dirigía el maestro. Mien- 
tras llegaba la liora de comenzar el acto, diri- 
gióse nuestro hombre al salón de sesiones y si- 
tuóse delante del retrato del general Eamón de 
Castro, obra, como todos saben, de Campeclie. 

Tan abstraído se encontraba el maestro con- 
templando aquel admirable sombrero del gene- 
ral, que no oyó la orden del corregidor don Ko- 
sendo Mauriz de la Vega, mandando despejar 
el salón, porque iba a reunirse el Consejo. Vien- 
do el Corregidor que aquel señor trigueño, alto 
y con una levita algo antigua, no se daba por 
entendido, ordenó a un corcliete que hiciera salir 
de allí a aquel intruso. 

El alguacil, ni tardo ni perezoso, y obedecien- 
do a la voz de su amo, fué y agarró por un l)razo 
al maestro para sacarlo del salón. Al sentir la 
mano del corcbete sobre su brazo, lo repelió con 
fuerza diciendo : "Yo puedo permanecer aquí, 
porque soy el Maestro de Capilla !" 

El Corregidor que oyó ésto, se puso de pié y 
gritó con arrogancia al guardia : ''No ande usted 
con más contemplaciones y lléveme a ese maes- 
tro de capilla a la cárcel.'- 

Y lo llevaron a la cárcel. Así como suena. 

Y si no es porque vino en su auxilio Aurelio 
Dueño — padre del que esto escribe y gran amigo 
y admirador de Gutiérrez — probablemente hu- 
biera dormido aquella noche en la cárcel el autor 
de Gnarioncx. 



El 24 de abril de 1876 se embarcó el maestro 
con rumbo a Europa, habiendo sido pensionado 
por la Diputación Provincial y el Ayuntamiento 

109 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



para que visitara la exposición de Viena. La 
noche antes de eml)arcarse sus discípulos le lle- 
varon una serenata, en la que se cantó un himno 
cuya música había compuesto el maestro italia- 
no don Kosario, Aruti. La letra del himno, que 
va a continuación, se debe al numen del poeta 
Manuel Dueño Colón, hermano del autor de estas 
líneas. 

ADIÓS 

Al Jíarsiro Felipe Gutiérrez. 

Despierta Gutiérrez y escucha la dulce, 
cordial despedida que entona el laúd; 
es canto de glorias que al Genio se ofrece, 
y el labio sincero te dice ¡ Salud ! 

Mil tristes adioses, suspiros del alma, 
¡ Oh dulce Gutiérrez ! te siguen en pos ; 
las aves de blanco, de bello plumaje, 
con tiernas canciones te dicen ¡ Adiós ! 

Tú partes muy lejos en ])os de la gloria 
de verdes laureles que cubran tu sien; 
([lie llenen los cielos tu senda de flores, 
cantor de la bella, feliz líorinquén. 

¡Adiós! ya la nave de prora flexible 
divide las olas del hórrido mar, 
sus brisas temi)ranas impelen tu nave 
y en sones dolientes, ¡adiós te dirán! 

De Viena se trasladó el maestro a París, 
acompañado por el insigne i)intor portorriqueño 
Frasquito OÍ 1er. 

Poco fruto obtuvo el maestro de tal viaje. 
Aparte de que los cuarentiocho años que con- 

TIO 



BIOGRAFIAS-FELll'E GUTIÉRREZ Y ESPINOSA 



taba por aquel entonces no es edad propia para 
l)erfeccionarse en la música, tampoco era Viena, 
Y mucho menos en plena Feria, más bien indus- 
trial que artística, lugar a propósito para el 
objeto que el maestro perseguía. 

En París no hizo tampoco cosa de provecho. 
Visitó a Monsieur Mathias, a quien dedicó un 
cuarteto de cuerda, que el ins''^:ne maestro fran- 
cés ejecutó delante de él, y de repente, en el 
piano. 

Por cierto, que al enterarse de que Gutiérrez 
era procedente de Puerto Rico, noml)re que oía 
por primera vez (al menos aplicado a una isla), 
trajo a la vista un mapa luundi de pequeñas di- 
mensiones y i oh amarga decepción para el maes- 
tro borinqueño I Puerto Rico no figuraba en el 
mapa; y por mas que nuestro paisano señalaba 
el sitio donde debía estar la isla, sólo veía a 
Cuba representada por una raya, Santo Domin- 
go por un punto y Puerto Rico desaparecía en la 
pro])orción. 

''Hasta ese día ])ara mí memorable'' — decía- 
nos una vez el maestro — "no me había dado 
cuenta exacta de la pequenez de nuestro país, así 
como del completo desconocimiento que acerca 
de los portorriqueños se tiene en el resto del 
nuindo."" 



La miisica de Gutiérrez podría subdividirse 
en dos estilos o maneras : comienza la pri- 
mera con la misa en do mayor de que ya nos he- 
mos ocupado, terminando con la misa de la Pu- 
riñcación. A i)artir de esta obra, ya empieza a 
notarse una nueva tendencia en las composicio- 
nes del maestro ; tendencia fatal a nuestro juicio, 
pues ella consistía en sacrificar la forma meló- 
dica (que era en lo que más descollaba el maes- 

111 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



tro), para amoldarse, según decía a las exigen- 
cias de la nueva escuela, ( ?) 

Pero a pesar de esa explicación del maestro, 
lo que liay de verdad en el asunto es que un crí- 
tico musical de aquella época, se lamentaba de 
que la música religiosa de Gutiérrez fuera tan 
melosa, al extremo de distraer el fervor religio- 
so de los oyentes, inspirándoles cierta sensación 
mundana. De allí el que nuestro músico, toman- 
do a i^eclio la impertinente censura del crítico, 
cambiara completamente de rumbo, y comenza- 
ra a torturar su inspiración melódica, escribien- 
do una música de carácter más bien sinfónico 
que religioso ; y es por eso que la gloria y el cre- 
do de sus últimas misas no son otra que tiempos 
de sonata para orquesta con accmpañamientos 
de las voces, es decir: una forma contraria en 
todo a la que siempre había empleado. Y lo 
peor del caso es que el maestro no encontró la 
fórmula que perseguía, o sea la que tanta fama 
diera a Palestrina, Pergolesse, Aactoria y Mo- 
rales ; por más que queriendo imitar al autor de 
la Improperia utilizaba como tema de sus com- 
posiciones las melodías del canto llano. 

Y éste fué el gran error del maestro. Xo tuvo 
en cuenta que los grandes maestros modernos 
que han escrito música religiosa, entre ellos, Be- 
llini, Mercadante, Kossini y Yerdi, y aún el mis- 
mo Mozart en su Réquiem y en el Ave Vernm no 
trataron de imitar a los maestros del siglo XVI, 
sino que escribieron música religiosa a su modo 
y tal como ellos la sentían. Por otra parte nues- 
tro biografiado escribía para la orquesta de Ca- 
pilla de la cual fué director por espacio de cua- 
renta años, y con su nueva tendencia de dar 
preponderancia a la orquesta sobre las voces, 
sus composiciones resultaban tan deficientes co- 
mo la orquesta para hi cual escribía. En efecto : 

112 



HIOíJHAI'ÍA: -F- LII'E GUTIÉRREZ Y ESI'INOSA 



dicha orquesta (r. recia de Viola, Oboe y Fagot. 
En cambio tenía los trompas, dos clarinetes y 
Tin bombardino; siendo la proporción de seis 
instrumentos de viento por cinco de cuerda. 
Varias veGyes aconsejamos al maestro la substi- 
tución del segundo clarinete por un oboe, la del 
bombardino por un fagot y las dos trompas por 
otro violín y una viola; y aúii cuando algo in- 
tentó en ese sentido, parece que a diclia reforma 
se oponía el Cabildo de Catedral y liubo que de- 
sistir de ello. 

Vamos a terminar este trabajo, ya extenso en 
demasía. 

Después de la muerte de Gutiérrez, ocurrida 
en 1900, ya, nadie a^oIvíó a acordarse de que había 
existido tal artista, basta hace algunos años que 
dos buenos i^ortorriqueños, Federico Degetau y 
Emilio del Toro Cuebas, organizaron una vela- 
da en el Ateneo para honrar la memoria de Gu- 
tiérrez. (1 ) Falta ahora que la actual Direc- 

(1) No como rectificaciúu al señor Dueño Colón^ ui mucho 
menos para restar i)resti,í¡:ios a los señores l>egetau y Toro Cuebas, 
cuya labor constante por enaltecer el nombre portorriqueño es 
reconocida y apreciada por el país, y' sí como aclaración histórica 
que consideramos pertinente, diremos : que la velada en honor 
a la memoria del maestro Gutiérrez, fue la secuela de la ofrenda 
que hiciéramos al Ateneo, de lui retrato al crayón, de Don Felipe, 
siendo Presidente el distinguido abogado y literato señor Texidor, 
al que exitábamos, en la carta que acompañábamos con el envío, 
para que organizase en di(;lio Centro, del que había sido socio fun- 
dador Gutiérrez, un acto público, similar al realizado en honor 
de Campos y otros artistas, (le manera que en la historia de nues- 
tro primer centro cultural, figurase tan honrosa página en pro 
de nuestro primer maestro compositor. 

Por cierto, que como el señor Texidor, tardase bastante tiem- 
po en aciisar recibo de nuestra humilde, pero sincera ofrenda, 
debido, según nos explicó después, a no encontrarse en San Juan 
cuando llegó el retrato, nos vimos precisados a dirigirle una carta 
abierta en la prensa, que dio por resultado la inmediata orga- 
nización de la velada, que tomaron bajo su egida los señores De- 
getau y Toro Cuebas, quienes, en magistrales discursos, supieron 
exponer los méritos del gran maestro. El retrato donado, aunque 
representaba a Gutiérrez en su juventud, figuró durante muchos 
años en el salón de actos del Ateneo, pero hemos notado, con bas- 
tante tristeza, que recientemente ha desaparecido, como también 
el de otros artistas músicos que figuraban allí dignamente, sin 
que hayamos podido encontrar causa alguna que justifique el 
hecho. — F. C. 

113 



JUSICA Y MÚSICOS rORTORRIQUEXOS. 



tiva del Ateneo liaga colocar en sus salones un 
retrato del maestro, junto a los señores Tavárez 
Y Campos. 

Antes de terminar, séanos permitido dar aquí 
una reseña, con algunos comentarios, no de to- 
das las obras del maestro, porque llenaría tan- 
tas páginas como las que llavamos escritas, sino 
de las composiciones más conocidas y que ponen 
más de relieYe las extraordinarias facultades 
artísticas del autor. 

MÚSICA RELIGIOSA. 

Misa pequeña en do mayor, a dos Yoces y or- 
questa, con un delicioso Benedictas obligado a 
nauta. ]Misa pequeña en la menor, a dos YOces. 
(El Qui ToUis de esta misa es un bello cantabi- 
le a dos Yoces, de exquisita factura). Misa de 
la Circuncisión, a tres YOces. Misa de la Purifi- 
cación, a tres YOces. Misa de la Anunciación, a 
tres Yoces. Misa de Jueves Santo, (Kirie y Glo- 
ria solamente), a tres YOces. Misa del Corpus 
a tres Yoces. Misa de la Ascensión, a tres Yoces, 
(con un bellísimo ofertorio.) ]Misa deXoche- 
Buena (tiene una zortzico encantador con Yaria- 
ciones para el Yiolín, la flauta y los clarinetes). 
Misa de San Juan, a 4 Yoces y gran orquesta. 
Misa de Santa Cecilia, a 4 YOces, coro y gran or- 
questa. (Premiada con medalla de oro en un Cer- 
tamen). Réquiem, a dos YOces y orquesta. .AV- 
quiem, a tres Yoces, de mayores dimensiones que 
el anterior. Miserere, a tres YOces y orquesta. 
(Ii'na de las más ins])iradas o])ras del maestro. 
El estilo de esta composición, a Yeces sombrío y a 
Yeces patético, inspirábale al que la oye cierta 
sensación de i^avor; tal es la fuerza de expresión 
(jue em])l(^r) el maestro en casi todos los ])asajes 
de la obra ). /jUs Siefe Pahihras, para 4 YOces y 

114 



BIOGRAFÍAS-Fin.Ii'E GUTIÉRREZ Y ESPINOSA 

orquesta. (En esta obra, de factura muv des- 
cuidada, no estuA'o el maestro a la altura de su 
reputación). Scf/imda lamentación, a tres vo- 
ces. Tercera lamentación^ en sol menor, a tres 
voces. (Es esta, tal vez, la obra en que con más 
profusión produjo el maestro el tesoro de su ve- 
na inagotable. Por otra parte, ¡qué amarga 
tristeza revela esa música sublime! Creyera se 
que el autor se propuso en esa obra traducir al 
lenguaje de los sonidos las crueles vicisitudes 
de su vida; la amargura de A^er como iban des- 
apareciendo sus hermanas, una a una, minadas 
l^or la tisis; sus apuros económicos, y, por aña- 
didura, la guerra sorda, que a causa de sus ideas 
políticas, le declararon ciertos elementos reac- 
cionarios, que formaban parte de la orquesta de 
Capilla. Nos parece estar oyendo todavía al 
maestro cuando entonaba con su voz de barítono 
la famosa frase de Jeremías : Jerusalem, conver- 
tere ad Domiuum Deuv.i tuum. Parecía dirigir- 
se a sus enemigos, exhortándoles a que se arre- 
})intieran del mal que le hacían, ¡Pobre Maes- 
tro I ) . Mafjnificat, a tres Aboces y coros. (Un be- 
llo cántico a la ^"írgen, escrito desde 1860, que 
no llegó a terminar nunca, por lo que hubo la ne- 
cesidad de suprimir parte de la letra a fin de 
que pudiera cantarse ) . Totta Fidchra, para Co- 
ros y orquesta. (En esta obra se empleó por 
primera vez en Puerto Rico el saxofón). Xo- 
A'enario de Nuestra Señora de Belén. Novena- 
rio de San Francisco. Novenario de San Juan 
Bautista, de Santa llosa de Lima, de San Miguel 
y Septenario de Dolores. Gran salve a cuatro 
voces, coros y orquesta. Grandes Letanías a 
cuatro voces, coros y orquesta : tituladas As-í- 
Asi, (Tienen la particularidad de que el 1er. 
Af/nus Dei„ está escrito para voces solas, ha- 
biendo puesto en los papeles de la orquesta, la 

115 



MÚSICA Y MÚSICOS I'ORTORRIQUENOS, 



parte ele canto correspondiente a cada instrn- 
nientista.) Letanías Jesuítas, para tres voces, 
coros y orquesta. Además de innumerables sal- 
ves, letanías y peticiones, escritas para alternar- 
las en los distintos novenarios que por entonces 
se celebraban anualmente en San Juan. 

MÚSICA SINFÓNICA. 

La Familia, obertura para orquesta. La Man- 
ganilla, Obertura. La Peseta, pequeña obertu- 
ra, i)ara orquest». Toniclán, Obertura j)ara 
gran orquesta. El Parto de los Montes, juguete 
sinfónico. Sonatina de Violín, con acompañan- 
miento de piano u orquesta. 

OBEAS TEATEALES. 

(juarionex. Opera en tres actos, libro de Ale- 
jandro Tapia. (Eepresentada en el Teatro de 
San Juan). M acias, Opera en tres actos, libro 
de Don Martín Travieso. EL BE ARNÉS. Ope- 
ra en cuatro actos, libro de Don Antonio Biaggi. 
El Amor de un Pescador, zarzuela en dos actos, 
letra de Navarro. 

Cierro esta lista, y con ella mi desaliñado tra- 
bajo, no sin antes advertir, que la lie becho de 
memoria y guiado sólo por el recuerdo que, como 
músico que fui de Capilla, durante más de veinte 
años, conservo acerca de la música del para mí, 
inolvidable Gutiérrez. Con ésto quiero decir, 
que debe perdonárseme cualquier omisión im- 
portante en que baya j)odido incurrir. 

Braulio Dueño COLÓN. 

Bayamón, P. E., 1912. 



116 



BIOGRAFÍAS. Má^NUEL MARTÍNEZ PLEE. 



CAPÍTULO IX. 
MARTÍNEZ PLÉE. MANUEL, 

VIOLINISTA. 

Si en alguna ocasión es de sentir la carencia 
de i^rofuiidos conocimientos psicológicos y de 
gran estilista, es, cuando, como en. el presente 
caso, se intenta hacer la biografía de un artista, 
(jue es, de los de más alto temperamento que se 
lian producido en Puerto Rico. 

La ftgura artística de Martínez Plée es dual ; 
l)orque si grandes son sus méritos como violi- 
nista, lio menores los posee como literato, y si a 
ellos unimos las genialidades de su carácter y no 
olvidamos los rasgos fisonómicos de los que, un 
jiintor podría hacer meritísima cabeza de estu- 
dio, nos encontramos perplejos, ya que no incom- 
petentes, para delinear, siquiera, el contorno de 
su personalidad. 

"■Cabeza de estudio-' liemos dicho, porque, efec- 
tivamente, en todos y cada uno de los rasgos, en- 
contramos, cada vez que tenemos la oportunidad 
de departir con él, algo que nos induce a la me- 
ditación. 

^ Frente amplia, ángulo facial circásico, crá- 
neo, abultado, en su primer tercio reluciente y 
el resto poblado de guedejas que, como las del 
rostro, tienen, prematuramente, el tinte gríseo, 
de los cielos invernales; ojos, a los que sirven 
de atala^^as cejas de finos trazos, no muy gran- 
des y cavernosos, cuyas negras i^upilas tienen, 
de ordinario, el plácido rutilar de las estrellas, 
y cuando se dilatan por efecto de la emoción 

117 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



estética, adquieren el fulgor liipnótico de los del 
león en plena fiebre; pómulos ligeramente pro- 
nunciados, nariz dilatada y labios reveladores 
de un temperamento i)asional, son los detalles 
de esa cabeza, que, repleta de fósforo \ de fibras 
nerviosas delicadísimas, tiene como soporte un 
cuer^jo de mediana estatura y complexión mus- 
cular vigorosa, haciéndonos recordar, el conjun- 
to, las figuras simpáticamente majestuosas de 
los patriarcas bíblicos. 

Martínez Plée nació en la Carolina, el 24 de 
agosto de 1861. Su nostálgica indolencia pone 
de manifiesto su procedencia, criolla, pues su se- 
ñor padre era también portorriqueño, heredan- 
do de su madre doña Délia, de origen francés, 
los tesoros morales de la Fé y amor a la Liber- 
tad. 

Don Euperto Rivera Colón, fué su preceptor 
de instrucción elemental, y las selectas bibliote- 
cas de New York, en donde residiera por más de 
20 años, las que, con sus colecciones de obras 
maestras, leídas y meditadas asiduamente, le hi- 
cieron obtener, per se, el título de literato, que 
le reconocen los intelectuales. 

Le son casi familiares las literaturas latina, 
española, francesa e inglesa; los poetas y filó- 
sofos griegos le seducen, y, en su prodigiosa me- 
moria, tiene catalogadas las síntesis de las 
obras contemporáneas de mayor renombre. 

Sus amigos inseparables son el violín y los 
libros. 

Rápido en la conce])c¡ón, lo es más para asi- 
milarse ideas que, después de analizadas, las 
adapta a su criterio, forjándolas de nuevo con 
modalidades de expresión conceptuosas, con'.-i- 
sas y originales. 

Su estilo es tan ameno, por las bellas sutile- 
zas que emplea en la descripción e ingenuidad 

lis 



BIOGRAFÍAS. MANUEL MARTÍNEZ PLÉE. 



con que instruye, que basta ver su firma en un 
artículo para leerlo con gran interés. En la 
controversia muéstrase, unas veces liiperbólico, 
otras, cultamente mordaz, sobre todo, cuando la 
argumentación contraria no es sofística. 

En San Juan cursó la teoría musical, solfeo 
y rudimentos del violín, trasladándose después 
a Caguas, en donde, T>. Mauricio Alvarez, mo- 
desto y notable violinista, que iDor largos años 
se deciicó a la profesión — vive aún dirigiendo 
la farmacia de su Mjo D. José — le inició, con 
maestría, en los secretos del arco y pulsación 
de tan difícil instrumento. 

Tras de una temporada de residencia en Hu- 
macao, en donde su corazón recibió las prime- 
ras impresiones de un amor purísimo que, 
irrealizado, tal vez influyera en el pesimismo y 
dualidad que se nota en su carácter, marchó a 
los Estados Unidos, y, en New York, a la par 
que nutría su inteligencia con el néctar del sa- 
ber, con Mr. E. Remenyc, gi'an violinista liím- 
garo, adquirió el dominio del instrumento que 
inmortalizó a Paganini. 

. Las audiciones constantes de los gTandes ar- 
tistas que sin cesar visitan la Babel am^erica- 
na, completaron su educación musical. 

En NeAV York formó j^arte de las mejores so- 
ciedades artísticas, siendo su nombre conocido 
y justamente apreciado. Allí, nuevamente el 
amor se interpuso en su camino y contrajo ma- 
trimonio, del que tiene una bija, que parece ha- 
ber heredado su temperamento e inteligencia 
artística, y cuya educación preocupa honda- 
mente a nuestro biografiado. 

Durante su larga ausencia del i^aís natal, 
éste ignoraba tener un hijo que le honraba en 
el extranjero, hasta que la atracción de su doble 
amor filial le hizo aparecer entre nosotros, cual 

119 



MUSICxV y MÚSICOS l'ORTORIÍlQL'KXOS. 



l)()liemio errante (jue añora con el arte mágico 
(le su violín las tristezas y ensueños de su per- 
dida patria, dándose a conocer en la plenitud 
de sus facultades. 

En el violín es un rírtuosc, (pie burila la fra- 
ile, destaca con precisión \ claridad los pasajes 
más difíciles, y, aun cuando ])ai'a el colorido de 
emisi(ui prefiere los tintes crepusculares a los 
del sol en el zenit, no por eso dejan de ser TÍgo- 
rosos los sonidos. 

Para apreciar todo su valer artístico, hay 
que estar cerca de él cuando interpreta. Rnge, 
canta, increpa, llora; su alma experimenta y 
trasmite tocias las sensacifmes que conmovían 
al autor en la concei)ci()n y que él, en plena fie- 
bre de iuter]>retacií')n, reproduce fielmente. 

La dualidad de su carácter le hace a Aceces in- 
i'oiíiprensible. 

Escolástico e idealista por címvencimiento, 
muéstrase en ocasiones, raciímalista con tenden- 
cias al materialismo. 

Amante apasionado de la forma clásica, })ara 
las manifestaciones del arte absoluto, lia roto 
lanzas (m defensa de la libertad de ex])resión. • 

Sinceramente cristiano, las contrariedades y 
luchas de ia vida, le hacen no desdeñar el fa- 
talismo musulmán. 

Noblemente bohemio en la práctica del bien, 
s(^ re])rocha a sí mismo el haberlo ejercido. 

(^(^neroso, en demasía, para cimentar presti- 
gios, cuyas procedencias no siempre escudriña, 
])or cualquier nimiedad trata de derrocarlos 
eáusticamente. 

Su tcnipcramcnto le hace vivir en pleno cielo 
de ilusiones, pero el jxindrnwninm de su cerebro 
lo lleva a sufrii- las oscuridades (l(d pesimismo. 

Ha concebido obras literarias y didáctico- 
musicales de altos fines, pero al darles forma, o 

120 



lUüGRAFÍAS. MANUEL MARTÍNEZ PLÉB. 



las lia dejado en floración, o, después de acaba- 
das, permanecen ocultas en los anaqueles de su 
biblioteca. 

Es un rallentc-tíniido, capaz de todo, y que 
por su vacilar constante, ha perdido grandes 
oportunidades í'aA^orables a su bienestar y glo- 
ria. 

A pesar de eso, la cliispa de su genio, como la 
del rayo en medio de la tempestacl, brilla reful- 
gente y con luz propia, en el cielo del arte, siendo 
una de las legitimas glorias portorriqueñas. 



121 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



CAPÍTULO X. 
iM I S LÁN , ÁNGEL, 

INSTRUMENTISTA. 

Nacido en San Sebastián del Pepino en el año 
ele 1862, murió en Barceloiieta el 1- de Febrero 
de 1911, en plena edad viril y cuando por la ma- 
durez de su cerebro podía ofrecernos sus mejo- 
res frutos. (1) 

Para bacer siquiera un esbozo de la persona- 
lidad artística de Angelito, como familiarmente 
se le llamaba, requierense profundos conocimien- 
tos psicológicos de que carece el que estas líneas 
traza, pues radicando en el alma el origen de 
todas las producciones bumanas, es innegable 
que existe una relación entre aquellas v la idio- 
sincracia o carácter del que las i3roduce, relación 
que el análisis psicológico descubre en sus míni- 
mos detalles, sobre todo, cuando se trata de pro- 
ducciones artísticas en que la expresión del sen- 
timiento se exterioriza con mayor vigor. 

Si prescindiendo de las características indivi- 
duales analizamos las producciones exclusiva- 
mente por su forma y técnica, tropezamos, en 
las artísticas, con la dificultad del medio am- 
l)iente en que la mayor parte de nuestros artis- 
tas s(í kan desarrollado; y al decir artistas no 
quiero referirme solamente a los músicos, pues 
si exceptuamos la poesía o literatura en general, 
las demás artes ])ermanecen en pañales por la 
falta de centros docentes, pues de haberlos teni- 



(1 ) r'sto trabajo se publicó eu LA Democracia en febrero 
de I'.m. 

122 



biografías. ÁNGEL MISLAN. 



(lo, las excepcionales aptitudes del pueblo porto- 
rriqueño hubiesen alcanzado y alcanzarían al 
presente, en número no escaso, altas finalidades 
de gloria universal. 

Duchesne, Balseiro, Mislán, Kíos Ovalle, Ma- 
nuel Tizol, Marques, Kington, Madera, Porrata 
Doria, Emilio Dávila, en la música ; Pou, López 
de Victoria, Vélez, Medina, Kíos, en la pintura ; 
Nadal, Montesinos, Vélez López, en la escena, 
son, entre otros, dignos de citarse como ejemplo, 
para corroborar la afirmación, pues si con su 
sólo esfuerzo lian llegado a alcanzar, unos más 
que otros, puesto de lionor en el cuadro de nues- 
tras pequeñas glorias, desarrolladas y pulimen- 
tadas sus obras por medio de la técnica profun- 
da, sus nombres, traspasando los límites estre- 
chos de la Isla, hubiéranse sumado, a los de Ta- 
várez, Campos, Paoli, Gonzalo Núñez, Martínez 
Plée, Arteaga, Chavier, Oller, Campeche, Cu- 
chí, García Molina, Astol y algunos más, aplau- 
didos y reputados en el exterior. 

Que el temperamento artístico predomina en 
Puerto Rico, todo el mundo lo reconoce; pero 
en lo que al musical atañe, tengo j)ara mí, que 
jMislán, Kington, Balseiro, Miranda, Cruz Verar 
y Tizol son los más altos que ha producido el país 
en los últimos lustros del siglo XIX. 

Todos han dominado la mecánica de sus ins- 
trumentos favoritos ; unos, intuitivamente ; otros 
con más o menos conocimientos de la preceptiva, 
han vertido a raudales la inspiración que el Di- 
vino Artista les donara ; y sin que a ninguno se 
le pueda adjudicar, sin reproches, el anhelado 
calificativo de maestro, todos son merecedores, 
no tan sólo del aplauso público, si que también 
de que al morir les dediquemos las siemprevivas 
del recuerdo, 3^a que, en sus producciones, expre- 

123 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



saron e hicieron sentir las dulces A^ibraciones de 
la miisica regional. 

Antes de proceder al análisis crítico de los mé- 
ritos artísticos de Mislán, creo pertinente ex- 
plicar las precedentes manifestaciones, pues po- 
dría argüirseme que doy demasiada importan- 
cia a los temperamentos no pulimentados con 
el estudio, así como a la música regional circuns- 
crita, liasta hoy, a los estrechos límites del géne- 
ro bailable. 

Si el temperamento, aptitud o inspiración, co- 
mo quiera llamársele a la disposición natural o 
facultad para producir espontáneamente, no 
constituye de por sí, lo que en sentido absoluto 
se denomina arte, es innegable, que, como dice 
Toussenet, ''el arte es la encarnación del ideal''. 
Y siendo su principal tendencia la de excitar en 
el alma el sentimiento de la bello, ideal, 'belleza, 
arte son la expresión de una verdad, don que no 
l^oseen al nacer todos los seres humanos y por 
lo tanto, no se produce el ideal por mera refle- 
xión ni mucho menos por la imitación o aplica- 
ción de artiñciosos procedimientos. 

La música es la expresión del sentimiento. 
Lo que ella expresa es la misma alma en lo que 
tiene de más íntimo y profundo ; y las expresio- 
nes del alma no pueden supeditarse en absoluto 
a reglas o preceptos que en algunos casos cohibi- 
rían la espontánea veracidad. 

La preceptiva del arte completa la finalidad 
estética. Ella constituye la relación indisi)en- 
sable entre la ciencia y el arte, ya que todo arte 
supone la selección de aquella parte necesaria 
de bi ciencia para averiguar de qué condiciones 
' dependen los efectos que desea producir. 

Más, ])or el hecho de que una i)roducción carez- 
ca, en más o menos proporción, de la preceptiva, 
o esté defectuosa, ¿vamos a descalificarla como 

124 



biografías. AXGEL MISLAN. 



artística, cuando por su expresión, excita en el 
alma el sentimiento de lo bello y de lo bueno? 

Y si los defectos u omisiones tienen por causa, 
no la negligencia, sino la falta de dirección para 
ajusfar y corregir ¿debe desalentarse con el des- 
dén o la censura acerba, a los que pov medio de 
su facultad creadora, per se, saben conmover las 
fibras del sentimiento? 

¿Por qué la humilde violeta no adquiere en su 
desarrollo el vigor y proporción del rosal o de 
la magnolia, dejará de ser grata la delicada 
suavidad de su perfume? ¿La dalia que encanta 
por la hermosura de su forma, x^osee alguna cua- 
lidad esencial que i)ermite recordarla cuando se 
deshoja? 

La preceptiva escueta es la dalia sin aroma. 

La inspiración, por libre que se manifieste, 
siempre que sea genial, es la esencia de la Divi- 
na Flor, que excita, sub3aiga, conmueve y arroba 
el sentir de las almas. 

Aunque la música es el idioma universal, cada 
raza, nación o pueblo tiene su forma caracterís- 
tica de expresión cuyas diferencias, al constituir 
lo que llamamos estilo o escuela, no se circuns- 
criben solamente a las composiciones lil)res en 
las que el temperamento colectivo puede mante- 
nerse en toda su amplitud sin las trabas de una 
rigurosa técnica ; también en las oMigadas o se- 
veras, que generalmente son las que entran en 
el cuadro de la música religiosa o sagrada, pue- 
de apreciarse la influencia del medio ambiente 
social, político y religioso de cada pueblo. 

A medida que esas diferencias se destacan 
con mayor claridad, la música, acentuándolas, 
les dá marcado sabor local o regional, dentro 
de la variedad de géneros de las composiciones 
libres, siendo las más ade« nadas para el caso, 

125 



MÚSICA Y MÚSICOS TORTORRIQUENOS. 



las teatrales, populares (canciones, coros, ma- 
drigales, etc.) y los bailables. 

En Puerto Kico, las diferencias que acabo de 
exponer, solamente han podido sintetizarse, has- 
ta ahora, en la danza ; y si hemos de ser veraces, 
su característica regional se manifestó no hace 
muchos años, cuando Julián Andino innovó la 
variedad rítmica del acompañamiento; y más 
principalmente, cuando Tavárez y Campos la 
elevaron al rango de A^erdadera composición. El 
l)rimero con su j)ortentosa inspiración saturada 
del sentimiento de la época, y Campos, agitado 
su vigoroso genio por las luchas y pasiones de 
su tiempo, encarnando en sus danzas inmortales 
el alma colectiva del pueblo portorriqueño, for- 
mando ambos, los dos estilos principales que sir- 
ven de guía a los jóvenes cuando se inician en los 
trabajos de la composición. 



Mislán estudió con su padre, el solfeo y la me- 
cánica del clarinete y del bombardino; pero 
cuando fallecido aquel se vio constreñido, muy 
joven aúii, por las apremiantes necesidades de 
la vida, a invadir el campo de la profesión, la 
carencia de medios extraños i)ara salir airoso 
en sus empeños artísticos hízole, unas veces con 
preparación otras improvisadamente, practicar 
la mayor parte de los instrumentos, incluso el 
típico cuatro, que pulsado por él, semejaba los 
dulces sonidos del arpa eólica. 

Su instrumento favorito, en el (pie no tuvo 
rival, lo fué el bombardino. Aparte de la gran 
habilidad mecánica, dulzura de expresión y co- 
rrección del fraseo, emitía los sonidos con tal 
])rivileg¡o, que sobrepasando la extensión del 
registro agudo con claridad y robustez deliciosa, 

i2r> 



biografías. — - ÁNGEL MISLAN. 



de lio presenciarse la ejecución, lo que parecía 
oirse eran los sonidos de una flauta. 

La chispa del genio que iluminaba su cerebro 
irradió en todos sus actos musicales. Las ban- 
das y orquestas que dirigía, por heterogéneos 
que fueran los componentes, resultaban agrada- 
bles, pues en el conjunto se revelaba lo genial 
de la dirección. 

Su trato afable, modesto, simpático, que tan 
bien reflejan las melodías de sus danzas, le fran- 
queaba las puertas sociales, proporcionándole, 
doquiera que il)a, abundante trabajo ¡irofesio- 
nal ; pero la nostálgica indolencia de su carácter, 
agravada con la falsa adai)tación que hiciera 
en sus costumbres del concepto de la vida bohe- 
mia, como también lo débil que fué siempre su 
voluntad para refrenar los ímpetus pasionales, 
que forzosamente hul)ieron de conducirle por 
senderos peligrosísimos para su salud, fortuna 
y fama, le hicieron vivir en constante desequili- 
brio económico, atrofiando prematuramente sus 
facultades, cuando con mayor energía debieron 
manifestarse. 

Como instrumentista, ya lo he dicho antes, 
sino fué un víjíhosc, pues este calificativo para 
aplicarlo a conciencia sólo tiene una acepción, 
fué todo lo hábil para, en el bombardino, desta- 
carse en el cuadro de lo corriente, ocupando el 
primer término. Como preceptor, trasmitía sus 
conocimientos con pureza, mejorándolos por me- 
dio de la observación de los métodos que emplea- 
ban otros maestros que más, afortunados, ha- 
bían bebido en mejores fuentes. 

Como director de orquesta de baile, estuvo al 
nivel de los mejores y para la organización de pe- 
queñas bandas tenía el sentido práctico de ins- 
trumentar con arreglo al niimero y concimientos 
de los instrumentistas. 

127 



MÚSICA Y MÚSICOS I'ORTORRIQUEXOS. 



No puede ser tan acabado ni halagüeño el jui- 
cio que voy a emitir sobre sus condiciones de 
comi^ositor. Solamente ¡juedo analizar las dos 
únicas danzas que publicó, pues aunque oí mu- 
clias otras, así como algunos de sus valses, ma- 
zurcas, paso-dobles y canciones jíbaras, no las 
tengo a la vista y el oído no es órgano apropiado 
l^ara retener toda la factura de una composición 
musical y someterla al crisol de la crítica. 

Poseyendo Mislán un alto temperamento ar- 
tístico, las melodías de sus producciones resul- 
tan agradables, claras, bien combinadas y jus- 
tamente equilibradas. Y como la estructura de 
la danza no es muy rigurosa, cuando el movi- 
miento rítmico no es monótono y el acompaña- 
miento del bombardino o mano izquierda del 
piano tiene vivacidad y elegancia, si la marcha 
del bajo y enlace de los acordes es correcto, aun- 
que la factura armónica de las modulaciones y 
cadencias sean triviales, la variedad y expresión 
del pensamiento melódico cubren fácilmente la 
deficiencia. 

De las dos que publicó, Sara es, en mi concep- 
to, la de mejor construcción armónica ; Tú y i/ó 
la de factura melódica más completa. 

En Sara crea, ai^lica la técnica, combinada 
elegantes dificultades i)ara el bombardino y re- 
vela en el ritmo la faz bohémica de su carácter. 
En Tú y yó la pobreza .y defectos de preceptiva 
se manifiestan desde el pasco, y el acompaña- 
miento carece de originalidad, resulta demasia- 
do uniforme y con reminiscencias muy acentua- 
das, del que empleó Campos para Ten Piedad: 
en caud)io su característica dulce y simpática 
se refleja en la melodía, correspondiendo regu- 
larmente las cláusulas del lenguaje, o mejor di- 
cho, las cadencias poéticas con las melódicas. 

Ambas se han hecho populares dando fama al 

128 



r.I()(;UAlMAS. ÁNGEL MISLAN. 



autor. La una, ])oi'qiie la poesía (rimas de Bee- 
(liier) y la liiúsica, son realmente inspiradas; la 
otra por ser muy )>ailal)]e y tener como novedad 
la parte obliiijvda a l)ond)ardino, cuya difteultad 
estriba en la artiriilación. Para mí, la belleza 
de Sara está en la seí2;unda parte o frase del ¡nc- 
r('¡i(/i!(\ pues la del l)i)nd)ardino la ealiñco : varia- 
ción sin tema, con ritmo, distinto al de la estruc- 
tura general de la danza, marcadamente bohe- 
mio, en su falsa acepci(3n. El ñnal de la danza 
es una ¡rpri-ssc de la primera frase, cortada brus- 
camente. 

Por la impresión de audiciones grabadas en 
el cerebro, puedo decir, (pie en Fohic lioriuijani, 
expresa los dolores de la patria irredenta ; en 
Rrrucrdns; y Jjáijritixn^, las añoranzas de })erdi- 
das diclms vibran en el sentimiento melódico; 
y en O /os- <lc Virb), dedicada a la bella señorita 
utuadcña, Adela Mattei, retoñando en el alma 
ilusiones y espejismos de la juventud, hacen (pie 
el iúral adípiiera en notas, realidad momentá- 
nea. 

Ángel Mislán ha nuierto pol)re, jíero no aban- 
donado, pues el pueblo de Barceloneta en gene- 
ral y esi)ecialmente los señores Agustín Palseiro 
y Fernando Suria le atendieron en todo, dando 
a sus restos decorosa y cristiana sepultura. 

Los músicos de Arecibo, que durante muchos 
años fueron sus compañeros en orquestas de bai- 
le, acompañados del digno vice-cónsul español 
Don Ángel Sáenz, jefe que fué de Angelito cuan- 
do dirigía la banda del tercer batallón de Volun- 
tarios, vinieron expresamente a rendirle el úl- 
timo homenaje de amistad y comj)añerismo. 



129 



MÚSICA Y MT'SICOS TORTORRIQUENOR. 



CAPÍTULO XI. 
MORELL CAMPOS. JUAN, 

MAESTRO - COMPOSITOR. 

En la liermosa Ciudad del Sur de la isla, en 
donde, el rítmico vaivén de las olas caribeanas, 
la cadenciosa ondulación de gramíneas y pal- 
meras, el suave rumorar de frondas y arrowelos, 
el centelleo del sol sobre la dilatada campiña, 
la placidez de las noclies estÍA'ales, y la brisa 
refrigerante de las montañas que medio la cir- 
cundan, son acentos melódicos que, contrapunta- 
dos por el espírutu lucliador y progresista de los 
moradores, preludian fraf/mcntos delicadísimos 
de la fjran sonata que incesantemente entona la 
naturaleza en lionor del Creador; en los domi- 
nios de esa bella Sultana, que tan fecunda lia si- 
do para producir artistas ; en Ponce, repetimos, 
nació el 16 de Mayo de 1857, el genial Juan Mo- 
rell Campos, elegido por el Divino Artista para 
traducir en notas de inimitable expresión, las 
penas y alegrías, las añoranzas e ilusiones de 
este pedacito de tierra americana llamado Bo- 
riquén. 

Sus primeros estudios de música los hizo con 
Don Antonio Egipciaco, y luego de liaber practi- 
cado la técnica de algunos instrumentos, llegan- 
do a ser un flautista notable y a dominar, en ab- 
soluto, las dificultades del bombardino, aunque 
sin poseer la dulzura de tono o emisión que diera 
fama a INIislán, recibió algunas lecciones de ar- 
monía y composición del pianista-compositor Ta- 
várez. Ingresando desp!u''s como bombardino 
solista, en la banda del batallón Cazadores de 



DIOGUAFIAS. JUAN MORELL CA:M1'0S. 



Madrid, completó en ella los conocimientos de 
instrnmentación y Dirección, la cnal asnmia en 
ausencia o enfermedades del músico mayor, Don 
José Valero. 

Tavárez, desde las primeras lecciones que 
diera a Campos, reconoció la ijrecocidad de su 
talento artístico, augurándole grandes triunfos ; 
pero la inconstancia del preceptor, hizo al dis- 
cíiKilo, cosa fácil para los 'eleAjidos, formarse so- 
lo, como ocurriera a Bach, Hayden y otros de 
los grandes maestros del arte. 

Terminada su contrata militar, organizó en 
' Ponce una orquesta con la cual empezó sus cam- 
pañas de compositor. 

Sus primeras danzas, aunque no tan bellas ni 
tan ricamente armonizadas como las que des- 
pués se lian lieclio inmortales, fueron infiltrán- 
dose en el sentimiento colectivo del pueblo que 
ya empezaba a rendirle adoración, repercutien- 
do los primeros sonidos del clarín de su fama 
l)or los ámbitos de la Isla. 

Hasta el año de 1882, puede decirse que su 
¡personalidad artística no se destacó vigorosa 
y radiante. 

La Feria-Exposición que en ese año celebróse 
en Ponce, fué el campo de acción en donde, a 
semejanza de los griegos en los juegos olímpicos, 
obtuvo, los primeros laureles que orlaron su 
frente. 

Fué dicha Feria un grandioso exponente, no 
tan sólo de la cultura general del país, agrícola, 
industrial, artística e intelectualmente conside- 
rada, sí que también una manifestación, no su- 
perada hasta hoy, de los grandes elementos, ba- 
jo todos sus aspectos, que integraban al pueblo 
ponceño, el cual se encontralia en el apogeo de 
su refinamiento social, de sus grandes iniciati- 
vas, y en donde el valor cívico en pro de las liber- 



ímu.sica y m'- sicüs portorriqueños. 



tildes i)olíticas se manifestó, después, vigorosa- 
luente. 

Juan Morell Campos, obtuA^o entonces, meda- 
lla de oro y diploma de Inmor por su sinfonía 
J.a Lini, escrita para gran orquesta; y medalla 
de i)lata — segundo ])remio — en el concurso de 
or(|uestas de concierto, al que yalerosamente vse 
presentara con la que, en una semana y a ins- 
tancias de sus admiradores, organizó para dis- 
cutir el triunfo. 

3Iuerto Tayárez al siguiente año de la Feria, 
Campos fué justamente proclamado como su dig- , 
no siu-esor en el reinado de la música regional 
portorriqueña. 

Dice, Mad. Gjertz en su libro, "L« música des- 
de el pKiifo de ristd in'}n(l ¡j rel¡(fl(is</\ "Toda ex- 
"l)resión de belleza es un acto de amor que, a 
"este título, solo a Dios debemos. Mientras na- 
"da amamos, creemos hacer bastante cumpliendo 
"con nuestros deberes, si es posilde cumplirlos 
"sin amar a Dios; más, apenas enardece nuestro 
"corazón el amor, nos sentimos inclinados a rea- 
"lizar mil delicadezas que salen del dominio de 
"lo útil i)ara constituir lo bello. Toda forma de 
"belleza es, i)ues, una forma de amor. El mis- 
"mo Dios nos dá un ejemplo de ello en la crea- 
"ción; un campo de trigo u liortaliza no nos re- 
"cuerda el amor diyino, conu) una ñor. Si Dios 
"pudiese tener deberes, el canqDO de trigo sería 
"una manifestación de este deber, que consisti- 
"ría en })r()yeer a nuestras necesidades, y la flor, 
"esta graciosa y encantadora cliucliería inútil, 
"lo que realmente es, manifestación del amor 
"de Dios. Las bellas artes, son hijas de la ne- 
"cesidad (pie tiene el corazón humano de end)e- 
"llecer, es decir, de amar." 

