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Full text of "Narración militar de la guerra carlista de 1869 à 1876"

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NABBACIÓN MILITAR 

Bfi LA 

GUERRA CARLISTA 

DE 1869 Á 1876 

POR 

EL CUERPO DE ESTADO MAYOR DEL EJÉRCITO 
PUBLICADA POR EL DEPÓSITO DE LA GUEnU 



TOMO XTV 




fe 



MADRID 
RENTA Y Litografía del Depósito de la Guerra 

1889 



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Himrd Gollege Ubnij 
Pnf. A. C. CoolMp 



CAPfTULO PRIMERO 



SuMiiiiO,— Ano 18Ó9— Temorea Je trastornos .^Guarnición deldistfiío de Castilla 1* 
NuíTi.— Vina* columnas recorren las provincias del mismo,— Afaríceii eo la de 
Ciudad Real plf^unas partidas.— Tropas que calieron á operar.^ Encuentro con 
SabiKegof en PieJrabuena.— rersecución de las íaccLone»-— Es batido en Hl Hoyo 
el cabecil la Tercero. ^Encuentros con Bapa, CastcUs y Bruno.— l^a partidlas se gua- 
recen en los montea de Toledo. —Derrota dei cura de Alcíbón en Lo IglesueU.-- 
Decrece la insurrección.— Movimientos de fuerzas.— Partidas de Polo ySabariegoa, 
encuentros y captura del primero de dichos cabcclltas. — Disposiciones de las auto- 
ridad et en tas prodncias de Madrid, Cuenca^ Guadalajara y Scgovia.— Sdln quedan 
en armas Sabaríegos y algunos grupoa de dispersos que son sucesivamente bíitidosn 
— Desaparición de la partida de Sabaríegos.- Regrcao de Las tropas é sus guarni- 
cionei. — Indulto concedido por el Regente del Reino,^ — Raüd^i á los baridoleros. — 
Af^o [870, — Reaparece la agitación en sentido carlista— Las columnas recorren el 
distrito —VaeUe á restablecérsela iranquilidad en el país.— Decreto de amnistía del 
Rcgeote del Reino. 

Narrada ya la insurrección carlista en los teatros del Nor- 
te, Centro y Cataluña, pasaremos á relatar las operaciones ve- 
ríñcadas en otras comarcas. Y como en las provincias de Cas- 
tilla la Nueva fué donde mayor importancia alcanzaron, á este 
distrito tendremos que dedicar la mayor parte del resto de la 
obra. 

La agitación carlista, que después de los sucesos de Sep- 
tiembre de 1868 se dejó sentir en el territorio navarro y vas- 
congado y en la parte oriental de la Península, tuvo también 
sus manifestaciones en la región central de ella. Los agentes 
del absolutismo, extendiéndose por diferentes puntos, hacían 
propaganda activa de sus ideaSj utilizando á los antiguos par- 
tidarios de D* Carlos para levantar en favor de la causa el 
espíritu de los pueblos^ organizar núcleos de resistencia y pro- 
- — ar un alzamiento general. El Gobierno provisional, presi- 
E> entonces por el Duque de la Torre, no ignoraba estos ma- 
Ds; y, sin poder tomar medidas coercitivas á causa de sus 
acipios liberales, daba al movimiento la importancia que 



r^ 



CASTILLA LA NUEVA 



realmente tenia y estaba á la expectativa, dispuesto á atacarlo 
con energia, tan pronto como se manifestase de un modo os- 
tensible. 

Á principios de i86g, que fué cuando los síntomas de la 
insurrección tomaron más incremento, era Capitán general de 
Castilla la Nueva el teniente general D. Rafael Izquierdo, y 
guarnecían el distrito los regimientos de infantería de Zara- 
goza, Aragón, Gerona y Cantabria; los batallones de cazado- 
res de Madrid, Barcelona, Béjar y Alcántara; los regimien- 
tos i.® y 2.** de ingenieros; los de artillería 3.® á pie, i.® y 
cuarto montado y 2/ de montaña; los seis de caballería del 
Rey (i.® de coraceros), Calatrava (1/ de carabineros), Villa- 
viciosa (2.** de lanceros), Pavía (i.* de húsares), Tetuan y Cas- 
tillejos (5.** y 6.^ de cazadores, respectivamente); los ter- 
cios i.°, 2.** y 14.** de la guardia civil, distribuidos en las pro- 
vincias y ocupados en el servicio peculiar de su instituto; y 
en Madrid, un batallón de Escribientes y Ordenanzas, una sec- 
ción de Sanidad y otra de Obreros de Administración Militar. 

Durante el mes de Abril del citado año, hubo en algunos 
pueblos de la provincia de Ciudad Real y de la parte meri- 
dional de la de Toledo pequeños motines y desórdenes, que 
lograron reprimir las autoridades locales con el auxilio de la 
Guardia civil ó de los voluntarios de la libertad. Á fin de 
combatir la influencia que tenia el elemento reaccionario, alen- 
tar á los liberales, y también para poder destruir con rapidez 
cualquier partida carlista que se lanzase á la lucha, se ordenó 
en 8 de Abril que marchase á Ciudad Real el regimiento infan- 
tería de Zaragoza y un escuadrón de Calatrava, y se dispuso 
que dicho regimiento destacase, alternativamente, columnas de 
medio batallón que recorrieran la sierra de Toledo. La primera 
de ellas, mandada por el teniente coronel D. Manuel Alcega, 
salió el día 12 del indicado mes, pasó por los pueblos de Fer. 
náncaballero, Malagón, Yébenes, Ventas con Peña* Aguilera, 



^ 



AÑOS 1869 Y 1870 



Horcajo y Piedrabuena^ y regresó á Ciudad Real, después 
de 24 días de operaciones, para ser relevada por otra, que an- 
duvo por la zona occidental de los montes de Toledo durante 
el mes de Mayo. 

Mientras tanto, los trabajos carlistas continuaban con gran 
actividad y ardor en el campo de Calatrava; y, con objeto du 
destruirlos, se organizó otra pequeña columna, compuesta de 
una compañía de Zaragoza y algunos caballos de Calatrava, 
que operó en los meses de Mayo y Junio en aquella demarca- 
ción, evitando, seguramente, que estallase en PuertoUano 
la insurrección anunciada para mediados del primero de dichos 
meses. 

En el limite entre las provincias de Cuenca y Guadalajara 
la situación era semejante. Tanto las autoridades militares de 
ambas, como las locales de algunos pueblos^ indicaron; pri- 
meramente, sus temores de que se alterase el orden; y des- 
pues, que el 18 de Abril debían los carlistas ponerse en 
armas en Alcocer y puntos inmediatos- El día 12, algunos 
grupos de paisanos con boinas dieron gritos subversivos en 
Huete, y esto obligó á que se reconcentrara la guardia civil y 
ac lomaran algunas disposiciones preventivas, particularmente 
con los trabajadores, que, en niimero de seiscientos, se ocupa- 
ban en la construcción de la carretera de Huete á Sacedón, 
quienes se trató de comprometer en favor del anunciado mo- 
vimiento. 

Con objeto de investigar el verdadero espíritu de los pue- 
blos y la exactitud de las noticias que recibía, la autoridad mi- 
litar del distrito organizó una columna compuesta del 2." 
batallón del 2." regimiento de Ingenieros y un escuadrón de 
*"*"ares de Pavía, mandada por el brigadier D* Manuel Illanco, 
:ual salió de Madrid el 17 de Abril, llegó el 19 á Huete, sin 
er encontrado novedad en la zona reconocida, marchó des* 
íS por Buendia, Alcocer y Sacedón á situarse en Cifuentes 



CASTILLA LA NUEVA 



(Guadal ajara), donde quedó á la expectativa de los sucesos que 
pudieran ocurrir, enviando constantemente parte de su fuerza 
para que visitara los pueblos limítrofes con Aragón, De este 
modo continuó hasta mediados de Mayo, que regresó á Madrid 
en vista de la tranquilidad que, aparentemente, reinaba en las 
provincias de Cuenca y Guadalajara. 

No duró mucho esta situación: el descubrimiento de un 
vasto complot en Sigüenza, dependiente del foco principal de 
conspiraciénj que radicaba en Madrid, obligó á mediados de 
Junio á ocupar militarmente aquel punto; y á este fin salieron 
de Aragón dos compañías del regimiento de Cádiz, pasando en 
cambio á dicho distrito el batallón cazadores de Alcántara, 

Los sectarios del carlismo encargados de provocar un al- 
zamiento general, no se limitaron á ganar prosélitos entre los 
paisanos, y la conspiración tuvo pequeñas ramificaciones en el 
ejército; pero fueron descubiertas oportunamente, y no llega* 
ron á producir ningún resultado. Doce sargentos del regimien- 
to infantería de Cantabria, de guarnición en Madrid; algunos 
oficiales y sargentos del de caballería cazadores de Tetuán, 
acantonado en Alcalá de Henares, y varios sargentos y cabos 
de la Escuela de tiro de Toledo, sobre los que recayeron sos- 
pechas, se vieron sujetos á sumarias, y confirmada su compli- 
cidad en la conjura, sufrieron las penas corespondientes á su 
falta de lealtad. 

La primera manifestación francamente hostil del carlismo 
contra el Gobierno constituido ocurrió en los baños de los Her- 
videros de Fuensanta, provincia de Ciudad Real, el día i8 de 
Julio, en los que una cuadrilla de paisanos armados sorprendió 
á los moradores de aquel establecimiento, no sin encontrar la 
resistencia de la pareja de la guardia civil allí establecida y de 
algunos bañistas; muriendo en el encuentro uno de éstos y un 
guardia, y quedando gravemente herido el otro. Tres días des- 
pués, acaeció el robo de dos sillas de posta, en las inmediacio- 



a 



AÑOS 1869 Y 1870 



nes del pueblo de Valmojados, de la provincia de Toledo, junto 
al pontón del arroyo del Monte, distante 42 kilómetros de la 
capital; desmáa cometido por ocho ó diez individuos armados» 
que se decían carlistas, quienes, no sólo detuvieron dichos ca- 
rruajesj quitando á los pasajeros bastantes efectos, sino que 
sorprendieron en el mismo sitio á una pareja de la guardia ci- 
vil y á varios transeúntes. 

Estos hechos fueron precursores del alzamiento general que 
estaba señalado para los días 24, 25 y 26 del referido mes de 
Julio, durante los cuales se recibieron en la capital de la pro- 
vincia de Ciudad Real alarmantes noticias de algunos pueblos, 
como Almagro, Manzanares, Daimiel y Valdepeñas, focos im- 
portantes de la insurrección, y lugares de cita de las pequeñas 
partidas que en otras comarcas se formaban. El Alcalde de 
Manzanares notificó, el primero de dichos días, que una facción 
de 60 individuos armados y montados, destacada de otra de 
unos 300 hombres, había detenido un tren de viajeros entre 
Miguelturra y Almagro, dejándole marchar una vez reconocí- 
do, y que los rebeldes continuaron durante todo el día reunidos 
á la vista de este último punto. Por entonces se levantó en ar- 
mas en las inmediaciones de la capital otra partida de faccio* 
sos, capitaneada por el titulado brigadier Sabariegosj antiguo 
jefe carlista que, el mismo día de salir al campo sorprendió é 
hizo prisioneros á los guardias civiles del puesto de Picón, com- 
puesto de un sargento, un cabo y cuatro guardias, y prosiguió 
después su marcha hacia Piedrabuena. En Bolaños, y en los 
mismos días, el cabecilla Juan Menchero organizó otra facción, 
de 16 á 20 voluntarios^ que se dirigió á unirse con las formadas 
en Moral, Granátula, Valenzuela y Calcada de Calatrava* Tam- 
^'^1 en Fuente el Fresno Bajo, Horcajo de Santiago y Taran- 
if pueblos estos dos últimos pertenecientes á la provincia de 
nca^ hubo señales manifiestas de secundar el movimiento 
sía; pero la guardia civil y los voluntarios de la libertad 



10 CASTILLA LA NUEVA 






sofocaron las demostraciones, haciendo uso de sus armas y re- 
sultando algunos muertos y heridos. 

La insurrección fué cundiendo con rapidez en diversas 20' 
ñas de la provincia de Ciudad Real, á la cual debían acudir 
también los comprometidos en el movimiento que tenían su 
residencia en las de Toledo y Cuenca; y aparecieron otras 
varias facciones por diferentes puntos, siendo las más dig- 
nas de mención: la de D. Julián Díaz, de 40 hombres, que 
vagaba entre Pozuelos y Abenójar; la de Rapilla, cuyo te* 
rreno de operaciones era el campo de Calatrava; las de Oreji- 
ta, el Rué y Acuña, que se movían por el valle de Alcudia y 
sus inmediaciones; la de Tercero, por Cabezarados; y finalmen* 
te, la capitaneada por el antiguo cabecilla carlista y entonces 
brigadier de cuartel, con residencia en el distrito, D, Juan Polo 
y Muñoz, que operaba en el territorio de las anteriores. Estas 
partidas y las mencionadas primeramente, constituían un total 
de 800 hombres, con mediano armamento^ y montados la 
mayor parte- 
Veamos ahora los medios de represión empleados. Guar- 
necían ia capital de la provincia, además de dos compañías 
de la guardia civil, el 2.^ batallón del regimiento infantería de 
Aragón y una sección de húsares de Pavía; y á la primera se- 
ñal del alzamiento se ordenó la reconcentración de aquélla en 
las cabezas de línea, y el gobernador militar, brigadier D. José 
María Vidal, organizó una columna de operaciones compuesta 
de tres compañías del batallón mencionado y la sección de hú» 
sares, bajo el mando del comandante Tomase ti, quedando las 
otras tres compañías de Aragón ocupando la capital, por el 
fundado temor de que tratasen las facciones de inaugurar la 
campaña intentando apoderarse de la población. 

Contra la partida Sabariegos, que era la que se hallaba m 
próxima á Ciudad Real, se dirigió el día 24 la columna Ton: 
seti, y después de una marcha forzada, la avistó en las inir 



Aííos 1869 y 1870 ti 



diaciones de Piedrabuena. Desconfiando dicho jefe dar alcance 
á los carlistas con Ja infantería al ver que se retiraban precipi- 
tadamente^ ordenó ala sección de caballería que los persiguie- 
se, la cual los cargó con tan buen éxito > que reanimado el 
espíritu de los guardias civiles del puesto de Picón que, según 
se sabe, eran prisioneros de la partida^ volviéronse éstos contra 
ella en aquel momento de confusión. Del encuentro resultaron 
tres ó cuatro carlistas heridos, y un muerto, que era el titu- 
lado coronel, a.** jefe de la facción, D, Agapito Crespo, nopu- 
diendo Sabariegos ser seguido mucho tiempo en su rápida 
huida, por la muerte del oficial de húsares que mandaba la sec- 
ción, única baja que tuvieron las tropas. 

Siendo escasas las fuerzas que guarnecían la provincia, 
para exterminar en breve las partidas y sofocar la insurrección, 
dispuso el Ministro de la Guerra, que en 24 de Julio el bata- 
llón cazadores de Barcelona marchase en tren expreso de 
Madrid á Ciudad Real, y que de Aranjuez salieran del mismo 
modo dos escuadrones de caballería de Calalrava, uno para 
Alcázar de San Juan, y otro para la referida capital. De To- 
ledo, al tener noticia del movimiento carlista y de que Saba- 
riegos trataba de internarse en las sierras del límite Sur de la 
provincia, acudieron al Horcajo de los Montes y sierra de 
Guadalupe dos compañías del i." batallón del regimiento de 
Aragón, y á Retuerta y El Molinillo marchó el personal de la 
Escuela de tiro; columnas que debían obrar en combinación y 
perseguir á los facciosos, cualquiera que fuese el punto donde 
se presentaran. También ec movieron tropas que no eran del 
distrito; pues con objeto de evitar que los carlistas se corrie- 
ran á la provincia de Badajoz, fueron al confín de ella los dos 
»--*2l!ones del regimiento de infantería de la Princesa y 
' guardias civiles, formando una brigada á las órdenes del 
laudante general de Extremadura, brigadier D. Juan Car- 
ero, que ocupó los pueblos de Cabeza de Buey, Siruela, 



12 CASTILLA LA NUEVA 



Herrera del Duque y Guadalupe; y el regimiento de Asturias^ 
que guarnecía á Córdoba, marchó por la via férrea, situándose 
el 2.° batallón en Despeñaperros, para vigilar el paso y contra- 
rrestar el levantamiento probable de nuevas partidas, conti- 
nuando el i.^' batallón hasta Alcázar de San Juan, donde 
debia ponerse á las órdenes del Gobernador militar de Ciu- 
dad Real. 

La provincia quedó declarada en estado de sitio por medio 
del bando prevenido en el artículo 4.*^ de la ley de orden pú- 
blico de 17 de Abril de 182 1 , entonces vigente, y se conce- 
dieron doce horas de término para que se restituyeran á sus 
casas los que habían tomado las armas. Se publicaron alo- 
cuciones patrióticas que tendían á fortalecer el ánimo de los 
liberales, en las cuales se abogaba por su unión para combatir 
el carlismo* Por otra parte, comprendiendo el Gobierno que la 
energía en reprimir la incipiente rebelión daría resultados 
excelentes é inmediatos, ordenó que se procediera con el ma- 
yor rigor contra los perturbadores encubiertos del orden, y 
que los cogidos con las armas en la mano fuesen en el acto 
fusilados. Estas medidas y el envío de tropas, produjeron las 
consecuencias esperadas; el espíritu de los pueblos se reanimó» 
disminuyeron los alistamientos en las partidas, se presentaron 
á las autoridades algunos desengañados, y decayó bastante el 
entusiasmo de los absolutistas. 

Con el nuevo contingente de fuerzas que llegó á la provin- 
cia de Ciudad Real, se formaron otras columnas para que 
operasen contra las partidas de Julián Día2, el Rapa, Orejita, 
Acuña y el Rué, que vagaban por el valle de Alcudia y sus 
inmediaciones. La del coronel Villaoz, formada del i.'"" bata- 
llón de Asturias y una sección del regimiento de Calatrava, 
marchó á la capital desde Alcázar de San Juan, obedeciendc 
órdenes del Gobernador militar; y al llegar á ella se dividió la 
fuerza en dos partes, una de las cuales recorrió los pueblos de 



AÑOS 1869 Y 1870 . x3 



Alcudia, Hortezuela, Solana, Cabezas Rubias é Hinojosos, á 
fin de cortar el paso de los facciosos hacia Sierra Morena, y la 
otra, los accesos de los puertos de la sierra de Calatrava. Los 
montes de Mestanza los debía batir el teniente coronel Del Amo, 
jefe del batallón cazadores de Barcelona, con cuatro compañías 
del mismo; pues las cuatro restantes, las dejó en la capital á 
disposición del brigadier Vidal, Dicha columna, que salió de 
Ciudad Real, por ferrocarril, el mencionado día 24 de Julio, 
encontró que había sido cortada la vía en el apeadero de La 
Cañada por una partida de roo hombres, que se hallaba en 
aquel momento en una casa de labor próxima; y desembarcan» 
do rápidamente, emprendió su persecución, sin lograr alean- 
zarla, consiguiendo sólo rescatar dos soldados de Aragón que 
llevaban prisioneros los carlistas, después de lo cual se reple- 
gó al apeadero, continuando á Puertollano, donde abandonó 
el tren para entrar en operaciones con el fin indicado- 

El brigadier Vidal formó una columna al mando del co* 
mandante D. Juan Pastor, con las cuatro compañías de ca- 
ladores de Barcelona que quedaron en Ciudad Real y 35 ca- 
ballos del 2.** tercio de la guardia civil, que fué á ocupar Ca- 
bezarados, Abenójar y el Corral de Calatrava, puntos indicados 
para impedir el paso de los sediciosos hacia Puertollano. 

Estas columnas, y la mencionada, anteriormente, del co- 
mandante Tomase ti, que perseguía á la partida Tercero en la 
cuenca del río Abenójar, casi dejaban limitado el campo del 
movimiento carlista al valle y sierras de la Alcudia; pues fuera 
de esta 2ona sólo quedaba el cabecilla Sabariegos con los es- 
casos restos de su batida facción, quien después del encuentro 
de Piedrabuena trataba de ganar los montes de Toledo por 
^^'agón y Fuente el Fresno, á lo que se deberían oponer, 
in ya se sabe, las fuerzas de la provincia de Toledo situa- 
ín el Horcajo, sierra de Guadalupe, Retuerta y El Moli- 
^. Sin embargo de esto, salieron de Ciudad Real á perse- 



^ 



14 CASTILLA LA NUEVA 



guir al tSItimo cabecilla, tres compañías del 3.'' batallón de 
Aragón y 25 caballos de Calatravaj á las órdenes del teniente 
coronel D. Federico Guerra- 
La disiribudón de las tropas dejaba la capital desam- 
parada; y por más que no era de temer á la sa^ón ninguna 
sorpresa de las facciones, porque para ello tenían que romper 
el cerco en que se las había encerrado^ con objeto de asegurarla 
contra cualquier eventualidad, se ordenó al a-* batallón de As- 
turias, acantonado en Despeña perros ^ que marchase á Ciudad 
Real, para que con 100 caballos del regimiento de Calatrava 
constituyese su guarnición, quedando encomendada la vigilan- 
cia de aquel puerto, al capitán de la guardia civil de Santa 
Cruz de Múdela con su compañía, fuerza bastante para este 
propósito, por el papel secundario que entonces correspondía 
jugar al importante paso de Sierra Morena, en vista de la im- 
posibilidad en que estaban las partidas de dirigirse á él, sin 
encontrarse antes con fuerzas que las contrarrestaran. 

Ya la moral de las partidas había cambiado mucho; 
entusiastas y con buen espíritu al principio, marchaban en 
esta época desalentadas, diseminándose frecuentemente, y 
mostrándose cada día menos dispuestas á aceptar combate 
y más decididas á substraerse á la acción de las tropas* 
En a8 de Julio, se hallaban por los alrededores de Cabeza- 
rados las facciones de Tercero y Julián Díaz, perseguidas de 
cerca por el comandante Pastor, La de Sabariegos había de- 
sistido de ganar Jos montes de Toledo, por temor á las fuerzas 
de la provincia de este nombre, y retrocedido á Malagón, en 
donde la columna del teniente coronel Guerra le cogió dos pri- 
sioneros y 10 caballos, persiguiéndola después hasta Porzuna- 
El teniente coronel Del Amo dispersó el mismo día z8 Á 
una de las facciones del valle de Alcudia, llegando á Puerto 
llano con las cuatro compañías á sus órdenes, y una secció 
de Calatrava que se le agregó. Esta caballería y la de la cl 



^ 




AÑOS 1869 Y 1870 ¿S 



lumna de Villao^ continuaron batiendo en combinación aque- 
lla zona, con orden de fraccionarse, euando las circunstancias 
lo aconsejaran; y de Ciudad Real salió el coronel Bastos con 
tres compañías del 3.° batallón de Asturias y 50 caballos en 
dirección á la Calzada de Calatrava, á fin de evitar que los 
dispersados por Del Amo permanecieran ocultos en la sierra 
de Granátuta* 

Escobar, desde el valle de Alcudia, tomó la dirección de 
Sácemela con el propósito de internarse en Extremadura; 
mas cambió de itinerario, marchando hacia la Puebla de Don 
Rodrigo para no encontrarse en las inmediaciones de aquel 
punto con las fuerzas del Comandante general de Extrema- 
dura que guardaban Jos confines de aquel territorio. A sus al- 
cances iba Tomaseti, á quien en poco tiempo tomó gran de- 
lantera la facción, cuya gente estaba montada la mayor parte* 
La brigada de Extremadura ocupaba una linea estratégica 
paralela á la raya de Ciudad Real con Badajoz, y tenía la mi* 
sión de observar todas las avenidas de la Mancha, impedir 
que los carlistas se corriesen por aquel lado, adquirir noticias 
de sus planes, batirlos, si se presentaban en la inmediación 
de los pueblos que servían de acantonamiento á las tropas, 
y perseguirlos después aun cuando tuviera que salir de los 
limites de su territorio* No tardó en utilizarse la situación 
de estas fuerzas; pues los facciosos^ rechazados por las co- 
lumnas de Ciudad Real, huían por Sácemela y Almade- 
nejos hacia la zona que custodiaba el regimiento de la Prin- 
cesa, cuyo coronel, D, Ángel Santos Sagasta, cumpliendo las 
instrucciones que tenia, y viendo seriamente amenazadas la 
vía férrea y las minas de Almadén, destacó á este pueblo y á 
Almadenejos un batallón de su regimiento, al mando del te- 
;te coronel D. Manuel Galán; y al tener noticia de que los 
hombres que constituían la facción Escobar iban de Sáce- 
la & Agudo, se dirigió con el otro batallón á este punto^ 



l6 CASTILLA LA NUEVA 



im pidió la entrada de los carlistas en el pueblo y les obligó á 
diseminarse en varios grupos, el más numeroso de los cuales 
marchó por la Puebla de D. Rodrigo á Villarta de los Mon- 
teSj eludiendo la persecución de las dos compañías de la Prin- 
cesa que salieron en su seguimiento. En los montes que ro- 
dean á Villarta, los de Escobar se diseminaron más todavia, 
al enterarse de que tenían cortada la retirada por el Horcajo* 
á causa de estar ocupado dicho pueblo de la sierra por fuerzas 
de la brigada de Extremadura; pero la facción se reunió otra 
vez, pasado que fué el peligra de verse copada, y unida á los 
restos de otras, apareció nuevamente en las cercanías de Na- 
val pino y Alcoba, lo cual motivó que las tropas que estaban 
en Horcajo y las dos mencionadas compañías de la Princesa se 
reunieran para batirla si se decidía á aceptar el combate, ó 
para empujarla hacia la parte más árida y menos poblada de 
los montes de Toledo, si persistía en la huida. 

No tardó en producir resultados la activa persecución he- 
cha á las partidas. El teniente coronel García Reina, jefe de 
una columna formada con dos compañías de Asturias y 25 ca- 
ballos de Calatrava, tuvo noticia, en San Lorenzo, de que 
vagaba por aquel término Tercero (que tenía á la sa^ón 120 
hombres de infantería y algunos caballos), y salió el día 30 
á las cinco de la mañana, dividiendo su fuerza en tres par* 
tes, dos de las cuales debían dirigirse, por distintos cami- 
nos, á Solanilla del Tamaral, y la tercera, que era la princi- 
pal, á Solana del PinOj donde se sospechaba que estaría el 
cabecilla. Sin duda alguna ¿ste recibió con oportunidad el 
aviso de que las tropas salían en su persecución, pues aban* 
donó rápidamente á Solana, fugándose con su gente hacia 
El Hoyo, lugar muy adecuado para ocultarse por la fragosi- 
dad de las sierras en que está enclavado, pasando por So 
lanilla pocas horas antes de que llegaran las dos columnas 
que se dirigieron hacia allí, las que continuaron tras el enemí 



AÑOS 1869 Y 1870 17 



go, una por el camino de herradura de El Hoyo y la otra flan- 
queando por las alturas, con mil penalidades, sin avistarle 
hasta llegar al pueblo, A pesar de tener fuerza bastante para 
ello, no se decidieron los carlistas á resistir el ataque^ y á les 
primeros disparos de la columna que les perseguía, por el ca- 
mino, se reunieron con el mayor orden, contestaron al fuego, 
y trasponiendo el pueblo, trataron de subir á las alturas; mas 
la otra columna, advertida en los montes por los tiros, acudió 
presurosa al combate; dirigió un vivo fuego sobre los fugiti- 
vos, que les causó algunos muertos y heridos; les obligó á di- 
seminarse; les hizo trece prisioneros, y les cogió un caballo y 
algunos cajones de municiones, sin que por parttí délas fuer- 
zas leales hubiese más baja queun soldado muerto. 

Deshecha la facción por esta derrota» sus restos se unie- 
ron con las partidas de Rapa y Castells, las cuales trataron de 
ir en busca de otras de la Alcudia y Campo de Calatrava, lo 
que no pudieron realizar por la situación de las tropas del co- 
mandante Pastor, que cubrían los puertos de La Coja, de Suel- 
tas y el término de Aldea del Rey; punto donde sufrieron un 
ataque en el que tuvieron dos muertos y se les cogieron algu- 
nos prisioneros- 

El citado día 3o de Julio, la columna Bastos, que, según 
dijimos, había salido de Ciudad Real para la Calzada de Cala- 
trava, recibió la confidencia de que en la proximidad de Villa- 
nueva de San Carlos se hallaba el cabecilla Bruno (a) Onjiia^ 
con su facción de 100 individuos armados, procedentes de los 
pueblos inmediatos al úllimameníe expresadoj y marchando á 
su encuentro, la avistó en la casa de la Gallega, á mitad de 
distancia de Puerto lian o á HortezueJa de Sierra Morena, en el 
'^'^mino que los une, originándose un pequeño combate, que 
ocasionó baja alguna á las tropas, y cuyo resultado fué po- 
se en precipitada fuga los enemigos, dejando dos hombres 
ertos en el campo. 

Tomo h? * 



iB CASTILLA LA NUEVA 



Estos encuentros^ aunque insignificantes en sí, fueron de 
suma transcendencia, A ellos y á las frecuentes batidas que 
continuaron dando las columnas, se debió que el ya abatido 
ánimo de los carlistas fuese decayendo más cada dia, Alg^unos 
de éstos se presentaban á indulto, á pesar de haber espirado 
el tiempo concedido, y otros, abandonando su actitud hostil, 
recorrían pacíficamente el campo, esperando la ampliación 
del pla^o. En este caso hallábase un numeroso grupo que el 
3i de Julio estaba en las orillas del Guadiana, no lejos de 
la capital; y á capturarle se dirigió una pequeña fuerza de 
la guardia civil; pues el Gobierno, firme en su propósito de 
atacar con energía la naciente rebelión, no accedió alas varias 
instancias que se le hicieron pidiendo que otorgase una prórro- 
ga, y sujetó á los presentados, en número de 5o, á los fallos 
de un consejo de guerra que funcionaba permanentemente en 
Ciudad Real, no siendo posible evitar que algunos otros se 
sustrajeran á su acción, porque deponiendo las armas volun- 
tariamente ante los alcaldes de los pueblos, regresaban á sus 
hogares, sin que de ello tuvieran conocimiento las autoridades 
de la provincia» 

A causa de las operaciones que en ella ejecutaban las tro- 
pas, los restos de las partidas de la misma ganaron los montes 
de Toledo, yendo á engrosar las de Sabariegos y Polo, que ya 
anteriormente habían dirigido sus pasos á las fragosidades de 
aquellas sierras; apareciendo la primera el día 31 con fuerza 
de unos roo hombres en el término de Urda, y recorriendo los 
montes inmediatos á Arroba la de Polo, que con algunos dis- 
persos de Ja de Escobar reunía sobre aoo combatientes. 

La provincia de Toledo, á la que se había dado indudable- 
mente la orden de alzamiento al mismo tiempo que á la de 
Ciudad Real, no había hecho hasta aquella fecha ninguna a 
uifestación ostensible, tal ve^ por falta de elementos; mas 
ver los carlistas de ella la excitación que producía en el p\ 



AÑOS 1869 Y 1870 19 



la noticia de que se aproximaban los de Ciudad Real, aprove- 
charon esta coyuntura para alzarse en armas^ lanzándose á la 
lucha el i," de Agosto D Lucio Dueñas, cura de Alcabón, se- 
guido de 40 hombres, en las inmediaciones de Maqueda, don- 
de cometió algunos desmanes y tropelías, y Moreno Barragán, 
con ao, en las proximidades de Urda, no llegando á organi- 
zarse otra partida á cuyo frente debía ponerse un sargento pri- 
mero del batallón de voluntarios cazadores de Pnmj por la 
oportuna prisión del futuro cabecilla. 

Sin fuerzas bastantes á sus órdenes el Gobernador militar 
de Toledo para destruir al enemigo, dispuso el general Izquier- 
do, Capitán general del distrito, que en tren expreso marchasen 
á dicha ciudad cuatro compañías del batallón cazadores de Ma» 
drid, que debían constituir dos columnas á fin de obrar en com- 
binación con otras dos que estaban en operaciones, compuesta 
una del contingente de la Escuela de Tiro, y la otra de dos 
compañías de Aragón; quedando además para nuevas atencio- 
nes el resto del batallón de Aragón y la sección de caballería 
que guarnecían la capital, y la guardia civil de la provincia. 
Aquellas tropas dieron una batida general en los montes de 
Toledo, donde, para ocultar su desaliento y huir de la activa 
persecución que les hacían, se habían internado más las faccio- 
nes de Ciudad Real, bien fuera para permanecer en ellos ocul- 
tándose en sus espesuras, ó bien para alcanzar la frontera de 
Portugal, 

Ko duraron mucho tiempo las correrías del cura de Alca- 
bón y sus partidarios; pues habiendo tenido noticia el teniente 
de la guardia civil D, Cristóbal Sales Carsi, en Talavera de la 
Reina^ de que por los términos de Pelahustán, FresnedÜla y La 
Iglesuela vagaba la indicada partida, salió en su persecución, 
I de Julio, con una pequeña columna compuesta de 

^aardias civiles de los puestos inmediatos, algunos volun* 

^^ de la libertad, dos oficiales de caballería que al conducir 



20 CASTILLA LA NUEVA 



^ 



potros á Extremadura se hallaban casualmente en aquella vi- 
lla, y los pocos soldados que éstos tenían ásus órdenes- El te- 
niente Carsi, al día siguiente de su salida de Talavera, yendo 
á Fresnedilla, tuvo la suerte de encontrar al guía que la víspe- 
ra había conducido á los facciosos, quien le dio la noticia de que 
éstos se hallaban en La Iglesuela; y variando entonces de direc- 
ción hacia dicho pueblo, pudo cerciorarse, en la proximidad del 
mismo, de la exactitud del aviso. A fin de sorprender al cabe- 
cilla, dispuso el teniente Carsi que los dos oficiales de caba^ 
Hería con su tropa y seis voluntarios montados penetrasen eo 
el lugar, lo atravesaran rápidamente y se situasen á la salida 
por el lado opuesto, con objeto de cortar la retirada á los car- 
listas, mientras él con la guardia civil y el resto de los vo- 
luntarios atacaba á la carrera el pueblo, tratando de estrechar 
al enemigo contra la otra fuerza; pero prevenido éste de la 
aproximación de sus perseguidores, emprendió la fuga precipi- 
tadamente, perdiendo dos individuos, que fueron hechos pri- 
sioneros, varios caballos, monturas, armas y otros efectos, y 
sin tratar siquiera de utilizar las excelentes posiciones defen- 
sivas que había en su camino^ á la salida del pueblo. La perse- 
cución continuó durante todo el día; mas favorecidos por el 
conocimiento del país los pequeños grupos en que se dividió 
la partida, lograron escaparse, á pesar de haberse subdividido 
también la tropa, que únicamente consiguió apoderarse de al- 
gunos otros caballos y pertrechos de guerra, en los reconocí* 
mientos que hizo en los montes de Gabiíanes y Mijares, 

El cabecilla, acompañado de unos 12 hombres, haciendo 
marchas y contramarchas, eludió durante algunos días la per- 
secución de los voluntarios de la libertad^ que en esta provin- 
cia se mostraron desde el primer momento celosos y diligen- 
tes para combatir el carlismo^ hasta que el día 4 de Agos 
fué aprehendido con algunos de los suyos por el alcalde 
Casar de Escalona. Conducidos los presos á la capital de 



AKos 1S69 y 1870 31 



provincia, el consejo de guerra sentenció á ser pasados por las 
armas al cura Dueñas, á su secretario y á un individuo de los 
que le acompañaban. Con alguna presentación y otras varias 
aprehensiones verificadas en los siguientes días, quedó des- 
hecha la partida y no se volvió á saber de los escasos restos 
de ella que no cayeron en poder de las autoridades. 

A consecuencia de la captura del cura de Alcabón, á quien 
indultó el Gobierno, se vií libre de facciosos la ^ona de la 
provincia de Toledo situada en la orilla derecha del Tajo, 
que quedó bajo la custodia de la guardia civil, reconcentrada 
en los puntos más convenientes; de una compañía de ingenie- 
ros y iz coraceros del regimiento del Rey, que, procedentes de 
Madrid, se situaron en Maqueda á la aparición de la indicada 
partida; y de una compañía de cazadores de Madrid que, con 
algunos soldados de húsares de Pavía, se acantonó en Talavera 
de la Reina. 

El Comandante general de la provincia, brigadier Izquier- 
do, después de recibir los refuerzos que se le enviaron hizo un 
reconocimiento con una columna por los límites del territorio 
de su demarcación con Ciudad Real, y llegó el día 4 de Agosto 
á Navas de Estena, sin encontrar ningún carlista durante 
su excursión^ aunque marcharon por distintos caminos las di- 
versas fracciones en que iba dividida la columna. Esto no 
significaba que se había restablecido por completo la tranqui- 
lidad en el país; pues en el mismo día 4, respondiendo á la 
orden de alzamiento general, apareció en la dehesa de Casta- 
ñar, jurisdicción de Mazararabroz, una partida de 10 hom- 
bres, capitaneada por el vecino de Orgaz Manuel Briones, 
quien cometió bastantes desmanes y depredaciones en aquel 
*'^— niño, y pasó al día siguiente al de Marjaliza, con un total 

So partidarios, montados la mayor parte, que pronto ha- 

T de sumarse con los que llevaba el exbrigadier Polo, 
■íj entras que estos acontecimientos tenían lugar en la 



22 CASTILLA LA NUEVA 



provincia de Toledo, en la de Ciudad Real seguían las colum- 
nas la persecución sin dejar descanso á los sediciosos, de los 
cuales se presentaron muchos con tal motivo á las autorida- 
des locales de los pueblos y á los jefes de tropas de operacio- 
nes, dando pruebas evidentes del desaliento que entre ellos exis- 
tía y de la poca confianza que tenían en el triunfo de su causa. 
El espíritu del país continuaba mejorando; en varios pueblos 
se negaban á los trastornadores del orden los recursos que al 
principio del alzamiento les ofrecían gustosos; llegando en al- 
guno hasta el extremo de armarse los vecinos para batirlos, 
como sucedió en Villarrubia de los Ojos, donde persiguieron y 
desorganizaron una partida, cogiéndole algunos caballos y 
efectos. 

La columna Tomaseti, en una de sus excursiones, tuvo 
noticia de que la facción Polo, la más importante de las que 
quedaban, unida á restos de la de Tercero, se hallaba en Fon- 
tanarejo, y haciendo una marcha forjada desde Arroba, en 
I." de Agosto, logró llegar al pueblo sin ser vista de los car- 
listas, á quienes atacó rápidamente, á la vez por ambos flan- 
cos y el centro^ bastando un corto tiroteo, que causó algunas 
bajas á la partida, para derrotarla y ponerla en fuga hacia los 
montes de Toledo* Este nuevo descalabro, cuya noticia circu- 
ló con rapidez, aumentó el desaliento de los cabecillas; y con- 
vencidos casi todos de lo iniitil de sus esfuerzos, disolvieron 
sus partidas, buscando ellos su salvación en la huida. 

Como era de temer que los carlistas dispersos trataran de 
internarse en Sierra Morena y de entrar en la provincia de 
Col doba, se mandó concentrar en Fozoblanco una compañía de 
la guardia civil , Con esta disposición se guardó e¡ paso de los 
Pedroches, y algunos grupos facciosos que vagaban por s" 
cercanías con el expresado intento, tuvieron también que d_ 
gregarse. 

Pocos partidarios del carlismo quedaban en armas á prir 



rs 



AÑOS 1869 Y 1870 23 



cípjos del mes de Agosto en el primitivo teatro de sus opera- 
ciones, y los que existían, sin formar partidas, se hubieran 
acogido seguiamente á indulto, si ec les hubiese concedido. 
Las autoridades militares continuaron con actividad la perse- 
cución y organizaron una batida general para el día 7 de 
dicho mes, que debían ejecutar las fuerzas de Del Amo, 
Reina, Bastos y las de Extremadura, por la Alcudia y los 
montes situados entre los pueblos de Agudo, Puebla de Don 
Rodrigo, Herrera del Duque y Vi Harta, El resultado fué ha- 
cer algunos prisioneros, y adquirir el convencimiento de que 
para rcstahltcer la tranquilidad en el territorio bastaba la 
guardia civil apoyada por pequeñas columnas que, bien situa- 
das y haciendo frecuentes marchas, llevasen la confianza á 
Irs pueblos reanimando el espíritu público. 

Pacificado ya casi enteramente el confín de Extremadura 
Cfjn Ciudad Real, y existiendo temores de trastornos en sen- 
tido republicano en aquella Comandancia general, principal^ 
mente en Badajoz, marchó el brigadier Carnicero el día i3 
de Agosto á su residencia hibitual, llevándose parte de las 
fuerzas que le acompañaron en su expedición, y dejando las 
siguientes: en Guadalupe, provincia de Cáceres, al mando del 
teniente coronel Iglesias, 100 guardias civiles y un destaca- 
mento del regimiento de la Princesa; en Herrera del Duque 
un puesto de 3o individuos de la guardia civil, en sustitución 
de tres compañías de la Princesa que marcharon á Badajoz: ; y 
en Cabeza de Buey, otro pues^to de aquel instituto. Estas tro- 
pas dependían de Extremadura y custodiaban sus avenidas; 
pero además, á las órdenes del Gobernador militar de Ciudad 
Real, dejó el brigadier Carnicero en Agudo al coronel Sagas* 
*-* ^on tres compañías del regimiento de la Princesa, y en Al- 
iene] os^ Veredas y Brazatortas, cubriendo la vía férrea, el 
mer batallón del citado regimiento, mandado por su temen* 
^ronel, D, Manuel Galán* 



24 CASTILT.A LA KüEVA 



Existía todavía en los montes de Toledo la partida de 
Tolo con restos de la de Sabaríegos; mas no siendo ya de espe- 
rar en la Alcudia y campo de Calatrava nuevos trastornos, 
bastaban para la persecución las columnas formadas con tro- 
pas de Castilla la Nueva; de modo que á mediados de Agosto 
pudo regresar al distrito de Andalucía el coronel Villaoz con 
el regimiento de Asturias, quedando por lo tanto en Ciudad 
Real^ á más de las compañías de la Princesa, todo el batallón 
de cazadores de Barcelona, uno del regimiento de Aragón, los 
des escuadrores de Calatrava y la guardia civil de la provincia. 
Las fuerzas de Toledo recibieron el aumento de la sección de 
húsares de Pa%ía que había operado en Ciudad Real y otra del 
mismo cuerpo, las cuales fueron á ponerse á las órdenes del 
brigadier Izquierdo, que no tenía caballería. 

Con estos elementos, y queriendo el Ministro de la Guerra 
exterminar en breve á la facción Polo, y devolver la tranquili- 
dad al país, dispuso que en la provincia de Ciudad Real se 
formaran tres columnas que operasen en el límite con la de 
Toledo y persiguieran activamente á dicha partida^ para que 
estrechada entre estas fuerzas y las del brigadier Izquierdo, 
cayesen pronto bajo la acción de alguna de ellas. Las colum- 
nas encargadas de tal cometido fueron: la de Tomaseti, de tres 
compañías de Aragón y algunos caballos de Calatrava, que 
operó en los alrededores de Malagón; y otros dos, que batieron 
el límite de la provincia hacia Fuente el Fresno y Arroba, 
mandada la primera por el teniente coronel Guerra y compues- 
ta también de tres compañías de Aragón y una sección de Ca- 
latravaj y la segunda, á las órdenes del teniente coronel Andra- 
de, de dos de caladores de Barcelona y 35 caballos de la guar- 
dia civil. Todas ellas siguieron á Polo en su marcha por las 
sierras de Toledo, se internaron en esta provincia yendo á sus 
alcances, y volvieron á la de Ciudad Realj donde, custodiando 
los pasos de una á otra, continuaron operando en las proximi- 



AÑOS r86g y 1870 2S 



dades de Porzuna, Arroba, Alcoba y Fuente el Fresno. El 
brigadier Vidai, con dos compañías de cazadores de Barcelona 
y una sección de Calatrava, marchó á Piedrabuena para dirigir 
é impulsar las operaciones, y acudir con su pequeña columna 
adonde la necesidad le llamase* Del Amo y Bastos^ con las 
cuatro compañías restantes del mismo batallónj ocupaban mi- 
litarmente la provincia, haciendo frecuentemente prisioneros 
que^ unidos á los presentados, enviaban á Ciudad Real, punto 
en que llegaron á reunirse á mediados de mes unos 200, suje- 
tos todos á las resultas de los procedimientos que se les se- 
guían. 

El Gobernador militar de Toledo supo oportunamente la 
entrada de Polo en su provincia, y el día 7 llegó á su noticia que 
en persecución del cabecilla iba el teniente coronel jtfe de caza- 
dores de Madrid, con tres compañías de su cuerpo» hacia El 
Molinillo, por el puerto del Milagro. En vista de esto, el briga- 
dier Izquierdo marchó desde Navalucillos, con la columna de in- 
fantería de Aragón que tenía á sus órdenes, á reunirse con aque- 
lla fuerza en San Pablo, donde trató de averiguar la ruta y planes 
de la facción, para operar con arreglo á las investigaciones 
que hiciera. Huyendo de sus perseguidores. Polo se dirigió á 
Las Ventas con Peña Aguilera; y desconociendo el Gobernador 
militar interino si otra fuerza del ejército iba en seguimiento 
de aquél, dispuso que una compañía de cazadores de Madrid, 
con algunos guardias civiles y iz húsares de los que guarne- 
cían á Toledo, saliera inmediatamente al encuentro de los car- 
listas, los cuales fueron á pernoctar á la casa del Castañar, 
donde se racionaron y exigieron algunos fondos, continuando 
desde aquí, por Casas Rojas, á Pulgar, pueblo distante tres 
l'í^^uas de la capital. Además del gran conocimiento práctico 

terreno en que se hallaban, Polo y sus partidarios conta- 
todavía en aquella zona con cierto apoyo moral y material 

.os habitantes; de modo» que por más que el brigadier Iz- 



26 CASTILLA LA NUEVA 



quierdOj después de concentrar en San Pablo la mayor parte 
de sus fuerzas, imprimió gran actividad á las operaciones, 
moviendo rápidamente las columnaSj entre ellas las de los te- 
nientes coroneles Guerra y Andrade^ que del confín con Ciudad 
Real volvieron nuevamente liacia el Molinillo y Pulgar, la 
partida logró escapar de la persecución de las tropas. 

Con los pequeños restos de otras facciones hubo varios en- 
cuentros; Moreno Barragán y los latrofacciosos que le seguían, 
fueron batidos en las inmediaciones de Consuegra, el 9 de 
Agosto, por los voluntarios de esta villa, que los dispersaron y 
les cogieron varios efectos; el comandante Pastor, al hacer con 
su columna un reconocimiento en término de Horcajo de los 
Montes, sorprendió á algunos carlistas^ los ahuyentó después 
de un corto tiroteo y les cogió un prisionero; y, finalmente, 
fuerza del coronel Bastosj estando en marcha hacia Argama- 
silla para recorrer ia provincia de Ciudad Real, según se le 
había prevenido, encontró á otro grupo de dispersos, que ha- 
ciendo fuego á la columna, mató á dos carlistas presentados, 
que desempeñaban voluntariamente el servicio de explorado- 
res, y desapareció inmediatamente. 

Polo continuaba el 11 en las proximidades de Toledo con 
su partida, compuesta entonces de más de 100 hombres, la ma- 
yor parte montados; y el Gobierno, deseoso de restablecer 
cuanto antes la tranquilidad en ¡a comarca, dispuso que todo 
el batallón cazadores de Barcelona se trasladara de Ciudad 
Reaí al terreno que recorrían los reb:íides. El temor de que 
Polo se aproximara más á la ciudad de Toledo y que, aprove- 
chando la oportunidad de estar desguarnecida, intentara algo 
contra ella, motivó que cinco de las ocho compañías del citado 
batallón, mandadas por Del Amo, en lugar de entrar directa- 
mente en operaciones, marcharan por la vía férrea á aquella 
capital, para defenderla é impedir además las correrías que h 
facción pudiera intentar hacia el Norte de la provincia. La 



1 



^ 



AÑOS 1869 Y 1870 t7 



Otras tres compañías, á las órdenes del connandante Camino^ 
fueron á Navas de Estena, donde estaba Izquierdo con su 
brigada. 

Entonces se encomendó la vigilancia de las avenidas del 
llano de Ciudad Real al coronel Bastos, con un escuadrón de 
Calatrava y compañía y media de la guardia civil, distribuida 
entre Malagón, Fuente el Fresno y Piedrabuena, Estas fuer- 
zas, las del regimiento de la Princesa y el comandante Toma- 
seti, que fué á la capital con sus dos compañías de Aragón, si- 
guieron ocupando militarmente la provincia de Ciudad Real, es* 
tando á la expectativa de los acontecimientos que se desarrolla- 
ran en ella y en la vecina de Toledo. 

Para batir á los rebeldes no bastaba con la infantería que 
había en aquel territorio, cuya gran extensión dificultaba las 
comunicaciones entre las tropas; eran precisas columnas de 
caballería que por su mayor movilidad pudieran seguirlos y 
alcanzarlos rápidamente. Esto originó la salida de Aranjuez 
para Toledo del teniente coronel Rodríguez, de cazadores de 
Calatrava, con un escuadrón de su cuerpo, dos secciones de 
Castillejos y otra de Tetuán, fuerza que, organizada en dos 
columnas de 70 caballos próximamente, una al mando del 
mencionado jefe y otra al del comandante Ventero^ empezó 
las operaciones el i3 de Agosto, con orden de no dejar repo- 
sar ni un momento á las partidas, hasta batirlas^ si se presen- 
taba ocasión propicia, 6 empujarlas hacia los puntos que ocu- 
paban las tropas. 

Polo, comprendiendo, sin duda, el peligro que corría de se- 
guir en el terreno descubierto y llano que se extiende entre 
Pulgar y la capital, buscó nuevamente su salvación en los mon- 
' de Toledo; asi, que cuando Rodríguez y Ventero llegaban 
'ébenes y Sonseca, ya estaba el cabecilla por los cortijos que 
* entre Malagón y Urda, con ánimo seguramente de pasar 
' vez á Ciudad Real; pero advertido á tiempo de ello el co- 



¿8 CASTILLA LA NUOTA 



roncl Bastos, hizo un reconocimientOi sin alejarse mucho de 
Malagón y Fuente el Fresno, de cuya defensa estaba encarga- 
do, y obligó á internarse más en los referidos montes ala fac- 
ción, previniendo después á las columnas que tenía inmediatas, 
los movimientos probables de aquélla, á fin de que estuvieran 
sobre aviso. 

Aprovechándose Sabariegos de la coyuntura de estar Polo 
próximo al lugar donde él se hallaba oculto, que era en las cer- 
carías de Piedrabuena, quiso probar fortuna nuevamente, y 
consiguiendo reunir unos i5 hombres montados y con buen ar- 
mamentoj se lan^ó al campo con el propósito de ir á engrosar 
la partida del citado exbrigadier, sin poderlo lograr por la 
oposición que le hicieron las tropas acantonadas en el confín 
de ambas provincias. Como estas fuerzas no podían seguir á 
Sabariegos, pues no debían moverse por entonces más allá de 
ios límites de su respectiva demarcación, el brigadier Vidal or- 
ganizó dos columnas con las cuatro compañías de la Princesa 
que había en Almadenejos y la sección de caballería que estaba en 
Piedrabuena, una para la capital, y otra para buscar á Sabarie- 
gos y cubrir los pueblos, que por las marchas de Guerra, Andra* 
de y Pastor á Marj atiza. El Molinillo y Horcajo, respectivamen- 
te, habían quedado sin el apoyo de fuerza armada. 

Difícil era á los rebeldes eludir la persecución, estando casi 
ocupado militarmente el país, aunque contaban con las venta- 
jas de lo escabroso del territorio en que se guarecían y las sim- 
patías de parte de los habitantes^ porque al huir las partidas 
de unas columnas, tenían que caer necesariamente bajo la ac- 
ción de otras. Así sucedió el día 14 de Agosto, en el que el 
teniente coronel Andrade, estando en Sonseca, tuvo noticias 
que le hicieron comprender que la facción Polo pasaría en su 
huida por los puertos del Milagro y Sierra de San Martín; y sa- 
lí endo á su encuentro, forzando la marcha, logró avistarla en 
las faldas de la sierra que hay entre el puerto de Albaida y el 




AÑOS I 86 9 V 1870 i^ 



de Naciente. Según indicaba e] jefe de la columna en su parte 
oficial, los carlistas se dispusieron á esperar el ataque, toman* 
do posiciones defensivas; pero al avanzar la infantería de frente, 
y por un costado los pocos caballos que llevaba Andrade, ama- 
gando cortar la retirada^ no sólo desistieron de su propó- 
sito, sino que emprendieron una fuga precipitada hacia ia sie- 
rra de San Salvador. 

Huyendo Polo de las tropas que en Toledo le cerra- 
ban el paso á Extremadura, trató nuevamente de entrar en 
Ciudad Real; mas el 15 fué otra vez alcanzado por una com- 
pañía del regimiento de Aragón^ que estaba recorriendo la sierra 
desde Fuente el Fresno á Porzuna y que, al tener aviso en 
Fuencaliente de la proximidad de la partida, marchó en su bus- 
ca aceleradamente y la encontró situada en una fuerte posición 
de la sierra del Témpano. Después de una hora de fuego, del 
que resultaron varios heridos de las dos fuerzas combatientes, 
la facción escapó á la desbandada por el camino de Alcoba, en 
cuanto las tropas iniciaron el ataque á la bayoneta. 

A Sabariegos se le di6 también alcance en los días 14, 15 y 
16, haciéndole varios prisioneros, entre otros importantes, á un 
hijo del cabecilla Rapa. Sus correrías fueron bastante audaces, 
pues se atrevió á entrar y exigir contribuciones en pueblos como 
el de Piedrabuena, aprovechando que las fuerzas en ellos acan- 
tonadas estaban batiendo las zonas de su demarcación, 

En su huida, Polo entró en Alcoba, donde pidió al Ayun- 
tamiento 10,000 reales, caballos y armas, y á no ser por el 
comandante Ventero, que con su columna de caballería mar* 
chó á aquel punto j hubiera hecho efectivas sus exigencias; pero 
vióse obligado á evacuar el pueblo, y continuó su rápida mar- 
í^hü. con rumbo á Villar y Ballesteros, llegando después hasta 
¿amasilti de Calatrava, perseguido siempre por Ventero. En 
*a expedición no pudo la partida guarecerse en los montes de 

edo, porque á ello se opusieron con gran oportunidad, en 



r> 



3o CASTILLA LA NUEVA 



^ 



primer lugar, la columna de caballería del teniente coronel Ro- 
dríguez, que desde Sonseca, donde la dejamos^ había avanzado, 
recorriendo el confin de las dos provincias, hasta Picón, y ade- 
más, las dos compañías de la Princesa con su jefe Galán, que 
ocuparon á Priedrabuena; de manera, que la facción no tenía 
más camino para llegar á los lugares de su anterior refugio, 
que el de Valenzuela y Daimiel, y éste fué el que tomó, encon- 
trando en la marcha su derrota definitiva, causada por una co- 
lumna de dos compañías de la Princesa que, á las órdenes del 
capitán D, Manuel de la Canal, organizó el comandante ge- 
neral de la provincia* 

Esta fuerza, embarcándose el 17 de Agosto, por la noche, en 
un tren ascendente de mercancías, salió al encuentro de los 
fugitivos, y al llegar al monte de Torroba, entre Almagro y 
Daimíel, abandonó la vía férrea y se encaminó á la casa délos 
Palacios, donde según confidencias estaba alojada la partida. 
A las tres de la madrugada llegó la tropa cerca del edificio y 
fué en seguida distribuida convenientemente para cercarlo^ 
dirigiéndose el comandante á reconocer el interior del mismo. 
Estando inquiriendo noticias de los propietarios del caserío, 
hicieron los rebeldes un nutrido fuego desde fuera, pues lo ha- 
bían evacuado antes de que lo rodearan los soldados. En vista 
de esto, se dirigió toda la fuerza hacia el enemigo, que logró 
ocultarse en la espesura del monte, no sin haber sufrido las 
bajas de un muerto y varios heridos y perdido cuatro caballos^ 
armas y pertrechos de guerra. Los resultados de esta jornada, 
á la cual coadyuvó el comandante Ventero con su caballería, 
que siguiendo durante cuatro días con gran actividad á los 
facciosos, los obligó á hacer jornadas hasta de i5 leguas^ fueron 
eficaces para la pacificación de la Mancha, porque al día si- 
guiente las autoridades populares de Almagro y Daimiel Cá" 
turaron con los voluntarios de la libertad al titulado genera 
Polo y á varios de los suyos, en una batida que dieron en los 



AÑOS 1869 r 1870 3f 



términos de sus demarcaciones, y el resto de la facción se di- 
semino en pequeños grupos que, dcscrnccftados, vagaron sin 
rumbo fijo algunos días, siendo sus individuos muertos unos y 
cogidos otros por los destacamentos de caballería en que se 
fraccionó la del teniente coronel Rodríguez, quien llegó á Al- 
magro el 19, 

Con este hecho casi terminó la insurrección, pues las parti- 
das que, según veremos más adelante, merodearon corto tiem- 
po, las constituían escaso número de rebeldes, cada ve^ con 
menos ánimos y en peor estado. El número de presos reuni- 
dos en Ciudad Real ascendía ya á 229, de los cuales 161 eran 
presentados, 41 aprehendidos, i5 prisioneros de guerra y 12 
sospechosos. 

Precisa ahora, para la claridad y buen orden del relato, 
suspender^ siquiera sea por breve tiempo, la narración en la 
parte relativa á Toledo y Ciudad Real, á fin de referir los 
acontecimientos que hablan tenido lugar en el resto del distri- 
to, que sí no tenían la importancia de los ocurridos en las pro- 
vincias citadas, no eran tan insignificantes que se deba pres- 
cindir de mencionarlos. 

La agitación que á mediados de Abril se inició en las pro- 
vincias de Guadalajara y Cuenca, calmándose en breve, volvió 
á reaparecer á fines de Julio, extendiéndose á parte de las de 
Madrid y Segovia. 

De Sigiíen^a, Mondéjar, Maqueda, Las Navas del Marqués, 
Robledo y San Clemente se recibían en Madrid noticias deque 
iban á aparecer partidas en los primeros días de Agosto, lo 
que obligó por el momento al Capitán general del distrito á 
organizar varías columnas con objeto de que recorrieran los 
lugares indicados, levantasen el espíritu de sus habitantes, fa- 

^cieran la cobranza de contribuciones y estuviesen en dis- 

.*ción de acudir con prontitud al punto en que su presencia 

a necesaria para ahogar en su principio la rebelión anua- 



32 CASTILLA LA NUEVA 



ciada. Los voluntarios de la libertad, dos compañías de caza- 
dores de Madrid, tres del regimiento de infantería de Cantabria 
y una sección de lanceros de Villaviciosa, en Guadal ajara; otras 
tres compañías de Cantabria, en Madrid; una de Ingenieros y 
otra de cazadores de Madrid con algunos coraceros del Rey, en 
Segovia; dos compañías del batallón de Madrid más una sec- 
ción de caballería de Villaviciosa, en Cuenca; y la fuerza de 
guardia civil reconcentrada por compañías en las cuatro pro- 
vincias, vigilaron el territorio, con arreglo á las instruccciones 
expresadas, haciendo frecuentes batidas, dirigidas especialmen- 
te hacia los puntos en que había más efervescencia, sin que en 
sus excursiones encontrasen ninguna partida que combatir, 
pues las que llegaron á formarse se disolvieron inmediata- 
mente. 

De éstas, la única que tuvo relativa importancia fué la que 
se presentó el día 9 de Agosto en Chillaron del Rey, provincia 
de Guadalajara, mandada por D. Vitoriano Puertas, jefe car- 
lista en las filas del anterior Pretendiente, y organizada con 
unos 40 hombres medianamente armados y equipados, la cual, 
desde el indicado punto, marchó al límite de la provincia con 
ánimo de internarse en Cuenca por Beteta, para aumentar su 
fuerza, ya que en los pueblos de Guadalajara no lo había 
podido conseguir. Al anuncio de su aparición, salieron á perse* 
guirla, en la última provincia citada, las compañías de Canta- 
bria y una columna de guardia civil; y el Gobernador militar 
de Cuenca situó fuerzas, convenientemente distribuidas, en el 
confín de su territorio. Con estas disposiciones, se consiguió la 
disolución completa de la facción, á los cinco días de haberse 
formado, y que se presentaran al alcalde de La Puerta, que* 
riendo acogerse á indulto, el cabecilla y seis de los suyos, ha- 
ciéndolo los restantes en diversos pueblos en los días sucesí* 
vos; indulto que, concedido á algunos, fué denegado á Paer 
tas y álos más significados. 



> 



r 



AÑOS 1869 Y 1870 33 



Otro alzamiento de consideración, en el que se hacía as- 
cendender el número de comprometidos á 400, estaba anuncia- 
do para el día 8 en los términos de Pastrana y Mondéjar, lle- 
gando las autoridades militares á recibir telegramas en que se 
hacia notar la desaparición de bastantes individuos señalados 
por sus ideas carlistas, y hasta se decía que la partida estaba 
ya en el campo. El complot existió realmente con extensas 
ramiñcaciones; pero los afiliados se atemorizaron sin duda por 
la enérgica actitud de las autoridades militares y civiles y de 
los voluntarios de la libertad, y desistieron de sus propósitos, 
calmándose en breve la agitación y efervescencia que reinó en 
los días próximos al indicado para el movimiento. 

Las columnas de operaciones de Segovia y Cuenca tuvie- 
ron que acudir: las de la primera provincia, á los partidos de 
Riaza y Cuéllar, para oponerse á la entrada de una partida 
de 30 hombres organizada en el Burgo de Osma; y las de la 
otra, á Cañete, Salvacañete y Moya, á consecuencia de un tele- 
grama del Capitán general de Valencia, en el que se anunciaba 
que 200 facciosos de los que pululaban por el Maestrair^ío se 
dirigían á aquellos pueblos, esencialmente carlistas, donde ha- 
bía gente dispuesta á unirse á las facciones del Centro. 

Por lo expuesto vemos que el movimiento no di6 en las 
provincias de Madrid, Segovia, Guadalajara y Cuenca el re- 
sultado que se prometían sus promovedores. Varias fueron las 
conspiraciones tramadas; mas, descubiertas á tiempo, pudie- 
ron ser reprimidas^ sin que en todo el resto del año ningún 
nuevo trastorno volviese á turbar la tranquilidad y el orden 
público en las indicadas provincias* 

En la de Ciudad Real, después de la derrota de Polo en la 
dehesa de Torroba, solamente quedaba el cabecilla Sabariegos, 

j acompañado de unos 40 dispersos, recorría las riberas del 

'diana y drl Jabalón, donde, gracias á lo conocedor que era 

Uas, se sustraía de la activa persecución que le hacía el 



34 CASTILLA LA NUEVA 



'^ 



teniente coronel Galán con sus compañías de la Princesa; y, 
además, algunos pequeños grupos insurgentes que vagaban, 
unos por Fuente el Fresno y Piedrabuena, perseguidos por 
Ventero, y otros por Almagro y Daimiel, seguidos de cerca 
por Rodríguez. Estos jefes, que guardaban las avenidas de los 
montes, limpiaron el territorio de fugitivos, la mayor parte de 
los cuales se presentaban espontáneamente, como el cabecilla 
Acuña y dos hijos suyos; se entregaban á las columnas, ó eran 
estrechados hacia los pueblos, donde los voluntarios de la li- 
bertad se encargaban de batirlos. Los de Bolanoa^ en una de 
sus salidas, sorprendieron á un grupo, mandado por Calero, y 
le dispersaron, matando á un faccioso y apoderándose de ar- 
mas y efectos de guerra. Los de Valdepeñas sostuvieron un 
pequeño combate con una docena de carlistas^ obligándoles á 
guarecerse en la sierra de Siles. Estos hechos aislados^ y otros 
de la misma índole que ocurrieron en diversos puntos, dan la 
medida de la reacción operada en gran parte del pais, donde 
muchos favorecedores decididos del carlismo se habían trocado 
en adversarios, ansiando reconquistar la paz y tranquilidad 
perdidas. 

Algunos de los fugitivos de Ciudad Real, al ver que su si- 
tuación era insostenible, pasaron á Extremadura, con ánima 
de ganar la frontera portuguesa; apareciendo el dia 21 de 
Agosto en Castilblanco una partida de 16 hombres á caballo^ 
quienes, desde el Lomo de Santiago, marcharon al portillo de 
Cijara; pero la acertada colocación en Herrera del Duque y 
Guadalupe de las columnas de guardia civil, que se pusieron al 
punto en movimiento, contrarrestó el proyecto de los rebeldes, 
que, desbandados en la batida que aquellas fuerzas dieron en los 
montes de la dehesa de Cijara, regresaron nuevamente á su 
provincia, donde, sin duda, no se volvieron á concentj 
pues no hubo noticias de que reaparecieran en ningún pui 

Vagaba Sabariegos, el 23 de Agosto, por los términos 



AÑOS 1869 Y 1870 35 



Fernancaballero y Picón seguido de los suyos; y no podien- 
do internarse en los montes de Toledo en busca de sus más 

seguras guaridas, porque para ello tenía que vencer la resisten- 
cia que le harían la columna Bastos, que, teniendo por centro 
á Porzuna, defendía las entradas de la sierra^ y la del coman- 
dante Ventero, que había llegado en sus reconocimientos á 
Piedrabuena, retrocedió otra vez y se dirigió al Campo de Ca- 
latrava, eludiendo el seguimiento del teniente coronel Rodri- 
¡;u^z Bravo, que, para batirle más fácilmente, llevaba su co- 
lumna de caballería dividida en tres fracciones. En estas mar- 
chas y contramarchas pasó Sabariegos el resto del mes, hu- 
yendo siempre, hasta que, convencido en los primeros días de 
Septiembre de lo inútil de sus esfuerzos en favor de la causa 
que defendía, abandonó á sus secuaces y fué á buscar su sal- 
vación en Portugal, no sin verse amenazado, según se dijo, 
por sus partidarios, que quisieron hacerle pagar con !a vida 
las infructuosas penalidades que les acarreó esta pequeña 
campaña. 

Las tropas continuaron, durante los indicados días, reco- 
rriendo la zona de operaciones para capturar los pequeños 
grupos de fugitivos que aun existían, consiguiendo casi por 
completo su objeto, y apoderándose, además, de algunos caba- 
llos, armas y pertrechos militares de los sediciosos. 

Tranquilizada ya la provincia de Ciudad Real, regresó á 
Extremadura, el día 27 de Agosto, el batallón de la Princesa; 
á Madrid, el 3i, el de caladores de Barcelona, recogiendo, á 
su paso por Madridejos, las compañías que tenia en Toledo, y 
á Aranjuez la caballería de Calatrava, dejando un escuadrón 
en la provincia, en la cual quedó el a/ batallón de infantería 
-^^ Aragón y dos columnas de caballería de Tetuán y de Cas- 
ejos, encargadas de apoyar á la guardia civil, que, distri- 
da en pequeñas fracciones de 20 hombres, hizo batidas ge- 
.rales, que concluyeron de exterminar los escasos restos ar- 



36 CASTILLA LA NUEVA 



mados de! carlismo. De Toledo, donde había terminado antes 
la medición, regresaron también á Madrid, el día i." de Sep- 
tiembre, el batallón cazadores del mismo nombre y las dos sec- 
ciones de liúsares de Pavía, quedando en la provincia el pri- 
mer batallón del regimiento de Aragón, una compañía del cual 
recorrió los montes de Toledo, cubriendo sus puertos y auxi- 
liando á la guardia civil en su servicio» Las demás provincias 
del distrito, donde ya nada era de temer á primeros de Sep- 
tiembre, fueron vigiladas únicamente por la guarnición de sus 
capitales, la guardia civil y los destacamentos enviados á los 
establecimientos balnearios para que amparasen á los bañistas 
contra cualquier desmán que, con bandera carlista, pudiera 
intentar alguna cuadrilla de bandoleros. 

