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Full text of "Narración militar de la guerra carlista de 1869 à 1876"

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5 




1 



MRRACl lim BE U «RA CULIS! A 



\ 



i. 



NAERAOION MILITAR 



DE LA 



GÜMRA CARLISTA 



DE 1869 Á 1876 



POR 



EL CUERPO DE ESTADO MAYOR DEL EJÉRCITO 
PUBUCAOA POR El DEPÓSITO DE LA GUERRA 



TOMO V 




MADRID 

Lmprknta y Litografía del Depósito de la Gueura 

1885 



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Mamrd Collag» Library 

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Prar.A.C.Coolidce ' 



CAPITULO PRIMERO. 



Conferencia entre el Duque de la Torre y el Marqués del Duero.— Se encarga éste del 
mando del ejército del Norte.— Concentración de la mayor parte de las fuerzas libera- 
les en Bilbao.— Censurables excesos cometidos por algunos paisanos.— Orden gene- 
ral dada por Elio.— Alocución de D. Carlos á sus fuerzas.— Párrafo de un articulo del 
periódico carlista El Cuartel Real. ^Alocución de la real junta gubernaiiva de 
Navarra á los habitantes de esta provincia.— Organización dada por el Marqués del 
Duero al ejército del Norie.— Consideraciones.— Plan del Marqués del Duero.- Mar- 
cha del grueso del ejército liberal desde Bilbao ú Vitoria.— Es nombrado b. Antonio 
Dorregaray, jefe de E. M. G. del ejércitocarlista.- Alocución que dirigió á sus tro- 
pas.— Consideraciones sobre la importancia de Vitoria.— Telégrafos ópticos.— Comu- 
nicación dirigida por el Marqués del Duero al Ministro de la Guerra acerca de la ma- 
yor ó menor duración posible de la guerra.— Contestación del Ministro. 



Como hemos dicho, el Duque de la Torre manifestó al Mar- 
qués del Duero, en la conferencia que celebraron en Bilbao el 
día 2 de Mayo, que al día siguiente firmaría la orden de su 
nombramiento de General en Jefe; pero deseando el general 
Concha conocer la opinión del Duque sobre la probable dura- 
ción de la guerra, le rogó que suspendiera la publicación de di- 
cha orden hasta que celebraran otra conferencia, en razón á que 
opinaba que no era posible terminar la guerra en el corto tér- 
mino que después de la liberación de Bilbao suponia la opinión 
liberal. Conferenciaron de nuevo, y estando ambos completa- 
mente de acuerdo en sus apreciaciones sobre la campaña, el 
Marqués del Duero se encargó interinamente del mando en Jefe 
en la mañana del día 3 de Mayo. (Por decreto de 13 de este mes 
fué nombrado en propiedad). Poco después se reunieron en el 
salón de la diputación todos los jefes del ejército presentes en 
Bilbao, con objeto de despedirse del Duque de la Torre. 

El mismo día 3, Letona salió de Portugalete con la primera 
división de «u cuerpo de ejército, y por la orilla izquierda del 



NORTE. — TERCER PERIODO. 



Nervión, tan pronto como se recompusieron el puente sobre el 
río Galindo y el de Castrejana sobre el Cadagua, se dirigió á 
Bilbao; la caballería pasó á vado junto al de Burceña, que no 
pudo recomponerse tan pronto por los grandes desperfectos que 
había sufrido. Laserna se trasladó con sus divisiones desde Por- 
tugalete á la derecha del Nervión, y por esta orilla y el puente 
de Luchana, que se rehabilitó en breve, se dirigió también á 
Bilbao, donde entró el mismo día. 

El Marqués del Duero fijó desde luego su preferente aten- 
ción en poner la plaza á cubierto de un nuevo ataque del ene- 
migo; y á este efecto, de acuerdo con el general Castillo y el 
comandante de ingenieros, designó el 4 los puntos que conve- 
nía defender, además de los fuertes ya existentes, y la artillería 
de. que debía dotárseles, acordándose que se fortificaran el 
Monte de Cabras, el alto de Banderas, el Molino y el Monte de 
Abril en la orilla derecha, y Portugalete y el Desierto en la iz- 
quierda, para lo cual se designó la fuerza de ingenieros que 
debía ejecutar las obras. 

Por de pronto, entró en Bilbao la mayor parte de las fuer- 
zas liberales, pues el General quiso darles esta satisfacción como 
recompensa, aunque pequeña, de sus muchos sacrificios y del 
valor con que habían soportado grandes penalidades y trabajos. 
De este modo, todas las clases desde el general al soldado, pu- 
dieron proveerse de los artículos más precisos de la vida, de 
los cuales carecían por haber vivido en pueblos insignificantes 
durante dos ó tres meses. Como á pesar de esto, no convenía 
tal aglomeración de fuerzas en Bilbao, y se dejaba sentir la 
disentería, ordenó el General que se acantonaran algunas di- 
visiones en Abanto, Baracaldo, Deusto y el Desierto, y pre- 
vino que estas fuerzas se empleasen en recoger las existencias 
de los depósitos de municiones y víveres abandonados por el 
enemigo. 

Como algunos paisanos se entregaron á censurables excesos 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. 



en los caseríos cercanos á Bilbao, incendiando varios, bajo el 
pretexto de que pertenecían á personas afectas á la causa car- 
lista, el Marqués del Duero dispuso el 6, que el general Casti- 
llo, como gobernador militar de la provincia, publicase un ban- 
do sujetando á un consejo de guerra á los autores de estos des- 
órdenes; y con esta medida se evitó la repetición de actos tan 
escandalosos. 

Grande había sido la decepción sufrida por el ejército car- 
lista con el levantamiento del sitio de Bilbao, por lo cual tra- 
taron sus jefes de reanimar el espíritu del soldado. 

En orden general del z de Mayo, decía Elío á sus soldados: 
« Voluntarios:=Los republicanos duramente escarmentados 
en las batallas del 24 y 25 de Febrero y 25, 26 y 27 de Marzo, á 
pesar de sus grandes fuerzas y numerosa artillería, no se han 
atrevido á atacarnos de frente. Habiendo reunido ^odas las fuer- 
zas de España, pudieron ejecutar un movimiento envolvente 
sobre nuestra izquierda, en donde no teniéndole que oponer 
sino cortas fuerzas, lograron forzar un paso que los llevó á re- 
taguardia de nuestras posiciones; fué por consiguiente necesario 
abandonarlas y levantar el sitio á Bilbao, porque nuestras nue- 
vas posiciones estaban bajo el fuego de la plaza, de las baterías 
establecidas y de los buques que se situasen en la ría. Esta tri- 
ple línea de fuego de su artillería hubiera causado tal número 
de bajas, que hubiera destruido nuestros valientes y gloriosos 
batallones. £1 rey, que ama á sus voluntarios como á sus pro*^ 
pios hijos, no podía consentir este sacriñcio. Hemos venido 
aquí, á esta parte; aquí no hay mar que apoye con los formida- 
bles cañones de sus buques los movimientos de tierra; aquí no 
hay baterías ñjas desde las cuales maten impunemente á gene- 
rales y soldados. Volveremos ahora á nuestras condiciones na- 
turales; aunque sean más numerosos que nosotros, pelearemos 
como en Erául, Udabe, Mañeru, Dicastillo y Monte- Jurra, y 
con el favor de Dios, el resultado será el mismo. =Los enemi- 



NORTE. — TERCER PERÍODO. 



gos así lo temen y quieren emplear otras armas que no son de- 
masiado nobles; quieren emplear la seducción y hacen propagar 
voces de convenios, arreglos y cosas parecidas; estoy seguro 
que estas voces no os inspiran sino desprecio. Sin embargo, 
quiero preveniros y mandaros al mismo tiempo que vigiléis con 
el mayor cuidado á todo el que se introduzca entre vosotros 
para sembrar la división y la desconfianza. A todo el que oigáis 
hablar en términos que perjudiquen los intereses de la causa 
del rey y del ejército, arrestadlo, y autorizo á los jefes de bri- 
gada para que haciéndole formar un consejo verbal, cualquiera 
que fuese su condición, lo hagan pasar por las armas; por mi 
parte seré inexorable, y todo el que, sea por debilidad ó por ma- 
licia, cometa esta simulada traición, porque traición es, será fu- 
silado inmediatamente. Fieles y valientes voluntarios, estad vi- 
gilantes contra estos ocultos enviados de nuestros enemigos; 
desconfiad de los que quieren engañaros; se les conoce fácil- 
mente. Cuando los enemigos se creen débiles, apelan á estos 
medios. En el combate, fuera de él, en todas partes, responded 
siempre:=¡Viva el Rey!=Vuestro general, = Joaquín Elío.» 

El mismo D. Carlos, comprendiendo que era necesario ani* 
mar á los suyos, con fecha 3 de Mayo les dirigió la siguien- 
te alocución: 

«Voluntarios: =Siempre os he hablado después de la victo- 
ria; hoy lo hago con el mismo orgullo después deuna retirada. = 
Cuando ayer vi desfilar ante mi algunos de vuestros batallones, 
leía en la cara de cada voluntario un entusiasmo mayor aún que 
en los días de Monte-Jurra y Somorrostro; y conmovido os 
veía pasar, admirándoos más en vuestra retirada que en las he- 
roicas acciones de otras veces. =Las únicas posiciones que per- 
dimos fueron tomadas al grito de ¡viva el rey! y los oficiales 
republicanos ¡cobardes! agitando sus pañuelos blancos, lograron 
sorprender nuestra izquierda, en donde dieron el infame grito 
de ¡viva la república!, que fué la señal de un combate encami- 



MANDO Í>EL MARQUÉS DBL DLBRO. 



zado, de esos que sólo entre españoles pueden librarse. =¡ Vo- 
luntarios! en esta situación llegué á temer un instante; temía 
vuestro valor, vuestro arrojo. No en valde os había acompañado 
en Ibero, Estella, Alio, Dicastillo, Viana, Monte-Jurra y en las 
colosales batallas del 24 y 25 de Febrero y 25, 26 y 27 de Mar* 
20, para saber que tan fácil como os es á vosotros ahuyentar 
ante vuestras bayonetas un ejército triple en número y elemen- 
tos de guerra, tan ardua es la empresa de haceros abandonar 
vuestras posiciones. Pero os mostrasteis disciplinados; com- 
prendisteis que yo, como padre, no podía sacrificaros estéril- 
mente, y con asombro de todo el ejército revolucionario reuni- 
do, ejecutasteis un movimiento que será glorioso en la historia. 
=Seguid siempre así; tened plena confianza en Dios y en mí, y 
no desmayéis nunca, que él nos protegerá. Entraremos en Bil- 
bao, y más que en Bilbao; nuestras banderas se pasearán triun- 
fantes desde Vera hasta Cádiz, para imponerse después donde 
quieran que nos presenten batalla la revolución y la impiedad . 
= Vuestro Rey, = Carlos . = Real de Durango á 3 de Mayo 
de 1874. i 

Como se vé, tratábase de imbuir á los carlistas la idea de 
que lo ocurrido era un hecho natural y aun honroso para la 
causa carlista; pero ¿podría nadie formarse tan extraño con- 
cepto de los sucesos? ¿no habían hecho los carlistas formal em- 
peño en vencer ó morir en la difícil empresa de la conquista 
de Bilbao? ¿cómo ahora D. Carlos pretendía demostrar lo con- 
trario, suponiendo que tal fracaso constituía un timbre de glo- 
ria para su ejército? Como era consiguiente, la alocución no 
impidió que se iniciara una grave discordia en las fuerzas carlis- 
tas, especialmente entre algunos de sus generales, y hasta tal 
punto cundió su desaliento, que no por pocos se indicó la impo- 
sibilidad de continuar la guerra, propagándose con tal motivo 
conceptos tan alarmantes, que Elio autorizó á los jefes de bri- 
gada, para que tomaran medidas enérgicas^ y aun las extre- 

Yquo 7. 2 



10 NORTE. — TERCER PERIODO. 

mas, con los paisanos y militares- que en sus conversaciones ó 
actos indujesen á creer que no se podía continuar la guerra. 

El Cuartel Real, periódico carlista que se publicaba en Es- 
tella, secundaba también á D. Carlos y á Elío en su difícil 
misión, y en su número del 7 de Mayo de 1874, decía: 

«Enteros quedan los batallones carlistas. El espíritu de los 
voluntarios se ha levantado y encendido más y más; raya en 
frenesí su entusiasmo; y el ardor por la pelea y el deseo de 
lanzarse de nuevo sobre el enemigo, es una especie de monoma- 
nía sublime que absorbe toda su atención y ocupa completa- 
mente sus almas. = Vizcaya convoca sus merindades; Navarra, 
Guipúzcoa y Álava envían individuos de sus diputaciones res- 
pectivas; y el antiguo reino de Navarra y el señorío de Viz- 
caya y las provincias de Guipúzcoa y Álava, lanzan con vigor 
creciente el grito de guerra, y sin haberse puesto de acuerdo, 
se hallan reunidas en derredor de su señor, para asegurarle que, 
ahora más que nunca, el país vasco-navarro prodigará sus re- 
cursos y su sangre mientras haya una yerba en sus montañas 
y un eúskaro en su suelo natal.» 

La real junta gubernativa de Navarra, dirigió también á 
los habitantes de esta provincia, con fecha 6 de Mayo, la si- 
guiente alocución: 

«Navarros: =En los momentos críticos y solemnes de la 
guerra, en esos momentos angustiosos en que se esperan solu- 
. ciones definitivas y en que la ansiedad agita los espíritus y la 
fiebre devora los corazones, es cuando hay que prevenirse dis- 
cretamente contra la influencia irreflexiva de la impresión, de 
ese elemento inconsciente que ofusca el alma, bastardea las 
ideas y extravía el criterio, engendrando juicios absurdos y te- 
merarios que arrastran fatalmente al error, conducen al desva- 
río, pervierten el sentido universal y perturban las corrientes 
legítimas de la opinión pública. Y para evitar ese mal gravísi- 
mo, para evitar el funesto influjo que puedan ejercer hasta en 



id ANDO t)£L UAkQVÚS DEL DU£RO. II 

los defensores de la causa santa los errores de la impresión^ 
que son errores de sinceridad^ y por lo tanto más peligrosos^ 
porque ni los rechaza la conciencia ni los espía el remordimien- 
to, es preciso hacer advertencias oportunas, es preciso rectificar 
apreciaciones insensatas hijas de la pasión y de la ignorancia, 
es preciso restablecer el imperio de la verdad, para que las co- 
sas se vean bajo todos sus prismas, para que se conozcan como 
son en si, sin atavíos que las engalanen ni disfraces que las 
oculten. Por eso mismo, al levantarse el sitio de Bilbao por las 
armas reales, conviene definir ese hecho de actualidad para que 
no se adultere por las pasiones de los partidos, para que no se 
tergiverse por el turbulento tribunal de la prensa, para que no 
se explote en provecho de banderías y en mengua de la bande- 
ra de la legitimidad, que es la bandera de la patria. =£1 largo 
y laborioso sitio de Bilbao, que acaba de levantarse es el baró- 
metro más exacto del poder y de la grandeza de nuestras armas, 
poder inverosímil y grandeza admirable, que nunca se hubie- 
reconocido por la revolución si no se vieran tangiblemente an- 
te Europa y ante el mundo; que ni aun los mismos defensores 
de la santa causa en su fé profética lo hubiesen presagiado, 
porque ha excedido á todo cálculo; que ha sido, en fin, un he- 
cho excepcional dentro de las empresas humanas, en las que 
ordinariamente los resultados no corresponden á las esperan- 
zas, y en este hecho los resultados han traspasado infinitamen- 
te los límites de las esperanzas. =Nadie, absolutamente nadie, 
hubiese asegurado, sin riesgo de equivocarse capitalmente, 
que la bandera salvadora prosperaría de un modo tan prodigio- 
so, sin más apoyo que el de los briosos corazones de sus bravos 
voluntarios, sin otro Ejército que el que ellos formaran lenta- 
mente entre las inquietudes de una persecución porfiada, y sin 
más recursos que los que les prestara un país de escabrosas 
montañas y de ingrato clima; sin más elementos que los suyos 
propios, sin otro concurso que uno, pero concurso que es supe- 



12 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

rior á los que prestan los hombres, porque ha sido evidentemen- 
te el concurso deDios.=No; no es posible explicar de otra mane- 
ra ese fenómeno grandioso, ese acontecimiento supremo, esa 
epopeya brillante que se ha realizado por las armas reales, ese 
imposible humano de sitiar por largo tiempo la capital de Viz- 
caya, cabalmente el sitio elegido por el liberalismo para cam- 
po de batalla; ese punto defendido por baluartes que la natura- 
leza ofrece, escudado por el inmenso lago de loa mares, prote- 
gido por fuerzas colosales del ejército y la armada, poderoso 
en fin, para rechazar los ataques de las fuerzas mejor organi- 
zadas. = Y, sin embargo, el sitio de Bilbao se anunció preparó 
y realizó improvisadamente, precedido de un riguroso bloqueo, 
sin que lo estorbasen las fuerzas liberales que recorrían el país, 
ni las que guarnecían la plaza, porque las unas no osaron acer- 
carse y las otras se refugiaron en sus trincheras, tolerando pasi- 
vamente todas las operaciones preliminares y todas las que le 
son privativas, y sufriendo las consecuencias de un hecho que 
dejará huella profunda en la historia; porque el recuerdo de sus 
ruinas dirá á las generaciones del porvenir, que fué preciso á 
la España revolucionaria apurar todos los recursos de hombres, 
de armas y de dinero, con que cuenta un Gobierno constituido, 
para obligar al ejército real á levantar sus armas y darlas otra 
dirección sin comprometerlas en una empresa, más que valero- 
sa, ridicula; más que temeraria, insensata; más que estratégi- 
ca, inocente; timbres que no quieren llevar en su escudo los 
que en todos los combates y muy particularmente en los repe- 
tidos de Somorrostro, librados con motivo de ese memorable 
sitio, acreditaron que su valor raya siempre en heroísmo; que 
su temeridad es legendaria y que su estrategia es admirable*= 
Apelamos al testimonio de nuestros adversarios; que ese testi- 
monio sellado públicamente nos releva de toda prueba en apoyo 
de verdades tan palmarias. :::¿E1 sitio de Bilbao ha contribuido 
á amenguar considerablemente las ñlas enemigas, porque las 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. 1 3 

célebres batallas de 25 de Febrero, de 25, 26 y 27 de Marzo 
y 28 y 29 de Abril del año actual, les fueron deplorables en 
pérdidas numéricas, pérdidas que si son sensibles, altamente 
sensibles, para los corazones cristianos que ven en un pró- 
gimo un hermano, demuestran la formidable resistencia que á 
su empuje opusieron los soldados de la lealtad; el sitio de Bil- 
bao fué la prueba elocuente del crecimiento y brío que se 
obstinaba en negar á nuestras huestes la prensa revoluciona- 
ria; el sitio de Bilbao ha acreditado una vez más el valor, la 
pericia y las virtudes de nuestros generales, que condujeron 
siempre á la victoria á su disciplinado ejército, y. que cuando 
después de sostenerlo largo tiempo en posición difícil, com- 
prendieron que la resistencia era imposible, porque atacados 
de frente por fuerzas inmensas apoyadas en formidable artille- 
ría y al flanco derecho por la escuadra, rebasada su línea al 
flanco izquierdo por un considerable cuerpo de ejército y ce- 
rrada su retaguardia por el Nervión, no quisieron dejar rodear- 
se torpemente por el enemigo y comprometer las armas reales, 
la causa de la le|ltimidad y la salvación de España. Tan admi- 
rables como estuvieron en las operaciones del sitio y en las 
acciones que por él se libraron, lo han estado en una retirada 
estratégica , .retirada verdaderamente admirable, que en la his- 
toria se recordará gloriosamente, en la que ninguna pérdida de 
hombres, ni elementos de guerra, ni un sólo cartucho hay. que 
lamentar; en la que todo, absolutamente todo, se conserva en 
su mayor integridad, y sobre todo el entusiasmo y ardimiento 
que son los rasgos más peculiares de nuestro ejército y las me- 
jores garantías de éxito feliz en las atrevidas empresas que 
acomete. =Pero el triunfo de nuestros generales ha sido mayor, 
porque han tenido que luchar con la ciega temeridad de sus 
soldados, que inspirándose en su abrazado corazón se resistían 
á abandonar las posiciones en que tantos laureles conquistaron, 
hasta que comprendieron que era la voz de sus jefes la que les 



14 NORTE. — TERCER PERIODO. 

mandaba^ y ante esa voz, que es la que les guió siempre al triun- 
fo , no pudieron responder sino con esa obediencia absoluta, 
que es la mejor de las virtudes militares. = Porque ya no, ya no 
se explotará jamás esa funesta palabra «traición», que si re- 
presenta algunos hechos inicuos en la historia, está siendo 
desmentida por tantas y tantas pruebas de lealtad como 
dan constantemente los que por amor á Dios, á su patria y á su 
Rey, sacrifican todos los intereses que al mundo les ligan, los 
que no desfallecen en los peligros ni decaen en las contrarieda- 
des, sino que por el contrario se alientan más y más cuando 
alguna contrariedad les estorba en su camino , y redoblan su 
fervor y perseverancia en sus esfuerzos para remover los obs- 
táculos y vencer las dificultades que encuentran en su marcha, 
porque saben que todas las empresas humanas están erizadas 
de espinas, que todas tienen su cruz, pero aquellas espinas y 
esta cruz son las que redimen, las que rehabilitan, las que ha- 
cen digno al hombre de los grandes fines que noblemente 
ambiciona.=Si hubiese sido posible reemplazar el Gobierno de 
la revolución con el de la legitimidad por un' golpe de mano, 
la bandera de la legitimidad se vería bastardeada en su credo 
y desemparada en su defensa , porque los principios del libera- 
lismo hubieran pretendido inocularse en sus dogmas, y los sol- 
dados de la liberlad absoluta nunca podían servir lealmente en 
las filas de la bandera autoritaria, que es el escudo de' la verda- 
dera libertad. = Ha sido, pues, preciso dentro délas condiciones 
humanas, ese plazo que parece largo desde que la revolución se 
manifestó única, y provocar hasta que se venza y se domine, 
porque á favor de ese plazo se ha desacreditado prácticamente 
y deja de ser una amenaza para el porvenir, y á favor de ese 
plazo se ha formado un ejército poderoso, que crecerá prodigio- 
samente, y se formará un Gobierno de hondas y rebustas raices, 
que serán los sólidos cimientos para reconstruir el hermoso 
edificio de las glorias españolas y para levantar la civilización 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. 1 5 

del presente y ofrecer ancha base á la de los tiempos futuros, 
para que pueda desarrollar todos los elementos que brinda á la 
humanidad el feliz consorcio del cristianismo y la ciencia, con- 
sorcio que es el generador del verdadero progreso , del que 
armoniza los intereses materiales y morales que hacen la ven- 
tura del individuo y la dicha de la sociedad. = Alentados con el 
mágico poder de la fe que impulsó sus cora;?ones generosos para 
tomar parte en esa gloriosa campaña, ni jefes, ni soldados, ni 
gobernantes ni gobernados , ni nadie, en fin, de los que están 
empeñados en la sublime empresa de redimir la patria, debili- 
tarán su entusiasmo ni amenguarán su brío por las contrarie- 
dades que encuentren á su paso, sino que ellas les demostrarán 
más y más que el hombre es nada sin el concurso de Dios, pero 
que para Dios son nada los hechos más grandes, y que Dios 
que conserva íntegro nuestro ejército, nos señala el camino de 
la perseverancia, por el cual puede seguir su marcha, seguro de 
reconquistar para Navarra las instituciones que la revolución 
le arrebatara; para España, su pasada grandeza, y para la socie- 
dad, la civilización. = Y cuando hemos sostenido una lucha fa- 
bulosa contra el poder de la república, que ha extremado todos 
sus recursos, reuniendo cuantos hombres y elementos pudo 
allegar, para que los venciéramos en todos los combates que 
sostuvimos contra fuerzas tan colosales ¿cómo no hemos de 
vencerlos cuando tengan que operar separadamente y sin los 
medios de que han dispuesto por mar y tierra para tan grande 
empresa? =¡ Adelante! ¡adelante, navarros! terror de nuestros 
enemigos, asombro de España y admiración del mundo; ade- 
lante, adelante; nuestro es el triunfo, segura la victoria, y por 
eso podemos compendiar nuestra fe y nuestra esperanza en el 
grito sublime que simboliza nuestra bandera; en el grito mági- 
co de ¡Viva el Rey ! = Dado en Elizondo á 6 de Mayo de 1874. 
El Presidente. = Cesáreo Sanz y López. = Esteban Pérez Ta- 
falla.= Joaquín de Marichalar.=Narciso Montero de Espinosa. 



l6 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

= Dámaso Echevarría. = Juan Cancio Mema. = Serafín Mata 
y Oñeca. » 

Aunque en realidad el Duque habia sido el único jefe del 
ejército durante las operaciones de Somorrostro, la circunstan- 
cia de ser un capitán general el que mandó el tercer cuerpo, 
la forma en que éste se organizó, las operaciones que ejecutó y 
el carácter del general Concha contribuyeron á que el Duque le 
concediera cierta independencia; pero terminada la liberación 
de Bilbao, convenía ante todo reorganizar el ejército y darle la 
unidad necesaria, refundiendo en uno los dos cuarteles genera- 
les y cubriendo las vacantes que había producido la marcha á 
Madrid de algunos generales y jefes. A este efecto, el Mar- 
qués del Duero, organizó el ejército con fecha 9 de Mayo, en 
la siguiente forma: 

General en Jefe: Excmo. Sr. capitán general, D. Manuel de la 

Concha, marqués del Duero. 
Jefe de E. M. G.: Excmo. Sr. mariscal de campo, D. Miguel 

de la Vega Inclán. 
Brigadier á las órdenes del Excmo. Sr. General en Jefe: exce- 
lentísimo Sr. D. Francisco Manrique. 
Comandante general interino de artillería: coronel, D. Arsenio 

de Pombo. 
Comandante general interino de ingenieros: coronel, D. Carlos 

Berdugo. 
Intendente general interino: intendente de división, D. Julián 

Echenique. 
Jefe de sanidad militar: inspector, D. José Ferrús. 
Auditof de guerra: D. Francisco Javier Betegón. 
Sección topográfica; jefe: coronel, D. José de Castro y 

López. 

Fuerzas afectas al cuartel general. 
Una compañía de la guardia civíL 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. X^ 

w — ■ ■ " 

Un escuadrón de húsares de Pavía con 6o caballos. 
Una sección de Albuera. 

Brigada de vanguardia. 

Jefe: Excmo. Sr. D. Ramón Blanco. 

Batallón cazadores, núm. 4. 

ídem de Ciudad Rodrigo, núm. 9. 

Id. de Alcolea, núm. 22. 

Id. de Puerto Rico, núm. 27. 
Cuerpos. .{ Id. de las Navas, núm. 14. 

Id. de Estella, núm. 21. 

Una compañía de la guardia civil. 

Una batería del z,^ regimiento montado con cuatro 
piezas Plasencia. 

PRIMER CUERPO 

Comandante en jefe: Excmo. Sr. teniente general, D. Antonio 
López de Letona. 

PRIMERA DIVISIÓN. 

Comandante general: Excmo. Sr. mariscal de campo, D. Ma- 
nuel Andia. 

Primera brigada. 

Jefe: brigadier, D. Luis Daban. 

p J Dos batallones del regimiento de Sevilla, núm. 33. 

^ "I Dos Ídem id. de Cantabria, núm. 39. 

Segunda brigada. 

Jefe: brigadier, D. Enrique Martí. 

p \ Dos batallones del regimiento S. Quintín, núm. 32. 

^ ' '] Dos ídem id. de la Constitución, núm. 29. 



l8 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

SEGUNDA DIVISIÓN. 

, Comandante general: Excmo. Sr. mariscal de campo, D. Meli- 
tón Catalán. 

Primera brigada. 

Jefe: brigadier, D. Benito Rubio. 

í Dos batallones del regimiento de Zamora, núm. 8. 
Cuerpos. .! Uno idem id. de Cuenca, núm. 27. 

( ídem id. id. de Luchana, núm. 28. 

Segunda brigada. 

Jefe: brigadier, D. Pedro Ruiz Dana. 

1' Dos batallones del regimiento de Castilla, núm. 16. 
Cuerpos..] Uno idem id. de Zaragoza, núm. 12. 
( ídem id. id. de Castrejana, núm. 2. 

Fuerzas afectas al cuartel general del primer cuerpo. 

I.* batería del regimiento montado (i.** sección) dos piezas. 

2.* id. del i.° id. montado (cuatro piezas). 

I.** id. del 3." id. montado (cuatro piezas). 

3.^ id. del 4.° id. (seis piezas). 

5.* id. del id., id. (seis piezas). 

Una compañía de ingenieros. 

Dos id. de la guardia civil. 

SEGUNDO CUERPO 

Comandante general: Excmo. Sr. mariscal de campo, D. Adol- 
fo Morales de los Ríos. 

Fuerzas afectas al cuartel general. 

6.° batallón de carabineros. 
Cuatro compañías de ingenieros. 
200 artilleros. 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. I9 

Primera brigada. 

Comandante general: brigadier, D. Manuel Cassola. 
p I Dos batallones del regimiento Galicia, núm. 19. 

^ 'I ídem id. del de Saboya, núm. 6. 

Segunda brigada. 

Comandante general: brigadier, D. Enrique Bargés. 
P \ Dos batallones del regimiento de Asturias, núm. 31. 

"I ídem id. id. de Ontoria, núm. 3. 

Tercera brigada. 

Comandante general: brigadier, D. Federico Zenarruza. 

I Dos batallones del regimiento de Gerona, núm. 22. 
Uno id. id. del de Albuera, núm. 26. 
ídem id. id. del de África, núm. 7. 

TERCER CUERPO 

Comandante en jefe: Excmo. Sr. teniente general, D. Rafael 
Echagüe. 

Tropas afectas al cuartel general. 

1.^ compañía de Ingenieros. 
2.* batería del 2.® montaña, 6 piezas Plasencia. . 
4.* id. id. 4 id. id. 

Dos compañías de la guardia civil. 

PRIMERA DIVISIÓN. 

Comandante general: brigadier, D. Pedro Beaumont. 
Fuerzas afectas al cuartel general. 
Una compañía de ingenieros. 

Primera brigada. 
Comandante general: brigadier, D. Joaquín Rodríguez Espino. 



20 NORTE. — TERCER PERIODO. 

¡Batallón cazadores de la Habana^ núm. 26 . 
Un batallón del regimiento Guadalajara, núm. 20. 
Batallón reserva de Valladolid, núm. 27. 
. Segundo batallón de la guardia civil. 

Segunda brigada. 

Comandante general: brigadier, D. Juan Ignacio Otal. 

[ Regimiento Mallorca, núm. i3. 
Cuerpos.. j 2.*" batallón del regimiento Murcia, núm. 31. 

( 5.° id de carabineros. 

SEGUNDA DIVISIÓN 

Comandante general: Excmo. Sr. mariscal de campo, D. Ar- 
senio Martínez de Campos. 

Primera brigada. 

Comandante general: brigadier, D. Evaristo García Reina. 
/ Regimiento infantería de Valencia, núm. 23. 

^ \ Primer batallón del tercer regimiento infantería 

Cuerpos.. < ... *=* 

I Marma. 

[ 4.^ batallón de Carabineros. 

Segunda brigada. 

Comandante general: brigadier, D. Saturnino Acellana. 

I Regimiento Tetuán, núm. 4. 
Cuerpos..' Tercer Batallón de la guardia civil. 

I Primero id. del regimiento Soria, núm. 9. 

TERCERA DIVISIÓN. 

Comandante general, Excmo. Sr. mariscal de campo, D. José 
de los Reyes. 

Primera brigada» 

Conjandante general: brigadier, D. Eduardo Infanzón. 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. 21 

I Regimiento de Ramales, núm< 5. 
2.** batallón de carabineros. 
8.° id. de la guardia civil. 

Segunda brigada. 

Comandante general: brigadier, D. Jorge Molina. 
Regimiento León, núm. 38. 
Primer batallón de carabineros. 
\ 10.® id. de la guardia civil. 



Cuerpos.. 






Además de dedicarse el General en Jefe á la organización 
del ejército, se ocupó sin descanso en su racionamiento y en re- 
unir los recursos necesarios para las operaciones que esperaba 
emprender. Después de muchos entorpecimientos y dilaciones, 
consiguió tener el 11 de Mayo un millón de reales, y aunque la 
cantidad era escasa, principalmente porque siendo la mitad en 
calderilla debía dejarla en Bilbao, pudo emprender las opera- 
ciones dicho día. Pero antes de empezar su narración, debemos 
hacer algunas indicaciones acerca de los propósitos del general 
Concha. 

Oportunamente hemos expuesto Tas causas que motivaron 
que, al forzar la línea de Somorrostro, el ejército liberal no 
cortara la retirada de los batallones del flanco izquierdo enemi- 
go. No era tan fácil como lo suponía la opinión liberal batir 
de nuevo á los carlistas, pues hubieran sabido éstos elegir y 
atrincherar posiciones, que sería preciso forzar con grandes 
pérdidas; no debiéndose olvidar, que el ejército no debía dejar 
á los carlistas á los flancos y la retaguardia, y que de todos 
modos debía obrarse con cautela y prudencia para no perder lo 
mucho que se había ganado con el levantamiento del sitio de 
Bilbao, En cambio, la moral de las fuerzas carlistas quedó que- 
brantada: era tan grande su confianza de conseguir la conquista 
de la invicta villa, que juzgaban poco menos que imposible qué 
el ejército liberal forzase la linea de Somorrostro y se abriera paso 



22 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

para Bilbao; así es que fué también grande el desaliento de sus 
huestes al fracasar tan inesperadamente en empresa de tanta im- 
portancia. Desde entonces debían comprender los carlistas, que 
si en circunstancias excepcionales no lograron entraren Bilbao, 
á pesar de batirse contra un ejército relativamente corto y de 
haberse reunido casi todas sus fuerzas del Norte para este fin, 
con menos razón podrían pensar en lo sucesivo en tal conquis- 
ta, pues era probable que la nación continuaría los sacrificios 
iniciados para contrarrestarlos y que el ejBrcito liberal aumen- 
taría sus fuerzas, adquiriendo la moral y el espíritu que dan la 
disciplina y la seguridad del triunfo. 

Era también probable que el ejército liberal, que había con- 
seguido vencer al carlista y obligarle á retirarse de las formida- 
bles posiciones que durante algunos meses había atrinchera- 
do, le batiese doquiera que de nuevo se presentase. 

Dada la nueva situación de las fuerzas carlistas, que se ex- 
tendían entre OrduñayDurango, veamos las dificultades que se 
presentaban á las tropas liberales para dirigirse á este último 
punto. 

Su marcha desde Bilbao á Galdácano ofrecería muy pocas, 
y las comunicaciones entre ambos puntos podían sostenerse fá- 
cilmente: aumentaban luego los obstáculos en el trayecto de Gal- 
dácano á Zornoza, con la circunstancia de que quedaban á sü 
flanco derecho las fuerzas enemigas; pero no creemos que deja- 
sen éstas su frente tan desguarnecido como era necesario para 
que bastasen las fuerzas de su izquierda á oponer serios obstá- 
culos al ejército liberal establecido entre Galdácano y Zornoza, 
por más que ésta era una objeción seria contra la marcha á Du- 
rango. 

La línea carlista desde Orduña á Durango era muy extensa, 
é ignorando los carlistas cuál sería la dirección que para per- 
seguirles tomaría el general Concha, era difícil que fueran su- 
ficientemente fuertes á la vez en sus flancos y en el centro^ y en 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. 23 

caso de perseguirlos el general Concha inmediatamente después 
de la entrada en Bilbao^ y en los momentos en que el levanta- 
miento del sitio produjo en aquéllos, grandes excisiones y no 
poca confusión, quizá no se resistirían seriamente á las tropas 
liberales en su marcha sobre Durango. ¿Cuáles hubieran sido 
las consecuencias de la ocupación de éste pueblo? Por de pron- 
to, el ejército volvía á penetrar en el corazón de Vizcaya, y 
esto constituía ya una inmensa ventaja, sobre todo después 
de las felices operaciones de Somorrostro; pero además era 
portantísima la ocupación de Durango, por ser uno de los 
puntos estratégicos más notables de las provincias Vasconga- 
das, á causa de sus muchas comunicaciones, no debiendo olvi- 
darse que después de la capital es también la población más 
importante de Vizcaya; añádase á esto, que con tal conducta 
se evitaba que los carlistas ganasen el tiempo suñciente para 
reponerse de su sorpresa, organizarse y levantar su perdida 
moral. Se comprende que para las operaciones sucesivas, dada 
la situación del ejército liberal en Durango, era necesario sos- 
tener la línea de comunicaciones entre dicho pueblo y Bilbao, 
empleando en ello bastantes fuerzas, y que quedaban merma- 
das éstas con la necesidad de dejar en aquella capital las suficien- 
tes para proteger la construcción de las obras que se habían 
iniciado; pero terminadas éstas, y teniendo en cuenta el giro 
que tomase la guerra, el Marqués del Duero podría tal vez 
desprenderse de 8.000 hombres que por vía férrea se traslada- 
sen de Santander á Vitoria y desde esta capital al importante 
puerto de Urquiola, tratando de unirse con las fuerzas del Ge- 
neral en Jefe. De este modo, 14 ó 16.000 hombres se sosten- 
drían por de pronto entre Bilbao y Durango, y una vez en 
Utquiola los 8.000 restantes, podía sin dificultad reunirse todo 
el ejército, en condiciones sumamente favorables para empren- 
der las operaciones en la forma que lo indicasen la situación y la 
moral del enemigo. 



24 NORTE.— TERCER PERÍODO. 

Aunque estudió el Marqués del Duero el pensamiento que 
acabamos de indicar, creyó más conveniente llevar desde luego 
sus operaciones á Navarra, fundándose para ello en considera- 
ciones muy dignas de tener en cuenta: juzgó que la derrota 
de los carlistas en aquella provincia, seria de resultados tras- 
cendentales, puesto que destruidas las facciones navarras, alma 
y nervio principal de las fuerzas carlistas, la guerra cambiaría 
de aspecto, y tal vez, entonces, se verían obligadas éstas á di- 
vidirse y concentrarse en sus respectivas provincias; en este 
caso, podría á su vez dividirse el ejército y emprender la 
persecución del enemigo, operando por cuerpos de ejército 6 
divisiones; además, la conquista de Estella influiría mucho 
m oralmente en la opinión carlista, y más aún si perdían sus 
huestes un gran número de prisioneros. Tuvo en cuenta el Mar- 
qués la falta de recursos y la creencia de que el resultado de la 
operación sobre Durango no correspondía á las dificultades y 
pérdidas que experimentaría el ejército, y que su éxito no sería 
decisivo, por juzgar que no se hería al enemigo en el corazón, 
como podría hacerlo en Navarra, pads de que el carlismo reci* 
bía el espíritu y la vitalidad que lo sostenía así en soldados 
como en recursos. El ejército carlista había sido poco quebran- 
tado materialmente, y por lo tanto, necesitaba el Marqués del 
Duero, para internarse en Vizcaya, emprender operaciones 
serias dirigidas á librar nuevas batallas, en los momentos en 
que se reunían dos ejércitos separados y hasta cierto punto in- 
dependientes, que cambiaban de General en Jefe, y que, en 
su concepto, era preciso ante todo reorganizarlos en los distin- 
tos ramos, proveyendo los cargos vacantes en los cuerpos, di- 
visiones y brigadas y arreglando la cuestión de trasportes, en 
general muy escasos, para proceder á dar libertad á las 400 ca- 
rretas que traía embargadas el 3.**^ cuerpo desde Laredo, con 
grave perjuicio de la agricultura. El General tuvo también 
presente que sus soldados estaban impresionados con los com- 



MANDO DKL MARQUÉS DEL DUERO. zS 



bates que habían sostenido en Somorrostro: juzgó que su larga 
inacción respecto á aquellas posiciones habría enei-vado algo 
su actividad; creyó que las condiciones militares del campa- 
mento, su insalubridad y el frecuente trato con los carlistas, 
debían haber afectado su moral, y de todo dedujo que era pre- 
ciso levantar el espíritu de sus tropas y acostumbrarlas por me- 
dio de marchas ordenadas y fáciles victorias, á la idea de su 
superioridad, con objeto de que, llegado el caso, pudieran batir- 
se en buenas condiciones, deseando también por su parte ad- 
quirir la confianza del soldado, paralo cual se necesitaban algún 
tiempo y sucesos prósperos que hicieran conocer una buena y 
entendida dirección. Además, con la marcha á Valmaseda por 
las Encartaciones y la entrada en Orduña y Vitoria, pasando 
por los límites de Castilla, conseguía desvanecer la idea espar- 
cida en el territorio que trataba de atravesar, de que el Gobier- 
no no tenía fuerzas que oponer á los carlistas. 

Para la ejecución de su plan, necesitaba el General en Jefe 
trasladar desde luego la base de sus operaciones á la línea del 
Ebro, entre Miranda y Tudela, á fio de entrar en Navarra por 
la Ribera y caer sobre Estella, que consideraba como el foco 
principal del carlismo. Adoptada esta resolución, debía decidir 
la manera de hacer la marcha y preparar lo necesario para 
atender á lá subsistencia del ejército. 

Se propuso dirigirse al Ebro por Valmaseda (población en 
que había residido la junta de guerra carlista) y Medina de Po- 
mar, donde podría también reforzar la columna que llevaba 
este nombre; quería también visitar á Orduña, con objeto de 
destruir la fábrica de cartuchos existente en esta ciudad y 
apoderarse de los depósitos de paño y de los vestuarios que 
allí se confeccionaban; y por último, entrar en Vitoria, con el 
fin de animar con la presencia del ejército los elementos libe- 
rales de la provincia refugiados en esta capital, y dotarla á la 
vez con lo necesario para ponerla á cubierto de un golpe de 

Jomo V. 3 



26 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

mano y en condiciones de resistencia. Esta marcha hacía dar 
un gran rodeo al ejército; pero abandonada la idea de marchar 
sobre Durango^ era el camino más conveniente para que lle- 
gase á Logroño sin pérdidas y en condiciones de tomar la ofen- 
siva. 

Adoptada la idea de marchar sobre el Ebro, en dicha forma, 
el Marqués del Duero pensó detenidamente en el racionamien- 
to del ejército. Como Bilbao había atraido durante algunos 
meses toda la atención del Gobierno, y afluyeron á sus inmedia- 
ciones todos los recursos en hombres, material de guerra y pro- 
visiones, y se situaron los depósitos de víveres, ya en los barcos, 
para introducirlos en Bilbao, tan pronto como fuese posible, ya 
en los puertos de la costa para racionar aquel importante núcleo 
de fuerzas, era ahora preciso trasladarlos á los puntos de la 
línea del Ebro, de donde iban á partir las futuras operacio- 
nes. En tal concepto, se dieron las órdenes para su trasla- 
ción á Miranda y Logroño; se dispuso también que el convoy 
de provisiones que debía acompañar al ejército, se encontrase 
dispuesto para el día ii, lo cual, sin embargo, no se verificó 
por dificultades que se presentaron en el embarque de los 
víveres y en el desembarque de los que se trasportaron de Bil- 
bao á Santander. 

Debemos ahora recordar las observaciones del Marqués del 
Duero respecto á la conclusión de la guerra, que expresan su 
opinión de que no era tan fácil terminarla sin contar con fuer- 
zas más numerosas. Desde luego comprendió que con las tro- 
pas de su mando podía conquistar á Estella, pero juzgaba á la 
vez que para ocupar permanentemente esta ciudad y dar nue- 
vo carácter á la campaña, era preciso enviar al Norte conside- 
rables refuerzos. Así se comprende con recordar el número de 
hombres de que disponía: después de entrar en Estella, debería 
cubrir la línea de comunicaciones de esta ciudad con la línea 
del Ebro, y atendida eata importante necesidad, se reduci- 



MANDO DBL MARQUÉS DEL DUERO. ^^ 

ría mucho el ejército de operaciones. Téngase en cuenta, que 
de las tres brigadas detenidas en Bilbao para los ñnes que se 
han indicado, una debía quedar en esta plaza para ocurrir á 
sus numerosas atenciones. 

Si se dividían los carlistas después de la pérdida de Este- 
lia, y se limitaban sus batallones á operar en las provincias de 
que procedían, cada cuerpo de ejército ó división liberal que se 
destinase á éstas, debería ser suficientemente fuerte para resis- 
tir al grueso del enemigo, teniendo en cuenta que éste podía 
concentrar fácilmente sus fuerzas. 

Como se dirá más adelante, desde Vitoria hizo ver el Mar- 
qués al Gobierno, que su misión era mucho más difícil de lo 
que la opinión liberal creía; y comprendiendo en su elevado cri- 
terio, que era improbable que los resultados justificasen, tan 
pronto como se suponía, tan gratas esperanzas, presentaba 
el estado de la guerra tal como era y no como lo suponía el 
buen deseo de unos cuantos. 

Aun en el brillante plan que concibió para la conquista de 
Estella, echó de menos el general Concha un nuevo cuerpo pa- 
ra completar el resultado que se proponía conseguir, según se 
dirá en su lugar. 

Tal vez el General hubiera esperado este refuerzo, á no 
contar con las impaciencias de la opinión, pues juzgaba in- 
dispensable ocupar permaneii.L;r.ente ciertas zonas, antes de 
invadir el territorio enemigo: en tal caso, hubiera ocupado 
la línea de Vitoria á Miranda, de tal modo, que los correos y 
las mercancías circularan sin necesidad de escoltas; ocuparía 
también la línea de Vitoria á Peñacerrada, construyendo al- 
gunos fuertes en los puertos y en los puntos dominantes 
á derecha é izquierda de la carretera; reforzaría la ex- 
trema izquierda de la línea y terminaría las obras de defensa de 
Bilbao y su ría; ocuparía en la línea de Guipúzcoa los altos de 
Oriamendi, Santiago y Burunza, y construiría los fuertes más 



28 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

indispensables entre Irún y la capital y los necesarios para la 
defensa de ésta. Guarnecería además algunos puntos en la lla- 
nada de Álava. 

De todos modos, el plan del Marqués del Duero tenía gran- 
des probabilidades de buen éxito. 

Para iniciar su ejecución, el General salió de Bilbao para 
Portugalete á las nueve de la noche del ii de Mayo en el vapor 
Cuatro Amigos, y se trasladó al día siguiente al Valle de Somo- 
rrostro, donde pernoctaron la brigada de vanguardia y el 3.**" 
cuerpo, quedando el i.° en Portugalete, á las órdenes de Leto- 
na, para escoltar el convoy con parte de sus fuerzas. Quedaron 
en Bilbao tres brigadas del 2.° cuerpo para proteger los traba- 
jos de los fuertes en construcción, y cuando terminasen dichos 
trabajos, debían dos de aquéllas incorporarse al ejército. 

Dispuesto ya todo, emprendió el ejército la marcha á las 
cuatro de la mañana del i3, tomando la carretera que desde 
Portugalete y Somorrostro conduce á Valmaseda, por Mercadi- 
11o, Carral y Sopuerta, flanqueando la izquierda cinco compa- 
ñías. Las tropas pasaron, sin ser inquietadas, las posiciones de 
Avellaneda y las que rodean á La Población, mientras que los 
carlistas, creyendo que el ejército marchaba sobre Durango, 
fortificaban todos los pasos difíciles de la carretera de Bil- 
bao á este punto. En la eventualidad de que algunos ba- 
tallones carlistas se corrieran á las Encartaciones é inten- 
taran resistir en las alturas que dominan á Valmaseda, 
y después en el estrecho valle en que, pasada La Pobla- 
ción, se extiende la carretera, formando en el Berrón un 
largo desfiladero, ordenó el Marqués del Duero, con obje- 
to de proteger al día siguiente la marcha del ejército y de la im- 
pedimenta, que Blanco, con su brigada de vanguardia, forzase 
la marcha, avanzando hasta Villasana, en el valle de Mena, ya 
fuera del desfiladero, tomando allí posiciones. Asimismo pre- 
vino al general Martínez de Campos, que fingiendo dirigirse 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. 29 

por la carretera de Arceniega, tomase después sobre la derecha, 
avanzando la 2/ división del 3." cuerpo al Berrán, y que 
ocupara con las fuerzas que juzgase convenientes las alturas 
de la izquierda de la carretera de Villasante, coronando los pi- 
cos de Acebo y los demás dominantes, próximos á aquél, si- 
guiendo el flanqueo por dichas alturas hasta el alto del Cabrío, 
para cubrir así la marcha del grueso del ejéicito, que la haría 
por la carretera. A las once de la mañana entró el ejército en 
Valmaseda, y como el ayuntamiento había huido, una comisión 
de vecinos formada espontáneamente para suplir su ausencia. 
se presentó al General; éste les habló de lo inicua que era esta 
guerra, de la punible é injustificada rebelión de provincias tan 
favorecidas, y de su inquebrantable propósito de obligarlas á 
' aceptar la paz ó á que sus habitantes emigraran al interior de 
las montañas. 

La casa capitular, convertida en hospital de sangre, estaba 
llena de heridos carlistas, procedentes casi en su totjilidad del 
combate de las Muñecas, los cuales fueron visitados individual- 
mente por el Marqués del Duero, y asistidos y curados, de 
orden de éste, por facultativos del ejército. 

Martínez de Campos y Blanco ocuparon las posiciones que 
se les habían indicado, dándose la mano sus fuerzas y poniéndo- 
se de acuerdo, quedando el primero en Villasana y el segundo 
en Presilla. Desde este punto decía Blanco al General en Jefe: 

«El desfiladero no concluye hasta Bercedo, y desde Entram- 
brFagvas empieza á dominar por la izquierda la que llaman 
Feña Magdalena, que no es otra que la cordillera de Salvados. 
Flanquearla es casi imposible; pero está casi fuera de tiro tam- 
bién y no creo deba preocuparnos, ocupando algunos cerros 
que se eleven con intervalos entre ellas y la carretera.==Cami- 
no carretero ó, mejor dicho, carretera que conduzca desde aquí 
á Villaventín ni á ningún otro punto del valle de Losa, no hay 
ninguno. El mejor que existe, por donde transitan carretas 



3o NORTE. — TERCER PERÍODO. 

del paíS; no da paso á nuestra artillería montada ni á los carros 
del convoy. =N¡nguno hay tampoco de condiciones á propósito 
que conduzca á Orduña, Osma ni Espejo, desde estas inmedia- 
ciones. Sólo hay un trozo de carretera que desde Bóbeda vá por 
San Millán á Espejo; pero no está terminada ésta, y el trayecto 
de Bóbeda á Medina de Pomar hay que verificarlo por un cami- 
no de carretas por donde quizás pudieran pasar también carros, 
pero con mucho trabajo y contando con tiempo muy seco. Y 
cumpliendo lo que se sirvió ordenarme, doy á V. estas noticias, 
que creo son exactas. = Respecto al enemigo, nada he podido 
averiguar más que lo que manifiesto á V. de oficio. Aunque 
dudo que ese famoso batallón del Cid se atreva á molestarnos, 
está en posición de poderlo hacer, pues Quincoces se halla si- 
tuado al otro lado de la Peña que corre á lo largo de la carre- 
tera, por lo cual convendrá seguir con precauciones por ese 
flanco hasta llegar á terreno abierto. » 

Al día siguiente, 14, á las cuatro de la mañana, emprendió 
el General en Jefe la marcha para Villasante, por el valle de 
Mena y el puerto del Cabrío, á donde llegó con la vanguardia á 
las cuatro de la tarde, y siguió después á Medina de Pomar, 
donde pernoctó. 

Villasante y los demás pueblos castellanos del valle de Me- 
na sufrían las correrías y exacciones de los carlistas, ofreciendo 
todos una resistencia pasiva á prestar auxilio al ejército; así es 
que, para hacerles sentir el deber de facilitarlos, se les exigie- 
ron raciones de pan en la proporción de diez por cada vecino; 
obedecieron los pueblos, presentando las raciones pedidas, pero 
no lo hicieron con la puntualidad que se les marcó; y tanto por 
esta causa como porque á la subida del puerto se había re- 
trasado la marcha del convoy, que no empezó á llegar á Villa- 
sante hasta las nueve de la mañana, se dilató el racionamiento 
de las tropas, y eran más de las diez cuando se emprendió la 
jornada para Medina de Pomar. 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. 3l 

Hemos dicho que uno de los objetivos del ejército libe- 
ral era entrar en Orduña, población importante guarnecida 
por los carlistas y completamente dominada por éstos, que 
tenían establecidas en los pueblos inmediatos del valle en que 
se asienta, fábricas de cartuchos metálicos y almacenes de 
paños, y que además se consideraba á cubierto de la acción 
del ejército, por su situación y el apoyo que le prestaba el 
enemigo. 

£1 Marqués del Duero, que deseaba llegar cuanto antes á di- 
cha población, resolvió hacer la marcha desde Medina á Osma, 
por el camino más corto, cruzando el valle de Losa, con objeto 
también de sacar raciones en los pueblos de este valle, en don- 
de constantemente tenían su asiento varías partidas de adua- 
neros carlistas; pero siendo este camino de herradura, y no 
permitiendo el tránsito de la artillería rodada ni de los carros 
de la administración (apenas era practicable á las carretas del 
país), fué preciso desprenderse de la artillería Krupp y de los 
carros, y en su virtud previno el General en Jefe á Catalán, 
que, con parte de su división, los condujese por Trespaderne, 
Oña, Cubo, Miranda de Ebro, Armiñón y Puebla de Arganzón 
á Nanclares de la Oca, donde encontraría al resto del ejército, 
que desde Orduña marcharía también al mismo pueblo. Dos 
batallones de la misma división se incorporaron á la columna de 
Medina de Pomar, proponiéndose el General en Jefe aumentar- 
la todavía con más infantería y caballería, cuando la tuviese dis- 
ponible, disponiendo entretanto, que no operase sino á la de- 
recha del Ebro, para evitar que pudiera el enemigo caer sobre 
ella con fuerzas superiores. 

El resto del primer cuerpo, al mando de Letona, quedó cus- 
todiando el convoy de víveres y municiones; el tercero, con la 
brigada de vanguardia, salió el i6 de Medina y los cantones avan- 
zados, llegando casi al anochecer á Osma y Berberana, sin más 
incidente que un tiroteo sostenido en este último pueblo por las 



32 NORTE. — TliRCER PERÍODO. 

tropas de la vanguardia al mando de Blanco, que hicieron á los 
carlistas algunos heridos y siete prisioneros. 

Al día siguiente, que era, como hemos dicho, el designado 
para marchar sobre Orduña, estuvo á punto de retrasarse la ex- 
pedición, porque el convoy que acompañaba al ejército, por 
error de cálculo sin duda, sólo conducía 58.oop raciones de pan y 
galleta, en vez de las 80.000 que la administración debía 
llevar. Afortunadamente, las gestiones hechas durante la no- 
che para obtener las raciones necesarias en los pueblos inme- 
diatos, dieron buen resultado, y á las diez de la mañana del 
17, rompió la brigada de vanguardia el movimiento sobre Or- 
duña, siguiendo el General* en Jefe con parte del tercer cuer- 
po, y quedando el resto de éste con una división del primero, á 
las órdenes de Letona, en las alturas de la Peña de Orduña, 
para proteger el regreso de las tropas al día siguiente. 

Orduña no ofreció más resistencia que el fuego de unos 
cuantos soldados de caballería que se hallaban á la entrada del 
pueblo, que se retiraron al avanzar los liberales: entraron éstos 
en la ciudad, y los carlistas se dirigieron á Amurrio. Dicha ciu- 
dad pagó una contribución igual á la que satisfacía anualmente 
á los carlistas, y perdió los depósitos de paños y prendas de 
vestuario que para éstos tenía en Délica y la fábrica de cartu- 
chos de Artomaña, donde se recogieron algunas municiones. 
El Marqués del Duero visitó el hospital de sangre, que estaba 
lleno de heridos, y permitió que se unieran al ejército, en 
cUse de indultados, varios convalecientes que lo solicitaron. 

Los carlistas comenzaron á fortificar el camino de Vitoria 
por Artomaña, lielunza y Amézaga, en la creencia de que el 
ejército liberal tomaría aquella dirección, corriéndose á la vez 
algunos batallones hacia la Peña, con el fin de cerrarle el paso, 
por si regresaba por el mismo camino; pero como las fuerzas 
del general Letona ocupaban los altos que defienden el puerto, 
tuvieron que desistir de su intento. 



MANDO DEL MARQUES DEL DUERO. ¿3 

El i8, regresó de Orduña el ejército por el mismo camino 
que había llevado, tomando el. General en Jefe las disposiciones 
necesarias para la marcha, y sin* ser molestado pasó á Espejo, 
donde pernoctó. El 19, por Salinas de Anana, Subijana y Nan- 
clares de la Oca, se dirigió á Vitoria, y llegó á este punto á la» 
cinco de la tarde, después de habérsele incorporado la división 
Catalán con la artillería, á la altura de Nanclares, á donde lle- 
gó al mismo tiempo que el General en Jefe. 

Entraron aquel día en Vitoria la brigada de vanguardia, la 
primera división del primer cuerpo, la primera del tercero, la 
artillería y el convoy con una de las brigadas de la división Ca- 
talán que lo había escoltado, quedando la otra en la Puebla de 
Arganzón, y las demás tropas acantonadas en los pueblos in- 
mediatos. 

El recibimiento hecho al ejército en Vitoria, fué en extremo 
cordial, y reveló la alegría de aquella capital al verse libre del 
estrecho bloqueo en que lo tenían los carlistas. 

La guarnición de la plaza, compuesta de unos 1.600 hom- 
bres, recibió al General en Jefe con los honores de Orde- 
nanza. 

En tanto que el ejército liberal se reorganizaba y operaba 
en la forma que acabamos de decir, no permanecía inactivo el 
carlista: repuesto su espíritu de la sorpresa y del mal efecto que 
le causó su retirada de la línea de San Pedro Abanto, cobró nue- 
vos alientos y bríos, esforzándose sus jefes en esta difícil ta- 
rea; pero como desde luego era patente que había sido ven- 
cido, D. Carlos pensó en relevar á su jefe de E. M. G., general 
Elío, y á este efecto consultó el caso con Mendiry; le contestó 
éste, que Elío había prestado señalados servicios á la causa 
carlista, y que siendo la primera figura del partido, una sepa- 
ración absoluta no sería bien recibida en el país ni en el ejér- 
cito, pero que su edad y sus achaques habían enervado su 
energía para las operaciones de la guerra, por lo cual sería muy 



i 



34 NORTE. — TERCER PERÍODO. 



conveniente reemplazarle con Dorregaray, suprimiendo la capi- 
' tañía general de las provincias Vascongadas y Navarra, que éste 

desempeñaba y que á nada conducía, y nombrando á Elío Mi- 
nistro de la Guerra. Siendo éste también el pensamiento de 
I D. Carlos, con fecha ii de Mayo nombró á Dorregaray jefe 

de E. M. G., y se dio á conocer éste con tal cargo el 13, di- 
rigiendo á sus soldados la siguiente alocución: 
\ « Voluntarios: =S. M. el Rey N. S. (q. D. g.) se ha dig- 

1 nado honrarme con el cargo de jefe de E. M. G. de su va- 

¡ lientf ejército, que hasta ahora venía desempeñando el ilustre 

I general Elío: = Todos me conocéis, voluntarios, á vuestro lado 

{ he estado constantemente desde el principio de la campaña, 

I admirando vuestro valor heroico y vuestros heroicos sacri- 

j ficios.=Yo he compartido con vosotros los peligros y pri- 

I vaciones de la guerra, y más de una vez se han llenado de 

lágrimas mis ojos al observar la resignación con que sopor- 
tabais aquellos sufrimientos. =:Con vosotros, también, he dis- 
frutado el placer de la victoria, y me alegraban vuestras ale- 
grías, como antes me habían entristecido vuestras penas. = 
Seguid como hasta ahora niostrándoos dignos de Dios, de la 
Patria y del Rey, y nuevas glorias, semejantes á las de Mon- 
tejurra y Somorrostro, vendrán á aumentar el c&tálogo de 
vuestros inmortales hechos. = Adelante, voluntarios: aniquile- 
mos á la revolución, que yo os prometo solemnemente no sepa- 
rarme de vosotros hasta triunfar ó perecer en la contienda. = 
Vuestro compañero y general, = Antonio Dorregaray. =Duran- 
go 13 de Mayo de 1874.» 

Valdespina estimuló con otra alocución el valor de los viz- 
caínos; y la junta de merindades de esta provincia elevó á 
D. Carlos un mensaje declarando estar resuelto á vencer ó 
morir. Vizcaya se comprometió á comprar cañones y lo.ooo 
fusiles más de los que tenía, y alentando tal conducta á las 
otras provincias, elevaron éstas á D. Carlos una exposición en 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. 35 

que protestaban de su decisión. En una palabra, se rehíiso el 
espíritu carlista, y su ejército recobró la perdida moral. 

Repetidas veces hemos hablado de la especial situación de 
Vitoria y de las malas condiciones en que se encontraba por su 
falta de comunicaciones con Miranda; y ahora conviene que 
insistamos acerca del particular. Tanto por ser la capital de 
una de las provincias insurrectas como por ser punto avanzado 
de mucha importancia, base natural de cualquier movimiento 
que se intentase contra Vizcaya y Guipúzcoa, núcleo de gran 
número de comunicaciones y no difícil de defender contando 
alguna caballería, por su posición en terreno llano, era preciso 
sostener dicha ciudad. 

Perdía mucho de su grande importancia si se la mantenia 
en la incomunicación en que se hallaba hacía tiempo, y era in- 
dispensable, si se querían emprender operaciones de alguna 
trascendencia, pensar seriamente en ponerla en buen estado 
de defensa y en segura comunicación con Miranda. Para este 
último objeto, convenía asegurar el desfiladero llamado de las 
Conchas, donde la carretera atraviesa los montes, de Vitoria en 
su parte más occidental: como había ya cerca de las cumbres 
una torre que antiguamente había servido de atalaya, desde la 
cual se dominaban la vía férrea y la carretera que en aquel tér- 
mino van separadas sólo por el Zadorra, y en la cumbre otra 
torre construida en los últimos tiempos para la comunicación 
telegráfica aérea con Madrid, abandonada desde que se reem- 
plazó este sistema por el eléctrico, previno el Marqués del Due- 
ro, que los oficiales de ingenieros las reconociesen, y previo 
informe de éstos, decidió la rehabilitación de dichas torres, de- 
biendo la más elevada de éstas formar parte del sistema tele- 
gráfico aéreo que se proponía adoptar. Aunque no había agua en 
ellas, se salvó esta dificultad con tinajas empotradas en el suelo, 
ínterin se hacían exploraciones para encontrarla ó se construía 
un aljibe. Pensaba el General en Jefe apoderarse de Peñacerra' 



36 NOR712. — TERCER PERÍODO. 

* 

da y La Guardia, y organizar una columna de cuatro 6 oinco ba- 
tallones que tuviese por objeto proteger la Rioja alavesa y las 
comunicaciones entre la capital y Miranda, para poder operar 
por su parte con más libertad sin preocuparse de esta inte- 
resante atención. 

En cuanto al sistema de telégrafos ópticos, que esperaba 
adoptar, á continuación copiartios lo que acerca del particular 
se manifiesta en la Relación hi$t6rica de la última campaña del 
Marqués del Duero, obra que hemos citado antes de ahora. 

«Desde luego, el Marqués del Duero, teniendo muy presente 
que en la anterior guerra civil de 1833 á 1840, las guarnicio- 
nes absorbían un efectivo de 40.000 hombres, quería evitar en 
la actual este desmembramiento de fuerzas, ya de suyo esca- 
sas, al ejército, y trató de reemplazar aquel sistema con otro 
más económico de gente, más barato y de iguales ó mejores re- 
sultados. Pero la base de este nuevo sistema consistía en pri- 
mer término, en la rapidez de las noticias; y teniendo que 
guardar una línea de más de 100 leguas ó sea desde Santander 
á Tudela y el Pirineo, no eran suficientes los medios ordinarios 
para saber con oportunidad, los movimientos del enemigo, ya 
fuesen de contración dentro de su territorio, bien para expedi- 
ciones al interior de la Península. Así es que para llevar á cabo 
su proyecto, propuso al Gobierno el establecimiento de telégra- 
fos ópticos en líneas militares determinadas. La del alto 
Ebro se extendería de Reinosa á Miranda; otras de Miranda á 
Vitoria y á Lodosa, Lerín, Larraga, Puente la Reina y Pam- 
plona; una diferente de Tudela á Pamplona, y, por fin, otras de 
Tiermas á Jaca. Estas líneas ópticas debíaa combinarse con las 
eléctricas generales que enlazan en los puntos extremos, am- 
pliándose hacia el interior de Navarra y Provincias Vasconga- 
das, á medida que se fuera dominando. El complemento de es- 
te sistema sería la formación de fuertes columnas conveniente- 
mente dotadas del arma ó armas más propias para operar en el 



MANDO DEL MARQUÉS DHL DÜEtlO. 



territorio de su demarcación, las cuales se situarían en la ribe- 
ra de Navarra y la Rioja alavesa, para defender el Ebro; en 
Medina de Pomar, para dominar el valle de Losa; en Villasan- 
te y en Ramales, á la mira de las Encartaciones, enlazándose 
todos estos puntos por torres telegráficas, protegidas á su vez 
por otras fuerzas situadas á retaguardia y en puntos convenien- 
tes. Con dichas columnas se encerraba á los carlistas en las pro- 
vincias Vascongadas y Navarra, y por medio de las torres, po- 
drían aquéllas recibir avisos inmediatos de los movimientos del 
enemigo y saber asimismo el General en Jefe cualquier aconteci- 
miento con la rapidez necesaria para poder frustrar el plan que 
revelara. Efectivamente, con la línea del Ebro hasta Reinosa y la 
más avanzada de Puentelarrá, Medina, Ramales y Santoña se 
impediría que el enemigo amenazase é hiciera escursiones á Cas- 
tilla, de donde llevaba sacados 4.000 hombres y toda clase de 
recursos, y cualquiera expedición sobre Valladolid podría sino 
impedirse, por lo menos perseguirse muy de cerca por fuerza 
del ejército, partiendo de Miranda y Logroño. Con la de Tier- 
mas á Jaca, según indicación hecha al capitán general de Ara* 
gón, se evitaría el que se mantuviera en adelante el enemigo . 
dominando las Cinco Villas, en las que tranquilamente había 
permanecido por espacio de dos meSes extrayendo subsistencias 
que enviaba hasta á las fuerzas sitiadoras de Bilbao. En el caso 
de intentar una expedición á Cataluña, podría ser detenida so- 
bre el Cinca, una vez establecida la interesante línea telegráfi- 
ca de Barcelona á Lérida, según había rogado también en car- 
ta semi-oficial á su amigo el capitán general de Cataluña don 
Francisco Serrano Bedoya; y si la expedición retrocedía, po- 
dría cortársele la retirada que más de una vez, en intentos aná- 
logos, había verificado impunemente á Navarra. Las expedi- 
ciones sobre Asturias podían asimismo ser estorbadas ó perse- 
guidas rápidamente, evitándose además con pocas fuerzas, las 
que en la parte del Ebro de entre Miranda y Tudela penetra- 



38 NORTE.— TERCER PERÍODO. 

sen para sacar recursos de los pueblos de la derecha. Para el 
establecimiento de estas lineas ópticas, propuso el Marqués del 
Duero que se aplicara, por el pronto, la mitad del antiguo ma- 
terial de las 74 torres que estableció en Cataluña en 1848, y que 
tan eficazmente contribuyeron á la pronta terminación de aque- 
lla guerra. £1 Gobierno, apreciando las razones expuestas por 
el General en Jefe, aprobó inmediatamente su plan de telégra- 
fos, nombrando, á su propuesta también, director general de te- 
légrafos militares al ilustrado brigadier Mathé, para que, con 
residencia en Logroño, dirigiese al establecimiento de los apa- 
ratos é instruyese el personal necesario. Tan luego como recibió 
la aprobación, y puesto de acuerdo por escrito con el brigadier 
Mathé, hizo salir comisiones de ingenieros que reconociesen el 
terreno y estudiaran en las distintas lineas el establecimiento 
de las torres que habian de construirse. » 

Habían llamado la atención del General en Jefe los rumo- 
res que sobre la próxima terminación de la guerra corrían en- 
tre los liberales, y aunque suponía que el Gobierno no sería tan 
optimista en este punto, deseando hacer constar sus ideas acer- 
ca del particular, dirigió desde Vitoria al Ministro de la Gue- 
rra, con fecha 20 de Mayo, la comunicación que á continuación 
copiamos: 

«Excmo. Sr.:=El levantamiento del sitio de Bilbao, sin 
dejar de ser un acontecimiento favorable para nuestro ejército 
y de perjudicial trascendencia desde el punto de vista moral pa- 
ra los carlistas, no los ha lastimado materialmente, como lo hu- 
biera sido si se les hubiese dado un golpe importante antes de 
pasar el Cadagua.= Mientras tanto, nuestro ejército, encerra- 
do dos meses delante de Somorrostro, experimentando allí cin- 
co mil bajas por el fuego y otras tantas por las enfermedades; 
abatido en su moral por los combates desgraciados y las pe- 
nalidades de un campamento insalubre, é inmovilizado com- 
pletamente por este estado de decaimiento, no era, por cierto, 



MANDO DEL MARQUÉS DBL DUBRO. 59 

ni por su calidad ni por su número, un elemento con que pu- 
diera contarse por el momento para emprender operaciones 
bastantes eficaces contra un enemigo que había conservado sus 
fuerzas casi íntegras, después de detener por tanto tiempo á una 
gran parte del ejército. =E1 tercer cuerpo, compuesto por una 
parte de batallones de gente nueva y poco aguerrida, y aun al- 
guno de ellos sin ninguna instrucción; por otra, de los ya mer- 
mados por su estancia en Somorrostro, y, por último, de, otros 
de la guardia civil y carabineros, que por las condiciones espe- 
ciales de sus individuos, no son lo más á propósito para las 
operaciones activas, no podrá tener tampoco una influencia de- 
cisiva en la guerra, por mucho que su espíritu se haya levanta 
do con dos combates afortunados en una operación de cinco días 
:= Examinadas, pues, nuestras condiciones actuales y las del 
enemigo, que puede presentarse con fuerzas superiores en cual 
quier punto de nuestra extensa línea, no hay razón alguna para 
augurar una terminación inmediata de la guerra; y así lo hice 
presente al Excmo. Sr. Duque de la Torre, que estuvo comple- 
tamente de acuerdo conmigo, antes de hacerme cargo del mando 
de este ejército, como lo había hecho á uno de los Gobiernos 
anteriores en una memoria que debe existir en ese Ministe- 
rio. =No es mi ánimo, en manera alguna, afirmar que la gue- 
rra no puede acabarse; sino demostrar, que para terminarla, es 
preciso que el país haga un gran esfuerzo, para que el Gobierno 
pueda reforzar considerablemente este ejército. =Cuando el le- 
vantamiento del sitio de Bilbao en i836, este ejército contaba 
con más de 100.000 hombres, no obstante lo cual, la guerra 
duró todavía cerca de tres años; porque en un país como éste, 
en que sólo se encuentran pequeños pueblos, á donde hay que 
llevarlo todo, por no tener ninguna clase de recursos, marchan- 
do por desfiladeros de á uno, que hacen la marcha larga y pe- 
ligrosa; á lo único que puede aspirarse, es á ir encerrando al 
enemigo en sus montañas, estrechándolo más y más, hasta ven- 



40 NORTE. — TERCEk PERÍODO. 

cerlo por el cansancio y la falta de subsistencias, lo cual sólo 
puede conseguirse con fuerzas muy superiores. =E1 general 
Massena, uno de los más afortunados del primer imperio, perdió 
en Portugal toda su artillería y una parte de su ejército, tenien- 
do que retirarse precipitadamente á Castilla para reorganizarlo, 
porque encontró un país sin recursos que le obligó á dispersar- 
se y que le hubiera hecho sucumbir, á haber tenido al frente 
una raza belicosa, como la de éstas y otras provincias de Es- 
paña. =V. E., con su experimentado criterio, sabía apreciar las 
razones expuestas, que no tienen otro objeto que el consignar 
una vez más mi opinión sobre el asunto, lisonjeándome de que 
estará acorde con la del Gobierno, harto conocedor de todos 
los incidentes y dificultades que presenta esta clase de guerra.» 

El Ministro le contestó en fecha 24: 

«Excmo. Sr.: — Por la razonada comunicación que V. E. di- 
rigió á este Ministerio en 20 del mes actual, se ha enterado el 
Presidente del Poder Ejecutivo de la República, de la autorizada 
opinión de V. E. respecto del estado de la guerra civil en esas 
provincias, consecuencias que puede tener el levantamiento de 
la invicta Bilbao y ulteriores operaciones á que está llamado 
ese ejército, teniendo en cuenta las fuerzas de que se compone, 
las que tiene el enemigo, la naturaleza del país, y el carácter es- 
pecial de sus habitantes. El citado Presidente del Poder Ejecu- 
tivo, de quien lo ha oido V. E. personalmente, su Gobierno y 
particularmente el Ministro de la Guerra, se hallan en un todo 
conformes con la opinión de V. E.: no presumen que aquel he- 
cho, aunque muy importante, haya de servir para que con la 
brevedad que sería de desear, termine la lucha en esas provin- 
cias, y no desconocen tampoco la ardua empresa encomendada 
á W E.; pero tienen completa confianza en las especiales dotes 
que adornan al General en Jefe del ejercito del Norte; y de su 
inteligencia, actividad, y patriotismo esperan confiados que sa- 
brá vencer toda clase de obstáculos, y qUe, secundado por las va- 



i 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. 



41 



tientes tropas que están á sus órdenes, llevará á feli2 término la 
elevada misión de pacificar ese territorio. =:=Lo comunico á 
V. E. para su conocimiento y efectos consiguientes.! 

Realmente no había fundamento para creer que el Marqués 
del Duero terminaría la guerra sin más fuerzas, y son en ex- 
tremo acertadas las reflexiones de éste, de acuerdo, por otra 
parte, con la opinión del Gobierno. 



r<>iio V 



v^ 



CAPITULO II. 



Reconocimientos del ejército liberal sobre Vi llarrcal y Salvatierra. —Oficio del Gene- 
ral en Jefe al Ministro de la Guerra, referenic á la neutralización de las vías férreas 
y al comercio entre Castilla y las provincias insurgentes.— Coniestac ion del Mi- 
nistro.— Orden general de 29 de Mayo, del ejército liberal, dando instrucciones 
para las marchas.— Oficio del General en Jefe sobre el mismo asunto á los coman- 
dantes en iefe de los cuerpos de ejército.— Marcha de dicho ejército desde Vitoria ó 
Logroño.- Sucesos y estado de la guerra en la provincia de Vizcaya.— Id. en la 
de Guipúzcoa.— Id. en la de Navarra.— Id. en las de Álava, Burgos y Logroño. 



Detuvieron al General en Jefe en Vitoria, durante algunos 
días, diversas atenciones de importancia, como eran el arreglo 
de las guarniciones, el cuidado de evitar el considerable núme- 
ro de enfermos que producia la disenteria, la provisión del ejér- 
cito y la necesidad de esperar recursos; pero aprovechó el tiem- 
po en la instrucción de sus tropas y en el estudio de las opera- 
ciones que meditaba. 

El grueso del ejército carlista se habia situado en Villa- 
rreal^ Salvatierra y otros pueblos de esta 2ona. Deseando el 
Marqués del Duero conocer las defensas que el enemigo habia 
construido en dirección de las carreteras de Vitoria á Duran- 
go, por Villarreal, y la que atraviesa el puerto de Arlaban, se 
propuso practicar un reconocimiento en gran escala sobre Vi- 
llarreal' de Álava, las montañas de Arlaban y las faldas del 
Gorbea; y á este efecto dio las siguientes instrucciones: 

«El señor general Echagüe con la i.* y 3.* división del ter- 
cer cuerpo marchará por la carretera de Salinas hasta Ulibarri- 
Gamboa, situándose en este pueblo y el de Landa, donde per* 
noctará ó bien en Arróyabe, donde podrá quedar una brigada, 
teniendo avanzadas de caballería en el camino hacia Urbina 
para que en caso de combate serio por las fuerzas del General 



44 NORTE. — ^TERCER PERIODO. 

en Jefe pueda ir á apoyar el ataque. Si el general Echagüe fue- 
se el que tuviese la mayor resistencia, el General en Jefe envia- 
rá fuerzas para flanquearle por el camino de carros de Alarrieta 
y Larrinzar.=El general Echagüe llevará á sus órdenes tres 
baterías Krupp (12 piezas) y seis piezas Plasencia con cinco sec- 
ciones de caballería. =E1 general Campos, con su división, seis 
piezas Plasencia y un escuadrón, marchará por la carretera de 
Arríaga hasta el puente del Zadorra, y desde alli se dirigirá por 
el camino vecinal, á Miñano menor, Betolaza y Urrúnaga, sin 
empeñarse en combate serio, pero cañoneando á las fuerzas ene- 
migas, teniendo entendido que desde Urbinasele enviarán dos 6 
tres baterías en caso necesario ó que el General en Jefe crea con- 
veniente. = Esta división pernoctará en Urrúnaga y pedirá al pa* 
so raciones de pan, carne y vino, á cuyo ñn llevará ya los oñcios 
puestos para los pueblos. = El General en Jefe con el resto de 
las fuerzas marchará por la carretera sobre Villarreal. =Las gue- 
rrillas marcharán por grupos si se presenta la caballería ene- 
miga. =La retirada al día siguiente se hará por el mismo cami- 
no, empezando el movimiento según se disponga. =Con objeto 
de procurar coger prisioneros y hacer alguna sorpresa y escar- 
miento á las fuerzas enemigas que persigan de cerca al paso de 
las tropas por algunos de los caseríos que se encuentren ó casas 
aisladas en los pueblos, el general de la división dispondrá que, 
sin que sean notadas, queden dos, tres compañías ó más y una 
sección de caballería, haciendo que los vecinos de las casas per- 
manezcan asomados en las ventanas, á ñn de que al rebasar las 
avanzadas enemigas, puedan aquéllas hacer una salida rápida é 
inesperada y atacarlas. 

COLUMNA DEL GENERAL EN JEFE. 

Orden de marcha. 

Una compañía de cazadores. 
Una sección de caballería. 



MANDO DEL MARQUÉS E EL DUERO. 4S 

Media brigada de la de vanguardia. 

Ocho piezas: cuatro Plasencia y cuatro Krupp. 

Los tres batallones restantes de la brigada de vanguardia. 

La caballería de Numancia y Lusitania. 

i.'^ brigada déla i.^ división. El resto de la artillería. 

Con el General en Jefe un escuadrón de escolta. 

El convoy á vanguardia de la última brigada. 

A retaguardia un oficial y 12 caballos. 

ORDEN l E MARCHA DE LAS DOS DIVISIONES DEL TERCER CUERPO. 

Generales, Echagüe y Martínez de Campos. 

Delante, una compañía de cazadores. 

Detrás, una sección de caballería. 

Dos batallones de la brigada que vaya á vanguardia y dos ba- 
terías una de montaña y otra rodada. 

Los dos batallones restantes de la brigada. 

Tres secciones de caballería. 

La otra brigada de la división. 

Dos batallones de la brigada de retaguardia. 

Dos baterías restantes Krupp. 

Los dos batallones de la anterior brigada. 

Tres batallones de la otra brigada. 

Bagajes. 

£1 otro batallón á retaguardia. 

La sección de caballería y detrás una compañía de dicho 
batallón.» 

Con arreglo á estas instrucciones, salieron de Vitoria las tro- 
pas liberales divididas en tres columnas: la de la derecha, á las 
órdenes del general Echagüe, se dirigió á .Ullibarri Gamboa, 
avanzó hasta la falda de Arlaban, reconoció estas posiciones y 
regresó á Ullibarri, donde pernoctó; la de la izquierda, manda- 
da por el general Martínez de Campos, se dirigió á Urrúnaga 



4$ NORTE. — ^TERCER PERÍODO. 

por Arriaga, Míñano y Betolaza, sosteniendo ligeros tiroteos 
con las fuerzas carlistas, las cuales, á la aproximación délas tro- 
pas liberales, abandonaron los pueblos de Nafarrate, Elosu y 
el referido de Urrúnaga, ocupados por algunos batallones; la 
columna del centro, al mando del General en Jefe, siguió la ca- 
rretera de Villarreal, y observando aquél, poco antes de lle- 
gar á este pueblo, que las guerrillas enemigas bajaban de las 
alturas de la derecha de la carretera, dispuso que se suspendiera 
la marcha de las guerrillas de la derecha y avanzaran por la ca- 
rretera otras fuerzas, que desbordando la derecha enemiga, obli- 
garían á los carlistas á retirarse por temor de ser envueltos, 
abandonando sus primeras trincheras y el pueblo, y situándose 
mas allá de éste en las de su segunda linea. Inmediatamente 
entraron las tropas liberales en Villarreal, y se retiraron dos 
batallones navarros y uno guipuzcoano, que había ocupado este 
pueblo á unas posiciones próximas (Monte Albertia), desde 
las cuales sostuvieron al descubierto y durante todo el día, un 
fuego de guerrillas con las fuerzas de la brigada de vanguardia, 
haciéndoles también éstas algunos disparos de artillería que les 
ocasionaron pérdidas de muertos y heridos. 
Las bajas del ejército fueron seis heridos. 
El ayuntamiento de Villarreal había huido, y en su defecto 
recibieron al General, á su entrada en el pueblo, el párroco y 
unos cuantos vecinos: en el acto dictó aquél algunas medidas 
de guerra, imponiendo á la villa una contribución igual á la 
que pagaba á los carlistas, que inmediatamente se hizo efecti- 
va, y previno á la administración militar y á los jefes, para que 
lo comunicaran á sus subordinados, que denunciaran las exis- 
tencias de depósitos de víveres, ganados y efectos de guerra 
que hubiera ocultos en las casas. Esta prevención dio por resul- 
tado que se encontraran los suficientes comestibles para racio- 
nar las tropas aquel día; pero tal medida, que tenía por ob- 
jeto privar de recursos al enemigo, se interpretó abusivamen- 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO, 47 

te por unos cuantos soldados^ que se creyeron autorizados para 
apoderarse de las reses que encontraron en el pueblo 6 los ca- 
seríos; y en su vista, el Marqués del Duero, siempre dispuesto á 
sostener á todo trance la más severa disciplina, dictó la si- 
guiente orden general: 

«Soldados: Para que un Ejército merezca la consideración 
pública, es preciso que todos sus actos, tanto individuales como 
colectivos, se ajusten á la más severa disciplina. Los excesos 
cometidos por algunos individuos, redundan en descrédito de to- 
dos; y en tal concepto, estoy resuelto á reprimirlos fuertemente. 
Se previene, pues, para que nadie pueda alegar ignorancia, que 
todo individuo de este ejército que cometiese un robo ú otra 
falta grave contra la disciplina, quedará sujeto á un consejo de 
guerra verbal; cuya sentencia será ejecutada inmediatamente. 

Regresaron el 25 á Vitoria las tres columnas. 

El Marqués dio cuenta de esta expedición al Ministro de la 
Guerra, dirigiéndole el siguiente oñcio: 

«Según tuve el honor de manifestar á V. E. en mi telegrama 
del 25, el día anterior salí de ésta con objeto de practicar un gran 
reconocimiento sobre Villarreal y montañas de Arlaban, que se- 
gún mis noticias estaban ocupadas por 12 batallones carlistas. 
=La marcha se verificó en tres columnas; una por la derecha 
mandada por el general Echagüe, que reconoció las posiciones 
de Arlaban regresando á pernoctar á Ulibarri-Gamboa; otra por 
la izquierda con el general Martínez de Campos que se quedó en 
Urrunaga después de haber cambiado algunos tiros en el tránsi- 
to con exploradores enemigos; y otra por el centro que pernoctó 
conmigo en Villarreal. = Poco antes de llegará dicho punto, se 
presentaron las guerrillas enemigas, bajando de las alturas que se 
elevan á la derecha de la carretera, y el batallón de vanguardia 
desplegó las suyas, empezando el tiroteo de que hablé á V. E. en 
mi parte telegráfico. = Observado esto por mí, hice detener la 
marcha de nuestras guerrillas de la derecha y avanzar por la ca- 



48 NORTB.-«-TERCBR PERÍODO. 

rretera otras fuerzas que desbordando la derecha enemiga obliga- 
ron á retirarse á los carlistas, por temor de ser envueltos, aban- 
donando sus primeras trincheras y el pueblo, y situándose en las 
de 2.^ línea, más allá de aquél, desde donde siguieron tirotean- 
do á nuestros puestos hasta el punto de anochecer.=Las fuer- 
zas que allí tenia el enemigo eran 2 batallones navarros y uno 
guipuzcoano.s- A nuestro regreso para ésta hicieron los carlis- 
tas algunos disparos, pero sin salir de sus posiciones de más allá 
del pueblo. =Tuvimo8 en esta escaramuza 6 heridos, entre ellos 
un sargento i.** del batallón cazadores deEstella, á quien por 
su buen comportamiento he otorgado sobre el campo de batalla 
el empleo de alférez, cuya recompensa espero merecerá la apro- 
bación superior de V. E.=Las pérdidas del enemigo, s^ún no- 
ticias que aquí se tienen por fidedignas y que están acordes con 
las mías, consistieron en 6 muertos y 60 á 70 heridos. = La des- 
igualdad de estas pérdidas se explica perfectamente, porque 
nuestras guerrillas se colocaron pronto á cubierto, y las del ene- 
migo estuvieron descubiertas hasta que lograron situarse en sus 
trincheras de 2.^ linea. = A éste como á todos los pueblos á que 
alcanza la acción del ejército, le he hecho pagar una contribu- 
ción de guerra igual á la que pagan á los carlistas.» 

Echagüe salió el 25 en dirección de Miranda, con la briga- 
da Espina y dos baterías Krupp. Desde este punto debía dirigirse 
por Logroño á Pamplona, con el ñn de encargarse de la capita- 
tañía general de aquella provincia, restablecida á propuesta del 
General en Jefe, fundándose para ello en que debiendo ser Na- 
varra el teatro principal de las operaciones que se proyectaban, 
era ya, no sólo difícil sino imposible ejercer allí la acción de la 
autoridad militar de Vitoria, ciudad casi siempre incomunica- 
da con el resto del distrito. 

El general Echagüe debía también tener á sus órdenes la 
división de la Ribera, compuesta de dos batallones y mil caba- 
llos alas órdenes del general García Tassara. 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. 49 

Ya sin dichas fuerzas, practicó el General en Jefe, el 26, 
otro reconocimiento sobre Salvatierra, á donde se dirigió en dos 
columnas; una, compuesta de la brigada de vanguardia y la di- 
visión Martínez de Campos, pasó con aquél á Salvatierra, 
pueblo que, al aproximarse las tropas liberales, fué abandonado 
por algunos batallones carlistas que lo ocupaban; la división 
Reyes, que constituía la otra, flanqueó las alturas de la dere- 
cha, y pernoctó en los pueblos de Oreitia, Echevarri y Ezquere- 
cocha. 

Salvatierra pagó una contribución pecuniaria y otra en 
especie para el racionamiento de las tropas liberales. Regresa- 
ron éstas á Vitoria al dia siguiente, 27 de Mayo. 

Opinando el General en Jefe que no convenia el sistema de 
bloqueo establecido, y que interesaba al comercio de las Casti- 
llas que circularan los trenes, neutralizando las vías, dirigió al 
Ministro de la Guerra, con dicha fecha 27, la siguiente impor- 
tante comunicación: 

•Excmo. Sr.:=Las dos medidas más contraproducentes 
adoptadas durante el presente período de la guerra civil, han 
sido, á no dudarlo, el prohibir el paso á las provincias Vascon- 
gadas y Navarra de los productos de Castilla y el hacer uso 
de los ferrocarriles para el movimiento de tropas en las opera- 
ciones de campaña. =»Por la primera, se quitaron á Castilla los 
mercados de estas provincias, causándole ya un gran perjuicio; 
y por el uso militar de los ferrocarriles, después de paralizarse en 
parte las operaciones por la necesidad de cubrir las líneas y de 
exponer las fuerzas á infinitos peligros, se provocó la paraliza- 
ción del tráfico que, con pretexto de estas medidas, impuso el 
enemigt). = Hoy los trenes no circulan, el material y obras impor- 
tantes están en gran parte destruidos, las empresas de ferrocarri- 
les que representan cuantiosos capitales, muchos de ellos veni- 
dos del extranjero, y que tanto contribuyeron al aumento de 
nuestra riqueza, se encuentran arruinadas; y Castilla, privada de 



» 50 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

* suexportación al extranjero^ sufre las consecuencias de la guerra 
■' más directa y eficazmente que las mismas provincias subleva- 

das.=Y después de todo, el bloqueo es tan ineficaz, cuanto que 

* en vez de perjudicar, proporciona uno de los elementos que con- 
' tribuyen á sostener la insurrección. =:En efecto; desde el esta- 
blecimiento de los ferrocarriles, la importación de trigo de 
Castilla en este país hizo abaratar de tal modo el precio de 

* aquel artículo, que el valor de la propiedad tuvo por este mo- 
; tivo una notable rebaja. El bloqueo ha hecho desaparecer esta 

competencia; y el labrador vasco, elevando el precio de sus gra- 
; nos, alcanza ingresos suficientes para sufragar las crecidas con- 

\ tribuciones que les imponen los carlistas, y los altos jornales 

i que produce la falta de brazos. = Resulta, pues, que las provin- 

cias castellanas están privadas de sus mercados de aquí, y lo 
están de su exportación por los ferrocarriles; lo cual, con la 
contribución de guerra, concluirá por arruinarla pronto é irre- 
^ misiblemente; que las empresas de ferrocarriles están asimismo 

i en un estado lamentable, y que mientras tanto los sublevados, 

á costa de la ruina de Castilla, encuentran recursos con qué 

sostener la insurrección. = Preciso es, pensar en poner término 

á una situación semejante; y yo no encuentro otros medios 

, bastante eficaces para ello, que los de levantar el bloqueo 

y neutralizar los ferrocarriles. Lo primero, puede hacerlo el 
Gobierno; lo segundo necesita la aquiescencia del enemigo.= 
Si V. E. está acorde con esta conclusión, podría autorizár- 
seme para hacer gestiones en tal sentido, en el concepto de 
que si el Gobierno tuviese algún reparo en que se tratase con 
los carlist3.s, yo tendría medios de hacerlo] por terceras perso- 
nas, y en caso de éxito, de hacer una convención tácita, que 
no pudiera aparecer en ninguna parte. = El levantamiento del 
bloqueo podría otorgarse como una concesión, exigiendo en cam- 
bio la neutralización de los ferrocarriles, de los cuales no se 
haría uso militar por una ni otra parte.=Si los carlistas se ne- 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. 5I 

gasen á ello, esta negativa, que podría hacerse pública, produ- 
ciría gran irritación en las clases no labradoras que constituyen \ 
la mayoría del país; y tal vez entonces, surgiría una excisión en- \ 
tre los que sufren y pagan con los que sostienen la lucha ar- ^ 
mada, que fué el objeto propuesto y no conseguido con el blo- • ' 
queo.=: Además, la multitud de extranjeros, particularmente i 
franceses, que tienen inmensos capitales empleados en nuestros 

ferrocarriles, no podrían menos de reconocer la política genero- ; 

sa y tolerante del Gobierno al frente de la política destructora 
y vandálica de los carlistas, lo cual influiría desfavorablemente 
para el enemigo. =Por último, si lo que se ha tratado con el blo- 
queo es hacer sentir la guerra á las provincias sublevadas, siem- 
pre será más eñcaz el sistema, que he empezado á poner en 
práctica, de sacar á los pueblos una contribución igual á la muy 

fuerte que imponen los carlistas, la cual se hace efectiva en ^, 

todo el país á que puede llegar el ejército, sin perjudicar á las '« 

provincias leales, =Dios guarde á V. E. muchos años. — Cuar- 
tel general de Vitoria 27 de Mayo de i884.=Manuel de la 
Concha.» ¡ 

El Ministro de la Guerra, de acuerdo con el Consejo de Mi- 
nistros, le contestó con fecha i.'* de Junio, en esta forma: 

«Excmo. Sr.: — He dado cuenta al Presidente del Poder eje- 
cutivo de la República, de la comunicación que V. E. dirigió á 
este Ministerio en 27 de Mayo último, cuya atención han lla- 
mado vivamente las extensas y fundadas consideraciones que 
hace V., E. en el escrito citado, respecto á los resultados que está 
dando, tanto el hallarse prohibido el paso á las provincias Vas- 
congadas y Navarra de los productos de Castilla, cuanto el 
hacer uso de las líneas de ferrocarril para el movimiento de 
tropas y efectos de guerra, cuyos dos hechos, juzga V. E. con- 
traproducentes á la idea que presidió al dictarlos, puesto que el 
primero, sin perjuicios para el enemigo los causa de considera- 
ción á los mercados de las provincias citadas, y el segundo ha 



52 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

provocado la paralización del tranco^ toda vez que las facciones 
impiden en absoluto la circulación de trenes en todo el territo- 
rio que ocupan^ causando perjuicios incalculables alas empre- 
sas y al país en general. El citado Presidente, teniendo en cuen- 
ta la autorizada opinión de V. E., y de conformidad con la del 
Consejo de Ministros, se ha servido autorizar á V. E. para le- 
vantar la prohibición del paso á esas provincias de los productos 
de Castilla, y gestionar con la Empresa misma, si así lo con- 
sidera oportuno y conveniente, como más interesada en que se 
obtenga la neutralización de las líneas de ferrocarril, en el te- 
rritorio de operaciones, en inteligencia que esto habrá de veri- 
ficarse con carácter privado y por los medios que sugieran á 
V. E. su reconocido celo y probada experiencia, sin que se em- 
plee para nada el nombre del Gobierno, que no puede autorizar 
oficialmente esta gestión, por razones que no se ocultarán cier- 
tamente á V. E.=Lo comunico á V. E. para su conocimiento 
y efectos consiguientes. =Dios guarde á V. E. muchos años.= 
Madrid i / de Junio de 1874 . » 

Con fecha 29 de Mayo dictó el Marqués la siguiente notable 
orden general, dando excelentes instrucciones paralas marchas: 

«Orden general del 29 de Mayo de 1874, en Vitoria. =La 
primera necesidad para que las marchas puedan ser tan 
largas como ha permitido siempre la proverbial resistencia 
del soldado español, conservando, sin embargo, sus fuerzas, ya 
para el caso de encontrar al enemigo, ya para llegar oportuna- 
mente al pueblo ó punió objetivo, es que aquéllas se verifiquen 
de una manera metódica y ordenada, para lo cual se observarán 
la^ prescripciones siguientes: =ii*^ Siempre que pueda mar- 
charse de á cuatro, no se verificará dea dos. =2.*^ Para evitar 
la disminución de frente y el consiguiente desarrollo del fondo 
por causa de los pequeños obstáculos que suelen presentarse en 
ciertos caminos, marcharán á las cabezas de las columnas algu- 
nos zapadores y gastadores con útiles encargados de hacerlos 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. 53 

I lili ■ ■ I I .- . . 1 ... ' mm' ■ - ■ » ■ 

desaparecer, siendo preferible á la disminución del frente el ha< 
cer alto mientras se arregla el camino. =3.* En el caso de te- 
nerse que marchar por necesidad de á dos ó de á uno, no se 
aumentará el frente sobre la marcha. =4.*^ Por regla general 
no se cerrará en masa al hacer alto, pues basta quedar de á cua- 
tro sobre el lugar que ocupe la cabeza de cada batallón, la cual 
detendrá la marcha en el momento de oir el toque.=5.* Al em- 
pezar la marcha, no se dejará distancia de batallón á batallón y 
mucho menos de compañía á compañía. Los oficiales de guardia 
de prevención cuidarán de que las acémilas no tengan entre sí 
más distancia que la indispensable, y que marchen de á dos 
siempre que el camino lo permita, ^ó.*^ Si un batallón quedase 
en la marcha por cualquier motivo á alguna distancia del que le 
precede, no saldrá por esto del paso ordinario, acortándolo cuan- 
do se haga alto. =7." Cuando una ó más compañías vuelvan de 
un flanqueo, seguirán á continuación del batallón que encuen- 
tren al bajar al camino, y sólo avanzarán á unirse con su bata- 
llón cuando se haga algún alto que les de tiempo para incor- 
porarse sin salir del paso de camino; otro tanto practicarán los 
cabos que se quedasen para acompañar algún enfermo.^S.*^ Na- 
die podrá separarse del camino que lleve su compañía, ni que- 
darse atrás, sea para entrar en las casas, ó para cualquiera otra 
cosa sin conocimiento y autorización de sus oficiales, para lo 
cual irá siempre uno de ellos á retaguardia de la suya respecti- 
va. Queda prohibido en todos los casos el tomar por atajos en 
las marchas. = 9.^ En el caso de oirse fuego en terrenos acci- 
dentados, todos los batallones seguirán marchando y formarán 
de á cuatro, y si el enemigo se presentase por un flanco ó reta- 
guardia, el comandante del batallón más inmediato tomará las 
disposiciones convenientes. =10/ En los pueblos en que la es- 
trechez de las calles pueda ocasionar confusión ó molestia para 
las tropas, las acémilas no saldrán hasta que lo hagan las 
fuerzas de sus brigadas respectivas, y seguirán á retaguardia de 



54 KORTE.— TERCER PERÍODO, 

ellas para en el primer descanso largo pasar á las de sus bata- 
llones. =ii.* Toda acémila que no estuviese en su puesto al 
emprender la marcha, no se la dejará pasar entre filas hasta que 
se haya hecho alto para un largo descanso. — la.'^ No se permi- 
tirá que las acémilas lleven un peso excesivo, ni que las de mu- 
niciones conduzcan ninguna otra clase de carga. = i3.^ Ningún 
asistente ni conductor montará en las acémilas de carga, pues 
éstas sólo se cargarán con enfermos cuando no haya otro me- 
dio de conducirlos. =14.* Media hora antes de la diana se to- 
cará á pienso, para que lo coman las acémilas y caballos. Los 
encargados de aquéllas cuidarán de que no se carguen sin que 
hayan comido, no empezándose á cargar hasta el toque de 
diana. =15.'* Al llegar á los pueblos, si fuese temprano, y al 
mismo tiempo que se pasa lista para dar cuenta de los indivi- 
duos que falten y por qué causa, se pasará revista de raciones 
de pan y galletas para dar conocimiento de los que no conservan 
las suyas, y poder tomar con ellos la providencia que corres- 
ponda.=i6.'^ Después de cada acción de guerra, y cuando no 
las haya, un día por semana, se pasará revista de municiones 
para conocer quiénes han malgastado las suyas y exigirles la 
responsabilidad que corresponda con arreglo á ordenanza. =Lo 
que de orden de S. E. se publica en la general de este día para 
el debido conocimiento y exacto cumplimiento. » 

Como complemento de esta orden, el Marqués del Duero 
dirigió á los comandantes generales de los cuerpos de ejército 
el siguiente oficio: 

«Excmo. Sr.:=La multitud de rezagados, que desde un 
cuarto de hora de la salida de los pueblos ha venido observán- 
dose, de una manera nunca vista ni aun en las más largas y 
fatigosas marchas, en las últimas verificadas por este ejército, 
si bien puede atribuirse en parte á las enfermedades contraidas 
por algunos cuerpos en el campamento de Somorrostro y Bilbao, 
tiene su origen, en la generalidad de los casos, en el poco cui- 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. 55 

dado con que se consideran por algunos jefes y oficiales las 
prescripciones más elementales y sabidas de la ordenanza res- 
pecto á la marcha de las tropas. = Ya han caido por tales cau- 
sas cuatro soldados en poder del enemigo; y que estoy resuelto 
á que tales desórdenes no se reproduzcan^ bien lo indican las 
disposiciones que contiene la orden general de este día; pero no 
basta exigir del soldado el cumplimiento de sus deberes, sino 
ve en primer lugar que se le da el ejemplo por sus superiores, 
y que por una justa correlación del deber con el derecho se le 
prodigan los cuidados á que son tan acreedores. == Si el soldado 
fatigado por una larga jornada ó por el rigor de la estación, ve 
á sus oficiales montados, en uso de una tolerancia que después 
de todo les vá molestando constantemente, no es extraño que 
se rezague, que busque atajos y que se desordene, puesto que 
puede hacerlo impunemente y que se vé obligado á procurarse 
por sí mismo y á medida de sus deseos, los cuidados, que en una 
prudente medida debe proporcionarle el oficial. =Preciso es, 
pues, que se comprenda de una vez que por tales medios no se 
llena la misión tutelar que tienen los oficiales respecto á sus 
soldados, que si á aquéllos se les tolera el ir á caballo, este abuso 
no tiene más que una sola justificación; la de emplearlo en be- 
neficio del soldado, siempre que por enfermedad ó fatiga le fuese 
necesario; y que no se concibe que quede un individuo rezaga- 
do con justa causa, mientras haya un sólo oficial de su compa- 
ñía que vaya á caballo. = Espero, pues, que esta simple indica- 
ción será suficiente para que se vuelva á entrar en las buenas 
prácticas; y respecto á los rezagados de otra índole que sólo 
acusan abandono por parte de los oficiales, me limitaré á decir 
que estoy resuelto á hacer á éstos y á los jefes exclusivamente 
responsables de cuantos casos puedan ocurrir para que ninguno 
pueda alegar ignorancia, si me llego á ver precisado á tomar 
una providencia. =También he observado con disgusto, que se 
descuida, por lo general, el saludo de inferior 1 superior y deseo 



56 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

se tenga presente lo que decía un célebre escritor militar «que 
las formas son el puente que conduce á la disciplinai y que 
estoy resuelto en este punto á exigir el cumplimiento extricto de 
la ordenanza. =Se descuida igualmente por algunos, aunquepo- 
cos, la correspondencia del saludo con el soldado tan repetida- 
mente recomendada, y esto, que constituye, cuando menos, una 
mortificación para el que lo sufre, no favorece nada al que lo 
infiere, mucho menos si es un oficial 6 jefe. = Es preciso elevar 
el nivel moral del soldado, y no es ciertamente el mejor medio 
rebajarlo en la consideración pública con actos que entre perso- 
nas bien educadas se califican con razón, como un desaire. = 
V. E. reunirá á los señores jefes de los cuerpos de esa división 
para dai'les lectura de esta comunicación, á fin de que aquéllos 
lo hagan á su vez á sus jefes y oficiales respectivos, pues aun 
cuando lo dicho se refiera á una pequeña parte, basta la falta 
de algunos para que sus resultados redunden en descrédito y 
desprestigio de todos.» 

Permaneció el General en Jefe en Vitoria hasta fines de Ma* 
yo, ocupándose en los muchos incidentes que á consecuencia 
del impulso que había recibido la guerra se le presentaban, re- 
ferentes á organización y subsistencias, y á la vez daba tiempo 
para que pudieran incorporársele parte de las fuerzas que ha- 
bían quedado en Bilbao para proteger la construcción de las 
obras de defensa necesarias, que suponía muy adelantada, si 
bien en realidad no era asi. Se había rehabilitado ya una de las 
torres (la más elevada) que debía defender el paso de las Con- 
chas de Arganzón. 

Llegaba ya el momento de emprender las operaciones en 
Navarra. 

Para pasar á esta provincia se ofrecían dos caminos al ejér- 
cito liberal: uno directo á Logroño por Peñacerrada, el puerto 
de Herrera y La Guardia, y otro por Miranda de Ebro y la ori- 
lla derecha de este río. Este era el más seguro; pero también el 



MANDO DEL MARQUÉS DBL DUERO. 5y 

más largo, pues aunque se pudiera aprovechar la vía férrea 
para el transporte de tropas entre Miranda y Logroño, como 
este trayecto es corto, tal vez las dilaciones consiguientes al 
embarque y desembarque y la composición y combinación de 
los trenes harían ilusoria la diferencia de tiempo; bien enten- 
dido que para la artillería y la caballería el medio más expedi- 
to era hacer la marcha por la carretera. 

El Marqués, tanto porque esperaba encontrar y batir al 
enemigo siguiendo el primer camino, como también porque era 
el más corto y cómodo, lo eligió para la traslación de su ejér- 
cito á Logroño. 

Salieron de Vitoria las tropas liberales el i.^ de Junio, y sin 
ser hostilizadas llegaron á Peñacerrada. Previno el General que 
el primer cuerpo, mandado por el general Rosell, y la artillería 
pernoctaran en este punto, y después de descansar continuó él 
la marcha con la brigada de vanguardia y el tercer cuerpo; or- 
denó á aquélla que pernoctara en Villanueva, y con éste cru- 
zó por la tarde la sierra de Toloño, sin ser hostilizado, mar- 
chando por los largos desfiladeros por donde corre la carretera 
hasta llegar al puerto de Herrera. Pasado éste, en el descenso 
para la Rioja, sostuvo un ligero tiroteo con una partida carlis- 
ta que desde la cresta de la sierra, y á cubierto con las grandes 
peñas que coronan lá cumbre, causó á la retaguardia la muerte 
de un sargento y una cantinera y cuatro heridos, huyendo 
después á la proximidad de las fuerzas que fueron á su alcance. 
Pernoctó el General en Samaniego, con el tercer cuerpo. 

Al día siguiente, el General en Jefe, con la brigada de van- 
guardia y la 2.* división del tercer cuerpo pasó á La Guardia; 
permaneció en este pueblo algunos horas, examinando deteni- 
damente sus fortificaciones y dictando órdenes respecto á las 
fuerzas que en lo sucesivo debían guarnecerlo, y siguió á Lo- 
groño: el resto del tercer cuerpo marchó por Avalos á Briones, 
y el primer cuerpo y la artillería se dirigieron á La Guardia, 

Tomo t. 5 



58 NORTE.— TERCER PERÍODO. 

El jefe de E. M. G. se adelantó á Logroño, con objeto de 
saludar al Príncipe de Vergara, en nombre del General en Jefe, y 
ofrecerle sus respetos 6 invitarle á entrar á la cabeza de las tro- 
, pas 6, á lo menos, á presenciar el desfile desde su casa: el Prín- 
cipe manifestó, que por falta de salud declinaba aquella honra. 

Las divisiones Catalán y Martínez de Campos, la artillería 
y el parque móvil st alojaron en Logroño; la división Reyes y 
la brigada Beaumot en Fuen-Mayor, y el resto del primer cuer- 
po pasó á Cenicero. 

Quedaba, pues, situado el ejército de operaciones en el 
Ebro, y partiendo de esta base, trataba el General de realizar 
su plan. 

Pero antes de hablar acerca del particular, creemos conve- 
niente referir algunos hechos de armas ocurridos en la época 
de mando del Marqués del Duero, independientemente de las 
operaciones del grueso del ejército, durante los meses de Mayo 
y Junio, haciendo algunas observaciones respecto al estado de 
la guerra en las diversas provincias del Norte. 

Provincia de Vizcaya. —La fuerza situada en la heroica villa y 
sus inmediaciones, se componía de la guarnición de la capital, 
que la constituían 21 jefes, 188 oficiales y 3.938 individuos de 
tropa, y el 2.'' cuerpo, que contaba con 38 jefes, 256 oficiales y 
6.552 individuos de tropa, siendo el objeto de este cuerpo, se- 
gún hemos dicho, proteger y defender las obras en construc- 
ción, debiendo, después de llenar este cometido, incorporarse al 
General en Jefe, calculándose que á principios de Junio podría 
verificarlo, pero dejando en dicha villa unos 2.000 hombres de 
refuerzo. Se mandaron llevar de Santoña á Bilbao 20 piezas 
de 16 cm., dotadas conloo disparos cada una, que con las 28 de 
diferentes calibres existentes en ella, empleadas en la última 
defensa, y tres de 16 cm. y una batería de 12 cm., componían 
un total de 55 piezas. Opinaba el comandante de artillería de 
la plaza, que era indispensable aumentar este material con seis 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. 5g 

obuses de 21 cm. rayados, dos morteros y ig piezas de 12 cen- 
tímetros con su correspondiente dotación de municiones. Habia 
en la plaza más de 1.500.000 cartuchos de infantería, 4.290 dis- 
paros de artillería de 16 cm., 5.988 de 12 cm. y la dotación de 
la batería de á 12 cm. y algunos botes de metralla y balas de 
diferentes calibres. 

En cuanto á las obras de defensa, además de las existentes 
durante el sitio, que no detallamos ahora para evitar repeticio- 
nes, había en construcción algunos fuertes en la orilla derecha, 
á todo lo largo del monte de Santa Marina, es decir, en el Molino 
y Monte Abril, el alto de Santo Domingo, el de Banderas y el 
Monte de Cabras; se había también fortificado en esta misma 
orilla una casa en las Arenas, con lo cual y la ocupación del 
valle de Asúa, se aseguraba la posesión de dicha linea. En la 
orilla izquierda, además de las obras existentes, se hicieron 
otras, se mejoraron las de Portugalete y se fortificaron, como 
se ha dicho, los altos de San Roque y Campánzar, que prote- 
gían este pueblo. 

Durante la construcción de las obras de defensa del alto de 
Santo Domingo, algunas fuerzas carlistas situadas en el Monte 
Abril (situado al Noroeste de Bilbao), molestaban con sus fue- 
gos á los trabajadores y á los que transitaban por la carretera de 
Munguía. Para evitarlo, se propuso el comandante general del 
2.^ cuerpo, mariscal de campo D. Adolfo Morales de los Ríos, 
que había reemplazado al general Castillo, apoderarse de aque- 
lla posición el 18 de Mayo. Conforme á sus instrucciones, el 
coronel Roda del regimiento infantería de Saboya, jefe acciden- 
tal de la I.* brigada, salió de Bilbao con aquel cuerpo, un ba- 
tallón del de Galicia, una compañía de ingenieros y una bate- 
ría de montaña, con objeto de apoderarse del mencionado Mon- 
te y de los caseríos de la derecha de Begoña, denominados 
Ranada y Albarrancha. Para este fin, dispuso sus fuerzas de la 
manera siguiente: ocho compañías de Saboya y una sección de 



6o NORTE.— TERCER PERÍODO. 

artillería á las órdenes del teniente coronel de dicho cuerpo, 
constituían el ala derecha; una compañía de Saboya y el 2.^ ba- 
tallón de Galicia el centro, á las órdenes del teniente coronel 
de este último cuerpo; y dos compañías de Saboya, una de in- 
genieros y una sección de montaña, la izquierda; quedando co- 
mo de reserva un batallón de la 2.* brigada, que con arreglo á 
las instrucciones dadas al brigadier Bargés, debía apoyar el 
movimiento. El mencionado coronel Roda se situó en esta par- 
te de la línea. 

En tal disposición, emprendieron las tropas la marcha, pre- 
cediéndolas fuerzas desplegadas en guerrilla, sostenidas por re- 
servas en pequeñas masas de cada una de las tres fracciones, 
enlazadas de manera que pudieran auxiliarse recíprocamente, 
no obstante la extensa línea que abrazaban. Antes de clarear 
el día encontraron al enemigo, prevenido contra lo que se supo- 
nía, en posición, á vanguardia de sus trincheras, y se rompió un 
fuego muy nutrido por ambas partes, manteniéndose los carlis- 
tas con tenacidad no propia en ellos cuando como en este caso 
no se hallaban al amparo de sus masas encubridoras; fueron 
ganando terreno las tropas liberales paulatinamente, y poco 
después de amanecer, una compañía de Saboya conquistó el 
principal objetivo, es decir, el alto del castillo de Abril, y se es- 
tableció en él, protegida por los certeros disparos de la sección 
de montaña, dando lugar á las demás fuerzas de la izquierda 
para subir á la disputada meseta. Rehecho, sin embargo, el 
enemigo, trató de recobrar la posición perdida, pero rechazado, 
emprendió la retirada á las ocho y media de la mañana. A 
esta hora, la derecha se había también apoderado de los case- 
ríos llamados Ranada y Albarrancha, retirándose el cabecilla 
Fontecha con los tres batallones vizcaínos que mandaba. En- 
tretanto, el brigadier Bargés había dispuesto que el primer 
batallón del regimiento de Asturias, alojado en Asúa, se si- 
tuase en posición, antes de amanecer, sobre la extrema iz- 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. 6l 

quierda de la i.* brigada, y que el 2."" se aproximase á las mis- 
mas fuerzas^ después de dejar dos compañías en el expresado 
pueblo: el i.^ llegó sin resistencia al punto designado; el 2.^ 
encontró fuerzas enemigas, que cayendo sobre su retaguardia, 
se apoderaron de un sanitario y dos acémilas, y llegó al 
amanecer al punto denominado de los Cuatro Caminos, á tiem- 
po para apoyar al regimiento de Ontoria, logrando ambos que 
los carlistas desalojaran algunos puntos fortiñcados; pero aun- 
que dejó el enemigo expedita la carretera, se dirigió á Derío, 
pueblo ocupado por fuerzas liberales y situado en la carretera de 
Bilbao á Bermeo. 

La situación de las fuerzas de Bargés era crítica, por ha- 
llarse expuesta su ala izquierda á ser envuelta y por tener á su 
retaguardia al enemigo que atacaba á las dos compañías situa- 
das en Asúa; debiendo tenerse presente que no contaba, para 
acudirá estos puntos, con más fuerzas disponibles que cuatro 
cortas compañías de Asturias. Felizmente, el primer batallón 
de este regimiento, cuando la i." brigada ocupó el Monte Abril, 
había terminado su cometido por aquella parte, y reunido á las 
dichas cuatro compañías pudo acudir al auxilio de sus compa- 
ñeros: en efecto, ínterin siete compañías mandadas por su co- 
ronel auxiliaban á las dos situadas en las casas de Asúa, las 
otras tres á las órdenes del brigadier Bargés socorrían los pun- 
tos avanzados de Ontoria y alejaban á los que atacaban á De- 
río, poniéndolos en retirada, ya por la tarde, no sin vencer di- 
ficultades. 

Las pérdidas sufridas por las tropas liberales fueron un te- 
niente y siete soldados muertos, un comandante, tres oficiales 
53 individuos de tropa heridos y contusos y un oficial y un sa- 
nitario extraviados. Ignoramos las bajas de los carlistas, pero 
según el parte oficial del jefe liberal, se dio sepultura á 17 ca- 
dáveres, y quedaron además en su poder dos heridos graves y 
ocho prisioneros, entre ellos un capitán. 



62 NORTE. — TERCER PERIODO. 

A las dos, de la mañana fué atacado de nuevo por los carlis- 
tas el mencionado pueblo de Derío, guarnecido en aquellos mo- 
mentos por una compañía del regimiento infantería de Ontoria 
que ocupaba la casa ayuntamiento. Esta compañía tenía un 
destacamento de 26 individuos en un fuerte avanzado que fué 
el principal objeto del ataque del enemigo. Fueron rechazados 
los carlistas y tuvieron algunas pérdidas, entre ellas tres muer- 
tos, que no pudieron retirar por haber caido á corta distancia 
del fuerte. Las bajas sufridas por el destacamento (lo mandaba 
el comandante Camacho) fueron dos muertos, ocho heridos y 
cinco contusos . 

En la noche del 20 de Mayo atacaron los carlistas tres ca- 
sas de las inmediaciones de Bilbao ocupadas por fuerzas del re- 
gimiento infantería de Galicia, é hicieron prisionera á la fuer- 
za que guarnecía á una de ellas, compuesta de un oñcial, 21 
soldados y dos voluntarios, después de hora y media de fuego 
y de haber sido incendiada la casa, siendo heridos tres soldados. 

Dos compañías^ de las tres destacadas en las Arenas, prac- 
ticaron el 20 de Mayo un reconocimiento sobre Algorta, y obli- 
garon á retirarse de este punto á las fuerzas enemigas que lo 
ocupaban. Seguidamente, el jefe de la 3.* brigada, á la que per- 
tenecía dicho batallón, marchó con el resto de las tropas de 
su mando al mismo pueblo, y después de sacar 5. 000 raciones de 
vino y 6.000 de carne, regresó á su cantón á las cuatro de la 
tarde, sin ser molestado. 

Se habían marcado veinte días para la terminación délos tra- 
bajos que debía proteger el 2.° cuerpo, en el concepto de que se 
habían de ejecutar en un suelo sólo de tierra, pero además de 
haberse ampliado las defensas, extendiéndolas á otras alturas, 
se tropezó con el inconveniente de que después de una capa li- 
gera de tierra había otra de piedra, y esto dio lugar á grandes 
dilaciones, por la necesidad de usar barrenos y encontrar opera- 
rios y útiles, que escaseaban. 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. 63 

Impaciente el Marqués del Duero por tal estado de cosas y 
enterado de los obstáculos con que luchaba el general Castillo^ 
dirigió á éste un telegrama para que le enviara á lo menos una 
brigada, y en carta fechada en Vitoria el 29 de Mayo, le 
manifestaba, que esperaba dos brigadas y muy en breve la ter- 
cera, quedando en Bilbao una de cuatro batallones, con fuer- 
za de 2.5oo hombres, que había de recibir aumento al verificar- 
se la quinta; le indicaba que de las tres compañías de ingenie- 
ros que habían quedado en Bilbao, convenia se incorporaran al 
ejército una ó dos, para empezar la construcción de las torres 
que debían servir de telégrafos ópticos en la linea que iba á es- 
tablecer desde Reinosa á Miranda, desde la cual operada una 
fuerte columna protegiendo á Castilla y entreteniendo las fuer- 
zas carlistas que molestaban á Bilbao; le decía también, que no 
siéndole de utilidad los 46 caballos que había en Bilbao, podía 
quedarse con ocho 6 doce, y disponer que los demás se unieran 
al ejército, y que siendo urgente la incorporación de las fuer- 
zas de referencia, convendría que fuesen por mar á Santander, 
ó por tierra, según conviniese, tomando después el camino de 
hierro hasta Logroño. ^ 

En carta de 3i del mismo mes, el general Castillo ma- 
nifestó al General en Jefe, que si bien las obras de Portuga- 
lete se hallaban artilladas y en estado de dejarlas entregadas á 
la custodia de sus guarniciones, no sucedía lo mismo respecto á 
los de Santo Domingo, el alto de Banderas y el Molino de 
Viento, tanto por la escasez de operarios como por la de re- 
cursos con que pagarles, porque no se prestaban el comercio y 
el ayuntamiento á facilitar fondos, en razón á no haberles satis- 
fecho los cuantiosos anticipos anteriormente hechos; y en vista 
de esto opinaba que por entonces no convenía retirar las re- 
feridas tropas del segundo cuerpo. 

Hubo el II una entrevista entre el general Castillo y el 
Marqués de Valdespina. A continuación copiamos el oficio 



64 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

que con tal motivo y fecha 12 dirigió el primero al General en 
Jefe: 

«Excmo Sr.: — Según he tenido el honor de dar á V. E. co- 
nocimiento en telegrama cifrado en esta fecha, ayer tarde en las 
inmediaciones de esta Plaza y punto llamado puente Nuevo ce- 
lebré una entrevista con el titulado general carlista Sr. Mar- 
qués de Valdespina, á quien además de un ayudante de campo^ 
acompañaba un marino que creo sea el exministro Anrich. Las 
condiciones físicas del expresado Marqués y su carácter vehemen- 
te y apasionado hicieron difícil la conferencia, y me obligaron á 
conferenciar más que con él con el marino que le acompañaba. 
Tratando de la cuestión del bloqueo establecido en la costa Can- 
tábrica, m^ pidió aquél manifestara á V. E. los inconvenientes de 
la supresión de la pesca, y que ésta medida, como medio de in- 
demnizar á los pescadores, le obligaria á apoderarse de los bie- 
nes de las personas liberales, con lo cual podía satisfacer á aqué- 
llos, jornales de 10 reales diarios; quedando yo en poner su in- 
tento, como lo hago, en conocimiento de V. E.=Respecto á 
la cuestión de restablecer los ferrocarriles y neutralizar en ge- 
neral las vías de comunicación, sin entrar en condiciones que 
dejé para el caso de que aceptando la idea, se procediese á sen- 
tar las bases sobre las cuales prodría hacerse, me manifestó que 
por sí nada podía resolver, no obstante lo cual daría conoci- 
miento del asunto á sus jefes superiores. =Con motivo de dicha 
entrevista dispuse se suspendiera el fuego de las avanzadas 
desde la una de la tarde hasta el anochecer, como se hizo tam- 
bién por el enemigo, saliendo con este motivo multitud de gen- 
te de esta villa al puente Nuevo. Las fuerzas enemigas que pu- 
de ver en este punto, uno de los suyos avanzados, fueron dos 
escasas compañías con bastantes oficiales que ignoro si proce- 
derían del ejército ó de la leva de paisanos. =Todo lo que ten- 
go el honor de participar á V. E. para su superior y debido co- 
nocimiento. =Dios guarde á V. E. muchos años. = Bilbao 12 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. 65 

Junio de i874.=Excmo. Sr.:=Excmo. Sr. General en Jefe del 
ejército del Norte. » 

Provincia de Guipúzcoa, — Antes de ahora hemos hablado de 
la línea que los liberales sostenían en la provincia de Guipúzcoa, 
indicando que no eran suficientes las fuerzas que la guarnecían, 
reducidas á 1.800 individuos del ejército, 2.100 voluntarios, 400 
migueletes y 400 volantes; en total, 4. 700. 

Durante el mes de Mayo, los carlistas bloquearon á Irún, 
Guetaría y Hemani. El 1 5 de dicho mes, las fuerzas liberales 
destacadas en Irún hicieron un reconocimiento, causando al 
enemigo seis muertos y un prisionero, y apoderándose de algu- 
nas armas y otros efectos de guerra. 

Preocupando al general Concha el estado de la línAt de Gui- 
púzcoa, comisionó al brigadier de ingenieros Zenarruza, para que 
se enterara detenidamente de este asunto y le diera cuenta del 
resultado. 

Ya desde Setiembre de 1873 se había constituido en San 
Sebastián una comisión de armamento y subsistencias. El 
aumento de las fuerzas carlistas motivó que en la sesión del 
24 de Febrero de 1874 se consideraran más inmediatos y gra- 
ves los peligros de la plaza, y se propusiese la terminación de 
una primera línea de defensa en las afueras de la ciudad, agre- 
gando á los fuertes ya concluidos otros que la completasen. 
Encomendado su estudio al coronel de ingenieros Vuelta, lo pre- 
sentó con el plano correspondiente, y se aprobó, procurando ven- 
cer los inconvenientes que á su ejecución se oponían. 

El brigadier Zenarruza llegó á San Sebastián el 12 de Mayo, 
y decía el i3 al General en Jefe: 

véase el plano de San Sebastián. =«Excmo. Sr.:=:: Llegué á 
esta plaza ayer tarde á las cuatro en el vapor correo, y procedí 
en el acto á un reconocimiento de los alrededores y líneas; 
el que he continuado en la mañana de hoy, y como con- 
secuencia puedo desde luego anticipar á V. E., según los 



66 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

• ■ ■ 

deseos que se sirvió manifestarme, las ideas generales que 
juzgo han de servir para dar forma á mi cometido, las que 
completaré con datos fijos y detallados que podrán ocupar- 
me cuatro 6 cinco días, á fin de poder dar á V. E. conocimien- 
to del resultado de mi misi6n.»=Desde luego he hallado las 
obras de defensa no sólo del casco de población sino de las que 
han de ocupar las alturas dominantes, en buen estado de ade- 
lanto, y marchando sin interrupción, á pesar de la escasez de 
dinero, con los elementos que proporciona el ayuntamiento, así 
de materiales como de operarios, valiéndose de la prestación 
personal. =Para facilitar mis explicaciones acompaño un plano 
en el cual van marcadas de carmín lleno las obras ya termina- 
das; y co» contorno de carmín las que ya se tenían proyectadas 
y las que considero indispensables para completar la defensa 
bajo el punto de vista indicado por V. E.= Mi primer estudio 
ha tenido por objeto dotar á San Sebastián de una serie de de- 
fensas que, aprovechando las dominaciones y batiendo los pasos, 
pudieran constituir un todo relacionado que dejará á la plaza 
en disposición de bastarse á sí sola, sin contar con los alcances 
de líneas, ni con necesidad de fuerzas ó columnas que hayan 
de operar, distrayéndolas del grueso del ejército. = Constitu- 
yendo la entrada á San Sebastián por la parte de Hernani y 
Rentería dos istmos, uno entre la ría de Pasages y el Urumea, y 
otro entre este río y el mar, • desde luego se echa de ver que 
cortándola por una línea que se establezca sobre dominaciones 
convenientes, no sólo se limita el desarrollo para las defensas, 
sino que por la formación especial del terreno los fuertes que 
formarán la línea se hallarán á cubierto de ataques á viva fuerza, 
y serán difíciles de tomar aun con un sitio regular, que los car- 
listas no emprenden sin hallar dominaciones superiores sobre 
ellos para poder ser batidos con ventaja por la artillería, y con 
la inapreciable ventaja, que conservando todas las comunica- 
ciones aseguradas con la plaza, se hallarán á buena distancia de 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. 67 

^ ■ ■ ■ ■ ■ . ■ . , I ., I ■■ ■■■■■■,. 

ésta» y sin embargo alejarán la colocación de baterías de ataque^ 
de modo que nunca podrán llegar á bombardear la población^ 
sin tomar antes los fuertes con las dificultades de que he hecho 
mérito, por su situación. = Resulta, pues, que San Sebastián 
quedará con un recinto en el casco de población, el cual se halla- 
rá defendido por edificios, tambores, redientes y otras obras que 
constituirán un recinto bastante bien defendido como segunda 
línea; y como primera, una serie de fuertes avanzados y domi- 
nantes en inmejorables condiciones, que la constituyen los 
fuertes de Lugaritz, Alto de Puyo, Ametzagaña, Alza y Alto 
de Mirabrea, con más, los fuertes del molino de viento Pintone, 
San Bartolomé y Concorronea, que sirven como de complemento 
á la primera línea ó avanzada y de unión con la segunda. = Apar- 
te de este plan, que constituye la verdadera defensa de la Plaza, 
es de gran utilidad y casi imprescindible conveniencia conservar 
el puerto y ría de Pasages; pues teniendo muy malas condicio- 
nes el de San Sebastián, debe contarse con el otro, tanto para 
fondeadero de la marina de guerra que vigila las costas, como 
de la mercante, que, en malos tiempos, debe aprovisionar y mu- 
nicionar, y por evitar al propio tiempo sirva al enemigo de re- 
fugio y utilidad. = Para conseguir este objeto, se presta la si- 
tuación de los fuertes de Concorronea y Alza, con quienes 
completa la defensa un fuerte dominante colocado al otro lado 
de la ría de Pasages en comunicación con Rentería, y á la vez 
este pueblo, que también tiene muy adelantada su fortificación. 
=Con estos elementos considero perfectamente á cubierto San 
Sebastián, bastándose á sí sólo en todas circunstancias, sin 
más que atender á su aprovisionamiento. = Respecto á líneas, 
existen de antiguo tres más ó menos en proyecto que son la de 
San Sebastián á Irún; la de Irún á Hernani, y la de este punto 
á San Sebastián. La i.*^ trae la necesidad de volver á ocupar el 
monte Oyarzun, y otro punto dominante intermedio, teniendo 
que construir en ellas obras de consideración, y no pudiendo 



68 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

asegurarse su conservación sin socorro de tropas de maniobra, 
segregadas del todo del ejército. — La 2.* línea está casi toda 
en terreno ocupado por el enemigo, y en que habría que 
distraer grandes fuerzas para la ocupación y defensa, sin de- 
jar por eso la linea más asegurada que la primera. =Unica- 
mente la de Hernani á San Sebastián es la que podría sos- 
tenerse; pero para ello no se puede prescindir de construir 
una obra considerable en el alto de Oriamendi, que forma con 
Puyo cerca de San Sebastián, y el alto de Santa Bárbara en 
Hernani, una divisoria corrida y en comunicación con el fuerte 
de que se habla; pero que necesariamente absorberá artillería y 
también hombres en su guarnición. Aquí se une la consi- 
deración de haberse hecho grandes trabajos en Hernani, y con- 
tarse, según informan en el país, con un número respetable de 
voluntarios de confianza, interesados en la conservación de 
dicho punto, lo cual hace que yo juzgue conveniente estudiar 
más despacio este detalle, para cuando haya de dar cuenta de- 
tallada á V. E. de palabra.» 