Nos ha parecido oportuno reproducir el bellí- 
simo i)árrafo anterior, por(pu^, en nuestro con- 

1:í2 



BIOGRAFÍAS, — JUAN MORELL CAMrOS. 



cepto, la fuerza avasalladora del amor, conmo- 
Aiendo las fibras del corazón y agitando las cé- 
lulas del cerebro de Campos, le hizo, con febril 
inspiración, j)roducirse en toda la potencialidad 
de su genio. 

El arte absoluto fué la síntesis de su amor, y 
las formas impulsivas de expresión, el amor pa- 
sional y el amor patrio. 

Si Tavárez supo encarnar en sus obras el es- 
píritu doliente, tímido y soñador del pueblo de 
su época, Juan Morell Campos, que floreció en 
otra muy distinta, condensó, con maestría, en 
los variados ritmos de sus danzas y en las rap- 
sodias de sus marchas y overturas orquestales, 
el estado de la conciencia popular, agitada por 
las luchas incesantes en pro de la libertad polí- 
tica. 

Y en cuanto a las manifestaciones del amor 
pasional, ¿no expresan los j^ensamientos meló- 
dicos de sus danzas el flujo y reflujo del inmenso 
océano del amor, que ora agitado por el venda- 
val de los celos, ora plácido y transparente tras 
de un coloquio, siempre está rumorante y nunca 
satisfecho? 

Maldito Amor, Ten Piedad, Bendita Seas^ 8in 
tí Jamás, 31 is Penas, Alma Suhlime^ Horas Fe- 
lices, Idilio, Cede a mi ruego. Di que me Amas, 
Cielo de Encantos, Tuya es Mi Vida, Vano Em- 
peño, son el compendio de la historia de amo- 
res . . . que, tal vez correspondidos, nunca tras- 
pasaron los linderos del ensueño. 

La Lira, overtura, Saludo a Ponce, tanda de 
valses. Juegos florales, marcha triunfal, Puerto 
Rico, sinfonía, y otras composiciones didácticas, 
que oj^éramos en su orquesta, analizadas psico- 
lógicamente, dan cabal idea de sus sentimientos 
pro-patria. 

Sin vacilación, calificamos las obras de Cam- 



133 



Ml'siCA Y MÚSICOS rORTORRlQUEXOS. 



pos como verdaderamente artísticas, porque res- 
ponden a los principios fundamentales de la Ver- 
dad, de la Belleza y de la Bondad, 

Son verdaderas^ porque el pensamiento inicial, 
bien expuesto y mejor desarrollado por la pre- 
ceptiva, expresa el sentimiento religioso del pue- 
blo de aíjuella época ; son bellas^ porque sin pres- 
cindir de los preceptos de la composición, ex- 
panden libremente la inspiración melódica con 
gradaciones de tono, colorido y expresión tan 
sutiles y delicadas, que conmoviendo los senti- 
mientos, los arroban y subyugan; y son Inienas, 
porque impresionan el sentido moral, elevan el 
espíritu basta las regiones del idealismo y pro- 
ducen siempre, en los oyentes, deliciosas y no- 
bles sensaciones. 

Morell Campos nació ])ara el arte, vivió por 
el arte y murió dentro del arte. 

Cultivó todos los géneros de la composición; 
pero el público, que en general solo conoce sus 
danzas y algima que otra obra didáctica, ignora 
que, en el género religioso rayó a gran altura, 
dejando escritas, entre coros, misas, gozos, sal- 
ves, letanías y plegarias, más de 60 obras, sin 
contar las alegorías fúnebres, muy sentidas y 
de «ran valor orquestal. 

Para la escena lírica compuso las zarzuelas 
en un acto. Un día de Eleeciones y Un viaje por 
América, y otra en dos actos, titulada: Amor es 
Triunfo, representándose todas, con gran éxito, 
en el teatro La Perla de Ponce. 

Además de los i)reraios y laudos que obtuviera 
en la Feria del 1882, fué condecorado, en la ex- 
posición de San Juan, conmemorativa del 4" 
Centenario d^»l descubrimiento de esta Isla, con 
diplonia de bonor y prendió de cien ])esos, -ñor 
la o:ran sinfonía para orquesta denominada : 
Puert') Ric). 



biografías. JUAX 3I0RELL CAMPOS. 



En 1895, el Casino de Mayagüez le otorgó di- 
ploma de Honor, por la marclia Juegos Florales, 
escrita expresamente j^ara dicho centro social ; 
y en la Exposición de líúfalo, le adjudicaron 
medalla de bronce y diploma i>or la citada mar- 
cha. 

Además de ser un instrumentista notable^ 
pues dominó la mecánica de la flauta, bombar- 
dino y contrabajo, como Maestro Director y Con- 
certador, ha sido uno de los mejores. 

Su batuta clara, enérgica, detallista, sin efec- 
tismos de mímica, pero absolutamente precisa 
en los movimientos, hacía que la orquesta, en 
ercscendos y agitatos, semejase ei des])ordamien- 
to de una catarata, o la x>lacidez del remanso, 
en cantádUes y sostenutos. Al instrumentar, lo 
mismo obras propias que extrañas, aunque algo 
cohibido por el raquitismo de nuestros núcleos 
orquestales, usaba, apropiadamente, los distin- 
tos cuartetos, dando al conjunto variedad, be- 
lleza y novedad. Ln instrumentación de sus 
danzas dio a estas el carácter de composición 
genérica. 

Maestro director y concertador de la compa- 
ñía de zarzuela, empresa Bernard y Ahella, mar- 
chó como tal, en escursión artística, por varios 
ciudades de América del Sur, hasta Buenos Ai- 
res; viaje provechoso, pues en el completó sus 
conocimientos. 

Al volverla Ponce, reorganiza su antigua so- 
ciedad de conciertos, la Lira Ponceña, dando, 
periódicamente, selectas audiciones en el ^port 
Chih y el teatro La Perla, como también en otros 
de la isla, pues era muy solicitada. 

Su fn cuidad para componer e instrumentar 
puede, fá.cilmente, juzgarse por los siguientes 
verídicos hechos : 

Estaba con su orquesta solemnizando las fies- 

1 35 



MÚSICA Y ISHSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



tas patronales de l>arros, y, ya en jjlena misa 
del día de San Juan, cuando i)latieal)a tranqui- 
lamente con los músicos en el antecoro, espe- 
rando que el orador sagrado terminase el ser- 
món de rúbrica, vino Cosme Tizol — primer cla- 
rinete de la orquesta — a decirle: Juan, se que- 
daron en Ponce los papeles del Bcncdktus. Pues 
ti'áeme los de la Gloria, contestó con presteza, y 
escribiré uno en la última plana. 

Con lápiz, y a pesar de la prisa, con notación 
bastante clara, en poco tiempo, improvisó un 
BrnrdictuH para voces y pequeña orquesta, que, 
después de oído, resultó una de sus mejores com- 
posiciones del género sacro. 

Otro beclio : Llegó de arribada forzosa a Pon- 
ce, procedente de A^enezuela, una compañía de 
ópera, casi en cuadro y sin repertorio. El tenor 
Antón o Antonini, íiue la re])resentaba. solicitó 
de Campos le ayudase en la preparación de algu- 
nas audiciones. Con el refuerzo de algunos ele- 
mentos disi)ersos que había en la isla, a la se- 
mana, delrntaba la compañía, con Campos de 
Maestro, continuando las representaciones tres 
veces por semana. El repertorio lo rehacía Cam- 
pos, instrumentando \nu\ ói)era cada cuatro 
días. 

Poseía genialidades de carácter. Sencillo, 
franco y generoso con los compañeros entre los 
que n;) establecía diferencias, solía enojarse por 
nimiedades, de las que 61 mismo se reía, cuando 
la causa, real o imaginaria, había cesado. 

Cuando estaba de bromas, empleaba la músi- 
ca, para divertirse. Recordamos, que encon- 
trándose en Añasco, solemnizando con su orques- 
ta las fiestas patronales, pasó a Mayagüez una 
noche en que se celebraba un baile en el Centro 
Español, cuya orquesta dirigíamos, y de la que 
formaba parte, como contrabajista, Blas García. 

136 



BIOGRAFÍAS. JUAN MORELL CAMPOS. 



Después de haber estado un rato oyendo desde 
(4 salón la orquesta, subió al escenario y qui- 
tando el arco a García, me indicó con la cabeza 
que si podía tocar, a lo que, como era natural, 
accedí gustosísimo. En aquellos momentos se 
estaba tocando su danza Idilio^ que tiene en la 
instrumentación original preciosos efectos y que 
por lo reducida de aquella orquesta no se podían 
apreciar bien. Campos, que jugaba con el con- 
trabajo, empezó a hacerlos, todos ; y unas veces 
imitando al clarinete, otras los bombardinos co- 
mo también los dulces sonidos del Cello, se mos- 
tró tan grandioso a la par que juguetón, que po- 
co a poco las parejas dejaron de bailar parán- 
dose a contemplar el juego del arco y a la vez 
para oir mejor las sonoridades que sacaba al 
contrabajo de tres cuerdas. 

Otras de sus maldades de artista, fueron es- 
cribir acompañamientos erizados de dificultades 
y en el registro mas agudo del bombardino, para 
poner en aprietos a Domingo Cruz, (Cocolía; ; 
pero este siem])re salía victorioso de la prueba. 

Gonzalo Núñez, que al visitar la isla, después 
de largos años de ausencia, fué a Ponce para 
organizar algunos recitales, mostrábase poco 
amigo de la danza ; pero el inolvidable Américo 
Marín, que por temi^eramento era artista y a la 
vez un fanático admirador de Campos, r-.j^nóa 
empeño el que Níiñez oyese, interpretadas p;)r 
la orquesta, algunas de las danzas de Campos, 
y, al efecto, una noche, después de haber renni<la 
en los salones del Sport Cluh a la Lira Poiiccfía, 
sin previo aviso, se fué a buscar al Maestro Tñú- 
fíez, quién, una vez oida la admirable iulerpre- 
tación que diera la orquesta a. Idilio, Felices 
Días, Maldito Ar.wr, Vano Empeño y algunas 
más, felicitando a Campos, (estábamos presen- 
te), le ofreció transcribirlas j^ara piano, en la 

137 



MÚSICA Y MÚSICOS TORTORRIQüliNOS. 



forma que lo había hecho con hx Borinquen. 

Morell Campos fué el organizador y Director, 
hasta su muerte, de la Banda de Bomberos de 
Ponce, que rivalizaba y en ocasiones superaba, 
a las de los regimientos que estaban allí de guar- 
nición. 

Ejerció de organista en la Iglesia parroquial 
de Ponce, y aunque su facundia en la improvi- 
sación le permitía salir airoso, no ^ra poseedor 
de los secretos del órgano, que requiere estudios 
especiales, después de ser un hábU pianista. 

En la noche del 2G de Abril de 1896, de triste 
recordación, cuando aún no había cumplido los 
39 años y su facultad creadora se encontraba 
fresca, lozana y prepotente, dirigiendo en La 
Perla, la Zarzuela El Reloj de Lucerna casi al fi- 
nalizar la obertura, la traidora muerte, hirién- 
dole con el dardo cruel de la angina de pecho, le 
hizo caer de bruces sobre el atril de dirección, 
profluciendo el hecho honda y dolorosa sorpresa 
en el jnlblico cercano a la orquesta. 

Suspendida instantáneamente la representa- 
ción, fué trasportado en brazos de sus amigos 
al escenario, acudiendo solícitos a i^restarle au- 
xilio, los mejores médicos, los que si bien logra- 
ron paralizar la acción del primer ataque, com- 
})rendieron que el fin de aquella j^reciosa vida 
se acercaba. 

El señor Marín Varona — maestro. concertador 
cubano — que se hallaba como expectador en el 
teatro, púsose incondicionalmente a las órdenes 
de la empresa Lloret y Pastor, para sustituir a 
Campos, gratuitamente, como director, mientras 
durase su enfermedad; ofrecimiento que fué 
aceptado, i-eanudándose la representación tan 
pronto como los laédicos anunciaron que el acci- 
dente carecía de imi)ortancia. Por cierto (pie 
al s(M* conducido Campos en un sillón, que car- 

138 



BIOGRAFÍAS. — JUAN MORELL CAMPOS. 



gabán sus amigos desde el escenario al coche 
que debía llevarle a su hogar, cuando al bajar 
hacia la platea vio a Varona dirigiendo la or- 
questa, exclamó: ¡Qué ironía!... (1) 

La noticia del accidente circulando con rapi- 
dez por toda la Isla, puso de relieve las grandes 
simi^atías de que gozaba, siendo innumerables 
los telegramas que recibiera. 

Como los médicos, al notar una acentuada 
mejoría, indicasen la necesidad de un viaje con 
el cual i^odría recuperar por completo la salud, 
las Damas Ponceñas, que para ejercitar el bien 
siempre están solícitas, iniciaron segiiidamente 
una suscripción para los gastos de aquél, que 
fué acogida con interesante afecto, nutriendo 
su total, remesas expontáneas hechas de muchos 
pueblos, por amigos, compañeros y admira- 
dores. 

Más, cuando se preparaba para tomar el va- 
por que había de conducirlo a Europa, recrude- 
ciéndose de improviso los ataques, en la tarde 
del 12 de Mayo de aquel mismo año^ el espíritu 
de Juan Morell Campos, desligándose de la en- 
A^oltura carnal, se elevó para siempre, radiante 
de gloria, hacia las altas regiones de la eterna 
armonía. 

Aunque los médicos trataron de embalsamar 
el cadáver para ponerlo en capilla ardiente por 
dos o tres días y poder preparar un gran home- 
naje fúnebre, por falta de algo necesario no pu- 
do efectuarse, teniendo que procederse, apresu- 
radamente, al entierro, que a pesar de eso resul- 
tó grandioso. Los señores Mateo Furnier, Félix 
Matos Bernier, Eduardo Neuman y Licenciado 
Casalduc, hicieron en las oraciones fúnebres que 
pronunciaron la apología de sus méritos y la or- 



(1) Campos y Varona estaban distanciados. — F. C. 

139 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



qiiesta Lira P oncena, por él creada, recibiendo 
en la puerta del Camposanto, los tristes desj^o- 
jos del maestro los acompañó, liasta el niclio en 
donde reposan, con las melancólicas notas de 
una alegoría fúnebre que él compusiera a la 
memoria del malogrado patriota Manuel Cor- 
cliado y Juarbe. 

¡Tú artista genial, que tantas ensoñaciones 
produjiste con las melodías de tus danzas, en las 
almas portorriqueñas, goza, goza de las eter- 
nas realidades, en el cielo de la gloria, supremo 
ideal del arte, aún en sus manifestaciones, al 
parecer, más pobres ! 



140 



biografías. GONZALO NUNEZ. 



CAPÍTULO XII. 
N ÚÑ E Z . GONZALO. 

PIANISTA - COMPOSITOR. 

Escribir, historiar, pretender la descripción 
biográfica de personalidades meritísimas cnya 
intensa labor se ha realizado más en el extran- 
jero que en suelo natal, con parquedad de datos 
Y facultades de expresión limitadas, solamente 
puede concebirse que se liaga, o constreñido por 
el deber o como resultante de una acción mono- 
maniaca. 

Tal nuestro caso al presente, cuando mayores 
eran los deseos de presentar el retrato artístico 
de Núñez dentro del marco de pulido oro que él 
se merece. 

Gonzalo Núñez está Justamente reputado co- 
mo el primer pianista i3ortorriqueño, de los últi- 
mos treinta años. 

La legitimidad de su fama está refrendada 
por la crítica docente de Europa y América ; sus 
composiciones han sido editadas y aj^laudidas 
en el extranjero, antes que en Puerto Kico; su 
prontuario de armonía está catalogado entre 
las obras docentes de las bibliotecas musicales; 
su labor profesional le absorbía todo el tiempo 
cuando eierció de maestro en New York, Haba- 
na y Méjico; y, sin embargo, cuando después de 
largos años de ausencia regresó a la isla, prime- 
ramente en escursión artística y después con 
ánimos de fijar aquí su residencia definitiva, en 
las primeras, los resultados económicos fueron 
nulos, y durante los cuatro o cinco años de re- 
sidencia, si aplaudido y considerado, en todo su 

141 • 



MOSICA Y MLSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



í¡:ran valer, por los inteligentes, para el pueblo, 
su disco solar permanecía eclipsado . . . ¡ Cosas 
de Puerto Kico ! . . . 

Su biogi'afía, no tendrá la extensión que, co- 
mo hemos dicho, deseábamos ofrendarle, pero 
en el relato de los hechos más culminantes de su 
A'ida artística, quién profundize lo escrito rendi- 
rá a su nombre el homenaje que actualmente 
merece, y que en las páginas del arte musical 
portorriqueño, cuando verdaderamente se haga, 
resplandecerá glorioso. 

Nacido en Bayamón y sin que podamos preci- 
sar el año, con el maestro Cabrizas, hizo sus es- 
tudios preliminares del piano, tomando también 
algunas lecciones de Tavárez, cuando éste regre- 
só de Francia. 

En 1868 se trasladó a París, en donde, después 
de sufrir los rigurosos exámenes de ingreso, fué 
admitido como alumno titular en el Conserva- 
torio, matriculándose en la clase de piano de Mr. 
Le Couppey y en la de armonía y composición 
del gran maestro Mr. Mathias. 

Siete años estuvo cursando, a conciencia, la 
carrera artística que terminó obteniendo mereci- 
dos premios. 

Regresó a su país y a los pocos meses marchó 
para los Estados Unidos, en donde tuvo tan fa- 
vorable acogida que el tiempo le era corto para 
las muchas lecciones que debía dar, proporcio- 
nándole los estipendios, vida holgada v confor- 
table. 

Dio muchas audiciones en los salones más afa- 
mados de la gran urhe americana y los éxitos se 
contaban por el número de aquellas. 

Después de diez y ocho años de ausencia, vol- 
vió al país y en San Joan, Mayagüez, Ponce, 
Arecibo y alguna otra población, organizó reci- 
tales en los que se dio a conocer, no solamente 

142 



biografías. GONZALO NUNEZ. 



como pianista-concertista sino como compositor 
que cultivaba con esmero el género clásico. En- 
tre los inteligentes, cautivó la atención, un cuar- 
teto, estilo Schumann, que tiene un tema, con 
variaciones, delicioso. 

Al año de excursión volvió a París, de donde 
pasó a Barcelona, siendo recibido en la Ciudad 
Condal con los honores que aquel cultísimo pú- 
blico rinde a los verdaderos artistas. 

Asuntos particulares le hicieron retornar a la 
isla permaneciendo en ella, y dedicándose a la 
enseñanza, por tres o cuatro años. Después se 
marchó fjara New York en donde actualmente 
reside, y cuyo puesto de honor entre el profeso- 
rado no ha perdido. 

En la Habana, Méjico y otras ciudades del 
continente Sud- Americano dio una serie de con- 
• ciertos que le proporcionaron fama y benefi- 
cios. 

Es Gonzalo Xúñez uno de los compatriotas a 
quién apenas hemos tratado, y como pianista, 
solamente le oimos en el concierto que diera en 
Ponce en el año 1893. En el pudimos aquilatar 
su exquisita escuela, su estilo propio y claro de 
interpretación, siempre ajustado al espíritu y 
notación de las obras que ejecuta. 

No tiene, tal vez, los arrebatos i)asionales que 
recordáramos de Tavárez, pero en la ejecución 
de obras de sus aptores favoritos, Chopin y Bee- 
thoven, sobre todo en la Sonata Appasionata y 
en la Rayo de Luna del último, y de las que él 
ha hecho una especie de creación, por la inimi- 
table interpretación que les dá, la conmoción 
que produce en el auditorio es profunda. 

El cuarteto que diera a conocer en el recital 
de Ponce, que pudimos apreciar bien porque in- 
terpretábamos la parte de la viola, está hecho, 
<lentro de las severas reglas del género, con ori- 

143 



MÚSICA y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



giualidad, elegancia, equilibrio y corrección en 
el diálogo, unidad temática, ricamente armoni- 
zada por el uso apropiado de efectos contrapun- 
tales reveladores de un pleno dominio de los se- 
cretos de la composición, los cual aplica con la 
experiencia del arquitecto, que posee por igual 
estética y preceptiva, y no como el mecánico 
que solamente busca la precisión matemática. 

Sus composiciones para piano son todas fili- 
granas inspiradísimas bechas con maestría y 
pleno conocimiento de los efectos que una es- 
merada ejecución tiene siempre que producir en 
cualquier auditorio. 

Por su semblante parece que vive en continua 
abstracción. 

Su carácter es más bien retraído que expansi- 
A^o, j en cuanto a sus cosas de artistas ^ asegií- 
rasenos que tiene rarezas. 

Las principales obras que ba compuesto son: 

Lorclcii, Capricbo, delicadísimo, para piano. 
El Ángelus, Meditación, para piano. Sonata. 
para piano. Allefjro de Concierto, para piano. 
Gavota, para piano. Gran marcha triunfad pa- 
ra orquesta, dedicada a Porfirio Díaz, Pi'esi- 
dente que fué de Méjico. Cuarteto de Cnerda, 
estilo Scbumann. Elena, Vals brillante, para 
piano. Trina, Mazurca para piano. C/?^(i noche 
en Puerto Rico, gran danza criolla, de conciei'to. 
Mariposa, capricbo, para piauo, se lian beclio 
cuatro ediciones. La Borinqueña, capricbo fan- 
tástico, para piano. Dulce Sueño, dedicado a 
Dueño Colón, capricbo, y Danzas Cubanas, co- 
lección, de concierto. Las siete primeras se edi- 
taron en París v Londres v las demás en New 
York. 



144 



lüOURAPIAS. ANA OTERO. 



Í^VPÍTULO XIII. 
O T ERO. A N A . 

PIANISTA. 

El piano filó siempre su amoroso confidente. 
En él vertió su alma de artista, sus alegrías, sus 
])(^sares. Inclinada sobre la armónica denta- 
dura le comunicaba sus más recónditos secre- 
tos. 

Ana Otero colocaba muy alto el ideal del arte, 
y por eso el estudio del piano, en ella, fué a la 
manera de un sacerdocio. 

Su portentosa ejecución hacíanla única en la 
interpretación de las rapsodias de Listz, en 
Puerto Kico, y en el modo de destacar los cantos, 
sobre todo, con la mano izquierda, haciendo en- 
tonces de ella, como decía Beethoven, '"el maes- 
ti-o de Capilla.'" 

Las más áridas y erizadas dificultades del pia- 
no, las vencía Anita sin esfuerzo aparente, con 
esa difícil facilidad que es el gran escollo de los 
ejecutantes. Era sorprendente en la sonoridad, 
en el sonielo (pie sacaba de las notas, en el mane- 
jo de los pedales, y en el ruhato. 

Al hacer, Anita, un i^asaje ruhato expresaba 
abandono, no desorden, y haciendo una verda- 
dera creación de cada una de estas frases, se 
alejaba del amener amiento tan común en nues- 
tros días, y tan artificioso como frivolo. 

En la ejecución de la Polonesa en la bemol, de 
Chopin, no desplegaba esa fuerza de trueno, 
acostumbrada por algunos pianistas. Ella co- 
menzaba el famoso pasaje en octavas, pianísimo, 
y lo llevaba hasta el fin sin una progresión diná- 

145 



MC^íK'A V .Ansíeos rOUTORRIQUEXOS. 



mica (lemasituhi estrepitosa. Evitaba, en ge- 
neral,, todos los contrastes chillones y todos los 
fnegos pirotécnicos. 

Kació la egregia artista en Hnmacao, P. K., 
el 24 de julio de Í861. 

Fué educada o iniciada en el arte de la música 
Y del i)iano, i>oy su respetable padre, Don Ig- 
nacio, antiguo y reputado profesor de música. 

Con una perseverancia digna de encomio, de 
toda clase de alabanza, comenzó Ana sus estu- 
dios, y sintiendo agitarse a su alrededor las 
águilas de la noble ambición artística ya cono- 
cedora, precoz, del instrumento, y, i^ianista en 
capullo, dio princi]3Ío a su peregrinación por la 
Isla, en 1886, pues guiábala el loable propósito 
de allegar recursos i^ara tender el \iielo hacia 
un Conservatorio Europeo en donde perfecionar 
sus estudios. 

Numerosos aiuigos y admiradores, que veían 
en ella, y la predecían, la sucesora de Tavárez, 
único pianista conocido, en aquella época, hijo de 
Puerto Rico, le aconsejaban frecuentemente, que 
procurase los medios de trasladarse a Europa, 
para eiiriqíiecor sus conocimientos musicaler. ba- 
jo la dirección de maestros eminentes. 

Devspués de lucbas incesantes y de vacilacio- 
nes sin ciiento, decidió Ana hacer una touniéc 
])or la isla, atenida a sus propias fuerzas y a la 
hidalguía de sus compatriotas, los cuales no lo 
escatimaron ni aplausos ni apoyo material. 

Terminada la excursión, decidió realizar sus 
no])les ambiciones, y allá por el mes de junio de 
1887, se trasladó a llarceloua, en donde, al lle- 
gar, se encontró con (faé, a la sazón, se i)royec- 
ta];a una fiesta artística a beneficio de la Socie- 
dad de Escritores y Artistas, de aquella ciudad; 
fué invitada a tomar parte en dicho acto, ])or 
su compueblano y amigo, el nuiy ilustre doctor 

I4(*. 



i;iO(JRAFIAS. AXA OTKRO. 



Y excelso poeta, Manuel ]\[artíiiez Koselló, estu- 
diante, entonces, de medicina, que formaba parte 
de la comisión organizadora de diclio festival. 

Ejecutó Ana Otero varias piezas, entre ellas, 
el concierto de KaJhrenner acompañado por nu- 
merosa orquesta, v el Fausto, del planista cata- 
lán Pujols, encontrándose éste en el teatro El 
Dorado; j el renombrado artista manifestó, que 
la interpretación dada a su obra, por la señorita 
Otero, se lialiaba al nivel de la d.e cualquier pia- 
nista de renombre. 

Un mes después, se presentaba Anita, decidi- 
da y animosa, en París, ante el profesor del Con- 
servatorio, Mr. f issot, a ñn de que la ovése tocar 
j le manifestara, francamente, si podía aspirar 
al ingreso como alumna en el Conservatorio, el 
cual le manifestó, que sus dotes artísticas eran 
excelentes, y la ofreció preparar para que en- 
trase en concurso, lo que no podía efectuarse 
basta el próximo noviembre, época en que se 
abrían los cursos de estudios. 

Llegada dicha feclia, Anita se presentó ante 
el jurado, a lucbar entre doscientos veinticuatro 
competidoras ; de éstas, sólo dieciseis fueron ca- 
lificadas aptas para el ingreso, pero como sola- 
mente habían, disponibles, ocho plazas, se proce- 
dió a una elección, resultando Anita, obteniendo, 
también por la suerte, la designación que antes 
alcanzara por sus méritos. 

Desde esa fecha memorable, concurrió Ana, 
tres veces por semana, a la clase del Conservato- 
rio, dirigida por el mencionado Mi\ Fissot, .v a 
la vez asistía a la del reputado maestro Toau- 
dau, el cual le daba lecciones de armonía y com- 
posición. 

El primer año de su ]>ermanencla en París 
fué de luchas y sufrimientos, tanto por el idio- 
ma, como por ios rigores del clima. En cor::^.:Lite 

147 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



tan desigual, venció el genio y la fuerza de vo- 
luntad férrea, inquebrantable, de la notable pia- 
nista. 

Al terminar el primer curso, tanto Mr. Fissot 
como Mr. Toaudau, le expidieron certificaciones 
expresivas y laudatorias de sus adelantos musi- 
cales. 

Con estos triunfos alentadores j aproveclian- 
do las vacaciones escolares, se trasladó, Anita, 
a Barcelona en donde residía su hermana doña 
Carmen O. de Gálvez. 

Celebrábase, en aquella fecha, la exposición 
internacional, en cuyo salón de música y en un 
magnífico piano Erard ejecutaba el gran pianis- 
ta español, Isaac Albeniz, algunas de sus ma- 
gistrales comi)osiciones. Anita se hizo presen- 
tar a él, logrando que le concediera una entre- 
vista en su casa, para ejecutar en su presencia 
algunas de sus obras, como las Sevillanas, Coti- 
llón y Pavana, con el fin de que la juzgara y co- 
rigiera la interpretación que daba a su música. 
A los pocos días tuvo lugar en la residencia del 
gran virtuoso, la sesión musical solicitada, y 
Ana tocó delante del reputado pianista las pie- 
zas mencionadas, sin que aquél tuviera nada que 
objetarla; y, como premio a sus facultades, le 
regaló Alarios ejemplares de sus composiciones, 
con expresiva dedicatoria, en las que felicitaba 
a Puerto Eico, por contar entre sus hijos a una 
artista de tan relevantes méritos. 

Terminadas las vacaciones, preparábase Ani- 
ta para regresar a Puerto Eico, sin realizar sus 
anhelos de terminar los estudios, a causa de ha- 
bérsele agotado los recursos con que contaba 
para su sostenimiento en París. 

A iniciativa de la noble e inteligente dama 
portorriqueña, Ana Roque, secundada eficaz- 
mente por T)on Arturo Aponte, Don Salvador 

148 



biografías. ANA OTERO. 



Fulladosa y otros amigos entusiastas de Anita, 
se fundó, en Humacao, una revista literaria ti- 
tulada Eufcrpc, con cuyo producto })udo, Anita, 
trasladarse nuevamente a París, en octubre de 
1888, para proseguir los estudios. 

Una vez en la capital francesa, se proporcionó 
los medios de hacerse oir del eminente profesor 
Mr. Marmontel, maestro de Mr. Fissot y de casi 
todos los profesores del Conservatorio. 

En presencia de este venerable anciano, gloria 
del arte musical, interpretó, Anita, la tercera 
balada de Cliopín, pieza de concurso en el año 
anterior ; y a petición del maestro, obras de Listz, 
Schumann, Mendelshonn y Beetlioven, el cual, 
interrumpiéndole, la dijo: "Sin adulación algii- 
"na le declaro, que estoy muy satisfecbo de su 
"manera de tocar; tiene usted interpretación 
"propia, cualidad no común en los pianistas mo- 
rdernos; y, tomándola la cabeza entre sus ma- 
''nos, añadió, y es usted una artista completa y 
"le auguro un porvenir brillante." 

Para estar, Ana, aún más segura de sus cono- 
cimientos, preguntó a IMarmontel, si él creía que 
ella pudiera dar un concierto en Madrid, con- 
testándole el maestro, que no tan sólo podía ex- 
hibirse en Esxíaña, si que también en Alemania, 
Inglaterra, y hasta en el mismo París, y que él 
se comprometía a hacerle el programa de su pri- 
mer concierto. 

Y en París, cerebro del Mundo, y en la famo- 
sa sala Plei/cl, por la que han desfilado tantos 
grandes de la música, dio su primer concierto la 
inspirada y eximia artista portorriqueña, al- 
canzando completo éxito, del numeroso público 
que asistió a escucharla. 

En una de las primeras filas de butacas de 
la sala se destacaba la venerable figura de Mr. 
Marmontel, quién, al terminar la primera parte 

149 



MÚSICA Y MÚSICOS l'ORTORRIQUEXOS. 



del concierto, subió a felicitar a Ana, y en pre- 
sencia del público la estrechó entre sus brazos. 

Ana Otero era, por tanto, una artista de fama, 
sólidamente conquistada, y había colocado muy 
alto a su país en suelo extranjero. 

L' echo y Le Fígaro, de París y otros periódi- 
cos proclamaron en sus columnas el triunfo bri- 
llante de la artista borinquefía. 

De regreso de Europa, y después de haber da- 
do algunos conciertos en varias poblaciones de 
la isla, volvió Ana a hacer otra tournée artística 
por la América del Sur, empezando por la ciu- 
dad de Caracas, continuando por Puerto Calx»- 
11o, Valencia Curacao, Cartagena, Costa Rii'íi, 
hasta llegar a New York, donde se hizo oir (m 
una de las grandes salas de conciertos de aque- 
lla gran ciudad. Allí permaneció el tiempo ne- 
cesario i>ara cursar el inglés, que ya conocía gra- 
maticalmente, así como el francés y también el 
italiano, por lo cual, Anita, con su lengua vernal, 
poseía cuatro idiomas. 

Por razones de salud, regresó a Puerto Rico 
y se dedicó entonces, a la enseñanza del piano, 
fundando una Academia, en la cual llegó a reu- 
nir un gran número de alumnas, todas aprove- 
chadas, que hacen hoy gran honor a su ilustre 
profesora. 

Ella fué la continuadora, en la enseñanza d(d 
I)iano, del gran maestro español Fermín Toledo, 
el cual, fné quién elevó ese arte a gran altura en 
Puerto Rico, imprimiendo una nueva escuela, 
casi desconocida en aquel entonces en que el 
ambiente artístico estaba completamente huér- 
fano del buen gusto que debe presidir en el arle: 
amiiando sensiblerías de gustos enfermizas, 
consiguió hacer florecer un buen número de 
alumnas, entre las que pueden mencionarse, 
María Medina de Vasconi, Leonisa Rius, Asun- 



r 

biografías. ANA OTERO. 



cióii P>ol)a(lilla y otras más, que pudieron <íeuu)s- 
trar la impecable escuela de aquel gran maes- 
tro español, amigo cariñoso de los portorrique- 
ños. (1) 

De manera que, al marcharse Toledo para los 
Estados Unidos, fué Anita, la que asumió la 
marcha de la buena y perfecta enseñanza del 
piano, dando los opimos frutos que todos cono- 
cemos. 

Su excesivo trabajo; la constante demanda 
del público, ávido de su enseñanza, minó su sa- 
lud y se tronchó la flor de su vida. 

Aquellos ojos, que se abrían, como dos astros, 
sobre sus aristocráticas mejillas, se cerraron 
para siempre. Aquellos dedos mágicos, que su- 
pieron interpretar las más difíciles creaciones, 
se agitaron en estremecimientos de dolor, til 
vez de protesta, y... ¡el cielo no se c(mi!iovió 
ante aquella inmensa desventura ! 

Murió el día cuatro de abril de 1905, v, ¡ ¡ ni un 
sólo pliegue frunció la azul cortina de los cie- 
los ! ! 

Su muerte fué un doloroso acontecimiento pa- 
ra el arte portorriqueño. Su cadáver fué embal- 
samado y conducido a íTumacao, en cu^^o cemen- 
terio duerme entre flores, junto a la tumba de 
su padre, su primer maestro. 

Dos años después, a iniciativa de algunos ad- 
mirailores de la egregia artista, (1) le dedicó 
el Ateneo una velada, en la cual, las que habían 
sido sus discípulas, interpretaron algunas de 



(1) La señoraPadilla de Sauz, (la Hijtv (IcICarihr) ;í(](|uiriú 
con i'I señor Toledo, los eouocim lentos musicales (lue posee con 
jírau etieiencia. — F. C. 

(1) SeíTÜn nuestras noticias la iniciativa partió de la Hija del 
(Vn-í7n'._ aunque su modestia lo oculte. — F. C. 

i:)i 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



SUS composiciones inspiradísimas, porque Anita 
fué también una exquisita compositora. 

El retrato de Ana Otero debe tigurar, en sitio 
de honor, en nuestro primer centro de cultura. 

Fué un astro maravillos;) que nos deslumbró 
con sus resplandores. 

Y, como hecha ñor, cayó de una estrella, allá 
se volvió esparciendo, a su jíaso, una fulguraute 
estela de luz. 

La Hija del Caribe. 

Arecibo, P. R., octubre de 1915. 



152 



biografías. ANTONIO PAOLI. 



CAPITULO XIY. 
PAOLI. ANTONIO, 

TENOR DRAMÁTICO. 

Este, nuestro gran tenor, que merecidamente 
lia alcanzado fama mundial j cuja gloria artís- 
tica es timbre de lionor para Puerto Eico, nació 
en Ponce, en el año 1873. 

Con su liermana Amalia se trasladó, en 188.5, 
a la Corte de España, en donde, por mediación 
de la Infanta Isabel, gran protectora del arte 
Y de los artistas, que siempre tuvo, y tiene aún 
grandes distinciones para Amalia, (le fué pre- 
sentada por la señora Duquesa Viuda de Bai- 
len) obtuvo de la munificencia Eeal, una ])laza 
de })ensionado en el Eeal JVIonasterio del Esco- 
rial, similar a la que también le otorgaran a su 
otra liermana, Eosario, ya fallecida, para el 
Eeal Colegio de niñas de Leganés. 

En 1892, terminados los estudios de segunda 
enseñanza que liiciera en el citado Monasterio, 
bajo la dirección de los PP. Agustinos, empezó 
a estudiar la carrera militar, que no ei'a muy d(^ 
su agrado, basta que habiendo recil)ido A^iialia, 
que se encontraba en Milán, año de Í8Í)."'), una 
caria del que había sido su primer maestro d;^ 
canto en Madrid, Napoleón Verger, célebre barí- 
tono, avisándole que la casualidad le hal)ía he- 
cho oir a Antoní ), en el cual encontraba una voz 
muy buena y digna de ser educada en Italia, 
trasladándose aquella a Madrid, obtuvo, como 
siempre, una audiencia de la magnánima in- 
fanta Isabel, quién, después de oir a Pnoli, o])- 
tuvo de nuevo que la Eeina Eegente doña alaría 

153 



MÚSICA Y MÚSICOS TORTORRIQUENOS. 



Cristina, enviase a Antonio pensionado a Italia, 
lo que efectuó después de una corta touniéc, por 
el Norte de Es])aña, en compañía del célebre 
bajo caricato del teatro Real de Madrid, Anto- 
nio ]>aldelli. 

En 1897 empezó sus estudios los que, como clr- 
ifido al fin, terminó en dos años, cabiéndole la 
í»loria de hacer el debut, año de 1899, en el teatro 
(le la Gran Opera de París, con GuiUcnno Tell, 
alcanzando tal éxito, que desde entonces fué ca- 
lificado por la crítica, como tenor de primera 
línea, haciendo de su vida artística un paseo 
triunfal por todos los grandes teatros de Europa 
y América. 

De París marchó a Londres, en 1900, conti*a- 
tado i)ara la temporada del Covent (xarden. 

Las añoranzas del suelo nativo le hicieron 
venir a la Isla, el año 1901, en la que ofrendó 
al Supremo Hacedor, desde los coros de Cate- 
dral y San José, las primicias de las audiciones, 
pues Paoli es un fervoroso católico. Desjmés or- 
ganizó conciertos en Ponce, San Juan, Arecibu 
y otras importantes ciudades, con el único objeto 
de que sus paisanos apreciasen las bellezas de 
su voz, tan aplaudida por los públicos de París 
y Londres. 

Prosiguiendo la excursión por América, visitó 
a (caracas, la Habana y New York, retornando 
a Italia, en 1902, y volviendo el mismo año a los 
Estados Unidos, con el célebre maestro Mas- 
ca gu¡. Entonces cantó, con gran éxito, en Xew 
York, Uoston y Filadelfia, siendo // Puf/Hasi la 
ópera favorita de esa temporada. 

La del 190.'] la hizo en el teatro Fcnicc, de Ve- 
necia, cantando en uniém del afamado barítono 
Tilla Rufo, las ópej-as de Verdi, Trovüdor y (He- 
lio. De Yenecia pasó al teatro Prr<i(>l(i, de Flo- 



biografías. ANTONIO PAOLI. 



rencia, en donde hizo furor con el Otcllo, termi- 
nando el año, en el Reggio teatro de Turín. 

Fué contratado, en 1904, para cantar en Pe- 
trogrado, Varsovia y Moscou, las óperas Sansón 
y Dalila, Otello, Africana y Hugonotes, siendo 
en l^etrogrado, felicitado por el Emx^erador. 

Después de dar en el teatro San Carlos, de 
Ñapóles, a principios de 1905 algunas represen- 
taciones del Otcllo, con éxito delirante, según 
las '^Crónicas de Italia," que para la prensa ma- 
drileña, enviaba la ilustre escritora española 
Cecilia Coronado, fué, por primera vez, contra- 
tado ese mismo año, para el teatro Keal de la 
Corte Española, en el que debutó, con Otcllo , 
cantando después. Trovador, Lohengrin y Afri- 
cana. 

Santiago de Chile fué su campo de acción en 
1906, y al regresar a Milán, fué inmed^iat amenté 
contratado para Odessa y de aquí para Ñapóles. 

Contratado expresamente para inaugurar el 
teatro Colón de buenos Aires, con Otello y San- 
son y Dalila, cautivó permanentemente, al pú- 
blico argentino. 

Roma y Bolonia le retuvieron durante el año 
de 1908. En el PoUteama, de Boloña, cantó con 
Amati, el Trovador proclamándole la prensa bo- 
loñesa, como el primer tenor del mundo. En ese 
mismo año hizo temporada, con su hermana 
Amalia, en Bagna Cavallo, importante pobla- 
ción cercana a Roma, cantando, entre otras ópe- 
ras, Lolicngrin. 

Para los grandes conciertos que anualmente 
se celebran en el teatro Kursall, de la aristocrá- 
tica ciudad veraniega de Ostende, fué contra- 
tado en 1909, siendo nuevamente consagrado te- 
nor mundial por el selecto público que, a precios 
fabulosos, acaparaba las localidades. 

En marzo de 1910 recibió la confirmación de 

155 



MÚSICA Y MÚSICOS TORTORRIQUEÑOS. 



^^primo tenore'% en el gran teatro de la Scala de 
Milán, debutando con Sansón j Dalila. La se- 
vera crítica milanesa sólo tuvo i)ara él frases de 
elogios. 

Alda, Lohengrin y Otello, proporcionaron a 
los concurrentes del teatro Imperial de Buda- 
pest, noclies deliciosas de arte, al oirías interpre- 
tadas ipov/^renfant gaW, como llamaba a Paoli, 
Osear Porrán, al hacer, para // Seccolo de Milán, 
las reseñas de la temporada de 1911 en la capi- 
tal de Hungría. 

En noviembre de ese mismo año, fué nueva- 
mente contratado por la empresa del Eeal de 
Madrid, en cuyo teatro tuvimos la fortuna de 
oirle cantar Hugonotes ^ en la tarde del 8 de di- 
ciembre. 

Paoli, que sin estar orgulloso de sus méritos, 
sabe aquilatarlos i)ara realzar el puesto que, me- 
recidamente ocupa, es bastante refractario a la 
previa reclame^ circunstancia que, en más de 
una ocasión, le ba liecho ser juzgado desfavora- 
blemente. Esto, unido que al escriturarse, impu- 
so bacer el debut con Hugonotes, ópera que, por 
entonces, no agradaba al público madrileño, fué 
causa de juicios contradictorios en las revistas 
teatrales que la prensa Melera. 

Pero estando Paoli convencido de que en el 
Raiil de Hugonotes, a excepción de Tamagno, 
no tenía rival, continuó las representaciones de 
diclia ópera basta obtener del público concurren- 
te a la tercera representación, que conmovido 
por la manera inimitable con que expresó el 
raconto del primer acto, le aclamase delirante- 
mente, haciéndosele visar. 

Paoli es tenor dramático absoluto. Su voz 
clarísima, de timbre cálido, completamente igual 
en volumen y colorido de todos los registros, 
adquiere sorprendente vigor en los agudos, so- 

156 



biografías. ANTONIO PAOLI. 



bre todo al filar las cadencias. Su apuesta y 
arrogante presencia en la escena complementa 
al artista. 

En 1912, con motivo de liaber oido el Kaiseí* 
Guillermo, de Alemania, un record del Otcllo, 
impresionado por Paoli, le llamó por telégrafo 
para que diese ocho audiciones en el teatro Im- 
perial. 

De Alemania pasó, por dos meses, contratado 
a Buenos Aires, y en 1913 fué escriturado i^ara 
Barcelona. 

Cuando en 1914, se disponía a aceptar una 
contrata para Kusia, surgió de improviso la fu- 
nesta y horrible guerra, que actualmente de- 
vasta el suelo europeo, y liubo de quedarse, co- 
mo la mayor parte de los artistas, retirado en 
el hogar, ya que él por su condición de extran- 
jero perteneciente a una nación neutral, España, 
no ha tenido que tomar las armas, como le ha 
ocurrido a otros de su misma talla. 

Afortunadamente, su posición económica, des- 
ahogada, pues los records fonográficos le pro- 
ducen una buena renta, le permite vivir descan- 
sadamente sobre los laureles ganados en su ca- 
rrera triunfal. 