Kl Gobierno, queriendo dar una prueba de clemencia y le- 
galizar la situación de los mal aconsejados que abandonaron 
sus ho[;ares para seguir á los cabecillas, concedió indulto, en 
los primeros días de Septiembre, á todos aquellos que, habien- 
do pertenecido á las filas carlistas, sin que se les pudiera ira- 
putar más delito que el de rebelión» permanecían ocultos por 
temor á la ley. Publicado el decreto en los BoUtines oficiahs^ 
su resultado fué eficaz é inmediato» llegando á 178 el número 
de los que se acogieron á sus beneficios á los pocos días. Mas^ 
no por esto se descuidaron los reconocimientos generales en 
Toledo y Ciudad Real, á fin de destruir el bandolerismo, he- 
rencia de los pasados acontecimientos. El núcleo mayor de 
malhechores, que era el de Moreno Barragán, aunque se ocul- 
taba en las escabrosidades de los montes de Toledo, próximas 
á Urda y Orgaz, se vio varias veces alcanzado por la guardia 
civil, que en diversos encuentros le hizo algunos muertos y 
heridos y le cogió varios prisioneros, los cuales fueron entr*** 
gados á las autoridades. 

El i3 de Septiembre, no siendo ya necesarios en Ciuda 
Real los destacamentos de Tetuán y de Castillejos que había 



r\ 



AÑOS 1S69 Y 1870 



37 



tomado parte en las últimas operaciones, regresaron á su can- 
tón de AranjueZp 

A consecuencia de la nueva ley de oidcn público, dejaron 
de funcionar los consejos de guerra ordinarios, establecidos en 
Jas provincias donde tuvo lugar el alzamiento, y las sumarias 
empezadas á instruir por los fiscales militares pasaron á los 
tribunales ordinarios, por los cuales fueron condenados á 
muerte j en Noviembre, el exbrigadier Polo y algún otro, sen- 
tencia que el Regente del Reino comutó por la de destierro de 
la Península, 

Algunas partidas de merodeadoreSj continuaron cometien- 
do, durante el mes de Octubre, frecuentes robos y desmanes^ 
y para que las combatieran en unión de la guardia civil, las 
autoridades organizaroni en 10 del indicado mes, una fuerza 
de 50 voluntarios, vecinos de los pueblos de Villarrubia de los 
Ojos, Malagónj Fuente del Fresno y otros inmediatos. Muy 
conocedores del terreno estos paisanos^ contribuyeron á que 
los malhechores evacuaran los montes de Toledo, y desapare- 
cieran del país en poco tiempo, con lo cual terminaron los 
sucesos que originó el levantamiento carlista en 1869, en el 
distrito de Castilla la Nueva. 

A fin deaoOj aparecieron varias partidas republicanas en di- 
versos puntos de la Península^ siendo preciso, por lo que se 
refiere á la Capitanía general de que tratamos, que marchara 
una brigada al puerto de Despeñaperros en Sierra Morena, 
á fin de pacificar aquella zona^ y evitar que se propagase al 
distrito la nueva insurrección, á cuya sombra podia retoñar 
la carlista. 



A 



36 



CASTILLA LA NUEVA 



En Febrero de 1870J notóse otra vez en Castilla la Nueva 
la agitación precursora de un nuevo movimiento en sentido 
absolutista, que el Gobierno de la Nación trató de atajar con 
rapidez y energía- Los pequeños motines que hubo en Torre- 
laguna, Sigüenza y algunos puntos de las provincias de Toledo 
y Ciudad Real, obligaron á las autoridades militares á destacar 
columnas que recorrieran el país, conforme se había hecho en 
el año anterior; medida cuya conveniencia y utilidad quedó 
bien pronto demostrada; pues en un mes escaso (fines de Fe- 
brero á últimos dSas de Marzo), que operó la guardia civil en 
la provincia de Madrid; una compañía del regimiento de Can- 
tabria con algunos caballos de Pavía^ en la de Toledo; otra de 
aquel mismo cuerpo, en la de Ciudad Real, y dos del i,^' regi- 
miento de ingenieros en los pueblos inmediatos á Sigüen^a, 
quedó robustecida la autoridad de los alcaldes, á merced antes 
de las juntas carlistas, que, organizadas al amparo de la ley, 
se extralimitaban frecuentemente* 

En Segovia, se hacia también activa propaganda, y en el 
mee de Abril, funcionaban algunas juntas, delegadas de la 
central de Santa María de Nieva, que preparaban el nuevo 
levantamiento. Para contrarrestar estos trabajos, salió de la 
capital, á recorrer la provincia, una compañía de cazadores de 
Béjar, que no tardó en devolver Ja calma á los pueblos- 

El descubrimiento en la provincia de Cuenca de una cons- 
piración que abarcaba todo el partido de Mo tilla del Palomar, 
produjo gran alarma en !a opinión, é hizo que se establecieran 
en los pueblos retenes de paisanos armados, dispuestos volun- 
tariamente á cooperar con la guardia civil á la destrucción de 
las partidas, en el momento que se presentaran - 

Favorecidos por la agitación en que estaba el distrito, los 
latrofacciosos se presentaron otra vez en Toledo y Ciud; 
Real, cometiendo frecu«ntes tropelías, para impedir las cualc 
fué preciso que en el mes de Julio la guardia civil se n 



O 



Aííos 1869 V 1870 S9 



uDiera en fracciones de i5 á 20 hombres, y ocupase á Urda, 
Guadalerzas, Yébenes, Ventas con Pena Aguilera, San Pablo 
3* Orgaz, lugares preferidos por los malhechores para sus 
depredaciones. 

Los agitadores carlistas movíanse mucho durante los me- 
ses de Agosto y Septiembre, y propalaban rumores absur- 
dos sobre el alzamiento que había tenido efecto en las pro- 
vincias del Norte, para decidir á sus correligionarios de 
Castilla la Nueva á laniíarse también al campo. En previsión 
de ello, y no disponiendo el Capitán general del distrito de 
fuerza suñciente para establecer destacamentos, por haber 
tenido que enviar tropas á varios puntos de la Península, 
dispuso que las compañías de la guardia civil se concentraran 
en sus respectivas capitalidades, á la vez que pequeñas colum- 
nas volantes del mismo instituto y alguna fuerza del ejército, 
recorrían los pueblos. 

Esta continua vigilancia, y el recuerdo del mal éxito que 
la rebelión tuvo el año anterior en las provincias de Castilla 
la Nueva, influyeron poderosamente en los partidarios de 
D, Carlos, para no exponerse de nuevo á los azares de una 
campaña, en la que contaban por entonces con pocas proba- 
bilidades de triunfoj y para que se decidieran á esperar tiem- 
pos mejores en que poder aprovechar el entusiasmo de loa 
suyos, el cual trataron de sostener siempre latente, por medio 
de continuas predicaciones, 

El Gobierno publicó, en 9 de Agosto, un decreto, conce- 
diendo amnistía á los encausados, penados y desterrados po ^ 
sucesos puramente políticos, que hubiesen acontecido desde 
el 29 de Septiembre de 1868; y en los comienzos de Octubre 
^'^^ año de que tratamos, quedó restablecida la tranquilidad 
I el distrito. 

Por lo expuesto, vemos que la insurrección de i86g y 1870 

Castillft la Nueva careció de importancia. Hasta el titulo 



40 CASTILLA LA NUEVA 



de guerra de partidas sería excesivo para las operaciones á 
que díó origen; pues los 1.000 hombres que á lo sumo hubo 
alzados en armas, huyeron siempre de la persecución de las 
columnas, limitándose á mantener la alarma y el malestar en 
el país, y á vejar los pueblos con peticiones de víveres y 
dinero; pero la rebelión puso de manifiesto que el carlismo 
contaba con valiosos elementos en varias provincias, principal 
mente en las de Toledo y Ciudad Real. 



O 



CAPITULO II 



Sua^iBLo — Año ÍS72.— Temores de uaatúfoos. — Guarnición del distrito, — Principio 
de la iasurrección tn l^& seis provincíaa.—Fuerías desiacailas á las mÍ5mü&-— Par- 
tidas en Guadal ai ara. — Ene uftfitros en Lt Venta de SeUs y en el Escalerón del Valls, 
— Madrozo y Pinchas entran en Gnadalajari procedentes de Aragón.— ^on bali- 
dos por Rodríguez y Cat^li.— Decrece la rebelioD en esto provincia.— Encuentros 
con SJomolinos — presentaciones á indulto. — Hegrc£o de las columnas á sus guarni- 
ciones.— Provincia de Segovia.— Ídem de Madrid— Ídem de Cuenca.— Partidas ta 
Toledo y Ciudad Real.- Columnas de operaciones.- Encuentros con las íjcciones 
dcMulitíi, cumde Alcabón y otra„— Aumenlo algo la insurrección en ambas j>rQ- 
¥Íncía£."Plan de operaciones del Gobernador militar de Toledo,— Encuentro en el 
puerto de Albardfl,— El cura de AVcabón pasa á Ciudad Real,— OcUltanse lp^ü parti- 
das—Nueva conspiración de MarconelL- Do-^i encuentros con Bermúdei y Muh'a — 
Partidas de la ribera del Guadiana.— Trillo en Sierra Morena —Es nombrado psrj 
dirigir las operaeJüne'& el brigadier Sorii Santa Cru^.—Siiuaciqn délas columnas.— 
Excursión de Bermúdez por la orilla derecha del Ta)0-— Partida del titulado general 
AUrconell. — Es batida por Lafuenie*— Decadencia de la insurrección* — AUunjífl Lor* 
tiio á BeríDÚdez en el valle de Ca 1 ancha.— Re gresp a Madrid el brigadier Soria Santa 
Ctúz. — Distribución de tropas,— Prescniaciones á indulto — Termino de U i nsurrec- 
cióa en Toledo y Ctud<d Real— Reaparece la agitación en ©I distrito*- Intentona 
p»ra calvar al cura de Alcabón.— Ibintomas de un nuevo alzamiento en la provincia 
de Guadilaiara. 



A pesar del fracaso de la insurrección de 1869 y 1870, tos 
partidarios de D. Carlos no cejaron en su empeño, y continua- 
ron en el año siguiente sosteniendo el espíritu reaccionario, 
con la propaganda de sus ideas, y organizándose para la nueva 
lucha que proyectaban; trabajos contra los cuales nada podían 
hacerlas autoridades militares ni civiles^ porque ningún hecho 
de los que caen bajo la acción de las leyes llegó á su noticia, li- 
mitándose, por lo tanto, á prevenirse para los sucesos que se 
esperaban. En el mes de Abril de 1872 se presentía ya que 
estaba inmediato el alzamiento en varios puntos de la Penín- 
.j y con la mira de contrarrestarlo en Castilla la Nueva, se 
^rizó en II del mismo mes al Capitán general del distrito, 
^oaquin Bassols^ para reconcentrar la guardia civil y cara- 



42 



CASTILLA LA NUEVA 



bineros en las cabezas de sus líneas, á fin de que vigilasen los 
ferrocarriles y telégrafos^ asegurasen los depósitos de muni- 
Clones que habían sido establecidos^ y estuviesen prontas á 
acudir inmediatamente á los pueblos de sus respectivas demar- 
caciones en que se alterase el orden. 

La guarnición del distrito estaba formada y distribuida, á 
principios del indicado mes, según expresad siguiente cuadro: 



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44 CASTILLA LA NUEVA 



Igualmente que en los años referidos, fueron las provin- 
cias de Toledo y Ciudad Real las que iniciaron el movimiento 
de insurrección. Algunos grupos armados aparecieron en la 
primera el día 15 de Abril por San Pablo y Segurilla; y en las 
inmediaciones de Moral y Valdepeñas, pueblos pertenecientes 
á la segunda, se presentó una partida formada por unos 20 
hombres, quienes, después de haber cortado lasHneas férrea y 
telegráfica entre Manzanares y la última población citada, se 
internaron en los montes de Toledo para incorporarse á otra 
facción de idéntica fuerza que por entonces se presentó en 
Retuerta, y que fué perseguida por una columna de guardia 
civil y un destacamento de las tropas del distrito de Andalucía 
situadas en Despeñaperros. 

En la provincia de Cuenca, la agitación llegó á tomar tal 
incremento y fué sostenida de un modo tan visible por los 
ayuntam: ntos de algunos pueblos y las juntas carlistas, que 
el Goberné í ir civil ordenó la suspensión de aquéllos y la di- 
solución de éí^tas. La capital fué teatro de manifestaciones 
subersivas; y no existiendo fuerza que la guarneciera, se utili- 
zaron para garantir el orden 80 peones camineros, á los que se 
dio armamento, formando con ellos una compañía mandada por 
oficiales del cuadro de reserva Las escasas tropas que había 
en la provincia estaban diseminadas en Cañete, Huete, BeU 
monte, Tarancón, Val verde y Beteta^ todas á la expectativa 
d^ los sucesos anunciados, y algunas cubriendo las avenidas 
de Guadalajara y Madrid, donde ya habían aparecido enemigos. 

En la primera de estas dos provincias, en la que las ideas 
carlistas llegaron á arraigar un tanto y se contaba con el apoyo 
de ias cercanas facciones de Aragón, el 22 de Abril salió al cam- 
po por las inmediaciones de Negredo un grupo medianamente 
armado, que marchó á reunirse con otro más numeroso c 
Hicndelaencina. La efervescencia que en el partido de Sigüení 
produjo e¡ levantamiento en Alhama de Aragón de una part 



^ 



AÑO 1872 45 

da, decidió á varios á tomar las armas^ sin que el entusiasmo 
de loa voluntarios de la libertad y los esfuerzos de las autori- 
dades bastaran á contrarrestar el movimiento. Los jefen de la 
guardia civil de Sacedón y Pastrana comunicaban al Goberna- 
dor militar, con fecha 3o, que iban en busca de 200 facciosos, 
quienes, encaminándose á Beteta, intentaban atravesar el Tajo 
por San Pedro, 

Por tal causa, se adoptaron algunas precauciones en Cuen- 
ca, entre otras el cr.vío de media compañia á Priego, para que 
obrase en combinación con la guardia civil y evitase la entra- 
da de la partida en esta provincia p 

Muchos creían que en la de Segovia estallaría un levanta- 
miento general en el momento que lo apoyara cualquier fac- 
ción de otra zona; pero no hubo más que algunos trastornos 
aislados en diversos lugares, y la salida al campo de individuos 
que, formando grupos de i5 á 20 hombres, se pusieron desde 
luego en actitud hostil, entrando en los pueblos para exigir di- 
ñero, armas y caballos* Uno apareció en Frumales, partido de 
Cuéllar, otro en el Espinar^ y otro en Sepúlveda, y todos tu- 
vieron en continuo jaque á los pueblos y á la guardia civil, 
única fuerza que en esta época se puso en movimiento. 

También en ei monte de Drieves, término de Fuentidue- 
ña, ó sea en e! confín de la provincia de Madrid con la de 
Cuenca, se presentó y fué perseguida por la guardia civil de 
Taran con y Huete, una gruesa partida, organizada por la 
conspiración que existia en Torrejón de Ardoz, descubierta 
y deshecha inmediatamente. 

Por lo expuesto se ve que la sublevación tenía extensas ra- 
mificaciones que abarcaban casi todo el distrito, en el que con- 
*''^^ sin duda con más elementos de los conocidos hasta fin de 

^^ A consecuencia del envío de tropas á Vascongadas f Na- 

(., donde el movimiento carlista habia aparecido impomente, 
ó la capital de la Monarquía con escasas fuerzas, y siendo 



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46 



CASTILLA LA NUEVA 



éstas necesarias para sostener el orden en ella, no se pudieron 
destacar á las provincias todas las que hubieran sido precisas, 
para ahogar fácilmente la rebelión en su nacimiento* Sin em- 
bargo, á principios de Mayo se situaron en diversos puntos de 
la de Ciudad Real cuatro compañías de cazadores de Barcelo* 
na y el regimiento de caballería de Santiago; á la de Toledo 
fué un escuadrón de Talayera y una compañía de Barcelona; 
de Madrid marcharon á Segovia dos compañías de cazadores 
de Ciudad Rodrigo; en Guadalajara se relevó al batallón de 
ingenieros por tres compañías del regimiento de Asturias, 
recién llegado al distrito, y un escuadrón de Talavera; y, 
finalmente, la guarnición de Cuenca se reforzó con una com- 
pañía de cazadores de Béjar. 

Al referir los sucesos que acontecieron en los siguientes 
meses, es conveniente narrar los de cada provincia aislada- 
mente, menos los de Toledo y Ciudad Real; pues en las res- 
tantes hubo partidas de más 6 menos importancia, que se mo* 
vieron con independencia las unas de las otras, como fueron 
independientes también las operaciones ordenadas por los res- 
pectivos Gobernadores militares. 



En Guadalajara, provincia próxima al territorio de Aragón, 

donde ya pululaban numerosas facciones, aumentaron á prin- 
cipios de Mayo los alzados en armas, formándose nuevas par- 
tidas, de cuya composición daban noticias más 6 menos exactas 
tas autoridades locales de los pueblos. El cabecilla Palacios, 
con 25o hombres, por Huerta Pelayo y Huerta Hernando; 
Fernández Somolinos, por Alcolea del Pinar, con iio; el cura 
de Villaviciosa, con 8o en Luzaga, más otras fracciones 
menos importancia, total unos 500 hombres^ recorrían el t 
fin con Cuenca, sembrando la desconfianza y alarma en 



r\ 



ASro 1872 



47 



país* Contra ellos operaron, desde el primer momento, tres 
pequeñas columnas de guardia civil^y después^ las tres com- 
pañías del regimiento de Asturias y parte del escuadrón de 
Talavera; fuerza que salió de la capital, y que, según ins- 
trucciones del Capitán general, se distribuyó en dos columnas; 
Tina mandada por el teniente coronel Cátala, que por Sigüenza 
emprendió ¡a marcha hacia Molina; y la otra á las órdenes del 
comandante Montant, que marchó á Cifuentes. De la pro- 
vincia de Teruel avanzó por el camino de Griegos el cabecilla 
Madrazo, y apareció en Checa el 4 de Mayo; pero tuvo que 
volver sobre sus pasos, obligado por las tropas de Molina. 

La insurrección contaba con algún apoyo en la comarca, 
estrellándose en él la actividad y el buen deseo de los jefes de 
columna, que recibían noticias erróneas respecto á la marcha 
de las facciones, cuya verdadera situación era la siguiente el 
día 7: las de Palacios y Madrazo en Campillo de Dueñas; la 
de Somolinos que volvió de la provincia de Soria, donde se 
habla internado, en Condemios; y la de Arteaga, compuesta de 
unos 50 hombres, hacia Cantalojas, En dicho día el teniente 
coronel Cátala estaba en marcha para batir á los dos prime- 
ros cabecillas, en combinación con los capitanes de la guardia 
civil Plaochuelo y Rodríguez; el capitán de Asturias, Blanco, 
con su compañía, tras Somolinos; y en pos de Arteaga iba en 
dirección á Hiendetaencina el capitán de Talavera, Senén, con 
cuarenta infantes y diez caballos. 

Esta disposición de tropas dio bien pronto el resultado que 
se deseaba; pues la columna Cátala, compuesta de 60 solda- 
dos de infantería y 25 de caballería, al salir de Maranchón 
por la carretera de Molina, tuvo noticia, en la venta de Sel as, 
de que cerca de allí, en los pinares de Casares y Ranlles, se 
liaba el cabecilla Palacios con 25o hombres, y marchó á su 
:uentro, adelantándose con su sección de caballería, en cuan* 
divisó las huellas déla facción. Al cabo de una hora de 



48 CASTILLA LA NUEVA 



marcha^ avistó al enemigo, y aproximándose á él hasta cien 
pasos sin ser advertido, la sección le hizo fuego, que fué con- 
testado por los carlistaSi quienes se desbandaron con la ma- 
yor confusión y desorden al cargarlos la caballería y al ver á 
i a infantería, que llegó oportunamente. 

En poder de las tropas quedaron 30 fusiles, muchas muni- 
cioneSj bagajes y varios efectos. Las pérdidas de los carlistas 
fueron doce muertos encontrados en el campo de la acción, 
bastantes heridos y dos prisioneros; y las de I s liberales, un 
oficial gravemente herido y dos soldados contusos. Cátala, 
desplegando su gente en guerrilla, continuó el seguimiento 
por los mencionados pinares hasta el pueblo de Cobeta. 

El grupo más numeroso de los dispersos se había dirigido 
á Ablanque para ir después á pasar el Tajo; pero el coman- 
dante Montant le cortó la retirada, porque habiéndolo sabido 
en Buenafuente, salió á su encuentro con su columna, formada 
de una compañía de Asturias, una sección de caballería de 
Talavera y alguna guardia civil, avistándole en el Escalerón 
del Valls, término de Ablanqucj donde lo cargó y puso en 
completa dispersión, ocasionándole dos muertos, varios heri- 
dos y cogiéndole abundante bolín. 

La consecuencia inmediata de estos dos hechos de armas 
fué que el desaliento cundió rápidamente entre los facciosos, 
hasta tal punto, que el Gobernador militar de la provincia 
manifestaba el día 10 al Capitán general, que todas las parti- 
das se hallaban fraccionadas, y que había ordenado, por tal 
causa, que se dividieran las columnas para recorrer el país y 
aprehender dispersos; disposición que dejó en suspenso el ge- 
neral Bassols, por el temor de que sorprendiera á los desta- 
camentos alguna nueva facción ó las anteriores reunidas, cu* 
yos individuos estaban ocultos la mayor parte en las fragosi- 
dades de las sierras, esperando para reaparecer á que pasa- 
se la impresión de la derrota de Palacios, 



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AÑO 1872 49 

Las noticias que recibían de Aragón las autoridades de 
Castitla la Nueva, seguían indicando la probabilidad de que 
las partidas de aquel distrito, al verse perseguidas activa- 
mente, hicieran alguna correría por Guadalajara; y así suce- 
dió, en efecto, pues el iz de Mayo se presentaron reunidas en 
Alustante las de Madrazo y Pinchas, en las que iban algunos 
individuos procedentes de la acaudillada por Gamundi, que 
había sido dispersada en Teruel, En aquella dirección salió 
de Molina la columna Cátala; de Cifuentes el comandante 
Montant con su compañía, y de El Pobo el teniente Rodríguez 
con 50 guardias, quien al poco rato de haber emprendido la 
marcha avistó á los carlistas, los cuales envalentonados por la 
superioridad numérica con que contaban, se aprestaron á la 
ofensiva; pero se les anticipó Rodríguez, que cargando resuel* 
tamente con toda su tropa, los arrolló dando muerte alcabe* 
cilla Asensio y á otro faccioso, y haciéndoles varios heridos. 
El grupo más numeroso, de unos 100 hombres, huyó por 
el camino de Hombrados, perseguido por Rodríguez, to- 
mando después la dirección de la provincia de Zaragoza, ha- 
cia Torralva, donde otra vez fué alcanzado por Cátala, el cual, 
al frente de 34 caballos, logró su completa dispersión y le causó 
varios muertos, heridos y prisioneros* Con estos dos encuen- 
tros consecutivos, la facción quedó disuelta y diseminada su 
gente, huyendo el cabecilla Madrazo á refugiarse en la sierra 
de Pardón, y Pinchas, con ocho caballos, á pasar el río Celta. 
Algunos grupos dirigidos por los cabecillas Madrazo, Pa- 
lacios, Montañés, Pinchas, Somolinos y algún otro, volvieron 
á recorrer los pueblos, pasando y repasando el límite de Te- 
ruel, con el deseo de fomentar la insurrección; pero ninguno 
consiguió su objeto, gracias á la actividad de las columnas 

ra acudir á los puntos en que la necesidad del momento re- 

imaba su presencia, 
£1 indulto concedido por el Gobierno de ta Nación^ en me* 

Tono XIT i| 



50 CASTILLA LA NUEVA 



diados de Mayo, á los que voluntariamenle depusieran las 
armas, y las continuas batidas que sufrían los carlistas, hicie- 
ron que muchos abandonaran la vida de aventuras y se resti- 
tuyesen á sus hogares, acogiéndose á los beneficios de aquella 
gracia, hasta el extremo de que los 5oo 6 6üo hombres con que 
contaba al principio la insurrección, quedaban reducidos el 20 
de dicho mes á un centenar escasamente, diseminados, ó for- 
mando reducidos grupos que, muy desmoralizados, huían rápi- 
damente de la guardia civil. 

Una pequeña columna, compuesta de infantería del regi- 
miento de Asturias y un corto destacamento de caballería de 
Talayera, alcanzó y batió en el monte de Trillo, el día 20 de 
Mayo, á la partida Somolinos, que con los dispersos recogidos 
ascendía á 40 hombres, cogiéndole algunos prisioneros y per- 
siguiéndola hasta que pasó á la provincia de Cuenca, en la que, 
á pesar de haber tenido algún aumento de fuerza^ fué derrota- 
da por las tropas. 

Varios cabecillas de los que vagaban solos, por haber sido 
abandonados de su gente, cayeron entonces prisioneros en po- 
der de las columnas de guardia civil, y alguno que se resistió^ 
pagó cara su tenacidad, como el alcalde de Morillejo, que fué 
muerto, y el titulado alférez D. Pedro Villalain, que fué heri- 
do en el barranco de la Sayona, 

Aunque la insurrección estaba tan en decadencia, aun había 
quien tomaba las armas en defensa de la causa carlista. Así lo 
hizo el 26 Cipriano Hernández, que levantó una partida en 
Alcalá, y pasando con ella el Henares, por la barca de los San- 
tos, se internó por Pozo en Guadalajara, teniendo á los tres 
días en el barranco de Valdosancho, término de Armuña, un 
encuentro con la guardia civil, en el cual, después de una hora 
de fuego, que causó algunas bajas en ambas partes, se capturf 
á toda la partida, compuesta de 18 hombres perfectamente 
armados y equipados. 



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AÑO 1872 5 1 

En el mes de Junio las columnas de operaciones siguieron 
ocupando militarmente la provincia^ en expectativa de los su- 
cesos que pudieran acontecer, y á la vez, para dar confianza al 
país y calmar la excitación que el levantamiento había produ- 
cido. A Cátala en Molina, á Montant en Cifuentes y á los de- 
más comandantes de columna en otros puntos, siguieron pre- 
sentándose carlistas durante algún tiempo. 

La provincia de Guadalajara no volvió á ser teatro de co- 
rrerías de los carlistas en el resto del año 1872, permitiendo 
ya este estado de tranquilidad que á principios de Agosto se 
concentrasen en la capital las tropas que estuvieron en opera- 
ciones, y que la guardia civil, volviendo á sus puestos habitua- 
les, se dedicase á su peculiar servicio. 



En varios sitios de la provincia de Segovia se notaba, al 
comenzar el año, cierta efervescencia, particularmente en las 
inmediaciones de Sepúlveda y Riaza; y hasta hubo individuos 
que pretendieron levantar partidas, siendo capturados por la 
guardia civil sin conseguir su objeto^ El movimiento de im- 
portancia estaba preparado para los primeros días del mes de 
Mayo; pero lo hicieron abortar las medidas adoptadas por el 
brigadier Prat, gobernador militar, merced á las cuales, fué 
disuelto en breve por la tropa algún pequeño núcleo que llegó 
á salir al campo, y se impidió la entrada de los que existían 
en las provincias vecinas. 

Este fracaso no impidió que los trabajos revolucionarios 

continuasen. El día z de Junio debían reunirse 18 individuos 

en el monte de Maluque; y habiéndolo sabido oportunamente 

capitán que mandaba la compañía de cazadores de Béjar, 

^onoció el citado monte, donde encontró ocultas armas en 

mero bastante para la futura facción^ cuyos alistados fueron 



SZ CASTILLA LA NUEVA 



presos y entregados á la autoridad judicial de Ria^a, Por con- 
secuencia de estas aprehensiones, del indulto concedido por el 
Gobierno y de las noticias que circulaban de los otros teatros 
de operaciones, donde los carlistas habían alcanzado tan poca 
ventura, se fué calmando la agitación que se notaba en los pue- 
blos, y no llegó á perturbarse más el orden público. 



m-m 



En la provincia de Madrid todavía fué de menor impor* 
tancia que en Ja de Segovia el movimiento carlista de 1872 > y 
así era de esperar, pues contaba con suficientes tropas para 
sofocar cualquier intentona. Sin embargo, al mismo tiempo 
que aparecieron enemigos en otras comarcas del distrito, se 
presentó una partida reclutada en la corte, mandada por el ti- 
tulado general D. Ángel Moreno, que fué batida y disuelta al 
día siguiente de lanzarse al campo, por la fuerza de guardia 
civil reconcentrada en Colmenar Viejo. En las cercanías de 
Pozuelo, otros mal aconsejados, quisieron el día 8 de Mayo 
probar fortuna, obteniendo el mismo éxito; puesto que, seguidos 
por la guardia civil de Navalcarnero, se desbandaron en breve 
y se presentaron á los alcaldes de los pueblos inmediatos. 

Diversas columnas, formadas con escasa fuerza de dicho 
instituto, recorrieron el territorio, sin enemigo á quien com- 
batir. Los habitantes de la provincia eran refractarios á la 
guerra civil, y fueron inútiles los esfuerzos de la junta carlis- 
ta para conseguir el levantamiento. En el mes de Septiembre, 
cuando los trastornos habían termindo por completo, la guar- 
dia civil dejó de estar concentrada en las capitalidades de com- 
pañía, y se diseminó en los puestos de su residencia. 



••♦ 



n 



AÑO 1872 53 

Más próxima la provincia de Cuenca, que las anteriores, al 
teatro de operaciones de Valencia, donde las partidas carlistas 
hablan aumentado bastante, los temores de alteración de or- 
den público fueron en ella mucho mayores* Además, las ver- 
siones que circulaban de haber recibido fondos los agitadores, 
los trastornos ocurridos en los pueblos de la raya de Albacete, 
las predicaciones en favor de la causa y las opiniones abso" 
lutistas de muchos de sus habitantes- todo contribuía á hacer 
esperar un alzamiento, y esto obligó á las autoridades á redo- 
blar la vigilancia y á circular órdenes para que las columnas 
de guardia civil y de cazadores de Béjar estuvieran prontas á 
acudir con rapidez hacia las zonas donde se perturbara la tran- 
quilidad. 

En la primera quincena de Mayo, varios grupos de sedicio- 
sos iniciaron abiertamente la rebelión: Valdeganga, Tragacete 
y Pedroñeras fueron los pueblos donde hicieron sus primeras 
armas, capitaneados por jefes de escasa significación* Perse- 
guidos activamente, sólo pudieron sostenerse algunos días, á 
pesar de contar con apoyo en el país^ y se vieron precisados á 
evacuar la provincia por el límite con Teruel, reuniéndose 
después en Javaloyas con el cabecilla D- Antonio Cojo, que 
recorría el partido de Albarracín. 

Las tropas estacionadas en Cañete, Priego y Beteta, con 
el objeto de cubrir las avenidas de Guadalajara, tuvieron que 
abandonar sus cantones al emprender la persecusión de los 
grupos que aparecieron en la provincia, y por esta causa, la 
partida SomoHnos al pasar á Cuenca, huyendo de sus perse- 
guidores de Guadalajara, encontró expedito el paso. No dura- 
ron mucho tiempo las correrías de esta facción, que llegó á 
'-'"unir 60 hombres. Alcanzada en Poyatos por una columna 
í guardia civil y cazadores de Béjar, á las órdenes del ca- 
ían Villalonga, fué batida, sufriendo algunas higas. Varios 
^dividuos de ella se presentaron á indulto en Frontera, y el 



f^ 



54 CASTILLA LA NUEVA 



resto pasó á Teruel y se entregó en Griegos con armas y 
caballos» El 26 participaba la autoridad militar de la provin- 
cia al general Bassols, que extinguidas por completo las par- 
tidas, la guardia civil volvía á sus puestos y una compañía de 
Béjar á la capital, continuando la demás fuerza del ejército 
ocupándolas proximidades de Huete y Tarancón, para vígi* 
lar las entradas de las provincias linnítrofes, donde todavía 
existían partidas arenadas. 



*% 



Las de Toledo y Ciudad Real no permanecieron indifercn^ 
tes al levantamiento carlista. En el año 1869 fueron las prime- 
ras en iniciarle^ y también dieron su contingente á D, Carlos 
en 1872, La narración de los sucesos de estas dos provincias, 
tendrá que hacerse á Ja par, porque los movimientos de las fac- 
ciones de una y otra y los de las columnas que las perseguían 
estuvieron íntimamente ligados, hasta el punto que, según ve- 
remos más adelantci las tropas de ambas dependieron, duran- 
te algún tiempo, de un solo General nombrado para dirigirlos. 

En los primeros días de Mayo se lan^ó al campo^ en el par- 
tido de Navahermosa, cerca d« Noez, el cabecilla Félix Alonso, 
conocido también con el sobrenombre de Mulita, al frente de 
corto numero de hombres. De Pulgar, de Castañar de Ibor, de 
Polan, de Escalonilla, de San Martín de Pusa, recibía noticias 
el Gobernador militar de Toledo de la aparición de partidas, 
que sí se atrevieron á vejar los pueblos, fué por el desamparo 
en que quedaron al reconcentrarse la guardia civil; bastando 
un ligero obstáculo para hacerlas desistir de sus propósitos, 
como sucedió en Escalonilla, donde algunos voluntarios se 
aprestaron á la defensa y con solo una descarga dispersaron 
á 3o insurgentes que se proponían entrar en el pueblo. 

Los destacamentos de la guardia civil de Ventas con Peña 



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AÑO 1873 55 

Aguilera^ de San Pablo y otro de unos 20 guardias que salió 
de !a capital de la provincia, fueron los primeros que acudie- 
ron á perseguir á la facción de Mulita, teniendo un encuentro 
el día 6, en el término de Villarejo de Montalbán, del que 
resultó el fraccionamiento del enemigo y su huida á guare- 
cerse en las fragosidades de la sierra inmediata al pueblo. 

Notóse también en Ciudad Real, por aquellos días, que la 
propaganda pacífica sei ba trocando en armada. Cerca de Villa- 
nueva de los Infantes se presentaron 20 ó 30 hombres monta- 
dos, que luego se corrieron al confín de Extremadura, los cua- 
les iban animando á los indecisos é invitando á todos los pai- 
sanos á que les siguieran, apoyando sus exhortaciones con las 
exageradas noticias que daban del estado de toda la Petiín - 
sula, y con la seguridad del triunfo. Para batirlos salió de 
Valdepeñas una columna de guardia civil de 50 infantes y 
3o caballos, á las órdenes del comandante Penal osa^ quien los 
encontró el día 4 en la casa del Be cerril, situada en una estri- 
bación del cerro de Cabera de Buey, cogiendo prisioneros á 
die^, haciendo que se desbandaran los restantes, y apoderán- 
dose de varias armas y municiones. 

Los alcaldes de Santa Cruz de Múdela, de Castellar de San- 
tiago y de Fernán caballero, notificaban que salían al campo 
nuevas partidas, alguna constituida con 100 individuos; y 
aunque la mayor parte de ellas no tenían organización ni ar- 
mamento, y no podían hacer recia oposición, bastaba su exis- 
tencia para que la alarma cundiese y la desconfianza se propa- 
gase por los pueblos^ abrumados por sus exigencias de todo 
género* Por consecuencia de tal estado de cosaSj salió de la ca- 

pital el teniente coronel Cortijo con dos compañías de cazadores ¡ 

de Barcelona y un escuadrón del regimiento de Santiago^ y de 

nta Cruz de Múdela una compañía de Béjar de las allí acan. 

ladaSj que estaban formando parte de las fuerzas en observa- ^ 

m de Despeñaperros. Ambas columnas y la del comandante 



56 CASTILLA LA NUEVA 



Peñalosa recorrieron el campo por los puntos que aparecieron 
los sediciosos, siendo infructuosas cuantas pesquisas y movi- 
mientos hicieron para encontrarlos; pues los carlistasi en cuan- 
to se veían amenazados, se diseminaban para volverse á reunir 
en lugar seguro. 

Don Lucio Dueñas, cura de Alcabón, preso y condenado á 
muerte en 1869, á quien le fué conmutada esta pena por la de 
destierro en el mismo año, volvió á la patria acogiéndose á la 
amnistía de 1870, y el 7 de Mayo se lanzó al campo entrando 
en Albarreal de Tajo, seguido de un tal Moya y de 50 hombres, 
armados y montados, desde donde se dirigió á Hormigos, 
siendo perseguido por una columna de 44 guardias civiles 
que salió de Santa Olalla, á las órdenes del capitán García, 
y por otra del mismo instituto que, procedente de San Pablo, 
estaba en persecución de Mulita, 

A fin de dar unidad á los movimientos de las tropas, se 
nombró al teniente coronel Pastor para que se encargara de la 
dirección de las columnas. La actividad que desplegó dicho 
jefe de la Guardia Civil impidió continuar recorriendo Jos pue- 
blos de la orilla derecha del Tajo al cura de Alcabón, que pasó 
á la margen izquierda por el puente de la Puebla de Montal- 
ván. Siguióle Pastor con el alférez Delchos y 17 guardias de 
caballería tínicamente, por San Martín de Montalbán, los case- 
ríos de Valdemarías, Villarejo y San Martin de Pusa^ adonde 
llegó el dia 12. Allí recibió confidencias ciertas de los proyec 
tos del cabecilla, y partiendo en el mismo día por San Bartolo- 
mé de las Abiertas, avistó á la facción en la orilla i^iquierda del 
río Sangrera^ la desalojó á viva fuerza de la posición en que 
esperaba y de otra que tomó después á retaguardia, y la persi- 
guió durante algún tiempo^ causándole tres muertos y dos he- 
ridos, y cogiéndole ocho prisioneros, 14 caballos y otras tan- 
tas armas, sin que la tropa sufriese el menor accidente, á pesar 
del nutrido fuego á que se vio expuesta durante algún rato. 



I 

I 




aSo 1872 5? 

Uno de los muertos era un cabecilla que acompañaba al cura 
Dueñas, 

La decidida protección que las autoridades locales de varios 
pueblos, especialmente de los situados en la orilla izquierda 
del Alberche, daban á los carlistas, y la resistencia que opo- 
nían á suministrar noticias á las tropas, así como á obedecer 
las órdenes que recibían, dificultaban el pronto exterminio de 
las partidas, llegando á tal extremo en los alcaldes el descono- 
cimiento de sus deberes, que fué preciso que se les circularan 
disposiciones enérgicas conminándoleSj bajo severas penas, al 
cumplimiento de sus obligaciones* 

Era evidente que la insurrección prosperaba por entonces 
en la provincia de Toledo. El día 13 del expresado mes apareció 
por la sierra del Castañar un núcleo de cerca de 100 hombres, 
formado por las partidas de Mulita, el Sastre y algún otro, y ca- 
pitaneadas todas por D. Francisco Bermúdez, carlista de presti- 
gio y autoridad en el país» Por las inmediaciones de Tembleque 
vagaban dos grupos de 60 hombres cada uno, acaudillados por 
Moya, que^se había separado del cura de Alcabón, antes de que 
fuese batido en la orilla de Sangrera, Y este cabecilla, sin em- 
bargo del desastre sufrido, continuaba haciendo prosélitos por la 
ribera del Tajo. Las noticias que recibían las autoridades de 
que nuevos alistados engrosarían en breve las partidas que 
existían, lo casi infructuosas que durante i5 días habían sido 
las batidas de las columnas de guardia civil, y el deseo de ter- 
minar cuanto antes esta situación, que amenazaba prolongar- 
se, fué causa de que se aumentaran las tropas en operaciones, 
llegando á Toledo el día i5 un escuadrón de Talayera, á las 
órdenes del coronel del regimiento, y tres compañías del de 
^--^urias, cuerpo que había ido á la corte procedente de Ba- 
¡02. 

En Ciudad Real el movimiento seguía también aumentan- 
., Recorriendo algunos pueblos cercanos í la capital andaba 



58 CASTILLA LA NUEVA 



el cabecilla Vázquez con una partida^ contra la cual salió un 
capitán del regimiento lanceros de Santiago con 30 infantes 
y 25 caballos; por la sierra de AJhambra y las inniedisciones 
de Villahermosa é Infantes vagaban 20 insurrectos, hostiliza- 
dos por la columna Peñalosa que les empujaba hacia Despeña- 
perros j donde se encontrarían con la guardia civil; y hacia 
Alcoba había unos 30 carlistas^ huyendo de un escuadrón de 
Santiago que había salido á sus alcances. Las facciones se se- 
paraban ó reunían, según la inminencia del peligro que les 
amenazaba, y esto hacía infructuosas las batidas. Sin embar- 
go, un pequeño grupo mandado por Gregorio Gómez (a) el 
Negrot fué alcanzado, el 10 de Mayo, en la alameda de Fuenti- 
Uejo y hecho prisionero el cabecilla con algún otro. El coronel 
Teruel con una compañía de Béjar alcanzó también el día 14 
en sierra Prieta á otra facción organizada por el cura Quinta- 
nilla, copándola casi enteramente; pues entregó en Valdepeñas 
19 prisioneros^ hechos durante el combate, del que solo resultó 
un muerto. 

Aprovechando los refuerzos que dijimos habían llegado á 
Toledo, el brigadier gobernador militar D» Antonio Fp Mora- 
les se propuso pacificar su provincia, A continuación copiamos 
el oficio de fecha 15 en que dio conocimiento al Ministro de 
la Guerra del plan que había formado y de las disposiciones 
que adoptaba: 

■ Para que el éxito de las operaciones militares que en esta 
provincia verifican las distintas columnas del Ejército y guar- 
dia civil contra las facciones acaudilladas por Berinúdez y Mu- 
lita, en los montes, y por Moyay elcurade Alcab6n,en las ribe- 
ras del Tajo, sea tan rápido y eficaz como exige el buen servicio 
y la tranquilidadde 1 país, he dispuesto, en el día de ayer, que '^ 
columna de 300 hombres del regimiento infantería de Asturi 
se dirija hacia los montes por la parte de Menasalvas, simula 
do el movimiento en dirección á Sonseca y Orgaz, para di 



AÑO 1872 59 

orientar al enemigo y lograr así acercarse á Saíi Pablo y Re- 
tuerta» donde deben encontrarse los carlistas, al propio tiempo 
que por Orgaii y la sierra del Castañar cae sobre los mismos 
puntos, según órdenes que he dado, el escuadrón de Talavera 
procedente de Consuegra y una compaiiía de Béjar que desta- 
qué de esta capital, AI comandante de la columna de Asturias 
le he entregado instrucciones, relación de las columnas que 
en dicha ¿ona operan, lista de las personas con quienes puede 
conferenciar y de cuyas noticias debe liarse, y croquis expre- 
sivo de todos aquellos puntos, para facilitar sus operaciones, 
A la vez he circulado órdenes á todos los jefes de columna 
para que arreglen combinadamente sus movimientos con la de 
Asturias, indicándoles el camino que ésta lleva. Hoy ha llega- 
gado á esta capital el coronel del regimiento caballería de Ta- 
layera, con lio cabal los í y mañana saldrá de madrugada con 
50 á situarse y operar en las faldas de los montes ó donde sea 
necesario, y además para tomar el mando de las referidas co- 
lumnas, á las que comunico instrucciones con dicho fin, ha- 
biendo facilitado al indicado jefe otro croquis y análogos datos. 
He telegrafiado al Gobernador militar de Ciudad Real mani- 
festándole haberse dirigido á Retuerta las partidas de que me 
ocupo, y la conveniencia de que destaque hacia allí alguna 
fuerza, para impedir se internen más en aquellos montes, y 
tengo ya contestación de dicha autoridad de haberlo asi dis- 
puesto. Respecto á la facción que recorre las riberas del Tajo, 
mandada por Moya y el cura de Alcabón, dispongo que se en* 
cargue de dirigir las columnas que contra ella operan, el te- 
niente coronel de la guardia civil D. Juan Pastor Martínez, á 
las órdenes del cual irán mañana otros 44 caballos del expre- 
} regimiento de Talavera, al mando de un capitán. Esta 
"Ta debe recorrer la margen derecha del Tajo, mientras 
^ballos procedentes de Ocaña y la guardia civil lo verifi- 
^n la parte opuesta, sin perjuicio de alterarse tal coloca- 



6o 



CASTILLA LA NUEVA 



ción cuando el expresado teniente coronel así lo disponga, por 
considerarlo necesario. También prevengo al coronel jefe de 
operaciones en los montes y al teniente coronel que las dirigi- 
rá en la ribera del Tajo que se comuniquen entre sí con la 
frecuencia posible, para que recíprocamente tengan conoci- 
miento de los movimientos y puedan en casos dados combinar- 
los provechosamente» Dispongo que queden aquí i6 caballos 
de Talayera, porque los considero necesarios para recorrer el 
término, asegurar las comunicaciones con esta capital, acudir 
á la fábrica de armas en caso necesario, y poder salir con ellos 
al punto de la provincia donde mi presencia llegue acaso á ser 
útil. Con este plan, que deseo merezca la superior aprobación 
de V, E.j creo dar á las operaciones la unidad y concierto que 
recomiendan los buenos principios militares y obtener el favo- 
rable resultado que tanto anhelo.» 

Y, en efecto, á consecuencia de estas disposicioneSj el 
coronel del regimiento de Talayera D. Manuel Sánchez La- 
fuente j después de recorrer con 40 caballos varios puntos, sor- 
prendió el día 16 en las inmediaciones del puerto de Albarda, 
al titulado brigadier Bermüdez con su partida de 100 hom- 
bres, de los que 70 iban montados; sostuvo con ella fuego du- 
rante algún tiempo, y dispersó á los carlistas que la formaban, 
los cuales se guarecieron en los montes. En este encuentro fue- 
ron muertos tres facciosos, y heridos y prisioneros varios^ sin 
baja alguna en la tropa. Esta se retiró á Sonseca, donde entregó 
los prisioneros, incorporándosele allí la compañía de Béjar, que 
formaba parte de la columna. La del regimiento de Asturias 
había marchado por Menasalvas al Molinillo, punto en que 
estuvo BermudcT el día 15, 

Las batidas de Pastor por los términos de Robledo, L ^^-^ 
Navalucillos y sus inmediatos, estrecharon á los carlistas i 
cura de Alcabón y de Moya hacia la provincia de Ciudad Re 
entrando al fin en ella por Retuerta, antes de que pudiei 




AÑO 1872 61 

impedirlo dos columnas, á las órdenes del teniente coronel 
Cortijo y del coronel Albornoz, respectivamentCj que pasaron 
el día 16 por Malagón y Alcoba. El cabecilla Dueñas con sus 
adictos apareció el día 19 en el primero de los menciona- 
dos pueblos, donde exigió contribuciones, armas y caballos y 
se le agregaron algunos individuos. Otro grupo de 20 hom- 
bres, disgregado de la partida del cura de Alcabón, que va- 
gaba por la sierra de Cabrahigos, inmediata á Retuerta, fué 
alcanzado en ella por un pequeño destacamento de la co- 
lumna del coronel Albornoz, mandado por el comandante Bo- 
neL Aunque los sediciosos trataron de oponerse con sus fue- 
gos al avance de la tropa» ésta los desbandó, causándoles antes 
algunas bajas y cogiéndoles varios prisioneros y caballos. 

A causa de la activa persecución de las tropas en estos 
días, no se presentaron los carlistas en los territorios de sus 
habituales excursiones, buscando amparo en los montes y sie- 
rras que separan á Ciudad Real de Toledo, y esto hizo creer que 
dejarían su actitud hostil restituyéndose á sus casas. Pero en 
seguida se volvió á alarmar la opinión pública con los anun- 
cios de que existía una nueva conspiración- Las confidencias 
que á las autoridades llegaban, suponían que el titulado general 
Marconell se pondría al frente de otro alzamiento que debía 
estallaren breve plazo, al que responderían 5oo alistados, cu- 
yos centros de reunión eran Talavera, Navahermosa y Puente 
del Arzobispo, poblaciones en las cuales se habían recibido 
fondos para los trabajos de organización. Tales noticias obli- 
garon á los jefes de columna á no alejarse mucho de los fo- 
cos de insurrección señalados^ á fin de poder castigar rápida* 
mente la intentona. 

T.a detención del correo de Navahermosa en la Alcantari- 
le Guajaraz, por una partida de 3o hombres; la entrada en 
a, el 25, de la facción Mulita con sus 100 partidarios; y la 
^ntación de 15 facciosos armados en la dehesa de Sielma, 



62 CASTILLA LA NUEVA 



próxima á Cobisa, indicaban que ía esperanza deapoyoalentaba 
á los carlistas. Quizás contribuía á ello la vuelta á la corte de 
las tres compañías de Asturias, ordenada por real orden de 3 a 
de Mayo, con lo que quedó desguarnecido gran parte del te- 
rritorio de donde las partidas sacaban mayores recursos; des- 
ventaja que se trató de subsanar con la entrada en campaña 
de una compañía de Barcelona, de las dos que había en To- 
ledo, y la marcha á esta capital de otra de cazadores de Béjar. 
Las Guadalerzas era el lugar más seguro para los facciosos^ 
y allí se reunieron las partidas de Bermúdez y Mulita, siendo 
perseguidas por las tropas, que les obligaron á abandonar 
aquel término y á que se corrieran hacia el limite de la pro- 
vincia, donde necesariamente se habían de encontrar con las 
columnas de Ciudad Real. Dichos cabecillas invirtieron varios 
días en marchas y contramarchas por los montes de Toledo 
próximos á Consuegra y Madridejos^ eludiendo el encuentro 
con las tropas. El día 29, aprovechando una coyuntura que 
se les presentó, entraron en Las Labores, donde exigieron 6 
hicieron efectivos algunos fondos, apoderándose también de 
abundantes recursos para su subsistencia. Desde alli se diri- 
gieron á Villarrubia de los Ojos, saliéndoles al encuentro desde 
Malagón los comandantes Bonel y García Conde, que marcha- 
ron separadamente para batir más terreno. El segundo, al 
frente de alguna fuerza de infantería y caballería, avistó, no 
lejos de Villarrubia, á los enemigos, á los que se había unido el 
cura Dueñas, formando un total de i2ohombreSj perfectamente 
armados y montados la mayor parte; y aunque ocupaban una 
excelente posición que defendieron con tenacidad, se la hizo 
abandonar, causándoles algunos heridos. Los carlistas derro- 
tados volvieron á tener otro encuentro, en la noche del mis- 
mo día, con la columna Bonel, al tratar de huir por Malai 
hacia la parte más áspera de los montes de Toledo, £1 re 
tado fué análogo al anterior, aunque con más desgracia i 




AÑO 1872 63 

las fuerzas del ejército, que tuvieron dos heridos, uno de ellos 
el alférez de Barcelona D, Santiago Trillo, El coronel Sán- 
chez Lafuente con su escuadrón de Talavera, y el capitán Ruiz 
con alguna infantería de Béjar, contribuyeron con sus movi- 
mientos, á que se realizasen estos choques. 

Otras partidas^ de las cuales la más numerosa era la de 
Vázquez y Junco, recorrían en fin de Mayo, en Ciudad Real^ 
las riberas del Guadianat hostilizadas por el coronel Albornoz 
con algunos caballos de su regimiento y por el teniente Fer- 
nández con infantería. En esta provincia, nuevos prosélitos, 
muchos con armas y caballos, se lanzaban á la defensa de la 
causa carlista^ haciendo temer que la lucha adquiriera naayo- 
res proporciones* Por tal causa las columnas de la ribera fue- 
ron reforzadas por una compañía de cazadores de Barcelona 
que, á las órdenes de su teniente coronel, salió de la capitaL 
Las dos acometidas que sufrió Bermúdez en el mismo día, 
le hicieron comprender lo insostenible de su situación mien- 
tras estuviera acosado á la vez por los destacamentos de To- 
ledo y Ciudad Real; así, que dividió su gente en dos fracciones, 
yéndose él con la mayor á Extremadura, y quedándose el res- 
to en la provincia de Ciudad Real, De éste, alguno se pre* 
sentó á indulto; otros fueron alcanzados, el día 5 de Junio, por 
el teniente Fernández y varios guardias civiles, que les causa- 
ron un muerto y tes hicieron tres prisioneros, apoderándose de 
caballos, armas y otros pertrechos de guerra; y los demás se 
reunieron en Fontanarejo con la partida de Vázquez y Junco, 
de 80 hombres montados, que eludían entonces la persecución 
de la columna del primer jefe de cazadores de Barcelona, te- 
niente coronel Cortijo. 

Al sur de Ciudad Real, en las inmediaciones de Despeña- 
os, se levantó también una partida, acaudillada por D* Ma- 
Trillo, secretario del ayuntamiento de Vilches, la que, 
'cida en las asperezas de Sierra Morenaj amenazaba á los 



64 CASTILLA LA NUEVA 



1 



pueblos del límite de aquella provincia y la de Jaén; pero la 
activa persecución de una compañía de las estacionadas en 
Viso del Marqués y Almuradiel, dispersó en poco tiempo á los 
insurrectos^ alguno de los cuales se acogió á los beneñcios del 
indulto, quedando reducido el grupo que acompañó al cabeci- 
lla á once individuos, con los que marchó á BrazatortaSi á re- 
unirse también con los de Vázquez y Junco, que andaban entre 
Saceruela y Puebla de Don Rodrigo. 

No dejó de llamar la atención al general Bassols que, des» 
pues de varios días de operaciones, siguieran las partidas ha- 
ciendo correrías, pasando y repasando los límites de Toledo 
y Ciudad Real; y atribuyéndolo^ en primer término, á la falta 
de unidad en los movimientos de las columnas, y á que éstas 
no seguían al enemigo más allá del confín deja provincia 
á que pertenecían, dispuso, con fecha lo de Junio, que el 
brigadier D. Federico Soria Santa Cruz tomase el mando de 
las tropas de Ciudad Real y Toledo, I 

Cuando dicho oñcial general se encargó» el día 12 en 
Ciudad Real, de la dirección de las operaciones^ las columnas 
de esta provincia estaban; la de Cortijo, en la raya de Extre- 
madura al sur del Guadiana; la de Bonel, en Retuerta; la de 
García Conde, en Alcoba; y la del coronel Albornoz, en Mala- 
gón. En Toledo, los destacamentos en que tenia dividida su 
fuerza el coronel Lafoente se hallaban distribuidos en la ribera 
del Tajo, con avanzadas en los montes de Toledo, teniendo 
el centro de ellos en San Martín de Pusa- 

Bermúdez y el cura de Alcabón, que también pasó á Ex- 
tremadura, y otros partidarios, después de una corta correría 
por aquella comarca, donde entraron en varios pueblos, al- 
gunos importantes, como Herrera del Duque y Hetechosa, 
retrocedieron otra vez á los montes de Toledo por el puer 
de San Vicente; y encontrando en el camino á Vázquf 
con su gente, continuaron reunidos todos^ con un total t 



I 



AÑO 1872 SS 

180 hombres montados, y fueron después á Gálve^, lu^ar 
en que cometieron algunos desmanes. El momento les era 
favorable para hacer una excursión por la orilla derecha del 
Tajo; y atravesaron el río por la Puebla de Montalván» con- 
tinuando por los cerros de Fuensalida, donde tuvieron un 
pequeño choque con la guardia civil á las órdenes del teniente 
Peralta, que les hizo varios heridos, entre los que estaba el 
cabecilla Mulita, cogiéndoles también algunos prisioneros. 
Desde allí marcharon á Recas, y con tramar chando por Caba- 
nas y Mocejón» repasaron otra vez el Tajo por el puente de 
Aceca, y entraron de noche en la estación de Algodor, en la 
que detuvieron un tren de viajeros, registrándolo y apoderán- 
dose de lo que les pudo convenir, rompieron los hilos y apara- 
tos telegráficos, y exigieron que el tren estuviera detenido 
hasta el amanecer, para impedir la comunicación con Madrid, 
Toledo y Aranjuez. Esta arriesgada excursión, que consiguie- 
ron realizar los cabecillas, á pesar de ser perseguidos por la co- 
lumna Pastor, motivó la salida de Aran juez para Castillejos 
del comandante militar, con una sección de caballería de Ta- 
lavera y algunos guardias civiles, á fin de proteger la vía 
férrea. I. a facción continuó su marcha inmediatamente por 
Almonacid y Villaminaya hacia Marjaliza, donde se fraccio- 
nó, quedando Briones con ao hombres en las cercanías 
de este pueblo, é internándose el resto en los montes de To* 
ledo con rumbo á la casa del Navajo. 

El brigadier Soria Santa Cruz, apenas recibió en Ciudad 
Real la noticia de esta correría, marchó con una columna á 
Malagónen la tarde del 14 de Junio, con objeto de cortar la 
retirada de Bermúdez y el cura Dueñas, ó alcanzarles en su 
retroceso si cambiaban de dirección. Los cabecillas debieron 

;r confidencias de los movimientos de las columnas; pues 
^cuitaron en las fragosidades de los montes, en los qi3e 
-manecieron sin más contratiempo que sufrir algunas ba- 

Tomo iiv í 



6é CASTILLA LA NUEVA 



jas en las cercanías del puerto de Albarda y del Molinillo _ 
Este movimiento de las partidas reunidas^ tuvo por princi- 
pal objeta apoyar el levantamiento del titulado general Mar- 
conell, jefe de la nueva conspiración carlista. Dicho cabecilla, 
salió de Toledo el día i3, capitaneando unos 3o hombres* al- 
gunos de los cuales eran de bastante significación en el par- 
tido en que militaban; y dirigiéndose con ellos hacia Polán, 
donde se le debían reunir ios comprometidos de Navahermosa, 
Talavera y Puente del Arzobispo, creyó que, distraídas las 
tropas con la expedición de Bermúdez, podría organizar á los 
suyos con la mayor impunidad. Mas no fué asi: el coronel 
Sánchez Lafuente, en uno de sus continuos reconocimientos 
y batidas, supo en Sonseca el día i5 la existencia de esta 
nueva facción y el itinerario que llevaba, y saliendo á su en- 
cuentro por el camino de la casa de la Puebla^ se encontró 
frente á los facciosos, que esperaban en el sitio denominado la 
Garganta, Empezó el fuego una sección de caballería desple* 
gada en tiradores, para dar tiempo á la llegada de una compa- 
ñía de infantería que debía atacar la posición de revés; pero 
los carlistas notaron el movimiento y evacuaron el punto que 
defendían, apelando á la fuga, en la que fueron dispersados, 
dejando en el campo nueve muertos, doce prisioneros, nueve 
caballos, varias armas y otros efectos. La columna tuvo 
cinco bajas. 

Con este descalabro, que ya fué de alguna importancia, y 
los que en otras comarcas sufrieron los enemigos, cundió rá- 
pidamente el desaliento entre ellos, y la insurrección cambió 
algo de aspecto. La proyectada reunión de los 5oo hombres 
que debía acaudillar MarconeJl, no se llevó á efecto; empeza- 
ron las presentaciones á indulto; las columnas hicieron bas- 
tantes prisioneros; y la esperanza de ver pronto terminado 
alzamiento fué, en fin, renaciendo. Sin embargo^ las faccic" 
auníjue en menor escala y con mayor cautela^ continua. 



AÑO 1872 $f 

haciendo sus correrías y molestando de vez en cuando á los 
pueblos. 

El día 17 se presentó una cerca de Almagro, capitaneada 
por el llamado coronel D. José Maria Calero; por Picón y 
pueblos circunvecinos andaban Vázquez y Crisaoto Gómez, 
con 3o partidarios cada uno, esquivando el encuentro con las 
tropas; y por el término de Porcuna vagaba otro grupo de dis- 
persos en análogas circunstancias. De Bermúdez y el cura de 
Aleaban, no se tenían más noticias, el 20 de Junio, que la del 
fraccionamiento de su gente, la cual recorría el valle de San 
Marcos de las Guadalerzas y sierras inmediatas, después de ha- 
ber abandonado los caballos para internarse más fácilmente en 
terreno quebrado, único donde se podían sostener, Marconell, 
con los hombres que pudo reunir después de ser batido por el 
coronel Lafuente, se ocultó con esperanza todavía de reorgani- 
zar la insurrección. 

Así transcurrió hasta el día 27 en el que la columna 
Cortijo alcanzó á Bermúdez, el cual había reunido otra vez 
gente en número de más de 100 hombres, y marchaba por 
la cuenca del Estena, en el confín del distrito, para internarse 
en la provincia de Badajoz, La indicada fuerza de cazadores 
de Barcelona, que llegó á Los Alares poco tiempo después de 
haber evacuado los carlistas este pueblo, sin detenerse en él 
hizo un extenso y detallado reconocimiento por los valles y 
montes inmediatos, y continuó por la dehesa de Valdelarcos 
y rio Estorniza hacia el valle de Calancha, donde la vanguar- 
dia encontró á la partida en actitud de defensa* No titubeó 
esta fracción de la columna en lanzarse, desde luego ^ al ata- 
que de frente, mientras el resto de la infantería avanzaba por 
la izquierda de los carlistas, quienes sosteniendo nutrido fuego, 
varón una ordenada retirada, apoyándose en las ventajo- 
posiciones que 3a naturaleza del suelo les proporcionaba, 
>oco rato llegó ai lugar del suceso, con sus caballos, el co- 



68 CASTILLA LA NUEVA 



mandante Condci que dividiendo su tropa en dos fracciones, 
cargó rápidamente por ambos costados á la vez, protegido por 
los fuegos de los cazadores. Los sediciosos no pudieron resis- 
tir tal empuje, y se pusieron en fuga, dejando en el campo 15 
muertos, varios heridos, 11 caballos, armas y pertrechos de 
guerra. La columna tuvo también algunos heridos y contusos. 
A consecuencia de este combate, en el que, se^^ún se dijo, ha- 
bían sido heridos el cura Dueñas, Briones y Mulita, los carlis- 
tas, diseminados en grupos de i5 á 30 hombres, se internaron 
más en los montes de Toledo. 

Desde entonces se hizo ostensible el decaimiento de los par* 
tidarios de la causa carlista en la Mancha, y el renacimiento 
del bienestar y la tranquilidad, hasta tal punto, que no siendo 
ya necesario la presencia del brigadier Soria Santa Cruz, en- 
tregó el mando de las tropas y regresó á su destino de Ma- 
drid, según se dispuso por real orden dirigida al Capitán ge- 
neral del distrito, D. Joaquín Bassols, en la cual se ordenaba 
también que la dirección de las operaciones en la provincia 
de Ciudad Real quedase á cargo del teniente coronel jefe del 
batallón cazadores de Barcelona, D, Alfonso Cortijo, bajo la 
dependencia del Gobernador militar de la provincia, y que, 
siempre que fuera posible, la fuerza de guardia civil operase 
contra las facciones, formada en columnas á las órdenes de 
sus propios jefes ú oficiales- 

En I \° de Julio, las tropas de ambas provincias estaban dis* 
tribuidas en las columnas que indican los siguientes cuadros: 



^ 



aSo 187a 



69 



Provincia de Ciudad Real 

Gobernador militar: brigadier D. Ruperto Salamero* 



JEFES 



COMPOSICIÓN 



SITUACIÓN 



Coronel Albora 01, de lan-í 
ceros do S^iuti^go. A 

Teniente corond Cortijo^^ 
de i^íuadcires dú Barce-j 
lona ...,....( 

Comandante Bonel, del re-\ 
rtnüsnto lapcerüs de! 
Santiago } 

Gomandaote García Con^i 
de, del batallón canudo-/ 
res de Barcelona ) 

Comandnnt^^ Peíjalosa, del 
la guardia civil f 

Teniente García, de id, . . I 



60 cazadores de Barcelona , ao ] 

guardias civiles y ^S lanceros J 

de Si\ntiago ,f B^*„„f^ 

úo caladores de Barcelona, i8( ^^'"*"'- 

guardias civjlfí y yo lanceros! 

de Santiago, , / 

49 cazadures de Barcelona y 53) Cortijos de Mala- 
lanceros de Santiago . *....( gón . 

6., cazadores de Barcelona y 63( £1 MoUnüb. 
lanceros de Santiago. j 

50 guardias civiles de iníanteríaj Campo de Cala- 
y a^ de caballorían , . . . . . . ..A trava. 

43 gnardías civiles de infantería. J 

I 



Provincia de Toledo 

Gobernador militar: brigadier D, Antonio F. Morales. 



JEFES 



COMPOSlCrÓN 



SÍTÜACIÓN 



CoroDct Sánchez Lafuen 
te, de caballería 
latrava. .....,, 

Teniente coronel de \^\ 



Una compañía de guardia cívü de 



' Sonseca. 



r £ _/ Una compañía aeguaraia civji de 

de Ca^ Madridejos, y otra de oaiadoresi 

'í de Bújar, mis 50 caballos de Ta-Í 

" * * * '\ la vera ..........} 

foiente coronel de U\ .^t^y^, ¿^ Talívem y 18 d«| ^«"1". "» Pf», 

«uürdia civil, D. J uan ' ji., ^¡ ^.¡, ^ Ag«. era y nbe- 

Pastor * ,.,... J * ) ra del Tajú. 



DiseiDinadas las tropas en esta forma, continuaron durante 

algún tiempo dando frecuentes batidas en las zonas inmediatas 

á los puntos que ocupaban, de las que siempre se sacaba algún 

fruto, bien acogiendo presentados ó bien apoderándose de fu- 

/os. En una de ellas fué muerto el cabecilla conocido por 

■billa, y en otra cayó en poder de una columna Briones 

jrino)t que pertenecía á la partida Marconell, Esta facción, 



70 CASTILLA LA NUEVA 



de la que en algunos días no hubo noticias, apareció el 4 en 
Ballesteros todavía con un contingente de 60 hombres^ y al 
siguiente día fué atacada dos veces por la guardia civil, que le 
ocasionó dos muertos y varios heridos, y le hizo algunos pri- 
sioneros. 

Las desavenencias que existían entre los cabecillas; las 
que ocurrieron entre éstos y su gente, que en alguna partida, 
como la de Bermúdez, llegaron hasta el extremo de querer 
matar al jefe sus mismos partidarios; y el poco éxito que en 
ambas provincias habían tenido las gestiones para reorganizar 
fuerzas, aconsejaron á los directores del alzamiento á autori- 
zar y hasta ordenar las presentaciones á indulto; así fué que en 
el mes de Julio pasó de 100 el número de tos que depusieron 
las armas, entre los cuales estaban Nebreda González y Brio- 
nes (tío), quienes aseguraban el 21^ fecha de su presentación, 
que ya no existía facción alguna y que sólo había dispersos 
esperando ocasión propicia para someterse- Esto no era rigu- 
rosamente exacto: todavía Vázquez, Bermüdez, Belver y Ce- 
peda con algunos adeptos, seguían haciendo correrías, y otros 
varios, á la sombra de la bandera carlista, se dedicaban al ro- 
bo y al pillaje. 

A fines de mes, Mulita y el cura de Alcabón, después de 
abandonar á su gente, lograron escapar á Madrid disfrazados, 
siendo el último preso y trasladado á Escalona^ donde se le 
siguió causa. Marconell se ausentó también del teatro de sus 
excursiones seguido de 10 hombres, casi todos de significación 
en el partido, tomando la dirección de Portugal por Extrema- 
dura; pero le alcanzó la guardia civil de Cabeza de Buey en 
Huerta del Rey, con la que se vio precisado á sostener un 
combate, del que resultó muerto uno de los que le acompaña- 
ban > herido otro, continuando su fuga los demás, dos de lur 
cuales cayeron prisioneros en la persecución. 

El levantamiento, que en estas provincias había llegado 



AÑO 1872 71 

á ser de 1.200 hombres, tocaba verdaderamente á su fin en el 
mes de Ag^ostoí los carlistas que quedaban en el campo aban- 
donaban el territorio 6 entregaban las armas; y hasta las pe- 
queñas cuadrillas de bandoleros que vaneaban por los montes 
de Toledo fueron cayendo en poder de la guardia civil; la 
calma y tranquilidad del país volvió á renacer y continuó ga- 
rantida por la ocupación militar de aquellos pueblos que más 
se habían significado por su amor á las ideas carlistas, por 
el contingente que dieron á la insurrección, y por el apoyo 
moral y material que dispensaron á las partidas, 



Hemos llegado en la narración al mes de Septiembre, en 
el que todo el distrito estaba pacificado y la opinión pública 
tranquila y hasta persuadida de que los golpes que la causa 
rebelde había recibido retardarían una nueva intentona. Es- 
tas esperanzas salieron sin embargo fallidas: á principios del 
mes siguiente, un titulado coronel carlista recorría varios 
pueblos del partido de Priego en Cuenca y del de Pastrana en 
Guadalajara, haciendo propaganda para levantar dos parti- 
das que debían mandar los cabecillas Alonso y Arciniaga. Con 
esto, la agitación volvió á renacer en aquellas 2onas y se 
extendió á la de Molina; pero sin ocurrir ningún acto que 
obligara á más determinaciones que á observar una escrupu- 
losa vigilancia, reconcentrando la guardia civil en expectativa 
de los acontecimientos^ y á encarcelar á 12 vecinos de Valde- 
olivas, sobre ¡os que recayeron vehementes sospechas de haber 
instigado al levantamiento y distribuido fondos. Ya más ade- 
lante^ justificó los alarmantes rumores que corrían, el hecho 
ícido en CamporrobleSj pueblo situado en el confín de Va- 
cia con Cuenca, donde se alteró el orden y hubo una refrie- 
entre los carlistas amotinados y la guardia ci\ il y volunta- 



I 



fM CASTILLA LA KUETA 



rios de la libertad, de la que resultaron muertos dos de los 
últimos y bastantes heridos por ambas partes, después de la 
cual se cogieron presos á varios individuos entre ellos al ca- 
becilla de los rebeldes, Juan González, que era uno de los he* 
ridos. 