Calculaba el brigadier Zanarruza que con cuatro días tendría 
tiempo suficiente para reunir los datos necesarios. 

Remitió también al General en Jefe el estado que á con- 
tinuación copiamos: 

DEFENSA DE SAN SEBASTIÁN 



GUARNICIÓN 
Infantería Artillería 

¡Buena situación en la carre- 
tera de Francia; próximo á 
la ciudad 80 4 

San Bartolomé, id Próximo á la ciudad 80 2 

íSobre la carretera de Herna- 

Pintone, id | ni, algo más avanzado que 

( el anteripr ...... t ,.,,,, . 80 4 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. 



69 



GUARNICIÓN 

Infante ria Artillería 



[Excelente posición sobre el 

\ camino de Hernani, más 

Molino de viento, en ] avanzado que el anterior; 

construcción ] protege eficazmente á Pu]^o 

[proyectado, bate también 

la falda de Montefrío) 80 



Montefrio, id. 



Posición muy donimante de 
difícil acceso (fáciles comu- 
nicaciones con la ciudad).. 40 

( Posición central avanzada 
muy dominante y en una 
excelente posición entre el 
molino de viento y Her- 
nani 100 

¡Posición avanzada, dominan- 
do al valle de Loyola y ca- 
rretera de este punto á San 
Sebastián 100 

(Posición avanzada; cierra la 

Lugaríu, id | linea por la derecha, y do- 

( mina la bahía 100 

dstillo 



Puyo, en proyecto. 



Ametzagaña, estudio. 



Alto de Mira'Cruz, es- 
tudio 



Para proteger las comunica- 
ciones entre esta ciudad y 
Rentería sobre la carrete- 
ra, con buena comunica- 
ción con la ciudad; se des- 
cubren Concorronea y 
Alza 



100 



100 



[Igual objeto que el anterior, 
al mismo uempo que con 
Ametzagaña forma la línea 

Alza { exterior de San Sebastián; 

muy buena oosición á medio 
camino de Rentería, próxi- 
mo á la carretera 200 

Entre el anterior y Rentería, 
. dos fuertes proyectados y 
aprobados 100 



Pasages ... 
Oriamendi . 



.Entre el anterior y Hernani, 
< buena posición ocupada en 
( la pasada guerra... 200 



1. 36o 



35 



70 NOkTE. — TERCER PERÍODO. 

GUARNICIÓN. 

Infantería Artillería 



RESUMEN 

San Sebastián i .200 » 

Fuertes i.36o 35 

a. 560 35 

Hernaní 3oo 4 

Rentería y su fuerte 3oo 4 

3.160 43 

Reservas 840 » 

Total 40.000 43 

El brigadier Zenarruza convocó el 18 de Mayo una Junta, 
á la cual manifestó que por encargo del General en Jefe se habia 
trasladado á San Sebastián, para conocer y apreciar en todos 
sus detalles: i.^, el estado de las fortificaciones de la capital y 
la ampliación necesaria que debiera darse á los medios de de* 
fensa; y 2.°, la mayor ó menor dificultad que pudiera presentar 
el sostenimiento de las guarniciones de Hernani, Rentería, As* 
tigarraga, Irún y Fuenterrabía, en vista de los medios con que 
contaoan dichos pueblos para estar á cubierto de un golpe de 
mano de los carlistas. En cuanto á lo primero, expuso la nece- 
sidad de construir un fuerte avanzado en el alto de Oriamendi, 
comenzar desde luego el proyectado en Puyo, ampliar para ar- 
tillería, en lugar de serlo para fusilería, el torreón en proyecto 
de Mira-Cruz, y estudiar el punto más á propósito para otro 
fuerte avanzado entre este último y la torre de Alcolea, por 
creer que por los accidentes del terreno en esta zona y lo débil 
de su defensa, pudiera ser el sitio que más conviniera al ene- 
migo en caso de un ataque á la población: hizo después los 
mayores elogios de los sacrificios de todo género que la pro- 
vincia y la ciudad habían hecho y hacían, manifestando que 
tenia encargo del General en Jefe para dar en su nombre 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. Jl 

las gracias á las autoridades y el vecindario de los pueblos lea- 
les, por el auxilio que prestaban al Gobierno. En cuanto al se- 
gundo extremo, dijo: que si bien no emitía su opinión sino en 
sentido de consulta, creía lo más conveniente, por él momento, 
retirar las guarniciones á San Sebastián, porque, según infor- 
mes facultativos, Irún y Fuenterrabía no estaban en condicio- 
nes de ofrecer una seria resistencia, y no pudiendo sostenerse 
ambos pueblos, el uno sin el otro, era de* todo punto preciso, 
no ya sólo modiñcar notablemente las murallas y fosos en el 
circuito de Irún, sino preparar y artillar la torre del telégrafo 
óptico que lo domina; que de convenir en el mantenimiento de 
la guarnición de Irún, debía construirse otro fuerte artillado 
en el convento de capuchinos de Fuenterrabía, para que recí- 
procamente se sostuvieran las dos guarniciones; que los demás 
pueblos guarnecidos se hallaban en mejores condiciones relati- 
vas, pero que únicamente apoyaría el sostenimiento del pueblo 
Hernani; y ésto, después de construido el fuerte de Oriamendi, 
que lo enlazaría por este medio con la capital; expuso que el 
mantenimiento de estas guarniciones se hacía diñcil por no 
poder el Gobierno, á pesar de su buen deseo para con los que 
las defendían, ofrecerles auxilio alguno metálico, creyendo con- 
veniente, antes de adoptar aquella determinación y conociendo 
el patriotismo de los liberales vascongados, que agradecía mu- 
cho el Marqués del Duero, enterarse de las circunstancias polí- 
ticas y morales del país y oir la opinión de los señores convo- 
cados para resolver en su consecuencia. 

fDebo advertir á ustedes, añadió el Sr. Zenarruza, que 
el General, con gran pericia y con el detenimiento y atención 
que dedica á todos los asuntos de la guerra, ha estudiado con- 
cienzudamente el plan de campaña que conviene seguir, y 
ae siente inclinado, militarmente considerada la cuestión, 
y yo también, porque para algo llevo estos castillos en el 
cuello, á retirar esta línea. De esta misma opinión es tam- 



72 NORTE.— TERCER PERÍODO. 

bien el comandante de ingenieros del distrito, que está presen- 
te. Hemani, Irún, Rentería y Guetaria se encuentran muy 
mal; el enemigo puede atacarlos; se necesitan fuerzas para su 
guarnición; hay que atendcyr á su provisión, distraer grandes 
fuerzas que en un caso de ataque tendrían que venir en su 
socorro y son indispensables para proseguir con tranquilidad y 
desembarazo las operaciones que se efectúen con verdad y de- 
cisión. Esto es lo quf se propone el General en Jefe, y á ñn de 
poder obrar con libertad, quiere suprimir todas estas pequeñas 
guarniciones: en este caso quedarán Vds. reducidos á sus pro- 
pios recursos, por no poder dar á Vds. el General, un solo hom- 
bre ni dinero, que necesita; que podría auxiliar á Vds. en todo 
caso por mar, nunca por tierra, en caso de que fueran ustedes 
atacados. » 

Promovióse la discusión acerca de tan importante asunto, y 
aprobando la junta lo que se relacionaba con la defensa de la 
capital, dijo respecto al segundo punto el Sr. Acilona, después 
de mostrar su gratitud al General en Jefe, que la provincia sos- 
tenía un batallón de migueletes y cuatro compañías de volun- 
tarios movilizados, cuyos buenos servicios era notorios, y pa- 
ra atender al gasto que estas fuerzas ocasionaban, no contaba 
la provincia con más recursos que los que podía obtener de 
los pueblos guarnecidos; y que, aparte de que el abandono de 
éstos privaría á la diputación de aquellos recursos, únicos 
para llenar sus múltiples atenciones, le pondría en el impres- 
cindible deber de disolver dicha fuerza armada, y el efecto 
moral de esta medida seria desastroso para los liberales del 
país, ganando con ello los carlistas una grande preponderancia 
en la parte dominada por ellos y en las comarcas fronterizas, 
reduciendo la línea liberal, en la provincia de Guipúzcoa, sólo 
á la capital. Por lo que respectaba á Irún y Fuenterrabía, dijo, 
que ambos pueblos estaban dispuestos á resistir y se pondrían 
en buen estado de defensa; que el abandono de Fuenterrabía 



MAKDO DEL MARQUÉS D£L DUERO. 73 

sería entregar al enemigo un puerto abierto para desembar- 
car cómodamente municiones de boca y guerra, y el de Irún 
imposibilitaría toda comunicación telegráfica con el Gobier- 
no. En el mismo sentido se expresó el alcalde de San Sebas- 
tián, ofreciendo que esta ciudad sacriñ caria cuanto tenía, para^ 
fortificarse de una manera tal, que la librase no sólo de ser ataca- 
da de cerca por los carlistas, sino también de impedir que los 
proyectiles enemigos pudieran llegar al casco de la población. 
Por unanimidad se dispuso comenzar al día siguiente las obras 
del fuerte del Puyo; se pidieron por las autoridades municipal 
y militar fiísiles Remingthon, que se necesitaban; el coronel de 
artillería pidió cañones y artilleros para el servicio de los nue- 
vos fuertes, y el Gobernador militar víveres y municiones para 
el ejército, los migueletes y los voluntarios. Ofreció Zenarruza 
proveer á todo, y se asoció á lo expuesto por el diputado Acilo- 
na, el alcalde y la comisión en lo relativo á los demás pueblos 
guarnecidos, habiendo modificado su juicio en vista de la grave- 
dad de las razones expuestas; pero manifestó, que no pudiendo 
hacer por sí otra cosa, apoyaría con mucho interés la opinión 
de aquéllos, al dar cuenta de su cometido al General en Jefe. 

El brigadier Zenarruza teniendo en cuenta las indicaciones 
de la referida junta, dijo al General en Jefe en oficio del 26: 

«Excmo. Sr.:=Comisionado por V. E. para que trasla- 
dándome á San Sebastián estudiase las necesidades délas plazas 
á fin de que pudiera bastarse á sí sola en todos los casos, para 
no caer en poder del enemigo; y al propio tiempo me pusiera en 
relación con la diputación provincial, ayuntamiento y junta de 
defensa, para que haciéndoles presente el estado del Erario y la 
necesidad de que prestaran toda clase de auxilios y medios, sin 
gravar los fondos que han de dedicarse á muchas necesidades, 
todas á cual más apremiantes. Ten^o el honor de manifes- 
tar á V. E., que he hallado en todos y cada uno de jos 
individuos que constituyen las corporaciones, la mayor abnega* 

Tomo v. 6 



74 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

ción y patriotismo, comprometiéndose desde luego á sufragar 
de su cuenta todas las obras que se han juzgado necesarias, no 
sólo para la defensa de la ciudad, propiamente dicha, sino para 
la conservación de Hernani y su linea de comunicación con San 
Sebastián, y para la de la villa de Irún, que por decoro nacional 
juzgan no es conveniente abandonar. =:No sólo han ofrecido lo 
dicho, conformándose con aumentar todas las defensas que 
he juzgado precisas, sino que se comprometen á la cons- 
trucción de todas por su cuenta. =También me han hecho pre- 
sente que, en último extremo, siempre se conformarán con los 
elementos de que hoy disponen en hombres y armas portátiles; 
pero suplican que si los medios de que el Estado dispone 
lo permitieran, se les manden de 900 á i.ooo fusiles Reming- 
thon para la fuerza del regimiento de Luchana que guarnece la 
plaza; así como á la reserva de Málaga, que también se halla en 
dicho punto, y parte de una compañía de ingenieros, y unas 
doscientas de las indicadas armas para voluntarios de la dipu- 
tación que les falta el completo; que en atención á lo limitada 
que ha quedado la provincia, si fuera posible, se les suministra- 
se á los mismos voluntarios raciones de etapa; y, por último, que 
á juzgar V. E. factible deshacerse de un sólo batallón, se dispu- 
siese fuese á formar parte de la guarnición, siendo en tal caso 
del regimiento de Luchana, que ya tiene allí tres compañías de 
cada uno de los dos batallones. =Por su parte, el señor coronel 
comandante de artillería juzga necesario completar la dotación 
de artillería y artilleros, según el estado que remito adjun- 
to á V. E. =:En vista, pues, de las facilidades que he encontrado 
en todas las corporaciones, y de sus buenas disposiciones 
en pro de los intereses generales, he juzgado conveniente poner 
estos datos en conocimiento de V. E. en cumplimiento de las 
órdenes que he recibido, y para que V. E. juzgue y resuelva lo 
que crea más acertado. =Dios guarde á V. E. muchos años.= 
Vitoria 26 de Mayo de i874.^=Excmo. Sr.:= Federico de 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. 



Zenarruza.-=Excino. Sr. General en Jefe del Ejército del 
Norte.» 

Para que se vea cuál era la idea que después de estudiado 
este fisunto, formó acerca de él el General en Jefe, á conti- 
nuación copiamos la carta que dirigió con fecha 3o de Mayo 
al Exorno. Sr. D. Fermín Lasala. 

«Excmo. Sr. D.Fermín Lasala: = Vitoria 30 de Mayo de 
1874.:= Mi muy estimado amigo: tengo á la vista la ra^zonada 
carta que con fecha 20 del corriente dirige V. al Sr. Vega, y la 
comunicación del brigadier Cenarruza.=Empezaré por decir á 
usted que siempre he tenido por San Sebastián las mismas sim- 
patías que por Bilbao, pero aunque así no hubiera sido, la coi|- 
ducta levantada y patriótica de su diputación,^ de su ayunta- 
miento y de sus habitante3, me hubiera comprometido á hacer 
en su favor cuanto estuviera en mi mano, siquiera esto no ts* 
tuviese acorde con lo que debiera hacerse bajo el punto de vista 
puramente militar. = Siguiendo este orden de ideas he acordado 
al brigadier Cenarruza todo lo que él á su vez había tratado con 
ustedes. — Hernani seguirá unido á San Sebastián.=Irún segui- 
rá ocupado, pero comunicando por ahora por mar.=Si el Gobier- 
no me envía los 50.000 hombres que me tiene prometidos, au- 
mentaré esas fuerzas y podrá sostenerse la línea por tierra.=> 
No me inspiran completa confianza las defensas de Pasages, }- 
por lo mismo pido al Gobierno un Monitor para aquel puerto. 
Enviaré á ustedes no un batallón sino el resto del regimiento de 
Tetuán que son nueve compañías. =Proporcionaré cuanta arti- 
llería se necesite y haré cuanto sea humanamente posible para 
que San Sebastián pueda bastarse á sí misma; no obstante lo 
cual, si llegara á verse seriamente envestida enviaría por mar 
fuerzas en su auxilio. —Nunca lo haría por tierra, porque cier- 
tos avances lo considero como una huida á vanguardia, mucho 
más si van seguidos de un embarque para retirarse. =:Deseo que 
considere V. que con este ejército, que no es tan numeroso co- 



76 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

mo se cree, tengo que cubrir una linea de más de cien leguas y 
que necesito abandonarla para emprender cualquier operación 
sobre San Sebastián ó Bilbao, exponiéndome á que durante ella 
lancen los carlistas una expedición sobre Madrid.=Si cuando 
el ejército estuvo en San Sebastián, D. Carlos se hubiera diri- 
gido á Madrid en vez de ir á Cataluña, la capital se hubiera vis- 
to seriamente comprometida; más apurado aún se hubiera visto 
Madrid si tal hubiese ocurrido durante la última expedición de 
Morlones, y esto es preciso evitarlo á toda costa. = Yo esperoque 
se evitará porque tengo gran confianza en el carácter enérgico y 
levantado de los habitantes de San Sebastián y Bilbao, y sé que 
harán lo posible para que el ejército opere sin que le embarace 
el cuidado deesas dos capitales. = Inútil es que manifieste á us- 
ted hasta qué punto me ha parecido digno y patriótico el des- 
prendimiento de esa Diputación, prestándose á facilitar todos los 
recursos para las obras, recursos que el Gobierno tiene el deber 
ineludible de reintegrar en su día. =Baste decir, que á todas 
las corporaciones y personas del país con quienes tengo ocasión 
de hablar, les manifiesto que las tres capitales vascongadas han 
salvado dos veces los fueros, y que sólo ellas los salvarán por 
tercera vez.=Si V. regresa á Madrid, tendría mucho gusto en 
hablarle antes para que lleve noticias más recientes^ de esas que 
no pueden escribirse. =Se repite deV. afectísimo, etc.» 

Respecto al mismo asunto, con fecha 31 decía el Marqués 
al Ministro de ía Guerra: 

«Por las copias adjuntas de las comunicaciones que me ha 
dirigido el brigadier D. Federico de Zenarruza, como resul- 
tado de la comisión que le encargué para San Sebastián, con 
objeto dé estudiar las necesidades de aquella plaza, se enterará 
V. E. del espíritu levantado y propósitos nobles y patrió- 
ticos que animan á la diputación provincial, al ayuntamiento y 
á la junta de defensa de la misma. Todas estas corporaciones 
se han ofrecido de un modo terminante á sufragar de su cuenta 



MANDO DEL MARQUÉS D£L DUERO . 77 

cuantas obras de fortificación se juzguen necesarias, no sólo para 
la conservación de la capital, sino para la de Hernani, Irúnry la 
linea que une el primero de estos puntos con San Sebastián, sin 
contar con la que por tierra une el último punto con Irún, 
abandonada desde que se dejó á Tolosa, habiéndome decidido 
en vista de ello á que se fortifiquen Hernani y Oriamendi, punto 
de gran dominación, intermedio , con el fin de prolongar en 
cuanto sea posible la defensa de San Sebastián. = En cuanto 
á la conservación de Irún, debe á mi juicio sostenerse; pero 
respecto á cubrir su línea de unión por tierra con San Sebas- 
tián , no lo considero necesario hasta que sea reforzado este 
Ejército, y en tal caso podrá restablecerse para rehabilitar su 
aduana, así como relativamente á Pasages parece sería con- 
veniente dotar éste puerto de un Monitor que cooperara á.la 
defensa de las torres, las cuales no sé si serán suficientes para 
la protección de aquella rada. ^Dispuesto á corresponder, en lo 
que de mí dependa, á los sentimientos laudables de los habitan- 
tes de dicha leal ciudad, enviaré á ésta muy pronto, como re- 
fuerzo, seis compañías del regimiento infantería de Luchana, del 
que tengo tres compañías de cada batallón, y que es lo único que 
en soldados pide aquella población, creyendo que si V. E. así lo 
estima podría concederse las, á mi juicio, cortas demandas que 
se solicitan, relativas á dotar de fusiles Remigthon á aquella 
guarnición, así como á unos doscientos voluntarios, para los 
que no ha podido adquirirlos la diputación, otorgándoles ade- 
más á dichos voluntarios ración de etapa en la forma prevenida 
para este ejército. =Hoy, con noticias recientes de aquella pla- 
za, ha llegado el referido brigadier Zenarruza, el cual me ha 
hecho presente, que la diputación se había comprometido á dejar 
terminado y artillado en cuatro días el fuerte del Parque en una 
altura que domina á Irún y sus inmediaciones, y por lo tanto, 
que debe hallarse ya á cubierto de un golpe de mano, que era lo 
que por el pronto yo temía: pero, de todas maneras, para asegu- 



78 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

rar por completo la defensa de toda la zona de San Sebastián, 
Rentería, Pasages y Hernani y la conservación de Irún» es de 
absoluta necesidad que además de lo dicho se remita con tod^ 
urgencia la artillería y artilleros necesarios á dicho fín.» 

Indicó también el General en Jefe al Ministro la idea de 
que, una vez terminada la guerra, debía ser resarcido San Se- 
bastián de los sacriñcios que ésta le había impuesto, dejando 
al tiempo, decidir si esta indemnización había de ser de cuen- 
ta de la provincia de Guipúzcoa ó del Estado, como en Viz- 
caya por lo que respectaba á Bilbao. 

Gravísima era la determinación de abandonar la línea de re- 
ferencia, y por su gran trascendencia merecía el más detenido 
estudio. 

El abandono de Irún, además de entrañar el de la frontera 
en esta zona, daba grandes recursos á los carlistas, y esta me- 
dida, considerada desde el punto de vista moral, era mucho más 
grave, porque se haría creer á la nación vecina, que las fuerzas 
liberales eran impotentes para sostener un pequeño recinto de 
tantísima importancia, perdiendo asi el Gobierno su prestigio 
en el extranjero. Sosteniendo á Irún, era preciso sostener tam- 
bién á Fuenterrabía, por el mutuo apoyo que estos dos pueblos 
se prestaban. Siendo Pasages el único puerto de refugio para 
buques de alguna consideración, debía guarecerse imprescindi- 
blemente, y como consecuencia el pequeño pueblo de Alza. Ad- 
mitido el sostenimiento de Irún y Pasages, era evidente el de 
Rentería, pueblo que á ambos une. Si se abandonaban Hernani y 
Astigarraga, se establecería á los carlistas á las puertas de la 
capital, teniendo á ésta continuamente amagada. No era de tanta 
importancia sostener la línea del Oria, desde Lasarte á Orío, 
porque podía ocuparse el Monte Igueldo, y uniendo sus defen- 
sas con las de San Sebastián á Hernani, tener en jaque al 
enemigo. 

Grandes eran las dificultades con que luchaba el General en 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. 79 

Jefe, pues contando con fuerzas relativamente escasas, y estan- 
do en vías de realizar una operación que juzgaba decisiva, no 
podía desprenderse de una parte considerable de ellas, pues le 
eran necesarias todas para contrarrestar al enemigo en la lU 
nea de San Sebastián. Si amenazaban los carlistas esta zona, 
hacían difícil la situación del ejército liberal, porque no tenien- 
do éste otro camino que el del mar para acudir á su auxilio , la 
operación debía ser necesariamente lenta, y una vez establecidos 
los liberales en San Sebastián, podían los carlistas atacar, en 
buenas condiciones, la linea del Ebro, comprendiendo que para 
volver aquéllos de nuevo á ésta, necesitaban bastante tiempo. 
Era , por lo tanto , indispensable mantener en la línea de Gui- 
púzcoa el número de tropas necesario para que en todo evento 
se bastaran á sí mismas. 

Si en la provincia de Guipúzcoa se tenia mal guarnecida 
su línea, ó se abandonaba reduciéndose á la ocupación de la 
capital, era de temer que los carlistas sitiasen á ésta á la vez 
que á Bilbao y pusiesen en grave peligro á una de dichas dos 
plazas. Además, aunque se limitaran los liberales á la defensa 
de San Sebastián y la línea de este punto á Hemani, claro es 
que lo harían por la fuerza de las circunstancias y con ánimo 
de ocupar más tarde la carretera de San Sebastián á Irún; y 
para esto, llegado el caso, sería preciso realizar grandes esfuer-- 
zos, porque encerradas las tropas liberales en espacio muy re- 
ducido, sería más fácil á los carlistas su defensa, por ser en ex- 
tremo limitado el frente de ataque. 

Porñn, se tomó la determinación de continuar ocupando los 
puntos ya guarnecidos, contribuyendo mucho al efecto la de- 
cidida actitud de las corporaciones liberales de la provincia. 

Se complicó más el estado de la guerra con el propósito de 
los carlistas de conquistar á Hemani, para lo cual llevaron á 
las inmediaciones de esta plaza la artillería, ocuparon las altu» 
ras de Oriamendi é inmediatas, é incomunicaron, en la noche 



8o NORTE. — TERCER PERIODO. 

del 28 de Mayo^ dicho punto con San Sebastián, destacando sus 
avanzadas al alto de Cachola. Al saberlo el gobernador militar 
de San Sebastián, coronel D. Juan Valcarce, dispuso que la 
compañía de volantes del distrito saliera el 29, muy temprano, 
de descubierta y tomara posiciones; en ellas se sostuvo tiroteán- 
dose con las fuerzas contrarias situadas á unos 400 metros, te- 
niendo algunas bajas, entre ellas un capitán herido. Para auxi- 
liar á esta compañía y practicar un reconocimiento, se formó 
una columna de tres compañías del batallón reserva de Salaman- 
ca y una sección del 2.° regimiento de montaña, teniendo por 
reserva el batallón voluntarios de San Sebastián: sostuvo la ar- 
tillería sus fuegos á 5oo metros del enemigo, y estuvieron en 
posición las demás tropas; pero siendo de consideración las 
fuerzas carlistas, se replegó la compañía de volantes, bajo la 
protección de la columna, retirándose después todas á San Se- 
bastián, apoyadas por la artillería del fuerte Pintore. 

Entretanto, parte de la guarnición de Hernani, protegida 
por la artillería del castillo de Santa Bárbara y de un cañón 
de montaña establecido junto al convento de monjas, se pose- 
sionó de las alturas de Montevideo, amagando la retaguardia 
carlista; pero temiendo ser envuelta, se retiró á la plaza. 

Las pérdidas de las fuerzas que salieron de San Sebastián, 
fueron cinco muertos y Sg heridos, de ellos 22 de la compañía 
de volantes, la cual hubo de cargar á la bayoneta y sostener un 
combate cuerpo á cuerpo con el enemigo. 

A las nueve de la noche del mismo día, 29 de Mayo, recibió 
el coronel Crespo, comandante militar de Hernani, una comu- 
nicación del general carlista, Ceballos, titulado comandante ge- 
neral de Guipúzcoa, que decía asi: 

f Debiendo romper el fuego de cañón y mortero contra 
esa villa, y deseoso de evitar las desgracias que son consi- 
guientes, invito á V. para que la evacué antes del amanecer 
con su guarnición. En este caso permitiré la salida de todas 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. 8l 



las familias, que podrán retirarse donde elijan, con sus equipa- 
jes. En el caso contrario, protesto contra las desgracias que 
pueda ocasionar su obstinación y quedarán sujetos á la suerte 
de la guerra. =Dios guarde á V. muchos años. = Campamento 
frente á Hemani 29 de Mayo de i884.=El teniente general 
comandante general, Hermenegildo de Ceballos. =Sr. Jefe de 
las fuerzas republicanas de Hemani.» 

No fué contestada esta comunicación, pero seguidamente 
reunió el comandante militar al comandante de voluntarios 
D. Ruperto Erice, al alcalde popular D. Juan Esparza y á los 
oficiales de la guarnición, y les dio cuenta de la comunicación 
del jefe carlista, manifestándoles que desde aquel momento de- 
bían prepararse para la defensa: en su consecuencia, se redo- 
blaron las guardias, en expectativa del ataque del enemigo. 

. A las tres de la madrugada del 3o, el comandante de volun- 
tarios comunicó al gobernador militar, que durante la noche se 
había observado mucho movimiento, y que el enemigo había 
construido dos baterías en las alturas de Ercolaga y Egurrola, 
la primera dotada con cinco cañones, situada á unos 3oo me- 
tros de la plaza, y la segunda con tres piezas, á i.5oo próxi- 
mamente; y según parte del teniente de artillería D. Rafael 

Maroto, se componía aquélla de tres cañones lisos de á 12 
centímetros y dos rayados de á 10, y ésta de dos morteros y 
un obús. 

La batería de Ercolaga rompió el fuego contra la plaza á 
las seis de la mañana, y media hora después lo hizo también la 
de Egurrola. Inmediatamente, el comandante militar reunió á 
los jefes de los cuerpos y al ayuntamiento, y se constituyó una 
junta de defensa que se encargó de poner en salvo á las perso- 
nas indefensas y velar por la seguridad del vecindario, en- 
cargándose de adoptar las disposiciones que su buen criterio le 
sugiriera. Se reforzaron las fortificaciones del recinto, se levan- 
taron barricadas, se designaron edificios para la seguridad de 



82 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

las mujeres, los niños y ancianos, se organizó un cuerpo de 
bomberos y se estableció un hospital de sangre, adoptándose 
también otras medidas de menos importancia. 

El número de proyectiles que los* carlistas arrojaron sobré 
la plaza durante el día 30, fué, 196 bombas y 846 granadas y 
balas rasas; total, 538. Los daños causados en los edificios fue- 
ron glandes, habiéndose producido tres incendios, que sofocó 
inmediatamente el cuerpo de bomberos. 

A consecuencia del bombardeo de este dia, decía el Minis- 
tro de la Guerra al General en Jefe: 

«La diputación provincial y el ayuntamiento de San Se- 
bastián me dicen que están en vías de ejecución las obras de 
fortificación de aquella ciudad, para lo cual había yo dado las 
órdenes oportunas; y cuando iban á emprenderse las del alto de 
Oriamendi, los carlistas han ocupado este último punto y bom- 
bardean á Hernani. A fin de que las proyectadas obras puedan 
ejecutarse, me piden el envío de algunas fuerzas de Vizcaya á 
San Sebastián, con carácter momentáneo y hasta tanto que 
se pueda ocupar y fortificar el expresado alto de Oriamendi.:^ 
Lo que pongo en conocimiento de V. E. para que adopte la re- 
solución que tenga por conveniente.» 

En contestación dijo el Marqués al Ministro de la Guerra: 

«Vitoria i.=Recibido telegrama de V. E. sobre Oriamen- 
di, he dicho al comandante general de marina lo siguiente: Es 
urgente salgan para Bilbao los vapores necesarios, con objeto 
de trasportar tres batallones del segundo cuerpo á San Sebas- 
tián, pues los carlistas han tomado á Oriamendi y bombardean 
á Hernani.» 

Ya con fecha 28 le había participado el General en Jefe al 
Ministro de la Guerra, que en Castro Urdíales se hallaban de- 
tenidos por falta de trasporte 900 proyectiles para cañón de 10 
centímetros, y 1.200 Krupp, que podría llevarlos la marina de 
guerra con economía de tiempo y dinero, y que sucedía lo pro- 



MANDO D£L MARQUÉS DEL DUBRO. 83 

pió con la dotación de municiones para Bilbao detenida en San- 
tander el 22 por falta de buques. En su vista, se dispuso que en. 
ló sucesivo el General en Jefe pidiera directamente al Coman- 
dante general de las fuerzas navales los auxilios que necesita* 
se, á fin de evitar dilaciones en asunto de tanta importancia. 
Aprovechando el Ministro de la Guerra la estancia en Ma- 
drid del general Loma, siempre dispuesto y de buena voluntad 
para ir donde se le mandara, le previno que se dirigiera á San- 
tander donde tendría preparado un buque que le conduciría á 
San Sebastián. Esperaba el Ministro que la presencia de este 
General reanimaría el espíritu liberal en Guipúzcoa, siendo 
á la vez prenda de seguridad y confianza para el General en 
Jefe y el Gobierno. 

El regimiento de Gerona del 2.' cuerpo de ejército, que pro- 
tegía los trabajos en construcción para la defensa de Bilbao, se 
embarcó para San Sebastián, y llegó el 3 de Junio á esta capital. 
Entretanto, continuaban los carlistas el bombardeo de Her- 
nani. Gran parte, de la guarnición de esta plaza se ocupó en la 
noche del 3o en recomponer los desperfectos causados por la 
artillería enemiga en las fortificaciones del recinto. 

A las cinco de la madrugada del 31 de Mayo, rompió el fue- 
go la batería de Ercolaga, y aumentó también el de morteros, 
continuando hasta las ocho de la noche la primera, y hasta las 
doce y media de la misma la segunda, habiendo arrojado algu- 
nas bombas incendiarias que no dieron resultado. Fué nutrido 
el fuego de fusilería. El número de proyectiles lanzados este día 
sobre Hemani, fué, 201 bombas y 317 granadas; total 572. Los 
daños causados en el caserío fueron de consideración, produ- 
ciéndose cuatro incendios que fueron inmediatamente sofocados. 
Los carlistas hicieron durante la noche algunas descargas de 
fusilería con pólvora sorda y apelaron también al petróleo. La 
artillería de Santa Bárbara hizo grandes desperfectos en las ba- 
terías enemigas. Entre los diversos rasgos de valor de la guar- 



I 



84 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

nición, merece mención el de una joven que apagó la espoleta 
de una bomba. 

Volvieron á romper el fuego los carlistas á las seis de la ma- 
ñana del día i.° de Junio, y lo continuaron hasta las once, arro- 
jando sobre la plaza en este intervalo de tiempo, i58 balas ra- 
sas y granadas; no cesó el fuego de fusilería, durante el día 
y la noche. Habiéndose corrido el rumor de que los carlistas 
iban á apelar al incendio y al asalto, redobló el gobernador 
militar la vigilancia. 

Hacia las dos de la madrugada del 2 de Junio se retiraron 
los carlistas, dejando algunas fuerzas hasta el amanecer para 
molestar á la plaza; las cuales, después de incendiar con petró- 
leo la primera casa situada frente á las avanzadas liberales, se 
retiraron también hacia el barrio de Lasarte como lo habían 
hecho las anteriores. 

Las bajas de la guarnición fueron seis heridos y cinco con- 
tusos; ignoramos las de los carlistas. 

En el diario del sitio, elogió el gobernador militar el com- 
portamiento de sus subordinados, los individuos de 1^ asocia- 
ción de la Cruz Roja y el clero de la villa. «La autoridad local- 
y el vecindario, dice dicho gobernador, han dado una vez más 
prueba irrecusable de que esta villa, liberal siempre, no se do- 
blega ante el enemigo, dispuesta á sacrificarse en aras de la li- 
bertad y de la patria. » 

El citado diario del sitio concluye asi: 

«Son dignos de encomio la serenidad y el sufrimiento que la 
guarnición y este pueblo liberal han demostrado en la ruda 
prueba con que el enemigo se ha ensañado al arrojar 397 bom- 
bas y 871 balas rasas y granadas, usando todos los medios ima- 
ginables por espacio de tres dias.=Ni las tentativas de asalto, 
ni los medios prohibidos que usaba el enemigo, nada en fin ha 
entibiado el valor de esta guarnición, que confiada en sus pro- 
pias fuerzas y en la causa que defendía^ ha sostenido con entu- 



Mando del marqués del dueko. 85 

siasmo indescriptible los ataques que aquél intentó, obligando 
me esto á recomendar á su autoridad, por si se digna elevarlo á 
la del Gobierno, á todos los individuos de esta guarnición y con 
especialidad al señor comandante de voluntarios de la misma 
D. Ruperto Erice, al comandante graduado capitán del regi- 
miento de Luchana, D. Matías Landa, y al comandante gradua- 
do, teniente de cazadores D. Gregorio García Montoya, que se 
distinguieron de una manera especial. t 

Deseando el General en Jefe saber cuál era el estado de la 
línea de Guipúzcoa después del ataque de Hernani, así como lo 
ocurrido en este punto é Irún, en telegrama del 4, se lo pre- 
guntó al general Loma, que había llegado á San Sebastián dicho 
día, y en contestación le dijo éste en oficio del 5 de Junio: 

•Excmo. Sr.:=Eneste momento llego de Hernani, y me 
ha sido entregado el telegrama de V. E., preguntando lo ocu- 
rrido. = Ya por el correo de ayer tenía dada noticia de todo lo 
que podía saber en ésta, y hoy las amplío manifestándole, que 
el caserío de Hernani, por la parte del río ha padecido bastan- 
te, igualmente que las fortificaciones en el mismo lado, pero el 
*resto de la población no ha sufrido tanto. =:E1 castillo de Santa 
Bárbara, aunque no del todo construida su fortificación, está 
en estado de resistir todo ataque, y aun mejor diré inespugna- 
ble, no careciendo de recursos. Al fuerte Oriamendi se le ha 
dado en el día de hoy bastante impulso, pero eran necesarios 
algunos días para ponerlo en estado de defensa; y creo de ab- 
soluta necesidad la permanencia de los dos batallones de Gero- 
na, únicos que han llegado á esta plaza, ínterin no se conclu- 
yan tanto este fuerte como los demás que se construyan in- 
mediatos á esta ciudad, pues el General en Jefe, en telegrama 
del 3, recibido hoy, dice desde Logroño se embarquen dos de 
los tres batallones que han venido á reforzar, tan pronto lleguen 
buques de Santander al efecto, y se necesita esta fuerza para la 
protección de los trabajos y mantener las comunicaciones. =Nq 



86 KORTE. — TERCER PERÍODO. 

es cierto que haya sido atacado Irún, pues acaba de llegar el 
correo, y trae las mismas noticias que dije á V. E. en el día 
de ayer. =Tanto Hernani como su castillo quedarán en el día 
de mañana con municiones para poder hacer una resistencia 
formal, y tan pronto como lleguen las piezas pedidas á V. E.. 
mandaré un par de ellas á dicho fuerte. =Reitero á V. E. la ur- 
gencia del envío de la compañía de artillería y todo el material 
de guerra pedido, pues es muy conveniente poner de una ve/ 
todos las fuertes con sus dotaciones. =Según las noticias que 
han traído las personas venidas de la parte de Tolosa, las fac- 
ciones de esta provincia se han negado á marchar á Navarra, y 
aunque no les doy entero crédito, sé positivamente, que si no to- 
das, parte de ellas se encuentra entre dicha ciudad y An- 
doaín.=Lo que tengo el honor de poner en su conocimiento, en 
contestación al telegrama de V. E.=Dios guarde á V. E. mu- 
chos años.=San Sebastián 5 de Junio de i874.=Excelentísí- 
mo Señor:=José Loma.» 

A continuación copiamos el oficio que con fecha 11 de Ju- 
nio dirigió el general Loma al Ministro de la Guerra , dándole 
cuenta del estado de defensa de la línea de Guipúzcoa: 

«Excmo. Sr.:=Como dije á V. E. en mi anterior comunica- 
ción, adjunto tengo el gusto de remitirle el estado del material 
de artillería que existe en esta plaza, los puntos en que está 
situado, y el que falta para el completo de los fuertes, y que 
ya he pedido anteriormente. = En la noche del 9 y durante la 
fuerte tronada, cayó una chispa eléctrica en la casa que ocu- 
paba parte de la fuerza que está protegiendo los trabajos del 
fuerte de Oriamendi, dejando muerto en el acto al centinela, 
é hiriendo más ó menos á doce individuos más del regimien- 
to de Gerona , pero de gravedad uno tan sólo , según me ha 
participado el jefe local de sanidad. =Se me ha consultado re- 
servadamente si aun oficial que del ejército se marchó á lafac« 
ción y desea volver á nuestras filas, se le reconocerá el empleo 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. 87 

■ ' — • — - — " • ' « 

que disfrutaba. No tengo el menor antecedente de quién pueda 
ser^ ni sus servicios anteriores , pues el hacerse la consulta con 
todas las precauciones» por razón de venir de un sitio ocupado 
por la facción, ha impedido se me dieran pormenores.» ni yo 
tomarlos. Deseo, por tanto, me diga V. £. qué he de contestar, 
sirviéndome de regla este caso para lo sucesivo, porque po- 
dría tener en su dia gran utilidad para el desmembramiento 
de la insurrección. = He visitado los fuertes de Rentería y 
de Alza, encontrándolos bastante bien y en condiciones de 
poder resistir, sólo que la escasez de tropas en ésta me hace 
tenerlos sin la dotación de fuerzas que deseara y precisa, dada 
la extensión de ellos, pues el batallón de Luchana, uno de los 
que aquí tengo, constará de unos trescientos hombres, y con- 
vendría darle algunos quintos para que cubra sus bajas. =Los 
demás fuertes que se están contruyendo adelantan rápidamen- 
te, y uno de estos días daré parte á V. E. de quedar toda la 
línea concluida , si bie;i después se irán haciendo poco á poco 
las pequeñas obras que sean necesarias^ como hornos para 
cocer pan, aljibes, etc., en aquellos que por su importancia 
lo requieren, echándose de menos en todos la artillería, que 
todavía no ha llegado. =En el día de hoy se ha practicado un 
reconocimiento en las inmediaciones de Hernani y la destruc- 
ción de las obras ejecutadas por el enemigo y bosques donde 
se guarecen , cuyo encargo ha desempeñado la guarnición de 
aquel punto y parte de la de aquí, habiendo tenido por nuestra 
parte un carabinero herido grave, y leves dos voluntarios, 
siendo las pérdidas de la facción mucho mayores, pues se les ha 
visto retirar de quince á veinte hombres durante las dos 
horas de fuego, sin que en el resto de la operación volvieran á 
molestar la fuerza. = Dios guarde á V. E. ntuchos años.=San 
Sebastián ii de Junio de i874.=Excmo. Sr.:=Jo8é Loma.» 



88 



NORTE.— TERCER PERÍODO. 



Dotación de personal y material para defensa de k 
se la villa de Memani. 



DESIGNACIÓN DE LOS FUERTES 



CastíHD , 



^Batería de Sta. Clara. 

)ldein iie la Reina 

ild, dd Príncipe,. , .. * 
Ijd, deJ Mirador. , . . . , 



PERSONAL 



Construidos . . 



, Fuerte de S- Banolomé . . . 

ildem de Concononea 

\lá. de Piníore .... 

,<Id. del Molino de Viento 

Jld. de Igueldo* ..,..* 

f Id. de Darteía [Henitíría ■ 

Ud. de Sta, Bárbara [Hernán i; 
/Fucne de Puyo , 

óproyectados..,^j ¿^ UgariíT 

(id, dt Pasages fdc^ fuertes . . , 



Existencia actuaL 
Faltan. 



9m 



lO 



15 

7 



S7I 



8 io3 

; 



Se ha calculado el personal en un mínimun de 4 homhres por pieza, lo que e 
Las piezas de á 10 centímetros á cargnr por la culata, podrían reemplasarse cm 
centímetros Cr. R. á cargar por la boca. 

Los montajes se han calculado con un exceso de 25 por [oo para el repuesto* 



MAtíDO DEL MAKQUÉS DEL OUERO, 



89 



laza y fViertes destacados, ©n el supuesto de coneervar- 



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ktn la guarnición dos compañías de artillería á pie. 

rde imposibilidad absoluta de suministrar las que se piden por igual número de a 12 



Tomo ¥. 



gO NORTE, — TERCER PERÍODO. 

Le contestó el Ministro, que era de la más urgente necesi- 
dad se terminaran lo antes posible las obras de referencia, á 
fin de que si las facciones volvían de nuevo á aquel territorio, 
hallaran la pla^a y sus fuertes en perfecto estado de defensa; y 
respecto al oficial que deseaba ^Iver al ejército, le decía, que 
diera cuenta de este asunto al General en Jefe, á quien en oca- 
sión oportuna comunicaría el Gobierno sus disposiciones acerca 
del particular. 

En la madrugada del 3o de Junio, en las inmediaciones de 
Irún batió una compañía de miqueletes á una partida carlista, 
teniendo ésta las pérdidas de cuatro muertos y dos prisioneros. 

Provincia de Navarra. — Los carlistas hacían correrías en 
los confines de la provincia de Navarra y el distrito de Aragón, 
y con tal motivo, con fecha 28 de Abril, decía el capitán gene- 
ral de Aragón al Ministro de la Guerra: 

«Excmo. Sr.:=Desde hace mucho tiempo, según he mani- 
festado á V. E. en diferentes ocasiones, existe en Sangüesa (de 
la provincia de Navarra) el núcleo de una facción que, bastan- 
te numerosa antes, ha quedado reducida, desde que la batió el 
brigadier Delatre, en la sierra de Leire, á unos 100 ó 200 hom- 
bres, que desde el expresado punto hacen sus correrías á los 
pueblos de las Cinco Villas y Alto Aragón, cometiendo toda 
clase de exacciones, ya en dinero ó en víveres, que sirven para 
alimentar á las fuerzas navarras. Hacen estas exacciones pre- 
validos de la imposibilidad en que me encuentro de mandar 
fuerzas á aquella comarca, pues como consta á V. E., todas 
las que tengo disponibles se hallan operando, y no me es posi- 
ble distraer ninguna columna del objeto que tiene encomendar 
do, pues si mando la del brigadier Delatre, dejo descubierto el 
confín con el distrito de Cataluña, y tampoco puedo hacerlo con 
la de Despujols, mí segundo cabo, ambas de necesidad, la una 
para atender al Bajo Aragón, y la otra, á la vez que para obrar 
en combinación con aquélla, atender á esta capital y puntos 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. Qt 

de muchísima importancia del Campo de Cariñena y la Ribera 
del Jalón. =£n su vista^ y en la imposibilidad de que V. E., se- 
gún me tiene manifestado, me aumente la guarnición de este 
distrito, me permito hacerle presente la conveniencia, atendi- 
da la corta distancia que hay desde Tafalla á Sangüesa, de que 
la columna de la Ribera se llegase á dicha villa, con lo que se 
conseguiría inutilizar uno de los principales focos de abasteci- 
miento de las facciones navarras.» 

Con fecha 6 de Mayo, el Ministro dio traslado de esta co- 
municación al General en Jefe, á fin de que, cuando lo juzgara 
conveniente, destacara alguna fuerza con el objeto que se in- 
dicaba. 

Durante este mes de Mayo, un destacamento carlista fiíé 
sorprendido en Artajona por un sargento y 12 soldados del re- 
gimiento de Pavía, consiguiendo apoderarse de cuatro caba- 
•Uos; contribuyeron á este hecho un sargento segundo del re- 
gimiento de Arlaban y 11 lanceros del mismo cuerpo. En el 
pueblo de Villalba, inmediato á Pamplona, fué batida una pe- 
queña facción, que sufrió las pérdidas de seis prisioneros y al- 
gunos muertos y heridos. 

A principio de Junio aumentáronse las dificultades para la 
realización del movimiento proyectado sobre Estella, á causa 
de la expedición que el general carlista Lizárraga emprendió 
hacia Aragón, combinándola al parecer con las fuerzas carlis- 
tas de este territorio: con este motivo, el Ministro de la Gue- 
rra decía al General en Jefe en telegrama del 2 de Junio: 

«El Capitán general de Aragón me dice que se confirman 
las noticias que le dan del Bajo Aragón de reconcentrarse fuer- 
zas carlistas en número de 12.000 hombres hacia laparte de Lan- 
dera, con D. Alfonso á su frente, por cuyo motivo acudió el 
general Echagüe para que le dejase por unos días los dos bata- 
llones que le envío hacia las Cinco Villas, con el fin de acudir al 
frente de fuerzas de alguna consideración al punto más ame« 



92 NORTfi.— TEftCfill ÍERÍODO. 

nazado por las facciones, para evitar un descalabro á las dos bri- 
gadas que podían marchar sobre ellas, y que en total componen 
ambas escasamente cuatro mil infantes. Como al general Echa- 
güe le he contestado que no puedo facilitarle el auxilio pedido y 
el citado Capitán general insiste en la necesidad de que se le en- 
víen fuerzas para caer con todas las que pueda reunir sobre 
la facción, se lo significo á V. E., por si pudiera momentánea- 
mente prestarle el auxilio que solicita, en la inteligencia de que 
tan pronto como realizase la operación que proyecta, volverían 
las fuerzas que V. E. le envíase, al punto que V. E. tuviese 
por conveniente designar.» 

En parte telegráfico del 3 de Junio, referente al mismo 
asunto, decía el General en Jefe al Ministro de la Guerra: 

fV. £. sabe que los carlistas han abandonado el alto de 
Oriamendi y marchan hacia Segura. Todo indica la concentra- 
ción del enemigo hacia Estella. No tengo noticia alguna del go-. 
bernador de Bilbao, á quien dije fuera enviando fuerzas del se- 
gundo cuerpo, quedándose con cuatro batallones, pues debe te- 
ner terminadas las fortificaciones, y no tiene en frente más que 
una parte de la facción vizcaína. A San Sebastián digo, que se 
quede con un batallón de los tres que he enviado allí, y regre- 
sen aquí los otros dos. V. E. sabe que dejé dos batallones en la 
izquierda. Aquí necesito dejar otros dos con caballería para cu- 
brir la Rioja. El brigadier Espina, con cuatro batallones de su 
brigada, debe estar ya en Cinco Villas. Tengo dispuesta una bri- 
gada de cuatro batallones con 5o caballos para marchar á Ga- 
Uur y continuar ó impedir el paso de la expedición, regresan- 
do después á este punto. Espero trenes para esto. Necesito tam- 
bién enviar fuerzas al general Echagüe para evitar el regreso 
de la facción. Enviar fuerzas además al capitán general de Ara- 
gón para operar por Gandesa^ cuando todavía no sé si regresa- 
rán las tropas de Bilbao para concurrir á mi operación sobre 
Estella, es colocarme en la inacción, pues no debo presentarme 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. qS 

delante del enemigo sin tomar rápidamente la iniciativa. Si 
V. E. cree indispensable el envío de estos batallones, aplácese 
al menos para cuando yo termine mi operación. 

El Ministro le dijo en contestación, en telegrama del mis- 
mo día: 

«En el despacho de V. E. de hoy de las 8,40, me dice V. E. 
que espera trenes para que marchen las tropas que V. E. ha re- 
suelto enviar á Aragón; como en otro despacho de ayer me 
dice V. E. lo mismo, me cabe la duda de si debo yo disponer 
el envío del material del ferrocarril necesario para ese movi- 
miento; por lo cual espero me conteste V. E. si doy las órde- 
nes, 6 si lo espera hacer V. E. por tenerlo pedido á otra parte. 
Respecto al envío de tropas á Aragón nada he ordenado; á V. E., 
sólo le manifestaba lo que me decía el capitán general^ y le 
indicaba á V. E. que si disponía la salida de aquéllas, no per- 
manecerían fuera de la jurisdicción de su mando más que el 
tiempo preciso para la operación que el general Palacio pro- 
yectaba. Por lo demás, nada está más lejos de mi ánimo que 
debilitar á V. E., cuando en los momentos actuales, y con la 
concentración de fuerzas enemigas, necesita reunir el mayor 
número de las suyas. » 

Previendo el General en Jefe este movimiento carlista sobre 
Aragón, había preguntado con fecha 2 de Junio al jefe de la 
estación de Castejón, si en ésta ó en la de Zaragoza había ma- 
terial para trasportar cuatro ó seis batallones. 

Al día siguiente, 3 de Junio, se tenía noticia del movimien- 
to de Lizárraga, al cual no se opusieron la columna que opera- 
ba en las Cinco Villas ni las fuerzas de Uncastillo, porque, 
según orden del capitán general, se retiraron y dedicaron á otro 
servicio que sin duda lo consideró aquél más importante, pues 
pidió además la brigada Otal al Marqués del Duero: éste le con- 
testó, que no podía darle un solo hombre, ano ser que fuese para 
combatir la expedición. El movimiento de D. Alfonso sobre el 



94 NORTE.— TERCER PERIODO. 

Bajo Aragón^ dirigiéndose á Gandesa^ debió ser la causa que 
motivó la petición de dicho capitán general. ' 

Con fecha 4 de Junio decía el Marqués del Duero al gene- 
ral Echagüe: 

«El capitán general de Aragón pide que la brigada Otal re- 
coja los quintos. Yo creo que la expedición carlista puede tener 
el doble objeto de sacar los quintos y marchar con ellos, pues 
llevaban dobles fusiles. Convendría, pues, que marchara V. E. 
sobre Lumbier con las fuerzas que tiene y la brigada Acellana, 
que mañana estará en Tafalla, dejando 300 caballos al general 
Tassara, á quien se unirá otra brigada que saldrá de aquí 
cuando lleguen trenes. V. E. y el brigadier Otal darán órdenes 
terminantes para que los quintos se reúnan en Jaca, Gallur 6 Za- 
ragoza, no empleando para ello más que un par de días. Una vez 
que la expedición castellana se retire por temor de verse cor- 
tada, podría V. E. marchar con el brigadier Otal y todas las 
fuerzas á f^amplona, recogiendo allí una compañía de artillería 
y bajando á Tafalla. » 

Al trasladar el General en Jefe este telegrama al Ministro de 
la Guerra, le decía, que necesitaba aún unos días para preparar 
la provisión del ejército, por encontrarse cortado el puente de 
Larraga y tener que variar la marcha de los convoyes y los 
puntos de depósito; pero, según él, no se perdía tiempo con el mo- 
vimiento que debían hacer Echagüe y Otal, pues tal vez impedi- 
rían que con la quinta de Aragón se reforzaran los carlistas, 
evitando así que obtuvieran una organización, objeto de más 
importancia para ellos que las ventajas que obtuviesen con ga- 
nar algunos días para aumentar sus defensas en Navarra. 

El General en Jefe decía también en telegrama del 5 al Mi- 
nistro de la Guerra: 

«Un fuerte temporal de agua, que es general por aquí, obligó 
ayer al brigadier Otal á detenerse en Tauste. Hoy sigue para 
Uncastillo en combinación con el general Echagüe, que también , 



MANDO DEL MARQUÉS DBL DUERO. qS 

sale hoy de Tafalla con una división y la columna de la Ribera, 
dejando sólo tres escuadrones con la artillería, que no podrá lle- 
varse por el estado de los caminos. Envío de aquí al general 
Campos con una división de Tafalla. » 

Echagüe impuso el 5 al pueblo de Artajona la multa de 
5o.ooo reales, por haber fusilado los carlistas en dicho pijnto al 
padre de un tirador del Norte. 

La brigada Otal marchó por Gallur, Tauste y Sos á Rues- 
ta, en combinación con Echagüe, que por San Martín de Ujué, 
Lerga, Eslava y Aibar, se dirigió á Lumbier; pero Lizá- 
rraga, en vista de las fuerzas que le perseguían, se retiró por 
la canal de Berdún á la provincia de Navarra, tomando posición 
en Navascués. Echagüe maniobró bien con las brigadas Espina 
y Otal, en combinación con las fuerzas de Martínez de Campos, 
que, según orden del General en Jefe, marcharon desde La- 
rraga á Artajona y ocuparon la Peña de Unzué y el Carrascal; 
obligado el enemigo á abandonar á Navascués, se replegó sobre 
Puente la Reina. Echagüe se dirigió entonces á Pamplona, y 
regresó el 17 á Tafalla, punto en que recibió orden de situarse eñ 
Larraga, á donde llegaron también las fuerzas de Martínez de 
Campos y Otal, después de haber sorprendido en Lumbier la ca- 
ballería afecta á la brigada del segundo, á una partida carlista, 
la cual sufrió las pérdidas de cinco muertos, tres heridos y diez 
prisioneros, entre ellos tres oficiales, y dejó en poder de los li- 
berales algunos caballos y fusiles. 

Sabiendo el 15 de Junio el comandante militar de Tudela, 
que la partida Sierra se hallaba en Fustiñana, se dirigió á este 
punto, y logró hacer prisioneros á aquel cabecilla y seis indivi- 
duos más de su facción. 

Provincia de Álava, Burgos y Logroño. — En la provincia de 
Álava quedó organizada la brigada que debía oponerse en. la 
Rioja á las correrías de los carlistas y sostener á la vez la comu- 
nicación con Vitoria, encargándose de su mando, el día 6, el bri- 



96 NORTE. — ^TBRCBR PERÍODO. 

gadier Acellana, con el 4.° batallón de carabineros^ dos compa- 
ñías del mismo instituto de la comandancia de Navarra, otro 
batallón de la guardia civil, las fuerzas de infantería sobrantes 
de Miranda, Laguardia y Logroño, 100 caballos del regimiento 
de Numancia é igual número del de Arlaban. 

En oñcio de 16 de Junio, que á continuación copiamos, el 
capitán general de las provincias vascongadas, mariscal de 
campo D. Carlos Sáenz Delcourt, participaba al Ministro de 
la Guerra y al General en Jefe, los excesos cometidos por los 
carlistas y la determinación que había adoptado para conte- 
nerlos: 

«Excmo. Sr.: — En vista de las instancias promovidas á mi 
autoridad por Ramón Ugarte é Inés Gaire, en queja de que los 
carlistas habían secuestrado á varios de sus familias por no ha- 
ber satisfecho cantidades que fueron exigidas, llevándolos á los 
trabajos forzosos de las minas de Barambio, y de los excesos y 
arbitrariedades que llegan continuamente á mi noticia, llevadas 
á cabo en las personas y las casas, unas veces por las partidas 
carlistas de su cuenta, y otras autorizándolo la titulada Dipu- 
tación d guerra, cuyos hechos por los resultados que en el orden 
social siempre producen, vienen aumentando el malestar de los 
habitantes leales, que, cohibidos por el temor, prestan protec- 
ción y apoyo á los rebeldes; he creido conveniente, de acuerdo 
con el gobernador civil de la provincia y juez de primera ins- 
tancia de este partido, adoptar medidas severas para contener 
en lo posible aquellos males, habiendo resuelto en su consecuen- 
cia autorizar al gobernador civil, para que en esta capital y te- 
rritorio de su mando, adopte con las personas adictas al car- 
lismo, ó que le conste protejan de cualquier modo su causa, las 
medidas de presión que crea oportunas, y que considere tien- 
dan más directamente á evitar aquellos excesos, pudiendo ex- 
tenderse sus providencias hasta á desterrará la Carraca á las per- 
sonas que por su conducta política se hagan acreedoras á estas 



MANDO DEL MARQUÉS DBL DUBRO. 97 

medidas de rigor; debiendo significar á V. E. que las tomadas 
por las partidas carlistas en la noche última, llevándose presas 
las &milias y en particular las madres de los mozos que se han 
presentado á indulto, hace necesario poner desde luego en vi- 
gor y con la mayor energía las de que llevo hecho mérito, las 
cuales, como podrían afectar al carácter que con tal motivo 
pueda tomar la guerra, tengo el honor de elevarlas á la superior 
autoridad de V. E. por si mereciesen su aprobación, 6 de lo con- 
trario se digne adoptar las prevenciones que estime más conve- 
nientes; en la inteligencia, de que quedan suspensas estas dis- 
posiciones hasta recibir dicha superior aprobación, que espero se 
sirva comunicármela con urgencia. » 

En el distrito de Burgos, una pequeña columna mandada 
por el teniente Chacón alcanzó el 16 de Mayo, en Fregenal de 
la Sierra, á la partida Yagüe, dispersándola y apoderándose de 
algunas raciones, dos armas y una yegua. 

Con fecha 11 de Mayo decía el capitán general de Burgos 
al Ministro de la Guerra: 

«Varias pequeñas partidas latro-facciosas que cometen exac- 
ciones y sostienen el fanatismo carlista, se han presentado en 
esta provincia. Para su persecución necesito fuerzas de infan- 
tería y caballería. He dispuesto vengan 200 infantes de la co- 
lumna de Medina, habiendo mejorado las circunstancias. Re- 
gimiento caballería Albuera está diseminado en el Norte, y sólo 
cuenta con 60 caballos útiles para todo. Ruego á V. E. se sir- 
va disponer venga otro regimiento indispensable á este terreno, 
donde los carlistas, aunque mal, van montados, ó cuando me- 
nos dos escuadrones completos. Con esta fuerza se extermina- 
rán las gavillas, se levantará el espíritu del país, y lo que es 
más urgente, podrán, si V. E. me autoriza, recoger los mozos 
del presente llamamiento, como se hizo, aunque tarde, en el 
último, evitando según se asegura que se marcharan á provin- 
cias, por ser general la opinión carlista en esta pro vincia.=Su- 



gS NORTE. — TERCER PERIODO, 

plico á V. E. me ordene lo conveniente y encarezco la urgen- 
cia por haber entrado 30 carlistas en Villadiego, punto impor- 
tante. Sabe V. E. la escasez guarnición y convendría viniesen 
dos compañías carabineros pertenecientes al tercero provisional 
que deben incorporarse y están en Valladolid. » 

Le contestó el Ministro en telegrama del 12: 

«Por el momento y mientras no se desembarace el Gobier- 
no de otras apremiantes atenciones, no es posible enviar á ese 
distrito la fuerza de caballería que V. E. reclama. Entretanto, 
el celo de V. E. y su actividad comunicados á las columnas 
que operan bajo su dirección, pueden suplir^ y suplirán segura- 
mente, lo que de medios materiales falta. Comunique V. E. al 
capitán general la necesidad que siente de alguna caballería, 
para que providencie lo que creea debe hacerse, disponiendo de 
la que, tal vez por el favorable aspecto que la guerra ofrece en 
en la provincia de Santander, pueda no ser necesaria en cier- 
tos puntos.» 

Habiendo sorprendido los carlistas á los voluntarios de 
Agoncillo (Logroño) el 10 de Mayo, pasó á dicho punto un ofi- 
cial con 20 carabineros y una sección de Lusitania, y hechas 
las averiguaciones referentes á dicha sorpresa, recogió las ar? 
mas que aun quedaban á los vecinos de aquel pueblo. 

La facción Gutiérrez, de alguna consideración, trató de 
sorprender el 19 á dos compañías de la guardia civil situadas 
en Ramales, pero no logró su objeto. Al tener noticia de lo que 
ocurría el jefe de la columna de Ramales, se dirigió con tres 
compañías de carabineros á este punto; después de dar un lar- 
go rodeo para evitar el paso del Portillo de Gibaja, llegó á las 
once de la noche á La Llana, y por no oirse ya fuego y tener en 
cuenta lo avanzado de la hora, creyó conveniente permanecer 
en observación hasta romper el día; después se retiró con to- 
da la columna á Colindres. Las pérdidas de los carlistas fue- 
ron, según parte del capitán general, un muerto, ocho heridos 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. QQ 

y dos prisioneros, y las de los liberales un oficial y siete guar- 
dias civiles heridos y un sargento y siete guardias prisioneros. 
Fueron atacados por una partida carlista, que además de con- 
tar con bastante número de infantes, contaba también con 70 
caballos. Se retiraron los liberales á la venta de Virtus, y se 
sostuvieron en este punto. A las dos de la mañana se retiró el 
enemigo, y se dirigió á Soncillo. 

Con motivo de este suceso, solicitó el capitán general de 
Burgos que se le enviaran refuerzos para las columnas de Ra- 
males y Medina. 

En telegramas del 20 y 21, la misma autoridad hacía refe- 
rencia á la facción Urbina, de 100 hombres, que después de re- 
coger hombres, caballos y raciones en los pueblos de Briñas y 
La Bastida, se había dirigido á Peñacerrada. 

En telegramas del 23 manifestaba el comandante militar de 
Santander al Ministro de la Guerra y al capitán general de 
Burgos, que hallándose el 21 en los llanos de Virtus 92 volun- 
tarios mandados por un oficial, fué cortada su guerrilla por 20 
caballos, y cargando el resto de la caballería enemiga hasta el 
número de 50 individuos sobre algunos infantes, obligó á los vo- 
luntarios á replegarse á la venta de Virtus, sosteniéndose el fue- 
go hasta las dos de la madrugada; á esta hora los carlistas se re- 
tiraron hacia Soncillo, saliendo entonces aquéllos hacia Ontane- 
da. Manifestó dicho oficial que las pérdidas de sus fuerzas fueron 
un cabo muerto y cuatro soldados prisioneros, y las del enemigo 
3 muertos y 6 heridos. 

Con fecha 3o de Mayo de :ía al Ministro de la Guerra el 
gobernador militar de Santander: 

«Dé V. E. conocimiento al comandante general de las fuer- 
zas navales, á fin de que procure impedirlo, que. el contrabando 
de guerra es activo desde Bayona por las costas de Guipúzcoa 
y Vizcaya por tres vaporcitos, y que los carlistas esperan pron- 
to un desembarco de cañones Krupp» . 



100 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

Cuarenta carlistas montados mandados por el cabecilla Ca- 
marero, entraron en Castrogeriz (Burgos), fusilaron á D. Félix 
Hornillos y se llevaron en rehenes al alcalde, cinco vecinos y 
una señora; exigieron S.ooo duros, pero sólo cobraron 7.000 
reales. Se llevaron seis caballos, quemaron el registro civil y 
las causas referentes á la rebelión carlista y destruyéronla lápi- 
da de la Constitución. Los 60 voluntarios que ocupaban el pue* 
blo fueron sorprendidos y entregaron sus armas sin la menor re- 
sistencia. En caso de que se hubieran defendido algo, se habrían 
salvado, porque á las pocas horas del suceso salieron de Burgos 
tres columnas; una de ellas, la que hizo la marcha por vía fé- 
rrea, obligó al enemigo á dirigirse á la provincia de Falencia. 

En telegrama del 6, el capitán general de Burgos decía 
acerca de dicha partida al Ministro de la Guerra: 

«Les di orden (á las columnas) y repetida, para que persi- 
guieran á esta facción donde quiera que se hallara , tratándola 
como partida de bandidos, y dispuse la formación de causa para 
castigar á los encubridores, alcalde, protectores y á quienes 
contribuyeron á los crímenes que se cometieron. No pierdo de 
vista la importancia de su activa misión, y lamento carecer de 
fuerza para custodiar toda la vía férrea. » 

Según parte del alcalde de Muriel de la Fuente, entraron 
nueve carlistas en este pueblo á las once de la mañana del 7 de 
Junio, y cercando la casa en que se hallaban un sobreguarda 
y un guarda, prendieron á los dos y fusilaron al primero en las 
inmediaciones de la población. 

El cabecilla carlista Mochón, procedente de la provincia de 
Burgos, penetró con unos 40 caballos en la provincia de Soria, 
exigiendo contribuciones en sus pueblos. 

Con motivo de estas pequeñas partidas en armas existentes 
en la provincia de Burgos, el Ministro de la Guerra decía al 
General en Jefe: 

«Siendo varias las partidas carlistas que se han levantado 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. lOl 

y existen en el partido de Burgos, cometiendo todo género de 
atropellos, asesinando alcaldes y devastando el país, y en la im- 
posibilidad de enviar de aquí fuerzas de caballería, que son las 
más á propósito para operar en aquel terreno, lo manifiesto á 
V. E. por si pudiera desprenderse y enviar algunas que destru- 
yeran esas partidas cuyo esterminio es tan conveniente. » 

El comandante de ejército, capitán de la guardia civil don 
Eulogio Amor, con 33 guardias civiles y 25 caballos de Albue- 
ra, batió el 16 de Junio en las calles de Tejada, al cabecilla 
Mochón, siendo las pérdidas de los carlistas, el cabecilla Cha- 
parro, un comandante y un capitán muertos, un herido y 17 
prisioneros, entre ellos el cabecilla D. Mariano Cámara, un 
comandante, dos capitanes y cinco oficiales; quedaron también 
en poder de los liberales, 16 caballos, armas, municiones y per- 
trechos de guerra. 

El mismo día, una columna compuesta de fuerzas del regi- 
miento de Zaragoza y caballería de la guardia civil, dispersó á 
la facción de Losa y otros cabecillas en un pueblo de la provin- 
cia de Soria, sufriendo los carlistas la pérdida de dos muertos. 

Un teniente de carabineros, con 19 individuos del mismo 
cuerpo, pertenecientes á la columna de Potes, Santander, al- 
canzó el 21 de Junio, en las cercanías de San Andrés, en el pun* 
to denominado la Peñota, á la facción Faes, de Asturias, com* 
puesta de 3o caballos, haciendo prisionero á un carlista herido, 
y apoderándose de dos caballos, armas y efectos de equipo 
y 12.280 reales. 

El General en Jefe dispuso, con fecha 12 de Junio, que se 
retiraran las columnas de Soncillo y el valle de Valdivielso, 
ésta sobre la de Medina, á la que pertenecía, y que la de Rama- 
les se replegara á Renedo. Con este motivo, el capitán ge- 
neral del distrito de Burgos dirigió al Ministro de la Guerra el 
siguiente oficio: 

•Excmo, Sr.;— El Excmo. Sr. General en Jefe, en oficio del 



102 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

I2> recibido anoche^ previene que se retiren las columnas de 
Soncillo y el valle de Valdivielso^ esta última sobre la de Medina, 
á la que ya pertenecía, y que la de Ramales se repliegue á Re- 
nedo. Acatando lo dispuesto por el Sr. General en Jefe y respe- 
tando su mayor ilustración y pericia, no he podido menos de 
hacerle presente, por telégrafo, en cumplimiento de mi deber, 
las consecuencias que esta última disposición ha de ocasio- 
nar. V. E. sabe que al encargarme del mando del distrito, la 
provincia de Santander se hallaba invadida hasta las puertas de 
la capital por considerable número de pequeñas partidas que 
secuestraban mozos, exigían contribuciones, interceptaban el 
telégrafo, secuestraban personas, hasta bajo los muros de San- 
toña, haciendo que se refugiasen en dicha plaza ó en Santander 
los principales propietarios, que abandonaron á merced del ene- 
migo sus propiedades é intereses. Me dediqué desde el primer 
momento á estirpar el mal, y tuve la satisfacción de que en bre- 
ve tiempo, muerto uno de los principales cabecillas, prisioneros 
ó presentados á indulto los demás y habiendo avanzado el ejér- 
cito del Norte hasta Bilbao, pude adelantar mi línea hasta Ra- 
males, llave de la provincia de Santander.==Quedó ésta com- 
pletamente libre de facciones, y las fuerzas se dedicaron á au- 
xiliar la recaudación y hacer efectiva la responsabilidad ^e los 
padres de los prófugos; ambos servicios recomendados expe- 
cialmente por V. E.=La columna de Ramales que en el día 
consta de 700 hombres, si su jefe cumple las instrucciones que 
le he dado, no puede verse comprometida. Las fuerzas carlistas 
más próximas están á 10 leguas y no son en gran número; están 
mal disciplinadas, y el jefe de aquélla tiene órdenes de retirarse 
sobre Santoña si se viere amenazado por fuerzas superiores. 
=Si en el día la columna de Ramales, sin ser amenazada, 
abandona su actual posición y se retira á Renedo, volverán á 
verse invadidas las tres cuartas partes de la provincia, se repro- 
ducirán los vejámenes y atropellos cometidos anteriormente, y 



MANDO DEL MARQUÉS DBL DUERO. I03 

decaerá el ánimo de los pueblos^ que, al verse abandonados por 
las fuerzas del Gobierno, creerán que éste carece de medios de 
acción, pagarán sus contribuciones al enemigo, y correrán á en- 
grosar las filas carlistas gran número de hombres contenidos 
hoy por la presencia de las tropas y por el favorable aspecto que 
últimamente han tomado las operaciones. =He hecho presen- 
tes, respetuosamente, como he manifestado á V. E., estas ob- 
servaciones al Sr. General en Jefe, y le he propuesto aumentar 
la columna de Ramales con el batallón de reserva de Burgos, 
toda vez que con la fuerza que actualmente tiene aquélla, con- 
sidera Arriesgada su situación. =Lo que tengo el honor de par- 
ticipar á V. E. para su conocimiento y en cumplimiento de 
mi deber, =Dios guarde á V. E. muchos años. =Burgos 17 
Junio 1874.— Excmo. Sr.:=Juan Villegas*. 

El Ministro le contestó, que esperara la resolución del Ge- 
neral en Jefe. 

Respecto el mismo asunto , Villegas decía al Ministro de la 
Guerra, que como consecuencia de haberse retirado la columna 
de Ramales, le dirigían oficios desde el 21, diariamente, los al- 
caldes de Carranza, Rasines, Ampuero, Guriezo y Colindres, 
sobre invasiones de los carlistas en aquella' zona, en pequeños 
grupos de 8 á 10 hombres, que se llevaban raciones y mozos, 
habiendo prendido en Ampuero, el 23, á cinco individuos del 
ayuntamiento, como rehenes. 

El gobernador civil de Santander dirigió también al Minís - 
tro de la Guerra, con fecha 24, una comunicación, remitiéndole 
copia de un oficio del alcalde de Ramales sobre el mismo asun- 
to, que copiado dice asi: 

«Excmo. Sr.:= Adjunto tengo el honor de pasar á manos 
de V. E. copia de un oficio que personalmente me ha entregado 
en este momento el alcalde de Ramales, y constándome ser cier- 
to cuanto expone, acompaño mis ruegos, á fin de que se ponga 
remedio dando amparo y protección á pueblos que, como el 



104 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

que nos ocupa^ está asolado constantemente por los partidarios 
del oscurantismo.==Dios guarde á V. E. muchos años.=San- 
tander 24 de Junio de i874.=Excmo. Sr.:=Juan F. Espino.» 
= • Alcaldía de Ramales. = Tengo el disgusto de participar 
áV. S., que habiéndose retirado la columna de operaciones de 
esta línea por orden superior, han penetrado en este distrito ju- 
dicial, tres partidas carlistas compuestas de 20 hombres cada 
una, al mando de los cabecillas Humaran, Barreras y Francisco 
Ortiz, dirigiéndose el primero á los ayuntamientos de Arredon- 
do y Ruesga, secuestrando á D. José Herranz Ruiz, dándole 
libertad en el pueblo de Valle por presentarse el mancebo de la 
casa que continuó con ellos á la parte de Soba; el segundo es- 
tuvo en Ramales pasando comunicación, fechada en Villaverde 
por Tomás Palacio, para que el 30 del corriente se le entregara 
el resto de las contribuciones y raciones atrasadas que la Junta á 
Guerra tiene impuestas á esta villa, y el tercero ocupó el ayun- 
tamiento de Rasines, secuestrando de Udalla dos vecinos y el 
cura, llevándolos en rehenes, hacia la parte de Carranza. = 
Todos los ayuntamientos de la línea se hallan diseminados y 
ausentes de sus respectivas jurisdicciones ante las terribles 
amenazas de los carlistas^ por no entregarles los pedidos tan 
exorbitítntes que hacen. =Lo digo á V. S. para su conocimien- 
to. =Dios guarde á V. S. muchos años.=Ramales 23 de Junio 
de 1884. = Pedro Maté.=Sr. Gobernador civil de esta pro- 
vincia». 



i 



CAPITULO III. 



Movimientos preparatorios para el avance á Estella.— Proyecto de bando.— Acto de in- 
disciplina de una compañía de artillería.— Orden referente á la situación de las fuer- 
zas de caballería. — Orden general respecto al sistema de combatir de esta arma.— 
Telegrama del General en Jefe al general Martínez de Campos.— Contestación de és- 
te. —Iniciase el movimiento de avance, pero se suspende á causa del temporal.— Pro- 
clama de Dorregaray.— Orden general dada por el Marqués delDuero.— Proclama clan- 
destina.— Lineas que podía seguir el ejercito en su marcha á Estella.— Posiciones 
del eiército carlista.— Plan del Marqués del Duero.— Instrucciones para el movi- 
miento sobre Estella.— Combate del 25 de Junio.- ídem del 26.— ídem del 27.— Glo- 
riosa muerte del Marqués del Duero.— Retirada del ejército liberal.— Parte del gene- 
ral Echagúe al Ministro de la Guerra respecto á las operaciones del ejército liberal 
en los días 25, 26 y 27 de Junio, y su retirada.- Parte de Dorregaray referente á estos 
combates.- Nota de la Historia de la guerra civil del Sr. Pirala.— Acto de crueldad 
de los carlistas.— Escrito de Dorregaray, intentando justificarse de aquel acto.— Cir- 
cular de la junta carlista gubernativa de Navarra.— Revista de las fuerzas carlistas 
en honor de D.' Margarita.— Carta de D. Carlos á Mendiiy. —Alocución de D, Carlos 
á sus tropas. 



Hechas las anteriores indicaciones sobre el estado de la 
rebelión en las diversas provincias del Norte, reanudemos la 
narración de las operaciones. 

Hemos dicho que el ejército liberal se había establecido en 
el Ebro , preparándose para emprender su marcha á Estella. 
Habian efectuado las fuerzas que lo componían varios cambios 
en sus cantones: la brigada de vanguardia, al mando de Blan- 
co, se situó en Lerín, el 8 de Junio; el primer cuerpo, man- 
dado por el mariscal de campo D. José Rosell, nombrado en 
sustitución de Letona, se acantonó el 9 en Sesma, y Martínez 
de Campos, con una parte del tercer cuerpo, del que había 
sido nombrado comandante en jefe interino, pasó á Larraga 
(se trataba de rehabilitar el puente de este punto sobre el 
Arga, que aun continuaba cortado.) Los cuerpos así situados 
debían atender al servicio de escolta de convoyes para proveer 

■ Tomo iv. b 



I06 NORTE.— TERCER PERÍODO. 

en grande escala los almacenes de Larraga y Lerín, al esta- 

r 

blecimiento de hornos de campaña en estos puntos y al plan- 
teamiento de los hospitales. 

Con objeto de enterarse de cerca el General en Jefe de la 
ejecución de los diversos servicios encomendados á sus fuerzas, 
activar por si la reunión de provisiones, estudiar el terreno que 
iba á ser teatro de sus operaciones, y dar, en una palabra, el 
necesario impulso á los preliminares del movimiento, se trasla- 
dó á Lodosa con la brigada Beaumont, haciendo el cuartel ge- 
neral por vía férrea su marcha hasta Alcanadre. Desde Lodosa 
podía comunicarse directamente con las tropas y con el Gobier- 
no, por el telégrafo de la estación de la vía férrea de Alcanadre. 

«Al llegar al fuerte de esta población, (dice la Relación his- 
tórica de la última campaña^ obra que hemos citado) estable- 
cido en la orilla derecha del Ebro, como cabeza de puente, 
se presentaron á recibir al General en Jefe, el ayuntamiento, 
el juez de paz y el clero. El General dirigió la palabra con 
entonación solemne y frases que son la síntesis del pensamien- 
to que ha presidido en todos sus discursos á las autoridades 
populares que salían á su encuentro, diciéndoles que un país 
que, disfrutando de todo lo que las demás provincias de Es- 
paña puedan disfrutar, no presta, sin embargo, los servicios en 
hombres y dinero, con que aquéllas contribuyen, exención 6 
fuero que ha sido respetado en todas circunstancias, no tiene 
derecho alguno ni pretexto á la incaliñcable insurrección que 
ha proclamado; que allí donde se invoca por alguien falsa- 
mente el sentimiento religioso, y que al mismo tiempo se acep- 
ta una proclama facciosa en que se impone pena de la vida al 
que hable de paz; en el que parte de su clero, no sólo no re- 
chaza esta sangrienta frase, sino que acogiéndola ó apadrinán- 
dola, cuando menos, con su silencio, conculca el evangelio que 
es la religión de Jesucristo, nuncio de paz y ejemplo de man- 
sedumbre^ no cabe otra cosa que ofrecer una vez esa paz bajo 



MANDO DEL MARQUÉS DBL DUERO. I07 

la base de la sumisión, y, de no tener lugar ésta, responder á 
la guerra con la guerra; «guerra tendréis,» añadía el Marqués 
del Duero, puesto que no queréis la paz, y por el resultado de 
mis operaciones habréis de abandonar los pueblos y huir á las 
montañas. = El General puso término de esta manera á su insi- 
nuante y expresiva alocución. = Desde hoy, vosotros que hasta 
aqui no pagasteis contribuciones de ninguna especie, sentiréis 
la diferencia si el Gobierno os exige algún día el doble, triple 
6 el cuadruplo que á otros pueblos de España, y obliga á vues- 
tros hijos á entrar en quintas para cumplir como buenos espa- 
ñoles. =QuÍ2ás también os encontrareis postergados á las pro- 
vincias adictas, que se complacerán en rechazar vuestros pro- 
ductos agrícolas é industriales, empobreciéndoos hasta la mise- 
ria, ya que parece que pretendéis imponeros ahora á ellas. Ya 
me conocéis; ya sabéis, porque debéis recordarlo 6 haberlo 
oido contar, cuál fué mi conducta en la otra guerra, y no me 
faltan hoy vigor ni elementos para dejar memoria de mi ener- 
gía en Navarra. La guerra será muy corta, yo os lo aseguro; pe- 
ro será como debe ser: sus consecuencias funestas habéis de 
llorarlas, recordando vuestra deslealtad, como hace días entre- 
gasteis á una bandada de carlistas, dos sargentos de los nues- 
tros que habían pasado el puente para comprar pan. No olvi- 
déis mis palabras, y preparaos.» 

Visitó después el General el fuerte, é hizo acertadas 
observaciones acerca de su desarrollo y sus defensas. 

Por fin se hallaban ya en marcha para Navarra cuatro bata- 
llones del 2.^ cuerpo, detenido en Bilbao, cuyo retraso era in- 
herente á la lentitud de las obras de fortificación, que no era 
posible activar por falta de fondos, pues las gestiones del ge- 
neral Castillo para que los proporcionaran el comercio y las 
corporaciones foral y municipal, no habían tenido resultado sa- 
tisfactorio, ni pudo conseguir que se le diera metálico para el 
pago de los operarios, á causa de la situación económica de 



lo8 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

aquella plaza^ á la cual el Estado debía unos seis millones de 
reales. 

El regimiento infantería de Zaragoza y un batallón del de 
Gerona, procedentes de la columna de Medina de Pomar y San 
Sebastián, respectivamente, una batería de montaña, otra de 
posición de á 12 y una compañía de artillería á pie, llegaron el 
14 de Junio á Lodosa. El regimiento de Ontoria, procedente de 
Bilbao, se reunió al ejército el 17, y el de Asturias, con el bri- 
gadier Bargés, el 19, compensando, en cuanto era posible, la 
falta del décimo batallón de la guardia civil y del 2.° de ca- 
rabineros, que el Marqués* del Duero, en su deseo de evitarles 
más perjuicios, había dispuesto regresasen á Madrid el 8. 

El general Concha deseaba, ante todo, marchar sobre Este- 
lia con elementos suficientes, y tratando de evitar un revés, 
adoptaba al efecto cuantas prevenciones caben en lo humano, y 
ni un momento se olvidaba de las múltiples atenciones que su 
difícil cargo le imponía. Firme en su política de conciliación, 
hacía conocer, cuando el caso lo requería, su energía nunca des- 
mentida; y á este fin, propuso al Gobierno, y lo aprobó éste, un 
proyecto de bando, que á continuación se copia, que se propo- 
nía publicar tan pronto como los refuerzos que debían incor- 
porarse al ejército permitieran aplicarlo eficazmente: 

«D. Manuel Gutiérrez de la Concha:=Nada hay que per- 
judique tanto al deseado restablecimiento de la paz pública, co- 
mo la propaganda sediciosa que se hace en favor de la guerra 
y las malévolas insinuaciones con que se procura hacer prosé- 
litos para el sostenimiento de la lucha armada. =Resuelto es- 
toy, por lo tanto, á emplear la mayor severidad con todo agente 
de rebelión, ya sea que se dedique á la propaganda ó al recluta- 
miento, ya á la corrupción ó extravío de la fuerza pública en 
pro de cualquier principio que pueda separarla del extricto 
cumplimiento de sus deberes. =i También castigaré, haciéndoles 
sentir todo el peso de la guerra, la vituperable espontaneidad 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. IO9 

con que ciertos pueblos secundan esos manejos de rebelión, y 
hasta la indiferencia con que otros procuran disimular su mal 
encubierta connivencia, porque de hoy más, estoy resuelto á no 
tolerar indiferentes. = O con nosotros 6 con el enemigo: y entre 
estos dos extremos no admitiré términos medios. Pero al mismo 
tiempo que estoy firmemente decidido á castigar á todos aquellos 
que directa 6 indirectamente contribuyan al sostenimiento de la 
gfterra civil, 6 á la perturbación de la sociedad, estoy también á 
recompensar ampliamente, á los que animados por el noble de- 
seo de ver aquélla terminada y el país tranquilo, presten los ser- 
vicios en la medida de sus fuerzas, no sólo para menoscabar los 
medios de acción de los enemigos, sino para limpiar estas pro- 
vincias de los criminales que, á la sombra de la guerra, ejercen 
sus rapacidades y hurtan la acción de la justicia. ::FEn virtud de 
las consideraciones anteriores y usando de las facultades que me 
están conferidas por el Gobierno de la Nación, ordeno y man- 
do: = Articulo i.^-=Todo agente d% rebelión, ya se dedique al 
reclutamiento carlista, sea bajo la forma que fuere, ya á corrom- 
per la fuerza pública, en el sentido de cualquier aspiración, que 
pueda separarla del más extricto cumplimiento de sus deberes, 
será deportado á las Islas Marianas 6 la de Fernando Póo.= 
Art. 2.''=En todo pueblo de las provincias Vascongadas, Na- 
varra ó Distrito militar de Burgos, á donde alcance la acción 
del ejército, se exigirán 2.500 pesetas por cada mozo de los que 
sirven en las facciones, sin perjuicio de hacer efectiva en ellos, 
en caso de ser habidos, la responsabilidad que les corresponde 
como rebeldes. Estas cuotas serán satisfechas por sus padres, 
guardadores ó representantes legales; y en caso de insolvencia, 
por los pueblos respectivos. = Art. s.^'riiTodo el que presente 
algún agente de rebelión de los que se expresan en el art. i.^, 
quedará exento del servicio de las armas por sí ó por alguno 
de sus hijos ó hermanos, si él lo estuviere. En caso de no te- 
nerlos, como si el que lo presentare fuese un Ayuntamiento se 



lio NORTE. — TERCER PERÍODO. 

hará igual rebaja al pueblo; y si fuere un soldado, se le expedirá 
su licencia absoluta. =Art. 4.'=Iguales recompensas se con- 
cederán á los Ayuntamientos 6 paisanos que presenten cual- 
quier individuo de los que sirven con las armas en las faccio- 
nes. =También serán otorgadas á los que presentaren algún 
reo 6 prófugo sobre quien pese una sentencia de los Tribunales 
por delitos comunes, ó cualquier individuo que se dedique al ro- 
bo, al secuestro 6 al incendio, ya solo, ya formando parte áe 
una cuadrilla.=Art. 5.'*=Las recompensas que se otorgan por 
el concepto que contiene el art. 3.", podrán permutarse por 
otras pecuniarias desde i.25o á 2.500 pesetas, según la impor- 
tancia del servicio prestado.^^Es copia.» 

Ocurrió estos días un suceso muy desagradable, que ocupó 
la atención del General en Jefe: la compañía de artillería que 
según hemos dicho llegó el 14 á Lodosa, se negó en Logroño 
á recibir el socorro, y más tarde pidió la libertad de los indivi- 
duos que el capitán arrestó con tal motivo. Comprendiendo el 
general Concha la gravedad que entrañaban estos actos de in- 
disciplina, y decidido á sofocarlos sin dilación, salió á esperar 
á dicha compañía el mismo día que ésta debía llegar á Lodosa, 
formando al efecto las fuerzas acantonadas en el citado pueblo 
y el regimiento de Zaragoza, que marchaba con la compañía de 
artillería. No bien ésta pasó el puente, salió á su encuentro el 
Marqués del Duero y la desarmó inmediatamente. Se formó 
un consejo de guerra verbal, y sentenció éste á presidio á 
un sargento i.** y 19 cabos y soldados, que salieron desde luego 
para su destino. Con este motivo se* publicó la siguiente orden 
general: 

«Ayer han sido destinados á presidio, por sentencia de con- 
sejo de guerra verbal, 19 cabos y soldados, y privados de su em- 
pleo dos sargentos de una compañía de artillería que, proceden- 
te de Madrid, se negó á recibir el socorro que se le daba, incu- 
rriendo asi en una de esas faltas graves de disciplina que, se- 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. III 

gún tengo dicho, estoy dispuesto á no tolerar. =Espero que será 
la última vez que me vea obligado á aplicar esta clase de me- 
didas, que soy el primero en deplorar, por más que esté resuel- 
to á sofocarlas, siempre que fuese necesario, con todo el rigor de 
la Ordenanza. == Lo que de orden de S. B. se publica en la gene- 
ral de este día, para su debida publicidad. =E1 general jefe de 
E. M. G.=:VegaInclán.ii 

En el oficio que á continuación copiamos, se fija la situa- 
ción que habían de tener las fuerzas de caballería: 

«Excmo. Sr.:=El Excmo. Sr. General en Jefe, se ha ser- 
vido disponer que la caballería de este ejército tenga la si- 
guiente situación: =:E1 regimiento húsares de Pavía concentrará 
todas sus fuerzas que están disponibles tanto en Lerín como en 
Tafalla, en el primero de dichos puntos; poniéndose á las in- 
mediatas órdenes del brigadier Blanco, jefe de la brigada de 
vanguardia. —El regimiento carabineros de Arlaban, con toda 
su fuerza, pasará á Sesma, á disposición del Excmo. señor ge- 
neral jefe del primer cuerpo de ejército. =Los regimientos ca- 
zadores de Talavera y lanceros de Lusitania y de Numancia, con 
su fuerza disponible, quedarán á las órdenes de V. E., como jefe 
del tercer cuerpo. = La fuerza del regimiento carabineros de 
Sesma, con 44 caballos del de Villaviciosa, empleará dos escua- 
drones en la custodia de las conducciones de víveres desde La- 
rraga y Lerín al depósito general, y los otros dos en el mismo 
servicio desde este depósito á las divisiones. =E1 escuadrón de 
húsares de Villarrobledo destinará 5o caballos para conducir el 
correo desde la barca de Azagra á Larraga, y los otros 5o des- 
de Larraga á donde se halle el ejército. = Finalmente, la fuerza 
presente del regimiento cazadores de Albuera constituirá la es- 
colta de este cuartel general, sin dejar en las divisiones más in- 
dividuos que los que se hallan de ordenanzas particulares de 
los generales, jefes y oficiales, para quienes se nombraron per- 
sonalmente.=De orden de S. E. lo participo á V. E, para su 



112 NORTE.— TERCER PERIODO. 

noticia y á fin de que disponga lo conveniente al efecto.=Cuar- 
tel general en Lodosa, i8 Junio de i874.=El general jefe de 
E. M. G.=Vega Inclán.» 

Con la mayor actividad se dedicó el Marqués á la provisión 
de las tropas, desvelándose por reunir los medios de trasporte 
necesarios. 

No olvidaba los estudios tácticos, á que tanto se dedicaba 
siempre. Aprovechando sin duda la circunstancia de que du- 
rante estos días debían incorporarse al ejército las fuerzas de 
caballería que á las órdenes del general García Tassara opera- 
ban en la Ribera, publicó el 19 una orden general, en la cual 
decía: 

«Siendo un hecho constante en la caballería carlista, el em- 
plear la dispersión para retirarse, es preciso emplear un medio 
adecuado á este sistema para perseguirla.= En su consecuen- 
cia, toda la caballería de este ejército formará en batalla, de 
hoy en adelante, con las filas abiertas, á distancia de sección 
menos tres pasos, á fin de que, llegado el caso de la carga, la 
primera fila pueda entregarse á rienda suelta á la persecución, 
sin detenerse después del choque para ordenarse, mientras que 
la segunda marchará en buen orden, sirviendo de apoyo y pro- 
tección á la primera.» 

Desvelábase el Marqués del Duero en adquirir toda clase 
de datos convenientes á la redacción de las instrucciones que 
había de dar á los comandantes en jefe de los cuerpos para el 
movimiento sobre Estella. Para mayor abundamiento, había ya 
dirigido, con fecha 12, al general Martínez de Campos, que se 
encontraba en Tafalla, el siguiente telegrama: 

«Importa practique V. E. con la caballería un reconoci- 
miento para conocer el bosque que existe en la vertiente me- 
ridional de la cordillera que desde Muruzábal corre después en- 
tre Oteiza y Lorca; y á fin de no llamar la atención, avanza- 
r4 V. E. sólo lo necesario para adquirir las noticias siguientes: 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. II3 

La clase de árboles, si están espesos 6 claros, si tiene matorral 
de jaras, ú otros arbustos que hagan difícil el acceso á la cordi- 
llera, en caso de que estuviese ocupada por los enemigos; á qué 
distancia empieza de Oteiza el monte, y á cuánta queda del 
Arga. Como la cumbre es limpia, ver si el bosque está sólo en 
la vertiente, 6 baja hasta el llano; cuánta es su extensión en 
ambas dimensiones, y á qué distancia de la cumbre llega el 
monte.» 

Martínez de Campos le contestó: 

«Cumpliéndola orden de V. E., he salido con la caballería 
de Tafalla, he practicado el reconocimiento por Muruzábal y 
frente á Mendigorría, tomando por mi izquierda la cordillera 
que corre entre Oteiza y Lorca. La cordillera hasta Cirauqui 
por la derecha y hasta Oteiza por la izquierda, es de terrenos ro- 
turados y sin bosque; éste sigue á continuación, claro al princi- 
pio y espeso después á una legua de Lorca, hasta donde llega; 
baja por la izquierda hasta cerca de Oteiza, y lo forman encina 
y roble, en algunos puntos dicen tiene matorral espeso que difi- 
culta la subida. El bosque llega á la cumbre y queda muy le- 
jos del río Arga. No he visto enemigo en él. Las posiciones de 
la cordillera son difíciles; por ellas no puede operar caballería, 
y defendidas, será costosa su toma por la infantería. Como el 
enemigóse ha apercibido del movimiento, haré mañana reco- 
nocimiento sobre Oteiza, Mendigorría y Artajona para despis- 
tarle, si V. E. no ordena otra cosa. El camino de hoy es una 
buena línea de ataque. » 

Era tal la reserva del Marqués acerca de su plan, que aun 
los comandantes en jefe de los cuerpos de ejército no debían 
conocerlo hasta dos días antes de emprender el movimiento, 
tratando así de desorientar al enemigo respecto á la línea que 
seguiría el ejército liberal en su marcha sobre Estella. 

Todo estaba preparado el día 21. Para iniciar la opera- 
ción, el General en Jefe, con un batallón de Gerona y una 



114 NORTE.^TERCER PERÍODO. 

escolta de caballería y guárela civil, se dirigió por Sesma, á 
pernoctar en Lerín. A la salida de aquel punto sobrevino una 
gran tempestad de agua y granizo que inundó el camino, ha- 
ciendo penosísima la marcha. Quedaron intransitables los ca- 
minos, y se suspendió el movimiento. 

El General en Jefe no pudo salir para Larraga hasta el 24. 
El general Rossel, que se encontraba en Sesma con el primer 
cuerpo, ocupó dicho día con sus fuerzas á Lerín. 

El Marqués del Duero tuvo este mismo día conocimiento 
de la proclama publicada por Dorregaray, con fecha 16 de Ju- 
nio, que á continuación copiamos: 

« Voluntarios: = Tenemos en frente casi todo el ejército re- 
volucionario de España al mando de D. Manuel Gutiérrez de 
la Concha, que cada día reúne nuevos recursos de personal y 
material para atacarnos. Empero no muy confíado sin duda en 
el éxito favorable de su empresa, y consecuente con su historia 
desdichada, este General que ha servido y ha hecho traición á 
todas las situaciones políticas, quiere combatirnos, antes que 
con los fusiles de sus soldados, con las armas ruines de la infa- 
me calumnia y de la brutal amenaza. Con la primera, pretende 
introducir en vuestras filas la desconfianza y la discordia, mien- 
tras con la segunda intenta acobardar vuestro valor, pintándoos 
con vivos colores el peligro que van á correr los intereses y 
aun las vidas de vuestros padres: rechazad una y otra con el 
más soberano desprecio. = Ya sabéis que ha prometido de la 
manera más solemne ese desacreditado militar la ocupación de 
esta ciudad de Estella, y es preciso que nosotros la defendamos 
contra el estúpido furor de sus soldados. No tiene esta plaza en 
su circuito ni una obra de fortificación ni una sola aspillera, 
pero en las colinas que á distancia la circunvalan, hemos abier- 
to, en un perímetro de cinco leguas, numerosos atrinchera- 
mientos, sistema de defensa que al par que esterilizará casi por 
completo el terrible poder de la artillería de nuestros enemi- 



MANDO DBL MARQUÉS DEL DUERO. II5 

gosy que tan desigual sabe hacer para nosotros el combate, les 
obligará á ellos á caminar á la zapa, fortificándose de nuevo á 
cada palmo de terreno que logren avanzar en su penosa mar- 
cha, para venir por fin á estrellarse en las últimas trincheras, 
dejando el campo cubierto de víctimas. Y si queréis suponer 
por un instante que logran apoderarse de esta ciudad, no os 
desaliente tampoco esta suposición; la guerra entraría entonces 
en condiciones nuevas y muy ventajosas para nosotros. = No 
hagáis caso de las bravatas del enemigo que nos amenaza con el 
incendio y el saqueo y la completa destrucción del país; que no 
las teman tampoco los pueblos, porque aunque el honor ni la 
conciencia nunca le han impedido al ejército liberal ponerlas en 
práctica, se lo impide hoy el temor de las consecuencias que 
había de producirle semejante conducta. Bien saben nuestros 
enemigos, como sabe todo el mundo, que hemos hecho hasta 
ahora todo lo posible, y acaso un poco más de lo razonable, por 
humanizar y suavizar la guerra: bien saben que han respondido 
casi siempre á nuestra generosidad é hidalgía con mezquinas 
traiciones y con crueles atropellos; deben saber igualmente, y 
si no que lo sepan ahora, que al primer nuevo acto de barbarie 
que cometan contra nosotros ó contra el país, en odio á nuestra 
causa, comenzaremos á hacerles la guerra sin cuartel; y saben, 
por último, perfectamente, que este paso, en verdad doloroso, 
influiría de una manera tan favorable en la suerte de nuestras 
armas, como desfavorable en la de las suyas. =Voluntarios: de 
cualquier modo que sucedan los acontecimientos, sea cualquie- 
ra el resultado de la próxima batalla, tened firme confianza en 
vuestros generales que han salido á vencer 6 á morir, y que 
contando con la ayuda de Dios Omnipotente, que no ha de fal- 
tarnos nunca, os responden con su vida, con su nombre, con su 
honra, que es lo más sagrado con que puede responder un caba- 
llero, de que antes de dos meses veréis completamente destruido 
ese numeroso ejército en que la Revolución funda sus locas es- 



Il6 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

peranzas.=Nunca os ha faltado el valor para batiros contra 
fuerzas triplicadas; (fue no os falten tampoco ahora la sensatez 
y la cordura, y estad bien seguros de que en breve llegaremos 
al triunfo definitivo por una rápida carrera de victorias. = ; Vo- 
luntarios: ¡Viva Carlos VII! = ¡Viva la Religión! = ¡ Vi va Espa- 
ña! =Estella i6 de Junio de 1874. — Vuestro general y compa- 
ñero: Antonio Dorregaray.» 

En contestación á este documento, el Marqués del Duero dio 
con fecha 24 de Junio la notable orden general que á continua- 
ción copiamos: 

« Soldados. == El jefe del ejército enemigo acaba de publicar 
una proclama, anunciando para más adelante la guerra sin 
cuartel. Las postrimerías de una causa perdida se distinguen 
generalmente por sus crueldades. No sigamos nosotros tan 
horrible ejemplo. Nuestra misión es vencer y no asesinar. Es- 
pero, pues, que al entrar en Estella, que está destinada á su- 
frir los estragos de nuestra formidable artillería, no se des- 
mentirá un instante la proverbial hidalguía del soldado caste- 
llano ante un enemigo vencido y ante una población que, al 
fin, es una ciudad de España. Así responderéis dignamente á 
ese grito de rabia que arranca la impotencia del enemigo, .me- 
reciendo la estimación de los hombres honrados y la de vues- 
tro General en Jefe:=:Manuel Gutiérrez de la Concha.» 

Aunque el éxito no correspondiera á las fundadas esperan- 
zas manifestadas en esta alocución respecto á la conquista de 
Estella, no cabe duda que lo probable era que el ejército libe- 
ral entrase victorioso en esta ciudad. 

El General en Jefe fué recibido en Larraga por los generales 
Echagüe y Martínez de Campos, con las tropas del tercer cuer- 
po, la brigada de vanguardia y la división de la Ribera, que 
allí se encontraban; revistó ligeramente todas estas fuerzas, y 
dio en seguida las últimas disposiciones para empezar el movi- 
miento al día siguiente, 25 de Junio. Apareció este día pro- 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. II7 

fusamente esparcida por todos los caminos, la proclama clan- 
destina que copiamos: 

«Soldados republicanos: = Sabed, antes de romper el fuego, 
que Concha tiene en su bolsillo un telegrama del Gobierno 
para que inmediatamente os dé la licencia absoluta á los que 
estéis cumplidos. El Gobierno no lo hace en gracia á vuestros 
servicios, lo hace por no haber podido dominar la insubor- 
dinación de vuestros hermanos en Cataluña; que se nega- 
ban á batirse si no se les daban dichas licencias. Concha 
os trae al matadero. Ese ejército desaparecerá antes de dos 
meses. » 

Antes de proseguir, debemos hacer algunas observaciones 
respecto á los diversos caminos que, dada su actual situación, 
podía escoger el ejército liberal para marchar sobre Estella, 
partiendo de la base del febro ó de la del Arga, eran: 

Si partía del Ebro, se le presentaban desde luego la carrete- 
ra de Logroño á Estella por los Arcos, y la de Lodosa al mis- 
mo punto por Alio; y partiendo del Arga, tres caminos: el 
primero, el que ofrece la carretera de Larraga y Oteiza por el 
valle del Ycrri; el segundo, el de la carretera de Puente la 
Reina; y el tercero, el de Pamplona á dicha ciudad, que cruza 
el Arga por el puente de Ibero. * 

Al tratar de los combate sque en las vertientes del Monte- 
Jurra empeñó Moriones contra los carlistas en los días 7, 8 y 
9 de Noviembre de 1873, hicimos algunas observaciones acerca 
de la mayor 6 menor importancia de la ciudad de Estella, así 
como respecto á las dificultades que presenta la marcha de un 
ejército sobre esta ciudad, siguiendo la carretera de Logroño á 
Estella por los Arcos. Expusimos también, con motivo del in- 
tento del general Santa Pau de socorrer á esta ciudad en Se- 
tiembre de 1873, algunas consideraciones acerca de los obstá- 
culos que deben vencerse en el caso de seguir la segunda linea, 
es decir, la carretera de Lodosa á Estella por Alio; f ero como 



Il8 NORTE.— tBRCER PEftfoDO. 

entonces nos referíamos sólo al teatro de la acción que se sos- 
tuvoy debemos hacer ahora algunas más indicaciones. Una vez 
salvado el portillo de San Julián, situado entre Sesma y Alio, 
hasta este punto no ofrece dificultades la marcha, porque se eje- 
cuta en terreno abierto; pero desde él la carretera sube el curso 
del Ega, dominada en la izquierda por el Monte-Jurra, menos 
accesible aún por esta vertiente oriental que por la occidental, 
y en su derecha por los altos de Santa Bárbara de Oteiza y V¡- 
llatuerta, que, si bien no la baten tan de cerca como el Monte 
Jurra, siempre está al alcance de la artillería; de modo que es 
necesario apoderarse de las alturas de ambos flancos de la carre- 
tera para marchar por ésta. 

La tercera linea, la primera partiendo del Arga, es decir, 
la carretera de Larraga y Oteiza por el valle de Yerri, se halla 
en iguales condiciones que las dos anteriores hasta Oteiza, y 
desde este punto hasta Villatuerta está dominada por las 
vertientes del Monte Jurra por la izquierda, y por la derecha 
por el Monte-Esquinza, que corre casi paralelamente al río Sa- 
lado, afluente del Arga. Desde Villatuerta sigue la carretera el 
curso del Ega paralelamente á él y casi en igual dirección que 
la de Alio á Estella, atravesando un desfiladero formado por 
las estribaciones del Monte- Jurra y los altos de Grocin, Zuru- 
cuain y Murugarren. 

La cuarta línea, la segunda partiendo del Arga, es la ca- 
rretera de Puente la Reina á Estella, de la cual hablamos con 
motivo de la acción dada por Moriones contra los carlistas en 
7 de Octubre de 1873; pero como entonces nos limitamos á la 
parte comprendida entre el Arga y el río Salado, añadiremos, 
que desde Lorca sigue dominada por la prolongación del Monte- 
Esquinza á la izquierda, y los altos de Grocin yZurucuain á la 
derecha, y que se une un poco más adelante de Villatuerta con 
la carretera de Oteiza, Desde Lorca puede seguirse otra carre- 
tera que entra en el valle de Guesalaz, dominada en la izquier- 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. II Q 

da por los altos de Grocin y Zurucuain (no ofrece grandes di- 
ficultades en su derecha); se une después con la quinta línea 
ó la tercera partiendo del Arga. 

Esta es la carretera de Pamplona á Estella; cruza el Arga 
por el Puente de Ibero, y desde este punto se halla constan- 
temente dominada por las estribaciones de la sierra de Andía 
en sus vertientes meridionales, con posiciones casi inexpug- 
nables, como son los montes de Mauriain, Vidaurre, Azcona 
y Arizala por la derecha, y por la izquierda los altos de Be- 
lascoain hasta más allá de Salinas de Oro; desde este punto 
es más despejado el valle de Guesalaz que recorre, y no vuelve 
á pronunciarse su topografía hasta el pueblo de Ugar. Más ade- 
lante, entre Arizala y Zábal, se une con la carretera que par- 
tiendo de Lorca une á la de que se trata con la de Puente la 
Reina y Estella, que sigue hasta cerca de Abárzuza á unirse 
con la de Alsasua; continúa después por Zábal y Murugarren, 
atravesando pasos en extremo difíciles hasta Bearin, donde 
empalma con la carretera trasversal que partiendo de Lorca 
termina cerca de Abárzuza en la de Estella. Se ofrecían tam- 
bién grandes dificultades en el caso de seguir desde Abárzuza 
esta última línea, dominada por la derecha por las Amézcoas, 
intentando apoderarse del caserío del Muru; pero ocupado este 
punto, podía ya darse por segura la conquista de Estella. 

Si partiendo del Ebro se trataba de avanzar por los Arcos 
hacia Acedo, 6 bien hacia Murieta, era preciso posesionarse 
desde luego de la cadena de los montes de San Gregorio, diviso- 
ria entre el Ega y el Ebro, y vencida esta dificultad, se presenta- 
ban otras no menores, porque desde Murieta á Estella sigue la 
carretera constantemente dominada por los estribos que se 
desprenden de las Amézcoas; dificultaría también la marcha 
la circunstancia de ir aquélla por la orilla izquierda del Ega, 
muy próxima á este río y expuesta á los fuegos de la orilla de^ 
recha. 



120 NORTE.— TERCER PERIODO. 

Examinadas las diversas lineas que podía seguir el ejército 
liberal para llegar á Estella, se vé cuan difícil le era entrar en 
esta ciudad siguiendo una sola. 

Antes de exponer el pensamiento del Marqués del Duero, 
debemos decir, para su mejor inteligencia, cuáles eran las posi- 
ciones que ocupaba el ejército enemigo. 

Situóse éste en las posiciones que se extienden desde Alio 
por Dicastillo, Morentin, Aberin, Venta de Echavarri, Altos de 
Villatuerta, Zurucuáin, Grocin, Murugarren, Muru y las posi- 
ciones al Norte y Este de Estella, terminando estas últimas en 
Erául y el puerto de Echavarri. Defendían la extrema derecha 
los batallones i.", 2.", 5.^* y 7." de Navarra, á las órdenes de los 
brigadieres Zalduendo y Balluerca, los batallones 3.° y 4." de 
Álava, á las del brigadier Alvarez, la brigada cántabra y el ba- 
tallón de Asturias al mando del brigadier Yoldi, ocupando á 
Alio el regimiento caballería del Rey y cuatro compañías del 
I." de Navarra. Se establecieron dos piezas de la primera bri- 
gada de Navarra en la batería construida en Echavarri. Ocu- 
paban el centro, que se extendía desde la ermita de Santa Bár- 
bara de Villatuerta hasta Muru, los batallones 3.", 4." y 6." de 
Navarra á las órdenes del brigadier Férula y del coronel del 
6.", el I." y el 2." de Castilla á las del coronel Zariátegui, y los 
batallones de Munguía y Bilbao al mando del brigadier Fon- 
techa. Defendían la izquierda, que se extendía desde Muru al 
puerto de Echavarri, los batallones 9." de Navarra, 2." de Ala- 
va, I." y 2.*^ de Guipúzcoa y el 3." y el 4."" de Castilla, mandados 
por el brigadier Costa y el jefe de la media brigada guipuz- 
coana.. Además de las tropas que pudieran sacar de la línea 
para acudir á los puntos amenazados, tenían los carlistas co- 
mo reserva, el batallón de Guías, el i." de Álava, el 3."" y el 4." 
de Guipúzcoa y una batería de montaña. En total, eran 26 ba- 
tallones, y en la mañana del 27 llegaron á 27, porque se les 
incorporó el de Durango. Muy cortas eran las fuerzas de caba- 



lÜANDO DEL MARQUÉS D£L DUERO. 121 

Hería de que disponían, y su artillería se reducía á once caño- 
nes de montaña y una batería rodada de cuatro piezas. 

Ocupando los carlistas una posición central respecto á las 
lineas que podía seguir el ejército liberal, podían acudir opor- 
tunamente á donde según el caso y las circunstancias les convi- 
niese; y justo es manifestar que estaban perfectamente elegidas 
sus posiciones. . 

En vista de todo, el Marqués del Duero concibió un plan que 
demostraba sus relevantes cualidades. Creyendo muy proba- 
ble que batiría á los carlistas, no sólo quería conseguir una vic- 
toria sino también un resultado decisivo, haciendo, á la vez que 
conquistaba á Estella, algunos miles de prisioneros, aprovechan- 
do la ocasión, que la fortuna le brindaba, de hallarse á su frente 
casi todo el grueso de las fuerzas rebeldes. Para el logro de 
este objeto, trataría de envolver el flanco izquierdo carlista, 
intentando cortarle el camino de las Amézcoas y el del valle 
de la Berrueza, que era su retirada natural, y arrojarle hacia 
el Ebro; el centro y la izquierda de las fuerzas liberales no 
atacarían seriamente los respectivos frentes carlistas ni en- 
trarían en Estella, como tal vez les sería factible, hasta tanto 
que la derecha liberal no envolviese la izquierda enemiga, 
porque teniendo que recorrer para aquel fln (la izquierda y el 
centro liberal) un trayecto más corto que la derecha para la 
ejecución de su maniobra, era evidente que podrían batir á los 
carlistas en el centro y la derecha de éstos, antes de ser en- 
vueltos en su izquierda, y en tal caso tendrían expedita la re- 
tirada; mientras que si después de ser envueltos, eran resuelta- 
mente atacados en su centro y su derecha, su situación sería 
en extremo apurada, si se empeñaban en sostener las posicio- 
nes que ocupaban. 

Como complemento del plan del general Concha, debemos 
manifestar, que éste había prevenido al brigadier Acellana (co- 
mo se ha dicho, mandaba éste la columna de la Rioja), que opor- 

Tomo t. 9 



122 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

tunamente le enviaría cuatro batallones^ y que, llegado este 
caso, con ellos y sus fuerzas debía situarse en la sierra de Tolo- 
ño, evitando que los carlistas vencidos en Estella entrasen por 
aquella parte en la provincia de Álava. 

Dadas las fuerzas relativamente escasas con que contaba el 
Marqués del Duero, juzgaba que los resultados de la ope- 
ración que proyectaba serían incompletos, por necesitar de otro 
cuerpo que, atacando al enemigo por la Solana desde los Ar- 
cos, se diese la mano con la izquierda liberal, cerrando los pa- 
sos de retirada del enemigo; y creía fundadamente, que en- 
tonces hubiera sido completo el éxito; pero, de todos modos, no 
desconfiaba de obtener un buen resultado, ni era posible exigir 
del Gobierno mayores fuerzas ni retrasar la operación, porque 
tantas dilaciones debilitarían la acción del ejército. Esperaba 
también que á pesar de la escasez de sus fuerzas de infantería, 
la superioridad de la artillería y lo rudo del ataque suplirían la 
falta numérica. 

Con arreglo al pensamiento de envolver el flanco izquierdo 
carlista, redactó el general Concha las instrucciones que á con- 
tinuación se copian, distribuyó convenientemente la artillería 
y la caballería en los cuerpos de ejército y dio conocimien- 
to de todo á sus Generales, el 21 de Junio, día en que el cuartel 
general abandonó á Lodosa, según hemos dicho. 

i El movimiento para la toma de Estella se ejecutará por la 
izquierda del Ega, marchando en dos cuerpos de ejército desde 
Larragay 'Lerín.=Desde el primer punto, el general Echagüe 
dispondrá que una división con un escuadrón y seis piezas Pla- 
sencia al mando del general Campos, tome la derecha por el 
camino de Mañeru. La caballería, al subir la cordillera, segui- 
rá el pie de la misma por el llano de la parte meridional, por- 
que la vertiente de la derecha ó del Norte es de viñedo y sería 
ofendida desde Mañeru y Cirauqui. Estas fuerzas del general 
Campos, en llegando á Muruzábal, se dirigirán á la izquierda 



MANDO DEL MARQUES DEL DUERO. 123 

para continuar en dirección de Lorca por la cumbre de la cor- 
dillera llamada Monte Esquinza, que forma la margen derecha 
del lio Salado^ rio que recoge las aguas de la vertiente Norte, 
pero sin descender en su marcha al valle hacia Cirauqui. Lue- 
go que el general Echagüe llegue á las alturas, el general Cam- 
pos bajará de la sierra directamente sobre Lorca, ocupando es- 
te pueblo por el momento, si lo cree conveniente, á fin de con- 
tener los enemigos que bajasen de la ermita de Santa Bárbara 
que domina á Cirauqjui^ avanzando por la carretera á Lácar y 
Alloz y á amagar á Montalbán si la brigada de vanguardia ata- 
ca á este pueblo, retrocediendo á pernoctar en Lácar y Alloz. 
Al bajar de la sierra el general Campos, se reforzarán sus tro- . 
pas con una brigada y 12 piezas Krupp que pondrá á sus órde- 
nes el general Echagüe. =Su marcha por la cordillera tiene 
por principal objeto la toma de la misma y facilitar á dicho ge- 
neral Echagüe la del bosque que hay en la vertiente meridional, 
si es defendido, facilitando á la vez la toma de las alturas de 
Villatuerta que ha de llevará cabo el i.«' cuerpo, en las que se 
dice hay muchas trincheras que tal vez se extiendan al camino 
de Oteiza á Lorca, por lo que se inicia el movimiento por la ex- 
trema derecha de la línea. = El general Echagüe marchará des- 
de Larraga detrás de la brigada de vanguardia con dos divisio- 
nes, tres escuadrones, 18 piezas Krupp y 4 Plasencia por la ca- 
rretera hacia Oteiza, hasta unos 5 kilómetros poco más ó me- 
nos, según convenga. A esta distancia tomará á la derecha con 
una división, la artillería Plasencia y dos ó tres baterías Krupp, 
y atacará el mencionado bosque y las posiciones, empleando la 
artillería para arrojar al enemigo de aquél, apoyando y facilitan- 
do la marcha de flanco del general Campos. =Las tropas del 
general Echagüe, ocupadas que sean las posiciones que dan 
frente á Lorca, bajarán por la izquierda de este pueblo á Muri- 
Uo. Mas como es posible que la artillería rodada no pueda subir 
á la cordillera del Monte Esquinza, en este caso tendrá que se« 



124 NORTE. — ^TERCER PERIODO. 

guir por la carretera á Oteiza y de allí marchar por el camino 
de Lorcaun cuarto de hora (este trozo de camino debe recom- 
ponerse para el paso de la artillería) para después tomar á la 
izquierda por el camino viejo carretero de Villatuerta á La- 
rraga que sale á la tejería de Villatuerta, media hora antes que 
este pueblo, continuando la artillería á campo traviesa á buscar 
la carretera de Puente la Reina, inclinándose hacia Lorca, á ñn 
de reunirse de nuevo á su cuerpo de ejército antes de Murillo.= 
En las alturas próximas á este pueblo se establecerán las bate- 
rías que han de jugar contra los altos de Estella, y para este ñn, 
casi toda la artillería tomará posición, situándose en una línea 
perpendicular á la carretera, apoyando su derecha en Murillo y 
dando el frente á la cordillera de Estella para batir las posicio- 
nes de éstas, el cerro de San Millán, Villatuerta y Arandígo- 
yen y el pueblo de Grocin si lo ocupasen los enemigos, y si la 
artillería les obligase á abandonar á este último, las fuerzas del 
general Echagüe pernoctarán en él y en Murillo si es que la 
vanguardia ha avanzado de dicho punto, y en otro caso el 
¿^neral Echagüe pernoctará en Lorca. =La brigada de vanguar- 
dia con seis piezas Plasencia, ocho Krupp y la fuerza del regi- 
miento de Pavía, tomará la vanguardia desde Larraga dirigién- 
dose á Oteiza. Desde Qteiza continuará apoyando su izquierda 
en la derecha de la i.* brigada de la i.* división del i.«f cuer- 
po, tomando la derecha para salir á la carretera de Puente la 
Reina, como 2 kilómetros á la izquierda de Lorca, desde don- 
de seguirá á tomar á Murillo avanzando hasta Montalbán ó 
Zábal, si le es posible, para pernoctar en dichos puntos, ó bien 
en Montalbán y Zurucuain, si por efecto de la artillería, lo hu- 
bieran abandonado, quedándose en otro caso en Murillo. El 
movimiento será preparado antes por la artillería, esperando el 
del general Echagüe que vá á su derecha y lo ha de apoyar, 
hasta que este General sea dueño de la cordillera y haya llega- 
do á la citada carretera de Lorca á Estella. =:E1 brigadier Blan- 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. I25 

co observará la marcha de la i.* división del i.*' cuerpo que 
lleva á su izquierda, siguiendo el movimiento de las tropas del 
general Echagüe, y después de pasar la cordillera observará 
también la marcha del general Campos, advirtiendo que aun 
cuando se previene que el movimiento de la derecha de la lí- 
nea, como más extenso, sea el regulador del ataque, por regla 
general, si se observa que el enemigo abandona los pueblos 6 
las posiciones, deberán tomarse desde luego. = El general Ro- 
sell, con la i.* división de su cuerpo, ha de marchar por el ca- 
mino de Lerin á Oteiza, y desde este punto lo hará en dirección 
de la extrema altura de la expresada cordillera del Monte Es- 
quinza, cuya altura domina á Villatuerta y Arandigoyen, y del 
extremo de la cordillera de Estella en su descenso hacia el 
río Ega. Un batallón de la brigada de 2.* línea marchará á la 
desñlada por la izquierda para proteger las baterías que se han 
de colocar en la altura que domina el río Ega, y cuyo objeto se 
indicará después, =La 2.* división del mismo cuerpo seguirá 
el movimiento de la i.* por brigadas, como reserva de ella, y- 
de la brigada de vanguardia, secundando el ataque. Antes de 
emprender la marcha desde Oteiza, el general Rosell dispondrá 
que dos ó tres baterías tomen posición en las alturas que domi- 
nen el río, batan el terreno de la margen derecha y las fuer- 
zas enemigas que hubiere en los pueblos de Muniain y Aberin y 
las que viniesen por la carretera de Alio, así como la falda de 
la altura que domina á Villatuerta y los caseríos de Avinzano 
y Legarreta, para impedir que el enemigo que esté en la So- 
lana pase los vados que conducen á estos caseríos á fin de 
facilitar el establecimiento de otras baterías que han de situar- 
se á la derecha- de la carretera para batir á Villatuerta y Aran- 
digoyen y después las posiciones del Cerro de San Millán. Des- 
de Lerín el i.®^ cuerpo hará avanzar cuatro escuadrones con las 
baterías rodadas hacia Oteiza para que la artillería empieze á 
jugar en unión con la de la vanguardia que ocupará ya aquel 



126 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

puQhlo.= Segundo día. =El general Campos marchará por la 
carretera desde Lácar y AUoz hasta Arizala á envolver las po- 
siciones de la sierra de Estella, aumentada su fuerza de caba- 
llería hasta tres escuadrones que pondrá á sus órdenes el gene- 
ral Echagüe para operar en los llanos que aquel lleve á su de- 
recha. = Si encuentra en su marcha por la carretera fuerzas 
enemigas hacia su frente en la parte de Abárzuza, que pueden 
ser de consideración, según se dice, no se empeñará en tomar 
las posiciones, sino que las batirá con la artillería, dejando el 
ataque decisivo para el siguiente día, después de la toma de Es- 
tella, en que se destinará á aquel ataque la fuerza necesaria del 
ejército. En tal caso, podrá pernoctar en Arizala y Ugar con las 
tres brigadas. = La brigada de vanguardia desde Murillo Mon- 
talbán ó punto en que pernoctase, marchará también á envol- 
ver las mismas posiciones, haciéndolo sobre Zábal, Murugarren 
á Muru (Muru es un caserío solo), batiendo con la artillería á 
los enemigos que estén en el monte de Estella, para caer sobre 
esta ciudad en momento oportuno, y en este caso el general 
Campos sostendrá en Zábal, Murugarren y Muru á la división 
de vanguardia, conteniendo á los enemigos de la parte de Abár- 
zuza, deteniéndose el movimiento para esperar las fuerzas del 
general Echagüe que avanza por el centro como reserva, y ha 
de apoyar á ambais divisiones. = Si el enemigo se empeña en de- 
fender las posiciones de Estella, el brigadier Blanco, el general 
Echagüe y parte de las tropas del i." cuerpo avanzarán sobre 
aquéllas, cuando por efecto de los fuegos de la artillería se note 
retirada ó vacilación en el enemigo, cayendo en este caso sobre 
Estella, pero sin precipitar el ataque, puesto que la numerosa 
artillería que se puede desplegar ha de ocasionar tantas pérdi- 
das que les obligará á abandonar las posiciones. = El general 
Echagüe seguirá el movimiento de la vanguardia, según se de- 
ja dicho, apoyando el ataque de ésta, y el del general Campos 
como reserva. Dejará dos batallones, uno en Lácar con algu- 



MANDO DEL MARQUÉS DFX DUERO. 1^7 

na caballería, para cubrir el camino de Lorca, y otro en AUoz, 
cuando los desocupe el general Campos, sin abandonar la ocu* 
pación de Murillo. Al propio tiempo, una brigada del i." cuer- 
po avanzará á Grocin asi que lo hayan desalojado' las tropas del 
general Echagüe que en él pernoctasen. =Si después de la to- 
ma de Estella, los enemigos se retirasen á la derecha del rio 
Ega, la artillería que está á la parte de Villatuerta, con el i.^*^ 
cuerpo, tomará posición próxima al río, en punto conveniente 
para batir todo el tiempo que se pueda á los que se retiren por 
las carreteras de Alio ó de Los Arcos.=Si se retirasen hacia 
Zubielqui y Arbeiza ó el Valle de Allin, les cañoneará el 
fuego de las baterías que hubiese hacia la parte de Bearin y 
Muru.=Si lo que no es de creer, el enemigo reconcentrado 
en Estella, trata de defender esta ciudad, por poco tiempo que 
sea, se intentará cortarle la retirada. Con este fin, el general 
Rosell hará pasar una división por el vado del caserío de Avin- 
zano para caer sobre el barrio de Estella de la derecha del Ega, 
protegiendo el movimiento varias baterías. =iPreveñciones gene- 
raUs.^^VoT regla general los pueblos y las posiciones no se 
atacarán por la infantería hasta que el ataque esté preparado 
por los fuegos de la artillería. =: Se dirá á todos los jefes de ba- 
tallón, que el orden de formación más conveniente en los más 
de los casos, para los batallones de primera línea será el de 
tres secciones en guerrilla, otras tres de las mismas compañías 
formando reservas parciales y medio batallón á retaguardia co- 
mo reserva general, en columna ó en batalla, según el terreno, 
para sufrir menos los fuegos del enemigo. Dichos jefes preven- 
drán á las clases, que sólo debe hacerse mucho fiíego cuando 
los enemigos estén cerca y al descubierto, mientras que si es- 
tuvieren enteramente ocultos por el terreno, el fuego será len- 
to y sólo se dirigirá á quienes se pueda ofender, siendo en tales 
casos ventajoso el marchar decididamente al enemigo, sufrien- 
do aun menos pérdidas que en un fuego que se hace al descu- 



128 NORTE.-^TERCER PERÍODO. 

bierto y á pie firme. Por último, el mucho fuego sin causar 
bajas al enemigo, es prueba de poca serenidad en el combate, t 

Las fuerzas liberales se elevaban Í4& batallones, dos bate- 
riasy cuatro piezas Plasencia, 12 baterías Krupp y 12 escuadro- 
nes. No especificamos ahora su organización porque es la mis- 
ma que la del 9 de Mayo, que en otro lugar hemos copiado, con 
las diferencias de fuerza consiguientes á las que quedaron en 
Bilbao y á los batallones que en parte reemplazaron á aquéllas. 

(Véase el plano.) — Movimiento del día 25. — Hechos ya todos 
los preparativos, el ejército liberal, dividido en tres columnas, 
emprendió el movimiento de avance. 

La primera, compuesta de 8 batallones del 3.^' cuerpo, una 
batería de 6 piezas Plasencia y un escuadrón, al mando del ge- 
neral Martínez de Campos, marchó por el camino de Mañeru 
hasta Muruzábal, y desde este punto, siguiendo por su derecha 
la falda del Monte Esquinza, se dirigió hacia Lorca, Lácar y 
Alloz. La segunda, de 12 batallones del S.®*" cuerpo, con cuatro 
piezas Plasencia y cuatro baterías Krupp y tres escuadrones á 
las órdenes del general Echagüe, faldeando el Monte Esquinza, 
se dirigió á atacar el bosque y las posiciones de la vertiente me- 
ridional del Monte Esquinza, y siguió después por la cresta 
apoyando el movimiento del general Martínez de Campos. La 
tercera, á las inmediatas órdenes del General en Jefe, com- 
puesta de la brigada de vanguardia, la 2.* brigada de la i.* 
división del 3.**" cuerpo, mandada por Otal, dos batallones de la 
división de la Ribera, cuatro baterías Krupp y cuatro escua- 
drones, se dirigió á Oteiza, por la carretera á donde marchó 
también el primer cuerpo con 16 batallones, cuatro baterías 
Krupp, una Plasencia de cuatro piezas y cuatro escuadrones, 
saliendo á la misma hora de Lerin, siguiendo el camino que 
por la orilla izquierda del Ega conduce al mismo pueblo. 

Las cuatro columnas ejecutaron la marcha con gran preci- 
sión: la del General en Jefe y el i.*** cuerpo llegaron á la mis- 



MANDO DEL MARQUÉS DBL DUERO. I29 

ma hora á Oteiza; las de los generales Echagüe y Martínez 
de Campos siguieron el movimiento á igual altura» y después 
de un ligero tiroteo coronaron los cerros que dan vista á los 
pueblos de Villatuerta y Lorcay al monte de Estella. Poco más 
allá de Oteiza, las tropas del i.^^ cuerpo se dirigieron por la iz- 
quierda á posesionarse de las alturas que dominan á Villatuerta, 
desde las cuales una batería de montaña cañoneó las trincheras 
que el enemigo tenía construidas al otro lado del Ega, en las 
faldas de Monte-Jurra, con objeto de defender el paso por aque- 
lla parte. 

La brigada de vanguardia continuó avanzando en cuatro 
columnas por la derecha de la carretera de Estella, y tan pronto 
como vio coronadas las alturas de Villatuerta, siguió su mar- 
cha á Muríllo, á donde llegó á las dos de la tarde. 

Otra parte de las tropas que conducía el General en Jefe 
tomó posición con algunas baterías en las alturas que se levan- 
tan á la derecha de la carretera entre Oteiza y Villatuerta, para 
batir los montes de Estella y el pueblo de Grocin, permanecien- 
do en columna el resto de la infantería y la caballería, en ex- 
pectación del resultado de los movimientos que se estaban efec- 
tuando. 

Continuando su movimiento Martínez de Campos, avanzó 
sobre Lorca, Lácar y Alloz, y el general Echagüe se situó tam- 
bién en aquellos tres puntos, apoyando ambos el movimiento 
de la brigada de vanguardia. 

Entretanto, el General en Jefe ordenó al comandante ge- 
neral del I.*' cuerpo, que sin pérdida de momento tomara á 
Villatuerta, y en su vista reiteró Rossell las órdenes que había 
dado al general Catalán para que avanzase envolviendo la dere- 
cha de dicho pueblo, y se dirigió él á la elevada posición en que 
se hallaba el general Andia, con objeto de disponer que desde 
allí descendieran las fuerzas á ocupar el mismo punto; pero al 
llegar Rosell á dicha altura, encontró en ella al jefe de E. M. G., 



l30 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

á quien había prevenido el General en Jefe, impaciente porque 
no se tomaba á Villatuerta, que se entrase en este pueblo; y en 
su virtud había ya dado Vega Inclán las órdenes al efecto. 
Apoyo esta operación la artillería Plasencia desde la altura en 
que efectuaba el general Catalán su movimiento; protegido por 
la artillería de lo centímetros. Contribuyeron también á esta 
operación tres baterías de las tropas de vanguardia que caño- 
nearon el pueblo de Grocin. La 2.^ división ocupó el inmediato 
pueblo de Arandigoyen, y se alojó en él una brigada, quedando 
ocupados por dos batallones la importante posición de Santa 
Bárbara de Oteiza y los altos de Villatuerta. La división Andia, 
la caballería, la artillería y la brigada de la división Catalán se 
alojaron en Villatuerta, después de repartir el servicio y atrin- 
cherar toda la parte alta del pueblo, que constantemente fué 
molestada por los fuegos de la linea de trincheras de los altos 
inmediatos. 