157 



.AlUSICA Y i\Il"8I('OS I'OUTORRItiUENOS. 

CAPÍTULO XV. 
RAMOS. ADOLFO IIERACLTO, 

PIANISTA - COMPOSITOR. 

IJe elevada estatura, delgado, músculos vigo- 
rosos, temperamento más sajón que latino, tez 
bronceada, visión inquieta, cabellos ensortija- 
dos, amplia boca de labios gruesos-carceleros del 
tabaco de perilla que solamente abandonaba 
])ara comer y dormir — h razas muy largos rema- 
tados por manos gigantescas que le ])ermitían 
pulsar, sin esfuerzo, la undécima nota de la gam- 
ma del piano, de porte elegante al presentarse 
(^n sociedad, que contrastaba con su desaliño 
ordinario, tal fué la personalidad física de He- 
i-aclio llamos, a quien conocimos en su Villa 
natal, Arecibo, en 1888. 

La psíquica, intelectualmente, denotaba inte- 
ligencia expontánea que acrecentó c(m la lectura 
analítica de obras literarias, de buena cepa, es- 
pañolas, inglesas y francesas, cuyos idiomas po- 
seía. 

Moi'al mente y en concordancia con su tempe- 
ramento artístico, era amante apasionado de 
lo hallo y de lo bueno, sin que el genio del mal 
c(mturbase su conciencia, ni los embates de las 
pasiones socavasen la pureza de sus ideales. 

Nacido en una época en que las diferentes cla- 
ses sociales tenían linderos bien demarcados, 
sus méritos artísticos le permitieron franquear- 
los todos, aunque con reservaciones. . . que nun- 
ca pretendió traspasar. 

Su ])adi'e -Juan Inés, músico procedente de la 
banda del regimiento de (í ranada, fué su ])re- 

158 



I'.IOCiKAFIAS. ADOLFO HERACLIO RAMOS. 



ceptor elemental de arte lírico, j el maestro ale- 
mán Mello, quién lo iniciara en el estudio de la 
composición y alta escuela de i^iano. 

Las naturales disposiciones, dirigidas por la 
buena escuela, contornearon su modalidad ar- 
tística, que adquirió gran realce, cuando por la 
])erseverancia en el estudio y a los 18 años, orló 
sií frente con laureles adquiridos en público cer- 
tamen. 

Como pianista superaba a Tavárez en meca- 
nismo, el cual, casi sin liipérbole ,tenía simili- 
tudes con el pasmoso de Listz, cuyas obras, así 
como las de Talberg, Proudent y Gottsclialk 
constituían su repertorio del género brillante. 
En el clásico, Bach, Hayden, Sliumann y Cliopin, 
ocupaban el puesto de lionor. Las fugas del 
])rimero y los valses del último, los interpretaba 
con ejecución limpia, precisa y elegante. 

Aquellas manazas, que en los fortüshnos y 
crescendos producían sonoridades cual si pulsa- 
ran simultáneamente varios teclados, en los di- 
mmuendos y pianissinios, herían las teclas, con 
tal delicadeza, que i)ercibíanse los sonidos, como 
el rumor de besos entre brisas y flores. 

Aunque conocía a los clásicos, daba preferen- 
cia a la música brillante, y más especialmente a 
las fantasías y variaciones, para desarrollar 
sus pensamientos musicales. 

(^omo preceptor de piano, era muy cuidadoso 
en todo lo concerniente al mecanismo, pero algo 
descuidado en la interpretación. Además solía 
abstraerse con frecuencia, ora vagando por las 
regiones del ensueño, ora con la lectura de algún 
libro o periódico, haciendo caso omiso de las in- 
correcciones en que incurriera el alumno a quien 
estaba dando lección. 

Compuso unos estudios didácticos para octa- 
ras que fueron premiados en Roma. 

159 



^rrsicA Y MÚSICOS portorriqueños. 



Muchas fueron sus producciones, de las que 
que pocas llegaron a publicarse, y en casi todas, 
la exlmberancia de floración encubría la ende- 
blez del tronco. Sin embargo nos dio a conocer 
algunas, que revelaban ideas temáticas bien pen- 
sadas y mejor desarro-lladas, como la sonata en 
la hcmol, cuyo andante expresivo \ allegro ton 
fuocco finale tenían factura similar, aunque sin 
plagios ni siquiera reminiscencias, a los del 
"'Rayo de Luna'- de Beethoven. Esta sonata nos 
la liizo oir varias veces en el piano de la familia 
Correa de Arecibo, y además, un día, nos dejó 
examinar la partitura original, hecha con lápiz. 
Por cierto, que nos hemos cansado de indagar, 
donde o quien pueda poseerla, sin resultado. De 
encontrarla la editaríamos, pues merece ser co- 
nocida i)or los inteligentes. 

Su i^rimer lauro lo obtuvo en la Feria-Expo- 
sición, que en 1854 se efectuó en San Juan, por 
unas variaciones sobre motivos de la polka fa- 
vorita de la famosa cantante Jenny Lind. En 
la de 1860, le adjudicaron medalla de oro y di- 
ploma por otras variaciones, para piano, sobre 
motivos del Carnaval de Venecia. Y en el cer- 
tamen de Santa Cecilia, efectuado en 1865, con- 
quistó la medalla de oro y diplouia, asignada 
como premio, por su fantasía para piano El Ave 
en el Desierto. Poco después obtenía en liorna, 
mención honorífica de primer grado por los re- 
feridos estudios didácticos. 

Una de sus últimas composiciones, que public(') 
fueron los aires del país, divididos en dos se- 
ries. 

En ellos tuvo la habilidad de transcribir los 
cantos más típicos de nuestros jíbaros, presen- 
tándolos tal como estos lo ejecutan en tiples y 
hordonúas, los que, después, empleó como temas 

160 



I'.KXjKAKIAS. — AUOLFO HERACLIO RAMOS. 



\M\vi\ desarrollar variaciones, en las que, liay 
más de gimnasia mecánica, que de novedades en 
la construcción. 

El lema de danz.i con que empieza la primera 
serie, y que repite al final de la misma, no es ori- 
ginal, sino una adaptación, con aditamentos de 
dóreos, de la bella )-<>/ii(iiiz(i , Di Prorenza i I mar 
if suol . . . que canta el barítcnio en la ópera Tra- 
ri(tf(i. 

líeraclio liamos era muy aficionado a esta 
clase de adai)taciones, tal vez influido i)or el gus- 
to de la época en la que, como lo hemos dicho ya, 
prival)a muclio el género de fantasías y varia- 
ciones sol)re temas de óperas. 

Esto no quiere decir que careciera de origina- 
lidad. i)or el contrario era un melodista inspira- 
dísimo, como lo atestiguan las muchas danzas, 
]M»lkas, valses, lanceros y demás obras del géne- 
ro bailable y algunas características del piano, 
que compuso. 

Tales son a grandes rasgos los méritos artís- 
ticos del i)ianista-com|)ositor arecibeño, que i)o- 
bre y casi oscurecido, después de haber octipado 
puestos prominente entre los artistas de mérito, 
falleció, tal vez de nostalgia, el 22 de abril de 
1891. 

Su memoria debe siempre ser enaltecida, de- 
dicándosele una página en nuestra historia mti- 
sical. 



161 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



CAPÍTULO XVI. 
TAVÁREZ, MANUEL G. 

PIANISTA - COMPOSITOR. 

Al evocar la personalidad artística de Tavá- 
rez para liacer su biografía crítica, temo, no sin 
fundamento, que en vez del alto relieve que me- 
rece, resulte una profanación el diseño que mi 
l)luraa trace. (1) 

Aliéntame, no obstante, la idea de que, la in- 
corrección de líneas, oscuridad del bosquejo, y la 
falta de tono en el conjunto, podrán muy bien 
subsanarse, con solamente traer a la vista o ha- 
cer oír a cualquiera que comprenda el arte, la 
mas sencilla de sus composiciones. 

Antes de ocuparme de estas, trazaré a grandes 
rasgos la historia de su vida. 

Vino a ella en San Juan, el 28 de noviembre 
de 181o. Fueron sus i)adres, Don Manuel Ale- 
jandro, subdito francés, tenedor de libros de la 
farmacia de Mr. ^licai'd y algo inteligente i^n mú- 
sica, y doña Juliana Ropero, portorriqueña. 

Desde niño reveló grandes dis|)osiciones ))ara 
la música, y, especialmente, i)ara el piano, el 
que empezó a estudiar con Don Juan Cabrizas, 
catalán y profesor el más afamado de la épt)ca, 
recibiendo algunas lecciones de armonía, <lel or- 
ganista de catedral Don Domingo Delgado. 

A los 15 años se trasladó a Europa, con re- 
cursos que le proporcionaran algunos de sus ad- 
miradores v la Sociedad Económica de Amigos 



d) Pul)licad;i ri\ la (ilición (li> Junio :t(i. i;t(M. de 7>'í Vorrr.-i- 
pondrndn. San Juan, I'. K. -- V. ('. 

\Cr2 



biografías, MANUEL G. TAVAREZ. 



del País, e instalándose en París, logró ser ad- 
mititlo en el Conservatorio, que por entonces di- 
rigía el Maestro Anber, después de haber hecho 
a satisfacción los exámenes de ingreso. Fueron 
sus profesores : Anber, de armonía y composi- 
ción; y Mr. D'Albert, de piano. 

Encontrando en París el medio ambiente ade- 
cuado para desarrollar sus grandes facultades 
artísticas, al poco tiempo de estudios, se hizo 
notar, entre la balumba de alumnos, que en pos 
de la gloria acuden a aquel gran templo de Eu- 
terpe. Pero la fatalidad o la desgracia, com})a- 
ñeras inseparables de los artistas, le obligó re- 
tornar a su país al año de su partida, por efecto 
de una grave enfermedad que le dejó atrofiados^- 
para siempre el oído y mano izquierda, preci- 
samente, la mano en la que, como pianista, no 
hubiera tenido rival, por la asombrosa destreza 
que, aun medio paralítico, conservó hasta la 
muerte. 

De nuevo entre nosotros y después de una se- 
rie de conciertos que diera por toda la Isla, se 
estableció en San Juan, como profesor, trasla- 
dándose después a Caguas y fijando, definitiva- 
mente, su domicilio en Ponce. 

Creo oportuno referir una anécdota de cuan- 
do ejercía en San Juan la profesión. 

En el colegio que en la calle de la Fortaleza 
tenía establecido, por entonces, el profesor de 
instrucción, ya fallecido, Don Adrián Martínez 
Gandía, daban clases de piano, elemental y su- 
perior, un danés, cuyo nombre no recuerdo y Ta- 
várez. 

La casualidad les reunió de visita una norhe 
en el colegio, y, después de haber lucido aiiibos 
sus habilidades como ejecutantes, recayó la con- 
versación sobre la dificultad en el repentiz ir. 

El danés afirmó: "Siempre que no sean p'í'zas 



MUSICA Y MÚSICOS l'UUTÜRRIQUENOS. 



de (lificutad extrema en su parte mecánica, yo 
las leo a primera vista". Tavárez, por toda con- 
testación, llamó a un sirviente y le mandó a com- 
prar dos cajetillas de cigarrillos de las que en- 
tonces traían imj^resos, al exterior y en notas 
muy pequeñas, trozos de danzones y guarachas 
cubanas, encargándole fuesen de música dis- 
tinta. 

En su i)oder las cajetillas, vació una y, desdo- 
blajido el papel, lo puso en el atril del piano di- 
ciéndole al danés: 'V.^^^ atrevería a repenti- 
zaría.? 

Este, sin vacilación, se sentó frente al piano 
leyóiulola coi-rectamente, si bien, el sabor crio- 
llo de la danza, no resultase del todo. Al ter- 
minar de rei)entizarla, tomando la otra cajeti- 
lla la presentó a Tavarez para que hiciese lo 
propio. 

Tavarez, colocándola en el atril de manera 
que las notas quedasen en sentido inverso, no 
tan solo la repentizó, sino que, al repetirla, le 
improvizó unas A^ariaciones que, aplaudidas 
frenéticamente por los concurrentes hicieron 
exclamar al danés : "Hasta ahí no llego yo." 

En la sociedad ponceña, en aquella época, una 
de las más ñlarmónicas de la Isla y tal vez la 
única en donde los artistas, con más o menos 
apasionamiento, eran considerados y protegi- 
dos, fué acogido Tavarez con simj)atías extraor- 
dinarias, que se trocaron en ciilto fanático a 
medida qque sus producciones y cualidades de 
pianista fueron debidamente apreciadas. 

La típica indolencia del carácter criollo, el 
maléfico influjo de falsos admiradores que 
constantemente le asediaban y su salud, siem- 
l)re resentida desde que sufriera, en París, el 
primer ataque de parálisis, fueron factores im- 
portantísimos en el resultado de sus labores co- 

164 



biografías. — MANUEL G, TAVAREZ. 



1110 maestro, porque, pudiendo liaber heclio mu- 
chos y magníficos pianistas, pocos de sus discí- 
pulos pudieron recoger el fruto de lecciones cu- 
yas intermitencias eran muy frecuentes. 

En la tarde del 1° de julio de 1883, al cumplir- 
se el año de haber obtenido, uno de sus mayores 
triunfos, en la Feria-Exi^osición de Ponce, la 
medalla de oro y diploma de honor, por su gran 
marcha para orquesta titulada "Redenciów' fué 
cortado, por la parca inexorable, el hilo de su 
corta existencia, inies no había cumplido aún 
los 40 años. 

La noticia de su muerte causó profunda cons- 
ternación en Ponce. El pueblo ponceño le tri- 
butó los honores postumos más grandiosos que 
se recuerdan en aquella ciudad. 

Los pianos enmudecieron \)0y algunos días. 
El cadayer fué embalsamado y puesto en capi- 
lla ardiente en los salones del Orfeón Ponceño. 
Los lialcones de las casas por donde pasó el en- 
tierro estaban enlutados, y uno de sus discípu- 
los predilectos, que después ha alcanzado gran 
renombre y que por entonces era un niño, Paco 
Cortés, fué el linico que se atreyió a pulsar el te- 
clado del piano, para despedir los despojos mor- 
tales de su inolyidable preceptor, tocando, des- 
de el balcón del Casino de Ponce durante el paso 
del cortejo fúnebre, las notas patrióticas de la 
marcha ''Redención.'' Examinemos ahora sus 
méritos como pianista. 

Juzgar a un pianista en una sola audición, 
cuando el oyente, ni por su edad ni por su peri- 
cia estaba en condiciones de hacerlo, pudiera 
considerarse insania vi osadía si no fuera por- 

165 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



que la imi^resión producida, fono gr a fiada en el 
cerebro, permitiera traerla nuevamente al oido 
para formular opinión, cuando, por la expe- 
riencia, se creyese autorizado. Ese es mi caso 
actual. 

Ansioso por oir a Tavarez cuyas danzas eran 
para mí la fiel expresión de los ensueños de mi 
juventud, hice, con tal objeto, un viaje a Pon- 
ce, en agosto de 1880. 

Después de varias visitas a su liogar, sin re- 
sultado, pude obtenerlo una nocbe en el café de 
Las Delicias, en el que, cuando estaba de vena, 
hacía las idcm del liúblico. 

Para ello tuve que esperar basta hora muy 
avanzada y someterme antes al cruel martirio 
de hacerle oir un mamarracho, que, con el nom- 
bre de danza, le había dedicado desde San Juan. 
Terminada ésta y como expoliado i)or el buen 
deseo y ferviente adoración que mis j^obres no- 
tas expresaran, mandando cerrar el Café (se- 
rían las dos de la madrugada) en el que imica- 
mente permanecían cuatro personas, sentán- 
dose al piano, dio comienzo a la audición más 
genial que, en sus recuerdos artísticos, conser- 
va mi memoria. 

Casi era imposible seguir las huellas del to- 
rrente de armonías que sus pequeñas manos 
arrancaban al teclado. 

La balada en Sol menor de Chopín, su autor 
favorito, y cuvo estilo, apasionadamente poético 
tom.ara por modelo para sus composiciones; la 
gran marcha de Gottschalck, obra postuma de- 
dicada al emT>erador del Brasil, en cuacos moldes 
vaciara dos años después, su marcha Redención : 
la Rapsodia No. 2 de Listz, cuyas dificultades de 
mecanismo y expresión bordaba con maestría; 
un andante appasionatn y alleifro scherzando d(» 
Mendelsonn, en cuyas obras no sabemos que ad- 

lí)!-) 



niOGRAFIAS. MANUEL G. TAVAREZ. 



mirar más, si la novedad de la frase melódica o 
los arrebatadores efectos de la armonía, que sin 
lleí2:ar a las complicidades e innovaciones de 
Wagiier, nos resulta tan elegante como la de 
Beethoven j menos severa que la de Bacli; un 
dificilísimo estudio de Mosclieles, seguido del 
andante de una sonata de Matías, y del momen- 
to caprichoso de Weber, constitm^eron la prime- 
ra parte no interrumpida, de aquella memorable 
audición. 

Tras una breve pausa, pues la fiebre del arte 
parecía dominarle esa noclie, al intérprete de 
los grandes maestros, sucedió el maestro de la 
danza regional, vaciando en raudales de senti- 
miento las quejas de su alma dolorida y enamo- 
rada, que no otra cosa sintetizan los cantos in- 
mortales de Margarita, Ausencia, Melancolía, y 
Pobre Corazón, a las que no vacilo en calificar de 
romanzas criollas sin palahras. 

Los suaves tintes de la aurora del 29 de agosto 
del 1880 empezaban a iluminar el claro cielo de 
Ponce, cuando abandonando el Café, mé despe- 
día, ¡quién liabía de pensarlo fuera para siem- 
pre! del maestro inolvidable cuyo magnetismo 
personal y artístico era irresistible. 

De aquella memorable noclie, ya lo lie diclio 
antes, dado el místico arrobamiento con que le 
escuchara, solamente pude grabar mis impre- 
siones para lioy, aunque sin autoridad bastante, 
l^oder decir : fué un pianista, cuya destreza téc- 
nica, poético estilo, delicada pulsación y vigoro- 
so colorido de la interpretación, le liicieron acre- 
dor, no ya entre nosotros, sino fuera de la Isla, 
al título de vi rt no se. '^ 

Estudiemos, aliora, el mérito de sus composi- 
ciones. 



167 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



La música, psicológicamente considerada, es 
el arte que más poderosos medios de expresión 
posee para que un artista pueda establecer ver- 
dadera comunidad de ideas y de sentimientos 
cuando traduce, al lenguaje de los sentidos, las 
impresiones de su numen. 

Modelado el corazón de Tavárez en los carac- 
terísticos afectos de la pasión tropical y desa- 
rrollado su genio artístico en el seno de la na- 
ción francesa, conquistadora de los derechos del 
hombre ([ue trazaron a la conciencia religiosa 
de la liumanidad el nuevo cauce por donde lioy 
dirige sus corrientes, el del amor y fraternidad 
universal, no pudo menos que recibir intensa 
sensación de dolor, cuando al regresar encontró 
a la [)obre islilla, cual barquicluielo en los mares 
polares, aprisionada, moral, i^olítica e intelec- 
tualmente, i)or los grandes bloques de hielo del 
coloniaje y de la esclavitud. 

De ahí, el tinte nostálgico, acentuadamente 
uK^lancólico, ya que no doloroso, de los pensa- 
mientos melódicos de sus composiciones, cuando 
con las danzas expresa los ensueños y decepcio- 
nes de amor; con los caprichos característicos, 
la idiosincracia del carácter nativo; y, con las 
piezas de género, los ideales de libertad bajo la 
egida de nuestra antigua metrópoli, admirable- 
mente expuestos en el hermoso conjunto armó- 
nico de su gran marcha Redención. 

Todas sus composiciones, las que en su mayor 
parte catalogamos en la sección correspondiente 
de este libro, están construidas dentro de los 
l)receptos más rigurosos de la composición. En- 
tre otras, la marcha Redención revela la pro- 
fundidad de conocimientos, pues el canon final 
está magistralmente hecho. 

De su Valfi de Concierto para la mano izquier- 
da, decía la Gazetta Musicalc de Fircnze en su 

168 



biografías. MANUEL G. TAVAREZ. 



número del 1" de iioviembie de 1879, "que reve- 
''laba extraordinaria actitud, Tavárez, para e8- 
"cribir obras de piano con gusto, sentimiento y 
"verdadero carácter'', añadiendo que "tan nota- 
"ble vals era una gran composición de concier- 
"to, de muchísimo efecto/' 

Para terminar, va que no tenemos a la Alista 
para juzgarlas todas sus composiciones, diremos 
que brilló a gran altura como compositor de esti- 
lo propio, siendo sus obras las que harán sea 
reverenciado su nombre, en la historia del arte 
portorriqueño. 



169 



MÚSICA r MÚSICOS rORTORRlQUENOS. 



SECCIÓN TERCERA. 
Cantantes. 



CAPITULO XVII. 

1a\ voz, si se modula en sonidos que recorran 
los grados de la escala aimónica, forma el can- 
to, la exposición más natural del sentimiento y 
de la pasión. La palabra canto, aplicada a la 
música, indica, la parte melódica que resulta de 
la duración y sucesión de los sonidos, de la que 
depende en gran parte, la expresión y a la que se 
subordina todo lo demás. 

"El canto i>uede dividirse en natural y artifi- 
''(•ial. Existe el primero, sin conocimiento al- 
'\guno del arte del canto, y es el segundo su per- 
''teccionamiento, merced al ejercicio del arte". 

''l*ertenece al arte del canto, en primer lugar, 
"la buena calidad de la voz, la cual debe ser ágil, 
^^entonada, clara, robusta, flexible, grata, dulce 
''y rica de extensión. Es necesario, además sa- 
*i)er debilitarla o robustecerla a placer; mane- 
'\jar bien los alientos, ligar los sonidos, dismi- 
''nu irlos y destacarlos; pasar con rapidez de la 
"voz de pecho a la de cabeza, y viceversa; pro- 
anunciar bien, articular con perfección y leer 
"(t(m facilidad las notas''. (1) 

El ejercicio respiratorio, que en el tecnicismo 
de la escuela de canto italiana se denomina 
// fi(ít<t, requiere un estudio especialísimo en 
consonancia con las facultades vocales, i)ara 
(pie resulte la emisión correcta y jmra de los so- 

n I ■■\o'A y Ciinto." — Giovaiini Frojo. 

170 



CANTANTES. 



nidos, sin menoscabo de los órganos que los pro- 
dncen. 

De allí, que el estudio del canto sea el más 
difícil y escabroso entre todos los demás del arte 
lírico. 

El preceptor de una voz, ejerce también una 
gran influencia en los resultados, pues si, no es 
un verdadero maestro, en lo absoluto de la ex- 
presión, o si carece de conciencia artística para 
aplicar sus conocimientos, puede, y se registran 
infinidad de casos, liacer malograr voces de con- 
diciones naturales bellísimas, que educadas con- 
venientemente hubieran alcanzado esplén- 
didas finalidades. 

Esa rama de la enseñanza musical lia estado 
en Puerto Rico casi liuérfana de maestros, ra- 
zón por la cual, con abundancia de voces, dentro 
de todas las texituras, liayan sido muy escasos 
los cantantes notables que se ban producido. 

Como profesionales, muy pocos pudiéramos 
citar, pero como han existido, y existen un buen 
número de diletantes, algunos de los que, si se 
liubiesen dedicado a la carrera artística, liubie- 
ran alcanzado puestos de honor, los nominare- 
mos a todos, por si este libro perdurase, que en 
el mañana sirva nuestra ofrenda de recuerdo y 
homenaje a sus méritos. (1) 

Para que los lectores puedan distinguirlos, 
tras de los nombres agregaremos, entre parén- 
tesis, las letras P, o D., que indicarán la clasi- 
ficación. 



(1) Solamonto luencionaromos a los que hemos oído cantar 
o de los que tengamos referencias de gran crédito. — F. C. 



171 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUBNOS. 



APONTE, Araceli.—V.— 

Aunque nacida en Sevilla, España, su padre 
era portorriqueño. 

Hizo los estudios de canto en la escuela na- 
cional de música y declamación, de Madrid, ba- 
jo la dirección del reputado maestro Don José 
Inzenga. 

Su voz, de soprano lírica, cálida y robusta, 
unida al donaire andaluz de que estaba satu- 
rada su elegante figura, la hizo obtener un éxito 
franco al debutar en uno de los teatros de la 
corte española. 

En 1893 vino a Puerto Eico y organizó una 
serie de recitales en los principales teatros de 
la Isla, siendo justamente aplaudida. Dedicó- 
se primeramente a la ópera, que después trocó 
por la zarzuela. Ignoramos si vive. 

BERRIOS GIRÓN A, Pepita.— D.— 

Este lindo capullito, que, en el jardín capita- 
leño, brotara de un rosal cuya raigambre tiene 
filamentos de arte, apenas entreabrió su corola, 
exhaló, tan pródiga y prematuramente los per- 
fumes del cáliz, que, cuando se transforme en 
rosa, del he] eanto, tal vez si le hagan falta para 
la fragancia de los pétalos. 

La voz de Pepita Berríos, pura, cristalina, 
fresca, de gran extensión, aunque de escaso vo- 
lumen, — cualidad que el estudio metódico y 
constante modifica, — si en la niñez, solamente 
hubiera i)racticado ejercicios de solfeo con adi- 
tamentos de piezas adaptadas a sus condiciones, 
y al entrar en la pubertad, los de vocalización, 
impostación y fíato, ])rescindiendo en absoluto 
de interi)retar obras superiores a sus conoci- 
mientos, seguros estamos, que dadas las carec- 

n2 



CANTANTES. 



terísticas de su voz de soprano lírico-spinto, v 
su extraordinaria vis cómica, hubiera llegado 
a ser una cantante de fama en los géneros de 
la opereta v zarzuela. 

No obstante, toda^áa puede aspirar a esa glo- 
ria. Es muy joven y sus facultades, aunque 
tengan, al presente, ligeros defectos, con firme- 
za de voluntad en el estudio, estos se corrigen 
alcanzando la voz modalidades extraordinarias 
y meri tí simas. 

Pepita Berríos, apesar de lo expuesto, expresa 
con refinamientos de artista, por lo cual goza 
de tantas sim^iatías entre el público de San 
Juan. 

BRUNO DE CAÑELLAS, Cecilia.— T>.— 

Calificada dilctfantc, meramente por practi- 
car el canto como expansión del alma, por las 
condiciones de su voz y i)ura escuela de emisión 
que posee, el epíteto que, en verdad y justicia, 
le corresponde no es otro que el de artista. 

Y artista que, en la escena lírica, hubiera al- 
canzado gran renombre, tal vez mundial, por la 
igualdad del color, A^ohimen y elasticidad de su 
definida voz de me.zzo-soprano: equilibrio que es- 
tablece en los diversos matices de la expresión, 
uso apropiado del fiato, claridad de emisión, ele- 
gancia del fraseo, simpática presencia y arro- 
gancia de la declamación. 

Tales características son las resultantes de 
los dos años de estudios hechos en Xew York, 
bajo la competente y severa dirección del maes- 
tro de canto italiano, y tenor que fuera de cartel, 
Sigr. Belari, discípulo de la escuela Lamperti. 

Cecilia Bruno, ha sido y es muy solicitada por 
los centros sociales, de los que es factor por de- 
recho propio, para, con su participación, realzar 

173 



MITSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



el valor artístico de los actos públicos ; y en los 
templos (le Guavama, San Juan 3^ otros ele la 
Isla los acentos de su a^oz lian resonado frecuen- 
temente. También ha sido de las primeras en 
brindar su cooperación, como cantante, para 
ciiíilquier espectáculo de fines caritativos. 

A ella debemos, por la manera, indescriptible, 
con {|ue interpretara una romanza titulada "So- 
ñando,-' la sensación más grande, que como au- 
tor, hemos experimentado. 

Guayama debe siempre sentirse orgullosa de 
contarla entre sus hijas. 

CHEBAS, Eduunlo.—V.— 

Nacido en la Isla, sin que nos haya sido i^osi- 
ble oljtener la fecha y sitio, con su padre, músi- 
co })rocedente del regimiento de Iberia, cursó 
los estndios elementales de la música. 

Su predilección por el canto le hizo abando- 
nar el país, retornando a los pocos años trans- 
formado en tenor de zarzuela, de timbre agrada- 
ble, mediano volumen y regularmente imposta- 
da. Durante permaneció en la isla, cantaba en 
las iglesias, daba clases de música y ejercitaba 
la composición. (1) 

])esignad() como uiaestro director y concerta- 
dor de una compañía de zarzuela, marchó con 
ella para la América-Central. En Costa Rica 
fijó, después de algunos años de excursión artís- 
lica,. deíinitivamente su domicilio, siendo al poco 
tiempo nondn^ado Director de la Escuela Na- 
cional de ]Música, en cuyo puesto continuaba 
hasta el 1012, fecha a que alcanzan las últimas 
noticias. 



(1) Poseemos una salvo a dos voces y orquesta, cu la que se 
puoíleu apreciar sus conocimientos, como compositor.. — V. C. 

174 



CANTANTES. 



Conocía Alarios instrumentos j tenía gran fa- 
cilidad para trasmitir. 

ELIZIER, José.—F.— 

iSTatnral de Loiza, con aoz de tenor no muy 
extensa, i)ero dulce, afínada y robusta, aunque 
algo falta de escuela, fué por más de odio años 
el tenor de la orquesta de la iglesia de San Fran- 
cisco, San Juan. 

En 1880 se retiró a su pueblo natal en donde 
falleció liace pocos años. 

FELWI, Alicia.— V,— 

Nació en Ponce. Sus progenitores — francés 
el padre y la madre nativa — que ocuparon só- 
lida y elevada i30sición social la dieron esmera- 
da educación. 

Apenas púber, se revelaron sus facultades 
artísticas y vocación para el canto. Trasladaba 
a París, en 1910, por motivos de salud, al ser 
oída en una reunión familiar, por el Director 
de la Opera Cómica, Mr. Basser, éste la i)rome- 
tió prepararla en un año para el ingreso en el 
Conservatorio. Y efectivamente, de las 150 da- 
mitas que presentaron solicitudes para los ejer- 
cicios de o])Osición exigidos para poderse matri- 
cular como alumnas, de las (pie tan solo 15 ob- 
tuvieron Iniena calificación, la señorita Felici, 
fué una de las () admitidas i^ara el curso de 1912, 
en el que obtuvo un accésit al practicar los exá- 
menes. 

Haciendo los estudios del segundo año, ganó 
l)or oposición una beca de 500 francos ofrenda- 
da por una artista francesa; y al final del curso 
conquistó un segundo premio. En ese mismo 
curso, — 1913-1914 — , fué admitida a las oposicio- 

175 



MÚSICA Y MÚSICOS l'ORTORRIQUEÑOS. 



nes para el primer premio, originándose, con 
tal motivo, un debate, pues en el Conservatorio 
no deben aspirar a dicho premio otras alumnas 
que las del tercer curso. Ella alcanzó el honor 
de ser admitida y aunque no obtuvo el codiciado 
galardón, le otorgaron un accésit. 

Cuando cursaba el tercero y último de la ca- 
rrera, le sorprendió la terrible guerra europea 
y entonces, imitando el ejemplo de sus compa- 
triotas, pues conserva la nacionalidad de su 
difunto padre, ingresó en la Cruz Roja, en donde 
continúa sirviendo a su patria con abnegación 
que le honra. 

A no ser por esa circunstancia hubiera debu- 
tado en Niza, para donde tenia ofrecida una 
contrata, con la ópera "Manon'' de Massanet. 

•En el teatro de Bastia tomó parte, reciente- 
mente, en un concierto a beneficio de los heridos, 
dedicándole, la prensa de acpiella ciudad, los 
mayores elogios. 

La Legislatura de Puerto Rico la subvencionó 
durante los años fiscales de 1912 al 1914, con 
$500, en cada uno. 

En el verano de 1911, antes de ingresar en el 
Conservatorio, vino a la isla y organizó recitales 
en Ponce y San Juan, siendo aplaudida. 

Bella y elegante, con voz de soprano lírica pas- 
tosa y simpática, está en condiciones de alcan- 
zar grandes triunfos y días de gloria para su 
tierra nativa. 

Fueron sus profesores : Mlle. Grandjean, del 
Conservatorio y Mr. Idsuardou, de la Opera Có- 
mica. 

FURNIS, Sarah.—iy.— 

Asegúrasenos, por personas dignas de res- 
peto y crédito, que esta señorita mayagüezana, 

176 



CANTANTES. 



hija de don Rafael Fiirnis maestro de instruc- 
ción de la escuela correccional, posee una bella 
voz de so])rano, con todas las condiciones para, 
si logra educarlas en una buena escuela, alcan- 
zar puesto preferente entre las cantantes. 

l*or los programas que hemos leído de con- 
ciertos en que ella ha tomado parte, ha aborda- 
do de lleno el repertorio moderno de ópera ita- 
liana. Si lo hace, careciendo de los rudimenta- 
rios conocimientos del arte del canto, le aconse- 
jamos, si es que aspira a cantar i>rofesional- 
mente, no prosiga haciéndolo i)ues corre el riesgo 
de atrofiarse para siempre. He aquí otra seño- 
rita, como la Berríos, víctima de la falta de una 
escuela de canto en el país. 

GIMÉNEZ ¿RICARDO, Imhcl.—jy.— 

De ascendencia y temperamento artístico, Isa- 
bel Giménez, que ejerce en Cáguas, su pueblo na- 
tal, la i)rofesión de maestra de piano, cultiva 
también, por afición, la voz de soprano, de me- 
diano volumen, timbre agradable, correcta afi- 
nación y texitura no muy extensa que posee. 

Con frecuencia toma parte en veladas y con- 
ciertos públicos, sobre todo, para coadyuvar a 
fines de caridad o ameritar los programas de 
recitales preparados por artistas que solicitan 
su valioso concurso. 

Goza de profundas y merecidas simpatías. 

GOICOCHEA, Francisco.— P.— 

Natural de Ponce, de joven se trasladó a Bar- 
celona, España, en donde tomó lecciones de 
canto, las que pusieron su agradable a^oz de te- 
nor en condiciones para dedicarse a la zarzuela. 
Como tenor de cartel figuró en elencos de algu- 

177 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 

lias comi:)añías que trabajaron en Méjico, y tea- 
tro AlMzu de la Habana. 

Visitó después a Puerto Eico dando algunas 
audiciones^ que fueron aplaudidas, retirándose 
al poco tiempo de la escena. 

GÓMEZ DE MARCHAN, Encarnación.— T>. 

Natural de San Juan, e liija del flautista don 
Manuel, con don Eamón Sarriera cursó los estu- 
dios del canto y piano. Su voz de soprano lírico, 
bien timbratla, aunque de mediano volumen, si 
hubiese sido educada con el rigor de la escuela 
europea, liubiera alcanzado altos prestigios en 
el género de la Zarzuela española. Como dilct- 
tante lia sido justamente aplaudida en todos los 
actos públicos a que ba asistido. Su vis cómica 
en el género cbico le ])roporcionó grandes triun- 
fos sobre todo en CJiaicau Margaux, zarzuela en 
un acto que caracterizó a conciencia. Toma con 
frecuencia parte como cantante de solemnida- 
des religiosas y no escatima su concurso artís- 
tico para toda obra benéfica. 

Ejerció durante algunos años la enseñanza del 
Piano en San Juan y Manatí. 

GRIFO MONCERRATE, Luisa. —I).— 

Si preocupaciones paternales, dignas de res- 
peto, no Lnbiesen cohibido la natural vocación 
de esta flor de mujer, llamada Luisa Grifo Mon- 
cerrate, de no malograrse durante el curso de 
los estudios, Puerto Kico tendría en ella, en no 
lejano pbízo, la soprano dramática absoluta, 
(•(miiniñera del gran tenor ponceño Antonio 
Paoli. 

Y no hay hipérbole en la afirmación. 

IjOs que, con alguna })ericia para apreciar 

178 



CaXTANTES. 



cualidades de Aboces, la oigan cantar nos darán 
la razón. 

Cuadratura completa en timbre, extensión, 
volumen y elasticidad ; indicios de expresión ex- 
traordinariamente pasional, y decimos indicios, 
porque cuando la oímos, el sentir de su alma es- 
taba excento de las torturas de la i^asión; sola- 
mente tenía 15 años, y sin embargo el calor con 
que decía las frases, nos hizo presentir bondas 
conmociones estéticas para cuando goces y dolos, 
ilusiones y desencantos, por ley inexorable, des- 
garren el velo que encubre la virginidad de su 
alma. 

Y si a las facultades artísticas se agregan las 
características personales, cuya candorosa her- 
mosura, corrección de líneas, belleza plástica 
y energía del conjunto liace recordar a las mu- 
jeres de la antigua Roma, impresión que nos 
producen la mayor parte de las damas de Guaya- 
ma, en donde naciera Luisa, parécenos que el ca- 
lificativo de soprano dramática absoluta que la 
damos, quedaría justificado cuando, ya artista, 
proyectase desde la escena el sprazzo de su glo- 
ria. 

Actualmente cursa en la Normal de Río I? le- 
dras los estudios del magisterio, cuando en don- 
de debiera estar era en Milán modelando su ])ri- 
vilegiada y bellísima voz. 

MANGUAL CESTERO, Estela.— D.— 

J}ec'á2 niña manifestó grandes facultades pa- 
ra la música y especialmente para el canto. 
Con don Genaro de Aranzainendi hizo estudios 
de piano, y cuando tan sólo contaba diez auos 
empezó a cantar en coros de niños de festivida- 
des religiosas y sociales, cautivando la aten- 

179 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



ción por la dulzura de su voz, entonces sin de- 
ñnir. 

De familia distinguida, nunca pensó en dedi- 
carse al canto como profesión. Pero su afición, 
a medida que las facultades vocales adquirían 
color determinado, se iba haciendo mayor, hasta 
convertirse en necesidad. 

Trasladada con su familia a Mayagüez, los 
centros sociales de la culta ciudad del Oeste le 
asignaron puesto preferente en el cuadro de 
honor de los socios de mérito, pues ya señorita, 
su voz, regularmente educada, tomó las modali- 
dades de soprano ligera. 

El jüguerito, como cariñosamente la designa- 
ban, con los trinos, escalas y stdccaios de su cris- 
talina voz, dando tonos de alegría permanente 
a su dulce hogar causaba también la de los ma- 
yagüezanos. 

Estela, como toda la familia Mangual-Ceste- 
ro, era artista, demostrándolo así cada vez que 
ocupaba los escenarios de los Casinos de Maya- 
güez, ora como cantante, ora como dramática 
o cómica. 

Nadie como ella para la interi3retación de las 
danzas de Campos, a muchas de las que supo 
adaptar letra adecuada. 

Murió, hace pocos años, en Arecibo. 

MATIENZO, Cruz.—D,-~ 

Otra artista segada en fior por suspicacias 
contra la vida artística. 

Voz de contralto con todas sus esenciales. 
Complexión nerviosa delicadísima, inteligencia 
superior, educación esmerada y pasión delirante 
por el arte. Con tales condiciones pulimentadas 
por estudios metódicos, su voz, cuya texitura 
tanto escasea, hubiera resonado vibrante en la 

180 



CANTANTES. 



escena de los grandes teatros proporcionando a 
ella Y a su tierra nativa jiibilo y gloria. 

Cuando canta, y no es pródiga en hacerlo pú- 
blicamente, a los pocos momentos el auditorio, 
hondamente conmovido, la colma de aplausos. 
¡ Tal es la fuerza de su ex^iresión ! 

MONTILLA, Antonia.— D.— 

Por referencias que 03 éramos a nuestro padre, 
confirmadas después por profesionales y perso- 
nas de cultura de la época en que la señorita 
]Montilla cooperaba a las manifestaciones artís- 
ticas de San Juan, poseyó una yoz pastosa, afi- 
nadísima, elástica y dulcemente timbrada de 
soprano lírica, bastante educada, con la que ha- 
cía las delicias de los socios de La Filannónica 
y del público, cuando esta sociedad llevaba su 
cuadro lírico-dramático de aficionados al Tea- 
tro. 

Ella fué la que hizo el papel de Loarina en la 
ópera Guarioncx del maestro Gutiérrez, parti- 
cipando del éxito alcanzado. La señorita An- 
tonia Montilla, perteneciente a una de las más 
distinguidas familias portorriqueñas, fué una 
artista consumada, lo mismo en el canto que en 
la escena. 

En el hogar de la familia Montilla el arte te- 
nía culto especialísimo, no siendo refractarios 
al mismo, los muchos descendientes que de ella 
existen. 

MORENO CALDERÓN, Teresina.—P.— 

Hija de don Antonio Moreno Santí y de doña 
Teresa Calderón, en cuyo hogar distinguido y 
durante algunos años reuníanse todos los miér- 
coles i3or la noche, para hacer música además 

181 



MirSICA y MÚSICOS PORTüRRIQUEXOS, 



de su Jiermaiia Isabel, hoy viuda de Romero, pia- 
nista dilettante de gran ejecución y esmerado 
estilo, los profesores Toledo, Sarriera, Gómez 
Tizol, Dueño Colón, Julián Andino, y algunos 
otros, nació en el año 1880 nuestra biografiada. 

Desde niña empezó estudios de piano con ga- 
rriera y en 1888 se trasladó con sus padres a 
Madrid. El maestro de música del colegio en 
donde estaba internada, recomendó al padre de 
Teresita la dedicase al canto, pues, había podi- 
do apreciar que la voz que entonces poseía al 
evolucionar con la pubertad, se definiría con 
texitura de contralto. 

Al salir del colegio fué puesta bajo la direc- 
ción del maestro Blasco, cuya escuela de canto 
fué reputada como la mejor de Madrid, en aque- 
lla época. 

El cambio de soberanía obligó el retorno de 
sus padres a Puerto Rico y con ellos vino, hecha 
ya una verdadera contralto de timbre diáfano y 
afinado, volumen vigoroso y expresión cálida 
nuestra biografiada Teresina, dejando oír su voz 
en audiciones públicas en las que fué justamen- 
te aplaudida. 

Durante algunos meses se dedicó a enseñar 
el canto, pero suspendió el ejercicio de la profe- 
sión para trasladarse a Baltimore, EE.UU. a 
estudiar inglés y tomar el título de maestra 
graduada de uiúsica. 

De líaltiuiore pasó a Boston, Mass., para am- 
pliar los conocimientos musicales en el Conser- 
vatorio de dicha ciudad, siendo llauíada i)or ca- 
ble en octubre o de 1901, para ocu])ar el puesto 
de maestra de música de his escuelas públicas 
de San Juan. ])or designación (]ue hiciera Mv. 
E. W. Lord, Sub-Comisionado de instrucción. 

Las fatigas de la enseñanza no la hicieron 
abandonar sus prácticas vocales y de tiempo en 

182 



CANTANTES. 



tiempo solazaba el público tomando parte en fes- 
tivales del Ateneo y en otros de fines carita- 
tivos. 

En 1911 solicitó de la Legislatnra Insnlar, 
nna snb vención para trasladarse a Italia, (pie 
concedida por la Cámara, no pasó en el Consejo. 
El mismo año partió para España y en Madrid 
se encnentra actnalmente ejerciendo el profe- 
sorado, siendo actnalmente snstitnta del maes- 
tro de canto del Conservatorio de Madrid, Sr. 
Tabnllo. 

Siendo las voces de contralto las qne menos 
abnndan, es de lamentarse qne Teresina no se 
linbiese dedicado a la escena lírica en la que hu- 
biese podido obtener, fácilmente grandes triun- 
fos. 

NADAL SANTA COLOMA, Juan.—V.— 

Nació en Mayagiiez en cuya ciudad recibió 
esmerada educación elemental. Al morir su pa- 
dre el Ledo, don Kamón, lionra del foro porto- 
rriqueño, su señora madre, aristoci'ática dama 
española, se trasladó con toda la familia a Ma- 
drid, en donde se desarrollaron sus aficiones ])or 
el arte escénico, siendo Juan el más asiduo ex- 
pectador de los teatros de zarzuela. 

Cuando después del cambio de soberanía re- 
gresó a Puerto Rico formó izarte de la (rira Ar- 
tística, compañía lírica de aficionados organi- 
zada por Evaristo Vélez López y Joaquín 
Burset. 

Juan Nadal se destacó del cuadro, poniendo 
de relieve sus facultades artísticas. 