En 29 de Noviembre se alzaron en armas en una venta 
unos IDO individuos^ con el propósito de ir á Escalona para li- 
bertar al cura de Alcabón, Sabedor el Gobernador militar de 
Toledo de este intento, hizo salir de la capital al capitán Pa- 
res, con una pequeña columna de ínfanteria y caballeriai que 
llegó al pueblo de Naves cuando la partida acababa de salir 
de él por el camino de Maqueda; y adelantándose dicho oficial 
con la fuerza montada, alcanzó á los carlistas 4 la media legua, 
batiéndolos en poco tiempo, causándoles siete muertos, dos de 
ellos cabecillas j cogiéndoles 23 prisioneros, otras tantas ar- 
mas, algunos fondos y un estandarte. El resto de la partida 
huyó á la desbandada y no intentó volver á reunirse. Este 
rápido y ejemplar escarmiento fué de gran efecto en el país; y 
evitó que la rebelión tomara el incremento que se proponían 
darle su promovedores, como lo demuestra la aprehensión lle- 
vada á cabo por la infantería de la columna Pares, al día siguien< 
te del del encuentro, de cuatro carros cargados de armas de 
fuego, municiones y efectos de guerra, material destinado á 
nuevas partidas, para las cuales contaban ya con gente com- 
prometida. En el resto del año 1872 no se volvió á hablar más 
de manejos carlistas en la Mancha. Las tropas de esta comarca 
continuaron en sus cantones, excepto una columna que estuvo 
operando en Despeñaperros en contra de partidas república* 
ñas de Sierra Morena. 

La proximidad de Guada laj ara á Valencia y Aragón, donde 
seguían los carlistas en el campo, volvió á infiuir en el giro d* 
los acontecimientos de la provincia durante el mes de Diciem 
bre. Madrazo, que nuevamente acaudillaba una partida, pasaba 



AÑO 1872 73 

y repasaba el cooñn con Soria y con Zaragoza tantas veces 
como era obligado por la necesidad de sustraerse á ta perse- 
cución de las columnas, entrando en varios pueblos con exi- 
gencias de más 6 menos importancia, que la mayor parte de 
las veces veía satisfechas, como sucedió en Mil marcos en el que 
hizo efectivo un trimestre de contribución. Además en el Cam- 
pillo y algún otro punto se trató de organizar partidas que no 
llegaron á prosperar. Estos síntomas nada tranquilizadores 
hacían temer que cuando cesasen los rigores de la estación 
saldrían al campo nuevas facciones. 



CAPITULO III 



<u «iguimienio.— Facción CirtilJo — Oir«» partidla dt poc» importincii, que ae di- 
suelven en breve*— Agiucíón en et tonfin con Toledo.— Rea paree eti tlguitqs grupos 
de rebelde* —SegQrtJX. — Trastorno»,- Medidas represivas, — Partid* Mochón.— ^Süi 
desmanes. — PeraecLición de este cibccilU^ — Es batido en loa Tilles de Fuentidoeña.^ — 
Cien prisionero & sus partidario» en VilUcisTrn-— Fracasa un proyecto de alzamiento* 
Guadikajara.^Parlidas Madrazo, Floria, Arciniaga y otraa. --Se forman dos colum- 
nas de operac i Oíics.— El grupo deArciniaga $e disuelve y el de Madraro evacúala 
provincian-^Eicursiones de Villalain.^Le bate xina sección de húsares.— San tea y 
Marco de Bello entran en la provincia, abandoaiadoU al poco Tiempo,— Cuei ica.— 
Te mores .--Ficción Castillo.^Proclama de éste.— Sus movimientos* persecución y 
batida,— Los con Lines con Guadalaiara y Valencia esUn constan temen le amenaza* 
dos*— San t£s y Cucala invaden Id provincia. --Eipedi:íón del primero.— Su entrada 
en la capital de Cuenca.— Acta de la capitulación.— Parte que dio Santas de su co- 
rrería— bale de Madrid en socorro de aquella ciudad La brigada Lópeí Pinto — Par- 
tida Aínar.*^Segunda escursíóa de Santés*— La columna Molió marcha contra eate. 
—EL cabecilla elude el combate y se guarece en Ch el va.- Regresa MoUó á Albace- 
te-Toledo y Ciudad Real.^Pequeñas partidas. — Encuentros.— Alocucióo de Cas- 
tells.'-Operac iones y hechos de armas— Facción Parrondo.— Brigada Soria Santa 
Cruz — EDCuentrod del capitán Melc)uÍ2Q con el cabecilla Merendón , y del te- 
niente coronel Jiménez con Feo de Cari ño.-- Dispersión de las partidas. — Soria 
Santa Cruí regresa á Madrid ►— Nuevo aljíam rento en mediado» de Junio,- Cho- 
ques con el cabecilla Mcrendón.^Merj^eli» organiza otra facción.— Se refuerí4 
la guarnición de la provincia de Ciudad Real.— Partidas que esistfan.- Movi- 
mientos y encuentroa.—EjcpcdJcióo deCabtells I Aran]uez.-^Es batido por Rodríguez 
Maogas.^Los carlistas de Toledo pasan á Ciudad Real.— Combate de Majada Alia* — 
Bando de Merendcn. — KL teniente coronel Jiménez vence á este partidario -Saba- 
riei^os y Contreras recorren c' campo para hacer prosélitos,- Éicursión de MerenJón 
A la provincia de Córdoba. — Operaciones de la columna Bernabeu— Acción da 
Torreca ropo.— Feo de Cariño ataca á Almadén.— Encuentro de La Atalaya.— Se or- 
ganizan guerrillas de voluntarios para protegerá los pueblos,— Sabariegoi forma una 
numerosa partida y marchas Cáceres huyendo de las columnas. — Muerte de Saba- 
riegos en Retamosa*- Infante le auatituye^— VueLve la facción á Toledo y Ciudad 
Real, y es sucesivamente batida por Pastor y Villas Cutiérrez.^Unas panidas ae di- 
acMLuan y otras se unen á Aznar^ que marcha en busca de Santés. 

A principios de este año, la abdicación* de D. Amadeo, la 
jamación de la república^ la insurrección cantonal y al- 
tos otros acontecimientos políticos de menos importancia, 
'on aprovechados por los partidarios de D. Carlos para dar 
amento á la guerra, donde la habia, y promoverla nueva- 



yÓ CASTILLA LA NUEVA 



mente donde se había extinguido. Siguieron en Castilla la 
Nueva los trabajos carlistas de fin del año enterior, y no trans- 
currió mucho tiempo sin que se extendieran por todo el dis- 
trito, 

AI continuar la historia de la campaña en la comarca de que 
tratamos, narraremos separadamente los sucesos acaecidos 
en cada provincia, reuniendo, sin embargo, las de Toledo y 
Ciudad Real, porque estando el límite de ellas en los montes 
de Toledo, y siendo éstos el territorio en que los facciosos de 
ambas efectuaron la mayor parte de sus correrlas^ existe entre 
las dos una conexión que no hay entre las otras. 



El día 6 de Febrero se vio en la provincia de Madrid el 
primer chispaiio de la rebelión de este año, presentándose en 
el olivar de !a Hinojosa, término de Barajas^ una partida de 
1 3 hombres, rué saqueó el caserío allí situado y se apoderó de 
cuantas armas y víveres había- Inmediatamente que se tuvo 
conocimiento de este hecho, salió de Torrejón de Ardoz un 
capitán de la guardia civil con una pequeña columna de su 
cuerpo que, reunida en Barajas con las que partieron de San 
Fernando y Akovendas, recorrió las cercanías de estos pueblos 
y del de Paracuellos, asi como los caseríos de las orillas del 
Jarama, adquiriendo el convencimiento de que los facciosos se- 
guían el camino de la capital, donde, sin duda, se diseminaron, 
pues no volvieron á reaparecer en aquellos contornos. 

Algunas gestiones hicieron entonces los agentes carlistas 
para atraer á su causa á individuos del Ejército, sin alcan- 
zar el fin que se proponían más que en muy pequeña escala, 
porque con todos sus esfuerzos y promesas, sólo consiguieron la 
deserción de algunos cabos y soldados de diversos cuerpos, e' 
grupo más numeroso de los cuales, compuesto de diez hombreí 
del regimiento de Calatrava, de guarnición en Alcajá de He- 



AÑO 1873 



1t 



naresj se internó rápidamente en los montes de Toledo para 
sustraerse á la acción de una fuerza de 25 caballos, del mismo 
cuerpo, que salió en su seguimiento. 

En lo restante del mes, la alarma cundió con rapidez en la 
provincia, por los frecuentes anuncios de inmediatos trastor- 
nos. E[ más digno de mención de los que sobrevinieronj fué el 
que motivó la partida de 30 horabreSj capitaneada por Ribera^ 
la cual, presentándose el día 26 en Villanueva del Pardillo, 
recorrió después la vi a férrea por Las Rozas y Eí Escorial, 
donde destruyó el material móvil de Ja compañía y los apara- 
tos telegráficos, internándose por Zarzalejo en la provincia de 
Avila. Alguna fuerza de guardia civil de la capital se puso 
en movimiento, el i /" de Marzo, en persecución de esta parti- 
da, logrando, después de varios días de reconocimientos ^ al- 
canzarla en Peguen nos (Avila), batirla y dispersarla, apode- 
rándose de algunas armas y cogiendo dos prisioneros. Los res- 
tos de la facción se refugiaron en los pinares Blancos, de la 
provincia de Segovia^ y no volvieron ala de Madrid» 

Por aquellos días tuvo confidencias el Gobernador civil de 
que debía organizarse entonces una facción, que era esperada 
en Arganda; y, á ñn de impedir que entrase en esta población, 
salió de Madrid un pequeño destacamento de guardia civil, que, 
ya cerca de ella, capturó á siete hombres armados que se diri- 
gían al indicado punto. Allí pernoctaron el día 2 los i a guar- 
dias que constituían la columna, sabiendo al día siguiente, que 
la partida, con fuerza de 200 hombres, se hallaba en las cer- 
canías. Estaba ésta compuesta de paisanos y algunos soldados 
desertores, y era mandada por D* Isidoro Castillo, quien los 
reunió, la misma noche del 2, en las Ventas del Espíritu San- 
to, inmediatas á Madrid, dirigiéndose desde allí, á campo tra- 
,0, á pasar el Jarama, el 3, por el puente de Arganda^ con- 
jando después por Campo Real á la provincia de Guada] a- 
aj para ir á salvar el Tíijo por la barca del Maquilón y en- 



78 CASTILLA LA NUEVA 



trar en la de Cuenca, donde, sin duda, esperaban encontrar 
mayor segundad y más apoyo. En el mismo día 3 fué de Ma- 
drid á perseguir la facción una fuerza de 100 guardias de in- 
fantería y 30 montados, que regresó á la capital desde Ambite , 
por ser ya innecesaria, puesto que, al pasar los carlistas por 
Campo Real, se destacaron de Alcalá de Henares, con el mis- 
mo fin^ dos columnas de caballería y voluntarios de la repú- 
blica que, operando aisladamente, pero en combinación, per- 
siguieron á los carlistas hasta el interior de la provincia de 
Cuenca, donde, según veremos más adelante, los batieron, vol- 
viendo ambas en seguida á sus puestos. 

Los agitadores procuraban á toda costa conseguir un alza- 
miento general; pero la provincia de Madrid, bien fuera por la 
opinión política de sus moradores, ó bien por estar enclavada 
en ella la capital de la Nación^ en la que babia tropas sobradas 
para sofocar las intentonas, no respondió casi á las excitacio- 
nes; y las partidas que se formaban, ó desaparecían en breve, 
6 se refugiaban en alguna provincia vecina, donde el carlismo 
había prosperado, 5o hombres armados^ que se presentaron el 
día 10 de Abril en el límite con Segovia, recorrieron varios 
pueblos; mas al poco tiempo fueron copados por fuerzas de la 
guardia civil de Segovia y de Madrid, que operaron en combi- 
nación. Algunos desórdenes y motines que ocurrieron en los 
pueblos^ quedaron sofocados por las autoridades locales, auxi- 
liadas por los voluntarios. Una partida de 20 hombres que el 
día 14 de Mayo apareció en Mejorada, puso en movimiento á 
la guardia civil de Torre] ón de Ardoz y San Fernando, que en 
pocos días la hi^o abandonar el campo» El 28 del mismo mes, 
unos cuantos facciosos penetraron en Boadilla del Monte, pue- 
blo situado á corta distancia de Madrid; asesinaron á varias 
personas; se apoderaron de algún dinero, armas y caballos^ 
evacuaron la villa al saber que los guardias civiles de los pue 
tos inmediatos habían marchado á su encuentro* 



a 



ANO 1873 



n 



En los meses siguientes ta excitación fué mayor en los pue- 
blos del confín con Toledo, porque en las marchas y contra- 
marchas de las faccciones de ésta provincia eran invadidos fre- 
cuentemente, y sufrían vejámenes que no podían evitar, como 
aconteció en Aranjuez el día 2 de Agosto, á pesar de existir allí 
algunos elementos de resistencia, según narraremos al ocupar- 
nos del alzamiento en Toledo y Ciudad ReaK Muchas eran las 
partidas cuya aparición estaba anunciada, pero las únicas que 
salieron al campo en el resto del año, fueron; una de 20 hom- 
bres, que andaba á fines de Agosto por el norte del límite con 
Avila, disuelta á los pocos días de su formación, en el término 
de Pequerinos por ^aráia civil de aquella provincia; otra de 
igual fuerza, que partió de las cercanías de la capital, y que es- 
trechada hacia el Tajo por un destacamento de cazadores de las 
Kavas y de Estella, se refugió en la provincia de Toledo; y^ 
finalmente, ya en el mes de Octubre, vagaron unos días en el 
término de Chinchón un centenar de carlistas, perfectamente 
equipados, con el objeto de apoderarse de fondos y armas, lo 
que no consiguieron por la eñcacia en acudir á aquellos luga- 
res algunas fuerzas de Alcalá, que obligaron á los partidarios 
á evacuar la provincia y regresar á las de Cuenca y Guadalaja- 
ra, de donde procedían. 



•V 



Antes que en la de Madrid, empezó en la de Scgovia cl mo- 
vimiento insurreccional; pues ya en 6 de Enero se formó una 
pequeña partida, capitaneada por D. Vicente Delgado, que en- 
tró en Ayllón y se apoderó de armas y caballos. Para perse- 
guirla salió la guardia civil de la línea de Riaza, dividida en 
dos grupos; uno, que fué directamente á Ayllón; y otro, que vi- 
los pueblos de Fresno de Cantespino, Pajares y otros, para 
uirir la dirección de los facciosos, los cuales se internaron 
^guidaen Soria* A este suceso siguieron varias manifiestacio* 



^ 



8o CASTILLA LA NUEVA 



nes verificadas en Fuenteraizar ra y algún otro punto, que> si 
bien de escasa importancia, obligaron, sin embargo, á recon- 
centrar los puestos de guardia civil de los confines con las 
provincias de Burgos y Soria, á fin de que recorrieran aquella 
zona, y contrarrestasen la gran propaganda que estaban ha- 
ciendo los agentes de la conspiración. 

El titulado comandante general carlista de la provincia 
era D, Fernando del Olmo (a) Mochón, vecino de A randa de 
Duero, quien, firme en su propósito de formar una partida de 
mayor contingente que las organizadas hasta entonces, no ce- 
só de trabajar con tal objeto desde que empezó el año» hasta 
que llegó á reunir 8o partidarios, montados la mayor parte, 
con los que apareció, el i / de Febrero, en Fresno de Can- 
tespino, donde impunemente cogió armas y caballosi exi- 
gió fondos y quemó el archivo del registro civil, abandonando 
este pueblo al poco rato y entrando en Riaza el mismo día^ 
sin que pudieran evitarlo los siete guardias civiles que había 
en la población, los cuales, encerrados en la casa cuartel y 
despreciando las intimaciones de rendición^ rechazaron con sus 
disparos dos ataques consecutivos é impidieron que los rebel- 
des realizaGen su intento de incendiar el edificio. El objeto 
principal de la partida era apoderarse de 2.500 pesetas de los 
fondos municipales, de caballos, armas y raciones, y para ello 
publicó Mochón un bando, conminando con pena de muerte 
al que no facilitase lo que se le pedía* Conseguidos estos re* 
cursos y aumentada su fuerza con algunos nuevos prosélitos^ 
el cabecilla evacuó la villa para caer sobre otros pueblos. Otra 
partida de 35 hombres recon-ía el partido de Cuellar; y al ver 
ambas que no eran seriamente hostilizadas, se fraccionaron en 
varios grupos, para abarcar más terreno en sus correrías. 

El desamparo en que estaba la provincia, falta de guarnr 
ción por la necesidad de que las tropas defendiesen otros terrí^ 
torios de la Península, donde el movimiento tenía más impor 



AÑO 1873 



8r 



tancia, hizo preciso que la escasa guardia civil de su dotación 
ordinaria abandonase el servicio de su instituto para dedicarse 
á perseguir las partidas. Dos compañías, apoyadas por otra 
del distrito de Castilla la Vieja, y por una de infantería de Za- 
ragoza y algunos caballos, se dedicaron á batir el territorio, 
consiguiendo dejar limitadas las correrías délos carlistas á los 
confines con Soria, Burgos y VaJIadolid, pero sin llegar á dar 
alcance al enemigo. 

Sin embargo de verse Mochen tan acosado, pudo aún entrar 
en Cuellar el dia 14, llevarse el armamento de 25 peones ca- 
ntineros encargados de la defensa de la población, coger algu- 
nos caballos y 4.000 pesetas de los fondos de la corporación 
municipal, y dar libertad á varios presos carlistas, que se le 
unieron en seguida. Al día siguiente de su entrada en Cuellar, 
fué alcanzado Mochón por la guardia civil del coronel Guzmán, 
quien le batió en los valles de Fuentidueñas, haciéndole dos 
muertos y 20 prisioneros, entre los cuales estaba un hijo de 
Mochón y el segundo de la partida^ Mariano González, y co- 
giéndole 13 caballos y más de 60 armas. Concentrada nueva- 
mente la gente de esta facción y aumentada con la de otras 
más pequeñas que se formaron, siguió todo el mes de Marzo 
pasando y repasando los límites de la provincia, evitando los 
encuentros con las columnas que la perseguían, favorecida por 
la naturaleza montuosa del terreno en que se movía. 

Los carlistas seguían haciendo aprestos para la lucha, no 
siempre con éxito; pues de vez en cuando caían en poder de 
las autoridades armas destinadas á la rebelión, según sucedió 
en Fresnillo de la Fuente, donde el capitán Olalla se apoderó 
de un carro lleno de armamento y efectos de guerra. El parti- 
do de Ria^a era el señalado como el mejor dispuesto para se- 
Jar el movimiento; tanto, que las confidencias indicaban que 
íevantarian en él é irían á unirse á Monchón más de un 
*enar de hombres, lo cual no llegó á realizarse. 

Tumo %iv ú 



82 CASTILLA LA NUEVA 



Este cabecilla continuaba recorriendo el territorio y gra- 
vando á los pueblos con tributos. Ei día 6 de Abril se encon- 
traba en Ayllón^ y cruzando la provincia, se presentó el 9 en 
El Espinar, penetrando al día siguiente en Balsain, donde des- 
armó á los guardas del patrimonio y se apoderó de sus caba- 
llos. De la capital salió una nueva columna de ao artilleros y 
20 guardias civiles, mandada por el teniente Varade, que lo- 
gró sorprender en Villacastín á la partida, la cual se apercibió 
á la defensa encastillándose casi toda ella en una posada, y 
se sostuvo, durante tres horas, hasta que, intimada que le 
fué la rendición, y viéndose rodeados, se entregaron los que 
había en el edificio, con la condición de que fueran respetadas 
sus vidas. Las pérdidas de los carlistas consistieron en tres 
heridoSj 33 prisioneros, entre ellos un cabecilla de alguna sig- 
nificación, apellidado Busquet, y todas las armas^ caballos, mu- 
niciones y documentos que tenían. Mochón, que no estaba 
entre los cercados, se escapó herido, acompañado de cinco in- 
dividuos. Varios paisanos de Villacastín prestaron su coopera- 
ción en este hecho de armas, ocupando puestos de peligro, 
siendo gravemente heridos dos^ Los prisioneros fueron condu- 
cidos á la capital de la provincia y sujetos al fallo de un con- 
sejo de guerra. 

Las consecuencias de este acontecimiento feliz para la 
causa del orden, se tocaron bien pronto, puesto que se disemi- 
naron los pocos enemigos que quedaban, y no inspirando ya 
recelo, marchó la guardia civil á estacionarse en sus puestos 
habituales- 

A mediados de Julio volvieron á cundir las alarmas, y se 
mandó reconcentrar la fuerza de dicho instituto en la capital de 
la provincia, porque, según se indicaba, serían muy fuertes las 
nuevas partidas, y no hubieran podido impedir sus desmanes la 
compañías reunidas en las cabezas de línea. También resultar o 
fallidas esta vez las esperanzas del carlismo^ pues tan sók 



AÑO Z873 



83 



alteraron la calma, durante breves días del mes de Agosto, la 
facción Somolinos en el límite con Guadalajara y otra de esca- 
so numero de individuos en el confín con Avila, y á fines de 
Septiembre, una capitaneada por el cabecilla Alonso, que en- 
tró en algunos pueblos exigiendo dinero y raciones, y otra de 
15 hombres armados, que recorrió las inmediaciones de Ayllón 
exhortando inútilmente á los paisanos para que les siguieran y 
abrazasen su causa. Entonces se mandó á Segovia un escua- 
drón de húsares de Villarrobledo el cual, fraccionado y en unión 
de la guardia civil (que abandonó la capital en cuanto las 
autoridades se convencieron de la falsedad de los anteriores 
rumores), acudió rápidamente adonde eran de temer alarmas y 
disturbios» aplacando aquéllas, apaciguando éstos, encarcelan- 
do á los principales instigadores y disolviendo los grupos que 
se lanzaron al campo, antes que alcanzasen incremento bas- 
tante para poder intentar empresas que perjudicasen á los ha- 
bitantes de los pueblos. 

Como en Segovia el carlismo tenia escasas raices, las par- 
tidas que pululaban por las provincias limítrofes no se aven- 
turaron nunca á hacer incursiones por ésta, á pesar de la 
escasea de tropas que había en ella, Marco de Bello anunció á 
mediados de Noviembre, desde Sigüenza, sus propósitos de 
llegar hasta Riaza con los 3.000 hombres que le seguían^ lo 
que alarmó sobremanera á los pueblos de este partido; pero no 
llegó á poner por obra su propósito. 

En lo restante del año no ocurrió en esta provincia nin* 
gún acontecimiento digno de mención. 



Por BU proximidad al Maestrazgo, había gran interés en 
romover la guerra en la provincia de Guadalajara. El Coman- 
ante general carlista de ella era el cabecilla D. Andrés Ma* 
azo, quien empezó por publicar una extensa proclama, en la 



84 CASTILLA LA NUEVA 



que^ anatematizando á los partidos liberales, iticitaba á Jare« 
belión, prometiendo, con el triunfo, el restablecimiento de las 
antiguas franquicias de Castilla* 

Madrazo entró en la provincia al frente de una pequeña 
facción, con la que se unió el lO de Febrero, en Milmarcos, á 
otra capitaneada por Floria, reuniendo entre las dos 120 hom- 
bres. Inmediatamente, ]a guardia civil acantonada en Molina 
emprendió la persecución de esta fuerza, que pasaba y repasa- 
ba constantemente los límites con la provincia de Zaragoza. 

El 21 ya eran varias las partidas organizadas para la 
lucha: una de 40 individuos, concentrada en Horche, se dirigió 
á Valfermoso de Tajuña, armándose alli con fusiles de los vo- 
luntarios de la república, y en su seguimiento salió de Guada- 
lajara una pequeña columna de guardias civiles; otra de 150 
facciosos, mandada por Arciniaga, vagaba entre Alustante y 
Molina; y, por ultimo, 5o individuos eludían, en las cercanías 
de Mondejar, el encuentro con los voluntarios de la república, 
que trataban de batirles. Todos ellos estaban en continuo mo- 
vimiento, recorriendo los caseríos y entrando en los pueblos^ 
donde se apoderaban de armas y raciones, exigían contribu- 
ción y cometían toda clase de vejámenes. 

En la provincia había solamente guardia civil para aten- 
der al sostenimiento del orden; y por si iba en aumento la re- 
belión, se enviaron á ella dos compañías de cazadores deMendi- 
gorria y medio escuadrón de Santiago. Con estas tropas se 
organizaron, en 24 de Febrero, dos columnas: una para operar 
en las inmediaciones de Molina, á las órdenes del comandante 
Planchueloj compuesta de una compañía de infantería, 25 ca- 
ballos y una sección de guardia civil; y otra de constitución 
casi igual, bajo el mando del capitán Mínguez, destinada á 
batir las demarcaciones de Cifuentes y Pastrana. 

Al comenzar el mes de Marzo, á pesar de que las partid 
Madrazo y Arciniaga, que eran las más importantes, cantaba 






\ 
I 



AÑO 1873 S5 

ya con un contingente de 200 hombres cada una, la gente esta- 
ba desalentala y rendida de fatiga por las largas jornadas que 
tenía que hacer para eludir la activa persecución que sufría. 
Así fué que empezó la desmoralización^y con ella las presen- 
taciones á las autoridades de los pueblos. El día 2, estando Ar- 
cíniaga en Ablanque y muy cerca el comandante Flanchuelo, 
que iba á sus alcances, 15 carlistas que quedaron rezagados se 
pusieron á disposición del alcalde de aquel pueblo^ entregando 
sus armas. Los otros se diseminaron el 7^ temiendo sin duda 
el encuentro, acogiéndose la mayoría á indulto, y uniéndose los 
más fanáticos y decididos á las partidas de Aragón. Madrazo 
pasó también á este distrito, dejando en Guadalajara 3o hom- 
bres, mandados por Martínez, con el encargo de reunir las pe- 
queñas facciones independientes que existían, para formar con 
cUas un núcleo numeroso, que se prometía poner á sus órdenes; 
pero cundiendo entre ellas el desaliento, ni aun esto pudo con- 
seguir el titulado Comandante general. Advertidas las autori- 
dades de la escasa importancia que ya tenía la insurrección, 
fraccionaron las columnas, situando una compañía de Mendi- 
gorría en Alcolea del Pinar y otra en Cobeta* La guardia civil 
también se dividió en seis grupos, que si bien de poca fuerza, 
bastaban para perseguir á los carlistas que recorrían la provin- 
cia huyendo constantemente. Todos ellos desaparecieron á me- 
diados de mes, sometiéndose unos y repasando otros el confín 
con Aragón; y entonces volvieron á Madrid las compañías de 
cazadores y los caballos del regimiento de Santiago, quedando 
únicamente destacamentos de guardia civil en Molina, Alcolea 
del Pinar, Cifuentes y Pastrana, con objeto de visitar frecuen- 
temente los pueblos de sus respectivas demarcaciones y evitar 
^-^ ''ormación de nuevas partidas. 

Una de 5o hombres, reunida con gran sigilo, que se lanzó 
^ampo en TendíUa, el 6 de Junio, capitaneada por Luna, 

alcanzada en Valfermoso de Tajuña, al día siguiente, por 



86 CASTILLA LA NUEVA 



el capitán de la guardia civil Robles, que cogió prisioneros á 
todos los que la constituían, á pesar de la vigorosa resistencia 
que opusieron, ocasionándoles tres heridos graves y apode- 
rándose de sus caballos, todo su arraamento, y gran can* 
tidad de pertrechos de guerra. 

Durante el verano, no tomó incremento la insurrección , 
como se esperaba por ser la estación más favorable para las 
operaciones militares, y reinó gran tranquilidad en la provin- 
cia, excepto en el territorio de Molina, donde se guarecían 
constantemente las pequeñas partidas de Aragón al verse 
acosadas por las fuerzas que operaban en este distrito. 

La facción de caballería que capitaneaba el cabecilla Vil la - 
laín era la más importante de las que efectuaban tales corre- 
rías ^ y elegía preferentemente para ellas los confines de Gua- 
dalajara y Cuenca, de donde eran naturales la mayoría de los 
individuos que la componían, internándose en la sierra de 
Molina cuando la guardia civil de Valdemeca, Tragacete y 
Priego salía á sus alcalces^ y marchando á las cercanías de 
Eeteta, Valsalobre y Villanueva de Alcorón, una vez alejados 
los perseguidores. Otra expedición más larga y digna de men- 
ción hizo este cabecilla en el mes de Octubre: el día 3 entró 
en la provincia de Guadalajara por la de Soria y fué á Atien- 
da, el 4 se hallaba en Condemios de Abajo, continuando desde 
aquí á Albendiego, y abandonando este pueblo el día 5 para 
volver á Atienda, En todos estos puntos tuvo tiempo para sa- 
car recursos; pero al fin, el 6, fué alcanzado y batido en la 
sierra de Alto Rey, término de Pálmaces de Jadraque, por una 
sección de húsares de Villarrobledo que pasó de la provincia 
de Segovia» Los dispersos marcharon en precipitada fuga 
hacia Sigílenla, y reconcentrada otra vez la partida, entró en 
Malillas el día 7, yendo al siguiente de madrugada por Mora- 
tilla de Henares á Pala^uelos. Entonces salieron á su encuen- 
tro, desde Sigüenza, 40 guardias civiles, que regresaron en 



AÑO 1873 87 

breve, por haberse internado el enemigo en la provincia de 
Soria, destrocando al paso los aparatos telegráficos de la esta* 
ción de Medinaceli. Poco después volvió la facción á la de 
Guadalajara, por Luzón, estuvo en Rata y Ablanque, y e! 12 
marchó á recorrer los contornos de Molina, donde no se atre- 
vió á entrar por temor á la guardia civil que defendía esta ciu- 
dad. Transcurridos varios días, se reunió VillaJaín con Ma- 
drazo^ que continuamente se hallaba en los limites de Guada- 
lajara y Cuenca, y ambos se ocultaron en la sierra de Molina, 
en la que estuvieron guarecidos durante algún tiempo, aten- 
diendo á su subsistencia con frecuentes y cortas excursiones. 

Sanies y Marco de Bello, que operaban en esta época al 
frente de numerosas facciones en las provincias de Cuenca y 
Zaragoza, invadieron también la de Guadalajara* La expedi- 
ción del primero fué breve, limitándola á la entrada ea algu- 
nos pueblos exigiendo fondos, con los que regresó al territorio 
de que procedía* El segundo^ según sabemos por otra parte de la 
Narración, estaba con sus 2*000 hombres, el 27 de Noviembre, 
cerca de Ateca, de donde había sido rechazado por los volun- 
tarios, que le hicieron retroceder hacia Medinacelij y no pu- 
diendo volver á Aragón, por oponerse á ello las columnas de 
Montero, Navarro y Ferruca, que le estrechaban hacia el sur, 
se propuso sacar recursos de la rica ciudad de Molina; plan 
que no realizó, porque temió no poder vencer la resistencia 
que seguramente le hubiesen hecho en ella, al mismo tiem- 
po que hacía frente á las columnas de Aragón que le iban pi- 
cando la retaguardia. Su situación llegó á ser tan crítica, que 
para salvarla se internó en lo más áspero de la sierra, no sin 
que Ferruca le alcanzase, le hiciera algunas bajas y le cogiera 
"i ríos prisioneros de la fracción que cerraba la marcha • 

Las reducidas columnas de guardia civil que operaban 
" la provincia no podían en manera alguna oponerse á fuer- 
as tan numerosas como las de San tés y de Marco; así, que tan 



88 CASTILLA LA KüEVA 



luego como estos jefes carlistas aparecieron en e! territorio, se 
las ordenó reconcentrarse para evitar un descalabro. Una de 
ellas fuéj sin embargo^ sorprendida el 29 en Maranchón por la 
caballería de Marco; pero tuvo tiempo bastante para ocupar 
una posición muy favorable, y causó al enemigo varios heridos, 
sufriendo sólo la pérdida de dos guardias ci%'iles, que cayeron 
prisioneros. Marco con su gente abandonó la provincia apro- 
vechando una coyuntura para regresar á Aragón, y la única 
partida de importancia que quedó en ella fue la de Villalaín, 
que hostilizada constantemente por la guardia civil, la eva- 
cuaba con frecuencia, pasando á Soria, Zaragoza 6 Cuenca, 
según convenia á su seguridad» 



« f 



Análogamente á lo sucedido en otras provincias, la autori- 
dad civil de Cuenca recibió confidencias, á principios de Fe- 
brero, de próximas alteraciones del orden público en sentido 
carlista; ordenando por tal motivo á la guardia civil la recon* 
centración en secciones^ y que se situase en Huetc, Priego^ 
Cañete y Almodóvar del Pinar. En la capital se reunió un es- 
cuadrón del mismo instituto, para que, así como los volunta- 
rios movilizados, estuviera dispuesto á cualquier evento, A me- 
diados de mes aumentaron las alarmas, y estas fuerzas empe- 
garon á recorrer constantemente los pueblos de sus demarca- 
ciones respectivas, á fin de calmar los ánimos y sostener la 
tranquilidad* 

Entonces fué cuando, según dijimos al hablar de la provin- 
cia de Madrid, entró en la de Cuenca D, Isidoro del Castillo al 
frente de 200 rebeldes, algunos de ellos soldados de la guarni- 
ción de la capital* Este cabecilla, que tenía el título de Co- 
mandante general de la provincia y amplios poderes de den 
Carlos^ se prometía obtener un alzamiento nutrido excitando 



AÑO 1873 8g 

á los paisanos. Para ello empezó por publicar varias alocucio- 
nes, la más importante y apasionada de las cuales la insertamos 
á continuación: 

o Conquenses; Ha sonado Ja hora; está dada la señal del 
combate. El italiano huyó despavorido, desengañado de la far- 
sa liberalesca; las hordas revolucionarias rugen y piden san- 
gre; aprestémonos á la pelea; organicemos batallones y salve- 
mos la Patria que perece, =:¿Qué es lo que esperamos cuando 
la sociedad se derrumba, y nos amenaza el caos y se acercan 
las aguas del diluvio? ¿Qué hacemos cuando se insulta á Dios, 
se niega su existencia y se ataca á la familia, y la demagogia 
afila el puñal, y la anarquía prepara la tea y el petróleo, y 
vemos en muchas provincias asesinatos, robos, incendios, la 
parodia, en una palabra, de la Commum de París? La respuesta 
es correr á las armas, volar allí donde pelean los soldados de 
la legitimidad, ^Conquenses: ¡A las armas! Hierva la sangre, 
y el que tenga corazón de hielo y en su pecho no arda el fue- 
go del entusiasmo, huya á ocultar su vergüenza como cobarde 
mujercilla. Pero no, porque corre por vuestras venas la sangre 
de los Garci-Alvarez, Albornoz, Mendoza, Alarcón, Carrillo, 
Iranzo, Acuña, Pozo-Bueno, Cereceda, y sabréis repetir las 
proezas de aquellos héroes que se sacrificaron en aras del pa- 
triotismo, =^ Así lo espera de vosotros^ ilustres conquenses, 
vuestro Comandante general. = iA las armas los esforzados hi- 
jos de la provincia de Cuenca! = [Dad ensanche á vuestro en* 
tusiasmo, estalle vuestra impaciencia por tanto tiempo com- 
primida, ármese de valor vuestro brazo y de arrojo vuestro co- 
razón; corramos y arrojemos de esta noble Patria á todos esos 
déspotas que sólo nos han traido miseria, corrupción y llanto! 
'^ las armas, veteranos de la guerra civilj vencedores de AN 
:ate, Reillo y Carboneras! ¡A las armas los descendientes de 
defensores de Cañete, Beteta y otros fuertes, al pié de cu- 
, muros se estrelló la pujanza del ejército usurpador! = jA 



go CASTILLA LA KUEVA 



las armas todos, volunturios carlistas f ¡Guerraj y guerra sin 
tregua al liberalismo! Álcense el anciano, el sacerdote, el le- 
trado y el joven viril. ^Sacerdote del Altísimo, al campo del 
honor á encender con tu palabra el fuego del sacro patriotis- 
mo, y á bendecir nuestras banderas para defender las aras de 
nuestro Dios y las tumbas de nuestros mayores. = Anciano 
venerable, si tus manos convulsas no pueden mantener un fu- 
sil, marcha al templo y pide al Dios de las batallas que arme 
de fortaleza el brazo de tus hijos y nietos.^^Pobre y humilde 
artesano, honrado y pacífico labrador, ¡á las armas! Cambiad 
la herramienta y la esteva por el fusil, y á pelear contra los 
que os han arrebatado el patrimonio y el pan de vuestros hi- 
jos para consumirlo en orgias y opíparos banquetes. =Rícos 
propietarios, despertad, sacudid ese indiferentismo, esa crimi- 
nal apatía; ya veis que los liquidadores han dado comienzo á 
su obra de destrucción, y han principiado sus ensayos ensa- 
ñándose cual caribes con sus semejantes; decidios^ aun cuando 
no sea nada más que por vuestros propios i ntereses.^^ Laborio- 
sos industriales f já las armas! que la Patria está en peligro. 
¿No veis el comercio arruinado, la industria paralizada, aban- 
donada la agricultura, esquilmados los contribuyentes, vendi- 
da la honra de España, y la inminente pérdida de las Antillas? 
Pues si os aguijonea el patriotismo y hay sangre en vuestras 
venas ó indignación en vuestros pechos, ¡á las armas ¡^Ma- 
dres, doncellas y esposas, la revolución os ha insultado, os ha 
llamado barraganas. Armaos del valor de las Crátides y Porcias, 
y decid á vuestros esposos, padres y hermanos: id por nues- 
tra honra y la de vuestros hijos; lavad esa afrenta; no volváis 
sino cubiertos de laureles y de honrosas cicatrices, y entonces 
nuestros brazos y nuestros corazones serán el trono donde deS' 
cansareis de vuestras fatigas y penalidades. = Y vosotros tam^ 
bien, ribereños del Tajo y del Jarama, los que un día empe- 
ñasteis vuestra palabra prometiendo defender la santa causat 



AÑO 1873 gt 

ya veis que ha llegado la hora^ ¡á las armas! En el campo de 
Marte os espera un veterano de la guerra civil que prefirió 
vivir en la emigración y en el ostracismo antes que manchar 
su honra transigiendo con el convenio de Vergara^ y después 
con los impíos gobiernos liberales» Venid, que éste os conduci- 
rá al combate. ¡A las armas, voluntarios! El que pueda tomar 
el fusil que lo tome^ el que no tenga ánimos para manejarlo, 
que le adquiera para los que se sientan con decisión y arrojo. 
= ¡Voluntarios carlistas! Estamos en la hora suprema, en el íin 
del fin. Dos caminos hay: el de vivir con ignominia, con 
afrenta, ó el del honor, que es el que siguen los valientes 
para defender la enhiesta bandera de Dios, Patria y Rey. Ele- 
gid,-=¡CarlifitasÍ ¡Viva la religión! |Viva la integridad nacional 
española! ¡Viva Carlos VII! [Abajo el liberalismo! = Vuestro 
Comandante general. ^Isidoro del Castillo.» 

Inmediatamente que se recibió en Cuenca la noticia de la 
entrada de éste en la provincia, salió á su encuentro el jefe 
de la comandancia de la guardia civil, al frente de 5o guardias, 
marchando á Cañaveras y Canalejas para impedir que se inter* 
nase en la sierra de Priego; dirección que seguía Castillo des- 
pués de haber atravesado el Tajo por la barca del MaquiJón; 
pero esta medida no llegó á ser necesaria, pues al pasar el cabe- 
cilla por las cercanías de Alcalá de Henares, se destacaron de 
esta ciudad dos columnas de 5o caballos y 30 voluntarios ca- 
da una, al mando de los comandantes Jiménez y Díaí! Mora, 
quienes alcanzaron á la partida en Buendía, según vemos por 
el siguiente parte, fecha 7 de Marzo, en el que también se in- 
dican las operaciones anteriores al encuentro: 

«Columna de operaciones del cantón de Alcalá de Hena- 

-*".:== A las cinco de la tarde del día 3 del actual recibí orden 

ibaJ del Comandante militar de este cantón para que, con 

caballos del regimiento de Almansa y 50 voluntarios de la 
pública, saliera á perseguir una partida carlistas de cerca de 



^ CASTILLA LA NUEVA 



200 hombres, qtic se había presentado en estos contornos. 

Inmediatamente me dirigí al pueblo de Corpa, siguiendo el iti- 
nerario que se me había marcador pero antes de llegará dicho 
punto, tuve segura confidencia de que la facción había salido 
del pueblo de Valdilecha, y entonces, variando el rumbo, fui 
hacia Pozuelo, donde encontré al comandante del regimiento 
de Calatrava D. Manuel Día^ Mora que, con igual número de 
caballos de su cuerpo y de voluntarios que los de mi columna, 
operaba con el mismo objeto que yo. Una vez reunidos, nos 
pusimos de acuerdo para desempeñar nuestra comisión, y to- 
mamos el camino de Carabaña, adonde llegamos á las cuatro 
y media de la mañana del día siguiente. Al amanecer rompimos 
la marcha, y á un cuarto de legua, en el punto llamado Fuente 
del Pisar, advertimos la presencia de varios hombres con ar- A 

mas, que corrieron cuando nos divisaron. Entonces el coman- 
dante Mora, con la fuerza que tenía á sus órdenes^ se dirigió 
por la derecha con una sección desplegada en guerrilla, y yo 
ejecuté igual movimiento por la izquierda, dando por resultado 
esta operación el aprehender á 15 individuos armados, los cua- 
les manifestaron que eran carlistas y que iban á incorporarse á 
la partida que mandaba el ciibecilla Castillop Con estos prisio- 
neros, escoltados por los voluntarios, continuamos hacia la 
barca de Fuentí dueña, por donde la facción debía pasar el Ta- 
jo, según noticias de los aprehendidos. Poco antes de llegar á 
ella recibimos aviso de que lo salvaban por la de Maquilan, á 
la que nos dirigimos inmediatamente, cerciorándonos allí de 
que, en efecto, los carlistas habían pasado el río á la una y 
media de la madrugada. Lo atravesamos también nosotros, y 
siguiendo al enemigo, entramos en Leganiel al ponerse el sol y 
luego en Ulana, donde ignoraban el lugar á que se había en- 
caminado la partida. Como quiera que ya eran las siete de 
noche y los caballos venían sumamente cansados, acordami 
pernoctar en el último pueblo para racionar la tropa y adquir 



ASO 1873 §3 

noticias del paradero de la facción, por medio de persona de 
coañanza que la autoridad nos proporcionó. Recibidas á las 
tres de la madrugada, emprendimos la marcha hacia Garcina* 
rro, punto en que debía pernoctar el adversario; pero dejamos 
en Illana á los prisioneros, custodiados por 20 voluntarios de 
los que estaban más fatigados. A dicho pueblo llegamos á las 
siete de la mañana del dia 5^ seis horas después de haberle 
evacuado la partida para ir al de Javalera, al que nos traslada- 
mos sin pérdida de tiempo, y cuyo alcalde nos comunicó la sa- 
tisfactoria nueva de que hacía sólo tres cuartos de hora que 
habían salido los facciosos. En vista de esto, avanzamos con 
la caballería al trote largo para impedir que pudieran ganar la 
sierra, divisándolos á los quince minutos, en la carretera; y 
poniendo los caballos al galope, los alcanzamos en el sitio de- 
nominado Las Gachas^ donde, obrando en combinación ambas 
columnas, se desplegó una guerrilla de cada cuerpo, que rom- 
pió en el acto el fuego, marchando en seguida el comandante 
de Calatravaí con el resto de su fuerza, al aire de carga, por 
la derecha, para cortar la retirada al enemigo. Mientras tanto 
hice extender por la izquierda una sección de tiradores, que 
se batió desde un olivar inmediato, y me dirigí con la tropa 
que me quedaba á la falda de la sierra á fin de coger á los car- 
listas entre dos fuegos. El combate duró más de dos horas y 
media, dando por resultado causarles 10 muertos y cogerles 97 
prisioneros, entre los cuales estaban varios oficiales y el cabeci- 
lla Castillo, herido en una pierna. Ea la persecución se les hizo 
un muerto, que era el capellán de la partida; un herido grave, 
llamado D, Ildefonso Alonso González, que se titulaba segun- 
do jefe, y cinco prisioneros más. En resumen: el total de prisio- 
neros son T02, que sumados á los cogidos en Fuente del Pisar, 
aponen 117. Además han caído en nuestro poder 8 caballos, 
Irmas de fuego, 45 bayonetas, varios sables, municiones^ 
amentos y otros efectos de menor importancia. Por nuestra 



94 



CASTILLA LA NUEVA 



parte no tenemos que lamentar más pérdidas que un sargento 
contuso y cuatro caballos muertos. Los voluntarios, que no 
estuvieron presentes en el momento crítico de Ja acción por no 
poder seguir el aire acelerado de la caballería, contribuyeron 
cuanto les fué posible al buen éxitd de ella y custodiaron ¡os 
prisioneros, í^El comandante jefe de la col umna,= Francisco 
Jiménezi, 

Trasladados á Madrid los prisioneros, rouriá allí al poco 
tiempo, de resultas de sus heridas, el cabecilla González, y á 
los demás se les sometió al fallo del consejo de guerra. Las 
columnas de Alcalá, con los voluntarios^ regresaron á su can- 
tón; la guardia civil que había salido de Cuenca volvió á la 
capitalj y la que operaba en Huete se dirigió á la sierra de 
Buendia á perseguir dispersos. 

Los pocos carlistas que pudieron escapar de la derrota de 
Castillo, fueron á refugiarse en los pinares de Villar del Maes- 
I re y de Villarejo de la Peñuela, formando un núcleo de 30 
hombres, á las órdenes de Bonifacio Lá2aro, quien estaba en 
inteligencia con los agentes carlistas para reorganizar la par- 
tida de Castillo y llevar adelante el proyecto de éste, de provo- 
car un gran movimiento. Alguna correspondencia interceptada 
di6 á conocer estos planes á las autoridades^ que los hicieron 
fracasar con la prisión de los que estaban encargados de des<- 
arrollarlos. Con esto, y la captura, en el día 10 de Marzo, del 
cabecilla Joaquín Basabe con 11 individuos de su partida. He- 
vada á cabo en las cercanías de los últimos pueblos citados^ 
tornó á restablecerse inmediatamente la calma en el territorio, 
y pudo volver la guardia civil á sus demarcaciones ordinarias» 
quedando solamente reconcentrada alguna en varios lugares 
próximos á la provincia de Albacete, en la que pululaban va- 
rías partidas desprendidas de los núcleos principales de Valen^ 
cía y el Maestrazgo. 

Al empezar el mes de Mayo se recrudecieron tanto los ti 



AÑO 1873 gS 

mores de un levantamiento, que hicieron necesarias nuevas 
precauciones de las autoridades^ principalmente en el confín 
con Guadalajaraj donde, según hemos dicho, habían aparecí' 
do bastantes partidarios, que convenía evitar se corrieran á 
Cuenca. No lo consiguieron siempre los encargados de la vigi- 
lancia del límite; pues el cabecilla Villalaín, atravesándole, se 
presentó en Valsalobre, el 18 de Agosto^ al frente de 40 indi- 
viduos montados, los cuales exigieron 250 pesetas de contri- 
bución, se racionaron y se apoderaron de algunos caballos, 
saliendo del pueblo al siguiente día con dirección á Zaorejas, 
al acercarse la guardia civil que le perseguía. Dos veces volvió 
á repetirse esta excursión; pero en ambas tuvo Villalaín que 
refugiarse en la sierra de Molina, acosado por fuerza del men* 
cionado instituto. 

El confín con Valencia estaba también constantemente 
amenazado por las fuertes facciones de este territorio. En 3 de 
Septiembre, Santés, desde Utiel, oficiaba á varios alcaldes de la 
provincia para que previniesen raciones que recogería al paso, 
y el 5 entró en ella^ al frente de r.500 hombres, que se dise- 
minaron en grupos por los pueblos de Mira, Laúdete, Moya é 
inmediatos, en los que reclutó gente y reunió crecidas sumas 
de los ayuntamientos y principales contribuyentes. A los cinco 
dias se reconcentró la partida, internándose en la provincia 
de Teruel, por Santa Cruz de Moya, sin duda por la noticia 
que recibió de que las tropas disponibles emprendían la mar- 
cha desde Cuenca para salir á su encuentro. Su ausencia 
duró poco; puesto que al comenzar el mes de Octubre vol- 
vió á invadir la provincia, dirigiéndose á Talaytielas, en com- 
binación con Cucala, que con otros i.Soo hombres ocupó 
al citado pueblo de Santa Cruz de Moya- El último cabecilla 

andonó á Jos pocos dias el distrito de Castilla la Nueva; pero 
"intés recorrió algunas poblaciones, entrando varias veces en 

indcte y Mira; pasó á Minglanilla, donde recogió armas y 



§6 CASTILLA LA NUEVA 



caballos, recibiendo allí el refuerzo de 65 voluntarios alican- 
tinos que iban á incorporarse á las filas del Pretendiente^ y 
fraccionó su partida en otras más pequeñas, que sin alejarse 
mucho de donde él estaba, procuraban allegar gente y se in- 
cautaban de cuanto les era útil para la guerra. El día 11 entró 
en Iniesta, y marchando, sin parar, durante toda la noche, sor- 
prendió y desarmó en Casasímarro á 80 voluntarios republica- 
nos y fué á parar á Tarazona (Albacete), donde cogió 18 pri- 
sioneros. El i3 pernoctó en Motilla del Palancar, el 14 en 
Campillo de Alto Buey, y el j5, después de una penosa mar- 
cha, pasó á Almodóvar del Pinar. 

Impotentes los pequeños destacamentos de guardia civil 
que guarnecían algunos puntos, ante la numerosa hueste de 
Santés, que ascendía ya á 2.600 hombres con los nuevos afi- 
liados en su excursión, cundió otra vez la alarma en toda la 
provincia, llegando hasta la misma capital que, escasamente 
guarnecida por lo alejada que hasta entonces había estado del 
teatro de la lucha, no podía fiar solamente la defensa á su 
buena posición* si llegaba el caso de que los carlistas quisie- 
ran tomarla. Así lo comprendió el teniente coronel, coman- 
dante militar de la provincia, D. José Pérez Oñate, al pedir, 
en 2 de Octubre, que le mandasen dos compañías de infantería, 
con las que intentaría oponerse á la desembarazada marcha 
de Santés, Desgraciadamente, como el Ministro de la Guerra 
no disponía de la tropa necesaria, no pudo ser reforjada la 
guarnición de Cuenca, Se componía ésta de algunos guardias 
civiles, 80 reclutas en instrucción ^ á las órdenes de oficíales 
de la reserva, y 200 voluntarios paisanos, mal armados; fuer- 
zas poco numerosas y muy hetereogéneas para poder resistir 
á las de Santés, cinco veces mayores, con buen armamento, y 
regular organización y disciplina. Era, pues, muy reducido 
número de defensores, y el expresado cabecilla, que no lo 
noraba, aprovechó la ocasión de apoderarse de Cuenca á pe 



^ 



AÑO 1873 97 

costa; esperando que, á más de las ventajas materiales que 
conseguí ría j la resonancia de este hecho le haría adquirir gran 
prestigio y renombre* 

Con tales propósitos, salió de Almodóvar del Pinar en la 
noche del i5, y á la mañana siguiente se presentó á las puer- 
tas de dicha capital; entró en ella por sorpresa; se apoderó 
del castillo, la ermita, el hospital y algunas casas; rindió en 
el cuartel á los 80 reclutas y en el Instituto de segunda ense- 
ñanza á los voluntarios y guardias civiles, y se hizo en segui- 
da dueño de toda la población* He aquí el parte que dio de 
este infausto suceso el Comandante militar, con fecha 18 de 
Octubre: 

«La inaudita sorpresa de esta capital por la facción Santés, 
compuesta de a.5oo infantes y zoo caballos, se ha verificado 
del siguiente modo* El dia 16, á las cinco de la mañana, se 
retiraron las dos avanzadas de 40 reclutas^ mandadas por oñ^ 
cíales de esta reserva, á las que di orden de que fueran á des- 
cansar hasta las nueve. A las siete, estando en la oficina, vi 
pasar corriendo á varios facciosos y á gente de la población, 
que gritaba: «ya están ahii*- Salgo al momento, me dirijo pre- 
cipitadamente al cuartel, despreciando Jas amenazas que me 
hacen, y cuando llego, se me presentan el jefe de la Caja de 
quintos y cuatro oficiales, que me hacen observar las inmedia- 
ciones; veo en ellas numerosos grupos de carlistas, vociferando 
que no se les haga fuego ó que, en caso contrario, incendiarían 
el edificio, y noto, además, que están coronadas de enemigos 
todas las montañas que circundan la ciudad. En tan critico 
instante, reúno los oficiales, les consulto y me contestan que 
están dispuestos á morir, pero que no se cuenta con fuerzas ni 
elementos para la resistencia. En el cuartel sólo teníamos 80 
:lutas sin ninguna instrucción, mal armados, y con muni- 
>nes que no eran del calibre de los fusiles* Por consecuencia 
esto, y viendo la imposibilidad de la defensa, dispuse que se 

Tomo iiv 7 



gS CASTILLA LA NUEVA 



abrieran las puertas* Hecho asi, quedamos como prisioneros 
hasta las cuatro de la tarde los oficiales que conmigo se halla- 
ban, un capitán y un teniente que fueron cogidos al tratar 
de incorporarse, los quinto? y yo, siendo todos tratados con la 
mayor consideración, ^ En la parte alia de la capital se re- 
unieron algunos voluntarios y trataron de resistir; pero capitu- 
laron al poco tiempo con las condicionefi que constan en la 
adjunta acta. Los carlistas se han llevado la mayor parte del 
utensilio que exi stía en ia factoría militar, y también caballos 
y armas de particulares; han estropeado por completo los apa- 
ratos telegráficos, rompiendo los postes y alambres en todas 
direcciones^ hasta bastante distancia. El sargento primero del 
batallón reserva de Cuenca Julián Vaquerizas Vaquero, sedu- 
ciendo á varios reclutas de la Caja, se ha unido á la facción, y 
lo mismo han hecho, según noticias, 200 hombres de este ve- 
cindario. La partida se dirigió á ésta desde el Campillo, dis- 
tante II leguas, sin que, ni por conducto ílel Gobernador civil 
ni de los alcaldes de los pueb los inmediatosj tuviera conoci- 
miento de su aproximación, y ha permanecido en la ciudad 
todo el día 16 y el de ayer ha sta las tres de la tarde que mar- 
chó con dirección á Cañete, habiendo prohibido durante su 
estancia la salida á todos. = Los fondos del batallón han sido 
respetados; mas no los existentes en la sucursal del Banco de 
España». 

El acta á que hace referencia este documento oñcial es la 
siguiente: 

n Reunidos en casa de D. Manuel Fajaron el segundo Co- 
mandante general del ejército carlista de la provincia de Va- 
lencia, D. José Santús y Murguí, el coronel de infantería del 
mismo ejército D, Joaquín C abanes Pedrón y el teniente co- 
ronel de infanterja D, Fernando Manglano, de una parte; j^d 
la otra D. Miguel Lardíes, Gobernador civil de la provincia 
los tres individuos de la comisión permanente, señores Jimí 



r\ 



Aíío 1873 99 

ne2 Frías, Garrido y López Pclegrín; e] señor coronel gradua- 
do, teniente coronelj Gubernadcr militar de la provincia, don 
José Pérez Oñate; D< Jtjsé Paños, alcalde popular de esta ciu- 
dad; D. Isidoro Arribas, cümandante de los voluntarios de la 
misma, y el comandante, capitán de la guardia civil D. Pedro 
Navarro; teniendo en cuenta que la püblación fué sorprendida; 
que á pesar de esto se ha sostenido el fuego dos horas y media 
por una y otra parte, tiempo en que las fuerzas sitiadoras han 
ocupado la parte baja de la población y hecho algunos prisio- 
neros con armas, de la reserva y voluntarios, cuya fuerza ocu- 
paba la parte alta de la misma; y siendo ya, sí no completa- 
mente inútil, muy dificil y ocasionada á grandes desgracias 
toda resistencia j el Excmo* eeñor segundo Comandante general, 
D, José Santés y Murguí, pasó una comunicación al señor 
Gobernador de la provincia, intimando la rendición en el tér* 
mino de un cuarto de hora. En este estado, el señor Goberna* 
dor consultó con ios señores anteriormente citados y algunos 
voluntarios, conviniendo todos en celebrar una entrevista con 
los señores jefes de las fuerzas legitimistas; y celebrada ésta, 
acordaron en ella la capitulación siguiente: = 1.^ — La libertad 
de todos los voluntarios prisioneros. =2/ — La de los señores 
jefes y oficiales de la reserva hechos prisioneros, como igual- 
mente la del comandante, capitán de la guardia civil D. Pedro 
Navarro. =3-^— La de los individuos de la reserva. =:4-* — La 
entrega de trescientos fusiles, con sus bayonetas, á las fuerzas 
legitimistas, =5, "" — Hacer esta entrega antes de las cinco de la 
tarde del día de hoy, =6/^ — Permitir la requisa de caballos y 
monturas, previa tasación^ y dando al dueño el correspondiente 
recibo, = 7.*— Recaudar en la capital la contribución de un 
TÍmestre según los repartos, pero al tipo del 18 por ioOp^í 
/ — Todos los señores jefes y oficiales se quedarán con sus es- 
idas y revolvers,=9/— Las partes contratantes garantizan 
orden público en la capital, y el respeto á las personas y los 



j^ 



roo CASTILLA LA NUEVA 



bienes, sean las que fueren las opiniones políticas que aquellas 
profesen, obligándose al cumplimiento de este convenio 6 ca-, 
pi tul ación *=CuenGa 1 5 de Octubre de i873-=José Santés y 
Murgui.^ Joaquín Gabanes y Pedrón.^: Femando Manglano^ 
=Miguel Lardíes,=Victonano Lópejs Pelegrín.^Ramón Ji- 
ménez. = José Baños, ^Pedro Navarro. ^Isidoro Arribas, = 
José Manuel Garrido.— José Pére¿ Oñate.= Adición* Por ol- 
vido involuntario se ha omitido el consignar en el convenio la 
inmediata libertad de todos los señores de ideas carlistas que 
se hallan presos. Que se entienda que el número de fusiles que 
hay que entregar ha de ser, además de los trescientos esti- 
pulados, los noventa que tiene la fuerza de la reserva y diez 
carabinas de la propiedad de ésta. -^ Fecha ut supra-— José 
San tés y Murguí.=:Miguel Lardíes.^=Isidoro Arribas.— José 
Pérez Oñates» . 

Todo lo acordado en el acta se cumplió en el día i6; pero 
al siguiente, al abandonar los carlistas la población, se incau- 
taron de 7,5oo duros que tenia en caja la delegación del Banco 
de España, y de todos los útiles y herramientas que había en la 
oficina de Obras publicas, pretextando para ello que las autori- 
dades de Cuenca no habían cumplido lo pactado. 

El parte de esta excursión, dado por Santés, que copiamos en 
seguida, explica detalladamente todo lo hecho por el cabecilla 
desde su salida de Chelva hasta su regreso, 

«Ejército Real de Valencia, ^= Comandancia General, ^= 
Sermo. Sr,:^Tengo el honor de poner en conocimiento 
de V. A. que las fuerzas de mi mando han llevado á cabo una 
expedición, por parte de La Mancha y provincia de Cuenca, 
provechosa en a]to grado para la causa tres veces santa que 
los verdaderos españoles defendemos y para la división de Va- 
lencia, y honrosísima, además, para todos los señores jefes; 
oficiales y voluntarios que, bajo mis órdenes, á Dios, á la Patria 
y al Rey sirven, por el sufrimiento y fortaleza con que han 



\ 



Alio 1875 101 

soportado las penosas fatigas que han sido consiguientes á la 
expedición, y por la bravura con que se portaron en la ocupa- 
ción de la capital de la provincia de Cuencaj de que luego me 
ocuparé*=Salí, Sermo. Señor, del cuartel general de Chelva 
el día 4 del que rige, á las cuatro de la tarde, con el delibe- 
. rado propósito de realizar la expedición^ y abrigaba el con- 
vencimiento de que había de acabarla con bien y con pros- 
peridad, porque me eran ya conocidos el sufriraientOi deci- 
sión y valor de todos mis subordinados; y no me equivoqué, 
Sermo. Señor, que ellos han demostrado que ni el fuego ene- 
migo les espanta, ni las fatigas les hacen desfallecer, ni los 
obstáculos hacen torcer su ánimo, siempre sereno y siempre 
fuerte^ y dispuesto en todas ocasiones á hacer los mayores 
sacriñcios, incluso el de la vida, por la causa del Rey nuestro 
Señor, =Salí, pues, de Chelvaj y sorprendí, en la madrugada 
del 5, la villa de Pedral va^ en donde se recogieron efectos de 
guerra; y recaudadas las contribuciones, marcha á las dos de 
la tarde hacia Bugarra, pisando siempre terreno enemigo, 
desde donde envié al segundo batallón de cazadores á Gestal- 
gar el día siguiente 6, y recogidos allí los efectos de guerra, 
asi como en Bugarra, marché á las dos horas de descanso ha- 
cia el Sot de Chera y Chera, en la primera de cuyas poblacio- 
nes dejé la división, destacando al primero de cazadores á 
Chera, para que hiciese lo que el segundo en Gestalgar,= 
El día 7, pasando por Chera, en donde se me incorporó el pri- 
mer batallón de cazadores con la contribución cobrada y las 
■armas y efectos de guerra recogidos, llegué á la vista de Utiel, 
crecido pueblo, en que domina el elemento liberal; y colo- 
cando en observación en el camino de Requena^ punto forti- 
^cado por el enemigo^ diez compañías de Guías y el escuadrón 
de caballería del Cid, ocupé la población al frente de mi 
fuerza, permaneciendo en ella hasta el 9, en cuyo día, pasando 
iin detenerme por Cándete, fui á descansar al mediodía á Vi- 



r 



102 CASTILLA LA NUETA 



Uargordo del Gabriel, yendo á pernoctar á Minglanilla, en 
donde continué todo el día ro, se recogieron armas y caballos 
y se me incorporaron 65 voluntarios procedentes de la provin- 
cia de Alicante, ^El ii entré en Iniesta, lugar en que también 
dieron buenos resultados el cobro y la requisa y se rae incorporó 
alguna gente; y haciendo una marcha de toda la noche, fui á 
sorprender á los voluntarios republicanos de Tarazona, sobre 
cuya villa caí al anochecer del día i2. = Era ya internado con 
esto, Sermo* Señor, en país enemigo y llano á la vez, y para 
prevenir los inconvenientes que estas dos circunstancias re- 
unidas pudieran ocasionar, hice venir desde entonces á van* 
guardia conmigo al escuadrón de caballería con unas compañías 
de infantería. A rai paso por Casasimarro fueron sorprendidos los 
So republicanos armados del pueblo, cayendo en mi poder igual 
número de fusiles, ^Llegado á Tarazona, vi salir en todas di- 
recciones á los voluntarios de la república, á la aproximación 
de mis fuerzas, y dividí la avanzada de caballería en dos sec* 
ciones, para que diera una batida por las afueras, siendo el 
resultado de esta dispersión coger 18 prisioneros y algunos 
fusiles. Terminada la requisa y cobranza, como en todos los 
demás pueblos, emprendí la marcha, y pasando por Quin- 
tañar del Rey, en donde descansé, hice alto en Villanueva 
de la Jara. = El 13 pernocté en Mo tilla, pasando por El Pe- 
ral; el 14 en Campillo de Alto- Buey, sitio en que se incorporó 
fuerza á las filas, y después de una penosa jornada de más de 
diez y siete horas, entré de improviso el i5 en Almodóvar del 
Pinar, en donde estuve hasta las siete de la noche, á cuya 
hora proseguí la marcha, que fué de diez y seis horas, al cabo 
de las cuales me encontraba ya al frente de la capital de 
Cuenca, que me había propuesto sorprender, ^ Hice alto: 
mandé que el Tesoro y la brigada se situaran, custodiados po 
el Requcté, en la próxima aldea llamada La Melgosa; envi 
una avanzada de caballería á cortar el telégrafo; seguí ade 



rv 



aSo 1873 



103 



lante con mis tropas; y, al estar junto á la ciudad, observé con 
satisfacción que había conseguido mi intento de sorprenderla, 
porque su aspecto tranquilo demostraba que en todo pensaba 
menos en nuestro ataque* 100 quintos, el cuadro de oficiales 
de la reserva, 24 guardias civiles, 5oo voluntarios y 8 caba- 
llos constituían la guarnición de la plaza, = Comencé por dis- 
poner que fuesen dos compañías de Guías con dos de cazado- 
res á ocupar las alturas de la derecha y otras tres á las de la 
Izquierda, que dominan el hospital; situé dos compañías de 
Guias en los puentes para cortar la retirada al enemigo; y yo, 
con mi Estado Mayor y escolta, seguido de cazadores. Guías 
y Sagrada, entré en la ciudad, dejando en las afueras la caba- 
llería en orden de batalla. Rompióse el fuego, y cargué con 
mi escolta^ internájidome hasta la Gíorietaj bajo el del ene* 
migo, que mis bravos voluntarios despreciaban, no cuidándose 
más que de seguirme para someter á los desleales hijos de la 
patria- Extendiéndose el ataque y defensa por todo el recinto; 
mandé avanzar ej retén para que recibiera los prisioneros; y, 
en combinación con las compañías que ocupaban las posicio- 
nes de derecha é izquierda, antes indicadas^ tomé el hospital* 
Toda la fuerza entró en acción; y á la hora y media de fuego, 
el teniente coronel D. José Antonio Rivera, con tres compa- 
ñías, tomó las casas inmediatas y colinas próximas, y el de 
igual clase D, Simón San tés, con dos compañías, el castillo y 
ermita de San CristóbaL La Sagrada cercó el cuartel de la 
reserva, rindiendo el cuadro de oficiales con un teniente coro* 
celj Comandante militar» un comandante, varios oficiales y 
los quintos, que entregaron su armamento. Las fuerzas de la 
carretera encerraron en el Instituto de segunda enseñanza á 
todos los voluntarios republicanos y empezaron á escalar 
edificio, encontrándome dispuesto á incendiarle porsuscua- 
■o lados, si en el término de un cuarto de hora no se rendían, 
' cual les hice saber. Enarbolaron entonces bandera de parla- 



104 CASTILLA LA NUEVA 



mentó; mandé cesar el fuego^ y abiertas las negociaciones, se 
concluyó por firmar la capitulación de que tengo la honra de 
remitir copia á V. A*:^ Dispuesto estaba á salir de Cuenca; 
pero BO habiendo cumplido los vecinos las condiciones del 
pacto, pues casi todos los efectos de guerra estipulados estaban 
por entregar, ocupé militarmente la ciudad y permanecí en 
ella hasta el día siguiente 17 á las doce de la mañana: habían- 
se recogido sobre 70 caballos, 400 fusiles y carabinas Minié, 
300 fusiles del pacto, sables, espadas, monturas, cornetas, 
tambores, cananas, blusas, morrales, vestuarios, mantas en 
abundancia del almacén de utensilios y de la guardia civil, los 
fondos del Estado procedentes de contribuciones, y varios otros 
efectos de guerra* =Marchamos el 17 por la tarde á Fuentes, 
conseguida la victoria de Cuenca, el 18 á Carboneros por 
Reillo, el 19 á Cardenete, el 20, por Víllora^ cruzando el Ca- 
brielj á Mira, haciendo requisa de armas y caballos y cü brando 
la , contribución en todas las citadas localidades; pasamos 
el 21 á Utiel, en donde permanecimos todo 'el día 32, y el 
siguiente, 2$, emprendimos la marcha para Chelva, adonde 
llegamos á las ocho de la noche, ^Tal ha sido, Sermo. Señor, 
la expedición que he llevado á cabo con las fuerzas de mi 
mandOj por cuyo buen éxito doy gracias al Todopoderoso, que 
colma de bendiciones la causa que defendemos, hasta el punto 
de que las grandes ventajas que al ejército Real ha reportado 
la acción de Cuenca han costado á nuestras filas un solo 
herido, = Mis subordinados, ya lo he manifestado al principio, 
se han portado como buenos españoles, y con esto dicho está 
que han merecido bien de Dios, de la Patria y del Rey, y que 
han sido valientes, fuertes y sufridos, = Dios guarde á V, A. 
muchos anos*=Campo del honor, Chelva 26 de Octubre 
de i873, = Sermo. Señor. ^El segundo Jefe militar interino, 
José San tés y Murguí,=Sermo. Infante, General en Jefe del 
cjírcíto de Cataluña^ Valencia y Murcia, » 



AfíO 1873 105 

Por telej^ramas de Tarancón, se tuvo conocimiento en Ma- 
drid el día 17 del ataque y toma de Cuenca, y al punto se for- 
mó allí una columna para perseguir á Santés, mandada por el 
brigadier López Pinto^ y compuesta de 800 hombres del ba- 
tallón cazadores de Mérida, una compañía de guardia civil ^ 
100 caballos de Villaviciosa, una sección de caballería de la 
guardia civil y otra de artillería montada. AI anochecer del r8, 
salió esta fuerza en dos trenes, por la línea de Valencia, para 
desembarcar en Míaaya y La Roda, á fin de batir á San tés; 
pero bien fuera porque supusiese la marcha de tales tropas ó 
porque tuviera necesidad de transportar su rico botín á Chelva, 
lo cierto es que, á la llegada de la columna á los indicados pun- 
tos, evacuaba el cabecilla la provincia, según se ha dicho, j or 
lo cual, y como no había tal abundancia de fuerzas que peí mi' 
ticra tenerlas solamente en observación, recibió la brigada 
orden de continuar por ferrocarril al distrito de Valencia, para 
aumentar las columnas que en él estaban operando, sin peí jui- 
cio de que, si volvía á ser necesario, se pudieran distraer algu- 
nas que impidiesen en Cuenca desmanes como el que acal aba 
de suceder. 