Hemos dicho que la brigada Blanco había ocupado á Muri- 
Uo en las primeras horas de la tarde, y como por esta circuns- 
tancia pudiera tal vez desear el General en Jefe que continua- 
ran dichas tropas su movimiento de avance, le consultó Blanco 
si proseguiría su marcha ; pero creyendo el Marqués que las 
fuerzas situadas en Murillo sólo amenazaban un ataque de fren- 
te, y que si avanzaban más hacia su derecha, descubrirían la 
maniobra envolvente; que antes de avanzar convenia ocupar 
á Villatuerta, sin cuya posesión no se podía continuar el movi- 
miento general de la línea; que para cuando fuera posible em- 
prenderlo, sería ya tarde y faltaría tiempo para acabarlo con la 
seguridad de obtener buen éxito, y teniendo también en cuen- 
ta que las tropas no estaban racionadas, previno á Blanco, que 
pernoctara en Murillo. 

Al terminar la jornada del ¿5, la situación de las tropas libe- 
rales era la siguiente: el primer cuerpo pernoctó en Villatuer- 
ta, Arandigoyen y los altos dominantes á espaldas de Villa- 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. l3l 

tuerta; el cuartel general, la columna Echagüe, la artillería 
rodada y la caballería en Lorca; la brigada de vanguardia en 
MurillOj y las fuerzas de Martínez de Campos en Lácar y Alloz. 
Como todos estos pueblos eran pequeños y ofrecían muy esca- 
sas comodidades, una gran parte de las tropas liberales viva- 
queó durante la noche del 25 al 26. 

Debiendo establecerse en Oteiza un gran repuesto de víve- 
res y municiones para el suministro del ejército, se enviaron 
este día diferentes convoyes desde Larraga á aquel punto, que- 
dando para su custodia y escoltas un batallón de carabineros, 
dos compañías de guardia civil y un escuadrón de caballería. 

Resumamos las operaciones del 25: Martínez de Campos 
realizó una notable marcha de flanco ante las posiciones de 
Puente la Reina, Cirauqui y Mañeru; Echagüe llevó á cabo fe- 
lizmente, con sólo un ligero tiroteo, la operación de envolver 
las formidables posiciones- del Monte Esquinza, y el primer 
cuerpo ejecutó también felizmente una marcha de flanco ante 
las posiciones de la Solana, tomando á viva fuerza los pueblos 
de Villatuerta y Arandigoyen. 

Los carlistas, que, como se ha visto, no hicieron gran resis- 
tencia, limitaron sus movimientos á que la brigada Alvarez y el 
i.° de Navarra se trasladaran á Estella para acudir á donde fue- 
ra necesario. Se dispuso también que los batallones 3.° y 4.® de 
Guipúzcoa, que debían llegar en breve, se acantonaran en Az- 
cona» 

El comandante carlista D. Pablo Portillo pasó el Ega con 
siete c^iballos, y regresó con siete prisioneros y algunos can- 
tineros y 23 acémilas, y dicha fuerza se apoderó en la tarde 
del mismo día de dos soldados de caballería y im paisano que 
se dirigían de Larraga á Lerín. 

El ejército liberal había practicado con gran precisión y re- 
gularidad el movimiento del 25, hasta tal punto, que las tropas 
de vanguardia mandadas por Blanco se hallaban en Murillo á 



l32 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

las dos de la tarde, por lo cual, según hemos dicho, pidió este 
brigadier permiso para avanzar, juzgando quizás que durante el 
día podría conquistar á Murugarren 6 á Abárzuza, teniendo en 
cuenta que le apoyarían las tropas de Echagüe y que tal vez no 
se hallaba en la izquierda carlista el núcleo de sus fuerzas; pe- 
ro no accedió el Marqués á esta petición, considerando que, 
según su plan, el primer cuerpo, siendo el eje del movimiento, 
debía ocupar á Villatuerta para amagar un ataque á Estella por 
esta parte, antes de que avanzaran el centro y la derecha, tra- 
tando asi de engañar al enemigo respecto al objetivo de los lí* 
berales. 

Comprendía el Marqués que situada su derecha en Muru- 
garren ó Abárzuza, se abreviaba la conquista de Estella; pero 
juzgaba á la vez, que efectuado este avance el 25, verían los 
carlistas que se trataba de cortarles la retirada por su izquier- 
da, y desde luego abandonarían su línea antes de ser envueltos, 
con lo cual no conseguiría el General su propósito de hacer prí* 
sioneros algunos batallones enemigos. Sabía también el Mar- 
qués, que la resistencia hubiera sido más débil el 25 que el 26, 
porque los carlistas, desorientados acerca del plan de aquél, no 
tenían en esta ala fuerzas de consideración; y de todos modos, 
comprendía, que si no se trataba más que de entrar en Estella, 
convenía que su derecha avanzara todo lo posible el 25; pero 
deseaba obtener mayores resultados, y para ello, que el primer 
cuerpo ocupara á Villatuerta antes de que continuaran su avan- 
ce el centro y la derecha liberales, si bien, según las instruccio- 
nes, debía hacerlo después que aquel pueblo y el de Arandigo- 
yen fueran cañoneados desde Murillo. 

(Véase el plano). — Movimiento del 26. — Dueños los carlistas 
de las posiciones que se extienden desde Villatuerta hasta 
Abárzuza, en la extensión de unos 10 kilómetros, en cuyas fal- 
das se asientan los pueblos de Arandigoyen, Grocin, Zurucuain, 
Murugarren y Zábal, habían construido con antelación reductos 



MANDO DBL MARQUÉS DEL DUERO. l33 

y fuertes lineas de trincheras^ con objeto de oponerse á la mar- 
cha del ejército liberal. Este, según el plan del Marqués del 
Duero, debía hacer su movimiento envolvente sobre Estella en 
la siguiente forma: serviría de eje el primer cuerpo, amenazando 
pasar los vados del Ega, como si intentara pasar á la Solana, 
atacando á dicha ciudad por la orilla derecha, y se apoderaría 
el resto de las fuerzas de Zurucuain, Murugarren, Zábal y la 
altura de Monte Muru. Esta era la llave de todas las posiciones, 
porque una vez situadas en ella las tropas liberales, dominaban 
á Estella y tomaban de Banco todas las tríncherscs de la cor- 
dillera. 

En este sentido se reiteraron las órdenes para el día 26, en 
que las tropas deberían hallarse formadas á las seis de la ma- 
ñana; en la inteligencia de que tres cañonazos disparados des- 
de Murillo serían la señal para empezar el ataque en toda la lí- 
nea; y se circularon al efecto á los comandantes generales las 
advertencias que á continuación se copian: 

«El movimiento de hoy 26 será el mismo que se previno en 
las instrucciones circuladas á los señores generales, con las di- 
ferencias siguientes: la artillería del primer cuerpo romperá el 
fuego con la batería de á 12 centímetros contra la posición más 
importante del enemigo ó contra sus baterías; las demás bate-^ 
rías lo harán contra Grocin, pueblo que han de ocupar las fuer* 
zas del primer cuerpo, tan luego como el fuego de la artillería 
situada en Murillo haya facilitado su ataque, haciendo que lo 
desalojen los enemigos, dejando en él una batería como debe 
haber otra en Arandigoyen. La señal de ataque y del movi- 
miento se indicará desde Murillo con tres cañonazos, formando 
á las seis de la mañana todas las tropas. Después de tomar á 
Orocin, se preparará el ataque á Noveleta, que se ocupará 
cuando la artillería lo haya facilitado.» 

Previno además el Marqués á Echagtie: 

«Habiendo hecho defensas los enemigos en Montalbán, Zi* 



ti4 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

bal y Murugarren, para atacar á viva fuerza á Montalbán, se es- 
perará á que el general Campos pueda con su artillería tomar 
de flanco y de revés las posiciones de dicho pueblo, desde el cual 
se tomará á Zurucain, preparándose el ataque con la artille- 
ría, según disponga el general Echagtie.t 

Dijo también á Martínez de Campos: 

ff Habiendo los enemigos construido bastantes defensas en 
Montalbán, Zábal y Murugarren, procurará que la artillería 
bata de flanco y de revés las cortaduras y las defensas, cuando 
se emprenda el ataque desde Murillo; y cuando se ataque á 
Murugarren, se echará sobre Zábal con igual objeto, en lugar 
de hacerlo sobre Arizala, que está algo dominado.! 

Las tropas del primer cuerpo rompieron el fuego desde las 
primeras horas de la mañana, estableciendo al pie del monte 
situado á la espalda de Villatuerta 2 baterías de á 10 y 12 cen- 
tímetros que debían cañonear las posiciones enemigas. El cuar- 
tel general se trasladó desde Lorca á Murillo, donde se hallaba 
la brigada de vanguardia; las fuerzas de Martínez de Campos 
se dirigieron desde Lácar y AUoz á posesionarse de las alturas 
de Montalbán, frente á Zábal, y ocuparon á Montalbán des- 
pués de un ligero tiroteo, conquistando después cuatro batallo- 
nes el pueblo de Zábal. Echagüe, con su columna, la artillería 
y la caballería, continuó en Lorca, y se trasladaron desde Vi- 
llatuerta á Murillo dos baterías Krupp (quedó en segunda línea 
Echagüe). 

Entretanto, el General en Jefe permanecía en Murillo, espe- 
rando la llegada del convoy que debía haber salido la noche 
anterior de Oteiza para aquel pueblo, según lo había ordena- 
do al intendente y á los jefes nombrados para su custodia. Tal 
retraso le impacientaba en extremo, comprendiendo cuánto 
contrariaba sus proyectos, y le mortificaba, calculando que daba 
tiempo á los carlistas para oponerse á su movimiento; pero, de 
todos modos, no creía conveniente que sus soldados se batieran 



MANIX) DfiL liARQUES DEL DUERO. 1 35 

sin racionarse. Asi pasó toda la mañana y parte de la tarde, y 
por fin supo el Marqués que mal dirigido el convoy por los 
guías, en ve2 de tomar el camino carretero de Oteiza á Lorca, 
emprendió la marcha por la carretera de Estella, siguiendo 
hasta las inmediaciones de Noveleta; y aunque en vista de tal 
error, retrocedió á Oteiza y tomó el camino de Lorca, esta equi- 
vocación y la circunstancia de hallarse en mal estado los cami- 
nos de resultas de la gran tormenta del día anterior, produjeron 
mucha dilación en la llegada de dicho convoy á su destino. 

Este contratiempo retardó hasta las tres de la tarde el mo- 
mento de principiar el ataque. A esta hora, juzgando el Ge- 
neral en Jefe, que de todos modos convenía avanzar, se diri- 
gió á Montalbán (punto ocupado por las fuerzas de Martínez 
de Campos, según se ha dicho) con su cuartel general, la bri- 
gada de vanguardia, la columna Echagüe y la artillería. Una 
vez en Montalbán, dispuso que cuatro batallones, á las órdenes 
de Martínez de Campos, se apoderasen del pueblo de Zurucuain, 
cañoneando previamente la artillería á este pueblo y las posicio- 
nes inmediatas; y para este fin, se situaron tres baterías á la iz- 
quierda de Montalbán, en las alturas que dan ' frente á dicho 
pueblo. Previno también, que Echagüe, con dos batallones de 
la brigada de vanguardia, al mando de Blanco, la tercera divi- 
sión del tercer cuerpo al del general Reyes y el resto de sus 
fuerzas con cuatro baterías Krupp, además de las dos baterías 
de montaña afectas á las mismas, emprendieran el ataque de 
Abárzuza, quedando con el cuartel general dos batallones de 
infantería, el regimiento lanceros de Numancia y el resto de la 
artillería. 

Tan pronto como Martínez de Campos juzgó preparado el 
ataque de Zurucuain por la artillería, dispuso que avanzaran 
sus tropas, y un regimiento de infantería entró á la bayoneta, 
con gran arrojo, en dicho pueblo, á las siete y media de la tarde, 
batiéndose después desde él contra el enemigo, que le hostili- 



136 NORTE.— TERCER PERÍODO. 

2aba tenajsmente desde las trincheras próximas; la artillería 
dirigió sus fuegos contra estas defensas, hasta que llegada la 
noche se suspendieron casi por completo las hostilidades. Dos 
batallones de la brigada Infanzón ocuparon un pequeño bosque 
situado al pie de las alturas de Montalbán enfrente de Zuru- 
cuain . 

Las fuerzas carlistas que ocupaban á Murugarren intentaron 
abandonar sus trincheras, pero la presencia de tres compañías 
alavesas guiadas por un ayudante de Mendiry las contuvo, y 
mantuvieron en jaque á las tropas liberales. 

Cañoneado el pueblo de Abárzuza por la artillería, que batía 
además las alturas que lo dominan por la parte de Ibiricu, don- 
de el enemigo tenia construidas numerosas trincheras, dispuso 
Echagüe el avance de sus fuerzas; éstas, á pesar de la gran mo- 
lestia qíie les causaba la copiosa lluvia que les azotaba durante 
aquella tarde coíno en la anterior, atacaron con tal bravura y 
resolución, que á las siete y media se apoderaron del pueblo, 
haciéndolo desalojar al enemigo, que huyó á las trincheras de 
que antes hemos hablado, que también abandonó al anochecer á 
favor de la oscuridad y de la tormenta. Distinguiéronse en el 
ataque el batallón de cazadores de Alcolea y el regimiento infan- 
tería de León, que fueron los primeros que entraron á la bayo- 
neta en el pueblo. El brigadier carlista Montoya ocupó con el 
tercer batallón navarro, la ermita contigua, que no fué tomada 
por los liberales, y tampoco pudieron éstos arrojar á los car- 
listas de los cerros situados hacia la parte de Erául. 

El General en Jefe, que con el fin de presenciar la toma de 
Zurucuain se había trasladado á las posiciones ocupadas por 
el general Martínez de Campos, marchó más tarde en dirección 
de Abárzuza, á donde llegó en el momento que lo conquistaban 
las tropas liberales, y fué saludado por éstas^ que continuaban 
batiéndose, con calurosas aclamaciones. 

Parte del primer cuerpo, establecida ya su artillería de po« 



MANDO DEL MARQUÉS DBL DUERO. l3y 

sición en la ladera de los altos de Villatuerta^ amagó á Grocin 
quedando el resto en Arandigoyen y Villatuerta. 

Recibió Rossell una orden escrita del General en Jefe^ en 
la que, por conducto del general Vega, le decía: 

•Estoy en Murillo. Desde aquí veo que Grocin está com- 
pletamente dominado por una altura con bosque y que la arti- 
llería no podrá jugar sobre los altos de Estella por la no ocupa- 
ción de este pueblo. Por lo tanto, el primer cuerpo se limitará 
á sostener á Arandigoyen y Villatuerta, tomando á Noveleta, 
si puede hacerse sin grandes pérdidas. =£1 General Echagüe 
marchará á Montalbán, precedido de la brigada de vanguardia 
y secundado por el general Campos, que batirá de flanco y de 
revés con la artillería las posiciones de dicho pueblo. =Es po- 
sible que no ataque á Zurucuain, porque está también domi- 
nado, y siga la marcha por Murugarren, que esta en la prolon- 
gación de la línea de Grocin y Zurucuain, quedando, por lo 
tanto, sobre el flanco izquierdo y aun rebasado el enemigo, é 
inútiles por lo mismo las defensas hechas. = Dicen que hay 
muchas defensas en Murugarren, pero el general Campos las 
envolverá ocupando á Zábal. Queda después la toma de Muru, 
que decidirá la jornada; se halla sobre la cordillera con sus 
bosques á cierta distancia de la subida, pero obrará contra él 
toda la artillería. =Después, los carlistas no podrán detener 
nuestra marcha por la cordillera, por el peligro de caer prisio- 
neros. =Estoy impaciente por saber del convoy, pero todo lo 
temo de la administración militar, y V. E. no me ha dicho nada 
desde las cuatro. = Ahora llega un oficial, y me dice que el con- 
voy ha tomado otro camino. =Habiendo en esa tanta caballería, 
debía ya haberse mandado en su busca. =Déme V. E. fre- 
cuentes avisos.=Murillo á 26 de Julio de i874.=Manuel Con- 
cha. =:Excmo. Sr. general Vega.» 

Durante este día, el primer cuerpo simuló un ataque con 
objeto de distraer á las fuerzas carlistas que tenía á su frente, y 

Tomo v i o 



l38 NORTE.— TERCER PERÍODO. 

■ ■ ■ ' ' ■ ' ■ mu í 

reconoció los puntos de defensa de Novélela, pero no intentó su 
conquista. Durante la noche, el General en Jefe dictó en Abár- 
zuza las órdenes referentes á la situación de las tropas, y en su 
virtud ocuparon éstas las siguientes posiciones: el primer cuer- 
po, en Villatuerta, Arandigoyen y las alturas próximas, es de- 
cir, en los mismos puntos que había ocupado anteriormente; 
la columna Martínez de Campos, en Zurucuain, y se tras- 
ladó á este punto Tassara con tres batallones y una batería de 
montaña, quedando la de batalla en la misma posición que ha- 
bía ocupado por la tarde, custodiada por la brigada Otal; In- 
fanzón se mantuvo con dos batallones en el bosque que está de- 
lante y al pie de la altura en que se hallaba situada la artillería 
en dirección á Zurucuain; el regimiento de caballería de Nu- 
mancia en Montalbán, y Beaumont con una brigada de su di- 
visión en Zábal; la columna Echagüe, la brigada de vanguar- 
dia, dos batallones más y el resto de la artillería montada que 
no había tomado parte en el combate, pernoctaron en Abár- 
zuza, y un escuadrón de Lusitania y el regimiento caballería de 
Talavera quedaron en Murillo. 

El ejército liberal había ejecutado bien su movimiento, 
pero el retraso del convoy impidió que terminara la operación. 
Es indudable que si las tropas hubieran estado racionadas, ha- 
bría comenzado el movimiento á las seis de la mañana, y en 
tal caso, era probable que el ejército conquistase este día á 
Muru, pues los carlistas mantenían aún en la Solana fuerzas 
considerables. Dicho retraso en la maniobra envolvente hizo 
al fin conocer á los carlistas el verdadero punto de ataque; y 
en su virtud, su General en Jefe previno que se corrieran hacia 
su izquierda los batallones que ocupaban los pueblos de las fal- 
das del Monte-Jurra y Monjardín, y pasaron aquéllos por la 
tarde al lado opuesto de Estella, siendo cañoneados en su trán- 
sito, en la carretera de Alio, por la artillería del primer cuerpo, 
que los obligó á apartarse de aquel camino é internarse por las 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. l3g 

sendas del Monte- Jurra que conducen á Estella á cubierto de 
los fuegos de la orilla izquierda del Ega. Otro tanto sucedió con 
los batallones carlistas que estaban hacia Cirauqui, Mañeru y 
Puente la Reina, de los cuales sólo algunos habían llegado á 
Abárzuza en la noche del 25 al 26. Todo hacia prever que los 
carlistas disputarían enérgicamente las posiciones de su izquier- 
da, por más que no creyeran posible resistir con buen éxito, se* 
gún se desprende de lo que Dorregaray decía á Elío el 27: 

KAhora tenemos, pues, al enemigo sobre nuestro flanco, y si 
intenta un esfuerzo podrá colocarse á nuestra espalda; de modo 
que las condiciones de defensa han variado muchísimo. Procu- 
raremos sostenernos todo lo que se pueda, pero no podremos 
hacerlo hasta lo último, por lo difícil de la retirada, si ellos con- 
siguen avanzar por la línea. En el caso de que fuera indispen- 
sable abandonar estas posiciones y dejar franca la entrada en 
Estella, hemos pensado enviar cada división á su provincia, res- 
pectivamente, para operar en ella y aguardar los nuevos re- 
fuerzos, f 

En la noche del 26, el Marqués del Duero tuvo noticia de 
que el convoy había empezado á llegar á Murillo, y el Jefe de 
la fuerza situada en este punto anunció que lo enviaría á las 
tres y media de la madrugada del 27; debía llevar 64.000 ra- 
ciones de pan, suficientes para dos días, y gran cantidad de 
reses vivas. El General en Jefe ordenó que al día siguiente, 
al pasar el convoy para Abárzuza, se racionasen las fuerzas si- 
tuadas en Zurucuain y Zábal, rompiendo después, inmediata- 
mente, el movimiento de avance sobre las alturas de Estella. 

Los carlistas se habían batido durante este día con más 
energía que el anterior, pero al parecer estaban en la creencia 
de que el ejército forzaría sus posiciones, y ya Mendiry había 
designado el camino que cada batallón había de seguir en caso 
de retirada. Había gran pánico en la ciudad de Estella, y mu- 
chos de sus habitantes la abandonaron, llevándose ganados^ 



140 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

muebles y ropas; pero, sea como quiera, las fuerzas carlistas se 
preparaban á hacer un último esfuerzo. 

(Véase el plano). — Movimiento del día 27. — Al amanecer del 
27, dirigió el General en Jefe al Ministro de la Guerra el si- 
guiente telegrama: 

•Ayer, contrariado por la tardanza de un convoy de Oteiza, 
no pude empezar el ataque hasta las cinco de la tarde. A las 
siete y media, en medio de un gran temporal de agua, fué toma- 
do el pueblo de Zurucuain, y á las' ocho y media éste de Abár- 
zuza defendido por ocho batallones, ocupándose al mismo tiem- 
po á Zábal. Ignoro las fuerzas que defendían los demás pueblos 
y posiciones. El ejército ha pernoctado, parte en estos pueblos 
y parte en posición. El primer cuerpo continúa en Villatuer- 
ta y Arandigoyen, y una brigada en Murillo. La artillería ha 
jugado perfectamente. Las tropas se han conducido á mi satisfac- 
ción. Los batallones que recibieron la orden de atacar, lo hicie- 
ron á la carrera. Nuestras pérdidas aquí han consistido en unos 
go heridos. Ignoro en este momento los muertos. Espero la 
llegada del convoy para racionar y continuar mi movimiento. • 

Dirigió también al general Vega Inclán las siguientes ins- 
trucciones. 

«Luego de racionadas estas tropas, empezará el general 
Echagüe el ataque de Muru y Murugarren; desde este punto, 
Abárzuza Zábal. El general Campos lo hará desde Zurucuain 
hasta las alturas de la misma cordillera, y una batería dirigirá 
sus fuegos á las trincheras de Grocin. Por esto creo que los ene- 
migos no se resistan mucho en Grocin al ataque que se les diri- 
girá desde Arandigoyen ó desde la parte de Murillo; en la inte- 
ligencia de que he mandado venir aquí con el convoy las fuer- 
zas que dejé ayer en dicho pueblo de Murillo, á excepción de 
un batallón de cazadores y un escuadrón que quedan allí. El 
avance de las tropas de Arandigoyen directamente á Grocin pu- 
diera ocasionar bajas á nuestra artillería de Zurucuain. No asi 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. I4I 

si el ataque se dá desde la parte de Murillo. Dicho ataque debe 
iniciarse cuando se comprenda el serio empeño del ejército por 
este lado, sin que yo exija que sea un ataque vigoroso, sino 
más bien para entretener al enemigo por esa parte. » 

Comprendiendo ya el Jefe carlista el objeto del Marqués del 
Duero, había dispuesto que la brigada Alvares (i.® de Álava y 
I.® de Navarra), que desde el día anterior estaba de reserva en 
los altos de Murugarren, continuara en el mismo punto, con el 
ñn de concurrir en caso necesario á la defensa de las posiciones 
del centro, y que los batallones 3S y 8.° de Navarra permane- 
cieran á retaguardia de las de Muru; con igual fin, previno 
también que el batallón de Durango y el 2.° de Navarra se di- 
rigiesen hacia Eraul para reforzar la extrema izquierda y con- 
currir á la defensa de esta importantísima posición. Debía to- 
mar Argonz el mando de esta parte de la línea, permaneciendo 
con Dorregaray, Larramendi y Mendiry sobre las posiciones 
de Murugarren. Quedaron, pues, en la posición de Murugarren 
los batallones 3.°, 7.** y 8.^ de Navarra y los de Munguía y 
Bilbao. 

En el campo liberal se esperaba con impaciencia la llegada 
del convoy; por fin, parte de éste llegó á Montalbán, escoltado 
por dos batallones de la brigada de vanguardia que al efecto ha- 
bían quedado en Murillo, pero no llevó más que diez mil ra- 
ciones de pan, por haber quedado muchos carros atascados en 
el camino. En virtud de las órdenes anteriormente dictadas, se 
distribuyeron aquéllas, sin conocimiento del General en Jefe, á 
las tropas más inmediatas. Los batallones que escoltaron el 
convoy regresaron á Murillo. 

Hubo de remediarse la falta de raciones, distribuyendo 
entre las tropas que había en Abárzuza las raciones de to- 
cino que, á razón de tres por plaza, tenían almacenadas los 
carlistas en dicho pueblo. Con dicha falta de raciones que in- 
quietó mucho al Marqués, coincidió un incidente que le des- 



142 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

agradó sobremanera. La aglomeración de fuerzas en Abárzuza 
y el descuido, al parecer, del soldado ocasionaron el incendio 
de algunas casas completamente abandonadas por sus mora- 
dores, y si bien, por de pronto, quedó extinguido por las fuer- 
zas de ingenieros que acudieron inmediatamente, se renovó en 
varias casas á la vez á la una de la tarde, al salir las tropas 
para el combate, sea por haber quedado los fuegos sin apagar 
ó por otra causa intencional. No siendo posible distraer fuerzas 
en aquel momento, pues todas eran necesarias para el comba- 
te, tomó gran cuerpo el incendio. Profundamente disgustado el 
General en Jefe, apostrofó duramente á los batallones, hacién- 
doles comprender que sobre ellos podía caer la nota de in- 
cendiarios, y que estaba resuelto á castigar á los culpables con 
todo el rigor de la Ordenanza, y anunciándoles que se formaría 
un consejo de guerra verbal para juzgarlos; pero aunque hubie- 
ra querido hacerlo inmediatamente, era ya la una de la tarde, 
y cada momento de dilación aumentaba las dificultades del 
ejército liberal. 

Desde la torre de Abárzuza se enteró el General en Je- 
fe del terreno, de la situación del enemigo y de las defensas 
que éste había hecho en la vertiente y las cumbres de los mon- 
tes de Estella; y en su vista, acordó la manera de dirigir el ata- 
que contra Murugarren y Muru. 

Desde las primeras horas de la mañana, las tropas del pri- 
mer cuerpo y las situadas en Zurucuain habían roto el fuego, 
sosteniendo las posiciones conquistadas el día anterior, dispo- 
niéndose aquéllas para el ataque de Grocin y las segundas á la 
de la sierra de Estella, que domina á Zurucuain, si bien las úl- 
timas debían esperar, para efectuarlo, que el resto de las del 
tercer cuerpo conquistasen á Murugarren y Muru. 

A las dos de la tarde, dispuso el General en Jefe que se em- 
prendiera el ataque á las posiciones enemigas, y dio principio 
la acción con un fuerte cañoneo contra toda la línea enemiga 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. I43 

y en especial contra su ala izquierda, sobre la cual dirigían sus 
fuegos 40 piezas de artillería protegidas por dos batallones de 
infantería, una compañía de ingenieros y fuerzas de los regi- 
mientos de caballería de Pavía, Numancia y Talavera. 

El General en Jefe salió de Abárzuza, con objeto de reco- 
rrer parte de la línea, dejando en aquel punto, á donde había 
pasado el brigadier Beaumont, al mando de éste, seis batallo- 
nes, por si el enemigo intentaba algún ataque envolvente. Dos 
de dichos batallones debían estar disponibles para cuando los pi- 
diese el General en Jefe; tres, con una batería Plasencia, debían 
situarse en las alturas del Norte de dicho pueblo hacia las ave- 
nidas de Eraul é Ibiricu, para sostener cualquier ataque de esta 
parte y proteger la batería, y el otro en reserva dentro del pue- 
blo, para su defensa y la protección de otra batería Krupp, que, 
colocada á la salida del pueblo sobre la carretera de Estella, te- 
nía por objeto batir las trincheras que se veían desde donde es- 
taba emplazada y la ermita de San Pedro de Muru próxima al 
caserío de este nombre. Cuando la brigada de vanguardia co- 
ronase la cumbre del monte próximo á la ermita , siendo ya in- 
útiles los fuegos de estas baterías, el brigadier Beaumont debía 
retirar la de Plasencia y dos de los batallones situados en las al- 
turas de Ibiricu y poner estas fuerzas al mando del coronel Cas- 
tro, quien con ellas sostendría las posiciones avanzadas. 

Hacia las tres y media, considerado ya preparado el movi- 
miento por la artillería, ordenó el General en Jefe al brigadier 
Blanco, que con los batallones de Alcolea y Ciudad-Rodrigo, 
cuatro compañías de Guadalajara y cinco de las de reserva de 
Zamora, atacase la posición de Monte Muru, con el mayor frente 
posible, mientras que el general Reyes, con seis batallones de 
su división, atacaba á Murugarren y sostenía el ala izquierda de 
aquellas fuerzas En el momento de iniciar el ataque, se incor- 
poraron á las tropas de Blanco los batallones de Estella y Bar- 
bastro procedentes de Murillo. En su virtud, dicho brigadier 



144 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

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dispuso que los batallones de Ciudad-Rodrigo y Alcolea se diri- 
gieran á la derecha de la ermita de San Pedro de Muru, á dis- 
tancia de despliegue, con dos compañías en guerrilla, dos en re- 
serva y cuatro de reserva general, abrazando con sus guerrillas 
la posición de la línea enemiga formada por la citada ermita y 
las trincheras que se extendían por ambos flancos de la misma 
en la parte más elevada de la posición. El batallón de Barbastro 
lo hizo en igual forma, colocándose en línea con los demás para 
atacar las trincheras de la izquierda. 

Como reserva parcial del batallón de Barbastro, el de Este- 
Ha debía secundar aquella maniobra. Quedaron las nueve com- 
pañías de Guadalajara y la reserva de Zamora, como reserva 
general, á retaguardia del centro, para acudir á donde fuese 
necesario. 

Para llegar desde el punto en que se emprendió el ataque á 
las posiciones enemigas, había que pasar el arroyo Iranzo, cuyo 
único puente se halla sobre la carretera, á unos 1.500 metros 
de la salida de Abárzuza, y después era preciso subir los aspe- 
ros escarpes de Monte Muru. 

Al empezar su descenso al arroyo las fuerzas liberales, el 
enemigo rompió el fuego desde todas sus trincheras; sin embar- 
go, siguieron aquéllos su marcha sin detenerse, venciendo las 
dificultades que ofrecía el paso á la desfilada. Emprendieron 
también la subida sin vacilación bajo un nutridísimo fuego de 
frente y de flanco que el enemigo les hacía á cubierto desde sus 
extensas lineas de trincheras (empezó á caer una copiosísima 
lluvia desde los primeros momentos, como en la tarde anterior, 
acompañada de un fuerte viento que lanzaba el agua y el 
humo de los incendios sobre las tropas y las baterías, haciendo 
imposible descubrir las posiciones enemigas). A la media hora 
de haber emprendido el ataque, coronaban la primera altura las 
guerrillas de Barbastro y Alcolea por la izquierda y las de Ciu- 
dad Rodrigo por el centro, arrojando de sus posiciones al ene- 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. I45 

migo, con una carga á la bayoneta; pero lo largo y rápido de la 
pendiente, la configuración del terreno, cruzado de profundas 
«mjas y setos, y una serie de bancales 6 escalones construidos 
en la vertiente, no permitian la subida uniforme y obligaban, 
para rebasarlos, á descomponer la formación de los batallones 
y á desunir las compañías y hasta las hileras, teniendo que 
dividirse para buscar un fácil acceso, por derecha é izquierda, 
y á veces á larga distancia; asi es que, reducidos á grupos ais- 
lados al salvar los obstáculos de tan áspera subida, sin enlace 
ya y sin cohesión alguna, tenían que mostrarse sumamente 
débiles, y mucho más contando las numerosas bajas que había 
de ocasionarles el incesante fuego del enemigo. 

Aunque las tropas liberales seguían avanzando con admira- 
ble denuedo, como en cada uno de los escalones que debían ga- 
nar se aumentaba más y más su fraccionamiento, sucedió que 
hubo guerrilla que al coronar la altura llegó sólo con 27 hom- 
bres; y como el enemigo, comprendiendo el objeto real del mo- 
vimiento así como las consecuencias que su éxito había de pro- 
ducir, había acumulado en aquella zona sus mejores fuerzas, 
los soldados liberales, caladas sus ropas por la lluvia, cubiertos 
de Iodo, rendidos de cansancio, mal alimentados, escasos en 
número y sin formación compacta y de consiguiente sin soli- 
dez, hubieron de sostener, cuando ya creían suya la victoria, un 
combate rudísimo cuerpo á cuerpo y en extremo desigual, con 
varioá batallones carlistas, que, saliendo del revés de la monta- 
ña, donde se mantenían á cubierto del fuego, les acometieron á 
la bayoneta, obligándoles á retroceder. Las trincheras enemi- 
gas quedai*on regadas con la sangre de aquellos valientes, de 
los que no pocos perdieron la vida en ellas, mudo pero elocuen- 
te testimonio de que las habían conquistado, manteniéndose 
dueños de ellas si quiera por corto espacio de tiempo. 

A su vez, dispuso Reyes que la segunda brigada de su di- 
visión, imida á dos secciones de Villarrobledo, á las órdenes del 



146 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

brigadier D. Jorge de la Molina, atacase, según las órdenes que 
había recibido, la derecha de las posiciones de Monte Muru, en 
combinación con el movimiento de la brigada de vanguardia, 
para apoderarse del pueblo de Murugarren. A las cuatro de la 
tarde empezaron estas tropas dicho movimiento con el brigadier 
Molina á su cabeza, y avanzaron, á pesar del nutrido fuego del 
enemigOj hasta las trincheras del pueblo; pero al llegar á ellas las 
fuerzas de Cuenca y de Ramales que iban en cabeza, encontraron 
obstáculos semejantes á los que encontró la brigada de van- 
guardia en su avance, y como ésta, se vieron atacadas á la ba- 
yoneta por varios batallones carlistas, sosteniendo, sin embargo, 
una lucha muy reñida, hasta que herido gravemente su bizarro 
jefe, hubieron también de retroceder á Zábal. 

A la vez, desde los primeros momentos de iniciarse el ata- 
que de frente, fuerzas carlistas considerables trataron de apo- 
derarse de las alturas de Abárzuza y del pueblo mismo, ata- 
cando á los tres batallones de Soria, Luchana y la reserva de 
Guadalajara (brigada Gamarrá) que las ocupaban. Este ataque 
filé muy rudo, y creyendo necesario el brigadier Beaumont en- 
viar refuerzos á los cuerpos destacados, destinó al efecto todas 
las fuerzas á sus órdenes, á excepción de medio batallón de 
Asturias y otro medio de Valencia que quedaron en Abárzuza, 
juzgando que si el enemigo se apoderaba de Abárzuza, la dere- 
cha libe ral se vería flanqueada, si no envuelta, y que el ejército 
podía ser cortado. Obró sin duda así, considerando de la mayor 
importancia la misión qué se le había encomendado, y de ne- 
cesidad sostener átoda costa sus posiciones, aunque para ello 
hubo de tener en fuego sobre los montes próximos cinco de los 
seis batallones que el General en Jefe dejó á sus órdenes. 

Observando el General en Jefe el movimiento de retroceso 
que empezó por la izquierda de la línea de ataque, dispuso que 
pasaran á sostener aquel flanco la fuerza de Estella que quedaba 
todavía disponible y uno de los dos batallones que protegía la 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. I47 

artillería; con lo cual se consiguió restablecer el combate y 
subir á la primera altura que se encuentra en aquella di- 
rección, que no volvió á perderse hasta el momento de la re- 
tirada. 

Volvieron los soldados liberales á ganar la áspera y penosa 
pendiente de Monte Muru, azotados, como antes por la lluvia 
y el viento; pero siendo grandísima su fatiga y aumentando las 
fuerzas enemigas más y más á cada momento, al llegar las- 
guerrillas á la cumbre, una nueva carga de los carlistas las hizo 
cejar otra vez, abrumadas por el número y los obstáculos, y 
á replegarse hasta la carretera que conduce á Estella, perse- 
guidas de cerca por aquéllos. 

No pudiendo, según hemos dicho, retirarse de las alturas 
de Abárzuza los dos batallones que según orden del Marqués 
del Duero debían estar á su disposición, el coronel Castro, que 
debía conducirlos á donde conviniese y había permanecido en 
los puntos avanzados hacia Eraul (que los carlistas atacaban 
para tener en jaque la derecha del ejército liberal), ya que no 
podía ponerse al frente de dichos batallones, se esforzó en con- 
tener á los que se retiraban de Monte Muru, y reunió un gran 
número de ellos en la carretera, con la cooperación de los ca- 
pitanes de E. M. Galbis y González Iribarren. La reacción 
ofensiva de los carlistas cesó con el espectáculo de aquellas 
fuerzas, que inmediatamente fueron puestas en el mejor orden 
posible y rompieron de nuevo el fuego, obligando al enemigo 
á retirarse á sus trincheras. 

Tal era la situación de las cosas en la derecha del ejército 
después del segundo ataque de la brigada de vanguardia á 
Monte Muru y el que la división Reyes había dirigido sobre 
Murugarren. 

Preparado Martínez de Campos para el ataque de las altu- 
ras que dominan á Zurucuain, en cumplimiento de las instruc- 
ciones que había recibido y á que hemos hecho anteriormente 



148 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

referencia^ no pudo emprenderlo, porque habia de iniciarlo al 
ser conquistado Murugarren por las tropas de Reyes. El pri- 
mer cuerpo, que amagaba la toma de Grocin y entretenía el 
combate por la parte de Villatuerta y Arandigoyen, hubo tam- 
bién de satisfacerse sin otro resultado ni intentar ataque alguno 
serio y decisivo. 

El General en Jefe, que desde la gran batería en que se ha- 
llaba había observado las peripecias del combate, conoció la ne- 
cesidad de hacer un grande esfuerzo para restablecerlo 6 termi- 
narlo en aquel día; y en su consecuencia, ordenó á Reyes que 
no volviese á atacar á Murugarren y que dejando un batallón 
en Záfeal, se dirigiese con el resto de sus fuerzas á caer sobre 
Monte Muru por la izquierda, mientras la brigada de vanguar- 
dia y las fuerzas de Abárzuza lo hacían por la derecha; y se diri- 
gió él en persona á las posiciones enemigas, con uno de los ba- 
tallones que custodiaban la artillería, pues, según hemos dicho, 
había reforzado con el otro á las tropas que efectuaron la pri- 
mera retirada. La caballería desplegó sus fuerzas, avanzando la 
mayor parte para detener al enemigo y proteger la artillería. 

El Marqués del Duero comprendía que en, aquel momento 
debía influir sobre sus tropas con su autoridad y su prestigio. Al 
observar el estado del combate, dijo al coronel Astorga, su ayu- 
dante de campo: testa visto que hay que hacer lo que en las 
Muñecas f, y se encaminó con su cuartel general á la carretera 
de Estella, entre Abárzuza y el puente sobre el Iranzo de que 
hemos hablado. íbansele reuniendo grupos de guerrillas que 
continuaban el fiíego desde los reparos que habían encontrado 
en su retirada. Se constituyeron como de reserva las fuerzas 
reunidas por el coronel Castro, que eran tres compañías de As- 
turias con el comandante Blanco, alguna de León y tres de 
Valencia que su coronel Lacalle conducía. De este modo, y re- 
formando en lo posible las tropas de vanguardia, acometió el 
marqués del Duero la empresa de apoderarse de Monte Muru, 



MANDO DBL MARQUÉS DEL DUERO. I49 

enviando repetidas órdenes para que Reyes le apoyase acu- 
diendo inmediatamente con su división. 

Bchagüe, aunque postradb por la fiebre^ quiso impedir la 
marcha del General en Jefe, ofreciéndose á ejecutar por sí la 
empresa que éste acometió; pero no lo consintió el Marqués 
del Duero. (Varias veces le había mandado que se retirara á su 
alojamiento de Abárzuza, y ya que no logró esto, le obligó á 
permanecer en la línea de combate de la artillería.) 

Al llegar al puente ya citado, el General en Jefe se separó 
de la carretera hacia la derecha y comenzó á ganar la pendien- 
te que conduce á Monte Muru; pero ya á la mitad de ella es im- 
posible ia subida á caballo, y por esto, el Marqués y si) cuar- 
tel general echaron pie á tierra, dejando los caballos reunidos 
en una ligera inflexión del terreno, algo resguardados del fuego 
de flanco que los carlistas les hacían desde la parte de Muruga- 
rren. No iba escolta alguna para el cuartel general, y los caba- 
llos quedaron sueltos bajo la vigilancia del asistente del Mar- 
qués del Duero. 

Ya á pie el cuartel general, continuó subiendo el Marqués 
del Duero, y poco antes de llegar á la meseta, coronada de las 
trincheras que para su defensa habían abierto los carlistas, man- 
dó detenerse á los que le acompañaban, excepto tres de sus 
ayudantes y un capitán de artillería, no queriendo comprome- 
ter inúltilmente á los que llevaba en su derredor. 

El ataque fué enérgico y rápido, y ya en lo alto, el General 
en Jefe, ya por lo que pudo ver personalmente, ya preguntando 
á sus ayudantes, inspeccionó la posición y las figuras de las trin- 
cheras (hacían éstas un fuego muy vivo.) El de las guerrillas li- 
berales que se extendían á derecha é izquierda era muy escaso 
é ineficaz completamente, así por el corto número de los solda- 
dos que las componían como por el poco relieve y la dirección 
desde allí infranqueable de los parapetos carlistas. 

El General en Jefe y sus ayudantes no descubrían los refuer- 



l5o NORTE. — TERCER PERÍODO. 

zos que esperaban de la división Reyes^ únicos con que hubie- 
ra podido intentarse un nuevo ataque, porque las compañías 
que conducía el coronel Castro rib bastaban para ejecutarlo con 
buen éxito; eran además las siete y media^ y en caso de agiiar- 
dar á que por nuevas órdenes llegasen fuerzas suficientes, sobre- 
vendría la noche, haciendo imposible toda operación en aquel 
terreno. No cabía, pues, otra resolución que la de diferir el ataque 
hasta el día siguiente, en que llegado el convoy y reforzada la 
derecha del ejército con alguna de las divisiones de la izquierda, 
se podrían conquistar las trincheras que el Marqués del Duero 
veía á poca distancia, y con cuya posesión no sólo se situaba 
sobre Estella, sino que amenazaba muy de cerca la línea de re- 
tirada de los carlistas. Penetrado de esta idea, pero con el sen- 
timiento, que en él debía ser profundísimo, de retroceder, co- 
menzó á bajar hacia el grupo que formaba el cuartel general. 
Entretanto, el coronel Castro que dirigía la reserva, apo- 
yaba la marcha del General por la izquierda de éste, y ganaba 
la altura por una inflexión de la montaña, donde no sufría los 
efectos de la fusilería enemiga, hasta ponerse ya muy cerca de 
las trincheras que iba á atacar; ya asomaba á la cumbre, y se 
disponían las parejas de guerrilla que iban á la cabeza á romper 
el fuego, cuando después de nutridas y mortíferas descargas de 
los que defendían las trincheras, salió de éstas una gran masa 
de infantería carlista y se lanzó sobre los liberales haciéndoles 
retroceder. En tan crítica situación, el capitán de E. M. Gal- 
bis, tratando de contener el desorden, increpó duramente á los 
soldados, los detuvo, y dándoles ejemplo de valor avanzó á 
caballo al frente de unes cuantos hacia las posiciones enemigas; 
ios carlistas le hicieron fuego á quemarropa, temiendo que por 
su gran serenidad y apierno se renovara la lucha, y dispara- 
ron exclusivamente contra él, matándole el caballo. En este mo- 
mento, una nueva carga del enemigo puso en retirada á aquel 
puñado de valientes, que no fueron perseguidos sino en un corto 



MANDO D£L MARQUÉS DEL DUBRO. I5I 

trecho^ pues satisfecho aquél del resultado, no quiso continuar 
su arranque ofensivo y volvió á sus parapetos y trincheras. 

El General en Jefe, mandando á los de su cuartel general 
que montasen, mientras se separaban estos para hacerlo en el 
pliegue del terreno en que permanecían los caballos algo res- 
guardados del fuego enemigo, continuaba su descenso hacia la 
carretera. El coronel Astorga fué herido, y á pesar de la resis- 
tencia que opuso, recibió la orden terminante de marchar á 
curarse. El corneta de órdenes, Manuel Fernández, del batallón 
cazadores de la Habana cayó también herido. Por lo dicho y por 
haberse separado los que componían el cuartel general para re- 
coger los caballos, quedó el General acompañado tan sólo de su 
asistente Ricardo Tordesillas, que le servía hacía tiempo de 
ayuda de cámara, y á quién dijo estas palabras, que citamos por 
ser las últimas pronunciadas por aquel insigne general «Ricar- 
do, el caballo. » 

Aproximando el asistente el caballo, situólo de través 
con la pendiente para que lo pudiera montar mejor el General, 
y al cruzar éste la pierna derecha para descansar en el estribo, 
una bala de fusil, procedente sin duda de las trincheras de 
Murugarren que se descubrían sobre el flanco izquierdo, le atra- 
vesó el pecho, haciéndole caer sobre la espalda derecha del ca- 
ballo y luego en tierra, sin que bastaran apenas para amorti- 
guar el golpe las fuerzas de su asistente, que quiso recogerle 
en los brazos. A las voces de socorro del asistente, acudió el 
capitán Grau, ayudante del General, que descendía con las 
guerrillas más avanzadas, y se resolvieron ambos muy pronto 
á llevar á éste dos ó tres bancales más abajo; allí se le libraba 
de que nuevamente fuese herido. Con grandes esfuerzos logra- 
ron llevarle después á un pequeño rellano, á donde llegó mo- 
mentos más tarde el teniente de húsares Montero, ayudante 
del brigadier Manrique. 

«No bastaban las fuerzas de Grau y de Ricardo», dice la ya 



152 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

cita.dsi Memoria de la última campaña del Marqués del Duero, 
para levantar al General, hasta la silla donde le recibirla Mon- 
tero, y acudieron, primero al corneta que se arrastraba peno- 
samente en pos de ellos, y después á un sargento y otro solda- 
do, con cuyo auxilio y la mayor solicitud se le elevó á los bra- 
zos del afortunado oñcial de húsares que puede envanecerse de 
haberle conducido sujeto y abrazado á Abárzuza. Asi y cogido 
, del brazo y pierna derechos por Ricardo y en el otro lado por 
Grau, descendió aquel triste cortejo al puente en que aún se 
mantenían los escuadrones de Talavera y de Numancia, que 
dijimos habían avanzado con el General al emprender el ata- 
que. Ya se encontraba allí un oficial de sanidad militar, á quien 
dio Grau noticia de la herida del General, que al desabotonarle 
la levita en lo alto del monte había descubierto y observado, y 
aunque apareció inmediatamente una camilla de las que acu- 
dían á recoger heridos, el cortejo siguió á caballo con el deseo 
de que llegando así más pronto á Abárzuza, pudieran quizás lle- 
gar á tiempo los auxilios que hubiesen de prestarse al General. 
¡Intento vano! Cuando el cuerpo del General fué reconocido en 
la estancia misma en donde había pasado la noche anterior, 
sólo se creyeron necesarios los últimos auxilios espirituales, que 
inmediatamente le fueron prestados por dos sacerdotes allí pre- 
sentes que acudieron al momento.» 

Se han publicado versiones tan opuestas sobre la muerte 
del ilustre general Concha, que hemos creído debernos detener 
en ésta, escrita después de un largo interrogatorio hecho á las 
personas que la presenciaron ó que acudieron inmediatamente 
al lugar de la catástrofe. 

La muerte de un General en Jefe en el campo de batalla es 
un suceso extraordinario, y lo es mucho más, cuando, como en 
el caso presente, muere en las guerrillas en momentos supre- 
mos , tratando de vencer con el prestigio de su persona y á 
costa de su vida una situación difícil. £1 Marqués del Duero ha- 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. I53 

bía prestado grandes servicios á su patria y expuesto su vida 
por ella y la libertad en mil ocasiones, sin que jamás le arredrara 
el peligro ni le detuviera en su camino. Su muerte gloriosa privó 
á la nación de un ilustre General. Sus notables conocimientos 
hubieran sin duda influido muchísimo en el curso de la guerra. 

Los carlistas no se movieron de sus posiciones después que 
rechazaron las fuerzas mandadas por el coronel Castro. Si hu- 
bieran continuado su movimiento ofensivo, el Marqués del 
Duero, que, como hemos dicho, fué herido á la mitad de la 
subida y quedó solo con su asistente y el capitán Grau, hubiera 
caido tal vez en su poder. La ignorancia de tan grave como des- 
graciado acontecimiento, lo avanzado de la tarde y la falta, so* 
bre todo, de iniciativa en sus tropas, las contuvo felizmente en 
sus trincheras, no haciendo más lastimoso el revés que acababa 
de sufrir la causa liberal. 

Aquella inesperada desgracia influyó mucho, como era na- 
tural, en el ánimo del ejército, haciendo su situación altamente 
crítica. El general Echagüe, á quien por antigüedad correspon- 
día el mando, se encontraba enfermo, como hemos dicho» Por la 
circunstancia de que ya anochecía, se suspendió el fuego por 
ambas partes. La artillería liberal se retiró á Abárzuza sin ser 
hostilizada, quedando en posición los batallones que defendían 
las alturas de las avenidas de Erául é Ibiricu, donde continua- 
ron también por la noche. A pesar del desastre sufrido por el 
ejército liberal, no fué éste perseguido; la caballería y las ba- 
yonetas mantuvieron en respeto á los carlistas, que aunque se 
juzgaron seguros en sus posiciones, no se atrevieron á avanzar 
resueltamente. 

(Véase el plano.) — Retirada del ejérdio liberal. — Inmediata- 
mente que Echagüe se enteró de que el General en Jefe había 
sido heridoi se presentó, á pesar del mal estado de su salud, 
en Abárzuza, y reunió á los oficiales generales allí presentes, 
general Reyes, brigadieres Beamont, Blanco, Bargés, Burriel 

Tomo t. M 



1 54 NORTE.— TERCER PERÍODO. 

y el coronel de artillería Echaluce (éste por no hallarse allí el 
comandante general de artillería) para acordar lo que convenía 
hacer. Después de una detenida discusión, ordenó Echagüe la 
retirada del ejército, asumiendo la responsabilidad de este 
movimiento, y dirigió al Ministro de la Guerra el siguiente te- 
legrama: 

«El general Echagüe al Ministro de la Guerra. = Tengo el 
sentimiento de participar á V. E., que el General en Jefe ha 
muerto en una carga dirigida personalmente por él contra las 
trincheras enemigas que nuestras tropas no podían tomar á 
pesar de su arrojo y bravura. Este acontecimiento ha influido 
naturalmente en el ánimo del soldado, precisándome á encar- 
carme del mando, aun cuando no sea más que por unos días, 
pues mi salud se halla muy quebrantada y no puedo desempeñar 
tan difícil cargo con la actividad que requieren las circunstan- 
cias. Ruego, pues, á V. E., se sirva designar el General que ha- 
ya de encargarse del mando de este ejército. Esta noche ó ma- 
ñana, muy de madrugada, emprenderé el movimiento de retira-» 
da sobre Oteiza, para situarme en la Ribera entre Larraga y el 
Ega. Aun cuando no puedo fijar el número de pérdidas, éstas 
han sido por desgracia considerables. » 

Previno Echagüe á Martínez de Campos que se situase en 
Murillo para proteger el movimiento de las fuerzas de Abárzu- 
za, que conduciría él personalmente; á Vega Inclán, que lo hi- 
ciera en las posiciones próximas á Villatuerta, hasta que des- 
filara el convoy; al brigadier Prast, comandante general de 
artillería, que se pusiese en movimiento con las baterías mon- 
tadas, indicándole que entrara en la carretera en Murillo y 
avanzara hasta Villatuerta, y envió al jefe de E. M., Jiménez 
Palacios, á las posiciones de Zurucuain, para cuidar de que se 
ejecutara la operación con arreglo á lo prevenido. 

^Martínez de Campos, Prast, Otal y el coronel de E. M. Ji- 
ménez Palacios se reunieron en un alto entre Zurucuain y 



MANDO DBL MARQUÉS DBL DUBRO. l55 

Montalbán, y dispuso el primero, que Otal, con un batallón y 
un escuadrón, protegiese la marcha de la artillería, á la cual se 
incorporó desde luego la batería Provedo que se hallaba en po- 
sición en dicha altura, y que continuase la marcha á Murillo, 
Villatuerta, Oteiza, Larraga y Tafalla; dispuso también Martí- 
nez de Campos que se apagaran los fuegos en Zurucuain para 
desorientar al enemigo, y que todas las fuerzas de su mando 
emprendieran la retirada sobre la citada posición. 

Echagüe salió de Abárzuza á las doce y media de la 
noche hacia Montalbán, ordenando antes que los oficiales 
de E. M. cuidasen de que todo se hallase dispuesto para la mar- 
cha; que los batallones de Soria, Luchana, Asturias y la reser- 
va de Guadalajara, que estaban en posición sobre las alturas de 
Abárzuza, bajaran para incorporarse á las demás fuerzas y cu- 
brir la retaguardia, á las órdenes del brigadier Beaumont, y que 
los heridos que pudieran llevarse en los medios de trasporte 
disponibles, precedieran á la columna, quedando los demás con 
algún oficial de sanidad. 

Las tropas del primer cuerpo permanecieron hasta las nue- 
ve de la noche en las posiciones que por la tarde se les designa- 
ron, y á dicha hora se les ordenó que tomaran posición, hacién- 
dolo Rossell en Villatuerta con la primera división, á las doce 
de la noche, y Catalán en Arandigoyen con la primera brigada 
de la segunda división, situándose la segunda en Murillo. 

A las dos de la mañana, participaba Echagüe á Vega Inclán 
(que se hallaba en Villatuerta) la muerte del General en Jefe y 
que había concentrado las tropas en Abárzuza para emprender 
el movimiento de retirada aquella noche ó antes de amanecer, y 
que para protegerla, Rosell debería ocupar las alturas de Villa- 
tuerta, permaneciendo en ellas hasta su paso. Una hora después, 
decía Martínez de Campos á Rossell, que suponía se dirigiría 
Echagüe por Murillo á coger el puente ó el vado de Villatuer- 
ta, creyendo por lo tanto que debía Rosell proteger aquel mo- 



156 NOIÍTB. — TERCER PERÍODO. 

vimiento desde este pueblo y formar con Martínez de Campos, 
cuando llegase la extrema retaguardia, para dirigirse al Arga 6 
al Ebro. Dispuso Rosell que se atalajasen y enganchasen las ba- 
terías. 

Al tener noticia de la muerte del General en Jefe el briga- 
dier Ruiz Dana, había dispuesto que los cuatro batallones de su 
mando tomaran posición encima de Murillo, con objeto de aten- 
der á las eventualidades que pudieran sobrevenir y reunir los 
dispersos y extraviados se le reunieran. 

El comandante general de artillería llegó á las doce de la 
noche á Murillo y siguió á Villatuerta, con objeto de recibir ins- 
trucciones del jefe de E. M. G.; llegó á este punto al rayar el 
alba y continuó su marcha á Oteiza, por haberle indicado Ro- 
sell que el camino que debía seguir estaba protegido por las 
tropas liberales. 

A las dos de la madrugada llegó también á Murillo el bri- 
gadier Jaquetot con 600 caballos, y se puso á las órdenes de 
Ruíz Dana; de modo que con los cuatro batallones y esta fuerza 
quedaba cubierta aquella importante posición contra cualquier 
ataque que el enemigo intentara al amanecer, si bien no se 
contaba con una sola pieza de artillería, porque Prast no pudo 
dejar á Dana ni una batería que con insistencia le pidió éste, 
fundando su negativa en carecer completamente de municiones. 

Antes de amanecer se encontraba Echagüe en Montalbán, 
y reunidas en este punto sus fuerzas y las de Martínez de Cam- 
pos, prosiguieron su marcha á Murillo, donde descansaron. 

Ruiz Dana, situado como se ha dicho en Murillo, había dis- 
puesto que al amanecer del 28 se tocara diana y salieran todas 
las tropas que habían llegado la noche anterior, y después de 
racionarse de pan, sé dirigieron á Villatuerta con el convoy de 
carros, por el camino de travesía que va á la carretera vieja de 
Oteiza. 

Aprobando Echagüe cuanto Dana había dispuesto, le pre« 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. 1 57 

vino que dejando en Murillo la caballería de Jaquetot á las ór- 
denes de Martínez de Campos, que llegaría poco después, 
siguiera con el convoy y tropas, para unirse á Rosselí con la 
brigada de su mando. 

Martínez de Campos tomó posición sobre Murillo para pro- 
teger la retirada hasta que desfilara el convoy; Echagtie des- 
cendió á las de Villatuerta y se colocó sobre el camino llamado 
de los Carros, escalonando convenientemente sus fuerzas; Da- 
na se situó también frente á Villatuerta, y Catalán con una bri- 
gada sostuvo las posiciones frente á Arandigoyen; la división 
Andia, que había ocupado las posiciones desde Villatuerta á 
Oteiza, fué reforzada, especialmente en Santa Bárbara y el 
Monte Esquinza, por algunos batallones que el día anterior 
habían sufrido poco. 

Martínez de Campos, Reyes y García Tassara, en Murillo; 
Vega Inclán, Rossell, Catalán y Andía, en Villatuerta; Echa- 
güe en las posiciones que sucesivamente ocupó, y los oficiales 
generales que llevaba á sus órdenes, todos demostraron gran 
serenidad de espíritu en tan críticos momentos, defendiendo las 
alturas de los flancos del camino que seguía el convoy. Este, 
aunque con las dificultades consiguientes al mal estado del ca- 
mino de travesía desde Murillo á la carretera vieja de Oteiza, 
á causa de la abundante lluvia del día y noche anterior, llegó á 
este pueblo no sin sostener la división Catalán un nutrido fue- 
go, al rechazar los ataques del enemigo por la parte de Aran- 
digoyen y de Villatuerta. Martínez de Campos, con su división 
y la caballería de Jaquetot, sostuvo brillantemente la retirada 
de las fuerzas que constituían la extrema retaguardia. 

El convoy desfiló con calma y regularidad á pesar de que á 
veces el atascamiento de los carros exigía sensibles detenciones. 

Había manifestado Echagüe, que «era cuestión de honra 
para el ejército no perder ni un carro ni una acémila», y el re- 
sultado correspondió á sus esperanzas. 



l58 NORTE.-— TERCER PERÍODO. 

Cuando se reunieron en Oteiza las fuerzas liberales, había 
salido el convoy de este punto para Larraga. 

Después de un descanso de tres horas en Oteiza, que se 
aprovechó también en distribuir 3o.ooo raciones de galleta, 
continuaron las tropas liberales su retirada á Larraga, Miranda 
de Arga y Berbinzana. 

Desde Larraga, con fecha 29, dirigió Echagüe al Ministro 
de la Guerra el siguiente parte: 

«Precisado por la necesidad de racionar este ejército, que 
hacía dos días no había recibido pan ni artículo alguno de eta- 
pa, y que también carecía absolutamente de municiones para 
la artillería montada, por la dificultad de llegada de repuestos y 
convoyes á causa del malísimo estado de los caminos, efecto del 
temporal de estos dos últimos días que considerablemente ha 
influido también en el éxito de las operaciones, he venido á es- 
te punto y sus inmediatos, donde se hallan acantonadas las 
tropas.' La marcha se ha hecho sin novedad. El espíritu del 
soldado no ha decaído á pesar de la terrible pérdida de su Ge- 
neral en Jefe. Aquí dejaré una división de infantería y la mayor 
parte de la caballería, para que opere en estas inmediaciones y 
cuide del adelanto de las obras para fortificar este punto, Le- 
rín y el puente de Lodosa; con el resto marcho á Tafalla y des- 
pués á Logroño para recibir las órdenes de V. E. y obrar según 
convenga mejor. =Pueden V. E. y el Gobierno estar seguros 
de que mientras permanezca al frente de este ejército, de cuya 
disciplina y comportamiento estoy altamente satisfecho, co- 
rresponderé, como es de mi deber, á la confianza que se ha de- 
positado en mí, y que no perdonaré medio ni sacrificio alguno 
para que las causas de la libertad y del orden no corran peligro, 
de lo cual no hay el más pequeño temor. = Larraga 29 de Ju- 
nio de 1874.» 

Al día siguiente , 29, la primera división del primer cuerpo 
se situó en Tafalla y la segunda en Larraga; la brigada de van- 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. iSq 

guardia en Olite, y parte de las fuerzas del tercer cuerpo en 
Miranda de Arga. Después de oir misa el cuartel general en 
Berbinzana con el resto de las fuerzas del tercer cuerpo en la 
gran explanada inmediato al pueblo, se dirigió á Tafalla, á don- 
de había ya llegado la artillería con los brigadieres Prast y 
Otal. Desde Tafalla dirigió Echagüe el siguiente telegrama al 
Ministro de la Guerra: 

«General en Jefe Ministro Guerra. =Cuartel general en Tafa- 
lla; 29. =Los cuerpos de este ejército se hallan acantonados hoy 
en Larraga, Berbinzana, Miranda de Arga, Olite y este punto. 
=£1 espíritu del ejército es inmejorable. =Las bajas del mis- 
mo no las puedo precisar por falta de algunos datos exactos de 
los cuerpos; calculo han consistido en ochocientas de todas cla- 
ses. =No ha habido ningún jefe principal de cuerpo, muerto; lo 
fué el comandante de E. M. Rogí.=Heridos levemente el bri- 
gadier Molina, el teniente coronel ayudante del General en Jefe, 
Astorga, los primeros jefes de Estella y Ciudad-Rodrigo, y de 
alguna gravedad el capitán de E. M. González Solesio. =La 
marcha se hizo con el mayor orden á pesar de haber sido algo 
hostilizada por el enemigo hasta Oteiza. =No se ha perdido nada 
del material de artillería, ni un solo carro de los doscientos que 
traje desde Murillo, ni una sola acémila de las dos mil que seguían 
al ejército, ni una res de las doscientas cincuenta que se lleva- 
ban para abastecimiento del mismo. = A mi paso por Oteiza me 
informaron que existían treintemil raciones de galleta, y las man- 
dé distribuir para que ni de esto se aprovechara el enemigo.» 

El ejército liberal había practicado brillantemente el movi- 
miento de retirada. 

Antes de haber llegado el general Echagüe á Tafalla, el bri- 
gadier Otal y el teniente coronel Zabala conferenciaron por 
telégrafo con el Ministro , en estos términos : 

G. =Te saludo con toda la efusión de mi alma.=D¡me lo más 
importante que sepas del ejército, de su situación actual, de su 



l6o NORTE. — TERCER PERÍODO. 

moral^ pérdidas que se sepan, de todo lo principal, dejando para 
después, detalles que ansio, pero que no son de este momento. 
En este momento acabo de saber la llegada de Otal . Mándale 
á llamar y avisa cuando esté.=Z.=Devuelvo el saludo á los 
señores Ministros y en\do un estrecho abrazo. Las tropas libe- 
rales ocupan los pueblos de Oteiza, Lerin, Larraga, y Tafalla, 
El general Echagüe y Vega están en Larraga. La retirada se 
ha efectuado con muchísimo orden, á pesar de ser algo molesta- 
da por el enemigo. Esta operación empezó á las doce de la noche, 
quedando terminada á las ocho de la mañana. La moral del 
soldado muy afectada por la pérdida del bizarrísimo General en 
Jefe cuya pérdida lloran hoy cuantos admiraban al inolvidable 
General. Cedo mi puesto á mi jefe el Sr. de Otal que se halla 
presente y espera sus órdenes. =G. = Me despido por breves 
instantes de tí, ínterin hablo con el Brigadier y me contesta á 
las preguntas que han quedado pendientes. Toda nuestra fami- 
lia buena. =0.=Saludo respetuosamente á V. E. Las pérdidas 
aproximadamente se calculan en 1.500. El cuerpo de ejército 
debe hallarse entre Larraga, Lerin y Berbinzana, y parte en 
ésta. El espíritu del soldado algo decaído por los actos inhuma- 
nos que el enemigo usó con muchos de sus compañeros heridos, 
al mismo tiempo que la muerte de nuestro dignísimo General 
ha causado en aquél un dolor profundo. Nada más puedo referir- 
le, ni lo dicho con respecto á bajas es con la exactitud que qui- 
siera por no haberse podido efectuar el oportuno reconocimiento 
en el campo de la acción. =G. =Dígame V. los puntos en que se 
empeñó la última acción; los cuerpos que la sostuvieron; si he- 
mos perdido alguna pieza, municiones ó bagajes, y si hay al- 
gunos jefes principales fuera de combate. = O. = El teniente 
coronel de Ciudad-Rodrigo, herido, así como el brigadier Mo- 
lina. Un comandante de Sevilla muerto. Los cuerpos entraron 
en su mayoría en combate, debiendo ser los que más sufrieron 
Barbastro, Estella, Valencia, Ramales, Tetuán y el primer ba- 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. l6l 

tallón de Mallorca, por la parte activa que en aquél tomaron . No 
se ha perdido cañón, bagaje ni munición. =G.=Diga V. si nos 
han hecho prisioneros. =0.=No puedo asegurarlo á V.E., pero 
deben haberse hecho algunos^ que creo habrán sido asesinados. 
Además de las bajas en jefes que áV. E. he manifestado, fué 
muerto el comandante Rogi y herido el capitán González, ambos 
de estado mayor. =G.=En qué momento, en qué sitio y cómo 
filé la muerte del General en Jefe y los puntos principales de la 
acción.=0. =A1 intentar subir á una de las trincheras en las 
alturas de Muru, cayó herido delante de las guerrillas; el punto 
de toda la línea en que el combate era más encarnizado y en que 
se cometieron actos de salvagismo que por muchos se atribu- 
yen á la excitación que en el enemigo causaba el ver el próxi- 
mo pueblo de Abarzuza incendiado completamente , sin duda 
por un descuido =G. =Sabe V. más que sea importante. =0. = 
Esta mañana á mi paso por Villatuerta con la artillería fui bas- 
tante hostilizado^ obligándome á precipitar el paso de aquél, bajo 
la protección de fuerzas que el general Rosell tenía convenien- 
temente situadas. Es cuanto á V. E . puedo signiñcar.=G. =Dí- 
game V. si se puede comunicar con el General en Jefe. Es 
preciso reanimar el espíritu del ejército. Numerosas fuerzas 
han salido y continuarán saliendo para ese ejército. Particípelo 
V. al General en Jefe. Dígame si el general Concha murió al 
principio 6 al fin de la acción. = O. = El general Concha fué 
atravesado de bala en el último período de la acción. Cumpli- 
mentaré cuanto V. E. me ordena respecto del envío de fuerzas 
á ésta. Con todo mi esfuerzo, y ayudado por el de mis compañe- 
ros, procuraré llenar los deseos de V. E. respectó á levantar el 
espíritu del soldado. El teniente coronel Zabala me ha encar- 
gado diga á V. E. pasará á las diez de esta noche por esta ofi- 
cina telegráfica para recibir sus ordenes. =G. =Retírese V. y 
dígame por telégrafo cuantas noticias reciba del ejército y 
puntos que ocupa en Navarra y Vascongadas. » 



l62 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

Como complemento á las operaciones que acabamos de 
narrar, á continuación copiamos el parte dirigido por el general 
Echagüe al Ministro de la Guerra, dándole cuenta de los mo- 
vimientos del ejército liberal desde el día 25 hasta el en que 
terminó la retirada: 

«Excmo. Sr.: Con arreglo á lo prevenido por el Excelen- 
tisimo señor capitán general. Marqués del Duero, General en 
Jefe del ejército del Norte, se emprendieron el día 25 del pró- 
ximo pasado Junio desde Larraga y Lerín las operaciones sobre 
Estella. A las cinco de la mañana se dirigió el General en Jefe 
desde Larraga por el camino de Oteiza con dos batallones de la 
brigada de vanguardia, otros dos del tercer cuerpo y seis pie- 
zas Plasencia, seguido á corta distancia por las fuerzas de mi 
inmediato mando, compuestas de las divisiones Beaumont y 
Tassara, tres escuadrones, 18 piezas Krupp y cuatro Plasen- 
cia. =Media hora antes había iniciado el movimiento por la de- 
recha el general Martínez de Campos con una división, un escua- 
drón y seis piezas Plasencia, tomando el camino de Mañeru, 
que debía abandonar en Múruzábal de Andión, para buscar la 
cordillera en el punto denominado Monte-Esquinza, á cuya po- 
sición había yo de subir dejando la carretera á cinco kilómetros 
antes de Oteiza, y batiendo, si lo defendía el enemigo, el pobla- 
do bosque que la cubre. =Esta operación quedó felizmente ter- 
minada sin más que un ligero tiroteo sostenido por la brigada 
Bargés, y á las once de la mañana llegaban simultáneamente 
á la cumbre de Monte-Esquinza las fuerzas de Martínez de Cam- 
pos y las mías, en tanto que el General en Jefe entraba en Otei- 
za, y el primer cuerpo, al mando del general Rossell, salido de 
Lerín, se colocaba en posición sobre las alturas inmediatas de V¡- 
llatuerta, cañoneando el pueblo y la batería y trincheras que el 
enemigo tenía al revés de Monte-Jurra.==El general Martínez de 
Campos descendió sobre Lácar y Alloz, yo lo hice sobre Muri- 
Uo, de cuyo pueblo se posesionó la brigada Bargés, y el gene- 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. 163 

ral Rosell bajó de la posición que ocupaba, atacando y tomando 
á Villatuerta, operación que dirigió el General en Jefe, situado 
ya en las alturas inmediatas á Murillo.=Las tropas se retiraron 
á los cantones asignados, pernoctando Rosell en Villatuerta, 
Blanco con la vanguardia, en Murillo; Martínez de Campos en 
Lácar y Alloz y el General en Jefe, con las fuerzas de mi mando, 
en Lorca.=Al amanecer del día 26, el primer cuerpo, á cuyo 
frente se puso el general Vega Inclán, por haberle ordenado el 
General en Jefe que activase y protegiese la marcha del convoy 
y sostuviera el flanco izquierdo, que debía ser el eje del movi- 
miento, puesto que había de verificarse avanzando á la derecha 
para caer sobre Estella, simuló el ataque de las posiciones fren- 
te á Villatuerta; Martínez de Campos siguió el camino de Mon- 
talbán y tomó á Zábal, y las fuerzas de mi mando se trasladaron 
con el General en Jefe á Murillo. =E1 convoy no llegaba; las 
tropas estaban sin raciones, y fué preciso diferir hasta la tarde 
el ataque de las posiciones enemigas. = Perdida la esperanza de 
que el convoy llegara dentro del día, el General en Jefe se tras- 
ladó á Montalbán, desde cuyo punto y á hora ya avanzada or- 
denó el ataque de Abárzuza y Zurucuain, encomendando á mi 
dirección el primero, y á la del general Martínez de Campos, el 
último. = Dos batallones de la vanguardia con el brigadier Blan- 
co, apoyados por la división Reyes, al mando de este general, 
penetraron en Abárzuza después de un empeñado combate con 
el enemigo, que se defendió tenazmente, y ol general Martínez 
de Campos, por su parte, se posesionó también de Zurucuain, 
habiendo sostenido una lucha no menos em peñada. = En ambos 
ataques se condujeron las tropas con gran bizarría, debiendo 
hacer mención de la circunstancia de no haber cesado de llover 
copiosamente. = A poco rato de haber penetrado yo en Abárzu- 
za se trasladó á este punto el General en Jefe, cuya aproxima- 
ción fué saludada por las espontáneas aclamaciones del ejército. 
Amaneció el día 27. La carencia de víveres, por no haber He- 



164 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

gado todavía el convoy, y el incendio de Abárzuza, originado, 
sin duda, por el fuerte viento que reinaba y por la aglomera- 
ción de numerosas fuerzas que tenían que hacer sus ranchos al 
aire libre y en los suelos de las casas, difirieron hasta las cua- 
tro de la tarde el ataque de las posiciones de la ermita y case- 
río de Muru y pueblo de Murugarren, verdadera llave de las de 
Estella.=A dicha" hora, mientras que la brigada de vanguardia 
ascendía con denuedo á las alturas de la extrema derecha, 
nuestras baterías, colocadas en posición, cañoneaban vivamente 
y con gran acierto las de Muru y Murugarren; Martínez de Cam- 
pos simulaba el ataque de las de Zurucuain, y Reyes subía des- 
de Zábal el íknco de la cordillera. = El enemigo atacaba en 
tanto las posiciones sobre Abárzuza, intentando de este modo 
envolver nuestra derecha, y descendía por la depresión que se 
halla entre Murugarren y Zurucuain, para cortar la línea por 
el centro, doble movimiento que fué contrariado con éxito por 
una parte'de la división Beaumont y las fuerzas de Martínez de 
Campos. En este período en que el enemigo tomó la ofensiva 
dio la caballería varias cargas brillantes.=Volviendo á avanzar 
el ejército, ganó las primeras trincheras; pero acudió el enemi- 
go con numerosas fuerzas y rechazó las nuestras, que volvieron 
varias veces al ataque, y sólo combatiendo y causando nume- 
rosas bajas cedieron el terreno, disputándolo palmo á palmo. 
=E1 General en Jefe acudió personalmente á restablecer el 
combate en la derecha, avanzando al frente de un batallón has- 
ta las primeras trincheras; pero cuando descendía, para dictar 
sus disposiciones al ejército, porque cerraba la noche, fué mor- 
talmente herido; trasladado á Abárzuza, espiró á los pocos 
momentos, terminando así con gloriosa muerte una vida siem- 
pre consagrada al servicio de la patria. = Llamado por sucesión 
al mando del ejército, lo asumí á pesar de hallarme enfermo, 
empezando á ordenar la marcha retrógrada sobre Oteiza desde 
el momento en que mi jefe de E. M., el coronel Jiménez, vino 






i 



MANDO pBL MARQUÉS DEL DUERO. 1 65 

de las posiciones de la derecha á buscarme en la batería en que, 
por orden del General en Jefe^ me hallaba, para comunicarme 
tan infausta nueva.=»Inmediatamente se encaminó á la carre- 
térra la artillería, protegida por un batallón y un escuadrón al^ 
mando del brigadier Otal, y conducida por el comandante ge- 
neral brigadier Prat, tomó la dirección de Tafalla, y al rayar 
el alba siguieron el movimiento las fuerzas de Martínez de Cam- 
pos y las mías, concentrándose en Montalbán y Murillo, á don- 
de había llegado el convoy, y de cuyo punto no salieron hasta 
que hubo desfilado éste, ó sea á las doce del día. = El i «^ cuer- 
po se colocó en posición frente á Villatuerta, en el camino lla- 
mado de los Carros, y protegió la marcha el general Martínez de 
Campos, que formó la extrema retaguardia, demostrando en es- 
te importante servicio sus reconocidos valor é inteligencia. = 
Rechazando al enemigo, á quien se causaron numerosas bajas, 
cuantas veces intentó hostilizarnos, deteniéndose tres horas en 
Oteiza para racionar la fuerza, y sin perder no sólcf ni un ca- 
ñón, sino que ni un carro, ni una sola acémila, llegó el ejército 
á Larraga, Berbinzana y Miranda de Arga, desde donde, de- 
jando á Rosell en dichos cantones, continué con el resto á los 
de Tafalla y 01ite. = Las tropas hicieron esta marcha con el 
mayor orden y regularidad y animadas del mejor espíritu, á pe- 
sar del profundo dolor que experimentaban por la irreparable 
pérdida de su valeroso General en Jefe. = Las bajas sufridas en 
estas cuatro jornadas son un jefe, 16 oficiales y 114 individuos 
de tropa muertos; el brigadier Molina, seis jefes, 7S oficiales y 
849 individuos de tropa heridos; cuatro jefes, 18 oficiales y 179 
• individuos de tropa contusos; 263 individuos de tropa extravia- 
dos y cinco prisioneros, arrojando un total de 1.542.= Yo asu- 
mo, Excmo. Sr., la responsabilidad del movimiento retrógrado 
necesario desde el momento en que se había formado la convic- 
ción de que no coronaria el éxito un nuevo ataque que pudiera 
intentarse al siguiente día sobre las posiciones de £stella«a8 



l66 MOtlTB.'-tBRCBR PERÍODO. 

Para llegar á adquirirla pesaron en mi ánimo, impulsándome á 
volver á las posiciones de partida, circunstancias como la falta 
de proyectiles de artillería, que se habían agotado; la de muni- 
ciones de infantería; el haber quedado algunos batallones con 
un reducido número de jefes, oficiales y clases, por las nume- 
rosas bajas habidas durante la lucha; el haber trasportado el 
convoy lo.ooo raciones en vez de las 3o.ooo que por de pron- 
to se necesitaban, y sobre todo, la importante consideración de 
que el continuar en aquellas posiciones era crear al futuro Ge- 
neral en Jefe y al Gobierno todos los embarazos de una situa- 
ción militar forzada. =Debo Excmo. Sr., hacer presente á V. E., 
ante& de^concluir, el mérito contraido por todos los individuos 
del ejército en estas cuatro jornadas, en que probaron sus virtu- 
des militares, sometiendo á la consideración de V. E. si mere- 
cen alguna recompensa la inteligencia, decisión y bravura de 
que se hizo en ellas alarde, como lo demuestra el gran número 
de jefes y'oficiales que quedaron fuera de combate. = Madrid 5 
de Julio de i874.=Excmo. Sr.=Rafael Echagüe.=Excelen- 
tísimo Sr. Ministro de la Guerra. » 

Copiamos también el parte de Dorregaray referente á estos 
combates. 

• Señor :=»Inmenso es mi júbilo al tener la alta honra de 
poner en el superior conocimiento de V. M. los detalles de la 
gloriosa batalla ganada por el heroico ejército real durante los 
días 25, 26 y 27 del corriente, en los campos de Abárzuza, 
contra el ejército de la república. = Mayor sería, Señor, si no 
tuviéramos que lamentar en este entusiasta país la destrucción 
de sus campos y pueblos incendiados por las hordas republica- 
nas. Pero Dios, que visiblemente vela por nuestro ejército, ha 
querido recompensarle concediendo á sus armas la victoria más 
completa y decisiva que hemos obtenido en esta campaña, y á 
costa de muy pocas, aunque siempre sensibles pérdidas, en los 
mismos puntos, testigos de los crímenes de nuestros contrarios. 



MAKDO del marqués del DU8R0. 167 

No me extenderé, Señor, en exponer ahora á V. M. las razo- 
nes en que se fundaba la elección de nuestra linea de defensa, 
porque ya tuve el honor de hacerlo en mis anteriores comuni- 
caciones. = También conocidas son de V. M. las dificultades 
de todo género con que teníamos que luchar para oponernos á 
fuerzas tan considerablemente superiores y á tan poderosa ar- 
tillería. Nuestra caballería, que gracias á la actividad é inteli- 
gencia de los jefes que la mandan, va alcanzando un desarrollo 
inesperado, carecía aún de algunos elementos indispensables 
para hacer frente á los numerosos escuadrones. = Debido á es- 
tas circunstancias, no era imposible empezar la defensa á una 
larga distancia de Estella, y esto contribuyó á que los enemi- 
gos se alentaran, creyendo que por el corto trayecto que les 
separaba de esta ciudad, se apoderarían de ella sin grandes di- 
ficultades; pero la lección ha sido dura; óuando el ejército ene- 
migo pronunció su movimiento de avance^ dando á conocer sus 
planes, el nuestro ocupó las posiciones que se extienden desde 
Alio por Dicastillo, Morentin, Averin, Venta de Echavarri, al- 
tos sobre Villatuerta, Zurucuain, Grocin, Murugarren, Muru 
y posiciones al Norte y Este de Estella, terminando estas úl- 
timas en Eraul y el puerto de Echavarri. = La extrema derecha 
de nuestra línea, estaba defendida el primer día por los batallo- 
nes i."^, 2.^, 5.*^ y 7.° de Navarra, á las órdenes de los briga- 
gadieres Zalduendo y Valluerca; los batallones 3.® y 4.° de 
Álava, á las del brigadier Alvarez; la brigada Cántabra y el 
batallón de Asturias, á las órdenes del brigadier Yoldi; tenien- 
do en Alio el regimiento caballería del Rey y cuatro compañías 
del i.^ de Navarra. =En la batería construida en Echavarri, se 
colocaron dos piezas de la primera de Navarra. =E1 centro, que 
se extendía desde la ermita de Santa Bárbara de Villatuerta 
hasta Muru, lo ocupaban los batallones 3.®, 4.® y 6.° de Nava- 
rra, á las órdenes del brigadier Férula y del coronel del 6.°; 
i.° y «.*" de Castilla, las del coronel Zariátegui, y los batallo- 



'I 



l68 NORTE.— TERCER PERÍODO» 

nes de Mungula, y Bilbao, á las del brigadier Fontecha. Por 
último: la izquierda de nuestra linea de batalla, la defendían los 
batallones 9.° de Navarra, 2.° de Álava, i." y 2.^ de Guipúz- 
coa y 3.** y 4.® de Castilla^ mandados por el brigadier Costa y 
el comandante de la media brigada guipuzcoana.= Además de 
las fuerzas que pudieran sacarse de la línea para acudir á los 
puntos amenazados, tenía como reserva, los guías y primer ba- 
tallón de Álava, los batallones 3.^ y 4.° de Guipúzcoa, el bata- 
llón de Durango, que llegó el 27 por la mañana, y ima batería 
de montaña. =E1 grueso del ejército republicano que, partiendo 
de Logroño, se dirigió por Lodosa á Sesma y Lerin, empleó 
muchos días en reunir un considerable número de municiones 
de boca y guerra, viéndose continuamente cruzar hacia este 
último punto convoyes interminables, para cuya operación te- 
nían distribuidas en posiciones á gran parte de sus fuerzas, te- 
miendo que nuestras partidas intentaran un golpe sobre ellos. 
=Estas fuerzas se fueron corriendo á Larraga, y fortiñcaron 
este pueblo, y el día 24 se reunieron allí todas aquellas de que 
disponía el general Concha, excepto la división Loma, que no 
llegó á Abárzuza hasta el 27 por la noche. =En la madrugada 
del 25, emprendieron los republicanos su movimiento á Oteiza, 
continuando después por las vertientes del monte Esguinzo, y 
dejando ocupada con gruesos destacamentos y artillería, toda 
la linea de operaciones. := Así siguieron la marcha hasta ocu- 
par por último los pueblos de Villatuerta, Lorca, Murillo, La- 
car y AUoz, sin que por nuestra parte les causáramos la menor 
molestia, á excepción de algunos disparos hechos por las parti- 
das avanzadas. = Vista por la mañana la marcha del enemigo, 
y calculando los puntos que ocuparía, hice que la brigada Al- 
varez y el i.^ de Navarra se trasladara á Estella para acudir á 
donde fuera necesario, al propio tiempo que enviaba orden á 
los batallones 3.° y 4." de Guipúzcoa, que aun no habían lie 
gado, para que se acantonaran en Azcona. === La artillería ene- 



I 



UAUtyO DfiL MARQUÉS Í>BL DUERO. l6g 
* , 

miga estuvo funcionando todo el día, asi como también era bas* 
tante nutrido el fuego de la infantería que avanzaba. =E1 
comandante D. Pablo Portillo, con 7 caballos pasó el rio y 
cogió prisioneros á 7 soldados y 23 acémilas con algunos can- 
tineros. Dos de los voluntarios de esta misma fuerza cogieron 
por la tarde á dos soldados de caballería y un espía, que se di- 
rigían de Larraga á Lerin.=:El 26, desde muy temprano, em- 
pezaron á funcionar las baterías del enemigo sobre nuestras 
posiciones, y por la tarde continuaron sus masas el movimien- 
to á Abárzuza, donde hicieron nuestras fuerzas una corta re- 
sistencia. =Todas las baterías enemigas estuvieron haciendo 
un fuego que bien puede llamarse graneado, pero afortunada- 
mente nos hicieron escasísimas bajas: cesando aquél por ser 
ya entrada la noche y por una gran tormenta que empezó á 
descargar al oscurecer. =£1 día 27 era el señalado para el 
ataque general, y conocidas las intenciones del enemigo, se 
adoptaron las disposiciones siguientes: = A la brigada Alvarez, 
que desde el día anterior se encontraba de reserva sobre los al- 
tos de Murugarren, en unión del i.^ de Álava y el i.^ de Nava* 
rra, se le dio orden para que continuara en el mismo punto, 
con el fin de concurrir á la defensa de nuestras posiciones del 
centro, en caso necesario, al propio tiempo que los batallo- 
nes 3." y 8.*" de Navarra permanecieran á retaguardia de las de 
Muru con igual objeto. = A los batallones de Durango y 2.^ de 
Navarra, les hice se dirigieran hacia Eraul, para reforzar nues- 
tra extrema izquierda y concurrir á la defensa de aquella im- 
portantísima posición. =:Para tomar el mando de esta parte de 
la linea, marchó por la mañana el Sr. general Argonz, en unión 
del de igual clase D. Emeterio Iturmendi, permaneciendo yo 
con los generales Larramendi y Mendiry, sobre las posiciones 
de Murugarren. = A la una de la tarde rompieron las baterías 
enemigas un horroroso fuego en toda la línea, continuando sin 
interrupción hasta muy avanzada la noche. = A las tres de la 

Touo V. ta 



t'fO UORTE. — tEÍiCÉft PERIODO. 

» — 

tarde, la brigada de vanguardia enemiga, seguida de la división 
de Echagüe, avanzó á la ermita de Abárzuza, continuando su 
movimiento hacia nuestras posiciones de Eraul y el pueblo de 
Echavarri, rompiendo un nutridísimo fuego de fusil hacia las 
cuatro, y avanzando decididamente á las cinco, hora en que 
lo hicieron las otras tres columnas de ataque sobre Muru, Mu- 
rugarren, Grociny altos de Villatuerta.= Estas considerables 
masas adelantaron impunemente hasta corta distancia de nues- 
tros parapetos, porque había dado la orden de que no se hicie- 
ra fuego hasta entonces; pero llegados á esta distancja, nues- 
tros valientes voluntarios sembraron los campos de muertos 
y heridos republicanos. = Las muchísimas fuerzas de que és- 
tos disponían les ofreció la inmensa ventaja de poder dirigir 
sobre sus puntos de ataque elementos considerablemente su- 
periores á los nuestros, y de ahí que hubiera momentos en que 
por cortos instantes consiguieran alguna ventaja, como les suce- 
dió en el pueblo de Murugarren, al cual, defendido por dos com- 
pañías de Castilla, lograron aproximarse bastante; pero enviadas 
tres del 4.*^ de Álava, cargaron dos de ellas á la bayoneta, se- 
guidas de los castellanos, consiguiendo poner en la más espan- 
tosa y completa dispersión á toda la columna de ataque, en la 
que causaron un número considerable de bajas, cogiéndoles 
además 23 prisioneros y gran número de fusiles. En vista de 
esto, ordené que el brigadier Alvarez, con el resto del 4.° de 
Álava y cuatro compañías del 3.°, quedara en aquellas posicio- 
nes, pues reforzado el enemigo, intentó un segundo ataque, en 
el que también fué rechazado. Episodios de esta naturaleza tu- 
vieron lugar en toda la línea, sin exceptuar un solo punto de 
ella; cargando repetidas veces todos nuestros batallones á la 
bayoneta, tan luego como se aproximaban á nuestros parape* 
tos las fuerzas republicanas, y persiguiéndolas en su vergonzo- 
zosa huida hasta su misma línea. :::¿En nuestra extrema izquier- 
da; efecto de las pocas fuerzas de que allí disponíamos, y de las 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. 171 

■ ■ — - — — i 

muchas que las atacaron, el combate fué rudo y sostenido, pero 
con la eficaz corporación de los batallones de Durango y a.'* de 
Navarra, fueron igualmente rechazados. =Repetidas, veces in- 
tentaron las masas enemigas volver sobre nuestros parapetos, 
pero en todos sus ataques se vieron obligadas á retroceder, dejan- 
do gran número de muertos, heridos, prisioneros, armamentos y 
municiones. =E1 fuego continuó sin interrumpirse un solo ins- 
tante hasta hora muy avanzada de la noche, retirándose el ene- 
migo más allá de su punto de partida. =Señor: Tengo el pesar 
de manifestar á V. M. que el ejército republicano, convertido 
en una horda de foragidos, ha destruido los campos, saqueado 
los pueblos 6 incendiado la mayor parte de sus edificios, mal- 
tratando de la manera más horrenda á sus pacíficos é indefen- 
sos habitantes, incluso los ancianos, mujeres y niños.=A los 
pocos prisioneros que lograron hacernos (6 á 8), los fusilaron 
en las afueras de Abárzuza, arrojándolos después al fuego. Esta 
es^ Señor, la conducta observada por ese cobarde y miserable 
ejército, aborto de la revolución de Setiembre. = Esos hijos es- 
púreos de la patria, que venían manchando el nombre del anti- 
guo ejército español con sus vandálicos atropellos , lo han 
hecho en esta ocasión de la manera más inicua, cobarde y as- 
querosa de que hay ejemplo en la historia de las naciones civi- 
lizadas. De este modo. Señor, han respondido á la intachable 
y casi petemal conducta que constantemente con ellos hemos 
observado. =En cambio de esto. Señor, inmenso es mi júbilo y 
alegría al tener la honra de poner en el superior conocimiento 
de V. M. el increíble entusiasmo, la confianza ciega y el he- 
roísmo y decisión de nuestros incomparables voluntarios, asi 
como también el de los moradores de esos mismos pueblo^ 
convertidos en ruinas por el enemigo.=Los generales han lle- 
nado de un modo que les honra en alto grado y demuestra sus 
brillantes dotes, los cargos que les han sido confíados.=£Los 
jefes y oficiales no se han separado un momento de sus puestos, 



172 NORTE.— TERCER PERÍODO. 

siendo los primeros en dar ejemplo á nuestras bizarras tropas, 
las que, como V. M. ha presenciado en tantas ocasiones, nece- 
sitan muy poco para traspasar el limite de los mejores solda- 
dos del mundo. =Nuestra escasa artillería se ha conducido tan 
bien como siempre lo ha hecho, colocando sus baterías á cor- 
tísima distancia del enemigo, y sufriendo impasible el fuego de 
las poderosas piezas de éste.=Las fuerzas de ingenieros han 
trabajado sin descanso en la construcción de nuestros atrinche- 
ramientos; y en una palabra, Señor, sería injusto si hablara con 
preferencia de cuerpos 6 personas determinadas. Todos, abso- 
lutamente todos, han trabajado sin descanso, conduciéndose 
hasta en las ocasiones de mayor peligro, con un arrojo y deci- 
sión dignos del sagrado lema de Dios, Patria y Rey que defen- 
demos. =rLas pérdidas del enemigo, que aún no puedo precisar, 
deben de haber sido de suma consideración, calculándolas en 
más de 4.000 bajas. Entre ellas se cuentan un general en jefe 
muerto á las ocho y media de la noche del 27; un brigadier y 
dos jefes de estado mayor, que con él iban, muertos también, 
y algunos otros heridos. También se sabe de una manera posi- 
tiva, que hay otros varios oficiales generales que han quedado 
fuera de combate, como un considerable número de jefes y ofi- 
ciales. =Pasan de 400 los heridos que, por no poderlos llevar, 
han dejado abandonados en los pueblos, obligados por la activa 
persecución de nuestras fuerzas, y tenemos en nuestro po- 
der 25o prisioneros y unos 2.000 fusiles. = Nuestras pérdidas, 
aunque siempre dolorosas, han sido escasas, pues no llegan 
á 200, contándose entre I05 muertos el teniente coronel Egui- 
leta, y entre los heridos leves el brigadier Fontecha y el coro- 
nel Cavero.= Señor; esta gran victoria ha sido la más comple- 
ta y decisiva que hasta el día. ha obtenido nuestro ejército, tanto 
en resultados materiales como en la cuestión moral, porque el 
mundo entero sabrá la lección que un puñado de valientes ha 
dado al ejército de la república, compuesto de más So.ooo hom- 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. I73 

bres, a.500 caballos y ochenta y tantas piezas, contándose en- 
tre dichas fuerzas lo más florido de su ejército, y sus más en- 
tendidos generales. =Todo lo que tengo el honor de poner en 
el superior conocimiento de V. M. en cumplimiento de mi de- 
ber. = Señor. = A. L. R. P. de V. M.=AntonioDorregaray.» 

Para mayor abundancia de datos, copiamos la siguiente 
nota que el Sr. Pirala publica en su Historia de la guerra civil: 

•La primera batería del primero montado, su capitán Ne- 
vot, al anochecer, y después de haber estado haciendo fuego 
todo el día 27 en las eras de Abárzuza, bajo las órdenes del 
comandante D. Francisco de la Pinera, encargado de ella, se 
disponía á obedecer la orden de incorporarse al comandante 
general Prats, cuando le preguntó el brigadier Blanco el nú- 
mero de disparos que le quedaban; contestó tener aún de 35 *á 
40. tiros pieza, y en su vista recibió orden de permanecer en el 
pueblo para resistir en caso de que atacaran los carlistas. Asi 
lo hizo, pasando horas bien amargas, pues las piezas, armones 
y carros de municiones tuvieron que estar en medio de una 
calle, en la que ambas hileras de casas ardían, corriendo el in- 
minente riesgo de una voladura, cuya sola perspectiva le ate- 
rraba por el funesto efecto que hubiese causado en las tropas 
que estaban en el pueblo, y que pertenecientes á los batallones 
que habían sufrido más en el ataque de Monte Muru, se refu- 
giaron allí sin oficiales y separados de sus banderas. En esta 
ocasión se agregaron á la batería una porción de dispersos de 
distintos cuerpos al verla en correcta formación, y luego estos 
mismos hombres se portaron con los artilleros como los mejo- 
res camaradas en los trabajos sin cuento que tuvieron que lle- 
var á cabo para sacar adelante sus carruajes, y en la construc- 
ción de un pequeño puente de ramaje que para salvar el arroyo 
fué preciso construir á la una de la noche más oscura que se 
conoció y con barro y agua hasta la cintura. Sirvió, pues, esta 
batería de mucho á una porción de dispersos que por la maña- 



174 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

na en Murillo se fueron á sus cuerpos, asi como taimbicn llevó 
en sus carruajes un comandante de infantería atravesado de 
im balazo, que con siete soldados manifestaron todos deseos de 
salir del pueblo, por temor á ser fusilados al entrar en él los 
carlistas. =Puesta en marcha la tropa que abandonaba á Abar- 
zuza, fué llamado á presencia del brigadier Blanco, por el co- 
ronel de artillería Echaluce, y ambos le dieron el encargo hon- 
roso de llevar en un carro de la batería al cadáver del General 
en Jefe, cuya muerte ya sabia por boca del expresado brigadier. 
Tanto el capitán Nevot, como sus oficiales Absola, Carvajal y 
Fernández, alternaron al lado del cadáver, dispuestos todos al 
mayor de los sacrificios para salvar tan sagrado depósito si los 
carlistas les atacaban. = Tanto el brigadier Blanco como el ba- 
tallón cazadores de Barbastro, á cuya cabeza marchaba la ba- 
tería, prestaron toda clase de auxilios durante la marcha en 
aquella triste noche. =Llegado que hubo la batería á Murillo á 
las seis de la mañanai ya no encontró pan, ni vino, ni nada; 
allí permaneció esperando órdenes sin que nadie se apercibiese 
de que en uno de sus carruajes iba el cadáver del General en 
Jefe, hasta qu& Pinera la recibió del brigadier Blanco, de mar- 
char á situarse en batería eu un cerro elevado que dominaba el 
camino de Oteiza, y así lo hizo revasando un convoy que en- 
contró ocupando el camino abierto el día antes, teniendo que 
marchar sus carruajes á campo traviesa, y poniéndose como se 
le había ordenado á las órdenes del señor coronel Moreno del 
Villar, que con media brigada tomó posición, protegiéndole, y 
del que recibió orden más tarde de marchar á Oteiza. = Al pun- 
to que ocupaba Pinera, llegó y le relevó una batería de monta- 
ña, su capitán Provedo, que tuvo momentos después hasta siete 
bajas en la gente, marchando aquél á Oteiza, donde á las once 
de la mañana, y reconocido que fué el cadáver del General, 
próximo á descomponerse por el calor, recibió la orden de ade- 
lantar el carro de sección donde iba, para hacer su entrega á 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. 175 

los médicos que en Tafalla tenían orden de embalsamarlo, lle- 
gando sólo á cargo de un oficial. La batería permaneció en 
Oteiza hasta las doce del día, en que por orden del general 
Vega emprendió la retirada á Tafalla, donde llegó á las seis de 
la tarde, sin más escolta que sus oficiales y jefes de pieza y 
carro. =E1 cadáver del general Concha, según manifestación 
del mismo Sr. Pinera, sujeto á una camilla y ésta atada en el 
interior de un carro de la primera batería del primero monta- 
do, salió de Abárzuza á las once de la noche, sin que los arti- 
lleros conductores del carro supieran quién era el herido que 
creían llevar, pues sólo los oficiales tuvieron noticia en el mo- 
mento de la retirada, del sagrado depósito que se les había con- 
fiado. tNadie, añade^ supo la marcha donde iba el ilustre fina- 
»do, excepción hecha de los generales Echagüe, Martínez de 
•Campos, brigadieres Beaumont, Blanco y Manrique, coronel 
• Echaluce y algunos ayudantes del difunto. »=Como el ejér- 
cito, menos la brigada de vanguardia, creía que toda la arti- 
llería Krupp se había retirado con el brigadier Prats á Tafalla, 
cuando se supo que el cadáver había sido trasportado secreta- 
mente en una batería de la expresada clase, creyó la brigada 
Otal, con la mejor buena fe, que había, al par que escoltado la 
artillería á Tafalla, rendido este último honor al General en 
Jefe, y el que le obtuvo fué la brigada Blanco, y en particular 
el batallón de Barbastro, cuyos oficiales y soldados estaban 
bien ajenos en aquella aciaga noche, al prestar los servicios 
que prestaron á sus compañeros de artillería, que lo hacían 
ante el cadáver del Marqués del Duero. • 

Embalsamado el cadáver del esclarecido General, fué con- 
ducido por vía férrea á Madrid, donde se hizo su entierro , rin- 
diéndole los honores correspondientes á su alta jerarquía. 

Debemos referir antes de terminar esta época de mando, el 
sangriento y cruelísimo acto llevado á cabo por los carlistas 
en Abárzuza. Ciento cincuenta y cuatro soldados liberales que 



176 NORTE.— TERCER PERIODO. 

habían tenido la desgracia de caer prisioneros y el subdito ale- 
mán Smith, aprehendido en Villatuerta al empezar el combate, 
fueron sometidos á un Consejo de guerra^ acusados de incen- 
diarios. Un populacho bárbaro y cruel esperaba el resultado 
del consejo á las puertas de la casa en que éste se verificaba, 
que era la misma en que había estado alojado el general Concha. 
£1 comandante Sobrino, del 3."^ de Navarra, se atrevió á defender 
álos prisioneros, sosteniendo con sobrado fundamento, que no se 
les podía condenar como incendiarios, porque era imposible pro- 
bar que ni uno sólo había tomado parte en los incendios, por no 
haber más testigos que los acusados; que los generales, man- 
dando juzgarlos con arreglo á ordenanza, no los podían conde- 
nar á muerte en tal concepto, porque la ordenanza no los con- 
denaba sin prueba, y que en caso de hacerlo, sólo podían alegar 
que perteneciendo los sometidos al Consejo á un ejército de in- 
cendiarios, hacían caer sobre ellos los excesos cometidos por to- 
dos; lo cual era insostenible, por absurdo. Pero los individuos 
del Consejo se mantuvieron sordos á tales manifestaciones, y el 
auditor que debía ilustrarlos,' por enfermo 6 por otra causa, fué 
reemplazado por otro. 

Presentáronse los acusados en grupos de 5o, se anotaron 
sus nombres y se les preguntó si su General les había dado or- 
den de incendiar y robar, y contestaron unánimemente, que se 
les había prevenido que respetaran vidas y haciendas. Por lo 
tanto, y no habiendo testigos que acreditaran lo contrario, no 
debían ser juzgados como incendiarios; ni tampoco como per- 
tenecientes á un ejército de incendiarios, conociendo la digna 
proclama que el Marqués del Duero, en consonancia con sus 
elevados sentimientos y con la conducta que en todas ocasio- 
nes habían observado los liberales, dirigió á los suyos, como 
contestación á la terrible alocución que Dorregaray había diri- 
gido á los carlistas. 

Había entre los prisioneros un oficial que manifestó que no 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. \^^ 

podía haber tomado parte en los incendios^ porque desde que sa- 
lió de Tafalla no había entrado en poblado, y marcó los puntos 
en que había estado con su batallón; y en el mismo caso se en- 
contraban unos 3o de los acusados que pertenecían al mismo 
cuerpo. 

Smith contestó que no era militar, que no quería mal á Es- 
paña, ni había tomado parte en los incendios. 

Terminado el interrogatorio, pidió el fiscal la pena de muer- 
te contra todos, á excepción de 20, de los cuales unos pertene- 
cían á las ambulancias y otros habían sido presos por Portillo, 
antes de que llegaran á Villatuerta. 

Se firmó por unanimidad la sentencia, fundándola en el si- 
guiente articulo de las ordenanzas. 

•Todo el que en el territorio de mi mando, ó fuera de mis 
dominios, ó en terreno ocupado por el enemigo, fuese conven- 
cido del delito de incendiario, será pasado por las armas;» y con 
arreglo á este artículo tan injustamente aplicado, ñieron conde- 
nados á muerte 135 hombres acusados de incendiarios, sin que 
se presentara la menor prueba de que lo fuesen. 

Antes de firmarse la sentencia, se presentó el jefe carlista 
Sobrino en el Consejo, con pretexto de preguntar al presidente, 
si se alojaría el batallón y con el propósito de influir á favor de 
los acusados; pero fueron inútiles sus nobles esfuerzos. 

Había entre los curiosos dos personas que se interesaron por 
los prisioneros y se unieron al jefe carlista Segura para concer- 
tar el modo de hacer algo en favor de aquéllos; uno era Calde- 
rón, coronel del batallón de Guías, y el otro, un cura italiano 
que en lo más recio del combate aparecía muchas veces animan- 
do á los carlistas, haciéndoles adorar una cruz de hierro que 
siempre llevaba consigo. Como D. Carlos estaba á dos leguas 
de distancia, y debía ejecutarse la sentencia inmediatamente, 
estas dos circunstancias dificultaban los planes para salvar á los 
sentenciados. 



178 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

Suplicó Segura á Montoya, que retardase dos 6 tres horas 
el cumplimiento de la sentencia; prometió hacerlo el segundo, y 
marchó aquél con otro jefe, García, en busca de D. Carlos, que 
se hallaba en Muru. 

Á la llegada de Segura á este punto, estaba comiendo don 
Carlos, acompañado de D.'^ Margarita; recibióle el señor Bena- 
vides, á quien pidió se interesara para que en vez de fusilar á 
135 hombres, se les diezmara; accedió al instante D. Carlos, 
como "hubiera accedido sin duda al perdón de todos, y corrieron 
de nuevo Segura y García á Abárzuza, reventando sus caballos. 
Como había pasado más tiempo que el convenido, estaban con- 
fesados todos los condenados á muerte, y marchaban ya al lu- 
gar de la ejecución; pero pudo lograrse que fueran diezmados, 
aunque al parecer esta determinación no fué del agrado de Do- 
rregaray. Verificado el sorteo, fueron pasados por las armas en 
Abárzuza, un capitán^ un teniente y diez soldados; un soldado 
en Zurucuain, otro en Villatuerta, y el subdito alemán Smith, 
que fué bautizado á petición suya. Dorregaray llegó á Abárzu- 
za, cuando aquéllos iban á ser fusilados; le recibieron las vícti- 
mas con aclamaciones, y les contestó aquél con frases duras é 
inconvenientes. 

Los lectores harán los comentarios á que se presta esta te- 
rrible ejecución. 

Instigado sin duda por las turbas y bajo su presión, Do- 
rregaray se conformó con que se cumpliera la sentencia del 
Consejo, é increpó duramente á Montoya, por no haberlo cum- 
plimentado. 

Segura y Sobrino fueron castigados con un mes de arresto 
en Monjardín. El primero quedó en libertad á los pocos días 
por mediación de Mendiry, que había aprobado su conducta, 
eficazmente apoyado por D.* Margarita, esposa de D. Carlos. 

Tan grave era el atentado cometido y produjo tal in- 
dignación, que Dorregaray se creyó en el caso de publi- 



MANDO DEL MARQUÉS DEL. DUERO. 179 

\ 

car en el Cuartel Real el extenso escrito que á continuación co« 

piamos: \ 

«No con el respetable derecho que me da la victoria, sino con \ 

el derecho sagrado que me da la justicia, voy á levantar mi y 

voz delante de España, delante de Europa y delante de todo el ^ 

mundo civilizado, para dar á conocer una determinación que ; 

me he visto precisado á tomar y que, en verdad, es grave, pero í 

que no ñor ser grave deja de ser justa y necesaria.=Acaban de \ 

ser pasados por las armas, como incendiarios, en Abárzuza, ] 

Villatuerta y Zurucuain, delante de lo§ restos humeantes de • 

sus incendios, la décima parte de los prisioneros de la última |* 

batalla, tan gloriosa para las armas reales como desastrosa para^ í 

las de la revolución; y aunque la manera por demás hidalga y \ 

generosa con que hasta ahora se ha conducido el ejército real ^ 

con los vencidos, me da derecho á esperar que todo el mundo ) 

crea desde luego justificada esta medida; me parece convenien- i 

te, sin embargo, decir con franqueza los motivos que he teni- ^ 

do para adoptarla; que propio es de quien tiene siempre por ; 

norma de su conducta la razón y las leyes, nunca la pasión ni < 

el capricho, complacerse en dar á la conciencia pública las más i 

amplias explicaciones de sus actos. =Hagamos un poco de his- \ 

tona. Cuando en el mes de Julio de i86g, algunas provincias { 

de España se alzaron en armas por nuestro bien amado Rey ] 

D. Carlos VII (q. D. g.), el titulado Gobierno provisional, que ; 

por un motín se había apoderado del mando, circuló por el Mi- \ 

nisterio de la Guerra, que ocupaba D. Juan Prim, una orden \ 

firmada por el subsecretario Sr. Sánchez Bregua, mandando á I 
los jefes de columna fusilar en el acto á todos los malhechores 
cogidos con las armas en la mano. Que por malhechores se en- 
tendían los carlistas, lo prueban los bárbaros fusilamientos de 

Montealegre, de Iglesuela y de Valcovero; y que el Gobierno J 

era el que mandaba aquellos asesinatos, lo prueban, además de '^ 
la referida orden, los ascensos que inmediatamente recibieron 



1 



l8o NORTE. — TERCER PERÍODO. 

los militares que la ejecutaroni como Casalís, Canseco y Cen* 
teño, y la rápida carrera que han hecho desde entonces; siendo 
muy de notar que los jefes de aquel movimiento carlista, entre 
ellos el honrado Balanzátegui, llevaban instrucciones de no ha- 
cer fuego sino en propia defensa, de pagar todas las raciones á 
los pueblos y otras de carácter tan caballeroso, que rayaba en 
lo candido. =Nadie ignora la infame celada que el Gobierno de 
Madrid tendió en el verano siguiente á los carlistas de e|^as pro* 
vincias vasco-navarras por medio del tristemente célebre coro- 
nel Escoda, que fué por el Gobierno ascendido y remunerado. 
Sabido es igualmente el lazo indigno que un jefe llamado Ca- 
rretero, de guarnición en Córdoba, preparó á varios antiguos 
oficiales carlistas de aquella ciudad, prometiéndoles sublevar á 
favor del Rey tres ó cuatro compañías de su mando, y hacien- 
do que esta fuerza disparase á boca de jarro sobre ellos cuando 
de noche acudieron al punto convenido; el autor de esta felonía 
también fué ascendido inmediatamente. A un teniente coronel 
llamado Cortijo, que en 1872, en la provincia de Toledo, hizo 
acuchillar ^in confesión á unos cuarenta carlistas que estaban 
bañándose en el Tajo, el Gobierno de Madrid le envió el ascen- 
so por telégrafo, y le ha servido tanto en su carrera el mérito 
contraído entonces, que hoy es ya brigadier, el mismo briga- 
dier Cortijo que hace poco tiempo insultó cobardemente á nues- 
tros heridos de Santurce. Dos comandantes de la guardia 
civil, uno llamado Cappa y otro Ferruca, han sido también es- 
candalosamente ascendidos por asesinar carlistas indefensos en 
las provincias de Burgos y Soria.=El carácter oficial que re- 
salta en todos estos crímenes, resalta igualmente en los innu- 
merables atropellos cometidos por autoridades de todas clases 
y por una vergonzosa sociedad, con cuyo nombre no he de 
manchar este escrito, organizada y pagada por el Gobierno, 
contra nuestros periódicos, contra nuestros casinos, contra 
nuestros comités electorales de Madrid y provincias; y el mis* 



MANDO DEL MARQUÉS DEL OCERO. iSl 

mo carácter oficial resalta en los innumerables asesinatos de 
sacerdotes, en las profanaciones de iglesias con bailes públicos y 
otros indecibles sacrilegios cometidos desde la revolución de 
Setiembre hasta el presente, siempre en odio á S. M. el Rey y 
á la santa causa que representa. =£n vano ha sido que los de- 
fensores de ésta se hayan conducido siempre con una honradez 
á toda prueba, asi peleando en el campo como haciendo vida 
pacífica en las poblaciones; en vano que después de organizado 
el alzamiento actual en contra de un Gobierno á todas luces 
ilegítimo é injusto, S. M. el Rey depusiera inmediatamente al 
primer jefe de partida que ordenó algunos fusilamientos; en 
vano que contentándonos con desarmar á gran número de pri- 
sioneros cogidos en Eraul y en otras gloriosas jomadas, les pu- 
siéramos en libertad, á los soldados sin condición alguna, y á 
los oficiales, después de comprometidos á no volver hacer ar- 
mas en contra de nuestro ejército, bajo palabra de honor, que 
casi ninguno ha cumplido; en vano que hayamos recogido y 
curado sus heridos con la misma consideración que á los nues- 
tros, como aun continuamos haciendo, pues tenemos hoy en 
curación en nuestros hospitales más de 400 de aquéllos, reco- 
gidos en el campo del enemigo después de su derrota; todo en 
vano; nuestros enemigos fusilaban cruelmente nuestros prisio- 
neros, 6 los deportaban á la isla de Cuba, en tales condicionas 
de estación y de clima, que puede decirse que los enviaban á 
sufrir una muerte segura y dolorosa.=El Gobierno de Madrid 
y los generales que sucesivamente ha tenido mandando el ejér- 
cito que nos combate, nos han faltado á todas las palabras y á 
todos los compromisos; nos han considerado fuera de todas las 
leyes, y han tratado de exterminarnos por cualquier medio, fiíe* 
se justo ó injusto, fuese decente ó deshonroso. En uso del dere- 
cho que nos daba una ley antiquísima de guerra, destruíamos 
las vías férreas y telegráficas, poderoso elemento que el Gobier* 
no utilizaba en nuestro perjuicio, y nos daban por ello los epi- 



l82 NfcRTE. — TERCER PERÍODO. 

tetos más denigrantes; pactaba con nosotros un general enemi- 
go la neutralidad de dichas vías, y al día siguiente de haberse 
comprometido á no trasportar soldados ni material de guerra, 
trasportaba material de guerra y soldados y todo lo que con- 
venía á sus planes. Se nos ha pedido el canje de prisioneros; lo 
hemos aceptado de buena voluntad, y hemos visto en los resul- 
tados, más de una vez, defraudada nuestra buena fé.=Todo esto 
y mucho más que podría referir, si no temiera hacer dqnasiado 
extenso este memorial de agravios, ha sufrido el ejército Real 
con ánimo sereno; pero era poco que la saña de nuestros ene- 
migos se ejerciese contra nosotros, y han querido también des- 
plegarla furiosa contra el país que nos ha dado soldados, que 
nos sostiene con sus recursos y nos alienta con sus simpatías 
en la continuación de esta guerra hidalga, de cuyo éxito bien 
sabe que dependen su vida y su honra. £1 robo, el asesinato, la 
violación y el incendio, son las huellas que dejan los soldados 
de la revolución á su paso por estos pueblos, que no les hosti- 
lizan, aunque no pueden menos de aborrecerles. En los días de 
la memorable batalla de Velabieta, el ejército de Loma y Mo- 
riones quemó casi todo el pueblo de Oyarzun y más de 5o ca- 
seríos en los alrededores de Tolosa; llegando á un extremo tan 
horrible las violaciones en Asteasu y en otros pueblos del con- 
torno, que ¡parece mentira! casi oficialmente se le designaba 
una mujer á cada grupo de soldados. Reciente está la memoria 
de los incendios, asesinatos y violaciones cometidos en los al- 
rededores del Bilbao por el ejército socorro, así como la inicua 
conducta del General en Jefe, que acordó prohibir estos críme- 
nes en un bando, cuando ya todo estaba incendiado y profana- 
do, cuando ya sus soldados no tenían campo á sus brutalidades. . 
Parecidos sucesos se repitieron poco después en Villarreal de 
Álava. =Más tarde, cuando el general Concha, de infausta me- 
moria, se disponía á atacar á Estella, prometió en un breve y 
orgulloso discurso pronunciado ante el ayuntamiento y clero de 



iiAKDo Del marqués del upERO. 183 

Lodosa, hacer á Navarra una guerra de esterminio, y destruir, 
no el ejército Real, sino los pueblos en que domina; y en efec- 
to, apenas comenzó la batalla, comenzaron por parte de los sol- 
dados de Concha los incendios y toda clase de actos de que se 
avergonzarían las tribus salvajes de la Oceania 6 del interior 
del África; apenas comenzó la batalla, ardieron varías casas en 
Villatuerta, en Zurucuain, en Zábal, alguna de ellas con sus 
moradores dentro, y más de 60 en Abárzuza, pueblo antes her- 
moso y que hoy no es más que un montón de ruinas; y lleva- 
ron á tal punto su inhumana ferocidad aquellos desdichados, 
que arrojaron á las llamas de una hoguera cinco de nuestros 
bravos voluntarios, únicos prisioneros que lograron cogemos, 
después de haber disparado sobre ellos, pero sin estar muertos 
todavía. = Y ante semejantes hechos, que la pluma se resiste á 
consignar, y ante tan villana conducta de nuestros enemigos, 
¿hemos de seguir nosotros tratándoles con una generosidad que 
no agradecen, que acaso toman como muestra de miedo, y que 
sobre todo es notoriamente contraria á la justicia? ¿Hemos de 
seguir contemplando con dolor los brutales crímenes de nues- 
tros enemigos, y permitir que los pueblos adictos á S. M. el Rey 
continúen siendo víctimas de tales atropellos? No; ¡vive Dios! 
que no ha de suceder así en adelante, porque la conciencia y 
el honor de consuno exigen ya de nosotros otra cosa. Los re- 
volucionarios han despreciado nuestras amistosas amonestacio- 
nes y nuestros honrados ejemplos; veremos si desprecian del 
mismo modo nuestras justicias. Hoy hemos fusilado no más 
que la décima parte de los criminales; de hoy para arriba 
sufrirán esa suerte todos; de hoy para arriba haremos gue- 
rra sin cuartel á ese ejército de fieras, porque no debe ha- 
ber cuartel para los incendiarios, no debe haber cuartel para 
los violadores, no debe haber cuartel para los asesinos.=2 
Entiéndanlo bien nuestros enemigos, entiéndalo la nación y 
. entiéndalo el mundo: no hemos tomado represalias, por más 



184 NqpTE,--tERCER PERÍODO. 

que nos sobre razón para tomarlas; no fusilamos soldados del 
ejército de la república por el hecho de serlo; fusilamos incen- 
diarios y violadores; fusilamos ladrones y asesinos; fusilamos 
individuos de esas hordas de bandidos sin honor y sin concien- 
cia, que están destruyendo y deshonrando á España. Entiéndase 
bien que volveríamos de buen grado á nuestra antigua conduc- 
ta, si terminara la de los enemigos que ha motivado esta nue- 
va. Entiéndase bien todo esto, para que se nos haga justicia 
cuando se nos juzgue. =E1 Rey, con la ayuda de Dios, ha de 
llegar á su Trono, pese á quien pese y sean cualesquiera los 
obstáculos que encuentre en su camino; el ejército Real que ha 
de allanársele,, cuando encuentre enemigos que, aparte del he- 
cho de serlo, no tengan otra cualidad odiosa, los tratará con su 
acostumbrada nobleza; pero mientras encuentre crimínales, co- 
bardes y traidores, los tratará con rigurosa justicia: al león le 
vencerá en lid galana, pero á la rastrera y venenosa sabandija 
la aplastará de cualquier modo y en cualquier parte. El ejército 
Real tiene además el deber de proteger á los pueblos que están 
bajo el paternal dominio de S. M. y las vidas y haciendas de 
sus pacíficos y honrados moradores; y el ejército Real cumplirá 
este deber, como sabe cumplirlos todos. Yo prometo á esos pue- 
blos, por mí y en nombre de S. M., velar por sus intereses y 
por su honra; yo prometo á esos pueblos emplear todos los me- 
dios lícitos que conduzcan á tan alto fin, aunque parezcan ri- 
gurosos y aunque parezcan duros. Nuestros voluntarios tienen 
derecho á exigir de mí que no haga estériles sus sacrificios y 
que no exponga su valor á la indigna burla de los enemigos, 
que, después de cometer mil iniquidades, pasean impunes y or- 
gullosos nuestras calles, y vuelven luego á empuñar el arma 
para combatirnos; nuestros pueblos tienen derecho á exigir de 
mí que haga respetar sus vidas y sus propiedades, y que no deje 
sin castigo á los que las atropellen. Yo prometo satisfacer los 
racionales deseos de los voluntarios y de los pueblos, que en 



MANDO DFX MARQUÉS DEL DUERO. 185 

mí tienen depositada su confianza. =Hace pocos días tuve oca- 
sión de dar á escoger á los enemigos en un documento solem- 
ne, no entre la paz y la guefra; como el antiguo tribuno, sino 
entre la guerra humana y digna de la altura de la civilización á 
que nos ha traído el Catolicismo y la guerra cruda del derecho 
natural: no han querido la primera, y tendrán la segunda Nos 
hacen guerra de salvajes, y no contestaremos con guerra de 
salvajes, porque no nos lo permiten nuestra religión ni nuestra 
honra, pero daremos á la guerra un carácter de severa justicia. 
=Que conste, de ahora para siempre, que hemos hecho todo lo 
poeible por no llevar la guerra al terreno que, forzados por la 
conducta de nuestros enemigos, la llevamos ahora. Que conste, 
que hemos tenido sobrada razón papa llevarla á ese terreno 
mucho antes, y que por pura generosidad no la hemos llevado. 
Que conste, que nuestros enemigos pueden evitar las conse- 
cuencias de esta medida, y que si no lo hacen, sobre ellos caerá 
toda la sangre que se derrame fuera del campo de batalla, asi 
como la justa indignación de la Patria y la del mundo. Dadas to- 
das estas explicaciones, no me queda nada que decir, sino que 
cumpliré mi palabra con la energía del que cumple un deber 
y con la serenidad del que al obrar deja satisfecha su conciencia 
de cristiano y de caballero. =Estella 30 de Junio de 1874.= 
El teniente general, jefe de £. M. G. — Antonio Dorregaray.t 

Los hechos hablan mucho más alto que las estériles decla- 
maciones del Jefe carlista, que sin justificado motivo realizó un 
acto de crueldad mucho menos explicable después de una victo- 
ría. A pesar de tan inhumano proceder, ni el Gobierno liberal ni 
el General en Jefe creyeron conveniente imitar á Dorregaray; 
que de haber seguido en el camino que éste emprendió, la gue- 
rra hubiera tomado un carácter feroz con escándalo de todos los 
pueblos cultos. 

La junta carlista gubernativa de Navarra publicó también la 
circular que á continuación copiamos: 



Í&6 



NOkTE. — tEkCEk PERIODO. 



«Para reprimir las grandes iniquidades y para prevenir su 
reproducción, preciso es adoptar medidas rápidas y enérgicas. 
Y las iniquidades que acaban de cometerse en los pueblos de 
Abárzuza, Zábal, Villatuerta y otros, por las tropas republica- 
nas, no pueden pasar sin oportuno correctivo, porque de otro 
modo la impunidad alentaría á los criminales en su obra des- 
tructora, y dejaría en punible abandono los intereses lesiona- 
dos. No; no es posible tolerar los actos de vandalismo que con 
escándalo del mundo se han realizado por las huestes liberales, 
que han querido vengar su impotencia y templar su desespera- 
ción con la ruina de seres inocentes. No; no es posible que esos 
•hechos abominables, que descubren corazones siniestros, se con- 
sientan por quien puede suplir con el castigo la falta de virtu- 
des y los excesos del crimen. Y para ese efecto, esta real junta, 
que en su carácter de gubernativa del reino está obligada á ve- 
lar por los fueros de la ley, no puede menos de adoptar dispo- 
siciones afirmantes, sin perjuicio délas que adopte S. M. el Rey, 
convencido como debe estar de que su generosa conducta y su 
noble proceder con el enemigo distan mucho de apreciarse en 
su valor inmenso y de producir ventajosos resultados. = Es pre- 
ciso que se conozcan las leyes de la guerra; es preciso que se 
distingan los hechos que de ella se desprenden necesariamente, 
y los que revisten un carácter eminentemente social: los pri- 
meros son sus leyes, y hay que respetar éstas; los segundos, son 
aberraciones infames que hay que combatir con medidas preven- 
tivas y represivas y poniendo en juego los resortes de la respon- 
sabilidad y de la solidaridad. Si es posible que el que infringe 
los grandes principios morales indemnice los grandes perjuicios 
que irroga y sufra el condigno castigo, utilícese la ley de la res- 
ponsabilidad. Si no es posible que la ley de la responsabilidad 
se haga efectiva, apliqúese la ley de solidaridad que hace sentir 
sus rigores á quienes en relación más intima se encuentran con 
el que se aparta de los principios eternos de justicia, que con 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. 187 

indeleble carácter están escritos en el corazón humano. =La 
guerra es un mal gravísimo, pero cuando se hace con noble 
sinceridad, por más que proceda de errores capitales, se conci- 
be como una gran desgracia, y entonces hay términos hábiles 
para que los que batallan puedan llegar á perfecto acuerdo, 
porque cuando la sinceridad reconoce su error, lo confiesa con 
exaltado patriotismo, y ese reconocimiento es el precursor de 
una paz estable; pero cuando se lucha con perversa intención y 
con enconados sentimientos, entonces se siembra por todas 
partes el terror, se esparce la ingratitud, se difunde la alarma, 
y en pos de tantos quebrantos viene la destrucción, la muerte 
y el exterminio. Y he aquí lo que acontece con las fuerzas que 
luchan sin bandera positiva, con los políticos que sólo viven 
de la negación, con los que sólo quieren aniquilar á quienes 
afirman las grandes verdades y ofrecen soluciones eficaces para 
salvar la sociedad; los que así pelean no albergan en sus cora- 
zones sentimientos levantados que los engradezcan y dignifi- 
quen, sino pasiones miserables que los envenenan y degradan. 
A quienes de tal modo proceden y se sustraen á la acción de la 
ley de la responsabilidad, es preciso hacerles sentir todo el ri- 
gor de la solidaridad, reclamando á los secuaces de su bandera 
la indemnización de los crímenes sociales, no de los hechos po- 
líticos que contra los hombres de la legitimidad y de sus propie- 
dades llegasen á cometerse. Y crímenes sociales son los que se 
han consumado en los pueblos de Abárzuza, y Villatuerta por 
las tropas republicanas; crímenes que no pueden quedar impu- 
nes sin desprestigio del principio de autoridad y sin responsa- 
bilidad del Gobierno que los tolera. Por tanto, esta real junta 
acuerda: = Artículo único. — La comisión de suministros del rei- 
no hará todas las investigaciones conducentes para averiguar la 
entidad de los daños causados por las tropas republicanas, al in« 
cendiar y saquear los pueblos de Abárzuza, Zábal y Villatuer- 
ta y otros puntos, y su importe lo distribuirá en la mejor for- 



1 88 NORTE.— TERCER PERÍODO. ' 

ma entré los liberales de Navarra, para pro<Jeder inmediatamen- 
te á la indemnización oportuna. =Elizondo 30 de Junio de 1874. 
— El presidente, Cesáreo Sánz y López. — Esteban Pérez Ta- 
fallá. — Joaquín de Marichalar. — Narciso Montero de Espinosa. 
— Dámaso Echeverría. — ^Juan Cancio Mena. — Serafín Mata y 
Oneca.t 

En la tarde del 2 de Julio se verificó una gran revista en ho- 
nor de D.* Margarita, en la falda del Monte Jurra, formando, 
al mando de Mendiry, 28 batallones, el real cuerpo de guar- 
dias de á caballo, el regimiento caballería del Rey, los escua- 
drones de Aragón, Asturias, Álava y Castilla y la artillería. A 
las seis revistaron á estas fuerzas D. Carlos y doña Margarita, 
acompañados de Dorregaray, el Duque de la Roca, Larramen- 
di, Argonz, Benavides, Iparraguirre y Oliver, y empezó el des- 
file después de las siete. 

Para terminar este capítulo, añadiremos que D. Carlos pre- 
mió á Dorregaray con la gran cruz de San Fernando, y á Men- 
diry con el título de Conde de Abárzuza, dirigiendo á éste la 
siguiente carta: 

a Mi querido Mendiry: Quiero que mi primer acto al pisar 
este amado suelo navarro, sea recompensar el valor, la pericia 
y la lealtad á toda prueba de uno de sus hijos, conmemoran- 
do al mismo tiempo uña gran victoria, la mayor, tal vez, que 
se ha alcanzado en esta campaña. =La parte que has tomado 
en ella, ha sido muy grande, según acabo de saber por mi jefe 
dé E. M. G., general Dorregaray. =Has estado incansable y 
celoso hasta tal punto, que él ha podido descansar en tí, y esto 
me mueve á concederte merced del título de Castilla, con la 
denominación de conde de Abárzuza, para tí y tus legítimos su- 
cesores. =Llévalo con orgullo, porque bien lo has merecido. = 
Que Dios te guarde. =Tu afectísimo. = Carlos. • 

D. Carlos dirigió á sus tropas la siguiente alocución: 

a Voluntarios. =Una ligera enfermedad de que ya, gracias á 



MANDO DEL MARQUÉS DEL DUERO. 1 89 

Dios, estoy restablecido, me impidió haceros oir mi voz cari- 
ñosa al día siguiente de haberos pasado revista; pero aun hoy 
es tiempo para manifestaros mi satisfacción y mi gratitud por 
vuestro heroico comportamiento en la última batalla, por la 
brillantísima victoria que habéis obtenido contra el ejército de 
la revolución en los campos de Abárzuza.=El enemigo, con- 
fiado en la multitud de sus soldados y en la superioridad de sus 
armas, pretendió arrollaros, pero su violento empuje se estre- 
lló, como otras veces, ante vuestro valor invencible. =£1 Dios 
de los ejércitos, por cuya gloria principalmente peleamos, mul- 
tiplicó vuestro aliento y os ayudó á confundir la soberbia del 
que había prometido la destrucción y el exterminio de esta tie- 
rra leal, haciéndole morir á vuestros pies, precisamente el día 
en que la Iglesia conmemoraba la aparición de Santiago en 
Clavijo para confundir á la morisma. =Habeis estado admira- 
bles; habéis excedido las más lisonjeras esperanzas; por eso 
quise presentaros á la Reina para que participara de mi con- 
tento, quedando ambos, en la revista, complacidísimos de vues- 
tro estado de instrucción y de vuestro excelente espíritu bélico. 
= Allí leí con entusiasmo en vuestros semblantes la inquebran- 
table adhesión á la bandera que estáis defendiendo, del ardiente 
amor á vuestro Rey, la ilimitada confianza en vuestros genera- 
les, la firme decisión de combatir al enemigo sin tregua ni des- 
canso, prendas todas seguras de nuevas victorias. = Volunta- 
rios. =Cada vez estoy más orgulloso de vosotros; cada vez 
estoy más satisfecho de vuestro valor y de vuestra constancia; 
V, aunque nunca he dudado del triunfo, cada vez tengo, si es 
posible, mayor seguridad de obtenerla; porque con la protección 
de Dios, tan patente, es imposible que fracase ninguna empre- 
sa. =Seguid como Hasta ahora y llegaremos pronto al feliz tér- 
mino de la nuestra, que es hacer la ventura de España. = 
Vuestro Rey. = Carlos.» 