Al poco tiempo marclial)a para la Habana y 
A^enezuela de donde retornó figurando como ba- 
jo de cartel en una compañía de zarzuela del 
género cliico, en el que por su gran vis có- 

183 



MÚSICA Y MLSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



mica, dominio de la escena y su j^rofunda 
A bien timbrada voz, ha adquirido puesto de 
j)rimera ñla. 

íSu nombre artístico es conocido por todos los 
públicos de Méjico y demás repúblicas de Centro 
y Sud América. 

O ]. LE R, Francisco. —A).— 

Aunque la justa fama de que goza Frasquito 
Oller, que es como se le nombra, la ha adquirido 
por sus méritos de jíintor, como durante su ju- 
ventud y aun en plena edad viril, cultivaba la 
música, tomando parte, como barítono, en fes- 
tividades religiosas y actos del cuadro lírico- 
dramático de Lü ¿Sociedad Filarmónica, no debe- 
mos omitir su nombre en esta sección, pues las 
condiciones de su voz y lal)or realizada en la so- 
ciedad citada le hacen acreedor al recuerdo. 

Fué amigo íntimo de Gutiérrez, quien compu- 
so y le dedicó una gran salve obligada a baríto- 
no, que según nuestro padre, Oller interpretaba 
a conciencia. 

El papel de Indio Tahoa — bajo cantante — en 
la ópera (ruarionex, estuvo por él desempeñado 
magistralmente, según nos refiriera el propio 
autor de la ópera, cuando meses, antes de morir, 
en una visita que le hiciéramos, nos contó todos 
los episodios concernientes a la representación 
de la ópera. 

El mismo Oller, cuando fuimos a verle en fe- 
brero de este año, en solicitud de datos históri- 
cos ])ara nuestra conferencia de la Biblioteca, 
nos hizo oir un fragmento de la bella romanza 
que cantaba el barítcmo, Sr. Adzuar, en la citada 
obra. Y aunque su voz ya está casi velada por 
los años, el modo de frasear, nos indicó que Fras- 
(juito Oller, poseía escuela y refinado gusto ar- 

184 



CANTANTES. 



tístico. Y cómo no, si en París era nn asiduo 
concurrente a la Gran Opera. 

Quien, como él, posee la maestría en el arte 
(Te los colores, no podía ser ni insensible ni inep- 
to para el de los sonidos. 

OLLER DE PAÑI AGUA, IsaJ)eL—D.— 

Esta respetable matrona, liermana del pintor 
Oller y tronco de una de las primeras familias 
de San Juan, que lia poco tiemi)o lia rendido 
la jornada de la vida, cuando era señorita y aún 
en los xirimeros años de casada ejercitaba su 
bella voz de soprano ligera. 

Solicitada por Adelina Patti, cuando en los 
principios de su carrera Adsitó la isla, para que 
la secundara en los conciertos, tuvo el honor de 
cantar con la afamada diva, el dúo de tij)les de 
la ópera No)}}iü, y otros de las ói)eras de enton- 
ces, no desmereciendo, ni en calidad ni en for- 
mas de expresión, a la que hasta hoy no ha sido 
su]ierada como soprano ligera. 

Isabelita Oller, cantó la i)arte de Anona en la 
ópera Guarioncj^. Su esposo Don Manuel Pa- 
nlagua era taiuliién dilettante con voz de tenor 
y una gran cultura artística. 

PACHECO, María del CoraL—I).— 

Dilettante ayer, estudiante en Milán hoy, y 
dentro de poco tiempo, tal A^ez i)rofesional, en 
todos y cada uno de esos aspectos, las líneas 
que forman el contorno de su ])ersoiialidad sun 
claras, fijas y vigorosamente artísticas. 

Alta, bella y elegante; nerviosa, soñadora, 
apasionadamente enamorada del hrl ranfo : mo- 
desta, laboriosa y culta; voz de soprano ligera, 
extensa, pastosa, cálida, clara, ágil y fresca, que 

185 



Mi:.SICA Y MLSICOS rORTORUUHl'-NU.S. 



recibió educación primaria en Puerto Rico, se- 
cundaria en New York bajo la competente direc- 
ción de un maestro de canto italiano, y aliora 
cursa la superior en la Gran Universidad Musi- 
cal de Italia, en Milán; está en i)osesión para, 
salvo lo im])revisto, llegar, con voluntad firme 
V decidida, liasta la cima de la gloria. 

Y no decimos más, porque próxima, a debutar 
el juicio definitivo no nos pertenece y sería osa- 
da ])i-etensión anticiparlo. 

PAOLI, Amalia.— 1\— 

Ja[ gentil poncella, cuyo nombre lia resonado 
tanto i)or los ámbitos de la isla cuando la reco- 
rriera en peregrinación artística con el fin de 
trasladarse a Europa para proseguir los estu- 
dios del canto, recibió del maestro catalán don 
José Forns, sólidos conocimientos del piano; y 
de Lizzie Graliam, como cariñosamente llaman 
en Ponce íi una de las más nobles y cultas damas 
de aquella sociedad, las primeras lecciones de 
vocalización e impostación, conocimientos que 
dicha señora posee a la perfección por haberlos 
ad(]|uiridos en la escuela Lamperti, de Florencia, 
Italia. 

Trasladada a Madrid, España, por influencias 
de su buen amigo don Julio Vizcarrondo, jiorto- 
rricpuMlo ilustre cpie en la corte española fué jus- 
tamente apreciado por sus grandes méritos, la 
Infanta doña Isabel, cuya nobleza de alma su- 
])era a la de su regia estirpe, le concedió una 
audiencia, cuyos resultados han sido de altas 
distinciones para Amalia y sus hermanos. 

Curs(') en la Villa y Corte, estudios superiores 
de canto bajo la dirección del afanmdo barítono 
de (')pera s(Mlor Yergéz, teniendo la fortuna de 
(h^bular eu el Teatro Real con la ó[)era Aida al- 

18() 



CANTANTES. 



canzaiiclo un éxito franco, según las revistas 
(le toda la prensa madrileña de aquella época. 

Después de algunas representaciones más y 
de hacer tem^^oradas en otros teatros, marchó 
a Italia, para perfeccionar su, ya entonces, mag- 
nífica escuela; pero casi apenas llegada a Milán, 
hubo de regresar a Madrid llamada por Vergéz, 
con motivo de haber este maestro descubierto 
un tesoro de voz en su hermano Antonio. 

Amalia, que bien puede decirse ha sido la ma- 
dre artística del gran tenor Paoli, después de 
obtener la protección Real para que éste mar- 
chase a Milán, se trasladó con él a dicha ciudad 
italiana, dedicándose a vigilar los estudios de 
aquel y a la vez a perfeccionar los propios. 

Después del triunfo de su hermano, ella entró 
de lleno en la carrera del canto, siendo siempre 
muy aplaiulida en todos los teatros en donde lu- 
cía las habilidades de su garganta. 

Pasado algún tiempo vino a Puerto Rico y 
en los conciertos que diera por casi toda la isla, 
sus paisanos pudieron apreciar los grandes ade- 
lantos que había hecho así como la delicadeza 
de su escuela, que le ha permitido ser una can- 
tante, sino de la talla de Antonio, con la sufi- 
ciente para dejarse oír de cualquier público y ser 
siempre aplaudida. 

Actualmente se encuentra en Milán, centro 
de contratación para los artistas, y frecuente- 
mente sale a hacer temporadas por teatros de 
Italia. 

Su hermosa voz de mezzo-soprano es siempre 
fresca y pura. ^ 



PAOLI, Antonio.— V.~ 

Aféase la sección Biografías, de este libro; pá- 
gina 122, capítulo XIY. 

187 . 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



PEÑA MONTILLA, Angeles.— F.— 

Los pocos ciatos que liemos podido adquirir 
de esta portorriqueña, nacida en San Juan, nos 
permiten asegurar que debutó en Madrid, en 
donde hizo los estudios del canto, bajo la direc- 
ción del maestro Blasco, y que su voz de soprano 
lírica, de bastantes buenas condiciones, cautivó 
por algún tiempo a los i^úblicos de Sevilla, Gra- 
nada, Yalencia y Madrid en donde Melera mag- 
níficas temporadas. 

Pasado algún tiempo se dedicó a la zarzuela, 
y contratada como primera tiple de una gran 
compañía organizada para la América del Sur, 
en la Argentina falleció, en 1902 y cuando ya se 
liabía captado las simpatías de aquel inteligente 
público. 

SPENCER DE GRAHAM, Lizzie. (IsaheQ—D. 

Esta distinguida soprano absoluta y cultísima 
dama, aunque de padres ingleses, nació en Pon- 
ce en donde es la reina de uno de los bogares 
más estimados en todo Puerto Rico. 

Muy niña, sus padres la llevaron a educar a 
Inglaterra, pasando después a Francia, Alema- 
nia e Italia, en donde x^ermaneció el tiempo su- 
ficiente para aprender a conciencia, no tan sólo 
los idiomas, si que también la literatura de 
dichos países, tomando además, en Florencia, 
Italia, cursos especiales de canto con el profe- 
sor Adolfo Bach de la escuela Lamperti, la más 
correcta y afamada de entonces, hasta, j)or sus 
felices disposiciones, transformarse en excelente 
artista. 

Lizzie Graham era una verdadera joya del 
arte lírico, y el teatro perdió en ella una estrella 
que hubiera iluminado, toda una época, con ful- 

188 



CANTANTES. 



ocres de primera magnitud. Su buena posición 
social fué la remora i)ara que no siguiera esa 
carrera en la que descuellan los privilegiados 
por la Naturaleza. 

Cantaba nniclio y canta siempre, en el templo 
Y en los centros sociales, sin otros fines, que el 
de dar realce a las festividades o cooperar a los 
nobles fines de la caridad. 

Tomó i)arte activsima en la Feria de Ponce 
de 1882 y desde esa fecha basta hoy no cesa de 
prestar su valioso concurso, sobre todo al Tem- 
plo Católico, consagrándole las i^rimicias de sus 
tesoros artísticos. La mayor parte de las ple- 
garias religiosas de Campos fueron compuestas 
expresamente para ella. 

Su morada ha sido siempre un centro del di- 
vino arte, atrayente por el tono cultural de Liz- 
zie cuya nota predominante es la modestia. La 
buena sociedad ponceña se congregaba en sus 
salones en los que no faltaban, atraídos por el 
¿»o/^ satélites tan brillantes como el inolvidable 
Dr. Martín Corchado y Juarbe, la señora Ama- 
lia Arce de Otero, Gil de Taboada, dilettantes 
que poseían, en calidad y escuela, voces bellísi- 
mas de tenor, soprano y barítono, respectiva- 
mente. También fueron asiduos contertulios los 
maestros Tavárez j Forns. De esos inolvida- 
bles reuniones o noches de arte, en que reinaba 
la mayor armonía moral por efecto de la exqui- 
sita cultura de los concurrentes, surgieron infi- 
nidad de iniciativas para conciertos y veladas 
benéficas o en honor de distinguidas mentalida- 
des delpaís. 

Esas reuniones filarmónicas tomaron aspecto 
de Academia de canto, en la cual, Amalia Paoli, 
Tomasita Otero, Aiiatilde Candamo, y otras da- 
mitas poncellas dieron los primeros pasos por 
la senda del arte con notable aprovechamiento. 

189 



MÚSICA y MÚSICOS rORTORRIQUENOS, 



Lizzie, hubiera podido alcanzar fácilmente, en 
la escena lírica mundial, tanta fama como la 
l*atti ; pero se lia conformado con obtenerla 
en Puerto Rico, conquistando además otra no 
menos liermosa y tal A^ez más eterna, cual es la 
de ser Ángel de la Caridad. 

Ella fué la fundadora de la Bencrolent Hocic- 
ty, institución valiosísima de fines caritativos 
(pie liace honor a Ponce. Es actualmente la Pre- 
sidenta del Club de Señoras, que cooperó a fun- 
dar, y en el que se celebran frecuentemente, ac- 
tos sociales en que el arte musical dá la nota más 
alta. 

Las lanerías de su casa siempre están abiertas 
para los que reclaman pan y vestidos. 

;;Es el ángel de la pobreza y todo Ponce la 
bendice ! ! 

TOURÜELLA ])E ARTEAGA, NícoIasa.—P.— 

Nació en Ponce demostrando desde niña gran 
anK>r i)or el canto y notables aptitudes para la 
música. 

A los 7 años dio principio a los estudios del 
piano bajo la' dirección de su señora madre, que 
fué una ])ianista dilettante muy notable. Más 
tarde con Lizzie Graham tomó lecciones de can- 
to, quedando a los 15 años, bajo la esclusiva di- 
rección, en aud)os estudios, del que después ha 
sido su esposo, el connotado maestro Julio C. 
Arteaga. 

En 1895, ya casada, del)utó como concertista 
en el l^alón López de la ILibana. 

En I*once, al regresar de C'uba cuando estalló 
la última guerra separatista, y después en New 
York ejerció el ])rofesorado 

lía tímiado parle iutegrante en conciertos y 

190 



CANTANTES. 



veladas i^úblicas v cuando se efectuaban los 
Lunes del Ateneo, su cooperación era eficaz. 

De 1908 a 1910 fué la profesora de piano y 
canto del Colegio del Sagrado Corazón, de San- 
turce, r. E. Y en los coros de las Iglesias de 
Santa Ana v San Mateo siempre lia prestado 
ayuda desinteresada. 

Actualmente tiene a su cargo las clases de sol- 
feo, canto Y piano elemental en la Aeademia Ar- 
teaga de Santurce. 

VÉLEZ LÓPEZ, Erarisfo.—T>.~ 

Fué el organizador de la Gira Artística, cua- 
dro lírico-dramático que por algún tiempo pro- 
l)orcionó noches deliciosas al público de San 
Juan. 

Vélez López es un bohemio que ha derrochado 
sus facultades artísticas sin beneficio alguno. 
Nació en Lares. 

\^oz de bajo, con mejores condiciones que las 
de Juan Xadal y en cuanto a las facultades es- 
cénicas, no tiene por que envidiar las de los afa- 
mados actores del género chico en la zarzuela 
española. 

VERAR DE REAL, Cruz.— Y*.— 

Natural de San Juan e hija del veterano mú- 
sico don Francisco, es poseedora de una de las 
cuadraturas musicales mejor delineadas que en 
el país se han producido, 

Sti señor padre le enseñó los rudimentos de la 
música y Eamón Sarriera y Anita Otero, fueron 
sus i)receptores de piano. En Washington tomó 
lecciones de canto, y aunque posee una bien tim- 
l)rada voz de mezzo-soprano, no se dedicó al can- 
to, como profesión, sino que x^refirió ejercer la 

191 



MÚSICA Y MÚSICOS I'ORTORRIQUEXOS, 



dirección orquestal, haciéndolo con tal maes- 
tría, que desde que realizó su matrimonio con el 
aplaudido barítono de zarzuela señor Eeal, ha 
sido, Y es, la maestra concertadora de tgdas las 
compañías en que su esposo figura contríit^^o o 
como emiu'esario. 

Un periódico de Cienfuegos, Cuba, dijo de 
ella: "Ya quisieran muchos simples 'manejado- 
"res de batutas' poseer las facultades de Cruz 
"Verar. Tiene una fácil manera de dirigir las 
"obras y un sentimiento verdadero para hacer 
"que la orquesta dé a las partituras interpreta- 
"ción adecuada." 

En la actualidad se encuentra de directora 
en una gran compañía de zarzuela orgr^n izada 
en Cádiz, para el Teatro Nacional. 



192 



CERTÁMENES. 



SECCIÓN CUARTA. 



Certámenes. 



CAríTULO xyuí. 

Los certámenes imisicales, esiis justas en que 
combaten la inspiración, el buen gusto y la j^re- 
ceptiva, contribuyen poderosamente al desarro- 
llo del arte, no solamente por el estímulo que es- 
talílecen entre los compositores sino porque fo- 
mentan las a liciones (leí público y las dirigen 
l)(»r buenas sendas, si la selección de los temas 
ha sido hecho con maestría. 

El objí^tivo de los certámenes no es tan sólo el 
de adjudicar i)remios a las mejores obras, que 
dentro de los términos de las convocatorias se 
l)resentan a los concursos, sino (pie tienden más 
l)rincipalmente a mejorar las formas generales 
de la lU'oducción musical. 

IJe aquí, el (pie los compositores no deben cir- 
cunscribirse a vaciar sus inspiraciones, a veces 
apresuradamente, sin orientación fija o desco- 
nocimiento de la génesis de los temas, dentro del 
molde trivial de los géneros escogidos para el 
torneo, sino que deben consultar los mejores mo- 
delos, Y después de estar familiarizados con la 
estructura general, con pensamiento temático 
bien definido y meditado, desarrollarlo con la 
mayor perfección, dentro de los conocimientos 
que posean, tratando de presentar un estilo, pro- 
pio, original y a ser posible con novedades de gi- 
ros e instrumentación, sin olvidarse de que di- 
chas obras, sobre todo las premiadas, perduran, 
pues se publican o archivan y en todo tiempo 

193 



MÚSICA Y MÚSICOS I'ORTORRIQUENÜS. 

se podrá apreciar la justicia, error o apasiona- 
meinto de los laudos. 

Hasta lioy, los certámenes musicales que se 
han celebrado en Puerto Rico, como se liace en 
casi todas partes, no han tenido otras finalida- 
des que las de fomentar la producción, olvidán- 
dose, casi en absoluto de mejorar, con el estímu- 
lo, las condiciones de los intérpretes. 

Por lo mismo que carecemos de centros docen- 
tes de carácter oficial, estando la enseñanza lo- 
calizada a los esfuerzos y mayor o menor interés 
de los profesores particulares, i)ues con rareza 
funcionan academias en que se de enseñanza 
metódica, si anualmente se hicieran concursos 
en que maestros y educandos manifestaran sus 
métodos y adelantos, el arte adquiriría un po- 
deroso desarrollo pues se daría interpretación 
adecuada a obras, propias y extrañas, que en 
tanto por ciento muy alzado, lo que se hace es 
guillotinarlas, si se nos permite la expresión. 

Convóquense certámenes en que se concedan 
premios en metálico y diplomas de honor a los 
2)rofesores que presenten mejores planes de en- 
señanza, y cuyos resultados puedan ai^reciarse 
mediante la presentación de una alumna por ca- 
da grado de la enseñanza del plan; concédanse 
X^remios idénticos para las alumnas que en esas 
justas deuuiestren prácticamente la mejor es- 
cuela y los uuiyores progresos; hágase lo jn-opio 
con los grupos orquestales o instrumentales, 
otorgando honores al mejor director, al conjun- 
to más eficiente en organización y ejecución, y 
hasta a los mejores solistas y en pocos años el 
l)rogreso general será n()tal)]e y el gusto ])ábl¡co 
se habrá refinado, sin que por esto se abandone 
el fomento de la composición. 

Los certámenes se empezaron a efectuar en 

194 



CERTÁMENES. 



el país el año 1854, con la primera Feria cele- 
brada en San Jnan. 

De entonces a acá se lian generalizado hasta 
casi celebrarse annalmente. El Ateneo es el 
centro cnltnral qne se lleva la palma por la fre- 
cnencia con que los convoca. 

Aunque no con los detalles que deseáramos, 
pues no hemos sido afortunados en la búsqueda 
de actas o referencias dignas de crédito, reseña- 
remos todos los que se han realizado, por orden 
correlativo de fechas. 

1854 y ISGO.— Ferias de San Juan, P. R. 

Los datos oficiales relativos a las primeras 
ferias-exposiciones, que gobernando el General 
español don Fernando de Norzagaray, se efec- 
tuaron en la Isla, nos ha sido imposible obte- 
nerlas, así es, que ateniéndonos a lo que nos 
manifestara el I)r. Coll y Tosté, actual histo- 
riador de Puerto Rico, diremos que se adjudica- 
ron premios de música obteniendo el compositor 
y pianista arecibeño Adolfo Heraclio Ramos, 
medalla de plata, en la de 1854 por unas Varia- 
ciones para Piano; j medalla de oro, en la del 
1860, por otras Variaciones para Piano, sobre el 
Carnaval de Venecia. 

1865. — Coi amen de Santa Cecilia. San Juan. 

En realidad éste fué el primer certamen mu- 
sical celebrado en el país, por la exclusividad 
de la convocatoria y variedad de los temas. 

Fué el acto, broche de oro con que se cerrara 
el hermoso festival, organizado en honor de la 
patrona del arte y en el que se patentizi) el pro- 
greso musical del jjaís, en aquella época. 

La convocatoria se hizo para adjudicar ineda- 

195 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



lias de oro y diplomas de lionor a las mejores 
composiciones siguientes : 

1. — Gran misa para tres voces, coros y gran 
orquesta. 

2. — Obra de concierto para Piano solo, sin gé- 
nero determinado. 

3. — Fantasía para uno o yarios instrumentos, 
con acom])añamiento de i)iano u orquesta. 

El jurado quedaba autorizado para otorgar 
los accésits o menciones honoríflcas que juzgara 
l)ertinentes. 

Las obras premiadas fueron: 

1. — La Gran Misa de Santa Cecilia del Maes- 
tro Gutiérrez. Con medalla de oro y diploma, 
correspondiente al premio de música religiosa. 

2. — Gozos a l^an Vicente de Paul, por don San- 
dalio Callejo. Se le adjudicó el accésit, consis- 
tente en dijíloma de honor y un tomo de obras 
de Beethoyen, lujosamente encuadernado. 

3. — Ai^e en el Desierto. Fantasía para i^iano 
\mr Adolfo Heraclio Ramos; medalla de oro y 
diploma, premio de el tema de concierto. 

4. — Vals de concierto para piano, por la Sra. 
Elisa Bascini de Hecht, mención honorífica. 

5. — Variaciones de Cornetín para orquesta, 
l)or don José Valero, Músico Mayor del Batallém 
Cazadores de IMadrid, accésit consistente en 
mención honorífica y un tomo de todos los him- 
nos nacionales del mundo, para piano, corres- 
pondiendo el }n'emio al tercer tema de la con- 
yocatoria. Ignoramos quien obtuviera la meda- 
lla de oro, o si no fué adjudicada. 

El jurado lo constituyeron los profesores don 
Aurelio Dueño, en substitución del señor Ledes- 
ma que a última hora renunció el puesto, don 
Rosario Aruti y don Santiago Arcas, miisicos 
mayores, los dos últimos, de las bandas de los 

196 



CERTAISIENES. 



batallones de Artillería y Cádiz, respectiva- 
mente. 

1877. — J^riiiic)- Coi amen del Ateneo. Ban Juan. 

Único tema: Sinfonía para orquesta. 

rremio : 5 onzas de oro españolas y diploma 
de honor. 

Se presentaron 9 composiciones, resultando 
l)reniiada la titulada : La Amistad. 

Autor : Braulio Dueño Colón. 

Jurado: don Felipe Gutiérrez, Don Eosario 
Aruti y don Mateo Tizol. 

La obra premiada se publicó para Piano, 
transcrita por el autor. 

1879. — Certamen del Ateneo. San Juan. 

Tema: Sinfonía para orquesta. 

Premio: objeto de arte y diploma. 

Número de obras que concurrieron : 4. 

01)tuYo el premio la titulada: Sinfonía Dra- 
mátiea. 

Autor : Braulio Dueño Colón. 

Jurado : Don Genaro de Aranzamendi, don 
Sandalio Callejo y don Fermín Toledo. 

1882. — Mes de mayo. Certamen del Ateneo. 
San Juan. 

Tema : Are María para 4 voces y orquesta. 

Premios : medalla de oro, diploma y men- 
ciones. 

Obras presentadas : cinco. 

Fueron laureados : Premio. Don José Agulló. 
1er," mención : don Felipe Gutiérrez. 2a. men- 
ción: don Braulio Dueño Colón. 

Jurado : la Sociedad de Escritores y Artistas 

197 



MÚSICA Y MÚSICOS TORTORRIQUEXOS. 

de la corte española, designó a tres maestros de 
Madrid cuyos nombres ignoramos. 

1882. — Mes de julio. Certamen de la Feria de 
Portee. 

El coi támen lírico de la Feria comprendía dos 
sécelo: ;<íír; una para trabajos de composición y 
la otra fué un concurso de orquestas. 

El señor don José Ramón Abad autor de la 
memoria oñcial redactada de orden de la Junta 
Organizadora ,y ])ublicada el año 1885 por la im- 
prenta ''El Comercio" de I*once, en el párrafo 
cuarto de la tercera parte, página 89, dice : ''Los 
"cinco Jurados determinados por el reglamento, 
"tuvieron que dividirse en sub-comisiones ])ara 
"poder practicar su difícil trabajo, de suerte 
"que, en realidad, quedaron constituidos unos 
"veinte Jurados, entre los cuales, el de la sección 
"literaria y el de la lírica, que eran sub-comisio- 
"nes del Jurado de Bellas Artes y Mecánica, 
"obraron muy cuerdamente dando su dictámí^n 
"por separado, con independencia completa de 
"la sección de que nominalmente formaban par- 
"te, pues, mal se avienen los conocimientos es- 
"peciales que se requieren para juzgar las obras 
"de la literatura, la música y la pintura, con los 
"especialísimos también, que son indispensables, 
"para el análisis y estudio de los trabajos de la 
"mecánica". 

En la memoria citada no se dan los nombres 
de las personas que constituyeron las juradlos 
y las subcomisiones. 

La convocatoria ])ara tral>ajos de composici<>n 
abarcaba los siguientes temas : 

L — Obertura de Coneierto, para gran or- 
questa. 

2. — Ohra de Coneierto \n\Y',\ l*iano. 

IOS 



CERTÁMENES. 



3. — Composición, genero libre, para piano y 
canto. 

Premios ofrecidos : 

Para el primer tema : Medalla de oro y de pla- 
ta, con menciones honoríficas de primera y se- 
gnnda clase, por la Jnnta de la Feria. 

Para la Segnnda : Medalla de plata y menci<')n 
honorífica de primera clase, premio de la Junta. 

Para el tercero : Medallas de oro y menciones 
honoríficas de primera clase, ofrecidas por la 
Junta Directiva y el Casino de Ponce. 

Número de composiciones ^presentadas : 26: 

Obras laureadas : 

1. — Obertura La Lira para gran orquesta, por 
Juan Morell Campos. Primer premio del tema. 

2. — Obertura de Concierto, por Casimiro I)u- 
chesne, segundo premio del tema. 

3. — Polonesa de Concierto, para i)iano, por 
Fermín Toledo, premio asignado a este tema. 

4. — AUa Lima, romanza para canto y piano, 
por don José Agulló y Prats, 1er. premio de la 
Junta. 

Además el jurado, de acuerdo con la Junta Di- 
rectiva, adjudicó medalla de oro y mención ho- 
norífica de primera clase, ct)nio premio extraor- 
dinario, fuera de la couA^ocatoria, a la gran mar- 
cha Redención, para gran orquesta, compuesta 
exi^resamente para inaugurar la Feria, por el 
pianista-compositor, don Manuel G. Tavárez; y 
recomendaba se otorgasen premios extraordina- 
rios ])ara una obra de piano titulada Loarina 
(1) ''la que, decía en el laudo, en medio de be- 
rilos pasajes, manifiesta tendencias a elevarse 
"a las Garandes dificultades del arte de la coin- 
"posición; y para la preciosa melodía para can- 



il) Esta comiwsir-ióii ora (h'l iñanisla-compositor aroHbiñi 
Ileraclio Ramos. — F. ('. 

199 



MÚSICA Y MÚSICOS l'OUTOUUIQUEÑOS. 



"to y piano titulada Adiós, ([ue fué presentada 
'*a última hora y, por esta causa no pudo oirse 
"(^n el concierto''. 

Tara el concurso de orcpiestas se exigía la lec- 
tura de dos piezas, una a elección de los Direc- 
tores de las (pie concurriesen y otra, a i)riuiera 
vista, designada por el Jurado, consignándose 
dos pi-einios consistentes en medallas de oro y 
de plata con menciones honor incas de primera 
y segunda, mas medallas de plata con mencio- 
nes de segunda clase y menciones de esta clase 
solamente, para cada músico de los que inte- 
jL»i*asen las orquestas laureadas. 

Se ju-esentaron a concurso la Sociedad de Con- 
ciertos de San Juan que dirigía don Fermín 
Toledo, y la or([uesta del teatro "La Perla" de 
í*once dirigida por Juan ^lorell Campos. 

La pi-imera ejecutó, ccnno pieza de repertorio 
la Overíura Parai/rapli .*>' del maestro Suppé; y 
la de Campos, la marcha Redención de Tavarez. 
Como })ieza de concurso, a primera vista, Ld 
Ovciiura de Concierto premiada en el certamen; 
y dice Abad, casi al ñnal del tercer párrafo de 
la ]>ágina 8'), de la referida memoria : ''en el mis- 
mo orden se dio lectura por las orquestas a la 
'•'Oheriurd de Concierto, cuya pieza fué ejecuta- 
"da a primera vista, sin tropiezo alguno, pero 
"patentizando, de un modo elocuente, las ven- 
*'tajas que sobre su contrincante daba a la So- 
"ciedad de (^(uiclertos, la organización y disci- 
"plina de su numeroso personal". 

Los premios se adjudicaron así: Medalla de 
oro y mención honorífica de i^riniera clase a don 
Fermín Toledo como Director de la oi'(piesta 
^'Sociedad de Conciertos"; Medalla de plata y 
mención honorífica de segunda clase a don Juan 
Moi'ell (/"am])os como Director de la orípu'sta 
del Teatro La Perla: medallas de plata y men- 

200 



CERTÁMENES. 



(•iones de segiiiida clase a cada uno de los pj'oí'e- 
sores de la Sociedad de Conciertos ; y menciones 
honoríñcas de segunda clase para los de la or- 
questa del teatro Lü Perla. ^ 
Además se otorg(3 a Campos una lira de plata 
y una batuta, con cabos y centro de oro, obsequio 
especial ofrecido por las damas que formaban 
l)arte de la sociedad ''Centro de Recreo", y a 
Toledo, un ejemplar de la ópera Xicbelungni del 
maestro Wagiier, obsequio particular del Presi- 
dente del Jurado, don A^irgilio Biaggi. Todos 
los artistas laureados con i:>rimeros premios, fue- 
ron nombrados socios de méritos del Casino de 
Ponce. 

1887. — Certamen del Ateneo. San Juan. 

TmwcwOherturd. para gran orquesta. 

Premio ofrecido : 200 pesos y diploma de 
honor. 

Composiciones presentadas a concurso: tres. 

Obras laureadas : 

1. — Noelie (le Otoño, por Braulio Dueño Co- 
lón, primer premio. 

2. — Obertura, por Felipe Gutiérrez, pi-imer 
mención. 

^>. — Obertura, por Casimiro Ducliesne, segun- 
da mención. 

Jurados: don Manuel Ff-rnandez Cabal lero* 
don Euperto Chapí y don Ignacio Ovejero, maes- 
tros compositores de gran prestigio en Madrid 
y pertenecientes a la Sociedad de Escritores y 
Artistas. 

201 



MIISICA Y MÚSICOS I'OIlTORKIQrKNOS. 

1894. — E,X'posición conniciiioraiiní del 4' Ceñir - 
tenarif) del Dcscuh)iniintí') (Je ¡a Isla. 

San Jvan. 

El único dato que liemos podido ad;]iiirir de 
este Certamen es que fué premiada, con 100 
pesos y di])loma de primera clase, la sinfonía 
para í4ran orquesta del maestro })onceño Juan 
Morell Campos, titulada: Puerto Rico, y ejecu- 
tada ]íar un gran n;i:!co que dirigió el maestro 
Mazzi. dii'ector de la compañía de ópera que ac- 
tuaba en el Munieljxil, con motivo de la exposi- 
ci('>n, y (pie Casimiro Ducliesne también fué lau- 
reado por un grupo de composiciones religiosas 
])ara <')rgano y voces. 

1904. — Certamen del Ateneo. San Juan. 

Tema : Romanza i)ara canto y piano. 

Premio : objeto de arte y diploma de lionor. 

Composiciones presentadas : cinco. 

()1)ras laureadas: Patria, por Manuel Rodrí- 
gu(v. Arreson, maestro compositor portorrique- 
ño de gran cultura, que hace años reside en 
INierto Plata, República Dominicana. 

I*a1ria, de Juan Vínolo, a la que c(mcedieron 
mención lumorífica. 

. I lirado: Anita Otero, Trinidad Padilla de 
Sauz y liraulio Dueño Colón. 

1908. — Certamen de l<( ySocicdad Recreniini " ¡ji- 
hertad Porinqueña, de San Juan. 

Temn : Sinfonío para or(piesta. 

¡):(nza portorriqueña, para orquesta. 
Pi-eíaios: JMedallas (le oro y de plata, respec- 
livnuiente y diplomas. 

Oblas concurrentes: 1 sinfonía v ?> danzas. 

20? 



CERTÁMENES. 



I*r'emios otorgados : Declarado desierto el pre- 
111 io para el primer tema y Medalla de plata pa- 
ra la danza, de nombre Isabel, de la que era au- 
tor el Mautista Eafael Márquez. 

Jurado: Braulio Dueño Colón, Luís K. Mi- 
randa y Fernando Callejo. 

lí)(íí). — Crrfámen del Ateneo. San Juan. 

Como en las actas del Ateneo no se consignan 
ni las convocatorias ni los laudos que rinden los 
jurados de los certámenes que diclio centro cele- 
bra, y no liemos podido encontrar los datos, que 
allí deben estar archivados, del certamen co- 
rrespondiente a este año, lo luiico que podemos 
decir es que se adjudicó Medalla de Oro y Diplo- 
ma de lionor a un Vals de Concierto titulado 
Puerto Rieo, original del x)ianista dilettante don 
Eafael Balseiro Dávila. 

1910. — Mes de febrero. Concurso de la Comi- 
sión del Carnaval. San Juan. 

Este concurso fué un concurso especial con- 
A'ocado por la Comisión organizadora de las 
Fiestas del Carnaval, para escoger la mejor 
Marcha Festiva con que solemnizar la entrada 
de la Reina en el baile de inauguración de las 
fiestas. 

Se presentaron varias composiciones, siendo 
l)remiada la marcha titulada ''El Antifaz Rojo'^' 
de Rafael Balseiro Dávila, consistiendo el pre- 
mio en diploma alegórico de mérito litográfico. 

Desconocemos el nombre de las personas que 
integraron el jurado, como también si se otorgó 
alguna mención. 



203 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



1910. — ]Mes de mavo. Ccriámrn Lírico-Literario 
de Baijauíón. 

Temas musicales : — '\J)anza'\, i^ortorriqíie- 
ña para orquesta yTwo Stcp", también 
para orquesta. 

Premios : — Un objeto de arte, 50 dólares y 
diplomas de lionor, para cada tema, dejan- 
do al jurado en libertad para otorgar men- 
ciones. 

Obras presentadas : — 7 danzas y 8 tAvo- 
steps. 

Fueron laureadas : — la danza ^^La Reina de 
las Flores'- original de Luís E. Miranda, y 
el two-step titulado '^Baijamón\ de Juan 
Ríos Ovalle, otorgándose mención honorí- 
fica a otro de nombre '^ Apolo' \, compuesto 
por la Srta. Monsita Ferrer Otero. 
Jurado : — Braulio Dueño Colón, Gonzalo 
Xuñez y Enrique Simón. 
El Sr. Dueño Colón, compuso expresamente 
, para el acto de la Coronación de la Reina 
de los Juegos Florales la preciosa marcha 
titulada ''La Rosa de Oro'\ de fino corte y 
original instrumentación. 

1910. — Concurso de Bandas Escolares, en la Fe- 
ria Lnsular. San Juan, P. R. 

Sin programa determinado, con jurado uni- 
personal, el Sr. Juan Aliñólo, y como único 
premio un pendón conmemorativo, se efec- 
tuó el concurso al que asistieron las bandas 
escolares de Barros, director Francisco de 
la Gracia; Cabo Rojo, ITeruiinio Brau; Ca- 
yey, Luís R. Vázquez; Comerío; Francisco 
Millián ; Juncos, José Pons Zayas; Mauatí, 

204 



CERTÁMENES. 



- Fermín Ramírez; Mayagiiez, Enrique Si- 
món; y Santa Isabel, Agustín Monsanto. 
VA premio fué adjiulicado a la de Comerlo, 
dirigida por el i>rofesor Millián. 

1911. — Certamen Líi'ieo - Literario del (UisiiKt 
Portorriqueño de Manuti, P. R. 

Tema: — '*J/(/rc//a TriunfaV\ para gran or- 
questa. 

Premio: — Lira de Oro, 25 dólares, diploma 
de honor y título de socio de mérito. 
Composiciones presentadas : 10. 
Obras premiadas: — '"Marclia TrinnfaP' del 
joven compositor José I. Quintón, premio. 
''Weher\ de Luís R. Miranda, primera 
mención; y la segunda mención fué otor- 
gada a otra marcha del Sr. Justo Pastor 
Torres. 

Jurados : — Arístides Chavier, Manuel Mar- 
tínez Plee y José Miguel Morales. 

1912. — Certamen Literario - líusical del Casino 
de Mayaf/üez. 

Tema: — '■'■Sinfonía'^ de tono festivo para 
pequeña orquesta. 

Premio : : — Lira de Oro y diploma de i)rime- 
ra clase. 

Obras presentadas : 4. 

Laudo del jurado, publicado en síntesis : 
'"En vista de que las composiciones recibi- 
*'das para cubrir ese tema, (cuarto de -la 
'^convocatoria ) no tienen mérito alguno, el 
Jurado correspondiente declaró desierto 
"dicho tema". 

205 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



Jurado: — Avístides Cliavier, Enrique Si- 
uión y un tercero que no fué consultado. (1) 
p]l premio ofrecido pasó a la sección litera- 
ria que lo otorgó, como extraordinario, a la 
poesía titulada : Isahcau, del laureado i^oe- 
ta F. i\Iatos Bernier. 

19115. — (Uiiámcn de Ja Lif/n Progresista de 
J*()ner. 

Temas :-6^LA>S^J5; A.— UN PREMIO con- 
sistente en $100.00, INSIGNIA DE ORO Y 
DIPLOMA, se otorgarán al mejor CUAR- 
TETO DE CUERDA que se presente. 
CLASE /;.— UN PREMIO consistente en 
.Íí7r).(m, INSNCxNIA DE ORO Y DIPLO- 
MA, se otorgará a la mejor OBERTURA 
ORQUESTAL. 

CLASE C— UN PREJMIO de $50.00, IN- 
SIGNIA DE ORO Y DII'LOMA, se otor- 
gará al mejor Ser de VARL ACIÓN ES 
(jue se i)resente, sobre un TEMA que será 
suministrado por la comisión del Certamen. 
CLASE i>.— Finalmente, UN PREMIO de 
$40.00, INSKÍNIA DE ORO Y DIPLO- 
MA, también, se otorgará a la mejor com- 
posición para PIANO SOLO pudiendo el 
autor escoger la forma (pie le agrade. 
Obi-as (pie concurrieron: — SEIS CUAR- 
TETOS para cuerda, UNA OVERTURA 
oiípiestal, UN -SET" DE DOCE A'ARÍA- 
(UONES, sobre un tema dado y TRES SO- 
LOS de Piano, total 11. 



(li T.ds (hitos (le esto certánioii. tal como aparecen en la re- 
seña, l(ts (lelienios a la cortesía del actual Presidente de dicho 
Centro; Sr. Hiera T'alniei'. F. ('. 

206 



CKKTAMENES. 



Kesiiltaron laureados: Clase A.— Cuarteto 
en Re Mai/or (n-i(/inal de José /. Quintón, 
adjiulicáiidosele la más alta recompensa. 
Cnarteto en Sol Mayor, del maestro porto- 
iTÍcpieño Pedro Arcílagos, residente en Ca- 
racas, Venezuela. Se le concedió, en virtud 
de recomendación especial que hiciera el 
Jurado, Un Segundo Pv'inio consistente en 
el preñjado para la Obertura Orquestal, cu- 
yo tema se declaró desierto. 
Cuarteto en Re Mayor, por liUÍs K. Miranda. 
También por indicación del Jurado se ad- 
judicó como Tereer Premio, el designado pa- 
ra la 01)ra de Piano Solo, cuyo tema se de- 
claró por el jurado sin obras dignas de pre- 
mios. 

Clases B. y D. — Declaradas desiertas; 
Clases C. — ''Variaeioncs en Si Bemol sohre 
nn tema de Hummel, composición de José 
T. Quintón al que se concedió el premio de 
la convocatoria. (1) 

Jurados: Braulio Dueño Colón, Arístides 
Chavier (Secretario), Ramón Morlá, Juan 
Ríos Ovalle, José Miguel Morales y Dr. Jus- 
to R. RiA'era. 

11)M. — Certamen del Ateneo. San Juan. 

Este certamen debió efectuarse en diciem- 
bre de 1912 para cuya fecha se convocó, pe- 
ro, por causas que desconocemos se transfi- 
rió para el 1914. 



(li La forma de esta reseña está insi»ira(la en la convoca- 
toria y lanrlo i»nbliea(los por la pi-eiisa de Ponce. lamentando, 
sinceramente, qne las dimensiones asi>;nadas a esta sección, den- 
tro de las ,L;eiierales del libro, nos impidan publicar el extenso y 
Imninosd lando del Jurado. -;— F. C. 

207 



MÚSICA Y ML'SICOS I'ORTORRIQUEXOS. 



Muchos fueron los temas generales <le la 
couvocaloria, pues, no era solamente lírico. 
En cuanto a la sección musical, solamente 
sabemos que obtuvieron premios las siguien- 
tes obras : 

'■"Estudio s<)h)T U( Ddutd poiiofriquaHí". 
Autor: l>rauli() Dueño Colón, otorgándose- 
le Un Busto (le Oro, de .íuan Morell Cam- 
pos, Y Diploma. 

""Una Perla-', danza portorriqueña de Ra- 
fael Balseiro Dávila, adjudicándosele el 
l)rinier premio. Copa de jílata y Diploma. 
Otra danza original de la Srta. Monsita 
Ferrer, laureada con mención lionoríñca. 
Carecemos de más detalles con referencia 
a obras premiadas, sus géneros, así como 
los nombres de los jurados. 

1914. — Certamen de Ja Sociedad de Escritores 1/ 
Artistas de Ponce. 

Parecerá inverosímil que siendo este certa- 
men el último celebrado y en fecha reciente, 
no podamos decir del mismo sino que, sien- 
do varios los temas de la convocatoria, ob- 
tuvieron ])remios : la Srta. Monsita Ferrer 
Otero, por un '"Nocturno'' para Piano; Jai- 
me Pericas Díaz, medalla de oro i)or una 
composición para canto y piano, titulada 
'"Asi canto mis amores" y Rafael lialseiro 
Dávila, también medalla de oro, poi- un 
Vals de Concierto, ])ara piano, tidilado 
""Mariposas". 

Vov más gestiones que henu)s hecho nos ha 
sido im])osible adquirir datos completos, la- 
mentándolo, ]>orque uo atribuyan, los otros 
autores laureados, a euvidias o egoísiuos, 

208 



t'KlíTAlNIKXE.S. 



([ue jamás Ih'ihos sentido por nada ni por 
nadie, la omisión de sus nombres, ya qne 
por ia premura del tiemix) no i)odemos de- 
morar el envío de estas martillas a la im- 
prenta editora. 



2C9 



MÚSICA Y MÚSICOS I'OUTORRIQUEXOS. 



SECCIÓN QUINTA. 



Compositores. 



CAPÍTULO XIX. 

Dedicada esta sección a la reseña de los com- 
positores nativos y obras que lian producido, con 
ligeros comentarios propios a cada uno, pa réce- 
nos oportuno dar ligeras noticias sobre el origen 
de la composición, que tal vez puedan ser útiles 
a muchos de los que nos lionran leyendo estas 
humildes páginas. 

Decimos al empezar las anotaciones históri- 
cas del primer capítulo, que el arte musical, tal 
como ha llegado hasta nosotros, tiene su origen 
en la iglesia católica ; pero es necesario indicar 
que el sistema musical de la era cristiana pro- 
cede, en la forma melódica, de la música griega, 
traspasada a Roma, aunque ya en decaclencia, 
cuando la gran nación helénica, cuna de la civi- 
lización, fué c(mvertida en provincia romana. 