La toma referida produjo resultados beneBciosos paír el 
carlismo. Aumentada por la parcialidad de los que la propa- 
Jaban^ la noticia de este suceso corrió con rapidez, y ae pre- 
sentó gran número de individuos á reforzar el contingente de 
los que luchaban por aquella causa. 

El Gobierno de la Nación exigió estrecha rcsponsabilidasl á 
los jefes y oñciales de la escasa guarnición de CuencEi sujeta n- 
dolcs á sumaria. Varias instancias de corporaciones de dicha ca< 
pital, como el Ayuntamiento, Diputación Provincial y Junía 
^t Armamento, impetraron que no se llevase adelante el pr >- 
;edímiento, por haber cumplido todos con su deber^ y tratada, 
>or los medios que estaban á su alcance, de evitar lo que iáz ) 
i enemigo á causa de su gran superioridad numérica. Los pro* 



I06 CASTlLLá LA NUEVA 



cedimientos continuaron, sin embargo j resultando absueltos 
los más. 

Aprovechándose del espíritu favorable á los carlistas que se 
había despertado en Cuenca por la audaz expedición de San tés 
otro cabecilla de menos importancia invadió la provincia, El^ 
ID de Noviembre entró en ella Aznar, por Minaya, al frente 
de los 300 hombres con que había estado recorriendo los lími- 
tes de Albacete y Ciudad Real, y se dirigió á Casasimarro y 
El PicazOj donde cobró impuestos y exigió raciones. La auto- 
ridad militar, que había reconcentrado en la capital la escasa 
guardia civilj por el riesgo de una nueva invasión, destacó 80 
guardias de infantería y 20 montados, los cuales llegaron á 
Almodóvar del Pinar el día 12, continuaron á Mo tilla del Pa- 
kncar, al encuentro de los rebeldes, que andaban por aque- 
llas "cercanías, y se aproximaron á ellos; pero Aznar, á quien 
sin duda no convenía aceptar combate, marchó á unirse á San- 
tés, y los 1^1 ardías civiles tuvieron que retirarse. Los pueblos 
de Valverde del Júcar, I ni esta, Gaseas y otros ^ se alarmaron 
sobremanerd con tal incursión, hasta el punto, que el capitán 
Pagés, jefe de ia tropa perseguidora, encareció al Ministro de 
la Guerra el envío de una columna, aunque sólo fuera de 3oo 
hombres, para defender dichas poblaciones y dar confianza á 
sus habitantes. 

No contento Santés con su primera correría por la provin- 
cia de Cuenca, volvió el día 15 de Noviembre á traspasar los 
limites de ésta, con los 4,000 hombres que ya tenía á sus ór- 
denes, distribuyéndolos en fracciones que invadieron á Min- 
glanilla, Enguidanos, La Pesquera y Puebla del Salvador, 
desde donde los cabecillas de cada una pasaron oficios á los 
pueblos cercanos, exigiéndoles fuertes sumas y abundantes 
raciones j que los ayuntamientos se apresuraron A entregar 
por temor. El 21 reconcentró á toda su gente en Iniesta, y 
por Valverde del Júcar y Albaladejo del Cuende, amenazó 



AÍÍO 1873 107 

nuevamente á la capital, que sólo podía oponer á tan nume- 
rosa hueste 194 guardias y 163 voluntarios, aunque con buen 
espíritu y bien apercibidos á la defensa, por la dura lección re- 
cibida anteriormente. Mas no era el intento del cabecilla repe- 
tir la jornada, sino correrse por La Mancha á las riberas del 
Tajo, donde se prometía gran botín, por estar enclavados en 
ellas pueblos ricos en los que aún no habían entrado faccio- 
nes considerables. Con tales propósitos, anduvo el día 34 por 
Torrejoncillo del Rey y San Lorenzo de la Parrilla, en los 
que entró impunemente, disponiendo á su antojo de cuanto 
pudo convenirle- Así continuó hasta Mota del Cuervo y Quin- 
tanar de la Orden (Toledo), retrocediendo después y pasando 
por Carrascosa de Haro, donde detuvo y se apoderó del correo 
de Cuenca j y por Horcajada de la Torre; entrando más tarde 
en la provincia de Guadalajara, según ya hemos dicho, para 
volver á los pocos días á la de Cuenca. 

Para batirle, salió de Albacete, el 24^ por disposición del 
Ministro de la Guerra, el coronel D, Felipe Moltó, al frente de 
una columna de i,5oo hombres de infantería de Galicia y de 
la reserva de Madrid, dos piezas de artillería y 100 caballos; 
entró en la provincia; se dirigió por Iniesta á la capital, don- 
de su presencia, siquiera fuese breve, era necesaria para tran- 
quilizar el ánimo de los moradores^ muy decaído por el temor 
á un nuevo ataque; llegó á ella el 28; descansó allí el día si- 
guiente de las dos marchas forjadas, hechas con soldados biso- 
ños la mayor parte; y el 30 salió con su columna y alguna 
guardia civil hacia Priego, porque presumía que estaban allí las 
fuerzas de Santés, yendo después á AlLalate de las Nogueras, 
por haberse éstas internado en las sierras que circundan áLas 
Majadas. 

Entonces el cabecilla dirigió un reto á Moltó, que, así 
como la contestación, constan en el oficio que insertamos 
seguidajnente. Este escrito y la exposición de los hechos pos* 



I08 CASTILLA LA NUEVA 



tenores ponen de manifiesto que la aparente audacia de Santés 
tenía por objeto retirarse más fácilmente á Chelva, cargado 
con el abundante y rico botín que había hecbo en los pueblos. 
«A las dos de la tarde, y en el momento de llegar á este 
punto, he recibido del cabecilla Sanies ¡a siguiente romunica- 
ción. <D, P. Rp = Ejército Real de Valencia. ^Comandancia 
General, = Hace algunos días que estoy marchando con mis 
fuerzas alrededor de la capital de esta provincia, y habiendo 
tenido noticia de que V, S. ha salido hoy de ella, con las que 
mandaj en mi persecución, he 'resuelto manifestarle que no 
rehuyo el combate; y al efecto,' después de dar á conocer á 
V. S, el punto de mi residencia, que es el en que va fecha- 
da la presente, le ruego se sirva designar y avisarme, cuanto 
antes le sea posible, el en que quiera que midamos nuestras 
fuerzas, como asimismo el día y hora, en la seguridad de que 
quedará cumplido su deseo. = Mi silencio se atribuiría tal vez 
á cobardía, y acaso pudiera V. S- prevalerse de él para que la 
prensa encomiara su persecución ficticia y rebajara la conduc- 
ta que estoy dispuesto á observar ahora y siempre, en justa de- 
fensa de la causa que sostengo. —Suplico á V. S. contestación 
inmediata y pronta, para obrar según la resolución que adop- 
tare, sin perjuicio de llevar adelante el plan preconcebido en 
mi marcha de operaciones, = Dios guarde á V. S. muchos años, 
=Campo dei honor de Las Majadas, ag de Noviembre de 1873* 
=E1 2/ Comandante general, José San tés y Murguí.= Señor 
D, N. Moltó, jefe de la columna de operaciones de esta pro- 
vinda,.t=Pudiendo ser todo esto, Excmo. Sr-, una asechanza 
para alejarme de mi base de operaciones, que es Cuenca, tanto 
para intentar en esta un golpe de mano cuanto para huir con 
dirección á Chelva, lo cual creo más posible, le he contestad 
en carta particular lo siguiente: =Sr. D, José S antes. =^En te 
rado de su escrito, sólo tengo que manifestarle que en vista d 
quej como indica paladinamente en él mismo ^ marcho en s 



AÑO 1873 109 

persecución desde hace algunos días sin que hasta ahora haya 
logrado avistarle, á pesar de las marchas forzadas que para 
conseguirlo llevo verificadas; y como quiera que pienso seguir 
esta misma conducta sin descansar un momento, puede espe- 
rarme cuándo y donde quiera; advirtiéndole^ que por primera y 
última vez contesto á escritos de e&a naturaleza.:^ Felipe Mol* 
tó.5=:^Albalate de las Nogueras, 30 de Noviembre de 1873.= 
IntentOj por lo tanto, Excmo. Sr,, seguir activamente en su 
persecución^ mientras pueda pasar con un carruaje de artille- 
ría; marchando en el día de mañana con dirección á Zarzuela, 
punto que me sitúa cerca del enemigo y me pone en inmediata 
Comunicación con Cuenca. =^ Según los informes que he adqui- 
rido y que considero fidedignos, el cabecilla San tés llevará de 5 
á 6.000 hombres; de éstos solamente 2,500 armados con Re- 
mingthon, Berdan y Minié; componiéndose el resto de jóvenes 
de 14 a 15 años, mal armados, ^Vuelvo de nuevo á molestar 
á Vp E< manifestándole los inconvenientes que para la perse- 
cución de los carlistas tiene la artillería rodada; pues no hay 
camino alguno transitable para aquella arm^ que me conduz- 
ca hacia la parte Este de la provincia, por donde precisamente 
tiene que pasar el enemigo si, como supongo, se dirige á 
Chelva, en la de Valencia, á depositar el fruto de sus rapiñas 
y organizar su gcnte*^=D¡os guarde á V, E. muchos años, 
=:Albaiate de las Nogueras 30 de Noviembre de 1873.= 
Excmo- Srt=FeIipe Moltó.^Excmo, Sr. Ministro de la Gue- 
rra.» 

El presagio de Moltó resultó cierto, porque Santés, sin 

esperar el combate que con tanta ansia parecía desear, aban^ 

donó la provincia y regresó por Cañete á Chelva, su centro de 

^ aeraciones, según sabemos, siendo perseguido por aquél has- 

. en las fragosidades de la sierra, á pesar de los grandes es- 

erzos y penalidades que exigió el transporte de la artillería 

ir caminos casi inservibles. El coronel Moltó regresó el a 



IIQ CASTILLA LA NUEVA 



de Diciembre á Cuenca, donde ya tenía orden del Ministro de 
la Guerra para volver á Albacete, á seguir Jas operaciones 
suspendidas por esta excursión* Así lo verilicó, saliendo el 3 
de aquella capital, en la que dejó dos compañias de la reserva 
de Madrid para que la defendiesen en cualquier evento; díspo* 
iicición que contribuyó á calmar paulatinaniente los ánimoSj 
no tan sólo eo Cuenca, sino en el resto de la comarca. 

AI aníiparo de la gruesa partida de Santés^ otras de poca 
importancia entraban y merodeaban en los pueblos, exigiendo 
tan sólo lo preciso para su subsistencia; pero en cuanto aquél 
cabecilla evacuó la provincia, quedaron relegadas á la sierra 6 
se disolvieron; así fué, que transcurrió todo el mes de Diciem- 
bre en relativa calnia, turbada únicamente cuando algún nú- 
cleo importante de los carlistas del Centro aparecía en los con- 
ñnes amagando invadirla, lo que no volvió á suceder en este 
año* 



Toledo y Ciudad Real también dieron su contingente á las 
filas carlistas en 1873. El día 6 de Enero apareció en el mon- 
te de A lamín, cerca de Santa Cruz del Retamar, una partida de 
5o hombres armados y montados, á perseguir á la cual salió 
la^guardia civil del puesto de Quismondo, y de Toledo una pe- 
queña columna, regresando ambas fueri^as á. sus puestos sin 
haber podido adquirir noticias de la facción, que se internó en 
la sierra y no volvió á dar señales de vida. En los ^montes de 
Moratalla se presentaron asimismo algunas cuadrillas de hom- 
bres armados, lo cual obligó al Gobernador de Ciudad Real á 
movilizar la guardia civil de la línea de Manzanares, que sos- 
tuvo con una de ellas, en el cerro del Mayoral, un pequeño 
combate^ en el que cogió 23 prisioneros, varios caballos y 
algún armamento* Estos sucesos; el robo de un tren correo en 
Argamasilla de Alba, hecho por una partida organizada dos 



AKO 1873 ffí 

días antes; la propaganda activa que hada por el pais el titu- 
lado brigadier Crisanto Gómez, comprometiendo gente para 
las partidas; la intentona de asalto á la estación de Castillejo^ 
verificada por un grupo armado, á fin de apoderarse de un 
convoy de pólvora que iba á Toledo custodiado por un peque- 
ño destacamento; todo indicaba que los carlistas no descansa- 
ban y que con grandes ánimos se proponían promover nueva- 
mente la lucha en La Mancha. 

La escasez de medios con que se contaba para reprimir 
el aUamiento, procuró compensarla el brigadier Goberna- 
dor militarj D. Ruperto Sal amero, con la gran actividad 
de las pequeñas columnas de guardia civil y de caballería 
que tenia á sus órdenes, y con la cooperación de la guardia 
civil del confín de Extremadura» Bien poco tiempo trans- 
currió antes de verse el resultado de tal actividad. El día 14 
de Enero fué : alcanzada la partida mandada por Crisanto Gó- 
m^z, que era la más numerosa^ por un destacamento de 
caballería de Talavera, á las órdenes del capitán Cuadrad o , 
en la masía de Cervera, término de Aldea del Rey, siendo 
completamente derrotada, con pérdida de cinco muertos y dos 
prisioneros, estando entre aquellos el segundo de la partida, 
llamado Calero* y el cabecilla Hervás, A los pocos días fué 
nuevamente encontrada y batida esta facción en las inmedia- 
ciones de Calzada de Calatrava por la misma tropa, que le 
causó algunos heridos y prisioneros. La columna del coman* 
dante Makenna, también de caballería de Talavera, dispersó en 
Abenójar, el a8, á otro grupo de sediciosos, cogiéndole dos 
prisioneros. 

Para organizar las fuerzas carlistas en el territorio de La 
Mancha, fué nombrado Comandante general de Toledo D. José 
üastells, que empezó por circular, en 5 de Febrero, lasiguien- 

e proclama, en la que convocaba á la rebelión á los habitantes 

le aquella provincia. 



112 CASTILLA LA NUEVA 



i ¡Toledanos! Cataluña asombra at mundo con la grandeza 
de sus hazañas. Las provincias Vasconavarras, siempre leales, 
han levantado de nuevo la bandera nacional^ y de una en otra 
victoria van acorralando á los mercenarios secuaces del extran- 
jero- Asturias y el Maestrazgo secundan este glorioso movi- 
miento, y España entera se dispone á recobrar su independen- 
cia perdida y salvar su dignidad hollada. ¡Toledanos! ¿Habéis 
de ser vosotros menos leales, menos valerosos y menos entu- 
siastas que los demás españoles? No puede ser, y no será. 
Cuando la religión, la patria y el rey han solicitado vuestro 
esfuerzo, jamás se lo habéis negado. No se lo negareis ahora 
tampoco. Ahora menos que nunca, porque ha llegado el mo- 
mento que todos, sin excepción, con los recursos de que dis* 
pongan, hagan el último sacrificio para arrojar de España un 
gobierno que nos corrompe y una dinastía que nos avergüen- 
za. Ya lo veis. Estos^ que prometían venturas sin cuento, co- 
menzaron hollando nuestra fe y concluyen vendiendo nuestras 
Antillas y profanando hasta los sepulcros de nuestros padres. 
Mil veces peores que los franceses de 1808, ni hay institución 
que no pisoteen^ ni sentimiento honrado que no lastimen. 
Impíos, hieren nuestras almas cristianas; sacrilegos, quieren 
ahora escupir sobre nuestros cadáveres, ] Toledanos! ¡A las ar- 
mas! ¡A las armas, si todavía tenéis sangre en las venas y áto- 
mo de honradez en el corazón I Soy vuestro Comandante gene- 
ral interino, por mandato de S. M. el Rey D. Carlos VII 
(q^ D. g.)j y cumpliendo sus soberanas órdenes os Hamo de 
nuevo á las armas. Sí, ¡A las armas en nombre de Dios que 
nüs mira! ¡A las armas en nombre de la patria que se hunde! 
I A las armas en nombre del Rey legitimo que anhela nuestra 
dicha! jA las armas en nombre de la dignidad nacional; en 
nombre de la honra de nuestras mujeres; en nombre de la 
tranquilidad de nuestros hijos; en nombre de nuestros padres, 
que desde el cíelo se avergüenzan de nosotros! ¡Viva la re- 



AÑO 1S73 113 

ligíón! ;Viva España! ¡Viva Carlos VII! ¡Abajo el extranjero! 
^Vuestro Comandante general interino. = José Caístelis,» 

Grande fué la excitación que produjo entre los carlistas esta 
proclama. Noticias confidenciales indicaban á las autoridades 
la probabilidad de que se lanzasen al campo muchos indivi- 
duos, y como principio de estOj algunas nuevas partidas de es- 
caso contingente aparecieron por los confines de ambas provin- 
cias. Para perseguirlas, evitar los desperfectos que causaban 
en la vía férrea é impedir robos de trenes, como el que ocurrió 
á mediados de Febrero entre las estaciones de Záncara y So- 
cuéllamos, salieron de Toledo dos columnas, una de caballería 
y guardia civil, í las órdenes del coronel, Gobernador militar 
interino, D. Luis Carbajal, que se situó en Tembleque, desde 
donde dio frecuentes batidas, y otra que recorrió ios pueblos, 
protegiéndolos y auxiliando la cobranza de contribuciones. De 
Ciudad Real también se destacó alguna guardia civilj que fué 
repartida, lo mismo que i*n escuadrón de lanceros de España 
desembarcado en Alcctzar procedente de Granada j entre Mala- 
gón. Fuente el Fresno y otras poblaciones donde la efervescen- 
cia se hacia sentir con mayor intensidadj logrando en poco 
tiempo que ésta desapareciera. 

La facción más numerosa de las levantadas en estos días se 
presentó entre Navahermosa y Menasalvas, Estaba compuesta 
de 80 hombres á pie, armados la mayor parte, y capitaneada 
por el titulado Comandante general Castells. Fué perseguida 
activamente por la caballería de Talavera del capitán Melgui- 
zo, que logró en pocos días dispersarla en pequeños grupos y 
aicanirar al más numeroso, que era el del cabecilla, en el cerro 
de Valdesimón, inmediato á Los Ye venes, haciéndole dos pri- 
sioneros y apoderándose de armas, caballos y monturas. Otra 
de las partidas que recorrían el territorio de Toledo tenía por 
jefes á Br iones y Mulita, cabecillas conocidas de las anteriores 
intentonas, y constaba de 38 infantes y 12 caballos. Entró en 

Tono tlT 8 



114 CASTILLA LA NUEVA 



algunos pueblos exigiendo recursos, que no siempre hi20 efec- 
tivos, y el 1 3 de Febrero pasó por el puerto de San Vicente en 
precipitada fuga, seguida de cerca por la guardia civil del capi- 
tán González^ que la tiroteó al dia siguiente, congiéndole 
varios prisioneros y algunos caballos. Después de pasar por 
Retuerta, se diseminó el dia i6, al verse acosada por la colum- 
na del capitán Jimeno, presentándose luego á indulto la mayor 
parte de los fugitivos. 

A fines de dicho mes ya no existia ninguna facción en estas 
provincias, motivo por el cual las columnas regresaron á las 
capitales, menos una que operaba en las inmediaciones de Ta- 
layera de la Reina, la cua! quedó ocupando esta villa, por su 
importancia y por ser de las más significadas en favor de 
la causa carlista. No duró muchos días la calma, pues en 3 
de Marzo se lanzaron nuevamente al campo, entre Nambroca 
y Chueca, los cabecillas Briones y Mulita, con 36 hombres, 
en seguimiento de los cuales se destacó de Toledo una pe- 
queña columna de guardia civil, que les obligó á internarse 
en los montes, donde anduvieron ocultos varios días, bajando 
después frecuentemente al llano para racionarse y cobrar con- 
tribuciones en los puntos donde podían hacerlo impunemente, 
alentados por la presencia de tres nuevas facciones: una» de 
5o jinetes, que se presentó hacia Miguel Esteban; otra, menos 
numerosa, que detuvo un tren cerca de la estación de Quero,. 
y otra, capitaneada por Crisanto Gómez, de la misma fuerza 
que la primera. 

Esto motivó la salida de más tropas; de Toledo marchó 
primeramente hacia Consuegra una pequeña columna^ com* 
puesta de 40 artilleros del 3." regimiento de á pie, 20 ca- 
ballos de España y 12 guardias, mandada por el capitán 
García Kaggen; á los pocos días partió otra de 38 cazadores de 
Talavera y i5 guardias civiles de infantería, á cuyo frente iba 
el capitán Jimeno; y después salieron varias de escasa impor- 



AÑO 1873 115 

tancia. De todas ellas, la segunda fué la que con mejor éxito 
desempeñó su cometido; pues el dia 12 sorprendió en el cerro 
de los Gigantes, término de Fernáncaballero, al titulado bri- 
dier Crisanto Gómez y á sus partidarios, dispersándolos, ha- 
ciéndoles algunos heridos y cogiendo bastantes efectos, á con- 
secuencia de lo cual, la mayor parte de los que formaban este 
grupo se presentaron en sus respectivos pueblos, frustrándose 
el plan que el citado cabecilla tenía, de constituir una fuerte 
partida; el 18 hizo, prisioneros, cerca de Retuerta, al cabecilla 
Briones y á otro de su facción con quien había ido á este pue- 
blo á recoger los fondos de la recaudación de contribuciones; 
y al día siguiente, sabiendo que Mulita, con su gente, marcha- 
ba hacia el Molinillo, salió en esta dirección, avistándole en el 
monte del Lagar, entre el caserío de aquel nombre y Marjali- 
za, perfectamente atrincherado en una posición inaccesible 
para la caballería, por lo cual tuvo que limitarse Jimeno á sos- 
tener el fuego hasta que se aproximó la noche, retirándose 
entonces al punto de partida, para racionar la tropa y el gana* 
do. Los facciosos tuvieron un muerto y varios heridos, y nin- 
guna baja sus perseguidores. 

Continuaron en seguimiento de Mulita, tanto la columna 
Jimeno como otra mandada por el capitán Rivera, hasta el 22, 
en que este le alcanzó en los riscos de Pedrizablanca, térmi- 
no de Loa Yévenes, donde estaba parapetado con go hombres. 
Después de sostenerse el fuego algún tiempo por ambas partes, 
un ataque de flanco de la tropa puso al contrario en rápida fu- 
ga, que se convirtió al poco rato en completa dispersión. Dos 
muertos, cuatro heridos, entre los cuales estaba Mulita, un 
prisionero y algunos caballos costó á los carlistas este encuen- 
tro> La columna no tuvo novedad. 

Los núcleos enemigos se fraccionaron, no sólo por conse- 
íiicia de estos encuentros, sino siguiendo su sistema de divi- 
se para eludir la persecución y de reunirse después, tan 



xt6 castilla la nueva 



pronto á las órdenes de un cabecilla como á las de otro, á ñn 
de entrar en los pueblos, cuando podían hacerlo impunemente. 

Así, pues, continuaron las cosas: los perseguidores mar» 
chando sin cesar, los perseguidos huyendo sin lograr siempre 
substraerse á la acción de las columnas; pues el día 4 de Abril 
fué alcanzado en Peña Blanca, término de Fernán caballero, 
Crisanto Gómez; y el 6 y 8 lo fueron los nuevos cabecillas 
Hervás (a) Feo de Cariño y Jesús de la Calzada, en el puerto 
de Alberquillos y en las cercanías de Valdepeñas respectiva- 
mente; quedando batida su gente en los tres encuentros, des- 
pués de alguna resistencia, que les costó varias bajas. 

En la madrugada del día 17 de estimes, se formó en las 
inmediaciones de Parla, provincia de Madrid, una facción de 
60 hombres, acaudillada por Parrondo, que entró rápidamente 
en la de Toledo por Illescas, recorriendo algunos pueblos, 
donde se apoderó de fondos, caballos y raciones. La aparición 
de esta partida tenia de grave la circunstancia de estar consti- 
tuida, en parte, por soldados pertenecientes á la guarnición de 
la capital. Así lo juzgó el Capitán general del distrito, D» Ma- 
nuel Pavía ^ disponiendo en la misma fecha que se organizara 
una brigada á las órdenes del brigadier Soria Santa Cruz, para 
marchar* en seguimiento del nuevo grupo rebelde y también de 
los demás que vagaban por Toledo y Ciudad ReaL Formaron 
esta columna un batallón de infantería de África, que estaba 
acantonado en Leganés, y dos escuadrones de lanceros de 
Santiago que salieron de Madrid; fuerzas á las que se debían 
unir otros dos escuadrones de lanceros de España que, pro- 
cedentes de Linares y Manzanares, se encontraban en Tem- 
bleque en marcha para la capital. El día 20 llegó á Toledo la 
brigada, y aquel mismo día emprendió las operaciones contra 
las partidas facciosas, que aí saber su aproximación se habían 
internado en las sierras que cruzan la provincia. Entonces 
dispuso Soria Santa Cruz la formación de dos columnas; la 



AÑO 1873 117 

primera, de dos compañías de África y un escuadrón de lance- 
ros de España, al mando del coronel D, Luis Cappa, para ba- 
tir las inmediaciones de Escalonaí y la segunda, de igual fuer- 
za del mismo batallón y dos escuadrones de Santiago, la cual 
quedó á sus inmediatas órdenes, á fin de operar por los térmi- 
minos de Guadal erzas y el Castañar* Previno, al mismo tiem- 
pO| al Gobernador militar de Ciudad Real que estableciese 
al^n núcleo de tropas en Femáncaballero, con objeto de 
impedir que pasasen los carlistas a esta provincia, y dejó en 
Toledo dos compañías de África y una sección de caballería 
de España, á disposición de la autoridad militar, para que pu- 
diese acudir prontamente al punto en que fuese necesaria la 
presencia de las tropas. 

El día 22^ estas columnas y las que había en operaciones 
dieron en Toledo una batida general en busca de la partida 
Parrondo, que el 19 había pasado á la izquierda del Tajo por 
una barca, y de otras que, como la del nuevo cabecilla Meren- 
dón, andaban inmediatas á aquella; y el capitán Melguizo, con 
un escuadrón de Talavera, después de una jornada de i3 leguas ^ 
avistó á este jefe carlista, no lejos de Marjali^a, derrotándole, 
causándole 5 muertos y algunos heridos, y cogiéndole i8 ca- 
ballos, sin tener bajas en sus soldados á pesar del tiroteo que 
sostuvo durante una hora. Coincidiendo con esta operación, 
las tropas de Ciudad Real hicieron otra análoga por las márge- 
nes del Guadiana y sus imediaciones, en la que el capitán Jí- 
meno, al frente de 100 caballos de Talavera, encontró á una 
legua de Abenójar á la partida Feo de Cariño, que estaba po- 
sesionada de una altura en la sierra de Bréceo; la batió, arro- 
jándola de su posición, y la persiguió durante cuatro horas, 
TTiíitando á cinco carlistas y apoderándose de caballos y armas. 
A causa de la activa persecución, se dividieron otra vez 
a rebeldes en grupos de seis ú ocho hombres, que continua- 
n vagando por los montes, hostilizados siempre por las 



II 8 CASTILLA LA NUEVA 



tropas, SiD embargo, el 20 de Mayo se presentaron en los mon- 
tes de Consuegra unos treinta carlistas que cometieron algu- 
nas tropelías en los pueblos inmediatos, por lo cual se fraccionó 
en dos partes un escxiadrón de lanceros de España que estaba 
en Urda, y una de ellas ínú á la sierra de Calderina, y la otra 
á la de Reaja. Esta alcanzó á parte déla facción* haciéndola 
un mijerto, un herido y dos prisioneros, y aquélla tiroteó y 
batió al rtsto, sin que la caballería tuviera más bajas, en ambas 
refriegas, que tres soldados contusos, A pesar de estar tan 
hostilÍ2ados, tadavía hubo un núcleo faccioso que se aventuró 
el día 3o á detener y saquear el tren correo de Andalucía, cerca 
de la estación de Villacañas, siendo dispersado al día siguiente 
en sierra Lengua por algunos guardias civiles. 

Pocos días después en vista de la aparente desaparición de 
las partidas, la mayor parte de las fuerzas que estaban en ope- 
raciones regresaron á las capitales, entre ellas la de Soria 
Santa Cruz, que volvió á Madrid; pero á mediados de Junio se 
excitó nuevamente la opinión pública por haber reaparecido 
Merendón, seguido de varios hombres, en las cercanías de Mar- 
jatiza, donde el 17 sornrendió á un oficial y it guardias civiles 
que se hallaban en sus alojamientos, invitándoles á que abra- 
zasen la causa carlista; proposición que rechazaron éstos, 
siendo entonces puestos en libertad, sin armas y sin equipo. 
El capitán García Kaggen, que se hallaba en Menasalvas con 
algunos guardias, emprendió el seguimiento de Merendón, y 
le alcanzó, á las 14 horas de marcha, en la casa del Carrillo, 
cerca de Marjaliza, dispersándose la partida al cabo de una 
hora de fuego^ con pérdida de varios heridos y caballos. Esta 
guardia civil, reforzada con 20 húsares de Villarrobledo y 
otros tantos artilleros á pie que estaban en Urda, continuó 
tras los de Merendón, que se refugiaron en los montes de 
aquellos contornos. Con igual fin que la anterior salió de 
Talavera de la Reina otra pequeña columna al mando del ca- 



AÑO 1873 119 

pitáo Rivera^ y de. Fuensalida y Toledo partieron dos seccio- 
nes de guardia civil, á las órdenes del teniente coronel Pas- 
tor, quien después de reunirse con García Kaggen, tuvo cono- 
cimiento deque Merendón, con su gente otra ve^ concentrada, 
vagaba pt)r el valle del Hontarrón, y marchando hacia allí le 
alcanzó y derrotó, el 19 por la tarde, en la roca del Salvador, 
haciendo prisionero al secretario del cabecil la^ causando varios 
heridos al enemigo y cogiendo gran cantidad de efectos. La co- 
lumna tuvo algunos contusos- Después de tal encuentro, Me- 
rendón abandonó temporalmente el campo y se refugió en Ma- 
drid- Como esta nueva intentona indicaba que los carlistas no 
desistían de sostenerse en armas, por lo que pudiera aconte^ 
cer, salió de Madrid un escuadrón de lanceros de España par& 
reforzar la guarnición de Toledo. 

A dos leguas de Ciudad Real se al2Ó otro grupo sedicioso 
capitaneado por D. Regino Mergeliza, que ostentaba el título 
de Comandante general de esta provincia^ quien en dos días 
consiguió reunir 100 hombres, algunos de ellos de la capital* 
La oportuna ll-^gada á este territorio del 2/ batallón del regi- 
miento de RamaleSj enviado por el Capitán general desde Ma- 
drid el día 18 de JuniOj hi^o abortar el movimiento preparado 
en mayor escala, y le dejó, por entonces, limitado á esta parti- 
da y otras insignificantes. El 22, sufrió Mergeliza el primer re- 
vés en un encuentro que tuvo con fuerza del expresado regi- 
miento, mandada por el comandante Francés, perdiendo dos 
muertos, tres heridoSj tres prisioneros, armas y efectos, sin que 
la tropa tuviera que lamentar ninguna baja de importancia» 
Este descalabro contuvo á muchos de los comprometidos, y los 
que ya estaban en el campo se diseminaronj internándose en la 
zona más áspera de la comarca para evitar la persecución. 

Según vemos, la insistencia de los carlistas era grande en 

stas provincias, á pesar de que no llegaban á organizarse 

como en otras. Con el propósito de dar fin á tal estado de 



Í30 CASTILLA LA NUEVA 



cosas, el Capitán general del distrito envió nuevamente fuerzas 
del ejército para que ocuparan los centros principales de 
alistamiento. El primer batallón de Soria, que procedente de 
Valencia iba á Castilla la Nueva, fué destinado á tal objeto el 
27, y por aquellos días fueron también tres escuadrones de lan- 
ceros de España, para recorrer constantemente el territorio , 
Sin embargo, cuando comenzó el mes de Agosto, los traba- 
jos de propaganda que se hacían cumpliendo órdenes de la junta 
de Madrid, dieron su resultado, puesto que llegaron á existir 
ocho partidas, que eran las de Mergeliza^ Merendón, Cr ¡santo 
Gómez, el Feo Cariño, Telaraña, Bruno Padilla, Riego y Cas- 
tells, de fuerza variable, porque en ocasiones algunos indi vi- 
de una pasaban á otra ó se restituían á sus casas para volver 
á incorporarse cuando eran necesariosj pero, por término me- 
dio, sumaban entre todas unos 500 hombres, la mayoría mon- 
tados. Dichas facciones pasaban y repasaban los confines de 
Toledo y Ciudad Real, y se aventuraban á entrar en pueblos 
de bastante vecindario á cometer desmanes, como sucedió en 
Menasalvas, donde cogieron 3.5oo pesetas de los fondos muni- 
cipales. 

En Toledo operaban contra ellas varias pequeñas columnas 
organizadas con guardia civil, infantería de Soria y alguna ca- 
ballería. De las dos principales, una estaba á las órdenes del 
capitán Rivera, y la otra á las del comandante Rodríguez 
Mangas; las demás dependían de oficiales subalternos, y todas 
ellas se movían siempre combinadamente, uniéndose á veces 
varias para que el resultado fuera más seguro y eficaz* Tres 
compañías de franco- tiradores de Pierrad operaron también 
unos días en la provincia; pero sublevados en Burq aillos en 
sentido cantonal, hubo necesidad de distraer tropas en su se- 
guimiento, hasta que se diseminaron. En Ciudad Real exis- 
tían también columnas de escaso personal, con las que había 
que atender á la seguridad de los pueblos y vigilar el puerto 



AÑO 1873 121 

de Despeñaperros, paso importantísimo siempre^ y más enton- 
ces á causa de la efervescencia producida por los cantonales 
en la comarca andaluza. Una de ellas mandada por el capitán 
Sal amero, alcanzó cerca de Abenójar á las facciones Riego y 
Telaraña reunidas^ y después de un corto tiroteo que ocasionó 
tres muertos, varios heridos y algunos prisioneros á las par- 
tidas, se retiraron estas á las sierras del Campillo, La co- 
lumna tuvo dos heridos, uno de los cuales era jefe. Otro grupo 
de 70 facciosos que pretendió entrar en Almodóvar del Cam- 
po, fué rechazado por su vecindario, sufriendo la baja de dos 
heridos en la refriega. 

Al verse los carlistas con mayores elementos para la lucha, 
emprendieron una expedición más arriesgada que las verifica- 
das hasta entonces, cual filé la sorpresa de la villa de Aranjuez 
por Castells, con un centenar de hombres. El día 2 de Agosto 
llegó ulli el cabecilla, y aprovechándose de la oscuridad de la 
noche, se apoderó de la estación del ferrocarril y demás pun- 
tos importantes de la villa^ y exigió á los mayores contri- 
buyentes una crecida suma, mientras un grupo que habla 
quedado en la vía férrea preparaba un tren para que huyera 
la facción, tan pronto como hubiera realizado su propósito. Re- 
puestos los vecinos de la sorpresa que les causó la presencia de 
los carlistas, se reunieron muchos, armados, y sostuvieron con 
ellos un corto tiroteo, obligándoles á replegarse en la estación 
y á embarcar en el tren que ya tenían dispuesto; pero no pu- 
dieron impedir que se apoderaran de los fondos que había en 
la administración subalterna de rentas y de los de la compañía 
del ferrocarril, igualmente que de armas y caballos. La parti- 
da desembarcó en Algodor, donde inutilizó los aparatos tele- 
gráficos, y, á campo travieso, fué á refugiarse en los montes, 
:i que pudiesen alcanzarla los dos grupos de paisanos de 
anjuez que el día 3 la persiguieron; mas la columna de 
Ddrigu&z MangaSj que en la misma fecha salió de Toledo 



122 CASTILLA LA NL^EVA 



para cortarle la retirada, la encontró en Chueca, y al cabo de 
dos horas de un fuego sostenido tenazmente por ambas par- 
tes j cargó el reducido escuadrón de caballería que llevaba di- 
cho jefej y á pesar de que los carlistas eran superiores en nú- 
mero y ocupaban mejores posiciones, se pronunciaron en reti* 
rada^ abandonando en el campo cuatro heridos y perdiendo 
ocho prisioneros. La tropa, en este hecho de armas, tuvo 
cuatro húsares heridos y tres caballos muertos. 

Tal acontecimiento y otros de escasa importancia, en los 
que siempre llevaron la peor parte los carlistas, hicieron que 
se fraccionasen algunos núcleos en pequeños grupos, varios de 
los cuales se presentaron á las autoridades en solicitud de in- 
dulto, y que otros se internaran en la provincia de Ciudad 
Real, donde las partidas continuaban todavía con bríos. Me- 
rendón abandonó también la de Toledo, pero sin diseminar su 
gente, anunciando el propósito de hacer frecuentes excursio- 
nes por laque evacuaba; y para impedir que Heg^ase este caso^ 
al reconcentrarse á principios de Septiembre todas las colum- 
nas en la capital^ dejaron situadas algunas fuerzas en Sonseca 
y Ventas con Peña Aguilera, 

Reunido Merendón con Mergeli^a y los ya conocidos ca- 
becillas de años anteriores Tercero y Rapilla, con un total de 
25o hombres, de los que lOO tenían caballos, entró en 12 de 
Agosto en Porzuna, al día siguiente en Piedrabuena y los su- 
cesivos en oíros^ pueblos, cobrando en todos un trimestre de 
contribución, y el 17 atacó á la columna del comandante Cas- 
taño, de 55 lanceros de España, 3o soldados de Soria y tres 
guardias civiles que servían de guías, la cual marchaba de Vi- 
llarta de los Montes (Badajoz) á Navalpino. Este hecho de 
armas ocurrió cerca de la casa llamada Majada alta. Los car- 
listas estaban posesionados de una eminencia acechando el 
paso de la columna» y desde el momento que la divisaron, 
rompieron un fuego muy vivo sobre ella, contestado en seguida 



AÍÍO 1873 123 

por los soldados de infanteria, que desplegaron en guerrillap 
Después de hora y media de tiroteo, aprovechándose los car- 
listas de su superioridad numérica, avanzaron tomando la 
ofensiva, y envolvieron y arrollaron á los infantes, sin que la 
caballería, que estaba á retaguardia^ hiciese nada en su apoyo « 
por impedirlo la naturaleza áspera del terreno donde se des- 
arrolló este acontecimiento; evitando, sin embargo, que el de- 
sastre fuera mayor, el alférez Guzmán, que con media docena 
de jinetes estuvo en el campo protegiendo y reuniendo á casi 
todos los que lograron abrirse paso por entre los enemigos- 
Las bajas que hubo, fueron cinco soldados muertos, 16 prisio- 
neros^ entre los que estaban cuatro heridos, uno de ellos el 
uncial que mandaba Ja infantería. Los carlistas sufrieron al- 
gunas pérdidas, pero de menor importancia que las de la co- 
lumna* La caballería regresó á Villarta y de allí á Herrera del 
Duque, seguida al día siguiente por Guzmán* El Gobernador 
mihtar de Ciudad Real decía en su parte oñcial que en este 
hecho desgraciado se había demostrado que el valor era in* 
fructuoso ante la superioridad numérica del enemigo, y que 
con tal descalabro se alentaría el partido carlista y se aumen- 
tarían las facciones, por lo que rogaba se le enviase no bata- 
llón y 200 caballos, que consideraba necesarios para la perse* 
cución. Esto era difícil, Madrid tenía escasa guarnición para 
las necesidades de entonces^ y el Capitán General no pudo, por 
lo tanto, distraer fuerzas. 

Engreído Merendón con tal victoria, de la que se propuso 
sacar partido, y queriendo contrarrestar la influencia de una 
alocución de la autoridad civil de la provincia, publicó el si* 
guíente bando: 

■ En ateDción al mejor servicio del Rey nuestro señor (que 

ios guarde) D, Carlos VII, y á consecuencia de una circular 

el titulado gobernador de Ciudad Real, fecha 20 del corriente, 

*^a que los pueblos se resistan y hagan armas á las fuerzas 



124 CASTILLA LA NUEVA 



reales, cuando éstas se presenten, y en la que se imponen penas 

y castigos á los contraventores , yo, en uso de las facultades 
que las reales Ordenanzas de S* M* me conceden para casos ex- 
cepcionales como el presente, ordeno y niando;=i/ Toda po- 
blación que al aproximarse las fuerzas de S, M, hiciera resis- 
tencia, será incendiada y sujeta alas condiciones del asalto. = 
2-* Toda autoridad que diera parte al enemigo de mi proxi- 
midad ó permanencia en la población, será pasada por las 
armas. =3.° Todo individuo que lleve partes y sea co|^Ído, 
será incontinenti fusilado, sin distinción de sexo*;=:4,* Todo 
padre que impida á sus hijos incorporarse á las filas de Su Ma- 
jestad, siempre que éstos lo deseen, será multado en 6.000 rea- 
les* _= Todos los jefes de fuerza y autoridades dependientes de 
la mía, velarán por el exacto cumplimiento de esta orden; en 
inteligencia, que serán sujetos á un consejo de guerra los que 
no la obedeciesen. = Campo del honor>™ Agosto de 1873, ^El 
jefe de Estado Mayor. !=AntoDÍo Merendón.» 

La numerosa partida de este cabecillaj alentada por su 
triunfo, siguió cometiendo violencias y exacciones en los pue- 
blos; entró en la provincia de Toledo; se acercó á Los Yéve- 
nes, donde puso en libertad á los prisioneros del dia 17, que- 
dándose con sus armas y vestuario; regresó á la de Ciudad 
Real, por la oposición que en aquélla le hicieron algunas fuer- 
zas; y el 25, contando ya con 3 00 hombres, y estando en las 
cercanías de Malagón, recibió la confidencia de que se acerca- 
ba la columna del teniente coronel Jiménez, compuesta de 50 
infantes y 5o caballos, y se aprestó á la defensa en el cerro de 
los Enjambreros, No tardó en llegar dicho ¡efe, y en tomar á 
su vez posesión en el alto del Moro, donde al poco tiempo re- 
cibió una nota del jefe carlista, intimándole la rendición para 
evitar el derramamiento de sangre, A tan extemporánea y des- 
usada proposición respondió Jiménez rechazándola en términos 
enérgicos; rompiendo seguidamente los carlistas el fuego, que 



AÑO 1873 f%Í 

fué sostenido por ambas partes durante dos horas, transcurri- 
das Jas cuales, corrióse el enemigo hacia su derecha, con ánimo 
de envolver el cerro del Moro, y salieron á su encuentro, al 
aire de car^a, las dos secciones de caballería, que en breves 
instantes quedaron dueñas del campo, de i3 prisioneros y de 
gran número de pertrechos. El resto de la facción huyó rápi' 
damente en varias direcciones, abandonando un muerto y re- 
tirando dos y varios heridos. Dos de éstos y cinco caballos 
muertos fueron las bajas de la tropa en esta victoria, alcan- 
zada con la tercera parte de fuerza que el adversario. 

Otra pequeña partida de 3 y hombres ^ escolta de los 
cabecillas Sahariegos y Contreras que recorrían el campo para 
hacer prosélitos, fué batida el día 28 por un destacamento de 
guardia civil, que le cogió un prisioneroj causándole dos he- 
ridoSp 

Pero los carlistas, i pesar de tan frecuentes descalabros, 
DO cejaban en su empeño de fomentar la rebelión, que arras- 
trando una existencia poco próspera desde su principio, sólo 
podía subsistía por la escasez de tropas. La junta de Madrid no 
descansabay agotábalos medios para sostenerla y aumentarla, 
remitiendo de ve2 en cuando los escasos fondos de que disponía 
y mandando frecuentes emisarios con el fin de alentar á las par- 
tidas . 

Reunidos otra vez los dispersos de la facción Merend6n> 
después de su último y desgraciado encuentro, y reforzados á 
duras penas por nuevos voluntarias, hasta sumar 400 hom- 
bres, hicieron una expedición hacia el sur de Ciudad Real, y 
atravesaron Sierra Morena, con objeto de afiliar prosélitos; 
recaudar fondos en poblaciones de donde todavía no se habían 
sacado; requisar caballos; y estar á la mira de lo que sucedí e- 
a en La Mancha y Andalucía. Con estos propósitos entraron 
ín la provincia de Córdoba, á primeros de Septiembre, sorpren- 
.eroo á un capitán y aS guardias civiles^ haciéndolos pri- 



126 CASTILLA LA NUEVA 



sioneros y desarmándolos, marchando con ellos á Torre Campo, 
donde llegaron el 5 del indicado mesp 

En su seguimiento continuaba lacolumna Jiménez, que se 
unió, sobre k marcha, á otra mandada por el coronel Bernabeu, 
formándose un total de dos escuadrones de caballería y dos 
compañías de infantería. Este jefe, que atravesó el confín 
de la provincia^ tuvo confidencia el día 4 de la situación de 
¡a partida, y haciendo un falso movimiento para coger des- 
prevenido al adversario, llegó al día siguiente, á mediodía, 
á la vista de Torre Campo. Los carlistas estaban ajenos de la 
proximidad de las tropas; pero advertidos á tiempo, salieron 
precipitadamente del pueblo, y parapetados en las muchas cer- 
cas que lo rodean, comenzaron á disparar sobre un escuadrón 
de lanceros de España y media compañía de cazadores de Al- 
colea^ que era la vanguardia de la columna; mas no pudiendo 
resistir el ataque de esta fuerza y del otro escuadrón que avan* 
zó en seguida, abandonaron sus posiciones y se refugiaron á 
retaguardia, en un carrascal bastante espeso y sembrado de 
peñascos, donde la caballería no podía maniobrar, perdiendo 
en su retirada 32 prisioneros. En tal situación, continuó un 
fuego muy vivo, hasta que temiendo Merendón que envolvie- 
ran á la partida por el camino del Guijo, se precipitó por él, 
como única salvación, sosteniendo un nutrido tiroteo para 
contener á sus perseguidores. La facción quedó batida de tal 
modo, que de sus 400 hombres sólo se reunieron en la fuga 
150; dejó en el campo 7 muertos, entre los que. estaba el titu- 
lado brigadier Tercero; tuvo 40 heridos, uno de ellos Meren- 
dón; perdió 15 caballos y 100 fusiles. Los 28 guardias civiles 
prisioneros fueron rescatados, y en cuanto se vieron libres, 
contribuyeron con sus disparos al éxito del encuentro^ utili- 
zando los fusiles de los aprehendidos y peleando en primem 
linea p A la caballería, dirigida por Jiménez, le cupo la suerte 
de desempeñar el principal papel, á pesar de que el terreno no 



ANO 1873 127 

era á propósito para maniobrar desembarazadamente, Las 
pérdidas de Ja columna fueron un oficial muerto y dos heridos, 
uno de los cuales falleció al día siguiente; seis soldados muer- 
tos y nueve heridos, de lanceros de España la mayor parte, 
muriendo también 14 caballos. Los carlistas cogieron prisio- 
neros á 16 extraviados de la columna. 

El efecto moral de este hecho fué grande. La partida qued6 
en muy mal estado, y aunque el cabecilla reconcentró algunos 
dispersos con los que llegó á reunir 200 hombres, el día 22 
sufrió otro descalabro, en el valle de Piedra Hule, causado por 
un destacamento de lanceros de España, que le hizo siete 
muertos, varios heridos, y le cogió algunos prisioneros* La 
columna no tuvo más bajas que dos heridos. 

Estándolo también Merendón, le sustituyó en el mando de 
la partida Feo de Cariño, que logró aumentarla, y que el dia 
2 de Octubre, reunido con Rapa y su gente, con un total de 
350 carlistas, se presentó en las inmediaciones de la villa de 
Almadén, en la que no existia más guarnición que un o&cial 
y z5 soldados pertenecientes al regimiento de infantería de 
Soria* Esto decidió á los facciosos al ataque; pero al empe- 
garlo, á las seis de la mañana, los vecinos de la población se 
unieron á los soldados^ y ocupando todas las entradas, estu- 
vieron haciendo fuego durante cinco horas» impidiendo que 
avanzase un sólo paso el enemigo^ el cual se vio obligado á 
retirarse hacia Chillón, pueblo en que permaneció hasta las 
cinco de la tarde, para continuar después á Guadalmés, 

De Ciudad Real salió el mismo dia en segimiento de esta 
partida una columna á las órdenes de un teniente coronel, 
compuesta de 85 infantes, 40 caballos de la guardia civil y 
'""^ compañía de artillería á pie recién llegada á la provincia; 

czsL que alcanzó á la facción, el día 10, en la altura de La 
alaya, término de la Calzada de Calatrava, empeñando un 
iido combate de cerca de tres horas, que terminó con la 



128 CASTILLA LA NUEVA 



huida de los carlistas, y en el que éstos tuvieron cinco muer- 
toSj igual número de heridos y dos prisioneros, perdiendOj ade- 
más, 12 caballos, tres que fueron muertos y nueve que aprehen- 
dió la columna» Las bajas de ésta consistieron en un oñcial y 
dos soldados heridos. 

Constantemente estaba solicitando refuerzos el brigadier 
Salamero, Gobernador militar de Ciudad Realj á fin de acabar 
en breve con las partidas; pero lejos de podérselos facilitar, 
tuvo la superioridad que sacar de allí algunas tropas para di- 
rigirlas á otros puntos; de modo, que tan sólo quedaron para 
operar en la provincia una pequeña fuerza de infantería de 
Soria y la columna que se acaba de mencionar, mermada á los 
pocos días por la marcha á Madrid de la compañía de artille- 
ría; si bien fué compensada esta pérdida con la llegada, el 26, 
de un escuadrón de lanceros de Montesa, procedente de Sevi* 
lia. No habiendo tropas disponibles, se pensó en armar volun- 
tarios, á pesar de los graves inconvenientes que podían resul- 
tan, pues era imposible asegurar que parte de las armas que se 
repartieran no servirían, en plazo más ó menos lejano, para 
sostener la lucha; asíj que limitando el armamento de paisa- 
nos á personas de gran confianza, se organizaron grupos de 5o 
hombres para recorrer y amparar los puebloSj recomendando 
á la vez que con los recursos propios se pusieran éstos en con- 
diciones de defensa é intentasen rechazar á los carlistas, cuan- 
do se presentaran- 
La provincia de Toledo llevaba algún tiempo de calma re- 
lativa; mas al comenzar Octubre, los grupos insurgentes que 
aun merodeaban en ella recibieron orden de unirse á Saba- 
riegos que, según sabemos, estaba en el campo desde Agos- 
to, tratando de reclutar gente. Y, en efecto, el día 8 del pri- 
mer mes mencionado, pasó uno de 3o hombres por el término 
de Consuegra, y el 10 otro de 35 por Marjaliza, siguiendo 
después ambos por los montes para eludir la persecución 



AiíO 1873 129 

de dos columnas que días antes se hallaban en Sonsaca y Ven- 
tas con Peña Aguilera; y el 20 ya estaban con dicho cabecilla, 
quien recogiendo , además, algunos dispersos y varios nuevos 
a&liadosj llegó á reunir unos 300 partidarios, con los que en- 
tró en Urda y otros pueblos inmediatos, exigiendo, como siem- 
pre, dinero, armas, caballos y raciones. Inmediatamente que 
en la capital se recibió la noticia de estas novedades, salió á 
batir á Sabariegos una columna al mando del teniente coronel 
Pastor; pero el cabecilla evacuó la provincia, pasando á la de 
Ciudad Real, donde, aunque continuó perseguido, tuvo tan 
buena fortuna para evitar el choque con las tropas y engrosar 
su facción, que el día 26 tenía ya cerca de 500 hombres á sus 
órdenes, la mayoría de ellos procedentes de la partida Me- 
rendón. 

Para recorrer un territorio que todavía no estaba castigado 
por los carlistas y poder, por lo tantOj sacar más abundantes 
recursos^ se internó Sabariegos en la provincia de Cáceres, en 
donde le salió al encuentro el capitán González, con una peque- 
ña columna de la guardia civi!, alcanzándole en Retamosa, pue- 
blo del que le desalojó á viva fuerza. La partida se rehiiío en las 
afueras del mismo y se batió, durante largo rato, hasta que, 
muerto el cabecilla, perdió su gente la fuerza moral y se des- 
bandó en varios grupos que se retiraron hacia Deleitosa, don- 
de enterraron á su jefe con gran pompa. Infante le substituyó 
en el mando, y el día 10 de Noviembre pasó á Toledo, por 
Belvís de la Jara y Akaudete, marchó á Navaherm osa, segui- 
do por la columna de Pastor^ que le alcanzó cerca del último 
punto, y lo batió, á pesar de las excelentes posiciones sucesivas 
en que el enemigo pretendió resistir por tres veces, haciéndole 
retirar hacia San Pablo, La consecuencia inmediata de estos 
calabros fué que la partida se dividiese en cinco partea 
ra eludir mejor la acción de las tropas, y que á los pocos 
LS pasase otra vez reunida á la provincia de Ciudad Real, 

Tqho iiT g 



í3a CASTILLA LA KUBVA 



sin que se volviese á alterar el orden en la de Toledo en el 
resto del año. Pastor regresó á la capital, dejando 70 guardias 
civiles en Sonseca, lugar á propósito para vigilar los montes 
de Toledo, 

Mientras tanto, en Ciudad Real menudeaban partidas de 
escasa fuerza, muchas de las cualtrs eran fracciones de las 
conocidas. Habían aparecido algunas nuevas, como la de 
Rico, que estaba el 5 de Noviembre en Bienvenida; la de Az- 
nar, que en la misma fecha recorría el partido de Villanueva 
de los Infantes, y otras, que reunidas el día 10 en Navalmoral 
de la Mata (Cáceres), pasaron por la provincia de Toledo y 
entraron en la de que tratamos. La facción de Aznar, á la que 
se incorporaron otras varias, llegando á tener 300. hombres en 
estos días, perseguida por una columna, atravesó el conñn 
con Albacete, hacia Alcaraz, se internó después en Cuenca, 
según hemos dicho, y se reunió á Santés, 

El cabecilla Infante, al volver á Ciudad Real con sus par- 
tidarios, entró en Piedrabuena, donde se apoderó de cinco mil 
pesetas, pertenecientes á la Hacienda, y de gran cantidad de 
tabaco; marchó después hacia el partido judicial de Villanueva 
de los Infantes, huyendo de una columna organizada con 
quintos, á las órdenes del coronel Villas Gutiérrez, que ai 
fin le alcanzó el 26, batiéndole y desalojándole del histórico 
castillo, la iglesia y otras posiciones que habia tomado en la 
villa de MontieK Retiróse la partida en completo desorden 
con i5 heridos, entre los que estaban el cabecilla y un hijo 
suyo, dejando en el campo algunos muertos, que fueron rece 
gidos por los soldados, y se fué con rumbo á Santa Cruz de 
los Cáñamos, seguida por la columna, cuya vanguardia tiroteó 
los dos dias siguientes á la fugitiva facción. 

En el mes de Diciembre los carlistas estaban desalentad! 
tenían poco espíritu, y muchos manifestaron en los puebl 
que de haber existido indulto se hubieran acogido á él. L 



AÑO 1873 l3l 

grupos rebeldes que habla entonces estaban capitaneados por 
Lafuente, Resuete, Riego» Feo de Cariño, Telaraña y el titu- 
lado Conde Cortina, y tan pronto se presentaban en la pro- 
vincia de Toledo como en la de Ciudad Real, consiguiendo 
fácilmente esquivar el encuentro con sus pocos perseguidores, 
por su gran movilidad y porque al ver qus podían ser ataca- 
dos se diseminaban por parejas, para reunirse después en otro 
punto distante y seguro, S6I0 entraban en los pueblos que 
estaban desamparados^ y la mayor parte de las veces con el 
único fin de atender á su subsistencia. 

Por lo expuesto, vemos que la guerra en esta comarca no 
tuvo ^an importancia, y si alguna se le puede conceder, es 
por la persistencia de los partidarios en el campo, á lo cual 
contribuyó por gran manera la escasez de tropas, y su fre- 
cuente salida de estas provincias* 



CAPITULO IV 



SüMAUo.-^Afio 1874. — Prorí acias de Madrid y StgoTit — Temore* tfi la última , f p»t~ 
tida MochÓD— Traostornos tu U de Madrid .---Medidas Adoptadas para impedir la 
entfadi de uai numerosa (ñccióíi en Segovia.— Dt&tacannentoa de BU^a 7 CueUar-— 
Pequeñas partidas en It proTÍncis de Madrid,— ProcUmacióa de D. Allonso XII.— 
ProTÍticíav de Toledo j Ciudad Real.— Coo ti Auto Ita partidas del año aa tenor 7 
■parecen algunas nuetas. — Facción del Conde Cortina.- Sui mori mi cntos.— Colum- 
nas perseguidoras.- Destrozos en la via férrea.— Amador Villar substituye al Conde 
Cortina.— Operaciones^-Fuereas de dichas proTÍncias.— Encueoiro del comandanti 
Taigai con í\ cabecilla Riego*— El leaients Gil Barbera dispersa i una partid a. -^Las 
columnas de Toledo se reconcentran en la capital.— Amador Villar pasa I Extrema-' 
dura.— E* batido en Tattrrubias.- Vuelve eo el mes de Mano i Castilla la Nueva .— 
Las facciones continúan cometieodo exccsos.-i'Tíroteo es Luciana.- Otro en ^a tU 
férrea.— Persecución de Amador Villar y su marcha á Eitremidara^^Hncuentroa 
con otras partidas.— Amador Vi Üar amaga f Puente del ArKobispo.-HoTimieatoa 
de tropas* --Su distribución.- Regresa Amador Villar á Ciudad Real.— Combate de 
Piedrabuena enire este y la columna del comandante M el gu izo.— Derrota y fraccio- 
n amiento de la facción.— Batidas dadas i los restos de las partidas.- Reacción del 
pifs.-^uadri Uas de latrofacciosos y su persecución.— Hs declarado el distrito en 
estado de sitid.— Lc>£ cahecillis Telaraña y Feo de Cariño se lanzan al campo y son 
muertos en dos encuentros. ^Distribución de tropas á ña de concluir con los Istra- 
facciosos.—liOS gobernad ores militercs lecorrcn el país para afianzar U traaquilidAd* 

Al comenzar el año 1874 la insurrección, lejos de dismi- 
nuir, se presentó más potente y vigorosEj según ya se ha dicho 
en los tomos anteriores. 

Pero un suceso de gran importancia para la politica^ y que, 
por lo tanto, habia de influir más tarde en la guerra, ocurrió en 
la capital. El 3 de Enero, á consecuencia de la gran excitación 
en que se hallaban los ánimos en algunos barrios de Madrid, 
con motivo de las declaraciones hechas el día anterior en la$ 
Cortes, se ordenó á todas las fuerzas militares de la guarnición 
que estuvieran sobre las armas y dispuestas á salir de los 
cuarteles. En la sesión que aquéllas celebraron, se intentó 
""^"'tituir el Ministerio que gobernaba, por otro de ideas más 
Tadas; y el Capitán general del distrito, D* Manuel Pa- 

al tener de ello conocimiento, dispuso que las tropas ocu- 

,n I06 puntos más importantes de la población para asegu- 



134 CASTILLA LA NUEVA 



rar el orden, y, entrando en el CongresOj obligó álos diputa- 
dos á desalojarlo, convocando en seguida á las personas más 
notables de todos los partidos, las cuales formaron un nuevo 
Ministerio presidido por el Duque de la Torre, en el que figu- 
raba con la cartera de Guerra el general D, Juan 2avala. 

Asi como en los años anteriores, poco es lo que hay que 
referir en éste respecto á las provincias de Madrid y Segovia; 
pues casi todas las operaciones de los carlistas tuvieron por 
teatro las de Toledo, Ciudad Real, Cuenca y Guadalajara, 
principalmente las dos últimas, cuya proximidad al territorio 
del Centro hizo que fueran más recorridas y vejadas por las 
numerosas facciones que en él pululaban. 

En Segovia, donde á raiz del suceso político referido sé 
reconcentró la guardia civil en la capital, quedando los pueblos 
desamparados, reinó gran alarma en varios partidos judiciales, 
siendo mayor que en los demás en los de Riaza y CuéUari por 
los anuncios que circulaban de que Viüalaín aprovecharía esta 
ocasión para hacer por ellos una correría con su partida; y 
tal incremento alcanzaron los temores, que fué preciso desta- 
car de la capital, el día 8, dos columnas, una de 30 guardias 
civiles y un escuadrón de húsares de Villarro bledo, y otra de 
40 guardias de infantería, que recorrieron aquel territorio has- 
ta fin de Marzo, calmando los ánimos y conteniendo al expre* 
sado cabecilla que, ya desde Soria, ya desde Guadalajara, es- 
taba amenazando constantemente ios pueblos del confín. 

Con la disolución inmediata de una pequeña partida que 
apareció en la provincia, y con el alejamiento de Villalaín, re- 
apareció la tranquilidad, sin que la turbase ningún suceso hasta 
el I2S de Junio, en que Mochón, con unos cuantos sediciosos, 
hizo una excursión desde la de Soria, entrando en Aylión y 
otros pueblos más pequeños, donde se proveyó de armas 
dinero, volviéndose al notar que era perseguido por 8a sold 
dos de infantería, que salieron de Segovia^ los cuales le alcaí 



á 



AÍÍO 1874 135 

zaron y tirotearon en el término de Valdanzo y le dispersaron 
su gente. Esta pequeña columna, reforzada con algunos cara- 
bineros de caballeria, siguió en aquella zona para dar conñan- 
ZSL á sus moradores, y con igual objeto fué preciso enviar otra 
fuerza al término de Cuéilar^ donde los ánimos volvieron á 
estar algo intranquilos. 

Durante este tiempo, en la provincia de Madrid, en la que 
también se había reconcentrado en la capital la mayor parte 
de la guardia civil, ocurrieron ios acontecimientos de escasa 
importancia que mencionamos á continuación. La entrada en 
Fuentidueña de Tajo, á mediados de Febrero, de un grupo de 
los carlistas de San tés, que cortaron la maroma de la barca 
que servía para el paso del río, á fin de que el cabecilla pu- 
diese operar á mansalva en la izquierda de éL La aparición, 
el 3o de Marzo, en el confín con Avila, de una partida car- 
lista, tras la que salieron algunos guardias civiles. La forma- 
ción de un grupo de latrofacciosos que cometió frecuentes 
roboSj no lejos 4^ la capital, hasta fin de Abril, en que se es- 
tablecieron fuerzas de carabineros y guardia civil en Villa- 
viciosa de Odón, la Alameda de Canillejas, El Pardo, Getafe, 
Leganés y Vaciamadrid, con instrucciones para recorrer cons- 
tantemente los lugares inmediatos- El robo hecho en Villalva 
de un tren correo, por 10 hombres armados que se titulaban 
carlistas. Y, per último, á ñn de Junio, el motín de unas cua- 
drillas de leñadores en Coimenar de Oreja, que dieron vivas á 
D. Carlos, siendo preciso que acudieran á sofocar la excisión 
algunas parejas del instituto últimamente citado. 

Las columnas de Segovia que operaban en los partidos ju- 
diciales de Cuéllar y Riaza para mantener el orden, vigilar los 
limites con Burgos, Soria y Guadalajara, y evitar la propa- 
a sediciosa, se replegaron el 9 de Agosto á la capital, por 

_-se nuevamente que la numerosa facción Villalaín, que 

'«ba por Guadalajara, según se decia, trataba de internarse 



136 CASTILLA LA NUEVA 



en aquella provincia desde Cantal oj as ó Majaelrayo y atacar 
después la capital. Estos temores estaban fundados en que la 
expedición por Segovia hubiera sido muy provechosa á los car- 
listas del Centro; pues á la ventaja material que obtendrían 
al recorrer un país no castigado en los años anteriores, donde 
recogerían seguramente abundante botín, sin gran riesgo, por 
ser escasas las tropas que se les podrían oponer, había que 
añadir la influencia moral que tal hecho les hubiera dado. 
Además, el Presidente del Poder Ejecutivo estaba en La Gran- 
ja, sitio que no tenía apenas guarnición, y bien se podía temer 
que intentasen sobre él un golpe de mano. 

Menos alarmantes eran las noticias de Quadalajara, y con 
ellas debía estar conforme el Ministro de la Guerra, puesto que, 
en telegrama del 9, decía al Gobernador militar de Segovia; 
f Posible es que la facción Villalaín intente penetrar en esa 
provincia; pero si se tiene en cuenta que para pasar á ella des- 
de la de Guadalajara ha de atravesar la linea férrea de Zarago*^ 
2a; que esto no podría hacerlo sin que aquí se tuviera conoci- 
miento, y que las brigadas Moltó y GoICn operan en Cuenca y 
Guadalajara, respectivamente, no parece probable que haya po- 
dido verificar el movimiento que V. E, indica; tanto más, 
cuanto que, según parte de Moltó, el día 7 se encontraba aquel 
cabecilla en Beteta (Cuenca).» Mas como desde el 8 se ig- 
noraba la situación precisa de Villakín, el Ministro recomen- 
daba á la autoridad militar de Segovia que adquiriera noticias 
verídicas y que adoptase todas las precauciones que le sugirie- 
ra su celo y pericia, y le anunciaba que le enviaría fuerzas, tan 
pronto como se evidenciara que eran necesarias. AI efecto, se 
ordenó á la brigada Golfín que se embarcara en Sigüenza en 
trenes enviados desde la capital, y que sin dilación y con ur- 
gencia emprendiese la marcha á Madrid, para dirigirse á Seg 
via cuando fuese preciso; pero, por el pronto, salió para Sa 
Ildefonso el batallón reserva de Ronda. 



AÑO 1874 137 

El día II de Agosto las noticias referentes á Villalaín eran 
más exactas. Se sabía con certera que no había llegado hasta 
Ríaza^ á pesar de que los partes de los alcaldes asegtiraban lo 
contrario, y que si bien una facción había recorrido el límite 
entre Segó vía y Soria^ estaba ya lejos de él, tal vez por no ig- 
norar las disposiciones adoptadas; por lo cual se detuvo á la 
brigada Golfín en Madrid, en vez de hacerla seguir la marcha á 
Villalva. El batallón de Ronda dejó dos compañías en San Il- 
defonso j y las cuatro restantes estaban reconcentradas el dia 
zo en la capital de Segó vi a. 