CAPITULO IV. 



El general Zavala se encarga del mando del ejército del Norte.— Comunicación que di- • 
rigió al Ministro de la Guerra —Organización del ejército del Norte.— Contestación 
del Ministro.— Oficio del General en Jefe al Ministro, referente á los fusilamientos de 
Abárzuza.— Contestación del Ministro.— Trátase de reforzar el ejército del Norte.— 
Disposicioneb del General en Jefe referentes á la situación de las tropas de su man-* 
do.— Telegrama dirigido por el Ministro al General en Jefe, manifestándole cuál era 
el estado de la nación bajo el concepto de orden público.— Consideraciones.— Indica 
el Ministro al General en Jefe, que tal vez necesitaría que le enviara algunas fuerzas 
del Norte, á causa de la entrada de los carlistas en Cuenca.— Contestación del Gene- 
ral en Jefe*— Estado de la guerra en el Norte. 



El Excmo. señor capitán general de ejército, D. Juan de 
Zavala^ marqués de Sierra Bullones, fué nombrado General en 
Jefe del ejército del Norte, por decreto de 29 de Junio de 1874, 
siendo reemplazado interinamente en el Ministerio de la Guerra 
por el Excmo. señor teniente general D. Fernando Cotoner. El 
Excmo. Sr. brigadier D. Marcelo Azcárraga debía ejercer inte- 
rinamente el cargo de jefe de E. M. G. 

A las diez de la mañana del mismo día salió Zavala para Tu- 
dela ; llegó á este punto al medio día del 30, y al día siguiente 
se encargó del mando que se le había confiado. 

En la previsión de que necesitara refuerzos el ejército del 
Norte, se adoptaron por el Ministro de la Guerra las disposi- 
ciones convenientes para enviar á este teatro de la guerra un 
refuerzo de 12 batallones. Se previno también que el 4 de Ju- 
lio saliera de Madrid para Logroño un batallón, en reemplazo 
del tercero de la guardia civil. 

Con fecha 2 de Julio dirigió Zavala al Ministro de la Guerra, 
la siguiente comunicación: 

«Excmo. Sr.:=Según he manifestado á V. E. en telegrama 
de ayer, he revistado una gran parte de las fuerzas de que este 



192 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

ejército se compone; he variado su organización en la forma 
que demuestra el cuadro que remito á V. E. adjunto, y me 
ocupo en disponer lo conveniente para que se ensanche el 
círculo de las posiciones en que últimamente habían quedado 
las tropas; al mismo tiempo que con esta medida se procuran 
evitar los graves inconvenientes que en la presente estación 
puede producir la aglomeración de hombres en poblaciones pe- 
queñas, me propongo que en los días que hayan de continuar 
en descanso se dediquen los cuerpos á mejorar su policía, aten- 
diendo el soldado, en cuanto sea posible, á recomponer y lim- 
piar su vestuario y equipo, deteriorado notablemente en la cam- 
paña. =Como es natural, estoy enterándome de la forma en que 
se cumplen los diferentes servicios de todo género que exige un 
ejército en operaciones, con el fin de que todo se halle listo en 
el momento que llegue á emprender un movimiento, y des- 
de luego lo que más preocupa mi atención es la incomunicación 
en que nos hallamos con Tudela por la vía férrea. Llamo muy 
especialmente la atención de V. E. sobre esto, seguro de que 
no desconocerá la gran importancia de que se recorra sin inte- 
rrupción el ferrocarril, por lo menos el trayecto desde Castejón 
á esta población, y me atrevo á reclamar de V. E., como abso- 
lutamente necesario, que signiñque al Ministerio de Fomento 
la urgente necesidad de que se habilite el puente de la vía férrea 
en Castejón, que las grandes avenidas lo tienen en parte inuti- 
lizado hace algún tiempo. No sólo es esto importante por la ra - 
pidez y economía que da al aprovisionamiento y á la conducción 
de material y personal, sino que interesa también por evitar el 
mal efecto que produce la incomunicación en que se halla esta 
provincia, precisamente en el punto en donde el ejército más 
activamente opera. No cesaré de encarecer á V. E. esta nejcesi- 
dad, y por mi parte, en cuanto sea posible, procuraré restablecer 
también la vía hasta la capital de la provincia. — La línea tele- 
gráfica de aquíá Castejón se interrumpe con frecuencia, y ya he 



MANDO DEL MARQUÉS DB SIERRA BULLONES. I93 

adoptado las disposiciones oportunas para su recomposición y 
seguridad, pero debo manifestar á V. E., que muchas veces las 
interrupciones proceden del mal estado en que se halla el ma- 
terial de la linea, que es urgente mejorar destinando el personal 
necesario.=Concluyo manifestando á V. E., que seguiré dándo- 
le noticia de todo aquello que merezca ser conocido del Gobier- 
no. = Dios guarde á V. E. muchos años. = Cuartel general en 
Tafalla, 3 de Julio de i874.=Excmo. Sr.=Juan de Zavala.t 

He aquí el cuadro de organización á que se refiere el ante- 
rior oficio, que lo extractamos de la orden general de la citada 
fecha: 

General en Jefe: Excmo. Sr. Capitán general de ejército, 
don Juan Zavala. 

Cuartel general. 

Jefe de E. M. G.: Excmo. Sr. mariscal de campo, D. Miguel de 

la Vega Inclán. 
2.** Jefe de E. M. G.: Excmo. Sr. brigadier, D. Marcelo de 

Ázcárraga. 

Comandante general de artillería. 
Excmo. Sr. brigadier, D. Sebastián Prats. 

Comandante general de ingenieros. 
Excmo. Sr. brigadier, D. Pedro A. Burriel. 

Gobernador del cuartel general. 
Brigadier, D. Francisco Javier Girón, marqués de Ahumada, 

Intendente del ejército. 
Excmo. Sr. D. Augusto Seguí, 



194 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

Jefe de sanidad militar del ejército. 
Inspector, D. José Farrús y Vals. 

Medico del cuartel general. 
Médico mayor, D. Justo Martínez y Martínez. 

DIVISIÓN DE VANGUARDIA. 

Comandante general en comisión: Excmo. Sr. brigadier D. Ra- 
món Blanco. 

Primera brigada. 

Jefe:brigadier, D. Benito Rubio. 

¡Batallón cazadores de Barbastro. 
Id. id. de Ciudad-Rodrigo. 

Id. id. de Alcolea. 

Id. id. de la Habana. 

Segunda brigada. 

Jefe: D. Agustín Oviedo. 

Batallón cazadores de Puerto Rico. 



' \ Id. id. de Las Navas. 

Cuerpos.... ^^ .^ ^^^^^^^^^ 

( Id. reserva de Huesca. 

PRIMER CUERPO DE EJERCITO 

Comandante en jefe: Excmo. Sr. teniente general D. Domin- 
go Morlones. 

Jefe de E. M.: Excmo. Sr. brigadier de ejército, D. Emilio 
Terrero. 



MANDO DEL MARQl'ÉS DE SIERRA BULLONES. I95 



Brigada de vanguardia. 

Jefe: brigadier, D. Juan Ignacio Otal. 

(Regimiento infantería de Mallorca. 
Un batallón del id. id. de Guadalajara. 
Un id. del id. id. de Luchana. 

PRIMERA DIVISIÓN. 

Comandante general: Excmo. Sr. mariscal de campo, D. Joa- 
quín Colomo. 

Primera brigada. 

Jefe: brigadier, D. Luis Daban. 

^ I Regimiento infantería de Sevilla. 

Cuerpos . . . .< , , . , , ^ 

\ Id. id. de Cantabria. 

Segunda brigada. 

Jefe: brigadier, D. Enrique Martí. 

J Regimiento infantería de la Constitución. 
* ' * ( Id. id. de San Quintín. 

SEGUNDA DIVISIÓN. 

^Comandante general: Excmo. Sr. mariscal de campo D. Meli- 
tón Catalán. 

Primera brigada. 

Jefe: brigadier, D. Adolfo Cortijo. 

j Regimiento infantería de Zamora. 
* " I Id. id. de Zaragoza. 

Segunda brigada. 
Jefe: brigadier, D. Agustín Ruiz de Alcalá. 



1 96 NORTE. — TERCER PERÍODO. 



Cuerpos. 



Batallón reserva de Cádiz. 

Id. id. de Valladolid. 
Batallón del regimiento infantería de Cuenca. 

Id. id. id. de Marina. 



SEGUNDO CUERPO DE EJERCITO 

Comandante en jefe: Excmo. Sr. teniente general, D. Fran- 
cisco Ceballos y Vargas. 
Jefe de E. M.: coronel del cuerpo, D. Rafael Assin y Bazán. 

Brigada de vanguardia. 

Jefe: brigadier, D. Enrique Bargés. 

Regimiento infantería de Valencia. 



Cuerpos , ^, .^ , * 

Id. id. de Astunas. 



PRIMERA DIVISIÓN. 

Comandante general: Excmo. Sr. mariscal de campo D. José 
Rosell del Piquer. 

Primera breada. 

Jefe: brigadier, D. Pedro Beaumont. 

I Regimiento infantería de Tetuán. 
Cuerpos. , . . \ Un batallón del regimiento infantería de Soria. 

f Un id. reserva de León. 

Segunda brigada. 

Jefe: brigadier, D. Pedro Ruiz Dana. 

I Regimiento infantería de Castilla. 
Cuerpos. ... Un batallón del regimiento de Castrejana. 

I Un id. reserva de Guadalajara. 



MANDO DEL MARQUÉS DE SIERRA BULLONES. I97 
SEGUNDA DIVISIÓN. 

Comandante general: Excmo. Sr. mariscal de campo, D. José 
de los Reyes. 

Primea brigada. 

Jefe: Excmo. Sr. brigadier, D. José Rodríguez Espina. 

^ ( Regimiento infantería de Ramales. 

Cuerpos < ,^ ., , ^ 

( Id. id. deOntona. 

Segunda brigada. 

Jefe: brigadier, D. Eduardo Infanzón 

1 Regimiento infantería de León. 
Cuerpos. . . . | Un batallón de Gerona. 

f Un id. reserva de Zamora. 
Nota. El brigadier Acellana continuará, por ahora, en el 
mando especial que desempeña en la Rioja. 

DIVISIÓN DE VIZCAYA. 

Comandante general: Excmo. Sr. mariscal de campo, D. José 
Morales de los Ríos. 

Primera brigada. 

Jefe: brigadier, D. Manuel Cassola. 

^ ( Regimiento infantería de Galicia. 

Cuerpos. . . . < 

I Un batallón del regimiento de África. 

Segunda brigada. 

Jefe: brigadier, D. Federico Zenarruza. 

Regimiento infantería de Saboya. 
Cuerpos*. . .{ Un batallón de id de Albuera. 

5.^ batallón de carabineros» 



IqS norte. — TERCER PERÍODO. 

Comandante general de la caballería del qérdto. 

Excmo. Sr. mariscal de campo, D. Carlos García Tarrasa. 
Jefe de Estado Mayor: coronel del cuerpo, D. Félix Jones. 

Primera brigada. 

Jefe: brigadier, D, José Jaquetot. 

Afectos al primer cuerpo. 

Regimiento de Sesma. 
Id. de Arlaban. 
Id. de Villaviciosa. 
Id. de Talayera. 
Id. de Lusítania. 

Segunda brigada. 

Jefe: brigadier, D. José Sánchez Mira. 

Afectos al segundo cuerpo. 

Regimiento de Farnesio. 
Id. de Numancia. 

Afectos al cuartel general. 

Regimiento de Albuera. 

Id. de Villarrobledo. 

Afecto d la división de vanguardia. 

Regimiento de Pavía. 

Advertencia. La fuerza de Pavía que estaba en Tudela de- 
bía incorporarse al regimiento, tan pronto como fuera relevada 
por otra fuerza. 



MANDO DEL MAtiQüés D& SIERRA BULLONES. IQQ 



Distribución de la Artillería. 

Para el primer cuerpo de ejército se destinaron tres bate- 
rías montadas y una de montaña de seis piezas^ é igual núme- 
ro de ambas clases se asignaron al segundo cuerpo. 

A la división de vanguardia quedaron afectas dos baterías 
de montaña de á cuatro piezas. Otra batería montada de á seis 
piezas debía marchar á Vitoria, y las restantes se destinaron 
al cuartel general. 

Distribución de los ingenieros. 

Un batallón quedó anejo al cuartel general, y la fuerza res- 
tante distribuida en la forma que tenia. 

Guardia civil. 

2." batallón: afecto al cuartel general. 
6.° batallón: dos compañías para el cuartel general, y dos 
para cada uno de los cuerpos de ejército. 

Carabineros. 

Los batallones 3.° y 4.^* se destinaron al servicio de las es- 
' coltas y los convoyes. 

La compañía de Tiradores del Norte y la de forales quedaron 
afectas al cuartel general. 

A continuación copiamos también la comunicación que el 
Ministro de la Guerra dirigió al General en Jefe, en contesta- 
ción al oficio de éste. 

«Excmo. Sr.:=Por la comunicación deV.E.,fecha3 del mes 
actual, y el cuadro de organización que á la misma acompaña, 
se ha enterado el Presidente del Poder Ejecutivo de la República, 
de la que V. E. ha dado á ese Ejército^ asi como también de las 
disposiciones que ha adoptado para ensanchar el circulo de las 



200 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

posiciones que ocupaban las tropas que lo componen , con obje- 
to de cortar los inconvenientes que pudiera tener en la presente 
estación la aglomeración excesiva de fuerzas en poblaciones 
pequeñas. Tiene el Gobierno completa confianza en las especia- 
les dotes de V. E., y está seguro de que, merced á ellas, se lle- 
narán cumplidamente los diferentes servicios que son necesa- 
rios para el buen éxito de las operaciones. Está conforme con 
V. E. en la necesidad de restablecer las comunicaciones con 
Tudela, por la vía férrea, y á este objeto, se remitió hace tiem- 
po á ese E. M. G. un expediente relativo á las obras precisas 
para establecer un paso provisional en el arruinado puente de 
Castejón, que la empresa no se niega á verificar, pero recla- 
mando la oportuna vigilancia en la vía, y sobre todo, la protec- 
ción, por fuerzas del Ejército, de la citada obra. Por si los ante- 
cedentes dfe este asunto hubieran sufrido extravío, se entregaron 
nuevos datos al general Fajardo, al marchar éste á ese ejér- 
cito, y oyó del director general de Obras públicas las explica- 
ciones necesarias, para poder dar á V. E. las que juzgase con- 
veniente pedirle. Igualmente se ocupó el Gobierno en remitir 
el material de telégrafos necesario para la rapidez y seguridad 
de las comunicaciones entre Tafalla y Castejón, y puede V. E. 
tener la seguridad de que el interés que inspiran al Gobierno 
esas sufridas tropas y su digno General en Jefe, no ha de de- 
caer un sólo instante, á fin de proporcionarle, en la medida de 
lo posible, cuantos recursos y medios de acción puedan serle 
necesarios. = De orden del referido Presidente lo comunico á 
V. E. para su conocimiento y efectos consiguientes. — Dios 
guarde á V. E. muchos años.=Madrid 6 de Julio de 1874. • 

El General Zavala dirigió también al Ministro de la Guerra 
la siguiente comunicación, con motivo de los fusilamientos de 
Ábárzuza: 

•Excmo. Sr.:— Con sentimiento é indignación extremas, 
acabo de tener noticia de una proclama dada en Estella por el 



MANDO DEL MARQUÉS DE SIERRA BULLONES. 20t 

cabecilla Dorregaray, y la cual acompaño á V. E., en la que, 
hollando todos los principios de humanidad, se atreve á publi- 
car y enaltecer á la faz de España, á la faz del mundo entero, 
los bárbaros fusilamientos llevados por él á cabo en nuestros 
indefensos prisioneros, con pretexto de los incendios que su- 
pone han tenido lugar en Abárzuza y otros pueblos, no en el 
calor del combate, sino que calumniando torpemente á nues- 
tros soldados les juzga fría y pérfidamente incendiarios. Por 
conducto cdnñdencial he sabido además, que las victimas de ese 
bárbaro atentado han sido un capitán, un teniente y diez sol- 
dados, estos últimos á consecuencia de haber sido diezmados 
los de su clase; y no para en esto la perversidad de aquel ca- 
becilla, sino que llega á amenazar con que en lo sucesivo no se 
tendrá por satisfecho con el rigor ahora desplegado, proponién- 
dose, en su ciega insensatez, llegar hasta los últimos límites 
de la guerra sin cuartel. =V. E. comprende cuánta gravedad 
encierra esta situación. Si no se consultara más que á nuestra 
legitima indignación, el derecho de nuestras represalias nos lle- 
varía hasta las últimas consecuencias de una guerra de extermi- 
nio. Se trata de unos subditos rebeldes y fanáticos que han sido 
tratados por el Gobierno legal del país, con una abnegación com- 
pleta; y á esta conducta noble, han contestado con un acto bár- 
baro é indigno de los que de españoles y religiosos se precian. 
Hay que tener en cuenta que antes de las últimas operaciones 
había ya dado el mismo jefe faccioso, una proclama, amenazan- 
do con hacer la guerra de esa manera cruel, y á la cual contes* 
tó el ilustre Marqués del Duero, desde Larraga, con otra digní- 
sima y en laque resplandecían los más elevados sentimientos. 
= Además, ni la justicia ni las obligaciones que exige la pro- 
tección que se debe á nuestros soldados, cualquiera que sea la 
situación á que les conduzca la suerte de los combates, permi- 
ten que esos crímenes queden impunes; y tanto menos cuanto 
que pudieran hasta imaginar como debilidad, lo que sólo fue- 

To»:o V, 14 



202 NORTE. — ^TfiRCER PERÍODO. 

ra efecto de una generosidad extraordinaria. Por otra parte, 
España^ la verdadera España, no puede en ocasión ninguna 
bajarse al nivel de esos rebeldes, que en su impotencia y obce- 
cación faltan á todo lo que se deben los hombres honrados; y 
no es esto sólo, sino que los vínculos que nuestra patria tiene 
con el mundo civilizado, exigen que sea la guardadora en este 
suelo, de los principios de lahumanidady la civilización. =Pero, 
sin embargo, repito que no es posible dejar impunes esos asesi- 
natos; hay que tratar á los que tan mal comprenden nuestra 
generosa conducta con enérgica y severa justicia. Y en este 
concepto y comprendiendo la extraordinaria gravedad de este 
asunto y los intereses que con él se relacionan, creo convenien- 
te dejarlo íntegro á la resolución del Gobierno, por más que 
deba, como lo hago, emitir mi opinión; rogando por lo tanto 
ÍL V. E. se sirva, si así lo estima, dar cuenta de este escrito, y 
comunicarme sus superiores órdenes. = Dios guarde áV. E. 
muchos años. =Cuartel general en Tafallaó de Julio de 1874. 
=Excmo. Sr.:=Juan de Zavala.» 

El Ministro le contestó en los siguientes términos: 
«Excmo. Sr.:=La comunicación de V. E., f^chaó del mes 
actual, ha causado al Presidente del Poder Ejecutivo de la Re- 
pública y á su Gobierno, el sentimiento é indignación que son 
consiguientes á los bárbaros acontecimientos de que en la mis- 
ma se da cuenta: el fusilamiento de un capitán un teniente, y 
diez soldados de nuestro ejército, mandado verificar por el je- 
fe carlista Dorregaray, entre lo% prisioneros que se hallaban en 
poder del enemigo, por consecuencia de las operaciones verifi» 
cadas sobre Estella, en los días 25, 26, 27 y 28 de Junio últi- 
mo, ni tiene precedente que pueda servirle de disculpa, ni ha- 
brá producido en las naciones civilizadas, por más que se haya 
tratado de explicarlo, otro sentimiento que el de horror y la re- 
pugnancia que merece tan inicuo proceder. Si el Gobierno pu- 
diese olvidar que representa los intereses de una nación siem* 



MANDO t)£L MARQUÉS D£ SIEHKA fiULLOKES. 2o3 

pre noble, siempre digna, aún con aquellos que parecen poner 
empeño en sacarla de la humanitaria linea de conducta en que 
constantemente se ha encerrado, fácil le fuera ejercer represa- 
lias por la sangre ¡nocente recientemente derramada; pero esto 
sería descender al odioso terreno en que se ha colocado el ene- 
migo, y no deben confundirse los que defienden la causa de la 
civilización con los que tremolan el estandarte de un sistema 
juzgado irrevocablemente por la opinión. Sin embargo, preci- 
so es hacer sentir á esas fanatizadas comarcas la indignación 
de la patria ante el injustificado crimen ordenado por sus je- 
fes; preciso es responder con medidas de rigor al inicuo proce- 
der del caudillo faccioso; y en tal concepto, las determinacio- 
nes que sea conveniente adoptar, dependen principalmente de 
las operaciones que haya de verificar ese ejército, del sistem*a 
de guerra que se proponga hacer y de otras circunstancias que 
nadie mejor que V. E. puede apreciar. Pero, sin embargo, juz- 
ga el Gobierno que la guerra, en lo sucesivo, debe revestir un 
carácter más duro^ en lo que tiene relación con el país que la 
sostiene, y que es conveniente privar al enemigo de cuantos 
recursos éste le proporciona, ya utilizándolos exclusivamente 
para nuestro ejército, ya destruyéndolos cuando no puedan 
aprovecharse con dicho objeto; y al efecto espera conocer la 
autorizada opinión de V. E., hallándose dispuesto á prestarle 
todo el apoyo moral y material que necesite para llevar á cabo 
con rapidez y energía el plan que le parezca oportuno. =Lo 
comunico á V. E. de orden del citado Presidente, para su co- 
nocimiento y efectos consiguientes. =Dios guarde á V. E. mu- 
chos años.=Madrid ii de Julio de 1874.» 

El Ministro de la Guerra interino, que, según se ha dicho, 
se había propuesto reforzar el ejército del Norte con doce bata- 
llones, decía á este propósito al General en Jefe, que pertenecían 
aquéllos á la última reserva, única fuerza de infantería disponi- 
ble para el servicio, así en Madrid cor/iO en oíros distiitos, y 



204 MORTÉ.— tÉliCEft PERIÓJbd. 

le indicaba la necesidad de que los reemplazaran otros de nue- 
va creación, para lo cual y para no quedarse sin fuerzas en Ma- 
drid^ de donde salían seis batallones para el Norte y cuatro 
para otros puntos^ además de las que habían salido, le eran in- 
dispensables algunos batallones de los que se instruían en Bur- 



El general Zavala contestó al Ministro de la Guerra en te- 
legrama del 6, que comprendía el esfuerzo que hacía al enviar- 
le doce batallones, y que no era su ánimo dejarle sin fuerzas en 
Madrid, porque comprendía la imprescindible necesidad de que 
en esta capital hubiese una fuerte guarnición para su seguridad 
y para acudir también á cualquier punto amenazado. • Al sig- 
nificar á V. E., decía, que se acelerara la instrucción de los ba- 
tallones de la última reserva situados en Burgos, para reforzar 
las mermadas filas de los de este ejército, fué en la ¡dea de que 
los situados en Valladolid y otros puntos podrían cubrir los 
huecos que dejan los que pone V. E. en movimiento. Obre, por 
lo tanto, V. E. con entera seguridad de que lo que disponga me 
parecerá lo mejor, pues nadie conoce más que yo su actividad, 
su inteligencia y el interés con que llena los deberes de su di- 
fícil cargo. Disponga V. E. que además del batallón de Mur- 
cia quede otro en Burgos, y los diez restantes, tres en Miran- 
da, tres en Haro, dos en Briones y dos en Cenicero.» 

En telegrama del 6 decía el Ministro al General en Jefe, que 
á las diez de la mañana había salido de Madrid el batallón re- 
serva de Jaén, á las once y media el de ingenieros, á las dos 
el de Játiva, y que á las diez de la noche saldría el de Córdoba; 
todos para Burgos. 

En telegrama del 7 decía el Ministro de la Guerra al ge- 
neral Zavala: 

«Con el fin de que pueda V. E. recibir en pocos días un au- 
mento en ese ejército de unos iS.ooo hombres, contando con 
los doce batallones que están ya en marcha, y cuya fuerza total 



MANDO DEL MARQUÉS DE SIERRA BULLONES. 205 

es próximamente de 9.000, he concebido la idea de destinarle 
por ahora 6.000 soldados procedentes del último reemplazo, 
pertenecientes á los batallones últimamente organizados. Al 
efecto, si á V. E. le pareciese bien, pudieran sacarse 160 á 170 
hombres de cada uno de los 37 batallones existentes, sin con- 
tar los de Cataluña, y como todos tienen de fuerza 80c 6 más, 
sin contar los cuadros, se conseguirá el objeto de reforzar con- 
siderablemente ese ejército, conservando, sin embargo, orga- 
nizados con 650 hombres 6 más, los 44 batallones que se han 
formado, que es la fuerza que generalmente han tenido, los 
cuales continuarán instruyéndose y prestando el servicio de 
guarnición, en tanto que totalmente instruidos y dotados de ar- 
mamento Remingthon, cuando se reciba el contratado, puedan 
también, en un plazo breve, aplicarse al servicio de campa- 
ña. Si V. £. aceptase el pensamiento, pudiera la operación ha- 
cerse fácilmente, y en el momento que V. E. me remitiese 
un estado, por regimientos y batallones, de la fuerza que á cada 
uno debe destinarse de los 6.000 hombres que por este plan se- 
rían baja en sus batallones para ser alta en los de ese ejército.» 

El General en Jefe le contestó, aceptando sus ideas acerca 
del particular: 

•Sin novedad salgo en este momento para Andosilla.=Me 
parece muy buena la idea de V. E. para reforzar este ejército. 
=Remitiré estado de fuerza cuando lo tenga. » 

Considerando el General en Jefe que no le era posible empren- 
der operaciones de importancia con las fuerzas de que dispo- 
nía, se dedicó ante todo á la reorganización de su ejército y á 
establecerse sólidamente en su base de operaciones, reponien- 
do los almacenes de víveres y municiones, fortificando á Larra- 
ga, Lerín y Lodosa y aumentando las obras de defensa de Lo- 
groño, Miranda y Vitoria. Trató á la vez de levantar el espíri- 
tu del soldado y de mejorar su disciplina. 

Por de pronto no le era posible emprender operaciones ofen- 



206 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

sivas, pues para esto era necesario organizar otro cuerpo de 
ejército. 

En su consecuencia, dispuso que el i.^*^ cuerpo y la i .* briga- 
da de la división de vanguardia amenazasen á la provincia de 
Navarra, ocupando la linea de Artajona á Tafalla, Larraga y 
Lerin, bajo el inmediato mando del general Moñones (á la vez 
ejercería éste el cargo de capitán general de Navarra), y esta- 
bleció en Tafalla un abundante depósito de municiones de boca 
y guerra, prevención necesaria para que dicho General pudiese 
obrar desembarazadamente. Con el 2.^ cuerpo y la 2/ brigada 
de la división de vanguardia y las nuevas tropas que se le envia- 
rían, una vez organizadas, esperaba emprender las operaciones, 
contando con la cooperación de las referidas fuerzas de Moño- 
nes. Previno también, que la batería de 12 centímetros, una de 
10 centímetros, dos del regimiento montado y dos del 3." mar- 
charan convenientemente escoltadas á Tudela y á Logroño, 
donde las tendría bien situadas para emplearlas según fuera ne- 
cesario, y que una batería del 3.° montado pasara á Vitoria, por 
no haber en esta plaza artillería de campaña. 

Llamó la atención del Gobierno sobre el importante servicio 
de municionar las tropas; propuso que la fuerza de cada cuerpo 
se incorporara en lo posible al suyo, para evitar los inconvenien- 
tes de una excesiva diseminación; indicó también al Ministro, 
que se vería precisado á hacer algunas alteraciones en el personal 
de jefes y oficiales, procediendo en tan importante asunto con 
calma, previos los informes oportunos, anticipando acerca del 
particular, que había gran irregularidad en el número de jefes 
y oficiales destinados á los cuerpos, pues mientras en unos era 
corto el efectivo, en otros era excesivo el de agregados, sobre 
todo el de jefes. 

El Ministro le contestó en oficio de fecha g de Julio, que 
estaba conforme con sus disposiciones, confiando que con los 
cincuenta millones de cartuchos Remigthon que aun había 



MANDO DEL MARQUÉS DC SICRRA BULLONBS. 20y 

de recibir de las contratas pendientes con el extranjero y con 
los dos y medio á tres millones que producían mensualmente los 
establecimientos nacionales de artillería, se cubriría sin dificul- 
tades tan preferente atención; y autorizó al general Zavala para 
que hiciera los cambios que creyera convenientes en el personal 
de jefes y oficiales del ejército de su mando, convencido de que 
había de obrar con el mejor acierto. 

En telegrama del i3 manifestaba el Ministro de la Guerra 
al General en Jefe, que habían emprendido ya. la marcha para 
el Norte algunos batallones y que en breve quedaría ter- 
minado el movimiento de los 12 de refuerzo, que eran, uno 
del I.** de ingenieros y los de reserva de Málaga, Ciudad-Real 
Murcia, Santander, Jaén, Játiva, Córdoba, Castellón, Logroño, 
Sevilla y Alicante. 

El Ministro manifestó al general Zavala cuál era el esta- 
do de la nación bajo el concepto de orden público, en el tele- 
grama que á continuación se copia de fecha 13: 

•Sin perjuicio de dar á V. E. conocimiento de todo por car- 
ta, he creído hoy deber adelantarle por telégrafo las novedades 
que ocurren. La facción mandada por D. Alfonso se ha presenta- 
do en Cañete y amenaza á Cuenca, obligándome á hacer salir 
de aquí toda la fuerza que tengo del llamamiento anterior y la 
guardia civil, quedándome en Madrid con algunos batallones 
de quintos en instrucción, mal armados. En el antiguo reino de 
Valencia se nota agitación, preparándose huelga en la capital 
y resistencia al pago de contribuciones en pueblos tan impor- 
tantes como Gandía, Sueca, Villalonga y otros. En Cataluña 
se ha agravado la situación estos últimos días, y además de es- 
tar los carlistas atacando á Puigcerdá y de haber sufrido un 
descalabro un batallón 'de Extremadura, se agitan en la capi- 
tal los internacionalistas; lo cual obliga al capitán general á 
aproximar fuerzas á Barcelona. En Sevilla también, según me 
dice de oficio el general Mackenna, se trabaja para alterar el or- 



208 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

den, y ya ha ocurrido un motín en Ecija, ciudad importante. 
Todo esto me hace vivir muy prevenido y me obliga á no des- 
cuidar tantas atenciones, para que cuento solamente con los 
pocos batallones de nueva creación que me han quedado, pero 
con los que espero dominar tantas dificultades. — Madrid 13 de 
Julio de 1874.» 

Zavala le contestó: 

•Recibido su telegrama. Puedo enviar á V, E. toda la fuer- 
za que sea necess^ria. » 

Como se comprenderá sin más explicaciones, el estado ge- 
neral de la Nación agravaba sobre manera el de la guerra del 
Norte. Como hemos dicho, era difícil que las fuerzas de Zavala 
ejecutaran ninguna operación seria, y mucho menos si se des- 
prendía aquél de parte de ellas, porque es preciso tener en cuen- 
ta que los batallones de reserva sólo eran útiles, por de pronto, 
para cubrir las guarniciones, y que urgía aumentar éstas con el 
fin de evitar que á cada paso estuvieran en peligro. Dando Za- 
vala al telegrama del Ministro la importancia y gravedad que en- 
trañaba, reiteró en oficio del 14 su ofrecimiento de enviarle las 
fuerzas que necesitase, manifestándole, que mientras no toma- 
ra la ofensiva, no tenía inconveniente en desprenderse de algu- 
nas para asegurar el éxito de las operaciones en otros distritos. 
Para esto tenía presente, que el enemigo no estaba, al parecer, 
en actitud de tomar la ofensiva, y que el primer cuerpo se en- 
contraba en Navarra con fuerzas suficientes para obligar á que 
el núcleo principal de los carlistas permaneciera en las inme- 
diaciones de Estella, temiendo que un nuevo suceso malograra 
las ventajas obtenidas por aquéllos en Monte-Muru. En la iz- 
quierda de la línea liberal, las tropas de Villegas, convenien- 
temente reforzadas, y las que formarían parte del tercer cuerpo, 
serían suficientes para tener en jaque á los carlistas en aquella 
zona, impidiendo que se pudieran ocupar éstos en otras atencio- 
nes. Bilbao reunía 13 batallones con las tropas que últimamente 



MANDO DEL MARQUÉS DB SIERRA BULLONES. ZOg 

había enviado á este punto. La línea del Ebro quedaba bien 
cubierta. 

Desgraciadamente^ á causa del mal estado de la guerra en 
el Centro, el Gobierno se iba á ver en el caso de aceptar el ofre- 
cimiento del general Zavala, aun dejando reducidas las fuerzas 
del Norte. Unos 8.000 carlistas, mandados por D. Alfonso, 
Freixas, Monet, el cura de Flix y el canónigo Abril, atacaron á 
Cuenca, y aunque el Gobierno destacó desde Madrid una fuer- 
te columna para batir á aquéllos, no llegó á tiempo, y entraron 
los rebeldes en la ciudad, cometiendo cruelísimos excesos, 
mucho menos disculpables por haberlos presenciado D. Al- 
fonso y su señora, que no sólo no intentaron reprimirlos sino 
que al parecer los alentaron. Con motivo de la marcha de los 
carlistas sobre Cuenca, y en la previsión de los sucesos, había 
dicho el Ministro á Zavala en telegrama del 16, que en vista 
de su ofrecimiento, le indicaba la conveniencia de que tuviera 
preparadas algunas fuerzas, por si le fuesen necesarias, te- 
niendo también dispuesto el material de ferrocarril para tras- 
portarlas á donde conviniera. Destinó Zavala á este efecto 
cinco batallones de reserva; pero habiéndole indicado el Minis- 
tro la conveniencia de que en lugar de esta fuerza le enviara 
una brigada fuerte y aguerrida, le advirtió Zavala, que ésta 
no constaría más que de i.ooo y pico de hombres, tpues los 
batallones, decía en su telegrama del 17, están en cuadro co- 
mo ya he dicho á V. E. Brigada hay que sólo tiene i.ioo 
hombres, y sólo una, que es la de vanguardia, que excede un 
poco (2.000), teniendo todas cuatro batallones. Por lo tanto, 
para auxiliar á V. E. con hombres, es menester enviarle una 
división de las dos de que se compone el segfundo cuerpo, y eso 
eligiendo las brigadas de mayor fuerza. Con estos datos puede 
V. E. disponer lo que mejor le parezca, y espero sus órdenes 
para cumplirlas.» 

En telegrama del 18 decía el Ministro al General en Jefe, 



210 NORTE.— TERCER PERÍODO. 

después de referirle la rendición de Cuenca y las consecuencias 
que de ella pudieran resultar: «Echaré mano lo menos posible 
de ese ejército, porque comprendo que si se desmembra consi- 
derablemente, pudiera provocarse una expedición de esas faccio- 
nes, que también sería un peligro grave. Avisaré á V. E. el mo- 
mento en que deban venir las fuerzas de ese ejército, que, según 
le he manifestado, creo más conveniente sean algunos batallo- 
nes veteranos, que se nutrirían de fuerzas con los nuevos.» 

Y en otro telegrama le decía: 

«Puede V. E. disponer que vengan desde luego á esta ca- 
pital las fuerzas que tiene preparadas, y le reitero mi deseo de 
que sean veteranas y el mayor número posible de que V. E. 
pueda desprenderse. » 

En telegrama del 19 manifestaba Zavala al Ministro, que 
á las siete de la mañana habían empezado á salir para Madrid 
los cinco batallones de reserva que tenía anunciados, y que ha- 
bía pedido material á Zaragoza y á las Casetas para enviarle 
también una brigada completa de veteranos. 

En otro telegrama del mismo día 19, le decía: 

«Interceptada la vía férrea entre Haro y Briones, no puedo 
traer el material de ferrocarril reunido en Miranda, y el que hay 
aquí es muy reducido. En obsequio á la brevedad, dispongo 
salgan inmediatamente de Burgos y Miranda los cinco batallo- 
nes de reserva allí preparados, pues por aquella parte no tengo 
ningún veterano, y pido á Zaragoza todo el material de que 
pueda disponer para mandar de aquí una brigada veterana. = 
Conviene que á la dirección de la compañía de Madrid se la ex- 
cite para que recomiende la mayor actividad en el pedido he- 
cho á Zaragoza. » 

Contestando á una indicación del Ministro, decía Zavala 
á éste en otro parte telegráfico, que suspendía la marcha 
de la brigada veterana, disponiendo que las fuerzas de la guar- 
dia civil destinadas á cubrir importantes atenciones, incluso la 



MANDO DEL MARQUÉS DB SIERRA BULLONES. 211 

de guarnecer á Vitoria, marcharan á sus respectivas provin- 
cias. 

Claro es que si las fuerzas de que disponía Zavala, al en- 
cargarse del mando, no eran suficientes para emprender una 
operación de importancia, mucho menos podía ahora pensar en 
ello, estando en expectativa de que á cada momento le pidiese 
refuerzos el Gobierno. Por lo tanto, se limitaba, por de pronto, 
cubrir la extensa á línea que sostenía el ejército, tratando de 
mejorar sus condiciones. Tenía además en cuenta no sólo el 
estado de la guerra en el Norte, de que vamos á hablar en se- 
guida, sino también en el Centro y Cataluña, donde era poco 
halagüeño. 

En la provincia de Vizcaya convenía guarnecer y fortificar 
de una vez la plaza de Bilbao, con sus fuertes exteriores, y la 
ría hasta su desembocadura en Portugalete, teniendo presente 
que la invicta villa era el constante objetivo de los carlistas. 

A propósito de esto, el Ministro de la Guerra dijo en tele- 
grama del 9 de Julio al General en Jefe: 

•El Comandante general de Vizcaya, en despacho que acabo 
de recibir, me asegura de su parte y de la de sus subordinados, 
el celo y actividad necesarios para construir las fortificaciones 
que han de asegurar á Bilbao, su ría y Portugalete, pero que 
hace falta el envío de dinero. Las obras para los catorce fuertes 
con sus cuarteles, están presupuestadas en doscientos mil duros, 
pero para ponerlos en estado de defensa, de aquí hasta fines de 
Agosto, bastan treinta mil duros. Cree urgente situar fuerzas en 
el alto de Cobetas que domina á Castrejana, antes que el enemi- 
go se entere de su importancia, para lo cual sacará un batallón; 
y para terminar y artillar las fortificaciones, volviendo así la 
confianza á la población, considera necesario el aumento de cua- 
tro batallones. Con este motivo, gestiono activamente la remi- 
sión, por el pronto, de los treinta mil duros, y no debe V. E. 
preocuparse del envío de fuerza, pues doy orden para que 



212 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

vayan tres batallones de los últimamente organizados en el 
distrito de Burgos, que marcharán inmediatamente . á embar- 
carse en Santander, y los cuales, perfeccionados en su ya ade* 
lantada instrucción, estarán en breve en disposición de que se 
destinen al servicio de aquella plaza, sin que haya necesidad 
de distraer en dicho objeto otros de los de ese ejército. • 

Parte de la guarnición de Bilbao hizo una salida el 9, con 
objeto de recoger gente para la construcción de las obras de 
defensa de aquella villa y algunas carretas; llegó á Munguia, 
pueblo del que huyó una gran parte de sus habitantes varones, 
y prendió á 40 contribuyentes, como rehenes, para lograr que 
le entregaran los medios de trasporte que pidió. Dos batallones 
carlistas hostilizaron con insistencia, y muy de cerca, en su re- 
tirada, á la columna. Pernoctó ésta en una aldea, y entró en la 
capital al amanecer del 10 con las pérdidas de siete muertos y 
23 heridos. Con este motivo decía el comandante general al 
Ministro y al General en Jefe: 

«Sé que han avisado á Valdespina de esta novedad, para que 
vuelva inmediatamente. Las tropas se han batido como en un 
ejercicio, y el brigadier Cassola, que las mandaba, me las reco- 
mendó mucho, como yo lo hago á V. E. Si tuviera fuerzas, ha- 
ría otra expedición hoy mismo en otra dirección. Es necesario 
hacerla simultáneamente en dos ó tres direcciones, único modo 
de escarmentar al enemigo, alejarlo y evitarnos bajas. » 

Acerca de la importante plaza de Bilbao y del estado gene- 
ral de la guerra, decía el General en Jefe al Ministro de la 
Guerra en comunicación del 12: 

•Excmo. Sr.:=Por mi telegrama de ayer habrá visto V. E. 
la importancia que doy á la terminación de las obras de Bilbao, 
ó cuando menos á lograr que queden en estado de defensa y al 
abrigo de un golpe de mano. Hoy sólo los fuertes de Portugale- 
te se encuentran en ese caso; los de la ría y de la capital están 
muy atrasados, y como V. E. comprende, es preciso que Bil- 



UAUÚO ÜÉL MAilQUés Üfi SIERRA BULLONES. ^l3 

bao no corra peligro alguno» no habiendo para ello medio más 
seguro, después de fortificada la plaza, que asegurar perfecta- 
mente sus comunicaciones con aquel punto. Con los 3o.ooo du- 
ros que V. E., con su eficaz solicitud, ha acordado remitir y 
los tres batallones que se han embarcado en Santander, podrá 
darse un vigoroso impulso; pero es indudable que han de ser 
necesarios mayores recursos para conseguir aquel fin de un 
modo completo, lo cual es tanto más preferente, cuanto que á 
V. E. no se le oculta lo grave que en las actuales circunstan- 
cias sería que los carlistas volvieran á intentar apoderarse de 
dicha plaza. = La última salida de aquella guarnición para pro- 
veerse de hombres y ganado, no fué muy provechosa, como por 
el telégrafo he participado á V. E.=Por lo demás, continúan 
en aquella provincia los siete batallones vizcaínos al mando de 
Valdespina, haciendo frecuentes correrías á varios puntos, pero 
sin abandonar las inmediaciones de la capital. =De los sucesos 
de Ramales he dado á V. E. conocimiento por telégrafo, redu- 
ciéndose la operación á un ligero tiroteo, después del cual aban- 
donaron los enemigos las posiciones que ocupaban, huyendo á 
Carranza. =En Álava parece que los carlistas redoblan su ac- 
tividad para la saca de mozos útiles para las armas, cualquiera 
que sea su estado; y según las últimas confidencias, ocupan la 
Sierra de Toloño el quinto batallón alavés y otro denominado 
de Clavijo, aparte de los voluntarios de Saltaviñas. Estas fuer- 
zas enemigas, al pasar los trenes que conducían á la brigada 
Acellana á Bribiesca, destacaron algunos tiradores, con ob' 
jeto de molestar, aunque no causaron desgracias. =De Navarra 
se tienen pocas noticias; los enemigos permanecen en sus co- 
marcas habituales, sin hacer el menor avance sobre nuestras 
posiciones. =E1 general Morlones me participa en telegrama de 
hoy, que mañana quedará todo preparado para llegar al siguien- 
te día á Pamplona con el convoy, y al efecto, hoy le remito á 
Castejón los fondos consignados al primer cuerpo» con la com« 



A 



214 NORTE. — TBRCBR PERÍODO. 

pañia de ingenieros destinada al mismo y una sección de arti- 
llería de montaña recientemente organizada,' que va á incorpo- 
rarse á su batería.=Este mismo General dice que no tiene noti- 
cia de la presencia en Sangüesa de los i .500 carlistas, que, según 
el capitán general de Aragón, se dirigían á Uncastillo, pero que 
espera saberlo con seguridad para obrar en consecuencia. == Es 
cuanto tengo la honra de manifestar á V. E. para su debido co- 
nocimiento. =Díos guarde á V. E. muchos años.=Cuartel ge- 
neral en Logroño, 12 Julio i874.=Excmo. Sr.:=Juande Za- 
vala. » 

En telegrama del mismo día participó el comandante gene- 
ral de Vizcaya al General en Jefe y al Ministro de la Guerra, 
que un buque había desembarcado en Bermeo, el 9, 15 cañones 
de montaña y dos de mayor calibre, con destino á los carlistas, 
y que dichas piezas fueron conducidas á Guernica. 

En otro telegrama solicitaba aquel comandante general una 
batería Plasencia y un escuadrón, porque no había en su divi- 
sión ni una pieza de campaña ni un caballo, y con igual fecha 
participaba que los carlistas habían apresado el 11, á 36 libera- 
les de Plencia y 20 de Algorta, y enviado á Bilbao un comisio- 
nado, con graves amenazas, si no se concedía á los puertos la 
libertad de pescar. 

En otro telegrama del mismo comandante general, del iS, 
dirigido al Ministro de la Guerra, decia: 

«Jefe fuerzas carlistas Vizcaya ha preso liberales de Algorta, 
Bermeo y otros puntos, anunciándoles que fusilaría uno por 
cada cañonazo que la marina dispare contra los pueblos. He 
tomado represalias, y espero instrucciones de V. E., que son 
urgentes. El asunto es grave por la alarma producida en mu- 
chas familias.! 

El Ministro de la Guerra le contestó: 

«La comunicación de V. E. del i3 y copias unidas relati- 
vas á la amtnaza de les carlistas de fusilar á los rehenes, si la 



IIAKDO DBL MARQUÉS DB SIERRA BULLONES. 21$ 

marina sigue haciendo fuego, debe V. E. enviarla al General 
en Jefe, que es á quien corresponde entender en este asunto.» 

Por la importancia del asunto copiamos á continuación la 
comunicación que D. Andrés Ormaeche, comandante general 
carlista interino de Vizcaya, dirigió al titulado comandante mi- 
litar del distrito dé Munguia: 

• Hay un sello en que se lee: =: Estado Mayor de la Co- 
mandancia general del Señorío de Vizcaya. =En vista de los 
actos de piratería que los vapores enemigos están cometiendo 
contra los pobres indefensos pescadores de la costa, poniendo 
en juego toda clase de medios, por alevosos y reprobados que 
sean, á fin de conseguir la destrucción «de la industria de la 
pesca, y con ella la del único recurso del sostenimiento con 
que cuentan las infinitas familias de los pueblos del litoral, creo 
que en presencia de tanto escándalo ha llegado la hora de que 
se adopten con toda urgencia las medidas más enérgicas para 
contener al enemigo en su conducta vandálica; y por tanto, 
vengo en disponer. lo siguiente: i.° En el momento que reciba 
usted esta orden, procederá á poner presos á todos los liberales 
de Ja costa de su distrito, reclamando para ello las fuerzas que 
creyera necesarias del décimo batallón de casados. 2.° Una vez 
presos, les hará V. entender, que lo son en vista de los actoa^ 
vandálicos que viene cometiendo el Gobierno de la República, 
dándoles lectura del presente oficio, 3.** Les advertirá V., que 
por cada cañonazo que los vapores enemigos disparen contra 
las poblaciones indefensas, será pasado por las armas uno de los 
presos, siendo sorteados. 4.*^ Todos los daños que ocasionen 
los proyectiles enemigos serán indemnizados á prorrateo entre 
los liberales presos, asi como quedarán obligados á sostener 
todas las familias de los pescadores, y á cada una de ellas se les 
señalará la dieta que yo tenga á bien disponer para el sosteni- 
miento de ellas. 5." y último. Para el debido cumplimiento del 
articulo iJ" me dará V. parte de los cañonazos que se disparen 



2l6 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

en cualquiera de los pueblos de su distrito, para que yo dispon- 
ga la forma, día y hora de la ejecución. Del recibo de esta co- 
municación me dará V. conocimiento, asi como de dar el más 
exacto cumplimiento, en la inteligencia de que exigiré á V. la 
más estrecha responsabilidad, si por cualquier motivo hace us- 
ted ilusorio este mandato. =Dios guarde á V. muchos años-= 
Zomoza 9 de Julio de 1874.= El brigadier Comandante gene- 
ral interino, Andrés Ormaeche.— Sr. Gobernador militar del 
distrito de Munguia.» 

El general Morales de los Ríos creyó conveniente dirigirse 
al Marqués de Valdespina, al enterarse de la cruel disposición 
que precede. Le decía así: 

«Señor Marqués de Valdespina. =Muy señor mío y de mi 
consideración: un documento firmado por D. Andrés Orma- 
eche en Zomoza el día 9 del actual, ordenando la prisión de 
los liberales de la costa de Munguia, llevada á efecto en Algor- 
ta, so pretexto de la acción que los vapores del Estado ejecu- 
tan en cumplimiento de las órdenes del Gobierno en el litoral 
cantábrico, me pone en el caso de dirigir á V. esta carta, pro- 
testando del contenido del escrito de referencia y de las prisio- 
nes que á consecuencia de él han tenido lugar y en lo sucesivo 
puedan verificarse, declinando por mi parte cuanta responsabi- 
lidad pueda haber en el giro y consecuencias que el tal sistema 
de hacer la guerra imprima á la misma, sistema y medios que 
la enconan y ensangrientan contra todo principio de humani- 
dad y de conveniencia, iniciado por las fuerzas carlistas sin mo- 
tivo ni razón para ello; pero que aunque repugnando á mis sen- 
timientos me veré en el caso de aceptar en toda su extensión, 
si V. no anula medidas tan inconvenientes como la^ue denun- 
cio á V. en este escrito. Protesto también contra los términos 
en que está redactado el documento del Sr. Ormaeche, que le- 
jos de aparecer como el decreto de una pequeña individualidad 
rebelde al Gobierno de la mayoría de ]a nación, se permite ca- 



Mando del marqués de sierra BqtLONBs. 217 

Hñcar y condenar desentonadamente actos y órdenes que nece- 
sitan tribunales más altos y pareceres más fundados. Y, ñnal- 
mente, protesto de las amenazas que expresa el citado escrito, 
que de ejecutarse, no dudo abrirán una nueva faz á esta guerra, 
ya de sí tan destructora y violenta, contra todo derecho y justi- 
cia. No acabaré sin decir á V,, que el derecho de pescar que in- 
voca el Sr. Ormaeche á favor de los pueblos rebeldes del litoral, 
es igual, en mi juicio, al que pudieran tener en Castilla 6 la 
Mancha para hacer correrías las fuerzas carlistas de las pro- 
vincias insurreccionadas contra el orden de cosas establecido por 
la mayoría de la nación. Además, el Gobierno admite y permite 
que los pescadores de los pueblos rebeldes verifiquen la pesca 
en los puertos leales, como sucede actualmente en Santander 
y otros puntos; de modo que no se les estorba en los demás lu- 
gares para que perezcan de hambre, sino como medio de guerra, 
disminuyéndoles los recursos ala insurrección. Con este motivo 
vuelvo á reiterar á V. mi consideración, quedando suyo seguro 
servidor q. b. s. m., Adolfo Morales de los Ríos. — Bilbao 12 
de Julio de 1874.» 

Sin prejuzgar la conducta observada por la escuadra, ajus- 
tada á disposiciones superiores, y aun concediendo que era dura 
la determinación de bombardear los pueblos de la costa ocu- 
pados por los carlistas, era bárbaro, cruel y sanguinario el ar- 
ticulo 3.^ de la disposición que acabamos de copiar. Dejándose 
llevar de antipatías y odios de familia ó bien personales, se daba 
lugar á la comisión de actos que no tuvieran más base que la 
arbitrariedad, ni otro fundamento que la pasión. Aun limitando 
la prisión á los hombres, era fácil caer en error; peleaban her- 
manos contra hermanos y aun padres contra hijos, como des- 
graciadamente sucede en las guerras civiles, y podía darse el 
caso de que hallándose un individuo en las filas liberales, su 
hermano ó padre no tomara parte en la contienda, ya porque no 
fuera carlista, ya porque quisiera permanecer alejado de la po- 

TOMO T. O 



2íl8 ÑOfeTÉ. — tERdER PERÍODO. 

litica, ya por su edad. Asi ocurrió el caso de que fueron presas 
personas que ni eran liberales ni carlistas^ por el sólo hecho de 
tener entre aquéllos un individuo de su familia. Pero si se tiene 
en cuenta que la determinación de referencia se aplicó indistin- 
tamente á las mujeres y á los hombres, reviste entonces un ca- 
rácter de crueldad que parece incomprensible. Más de mil fue- 
ron los presos, y á todos se les leyó la orden, conminándoles con 
la muerte por un acto que de ningún modo podían evitar: nada 
se respetó. Alguna madre que amamantaba á un hijo suyo de 
pocos meses, fué comprendida entre las victimas, y pereció á 
consecuencia de tan bárbara conducta: lo referimos con tanta 
indignación como rubor, porque al fin y al cabo se trata de 
una lucha entre esptóoles. Prosigamos la narración. 

El brigadier Cassola se apoderó del pueblo de Algorta, el 21 
de Julio, en cumplimiento de órdenes que al efecto se le habían 
trasmitido: reunió en las Arenas, antes de amanecer, seis com- 
pañías de Saboya y tres de Galicia, y dejando un pequeño des- 
tacamento de éstas en una casa fortificada de aquella playa, em- 
prendió la marcha por la carretera (llevaba también una 
pieza de artillería de á ocho, larga). Salieron á la vez del fuerte 
de Lejona dos compañías de Galicia, con orden de envolver la 
posición de las Canteras, donde se suponía que el enemigo haría 
su resistencia principal. Aun no había amanecido, cuando una 
avanzada carlista, desde la primera casa de la carretera rompió 
el fuego sobre la vanguardia, compuesta de las compañías de 
Galicia, á la vez que otra situada á la derecha de los liberales 
hacía lo mismo sobre la pequeña columna que salió de Lejona. 
Avisado el enemigo por estos disparos, ocupó inmediatamente 
la posición de las Canteras, rompiendo vivo fuego; pero habien- 
do completado su movimiento la citada pequeña columna, y 
avanzado la vanguardia reforzada con dos compañías de Sabo- 
ya, abandonaron los carlistas á la carrera su posición, temiendo 
ser cortados, retirándose unos hacia la iglesia de Berango y 



IIANDO DEL IkfARQUés DE SIERRA BOLLONES. 2tg 

otros hacia Guecho. Las bajas de los liberales fueron cinco 
heridos y un contuso; ignoramos las de los carlistas. 

Inmediatamente de haber entrado las tropas liberales en Al- 
gorta, se ocuparon en atrincherar las casas inmediatas á las 
Canteras^ donde quedaron tres compañías de Saboya y la pieza 
de artillería^ y se hizo otro tanto con las próximas á la iglesia, 
donde se alojaron otras dos compañías del mismo cuerpo. 

La posición de Algorta y la extensión de su perímetro ha- 
cían difícil su defensa, pero atrincherados dos de sus puntos 
extremos, si no protegían á todo el vecindario, aseguraban á 
lo menos la posesión del pueblo en general, y después de ha- 
cer algunas obras, podría reducirse su guarnición á cuatro 
compañías. Era importante la ocupación de dicho pueblo, por 
los recursos que podía proporcionar á los liberales, evitando 
que los aprovecharan los carlistas, y además porque entraba 
en el plan general de operaciones propuesto por el comandante 
general al General en Jefe, y aprobado por éste. 

Con motivo de este suceso y del estado de las cosas en la 
línea de Bilbao, decía el comandante general al General en 
Jefe, en parte del 24 de Junio: 

«Mucho ha ganado Bilbao con la posesión de Algorta. El 
enemigo ha amagado algún ataque, y sé que se dispone seria- 
mente, por lo que he tenido que dejar allí cinco compañías y un 
cañón de batalla que se llevó con bueyes por no tener atalajes 
este parque. Ha llegado de Navarra, de donde salió el 21, el 
batallón de Gorordo. Anuncian la venida de los navarros. No 
lo creo por ahora. Encarezco á V. E. la necesidad de una bate- 
ría Plasencia, pues no tengo una sola pieza para operar. Me 
falta un batallón de los cuatro que he pedido. Tengo tres po- 
blaciones y trece fuertes que guarnecer, 54 kilómetros de línea 
que guardar para sostener la confianza en el tráfico y la nave- 
gación de la vía, y debo dar la gente de tres batallones para los 
trabajos. He reconcentrado el trabajo de las obras de los fuer- 



220 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

tes^ y adelantan; pero la circunstancia de la solidez y desarro- 
llo que se ha dado desde el principio á estas obras de cam- 
paña hace que no cunda el trabajo tanto como lo deseo y es 
necesario y urgente. Procuro obviar este inconveniente. » 

Con fecha 22 decía el mismo comandante general al Gene- 
ral en Jefe y al Ministro de la Guerra: 

«Por considerarla defectuosa, he corregido la línea de pues- 
tos que cubre esta plaza por el lado de Bolueta, tomando al 
enemigo la fábrica y el Puente Nuevo. Fué sorprendido á las 
cuatro de la mañana y arrojado á la orilla izquierda, causán- 
dole algunas pérdidas. Albuera y forales, que han hecho la ope- 
ración, han tenido seis heridos. = Ayer tuvo Galicia seis heri- 
dos, al tomar el pueblo de Algorta. » 

Copiamos también á continuación el ofício que el coman- 
dante general de Vizcaya dirigió al Ministro de la Guerra, in- 
formando sobre el modo de asegurar la posesión de las minas 
de Triano, y proponiendo la ocupación del puerto de Bermeo. 
«Excmo. Sr.:=:Mi constante estudio sobre las condiciones de 
esta guerra, me hace fíjar la atención en las causas probables 
que ponen en manos del enemigo mayor territorio con menpa 
fuerza que nosotros, y la ventaja consiguiente que por esto nos 
llevan. =No se me ocultan las inmediatas que han de derivarse 
siempre de su naturaleza irregular, comparada con la regular de 
nuestra organización. La primera y más esencial es la de que 
no representando el enemigo en ninguna de sus jerarquías ni 
colectividades, entidad moral ninguna, no puede sufrir detri- 
mento por los reveses de la fortuna; y si no busca el combate 
con frecuencia, no es por el temor de sus consecuencias mora- 
les, es únicamente por el de no dejar ver su poca importancia y 
acarrearse el consiguiente desaliento entre los suyos; su fuerza, 
pues, está en la defensiva, y está en la razón porque no se le 
debe buscar en ese terreno, sino sólo en ocasiones propicias y 
en descuidos que cometa presentando rus flancos. =En nosotros 



MANDO DEL MARQUÉS DE SIERRA BULLONES. 221 

es enteramente lo contrario; nuestra fuerza es moral, y sus efec- 
tos morales, porque el soldado, como la compañía, regimiento, 
división y ejército, además de su nombre, por el que tanto cela 
cada individualidad, representa la entidad Nación, Gobierno, Po- 
testad. De aquí, que por miramientos á esa representación no 
pueden intentarse por ninguna autoridad ni colectividad, ope- 
raciones ni lances que lleven en sí el más leve carácter de aven- 
tura; y de aquí que dejen de acometerse muchos que darían buen 
resultado, si pudiendo prescindir un poco de ese factor, se tu- 
viesen en cuenta paradlo las condiciones de nuestro enemigo. = 
La opinión pública hace desventajosa presión en este punto, sin 
tener en cuenta esas ventajas del enemigo por su irregularidad 
y la desventaja en que coloca ella misma al ejército por su 
presión.=Esta guerra tan difícil, tan original y desconocida 
para los extranjeros, ha de hacerse por nuestra parte sin que- 
branto alguno; exigencia de la opinión que coarta nuestras fuer- 
zas más eficazmente que lo pudiera hacer la presión de las 
enemigas, rrlniciativa, pero no ofensiva es lo que en mi juicio 
debe tomarse; ofenderle en los intereses que el enemigo tiene ó 
pretende tener; ofenderle, quitándole territorios, voluntades y 
riquezas. = Juicio prudente, y por consiguiente atinado déla im- 
portancia militar del enemigo; conocimiento práctico del terre- 
no que se les disputa; confianza entre las gentes del país á fin 
de despertales iniciativa, para que con sus opiniones, consejos, 
avisos y auxilios, presten importante y eficaz cooperación en 
esta guerra, como sucede en todas; espíritu en las tropas por la 
confianza que en ellas imprime la inteligencia y el aplomo de 
sus jefes; seguridad en nuestro valor, organización y disciplina; 
desprecio del enemigo ante la superioridad nuestra en todos es- 
tos conceptos; condiciones y elementos son que debe crear y con 
los que ha de contar todo jefe, para llevar á buen término su plan 
de campaña en la zona que le esté encomendada. = Estas con- 
sideraciones que se derivan de los principios más elementales 



222 NORTE. — TERCER PERIODO. 

de la guerra, tienen á mi juicio más valor en la que hacemos 
que en cualquiera otra, y su estudio me hace encontrar la opor- 
tuna aplicación en esta provincia que me está conñada.==Ase- 
gurada ya la franca comunicación por la vía, entre la mar. Por- 
tugalete y Bilbao, el enemigo que tanto se ha jactado de poder 
impedirla- ha perdido en si y entre los suyos considerable fuerza 
moral . Si las tropas continuasen mucho tiempo en esta situa- 
ción, es posible que su prestigio sobre el enemigo decayese al- 
go, viéndolas sujetas á la inacción en unas líneas tan extensas; 
es decir, que lo que ha sido y aun lo es hoy, de un gran efecto 
por haber echado al enemigo de estas orillas y de estas cerca- 
nías, no lo será mañana si no se continúa alejándole y quitán- 
dole riquezas y gente. Lo primero para este efecto, en que debe 
ñjarse nuestra atención, son las minas de Triano, Galdames y 
Ortuella, enclavadas en conjunto en un espacio de 370 hec- 
táreas superficiales; estas minas, en un terreno quebradísimo 
y dominante, están situadas á 16 kilómetros de Bilbao, 10 de 
Castro-Urdiales, y 22 de Valmaseda. Su número y valor facili- 
tan recursos para atender á su custodia, y su situación facilita 
ésta y su explotación; no puede presentarse un proyecto bajo 
mejores condiciones. Una línea de seis puestos atrincherados, 
desde el alto de Castrejana á Valmaseda, guardaría perfectamen- 
te la carretera de comunicación de 22 kilómetros entre estos 
dos puntos, siendo laRolesa, en Santa Águeda, proeminencia en- 
tre la Cuadra y Sodupe, otras tres sobre Cresa, Güeñes y enci- 
ma del puente Ibarra en Zalla, respectivamente, con el alto del 
Castillo próximo á Valmaseda, las alturas que habrían de atrin- 
cherarse al efecto; estos puestos quedarían guarnecidos por me- 
dios batallones, y otros dos formando dos pequeñas columnas 
recorrerían la línea para atender á su racionamiento, municio- 
namiento y demás. Valmaseda puede darse la mano con las co- 
lumnas de Ramales, y también de este modo se guarda una en- 
trada de Bilbao. Esta línea sujetaría además, dentro de nuestra 



MANDO DEL MARQUÉS DE SIERRA BULLONES. 223 

dominación directa é inmediata, veinte pueblos con todos sus 
vecinos y todos los elementos de propaganda á nuestro favor, 
que pueden desarrollarse partiendo de ese número de hombres 
que se ven dedicados tranquilamente á una industria tan pin- 
güe para ellos, la provincia y el Gobierno mismo. = Parte de 
esto podrá hacerse con algunas de las fuerzas que se economi- 
zaran en la orilla izquierda. = Como consecuencia del plan de 
operaciones que en 17 de Julio próximo pasado sometí á V. E. y 
mereció su aprobación, considero muy conveniente proceder á 
la ocupación de Bermeo, punto importante para la Marina y 
para el ejército, que en sus expediciones por aquella parte ten- 
dría un punto de racionamiento, y lo sería de partida y en com- 
binación con Bilbao para sus excursiones sobre Durango y el 
interior. Para ocupar definitivamente á Bermeo, bastaría llevar 
de aquí, á la ligera, cuatro batallones, que con la reserva debida 
y saliendo al amanecer, puede á las ocho horas ocupará Bermeo 
sin resistencia alguna. El mismo día deberán llevarse allí por la 
marina de guerra tres cañones de batalla, las municiones y ra- 
ciones necesarias para la defensa y sostenimiento de un bata- 
llón que deberá quedar allí. Calculo en ocho días lo que puede 
tardarse en poner á Bermeo en estado de defensa, y hecho esto, 
retirarse por mar á Bilbao los tres batallones restantes, si car- 
gasen fuerzas carlistas de consideración por aquel punto, 6 por 
tierra, si así no sucediese. Con estos tres batallones y algunos 
más, procedería á la realización del proyecto que propongo á 
V. E. relativo á las minas y sobre cuyo asunto me pide V. E. 
informes y dejo dados en esta comunicación. =Dios guarde á 
V. E. muchos años.=Bilbao 25 de Agosto de i874.=Excmo. 
Señor: =E1 Comandante general, Adolfo Morales de los Ríos.» 

Copiamos también el oficio que dirigió el Ministro de Mari- 
na al de la Guerra, respecto á la ocupación del referido puerto 
de Bermeo: 

«Excmo. Sr.:=:Por el Ministerio de Marina con fecha de 



224 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

ayer, se dice á este de la Guerra lo siguiente: = «Con fecha 
i6 del actual se dijo por este Ministerio aj comandante ge* 
neral de las fuerzas navales del Norte, lo que sigue: = Tiem- 
po há que á este centro preocupa la necesidad de verificar 
por la costa operaciones que produzcan algún resultado venta- 
joso á la causa que España sostiene contra los carlistas; y tiem- 
po há también que fija su atención sobre este particular en el 
puerto de Bermeo cuando apareció en La Época un remitido que 
reprodujo El Irurac-Bat, que se refiere al mismo asunto, y que 
contiene muchas de las razones que ya lo habían impulsado á 
darle preferente importancia. Esto no obstante, y aunque dis- 
puesto el Gobierno á ocuparse de cuanto exija la operación, si 
realmente son posibles obras de defensa y sostener á Berraeo 
después de tomado, procede que V. S., puesto de acuerdo con 
el comandante general de Vizcaya, emita con amplio parecer 
cuanto sea necesario para la resolución del Gobierno» :=:E1 jefe 
de las citadas fuerzas en comunicación de 23, contesta lo si- 
guiente:==«Excmo. Sr.:=Al recibirla comunicación reservada 
de V. E., fecha 16 del corriente, en la tarde del 19, referente á 
la conveniencia de ocupar á Bermeo, pasé inmediatamente i 
Bilbao á conferenciar con el comandante general de Vizcaya, y 
de acuerdo con aquella autoridad, creo la operación fácil en la 
actualidad, pues existen pocas fuerzas enemigas desde Bilbao 
hacia aquella parte, y se podría efectuar con cinco batallones que 
se dirigiesen sobredicho punto, al mismo tiempo que los buques 
de guerra se presentasen sobre el puerto para auxiliarlos y pro- 
veerlos de víveres y municiones que podían ser conducidos en dos 
vapores trasportes. ^^Una vez posesionados del referido puerto, 
conviene fortificar las alturas que lo dominan, y las fuerzas so- 
brantes á los que hubieran de quedar de guarnición, convendrá 
trasportarlas por mará la ría^ =La posesión de tal puerto facili- 
taría mucho la vigilancia de la costa hasta Guetaria, y privaría 
al enemigo del que tiene de más importancia para recibir efectos 



MANDO DEL MARQUÉS DE SIERRA BULLONES. 225 

de todas clases; y la marina en general, volvería á ver lucir el 
faro de Machichaco, y podría en oscuras y tempestuosas noches 
de invierno buscar el abrigo del cabo. Toda la parte compren- 
dida entre Bermeo y Bilbao se vería libre de enemigos por el 
temor que tendrían de ser cortados. =Creo, Excmo. Sr., que 
después de ver el Gobierno el parecer del señor general Morales 
de los Ríos, si resuelve llevar á cabo el proyecto, es urgente 
aprovechar la buena estación para esta clase de operaciones 
combinadas, y sobre todo que no llegue á traslucirse por el ene- 
migo. =Todo lo que tengo el honor de elevar al superior cono- 
cimiento de V. E., en contestación á la comunicación que 
V. E. se sirvió dirigirme» . =Lo que de orden del Presidente del 
Poder Ejecutivo de la República, traslado á V. E. para su co- 
nocimiento y fines correspondientes. = Dios guarde á V. E. 
muchos años. =Mádrid 29 de Agosto de 1874.= Juan Cotoner.» 

En la provincia de Álava continuaban las cosas en el 
mismo ser y estado que antes de ahora hemos indicado. 

La plaza de Vitoria se hallaba constantemente bloqueada 
por los carlistas. En la noche del 24 al 25 de Julio, desde las 
doce y media de la noche hasta las dos, unas compañías carlis- 
tas hostilizaron á dicha ciudad, pero se retiraron en vista de la 
decidida actitud de los defensores. 

La brigada Acellana destinada á operar en la Rioja, hubo 
de situarse en Bribiesca, con objeto de oponerse á cualquiera 
expedición que intentaran los carlistas sobre Castilla. Más ade- 
lante trataremos de este asunto. 

Según telegrama del 9 de Julio, del capitán general de Bur- 
gos, se temía que los carlistas atacaran á la Puebla (Álava), 
pero resultó falsa esta noticia. 

En la provincia de Guipúzcoa, según comunicación de 11 
de Julio del comandante general Loma, estaban artillados to- 
dos los fuertes y en completo estado de defensa, no siendo obs- 
táculo para una enérgica resistencia las pequeñas obras que 



226 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

faltaban por hacer; decía también^ que se daría principio en 
breve á la construcción de los de Pasages, únicos que que- 
daban por hacer en la línea, que más bien servirían para la 
seguridad de aquel puerto que para la de las comunicacio, 
nes, ya cubiertas por el fuerte de Alza convenientemente arti- 
llado. 

En telegrama del i6 de Julio, decía el cónsul de España al 
Ministro de Estado. 

«Vapor francés Unión Bayonesse sale en este momento, al 
parecer, con destino á Amberes; lleva á bordo 1.016 fusiles, 
creo para los carlistas, y la nota de embarque para la aduana 
no está conforme con el embarque efectivo. Aviso á los cru- 
ceros por el capitán del vapor Bayonés que sale ahora. » 

La frontera seguía mal guardada por los delegados del Go- 
bierno francés, y en comunicación de 27 de Junio, del capitán 
general délas provincias Vascongadas, general Sáenz Del court, 
decía al Ministro de la Guerra: 

«Según participa el Comandante militar de Fuenterrabía 
al gobernador militar de Guipúzcoa, el día 20 del actual fue- 
ron trasladados de un vapor á las lanchas francesas, en aquella 
costa, varios heridos y enfermos carlistas, que, procedentes de 
Santurce, han sido conducidos por el Bidasoa á la parte de Na- 
varra, llevando además varias camas de hierro. » 

Por el Ministerio de la Guerra se dio conocimiento de este 
asunto al de Estado. 

Con fecha 22 de Julio, dijo el comandante general de Gui- 
púzcoa al Ministro de la Guerra: 

«Por una persona de confianza residente en Bayona, se me 
ha propuesto la denuncia del contrabando de guerra que los 
carlistas puedan introducir, con la condición de dar todo gé- 
nero de noticias necesarias, para lo cual tienen sus agentes en 
Inglaterra y Francia, y recibir en cambio el 40 por 100 del va- 
lor de las presas que se hagan, como resultado de sus avisos 



MANDO DEL MARQUES DE SIERRA BULLONES. 227 

anticipados. = La idea me ha parecido buena^ y en su vista, he 
aceptado la oferta condicionalmente, hasta que V. E., á nom- 
bre del Gobierno, dé su aprobación, y después de darle instruc- 
ciones para los detalles en los avisos, le he autorizado para que 
empiece sus negocios, ofreciendo avisarle inmediatamente si el 
Gobierno no se conforma con pagar esa prima. Creo que es 
conveniente para la Nación, al paso que muy perjudicial para 
ios facciosos, esta clase de sociedades, y si bien se desprende de 
una gran parte del importe de las presas, las noticias que siem- 
pre darán con oportunidad proporcionarán á la marina de gue- 
rra mayor facilidad en sus operaciones y seguridad en los reco- 
nocimientos, evitando, luego que sean cogidos algunos alijos, el 
paso por la costa de los efectos de guerra. =V. E. me dirá si es 
aceptado el pensamiento por el Gobierno, para dar un docu- 
mento en forma, que sirva al interesado en sus reclamaciones, ó 
en caso contrario, avisarle oportunamente.» 

El Gobierno aprobó y aceptó esta proposición, con fecha 27, 
facultando al general Loma para comunicarlo al interesado 
y proceder en su consecuencia. El General en Jefe manifestó al 
Ministro de la Guerra, en telegrama del i.° de Agosto, que en- 
contraba muy acertada dicha determinación. 

Con fecha 29 de Julio, decía el general Loma al Ministro de 
la Guerra y al General en Jefe: 

«Me aseguran que se encuentran en las inmediaciones cinco 
batallones guipuzcoanos, situados uno en la parte de Oyarzun 
con avanzadas hacia Irún, Fuenterrabia y Rentería, dos en An- 
doain, otro en Usúrbil y Zaráuz con sus avanzadas hacia Her- 
nani y los fuertes exteriores de esta plaza, y el último en Tolosa 
y sus alrededores, que tratan de atacará las poblaciones marca- 
das, menos ésta, sin que haya fíjeza cuál de ellas sea. Estoy á la 
mira de todos, y no creo intenten nada serio, porque necesita- 
rían muchos elementos y fuerzas superiores, aunque no tengo 
noticias exactas, sino muy vagas, de los que tengan á la mano. 



228 NORTE,— TERCER PERÍODO. 

Se dice que los batallones restantes de esta provincia están ha- 
cia Alsasua.» 

En la provincia de Navarra fué batido cerca de Pamplona el 
décimo batallón carlista de aquella provincia por una columna 
que al efecto destacó de dicha plaza el capitán general. Durante 
el mes de Julio no ocurrieron otros sucesos de importancia. 

Dificultaba la acción del General en Jefe la circunstancia 
de que, según rumores que corrían por acreditados, intentaban 
los carlistas hacer una expedición á Castilla, y así parecía indi- 
carlo el movimiento de Valdespina hacia Ramales con fuerzas 
de consideración. A propósito de esto, decía con fecha 9 de 
Julio el gobernador militar de Santander al Ministro de la Gue- 
rra y al General en Jefe, que, según le participaba el goberna- 
dor militar de Santoña, fuerzas de alguna consideración man- 
dadas por Valdespina se hallaban situadas entre Colindres, 
Limpias y Treto, amenazando con bloqueo riguroso á Laredo; 
que fortificaban además á Ramales, y habían incendiado la 
barca de Treto y las casetas, destruyendo los postes del telé- 
grafo. 

Con igual fecha, 9 de Julio, decía el segundo cabo de Burgos 
al Ministro de la Guerra, que el coronel jefe de la columna de Me- 
dina de Pomar le participaba con referencia aun testigo ocular, 
que las fuerzas carlistas situadas hacia Ramales sumaban unos 
4.000 hombres, y se proponían construir fortificaciones relacio- 
nadas con nuevas hostilidades contra Bilbao. A consecuencia de 
este movimiento de los carlistas, la brigada Acellana, que se 
había situado en Bribiesca en la eventualidad de que los carlis- 
tas intentaran realizar una expedición á Castilla^ salió de aquel 
punto á la una de la madrugada, con objeto de reunirse con el 
capitán general de dicho distrito, mariscal de campo D. Juan 
Villegas, que se encontraba en Medina de Pomar con una pe- 
queña columna. 

Ya Villegas había manifestado al general Zavala> tan pron- 



Í^AÑDÓ Í>EL KIARQÜBS de SIBRRA BULLONES. 22g 

to como éste se encargó del mando, que podía reunir la columna 
de Medina de Pomar, la de Ramales, que estaba en Renedo, el 
batallón reserva de Burgos y quizá alguna fuerza más, y mar- 
char á Valmaseda ú Orduña, según le ordenase, dejando siem- 
pre custodiada la vía férrea; en la inteligencia de que, como 
práctico en el país, podía operar sobre las Encartaciones 6 so- 
bre Vizcaya distrayendo á una parte de las fuerzas carlistas. 
Ya el 6 de Julio, se había dirigido á Bribiesca con alguna fuer- 
za, pasando después á Ramales, desde donde dijo con fecha 9 al 
Ministro de la Guerra y al General en Jefe: 

«Después de dos marchas forzadas, he llegado á esta pobla- 
ción á las seis de la tarde. La facción Valdespina ha abandona- 
do sin más que un ligero tiroteo, que no causó daño, las formi- 
dables posiciones que hay en ej camino, dirigiéndose precipita- 
damente á Carranza. Creo que tengo fuerza suficiente para 
evitar que entre en la provincia y perseguirla. Como pudiera 
suceder que intentase un golpe sobre Miranda de Ebro, donde 
dejo 200 infantes y 30 caballos, los soldados enfermos, arma- 
mento y municiones sobrantes, ordeno brigadier Acellana per- 
manezca en Villasante. La facción, en su excursión á esta pro- 
vincia, ha destrozado el telégrafo entre Laredo y Limpias y 
quemado la barca de Treto, y además proyectaba cortar el ferro- 
carril, destruyendo otras importantes. » 

El mismo General decía al Ministro y al General en Jefe, 
desde Colindres, con fecha 10: 

«Hoy he llegado á esta población con la fuerza de mi co« 
lumna, distribuyéndola entre Colindres y Limpias, y la caballería 
en Laredo. La alarma de esta provincia ha sido infundada. La 
fuerza de Valdespina era de unos 1.500 hombres. Creo que pu- 
do batirla la columna de Ramales, y mando formar sumaria al 
jefe de ella para providenciar en justicia, pues no estoy satisfe- 
cho de su comportamiento ni la opinión pública tampoco. Se ha 
dispuesto que cese de pertenecer á ella la guardia civil de Cá« 



g3o ÑORtÉ. — TERCER PERIODO. 

ceres y que la sustituya el tercer batallón de carabineros. Re- 
fuerzo la columna con el batallón de Burgos. Creo queda ase- 
gurada la linea. Dispongo se fortiñquen dos casas en Ramales 
y Ampuero, para que queden guarnecidas ínterin la columna 
sale á expediciones rápida. Siempre dispuesto á protegerla y 
acudir al primer aviso.=Jefe de la columna será el coronel 
Horcasitas del tercer batallón de carabineros. =Los carlistas se 
han internado en Vizcaya. Envío la caballería á Medina^ por no 
serme necesaria y ser difícil racionarla. =Ruego á V. E. me 
diga si el brigadier Acellana va á quedar aquí, pues en otro caso 
reforzaré la columna de Medina.» 

Con fecha 12, decía el general Villegas á las mismas auto- 
ridades, que los batallones carlistas de referencia se habían re- 
tirado á la línea de Sodupe, Güeñes, Valmaseda y Sopuerta, y 
que, según noticias no muy fidedignas recibidas por diversos 
conductos, se proponían aquéllos fortificar á Ramales; que 
para evitarlo en lo sucesivo, así como la repetición de escenas 
como la de estos días, reforzaba la columna de Ramales como 
lo había indicado, fortificando dos casas en este, punto y Am- 
puero, á fin de que sirvieran de apoyo á las columnas y de evi- 
tar el paso del puente de Uldaya, situado entre Treto y Rama- 
les. Les decía también: «por si no ha recibido V. E. mi tele- 
grama de ayer, debo decirle que la alarma de esta provincia ha 
sido infundada. Los carlistas eran i.5oo mal disciplinados. » 

Con fecha 13 participaba desde Ampuero el mismo Gene- 
ral al General en Jefe, que, según noticias, Valdespina y el pre- 
sidente de la Junta se habían ausentado, quedando en Carranza 
dos batallones en las trincheras, y que al día siguiente regre- 
saría la fuerza destinada á escoltar la caballería y marcharía á 
batirlos. 

De orden superior, la brigada Acellana se dirigió á Haro. 

En telegrama del 16 decía el mismo al General en Jefe, al 
ministro de la Guerra y al segundo cabo de Burgos: 



&fANDO DEL ÜIARQÜES DE SÍERftA BULLONES. 2Ít 

«A las dos de la madrugada de hoy emprendieron la mar- 
cha las fuerzas que tenia acantonadas en Limpias, Ampuero, 
Rasines y Ramales, con objeto de batir la facción Valdespina, 
que, según noticias, estaba en el valle de Carranza. Me dirigi 
por Ojebar. La facción no ha esperado en las trincheras que 
tenia hace tiempo construidas en los altos de Gueiro, que ocupé 
sin resistencia alguna. Desde estos altos se divisaron algunos 
grupos en número de 200 hombres que se corrían hacia mi iz- 
quierda, é hice adelantar mi escolta, única caballería que lleva- 
ba, apoyándola con 200 guardias civiles á las órdenes del coro- 
nel Guzmán, que sostuvieron durante una hora el fuego, dando 
por resultado la dispersión de la avanzada carlista, á la cual 
se hicieron cuatro muertos ó heridos. Cuando la facción Val- 
despina, con tres batallones, huyó precipitadamente á Valmase- 
da, mi escolta cargó con decisión, y la guardia civil atacó de 
igual manera; ambas fuerzas cumplieron con su deber. Perse- 
gui á Valdespina legua y media más allá de Valmaseda. Nues- 
tras pérdidas han consistido en un guardia civil muerto. La co- 
lumna de mi mando se componía de cinco compañias de Bur- 
gos, cinco de Murcia, cuatro de Calatayud, 10 de carabineros, 
200 guardias civiles y 25 caballos de Albuera de mi escolta.» 

Resulta de lo expuesto, que fracasó la expedición de los car- 
listas, pero distrajo á fuerzas liberales muy considerables en la 
previsión de oponerse é ella, entorpeciendo la acción del Gene- 
ral en Jefe. 

En el mismo distrito de Burgos, la partida mandada por To- 
más Palacios, que la constituían unos 200 hombres, saqueó el 4 
de Julio los pueblos de Solórzano y Hazas, situados á tres le- 
guas de Santander, maltratando á las personas, y llevándose 
unas 100 reses y 5.000 duros en dinero, alhajas y ropas. 

Entre Santiurde y Reinosa, á consecuencia de haberse roto 
la máquina del tren que conducía al primer batallón del regí* 
miento de Murcia, resultaron tres soldados heridos, tres contu- 



232 NORTE.— TERCER PERÍODO. 

SOS graves y I2 leves^ que bajaron del tren al pedir freno el ma- 
quinista. 

Pequeñas facciones mandadas por los cabecillas Losa y Val- 
divielso recorrían este distríto, y ambas fueron batidas, siendo 
muerto el primero de aquéllos. 

La facción Losa fué de nuevo alcanzada y batida el lo por 
el capitán Pabra, quedando prisionero un titulado teniente 
Arranz. Al entrar dos prisioneros de aquella partida en Soria, 
unos cuantos paisanos pidieron la muerte del que, según creían, 
había asesinado á un guarda bosques, pero se dominó el tumul- 
to y no hubo consecuencias . 

El teniente coronel Amor batió el 9, con su pequeña colum- 
na, á la facción Blanco en la sierra de la Demanda, apoderándo- 
se de 10 caballos y algunas provisiones. Pué alcanzada la mis- 
ma partida en Neila, Burgos; tuvo ésta un muerto, y dejó en 
poder de las tropas liberales dos caballos y algunos efectos. 

La columna Prancia del regimiento de Zaragoza alcanzó y 
batió el 10 (ya lo había hecho antes por dos veces) á la facción 
mandada por Ruperto Blanco, que, parapetada en el pueblo de 
Monterrubio de la Sierra (Burgos), se resistió hasta que, ataca- 
da á la bayoneta, huyó, dejando un sargento muerto y un prlsio* 
ñero, quinto éste del último reemplazo, algunas armas y muni' 
ciones. 

Unos 65 carlistas pasaron el Ebro el 27 de Julio por Rincón 
de Soto; pero volvieron á repasarlo á las once de la mañana del 
28, después de incendiar la estación de aquel punto, siendo re- 
cibidos por 150 jinetes carlistas al mando de Rosas. Temíase que 
una partida de caballería intentara pasar el Ebro por aquellas 
inmediaciones, con objeto de incendiar la estación de Castejón. 

Se presentó en las inmediaciones de Miranda el brigadier 
carlista Balluerca, con 300 infantes y 400 caballos, pero fué 
rechazado por la brigada Verdú y los voluntarios de aquella 
villa. 






MAHDO DBL MARQUÉS D£ SIBRRA BULLONES. zSS 

Y por Último, el brigadier segundo cabo de Burgos, ded a al 
General en Jefe en telegrama del 2: 

f £1 día 31 de Julio entró en Cobarrubias la partida carlista 
mandada por el cabecilla Marcos Cámara, y en la- noche del 
mismo día fué alcanzada después de dieciseis horas de mar- 
cha, por una columna mandada por el alférez de la Guardia 
civil, D. Silvestre Pueyo, y compuesta de guardias civiles y 
movilizados de Cartrogeriz, al mando de D. Pedro Barona, re- 
sultando muerto dicho cabecilla y su caballo; se cogieron va- 
rios caballos y efectos de guerra; la columna esperaba que 
amaneciese para reconocer el campo. El encuentro tuvo lugar 
cerca de Hortiguela. Considero este hecho importante, pues 
dicho cabecilla era de bastante influencia en el pais, en el que 
había cometido muchas exacciones.» 

En el distrito de Castilla la Vieja, la facción Camarero sor- 
prendió en Saldaña (Falencia) á una fuerza de caballería de San- 
tiago que intentaba, al parecer, dirigirse á las Provincias Vas- 
congadas. 

Una columna situada en Potes, en los confines de León y de 
Asturias, se hallaba expuesta á un ataque de las facciones astu- 
rianas, y en su virtud, fué reforzada con 100 hombres de la 
reserva de Tafalla. 

Tal era á fines de Julio de 1874 el estado de la guerra en las 
diversas provincias del Norte. 



Tono V. li 



CAPITULO V. 



Manifiesto de D. Carlos á los españoles.— Decreto publicado por el Gobierno con mo- 
tivo de los actos de crueldad cometidos por los carlistas.— Circular del Ministro de 
Estado a los representantes en el extranjero.— Conducta de las autoridades francesas 
en la frontera.— Oficio del General en Jefe al Ministro de la Guerra referente á la 
situación de las fuerzas liberales y carlistas.— Situación de las fuerzas mandadas por 
Blanco.— Sucesos en la provincia de Vizcaya durante el mes de Agosto.— ídem en las 
provincias de Álava y Navarra: entran los carlistas por sorpresa en La Guardia; ba- 
talla de Oteiza; envío de un convoy desde Vitoria á Miranda. —Sucesos en las pro- 
vincias de Burgos y Logroño: entran los carlistas en Calahorra.— Previene el Minis- 
tro de la Guerra que en caso necesario acudieran oportunamente las fuerzas del 
distrito de Burgos al de Castilla la Vieja, con motivo de haberse alterado el orden 
en este último. 



Con motivo del aniversario de la entrada de D. Carlos en 
España^ dirigió éste el i6 de Julio á los españoles el siguiente 
manifiesto: 

•Españoles: =:Hoy hace un año que desenvainé la espada en 
defensa de la honra, de la prosperidad y déla grandeza de la pa* 
tria.=Seguiame entonces un puñado de valientes casi inermes. 
No teníamos más recursos que nuestra fe, ni más esperanzas que 
la esperanza en Dios y en la entidad de nuestra causa. El fra- 
caso de anteriores esfuerzos en los campos de Oroquieta contra 
el Duque de Aosta, tan extranjero en España como la república, 
había quitado el ánimo aún á muchos que se tenían por animo- 
sos. = Pero Dios ha premiado nuestra fe y ha sido propicio á 
nuestra esperanza. Hoy estoy á la cabeza de un ejército consi- 
derable, valiente y disciplinado, que cuenta por sus combates 
el número de sus victorias. Los mejores generales de la revolu- 
ción son testigos de ello: á todos los he tenido enfrente; á todos 
los he vencido. = Esto prueba que la fe en la fuerza del derecho, 
me ha dado ya el derecho de la fuerza. Pero no me impide este 
derecho, único que pueden invocar los que me combaten, acu- 



236 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

' ^ 1 ■ 

dir nuevamente al buen sentido de los españoles y á la honra- 
dez de todos los hombres de bien . =Cierto que la magnitud y 
la elocuencia 4^ los acontecimientos^ que en poco tiempo ha 
presenciado España, son tales^.que casi hacen inútiles mis pala- 
bras. Mi actitud y las bayonetas de mis voluntarios lo dicen 
todo. Prometí solemnemente salvar á España ó morir por ella» y 
lo cumplo. Y bien sabe el mundo, que antes de esto tendí á mis 
enemigos la mano en señal de paz y acepté la lucha parlamen'» 
taria, que repugnaba tanto á mis ideas como á los deseos de los 
monárquicos leales; mas, cuando el triunfo coronaba la abnega- 
ción de los buenos, la arbitrariedad y la violencia de los venci- 
dos hacían estériles los esfuerzos de los vencedores. La buena 
fe burlada y la virtud escarnecida clamaron á mi entonces 
con gritos de noble indignación, y yo tuve que responder á 
aquellas voces, desenvainando la gloriosa espada de Felipe V. 
=Creo, sin embargo, que debo decir una vez más cuál es mi 
pensamiento y cuál el móvil que me guía en esta grande empre- 
sa de la restauración de España. Nó necesitan mis heroicos de- 
fensores oir de nuevo mi voz; pero dije en solemne ocasión que 
yo era rey de todos los españoles^ y quiero probarlo dirigiéndo- 
me á todos, porque quizá los haya que duden todavía de la sin- 
ceridad de mis propósitos y se dejen alucinar por la falacia de 
mis adversarios. =Nacido y criado en el amor á España, salvar- 
la fué mi primer pensamiento, y ya no ha sido otro el pensa- 
miento de mi vida. =:La ley y la tradición me hicieron rey. Por 
esto y por mantener incólumes todos los principios de la ban- 
dera que Colón clavó en el Nuevo-Mundo, y en Oran Jiménez 
de Cisneros, rechacé la corona que me ofrecían los hombres de 
Setiembre, antes de la batalla de Alcolea. Siempre creí que para 
perder á España sobraban pretendientes, desde D. Alfonso hasta 
la República, y que el rey legítimo debía usar de su derecho, li« 
bre de todo compromiso, cuando, como Pelayo, pudiese em- 
prender la jigantescaobra de la regeneración de la patria. =sUn 



MANDO D£L MARQUÉS DB SIERRA BULLONES. 2^37 

rey de Aragón, después de vencer á los rebeldes de su reino, 
rasgó con el puñal el odioso privilegio de la Unión, y este mo- 
numento de licencia y anarquía fué sustituido con sólidas y ver- 
daderas cartas de libertad. =Esto quiero yo; vencer á los rebel- 
des, rasgar con la espada de la justicia sus privilegios de 
licencia y otorgar á los pueblos sus cartas de libertad. = Y nadie 
mejor puede otorgarlas que quien, fiado en el amor desupueblo> 
no necesitará para sostener su trono arrancar á la agricultura 
y á la industria sus mejores brazos, ni á las madres sus hijos^ 
que ellas los dan con generoso entusiasmo, y ellos acuden siem- 
pre á donde su fe y su lealtad los llaman. =Lo que significo y 
lo que deseo, dicho está en la carta á mi hermano el infante don 
Alfonso y en otros documentos que se han publicado con mi 
' firma. Y como un rey caballero no tiene más que una palabra, 
lo que he dicho, dicho queda y confirmado y ratificado por mí. 
=:No se arguya que falta claridad á mis palabras. Hombres fá- 
ciles en prometer, pero nunca dispuestos á cumplir lo prome- 
tido, no tienen derecho para acusar de ambiguas las declaracio- 
nes de un rey que sólo promete lo que está resuelto á cumplir. 
Hay principios eternos, inmutables como Dios, de quien proce- 
den. Pero hay doctrinas políticas sujetas á la mutabilidad de las 
cosas humanas y á la variedad de las circunstancias y de los 
tiempos, y seria temerario empeñarse en compromisos basados 
en imprevistas contingencias. =España es católica y monárqui- 
ca> y yo satisfaré sus sentimientos religiosos y su amor á la in- 
tegridad de la monarquía legítima. Pero ni la unidad católica 
supone un espionaje religioso, ni la integridad monárquica tie- 
ne nada que ver con el despotismo. =No daré un paso más ade- 
lante ni más atrás que la Iglesia de Jesucristo. Por eso no mo- 
lestaré á los compradores de sus bienes; y poco há he demostra- 
do, de una manera inequívoca, la sinceridad de esta declaración. 
=Celoso de mi autoridad soberana, y convencido como estoy 
de que las sociedades perturbadas necesitan de una mano fuer-* 



238 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

te que las desembarace de obstáculos el camino del bien^ reco- 
nozco, sin embargo, y he reconocido siempre, que los pueblos 
tienen derecho á que su rey les oiga, por medio de sus repre- 
sentantes libremente elegidos, y la voz de los pueblos, cuando 
la ñcción no la desnaturaliza, es el mejor consejero de los reyes. 
Quiero, pues, una legítima representación del país en Cortes, 
sin que me sirva de modelo el proceder frecuente de la revolu- 
ción con esas Cámaras que apellida Soberanas y que la historia 
llamará engendros monstruosos de la tiranía. =Sé que las gene- 
raciones se corrompen ó se regeneran por medio de la instruc- 
ción pública, y éste será uno de los puntos en que fijaré mi aten- 
ción con más exquisito esmero, porque harto claramente han 
podido ver España y Europa, que sus grandes tempestades se 
forman en las cátedras y en los libros, para estallar en los parla- 
mentos y en las barricadas. == Largo tiempo há que aflije el áni- 
mo considerar el estado de la Hacienda de España, que será más 
desastroso cuanto más tarde yo en subir al trono de mis ma- 
yores. ¡Caiga sobre la revolución toda la responsabilidad de esos 
desastres! Más; yo aseguro que si hay poder humano capaz de 
salvar la Hacienda y levantar el crédito, yo lo he de conseguir 
con la ayuda de Dios y el patriotismo de los españoles. Y bien 
puede esperar, sin vano alarde, en la ayuda de Dios y en su 
propia perseverancia resolver cuestión tan ardua, quien hizo, 
por la firmeza de su voluntad, que una guerrilla de 27 hombres 
se convirtiese en un ejército poderoso é invencible, que es hoy 
la admiración del mundo. De todas suertes, si España no logra 
salvar su Hacienda, cumplirá como cumple un deudor honra- 
do, y podrá decir en verdad que todo lo ha perdido menos el 
honor. =Fuera impropio de mi dignidad rebajarme á desmentir 
las calumnias que algunos propalan entre el sencillo vulgo, su-* 
poniendo que estoy dispuesto á restaurar tribunales é institucio- 
nes que no concúerdan con el carácter de las sociedades moder- 
nas. Los que no conocen más ley que la arbitrariedad, ni tienen 



-^ 



MANDO DEL MARQUÉS DE SIERRA BULLONES. 289 

energía más que para encarnizarse en los vencidos y atropellar 
á los indefensos, no deben intimidar á nadie con el augurio de 
imaginarios rigores y monárquicas arbitrariedades, ¿No he pro- 
bado cien veces con mis adversarios rendidos^ que ni la arbitra- 
riedad ni el rigor hallan cabida en mis sentimientos de rey?= 
Amo á España como á una hija del corazón; y Dios» que ve el 
de los hombres, sabe que sueño con la gloria de esta hidalga 
tierra hasta el punto de imaginar, que acaso está destinada á ser 
la iniciadora de la puriñcación de la activa é inteligente raza 
latina derramada en ambos continentes, como vanguardia indis- 
pensable de la civilización cristiana. Y amando á España^ ten* 
go que pensar en sus ingratos hijos que al otro lado de los ma- 
res la combaten y la escarnecen; hijos cuya ingratitud explican, 
en cierto modo, los extravíos de la madre, pero que volverán 
sin duda á la casa de sus mayores, cuando la'paz y el orden re- 
nazcan en ella con vigor al impulso de mi paternal solicitud, = 
Ya veis que hoy como ayer á todos llamo, aun á los que se di- 
cen mis enemigos; los llamo para dar término á esta guerra 
fratricida y poner mano á los cimientos de una paz duradera. 
Ceda la ambición de una minoría siempre sediciosa á la elocuen- 
te voluntad de este pueblo que me aclama y me da sin coacción 
sus tesoros y su sangre. Pero si el grito de la rebeldía continúa, 
yo le ahogaré con el estampido de mis cañones. España entera 
hará un esfuerzo supremo para sacudir el yugo que la oprime, 
y los que hoy no acepten el signo de conciliación^ tendrán ma- 
ñana que someterse á la imperiosa ley de la victoria. ^^ Vues- 
tro rey, Carlos. =Cuartel Real de Morentin á 16 de Julio de 
1874.» 

En vista del grave estado de la guerra, el Gobierno adoptó 
las disposiciones que á continuación copiamos: 

• Exposición. =Sr. Presidente: El Gobierno de la Nación, 
inspirándose en los más levantados sentimientos, ha hecho gran- 
des esfuerzos para atraer al cumplimiento de sus deberes á tos 



240 NORTB. — TERCER PERÍODO. 

rebeldes que aspiran á levantar sobre el suelo ensangrentado de 
la patria instituciones condenadas por la razón y por la historia. 
=:En vano la generosidad de los partidos liberales ha extendido 
repetidas veces el manto del perdón sobre esos eternos explota- 
dores de nuestras desgracias. = Partidarios de un régimen que 
impide el vuelo de la inteligencia, que deprime la dignidad huma* 
na, que seca los puros manantiales del progreso y que encierra á 
los pueblos en los estrechos límites de un fanatismo funesto, no 
han podido comprender jamás los móviles de nuestra conducta, 
atribuyéndola tal vez á una debilidad que los alienta. :=Ganosos 
de una victoria que les niegan el sentimiento público y los ade- 
lantos del siglo en que vivimos, nada omiten, por reprobado 
que sea, para el logro de sus aviesos ñnes. Las vías de comuni- 
cación, los monumentos que la piedad y el arte levantaran; las 
oñcinas del Estado, de la provincia y del municipio; los caudales 
públicos, los intereses privados y hasta la santidad del hogar do- 
méstico, todo se mira hollado por su espíritu destructor; y dia- 
riamente, y aun sin utilidad alguna para sus planes de combate, 
ve el país con dolor y las Naciones extranjeras con asombro, 
desaparecer entre las llamas una parte de lo que tanta per- 
severancia y tanto trabajo había costado. = En tal estado de pro- 
funda perturbación, se hacen necesarias prontas y eñcaces me- 
didas de Gobierno. =Las circunstancias exigen imperiosamente 
que el Ministerio se inspire en un sentimiento de concordia pa- 
ra con todos los hombres y todos los partidos que aman sincera- 
mente la libertad y el bien de los pueblos, y la crisis actual re- 
clama con urgencia la concentración de .todos los elementos de 
gobierno para que, dando unidad á la acción del poder, llegue 
ésta á todas partes con rapidez y energía. =Con el general es- 
fuerzo, y devolviendo al principio de Autoridad su perdida fuer- 
za, se logrará restablecer el orden moral profundamente pertur- 
bado, salvando á la sociedad y la Nación de su disolución y de 
8u ruina. =Fundado8 en estas consideraciones, sometemos á la 



MANDÓ DBL MARQUÉS DE SIERRA BULLONES. 24I 

s^obaciónde V. E. el siguiente proyecto de decreto. =Madrid 
18 de Julio de i874.-=El Presidente interino del Consejo de 
Ministros, y Ministro de la Gobernación, —Práxedes Mateo Sa- 
gasta.=El Ministro de Estado, =Augusto Ulloa.=El Ministro 
de Gracia y Justicia, = Manuel Alonso Martínez. = El Ministro 
de la Guerra, =Fernando Cotoner y Chacón. = El Ministro de 
Marina, =:Rafael Rodríguez de Arias y Villavicencio.=EI Mi- 
nistro de Hacienda,s=»Juan Francisco de Camacho.6=El Minis- 
tro de Fomento, = Eduardo Alonso y Colmenares. =E1 Minis- 
tro de Ultramar,==Antonio Romero Ortiz. 

f Decreto. =Teniendo en cuenta las razones expuestas por 
el Consejo de Ministros, = Vengo en decretar lo siguiente:=Ar- 
ticulo i.° — Se declaran en estado de sitio todas las provincias de 
la Península é islas adyacentes. =Art. 2.^ — Los capitanes ge- 
nerales de provincias reasumirán y ejercerán durante el estado 
de sitio las facultades extraordinarias que en dicho estado les 
marcan las Ordenanzas generales del Ejército. =Art. 3.° — En 
todas las provincias se constituirán comisiones militares per- 
manentes, para conocer en Consejo de guerra de todos los deli- 
tos de conspiración, rebelión, sedición y cuantos tiendan á ayu- 
dar á los rebeldes 6 á alterar el orden público. =Art. 4.®— El 
Gobierno dará en su día cuenta á las Cortes de este decreto. = 
Madrid 18 de Julio de 1874. = Francisco Serrano. =E1 Presi- 
dente interino del Consejo de Ministros, y Ministro de la Gober- 
nación, =Práxedes Mateo Sagasta.=El Ministro de Estado, = 
Augusto Ulloa.= El Ministro de Gracia y Justicia, = Manuel 
Alonso Martínez.-:=E1 Ministro de la Guerra, =Fernando Coto- 
ner y Chacón.=El Ministro de Marina, =Rafael Rodríguez de 
Arias y Villav¡cencio.=El Ministro de Hacienda, = Juan Fran- 
cisco Camacho.=El Ministro de Fomento,=Eduardo Alonso y 
Colmenares. =bE1 Ministro de Ultramar, = Antonio Romero 
Ortiz. • 



242 NORTE — TERCER PERÍODO. 

\ «Exposición. =Sr. Presidente; Una medida de propia de- 

fensa que en circunstancias análogas á las nuestras se han visto 
. precisadas á tomar todas las naciones civilizadas, es el principal 

\ objeto del decreto que tenemos la honra de someter á la apro- 

/ bación de V. E.=La Nación española, que tantos y tan gran* 

I des sacrificios está haciendo para concluir la guerra desastrosa 

í contra los carlistas, no puede consentir que la fortuna de sus 

¡ enemigos, que hasta aquí ha estado bajo la protección de las le- 

i yes y en las mismas condiciones que la de los ciudadanos pací- 

j fieos, vaya á servir de poderoso instrumento para prolongar y 

J extender una lucha que perturba el movimiento progresivo de 

¿ la prosperidad pública, que diezma la flor de la juventud espa- 

\ ñola y que nos deshonra á los ojos de la Europa. =También 

comprende la medida un acto de justicia, en la indemnización 
^^ que de las propiedades de los rebeldes deben obtener aquéllos 

que por los rebeldes sean voluntariamente atropellados en sus 

y personas ó fortunas. =Es necesario además, ya que no poda- 

: mos impedir esa guerra salvaje que parece iniciar el carlismo 

y que lleva consigo la funesta reata de rehenes, represalias y 
fusilamientos de personas indefensas, guerra que por respeto 
á nosotros mismos ni hacemos ni haremos nunca, sea cualquiera 
la provocación que se nos dirija, tratar al menos de contenerla 
hasta donde alcancen nuestros medios dentro de condiciones 
menos inhumanas, arrojando sobre las personas importantes 
del partido carlista la responsabilidad legal de los atentados que 
puedan cometerse, porque responsables son moralmente de 
ellos los que han puesto las armas para herir á la patria en ma- 
no del fanatismo y de la ignorancia.=Apoyados en tales funda- 
mentos sometemos á V. E. el siguiente proyecto de Decreto. = 
Madrid i8 de Julio de 1874.= El Presidente interino del Conse- 
jo de Ministros, y Ministro de la Gobernación, =Práxedes Mateo 
Sagasta.=El Ministro de Estado,=Augusto Ulloa. =EI Minis- 
tro de Gracia y Justicia, = Manuel Alonso Martínez. =£1 Minis- 



\ 



MANDO DEL MARQUÉS DE SIERRA BULLONES. 243 

tro de la Guerra,=Fernando Cotoner y Chacón. =E1 Ministro 
de Marina, =:=Rafael Rodríguez de Arias y Vinavicenc¡o. = El 
Ministro de Hacienda, = Juan Francisco Camacho.=El Minis- 
tro de Fomento,=Eduardo Alonso y Colmenares. =E1 Minis- 
tro de Ultramar,=Antonio Romero Qrtiz. » 

«Decreto. =En atención á las razones que me ha expuesto 

el Consejo de Ministros, = Vengo en decretar lo siguiente: =Ar- \ 

tículo I." — Se autorizad Gobierno para embargar los bienes de / 

las personas que constare hallarse incorporadas á las facciones, ^\ 

6 que sirvan á la causa carlista. =Esta medida tiene por objeto: T 

=i.**=Impedir que los productos de los bienes que se embar- * 

guen se apliquen al sostenimiento y propagación de la guerra. = * 

2.°=Indemnizar á las personas perjudicadas de todos los daños \¡ 

que se les causen por actos que no sean efecto necesario de la ♦ 

guerra. =Art. 2.' — A los herederos de los jefes, oficiales, sóida- \ 

dos y voluntarios que fuesen fusilados, después de haberse rendi- V 

i 

do ó hecho prisioneros, se les indemnizará con las rentas de los i 

mismos bienes embargados 6 que se embarguen y por medio de 
una contribución extraordinaria que pesará exclusivamente sobre 
los carlistas. =Art. 3.*^ — Las indemnizaciones á que se refiere 
el artículo anterior se regularán en la forma siguiente: = A los 
inmediatos herederos del jefe fusilado, con la cantidad de cien 
mil pesetas; á los de los oficiales, coo la de 5o. 000, y á los délos 
soldados y voluntarios, con la de 25.ooo pesetas.=Art. 4.° — 
No se considerará válida ninguna trasmisión de dominio de los 
bienes de los carlistas, realizada después de la publicación de es- 
te decreto.==Art. 5.^ — Los Ministros de Gracia y Justicia y de 
Haciendo quedan encargados de dictar las disposiciones para el 
cumplimiento de este decreto. =Art. 6.** — El Gobierno dará 
cuenta á las Cortes del uso y aplicación que haga de las dispo- 
siciones precedentes. =Madrid 18 de Julio de i874.=Francis- 
co Serrano. = El Presidente interino del Consejo de Ministros, 



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í 



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; 



244 NORTE. — TERCER PERÍODO. 



3 y Ministro de la Gobernación^ = Práxedes Mateo Sagasta.^El 

^ Ministro de Estado, = Augusto UIioa.=El Ministro de Gracia 

j[ y Justicia, =Manuel Alonso Martínez. =:E1 Ministro de la Gue- 

) rra,=Fernando Cotoner y Chacón. =E1 Ministro de Marína,= 

' Rafael Rodríguez de Arias y Villavicencio. =E1 Ministro de Ha- 

f cienda,=Juan Francisco Camacho.=El Ministro de Fomento, 

i =Eduardo Alonso y Colmenares.— El Ministro de Ultramar, 

I = Antonio Romero Ortiz.i 

/ 

f Decretos. = Atendiendo á la gravedad délas circunstancias 
y á las razones expuestas por el Consejo de Ministros,=Vengo 
"f en decretar lo siguiente: = Artículo único.— Procederán los go- 

bernadores á la disolución inmediata de todas las Sociedades, sea 
I cualquiera su clase, condición ú objeto, que no estén constituí- 

i das con autorización del Gobierno; exceptuándose las de crédi- 

IJ to, de obras públicas y demás de que habla el decreto-ley de 

rj 1869. =Madrid 18 Julio de 1874. = Francisco Serrano. =E1 Pre- 

l sidente interino del Consejo de Ministros, y Ministro de la Go- 

( bernación,= Práxedes Mateo Sagasta*» 

r 

/ « Atendiendo á la situación en que el país se encuentra, Ven- 

go en decretar lo siguiente: = Artículo único. — La prensa pe- 
riódica no publicará otras noticias de la insurrección carlista 

; que las insertas en la Gaceta de Madrid. =MsLdríd 18 Julio de 

i874.=Francisco Serrano. =E1 Presidente interino del Conse- 
jo de Ministros, y Ministro de la Gobernación, =Práxedes Mateo 
Sagasta.i 

«ExposicióN.= Sr. Presidente: La guerra civil que tan hon- 
damente tiene perturbado al país, regando con sangre nuestros 
campos y consumiendo la fortuna pública, no es solamente una 
funesta calamidad, sino también una gran ignominia. Ni la hon- 
ra de España, ni los más sagrados intereses gravemente compro 



MANDO D£L MARQUÉS DE SIBRRA BULLONES. ¿45 

metidos consienten que se prolongue esa lucha que nos arruina y 
que nos humilla ante el mundo civilizado . Es preciso ahogarla 
inmediatamente; es necesario estirpar sin dilación ese cáncer que 
amenaza devorarnos; es indispensable un supremo esfuerzo, que, 
si por el momento puede afectar sensiblemente, evitará en ade- 
lante otros tal vez mayores, y de seguro no tan eficaces. Por 
cada día que se abrevie la terminación de la guerra fratricida, 
habrán de reportarse muy superiores ventajas, economizando 
sangre preciosa, enormes gastos y dolorosos sacrificios. El Go- 
bierno que conoce la noble altivez y el fondo del patriotismo 
que atesora el pueblo liberal español, faltaría á su deber si, por 
débiles contemplaciones ó por meticulosos reparos dejase 4^ 
utilizar aquellos fecundos sentimientos. =Un acto de intenso 
vigor y de enérgica virilidad se necesita; la opinión pública lo 
reclama y el Gobierno no vacila en ejercerlo. Por eso tiene el 
honor de proponer á V. E. la creación y el llamamiento á las ar- 
mas de 125.000 hombres de reserva extraordinaria, que permi- 
tirá lanzar á operaciones á todo el ejército hoy existente, bas- 
tante para aniquilar en corto plazo las huestes insurrectas. Con 
aquella fuerza, cuyo servicio activo será local y, cuando más, 
dentro de los limites de cada uno de los distritos militares, au- 
xiliada por la Milicia Nacional, institución no menos útil é im- 
portante, pero en esfera más pasiva y sedentaria, pueden ase- 
gurarse completo el orden público, la defensa de las poblaciones 
y el apoyo de las respectivas bases de los ejércitos en campaña. 
«»Por todas estas razones el Consejo de Ministros tiene la hon« 
ra de someter á la aprobación de V. E. el adjunto decreto. = 
Madrid 18 de Julio de 1874. =E1 Presidente interino del Consejo 
de Ministros, y Ministro de la Gobernación^ =Práxedes Mateo 
Sagasta»=:El Ministro de Estado, = Augusto Ulloa.=El Minis- 
tro de Gracia y Justicia, =Manuel Alonso Martínez. =E1 Mi- 
nistro de la Guerra,«»Femando Contoner y Chacón. =:E1 Mi- 
nistro de Marina, = Rafael Rodríguez de Arias y VillavicenciOt 



á 



/ 

9 



( 



f* 



y^ 



/' 



246 NORTE. — TEttCEft PERÍODO. 

=E1 Ministro de Hacienda«=Juan Francisco Camacho.=:El 
Ministro de Fomento, =Eduardo Alonso y Colmenares. =£1 
Ministro de Ultramar, = Antonio Romero Ortiz.t 

• Decreto. = En vista de las consideraciones expuestas 
por el Consejo de Ministros, = Vengo en decretar: = Artículo i.* 
— Se crean 80 batallones de reserva extraordinaria en el territo- 



/ río de la Península é islas Baleares, dividiéndose al efecto en 80 

distritos próximamente de igual población, en cada uno de los 

/j cuales se formará un batallón con arreglo al adjunto estado letra 

-4 y la fuerza que respectivamente arroje el reclutamiento de ca- 
da distrito.=El Ministro de la Guerra ñjará la numeración y 
nombre de los batallones. =Art. 2." — La división de las provin- 
cias en distritos se hará formando tantas zonas cuantos sean los 
batallones asignados á cada una de aquéllas, y compuestas de 
pueblos unidos, que, según su población y el cupo que, por el 
llamamiento que se hace en este decreto, les corresponda, hayan 
de dar un número de hombres próximamente igual para cada ba- 
tallón. = Deberá procurarse no dividir, si es posible, los partidos 
judiciales. =Art. 3.° — Si á pesar de todos los cálculos sucediere 
que por cualquier circunstancia no resultare en algún distrito 
contingente bastante para formar un batallón, produciéndose 
desigualdad con los demás de la provincia, el Ministro de la Gue- 
rra nivelará los batallones, aplicando al que tenga menos fuerza 
los hombres necesarios de los pueblos limítrofes.=La misma 
regla se aplicará á las provincias que hayan de dar sólo un ba- 
tallón y éste fuere incompleto, supliéndose lo que le falte con 
hombres del distrito colindante de la provincia inmediata, siem- 
pre que ambas sean de un mismo distrito militar.=Art. 4.** — 
En las provincias que han de formarse dos ó más distritos, por 
corresponderás más de un batallón, practicará la división con 
arreglo al art. 2.°, y en el término de 10 días, á contar desde 
la publicación de este decreto, una comisión compuesta del go* 



IdANÍK) DEL klARQués DE SIERRA feüLLONte. ^47 

bernador civil^ presidente, del comandante general, ó de un mi- 
litar que el capitán general designe, y de un vocal de la co- 
misión permanente de la diputación provincial. = La división 
practicada será remitida al Ministro de la Gobernación para su 
aprobación, de acuerdo con el de Guerra. =Art. 5.° — La reser- 
va extraordinaria entrará desde su formación en servicio acti- 
vo, estando sujeta á las Ordenanzas militares, y organizada 
militarmente. = En todo lo relativo á instrucción, servicio, ves- 
tuario, armamento, haberes y parte administrativa, se regirán 
los batallones de la reserva extraordinaria por las mismas dis- 
posiciones que están en vigor para el ejército permanente, y con 
sujeción á las direcciones generales respectivas. =Art. 6.° — 
El Ministro de la Guerra fijará por decreto especial los cuadros 
de jefes y oficiales para los batallones de la reserva extraordi- 
ria.=Art. 7.° — Los batallones de la reserva extraordinaria ha- 
rán el servicio de guarniciones y demás análogos en sus respec- 
tivas provincias. Los capitanes generales, cuando lo juzguen 
conveniente, podrán disponer de los mismos para los propios 
servicios dentro de los límites del distrito militar á que corres- 
pondan. =Art. 8." — Se llaman al servicio de la reserva extraor- 
dinaria 125.000 hombres de los que en el día de la publicación 
del presente decreto sean solteros ó viudos sin hijos, no hayan 
servido en el ejército ó armada, no hayan sido redimidos ni 
sustituidos, ni exceptuados por inutilidad física en reemplazos 
anteriores, y que en 30 de Junio último tuviesen ya 22 años y 
no hubieran cumplido 35.=Art. 9." — El reclutamiento de los 
125.000 hombres se hará con sujeción á la ley de reemplazos 
del ejército de 3o de Enero de 1856 en todo lo que no sea modi- 
ficado por el presente decreto. = El Ministro de la Gobernación 
designará los días y plazos extraordinarios en que respectiva- 
mente han de practicarse las operaciones del alistamiento, sor- 
teo, declaración de soldados y entrega en caja.=Art. 10. — Ca- 
da provincia contribuirá con el contingente de hombres que se 



/ 






i 






I 



I 



248 



NORTE.— ^TBRCEk PERÍODO; 



les señala en el adjunto estado letra B, para el cual ha servido 
de base el censo oñcial de 1860; debiéndose arreglar al mismo 
las diputaciones provinciales en la distribución de los cupos de 
los pueblos y las comisiones de que habla el art. 4.^ para la 
división de distritos. = Art. 11. — 'Ño se exigirá talla determina- 
da para el ingreso en la reserva extraordinaria. = Art. 12. — Pa- 
ra la declaración de exenciones por inutilidad física regirán el 
reglamento y el cuadro aprobados por decreto de 26 de Mayo 
del presente año. = Art. i3. — Quedan derogadas las exenciones 
3.* y 4.* del artículo 74 de la ley de 3o de Enero de 1856, á no 
ser que los comprendidos en ellas estuvieren ordenados in sacris 
antes de la publicación de este decreto.=Art. 14. — Se entien- 
de suprimida toda clase de sustitución; pero se admitirá la re- 
dención por la cantidad efectiva de 1.250 pesetas, entregadas 
en las sucursales ó comisiones del Banco de España. =Art. i5. 
— Se admitirán en la reserva extraordinaria voluntarios que sean 
licenciados del ejército sin notas desfavorables en sus licencias 
y que no pasen de 35 años, abonándoles el premio de i.ooo pe- 
setas, y teniendo opción preferente á las plazas de cabos y sar- 
gentos, si tuvieren la aptitud necesaria.=Art. 16.— La dura- 
ción del servicio de los hombres que ingresaren en la reserva 
extraordinaria en virtud de este llamamiento, asi como de los 
voluntarios, será la de la guerra y seis meses más si el Gobier- 
no considerase necesaria esta prórroga. = Art. 17. — Los Minis* 
tros de la Guerra y de la Gobernación dictarán las disposicio- 
nes que respectivamente les competan para la ejecución de este 
decreto, quedando autorizados para resolver cuantas dudas ocu* 
rrieren en su cumplimiento. = Art. 18. — El Gobierno dará cuen- 
ta á las Cortes de lo dispuesto en este decreto.Tt=:Madríd 18 de 
Julio de i874.=Francisco Serrano. =E1 Presidente interino del 
Consejo de Ministros, y Ministro de la Gobernación, =Práxe- 
des Mateo Sagasta.=:El Ministro de Estado, = Augusto Ulloa. 
ssEl Ministro de Gracia y Justicia, := Manuel Alonso Martínez. 



P' 



MAKDO DEL liARQUÉS DB SIBRRA BULLONES. 249 

=£1 Ministro de la Guerra,=Femando Cotoner y Chacón. — 
El Ministro de Marina, =Rafael Rodrigue;^ de Arias y Villa- 
vicencio.= El Ministro de Hacienda, = Juan Francisco Cama- 
cho.=El Ministro de Fomento, =Eduardo Alonso y Colmena- 
res. = El Ministro de Ultramar,=Antonio Romero Ortiz.» 



ESTADO LETRA A 



Cuadro sinóptico del número de batallones que corresponden á cada 
una de las provincias^ según su respectiva población por el censo 
oficial de 1860, para la reserva extraordinaria creada por decreto 
de esta fecha. 



capitanías generales. 



PROVINCIAS. 



Castilla la Nueva» 



Galicia, 



Castilla la Vi^a, 



Burgos,. 

Navarra. 
Aragón . . 



Cataluña 



Madrid , 

Guadalajara . 

Cuenca 

Ciudad-Real. 

Toledo 

Segovia 

Coruña 

Lugo 

Orense 

Pontevedra . . 

VaUadoUd... 

Avila 

Salamanca . . 

Zamora 

León 

Oviedo 

Falencia .... 

Burgos 

\ Santander... 

j Logroño 

\ Soria , 



Zaragoza . . 
Huesca.. .. 

Teruel 

Barcelona.. 
Tarragona . 

Lérida 

Gerona..... 



Numero 

de 
batallones 



Tomo v 



«7 



250 



NORTE. — ^TERCER PERÍODO. 



CAPITANÍAS GENERALES. 



PROVINCIAS. 



Numero 
batalloatt 



Valencia . 

Castellón. 
Vakneia I Alicante . 

Murcia... 

Albacete . 
i Granada. 
\ Málaga... 
. Jaén ..... 
/ Almería.. 

i Sevilla 

' Cádiz.... 

Córdoba. 

Huelva. 



Granada, 



Andalucía, 



Extremadura ¡Síes.: 

Baleares 



Madrid i8 de Julio de 1874.— Sagasta. 



ESTADO LETRA B 



Repartimiento de los laS.ooo hombres con que deberán contribuir 
laa provincias para la organización de los 80 bJiUülonts de reser- 
va extraordinaria creados por decreto de esta fecha. 



PROVNICIAS. 


HABITANTES VARüXÜ* 

comprendidos en la edad 
de 22 á 35 años, según cL 
censo de población de 1 S60 


Albacete 


22.5l5 
42.880 
33.837 
18.372 

2(J.427 

90 945 
J3.839 
3¿.o:o 

55 -744 
2y.^9l 
26.934 
39.891 


Alicíinie 


Almccia 


Avila 


Bnüajüz 


Bulcíir^s . . . . 


BLifcclona 


Burdos 


Cáceres 


CÁd\'£ 


CasU'Iión 


Ciudad-Real 


Córdoba 



CUPOS. 



3-153 

^.050 
^.167 

^.63g 
^.64! 
4.[c6 

1,983 



L 



MANDO DEL MARQUÉS Dli SIERRA BULLONES. 25l 



PROVINCIAS. 



HABITANTES VARONES 

comprendidos en la edad 
de 32 á 33 años, según el 
censo de población de 1860 



CUPOS. 



Coruña 

Cuenca 

Gerona 

Granada . . . 
Guadalajara 

Huelva . 

Huesca . . . . 

Jaén 

León 

Lérida 

Logroño... 

Lugo 

Madrid .... 
Málaga .... 
Murcia . . . . , 
Navarra . . . 
Orense .... 
Oviedo .... 
Falencia . . . 
Pontevedra. 
Salamanca . 
Santander.. 
Segovia . .*. . 

Sevilla 

Soria 

rarracona . 

Teruel 

Toledo 

Valencia . . . 
Valladolid.. 
Zamora .... 
Zaragoza... 



56. 

34. 
49- 

23. 

21. 

3o. 

fs: 

35, 
18. 
45. 
77« 
54 ■ 
46. 
3o, 

^' 
48. 

20. 

3q. 

28, 

21. 

i5. 

60. 

14. 

36. 

34. 

71- 
28. 

25. 

47. 



227 
,57a 
,864 

4^7 
,186 

302 

077 

2l5 

,241 

,918 
.694 

38i 
088 
421 

57' 
549 

\íl 

716 
404 

437 
o35 
533 
328 
o65 

341 
73o 
556 
814 
959 



I. 696.314 



4.142 
1.808 
2.563 
3.641 
1.705 
1.568 

2.2l5 
3.168 
2.595 
2.645 
1.376 

3r340 
5.679 

2.260 



3.576 
1.483 
2.882 
2. III 
1.574 
I. 134 
4.422 
1.069 
2.675 
1.772 
2.744 
5.284 
2.IOI 
1.899 

3.53o 



125.000 



Madrid 18 de Julio 1874. — Sagasta. 