La melodía y el ritmo, que son los elementos 
constitutivos de la música, sin los cuales la ar- 
Uíonía no podría existir, formaban la base d(d 
sistema musical griego, cuyo estudio era consi- 
derado como ]>arte integrante de la educación 
cívica. 

La melodía no era una sucesión de sonidos 
l)roducto exclusivo de la inspiración, sino que 
debía producirse de acuerdo con los fefraeonJrs 
y f/éneros, que forumban el sistema, y comí)leta- 
mente ajustada a bis difíciles reglas del i-itmo. 

K\ primer sistema, o primera escala, como deci- 
mos hoy, componíase de cuatro sonidos a ciiei-- 

210 



COJIPOSITOKKS. 



(las, denominados tetra cordc, de cnyos sonidos 
el primero y cuarto eran ñjos y el sej>undo y 
tercero móviles, permitiendo esa cualidad de los 
intermedios, diferentes combinaciones en la su- 
cesión de los intervalos, de las que nacieron tres 
diferentes sucesiones de tonalidad, llamadas 
géneros diatónico, cromático y cnannóuico. 

Cada género tenía su carácter esi)ecial ; grave 
y viril el diatónico, grato y patético el cromá- 
tico y el enarmónico, dulce y animado, siendo el 
primero el de más acei^tación, por el vulgo, [)or 
ser el más natural y fácil. 

Con la agregación de nuevos tctracordcs, se 
ami)lió la forma kasta constituirse el <jran sis- 
tema, formado por quince sonidos, a los que, ])a- 
ra completar las dos octavas, agregaban uno, 
antes del llamado '"hypate hupaton", — corres- 
pondiente al sí del segundo espacio grave, clave 
sol, de nuestra notación — , cuyo sonido o nota 
denominaban, "^proslamljamenos-\ o adjunta. 

Además de los géneros tenían modos, con los 
nombres de Dórico, Jónico, Frigio, Eolio y Lidio, 
según el del pueblo donde lo tomaron. Cada 
modo distaba de otro un semitono y ocu])aba un 
justo medio en el gran sistema. Los diferentes 
modos no eran otra cosa, que una trasimsición 
de un tono a otro, como decimos hoy. 

Los modos, además se distinguieron por el 
l)unto variable que ocupaban los semitonos de la 
escala, la cual ya constaba de oclio sonidos o sea 
de dos tetracordes conjuntos. 

Si en el sistema reformado, que pasó a Roma, 
se analizan y comparan los tctraordes de la 
escala griega, con los que forman la estructura 
de las escalas diatónicas modernas, base de nues- 
tras tonalidades, se verá la semejanza de origen. 

Por eso después de minuciosas investigacio- 
nes y estudios prolijos verificados, entre otr.)s, 

211 



.NirSICA V .MISICOS rORTORUIQUENOS. 



por Mr. Gevaert (1) y el abate Lliouiiieaii, (2) 
ha i)0(li(lo añrmarse, que el sistema melódico 
actual, así como el tonal de canto llano, viene 
del sistema musical griego, estribando las dife- 
rencias del último en la división interior de las 
escalas modales; los tetrdcordcs griegos están 
sustituidos ])or e.racordcs. 

Dice Mr. CVvaert : "el arte del ritmo, tan ab- 
'\solutamente necesario como el de la melodía, 
"o las forma. s rítmicas creadas por el genio grie- 
"go y su aplicación a la expresión de los senti- 
"mientos uiusicales, cpiedarán siempre como tes- 
''timonio imperecedero de las altas dotes musi- 
"cales de aquella escogida raza." 

"La forma melódica gi'iega, tenía también su 
"])arte armónica, basada i)rinci])almente en los 
''modos en los que se han encontrado los r.ordes 
"tónicos de fá, (modo Lidio), sol, {modo Fri- 
'U)io] y do, {modo Dórico). El mérito de las 
"obras musicales lo determinaba la pureza del 
"tono, las bellezas armónicas, — intervalos ar- 
"mónicos — , y perfecta compenetración rítmica 
"con la expresión del sentimiento." 

La melodía greco-romana, aune pie con orien- 
taciones hebraicas, fué la constitutiva del canto- 
llano y figurado de los primeros siglos del cris- 
tianismo, "(piedando siempre dentro del inmen- 
"so movimiento de la polifonía moderna y del 
"tipo general de la melodía, como elemento co- 
"mún e intermediario, la melodía houiofónica, 
"tipo unÍA^ersal e inmutable del canto vocal". 
(Mr. Gevaert.) 

La gran l)elleza del arte musical contemporá- 



(ll Ilistoi-U' et tliéorit' de unisi(|U(' úv rantiquiló. — F. A Ge- 
viU'if. ' Jauto. 1S76. 

(l'i I)c la alteración o scmitoiio accidental en la tonalidad 
del canto llano. — Lhonniean, maestro do capilla de San Andrés 
Xiort. -- ISTO. 

•2\'2 



COMPOSITORES. 



neo estriba en el enlace de la melodía polífona, 
lo mismo vocal que instrumental, con la armo- 
nía, síntesis de la composición. 

Después que San Ambrosio v San Gregorio 
hicieron las reformas tonales del canto llano 
l)rimítivo, no se dio ningún otro paso de aA^ance 
hasta finalizar el siglo IX y principios del X en 
que se estableció la armonía diáfana o rudimen- 
taria de cuatro notas, atribuyéndose la inno- 
vación al monge Hucbald y al italiano Guido 
D'Arezzo. 

En el siglo XI, cuando desaparecieron las úl- 
timas huellas de la civilización greco-romana, 
brotaron los primeros gérmenes de un arte nue- 
vo que evolucionó ampliamente en el siglo XIV 
con los trabajos de Landino el ciego y Jaime 
de Bolonia. Los maestros franceses, G. Dufay 
y Gil Binchais, así como el inglés Juan Dunta- 
ple, — al que se atribuye el empleo de la tercera 
en los acordes — , perfeccionaron en el siglo XV 
la arquitectura de la composición, que cimenta- 
ron sólidamente en el XVI, Cristóbal Morales, 
Palestrina y otros maestros italianos. 

El nacimiento del Gran Sebastián Bacli, 1685, 
señaló una nueva era en la historia de la compo- 
sición, ya que con su (fenio inmortal, creó de ma- 
nera espléndida, por la variedad, pureza y pro- 
fundidad de conceptos armónicos, la escuela del 
contrapunto y de la fuga, que hasta hoy perma- 
nece inmutable. 

Bach, Hayden, Mozart y después el inmortal 
Beethoven, fueron los creadores del género clá- 
sico, no del>emos olvidar a Gluck y Weber, — en 
que la sonata y la sinfonía (1) son las únicas 
formas en la expresión, oratoria^ de la música. 



fl) Ricardo Wagner, tleuomina a las sinfonías de Boetlioven: 
"Las Catedrales de la Música." 

213 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



El siglo XVIII y primer tercio del XIX, pueden 
considerarse como los de oro del arte de la com- 
posición. 

Después, y a pesar de que Berlioz trató <le 
introducir innoA^aciones, solamente Wagiier, lia 
revolucionado la forma de construcción, princi- 
palmente en lo que al arte lírico-dramático se 
refiere, creando un nuevo género de armonía ins- 
trumental, que ridiculizado al principio y toda- 
vía impugnado, se ha abierto paso franco impo- 
niendo los nuevos rumbos a los compositores del 
presente siglo, si bien la escuela italiana, se- 
cundando a la francesa, j^ugna, desde Verdi en 
sus últimas óperas, liasta Mascagiii, Puccini, 
León-Cavallo y otros, por la creación de un gé- 
nero intermedio, más adsequible, en la primiu' 
impresión, que el nebuloso y a veces indescifra- 
ble, según impugnadores, estilo de Eicardo 
Wagner. 

El estudio de la composición es sumamentí» 
complejo. Comprende diversas ramas que si no 
se estudian a conciencia y con método progresivo 
de enlace, nunca permitirán producir frutos sa- 
zonados y puros. 

Los estudios progresivos de la composición 
siguen este orden : 1. — Pleno conocimiento de lo 
qii<^ ^e llama teoría musical, indispensable para 
ajustar la inspiración a los precei>tos melódicos. 
2. — Estudio de la armonía, parte científica del 
arte, que comprende las formas de las cadencias, 
modulaciones, acordes, enlace y resolución d(» 
los mismos, retardos y movimientos adecuados 
de las voces armónicas en las que el bajo revistió 
suma importancia. *^». — Secretos del contrapun- 
to y fuga. 4.— Estudio de los distintos cuartetos 
instrumentales, para después a])licarlos con pro- 
])ieílad y elegancia en la orquestación, y últi- 
mamente, conocer las leyes fundamentales de la 

214 



COMPOSITORES. 



estética y campo de acción de los distintos géne- 
ros u órdenes de la arqnitectnra mnsical. 

El compositor que posea esos conocimientos, 
puede ostentar con orgullo el calificativo, aun- 
que sus obras no estén saturadas del i)erí'ume 
poético de la inspiración. 

¿Los poseen, en mayor o menor proporción, 
los compositores que vamos a citar? 

La crítica del futuro, despojada de los senti- 
mientos pasionales del presente, será la (|ue de- 
pure y aquilate, niegue o ratifique, después de 
un estudio i)rof nudamente analítico de las obras, 
los méritos y deméritos que, con relación al me- 
dio ambiente y carácter más Mstórico (pie crí- 
tico, aplicamos a los que ora por haber sido lau- 
reados en certámenes públicos, ora por su in- 
tensa y meritísima labor, son acreedores a figu- 
rar en esta sección. 

ANDINO, Julián. 

Nació en San Juan en los primeros años de la 
cuarta década del siglo XIX. Procede de un 
bogar en que se rindió adoración a la música, 
pues además de su padre que le enseñó el arte, 
entre sus ascendientes bailase Domingo Andino, 
organista que fué de la Catedral durante ()ü 
años. 

Su temperamento, acentuadamente musical, 
le hizo, desde niño, realizar grandes progresos. 
A los 18 años era un buen violín de orquesta, 
ocupando después y por más de 40 años el pues- 
to de Concertino en las orquestas de las com- 
l)añías de ópera y zarzuela que actuaban en el 
teatro, por cuyas habilidades le felicital)an y 
estimaron en alto grado todos los directores de 
las referidas compañías. 

Está considerado como uuo de los mejores vi o- 

215 



]\íl'SICA Y Mi:.SICO.S PORTORUKJUKXOS. 



liiiistas que han habido en el país, pues aunque 
todavía vive y pulsa tan bello instrumento, los 
70 años le han restado algún vigor. 

Como conq30sitor su nombre adquirió reso- 
nancia, cuando efectuó la transformación rít- 
mica de la dauza regional en uim que tituló La 
Hargarita, escribiendo la parte acompañante en 
tresillos. 

En este género ha i)roducido con abundancia, 
aunque con estilo más melódico que armónico 
y sin otras finalidades que las inherentes al 
baile. 

Posee conocimientos de composición y espe- 
cialmente de los giros armónicos, modulaciones 
y ritmos. 

Tiene Alarias composiciones de géneros distin- 
tos, algunas de las cuales han sido laureadas en 
certámenes extranjeros y las demás han sido 
siempre muy aplaudidas. Entre estas le ha pro- 
porcionado gran popularidad, el alegre ^cis Cho- 
rreao conocido con el nombre de Seis de Andino. 

Sus couiposiciones principales son: Siempre 
Tú, Adiós, y Rayo de Luna, romanzas para can- 
to y piano, premiadas la primera y tercera con 
menciones honoríficas de tercera clase, en Cata- 
nia, Italia. Figuras Chinescas, revista cómico- 
lírica, letra de Fernando de Ormachea; Amor e 
HidrofoMa, zarzuela en un acto, letra de Ga- 
rrido; Agua Mansa, juguete cómico-lírico en un 
acto y La Soleá, zarzuela en un acto, letra de Jo- 
sé Pérez Losada ; infinidad de plegarias y otras 
piezas del género religioso, más los valses, pol- 
kas, mazurcas y danzas que forman una colec- 
ción completa. 

Julián Andino, que fué 1er. violín, ])or oposición 
de la orquesta de Cax)illa de la Catedral, vive 
aíin laborando musicalmente a pesar de sus años. 
La expresión melódica de sus obras, es dulce. 



216 



COMrOSITORES. 



equilibrada v produce siempre agradables sen- 
saciones. 

ARANZAMENDL (Jenaro. 

Pianista, literato y compositor perteneciente 
a una distinguida familia de San Juan. Se edu- 
có en Europa j ejerció la profesión musical en 
Bavamón y San Juan. 

Como compositor salió triunfante en obras 
cortas para canto y piano, como romanzas, ple- 
garias y danzas. Más melodista que armonista, 
saturaba sus cantos con el perfume poético de 
su alma soñadora. 

ARCILAGO^. Pedro. 

Natural de Bayamón, recibió en este pueblo 
educación musical primaria, en la Academia 
([ue dirigía Don Sandalio Callejo, poseyeudo a 
conciencia la teoría, solfeo y mecanismo de 
Trompa, de tono dulce y seguro. 

Muy joven abandonó ia Isla, y desde bace años 
reside en Caracas, Venezuela, en donde en po- 
sesión de ]>rofundos conociuiientos de bi com- 
l)Osición y dirección oi-questal, está rei)utado co- 
UK) uno de los primeros maestros que actúan en 
la Capital de aquella república, habiendo la 
prensa caraqueña tributado, frecuentemente, 
graudes elogios a sus producciones. 

En el Certamen que La Liga Profírcsisfa, cele- 
brara en Ponce en 1913, obtuvo segundo premio, 
especialmente recomendado por el jurado cali- 
ñcador, Un Cuarteto en í^ol mayor, para cuerda 
que remitiera desde Caracas y del cual dice el 
jurado en su laudo : "Los temas expositivos de 
''los euatro movimientos están bien caracteríza- 
''dos y se desen^aielven de acuerdo con los pre- 

217 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



"ceptos estal)lecidos por la tradición clásica. 
''Giran dentro de las tonalidades rigii ros amenté 
''adoptadas en la forma Sonata en sn parte ex- 
"positiva. Existe un perfecto equilibrio en todas 
"las partes ; la línea melódica no se interrumpe 
^'un sólo instante ; los temas todos se desenvuel- 
^'ven con expontaneidad, poniendo de manifiesto 
"que el autor del cuarteto tiene exi^eriencia en 
"el manejo de los instrumentos. Salvo peque- 
"ñas licencias armónicas, esta composición pue- 
'"de calificarse de buena, haciendo lionor a su au- 
"tor, quien tiene valiosos conocimientos de ar- 
"monía, contrapunto e instrumentación." 

Consideramos que ese juicio sintético del lau- 
do, será suficiente para que se aprecien las gran- 
des condiciones artísticas de Pedro Arcílagos. 

No hemos podido obtener el catálogo de sus 
obras. 

ARTE AGA, Julio C. 

Véase la sección Biografías^ Capítulo V, pá- 
gina 72. 

BALSEIRO D ÁVILA, Rafael. 

Nació en Arecibo el 24 de septiembre de 1867. 
De alto temperamento musical, a los 9 años em- 
pezó a estudiar el arte con el connotado pianista 
Heraclio Ramos, que también fué el maestro de 
Áurea I>alseiro, hoy señora de Georgetti, y que 
es una pianista dilettante de esmerada ejecu- 
ción, delicado estilo y exj)resión ajustada a las 
obras (|Tie interpreta, aunque sumamente tímida 
para dejarse oír fuera del santuario de su ho- 
gar. 

Rafael ito, que es como lo nombran sus amigos, 
después de hacer en el piano i'ápidos progresos 

218 



COMPOSITORES. 



con Kamos, cuyo estilo de ejecución se asimilara, 
mientras liacía los estudios del bachillerato en 
el colegio de los PP. Jesuítas de Santurce, pro- 
seguía los de piano, obteniendo siempre el pri- 
mer premio al final de los cursos, perteneciendo 
a la Banda de música del mismo, como bombar- 
dino solista, instrumento que llegó a dominar, 
abandonándolo más tarde. 

Los afectos paternales cohibieron la acentua- 
da vocación artística que impulsaba sus deseos 
de trasladarse a Europa, — v su posición econó- 
mica lo permitía — , para ingresar en un Conser- 
vatorio, del cual, aprovechando tiempo y lec- 
ciones, seguros estamos que hubiera salido un 
pianista compositor de renombre mundial, pues 
la chispa del genio ardía en su cerebro. 

Trasladado su hogar paterno a Manatí, en 
este pueblo ejerció como profesor de piano, has- 
ta que su señor paílre lo llevó a su escritorio 
agrícolo-comercial como jefe de la contabilidad, 
con residencia en Barceloneta. 

De profesional se transformó en dilettante, y 
en sus ratos de ocio empezó a verter al penta- 
grama las inspiraciones de su fantasía, neta- 
mente criolla. 

Su primer producción fué la danza Amparo, 
recientemente editada, cuya estructura melódi- 
ca es completamente distinta al estilo que des- 
pués ha caracterizado todas sus composiciones. 
Al poco tiempo componía un vals de concierto, 
de extrema dificultad, titulado El Niágara, que 
fué premiado en la exposición de Chicago, EE. 
UU., con medalla de bronce y diploma. 

Mimado por la fortuna y habiendo constituido 
hogar propio, la educación de sus hijos le hizo 
fijar su residencia en San Juan, en donde la fie- 
bre de la composición se le desarrolló en alto 

219 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



grado, sin que hasta la fecha encuentre antídoto 
que la corte. 

Su predilección son los valses, sobresaliendo 
entre los 25 que lia compuesto, además del Niá- 
gara citado, los titulados Puerto Rico, de con- 
cierto, premiado con medalla de oro y diploma 
en Certamen del Ateneo ; Mariposas, de concier- 
to, laureado en el torneo de la Sociedad de Escri- 
tores y Artistas de Ponce, con medalla de oro, y 
Tu Risa, el de factura melódica más fluida, y de 
expresión en consonancia con el pensamiento 
inicial. 

Ha obtenido además de los premios referidos. 
Copa de plata y diploma, primer premio del Ate- 
neo, por una danza titulada Una Perla y Diplo- 
ma de bonor, premio de la Junta organizadora 
del Carnaval de 1911, por una marcha festiva 
titulada El Antifaz Rojo. Es también autor de 
muchas marchas entre las que merece citarse 
la dedicada a la memoria de Sergio Lecompte, 
y otras obras de distinta métrica, como también 
de una zarzuela titulada Amor que Nace y Amor 
que Muere letra de Felipe Castañón, en la cual, 
el número más original es el Vals-Intermezzo. 

"Rafael Balseiro", decíamos en nuestra con- 
ferencia de la Biblioteca : "cuando reduce a no- 
"tas las idealidades de su morisca fantasía, se- 
"meja al ruiseñor que en la es])esura, sin orden 
"ni concierto, pero con inimital)le agilidad y 
"dulzura, al expresar sus amores, trina, florea, 
^^stacdtta sus f/annna-'^ y con piquetatos rapidí- 
"simos de entonacicui precisa, señala las notas 
"del único acorde en que estriba la modalidad 
"de sus cantos." 

Es un compositor laureado, en (pie la prece])- 
tiva está en razón inversa a la potencialidad de 
su inspiración y temperamento. 



220 



COMPOSITORES. 



CALLEJO, Sandalio. 

Desde que concibiéramos la idea de escribir 
este libro, nuestro primer acto fué concentrar 
en lo más íntimo del alma los sentimientos pa- 
sionales, para que las expresiones que la pluma 
trazara fueran, tan sólo, resultantes de pensa- 
mientos justos Y Aeraces, con más indulgencia 
(pie severidad. 

No liara por tanto temor alguno de que sea 
la pasión fllial la que trace los méritos de San- 
dalio Callejo ; por el contrario, estas breves no- 
tas constituirán la escepción en cuanto a la in- 
dulgencia del cronista. 

Si lo hacemos figurar en esta sección, es por 
el hecho de haber obtenido un laudo en certa- 
men público, pero dentro de la rigurosidad del 
concepto compositor, a pesar de haber i)roducido 
muchas ol)ras de los distintos géneros de la com- 
posición, y poseer conocimientos de armonía que 
aplicaba con suma corrección, no lo considera- 
mos con las condiciones generales requeridas 
para adjudicarle el honroso calificativo. 

Las características de Sandalio Callejo, fue- 
ron las de educador y organizador. 

Como educador, tenía el arte especial de la 
trasmisión, cualidad preferible a la x)rofundi- 
dad de conocimientos, en los que se dedi<[uen 
a la enseñanza. 

Sandalio Callejo '"hacU^ músicos (Je las ¡fic- 
dras'' es la expresión que repetidas veces hemos 
oído a los maestros del arte en Puerto Kico, y 
como testimonio del aserto, muchos son los mú- 
sicos de valer, que de él, recibieran sólidamente 
los conocimientos de la teoría musical, solfeo, 
hasta verificar rápidamente la transportaciéui, 
y mecanismo elemental de todos los instrumen- 
tos, incluso el i3Íano. 

221 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



Su extremada paciencia, la rigidez de su ca- 
rácter entremezclada con oportuna dulzura, la 
puntualidad en las lecciones, la escrupulosidad 
en los menores detalles de ejecución, la aplica- 
ción de sistemas de trasmisión según la idiosin- 
cracia del alumno y la selección en los métodos 
que empleaba fueron las causales del prestigio 
que alcanzó como maestro de música. 

Como organizador, también ocupaba prefe- 
rente puesto. Jamás le vimos realizar nada im- 
l)ulsivamente; todo lo meditaba, i)esando el i)ro 
y el contra, y cuando después de trazado el plan, 
lo llevaba a la práctica, ni había obstáculo, que 
le hiciera retroceder, ni accidentes que lo des- 
viasen del camino emprendido. 

El deber fué su religión; el trabajo artístico 
su culto. Fué un carácter ; j como ligera prueba 
citaremos un hecho. 

El que esto escribe, había sido aceptado como 
maestro de música para el pueblo de Lares. 
Debía tomar posesión del destino el 1- de febrero 
de 1882, y para ello le era necesario salir de San 
Juan, por mar, el 28 de enero. 

El 27 de ese mismo mes fué atacado Don San- 
dalio por rápida y aguda pulmonía. Los médi- 
cos consideraron de gravedad el caso, y como 
era natural, pensamos suspender nuestro viaje 
hasta ver la resolución de la enfermedad. Nues- 
tra madre aprobó la idea y cuando se la expuso, 
él, llamándonos a su presencia inmediatamente, 
nos dijo : "La palabra del hombre es sagrada ; 
"tú debes partir esta tarde para Lares a cum- 
"plir tu deber, aunque yo muera en este instante 
"y mi cadáver esté de cuerpo presente". Y sali- 
mos para Lares dejándole muy grave, aunque 
afortunadamente recuperó la salud. 

En Tiayamón fundó una Academia de Música 
que dio esi)léndidos resultados; y en San Juan, 

222 



COMPOSITORES. 



filé director de orquesta de las iglesias de San 
Francisco j Santa Ana, de la escuela de música 
del Asilo de Beneficencia, de una Academia par- 
ticular, por él fundada, y Músico Mayor, iiasta 
su muerte, del 1er. Batallón de Voluntarios. 

Su obra laureada fué, Gozos a San Vicente de 
Paul, para orquesta, certamen de Santa Cecilia. 

A él, principalmente, debemos nuestros pocos 
conocimientos artísticos. 

Nació en San Juan el 3 de septiembre de 1833 
y murió repentinamente en junio 16 de 1883. 

CORTÉS, Francisco. (1) 

Desde niño se revelaron sus facultades ex- 
traordinarias para el arte musical. Tavárez 
fué su primer preceptor y tomó a empeño hacer- 
lo pianista. La muerte inesperada del maestro 
])aralizó algo la carrera de Cortés, siendo éste 
el único que se atreviera a pulsar el piano cuan- 
do el entierro del autor de La Marf/arifa, para 
desi)edirle con las notas de la Gran Marcha Re- 
dención. 

Trasladado a Arecibo, se dedicó a la profesión, 
y organizó una compañía infantil de zarzuela, 
que debutó con Los Sobrinos del Capitán Grant, 
ol)teniendo éxito moral y material para poder 
realizar su viaje a Barcelona, en donde continuó 
sus estudios de piano, tomando lecciones de com- 
l)osición. La Diputación Provincial le concedió 
una pensión durante dos años, con tal objeto. 

En posesión de sólidos conocimientos y lleno 
de legítima ambición artística, se trasladó a 



(1) Le habíamos reservado puesto de honor en hi sección 
Biografías. })ero nuestros deseos se han frustrado, poniue a pesar 
de las gestiones practicadas entre sus familiares, no hemos po- 
dido obtener los datos necesarios. Hacemos la aclaración para 
evitar malas interjiretaciones. — F. C. 

223 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



París, para adquirir, a ser posible, mayor suma 
de aquellos y abrirse paso en la Ciudad-Luz. 

Sus ilusiones las vio realizadas, como premio 
a su constancia en el estudio. Primeramente 
fué clasificado entre los mejores directores de 
orquesta de la metrópoli francesa, y ])OCo des- 
pués, su obra La Noche de Naruhul, le hizo ceñir 
los laureles del triunfo como maestro- composi- 
tor. La obra fué estrenada en París, re])itién- 
dose infiinidad de Aceces, obteniendo los beneplá- 
citos de la crítica severa y docente y repercu- 
tiendo su fama por el extranjero. 

Después de largos años de ausencia visitó su 
país natal, proporcionando al autor de sus días 
la inmensa satisfacción de que en el teatro de 
San Juan se le tributasen, como Director y Com- 
positor, los aplausos y liomenajes que tan justa- 
mente había alcanzado en el exterior. Dio dos 
o tres conciertos, marchando después para Xew 
York, en donde contrajo matrimonio con una 
portorriqueña de abolengo artístico y en la I>a- 
bel americana fijó su domicilio dedicándose a 
la lírofesión. 

CHAYIER ARÉVALO, An.stides. 

Yéase la sección Biografías, Capítulo Yí, pá- 
gina 78. 

DUCHESXE, Casimiro. 

Natural de San Juan. Después de haber obte- 
nido los conocimientos elementales del arte con 
un profesor, cuyo nombre ignoramos, y ya con 
bastantes del clarinete, en cuyo instrumento so- 
bresalió, especialmente, por la dulzura del tono, 
ingi'esó como requinto en la Panda de Artillería, 
y a la vez era el primer clarinete de la orquesta 

224 



co:mi'ositores. 



(le baile de Carlos Segnet. Empezó a ejercitarse 
en la eoiiiposieión de música regional, de la que 
fué abundante jíroductor. Sus danzas, dentro 
del estilo característico de las de San Juan, .se 
destacaban j^or la vivacidad del ritmo e ilación 
de los pensamientos melódicos, habiendo obteni- 
do l)astante i)opularidad, entre otras, la titula- 
da La Mariposa. 

Muerto Segnet, su orquesta continuó bajo la 
dirección de Duchesne, y era la preferida por los 
centros sociales. 

Su vocación artística le hacía estudiar, solo, 
los textos de composición y obras de los maes- 
tros clásicos, hasta que consolidados sus estu- 
dios dio los primeros pasos por las sendas seve- 
ras, con tanta fortuna, que, en 1882 obtuvo en la 
Feria de Ponce, medalla de plata y mención ho- 
norífica de segunda clase, por una Obertura de 
Concierto para orquesta. 

En el certamen del Ateneo de 1887, el jurado 
(pie en Madrid laudó las composiciones concu- 
rrentes, le adjudicó una mención honorífica, por 
otra Ohertiira para orquesta, que después fué 
I)remiada con medalla de oro al ser nuevamente 
l)resentada entre un grupo de composiciones, a 
la Exi)osición de San Juan de 1894. 

En 1891 fué honrado con el título de socio de 
niín^ito, medalla de plata y diploma, por una 
Sinfonía, que remitiera al concurso lírico del 
Círculo BeUini de Catania, Italia. 

Produjo también obras del género religioso, 
entre estas, una Misa a tres voces y gran orques- 
ta que fué premiada con medalla de oro en la 
Exposición de 1894. Compuso además un cuar- 
teto de cuerda de bastante mérito. 

Fué autor de la zarzuela Cada Loco con su 
Tema y de muchos bailables. En el Instituto de 

225 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



Música que fundara Segura Yillalba, tenía a 
su cargo la clase de armonía. 

Desempeñó el cargo de Músico Mayor de Vo- 
luntarios de San Juan, durante los dos últimos 
años de la dominación española y desde 188:2 
era socio de mérito del Casino Español. 

Su música era a veces simpáticamente expre- 
siva, otras parca de bellezas melódicas, siempre 
dentro de los preceptos de la composición, con 
unidad temática, enlace armónico correcto y va- 
riedad de instrumentación. Su batuta de direc- 
tor era débil, teniendo, en cambio, sobrada i)e- 
ricia como profesor de orquesta. Su modestia 
le hizo poseedor de grandes simpatías. 

Murió en 190G. 

DUEÑO COLÓN, Braulio. 

Véase la sección Biografías, Capítulo VII, 
página 90. 

ESTURIO, José Damián. 

Poquísimos son los datos que de el Nene, por 
cuyo apodo se le conocía, poseemos, aunque lo 
conocimos y tratamos algo en nuestra adoles- 
cencia. 

Sobrino e hijo adoptÍA^o del maestro platero 
y director de una orquesta de baile de San Juan, 
de su mismo nombre y aDellido, con él aprendió 
los rudimentos del arte hasta, por sus propios 
esfuerzos, alcanzar fama de buen clarinete y 
compositor. En Juana Díaz fijó desjmés su resi- 
dencia, como director de una academia y banda 
de PM'isica municipal bastante bien organiza<la. 
En dicho ])ueblo ])rodujo mucha música, esjx»- 
cialr-ienle del género religioso, segini nos han 
referido personas de aquella k)calidad, en donde 
fué muy apreciado hasta su muerte. 

226 



COMPOSITORES. 



FERRER OTERO, Moneen ate. 

Monsita Ferrer, por cuyo nombre se le desig- 
na, es liija del Dr. Don Gabriel Ferrer de grata 
y venerada recordación. 

Xació en San Juan y allí, bajo la competentí- 
sima dirección de Anita Otero, estudió con te- 
nacidad, aprovechando su temperamento here- 
ditario de artista, hasta transformarse en pia- 
nista. 

Es una de las discípulas que más honran la 
memoria de la Vestal humacaeña. 

Con Gonzalo Xúñez estudió armonía y com- 
posición, por la que siente verdadero delirio. 

Alienas iniciada en la ciencia de los acordes, 
dejó fluir la inspiración de su mente por los ca- 
nales del pentagrama y con valentía espartana, 
concurrió con uno de sus primeros frutos al cer- 
tamen de Bayamón — 1010 — , siendo laureada, 
con mención honorífica, por un Two-Stej) titula- 
do Apolo. 

Alentada por el triunfo continuó estudiando 
y produciendo, siendo nuevamente premiada 
con otra mención, por una Danza que remitiera 
al Certamen del Ateneo de 1914, la que, por la 
belleza de la melodía, estilo original, elegancia 
sin efectismos del acompañamiento y pureza del 
ritmo, placenteramente criollo, es acreedora a 
un primer premio. 

Noeturno su última comi^osición laureada con 
primera mención en el Certamen de Escritores 
y Artistas de Ponce, 1914, es una joyita musical. 
Con Chopín por modelo, pero sin plagiarlo, el 
alma de la artista poetizando las ensoñaciones 
de la mujer, com1)ina el nostábj^ico pensamiento 
temático, con modulaciones, cadencias y giros 
rítmicos tan expontáneos, que imprimen el sello 
de original belleza a la armonía del conjunto. 

227 



MÚSICA y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



Si no abandona el estudio, tiene un porvenir de 
gloria que reflejará en la patria. 

GUTIÉRREZ ESPINOSA, Felipe. 

Véase la secc4ón Biografías, Capitulo VIII, 
página 101. 

MIRANDA, Luís R. 

Nació en Utuado el 21 de junio de 1879. 

Su vocación por el arte lirico se manifestó 
desde la niñez, pues frecuentemente sus padres, 
al notar su falta en el liogar, salían a buscarle 
y lo encontraban siempre oyendo embelesado la 
orquesta del pueblo, bien en un baile o ensa- 
yando. 

Con sus familiares que poseían diversos ins- 
trumentos empezó a estudiar solfeo y prácticas 
del clarinete; después con profesores que ejer- 
cieron en Utuado adquirió mayor suma de cono- 
cimientos, especialmente con Jesús Muñoz, maes- 
tro de piano, — utuadeño procedente del Conser- 
vatorio de Madrid — , que le dio lecciones de ar- 
monía. 

Cuando las tropas americanas formaban cam- 
])amento en Utuado, él solicitó permiso del Jefe 
de una banda de música para agregarse a la 
misma como clarinete. Admitido, en ella prac- 
ticó lo suficiente para después ser contratado co- 
mo clarinete solista en la Banda del Regimiento 
de Puerto Rico, desde su fundación, que dirigía 
un profesor americano, y al vencimiento del tér- 
mino de este, fué Luís R. Miranda, en 14 de junio 
de 1901, nombrado Jefe de la Banda, puesto que 
todavía ocupa y en el cual lia ido alcanzando con 
leiiacidad, constancia en el estudio y noble am- 
bición, el merecido prestigio músico-j^ersonal de 
(pie goza y que ha liecbo extensivo a la Banda. 

228 



COMPOSITORES. 



Primeramente por correspondencia y después 
aprovechando la estadía, en el país, de Gonzalo 
Núñez, continuó ampliando sus conocimientos 
sobre el arte de componer con tanta aplicación, 
(pie los frutos empezaron a alcanzar renombre. 

Sus obras laureadas en certámenes ban sido : 
Wchcr, Marcha triunfal para orquesta, primera 
mención en el certamen de Manatí; La Reina de 
Jas Flores, Danza, primer premio del certamen 
de Ba^^amón; A Red Red Rose, poema de R. 
Burns, para orquesta. Lira de oro y $50, segundo 
premio de un certamen efectuado en Chicago, 
EE. UU. y Cuarteto en Re mayor j^ara instru- 
mentos de cuerda, $50, Insignia deoro y diploma 
en el Certamen de la Liga Progresista de Ponce, 
del cual dice el jurado en su laudo : "La contex- 
"tura de este cuarteto se asemeja más a la de 
"Hayden y Mozart que a la de Beethoven. El 
"autor de este tra])ajo tiene aptitudes i^ara cul- 
''tivar este género de composiciones, pero con 
"mayor acopio de los conocimientos contrapun- 
" tales, hubiera podido sacar un partido más ven- 
"tajoso de los. temas expositivos. No obstante, 
"en algunas partes se obserA^an ingeniosas com- 
"binaciones que dan relieve e importancia al 
"trabajo, revelando buenas dotes el compositor. 
"La instrumentación no es absolutamente irre- 
"prochable ; las modulaciones se suceden correc- 
"tamente de acuerdo con las leyes establecidas, 
"los movimientos están bien equilibrados, aun- 
"que acaso el tercero resulte demasiado extenso 
"dada la amplitud de la obra." 

Luís R. Miranda es el director de la orquesta 
de conciertos del "Club Armónico" y es induda- 
ble que a su pericia se debe el gran éxito alcan- 
zado por tan artística sociedad. 

Hasta hoy no puede decirse que Miranda ten- 
ga un estilo i^ropio, original, como compositor. 

229 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



Los pensamientos melódicos no sobrepasan la 
belleza ordinaria, si se nos permite esta expre- 
sión, la factnra armónica a veces tiene atrevi- 
mientos de carácter innovador. En la estruc- 
tura general hay arte en el cual, los peritos, 
pueden ver la influencia del preceptor Niiñez, 
es decir, que Miranda se lia asimilado la forma 
de construir de Gonzalo, pero sin acudir, natu- 
ralmente al plagio. 

Es un magnífico director, de mucha conciencia 
para la interpretación, y severo en la ejecución, 
consiguiendo siempre una bella igualdad en el 
conjunto. 

Sus composiciones principales, que están por 
editar son : Zclmira, sinfonía en Do mayor ; Dia- 
demo, obertura; Recuerdo del Pasado, Novelet- 
te; Minuetto, en Sol mayor; Miosotis, Yals-In- 
termezzo; La Flor de Amor, canción; Son reñir, 
mazurca ; A Tí, elegía ; Recuerdos, gavota ; e infi- 
nidad de danzas, marchas fúnebres y paso-do- 
bles, para banda militar. 

MORELL CAMPOS, Juan. 

Véase la sección Biografías^ capítulo XI, i)á- 
gina 130. 

PASARELL, Arturo. 

El encontrarse sus padres, Don Oriol y doña 
Teresa Pasare! 1 de temporada en l>arcelona, 
España, hizo que nuestro biografiado naciern 
el nño 18í)í> en la Ciudad Condal; pero siendo 
aquellos portorriciueños, la herencia étnica, así 
cónío el haber venido al ])aís cuando solamente 
cosTtnba un año, recibiendo aquí todas las moda- 
lidades que ('(mstituyen su personalidad le ha- 
cen acreedor al título de nativo. 

230 



COMPOSITORES. 



Su padre, profesor de piano que ejerció lardos 
años en Ponce, fué su primer preceptor, termi- 
nando después los conocimientos, solo, por su 
inteligencia y constancia en el estudio. 

Tocó el violoncello con bastante habilidad, for- 
mando parte de la orquesta del teatro Ld Perla. 

Pianista de bastante ejecución y l)uena lectu- 
ra, se dedicó a la enseñanza del instrumento. 
Es desde hace tiempo el organista de la Iglesia 
parroquial de Ponce, lo que le permitió ami)liar 
sus conocimientos del género y hacerse un buen 
director de orquesta y compositor sacro. 

Ha sido también un abundante productor de 
música regional, imprimiendo a sUs danzas es- 
tilo propio, sobre todo en los ritmos, vivaces y 
l)lacenteros. 

Sumamente modesto,, lal)ora en silencio, aun- 
que sus danzas Yamhú, Pistólos, AnJiclos del 
Alma y Sicilia, han hecho que su nombre sea co- 
nocido en la isla. 

PERICAS DÍAZ, Jaime. 

Xació en Aguadilla el 13 de mayo de 1870, 
residiendo en Ponce desde la edad de un año. 

Con el afamado profesor Antonio Egipciaco 
empezó los estudios del solfeo y del violín, c(m- 
tinuándolos después con Morell Campos y Ga- 
briel Carreras. 

Su vocación musical le hizo i)erseverar en el 
estudio hasta llegar a penetrar en los campos 
de la composición. 

Sus principales obras son: Lirios y Rosas, 
vals para orquesta; El (lia de Farfantón, ope- 
reta, letra de el reputado literato Félix Matos 
Bernier; Así Canto Mis Amores, romanza para 
canto y piano, laureada con medalla de oro en 
el Certamen de Escritores y Artistas de Ponce. 

Fué organizador de la Panda escolar de Pon- 

231 



MÚSICA Y MÚSICOS I'ORTORRIQUEXOS. 



ce, justamente aplaudida y Director-fundador 
del Club de Mandolinas, academia en la que lian 
estudiado muchas señoritas de la buena socie- 
dad poncella. 

Su constancia en el estudio, modestia, y el lie- 
clio de encontrarse en plena edad viril, hace 
esjierar que continuará en crescendo la prodiic- 
ci(')n musical. 

QUJNTÓíY.José. 

iS''acló en Caguas el 1" de febrero de 1881. Hijo 
-del maestro de música, Don Juan Quintón, re- 
<'ientemente fallecido y que por largos años ejer- 
ciera la enseñanza musical en Coanio a cuya 
Y'úlii se trasladara siendo su hijo muy niño, con 
él aprendió nuestro biografiado cuanto aquel 
l)odía enseñarle. El pianista Catalán Ernesto 
del Castillo, le hizo progresar bastante en su 
instrumento favorito y después, como la maj^or 
parte de nuestros artistas, el estudio solitario 
y reflexivo completó su educación. 

Pepito Quintón, como le nombran en el pueblo 
de su residencia, nació c(m un gran tempera- 
mento artístico. Si prosigue estudiando como 
hasta aquí, será el primer maestro compositor 
de la época actual, i)ero su modestia excesiva y 
la jiobreza del medio ambiente en que gira no le 
permitirán remontarse a las altas regiones del 
ideal, ¡)ara lo que le sobran facultades. 

Como pianista, posee asombrosa, limpia y 
ágil ejecución; como profesor, tiene facilidad 
para trasmitir; como director su batuta es enér- 
gica, detallista y circunspecta. 

Pero en donde su genio se manifiesta radiante 
es en la composición. 

Impulsado por sus amigos, concurrió por pri- 
mera vez al certamen de Manatí, obteniendo el 

232 



COMPOSITORES, 



primer premio, consistente en Lira de Oro, $25, 
diploma de honor y título de socio de mérito del 
Casino Portorriqneño, j^or nna Marcha Triunfal 
para orquesta. Después de ese hermoso triunfo 
se encerró nuevamente en su querido Ooamo, 
hasta que en 1913, como los cometas errantes, 
reapareció en el cielo del arte, concurriendo al 
certamen de la Liga Progresista de Ponce, agre- 
gando a su gloriosa corona de laureles, dos bri- 
llantísimas hojas. 

En dicho certamen obtuvo las distinciones 
más altas, .$100, insignia de oro y mención hono- 
rífica de primera clase por un Cuarteto en Re 
mayor para cuerda y $75, insignia de oro y di- 
ploma de honor por Un' Het de 12 variaciones 
sobre un tema de llummel, para piano. 

SoV)re dichas producciones decía el laudo del 
jurado : ''Por el análisis minucioso (pie se ha he- 
''cho del presente Cuarteto en Re mayor, se de- 
"duce que su autor tiene verdaderos coiiocimien- 
"tos de armonía, contrapunto y composición mu- 
"sical, habiendo así mismo seguido un plan que 
"revela sus aptitudes en el manejo de la forma 
"prescrita para el género donata, que es el (pie 
"fundamenta esta clase de composiciones. Las 
"frasí^s dialogadas, las imitaciímes fragmenta- 
"rias de los temas en el decurso de toda la obra, 
''el desenvolvimiento de las modulaciones, ates- 
"tigiían elocuentemente que se está en ])resencia 
"de un compositor de dotes escepcionales y que 
"sabe conciliar su libre fantasía, su delicada 
"inspiración con las exigencias inherentes a la 
'"música di camera/' 

Y al laudar Las Variaciones, dice el jurado : 
"El autor es indiscutiblemente un compositor 
"de grandes dotes. En las Doce Variaciones, es- 
merilas con suma facilidad y elegancia, se des- 
ataca siempre el Tema dado, presentando bajo 

233 



MÚSICA Y MÚSICOS I'ORTORRIQUENOS. 



"distintos aspectos, luciendo cada vez, por declr- 
'io así, una vestidura distinta y más atrayente 
''pero que no le hace perder de a ista, ni por un 
"instante su individualidad, a pesar de la com- 
''plejidad en que se desen^aielve, en ciertas oca- 
"siones. La 12' variación, en ritmo de polonesa, 
"es realmente ingeniosa y brillante. Ella por sí 
"sola revela las aptitudes envidiables, del autor, 
"digno de ocupar uno de los más elevados pues- 
"tos entre los compositores de Puerto Rico." 

El ^Municipio de Coamo a raíz de estos triun- 
fos le declaró Hijo adoptiro de diclia población, 
acuerdo (pie honra por igual a otorgantes y adop- 
tado, siendo Quintón el tínico artista que en 
Puerto Rico lo ha obtenido. 

Además de las laureadas ha compuesto : Over- 
fura, estilo clásico. Misa de Rcquicni, Scherzo, 
para piano, Danzas de concierto, para piano (di- 
fíciles). Valses de salón y una gran variedad de 
música religiosa j bailable. 

RAMOS, Heraclio A. 

Véase la sección Biografías, Capítulo XV, i)á- 
gina 158. 

RAMOS, Federico. 

Si fuéramos a juzgarle por el número de sus 
obras, parecería, como artista, muy superior a 
su liernumo Heraclio, pero ni como compositor, 
ni como pianista le ha superado. 

1 ederico Ramos nació en Arecibo el 11 de 
abiil de 1857, cuando ya Heraclio era un com- 
])osit()r laureado. Éste fué su preceptor. 

Es innegable (]ue posee temperamento musi- 
cal y conocimientos bastantes, que le permiten 

234 



COMrOSITORES. 



cultivar con fortuna los distintos géneros de la 
composición. 