Entonces se formaron de nuevo dos columnas para operar 
en los pueblos del territorio de Riaza y Cuéllar: la primerai 
organizada con 8a infantes y 32 caballos, á las órdenes del 
capitán Valdivieso, y la segunda, mandada por d teniente 
Alonso, con 40 infantes y otros tantos caballos, Así consti- 
tuidas, continuaron vigilando, hasta fin de Octubre, las ave- 
nidas de la provincia, evitando que entrasen en ellas las pe- 
queñas partidas de las limítrofes, auxiliando la recaudación de 
contribuciones, protegiendo las operaciones de la quinta, y ba* 
tiendo los pequeños grupos de rebeldes que alguna, aunque 
rara vez, se formaron. Después regresó á Madrid el batallón 
reserva de Ronda y tan sólo quedaron los carabineros en la 
capital, y la guardia civil concentrada en las cabezas de 
línea, excepto la de Santa María de Nieva, Cuéllar y Víllacas- 
tín, que desde el 9 hasta el 12 de Diciembre operó hacia Jua- 
rros de Riomoros, persiguiendo á una cuadrilla de latrofaccio* 
sos, que se disolvió en breve, sin que se pudiera averiguar el 
paradero de los que la componían . 

En algunos pueblos de la provincia de Madrid continuaba 

la agitación carlista en el mes de Julio, y frecuentemente tuvo 

"e intervenir la guardia civil para calmarla, como el 17 y 20 

Santorcaz, Pegúela de las Torres, Valdilecha y pueblos in- 
^diatos^ donde, según anuncios, se iban á organizar algunas 



l38 CASTILLA LA NUBVA 



partidas. Al siguiente día apareció una cerca de Buitrago^ que 
recorrió los términos de Mangirón, Las Navas, Robledillo de 
la Jara, Cervera y otros, y en su persecución salieron á la pri- 
mera noticia algunos guardias civiles de El Molar, ayudados 
por paisanos armados, consiguiendo capturar á siete de las 
12 hombres que formaban el grupo, que resultaron ser mal- 
hechores. El 17 de Agosto se presentó otra facción en el 
soto de Aldobea, término de Ambite, é inmediatamente salió 
en su busca la fuerza del puesto de guardia civil del Nue- 
vo Baztán, que regresó en el día sin haber podido adquirir 
noticias; y el 26 volvió á aparecer cerca de Pezuela de las 
Torres esta pequeña partida, que habia sido destacada de la 
de Villalaín, desde Guadalajara, para recoger caballos, !a cual 
cometió algunos robos y atropellos por los términos de los 
pueblos indicados, hasta fin de Septiembre, en que abandonó 
aquellos contornos. El i5 de este mes Se lanzó al campo otra 
de 16 hombres armados, en la Vega de Valdecañas, cerca de 
Tielmes, que se disolvió al poco tiempo en grupos para come- 
ter también exacciones en diversos puntos, dando lugar á que 
se estableciesen destacamentos del susodicho instituto, á fin 
de impedir que se repitieran. En Octubre ya no existía en la 
provincia ninguna de estas insignificantes partidas; la guardia 
dia civil volvió á su servicio ordinario, evacuando la capital, 
donde estaba reconcentrada la mayor parte; los pueblos que- 
daron por lo tanto debidamente custodiados; y aprehendidos 
que fueron algunos criminales errantes, la tranquilidad volvió 
á reinar por completo en todo el territorio, 

A consecuencia del acto ejecutado en Sagunto por el ma- 
riscal de campo D. Arsenio Martínez de Campos, con la briga- 
da Daban, que fué secundado después por todo el Ejército del 
Centro, el Ministro de la Guerra, teniente general D. Francisco 
Serrano Bedoya, giró una visita, en la tarde del 29 de Diciem- 
bre, á todos los cuarteles de la capital de la Nación, para cer- 



1 



i 



Ai^OS 1874 139 

Clorarse de la actitud en que se hallaban las tropas; y des- 
pués de conocerla, y de saber que también el Ejército del Norte 
se adhería al movimiento iniciado en Sagunto, resolvió el 
Ministerio resignar sus poderes en el Capitán general del dis- 
trito, D. Fernando Primo de Rivera, para que formase un Go- 
bierno provisional. Asi se veriñcó en la noche del expresado 
día, y el 3o, constituido ya el nuevo Ministerio, fué proclama- 
do en Madrid Rey de España D* Alfonso de Borbón y Borbón, 
sin que el orden se alterase en todo el distrito. 

Este importante acontecimiento señaló una nueva etapa 
en la guerra^ y sus consecuencias alcanzaron también á las 
operaciones de Castilla la Nueva, 



Dijimos que al terminar el año 1873, los carlistas de Tole- 
do y Ciudad Real que permanecían con las armas en la mano, 
andaban desalentados, con poco espíritu y sin ninguna orga- 
nización; y en efecto, á principios del año siguiente, los ca- 
becillas LafuentCj Resuete, Riego, Feo de Cariño, Telaraña 
y el llamado Conde Cortina, juntos unas veces y separados 
otras, continuaban vagando sin rumbo fijo y con el salo objc* 
to de hacer propaganda, esperando que en la primavera recibi- 
rían gran incremento sus partidas , Algunas otras, capitanea- 
das por nuevos jefes, aparecieron por esta época: la de Guz* 
máoj contra la cual salió una pequeña columna de caballería 
de Farnesio al mando del teniente Peinado, que la alcanzó el 
día 4 de Enero en las alturas de Ruidera, haciéndole un muer- 
to p cogiéndole armas y efectos, poniéndola en fiíga, y conti- 
nuando después la persecución hasta el 9, que se dispersó la 
ción al ser nuevamente avistada por el referido oficial; la 
Natalio Herrera, compuesta de 40 caballos y alanos infan- 
, que entró el 11 en Ventas con Peña Aguilera, y después 



/ 



140 CASTILLA LA NUEVA 



en Menafialvas, exigiendo armas, caballos y dinero; otra de 20 
hombres montados, que seguían á Manuel Albacete (a) Mil- 
reales, que se presentó en Marjaliza con análogas pretensio- 
nes y consiguió hacerlas efectivas; cinco grupos de infantes y ji- 
netes que aparecieron en las cercanías de Argamasilla de Alba 
y se dirigieron hacia Tomelloso; y, por último^ algunos car- 
listas armados que, reunidos ó separados, entraban y salían en 
los pueblos de Turleqtie, Tembleque, Mo^a y Villanueva de 
Bógas^ cometiendo vejámenes y causando trastornos. 

La facción del Conde Cortina, que era la más numerosa, 
pues contaba con 250 hombres, se dirigía el día 5 de Enero 
desde Casas de D, Pedro á Talarrubias, en la provincia de Ba- 
dajozj con ánimo de penetrar en la de Ciudad Real por Agudo. 
Un destacamento que había en Almadén, mandado por el co- 
mandante Vargas, marchó á impedir el movimiento del ene- 
migo, y para el mismo fin salió de la capital alguna fuerza; pero 
no pudieron evitarlo, y el cabecilla entró el día 13 en Puerto- 
llano, no sin tener que vencer alguna resistencia que le opu* 
sieron los paisanos armados, los cuales le causaron dos he- 
ridos, antes de tener que rendirse por la superioridad numérica 
de la partida. Cortina exigió 3o. 000 reales á los mayores con- 
tribuyentes, quemó el registro civil, y después de racionar 
á su gente evacuó la población, poniendo en libertad á los 
vecinos que había cogido prisioneros. 

Dicha partida, engrosada por otras más pequeñas, llegó á 
inspirar algún recelo, hasta el punto, que se juzgó preciso 
aumentar la guarnición de estas provincias, y con tal objeto 
salió de Madrid el batallón reserva de Ciudad Real, que dejó 
dos compañías en Toledo, continuando las cuatro restantes 
á Ciudad ReaL 

Desde Puertollano, caminó Cortina hacia el N, atravesó 
los montes y se presentó en los lugares inmediatos á Los Yé- 
venes. A su encuentro partió de Toledo una columna de 



AfiO 1874 24^ 

200 infantes y 120 caballos, mandada por el teniente coronel 
Pastor^ y después otra formada por las dos compañías de la 
re&serva de Ciudad Real y una sección de caballería, únicas 
fuerzas de que podía disponer el Gobernador militar. El 15 se 
aproximó la partida al pueblo de Los Yévenea, pero volvió 
precipitadamente sobre sus pasos^ al saber que Pastor se ha* 
liaba dentro y que los vecinos estaban armados y dispuestos 
á cooperar á la defensa, y se encaminó á San Pablo y Las Na- 
villas. Dicho teniente coronel le siguió hasta el 24, que fué 
relevado por el coronel de la Escuela de Tiro D. Gregorio 
García Ruiz, 

Por aquel tiempo las partidas dedicaron su preferente aten- 
ción, en Ciudad Real, á interceptar la vía férrea. La del titulado 
alférez Guzmán destrozó el día iS el tro¿o comprendido entre 
Santa Cruz de Múdela y Almuradiel, internándose en Sierra 
Morena, después de haber sido alcanzada por algunos guardias 
civiles que la tirotearon. La de Feo de Cariño la cortó el 26 
entre Miguelturra y Almagro, deteniendo un tren, haciendo 
apear á los viajeros y obligando al maquinista á abrir el regu- 
lador de la máquina^ para que se precipitase todo el material 
desde un pontón cortado previamente. El coronel Bernabeu, 
del regimiento de Soria, Gobernador militar interino por haber 
cesado el día antes el brigadier Salamero en el mando militar 
de la provincia, salió con 124 infantes en un tren expreso has- 
ta el lugar de la ocurrencia, pero no pudo llegar á él antes de 
que se hubieran marchado los carlistas. 

El Ministro de la Guerra no cesaba de encarecer la nece- 
sidad de que terminasen estos actos de vandalismo y de que 
se destinasen columnas con dicho objeto, exigiendo á sus jefes 
gran actividad y energía^ sin perjuicio de establecer un serví- 
I constante de escolta de trenes, que efectuaron un oficial y 

guardias civiles en cada uno de viajeros. 

Como los carlistas rehuían medir sus fuerzas con las tro^ 



142 CASTILLA LA NUfiVA 



pas, conocían perfectamente el terreno, según hemos dicho 
repetidas veces, y encontraban amparo en algunos pueblos, 
era muy difícil á las escasas columnas que había el avistarlos 
y batirlos. A fin de mes, la partida de Cortina, capitaneada en- 
tonces por Crisanto Gómez, desde el confín de Extremadura 
contramarchó hacia Malagón, huyendo de García Ruiz^ que 
la estrechaba hacia los montes de Toledo, donde también an - 
daban esquilmando los pueblos de la sierra, al frente de gru- 
pos de 30 á 40 hombres, el nuevo cabecilla Barrios, Telaraña 
y Feo de Cariño. D. Amador de Villar, que tenia el titulo de 
Comandante general de La Mancha, substituyó en el mando 
á Crisanto Gómez, y el s de Febrero se presentó en Par- 
zuna al frente de 3oo hombres, entre los que estaban los 
de Feo de Cariño. Allí quemó los archivos del registro civil, 
dirigiéndose en el mismo dia á los pueblos de Fontanarejo y 
Alcoba, donde impidió que siete criminales, con el nombre de 
carlistas, continuasen robando á sus habitantes, hiriendo á 
dos y cogiendo un prisionero en la refriega que con ellos sos- 
tuvo. De Ciudad Real le salió al encuentro una columna, 
compuesta de dos compañías del regimiento de Soria y un es- 
cuadrón de lanceros de Montesa, mandada por un teniente 
coronel, que obligó nuevamente á la partida á internarse en 
Extremadura por Garbayuela, continuando tras ella el escua- 
drón de Montesa, que dejó desde entonces de formar parte de 
la guarnición de la provincia. 

La facción Guzmán abandonó la sierra y apareció otra 
ve2 en las inmediaciones de Aihambra, Argamasílla de Alba y 
Tomelloso, donde el teniente Peinado, que desde Almuradiel 
fué por la vía férrea hasta el segundo de dichos puntos con al- 
gunos caballos de Famesio, la avistó nuevamente, batiéndola 
y haciéndole un herido y un prisionero. Desde entonces no m 
volvió á tener noticia de este cabecilla, que unas veces se hizc 
pasar por republicano y otras por carlista. 



AÑO 1874 143 

Entretenida la principal coiumna de Ciudad Real en el 
seguimiento de Amador Villar hacia los límites con Extrema- 
dura, aprovecharon Telaraña y otros partidarios esta favora- 
ble ocasión para bajar al llano, donde á más de cometer sus 
acostumbrados excesos^ se aventuraron, el día 5 de Febrero, 
á quemar la estación de Almadén, descarrilar un tren de 
mercanciaB y destruir el material, y á ejecutar lo mismo, el 9, 
con otro de viajeros, entre Almagro y Miguel turra, precipi* 
tándolo por el pontón de la Membrilleria, después de haberse 
apeado aquéllos, conminado en seguida á los empleados con 
pena de muerte sí conducían otros trenes y no desalojaban 
las casillas. Entonces fué preciso que saliera á proteger los 
trabajos de arreglo de la vía, en ambas partes» alguna fuerza de 
la poca que existia en Ciudad Real, á la que se dieron instruc- 
ciones enérgicas y precisas para evitar la repetición de talea 
hechos, atribuidos por el Gobernador militar á la escasea de 
caballería con que contaba; por la marcha á Extremadura del 
escuadrón de Montesa, segi^n lo manifestó en telegrama al 
Ministro. 

Considerando justa la observación, esta superior autoridad 
militar^ envió de Madrid, el día ti, un escuadrón de Villarro- 
bledo, con lo cual las tropas que había en la provincia eran 
las siguientes: dos compañías de la reserva de Ciudad Real, for- 
madas por reclutas en instrucción; la plana mayor del regi- 
miento de Soria con dos compañías; la fuerza de guardia civil 
de infantería y caballería del 2.'' tercio, que constituía su guar- 
nición ordinaria; el escuadrón dicho, y 40 caballos de Far- 
nesio* En la de Toledo estaban las cuatro compañías restantes 
de la reserva de Ciudad Real; 120 caballos de lanceros de Es- 
paña; el personal de la Escuela de Tiro, y la guardia civil 

2.*' tercio de los puestos de la provincia. Bastante mayor 

! el de las fuerzas expresadas era el total de los alzados en 

las. 



C 



144 CASTILLA LA NUEVA 



A más de las facciones que se han mencionado, aparecie- 
ron por estos días; la de Ángulo, de 8o hombres, en Porzuna; 
la de Lorente, de i6, en Picón; y la de Riego, de 170 caballos, 
que pasó de Extremadura á Ciudad Real por Agudo, dirigién- 
dose hacia Puebla de D, Rodrigo, A cerrar el paso á ésta 
fué la columna del comandante Vargas ^ formada con infante- 
ría de Soria; y el día 9 del expresado mes de Febrero, míen- 
tras la partida caminaba hacia Abenójar remontando el Gua- 
diana, marchaba dicho jefe al mismo punto desde Saceruela* 
El cabecilla llegó antes que la tropa, y decidió aprovecharlas 
favorables circunstancias que el terreno de las inmediaciones 
del pueblo le presentaba para intentar una sorpresa? pero ad- 
vertido Vargas oportu ñámente de la situación y propósito del 
contrario, tomó las disposiciones convenientes para no ser 
sorprendido* Cuando llegó su pequeña vanguardia al sitio de- 
nominado El Artioero, los disparos que hicieron los carlistas 
desde sus posesiones la obligaron á replegarse al grueso de la 
columna. Siguió ésta, y al dar vista á los enemigos, los encon- 
tró formados en columna de secciones y dispuestos, al pare- 
cer ^ á lanzarse al ataque í mas, roto un vivo fuego por los 
soldados de Soria, limitáronse aquéllos á contestar á los dis- 
paros con igual rapidez, huyendo al poco tiempo en grupos 
de 3o á 40 hombres, que tomaron disíint?s direcciones. Tres 
muertos dejados en el campo y 34 heridos fueron las pér- 
didas de los facciosos. Las de la columna consistieron sola- 
mente en cuatro heridos. 

Las operaciones del coronel García Ruiz en Toledo ha- 
bían dejado la provincia casi limpia de carlistas , Algunos 
hechos aisladoSj insignificantes y cometidos más bien por cri- 
minales que por rebeldes, ocurrieron en lugares en que no 
había tropas que los pudieran evitar, bastando la interven 
c¡6n de los voluntarios para reprimirlos. Tan sólo tuvo in: 
portancia un grupo de 30 hombres, capitaneado por Prudeo 



AÑO 1874 W4S 

cío Rodríguez, que se alzó en armas el 9 de Febrero, en los 
alrededores de Santa Cru2 de Retamar, sorprendió á los pue- 
blos de Maqueda y de Hormigas, y recorrió después otros de la 
cuenca del Tajo. García RuÍ2, que estaba hada el confín con 
Extremadura para impedir que Amador Villar pasase á Toledo^ 
tan pronto como tuvo noticia, el i5, de la formación de aque- 
lla partida, dividió su columna en cinco fracciones para batir 
mejor todas las sierras y montes donde presumía que estaba 
Rodríguez. Una de ellas, mandada por el teniente de la guar- 
dia civil D. José Gil Barbera, compuesta de 50 infantes de la 
reserva de Ciudad Real y iS guardias civiles montados, avistó 
á la facción en las inmediaciones de San Martin de Fusa, la 
dispersó, le hizo seis prisioneres y algunos heridos, entre 
los cuales se hallaba el cabecilla, y le cogió seis caballos. La 
tropa no tuvo novedad, y, haciendo una penosa jornada, fué 
adonde estaban reunidas las otras fracciones para continuar 
operando por Calzada de Oropesa; pero las noticias de que 
Santés, con una numerosa hueste^ se hallaba en Tarancón 
amagando invadir la provincia por Quintanar de la Orden, 
obligaron á que la columna marchase á proteger la capital, 
continuando en ella hasta el ig, en que con la retirada de San- 
tés desapareció el peligro, y volvió nuevamente García Ruiz á 
salir al campo para proseguir las batidas por los limites con 
Ciudad Real y Extremadura, y apoyar la concentración de los 
individuos de la reserva. 

En seguida que llegó á Ciudad Real el escuadrón de Villa- 
rrobledo, salió á operaciones, con el comandante Melguizo á la 
cabeza, para alcanzar á la facción de Amador Villar, que era la 
más numerosa. La de Telaraña estaba perseguida por el te- 
niente Peinado con sus 40 caballos de Farnesio, Además había 
otra columna de infantería de Soria, á las órdenes del coman- 
dante D. Pío Villar, que operaba en el campo de Calatrava, 
protegiendo la recaudación de contribuciones y reconcentra- 



r 



146 CASTILLA LA NUEVA 



ción de los llamados á las armas. El 18, Amador Villar andaba 
por las cercanías de Agudo^ acosado por la caballería de Mel- 
guizOj y no encontrando ya medio de rehuir el combate, s¡ 
continuaba en la provincia de Ciudad Real» pasó á Extrema- 
dura^ donde al entrar desarmó á 19 guardias civiles que le 
salieron al encuentro. Tras él continuó Melguizo por Villarta 
de los Montes y Herrera del Duque, y reunidos éste jefe y e] 
teniente coronel Laredo, que mandaba una columna de 90 guar- 
dias civiles de Cáceres, avistaron, el 24, al cabecilla en Tala- 
rrubias» donde tenia reconcentrada su gente , después de haber 
cometido numerosas exacciones en los pueblos comarcanos. El 
escuadrón avanzó rápidamente y la guardia civil rompió un nu- 
trido fuego^ pero fué débilmente contestado por los carlistas, 
quienes apelaron á la fuga, efectuándola^ divididos en tres gru- 
pos, por los caminos de Garbayuela, Castil blanco y Valdecaba- 
lleros. A la facción se le hicieron algunos heridos y siete pri* 
sioneros, y se le cogieron igual número de caballos y varias 
armaSj ún que sufriera la columna ninguna baja. 

En substitución del brigadier Salamero había sido nombra- 
do Gobernador militar de aquella provincia el brigadier Rubio 
Lloret, que en esta época ya estaba encargado del mando de ella, 

Al comenzar el mes de Marzo había vuelto á Ciudad Real 
la facción Amador Villar, aprovechándose, para atravesar el 
límite, de que Melguizo estaba protegiendo con su columna la 
conducción de mo^os á la capital. El cabecilla estuvo el d!a 1,° 
en Malagón con 600 hombres, el 4 en Aldea del Rey, el 5 en 
las inmediaciones de Granátula, y al día siguiente en Moral 
de Calatrava, hostigado por una pequeña fuerza que, al mando 
del comandante Vilialaíni salió de la capital, á pesar de dejar- 
la casi desguarnecida, á fin de proteger la importante ciudad 
de Almagro, amagada por esta correría de los carlistas* 1 
entonces en las inmediaciones de Manzanares un grupo con: 
derable de insurrectos vejaba á los habitantes de los caseríos 



AÑO 1874 147 

amenazaba á los pueblos, y por las cercanías de Despeñaperros 
andaba otra partida, destacada de una muy numerosa que re- 
corría la provincia de jaén. De las otras facciones que ante- 
riormente se han mencionado no se tenían noticias precisas, 
pero existían razones para suponer que estaban reunidas á la 
de Amador Villar, y que se segregaban de ella alguna que otra 
ve2 con objeto de ejecutar fructíferas correrías. Había, además» 
grupos pequeños* con cabecillas poco conocidos, que tenían el 
encargo de estorbar la reunión de los soldados de la reserva y 
la cobranza de impuestos. 

Vemos, pues, que continuaba el mismo estado de cosas 
que al principio del año, y el Ministro, que ansiaba verlo ter* 
minado y poder enviar más tropas á otras regiones, en que 
eran muy necesarias, decía al Gobernador militar de Ciudad 
Real, en 6 de Marzo, que no obstante la persecución que ha- 
cían las columnas, los enemigos seguían recorriendo el país, 
entrando en los pueblos, donde cometían exacciones y hacían 
prosélitos^ con lo que aumentaban su fuerza é importancia; 
que precisamente para evitar estos males el Gobierno le ha- 
bía nombrado Gobernador de la provincia; y que esperaba que 
empleara su celo y energía en imprimir á las operaciones toda 
la actividad necesaria. 

A los dos días de esto, es decir, el 8, la columna Melguízo, 
que nuevamente emprendió el seguimiento de Amador Villar, 
le alcanzó en Luciana, sin otro resultado que causar dos muer- 
tos y un herido á la retaguardia del enemigo^ que rehuyó el 
combate y escapó hacia Piedrabuena. 

En la misma fecha, al llegar el tren correo de Extrema^ 
dura al kilómetro 212, entre Daimiel y Manzanares, fué de- 
*^**nido por un grupo de 40 hombres, que había interceptado 
líneas férrea y telegráfica. La escolta del tren echó pie á 
ra, y rompiendo el fuego sobre los rebeldes, los dispersó al 
:o tiempo y les hizo un muerto y algún herido. 



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148 CASTILLA LA NUEVA 



Tenía intención Amador Villar de dirigirse á Porcuna 
para internarse en los montes de Toledo; pero supo qiie 
hacia este punto iban, desde Malagón, las dos compañías 
de Soria que mandaba el comandante Villar; y no conviniéo- 
dolej sin duda> pasar á sus alcances ni avistarse con ellas, 
cambió de ruta, encaminándose á Alcoba y Fontanarejo, se- 
guido por MelguÍ2o. La columna Villar continuó por Piedra- 
buena á Abenójar, para cubrir el llano é impedir que á él se 
corriera la facción, y al ver que esta retrocedía hacia Malagón, 
volvió sobre sus pasos, alcanzándola al anochecer del 14 y 
cruzando con ella algunos tiros, que causaron varios heridos á 
los carlistas y uno á la tropa. 

No obstante la activa persecución de que era objeto, Ama- 
dor Villar siguió recorriendo la zona noroeste de la provincia, 
guareciéndose en las sierras y descendiendo á los valles de ver 
en cuando, pero rehuyendo siempre el encuentro con las co*^ 
lumnas, y apelando al conocido y eficaz recurso de diseminar 
su gente en grupos poco numerosos, cuando estaba muy aco- 
sado y era crítica su situación. Intentó penetrar en Toledo por 
Consuegra; mas advertido oportunamente García Ruiz, se acer- 
có con su columna al límite de la provincia y pudo impedirlo. 
La facción, que se componía entonces de 700 hombres mon- 
tados y algunos infantes, fuerza mayor que la de las colum* 
ñas perseguidoras, se aproximó el 19 del referido mes de Marzo 
á Almadén, con ánimo de entrar en aquella rica pobla- 
ción, no decidiéndose á ello por la resuelta actitud de defen- 
sa en que se colocaron los voluntarios. Al saber que estaba 
amenazado este punto, se encaminaron á él loa comandan- 
tea Melguizo y Villar; y tal movimiento hizo que los car- 
listas evacuaran aquellas cercanías y que pasaran después á 
Extremadura por Villarta de Jos Montes, No quedaron Ci* 
tonces en Ciudad Real más rebeldes en armas que los 4' 
hombres de la partida mandada por Alejandro Barrios^ pui 



AÑO 1874 149 

todos los demás se habían incorporado á la de Amador Villar, 
Dijimos ya que en Febrero las facciones habían desaparecí- 
do casi de la provincia de Toledo; mas no por esto la columna 
García Ruiz y los pequeños destacamentos se replegaron á la 
capital, sino que continuaron en el campo para conservar en 
él la tranquilidad, evitar que los rebeldes de las provincias li- 
mítrofes pasasen á ésta y sofocar en su nacimiento cualquier 
nueva intentona. No fué infructuosa tal previsión; pueshalláji- 
dose el 3 de Marzo en Puebla de Montalbán el teniente de infan- 
tería de la reserva de Ciudad Real D. Manuel 4res, con algunos 
soldados de su batallón, tuvo noticia de que en una casa de la 
izquierda del Tajo se hallaba una partida de 30 hombreSj resto 
de la de Prudencio Rodríguez; y poniéndose en marcha inme- 
diatamente para aquel punto, la encontró, después de cinco 
horas de camino, y á pesar de haberse hecho fuerte el adver- 
sario en el referido edificio, lo batió y dispersó, cogiéndole 
cinco prisioneros, entre ellos al cabecilla Román Pinillos 
(a) Balaguer^ que con sus violencias y robos tenía amedren- 
tados á los pueblos. Lo mismo sucedió el día 29 á un grupo 
de 24 carlistas capitaneado por Gervasio Fuentes, que apareció 
en el monte de Valdecasillas, término de Oropesa, y fué des- 
hecho al día siguiente por algunos guardias civiles al mando 
del alférez García Rodríguez, los cuales le hicieron un muerto 
y le cogieron 13 prisioneros, apoderándose, además, de 33 ca- 
ballos con sus monturas y de varias armas. Estos ejemplares 
escarmientos añanzaron el orden en la comarca. 

El 28 reapareció Amador Villar en Ciudad ReaU después 
de andar esquivando unos días la acción de las columnas de 
Extremadura. Su gente, que nunca estuvo muy disciplinada, 
se desmoralizó en grado sumo por Jas largas jornadas que se 
veía obligada á hacer para rehuir el combate, y esto fué causa 
de que desertaran en la última excursión soo individuos, que- 
dando reducido á Soo el número de hombres de la partida* Mel- 



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1^0 CASTILLA LA NUEVA 



gui^o y Villar, que no se habían apartado de los límites con 
Extremadura^ le siguieron por los montes de Toledo, avistan- 
dolé cerca de Malagón, al anochecer del 3o, pero á tan larga 
distancia, que sólo lograron hacer prisioneros á dos rezaga* 
dos. Al ver el cabecilla que ni aun en las asperezas de la sierra 
podía sostenerse en el distrito sin inminente riesgo, se enca- 
minó nuevamente á Extremadura, pasando por Siruela el 2 de 
AbriL Allí reanimó el abatido espíritu de sus partidarios, y 
acrecentó su gente hasta reunir 900 hombres, montados la 
mayor parte en caballos recogidos en los pueblos, y pernoctó 
el día 7 en Talavera la Vieja {Cáceres)< Los vecinos de Puen- 
te del Arzobispo se alarmaron al saber que tenían en las inme- 
diaciones un grupo de tanta consideración, lo cual motivó que 
saliese de Toledo una columna para proteger aquella villa con- 
tra los carlistas de Amador Villar, que remontaron el Tajo por 
la margen izquierda, con rumbo á Bel vis de la Jara. 

Antes de pasar más adelante j debemos indicar los movi- 
mientos de tropas que hubo en las dos provincias. La guardia 
civil de infantería de ambas marchó el 30 de Marzo á formar 
parte del Ejército del Norte, quedando únicamente la de caba- 
llería para prestar el servicio de su instituto. Las dos compa- 
ñías de la reserva de Ciudad Real que había en la provincia 
de este nombre, fueron el día 9 del mes siguiente á la de To- 
ledo, en la que se reunió, por lo tanto, todo el batallón. A San- 
tander marcharon las compañías de Soria, después de recon- 
centrarse en Ciudad Real, adonde llegaron tres compañias de 
la reserva de Alicante que salieron de Madrid, y un batallón 
provisional de carabineros, de 800 plazas. Los 40 caballos 
de FarnesiOj con su teniente Peinado, se incorporaron á su re* 
gimiento, marchando á Ciudad Real, en su lugar, otros tantos 
de Calatrava- Por último, un escuadrón de caballería del re 
gimiento de España, que estaba en Despeñaperros, quedó 
las órdenes del Gobernador militar de la última provincia^ ; 



aSo 1874 irif 

cl otro escuadrón del mismo cuerpo y el de húsares de VilJa- 
rrobledo, que operaban en Toledo y Ciudad Real, respectiva- 
mente, continuaron en la misma situación. 

Las fuerzas de la primera de estas dos provincias se distri- 
buyeron en cinco columnas: una á las órdenes del coronel Gar- 
cía Ruiz, compuesta de 98 infantes y 34 caballos^ para batir el 
término de Navahermosa; otra de 94 soldados de infantería y 
32 á caballo, que se bailaba hacia Los Naval morales, manda- 
da por el comandante D* José Osorio; la tercera, al frente de 
la cual estaba el capitán D. Leandro González, y que cons- 
taba de 90 de los primeros y 32 de los segundos, recorría la 
parte de Menasalvas; otra de 35 infantes, con el teniente 
Rocas, estaba en Puebla de Montalbán, y la quinta, de igual 
fuerza que la anterior, al mando del teniente García, custo- 
diaba la vía férrea. Además estaba la que ya se ha menciona- 
do anteriormente, que salió de la capital para proteger á Puen- 
te del Arzobispo y que tenía también el encargo de cubrir 
los pasos del Tajo. Todas ellas operaban en combinación, di- 
rigidas por el coronel jefe de la primera» En Ciudad Real que- 
daron reducidas á dos: la del comandante Melguizo, de un 
escuadrón de Villarrobledo, otro de Calatrava y dos compa- 
ñías de carabineros, que continuó en observación de las aveni- 
das de Extremadura y Toledo; y la del teniente coronel Mon- 
tero, primer jefe de la reserva de Alicante, de tres compañías 
de su cuerpo, que operaba en los montes de Toledo* Esta no 
se organizó hasta el día 12 de Abril. 

Dejamos á Amador Villar en marcha hacia Bel vis de la 

Jara. Al llegar á este punto el 8^ viendo que le salían al paso 

las columnas que operaban en los términos de Los Navalmora- 

les y Navahermosa, las cuales, prevenidas á tiempo ^ habían 

fao un movimiento de avance hacia el río Gévalo, se enea* 

LÓ á La Nava de Ricomalillo y después, perseguido por el 

^nel García Ruiz, á las intrincadas y agrestes montaña 



LJ 



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15* CASTILLA LA NUEVA 



que rodean el pueblo de Anchuras, donde pernoctó el lo- 
Como coincidió esto con los relevos de fuerzas y cambio de 
situación indicados y que dejaron desamparada aquella parte 
del límite de Ciudad Real, pudo Villar atravesar el río Es tena, 
internarse sin ningún contratiempo en esta provincia y diri- 
girse á Piedrahuena, donde siempre había encontrado vah^osos 
auxilios y buena acogida. Allí tuvo lugar, el día i5, un impor- 
tantísimo combate que destruyó á la facción, y en el que reci- 
bió un golpe de muerte el carlismo de La Mancha. Su relato 
ofícialj hecho por el Gobernador militar, brigadier Rubio LIo- 
rct, y fechado el 17 en la capital, es el siguiente: 

«Con noticias fidedignas de que la facción Amador Villar 
se dirigía hacia Mal agón desalentada, y perseguida por el co- 
ronel García Ruiz desde la provincia de Toledo, organicé una 
columna, al mando del coronel, teniente coronel, primer jefe 
de la reserva de Alicante, D, Gaspar Montero, quedándome en 
esta ciudad con la fuerza indispensable para cubrir el servicio, 
y ordené á dicho jefe que marchase á Malagón al encuentro de 
la partida. — Al mismo tiempo dispuse que la columna del co- 
mandante Melguizo fuese á ocupar el pueblo de Piedrabuena, 
punto donde los carlistas acostumbran á racionarse y proveer- 
se de cuanto necesitan. Sabedor el enemigo de que Malagón 
estaba ocupado por una columna, y no teniendo conocimiento 
de que existía otra en aquellas inmediaciones, se dirigió con- 
ñadamente á Piedrabuena el día i5.^-El comandante Melguizo 
llegó á este pueblo á las cinco de la tarde, y cuando apenas habla 
alojado la mitad de la fuerza, recibió de un confidente la no- 
ticia de que las partidas reunidas, al mando de Amador Villar, 
y con un total de 700 hombres, entre infantería y caballería, 
se encaminaban á la población, y que ya estaban á un cuarto 
de hora de distancia. Inmediatamante, y con el mayor ord 
y silencio, hizo formar á su tropa y la preparó para el cooi 
bate, dando tiempo á que descendieran los carlistas á una Ha 



, AÑO 1874 iJS 

nura que hay en los alrededores. Cuando consideró llegado el 
momento oportuno» salió rápidamente, desplegando guerrillas 
del escuadrón de húsares de Vi I lar robledo para cubrir los mo- 
vimientos del resto de la caballería, al mismo tiempo que hizo 
avanzar una compañía de carabineros para que cubriera el 
flanco izquierdOp La facción, en cuanto vio á la tropa, desplegó 
numerosa fuerza de caballería que rompió un fuego muy nutrí- 
do, mientras su infantería formaba el cuadro. Ni un sólo mo- 
mento vacilaron los bravos oficiales y soldados que mandaba 
Melguizo; formado en columna de secciones el escuadrón de 
lanceros de Calatrava, flanqueado por los tiradores, se lanzó 
con el mayor denuedo sobre el enemigo, que desde aquel mo- 
mento se pronunció en vergonzosa fuga, dejando en poder de 
la columna casi toda su infantería, y quedando el campo sem- 
brado de cadáveres de hombres y caballos^ asi como de armas^ 
municiones y efectos. Se han recogido 53 carlistas muertos, 
entre ellos al titulado Conde de Cortina y su hijo, no pudiéndo- 
se identificar los restantes, aunque es de presumir que habrá 
otros cabecillas; se han hecho 214 pasioneros, de los que 23 es* 
tan heridos de gravedad y 11 levemente, siendo de los primeros 
el titulado comandante D. José María Lorente. Estas son las 
bajas vistas, pero debió haber muchas más que no han podido 
precisarse. Doscientas dos armas de fuego, algunas blancas 
y 12 caballos han caído en manos de la tropa. Por nuestra par- 
te hemos tenido un húsar muerto, y el alférez D. José Quijano 
y un soldado de Calatrava heridos^ el segundo gravemente; 
cinco caballos muertos y otros tantos heridos del escuadrón de 
húsares, y en el de Calatrava el caballo del alférez Quijano y 
des de tropa muertos y cuatro heridos. La gloria de esta vic- 
toria se debe al valor y bizarría de los bravos individuos de am- 
escuadrones. No ha habido hechos parciales; todos acudían 
de el peligro era mayor, y, por consiguiente, todos son 
'dores á que el Gobierno fije en ellos su atención,» 



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154 CASTILLA LA HUEVA 



A consecuencia de tal hecho de armas, se fraccionó la par- 
tida en pequeños grupos^ que huyeron en diversas direcciones 
para evitar la persecución. Amador Villar, Riego y otros cabe- 
cillas abandonaron el teatro de la lucha, y perdida la cohesión 
que existía entre los partidarios que se agruparon bajo el man- 
do del primero, la influencia que ejercían en los pueblos fué 
decreciendo. 

Parte de la columna Melguizo condujo á la capital de 
la provincia á los heridos leves » prisioneros y efectos^ mien- 
tras el resto de ella y la de Montero, á fín de sacar todo el 
partido posible de la victoria alean zada^ empleaban todo su 
celo y actividad en un seguimiento sin tregua á los que que* 
daron de la facción y marchaban capitaneados por Crisanto 
Gómcüf Telaraña, Feo de Cariño, Gon^ále^ y algún otro de 
inferior categoría. Consiguieron reunirse unos loo al día si* 
guíente de la derrota, en Ballesteros; pero acosados por Mon- 
tero, se dividieron en pelotones de ocho 6 diez hombres. Los 
restantes hasta 5oo, que serian los que en esta época estaban 
en armas, andaban desperdigados por los montes de Toledo, sin 
que las autoridades tuvieran noticias concretas de su situación^ 
También vagaban errantes los pocos que capitaneaba el titu- 
lado alférez Guzmán, después de un choque que tuvieron el 
día 11 f en Camuñas, con unos voluntarios á las órdenes de 
D, Blas Heredia, en el que murieron el cabecilla y su asistente. 

La columna de Melguizo fué reforzada con una compañía 
de carabineros, llegando á reunir 25o infantes y 140 caba- 
llos, é igual fuerza y composición tuvo la del teniente co* 
ronel Menant, la cual salió en substitución de la de Mon- 
tero, que regresó á la capital de Ciudad Real. La zona de 
operaciones de ambas era el campo de Calatrava y la vertien- 
te meridional de los montes de Toledo. En la provincia . 
este nombre, se organizaron tres columnas, refundiendo 1 
cinco que antes había: una, para batir los términos de los pu 



r\ 




AÑO 1874 155 

blos de Mcíiasalvas, Ventas con Peña Aguilera y San Pablo; 
otra para los de San Martín de Montalbán y Víllarejo^ y la 
tercera, para los de San Martín de Pusa, Los Navalmorales y 
Navalucillos, Tanto éstas como las de Ciudad Real, debían 
fraccionarse para dar sus batidas, perseguir grupos é impedir 
que éstos se reunieran; y los jefes de columna tenían libertad 
de acción para no sujetarse estrictamente á las instrucciones 
que habían recibido, si asi lo aconsejaban las circunstancias. 
Grande fué la actividad desplegada; pero no era posible en- 
contrar á los rebeldes, porque no presentaban resistencia, ni 
se aventuraban á entrar en los pueblos, más que en muy 
reducido número y cuando contaban con el amparo de los ha- 
bí tan tes . Sin e m b argo, fu er zas d e Me nan t al ca nzar on , los días 
27 y 28, á Telaraña y á Feo de Cariño, cruzando con ellos va- 
rios disparos, haciendo algán muerto y herido en la escasa 
gente que les seguía y cogiendo prisioneros y caballos. 

Tal estado de cosas se prolongó algún tiempo. Los car lis* 
tas iban disminuyendo, mas no desaparecían por completo. 
J.a autoridad militar de Ciudad Real indicaba en 27 de Abril 
al Ministro de la Guerra la necesidad de que se le facultase 
para adoptar medidas extraordinarias, imponiendo multas á 
los alcaldes que auxiliaran al adversario, considerando la rein* 
cidencia como rebeldía, y sometiendo á consejo de guerra á los 
sostenedores y cómplices de las partidas» Asimismo, conside^ 
raba indispensable disolver las juntas carlistas que existían en 
la capital y algunos pueblos, desterrando á los que las compo- 
nían, único medio, en su concepto, de evitar un nuevo levan- 
tamiento. Le contestó el Ministro que emplease para conse- 
guir tal ñn cuantos recursos hallara en sus atribuciones^ sin 
recurrir á otros extremos, porque los últimos descalabros su- 
fridos por los rebeldes harían fácil su completo exterminio, si 
las fuerzas en operaciones seguían dando muestras de la acti- 
vidad que tan recomendada tenían. 



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XS^ CASTILLA LA KUHVA 



Los telegramas de principio del mes de Mayo, dando 
cuenta de la insurrección, manifestaban que ya no había 
partidas en las provincias de Toledo; pero que vagaban por 
ella criminales^ que, reunidos en número de 15 á 20 hom- 
bres^ cometSan atropellos, dispersándose después; y que mu - 
chos partidarios estaban ocultos, esperando tan s61o que se 
concediera indulto, para presentarse á las autoridades. A pesar 
de esto, no suspendieron las columnas las operaciones, conti< 
nuando en el campo 38o infantes y 44 caballos, divididos en 
nueve grupos, que protegían la via férrea y la cobranza de con- 
tribuciones. 

En Ciudad Real, 5oo carabineros y 340 caballos del regí- 
miento de Villaviciosaj destinado á la provincia en substitu- 
ción de los escuadrones de Villarrobledo y Calatrava, que se 
incorporaron á sus planas mayores, perseguían á unos i5o hom^ 
bres que había aún en el campo, los cuales, cada dia más des- 
moralizados, ^i alguna vez salían de sus guaridas, &olÍan ser 
recibidos á tiros en los pueblos, como sucedió en Pozuelo de 
Calatrava á Feo de Cariño el día 8, donde 30 escopeteros, 
mandados por D. Vicente Alcázar, le hicieron huir, causán- 
dole algún herido. Otro hecho análogo ocurrió el 13 entre los 
voluntarios de Porzuna^ capitaneados por D. Blas Herediap 
y unos dispersos que seguían al titulado comandante carlista 
D. Eusebio García del Castillo, del que resultó la muerte de 
éste, la captura de su asistente y que los carlistas perdieran 
un depósito de 53 uniformes, iS carabinas Berdan, muni- 
c jones y otros pertrechos de guerra. 

El Gobernador militar de la Ciudad Real salió á mediados 
de mes á reconocer el estado del país, levantar su espíritu y 
dictar disposiciones que aseguraran el orden restablecido, Al 
volver á la capital, el i." de Junio, dio cuenta al Ministri' 
su expedición en los siguientes términos: 

•Regreso á esta ciudad después de haber recorrido los 



AÑO 1874 I 57 

blos de más importancia de la provincia^ donde estaban los focos 
de ÍSL insurrección. En todos ellos he restablecido el principio de 
autoridad, el orden y la tranquilidad, teniendo la mayor de las 
satisfacciones en poder participar á V, E. que en el territorio 
de mi mando no queda ningún carlista en armas; que he re- 
concentrado y mandado á sus destinos á todos los desertores 
de quintas anteriores, en número bastante cünaiderable, y que 
he concedido indulto á muchos fugitivos que, dudando de la 
indulgencia y bondad del Gobierno, permanecían aún ocultos. 
No quedan más que diez ó doce criminales^ los cuales, si no 
abandonan este país, serán exterminados en muy breve pla^o. 
He dictado providencias para que no vuelva á reproducirse la 
insurrección, para que las operaciones de la quinta se hagan 
con regularidad y para que la recaudación de contribuciones 
no encuentre obstáculo, distribuyendo, al efecto^ conveniente- 
mente las fuerzas. La paciñcación de esta provincia es un 
hecho, i 

Como también lo era en Toledo, según se ha dicho, vol- 
vió en breve el país í su estado normal, sin más diferencia 
que la ocupación militar de varios pueblos importantes cuyo 
vecindario se distinguía por sus ideas carlistas, y sólo hubo 
que lamentar alguna que otra escena de pillaje de los latro- 
facciosos, como las que tuvieron por teatro á Qálvez y Marja 
liza, en los días 11 y 12. 

En el mes de Juliu ocurrió la invasión de la provincia de 
Cuenca por las numerosas huestes carlistas que acaudillaba 
D. Alfonso de Borbón y de Austria^ hermano del Pretendiente, 
y la rendición de la capital de ella, suceso que, alentando sobre 
tEíanera al partido carlista, hizo temer que se lanzase de nuevo 
á la lucha en otras provincias del distrito. Para impedirlo y 
concluir con los bandoleros, fué declarado todo él en estado de 
sitia, promulgando el siguiente bando: 

i Don Antonio del Rey y Caballero, Teniente general de 



r 



l3í CASTILLA LA NUEVA 



los Ejércitos Nacionales y Capitán general del distrito de Cas- 
tilla la Nueva, etc., etc.— En cumplimiento de lo dispuesto 
por el Poder ejecutivo de la República, en decreto de i8, 
publicado en la Gaceta de hoy, ordeno y mando: = Artículo 
i.° Se declaran en estado de sitio las provincias de Madrid, 
Toledo, Ciudad'Real, Cuenca^ Guadalajara y Segovia, quedan- 
do reasumidas en mi autoridad, durante este estado, las fa- 
cultades extraordinarias que me concede el art< 5.^*, trat* 8.*, 
tít. 8,° de las Ordenanzas generales del Ejército. = A rt- 2.* 
Todos los delitos de conspiración^ rebelión, sedición y cuantos 
tiendan á ayudar á los rebeldes ó á alterar de cualquier manera 
el orden público, que se cometan desde la fecha de la publica* 
ción de este bando, serin sometidos al fallo de los consejos 
de guerra permanentes, que desde hoy quedan constituidos 
en esta capital y en las provincias del distrito =Art. 3/ Los 
delitos de interceptación de vías y telégrafos, cortaduras de 
puentes^ ataques de trenes á mano armada, destrucción ó de- 
terioro de efectos destinados á la explotación y todos loa da- 
ños causados en vías férreas, que puedan perjudicar la segu- 
ridad de los viajeros 6 mercancías, quedarán sujetos á los 
consejos de guerra permanentes y se castigarán con la pena 
de muerte y demás prevenidas en el Código penal, confor- 
me á lo dispuesto en orden del Poder ejecutivo de 21 de Ene- 
ro de 1874. ^Art- 4.° Los que en reuniones ó por medio 
de la prensa, hicieren públicas noticias referentes á los asun- 
tos de la guerra, que puedan alterar el orden publico, serán 
considerados como auxiliadores de la rebelión carlista y entre- 
gados á los consejos de guerra permanentes. = A rt- 5," Los 
que infringieren los bandos de buen Gobierno que, en uso 
de las facultades que me están concedidas, se dicten por tni 
autoridad y por los Gobernadores militares de las plaz 
provincias de mi distrito, serán también considerados e 
perturbadores del orden público y entregados á los coni- 



i 



AÑO 1874 



159 



de guerra establecidos. =Art. 6.^ Los ladrones en número 
de tres ó más y los que en la perpetración de cualc^uiera de los 
delitos comunes reservados á la jurisdicción ordinaria dieren 
ocasión á la alteración del orden público, quedarán también 
sujetos al falto del consejo de guerra permanente, imponién- 
doles las penas de Ordenanza* ::=Art. j* Las autoridades y 
empleados del orden civil^ que no presten e! auxilio que les 
sea reclamado por la autoridad militar y fuerzas del Ejército, 
serán depuestos de su cargo y empleo y entregados á la juris- 
dicción de Guerra para aplicarles el castigo á que se hayan 
hecho acreedores^ considerándoles como auxiliadores de la re- 
belión, =Art. 8/ Las autoridades civiles y judiciales con ti* 
nuarán funcionando en los asuntos propios de sus atribuciones 
que no sean de los reservados á mi autoridad en el pre- 
sente bando, ^Madrid 19 de Julio de 1874, ^Antonio del 

Con esta medida, las cuadrillas de bandoleros que vagaban 
por los montes desaparecieron por completo, y se acogieron 
á indulto los pocos carlistas que andaban huidos* En alguno 
que otro pueblo hubo pequeños motines al grito de viva Car* 
los Vil, pero siempre bastó la presencia de la guardia civil 
para restablecer el orden* 

En la situación de las tropas no ocurrieron más variacio* 
nes que el relevo, el 9 de Julio, del batallón reserva de Ciudad 
Real, que guarnecía á Toledo, por la reserva de Plasencia que 
fué de Madrid, y el envío á Ciudad Real, en la misma fecha, de 
dos compañías de la de Santiago. 

El cabecilla Telaraña, uno de los que fueron indultados, re* 

incidió en su rebeldía, presentándose, el 8 de Agosto, con una 

exigua partida en Abenójar, con la esperanza de acrecentarla 

"!lla zona. Vano fué su intento^ pues desalentado y sin 

^o moral ni material de los habitantes, halló la muerte 

encuentro que tuvo el día 14, cerca de Villarta de 



1 6o 



CASTILLA LA NUEVA 






los Montes (Badajoz), con algunos lanceros de Villaviciosa, 
mandados por el teniente D, Guillebaldo Valderrábano, que 
cogió prisioneros á cuatro insurrectos, dispersando á los demás* 
A ñn de mes^ otros i5 ó 20 latrofacciosos que entraron en la 
provincia de Toledo, fueron batidos en Lucillos por un des- 
tacamento auxiliado por paisanos armados, el cual capturó 
á varios, á quienes se sometió á consejo de guerra. £1 jefe 
carlista Feo de Cariño ^ que tenia bastante ascendiente en el 
pals^ continuaba á la sordina sus trabajos de propaganda^ y 
á principios de Septiembre llegó á reunir algunos voluntaríosj 
con los que se lanzó al campo; pero con tan mala fortuna, 
que fué alcanzado á los pocos días en el sitio llamado los Ca« 
sarejos, á dos leguas de Miguel turra, por un pequeño destaca- 
mentó acantonado en este pueblo, muriendo el cabecilla y un 
paisano en la lucha y desapareciendo los que le acompañaban. 
En el mes de Octubre se establecieron los siguientes des- 
tacamentos para que ocupasen militarmente ambas provin- 
cias. 

TOLEDO 

En San Pablo . - 3o soldados 

9 Tembleque ag — 

i puebla de Montalbán* , , . < • 3o — 

t Fonseca , • , 87 — 

i Los Navalmorales 25 — 

i Navahermoaa l5 — 

i Los Yébenes 20 

* Madridejos , ... 44 — 

I i Talayera de ta Reina. , , - . . ag — 

i Illescas 18 

I Torrijos 27 — 

i Ventas con Peña Aguilera 11 — 

i Urda 10 — 



AfiO 1874 



161 



En Consuegra 10 soldados. 

« Columna volante». 50 — 



CIUDAD REAL 



En Almodóvar del Campo. 

■ Manzanares, 

p Puertollano. 
Protegiendo la vía férrea. 
£n Valdepeñas « 

t Alcázar de San Juan, 

i Almagro 

• Columna volante. < * 



10 soldados 

34 — 

10 — 

5z — 

24 — 

zz — 

100 — 

40 — 



El resto de las fuerzas que existían en ambas provincial, 
¿uarnecia las capitales. 

Con ligeras variaciones^ los quince destacamentos de To- 
ledo y los ocho de Ciudad Real continuaron hasta ñn de año 
recorriendo diariamente las respectivas demarcaciones, avis- 
tijidose semanalmente con los de las limítrofes; custodiando la 
conducción de caudales; apoyando á los recaudadores de contri* 
bu cienes; y persiguiendo á los malhechores que hablan queda* 
do como herencia de la insurrección, consiguiendo la captura 
de muchos y dando muerte á alguno que se resistió. Los Go- 
bernadores militares recorrieron sus provincias, escoltados por 
caballería j para coadyuvar al afianzamiento del orden. La 
gente del pais se dedicó ya sin temor á sus habituales queha- 
ceres, y las autoridades locales funcionaron libremente^ 



/ 



CAPITULO V 



ga«iui.— Sinlésatrevie&AeL territorio de Cuenca. —^Mtrco de Bello piíi por el pArtida 
éu MoLjni *r,e ilc«n2« en Cbeca i* cotumaa Píatürro.— Nucr« «ip«dici6[t de S«míft 
4 U provincia de Cuencí, — Bngad^s Carondolct y CiLleja— MOTÍcnientot ds li fiecióo 
y de laa irapás. — Brigadt Soria Sanu Ctu?, — Sua operaciones en Asguimiento de 
Sintfs^— Uegí ú. Cuenca y se k ordena que regrese i Midrid^ dejando parte de siii 
Iropai it briijBdier CaMefr— Mircbi» de éste desde Quinunar de la Orden. ^SanUt 
evacúa la protL ocia .-^Alarma tn el partido d«MoUaa^— Molimientos de Calleja bada 
La ribera del Jücar y acción de Mnif^Unílla-^^traa partidas ea Cuenca y Guadal»- 
lara-^CaMeja cubre lai «Tenidit de Valencia— Proyectan io& carliaias reconitruir d 
castillo de Betcia,— Ficción ViLliUta,—1 ropas de ambas |TroTÍnciai.— 3darco de fi«^ 
Uo y M adrazo «nirao en «Vloiina-^-EL brigadier Carbiya marcba A batir el territorio 
ie Ca&cte.— Partida de D. José Valiente— Sui moTicnientos y los de Calleja rerai- 
guiéndoie.^ Salen tropai de la capital al encuentro de loa re beldea. —-Operad ch 
nei*— Acción de Monaaete y derrota de ía partida Vaüente.^Mirco de Bello amagí 
é. Cuenca, — La Iglesia ton^a posesión del Gobierno militar y Callea tsáfcht I 
Albacete.— MoTÍmitntos de las partidas y de las tropas.- Columna Pona.— Operación 
ncs da Lm iglesia ¡obre Beteta.'— Correrla de Marco Bello por Guada^ajara —St recon- 
centran fuerzas en la capital de esta provincia —Los carlistas entrañen Molina.-^ 
Üutrofos en la Tía f-rrea de Zaragoza, — Parten tropas de Madrid bacia SigQerua coa 
al brigadier Verdú.-^ Concurren de Aragón y Cuenca a la persecución de Marco La 
brigada Lópea Pinto y el brigadier La Iglesia. — Marco contramarcha y se interna ttk 
TeruaL~Regres;i López Pinto A Aragón.-^ Vuelve La Iglesia i la capital de au pro- 
TÍncit y Verdú i Madrid,— Partidas de Cutnca.-'Eaped^ción de La Iglesia aL territo- 
rio de Ca£et«,— H.J o Dc en oración de enemigos en el Rincón de Ademuí -"hntran asio* 
en la provincia de Cuenca capiiatieadcs por D, Alfonso,— ^u org^nUacíón y mar- 
cha — biluacLÓn topogr^iica de lacapiuL- Guarnición con quecontaba.— Comuntca- 
^íón del brigadier La Iglesia relativa al^aiaquede Cuenca^ — Bajas de ambos ejercitóte— 
Fine carlista de este becho de arma» .^Informe del general Moltó.— Parecer tiscaL d« 
La auitiaria Toi mada para esclarecer los hecbos.— Atiopellos cometidos en la ciudad — 
Los cari i&tas )a evacúan, en? Jando antes i CbeWa los prisioneros^ escoltadoi potcl 
■efundo batahón de Gulas del Maeitrazgo. — LÓpec Finio rescata eo SalTica^fU á 
l«a dif cu sores de Cuenci. 



Dijimos en el capitulo ui que, al fioalizar el año 1873, no 
quedaba en la provincia de Guadalajdra más facción de impor* 
tancia que la de VlUalain, y que la de Cuenca estaba libre ám 
rebeldes, desde que la evacuó Santés. 

,0 la primera siguió aquel cabecilla pasando y repasando, 
iincipios del ano siguiente, el limite con Teruel, invadien- 
*os pueblos y sacando de ellos recursos. El dia 5 de Enero 



f 



164 CASTILLA LA NUEVA 



entró en Sigüenza, sorprendiendo á las seis de la mañana á sua 
moradores y rindiendo á Jos voluntarios, que trataron de de- 
fenderse en la torre de una iglesia y se vieron obiigados á 
entregar sus armas. Alli recaudó 20,000 pesetas, cortó las lí' 
neas telegráficas del Gobierno y de la vía férrea, hizo des- 
carrilar un tren i inutilizó raáa de seis kilómetros de vía y 
conminó con pena de la vida al que trabajase en su recomposi- 
ción- Una vez que hubo cometido tales desmanes, abandonó 
Villalaín la población, á la que volvió cuatro días después 
con 5o infantes y So caballos, para recoger lús numerosos 
efectos que habla exigido. Dicha ciudad y los pueblos inme- 
diatos estaban indefensos, y esto y la necesidad de proteger 
los trabajos de arreglo de las líneas férrea y telegráfica, moti- 
vó que se enviasen á ella, desde Madrid, dos compañías de 
cazadores de Mérida. 

Pronto desapareció la calma que se disfrutaba en la pro- 
vincia de Cuenca. Santés y su numerosa hueste entraron en 
Albacete el lo de Enero; pero acudió de Madrid en socorro 
de dicha ciudad el brigadier Soria Smta Cruz, con un bata- 
llón de infantería de m^irina, el de cazadores de Estella, seis 
compañías del de Mérida, y alguna artillería, y de Valencia 
la brigada La Guardia, y el cabucilla, con los 4 000 hombres 
que entonces tenia, se internó en Cuenca por Villargordo del 
Júcar, después de haber destrozado el camino de hierro y el 
telégrafo entre Minaya y La Roda, como Jo había hecho antes 
entre Almansa y Albacete. Libre en sus movimientos, porque 
el Ministro de !a Guerra se vio obligado á dar orden á la bri- 
gada Soria Santa Cruz de regresar á los dos días á Madrid, y 
k de La Guardia quedó en el territorio del Centro, pasó la 
partida por Casasi marro, fué á Minglanilla, llegó á estar á una 
jornada de la capital, exigiendo en todos los puebios del tráj 
sito fondos, raciones^ armas y caballos, y el 17 abandonó ! 
provincia para llevar á Chelva el rico botín que recogió en A 



AÍiO 1874 165 

baccte, no sin dejar antes en las jurisdicciones de Cañete y \f Oti- 
lia del PaJancar, pequeñas partidas destacadas, que coatínuaron- 
cometiendo exacciones, llegando sus exigencias en algún pue- 
blo hasta querer cobrar reunidos tjes trinnestres de contribu- 
ción. La de más entidad de estas facciones volantes, era la ca* 
pitaneada por D, José Pascual García, formada por 400 infantes 
y 30 caballos, y conocida con el nonnbre de batallón de Altar y 
Trono, que se acercaba con frecuencia á la capital, alarmán- 
dola y sosteniendo gran excitación en sus habitantes. Santés, 
desde Chelva, oficiaba constantemente á los alcaldes de los 
pueblos del confin con Valenciap tanto para exigirles la más 
exacta puntualidad en la entrega de contribuciones, cuanto 
para prohibir, bajo pena de muerte, la presentación de los 
mozo^ de la reserva que hablan sido llamados á las filas por 
el Gobierno, y conminar con igual castigo a los desertores de 
las suyas, si no se presentaban en corto plazo. 

El Ministro de 1^ Guerra decía en 21 de Enero al teniente 
coronel Gobernador militar: «No debe V, S. consentir que 
insignificantes partidas recorran los pueblos é impongan con- 
tribuciones, disponiendo de las tropas que guarnecen esa ciu- 
dad; pues su vecindario, con buen espíritu y armamento, pue- 
de dejar desembarazada la acción de aquéllas. Sólo en el caso 
de haber fuerzas enemigas superiores, debe limitarse á cuidar 
de la población. Siempre que sea la provincia invadida por 
gruesas facciones, dé V, S. conocimiento al General en Jefe 
del Ejército del Centro.» El buen espíritu ¿e los conquenses 
no existia; las tropas eran escasas; su número, de 100 guardias 
civiles y 200 soldados de la reserva de Madrid, inferior al de 
los rebeldes que operaban en el campo, y á pesar de elío, salió 
"* i8 una pequeña columna á reanimar á los moradores de los 
*tíblos, ya que no era posible, con tan reducidos medios, 
icar, hostilizar ni batir á los enemigos* 

Veamos lo que sucedió por aquellos días én Guadalajafa, 



r 



l66 CASTILLA LA NUEVA 



La facción Marco de Bello, compuesta de 4.000 hombres á 
pie y 200 á caballo^ que estaba cerca de Calatayud, entró en 
la provincia, el 26 de Enero, por Maranchón, huyendo de la 
columna Despujol, y continuó por Selas y Molina hacia el Sur. 
La columna del coronel Navarro^ compuesta de gSo hombres, 
llegó de Aragón i Tortuera el mismo día, y sin detenerse, 
emprendió el seguimiento de la partida ^ la alcanzó en Checa » 
al siguiente, á las cuatro y media de la tarde, y sostuvo con 
ella un combate cuyo parte detallado, inserto en la narra- 
ción de la campaña del Centro, expresa que los carlistas fueron 
derrotados y sufrieron numerosas bajas Marco y g^ran parte 
de los suyos marcharon á la provincia de Teruel, y los restan- 
tes anduvieron dispersos por aquella zona, en grupos de 15 á 
20 hombres, sin atreverse á entrar en los pueblos . Un escua- 
drón enemigo quedó con el encargo de reuní ríos y recoger las 
armas que abandonasen, para lo cual recorrió la sierra de Mo- 
lina durante unos días, yendo después á la provincia de Cuen- 
ca, donde se hallaban reconcentrando fuerzas algui^os cabeci- 
llas- La columna Navarro regresó á Aragón al día siguiente 
del encuentro. 

En el mes de Febrero hi^o Santés otra excursión por Cuen» 
cft. Como vanguardia de sus fuerzas, entraron por Míngla- 
ni lia las facciones de Pascual y Valiente, de i^ooo infantes y 
loo caballos. El primero fué hacia el Norte al territorio de 
Cañete, con ánimo de fortificar á Moya y hacer una ciudad ela 
en aquella excelente posición, y el segundo continuuó por La 
Pesquera y Campillo de Altobuey á Motil la del Palancaxi 
i fin de proporcionarse recursos en metálico, imponiendo 
fuertes contribuciones en los pueblos. A los pocos dias San- 
tés» coD 4.000 hombres, avanzó á Motilla para salvar et 
Jécar por el puente de Villargordo, y el 10 tenía su gente 1 
partida entre Mi naya, Villarrobledo, Las Pedroñeras y otr 
poblaciones íniDcdiatas á la vía férrea de Valencia. Cuea 



AÑO 1874 167 

ñtguÍB. con escasa guarnición; las obras de defensa estaban muy 
atrasadas, y era de temer un nuevo ataque. Además, los puc* 
blos de la provincia se hallaban á merced de los carlistas, por 
falta de tropas que los amparasen 1 y aunque las de Madrid no 
eran numerosas, fué preciso hacer un esfuerzo y mandar una 
columna que impidiese la libre marcha del enemigOp y sobre 
todo, que protegiera la vía férrea y la circulación de trenes, 
muy amagada á sufrir contratiempos por la vecindad de los 
carlistas. 

^EI brigadier Carondolet, á quien se confió este cometido, 
salió de Madrid, en la madrugada del 10, con 5oo hombres del 
batallón de cazadores de Mérida y del regimiento de caballería 
de Farnesio, que en dos trenes fueron hasta Alcázar de San 
Juan- Desde allí envió un oficial con algunos soldados en una 
máquina exploradora, á fin de indagar noticias de los rebeldes, 
y siguió con la columna por la vía férrea, llegando el 12 á Al- 
bacete, donde, por orden del Ministro, debía unírsele la brigada 
Calleja, compuesta del rt^gimiento infantería de la Lealtad; el 
batallón reserva de Madrid, menos dos compañías que estaban 
en Cuenca; dos escuadrones del regimiento de caballería de 
España; y una batería de artillería de montaña: en suma, 
unos 2.000 hombres y 150 caballos^ 

Noticioso Sanies de la salida de ambas brigadas, huyó de 
éUas, y antes del paso de Carondolet por VíUarrobledo y Mi* 
naya, ya había reunido á su gente y emprendido la retirada 
hacía el Norte. Marchó por San Clemente y Honrubia, atravesó 
el Júcar, entró en Val ver de, y llegó hasta Villar del Saz de 
Arcas, donde pernoctó el día 14 á una jornada corta de la ca- 
pital, destacando^ durante la marcha^ partidas á derecha é iz* 
quierda para abarcar mayor número de pueblos, en Io« cuales 
gió fuertes sumas, hizo rehenes y cometió las exacciones 
siempre. Amenazó la ciudad de Cuencaj pero en seguida 
nbtó de rumbo, repasó el Júcar por el puente del Pal* 




1 68 CASTILLA LA mJBVA 



merOi cortó la línea tclegráñca en una extensión de 30 kiíó* 
metros^ dejando á la capital de la provincia aislada de Madrid, 
y merced á una marcha rápida, se acercó el día i5 á Ta- 
rancón, Tribaldos, Villar rubio y poblaciones comarcanas, des- 
tacó fuerza para inutilizar en el Tajo la barca de Fuen tí dueña, 
y entró en la primera población mencionada, después de rodear- 
la y obligar á los milicianos á que se rindieran. Recogió en 
ella 34.D00 pesetas á titulo de contribución, se apoderó además 
de los fondos munici pales p de los del recaudador del Banco de 
España, de los productos de las rentas estancadas^ del arma- 
mento de la milicia y de gran número de caballos de particu- 
lares, y permaneció allí hasta la mañana del siguiente día que 
6e dirigió á Huete, mandando un destacamento á Barajas de 
Meló para quemar el registro civil y sacar nuevos recursos. 
El 16 y 17 estuvo toda la facción reconcentrada en Huete* y 
al otro día fué á Saceda del Rio y Feral ej a, separándose de 
ella una fuerza, que por la carretera de Garci narro y Buen día 
marchó á La Isabela y Sacedón, la cual mandó destacamentos 
á otros pueblos* El 19 pernoctó alguna gente de Santésen Vi- 
llsüva del Rey y Tinajas, y él, con la mayor parte de su fuerza, 
en Gascueña, donde le dejaremos, por ahora, para seguirle más 
tarde en su correría. 

Respecto al estado de la provincia, el brigadier Gobernador 
militar, D* Francisco Garbayo, decía, en 20 de Febrero, al Mi- 
nistro de la Guerra: i El estado del telégrafo, roto en una 
extensión de 3o kilómetros por los carlistas^ no me permite 
comunicarme con V. E. rápidamente, teniendo que hacerlo 
por medio de propios que se dirijan á las estaciones inmedia- 
tas. Los datos son muy inseguros, porque las partidas separadas 
del grueso de la facción invaden grandes zonas á derecha é iz- 
quierda de su marcha principal, corriéndose por los pueblos, á 
los que causan enormes exacción es « Atemorizados los habitan- 
tes con las calamidades que arrastran tras sí las facciones, no dafi 



i 



AÍÍO 1874 169 

avÍBos previos ni adelantan noticia alguna con carácter de ur- 
gencia» contentándose con enviarlos después que el enemigo se 
ha alejado de sus lugares; y esto no siempre, poes son escasos 
los que recibo diariamente, La expedición de Santés por loa 
partidos de Cañete, Motilla del Palancar, San Clemente, Bcl- 
monte, Tarancón y Huete ha sido devastadora para el país, 
que ha sufrido perjuicios de muchísima consideración en to- 
dos conceptos, y Je ha servido para hacer prosélitosi apoderar- 
se de fondus, armas y caballos y establecer depósitos en Moya 
y Chelvaj que son las guaridas principales donde reúnen los 
carlistas el fruto de sus correrías. Así se explica, Excmo, Se- 
ñor, que no hayan querido detenerse y atacar, por ahora» la ca- 
pí taL En este estado de cosas, y sin tener noticias Bjas de la 
facción, creo indudable que se moverá por los partidos que ha 
recorrido, é imposible que se dirija á la sierra, por las mu- 
chas nieves de que está cubierta, á no ser que las tropas le 
obliguen á otros movimientos.» 