Con fecha 29 del mismo mes de Julio dirigió el Ministro de 
Estado, D. Augusto Ulloa, á los representantes de España en 
el Extranjero, la siguiente circular: 

f Muy Sr. mío: El carácter de crueldad que ha tomado de 
ftlgún tiempo á esta parte la rebelión carlista, por hechos, órd^- 



252 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

nes y declaraciones de sus jefes principales» obligó al Gobierno 
á meditar profundamente acerca de la naturaleza y extensión 
de sus deberes en las circunstancias difíciles "^or que estamos 
atravesando. Resultado de esta meditación han sido las dispo- 
siciones rigurosas insertas en la Gaceta del 19 del mes actual, en 
cuyos preámbulos hallará V. E. indicados los motivos de jus- 
ticia y de conveniencia pública que las han inspirado. Ninguna 
de ellas, sin embargo, sale de los limites de la propia y legiti- 
ma defensa, ni se opone á los elevados sentimientos de una Na- 
ción noble y generosa. = V. E. conoce perfectamente, y Euro- 
pa sabe también la infausta y prolongada historia de nuestra 
guerra civil, reproducida cinco ó seis veces en el espacio de 40 
años, como si la infeliz España estuviese destinada por la fata- 
lidad á pasar periódicamente por una especie de sangriento 
jubileo que la consume y la arruina, deteniendo el movimiento 
progresivo de su prosperidad, que sólo demanda una paz sóli- 
damente asegurada para producir inmensos y benéficos resulta- 
dos. Esas diversas guerras civiles se han concertado por el fa- 
natismo asociado de la ignorancia, al amparo de nuestras ins- 
tituciones liberales, para nacer y desarrollarse luego bajo la 
triste protección de las desgracias de la Patria, ya acechando el 
momento de encontrarse nuestro ejército comprometido en 
tierra extranjera, como sucedió en la traidora tentativa de San 
Carlos de la Rápita, ya prevaliéndose, como en 1873, de la 
anarquía que nos devoraba y del espanto que se había apodera- 
do de la sociedad entera. = Lo que quizás se ha olvidado por 
algunos y conviene recordarlo incesantemente, es la absoluta 
carencia de razón y hasta de pretextos qUe ahora y siempre ha 
tenido el carlismo para ponernos en agitación y en peligro, 
para atentar á nuestro régimen político después de haberle in- 
dignamente explotado, y para deshonramos con la ferocidad 
de sus actos á los ojos del mundo. Se comprende y se explica 
que una injusticia permanente, una ley de razas, la inferioridad 



MANDO DEL MARQUÉS DE SIERRA BULLONES. 253 

de condiciones sociales ú otras causas análogas dispongan á los 
habitantes de un territorio á continuas y nunca extingidas sub- 
levaciones. ¿Pero pueden alegarlas para levantarse en armas 
los sectarios del despotismo, cuando precisamente las comarcas 
que son su cuna y su foco, sin sufrir ninguna de las cargas, 
disfrutan de todas las ventajas de la nacionalidad española? ¿O 
es más bien esa posición excepcional la que ajigantando su so- 
berbia les hace considerar como parias á sus conciudadanos? 
Porque acontece entre nosotros un fenómeno singular y por 
demás extraño. Aquí el previlegiado es el que se rebela, y el 
sometido á la ley común el que se defiende; aquí el que no. con- 
tribuye ni con su persona ni con su fortuna al sostenimiento 
del Estado, es el que alza airado el negro pendón de una lucha 
á muerte contra el que constituye el nervio y la fuerza de la 
Nación, cuya ancha y generosa bandera daba á unos y á otros 
tranquilidad en el interior, apoyo en el extranjero, seguridad en 
los mares; aquí, en fin, una minoría obcecada y perturbadora, 
desconociendo sus propios intereses, exclusivamente cimenta- 
dos en la paz, pretende nada menos que imponernos un siste- 
ma de gobierno depresivo y humillante que ella misma recha- 
za para si por incompatible con sus franquicias. =Tales son las 
ideas generadoras de la insurrección, que se resumen en estas 
dos palabras: una ingratitud y un absurdo. La defensa de la 
religión, que el pueblo español en masa profesa y venera, ha 
servido á veces de pretexto hipócrita para la rebeldía, y hoy 
se invoca también por el fanatismo con más fervor aparente 
que nunca. ¡Pobre recurso, por cierto, que así se emplea bajo 
un régimen de tolerancia religiosa, como se empleaba antes 
cuando el culto católico era el único permitido y el ejercicio 
de cualquiera otro tenía en el código penal una sanción severa! 
Además, hablar de la religión y de sus sublimes preceptos, y 
ver á muchos ministros del altar colocarse al frente de bandas 
que saquean y asesinan; hablar de la religión, y profanar sacrí- 



1 



254 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

legamente sus ritos entre la depredación y la matanza; hablar 
de la religión, y tomarla como instrumento para satisfacer ins- 
tintos vengativos y sanguinarios, es un contrasentido más repug- 
nante que el cínico alarde de descreimiento, que suprime audaz- 
mente toda moral y toda conciencia. =Los fueros amenazados 
han sido en ocasiones estímulos puesto en juego para solivian- 
tardíos ánimos y reclutar partidarios. Este pretexto envolvería 
actualmente, una falsedad notoria y escandalosa, puesto que ni 
las Cortes ni los Gobiernos han tocado á uno sólo de esos pri- 
vilegios que la Nación había consentido como prenda de con- 
cordia hasta en los períodos más álgidos del movimiento revo- 
lucionario. Cómo se ha correspondido á esta magnánima con- 
ducta y cómo se ha justificado la situación especial de algunas 
provincias exentas, lo dice bien claro la lucha en que estamos 
empeñados, con la que sin duda pagan los favorecidos nuestro 
escrupuloso respeto al pacto de Vergara.= Aunque la rebelión 
carlista no fuese tan injustificada en sus causas y tan contraría 
á la libertad y al progreso en sus propósitos, bastarían los me- 
dios inicuos de que se vale para enajenarle las simpatías de 
cuantas personas abrigan sentimientos honrados, cualesquiera 
que sean sus opiniones políticas. Para demostrarlo no hay que 
acudir á la pasión de partido, ni al rumor público, ni á noticias 
y correspondencias particulares. Ordenes draconianas encana- 
das de jefes caracterizados; manifiestos lanzados á Europa con 
inconcebible desenfado paranotificarle inhumanos procedimien- 
tos; sucesos horribles que han presenciado poblaciones conster- 
nadas; todo concurre á probar de una manera auténtica é incon- 
testable el carácter verdaderamente salvaje de la contienda por 
parte de los que se apellidan únicos defensores de la religión 
cristiana. Disparan nuestras fuerzas sutiles algunos cañonazos 
para rechazar las agresiones de la costa ó impedir el alijo de 
armamentos, y el titulado comandante general de Vizcaya po- 
ne presos á niños y mujeres, declarando que por cada proyec- 



MANDO DEL MARQUÉS DE SIERRA BULLONES. 255 

til que se dirija á las poblaciones fusilará á uno de sus inocentes 
rehenes. Contesta el hidalgo general Concha con una proclama 
noble y humanitaria á la comunicación calumniosa del jefe 
car^sta, y este diezma á los prisioneros de guerra, sacrifica 
bárbaramente á un extranjero inerme, que alega en vano su na- 
cionalidad y su profesión literaria, y anuncia luego (¡cruel sar- 
casmo!) á ¡as naciones civilizadas, que en adelante no dará cuar- 
tel á nadie. Los horrores de Cuenca no son para referidos. 
Incendios y robos de casas y edificios públicos, enfermos arroja- 
dos por las ventanas^ asesinatos en las calles, tales son las exce- 
nas de aquel espantoso drama que duró dos días consecutivos. 
¡Todo fué allí escarnecido, incluso la dignidad de un prelado 
virtuoso! Y esto pasaba en presencia de una señora, de una 
princesa joven, á quien acompañan como cortejo ordinario la 
desolación y la muerte. Después de estos crímenes inauditos, 
todavía llega á nuestros oidos por varios y fidedignos conductos 
la noticia de otro que los sobrepuja y del que quisiéramos aho- 
rrar la infamia hasta á nuestros más encarnizados enemigos. 
Dícese en cartas y periódicos con minuciosos detalles, y algo 
de esto se ha comunicado oficialmente, qut gran número de^ 
prisioneros nuestros han sidp inmolados sin piedad en Olotj 
donde se hallaban en depósito antes de la entrada de nuestras 
tropas. =La pluma se resiste á continuar la narración de tama- 
ños horrores, y no hay corazón español que no se oprima por 
la amargura y la vergüenza al considerar que se llaman espa- 
ñoles sus perpetradores. Y, sin embargo, puedo asegurar á 
V. E., que el cuadro no está recargado, porque la exageración 
no es propia de un Gobierno que se estima cuando lanza ciertas 
acusaciones en documentos oficiales, ni yo» me he propuesto 
citar como ejemplo más que aquellos sucesos acerca de los cua- 
les no cabe la menor rectificación ó duda. La opinión pública^ 
representada por casi todos los periódicos autorizados de Euro- 
pa, los ha anatematizado enérgicamente, estableciendo un pa- 



/ 



256 NORTE. — TERCBR PERÍODO. 

ralelo justo y honroso para nosotros, entre la digna actitud del 
ejército y la barbarie de los insurrectos. Pocas veces se ha ob- 
servado tal unanimidad de apreciación, asi en Alemania como 
en Inglaterra, en Francia, en Italia, en Bélgica, en todas par- 
tes; lo cual revela, á par que un tributo pagado á la verdad y 
una protesta á nombre de la humanidad ultrajada, una grande 
elevación y extensión de miras, al hacer causa común de todos 
la que nosotros defendemos. Frecuentemente ha sido España 
teatro de rudos combates de este género, cuyas consecuencias 
no podían encerrarse en el perímetro de sus fronteras, y han 
acudido á sus campos de batallas elementos, inñuencias y pro- 
tecciones extrañas. La comparación de las necesidades y gastos 
inmenso de la guerra actual con los recursos del país dominado 
por el carlismo, sería un enigma indescifrable, si no fuéramos 
á buscar su explicación en el apoyo, en los trabajos y en las 
intrigas de partidos afínes, que, más ó menos ocultamente y con 
diversos disfraces y denominaciones, intentan hoy en nuestro 
territorio, mañana quizás en otro, acabar con las conquistas de 
la civilización moderna y resucitar sistemas absurdos, que úni- 
camente por la repercusión de los excesos demagógicos han po- 
dido obtener una sombra de vitalidad y de esperanza. = A des- 
vanecerla por completo y para siempre se dirigen los esfuer- 
zos del Gobierno y los sacrifícios del país, que no ha puesto 
en nuestras manos la dictadura para arruinarse y desangrarse 
paulatinamente, y que no quiere tampoco que por efecto de una 
generosidad mal agradecida deje de extirparse de raiz el mal 
que viene consumiéndole hace medio siglo. =Como V. E. ha- 
brá observado, las medidas á que me reñero al principio de esta 
carta son de las que la necesidad impone en circunstancias gra- 
ves, llevando al mismo tiempo por objeto contener en lo posi- 
ble los desmanes de los rebeldes, si á tanto alcanza su eficacia. 
Quitar, ó disminuir por lo menos, los recursos que el espíritu 
de partido facilita para prolongar y ensanchar esta guerra fra- 



MANDO DEL MARQUÉS DE SIERRA BULLONES. 257 

■ \ 

trícida; exigir una responsabilidad pecuniaria en ciertos casos de 
aquellos que la han contraido moralmente con sus consejos y 
sus excitaciones; separar las influencias perniciosas de los sitios 
en que preponderan; prohibir las asociaciones, donde con la ga- 
rantía de leyes expansivas se han fraguado á mansalva el odio, 
el encono, la ira y todas las malas pasiones, hoy desencadena- 
das contra la libertad de la patria; reconcentrar en la Autoridad 
militar las facultades gubernativas, ya para evitar las alteracio- 
nes del orden público, ya para castigarlas sumaria y severa- 
mente; he aquí el resumen de las disposiciones tomadas, y la 
tendencia que llevarán las sucesivas que se adopten para sofo- 
car en breve término la insurrección absolutista. Es de esperar 
que merced á ellas, con el probado valor de nuestro ejército y 
con el viril impulso del pueblo, que ama las instituciones que 
ha conquistado y han sido el más poderoso medio de sus ade- 
lantos, veremos conjurados los peligros y desvanecidos los te- 
mores que entraña una lucha indigna de nuestra época y de 
nuestras costumbres. =E1 fanatismo y el depotismo coaligados 
no prevalecerán jamás en la Nación española, ni es posible su 
triunfo, aunque efímero, cuando de generación en generación 
venimos rechazándolos con tanta constancia como ardimiento. 
Lograrán tal vez, por las condiciones especiales de ciertas co- 
marcas en que parecen enfeudados, derramar más sangre de la 
que ha corrido profusamente en cien batallas; acumular más rui- 
nas sobre las que todavía atestiguan el furor de nuestras discor- 
dias. Podrán tal vez seo'uir provocando sin remordimientos la in- 
dignación del mundo entero con sus desmanes y sus violencias, 
y rebajando al nivel de las tribus más incultas el noble y tradi- 
cional carácter de e^a Nación desventurada. Todo inútil. Hoy, 
como en 1839 y como en 1849, el resultado será favorable al 
derecho contra la injusticia, á la libertad contra la tiranía, á 
las ideas que enaltecen al hombre y le perfeccionan contra las 
que le oprimen y le embrutecen. Procuraremos además que l^ 



258 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

dolorosa experiencia de^lo pasado no sea perdida para el por- 
venir, haciéndonos más cautos y precavidos que lo fueron 
nuestros padres. — Por fortuna, la opinión europea no necesita 
rectificarse, siendo altamente simpática á los principios que el 
Gobierno representa y mantiene. Pero no me parece fuera de 
propósito que V. E. tenga presentes los hechos y observacio- 
nes expuestas en sus conferencias oficiales y extraoficiales, para 
fijar de un modo preciso la actitud que nos han impuesto las cir- 
cunstancias y la verdadera índole de la guerra á que tan injus- 
tamente se nos ha provocado. =De orden del Sr. Presidente del 
Poder Ejecutivo de la República lo digo á V. E., para su cono- 
cimiento, reiterándole con este motivo las seguridades de mi 
más distinguida consideración. =Madr¡d 29 de Julio de 1874. 
= Augusto Ulloa.=Señor....» 

En esta época era ya cosa corriente en la opinión pública, 
que la frontera francesa estaba muy mal guardada y que las 
autoridades de esta nación tenían con los carlistas considera- 
ciones no muy conformes con la conducta que debían seguir, 
dadas las buenas relaciones de los Gobiernos de España y Fran- 
cia. Nada tenía de extraño que así pensara la opinión, pues co- 
mo hemos indicado en el Resumen, y no lo hacemos ahora para 
evitar repeticiones, había motivos que justificaban tales rumo- 
res. A propósito de esto, decía el Ministro de la Guerra al Ge- 
neral en Jefe, en telegrama del 28 de Julio: 

«El Gobierno francés, obligándose á internar á todas las 
personas de cierta importancia del partido carlista, nos propo- 
ne respecto del gran número que afluye á la frontera, que 
vuelvan al territorio español por no tener medios de inter- 
narlos á todos. El Ministro, creyendo que esta propuesta no 
dará mayor número de combatientes á los carlistas y sí más 
hombres que mantener y más intrigas, la acepta, tanto más, 
cuanto que no dejará á esa gente que venga del lado acá del 
Ebroy usando de las facultades extraordinarias de que se halla 



MANDO DEL MARQUÉS DE SIERRA BULLONES. 259 

revestido. Como esta medida se halla relacionada con la políti- 
ca de la guerra, cuya iniciativa y aplicación corresponde á 
V. E., en primer término, le ruego m^ manifieste si encuentra 
acertado lo propuesto, 6 en caso contrario me haga conocer las 
observaciones que, como procedentes de su reconocida compe- 
tencia en el asunto, han de influir tanto en la decisión defi- 
nitiva.» . 

El general Zavala le contestó, manifestando su extrañe- 
za, por cierto harto fundada, de que el Gobierno francés care- 
ciera de medios para el sostenimiento de los refugiados, é indi- 
caba, que si no había otro medio, convenía aceptar la proposi-^ ' 
ción de referencia; pero añadía: «Aunque sería una cosa nunca 
vista, y puesto qne no se alega por el Gobierno firancés otra ra- 
zón para admitir é internar los carlistas que la faifa de medios, 

podrá el nuestro proporcionarlos, haciendo la oferta correspon- ' 

diente, puesto que dan lugar á ello. No participo de la idea de 

que todo el que se refugie sea un elemento de perturbación ó • 

discordia entre los suyos, cuando hay tantas causas que producir | 

pueden esas desmembraciones, como el cansancio, desesperar 

del triunfo de la causa por la cual pelean y el miedo de los pe- • 

ligros que entra por mucho en esas segregaciones. Así pues, no 

se nos venda como un servicio el que real y verdaderamente ^ 

se hace á nuestros enemigos, no sólo devolviendo sus desertores ;i 

sino impidiendo que otros puedan imitar su ejemplo. Mi opi- | 

nión es, pues, que se acepte el servicio, si no hay otros medios | 

de alcanzar que sea más eficaz, esto es, internando en Francia ^ 

á los importantes y á los que no lo sean.» 

El Marqués de la Vega de Armijo, aunque no oficialmen- s' 

te, se había quejado al Duque de Decazes, Ministro de Negó- j 

cios Extranjeros de Francia, de la protección que las autorida- j 

des de esta nación concedían á los insurgentes; señalaba, entre ^¡ 

otros actos, que se había permitido á Lizárraga y su E. M. el .j 

paso de una á otra frontera de los Pirineos; que doña Marga- ;! 



Á 



26o NORTE. — TERCER PERÍODO. 

rita permanecía en Dax, y que el prefecto de Pau, Nadaíllac, 
favorecía el paso de los rebeldes de una á otra nación. 

No era de esperar, sin embargo, que cambiara tan lamen- 
table estado de cosas, y sí de temer que las medidas que se 
adoptasen no fuesen suficientes para remediar tan g^ave mal. 

El General en Jefe participó al Ministro de la Guerra cuál 
era la situación de sus fuerzas y las del enemigo, en oficio del 
31 de Julio, que á continuación copiamos: 

«Excmo. Sr.:=Los enemigos, que después de los últimos 
sucesos de Estella permanecían en las inmediaciones de aque- 
lla plaza, han iniciado, como sabe V. E., un movimiento lento 
y con g^an frente hacia el Ebro, prolongándose desde Puente 
Larra hasta el Ega; las noticias recibidas coinciden en asegu- 
rar, que intentan pasar el Ebro para verificar una expedición, y 
con este motivo he tomado las disposiciones siguientes: =E1 
general Moriones está prevenido y vigilante por nuestra dere- 
cha, cubriendo el Ebro y al mismo tiempo observando el río 
Aragón, por si se intentase por aquel lado una marcha hacia Ca- 
taluña.=Por mi izquierda tengo en Miranda la división de van- 
guardia y la brigada Verdú, con un total de 12 batallones, cua- 
tro escuadrones y dos baterías, al mando del general Blanco; y 
en el centro, y dispuesto á acudir á donde sea necesario, el 2.** 
cuerpo, que se extiende desde Murillo á Fuenmayor y Navarre- 
te, con algunas fuerzas intermedias que cubren los pasos desde 
Fuenmayor á Miranda, así como desde Ausejo á Tudela,= Po- 
sible es, sin embargo, que los movimientos de estas facciones 
no tengan más origen que la necesidad de diseminarse algo pa- 
ra atender con más facilidad á su subsistencia, protegiendo 
quizás al mismo tiempo los trabajos de la recolección. =E1 ge- 
neral Villegas continúa en Medina de Pomar, organizando sus 
fuerzas, y está limpia de partidas aquella comarca. En Viz- 
caya no ocurre ninguna novedad particular. = Por lo demás, el 
espíritu de las tropas es bueno^ los cuerpos van recibiendo sus 



MANDO DEL MARQUÉS DE SIERKA BULLONES. 261 

nuevos contingentes, y también ha llegado^ como consta á 
V. E.y el armamento destinado á ellos. =Todo lo que tengo la 
honra de manifestar á V. S. para su debido conocimiento. = 
Dios guarde á V. E. muchos años. = Cuartel general en Lo- 
groño; 31 de Julio de i874.=Excmo. Sr.:=Juan de Zavala.» 

Narraremos ahora las operaciones ejecutadas en el teatro de 
la guerra del Norte, durante el mes de Agosto. ' 

En telegrama del 31 de Julio» fechado en Logroño, el Ge- 
neral en Jefe previno á Blanco (éste con las fuerzas de su man- 
do se hallaba en Miranda de Ebro, según órdenes que había 
recibido), que con sus tropas, los cuatro batallones de la brigada 
Verdú y la caballería, operaría activamente, impidiendo que el 
enemigo permaneciese en la llanura de Miranda. En su virtud, 
dispuso Blanco que la brigada Oviedo, compuesta de tres ba- 
tallones de cazadores, el de reserva de Huesca y 90 caballos 
de Arlaban, se situara entre los pueblos de Orón, La Nave, Su- 
zarba y Bidaurre, cubriendo y vigilando esta parte del Ebro; 
que la brigada Verdú, compuesta de tres batallones, uno de 
ellos de ingenieros y i3o caballos de Numancia, se situara en 
la estación de la vía férrea y los pueblos de Bayas y Rivabello- 
sa, observando y protegiendo los ríos Zadorra y Bayas. Blan- 
co, con la otra brigada de la división de su mando, quedó en 
Miranda, con objeto de operar desde este punto conveniente- 
mente, según las noticias que adquiriese y las que le facilita- 
sen los citados jefes, tratando siempre de que las fuerzas ene- 
migas permanecieran en la llanura de Miranda. Al dar cuenta 
de sus disposiciones al General en Jefe, en oficio del mismo 
día 3i, le manifestó lo oportuno que sería, á su juicio, para 
coadyuvar eficazmente al fin que encomendaba á sus fuerzas, 
que éstas ocupasen el importante pueblo de la Puebla, siendo 
asi más completa la vigilancia y muy difíciles las correrías del 
enemigo. 

Ordenó el General en Jefe á Blanco, que debía operar en 



202 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

todos los puntos en que pudiera utilizar con ventaja su caba- 
Uería, escusando aquéllos en que ésta fuera inútil. 

Blanco extendió su línea» colocando un batallón en Ircio y 
ocupando los caseríos de La Serna, distantes próximamente un 
kilómetro de las Conchas; por este medio se ponía en comuni- 
cación con las fuerzas que destacase desde Haro el brigadier 
Acellana, y protegía eficazmente las líneas férrea y telegráficas. 
Las fuerzas del batallón reserva de Córdoba situadas en el puen- 
te de Arce, tuvieron un tiroteo con los carlistas que ocupaban 
las alturas dominantes del expresado puente, resultando dos li- 
berales heridos. 

Con fecha 5 de Agosto, ocupó blanco los pueblos de Armi- 
ñón y Manzanos y las alturas inmediatas á la Puebla, y pre- 
guntó al General en Jefe si podía ocupar también á la Puebla 
de Arganzón. 

Le decía con igual fecha: 

«Aunque supongo tendrá V. E. noticia directamente, según 
telegrama capitán general Vitoria, facciones situadas en Pe- 
ñacerrada se dice han recibido siete cañones montaña y espe- 
ran en Subijana y Morillas facciones vizcaínas para atacar á Vi- ' 
toria. En Morillas tienen prevenidas 12.000 raciones.»- 

Provincia de Vizcaya. — Considerando el general Morales de 
los Ríos, comandante general de esta provincia, que era conve- 
niente ocupar la altura de Cobetas, en su estribación llamada 
Altamira, con objeto de construir un fuerte que asegurase este 
punto, llave de la defensa de la ría en su curso medio, y desde 
el cual se domina el barrio de Burceña y el curso del Cadagua 
hasta el puente de Castrejana, dispuso que efectuase esta ope- 
ración, en la madrugada del 3 de Agosto, el brigadier Zena- 
rruza, con fuerzas de ingenieros, un batallón de Albuera, el de 
Alba de Termes y los guardias ferales. El enemigo, ya por ha- 
ber sido sorprendido, ó bien porque considerase que no conta- 
ba con fuerzas suficientes para sostenerse^ abandonóla posición 



MAKDÓ DEL MARQUés DB SIBRRA BULLONES. 203 

sin disparar un tiro, y los ingenieros procedieron inmediata- 
mente á su atrincheramiento, que terminó á las tres de la tar- 
de. Quedaron en punto tan importante seis compañías para su 
defensa, y regresaron las demás fuerzas á Bilbao. Se había dis- 
puesto al mismo tiempo, con objeto de distraer la atención del 
enemigo, que por el barrio de Bolueta se simulase otro ataque 
por fuerzas del Inmemorial, la reserva de Monforte y ^a com- 
pañía de voluntarios denominada de Vigilancia; tuvo esta últi- 
ma un hombre muerto, única baja que hubo de lamentarse en 
ambos movimientos. 

Surgió en Vizcaya un incidente de importancia, del que da 
cuenta el comandante militar de esta provincia en la comuni- 
cación que á continuación se copia: 

«Excmo. Sr.:=Se ha presentado en esta ría, y fondeada 
bajo el Monte Cobetas, la goleta de guerra inglesa Ilfy, cuyo co- 
mandante y cuatro individuos más, armados de escopetas ó 
carabinas, y sin previo aviso á mi autoridad, en la tarde del 27 
del corriente saltaron á tierra, sufriendo á su regreso el fuego de 
alguno de nuestros centinelas de las avanzadas, que viéndolos 
-á distancia de 400 metros, de uniforme y armados, disparó so- 
bre ellos, como era natural, pasándoles muy cerca el proyectil, 
si bien sin herir á ninguno. Este suceso ha dado motivo para 
que me hayan producido una especie de queja verbal, á la que 
he contestado de la misma manera, inculpándoles por haber 
quebrantado la ley internacional . =Además de esto, como al- 
gunos carlistas sueltos suelen aparecer por las alturas de dicho 
Monte, haciendo disparos sobre la ría, habiendo pasado algunas 
balas por encima del vapor de que nos ocupamos, si bien sin 
consecuencia alguna, su comandante me ha manifestado tam- 
bién la intención de rechazar ó impedir con la fuerza de su bu- 
que ese riesgo, pretendiendo ir á hacerlo saber á los que tiran. 
Yo le he hecho por medio del cónsul cuanto género de reflexio- 
nes cabe para hacerles comprender lo innecesario, improceden- 



264 KORTE. — TERCER PERÍODO. 

te é imprudente de su intento, si llega á ponerlo en ejecución, 
contestándome que lo verificará para cumplimentar las instruc- 
ciones que tiene. He protestado ante su cónsul de todo lo que á 
V. E. llevo expuesto, y le he señalado otro fondeadero en la ría, 
en donde estará libre del. ligero riesgo que imagina. No sé si lo 
hará hoy, y en tanto, yo tengo el honor de dar cuenta de todo 
á V. E., para que desde luego, sin pérdida de momento, sepa 
lo ocurrido hasta la fecha.» 

Con fecha 3 de Agosto aprobó el Gobierno la conducta del 
comandante general en esta cuestión, manifestando á la vez que 
esperaba del tacto que le distinguía, que evitaría de una manera 
digna y conveniente toda clase de cuestiones; y con igual fecha 
participó al Ministro de Estado lo ocurrido, remitiéndole copia 
de los documentos de referencia. 

Con fecha 4 de Agosto decía el comandante general al Mi- 
nistro de la Guerra: 

«A consecuencia de la protesta que hice por medio de mi 
jefe de E. M. ante el cónsul de Inglaterra, declinando toda res- 
ponsabilidad de lo que pudiera ocurrir si la goleta de guerra de 
S. M. B. F. permanecía fondeada al pie del monte Cobetas, y 
si intentaba su comandante, como decía, rechazar con la fuerza 
las agresiones de algunos carlistas sueltos que disparaban sobre 
la ría, he conseguido que, convencido de mis amistosas inten- 
ciones y buenos deseos el jefe del buque expresado, haya aban- 
donado éste las aguas de la ría, dirigiéndose á Santander, para 
cuyo resultado ha cooperado eficazmente el referido cónsul, que 
desde luego comprendió la razón que me asistía. ==Lo que ten- 
go el honor de manifestar á V . E. como ampliación á mi tele- 
grama de ayer.» 

El Ministro de la Guerra trasladó al de Estado este oficio, 
para que tuviera conocimiento de la satisfactoria solución del 
mencionado incidente. 

(Provincias de Álava y Navarra) Ocurrió el 5 de Agosto un 



MANDO DBL MARQUÉS DB SIERRA BULLONES. 265 

hecho desgraciado para las armas liberales: la pérdida de La 
Guardia. El jefe carlista Alvarez había intentado apoderarse de 
esta plaza defendida por 46 soldados cumplidos y unos 150 vo- 
luntarios de Álava mandados por el partidario liberal conocido 
por el Hereje, y no pudo conseguirlo; pero insistiendo en su 
propósito, hizo un reconocimiento y descubrió á corta distancia 
de la plaza dos casas completamente abandonadas, una de ellas 
medio quemada, comprendiendo que si conseguía alojar en ellas 
durante la noche alguna fuerza, podría ésta permanecer oculta 
y dar un golpe de mano atrevido. En su virtud, dispuso que el 
comandante Urbina, con dos compañías riojanas y una alavesa, 
se situase en la noche del 4 en las. referidas casas, con objeto de 
que cuando los defensores abriesen la puerta de la población pa- 
ra que los trabajadores saliesen al campo, se aproximasen todo 
lo posible á la plaza, y aprovechando la ocasión oportuna, en- 
traran á la carrera en ella y se apoderaran de la puerta del cas* 
tillo, antes de que la cerrasen; en la inteligencia de que sí no 
conseguían esto último, una vez dentro del pueblo debían pa- 
rapetarse en las casas y sostenerse en ellas hasta que corriese 
Alvarez en su socorro. 

Al poco tiempo de haber marchado Urbina á desempeñar su 
cometido, salió Alvarez dePeñacerrada con su división, dejando 
en el puerto de Herrera, á su paso por este punto, á Albarrán, 
con la brigada de cántabros que mandaba y cuatro piezas Wit- 
wort, para impedir que las fuerzas liberales socorriesen á la pla- 
za. Dispuso que avanzasen por la carretera de Logroño, algunas 
compañías con una sección de caballería, la cual debía estable- 
cer parejas que noticiaran el menor movimiento de los liberales, 
y situó en Asia un batallón para proteger la retaguardia de 
esta fuerza y contener al enemigo, retardando en lo posible su 
marcha^ y prosiguió su marcha Alvarez con los batallones i.^, 
2.^ y 4.° de Álava, el de Clavijo y dos piezas, hasta una legua 
de La Guardia. Hizo alto entonces, y previno que la fuerza se 

Tomo ▼, 18 



266 NORTE. — ^TERCER PERÍODO. 

echase en tierra en las zanjas de ambos lados de la carretera, 
para ocultar mejor su número, y esperó el resultado de la mi- 
sión confiada á Urbina. 

Este entró en la plaza en la forma que se le ordenó (siendo 
herido). Alvarez acudió á su auxilio, no sin ser molestado, du- 
rante su marcha, por la artillería de la plaza; y cuando se halló 
á distancia conveniente, dispuso que las dos piezas de artillería 
que llevaba, rompieran el fuego sobre la ciudad y el castillo, 6 
intimó la rendición de éste. Los defensores contestaron n^ati- 
vamente. 

Los carlistas sufrían los fuegos cruzados de la ciudadela, 
el castillo y la iglesia de San Juan. 

Ordenó Alvarez que avanzaran las cuatro piezas que había 
dejado á Albarrán, y á la vez que eran cañoneados dichos pun- 
tos fuertes, Ortueta, jefe del 4.^ de Álava, entró en la plaza 
con un batallón, llevando escalonadas sus compañías. Para dis- 
traer á los defensores, el i.° de Álava y el batallón de Clavijo 
avanzaron sus guerrillas hasta el pie de la muralla, llamando la 
atención de aquéllos, por el lado opuesto. El comandante de la 
plaza pidió á las cinco de la tarde, que se suspendieran las hos- 
tilidades durante la noche, ofreciendo entregarse al día siguien- 
te, si no era socorrido; pero considerando Alvarez que podía 
aprovechar la oscuridad para el asalto, se negó á tal pretensión. 
En vista de esta actitud de los carlistas, se entregaron los libe- 
rales, quedando en libertad la guarnición. Marchó ésta á Logro- 
ño, dejando en poder de aquéllos, 325 fusiles, tres piezas de ar- 
tillería, 600.000 cartuchos, 8.000 granadas, gran cantidad de 
víveres y útiles de ingenieros. (El partidario llamado el Hereje 
fué herido, y un eclesiástico le reemplazó en el mando.) 

El General en Jefe recibió por conducto del alcalde de 
Cenicero, la noticia de la sorpresa de La Guardia, á las seis de 
la mañana del 5, pero no pudo averiguar á punto ñjo lo ocurri^i 
do; pues, según unos, los carlistas habían entrado por sorpre- 



MANDO DfiL MARQUÉS DB SIERRA BULLONES. 267 

sa en dicha plaza, y por traición, según otros. Inmediatamen- 
te ordenó, que el segundo cuerpo, acantonado en Navarrete, 
Fuenmayor, Villamediana, Murillo > otros puntos próximos, 
pasara á Logroño, sin pérdida de momento, con objeto de acu- 
dir en auxilio de la Guardia, y por si aun era tiempo, previno 
al alcalde de Cenicero, que por todos los medios que su celo le 
sugiriera, hiciera llegar á noticia de los defensores, que acudían 
en su auxilio fuerzas numerosas. Ordenó al brigadier Acellana, 
que dejando bien defendido el puente de Bríñas, marchase con la 
fuerza de suS órdenes desde Haro á San Vicente de la Sonsie- 
rra, á donde se había ya dirigido desde Briones el batallón re-' 
serva de Sevilla. 

Hada las cinco y media de la tarde del 5, se hallaba reuní'* 
do en Logroño todo el segundo cuerpo, pero el General en Je- 
fe no creyó conveniente emprender la marcha atesta hora, pues 
juzgaba que no llegaría ya de día frente á La Guardia, y quería 
evitar un combate de noche, al parecer inevitable, pues según 
noticias recibidas por varios conductos, era considerable el nú- 
mero de enemigos reunidos en las inmediaciones de la referi- 
da plaza, y era de suponer que se hallasen resueltos á defen- 
derse; creía además, con fundado motivo, que la guarnición 
del Castillo podía sostenerse, no ya veinticuatro horas, que era 
todo lo que se necesitaba, sino hasta semanas, pues sabía que 
contaba con gran cantidad de municiones de boca y guerra; por 
lo cual decidió aplazar la marcha hasta la madrugada del 6. En- 
tretanto, Acellana marchó á San Vicente, y desde este punto 
participó al General en Jefe su llegada, indicándole que si le pa- 
recía conveniente, practicaría un reconocimiento sobre La Guar- 
dia; pero no lo juzgó necesario el general Zavala, y hubo de 
limitarse aquél á permanecer en el referido pueblo. En la maña- 
na del 6, emprendió la marcha el cuartel general, y á las tres 
horas de haberla emprendido, se encontró con sorpresa con los 
defensores del Castillo, puestos en libertad, según se ha indicado* 



£68 NORTB.T-TBRCER PERÍODO. 

Respecto á la ulterior conducta del ejército, en oficio de 
7 de ÁgostOj dirigido por el general Zavala al Ministro de la 
Guerra, dándole cuenta de este desgraciado suceso, dice: tNo 
entrando en mi propósito, como ya dije á V. £• en mi telegra- 
ma de la una de la madrugada del 6, establecer un sitio á La 
Guardia, para lo cual no iba preparado, ni creyendo tampoco 
conveniente distraer ahora mis fuerzas, separado de la línea del 
Ebro, y en descubierto toda ella, dando lugar á que los enemi- 
gos realizaran las expediciones proyectadas, ganándome una 
delantera que en vano trataría de recuperar, y exponiéndonos á 
que acaben de levantar el mal espíritu de los pueblos, bastan^ 
te excitado ya con motivo de la quinta; consideré lo más acer^ 
tado regresar á esta capital (Logroño), donde á las diez y media 
de la mañana entraron mis últimos batallones, volviendo sc^* 
damente á sus ulteriores acantonamientos. • 

Como era consiguiente, se dispuso que sin levantar mano 
se instruyera la correspondiente sumaria sobre la rendición de 
referencia, siendo al efecto nombrado fiscal el coronel de infan- 
tería D. León Hernández. 

Este desgraciado suceso produjo mal efecto en la opinión li* 
beral. En honor de la verdad, eran malas las condiciones de la 
guarnición de La Guardia. Según parece, su defensor Fernán- 
dez había pasado días atrás á Logroño, con el fin de participar 
que necesitaba víveres y que los soldados cumplidos de diferen- 
tes cuerpos no tenían oficiales; pero, sin que sepamos la causa, 
no llegaron estas noticias á conocimiento del General en Jefe. 
De todos modos, la plaza se dejó sorprender de mala manera, 
y la defensa fué nula. 

Al tener noticia de la rendición el general Zavala, conven* 
cido de que los carlistas no podían ni querrían conservar á La 
Guardia» y. que si se proponían hacerlo, recuperaría aquel pue- 
blo y su castillo, cuando lo quisiera, regresó á Logroño. £1 
General en Jefe juzgó que no era de gran importancia la recon- 



MANDO DBL MARQUÉS DB SIERRA BULLONES. 26g 

quista inmediata de dicha plaza, y que, si distraía sus fuerzas, 
podía dar ocasión á que los S.ooo infantes y 700 caballos car* 
listas dispuestos á marchar sobre Castilla, según noticias, reali- 
zasen su expedición, aumentando los desórdenes del interior, 
impidiendo que se efectuara la quinta, reclutando mozos, des- 
truyendo caminos de hierro y telégrafos, cortando las comuni- 
caciones del ejército, multiplicando los conflictos del Gobierno 
y variando el carácter de la guerra en el Norte, casi reducida 
hasta entonces al territorio vasco-navarro; pensando, además, 
que la situación hubiera sido gravísima si se efectuaba la pro- 
yectada expedición, en combinación con D. Alfonso, que ha- 
bía avanzado hacia el centro de la Península. 

Por lo demás, los carlistas no pensaron sostenerse en La 
Guardia, como lo probó el apresuramiento de Álvarez en sacar 
de esta plaza todos los efectos útiles, qucv fi||ron conducidos 
por Peñacerrada á Santa Cruz de Campezu. Dispuso tam- 
bién, que demolieran las murallas y el castillo, por lo difícil 
que les sería conservarlos, pues se vería obligado á distraer 
un batallón para guarnecerlo, en los momentos en que consi- 
deraba necesarias todas las fuerzas de que disponía para la de- 
fensa de sus líneas y las operaciones que se proponía ejecutar. 

El cuartel general se trasladó el 11 de Agosto á Logroño, 
con el fin de realizar la operación combinada de que vamos á 
hablar. 

Como hemos dicho repetidas veces, hallándose incomuni- 
cada la plaza de Vitoria, era necesario proveerla frecuente- 
mente; operación que exigía el empleo de fuerzas considera- 
bles, y se hacia cada vez más difícil. Ahora se decía que los 
carlistas estaban decididos á oponerse seriamente al tránsito del 
convoy de Miranda de Ebro á dicha plaza, consistente en más 
de 300 carros de víveres y algunas piezas de artillería destina- 
das al servicio de la misma. 

Con objeto de facilitar dicha operación,- previno el Gene- 



270 NORTE. — TBRCBR PERÍODO. 

ral ^n Jefe á Moríones, que con el primer cuerpo atacase á Otei- 
za^ el II de Agosto^ (día en que aquél llegó á Miranda), llaman- 
do la atención del enemigo sobre Navarra y distrayendo las 
fuerzas de éste. Al día siguiente protegería él la marcha del 
convoy desde Miranda á Vitoria. 

El pueblo de Oteiza, de unos 3oo vecinos, situado en terre- 
no bastante abierto entre Estella y Larraga, á dos leguas de ca- 
da uno de estos puntos, es exclusivamente agrícola y cuenta 
con bastantes recursos. Lo ocupaban con frecuencia las co- 
lumnas liberales, sin que los carlistas les hubiesen disputado 
su posesión en ninguna de las dos guerras civiles; pero en esta 
ocasión se habían propuesto oponerse al ejército liberal, tra- 
tando de librar al referido pueblo de las contribuciones que se le 
exigían con frecuencia. Para dicho ñn, se trasladó Mendiry ¿ 
Oteiza, con ui^Koronel de ingenieros que debía levantar un 
plano de las obras de defensa necesarias en sus cercanías por la 
parte del Este ó sea en dirección á Larraga; y designadas las 
obras que se habían de ejecutar, se alojaron en aquel pueblo el 
2.^ batallón navarro y dos compañías del de ingenieros de su di- 
visión, calculando que empleando en los trabajos las dos com- 
pañías de ingenieros y otras dos del expresado batallón, podían 
terminarse las trincheras en unos doce días. Pero habiendo sa- 
bido que Moñones tenía el lo sus fuerzas reunidas en Larraga, 
y que, según partes confidenciales, tomaría la dirección de Otei- 
za en la mañana del ii, estuvo perplejo si debía ó no sostenerse, 
en razón á que los atrincheramientos, cuya construcción había 
empezado el 6, no estaban terminados. Decidióle al fin la con- 
sideración de que no podría correr el menor riesgo en el caso 
probable de una retirada, y ordenó por la noche la reunión y 
situación de los trece batallones que tenía á sus órdenes, del 
modo siguiente: el 2.*, el 3.** y el g.* de Navarra, con la partida 
de Samaniego, en las trincheras, en la parte N. del pueblo, fuera 
de él| quedando al descubierto la mitad de sus fuerzas; el 7.^ 



MANDO DBL MARQUÉS DB SIERRA BULLONBS. 2yt 

de reserva en el pueblo; el i,® y el 8,° de la misma provincia y 
el del Cid y el de Arlanzón, de la división de Castilla, escalona- 
dos desde la balsa de dicho pueblo, distante de él 400 metros, 
hasta la altura de Santa Bárbara y el vado del Ega, situado 
cerca del caserío de Avinzano; el 4.*^ y el 6.**, también de Na- 
varra, con el 3 ** y el 4.® de Castilla y el i.** de Aragón, en las 
alturas de la ermita de San Cristóbal, intermedias entre Oteiza 
y Cirauqui, para evitar que ocupándolas los liberales, pudieran 
entrar fácilmente en Cirauqui y Mañeru, pueblos más ricos que 
Oteiza, consiguiendo mayores ventajas que con la conquista de 
este pueblo. 

Constaba al general Morlones que Mendiry había significado 
al ayuntamiento de Oteiza, que no pagase una contribución de 
4.000 reales impuesta á este pueblo por aquél para atender á 
los gastos de las obras de fortificación de Lar^aga. Fundábase 
para ello Mendiry, en que se opondría á la entrada de las tro- 
pas liberales en dicho pueblo. Por }o tanto. Morlones estaba 
convencido de que en las inmediaciones de Oteiza se librarla 
ima batalla, de cuyo resultado dependería que los carlistas vol- 
vieran á tomar su actitud defensiva, circunstancia muy atendi- 
ble, si se tenía en cuenta que habían'ya adelantado su línea 
hasta Oteiza, lo cual había ocurrido una sola vez en la guerra 
civil de los siete años. 

Las fuerzas liberales pernoctaron el 10 en Larraga; y el lí, 
á las seis de la madrugada, emprendieron la marcha para Otei- 
za, después de habérseles incorporado el brigadier Jaquetot, con 
dos batallones, una batería montada y el regimiento caballería 
de Sesma. 

£1 orden de marcha de estas fuerzas era el siguiente: el co- 
ronel de infantería Arólas, con el 2,^ batallón de Málaga, dos 
compañías de tiradores del Norte y 130 caballos del regimiento 
de Lusitania, iba en vanguardia; seguía la división del general 
Catalán^ 2.^ del cuerpo de ejército de Mariones, compuesta de 



aya norte. — ^tercer período. 

dos brigadas, constituyendo la i.* deéstas^álas órdenes dd 
coronel Rodríguez, el regimiento de Sevilla, un batallón del 
tercer regimiento infantería de marína y el batallón reserva 
Alcalá de Henares, y la 2.^, al mando del brigadier Cortijo, 
los regimientos de Zamora y Zaragoza; estaban afectos á esta 
división una batería de montaña y 200 caballos del regimiento 
de Talavera. Seguía después la división Colomo, i.^ del mismo 
cuerpo de ejército, compuesta de dos brigadas, cuyos jefes eran 
los brigadieres Daban y Mariné, estando formada la x/ por el 
regimiento de Cantabria, un batallón de Luchaña y otro de 
Guadalajara, y la z!^ por los regimientos de San Quintín y la 
Constitución; estaban afectos á esta división una batería Krupp 
y i5o caballos del regimiento de Arlaban. Cubría la retaguar- 
dia el brigadier Jaquetot, con la brigada Ruiz de Alcalá, 350 
caballos del regimiento de Sesma, dos baterías Krupp y una de 
cuatro piezas de 10 centímetros. 

Al llegar á dos kilómetros de Oteiza, se convenció Morío- 
nes de que no sólo se hallaba fortificado y atrincherado el pue- 
blo, sino también una posición dominante de su derecha, y que 
á su izquierda, en el Monte Esquinza, se habían situado en 
trincheras construidas al efecto, algunos batallones carlistas 
con artillería. 

Las tropas liberales emprendieron á las diez de la mañana 
el movimiento de ataque, según las instrucciones verbales que 
Morlones había dado á cada uno de los jefes que las conducían. 
La división Catalán constituía la derecha, y al propio tiem- 
po que su brigada Cortijo atacase al pueblo, debía atender á su 
extrema derecha para contener las fuerzas carlistas del Monte 
Esquinza, colocando escalonados los batallones que formaban 
la i.*^ brigada de su división, protegidos por fuerzas del regi- 
miento de caballería de Talavera. La columna Arólas, forman- 
do el centro, se situó ventajosamente á cubierto de los filaos 
enemigosj á un kilómetro del pueblo. La división Colomo cons- 



MANDO DEL MARQUÉS DE SIERRA BULLONES. 278 

tituía la izquierda, con orden de forzar las trincheras de la ex- 
trema derecha enemiga, haciendo siempre el movimiento en- 
volvente por su izquierda. El resto de las fuerzas, al mando de 

Jaquetot, constituía la reserva, y tomó posiciones convenien- ! 

tes para acudir á donde conviniese. 

Inicióse el combate por la artillería de ambas partes (los 
carlistas disponían de cuatro piezas de artillería montada), y 

después de un cañoneo de media hora, sobre las once de la ma- i 

ñaña, aproximadas las columnas y destacadas fuertes lineas de > 

batalla, se rompió un vivísimo fuego en toda la línea, empezán- 
dolo las guerrillas del regimiento de Zamora de la brigada Cor- ^ 
lijo. Dos baterías, una Krupp y otra de lo centímetros, manda- ^ i 
das respectivamente por el capitán Nevot y el teniente Cantero, \ 
batían de frente las trincheras y el pueblo; la batería Krupp * 
del capitán Beltrán de Lis, que marchaba con Colomo, lo hacía ' 
por la izquierda, enfilando las trincheras en cuanto le era posi- 
ble; la batería Plasencia, del capitán Provedo, lo verificaba por 

la derecha, haciendo lo mismo la del capitán Clavería, que i 

quedó de reserva para acudir á donde fiíera conveniente. • 

Después que se practicó un reconocimiento por las fuerzas ¿ 

del ala izquierda, situó Colomo su artillería en una elevación del ]' 

terreno que se hallaba precisamente á 2.000 de un cerro inme- 
diato al pueblo, con dominación sobre éste, y ordenó á Mariné, 
que se posesionara de aquel punto. Este bravo brigadier, con el 

regimiento de San Quintín, efectuó muy bien su cometido, y se • 

apoderó de las trincheras de la extrema derecha enemiga, dis- 
tinguiéndose en este importante ataque el teniente D. Enrique 
Cuevas, el sargento Manuel Fernández de dicho cuerpo y el 
soldado de la Constitución, Antonio Villaverde. Precisamente, 

en esta parte de su línea había fijado su atención Mendiry, pero • 

no se habían abierto sino las trincheras de su frente, quedando 
sin construir por falta de tiempo las que debían formar martillo 
á su retaguardia. En vista de lo ocurrido, previno que el yJ^ bs^t 



274 NORTB. — ^TERCER PBRÍODOr 

tallón saliera del pueblo, y con esta determinación y con haberse 
rehecho las compañías del 2/, pudo restablecer el combate. La 
brigada Daban, de la misma división Colomo, marchó por la de- 
recha de la linea de cerros en que se había establecido la artille- 
ría, observando á su derecha la columna Arólas; y la caballería 
de Arlaban, de la misma,se distribuyó, parte sobre la extrema iz- 
quierda, vigilando con parejas el valle del Ega, otra como fuer- 
za de protección de artillería, y el resto, con su coronel, en una 
cañada formada por la línea de alturas en que se habían situado 
las piezas y las ocupadas por la brigada Daban. El batalla 
de I>uchana de esta brigada reforzó la derecha de la de Mariné, 
contribuyendo á asegurar la posición conquistada. Tomada y 
asegurada ésta, que flanqueábala derecha del pueblo y dominaba 
las avenidas del valle del Ega, previno Moriones á Catalán y i 
Arólas, que acentuasen más su ataque, y á Colomo, que conti- 
nuara el movimiento envolvente. La división Catalán prosiguió 
su avance, y á las doce y media, las guerrillas del regimiento de 
Zamora, resguardadas por los pliegues del terreno, se hallaban 
á 50 metros de las trincheras enemigas. Arólas había seguido 
también el movimiento desde que tomaron posiciones las divi- 
siones Catalán y Colomo, marchando con su brigada á un kiló- 
metro próximamente de la primeramente conquistada, consi- 
guiendo darse la mano con la división Colomo y estar en obser- 
vación de los movimientos de la de Catalán. Mariné, con los 
regimientos de la Constitución y San Quintín, sostenía un rudo 
combate en su maniobra envolvente, apoyado en su derecha por 
el batallón de Luchana, que avanzaba al descubierto con admi- 
rable precisión. El regimiento de Cantabria y el batallón de 
Guadalajara apoyaban también dicho movimiento. A la una. 
Colomo participaba á Morlones, que grandes masas de infante- 
ría y caballería trataban de envolver su izquierda, corriéndose 
por el valle del Ega; por este motivo, puso el General á su 
disposición el batallón de Cuenca y 150 caballos del regimiento 



5 



MANDO DBL MARQUÉS DB SIERRA BULLONES. 275 

caballería de Sesma con su coronel, que formaban parte de las 
fuerzas de reserva. A la llegada de éstas, el enemigo, que había 
iniciado un movimiento ofensivo, emprendió su retirada. 

Desde el Monte Esquinza los carlistas hacían fuego de ar- ^ 

tíllería con piezas de á 8 y de á 12, que constantemente varia- j 

ban de situación, á causa de los certeros disparos de la artille- 
ría liberal, que consiguió desmontar una de á 12; y por si á t 
partir de dicho Monte intentaban aquéllos un movimiento de « 
avance, se hallaban en situación los batallones de Alcalá de He- \ 
nares y Marina y las fuerzas de caballería de Talavera, teniendo 
destacadas las guerrillas. ^ 

El fuego de la artillería carlista era sumamente intenso . 

en el pueblo y en toda la línea de trincheras (su desarro* 

lio llegaba á i.ooo metros, sin incluir la parte del Monte Es* ^ 

quinza.) 

Veintidós piezas en batería disparaban contra Oteiza. 

Las columnas habían avanzado bastante, y juzgando Morlo- 
nes que había llegado el momento de conquistar el pueblo, dio 
al efecto la orden de avanzar resueltamente. 

La regularidad, el aplomo y el entusiasmo con que se lan* 
zaron las tropas á tal empresa, fué irresistible. El regimiento 
de Zamora por la derecha, dos compañías del de Sevilla, los ti- 
radores del Norte y el segundo batallón de Málaga por el cen- 
tro, y el de Luchana por la izquierda, sostenido por uno de Can- 
tabria con Daban y Losada á su frente, entraron en el pueblo, 
arrollándolo todo y tomando las casas en que aun se defendía 
el enemigo. 

El resto del regimiento de Sevilla se posesionó de las trin- 
cheras que en forma de reducto tenía el enemigo en la parte 
más elevada de la extrema derecha, y al mismo tiempo, los es- 
cuadrones de Talavera cargaron por el camino viejo que con- 
duce á Oteiza, y los de Lusitania por la carretera, envolvicndp 
€l pueblo por el ala izquierda liberal» 



y 



ij6 NORTE. — TERCER PERIODO. 

Posesionadas de Oteiza las tropas liberales, los carlistas 
rompieron el fuego de artillería con la batería que habían situa- 
do en una elevación en dirección á Villatuerta; pero á los po- 
cos disparos, la retiraron, antes de que pudieran hostilizarla 
las guerrillas liberales y la batería Clavería que había avanzado 
al pueblo. Desde este momento no sufrieron los liberales ni un 
solo disparo de fusil, y á no ser por un obstáculo insuperable 
que impidió avanzar á los escuadrones de Lusitania, muchos 
carlistas hubieran caido prisioneros. 

Las pérdidas de las fuerzas liberales fueron, un jefe, dos ofi- 
ciales y 30 individuos de tropa muertos, catorce oficiales y 250 
individuos de tropa heridos, dos jefes, seis oficiales y 117 indi- 
viduos de tropa contusos (continuaron éstos prestando servicio 
en sus cuerpos), tres caballos muertos y 27 heridos. Las de los 
carlistas fueron, un jefe herido, un oficial y 26 individuos de 
tropa muertos, 17 oficiales y 119 déla clase de tropa heridos, 
8 contusos y dos caballos heridos. 

Bn esta batalla, muy bien dirigida por el general Morio- 
nes, consiguió éste que sus tropas maniobraran admirable- 
mente, y demostró no sólo su conocimiento del terjreno y del 
enemigo que trataba de combatir, sino también sus excelentes 
condiciones militares. £s de notar esta victoria, porque era la 
primera vez que los carlistas se habían atrevido á batirse á 
descubierto, en parte, y haciendo uso de su artillería; pero de- 
bieron convencerse de que no podían competir en el llano con 
las armas liberales. 

Sin embargo, en honor de la verdad, debemos decir que los 
carlistas no tuvieron tiempo suficiente para preparar debida- 
mente sus posiciones, y en especial la de Licharra, llave de 
Oteiza, ni las defendieron con las fuerzas necesarias al efecto, 
y mucho menos con las convenientes para aprovecharlas con 
prontitud en momento determinado. Sostuvieron mal el pueblo, 
temiendo que la caballería liberal les envolviese, no teniendo 



MANDO DEL MARQUÉS DE SIERRA BULLONES. 277 

en cuenta que parte de sus fueri^s, bien situadas, podía im- 
pedirlo. 

Los cinco batallones carlistas situados en el Esquinza, á las 
órdenes de Argonz^ permanecieron inactivos y no maniobraron» 
que á haber atacado á la derecha liberal, la hubieran puesto 
en grande apuro. 

Por último, los carlistas no llenaron bien el servicio de mu- 
niciones, habiendo compañías que no pudieron continuar ba- 
tiéndose por falta de cartuchos. Además, aunque Mendiry 
mandó colocar dos piezas de batalla en la batería construida en 
la altura que domina á Oteiza sobre la carretera vieja de Villa-, 
tuerta á Larraga, no se colocaron por haber llegado tarde. 

Como hemos dicho, el General en Jefe debía proteger el 12 
el paso del vonvoy destinado á Vitoria. 

Con arreglo al plan convenido, dejando en Miranda fuerzas 
suficientes por si los carlistas trataban de pasar el Ebro, se di- 
rigió dicho día á Armiñón y la Puebla, y alejando de la carrete- 
ra sin dificultad á los batallones carlistas que trataban de opo- 
nérsele, ocupó aquellos pueblos y el monte de Nanclares. Se in- 
trodujeron en la capital de Álava, víveres, 14 cañones de bronce 
rayados, de ocho centímetros, largos, con municiones, juegos 
de armas y dos baterías del 3.^ montado; entraron también en 
aquella capital, como refuerzo de su guarnición, el batallón re- 
serva de Játiva, y un jefe, un capitán, seis subalternos y 54 in- 
dividuos montados del regimiento lanceros de Lusitania. Como 
se incorporaron al regimiento de Numancia 20 individuos de 
este cuerpo, que se hallaban en Vitoria, se redujo á 34 caballos 
el aumento de esta arma. Terminado el movimiento, el cuartel 
general volvió el i3 á Miranda. 

Desde este punto, el General en Jefe daba cuenta al Ministro 
de la Guerra, en telegrama del 14 de Agosto, de la operación 
que había efectuado, en los términos siguientes: 

«Entre las perentorias necesidades á que he ido atendiendo 



^ 



' 378 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

desde que tomé el mando de este ejército, no era la menos 

importante y urgente la de poner á Vitoria en condiciones de 

> defensa y seguridad. La reducida guarnición, la falta de artille* 

ría para las fortificaciones, ya terminadas, y otros recursos de 
\ que ha venido careciendo hace tiempo, me impusieron la nece* 

; ' sidad de hacer un movimiento, con objeto de conducir el inmen- 

/; so convoy que tenia preparado, en los momentos mismos que 

f I la operación podía ofrecer alguna dificultad, por la circunstancia 

'i de verificarlo por medio de diez batallones enemigos situados 

\ ; en Peñacerrada y Treviño y de otras fuerzas de consideración 

' reunidas en Espejo y otros pueblos, y que de público se dice ser 

y las destinadas á invadir las Castillas. Tenía, por lo tanto, que 

atender á la vigilancia correspondiente, dejando tropas bien sitúa- 
*t das y á las órdenes del general D. Segundo de la Portilla, para 

;' que si pasaban el Ebro las facciones, cayeran rápidamente sobre 

ellas. Hoy me hallo de regreso en este punto después de haber 
' llevado á cabo la operación de enviar á Vitoria el convoy y re- 

'\ fuerzos que necesitaba; este movimiento se llevó á cabo con la 

]^ división de vanguardia y tres batallones de la brigada Verdú, 

bajo el mando del distinguido mariscal de campo D. Ramón 
^ ; Blanco, sin que los enemigos intentaran hacer la menor resis- 

tencia, y por el contrario, retirándose algunas pequeñas fuer- 
zas y dos batallones que en diferentes puntos tenían situados, 
sin que fuera posible darles alcance, á pesar de los esfuer- 
zos que hizo el brigadier Oviedo para conseguirlo. = Para que la 
doble operación que tenía que llevar á cabo por esta parte pu- 
diera hacerlo sin necesidad de acumular más tropas, dispuse an- 
ticipadamente que el general Moriones, con las de su mando, 
marchara sobre Oteiza, dando por resultado el hecho de armas 
tan ventajoso de que V. E. tiene conocimiento, y. cuyo mayor 
detalle trasmito á V. E. por telégrafo; con lo cual logré á la vez 
mi propósito de que las fuerzas enemigas no vinieran á aumen- 
tar las que existían por este lado. = En el día, logrados ya todos 



MANDO DEL MARQUÉS DB SIERRA BULLONES. ^g 

mis objetos^ aunque con el sentimiento de que losenemigos, elu- 
diendo un encuentro con mis tropas, no me hayan dado la oca- 
sión de batirlos, me ocupo de otras operaciones que en su día 
tendré el honor de comunicar á V. E. • 

El general Zavala emprendió también una operación sobre 
la Puebla, por las razones que expone en su telegrama de 27 
de Agosto, dirigido al Ministro de la Guerra, que copiado dice 
así: 

iCon noticias de que los enemigos se encuentran con fuer- 
zas de alguna consideración en los pueblos y posiciones de de- 
recha é izquierda del río Zadorra y de la Puebla de Árganzón, 
donde también, y sobre sus Conchas, hacen algunos trabajos de 
trincheras, sin duda con objeto de inutilizar la comunicación 
con Vitoria, y esperarme en puntos preparados, he dispues- 
to salir mañana de madrugada para atajarlos, habiendo ya des- 
de esta tarde ocupado el pueblo de Armiñón con una brigada 
de la división de vanguardia, al mando del generalBlanco, que 
á su vez también ha ocupado algunos puntos importantes que 
facilitarán la marcha rápida de las tropas y la severa lección 
que deseo dar al enemigo.=Digo á V. E. para su debido cono- 
cimiento y para que no extrañe la falta de comunicaciones, por 
que me encontraré separado, y no sé á qué distancia de la vía 
telegráfica podrán llevarme los movimientos que ejecute. El te- 
ner los enemigos caballería y artillería alienta mis esperanzas 
de encontrarles. • 

Se efectuó la operación á que se hace referencia en el ante- 
rior telegrama, en la forma que se expone en el que el general 
Zavala dirigió al Ministro el 28, que á continuación se copia: 

«Como anuncié á V. E. en mi telegrama de anoche, en la 
madrugada salí de Miranda con ocho batallones y algunas fuer- 
zas de artillería y caballería en dirección á la Puebla de Árgan- 
zón, pueblo que ocupaba el enemigo, así como otros y las posi« 
Clones á derecha é izquierda del Zadorra. Poco más allá de 



28o NORTE. — ^TERCER PERÍODO. 

Armiñón se me unió el general Blanco, que desde anoche ocu- 
paba con su división posiciones convenientes. La brigada 
pasó el Zadorra por el puente de Manzanos, para tomar las po- 
siciones de la izquierda, y el brigadier Oviedo, con dos bata- 
llones, siguió de frente á la Puebla, que á su aproximación fué 
abandonada por el enemigo: dos batallones de la misma briga- 
da flanquearon nuestra derecha, y á su vista abandonaron el 
pueblo de Añastro dos batallones carlistas. Yo, con las fuerzas 
que saqué de Miranda, marché por la carretera para acudir 
donde fuera necesarip. Poco antes de llegar al pueblo de Tuyo, 
el enemigo, que con cinco 6 seis batallones ocupaba posiciones 
ventajosas á mi izquierda, rompió el fuego, pero la brigada Pi- 
no, con una batería de montaña, lo fué desalojando sucesiva- 
mente, arrojándolos más allá del citado pueblo de Tuyo, 
donde hizo una resistencia más empeñada, y tomando la altura 
ó Concha de la izquierda, donde tenían hechas algunas trinche- 
ras, contribuyendo eficazmente á ello la brigada Oviedo. La 
Concha de la derecha, donde se halla situada una torre telegrá- 
fica con un pequeño destacamento, punto objetivo del enemigo 
desde hace días, fué ocupada sin dificultad, y dispuse se prove- 
yera al destacamento de víveres y todo lo necesario para 30 
días.=El fuego se sostuvo cerca de cuatro horas, y en vista de 
que el enemigo abandonó todas sus posiciones, ordené regre- 
saran las tropas á sus cantones, llegando á Miranda á las cinco 
y media de la tarde. Los facciosos, según noticias de tres car- 
listas con armas que se me presentaron en la Puebla, han teni- 
do muchas bajas, causadas principalmente por los certeros dis- 
paros de la artillería. No puedo precisar las nuestras, pero 
son de poca consideración. Estoy completamente satisfecho del 
entusiasmo y decisión con que se han conducido las tropas.» 

Por conducto del Ministro de la Guerra, el Gobierno feli- 
citó al general Zavala por este combate; debiendo añadir acer- 
ba de él, que el general Loma cooperó al resultado obtenido. 



MANDO DEL MARQUÉS DE SIERRA BULLONES. 281 

saliendo de Vitoria con una columna que cambió algunos tiros 
con los carlistas. 

(Provincias de Burgos, Logroño y Navarra). — En el distrito 
d:í Burgos ocurrieron también algunos hechos que merecen 
mención. 

Según telegrama. del Ministro de la Guerra, dirigido al ca- 
pitán general de Burgos, se habían presentado varías partidas 
carlistas en los pueblos inmediatos á Pancorbo, componiendo 
en total unas ocho compañías que tenían el propósito de volar 
el viaducto de Pangua en el kilómetro 493 de la línea de Mi- 
randa á Burgos; y como semejante hecho implicaba la com- 
pleta interrupción de dicha línea, le prevenía que tomara sus 
medidas para impedir á todo trance que se llevara á cabo tal 
proyecto. 

En su vista, se situó en Pancorbo una columna de infante- 
ría y caballería. 

En la noche del 13 al 14 de Agosto ocurrió en Miranda de 
Ebro un suceso extraño que merece mención. 

Sin permiso del jefe de la estación, salió de ésta una má- 
quina sin luz, y sus conductores, atando á ella los hilos del 
telégrafo, se dirigieron hacia Logroño, destrozando la línea te- 
legráfica; pasaron por Haro, y llegaron hasta Cenicero. Presos 
en este punto un maquinista, un fogonero y otros dos operarios 
que iban en ella, manifestaron que habían sido sorprendidos por 
10 carlistas armados; lo cual era extraordinario, teniendo en 
cuenta que en la estación de Miranda había una guardia nu- 
merosa. 

En telegrama del i5 de Agosto, decía el brigadier segundo 
cabo de Burgos al Ministro de la Guerra, al General en Jefe y 
al capitán general: 

«Comandante militar de Soria me dice en telegrama de hoy: 
==La facción de Villalain ocupó ayer el trayecto de ferrocarril 
desde Sigüenza á Arcos; destruyó dos puentes, cuatro máqui- 

Tomo ir, 19 



/ 



i 



2SZ NORTE. — TERCER PERÍODO. 

ñas, los hilos telegráficos y aparatos y las estaciones. — Fuer- 
zas de Guadalajara y Aragón les persiguen en dirección Mo- 
lina.» 

Algunos individuos de la misma partida detuvieron en la no- 
che del i3 en Medinaceli el tren correo de Madrid á Zaragoza, 
y después de quemar la correspondencia, se llevaron la má- 
quina, dos dependientes y un oficial de administración militar. 

En el trayecto de Miranda á Logroño hostilizaban los car- 
listas á los trenes en el sitio denominado Las Conchas, y para 
alejarles de la vía, la partida liberal Zurbano tuvo un encuentro 
con aquéllos. 

Los carlistas proyectaron volar el puente de Agoncillo so- 
bre el Ebro, en la vía férrea, entre Logroño y Alcanadre; pero 
no llevaron á efecto esta idea, por lo mal que Argonz dispuso 
la operación y por haberse retrasado Rosas Samaniego, que de- 
bía co ncurrir á ella; hicieron, sin embargo, otros desperfectos. 
Una sección de nadadores atravesaba el Ebro frecuentemente 
para inutilizar la vía férrea y telegráfica. 

Algunas pequeñas partidas recorrían la parte de la provin- 
cia de Burgos limítrofe con las Vascongadas, siendo aquéllas 
perseguidas por fuerzas del ejército. 

En esta época, la facción Villalain, de alguna considera- 
ción, se presentó en los confines de los distritos de Burgos y 
Valladolid, y produjo bastante alarma, como se desprende del 
siguiente telegrama dirigido por el brigadier segundo cabo de 
Burgos al Ministro de la Guerra y al General en Jefe: 

i El comandante militar de Aranda de Duero, en telegrama 
de hoy á las diez de la mañana, me dice: = «Recibo telegrama 
de V. E. Está población dispuesta á resistir facción Villalain, 
con los voluntarios y compañía Calatayud, aunque los primeros 
con mal armamento y escasas municiones; se necesita mande 
V, E. refuerzos desde luego y avise su salida, porque Villalain 
parece intenta entrar en esta provincia. = Compañía Calata- 



MAKDO DEL MARQUÉS DE SIERRA BULLONES. 283 

yud^ de io3 plazas ^ no tiene más que cinco paquetes» y nece- 
sita municiones del sistema Remingthon; desearía vinieran co- 
rreo mañana. •= Además, por noticias extraoficiales he sabido 
que los vecinos de los pueblos de Burgo de Osma y Riaza aban- 
donan sus hogares, buscando refugio unos en Aranda y otros 
en Valladolid; y como por la situación de Ips citados pueblos de 
Burgo de Osma y Riaza con respecto de la ribera del Duero, 
es de inferir que la facción Villalain se haya dividido para ve- 
rificar mejor sus correrías de exacción de hombres, ganado ca- 
ballar y valores que ofi-ece tan rica comarca, he dispuesto abas- 
tecer á Aranda de Duero con el completo de municiones para 
los 107 hombres del ejército y 200 voluntarios; el convoy ha 
salido esta noche. Lo participo á V. E., consecuente á mi pri- 
mer telegrama de ayer sobre este asunto, dejando á la conside- 
ración de V. E. la situación en que me encuentro de no tener 
con qué proteger á la villa de Aranda, en caso de ser atacada 
por la facción Villalain. • 

La vía férrea de Venta de Baños á Santander estaba prote- 
gida con destacamentos establecidos en las principales estacio- 
nes; pero, á pesar de esto, la estación de Quintanilla fué incen- 
diada por una pequeña partida de cinco carlistas montados y un 
infante. 

El Jefe de E. M. de Burgos decía, á propósito del servicio 
referente á la custodia de la vía, al Ministro de la Guerra, ai 
Jefe de E. M. G. y al. capitán general: 

«Para la custodia vía férrea de Alar á Santander no hay 
más que 38o infantes, pues tiene 205 Reinosa, indispensables á: 
su propia guarnición, y en el Astillero, 132. Con los 380 in- 
fantes he dispuesto cubrir obras principales y de fábrica. Inten- 
tado el incendio de estación Quintanilla y amenazado el de 
otras, entiendo es preciso el aumento de dos batallones y 200 
caballos para limpiar la zona de partidas y alentar empleados. 
Intimados ya por el enemigo, abandonan aquéllos sus puestos. 



/ 



^ 



284 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

Con mi pequeña pero bastante fuerza, que traje de Burgos, 60 
infantes y 20 caballos, estoy haciendo aquí y en pueblos del par- 
tido judicial de Entrambasaguas, reconocimientos y detencio- 
nes para descubrir la verdad de la denuncia hecha al capitán ge- 
neral de Burgos, sobre proyecto de levantamiento carlista en 
esta provincia para el día 30.» 

Ocurrió un suceso de importancia en la noche del 24 de 
Agosto: nos referimos á la entrada délos carlistas en Calahorra. 

La mayor parte de las fuerzas del primer cuerpo se halla- 
ban situadas entre Olite y el Ebro, en los pueblos de ambas 
orillas del Arga, y las del segundo cuerpo sobre el Ebro desde 
Logroño á Miranda. 

Férula se propuso pasar dicho río, hacer una c<^ta expedi- 
ción á Calahorra y repasar el Ebro con el botín que recogiera 
en aquella ciudad. Para lograr este objeto, salió de Estella á 
las siete de la tarde del 24, con los batallones i.**, 2.** y 7/ de 
Navarra y otros dos más, contando también con la cooperación 
de las partidas de la orilla derecha del Ebro. Por Sesma y San- 
ta Gadea, se dirigió á Rincón de Soto, pasó el Ebro por este 
punto y entró en Calahorra; sorprendió á su guarnición (una 
compañía de carabineros, que contaba con cuatro oficiales, 23 
individuos, 33 movilizados y los voluntarios de la población), 
de la cual quedaron 79 prisioneros, entre ellos el comandante 
D. Isidoro Medinaveitia, un carlista que siendo asistente de 
Olio había desertado con el caballo de éste, y el paisano Ru- 
perto Navarro. La compañía de carabineros y los voluntarios 
movilizados que había en la ciudad apenas hicieron resisten- 
cia, y se salvaron de caer prisioneros dos oficiales, 5o cara- 
bineros y 25 movilizados. Férula, después de incendiar la 
estación de Calahorra, los almacenes y los vagones de mercan- 
cías, emprendió la marcha con los prisioneros en dirección á 
Lodosa, á las doce de la mañana del 25, y destrozando en su 
tránsito casetas, postes telegráficos y rails, repasó el Ebro cerca 



MANDO DBL MARQUÉS DB SIERRA BULLONES. 285 

de Lodosa, y por las inmediaciones de este punto volvió á Este- 
lia. El botín recogido consistió en 300 fusiles, 25.000 duros y 
gran cantidad de paños; se llevaron también los carlistas 22 
quintos. 

Tan rendidos volvieron á Estella los expedicionarios, que á 
su paso por las inmediaciones de Alcanadre les tirotearon cin- 
co voluntarios, logrando hacer cinco prisioneros. 

Las pérdidas de los liberales fueron, además de los prisio- 
neros ya citados, cinco movilizados muertos, cuatro carabine- 
ros y cinco voluntarios heridos; las de los carlistas, un muerto 
y un herido. 

El general Ceballos, comandante en jefe del segundo cuer 
po, no tuvo' noticia de la expedición hasta el día 25, y cuando 
destacó fuerzas en dirección de Calahorra, ya los carlistas se 
hallaban á la orilla izquierda del Ebro. Al medio día del 25 supo 
también Moriones que la facción había pasado el Ebro y entra- 
do en Calahorra, y dijo al General en Jefe en su parte del 26 
acerca del particular: 

«El coronel Navascués, con el batallón foral y 30 caballos 
de Talavera, estaba en Peralta y marchaba sobre Azagra, y el 
brigadier Jaquetot con tres batallones en Sesma, y una batería, 
sobre Lerin. El brigadier Mariné, con tres batallones y un escua- 
drón, llegó á Valtierra para seguir á Tudela; el coronel Arólas, 
con un batallón, en un tren, áCastejón. Sedispusieron estos mo- 
vimientos en la creencia de que fuerzas del segundo cuerpo lle- 
garían á tiempo á Lodosa para cortarles la retirada . En vista 
de que la facción volvió á Alio, he dado órdenes á todas las 
fuerzas para que ocupen las posiciones convenientes. » 

Las noticias comunicadas por el General en Jefe y el Co- 
mandante militar de Castejón al Ministro de la Guerra, impre- 
sionaron al Gobierno, como lo demuestra el siguiente telegrama 
que el Ministro dirigió al General en Jefe: 

«En vista del telegrama de V. E. de ayer, el Consejo de 



286 NORTE.— TERCER PERÍODO. 

Ministros ha acordado invitar á V. E. á que abra una informa* 
ción para esclarecer los hechos que han precedido y acompaña- 
do á la entrada del enemigo en Calahorra. Este desgraciado 
suceso, así como el hecho de haber repasado el Ebro los rebel- 
des, sin que hayan sido hostilizados por las tropas, han de exci- 
tar naturalmente la opinión pública, y es justo darla una legi- 
tima satisfacción, exigiendo la responsabilidad, si ha lugar á 
ella, á quien corresponda. » 

El general Zavala le contestó en los siguientes términos: 
«La entrada de los facciosos en Calahorra no reviste nada 
de extraordinario, porque es una población inmediata al Ebro, 
vadeable por muchos puntos y sólo defendida por una compañía 
de carabineros y algunos nacionales. Adelantándome á los de- 
seos del Gobierno, cumpliendo lo que mi deber exige, además 
de enviar á un oficiad de E. M. para que sobre el terreno mis- 
mo de los hechos se entere y vuelva á darme parte, oficié al 
comandante en jefe del segundo cuerpo, para que nombre un 
jefe que actuando como fiscal y un oficial como secretario, pa- 
sasen á Calahorra á formar la correspondiente sumaria en ave- 
riguación de la conducta observada por la fuerza que la guar- 
necía y las causas que dieron lugar á la entrada de los carlis- 
tas en dicha población; pero el general Ceballos, adelantándose 
también á mi orden, lo tenía dispuesto, haciendo marchar en 
el tren de esta mañana al comandante D. Pascual Andrade y 
al teniente D. Agustín Sámay, para que como fiscal y secre- 
tario formen sin levantar mano la causa correspondiente. Cum- 
ple á mi deber acudir á V. E., como contestación á su telegra- 
ma que acabo de recibir, acordado en Consejo de Ministros, que 
en el hecho que nos ocupa, aparte del comportamiento de la pe- 
queña guarnición de Calahorra, sólo hay de extraordinario la 
audacia de los enemigos de atravesar grandes llanuras á cos- 
ta de una jornada casi imposible, de 90 kilómetros, y que á ha- 
ber tenido á tiempo noticia de ella, pudieron ser deshechos por 



MANDO DEL MARQUÉS DE SIERRA BULLONES. 287 

las tropas del i.** y el 2.* cuerpo de este ejército, á quienes re- 
levo de toda responsabilidad, aceptándola para mí toda entera y 
uniéndola á la pérdida de la guarnición. Queda el Gobierno, co- 
mo es natural, en el caso de exigírmela á mí, como General en 
Jefe, toda la responsabilidad que legítimamente me incumbe, y 
puede haber conveniencia de que así sea. » 

Noble era la conducta del general Zavala al asumirse la 
responsabilidad de la expedición carlista á Calahorra, y no se 
puede menos de aplaudir su conducta, pues fuera ó no respon- 
sable moralmente, no cabe duda que en la esfera de los hechos 
podía haber culpabilidad por alguno de sus subordinados. No 
nos compete dilucidar tan grave cuestión, que por otra parte 
no deja de ser ardua. 

Interrumpidas las comunicaciones entre los diversos cuerpos 
á consecuencia de los desperfectos causados por Férula, no llega- 
ron á tiempo los avisos á Morlones, Ceballos yjaquetot, por más 
que se trataba de una zona no muy extensa, y cuando aquellos 
tuvieron noticia del suceso, ya la expedición carlista había re- 
pasado el Ebro y se hallaba fuera del alcance de las columnas 
enemigas, merced á una jornada de 90 kilómetros hecha en 24 
horas. 

No se puede negar que fué atrevidísima la expedición de 
Férula, y que la llevó á cabo con inconcebible actividad, te- 
niendo á sus dos flancos dos cuerpos de ejército, que á haber 
tenido noticias de ella, lo hubieran derrotado irremisiblemente, 
haciendo prisionera, probablemente, toda su fuerza. 

Como complemento, copiamos los partes del comandante 
general del 2.*^ cuerpo y el oficial de E. M. encargado de averi- 
guar la verdad de lo ocurrido en la entrada de los carlistas en 
Cadahorra: 

•Excmo. Señor: =Como resumen de las noticias que por te- 
légrafo comuniqué á V. E. en el día de ayer, relativas á la 
excursión hecha por los carlistas á Calahorra, y de las no ofí- 



288 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

cíales que, he adquirido posteriormente sobre el mismo suce- 
so^ resulta, que á las seis de la mañana de ayer, se presentaron 
delante de Agoncillo el 7.® batallón navarro y un escuadrón de 
caballería, intentando penetrar en aquel pueblo, pero sin conse- 
guirlo, debido á la resistencia que les opusieron los voluntarios 
del mismo. Estos tuvieron el voluntario Pedro Burgos, grave- 
mente herido, y los carlistas un muerto, y se les hizo un pri- 
sionero con armas y municiones, más algunos heridos que se 
llevaron, repasando el Ebro por el vado llamado de la Calde- 
rera, situado como á media legua de aquella población.=El 
prisionero, que fué interrogado, dijo que á las cinco de la tarde 
de antes de ayer, salieron: de Morentin, el 1.^^ batallón Nava- 
rro; de Alio, el 2.'' y dos escuadrones; de Estella, el 5.**, y de 
Dicastillo, el 7.^ Que todas estas fuerzas, al mando de Férula, 
habían sido sorteadas, y pasaron el Ebro á las doce de la noche 
de antes de ayer por un vado inmediato á Sartaguda, y que 
después, el 7.° batallón con un escu^idrón, al mando de Arbe- 
loa, tomaron el camino de Agoncillo, sin entrar en Alcanadre, 
levantando dos rails de la vía férrea, en el kilómetro 57, cerca 
de Arrúbal, los cuales están ya nuevamente colocados. = Los 
restantes tres batallones enemigos, con el otro escuadrón, mar- 
charon á Calahorra, á donde llegaron al amanecer, y entraron 
por sorpresa, habiendo quemado la estación y hecho prisionera 
la compañía de carabineros y voluntarios del pueblo, al cual 
parece han sacado veinticinco mil duros, y doce á dieciseis 
mil al clero. =Inmediamente que recibí la noticia de haber pa- 
sado los carlistas por Sartaguda á la orilla derecha del Ebro, 
que fué á las once y media de la mañana de ayer, hora en que 
estábamos ocupados en apagar un incendio, y en la que ya los 
carlistas habían abandonado á Calahorra, dispuse la urgente sa- 
lida de dos batallones y un escuadrón para perseguir á los que 
se habían presentado á la vista de Agoncillo, que eran las únicas 
fuerzas de que yo, hasta aquel momento, tenía conocimiento, 



MANDO DEL MARQUÉS DE SIERRA BULLONES. 289 

por un ofício que dirigió el teniente de la compañía de volunta- 
rios de Agoncillo al gobernador militar de esta plaza, á causa 
de haber sido interceptadas desde muy temprano las comunica- 
ciones férreas y telegráficas, entre esta capital y Tudela.=La 
precipitación con que todos los carlistas volvieron á pasar el 
Ebro, según el telegrama dirigido á V. E. y á mí por el go- 
bernador militar de Lodosa, han hecho ineficaces, con senti*> 
miento mío, las medidas adoptadas para escarmentarlos. A fin 
de averiguar y componer los desperfectos de la vía, . envié una 
máquina exploradora con el personal facultativo y material ne- 
cesario, habiendo regresado después de dejarla libre y expedita 
hasta Castejón. =No habiendo completa conformidad en las 
versiones particulares que por diferentes conductos han llegado 
á esta población, muy especialmente respecto al número de 
prisioneros que han hecho y se han llevado á la defensa, la ma- 
nera de prestar el servicio de la guarnición y demás detalles, 
han marchado en el tren de esta mañana á Calahorra con una 
pequeña escolta; el comandante del i.*^ batallón de carabineros, 
D. Pascual Andrade, y el teniente del batallón reserva de Soria, 
D. Agustín Samay, para que, actuando el primero como fiscal y 
el segundo como secretario, formen sin levantar mano sobre lo 
ocurrido, la correspondiente sumaria, que después de terminada 
remitiré á V. E. para la resolución que estime oportuna. =Lo 
que tengo el honor de participar á V. E. para su debido cono- 
cimiento. =Dios guarde á V. E. muchos años.=:Logroño 24 de 
Agosto de i874.=Excmo. Señor: =E1 comandante en jefe. — 
Francisco de Ceballos.» 

«Excmo. Señor: = Cumpliendo con la orden verbal de Vue- 
cencia, llegué á este punto en el día de ayer, y hechas las ave- 
riguaciones que me han sido posibles, tengo el honor de manifes- 
tar á V. E. las siguientes noticias de referencia: =La guarnición 
de Calahorra se componía de una compañía de carabineros, 
fuerte de cuatro oficiales y I23 individuos, de 33 movilizados 



Á 



290 



NORTE. — TERCER PERÍODO. 



y además, los voluntarios de la población, que se dice fueran 3oo, 
aunque no llegara á reunirse una sexta parte. El comandante 
militar de dicho punto, lo era el de infantería, D. Isidoro Me- 
dinaveitia. =E1 servicio que prestaban estas fuerzas, era el si- 
guiente; un oficial y una escuadra de carabineros, daban el re- 
tén en la casa ayuntamiento; un sargento y 12 individuos se 
hallaban de avanzada en la estación, y 16 ó 20, entre carabi- 
neros y voluntarios, vigilabaa los vados. Además, patrullaban 
por la noche los voluntarios de la población, y mantenían, una 
6 dos avanzadas, que tenían la costumbre de retirarse antes del 
amanecer. =En la población, nada parecía hecho para su de- 
fensa, y en la estación habían sido aspilleradas dos casetas, 
donde se alojaban los que estaban de avanzadas. =En la noche 
del 24 al 25, parece ser que pasaron el Ebro, entre Alcanadre 
y Calahorra, por los vados denominados la Veguilla y Sarta- 
guda, tres batallones y 100 caballos carlistas, mandados por el 
titulado brigadier Férula y los jefes de partida Rosas y Porti- 
llo, acompañando al primero de éstos, varios individuos proce- 
dentes del mismo Calahorra. Llegaron los carlistas á la vista 
de este mismo punto, evitando el ser reconocidos por la avan- 
zada de la estación é interponiendo fuerza de caballería entre 
ésta y el pueblo; rodearon éste, y antes de la madrugada (de 3 
á 4) entraron en él por diferentes puntos, á la vez que su 
caballería, destacada hacia la estación, incomunicaba á la avan- 
zada de ésta, la cual se retiró, uniéndose á los individuos que 
vigilaban los vados en dirección á Azagra, con pérdida de seis 
movilizados muertos. =E1 retén del ayuntamiento se defendió, 
hasta tanto que, viendo la mucha fuerza enemiga que había en 
el pueblo, se entregó prisionero. Los demás individuos de la 
compañía de carabineros y de los movilizados, sorprendidos por 
la misma causa, no pudieron reunirse al retén, intentándolo en 
vano los oficiales y algunos carabineros, y cayendo prisioneros 
el capitán D. Ildefonso GuUen y varios individuos, siendo ade- 



MANDO DEL MARQUÉS DB SIERRA BULLONES. 29I 

más heridos el sargento i.^ de la compañía y dos carabineros. = 
Dueños los carlistas del pueblo, reunieron el ayuntamiento y 
le impusieron una contribución de 12.000 duros, no pudiendo 
hacer efectivos más que unos g.ooo. En poder del cabildo de la 
catedral existia una cantidad que se hace subir á 15.000 duros, 
con más de dos 6 3. 000 de beneficios, cuyo total fué recogido 
también por los carlistas. =La fuerza de éstos, animada y aun 
a3aidada%)or ciertos individuos del pueblo, cometió desma- 
nes en las tiendas, algunas casas particulares y en la esta- 
ción, la cual fué incendiada, y saqueados diferentes vagones 
cargados de efectos. = A las doce ó doce y media de la mañana 
del 25, se retiraron las fuerzas carlistas con los prisioneros, 
que exceden de cincuenta, entre los cuales se cuentan el co- 
mandante militar, capitán de la compañía de carabineros, 
otro de los voluntarios, llevando el botín recogido, cuyo va- 
lor hacen subir algunos á millón y medio de reales; repasaron 
el Ebro por los mismos puntos, y continuaron su marcha hasta 
Morentin, á donde según noticias llegaron á la una de la noche. 
=Una compañía de voluntarios de Azagra, por aviso de los de 
Calahorra, que estaban en los vados, se presentó en este punto, 
luego que le desocupáronlas facciones.=Dios guarde á Vue- 
cencia muchos años. = Calahorra 27 de Agosto de 1874.= 
Excmo. Señor: =E1 teniente coronel capitán de E. M. — Julián 
Menoyo. » 

Una pequeña columna compuesta de ocho guardias civiles, 
doce movilizados y diez caballos de Albuera, al mando de un 
oficial, alcanzó el 26 de Agosto, á una partida de diez carlistas, 
cuyo objeto era requisar caballos en la provincia de Burgos, y 
la causó tres muertos, apoderándose de tres prisioneros, ar- 
mas, municiones y raciones. 

En virtud de orden del General en Jefe, el general Ceballos 
hizo el referido día 26 una expedición á Viana con ocho bata- 
llones, una batería y dos escuadrones, y regresó sin novedad 



/ 






292 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

por la noche á LrOgroño, después de recoger un crecido número 
de fanegas de trigo y cebada que los carlistas habían reunido 
para llevárselas á Estella. 

Sabiendo el comandante militar de Tudela el 27 de Agosto, 
que una partida carlista se hallaba en las Bárdenas, salió en su 
persecución con 180 carabineros de la comandancia de Navarra 
y 20 caballos del regimiento de Pavía, y después de haber re- 
corrido durante la noche las Bárdenas, unas seis legiflK» alcan- 
zó al enemigo en la villa de Carcastillo y le puso en retirada, 
causándole algunos muertos y heridos y dos prisioneros; al pa- 
sar los carlistas precipitadamente el río Aragón, dejaron en po- 
der de los liberales, caballos, armas, municiones y otros efectos 
de guerra. 

En telegrama del 30 de Agosto, decía el gobernador civil 
de Logroño al Ministro de la Gobernación: 

«Sin otra novedad que la entrada en la noche anterior de 
40 carlistas en el barrio de Cortijo, habiendo muerto á un vo- 
luntario y herido á cuatro; se llevaron cinco prisioneros y cinco 
caballerías mayores, y á la media hora se retiraron por vado 
Escobosa, dejando un fusil Berdan; salieron tropas en auxilio, 
y han regresado sin novedad. El alcalde fué al sitio y trajo 
dos heridos.» 

En la provincia de Navarra, los facciosos prendieron en es- 
ta época á los hijos y mujeres de los voluntarios que habían to- 
mado armas en las compañías de forales y en las contraguerri- 
llas, exigiendo la presentación de sus padres ó maridos. 

En este mes de Agosto, con motivo de las operaciones de 
la quinta, se alteró el orden en algunos puntos del distrito de 
Castilla la Vieja; se alzaron en armas varias partidas, hubo al- 
gunos motines y se cometieron excesos, entre otros el de que- 
mar los libros del alistamiento. El Ministro de la Guerra re- 
forzó con un batallón aquel distrito, y previno al General en 
Jefe, que en la previsión de que en los limites de ambos dis- 






• MANDO DEL MARQUÉS DE SIERRA BULLONES. 293 

tritos pudieran producirse desórdenes, acudieran oportunamen- 
te las fuerzas de Burgos; y así lo dispuso Zavala. Dijo éste al 
capitán general de Valladolid, que la caballería de su ejército 
bastaba apenas para cubrir todas sus atenciones, pero que, sin 
embargo, cuando las circunstancias se lo permitieran, le auxi- 
liaría en lo que le fuera dable, disponiendo, por de pronto, como 
muestra de su buen deseo, que 6o caballos de Albuera marcha- 
sen á Burjgos, con objeto de. que el capitán general de este dis- 
trito contara con más medios para llenar los deseos del de Va- 
Uadolid, en cuanto se refiriese á la cooperación solicitada por 
éste; le manifestó también, que tan pronto como fuera relevado 
el batallón de la guardia civil que guarnecía á Vitoria, pertene- 
ciente al distrito de su mando, se trasladaría por vía férrea á 
Valladolid. 



i 



i 




CAPÍTULO VI, 



Proyectos de los carlistas.— ArtiUeria carlista.— Reconocimiento del Gobierno español 
por algunas potencias.— Manifiesto de D. Carlos á las naciones extranjeras, con mo- 
tivo de dicho reconocimiento.— Circular referente al mismo asunto, dirigida por el 
primer secretario de estado de D. Carlos á los Ministros de negocios extranjeros.— 
Circular del mismo á los agentes oficiosos de D. Carlos cerca de los Gobiernos ex- 
tranjeros.- Falta de fuerzas en el ejército liberal.^Actitud de D. Ramón Cabrera.— 
Estado general de la guerra civil.— Noticia de proyectos de desembarco de armas y 
municiones, con destino á los carlistas en la costa cantábrica.- Marcha á Madrid el i 

General en Jefe, y presenta su dimisión.— Es nombrado en su reemplazo el general 
La Serna. I 

Persistían los rumores de que los carlistas esperaban efec- I 

tuar su proyectada expedición á Castilla. En telegrama de 7 de 

Agosto, decía el Ministro de la Guerra al General en Jefe; «Por ■ 

confidencia de buen origen, según dada al comandante militar f 

de Alar, y confirmada por im presentado, se sabe que los carlis- 
tas del Norte proyectan una expedición de 8.000 infantes y 700 
caballos para marchar á Castilla, para lo cual están reconcen- 
trando é instruyendo la caballería en Orduña. • 

En efecto, algunos jefes carlistas pretendían que era factí- 
tible operar en Castilla con fuerzas considerables, suficientes 
para mantener una línea de operaciones sobre la base de Ordu- 
ña y Valmaseda; pero Dorregaray lo juzgó imposible, por 
falta de elementos, creyendo más fácil y conveniente organizar 
una fuerte columna de gran movilidad, que pudiera dar á los 
liberales golpes rápidos y frecuentes, volviendo después al pun- 
to de partida, para no llamar la atención del Gobierno de una 
manera alarmante. En caso de realizarse la expedición,. D. Ra- 
fael Alvarez era desde luego el designado para mandarla» 
teniendo á sus órdenes cuatro batallones castellanos, los dos 
cántabros, el asturiano y el regimiento de caballería de Bor- 



/ 



296 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

bón, formando brigadas á las órdenes de Albarrán, Zariátegui y 
Balluerca; después se designó á Mogrovejo para guiar la expe- 
dición; pero nunca se reunieron las fuerzas que debían efectuar- 
la, y el proyecto no pasó de ser una amenaza. 

Cerradas las provincias vasco-navarras á las invasiones libe- 
rales, y no teniendo que ocuparse los carlistas en rechazar nue- 
vos ataques, porque sus contrarios se veían obligados á perma- 
necer por de pronto en actitud defensiva, necesariamente de- 
bían pensar sus jefes en empresas, que haciéndoles huir de la 
inacción y sus funestas consecuencias, les reportasen á la vez 
alguna utilidad. Opinaban unos, que se atacase á Irún, ya por 
la consideración de que se necesitaba tener una buena comuni- 
cación con Francia, ya también porque hubiera realzado mucho 
su prestigio y moral la conquista de un punto fronterizo de tanta 
importancia. Juzgaban otros, que bastaba la comunicación que 
con aquella República sostenían por los caminos de Navarra, y 
que debían emprenderse operaciones más decisivas, haciendo 
una expedición al corazón de Castilla, que sin duda produciría 
viva impresión en España y en el Extranjero; para lo cual con- 
taban también con 5o piezas dotadas de buen material. 

Por de pronto, todo quedó en proyecto, aunque continuaron 
activamente los trabajos de organización. 

De todos modos, para la causa de la libertad eran críticos 
los momentos. D. Alfonso había entrado en Cuenca y recorría 
el centro de la Península; en Cataluña se perdió la importantí- 
sima plaza de Seo Urgel; en el Norte, como hemos dicho, las 
fuerzas liberales eran insuficientes para tomar la ofensiva, por- 
que los carlistas habían adquirido verdadera importancia, au- 
mentada con la organización del cuerpo de artillería y el des- 
embarco en Bermeo de 27 cañones y zoo cajones de pertrechos, 
de que hemos hablado oportunamente, costeados por varios le- 
gitimistas franceses, que esperaban hacer en breve nuevos 
envíos. 



iíÁNDO DEL MARQUÉS DE SIERRA BULLONES. 297 

Al organizar los jefes carlistas la artillería, eligieron para 
la de montaña los cañones ligeros y de grande alcance de 
Withwort, de á cuatro, que si bien no tan buenos como los de 
Hasencia, eran útiles, y para batalla y sitio los Woolvich de 
á ocho y los Wavasseur de á siete. A principios de Julio con- 
taban ya en el Norte los carlistas con más de 50 cañones, su- 
mando los desembarcados, los cogidos á los liberales y los fa- 
bricados en Azpeitia y Arteaga. Se utilizaron los servicios de al- 
gunos oficiales procedentes del cuerpo de artillería, y se crearon 
cuatro baterías montadas al mando de los señores Brea, Prada, 
Rodríguez Vera y García Gutiérrez, y dos de montaña al mando 
de los Sres. Vélez y Reyero. D. JuanM. Maestre, que se hallaba 
al frente de esta arma, propuso, que las cuatro provincias cos- 
teasen á prorrateo los gastos de su sostenimiento. Deseaba tam- 
bién que se concretara la fábrica de Vera á la elaboración de 
proyectiles, la de Azpeitia á la de pólvora para las piezas raya- 
das, y que se fundieran en este último punto y en Arteaga el 
material de guerra, los artificios y las piezas de bronce, reser- 
vándose la fundición de Bacaicoa para lo que en lo sucesivo pu- 
diera ocurrir. Se lamentaba de no tener mejor situados y más 
próximos entre sí estos establecimientos. No bastando las mi- 
nas de Barambio para surtir del plomo necesario, se mandó re- 
coger el de las tuberías de las casas particulares. Hubieron de 
vencerse también otras muchas dificultades. 

Copiamos á continuación dos estados que demuestran los 
resultados, que obtenían los carlistas en la fabricación de pro- 
yectiles: 



Tomo v. 30 



I 



298 



NORTE. — TERCER PERÍODO. 



REAL CUERPO DE ARTILLERÍA 



FÁBRICA DE Vera 

Relación de los proyectiles concluidos desde la centralización del cuerpo 
hasta fin de Noviembre en la expresada fábrica. 



MESES 



Junio y Julio. 

Agosto 

Setiembre — 

Octubre 

Noviembre. . . 



Total. 



7 cm. 



4 cm. 4 cm 



352 
2.116 
1.730 

•,± 

.|4.i98 



» 

9o3 

200 

6o5 
456 



2.164 



840 
2.351 



I. 



WA.VA8SEU R 



9 cm. 



7 cm 



1.528 
908 
126 



5.5o3 2.562 
I 



6o5 
698 



WOOL- 
VICH 



7 cm 



BROK- 
CB 



8 cm. 



226 

1.708 



i.3o3 1.934 



63o 

82Q 

«7 
w 

646 



BO M- 
BAS 



24 cm. 



2122 



424 

22 

48 



494 



Relación de los proyectiles que han salido de la fábrica desde el mes de 
Julio á fin de Noviembre, 



MESES 


WITHWOBT 


WATABBBÜB 


WOOL- 
VICH 


BRON- 
CE 


BOM- 
BAS 

24 cm 


7 cm. 

» 

» 
» 

777 
777 


4 cm. 


4 cm. 


9 cm. 


7 cm. 


7 cm. 


8 cm. 


Julio 


» 

680 

410 

80 


800 

1.200 

800 

80 

512 


1 

}) 
224 


5^ 
200 


» 
» 
20 

1.006 


800 

200 
5oo 

43 


» 
211 


Agosto 


Setiembre 

Octubre 


Noviembre 

Total 


880 


3.392 


224 


700 


I.CO6 


1.544 


211 





NOTA. Quedan rebajados los proyectiles que devolvieron del sitio de 
Irún.— Vera 3o de Noviembre de 1884. 

Para proporcionarse algún trabajo y poder sobrellevar las 
contribuciones que se les imponían con motivo de la guerra, los 
armeros de Eibar habían propuesto á la Diputación de Guipúz- 
coa, con fecha 6 de Abril de 1874, que en equivalencia de los 
85.000 rs. de cuota mensual que correspondía pagar á aquella 



UAiíDO DBL KilARQUés DE SIERRA BULLONES., 299 

villa, entregarían un número proporcional de fusiles Reming- 
thon, y aunque por de pronto la Diputación no admitió dicha 
proposición, posteriormente se arregló este asunto. 

. Entre los proyectos que ocupaban á los carlistas en esta épo- 
ca, citaremos el presentado por el alférez D. Manuel Villanue- 
va y Marichalar, que pretendió arrojar desde un globo granadas 
y materias inflamables sobre las plazas enemigas. Aunque filé 
comisionado aquel alférez para estudiar el mejor medio de poner 
en práctica su invento, la Diputación guipuzcoana no se deci- 
dió á su ejecución, limitándose á acordar que trataría el asunto 
con las provincias hermanas. Se efectuaron en Alzo algunos tra- 
bajos de carpintería encaminados á dicho fin, pero no se prosi- 
guieron ni pudo el público juzgar del mayor ó menor mérito de 
aquel proyecto. 

A pesar de los progresos de la rebelión, preocupó mucho á 
los carlistas el suceso de que vamos á hablar: el imperio alemán 
reconoció al Gobierno español, y Francia é Inglaterra comuni- 
caron igual resolución al Ministro de Estado; y era de presumir 
que en un breve plazo obraran de igual modo las demás nacio- 
nes. Con este motivo, D. Carlos dirigió un manifiesto á las na- 
ciones extranjeras, tratando de convencerles deque no debían 
reconocer al Gobierno de Madrid. He aquí la copia de este do- 
cumento: 

«A LAS POTENCIAS CRISTIANAS. =Rey de España por el dere- 
cho, y de hecho en una gran parte de la monarquía, me dirijo 
á las potencias cristianas, que no pueden ser indiferentes á la 
suerte de una gran nación, cuyos destinos han de influir cierta- 
mente en los acontecimientos del mundo.=Quiero ser conoci- 
do; quiero que se me juzgue por mis actos y no por las calum- 
nias propaladas contra mí; quiero que si la críastiandad ha de 
pronunciar su fallo entre el llamado Gobierno de Madrid y yo, 
conozca bien el abismo que separa la rectitud del rey legítimo 
de la iniquidad de algunos aventureros transformados en dic- 



_1 



300 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

tadores.=He obedecido á la voz del deber y del patriotismo al 
conñar á la suerte de las armas la reivindicación de mi corona, 
después de haber agotado todos los medios pacíficos para sal- 
var á mi amada patria de los horrores inminentes de un Noven- 
tay tres español.=Dios me ha favorecido. He obtenido el ver- 
dadero plebiscito que millares de españoles sellan diariamente 
con lo más puro de su sangre. = Sin armas, sin dinero para ad- 
quirirlas, demasiado lo sabe Europa, he formado un ejército 
con los elementos que me facilitan la abnegación y el entusias- 
mo de un gran pueblo. He vencido á mis enemigos en todos 
los puntos donde me han presentado batalla, ó donde yo se la 
he ofrecido.=No he retrocedido más que uno sola vez ante una 
artillería diez veces superior en número é incomparable con la 
mía por su alcance; y la retirada estratégica de Bilbao, en que 
no perdí ni un hombre ni un cañón, ha tenido por gloriosa re- 
vancha la victoria de Abárzuza. Mis avanzadas llegan hasta 
las puertas de Madrid, y está cercano el día en que habré ani- 
quilado por completo á ese ejército de la república, que en va- 
no trata de oponerse al progreso de mis victorias. — Mis ene- 
migos patentizan su impotencia con el robo, el asesinato y el 
incendio, que decretan abiertamente, y á que se entregan á san- 
gre fría. Después de haber arruinado al país con sus funestas 
ambiciones, la deshonran con sus crimines y le matan con su 
bárbara inepcia. — España sabe bien cómo me he conducido yo 
con ellos. Apelo á la honradez de los que han sido mis prisio- 
neros antes de la batalla de Abárzuza: ellos, que son españoles, 
dirán cómo los he tratado, rindiendo siempre culto al valor, 
aun en los mismos que me combaten, sentando á mi mesa á 
simples jefes de batallón , dulcificando su suerte y acabando 
siempre por ponerlos en libertad ó canjearlos bajo la simple 
promesa verbal de que me sería devuelto igual número de mis 
prisioneros; y esto lo he hecho á pesar de la deportación á cli- 
mas mortíferos á que eran condenados los que caían en las ma- 



MANDO DBL MARQUÉS DB SIERRA BULLONES. 3OI 

nos del enemigo, ó eran tenidos como rehenes en las poblacio- 
nes pacíficas. =Pero llegó un día en que las tropas rebeldes aso- 
laron nuestros campos, incendiaron nuestros pueblos, asesina- 
ron nuestros heridos y se entregaron á todo género de horrores. 
No podía tolerarlo, y sometí á los criminales á los rigores de la 
justicia, y á pesar de que todos los incendiaros y todos los ase- 
sinos fueron condenados á muerte, no permití sino que fueran 
diezmados, declarando que, protector de los intereses ]y de la 
vida de mis pueblos, aun en aquellas circunstancias quería ser 
clemente.— Impotentes para otra cosa, y tan cobardes como vi- 
les, apelaron á la csdumnia, acusándome ante Europa y ante el 
mundo de actos de vandalismo, de que ellos solos son capaces. 
=Protesto contra semejantes mentiras. Si los Gobiernos y los 
Gabinetes quieren saber la verdad, que envíen representantes 
al teatro de las operaciones. Las ruinas de Abárzuza, de Zábal 
y de Villatuerta son testigos de lo que afirmo: verán estas rui- 
nas y juzgarán, y se sabrá también por ellos la disciplina que 
reina en mi ejército, el gobierno paternal de que he dotado á 
estas provincias, las aclamaciones que me prodigan y el amor 
que me manifiestan aun en medio de la opresión enemiga que 
persigue sin piedad sus personas, sus bienes y sus familias. = 
He vacilado y vacilo todavía antes de apelar á represalias, adop- 
tando medidas semejantes contra todos los que no están direc- 
tamente en armas contra mi; pero si á ello se me obliga, saca- 
ré de mis sentimientos de justicia la fuerza necesaria para re- 
sistir á los impulsos de mi corazón generoso; y seré tanto más 
severo, cuanto más tiempo haya hecho uso de mi clemencia.= 
Estos datos auténticos, que los representantes podrán tomar 
por sí mismos, y para cuya investigación les concederé yo to- 
das las facilidades necesarias, tendrán ante la equidad mucho 
más valor que las falsas noticias que esparcen á su placer los 
que han inaugurado en España el régimen del terror, y han or- 
ganizado por decretos el monopolio de la mentira. =Se ha Ue- 



/ 



i 



302 NORTE.— TERCER PERÍODO. 

gado hasta i acusarme de haber hecho fusilar á un extranjero síq 
más motivo que el de ser corresponsal de un periódico. Es fal- 
so. Un alemán cogido revólver en mano á la entrada del pue- 
blo de Villatuerta, á la cabeza de una turba de incendiarios, filé 
condenado en Consejo de guerra y pasado por las armas. Esto 
se hizo, y estuvo bien hecho, y obraré de la misma manera en 
todo caso en que, como el presente, se trate de un incendiario y 
de un espía. = Por otro lado, el extranjero que toma parte en 
una guerra civil, se coloca por este simple hecho fuera de las 
leyes internacionales de la guerra, y se expone á sufrir todas 
las consecuencias. Por esto yo, para evitar complicaciones na- 
clónales é internacionales, di desde el principio de la guerra 
las órdenes más terminantes para impedir que fuesen admitidos 
en mi ejército los oficiales y soldados extranjeros que se ofre- 
cían en masa á combatir por mi causa. = En mi manifiesto fe- 
chado en mi cuartel real de Morentin, el dieciseis de Julio úl- 
timo, dije á España cuáles eran mis ideas de gobierno, políti- 
cas financieras, religiosas é internadonales. Confirmo aquí to- 
das aquellas declaraciones. = Mi bandera es la del orden; todos 
los progresos legítimos, todas las mejoras morales y materia- 
les caben bajo sus anchos pliegues. Los que han venido á afi- 
liarse bajo ella, sienten ya sus beneficios, que se extenderán 
muy pronto sobre toda España y sobre sus colonias. =E1 Go- 
bierno de la república está muerto; él mismo se declara venci- 
do. Todos sus órganos, todos sus amigos de dentro y de fuera 
piden una intervención extranjera como última esperanza, co- 
mo único medio de salvación, y esto porque ya no hay en Es- 
paña fuerzas que oponer á mi ejército que avanza, expresión 
viva y entusiasta de la voluntad nacional. = Esto lo dice todo. 
=No creo que ningún Gobierno quiera combatir junto á los 
autores de crimines tan abominables, sostener una causa tan 
completamente perdida y asociarse á una política cuya base fué 
la traición y cuyo móvil es la rapacidad. = Si apesar de todo. 



MANDO DEL MARQUÉS DB SIERRA BULLONES. 303 

la intervención se verificase, fuertes con nuestra fé y nuestro 
amor á la Patria, la esperaríamos con serenidad como esperá- 
bamos al principio de la campaña, cuando apenas éramos un 
puñado de hombres y carecíamos de todo, á los batallones del 
ejército republicano. Invocando á los mártires de la Indepen- 
dencia, combatiríamos por la victoria, 6 sabríamos morir hasta 
el último, al pie de nuestros cañones, al grito de ¡Viva España! 
=Pero no, no habrá intervención; mis sentimieptos concilia- 
dores me dan esta confianza: tengo plena fe en la imparcialidad 
de las potencias cristianas, y siento en mi corazón que Dios es- 
tá con nosotros. = Yo deseo mantener con todas las potencias 
las relaciones más cordiales, y custodio del honor de España, 
buscaré su defensa en la dignidad y en la grandeza que quiero 
restituirla, y que son la más sólida garantía de la paz que ne- 
cesita. = De mi cuartel real de Lequeitio á 6 de Agosto de 
i874.=Carlos.=:Es copia. = El general primer secretario de 
Estado de S. M. C.,=Romualdo Martínez Viñalet.t 

El general Viñalet, primer secretario de Estado de D. Car- 
los, dirigió al Ministro de Negocios extranjeros de Francia la 
siguiente circular: 

fExcmo. Sr.:=Muy Señor mío: S. M. el rey mi augusto 
amo se ha dirigido á las potencias cristianas en el adjunto do- 
cumento que por encargo especial suyo tengo el deber de tras- 
mitir. = Al cumplir con tan honrosa misión, confío en la impar- 
cialidad y justicia del Gabinete que V. E. tan dignamente pre- 
side, para apreciar los principios de equidad y de política que lo 
han dictado é inclinar favorablemente el ánimo de S. E. el Pre- 
sidente de esa República hacia causa tan noble como patrióti- 
ca. = Para mayor claridad de tan in^portante documento me to- 
mo la libertad de incluir á V. E. el manifiesto de S. M. á los 
españoles que en el mismo se cita. == Celebro esta ocasión que 
me proporciona la honra de ofrecerme á V. E. con la mayor 
consideración muy atento S. S. Q. B. S. M.=Romualdo Mar* 



304 NORTE. — ^TBRCBR PERÍODO. 

tinez Viñalet.rrExcmo. Sr. Ministro de Negocios Eictrenjeros 
de...a 

Dirigió igual circular á los Ministros de Negocios Extran- 
jeros de otras naciones. 

Durante el mes de Agosto dirigió también el mencionado se- 
cretario de D. Carlos á sus agentes oficiosos cerca de los Gobier- 
nos extranjeros, la siguiente circular: 

«Excmo. 6r.:=Muy Sr. mio.=Una de las armas que con 
más tenacidad y fortuna, han esgrimido siempre los enemigos 
de la monarquía tradicional española, ha consistido en propa- 
lar por medio de la prensa y de la tribuna las más arbitrarias es- 
pecies acerca de la historia, tendencias y propósitos de la gran 
mayoría de la nación que aclama y defiende la legitimidad del 
rey D. Carlos VII. =De algún tiempo áesta parte, sin embargo, 
nuestros adversarios redoblan más y más su actividad en este 
sentido, y acentúan de una manera cada vez más violenta, en 
escritos llenos de pasión y encono, esas agresiones absurdas que 
ponen de manifiesto tan sólo su creciente mala fe y su abso- 
luta impotencia. =Entre los documentos de esta índole que es- 
tán destinados á llamar la atención del público, descuella por 
sus pretensiones la circular que en forma de carta ha dirigido 
el Sr. Ulloa á los representantes del general Serrano en el Ex- 
tranjero. =E1 Gobierno de Madrid, que no puede invocar á fa- 
vor suyo la legalidad constitucional que tantas veces han piso- 
teado los hombres que lo componen, ni el derecho revoluciona- 
rio, contra el cual conspiran vergonzosamente, ni el apoyo de 
la voluntad nacional, cuya representación disolvieron á bayo- 
netazos el 3 de Enero, osa afirmar que la bandera representada 
por S. M. el rey, y la inmpnsa mayoría de los españoles que 
en torno suyo se agrupan, no tienen razón de ser y ni siquiera 
pretexto alguno que alegar para combatirle: como si desde aho- 
ra fuera un crimen luchar por la salvación y la integridad de la 
patria agonizante, ó una loca aberración acudir á la defensa de 



MANDO DEL MARQUÉS DE SIERRA BULLONES. 3o5 

los principios en que descansa el orden social.=El Gabinete 
del general Serrano, que no reconoce más ley que la absoluta 
voluntad de los individuos que lo constituyen, ni plantea más 
política que la de la fuerza, ni desarrolla otro programa que el 
de la dictadura, dice con pasmosa serenidad que los ejércitos 
del rey tratan de implantar en España el absolutismo como 
ley, el despotismo como sistema. El Ministerio llamado republi- 
cano, en fin, producto de una larga serie de ingratitudes y des- 
lealtades, aborto de una algarada militar que hasta el presente 
ninguna nación de Europa ha reconocido, nos llama con des- 
den facciosos, y trata de manchar nuestras frentes con el estig- 
ma de la rebeldía, olvidando, ó afectando olvidar, que quienes 
ensangrientan el suelo de la patria son los que de medio siglo 
acá pugnan por rasgar sus antiguas leyes y destruir sus glorio- 
sas tradiciones. = Nadie ignora, en efecto, que la nacionalidad 
española debe su origen, su vida y su engrandecimiento al 
cristianismo y á la monarquía; y nada tiene de sorprendente, 
que interrumpida la armonía que por espacio de tantos siglos 
subsistió entre uno y otra, se produjera un desequilibrio tan pe- 
ligroso y funesto como el que estalló en tiempo de la infanta 
Isabel, para poner luego término á su azaroso reinado. Desde 
entonces los partidos revolucionarios, ora separadamente, ya 
arremolinados al soplo de monstruosas coaliciones, han ido en- 
sayando lenta y sucesivamente todas las utopias, todas las ex- 
centricidades y todos los delirios á que puede conducir la razón 
humana extraviada por una falsa filosofía. Ese general desqui- 
ciamiento surgió al calor de los disolventes principios que ya 
fermentaban en los clubs, ya se enseñoreaban del poder; y ca- 
yendo de error en error, de precipicio en precipicio, llegó el país 
á verse sumido en la postración más profunda y la más afrento- 
sa ruina. ¿Quiénes son, pues, en España los invasores, los fac- 
ciosos^ los rebeldes? Caigan estos dictados, si es que alguien los 
merece, sobre los autores de tantas calamidades y tantas catas- 



306 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

trefes. =Pero nuestros enemigos, que no desconocen la perfecta 
exactitud de todo cuanto dejo sentado, acuden á otro procedi'^ 
miento para impresionar á favor de su causa la opinión pública 
de Europa, y pintan con sombríos colores la conducta observada 
por las tropas reales en la presente campaña. Para dar mayor 
robustez á este argumento, no vacilan en asegurar que actos de 
inaudita barbarie y salvaje crueldad han sido llevados á cabo 
por orden expresa de nuestros generales, á sangre fría y sin pre- 
texto alguno que pudiera motivarlos; deduciendo de ahí que los 
ejércitos de S. M. combaten sin tener en cuenta la ley natural 
ni las humanitarias prescripciones del derecho de gentes. — Muy 
triste y desconsolador es en verdad para el que suscribe, tener 
que descender á denunciar á las naciones civilizadas hechos cu- 
yos autores, aunque adversarios nuestros, no dejan de haber 
nacido en la noble tien-a de España; pero ya que el sagrado de- 
ber de la propia defensa, que no podemos renunciar, á ello nos 
obliga, penetraré de lleno en esta cuestión con el ánimo contur- 
bado y la conciencia serena. — Apenas iniciado de orden deS. M. 
el movimiento nacional, empezó el Gobierno de Madrid á dictar 
disposiciones despóticas y á todas luces injustas contra los vo- 
luntarios que se alistaban en los batallones reales y sus atribu- 
ladas familias. Ya antes habían tenido lugar las sangrientas 
hecatombes de Valcobero, Iglesuela y Montealegre en que hom- 
bres y niños inermes fueron villanamente inmolados sin forma- 
ción de causa, ni siquiera identiñcación de sus personas, por 
expresa disposición del general Prím, presidente, en aquella sa- 
zón, del Consejo de Ministros. Las leyes más draconianas de los 
tiempos pasados adquirieron de nuevo su perdido vigor, y las 
autoridades enemigas desplegaron un lujo de fuerza sin prece- 
dente en la época actual. — Las tropas reales respondían á 
tanta barbarie, empleando en la guerra la magnanimidad y la 
hidalgía, asistiendo con preferencia á los heridos liberales que 
caían en sus manos y dejando en completa libertad á varios des- 



MANDO DEL MARQUÉS DE SIERRA BULLONES. SOJ 

tacamentos de la guardia civil, que fueron copados en los pri- 
. meros días del alzamiento, y á cuatro compañías del batallón 
de Mendigorria hechas prisioneras en la acción de Oñate. La 
generosa actitud del ejército Real no bastó á aplacar la sed de 
sangre que devoraba á sus perseguidores; y no contentos éstos 
con rematar á nuestros heridos sobre el campo de batalla, se 
complacían en insultar bárbaramente á los prisioneros que caían 
en su poder, haciéndoles repetidas veces servir de ludibrio y es- 
carnio á las turbas desarrapadas que se agolpaban á su tránsito 
por las ciudades. La refinada opresión que sobre aquellos des- 
graciados pesaba en los presidios y depósitos, pareció todavía 
demasiado benigna al Gobierno de Madrid, que resolvió traspor- 
tarlos á Cuba, en donde, por efecto de lo mortífero del clima, las 
privaciones á que se vieron sujetos y las penalidades de aquella 
campaña, sucumbió en breve más de un veinticinco por ciento. 
=Todo no obstante fué inútil. Los soldados de la legitimidad 
alentados por el país en masa que veía en ellos su única salva- 
ción, su postrera esperanza, seguían conquistando diariamente 
nuevos y más gloriosos laureles: á las victorias de Ripoll y de 
Berga, contestaba el enemigo invadiendo los claustros, profa- 
nando los templos, asesinando á las personas sospechosas de 
profesar ideas de carlistas y sembrando la desolación y el luto 
por los pueblos, aldeas y caseríos. Cuando más adelante el ejér- 
cito real alcanzaba en Erául un brillantísimo triunfo y ponía en 
libertad á centenares de prisioneros, la columna Cabrinety in- 
cendiaba en Cataluña nuestros hospitales de sangre, entregaba 
á las llamas á los heridos que en ellos se albergaban y asesina- 
ban en Alpens á cinco infelices indefensos sin armas, mutilán- 
dolos de la manera más horrible. La Justicia Divina dispuso, 
que á poco tiempo de cometidos tales crímenes, fuera hecha pri- 
sionera en el mismo pueblo que presenció esta abominable es- 
cena, la columna que los había perpetrado; y ¿qué venganza 
tomaron en ella los voluntarios del rey? A los pocos días fueron 



3o8 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

puestos en libertad los tres batallones republicanos que habían 
caido en su poder en aquella gloriosa jornada. =Lfa ferocidad 
y la ira de nuestros enemigos no estaban^ sin embargo^ todavía 
satisfechas, y mientras que el general Saballs acababa de ren- 
dir y dejar libres sucesivamente las guarniciones de Sant Quir- 
se de Besora y de Baget, los republicanos de Igualada pasaban 
á cuchillo á ocho carlistas que quedaron cortados en el asalto 
de esta plaza; y cuando algunas horas después se rendían á dis- 
creción sus defensores, nuestros voluntarios perdonando una 
vez más, dieron, á pesar de todo, cuartel, y los prisioneros 
fueron como siempre puestos de nuevo en libertad. =Y á la 
vez que el ejército real de Cataluña llevaba á cabo rasgos tan 
sublimes de abnegación y de virtud, los del Norte y del Cen- 
tro le imitaban tanto en su actividad y en su bravura, como 
en su generoso proceder. Los prisioneros hechos en Udave, Di- 
castillo, Irurzun, Puente la Reina, Viana, Túnel, Las Campa- 
nas, Estella, Sagunto, Segorbe, Albacete, Cuenca, y sobre todo 
en Portugalete, cuyo gobernador tuvo la honra de ser invitado 
á la mesa de S. M., pueden atestiguarlo á lafazdel mundo, cuan 
noble ha sido siempre el comportamiento que con ellos han usa- 
do las tropas carlistas. = Las tendencias de nuestros enemigos 
siguieron no obstante manifestándose tan crueles y arbitrarias 
como hasta entonces; los atentados contra las propiedades y 
personas de los carlistas paciñcos fueron reproduciéndose en 
progresión ascendente; el pillaje y el saqueo se trocaron en ley 
para la soldadesca liberal; y como complemento de este cuadro 
desgarrador, las bellas é indefensas poblaciones del litoral Can- 
tábrico fueron bombardeadas á mansalva por las naves de la re- 
pública, y despojados traidoramente de sus pobres embarcacio- 
nes los infortunados marinos y pescadores de aquellas playas. 
:»Y no se diga que no alcanza la responsabilidad de estos actos 
al Gabinete del general Serrano. La prensa de Madrid en gene- 
ral y sobre todos los periódicos oficiosos aconsejan cuotidia- 



MANDO DEL MARQUÉS DE SIERRA BULLONES. 309 

ñámente la guerra de esterminio, invitan á los soldados á co- 
meter toda suerte de desmanes, amenazan i las provincias vas- 
conavarras con la devastación y el degüello y exacerban con su 
infernal lenguaje las pasiones sanguinarias del ejército y los 
salvajes instintos de las muchedumbres; y sabido es, que una 
reciente disposición ministerial prohibe á la prensa ocuparse de 
la guerra civil en otros términos que los que el Gobierno auto- 
rice con su aquiescencia. =Todos esos ultrajes, todos esos atro- 
pellos, todas esas injusticias, vienen pesando desde hace más de 
dos años sobre la comunión carlista; y sin embargo, ésta, á pe- 
sar de contar con la triple fuerza de la razón, del derecho y del 
número, los ha sufrido con heroica resignación y altiva sereni- 
dad. Pero de poco tiempo á esta parte la obstinación del Gobier- 
no de Madrid y de sus generales no reconoce ya limites. Uno 
de sus más nombrados caudillos nos declaró desde las márge- 
nes del Ebro, una guerra de raza, implacable sin tregua ni cuar- 
tel; y sus soldados creyeron ejecutar tan severas amenazas, avan- 
zando hacia Estella á la luz de los incendios de Abárzuza, Zá- 
bal y Villatuerta; no hubo ya salvación para los voluntarios que 
caían en sus manos, ni misericordia para los heridos, ni piedad 
para los infelices labradores de aquellas comarcas; todo fué de- 
solado, destruido todo; el programa de Sesma y Lodosa debía 
ser rigurosamente desarrollado, y en efecto lo fué de una manera 
espantosa, salvaje y cruel. A pesar de todo, el general Concha 
no pudo evitarla derrota que experimentó su ejército, y la muerte 
providencial de este célebre militar puede muy bien atribuirse 
á la inexorable ley de la expiación. = Para vengar este nuevo 
desastre, ha acudido el Gobierno republicano á nuevas medidas 
de represión y más enérgicos alardes de tiranía. El secuestro 
discrecional de bienes, los edictos de proscripción, las disposi- 
ciones más extremas y autoritarias, en fín, que hasta los Esta- 
dos menos cultos del mundo han desterrado ya de sus leyes, 
han sido decretados por un Gobierno que blasona de defensor de 



J 



n 



3ia ÑORtÉ. — Tercer período. 

, — - — — ~ - 

la libertad, la civilización y el progreso; y sus soldados^ al en- 
trar sin resistencia en Olot, acaban de entregarse á toda clase 
de excesos, llegando hasta el punto de saquear las reales am- 
bulancias y asesinar á muchos de los heridos que en ellas reci- 
bían los auxilios de la caridad postrados en el lecho del dolor. 
= Ahora bien; ¿era procedente, era justo que los ejércitos rea- 
les que con tanta nobleza é hidalgia han luchado en el campo 
del honor, que tan leales y generosos se han mostrado para con 
los vencidos después de la victoria, siguieran aun guardando 
escrupulosamente las leyes de la guerra, con adversarios que 
sistemáticamente las conculcaban, que se entregaban de diaen 
día á nuevos y más ostensibles actos de vandalismo, y que por 
boca de sus generales hacían públicos sus propósitos de com- 
batirnos sin cuartel hasta el exterminio? No por cierto. El su- 
frimiento tiene dentro del honor sus límites, y traspasados éstos, 
cede el heroísmo su plaza á la humillación y á la afrenta.=:Bl 
enemigo nos ha puesto en la dura necesidad de hacerle ver que 
sabemos distinguir el trata que se debe á los prisioneros de gue- 
rra de un ejército regular, del que merecen las gabillas de me- 
rodeadores y las bandas de soldados sin disciplina. Para los pri- 
meros hemos sabido emplear la conmiseración, la blandura y 
hasta el respeto; en cuanto á los segundos no pueden esperar 
de nosotros más porvenir que el de ser juzgados ante los con- 
sejos de guerra, como reos de delitos comunes. =No se deduzca 
de ahí que los generales legitimistas están resueltos á plantear 
un sistema de violencia y de represalias; pues cristianos y ca- 
balleros ante todo, saben que los mayores excesos de sus con- 
trarios no les autorizan, en ningún caso, á procedimientos que 
la equidad rechaza y anatematiza la moral. S. M. el rey ha 
planteado en terminantes y recientes declaraciones una política 
amplia, conciliadora y de atracción; y tanto los jefes superiores 
de su victorioso ejército, como los realistas todos sin distinción 
de jerarquías, están resueltos á secundar con lealtad tan gene- 



MANDO DEL MARQUÉS DB SIBRRA BULLONES. 3II 

rosos propósitos. =Cuando el soberano llama á si hasta á los 
que se dicen sus enemigos, los subditos debemos ver tan sólo 
en aquéllos á los hijos extraviados de la misma patria que nos 
vio nacer. Insista en buen hora el Gobierno de Madrid en su 
conducta arbitraria y desatentada^ ya que no tiene bandera que 
defender ni esperanza alguna que alimentar. Pero la santa cau- 
sa de la legitimidad representada por Carlos VII, próxima ya á 
ser arbitra de los destinos de una gran nación, se presenta y 
seguirá presentándose con la dignidad y mesura de quien conña 
en la solidez de su derecho y cuenta con la fuerza de las ar- 
mas. =Tal es el doloroso cuadro, Excmo. Sr., que ofrece á la 
meditación de las gentes sensatas la historia imparcial de nues- 
tra presente guerra civil. =Queda. V. E. autorizado á usar de 
la presente nota, como juzgue más útil á la causa del rey y á 
la historia, y le ruego ponga todo su esmero en destruir en la 
opinión pública el concepto formado por los libelos oficiales y 
particulares publicados bajo todas formas por nuestros enemi- 
gos, y en asegurar á los hombres de gobierno de esa alta po- 
tencia, que nuestro silencio oficial ha sido constantemente auto- 
rizado por el juicio imparcial que hayan formado ante las notas 
de sus respectivos agentes en España, y que al romperlo para 
hablar de hechos pasados y juzgados por los Gobiernos de las 
potencias extranjeras, es por corresponder al tributo de consi- 
deración que dispensa á los españoles la opinión pública de to- 
dos los países, justificada con la preferencia de allegar noticias 
verídicas de nuestras contiendas acerca de las que no ha podido 
formar hasta el día concepto exacto por falta de datos oficiales 
realistas, teniendo sólo que oponer á las noticias esparcidas con 
profusión por los diversos Gobiernos que se han sucedido en 
Madrid, el hecho incontestable del acrecentamiento de nues- 
tras fuerzas, organizadas hoy en cuerpos de ejército, ante los 
que el Gobierno de la república se ha colocado á la defensiva. 
= Aprovecha gustoso esta ocasión para reiterar á V. £. lase« 



% 



3l2 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

■ I I. I I ■ ■ . - ■■ 111 ^M— t 

guridad de su mayor aprecio y consideración, su seguro ser- 
vidor que su mano besa. = Romualdo Martínez Viñalet.=Ex- 
celentisimo Señor... t 

Copiamos estos documentos, porque demuestran la gran im- 
portancia que los carlistas daban al acto del reconocimiento 
del Gobierno español por las potencias ya citadas. Trataron de 
explicar á éstas los móviles de su conducta^ pero sus esñierzos 
fueron vanos. 

Contando la insurrección con poderosos elementos^ nada de 
extraño tiene que el general Zavala necesitara algún tiempo 
para emprender una operación de importancia, que era imposi- 
ble realizar hasta tanto que se le enviasen numerosos refuerzos 
y organizase otro cuerpo de ejército, con arreglo á sus deseos. 

Era grande el incremento adquirido por la facción, y nece- 
sitábanse ftierzas muy considerables para contrarrestarla. Pre- 
cisamente en estos momentos se contaba con muy pocas, hacién- 
dose sentir su falta en toda la península. Con este motivo, decía 
el General en Jefe al Ministro de la Guerra, en telegrama del i8: 

«El Capitán general de Castilla la Vieja me pide con urgen- 
cia la guardia civil de su distrito, y aunque reconozco la justi- 
cia con que la reclama, no me es posible, por sensible que me 
sea, desprenderme ya de más fuerzas de lo que lo he hecho has- 
ta ahora. Vitoria, cuya guarnición he aumentado, no tiene sin 
embargo más que la precisa para su defensa, sin que de allí pue- 
dan hacerse salidas. Lo hago presente á V. E., para que en su 
vista pueda prevenir á aquel capitán general lo que juzgue con- 
veniente, atendida la imposibilidad en que me hallo de satisfa- 
cer sus deseos, i 

Oportunamente hemos hablado de la actitud de D. Ramón 
Cabrera, y creemos que ahora debemos insistir acerca del par* 
ticular. D.* Margarita, esposa de D. Carlos, había entrado en 
España. Su viaje tenía un objeto político, como lo vamos á 
hacer ver. Amiga aquella señora del elemento viejo del par- 



WANDO DEL MARQUES DE SIERRA BULLONES?. 3l3 

tido carlista, en el cual contaba con grandes simpatías, pro- 
puso que se reunieran los jefes retraídos, con el fin de venir á 
un acuerdo. Cabrera, que era uno de ellos, se negó á concurrir. 
En vista de esto, D.* Margarita solicitó de D. Carlos, que pres- 
cindiera de los elementos que más disgustaban á aquél sepa- 
rando de su lado á determinadas personas; no accedió,D. Carlos 
á esta petición, pero esto no obstante, dirigieron él y D.* Mar- 
garita á Cabrera varias comunicaciones, con el encargo de reca- 
bar de este antiguo jefe del carlismo su promesa de asistir á 
la reunión que en Dax debían celebrar los principales persona- 
jes de la causa absolutista. Todo fué inútil, y la reunión se lle- 
vó á efecto sin la presencia de Cabrera, y sin que se tomaran 
acuerdos de importancia, resolviéndose únicamente enviar á 
Francia é Inglaterra, comisionados que levantaran fondos para 
alimentar la guerra, aunque poco había que esperar de esta de- 
terminación, porque muchos de los banqueros que hasta enton- 
ces habían proporcionado fondos, parecían retraídos. 

El estado de la guerra en Cataluña era cada día más grave, 
y así se desprende del siguiente telegrama de 21 de Agosto, diri- 
gido por el Ministro de la Guerra al General en Jefe: 

«Con la pérdida de la Seo de Urgel, la situación de Catalu- 
ña se ha agravado y Puigcerdá está en estos momentos muy 
amenazada. El General en jefe de Cataluña me pide un supre- 
mo esfuerzo para salvar tan difícil situación. En el acto he dis- 
puesto que todas las tropas que guarnecen á Huesca y operan en 
su provincia, marchen á Tremp, punto designado por aquella 
autoridad. Estas fuerzas, sin embargo, no serán bastantes, y en 
la necesidad apremiante en que me hallo, acudo á V. E., por si 
le fuera posible desprenderse de uno ó dos batallones del cuer- 
po de ejército situado en Navarra, que podría prontamente, ace- 
lerando su marcha, concurrir en tren con las tropas que dejo 
dicho á V. E. De aquí envío á Aragón, para reemplazar las 
tropas que van á Cataluña, un número igual, quedándome con 

TcMo V. 31 



i 



314 KORTE. — TERCER PERIODO. 

escasísimas fuerzas, pues mi voluntad es muy gríande y tengo 
la seguridad de que podré vencer todas las dificultades. Yo con- 
fio también en que V. E. me ayude y que contribuirá á que 
salvemos una plaza de guerra amenazada hoy á la vista de la 
Francia. » 

En otro telegrama del mismo día 21, decía el Ministro de 
la Guerra al General en Jefe: 

«Al cónsul de Perpiñán dicen de Puigcerdá «que carlistas 
cañonean dicha plaza desde las cinco de la mañana, y que los de- 
fensores están muy animados. Carlistas han cogido paisanos de 
pueblos comarcanos para arreglar camino desde Urgel y llevar 
más artillería. Socorro pronto. » =Lo digo á V. E. para su cono- 
cimiento. Esta tarde han salido de Madrid para Lérida dos bata- 
llones de reserva, quedándome con cuatro únicamente, el de 
quintos de ingenieros y la guardia civil, cuya fuerza considero 
no deber mover de esta capital, por lo que pudiera ocurrir aquí 
6 en cualquier otro punto, con motivo de la quinta. » 

El General en Jefe contestó al Ministro en telegrama del 
mismo día 21: 

«En vista del telegrama cifrado de V. E., y haciendo un es- 
fuerzo, dispongo, como más breve, que de Logroño marche ins- 
tantáneamente por ferrocarril á Zaragoza un batallón de infan- 
tería, y me dirijo al capitán general de Aragón, para que lo haga 
por el camino más rápido á Tremp.» 

Copiamos estos telegramas, con objeto de que, tomándolos 
en cuenta, se tenga el conocimiento del verdadero estado de la 
guerra en la época á que nos referimos. 

Uníase á todo esto la dificultad de evitar los desembarcos 
de armamento y municiones, con destino á los carlistas, en la 
costa cantábrica, á pesar de la vigilancia de las autoridades 

El Marqués de la Vega de Armijo manifestó en telegrama 
del 19 de Agosto, fechado en París, que convenía se vigilara, y 
si era preciso se visitara, el aviso vapor Nieves, despachado en 



2 



Mando del marques de sierra bullones. 315 

el Havre para Bayona, pues se sospechaba que debía trasbor- 
dar en alta mar su cargamento de municiones para el enemigo. 

Y con fecha 3i de Agosto decía el Ministro de la Guerra al 
gobernador militar de Santander: 

«Comunique V. E. descifrado al comandante general de la 
escuadra, el siguiente despacho:=Ministro de España en Bru- 
selas avisa que buque sospechoso Hienanbden con pabellón ale- 
mán, ha salido ayer mañana con numerosa é importante carga 
de armas y dos españoles á bordo. Las armas van en cajas y 
paquetes á popa; las municiones á proa y cubiertas con arena de 
lastre. Ha declarado llevarlas á Burdeos. Hay seguridad mo- 
ral de que sean para los carlistas. También el vapor inglés Har- 
de ha salido para Liverpool con armas, según sospecha aquel 
agente diplomático.» * 

Dando el General en Jefe al estado de la guerra del Norte 
toda la importancia que realmente tenia, se dirigió á Madrid, 
á donde llegó el i.° de Setiembre, con objeto de celebrar un 
Consejo de Ministros en que se tratara de dicho asunto. 