Pero como su producción es vertiginosa, en 
las obras de empeño nótase, a veces, un desequi- 
librio en la estructura general; sobre todo, no 
siempre se destaca con claridad el pensamiento 
temático o inicial de la composición. Tiene 
ideas bellísimas junto a otras pobremente ex- 
puestas. Pudiera, en general, compararase su 
labor de compositor, como un jardín en el que 
lian florecido A^ariedad de plantas y que por la 
falta de jardinero se encuentran todas entre- 
mezcladas, siendo muy difícil encontrar los ta- 
llos o troncos pertenecientes a cada flor o planta. 

La misma impetuosidad de su carácter le per- 
judica. Como pianista, tiene pasmosa ejecución, 
digitación bastante correcta, repentiza con fa- 
cilidad, pero el conjunto semeja el torbellino de 
una catarata. 

Estas deficiencias que expresamente señala- 
mos, pues por lo mismo que vale muclio desea- 
ríamos verle producir con más reposo, no quie- 
ren indicar que no tenga especiales composi- 
ciones. No; en los últimos años ha publicado 
y compuesto algunas que lian sido elogiadas en 
el extranjero, como la Marcha Triunfal dedi- 
cada al Presidente Roosevelt de la cual decía Le 
Journal Musical de París, en su edición de julio 
10 de 1907, "Esta marcha brillante ha penetrado 
"■en Francia y será pronto ejecutada en todas 
"partes . Está en efecto bien rimada y de un de- 
"sarrollo melódico bien señalado, con armonías 
"del mejor efecto." 

Recientemente nos dejó oír su última obra 
Xoctunio y un Intermezzo sinfónico, de exqui- 
sita factura. 

Para que se tenga una idea de su enorme pro- 
ducción, diremos que tiene hechas (en gran nú- 



235 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



mero publicadas) 23 obras de baile, 27 de salón, 
23 de concierto, 29 para canto y piano, 2 que el 
titula recitaciones, 4 zarzuelas en 1 acto, 1 dra- 
ma lírico en 3 actos y 3 didácticas. 

Su melodía El Encanto del Hogar es un ver- 
dadero idilio de expresión, clara, expontánea y 
hondamente sentida. Se destaca del resto de 
las composiciones y sin embargo ¡ está expuesta 
.con tanta sencillez y maestría! 

RÍOS OVALLE, Juan. 

Laborioso como la hormiga, modesto cual la 
violeta, de inteligencia natural, gran intuición 
artística y con acopio de conocimientos adquiri- 
dos asiduamente, es uno de los comi^ositores 
ponceños, que dedicados más princii)almente a 
la producción del género bailable, tiene facul- 
tades para subir bacía la cima de los llamados 
severos, atestiguándolo la forma de construcción 
de los bailables y el liecbo de haber sido uno de 
los jurados del certamen de la Liga Progresista, 
en donde para poder juzgar obras clásicas tenía 
que estar en posesión de los conocimientos a 
ellas inherentes. 

Buen clarinete y correcto preceptor de músi- 
ca, fué laureado en el certamen de Bayamón con 
el primer premio, por un Two-Step, para orques- 
ta, titulado Bayamón, lema : Cruz Eoja. 

Como compositor de danzas ha sido fecundo. 
Su estilo fué, primeramente, casi una continua- 
ción del de Morell Campos, pero después ha to- 
mado carácter propio, algo discutido, por las 
novedades rítmicas y formas de expresión in- 
troducidas, que han desvirtuado, a pesar de las 
bellezas melódico-armémicas de que están satu- 
radas, la candorosa idealidad de nuestra danza. 

236 



COMPOSITORES. 



RODRÍGUEZ ARRESON, Manuel. 

Si no estamos mal informados, es natural de 
Añasco, aunque educado en Mavagüez, en donde 
se dio a conocer como hábil Aáolinista y correc- 
tísimo educador, con aficiones literarias que des- 
pués lia consolidado })rácticaniente. 

Hace muchos años reside en Puerto Plata, Re- 
juiblica Dominicana, a donde fuera por primera 
vez, como Director de la Banda Municipal. 

Su intensa labor artística la ha realizado 
fuera de su país, en el que se dio a conocer como 
exquisito compositor, cuando fué laureada su ro- 
manza para canto y piano titulada Patria en el 
certamen del Ateneo de 1904. 

De sólida cultura lírico-literaria, constante- 
mente labora en pro de sus aficiones. 

Uno de los actos de mayor renombre que cono- 
cemos de él, fué el Reglamento aprobado por el 
Apuntamiento de Puerto Plata, R. D. i)ara la 
Academia de Música Municipal, que fué puesta 
bajo su competentísima dirección y en la que ha 
l)ermanecido hasta hace poco tiempo dando sor- 
prendentes resultados. Para apreciar la capa- 
cidad musical de Rodríguez Arreson, transcri- 
bimos el programa de estudios de dicha acade- 
mia, que puede decirse ha desarrollado él sólo. 

"PROGRAMA.— P/¿¿/icr Curso. — Nociones 
''sobre el sonido; teoría y práctica del Solfeo; 
''desarrollo de tonalidad ; técnica instrumental ; 
'"ejercicios. — Segundo Curso. — Teoría y prác- 
"tica de claves; trasporte; ejercicios de solfeo 
"en conjunto; afinación y desafinación; armóni- 
"cas de los sonidos; técnica instrumental; ejer- 
"cicios. — Tercer Curso. — Armonía hasta las 
''modulaciones jjor transformación; elementos; 
"ejercicios y dictados; tono o altura; intensi- 
"dad ; cuerdas y tubos sonoros ; aplicación de sus 

237 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



''leyes en los instrumentos musicales; técnica 
"instrumental ; ejercicios en conjunto. — Cuarto 
Curso. — Armonía (continuación) ; timbre; apli- 
"cación de sus leyes en los instrumentos musi- 
"cales; técnica instrumental; ejercicios de con- 
"junto. — Quinto Curso. — El arte de instru- 
"mentar; breve estudio de los géneros musica- 
'ies; historia de la música; técnica instrumen- 
"tal : ejercicios en conjunto. — Curso Completo. 
" — El arte de dirigir; bibliografía musical; 
"grandes organizaciones orquestales; orfeones; 
"su iníluencia socio-moral ; experiencias ; el dra- 
"ma lírico ; su forma presente ; la concepción 
"Wagneriana de la ópera; su influencia v su evo- 
"lución." 

Nos consta que i)roduce mucho y bueno. Co- 
nocemos de él una Elegía fúnebre v un Nocturno 
para piano de mucha delicadeza en la expresión 
y factura. Recientemente le escribimos y al con- 
testarnos, hizo omisión absoluta a uno de los 
particulares de nuestra carta en que le pedía- 
mos el catálogo de sus obras, traduciendo nos- 
otros, el silencio, como un acto de modestia. 

Es un portorriqueño que honra a su país en 
el extranjero, siendo apenas conocida su intensa 
labor en la tierruca natiya. 

TAVÁREZ, Manuel G. 

Véase la sección Bior/rafías, Capítulo XVI. 
página 162. 

TIZOL MÁRQUEZ, Manuel. 

Aunque las produciones que de él conocemos, 
])ertenecen al género bailable, no dudamos que 
])or sus conocimientos y cuadratura musical 
comjíleta, haya producido o pueda producir 

233 



COMPOSITORES. 



ol)ras de mayor em]3eño. Su fuerte labor profe- 
sional desde el cambio de soberanía, en que su 
personalidad artística se destacó vigorosa, le ha 
liecho aparecer en primera línea como organi- 
zador de núcleos instrumentales, para los que 
lia tenido que estar constantemente instrumen- 
tando, lo que liace magistralmente, siendo ésta, 
tal vez, la causa de que su ins]3iración perma- 
nezca algo inactiva. 

Es un contrabajista de talla mundial (heren- 
cia i)aterna) y aunque conoce y ha practicado 
varios instrumentos, su profesión princii^al es 
la dirección de orquestas y bandas. 

Actualmente es el Director de la Banda de 
I>ond)eros Municipal de San Juan, \)0y él orga- 
nizada y que está reputada como una de las me- 
jores de las Antillas. 

En los últimos meses la ha hecho progresar 
mucho, y en los conciertos públicos que bisema- 
nalmente celebra es muy aplaudida haciéndo- 
sele bisar casi todos los números del programa, 
en el que combina música de los grandes maes- 
tros con otras afines al gusto imperante en el 
público. 

Como es joven, tiene amplio porvenir y esta- 
mos seguros que, remontando vuelos, honrará 
dignamente su apellido, de gran abolengo ar- 
tístico. 



Al cerrar esta sección, consideramos justo 
citar los nombres de algunos dilettantes que con 
frecuencia han dado y dan a la publicidad las 
ins])iraciones de su fantasía, en las que se en- 
cuentran ideas melódicas bien definidas, eflu- 
vios estéticos de sus temperamentos artísticos. 

Son éstos, los señores Antonio Otero, de Pon- 

23Í) 



MÚSICA Y MÚSICOS I'ORTORRIQUEXOS. 



ce ; Federico Porrata Doria, de Nagiiabo ; Juan 
Garriga, de Utuado; y Emilio E. Dávila, de 
Ciales. 

Este último no conoce siquiera los signos mu- 
sicales y sin embargo toca, de oido, bastante 
piano sin alterar, en lo más mínimo, las i)arli- 
turas; y comi>one diversidad de piezas — algunas 
están publicadas — que lian ido adquiriendo j)oco 
a poco sello de originalidad, las cuales son ano- 
tadas en los pentagramas i)or músicos inteligen- 
tes a quienes el autor liace oír repetidas veces 
las frases de la obra. 

Puesta de Sol,, su último vals, llauíará la aten- 
ción j)or la expresión intensa del pensamiento 
musical, en concordancia con el título y la ar- 
monía del conjunto. 

Emilio K. Dávila es un caso psicológico espe- 
cialísimo digno verdaderamente de estudio. 



240 



INSTRUMENTISTAS NOTABLES. 



SECCIÓN SEXTA. 



Instrumentistas Notables, 



CAPÍTULO XX. 

De acuerdo con el orden seguido en secciones 
anteriores, en esta nominaremos, alfabéticamen- 
te, a los instrumentistas cuyos méritos hayan 
sido refrendados por juicios píiblicos y compe- 
tentes, eliminando, para no ser difusos, a los 
que bajo otros aspectos liayan sido citados. 

Los relatos tendrán la amplitud de las refe- 
rencias adquiridas, circunscribiendo la mención 
de los dilettantes a sus nombres, instrumento 
en (pie han sobresalido, y, a ser posible, el nom- 
bre del preceptor o escuela de donde proceden. 

Puede que incurramos en omisiones, que pode- 
mos afirmar serán involuntarias, pues en esta 
clase de trabajos, por mucho cuidado que se ten- 
ga y mejores deseos en la solicitud de informes, 
siemi^re hay escapes lamentables. 

Las dificultades con que hemos tropezado pa- 
ra formalizar el libro, bien sabrán apreciarlas 
los que con mayor pericia, han practicado tan 
delicada y peligrosa tarea. 

Tal vez, para muchos de los que nos lean, pro- 
fanos y hasta algunos artistas, resultará anó- 
malo el que incluyamos a los guitarristas, en 
nuestro relato, y no por lo que a las personali- 
dades atañe sino por la guitarra en sí, por ser 
ésta considerada, generalmente, como un simple 
instrumento acompañador de canciones y bailes 
l)opulares, de la cual decía Covarrubias en 1675, 
"Que era un cencerro de fácil tañer, especial- 

241 



MÚSICA y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



''mente en los rasgados, y que no había mozo de 
"caballos que no la tocase." Pero el P. Basilio, 
gran contrapuntista y organista en el convento 
de la orden del Cister en Madrid, desmintió com- 
pletamente tal opinión, sobre dicho instrumento, 
siendo el primero que estableció el método de to- 
car punteado, sacándola del uso esclusiyo, que 
hasta entonces tuvo, para acompañar scf/uidi- 
11 as, canciones y tiranas. 

Desde el siglo XVIII data verdaderamente la 
importancia de la guitarra, dedicándose a ella 
artistas que, por su buena ejecución, llegaron 
a conquistar un nombre distinguido, entre los 
que sobresalieron, Don Dionisio Aguado, Don 
José Huertas, D. Fernando Sons, el catalán Fe- 
rrer y Esteva, Picornell y otros más, que ven- 
ciendo diñcultades inmensas consiguieron i)re- 
sentar de una manera prodigiosa y admirable 
todas las buenas cualidades y grandes bellezas 
de este instrumento de punteo, de inYenci<')n 
árabe-española. 

Si este instrumento no ha podido formar j)ar- 
te de la orquesta, acaso porque sus sonidos dul- 
ces y apagados no pueden producir sensaciones 
A'ivas e impresiones fuertes, es en cand)io tan 
agradable, se presta tanto a la expresión y tie- 
ne tan dulce melancolía, que es irresisitible en 
ocasiones dadas. Para la inspiración de un 
buen artista, posee la guitarra condiciones muv 
apreciables, y bajo la presión de una mano maes- 
tra, sabe responder a los afectos del alma como 
si fuera la verdadera manifestación del senti- 
miento que hace herir sus cuerdas. Ella, ))ue<le 
decirse, forma una pequeña orquesta (pie el ]>u(^- 
blo ha adoptado como muy suftciente para satis- 
facer sus necesidades nmsicales. 

El hecho de haber podido a])reciar el arte ex- 
quisito de dos portorriípieños guitarristas a los 

242 



INSTRUMENTISTAS NOTABLES. 



que hemos de referirnos en esta sección, nos ha 
movido a exponer los antecedentes históricos 
musicales sobre tal instrumento. 

ÁLVAREZ, Ilennógcncs. — Semi-profesioiíal. 

Hace pocos meses que ha fallecido en Caguas 
en donde residiera por largos años, cultivando 
por igual el arte y la literatura. Nació en San 
Juan y con su hermano Don Mauricio aprendió 
varios instrumentos y composición. Sobresalió 
como contrabajista y cellista, también, según 
las necrologías que publicara la prensa de toda 
la isla, fué un compositor de exquisita factura y 
delicada inspiración. 

Nosotros no tuvimos el honor de conocerle y 
no hemos visto ni oído sus composiciones por lo 
que nos vemos privados de emitir opinión algu- 
na, propia. Pero no dudamos un solo instante 
de su valer, pues habiendo sido su señor padre 
y su hermano dos de los mejores músicos del 
país, la herencia le abona. 

ÁLVAREZ, Mauricio. — Violinista profesional. 

Nació en San Juan el año 1842. 

Con su padre Don José, músico distinguidí- 
simo que dirigió las bandas militares de "Gra- 
nada" y "Cataluña", trasladándose en 1851 a 
Caguas en donde puede decirse ({ue fué el i)rimer 
maestro que difundió la buena enseñanza gene- 
ral del arte, a])rendió nuestro biografiado, teo- 
ría musical, solfeo, armonía y composición. 

Su primer maestro de violín fué Mateo Tizol, 
y después en Mayagüez tomó lecciones superio- 
res con Don Rufino Ramírez, quien le educara de 
acuerdo con la escuela del maestro francés Mr. 
Beriot, su preceptor en París. 

213 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



Una inadvertencia, que no liemos podido siil)- 
sanar por estar jíi compaginada la sección Gom- 
posüores cuando notamos la omisión, hace que 
no aparezca en ella, Mauricio Álvarez, cuando 
lia siílo uno de los que más ha sobresalido, ya 
por la exuberancia de la inspiración ya por la 
corrección de la forma, pues en sus obras pa- 
tentizó la solidez de los conocimientos armóni- 
cos, estructura de los géneros, resortes de la ins- 
trumentación y expresión temática. Produjo, 
dentro del medio ambiente de la época, música 
religiosa, bailables, algunas overturas y piezas 
de concierto para violín y piano. 

Cuando ios funerales del pianista Tavárez, el 
oficio de difuntos y misa de réquiem que ejecutó 
la orquesta, fueron compuestos por Mauricio, 
amigo íntimo del pianista. 

De un carácter apacible y bondadoso, no cesa 
de laborar, imes, como también posee el título 
de farmacéutico, al retirarse de la profesión mu- 
sical, tras de cuarenta años de ejercitarla, (hoy 
tiene 73) se le ve siempre al frente del despacho 
de la farmacia de su hijo Don José, residente en 
Caguas, pues le es imposible, según nos mani- 
festara, estar inactivo una sola hora. 

Sumamente modesto, cuando se le habla de 
música, y sobre todo, de la de su tiempo, evita 
tratar nada referente a sí mismo, pero en la 
conversación se advierte que tiene pericia artís- 
tica. 

Ha enseñado a dos generaciones haciendo mii- 
sicos aprovechados, y si como violinista su nom- 
bre es poco conocido, débese a haberse encasti- 
llado en Caguas. 

ALV ARADO, Margarita. 

Pianista dilettante. Natural de Juana Díaz. 

244 



I NSTRU M ENTISTAS NOTABLES. 



Discípuía de Manuel G. Tavárez, quien le dedi- 
cara su renoinbradji danza Margarita. 

ARCE DE ASTOL, Sícila. 

Pianista dilettante. Nació en Ponce. Discípu- 
la del maestro Torns. 

ARIAS, Mercedes. — Profesional. 

l*oneeña y pianista de correctísima escuela. 

Gran temperamento musical, veliemente, a la 
])í\r que delicada expresión; devota de los clá- 
sicos curas obras interpretaba concienzuda- 
mente. 

Modesta, ingenua, laboriosa, sumamente sim- 
l)ática y distinguida, fué la inspiradora de una 
gran pasión, sin que su alma recorriera otros 
camjíos que los del arte, síntesis de sus amores. 

Compositora, si no de grandes obras, con ins- 
})iraciones saturadas de bellezas, que armoni- 
za])a con maestría. , 

Ejerció el profesorado hasta que, prematura- 
mente, se elevara su alma al cielo de encantos 
con que tantas veces soñara en vida. 

Flores y Perlas y RenaeUniento, son dos pre- 
ciosos valses, editados x)or la casa Otero y Co., 
(jue ponen de relieve su facilidad para compo- 
ner. 

BARBOSA SÁNCHEZ, Carmen Belén. — 
Profesional. 

En San Juan se meció su cuna, y en la Aca- 
demia de piano de Anita Otero se desarrolló, 
vigoroso, su temperamento especial para el arte. 

Después de la muerte de su i^recei^tora, cuya 
memoria honra dignamente, ^nies es una de las 

?45 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



cuatro f/racias que ornaron el jardín artístico 
de aquella academia, se trasladó al Conserva- 
torio de Boston, más que para perfeccionar los 
conocimientos adquiridos, para abtener el diplo- 
ma de maestra graduada de música v i)iano. 

El sentir de su alma lo reflejan sus ojos, gran- 
des, negros, bellamente soñadores. 

Su técnica es clara, precisa y robusta de de- 
talles. 

El estilo de interpretación, bastante parecido 
al de la Otero, aunque no con tanta maestría. 

La modestia de su carácter le hace reservar 
las delicias de su ejecución para las intimidaxles 
del hogar. Es artista. 

BOBADILLAy Asunción. 

Pianista dilettante. Discípula de Don Fer- 
mín Toledo. Si no estamos mal informados, na- 
ció en San Juan. 



CAPARROS, Inocencia. 



Pianista dilettante, natural de San Juan, fué 
una de las mejores discípulas del señor ("a- 
brizas. 

CASANOYA, Carlos. — Profesional. 

Si como literato y periodista alcanzó mereci- 
do prestií>ío ]>roporcionandí) honor a ^lavagüív.. 
su ciudad natal, como nianista y musicólogo no 
fué menor su reputación. 

Cario?! Casanova era un temperamento exqui- 
sito V absolutamente artístico. No se prodigaba 
en el piano, pues era algo indolente, pero cuando 
])ulsaba el i(»<'laf1o, sobre todo en el gabinete re- 
servado a la intimidad uuisical, las horas se des- 

240 



INSTRUMENTISTAS NOTABLES. 



lizabaii para los afortunados oyentes, cual [)ai'a 
los astrónomos, cuando ante el ocular del teles- 
copio contemplan las bellezas siderales. Su (eje- 
cución no era extraordinaria, pero si la fuerza 
conmovedora de su expresión. 

Su cultura musical liacía pcndant a la lite- 
raria. 

Su estilo periodístico era castizo, sobrio, de 
argumentación cerrada. 

El literario era poético a la par que ñlosótíco. 

Su oratoria, más conceptuosa que florida, en 
donde brillal)a radiante era en el antiíiteatrí) de 
una academia ; para el batallar político era me- 
jor con la pluma. 

Su conversación familiar era sumamente 
agradable por las oportunas agudezas y reper- 
torio de cuentos con que las aderezaba. 

Como literato fueron varias veces laureadas 
sus poesías y prosas. 

Si se hubiera dedicado a la composición mu- 
sical, en ella taml)ien hubiera alcanzado renom- 
bre; más, poseyendo la preceptiva, no tenemos 
noticias de que produjera. 

Jamás le oímos hablar mal de ningún compa- 
ñero, en cambio ¡Con cuanta nobleza y pericia 
ejerció la crítica! En Mayagüez se dedicó du- 
rante algún tiempo a dar clases de piano y en 
los centros sociales dirigía la ¡jarte lírica de las 
veladas. 

Murió pobre y algo nostálgico, en Ponce. no 
hace muchos años. 

CASTRO CASAXOVA, Salvador. Profesi(mal. 

Violinista mayaguezano, discípulo del maes- 
tro catalán Don José Gotos. 

Fuera de Mavagüez su nom])re es casi desco- 
nocido y como artista muy pocas son las perso- 

247 



MISICA Y MISICOS roUTOlUíKirKXOS. 



lias que, aun en su pueblo natal, tengan noticias 
del puesto (llstingiiido que ocui)a en las grandes 
orí|uestas de Londres. 

Su padre, culiano inteligente, que constituyó 
su hogar en Puerto Rico, viajó niuclio por Eu- 
rojKi, Y estaba bien relacionado en París y Lon- 
dres. 

A esta última ciudad envió a su hijo mayor, 
Pelil)e, quien adquirió puesto de conñanza en 
una casa comercial. 

Después que nuestro l)iografiado obtuvo con 
Ooíós ejecución esmerada y sólida, se fué a Lon- 
dres con su hermano i>ara a.mpliar sus estu- 
dios. 

Sus primeros pasos de artista los dio, de con- 
certino en la orquesta del Yate de uno de los más 
<)])uleiitos Lores ingleses. A'^iajó mucho, por el 
Oriente, durante más de 1 años, hasta que sus 
justas ambiciones de glorias le hicieron fijar la 
residencia en Londres, no siéndole difícil obte- 
ner uno de los primeros ])uestos, como violín 
primero en la orquesta del Convent Garden. 

Le conocimos íntimamente cuando estudiaba 
con Gotós y le predecíamos que, si persistía 
estudiando, ])odría satisfacer sus anhelos. 

Por cartas y recortes de ])eriódicos que hemos 
leído, nos hemos enterado, con verdadero júbilo, 
de que, hasta hace tres años (últimas noticias 
adquiridas) sus j^rogresos eran reales. 

¡ Otro })ortorriqueño qiie en el extranjero enal- 
tece el nombre patrio! 

COLÓN, Aherano. — Profesional. 

Violinista ponceño. 

No fué un virtaosc, no por falta de condicio- 
nes, sino por tener que dedicar la mayor i)arte 
del tiempo, a luchar por la existencia, en un am- 

24S 



INSTRUMENTISTAS NOTABLES. 



luiente algo enrarecido para dedicar al estudio 
las mejores horas sin menoscabo de los deberes 
familiares. 

Pero fué un concertino de gran orquesta, con 
técnica correcta en pulsación y arco, repentizaba 
bien, gran fuerza de expresión, seguridad en las 
entradas, transportador y en ocasiones, di- 
rector. 

Parco de pala])ra, semblante i^oco risueño y 
algo retraído en el trato social, poseía no obs- 
tante bellezas psíquicas que le liacían ai)recia- 
ble. 

Con algunos conocimientos del arte de compo- 
ner, a veces producía bailables de Iniena fac- 
tura. 

Su polka El Orfeón Poncrño compuesto cuan- 
do la Feria de 1882, fué muy aplaudida y edi- 
tada. 

Fué siempre el violín concertino de la orques- 
ta del teatro La Perla y el solista de la de Morell 
Campos. Murió, en Ponce, a principios de este 
siglo. 

DÍAZ, Carmelo. — Profesional. 

Es el cornetín solista de la Panda Municipal 
de San Juan. Xació en Aguadilla. í'on Leque- 
rica aprendió los elementos de la música, com- 
pletándolos en la .llanda de la Policía insular. 
Xo le conocemos ijersonalmente, pero la dulzura 
con que emite los sonidos, corrección del fraseo, 
facilidad para el doble picado y liondo senti- 
miento de expresión, nos liace considerarle como 
uno de los buenos cornetines de la isla, llama- 
do a alcanzar grandes triunfos en el instru- 
mento que tanta fama diera en Madrid al señor 
Coronel. 

249 



MÚSICA Y MÚSICOS I'ORTORRIQUENOS. 

J)()ML\0UEZ, Ledo. Celestino. 

Pianista dilettante. Xatiiral y residente de 
Onayama. 

Sus estudios superiores los liizo fuera del 
i:>aís. 

])UEX(), A¿í>c//o.— Pj'olesional. 

Notable contrabajista, natural de San Juan 
en donde, además del arte, ejerció como Procu- 
rador de la Real Audiencia. Persona de cultu- 
ra y distinguido trato social. Le recordamos 
perfectamente. De regular estatura, color blan- 
co rojizo, pelo tirando a rubio en cuanto al tin- 
te, andar reposado, mirada penetrante prote- 
gida por cristales, conversación amena, pasión 
desmedida por la miisica, conocimientos arrai- 
gados, cuyas demostraciones le dieron prez. 

Su Loga fué uno en donde se liada música di 
ramera. 

Si por los retoños se puede apreciar el tronco 
bastará decir que fué el padre de Braulio, el 
laureado músico compositor y de Manuel, tam- 
bién músico y poeta de renombre. 

Ejerció influencia en el movimiento musical 
de la isla. 

DUEÑO y DUEXO, Dr. Manuel. 

Pianista dilettante. Natural de Bayamón. 
C(m su padre Don Braulio estudió música. 

Durante cursaba medicina amplió en los EE. 
UU. sus estudios del piano. 

FRADERAi:^, Fidel. 

Natural de ]\raricao. Pianista dilettante. 

2r)0 



INSTRUMENTISTAS NOTABLES. 



Hizo los estudios musicales en Barcelona, Es- 
paña. 

FERNÁNDEZ, Aíií/rés.— Profesional. 

Distinguido profesor de oboe, natural de San 
Juan en donde lia sido muv aplaudido, cuando 
desde su puesto en las orquestas de ópera, lia 
demostrado habilidad de ejecución y dulzura de 
tono en un instrumento difícil para la emisión 
de los sonidos por la especialidad de la bo- 
quilla. 

FREYRE, S.— Profesional. 

Flautista mavaguezano de alta escuela, esme- 
rada Y brillantísima ejecución. Alcanzó gran 
renombre como concertista y obtuvo muy buenos 
discípulos. Es de los artistas mavaguezanos 
que más se recuerdan, habiendo repercutido su 
fama por toda la Isla. 

Fué generalmente conocido por el nombre de 
El NcAC Frcyre. 

(JALIÑANES, i?05«.— Profesional. 

Nació en San Juan. Procede de la Academia 
de piano de Ana Otero, constituyendo con Alicia 
Sicardó, Carmen Belén Barbosa y Monsita Fe- 
rrer el privilegiado cuarteto de alumnas que sa- 
lieron profesoras de diclio centro de enseñanza. 

Conocida ya la escuela de su preceptor a, ca- 
be suponer cuales serán las condiciones de pia- 
nista que posee Kosa Galiñanes. Tiene el don 
especia] de ser muy liábil acompañante, cuali- 
dad que no todos los buenos pianistas pueden 
ostentar. 

Ejerce la j)rí)fnsión y le faltan lioras para 

251 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



atender al crecido número de alnnuias que con- 
curren a su hogar. Sencilla y modesta es muy 
apreciada por la sociedad capit aleña. 

garcía ARTÍGüEZ, Elisio. 

Guitarrista, natural de Naguabo. No pode- 
mos clasificarle ni como profesional ni como 
dilettante, porque dentro de la especialidad del 
instrumento en que tanto brilla, hasta ahora, 
que nosotros sepamos, no se ejerce en la isla ese 
ramo de la enseñanza musical; y, por su arte 
exquisito, rebasa los linderos de la heredad en 
que fructifica el diletantismo. 

Para que sea más rara su habilidad, no toca el 
instrumento como todos los giiitarristas, sino 
que colocada la giiitarra horizontalmente sobre 
los muslos, con la mano izquierda pulsa las 
cuerdas como si fueran las teclas del piano, y 
con la derecha hace el punteo en igual posición. 

Le oímos como acompañante en los conciertos 
de violín que diera Ángel Celestino Morales, lo 
que implica conocimientos superiores a los de un 
simple guitarrista, pero en lo que nos mostró 
su verdadero mérito de artista fue en las trans- 
cripciones que nos hiciera oír de obras clásicas. 
El andante de la sonata "Eayo de Luna" d(^ 
Beethoven lo decía con tal arte y tan honda ex- 
l)resión, que nos hizo recordar la que al citado 
canto daba en el piano el pianista español Po- 
wer. Be sentirse es que por no salir de Puerto 
Kico permanezca desconocido en el exterior en 
donde hubiera adquirido puesto preferente conu) 
artista. 

GEIGEL, IsaJ)el. 

Pianista dilettante. Natural de San Juan. 

252 



INSTRUMENTISTAS NOTABLES. 



Discípiíla del profesor D. Fermín Toledo. 
GÓMEZ TIZOL, J/(iwwcZ.— Profesional. 

Nació en San Juan el 6 de enero de 1842. Ma- 
nifestó desde niño grandes aptitudes para la 
música y con sn tío José Belén Tizol, aprendió 
lo elemental del arte ,y de la flauta, ingresando, 
muy joven aún, como flautín en la banda del re- 
gimiento de Cataluña. Cumplido el término de 
su contrata, tomó lecciones de su instrumento 
favorito, con el gran Flautista francés, Don 
Carlos Alard, durante el tiempo que éste i)erma- 
neció en el país. 

Lleno de justa ambición y no proporcionando 
el arte otros emolumentos materiales que los 
precisos para cubrir las necesidades de la vida, 
abandonó la profesión ingresando en el cuerpo 
de Administración militar, trasladándose, como 
tal empleado, a Santo Domingo, cuando la gue- 
rra del 1864. 

Sorprendido por una partida enemiga cuando 
comandaba la conducción de i^n convoy, fué he- 
rido gravemente, por lo ci,ial, y en premio de sus 
servicios, el gobierno español le otorgó la cruz 
de la orden de Isabel la Católica, con pensión 
vitalicia. 

Retornó, para, convalecer de la lierida, a 
Puerto Rico, volviendo al ejercicio de la profe- 
sión, hasta (|ue en 18G(>, se trasladó a Cuba, ocu- 
pando un puesto en la administración militar 
del Hospital de Cárdenas. 

En Cuba fueron muy apreciadas sus condi- 
ciones de flautista, pues frecuentemente tomaba 
parte como concertista en actos i^úblicos. Per- 
maneció en la antilla hermana hasta unos meses 
antes de que estallara la revolución del 1868. 

De nuevo en su país y retirado ya del servicio 

253 



MÚSICA Y MÚSICOS l'OIíTORRIQUEXOS. 



luilitar, en 1870 fué nombrado inspector de po- 
licía del primer distrito de la capital, en cuyo 
destino permaneció liasta su muerte acaecida 
el 2 de marzo de 1914. En 1886 fué a España, 
y en Madrid y Barcelona lo calificaron como un 
rirtuose de la flauta. Tuvimos el honor de pre- 
sentarle a nuestros maestros del Conservatorio, 
los que, después de oirle tocar, nos manifestaron 
que era un gran artista, que podía mostrarse 
ante cualquier x^úblico de Europa. 

Su agilidad era asond)rosa, y así como Dueño 
sobresalió en el doble picado, Gómez Tizol lo 
fué en los ligamentos de grandes frases, las que 
nuitizaba insinuando a veces ligeros picados de 
garganta sin romper la unidad del ligado. Su 
tono de emisión era dulcemente expresivo. Te- 
nía es}>ecial gusto en ponerse a tocar en la sala 
de su casa y a obscuras, después de media no- 
che, semejando su flauta ora al ruiseñor, ora 
melodías celestes de desconocido instrumento. 

Además de la flauta, tocaba con delicada ex- 
presión el "Copófono'', instrumento de copas de 
cristal de roca, que él* mismo confeccionó y por 
el cual le concedieron en la Feria de Ponce, 
dijíloma de honor y accésit. 

(WERRERO, Peí//o.— Semi-profesional. 

De joven y hasta el cambio de soberanía figu- 
ró como profesional en el cornetín que practi- 
caba con suma habilidad y corrección. Nació en 
ílumacao. Desde que ingresó como oficial en la 
Policía Insular abandonó el arte, como profe- 
sión, aunque toma parte algunas veces en con- 
ciertos. Actualmente ejerce como dentista en 
Arecibo. 

. 254 



INSTRUMENTISTAS NOTABLES. 



IRIARTE. Lola. 

riaiüsta dilettante, natural de San Juan. Fué 
una (le las alunmas más xjrestigiosas del señor 
Sarriera. 

LA(i(). Jo.sc María. 

Clarinetista dilettante de gran fama. Natural 
de Arecibo y discíi)ulo de Juan Inés Ramos. 

LECOMI*TE, LMí\va. -Profesional. 

Es la única mujer i)ortorriqueña que ocupa 
puesto preferente como violinista en las orques- 
•tas de ópera. Xatural de San Juan, con su pa- 
dre a])rendió el violín, y después perfeccionó sus 
conocimientos en el Conservatorio de la Habana. 
Si en A^ez de dedicarse, prematuramente a la 
profesión, hubiera podido seguir estudiando 
unos años más, con facilidad se hubiera abierto 
paso entre los concertistas. 

LECOMPTE, Nr>7/íV>.— Profesional 

Como violinista fué de la misma talla de Ju- 
lián Andino, ocupando con éste los primeros 
]mestos en las orquestas de concierto y ópera. 
Tomó lecciones de Mauricio Alvarez. En los 
últimos años de su vida trocó el violín por la 
viola de amor. Cuando ac()mj)añal)a el raconto 
de Hugonotes era í^iempre ai)laudido. Ejerció 
la enseñanza muchos años obteniendo muy bue- 
nos discípulos. Murió en 1912. 

LÓPEZ GÁSTAME I DE, MifjiirL 

Pianista dilettante, natural de Añasco. Per- 

255 



MÚSICA Y MÚSICOS TORTORRIQUEÑOS. 

feccionó en Barcelona j con sns distintos viajes 
por Europa los conocimientos adquiridos en la 
Isla. 

MANGÜAL, Rafael. 

Flautista dilettante, natural de Mayagüez. 
Discípulo predilecto del Xenc Freyrc. 

MÁRQ VEZ, 7^a/ac/.— Profesional. 

Está reiíutado como uno de los mejores flau- 
tistas del presente, reci])iendo grandes aplausos 
y juicios meritorios de la prensa, cada vez que 
ejecuta los pasajes de ópera en que la flauta 
acompaña las cadencias, como en el aria de la 
locura de la Lucía, Ejerce la profesión a concien- 
cia y también hace excursiones por los campos 
de la composición, habiendo sido laureado en el 
certamen de "La Libertad Borinquefía." 

MARTI, Ifjnacío. — Profesional. 

El mejor clarinetista que ha producido el país. 
Su fama ha repercutido fuera de la isla. Fué 
músico mayor del l)atallón de línea "Cazadores 
de Puerto Eico" y en Puerto Plata, R. I), fué 
hasta su uuierte el director artístico de la banda 
militar de aquella plaza. Era un concertista. 
Según referencias nació en Mayagüez. 

MARTÍNEZ APARICIO, Manuel. Profesional. 

Contemporáneo de Dueño y Gutiérrez, fué el 
mejor Cello de aquella época. De gran cultura 
musical, en su hogar se rindió culto ferviente a 
la música di camera. Fué hasta su muerte el 
violoncello de la orquesta de capilla de la Cat(^- 

256 



INSTltr M K.\TIS'1'A« XOTAÜLKS. 

(Iral, (•oiii])artiondo su laboriosa vida entre el 
arte, el escritorio y dirección de la casa mercan- 
til de l^^elipe Ilecíit, la única introductora, en- 
tonces, de instrumentos y obras musicales. 

MA RTORFAjL, Ediianlo.— Profesional. 

Perteneciente a una distinguida familia de 
San Juan, fué un gran flautista, de tono dulcí- 
simo y esmerada ejecución. Con Don Carlos 
Alard tomaba frecuentemente parte en concier- 
tos, en los que patentizó la buena escuela de su 
compañero y preceptor. 

Fué el lU'imer flauta de la orquesta de capilla, 
único sitio en que tocaba con el carácter de pro- 
fesional. 

MEDÍ XA DE VA^C()XI,Mana. 

Pianista dilettante, nacida en San Juan. La 
dis('íi)ula más connotada de Don Fermín To- 
ledo. 

MUJAN , Lihorio. — Profesional. 

Aventajado profesor de cornetín, que fué so- 
lista api andidísimo en la banda de la Policía. 
Su ejecución era clara, elegante y muy técnica. 
Nació en Ponce. 

MONTOTO DE ^AEAIS. íJ/m o. —Profesional. 

Una de las discípulas aventajadas del señor 
Sarriera, que después de viuda se lia dedicado 
a la profesión, como preceptora de piano. He- 
mos oído a algunas de sus alumnas, con escuela 
bastante acej)table. 

257 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



MORALES, Ángel Celestino. — Profesional. 

En el periódico La Chispa, de Manatí, y en la 
edición del 20 de junio de 1904, con motivo de un 
concierto que diera en el Casino Español, este 
violinista, nacido en Gurabo, decíamos: ''No es 
todavía un rirtuose, pero llegará a serlo en no 
lejano tiempo, si amplia sus estudios del Con- 
servatorio con los de audición de los grandes 
maestros e interpretación con estilo propio, no 
imitativo, de los grandes clásicos. 

"Cuando por primera A^ez recorrió la isla pa- 
ra arbitrar recursos con que trasladarse a Ma- 
drid, le señalamos los puntos débiles de sus co- 
nocimientos, que eran el solfeo y la escuela de 
arco; y, él, anhelante de su progreso, se dedicó 
a reforzarlos con firmeza hasta llegar a dominar 
el primero, pues repentiza correctamente, y en 
el arco adquirió, bajo la dirección de los maes- 
tros Hierro y IMonasterio, los secretos j)ara ma- 
nejarlo con pericia." 

Ángel Celestino florales, hizo excursión como 
concertista, por las Antillas, Venezuela y Méji- 
co, obteniendo fama y provecho. 

En Cuba le sorprendió, ])renia tura mente, la 
muerte, cuando se encontraba en plena luna de 
miel, y la mente llena de ensueños de glorias 
para el futuro. 

La Legislatura Insular votó una cantidad pa- 
ra trasladar sus restos a la tierra nativa. 

MORALES, José Miguel. 

Pianista dilettante i)onceño. En la perla del 
sur hizD sus estudios de piano que ha ampliado 
con sus frecuentes viajes a los centros musicales 
de Europa y EE. UU. 

258 



INSTRUMENTISTAS NOTABLES. 



MUÑOZ COLOMER, ./es- m-s-.— Profesional. 

Natural de Utuado, con Don José María Lago 
tomó lecciones de música y con el joven pianista 
español, Rufino Diez, que falleció en Utuado, 
hizo grandes progresos en la técnica del j^iano. 
Después se trasladó a Madrid y en el Conser- 
vatorio se graduó de profesor de piano y armo- 
nía. En 1891 regresó a su pueblo natal, pose- 
yendo bastante ejecución y notable estilo, dedi- 
cándose seguidamente a la enseñanza, que ejer- 
ció también durante algún tiempo en Juana 
Díaz. Tiene muy buena escuela y facilidad pa- 
ra trasmitir. Hoy no ejerce, pues prefiere la 
quietud del escritorio comercial a las fatigas 
del profesorado. 

NADAL, Blas. 

Connotado pianista dilettante. Natural de 
Mayagüez. Su educación artística la recibió en 
Europa. 

NADAL ^ANTA COLOMA. Matilde. — I^ro- 
fesional. 

Mayaguezana e hija del Ledo. Don Ramón Na- 
dal. Hizo sus estudios en Madrid bajo la direc- 
ción del maestro Zabalza, del Conservatorio Na- 
cional. Con título del referido centro musical, 
regresó a Puerto Rico, y después de haber sillo 
muy aplaudida en conciertos públicos se dedicó 
a la enseñanza, siendo desde hace muchos años, 
l)rofesora de música de las escuelas públicas. 

Su estilo es delicadísimo v ^oTrecto. Su tem- 
peramento musical es hereditario v familiar, 
pues casi todas sus hermanas cultivan, con mé- 
ritos, el arte. 

259 



>n's]cA V Misrrds i-oirroKKKjrKxos. 

OWEILL LÓPEZ, Juan. — Semi - profevsional. 

Estudió i)iano y composicióii, graduándose co- 
mo maestro en el Instituto Musical de Lenox, 
Mass.. EE. Uü., en 1902. Fué i)rofesor de piano 
en el lirancli del "'Brooldijn Coiiscrvatory of 
M US i (' " — Fl a 1 1 )r e sil, — 

No tenemos noticias de que actúe en San Juan, 
su residencia, como maestro, aunque frecuente- 
mente toma parte en actos musicales de carácter 
privado. 

Es natural de San Germán. 

OTERO, J/o^/r.s-^í.— Profesional. 

Natural de Ilumacao, con su liermana Anita 
perfeccionó ]os estudios que hiciera en su Villa 
natal, lleí>aiulo a ser la primer ayudanta, y des- 
pués la directora de la Academia de Piano que 
ambas establecieron en la Capital. 

No alcanzó el renombre de su liermana y pre- 
ce[)tora, pero fué tan concienzuda jíianista como 
ésta. A la muerte de Anita se puso frente a la 
fuerte labor de la enseñanza, basta que el ex- 
ceso de trabajo debilitó su organismo, fallecien- 
do en 1912. 

Con su muerte desapareció un centro docente, 
que debió ser la base del Conservatorio de mú- 
sica portorriqueño. 

PADILLA DE SANZ, T/íimí.— Profesional. 

La ILija del Caribe, seudónimo literario que 
euiplea liasta para la correspondencia íntima, 
nació en Vega Baja, cuna también de su padre, 
el ilustre y castizo poeta, doctor en medicina, 
Don José Gualberto Padilla, conocido, litera- 
riamente, por El Caribe. 

260 



INSTIU" M i:\ riS'l'AS NOTABLES. 



Trina Padilla, con temperamento hereditario 
de artista, estndió el piano como complemento 
de su esmerada educación, sin que remotamente 
sospechara que había de servirle de profesión. 

Afortunadamente, sus aptitudes fueron enca- 
minadas por sendas escogidas, pues fué su único 
preceptor, Don Fermín Toledo, y ella, una de las 
más sobresaliente de sus alunmas. 

Esposa del distinguido caballero Don Ángel 
Sauz, ya fallecido, que ocupó altos puestos en la 
administración española, por su brillante y des- 
ahogada posición social, estuvo en condiciones 
de no abandonar el estudio del piano, al que 
dedicaba todas las horas ([ue los cuidados ma- 
ternos la dejaban libre. 

Su hogar siempre ha sido un centro de arte. 
A él acuden como en peregrinación, cuantos ar- 
tistas de valer, ya literario va musical, pasan 
por Arecibo, su residencia desde hace más de 
veinte años. 

Trina Padilla es una verdadera pianista, de 
esmerada y delicadísima ejecución, sentimiento 
expresivo interesantemente apasionado, en con- 
cordancia con su poética y fantástica imagina- 
ción. Técnica bastante correcta. 

Su poderosa retentiva la ha hecho poseedora 
de un extenso y selecto repertorio de las mejo- 
res obras clásicas, pues casi con una audición 
se queda grabada en su mente la factura de una 
ol)ra. 

Es una buena acompañante y repentiza con 
facilidad. 