La brigada Carondolet, cuyo principal encargo era proteger 
la vía férrea, salió el 14 de Febrero de Albacete hacia Minaya, 
por jornadas, de orden del Ministro de la Guerra, en unión de 
la de Calleja, disminuida en el batallón reserva de Madrid, que 
quedó operando en el límite de ambas provincias. Allí se detu- 
vieron las dos en espera de instrucciones y fondos. El 16 reci- 
bieron unas y otros, y al siguiente día se encaminaron á El Pro- 
venció, para adquirir noticias de la situación del enemigo. Ha- 
bía temores de que Santés se internara en la provincia de 
Toledo, pues así lo había anunciado y, según hemos dicho, 
andaba en aquella fecha por los confines, y á ñn de evitarlo, 
siguieron ambas brigadas por Las Pedroñeras, El Pedernoso y 
^^*B. del Cuervo á Quintanar de la Orden, donde llegaron 
7, en ocasión que la partida se había ya remontado al nor- 
In dicho dia el Ministro de la Guerra, que era quien dirí- 
as operaciones, decía á Carondolet: i Mañana al amanecer 



I70 CASTILLA LA KUEVA 



llegará á Quero, procedente del distrito de Valencia, el bata- 
llón reserva de Madrid, con objeto de desembarcar en dicho 
punto y seguir á Quintanar á reunirse á su brigada. Tan pron- 
to como esto se verifique entregue V. E, el mando al briga* 
díer Calleja, dejándole el batallón de Mérida y 50 caballos de 
Farnesio. El resto de este regimiento que venga á Madrid por 
la carretera, y V. E., con su E, M,, puede regresar por ferro- 
carril. Prevenga V. E. al brigadier Calleja que con la im- 
portante columna á sus órdenes, marche á Cuenca, y que su 
misión es perseguir, sin tregua ni descanso y cualquiera que 
sea la dirección que tome y provincia que se halle, á la facción 
Santés, que hoy ha salido con dirección á Gascueña, El general 
Soria Santa Cruz, con fuerzas respetables, marcha también á 
Cuenca desde Guadalajara. i 

En esta provincia, comenzó á esparcirse la alarma cuando 
Santés se acercó á los confínes, contribuyendo á aumentar los re- 
celos la presencia de la numerosa facción de Marco de Bello en 
los límites con Teruel; alarma de que se hacían eco las autori- 
dades, exponiendo al Gobierno lo muy escasa que era la guarni* 
ción de la capital. El 17 telegrafiaba al Ministro el Gobernador 
militar, general de ingenieros D, Rafael Carrión Larios, di- 
ciendo que, según parecía, Santés y Marco se dirigían en com- 
binación sobre la ciudad de Guadalajara, y que era urgente el 
envío de fuerzas, porque no tenía más que 200 hombres ni 
municiones bastantes. El Gobernador civil hacía análoga pe- 
tición en nombre de la provincia^ á cuya capital se replegaron 
dos compañías de Mérída que guarnecían á Sigüenza, Temo- 
res iguales experimentaban los conquenses, suponiendo que 
sería su ciudad el objetivo de los carlistas. El Gobierno encar- 
gó que resistiesen enérgicamente ambas poblaciones» si eran 
atacadas; pues de Madrid salían fuerzas en número suñcie 
para escarmentar duramente al enemigo > 

En efecto, el general D. Federico Soria Santa Cru« se 



Afio 1874 lyi 

so al frente de una división, organizada en Madrid con los ba- 
tallones cazadores de las Navas y de Estella; el 3." del primer 
regimiento de infantería de marina; 100 caballos del regimiento 
de Villaviciosa, 60 del de Farnesio y 80 del de España, y dos 
baterías del primer regimiento montado; formando un total 
de 1.123 infantes, 440 caballos y 12 piezas Krupp. El 18 fué 
la infantería en tren hasta Alcalá de Henares, y por la carrC'. 
tera la caballería y artillería^ continuando en la misma forma 
á Guadal ajara al amanecer del siguiente día, para seguir todos 
á Cuenca, á marchas for2adas, porque se temía entonces que 
fuera esta población la atacada por los carlistas. Debía la co* 
lumna conservar siempre expedita la conaunicación con Madrid 
para regresar rápidamente en caso preciso á esta capital, donde 
quedaban pocas tropas. Aunque el camino más corto para avis- 
tar á los carlistas, que estaban en Huete, hubiera sido la ca- 
¡Tctcra de Valencia, no se tomó esta, por las dificultades que 
ofrecería el paso del Tajo, donde el adversario había inutiliza- 
do todas las barcas y na existían puentes para atravesarle} y 
además, porque colocado Soria Santa Cruz en la carretera de 
Guadalajara á Cuenca, estaba en situación de proteger pronta- 
mente cualquiera de las dos capitales que se viese amenazada p 
En la última fecha citada, es decir, el rg, parte de la 
facción Santés estaba en Sacedón, con destacamentos en 
Alóndiga, Auñón, Pastrana^ Almonacid de Zorita, Albalate 
de Zorita j y él se hallaba en Gascueiía y tenía fuerzas en algu* 
nos pueblos inmediatos. Urgía salir al encuentro del cabecilla, 
interceptar su desembarazada marcha y reanimar con la inme- 
diata presencia de tropas el abatido espíritu de tan castigados 
pueblos; y el general Soria Santa Cruz marchó el 20 por 
la carretera de Cuenca, en busca de la facción? llegó á Ten- 
destacó hacia Pastrana al brigadier Arnaiz con cuatro 
=*ñías y tres escuadrones, contra las partidas disgregadas, 
.^nuó al siguiente día á Sacedón, evacuado siete horas 



Ift CASTILLA LA NUEVA 



antes por la fuerza de Santés, que no intentó siquiera defender 
el paso del Tajo. Allí se incorporó Arnaizj que tampoco logró 
ver al enemigo^ y la columna siguió el 22 por Coreóles, Alco- 
cer, Cañaveras y Albalate de las Nogueras^ con intento de cor- 
tar la retirada de los carlistas hacia Cañete y Chelva, adonde 
con fundamento se suponía que dirigían suspasos, Santés en 
vista de que su situación iba siendo crítica, reconcentró á su 
gente, y con los 5*000 hombres que ya tenia, los rehenes y un 
convoy de cuantiosos efectos, se guareció en el abrupto terreno 
de las cuencas de los ríos Guadiela y Escabas , sin cesar, no 
obstante, en la devastadora tarea de arruinar los pueblos que 
encontraba á su paso. El 22 decía el general Soria Santa Cruz 
al Ministro de la Guerra, desde Albalate de las Nogueras: fA 
la salida de Cañaveras avisté descubiertas enemigas, que huye- 
ron á la aproximación de las nuestras. Dispuse mis tropas para 
el combate en línea de columnas, y avancé sobre Villaconejos, 
Los carlistas tomaron la dirección de Beteta. Más allá de Villa- 
conejos se les han cogido 1.500 raciones de pan, 600 de pienso 
y bagajes. Un escuadrón llegó hasta Priego, de donde salió 
precipitadamente esta mañana el grueso de la partida. Pernoc- 
tó en este punto con todas las fuerzas para continuar por me- 
jor camino á Beteta y obligar al cabecilla al combate, que cla- 
ramente rehuye, demostrando que su objeto es salvar el botín 
recogido. » Las tropas continuaron el 23 á Beteta pasando por 
Cañamares, y^otra vez los carlistas esquivaron el encuentro, 
saliendo con precipitación de aquel punto hacia Tragacete, al 
aproximarse ]sus perseguidores. 

El camino ó, mejor dicho, senda de Beteta á Tragacete, 
atraviesa la parte más áspera y quebrada de la sierra de Cuen- 
ca, y presentaba serias diñcultades para seguir y alcanzar á 
Santés. Por tal causa, el general Soria Santa Cruz, firme en 
80 propósito de interponerse entre el enemigo y Chelva, re- 
trocedió y filé á Sotos, punto desde el cual decía el 24 por la 



AÑO 1874 17I 

tarde al Ministro: i Con firmada marcha de facción á Tragacetc, 
Cañete y Moya, continúo la ruta á Cuenca ^ donde entraré 
mañana á mediodía para seguir operando hacia aquellos puc* 
bles, i Pero al llegar á la capital el zS, se encontró con Im 
orden del Gobierno de que regresara á Madrid^ por haber sido 
nombrado para otro destino, y de que fuera acompañado de sus 
tropas^ menos el batallón de Estella y los 80 caballos del re- 
gimiento de España, que debía dejar para la brigada Calleja, 
en cambio de los 5o caballos de Farnesto de ésta^ que se le 
unirían» En consecuenciai el z6 salió por la carretera de Ta^- 
rancón, y se aprovechó este movimiento de tropas para escol- 
tar hasta Madrid los caudales que el Banco de España guardaba 
en Cuenca y 406 reclutas del depósito de esta capital. De 
Tarancón continuó á AranjueZi donde embarcó en trenes la 
infantería el i.** de Marzo, continuando por la carretera, al 
día siguiente, la caballería y artillería. Necesidades urgentes 
del servicio exigieron que fueran también á Madrid^ á los po- 
cos días, el batallón de Estella y los caballos de España que 
debían reunirse á Calleja. 

Dejamos á este brigadier el día 19 de Febrero en Quintanar 
de la Orden, dispuesto á emprender la marcha á Cuenca en cuan* 
to se le uniera el batallón reserva de Madrid, Llegó éste en la 
tarde del 20, y al siguiente día abandonó la columna la pobla- 
ción, para perseguir á Cucala^ á quien se suponía, por acentua- 
dos rumores, en Torrejoncillo del Rey. El 22 pernoctó en aquel 
pueblo y en Horcajada de la Torre, después de dos jornadas 
lentas y cautelosas; pero habiendo resultadc^ falsas tales noti- 
cias^ pues por entonces la numerosa facción del cabecilla del 
Centro andaba lejos de aquellos sitios, y la que se tomó por tal 
íué un destacamento de la de Santés, siguió Calleja al día si- 
uiente por Naliarros y Cabrejas, llegando á Cuenca por la 
noche, sin haber encontrado ningún enemigo. Allí se enteró 
; los movimientos de Santés, de los de Soria Santa CtUM y 



174 CASTILLA LA MUBVA 



de un oficio de éste, fechado el 21 en Sacedón, en el que le de- 
cía que siendo probable la marcha de los carlistas á CheWa, 
debía ir hacia Cañete para cortarles» por lo cual salió el 24 pa* 
ra Cañada del Hoyo, pasó el 25 por Pajaroncillo dirigiéndose 
en seguida á Boniches; y encomendada á él sólo desde este día 
la persecución de Santés, por el regreso á Madrid de Soria 
Santa Cruz, recibió instrucciones del Ministro de la Guerra, 
en las que éste le autorizaba para que obrase con entera inde- 
pendencia, mientras no entrara de nuevo en los distritos de 
Aragón ó Valencia, en donde seguiría las prevenciones del 
General en Jefe del Ejército del Centro. 

Santés, desde Tragacete, pasó á Salvacañete, donde estaba 
el día que llegó Calleja á Boniches. Era claro que el cabecilla 
se proponía guarecerse en Chelva, y entonces el expresado bri- 
gadier intentó darle alcance antes de que salvase el Turia; pero 
el enemigo, que á todo trance quería evitar el combate, forxó 
la marcha, salió de la provincia, pasando por Moya hacia el 
Rincón de Ademuz cuando llegaban á Laúdete los explorado- 
res de Calleja, quien se detuvo en este punto para esperar á los 
cazadores de Estella y los 50 caballos de Parnesio que debían 
habérsele incorporado, y principalmente para recibir loa fondos, 
que le eran muy necesarios y había pedido con premura. 

Esta excursión del cabecilla por el territorio de Cuenca 
duró un mes escaso, y fué de excelentes resultados para el car- 
lismo. En ella recogió Santés muchos miles de duros, gran 
cantidad de ganado y armas de todas clases, dejando á los pue- 
blos atemorizados y exhaustos, hasta el punto de que en mis 
de una ocasión encontraron las tropas grandes dificultades para 
el racionamiento, que originaban retrasos en las operaciones. 

En el expresado mes de Febrero vagaron por el territorio 
de Molina, en la provincia de Guadalajara, pequeñas partidas 
que cometieron impunemente frecuentes excesos, merced á lai 
facilidades que tenían para guarecerse en las intrincadas sierras 



AÑO 1874 175 

que lo surcan, y esto sostuvo el malestar de los pueblos* Bl ti- 
tuládo jefe rebelde Luna, preso en la cárcel de la capital y 
canjeado á mediados de mes^ fué el 22 á Sígüenza, donde hubo 
con tal motivo una manifestación carlista, que obligó á resta- 
blecer allí el destacamento de dos compañías de Mérida que 
antes había habido. Marco de Bello se acercaba frecuentemen- 
te al confín de la provincia y hasta pernoctaba alguna vez en 
ella. La capital carecía de guarnición, y sus autoridades civiles, 
igualmente que las de Cuenca, inspirándose en el clamoreo de 
las gentes al ver el peligro cercano, dirigían insistentes peti- 
ciones al Gobierno para que amparase á los pueblos contra 
la invasión. Contestó el Ministro de la Guerra, que en la difi- 
cultad de ocupar militarmente el país por carecer de tropas 
para ello, ya se habían enviado columnas cuando la importan- 
cia de las facciones lo había exigido, lo cual se seguiría ha- 
ciendo; pero que debía bastar el esfuerzo de los liberales de las 
poblaciones para acabar con las partidas pequeñas. Desgraciada- 
mente, los grupos de partidarios fueron aumentando en gente 
y en importancia, y siguieron vejando mucho á los pueblos. 

Conocemos ya, por la narración del Centro, los movimien- 
tes de Santés al evacuar á Cuenca; los anuncios que circularon 
referentes al proyecto de éste y de las facciones Palacios y Cu- 
cala de ir en combinación sobre Requena; las órdenes del Mi- 
nistro á Calleja para que cesase en la persecución de Santés, 
te encaminase á la ribera del Júcar y estuviese allí á la vista 
de las partidas, protegiendo la vía férrea de Valencia y la ca* 
pital de Albacete, que estaban desamparadas; y conocemos 
también la marcha de dicho brigadier á Camporrobles, en 
cuanto recibió los fondos que esperaba de Cuenca y después de 
haber estado en Landete unos días, que invirtió en hacer fre- 
cuentes reconocimientos hacia Ademuz y Moya. Consideraba 
el Ministro un grave contratiempo el corte de la vía férrea, por 
los importantes movimientos de fuerzas y material á que en- 



176 CASTILLA LA NUEVA 



tonces estaban dando lugar las operaciones del Norte y la con- 
centración de las reservas; interrupción que ya habían efectua- 
do algunas partidas en Calarroja, cerca de Valencia^ y que 
era de temer entre Fuente la Higuera y Albacetef y á ello obe- 
decía principalmente la orden de que marchase Calleja á La 
Ribera. El 6 de Marzo pernoctó la brigada en Camporrobles; al 
siguiente día llegó á Minglanilla, destacando una avanzada de 
caballería al puente de Contreras^ á fin de explorar los movi^ 
mientos de las partidas SantéSj Cucala y Palacios, que, según 
noticias, se dirigían desde Utiel y Requena á Villargordo de 
Cabriel por la carretera de las Cabrillas. Allí continuó el dia 8 
esperando el regreso del ayudante de campo que había mandado 
i Albacete á conferenciar con el Ministro; y al tener aviso» en 
la mañana del g, de que las facciones de dichos cabecillas ve< 
nian en son de combate hacia Minglanilla, salió á su encuentro, 
á pesar de la gran inferioridad numérica de las fuerzas con que 
contaba, y tuvo lugar el combate que ya se detalló al narrar las 
operaciones del Centro. Derrotados los carlistas con grandes 
pérdidas, huyeron de la provincia de Cuenca, atravesando el 
Gabriel por los pasos del Pajado y Vadocañas, y el Brigadier 
con su columna se encaminó por Iniesta á Albacete, para dejar 
allí á los heridos y reponer las municiones, consumidas casi 
todas en la acción. 

Hasta el II por la noche no se conocieron en Madrid lot 
detalles de este encuentro* El ser un ataque iniciado por los 
rebeldes, que obraron en combinación, y el tener Calleja dos 
terceras partes menos de fuerza que los atacantes, hicieron 
temer consecuencias funestas para tas tropas; así, que cuando 
la noticia de esta victoria llegó á las esferas oñciaJes y cundió 
por los pueblos de Cuenca, que hablan sido tan castigados y 
vejados por Santés, se reanimó el espíritu de los vecinos y re- 
gresaron á sus hogares muchas familias que, amedrentadas, 
los hablan abandonado un mes antes. 



AÑO 1874 177 

A todo esto, la provincia de Guadalajara seguía en el mis- 
mo estado; partidas destacadas de facciones importantes del 
Centro continuaban merodeando por los pueblos, siendo la 
más numerosa la que tenía por jefes á Roche y al cura Don 
Francisco Megino, que anduvo por El Pobo y sus cercanías 
y se fraccionó el I4j marchando la infantería por el camino de 
Checa y la caballería por el de Setiles. Pocos días después 
entró Polo, al frente de un numeroso grupo, que se diseminó 
por el partido de Molina en busca de recursos para los carlis- 
tas de Aragón j parte del cual fué á Beteta y llegó hasta Moya, 
restableciendo algunas comandancias de armas. Los cabecillas 
subalternos llamados Nicasio, Peñalver, Pechuán y Pulmón 
no perdonaban medio para hacer efectivas fuertes sumas^ im* 
pedir la reunión de mozos de la reserva» requisar caballos y 
recoger armas* AI principio tan sólo algunos guardias civiles 
pudieron ser destinados á recorrer el territorio invadido; mas 
al poco tiempo salieron de Cuenca 5o soldados de infantería &1 
mando de un capitán, y se logró entonces estrechar las peque- 
ñas partidas contra la sierra que está en el límite de ambas 
provincias, dejando más reducido et campo de sus excursiones. 

Los grupos de rebeldes formados en Cuenca con gente del 
país á la sombra de la partida Santés, retraidos un tanto á 
raÍ2 de la acción de Minglanilla^ tornaron á los pocos días á 
sus habituales correrías por los partidos de Motilla del Palan- 
car y Cañete, acrecentando ó disminuyendo de ve2 en cuando 
su número con otros que pasaban ó repasaban la raya de Va- 
lencia 6 Albacete. La llamada compañía del Requeté, que^ co- 
mo ya sabemos, estaba organizada con gente joven, pernoctó 
el 15 de Mar20 en Fuencaliente y vagó por las cercanías hasta 
el 23, que fué á Caudete* En esta fecha invadió también la 
2ona meridional de Cuenca por Belmonte, El Pedernoso y 
Las Pedroñeras, la facción Valiente, que cometió desmanes 
en dichos pueblos* 



178 CASTILLA LA NUEVA 



Calleja volvió á la provincia, desde Albacete, donde au- 
mentó sus fuerzas con el batallón reserva de Avila, dos com- 
pañías de cazadores de Mérida y 80 caballos del regimiento de 
España. Su atención preferente era impedir que las facciones 
de Valencia repasasen el Gabriel y repitieran su excursión por 
Castilla la Nueva, El 19 descendió á la ribera del Júcar, desde 
Minglanilla, por las noticias que te comunicaron de que San- 
tos había entrado en Almansa é intentaba algo contra Albace- 
tts; y á los pocos dias volvió sobre sus pasos para cubrir la ca- 
rretera de las Cabrillas y demás avenidas á Cuenca paralelas 
á ésta, las cuales podían seguir los carlistas al huir de las tro- 
pas del Centro que mandaba el general Weyler, Al terminar 
el mes de Marzo estaba en Minglanilla, con un escuadrón 
menos en su brigada, por haber marchado á Madrid el de Far- 
nesio, de orden del Ministro de la Guerra, y al comenzar el 
siguiente emprendió operaciones en Valenciaj sin alejarse nun- 
ca mucho de los confines con Cuenca. 

Por entonces fué á esta provincia y á la de Guadalajara el 
batallón reserva de Toledo, que se distribuyó entre ambas; pero 
esto no impidió que en Abril continuaran Peñalver, Pechuán 
y algún otro por los pueblos de las inmediaciones de Priego y 
Cañete, y que varias partidas enviadas por San tés desde Chelva, 
llegasen hasta Cardenete y Almodóvar del Pinar. Contra los 
primeros salió de Cuenca una pequeña columna de 40 guardias 
civiles, que se internó en la sierra de Priego y tuvo que reti- 
rarse á VillaconejoSj saliendo al llano, por haberse reconcen- 
trado en Beteta, el 7 de Abril, gran número de insurrectos* Al 
reunirse los carlistas en tal población se proponían, principal- 
mente, reconstruir un castillo derruido que allí existía desde la 
anterior guerra civil; mas no lo consiguieron, porque desde 
Guadalajara acudió oportunamente una columna- 

Un convoy de tres carros cargados de municiones, que los 
carlistas debían recibir en estos dias, procedente de Madrid^ 



■^ 



AÑO 1874 179 

fué descubierto en los términos de Tresjuncos y Vi[larejo de 
Fuentes por los alcaldes áe estos pueblos, que se íocautaroii 
de él| poniéndolo á disposición de la autoridad militar. 

La partida de más entidad que durante lo9 primeros días 
del mes de Abril recorrió ei territorio de Cuenca y Quadalaja- 
ra^ fué la de Villalain, sobrino del conocido cabecilla del mis- 
mo apellido, la cual tenía gran movilidad, yendo tan pronto á 
la vía férrea de ¿"aragoza para ¡nutilizarlaj detener trenes ó 
interrumpir el telégrafo^ como hacia Friego, Molina ó Ci fuen- 
tes á sacar recursos. La situación de su jefe dentro del partido 
carlista era muy falsa; considerado como latrofaccioso y con' 
denado á ser pasado por las armas, por haber desobedecido 
órdenes de sus superiores, se vio con frecuencia en la necesi- 
dad de huir de sus correligionarios, á la vez que de las tropas. 
Esto originó disensiones entre sus subordinados, hasta el punto 
que, en Corduente, tuvieron una colisión y se fraccionaron en 
tres grupos, de los que uno se internó en Teruel y otro en 
Soria, á mediados del indicado mes. 

En la época á que nos referimos, las tropas de Guadalajara 
se hallaban distribuidas del siguiente modo: una compañía de 
la reserva de Toledo y una sección de caballería de Villa- 
viciosa, recién llegada á la capital, operaban contra Villalaín 
hacia Atienza; media compañía del mismo cuerpo y caballería 
de la guardia civil, recorrían el limite con Cuenca, tras las 
facciones que por allí vagaban, la más numerosa de las cuales 
era la de Chavarri; un destacamento de soldados de la misma 
reserva estaba en Sigüenza; otra compañía de Toledo y va^ 
rios guardias civiles, ocupaban la capital; y en Molina se esta- 
cionó una compañía de la reserva de Alicante, con orden de 
operar en las inmediaciones. En Cuenca había dos compañías 

le la reserva de Toledo , dos de la de Madrid y guardia civil, 
tropas que acudían indistintamente donde era necesario. La 

brigada Calleja, aunque perteneciente al Ejército del Centro, 



1 8o CASTILLA LA NUEVA 



operaba aJguna vez en la última provincia en seguimiento de 
las muchas j aunque pequeñas facciones, que constantemente 
pasaban y repasaban el confín con Valencia* 

Como las fuerzas eran escasas para impedir los movimien* 
tos del enemigo, bastante más numeroso, los carlistas con si* 
deraban estas provincias como sitio de refugio cuando eran 
muy hostilizados por las columnas de Aragón 6 Valencia. Por 
tal causa se vio invadida el i8 de Abril la de Guadalajara por 
los 2,000 hombres de Marco de Bello y Madrazo^ quienes entra- 
ron en Molina, obligando á retirarse al destacamento que allí 
había, llegaron hasta Aragoncillo, recogieron gran botín^ y or- 
denando que se incorporasen á su paso los cabecillas Ladio, 
Megino y Luna, que obraban independientemente, se interna- 
ron en la sierra para dirigirse á Teruel cuando las tropas de 
Aragón dejaran franco el paso. En Guad atajara quedaron Fe- 
chuán y Chavarri, los que con su gran mo^ilidad evitaron 
constantemente ser avistados por sus perseguidores* 

Las partidas que San tés tenía en la provincia de Cuenca 
continuaron durante el mes de Abril en su tarea de recoger 
provisiones; y á su sombra, cuadrillas de malhechores se dedi- 
caban al merodeo. Alguna de las primeras era numerosa, 
como la que se presentó en Cañete y Enguidanos, que sumaba 
200 hombres; la de Lázaro se componía de 80 ^ pero las otras 
contaban con menos contingente. Una que recorría los pue - 
blos comarcanos á Moya, á cuyos alcaldes y secretarios de 
ayuntamiento puso presos, pagó caros estos desmanes ^ porque 
armados los paisanos, la batieron, matando á cinco carlistas y 
rescatando á los prisioneros* El brigadier Garbayo, con 200 in- 
fantes y 20 guardias civiles de caballería, salió de la capital; 
mas le hicieron retroceder las noticias que le comunicó el Go- 
bernador civil de que una fuerte partida estaba en Cañete y 
amagaba correrse á Cuenca, cuya guarnición se hallaba em- 
pleada en proteger la conducción de dos convoyes á dicha ciu- 



ANOS 1874 iSl 

dad; uno de municiones desde Tarancón, y otro de caudales 
desde Belmonte* 

Efectivamente, el día 22 aparecieron en las sierras que 
limitan la cuenca de Gabriel por la parte de Cañete, 700 in- 
fantes y 40 caballos, guiados por el cabecilla D- José Valiente. 
Esta fuerza, procedente de las facciones de San tés ^ mandadas 
entonces por Valles, estaba formada por hijos de la provincia 
de Cuenca y se proponía hacer constantes correrías por el 
territorio y establecer su centro de operaciones en Cañete > 
El 23 siguió la partida á Pajarojicillo, Carboneras y Mon- 
teagudo; el 24 pernoctó en Campillo de Altobuey; el 25 estu- 
vo en Buenache de Alarcón y Val verde de! Júcar, y al si- 
guiente día en Honrubia y Santa María del Campo, salvando 
el Júcar por los molinos de Valdespinar y de Talayuela. Conti- 
nuó por Rada de Haro á Belmonte, y después de recorrer 
otros pueblos, fué á parar á Belmontejo y San Lorenzo de la 
Parrilla^ donde estuvo el 29, con la caballería avanzada en 
Loranca y Olmedillaj á bastante distancia. En sus movi- 
mientos destacó siempre pequeñas partidas que iban paralela- 
mente al grueso de la facción^ entrando en los pueblos próximos 
á la ruta para recaudar fondos ó coger rehenes si no conse- 
guían su objeto 

La brigada Calleja, cumpliendo la orden que le dio el Mi* 
nistl"o de la Guerra, de perseguir á Valiente, entró en la pro* 
vincia por la carretera de las Cabrillas el 27 del expresado mes 
de Abril, y atravesando por Motil la del Palancar, fué á pasar 
el Júcar por Peñaquebrada, donde, noticioso el jefe de la co- 
lumna de la proximidad del enemigo, fraccionó sus tropas, si- 
guió tras él y le cogió algunos rezagados y un convoy de tres 
carros de armas y pertrechos. Al saber el brigadier Garbayo 
los movimientos de Calleja, reunió 300 hombres de infantería 
y 23 caballos de la guardia civil^ únicos soldados de que podía 
disponer, y con ellos se propuso, no sólo ayudar á la brigada 



m 



1 8a CASTILLA LA KUEVA 



del Centro, 5!Íno también proteger Ja marcha del brigadier La 
Iglesia que, desde Aranjuez, iba á encargarse del Gobierno mi- 
litar de la provincia j y que conduda una importante remesa 
de municiones, escoltada por una compañía de la reserva de 
Toledo y un escuadrón del regimiento caballería de España. 
El 2g emprendió Garbayo el movimiento para ocupar los pa- 
sos del Júcar del molino del Castellar y dei puente Palmero^ en 
previsión de que los carlistas se encaminaran á la capital; pero 
el 3o supo que éstos se habían dirigido aquel día á Naharros, 
y continuó á Cabrejas, pueblo situado, igualmente que el ante- 
rior, en la carretera de Tarancón á Cuenca, 

La facción j al verse acosada por dos columnas y conoce- 
dora de que La Iglesia caminaba también á su encuentro desde 
Tarancón, forzó la marcha para ganar el mismo día las sierras 
de Villar del Horno y Valdecolmenas. Garbayo y Calleja si- 
guieron su pista; La Iglesia varió de dirección á su izquierda, 
para interponerse entre las sierras y el enemigOí y el día 2 de 
Mayo fué alcanzado éste en el puerto de Monsaete, donde se 
libró una acción, cuyo parte oficial, dado por el brigadier Gar- 
bayo, insertamos á continuación, y en el cual se detallan tam- 
bién los movimientos anteriores al encuentro que hemos re- 
latado ligeramente: 

«Perseguida con actividad la facción Valiente, fuerte de 800 
á 1*000 infantes y 80 caballos, por fuerzas al mando del bri- 
gadier Calleja, jefe de la 3.* brigada del Ejército del Centro, 
y tomados los pasos del Júcar por las mismas, creí conve» 
niente ayudarlas con la pequeña guarnición de esta capital; 
para lo cual dispuse mi salida con 3oo hombres de infanleria 
de las cuatro compañías de los batallones de reserva de Ma- 
drid y Toledo y 23 caballos de la guardia civil de esta pro- 
vincia, emprendiendo mi movimiento hacia Valdeganga el 
29 de Abril último; y como allí recibí avisos que indicaban la 
posibilidad de que Valiente se dirigiera al puente de Palmero, 



AÑO 1874 183 

marché aquella misma noche al citado punto. Ya en él, supe 
que la partida había tomado la dirección de Naharros, y con- 
tinué á Cabrejas, pueblo situado en Ja carretera de Tarancón. 
^Fatigada la tropa, después de una jornada de ocho leguas 
por un terreno en exíremo escabroso y dedificil marcha, consi* 
deré oportuno darle un descanso, quedando á la expectativa de 
los movimientos que verificara la facción. El 3o por la tarde 
me participaron que habían sido destruidos los hilos telegráfi- 
cos y que la fuerza enemiga se dirigía á Villar del Horno; y sí 
bien vacilé un momento por contar con tan escasos medios^ 
por la responsabilidad que siempre alcanza al que acomete em- 
presas difíciles, y porque había dejado á la capital con pocos 
recursos de defensa, esto no obstante, me decidí á seguir el 
impulso que alienta al corazón en los casos de honra, y me di- 
rigí á Villar del Horno, para salir al encuentro del enemigo, 
previniendo al segundo jefe de la comandancia de la guardia 
civil de esta provincia, D Eusebio Sáenz, ya cerca del citado 
pueblo, que se aprovechara del coche correo, que seguía bajo 
la protección de mi columna, y fuese á Alcázar del Rey para 
conferenciar con el brigadier D. José de La Iglesia, que se 
encontraba en aquel punto con 25o infantes y 70 caballos, á 
fin de que obrásemos de acuerdo y me proporcionara, si le era 
posible, 20 ó 30 caballos con que reforzar mi columna* Sabedor 
en Villar del Horno de que la facción Valiente no se había de- 
tenido y proseguía su marcha por Valdecolmenas, me pareció 
conveniente alojar mi columna y racionarla, partiendo el 1/ de 
Mayo á las tres y media de la madrugada, por el mismo camino 
que llevaba aquélla, proponiéndome seguir constantemente su 
pista#:= Cerca ya de La Ventosa, hice un pequeño alto; pero 
noticioso de que hacía poco tiempo había salido de aquel 
pueblo y que algunos rezagados se hallaban todavía dentro del 
mismo, adelanté la sección de caballería de la guardia civil, 
conducida por mi ayudante de órdenes, capitán de infantería 



184 CASTILLA LA NUEVA 



D. José Rendos y Ciñó, fuerza que descendió pronto al valle 
á perseguir á los pocos que se habían retardado. :=:Fácil era 
comprender lo prudente de no alejar la escasa caballería de mi 
columna, á la cual mandé detener hasta que yo bajase con la 
infantería al referido pueblo de La Ventosa. Verificado esto y 
reunida toda la fuerza, proseguí mi movimiento en dirección 
de BóUiga, hacia donde lo continuaba la facción, adelantada á 
mi columna poco más de una hora de camino. Si entonces hu- 
biera podido disponer de 70 li 80 caballos, habría conseguido 
un feliz resultado; pero mis medios eran escasos y juzgué ím - 
prudente empeñarme en empresas temerarias, considerando 
más oportuno llevar reunida toda mi fuerza para la protección 
mutua de ambas armas. = Entraron en Bólliga las tropas sin 
haber descansado desde Villar del Horno, y me pareció que 
debía detenerlas y proporcionarles la posibilidad de tomar ra- 
ciones y alimentarse. La precipitación de la marcha de la par- 
tida obedecía, sin duda, á la necesidad de no entretenerse en 
combatir, porque, contando con buen espionaje, debía tener 
avisos seguros del movimiento de la vanguardia del brigadier 
Calleja, que seguía mi misma dirección, lo cual ignoraba yo 
completamente; y tanto era así, que en Bólliga se dejaron los 
carlistas, sobre la mesa del recaudador, 12.000 reales que ha- 
bían exigido al pueblo de La Ventosa, los que fueron recogidos 
por los mismos comisionados que los llevaron y restituidos á 
sus dueños. = El brigadier Calleja, que conocía lo aventurado 
de mi empresa por la poca fuerza de que yo disponía, tan ca- 
ballero como valiente soldado, mandó á su vanguardia forzar 
la marcha y que se pusiera á mis órdenes para poder conse- 
guir mejor un triunfo decisivo. La vanguardia de Calleja avan- 
zaba con paso acelerado. Su jefe, el coronel del regimiento ca* 
ballería de España, me adelantó un aviso desde Castillejo del 
Romeral, y esperé en Bólliga la llegada de esta fuerza, compues- 
ta de 800 infantes y 160 caballos, la que no podía seguir á la 



AÑO 1874 i85 

mía inmediatamente, por su estado de cansancio y de fatiga, 
siendo forzoso que tomase aliento y se racionase. El movi- 
miento, por lo tanto, de ambas columnas fué indispensablemen- 
te aplazado para las doce de la noche, y verificado así, lo em- 
prendimos de nuevo para Albalate de las Nogueras, yendo en 
vanguardia los tiradores de la brigada Calleja, dos secciones de 
caballería de la misma, la sección de la guardia civil, y en se- 
guida mi columna, detrás de la cual iba la demás fuerza, al 
mando del coronel de caballería de España D. Francisco Lo- 
zano<=rLa marcha fué silenciosa; y al rayar el alba, llegamos á 
Albalate, donde la caballería queme precedía se apoderó de 600 
raciones de pan que la facción Valiente había pedido desde La 
Frontera, pueblo cercano á Cañamares y, por consiguiente, á 
la sierra, objetivo del enemigo, para buscar en ella su salva- 
ción. =Falto de confidencias seguras, ya consideraba estériles 
nuestros esfuerzos para alcanzar á los cablistas, sin embargo 
de confiar en que el brigadier La Iglesia podría, marchando 
por el flanco izquierdo, cerrarles el paso, pues ya me había 
dado aviso de ir hacia Huete, = De Albalate se emprendió otra 
vez la marcha para La Frontera, en el mismo orden, después 
de un brevísimo descanso á fin de repartir el pan dispuesto 
para la facción. Próximo al pueblo citado^ recibí noticias de 
que ésta debía hallarse todavía en el valle que media hasta Ca- 
ñamares, y mandé, por lo tanto, avanzar al trote las dos seccio- 
nes de caballería de España, la de la guardia civil y loa tira- 
dores de la brigada Calleja, para obligar al enemigo á dete- 
nerse, ínterin tomaba con mi columna por una trocha de los 
montes que tienen sus vertientes al valle por donde marchaba 
la caballería, consiguiendo así bajar al llano por su flanco y 
dando lugar á la llegada de la fuerza del expresado coronel 
Lozano. Mis operaciones estaban ya combinadas con las del 
brigadier Calleja* = Aun cuando mis disposiciones fueron pun- 
tualmente cumplidas y pudo picarse la retaguardia enemiga, 



l86 CASTILLA LA NUEVA 



ésta, que, á su vez, protegía la subida á la sierra de la fuerza 
principal desde un bosque próximo al puerto de Monsaete, en 
la orilla izquierda del Escaba, consiguió su objeto parapetán- 
dose detrás de las desigualdades de aquel formidable paso, 
tan conocido en el país, desde la guerra civil, por su difícil ac- 
ceso. =Era ya cuestión de honra el desalojarlos de la posición 
en que estaban encastillados, y no vacilé en preparar el ata- 
que, aguardando^ sin embargo, la llegada de toda la columna 
para empezarlo. Los tiradores de la brigada Calleja sostenían 
un fuego lento contra los carlistas, y empecé por reforzarlos 
con dos compañías del batallón reserva de Madrid, de mi co- 
lumna, *^ destinadas á ejecutar, á su tiempo, un movimiento de 
frente y otro envolvente, por la derecha de nuestra línea. Este 
ataque era peligroso por las condiciones del terreno, por las 
del camino del puerto con sus revueltas continuas y por las 
del paso del Escaba, que ponían á los atacantes completamen- 
te al descubierto; y por estas rabones, antes de ordenar el 
avance, dispuse que continuaran el fuego los tiradores y una 
de !as compañías de la reserva de Madrid, pero lento y con- 
testando al que el enemigo nos dirigía desde las alturas. = La 
defensa de los carlistas estribaba muy especialmente en impe- 
dir la subida del puerto; y comprendiéndolo así, opté por em- 
' pezar el ataque dirigiéndolo casi simultáneamente por ambas 
alas, para lo cual mandé adelantar al coronel, comandante Don 
Carlos Suero, de cazadores de Mérida, con dos compañías de 
la Lealtad, otra de su batallón, una de la reserva de Madrid y 
otra de la de Toledo, dejando como reserva la compañía de 
Avila, que me proponía utilizar cuando conviniese, y dando 
mis instrucciones al referido jefe respecto del movimiento que 
debía ejecutar, salvados que fuesen los obstáculos materiales 
del paso del río, del de una acequia y de la escabrosidad del te- 
rreno por donde tenía que dirigirse, á fin de maniobrar sobre 
la derecha enemiga,^ Ya empezado dicho movimiento, se hizo 



AÑO 1874 187 

perceptible el del enemigo, que al correrse pira atajar y oponer- 
se á la fuerza que iba á flanquearle, empezó á disparar, siendo 
contestado por la tropa del comandante Suero. Roto el fuego 
por nuestra izquierda, era preciso que la derecha, que lo sos- 
tenía continuado, aunque lentamente, lo avivara adelantándose; 
y mandándolo así, por uno de mis ayudantes, se generalizó el 
ataque y se extendió por toda la línea, muy nutrido, ínterin 
los soldados avanzaban por aquellos escarpados riscos, ven^ 
déndolos poco á poco, no sin que resultasen algunos contu- 
sos por las piedras que sobre ellos hacían rodar !os carlis- 
tas. =E1 flanqueo por ambas alas se conducía bien, y mis 
disposiciones se ejecutaban con precisión y como había man- 
dado. Era ya posible el avance por el camino, y así lo ordené, 
previniendo que dos secciones de caballería del regimiento de 
España y la de la guardia civil ganaran la subida al puerto, 
marchando con intervalos entre ellas, y al trote, mientras la 
compañía de infantería reserva de Avila las protegía. El com- 
bate se hizo más general en toda la línea; el fuego era nu- 
trido y sostenido hacía largo tiempo; pero los carlistas empe- 
zaban á cejar, y cedían el terreno á los valientes soldados de 
la vanguardia de Calleja y á los bisónos de mi columna, que 
recibían el bautismo de sangre=.Cnn mis ayudantes y el co- 
mandante Aguilera, de la otra columna, me trasladé al punto 
más conveniente, pudiendo observar que estaba dominada la 
resistencia enemiga y que los carlistas se retiraban sosteniendo 
el fuego por aquellas fragosidades, en desorden y atropella- 
damente. Se habían hecho a!gunos prisioneros, entre ellos 
al segundo jefe de Valiente, llamado Motilla, pero conocido 
por Mochales, que llevaba insignias de comandante; quedaban 
muertos bastantes individuos de la facción, y se habían re- 
cogido algunas armas de fuego.— La infantería estaba rendida 
de la fatiga extraordinaria de todo el día y la noche anterior, y 
previne, por lo mismo, al comandante Aguilera que, con 27 ca- 



1 88 CASTILLA LA NUEVA 

bailes de tiradores del regimiento de España y Ja sección de la 
guardia civil, y protegido por alguna infantería que cubriese 
su movimiento, marchase por la carretera en persecución del 
resto de la partida, que se dirigía hacia Cañizares y Beteta. 
Dicbo jefe, llegó en este servicio extraordinario más allá de lo 
que se podía esperar del cansancio de la caballería; sostuvo 
un combate con las fuerzas enemigas que cubrían el convoy, 
y repasando el pueblo de Cañizares, hasta cuyas inmediacio- 
nes siguió la infantería, continuó la persecución hasta el puen- 
te de Vadillos, en que fué preciso suspenderla por haber que- 
mado el último cartucho la caballería; causando al enemi- 
go ii muertos, habiéndose apoderado de dos cajas de muni- 
ciones de diversos sistemas » además de otras dos ocupadas al 
adversario anteriormente por la fuerza que atacó la posición. 
La tropa de Aguilera hizo dos prisioneros, uno de los cuales 
estaba herido, y cogió también un botiquín, dos caballos, 14 
armas de fuego y varios efectos de guerra. =La acción del 
puerto de Monsaete, que tuve la honra de dirigir, ha causado 
bastantes bajas en las filas de la facción Valiente: la cifra de los 
muertos se eleva á más de 50, según los datos que se me die- 
ron; pero no puedo precisar la de los heridos que recogió en su 
huida^ quedando sólo cuatro en nuestro poder, que fueron asis- 
tidos con el mismo esmero que los nuestros, y de los cuales 
ha fallecido uno. Se recogieron 42 armas de fuego, tres car- 
tucheras, tres bolsas de municiones, cuatro cajones de las 
mismas, 14 cinturones, 12 cananas y 17 bayonetas. Fueron 
tomados al enemigo, además, cuatro caballos de poco valor. Y 
por último, se le cogieron 26 prisioneros, que, con los cuatro 
heridos, forman un total de 3o,zi:Por nuestra parte sólo hemos 
tenido 19 heridos y contusos de la clase de tropa, no habiendo 
resultado muerto alguno, ^=Todos, Excmo* Sr.» todos los jefes, 
oficiales é individuos de tropa que se han batido á mis órdenes, 
han cumplido con loque la patria puede exigir de sus hijos*— La 



AKo 1874 tSgi 

acción de Monsaete ha causado gran animación en Iob pueblos 
de esta provincia, abatidos por los carlistas; porque cuando los 
efectos del combate se ven y se tocan, cuando están de mani- 
fiesto sobre el campo de batalla los cadáveres que atestiguan 
el resultado, y pocos 6 muchos, se conducen prisioneros, cesa 
el pánico y el abatimiento en que tenían sumidos á los vecinos 
los fanáticos sectarios del absolutismo.=iLa acción del a de 
Mayo, en las mismas guaridas de la facción, es un escarmiento 
que no olvidará ésta y que ya principia á dar sus frutos con la 
presentación que tengo entendido se está verificando de la par- 
tida Valiente, que tantos males y desdichas ha causado en esta 
provincia. — Cuenca 7 de Mayo de 1874.* 

Las largas y penosas jornadas de Calleja estrechando álos 
carlistas hacia la sierra, proporcionaron á Garbayo una ocasión 
favorable, que supo aprovechar, para conseguir una victoria y 
destrozar á la facción Valiente, la cual quedó reducida á dos 
terceras partes del número de hombres que la formaban, por 
loa muchos que desertaron de las filas, bastantes de ellos para 
presentarse á las autoridades en demanda de indulto. Los que 
siguieron al cabecilla estuvieron algunos dias guarecidos en el 
áspero terreno de la serranía de Cuenca, sin dar señales de vi- 
da, hasta que recibieron orden de sus jefes para ir á Cañete, 
donde estaban Marco de Bello y otros cabecillas con 4.600 
hombres amenazando á la capital, que se hallaba desguarneci- 
da. Noticioso Calleja de la situación de Marco y de sus aparen- 
tes designios, fué el día 2 de Mayo á proteger á Cuenca 
avisando antes al brigadier La Iglesia para que verificara lo 
mismo, quien j partiendo de Cañamares, llegó allí el 5, en 
unión de las tropas de Garbayo. A los pocos días, al saber 
Marco la reconcentración de columnas en la ciudad, abando- 
nó la provincia) internándose en Valencia por el Rincón de 
Ademuz. 

Juntos les tres brigadieres, se encargó La Iglesia de su 



igO CASTILLA LA NVEVA 



destino de Gobernador militar de Cuenca, en substitución de 
Garbayo; Calleja hizo entrega de 29 prisioneros y de las armas 
y caballos cogidos en su expedición^ y después de aguardar unos 
días la llegada de fondos para las atenciones de la brigada, y 
de recibir orden para que se incorporaran á la reserva de Ma* 
drid las dos compañías de este batallón que hasta entonces ha- 
bían estado en la provincia^ se encaminó el 10 á Albacete á 
cambiar las piezas de 8 centímetros, cortas, que llevaba, por 
otras Plasencia, y á esperar allí instrucciones del Ministro de 
la Guerra. 

Quedaban en Cuenca 36o infantes y 60 caballos, fuerza es- 
casa para las necesidades de entonces en la provincia; pues á 
las pequeñas partidas que existían desde antes de la última ex- 
pedición de Santés, había que añadir ahora la facción de Va- 
liente, creada para sostener la rebelión en Cuenca y Guadala- 
jara, partida que, á pesar de su derrota en el puerto de Mon- 
saete, todavía contaba con 5oo hombres. Una de aquéllas, la 
de Pechuán, había recogido dispersos y vagaba por los contor^ 
nos de Beteta, cuyo castillo trataban de reparar ios carlistas, 
recordando, sin duda, el gran auxilio que les proporcionó tal 
fortificación en la anterior guerra civil. Tenía este cabecilla 100 
hombres, á los que esperaba unir 3oo que el día 7 pasaron por 
Tragacete, con los cuales esta facción llegaría á ser tan fuer- 
te como la de Valiente; demasiado respetables ambas para que 
las débiles columnas que sabemos operaban en Guadalajara, y 
las que se pudieran organizar en Cuenca, intentaran batirlas 
con probabilidades de éxito. Sin embargo, el Gobernador mi- 
litar de aquella provincia reconcentró en El Recuenco las de 
Cifuentes y Molina. 

El jefe carlista Francisco Julián, substituyó á Valiente en 
el mando de la fuerza llamada batallón de Cuenca, y después 
de acrecentar esta partida con la de Pechuán y la de Lázaro, 
que andaba por las inmediaciones de Priego, franqueó la raya 



AÑO 1874 igi 

de Guadalajara, y por Villanueva de Alcorón y Arbeteta mar- 
chó á Trillo y Budia, donde entró á pesar de la oposición de 
los voluntarioSp Con tal movimiento estuvo amenazada Cifuen- 
tes, importante población de donde los facciosos hubieran sa- 
cado abundantes recursos, si, no la hubiesen amparado las 
columnas reconcentradas en El Recuenco, La capital no tenía 
guarnición, y la presencia del enemigo auna jornada corta, 
ftié motivo bastante para sembrar en ella la desconfianza y 
el temorj que stí arraigaron más cuando circularon noticias de 
la próxima ida á Molina de Marco de Belfo con un gran golpe 
de gente. El Gobernador militar encarecía la necesidad de 
que se le enviaran tropas, y el Ministro de la Guerra^ atendien- 
do á su ruego, le mandó el 16 del expresado mes de Mayo desde 
Madrid el batallón reserva de Badajoz, y de Alcalá de Henares 
200 caballos del Establecimiento Central de instrucción^ tropa 
que, formando una columna á las órdenes del teniente coronel 
Pons, de aquel batallón, salió á operaciones en cuanto arribó á 
Guadalajara, encaminándose á Brihuega y Cifu entes, en cuyos 
términos andaba la partida de Julián, la cual no esperó la 
agresión, sino que huyó rápidamente por Chillaron del Rey y 
La Puerta á guarecerse en Beteta, donde se alojó el 18. 

Mientras tanto en Cuenca, contando el brigadier La Igle- 
sia con las compañías de Toledo, libres ya por haber termina- 
do la conducción de un convoy de municiones que habían 
ido custodiando, y firme en el propósito de apoderarse 
de Beteta é impedir la fortificación de su derruido cas* 
tillo, organizó una expedición; y para ocultar sus designios^ 
en lugar de marchar directamente al objetivo, dirigió sus pasos 
á Buenache de la Sierra, y al día siguiente, 17, á Tragacete. 
Desde aquí, merced á una rápida jornada de trece horas, se pre- 
rentó de improviso en Beteta, por la parte del castillo; pero á 
lesar del sigilo y rapidez con que ejecutó el movimiento, lo 
mpo el cabecilla Julián, y aunque contaba con doble número 



^ 



192 CASTILLA LA NUEVA 



de combatientes que La Iglesia, evacuó precipitadamente la 
villa, yendo por Cueva del Hierro hacia Molina, perseguido 
por el Brigadier, que a] poco tiempo tuvo necesidad de retro- 
ceder para no dejar desamparada su provincia, 

El Ministro había determinado que la columna Pon» se 
pusiera á las órdenes del Comandante general de Cuenca, quien 
al tener noticia de tal disposición cuando regresó á la capital, 
decía á dicha superior autoridad militar; «Si en lo sucesivo 
puedo contar con las fuerzas de la provincia de Guadalajara, 
me prometo destruir á la facción Julián, ó, por lo menos, re- 
ducirla á corto número de carlistas, porque se compone en su 
mayoría de gente de esta provincial que si se ve obligada á 
salir de ella, volverá á sus casas. Me atrevo á llamar la supe- 
rior atención de V. E. sobre la escasísima fuerza de que dis- 
pongo. En los confines con Valencia, hacíala parte de Cañete 
y Chelva, se halla casi siempre el cabecilla Monet, que manda 
una fuerza ocho veces mayor que la mía. Pienso* sin embargo, 
hacer una expedición á aquellos pueblos; pero no podrá ser 
más que una correría, á fin de no tener un encuentro en condi- 
ciones desventajosas con la indicada partida,* Ya veremos más 
adelante las disposiciones que adoptó el brigadier La Iglesia. 

Comprendiendo, sin duda, las dificultades de dar alcance 
al cabecilla, y estando Guadatajara desamparada y amagada de 
ser invadida por la numerosa hueste de Marco de Bello, que 
el 20 estaba en Alhama de Aragón, el Ministro dio contraor- 
den^ previniendo á Pons que, en vez de reunirse á La Iglesia, se 
encaminara á la capital de Guadalajara, mandato que reiteró 
repetidas veces con urgencia, y que, sin embargo no se pudo 
cumplir oportunamente, á causa de ignorar la autoridad mili- 
tar de la provincia la situación precisa de Pons. El 24 recibió 
éste la orden en Beteta, y al día siguiente emprendió la mar- 
cha á Guadalajara, no llegando á tiempo para evitar la entra- 
da de Marco en Castilla la Nueva. 




AÑO 1874 193 

Efectivamente, el cabecilla con sus tres batallones, media* 
ñámente organizados^ y una compañía privilegiada^ titulada 
Guias del Pilar, pasó desde Albania á Guadalajara; destacó 
gente hacia Maranchón y Sigüenza, que no intentó entrar en 
esta ciudad porque la defendían 90 infantes del batallón de 
Alicante; mandó partidas de caballería capitaneadas por Cu* 
calón, Jover y Megino, á Milmarcos, Hinojosa y Mazarete; 
y llegó á Molina el 23, al día siguiente de evacuada la población 
por Francisco Julián, A su arribo á ella supo que pasaría 
un convoy por la vía férrea de Madrid á Zaragoza, y envió á 
Arcos (Soria), un fuerte destacamento que sorprendió dos tre- 
nes correoSi inutilizó el camino de hierro, descarriló máqui- 
nas, incendió vagones y destrozó la línea telegráfica en alguna 
extensión. Por estos dias el titulado Comandante general de 
las fuerzas carlistas del Centro, D. Antonio Lizárraga, daba 
instrucciones terminantes á Marco para que en el mismo ferro- 
carril, volara todos los puentes y hundiera tos túneles; orden 
que no fué cumplimentada por el cabecilla, fundándose en que 
no debía acudirse á medidas tan extremas sino en casos de 
indiscutible utilidad. 

La población más alarmada, entre las importantes que te- 
mían la visita de los rebeldes, fué la de Sigüenza; no sin causa, 
pues hacia ella se dirigía Marco, desde MaranchÓn, con el 
grueso de sus fuerzas. Tomada Sigüenza, Guadalajara estaría 
seriamente amenazada; y antes que ocurriera esto, se apresuró 
el Ministro de la Guerra á enviar tropas que contrarrestasen 
el propósito de Marco. De Madrid salieron el 25, un batallón 
de ingenieros, una batería del primer regimiento montado, 
con seis piezas, y el batallón reserva de Alcázar de San Juan, 
procedente de Albacete; y de Alcalá de Henares, 100 caballos 
de Sesma y Arlaban, formando todo una brigada á las órdenes 
del brigadier Verdú, De Cuenca debían concurrir también á 
Guadalajara 320 infantes y 60 caballos, mandados por La Iglc- 

Tomo eit i 3 



f 94 CASTILLA LA NUEVA 



&iaj quieo forzó la marcha, emprendida igualmente el 25, para 
recoger á su paso la columna Pons y continuar en unión suya 
á Sigüenza, A la brigada Lópe^: Pinto, que operaba en Aragón 
y estaba compuesta de tres batallón es, dos piezas y 50 caba- 
llos, se le dio orden, asimismo, para que pasase á la zona in- 
vadida, trasladándose en camino de hierro hasta Arcos, y 
dejándolo allí para obrar según las noticias que de los carlistas 
le dieran* 

Transcurrió el 25 con gran intranquilidad en Sígüenza, por 
la presencia de avanzadas de Marco en Alcolea del Pinar, El 
destacamento que había en aquella ciudad, sin fuerza ni ele- 
mentos suficientes de resistencia, se replegó á la capital; y to- 
do el material móvü del ferrocarril, que en abundancia existía 
en la estación, fué retirado al mismo punto, dejando sólo una 
máquina y varios vagones, á fin de que en el momento critico 
pudieran huir las personas más significadas en el partido libe* 
ral- Da idea del pánico que allí reinaba, el siguiente telegrama 
del alcalde al Gobernador militar: «Llegan los correos deteni- 
dos, y por los conductores sabemos que una facción de dos 6 
tres mil hombres cubría esta noche la carretera de Maranchón 
á Alcolea, y que á las 2 y 5o salió de este punto en ignorada 
dirección. Su deseo es venir á Sigüenza; mas dicen que espe- 
ran la unión de otras partidas. Tememos ser sorprendidos de 
un momento á otro. Los mismos conductores aseguran que 
habrá ensañamiento en la población, y que, según los carlistasi 
correrán arroyos de sangre. Esto, aunque lo creo exagerado, 
producirá, á no dudar, emigración completa,» El telegrama 
concluía pidiendo con urgencia el envío de tropas. A esto ya 
había llegado á Guadalajara con sus fuerzas el brigadier Ver- 
dú, que no tardó en destacar al batallón de ingenieros á Si- 
güenza para que adoptase las precauciones necesarias y evitas 
un golpe de mano de los carlistas. 

Noticioso Marco de la concentración de tropaSj temió ufl 



AÑO 1874 rgS 

fracaso y desistió de realizar su pensamiento^ retrocediendo el 
mismo día 25, con sus voluntarios reunidos, en dirección á 
Molina, donde entró pocas horas antes de la llegada de los in- 
gomeros á Sigüenira. Tras él continuó López Pinto, que el 27 
arribó á Maranchón; pero como les carlistas le llevaban dos 
jornadas de delantera no les pudo dar alcance, aunque siguió 
su pista por Aragoncillo y Molina. El cabecilla se internó en 
la sierra de Albarracín, encaminándose á Cantavieja para po- 
ner á salvo los fondos recaudados en esta correría, por lo cual, 
comprendiendo López Pinto que serían infructuosos sus movi- 
mientos, regresó á la provincia de Zaragoza á continuar las 
operaciones que el general Palacio habla estado verificando en 
su distrito, con esta brigada y la de Despujol, en combinación. 
La Iglesia entró en la ciudad de Guadalajara el 27, con su 
columna, precediendo á la de Pons algunas horas, encontran- 
do allí á las fuerzas que habían ido de Madrid. Conjurando el 
peligro que amenazó á las referidas poblaciones, previno el 
Ministro al siguiente día, que este brigadier regresase á su 
provincia con los soldados que le acompañaron; que sin pérdi- 
da de momento tornasen á Madrid, por ferrocarril, el batallón 
reserva de Badajoz y tas tropas de Verdú, menos unacompa- 
nía de ingenieros que permanecería en Sigüenza ejecutando 
obras de defensa en su castillo. Efectuados tales movimien- 
tos, quedó en Guadalajara la fuerza habitual y los 200 caba- 
llos del depósito de instrucción que formaron parte de la co- 
lumna Pons, de los cuales, á los pocos días, hubo necesidad 
de enviar destacamentos que recorrieran algunos pueblos, don- 
de el orden público había sido alterado con motivo de los 
anuncios que circularon de un próximo levantamiento carlista; 
destacamentos que se ocuparon después en auxiliar á la Di- 
putación provincial en la reunión de los mozos de la reserva, 
y en acompañar y proteger á los recaudadores de contribu- 
ciones. 



IgS CASTILLA LA KÜEVA 



Mientras los acontecimientos relatados ocurrían en los par- 
tidos de Sigílenla y de Molina, menudeaban los temores en 
la provincia de Cuenca. Alguna vez sin fundamento verdadero, 
como los producidos el i8 por telegramas alarmantes dirigí* 
dos por varios alcaldes de pueblos situados en el confín con 
Ciudad Real, que indicaban la presencia en Las Pedroñeras 
y Belmonte de una nutrida facción, cuya fuerza se hacía 
ascender á 4.000 hombres, añadiendo que gran número de fa- 
mílias huían á su aproximación; noticias que por ser reitera- 
das con muchos detalles y apariencia de verosimilitud, obliga- 
ron al Ministro á poner en movimiento á la brigada Calleja, 
que estaba en Albacete, acercándola á Villarrobledo; pero dicha 
partida no existió jamás» y fué sin duda inventada por los 
mismos carlistas para alentar el espíritu de sus correligionarios 
y distraer tropas. Otras veces las alarmas tenían por causa los 
movimientos de las facciones de escasa importancia que exis- 
tían realmente, y que operaban: una por las cercanías de Ta- 
rancón y Huete, la cual entró en algunos pueblos de reducido 
vecindario é inutilizó el telégrafo; otra que recorría el partido 
de Cañete, exigiendo contribuciones en nombre de la coman- 
dancia carlista de esta población; otra, mandada por D. Aga* 
pito García, que andaba por los alrededores de la capital con 
análogo objeto; y, por último, la de Francisco Julián, digna 
de mayor atención por constar de 800 hombres, los cuales, al 
disgregarse de Marco, cuando éste marchó á Cantavieja, ca* 
minaron por el límite con Guadalajara hacia Poveda de la Sie- 
rra y Beteta, y después de estar unos días por el Norte de Ca- 
ñete, evacuaron la provincia con rumbo á Chelva, 

El 3 1 de Mayo llegó á la capital de Cuenca el brigadier 
La Iglesia con las fuerzas que le acompañaron á Guadalajara- 
Su principal atención fué entonces apoyar el ingreso en caja 
de los reclutas, operación que se hacía con gran lentitud j 
DO pequeñas diñcultades; y como carecía de tropas bastantes 



AÑO 1874 J97 

para esto, se le envió de Madrid un escuadrón del regimiento 
pro visión a! de carabineros. Con él, las cuatro compañías de 
infanteríaj la guardia civil y algunos caballos dd regimiento 
de España, pudo ya destinar fuerzas á tal objeto, y á proteger 
la cobranza de contribuciones, muy desatendida desde tiempo 
atrás. Organizó este servicio destacando tres reducidas colum- 
nas, que recorrieron los partidos de la capital, Priego y Cañe- 
te; en el último de los cuales fué donde mayores obstáculos se 
presentaron j porque, al pasar por él Francisco Julián, había 
dejado establecidas comandancias militares, que extendiendo 
su acción por gran número de pueblos, contrarrestaban los 
esfuerzos de las autoridades. El Gobernador militar juzgó con- 
veniente cortar los vuelos de tales grupos de carlistas, antes 
de que adquirieran mayor preponderancia. Al efecto salió de 
Cuenca, á mediados de Junio, al frente de 100 caballos, con 
ánimo de capturar al principal, que funcionaba en Cañete; pero 
advertido éste oportunamentCj evacuó el pueblo en dirección á 
Campillos Sierra, sitio al cual continuó La Iglesia á pasoace^ 
1er ado; y avistándole á mitad de camino, se lanzó sobre él y 
le cogió 17 prisioneros, dos caballos y armas, con los que re* 
giesó á la capital. Coincidió esto con la sorpresa que dos 
compañías de cazadores de Madrid, pertenecientes á la briga- 
da Calleja, acantonada en Requena, intentaron contra la co- 
mandancia carlista de Mira; operación que resultó infructuosa, 
por la rapidez con que se guarecieron los rebeldes en aquel es- 
cabroso terreno, al advertir la aproximación de la tropa. 

Habituadas las partidas del Centro á extender sus corre- 
rías, algunos grupos enemigos no cesaron, durante el mes de 
junioj de pasar y repasar los confines con las provincias de 
Cuenca y Guadalajara, En ésta, los más audaces llegaron á los 
términos judiciales de Brihuega y de Pastrana, y el cabecilla 
Mochón visitó varios pueblos del de Molina, En la de Cuenca 
fueron el ló á Minglanilla 100 carlistas, mandados por un 



198 CASTILLA LA NUEVA 

titulado teniente coronel, quienes no pudiendo hacer efectivas 
5o, 000 pesetas que exigieron al ayuntamiento, se llevaron en 
rehenes al primero y segundo alcalde y á cuatro mayores 
contribuyentes. Pocos días después, el cabecilla Monet pedia, 
desde Ademuz, 30.000 raciones á Cañete, anunciando que las 
recogería al pasar por allí el rg, movimiento que no Ueg6 á 
efectuar más que el batallón qne le servía de vanguardia, el 
cual, por Fuentelespino de Moya, retrocedió el 21 al Rincón de 
Ademua, donde, á fin de mes, se hallaba gran parte de las 
partidas del Maestrazgo, amagando correrse á Castilla. Las 
autoridades niilitares de Cuenca y Guadal ajara replegaron á 
las respectivas capitales toda la fuerza de sus provincias, dis- 
puestas á obrar segdn lo aconsejasen las circunstancias* El 
Ministro de la Guerra encarecía la necesidad de gran vigilan- 
cia en las avenidas de estos territorios, y prevenía se le diera 
inmediato aviso de cualquier novedad, para enviar socorros; 
pues aunque no tenía noticias concretas de los proyectos de 
las facciones del Centro, sospechaba también que pensaban en 
taj excursión, y que sería un n¿imero respetable de carlistas 
los que en ella tomaran parte. 

En los primeros días de Julio quedaron interrumpidas las 
comunicaciones de Cuenca con el límite de Valencia, y se re* 
cíbieron avisos de que numerosas fuerzas enemigas habían 
atravesado el confín y estaban en Cañete. Eran las capitanea* 
des por D. Alfonso, á quien acompañaba su esposa D.* María 
de las Nieves, conocida por D/ Blanca en el ejército liberal, 
el cual llevaba como jefe de Estado Mayor al titulado general 
Freixas, y contaba con una división llamada de Valencia, á las 
órdenes de Monet, constituida por dos brigadas, la de Játiva y 
la de Che! va, y con la brigada independiente de Castilla, man- 
dada por Villalaín, formando un total de siete batallones, una 
batería de montaña y tres escuadrones de caballería, ó sean 
5*000 infantes, 4 piezas y 3oo caballos. Después fué, para 



T 



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# 



AÑOS 1874 igg 

cooperar á los operaciones, una fuerza de 6.000 hombres^ ca- 
pitaneada por Cucala, y compuesta de seis batallones de la 
división del Maestrazgo- D. Alfonso caminó desde Cañete 
por Pajaroncillo, Cañada del Hoyo y La Cierva, y se pre- 
sentó en la noche del 12 en las puertas de Cuenca, ocupando 
en seguida las avenidas de la población^ coronando las alturas 
que la dominan y enviando destacamentos que inutilizaran el 
telégrafo, para interrumpir las comunicaciones con Madrid, 

Cuenca está situada en la confluencia de los ríos Júcar y 
Huecar, y se halla dividida por éste en dos partes: una, en la 
orilla derecha, la más antigua, llamada la Ciudad vieja, que se 
asienta en una eminencia^ y otra, en la orilla izquierda, de 
construcciones modernas, donde reside el comercio y está la 
principal riqueza de la población^ denominada la Carretería, 
llana y más baja que la anterior. Varios puentes sirven para la 
comunicación de ambas. La colina ó cerro titulado de San Cris- 
tóbal, donde está la primitiva ciudad, es de roca, escarpado, y 
las calles que lo surcan son estrechas y tortuosas, lo que hace 
penoso el tránsito; su aspecto, desde el exterior, es el de una 
pina de casas, por las desigualdades del terreno, que presentan 
los edificios del interior mucho más elevados que los del pri- 
mer término. Se puede considerar dividida esta zona de la po- 
blación en tres distritos: el de arriba donde se comprenden la 
plaia Mayor, las plazuelas de San Martín, Santa María y del 
Carmen, la bajada al río hasta el matadero y San Gil, con 
todas las calles y callejuelas que relacionan estos centros prin- 
cipales; el segundo ó del centro, en el que están la plazuela de 
Santo Domingo, el cerrillo de Santiago, el Peso, el juego de 
pelota, las calles d^ Cordoneros y de Palafox; y el tercero 6 
de abajo, donde se hallan las plazuelas del Salvador y de las 
Escuelas, el Pósito, el Rastro, la Misericordiajy la Ventanilla, 
los cerrillos de San Agustín y de San Roque, calles de la Mo- 
neda, del Agua, de Madereros y otras de menos importancia- 



200 CASTILLA LA KUEVA 

Esta parte de la ciudad estuvo antiguamente cercada de mu- 
rallas que se extendian por ambos lados j alzándose sobre pe- 
ñascos hasta finalizaren lo alto, donde existía un castillo, casi 
inexpugnable en aquellos tiempos; completando entonces sus 
defensas la facilidad de inundar el llano con aguas del Huecar, 
detenidas por presas, medio con el que se hacía imposible la 
entrada por el punto, al parecer, más vulnerable- En la época 
de que nos ocupamos, las murallas habían desaparecido, pero 
en su lugar se veían algunos muros aspillerados, que por 
ser ¡naccesibles desde el exterior en muchos puntos, resulta- 
ban de gran poder defensivo; restando tan sólo, al extremo 
E», el más elevado de la ciudad, el Castillo ó Ruinas de la 
Inquisición, como también se llama, en mal estado de conser- 
vación, aunque en él se habían hecho varías reparaciones el 
año anterior, á raiz de la entrada de Santos, La Carretería es- 
taba abierta y no tenía más obras de defensa que aspilleras en 
las casas; era el punto débil de la población. 

Seis puertas principales y tres llamados postigos dan en- 
trada á la ciudad: la del Castillo al E,, adonde llegan los ca- 
minos de Palomera y de Mariana, llamada así por estar en la 
inmediación de aquel edificio; la de San Pablo, al SE., que 
comunica con el elevado puente del mismo nombre sobre el 
Huecar; la de Valencia, al S., en donde desemboca la carre- 
tera de Minglanilla; la del Postigo, al 0*^ que conduce á 
Nohales; la de Madrid, en que termina la carretera de Taran- 
con, con puente sobre el Júcar; y, finalmente, la de San Juan, 
al N-, en el camino de Embid- Los postigos de menos im- 
portancia, por ser secundarias las vías á que dan acceso, esta- 
ban cerrados por tapias aspilleradas. 

Los alrededores de la población, sin alturas al S. y SO*, 
son montañosos y quebrados en las demás direcciones, do- 
minándola por el N. el muy elevado cerro del Rey de k 
Magestad, á corta distancia del caserío, y por el S., el más 



^ 



AÑO 1874 201 

alejado del Socorro, con otro que es estribación suya^ llamado 
de Molina; separados los tres del de San Cristóbal^ que está 
al E,t y en cuya falda es^ según hemos dicho, donde se asienta 
la ciudad vieja, por las angosturas tituladas Hoces, que reco- 
rrea, á bastante profundidad, entre tajadas rocas, los dos meo- 
donados ríos. El terreno es despejado, con poca arboleda y no 
muchas casas? donde más abundan una y otras es en las orillas 
del Huecar- 

Cuenca no estaba entonces desprovista de guarnición como 
cuando entraron en ella los carlistas el año anterior; pero la 
que existía era también escasa para el recinto que tenía que 
defender. Componíanla cuatro compañías del batallón reserva 
de Toledo, unos 450 hombres en conjunto; 70 caballos del 
primer escuadrón del regimiento provisional de carabineros; 60 
lanceros del rendimiento de caballería de España; 30 guardias ci* 
viles montados y 10 á pie, y cuatro piezas rayadas, servidas por 
II artilleros, lo que daba un total poco mayor de 600 comba- 
tientes, de loa cuales estaban montados 160. Había, además, un 
batallón de voluntarios de 400 plazas, del que sólo entraron en 
el combate que relataremos unos 150 individuos. 