Después de conferenciar con aquéllos, presentó la dimisión 
de la Presidencia del Consejo de Ministros, de la cartera de 
Guerra y de su cargo de General en Jefe, y fué reemplazado 
en este último cargo por el Excmo. Sr. teniente general D. Ma- 
nuel de La Serna. El Excmo. Sr. D. Práxedes Mateo Sagasta 
fué llamado por el Presidente del Poder Ejecutivo para encar- 
garse del Ministerio, y llevó á cabo su cometido el 3 de Setiem- 
bre. Se encargó del Ministerio de la Guerra el Excmo. Sr. te- 
niente general D. Francisco Serrano Bedoya. 

Al ser nombrado La Serna General en Jefe, Morlones quedó 
de capitán general de Navarra y jefe del primer cuerpo de ejér- 
cito; Ceballos, de capitán general de las provincias Vascongadas 
y jefe del segundo, y Loma de capitán general de Burgos y jefe 
del tercero. 



i 

I 



J 



CAPITULO vil. 



Se encargt del mando del eiército del Norte el general La Serna.~Alocución del Mar- 
qués de Sierra Bullones á los soldados, al cesar en el mando.— Paso de un contoy 
desde Miranda de Ebro á Vitoria.— Oficio del General en Jefe al Ministro de la Gue- 
rra, referente al estado de la guerra y las disposiciones que esperaba adopur aquél.— 
Contestación del Ministro de la Guerra.— Se suspenden los trabajos de defensa de 
la linea de Miranda de Ebro á Vitoria.— Planes presentudos para la terminación de la 
guerra cÍTÍl.—Informe de una comisión respecto á dichos planes.— Movimiento de 
algunas fuerzas carlistas del Norte hacia Aragón.— Acción de Sangüesa.— Comuni- 
cación del general Villegas al General en Jefe, respecto al envío de refueraos á la 
izquierda de la línea.— Contestación del General en Jefe.— Disposición del Ministro 
de la Guerra referente á la concesión de licencias á los oficiales generales.— Tratan 
los carlistas de impedir la circulación en la vía férrea de Alar á Santander.— Carta 
de Dorregaray á Moñones referente á confiscación de bienes i los carlistas.— Contes- 
tación de Morlones.- Carta de La Serna á Dorregaray acerca del mismo asunto. 

A consecuencia de haber marchado á Madrid el general Za- 
vala» se encargó interinamente del mando del ejército del Norte 
el Excmo. Sr. teniente general D. Manuel de La Serna, según 
hemos dicho. 

En telegrama de 4 de Setiembre, decía el Ministro de la 
Guerra á La Serna, que el día 7 se extendería el decreto nom- 
brándole General en Jefe, y en efecto, así se hii^o. Ejerció por 
de pronto las funciones de jefe de E. M. G. interino el excelen- 
tísimo Sr. brigadier D. Marcelo de Azcárraga, pero en breve 
fué nombrado en propiedad el Excmo. Sr. mariscal de campo 
D. Pedro Ruiz Dana. 

Al entregar el mando del ejército del Norte el Marqués de 
Sierra Bullones, dirigió á los soldados la siguiente alocución: 

f Soldados del ejército del Norte: =No quiero negar que he 
hecho el mayor sacrificio de mi vida al dimitir el mando de este 
ejército. =En el breve período que he estado al frente de vos- 
otros, he quedado satisfecho de vuestras virtudes y convencido 
de que sois la mejor esperanza de la patriat =:Continuad obede* 



i 



3l8 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

ciendo á vuestros jefes, obedeciendo al Gobierno constituido y 
siendo, como hasta ahora, modelo de valor, de sufrimiento y dis- 
ciplina, seguros de la gratitud del pueblo español y del constan- 
te aprecio de vuestro general, =Juan de. Zavala.=Lo que de 
orden de S. E. se inserta en la general de este día para su pu- 
blicación. =E1 brigadier Jefe de E. M. G., interino, = Marcelo 
de Azcárraga. » 

La Serna, de acuerdo con Loma, se ocupó ante todo en es- 
tablecer la comunicación entre Vitoria y Miranda, á fin de que 
se pudieran trasportar los víveres y efectos detenidos en este 
punto con destino á aquella plaza. Previno á Morlones, que 
llamara la atención de los carlistas, ejecutando algún movi- 
miento en la provincia de Navarra. 

Ceballos situó su cuartel general en Alcanadre. 

La Serna pasó el 5 á Miranda, y en la mañana del 6 ocupó 
los'pueblos de la Puebla, Tuyo, Añastro y Armiñón, y se diri- 
gió también desde Vitoria á la Puebla el general Loma,. que 
había establecido parte de ^us fuerzas en Nanclares. 

Asegurado de este modo el paso por la carretera, empren- 
dió la máirchá el convoy. . 

- Visitó el General en Jefe la torre telegráfica de las Con- 
chas, y la proveyó de víveres en abundancia. 

. Habiendo practicado un reconocimiento en la carretera, en 
el trayecto de las Conchas á Nanclares, se descubrieron nueve 
barrenos. 

El octavo batallón de la guardia civil, de guarnición en Vi- 
toria, fué relevado por uno del regimiento de Soria, y pasó á 
Miranda y después al distrito de Castilla la Vieja, con objeto 
de que pudiera prestar el servicio de su instituto en las coman- 
dancias de León, Oviedo y Palencia, á que pertenecía. 

El General en Jefe regresó á Miranda el mismo día 6, y des- 
de este punto dirigió al Ministro, con fecha 8 de Setiembre, el 
ofldo. que á continuación se copia: 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. SlQ 

«Excmo. Sr.: — En mi deseo de llevar cuanto antes á cabo 
un plan de campaña que remití á V. E., para la resolución del 
Gobierno en aquella parte que es posible y más urgente, dados 
los elementos de que dispongo, voy á dar cuenta á V. E. de lo 
que ya he determinado y desde luego pondré en práctica si no 
recibo orden en contrario. =De regreso de mi expedición á la 
Puebla y las alturas de las Conchas de Arganzón, he tenido lu- 
gar de estudiar por mí mismo las condiciones del camino de Mi- 
randa á Vitoria, y he confirmado más mi opinión sobre la con- 
veniencia de asegurar esta importante vía de comunicación 
para el libre tránsito de las tropas y el comercio, no creyendo 
necesario esforzar á V. E. la trascendencia que ha de tener si 
llego á conseguirlo. =La situación en que se halla Vitoria, ca- 
pital del distrito de las Vascongadas y ciudad de importancia, 
viene siendo desde hace tiempo muy precaria, pues reducida su 
guarnición á muy corta fuerza, tiene que limitarse á la defensa 
de la población y á hacer pequeñas correrías sin apartarse mu- 
cho de sus murallas. =Esto da lugar á que sean muy difíciles 
las comunicaciones oficiales entre el General en Jefe y el ca- 
pitán general de las Vascongadas, y á que envalentonado el ene- 
migo tenga bloqueada aquella plaza con pequeñas columnas 
volantes, lo cual obliga de tiempo en tiempo á hacer expedicio- 
nes en que hay que distraer una gran parte del ejército» para 
asegurar las comunicaciones por unos días, á fin de que el co- 
mercio pueda abastecerla abundantemente de víveres y efectos 
por algún tiempo. Desde el establecimiento de la torre telegrá- 
fica en las alturas de las Conchas de Arganzón, se hace preciso 
verificar con más frecuencia estas expediciones, ya para abas- 
tecer á su pequeño destacamento, ya para evitar que caiga en po- 
der de los carlistas, que últimamente parece han formado empe- 
ño en tomarla. =No considero, pues, preciso encarecer á V. E., 
que todo lo que gana en influencia moral el enemigo con tal situa- 
ción, lo pierde el Gobierno, y por esta razón, lasque dejo expues- 



I 



320 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

tas y otras más que no se ocultan á V. E., me han hecho consi- 
derar como de primera necesidad restablecer esta comunicación, 
que podrá conseguirse fortiñcandoá la Puebla^ construyendo dos 
torres, una en la Concha de la izquierda é igual á la que ya exis- 
te en la de la derecha, y la otra en el alto de Nanclares, ocupando 
además algunos puntos intermedios; todo lo cual creo se podrá 
conseguir empleando dos ó tres batallones. =Para empezar desde 
luego, he dejado ocupada la Puebla con una brigada de todas ar- 
mas, incluso dos compañías de ingenieros y un jefe de este cuer- 
po, para que con toda actividad se hagan ios estudios, se acopien 
materiales y empiecen desde luego las obras; en Armiñón he 
situado otra brigada, y el resto de las fuerzas queda acantonado 
en las inmediaciones de esta villa. =La seguridad de la vía fé- 
rrea de Santander fíja particularmente mi atención, pues no 
desconozco todos los inconvenientes que ofrece y lo que afecta- 
ría al crédito del mismo Gobierno, que quedase interrumpida 
la más importante vía de comunicación que tenemos hoy con el 
extranjero y con nuestras tropas de Vizcaya y Guipúzcoa. = En 
mi proyecto señalo dos batallones para esta atención; hoy no 
tengo empleado más que uno, pero voy inmediatamente á refor- 
zarlo con la fuerza de guardia civil de la provincia de Santan- 
der, que formaba parte del octavo batallón de dicho instituto 
que salió antes de ayer de Vitoria, y que será muy útil por el 
conocimiento que ya tiene de la localidad, y veré además de re- 
mitir algunas fuerzas de carabineros, considerando que éstos 
institutos son más propios para esta clase de servicios que no 
para otros de línea. =E1 general Villegas, con sólo seis batallo- 
nes y sin artillería, se ve reducido á la inacción, y atendiendo á 
la gran importancia que doy á tener cubierta mi izquierda, me 
propongo mandarle dos batallones y una batería de montaña; 
con lo cual, y teniendo por base Medina de Pomar, cuyas forti- 
ficaciones dispongo se activen, podrá moverse haciendo algu- 
nas excursiones al interior cuando lo juzgue oportuno, dándose 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 321 

la mano con las tropas de Vizcaya, y llamando siempre la aten- 
ción del enemigo sobre aquella parte. =La toma de La Guardia 
es otra de las operaciones que deseo vivamente llevar á cabo, 
y como el paso principal para ir á ella es el puente de Cenicero, 
que está roto, ordeno que sin levantar mano se proceda á es- 
tudiar su recomposición, para ejecutarla inmediatamente, y una 
vez concluido, se emprenderá aquella operación, ó antes si me 
fuera posible. — Creo también de urgencia activar Is^s obras de 
defensa de Burgos, para su mayor seguridad, ya que su guar- 
nición no pueda ser numerosa por falta de tropas, y con tal 
objeto mando hoy á dicha plaza una compañía de ingenieros.^» 
El puente de Lodosa, importante paso del Ebro y el único 
que tenemos entre Logroño y Tudela, exige que se aumente 
su pequeña guarnición, compuesta hoy de una compañía de ca- 
rabineros; tampoco puedo descuidar los demás puntos de la 
orilla derecha del Ebro, los que me propongo revistar por mí 
en cuanto pueda, pero por el pronto comisiono á un jefe superior 
para qu6 los recorra todos, vea por si su estado, y sus necesi- 
dades, y me dé cuenta para proveer á ellas = Adoptadas estas 
disposiciones y reducidas las fuerzas del 2." cuerpo ó del cen- 
tro, con el batallón que ha ido á Vitoria en reemplazo del octa- 
vo de la guardia civil que ha marchado á Castilla la Vieja, los 
dos batallones que mando al general Moriones para situarlos en 
Sos á fin de impedir una expedición del enemigo por aquella 
parte, y que probablemente no podré retirar, y los que destino 
á los demás puntos que dejo indicados, me quedan de dicho se- 
gando cuerpo y división de vanguardia, disponibles, ig batallo- 
nes solamente; teniendo con esta fuerza que mantener una divi- 
sión en Miranda para acudir en caso de necesidad en socorro 
de las fuerzas que guarnecen la carretera de Vitoria, sobre to- 
do mientras no se hallen terminadas las torres y fortificación de 
la Puebla, y también para perseguir al enemigo si llevase á cabo 
una expedición, quedando sólo 12 batallones para el segundo 



322 NORTE. — TERCER PERIODO. 

cuerpo, que debe proteger las obras de recomposición del puente 
de Cenicero y acudir á los puntos de su derecha que lo exigen. = 
Respecto á Vizcaya, de acuerdo con lo que en oficio separado in- 
formé á V. E. contestando á la orden de ese Ministerio de 29 
de Agosto último, y con lo que tiene manifestado el general Mo- 
rales de los Ríos, le autorizo para llevar á cabo las operaciones 
necesarias para asegurar las minas de Triano, Galdames y Or- 
tuella y apoderarse de Bermeo, de acuerdo con la marina. Que- 
da por ahora como está la guarnición de Guipúzcoa. =No creo 
poder hacer más con las fuerzas de que dispongo, á pesar de 
mis buenos deseos y aun me debilito mucho con las fuerzas que 
dejo de Miranda ó Logroño; pero considero de necesidad ase- 
gurar á lo menos los puntos y las líneas que dejo señalados pa- 
ra contener al enemigo, y conforme vaya recibiendo refuerzos, 
iré aumentando mi esfera de acción; permitiéndome indicar á 
V. E. la conveniencia de reemplazar cuando menos el batallón 
de Ontoria que marchó á Cataluña, el de guardia civil que ha 
salido de Vitoria y aumentar la artillería de montaña con una 
batería, para reemplazar la que destino al general Villegas, 
mandándome además, por el pronto, la caballería que le sea po- 
sible. =:Es cuanto tengo el honor de manifestar á V. E. para su 
debido conocimiento y resolución que estime oportuna. = Dios 
guarde á V. E. muchos años. = Cuartel general en Miranda, 8 
de Setiembre de i874.=Excmo. Sr.:=Manuel de la Serna». 

(No existe entre los documentos que poseemos el plan de 
campaña á que se hace referencia. De este asunto trataremos 
más adelante). 

El Ministro contestó al General en Jefe, aprobando las dis- 
posiciones que éste había adoptado: 

«Excmo. Sr.:=He dado cuenta al Presidente del Poder Eje- 
cutivo de la República, de la detallada comunicación de V. E., 
de fecha 8 del mes actual, en la que hace presente el estado ac- 
tual de ese ejército y las disposiciones que ha juzgado V. E. con- 






MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 323 

veniente adoptar, por el momento, é ínterin las circunstancias 
permiten realizar por completo el plan de campaña que V. E. 
se ha propuesto. Es seguramente de importancia y convenien- 
cia suma, asegurar la comunicación entre Miranda y Vitoria, y 
para ello que se termine la fortificación de la Puebla y la cons- 
trucción de dos torres, una enfrente de la que ya existe en aquel 
trayecto y la otra en el alto de Nanclares, y ocupar algunos 
otros puntos intermedios. El citado Presidente está conforme 
con que, como preliminar para esas operaciones, haya dispues- 
to V. E. la ocupación de la Puebla por una brigada de todas 
armas, inclusas dos compañías de ingenieros con un jefe de este 
cuerpo, el que con toda actividad verificará los estudios necesa- 
rios y dispondrá el acopio de materiales, dando principio á las 
obras tan pronto como sea posible; asimismo aprueba que se 
haya situado otra brigada en Armiñón y que el resto de las 
fuerzas haya quedado acantonado en las inmediaciones de esa 
villa. La linea férrea á Santander tiene indudablemente la gran 
importancia que V. E. le concede, y, por lo tanto, su custodia 
y vigilancia son de sumo interés, así militar como político: en 
tal concepto, es acertado el aumento de las fuerzas dedicadas 
á dicho objeto con la guardia civil de la provincia de Santan- 
der y algunas de carabineros. Asimismo juzga el Gobierno 
conveniente que haya reforzado V. E. las tropas que manda el 
general Villegas, con dos batallones y una batería de montaña; 
con estos elementos podrá el citado General hacer alguna ex- 
cursión al interior, teniendo por base de operaciones á Medina 
de Pomar, cuyas fortificaciones deberán activarse, y dándose la 
mano con las tropas de Vizcaya, llamar la atención del enemigo 
hacia aquella parte. Ve el Gobierno con satisfacción que se ocu- 
pa V. E. en preparar elementos para recuperar en tiempo opor- 
tuno la plaza de La Guardia, y entre ellos, de la recomposición 
del puente de Cenicero, y que asimismo dedica su atención al 
de Lodosa, único é importante paso del Ebro entre Logroño y 



3a4 NORTE.^TERCER PERÍODO. 

Tudela, y que tampoco descuida los demás puntos de la orilla 
derecha del citado rio, y comisiona á un jefe superior para vi- 
sitarlos y exponer á V. £. sus necesidades. También aprueba 
el Gobierno haya dispuesto V. B. la marcha á Burgos de una 
compañía de ingenieros, con objeto de impulsar las obras de de* 
f ensa del citado punto. Reducido el segundo cuerpo de ese ejér* 
cito, contando con la división de vanguardia, á 19 batallones, por 
efecto de las que V. E. ha separado de él con otros objetos, no 
es ciertamente su efectivo el que seria de desear para las opera- 
ciones á que puede ser llamado; pero confía el Gobierno .en que 
las especiales dotes de V. £. sabrán sacar todo el partido po- 
sible de esas fuerzas, ínterin es dable enviar refuerzos á V. E-, 
para lo que se estudia el medio más rápido y acertado, cuestión 
íntimamente ligada con el plan de campaña propuesto por V. E., 
el que igualmente se examina con todo el interés y detenimien- 
to que merece asunto tan importante. Entretanto, se enviará á 
V. E. la batería que desea y la caballería, tan pronto como sea 
posible distraer dichas fuerzas de los servicios que hoy desem- 
peñan. Tenga V. E. la seguridad de que el Gobierno dedica á 
ese ejército incesante atención, así como aquél la tiene de que la 
pericia y actividad de V. E. son segura garantía de acierto pa- 
ra las operaciones que emprenda con las bizarras y sufridas 
tropas á cuyo frente se halla. Lo comunico á V. E. para su co- 
nocimiento y efectos consiguientes. =Dios guarde á V. E. mu- 
chos años.=Madrid 10 Setiembre de 1874.» 

A causa del mucho tiempo que era preciso emplear en la 
construcción de las obras necesarias para el sostenimifento de la 
línea de Miranda de Ebro á Vitoria, La Sema desistió de este 
intento, y dio cuenta de esta disposición al Ministro de la Gue- 
rra, en oñcio reservado de fecha 10 de Setiembre, que^decía así: 

fExcmo. Sr.:=Por mi comunicación de 8 del actual habrá 
tenido V. E. conocimiento del estado de los asuntos de esta 
guerra y d^ mi^ primeros propósitos al encargarme del mando. 



Mando del general la sbrna. 325 

Consideraba y considero como una atención de gran interés el 
restablecer la comunicación entre Miranda y Vitoria, y ya tenía 
decidido realizar los trabajos necesarios para asegurar el paso 
de las Conchas de Arganzón, llave de esa linea» cuando los úl- 
timos informes dados por el cuerpo de ingenieros ipilitares me 
han hecho suspender momentáneamente su ejecución, dispo- 
niéndome á retirar las tropas que tenia allí escalonadas, toda 
vez que exigiendo, según el parecer facultativo, mucho más 
tiempo del que en un principio se creyó, no debo ni mantener 
en la inacción á las tropas por tan largo plazo, ni dilatar otras 
empresas de realización preferente. Creía que con doce ó quin- 
ce días había lo bastante para dominar por completo y dejar 
asegurada aquella comunicación, y pensaba en seguida caer so- 
bre La Guardia, cuya posición es indispensable si no hemos de 
dejar las orillas del Ebro á merced de los enemigos. Pero en vis- 
ta, como digo, de más detenidos informes, desisto por ahora de 
aquel proyecto, y pienso, en cuanto prepare todos los medios y 
se verifique un reconocimiento, que de orden mía se está prac- 
ticando, marchar sobre aquella plaza, apoderarme de ella y res- 
tablecer sus fortificaciones, para quedar de nuevo dueño este 
ejército de todo el terreno importante comprendido entre la sie- 
rra de Toloño y el Ebro. V. E. sabe perfectamente que la po- 
sesión de aquel fuerte, entre otras importantes ventajas, limpia- 
rá por completo de enemigos toda esa zona, viéndose obligados 
aquéllos á repasar la sierra y á encerrarse de nuevo en las gua- 
ridas que les ofrece la vertiente septentrional de dicha cordillera. 
Todo lo que tengo la honra de exponer á V. E. para su debido 
conocimiento. =Dios guarde á V. E. muchos años.=Cuartel ge- 
neral en Miranda 10 de Setiembre de i874.=Excmo. Sr.:=Ma- 
nuel de la Sema, t 

El Gobietno aprobó esta disposición con fecha 12 del mis- 
mo mes. 

Por lo expuesto se comprenderá que llamaba seriamente la 



/ 



326 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

atención del Gobierno el estado de la guerra, siendo natural que 
su pensamiento predominante fuese el estudio del plan más con* 
veniente para terminarla. 

El general La Serna presentó al Gobierno un plan, señalan- 
do las operaciones que debían ejecutarse para la más pronta 
terminación de la guerra, y el brigadier D. Joaquín de la Gán- 
dara le presentó otro encaminado al mismo fin. No poseemos 
los originales de dichos proyectos, pero podemos marcar sus ba- 
ses generales. 

El plan del general La Serna era defensivo-ofensivo, y com- 
prendía dos partes: una llevaba el título de «Sistema militart, 
y otra el de «índole necesaria de la política de la guerra.» 

La primera parte abrazaba los siguientes extremos: 

Se establecería una línea defensiva de bloqueo de las provin- 
cias Vascongadas y Navarra, cuyos puntos llaves (así los llama- 
ba) serían: Laredo, Ramales, Medina de Pomar, Miranda de 
Ebro, Logroño, Los Arcos, Lerin, Larraga, Pamplona y la ca- 
rretera desde este punto á Irún. 

La línea de Castejón á Miranda de Ebro constituiría la ba- 
se de operaciones. Se fortificaría ésta, antes de emprender las 
operaciones, y se asegurarían sus comunicaciones con Madrid 
por las dos vías férreas. Se ocuparían algunos puntos dentro del 
actual campo enemigo, para estrecharlo y obligarle á la defensa 
de dichos puntos. Se organizaría el ejército del Norte en cuatro 
cuerpos: uno de éstos, el tercero, ocuparía la línea de Laredo á 
Miranda de Ebro; otro, el segundo, la de Miranda á Logroño; 
el primero la de Pamplona á Logroño, dándose la mano con el 
segundo, y el cuarto la línea de Pamplona á Irún. Se situaría 
una división en Bilbao, otra en Vitoria y otra en San Sebastián. 

En el caso de que no pudiera crearse el 4.° cuerpo para la 
defensa de la línea de Pamplona á Irún, se reforzarían los de las 
alas para impedir las expediciones. 

Quedarían guarnecidos los pueblos de Cenicero, Haro, San 



MAMDO del GENlíRAL LA SERNA. ^27 

Vicente, La Guardia, Viana, Calahorra, Castejón, Alfaro, Tu- 
dela, Lerin, Tafalla, Larraga y algunos otros. Se recuperaría á 
La Guardia, y se fortificarían Medina, Ramales, los pasos del 
Ebro, la ría de Bilbao, Burgos, Larraga, Santesteban y otros 
puntos de esta línea. 

Debían darse las órdenes para que las empresas de las vías 
férreas dispusieran desde Tudela á Miranda, de material sufi- 
ciente para el trasporte de lo.ooo infantes, 500 caballos y 20 
piezas de artillería. 

La segunda parte del plan del general Lá Serna compren- 
día las medidas de rigor que debían emplearse con los carlistas. 
Determinaba el perímetro de la línea liberal para que no pasa- 
ran por ella los recursos destinados al enemigo. Indicaba que se 
armaran partidas como la de Zurbano en la guerra civil de los 
siete años, que vivieran sobre el país enemigo, y que se facul- 
tara á las fuerzas liberales para que exigiesen á éste contribu- 
ciones y valores, pudiendo embargar los bienes de los carlistas 
y desterrar á sus parientes é imponer á aquéllos el duplo de los 
rescates exigidos á los liberales. 

La fuerza que pedía La Serna para la ejecución de su pro- 
yecto era 129 batallones (95.OQO hombres), 3.65o caballos 
y 126 piezas. 

Las ventajas de este plan eran: asegurar la base de opera- 
ciones y la comunicación con Madrid, y cubrir aquélla con la 
conquista de La Guardia, Viana y San Vicente; dar confianza 
á la opinión liberal, tener en alarma al enemigo, vivir sobre su 
país, agotar sus recursos y encerrarlo en él. 

El plan del brigadier Gándara consistía en mantenerse á la 
defensiva en el Norte, reforzándolo con 10.000 hombres, y to- 
mar la ofensiva en el Centro con 40.000 ó 50.000, además de 
los existentes en este teatro de la guerra, para acabar en él la 
insurrección en sesenta días, y dirigirse después con todas las 
fuerzas á Cataluña ó al Norte. . 






328 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

Proponía para el Norte el bloqueo y las reacciones ofensivas. 
No creía que en Cataluña fuera inminente el peligro. Pedía caño- 
neras para el bajo Ebro, que se situaran en Huesca dos bate- 
rías y dos batallones para impedir la unión de los navarros y los 
catalanes, y armar á los paisanos liberales del alto Aragón. En 
resumen: proponía que se contuviera al enemigo en el Norte y 
en Cataluña, y que se le atacara enérgicamente en el Centro con 
un ejército que debería mandar el jefe más caracterizado, que á 
la sazón era también del Estado. 

En vista de estos dos proyectos y de la suma importancia 
del asunto á que se referían, el Ministro de la Guerra convocó 
para su examen una junta de oficiales generales, compuesta de 
los Sres. Bassols, Ros de Glano, Turón, Echagüe, Quesada, 
Jovellar, Gaminde, Cervino, Grive, Gándara (D. José), Primo 
de Rivera, González del Valle, González Iscar, Gómez Pulido, 
Peralta, Vega Inclán, Montenegro, Ruiz Dana, Montero Gabu- 
ti. Gándara (D . Joaquín), Gómez de Arteche y Hallegg. 

Presentó el Ministro de la Guerra los dos proyectos al exa- 
men de la junta, y nombró ésta una comisión de su seno para 
que emitiera un dictamen acerca del particular, siendo los de- 
signados al efecto losgeneralep Jovellar, Primo de Riveray Mon- 
tenegro y los brigadieres Gándara y Gómez de Arteche, des- 
empeñando éste el cargo de secretario. 

Estudiado el asunto por esta comisión, emitió su dictamen 
en los siguientes términos: 

«La comisión encargada de emitir dictamen sobre los planes 
de guerra presentados por el Excmo. Sr. Ministro del ramo á 
la junta de señores generales, convocada por el mismo el día 8 
del mes actual, y suscritos, el uno por el teniente general don 
Manuel de la Serna, y el otro por el brigadier D. Joaquín de la 
Gándara, los ha examinado con la atención y el detenimiento 
que aconseja su importancia, y exigen las graves y hasta crí- 
ticas circunstancias porque está la nación atravesando. =Cua- 



ÍAAUt>0 DEL OÉNEliAL LA SEKKA. ^ÍQ 

tro sesiones ha celebrado la comisión en -el mismo día» y los tres 
siguientes al en que fué nombrada, en las que han logrado los 
que la componen llegar á un acuerdo casi perfecto. Si, como po- 
drá observar la junta en el acta de esas sesiones, ha habido al- 
guna divergencia en la apreciación del tiempo y de los medios 
necesarios para ejecutar, según uno ú otro proyecto, la campa» 
ña rápida y decisiva que de ellos se espera, no ha sucedido lo 
mismo en cuanto á la dirección que debía darse á la guerra ni 
al uso de los recursos existentes para en el más breve y posible 
espacio acabarla felizmente. Y ¡coincidencia extraña! dos pla- 
nes de operaciones en su primera lectura tan diferentes, han ver 
nido, al someterlos á un análisis escrupuloso, á hacerse practi- 
cables á la vez con algunas modificaciones tan necesarias como 
útiles.ssNo parece sino que han llegado como los descubri- 
mientos modernos, juntos y armónicos para complementarse, 
fundiéndose en uno solo, pero grandioso y completo pensamien- 
to militar, capaz de los resultados que con ansia tan patriótica 
se buscan. = Alguno de los firmantes ha encontrado, y asi cons- 
ta en el acta, cierta analogía entre estos planes y otros dos an- 
tiguos, debidos á la iniciativa enérgica y sabia de dos ilustres 
generales, tan entendidos en el arte dificilísimo de la guerra, 
como pródigos de su sangre. =E1 plan del señor brigadier Gán- 
dara tiene, con efecto, en lo que pudiera llamarse su ántesis, 
muchos puntos de semejanzfi con el ideado en 1838 por el in- 
signe general Narvaez, después Duque de Valencia, quien, ob- 
tenidos los ventajosos resultados que todos conocen en las pro- 
vincias de que se compone el territorio de la Mancha, proponía, 
por los medios mismos con que formó el ejército de reserva, 
crear uno poderoso con que acabar la guerra inmediatamente en 
el Centro y después en Cataluña. Si no llegó á ejecutarse aquel 
proyecto, no fué, en verdad, porque se tomara por quimérico, 
que hartas pruebas llevaba su autor dadas de ser un hombre 
práctico y sagaz; fué desechado por causas cuyo recuerdo no m 

Tomo v. • 33 



33o 



fíORTE.— tfiRÓEft PERÍODd. 



de este lugar seguramente. =Participaba también de esa opinión 
un general, cuya muerte gloriosa, pero prematura, llorará siem- 
pre España, el malogrado Marqués del Duero, quien manifes- 
taba á cuantos le oían^ y asi debe constar en su Memoria de 
Setiembre de 1873, que era necesario atender con esmero á la 
pacificación de las provincias aragonesas, para con ella hacer 
más fácil la de Navarra y el país vascongado. =E1 plan del señor 
general La Serna tiende, á su vez, á inquirir el medio de aislar 
la guerra en el Norte y acabarla con método y perseverancia 
por un camino, si no el mismo, muy próximo al emprendido por 
el inolvidable general D. Luis Fernández de Córdova, el cual, 
sin las contrariedades también de la política y sin las que por 
entonces le opuso la conducta vacilante de nuestra aliada la 
Francia, hubiera llevado á cabo su obra de pacificación. =Pero 
esa circunstancia, en vez de disminuir el mérito de los trabajos 
presentados al examen de la junta por el general La Sema y el 
brigadier Gándara, lo aumentan y fortifican con el apoyo de opi- 
niones tan autorizadas, sin quitarles nada por eso de su origi- 
nalidad, pues que nuevas situaciones y elementos distintos para 
vencerlas han de hacer brotar ideas que, aun apareciendo anti- 
guas á los espíritus poco reflexivos, tienen que entrañar el ca- 
rácter extraordinario de los fundamentos que las sustentan. Si 
los teatros de la guerra son hoy los mismos que en la de siete 
años, el número de los carlistas no es igual, excepción hecha 
del país vasco-navarro, cuyo armamento, ahora como entonces, 
significa un esfuerzo en que no le ha excedido pueblo alguno de 
Europa. En Aragón y Valencia, donde hoy habrá unos 15.000 
hombres en armas, no han adquirido las facciones, de consi- 
guiente, la fuerza ni la consistencia que presentaron desde 18379 
cuando el ejército carlista del Centro reunía de 26 á 28.000 
hombres, apoyados en plazas tan importantes como las de Mo- 
relia y Cantavieja para escalonarse, después, en su marcha in« 
vasora hacia el corazón de la Península, en Beteta y Cañete, i 



UaUDO Í)ÉL 6ENÉRAL \A ÍSEftNA. 33 1 

pocas jornadas ya de la capital. En Cataluña ño tienen tampo- 
co la pujanza que, caudillos más organizadores que los actuales^ 
habían llegado á obtener para sus secuaces en la alta Monta- - 
ña, cuyas principales avenidas y puntos más notables de refu- 
gio estaban asegurados también con extensas y bien entendidas 
fortificaciones. = Pero el nuevo armamento de un lado y la ex- 
tensión por otro que han recibido en estos últimos tiempos 
particularmente las comunicaciones, han hecho que, al variar 
los sistemas conocidos de guerra, la civil reconozca en Es- 
paña la necesidad de procedimientos, si semejantes quizás, de 
una eficacia muy diferente de la que antes entrañaban, dan- 
do una ventaja inmensa á la causa que pueda contar en supe^ 
rior número con esos elementos poderosos para la lucha. = 
Es verdad que son auxiliares más influyentes en la guerra de- 
fensiva que en la conveniente al ejército liberal, cuya misión 
es la de sujetar las provincias rebeldes; pero como para ejercer 
su propaganda y levantar en armas, primero, las comarcas que 
más con ellos simpaticen, y para obtener, por fin, un triunfo 
decisivo, tienen los carlistas que salir de las ásperas montañas 
en que se abrigan, es evidente que loe telégrafos, las vías fé- 
rreas, y las nuevas armas de fuego, hail de ser en último tér- 
mino más provechosos para los libérales, con recursos, sobre 
todo, superiores para procurárselos en la grande escala en que 
se necesitan. =No cuenta el ejército con el número de hombres 
que en la guerra civil anterior, ni el país revela el grande en- 
tusiasmo que no cesó de mostrar en ella; pero tampoco los car- 
listas han llegado á reunir la fuerza que entonces, ni los pue- 
blos que ayudan á la rebelión se hallan animados del ardor que 
los distinguía, mostrándose ahora descontentos y abatidos. = 
La situación, pues, actual, gravísima, como indudablemente 
aparece, no lo es tanto como la en que la causa liberal carecía 
de los medios que la civilización le ha proporcionado para ob- 
tdier noticias con la prontitud del rayo, acudir iñmediatámeñ' 



332 KOfttE.— tÉftCÉft PERÍODO. 

te á los punios de peligro, y romper, cuando sea necesario, con 
sus poderosas máquinas cuantos obstáculos le opongan en sus 
ásperos abrigos el espíritu de descontento y de rebelión innato 
en las provincias, precisamente más favorecidas, de la Penín- 
sula. = Razones son todas estas que aconsejan cambiar el siste- 
ma militar seguido en la guerra civil de 1833 á 1840, en laque 
la historia, por otra parte, nos enseña bien elocuentemente, 
por cierto, que, con dar la preferencia á las operaciones del 
Norte, se caminaba á pasos ajigantados á la ruina de la causa 
liberal, amenazada ya de cerca por el ejército carlista del Cen- 
tro, cuya organización, crecimiento y desarrollo habían sido 
en un principio y por mucho tiempo despreciados.=Por eso la 
comisión acepta como el más útil y conveniente de los proyec- 
tos que pudieran formarse para la campaña á que dará lugar é 
impulso la incorporación de la última quinta en las filas del 
ejército, el presentado por el Sr, brigadier Gándara, que acon- 
seja la defensiva en el país vasco navarro y Cataluña, para, 
reuniendo todos los demás recursos disponibles de la nación, 
arrojarlos al territorio del Centro, á fin de acabar en un plstfo 
brevísimo con las facciones que lo infestan. =Esas facciones no 
han adquirido todavía la solidez de antes; se hallan en un esta- 
do embrionario, sin organización todavía y sin los elementos 
auxiliares para fortificarse y resistir en sus comarcas más fáci- 
les de defensa por elevadas y abruptas, ó por apartadas de toda 
comunicación £&cil y cómoda. El teatro de la guerra es vasto; 
el terreno en general áspero, roto de una manera inexplicable 
por los movimientos internos del globo ó las degradaciones de 
las aguas; la pobreza del país, manifiesta; las poblaciones se 
se hallan muy distantes entre sí, y los caminos, por fin, son en 
número escaso y están generalmente descuidados. Pero, á pe- 
sar de esas, que naturalmente son desventajas para el ejército 
liberal, existen zonas importantísimas que convidan á la forma- 
ción de grandes bases de operaciones, desde las que, contando 



j 



MANDO DEL GBNBRAL LA SERNA. 333 

con fuerzas numerosas, se puede estrechar notablemente el 
teatro de acción militar para invadirlo, después, y sujetarlo. 
La línea de Valencia á Tortosa, por el litoral del Mediterráneo, 
recorrido por un camino de hierro que pasa por poblaciones tan 
ricas é importantes, como SaguntOi Castellón, Alcalá de Chis- 
bert y Vinarpz, es indudablemente la más robusta, dilatada y 
útil de esas grandes bases de operaciones. El ejército no care- 
cerá de nada en ella, y en ella encontrará también las entradas 
más fáciles y los caminos estratégicos por donde remontarse al 
territorio del Maestrazgo, centro, como no puede menos de ser- 
lo, de las operaciones de los carlistas, por lo elevado y mon- 
tuoso de sus tierras tajadas sobre los países más feraces de 
Europa. =Opuestamente á esa linea, existe la de Zaragoza á 
Calatayud, y en sentido casi perpendicular á ella la de Calata- 
yud á Daroca y Calamocha, recorrida la primera, tambiéUi por 
una vía férrea de las más importantes, y la segunda por una 
carretera que, extendiéndose hasta Teruel, empalma allí con la 
que por Segorbe dirige á Sagunto, siguiendo la cuenca y las 
aguas del Palancia. En esas líneas deben fundarse otras de las 
bases de operaciones que en combinación con la del Ebro, ocu- 
pada también militarmente y surcada en sus aguas por algunas 
cañoneras propias para la navegación de aquel río, reduzcan, 
según antes se ha dicho, el territorio rebelde al menor espacio 
posíble.=Bien guarnecfdas esas lineas y provistas con abun- 
dancia de toda clase de municiones de boca y guerra, del mis- 
mo modo que los puntos del interior que, según su vecindario 
y su situación, pudieran serlo de depósito, el ejército hallaría 
en todas direcciones una gran facilidad para sus abastecimien- 
tos, evitando el arrastre en pos de sí de una impeiUnenta que 
entorpece siempre, y hasta impide, á veces, sus marchas. Dis- 
tribuido en columnas de 5 ó de 6.000 hombres, y partiendo de 
esas bases de operaciones con movimientos combinados, según 
la sitiiación de las fuerzas carlistas, por los caminos existentes 






334 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

abiertos en los valles que señalan otras tantas lineas secunda- 
rias, pero importantísimas también, parala invasión y el bloqueo 
del Maestrazgo, es de esperar que el enemigo abandonaría 
muy pronto el territorio en que campea, bien pasando el Ebro 
para reunirse á las facciones de Cataluña, bien para ir á disol- 
verse en terrenos donde no encontraría los elementos de resis- 
tencia que en el de su cuna y desarrollo. = Alguno, recordando 
el sistema de guerra carlista que, como la junta sabe perfecta- 
mente, consiste en el de dispersiones y concentraciones, según 
la ocasión y el caso, há mostrado duda respecto á la rapidez 
de los efectos que el método propuesto hace esperar. Lo exten- 
so, por una parte, del territorio, despoblado, por otra, en va- 
rias de sus comarcas, haciéndolo casi impracticable en algunas, 
permitirá, en su concepto, que las facciones burlen á veces la 
persecución, por.viva y tenaz que sea, logrando mantener en 
ellas el fuego de la rebelión un. espacio de tiempo, precioso 
para las atenciones de la guerra en las provincias del Norte. 
Mas las circunstancias han variado mucho de las en que eso su- 
cedía y debía suceder, aun sin contar con el superior número de 
tropas que ahora se destinaría á la campaña del Centro. El es- 
píritu de los pueblos es muy diferente, y así lo hacen presumir 
las noticias y confidencias facilitadas á alguno de los firmantes 
que acaban de hacer allí la guerra; y siendo el país, como lo es, 
pobre y de clima destemplado y vario, si el enemigo no recibe 
de esos pueblos el auxilio que le es indispensable para su subsis- 
tencia, habrá de alejarse de éL Y si pasara el Ebro, empresa no 
fácil en las condiciones en que se ha manifestado podría poner- 
se su curso con las cañoneras de vapor, sería para no repasarlo 
nunca, á cuyo ñn, acabada la acción de las tropas en el Centro, 
se podría fortalecer y vigilar la línea hasta hacerla intransitable 
para los carlistas. Tan eficaz y tan rápida seria la campaña, si 
se dotaba al ejército de los medios que propone el Sr. brigadier 
(rándara, que varios de los que forman la comisión creen que, 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 335 

ante el espectáculo de las fuerzas y de los preparativos con que 
hubiera de inaugurarse aquélla, las facciones se disolverían sin 
esperar á que trascurriese el plazo calculado. = Pero es necesa- 
úó, para eso, que el Gobierno no descuide, ni por un momento, 
la reunión de todos los medios disponibles, la ocupación inme- 
diata de las bases de operaciones, la fortificación de sus puntos 
de apoyo, los aprovisionamientos que ha de requerir la presen- 
cia del ejército ni la reunión de las tropas en los puntos de don- 
de ha de partir su acción oportunamente. = También verá la 
junta en las actas, que hay quien dude de que llegue á reunirse 
una masa de combatientes tan considerable como la señalada 
por el Sr. brigadier Gándara, la de 40 á 50.000 hombres más 
de los existentes en el territorio del Centro. =No es, ciertamen- 
te, fácil, si bien se examinan los estados de fuerza, hacer una 
distribución en que quepa al ejército del Centro número tan ele- 
vado de tropas. =£1 Sr. brigadier Gándara aconseja se envíen 
al Centro las que deje disponibles la quinta que acaba de veri- 
ficarse, más numerosa, por cierto, de lo que era de presumir por 
el resultado de las anteriores. Así debe hacerse, con efecto; y es 
de esperar que si el relevo de las guarniciones no da por el pron- 
to la fuerza que se desea, no tardará en reunirse la necesaria 
para llenar cumplidamente el objeto á que se aspira. No debe 
arredrarnos tampoco la idea de que pase algún tiempo más del 
de 60 días marcado en el proyecto; la cuestión es de resultados 
más que de tiempo, que ciertamente sería muy sensible se per- 
diese, pero que, aun así, no debe retraemos de la ejecución de 
un pensamiento que hace esperar el éxito más completo. =:Lo 
que más urge, es la actividad y la energía en las medidas que 
hayan de tomarse para la preparación de la campaña; porque 
cada día que pasa debilita la acción del plan, y es necesario evi- 
tar el que las facciones se organicen y fortifiquen antes de que 
esa acción pueda hacerse práctica, y sea, de consiguiente, deci- 
siva. =Llevada á feliz término la campaña «n el Centro, cree 



536 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

la comisión en su mayoría que no deben trasladarse las tropas 
i Cataluña, sino que, por el contrario^ conviene dirigirlas al 
Norte, donde las considera más necesarias. =La guerra» entre- 
tanto que se haga en el país vasco-navarro, debe ser defensiva 
en toda la latitud que el arte militar concede á esa palabra. == Y 
aquí va la comisión á dar su parecer sobre el proyecto del señor 
general La Serna y á demostrar que, modificado en algunas, no 
muchas, de sus partes, puede ejecutarse á la vez que el del se- 
ñor Gándara y servir para que el de este brigadier sea todo k> 
eficaz que el mismo y la comisión esperan .«^Consiste el siste- 
ma propuesto por el actual General en Jefe del ejército del Nor- 
te en el establecimiento de una linea defensiva de bloqueo de las 
provincias Vascongadas y Navarra, que comenzando en la costa 
del cantábrico se extienda hasta el Bidasoa por Medina de Po- 
mar, Miranda de Bbro, Logroño, Larraga y Pamplona, desde 
donde llegaría á Irún por la carretera que desciende al valle del 
Baztán. Asegurada esa línea general con la fortificación de los 
puntos que se considerasen más propios, y aseguradas las comu- 
nicaciones con Madrid por los ferrocarriles de Miranda á Burgos 
y de Castejón á Zaragoza, podría elegirse como base de ope- 
raciones la parte de linea comprendida entre el primero y el ter- 
cero de esos pueblos ribereños del Ebro, en cuya orilla izquier- 
da se deberían también ocupar La Guardia, Viana y S. Vicente, 
así para cubrir bien la base de operaciones como para observar 
y tener en jaque siempre al enemigo. Ese estado de defensiva, 
dirigido, más que á otro objeto, al importantísimo de ejercer 
un bloqueo riguroso que prive á las facciones de los recursos 
que, por falta de vigilancia^ recibe del interior de España, no 
obstaría ala ejecución de grandes reacciones ofensivalp con que 
mantener á los carlistas en constante alarma é impedirles toda 
empresa contra las poblaciones liberales del país y las salidas 
que pudieran intentar á Castilla 6 Aragón.=Para ejecutar ese 
plan, considera el Sr. general La Sema que necesaria una fuerza 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 33/ 

de 95.000 hombres, 3.650 caballos y 126 piezas de artillería. 
s=De haber de ejecutarse en todas sus partes, seria ese pro- 
yecto, como puede observar la junta por su sola enunciación, 
incompatible con el del Sr. brigadier Gándara. Pero conside* 
rando que sus procedimientos habrían de ser siempre lentos y 
su éxito no inmediato, dando, por las razones ya expuestas, la 
preferencia, 6 mejor dicho, la prioridad al que tiene por objeti- 
vo el territorio del Centro, y previendo las dificultades que se 
encontrarían para el establecimiento de la Unea de bloqueo en 
la de Pamplona á Irún, ha creído la comisión que, con restrin- 
gír en la ejecución de esa parte el proyecto y aumentar el ejér- 
cito con una fuerza tan sólo de 10.000 hombres, se harían los 
dos planes compatibles, y hasta se completarían uno á otro para 
producir un resultado del todo satisfactorio. = Las explicaciones 
del señor general Primo de Rivera, tan experto en la guerra del 
Norte, han dado á conocer á la comisión que con ese refuerzo y 
un sistema mixto de operaciones defensivas y ofensivas, hábil- 
mente seguido, se puede obligar á los carlistas á mantenerse en 
el país y evitar de todos modos una extensión de su fuerza que 
hiciese imposible después su vencimiento. =:Con la fortificación 
de los puntos en que hubiera de apoyarse la línea de bloqueo, y 
con la de otros que vigilasen el país enemigo á su frente ó den- 
tro de él, pero en comunicación segura con ella, llegaría á 
hacerse tan comprometida la situación de los navarrosy vascon- 
gados rebeldes, que, mejor que á salir del territorio que domi- 
nan, se dedicarían á defender los valles que el ejército invadiría 
de improviso é incesantemente para arrebatarles sus provisiones 
de boca y guerra. Esas incursiones, no sólo impedirían el que 
los carlistas acumulasen sus fuerzas sobre un punto importan- 
te de los que guarnece el ejército en aquellas provincias, pues 
que siempre tendrían su atención y su fuerza ocupada en defen- 
der los de su frontera, sino que estorbarían también la salida de 
expedición alguna importante al interior de la Península, = Una 



1 



338 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

concentración de las fuerzas carlistas sobre Bilbao, por ejem- 
plo, Irún 6 Hernani, provocaría una empresa de nuestra parte 
sóbrela Borunda 6 109 valles del alto Arga, desde Vitoria 6 Pam- 
plona, así como la amenaza hecha á las poblaciones de la Ribe- 
ra, animaría á nuestra izquierda á invadir Orduña y Valmaseda 
y á nuestro Centro á presentarse sobre los valles que se despren- 
den de la cordillera hacia Vizcaya y Guipúzcoa. =Por eso con- 
sidera la comisión, como muy conveniente, la distribución del 
ejército, últimamente hecha en el Norte, casi igual á la propues- 
ta por el señor general La Serna en su proyecto, sin que eso 
obste de ningún modo á la unidad de mando, absolutamente ne- 
cesaria allí, como en todas partes, en el sistema que se aconseja, 
como en todos los militares posibles, ni obste á las medidas que 
deben tomarse para facilitar la reunión de todas las divisiones 
dónde y cuándo se prevea pueda ser conveniente. =Las expedi- 
ciones al interior de España ofrecen difícultades que de día en 
día se van haciendo insuperables. Si las fuerzas que hayan de 
emprender una cualquiera, sea á Aragón ó á Castilla, son de al- 
guna consideración, necesitan llevar tras de sí un convoy tal de 
carros ó de acémilas, que haría imposibles los rápidos y excén- 
tricos movimientos á que se verá obligada por las columnas que 
inmediatamente saldrán á perseguirla. Con hacer observar la 
prodigalidad del soldado en el fuego, y decir que tma acémila sólo 
puede resistir el peso de 2.000 cartuchos, basta para elcálculode 
los bagajes, que serian necesarios á una columna de 6 ú 8.000 
hombres, la cual, al internarse en España, tendría, por otra par- 
te, que abandonar toda idea de abastecerse de municiones hasta 
que volviera á las provincias. Los telégrafos, además, y los fe- 
rrocarriles son, como antes se ha dicho, auxiliares poderosos i 
disposición solamente de las fuerzas liberales que, por su medio, 
impedirían la invasión en algunas comarcas, y servirían para 
alcanzar á las expediciones mucho antes que en la guerra civil 
pasada. = Si á eso se añade el recuerdo de lo^ fatales resultados 



MANDO DHL GENERAL LA SERNA. 339 

que en general produjeron para su causa las expediciones car- 
listas, desde las de Guergué y Gómez hasta la más célebre de 
todas, la Real, verificada en 1837, puede contarse con la proba- 
bilidad de que na las intentarán en la guerra presente. Inútil es 
el traerlas á la memoria de los señores generales que componen 
la junta, actores casi todos en aquella lucha dilatada y san- 
grienta, y por eso omitimos su historia tan triste para los expe- 
dicionarios que, al regresar á sus abrigos del Pirineo, era raro 
el caudillo que no fuese á pagar en una fortaleza las culpas, no 
suyas, sino de la fuerza natural de sucesos que era muy difícil 
resultasen afortunados, lejos de la base de operaciones y en co- 
marcas animadas de un espíritu muy distinto del que dominaba 
en las vasco-navarras.=Las expediciones que se intentaran 
ahora, recibirían un escarmiento aun mayor por la inmensa su- 
perioridad que reconocen los ejércitos modernos sobre los anti- 
guos con el uso de las nuevas piezas de campaña, y por la que 
siempre ha de proporcionar á las armas liberales la excelencia 
de su caballería.=Si ésta se aumenta por los medios que el Go- 
bierno crea más eficaces, y se aumenta en una proporción gran- 
de como la comisión aconsejará siempre, podrian establecerse 
cuerpos de esa arma bastante considerables en puntos verdade- 
ramente estratégicos, como Valladolid ó Burgos y Zaragoza^ 
desde los cuales cabria el dirigirlos inmediatamente sobre el 
enemigo, tan pronto como se tuviera noticia de una expedición 
para, combinando sus movimientos con los de las columnas 
perseguidas, hacer su acción decisiva. = Y aquí tocaá la comi- 
sión hacer presente á la junta la conveniencia de que el Gobier- 
no estimule y aun obligue á las empresas de ferrocarriles á que 
no sólo mantengan en la linea de Miranda á Castejón los trenes 
que indica en su proyecto el señor general La Serna, sino que 
los dote con un material propio para el desembarco de la caba- 
llería y de la artillería en cualquiera punto dentro ó fuera de las 
estaciones. =Pero repetimos que lo probable es^que no se inteU' 



340 



NORTE.— TERCER PERIODO. 



ten las expediciones, pues harto saben los carlistas que serian al 
momento escarmentadas, y á lo que, de todos modos, debe 
atenderse por nuestra parte, es á hacer el bloqueo lo riguroso 
posible y á estrecharlo cuanto sea dable con las fuerzas de que 
se disponga. =£ste es uno de los puntos á que los firmantes han 
dedicado su mayor atención, por considerarlo de una importan- 
cia extraordinaria. =Las órdenes que hoy rigen sobre el bloqueo 
no se cumplen con el rigor y la exactitud que convendría de aquí 
en adelante. .Si el ilustre general Marqués del Duero, impul- 
sado por aquellos nobilísimos arranques característicos en 
él, y con la esperanza de destruir de un solo golpe las que 
pudieran tener los carlistas para el triunfo de su causa, no im- 
puso orden en la práctica del bloqueo, filé porque, según co- 
municaciones que existirán en el Ministerio, y cuyo extracto 
apareció en Jos periódicos, debió iniciar algún trato con los 
generales enemigos para la libre circulación de los trenes por 
los caminos de hierro que cruzan las provincias Vascongadas. = 
Al hombre tan aplicado al fomento de la riqueza pública co- 
mo al estudio de las grandes cuestiones militares, repugnaría 
sin duda cerrar los abundantes mercados de las provincias 
limítrofes y más todavía, el que Bspaña ofreciera el expec- 
táculo de la devastación que los carlistas se han esmerado en 
ejercer en unos caminos que, no en pequeña escala, han con- 
tribuido los capitales extranjeros á construir y entretener. = 
Pero sus proposiciones fueron desechadas ó, á lo menos, fué sqda- 
zado su estudio por los jefes carlistas; y hoy día es necesario 
que ellos y sus secuaces sientan el peso de medidas que, ejecu- 
tadas con rigor, pueden privarles hasta de los artículos más ne- 
cesarios para su subsistencia. =:£s cierto, y alguno de los indi- 
viduos de la comisión lo ha hecho observar, que mientras no se 
intercepten los pasos de la frontera francesa, no podrá hacerse 
el bloqueo eficaz ni mucho menos; pero ni el Gobierno francés 
puede continuar por el camino de tolerancia hasta ahora segui- 



iiAÑbo í)eL GEÑnftAL la SfiftWA. 34f 

do^ ni por eso debe renunciarse á un pensamiento cuya realiza- 
ción ha de hacer sentir de todas maneras grandes y apremian- 
tes necesidades á ios carlistas. =Para llevar á cabo el bloqueo, 
podría convenir la formación de algunas partidas móviles que 
ejerciesen Una policía severa en los caminos que conducen á las 
provincias rebeldes asi á retaguardia como á Vanguardia de 
nuestras líneas. Esas partidas, organizadas y con una discipli- 
na que el General en Jefe del ejército del Norte cuidaría fuese la 
más propia para el fin á que se las dedica, sin detrimento, por 
supuesto, del decoro de aquel mismo ejército ni del Gobierno 
Supremo, impedirían el tránsito de las líneas á los artículos de 
comercio y á las personas todas, observarían los movimientos 
del enemigo, procurarían privarle de los recursos con que con- 
tase en la frontera y harían el servicio de avanzadas en cuanto 
cupiese en el número y osadía de los individuos que las compu- 
sieran. = Y como, además, hay necesidad de vigilar el terreno 
propio, el ocupado por el ejército, de donde pueden salir las con- 
fidencias que revelen al enemigo las órdenes de los generales y 
los movimientos de las tropas, así como recursos también pro- 
porcionados por parientes de carlistas ó partidarios de su causa, 
sería conveniente que la policía se extendiese á los pueblos com- 
prendidos en una zona cuyo radio podría señalar también el Ge- 
neral en Jefe ó el Gobierno. Pero á fin de evitar los abusos á que 
eso pudiera dar lugar, repugnantes siempre y contrarios á la 
dignidad de un paíd culto, la comisión considera conveniente 
la creación en un punto céntrico de las líneas, en Logroño por 
ejemplo, de una junta ó guerra compuesta de un jefe militar de 
alta graduación y una persona caracterizada por cada una tam- 
bién de las provincias Vascongadas, Navarra, Burgos y Logro- 
ño, junta que centralice esa policía, dictando, bajo la inspección 
previa del General en Jefe^ las medidas de rigor propuestas 
por el Sr. general La Serna y que deban emplearse contra 
los partidarios de la causa carlista, favorecedores suyos, y loi 



¿42 * ííOfeTE. — tERCÉR PERÍODÓ. 

parientes próximos de aquellos que se hallasen sirviendo en las 
filas del Pretendiente. =Realizado así el bloqueo, restringido el 
proyecto del Sr. general La Serna en la parte referente ala lí- 
nea de Pamplona á Irún; hecha la distribución de las fuerzas 
según propone, pero con el aumento que se señala repartido en- 
tre las que operan en el ala izquierda para atender á la salida 
de cualquiera expedición, si á pesar de todo se intentase, y las 
que se establezcan en San Sebastián para la defensa de los pue- 
blos próximos y las excursiones á que puedan dar ocasión las 
operaciones de los carlistas en Guipúzcoa, cree la comisión que 
será muy difícil, sino imposible, que las facciones crezcan en 
el país vasco, ni se extiendan por ninguno de sus flancos. = 
Afortunadamente para la causa liberal, los teatros de la guerra 
se hallan separados entre sí por obstáculos tan poderosos, que 
es muy fácil mantenerlos en el aislamiento que la naturaleza 
les ha impuesto. La barrera del bajo Ebro, á poco que se la vi- 
gile con los cañoneros y desde los puntos que se fortifiquen, á 
los cuales ó á Tortosa deben llevarse todos los barcos y balsas 
que se encuentren en sus aguas, es muy difícil de salvar por 
las facciones. El alto Aragón, por la otra parte, separa á Cata- 
luña de Navarra con ríos y montañas, que no pueden cruzarse 
sino con gran trabajo y gravísimos riesgos. El espíritu liberal 
de aquellos leales aragoneses, lo áspero, pobre y despoblado de 
la tierra alta y el caudal considerable que los ríos llevan en la 
región inferior, serán siempre un valladar insuperable para los 
carlistas, si se establece en punto conveniente la fuerza que 
propone el Sr. brigadier Gándara ó alguna más importante á 
ser posible. = Esta precaución es de las más necesarias; porque 
el alto Aragón es precisamente el territorio propio para en las 
actuales circunstancias y con mayor razón si llegara á ponerse 
en práctica el plan que se discute, servir de lazo de unión entre 
los diferentes ejércitos carlistas. Así por el peligro que van á 
correr los del Centro, como porque la distancia que los sepaia 



lilANDÓ Í)É¿ GfiNE^AL La áE^NÁ. 34J 

animan á una expedición que no ofrece los inconvenientes in- 
superables que otras por el trasporte de las municiones, los 
vasco-navarros han de intentar el auxilio que sólo ellos, si ha 
de ser eficaz, pueden darles. Hay, pues, que vigilar con esmero 
las avenidas de la canal de Verdún y de las Cinco villas, en pri- 
mer lugar, y los pasos del Gallego y el Cinca después, con el 
fin de impedir el paso de los expedicionarios y la comunicación 
entre las provincias rebeldes. = Interminable sería el presente 
informe si la comisión hubiera de detenerse á presentar al jui- 
cio de la junta las diversas observaciones que á cada uno de 
los extremos referidos pudieran añadirse. No lo hará, así por la 
urgencia del caso, como porque está segura de que no han de 
escaparse á la perspicacia de los señores generales á quienes se 
diríge. No llamará tampoco la atención de la junta sobre otros 
dos proyectos que le han sido presentados; fruto, el uno de los 
estudios y la experiencia militar del entendido general Bassols, 
director del cuerpo de inválidos, anónimo el otro, pero diri- 
gido á la comisión por el Excmo. Sr. Ministro de la Guerra. 
Los dos tratan tan sólo de una campaña en el Norte y con 
fuerzas cuyo número seria imposible reunir en aquellas provin- 
cias^ sin abandonar las más perentorias obligaciones en las de- 
más rebeldes. Y si el primero es ingenioso, como no puede me- 
nos de serlo procediendo de tan cumplido soldado, el segundo 
remonta el pensamiento de las operaciones que aconseja, á zo- 
nas donde es innecesario el uso de una fuerza que, por otra 
parte, distribuye en columnas cuyos movimientos, por lo ais- 
lados, podrían causar su completa ruina. = No terminará, sin 
eipbargo, su ya largo* dictamen sin recomendar la adopción de 
algunas medidas generales que espera ofrecerían utilidad mani- 
ñesta al ejército y á la causa liberal por consiguiente. =Ha ex- 
puesto ya la necesidad de aumentar la caballería en una escala 
proporcionada á los servicios importantes que deben esperarse 
de un instituto que, á pesar de los terribles efectos de las nue* 



Í44 ^/dftfE.— tEftCÉft PERÍODO. 

vas armas, sigue representando un papel muy principal en la 
guerra. =De recibir pronto ese refuerzo la caballería, podría 
pensarse en el esteblecimiento de las reservas de que no hace 
mucho ha tratado la comisión, y á la formación de un cuerpo 
de tropas, en su mayor parte de esa arma, que prestara en Na- 
varra el servicio que prestó la división de la Ribera en la gue- 
rra civil de siete años. =También creen los firmantes deber lla- 
mar la atención de la junta sobre la conveniencia de crear una 
fuerte reserva para los fines en general que su mismo nombre 
revela, que no es imposible que llegue á hacerse necesaria á 
poco que aun dure la guerra tan cara en sangre como en todo 
género de recursos. No se resuelve la comisión á dar su parecer 
acerca de un punto orgánico á cuyo estudio no ha sido llama- 
da; pero no por eso, ha dejado de meditar sobre un pensamien* 
to del mismo Sr. brigadier Gándara, que ofrece la ventaja de 
que ^in trasgredir ley alguna haciendo, por el contrarío, respe- 
tar las vigentes, traería al ejército una fuerza respetable que 
las ha eludido. Nos referimos al número considerable de prófu- 
gos de los alistamientos anteriores que, recogidos por las auto- 
ridades, podrían servir para la formación de una reserva im- 
portante. La comisión acompaña copia de las tlndicacionest 
presentadas por el mencionado Brigadier, por si cree la junta 
deberlas elevar á la superioridad. =Lo que no dejará de recor- 
dar es los eminentes servicios que en la guerra de siete años 
prestaba la milicia nacional para el sostenimiento del espíritu 
público y en la defensa de las poblaciones, sellando con la san- 
gre de los individuos que la componían su amor á las institu- 
tuciones porque comenzó á regirse entonces la nación. Si cau- 
sas que no toca á la comisión examinar, {MÍvan al país en gene- 
ral de aquella verdadera y en aquel tiempo útil reserva, parece 
que podría sacarse fruto no despreciable de la organización de 
fuerzas de voluntarios en las poblaciones más importantes de 
una zona cuya extenxión determinaría el Gobierno, en el perí- 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 346 



metro de los territorios rebeldes. Esos voluntarios, entre los cua- 
les por patriotismo hay algunos en armas, no sólo parala defensa 
de sus hogares sino también de otros puntos, prestarían induda- 
blemente en los de su residencia servicios que, redundando en 
el de la causa liberal, aliviarían al ejército del cuidado y de la ne- - 
cesidad de muchas guarniciones hoy confíadas á su exclusiva 
custodia. =La organización del ejército entraña problemas cuya 
resolución fácil al parecer á veces, lo es muchas de verdadera im- 
portancia. No es la cantidad sino la calidad lo que da fuerza al 
ejército: el patriotismo en los soldados y unidos á él, el genio ó 
el arte en los jefes, son los que hacen verdaderos prodigios en la 
guerra. Las empresas más grandes que la historia menciona, han 
sido ejecutadas por ejércitos poco numerosos. Pero cuando las 
necesidades modernas han traído la del número en las batallas, 
ha sido, además, preciso atender á fomentar más y proporcio- 
nalmente á las cifras que alcance la educación de las clases. La 
academia actual para la infantería adolece de un defecto no li- 
gero desde el momento en que haya de ser breve el tiempo de 
permanencia en ella; el de haber limitado la edad para el ingre- 
so de los cadetes. Dadas las circustancias actuales y la necesi- 
dad urgente de surtir al ejército de oficiales inteligentes y, á la 
vez, bastante vigorosos para soportar la campaña é imponerse 
antes á sus mismos subordinados, parece que convendría no 
limitar la edad para el ingreso de los cadetes en la academia, 
con el objeto de que acudan á las convocatorias que se hagan, 
jóvenes con carrera ya concluida ó, por lo menos, con estudios 
bastante adelantados para, con alguna práctica militar en aquel 
establecimiento ó en ün campamento como el de la Moncloa, 
poder entrar en las filas del ejército en clase de oficiales. = 
La comisión cree haber terminado el cometido que la junta le 
confió en su sesión del día 8, y no desea sino que en su trabajo 
sobrio y todo como es, resplandezca el deseo del acierto que 
anima á los que la componen. No dirá, sin embargo, su úl- 

ToKO V, - 33 



346 NORTE. — TERCER PERÍODO. 



tima palabra sin recomendar á la junta la urgencia de las reso- 
luciones que hayan de tomarse, si los proyectos presentados, 
6 el que se acuerde en definitiva, han de producir en su ejecu- 
ción resultados útiles. Es muy triste y hasta bochornoso que 14 
provincias, y ésas sin que puedan contar con sus capitales ni 
con población alguna importante, traten de imponerse á las 
otras 35 que con ellas forman la nación española en la Penín- 
sula é islas adyacentes. No lo es menos, que un Gobierno que 
dispone de un presupuesto cuantioso, de la facultad de levantar 
empréstitos y de imponer contribuciones; un Gobierno que dis- 
pone de un ejército numeroso, de los medios para reemplazar 
las bajas á que en él dé lugar la guerra, y de los recursos, en fin, 
de una nación de 17 millones de habitantes, haya de discurrir 
si tiene 6 no los suficientes medios para tomar la ofensiva con- 
tra uno que bien pudiera llamarse puñado de rebeldes si se le 
compara con el resto de nuestra nacionalidad. rzrDos años hace 
que una guerra cruel y devastadora, azota nuestras comarcas 
más florecientes. De prolongarse, sólo se debe esperar la des 
trucción de nuestra riqueza y la ruina de un país llamado por 
su situación geográfica, por la feracidad de una gran parte de 
su suelo y por el carácter belicoso de sus habitantes, á ocupar 
un puesto de los más influyentes en los destinos del mundo. E 
irán cada vez profundizándose más las ya robustas raíces de 
nuestras discordias, que agotan y envenenan las fuentes todas 
de una prosperidad tan lenta siempre en su restablecimiento, 
que tantos y tan poderosos obstáculos encuentra para su des- 
arrollo y para que dé frutos abundantes y sazonados. De prolon- 
garse, en fin, los odios que recrudece y los rencores que sos- 
tiene y fortifica lucha tan porfiada, las ideas que se tuercen en 
su expansión moral y hasta los instintos que se vician con el 
fuego del choque entre hermanos y la ira de las resistencias, 
acabarán por deshacer nuestro cuerpo social, en ocasiones tan 
unido y tan compacto, para ponerlo á nüerced de las demás na- 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 347 



ciones y servir de instrumento á sus cabalas políticas y á sus 
ambiciones de dominación. =Madrid 15 de Setiembre de 1874 » 
Por de pronto no se pudo realizar ninguno de los menciona- 
dos proyectos, á causa del giro que tomó la guerra, como puede 
observarse en la narración; además, se necesitaba algún tiem- 
po para su realización, pues se necesitaban allegar mayores 
fuerzas y recursos superiores á los disponibles por el momen- 
to. Como diremos más adelante, se adoptó el plan debatir 
primeramente las facciones del Centro. 

En esta época corrían rumores de que los carlistas proyec- 
taban hacer una expedición á la Seo de Urgel, y con este mo- 
tivo decía La Serna al Ministro de la ¡Guerra y al General en 
Jefe del ejército del Centro, que según le comunicaba Moño- 
nes, el noveno Batallón navarro, algunas partidas y cincuenta 
caballos pasaron en la tarde del 7 de Setiembre, el río Aragón, 
y se dirigieron á las Cinco Villas, y que con las fuerzas que re- 
uniría el brigadier Otal en Sos, no sólo protegería el alto Ara- 
gón, sino también á Sangüesa, punto en que existía el único 
puente que quedaba útil desde Caparroso á Verdún, sobre el 
Aragón. 

Acerca del mismo asunto decía Moriones al General en Je- 
fe en telegrama del 8: 

«Pretendiente con siete batallones, mirando despacio las 
trincheras, ha pernoctado en Morentin. Estoy á la vista, y avi- 
saré. Confirmo la sospecha de una expedición á la Seo de Ur- 
gel. .Si V. E. puede dar dos batallones, cincuenta caballos y 
una sección de montaña, yo daré otros dos batallones y cin- 
cuenta caballos, para que, formando una brigada al mando de 
Otal, se sitúen en Sos. Con estas fuerzas les obligaré á desistir 
6 á que hagan la marcha en gran escala por terrenos quebrados, 
casi con seguridad de alcanzarlos. Creo urgente la contesta- 
ción. Si V. E. aprueba el pensamiento, disponga que las fuer- 
zas de referencia marchen en tren á Tudela. » 



348 NORtÉ.— TERCER PERÍODO. 

En vista de este despacho, el general La Serna, á pesar de 
sus atenciones, accedió á la petición de Moriones, y le envió 
desde luego los batallones que éste le pedia y una sección de 
artillería. 

A consecuencia de dicho movimiento de las fuerzas carlis- 
tas del Norte hacia Aragón, ocurrió el 12 de Setiembre un he- 
cho de armas de alguna importancia. 

Había dispuesto Moriones, que el coronel Navascués pasase 
á Sádaba el 8, con un batallón del regimiento de Guadalajara, 
los ferales de Navarra, t5o carabineros y 60 caballos. El bri- 
gadier Otal, con el batallón de Marina, debía pernoctar dicho 
día en Tudela, y cuando llegaran los batallones y las secciones 
de artillería que enviaría el General en Jefe, unirse con Navas- 
cués y tomar el mando de todas las fuerzas destinadas á ope- 
rar en las márgenes del río Aragón, con objeto de proteger el 
alto Aragón y fortificar á Sangüesa. 

El noveno batallón navarro, que, unido á \jirias pequeñas 
partidas, había atravesado, según se ha dicho, el Aragón, se 
dirigió el 12 á Sangüesa. Al llegar á la vistade este punto, ob- 
servó su jefe D. Antonio Landa, que los liberales se habían si- 
tuado ya encima de dicha ciudad por la parte de Sos, si bien ig- 
noraba si ocupaban el pueblo. =Dispuso en su vista, que una 
compañía desplegara en guerrilla por la parte denominada del 
Arenal; que el comandante D. Cristóbal Marco pasara el río, 
con dos compañías, para posesionarse del llano de San Bábil, co- 
mo lo efectuó, y que las compañías 5." y 8.*^ con las partidas, 
ocuparan las alturas de Santa Margarita, encargando del man- 
do de esta fuerza al segundo jefe, comandante D. Romualdo 
Sanz; y se situó él debajo del pueblo de Rocaforte, con las tres 
compañías restantes, para dirigir la acción y acudir al punto en 
que fuera necesaria su presencia. 

Los liberales ocupaban el pueblo y las posiciones que se han 
indicado. 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 349 

Al llegar los carlistas cerca de las tapias de Sangüesa, fue- 
ron recibidos por un vivo fuego de fusilería que partía de las 
torres y de algunas casas, y aunque las compañías que habían 
pasado el lio se sostuvieron en un principio, fueron obligadas á 
repasarlo por el vado de referencia. 

En vista de todo, Navascués colocó en las tapias de las 
huertas de Rivalagua una compañía que debía dirigir sus fuegos 
sobre las posiciones de Santa Margarita y la compañía enemiga 
establecida en el Arenal. Por este motivo, dispuso Landa, que 
la compañía aragonesa se colocara en el molino de Rocaforte. 
Atacada con decisión la fuerza del Arenal, hubo de retirarse pre- 
cipitadamente en dirección de la posición ocupada por Landa. 
Pudo reunir unos treinta hombres el comandante Sanz, que tra- 
tó de contener la dispersión. A la vez, los liberales, pasando 
el rio por el vado de Cantalagua, se dirigieron á la posición de 
Santa Margarita ocupada por Sanz, y pusieron en retirada á 
los que la defendían. Sin embargo, Sanz contuvo nuevamente 
la dispersión. 

Teniendo en cuenta los carlistas que podría acudir otra co- 
lumna liberal, y agotadas además sus municiones, pasaron el 
río y se dirigieron hacia Liédenes, quedando una pequeña fuer- 
za á la vista de Sangüesa. 

Las pérdidas de los carlistas fueron tr^s oficiales heridos y 
uno contuso, 14 soldados muertos, 38 heridos y 11 contusos: 
ignoramos cuáles fueron las bajas de los liberales. 

Hemos copiado la comunicación del general La Serna, en 
que se expresa, entre otras ideas, la de reforzar la izquierda de 
su línea mandada por el general Villegas, á quien se lo había 
también participado. En contestación, dijo éste al General en 
Jefe, en oñcio de i3 de Setiembre: 

«Excmo. Sr.:= En contestación á la comunicación de V. E. 
de Ib del actual, tengo la honra de participarle, que tan pron- 
to como llegue el refuerzo que V. E. me anuncia en la mis- 



35o NORTE. — TERCER PERÍODO. 

ma, situaré un batallón en Villasante con cien caballos, lo que 
no he podido efectuar hasta el presente por la escasez de fuer- 
zas de que dispongo; pues aunque figuran siete batallones á 
mis órdenes, en realidad no son nada más que seis, porque el 
de la reserva de Talavera, núm. 6o, se halla sobre la vía férrea 
de Santander, y en aquella capital; así es, que no cuento con 
un soldado del mismo. =En la actualidad, y á pesar de no con- 
tar con los elementos que juzgaba necesarios, como sucede en 
la parte referente á la caballería, que he pedido 400 caballos y 
sólo dispongo de 180, he conseguido conservar la línea desde 
esta villa de Medina hasta Laredo, pasando por Ramales, pues 
á las fuerzas enemigas que hay en los Tornos, no se las puede 
considerar como tales, por reducirse á unos veinte 6 treinta 
aduaneros, á los que es difícil, por su demasiada poca importan- 
cia y las condiciones del terreno, hacerlos desparecer de aquel 
punto. =En 9l supuesto de contar con un batallón más, y una 
batería de montaña, haría, cuando conviniese ó las circunstan- 
cias lo exigiesen, algunas escursiones por los valles de Carran- 
za, Mena y Losa, pues si bien en este último han ido nuestras 
fuerzas hasta Río de Losa, para proteger las operaciones de la 
quinta, sucede, que por no disponer de las suficientes, no se han 
practicado todavía dichas operaciones en los ayuntamientos del 
último de los mencionados valles, que confinan con Álava y Viz- 
caya, así como tampoco en el de Mena, por estar dichos valles 
dominados completamente por los carlistas. = A ser posible, de- 
searía que el batallón que me ha de enviar fuese de soldados 
que se hubiesen batido, pues todos los que tengo, si se excep- 
túa el de carabineros, que cuenta con muy poca fuerza, son 
procedentes de las últimas reservas. =E1 estado de Jas forti- 
ficaciones, es el que se detalla en el adjunto informe, remiti- 
do por el comandante de ingenieros, con el que me encuentro 
en un todo conforme. =Dios guarde á V. E. muchos añós.= 
Medina de Pomar i3 de Setiembre de i874. = Excmo. Se- 



MANDO DEL GENERAL LA SF.RNA. 35 1 

ñor: = El general comandante general de la división, = Juan 
A'illegas. » 

El general La Serna contestó í Villegas, que se le habría 
ya incorporado una bateria de montaña destinada á su división^ 
y que le enviaría un batallón en cuanto lo hubiese disponi- 
ble; que comprendería, que no habiendo recibido refuerzo al- 
guno el ejército, sino por el contrario, habiendo disminuido en 
algunos batallones, ínterin se le incorporaran éstos ó se le en- 
viaran otros, se encontraba imposibilitado para disponer de un 
solo batallón, pues los presentes no le bastaban para cubrir la 
extensa linea del Ebro, expuesta á continuas excursiones, y ase- 
gurar las vías férreas. Le decía también, que aunque no pudiera 
tomar una vigorosa ofensiva con tan escasas fuerzas, esperaba 
maniobrar hasta donde le fuera posible y concluir de poner á 
cubierto la línea del Ebro y las comunicaciones con las capitales 
de provincia. Excitaba, por fin, el celo del general Villegas, 
para que, en atención á estas razones, hiciera cuanto le fuera po- 
sible con las fuerzas de su mando. 

A consecuencia del gran número de licencias que se con- 
cedían á los oficiales generales y jefes del ejército, dijo el Mi- 
nistro de la Guerra al General en Jefe, con fecha 15 de Setiem- 
bre, en carta oficial: 

«Ha llamado la atención del Gobierno el considerable nú- 
mero de oficiales generales y jefes empleados en ese ejército, en 
operaciones de campaña, que vienen á esta capital con permiso 
concedido por las autoridades superiores, del cual ningún cono- 
cimiento existe en este Ministerio, desatendiendo, sin duda algu- 
na, el servicio ó cargo que se les tiene confiado. =Esta irregu- 
laridad es tanto más de notar, cuanto que se trata de oficiales 
superiores cuya categoría les hace sean muy conocidos; que, 
además, esta facilidad en los permisos, pugna con las severas y 
restrictivas disposiciones vigentes sobre licencias, y además, in- 
. dica públicamente, ó que el ejército á que pertenecen ninguna 



352 NORTE. — TERCER PERIODO. 

operación tiene que realizar, 6 que es innecesario su concurso 
en ellas. =En este concepto, he creído conveniente dirigirme á 
V. E., á fin de que en lo sucesivo, cuando alguna causa le acon- 
seje conceder esta clase de permisos, los pida con antelación á 
este Ministerio significando aquélla, y sólo los conceda desde 
luego, aunque dando cuenta, en algún caso extremo de urgen- 
cia manifiesta y cuando el servicio no sufra perjuicio por tal 
concesión.» 

El Ministro de la Guerra dijo en telegrama del 15 al Ge- 
neral en Jefe, que se le había manifestado que los carlistas que- 
rían impedir la circulación de trenes en la vía férrea de Alar á 
Santander, para atacar á Bilbao sin temor á los socorros que 
los liberales podían recibir por dicha línea, y que tenían asegu- 
rados importantes subsidios si su empresa tenía buen éxito; por 
lo cual, era importante se hiciera fracasar tal proyecto, no de- 
jándose sorprender. El Ministro comunicó también esta noticia 
al capitán general de Burgos, encareciendo la necesidad de vi- 
gilar la línea y castigar con severidad á todo carlista cogido con 
armas é impidiendo el tránsito de trenes. 

En esta línea, unos carabineros que se dirigían á Alar, por 
vía férrea, fueron atacados por una partida carlista de 18 hom- 
bres. Tan pronto como tuvo noticia de este suceso el comandante 
militar de Alar, salió en persecución de dicha partida, y encon- 
tró en Villela al comandante Arias con una corta fuerza que aca- 
baba de batir á los carlistas causándoles 11 muertos y tres prisio- 
neros, y apoderándose, además, de 17 caballos y algunas armas. 

El General en Jefe recibió en Miranda una comunicación de 
Moriones, á la cual se acompañaba una copia de la carta que 
había dirigido á éste el jefe carlista Dorregaray, referente á 
confiscación de bienes y supuestos atropellos, y otra de la con- 
testación que le dio. Hé aquí estos dos documentos: 

«Sr. D. Domingo Moriones. = Muy señor mío: Sensible 
me es en extremo tener que coger la pluma para tratar asuntos 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. • 353 

de que en repetidas ocasiones me he ocupado, sin haber obte- 
nido el resultado que se me había prometido; pero S. M. el rey, 
mi señor, en su constante deseo de evitar males y llevar la gue- 
rra al terreno más humanitario posible, me encarga insista por 
última vez en procurar se consiga este objeto en bien de nuestra 
desgraciada nación, para que nunca, por nada ni por nadie, pue- 
dan tacharnos de no haber puesto los medios necesarios para 
evitar daños y desgracias inútiles. El Gobierno de Madrid ha 
acudido al arbitrio y reprobado medio de confiscar los bienes, 
no tan sólo de aquellos que militan en las filas del ejército real, 
sino también de las familias de éstos, encerrando en las cárce- 
les, al lado de los más repugnantes criminales, á todos los que 
profesan ideas carlistas. Medida incalificable, también es, la de 
exiger á las familias que tienen hijos en el ejército real, cien 
reales mensuales por cada uno de aquéllos. Últimamente, se 
viene dando el horrendo expectáculo de que so pretexto de que 
los prisioneros carlistas quieran escaparse 6 que acudan fuerzas 
en su auxilio, se les asesina vilmente, como recientemente ha 
sucedido en Vizcaya con cuatro soldados de los batallones viz- 
caínos. =He protestado repetidas veces contra semejantes infa- 
mias, porque me daba derecho á ello la conducta que constan- 
temente he observado con cuantos han caído en manos de mis 
tropas, y con todos los liberales que residen en las provincias 
de mi mando. =Me dirijo á V., por última vez, por si quiere 
dar á las fuerzas de su mando órdenes en este sentido, é influir 
con los jefes de las otras, á fin de que cesen semejantes atrope- 
llos, y que el Gobierno de Madrid se aparte de la línea de con- 
ducta que sigue, confiscando los bienes de aquellos que profe- 
san ideas carlistas, pues en caso contrario, me veré en la triste 
precisión, y estoy firmemente resuelto á llevarlo á cabo, de se- 
guir iguales procedimientos en un todo á los que con nosotros 
usen Vds., tomándose igual deber y miramiento en los ejércitos 
del Centro y Cataluña. = Esperando su contestación, queda de 



354 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

usted atento s. s. q. b, s. m.,=Anton¡o Dorregaray. =Estella 
12 de Setiembre de 1874. » 

•Sr. D. Antonio Dorregaray. =-Tafalla 14 de Setiembre 
de 1874. = Muy señor mío: Como el mando que estoy ejercien- 
do, es únicamente el de la capitanía general de Navarra, no 
me compete contestar á su carta. =Las medidas contra las que 
protesta V., dimanan del Gobierno de la Nación y del Gene 
ral en Jefe del ejército del Norte, á quien remito la carta ori- 
ginal. =Queda de V. atento s. s. q. b. s. m.,=Domingo Mo- 
rlones.)» 

La Serna contestó á Dorregaray, en estos términos: 
«Sr. D. Antonio Dorregaray. = Miranda 14 de Setiembre 
de 1874.=: Muy señor mío: El capitán general de Navarra me 
remite la carta que ha recibido de V., fechada el 12 en Estella, 
y su contestación, declinando entrar en explicaciones, por no 
depender de su autoridad el asunto á que aquélla se reñere.= 
Por mi parte, y después de enterado de su contenido, debo decir 
á V., que no conozco ni tengo noticia de más asesinatos ni de 
expectáculos más lamentables que los llevados á cabo reciente- 
mente en Abárzuza, Cuenca y Olot; sin embargo, ni aun en 
los momentos mismos de tener lugar esos crueles sacrificios, 
cuando mayor debía ser la justa indignación producida por tan 
despiadada conducta, no se faltó por parte del Gobierno legiti- 
mo del país y de los Generales en Jefe de este ejército al res- 
peto que las naciones civilizadas deben á la humanidad y se 
deben á sí mismas, y ni aun por vías de represalias se imitó el 
proceder del bando carlista. No se faltará por parte nuestra, ni 
por nada, á tan noble propósito, y continuaremos siendo fieles 
guardadores del derecho de gentes, aun cuando sea en corres- 
pondencia de quienes parece que hacen alarde de su inobservan- 
cia más completa. Y por lo demás, las confiscaciones de bienes 
y otras medidas, impuestas á la propiedad de aquellos que se 
encuentran en las filas enemigas, pertenecen á la competencia 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 355 

exclusiva del Gobierno, acerca de cuyas resoluciones no me es 
permitido discusión alguna, y si sólo acatarlas y hacerlas cum- 
plir ciegamente. =De V. atento s. s. q. b. s. m.,=Manuel de 
la Serna.» 

Con fecha i6 de Setiembre, el Gobierno aprobó esta res- 
puesta. 



CAPITULO VIII. 



dloqueo de Pamplona.—Operaciones efectuadas para el levantamiento del bloqueo: 
Combate de Biurrun; Combate del Monte San Juan.— Consideraciones acerca de l^s ; 

operaciones anteríores.~L{nea que los carlistas se proponían defender en Navarra.» 
Sucesos ocurridos en la provincia de Burgos, durante el mes de Setiembre.— ídem 

en la de Vízcaya.—Idem en la de Álava. — 0"»cracioncs del cuartel general.— Conquis- ^ j 

ta de La Guardia.— Carta del Ministro de la Guerra al General en Jefe, á cerca de la 
conveniencia de emplear la guardia civil en la vigilancia de la vía férrea.— Reem- 
plaza D. Torcuatro Mendiry á D. Antonio Dorregaray, en el mando de las fuerzas 

carlistas del Norte.— Rumores de que los carlistas piensan realizar una expedición á { 

Castilla —Disposiciones adoptadas para evitarla. ! 

En esta época se propusieron los carlistas apoderarse de la 
plaza de Pamplona; pero comprendiendo que la empresa era ! \ 

superior á sus fuerza, si habían de hacerlo por un sitio en regla, 

se decidieron á bloquearla para conseguir su rendición por j 

hambre. £1 alcalde de dicha capital, teniendo en cuenta que es- | 

cascaban en ella algunos artículos de primera necesidad, diri- : ) 

gi6 al general Moñones, con fecha 6 de Setiembre, un oficio en [ i 

que expresaba tan desagradable estado. A continuación copia- ' i 

mos dicho documento: 

«Excmo. Sr.: = El ayuntamiento popular de la ciudad de 
Pamplona áV. E., con el debido respeto, expone: que bloqueada 
esta plaza por los carlistas cuando no había un repuesto de 
subsistencias, su situación va siendo en extremo crítica puesto 
que cada día que pasa crecen los apuros hasta el punto de ins- 
pirar serios temores. =No hubiera, sin embargo, el ayuntamien- 
to molestado la atención de V. E. para manifestarle la situa- 
ción en que se encuentra este vecindario por consecuencia de 
la escasez de víveres, porque todavía, si bien las existencias son 
cortas, no falta lo necesario para la alimentación, pero se ve 



: i 



358 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

obligado á exponerle el grave compromiso que muy pronto se 
le va á presentar con motivo de la cesación del alumbrado pú- 
blico de gas. La fábrica que elabora este combustible no ha de 
poder suministrarlo dentro del brevísimo plazo de seis días por 
no serle posible adquirir el carbón necesario, y como al pro- 
pio tiempo los artículos que más escasean en la población son 
el aceite y petróleo, precisos de todo punto para sustituir el 
alumbrado que va á cesar, hállase esta corporación en un ver- 
dadero conflicto, porque se vé privada de I9S medios de atender 
á un servicio que, si siempre se considera de suma necesidad, 
es en estas circunstancias de la mayor importancia, como V. E. 
no puede desconocerlo. =E1 ayuntamiento, á trueque de con- 
jurar un mal de tan alarmantes consecuencias, no habría repa- 
rado en sacrificios, si estuviera en su mano el remedio, pero lu- 
cha con dificultades insuperables, como son las que, en virtud 
del bloqueo, se oponen á la traída de una partida de petróleo y 
aceite en cantidad suficiente para asegurar por algún tiempo el 
servicio del alumbrado. Por esta razón, no le queda otro recur- 
so que demandar la protección de V. E. como tiene el honor 
de ejecutarlo, no dudando que mirará con el interés que se me- 
rece la suerte de una población que á la vez es una plaza guar- 
necida y fortificada de gran importancia militar, muy codiciada 
por el enemigo, y en cuyo recinto se encierra hoy la mayor par- 
te de los liberales del país. En tal concepto, ruega á V. E. 
este Ayuntamiento se digne disponer que con la urgencia que 
el caso requiere, y custodiada por fuerzas suficientes, se conduz- 
ca á esta ciudad una partida de petróleo y aceite que por cuen- 
ta de la misma corporación podrá tomarse en Tafalla ó en cual- 
quiera otro punto próximo en que hubiera depósito del citado 
artículo; y al propio tiempo, si las operaciones del cuerpo de 
ejército al digno mando de V. E. lo consienten, ruega á V. E. 
asimismo se digne disponer que se franquee por uno ó dos días 
la comunicación hasta Tafalla con objeto de que pueda apro- 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 859 

visionarse esta plaza de aquellos artículos más indispensables. 
=Dios guarde á V. E. muchos años. =Pamplona 6 de Setiem- 
bre de 1874. =E1 presidente, José Javier de Colmenares. = 
Eduardo Ilarregui, secretario.» 

En vista de este oficio, y teniendo presente el estado de la 
guerra en Navarra, dirigió Moriones al General en Jefe la co- 
municación siguiente, con fecha i3: 

«Excmo. Sr.:=El alcalde de Pamplona me ha dirigido la 
adjunta comunicación, encareciéndome la necesidad de apro- 
visionar aquella plaza de algunos artículos, y en su vista con- 
sidero urgente efectuar una operación con objeto de verificarlo. 
=La comunicación del Alcalde de Pamplona me ha sido dirigi- 
da por tres conductos diferentes, sin que hasta la fecha, á pesar 
de tener aquélla la del día 6 del actual, haya llegado otra al- 
guna á mi poder, suponiendo, con sobrado fundamento, que ha- 
brán caído las otras dos en manos del enemigo, el cual, por con- 
siguiente, conocerá que es preciso socorrer aquella plaza. =Si 
V. E. no me previene otra cosa, el día 15 marcharé á ocupar 
los puntos convenientes para abrir las comunicaciones con 
Pamplona, ocupándome en ésta hasta el 20 en que las tropas 
estarán otra vez á disposición de V. E. en las convenientes po- 
siciones en que hoy las tengo colocadas. =Este movimiento tje- 
ne al mismo tiempo que la ventaja de impedir la expedición á 
Aragón, la de amenazar á Puente, donde precisamente se colo- 
carán grandes fuerzas carlistas. =Creo que no se atreverán á dis- 
putarme el paso, pero por si tal sucediera hago venir al Bata- 
llón de Marina, de Tudela y dos batallones más de Larraga, 
porque de este último punto, en junta tenida el general Colomo 
con el comandante militar y los capitanes de ingenieros, han 
declarado que la fortificación está en disposición de defenderse 
por lo menos ocho días con la guarnición y las dos compañías 
de ingenieros, aun cuando fuera rudamente atacada. = El bri- 
gadier Jaquetot con cuatro batallones, una batería montada y 



36o NORTE. — TERCER PERÍODO. 

quinientos caballos quedará situado en Lerin para atender á la 
defensa de aquel punto y todo lo que queda á retaguardia.=Si 
V. E. no lleva á cabo la operación que tiene proyectada hasta 
después de mi regreso, yo avanzaré sobre la línea enemigai y 
si V. E. lo tiene ya todo preparado para mientras yo me ocu- 
pe en el auxilio de Pamplona, ejecutaré movimientos ofensi- 
vos desde mis posiciones. Me permito significar á V. E., que 
sería más conveniente esperar á mi regreso. = Cuando estuve en 
Pamplona, hace veinte días, se me dijo por la autoridad local, 
que aquella plaza estaba completamente abastecida: respecto á 
la militar, sé que tienen abundantes provisiones de boca y gue- 
rra. Creo que el apuro del alcalde no es más que por el alum- 
brado de gas, que dudo pueda sostener careciendo de carbón de 
piedra para fabricarlo. =He creído más conveniente enviar á 
V. E. con mi ayudante esta comunicación que poner un tele- 
grama. =Ruego á V. E. que, á ser posible, despache mi ayu- 
dante para que regrese mañana mismo.» 

El General en Jefe contestó á Moriones, en oficio del 14, 
en estos términos: 

«Excmo. Sr.:=En vista de cuanto V. E. me manifiesta en 
su comunicación fecha de ayer que me ha traído su ayudante de 
campo, suspendo la operación que tenía proyectada sobre La 
Guardia y Rioja alavesa, hasta que V. E. efectúe la de abas- 
tecer á Pamplona, toda vez que en ella sólo se ha de ocupar has- 
ta el día 20 del actual. =La que me propongo efectuar sobre la 
indicada comarca, es la de recuperar y fortificar á La Guardia, 
punto que considero de gran utilidad para operaciones ulterio- 
res, por ser su punto llave para la seguridad de la línea férrea 
de Logroño, y para evitar las excursiones de las partidas á la 
derecha del Ebro.=Para llevarla á cabo, tengo proyectado que 
la división de vanguardia, con cinco escuadrones y dos bate- 
rías, una montada y otra montaña, marche desde este punto á 
San Vicente de la Sonsierra, y cruzando el Ebro por el puen- 



IkíANDO DEL GENEIíAL LA SIíUNA. 361 



te de Briones avance sobre La Guardia, al propio tiempo que 
lo efectúa el segundo cuerpo desde Logroño, para que ambas 
fuerzas puedan confluir sobre el indicado punto. =En caso de 
que los carlistas que lo ocupan traten de defenderlo, estableceré 
baterías con la artillería de á diez y á doce que tengo en Logro- 
ño, toda vez que destruidas las murallas en gran parte, hay ya 
abiertas brechas por donde puedan penetrar las columnas de 
ataque, después de un cañoneo, que quebrante á los defensores. 
Si lo que es más probable, atendido el estado de las defensas de 
dicha plaza, los carlistas la abandonan, la ocuparé y procederé 
en seguida á fortificarla y guarnecerla, haciendo entretanto 
exacciones en el país, á fin de privar á los enemigos de estos 
recursos, y con objeto también de que los propietarios de ideas 
liberales, refugiados en los pueblos de la derecha del Ebro, pue- 
dan sacar sus rentas, cosa que hasta ahora no les ha sido posi- 
ble por impedírselo los carlistas. » 

Los carlistas estaban dispuestos á oponerse al paso de los 
liberales á Pamplona, y convencido de ello Moriones, dijo al 
General en Jefe en telegrama del 16 de Setiembre: 

«Diecisiete batallones carlistas han tomado posiciones para 
impedirme paso á Pamplona; no dudo que acudirán mayores 
fuerzas. Han traído de Estella su artillería montada. Su plan 
es dar desde Oteiza un golpe de mano á este ejército.» 

En vista del aspecto que presentaba este asunto, había con- 
ferenciado el brigadier Espinosa, comisionado por Moriones, 
con el General en Jefe; y aunque se pensó en operar á la vez 
sobre La Guardia y Pamplona, se creyó más conveniente que 
La Serna, con el 2.® cuerpo, marchara sobre los Arcos, amena- 
zando á Estella, en tanto que el primer cuerpo se dirigía á 
Pamplona con el convoy. A causa de la diseminación del primel- 
cuerpo, expuso Moriones, que convenía iniciar este movimiento 
el 17, en vez de hacerlo el i6, como se había acordado, y en ofi- 
cio de esta última fecha. La Serna accedió á esta pretensión. 

TOMJ T. 24 



362 NORTE. — TERCER fERlODO. 

Celebraron este mismo día 16 La Serna y Moriones una 
conferencia telegráfica, para ponerse de acuerdo respecto á al- 
gunos detalles de la operación que trataban de ejecutar. 

Al día siguiente, 17, dispuso el General en Jefe, que una 
de las brigadas de las divisiones del 2.° cuerpo reforzase el 
mandado por Moriones. Fué reemplazada aquélla por una de la 
división de vanguardia. 

Con igual fecha 17, decía La Serna al Ministro de la Guerra: 

«Mañana de madrugada salgo de este punto en dirección á 
los Arcos, á ejecutar una operación. Pormenores por el correo.» 

Y en oficio del mismo día le decía: 

«Siendo necesario el abastecimiento de la plaza de Pamplo- 
na de víveres y especialmente de combustible, de que por com- 
pleto carece, según comunicaciones recibidas de aquel a3ninta- 
miento, he dado orden al capitán general de Navarra, coman- 
dante en jefe del primer cuerpo de este ejército, que efectúe 
aquella operación; pero como por noticias que tanto aquella 
autoridad como yo tenemos, los carlistas enterados de aquel in- 
tento, por un confidente que aprehendieron y traía comunicacio- 
nes de Pamplona sobre este asunto, están reconcentrando sus 
fuerzas hacia Puente la Reina y el Carrascal, sin duda para 
oponerse al paso de las tropas por la carretera de Pamplona, 
he creído necesario que el 2.° cuerpo ejecute un movimiento 
sobre la izquierda enemiga, con el fin de llamar la atención de 
los carlistas sobre este lado, obligarles á dividir sus fuerzas y 
desorientarles respecto á mis operaciones sobre La Guardia, de 
que tengo dado á V. E. conocimiento. Al efecto^ en el día de 
mañana pienso salir de esta capital, al amanecer, con todo el 
2.** cuerpo, para establecerme en Los Arcos, y efectuar algunos 
reconocimientos hacia Estella y la Berrueza, ínterin el capitán 
general de Navarra ejecuta su movimiento hacia Pamplona. 
Todo lo que tengo el honor de manifestar á V. E. para su de- 
bido conocimiento.» 



MANDO DEL GENERAL LA v^HRNA. 363 



En telegrama del 17 decía Morlones al general La Serna: 
«Confidente llegado de Estella asegura, sólo han quedado 
allí dos batallones con tres cañones colocados en el Puig; ha 
visto seis músicos y dos soldados de caballería pasados. Desde 
Obanos, por Añorbe, Biurrun y Unzúe, dice hay 24 batallones 
con 3o cañones, mandados por el Pretendiente, Dorregaray y 
Mendiry. Desde esta tarde á las cuatro están en Castejón pre- 
parados trenes para tropas.» 

Con igual fecha 17, decía Moriones al General en Jefe: 
«Practicado el reconocimiento prevenido por las fuerzas 
del general Colomo, se han presentado dos batallones y un es- 
cuadrón carlistas por la parte de Añorbe y uno por Unzúe, 
quedando cubiertas por grandes fuerzas todas las posiciones de 
la línea comprendida entre ambos pueblos.=Se han corrido al- 
gunas fuerzas carlistas desde Unzúe con dirección á Barasoain; 
algunos disparos de artillería les han hecho volver á sus posi- 
ciones. = Están impacientes. Lo esperaban todo hoy. Mañana 
estarán menos altivos. » 

Al día siguiente, se dirigió Moriones á Tafalla, y desde este 
pueblo confirmó las noticias anteriormente dadas. El General 
en Jefe pasó á los Arcos, donde permaneció también el 19. 

Entretanto, los carlistas, decididos á oponerse á la marcha 
de los liberales á Pamplona, se atrincheraron en el Carrascal, 
haciéndose fuertes en la peña de Unzúe, los altos de Mürugain 
y Olcoz y las posiciones de Biurrun y Añotbe. 

La carretera de Tafalla á Pamplona cruza la sierra de Alaix, 
que ofrece admirables posiciones de defensa. Domina á dicha ca- 
rretera la Peña de Unzúe, y dificultan la marcha por ella las es- 
tribaciones del monte del Perdón. D. Carlos acudió á esta zona; 
visitó el 8 de Setiembre las posiciones que defendían á Puente 
la Reina y sus pueblos inmediatos, Legarda, Uterga, Muru- 
zábal y Obanos, y revistó algunos batallones en otros canto- 
nes, y pasó el lo' á Mendigorria, regresando el mismo día á 



364 NOÍiTlí. — TííftCÉR PERÍODO. 

Puente la Reina, donde presenció el 13 la bendición de la ban- 
dera del batallón del Rey, número i. 

Esperaban los carlistas de un momento á otro que los libe- 
rales iniciaran el ataque; y en breve debía ocurrir una acción 
de importancia dada la octitud de ambas partes. 

El I.**" cuerpo se situó el 19 en Barasoain y Garinoain, y 
desde aquel punto dijo Moriones al Qeneral en Jefe: 

«El mal tiempo que empezó ayer tarde ha seguido toda la 
noche, y continúa diluviando, haciendo difíciles, si no imposi- 
bles, las operaciones que tiene que practicar este cuerpo de ejér- 
cito; su marcha tiene que ser por terrenos de labor, cruzando 
arroyos para después subirá montañas elevadas de difícil acceso. 
Esta grave consideración al frente de un enemigo fuertemente 
atrincherado, con fuerzas superiores, con artillería, .que ni en 
cantidad ni en calidad ha reunido nunca igual, y saber que á 
pesar del movimiento de V. E. sobre los Arcos y que ayer en- 
tre ellos se decía que sabían el movimiento de V. E., no le da- 
ban la importancia de un auxilio directo á este cuerpo de ejér- 
cito, me mueven á exponer á V. E. estas fundadas razones, 
permitiéndome rogarle se trasladé á Lerín, desde donde podre- 
mos comunicamos con facilidad, para combinar movimientos 
que indudablemente darán un resultado ventajoso, cuando sin 
esta circunstancia, vuelvo á repetir á V. E. pudieran ser de 
fatales trascendencias. = Ayer, á la una de la tarde, dispuse 
que avanzara la división Colomo y tomara posición en Mendí- 
vil. Se consiguió este objeto con un ligero tiroteo, pero el ene- 
migo, creyendo que era un avance formal, dejo ver su situación 
y sus planes en su extrema izquierda, en donde ha colocado mu- 
chas fuerzas, debilitando su extrema derecha, haciendo de este 
modo más conveniente la combinación que solicito de V. E.» 
Desde el mismo punto y en igual fecha dirigió Moriones 
al General en Jefe la carta que se copia á continuación: 

aExcmo. Sr. General en Jefe del ejército del Norte. =Bara- 



MANDO DEL GENERAL LA ST-RNA. 365 

soain 19 Setiembre 1874. = Mi respetable general y apreciado 
amigo: Sé que las facciones no se han movido y que han car- 
gado todas cuantas fuerzas les ha sido posible, poique á todo 
trance, quieren que D. Carlos recobre lo que perdió en Oro- 
quieta. Decididamente les hubiera dado hoy la batalla, pero es 
tanto lo que ha llovido y continúa lloviendo, que sería una im- 
prudencia exponer al ejército á un revés, cuando si V. se tras- 
lada á Lerin y de allí se dirige á Oteiza, el movimiento viene 
en grandes condiciones y probabilidades, para que obtengamos 
un brillante éxito, = Comprendo todas las razones que V. tiene 
para no venir á operar en esta linea, pero son tan graves y tan 
críticas las circunstancias, que no creo que el Gobierno ni na- 
die pueda dejar de aprobar el movimiento de V. por Lerin. Per- 
mítame V., además, hacerle una reflexión: Villegas está en la 
izquierda; en Miranda habrá V. dejado algunas fuerzas; por 
consiguiente creo que desde Miranda á Logroño, cinco 6 seis 
batallones, escalonados en San Vicente, Haro y Fuenmayor, 
pueden cuidar el Ebro, porque no quedan ya facciones para 
emprender expediciones, pu s todo lo tenemos enfrente. = Cier- 
to es que esta operación atrasa el plan convenido, pero esto no 
es más que una cuestión de fechas, cuando de obrar de otro 
modo, pudieran venir graves perjuicios, como digo á V, de ofi- 
cio, para que lo pueda trasladar al Gobierno. —No se extrañe 
usted del dictado de la carta; va de prisa, y V. me dispensará las 
faltas que encuentre, en gracia de mi buena voluntad. ^=Llega- 
ron los tres batallones, ó sean el regimiento de León y el bata- 
llón de Gerona, que naturalmente continuarán aquí hasta que 
ustud me conteste. =Por el contenido de mi comunicación de 
oficio y de esta carta, comprenderá V. que no emprenderé nin- 
gún mo\ i miento ofensivo, hasta que nos pongamos perfecta- 
mente de acuerdo. =Soy de V. con la mayor consideración su 
subordinado y afectísimo amigo, s. s. q. b. s. m,= Domingo 
Moriones. » 



366 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

En oficio del mismo día ig, La Serna dijo á Moriones: 
«La circunstancia de haber dejado desguarnecida la línea 
del Ebro desde Miranda hasta Alcanadre, el tener el ene- 
migo sitiado á San Vicente de la Sonsierra, casi sin guar- 
nición á Logroño, por coadyuvar al movimiento de V. E., 
trasladándome á este punto, y por desmembrar las fuerzas del 
2.° cuerpo reforzando el suyo con una brigada de éste, ya de- 
bilitado, me hacen imposible el trasladarme á Lerín, y desde 
allí quizá á entrar en una operación activa contra el Carras- 
cal. V. E. tendrá presente que los enemigos tienen en Álava 
nueve batallones con artillería, más dos cántabros que hace 
unos días pasaron por aquí en aquella dirección; con estas fuer- 
zas podrían dar un golpe de mano contra Haro ó cualquier otro 
punto importante y quizá hasta acercarse á cañonear al mismo 
Logroño, y cortar la vía férrea. =Si V. E. no se cree bastante 
fuerte con las tropas que tiene á sus órdenes, para llevar á cabo 
la introducción del convoy en Pamplona, sin exponerse á un 
fracaso, que á toda costa debe evitarse, puede, tomando pretexto 
del temporal deshecho de aguas que está reinando, aplazar la ope- 
ración para más adelante, que se pueda hacer una combinación 
oportuna ó que el enemigo divida sus fuerzas, supuesto que, co- 
mo V. E. me tiene manifestado. Pamplona está distante de en- 
contrarse en un caso extremo, pues le repito, que, dadas las cir- 
cunstancias, no me es posible, sin grave responsabilidad para 
mí, dejar desguarnecida la línea del Ebro ya mencionada para 
trasladarme con el 2.° cuerpo á Navarra. =Si V. E. cree qué 
por no llevar á cabo la operación, puede influir en la moral de 
las tropas, y cree conveniente llegar á Pamplona sin el convoy, 
dada la posibilidad de flanquear por su derecha las posiciones 
enemigas evitando el ataque de frente á sus trincheras, puede 
V, E. obrar como lo juzgue más conveniente, toda vez que se 
encuentra en condiciones de poder apreciar las circunstancias 
del momento.» 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 367 

Enterados los carlistas del movimiento de La Serna sobre 
Los Arcos, y temiendo que peligrara Estella, se corrieron el 19 
precipitadamente á la Solana, Estella y Puente la Reina, de- 
jando un batallón y algunas partidas en la importante posición 
de Unzué. 

(Véaae el plano). Moriones empezó dicho día su movimiento 
de avance, y pasó á Mendívil. Al día siguiente, 20, la división 
Catalán, por medio de un movimiento envolvente, desalojó de 
la Peña de Unzué á las tropas carlistas que la ocupaban, y apo- 
yada por parte de la división Colomo, avanzó hasta Tiebas. Es- 
tablecida en Unzué la brigada Cortijo de la división Catalán, y 
este general en Tiebas, con la brigada Ctal y la fuerza mandada 
por el coronel Navascués, avanzó Moriones el 21 con el resto 
de sus fuerzas, escoltando el convoy destinado á Pamplona. El 
brigadier Mariné, con dos batallones, una sección de artillería 
y un escuadrón, ocupó la posición y el pueblo de Muruarte. En 
este punto dispuso Moriones que dos secciones de Cantabria 
practicaran un reconocimiento sobre el pueblo y la ermita de 
Biurrun, y ya practicado, previno que ocupara dichos puntos el 
general Colomo, con los regimientos de Cantabria y San Quin- 
tín, un batallón de Ontoria, cuatro piezas Krupp y una sección 
de ingenieros, cubriendo este naneo, en tanto que pasase el con- 
voy, y que cuando éste se encontrara en la venta de las Campa- 
nas, descendiera á reforzar á Mariné con el regimiento de San 
Quintín, marchando él á Tiebas con Cantabria, el batallón de 
Ontoria'y la artillería. El incidente que por de pronto ocurrió, 
fué, que dos compañías carlistas descendieron de los bosques 
que dominan á Biurrun y molestaron con sus fuegos á las fuer- 
zas más avanzadas de Colomo; pero se dirigieron contra ellas 
dos compañías de Cantabria, y consiguieron desalojarlas de las 
trincheras que ocupaban. Habiendo pasado la mayor paite del 
convoy sin novedad, avisó Moriones á Colomo, que bajara á 
pernoctar á los puntos que previamente le había indicado, te- 



368 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

niendo presente que la artillería liberal apoyaría este movimien- 
to deádeTiebas yMuruarte, disparando sobre la ermita y el pue- 
blo de Biurrun. 

Hasta este momento todo marchaba bien, pero los carlis- 
tas, á causa de haber retrocedido La Serna á Logroño, como se 
dirá más adelante, forzando la marcha, contramarcharon el 20, 
con objeto de atacar el flanco izquierdo de Moriones, haciendo 
muy crítica la situación de éste. 

Férula se hallaba en Puente la Reina con los batallones 
2.° y 3.° navarros y el 2.^ de Castilla, y se dirigió en la madru- 
gada del 21 por las estribaciones de la sierra del Perdón hacia 
las bordas de Subirá, situadas al pie de dicha sierra. Desde 
éstas se adelantó Montoya con dos batallones, llevando de van- 
guardia al 3.° de Navarra, por la ladera que desde las mencio- 
nadas bordas se dirige á la ermita que domina por el Norte el 
pueblo de Biurrun, y rompió el fuego contra los liberales que 
ooupaban este pueblo. Por de pronto, el 3.° navarro tuvo que 
retroceder hasta la inmediata posición de las bordas, ocupada 
por el batallón de Castilla; pero rehechos los carlistas, atacaron 
á la bayoneta á las fuerzas de Colomo con un batallón y parte 
del 2.", y arrolladas las compañías liberales más avanzadas, 
emprendieron éstas la retirada, quedando prisioneros 70 de sus 
individuos. Continuando el enemigo su movimiento ofensivo, 
desordenó á las tropas liberales, y quedó dueño de Biurrun y la 
ermita. El fuego de la artillería y las fuerzas que todavía no 
habían emprendido la retirada contuvieron el avance de los car- 
listas, y permanecieron los liberales á unos 1.500 metros del 
pueblo, contribuyendo al efecto el regimiento de León que ha- 
bía marchado á retaguardia del convoy. Aun en terreno llano ó 
á lo menos no muy montuoso se sostuvo el fuego; pero cesó, 
tanto por la actitud de los liberales como porque Férula previ- 
no á Montoya que se retirase, tal vez por carecer de municiones. 

Adquiriendo Moriones el convencimiento de que los carlis- 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 369 

tas no intentaban emprender un nuevo ataque, dispuso que las 
tropas marcharan á sus cantones, quedando Colomo en Tiebas,*^ 
con las brigadas Prendergast y Vital, compuesta ésta del regi- 
miento de León y un batallón del de Gerona. Mariné quedó en 
Muruarte, y Moriones marchó á Pamplona con Catalán, la bri- 
gada Otal y las fuerzas mandadas por el coronel Navascués. 

D. Carlos, acompañado de Dorregaray, pasó á Biurrun en la 
misma tarde del 21, y subió á la ermita que está sobre el pue- 
blo. Dispuso Dorregaray que Mendiry quedara en Biurrun con 
cuatro batallones y dos escuadrones, y que los otros siete bata- 
llones y dos escuadrones restantes ocuparan los pueblos inme- 
diatos de Añorbe, Ucar, Enériz y Adiós, previniendo también 
que dos de los cuatro batallones que quedasen en Biurrun, se 
retiraran cuando amaneciera, en caso de no haber novedad, á 
descansar y racionarse en el pueblo de Obanos, volviendo á 
Biurrun para el anochecer. 

Esta contramarcha de los carlistas sobre el flanco izquierdo 
de Moriones tenía su explicación. Al dirigirse La Serna álos Ar- 
cos el 18, habían acudido aquéllos á oponerse á su paso, según 
se ha dicho, abandonando casi en absoluto la línea del Carras- 
cal, pero creyendo el General en Jefe ya asegurada la operación 
de Moriones, regresó el 19 á los Arcos. Tranquilos ya los car- 
listas y seguros de que el ejército liberal no se dirigía á Estella, 
juzgaron que por el pronto les convenía atacar á Moriones, por- 
que lo podían hacer én condiciones muy ventajosas. Más adelan- 
te hemos de hacer algunas observaciones acerca del particular. 

Moriones, dejando á Pamplona en buenas condiciones de se- 
guridad y con abundantes víveres, emprendió el 22 su marcha 
de regreso con los carros de trasporte del convoy, ya vacíos; 
dejó en Tiebas la brigada Vital y al coronel Navascués con sus 
fuerzas, á Colomo en Barasoain, y á Otal en Mendívil, y per- 
noctó él en Unzúe, donde se hallaba la brigada Cortijo, según 
hemos dicho. 



-:^-^ 



370 NORTE.— TERCER PERÍODO. 

Terminada la operación, resolvió Moriones volver el 23 á 
Barasoain, Garinoain y Pueyo; y á este efecto, á las ocho de 
la mañana situó sus fuerzas al frente de Biurrun, Ucar, Olcoz, 
Tirapu y Añorbe, línea ocupada por Dorregaray y Mendiry, 
con fuerzas de consideración, hallándose aquéllos en Biurrun y 
Añorbe, respectivamente. Inicióse el movimiento por el coro- 
nel Navascués desde Tiebas, y lo continuó sin que los carlistas 
hicieran otra demostración que disparar desde Tirapu algunas 
granadas, cuyo fuego fiíé contestado por las piezas de la arti- 
llería liberal de á diez y de á ocho centímetros. 

El brigadier Mariné emprendió también la marcha desde 
Muruarte á Barasoain. No bien se hallaba aquél á unos i.5oo 
metros del primero de estos puntos, cuando los carlistas se co- 
rrieron á derecha é izquierda de sus posiciones, hostilizando á 
los liberales, avanzando desde luego á Muruarte y atacando, 
aunque sin éxito, á los escuadrones de Arlaban y Talavera que 
constituían el último escalón de las fuerzas liberales situadas en 
el centro. 

Mendiry dispuso que las brigadas situadas en los pueblos 
que se han citado tomaran el camino de Tirapu y atacaran á 
los liberales de frente y de flanco, y se dirigió él con dos bata- 
llones desde Biurrun hacia una posición que da vista al monte 
San Juan, ordenando á Yoldi, que mantuviera su brigada en 
reserva en columna de medias distancias, sin perder esta forma- 
ción. Situó Mendiry tres piezas en la referida posición, y segui- 
do de Yoldi, á poca distancia, avanzó al Monte San Juan. 

Férula había recibido la orden de que con el 3.° de Navarra, 
el 2.° de Castilla, los almogávares del Pilar y el i.*»" escuadrón 
de Navarra, amagara un ataque á la izquierda liberal por la 
sierra de Añorbe; situó el 4.^ de Castilla en la posición sobre 
San Juan y otras fuerzas en Mendívil, en las faldas de los mon- 
tes de San Juan y Carasol y en la Oyanzana de Barasoain. A 
medida que avanzaron algunos batallones al campo de la acción, 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. Sjl 

se previno que el 5/ de Navarra relevara al i.*', y el 3.^ de 
Castilla al 4.^ que ocupaba la posición de San Juan. 

Según se aproximaban los liberales al desfiladero del puen- 
te de Mendívil, era cada vez más vivo el fuego de la derecha 
carlista. Sostuvo el combate Colomo con la brigada Prender- 
gast y la batería de montaña del capitán Provedo, y ya muy 
cerca del desfiladero se hizo la lucha muy ruda, corriéndose 
fuerzas carlistas de consideración por el Carrascal y descen- 
diendo de la posición de Unzúe. 

Morlones, con el fin de contener al enemigo y prepararse en 
Barasoain para hacerle frente, dispuso que el brigadier Cortijo, 
con tres batallones y una sección de artillería, contuviera la de- 
recha enemiga, hasta que pasaran el puente las pocas fuerzas def 
la división Catalán y Colomo que se hallaban al otro lado del 
río Zidacos. Preparado ya Moriones para el combate, y ya en 
marcha para Pueyo la brigada Vital, ordenó á Cortijo que se 
retirara de la posición y el pueblo de Mendívil y se dirigiera so- 
bre Barasoain, advirtiéndole que dicha posición estaba al alcan- 
ce de los fuegos de la artillería liberal situada en este último 
pueblo en su cementerio, cuyos muros se aspilleraron. 

Animados los carlistas por el movimiento de retirada de las 
fuerzas liberales, y engañados por la marcha de la brigada Vi- 
tal á Pueyo, avanzaron resueltamente hasta ponerse á tiro de 
los batallones liberales parapetados. Fueron recibidos los car- 
listas con un fuego muy nutrido de fusilería. A la vez, la arti- 
llería liberal hostilizó á las grandes masas que se descubrían 
en la izquierda enemiga. 

Las fuerzas carlistas que se habían corrido por el Carrascal 
y descendido de la Peña de Unzúe, trataban de envolver la de- 
recha liberal; pero la brigada Otal, situada en Garinoaín, des- 
plegó sus guerrillas, y en vista de esta actitud, no se atrevieron 
á avanzar aquéllas. 

La brigada Pérula llegó tarde al campo de la acción, y de 



372 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

orden de Dorregaray se dirigió á Pueyo; pero sin intentar la en- 
trada en este punto, por la actitud de sus defensores, marchó á 
Artajona y pernoctó en este pueblo. 

Contenido ya el movimiento ofensivo de los carlistas, se alo- 
jaron las tropas de Moriones en Barasoain, Garinoain y Pueyo, 
reforzando con las tropas de Navascués este punto, que era el 
eje de cuantas operaciones pudieran ejecutarse. 

Durante la noche del 23, los carlistas dispararon con dos 
piezas Withvorth contra las fuerzas liberales situadas en el ce- 
menterio de Barasoain, sin ocasionarles bajas. 

Moriones ordenó el 24 al general Catalán, que con la briga- 
da Otal, la batería Provedo y 100 caballos de Arlaban, se si- 
«tuara en Pueyo y tomara el mando de todas las fuerzas allí 
situadas, y le dio instrucciones concretas para cuantas eventua- 
lidades pudieran surgir. Al observar este movimiento, avanza- 
ron algunas guerrillas carlistas, pero los tiradores liberales 
les hicieron comprender que todavía había fuerzas en Bara- 
soain. 

Como en Madrid no se conocían los detalles de los hechos de 
armas de los días 21 y 23 de Setiembre, había alguna ansiedad, 
suponiendo que la situación de Moriones era comprometida, y 
así se lo dijo el Ministro de la Guerra al General en Jefe; pero 
tranquilizó éste á aquél, dirigiéndole el telegrama que á conti- 
nuación copiamos: 

«Esté V. E. tranquilo sobre la situación del general Morio- 
nes que conozco, y no inspira cuidado alguno. Hizo con toda 
felicidad la operación sobre Pamplona, con pocas bajas relati- 
vamente á su importancia, como ya he dicho á V. E., aprove- 
chando la oportunidad de enviar su jefe de E. M. para darle ins- 
trucciones que V. E. sabe debo emprender pronto (se refiere á 
la conquista de La Guardia). Le previne se informara de la ra- 
zón por qué el general Moriones no ha regresado á Tafalla, ig- 
norando el nombre del jefe herido, y lo pregunto. Lo diré á 



MAKDO DEL ÓE.NÉfeAL LA SERNA. 3^3 



V. E. (era el coronel de caballería D. Mariano Mendicuti, ayu- 
dante del general Colomo).» 

Moriones, explicó también su situación, en telegrama del 
25, al General en Jefe. 

Sin que ocurriera incidente que merezca mención, las tropas 
de Moriones permanecieron el 25 y el 26 en las posiciones que 
habían ocupado el 24; y de orden del General en Jefe, se reti- 
raron en la mañana del 27 á Olite sin ser molestadas por el 
enemigo. 

Las bajas sufridas por el primer cuerpo en estas operacio- 
nes ascendieron á unas 3oo. Distinguióse en ellas el solda- 
do de San Quintín, José Liña y López, que en el campo de la 
acción fué condecorado por el general Moriones con la cruz del • 
mérito militar pensionada con 7*50 pesetas. 

Las pérdidas de los carlistas fueron 9 muertos, 41 heridos 
y 9 contusos en el combate de Biurrun, y 13 muertos, io3 he- 
ridos y 3 contusos en el de San Juan. Total; 22 muertos, 144 
heridos y 12 contusos. 

En telegrama de 28 de Setiembre, decía el Ministro de la 
Guerra al general Moriones, que el Gobierno se encontraba muy 
•satisfecho del éxito obtenido por él y las tropas de su mando, 
al efectuar las últimas operaciones, manifestándole, á la vez, 
que al día siguiente remitiría al ejército dos millones de reales, 
con parte de los cuales podría atender á las primeras necesida- 
des del cuerpo de su mando, sin perjuicio de que le facilitaría 
fondos con la preferencia que hasta entonces venía haciendo. 

Insistiendo el General en Jefe respecto á la operación del 
general Moriones, decía al Ministro de la Guerra en telegrama 
del 28, que durante la expedición del capitán general de Nava- 
rra á Pamplona, nunca había sido comprometida su situación, y 
que la operación se había llevado á cabo felizmente, dadas las di- 
fíciles condiciones del enemigo; añadía, que habría recibido el 
telegrama en que aquella autoriiad le participaba que sus tropas 



374 NORTE.— TERCER PERÍODO. 

quedaban acantonadas en Olitie y Tafalki lo cual calmaría la 
ansiedad pública. El Ministro le contestó en telegrama del 
mismo día 28 de Setiembre, que nunca había dudado del acier- 
to con que ejecutó el general Moñones su operación ni que su 
situación dejara de ser despejada y ventajosa; pero que no había 
creído superfluo manifestarle lo que por Madrid se decía, para 
desvanecer dudas en la opinión, tan propensa siempre á ex- 
traviarse, ya calmada en el día con la publicación del parte de 
aquél en la Gaceta. 

Haremos algunas consideraciones acerca de las operacio- 
nes que acabamos de narrar. 

Teniendo en cuenta la necesidad de abastecer á Pamplona, 
• era preciso pensar con detenimiento cuál era el medio más con- 
veniente para realizar este propósito. No era probable que Mo- 
rlones ejecutara con buen éxito esta operación sin más fuerzas 
que las del cuerpo de su mando, y aun aumentadas éstas con 
una brigada, era arriesgada su empresa. Por lo tanto, con justo 
motivo se trató de efectuar una operación combinada, llamando 
la atención del enemigo sobre su ciudad Santa, para lo cual 
avanzaría La Sema á los Arcos, á la vez que Morlones á Pam- 
plona con el convoy. Pero el General en Jefe creía que al obrar 
así dejaba abandonada é indefensa la línea del Ebro, desde Mi- 
randa á Alcanadre; pues teniendo qué disponer de casi todas sus 
fuerzas., podía dejar tan solo un batallón de reserva en Haro, 
otro en San Vicente de la Sonsierra, bloqueado por los carlistas, 
y unas compañías de carabineros en Cenicero y Fuenmayor. 
En tales circunstancias era de temer, según él, que las conside- 
rables fuerzas carlistas situadas en Álava, al observar que el 
segundo cuerpo se internaba en Navarra, bajaran al Ebro, lo 
pasaran, por cualquiera de los vados que en aquella época eran 
numerosos, con motivo de la prolongada sequía, y dieran un 
golpe de mano en la Rioja castellana, proporcionándose cuan- 
tiosos recursos en metálico y víveres, inutilizando á la vez la 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 875 

vía férrea de Miranda á Tudela. Fundándose La Serna en esta 
consideración, no accedió á lo solicitado por Moriones respecto 
á que se dirigiera á Lerín y que maniobraran reunidos por te- 
ner éste á su frente gran número de batallones carlistas. Juz- 
gaba La Serna que hallándose reunidas en el Carrascal consi- 
derables fuerzas enemigas, podía él avanzar rápidamente sobre 
Estella y continuar su marcha sobre Puente la Reina, sin que 
se opusieran seriamente los carlistas, teniendo para esto en 
cuenta las distancias que ambos ejércitos habían de recorrer, y 
caer después sobre el flanco derecho enemigo, tomando sus po- 
siciones de flanco y de revés, haciendo difícil que retirase su 
artillería; pero creía que para esto necesitaba contar con ma- 
yores fuerzas, pues si entraba en Estella convenía dejarla guar- 
necida y cubrir su línea de comunicación con Xrcrfn; y en resu- 
men, no disponía más que del segundo cuerpo, disminuido en 
una brigada, conque reforzó al primero, y de tres batallones de 
una de las brigadas de la división de vanguardia (el cuarto no 
llegó á tiempo). Supo La Serna que en Estella no había más que 
dos compañías carlistas el 18, y no ya su cuerpo de ejército, sino 
una sola brigada, con alguna fuerza de caballería, podía entrar 
en aquella ciudad; pero juzgó que era inútil emprender esta 
operación de poco ó ningún resultado material, pues no pudien- 
do permanecer en dicho punto sino unas cuantas horas, no 
conseguiría otro fín que el disgusto moral que produciría este 
hecho en las huestes carlistas. 

La operación se reducía á que el General en Jefe tuviera 
en jaque á los carlistas, en tanto que Moriones avanzaba á 
Pamplona con el convoy. La Serna avanzó en la mañana del 18 
á los Arcos; Moriones permaneció este día en Barasoaín y Ga- 
rinoadn; continuó aquél el 19 en el mismo punto, y Moriones 
avanzó á Mendívil; Moriones se apoderó el 20 de la Peña de Un- 
zúe y de Tiebas, asegurando así el paso del convoy para el día 
siguiente; La Serna, creyendo que bastaba la demostración 



376 NÓfeTÉ. — TElíCEÉ PERÍODO. 

que había hecho, regresó el 20 á Logroño. Sin duda, preocu- 
pado La Serna del estado casi indefenso en que había queda- 
do la línea del Ebro, y juzgando que no ofrecería ya dificultades 
la operación que debía ejecutar Moriones, apresuró su regreso 
á Logroño. Comprendiendo ya los carlistas que no se trataba de 
atacar formalmente á Estella, y pudiendo ya emplear contra 
Moriones las fuerzas destinadas á hacer frente á La Serna,' por 
haber regresado éste á Logroño, atacaron el 21 á las tropas de 
aquél, causándoles bajas de consideración en los campos de 
Biurrun. Las tropas liberales, abandonaron precipitadamente 
el pueblo de este nombre, creyéndose envueltos por fuerzas su- 
periores. Sin embargo, los carlistas no supieron sacar todo el 
resultado que les ofrecía la ocasión. Contando con fuerzas sufi- 
cientes, no entraron en acción todas, ni simultáneamente las 
que lo hicieron. 

Moriones ejecutó ordenadamente, con serenidad y aplomo 
y demostrando gran conocimiento del terreno, la retirada del 
23, y aunque los carlistas tomaron en un principio la ofensiva, 
no insistieron en ella con tenacidad, ya por la falta de iniciati- 
va que les caracterizaba, ya también por la resuelta actitud de 
las tropas liberales. 

Después de los sucesos que acabamos de referir, decidieron 
los carlistas sostener una .línea atrincherada, que partiendo del 
monte de San Cristóbal de Cirauqui y siguiendo el monte Es- 
quinza, terminara en la peña de Unzué, con objeto de que fue- 
ra una verdad el bloqueo de Pamplona y de impedir que el ene- 
migo proveyese esta plaza, si al efecto no reunía en Navarra fuer- 
zas de mucha consideración; aun en este caso, y suponiendo 
que un cuerpo de ejército rebasara dicha línea por la parte de 
Sangüesa y se situara á su espalda, esperaban sostener el 
ataque combinado de todas las fuerzas liberales, previniendo 
para esta eventualidad un cambio de frente que ejecutarían con 
objeto de establecerse en una segunda línea oblicua, que par- 






MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 377 

tiendo de la ermita y el pueblo de Añorbe terminaría en la 
venta del Portillo, formando una gran saliente toda la sierra del 
Perdón. D. Amador Villar fué encargado de la ejecución de las 
obras, y consiguió en poco tiempo poner dicha linea en buen 
estado de defensa. 

Pasemos á narrar otros sucesos ocurridos durante el mes de 
Setiembre. 

Provifuna de Burgos. — A las cuatro de la mañana del 20 en- 
tró por sorpresa en el pueblo de Belorado una partida carlista 
de 1 5o individuos, y se llevó las armas de los 60 voluntarios 
de aquel punto y 10.000 reales. Al saberlo el segundo cabo del 
Distrito, dispuso que una pequeña columna de 60 infantes y 20 
caballos de la guardia civil, al mando de un teniente coronel de 
este instituto (que por disposición anterior había salido de 
Burgos para Santa María de Cubo, donde según se decía había 
una partida de 90 infantes y 12 caballos), persiguiera á la fac* 
ción que entró en aquel pueblo; y al dar cuenta de esta determi- 
nación al Ministro de la Guerra, le decía también que organi- 
zaría otra columna con las fuerzas de la guardia civil y otras 
de que pudiera disponer. 

Dando á este asunto el Ministro la importancia que tenía, 
dijo al capitán general de Burgos, en telegrama del 20: 

«Advierta V. E. al teniente coronel de guardia civil, que 
tengo fija la atención en él, hasta que consiga, como lo espero, 
el exterminio de la partida que estuvo en Belorado, y que no 
vuelva á población hasta que consiga este objeto, que confio se- 
rá muy pronto, si procede con la actividad y energía necesa- 
rias, y que en él reconozco.» 

La partida de referencia se dirigió á Orbañanos y pasó el 
Bbro por el vado de Tobalinillas, sin que fuera alcanzada por 
las tropas liberales. 