Las obras de Chopín, Beethoven, Mendelsonn, 
Schubert, Shumann, Albéniz, Granados y demás 
maestrQS del piano, le son familiares, bordán- 
dolas cuando las ejecuta ante auditorio compe- 
tente. 

Después del cambio de nacionalidad, las velei- 



261 



MÚSICA Y MÚSICOS l'ORTORRIQUEÑOS. 



dades de la diosa Fortuna, la Mzo tomar como 
profesión lo que liasta entonces solamente era 
deleite del alma, j desde que abriera su acade- 
mia de Piano en Arecibo, el tiempo le es corto 
para las clases. 

Su cultura intelectual, su apasionamiento por 
todo lo que sea arte, las relaciones que por sus 
méritos y propio esfuerzo ha adquirido con i^er- 
sonalidades musicales de gran fama en el ex- 
tranjero, la permiten estar a la portada entre 
los conocedores del progreso en la bibliografía 
musical Y de alií que en su Academia se enseñen 
los métodos modernos de más valía, siguiéndose 
además la correcta escuela de su maestro. 

Simultáneamente con el ejercicio de la profe- 
sión, empezó a desarrollar sus dormidas facul- 
tades literarias y ora en prosa, ora en verso, Va 
prensa nativa j selectas publicaciones literarias 
del extranjero, engalanan las columnas con sus 
producciones. 

Como poetisa lia obtenido laudos en Juegos 
Florales y certámenes. 

Como literata musical es colaboradora de nú- 
mero Y corresponsal en Puerto Rico, del Correo 
Musical Sud- Americano, que se publica todos 
los miércoles en Buenos Aires y que en nuestro 
concepto es uno de los mejores periódicos musi- 
cales del mundo. 

Su corazón es un tesoro inagotable de l)onda- 
des y siemi>re es de las primeras, cuando no la 
iniciadora, en toda idea noble y altruista. ¡De- 
jaría de ser án^el de caridad, siendo tan ai*- 
tista ! 

PARES, Josefino. 

Fué un virtiiose de la guitarra. Nació en Mo- 
r<>vis en 18G2 muriendo repentinamente en Mil- 
ir. 2 



INSTRUMENTISTAS NOTABLES. 



natí el 18 de marzo de 1908. Fué artista por 
temperamento, por el estudio, y si se nos permite 
la frase, por necesidad, va que únicamente en 
las manifestaciones artísticas liiibiera podido 
expandir los delicadísimos sentimientos de su 
alma. 

Discípulo en Barcelona del gran guitarrista 
catalán, Ferrer y Esteva, durante dos años fue- 
ron tan sorprendentes los i^rogresos que hiciera, 
que un día, asombrado el profesor con la inter- 
pretación que diera a una de sus obras más difí- 
ciles, le dijo : ''Xo tengo más que enseñarle, us- 
ted me supera." 

Las cuerdas del dulcísimo a la par que difícil 
instrumento, cuando eran pulsadas por los de- 
dos de Joseñno Pares, vibraban con tan sonora 
expresión y arte, que el oyente se sobrecogía y 
extasiaba cual si las vibraciones que percibie- 
ra lo fuesen de la armonía celeste, que según el 
gran Kossini, es imposible concebirla en el mun- 
do material por la insuficiencia del fjrosero len- 
guaje que se emplea : la música. 

Interpretaba acertadas y difíciles transcrip- 
ciones, para guitarra, de obras clásicas, con 
un punteo claro, conciso, de igualdad absoluta 
en los acordes. 

Los trastes del instrumento los conocía tan 
])rofundamente, que al acompañar de oído a un 
l)uen instrumentista o cantante, seguía los mo- 
vimientos armónicos y modulantes cual si lo 
hiciera al piano o por lectura del original. Oí- 
mos buenos guitarristas en España, pero nin- 
guna tenía la fuerza de expresión que Pares. 

En la fantasía Variaciones sobre el Carnaval 
(le Véncela ponía de alto relieve su técnica y agi- 
lidad. ¡ Con qué modo tan especial producía los 
sonidos enarmónicos! De la danza La Melan- 
colía de Tavárez, hizo una creación. Fué un 

26a 



MÚSICA Y MÚSICOS I'ÜRTORRIQUENOS. 



artista tan elevado, que nunca le oímos tocar 
ra^sgueos de bailables o cantos regionales. 

Tocaba la guitarra con pleno conocimiento de 
la música. Además era un correcto pianista, v 
con la pluma litográfica hacía maravillas. 
¡Nuestra pobre descripción es pálida ante la 
realidad, desgraciadamente, desaparecida ! 

PENE DO DE CUEVA¿^ ZE QUE IBA, Elisa. 

Pianista dilettante. Natural de Fajardo. 
Desconocemos con quien adquirió su brillante 
escuela. Interpreta con maestría. 

EAMÍREZ, i?í/^no.— rrofesional. 

A'^iolinista y Licenciado en Farmacia. Nació 
en jMayagüez en donde hizo estudios elementales 
del arte, trasladándose después a París i>ara 
cursar los estudios superiores con el gran maes- 
tro de violín del Conservatorio Mr. Beriot. 

A su regreso, según referencias del señor Mau- 
ricio Alvarez, su mejor discípulo, solamente se 
dedicaba a trasmitir sus conocimientos entre 
determinado número de alumnos. 

Nos aseguró también que, aparte de la escuela 
de arco, tenía interpretación propia y deli- 
cada. 

RIVERA , Modcxio. — Profesional. 

De este connotado violinista, natural de Ca- 
yey, fallecido en Madrid el 16 de diciembre de 
180'n (h^sde bi Corte española al Director de El 
yvófiin, periódico ponceño, una danu\ portorri- 
<{ueña de alto valer, lo que publicado ])or el refe- 
rido vocero en su edición del 120 de enei-o de 1S94, 
decía: ''lia muerto Modesto Ilivera, joven que 

26 4 



INSTRUM EXTISTAS NOTABLES. 



vino de Ponce hace 6 añOwS lleno de ilusiones, em- 
prendiendo con entusiasmo los estudios del vio- 
lín. Alcanzó el primer premio en el Conser- 
vatorio, que es mucho alcanzar, y no satisfecho 
aún, ganó otro premio en el estudio de la armo- 
nía. El ilustre Maestro Monasterio lo quería 
tanto que lo llevó a tocar a presencia de la In- 
fanta Isabel. 

"Conquistó un i)uesto entre los profesores de 
la orquesta del Teatro Real; perteneció a la 
Sociedad de Conciertos que bajo la dirección del 
maestro Bretón está compuesta por notabilida- 
des artísticas. 

'*En fin era incansable y vivía enamoratlo de 
la música; pero. . . ¡el destino es implacable con 
algunos seres! ;La lucha por la existencia!. . . 
Modesto Rivera, vivía buscando, aquí y allí con 
que sostener a su familia, y después de tanlos 
trabajos, vióse repentinamente hundido en la 
más grande desesperación. . . Del exceso de ejer- 
cicio se le presentó una parálisis en un brazo! 
¡pobre joven! De tanto capilar se enfermó y el 
tifus acabó con su A^da . . . 

"'Así concluyó el perseguido por la desgi-acia ! 

"No tenía Modesto otro pensamiento (pie el 
de regresar a Puerto Rico, a que le oyesen sus 
paisanos. 

"¡Infeliz! La gloria ha ido a recogerla al 
cielo!" 

Con esta bellísima y honda exclamación, co- 
mo de mujer y artista al fin, terminal>a la luc- 
tuosa misiva. 

En Puerto Rico, antes de su marcha para Es- 
paña, formó parte de la orquesta de Morell Cam- 
pos y ya antes, en 1875, había sido en Viecpies 
Profesor de Música y secretario de aquella mu- 
nicipalidad o gobierno militar es])ecial, siendo 
gobernador de la plaza el Coronel Quijano. 

265 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



Modesto RiA'era honró grandenieiite el nom- 
bre de su país en la antigua metrópoli y de no 
lial>er muerto lo hubiera también honrado, con 
mayores triunfos, en el extranjero. 

liODRíaUEZ SERBA, Ledo. Manuel. 

Pianista dilettante. Nació en Sabana Gran- 
de. Los estudios superiores de música y j^iano 
los hizo en el extranjero. 

B0í<;8Y CALDERÓN, Cf/io.— Profesional. 

ís ació en San Juan y en España se educó mu- 
sicalmente. 

Su escuela de piano es correctísima, con eje- 
cución esmerada por lo ágil, clara, técnica en 
todos los detalles y sentimiento expresivo con- 
movedor. 

Cuando regresó al país en 1886 se dedicó a la 
i:>rofesión tomando parte en audiciones públicas 
en las que se consolidó como pianista. 

Con S(^gura Villalba fué el coopartícipe en la 
fundación del Instituto de Música. 

( 'hiusiirado éste, Rossy abandonó la profesión 
auncfue no la práctica del instrumento. 

Aunque hace i)Oco alaríle de sus conocimien- 
tos, éstos son sólidos y selectos. 

SABATER, Juanita. — Profesional. 

Nació en Mayagüez. l)es])ués de haber obte- 
nido el ])rimer premio se graduó, como i)rofesora 
de i)!aiio, en el instittuto de música de Barce- 
lona. 

Notable rej)entista; con limpieza técnica, ori- 
ginalidad de interpretaciém y sin efectismos de 
exprés i (Vu exagerada. Su repertorio es clásico. 

2(Ui 



INSTRUMENTISTAS NOTABLES. 



Posee además grandes disposiciones como direc- 
tora de orquesta. 

Ejerció la enseñanza en Mayagüez. Acompa- 
ña con maestría. 

Es artista por estudio y por temperamento. 

k'^ANTINI, Nicolás. 

Flautista dilettante. Natural, según refe- 
rencias, de Barranquitas. Hizo en Ponce sus 
estudios musicales. 

RICARDO, A/ic¿o.— Profesional. 

('oncertista de piano. Directora de una Aca- 
demia musical en la que prosigue el sistema de 
enseñanza de la que fué su preceptora, Ana 
Otero. 

Nació en San Juan y todas sus hermanas cul- 
tivan con esmero el arte. 

(^omo pianista goza de alta reputación por su 
brillante ejecución ajustada, en absoluto, a to- 
dos los preceptos de una severa técnica. Inter- 
preta a conciencia y su expresión es delicada- 
mente i)oética. Estudiosa en sumo grado, los 
momentos libres de las clases, los aprovecha, 
ya aumentando la agilidad de su mecanismo, 
ya puliendo los pasajes difíciles o la interpreta- 
ción de ol)ras selectas. Nunca está satisfecha 
de sí misma, y observa cuidadosamente el estilo 
de los i)ianistas a quienes puede oír tocar, pues 
cree que, hasta en los más modestos, siempre 
puede encontrarse algo apreciable. 

Con el connotado violinista suizo, Mr. Ern, 
cultivador exquisito de la música clásica, que 
reside en San Juan, estudia la interpretación de 
los grandes maestros, armonía y composición. 
Después de la muerte de la Otero, Alicia conti- 

267 



MÚSICA Y MÚSICOS TORTORRIQUENOS. 



mió sus estudios de piano con Gonzalo Niiñez. 

La Academia que dirige y de la cual son pro- 
fesoras auxiliares sus hermanas Rosa y Ana, 
goza de merecido prestigio. El plan de estudios 
dividido en 7 cursos, es idéntico, en cuanto al sis- 
tema y textos, al empleado en los Conser- 
vatorios de Madrid y Paris. 

Con frecuencia presenta a sus alumnas en au- 
diciones públicas en las que pueden apreciarse 
los progresos, disposiciones de cada una, y efec- 
tos del sistema educador. 

La última celebrada en el Ateneo, fué un acon- 
tecimiento por lo selecto del programa y ade- 
cuada interpretación con que lo cumplieron las 
diversas niñas y señoritas que hacían su exhibi- 
ción. 

De su academia procede la señorita Mercedes 
Rodríguez que actualmente estudia en el Con- 
servatorio de Madrid, pensionada por el señor 
Teodoro Aguilar, y que al sufrir el examen de 
ingreso, fué califícada para el 5" año de i)ian(), 
el mismo que cursaba con la señorita SiCardó 
cuando obtuvo la beca. 

Basta contemplar la elegante y bella figura 
de Alicia para adquirir la certidumbre de que 
se está en presencia de una artista. 

SICARDÓ DE CARACENA, Ramona. — Pro- 
fesional. 

Nació en San Juan en doxide, con el señor Sa- 
rriera, hizo estudios durante algún tiempo. Des- 
pués pasó a la Habana ingresando en la escuela 
de música de aquel hi ciudad, y últimamente en 
Madrid completó sus conocimientos hasta ad- 
quirir ejecución sorprendente así como un estih> 
propio y elevado. 

Según liemos leído recientemente en la pren- 

268 



INSTRUMENTISTAS NOTABLES. 



sa, ha sido designada para ocupar una plaza de 
Profesora de piano en el Conservatorio de Músi- 
ca de la Habana, Cuba. 

SICARDÓ DE CASTAÑOS, Josefa. 

Pianista dilettante. Natural de San Juan. 
Discípula del señor Sarriera. Reside actual- 
mente en Madrid. 

SIMÓN, En rique. — Profesional. 

Natural de Maragüez. Discípulo de Freyre. 
Flautista connotado que por algunos años fué 
profesor de dicho instrumento en la orquesta del 
teatro Tacón de la Habana. Reside en su pue- 
blo natal ejerciendo la profesión. Dirige or- 
questas y bandas, cultivando tamljién la com- 
posición. 

SOLER, Gerardo. 

Pianista dilettante. Natural de San .Tuan. 
Discípulo meritísimo del señor Cabrizas. 

TAVÁREZ DE STORER, £;/í.5r/.— Profesional. 

Hija del pianista nativo Manuel G. Tavárez, 
de éste heredó el temperamento y disposición 
especial para el piano. Nació en Ponce en cuya 
filarmónica ciudad estudió, con notable aprove- 
chamiento, bajo la dirección de los profesores 
Galván, Arteaga, y Chavier, habiendo empeza- 
do sus estudios a los 7 años de edad. 

En 1896, se trasladó a Madrid ingresando con 
alta calificación en el Conservatorio. La Dipu- 
tación Provincial le concedió una pensión de 24 
pesos mensuales durante dos años, que no le da- 

269 



MÚSICA y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



baii ni para la mitad de sus gastos, habiendo 
sido su padrasto, el doctor Alvarez Valdés, su 
verdadero protector, asi como de sus otros her- 
uianos a los que lia educado. 

I*ermaneció en el Conservatorio hasta el 1899 
y allí, en reñida lid, obtuvo primer premio de 
solfeo y de armonía, y segundo y primero de 
piano, mereciendo una especial felicitación del 
tribunal examinador. 

Sus profesores del Conservatorio fueron: la 
señora Pilar Fernández de la Mora, de piano; 
y los señores Keventós y Fontanilla, de solfeo 
y armonía, respectivamente. 

El año que obtuvo el primer premio de piano, 
tuvo el honor de dar una audición en el Palacio 
Real, ante S. M. la Reina Doña María Cristina 
y la Princesa de Asturias. Antes de su regreso 
visitó a París, y posteriormente fué muy aplau- 
dida en Cuba, en los recitales que organizara. 
También fué muy aplaudida en los públicos de 
esta Isla. 

Su técnica es irreprochable, borda las jiiezas 
que ejecuta y Chopín tiene en ella un buen in- 
térprete. 

En San Juan, Arecibo, Manatí y Utuado, ejer- 
ció la i)rofesión, que abandonó después al con- 
traer matrimonio. 

Tiene inéditas algunas composiciones, entre 
ellas, una brillante y conceptuosa Fantasía. 

Elisa Tavárez es una gran artista que no de- 
b(^ permanecer retraída del arte que tanta fama 
diera a su padre. 

nZOL, Euschío.~VYofemoim\. 

Nació en San Juan. ITa sido el mejor con- 
trabajista íjue ha producido el arte portorri- 
queño. Su ejecución era, sin hipérbole, real- 

270 



INSTRUMENTISTAS NOTABLES. 



mente asombrosa. Jugaba con el instrumento 
Y por difícil que fuese la música que le pusieran 
en el atril, la repentizaba a conciencia. 

Fuera de Puerto Rico su nombre liubiera 
alcanzado fama y honores. Perteneció a una 
faujília en que el arte ba sido siempre su patri- 
uíonio.. 

TIZOL, J)r. José de Jesús. 

Hijo de D. Maunel, viola notable, fué un 
violinista diletante que hizo los estudios en Pa- 
rís, simultáneamente con la carrera de medici- 
na. Nació en San Juan. 

TIZOL, J/r?ií?íc/.— Profesional. 

Constituyó con sus hermanos Ensebio, Fa- 
cundo, Gervasio y José Belén un cuarteto de 
músicos distinguidísimos que en la mitad del 
siglo XIX. eran de los primeros en todos los ac- 
tos musicales. D. Manuel tocaba la viola, y 
fué un buen j^receptor de instrumentos de cuer- 
da. 

Sus hijos el Dr. José de Jesús, Gervasio 
(que falleció en Coruña al graduarse de médico, 
era más violinista que José de Jesús) y Mateo, 
han sabido honrar dignamente la fama artística 
de su apellido. 

TIZOL, J/rt/í o.— Profesional. 

Aunque el violín es su instrumento favorito 
y con el cual ha obtenido meritorios aplausos, 
su verdadera fama consiste en la habilidad y 
pericia como maestro concertador de compañías 
líricas.. Mateo vivió ejerciendo como violinis- 
ta, en Puerto Rico, durante los primeros treinta 

271 



MÚSICA Y MÚSICOS I'ORTORRIQUEÑOS. 



años de su vida, pero después empezó a Abajar 
y desde 1897, si no estoy equivocado, se encuen- 
tra ausente de su país natal. Actualmente re- 
side en la Habana en donde goza de reputación 
y afectos. 

VAN RYHN, Margarifa. 

Pianista dilettante natural de Carolina. Se 
graduó de maestra de piano en St. Aloysius 
Academy, NeAv Lexington, Oliio. Actualmente 
hace estudios de perfeccionamiento en la Aca- 
demia de Alicia Sicardó. Tiene grandes condi- 
ciones para llegar a ser una excelente artista. 

VIZC ARRONDO, Dr. Felipe. 

Flautista diletante, natural de San Juan, 
en donde hiciera sus estudios con tanto aprove- 
chamiento, que le sirvieron de poderosa ayuda 
en la IIa])ana y Cádiz para hacer la carrera de 
medicina. 

POST SCRIPTUM. 

Cuando empezábamos a escribir esta sec- 
ción y ya en prensa las cuatro primeras del li- 
bro, fuimos hondamente sorprendidos con la no- 
ticia de la muerte acaecida en los primeros días 
de Octubre, en Xew York, del reputado i)ianista 
compositor Gonzalo Xuñez, al que ya habíamos 
dedicado una biografía especial aunque no con 
la extención de sus méritos. 

Al cerrar esta sección, deseamos consignar 
el luctuoso acontecimiento, que representa una 
pérdida inmensa, por haber sido Gonzalo Nu- 
ñez una de las más legítinuis glorias del arte, y 
especialmente del portorriqueño, pues supo hon- 
rar el nombre de la patria nativa en el extran- 
jero. 



272 



iirSICA KlOíJIOXAL 



SECCIÓN SEPTÍMA. 



úsica Regional.. 



CAPITULO XXI. 

Eran nuestros deseos lialier lieclio en esta 
sección, un estudio analítico, v en parte «ráfi- 
co, del origen, desarrollo y evoluciones de la 
música genuinamente portorriqueña y con es- 
})ecialidad de la danza; mas, por una parte, el 
no tener, aún, compilados todos los cantos ¡íha- 
ros, labor factible aunque penosa y tardía; y, 
por otra, lo costosa y extensa, pues el texto pa- 
saría de cien ])áginas y las transcripciones mu- 
sicales no menores de 20, el intento queda trans- 
ferido para más tarde, si es que Dios nos conce- 
de algunos años más de vida. 

Xos limitaremos a una breve reseña de los 
cantos nativos y evoluciones de la danza. 

Xada refleja tan ñelmente la originalidad 
intelectual de un pueblo como sus cantos nacio- 
nales o regionales, siendo éstos los que a través 
de los tiempos coadyuvan, sino sirven de orien- 
tación casi absoluta, con la historia a fijar los 
caracteres particulares de las razas. 

El objeto del arte musical no es más que 
uno; pero así como siendo inherente a todos los 
hombres la facultad de hablar, la forma de ex- 
presión ha dado origen a la diversidad de idio- 
mas y dialectos, así también, dentro de la uni- 
versalidad de la música, hay variedad de géne- 
ros, estilos y formas de expresión que han veni- 
do a caracterizarla colectiva y hasta individual- 
mente. 

273 



:njusica y Mí.SICOS tortorriquenos. 



No es en la técnica o preceptiva en donde se 
encnentran tales diferencias ; es la idealidad ex- 
presiva de los sentimientos lo que acentúa las 
carecterísticas. 

La forma melódica, que en los cantos po- 
l)ulares se manifiesta en toda su primitiva sen- 
cillez de expresi(5n, es la que más principalmen- 
te ñja, en consorcio con el ritmo, la idiosincra- 
cia musical de cada pueblo, nación o raza. 

''La música, dice el ilustre maestro franciÁs 
"Mr. Camile Saint Saens, surgió de los ruidos 
"de la Naturaleza, de los cantos de los pájaros, 
"de los gritos de los animales. Pero el Arte, 
"empero, no es la Naturaleza; el Arte es una 
"creación del hombre, cuya base es la Natura- 
''leza." 

De aquí el que para expresar los sentimientos 
más íntimos del alma en un lenguaje universal, 
el liombre baya creado el arte de la música, pero 
con los acentos peculiares a su estado psíquico, 
que forzosamente tiene que estar en relación 
con las modalidades de su carácter, pasiones, 
educación, costumbres, placeres, trabajos y has- 
ta con la misma i)arte de Naturaleza (pie le ro- 
dea, pues siendo ésta una, también lo es varia, 
modelo, el más perfecto, del princii)io funda- 
mental de la estética. 

Los primitivos hombres, a]>enas se extasiaron 
en la contem])lación de la Naturaleza, al oir los 
trinos y escalas de los pájaros, los rugidos do 
las fieras, el tronar de la tempestad, el murmu- 
llo de las corrientes, los silbidos penetrantes de 
los vientos ; y, ¡sentir interiormente los ])rimeros 
aleteos de la pasión, ora ])]ácidos cual los de la. 
]»akmia, ora iracundos como los del águihi cuan- 
do vuela rápida en ])os de una presa, trataron 
])riníeramente de imitar con la voz aquelhis ex- 
l)resiones, y después de adquirida la facultad o 

•274 



.M( SICA REíilONAI-. 



aptitud, intuitivamente, la aplicaron, con moda- 
lidades propias, a la expresión de los senti- 
mientos. 

J)e akí surgieron los cantos populares que, 
mientras más espontáneos más puros, mientras 
más puros más sencillos y mientras más senci- 
llos más en concordancia con la idiosincracia 
personal o colectiva. 

¿Existen en Puerto Kico cantos populares que 
denoten características etnológicas? 

¿Pertenecen exclusivamente o son derivacio- 
nes de la raza aborigen, de la colonizadora o i)r()- 
porcionalmente de las dos? 

La i3rimer interrogante nos permitimos con- 
testarla afirmativamente. 

En cuanto a las demás, si tenemos en cuenta 
-que, así como de los indios Incas se lian encon- 
trado vestigios de un sistema musical proi)io 
basado en solo tres notas y ritmos más irregu- 
lares que uniformes con el cual, a semejanza del 
l)rimer sistema melódico griego, expresaban sus 
concepciones artísticas, de los indios boricanos 
se ignora hasta lioy, al menos por nosotros, si 
l)Oseían o no, formas determinadas de expresión 
musical; y en cambio, basta un ligero examen 
analítico de la estructura y expresión de los can- 
tos nativos para apreciar las similitudes de to- 
nalidad, cadencias métricas y melancólica ex- 
presión, con muchos de los cantos populares es- 
pañoles y más especialmente con los de las re- 
giones andaluza y gallega de donde procedían 
la mayor parte de los colonizadores de esta Isla 
siendo lógico suponer o deducir, que nuestra 
música regional, aunque con algo propio del me- 
dio ambiente, es derivada de la característica de 
la raza española. 

Xo hay quien se atreva a negar la existencia 
de acentos, colores, líneas, o como quiera desig- 

975 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTOHIUQ HENOS, 



nai\se la psiquis musical, propia de cada nación. 
l>asta tener un poco de cultura artística para, 
en cuanto se ove una composición, sobre todo 
de las del género recreativo, poder decir que el 
estilo es húngaro, francés, español, alemán, etc., 
etc. Pues así también hace ya mucho tiempo 
que los cantos y bailables portorriqueños se dis- 
tinguen, con claridad, de las guajiras cubanas 
Y tangos americanos del continente v antillas. 

Los instrumentos musicales que emplea el 
pueblo de nuestras alturas v sabanas, consis- 
tentes en los de cuerda, tañidos mas por punteo 
que por rdSfjuco, denominados: tiple, euatro y 
hordonúa, son sustitutos o derivados del guita- 
riillo. handurria ¡f f/uitarra española, aunque 
distintos los dos últimos en la encordadura. 
Los otros dos que completan la orquesta jíbara, 
no son de origen español. El (füiro o guieharo, 
tal vez, sea una derivación bastante desvirtuada, 
de algún instrumento indio similar. La maraca 
(pie sólo la emplean para los cantos especiales 
de afíninaldos, nos inclinamos a considerarla 
como importada por la raza africana, pues re- 
cordamos que cmindo la esclavitud regía, des- 
graciadamente, en Puerto Rico, en los bailes que 
anualmente celebraban las diversas tribus de 
negros, i)or Rei/e.s y San Mir/uel en la antigua 
])laza del mercado de San Juan, los imicos ins- 
trumentos que empleaban para marcar el ritmo 
de sus grotescos bailes y canturías, eran los de 
l)ercusión denominados bombas y ¡naracas. 

Los principales cantos populares de la pobla- 
ción campesina son: las coplas, décimas, caba- 
llos y aguinaldos: los del pueblo de las agrupa- 
ciones urbanas, sólo se circunscriben a las can- 
ciones de serenatas. 

Algunas veces durante nuestros frecuentes 
A'iajes por el interior de la isla nos hemos dete- 

276 



MISU'A l£K(;iONAL 



nido en mitad de nn solitario camino de herra- 
dura, atraídos por el eco armonioso de entona- 
ciones, bien timbradas, en las que notábamos 
a I "O distinto a la melodía y ritmo de los cantos 
arriba citados. 

Tales melodías eran entonadas por campesi- 
nas que, cabe la orilla de un arroyuelo, mitiga- 
ban con la expansión musical, la rudeza de las 
faenas propias de su condición. 

Esos cantos, que hemos oído repetidas veces, 
tienen muclio de la expresión melancólica que 
dan las campesinas gallegas a los que entonan 
durante siegan las mieses, y reminiscencias de 
las melodías irlandesas. Por la forma rítmica 
y terminación cadencial de las frases en las que, 
])or intuición, solamente emplean la semi- ca- 
dencia, hay que concederles carácter regional. 

Lo que caracteriza las canciones de serenatas ^ 
nombre (pie nos ha parecido el más adecuado, 
])or la índole de los yersos, para clasificar dicha 
música, es la simetría de los fragmentos y fra- 
ses, el casi exclusiyo uso de tonos menores, la 
lentitud de los movimientos y sobre todo el dejo 
melancólico de que está saturado el pensamiento 
musical. Estos cantos son siempre acompaña- 
dos por guitarra haciendo los cantantes un ver- 
dadero abuso de las notas tenidas, que casi vie- 
nen a ser calderones prolongadísimos. 

El baile constituye otra de las características 
de las razas y naciones. 

En el baile hay dos factores que concurren a 
ese objeto; el movimiento coreográfico y la mú- 
sica. Ambos tienen que marchar acordes para 
que la expresión étnica esté bien definida, sien- 
do la música, desde luego, la que más acentúa 
las modalidades de la raza o región, aunque la 
finalidad del bailable sea solamente la del placer 
coreográfico. 

277 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



Los bailables gemí mámente portorriqueños 
son pocos ; están circunscritos a los llamados 
seis y ra/.s de los jibaros y a la danza, ésta como 
bailable social. 

El seis jíbaro, se subdivide en dos clases : el 
denominado simplemente seis y otro al (pie se le 
agrega el adjetivo chorreado y por contracción, 
chorreao. La diferencia estriba en (pie el cho- 
rreao se baila ver teginosam ente, siendo, por tan- 
to, más rápido el movimiento musical, y en que, 
frecuentemente, se interrumpe el baile para re- 
citar una copla de picaresco estilo, la cual se 
designa con el nombre de homha. 

La estructura musical es lo que le dá carácter 
nativo o regional. La parte melódica puede con- 
siderarse reducida a una o dos partes de 8 com- 
pases que sirven de tema para variaciones inter- 
minables. La métrica del movimiento acompa- 
ñante es una mezcla del ritmo ternario con el 
binario, aunque al llevarlo a la notación del pen- 
tagrama se fija como compás, el de dos por 
cuatro. 

Algunos peritos musicales encuentran simi- 
litud entre el ritmo de los bailables portorrique- 
ños con el del zortzico vazcongado, opinión (pie 
no compíirtimos, ])ues la periódica precisión del 
ritmo irregular del zortzico, es incompatible 
con la elasticidad, imposible de anotar, que se 
da a la supradiclia combinación terno-binario 
de nuestros bailables, en el cual estriba la gran 
dificultad con que tror>iezaii los extranjeros i)a- 
ra ejecu.tarlas con expresión adecuada. 

El ?'7/.'í jíharn es de distinta factura al vals 
corriente. La frase melódica es corta, con iiuiy 
pocas variantes; y el acompañamiento armónico 
se basa. e?íclusivauíente, <^n los acordes tóirco, 
subflonilnan^e y doniinanfc, Ihiii^ados acordes 
unt'U'ales. Con frecuencia se omite la nota del 

27S 



MÚSICA REGIONAL. 



bajo acompañante, en el primer tiempo de cada 
compás, sustituyéndolo por un golpe de nrano en 
la caja armónica de la bordonúa. 

La danza, de tango completamente distinto 
al de las demás americanas, es, por su carácter 
regional, de relativa reciente creación, ya que, 
en su primitiva forma de tango americano, fué 
importada de Venezuela el año 21 del siglo pa- 
sado, y hasta en uno de los de la sexta década de 
diclio siglo, no adquirió carta de naturaleza 
nativa. 

El danzón, importado de Venezuela, no tenía 
otra finalidad que la áe\ baile. Su melodía era 
insulsa, circunscrita a una frase repetida de 8 
compases, sin pensamiento determinado, a la 
(|ue daban el nombre de paseo, y dos partes más 
(le ocho y a veces 16 compases rei)etidos, que for- 
mal)an el bailable y en las cuales, la monotonía 
del ritmo estaba en relación con la melodía, des- 
i)rovista de toda expresión. 

A veces solían aplicarle letra de carácter cha- 
bacanamente satírico o alusivo a un hecho de- 
terminado, cuya letra aprendía el puel)lo, inme- 
diatamente, para cantar el danzón en donde- 
quiera que se ejecutaba. 

Así la costumbre, de las danzas de cantaleta, 
infiltrada en el T>ueblo de San Juan, cuando des- 
})nés se hizo la innovación rítmica, lo que influyó 
en que las danzas capitaleñas no puedan citarse 
como modelos del género elevado que, con Tavá- 
rez y Campos, adquirió dicho bailable hasta casi 
transformarse en verdadera composición étnico- 
musical. 

La evolución rítmica la hizo Julián Andino, 
empleando la cond)inación terno-binaria en el 
acompañamiento. En el danzón primitivo había 
alguna combinación parecida, pero muy simple, 
pues sólo se reducía a un tresillo de negras, un 

271) 



MlSlCA Y MÚSICOS rOUTURUIQUEXOS. 



i-oinpás si y otro no. Pero en la lieclia por An- 
dino, el tresillo (elástico) (1) era de corclieas 
en cada tiempo de un compás alterno. 

Tand)ién la melodía adquirió belleza de expre- 
sión, variedad y alguna fijeza temática, pero 
continuaba pobre, no ya de combinaciones ar- 
mónicas, sino de modulaciones. 

Tavárez fué el que dio a la melodía, la debida 
relación expresiva entre el pensamiento inicial 
j la variedad temática con verdadera riqueza 
de modulaciones y acompañamiento armónico 
de correcta construcción. Aplico varias com- 
binaciones rítmicas, saturando al ('spíritii del 
conjunio artístico, del ambiente moral de la 
•época . 

Juan Morell Campos, después de muerto Ta- 
várez, continuó la evolución, ampliando las com- 
l)iiraciones armónicas por medio de otras instru- 
mentales, nuevos y variados ritmos, frases me- 
lódicas ins[)iradísimas, bien equilibradas y me- 
jor concordadas con el pensamiento inicial. 

La vivacidad rítmica y desarrollo del discur- 
so melódico responden, i>or la robustez de ex- 
l>resión, al ambiente luchador en (pie desarro- 
llaba sus iniciativas (4 pueblo de su tiempo. 

I*ero con la muerte de Campos, la evolución 
se paralizó. Se han compuesto después innume- 
rables danzas, se ha tratado de hacer innova- 
ciones en su factura, pero desgraciadamente el 
estado caótico-moral del imeblo, que hasta hoy 
casi ])uede decirse carece de una orientación fija 
dentro del nuevo régimen imperante, influyendo 
en el ánimo de los compositores, le hacen des- 
virtuar, con las novedades de factura rítmico- 



(1) Ijíi palabra cUihUco quiere indicar que la medida del 
tresillo no i»uede ser precisa sino alargando inia nota más <iu(> 
otra para constituir el ritmo criollo del acompañamiento. — F. C. 

280 



MÚSICA REGIONAL. 



melódicas que introcliicen, el carácter neta- 
mente portorriqueño de la danza, como bailable 
y como comi)osición regional. 

El renacimiento de la pura forma se inicia; 
y, si los jóvenes compositores qu^ suben, son 
como tales, cuidadosos en la producción, no sola- 
mente pueden salvar la típica factura sino com- 
pletar la evolución, hasta hacer que nuestra 
danza adquiera modalidades, como las de la hún- 
gara j la de otros pueblos que, con los cantos 
populares, son fuentes de inspiración inagota- 
ble para la producción de obras maestras. 

El compositor coameño, por adopción, José 
Y. Quintón es el llamado a que la historia mu- 
sical le registre esa página de honor. 

Y no es la danza solamente la que debe ad- 
quirir entre los bailables el carácter regiona- 
lista ; también el vals puede ostentarlo, pues así 
como el vals venezolano, el francés, y hoy el 
vienes tienen factura especial, ¿por <jué no dár- 
sela al portorriqueño? 

El Vals Tu Risa, de Rafael Balseiro, tiene 
una característica expresión criolla, y su autor, 
que tan sugestionado está por esa forma de bai- 
lable, puede proseguir produciéndolos con acen- 
tos más regionales, aunque debe sacrificar algo 
del floreo característico de su personalidad pro- 
ductora. 

Y fuera de los bailables, en la misma música 
severa, puede y debe intentarse que en el con- 
junto se destaque la idiosincracia de la música 
nativa. 

Para terminar esta sección diremos, que como 
productores del antiguo danzón, sobresal ier(m: 
Don Eulogio Cortés y Don Eamón Santaella; 
después de hecha la evolución y en el típico estilo 
capitaleño, los más connotados y constantes fue- 
ron Julián Andino, Casimiro Duchesne, Damián 

281 



MÚSICA Y Mi:.SICO.S PORTORRIQUEÑOS. 



Esturio, (el nene) José del Carmen ^lartínez, 
ViU'O Pérez, Carlos Segué, Blas Laguna y otros 
(le la Isla a qnienes sedncía el estilo; y dentro 
de la elegancia de factnra creadas por Tavárez 
y Campos, Sandalio Callejo, Dneño Colón, Mon- 
sita Ferrer, Simón Madera, Rafael Marqnez, 
linís R. Miranda, Ángel Mislán, Heraclio Ra- 
mos, Arturo Pasarell, Juan Rios Ovalle, José 
Quintón y Mannel Tizol Marqnez, son los de ma- 
yor renombre. 



282 



rROFESOUADO. 



SECCIÓN OCTAVA. 



Profesorado. 



CAPÍTULO XXII. 

Dentro del uiedio ambiente en que se han des- 
arrollado todas las manifestaciones artísticas 
]>ortorriqueñas, si meritorias son las de los com- 
l)ositores e instrumentistas, también las de los 
([ue, desde él, a veces, casi desconocido gabinete 
de trabajo de sus hogares, se han dedicado a la 
l)enosa tarea de la enseñanza, merecen ser con- 
siderados Y que los nombres de los de mayor y 
eficiente labor figuren en esta especie de memo- 
randunt del arte borincano. 

Xo seremos prolijos en el relato. Considera- 
mos suficiente a nuestros propósitos, indicar el 
ramo de la enseñanza que practicaron y métodos 
de su escuela. 

Solamente nominaremos a aquellos que no 
aparezcan citados por otros conceptos en las 
secciones precedentes. 

Terminando con este capítulo el plan general 
deJ libro, queremos suplicar nuevamente a los 
(pie nos lean suma indulgencia para el estilo, 
l>ues no somos literatos, y también ante cual- 
(luier omisión que pudiéramos cometer. Si real- 
mente la hubiera será por inadvertencia o cons- 
treñido por alguna poderosísima razón que al- 
guien y no nosotros, dada su rectitud de concien- 
cia, exi)licará debidamente. 

ACEVEDO, Cándido. 

Xatural de Manatí, eu este pueblo ejerció la 

283 



MÚSICA Y MÚSICOS TORTORRIQUEXOS. 



enseñanza elemental de la música, con facilidad 
de trasmisión, minuciosidad en los detalles y 
conciencia profesional. Ha obtenido buenos 
alumnos que hov figuran como partes principa- 
les en bandas v orquestas. Su instrumento fa- 
vorito es el violín. 

AGRINSONI, Germán. 

Nació en San Juan. Hijo de un profesor de 
cornetín. Con Verar hizo sus estudios de mú- 
sica. Fué el requinto y sub-director de la Banda 
de la Policía. Hace años figura como clarinete 
solista de la orquesta del teatro, y actualmente 
es el director de la orquesta del Casino Español 
de San Juan. Ejerce la profesión y tiene mu- 
chas comj)osiciones del género bailai)le. 

ANDINO, Felipa. 

Fué preceptora de piano en San Juan y otras 
pueblos de la Isla, hasta su muerte acaecida en 
Utuado en 1888. 

Su escuela era la misma del señor Cabrizas 
con quien estudiara. Su estilo brillante se re- 
flejaba en la manera de tocar de sus alumnos. 
Practicaba además el canto. 

BASTA RJ) TIZOL, Jaime. 

Después de ser un buen instrumentista, al 
vencer su contrata como requinto de la banda 
de Artillería, se dedicó a la enseñanza sorpren- 
diéndole la muerte, muy joven aíín, como profe- 
sor de la escuela de música del Asilo de Bene- 
ficiencia. Sus instrumentos favoritos fueron la 
flauta y el clarinete. Nació en San Juan. 

284 



PROFESORADO. 



BLASSTNI, Francisco. 

Nació en Yaiico, educándose en Florencia, Ita- 
lia. De familia distinguida y rica, puede decir- 
se que el arte fué su principal distracción. Su 
escuela de piano puramente italiana, era com- 
pleta. La diosa Fortuna le abandonó por com- 
pleto y en Mayagüez y Aguadilla ejerció la en- 
señanza del piano con resultados satisfactorios. 
Era un alma nobilísima que en todas sus mani- 
festaciones revelaba sentimientos altruistas. Su 
alta cultura y educación le granjeaban las sim- 
l)atías públicas. Murió repentinamente en 
Agiiadilla en 1913. Dio en este pueblo algunas 
audiciones con sus discípulas en las que se pu- 
dieron apreciar notables progresos. 

nURSET, Joaquín A. 

Nació en Huma cao en donde cursó los estu- 
dioselementales de la música, marchando des- 
pués a Barcelona en donde los hizo sólidos, ad- 
(luiriendo los especiales del piano, concertación 
y dirección. 

Es muy buen solfista. Fué el director de la 
Compañía lírica "Gira Artística" y desde enton- 
ces ha venido actuando como maestro en diver- 
sas compañías de zarzuela que han hecho tem- 
poradas en la Isla, Antillas españolas y Vene- 
zuela. 

Aunque ejerció la profesión como maestro de 
piano, dá preferencia a la dirección orques- 
tal. 

CRUZ, Domingo. {Cocolía.) 

Natural de Ponce, además de ser un bombar- 
dinista que en el género bailable ha alcanzado 

285 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



gran renombre, ha sido preceptor de música por 
muchos años y Director de la Banda de Bombe- 
ros. Además es un buen Violoncellista. 

Perteneció siempre a la orquesta de Campos, 
la que dirigió desjiués de la muerte del maestro. 

DUEÑO Y DUEÑO, Belén. 

Distinguida señorita natural de Bayamón e 
hija del connotado maestro Don Braulio, fué dis- 
cípula de los señores Arteaga y Gonzalo ís'uñez. 
Ai'tista ])or herencia y temperamento tiene mu- 
cluí técnica en piano y miisica y es la actual pro- 
fesora de piano que en su pueblo natal ejerce 
con grandes resultados. 

DULIEVRE, Francisco. 

Mayaguezano. ({ue por inadvertencia dejamos 
de incluir entre los instrumentistas notables, ya 
(pie es un Inien violinista, que si prosiguiera es- 
tudiando llegaría a alcanzar lauros como con- 
certista. Era el concertino de la orquesta de la 
Policía, y con frecuencia actúa como tal en las 
de compañías de ópera. Es director de compa- 
ñías líricas y actualmente ejerce como Director 
de la banda escolar de Añasco. 

Es un teniDeraniento artístico de primer or- 
den que sin haber completado sus estudios se 
hace notable. 

EaiPCÍACO, Antonio. 

Educador de música ponceñO, en cuya ciudad 
ejerció durante largos años. Fué el prece])tor 
de la mavor parte de los buenos artistas que han 
hecho y hacen honor a la Perla del Sur. Su ins- 
trumento favorito era el violoncello. 

286 



PROFESORADO. 



Murió en Ponce en tiempos de la soberanía 
es})añola. 

FULLADOSA, Carmen. 

Natural de Humacao, se dedica a la enseñan- 
za del piano trasmitiendo a conciencia los cono- 
cimientos que posee. 

Ha ejercido en varios pueblos de la Isla, }' la 
instrucción elemental que da es correcta. 

(ÍEIGEL, Carlos. 

Contemporáneo de Callejo, Cabrizas y demás 
l)receptores durante las décadas del 1860 al 1880, 
ejerció la enseñanza del piano con notable apro- 
Tecliamiento. 

(ÍIRONA, MdfUde. 

Natural de San Juan v procedente de una 
familia en que el arte tuvo siempre buenos cul- 
tivadores, desde niña empezó sus estudios musi- 
cales con notable aprovecliamiento. Fueron sus 
profesores de piano los señores Aranzamendi y 
Sar riera. 

Sus })rogresos fueron tan notables que a los 
IT) años ya' tocaba en audiciones públicas siendo 
justamente aplaudida. 

Dedicada a la enseñanza desde hace años, con 
labor persistente y callada, trasmite con acierto 
y conciencia, pudiendo considerarse como una 
l)uena profesora para la enseñanza elemental 
y secundaria del piano. 

GUILLEN, M¡(/urL 

Hijo de un buen maestro de música y orga- 

287 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



iiista catalán que ejerció en Arecibo v otros pue- 
l)los, tenía verdadera disposición musical pose- 
vendo bastante ejecución en el piano y conoci- 
mientos generales del arte cuya j^rofesión ejer- 
ció en San Juan hasta su muerte acaecida en 
uno de los primeros años de este siglo. 

Figuró en el cuadro de profesores del Insti- 
tuto musical de Segura Villalba. 

Era perito en la afinación y reparaciones de 
pianos. 

LALOMA. ^Salvador. 

Clarinetista de renombre (pie [)or inadverten- 
cia dejamos de incluir en la sección de instru- 
mentistas notables, fué también connotado edu- 
cador de música, y de su instrumento especial- 
mente. 

Fué el primer clarinete de la oríjuesta de (\\- 
pilla de la Catedral, desde su fundación, y ocu])ó 
la plaza de Eequinto en bandas militares. 