Dijimos ya que las fuerzas carlistas se presentaron en las 
cercanías de Cuenca en la noche del 12; conocemos su compo- 
sición^ el emplazamiento y otras circunstancias de la ciudad y 
las tropas que ésta tenía para su defensa^ datos todos precisos 
para la inteligencia de los acontecimientos desarrollados en los 
días sucesivos. Existen varías comunicaciones de diversas 
autoridades refiriendo los tristes sucesos allí acaecidos. La más 
completa es la que insertamos á continuación, dirigida por el 
Gobernador militar^ brigadier La Iglesia, al Ministro, con fe- 
cha 3o de Octubre. Sin embargo, aclararemos con las otra» los 
puntos que resultan menos detallados en el relato. Dice asi 
el indicado escrito: 

i Como prisionero de guerra, me he visto hasta hoy en la 



^\ 



20Z CASTILLA LA NUEVA 



imposibilidad de dar á V, E, cuenta detallada del ataque y toma 
de Cuenca, ciudad y provincia de que era Gobernador militar 
cuando tuvieron lugar aquellos sucesos; más hallándome ahora 
libre, me creo en el deber de dirigir á su autoridad el parte 
de cuanto allí ocurrió hasta el momento en que la fuerza de 
las circunstancias me obligó á capitular.^En la mañana del 
12 de Julio faltó el correo de Cañete, que hasta entonces 
había llegado con regularidad á las siete, á pesar de que en 
aquel pueblo había un pequeño destacamento carlista perma- 
nente,— La falta del correo me hizo sospechar que pudiera 
tener algún fundamento el rumor que hacía algunos días cir- 
culaba de que los carlistas trataban de venir sobre la ciudad* 
^Llamé al inspector de orden público^ y le previne que tu- 
viesen sus agentes el mayor cuidado en examinar á las perso- 
nas que viniesen de Cañete y pueblos inmediatos, y que en 
caso de no llegar ninguna, como yo sospechaba que sucedería, 
me diese cuenta al anochecer, =E1 correo de Cañada del Ho- 
yoj punto por donde debía de pasar el otro, llegó á Cuenca 
á las siete y media» Interrogué al conductor, y me dijo que el 
de Cañete no había concurrido á Cañada, y que, según voces 
que corrían, estaban en aquel lugar y sus inmediaciones fuer- 
eras carlistas, que se hacían subir á 14.000 hombres, mandadas 
por D. Alfonso en persona. Volví á llamar al inspector 
de orden público, que sin duda no había dado toda la im- 
portancia que merecía la prevención que por la mañana le 
hice, y supe por él que nadie había venido en aquel día á la 
ciudad, de la parte de Cañete, = Este empeño del enemige en 
que yo ignorase su presencia en la provincia, me añrmó más 
en la sospecha de que iba á ser atacado. En su consecuencia, 
dispuse que acudiesen los oiiciales á los cuarteles; me avisté 
con el Gobernador civil y Alcalde para que se reuniese la fuer- 
za ciudadana; y, aunque no acudió, ni con mucho, la que se 
decía había de presentarse en caso de alarmaj me decid! á no 



^ 



AÑO 1874 203 

abandonar la Carretería, barrio situado fuera del reciato de la 
ciudad, hasta que, conocido el numero de los enemigos, pudie- 
ra calcularse si era prudente ó no su defensa. ^No teniendo 
por mi parte duda alguna de que muy en breve sería atacada la 
población, di por telégrafo inmediata cuenta de las noticias ad- 
quiridas y disposiciones tomadas álos Excmos, Sres. Ministro 
de la Guerra y Capitán general del distrito, á la vez que el 
Sr, Gobernador civil interino comunicaba ¡guales noticias al 
Excmo< Sr. Ministro de la Gobernación. ^A las doce de la no- 
che, el jefe de telégrafos me participaba que la línea estaba 
cortada. Esta operación no podía descuidarla el enemigo antes 
de conaenzar el ataque; y como para verificarla le era preciso 
rodear y rebasar la ciudad, puesto que los caminos de Cañete 
y Madrid están en dirección opuesta, comprendí que debía estar 
ya cercado. No me inquietó, sin embargo, la incomunicación con 
la capital, porque con los telegramas dirigidos y la posterior in* 
terrupción de la vía, la crítica situación de la pla^a tenía que 
ser allí conocida. Así, pues, mi misión estaba reducida á resis- 
tir el mayor tiempo posible, para dar lugar á la llegada del 
socorro, que, según mis cálculos, daría vista á la ciudad en la 
tarde del i4,=Desde que me hice cargo de aquel gobierno 
militar reconocí la insuficiencia de las fortificaciones de la 
plaza, y me convencí de que no podría resistir un formal ata- 
que. La falta de recursos impidió hacer las obras que creí 
indispensables, á pesar de que, en primeros del raes, contes- 
tando el presidente de la Diputación provincial á una comuni* 
cación que le pasé, reiterándole la necesidad de proceder á la 
construcción de las citadas obras, me prometió que se allega- 
rían recursos, y dispuso que el arquitecto de la ciudad hiciese 
el presupuesto de las que le indiqué. Por otra parte, el recinto 
que había que defender era demasiado extenso para la escasa 
fuerza de la guarnición, reducida á cuatro compañías de la 
reserva de Toledo, batallón compueato de mozos de la primera 



204 CASTILLA LA NUEVA 



quinta extraordinaria de este año; 70 carabineros de caballe- 
ría; sobre 60 lanceros del regimiento de España; 3o guardias 
de caballería, y 8 ó 10 de infantería que^ en total, componían 
sobre 600 combatientes. Además había un alférez de artille- 
ría con 11 artilleros y 4 piezas. Creía poder contar con 400 
6 5oo voluntarios; pero escasamente llegarían á 150 los que 
se presentaron al distribuirse la fuerza. Sin embargo, insistí 
en mi idea de ganar tiempo entreteniendo al enemigo algunas 
horas en el barrio de la Carretería. »> 

Entretanto, los carlistas cercaron por completo la ciudadj 
extendiéndose en una zona de medio kilómetro, colocando 
fuertes guerrillas en zanjas que abrieron durante la noche 
para ponerse á cubierto de los fuegos de la plaza, y ocupando 
casas de campo con análogo ñn. La brigada de Castilla, man- 
dada por Villalaín, coronó el cerro de San Cristóbal; en el del 
Socorro puso el contrario en batería las cuatro piezas apoyadas 
por un batallón; y el resto de sus fuerzas se estacionó, fuera 
del alcance de los tiros, enfrente de la Carretería, con destaca- 
mentos en el alto del Rey de la Magestad y en el de Molina- 
Y continúa diciendo en su parte el brigadier La Iglesia: 
«Tomadas mis primeras disposiciones, me situé en la plaza 
con una reserva de 60 hombres de la de Toledo, y al amane- 
cer del 13 mandé tocar diana. Sin duda el enemigo tendría 
la orden de comenzar el ataque á este toque, y creyéndolo de 
sus cornetas, rompió el fuego simultáneamente desde todas 
las alturas que rodean la ciudad; fuego á que la guarnición 
contestó con energía- Yo, mientras tanto, examinando las in- 
mediaciones de la población, traté de calcular las fuerzas de 
los carlistas, pero sólo pude apercibir unas guerrillas que, 
aunque numerosas, no eran suficientes, por el momento, para 
hacer temer un ataque serio. =Por fin, á las siete déla mañana, 
vi aparecer por la parte de Palomera una gruesa columna de 
infantería y caballería, notando en seguida que por el lado 



Aiío 1874 m0 



opuesto de la ciudad, esto es^ hacia la Carretería, el fuego &c 
hacía cada v^z más nutrido. Bajé á aquel barrio, saliendo por 
la puerta del Postigo, y me avisté con el teniente coronel pri- 
mer jefe de la reserva de Toledo, que estaba encargado allí de 
la defensa, y que se sostenía valientemente, habiendo ya escar- 
mentado al enemigo en un avance que éste había intentado. 
No me cabía duda de que atacaban fuerzas muy numerosas y 
que era peligroso el sostenerse allí con 1 5o hombres que dicho 
jefe tenía á sus órdenes. Por otra parte, al fortificar á Cuenca, 
el ingeniero militar que indicó las obras que debían hacerse, 
opinó que, entrando en el plan de defensa la Carretería, se 
necesitarían más de a, 000 hombres de guarnición, por lo que 
no se fortificó el barrio. Además, mi objeto^que era ganar al- 
gunas horas, estaba cumplimentado, por lo que di las órdenes 
convenientes para que, con calma, se evacuase la Carretería^ 
Asi se hizo con la mayor tranquilidad, sosteniendo ¡a infan- 
tería el fuego de tal modo, que hasta las doce del día no estuvo 
toda la fuerza que defendía dicho barrio dentro del recinto de la 
ciudad. z=Con ella se reforzó la línea que se extiende desde la 
puerta de Madríd á la de Valencia, 6 sea la margen del Hue* 
car. Uno de los comandantes de la reserva de Toledo quedó 
encargado de la defensa de la primera puerta mencionada y 
del edificio del Instituto; el de igual clase de la guardia civil, 
D- Juan Ballesteros, de la del Postigo y la menos importante 
de San Miguelillo; y el de carabineros D, Ismael González, de 
la de Valencia y calle de la Moneda, Otro comandante de la 
reserva de Toledo, D. Segundo Alonso, estaba encargado, 
desde la noche anterior^ de la defensa de las Ruinas de la In- 
quisición, situadas en la parte más elevada de la ciudad. El 
teniente coronel, jefe del mismo batallón, D. Francisco de la 
Peña Arévalo, quedó á mi lado en la plaza, punto en que vol* 
vi á situarme con la pequeña reserva, para acudir adonde 
fuera necesario. » 



206 CASTILLA LA NUEVA 



Antes de seguir copiando el parte, se debe indicar qie en 
cuanto los carlistas notaron el movimiento de concentración 
en la Ciudad vieja, y que estaba sin defensa la Carretería, 
avanzaron á ésta, apoderándose de las casas de la orilla izquier- 
da del Huecar, donde se parapetaron para hostilizar á cubier- 
to á los defensores de la orilla derecha, siendo seguidos de los 
titulados infantes D-* María de las Nieves y D, Alfonso, qué 
Ee alojaron en aquella parte de la población, con gran algaza- 
ra de los suyos. 

El Gobernador militar prosigue de este modo; 

i£l fuego continuó sin ninguna interrupción hasta las siete 
de la tarde, que cesando de hacerlo el enemigo, cesó también el 
de la guarnición* Entonces recibí aviso del comandante don 
Emilio Carrero, que estaba en la puerta de Madrid, d» que el 
contraria pedía parlamento. Me personé allí, y mandando abrir 
la puerta, recibí una comunicación subscrita por el titulado jefe 
de Estado Mayor General del ejército del Centro y Cataluña, 
D. Cayetano Freixas, en la que se me prometía honrosa capi- 
tulación, ad virtiéndome que D, Alfonso mandaba el ejército 
que atacaba la ciudad y tenía sobrados medios para rendirla. 
Contesté con otra comunicación de cuatro renglones, diciendo 
que mi deber era defender la ciudad hasta el último extremo, 
y que estaba decidido á cumplir con él. =:: Inmediatamente se 
rompió otra vez el luego por ambas partes, y continuó toda la 
noche, con intervalos tan cortos, que ninguno llegó á un cuarto 
de hora; de modo que el soldado no pudo descansar un solo ins- 
tante.=Al amanecer del 14 dieron los carlistas un ataque gene- 
ral, arrojando, al mismo tiempo, granadas sobre la ciudad, el 
cual fué valerosamente rechazado por la guarnición, hiriendo ó 
matando á los primeros que se lanzaron á atravesar el Huecar 
y á los que, por la parte opuesta, trataron de tomar las Ruinas 
de la Inquisición, En vano sus cornetas tocaban ataque; pueSj 
frustrado su primer intento, no avanzaron un paso más, si bien 



^ 



AÑO 1874 2C7 



siguieron sosteniendo todo el día un nutrido fuego, que no 
permitió tampoco que ningún individuo de la guarnición se en- 
tregase al descanso, á pesar de llevar cuarenta y ocho horas 
en la aspillera sin haber tomado más alimento que pan y 
vino. Sin embargo, hasta entonces se mantenía su buen espí- 
ritu. Por la noche una fuerza de zuavos atravesó sigilosamen' 
te el Huecar cerca de su desembocadura en el Júcar, con 
objeto de apoderarse de las últimas casas que dan sobre este 
río, A conseguir su intento, los defensores de la puerta de Ma- 
drid y del Instituto hubieran sido atacados por la espalda; pero 
comprendida por mi la posibilidad de este ataque, había hecho 
que I a lanceros y un sargento, armados con fusiles, pues ya 
carecía de otras fuerzas, ocupasen aquellas casas al anochecer. 
Esto, unido á la vigilancia del comandante Carrero, frustró el 
ataque de los zuavos, que fueron descubiertos y rechazados. 
Diversas tentativas que el enemigo hizo por la calle del Agua 
y Ruinas de la Inquisición, tuvieron el mismo resultado. Ama- 
neció el día i5, y los facciosos sólo habían conseguido estable* 
cerse bien en las casas de la margen izquierda del Huecar, y 
como desde ellas á las de la orilla derecha hay corta distan - 
cía, procuraba desalojar á los defensores, sosteniendo un nu- 
trido fuego, y aun haciendo algunos disparos con perdigones á 
las aspiUeraSpi 

Al llegar á este momento del combate, los carlistas estaban 
desesperanzados de apoderarse de la ciudad, y temiendo que no 
tardarían en arribar fuerzas en auxilio de la guarnición de Cuen- 
ca, hablaban de retirarse y renunciar al asalto, cuando D- Al- 
fonso reanimó con palabras llenas de fuego á los que vacilaban. 

Esto y la llegada de los seis batallones carlistas de Cucala, 
de que anteriormente se ha hecho mérito, determinaron la 
continuación del ataque. 

He aquí lo que dice enseguida la narración cuyo texto ve- 
nimos insertando: 



208 CASTIIXA LA NUEVA 



"^ 



f No temía yo un nuevo asalto: las tentativas anteriores 
hablan sido duramente castigadas; de modo, que conñaba pa^r 
el día BÍn que progresase el enemigo^ pero sobre las diez y me- 
dia de la mañana recibí aviso, por unos voluntarios que saliao 
par la calle de la Correduría^ de que los carlistas estaban den- 
tro de la plaza, sin saber explicarme cómo ni por donde había 
tenidg lugar la entrada (i). Me dirigí hacia la parte baja de la 
ciudad, y vi que las fuerzas encargadas de la defensa de la puer- 
ta del Postigo y casas comprendidas entre ella y la de Valen - 
cia, se habían replegado hacia la iglesia de San Felipe. Lpas 
ordené que se mantuviesen firmes, y corrí, acompañado del 
comandante de la caja de quintos, D. José Maldonado, hacia la 
puerta de Madrid, =^ El comandante Carrero, de la reserva 
de Toledo, se retiraba creyendo que podía ser cortado. Le 
detuve é hice retroceder, colocándole con su gente, por mí 
mismo, frente á la Administración de Correos, diciéndole que 
por su izquierda estaban tomadas las bocacalles, y que, por 
consiguiente, se mantuviese firme sin temor de ser cortado. El 
comandante Maldonado colocaba en tanto varios hombres en la 
entrada de la calle Estrecha. Con estas disposiciones quedaban 
aquellas fuerzas en situación de detener algún tiempo al cnemí* 
gOf y volví á subir hacia San Felipe. Las fuerzas situadas en las 
calles de derecha á izquierda de la iglesia^ podían sostenerse 
también, pero los valientes primer jefe de la reserva de Toledo, 
D, Francisco de la Peña, y capitán de Carabineros, coman- 
dante de ejército, D, Ismael González, que se sostenían tenaz- 
mente en la puerta de Valencia y sus inmediaciones, estaban 
expuestos á ser cortados, Tomé algunos hombres, y con ellos 
y el alférez de carabineros D, Manuel Carmona y Muñoz, bajé 
por frente al cuartel de guardia civil, en tanto que mi ayudan- 



[i ) Esta se efectuó por la puerta falsa de una casa próxima á la del 
Poitigo, según manifiesta otro documento oñciat. 



AÑO 1874 ÜO9 

te, el teniente coronel graduado D, Manuel de La Iglesia, con 
el ayudante de carabineros D. Ramón Rabadán y algunos 
soldados, bajaba hacia la puerta de Valencia para ponerse en 
comunicación con el comandante González, Pronto fui de- 
tenido en mi marcha; pues el enemigo estaba posesionado ya 
de la mayor parte de las casas, y comprendí que era impo- 
sible recobrar el terreno perdido. r= Ordené al teniente Carme- 
na que se defendiese todo lo posible en aquel punto para que 
pudiera retirarse el comandante González, y previne á éste 
que se replegase hacia San Felipe, Esta retirada se hizo 
lentamente y disputando el terreno á palmos- pero no sin tener 
que lamentar algunas pérdidas, entre otras, la del bravo tenien- 
te coronel de Toledo^ ya citado, D, Francisco de la Peña, Las 
fuerzas contrarias aumentaban á cada momento, y previendo 
que pronto sería imposible sostener la línea establecida, traté 
de ocupar otra á retaguardia. En consecuencia, dispuse la 
construcción de una barricada en la calle Mayor, al pie de 
la subida á la Diputación provincial, mandé que el coman- 
dante Maldonado diese orden á Carrero para que verificase 
su retirada por la puerta trasera de la Diputación y se sos- 
tuviera en aquel edifíciOi é hice ocupar algunas casas de la 
calle Mayor, De este modo quedaba establecida una nueva 
linea, que contaba poder defender algún tiempo, porque no 
abandonaba la esperanza del socorro, y una hora que se alar- 
gase la resistencia pudiera ser la salvación de la ciudad y su 
guarnición, =Cuando tomaba estas disposiciones, las voces de 
tque nos cortan», dadas á nuestra retaguardia, me anunciaron 
un nuevo peligro. Subí como pude hacia donde oía los gritos, 
pues ya me era imposible correr, por hallarse mis fuerzas ma- 
teriales agotadas, y me encontré una veintena de hombres con 
el teniente graduado, sargento primero de carabineros, D, Juan 
Segura, que estaban en la calle Mayor, en la desembocadura 
de un callejón por donde habían aparecido loa carlistas. Animé 

Tomo iiv I4, 



210 CASTILLA LA NUEVA 



á aquel puñado de valientes^ me puse á su cabeza, y conseguí 
rechazar á una compañía facciosa que^ á no haber sido des* 
cubierta^ hubiera podido tomar algunas casas de la calle y 
comprometido más aún nuestra harto ya grave situación. 
Alejado el peligro y dejando convenientemente guardado aquel 
punto, volví hacia la barricada que había mandado construir, 
en la cual había una pieza cargada con metralla, para recibir á 
los primeros que se atreviesen á desembocar en la calle. Man- 
dé replegar á la fuerza que estaba en las inmediaciones de San 
Gil, donde quedó, como siempre el último sufriendo el fuego 
del enemigo, el comandante González. = Con taba, como he 
tenido el honor de manifestar á V, E,, defenderme en aquella 
línea algunas horas; pero el enemigo consiguió apoderarse 
de la Diputación provincial, punto que me había servido de 
apoyo, y me fué forzoso retroceder, =: Ordené, pues, la retirada 
comprendiendo que era imposible exigir más de una tropa que 
llevaba sesenta y tantas horas sin un momento de descanso, sin 
haber tomado más alimento que pan y vino, sin ese ánimo que 
infunde en el soldado el buen espíritu de la población, que ha* 
ce que hasta las mujeres vayan á apagar la sed del que com- 
bate en una aspillera, como en las defensas de Teruel y 
Puigcerdá ha sucedido; que veía, por el contrario, las puertas 
de las casas cerradas^ y que en aquella hora se encontraba sin 
un voluntario á su lado. =^Se emprendió lentamente el movi- 
miento, no dejando ni un cajón de municionesp ni un cañón, ni 
un caballo, pues todo se llevó á las Ruinas de la Inquisición, 
edificio mal llamado Castillo, En la plaza, á la entrada de la 
calle de San Pedro, mandé se quedasen conmigo media docena 
de hombres para hacer algunos disparos cuando desembocase 
el adversario y dar tiempo á que llegase á las Ruinas la fuer- 
za; pero las reflexiones del comandante D. Ismael González 
de mi ayudante D. Manuel de la Iglesia, que se ofrecieron ¿ 
quedarse en aquel punto, me hicieron desistir de mi propósito. 



AÑO 1874 211 

y subí detrás de la guarnición, =Est os do3 valientes jefes to* 
davía detuvieron algunos minutos al enemigo, y por último se 
incorporaron en el Castillo,=Allí era inútil toda resistencia: 
al elevar las ligeras fortificaciones que rodeaban la ciudad, no 
se había tenido en cuenta que aquél debía ser el reducto de 
seguridad, y sólo se fortificó la parte que daba al campo; de 
modo que no tenía defensa hacia el interior, que era, precisa- 
mente, por donde nos atacaban, Reuni á los jefes, y les pre- 
gunté si creían que restaban elementos para resistir, ó encon- 
traban algún medio de salvación. Todos convinieron en la ira^ 
posibilidad de continuar la resistencia; pero el comandante 
González, en cuyo valiente ánimo no cabe el desaliento, 
dijo: póngase V, d la cabeza^ mi brigadier ^ yo sosisndre la rtii- 
rada y salvémonos por el campo. Entonces le señalé la puer- 
ta: ua exceso de precaución había hecho al comandante en- 
cargado de la defensa de aquel punto aglomerar tantos ma* 
teriales sobre ella, que se necesitaba mucho más tiempo del 
que podíamos disponer para desembara2arla. Este inconve- 
niente, que imposibilitaba el único medio de salvación, me 
fué tanto más sensible, cuanto que aquella mañana previne al 
teniente Pruneda^ de la reserva dé Toledo, que fuese á ordenar 
se dejase expedita la puerta, y tuve que desistir de ello, por- 
que temí, con razón, que de hacerlo así quedase abandonado 
aquel punto, =: Fué, pues, preciso pensar en capitular- Man- 
dé á un corneta tocase «alto el fuegot , y se puso !a señal de 
parlamento. Cesó, efectivamente, por ambas partes; pero 
diciendo los soldados que los carlistas amenazaban con no 
dar cuartel, vulvi á romperlo, mas hubo, sin duda, una 
mala inteligencia, pues los carlistas comenzaron á gritar 
que no se disparase, que había cuartel. Por lo tanto, dispuse 
nuevamente que cesase, y notando que las voces se acercaban, 
salí con mi ayudante para hacer detener á los facciosos, hasta 
conferenciar con el jefe que los mandaba; siéndome ya imposi- 



jTI 



212 CASTILLA LA NUHTA 



ble dar un paso, por verme completamente rodeado de una tur- 
ba que gritaba que no tuviésemos el menor cuidado, porque 
nada se nos haría. Y, con efecto, todos fuimos respetados, = 
Este es, Excmo, Sr>, el fiel relato de lo que ocurrió en la defen- 
sa y toma de Cuenca. Preciso rae ha sido ser algo difuso, puesto 
que en los hechos de guerra que no son felices, hay necesidad 
de apuntar pequeños incidentes, si se ha de formar idea del 
comportamiento de cada cual. Yo estoy satisfecho del de todos 
mis subordinados en general: la guardia civil y el escuadrón 
de carabineros se batieron como verdaderos veteranos, ha- 
ciéndose superiores á la fatiga; el resto de la fuerza dio mues- 
tras de ese valor que siempre ha caracterizado al soldado es* 
pañol, pero tres días de continuo combate habían aniquilado 
por completo las fuerzas de los reclutas de la reserva de To- 
ledo, y nada era ya posible exigir de aquellos hombres exte- 
nuados de cansancio, ^Por mi parte, después de cinco horas 
de defensa en las calles^ creí ya haber cumplido con mi deber; 
mas hube de adquirir el completo convencimiento de ello, y 
de que toda resistencia hubiera sido totalmente imposible, al 
ver que el puñado de hombres que defendíamos á Cuenca, sólo 
habíamos cedido el campo á la respetable fuerza de i6 bata- 
llones, 5oo caballos y cuatro piezas de artillería, formando un 
conjunto de más de 12^000 combatientes, á las órdenes de don 
Alfonso en persona, = Ignoro completamente las bajas ocurri- 
das en la guarnición, de las que V- E. ya tendrá conocimiento. 
En cambio, he tenido ocasión de averiguar aproximadamente 
las del enemigo, que exceden de Goo, por todos concep- 
tos, :^V. E. juzgará ahora, en su recto criterio, si merecen 
algún premio los que tan alto dejaron puesto el honor de 
nuestras armas, no cediendo más que abrumados por el núme- 
meroj y después de haber agotado todos los medios de resis- 
tencia. En tal caso, cuando V, E, tenga á bien ordenarlo, me 
honraré en pasar á sus manos relación de los méritos y cir- 



^ 



AÑO 1874 



213 



cunstancias de los individuos de todas clases, que, por su valor 
y pericia j se hayan distinguido más, = El brigadier Gobernador 
miiitar, José de La Iglesia.* 

Grandes fueron las pérdidas sufridas por lus carlistas en los 
tres días que duró el combate, tanto en los ataques al recinto, 
como en la lucha en las calles; si bien difíciles de precisar, 
porque el enemigo tuvo buen cuidado en retirar los heridos 
enviándolos camino de Chelva y en recoger á los muertos, que 
enterró ó quemó en los alrededores de la ciudad. Mayor que 
la cifra á que los hace ascender el brigadier La Iglesia, es la 
que expresa, aunque como insegura 1 el Gobernador civil inte- 
rino, D, Norberto Sancho, quien fija en 300 el número de 
muertos y en 700 el de heridos, dato corroborado por el co- 
mandante primer jefe de la reserva de Toledo, que señala un 
total de 1,000 hombres fuera de combate. 

Las de los defensores las expresa el siguiente estado: 





Mtí!flTOS 


HEREDQS 


EURAVIADQI 


CUERPOS 


Olicklei 


Tropü 


Oilcialea 


Tropa 


Tropa 


Batallón reserva de Toledo. 

Regitnicijio provisional de 

Carabineros, * - . » , 


2 

1» 
» 
I 

> 


14 

r 
3 
4 


I 

3 

> 
* 


3o 

n 

3 
2 
2 


6 


ídem lanceros de España.. 
Guardia civil . , . . * 


> 

9 


Artillería 


m 






Total 


a 


22 


4 


48 


17 





La guarnición, inclusos los heridos, quedó prisionera, ¡n- 
cautáDdose los carlistas de las cuatro piezas, del armamento, 
caballos, monturas, uniformes, equipos y municiones, á más 
del escaso material de guerra que existia en el mal llamado 
castillo. 

Como complemento del relato de la toma de Cuenca, se 
inserta á continuación el parte que el jefe de Estado Mayor 
carlista dio de este suceso: 



ai 4 CASTIZÓLA LA NUEVA 



•La actividad que á las operaciones militares de este Ejér- 
cito de! Centro y Cataluña, ha comunicado S. A. R. el Sere- 
nísimo Sr. Infante, General del mismo, acaba de dar por resul- 
tado una importantísima victoria, que me apresuro á tener la 
satisfacción de participar á V< Ep á fin de que se di^ne elevarla 
al superior conocimiento de S. M« ^Consiste en la toma de 
Cuenca, que resolvió emprender S. A, R, el Sermo. Sr. Infante, 
conñando en la protección de Dios y en el heroico arrojo de sus 
voluntarios, á pesar de las inmensas dificultades que presentaba 
la empresa. = Hállase Cuenca situada entre el Júcar y el H uc- 
ear, que sólo por tres puntos pueden cruzarse, y rodeada de un 
barranco que, por ambos lados, defienden montañas verticales 
de más de cien metros de elevación; y únicamente puede atacar- 
se por la parte baja, donde la naturaleza no la ha fortificado tan- 
to. En la parte alta existe un castillo y el lienzo de una antigua 
muralla, cerrando el paso, lo que imposibilitaba el buen éxito 
del ataque; pues la ciudad, en vez de estar á merced de pocos 
voluntarios, sin fortificaciones, y desprovista de artillería, como 
cuando por primera vez, y de paso, entró en ella sin resistencia 
el señor coronel San tés, contaba ahora con una numerosa 
guarnición que, en junto, ascendía á más de 2.200 hombres, 
cuatro piezas de batalla y 180 caballos. = Esto no obstante, 
S- A, R. el Sermo. Sr, Infante, General en Jefe, al frente sólo 
de cinco batallones, es decir, el de zuavos, 1/ de guias, 4.*^ de 
Valencia, 1/ de Cuenca y ó.*" de Valencia, tres escuadrones 
y cuatro piezas de montaña, después de varios días de marchas 
forzadas, se presentó á medio kilómetro de la ciudad, en la 
madrugada del 13. = Distribuidas convenientemente las fuer* 
¿as, se emprendió en seguida el ataque, rompiéndose el fuego 
á las tres de la mañana. Poco se tardó en conocer la insufi- 
ciencia de nuestra artillería para abrir brecha en el reducido 
frente que presenta la parte alta de la población; pero, á pesar 
de esto y de la diñculUd que después ofrecían multitud de ca< 



'^ 



AÑO 1874 315 

lies estrechas y tortuosas colocadas en anfiteatro y defendidas 
por fuegos directos y cruzados, nuestros voluntarios, con in- 
creíble arrojo, prosiguieron el ataque, y despreciando los cer- 
teros disparos que por cientos de aspilleras se les dirigían, se 
apoderaron á las once de la mañana del arrabal llamado de la 
Carretería y de la plaza de toros; retirájidose el enemigo á su 
formidable segunda línea- = Al conseguir esta ventaja, para 
aprovechar el efecto que debía haber causado en los sitiados, 
dispuso S, A, que sedirigiese una comunicación al Gobernador 
militar de la plaza, señor brigadier La Iglesia, intimándole la 
rendición» Contestó éste que, como soldado, estaba decidido á 
resistir hasta quemar el último cartucho; y como los sitiados 
tenían abundantes municiones, que empleaban continuamente 
por las cuadruplicadas lineas de aspilleras de que disponían, 
fué preciso, á fin de economizar las nuestras, limitamos nada 
más que á hacer los indispensables disparos para contestarles. 
í=En tal estado continuó sin cesar el ataque cuarenta y ocho 
horas, hasta que, en la noche del 15, dispuso S. A, que el señor 
brigadier Villalaín, quien con un valor sin igual había soste- 
nido por dos días enteros la posición del alto arrabal, se reti- 
rase, dejando allí cuatro compañías^ y que con el apoyo de los 
batallones i.'' y 2,^ del Maestrazgo, que llegaron de refuerzo» 
pasase al arrabal de la Carretería, y por aquella parte tomase 
por asalto y á toda costa la ciudad, mientras se simulaba igual 
ataque por otros puntos. A las cuatro de la madrugada dio 
principio tan arriesgada operación, y nuestras heroicas tropas 
fueron ganando terreno á fuerza de audacia y valor. Tales eran 
las dificultades con que tenían que luchar, que no obstante su 
decisión, adelantaban poco, cuando á las once del día i5, ha- 
ciendo un supremo esfuerzo, gran número de nuestros bravos 
voluntarios, provistos de zapapicos, consiguieron atravesar el 
barranco por la derecha del puente de Valencia y penetrar en 
las primeras casas del segundo recinto. = Era ya este el último 



2l6 CASTILLA LA NUEVA 



■> 



baluarte del enemigo, y en él concentró todas sus ñierzas, 

haciendo una tenaz resistencia en las calles, cruzadas por ba- 
rricadas, y desde las casas, que defendía una tras otra, cau- 
sándonos, con el mortífero fuego que á cubierto nos hacía, nu- 
merosas bajas. ¡Inútil empeño! Nuestros voluntarios, en vez 
de intimidarse, se enardecieron ante tan porfiada defensa, y á 
pesar de sus desventajas, fueron ganando terreno, tomando las 
casas una á una y obligando al enemigo á retirarse al castillo 
y refugiarse en sus últimas trincheras* Consiguió^ por fin, 
tanto valor su justa recompensa ^ porque á las tres de la tarde, 
agotados ya los medios de resistencia, enarboló bandera blanca 
la guarnición enemiga; y rendida la ciudad, penetraron inme- 
diatamente en ella SS. A A. en medio de las entusiastas acla- 
maciones de las tropas reales,— No puede ocultarse á la alta 
penetración de V, E, la importancia militar de esta victoria, 
conseguida sobre una capital de provincia distante dos jorna- 
das de Madrid, tenazmente defendida por numerosa y bien 
provista guarnición, y la combinada operación auxiliar de las 
columnas de Aragón, Valencia y Castilla, Europa entera, en 
vista de esto, dará toda la importancia moral que se merece el 
contemplar á S, A. tranquilamente alojada en su nueva con- 
quista por espacio de tres días, ordenando la demolición de las 
fortificaciones, nombrando nuevo Ayuntamiento y dictando 
otras disposiciones convenientes al mejor servicio de la causa 
del Rey. = Las ventajas materiales son también grandes, Ex- 
celentísimo Señor; consisten en haber cogido prisioneros al bri- 
gadier Gobernador, cuatro jefes, 25 oficiales y 500 soldados del 
batallón de Toledo, dos fuertes escuadrones, uno de lanceros 
de España y otro de carabineros, 26 caballos de la guardia ci- 
vil y toda la milicia nacional: en suma, 2.300 hombres. Cogi- 
mos, además, las cuatro piezas rayadas de batalla de á ocho, 
550 proyectiles Krupp, 377 botes de metralla, 569 espoletas, 
20 cajones de cartuchos de granada, todo el armamento de 



AÍÍO 1874 217 

la infantería, consistente en 700 fusiles Remingttion y unos 
i.5oo Minié, 5oo,ooo cartuchos Rcmingthon, y otros efectos 
de guerra y estancados por la Hacienda. = Tantas ventajas 
han sido alcanzadas con pérdidas relativamente pequeñas, pero 
no por eso menos sensibles. Tenemos que lamentar las muertes 
del valiente comandante D. Julio Segarra, dos oñciales de zúa* 
vos, un teniente de artillería y 34 voluntarios, y además han 
sido heridos cinco oficiales y 50 voluntarios. Las del enemigo, 
cuya cifra ignoro, son considerables. = Fáltame expresar á 
V. E, que las disposiciones dictadas por S, A. el Infante, Ge- 
neral en Jefe, han sido secundadas con el mayor acierto y de- 
cisión por el brigadier Villalaín, que dirigió el asalto , así como 
por los señores jefes, oficiales y voluntarios de todos los cuer- 
pos, quienes se han conducido con un valor y entusiasmo que 
raya en lo heróico.^=S, A. R. se complacerá en premiar, con* 
venientcmente, loa buenos servicios de unos y otros, con arre- 
glo á las facultades extraordinarias que le han sido concedidas 
por S. M, el Rey su augusto hermano y N. S- (q- D* g*)" = 
Cuartel general de Cuenca, 17 de Julio de i874,=El Gene- 
ral Jefe de E. M. interino, Cayetano Freixas.» 

Confiaban los carlistas apoderarse de Cuenca por un ataque 
brusco y rápido; pero les costó más de sesenta horas de fuego, 
y necesitaron mucha decisión y energía para vencer la tenaz 
resistencia de la escasa y sufrida guarnición, que sin agua, por 
haber interceptado aquéllos las cañerías que la cenducian á 
la plaza; sin haber tomado apenas alimento mientras duró el 
combate; sin el apoyo moral ni material de los vecinos; sin 
reservas que le proporcionaran descanso, tuvo que responder 
sin tregua á la c&ntínua hostilidad de los que por su número 
pudieron alternaren el combate. De tal modo se agotaron las 
fuerzas de aquellos soldados, bisónos la mayor parte, que casi 
todos yacían rendidos de cansancio en las calles cuando los 
rebeldes se enseñorearon de la ciudad* 



ti 8 CASTILLA LA NUEVA 



El mariscal de campo D. Remigio Moltó, enviado á ella 

con auxilios después de estos acontecimientos, á quien se pi- 
dieron informes sobre lo ocurrido, decía al Gobierno que La 
Iglesia había hecho, para defender la población y repeler al 
ene migo j todo lo posible con la tropa á sus órdenes, teniendo 
en cuenta lo numerosa que era la contraria; que obligado el 
Brigadier á retirarse de La Carretería, por las malas condício* 
nes defensivas de este barrio, y á replegarse en la ciudad anti- 
gua, á pesar de disminuir con esto el recinto, contaba aun con 
pocos soldados para guarnecerlo y con muchos menos de los 
que necesitaba para acudir en socorro de los puntos más ame- 
nazados; que sin embargo de ello y de que alguno de los au- 
baJternos no conocía bien la demarcación encomendada á su 
custodia, continuó la resistencia, rechazando con vigor las di- 
versas tentativas de asalto hechas por los carlistas, hasta la 
mañana del 1 5 en que, habiéndose aprovechado los enemigos de 
la obscuridad de la noche anterior para desfilar sigilosamente 
de á uno y entrar por la puerta falsa de una casa de la calle de 
la Moneda, se extendieron por la población amagando cortar la 
retirada de los voluntarios y carabineros que defendían aquella 
parte; que advertido de esto, acudió La Iglesia al lugar del su- 
ceso, y sin medios materiales de contener el ímpetu de los 
muchos rebeldes que ya había dentro del recinto, retrocedió 
á la plaza de la Catedral y de aqui al llamado Castillo, por la 
calle de San Pedro, á la ve2 que los carlistas avanzaban en la 
misma dirección por las inmediatas que le son paralelas. La 
resistencia desde este instante no podía seguir: mientras los 
defensores estuvieron amparados con las casas y muros aspi- 
llerados, contrarrestaron la influencia del número, pero puestos 
en ígTJales condiciones que los atacantes, aquélla tenía que pe- 
sar en el resultado^ y así fué: Cuenca cayó en poder de D* Al* 
fonso. 

En la sumaria instruida para depurar los hechos se com- 



AÍJo 1874 aig 

probó la exactitud de los relatados en el parte del Gobernador 
militar^ dejándose sentado en el parecer fiscal i que después de 
una vigorosa resistencia de sesenta horas y una retirada per- 
fectamente ordenada, la guarnición, agotados todos los medios 
de defensa, tuvo que rendirset, y respecto al punto dudoso de 
la entrada de loa carlistas en la casa de la calle de la Moneda, 
por el que pareció se podía exigir responsabilidad, dice el refe- 
rido parecer ñsc&l: «Encargado el alférez D, Antonio Peñón, 
con muy pocos hombres, de la defensa de la parte más peligro* 
sa de la población, del punto único vulnerable de la plaza y 
adonde, por lo mismo, habían de dirigirse los ataques más ru- 
dos y constantes de los carlistas, el fiscal no considera un 
abandono de puesto que el citado oficial j sin instrucciones, cre- 
yendo necesario poner su situación en conocimiento del jefe 
más inmediato para que le facilitara refuerzos, y no teniendo 
persona de quien valerse, fuera él mismo con esta comisión; 
pues con ello prueba su deseo de cumplir, mucho más cuando 
el sitio adonde fué á buscar el auxilio distaba unos sesenta pa- 
sos del que estaba él defendiendo.» Y extendiéndose en más 
consideraciones, conducentes á demostrar que no había habido 
omisión ni descuido, concluía pidiendo el sobreseimiento del 
sumario, porque, lejos de resultar cargos contra ningún jeíe 
ni oficial, Bc evidenciaba más bien que habían rivalizado en 
celo y valor, cumpliendo todos con su deber en los lugares 
cuya defensa se les había encomendado. 

Dueños los carlistas de la capital, se vengaron de tan por- 
fiada resistencia cometiendo los más inicuos desmanes: incen- 
dios, atropellos, robos, asesinatos y violaciones. Existe una 
extensa comunicación del Gobernador civil interino que los 
relata con amplios y desconsoladores detalles. Inició el ene- 
nigo estos excesos en la Carretería, antes que el resto de la 
ludad cayera en su poder, penetrando en la casi totalidad 
e las casas^ saqueándolas, destruyendo su mobiliario é íncen- 



220 CASTILLA LA NUBVA 



di and O algunas; sin que la gravedad de tales actos de devas- 
tación y pillaje quedasen atenuados ni por la resistencia de 
los moradores ni por la necesidad de apoderarse de los edi- 
ficios para continuar el ataque, pues la mayoría de ellos eran 
inútiles para este fin, por su situación. 

Después de referir los hechos ocurridos en el combate y ha- 
cer consideraciones sobre el brillante comportamiento de los 
soldados y autoridades militares, dice el Gobernador civil: 
«Desde que cesó el fueg^o, á las tres de la tarde, se extendieron 
los carlistas por toda la ciudad, y aquí empieza una serie de 
crueles episodios, cuya narración extremece, = Cuando todavía 
no se habían apoderado por completo de la población, entraron 
algunos en la casa del capitán de la reserva, D. Enrique Esco- 
bar que, indefenso y enfermo, se hallaba en ella, y después de 
darle infinidad de estocadas y bayonetazos, vivo aún, le arroja- 
ron por un balcón á la calle, donde le pisotearon y escupieron^ 
siendo ludibrio de aquellas hordas salvajes. La madre de este 
desgraciado quiso interponerse entre él y sus verdugos, pero la 
hirieron cobardemente; y no satisfechos todavía con tanta atro- 
cidad, maltrataron á la criada y destruyeron cuantos objetos 
pertenecían á esta desventurada fam¡ha, = Iban por las calles 
divididos en grupos registrando las casas, so pretexto de buscar 
armas, y en presencia de sus moradores robaban lo que tenía al- 
f^ún valor y destruían lo que no les acomodaba, llenando de gro- 
seros insultos á mujeres y niños; mas cuando, por desgracia, 
encontraban algún hombre donde había armas, aunque no fue- 
sen de guerra, le sacaban á la calle, bastando que cualquier infa- 
me delator le calificara de cipayo, como titulaban á los liberales^ 
para que sin más preparación ni indagaciones le fusilaran ó 
mataran á estocadas,=En tan angustiosa situación pasó la 
tarde del i5, y á la una de la madrugada fueron Ilamandc 
todas las casas y obligando á cuantos hombres encontraban 
ellas á coger una herramienta para ir á demoler las fortific 



» 



AÑO 1874 221 

Clones, Algunos vecinos que, á causa, sin duda, del temor y de 
la falta de costumbre en tan rudo trabajo, no manejaban los 
útiles con la energía que los invasores deseaban, fueron dego- 
llados cobardemente al pie de las mural las. = Aquella mañana ^ 
aterrada la población por los horrores que había presenciado 
en la tarde y noche anteriores, y viendo que seguían los fusila* 
mientos de hombres inocentes é indefensos, casi á las puertas 
de la catedral^ en la que los titulados infantes estaban toman- 
do la comunión de manos del Excmo, Sr. Obispo, se presentó 
á ellos una comisión de señoras y del clero con varios vecinos 
muy significados como carlistas^ suplicándoles dieran órde- 
nes para que no se derramara más sangre y para que rebajaran 
la cuota de dos millones de reales que habían impuesto de con* 
tribución. La primera respuesta que la Infanta di6 á la comi- 
sión, fué que no podía acceder al ruego, porque necesitaban sus 
soldados un rato de expansión, y que pasado éste, concedería 
lo que se solicitaba; pero á pesar de la palabra empeñada, si- 
guieron los asesinatos, robos y desmanes en la misma forma 
que el día anterior. =En aquella mañana publicaron un bando 
ofreciendo indulto y perdón á cuantos voluntarios se presenta* 
ran hasta las siete de la tarde, y conminando con la última 
pena al que no lo efectuase y fuese habido en el escrupuloso 
registro que prometían hacer. Muchos infelices fueron víctimas 
de este engaño; pues á cuantos se presentaron fiados en tales 
promesas se les encerró en un claustro de la catedral, excepto á 
los que en el trayecto eran calificados de cipayos¡ y á quienes se 
daba muerte antes de que llegaran al encierro, — Durante este 
día mataron en su propia casa á un infeliz alpargatero, á pre< 
sencia de su mujer y sus hijos, y al interponerse aquélla supli- 
cándoles perdón, le dieron un sablazo que le cortó un dedo de 
la mano. También dieron muerte á un alguacil del ayunta- 
miento á quien traspasaron el pecho de un bayonetazo, riéndo- 
le luego al ver los borbotones de sangre que salían por la he- 



SaS CASTILLA LA KUBVA 



rida, = Entraron en una casa donde se hallaba un joven de i8 
años, postrado en cama con viruelas^ y porque no se levantaba 
tan pronto como se lo ordenarooi fué muerto á cuchilladas en 
los brazos de su angustiada madre. ^Sería, en fin, intermina- 
ble el referir detalladamente los asesinatos cometidos por las 
hordas carlistas*» 

Otros muchos datos de la permanencia del enemigo en 
la ciudad contiene la expresada comunicación, de los cuales 
tomaremos algunos. Entre los edificios incendiados estaban 
todas las oficinas^ donde destrozaron el mobiliario y arroja- 
ron al fuego la documentación de los archivos; el instituto 
provincial y las escuelas públicas, cuyo material de enseñan- 
za inutilizaron, D/ María de las Nieves y D. Alfonso estuvie- 
ron alojados en el palacio episcopal, con virtiéndole en cuartel 
general; y habiendo encontrado en él los facciosos unos cuantos 
paisanos, refugiados allí por creerle un lugar seguro para eludir 
la persecución, insultaron al respetable prelado, amenazándole 
con llevarlo preso y aun con fusilarle. Contrastó con la con- 
ducta de todos los demás la de los oficiales y algunos indivi- 
duos del batallón carlista de Cuenca, que evitaron varios críme- 
nes ocultando en sus mismos alojamientos y facilitando la huida 
de la población á algunos liberales muy significados, lo que les 
originó disensiones con sus compañeros de armas los valencia- 
nos y zuavos, entre los cuales había muchos franceses de la 
Comune, fugitivos cantonales de Alcoy y Cartagena y presidia- 
rios; constituyendo, sin embargo, los tales zuavos el batallón 
predilecto de la titulada Infanta y el que le daba la guardia de 
honor. En la ciudad no había ni una familia ni un individuo 
que no conservara un triste recuerdo de la pasajera estancia 
de los carlistas, A 35 ascendió el número de los asesinados en 
los días que estuvieron los enemigos en la plaza. 

Un historiador carlista trata de disculpar los atropellos cr 
metidos en Cuenca, diciendo: «Pero en estos excesos ni el ii 



AftO 1S74 223 

fante D. Alfonso, ni el general Freixas, su jefe de E» M,, tu- 
vieron la menor parte, ni los demás jefes carlistas tampoco; 
antes por el contrario, todos trataron de reprimirlos, y dicta» 
ron órdenes y disposiciones severas para impedir que se repi- 
tieran.» Asi Geria^ pero ó fueron tardías ó no se las dio cum- 
plimiento,' pues los desmanes siguieron hasta el mismo ins- 
tante en que los carlistas evacuaron la ptaza> 

El 16 por la mañana la abandonaron el zJ" batallón de guías 
del Maestrazgo, á las órdenes del titulado comandante Gincr, 
y un escuadrón, á las del coronel Acuña, para custodiar y con- 
ducir á Chelva la prisionera guarnición; fuerzas que fueron 
sorprendidas el 21^ en Salvacañete, según hemos dicho en la 
narración del Centro, por la brigada López Pinto^ la cual res- 
cató á los prisioneros é hizo algunos, entre ellos al cabecilla 
Giner. El 18 salieron para Chelva todos los demás facciosos, 
llevándose á los voluntarios acogidos al indulto ofrecido y á 
muchos vecinos presos en rehenes por no haber podido satis- 
facer el total de la contribución que se les impuso, y escol- 
tando el botín, las piezas de artillería, el material de guerra 
y los fondos recaudados, después de exhibirse á caballo en las 
calles ios hermanos del Pretendiente, entre música y alga- 
zara de los suyos, que formaban desolador contraste con el 
abatimiento y decaido espíritu de los vecinos de Cuenca. 
Respecto á esto, dice el oficio del Gobernador civil: tiba 
doña María de las Nieves á caballo con una bandera blanca 
en la mano, acompañada de su esposo, y llevando en el cuar- 
tel general al brigadier La Iglesia, también á caballo, de uni- 
forme y sin espada. Los prisioneros fueron conducidos á pie 
entre las filas carlistas, obligándoles á hacer una marcha de 
diez y ocho horas; y si alguno no podía andar, por estar can- 
sado, á causa del calor y de la falta de agua , le fusilaban, de- 
jándole insepulto en el camino- Los más fuertes llegaron has- 
ta Cañete, dondci merced á las gestiones de los oficiales é indi- 



224 CA9T1LI*A LA NUEVA 



viduos del batallón faccioso llamado de Cueaca, fueron pues- 
tos en libertad, regresando á esta población en un estado las- 
timoso.» El brigadier La Iglesia siguió hasta Chelva con la 
columna enemiga. 

La toma de Cuenca, muy celebrada entre los carlistas, la 
conmemoró D. Carlos creando, el ii de Septiembre* una meda- 
lla para que la usaran todos los suyos que hubieran tomado 
parte en aquel acontecimiento. 



CAPITULO VI 



SUMWIO.— Afia 1874.— Previadaí deCgeaca y Gu4d«U}ara — Acudco «ix s/úcoffo de 
U CftpíUl de tquÉlla las brigada» Arjo/, F»iardo y Lópt/ Pinto. —Se enctrga del 
mandodcUs dos primeras columnas «Igcneri] Soria Santa. Cru£« — Sus ma? i mié utos 
hftsu que regrc$A á Madrid.— £1 general Molió marcha á Cuenca con una columna.— 
DispOMcioneA que adoptó.— Sus informes sobre rortificación j defensa de la eapitaU- 
Facción Villalain en GuadaUjeira — Operacioaes de la brigada Golfín contra esla 
partida.- Marchas de MoUó pura perseguir á U miama.^Acude con sna, tropas á Gua- 
dalajara el brigadier CarcU Reina.— Mo?ifflientos de la columna MoHó cala zona K. de 
Cuenca.— Amenaza Villaldin á Ja capiui de Guadalaiara y sale á ampararla la brigada 
González Manglano,— Recbaza ésia ú Villalaín, que BCgüa'-eceen Beteta.— Avance de 
ftloltó aobrc esta villii.— Vuci?e dicho General á Uadrid y quedi encardado el briga- 
dier Gamarra del mando de la columna. Mntprme de MolTo sobre el estado de la 
provincia de Cuenca.— Brigada García Reina,- Disposiciones para activar la quinta 
en Guadala|arB.^Fortilicaci6n de Molina.- Se encamina Villalalp á la línea fJrrea 
de Zaragoza.- Le sale a] encuentro García Reina.^Acción de Taraviila.- La facdón 
se reconcentra en Beteta.— Operaciones de la brigada Gamarra.— Se preseou á las 
puertas de Cuenca nn grupo de la partida ViUalain.— Marcha de Gamarra hacia 
PaMrana y Trillo.- Encuentro de Alcocer. ^Madrazo en le provincia de Guadalajara, 
—Acción de Campillo de Dueíi as.— Variaciones introducidas en laa brigadas,— El 
general Salazar cíí nombrado Comandante general de las tropas de Cuenca y Guada- 
la jara.— Nuevos movimieotofl de la brigada Gamarra.— Situación de las partidas,— 
Marcba combinada de las brigadas García Reina y Gamarra sobre BeteU^ y operacio- 
ne» posteriores.— Plan de campafia del general Salazar.— Cesa tsle en el mando. — 
Substituye á Gamarra el brigadier Santos Saga&ta.—Modilk te iones iniroducidaa en 
la orf^ani^ación de laa tropas.— Persecución de Yillalain. — El brigadier Cassola rele- 
va á García Reina.— Persecución del cabecilla Sopeña y de laa pequeüas partidas.— 
Se encarga á Casaola la dirección de tai fuerzas en ambaa provincias.— Nueva dia- 
tribución de laa tropia. 



El alcalde de Taranc6n confirmó, en la mañana del 13 de 
Junio, las noticias que habían llegado á Madrid del ataque de 
Cuenca. Vagas é inciertas fueron las recibidas sobre el nú- 
mero de enemigos y los incidentes de la lucha; pero basta- 
ron para despertar la alarma en la capital de la Nación y 
para que el Ministro de la Guerra hiciese acudir fuerzas en 
socorro de la ciudad. Al efecto, envió una columna á las 
Órdenes del brigadier D. Agustin Araoz, organizada con los 
batallones reservas de Cuenca y Alcázar de San Juan, la 
fuerza disponible del 3.*^ regimiento de artillería á pie, que 

Tomo iit íS 




226 CASTILLA LA NUEVA 



ascendía á i8i hombres, tres compañías del 14."* tercio de la 
guardia civil, que sumaban unos 3oa, dos escuadrones de húsa- 
res de VilJarrobledo con un total de aoo caballos^ y una bate- 
ría del 4/ regimiento montado; ordenó que de Valencia fuese 
á obrar, combinadamente con ésta, la 3.' brigada del ejercí - 
to de aquel distrito, mandada por el brigadier Fajardo y for- 
mada por los dos batallones del regimiento de ta Lealtad, el 
de caladores de Mérida, la reserva de Madrid, dos secciones 
del a.** regimiento de montaña y 200 caballos del de España; y 
dispuso, asimismo, que la del brigadier López Pinto, compues- 
ta de los batallones reservas de Avila y Astorga, el regimien- 
to de Almansa, el 2/ batallón del de Córdoba, tres compañías 
de movilizados, cuatro piezas de montaña y 200 caballos de 
Castillejos, marchase, directamente, desde Teruel á la provin- 
cia de Cuenca, á contener las facciones. 

Las dos primeras brigadas se debían reunir en Mi naya, y 
para ello salió de Madrid la de Araoz al amanecer del 14, con- 
ducida en cuatro trenes especiales, que llegaron por la tarde á 
dicho pueblo. Fajardo, que se hallaba este día en Chiva, nece- 
sitó reconcentrar en Valencia sus cuerpos y preparar el material 
para el embarque, y no pudo ponerse en camino hasta el si- 
guiente por la mañana; arribando á Minaya cuando la otra co- 
lumna había ya abandonado la población, y continuado hasta 
Honrubja, para adquirir noticias exactas respecto a! número y 
posición de los sitiadores. Conforme fueron desembarcando, 
caminaron tras las de Araoz las fuerzas de Fajardo, menos los 
escuadrones de España que, por orden superior, aguardaron al 
mariscal de campo D. Federico Soria Santa Cruz, nombrado 
el día 16 Comandante general de la división constituida por 
ambas brigadas, quien verificó su incorporación el mismo día, 
por la noche, y al siguiente, teniendo ya juntas en Honrubia 
todas las tropas, se encargó del mando y continuó con ellas á 
Villaverde y Pasaconsol, con la esperanza de encontrar aún al 



AÑO 1874 327 

enemigo; pues los informes de los paisanos, aunque contra* 
dictónos respecto á si había entrado ó no en la capital, estaban 
contestes en que no se había alejado de élla* 

El Ministro, conociendo ya el desgraciado éxito del com- 
bate y que el rumbo probable de los carlistas era hacia Re- 
quena á ñn de atacar esta ciudad, telegrafiaba el expresado dia 
r6 á Soria Santa Cruz notiñcándoselo y diciéndole que adqui- 
riese noticias positivas y obrase con arreglo á ellas* Este ge- 
neral^ que no recibió el telegrama con oportunidad, y á quien 
corroboraban en los pueblos de tránsito que las facciones es- 
taban todavía en la plaza de Cuenca, llegó el 18 cerca de ella, 
cuando el adversario se disponía á evacuarla, mediando muy 
pocas horas entre la salida de la retaguardia rebelde y la en- 
trada de la extrema vanguardia de la columna, única fuerza de 
Soria Santa Cruz que avanzó á la ciudad, para averiguar la di- 
rección tomada por los carlistas^ quedando las demás en Ar- 
cas. El General conoció entonces el aviso del Ministro á que se 
ha hecho referencia, y le contestó diciendo: t Mañana marcho 
á Almodóvar del Pinar, con objeto de alcanzar á la facción, lo 
que hoy no he conseguido por falta de confidencias, y 
después me dirigiré á Requena para salvar á esta población del 
ataque que contra ella se proyecta.» Añadía, también, que su 
columna estaba muy fatigada y que había necesitado ración 
extraordinaria. 

Las circunstancias que concurrieron en los movimientos 
de estas tropas fueron sumamente desfavorables para su rapi- 
dez; en primer lugar, el estar alejada de la vía férrea la briga* 
da Fajardo cuando recibió la orden de ir á Minaya; algún re- 
traso en la marcha de ésta, originado por desperfectos en la 
máquina que condujo el primer tren; después las dificultades 
para el desembarque, por carencia de material adecuado; la 
necesidad de esperar á Soria Santa Cruz; la poca voluntad, 6 
más bien remora de los pueblos en proporcionar los auxilios 



228 CASTILLA LA NUEVA 



reglamentarios á la columna; y, por último» d ser bisónos la 

mayoría de los soldados que la formaban, con los cuales era im* 
posible^ por tanto, hacer jornadas largas. Así fué, que cuando 
llegaron las tropas á Cuenca, ya habían tenido lugar las des- 
consoladoras escenas relatadas en el capítulo anterior. Para es- 
clarecer todo esto y las demás causas que pudieron motivar la 
tardanza del auxilio, ordenó el Gobierno de la Repúblicaí el 
19 de Julio, que se instruyera un expediente que, terminado, 
se sobreseyó por no resultar cargo contra nadie* dejándose en 
el consignado que su formación no perjudicaba el buen nombre 
militar del general Soria Santa Cruz. 

Habiendo desaparecido el objeto principal de la división 
mencionada, dispuso el Ministro de la Guerra, el día 19* que 
la brigada Fajardo^ reforzada con los batallones reservas de 
Cuenca y Alcázar de San Juan, de la de AraoíT, continuase 
en persecución del enemigo, poniéndose otra vez en relación 
con el general Montenegro, que por entonces andaba entre 
Chiva y Requena, y que Soria Santa Cruz regresase á Madrid 
con el resto de sus tropas, por el camino más corto. Estas 6r* 
denes las recibió el último en Minglanilla, adonde llegó con 
toda la división el zo en auxilio de Requena, á la que suponía 
amenazada; y en consecuencia de ellas. Fajardo siguió hacia 
esta población j y el general con Araoz, la artillería á pie, la guar* 
dia civil, los húsares de Villarrobledo y la batería del 4/ mon- 
tado, fué á tomar el tren en Albacete, 

De la brigada López Pinto nada diremos, pues ya ^ha 
indicado que en Salvacañete rescató á la prisionera guarnición 
de Cuenca, en un hecho de armas, que fué brillante y aminoró 
el anterior triunfo de los enemigos. 

El carlismo iba tomando incremento á causa de los úl- 
timos sucesos, y para contrarrestarlo y dar mayores atribu- 
ciones á las autoridades militares, se declaró el distrito en es- 
tado de sitio, el día 19 del mes de referencia, por medio del 



1 



AÑO 1874 32g 

bando que se ha insertado en el capitulo cuarto* Tal si- 
tuación permitió tomar medidas gubernativas enérgicas y 
represivas^ que si no produjeron el término breve de la insu- 
rrección, impidieroni al menos^ que adquiriera mayores pro- 
porciones. ' 

El territorio de Cuenca había quedado sin tropas, y era de 
temer que le invadieran las facciones, principalmente la de 
Villalaín, quien, á consecuencia de la nueva organización 
dada por D. Alfonso á las fuerzas carlistas del Centro, fué 
nombrando, en ai de Julio, Comandante general interino de 
Cita provincia y la de Guadalajara, y andaba con su partida 
recorriendo los pueblos del límite oriental de ambas. Entonces 
encomendó el Gobierno la custodia de las dos al mariscal de 
campo D- Remigio Moltó, encargándole de proponer lo que 
considerase conveniente para evitar la reproducción de los 
hechos pasados. Dicho general salió de Madrid el día 23 para 
Guadalajara, por ferrocarril, con la i,* brigada de la i.* divi- 
sión de Castilla la Nueva, compuesta de los batallones reservas 
de Jaén, Logroño, Málaga y Santander, y un escuadrón de 
húsares de Villarrobledo, que formaban un conjunto de z*5oo 
hombres. Al siguiente se encaminó á Cuenca por la carretera, 
pernoctando aquel día en Tendilla, y los sucesivos z5, a6 y 
27, en Sacedón, Cañaveras y Chillaron, respectivamente, lie- 
gando el 28 á la expresada capital, donde le recibieron con 
júbilo y marcadas muestras de simpatía. 

Allí dictó providencias para reanimar á los abatidos mora- 
dores, contener la salida de familias, que ya había alcanzado 
extensas proporciones, y hacer que se dedicaran todos á sus 
habituales trabajos* La empresa no fué fácil, porque los con- 
quenses no podían olvidar que en el corto tiempo de nueve 
meses los carlistas habían entrado dos veces en la ciudad, eos- 
tándoles la primera numerosos fondoi y siendo victimas en la 
segunda de toda clase de atropellos* 



23o - CASTILLA LA NUEVA 



El General trató de fortificar la población, y á propó- 
sito de esto informó al Gobierno, de acuerdo con el parecer 
del comandante de ingenieros D. Lorenzo de Castro, que te- 
niendo en cuenta el emplazamiento de la ciudad, su extenso 
perímetro^ las alturas que la rodean y lo improbable de que 
sufriera un largo asedio sin que acudiera un ejército de soco- 
rro, no se debían emprender costosas obras de defensa que 
exigiesen una numerosa guarnición para su guarda; pero que 
siendo posible el caso de tener que defenderse durante corto 
número de días, era necesario hacer un cerramiento general, 
aspilleradOj de mampostería, con el trabado y relieve más con- 
veniente en cada punto para llenar las condiciones de eficacia 
en los fuegos, flanqueos y desenfiladas; ejecutar algunas obras 
en el interior, con objeto de cubrir las comunicaciones y pro- 
porcionar una segunda linea defensiva; reparar el edificio lla- 
mado de la Inquisición 6 Castillo para que sirviera de último 
refugio; y, final mente^ preparar la extracción de agua del Júcar, 
por si quedaban agotados los depósitos de la plaza 6 era cor- 
tada la cañería que los abastece. Llamaba la atención sobre 
las dificultades que presenta el terreno para trasladarse los 
defensores de un punto á otro, por lo cual tendrían que situar* 
se reservas en diversos sitios; y fijaba, por tanto, la guarni- 
ción en 2,000 hombres, con cuatro piezas de batalla y dos de 
posición, colocadas en lugares convenientes para batir los edi- 
ficios perjudiciales á la defensa, principalmente los del extre* 
mo de La Carretería, que no convenía incluir en el recinto 
por el gran desarrollo que esto exigiría. Y después de proponer 
que se organizara una fuerte columna para el exterior^ que 
por sí sola pudiera resistir á las facciones de Aragón ó Valen- 
cia y que protegiese á la capital, operando en combinación con 
el Ejército del Centro, formuló las peticiones siguientes: :=i.* 
Fondos, pues ni el Tesoro ni la Diputación, ni el Ayunta- 
miento los tenían^ y el Banco no los recaudaba por temor de 



AÑO 1874 23l 

que cayesen en poder del enemígo»=^a.* Que fueran oficiales 
de administración militar para que se encargaran de su distri- 
bución, ==3/ Que se enviara una compañía de ingenieros 
para terminar las obras en corto plazo, =4/ Que se destina' 
rán cuanto antes á la plaza dos batallones de quintos, que 
se instruirían en ella, completando con guardia civil la ci- 
fra de 2,000 hombres que debían guarnecerla, y entonces 
ySL podría salir él libremente á operaciones con su división, 
pues si lo hacía sin dejar tropas en Cuenca, aumentaría el 
pánico en la provincia, 1^5.* Nombrar un Comandante ge* 
ncral que^ por sus circunstancias, inspirase gran confianza al 
país. =6/ Que artillada la ciudad conforme se ha dicho, tu- 
viese la dotación de personal de artillería y municiones al 
completo.=7/ Que se enviaran bombas para la extracción de 
agua del Júcar, y camisas embreadas para incendiar los edifi- 
cios de que se pudiera aprovechar el enemigo. =:=;y 8.^ Que se 
ordenara al Establecimiento Central de ingenieros de Guadala- 
jara que facilitase los recursos que se le pidieran. Esto era 
lo que consideraba indispensable el General para tener la ciu- 
dad á cubierto de otro golpe de mano y acallar el clamoreo 
de los habitantes de la provincia. 

Entretanto, la facción del titulado brigadier Vilklaín, fuerte 
de tres batallones y un escuadrón, con un total de 1.500 hom- 
bres y 200 caballos, recorría los pueblos de la sierra de Molina 
y tenía destacamentos en los partidos de Priego y Cañete, que 
perturbaban las operaciones de la quintaj dificultaban la cobran- 
za de impuestos, y presentándose como vanguardia de fuerzas 
muy numerosas, sostenían la alarma reinante. El i.** de Agosto 
estaba el cabecilla en Tierzo, de paso para Molina, según se 
decía, á fin de caer después sobre Sigüenza, que no tenía más 
que 34 soldados de guarnición, pues los de la reserva de San- 
tiago y caballería de España que había en la provincia de Gua- 
dalajara andaban esparcidos protegiendo la quinta y cobranza 



332 CASTILLA LA NUBVA 



de contribuciones. Paraacallar los temores que surgfieron y re- 
nejaron repetidas veces los telegramas de las autoridades, se 
enviaron á la capital cinco compañías del batallón reserva de 
Lorca, de las que cuatro quedaron en élla^ yendo la restante 
en apoyo de la ciudad que se suponía amenazada, y se preparó 
en Madrid una brigada^ á las órdenes del brigadier D. Luis 
Fernández Qolñtif que debía acudir allí, si los acontecimien- 
tos lo eTcigian. El Ministro daba al Gobernador militar la se- 
guridad de que, por poca que fuera la resistencia que se opu- 
siere á los carlistas, llegaría á tiempo el auxilio á cualquiera 
población atacada. 

No transcurrieron muchos días sin que fuera necesario 
utilizar esta fuerza; porque Villalaín, después de aumentar su 
gente con algunos mozos de la reservaj hizo una marcha rá* 
pida por Viilanueva de Alcorcón, y se presentó en Trillo, 
donde dividió su partida en dos fracciones: una que fué hacia 
Cifuentes, persiguiendo al corto destacamento que había en 
aquellos baños y que los evacuó á la aproximación del enemi- 
go; y otra que continuó á Bríhuega, donde entró á las doce y 
media de la noche del día 3, no sin sostener un ligero tiroteo 
con los 6o soldados acantonados en este punto, que fueron 
hechos prisioneros en la casa consistoriaL Los carlistas se 
apoderaron aquí de aoo fusiles, 17 cabal los^ 2.819 pesetas de 
varias cajas del Estado y cuantiosos efectos y raciones, que- 
maron los archivos, ordenaron la incorporación á sus filas de 
los mo2;os de k quinta decretada por el Gobierno, y exigieron 
5o. 000 pesetas á los vecinos; y no habiéndolas recaudado por 
completo, cogieron en rehenes á doce contribuyentes. 

Desde Brihuega, amenazaban los facciosos á Guadalajara, 
y como estaba reciente la toma de Cuencaj creían los habitan- 
tes de aquella capital que serían atacados. La autoridad mili^ 
tar, con previsor acuerdo, aunque la alarma no tenía gran fun- 
damento, pues las circunstancias eran distintas, adoptó algunas 



Aiíos 1874 a33 

medidas preventivas. El 4 circularon noticias de que Villalain 
estaba ya en Torija, á tres leguas escasas de Guadalajara; y 
estas nuevas y la indispensable protección que por momentos 
reclamaba la vía férrea de Zaragoza á Madrid, decidieron la 
salida de Golfin para aquella ciudad; salida que efectuó éste el 
mismo día por ferrocarril, con los batallones reservas de Mon- 
doñedC} Ciudad Real y Toledo, á cuya fuerza se agregó la de 
un escuadrón del Depósito de Alcalá, 400 hombres del 3/^ re- 
gimiento de artillería á pie, una batería del 1." montado y 100 
guardias civiles. 