La facción Madrazo, compuesta de unos 1.200 hombres, en- 
tró en Iruecha y Medinaceli, y según velegrama del goberné - 



378 NORTE,— TERCER PERÍODO. 

dor civil de Soria, de fecha 22 de Setiembre, amenazaba á Si- 
güenza. 

Con motivo de que pasaban á Asturias algunas partidas 
carlistas, atravesando la vía férrea por Portolín, cerca de Rei- 
nosa, hecho de que tenía conocimiento el Ministro de la Gue- 
rra y deseaba evitarlo en lo sucesivo, el general Villegas 
decía al Ministro desde Reinosa, en telegrama del 23 de Se- 
tiembre: 

f Hace tiempo que están pasando hacia Asturias pequeñas 
partidas que á lo más tienen de 14 6 16 hombres, procedentes 
de las provincias, y algunas de ellas sin armas y en muy mal 
estado. De ellas se presentan á indulto algunos individuos, 
como lo han efectuado tres estos días en esta villa, pertene- 
cientes á la reserva extraordinaria. El paso de dichas partidas, 
que lo efectúan por Lanzas Agudas y el puerto de las Marranas, 
es difícil evitar, siendo de tan poca fuerza, y hasta tanto que no 
se adelante la de Ramales á Medina 6 Castro-Urdiales y Valma- 
seda. Es de sumo interés impedir que las facciones de Asturias 
tomen incremento, pues si llegaran á reunirse en aquella provin- 
cia de 1. 000 á 1.500 hombres, sería una amenaza seria para esta 
vía, toda vez que por aquella parte no existen fuerzas que se le 
opongan á su paso hasta llegar á la misma, como les sucedería 
á las que viniesen de Vizcaya, las cuales se encontrarían con las 
que están situadas en la línea de Ramales á Medina.» 

En telegrama del 24, decía el Ministro de la Guerra al Ge- 
neral en Jefe: 

«Por noticias fidedignas se sabe que continúa el paso de fac- 
ciones de las Encartaciones hacia Asturias, y que están desig- 
nados cuatro batallones que á las órdenes de Mogrovejo han de 
marchar á la provincia de Oviedo á fomentar la insurrección; 
siendo su objetivo la fábrica de Trubia y la de armas de la ca- 
pital. Llamo la atención de V. E. sobre este asunto, cuya im- 
portancia no es necesario encarecer. 



MANDO DEL GBNERAL LA SERNA. 379 

En telegrama del 25, acerca del particular, decía el Ministro 
al general Villegas. 

«El paso de facciones pequeñas desde la provincia de San* 
tander á Asturias, según todas las noticias, sigue verificándose, 
y si esto continúa, será un medio de realizar una expedición sin 
el riesgo que les ofrecería emprenderla con fuerzas considera- 
bles. El último parte da cuenta de una facción de 200 hombres 
de infantería y caballería que han marchado desde San Vicente 
de la Barquera á Llanes. En Asturias pasa como cosa segura 
que el brigadier Mogrovejo se ha de poner al frente de cuatro 
batallones carlistas que ya están designados; V. E. comprende- 
rá lo peligroso que sería que la insurrección de Asturias tomase 
cuerpo, porque no podríamos sostener la línea férrea de San- 
tander, amenazarían la de León y las fábricas de Trubia y Ovie- 
do y propagarían la guerra en Galicia, donde no faltan elementos. 
Nadie está llamado á impedirlo más que V. E., reforzando los 
puestos de la vía, estableciendo continuo servicio de patrullas 
en ella y formando pequeñas columnas, que, en combinación con 
las fuerzas de Asturias, recórranlos límites de ambas provincias, 
principalmente por la costa, que es por donde más fácilmente 
parece se deslizan los enemigos. El Gobierno da á este ser- 
vicio grande importancia, y lo confía á la pericia y actividad 
de V. E.» 

Y en contestación le decía Villegas en telegrama del mis- 
mo día: 

«En mi telegrama del 23 dije á V. E. el carácter que tenían 
las pequeñas partidas facciosas que pasaban de las provincias á 
Asturias, y lo difícil que era el evitar que tal sucediese.=A fin 
de conseguir en algún tanto el impedir dicho paso, he reforzado 
el destacamento de Espinosa de los Monteros y el de Barcena 
de Pie de Concha. = Los doscientos hombres y caballería son 
pertenecientes á las facciones de Asturias y vinieron hasta Un- 
quera, que está en el limite con la provincia de Santander, desde 



38o NORTE. — TERCER PERÍODO. 

donde contramarcharon al interior de aquélla. Para evitar el 
daño que las pequeñas partidas puedan hacer en la vía, he situado 
las fuerzas, según el estado que enviaré á V. E. con el correo. 
Si cuando V. E. lo reciba, no me da contraorden, procederé á 
establecer más tropa para su vigilancia y protección, de con- 
formidad con lo que V. E. previene, pero debo hacer presente 
á V. E., que será debilitada la defensa de la linea de Medina de 
Pomar á Laredo, pasando por Ramales, que hoy tengo también 
á mi cuidado. =La parte cifrada del telegrama de V. E., á que 
contesto, ruego á V. E. que la rectifique, pues en su mayor par- 
te no ha sido posible descifrarla. » 

Por último, en los confines de Vizcaya, Santander y Bur- 
gos y en la segunda dé estas provincias, entraban las partidas 
carlistas en los pueblos de poca importancia, y cometían exac- 
ciones y llevaban en rehenes á algunos contribuyentes. 

Provincia de Vizcaya. — A pesar de las muchas atenciones 
del ayuntamiento de Bilbao, se ofreció á sufragar los gastos ne- 
cesarios para la construcción de un polvorín y un fuerte en Le- 
jona. Como siempre, la invicta villa se hallaba dispuesta á con- 
tener con tesón la causa de la libertad, por la cual había hecho 
en todas ocasiones tan grandes sacrificios. 

La guarnición de Bilbao, animada de excelente espíritu, sos- 
tenia y ensanchaba su línea, dificultando un nuevo sitio. 

Temíase, sin embargo, que los carlistas apelasen á estrata- 
gemas y sorpresas, en vista de que no les era posible apoderarse 
de Bilbao por la fuerza; y esto se deduce del oficio que el co- 
mandante general dirigió á los jefes de brigada, con fecha 5 de 
Setiembre, que decía así: 

«Frecuentes y diversos avisos confidenciales me dan motivo 
para creer que el enemigo no cesa de pensar en Bilbao, y que 
pudiera tener proyectos sobre algún punto de las líneas y aun 
de la Villa, quizás intentando de una manera simulada lo que 
no puede obtener en abierta y franca lucha, por la decisión de 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 381 

las tropas, el vecindario y las autoridades. = La seguridad de que 
existen en la plaza y otros puntos, laborantes y simpatizadores 
carlistas que ocultamente favorecen la insurrección; la posibili- 
dad de que ellos pudieran introducir sigilosamente jefes faccio- 
sos en puestos ocupados por clases de tropa donde la vigilancia 
no es nunca tan esmerada; las repetidas presentaciones de car- 
listas en estos días, que llaman la atención por desusadas; algu- 
nas deserciones de soldados y clases en los cuerpos de la divi- 
sión, son motivos que me inducen á sospechar si habrá real- 
mente causa y fundamento para los avisos confidenciales y 
repetidos que anuncio al principio, y que pudieran producir 
responsabilidad moral por desdeñarlos en absoluto. = Sentado 
esto, y no olvidando que el sistema más preferentemente segui- 
do por las facciones es el del soborno y las sorpresas, recomien- 
do á V. E. eficazmente la mayor vigilancia, no obstante lo sa- 
tisfecho que estoy de la que ejerce, y que haciendo conocer, sin 
alarma, esta orden á los jefes de los cuerpos que manda y demás 
dependencias, les reitere el deber, la necesidad y la conveniencia 
de que se redoble la vigilancia y el esmero en el servicio, dentro 
de los alojamientos, y con especialidad de los fuertes y las lineas 
avanzadas, mirando con prevención á todo individuo ó cualquie- 
ra circunstancia que salga de lo natural y ordinario, no des- 
atendiendo cualquier incidente, y averiguando y poniendo en co- 
nocimiento del superior inmediato lo que llame la atención ó 
despierte sospechas. =E1 exacto cumplimiento de cada uno; la 
vigilancia incesante sobre los puestos mandados por las clases 
de tropa; el esmero en practicar severamente el servicio, según 
previene la ordenanza, y el constante recuerdo de ésta, serán 
eficaces medios para prevenir cualquier accidente que pudiera 
comprometer el buen nombre de la división, evitándome el in- 
flexible deber de exigir la responsabilidad al que olvide el 
suyo.=Dios guarde á V. E. muchos años. = Bilbao 5 de Se- 
tiembre de 1874.= Morales de los Ríos. 



382 NORTE.— TERCER PERÍODO. 

A causa de que faltaban artilleros, el comandante general 
dispuso en orden general, que cada batallón de la división, ex- 
cepto los cazadores de Alba de Tormes y los forales, dieran diez 
hombres, entre los de más estatura, suficientemente robustos, 
que se debian presentar al secretario militar de la plaza, para 
ser agregados á los cuerpos de artillería, con objeto de que 
aprendieran el ejercicio de cañón y pudieran servir las piezas en 
caso necesario. A la vez, solicitó del General en Jefe el envío de 
más fuerzas de artillería, y del Ministro de la Guerra, una ba- 
tería Plasencia, que era urgentemente necesaria. 

El General en Jefe pidió tres batallones al comandante ge- 
neral de Vizcaya. Á causa de esta petición, mediaron entre esta 
autoridad y el Ministro de la Guerra las siguientes cartas de fe- 
chas i6 y 24: 

«Excmo. Sr. D. Francisco Serrano BedoygL.=Muy señor 
mío, general y jefe: El General en Jefe me acaba de pedir tres 
batallones de la fuerza de esta división. =No sé si estarcí usted 
enterado de la extensión que tiene el perímetro que guardo 
para asegurar la vía, Portugalete, el Desierto y Bilbao; 54 son 
los kilómetros de mi línea; 14 los fuertes en construcción, y 11 
los batallones que aseguran la posesión de aquel perímetro, 
quedándome tres para la guarnición de Bilbao, Portugalete y 
el Desierto. Al antecesor de V., al Presidente del Consejo y 
al General en Jefe tengo expuesto mi plan particular de campa- 
ña para lo que se refiere á la provincia de Vizcaya; ese plan está 
aprobado en todas sus partes, y sólo faltaba que se me enviara 
fuerza bastante para su ejecución. Así se me tenía prometido 
para cuando la reserva extraordinaria dejara disponibles los ba- 
tallones veteranos que han de salir á operar. Mi sorpresa, pues, 
es justificada, máxime cuando no se me ha preguntado nada 
después que están enterados de aquellos antecedentes; y como 
la orden envuelve falta de consideración ó de meditación, he 
contestado al General en Jefe tque de insistir en llevarse esa 



MANDO DBL GENERAL LA SERNA. 383 

fuerza, se sirva admitir mi respetuosa dimisión», pues esos tres 
batallones que piden hacea-extraordinaria falta aquí, y no están 
de más, ni mucho menos. =Mucho siento el incidente, mi ge- 
neral, pero yo no puedo estar aquí ni un momento con un sol- 
dado menos de los que hoy tengo. =Quedo con la mayor con- 
sideración de V. atento y respetuoso amigo y subordinado, 
q. b. s. m., Adolfo Morales de los Ríos.» 

«Excmo. Sr. D. Adolfo Morales de los Ríos.=Madríd 24 de 
Setiembre de 1874. =Muy señor mío y estimado general: He 
recibido su carta, fecha 16 del actual, en la que me hace presen- 
te su propósito de dejar el cargo que desempeña, en el caso de 
disminuirse las fuerzas que componen esa división, asi como que 
ha presentado V. su dimisión al General en Jefe del ejército del 
Norte, si insiste éste en llevar á cabo su propósito de sacar tres 
batallones de los que en la actualidad tiene V. á sus órdenes. = 
Seguramente que, al verificarlo, no ha reflexionado V. sóbrela 
trascendencia de semejante paso, ni se ha hecho cargo de que el 
general La Sema, al pedir á V.la citada fuerza, lo habia hecho 
seguramente obligado por alguna imperiosa necesidad, pues él, 
como General en Jefe, tiene aun mayor interés que V. en lo que 
ocurrir pueda en ese territorio, y mayor también seria su res- 
ponsabilidad por las consecuencias que pudiera tener esa dismi- 
nución de tropas. Juzgo, por lo tanto, que estas reflexiones le 
harán modificar su resolución primera, evitando al propio tiem- 
po al Gobierno estos incidentes que distraen su atención en mo- 
mentos tan difíciles como los actuales, en los que es necesario 
que no se le creen obstáculos, por los que, en primera linea, 
están obligados á ayudarle en la patriótica misión de pacifi- 
car el país. Tengo confianza en el elevado criterio que á V. 
distingue, y por lo tanto, abrigo la esperanza de que este inci- 
dente no tendrá más consecuencias. =:Queda de V. atento ami- 
go seguro servidor que sus manos besa, Francisco Serrano Be- 
doya. » 



384 NORTE. — TERCER PERÍODO. 



Para mayor abundamiento de datos respecto al estado de la 
línea liberal de Vizcaya, copiamos también el parte dirigido, 
con fecha 28 de Setiembre, por el brigadier Cassola al coman- 
dante general, dándole cuenta del combate que sostuvo para la 
construcción de un dique en el río Govela: 

•Excmo. Sr.:=Con objeto de proteger los trabajos del di- 
que que V. E. dispuso construir en el río Govela para obtener 
la inundación del valle de Berango, ocupado por el enemigo, 
hice que antes del amanecer de hoy dos compañías de Saboya, 
con una sección de tiradores, al mando del comandante Muñoz, 
ocuparan el monte Arzubiaga, donde los carlistas tienen cons- 
tantemente una avanzada, y que el comandante Vargas del mis- 
mo cuerpo, con la primera compañía del segundo y la sección 
de tiradores de Galicia, se apoderara asimismo del monte Cur- 
cudi y Zuazo; con estas disposiciones creí asegurado el éxito 
de la operación, dada la topografía de aquel paraje. Dos com- 
pañías, también de Saboya, con unos pocos ingenieros, á las ór- 
denes del teniente coronel comandante de éstos, Sr. Pujol, de- 
bían dedicarse durante el día á la construcción del mencionado 
dique, y una sección de Galicia estaba destinada á escoltar la 
conducción de faginas, piquetes y demás materiales de cons- 
trucción que teníamos ya preparados hace algunos días en Las 
Arenas. =En previsión de toda eventualidad, tenía dispuestas á 
concurrir á la operación las tres compañías de Galicia situadas 
en Portugalete.=La ocupación de las referidas posiciones se 
hizo fácil á primera hora por la escasa resistencia que opusie- 
ron las avanzadas carlistas, resultando únicamente un soldado 
herido al subir al monte Arzubiaga.=:Pero conforme me presu- 
mía, el enemigo, que debió creer nuestros movimientos precur- 
sores de alguna salida ó avanzada general de nuestra línea, fué 
reconcentrando sus fuerzas hasta reunir todo el batallón llama- 
do de Bemaola y parte del de las Encartaciones, con los que 
intentó recuperar sus perdidas posiciones á las nueve de la ma- 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 385 



ñaña, empezando por hostilizar á las compañías en Arzubiaga 
desde unas alturas inmediatas, en el mismo momento que el co- 
mandante Muñoz disponía que una sección desplegada en gue- 
rrilla ftiese á ocuparlas. =:Entonces, á la vista de todos y del ve- 
cindario de Algorta que presenciaba la operación, unos cuantos 
valientes excitaron el entusiasmo general, adelantándose solos 
con un valor distinguido hacia la posición enemiga, y sin dis- 
parar un tiro, se apoderaron de ella, haciendo huir vergonzosa- 
mente á un fuerte grupo carlista que la defendía. Los nombres 
de estos bravos de Saboya, que no sería justo ocultar, los halla- 
rá V. E. al margen de esta comunicación, por si se digna apre- 
ciar su brillante conducta. = A los pocos momentos, el enemigo, 
comprendiendo acaso que la posesión del monte Zuazo para él 
le proporcionaría poder envolver y cortar las fuerzas del coman- 
dante Muñoz, se empeñó en un ataque contra aquél, pudiendo 
sólo conseguir que nuestra avanzada por dicho punto se replega- 
se hasta la cresta ocupada por la fuerza del comandante Vargas, 
y mientras este jefe se defendía bravamente de la audacia car- 
lista, mi ayudante, comandante Vázquez, corría á hacer jugar la 
artillería de Lejona, haciendo salir á la guarnición de este fuer- 
te para amenazar el flanco izquierdo enemigo, que perdiendo ya 
su primitiva ventaja, se pronunció en precipitada fuga, perse- 
guido con arrojo por la mencionada fuerza del comandante Var- 
gas, hasta dejar en nuestro poder algunos muertos, entre ellos 
un alférez. = Después de este momento crítico del combate, los 
carlistas desaparecieron del monte Curcudi para no volver á dar 
muestras de existencia.=A las diez de la mañana mandé refor- 
zar nuestras posiciones con tres compañías de Galicia, y ya ape- 
nas el enemigo se permitió hacer algún disparo lejano sobre Ar- 
zubiaga.=Durante toda la operación, la artillería de Algorta 
disparó sobre los carlistas con gran acierto. = A las cinco de la 
tarde, el dique estaba terminado, merced á la acertadísima di- 
rección del teniente coronel comandante de ingenieros Sr. Pu- 



386 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

jol| y en su consecuencia dispuse la retirada de las tropas, que 
se verificó sin que el enemigo osara hostilizarlas. = Este ha te- 
nido dos oficiales muertos y varios individuos de tropa, y hasta 
19 bajas, según las noticias más verídicas que me han propor- 
cionado las gentes del país.=Por nuestra parte, tenemos que 
lamentar la muerte de un soldado y seis heridos, cuya relación 
acompaño á V. E., siendo todos, menos uno, correspondientes 
á la primera compañía del segundo de Saboya, cuyo brillante 
comportamiento me permito recomendar á V. E., así como el 
de su jefe y oficiales. = Dios guarde á V. E. muchos años.— 
Las Arenas 28 de Setiembre de i874.=Excmo. Sr.: =EI briga- 
dier^ Manuel Cassola. » 

En esta época, las autoridades militares de los puertos del 
Cantábrico dirigieron diversos avisos á sus superiores, respecto 
á que los carlistas intentaban efectuar desembarcos de armas y 
municiones; pero á pesar de las precauciones y medidas que se 
adoptaron, no pudieron evitarse, pues en la noche del i." de Oc- 
tubre lograron aquéllos desembarcar en Motrico (Guipúzcoa) 14 
cañones de pequeño calibre, sistema Withwort, 4.000 fusiles, 
sistema Alien (Berdan reformado), y 150.000 cartuchos, y doce 
días después, efectuaron cerca de Fuenterrabía otro desembarco 
de seis cañones Krupp de á 8, 400 granadas, i.ooo espoletas, 
1. 000 frictores, 2.500 fusiles y 270.000 cartuchos. 

Era á la sazón D. Elicio Bérriz, comandante general carlis- 
ta de esta provincia. 

Provincia de -4 /am.— -Convenía ya en esta época abastecer 
de nuevo la torre de las Conchas de la Puebla, y con este moti- 
vo. La Serna, en telegrama del 25 de Setiembre fechado en Lo- 
groño, prevenía al general Blanco, que le manifestara si consi- 
deraba que la división de su mando era suficiente para efectuar 
dicha operación sin ponerse de acuerdo con el general Loma, 
que se hallaba en Vitoria. Blanco contestó en sentido afirma- 
tivo, y que daba órdenes para reunir en Miranda de Ebro las 



MANDO DEL GBNBRAL LA SBRNA. 387 

fuerzas de la 2.^ brigada, que tenía un batallón en Bríones y los 
demás en Haro. 

Sin dar aviso á Loma, Blanco efectuó el 26 la operación 
de referencia. Los carlistas sufrieron la pérdida de dos prisio- 
neros. 

En telegrama del 28 de Setiembre decía La Serna á Blanco, 
que hiciera llegar á manos de Loma un telegrama en que pre- 
venía á éste, que se proponía atacar á La Guardia el día i." de 
Octubre, y que convenía que en esa época hiciera por su parte 
una demostración en aquella dirección, en cuanto lo permitieran 
sus fuerzas . 

A las once de la mañana del 28 pasaron á cinco kilómetros 
de Vitoria un batallón vizcaíno mandado por Gorordo, y la par- 
tida alavesa del cabecilla Gabino; y aunque el capitán general sa- 
lió en su persecución, no logró darles alcance. 

Con fecha 14 de este mes, fué nombrado D. León Martínez 
Fortún, comandante general carlista de esta provincia. 

En la de Guipúzcoa, temíase con fundamento que los 
carlistas atacasen á Irún. El estado de la guerra era cada 
vez más grave, porque las fuerzas empleadas en aquella línea 
eran insuficientes para emprender ninguna operación de im- 
portancia. 

En la de Navarra, dueños los carlistas del Carrascal, hacían 
dificilísima la comunicación de la importante plaza de Pamplo- 
na con la base del ejército liberal. 

Reinaba en esta época entre los carlistas mucha animación, 
y tenían no pocas esperanzas de lograr el triunfo de su causa. 
Estudiando detenidamente los detalles que aun faltaban para la 
organización de su ejército, crearon un cuerpo de sanidad mili- 
tar, y adoptaron diversas disposiciones conducentes á la mejor 
administración de la justicia. 

Reanudaremos ahora la narración de las operaciones del 
cuartel general. 



388 NORTE. — TERCER PERÍODO. 



En telegrama de i.° de Octubre decía La Serna al Ministro 
de la Guerra, al General en Jefe del ejército del Centro y al ca- 
pitán general de Aragón, que según le manifestaba Moriones, 
la villa de Uncastillo estaba muy amenazada por los carlistas, 
y que harían éstos glandes exacciones en el alto Aragón, si in- 
mediatamente no se enviaban á aquel punto 800 infantes y 50 
caballos; advirtiéndoles, que haciéndolo así, podría atacar la 
línea del río Aragón con algunas fuerzas, que puestas de acuer- 
do con las situadas en Uncastillo, asegurarían tan importante 
línea. En su vista, siendo imposible destinar fuerzas del dis- 
trito de Aragón á la ocupación de referencia, dispuso el Minis- 
tro, que el I .^'' batallón provisional de la guardia civil, que estaba 
en Lérida, marchase á Uncastillo, por Zaragoza (se le unieron 
en esta capital treinta caballos). 

A pesar de que La Serna, según lo había pensado, no se 
dirigió el i.® de Octubre á La Guardia, Loma, á consecuencia de 
lo que aquél le había indicado, hizo dicho día desde Vitoria 
una demostración en dirección de esta plaza, situándose en 
los montes de Vitoria, y teniendo algunas compañías avanza- 
das hacia Venta de Armentía; permaneció en esta disposición 
desde las ocho de la mañana hasta la una y media de la tarde, 
y no observando nada que indicase un movimiento del enemi- 
go, regresó á Vitoria á las cuatro de la tarde. En los reconoci- 
mientos que practicó su caballería, sorprendió á seis carlistas; 
uno de éstos murió en la refriega, y los demás quedaron pri- 
sioneros (las fuerzas liberales no tuvieron bajas). 

A causa de los temporales que reinaron en los primeros días 
de Octubre, La Serna no se dirigió á La Guardia hasta el 8. Se 
apoderó este día de dicha plaza, ejecutando la operación en la 
forma que se expresa en el parte que dio al Ministro de la Gue- 
rra. A continuación la copiamos: 

«Excmo. Sr.:=Desde que me encargué del mando de este 
ejército, comprendí la necesidad ineludible de que nuestras tro- 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 3^9 . 

pas ocupasen la plaza de La Guardia, para asegurar la línea def 
Ebro de Miranda á Logroño. Por su posición topográfica domi- 
na toda la comarca conocida con el nombre de Rioja alavesa, 
y sus antiguas y sólidas murallas prueban la importancia que 
se le ha dado en todas épocas. Demolidas por los carlistas ha- 
bían sido sustituidas con una defensa más eficaz quizá en la 
guerra moderna; con una serie de trincheras abiertas á lo lar- 
go de la cresta del mogote en que se asienta la ppblación y cu- 
yos flancos presentan ásperas pendientes contra las cuales es 
ineficaz nuestra artillería, si no se logra enfilarlas. = Dueño de 
La Guardia el enemigo, lo era de toda la Rioja alavesa, país 
fértil del que sacaba cuantiosos recursos; sus tiradores, aposta- 
dos en la margen izquierda del Ebro, hacían fuego sobre los 
trenes del ferrocarril de Miranda á Castejón, ya condujesen 
tropa, ya trasportasen sólo pacíficos viajeros; durante la no- 
che cruzaban por alguno de los infinitos vados que la disminu- 
ción de caudal deja practicables en aquel río en la estación de 
verano; destruían la vía férrea, inutilizaban el telégrafo, y lle- 
vaban la alarma á los pueblos de la margen derecha; desmanes 
para cuya prevención ó represión era preciso ocupar crecido 
número de tropas, distrayéndolas de operaciones más impor- 
tantes. = Decidido el sitio de La Guardia, como V. E. sabe, pa* 
ra cuando terminase la operación del abastecimiento de Pam- 
plona, me encontraba en la alternativa de aceptar una batalla 
en las inmediaciones de la plaza con el grueso de las fuerzas 
carlistas, ó maniobrar de modo que, concentrándolas en otra 
zona, pudiese yo tomar posiciones antes de su llegada, y ren- 
dir la plaza; puesto que, según las noticias, por diferentes con- 
ductos recibidas, los enemigos, habían decidido evitar á toda 
costa su pérdida, y las corroboraba la marcha hacia Peñacerra- 
da y la Solana de numerosas fuerzas, desde el Carrascal, donde 
se encontraban, y la del mismo Pretendiente á los Arcos. No 
era para mí dudoso el éxito de una batalla, aunque el terreno 



igó MORtfe.— TERCER PERÍOlX). 

fio sea enteramente favorable al empleo de las tres armas, so- 
bre todo al de caballería; pero no la juzgaba conveniente^ 
porque^ teniendo el enemigo segura retirada á la áspera cordi- 
llera cantábrica y la sierra de Toloño, por los puertos de Herre- 
ra y Bemedo, el boquete de la población y las avenidas de la 
provincia de Navarra, la batalla no podía ser decisiva. Por otra 
parte, á la caballería no la era posible emprender una bien com- 
binada persecución, y los resultados no hubieran estado com- 
pensados con las pérdidas que necesariamente debía experi- 
mentar; me decidí por tanto por el segundo medio, más en 
relación también con mi objetivo, que era únicamente la con- 
quista de LaGuardia.=Puesto al efecto de acuerdo con el general 
Moriones, comandante en jefe del i." cuerpo, se retiró éste de 
las posiciones de Barasoain, que ocupaba, para trasladarse á 
Tafalla y Olite, en tanto que el general Blanco iniciaba el movi- 
miento de avance hacia Vitoria y abastecía las torres fortificadas 
de la Puebla, y el general Loma amenazaba áPeñacerrada. Con 
el movimiento del general Moriones se consiguió que el enemigo 
hiciese marchar otra vez al Carrascal parte de las fuerzas que 
había traído á la Solana y Peñacerrada, y con los de los genera- 
les Loma y Blanco llamarle la atención hacia Alava.=Un tem- 
poral de agua tuvo interrumpidos todos los movimientos hasta 
el día siete, en que, mejorando el tiempo, el general Moriones 
se trasladó á Larraga y Miranda de Arga, con objeto de dejar al 
enemigo en la incertidumbre acerca de su verdadera dirección, 
y también con el de ponerse en contacto con el segundo cuerpo, 
que ocupaba esta capital y sus inmediaciones,y ejecutar una mar- 
cha de flanco y caer sobre el del enemigo, si éste se decidía á 
venir ea auxilio de La Guardia con el grueso de sus fuerzas. = 
Destruidos los puentes sobre el Ebro, entre los de Logroño y 
San Vicente de la Sonsierra, distantes entre sí seis leguas, era 
desventajoso para este ejército un combate con un río caudalo- 
so á su espalda. Teniendo las dos únicas comunicaciones por los 



líAKDO DUL G&NBRAL LA SERNA. 39X 

citados puentes, equidistantes de La Guardia, y situadas en los 
flancos y en la prolongación de la que había de ser su línea de 
batalla, era necesario establecer inmediatamente una á reta- 
guardia, y para ello echar un puente militar. Al efecto dispuse 
que el tren compuesto de dos unidades de pontones, sistema 
Birago, estuviese cargado en uno del ferrocarril y pronto á mar- 
char á la estación de Cenicero, horas después que yo saliese de 
esta capital, para echarlo junto al destruido de El Ciego, pun- 
to elegido como el más á propósito en los reconocimientos ve- 
rificados al efecto. = Como todas las noticias indicaban que el 
enemigo defendería á La Guardia, y en la contingencia de que el 
puente de pontones no fuese bastante consistente para el paso 
de las piezas y el material de sitio necesario para establecer el de 
la plaza, dispuse también la construcción de dos grandes bal- 
sas y la recomposición del puente colgante de la Puebla de la 
Barca, que exigía pocos días. La operación de echar el militar, 
trasportado ya por el ferrocarril á Cenicero, debía tener lugar 
tan luego como las tropas ocupasen á El Ciego; de este modo, 
desde los primeros momentos, contaba ya con una comunicación 
á retaguardia, y á los pocos días, si el sitio se prolongaba, había 
establecido dos. La sección telegráfica de campaña debía tender 
un hilo á lo largo del puente de pontones. =También previne á 
los generales Loma y Villegas, que maniobrasen, según lo per- 
mitiesen las fuerzas que cada uno tiene á sus órdenes, en Ála- 
va el primero, hacia Vizcaya el segundo. =E1 general Blanco, 
con la división de su mando, reforzada con una batería de Mon- 
taña y cinco escuadrones, se situó el 7 en Briones y San Vi- 
cente de la Sonsierra; debía pasar el Ebro el día 8 por el puen- 
te que lleva el nombre del primero de aquellos pueblos, y mar- 
char por la orilla izquierda del río hasta ponerse en contacto 
con el segundo cuerpo, que el mismo día saldría también de Lo* 
groño.=rSabía de antemano que los enemigos se habían atrin- 
cherado fuertemente en el desfiladero y las posiciones de Asa^ 



392 NORTE. — ^TERCER PERÍODO. 

que se encuentran en el camino de esta ciudad á La Guardia, y 
me proponía, que, simulando un ataque de frente á aquéllas, fue- 
sen envueltas por la derecha, ínterin el general Blanco las to- 
maba por retaguardia. De este modo, la defensa era imposible, 
y si la intentaba el enemigo, corría el peligro de ser arrojado so- 
bre el Ebro.=El 8, á las seis de la mañana, salía de esta capi- 
tal con el segundo cuerpo mandado por el general Ceballos, lle- 
vando de vanguardia á la brigada Bargés, encargada de flanquear 
mi derecha; á ésta seguía la que manda el brigadier Espina, que 
debía tomar posición sobre aquel flanco, para observar el puerto 
de Bernedo y el boquete de la población, marchando detrás de 
ella todo el resto del segundo cuerpo con la artillería y el convoy 
de municiones. = Al llegar frente á las posiciones de Asa, el ene- 
migo descubrió algunas fuerzas en las alturas, ínterin sus bata- 
llones marchaban á reforzar las que ocupaban las trincheras y 
á amenazar mi flanco derecho. Rompieron el fuego las guerri- 
llas de la brigada Bargés, y empezó las hostilidades contra las 
trincheras una compañía de montaña del segundo regimiento. = 
Toda la primera división del 2." cuerpo, al mando del general 
La Portilla, tomaba posición á ambos lados de la carretera para 
proteger el despliegue de la artillería montada, y una brigada de 
la. segunda división, que manda el general Fajardo, cubría la re- 
taguardia. = La brigada Espina, por un movimiento sobre su de- 
recha amenazó flanquear por este lado las trincheras de Asa, ca- 
ñoneándolas, ínterin la del brigadier Bargés hacía un reconoci- 
miento y simulaba el ataque de frente á una el evada colina, llave 
de toda la posición, la cual era coronada al poco tiempo por nues- 
tras guerrillas; los enemigos, ocultos por los pliegues del terreno^ 
habían abandonado todas las trincheras al verse flanqueados y 
tener sin duda noticia de los movimientos del general Blanco. 
=E1 de avance continuó, aunque con precauciones. = Al llegar 
á las alturas de Asa tuve aviso de que los enemigos abandona- 
ban precipitadamente á La Guardia, Siendo ya el terreno más 



MaKDO bEL GENEkAL LA SERNA. 393 

abierto, el general Ruiz Dana, jefe de E. M. G. se adelantó al 
trote con dos baterías montadas y tres escuadrones, con objeto 
de hacer un reconocimiento, cerciorarse del abandono de la pla- 
za y cortar en su retirada á los fugitivos defensores; al llegar fi 
sus inmediaciones vi6 á los enemigos que ya habían ganado ki 
sierra de Toloño, y siendo inútil su persecución, hizo alto, 
dándome aviso de lo que ocurría. =A1 llegar yo al punto don- 
de este general se encontraba, enarboló la plaza bandera blan- 
ca, y momentos después se me presentaba el alcalde, invitán- 
dome á entrar, puesto que los carlistas la habían abandonado; 
un batallón del regimiento infantería de Castilla tomaba poce 
después posesión de ella, y á las cuatro de la tarde entraba yo 
acompañado del general Ceballos, el cuartel general y la divi- 
sión Portilla. =E1 general Blanco emprendió el movimiento 
desde San Vicente de la Sonsierra, según le había prevenido; á 
su salida, teniendo necesidad de ocupar una altura inmediata que 
domina por la izquierda el camino que debía seguir, destacó pa* 
ra efectuarlo el batallón cazadores de Alcolea, que, aunque ha* 
lió á su frente fuerzas carlistas de alguna consideración, se apo- 
deró de ella con gran decisión y arrojo, distinguiéndose su je- 
fe accidental el comandante D. Nicolás del Rey. Esta división 
continuó su marcha sin ser molestada por el enemigo, que no 
abandonó las quebradas de la sierra de Toloño. La mayor parte 
de los habitantes de La Guardia, ante el temor de las contingen- 
cias de un sitio que consideraban seguro, porque se había mos- 
trado el enemigo decidido á sus defensas, había abandonado la 
población. =E1 puente de» pontones, á pesar de la escasa prác- 
tica que en tales operaciones tiene la tropa de las compañías de 
pontoneros, por destinársela frecuentemente á otros servicios, 
fué echado en pocas horas, merced al celo de sus capitanes y 
oficiales, que suplió á todo, y en tales condiciones, que despuCs 
han podido pasar por él sin el menor contratiempo la artillería 
de campaña, la de doce centímetros y les carros del parque. == 

Tono y. 36 



394 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

Este resultado ha sido tanto más satisfactorio cuanto que se ha 
obtenido con escasísimas bajas, que han consistido en un sol- 
dado y un voluntario de San Vicente muerto, un oficial herido, 
otro contuso y doce individuos de tropa heridos, pierced á los 
movimientos preparatorios que nos han de evitar sangrientos 
combates y conseguir la ocupación de La Guardia, que era 
el objetiva de la operación. Según los datos adquiridos, los ba- 
tallones que he tenido á mi frente y que, obligados á desalojar 
las trincheras, puede decirse que no han combatido, han sido 
doce ó trece entre alaveses, castellanos y vizcaínos. =Réstame 
manifestar á V. E. que todos los jefes han ejecutado mis órde- 
nes con el acierto é inteligencia de que, en repetidas ocasiones, 
tienen dadas pruebas. =Dios guarde á V. E. muchos años.= 
Cuartel general en Logroño i3 Octubre i874.=Excmo. Señor.: 
=Manuel de la Serna.» 

La Serna dejó en La Guardia una brigada del 2." cuerpo, si- 
tuó el resto de éste en los pueblos de la Rioja alavesa, y regre- 
só el 9 á Logroño. 

El Ministro de la Guerra, en nombre del Gobierno y en el 
suyo, felicitó al general La Serna y al ejército por la operación " 
sobre La Guardia. 

Juzgando el Ministro de la Guerra que se podía emplear la 
guardia civil en vigilar la vía férrea, decía al General en Jefe 
en carta del 20 de Setiembre: 

o No se oculta al Gobierno la necesidad de aumentar ese ejér- 
cito con el mayor número de fuerzas posible, así como tam- 
poco pasará inadvertido al recto criterio de V., lo urgente que 
es que las fuerzas de guardia civil que forman parte del mis- 
mo vuelvan á sus provincias á prestar en ellas el servicio de 
su instituto. = Ya tendrá V. noticia de que á pesar del gran nú- 
mero de columnas que hoy existen persiguiendo pequeñas fac- 
ciones, éstas inutilizan casi diariamente las vías férreas, po- 
niendo en grave peligro la vida de los viajeros, perjudicando los 



MANDO t)EL GENERAL LA SERNA. 3g5 

grandes capitales que representan y comprometiendo el crédito y 
hasta el decoro de la nación y que cada día aumenta el número 
de malhechores, los que impunemente y con el mayor descaro 
robaií y secuestran á pacíficos é inofensivos habitantes. Para 
evitar estos males ningún cuerpo puede hacerlo mejor que el 
de guardia civil, el cual, conocedor del terreno de las localida- 
des y de sus habitantes, les llevará la tranquilidad y sosiego de 
que hoy carecen, podrá á la vez perseguir á las pequeñas par- 
tidas latrofacciosas que destrozan las vías, é impedir sean fusi- 
lados y maltratados los empleados de ellas y hasta los viajeros 
que transitan por las mismas. =En compensación de dichas 
fuerzas se enviarán á V. el número de batallones de reserva que 
juzgue necesarios, los cuales están ya en general bastante ade- 
lantados en su instrucción y podrán sustituir á los batallones de 
guardia civil, bien en guarniciones ó según V. juzgue conve- 
niente. =Espero la resolución de V. en tan vital asunto para 
desde luego tomar por mi parte las medidas necesarias. » 

Por decreto de D. Carlos de 3 de Octubre, Dorregaray cesó 
en el mando del ejército carlista del Norte, y reemplazado por 
D. Torcuato Mendiry. Acerca del particular, dice éste en sus 
memorias inéditas. «Debo ser franco; yo no deseaba el mando 
en jefe, porque no me hacía ilusiones y comprendía la imposi- 
bilidad de llevar la guerra al término deseado, por causas que 
no debo referir; porque nuestro ejército, en cuyas filas había 
mucha canalla, carecía de una organización sólida basada en 
los rígidos principios de la ordenanza, y toda reforma radi- 
cal habría causado el descrédito del reformador; porque el país 
se hallaba casi exhausto de recursos por las excesivas exac- . 
ciones que había sufrido, y era de temer llegara un día en que 
cansados los pueblos cambiaran su entusiasta abnegación en 
una desconfianza perturbadora; y últimamente, porque el par- 
tido esperaba de mi mucho más de lo que un hombre podía 
hacer con los limitados elementos de que podía disponer, y yo 



396 MORTÉ. — tEkCER PERÍODO. 

no sabia hacer milagros para satisfacer sus exageradas exigen- 
cias.! 

Mendiry se encargó de la dirección de las operaciones, titu- 
lándose jefe de E. M. G., y más tarde con el carácter de capi- 
tán genwal del ejército real del Norte y las atribuciones de Ge- 
neral en Jefe de un ejército en campaña. Dio impulso á la ins- 
trucción de los cuerpos y á las obras de defensa en ejecución, 
proyectando otras que debían hacerse en breve. 

En esta época corrieron de nuevo rumores de que los car- 
listas esperaban hacer una expedición á Castilla. Con este mo- 
tivo. Loma decía desde Vitoria al General en Jefe, que por con- 
fidencia se le aseguraba, que debían reunirse entre Orduña y 
Espejo seis ú ocho batallones, en su mayor parte castellanos, y 
mil caballos; induciéndole esto á creer que se trataba de alguna 
expedición. En su consecuencia, dispuso La Serna que la divi- 
sión de vanguardia se trasladara inmediatamente á Miranda de 
Ebro, por vía férrea, y previno á su jefe, Blanco, que se opusiera 
á que los carlistas pasaran el Ebro si no lo habían efectuado, ó 
en caso contrario, persiguiera á las fuerzas expedicionarias; y 
dio conocimiento del parte de Loma y de esta disposición al Mi- 
nistro de la Guerra, en telegrama del 9 de Octubre. 

El Ministro le contestó, que encargara la mayor vigilancia 
para evitar que los carlistas pasasen el Ebro, y le indicaba que 
si llegaba á realizarse dicha expedición, sería conveniente dotar 
á la división de vanguardia de la mayor fuerza posible de caba- 
llería, reiterando á su jefe la importancia de alcanzar y batir al 
enemigo inmediatamente. 

Blanco se hallaba ya el 10 en Miranda con cinco batallones, 
y esperaba que llegara el mismo día el resto de sus fuerzas. Ad- 
quirió la noticia de que se encontraban en Orduña cuatro bata- 
llones carlistas, y en Espejo la caballería de Balluerca. Dispuso 
desde luego que una brigada saliera á ocupar y custodiar algu- 
nos puntos sobre el Ebro. 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 397 

En telegrama del lo de Octubre, decia el General en Jefe al 
Ministro de la Guerra, que permanecería en Logroño el tiempo 
necesario para disolver los batallones de reserva; que trataría 
después de restablecer la línea de Vitoria á Miranda, y que ha- 
bía adoptado las disposiciones convenientes para auxiliar á 
Blanco, en caso necesario; encarecía la necesidad de contar 
con otra batería Plasencia y de que se le enviaran lo batallones 
de refuerzo, según lo prometido, con los cuales espera empren- 
der operaciones de mucha importancia. 

A consecuencia de las noticias que Blanco adquirió respecto 
á la situación del enemigo en Espejo, salió de Miranda para 
Fontecha, con la división de su mando. Pasó á Miranda la bri- 
gada Bargés que se hallaba en Cenicero, y á este punto una 
del 2.^ cuerpo. 

En Fontecha supo Blanco que las fuerzas carlistas reunidas 
en Espejo se habían retirado á Quincoces, á donde también se 
dirigían más fuerzas procedentes de Vi^aya, y que sus jefes ha- 
bían celebrado una junta en Orduña para tratar, según se de- 
cia, de la expedición á Castilla. 

Entretanto, Villegas alcanzó en Barrasa á una partida ene- 
miga, á la cual causó tres muertos y seis prisioneros; uro de 
éstos del batallón reserva de Castellón, que había desertado el 
día anterior, fué fusilado el ii. Villegas juzgó que era preciso 
un ejemplar castigo, porque habían ocurrido cinco deserciones 
del batallón reserva de Burgos y dos de la guardia civil en po- 
cos días. 

A la llegada de Villegas á Villasana, el lo, le participaron 
que había entrado en Orduña, el mismo día, el jefe carlista 
Mogrovejo, con S.ooo hombres, y que su objeto era realizar 
la anunciada expedición. 

Como la misión principal de Villegas, según las instruccio- 
nes que había recibido, era vigilar y proteger la vía férrea de 
Santander con preferencia á todo, hizo el ii una larga jor- 



398 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

nada para dirigirse á Medina de Pomar, colocándose de este 
modo delante del enemigo para poder salir á su encuentro en el 
caso de que marchase hacia Castilla. A la vez se hallaba asi 
en expectativa de los movimientos de los carlistas, por si se co- 
rrían hacia el valle de Carranza para atravesar la linea liberal 
por las inmediaciones de Ramales. No debe olvidarse que con 
las mismas fuerzas debía también atender á esta zona. 

El Ministro de la Guerra aprobó con fecha 14 las disposi- 
ciones adoptadas por Villegas; pero respecto al fusilamiento del 
desertor, aunque lo aprobaba también, añadía, que si desgra- 
ciadamente en lo sucesivo se repitiesen casos análogos se ob- 
servara cuanto la ordenanza y las disposiciones vigentes deter- 
minaban, y cuando menos precediera un consejo de guerra 
verbal. 

Villegas dijo en telegrama del 12 al General en Jefe, que 
urgía mandar un batallón á Liébana y reforzar su división; y 
en otro telegrama del mismo día le manifestó que las fuerzas 
carlistas de Orduña habían avanzado al valle de Losa, llegando 
una de las avanzadas á dos leguas de Medina de Pomar, donde 
él se hallaba; que ascendían aquéllas á nueve batallones; que la 
caballería que esperaban (500 caballos) debía haber llegado al 
emprender éstos el movimiento; que convenía enviar, por vía 
férrea, fuerzas á Aguilar de Campóo, para que se situaran en 
este punto y Reinosa, pues tendrían tiempo de cortar á los car- 
listas antes de que entraran éstos en Liébana; que tenía sus tro- 
pas racionadas y dispuestas á salir en el momento necesario; 
que haría cuanto le fuera posible, y por último, que se decía 
que los carlistas esperaban atacar á Medina. 

En vista de todo, dispuso La Serna que la división Blanco 
se trasladara por vía férrea á Aguilar de Campóo y Reinosa, 
para perseguir sin descanso á la expedición enemiga y batirla 
donde la encontrase; pero se detuvo el movimiento en Miranda 
de Ebro, por falta de material, pues no lo facilitó la empresa, á 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 399 

pesar de habérsele hecho reiteradas instancias; por lo cual rogó 
La Serna al Ministro, que teniendo en cuenta la urgencia é im- 
portancia de la operación, diera sus órdenes para que la empre- 
sa del Norte reuniera en Miranda, lo antes posible, el material 
pedido por Blanco. 

En telegrama del i3 decía el Ministro de la Guerra al Ge- 
neral en Jefe, á Blanco y á Villegas, que, según le manifesta- 
ba el comandante general de Vizcaya, se notaba en las filas car- 
listas un movimiento muy favorable á la causa liberal, y que 
aquella autoridad estarla á la mira del asunto. 

En telegrama del 14 decía el Ministro de la Guerra al Gene- 
ral en Jefe: 

«Por si V. E. no ha recibido el aviso, le participo que el 
general Villegas me manifiesta desde Soncillo, con esta fecha, 
que la facción ha contramarchado al valle de Mena; encarece la 
necesidad de reforzar su división, enviándole también más fuer- 
za de caballería. » 

La Serna le contestó en telegrama del mismo día: 

«Desde el momento en que tuve noticia del movimiento de 
la facción, dispuse que se reforzara la división Villegas con 120 
caballos de Burgos, que marcharían desde este punto á Reinosa 
en un tren especial, y posteriormente con dos batallones y una 
batería de montaña, que han salido por ferrocarril desde Miran- 
da. La.división Blanco queda á la expectativa en Miranda, refor- 
zada con cuatro batallones y una batería, por si la contramar- 
cha de la facción por el valle de Mena fuese con objeto de pe- 
netrar en Burgos. Llamo la atención de V. E. y del Gobierno 
acerca de la resistencia pasiva que han demostrado las líneas 
férreas, que en el trascurso de cuarenta horas sólo han reunido 
en Miranda el material escasamente necesario para dos bata- 
llones y una batería, únicas fuerzas que hasta esta madrugada 
habían podido ponerse en movimiento. Esta morosidad inexpli- 
cable ha paralizado las operaciones, y mientras no se adopten 



400 NORTE. — TERCER PERÍOIX). 

medidas enérgicas en este asunto, no será posible llenar el ser- 
vicio cual corresponde.» 

En telegrama del 14 decía Blanco al General en Jefe: 

«En este momento salgo con quinto tren de tropas, que- 
dando por embarcar la z.^ brigada, sección á lomo, Numancia 
y Arlaban. Hay reunido material para parte de estas fuerzas, y 
espero se remita el restante. Ruego á V. E. me diga, si en caso 
de encontrarlo, puedo hacer que se me una escuadrón de Pavia 
que está en columna Medina de Pomar. » 

A consecuencia de haber retrocedido la facción, previno La 
Serna á Blanco, que permaneciera en Miranda, pero había ya 
salido éste para Pancorbo, donde, por haber recibido dicha or- 
den, se detuvo. 

En telegrama del i5 de Octubre, fechado en Medina de Po- 
mar, decía Villegas al General en Jefe: 

«Ayer al medio día llegué á ésta. Las facciones continúan 
en el valle de Mena, y es probable persistan en su intento, por 
lo cual estoy con suma vigilancia. Por si llega el caso de que 
vuelvan á realizarlo y por lo necesario que me es mayor fuerza 
de caballería, pido con esta fecha los 200 caballos.» 

En telegrama del mismo día i5, participaba el segundo ca- 
bo de Burgos á las autoridades superiores, que los 120 caballos 
que debían unirse á Villegas, estaban dispuestos para marchar, 
así como también preparado el material para su trasporte, y 
preguntaba adonde debían dirigirse. 

El teniente coronel Manrique, jefe de uno de los batallo- 
nes enviados de refuerzo á Villegas, participó en telegrama del 
15 su llegada á Reinosa. En vista de este aviso, previno La Ser- 
na al capitán general de Burgos, que hiciese salir para dicho 
punto los 120 caballos de referencia, y dijo al teniente coronel 
Manrique: 

«Llegarán á esa por ferrocarril 120 caballos de Burgos. Tan 
pronto como lleguen, se lo participará V. al general Villegas, 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 40I 

á cuyas órdenes quedará con todas las fuerzas allí existentes, y 
recibirá las instrucciones que dicho general le comunique desde 
Medina de Pomar, donde se halla. » 

En telegrama del i6 manifestaba Villegas al General en 
Jefe, que Mogrovejo había vuelto desde Villasana á Orduña, y 
que en su vista había prevenido que las fuerzas de Reinosa 
puestas á su disposición pasaran á Medina de Pomar, donde se 
hallaba, para tomar la ofensiva en la primera oportunidad. 

Por fin, los carlistas, sea que nunca pensaran efectuar deci- 
didamente esta operación, sea que comprendieran cuan difícil 
era su realización y los graves peligros que correrían en ella, ó 
bien porque realmente su movimiento no tuviese otro objeto 
que distraer á las fuerzas liberales, volvieron á su línea. Sin em- 
bargo, durante todo el mes de Octubre se habló con insistencia 
de dicha expedición, y aun se dijo que se efectuaría tomando 
los expedicionarios la dirección de Aragón. Se añadía que se 
compondría de los primeros batallones de cada provincia, y que 
sacaban para sus filas todos los casados y viudos en estado 
de tomar las armas. Aunque no se llevó á cabo, hemos creído 
conveniente detenernos en este asunto, porque en las circuns- 
tancias en que se hallaba el escaso ejército del Norte, tenía su- 
ma importancia cualquiera operación que distrajera sus fuerzas. 

La Serna comprendía perfectamente que si bien «ra cierto 
que en la anterior guerra civil habían realizado los carlistas 
importantes expediciones á Castilla, variaban ahora por com- 
pleto las circunstancias, y que tales empresas eran muy difíciles. 
El armamento moderno exige un gasto considerable de muni- 
ciones, y como consecuencia un gran convoy de trasportes, que 
para los carlistas hubiera sido un obstáculo gravísimo, tenien- 
do en cuenta que necesitaba una gran movilidad. En dicha gue- 
rra civil no era difícil improvisar las municiones, pero ahora no 
sucedía lo mismo, y esto unido á que necesitaban un gran nú- 
mero aun sólo para una acción de importancia, imposibilitaba 



402 NORTE. — TERCER PERIODO. 

realizar una expedición. ¿Qué hubiera sido de los expediciona- 
rios, faltos de municiones y perseguidos por varias columnas del 
ejército liberal? Debe también tenerse en cuenta que el espíritu 
del país que debían de recorrer, no les era tan favorable como 
en aquella guerra. Bien conocía estas observaciones el general 
La Serna; pero si haciendo caso omiso del proyecto carlista, por 
imposible de realizarse, no tomaba disposiciones para impedir- 
la, pudiera suceder que los carlistas hicieran rápidamente una 
correría á Castilla, y que sacando mozos y recursos, volvieran 
á su línea antes de que los liberales consiguieran batirlos. 

Pero como vamos á decirlo en el capítulo siguiente, otro 
era el teatro que eligieron los carlistas para demostrar su im- 
portancia. 



CAPÍTULO IX. 



Acción del puente de Behobia.— Comunicación del comandante del destacamento 
francés de dicho puente al comandante militar de Irún.— Contestación de éste.» 
Oficio del alcalde de Irün al vicecónsul de España en Hendaya.— Marcha La Serna 
á Madrid para tratar con el Gobierno del plan de operaciones que convenia adoptar 
—Los carlistas continúan fortificando la línea del Carrascal para sostener el blo- 
queo de Pamplona.— Telegrama de Moriones al Ministro de la Guerra, respecto á 
la situación del enemigo y contestación del Ministro.— Proyectos carlistas.— Resuel- 
ven los carlistas atacar á Irún.— Disposiciones adoptadas por el Ministro de la Gue- 
rra y el General en Jefe para acudir en auxilio de irún. -Telegrama del embajador 
de España en París al Ministro de Estado y otro del comandante militar de Irún al 
General en Jefe, referentes al proyectado ataque de los carlistas á dicha plaza.— Es- 
tado de defensa de ésta.— Sitio de Irún.— Pasa La Serna á Gu púzcoa con un cuerpo 
de ejército.— Línea carlista de dicha provincia.— Posiciones que ocupaban los carlis- 
tas en el momento que sitiaron á Irún.— Planes para combatirlos.— Combate de San 
Marcos y operaciones que dieron por resultado el levantamiento del sitio. — Consi- 
deraciones.— Regresa La Serna con sus tropas á Santander.- Comunicación que di- 
rigió desde este punto al Ministro de la Guerra.— Se dirige La Serna á Miranda de 
Ebro. 



Ocurrió el 12 de Octubre un suceso que tuvo bastante im- 
portancia, tanto por el hecho de armas considerado aislada- 
mente, como por las complicaciones internacionales que de él 
pudieron surgir. 

Cuatro compañías del 4.'' batallón de Guipúzcoa ocuparon 
en la noche del 11 varias casas situadas frente á otras dos que 
ocupaban los liberales en la parte española del puente interna- 
cional de Behobia, y al día siguiente pudieron aproximarse á 
unos 30 metros de las últimas, merced á un carro blindado 
cargado de materias incendiarias, aunque no sin haber muerto 
ó sin ser heridos los que lo conducían. Los carlistas arrojaron 
sobre los puestos liberales botellas de petróleo, balas y piedras; 
pero no produjeron efecto. 

Comprendiendo el comandante militar de Irún, D. Juan 
Arana, por el intenso fuego de los defensores, que pudieran éstos 
consumir sus municiones, dispuso que se les enviaran algunas 



404 NORTE.— TERCER PERÍODO. 

cajas de cartuchos. Era difícil trasportarlas por la carretera, 
porque en el trayecto de Irún á dicho puente, tiene aquélla á su 
izquierda el Bidasoa, cuya orilla derecha sigue, y se halla domi- 
nada por la derecha por la colina Portu, desde la cual la batían 
cuatro compañías del 4.'' batallón de Guipúzcoa, cuatro del 7.° 
y dos del 3.", establecidas en tres órdenes de trincheras. Por es- 
te motivo pensó el teniente coronel Arana en enviar aquel auxi- 
lio por el Bidasoa, aunque en baja mar ofrecía este medio el 
inconveniente de que las embarcaciones deberían arrimarse mu- 
cho á la parte española. Para vencer estas dificultades, dirigió 
un atento oficio á la autoridad militar de la frontera francesa, 
solicitando el permiso necesario para conducir por territorio 
francés las municiones que necesitaba el destacamento, y el al- 
calde popular de Irún se prestó á llevar personalmente dicha co- 
municación, con el fin de obviar las objeciones que dicha 
autoridad pudiera hacer contra la ejecución de tal proyecto. 

Fué cordial y amistosa la entrevista del alcalde y la autori- 
dad militar francesa; pero teniendo ésta en cuenta las instruc- 
ciones que había recibido, no accedió á la petición, si bien con- 
sultó al General del departamento acerca de la conducta que 
debía adoptar. 

A la vez se presentó á la misma autoridad francesa el agen- 
te carlista D. Tirso Olazábal, solicitando que se decomisasen 
los cajones de referencia. 

Entretanto, apremiando las circunstancias. Arana había 
dispuesto que una gabarra condujese al puente algunos cajones 
de cartuchos; pero hostilizados los que la conducían, se vieron 
precisados á arrimarse á la orilla francesa, y el resguardo fran- 
cés se apoderó de los cajones y los depositó en la aduana. 

A las dos y media de la tarde, dispuso Arana que pasase al 
puente internacional otra lancha con un cañón de á ocho, las 
correspondientes n)uniciones y algunas cajas de petróleo que 
podían servir para incendiar las casas inmediatas al destaca- 



liAKDO DEL GENERAL LA SÉkNA. 405 

mentó. Este segundo envío tuvo peor resultado que el primero, 
porque los carlistas persiguieron á los que conducían la lancha, 
intimándoles la entrega del cargamento, y mataron á uno é hi- 
rieron á otro, obligando además á aquéllos á atracar á la orilla 
francesa, donde el resguardo volvió á hacerse cargo del cañón, 
las municiones y las cajas de petróleo. Cúpole igual suerte á 
otra gabarra que conducía también municiones, y murió en está 
tercera expedición un voluntario, y fué herido otro. 

La situación del destacamento era en extremo crítica, pues 
contaba con muy pocas [municiones para resistir durante toda 
la noche á un enemigo superior en número, y tan cerca de él, 
que era probable que ayudado por la oscuridad de la noche 
pudiera incendiar las casas y apoderarse del puente. Teniendo 
en cuenta Arana estos datos y la importancia que para los car- 
listas tenía la conquista del puente, ya porque les facilitaba la 
introducción de toda clase de efectos, ya por el empeño que en las 
dos guerras civiles habían tenido.de conquistarlo, ya porque una 
ventaja conseguida por los carlistas en aquel punto de la fronte- 
ra les daría algún prestigio, y ya también porque podía ser un 
punto de apoyo para atacar á Irún, resolvió acudir con sus es- 
casas fuerzas al auxilio de los defensores del puente. La em- 
presa era aventurada y difícil. La colina de Portu^ ocupada en la 
forma ya dicha, y el monte San Marcial coronado de carlistas^ 
eran obstáculos poco menos que insuperables para cortas fuer* 
zas, y la guarnición no contaba sino con 65o hombres útiles. 
De éstos había que dejar en la plaza próximamente la mitad, 
con el ñn de cubrir su servicio, que no se podía abandonar; do 
modo que las fuerzas disponibles para la operación podían ser 
unos 325 hombres, que debían batirse con un enemigo dos ó 
tres veces superior situado en excelentes posiciones* Con tan 
insignificantes fuerzas, Arana, apoyado por la artillería de los 
dos ñiertes que defendían á Irún, atacó decididamente al ene« 
migoi y en corto tiempo^ á pesar de la lluvia de balas que caid 



406 NORTE. - TERCKR PERÍODO. 

sobre sus tropas^ se apoderaron éstas de las posiciones de Astiga- 
rramborda é Ibaeta, y después de Azquen-portu , distante un 
kilómetro de la villa; y últimamente, 50 miqueletes, es decir, 
unos cuantos valientes, con su capitán Sánchez, el teniente Ma- 
chain y el alférez Zuloaga, salvaron á la carrera el kilómetro 
que media entre Azquen-portu y el puente, dominado por altu- 
ras sembradas de casas defendidas por el eiiemigo, poniendo á 
éste en retirada. 

Arana pasó después al puente con la 3.'* compañía de mi- 
queletes; dio las órdenes oportunas para asegurarlo de un nue- 
vo ataque, y regresó á Irún con el resto de sus fuerzas. 

Los extranjeros expectadores de la lucha encomiaron mu- 
cho el valor desplegado por las tropas liberales en tan glorioso 
hecho de armas. 

Realmente fué de gran mérito la acción de referencia y tu- 
vo grandísima importancia, porque realzó ante la Europa el 
valor y el prestigio de los liberales, haciendo decaer el concep- 
to de los carlistas. 

Merece cumplido elogio el teniente coronel Arana, tanto 
por su salvadora resolución como por el arrojo y bravura con 
que la ejecutó. Sería pálido cuanto pudiéramos decir de los he- 
roicos miqueletes. No asombraban los hechos más notables que 
éstos realizaran, pues su valor era proverbial en las tropas de 
Guipúzcoa. 

Las pérdidas sufridas por los liberales fueron cinco muer- 
tos, diez heridos y cinco contusos; y las de los carlistas un 
oficial y 24 individuos de tropa muertos, un comandante y 60 
individuos de tropa heridos y un sargento prisionero. 

Como complemento de este suceso, copiamos á continua- 
ción la comunicación que el comandante del destacamento fran- 
cés de Behobia dirigió al teniente coronel Arana, con motivo 
de haber penetrado en Francia algunos proyectiles durante el 
combate de referencia; copiamos también la contestación de 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 407 

Arana, y el oficio que el alcalde de Irún, D. José Echevarría, 
que se hizo notar por sus servicios el día 12, dirigió al vice- 
cónsul. de España en Hendaya, como resultado del expediente 
instruido con el mismo motivo, á petición del embajador de 
España en París: 

«Behovia 15 de Octubre de i874.=El capitán del 49 regi- 
miento infantería, comandante del Puesto del Puente de Beho- 
via, al capitán de miqueletes, comandante del destacamento es- 
pañol del mismo punto. =Mi apreciable y honrado colega: El 
señor jefe de batallón comandante de las fuerzas de la frontera 
francesa ha recibido ayer del Sr. general comandante de la 36.** 
división de infantería, con orden de comunicarlas á todos los de- 
más jefes republicanos y carlistas cercanos, las siguientes ins- 
trucciones. = Me encarga que las comunique á V., y lo hago in- 
mediatamente, deseoso de que tome las precauciones necesarias 
para evitar un choque, lastimosísimo, de amigos contra amigos, 
de republicanos contra republicanos. =Tengo confianza en su 
prudencia y capacidad, y las copio literalmente. = «Bayona i3 de 
Octubre de 1874. =Mi apreciado comandante: comunicará V. S. 
á quien deba, carlista ó republicano, lo que sigue: =:No se puede 
admitir bajo ningún pretexto que algunos proyectiles españoles 
caigan en territorio francés. Como soldados, debemos cumplir 
con nuestros deberes y proteger de una manera absoluta la se- 
guridad del territorio; por lo tanto, si vuelve otra vez á ser viola- 
do, como en la jornada de ayer, por los proyectiles de los dos 
partidos, será indispensable, para asegurar dicha protección, 
emplear medios militares, ya que los parlamentarios no banda- 
do resultado. =E1 aumento del efectivo de sus destacamentos y 
la exhibición de sus fuerzas de artillería, dará, si es necesario, 
una prueba evidente de su firme voluntad para que sea respeta- 
do nuestro territorio. =Su deber es mantenerse absolutamente 
neutral por todos sus actos en la lucha entablada en la orilla iz- 
quierda del Bidasoa, pero tiene también estricta obligación de 



4o8 KORtE. — TERCkK PKRIODO. 



asegurar por todos los medios de su poder^ la inviolabilidad de 
nuestro territorio. =En su consecuencia, evitará con muchísimo 
cuidado tomar disposiciones de naturaleza agresiva, pero tam- 
bién tomará las precauciones necesarias para que no se vuelvan 
á repetir los lastimosos accidentes notados ayer por nosotros mis- 
mos. =E1 general primer jefe de la 36." división, =Fourcet.»= 
Por último, haga V. el favcr, mi estimado colega, de aceptar de 
de nuevo con mis parabienes por su heroica conducta é invaria- 
ble fidelidad á la causa de la libertad, la seguridad de los afec- 
tuosos sentimientos y de la mayor consideración con que soy 
de V. seguro servidor q. s. m. b.=:A. Dumas.» 

«Me he enterado de la comunicación que se ha servido us- 
ted pasar al jefe del destacamento del puente de Behobia, con 
fecha de ayer, trasmitiendo las instrucciones que ha recibido del 
Excmo. Sr. general que manda la 36.^ división de infantería, por 
mediación de su señor jefe comandante de las fuerzas de la fron- 
tera. =Esta comunicación tiene por objeto prevenir á las fuer- 
zas del Gobierno legitimo de esta nación y de los rebeldes, que 
si pasa algún proyectil al territorio de esa nación, se emplearán 
medios militares en lugar de Tos parlamentarios que han queda- 
do sin resultado. = Se expresa también en las instrucciones, que 
el deber de las fuerzas -militares francesas ha de ser absoluta- 
mente neutral por los actos á que dé lugar la lucha pendiente en 
la orilla izquierda del Bidasoa.=ljltimamente se encarga en las 
mismas instrucciones, que se tomen todas las precauciones ne- 
cesarias para que no vuelvan á acontecer los lamentables acci- 
dentes ocurridos el 13 del presente mes, con motivo del ataque 
de los rebeldes al destacamento español del puente de Beho- 
bia. «=Son muy respetables para mí las prevenciones que hace 
el Excmo. Sr. general de la 36.'* división; pero con toda la consi- 
deración debida á su alta categoría, debo manifestar con la 
franqueza propia de un militar, y en cumplimiento del deber 
que me impon» el puesto que ocupo, que me ha extrañado la 



Makdo del óéKeral la Serna. 409 

manera con que se ha dirigido á las autoridades legitimas re- 
conocidas por esa nación y por las potencias de primer orden, 
igualándolas con los rebeldes, y encargando que sea neutral la 
autoridad militar de esa nación en la lucha pendiente entre el 
Gobierno de ésta y los carlistas. =Una nación amiga, como es 
ésta de la nuestra, creía yo que había de hacer alguna distin- 
ción entre el Gobierno reconocido por ella y los enemigos que 
le combaten. = Los Gobiernos de ambas naciones tienen las 
mismas tendencias: defienden la civilización y el progreso con- 
tra la barbarie y el retroceso; y los enemigos de cualquiera de 
los Gobiernos son á la vez del otro, y no se comprende, por lo 
mismo, la neutralidad de que habla el Excmo. Sr. general. = 
La posición de las fuerzas que yo mando debe además tranqui- 
lizar á Francia respecto á los proyectiles que pasan á aquel te- 
rritorio, pues teniendo á la espalda el Bidasoa, que sirve de lí-, 
mite á ambas naciones, no es posible que pasen los proyectiles 
que disparen dichas fuerzas contra los rebeldes á esa nación, á 
no ser que venga la agresión por esa parte, como nos sucedió 
no hace mucho tiempo en el puente de Behobia, que penetra- 
ron por ese lado algunos carlistas que se quisieron apoderar de 
la cabeza española por la tolerancia de los agentes y empleados. 
=En la acción de 13 del corriente mes, han sido muertos en 
las aguas francesas un miquelete y un voluntario por los dispa- 
ros de los carlistas, en dirección á esa nación, sin que se haya 
contestado á esta agresión y violación del territorio francés 
con ninguna demostración. = La primera partida carlista que 
se formó en este país el año de 1870 fué en el caserío de 
Martingo, jurisdicción deBiriatu, donde hacían guardia y se 
ejercitaban en el manejo de las armas: y á pesar de estar á tiro 
de fusil de la guardia de carabineros de la parte española, no 
se disparó ninguno, contentándose la autoridad española con 
denunciar esté escandaloso hecho, cuya denuncia no tuvo nin- 
gún resultado. = Varias veces han sido insultados por los car- 

Tomo v. a; 



410 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

listas desde el territorio francés y de las gabarras fijas que exis- 
ten en el Bidasoa con el nombre de gijonas, los miqueletes y 
carabineros que guardan el puente de Behobia y el puesto de 
Santiago^ sin que tampoco hayan disparado ningún tiro^ á pe- 
sar de estar á poca distancia; y puede V. conocer, por lo que 
presenció en la acción del 13, que no fué por cobardía sino 
por prudencia, y por no violar el territorio francés, con- 
tentándose con participar estas provocaciones á la autori- 
dad superior para que entablara las gestiones convenien- 
tes, con el fin de evitar semejantes desmanes. = En estos 
insultos y provocaciones de los carlistas hay la notable cir- 
cunstancia de que las indicadas barcas ó gijonas de donde 
parten, permanecen en el Bidasoa, en abierta contravención al 
artículo 23 del tratado de límites de 2 de Octubre de i856, y 
.principalmente el artículo i.^ de las disposiciones adicionales 
de dicho tratado, firmadas en Bayona el 11 de Julio de 1868, 
que prohibe á todo barco ó construcción flotante, cualesquiera 
que sean su naturaleza y el país á que pertenezcan, per- 
manecer de un modo estable en las aguas del Bidasoa. = Hace 
poco que desde el pueblo de Hendaya se han dado gritos sedi- 
ciosos y provocativos de «Viva Carlos VII» á la guarnición 
de Fuenterrabía, por producir sin duda algún conflicto inter- 
nacional, que evitó la prudencia de los jefes de la guarnición. 
Por estos hechos conocerá V. el respeto con que se mira á esa 
nación de parte de estas autoridades legítimas. Examinemos 
ahora el proceder que han observado y observan los carlistas 
respecto á esa nación. Ya se ha dicho que en la rebelión de 
1870 se armó la primera partida carlista en Biriatu; en la pre- 
sente han arrancado de un caserío de Hendaya á Biriatu. Dos 
carlistas que huyeron de sus filas, han apaleado franceses en este 
mismo territorio y robado á otros; han tenido que suspender 
los trabajos de minas de esta jurisdicción la compañía france* 
sa y de otras naciones extranjeras, por las tropelías que los 



Mando del general la Serna. 411 

carlistas cometían con sus encargados y operarios» y excusado 
es decir los inmensos daños que están causando á todas las na- 
ciones por su conducta bárbara y salvaje; y sin embargo de 
esto, entran y salen cuando quieren en España los autores 
de tantos crímenes sin que se les moleste para nada, cuando á 
consecuencia de las quejas producidas por el comisario de poli- 
cía de Hendaya contra los miqueletes, que en ninguno de esos 
crímenes han tenido participación, no se les permite pasar á 
Francia. Tal estado de relaciones en la frontera parece indicar 
que se protege al partido rebelde, y que hay una marcada anti- 
patía contra el Gobierno legítimo de esta nación, á pesar de su 
reconocimiento por el de ésa. Esto consiste sin duda alguna en 
que tanto los habitantes como las autoridades locales de la fron- 
tera son completamente adictos al partido legitimista de esa 
nación, que hace causa común con el carlismo de España, y de 
consiguiente son hostiles á los Gobiernos de ambas naciones, y 
no cumplen ni quieren cumplir con las órdenes é instrucciones 
que deben recibir de sus autoridades . Ya que el Excmo. señor 
General previene que se adopten las precauciones necesarias 
para que no se reproduzcan los sucesos que lamenta, me atrevo 
á proponer algunas medidas para precaver cualquier conflicto 
en cumplimiento de las leyes internacionales, en conformidad 
á lo dispuesto por esa nación á consecuencia del reconocimien- 
to de nuestro Gobierno y á la unidad de miras y tendencias de 
los Gobiernos de ambas naciones, conservando de este modo la 
buena armonía que es tan necesaria conservar entre ellas. Las 
medidas que en mi concepto cortarían de raíz los conflictos que 
se temen, son: i.*" Llevar á efecto la prohibición de que perma- 
nezcan en el Bidasoa, en cumplimiento de las indicadas dispo- 
siciones adicionales al tratado de límites, las cuarenta barcas 
fíjas estacionadas y cargadas de contrabando que se ihtroduce 
en ambas naciones. 2.° Prohibir el tránsito por el Bidasoa de 
toda clase de efectos de guerra y de los artículos gravados con 



412 KORTfí. — tERCER PERÍODÓ. 

derechos nacionales, provinciales y municipales, conforme á las 
ordenanzas de Aduana de ambas naciones y á lo convenido por 
sus Gobiernos, según la orden dirigida por el Sn Ministro de 
Hacienda á la Dirección general de Aduanas, con fecha 22 de 
Marzo de 1873, y qu« se habrá comunicado también á la de esa 
nación en la misma época. 3/ Cumplir estrictamente la in- 
ternación acordada por el Gobierno de esa nación de todos los 
carlistas de nota que residen en la frontera, y prohibir el libre 
tránsito de los carlistas armados que diariamente pasan á esa 
nación, para insultar desde allí á los destacamentos de esta vi- 
lla y Fuenterrabía. Como V. vé, nada propongo ni exijo que sea 
contrario á las leyes y disposiciones internacionales y de buena 
amistad que debe haber entre dos naciones amigas, y espero 
que el Excmo . Sr. General dará su aprobación á las medidas 
que propongo, llevándolas á efecto, de común acuerdo; lo que nos 
ahorraría el disgusto de vernos envueltos quizá en algún con- 
conflicto hombres de las mismas ideas, que defendemos la mis- 
ma causa y aspiramos al mismo fin, por condescendencias in- 
justas 6 contrarias á las leyes. Tanto de la comunicación que 
V. se ha servido trasmitir, como de la presente, doy cuenta á 
mis superiores, para su inteligencia y Gobierno. =Dios guarde 
á V. muchos años. — Irún 16 de Octubre de 1884. — Juan Ara- 
na. — Sr. capitán del 49 regimiento de infantería, comandante 
del destacamento de Behobia. » 

«En vista de la comunicación que V. se sirvió pasarme, con 
fecha 16 del corriente mes, por encargo del señor cónsul de Ba* 
yona, se ha formado el adjunto expediente gubernativo, que re- 
mito original, en el que se hallan consignados de una manera 
fidedigna todos los datos que desea el Excmo. Sr. Embajador 
de España en París. =Para que aquel alto funcionario com- 
prenda mejor cuanto aparece del expediente, acompaño un 
plano ó croquis topográfico del territorio en que se indican los 
puntos citados en las declaraciones de los testigos. ^^De todo 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 4l3 

ello aparece, que el resguardo francés se contentó el día 12 con 
apoderarse de las embarcaciones que se dirigieron con municio- 
nes y otros pertrechos al destacamento del puente de Behobia, 
y á detener á los conductores 6 marineros, privando de aque- 
llos recursos indispensables á dicho destacamento para su de- 
fensa, sin hacer ninguna demostración contra la agresión de los 
carlistas al territorio francés, á donde pasaron muchísimas ba- 
las disparadas por ellos, hiriendo á bastante distancia de la ori- 
lla francesa del Bidasoa á un vecino de San Juan de Luz. = 
Desde las diez de la mañana del 12 del corriente que pasé á Be- 
hobia en persona, con la comunicación del señor comandante 
militar de esta villa, á solicitar el permiso para pasar por Fran- 
cia las municiones que necesitaba el destacamento de dicho pun- 
to, hasta la una y media de la tarde que salió la primera expe- 
dición de cartuchos para el destacamento, y hasta las cinco y 
media que salió la tercera, había suficiente y sobrado tiempo 
para que el resguardo francés tuviese conocimiento del destino 
de los cartuchos, cañón y demás pertrechos, y sabía, por con- 
siguiente, que no eran objeto de contrabando, sino para prestar 
un auxilio á la defensa del puente de I^hobia por las armas 
leales, y podían á lo más obligar á llenar las formalidades lega- 
les del comercio de tránsito, ya que están habilitadas las adua- 
nas de Hendaya y Behobia para la importación y exportación 
de toda clase de artículos. =Cuando el Gobierno francés dispu- 
so que se devolvieran las indicadas lanchas y efectos, habían 
ya perdido su importancia, pues se había salvado ya el destaca- 
mento de Behobia, gracias al heroico arrojo de la guarnición. = 
La posición de nuestras fuerzas y la de los rebeldes demuestra 
además, sin que deje lugar á ninguna duda, que la fusilería de 
la guarnición de esta villa no disparaba sus tiros á Francia, 
porque tenía el Bidasoa á sus espaldas, al revés que la de los 
carlistas, que tirando hacia el destacamento de Behobia y á las 
lanchas que conducían los objetos destinados para su defensa, 



414 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

tenían que pasar precisamente los proyectiles al territorio fran- 
cés, como efectivamente pasaron, según se demuestra de las de- 
claraciones de los testigos. =Las balas de los carlistas han po- 
dido y debido llegar lo menos á un kilómetro de distancia desde 
la orilla francesa del Bidasoa al interior de su territorio, por- 
que teniendo un alcance de 1.200 metros los fusiles del sistema 
Remington que usan los carlistas, y no teniendo el Bidasoa en 
su mayor anchura más de unos 100 metros, y habiendo dispara- 
do los carlistas sus tiros desde la misma orilla española de dicho 
rio y de las casas inmediatas al destacamento del puente, claro 
es que los proyectiles han podido y debido llegar á la distancia 
indicada de i.ooo metros dentro del territorio ¡francés. =Se ha 
dicho, sin embargo, en algunos periódicos, que ha sido herida 
en Francia una joven de los tiros de las fuerzas leales; pero esto 
es falso, pues, que á dicha joven alcanzó su desgracia en la par- 
te española en una de las casas que ocupaban los carlistas, an- 
tes de ser rechazados de ellas. =Los únicos proyectiles que han 
podido pasar de parte de las fuerzas leales á Francia, habrán po- 
dido ser alguna granada ó casco del mismo proyectil reventado 
al aire, al hostilizar el fuerte de Mendivil á los carlistas que 
amenazaban al destacamento; pero muy pronto se notó el peli- 
gro que había de violar el territorio francés con semejantes dis- 
paros de artillería, y se suspendieron hacia aquel punto, como 
consta de la declaración del jefe de artillería de los dos fuertes; 
pero es conveniente consignar que la artillería afortunadamen- 
te no causó ninguna herida en Francia. =Para que no se repita 
semejante hecho y con objeto de ahuyentar al enemigo de la 
proximidad del puente de Behovia, se ha colocado una pieza en 
el mismo fuerte del destacamento; empleado este medio, es in- 
necesario el uso de la artillería de los fuertes del Parque y Men- 
divil para atacar al enemigo que se presente en aquella inmedia- 
ción, y puede estar seguro el Gobierno francés de que no pasará 
ningún proyectil á su territorio por parte de la guarnición de es- 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 415 

ta villa. =No puede asegurarse así de parte de los carlistas que 
vengan á atacarla, pues que habiendo puestos de guardia á la 
misma orilla del Bidasoa, no pueden ser atacados por los carlis- 
tas, sin que sus proyectiles atraviesen el río y pasen á la tierra 
firme de Francia. =La artillería que traigan los mismos carlis- 
tas para atacar á esta villa y la sitúen hacia la parte Sur de la 
misma, puede también disparar sus tiros hasta llegar ál territo- 
rio francés; y si esta Nación quiere que sea respetada, como es 
justo y conveniente, debe dirigirse á los carlistas, previniéndoles 
que no se acerquen al Bidasoa lo menos en 1.200 metros, cuan- 
do hagan uso de la fusilería, y á mayor distancia para la arti- 
llería, según su calibre, intimándoles con utilizar los medios 
militares, si disparan en dicha zona un solo tiro.=Al termi- 
nar esta comunicación, debo advertir que la muerte del vo- 
luntario y del miquelete ocurrió en la jurisdicción francesa, por 
estar el barco en que sucedió tan desgraciado suceso cerca de los 
vallados de la tierra firme, conforme á lo establecido en el ar- 
tículo 25 del tratado de límites de 2 de Diciembre de 1856.= 
Es cuanto me ocurre que decir respecto á las noticias que pide 
el Excmo. Sr. embajador español en París, y si tuviera ne- 
cesidad de otras que esté á mi alcance adquirir, podrá pedírme- 
las, pues tendré el mayor gusto en coadyuvar en cuanto pueda 
á la defensa del partido de la civilización y del progreso que de- 
fendemos. = Dios guarde á V. E. muchos años.=:Irún 22 de Oc- 
tubre de 1874. =José Echevarría. =Sr. vicecónsul de España 
en Hendaya.» 

Una comisión nombrada por el Gobierno francés entregó 
el i3, en nombre de éste, al comandante militar de Irún, el 
cañón, las municiones y el petróleo decomisados el día ante- 
rior, y fueron enviados al puente internacional. 

Tan pronto como supo el General en Jefe que los carlistas 
atacaban á Behobia, dispuso que pasaran por mar dos batallo- 
nes desde Bilbao á San Sebastián, con objeto de acudir al so- 



4l6 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

corro de los defensores; pero en vista del giro de los sucesos 
se suspendió el embarque. 

El gobernador militar de San Sebastián reforzó con dos 
compañías la guarnición de Irún, por si este punto era el ob- 
jetivo principal del enemigo. 

Llamaba seriamente la atención del General en Jefe el es- 
tado de la guerra del Norte, y como hemos dkho, desde que se 
encargó del mando estudió detenidamente los medios más con- 
venientes para el cumplimiento de su difícil misión. 

Hemos tratado ya de la junta de generales convocada en 
Madrid con objeto de tratar del plan más conveniente para la 
terminación de la guerra. Posteriormente, el brigadier Terrero, 
jefe de E. M. del primer cuerpo, había pasado á Madrid con el 
fin de conferenciar con el Ministro de la Guerra respecto al 
mismo asunto en la parte referente al Norte . 

La Serna y Moriones conferenciaron también en Castejón 
el 26, y en telegrama de este día, decía aquél al Ministro: 

«Reunido aquí con general Moriones para conferenciar, he- 
mos acordado una operación tan importante, que ruego á V. E. 
me autorice á mí 6 al general Moriones para ir á esa capital.» 

Autorizado La Serna para marchar á Madrid, se dirigió 
á esta capital, quedando encargado del mando, interinamente, 
el teniente general Pieltain, comandante en jefe del segundo 
cuerpo (había sucedido en este cargo al general Ceballos, al 
cual se le confió una Dirección). 

Entretanto, los carlistas continuaban fortificando su línea 
del Carrascal, y según telegrama de fecha de 29 de Octubre del 
general Moriones, se proponían oponerse á toda costa al paso 
de las tropas liberales á Pamplona. 

Elío se encargó de la secretaría de Estado y del despacho de 
los asuntos concernientes á la guerra, y volvió á entrar en la 
vida activa que había dejado por falta de salud, según lo decía 
en la alocución que dirigió á los suyos. 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 417 

Bloqueada la plaza de Pamplona, exigía por su gran 
importancia, que el ejército acudiera á librarla, establecien- 
do á la vez sólidamente las comunicaciones de aquélla con el 
Ebro. 

Decía Moriones al Ministro, en telegrama del 29 de Octubre: 
' «Las confidencias y los pasados dicen, que ayer 29, el Pre- 
tendiente en Puente; Valdespina, Estella; Elío examinando las 
obras del Carrascal. Pretendiente, el 26 por la noche di6 en 
Puente un gran escándalo, que tiene altamente disgustados á 
sus partidarios; por correo daré detalles al Gobierno. Ya tengo 
avisado que abran camino á Irún, que no creo lo tengan toda- 
vía para llevar cañones. Deseo que V. E. se convenza que por 
hoy la atención fija de los carlistas es el paso de Pamplona. Al 
General en Jefe La Serna expuse la conveniencia de un fuerte 
artillado en Irún. » 

En telegrama del mismo día 3o de Octubre contestaba el 
Ministro de la Guerra al general Moriones: 

«Enterado del telegrama cifrado de V. E. Dicen de Irún, 
con referencia A noticias de Vera, que ayer salieron para Sas- 
laola dos compañías carlistas de ingenieros; se cree para hacer 
camino y subir cañones á San Marcial, añadiendo van dos ba- 
tallones á tomar Irún, con D. Carlos y Elío, y Valdespina á 
Vera, con seis cañones de montaña. Lo digo á V. E. para su 
conocimiento.» 

Era crítico el estado de la guerra en el Norte, pues si era 
grave en Navarra, no lo era menos en Guipúzcoa^ con la 
circunstancia agravante de que sólo por mar se podía auxiliar á 
esta última provincia. Importaba mucho levantar cuanto antes 
el bloqueo de Pamplona, pero por de pronto lo urgente, lo in- 
mediato, era salvar á Irún, si los carlistas atacaban este punto, 
como parecía ya seguro. 

La ocasión elegida al efecto por los carlistas era oportuna. 
El ejército liberal, por sus escasas fuerzas, desproporcionadas 



4l8 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

al ñn que debía realizar, estaba á la defensiva y en expectativa 
de refuerzos suficientes para emprender alguna operación de 
importancia, y comprendían los carlistas, que por el momento 
no debían temer que su enemigo invadiese el interior del terri- 
torio vasco navarro. Como los carlistas no podían atacar la lí- 
nea del Ebro, pues no contaban con elementos al efecto, y por 
otra parte, la inacción les era en extremo peligrosa, trataron de 
acometer alguna empresa, que á la vez que los pusiera en ac- 
tividad, les reportase alguna utilidad, sacando el mejor parti- 
do posible de las circunstancias. Abandonado el proyecto de 
hacer una expedición á Castilla, intentaban ahora la conquista 
de Irún, que en caso de realizarla les daría mucho prestigio y 
gran fuerza moral en el extranjero, además del reconocimiento 
como beligerantes por alguna potencia. 

Ya en el mes de Setiembre habían acariciado la idea de ata- 
car simultáneamente á dicho punto, San Sebastián y Hernani. 
Entonces, el gobernador militar de la provincia envió á Irún 
dos compañías de refuerzo, y en Bilbao estuvieron preparados 
para embarcarse dos batallones que debían dirigirse á Guipúz- 
coa, si las circunstancias lo exigían. 

Durante los meses de Setiembre y Octubre, rio cesaron los 
rumores de que los carlistas pensaban atacar á Irún. 

Por lo demás, el estado de las cosas de la frontera, en la 
reducida zona del Bidasoa comprendida entre Behobia y la des- 
embocadura de aquel río, dejaba mucho que desear, según se 
deduce de una comunicación dirigida por el comandante militar 
de Irún al gobernador militar de la provincia. 

A fines de Octubre participó el gobernador militar de Gui- 
púzcoa al Ministro de la Guerra y al General en Jefe, que se 
hablaba con insistencia del ataque á Irún, y que, como medida 
previsora, había reforzado la guarnición de este punto con una 
compañía y dos piezas de á 12 y 16 centímetros. En el mis- 
mo despacho, les dijo: «Cuerpos á mis órdenes están sin diñe- 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 4I9 

ro para necesidades más apremiantes; batallón Gerona lleva 
once días sin socorro; todas las obligaciones desatendidas; urge 
remisión de fondos.» 

En otro telegrama del 3o, participó el mismo gobernador 
á las referidas autoridades, que el Pretendiente, Ello y otros 
jefes habían llegado á Lesaca, con cuatro batallones navarros y 
seis piezas de montaña. 

En parte del 31 de Octubre manifestó el comandante mili- 
tar de Irún á las autoridades superiores, que en la noche an- 
terior habían llegado á Vera tres batallones enemigos y dos á 
Lesaca, con dieciseis piezas de artillería y dos obuses, con el 
propósito, según se decía, de atacar á aquella plaza. 

En vista de estas noticias, previno La Serna al comandante 
general de Vizcaya, que ordenase el inmediato embarque de dos 
batallones en los buques preparados al efecto, y que sin pérdida 
de momento salieran para San Sebastián. Al dar cuenta de 
esta disposición al Ministro, le manifestó La Serna, que si se 
acentuaba el ataque á Irún, enviaría á Guipúzcoa más fuerzas 
á las órdenes de un general, y que para este caso convendría 
que desde Madrid se enviasen á Santander los elementos nece- 
sarios para proveer á las tropas. 

En su vista, el Ministro preguntó el i."^ de Noviembre al 
gobernador militar de Santander, si en este puerto había vapo- 
res disponibles para una eventualidad inmediata y qué número 
de víveres y municiones existían en la plaza. Le contestó el 
gobernador el mismo día, que en aquel momento había seis va- 
pores mercantes disponibles y una goleta de guerra; «no hay 
depósito de víveres, añadía, pues las existencias que quedaron, 
las mandaron al ejército, pero sí facilidad de adquirirlas. Las 
municiones disponibles en este parque, son las siguientes: tres 
millones y medio cartuchos Remingthon; Soo.ooo Berdan; 
i.3oo granadas vacías de á ocho centímetros y 900 ídem car- 
gadas para cañón bronce rayado; 1.700 de á ocho centímetros 



420 NORTE. — TERCER PERIODO. 

Plasencia cargadas y 1.531 id. vacías; 1.938 de á ocho centí- 
metros Krupp; 1.359 d® á diez centímetros cargadas y 2.146 
ídem, id. vacías; i 463 de á dieciseis centímetros vacías, falsa 
boquilla, y 200 id. cargadas; 1.496 de á dieciseis centímetros 
sin falsa boquilla, vacías; 4.000 de á doce vacías y 200 id. car- 
gadas; 1.800 de á 21 centímetros vacías.» 

El Ministro previno al referido gobernador militar, que le 
avisara con anticipación si llegaba el caso de que zarparan di< 
chos buques. 

Ya en telegrama de 31 de Octubre, el Embajador de Espa* 
ña en París participó al Ministro de Estado, que por varios 
conductos se confirmaba la noticia de que los carlistas atacarían 
á Irún en breve con medios poderosos; y el General en Jefe, en 
despacho del i." de Noviembre, dijo acerca del particular al 
Ministro de la Guerra: 

«Confirmándose las noticias referentes al ataque á Irún, has- 
ta el punto de poder considerarse como seguro el telegrama de 
nuestro Ministro en París, que V. E. me trasmite, y otro del ge- 
neral Loma, quien me manifiesta que el Pretendiente llegó el 30 
á Lesaca y ha emprendido la marcha hoy á las diez de la maña- 
na en dirección á Irún, al frente de fuerzas, tomando, al pare- 
cer, el mismo camino los batallones que se hallaban en Salva- 
tierra y Villarreal. Me propongo acudir con el mayor número de 
fuerzas que pueda reunir para evitar un suceso cuya importan- 
cia comprendo. En tal concepto, creo llegado el caso de que se 
ejecuten las prescripciones de V. E. para el abastecimiento y 
las que exija el embarque de unos ocho ó diez batallones, má- 
ximo de la que podré mover, dejando mal guarnecida la línea 
del Ebro, á menos que V. E. me envíe algún refuerzo. Urge 
venga inmediatamente á Vitoria Reyes, para llevar yo á Loma á 
la expedición.» 

En vista de este telegrama, el Ministro dispuso que tres ba- 
tallones de guarnición en Madrid estuvieran dispuestos á mar- 



l^AKbO DEL ÓÉÑERAL LA ^BR^^A. 4¿í 

char al primer aviso al punto que se les designase fuera del Dis* 
trito^ y previno al gobernador militar de Santander, que tuviera 
dispuestos los buques necesarios para trasportar á San Sebastián 
una expedición de ocho ó diez batallones» adquiriendo los víve- 
res necesarios para su abastecimiento y preparándolo todo sin 
la menor demora. 

En telegrama del 3 dijo el comandante militar de Irún 
al General en Jefe: 

«Creo inminente ataque á esta plaza, y que comenzará ma- 
ñana. Colocadas dos baterías de 16 cañones y dos morteros; hay 
seis batallones guipuzcoanos, dos alaveses y un navarro.» 

La plaza de Irún estaba débilmente fortificada. La defendían 
dos fuertes construidos en dos colinas inmediatas á la villa, en 
los puntos denominados el Parque y Mendívil, artillado el pri- 
mero con una pieza de á 12 larga, dos de á 12 cortas y una de 
á 8 larga, de que no se hizo uso, y el seo^undo con una pieza de 
á 16 y otra de á 12, cortas, que son las que jugaron, y una de á 
8 larga; se colocó una pieza de á 8 corta en la torre de la parro- 
quia; fueron aspillerados seis portales, y se construyeron barri- 
cadas en las salidas de la población y unas paredes de poca con - 
sideración, que circundaban parte del recinto. Había en el río 
una lancha cañonera tripulada por ocho hombres, con una pie- 
za de á 12, dos trincaduras con un cañón de á 8 cada una y dod 
escampavías (todas con la tripulación ya citada) que hostiliza- 
ban á San Marcial, Ibaeta y los grupos de casas de Azquen* 
portu. 

La guarnición de Irún se componía de cinco compañías del 
regimiento de África, dos de Murcia, tres de miqueletes, una 
sección de ingenieros, otra de artillería, 49 carabineros y 100 
voluntarios. 

Se trasladó al interior de la población el hospital cívico mi- 
litar, destinando para su asistencia tres médicos titulares de la 
villa y el del regimiento de África, quedando también en sus 



n 



422 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

puestos los dos farmacéuticos del pueblo. Se establecieron desde 
luego 12 camas^ seis de éstas de la asociación de la cruz roja y 
las restantes de la municipalidad, pertenecientes á su hospital 
particular situado fuera del recinto. Algunos emigrados españo- 
les liberales residentes en Bayona y un caballero italiano remi- 
tieron el 3 mantas, sábanas, hilas y dinero, ofreciendo enviar 
más socorros si duraba el ataque. 

El puente de Behobia estaba fortificado en la parte españo- 
la, y contaba con una pieza de artillería y una guarnición de 41 
miqueletes y 8 carabineros. 

La cabeza de puente del internacional de Hendaya estaba 
también fortificada y defendida por algunos miqueletes y 12 ca- 
rabineros. Otros 12 carabineros y 12 voluntarios sedentarios de- 
fendían el paso de Santiago, próximo al puente de Hendaya. 

Conservaba Irún sus comunicaciones con Madrid por Fran- 
cia, y con San Sebastián por mar. Para llenar mejor este servicio 
de comunicaciones, se situaron un concejal y un secretario de 
Irún en Santiago. 

El Gobierno francés previno alas estaciones telegráficas, que 
trasmitieran con preferencia los partes que se dirigiesen desde 
Irún, referentes al ataque de esta villa. 

Quedó completamente abandonado el servicio religioso por 
haber emigrado á Francia el párroco y todos los beneficiados y 
coadjutores, y haber muerto á los primeros disparos de la arti- 
llería enemiga el único capellán de ejército que habia en la 
guarnición. 

Los carlist&s empezaron ^s hostilidades contra la plaza sin 
la previa intimación prevenida por el derecho de gentes, según 
lo iñanifestó La Serna en su comunicación referente á las ope- 
raciones que ejecutó con motivo del sitio de referencia. 

A las siete de la mañana del 4 de Noviembre, día elegido tal 
vez en celebración de ser los días de D. Carlos, dos baterías 
carlistas rompieron el fuego contra Irún; una de ellas, manda- 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 423 

da por el jefe del sitio, coronel Brea, teniendo á sus órdenes al 
capitán Fernández de Córdova, estaba situada en el monte de 
San Marcial, frente al Bidasoa, á unos 2.500 metros de la pla- 
za, y constaba de seis piezas; la otra, llamada de la Herrería, 
situada muy cerca de Irún hacia la parte de Lizasu, constaba 
de diez cañones y dos morteros, y la mandaba el cpronel Vera, 
teniendo á sus órdenes al teniente coronel Torres, comandante 
del tren de sitio, y á los capitanes Pimentel y Carnevale. 

A los primeros disparos fueron muertos dos artilleros y he- 
ridos tres de los que prestaban sus servicios en el fuerte del 
Parque, los cuales se hallaban al pie del cañón después de ha- 
ber cargado la pieza; y cupo también tan desgraciada suerte al 
capellán de África, de quien hemos hablado. 

Los disparos de los cañones carlistas fueron muy frecuentes, 
y arrojaron durante este día sobre la plaza, 1.200 granadas de á 
7 Vi» 8 y 10, causando muy pocas bajas. Hacíalas cuatro y media 
de la tarde empezó el bombardeo, y continuó durante toda la 
nochesin ninguna interrupción. Cayeron en la plaza 140 bombas. 
Todas ó muchas de ellas debían ser incendiarías, porque la bom- 
ba que caía sobre una casa, la incendiaba, y muy pronto empe- 
garon á arder dos de ellas. No se pudo cortar el fuego de éstas, 
por escasear el agua desde que los carlistas cortaron las cañerías 
de las fuentes. A falta de agua, se apeló á la tierra y la arena, y 
con su auxilio se pudo apagar el incendio de algunas casas. Se 
alarmó mucho el vecindario con el siniestro aspecto que iba 
tomando la población, y nadie se creía seguro en su casa; las 
mujeres, los niños, los enfermos, los anciano» y algunos ex- 
tranjeros se acogieron á la casa ayuntamiento, edificio fuerte y 
sólido que servia de castillo dentro de la población. Se temió 
que se extendiese el incendio á todo el pueblo, pero afortuna- 
damente no se propagó, ni ocurrió en este concepto una sola 
desgracia personal durante dicha noche. Toda la guarnición 
estuvo sobre las armas, ocupando los puestos señalados pan 



4Í4 KOktE.— TEkCEÍl í>feRÍODÓ. 

la defensa y reparando en los fuertes los muchos destrozos he- 
chos por la artillería enemiga. 

Al amanecer del 5, emigraron á Francia los que se habían 
acogido durante la noche á la casa concejil. A las siete de la 
mañana volvió á empezar el fuego de la artillería carlis- 
ta, aunque no con la intensidad del día anterior. No ocurrió 
nada notable de día ni de noche, y durante ésta se reforzaron 
los fuertes, y se repararon los destrozos hechos en ellos por el 
enemigo, para lo cual los vecinos de la plaza proporcionaron 
los sacos de que disponían. 

El 6, reanudaron el fuego las baterías carlistas, estable- 
ciendo en Aldabe, punto bastante próximo á la plaza, una nue< 
va con dos piezas de á 8 largas. Como^e dirá más adelante, se 
presentó Loma en la villa durante la tarde, y se creyó que el 
enemigo desistía de su intento. Sin embargo, al día siguiente, 
reformaron los carlistas la batería de Aldabe, y por la tarde 
dispararon nueve cañonazos con tres piezas de una batería si- 
tuada á espaldas de San Marcial. 

Abrieron los carlistas dos boquetes en los diques que cierran 
la ribera entre el Bidasoa y el pueblo, con el fin de inundarla é 
interceptar las comunicaciones del pueblo con el paso de San- 
tiago y el puente de Hendaya; pero los defensores repararon á 
tiempo la avería (antes de subir la marea). 

Según se dirá más adelante, el General en Jefe visitó la pía- 
¿a el 8, y durante la noche ni al día siguiente ocurrió nada 
de particular. 

Se cruzaron el 10 algunos disparos de artillería, causando 
un muerto en el parque de Mendívil. 

Convencido La Serna de que los carlistas se proponían con- 
quistar á Irúnj se dispuso á prestarles auxilio. Desde Cenice- 
ro, donde se hallaba el 4 de Noviembre, se trasladó este día á 
Miranda de Ebro con la brigada Bargés, dos batallones de la 
de Acellana, tres baterías de montaña, tres compañías de in- 



UAUhO Del GEMEkAL LA SERMA. 4125 

genieros, un escuadrón de húsares de Villarrobledo y el parque 
móvil á lomo. A la vez, Blanco con seis batallones de la divi- 
sión de vanguardia y una batería de montaña, se dirigió por 
vía férrea desde Miranda á Santander. Previno La Sema al ge- 
neral Loma (se encontraba éste en Vitoria), que tomase el 
mando de las tropas con que pensaba acudir en socorro de Irún, 
que componían un total de 14 batallones, cuatro baterías dfc 
montaña, una media montada, tres compañías de ingenieros y 
el escuadrón de húsares; únicas fuerzas de que podía disponer, 
dejando cubierta la línea del Ebro. Loma pasó á Miranda el 4, 
y sin detenerse, siguió su marcha á Santander. Salieron tam- 
bién dos batallones, este mismo día 4, de Bilbao para San Se- 
bastián. 

A medida que fueron llegando las tropas á Santander, se 
embarcaron en los buques de guerra y mercantes preparados al 
efecto, y se dirigieron á San Sebastián. 

El General en Jefe salió de Miranda para Santander en 
la tarde del 7, y al día siguiente se embarcó para San Sebas- 
tián. 

Al embarcarse el 8 seis baterías del primero montado, voló 
un armón á causa de la explosión de una granada, hiriendo gra- 
vemente á dos artilleros y levemente á otros dos y á un soldado 
de infantería. 

En la tarde del 9 se encontraban ya en San Sebastián todas 
las fuerzas expedicionarias. 

Loma, que llegó el 6 á San Sebastián, se trasladó á Fuen- 
terrabía y después á Irún, con objeto de reconocer las posi- 
ciones del enemigo y enterarse del estado de la defensa y del 
espíritu de la guarnición (que era excelente). Regresó á San 
Sebastian el mismo día. 

El Ministro de la Guerra suponía, por noticias últimamente 
recibidas, que los carlistas desistirían del ataque á Irún, y dijo 
con igual fecha al General en Jefe: «después de dejar fuerzas su- 

TüMO V. aíí 



426 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

ficientes al general Loma ¿no cree V. E. que sería conveniente 
trasladarse rápidamente á Bilbao, y en combinación con el ge- 
neral Villegas marchar á Miranda?» Según él, le sugería esta 
indicación la contingencia, que creía muy posible, de que del 
enemigo, aprovechando la debilidad de la línea del Ebro y del 
alto valle del Aragón y el alejamiento del grueso del ejército, 
intentara una expedición á Castilla ó á Aragón. «Repito á V. E. 
que esto es sólo una indicación» añadía el Ministro. 

En telegrama del 7 dijo el comandante militar de Irún al 
Ministro de la Guerra: 

« A las nueve de ayer se avivó mucho el fuego de la artillería ene- 
miga, arrojando á la población y principalmente á la casa con- 
cejil unas 300 bombas, y á la misma población y fuerte unas mil 
granadas, causando algunos incendios en las casas, que se pudie- 
ron dominar, excepto una que ha sido consumida por las llamas, 
pero sin ninguna desgracia personal. =A las 5*12 de la tarde 
cesó completamente el fuego, habiendo pasado toda la noche sin 
haber disparado un solo tiro de artillería ni de fusilería. No se 
observa por San Marcial más gente que la ordinaria que se ob- 
servaba antes del ataque. Se supone que ha debido desaparecer 
el grueso de la fuerza enemiga, llevando consigo todas las pie- 
zas de artillería.» 

Por de pronto, Laserna debió creer que los carlistas desis- 
tían de su empeño. En telegrama del 8, dijo al Ministro de la 
Guerra: 

«La rapidez con que se ha llevado á cabo la operación del 
Ejército sobre Irún, ha producido como resultado inmediato el 
levantamiento del sitio. No sólo ha cesado por completo el fue- 
go de la artillería enemiga sino que ha desaparecido el grueso 
de las fuerzas, llevándose las piezas y dejando sólo pequeños gru- 
pos en los puntos en que han estado siempre antes de intentar 
el sitio. =Siete mil expectadores franceses han presenciado des- 
de la orilla derecha del Bidasoa el alarde de fuerza del carlismo 



UAUbO D£L GENERAL LA SERNA. 42/ 

conlra una guarnición exigua, aunque decidida, y han podido 
convencerse de que el solo anuncio de nuestro movimiento ha 
ahuyentado las huestes carlistas, que no tienen otra importan- 
cia que la que les prestan su número y los formidables acciden- 
tes del terreno en que opera. = Permaneceré aquí el tiempo 
necesario, para que, acentuándose el ulterior movimiento del 
enemigo, pueda utilizar, si la ocasión se presenta, la posición 
excéntrica respecto á la base en que me*hallo colocado. » 

En vista de los partes contradictorios que recibía acerca del 
sitio de Irún el Ministro de la Guerra, pidió con urgencia deta- 
lles al general La Sema, y éste le contestó en parte telegráfico 
del 8, que la noticia del levantamiento del sitio procedía de 
que el enemigo había suspendido el fuego y retirado algunas 
fuerzas y su gruesa artillería; pero que habia dejado la de bata- 
lla, y en el momento en que le dirija el parte seguía hostili- 
zando á la plaza. «Según noticias de Francia, añadía, las fuerzas 
sitiadoras han aumentado con diez batallones más, lo cual haría 
subir el efectivo á 23. » 

Los carlistas seguían firmes en su propósito de conquistar 
la plaza de Irún, cuya posesión les ofrecía no pocas ventajas por 
su posición en la frontera, y porque interceptando después el 
puente de Behobia y siendo dueños de la vía férrea, quedaban 
en libertad de introducir por aquella zona valiosos recursos del 
extranjero. 

En Consejo de generales carlistas celebrado en Estella, se 
había resuelto el ataque de Irún. 

Ceballos, comandante general carlista de la provincia, tenía 
situadas sus fuerzas en la siguiente forma: 

Desde la ermita quemada, el alto de Urnieta y Goiburu has- 
ta FagoUaga, el i.«' batallón de Guipúzcoa y siete compañías 
del segundo (unos i.ooo hombres) á las órdenes del brigadier 
Aizpúrua y el coronel Iturbe; en FagoUaga, 4 compañías del 4.° 
al mando del comandante Ochagavia; en Santiagomendi, el 6." 



428 NORtE. — TERCER PERIODO. 

(unos 5oo hombres), mandado por el coronel López; en Chorito- 
quieta, 4 compañías del 4.° (240 hombres), al mando del te- 
niente coronel Fortún; en San Marcos, el 5." batallón á las ór- 
denes de Pérez Dávila; en Oyarzun, el 3.** á las órdenes de 
Carpintier, y el 7.** y el 8.*^ en Lastaola á las órdenes de Bañue- 
las y Folguera. (Ceballos contaba con pocas fuerzas para cubrir 
su línea, y en especial la parte comprendida entre FagoUaga y 
Zamalerde, pues para- esto no disponía más que de 1.400 
hombres.) 

Ceballos expuso á Elío, que esta línea tenia muy malas con- 
diciones; que estaba bajo los fuegos del enemigo; que aun recha- 
zando á éste, no podría perseguirlo, porque estaría amparado 
por sus fuertes y cañones; que era demasiado extensa y estaba 
mal guardada; que si se interceptaba el camino de Fagollaga, 
quedaría sin comunicación con la provincia, y sin retirada y 
aun sin provisiones; y que por estas razones, convenía conquis- 
tar á Irún y fortificar á San Marcial. Le contesto Elío, que sos- 
tuviera á toda costa dicha línea, y le envió por de pronto seis 
piezas de artillería á las órdenes de Reyeros y el 5." de Na- 
varra, cuyo jefe era Zalduendo. 

Con fecha 31 de Octubre se confirió á Ceballos el mando de 
la linea de defensa de las fuerzas sitiadoras, y se encargó del 
ataque el ingeniero general Alemany, poniéndose de acuerdo 
con aquél. Quedaron á las órdenes de Ceballos el Marqués de 
Valdespina y D. Manuel López Caracuel. 

Pidió Ceballos algunas piezas de montaña, y desde luego se 
le enviaron para artillar las posiciones de Santiagomendi, 
Choritoquieta y San Marcos. 

Se situó Ceballos en la venta de Astigarraga, y Alemany en 
Vera. 

Ejecutaron los carlistas grandes trabajos de trinchera en la 
zona que vendría á ser el paso de los liberales para Irún, espe- 
cialmente en el puerto de Gainchurizqueta, en los montes de 



MANDO DEL GBNERAL LA SERNA. 429 

San Marcos y Santiagomendi y en las inmediaciones de Asti- 
garraga, poniendo en peligro la guarnición de este punto. 

Formalizado el ataque de Irún, los carlistas recibieron gran- 
des refuerzos. 

(Véase el plano). — Comprendiendo D. Carlos la importancia 
que entrañaba la conquista de dicha plaza, se puso al frente de 
las huestes sitiadoras, que, como era consiguiente, se animaron 
con SU' presencia. Veintidós batallones y el de guías ó regio ocu- 
paban las formidables posiciones, que, siendo parte integrante- 
de la divisoria entre el rio Oyarzun, que forma la ría dePasages, 
y las vertientes del Bidasoa, se desprenden de las empinadas é 
inaccesibles peñas de Aya, en el límite de las provincias de 
Navarra y Guipúzcoa, y se unen en la áspera cordillera de Jaiz- 
quíbel, que corre paralelamente á la costa cantábrica, formando 
el cabo de la Higuera al sumergirse en el mar. Entre estas posi- 
ciones, ya por su naturaleza fuertes, defendidas por doble linea 
de trincheras, se distinguen la de Urcabe, que domina á Oyarzun 
y la carretera de este punto á Irún y cruza la mencionada di- 
visoria por el collado de Anderregui; la de Gainchurizqueta, 
que da paso á la carretera de San Sebastián á dicho piínto por 
el collado de su nombre próximo á la sierra de Jaizquíbel, y 
una extensa loma de difícil acceso desde Rentería, surcada en 
su pendiente por profundos barrancos, en la cual existía una 
torre telegráfica en un alto que bate y domina la carretera de 
Rentería, cortada y obstruida en este trozo con talas de árboles. 
Las trincheras construidas por los carlistas se enlazaban des- 
de Aspe hasta Jaizquíbel por la posición ya descrita, y con- 
cluían en la falda de dicha sierra; pero no tenían ninguna de 
importancia en la cresta ó divisoria, y se limitaron á ocuparla 
con dos batallones alaveses. 

Establecidos los liberales en frente de los carlistas, el ge- 
neral La Serna meditó detenidamente acerca del plan que con- 
venia adoptar para batir al enemigo, teniendo en cuenta su 



430 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

situación. Los carlistas apoyaban su derecha en el monte 
Jaizquibel, y su izquierda en la divisoria general de aguas entre 
el Océano y el Mediterráneo, que en aquella zona la forman los 
elevados montes de Urdaburu, Zaria, Biandizy Aya. Dificilísimo 
era envolverles por este lado á causa de los obstáculos naturales 
que al efecto debían vencerse, y que eran poco menos que insu- 
perables. Si se les atacaba resueltamente por su derecha, su re- 
tirada era fácil, y la victoria no seria decisiva. Dadas estás pre- 
. misas, era preciso maniobrar haciendo creer á los carlistas que 
se trataba de envolverles por su izquierda, para que debilitaran 
su derecha acudiendo á un peligro imaginario; de este modo^ 
podría conquistarse más fácilmente la sierra de Jaizquibel, si- 
guiendo un camino poco conocido que recorre su cresta, y en- 
filar y tomar de flanco sus trincheras, que en tal caso segura- 
mente las abandonarían casi sin combatir; no debiendo olvi- 
darse, que por un descuido inexplicable de los carlistas no 
estaba bien fortificada la sierra de referencia. 

Estudió también La Serna otro plan, que era, el de desem- 
barcar en Fuenterrabía considerables fuerzas para caer sobre 
Irún, teniendo en cuenta que los carlistas no habían hecho 
obra alguna de defensa en el. cabo de la Higuera (si hubieran 
fortificado este punto y el Jaizquibel, hubiera sido más difí- 
cil que lo fué la liberación de Irún).=Sin embargo, el desem- 
barco era una operación que ofrecía serias dificultades, porque 
los barcos no podían pasar más adentro de la barra del Bidasoa, 
y en ella debería hacerse el trasbordo de las tropas á las lanchas 
que las debían conducir á Fuenterrabía; además, se necesitaba 
dejar en San Sebastián el ganado y la impedimenta y llevar 
solamente la artillería de montaña, cuyas piezas y municiones 
tenían que ser trasportadas á brazo. De todos modos, el Ge- 
neral en Jefe consideraba que la salvación de Irún era cuestión 
de honra nacional y de honra del ejército, y se hallaba dispues^* 
to á realizar á toda costa tal empresa, 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 43I 

En tanto que organizaba sus fuerzas, se dirigió La Serna á 
Irún, con objeto de animar con su presencia á la guarnición y 
reconocer la sierra de Jaizquibel y el cabo de la Higuera, y no 
observando obra alguna importante de fortificación en estas 
posiciones, y estando todas las noticias conformes en que en 
dicha sierra sólo habla una débil trinchera, quedó acordado 
que por este lado se envolvería á la línea enemiga, siguiendo 
el primer plan. 

Para desorientar á los carlistas, había dispuesto La Serna, 
que la brigada Bargés se acantonase el 8 en Hernani, iniciando 
alguna demostración sobre aquel flanco, con el fin de hacer 
creer al enemigo que el ataque se dirigía á su izquierda; y para 
afirmarle en esta creencia, ordenó que las fuerzas que al desem- 
barcar habían quedado en Pasages, se trasladasen á Rentería, 
como tratando de avanzar á Oyarzün. 

A las seis de la mañana del lo, La Serna emprendió la mar- 
cha para Rentería, y se concentraron en este punto sus tropas. 

Siendo indispensable para la seguridad de los movimien- 
tos sucesivos de las fuerzas liberales, que se apoderaran de los 
montes y la ermita de San Marcos, situados sobre el flanco y la 
retaguardia de la línea que al día siguiente había de ser la de 
batalla, se encargó de ejecutar esta operación el general Loma 
con la brigada Bargés, los batallones de cazadores de Alcolea y 
la Habana, los miqueletes de la provincia de Guipúzcoa y una 
batería de montaña. 

Liberales y carlistas iban á batirse ante ocho ó diez mil ex- 
pectadores de diversas nacionalidades situados en la orilla dere- 
cha del Bidasoa, atraídos unos por el expectáculo á pesar de sus 
horrores, y deseosos otros de conocer el valor relativo de los 
contendientes, comprendiendo que en la presente ocasión am- 
bas partes intentarían hacer un supremo esfuerzo. 

En virtud de lo prevenido, inició el movimiento el general 
Loma, emprendiendo la marcha por el camino del conventó de 



432 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

San Agustín, con los batallones de Alcolea y la Habana y dos 
compañías de miqueletes. 

Tan pronto como estas fuerzas salieron del pueblo, fueron 
hostilizadas, pero los miqueletes se posesionaron á la carrera 
de una trinchera y las casas próximas. Inmediatamente, dispuso 
Loma que dos compañías de Alcolea siguiesen la falda de San 
Marcos por su izquierda, tratando de desalojar al enemigo 
de los caseríos de Gogórregui y las formidables trincheras que 
ocupaba. Previno, también, que el resto del batallón de Alcolea 
marchase más hacia la izquierda, protegiendo el ataque anterior, 
y que dos compañías del batallón de la Habana avanzase por el 
centro; .y él, con el resto de sus tropas, continuó su marcha ha- 
cia los caseríos de Azañeta, donde los carlistas habían con- 
centrado considerables fuerzas. Las citadas dos compañías, 
apoyadas por el ala izquierda, se apoderaron á la bayoneta de 
los caseríos de referencia. En el momento que se reunían las 
fuerzas en esta zona para continuar el movimiento de avance, 
se presentaron á Loma el general Blanco y el brigadier Oviedo, 
manifestándole, que deseaban tomar parte en el combate, por 
pertenecer los batallones de la Habana y Alcolea á su división 
y brigada, respectivamente. 

Reunido el batallón de la Habana y reforzadas las tropas 
de ataque con el segundo batallón de Murcia y una sección de 
montaña, ordenó Loma á Blanco, que se posesionara de la po- 
sición de Cutarro. 

Entretanto, el brigadier Bargés, según las instrucciones que 
se le habían dado, debía subir á San Marcos por el punto deno- 
minado Versalles, donde había una avanzada liberal. Marchó 
en efecto á este punto, y dejando en él en- posición su artillería, 
se preparó por de pronto para el ataque de Ametzagaña. 

El regimiento de Asturias, con su coronel Gregory al fren- 
te, se posesionó de Una de las derivaciones de la meseta de San 
Marcos inmediata á Alza. Valencia, con su jefe Lacalle, tomó 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 433 

los caseríos bajos y la falda de Choritoquieta, rebasando así 
las trincheras carlistas. El enemigo opuso en estos puntos 
una resistencia tenaz, y Asturias y Valencia, sobre todo el 
primero de estos regimientos, experimentaron numerosas 
bajas; pero el éxito fué favorable á los liberales, y dominadas 
las posiciones de Choritoquieta por este lado, y continuando 
su movimiento de avance el general Loma con el batallón de 
la Habana y los miqueletes, unas y otras fuerzas coronaron 
la cumbre de San Marcos, viéndose el enemigo obligado á 
abandonarla precipitadamente, temiendo ser cortado en su reti- 
rada. La extrema vanguardia del batallón de la Habana resistió 
con gran serenidad el empuje de los carlistas que en un princi- 
pio la atacaron contando con su superioridad numérica. 

El batallón de Alcolea se apoderó á la carrera del convento 
de San Agustín y se posesionó de los caseríos inmediatos, y en 
vista de los accidentes del terreno y de la situación del enemi- 
go, se situó convenientemente, fraccionándose en tres partes; y 
después de rechazar varios ataques de fuerzas superiores, con- 
siguió su objeto, subiendo dos compañías hasta la misma cima 
de San Marcos á reunirse con el batallón de la Habana. 

A las ocho de la noche se retiró el batallón de Alcolea á 
Rentería . 

Con motivo de la conquista de San Marcos, se publicó la si- 
guiente orden general: 

•Orden general del lo de Noviembre, en Rentería. = Solda- 
dos: ante vuestra resolución y vuestra bravura han cedido las 
huestes enemigas que os disputaban con tenacidad la formidable 
posición de San Marcos. Los generales que las han conducido al 
combate, sus jefes y oficiales y las tropas que tan resueltamen- 
te han avanzado sobre las trincheras, merecen mi cumplido 
elogio. A los jefes y oficiales heridos les concedo el empleo in- 
mediato, y cruces pensionadas á los soldados que se hallen en el 
mismo casó, debiendo entenderse sólo respecto á los primeros 



434 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

hasta el de teniente coronel. =E1 enemigo ha incenciado en su 
fuga los caseríos, poniendo el sello á su encono, con la devas- 
tación de su propio país. = Estoy seguro de que ninguno de vos- 
otros ha tomado ni tomará parte en una obra que deshonra á 
quien la da cima> pero si hubiese alguna excepción, si hubiese 
quien empuñara la tea del incendiario entre los que tanto se en- 
noblecen con el fusil del soldado, será castigado conforme á or- 
denanza, haciendo también efectiva la responsabilidad de los 
jefes.» 

Tenia gran importancia la posesión de San Marcos, porque 
t)ermitía el avance del ejército sin riesgo de ser amagado por su 
flanco y retaguardia. Podía ya la derecha liberal marchar sobre 
las posiciones de Oyarzun, y la izquierda sobre Jaizquibel para 
envolver al enemigo, apoyada aquélla por una columna central 
pronta además á acudir donde fuera necesario su concurso; pero 
no siendo posible efectuar estos movimientos durante el día lo, 
el General en Jefe dispuso, que dos batallones quedaran en po- 
sición sobre San Marcos, y difirió hasta el siguiente la opera- 
ción de referencia. 

Dispuso La Serna, que Portilla, que debía ejecutar el mo- 
vimiento sobre Jaizquibel, se trasladara de Rentería á Pasages, 
y que las fuerzas de Loma, Blanco y Bargés quedaran duran- 
te la noche en Rentería, donde quedó también el cuartel gene- 
ral, habiendo descendido el General en Jefe desde las alturas 
próximas en que se había situado para dirigir la operación eje- 
cutada este día. 

A las cinco de la mañana del ii, se puso en marcha Porti- 
lla, llevando sus fuerzas en el orden siguiente: el batallón de 
^stella, con encargo especial de que explorase su vanguardia, 
dos compañías de la reserva de Huesca, una batería del 3.^ de 
montaña, el resto del batallón de Huesca, el primer batallón de 
Castilla, el parque móvil y el otro batallón de Castilla á reta- 
guardia. 



MiHíDO DEL GBNBRAL LA SERNA. 435 

En aquellos momentos ocultaba la niebla la cima de la sie- 
rra de Jaizquíbel y el fondo de los valles á que más tarde de- 
bían descender los liberales, y tal circunstancia favorecía el 
movimiento, encubriéndolo. Dos compañías de Estella consti- 
tuidas en extrema vanguardia, se aproximaron á las derivacio- 
nes del promontorio Olearzo, trasponiendo una extensa trinche- 
ra que la abandonó el enemigo después de algunos disparos. 
Inmediamente, dispuso Portilla, que el brigadier Acellana avan- 
zase con el resto del batallón de Estella, para apoyar á las dos 
compañías de referencia. En breve se apoderó dicho batallón 
del mencionado promontorio, que viene á ser el centro y la al- 
tura culminante de la sierra de referencia. 

Le disputaron el pase sólo unas compañías, que se retiraron 
dejando algunos prisioneros en poder de las tropas liberales. 

Había llegado la ocasión de descender sobre el flanco y la 
retaguardia de las formidables trincheras inteligentemente cons- 
truidas por los carlistas, especialmente en el Telégrafo viejo 
llamado Usaguieta y en el collado de Gainchurizqueta, que ha- 
cían peligrosa la marcha de los liberales á Irún; y era necesa- 
rio envolverlas, para evitar estériles sacrificios. 

Entretanto, Loma, que debía envolver la posición de Ur- 
cabe y amenazar la retirada del enemigo por Arichulegui y la 
peña de Aya, inició á las nueve y media de la mañana el ata- 
que del monte Munuaundi, donde habían construido los carlis- 
tas dos órdenes de trincheras, y simultáneamente atacó las al- 
turas de Barrecoloya cubiertas de bosques, colocando á la iz- 
quierda de la carretera diez piezas de montaña para cañonear 
las posiciones del lado opuesto. 

A pesar del nutrido fuego de las trincheras carlistas, coronó 
el batallón de la Habana la cima del Monte Munuaundi, y el de 
Alcolea y los dos de Valencia, cuyo coronel fué herido, domi- 
naron los altos de Barrecoloya. A causa de estos movimientos, 
los carlistas emprendieron precipitadamente la retirada, dejan^ 



436 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

do abandonados sus muertos y gran cantidad de municiones 
que fueron repartidas entre las fuerzas vencedoras. 

Iniciado el descenso de Portilla, comprometía la seguridad 
de la línea carlista y anulaba su importancia, porque atacada 
con vigor su izquierda, estaba amenazada su retirada por este 
lado. • 

El centro liberal contribuyó á la acción de los dos flancos, 
porque Blanco tomó desde Lezo el camino de Gainchurizque- 
ta, para caer sobre Urcabe, adelantando dos batallones con el 
brigadier Pino á tomar posición en la torre del Telégrafo. Con 
estas fuerzas avanzó el cuartel general. 

Era muy crítica la situación de los carlistas, y en caSo de 
no retirarse en breve, se exponían á perder gran parte de sus 
fuerzas. Así lo comprendieron sus jefes. La campana de Oyar- 
zun dio la señal de retirada, y sin demora la emprendieron los 
carlistas por las veredas que conducen á Arichulegui. 

Portilla descendió, trasponiendo multitud de trincheras, sin 
disparar un tiro. Bargés ocupó las alturas de Altamilarre y 
Arrasquelarre, para que otra columna al mando del coronel de 
Asturias marchase con seguridad sobre Oyarzun, á donde, 
después de haber entrado estas fuerzas sin diñcultad, bajó tam- 
bién Bargés, el cual distribuyó 6.000 raciones abandonadas por 
los carlistas. 

Portilla se unió al cuartel general en Gainchurizqueta. Loma, 
que con el batallón de Alcolea y uno de Asturias se había ade- 
lantado hacia Irún, se unió á La Serna en el punto de unión de 
las carreteras de este punto á Rentería y Oyarzun; y dejando al- 
gunas fuerzas en los caseríos próxynos, entraron el General en 
Jefe, Portilla y Loma en la plaza auxiliada» que deseaba con 
afán saludar al ejército libertador. 

Faltaba aún arrojar de San Marcial á las huestes sitiadoras, 
y para esto dispuso La Serna que el brigadier Acellana eje- 
cutase esta operación con los batallones de Huesca y Estella y 



AíANDO DEL GEKéRAL LA SBKNA. 437 

una compañía de miqueletes, acompañándole también el bri- 
gadier Burriel, comandante general de ingenieros, con el fin de 
estudiar sobre el terreno cuál era el mejor medio de fortificar 
la posición. 

Al llegar al pie de San Marcial, observó' Acellana que sería 
costoso el ataque de frente á causa de las trincheras que domi- 
naban la subida, desde las cuales habían ya roto el fuego los car- 
listas; y por tal motivo, dejó en posición algunas fuerzas, con 
objeto de que amagaran el ataque de frente, pero sin iniciarlo 
hasta que las demás conducidas por él envolvieran la posición 
por la derecha. A la vez se situaron en posición sobre Behobia 
el batallón de Alcolea y una compañía de miqueletes para 
flanquear la línea enemiga por el Castillo viejo. Se ejecutaron 
estos movimientos con el mejor éxito, porque temiendo los 
carlistas que fiíese envuelta^ su línea de retirada, abandonaron 
sus posiciones, dejando en poder de los liberales los ranchos, 
algunas municiones y efectos de guerra. 

Las bajas sufridas por los liberales en los combates que aca- 
bamos de narrar, fueron, un teniente coronel, un oficial y 27 
individuos de tropa muertos, un coronel, 12 oficiales y 187 indi- 
viduos de tropa heridos, y dos jefes, siete oficiales y 84 indivi- 
duos de tropa contusos. Total: cuatro jefes, 20 oficiales y 298 
individuos de tropa. 

Ignoramos cuáles fueron las bajas de los carlistas, así como 
los detalles referentes á los movimientos que sus batallones 
practicaron durante los días 9, 10 y 11, pues no hemos podido 
averiguarlos á pesar de nuestras investigaciones. 

Hé aquí el parte que un^ ministro de D. Carlos dirigió al 
director del Cuartel Real, desde Vera, con fecha 12, dándole 
cuenta del desastre sufrido por los carlistas. 

«Habiéndose retirado el general Ceballos de las importan- 
tes posiciones que ocupaba, dejó el paso libre al enemigo, que, 
quemando y devastando todo, ha podido llegar hasta Irún, Laa 



338 NOftTÉ.— TERCEft í>ERÍODÓ. 

tropas que sitiaban esta plaza se han retirado con todo el ma- 
terial de guerra, en el orden más admirable, sin haber perdido 
ni un solo pertrecho. S. M.» á pesar de haber acudido al sitio 
del combate, en cuanto tuvo conocimiento de haberse roto el 
fuego, encontró ya abandonadas las posiciones que debían ha- 
ber defendido el general Ceballosy el brigadier Caracuel, y cuya 
pérdida hizo insostenibles las demás. S. M. ha permanecido al 
frente de los batallones, no sin gravísimo riesgo de su persona, 
sin retirarse hasta que lo verificó el último soldado. El espíritu 
del ejército*, inmejorable.» 

El Ministro de la Guerra, en nombre del Presidente del Po- 
der Ejecutivo del Gobierno y en el suyo, particularmente, feli- 
citó al General en Jefe y al ejército del Norte por el triunfo 
obtenido. 

El alcalde de Bilbao felicitó á La Serna en estos términos: 
•En nombre del ayuntamiento y del pueblo entero, cuyo 
entusiasmo desborda en estos instantes, saludo, poseído de ad- 
miración, al ilustre General en Jefe, generales de división y de 
brigada, jefes, oficiales y soldados del valiente, generoso y li- 
beral ejército, que en las brillantes jornadas de los días lo y ii 
ha reverdecido los laureles de San Marcial, los más gloriosos 
de la titánica guerra de la Independencia.» 

El General en Jefe contestó al alcalde de la invicta villa: 
«La felicitación que V. S. me dirige en nombre del ayunta- 
miento y del pueblo bilbaíno, haciéndola extensiva á los gene- 
rales, brigadieres jefes y oficiales de este ejército, por las jor- 
nadas del 10 y del ii del actual, es la mejor recompensa de los 
que hemos contribuido á la liberación de Irán. Hoy esta plaza, 
como ayer Bilbao, han visto correr en su ayuda á los soldados 
de la libertad, ante los cuales han retrocedido las huestes del 
absolutismo. Confíe Bilbao en la decisión del ejército, y cuente 
con él para todas las eventualidades del porvenir. Ruego á 
V. S. reciba y trasmita á esa corporación popular, de que es 



&IANDO DEL GEKfiAAL LA SERKA. 439 

digno presidente^ la expresión de mi más distinguida conside- 
ración personal.! 

Debemos hablar de un asunto que indignó á los carlistas . 
Sin duda, algunos individuos liberales incendiaron varios case- 
rías; hecho digno de reprobación. 

Proponiéndose el General en Jefe castigar severamente á 
ios autores de estos delitos y dejar á salvo la moral pública y 
la honra del ejército, publicó en San Sebastián, un bando, 
cuyo articulado era el siguiente: 

«I.** De todo incendio, robo y atentado contra la propie- 
dad, cometidos en territorio donde tengan lugar las operacio- 
nes militares, se formará sumaria por la jurisdicción de guerra. 

2.° Los autores, cómplices y encubridores de estos delitos, 
sean cuales fueren su clase y condición, serán juzgados en Con- 
sejo de Guerra.» 