LAZA, José. 

El actual condueño del acreditado bazar 
'"Euterpc,'' almacén de música e instrumentos 
acreditado en la isla, es un músico modesto <(ue 
posee con escepcionales facultades el l)ombar- 
dino, dedicándose principalmente a tocar en las 
orquestas de é)pera e iglesia y a enseñar teoría 
y solfeo, lo ([ue Lace a conciencia. 

MADERA, mmón. 

Natural de Mayagüez. De gran cuadratura 
musical. Posee el violín y el clarinete con bas- 
tante escuela. Su ejecución es técnica y esmo- 
rada. En el clarinete tiene un tono muy dulce 
y en el violín expresa con acentos pasionales. 
Como compositor de música regional su nombre 
es conocido y apreciado. Hace años que reside 

288 



l'KOKKSUUADO. 



(-11 Guayaiiia dedicado a la profesión, espeeial- 
lueiite de iiistruiiientos de cuerda. Es muy buen 
solñsta y posee espíritu artístico. 

Tiene dos liijos a los que lia enseñado violín 
y el Acarón especialmente está en condiciones de, 
piid leudo ir a un Conservatorio, alcanzar pnesto 
eminente como Adolinista. Su modo de expresar, 
cuando aún es nn niño, revela al artista, aunque 
hoy en estado incipiente. Durante el pasado 
nño Simón Madera organizó mi terceto, con sus 
<los liijos y dio conciertos por la Isla con el fin 
<le mandarlos a educar fuera. Ignoramos el re- 
sultado de la excursión. 

MILLÁX, Tomás. 

Buen Cornetín y mejor preceptor, especial- 
mente de bandas escolares. Posee varios ins- 
trumentos y un gran sentido artístico. Naci(') 
en Ponce y, basta que fué disuelta, perteneció a 
la Banda de la Policía Insular. 

Ha organizado bandas escolares en diversas 
líoblacioiies de la isla. 

OTERO, Julia. 

Natural de Humacao y bermana de Anita, 
c(m esta bizi) sus estudios basta graduarse como 
luaestra de Piano. Fué la principal ayudanta 
de la Academia de piano que en San Juan or- 
ganizara Anita. Muerta ésta y después Modes- 
ta, Julia Otero continuó durante algún tiempo 
enseñando en San Juan, trasladándose última- 
mente a Humacao. 

PASARELL, Oriol. 

Prestigioso profesor de piano, natural de Pon- 
ce, en cuya población ejerció siempre el profe- 
sorado artístico. 

Obtuvo muy buenos discíi^ulos y su método de 

289 



MÚSICA Y MTTSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



enseñanza era el de la antigua escuela bri- 
llante. 

PEÑA, F. 

Actual director de la Banda Municii)al de Hu- 
macao, que lia demostrado poseer amplios cono- 
cimientos como educador y director. 

Es sumamente modesto, pero sus conocimien- 
tos los trasmite con escrupulosidad digna de en- 
comio. 

BENDÓN, José. 

Natural de San Juan ejerció durante nuiclios 
la enseñanza del solfeo y violin. Ocu})6 siempre 
la cabeza de los segundos violines en las gran- 
des orquestas. Murió el 27 de noviembre de 
1903. 

RENDÚN, Lino. 

Natural de San Juan, después de liaber sido 
Requinto de la Banda de Artillería y músico 
mayor interino de la del Batallón de Puerto Ri- 
co, ])asó con igual cargo, que ejerció hasta.su 
muerte, a la del Batallón de Voluntarios de Hu- 
macao, dedicándose taml)ién a la enseñanza par- 
ticular en la que obtuvo alumnos distinguidos. 

ROS ELLO, José. 

Natural de San Juan. Fué su i)i'imer precep- 
tor de música Don Sandalio Callejo, (pn<Mi le 
profetiza sería un buen artista. Al morir (Ca- 
llejo, prosiguió los estudios c(m Acerar basta 
liacerse un notable flautista, ocu]):ui(lo !a pinza 
de flauta en la orquesta de Capilla. 

p]l maestro Gutiérrez le dedicó una fanlnsía 
\)\\\"A flauta de extrema dificultad, ¡pie leyó a 
primera vista. 

Ejercitaba también el clarinete y se dedicó a 

290 



l'K()Fi:SOKAl)0. 



la enseñanza hasta que prematuramente le sor- 
prendió la muerte cuando apenas contaba vein- 
te años. 

TEODOSIO, Biihio. 

En su pueblo natal, Manatí, se dedicó a la en- 
señanza de la música, refiriéndonos, los llocos 
contemporáneos que viven, que era un apasio- 
nado del arte y trasmitía con ahinco. 

TIZOL, José Belén. 

Le conocimos de segundo clarinete de la or- 
questa de capilla y profesor de flauta del colegio 
(le los PP. Jesuítas, cuando éstos regentaban el 
Seminario-Colegio. 

Daba además clases particula^res y estaba con- 
ceptuado en aquella éi^oca como un buen pro- 
fesor. 

VÁZQUEZ DE CANDAMO, Antonia. 

Natural de Ponce. Pianista que se dedica a 
la enseñanza y toma parte frecuentemente en 
actos musicales públicos. Tiene bastante es- 
cuela, y repentiza con suma facilidad. Siempre 
está propicia para coadyuvar a cualquier acto 
l)enéfico. En su pueblo natal gDza de muchas 
simpatías. 

VERAR, Eraneisco. 

Nació en 1850, siendo San Juan la ciudad en 
donde meciera se su cuna. Fué discípulo de Sal- 
vador Laloma. A los 17 años obtuvo por oposi- 
ción la plaza de requinto del Batallón de Ma- 
drid. En 1872 era el músico uiayor de la líanla 
de Bomberos de Mayagüez. En 1880, Don San- 
dallo Callejo lo llevó de nuevo a San Juan, colo- 
cándolo de requinto en la Banda del 1er. Bata- 
llón de Voluntarios, de la que era Músico Mayor, 

291 



MÚSICA Y Místeos rORTORRIQITEXOS. 



y de ayudante en la Academia de Música del 
Asilo de Eeneíicencia, de la que era director. 
En 1881 obtuvo por oposición la plaza de primer 
clarinete de la orquesta de capilla permanecien- 
do en ella liasta su disolución por el cambio de 
nacionalidad. A la muerte de Callejo le suce- 
dió como músico mayor de Voluntarios y cuando 
talleció Jaime Bastard, fué nombrado Director 
de la Academia de Beneficencia. En 1901 fué el 
Director-organizador de la Banda de la Policía 
Insular, basta que fué disuelta en 1908. 

Perteneció basta bace poco tiempo como pri- 
mer clarinete de la orquesta del teatro y era 
el director de la del Casino Español. Ya entra- 
do en años, continúa su labor de maestro. Fué 
el instructor de la Banda Escolar de Fajardo ; 
de la cadetes de la Universidad, en Río Piedras 
y actualmente lo es de la Municipal de Manatí. 
Como clarinetista fué (pues ya apenas lo toca) 
un profesor competente, leyendo y transportan- 
do a primera vista. 

Como director, su gran práctica le bizo siempre 
salir airoso y como preceptor, posee el don de 
trasmitir con facilidad fundamentando la ense- 
ñanza en el i)erfecto conocimiento del solfeo. 

\ ÍIjELLA, l^om. 

Natural de Humacao, discíi)ula de Don Ig- 
imcio Otero. Ejerce desde años la profesión en 
su ])ue])lo natal con notable aprovecbamiento, 
distinguiéndose entre mucbas de sus discípulas 
la señorita Pepiña Montoto. 

Manatí, 29 de octubre de 1915. 



292 



ai'iondicp:. 



PÉNDICE. 



CAPÍTULO ÚLTIMO. 



Xo por vanidad de autor, sino, únicamente, 
con el fin de que pueda saberse que en Puer- 
to Rico llegó a formularse un proyecto i)ara 
organizar la enseñanza musical en debida for- 
ma, reproducimos, como apéndice de este libro, 
las Bases que, en noviembre de 1898, presentára- 
mos, después de haber sido sancionadas por los 
maestros Gutiérrez, Arteaga, Cliavier, Dueño 
Colón, Ajiita Otero, Verar y otros más, a la con- 
sideración del entonces Secretario de Fomento, 
Don Salvador Carbonell, y que, aceptadas en 
])rincipio por éste, no llegaron a cristalizarse en 
Ley, jiorque las circunstancias especiales del 
cambio reciente de nacionalidad, reclamaron la 
atención de los legisladores en asuntos de ca- 
rácter más urgente. 

He aquí el proyecto: 

Bases que para la organización general de la 
(■nseñanza de la Milsica, en Puerto Rico, presen- 
la el Profesor que suscrihe a la consideración 
drl Ron. Secretario de Fomento. 

PREÁMBULO. 

Las artes, esas sibilas que, en todos los tiem- 
pos descubren con todos los atractivos de la be- 
lleza los misterios del alma i^orque representan 
todos los sentimientos; esas inspiraciones de 
todos los siglos que, después de glorificar al liom- 
bre privilegiado que las cultiva, engrandecen a 

293 



.ML'SICA Y MISICOS I'ORTOUUIQL'EXOS. 



las naciones, las hermanan y conservan sn me- 
moria cuando el tiempo las borra de la faz de la 
tierra ; las artes, repito, constituyen uno de los 
principales elementos en el desarrollo de la cul- 
tura de los pueblos. 

Hijas del pensamiento de la Divinidad, ha- 
blan sólo a las almas; para todas tienen con- 
suelo y son, en la historia del mundo, una cade- 
na que enlaza los pueblos y las civilizaciones, 
las ideas y los sentimientos. 

Su influencia es directa y, aunque diferentes 
en la forma, todas tienden a un mismo ñu, todas 
pueden llegar a producir análogos efectos. 

Careciendo de los conocimientos necesarios 
l)ara tratar de ellas en general, me limitaré a 
estudiar, con arreglo a mis facultades, el estado 
en que se encuentra la enseñanza del arte mu- 
sical en Puerto Rico, sintetizándolo, cuanto me 
sea posible, en este preámbulo, ya porque no de- 
be ser muy extenso, va también, porque no hace 
mucho tiempo, publiqué en El Diario Populan, 
de Mayagüez, una serie de artículos, sobre el 
mismo tema y no quiero pecar de repetido. 

La música, ese hermoso lení>uaje del alma, 
due nació con el primer hombre y perfeccionán- 
dose con él, ha lleiíado a su mayor grado de apo- 
geo, ha creado nua sociedad universal, ha puesto 
en comunicación a las más apartadas resiioues, 
ha dado medios de des])legar todos sus encantos 
a la Tíintura, escultura y arquitectura esceno- 
gráñras y ha venido a constituir una verdadera 
nece'^'idad, lo mismo en las capitales más civili- 
zada '\ que en los pueblos y cas(M*íos más apar- 
tados. 

S' esludio, al narecer sencillo, requiere, airar- 
te del temperamento especial, una serie de sa- 
cr»fi^io« V una lucha tal de diíicultades que no 
todos pueder. vencer; ])orípu» para ser un buen 



AI'KNDICE. 



iiiiisico, un A^erdadera artista, no basta vencer 
las mayores dificultades del instrumento, x)ues 
eso que es puramente mecánico, sólo maniñesta 
ciertas disposiciones ejercitadas con empeño y 
perseA^erancia, pero nunca ingenio y reñexión; 
y el artista, que debe ser instruido, debe haber 
reflexionado muclio sobre su arte, debe c(mocer 
los objetos que se propone imitar; en suma, de- 
be presentir los efectos que pueda causar, ]mes 
de otro modo, nunca será más que un autónuita 
que trabaja, salga lo que salga, y, falto de prin- 
cipios, no podrá estar seguro de acertar y com- 
placer. 

Entre nosotros existe una disposici(3n privile- 
giada ])ara el cultivo de la música, pero, en los 
diecioclio años que llevo dedicados a la ense- 
ñanza, en distintas poblaciones de la Isla, lie 
podido apreciar que, en general, no marcha por 
la senda de la escuela moderna. 

Muchas son las causas y creo haberlas indi- 
cado en una carta que dio a la publicidad L<{ 
Balanza, cuando el señor Segura Villalba tra- 
taba de fundar el Instituto Musical que tan |><)ra 
vida obtuvo. 

Prescindiendo de las otras, dos son, en lui con- 
cepto, las más principales. Una, la falta abso- 
luta de un plan determinado de enseñanza ; otra, 
eL desamx^aro moral y material que ha teni<lo, 
hasta hace muv poco tiempo, por parte de los 
poderes encargados de proporcionar al })ueblo 
su educación y adelanto. 

Por eso, hov que surge ])ara nosotros el s;)] 
es})léndido del verdadero progreso, (I) y que <le- 



(1) Este pr<iyocto ostaha ya redactado cuando se constitriyó- 
el OaI)iiiete Autñiiómico. en tiemi)os de la Soberanía Esitañola. 
]iero no fué presentado hasta después del cambio de nacionali- 
dad. — F. C. 

295 



•StCSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



s(nuiios (\\ie el pueblo i^osea todos los conocimien- 
tos que, difundiendo la luz en su inteligencia, le 
l)ro])orcione los medios })ara librar, con más des- 
abo<>o. la subsistencia, hoy, repito, he creído un 
del»ei' ocifparnie, nuevamente, del estado de la 
enseñanza del arte a que me dedico, para, con 
la ayuda de todos, ver si logro encauzarla por 
la senda que debe seguir y, para lo cual, de tan- 
tas medios disponemos. 

Dos fines persigo : difundir, encauzar y unifi- 
i-ar la educaci(')n musical en toda la Isla, }■ crear, 
]>or decirlo así, la carrera artística, para que el 
pueblo (pie obtiene siempre de las artes mayores 
y positivos ])eneficios, tenga un ancho campo en 
<loude desarrollar sus facultades, y, un medLo 
adn}>íado a sus condiciones, para ganarse la 
vida. 

l*or tanto, Hon. Señor, yo ruego a usted, en- 
<-areci(la mente, se digne estudiar las Bases de 
organización que tengo el honor de presentarle, 
X>ara (¡ue, haciéndolas suyas y después de some- 
tidas al crisol de su clarísima inteligencia, haga 
cuanto de usted dependa para darle forma tan- 
gible, convirtiéndolas en acabado proyecto de 
Estatuto. 

A nada personal aspiro ; mi único objetivo es 
<-oo])erar, con el óbolo de mi limitada inteligen- 
cia, al jn-ogreso y cultura de mi país y ver al 
arte glorificando el nombre de los portorrique- 
ños cpie, como descendientes de la gran nación 
es]>añ()la, son todos artistas por temperamento. 

Fernando CALLEJO FERREK. 
A recibo, P. R., marzo de 1898. 

BASE8 GENERALES. 

1- — División de la enseñanza. 

2'' — División de los estudios. Su reglamentación. 

296 



APÉNDICE. 



:>' — Creación de establecimientos. Profesorado 
respectivo. 

4- — Condiciones para el ingreso de los alumnos. 
Nombramiento del profesorado. Duración 
de los cursos. Exámenes y premios. 

5- — Creación de plazas pensionadas. 

(y — Inspección general de la enseñanza. 

7- — Presupuestos. 

DESAREOLLO DE ESTAS BASES. 
Base Primera. — División de la Enseñanza. 

Deseando que la enseñanza tenga toda la uni- 
formidad necesaria para que los resultados sean 
satisfactorios; que carezca, en absoluto, de toda 
tendencia de exclusÍAÍsmo personal y resj)etan- 
do, asimismo, la libertad indi^ddual, (pie nunca 
debe coartarse, la enseñanza se dividirá en Ofi- 
cial, Particular y Prirada. 

Será Opcial, la que se curse en los estableci- 
mientos públicos creados al efecto. 

Particular, la que se dé en escuelas y acade- 
mias particulares, que funcionen con autoriza- 
ción de la Secretaría de Instrucción Púl)lica, de- 
biendo regirse por el plan general de estudios 
oficiales. 

Privada, la que se reciba individualmente, (|ue 
gozará de libertad al)soluta. 

Base Síujioida. — División de los Estudios. — í^u 
Reglamentación. 

Los estudios musicales, a semejanza de la ins- 
trucción general, se dividirán en elementales,, 
secundarios y superiores. 

Corresponde a los primarios, el conocimiento 
completo de la teoría, solfeo en las siete claves» 
transporte a primera vista y nociones del meca- 
nismo de los instrumentos. 

297 



MÚSICA Y MÚSICOS I'ORTORRIQUENOS. 



A los segundos, mecanismo general de los ins- 
trumentos y elementos de armonía. 

A los superiores, el perfeccionamiento del me- 
canismo, armonía, composición y algunas no- 
ciones de estética e historia general del arte. 

Los estudios de teoría y solfeo se dividirán en 
tres cursos; el de instrumentos, por lo menos, 
en seis; y la armonía y composición, cada una, 
en tres. 

Las nociones generales de estética e liistoria 
del arte formarán parte del último curso de com- 
posición. 

Algunos de estos estudios podrán simulta- 
nearse, tales como los dos primeros de los ins- 
trumentos, con el 2- y 3" de teoría y solfeo; los 
de armonía y composición con los de instrumen- 
tos. Pero, en ningún caso, podrá concederse 
examen de cursos instrumentales sin tener apro- 
bados los de teoría y solfeo, ni matricularse en 
composición, sin tener aprobada la armonía. 

A pesar de esta división, los alumnos que, es- 
tando en condiciones, quieran aprobar en un solo 
año dos o más cursos, podrán hacerlo, pero su- 
friendo el examen riguroso de cada nno, previo 
pago de los derechos de matricula y examen co- 
rrespondientes. 

La división definitiva de los cursos así como 
los métodos porque deban regirse, se hará i)or 
reglamentos especiales. 

Base Tercera. — Creación de Estahlecim lentos . — 
Profesorado. 

Siguiendo la división establecida en la base 
anterior, los establecimientos que deban fundar- 
se serán : 

Tnstiíuto Superior, i)ara la enseñanza de to- 
dos los estudios, radicado en la Capital. 

Academias de t^c</uuda Enseñanza, en las ca- 

298 



APÉNDICE. 



beeeras de Departamento. En ellas se cursarán 
los estudios elementales y secundarios. 

Escuelas Elementales, en el resto de las pobla- 
ciones, cuyos presupuestos excedan de Quince 
Mil Pesos" {¡$115,000.00) . 

El l*roí*esorado lo constituirán: 

En el Instituto : — Profesor de teoría y solfeo. 
—Profesor superior de piano. — Otro auxiliar. 
— Profesor de canto. — Maestro de armonía. — 
Maestro de comijosición. — ^Profesor de Instru- 
mentos de cuerda. — Otro auxiliar. — Profesor de 
flauta y oboe. — Id. de clarinete, saxofón y fagot. 
— Id. de cornetín y trompa. — Id. de bombardi- 
no, trombón y bajo. — Id. de armoniun y órgano. 
— La dirección y secretaría de este centro serán 
desempeñadas por dos de los profesores, los 
nombramientos de los cuales corresponderá al 
Secretario de Instrucción Pública, siryiéndose 
los cargos por quinquenios, pudiendo ser reelec- 
tos y asignándoseles una gratificación extra 
sobre sus estipendios como profesores. 

La dependencia estará formada por un Con- 
serje, un ugier y un escribiente de Secretaría. 

En las Academias de 2' enseñanza: 

Profesor - Director para la enseñanza de los 
instrumentos y elementos de armonía. — Profe- 
sor auxiliar de piano. — Profesor auxiliar de teo- 
ría y solfeo, a^'udando ambos auxiliares al di- 
rector en la enseñanza instrumental. — Como de- 
pendencia habrá un conserje-ugier. 

En las Escuelas Elementales. 

JJn profesor para toda la enseñanza respec- 
tiya. 

No siendo las poblaciones que forman cabe- 
cera de departamento de la misma importan- 
cia, ni contando con iguales recursos económicos 
para la formación de sus presupuestos, queda al 
arbitrio de sus Municipios dar a la enseñanza, 

299 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



en las academias, toda la amplitud que deseen, 
aumentando, por lo tanto, el cuadro del profeso- 
rado. 

Base cuarta. — Condiciones para el ingreso de 
los alumnos. — Nombramiento del profeso- 
rado. — Duración de los cursos. — Exámenes 
y premios. 

De los alumnos. — Para ingresar como 
alumno en la enseñanza oficial, se necesitará 
saber leer y escribir, poseer elementos de gra- 
mática y aritmética y tener ocho años eumpli- 
dos. Estos requisitos pueden llenarse con 
certificaciones de los profesores de instrucción 
pública y con la partida de bautismo o inscrip- 
ción de nacimiento. 

La inscrij^ción se hará por matrículas de 
pago, para la enseñanza superior y secundaria : 
gratuita para la elemental, en los centros ofi- 
ciales. Las academias particulares que deseen 
legalizar los estudios de sus alumnos, deberán 
hacer matriculas adscritas de cada uno, al em- 
pezar los cursos, pagando las inscripciones por 
la elemental y adquiriendo, por lo tanto, el de- 
recho de presentarse a examen, en los ordina- 
rios de cada curso. 

Los derechos de matrícula serán de diez 
pesos, pagaderos, para la enseñanza oficial en 
dos plazos : — uno, al empezar el curso ; y el otro, 
en el mes anterior al de los exámenes. La en- 
señanza particular pagará toda la matrícula al 
empezar el curso. Los alumnos de enseñanza 
privada pagarán todos los derechos al solicitar 
examen, en la época señalada para los extraor- 
dinarios. 

Cada matrícula dará derecho a los alumnos 
de la enseñanza oficial y particular a inscribí r- 

300 



Al'EXDICK. 

se en dos de las clases que puedan simultanear- 
se. 

Los derechos de matrícula corresponderán 
al Tesoro Insular. 

Nombramiento del Profesorado. 

El ingreso en el profesorado del Instituto, 
así como en el de Director de las academiavS de- 
partamentales, será por oposición. Los profe- 
sores de las escuelas elementales v auxiliares 
de la 2a. enseñanza, por concurso. 

Los ejercicios de oposición se verificarán 
todos en la Capital, formándose dos fribuna- 
les : — uno para los del Instituto ,y otro para los 
de las Academias. 

El tribunal de oi)Osiciones para el Institu- 
to, lo constituirá, en las primeras oposiciones, 
dos maestros de música y dos personas desig- 
nadas por la Secretaría de Instrucción, presi- 
didos por el decano de nuestros maestros, y con 
sujeción al programa que se determine. En las 
sucesivas, después de constituido el estableci- 
miento, por dos profesores del Instituto y dos 
personas designadas por la Secretaría de Ins- 
trucción, presididos por el Director del Insti- 
tuto. 

Verificados los ejercicios, de su resultado, 
el tribunal formulará una terna que elevará al 
señor Secretario de Instrucción, quien hará los 
nombramientos dentro de un plazo no mayor 
de quince dias. 

El tribunal para las oposiciones del profe- 
sorado de las Academias, lo formarán siempre 
dos ])rofesores de música del Instituto y dos de- 
legados del Municipio respectivo, presididos por 
el Director del Instituto. Las ternas se remi- 
tirán a los Municii^ios para que estos hagan el 
nombramiento. 

301 



MÚSICA Y MÚSICOS rORTORRIQlJKNOS. ^ 

Si al verificarse las primeras oposiciones 
no ])n(lieraii cubrirse, en esta forma, todos los 
cargos, ])odrán ser provistos por concurso, inte- 
rinamente, hasta que se celebren, en el más bre- 
ye x>lftzí) posible, nuevas oposiciones. 

La interinidad por cinco años consecuti- 
vos dará derecho a que se considere cubierta la 
l)laza como en propiedad. 

Las vacantes que ocuri'an en el Instituto y 
Academias, serán cubiertas por turnos riguro- 
sos de traslado o ascenso y por oposición. 

Lo§ profesores que sean nombrados en vir- 
tud de las oposiciones, obtendrán, cada cinco 
años, un ascenso que consistirá en un aumento 
proporcional del sueldo. 

Se concede, además, el derecho de permuta 
entre profesores del Instituto y los Directores 
de Academias. El concurso de mérito para los 
auxiliares y elementales se hará por cada Mu- 
nicipio, con arreglo a las prescripciones que 
ellos acuerden, ])reAÍ() informe del Director de 
las Academias respectivas, prefiriéndose a los 
(pie pi-esenten títulos de profesores, expedidos 
por el Instituto. 

La dependencia de cada establecimiento la 
nombrará el centro gubernativo que pague los 
sueldos, previo informe del Director del esta- 
blecimiento, i)or cuyo conducto se harán las so- 
licitudes en el pa])el sellado correspondiente. 

Ningún profesor podrá ser separado de su 
cargo, sin previa formación de expediente gu- 
bernativo, del cual podrá apelarse ante los tri- 
bunales de justicia correspondientes. 

Ahora bien ; me atrevo a i)roponer, por con- 
siderarla de justicia, una sola excepción para 
cuando se constituya el Instituto Superior, y 
es : — (pie la clase de composiciím sea conferida 
(MI calidad de vitalicia, prescindiéndose de la 

302 



APÉNDICE. 

<)])osición, al decano de nuestros maestros, glo- 
ria del arte musical portorriqueño, el fecundo e 
inspirado compositor, don Felipe GUTIÉRREZ 
Y ESPINOSA. 

Duración de los Cursos. — 

Los de las Academias y escuelas elementales, del 
15 de enero hasta el tlO de noviembre. 

Los cursos del Instituto Superior empeza- 
rán el 1' de octubre, terminando el 30 de junio. 
La matrícula se abrirá desde el mes anterior 
al de la apertura de los cursos. Para los días 
y horas de clase, se harán reglamentos especia- 
les, pero, en ningún caso, los profesores darán 
más de dos horas diarias de clases. 

Exámenes y premios : 

Los exámenes de prueba de curso se verifica- 
rán dentro de la última quincena del último mes 
escolar. Los extraordinarios y de reválida, en 
el mes anterior a la apertura del nuevo curso. 

Las calificaciones serán: Sobresaliente; Bue- 
no ; Aprobado y Suspenso ; y con arreglo al tan- 
to por ciento de eficiencia siguiente : de 95 a 100 
puntos, Sobresaliente; de 80 a 95 puntos. Bue- 
no ; de 65 a 80 puntos. Aprobado ; y menos de 65 
])untos, Sus])enso. 

Se pagarán derechos de examen y certifica- 
dos, los que ingresarán en los fondos de cada 
centro, para con ellos sufragar las dietas de 
viaje a los Inspectores de Visita. 

Cada centro podrá expedir certificados, con 
validez académica, a los estudios asignados a 
cada uno. 

Las certificaciones de las Academias particu- 
lares no tendrán validez oficial si no están visa- 
das i)or el Director del centro oficial en donde 
las mismas estén adscritas. 

303 



MÚSICA Y MÚSICOS TORTORRIQUEÑOS. 



Los dereclios del título definitivo los fijará la 
Secretaría de Instrucción e ingresarán en el 
Tesoro Insular. 

Después de efectuados los exámenes ordina- 
rios, los alumnos oficiales que liubiesen obtenido 
notas de sobresaliente, tendrán derecho a entrar 
al concurso de [u-emios (ejercicios públicos) que 
para cada clase se designe, consistentes en di- 
plomas y matrículas de honor. 

Base Quinta. — Creación de Plazas Pensionadas. 

Deseando que el Arte llegue a alcanzar todo 
el esplendor que merece, v que la juventud pue- 
da completar la carrera artística por medio de 
grandes audiciones, lie considerado necesaria la 
creación de plazas pensionadas, para la Metró- 
poli y extranjero, las que servirán, también, de 
estímulo, ya que podrán considerarse como un 
premio especial al término de la carrera. Y, 
dentro de la unidad del plan, deben también se- 
ñalarse pensiones en las academias y escuelas 
para que los que las obtengan puedan trasla- 
darse a los centros superiores a terminar los 
estudios. 

En los i)resupuestos de cada establecimiento 
se consignará una partida anual para diclios 
fines. 

Las plazas pensionadas del Instituto Sujx'- 
rior, serán : una para alumnos de la clase de 
composición; una para los de la clase de canto: 
y otra, alternando, a su vencimiento, para los de 
la clase de T)iano e instrumentos de cuerda. 

La duración de estas pensiones será de tres 
años; el i)rimero, para la Metrói)oli; y los dos 
tiltimos, ])ara el extranjero, Italia, r^rancia, Ale- 
mania o liélgica a elección del agraciado. 

Para obtener las pensiones se requerirá: 

1" — Haber obtenido, en todos los cursos, y en 

304 



el título deñnitivo, la nota de Sobresaliente. 

2- — Certiñt-ación de buena conducta, del Di- 
rector asi como de la autoridad local. 

;i — Hacer los ejercicios de oposición. 

Los agraciados quedarán en la oldigación de 
remitir, anualmente, y en tiempo oportuno, cer- 
tiíicaciones laudatorias y legalizadas, de los Di- 
rectores de los centros docentes en donde i)rosi- 
gan los estudios. Los de composición, una obra, 
producto de su ins})íración y de acuerdo con lo 
(|ue el reglamento del Instituto determine. 

Las faltas de tales requisitos dará por cadu- 
cada la pensión. 

En las academias y escuelas se creará una 
l)laza pensionada para continuar los estudios 
en el centro inmediato superior. Las condicio- 
nes las estipularán los Municipios, de acuerdo 
con el Director docente. 

Existiendo, en la actualidad, dos o tres plazas 
de pensionistas otorgadas por la Exma. Diputa- 
ción Provincial, y con el ñn de respetar derechos 
adquiridos, los jóvenes que se encuentran en Es- 
paña, estudiando por cuenta de la Diputación, 
continuarán pensionados, por cuenta del Insti- 
tuto, hasta que venza el término i^or el cual aqué- 
l!as les fueron concedidas. 

Base ^cj-i(L- — Inspección General de la Ense- 
ñanza. 

La enseñanza será inspeccionada, anualmen- 
te, en toda la Isla, del siguiente modo: 

El Director del Instituto designará, por turno 
anual, a dos profesores de dicho centro, para 
que giren visitas de inspección a las Academias 
de cada departamento, durante el período de va- 
caciones del Instituto, o sea, en los meses de 
julio, agosto y septiembre. 

La visita de Inspección a las escuelas elemen- 

305 



MÚSICA Y MÚSICOS I'ÜRTORRIQUENOS. 



tales será lieclia por los Directores de las Acade- 
mias de Departamento, en la época en que el 
Director crea más oportuna, y sin previo aviso. 

En diclias visitas se examinará el estado de 
las clases y la documentación, dándose cuenta, 
por duplicado, a la Secretaria del Instituto, pa- 
ra que ésta haga, en el registro general, las ano- 
taciones oportunas y remita al Secretario de 
Instrucción un resumen de la inspección. 

Las dietas que devenguen los Inspectores del 
Instituto serán pagadas de los fondos de este 
Centro ; las del Director departamental, por mi- 
tad de los fondos de las academias y escuela ele- 
mental que visite. 

Base Séptima. — Presupuestos. 

Al llevar a la realidad este proyecto, se for- 
nmrán dos clases de presupuestos ; uno extraor- 
dinario de gastos de instalación, y otro ordina- 
rio para los de cada año. 

Los presupuestos del Instituto corresponde- 
rán al Tesoro Insular; los de las academias y 
escuelas, a los respectivos municipios. 

Al formularse los presupuestos de instalación, 
se procurará que los establecimientos queden 
dotados del material e instrumental necesarios 
a cada uno. 

Aliora bien; siendo los presupuestos ordina- 
i-ios los que, aunque de un modo aproximado, 
deben conocerse, para que dentro de lo vasto úv\ 
])lan Dueíla juzgarse lo limitado del sacrificio 
(|ue s« pide al país ante los grandes beneñcios 
(pie podrán obtenerse, me vov a permitir indi- 
carlos:, no como definitivos, sino como i)unto de 
partida i)ara la aprobación del proyecto. 

;50G 



APÉNDICE. 



PRESUPUESTO ORDINARIO DEL INSTITUTO. 

1 Profesor de teoría y solfeo •"? COO.iM) 

2 Profesores de piano a |í)()0.00 cada uno 18()().(M) 

'2 Auxiliares de piano a |(300.00 cada uno 12()().()0 

1 l^rofesor de canto OOO.OI) 

1 Maestro de Armonía 720.00 

1 Maestro de Composición 720.00 

2 Profesores para instrumentos de cuerda a -f 600 1200.00 
4 J'rofesores para instrumentos de viento a .fGOO 2400.00 

1 Maestro de Armonium y órgano 720.00 

Gratificación para el Director 000.00 

(rratificación i)ara el Secretario ,s- ÍÍOO.OO 

Portero 3G0.00 

Ugier 240.00 

Escribiente de Secretaría 3G0.00 

Alquiler de casa y material loSO.OO 

Para .'3 pensionistas a SOOO, cada uno 1800.00 

Total 115.000.00 

PRESUPUESTO DE INGRESOS. 

]*or dereclios de matrícula, a -tílO.OO | 4000.00 

Por derechos de títulos, a 150.00 1000.00 

l*or subvención que ])aoará el munici]»io de San 
Juan, que no tendrá Academia Departa- 
mental 2000.00 

Total .'f^ 7000.00 

' De manera q^ie, balíiiiceando el presupuesto 
(le ¡2:astos con el de ingresos, vendría a costar 
el Instituto, r-l Tesoro Insular, la cantidad de 
$8,000.00, ca3 tidad que casi se «-asta hoy por la 
Dixíutaeión Provincial, en pe^i sionistas y sub- 
venciones a escuelas v sociedades de la Capital, 
sin beneficio para el resto de la Provincia. 

-307 



MISK-A Y MISICOS I'OKTORUIQT'KXOS. 

PRESUPUESTO DE LAS ACADEMIAS. 

1 Miu'sn-o - Dii-wtor * 720.00 

2 J'rofcsoi-es ¡nixiliares a POO.OO, cada uno 720.00 

1 P()rípr()-ii{,ner 240.00 

Material y al(|niler de oasa 520.00 

IViisionisfa :{00.00 



Total S2500.00 

PllESUrUESTO DE LAS ESCUELAS. 

ri(d'esor úiiicíj .f 500.00 

l'eiisionista 800.00 

Material y casa 800.00 

Total .'íl 100.00 

El })agü del personal se hará por nóiuinas. 

COMUNICACIÓN DEL SEÑOR SECRETARIO DE FOMENTO 
A( í'^PTANDO. EN PRINCIPIO. EL ANTERIOR PROYECTO. 

Hay un sello que dice: "Wa/" Dcpartrneni, 
Jlcadrjuartcrs Department of Porto Rico. — Se- 
cretan/ of Fomento."' 

No. 1169. 

Oportunamente se recibió en esta Secretaría 
su instancia relativa a la organización de la en- 
señanza musical en esta Isla. 

Tengo el honor de manifestarle, en contesta- 
ción, que desde luego, acepto en principio su 
idea, prometiéndome estudiar las bases propues- 
tas por usted, y anhelo que cuando las circuns- 
tancias lo aconsejen, pueda darse realidad a tan 
hermoso provecto. 

I»uerto Ilico, diciembre 29 de 1898. 

(firmado) Dr. S. Carhonell, 

Secretario de Fomento. 
A^'r. (Ion Fernando Callejo Ferrer. 

308 



APÉNDICE. 



'■1' * 



Posteriormente y debido a las incesantes ges- 
tiones del señor Aniérico ]Marín, gran amateur 
del arte, que falleció a principios de 1914, fué 
presentado en la Cámara de Delegados de la 
Legislatura Insular, el siguiente Provecto de 
Ley : 

R. C. de la C. 37. 

EX LA CÁMARA DE DELKliADOS DE PUERTO RICO. 

Marzo 8, 1913. 

Los señores Lcdesma, Barceló y del Rosario^ 
presentaron Ja siguiente 

RESOLUCIÓN CONJUNTA 

Para la creación de una Academia de Música, 
Canto y Declamación en la Isla de Puerto Rico. 

POR CUANTO, una gran mayoría de los jó- 
venes de ambos sexos en esta isla, posee la más 
admirable disposición artística ; 

POR CUANTO, la Asamblea Legislativa de 
Puerto Rico lia consignado en sus diversos i)re- 
supuestos varias sumas de dinero para costear 
la educación artística a varias jóvenes porto- 
rriqueñas que se ban enviado a Italia, centro en 
donde se adquiere una perfecta educación en 
^Iiisica, Declamación y Canto; 

POR CUANTO, los estudiantes portorrique- 
ños que han asistido a Conservatorios de Euro- 
pa ban revelado a los maestros de aquéllos un 
hermoso talento artístico, y hay en las escuelas 
de Puerto Rico un sinnúmero de niños de ambos 
sexos dotados de una buena voz, quienes si se 
educan, pueden salir de su país a ganar la vida 

309 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 

en el mundo del Arte, u obtener ocupación diaria 
en esta Isla; 

POR CUANTO, a pesar del lamentable des- 
cuido en que siempre lia estado el arte en Puerto 
Rico, han nacido en él músicos inspirados y va- 
rios artistas, y existe en las escuelas un número 
de niños de maravillosa i)recocidad que apren- 
den música y canto con notable rapidez ; 

POR CUANTO, la creación de una Academia 
de Música, Canto y Declamación abrirá una 
nueva senda a los jóvenes portorriqueños x)ara 
el porvenir y contribuirá a dar realce a nuestro 
nombre en el exterior; 

POR TANTO : Decrétese por la Asamblea 
Legislativa de Puerto Rico : 

Sección 1- — Se crea, por la presente, en la Ciu- 
dad de San Juan, Capital de la Isla de Puerto 
Rico, una Academia de Música, Canto y Decla- 
mación, que se instalará, temporalmente, en un 
edificio propiedad de El Pueblo de Puerto Rieo, 
dentro de diclia ciudad, hasta que pueda dotarse, 
a la nueva Institución, de un alber.ííue apro- 
piado. 

Sección 2-^ — El gobierno interior de dicha Aca- 
demia queda encomendado a una comisión com- 
puesta por el Speaker de la Cámara de Delega- 
dos y los demás miembros que forman la Junta 
de la Universidad de Puerto Rico y cinco ])rofe- 
sores de la Academia, designados ])or la Junta 
de la Universidad. 

Sección 3^— Dicha comisión debei-á redactar 
todos los reglamentos para la admisión de estu- 
diantes, y a])robará el plan de estudios por que 
la Institución deberá regirse, siendo además su 
obligación presenciar los exámenes anuales que 
se verificarán en la fecha que ella indique. 

Sección 4- — El personal de dicha Academia 
de jliisica, Canto y Declamación, constará de 2.") 

310 



APÉNDICE. 



profesores, quienes recibirán la compensación 
anual que junto a sus nombres se indica : 

Tres profesores de Canto, con mil seiscientos 
dólares cada uno. 

Tres })rofesores de Violín, con mil dólares ca- 
da uno. 

Un profesor de Contrabajo y Cello, con mil 
dólares. 

Un profesor de ^'iola, con seiscientos dólares. 

Un profesor de Clarinete y Flauta, con seis- 
cientos dólares. 

Un profesor de Cornetin, con quinientos dó- 
lares. 

Un profesor de Trombón, con quinientos dó- 
lares. 

Un profesor de Oboe v Clarín, con quinientos 
dólares. 

Cuatro profesores de Solfeo, con mil dólares 
cada uno. 

Un profesor de Tromba, con quinientos dó- 
lares. 

Dos profesores de Arpa, con mil doscientos 
dólares cada uno. 

Dos prof.^sores de Piano, a mil dólares cada 
uno. 

Un i)rofesor de Armonio, con mil doscientos 
dólares. 

Un profesor de Composición, con mil doscien- 
tos dólares. 

Sección 5"-— Todos los profesores deberán acre- 
ditar su competencia ]>ara entrar en el desem- 
l)eño de sus respectivos cari>os. 

Sección G' — La duración del año académico, 
así como la duración del día de clases y las ma- 
terias que deban cursarse oralmente, serán de- 
signadas por la Junta de la ITniA^ersidad, oído 
el Consejo de Profesores, que será formado por 
todos los que perteuezcan a la Tnstitución, y al 



MÚSICA Y MÚSICOS PORTORRIQUEÑOS. 



cual se inviste con la facultad de adoptar cuan- 
tas medidas fueren necesarias para la conser- 
vación de la disciplina. 

Secci(3n 7- — Se ñjavá anualmente una canti- 
dad para la adquisici(3n del instrumental nece- 
sario, a medida que el adelanto de los educandos 
lo requiera, y i)ara la iniciación de la Academia, 
esta suma queda señalada en cuatro mil dólares. 

Sección 8' — Queda señalada para gastos del 
l)ersonal administrativo la sunm de cinco mil 
dólares, la cual no podrá alterarse sin el con- 
sentimiento de la Junta de la Universidad de 
Puerto Rico. 

Sección 9' — Será deber de la Junta de la Uni- 
A^ersidad costear la impresión de Diplomas, 
siempre ([ue el Consejo de Profesores Imya so- 
metido un modelo de los mismos a su aprobación, 
y nombrar, oyendo a diclio Consejo, un Admi- 
nistrador de la Academia, quien tendrá a su 
cargo la adípiisición de papel de música, enseres 
de escritorio y todo el material que requiere una 
Institución artística, de])iendo presentar deta- 
llada cuenta de los gastos a la Junta de la Uni- 
versidad, al comenzar el año Académico. 

Sección 10- -La Junta de la I^niversidad de 
Puerto Rico y el Consejo de Maestros, en sesión 
conjunta al iniciarse el año Académico, redac- 
tarán las reglas por que debe gobernarse el tra- 
bajo de la Institución, y tomará las medidas 
que crean oportunas para el progreso de la mis- 
ma, ada})tando, en cuanto fuere aplicable, el re- 
glamento de cualquier Conservat(n-io de Europa. 

Sección 11' — Por la ])resente se asigna, de 
cualíjuiera fondos existentes en Tesorei-ía no 
destinados a otros liiies, la cantidad de treinta 
uiil dólares, o la parle de ella ([ue l'uere necesa- 
ria, i)ai*a el sostenimiento de la Academia du- 
rante el primer año de su lundación, debiendo 

•Ó12 



apí:ndice. 



consignarse anualmente igual o mayor suma, se- 
gún lo demande el adelanto de la Academia. 

Sección 12' — Cuanto por esta Resolución se 
dispone, entrará en vigor el día primero de junio 
de 1913, quedando derogada toda ley o parte de 
ella que se oponga a la presente. 



Fin del Libro. 



313 



ÍNDICE. 



PAGINA 



Dedicatoria ^• 

Consejo a Margarita ó. 

Señora Adela Borghi '^• 

El por qué de este libro 9. 

Introducción 1*^- 

Sección Primera. — Anotaciones Históricas. 

Capítulo I. lOGO - 1800 lí^- 

Capítulo II. 1800-1858 ..' 20. 

Capítulo III. 1858-1898 37. 

Capítulo IV. 1808-1914 57. 

Sección Segunda. — Biografías. 

Capítulo V. Arteaga, Julio C '^'■^^ 

Capítulo ^'I. Chavier Arévalo, Arístides 78. 

Capítulo VIL Dueño Colón, Braulio 90. 

Capítulo VIII. Gutiérrez Espinosa, Felipe 101. 

Capítulo IX. Martínez Tlée, Manuel 117. 

Capítulo X. Mislán Ángel 122. 

Capítulo XI. Morell Campos, Juan 130. 

Capítulo XII. Nuñez, Gonzalo 141. 

Capítulo XIII. Otero, Ana 1^5. 

Capítulo XIV. Paoli, Antonio 153. 

Capítulo XV. Kamos, Adolfo Heraclio 15S. 

Capítulo XVI. Tavárez, Manuel G 162. 

■ Sección Tercera. — Cantantes. 

Cai)ítulo XV U. Cantantes 170. 



índice. 

PÁGINA 

fieccíón (Uiarta. — Certámenes. 
Capítulo XVIII. Certámenes 103. 

Secf'ión Quinta. — Compositores. 
Capítulo XIX. Compositores 210. 

Sección Serta. — - Jnstrunieiit¡f<tas Xofables. 
Capítulo XX. Inslrumentistas notables 241. 

Sección Séptima. — Música Regional. 
Capítulo XXI. Música regional 273. 

Sección Octava. — Profesorado. 
Capítulo XXII. Profesorado 283. 

Capítulo último. Apéndice 293. 



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Callejo Ferrer, Fernando 

Música y músicos portorriqueños / 



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