Haremos algunas consideraciones respecto á las operacio- 
nes ejecutadas para el levantamiento del sitio de Irún. 

A pesar de haberse ejecutado con toda actividad el movi- 
miento de las tropas liberales desde el Ebro hasta la línea de 
Irún, se observa, que para efectuarlo se necesitaron algunos 
días, explicándose esto naturalmente por la necesidad de reco- 
rrer por mar el trayecto de Santander áSan Sebastián, emplean- 
do para ello los buques necesarios y sufriendo los entorpecimien- 
tos consiguientes á operaciones de esta índole. 

Lo grave del caso era, que, una vez establecidos los liberales 
en Guipúzcoa en la zona de referencia, podían los batallones 
carlistas lanzarse rápidamente sobre la línea del Ebro, ha- 
ciendo crítica y comprometida la situación de las fuerzas esta- 
blecidas en ella, pues claro está que se necesitaban algunos días 
para que de nuevo se trasladasen desde Guipúzcoa al Ebro las 
tropas liberales, no pudiendo seguir otro camino que el del mar, 
pues era en extremo aventurada y de diñcil realización la mar- 
cha por tierra (es decir por la linea directa). 



440 KOUTE. — tERCER PERÍODO. 

No cabe duda que tal idea preocupaba al general La Serna, 
porque en telegrama del 12, fechado en Santiago, manifes- 
taba al Ministro de la Guerra, que terminada la operación so- 
bre Irún, con el levantamiento del sitio, urgía la traslación del 
cuerpo expedicionario á la base del Ebro, y para ello, el inme- 
diato envío de buques á San Sebastián. El Ministro, dando 
también al asunto la importancia que realmente tenía, dispuso 
que sin pérdida de momento salieran desde Santander para San 
Sebastián los buques necesarios, fletándolos ó embargándolos, 
y el gobernador militar de Santander embargó desde luego ocho 
vapores que había en aquel puerto. 

No debe olvidarse que era preciso tener en cuenta el estado 
del mar, que es borrascoso en muchas ocasiones, y en espacial 
durante el invierno. 

Sea como quiera, establecido el cuerpo expedicionario en- 
frente de los sitiadores de Irún, ejecutó muy bien su cometido, 
tanto en el conjunto como en los detalles, siendo acertadísima 
la previsión de tomar á San Marcos como operación preliminar, 
y en extremo oportuno el movimiento sobre Jaizquíbel, punto 
débil de la línea enemiga. La espugnación de San Marcial fué 
consecuencia de los sucesos anteriores, y el ejército liberal ha- 
bía, por consiguiente, llenado perfectamente su misión. 

Parecía natural que tratándose de un combate en la fronte- 
ra á la vista de millares de expectadores, se esforzasen los car- 
listaos en la defensa, esmerándose en ciertos detalles que apenas 
olvidaban nunca. Uno de sus jefes decía: «Cuando la Francia 
y la Europa nos están contemplando; cuando tan alto hemos 
puesto nuestro nombre en estos dos días de sitio, no vayamos 
á echarlo todo á perder ni á desacreditarnos, mayormente 
en la presencia de S. M.» Elío decía á Ceballos: «que se tome 
á Irún, y nos conviene que sea pronto; el honor de las armas 
está muy comprometido por estar á la vista de Francia, y cae- 
remos en el ridículo más vergonzoso si la cosa no sale biem. 



MANDÓ DEL GENERAL LA SERNA. 44! 

¿Estuvieron en consonancia con estas ideas los esfuerzos 
realizados por los carlistas? La defeiisa de las formidables posi- 
ciones de San Marcos fué débil, como se deduce de la narra- 
ción de su conquista. La cordillera de Jaizquibel tenia suma 
importancia, y además de establecer en ella gran número de 
fuerzas, pudieron los carlistas fortificarla, como lo sabían ha- 
cer y lo habían demostrado en multitud de ocasiones; pero li- 
mitándose á ocuparla por escasas fuerzas y á la construcción 
de pocos y débiles atrincheramientos, perdieron todas las ven* 
tajas que les ofrecía el terreno. 

Además, habían demostrado los carlistas en diferentes oca- 
siones, que conocían perfectamente la posición que venía á ser 
la llave, por decirlo así, del terreno que elegían para su defensa, 
y como era consiguiente, á su sostenimiento dedicaban los 
principales esfuerzos. En la ocasión presente, para el ejército 
liberal era punto obligado de ataque el monte de San Marcos, 
porque sin este requisito no podía avanzar con seguridad, estan- 
do siempre expuesto á un ataque á su flanco ó su retaguardia. 
Era aún más evidente que la posición de la sierra de Jaizquíbel 
por parte del ejército liberal implicaba la retirada del ejército 
contrario á San Marcial, y por lo tanto el levantamiento del sitió 
de Irún. Sin embargo, los carlistas siempre tan previsores, tra- 
tándose de la defensa de sus posiciones, no lo fueron ahora. 

Esperábamos hallar alguna explicación de estos sucesos en 
los documentos carlistas y en la colección del periódico El 
Cuartel Real) pero no hemos podido encontrar los partes carlis- 
tas de los hechos de armas de referencia. 

Comprendieron los carlistas que con el levantamiento del 
sitio de Irún habían perdido mucho prestigio ante sus partida- 
rios y la Europa, y bien se ve por sus documentos que s« trató 
de culpar á unos cuantos, echando sobre ellos toda la responsa- 
bilidad, haciendo creer á la opinión pública, que el mal resul- 
tado obtenido era efecto de una traición. 

Tomo v 29 



442 NORTE, — TERCER PERÍODO. 

Hemos copiado el telegrama en que un ministro de D. Car- 
los^ al dar cuenta de los sucesos de referencia, hacia recaer so- 
bre Ceballos y Caracuel la culpabilidad de la derrota. En cuan- 
to Ceballos se enteró de tan grave documento, dirigió á don 
Carlos una comunicación, manifestándole, que en atención á 
la ofensa que le infería el telegrama, dimitía el cargo de co- 
mandante general de la provincia de Guipúzcoa, y solicitaba se 
formase la correspondiente sumaria en averiguación de los he- 
chos que se le atribuían. Abrióse el proceso, siendo Férula el 
defensor, y Larramendi el fiscal. Propuso éste el sobreseimien- 
to, la rehabilitación de Ceballos ante la opinión pública y que 
se invalidara el citado telegrama. El defensor evidenció la in- 
justicia cometida, y el Consejo de guerra, compuesto de los se- 
ñores Mendiry, Argonz, Iturmendi, Bosque, Yoldi, Arellano y 
Landa, después de oir un sentido discurso de Ceballos, dictó la 
sentencia en Estella el 29 de Abril de 187S, absolviendo por 
unanimidad al acusado, con todas las notas favorables; decla- 
rando nulo y de ningún valor el telegrama de 12 de Noviem- 
bre; disponiendo que se diera al documento en que tal declaración 
se hiciese, toda la publicidad que aquél tuvo, y declarando que 
no había lugar á proceder á otras actuaciones sobre la conducta 
de Valdespina y Zalduendo, por la imposibilidad de justificar la 
verdadera causa de que el enemigo rompiera la línea. Se publicó 
esta sentencia en orden general del ejercito carlista, pero no en 
el Cuartel Real, y contra lo prevenido, no se le dio la publicidad 
que tuvo el telegrama. 

Natural era que los carlistas lamentasen el resultado obte- 
nido, si bien el fracaso material, por muy grande que fuese, 
nunca era comparable al resultado moral que entrañaba la libe- 
ración de Irún, porque de este suceso podían deducirse gravísi- 
mas consecuencias contrarias á la causa del carlismo. ¿Cómo 
se persuadirían los descontentos de que el fi-acaso no tenía im- 
portancia, cuando veían que los carlistas eran obligados á re- 



MANDO DEL GENERAL LA SBRNA* 443 

nunciar una y otra vez á empresas que siempre juzgaban de 
segura realización? ¿Cómo habían de convencerse de que don 
Carlos entraría en Madrid en un breve plazo, después de lo 
ocurrido en los sitios de Bilbao é Irún? 

Bilbao é ^rún en el Norte, Puigcerdá en Cataluña y Teruel 
en el Centro, habían escrito páginas muy gloriosas, demostran- 
do la impotencia de los carlistas. La jomada de Irún tenía 
además mucha trascendencia, por haberla presenciado multi- 
tud de expectadores, entre ellos no pocos ilusos que habían 
acudido á las orillas del Bidasoa para ver la entrada de los car- 
listas en dicha plaza. 

En lo sucesivo, cuando los periódicos rebeldes cantaran las 
glorias de los suyos, y las publicaciones ilustradas de Francia 
dieran á sus lectores láminas en que se representase á un corto 
grupo de carlistas derrotando á los ejércitos liberales, los ex- 
pectadores del ataque de Irún sabrían á qué atenerse. 

Por otra parte, no podían decir los partidarios del carlismo 
que no entraba en las miras del Pretendiente la toma de la pla- 
za fronteriza, porque con las citas que hemos hecho queda 
demostrado lo contrario. 

Levantado el sitio de Irún, aumentó La Serna su guarni- 
ción con un batallón de África, y dejó también en aquella plaza 
uña compañía de ingenieros, con objeto de fortificar la posi- 
ción de San Marcial, sin cuya posesión no era posible librarla de 
otro nuevo asedio. Comprendía aquél la conveniencia y aun la 
necesidad de que operara en Guipúzcoa una división fuerte, por 
lo menos de ocho batallones, para evitar la reproducción de su- 
cesos como el ataque de Irún, que obligaban á movimientos ex- 
céntricos del ejército, paralizando además las operaciones que 
partían de la base; pero dadas las escasas fuerzas del ejército 
del Norte, si dejaba ocho batallones en la línea de Guipúzcoa, 
las restantes no serían suficientes para emprender ninguna 
operación seria. La Serna dejó al criterio del Ministro la 



444 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

resolución de este asunto, indicándole que esperaba sus ór- 
denes. 

A consecuencia del mal tiempo, se retrasó el embarque de 
las tropas en Santander, y con tal motivo, decía el Gobernador 
militar de esta capital al Ministro de la Gruerra: 

i De los 10 vapores embargados, salieron los cuatro mayo- 
res, y los demás arribaron y se hallan fondeados en la Magda- 
lena, listos para en cuanto amaine el tiempo.» 

Por continuar el temporal, las tropas liberales no pudieron 
empezar hasta el i6 el embarque para Santander, y aun este dia, 
sólo lo hicieron cuatro batallones con el brigadier Acellana, 
pues aunque se embarcaron otros siete, se vieron obligados á 
arribar á Santoña. Volvieron también á Pasages los buques que 
trasportaban el parque móvil. 

Se hizo este mismo dia el relevo de la guarnición de Asti- 
garraga, bajo la protección de las fuerzas del general Blanco. 
Escoltaron al convoy y á la compañía destinada á dicho punto, 
una columna de un batallón y tres compañías, á las órdenes del 
coronel de Murcia; sufrieron estas fuerzas la pérdida de tres he- 
ridos. 

El Ministro de la Guerra se hallaba impaciente por^onocer 
los movimientos del ejército y las fuerzas que quedaban en Gui- 
púzcoa. Interrogó acerca del particular al General en Jefe, y 
en telegrama del 19, fechado en San Sebastián, le contestó éste: 

«He dado diariamente á V. E. conocimiento de las opera- 
ciones de este ejército, pero el estado del mar impide la comu- 
nicación, porque ni á Santander ni á Irún han podido marchar 
buques desde Pasages. Parte de las fuerzas que se embarcaron, 
han vuelto de arribada, y según mis noticias, algunas han po- 
dido llegar á Santander. Yo espero que calme un tanto el tem* 
poral, para trasladarme á dicho punto.» 

Juzgamos oportuno recordar ahora lo que hemos dicho 
acerca de los movimientos del ejército liberal desde la linea del 



MANDO DEL GBNBRAL LA SBRNA. 445 

Ebro á la de Guipúzcoa y del sostenimiento de las comunica- 
ciones entre ambas. 

En los telegramas de estos días dirigidos al General en 
en Jefe, se lamenta el Ministro de no tener noticias del ejército 
del Norte, y á su vez, se lamenta también el General en Jefe 
del extravio de sus reiterados despachos. 

Respecto á las fuerzas que debían guarnecer la linea de Gui- 
púzcoa, en telegrama del 21 de Noviembre decía el Ministro 
de la Guerra al General en Jefe: 

«En despacho de ayer, manifesté á V. E., que reconociendo, 
como V. E., la necesidad de. que quede en Guipúzcoa una divi- 
sión, y suponiendo que con cuatro batallones que V. E. deje 
sobre los que antes había, la pueden componer, entiendo debe 
V. E. disponerlo así, puesto que ya he reforzado ese ejército 
con tres batallones, y le mandaré más. No obsta que el general 
Loma no sea capitán general de Vascongadas. V. E. puede des- 
tinarle, si lo juzga oportuno, y yo lo aprobaré.» 

El General en Jefe se embarcó el 21 para Santander, y llegó 
á este punto á las siete de la noche; así se lo participó al Mi- 
nistro de la Guerra, indicándole que quedaba en Guipúzcoa el 
general Blanco, para activar el embarco de las tropas. En con- 
testación, le decía el Ministro, que sentía que no dejara en 
Guipúzcoa cuatro batallones, además de los allí destinados. En 
contestación. La Serna le dirip^íó el siguiente oñcio, exponiendo 
las razones que tuvo en cuenta para no dejar más fuerzas en 
Guipúzcoa: 

«Excmo. Sr.: = Dejando al general Pieltain, comandante en 
jefe del segundo cuerpo, 11 batallones para cubrir la línea del 
Ebro, desde Alcanadre á Miíanda, y el ferrocarril del Norte 
hasta Burgos, y al general Villegas cinco de la reserva, que no 
fué posible darle más, para operar sobre la izquierda de la línea 
y vigilar la vía férrea entre Santander y Falencia, no pude 
reunir más que catorce para acudir en socorro de Irún y obli- 



446 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

gar al enemigo á levantar el sitio, empresa llevada á cabo con 
rapidez y coronada por un feliz éxito. Basta enunciar lo ex- 
puesto para que se comprenda que aquellos generales no sólo 
quedaban en la imposibilidad de intentar operación alguna, 
sino que eran también impotentes para oponerse á una expedi- 
ción á Castilla, si la efectuaba el enemigo. =La escasez de 
fuerzas ha impedido operar en Navarra, acaso de un modo de- 
cisivo, porque para hacerlo, se necesitan 36 ó 40 batallones, 
bajo el pie de la nueva organización, y no disponía más que 
de 24, de los cuales no todos habían recibido los contingentes 
de la reserva. = Concentrados los carlistas en Navarra y Gui- 
púzcoa, después de los combates de los dias 10 y 11 del actual, 
estaba indicado dejar en esta provincia una división fuerte de 
ocho ó diez batallones, que, operando en ella, ocurriese á even- 
tualidades como el sitio de Irún y prestara su concurso al plan 
que en su día debe desarrollarse en Navarra; pero si de los 14 
batallones que á Guipúzcoa llevé, hubiera dejado diez en esta 
provincia, habrían tenido que mantenerse las fuerzas situadas 
en el Ebro en una defensiva absoluta, desfavorable y critica 
para el ejército del Norte; que ni aun opor^erse hubiera podido 
á cualquier expedición al interior que los enemigos intentasen. 
=Dejar en Guipúzcoa cuatro batallones, como V. E. me dice 
en su telegrama, era privarse de ellos en la inmediación de la 
base, debilitarse con la diseminación de fuerzas y no tocar la 
ventaja de tener en dicha provincia una fuerte división, por 
que en tan exiguas proporciones no bastaría para llenar ningu- 
no de los objetos que se le debieran confiar y aumentaría las 
dificultades económicas ya extremas en esta provincia. Caer 
sobre un punto determinado situado convenientemente, con 
una masa que asegure la superioridad numérica, dando al car- 
lismo un golpe que pueda ser decisivo, como lo hubiera sido el 
de Irún si no me hubieran faltado fuerzas para internarnos en 
Navarra, es lo que me propongo, y parji ello, necesito concen- 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 447 

trar los elementos, en vez de diseminarlos. =Por todas estas 
consideraciones, vuelvo á la base con las fuerzas que traje, de- 
jando las guarniciones reforzadas con dos batallones.» 

Pasó el cuartel general á Miranda el 23, y desde aquel 
punto decía el mismo día el General en Jefe al Ministro de la 
Guerra: 

•He dispuesto que formen el 3.*"^ cuerpo de este ejército, 
cuyo mando fué conferido al general Loma, la división de la 
izquierda y la de vanguardia. Los batallones de reserva, I2 y 
23, cuya venida me anuncia V. E. en telegrama de ayer, pasa- 
rán á la división de la izquierda^ i.*^ del 3.^'' cuerpo, para disol- 
ver los que ahora la constituyen, reforzándola á medida que 
lleguen los demás batallones, que, en tal concepto, considero 
conveniente se dirijan á Burgos.» 

A excepción de los dos batallones á que se hace referencia 
en uno de los telegramas anteriores, las tropas expedicionarias 
se dirigieron desde San Sebastián á Santander, y después á la 
linea del Ebro. 



CAPÍTULO X. 

Narración de otros sucesos ocurridos en el teatro de la guerra durante los meses de 
Octubre y Noviembre: provincia de Vizcaya: provincia de Guipúzcoa; provincia de 
Navarra; provincia de Álava; distrito de Burgos.— Organización del ejército liberal.— 
Marcha á Madrid el Jefe de E. M. G., para conferenciar con el Ministro acerca de las 
operaciones que convenía emprender en el Norte para el levantamiento del bloqueo 
de Pamplona.— Operaciones en Guipúzcoa, dirigidas por el general Loma.— Practica 
éste el 7 de Diciembre un reconocimiento de las posiciones enemigas, entre Hcrnani 
y Andoain.— Combate de Urnieía.— El Presidente del Poder Ejecutivo, Duque de la 
Torre, es nombrado General en Jefe de los ejércitos de operaciones.— Marcha del 
Duq'ie de la Torre al Norte.— Plan de operaciones contra la linea carlista del Carras- 
cal, presentado por el Jefe de E. M. G., general Ruiz Dana.— Observaciones referen- 
tes al estado de la plaza de Pamplona. —Alocución de Mendíry á .sus tropas.— Es pro- 
clamado Rey de España D. Alfonso XII. 

Vamos á referir ahora algunos otros sucesos ocurridos en el 
teatro de la guerra, durante los meses de Octubre y Noviembre. 

Provincia de Vizcaya, — Sabiendo el brigadier Cassola, jefe de 
la segunda brigada, que los carlistas habían reforzado algunos 
puestos de su línea, frente á Aspe y Lejona, y que construían 
nuevas trincheras en los montes de Urdúliz y Berango, solicitó 
permiso del Comandante general para hacer un reconocimien- 
to, que á la vez proporcionaría tal vez ocasión de hacer algu- 
nos prisioneros del destacamento enemigo de Berango. 

Autorizado al efecto por el Comandante general, emprendió 
dicho brigadier la operación de referencia, en la madrugada del 
z6 de Octubre. El teniente coronel Prego, con cinco compañías 
de Saboya de las situadas en Arriaga, se dirigió á Lejona. y 
marchó después á posesionarse sigilosamente de los montes de 
Urdúliz, con orden de correrse por su izquierda hasta colo- 
carse al amanecer á la espalda de Berango^ dominando á este 
pueblo y á Sopelana. A las cuatro salió de las Arenas el co- 
mandante D. Cayetano Vázquez, que se hallaba á las órdenes 
de dicho brigadier, con tres secciones de Galicia, con el fin de 



45o KORTE.— TERCER PERÍODO. 

ocupar el monte Lurendi 6 Zuazo, y poco después se dirigió 
Cassola á Algorta^ con tres compañías de Saboya mandadas 
por el comandante Muñoz, quien debía continuar su marcha 
por la iglesia de Guecho, y dando la vuelta por el Molino de 
Viento atacar de naneo las trincheras enemigas y posesionarse 
de Sopelana, si le era fácil. Dos compañías de Galicia, con las 
secciones de exploradores de Saboya, quedaron con el Briga- 
dier para atacar á Berango en el momento oportuno, bajo la 
protección de los fuegos de la artillería convenientemente si- 
tuada en Algorta. Esta operación combinada se realizó con 
buen éxito, aunque el enemigo se enteró de ella desde los pri- 
meros momentos. 

La columna Prego, extrema derecha de la línea, salvando 
multitud de obstáculos que presentaba su marcha, coronó á 
las seis y media de la madrugada parte de las alturas que debía 
ocupar, haciendo caso omiso del fuego que recibía de la línea 
de las pequeñas avanzadas enemigas; la de Vázquez se pose- 
sionó de la cumbre de Zuazo, sin que el enemigo se le opusiera 
formalmente, y la de Muñoz, que formaba la izquierda, aunque 
constantemente hostilizada por las avanzadas carlistas, realizó 
sin serias dificultades su movimiento envolvente sobre Sopela- 
na, y se apoderó de este pueblo, después de haber desalojado 
á las fuerzas enemigas situadas en las trincheras que defen^ 
dian la garganta que da acceso á la entrada en él. Entretanto, 
la fuerza exploradora de Saboya recibió orden de avanzar ha- 
cia Berango, y se apoderó á la carrera de este pueblo, en el 
momento en que cañoneado su destacamento desde Algor- 
ta y expuesto á caer prisionero por cualquiera de las columnas 
extremas que ya lo habían rebasado, huía precipitadamente 
hacia Plencia y se unía en su retirada á las demás fuerzas 
carlistas que también habían cedido el campo en aquella 
dirección. 

En tal estado, y teniendo noticia Cassola d% que llega- 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 45 1 

rfa en breve á Algorta algún refuerzo procedente de Bilbao, 
dispuso que el comandante Zorrilla, con las dos compañías de 
Galicia, atravesando el valle de Berango subiera á las alturas 
que cierran su lado oriental, para unir á ambas columnas ex- 
tremas con una extensa linea de guerrillas, ya que la derecha 
no había avanzado lo suficiente pai:a realizar del todo sus 
instrucciones y completar su pensamiento. Al poco tiempo se 
presentó el Comandante general con tropas de refuerzo, y 
avanzando hasta Berango, se enteró de la situación de las 
tropas y de la retirada del enemigo. 

Reconocida ya la zona que se proponía hacerlo el Brigadier; 
vista la ineficacia de los atrincheramientos carlistas para conte- 
ner á las tropas liberales; seguro de que no se habla construido 
en la iglesia de Berango ninguna otra obra importante, y ha- 
biendo descansado sus tropas algunas horas en las posiciones 
conquistadas, apoderándose de varias cabezas de ganado y otras - 
subsistencias^ dispuso que se retiraran empezando el movimien* 
to las columnas extremas. 

La de la izquierda, con el coronel de Saboya á su cabeza, 
emprendió su regreso por compañías escalonadas, marchando 
una, que apenas tenia municiones, próxima á la costa, y las de- 
más por entre los caseríos. Parte del batallón carlista de Ber- 
naola, rehecho de su huida y á favor de su mucha práctica en 
el terreno, intentó molestar la marcha de dicha columna; pero 
la acertada dirección denlas compañías y el buen espíritu del 
soldado mantuvieron siempre al enemigo á respetable distan- 
cia, hasta que cerca ya de Guecho y faltando municiones á Sa- 
boya, fué relevado por dos compañías de Albuera, al mando 
del teniente coronel Borosa, que apenas fueron molestadas en su 
retirada. En el momento que la columna de la derecha iniciaba 
su movimiento de regreso á Algorta^ el titulado brigadier car- 
lista Ormaeche acudió al lugar del combate con dos batallones 
procedentes de Munguía. 



452 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

Cargaron éstos á la bayoneta á las dos compañías de Saboya 
que formaban el último escalón. Sorprendidos los liberales, no 
pudieron contener por de pronto el movimiento de avance» pero 
rehecho su espíritu por el ejemplo de sus oficiales, atacaron á 
su vez á los carlistas, haciéndoles perder la posición que ha- 
bían conquistado. Dicha posición, sin embargo, no era ya sos- 
tenible; el segundo escalón no podía proteger ni reforzar al más 
avanzado, porque el enemigo, á favor de su gran superiori- 
dad numérica y el conocimiento de aquellos fragosos bosques, 
trataba de ejecutar un movimiento envolvente para cortar la re- 
tirada de dichas compañías; y conociéndolo así su jefe, ordenó 
la retirada de sus fuerzas, conteniendo al enemigo con fuego 
muy nutrido y aun al arma blanca, mientras que las guerrillas de 
Galicia, oblicuando sus disparos hacia la derecha, contribu- 
yeron también eficazmente á contener á los carlistas que avan- 
zaban de frente, facilitando así que continuara sin nuevos ata- 
ques ni accidente alguno el movimiento de retirada de las tropas 
liberales, que no sufrieron ya más que algunos ligeros disparos 
á su paso por el valle de Berango; y ya desde Algorta se diri- 
gieron á sus respectivos cantones. 

Las pérdidas sufridas por las fuerzas liberales, fueron, 12 
muertos, un oficial y 24 individuos de tropa, heridos; dos ofi- 
ciales y 9 individuos de la clase de tropa, contusos, y i5 es- 
travíádos; siendo todas estas bajas, á excepción de seis, del re- 
gimiento de Saboya. 

Las pérdidas de los carlistas fueron de consideración, y las 
sufrieron especialmente, al atacar al último escalón liberal; y 
aun cuando no podemos precisarlas, el brigadier Cassola mani- 
festó que se le había asegurado por diferentes conductos, que ha- 
bían tenido dos oficiales y 28 individuos de tropa muertos y 
35 heridos. 

Efectuaron los carlistas el 2 de Octubre un desembarco de 
armas en Motrico, consistente en 16 cañones de montaña, de 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 463 

acero comprimido, 4.000 fusiles Berdan, reformado, y 500.000 
cartuchos; doce días después, efectuaron también otro, cerca 
de Fuenterrabia, de seis cañones Krupp, de á ocho, 400 gra- 
nadas, 100 espoletas, i.ooo frictores, 2.500 fusiles y 270.000 
cartuchos. 

Provincia de Guipúzcoa. — Cuarenta carabineros, auxiliados 
por algunos voluntarios de Hernani, batieron el 7 de Octubre 
en el monte Iparzagaña, situado cerca de esta villa, á una pe- 
queña partida carlista. Las bajas de los liberales, fueron dos 
carabineros heridos, y un sargento y un individuo del mismo 
instituto, contusos; ignoramos cuáles fueron las de los car- 
listas. 

Dos compañías del regimiento de Gerona hicieron el 12 de 
Octubre un reconocimiento en el monte de Jaizquíbel, y sostu- 
vieron un tiroteo con un batallón carlista, causándole algunas 
bajas, siendo las suyas tres heridos y dos oñciales y cinco 
contusos de la clase de tropa. 

Al relevar el 1 5 de Octubre el destacamento de Astigarra- 
ga sufrieron los liberales las pérdidas de cuatro heridos y un 
contuso. 

Convenía para la defensa de Rentería, construir un fuerte en 
el alto de Arramendi, situado entre San Marcos y Oyarzun. Para 
proteger los trabajos de construcción, salió de Rentería en la 
madrugada del 22 una columna compuesta del 2.*" batallón de 
Gerona, la compañía de Murcia, que guarnecía á dicho punto, 
y 25 voluntarios* La compañía de Murcia marchó por la iz- 
quierda de Arramendi, en dirección de los caseríos de Lecumbe- 
rri, Baconea, Perechonea, Esconcegui y Centoronea. Cincuenta 
individuos de Gerona avanzaron por la derecha de dichos case- 
ríos, posesionándose de los que á su paso encontraron, que eran 
los de Lopeoea, Larridupi, Berneca y Lavita, llegando hasta 
Centoronea, punto de reunión de las dos fracciones. Estas 
debían emprender desde allí su avance hacia las alturas de 



454 NORTE.— TERCER PERIODO. 

Gogórregui, posición ocupada por los carlistas. Se situaron los 
voluntarios de Rentería en los caseríos de Tobar y Gambón, á 
la derecha de Arramendi, con objeto de vigilar la carretera de 
Astigarraga. Cuarenta soldados de Gerona ocuparon el alto de 
Arramendi. Efectuados dichos movimientos, la compañía de 
Murcia^ apoyada por esta última fuerza, consiguió que desalo- 
jara el enemigo la posición de Gogórregui y el caserío de Ariz- 
cueta que ocupaba. Se pudo así dar principio á los trabajos de 
construcción, y durante la mañana y parte de la tarde no ocu- 
rrió más incidente que un ligero tiroteo; pero hacia las tres de 
la tarde hubieron de suspenderse^ por haber sido atacadas las 
mencionadas tropas por fuerzas carlistas de alguna considera- 
ción. Inmediatamente, el jefe de la columna se lo participó al 
comandante militar de Rentería, y previno éste á aquél que se 
retiraran las fuerzas de referencia. Empezaron el movimiento 
las de la izquierda, situadas en Gogórregui, pasando á este pun- 
to los voluntarios con su inteligente sargento D. Juan Menén- 
dez, práctico en el terreno. 

Los carlistas se habían situado bien para picar la retirada. 
La guerrilla de Gogórregui, compuesta de 25 soldados de Mur- 
cia, antes de llegar á Centoronea en su movimiento retrógrado, 
fué atacada por su espalda y su naneo izquierdo por dos compa- 
ñías carlistas, y cedió á tan rudo ataque. 15 hombres de Gerona 
situados en Centoronea, se resistieron un poco; pero al divisar 
otra compañía carlista, cedieron también. Arrollado el primer 
escalón, quedaban comprometidas las demás fuerzas; pero un 
teniente de Murcia y el sargento Menéndez reunieron 40 solda- 
dos de Murcia y Gerona, y cargando á los carlistas, los pusieron 
en retirada, rescatando cuatro heridos que habían caido en po- 
der de aquéllos. Reforzados los carlistas con un batallón situa- 
do entre la falda de Gogórregui y Munuaundi, cargaron de nue- 
vo á los liberales, pero fueron rechazados, luchando á la 
bayoneta en algunos momentos. Al ver los caruatas el mal re- 



IIANDO DEL GENERAL LA SERNA. 455 

saltado obtenido contra la izquierda liberal, dirigieron sus es- 
fuerzos contra la derecha. Al retirarse desde Arridispe un cabo 
y ocho soldados del segundo batallón de Gerona fueron en- 
vueltos, y el enemigo les intimó la rendición. En este momento, 
el jefe de la columna, que habia recibido oportunamente un re- 
fuerzo de 8o hombres de Gerona, cargó á la bayoneta y rechazó 
á los carlistas, salvando á la fuerza comprometida. Intentaron 
los carlistas un último esfuerzo, dando un ataque formal y deci- 
dido á la posición de Arramendi; pero se replegó hacia este 
punto la fuerza liberal establecida en los caseríos de la derecha, 
situando á vanguardia una pieza de á 8, cargada con metralla 
protegida por 40 soldados de Gerona, y aunque el enemigo se 
lanzó resueltamente sobre Arramendi con una gritería espanto- 
sa, al llegar á 100 metros de esta posición, fué recibido con nu- 
trido fuego por los 40 soldados de Gerona y de la pieza de arti- 
llería, y se retiró en dispersión; y aunque volvió á atacar otra 
vez, de nuevo fué rechazado. 

Las bajas de los liberales fueron i muerto, 7 heridos, 8 con- 
tusos y 2 extraviados; ignoramos las de los carlistas. 

En los días 23 y 24 de Noviembre atacaron los carlistas el 
fuerte en construcción de San Marcial, ocasionando á las tropas 
liberales las pérdidas de i oficial y i3 soldados heridos. 

Como era natural, estos combates renovaron la cuestión de 
reforzar la guarnición de Guipúzcoa, y acentuóse más esta ne- 
cesidad con el ataque de los carlistas al fuerte de San Marcial 
el día 25. 

Hacia las cinco y media de la mañana simularon los carlis- 
tas un ataque á la parte O. de Irún, ó sea al Parque, y á las seis 
atacó vigorosamente el octavo batallón de Guipúzcoa á la fuer- 
za que protegía los trabajos de San Marcial, compuesta de dos 
compañías de Murcia y dos de África. Estas^ situadas en los 
puntos avanzados, abandonaron sus posiciones, excepto un 
teniente que con 20 hombres se sostuvo resueltamente en 



456 NORTE.-^TERCEBL PERÍODO. 

SU puesto, prefiriendo la muerte á la retirada. Casi todos los 
individuos de esta corta fuerza fueron muertos ó heridos. En 
breve tiempo se apoderaron los carlistas del fuerte en construc- 
ción y la casa intermediaría entre ella y la capilla de San Mar- 
cial, quedando en poder de los liberales únicamente ésta, soste- 
nida por la sexta compañía del batallón de Murcia. Acometié- 
ronla también los carlistas, pero fueron rechazados. 

Enterado de lo que ocurría el comandante militar de Irún, 
teniente coronel Arana, salió de este punto con todo el batallón 
de miqueletes y tres compañías de África al auxilio de sus com- 
pañeros. A su presencia se puso en retirada el enemigo, y fué 
perseguido hasta Lastaola, sufriendo grandes pérdidas. A las 
nueve y media todo quedaba en estado normal. 

Las bajas sufridas por los liberales fueron 35 muertos, 27 
heridos y dos contusos; ignoramos cuáles fueron las de los car- 
listas. 

Se comprende que en el primer momento de la sorpresa se 
apoderó un gran pánico de las compañías de África, y así lo 
creyeron las autoridades al disponer que se. formara la sumaria 
correspondiente en averiguación de lo ocurrido. Los carlistas 
llevaron su crueldad hasta el exceso. 

Promwia de Navarra, — De lo que llevamos dicho se dedu- 
ce, que durante la expedición de La Serna á Guipúzcoa no era 
posible que las fuerzas situadas en la línea del Ebro realizaran 
ninguna operación de importancia, y que necesariamente debían 
limitarse al sostenimiento de la referida línea. 

Se fijó Morlones muy especialmenfe en la situación de los 
carlistas en la línea del Carrascal, y su idea dominante era arro- 
jarlos de sus posiciones, con el fin de librar á Pamplona del blo- 
queo que sufría. Acerca de esto dirigió al Ministro de la Gue- 
rra diversos telegramas, pero por de pronto era preciso esperar 
que volviera al Ebro el cuerpo expedicionario, porque dicha 
operación exigía fuerzas de consideración. No perdía de vista 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 457 

Moñones los movimientos de las fuerzas carlistas de Navarra, 
y deseaba emprender cuanto antes las operaciones sobre la línea 
del Carrascal. Respecto á la situación de las fuerzas enemigas, 
decía desde Olite, con fecha i3 de Noviembre, al Ministro de la 
Guerra: 

«Noticias de hoy: El 12 por la taide, Mogrovejo, con dos ba- 
tallones castellanos, uno riojano, dos aragoneses y seis nava- 
rros, en la línea del Carrascal; Mendiry en Puente é inmedia- 
ciones, con tres batallones navarros, dos castellanos y cuatro 
compañías del de Guías; Fortún, con tres batallones alaveses en 
la Solana; Argonz en Estella, ignorando con qué fuerzas. Tie- 
nen 3o cañones, y continúan los trabajos de trincheras y corta- 
duras. Están cambiando los depósitos de víveres y municiones 
que tenían en Estella; los primeros al Palacio de Anderas, y los 
segundos á Mañeru. Entre los carlistas se decía ayer que Loma 
los había vencido, y había entrado en Irún.» 

Con fecha 14, el Ministro de la Guerra manifestaba á Mo- 
ñones, que el objeto del enemigo pudiera ser entretener las fuer- 
zas liberales en la línea de Guipúzcoa, y que en tal caso creía 
sería conveniente que llamara su atención hacia Navarra, ame- 
nazando, en combinación con Pieltain, algunos puntos impor- 
tantes ocupados por los carlistas en frente de la línea del 
Ebro; le decía también: 

«Dígame V. E. su parecer. Le advierto que hace días se ha- 
llan en Miranda tres batallones con que he reforzado ese ejér- 
cito, y apresto algunos otros para destinarlos donde más nece- 
sarios puedan ser. » 

Con fecha 15 de Noviembre, dijo Moriones acerca del mis- 
mo asunto al Ministro de la Guerra: 

«Los movimientos combinados en esta guerra son una 
imprescindible necesidad. Cuando el General en Jefe me anunció 
su marcha á Irún, mediaron comunicaciones telegráficas que el 
coronel Sancho llevó á V. E. Tengo pedidas con urgencia una 

Tomo v 3o 



458 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

batería de montaña y las reservas de Burgos y Calatayud para 
organizar los regimientos de Cantabria y Zamora, y decia al 
General en Jefe que me harían falta para ayudarle en su opera- 
ción, emprendiendo yo un movimiento ofensivo sobre la dere- 
cha enemiga, porque no he creído ni creo conveniente trastor- 
nar el pensamiento sobre la línea del Carrascal. Conocida por 
mi la necesidad de emprender una operación, pedí al general 
Fieltain me acompañara ó me dijera con qué podría apoyarme; 
la contestación ha sido que tiene orden del General en Jefe de 
no abandonar la línea del Ebro, y que sólo podrá enviar á Al- 
canadre un batallón y un escuadrón para que me conduzca ví- 
veres. A pesar de tantas contrariedades, tengo todo preparado 
para moverme una mañana en dirección á los Arcos; pero ten- 
go que dejar aquí para cuidar esta importante vía cinco batallo- 
nes, una batería Krupp y un regimiento de caballería. En Le- 
rín quedarán dos batallones y otro regimiento de caballería. 
Las fuerzas que me quedan no son para internarse mucho; sin 
embargo, obraré con prudencia, y llegaré hasta donde pueda. 
V. E. comprenderá la conveniencia de que vengan fuerzas y re- 
cursos. Sobre esta línea dejo á Zamora y Cantabria, por si V. E. 
dispone vengan las reservas. Considero de mi deber consignar 
que la creencia de que la línea del Ebro se guarda de la orilla 
opuesta, es, en mi opinión, equivocada; siempre me ha dado 
mejor resultado guardar las líneas, tomando el ejército posicio- 
nes avanzadas . » 

Como para el movimiento de referencia era preciso el con* 
curso del segundo cuerpo, dijo su comandante en jefe al Minis* 
tro de la Guerra en telegrama del i6: 

«General Moriones, al contestar á mi telegrama de hoy so- 
bre el acuerdo que podíamos tomar, se reduce á pedirme el 
concurso de las tropas de que puedo disponer con algunas ra- 
ciones, manifestándome que está dispuesto todo para la tarde 
del día i8, en que comunicará conmigo. Como no revela sus 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 459 

proyectos, no puedo emitir á V. E. mi opinión sobre ellos, y 
me limito á solicitar á V. E. el permiso para darle los auxilios 
que pide y reducir esta linea, que General en Jefe me ordenó 
guardar al marcharse. Considero preciso para ello queden un 
batallón en Miranda, uno en el puente militar de Elciego, dos 
en La Guardia y otros dos aquí, donde tanto se custodia. Podré 
facilitarle cinco batallones, cinco escuíidrones y cuatro baterías, 
si V. E. así lo estima. Sírvase darme su aprobación, pues según 
dice aquel general, mañana empieza el movimiento.» 

Moriones tenía ya todo preparado para emprender el movi- 
miento el 16 en dirección de los Arcos, dejando en Olite cinco 
batallones y un regimiento de caballería, y en Lerín dos bata- 
llones y un regimiento de caballería. En vista de lo que Pieltain 
manifestó al Ministro, le autorizó éste para que obrara según 
le aconsejase el mejor bien del servicio, porque tenía la íntima 
convicción de que sus acuerdos y disposiciones habían de ins- 
pirarse en el más puro patriotismo. 

Llegaron á Santander este mismo día 16, fuerzas pertene- 
cientes á los regimientos de Castilla, Valencia y Asturias, á 
las órdenes del brigadier Acell^na, y se dirigieron por vía fé- 
rrea á Miranda, desde donde decía dicho brigadier á Pieltain, 
que tenía orden del General en Jefe para permanecer en aquel 
punto y sus inmediaciones con las referidas fuerzas hasta la 
llegada de todo el ejército. En atención á esta circunstancia, 
consultó de nuevo Pieltain al Ministro si facilitaría ó no á Mo- 
riones parte de las tropas de su mando, según lo acordado; le 
contestó el Ministro, que no había inconveniente en que las 
facilitara. 

A pesar de todo, de orden del General en Jefe se suspendió 
el movimiento de referencia, y así se lo decía Moriones al Mi- 
nistro en telegrama del 18: 

«La llegada de tropas á Miranda procedentes de Irún, con 
órdenes terminantes del General en Jefe, me obligan á suspen- 



460 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

der mi movimiento, porque es posible se tenga un pensamiento 
concreto, que fuera contraproducente al tomar yo la ofensiva. 
Me situaré en Andosilla, donde espero órdenes, y obraré seg^ 
las noticias que reciba de las fuerzas enemigas. Las comunica- 
ciones se me dirigirán por Calahorra. Doy orden para que en 
Alcanadre no se confeccione pan hasta nueva orden.* 

En telegrama del 20 insistía, sin embargo, Moriones en su 
pensamiento, y decía al Ministro de la Guerra: 

«Si el General en Jefe ha de tardar más de i5 días en tener 
en Logroño todo lo que tengo pedido para la operación sobre 
el Carrascal, creo conveniente hacer el movimiento anunciado 
sobre la derecha enemiga. Si V. E. calcula que en el primer 
tercio de Diciembre podremos practicar la operación sobre el 
Carrascal, creo mejor maniobrar yo de manera que las faccio- 
nes vuelvan á su línea atrincherada del Carrascal. = Ruego 
á V. E. dirija la contestación á Logroño, lo antes que sea po- 
sible, donde la recibirá un Jefe de E. M. que he mandado; y 
en vista de sus órdenes, acordaré con general Pieltain, según 
las instrucciones. » 

El Ministro de la Guerra le contestó, que el General en Jefe 
llegaría á Santander de un momento á otro, y entretanto sería 
lo mejor que maniobrara de la manera que juzgara más con- 
veniente. 

Surgió en esta época entre Moriones y el gobernador civil 
de Navarra la disidencia á que se refiere el telegrama que se co- 
pia á continuación, dirigido por aquél al Ministro de la Guerra, 
con fecha 24 de Noviembre: 

«El gobernador, sobreponiéndose á lo prevenido por mí, 
está poniendo en ejecución el decreto sobre la última quinta. 
El resultado para el Gobierno será casi nulo; el provecho de 
los carlistas sería de algunos miles de hombres, ocasionando 
además la alarma en esta provincia, cuando visiblemente se CvS- 
taban notando las tendencias á la paz. Ruego á V. E. me dé 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 461 

instrucciones sobre asunto tan importante y trascendental, mu- 
cho más en estos momentos.» 

El Ministro de la Guerra le contestó en telegrama del mismo 
día, que por el de la Gobernación se había prevenido al Gober- 
nador civil, que suspendiera la quinta en Navarra. 

En telegrama del 26 dirigido al Ministro de la Guerra y al 
General en Jefe, les comunicó Moriones, que Mendiry con- 
centraba sus fuerzas en el Carrascal, situando en posición su 
artillería; les decía también: «Se asegura que con sus baterías 
situadas en el monte San Cristóbal trata de bombardear á Pam- 
plona.» 

En la provincia de Álava ocurrió un hecho que pudo tener 
alguna trascendencia. Como hemos dicho antes de ahora, habían 
ocupado los liberales un pequeño fuerte construido encima de la 
Puebla, en la orilla izquierda del Zadorra, con objeto de prote- 
ger el paso por el desfiladero de las Conchas y contribuir al sos- 
tenimiento de las comunicaciones entre Vitoria y Miranda. 
Guarnecían aquel fuerte un alférez y 24 soldados del regimiento 
de Mallorca. Algimas familias del cercano pueblo de Villanueva 
pasaron la tarde del 9 de Noviembre en las inmediaciones del 
castillo, y regresaron después al pueblo, acompañados del ofi- 
cial, dos cabos y once soldados, quedando en el fuerte un sar- 
gento y doce individuos de tropa. No se limitó el alférez á diri- 
girse á Villanueva, sino que permaneció en este punto durante 
la noche, dando tiempo para que se presentara al amanecer una 
partida carlista y se apoderara de él y los cabos y soldados. 
Después de este suceso, intentaron los carlistas entrar en el 
fuerte, ya por la fuerza, ya empleando lá astucia de disfrazarse 
algunos con el uniforme de los soldados liberales; pero los de- 
fensores se mantuvieron en su puesto. 

Dio el sargento que mandaba el destacamento cuenta de lo 
sucedido al capitán general de las provincias Vascongadas, ge- 
neral Reyes, y reforzó éste el lo el fuerte con un oficial y 20 



462 NORTE. — TEÍ^CER PERÍODO. 

soldados del regimiento de Soria; y puesto de acuerdo con el co- 
mandante militar de Miranda, pasaron ambos á la Puebla el 11, 
el primero con un batallón de Soria, la compañía de miñones de 
Álava, una batería de artillería y la fuerza de caballería que guar- 
necía á Vitoria, y el segundo con un batallón de Mallorca y cinco 
caballos. Sin más incidente que un corto tiroteo de las fuerzas 
que salieron de Vitoria con los aduaneros carlistas, en el boquete 
de la Puebla, llegaron aquéllas á este punto, y dispuso Reyes, 
que el sargento y los doce soldados que habían quedado en el 
fuerte y el oficial y los 20 individuos de Soria que se les incor- 
poraron el día anterior, fueran relevados por un oficial y 26 in- 
diyiduos del regimiento de Mallorca que guarnecía á Miranda. 

Regresaron á Miranda y Vitoria las fuerzas que de estos 
puntos habían salido. Se logró conducir á Vitoria la correspon- 
dencia oficial, que se incorporaran los jefes, oficiales é indivi- 
duos de tropa destinados á los cuerpos de aquella guarnición, y 
que pasaran á los suyos los detenidos en dicha plaza. 

En el ala izquierda del ejército del Norte, Villegas se esfor- 
zaba en llenar su cometido. Después de una marcha forzada en- 
tró el 2 de Noviembre en Valmaseda, haciendo siete prisioneros 
carlistas, entre ellos el comandante de armas del valle de Mena. 
En las inmediaciones de aquel pueblo ordenó que se destruye- 
ran 45 barricas de petróleo y un depósito de cáñamo que había 
en la población para hacer alpargatas con destino á los car- 
listas; recogió también los borceguíes y alpargatas destina- 
dos á éstos, y se distribuyeron entre las tropas; impuso además 
á dicho pueblo (de donde habían huido el ayuntamiento y el 
cabildo) una contribución de 20.000 raciones. Las fuerzas car- 
listas se retiraron hacia las Muñecas, dejando en las alturas de 
los caminos de Gordejuela y Sodupe sus avanzadas, que se 
tirotearon con los liberales. 

En telegrama del 11 de Noviembre preguntó el Ministro 
de la Guerra al general Viflegas; si podría ejecutar un movi- 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 463 

miento de avance sobre Orduña, que aun cuando no diera otros 
resultados, llamaría seriamente la atención del enemigo; Ville- 
gas le contestó en telegrama del 12: 

«Anticipándome á los deseos que V. E. me indica en su te- 
legrama del II, no he hecho este movimiento, por falta de dine- 
ro; en cuanto lo reciba, emprenderé el movimiento, á pesar de 
no tener disponibles más que cuatro batallones de reserva, pues 
han marchado á Irún las tropas veteranas con que contaba. 
Para el mejor resultado de la operación, convendría que V. E. 
me enviara inmediatamente una sección de artillería de á lo 
centímetros ó alguna infantería más. De todos modos, empren- 
deré la operación en cuanto reciba el dinero.» 

Por fin no se efectuó esta operación por los mismos motivos 
que se suspendió la de Moriones. 

Fué batida el 16 de Octubre en Canicosa (Soria) la fac- 
ción Peña, quedando prisionero su jefe . 

Entre el kilómetro 453 y el 454, entre Miranda y Bugedo, 
una partida carlista detuvo un tren de mercancías, y se apoderó 
de un sargento y cinco soldados de caballería, que llevaban i6 
caballos, quedándose también con tres de éstos; montó des- 
pués en el tren, y dirigiéndose á Ameyugo, sorprendió á la guar- 
dia de ocho hombres del puente de Pangua, de la cual quedaron 
dos heridos y los demás prisioneros. El comandante militar de 
Miranda de Ebro mandó retirar á este punto cuatro compañías 
de Mallorca que ocupaban á Bayas, y salió con ellas en perse- 
cución de dicha facción, y la emprendieron también el destaca- 
mento de Armeyugo, una compañía de infantería y 20 caballos 
de Bribiesca y una pequeña columna que al mando de un te- 
niente coronel de la guardia civil se hallaba en Santa Olalla. 

El segundo cabo de Burgos dijo al Ministro en telegrama del 
mismo día 9, que tenía preparadas dos compañías para marchar 
contra la referida partida, y que había recibido parte de que la 
fuerza destacada en Pancorbo, sostenía fuego hacia Oberenes. 



464 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

La facción de referencia pasó el Ebro por el vado de Toba- 
linilla, sin haber sido alcanzada, aunque fué picada su reta- 
guardia por la fuerza que salió de Ameyugo . 

En la mañana del i3 de Octubre, una pequeña columna si- 
tuada en Ampuero entró en Villaverde, y desalojó del pueblo á 
la facción Palacios, tomando después las alturas de Oreta y 
Fuente la Cárcel; y la batió de nuevo en Traslaviña. 

Pasemos á narrar los sucesos ocurridos durante el mes de 
Diciembre de 1874. Empezaremos expresando cuál era la orga- 
nización del ejército del Norte en esta época (8 de Diciembre): 
General en Jefe: Excmo. Sr. Teniente general, D. Manuel 
de La Serna y Hernández Pinzón. 

Jefe de E. M. G.: Excmo. Sr. mariscal de campo D. Pedro 
Ruíz y Dana. 

Comandante general de Artillería. 
Excmo. Sr. brigadier D. Sebastián Prat. 

Comandante general de Ingenieros. 
Excmo. Sr. brigadier D. Pedro Burriel. 

Intendente general. 
Excmo. Sr. intendente de ejército D. Joaquín Sánchez 
Manjón, 

Jefe de Sanidad militar. 
Excmo. Sr. inspector D. José Forns. 

Gobernador del cuartel general. 
Coronel graduado, teniente coronel de infantería,^ D. Patri- 
cio Morales. 

Tropas afectas al cuartel general. 

Once compañías de ingenieros (3.*, 4.*, 5." y 6/ del pri- 
mer batallón del primer regimiento; i.*, 3." y 6.* del pri- 
mer batallón del z."" regimiento; 3.'' y 5/ del a.° batallón del 
mismo regimiento y 3.* y 4.* de pontoneros del tercer regimien- 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 466 

to); 5.* batería del zJ" regimiento de artillería montado (pie- 
zas de 10 centímetro»); S.** y 6.* baterías del i.° montado 
(piezas de 8 centímetros Krupp); una batería del 3.° montado 
(piezas.de á 8 centímetros, Krupp); la ó.*^ batería del 4.'' 
montado (piezas 12 centímetros); un oficial y 40 guardias civiles 
de infantería. 

PRIMER CUERPO. 

Comandante en jefe y capitán general de Navarra: Exce- 
lentísimo Sr. teniente general D. Domingo Moriones y Murillo. 

Jefe de E. M.: Excmo. Sr. brigadier D. Emilio Terrero y 
Perinat. 

PRIMERA DIVISIÓN. 

Comandante general: Excmo. Sr. mariscal de campo don 

Joaquín Colomo. 

Primera brigada. 

Sr. brigadier D. Francisco Mariné. 

^ ( Regimiento infantería de San Quintín, núm. 32. 

Cuerpos. .{ 

( Id. id. de Málaga, núm. 40. 

Segunda brigada. 
Sr. brigadier D. Agustín Ruiz Alcalá. 

Regimiento infantería de la Constitución, núm. 29. 
Cuerpos. . Batallón reserva, núm. 9 (Ciudad-Real). 
/ Id. id., núm. 13 (Santander). 

SEGUNDA DIVISIÓN. 

Comandante general: Excmo. Sr. mariscal de campo don 
Melitón Catalán. 

Primera brigada. 
Excmo. Sr. brigadier D. Juan Otal. 

í i.«^ batallón del 3.*'^ regimiento de infantería de 

_ ] marina. 

Cuerpos . .{ 

1 Regimiento de infantería de Sevilla, núm. 33. 

f Batallón reserva, núm, 8 (Toledo). 



Cuerpos . 



466 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

Segunda brigada. 
Excmo. Sr. brigadier D. Alfonso Cortijo. 

Regimiento infantería de Zamora, núm. 8. 
Id. id. de Zaragoza, núm. 12. 

TERCERA DIVISIÓN. 

Comandante general: Excmo. Sr. mariscal de campo don 
José Merelo. 

Brigada única. 

Excmo. Sr. brigadier D. Luis Prendergast y Gordón. 

2.° batallón del regimiento infantería de Guadalaja- 

ra, núm. 20. 

^ , 1.^^ batallón del regimiento infantería de Soria, nú- 

Cuerpos. \ 

' mero 9. 

Regimiento infantería de Cantabria, núm. Sg. 

Batallón cazadores de Alba de Tormes, núm. 8. 

2.^ y 5.^ compañía del 2.° regimiento de montaña. 

.,, , , I.*, 2.* y 3.* baterías del i.^*" regimiento montado. 
Artillería../ ' ,, , , . . 

Krupp; 3. batería del 3.^'' regimiento montado, 

10 centímetros. 

1 4.*" compañía del 2.'' batallón del i." regimiento. 

Ingenieros^ 2.* id. deli.*"" id. del 2.° id. 

I 2.^ y 4." id. del 2.° id. del 2." id. 

Brigada de caballería. 

Excmo. Sr. brigadier D. José Jaquetot y Arcos. 

¡Regimiento de lanceros de Sesma, núm. i. 
Id. de id. de Arlaban, núm. 2. 
Id. de id. de Lusitania, núm. 12. 

SEGUNDO CUERPO. 

Comandante en jefe y capitán general de Vascongadas: 
Excmo. Sr. teniente general D. Cándido Pieltain y Jove- 
Huergo. 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 467 

Jefe de E. M. en comisión: coronel del cuerpo, D. Rafael 
Assín y Bazán. 

PRIMERA DIVISIÓN. 

Comandante general: Excmo. Sr. mariscal de campo don 
Segundo de la Portilla. 

Primera brigada. 

Sr. brigadier D. Antonio del Pino. 

I Batallón cazadores de Barbastro, núm. 4. 

^ y Id. id. de Ciudad-Rodrigo, núm. 7. 

Cuerpos . . \ 

Id. id. de Alcolea, núm. 15. 



Id. reserva, núm. 12 (Cáceres). 
Segunda brigada. 

Sr. brigadier D. Saturnino Fernández Acellana. 

^ I Regimiento infantería de Castrejana, núm. 2. 

Cuerpos. .; 

^ i Id. id. de Castilla, núm. 16. 

SEGUNDA DIVISIÓN. 

Comandante general: Excmo. Sr. mariscal de campo don 
Ramón Fajardo. 

Primera brigada. 

Excmo. Sr. brigadier D. Joaquín Rodríguez Espina. 

^ ( Regimiento infantería de Gerona, núm. 22. 

Cuerpos. . 

( Id. id. de León, núm. 38. 

Segunda brigada. 

Sr. brigadier D. Enrique Bargés. 

^ ( Regimiento infantería de Valencia, núm. 23. 

Cuerpos -i , - 

/ Id. id. de Asturias, núm. 31. 

TERCERA DIVISIÓN. 

Comandante general: Excmo. Sr. mariscal de campo don 
Carlos García Tassara. 



468 NORTE. — ^TERCER PERÍODO. 

Brigada tínica. 

Sr. brigadier D. Antonio Molto. 

(Regimiento infantería de Tetuán, núm. 4. 
Batallón cazadores de la Habana, núm. 18. 
Cuerpos . . < ^ , , ,j 

(Id. reserva, num. 5 (Logroño). 
Id. id., núm. 23 (Carmona). 

A .,, / \ i-''^ 3-" y 5/ baterías del 4." regimiento montado. 
Artillcríi I 

'i I.* y 4.'' id. del 2.° id. de montaña. 

Ingenieros, i."^ compañía del i.®'' batallón del i.^^ regimiento. 
Brigada de caballería. 

Excmo. Sr. brigadier D. Enrique Serrano. 

¡Regimiento lanceros de Farnesio. 
Id. id. de Numancia. 

Id. húsares de Pavía. 

TERCER CUERPO. 

Comandante en jefe y capitán general de Burgos; Excelen- 
tísimo Sr. teniente general D. José Loma. 

Jefe de E. M.: coronel graduado, comandante del cuerpo, 
D. Rafael Mir. 

PRIMERA DIVISIÓN. 

Comandante general: Excmo. Sr. mariscal de campo don 
Juan Villegas. 

Primera brigada. 

Excmo. Sr. brigadier D. José Pazos. 

¡Regimiento infantería de Mallorca, núm. 13. 
Batallón reserva, núm. 3 (Oviedo). 
Id. id. núm. 16 (Palencia). 

Segunda brigada. 

Excmo. Sr. brigadier D. José Velasco. 



Cuerpos. 



MANDO PEL GBNERAL LA SERNA. 469 

Regimiento infantería de Ramales, núm. 5. 
Batallón reserva, núm. 4 (Murcia). 
Id. id. núm. 24 (Lucena). 



SEGUNDA DIVISIÓN. 

Comandante general: Excmo. Sr. mariscal de campo don 
Ramón Blanco. 

Primera brigada. 

Sr. brigadier D. Agustín Oviedo. 

¡Regimiento infantería de Murcia, núm. 37. 
Batallón cazadores de las Navas, núm. 10. 
Id. id. de Estella, núm. 14. 

Segunda brigada. 

Sr. brigadier D. Eduardo Infanzón. 

í Regimiento infantería de Luchana, núm. 28. 
Cuerpos. .! Batallón cazadores de Puerto-Rico, núm. 19. 
( Id. reserva, núm. 18 (Huesca). 

Tercera brigada. 

Sr. brigadier D. Mariano Salcedo. 

I Regimiento infantería Inmemorial, núm. i. 

Cuerpos. .] i.*'' batallón del regimiento de África, núm. 7. 

f Batallón reserva, núm. 2 (Granada). 

, ( ^-^ y ^'^ baterías del 2.° de montaña. 
Artillería, ^^f , , , 

( 5. batería del 3.*^'" regimiento de montaña. 

z."' compañía del i.*"" batallón del i." regimiento. 
Ingenieros i.'^yó.Md. del 2." id. del 2." id. 

4.'^y5.Md. deli.er id. del 2.° id. 

Caballería. Regimiento cazadores de Albuera. 

DIVISIÓN DE VIZCAYA. 

Comandante general: Excmo. Sr. mariscal de campo don 
Adolfo Morales de los Ríos, 



470 NORTE. — TERCER PERIODO. 

Primera brigada. 

Excmo. Sr. brigadier D. Pedro Gómez Medeviela. 
1 Regimiento infantería de Saboya, núm. 6. 
Cuerpos. .< i.**" batallón del regimiento de Albuera, núm. 26. 
f Batallón provincial de Zamora. 

Segunda brigada. 

Sr. brigadier D. Ramón Erenas. 

¡Regimiento infantería de Galicia, núm. 19. 
Batallón provincial de Lugo. 
Id. id. de Écija. 

Tropas en guarnición en el distrito de Navarra, 

Batallón reserva de Cádiz, en Pamplona. 
Id. provincial de Avila, en Tafalla. 
Id. reserva núm. 11 (Mallorca), en Lerín y Larraga. 
5.° Batallón de carabineros, en Tudela y cubriendo la vía 
férrea de Castejón á Taíálla. 

En el distrito de Vascongadas. 

Un batallón de miqueletes, en San Sebastián. 
Batallón provincial de Córdoba, en id. 
Batallón provincial de Mondoñedo, en id. 
Id. id. de Pontevedra, en Vitoria. 

Id. id. de Orense, en id. 

Unabateria de 6 piezas del 3.^'" regimiento montado, en id. 
Regimiento caballeria de Talavera, en Vitoria y linea 
del Ebro. 

En el distrito de Burgos, 

Batallón provincial de Badajoz, en Haro y la línea del Ebro. 
Id. id. de Málaga y batallón reserva núm. 7 

(Ronda); en La Guardia. 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 



471 



Batallón provincial de Segovia, en Miranda. 

Id. id. Salamanca. — Vigilando la vía férrea de 

Miranda y Venta de Baños á Santander. 

Batallones provinciales de Burgos y Valladolid, en Burgos. 

Id. id. de Santander, en Santoña 

Id. id. de Soria, en Santander. 

Id. id. de Logroño, en Logroño. 

RESUMEN POR CUERPOS DE EJÉRCITO 



Cuerpos de ejército. 



Armas. 



Ingenieros 
Cuartel general . . | Artillería. . 



Primer cuerpo. 



I 



Segundo cuerpo. 



Tercer cuerpo.. 



División de Viz- 
caya 



Guardias. . , 
Infanteria.. 
Ingenieros , 
Artillería... 
Caballería.. 
Infantería . . 
Ingenieros . 
Artillería.., 
Caballería.. 



Infantería. . 
Ingenieros. 



Artillería.. 
Caballería. 



Infantería. 



Total. 



70 



21 



ir 



» 
» 
40 

» 

» 



:i 



19 



40 



y 



47^ 



NORTE. — TERCER PERIODO. 



NOTAS 
Puntos donde existían hospitales en el Norte, y su capacidad. 



PUNTOS. 


Capacidad. 


r- j 1 ( Hospital militar 


Sfo 
339, 

si ''' 


T^"''^''' 1 cívicc^miiitar. ..:.::..::::;::.: 


Alfaro Cívico-militar 


Calahorra Militar provisional 


1 Militar provisional íSeminario;.. 

Logroño j » f (Carmen) 

f Cívico-militar 


TT Hospital de las escuelas 


^ Palacio Marquesa Bendaña 

Total de capacidades 


a. 073 





El ejército del Norte contaba con 40 á 45.000 disparos de cañón, y 
tenía en Santander un depósito de 2.000.00Q cartuchos. 

A principios del mes de Diciembre hubo un acto de insubor- 
dinación en el regimiento de Tetuán acantonado en Elciego: 
de este hecho y de algunos detalles referentes á él se da conoci- 
miento en el siguiente telegrama dirigido por el General en Jefe 
al Ministro de la Guerra, con fecha 4. 

«Según comunicación del brigadier Velasco, desde Elciego 
fechada el 2, y que por la circunstancia de estar dirigida al 
comandante en jefe del 2.® cuerpo, que marchó ayer á Haro, 
con la comisión referente al batallón de Badajoz, que V. E. 
conoce, y por otras causas, de cuya investigación me ocupo y 
de que daré á V . E. conocimiento oficial, no ha llegado á mi 
poder hasta las once y media de hoy: á las siete menos cuarto 
del citado día, sintió un vivo fuego, y vocerío dentro de la po- 
blación. Creyéndola atacada por el enemigo, salió á la plaza, 
donde se coloca el retén, y percibió claramente voces tumultuo- 
sas de ¡muera el teniente coronel del 2.° y que se nos dé la pe- 
seta! comprendiendo que era una sedición de la misma tropa; 
á pesar de la completa oscuridad que reinaba, en medio de un 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 473 

fuego general en casas y calles mandó el citado brigadier tocar 
alto el fuego, y luego silencio, ordenando que se retirasen todos 
á sus casas, y al jefe de día que marchase con una compañía 
de retén, y trajese consigo, muertos 6 presos, á cuantos encontra- 
se. Conocida la voz por los amotinados, gritaron varios ¡viva el 
brigadier! y cesó el fuego. Averiguado lo ocurrido, parece ser 
que al repartir las raciones de etapa, se había notado repugnan- 
cia en tomarlas, y que era general el disgusto de muy atrás, por 
dárseles siempre ración de etapa, atribuyéndolo al teniente coro- 
nel, cuando la causa es la constante escasez de dinero, que no 
permite dar el haber por completo. Durante la noche y día 3, 
se han puesto presos hasta 27 presuntos reos. Por la mañana 
habló el brigadier á los batallones reunidos en la plaza, y creyó 
terminado el asunto, pero ya cerca de oscurecer, recibiendo por 
conducto de jefes y oficiales noticia de que iba á reproducirse 
lo ocurrido, y aprovechando incidentes que disimulaban el ver- 
dadero objeto, mandó á La Guardia dos compañías para permane- 
cer hasta nueva orden, y otras dos para que quedasen durante 
la noche sobre el puente de Pontones. Marcha inmediatamente 
el general La Portilla, para relevar por otro el regimiento de 
Tetuan, y traerlo á Navarrete, donde me trasladaré yo mañana 
al amanecer con el auditor, para que, previa una información, 
se someta á los culpables al fallo de un consejo de guerra, y 
caiga sobre ellos el rigor de la ordenanza. Al mismo tiempo, 
ordeno al brigadier Velasco que se me presente, para averiguar 
el motivo de la tardanza en comunicar lo ocurrido y no haberlo 
hecho á mí directamente, á la vez que al comandante en jefe 
del 2.° cuerpo. Tomaré todas las resoluciones y providencias 
á que haya lugar. » 

En contestación, le dijo el Ministro, que tenía la seguri- 
dad de que las medidas que adoptase el General, habían de ser 
prontas y eficaces; deseaba conocerlas, aunque anticipadamen- 
te las aprobaba. 

TcMo ▼. 3 1 



474 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

En oficio de 7 de Diciembre, el General en Jefe daba expli- 
caciones de este asunto al Ministro de la Guerra, en los siguien- 
tes términos: 

«Excmo. Sr.;=Un concurso de circunstancias que debo 
exponer á V. E., ha impedido que el fallo de ley recaiga y se 
cumpla en el desagradable suceso de Elciego, tan pronto como 
su índole exigía y como yo deseara, ahora como siempre, celo- 
so de que descanse sobre firme base la disciplina del ejército. 
=Ocurrido en la noche del 2, fué comunicado inmediatamen- 
te por el brigadier Velasco al comandante en jefe del segundo 
cuerpo; pero no lo hizo á mí directamente, al mismo tiempo, 
por ignorar, según manifiesta, mi regreso á esta capital, y con- 
fiando aquella comunicación á un peatón, en vez de enviarlo 
por medio de su ayudante, por no haber permitido el río el 
paso, y haber tenido que emplear una cuerda para llevarlo de 
la orilla izquierda á la derecha, en que la recibió el que la tra- 
jo. Hallábase á la sazón er general Pieltain desempeñando en 
Haro el cometido que le confié, relativo al batallón provincial 
de Badajoz, y el oficio del brigadier Velasco quedó por un 
descuido de manos subalternas, que ya ha sido castigado, ce- 
rrado por espacio de muchas horas. =E1 resultado és, Exce- 
lentísimo señor, que asunto tan grave llegó á mi noticiad 4, 
á las once de la mañana, ó sea cuando,, trascurridas más de 
24 horas, había pasado la oportunidad para la formación del 
consejo de guerra verbal. =Era preciso^ pues, que,- aunque em- 
pleando la mayor actividad, se entrase en la formación de un 
sumario y se aceptasen las necesarias lentitudes del juicio en 
consejo de guerra ordinario. = Así lo dispuse, encomendando 
al general La Portilla la misión de hacer el previo relevo de 
Tetuan por Castilla y de autorizar, con sü fírmalos decretos 
de trámite, y enviando al auditor á Fuenmayor, donde debía 
acantonarse Tetuan. =Una dificultad material vino á aumentar 
las causas de dilación. La crecida del Ebro hizo indispensable 



MANDO DEL GENERAL I^ SERNA, 476 

la retirada del puente el día 4, y sólo el 5 pudo restablecerse y 
efectuarse el relevo, entrando á las ocho de la noche el regi- 
miento citado en Fuenmayor, conducido por el general La 
Portilla, y en estado de completa disciplina. =Las diligencias 
que había instruido como fiscal un comandante del cuerpo, 
fueron examinadas por el auditor, y no arrojando bastante luz 
sobre el asunto, continuadas en el día de ayer según su dicta- 
men, por el fiscal nuevamente nombrado, coronel, teniente 
coronel D. Juan Floran, viniendo el citado auditor á darme 
cuenta de lo ocurrido. = Inmediatamente ha regresado á Fuen- 
mayor, con mi expreso y terminante encargo de activar la cau- 
sa, sin omitir lo que contribuir pueda al esclarecimiento de los 
hechos, para evitar que por falta de instrucción deje de haber 
méritos bastantes para imponer la pena proporcionada á la 
gravedad del delito, que, aunque aislado, y sin que haya sido, 
al parecer, premeditado, se refiere y afecta á la base fundamen- 
tal de la existencia de los ejércitos, y tiene ya fija en él la pú- 
blica expectación. =V. E. puede tener la seguridad de que se 
hará pronta y cumplida justicia. =Dios guarde á V. E. muchos 
años.=Cuartel general en Logroño 7 de Diciembre de 1874.= 
Excmo. Sr.=Manuel de la Serna.» 

El Ministro le contestó con fecha 10, que lamentaba el con- 
curso de circunstancias que exponía el General, pero que nada 
tenía que objetar, pues abrigaba la completa confianza de que, 
una vez salvadas las dificultades, se cumpliría la ley, imponien- 
do á los delincuentes la pena proporcionada á la gravedad del 
delito. 

Así sucedió, en efecto. 

En Navarra no mejoraba la situación, y los carlistas conti- 
nuaban en su línea del Carrascal. 

Dispuso Mendiry que desde el 4 de Diciembre no entrara 
en Pamplona ni saliera de esta plaza persona alguna; y todo 
hacía creer que insistía en sus propósitos de conquistarla. 



476 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

El mariscal de campo D. Manuel Salamanca reemplazó 
en el mando de la comandancia general de Vizcaya al general 
Morales de los Ríos. Continuaba en esta provincia el mismo 
estado de cosas de que antes hemos hablado. Se reforzaron su 
división y la de la izquierda, y se ordenó al comandante gene- 
ral de ésta, que protegiese la vía férrea de Santander (las füer- 
•zas empleadas en su seguridad se habían reducido á causa de 
haber aumentado las guarniciones de Reinosa y Laredo). 

En esta época, preocupaba al Gobierno y á la opinión pú- 
blica el estado de la plaza de Pamplona, incomunicada con la 
base de operaciones, y urgía atender al remedio de tan gra- 
ve mal. 

Ya al llegar á Miranda el cuartel general, de regreso de 
Irún, el Ministro de la Guerra había ordenado al General en 
Jefe, que para tratar de dicho asunto pasara á Madrid, ó en caso 
de no serle posible, lo hiciera su Jefe de E. M. G. 

Trasladóse éste á Madrid, y expuso al Gobierno, que el pen- 
samiento de La Serna y los demás generales del Norte, res- 
pecto al bloqueo de la zona carlista, era que podía romperse en 
cualquiera época con los medios con que se contaba, é indicó á 
la vez, que habiendo ocupado los carlistas la línea del Carras- 
cal, podían ser envueltos con pérdida de su artillería, en caso 
de que se aumentasen los medios de acción del ejército liberal, 
reforzándolo, para dar una batalla, que podía ser decisiva, en- 
trando en Estella, como resultado final. Aprobó el Gobierno 
éste plan, y dispuso que se aumentara el ejército del Norte, 
hasta reunir un contingente de 90 á 100.000 hombres. 

Terminada la conferencia, regresó Dana al Norte, y formu- 
ló por orden de La Serna un plan de operaciones contra la 
línea de referencia. De este plan trataremos más adelante, 
pues ahora conviene que relatemos algunos sucesos de im- 
portancia ocurridos en Guipúzcoa. 

El estado de la guerra en esta provincia no era satisfacto* 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 477 

río para la causa liberal; se hablaba ya de sitiar de nuevo á 
Irún. El Ministro de la Guerra dijo al General en Jefe, en te- 
legrama urgentísimo del 29 de Noviembre: 

«El comandante del apostadero en el Bidasoa anuncia pró- 
ximo ataque á Irún, con numerosas fuerzas y artillería. Lo di- 
go á V. E. para su conocimiento.» 

La Serna dispuso, en su vista, que Loma con 10 batallones 
y dos baterías (12 piezas de artillería), marchara á San Sebas- 
tián, dirigiéndose desde luego por vía férrea á Santander, y 
desde este punto á la referida capital, por mar. Previno, ade- 
más, que marcharan á San Sebastián los dos batallones provin- 
ciales destinados á este punto. 

Loma salió de Vitoria el 29 de Noviembre, con la segunda 
división del cuerpo de su mando (el 3.°). 

Diéronse á Santander los oportunos avisos para el embargo 
de los vapores necesarios para el trasporte de referencia. 

Loma pasó el 30 á Logroño, con objeto de conferenciar con 
La Serna. Ya éste había participado al Ministro, en telegrama 
del mismo día 30, que contaba con los batallones provinciales 
para relevar al regimiento infantería de Murcia, que prestaba 
sus servicios en guarniciones, y podía así éste formar parte del 
cuerpo expedicionario de Loma, cuya cifra se elevaría de este 
modo á doce batallones. 

Como había sucedido en otras ocasiones el estado del mar 
impidió el embarque de las tropas ei 30 (al propio tiempo se 
trató de reforzar la división de Vizcaya con tres batallones que 
por mar pasarían de Santander á Bilbao). 

Respecto á las fuerzas carlistas que se hallaban próximas á 
Irún , dijo el gobernador militar de Guipúzcoa al Ministro de 
la Guerra, al General en Jefe y al capitán general del Distrito, 
en telegrama del día i.° de Diciembre. 

«Llevo cuatro días incomunicado con Irún, por estado del 
mar. Tengo noticias de que concurren fuerzas enemigas hacia 



478 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

allí para repetir ataque á San Marcial, con grande interés en 
recuperarlo y tomar á Irún. Cinco batallones guipuzcoanos. hay 
de Oyarjznin á Vera y dos navarros. Hoy remito tres piezas par* 
artillar los nuevos fuertes. El ayuntamiento de aquí, alegando 
falta de recursos, ha acordado suspender todo socorro y las ra- 
ciones que venia sumistrando á los voluntarios emigrados. No 
lo he consentido, por ser tal medida tomada sin previo conoci- 
miento mío y atentatoria al orden y seguridad de la plaza. En 
ésta sólo cuento unos 200 hombres de tropa para cubrir el 
servicio. Los tres vapores que el 26 salieron con el resto de 
la artillería y el parque móvil para Santander y volvieron de 
arribada, continúan en Pasages, esperando abonance el estado 
del mar. § 

En telegrama del mismo día dijo el referido gobernador mi- 
litar al Ministro de la Guerra: 

«Recibido hoy telegrama de V. E. del 29. No hay novedad 
en esta plaza. Sólo ligeras hostilidades á los fuertes de Irún. 
Hostilizados fuertes en construcción; pero nada serio desde 
el 25. En Rentería muy hostilizado fuerte en construcción de 
Arramendi. Cinco batallones guipuzcoanos y dos navarros en 
Oyarzún é inmediaciones de Irún, Vera y Lesaca; dos guipuz- 
coanos en Andoaín y Tolosa y uno en Zarauz. Destacan dichos 
batallones fuerzas para hostilizar los fuertes exteriores avanza- 
dos de esta plaza. El 28 se presentaron aquí cinco carlistas, el 
29 siete (todos guipuzcoanos), con armamento y equipo, y entre 
ellos un sargento y cuatro de caballería con sus caballos. En 
todo el mes, 40 en toda la línea. Dicen los presentados, que tie- 
ne gran empeño el Pretendiente en tomar á Inín para reanimar 
el espíritu de sus tropas, decaído á consecuencia de los últimos 
combates. Desde el 26 no he podido comunicar por estado 
del mar.» 

Loma se hallaba en Santander el 2 de Diciembre. A causa 
del temporal, suspendió el embarque, pero pudo efectuarse 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 479 

el 4, y salió Loma con rumbo á San Sebastián con los batallo- 
nes de Puerto-Rico, las Navas, Estella y las reservas números 
2 y i8. Se embarcaron también el mismo día otros batallones 
expedicionarios y la artillería. 

A las siete de la mañana del cinco de Diciembre se hallaba 
Loma en San Sebastián, y en telegrama del mismo día decía al 
Ministro de la Guerra , que las fuerzas de su mando se compo- 
nían de los batallones de las Navas, Estella, Puerto-Rico y re- 
servas. 2 y i8; que esperaba al regimiento Inmemorial, que 
debía llegar de Bilbao, y un batallón de Luchana en relevo del 
de Gerona, que estaba de guarnición; que dispondría que 
los dos batallones provinciales de Mondoñedo y Córdoba rele- 
varan á otros dos que se hallaban en guarniciones , y tendría 
así para operar nueve batallones, contando además con lo pie- 
zas Plasencia. 

Prestaban el servicio de guarnición , un batallón de Lucha- 
na, uno de África, uno de Gerona, que era el que debía ser re- 
levado por otro de Luchana, procedente de Navarra, y dos de 
Murcia; es decir, cinco en total. Trataba Loma de disminuir las 
guarniciones (aunque comprendía que debía ser muy corta la 
reducción) para aumentar en cuanto fuera posible las fuerzas de 
operaciones. 

Loma dirigió, con fecha 7 de Diciembre, una alocución á 
los habitantes de la provincia de Guipúzcoa. 

La Diputación foral de la provincia dirigió también á los 
guipuzcoanos una notabilísima proclama. 

Sin embargo, los carlistas estaban dispuestos á luchar, ex- 
citados también al efecto por su comandante general interino 
D. Domingo Egaña, que con fecha 15 de Noviembre publicó 
una apasionada alocución. 

Todo hacía prever que en breve se libraría un nuevo com- 
bate en los campos de Guipúzcoa. 

Eran contradictorias las noticias que tenía Loma respecto 



480 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

á la situación y fuerza del enemigo, y con objeto de enterarse 
de estos extremos, resolvió practicar un reconocimiento el día 
7 de Diciembre. Al efecto, acompañado del general Blanco y el 
brigadier Oviedo, salió de San Sebastián para Hernani, con el 
batallón cazadores de Estella. Dispuso en Hernani, que le se- 
cundasen cinco compañías pertenecientes al regimiento de 
Luchana, situándose dos en la altura inmediata á la izquierda 
de la carretera, y flanqueando las otras la derecha por las faldas 
de Santa Bárbara hasta colocarse en los caseríos situados en la 
primera estribación del monte Espino. 

Entretanto, Egaña previno á Aizpúrua, que con dos ba- 
tallones se adelantara y contuviera al enemigo hasta que 
él acudiese á rfeforzar sus tropas, en caso necesario, compren- 
diendo desde luego, por lo avanzado de la hora, tres de la tar- 
de, que la intención de Loma no podía ser atacarle con to- 
das sus fuerzas, y sí sólo practicar un reconocimiento. 

En tal estado de cosas, el batallón de Estella emprendió la 
marcha para Urnieta, destacando la primera compañía á ocupar 
uno de los caseríos situado en la colina que domina el pueblo 
por la derecha, y al cual todavía no había llegado la fuerza de 
Luchana. El enemigo, seguido por la mayor parte de los veci- 
nos, abandonó el pueblo de Urnieta, perseguido por la escolta 
del brigadier Oviedo. Sin embargo, reforzó rápidamente Egaña 
con tres batallones las posiciones que ocupaban los suyos sobre 
las alturas de ambos flancos, desde las cuales habían roto el fue- 
go antes de la entrada de los liberales en Urnieta, y ocupó un 
grupo de casas situado en la carretera á medio kilómetro de 
este pueblo. 

Con objeto de completar el reconocimiento, dos compa- 
ñías de Estella y la escolta de Albuera á las órdenes de Ovie- 
do iniciaron un ataque contra dichas casas. 

Terminado el reconocimiento, dispuso Loma, á las cuatro de 
la tarde, la retirada de sus fuerzas por escalones de compañía. 



MANDO DEL GRNERAL LA SERNA. 481 

Enterado el enemigo de este movimiento, que sin duda esperaba 
para tomar la ofensiva, atacó vivamente á los últimos escalones, 
tratando también de rebasar y envolver las alas de la columna 
liberal. La última compañía de Estella fué cargada por fuerzas 
carlistas muy superiores; pero sostenida por otra de Luchana, 
que oportunaoiente se había mandado bajar de la altura de la 
izquierda para formar con ella el último escalón de la carrete- 
ra, no sólo contuvo al enemigo, sino que le obligó á retroceder; 
y no fueron molestadas nuevamente estas tropas. Merecen ser 
citados por la bizarría con que se condujeron en momentos tan 
críticos, el teniente coronel de Estella, D. José Gil Horcajada 
y el comandante del mismo batallón, D. César Alvarez Mal- 
donado. A pesar de todo, una de las tres compañías de Luchana 
que simultáneamente con la fuerza de Estella se retiraba por la 
derecha liberal, formando el segundo escalón de este flanco, 
retrasó su movimiento, y fué envuelta por el enemigo, cayendo 
en poder de éste un capitán y 28 individuos de tropa. 

Las pérdidas sufridas por los liberales en este hecho de ar- 
mas, fueron, además de los prisioneros de referencia, 3 muertos 
y 5.3 heridos. 

. Regresó Loma á San Sebastián en la noche del 7, y resuelto 
á atacar al día siguiente seriamente al enemigo, dispuso que el 
batallón de Estella pernoctara en Hernani, y dictó las órdenes 
oportunas para preparar el movimiento.* 

(Véase el plano). — A las ocho de la mañana del 8 salió 
Loma de San Sebastián para Hernani con nueve batallo- 
nes y diez piezas Plasencia, que, á las órdenes de Blanco, cons* 
tituían una división de dos brigadas. Se componía la primera 
de éstas, mandada por el brigadier D. Agustín Oviedo, de 
los batallones cazadores de las Navas y Estella, el 2.° ba- 
tallón del regimiento Inmemorial, el batallón reserva de Gra- 
nada número 2, una compañía del primer regimiento de in- 
genieros y cuatro piezas de la sexta baterííi del 2.° regimiento 



482 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

de montaña; formaban la segunda brigada, al mando del briga- 
dier D. Camilo Calleja, el batallón de cazadores de Puerto 
Rico, nueve compañías del regimiento de Luchana, diez del de 
Murcia, el batallón reserva de Huesca, número 18, y la 3." ba- 
tería del 2.° regimiento de montaña. 

A las once y media de la mañana llegaron estas fuerzas á Her- 
nani, y después de un ligero descanso, ordenó Loma que se 
emprendiera el movimiento de avance, saliendo la brigada Ovie- 
do por la parte próxima al cementerio, faldeando el monte de 
Santa Bárbara, y que avanzara hacia Urnieta y Andoaín por 
las alturas que dominan la carretera por la derecha; el batallón 
cazadores de Puerto-Rico debía flanquear la izquierda de la 
marcha, dirigiéndose á las alturas de Igazagaña y Argan, y avan- 
zando hasta los caseríos de Guerola y Ezábal; los cuatro bata- 
llones restantes de la 2.^ brigada, á las órdenes del brigadier 
Calleja, seguirían por la carretera, formando el centro de la línea. 

La derecha carlista se apoyaba en los altos de Goiburu y 
Fagollaga, defendidos por los batallones 2.° y 3.° de Guipúzcoa, 
al abrigo de dos líneas de fuertes trincheras que se enlazaban 
por un bosque y una alameda de manzanos á un grupo de casas 
situado en el recodo dominante que forma la carretera á unos 
5oo metros de Urnieta, en las cuales se apoyaba su centro, don- 
de, por de pronto, no se hallaban más que cuatro compañías del 
4.° batallón guipuzcoano. La izquierda carlista se apoyaba en 
la cresta y falda de la formidable posición de Peña-Espino y la 
ermita de Arcóte, enlazada con el centro por la cañada que 
descendiendo de aquel monte atraviesa todo lo que fué campo de 
acción. 

Sospechando Egaña que los liberales pudieran pasar el Oria 
por la parte de Lasarte y Zubieta y dirigirse hacia Azpeitia, y 
no contando en esta parte sino con una partida volante de cin- 
cuenta hombres, dispuso que Aizpurua se situara en ella con el 
sexto batallón, con el fin de impedir tal movimiento y proteger 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 483 

á dicha partida, y suplicó á su general Mogrovejo, que se halla- 
ba en Villabona, se sirviese ordenar que avanzasen hacia An- 
doain el batallón de Guías del Rey y la sección de caballería, 
teniendo en cuenta que los liberales avanzaban hacia su línea. 
Situó Egaña en Andoain el 7.° batallón y la compañía de guías 
de la provincia, al iniciarse el ataque por parte de los liberales, 
y se adelantó con el i.° por la carretera de Urnieta, á proteger 
su centro y su ala izquierda. 

Dedúcese de lo dicho, que el jefe carlista disponía de los ba- 
tallones I.*", 2.°, 3.^, 4.^ 6.° y 7.° de Guipúzcoa (ignoramos 
donde se hallaba este día el 5.*), el de Guías del Rey y la com- 
pañía de Guías de la provincia. 

La disposición del terreno fué hábilmente explotada por los 
carlistas: situáronse sus tiradores en dos y tres líneas sobre las 
alturas, y en el fondo del barranco considerables fuerzas ocul- 
tas á los fuegos de los liberales, con objeto de cargar bajo la 
debida protección en momento oportuno. 

Adoptadas estas disposiciones por ambas partes, inicióse el 
avance de las fuerzas liberales en la forma ya prevenida. El ba- 
tallón de Puerto-Rico fué el primero que encontró resistencia; 
al aproximarse al caserío de Guerola, fué recibido por un nutri- 
do fuego desde él y desde las trincheras de Goiburu. Dos com- 
pañías mandadas por el comandante García Capellán se apode- 
raron del caserío de Ezábal, situado frente á Urnieta, ocupado 
por el enemigo,' á pesar de la obstinada resistencia de éste. Al 
mismo tiempo avanzaba por la carretera el centro liberal diri- 
gido personalmente por el general Loma, yendo en vanguardia 
dos compañías del regimiento de Luchana, que tomaron posi- 
ción en el collado que domina la carretera por la izquierda á mi- 
tad de distancia entre Hernani y Urnieta, con objeto de dejar 
aseguradas sus comunicaciones. Desde este momento se gene- 
ralizó el fuego en toda la línea. 

Mogrovejo se trasladó al tampo de la acción. 



1 



484 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

En vista del giro de los sucesos, Egaña había prevenido que 
el 7.° de Guipúzcoa y la compañía de Guías de Guipúzcoa avan- 
zaran para tomar parte en la lucha, situándose en los puntos 
más amenazados; que seis compañías del i.° de Gipúzcoa apo- 
yaran á las cuatro del 4/ situadas en la ermita de Santa Cruz 
de Arcóte y la posición de Peña Espino, y que cuatro compa- 
ñías del batallón de Guias del Rey reforzaron esta ala (izquier- 
da carlista). 

Las otras compañías de este batallón se situaron en el cen- 
tro de la línea. 

Después de haber situado Loma la 3.^ batería en posición 
conveniente sobre la derecha de la carretera, para batir las trin- 
cheras enemigas, previno que avanzara el resto del batallón de 
Luchana, con objeto de ocupar el pueblo de Urnieta. Ejecutó 
este movimiento dicha fuerza bajo el fuego enemigo y en el me- 
jor orden, conducida por su coronel Valcarce, el cual situp tres 
compañías en la iglesia y la casa-ayuntamiento, distribuyó par- 
te de sus fuerzas en algunas casas y colocó dos compañías en 
un caserío situado hacia la salida del pueblo á corta distancia, 
sobre el naneo derecho y en dirección de la falda de la monta- 
ña ocupada por el enemigo. Tratando éste de dificultar la mar- 
cha de los liberales, redoblaba el fuego en toda su línea, y es- 
pecialmente desde el grupo de casas donde apoyaba su centro, 
y desde las trincheras de la vertiente del monte Espino. 

Para contrarrestar los esfuerzos de los carlistas y en vista 
de que la derecha liberal se hallaba retrasada, dispuso Loma que 
el batallón de Huesca se apoderara del expresado grupo de ca- 
sas, y que las dos compañías de Luchana establecidas en el ca- 
serío de la derecha, reforzadas con otra que se mandó adelan- 
tar desde el pueblo, atacaran los atrincheramientos enemigo^de 
la falda del monte Espino. El batallón de Huesca avanzó con 
gran valor, y sus dos compañías de vanguardia, al m^do del 
comandante Cabezas, se apoderaron de las referidas,»t:asas, ha- 



MANDO DFX GüNERAL LA SERNA. 485 

tiéndese, para conseguirlo, cuerpo á cuerpo, siendo apoyadas 
por el resto del batallón mandado por su jefe Te^'ero. Las tres 
compañías de Luchana avanzaron también á las trincheras, 
pero comprendiendo el enemigo la importancia de este ataque 
y temiendo que su centro fuera arrollado, se opuso tenazmente 
á tal propósito, avanzando al efecto un batallón por un bosque 
de manzanos, con objeto de flanquear al de Huesca y separar al 
centro liberal de su izquierda. A la vez, las fuerzas carlistas si- 
tuadas en el barranco iniciaron un •ataque á la bayoneta sobre 
toda la linea liberal. Hostilizado de flanco el batallón de Hues- 
ca, y rudamente cargado por el frente, hubo de ceder, 
no sin haber rechazado dos veces al enemigo; pero, por fin, 
después de un encarnizado combate se vio obligado á abando- 
nar el grupo de casas, con pérdida de dos jefes, tres capitanes 
y cinco subalternos, además de un gran número de individuos 
de la clase.de tropa. Las compañías de Luchana que habían ata- 
cado por la derecha, se replegaron también ante fuerzas supe- 
riores enemigas que avanzaron resueltamente sobre Urnieta por 
la carretera y ambos flancos. En tan críticos momentos, Loma 
se lanzó crpada en mano á contener la retirada de sus fuerzas 
animando á sus tropas con su voz y sobre todo con su ejemplo 
eficazmente secundado por los oficiales generales, jefes y oficia 
les de E. M. y ayudantes de campo que á su inmediación se en 
contraban, entre los cuales merecen mención el brigadier Ca 
lleja, el coronel Ibarreta y el intrépido comandante Muñoz Co 
bos, aj^'udante del general Blanco, que cayó muerto de un bala- 
zo en la cabeza. En estos momentos fué gravemente herido en 
el costado izquierdo el bravo general Loma, y se vio obligado á 
retirarse del campo de batalla. Blanco se encargó del mando. 
Contenidas prontamente en su retirada las fuerzas de Lucha- 
na y Huesca, se rehicieron bajo la protección de las compañías 
de Luchana y Murcia situadas en las últimas casas del pueblo, 
y situándose también en ellas y en las cercas inmediatas las re* 



1 



486 NORTE. — TERCER PERÍbDO. 

' feridas fuerzas» fueron rechazados los batallones carlistas, su- 
friendo éstos grandes pérdidas, especialmente el batallón de 
Guías. 

Comprendiendo Blanco por lo que hasta entonces había ob« 
servado respecto á la situación y las maniobras del enemigo, que 
la llave del campo de batalla estaba en los altos de su derecha, 
á donde había dirigido Loma, con mucho acierto, á la brigada 
Oviedo, y que mientras sus tropas no fueran dueñas del Monte 
Espino, era muy difícil desalojar á los carlistas de su posición 
central, adoptó las siguientes disposiciones: ordenó al brigadier 
Calleja, que con los batallones de Luchana y Huesca se sostu- 
viese en el pueblo sin tomar la ofensiva, hasta que llegado el 
V momento oportuno recibiera la orden al efecto; previno, que se 

situaran dos piezas Plasencia en una explanada dominante pró- 
xima á la iglesia, con objeto de proteger con sus fuegos su cen- 
tro y su izquierda, y encargó del mando inmediato de aquella 
parte de la línea al coronel del regimiento de Luchana; que se 
destacaran tres compañías del regimiento de Murcia á los 
caseríos situados en las primeras estribaciones del repetido 
monte Espino, á retaguardia de Urnieta, á fin de que sirvieran 
de enlace con la brigada Oviedo, y con objeto también de evitar 
que, aun en el caso de tener que replegar el centro de la línea, 
pudiera el enemigo interponerse entre éste y la derecha liberal; 
que dos compañías del mismo cuerpo dirigidas por el coman- 
dante de E. M. don Rafael Mir, reforzaran la izquierda de su 
línea, en la cual se sostenía con valor el batallón de cazadores 
de Puerto Rico; situó convenientemente, como reserva general, 
la restante fuerza del regimiento de Murcia, á las órdenes de 
su coronel D. Julián García Rabaredo, y finalmente, previno 
al brigadier Oviedo, que á toda costa y apresurando cuanto le 
fuera posible el movimiento, se apoderase de las alturas de 
Peña Espino. 

Cargado por fuerzas superiores el batallón de Puerto Rico 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 487 

resistió tenazmente los esfuerzos del enemigo, y aunque cedió ' 
el terreno por algunos momentos, perdiendo el caserío de Ezá- 
bal, se rehizo, y á la voz de su bizarro teniente coronel don 
Francisco Gómez Solano, reconquistó todo el terreno perdido, 
avanzando y persiguiendo al enemigo hasta más allá del ba- 
rranco, y sosteniéndose con notable firmeza en aquellas posi- 
ciones hasta la terminación del combate. 

La brigada Oviedo, hizo una marcha sumamente penosa y 
difícil por terrenos casi inaccesibles y comprendiendo aquel bri- 
gadier la importancia de la posición de Peña Espino, disponía ya 
sus fuerzas para atacarla, cuando recibió la orden de conquistar- 
la, y contestó, que á la media hora daría parte de haberla cum- 
plimentado, como efectivamente lo hizo, pues en breve ocupó el 
batallón de cazadores de las Navas, mandado por su primer jefe 
D. Alvaro Serrano, el último pico de aquella abrupta peña, des- 
pués de un reñido combate. A cada disparo de la única pieza que 
pudo ponerse en batería, fué necesario asegurar con topes y pie- 
dras el mástil de la cureña y sujetarlo con cuerdas. El batallón 
del regimiento Inmemorial que sostuvo al batallón de las Navas 
en su ataque y la batería y los ingenieros afectos á esta brigada lo 
secundaron eficazmente y contribuyeron á su buen éxito, asi 
como los dos restantes batallones, Estella y Reserva núm. 2, 
situados en segunda línea. 

Tan pronto como vio Blanco á laqrigada Oviedo en la al- 
tura de Peña Espino, juzgó conveniente que avanzara su cen- 
tro, y ordenó al efecto al brigadier Calleja, que se apoderase 
del grupo de casas avanzado que ocupaba el enemigo. Este 
movimiento fué ejecutado por fuerzas de Luchana, Huesca y 
Murcia, á las órdenes del coronel D. Gaspar Tenorio, ayudante 
del brigadier Calleja, no sin sostener una lucha sangrienta y 
porfiada. Los carlistas defendieron dichas casas con gran tena- 
cidad, y fueron tres veces perdidas y recuperadas, hasta que al 
fin, ya cerca de la noche, quedaron en poder de los liberales, ca* 



488 iVORTE. — TERCER PERÍODO. 

biéndo la honra de haberse posesionado definitivamente de ellas 
á- tres compañías del regimiento de Murcia. =Ocupadas las al- 
turas en que el enemigo apoyaba su ala izquierda y forzado su 
centro, no podía aquél continuar resistiéndose más tiempo, 
sin exponerse á ser envuelto; y comprendiendo que no le era 
posible ya disputar la victoria, aprovechó la noche para reti- 
rarse á Andoain y establecerse en posiciones atrincheradas en 
la otra orilla del Oria. 

Siendo el propósito del general Blanco continuar al día si- 
guiente las operaciones, dispuso que vivaqueasen las tropas en 
las posiciones conquistadas; pero, durante la noche, se presentó 
un fuerte temporal de agua y viento,que al amanecer fué violen- 
tísimo, haciendo casi imposible la marcha de las tropas por 
aquel terreno, difícil de cruzar aun en tiempos ordinarios. No 
pudiendo proseguir las operaciones el 9, y no siendo conve- 
niente mantener á las tropas en sus posisiciones con tan mal 
tiempo, dispuso Blanco que regresaran á Hernani, para racio- 
narlas, darles descanso y esperar un cambio favorable. 

A las once de la mañana del 9. estaban en Hernani todas 
sus fuerzas. 

Continuaba el 10 el temporal, y convencido Blanco de que 
no era pasajero, se dirigió á San vSebastián, y distribuyó sus 
fuerzas en la línea que sostenían los liberales en esta provincia. 

El temporal duró aun muchos días. Algunos rayos y diver- 
sos hundimientos produjeron en las tropas liberales cuatro 
muertos y 14 heridos y contusos de más ó menos gravedad. 
Fueron también de mucha consideración los desperfectos habi- 
dos en los fuertes y cuarteles . 

Las pérdidas sufridas por las tropas liberales en el combate 
del 8, fueron, un jefe, un oficial y 36 individuos de tropa muer- 
tos; un general, tres jefes, 11 oficiales y 228 individuos de tro- 
pa heridos, y un jefe, nueve oficiales y 94 individuos de tropa 
contusos. 



1 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 489 

Las bajas de los carlistas, según consta en el parte oficial 
dado por Egaña, fueron, tres oficiales y 31 individuos muertos, 
y su general Mogrovejo, un comandante, 15 oficiales y 140 sol- 
soldados heridos. 

Fué notable el valor y el ardimiento que demostraron los 
combttientes de una y otra parte en la jornada del 8 de Di- 
ciembre. Este mismo ardor hizo que el centro liberal se empe- 
ñara en la lucha antes que sus alas efectuaran su movimiento 
de avance, siendo esto más sensible, porque era excelente la dis- 
posición general adoptada para la acción, y de esperar que si- 
guiendo las prescripciones consignadas previamente, terminara 
sin lucha tan porfiada. 

El jefe carlista situó al principio escasas fuerzas en su iz- 
quierda; pero hubo de convencerse más tarde de la importancia 
de esta ala, donde, como hemos dicho, se hallaba precisamente 
la llave del campo de la acción. Supo dicho jefe aprovecharse del 
impetuoso avance del centro liberal, pues comprendiendo que 
las otras dos alas no podían aún ofenderle, mandó cargar á sus 
soldados, logrando por de*pronto que los liberales se retiraran 
en alguna confusión, siendo preciso para restablecer el orden 
todo el prestigio, el valor y la serenidad del general Loma, que 
una vez más demostró que en todas ocasiones sabía llevar has- 
ta el heroísmo el desprecio de su vida. Herido Loma, Blanco, si- 
guiendo sus instrucciones, dirigió el combate con flotable valor 
y mucho acierto, consiguiendo batir al enemigo y obligarle á re- 
tirarse . Es extraño que éste no se sostuviera en su izquierda, 
apoyada en posiciones casi inespugnables. 

Reanudaremos ahora la narración de las operaciones de 
cuartel general. 

Por decreto de 8 de Diciembre de 1874, el Presidente del 
Poder Ejecutivo, Duque de la Torre, fué nombrado General en 
Jefe de los ejércitos de operaciones. Los Generales en Jefe 
que en la actualidad ejercían estos cargos, continuarían des- 

Tomo v. 32 



490 NORTE. — TERCER PERIODO. 

empeñándolos en tanto que aquél no se personase en los te- 
rritorios de su mando, y en este caso, ejercerían las funcio- 
nes de jefe de E. M. G. hasta que aquél pasase á otro teatro de 
la guerra. 

A continuación copiamos el decreto de referencia y su pre- 
ámbulo: • 

«Sr. Presidente: —La nación española, cuyo deseo de paz y 
tranquilidad es sólo comparable con los sacrificios que para con- 
seguir tan cordiales fines está haciendo, recibe una prueba del 
patriotismo y abnegación de V. E. en su resolución tomada, de 
acuerdo con el Consejo de Ministros, de ponerse al frente .de 
los ejércitos y dirigir personalmente las operaciones militares 
que se están ejecutando en varias provincias de España. = De- 
ber es del Gobierno, al aceptar en nombre del pais ese rasgo 
noble y generoso, hacerle tan útil como puede y debe serlo, co- 
locando á V. E. en el puesto que sus altos merecimientos, su 
elevada representación y su categoría en la milicia le tienen 
conquistado, y en el que han de secundarle los generales que 
con tanto celo, pericia y patriotismo -acaudillan hoy los ejérci- 
tos. =Fundado en estas razones, y con acuerdo del .Consejo de 
Ministros, tengo la honra de someter á la aprobación de V. E. 
el siguiente proyecto de decreto. = Madrid 8 de Diciembre de 
1874. =E1 Ministro de la Guerra, Francisco Serrano Bedoya.» 

«Decreto. =Habiendo resuelto, de conformidad con el Con- 
sejo de Ministros, concurrir personalmente á las operaciones 
militares que se están ejecutando en los distritos de Vascon- 
gadas, Navarra, Cataluña, Aragón y Valencia, vengo en decre- 
tar lo siguiente: = Artículo i.° — El Presidente del Poder Eje- 
cutivo de la República ejercerá el mando en Jefe del ejército 
con el cual concurra personalmente á las operaciones milita- 
res. =Art. 2.^— El General en Jefe del ejército en que se halle 
el Presidente del Poder Ejecutivo, desempeñará á la inmedia- 
ción de éste las funciones de jefe de E. M. G., durante el tiem- 



MANDO DEL GENnRA!. LA Sl-RNA. 49I 



po que dicho Presidente se encuentre en la demarcación del 
ejercito, y recobrará las atribuciones de su anterior cargo, tan 
pronto como aquél se ausente de la expresada demarcación = 
Madrid 8 de D"iciembre de i874.=Francisco Serrano. =E1 Mi- 
nistro de la Guerra, = Francisco Serrano Bedoya.» 

A las cuatro de la tarde del 9 de Diciembre, el Duque de la 
Torre salió de Madrid para Miranda, y á las ocho de la maña- 
na del 10 llegó á este punto, desde el cual se dirigió inmedia- 
tamente á Logroño. 

Al siguiente, 11, acompañado de La Serna y Dana pasó á 
Calahorra, donde conferenció con Moriones, y regresó después 
á Logroño. 

Tratando de dar un gran impulso á la guerra, el Gobierno 
se ocupaba en allegar los elementos necesarios en hombres y 
dinero, y desde lueg.o dispuso que 17 batallones de provincia- 
les fuesen destinados á proteger la vía férrea entre Ventas de 
Baños y Miranda, y entre aquel punto y vSantander y á cubrir 
las guarniciones. 

Conferenció el Duque' el 12 con el general Villegas, que 
había pasado á Logroño con tal objeto. 

. Se presentó un fuerte temporal de lluvias y nieves que duró 
algunos días, sufriendo el Ebro una gran crecida, hasta el pun- 
to de que invadió el 22 las calles de Logroño y aun se temió 
que arrastrase su puente de j-icdra. 

No era posible, por tal razón, operar por de pronto; por lo 
cual, el Duque continuó en Logroño, limitándose á trasladarse 
el 21 de Diciembre á Castejón, donde celebró con Moriones una 
conferencia, á la cual asistieron La Serna, Mackenna, que se 
había incorporado al cuartel general, y Ruiz Dana. Regresó 
después el Duque á Logroño. 

Hemos dicho que preocupaba seriamente al Gobierno y al 
General en Jefe del ejército del Norte el estado de la plaza de 
Pamplona, que se hallaba incomunicada con la base de opera- 






492 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

cienes. Era ya evidente que los carlistas se opondrían tenaz- 
mente ala marcha del ejército liberal á aquella capital, porque 
á este efecto, habían atrincherado fuertemente una extensa 
linea, que más adelante detallaremos, cuya base era el Ca- 
rrascal. 

Las conferencias del Duque de la Torre con Moñones ha- 
bían versado sobre el mejor medio de auxiliar á Pamplona y 
batir á los carlistas que bloqueaban esta pla2a, y se había te- 
nido presente para este objeto el plan presentado al efecto por 
el general Ruiz Dana, jefe de E. M. G.; plan que á continua- 
ción copiamos: 

•Plan de operaciones contra las líneas carlistas del Carrascal. 
<=Los carlistas han ocupado la linea del Carrascal con el pro- 
pósito de que el ejército no pueda socorrer á la plaza de Pam- 
plona, que tienen bloqueada, y esperan rendir por falta de 
víveres. Esta línea se extiende desde Estella, que forma su de- 
recha, por los montes de Esquinza, Puente la Reina, el Carras- 
cal, .las Peñas de Unzué y la sierra de Alaix hasta la carretera 
de Sangüesa. = Las noticias adquiridas son algo contradicto- 
rias. No puede atacarse de frente esta línea. Nuestros soldados 
serían, como lo han sido en otras ocasiones, diezmados por un 
enemigo invisible, antes de llegar á las trincheras que los ocul- 
tan, y en general, debe abandonarse tal medio de ataque por lo 
que desfavorablemente afecta á la moral de las tropas, siendo 
su éxito siempre dudoso. =Las operaciones contra el Carrascal 
no han de limitarse á forzar la línea y penetrar en Pamplona; 
el objetivo hade ser por lo menos ocupar la línea del Arga, que 
es de inmensa importancia para el enemigo. Grandes recursos 
en víveres saca éste de los valles del Aragón, el Irati y sus 
afluentes, que para llegar á Estella y al interior del país rebel- 
de, tienen que cruzar el Arga por Puente la Reina. Apoderán- 
donos de la expresada línea, les privaremos de grandes recur- 
sos; lo que unido al efecto moral que en ellos ha causado la 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 4g3 

derrota de Irún, los odios, rencores é intrigas de todo género 
que se desenvuelven en la corte del Pretendiente, la palabra 
traición que ha sonado en las ñlas de sus batallones y otra de- 
rrota en estos momentos, en semejantes condiciones podría 
terminar la guerra ó, por lo menos, poner á los carlistas en con- 
diciones de no poderla continuar por largo tiempo. = Las opera- 
ciones que se han de ejecutar han de ser estratégicas, como único 
medio de conseguir decisivos resultados, que son los que exige 
la guerra moderna. =Es opinión general en Navarra, porque así 
se lo han hecho creer los jefes carlistas, que nuestras tropas no 
entrarán en Pamplona. Su General en Jefe Mendiry así lo ha 
prometido; de modo que las posiciones que hoy ocupa el ene- 
migo, no las puede abandonar para trasladarse á otras que les 
ofrezcan mayores ventajas, y aquéllas tienen condiciones tales, 
que envueltas y tomadas de flanco y de revés, es difícil que ha- 
ga aquél una retirada en buen orden ni que salven su artillería. 
=Partiendo desde nuestra base del Ebro, el ejército liberal tie- 
ne que ejecutar un cambio de frente estratégico á la izquierda, 
á eje fijo 6 movible, según las circunstancias tácticas del curso 
de la operación, ó bien sea un^novimiento sencillo, doblando 
un ala estratégicamente. Nuestra derecha se ha de prolongar 
desde el Ebro hasta el Aragón, teniendo á Sangüesa como pun- 
to de aprovisionamiento, debiendo también de ocuparse á Lum- 
bier. En tres cuerpos deben dividirse los 40 batallones que 
componen el i.° y el 2.^ cuerpo de este ejército, sacándose tam- 
bién algunos del 3.^, si es posible, para emprender estas ope- 
raciones. El de la derecha, que debe partir de la base del río 
Aragón, se compondrá de dos divisiones, ó sean 16 batallones, 
dos 6 tres baterías de montaña y dos regimientos de caballería. 
En el centro quedará una división (ocho batallones lo menos), 
con caballería y artillería montada, para amenazar de frente 
las posiciones del Carrascal, y las tropas restantes formarán el 
cuerpo de la izquierda. =Tienen los carlistas la creencia de que 



494 NORTE. — TERCER PERIODO. 

van á ser atacados por la carretera del Carrascal, por Artajona 
y por Estella; por Sangüesa no parece que las defensas que han 
hecho tienen importancia, así es, que por aquellos puntos las 
han acumulado de todos géneros, así como por Cirauqui, Ma- 
ñeru, Puente la KÍeina, Obanos, Añorbe, Tirapu y Biurrun, 
hasta las Peñas de Unzué y la sierra de Alaix.=Una vez el 
cuerpo dé la derecha sobre el Aragón, movimiento que no ha 
de poder ocultarse, debe dirigirse al valle de Ibargoiti y á la 
carretera de Sangüesa á Pamplona, tanto para cerciorarse del 
número y disposición de las defensas enemigas, como para in- 
culcarles la idea de que por aquella parte se dirige el ataque. 
Si por este reconocimiento y por las noticias que se adquieran 
se tiene la seguridad de que se pueden envolver tácticamente 
los atrincheramientos enemigos, entonces lo que sólo era un 
reconocimiento se convertirá en formal embestida; en caso con- 
trario, se desistirá y se tomará con toda la rapidez que sea po- 
sible la línea del Irati, en la cual no ha construido aun ningu- 
na trinchera, dejando algunas fuerzas que amenacen el valle 
de Ibargoiti. Remontando la corriente, del Irati por la carre- 
tera de Aoiz hasta el punto eurque el general que mande este 
cuerpo conceptúe suficiente, ha de converger á la izquierda pa- 
ra envolverlas posiciones y trincheras del valle de Ibargoiti. 
Conceptuamos que bastará llegar á los pueblos de San Vicente 
y Rípodas, que distan unos tres kilómetros de Sangüesa y to- 
mar el pequeño valle delragandoa para caer al de Ibargoiti y 
seguir por él hasta Monreal, para colocarse á retaguardia del 
Carrascal, dejando aseguradas las comunicaciones de Sangüe- 
sa, si no se puede, una vez llegado á Monreal, comunicar con 
Pamplona; en este caso, ha de establecerlas con dicha plaza y 
cubrir la carretera del Perdón para cortar la retirada á la arti- 
llería enemiga.— El movimiento de este cuerpo, aislado hasta 
cierto punto, y sin estar fuertemente ligado por su izquierda 
con las tropas de Tafalla, parece algo arriesgado, y efectiva- 






MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 495 

mente lo sería con otra clase de enemigos, pero no con los car- 
listas, cuya aptitud de combate es, en tesis general, para la 
defensiva, y al amparo de sus trincheras, y rara vez toman la 
ofensiva, aun en nuestros movimientos de retirada. No estando 
sus jefes acostumbrados á hacer maniobrar á sus tropas en los 
campos de batalla, sino á encerrarlas en sus múltiples trinche- 
ras, no se oponen á los qiovimientos estratégicos si hay habili- 
dad para ocultarlos.— Desde Estella á las Peñas de Unzué, los 
puntos llaves de la línea enemiga son la ermita de San Grego- 
rio y los altos sobre Puente la Reina; tomados éstos, se cae de 
flanco sobre el Carrascal y se domina y cañonea á aquella po- 
blación, el pueblo de Mendigorría y la ermita de Santa Bárbara; 
pero como para llegar á aquellos puntos es necesario pasar por 
las posiciones de Artajona y Añorbe, que están fuertemente 
atrincheradas, y no es posible tomarlas de frente ni envolverlas 
tácticamente, no nos hemos de obstinar por este lado en un 
ataque imposible, y sí concretarnos á una seria amenaza y un 
fuerte cañoneo para tener en jaque la mayor parte de las fuer- 
zas enemigas, debiendo hacerse lo mismo por la parte de Pue- 
yo, pues que el movimiento estratégico de la derecha decidirá 
el éxito de la operación. =:Sijuiendo el principio de llamar la 
atención del enemigo sobre aquellos puntos por donde no ha de 
ser atacado y hacerle guarnecer toda su extrema línea; se hará 
también sobre Estella, colocándose el cuerpo de la izquierda en 
Sesmay Lerín, haciendo reconocimientos por las carreteras que 
conducen á Estella. Estos movimientos y otros análogos que 
ejecutarán, las tropas de Tafalla, se han de efectuar en tanto 
que el cuerpo de la derechí^ se dirige á la línea del Aragón. El 
día en que hayan de emprenderse las verdaderas operaciones, 
el cuerpo de la izquierda y el del centro, por medio de una con- 
centración rápida y oculta, se han de dirigir á sus objetivos 
que son Puente la Reina y Oteiza, y por sorpresa'á la carrete- 
ra de Puente á Estella. = Estos dos cuerpos deben estar divS- 



1 



4g6 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

puestos para emprender una vigorosa persecución en el caso 
de que, viéndose el enemigo envuelto y atacado por retaguar-^ 
dia, abandone los atrincheramientos del Carrascal. En las ave- 
nidas á Puente la Reina puede obrar la caballería. Esta arma, 
que vigila y guarda la espalda al ejército, asegura y mantiene 
libres sus comunicaciones y escolta los convoyes, se ha de en- 
contrar en aptitud de lanzarse sobre el enemigo al menor sín- 
toma de retirada 6 de confusión que se observe en sus filas.» 

Antes de proseguir, debemos hacer algunas observaciones 
acerca del estado de la plaza de Pamplona. 

Comprendiendo los carlistas que no era posible que aquella 
capital cayese en su poder por la fuerza de las armas, pensaron 
desde luego reducirla por hambre. Ya en el año 1873 había 
prohibido Olio, en orden fechada en Múez el 16 de Noviem- 
bre, que bajo pretexto de raciones ni otro concepto se intro- 
dujese en ella comestible alguno, y aun se prohibió la entrada 
de personas de las aldeas inmediatas; pero en atención á las que- 
jas de los pueblos próximos, levantó Argonz, en orden de 23 de 
Diciembre de 1873, la prohibición de la entrada de personas, y 
posteriormente, con fecha 7 de Enero de 1874, en vista de que 
los liberales permitían la extracción de artículos de comer, be- 
ber y arder , de las plazas fortificadas que estaban bajo su do- 
minio, la junta de Navarra, de acuerdo con Olio , dispuso que 
se permitiera la libre entrada de los citados artículos en dichas 
plazas, mediante el pago de derechos que un arancel consigna- 
ba. Con fecha 17 de Febrero de 1874, encomendó Argonz á 
Zugasti el bloqueo de Pamplona, poniendo á sus órdenes las 
partidas de Mendizábal, Rosa y otras, siendo este último, se- 
gundo jefe de todas las fuerzas y jefe de la caballería. Reduci- 
da la guarnición de Pamplona, á fines de Agosto, á las fuerzas 
de carabineros y guardia civij de la provincia, cuatro compañías 
de la reserva de Cádiz y 150 artilleros del S.**" regimiento á 
pie, se organizó un batallón de milicia voluntaria. Estrechado 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 497 

el cerco el i.° de Setiembre, se dispuso por el gobernador mi- 
litar, mariscal de campo D. Manuel Andía, que los artículos de 
comer, beber y arder continuaran vendiéndose en lo sucesivo á 
los mismos precios que aquel día. Faltó la carne de vaca , y fué 
cortada la cañería de agua potable. Se opusieron los carlistas á 
que los carabineros dieran agua á sus caballos en las afueras de 
la puerta de la Tejería; se apoderaron de los rebaños de car- 
neros que pastaban en las inmediaciones de la plaza , y empe* 
zaron los apuros de sus habitantes con la carencia de todo lo 
más necesario, aunque se remedió algo la del agua, estable- 
ciendo una bomba que la tomaba del Arga. Como hemos dicho, 
consiguió Moríones proveer á la plaza, el 21 de Agosto, intro- 
duciendo en ella un convoy de i36 carros, con víveres y muni- 
ciones, y reforzarla con dos compañías de la reserva de Cádiz, 
25 soldados de artillería y dos oñciales facultativos. Autoriza- 
do por el gobernador militar de la plaza, trató el señor Pina- 
que, dueño de una fábrica de máquinas, de hacer subir á las 
fuentes las puras aguas del maniantal que halló en una excava- 
ción practicada en el cascajal existente en medio del rio, y 
próximo á su establecimiento. 

A propósito de tal estado de cosas nos permitimos copiar á 
continuación lo que dice el Sr. Pirala en su «Historia contem- 
poránea:» 

«Agotáronse en horas los escasos recursos que condujo el 
convoy; por falta de combustible se cortó el hermoso arbolado 
de fuera de la ciudad, sin que por esto se pudiera producir gas 
estando casi á oscuras la población, careciendo también de acei- 
te y petróleo; no se perdió el fruto de las viñas por haber con- 
cedido Mendiry la vendimia; hubo tratos para el levantamiento 
del bloqueo, que no dieron resultado; continuó el diario tiroteo; 
se presentaron muchos casos de tifus, además de disentería 
siendo un paréntesis de esta triste situación el 6 de Noviembre, 
que, merced al aparato del Sr. Pinaque, en el que también tuvo 



498 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

parte el comandante de ingenieros, corrió el agua en la fuente 
de los Castillos, cuyo importante hecho se celebró con grandes 
regocijos y verdadero entusiasmo, presidido todo por las auto- 
ridades civiles y militares. = La escasez de carne en una pobla- 
ción que, como en toda la provincia constituye el principal ali- 
mento de sus habitantes, era un verdadero conflicto; vendíase 
ya á cuatro pesetas el kilogramo , y eran muy pocas las perso- 
nas que podían obtenerla, porque no cobrando sus rentas el pro- 
pietario, ni sus sueldos los empleados, paralizado el comercio y 
toda clase de transacciones, la miseria era grande. Decidióse, 
pues, el general Andía á que se ejecutara una salida, con obje- 
to de coger la carne que existía en los pueblos comarcanos. 
Mandó la expedición el teniente coronel Aguirre, y el resultado 
fué lisonjero, por lo que se repitió á poco á Zizur; pero la pro- 
longación del sitio iba agotando todos los recursos, aunque de 
22.000 habían quedado reducidas á poco más de 16.700, por au- 
sentarse muchas, por temor al bombardeo, y por facilitar su 
salida para disminuir el número de consumidores. Ya no había 
carne el 11 de Diciembre más que para los enfermos, y para és- 
tos se agotó el 28.= Aumentó la escasez hasta de leña, dispo- 
niéndose de los tendidos y barreras de la linda plaza de toros, 
aun cuando era madera medio apolillada, y la de la estación del 
ferrocarril; se hizo cada vez más precaria la situación de todas 
las clases de la sociedad, especialmente de la jornalera, lo que 
estimuló al ayuntamiento y á muchos vecinos á multiplicarse 
en obsequio de los que sufrían ; se trató de organizar cocinas 
económicas; el precio á que llegaron varios artículos hizo ne- 
cesaria la tasa; lejos de disminuir las enfermedades, crecían las 
defunciones; se apoderaron los sitiadores del caballo que lleva- 
ba el coche de los muertos, y aunque manifestaron después que 
no prohibían que se enterrase en el cementerio, se había esta- 
blecido ya otro fuera de la puerta de Francia. Aumentando las 
necesidades, y no viéndose el fin de ellas, por carecerse hacia 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 499 

tiempo de toda comunicación con el resto de España, se man- 
dó salir de la ciudad á todas las personas de ambos sexos que 
no tuvieran- medios conocidos de subsistencia, por carecer de 
oficio ó de trabajo en aquellas circunstancias; y la ley de la ne- 
cesidad, que fuerza alas cosas más involuntarias, obligó á la 
autoridad á mandar que evacuaran la plaza en perentorio tér- 
mino, todos los que recibían socorro de la casa de Misericordia, 
que eran muchos cientos de personas, ciegos, cojos y pobres de 
solemnidad, que sin auxilios ni medios iban á salir por los cami- 
nos , y para socorrerlos se invitó por la misma autoridad al ve- 
cindario á una suscrición que se abrió en el acto y produjo más 
de 8.000 reales. Y aun era todo esto insuficiente y, necesitan- 
do apelar á medidas extremas , se pensó en expulsar de la ciu- 
dad á casi todo el vecindario, y cuando iba á acordarse esta de- 
terminación, se aproximaron las tropas que guiaba Moriones.= 
La carne de pollino y de caballo era considerada como excelen- 
te manjar, utilizando algunos la de gato, perro y aun la de ratas; 
sólo el pan continuaba siendo exquisito y al precio de tiempos 
normales, gracias al Vínculo, admirable creación que debie- 
ra ser imitada por todo municipio que desee buena administra- 
ción, y que su gestión sea honrada y beneficiosa. = Para evitar 
las consecuencias de un intentado asalto por la noche, los señores 
Landa y Cayuela inventaron unos aparatos para iluminar las in- 
mediaciones de la muralla á bastante distancia, y ya el i.° de 
Febrero el ingeniero de la diputación, Sr. Legarde, construyó un 
globo para remitir en él los documentos que acreditaban la pro- ^ 
clamación de Don Alfonso, que no se había sabido hasta el 20 
de Enero, y un parte del general Andía, diciendo que había dis- 
ciplina y que respondía de la plaza por tres meses más. » 

Convencido Mendiry de que en breve se vería precisado á . 
dar una batalla, dirigió á los suyos la siguiente alocución, con 

fecha 28 de Diciembre: 

• Voluntarios;=sMuy pronto van á comenzarlas operaciones; 



/ 



1 



500 NORTE. — TERCER PERÍODO. 

el enemigo se ha mantenido á la defensiva, porque no se consi- 
deraba con fuerzas bastantes para combatiros; los refuerzos 
que ha recibido son en escaso número, y, como de la última 
quinta, soldados bisónos y endebles, que apenas pueden llevar 
el fusil. Para batirlos, no necesitáis grandes esfuerzos; su plan 
de ataque es conocido: adelantar sus guerrillas y mantener sus 
masas fuera del alcance de vuestras balas. Despreciar las gue- 
rrillas, aunque se os aproximen á cincuenta pasos; nunca será 
su fuerza la mitad que vosotros; no les disparéis un solo tiro 
sino cuando los tengáis encima, y entonces una descarga y á la 
bayoneta, y os volverán la espalda. Si, contra mi opinión, des- 
plegase el enemigo dos terceras partes de sus fuerzas, contad 
con la victoria. La estrategia mejor consiste en no consumir 
inútilmente las municiones; conservadlas hasta el último mo- 
mento. Prohibo bajo pena de la vida, hacer fuego sino á muy 
corta distancia; los señores jefes y oficiales me serán responsa- 
bles de que esto se cumpIa.=Voluntarios: Tened fé y confianza 
en vuestros jefes; á éstos les encargo que no admitiré excusa 
ni pretexto, y serán juzgados con severidad, si el honor de 
nuestras armas padeciese por ellos el menor detrimento. =Que 
los habitantes de este noble país tengan confianza en todos nos- 
otros; que continúen prestando su generosa cooperación á este 
valiente y leal ejército, compuesto en su mayor parte de sus 
propios hijos, y Dios nos dará la victoria. = Voluntarios: ¡Viva 
la Religión! i Viva España católica y monárquica! ¡Viva el Rey! 
— Vuestro general — Mendiry. — Puente la Reina 28 de Diciem- 
bre de 1874.» 

Se comprende, sin más explicaciones , que urgía acudir al 
auxilio de Pamplona, y opinando asi el Duque de la Torre, se 
disponía á dirigirse con su ejército á aquella capital. Pero un 
suceso de suma trascendencia cambió la manera de ser política 
de la Nación, y por tal causa se suspendió por de pronto la ope- 
ración de refencia. 



MANDO DEL GENERAL LA SERNA. 5oi 

£1 mariscal de campo, D. Arsenio Martínez de Campos, 
prcclamó en las inmediaciones de Sagunto , al frente de la bri- 
gada Daban, la Monarquía de D. Alfonso XII, y en breve fué 
secundado por todo el ejército de la nación. 

Desembarcó S. M. el Rey en Barcelona el 3 de Enero de 
1875, se dirigió después á Valencia, y desde este punto á Ma- 
drid. 

Restaurada la Monarquía, el Duque de la Torre cesó en sus 
funciones de Jefe del Estado y en el cargo de General en Jefe, 
del cual volvió á encargarse el teniente general Laserna. 

Fué nombrado Presidente del Consejo de Ministros, el ex- 
celentísimo Sr. D. Antonio Cánovas del Castillo, y el excelen- 
tísimo Sr. Teniente general D. Joaquín Jovellar se encargó del 
Ministerio de la Guerra . 



1 



índice del tomo quinto. 

Páginas. 

Capítulo primero. — Conferencia entre el Duque de la Torre y el 
Marqués del Duero. — Se encarga éste del mando del ejército del 
Norte. — Concentración de la mayor parte de las fuerzas liberales 
en Bilbao.— Censurables excesos cometidos por algunos paisa- 
nos. — Orden general dada por Elío. — Alocución de D. Carlos á 
sus fuerzas. — Párrafo de un artículo del periódico carlista El 
Cuartel Real. — Alocución de la real junta gubernativa de Nava- 
rra á los habitantes de esta provincia. — Organización dada por el 
Marqués del Duero al ejército del Norte. — Consideraciones. — 
Plan del Marqués del Duero. — Marcha del grueso del ejército 
liberal desde Bilbao á Vitoria. — Es nombrado D. Antonio Do- 
rregaray, jefe de E. M. G. del ejército carlista. — Alocución 
que dirigió á sus tropas. — Consideraciones sobre la importan- 
cia de Vitoria. — Telégrafos ópticos. — Comunicación dirigida 
por el Marqués del Duero al Ministro de la Guerra acerca de la 
mayor ó menor duración posible de la guerra.— Contestación 
del Ministro 5 

Capítulo II.— Reconocimientos del ejército liberal sobre Villa- 
rreal y Salvatierra. — Oficio del General en Jefe al Ministro de la 
Guerra, referente á la neutralización de las vías férreas y al co- 
mercio entre Castilla y las provincias insurgentes. — Contesta- 
ción del Ministro. — Orden general de 29 de Mayo, del ejército 
liberal,' dando instrucciones para las marchas. — Oficio del Ge- 
neral en Jefe sobre el mismo asunto á los comandantes en jefe 
de los cuerpos de ejército. — Marcha de dicho ejército desde Vi- 
toria á Logroño. — Sucesos y estado de la guerra en la provin- 
cia de Vizcaya.— Id. en la de Guipúzcoa. — Id. en la de Nava- 
rra. — Id. en las de Álava, Burgos y Logroño 43 

Capítulo III. — Movimientos preparatorios para el avance á Esic- 
lla. — Proyecto de bando.— Acto de indisciplina de una compa- 



n 



504 ÍNDICE. 

Págioas. 



nía de artillería. — Orden referente á la situación de las fuerzas 
de caballería. — Orden general respecto al sistema de combatir 
de esta arma. — Telegrama del General en Jefe al general Mar- 
tínez de Campos, — Contestación de éste. — Iniciase el movi- 
miento de avance, pero sersuspende á causa del temporal. — 
Proclama de Dorregaray. — Orden general dada por el Marqués 
del Duero. — Proclama clandestina. — Líneas que podía seguir el 
ejército en su marcha á Estella. — Posiciones del ejército carlis- 
ta. — Plan del Marqués del Duero. — Instrucciones para el movi- 
miento sobre Estella. — Combate del 25 de Junio. — ídem del 26. 
— ídem del 27.— Gloriosa muerte del Marqués del Duero. — Re- 
tirada del ejército liberal. — Parte del general Echagiie al Mi- 
nistro de la Guerra respecto á las operaciones del ejército libe- 
ral en los días 25, 26 y 27 de Junio, y su retirada. — Parte de 
Dorregaray referente á estos combates. — Nota de la Historia 
de la Guerra civil del Sr. Pirala. — Acto de crueldad de los 
carlistas. — Escrito de Dorregaray, intentando justiñcarse de 
aquel acto. — Circular de la junta carlista gubernativa de Nava- 
rra. — Revista de las fuerzas carlistas en honor de D.' Margarita. 
— Carta de D. Carlos á Mendiry. — Alocución de D. Carlos á 
sus tropas io3 

Capítulo IV. — El general Zavala se encarga del mando del ejér- 
cito del Norte. — Comunicación que dirigió al Ministro de la 
Guerra. — Organización del ejército del Norte. — Contestación 
del Ministro. — Oficio del General en Jefe al Ministro, referen- 
te á los fusilamientos de Abárzuza. — Contestación del Ministro. 
—Trátase de reforzar el ejército del Norte.— Disposiciones del 
General en Jefe referentes á la situación de las tropas de su 
mando. — ^Telegrama dirigido por el Ministro al General en 
Jefe, manifestándole cuál era el estado de la nación bajo el con- 
cepto de orden público. — Consideraciones. — Indica el Minis- 
tro al General en Jefe, que tal vez necesitaría que le enviara al- 
gunas fuerzas del Norte, á causa de la entrada de los carlistas 
en Cuenca. — Contestación del General en Jefe. — Estado de 
la guerra en el Norte 191 

Capítulo V. — Manifiesto de D. Carlos á bs cspa loles. — Decreto 
publicado por el Gobierno con motivo de los actos de crueldad 



ÍNDICE. 5o5 

Páginas 

cometidos por los carlistas. — Circular del Ministro de Estado á 
los representantes en e