A las doce de la mañanaj hora en que el Brigadier tuvo 
concentrada toda la columna en Guadalajara, salió con ella, por 
la carretera de Brihuega, al encuentro de Villalain, quien, en 
Jugar de seguir el iniciado avance ó esperar el combate, contra- 
marchó á Cifuentes con ánimo de recoger á los que se le sepa- 
raron en Trillo. Estos, que, según indicamos^ fueron tras un 
pequeño destacamento, le persiguieron hasta que se guareció 
en CifuenteSj cruzaron algunos tiros con los 80 infantes de la 
reserva de Santiago y voluntarios que ocupaban esta pobla- 
ción, y se quedaron en las cercanías. Junta toda la partida de 
Villalain, atravesó el Tajo por el vado de Carrascosa, y se puso 
en salvo en sus habituales guaridas de la orilla izquierda; pues 
aunque Golfín apresuró el movimiento y llegó, por Cifuentes, 
hasta Trillo, cuando esto sucedió, ya habían ganado los car- 
listas las asperezas de la sierra, en las que no se podía aven- 
turar el Brigadier por no contravenir órdenes terminantes del 
Ministro, que le prevenían no abandonase las comunicaciones 
con Guadalajara y la protección de la vía férrea. Tal conside- 
ración, y la de no dejar las ricas poblaciones de Sigiienza y 
Cifuentes expuestas á la contingencia de una rápida correría 
de Villalain, determinaron á Golfín á acantonarse en Algora, 
Llegó allí el 7, y en este día expuso al Ministro los motivos 
de su determinación y le pidió instrucciones, oficiando tam- 



234 CASTILLA LA NUEVA 



bien á Moító para indicarle la conveniencia de que empren- 
diese la persecución del mencionado cabecilla. 

Entonces surgieron en Segovia las falsas alarmas de que ya 
hemos hecho menciónp motivadas por los repetidos anuncios de 
que una numerosa partida invadiría esta provincia^ donde esta- 
ba el Presidente del Poder Ejecutivo- No había en Madrid tropas 
que enviar, y se utilizó la brigada Golfín, embarcándola, el 9, 
en trenes dispuestos en Sigüenza, Sin su apoyo, los destaca- 
mentos de este punto y de Bríhuega resultaron exiguos ^ y hubo 
necesidad de reforzar el primero con 5ü hombres de la reser\^a 
de Lorca, y con 100 de la de Alicante el segundo- 

EI general Moltó reiteró sus pedidos para poner á la capi- 
tal de Cuenca en buenas condiciones defensivas, y aunque 
pocos, permaneció en ella algunos días, para dar confianza y 
alentar á sus moradores; pero creía que tal estado de cosas no 
se podía pr{ Irngar, y que urgía escarmentar á la facción. Asi 
lo juzgó también el Ministro de la Guerra, que el día 3 del 
expresado mes de Agosto, cuando Viilalaín andaba por la zona 
norte de la provincia, decía á Moltó: # Puesto que V. E. con- 
sidera que, con las precauciones debidas para la seguridad de 
esa población y para protegerla en caso necesario, puede salir 
con todas las fuerzas á operaciones, no sólo apruebo el pen* 
Sarniento, sino que deseo y creo oportuno ponerlo en práctica 
cuanto antes. Por las noticias que V. E me ha transmitido 
en los días de ayer y anteayer, y otras análogas que he recibi- 
do, se vé que esos pueblos abultan las condiciones del carlismo, 
concediéndole exageradísima importancia, y se comprende la 
necesidad de reanimar su espíritu con la presencia de tropas y 
de que vean que el Gobierno no carece de elementos, ni de 
personas tan competentes como V- E. para utilizarlos con ven- 
taja. t> Le advertía^ además, tuviera en cuenta que eran bisónos 
los soldados, para ir acostumbrándolos paulatinamente á las 
jornadas, y que éstas sirvieran de provechosa instrucción; en 



Aíío 1874 a35 

la inteligencia, que sus fuerzas debían ser ]a principal salva* 
guardia del territorio de Cuenca, 

Al día siguiente de recibir este telegrama, emprendió el 
General la marcha, á pesar de las protestas de los conquenses, 
que al sólo anuncio de la reunión de los bagajes en la plaza de 
toros se amedrentaron, sin que bastase á calmarles la promesa 
de que quedaría custodiándoles el batallón reserva de Jaén, 
como en efecto se dispuso. Con los cuerpos restantes se en- 
caminó por la carretera de Guadalajara á Villar de Domingo 
García, donde pernoctó. El 5 fué á Priego, é ignorando la si- 
tuación de Villalain, pasó el Guadieta por el puente del Mar- 
tinete y se dirigió á Alcantud en busca de noticias. Aquí ad- 
quinó datos más seguros, y cambió el rumbo hacia Betcta para 
caer sobre el cabecilla que, huyendo de la brigada Golfín » 
estaba en dicha villa el 7, de regreso de la expedición á Bri- 
huega. Tampoco en esta ocasión esperó el combate el titulado 
Comandante general carlista, y queriendo á toda costa salvar 
el fruto de su correría, marchó precipitadamente á Santa Ma* 
ría del Val y Tragacete, para escoltarlo hasta cerca de Chclva, 
anunciando su propósito de atacar otra vez á Cuenca; por lo 
cual torció la columna hacia Cañizares, al llegar á la unión de 
los ríos Guadiela y Cuervo, antes de entrar en la H02 de Be* 
teta, continuando por Cañamares y Sotos á Cuenca, donde 
llegó el 9 por la mañana. Noticioso Villalain de este movimien- 
to, desistió del plan anunciado, si realmente le tenia, y se alejó 
de la provincia, ocultándose en la sierra de Molina. El no sa- 
berse de ¿1 en dos ó tres días dio más visos de verosimilitud á 
las falsas alarmas que había en Segovia, 

No demoró el Ministro el envío de los fondos, municiones 
y efectos militares reclamados por Moltó; pues en cuanto le 
ftié posible, formó en Madrid un convoy de todo, que envió por 
ferrocarril á Villarrobledo, para que de aquí le condujesen á 
Cuenca. Coincidió su llegada á ta estación de desembarque con 



336 CASTILLA LA NUEVA 



la aproximación de Moltó á la capital, y tanto á fin de pro- 
tegerle cuanto para amparar la vía férrea contra los desmanes 
de varias partidas que pululaban por el sur de la provincia, se 
encaminó la columna á esta zona, encontrando á corta distan- 
cia el convoy j que venía custodiado por loo guardias civiles 
destacados de Cuenca con la debida anticipación, el cual después 
de proveer de municiones á los soldados del General, continuó 
á su destino. Los caudales se emplearon, principalmente, en 
fortificar la catedral, edificio que fué elegido por reunir excelen- 
tes condiciones de defensa, dado que los fondos y elementos 
disponibles no eran suficientes á la realización completa del 
plan que hemos dado á conocer. 

Los temores que existían de que se alterase el orden en 
]a capital de la Nación, motivaron entonces un apremiante 
telegrama al jefe de la mencionada columna, para que ésta con- 
tinuara la marcha á Villarrobledo y embarcara en trenes hacia 
Madrid; pero conjurados aquéllos, Moltó no llegó á la vía férrea, 
sino que se detuvo en San Clemente en virtud de nuevas ins- 
trucciones del Ministro á fin deque operase en las inmediacio- 
nes de la ciudad de Cuenca, la protegiese, batiera á las pequeñas 
facciones, sin dejar nunca de estar apercibida á oponerse á los 
enemigos que, en número considerable, volvieran á repasar los 
límites de la previ ncia. El 14 y i5 de Agosto permaneció en 
dicha villa esperando la llegada del brigadier D* Francisco 
Gamarra, destinado á mandar la brigada que llevaba el Gene- 
ral, el cual se aprestó á una expedición por Motilla del Palan- 
car, cuyo partido judicial hacía tiempo que no era recorrido 
por columnas, y cuyas comandancias carlistas cometían des- 
afueros á su antojo. Desde allí dio órdenes Moltó al jefe de la 
reserva de Jaén, que era el Gobernador militar interino, para 
el caso de que el enemigo atacara la población, y le dijo que 
él se proponía no perder de vista el auxilio de la misma. 

En el poco tiempo transcurrido en incorporarse Gamarra 



AÑO 1874 337 

con la sección de húsares que le sirvió de escolta desde Villa- 
rrobledo, tuvo el General que cambiar de plañí pues las nue- 
vas que recibió de que Villalaín amenazaba á Cuenca y 
que un batallón carlista había pedido raciones á Cañete anun- 
ciando su llegada á la provincia, le obligaron á ir hacia el nor- 
te. Por Honrubía se dirigió á Valverde del Júcar, eligiendo 
este punto como centro de sus operaciones ^ porque situado en 
la carretera de las Cabrillas y á mitad de distancia de la capi- 
tal á la vía férrea de Alicante ^ podía proteger ambas desde él, 
y obrar, además, de acuerdo con el Ejército del Centro, que era 
el deseo del Ministro de la Guerra, Llegó allí el día 16, y el 17 
recibió un aviso del Comandante militar de Cuenca que reite- 
raba la presencia en Cañete de fuerzas carlistas, lo cual le de- 
cidió á continuar á dicha capital para contener el avance del 
enemigo, como en efecto sucedió; pues noticiosos de ello los 
rebeldes, retrocedieron al territorio del Centro. 

Durante esta expedición, atendió con preferencia Moltó á 
activar en los pueblos lo relativo al llamamiento de 125.000 
hombres decretado por el Gobierno, apremiando á los alcaldes 
de los lugares próximos para el cumplimiento de lo dispuesto, 
recogiendo á los mozos ^ y conduciéndolos con su columna, 
sin descuidar tampoco la cobranza de contribuciones, ni todo 
aquello que podía contribuir á robustecef el principio de au- 
toridad y á levantar la moral de los habitantes de la pro- 
vincia . 

Para no alterar el orden cronológico que seguimos en la 
narración^ se hace preciso interrumpir la de las operaciones 
de Moltó y tratar de las efectuadas en Guadalajara, donde de- 
jamos á Villalaín oculto en las sierras del partido de Molina. 
£1 II de Agosto se presentó este cabecilla en Orea, punto en 
que racionó á su gente, marchando en seguida á Alustante 
y después á la ciudad de Molina, en la que entró el 13, y 
desde la cual envió emisarios, apoyados por pequeñas fraccio- 



238 CASTILLA LA NUEVA 

nes, para organizar comandancias en los pueblos de aquella 
zona é interceptar las comunicaciones con la capital* El grueso 
de la partida hizo una rápida correría por la vía férrea de Zara- 
goza^ en la que detuvo un tren entre Medinaceli y Alcuneza, 
quemó los coches de él, y se apoderó de la máquina, embar- 
cándose en ella algunos hombres, que fueron á Arcos y destru- 
yeron á su paso los puentes, las casillas de guardas, las lineas 
férrea y telegráfica; y no contentos con esto, destrozaron, 
además, los depósitos establecidos en la estación del último 
pueblo citado. 

Tal excursión llenó de pánico á los moradores de Sigüen- 
ZEj quienes supusieron que iban á ser atacados por los carlis* 
tas+ En Madrid se creyó lo mismo; y tanto para amparar aque- 
lla ciudad como para batir á la referida facción, que de día en 
día aumentaba en importancia y prestigio, salió, el 14, de la ca- 
pital de la Nación la 2/ brigada de la r»' división del distrito, 
mandada por el brigadier D- Evaristo García Reina, y com- 
puesta de los batallones reservas de Toledo y Ciudad Real y 
un escuadrón de húsares de Villarrobledo, El auxilio de esta 
columna, que llegó á Sigüenza en dos trenes, fué tan eficaz, 
que los facciosos dejaron á Maranchón, donde estaban el l5, de 
regreso de la vía férrea, y se dirigieron á las sierras que hay 
al sur de la provincia. 

Al día siguiente, cuando García Reina tuvo datos segu- 
ros, por los exploradores que destacó, para seguir al ene- 
migo, dejó dos compañías de Toledo en Sigüenza, y se enca- 
minó con las fuerzas restantes, por la carretera, á Alcolea del 
Pinar, donde supo que Villalaín se había dirigido desde Ma- 
ranchón á la Riva de Saelices, pueblo hacia el que marchó 
también el Brigadier sin pérdida de momento, con ánimo de 
cortar á los carlistas el paso á la parte más intrincada de la 
sierra, si llegaba oportunamente, 6 perseguirles, en caso con^ 
trario, como sucedió; porque cuando la columna entró en el 



AÑO 1874 339 

pueblo, aquéllos, forzando el paso, se habían alejado una jor- 
nada, habían salvado el Tajo y estaban en Huertapelayo, pro- 
poniéndose continuar por Zaorejas y Villanueva de Alcorón á 
Beteta. 

No todos los secuaces de Villalaín le acompañaron en esto 
ocasión; pues un ^nipo de 60 se separó hacia Molina, á poner- 
se en comunicación con el cabecilla Madrazo, que era espera- 
do allí, y otro de 3o quedó protegiendo en sus exacciones al 
cura de Maranchón, titulado Comandante militar de este punto. 

Desde Riva de S^elices siguió García Reina á Huertaher- 
nandOj convencido de ío infructuosa y estéril que sería la per- 
secución de Villalaín en un terreno por demás escabroso; y te- 
niendo recientes y expresas instrucciones del Ministro de la 
Guerra de encaminarse á Molina, á fin de hacer que desapare < 
cíese la comandancia enemiga allí establecida y evitar la en- 
trada de Madrazo, retrocedió por Cobeta y Corduente, reco* 
giendo en los pueblos de paso los mozos de la reserva y las 
contribuciones atrasadas, y avistó á dicha ciudad á las once de 
la mañana del 18, AI estar cerca de ella, dispuso que se diri- 
giera la caballería al galope á cercarla; y convencido de que 
ya había sido abandonada por el enemigo, ordenó que dos sec ■ 
Clones emprendieran el seguimiento. El resultado fué un sar- 
gento carlista muerto y otro prisionero; coger 72 quintos, 
unos en el campo al ser abandonados por los carlistas y otros 
después en la población, y apoderarse de armas y de docu- 
mentos. Allí continuó la brigada García Reina esperando 
órdenes. 

La marcha de Villalaín hacia el sur, por Zaorejas y Villa* 
nueva de Alcorón, fué causa de que Moltó permaneciera en 
Cuenca, en expectativa de los movimientos del cabecilla, hasta 
que habiendo este iniciado la marcha hacia La Mancha, tuvo 
que salir el General á su encuentro; aprovechando antes su pa- 
sajera estancia en la ciudad para relevar sus soldados enfermos 



340 CASTILLA LA NUEVA 



por otros útiles del batallón reserva de Jaén, y organizar un 
pequeño destacamento de guardia civil, que envió á los parti- 
dos de Tarancón y Huete á proteger la quinta, el cobro de 

impuestos y amparar á los pueblos contra las exacciones que 
el cabecilla D. Pedro Gómez, titulado Comandante militar de 
Priego, estaba haciendo al frente de una partida de 50 insurrec- 
tos. El día 20 de Agosto llegó la brigada á Valdecolmenas de 
Abajo, pernoctando parte en este pueblo y el resto en el inme- 
diato de Castillejo del Romeral, sin decidirse Moltó á continuar 
á Huete al siguiente día, como pensaba, por las noticias pro- 
paladas y hasta confirmadas por urgentes avisos del Coman- 
dante militar de Cuenca, que indicaban con insistencia que 
el propósito de los carlistas era atacar la población- Des vane* 
cidas dichas nuevas y adquirida la certeza de que Villalaín ca- 
minaba con rumbo á Huete, siguió la columna hacia esta ciu- 
dad en la noche del ai, y arribó á ella con tiempo sufícieote 
para evitar que fuera invadida por los enemigos. 

Estos anduvieron en tales días marchando y contramar- 
chando por los confines de Cuenca y Guadalajara, entraron en 
Alcocer, Sacedón y Auñón, pueblos situados á una jornada de 
la capital de la última provincia, y estaban cerca de Huete 
cuando Moltó llegó tan oportunamente, Al retroceder enton - 
ees Villalaín fué hasta Budia, alarmando con tal movimiento 
á los habitantes de Guadalajara y precisando á las autoridades 
á adoptar varias medidas para apercibirse á la defensa. El Mi- 
nistro, considerando que la protección de la brigada García 
Reina desde Molina y la de Moltó desde Huete era ilusoria por 
el momento^ organizó en Alcalá de Henares otra con el bata- 
llón reserva de Lorca, tres escuadrones del Depósito Central 
de Instrucción y uno de lanceros de España, y encomendó su 
mando al brigadier Man glano, con instrucciones de ir inme- 
diatamente á la provincia de Guadalajara, al encuentro de la 
facción, estrecharla hacía la sierra y perseguirla hasta con- 



AÑO 1874 Í4I 

cluir con ella, porque estaba convencido de que era el mejor 
sistema de amparar la^; poblaciones. Esto mismo decía el 2a 
á Moltó, al anunciarle que podía contar con la cooperación de 
Manglano, ad virtiéndole, además, que encerrado Villalaín en 
el triángulo formado por las tres columnas referidas, su posi- 
ción era m\iy falsa y debía ser batido- 
La brigada procedentede Alcalá se encaminó á Santorcaz, 
y continuó á Teudilla, por la carretera, en demanda de los 
carlistas, que desde Budia atravesaron el límite de la provincia 
y se internaron en las sierras que hay entre El Pozuelo y Be- 
teta, El primer objeto de las operaciones de Manglano estaba, 
pues, conseguido, al evacuar los carlistas el territorio de Gua- 
dalajara, y en vista de esto y de que la columna no reunía 
buenas condiciones para maniobrar en el terreno quebrado á 
que llegó tras el enemigo, por ser montada la mitad de la 
fuerza, ordenó el Ministro al Brigadier que abandonase el se- 
guimiento y entregase el mando al teniente coronel Soria San- 
ta Cruz, que era el jefe más caracterizado, para que éste se 
dedicara á proteger la quinta y la recaudación de contribución 
nes. El 27 se dio cumplimiento á dicha orden en Brihuega, 
sitio desde donde Manglano regresó á su destino y desde el 
que empezó la columna á desempeñar su nuevo cometido, 

Moltó, después de recibir en Huete el telegrama del Minis- 
tro, que le puso en antecedentes de la situación de Villalaín y 
de la salida de Manglano, se encaminó el 22 á Gascueña y Prie- 
go á cortar la retirada de la facción; mas noticioso el General, 
antes de llegar al último punto, de que la partida Gómez esta- 
ba racionándose en él, quiso sorprenderla; y^ para ello, hÍ20 
avanzar sigilosamente una compañía de la reserva de Málaga 
y dos secciones de húsares de Villarrobledo, que no consiguie- 
ron otro resultado que apoderarse de algunas armas y varios 
efectos, porque advertidos con tiempo los de Góme2, huyeron 
precipitadamente, refugiándose en la^s sierras inmediatas. Des* 
Tüitg 11? 16 



34a CASTILLA LA NUEVA 



pues de pernoctar el 23 en Priego, salí6 la brigada al amanecer 
del día siguiente hacia Beteta, internándose en gegnida en un 
empinado y escabroso monte situado al nordeste del pueblo^ que 
le fué preciso atravesar para evitar el paso de la angostura que 
conduce á Cañamares y ia subida del puerto de este nombre, si- 
tios de difícil flanqueo, y peligrosos por la proximidad del ene- 
m¡go« Franqueados tales obstáculos, y ya en el camino carrete- 
ro que conduce á los baños del Solar de Cabras, continuó el mo- 
vimiento^ con las habituales precauciones hasta el puente Ba- 
dillo sobre el río Cuervo; y salvado éste, en lugar de seguir 
por el desfiladero llamado Hoz de Beteta, ascendió á una altu- 
ra que se encontraba á su derecha, y caminando por espesos 
pinares, llegó á las cinco y media á la vista del contrario y de 
Beteta, y desplegó entonces sus fuerzas, tomando posiciones 
enfrente de los adversarios. 

Respecto á los acontecimientos posteriores, manifestaba 
Moltó al Ministro, en telegrama del a5, desde Cañamares: 
t.,.*no era sólo Víllalaín el que allí se encontraba; había fuerzas 
que no bajarían de 5 á 6,000 hombres, extendidas en formida- 
bles posiciones y apoyadas por su derecha en el castillo y pue- 
blo, que está cercado de murallas antiguas aspíUeradas, en las 
cuales se veía bastante gente, y por su izquierda en El Tobar, 
donde se decía que estaban los zuavos. Vista la imposibilidad 
de atacar á Beteta, porque hubiera sido una temeridad hacerlo 
sin artiliería, aunque sólo hubiese estado defendida por Villa- 
laín, mandé á la vanguardia que se detuviese en la \ega, den* 
tro del tiro de fusil del enemigo, y presenté mis tropas en or- 
den de batalla desafiando al combate á los carlistas» que ni 
aun rompieron el fuego- Después de anochecido replegué mi 
columna en las alturas que hay frente ala villa, y, entre nueve 
y diez, la puse en marcha para Cañizares, adonde llegué á las 
dos de la madrugada; y aunque la situación del pueblo es ma- 
lísima y urgía salir del desfiladero, tuve que dar descanso á la 



\ 



AÑO 1874 343 

tropa, que llevaba diez leguas de jornada^ y racionarla con pan 
y carne. He llegado aquí á las diez y continuaré por la tarde á 
Torralba, pues temo que el enemigo haga algún movimiento 
sobre Cuenca^ caso en que sería grave la situación de los que 
la guarnecen y aun ¡a de la brigada, que sólo tiene 1,800 
combatjeoles,» Al otro día ampliaba este telegrama Mol- 
tó desde Villar de Domingo García diciendo: i Tres compañías 
de infantería y una sección de caballería carlistas llegaron ayer 
mañana al puerto de Cañamares, dos ó tres horas después que 
lo habíamos pasado, é hicieron allí varios disparos^ ignoro con 
qué objeto, pues no se acercaron al pueblo mientras estuvimos 
sesteando en éL Por la tarde seguimos á Torralba, sin ver fuer- 
za alguna. No he conseguido saber si los enemigos se dirigirán 
á Cuenca por Tragacete; por eso me sitúo en este puntOj des- 
de donde mando enfermos á Cuenca y en el que espero noti- 
cias. Tal vez la fuerza que había en Beteta habrá ido otra vez 
á Guadalajara Ó Aragón.» Terminaba haciendo considera- 
ciones sobre Jas vicisitudes de la campaña y sobre la necesi- 
dad de apoderarse de Beteta, insistiendo en que si no lo in- 
tentaba era por tener pocas tropas á sus órdenes y carecer de 
artillería. 

En el último punto mencionado no había más carlistas 
que los de Yillalain^ cuando se verificaron estas operaciones; 
pero se dio tan buena maña el cabecilla para presentar su fac- 
ción como muy numerosa, propalando noticias falsas y ha« 
cicndo que muchos vecinos estuviesen en las murallas á la 
vista de las tropas para aparentar más combatientes, que pare- 
cía tener fuerzas tres veces mayores. 

Moltó permaneció en Villar de Domingo García los días 26 
y 27 protegiendo á Cuenca; y como los carlistas no salían 
de su guarida y le había sido admitida la dimisión del cargo de 
Comandante general de la provincia, resolvió dirigirse á Huete 
para entregar el mando al mariscal de campo D. Juan Monte- 



244 CASTILLA LA NUEVA 



ro Gabuti^ nombrado para reemplazarle, protegiendo de paso 
á la guardia civil que estaba esparcida por los partidos judi- 
ciales de Tarancón y Huete. El 29 arribó á esta ciudad, des- 
de donde destacó 40 caballos á la primera para escoltar al nuevo 
Comandante general; mas análogamente á lo sucedido siempre 
que la brigada se había alejado algunas leguas de Cuenca, esta 
capital se vio amenazada por la facción, y tuvieron las tropas 
que ir en su auxilio si a^ardar á Montero Gabuti. 

En efecto, el i,° de Septiembre, Villalaín, que según sede- 
cía, contaba á la sazón con 2,000 hombres y 200 caballos en 
sus filas, descendió de las sierras de Be teta á Albalate de las 
Nogueras, y envió avanzadas á Ribagorda, Villar de Domingo 
García y Gascueña, indicando con tales movimientos la inten- 
ción de llegar á Cuenca, Desconfiaba, sin embargo, Moltó de 
este propósito, temiendo que fuese un ardid para llamar la 
atención de la brigada y tener libre el paso á Pastrana^ rica 
población de Guada laj ara, en la cual, desde tiempo atrás, tenia 
puestas sus miras el cabecilla. 

En su marcha hacia Cuenca, Moltó pasó por Valdecolme- 
ñas de Abajo y fué hasta Jábaga, donde noticioso el 2 de los 
puntos que ocupaban las avanzadas carlistas, cambió el rumbo 
ú la izquierda, para salir al encuentro de la partida si ésta con- 
tinuaba el iniciado avance, 6 seguirla si, como esperaba, huía. 
Llegó hasta Cañaveras con tal fin, sin lograr avistarla, pues el 
jefe carlista conoció el riesgo que corría; y no conviniéndole^ 
como de costumbre, librar acción, se refugió aceleradamente 
en las sierras de Be teta. Carrascosa y El Pozuelo, donde estuvo 
unos días haciendo cortas excursiones por los sitios comarca- 
nos, mientras 3oo hombres de la partida protegían á los 
trabajadores de los pueblos inmediatos empleados en fortificar 
la villa de Beteta y reparar su antiguo castillo, con objeto de 
establecer allí un centro de operaciones. 

Como el cabecilla envió emisarios á los alcaldes de Aleo- 



AÑO 1874 245 

cer y Sacedón para que le tuvieran dispuestas raciones y fon- 
dos que, según anunciaba, iría en se^ida á recoger, creyó 
Moltó que el adversario persistía en su designio de invadir la 
provincia de Guadalajara, y á fin de impedirlo, siguió hasta 
Alcocerj á tiempo que la columna de infantería de Lorca y ca- 
ballería del Depósito de Alcalá que mandaba el teniente coro- 
nel Soria Santa Cruz avanzaba desde Brihuega á Sacedón, 
por el mismo motivo y con análogo objeto. Supo el General el 
movimiento de esta fuerza, y no juzgando ya imprescindible su 
permanencia alli para impedir la marcha de Villalain, regresó á 
Huete, á fin de entregar el mando de la columna al que debía 
substituirle, y al cual suponía esperándole. 

Montero Gabuti llegó á Tarancón el 2, al día siguiente de 
salir la brigada de Huete; pero ignorando la situación de ésta, 
partió á Cuenca para adquirir noticias, escoltado por los 40 ca- 
ballos que se le habían enviado, más 100 guardias civiles, y en 
dicha capital se le dio la orden de regregar á Madrid* Moító re- 
cibió otra en la que disponía el Ministro que el brigadier Gama- 
rra quedase en propiedad mandando las fuerzas de la provincia, 
añadiendo que él podía desde luego encaminarse á Madrid, se- 
gún deseaba. El 8 dirigió Gamarra, desde Huete, el siguiente 
telegrama al Gobierno; «En el día de hoy he tomado el mando 
de la colun-^na, que me ha sido entregado por el general Moltó, 
cumpliendo lo dispuesto por V- E. Tan luego regrese fuer- 
za de caballería que le escolta hasta Tarancón, marcharé 
á Cuenca para que se me incorporen la caballería que acompa- 
ñó al general Montero, los habilitados de los cuerpos con la 
consignación y la fuerza que haya de la brigada; conferenciar 
con el Gobernador civil, y enterarme de las obras de fortifica- 
ción.» El 10 por la noche llegó adonde se proponía. 

Mientras tuvieron lugar los movimientos relatados no ce- 
saron las pequeñas partidas de recorrer en la provincia las 
2onas en que se podían mover á mansalva, cometiendo sus ha- 



24G CASTILLA LA NUEVA 



bítuales vejámenes é invitando á los mozos del reemplazo á 
que se les unieran, lo que muchos ejecutaron de buen grado. 
De estas facciones^ la más importante era la de Gómez, que 
contaba con cerca de 100 hombres. En extensa comunicacjón, 
fechada el 2 del mencionado raes de Septiembre, dio cuenta Mol- 
tó del estado de Cuenca, diciendo; «..,* he estudiado detenida- 
mente e! paísj y me he cerciorado de que el espíritu carlista lo 
domina, reinando apatía, indiferencia y temor en los liberales; 
que el principio de autoridad está completamente relajado, y 
los alcaldes desprestigiados y sin influencia alguna en general; 
que hay gran resistencia pasiva en todos al cumplimiento del 
deberj huyendo los vecinos coa sus caballerías para eludir el 
servicio de bagajes y excusándose de presentar las raciones que 
en los repartos hechos por los alcaldes les corresponden; y que 
Cstos, personas de poca capacidad la mayoría, atemorizados 
por las partidas, no saben usar de su autoridad. Así lo com- 
prendí desde luego, y así se lo dije al Gobernador civil para 
que coadyuvara á darles más fuerza moral y el posible presti- 
gio, A mi llegada á Cuenca impuse multas á los que no daban 
parte de la aproximación de los carlistas, y ahora les exijo re- 
laciones de los que desobedecen sus mandatos, para castigar 
con la de 50 pesetas y cuarenta y ocho horas de arresto á los que 
niegan bagajes, y con la de una peseta por ración á quienes no 
nos las faciliten, tt De la recaudación de contribuciones decía: 
íEstá atrasadísima en la provincia, y la culpa no es sólo de los 
pueblos, pues en el partido de Huete hay varios en que no se 
han presentado hace un año recaudadores del Banco, porque 
siendo algunos de éstos de opiniones carlistas, están, por consi- 
guiente, poco interesados en el cobro. Destinar pequeñas co- 
lumnas de la brigada á esta operación sería imprudente, tenien- 
do en cuenta que podrían ser copadas por Villalain, quien con 
3oo jinetes y otros tantos infantes á la grupa suele hacer de 
vez en cuando correrías; además de que esto imposíbi- 



AÑO 1874 247 

litaría la protección de Cuenca y la persecución de aquél,» 
Dejamos á García Reina el día 18 de Agosto en Motinai 
con su brigada, esperando instrucciones del Ministro, Mientras 
llegaban, se dedicó á activar las operaciones de la quinta, en 
lo cual encentró serias dificultades; pues en muchos pueblos 
se amotinaban los mozos é impedían el sorteo ^ huyendo á las 
sierras, como sucedió en Rueda, donde no bastó tampoco para 
la presentación de los alistados coger en rehenes á indivi- 
duos de sus íamilias y conminarles con no darles libertad hasta 
la entrada en caja de los que debían ingresar en el Ejército, 
Los instigadores de esto eran pequeños grupos de carlistas, á 
quienes no era fácil avistar, porque tan pronto aparecían en 
son de guerra, como, ocultando sus armas y boinas^ tomaban 
el aspeto de Jabradorcs pacíficos. 

Los temores de alteración de orden público que hubo en 
Madrid, con motivo también de la entrada en caja de los re- 
clutas, precisaron al Capitán general á ordenar el 22 que la 
brigada saliera de Molina sin pérdida de momento y se enca- 
minara á Sigüenza, donde tendría trenes preparados para con- 
tinuar á la capital. El 23, por la noche, llegó á la estación de 
Bquel punto García Reina, donde recibió aviso de detenerse, 
por haberse conjurado ya en Madrid los trastornos esperados. 
Desde allí conferenció, por telégrafo, con el Ministro, á 
quien decía al indicarle el estado de la comarca: «No hay ayun* 
tamiento que diga la verdad. Los titulados comandantes de ar- 
mas recorren el país, y bajo las más duras penas hacen que nos 
den noticias inexactas de su paradero. El espionaje que tienen 
imposibilita que se pueda dar alcance á Villalaín. Lo escabroso 
del terreno proporciona seguro abrigo á las pequeñas partidas. 
Con la fuerza que llevo en la columna, que es goo infantes y 
lio caballos, sin más municiones que doce paquetes por indi- 
viduo, he procurado estar muy alerta para que el expresado 
cabecilla 6 cualquier otro no se corran á Aragón*» El Ministro le 



248 CASTILLA LA NUEVA 



contestói primeramente, encareciendo gran actividad y lo 
indispensable que era hacerse obedecer de los pueblos y 
exigir á los alcaldes los auxilios y noticias necesarios, casti- 
gando duramente á quienes los negasen, y algunas horas des- 
pués, le anunció el movimiento de Villalaín hacía Villanueva 
de Alcorón y la sierra de Molina, previniéndole que tratara de 
batir al enemigo y le impidiese la retirada á Aragón; fines á 
que debía atender situándose Je nuevo en la ciudad de Mo* 
lina. 

El clamoreo de los pueblos de esta comarca era grande por 
la entrada en Pscamilla de Agustín Navarrete, con 200 hom- 
bres; la de D. Julián Cuadra, con 100, en Alcoroches; la de Sa- 
turnino Hernández, con otro grupo, en Mochales, y por las 
exacciones que todos ellos cometían con harta frecuencia, en 
atención álo cual las autoridades locales impetraban del Gobier- 
no que no se alejase la columna. Esto y la excelente posición 
que ocupa Molina decidieron á dejar acantonada allí la brigada 
y á emprender obras á cuyo amparo se pudiera asegurar su po- 
sición con una corta fuerza permanente, mientras el resto de 
la columna, sirviéndose de la plaza como centro de operacio- 
neSf dedicaría su actividad á dar batidas por los pueblos y 
montes de la zona. El 29 de Agosto comenzaron los trabajos 
de reparación de las murallas y del castillo, protegidos por li 
brigada, aunque no integra, porque García Reina tuvo que 
enviar dos compañías del batallón reserva de Toledo á Arco??, 
á fin de custodiar la vía férrea, desguarnecida entonces por la 
incorporación de las compañías que López Pinto tuvo desta- 
cadas en el indicado sitio. Se abasteció á la ciudad con abun- 
dantes municiones de boca y guerra, en previsión de un cerco, 
y se le asignaron como guarnición constante tres compañías* 
Con tales disgregaciones quedaba la columna muy escasa de 
soldados; así fué, que el Brigadier se dedicó especialmente á 
atender á la seguridad de Molina y á la instrucción de sus 



AKO 1874 249 

subordinados, destacando, de vez en cuando, pequeñas fracciO' 
nes de medio batallón ó de 40 ó 5o caballos, que veri0caban 
excursiones de un solo día y visitaban los pueblos más levan* 
tiscos^ haciendo respetar el principio de autoridad y encau- 
zando las operaciones de la quinta. 

De este modo transcurrió la primera decena del mes de 
Septiembre» en cuyo tiempo, se ocupaba Villalaín en conver- 
tir á Beteta en ciudadela del carlismo de Cuenca y en aumen- 
tar el numero de las comandancias de armas. El 12, noticioso 
de que en la línea férrea de Zaragoza había poca fuerza que 
la guardase, pensó repetir en ella los desmanes de meses atrás, 
y se encaminó al efecto hacia el norte; mas le salió al encuen- 
tro García Reina, dando lugar los movimientos de ambos á la 
acción que este brigadier refirió oficialmente en los siguientes 
términos: 

«Habiendo tenido el sábado iz del corriente la confidencia 
segura de que la facción Villalaín, fuerte de 2.5oa infantes y 
200 caballos, se hallaba en Terzaga y pueblos inmediatos, á 
cuatro leguas de esta población, ayer, á la una de la madruga- 
da, emprendí la marcha para dichos puntos con la columna ds 
mi mando, habiendo dejado en este castillo unos 200 hombres 
con los enfermos.=Al llegar al pueblo de Tierzo supe que ía 
partida había salido el día anterior de Terzaga; y con objeto 
de saber la verdadera dirección que habia tomado, mandé es- 
pías á averiguarlo, mientras daba un descanso á Ja tropí y 
pienso al ganado. ^^Cuando aquéllos regresaron, me dijeron 
que el contrario se hallaba en aquel momento en Taravilla, é 
inmediatamente reuní mi gente y me puse en marcha para di- 
cho punto. ^Desde el casería de Armalla ya divisé algunas 
avanzadas carlistas; en vista de lo cual mandé que dos compa- 
ñías subiesen á la áspera sierra del Basilio y flanqueasen mi 
marcha por aquella parte, en donde el camino vá por el fondo 
del valle. Al subir á Peñamala divisé á Taravilla, donde se 



25o CASTILLA LA NIEVA 



^ 



hallaba toda Ja Tacción repartida entre el pueblo y las alturas 
inmtdiaias del cerro de San Mames, Entonces, siendo ya in- 
útil el flanqueo de la derecha, y necesario el de la uqaícrda 
por la cuesta del Aremuz, ordené que se me incorporase aquel 
y que una compañía subiese á esta altura y siguiese hasta dar 
frente á Tara vil la, fuerza que debia servir de apoyo al flanco 
izquierdo en la jornada, Al llegar á distancia conveniente del 
enemigo ordené mis fuerzas de la manera siguiente: cuatro 
compañías del batallón reserva de Ciudad Real, desplegadas 
en batalla, y las dos restantes, de reserva; dos secciones del 
escuadrón de Villarrobledo, apoyando la derecha, queocupabii 
terreno llano; otras dos, á retaguardia del centro; y una compa* 
nía del batallón de Toledo, ocupando la cuesta del Aremuz y 
cubriendo mi flanco izquierdo. En segunda línea, las tres com- 
pañías restantes de Toledo, sirviendo de reserva generaL Y en 
tercera, la impedimenta y el parque, con las guardias. — En esta 
disposición emprendí el ataque amagando al citado pueblo de 
Taravilla, que formaba el centro de las posiciones enemigas y 
en donde, al parecer, reconcentraban los carlistas su defensa, 
durando el fuego una hora, sin avanzar gran cosa. Noté en- 
tonces que la caballería de la facción y parte de su infantería 
avanzaba por su izquierda con el objeto, sin duda, de envol- 
ver mi derecha; y á fin de evitarlo, ordené á mi jefe de E. M», 
comandante D, Fidel Tamayo, que con mi ayudante de órde* 
nes, teniente coronel graduado capitán D, Juan Fernández, y 
25 caballos de los del centro marchase al ala derecha, y ccn 
ellos y los que allí había contuviese el movimiento del advcr* 
sario por aquel punto, lo cual consiguió rechazándole por cora* 
pleto, por cuyo buen comportamiento me permito recomendar 
especialmente á V. E- á dicho jefe, así como también al capi- 
tán Fernández y al capitán de caballería^ jefe de aquella fuer- 
za, D, Leopoldo García Peña, que le ayudaron en su empre- 
sa. ^Viendo la retirada de los facciosos por mi derecha, dis- 



AKO 1874 251 

puse que una de las compañías de la reserva de Toledo ataca- 
se con ímpetu la izquierda enemiga, siendo apoyada por la ca- 
ballería que llevaba mi jefe de E. M., y que al mismo tiempo 
el batallón de Ciudad Real tomase el pueblo á la bayoneta, D^- 
do el ataque, este cuerpo ae apoderó del lugar, y al observar la 
precipitada fuga de los carlistas, coronó el cerro de San Mames 
por el centro, al mismo tiempo que la compañía de Toledo y la 
caballería le coronaban por la derecha; en vista de lo cual el 
enemigo se puso en completa fuga por el birratico de Esca- 
brón, pasando el río Cabrillas y huyendo por los riscos con di- 
rección á Betctaj no pudiendo ser perseguido por la caballería 
por la escabrosidad del terreno.=Term¡nado el fuego, que en 
total duró dos horas y media, reuní mis fuerzas, que se halla- 
ban algo diseminadas^ reconocí el pueblo y todo el campo, y 
me ocupé con interés de que fuesen curados mis heridos, = 
Las pérdidas de la partida fueron 14 muertos recogidos en el 
primer reconocimiento que se practicó, y 16 más encontrados 
por los vecinos de Tara villa en las casas y barrancos, no ha- 
biendo dejado más que un herido que cayó en el momento de 
descender hacia el río Cabrillas^ pero los expresados vecinos 
me aseguran hoy que el enemigo tuvo más de 120, Las mías 
fueron un oficial herido, un soldado muerto y 20 individuos de 
tropa heridos. Además tuvo mi caballería un caballo muerto y 
cinco heridos. =En el reconocimiento del campo se recogie- 
ron gran número de mantas, boinas y otras ropas todus 
inútiles» con que cargué tres acémilas, y 37 armas de distin- 
tas clases, ^En el pueblo recogí, además, gó fanegas de cebada 
que los carlistas tenían para raciones, las cuales he vendido 
distribuyendo por igual su importe entre todos los soldados de la 
columna. "A las tres de la tarde, viendo que muchos heridos 
estaban de bastante gravedad, que se carecía de medios de cu- 
ración, y teniendo en cuenta que este castillo, donde también 
BC hallaba el recaudador de contribuciones con catorce ó quin- 



252 CASTILLA LA NLEVA 



ce mil duros^ pedía necesitar de mi auxilio^ regresé á este pun- 
to, adonde llegué á las diez de la noche con todos los heridos 
y lo ocupado al enemigo, Al tener el honor de participará V* E. 
los detalles de esta jornada, cumple á mi deber, además de la 
recomendación especial que hago á V. E- de mi jefe de E. M, y 
capitanes D. Juan Femánde^í y D* Leopoldo García Peña, re- 
comendarle también todos los señores jefes y oficiales de esta 
columna, los cuales se han portado con tan buen deseo y tanto 
celoj que con las escasas fuen^as que yo llevaba, compuestas 
del batallón de Ciudad Realj que aun no se había fogueado, y 
de cuatro ccftnpañías del de Toledo, sin embargo de carecer de 
gran número de oficiales y clases, he conseguido batir, tomar 
formidables posiciones y dispersar por completo á un enemigo 
tres veces superior en número y acostumbrado á la fatiga de 
la guerra,i=:Molina 14 de Septiembre de 1874,1* 

Los carlistas huyeron en diversas direcciones; unos se di- 
rigieron á Peñalén, otros á Poveda de la Sierra, algunos á 
Valsalobre^ varios á la Cueva del Hierro y muchos se despe- 
ñaron por las ásperas alturas que limitan el río Cabrillas, La 
cita de reunión de todos fué Beteta, adonde se encaminaron 
los de á caballo dando un enorme rodeo* El triunfo obtenido 
por García Reina le valió las felicitaciones del Gobierno y la 
autorización para elevar propuestas de recompensas. De regre- 
so en Molina la brigada, y sin enemigos próximos á quienes 
combatir, siguió fortificando la ciudad- 
La columna volante del teniente coronel Soria Santa Cruz, 
que se ha mencionado repetidas veces, no cesaba de recorrer 
los otros partidos judiciales déla provincia de Guadalajara, 
acercándose á los puntos que reclamaban su presencia y en* 
trando frecuentemente en la capital, que era el centro de sus 
operaciones. A ésta la guarnecían los quintos del último reem- 
plazo, que estaban en instrucción, y los soldados de la reserva 
de Santiago indispensables para cubrir las guardias de plaza. 



AÑOS 1874 253 

El resto del batallón ocupaba los fuertes de Sigüen^a y Ci^ 
fuentes. 

Después de llegar á Cuenca el brigadier Gamarra, de eje- 
cutar allí lo que dijo al Ministro en el citado telegrama del 8 
de Septiembre y de aligerar la columna de la impedimenta que 
tanto dificultaba las marchas, recibió orden del Capitán gene- 
ral de trasladarse á la provincia de Guadalajara á estorbar el 
movimiento iniciado por Villalaín hacia la vía férrea de Zara- 
goza, antes de la acción de Taravilla. Cumpliendo tal disposi- 
ción, al amanecer del 14, sin saber aun el acontecimiento del 
día anterior^ salió dicho oficial general por la carretera, con 
ánimo de atravesar el río Guadiela por el puente de Alcocer y 
dirigirse á salvar el Tajo en Trillo, si la facción se hallaba ya 
en la orilla derecha; mas, al llegar el día xS á Alcocer, le no- 
tificaron la derrota de Villalaín, y suspendió la marcha hasta 
adquirir noticias posteriores del enemigo. Al día siguiente 
averiguó que el cabecilla se había internado en las sierras de 
Beteta, y entonces repasó el Guadiela y entró en Priego, villa 
en que se propuso establecer su centro de operaciones, por es- 
tar á una jornada de Beteta y no distar mucho de Cuenca* 

En Priego supo Gamarra que la partida avanzaba rápi- 
damente sobre la ciudad de Cuenca; nueva que unida á las 
noticias que ya tenía de una supuesta reconcentración de car- 
listas en Cañete y Tragacete^ le hicieron sospechar la proba- 
ble repetición de un movimiento combinado sobre dicha capi- 
tal, por lo cual levantó el campo y retrogradó con rumbo á la 
población amenazada; teniendo que concluir la marcha acelera- 
damente, porque al llegará Villar de Domingo García, se ente- 
ró de telegramas del Ministro que confirmaban sus sospechas y 
Je ordenaban que volase en socorro de los conquenses* Termi- 
nó la jornada^ que fué muy penosa por el excesivo calor^ á las 
ocho de la noche del 17, después de haber evacuado la ciudad 
las avanzadas de Villalaín; pues creyendo este cabecilla que 



254 CASTILLA LA NUEVA 



podría impunemente repetir los asaltos anteriores, había des- 
tacado un grupo de carlistas^ que se presentó de improviso en 
las puertas de la población y entró por sorpresa en La Carrete* 
ría, desde donde sostuvo fuego algún tiempo con el batallón 
reserva de Jaén, que tomó posiciones en el primer momento, 
distribuyéndose en los puntos convenientes de los barrios altos 
de la pla^a. Se prometía esta avanzada apoderarse de los cuan- 
tiosos fondos que hasta días antes habían estado en las cajas 
del Tesoro y del Banco; pero fallidas sus esperanzas por haber 
sido remitidos aquéllos á Madrid, abandonaron los enemigos 
La Carretería á las dos horas de fuego, llevándose solamen- 
te 2,000 duros que encontraron en poder de un recaudador do- 
miciliado en el barrio de que fueron dueños. Un hombre heri- 
do y un caballo muerto dejaron en las calles los carlistas, que 
retiraron á otros heridos en su huida; sin que estas bajas cos- 
tasen á la guarnición más que un contuso. 

La llegada de la columna de operaciones fué muy oportu» 
na, porque en los dias siguientes la falta del correo de Cañete, 
la estancia de facciosos en Las Majadas y Tragacete, la peti- 
ción de raciones hecha por Cucala á varios pueblos del itinera- 
rio á Cuenca, el encaminarse Villalaín hacia el Rincón de 
Ademuz y otras circunstancias, hicieron presagiar otro ataque 
á la ciudad como el del mes de Julio, por lo cual la brigada se 
dedicó á dar gran impulso á los trabajos de fortificación y de* 
fensa de la capital, de la que salían diariamente patrullas de 
caballería que, llevando sus reconocimientos hasta una jorna» 
da, inquirían noticias del enemigo. 

Sea que los carlistas hubiesen desistido de ir á Cuenca por 
no considerar ya fácil la entrada, ó bien que no hubieran pen* 
sado entonces en realizar tal empresa, lo cierto es que el dia 
27 estaba Viilalaín bastante alejado del punto en que se le su- 
ponía, y andaba por Trillo y Past rana, en cuya zona tenía ala 
Bazón esparcida £U gente cobrando contribuciones, haciendo 



AKO 1874 ''' «55 



rehenes, requisando caballos é incautándose de efectos estan- 
cados, Despucs de cometidos tales excesos en dichos pueblos, 
Huete, MazaruUeque^ Garcinarro y otroñ, se concentró la fac- 
ción en Almonacid de Zorita, y salvando el río Guadiela, se 
encaminó á Alcocer* ' 

No demoró entonces el Brigadier el emprender la marcha, 
y dejando solamente dos compañías de la reserva de Logroño 
en Cuenca, pernoctó en el mismo día 27 en Cañaveras, soste- 
niendo al siguiente el encuentro que relató en el parte inserto 
á continuación: 

«Según tuve el honor de participar á V. E,, á las tres de 
la mafíana del día 28 del actual salí de Cañaveras hacia Sal- 
merón, donde tenía pedidas raciones Villalaín para su partida, 
lo cual hacía presumir trataba de volver á la sierra con el bo- 
tín recogido en los días anteriores, = Antes de separarme de la 
carretera, recibí oficio del alcalde de Castejón, participlndome 
haber descansado ios carlistas en aquel pueblo, en número 
de 2.000 hombres y salido en dirección á Alcocer á la una de 
la mañana, lo que, confirmado por otras personas, me decidió 
á continuar hacia el primero de dichos puntos, destacando, 
un cuarto de hora antes de llegar, al escuadrón de húsares de 
Villarrobledo, con su capitán, para hacer un reconocimiento 
y picar la retaguardia al enemigo, si acaso hubiese continuado 
la marcha. Al avistar las primeras casas, á las ocho de la ma- 
ñana, dicha retaguardia salía de la población y rompió el fuego 
sobre los húsares que, desplegados en tiradores, contestaron á 
su ve2j avanzando con tal resolución, que ía obligaron áaban* 
donar el llano antes de llegar la columna, y á ir á sostenerse 
al píe de la sierra situada al N., en las inmediaciones del pue- 
blo* Inmediatamente, avanzó la columna al paso ligero, y dis- 
puse mis fuerzas en el orden siguiente: cuatro compañías del 
batallón reserva de Málaga, desplegadas en guerrilla, en frente 
de las fuertes posiciones que ocupiba el contrario^ al mismp 



256 CASTILLA LA NUEVA 



tiempo que olías dos del de Logroño avanzaban por la derecha 
nuestra, con idea de envoherle; el batallón de Santander y las 
otras dos compañías de Logroño^ de reserva para acudir al 
punto donde fuese más necesario. En esta disposición se em- 
prendió el ataque por las compañías de Málaga, después de re- 
plegadas las guerrillas de caballería, y ante el nutrido fuego de 
nuestros bisónos soldados, que se batían por primera vez, el ene* 
migo tuvo que abandonar una tras otra las posiciones que suce- 
sivamente iba tomando, Iiasta llegar á la cumbre, donde se sos- 
tuvo con bastante tenacidad, teniendo, por fin, que abandonarla 
también, al ver avanzar constantemente á los nuestros^ no 
sólo por el frente, sino por su izquierda, amenazada de ser 
envuelta por la fuerza del batallón de Logroño, cuyo entu- 
siasmo y decisión^ desde que rompió el fuego, no cedieron en 
nada á los de la de Málaga que atacaba de frente, = A las diez 
de la mañana la facción^ no pudiendo ya sostenerse, empren- 
dió la fuga precipitadamente en dispersión completa, dejando 
en el campo cuatro muertos, entre ellos uno que parecía ser 
jefe, y seis prisioneros, dos de ellos heridos. El número de és- 
tos que retiraron y llevaron consigo no ha podido averiguarse 
con exactitud; pero los alcaldes de los puebles por donde des- 
pués han pasado, aseguran que es un número considerable. Nues- 
tras bajas consisten únicamente en dos soldados del batallón 
reserva de Málaga heridos, = Deseando emprender la persecu- 
ción del enemigo, y siendo de absoluta necesidad dar antes al 
soldado algunos momentos de descanso, no pudo ser recono- 
cido el campo detenidamente, por lo que sólo se recogieron 
las armas y objetos siguientes, encontrados sobre la marcha: 
40 armas de fuego y ocho blancas; correajes, una montura, 
gran número de boinas^ mantas y otros objetos; tres cajones 
de cartuchos y catorce de tabaco, que dispuse se repartiese á 
la tropa. Posteriormente, el alcalde de Alcocer me participa 
haber hallado los vecinos del pueblo en el campo del ccmbate, 



AÑO 1874 257 

bastante número de objetos de la misma clase, que he orde- 
nado retengan á mi disposición. = En los días 28 y ag, desde 
Valdeolivas y esta villa, he tenido el honor de participar 
á V. E. que la facción Villalaín se fraccionó poco después de 
emprender la fuga, y que los diversos gruposj en completa dis < 
persión, tomaron distintos caminos hacia la sierra de Albarra- 
cín, sin descansar apenas, razón por la cual nos habían tomado 
mucha ventaja- Esto, unido á la noticia dada por un faccioso 
presentado, que aseguró se hallaba la partida Madrazo cerca 
de esta villa, me hizo desistir de la persecución emprendida 
contra Villalaín, dirigiéndoíne aquí, d^jnde no hay novedad 
alguna y doy descans9 á la brigada. Altamente satisfecho de 
las fuerzas de la columna, creería faltar á mi deber si no lo 
hiciese así presente á V. E., encareciendo su entusiasmo y 
buen compürtamjento durante la acción, y el excelente espíritu 
de todos los soldados, que son quintos del último llamamiento y 
se han batido por primera vez. =Trilio 3o Septiembre de 1874.» 
El Presidente del Poder Ejecutivo manifestó oficialmente 
la satisfacción con que se había eaterado de la actividad de 
las tropas y de este hecho de armas, y autorizó al Brigadier 
para que formulara propuesta de recompensas en favor de 
los distinguidos. 

La fortificación de Molina adelantaba, aunque lentamente^ 
por la falta de recursos. En esta ciudad permanecía acantona- 
da la brigada García Reina, que seguía destacando de vez en 
cuando pequeñas columnas de medio batallón con alguna ca- 
ballería, para hacer cortas excursiones por los pueblos y es- 
carmentar á los comandantes de armas carlistas; fin que tam- 
bién persiguió la columna Soria Santa Cruz en otras zonas 
de la provincia hasta fin de mes, en que fué disuelta, marchan- 
do la caballería del Depósito de Alcalá á su habitual residen- 
cia, y siendo reemplazada en Guadadalajara por el batallón 
reserva de Segovia* 



258 CASTILLA LA NUEVA 



Los grupos de rebeldes de alguna entidad que existieron 
en la sierra de Molina habían desaparecido, y no se turbó la 
relativa calma de esta región hasta el 19 de Septiembre, en 
que los 1. 000 hombres del batallón carlista de Madrazo, de- 
pendiente de la división aragonesa, se presentaron en Maran- 
chón tratando de invadir el país, lo que hubieran seguramente 
efectuado, á no ser por García Reina que salió á su encuentro 
e! día 21 con la brigada. El cabecilla, que contaba con avan- 
zar sin dificultades y que no tenía ánimo de librar combate, se 
retiró á la provincia de Soria por Iruecha. Al día siguiente re- 
gresó el Brigadier á Molina^ cuidando de reconocer su flanco 
izquierdo, en previsión de una contramarcha del enemigo, 
temor fundado; pues el alejamiento de éste del confín no fué 
definitivo^ sino que después de hacer algunos destrozos en la 
vía férrea de Zaragoza y de inutilizar varios kilómetros de 
línea telegráfica, tomó el camino de Sisamón y siguió por el 
límite de Guadalajara. 

Enterado García Reina de que la facción Madrazo había 
pasado por Miímarcos el día 3 de Octubre y pernoctado en 
Tortuera, presumió que continuaría á Campillo de Dueñas, y 
se puso en marcha á las cinco de la mañana del 4 para Caste- 
llar, con 600 infantes y 85 caballos, empleando toda la reserva 
posible para que loa carlistas no lo advirtieran. En el camino 
cambió de dirección hacia Campillo, y al llegar á la cumbre 
de la sierra de Caldereros, mandó adelantar la caballería á fin 
de rodear el pueblo y evitar que lo ó iz carlistas que allí ha 
bía acantonados, ó los habitantes del mismo, previniesen á la 
partida, que ya no debía estar lejos. AI poco rato, viendo que 
la caballeria rompía el fuego, forzó el paso con el resto de la 
columna, y divisó á la facción que se dirigía á la sierra desde 
La Yunta- El Brigadier desplegó sus tropas, mandó disparar á 
BU infantería y dispuso que los 40 caballos que pudo entonces 
reunir cargaran sobre los carlistas; y como éstos se disemina- 



AÑO 1874 «59 

ron en seguida^ empezó la persecución, que duró hasta las 
nueve de la noche, hora en que reconcentró su columna y se 
encaminó á pernoctar á Campillo, Al día siguiente mandó eje- 
cutar un reconocimiento del campo de la acción, y regresó 
seguidamente á Molina* Las pérdidas del enemigo en la jorna- 
da fueron 27 muertos, 77 prisioneros, de los cuales 10 estaban 
heridos, 65 armas de fuego de varios sistemas, 19 cananas, 
7 sables, 20 bayonetas, muchas municiones y 13 caballos. 
Entre los carlistas muertos había un jefe y cuatro oficiales, y 
entre los prisioneros cuatro de éstos y un sacerdote. En la 
columna no ocurrieron más bajas que cuatro soldados heridos, 
varios contusos, dos caballos muertos y siete heridos. 

Algunos otros muertos y heridos carlistas se encontraron 
en reconocimientos posteriores que hicieron los vecinos de 
Cubillejo de la Sierra. Los prisioneros, juntamente con los de 
Taravilla, fueron conducidos á Madrid por una compañía de 
infantería desde Sigüenza, adonde se trasladó García Reina 
con su brigada, para escoltarlos y hacer en su columna las va- 
riaciones exigidas por la nueva organización dada al arma de 
infantería, por la cual los 80 batallones de reserva se refundie- 
ron en 25, numerados correlativamente y formados por ocho 
compañías; se aumentó el contingente de los batallones de ca- 
zadores y regimientos de línea, y se crearon 50 batallones deno- 
minados provinciales y nueve sedentarios, que, á pesar de estar 
destinados á guarniciones fijas, salieron también á operaciones. 

El mariscal de campo D, José de Salazar, nombrado Co- 
mandante general de la división formada por las tropas de 
Cuenca y Guadalajara, fué quien condujo á Sigüenza, el día 8 
de Octubre, las fuer^sas que debían relevar á otras de la briga- 
da, quedando constituida ésta con los batallones reservas nú- 
meros 8, 9 y 10, una sección de artillería del tercer regimien- 
to de montaña, un escuadrón de húsares de Villarrobledo y 54 
mulos de la brigada de transportes de la Administración Mili- 



26o CASTILLA LA KÜBVA 



^ 



tar. García Reina salió el día ii para Molina, escoltando abun- 
dantes provisiones de boca y guerra, y llegó allí el i3. Dos 
compañías de la reserva número 8 pasaron destacadas á Ar- 
cos, á ñn de amparar la vía férrea, y las restantes del mismo 
cuerpo quedaron de guarnición permanente en la última cita- 
da ciudad. La guardia civil estuvo distribuida y en constante 
movimiento por toda la provincia de Guadalajara. Como los 
batallones reservas de Lorca, Segó vía y Santiago, que esta- 
ban en la capital, S¡güenz:i, Cifuentes y Hrihuega y daban 
ademls fuerza suficiente para una columna volante fueron di- 
sueltos^ se encomendó la misión que tenían al provincial de 
Gaadalajara, 

La brigrxda Gamarra, cuya estancia en Trillo conocemos, 
abandonó este pueblo, el día i." de Octubre, para aproximarse 
á Cuenca, con objeto de dejar las compafiías de! disuelto bata- 
llrin de Málaga que debían incorporarse al de Jaén, recoger 
dos del de Logroño que allí existían y reponer las municione55 
que había consumido. Pasó por Viana de Mondéjar, Escami- 
11a, MilTana y Alcocer y continuó hacia Cañaveras. Al llegar 
á la altura de Castejón se destacaron 40 húsares con un capi- 
tán para reconocer el pueblo y montes inmediatos, donde se 
aseguraba que estaba una partida capitaneada por Mochales, y 
dos compañías de Jaén con a5 caballos se adelantaron por la 
carretera, á evitar que la facción cruzase por vanguardia de 
la columna y se internara en las sierras próximas á Albalate 
de las Nogueras. No dio ningún resultado la batida; y con- 
centrada toda la fuerza en Cañaveras, siguió á Villar de Do- 
mingo García para entrar el día 4 en Cuenca; pero como el 
Brigadier recibió órdenes del Capitán general previniéndole 
que fuera hacía Villanueva de Alcorón é impidiese la entrada 
en el territorio de Cuenca á los carlistas de Madrazo, que sa- 
bemos estaban entonces en el de Guadal ajara, no se pudo ve- 
rificar en la capital el relevo de las compañías y municiona- 



AÑO 1874 ^i 

miento de los soldados, operaciones que se hicieron en Villar 
de Domingo García. 

Una ve^ terminadas, fué la brigada á Friego, adonde llegó 
en ocasión que salía de la villa un grupo enemigo conduciendo 
raciones para los voluntarios carlistas que adquirían instruc- 
ción militar en el pueblo denominado Vega del Codorno; y 
adelantándoEe la caballería de la vanguardia, atacó á los fac- 
ciosos, les hizo algunos prisioneros y les cogió los víveres y 
efectos que llevaban. Atravesó después la columna el pueblo 
de Alcantud^ se detuvo en Villanueva de Alcorón para adqui- 
rir noticias del adversario, y no consiguiéndolo^ retrogradó 
el 6 á Val deolivas, donde permaneció hasta el 9, que marchó 
á Sacedón, con objeto de recibir al Comandante general, que 
desde Siguen za se trasladaba á ese punto con las fuerzas que 
se debían incorporar á la brigada, la cual quedó constituida 
con ios batallones resei-vas números 5 y 13, dos escuadrones 
de húsares de Villar roble do, cuatro piezas de artillería del 
tercer regimiento de montaña y gS acémilas de la Brigada de 
Transportes de Administración Militar, Estas y otras facilita- 
das por los pueblos condujeron un convoy de víveres y muni- 
ciones á Cuenca, para las eventuatidarles de la campaña. Con 
él y la brigada Gamarra llegó el 15 á dicha ciudad el general 
Salazar, que aprovechó este movimiento para formar juicio 
del estado del país y de la guerra y reconocer las fortificacio- 
nes de Cuenca, Allí encomendó la guarda de la plaza al bata- 
llón resen'a núm. i, y dispuso que la guardia civil quedase 
distribuida por toda la provincia. 

Mientras se llevó á cabo esta reorganización, los carlistas 
estaban: los de Villalaín, aumentados con algunos dispersos 
de la partida de Madrazo, en Beleta, atendiendo á ultimar las 
defensas de la que se proponían que fuese ciudadeladel carlis- 
mo; la mayoría de la facción del último^ de regreso en Ara- 
gón; la caballería de aquel titulado comandante general, for- 



a63 CASTILLA LA NUEVA 



mada por 5oo jinetes bien montador, aprovechando su cono- 
cimiento del terreno para menudear las correríais por la parte 
llana, en busca de auxilios; el cabecilla Rosas, mandando una 
partida volante de 5oo infantes, con los cuales tan pronto 
operaba indepeadientemente como reunido con Villalaín; y 
por últimoi las comandancias carlistas, con muy escaso per- 
sonal , pero fanatizado y decidido, valíanse de cuantos medios 
tenían á su alcance para proporcionar hombres ó recursos 
metálicos á las fuerzas rebeldes. Algunas batidas se dieron 
para exterminar dichas comandancias: á la que radicaba en 
Carrascosa del Campo, y cuyo jefe era el llamado teniente co- 
ronel D- Sergio Alvendea, la disolvió la guardia civil, siendo 
éste capturado; contra la de Las Majadas, que se distinguía 
por sus excesos, salió de Cuenca el g de Octubre una pequeña 
columna de 6o soldados de la reserva niim- i y 3o guardias 
civiles, á las órdenes del teniente coronel D, Sergio Potencia- 
no; y avistada en PortilJa, al cabo de una jornada de diez le- 
guaSj á pesar de haberse hecho fuerte en el pueblo y de con- 
testar con energía á las agresiones de la tropa, fué desalojada 
de él, dejando cuatro muertos en las calles, entre los que es- 
taba el jefe, y perdiendo otros tantos individuos, que fueron 
hechos prisioneros, caballos y pertrechos. Los soldados no 
tuvieron más baja que un muerto, cabo de la reserva núm. i- 
Tales hechos no eran frecuentes, pues ya sabemos que, las 
más de las veces, estas fuerzas carlistas, que pudiéramos lla- 
mar sedentarias, huían al menor asomo de peligro y se refu- 
giaban en sitio seguro. 

El primer cuidado de Salazar, después de haber organiza* 
do las brigadas, fué preparar un movimiento sobre Beteta* vi- 
lla en que los carlistas tenían abundantes recursos y que era 
su habitual refugio* Para llevar á cabo la operació;i, la i/ bri- 
gada, ó sea la de Gamarra, saldría con el General de Cuenca^ 
dando un rodeo á ñn de eludir el piso por las angosturas de 



"\ 



AÑO 1874 363 

las cercanías de Cañamares y Cañizares, é iría á caer sobre el 
objetivo por Villanueva de Alcorón y Valsaíobre, mientras 
que la 2.* brigada, es decir^ la de Garda Reina, se encamina- 
ría desde Molina á Masegosa y Santa María del Val, para im^ 
pedir la retirada de la facción hacia Tragacete y obligarla á 
salir al llano. Y en efecto, el 16 del expresado mes de Octu- 
bre fué Saladar con la brigada de Cuenca , reforzada con cua- 
tro compañías de la reserva núm- i, á pernoctar en Albalate 
de las Nogueras, y al siguiente día entró en PriegOp donde 
supo que el enemigo había huido con rumbo á Chelva, lleván- 
dose cuanto tenia en los almacenes de Beteta y dejando en la 
villa al Gobernador carlista con los enfermos y un corto nú- 
mero de hombres- No era ya necesario, á juicio de Salazar, 
dar el proyectado rodeo por Villanueva y Valsalobre, sino 
que convenía ir directamente á aquella población por el cami- 
no más breve, en la seguridad de que los pasos peligrosos es- 
tarían libres de enemigos; sin embargo la brigada sorteó la 
Hoz de Beteta, y yendo por el monte de la margen izquierda 
del Guadiela^ entró en El Tobar á la una de la tarde del 17 y 
en Beteta media hora después, sin hallar ninguna resistencia; 
pues al amanecer del mismo día la evacuó también el titulado 
gobernador militar carlista con los 15 ó 20 hombres que com- 
ponían la guarnición del castillo. 

La brigada García Reina, que hasta el 17 no recibió las 
instrucciones que le había enviado el Comandante general de 
la división, se encaminó en el mismo día á Masegosa; pero á 
pesar de hacer una marcha rápida, si bien dificultada por el 
paso del Tajo, que tuvo que franquear tendiendo un puente en 
reralejosj no llegó á las posiciones señaladas, hasta el 18, 
cuando Villalaín, juntamente con Rosas y todos los suyos, 
estaba ya en Tragacete, 

Las fortificaciones hechas por los carlistas en Beteta eran 
bastante fuertes, y aumentaba su importancia el natural em- 



364 CASTILLA LA NUEVA 



pla^aiTtiento de la villa. Dos días emplearon en demolerlas los 
soldados y 400 braceros que llegaron con útiles de los pueblos 
inmediatos, convocados por el general Saladar. 

Inmediatas las dos brigadas, conferenciaron los tres oficia- 
les generales que iban con ellas, acordando que la de García 
Reina se encaminara á Checa y Musíante para destruir un 
hospital carlista é impedir que ambos puntos siguieran siendo 
centros de concentración de nuevos voluntarios^ marcha que 
no la alejaba mucho de Molina ni de la via férrea; y que 
la de Ga marra saldría con el general Salazar hacia Traga- 
cete y Cañete en pos de los enemigos capitaneados por Vi- 
llalaín. 

El día 20 se pusieron ambas en movimientOp La primera 
repasó el Tajo; operó unos días por los pueblos de la orilla de- 
recha, dividida en dos fracciones para perseguir mejor á las 
comandancias carlistas; aprehendió á los reclutas que éstas 
tenían reconcentrados y á varios facciosos más; hizo efectivos 
cuatro trimestres de contribución devengados ya; y el z5 es- 
taba de regreso en Molina, su centro de operaciones, desde 
donde continuó enviando diariamente destacamentos á los 
pueblos comarcanos, hasta el 31, fecha en que estando aque- 
lla zona tranquil a j marchó el brigadier García Reina á Madrid 
á conferenciar con el Capitán general, dejando la columna 
acantonada en Sigüenza y Molina. 

La brigada de Gamarra, al encaminarse á Tragacete, su- 
frió durante un rato el fuego de los carlistas cuando atravesó 
el pueblo de Vega del Codorno, bastando el amago de ataque 
de una sección de infantería, que ni siquiera disparó un tiro, 
para alejarlos de las posiciones que ocupaban á derecha é iz- 
quierda del camino. Por dos prisioneros que se les cogieron 
se supo que la fuerza enemiga era la guarnición del castillo de 
Beteta, junta con la comandancia de Huélamo. En la jornada 
que al otro día hizo la columna hacia Cañete en busca de Vi- 



j 



AÑO 1874 265 

llalain, se presentó de nuevo, por el flanco izquierdo de la tro- 
pa, el grupo carlista del día anterioFj molestándola en la mar* 
cha con constantes disparosj que se cruzaron con los del flan- 
queo, hasta que una sección de húsares, aprovechando un te- 
rreno favorable, le puso en completa dispersión. 

En Huerta del Marquesado se apoderó la tropa de 5 00 re- 
ses lanares abandonadas por Villalaín en la precipitada huida 
que emprendió por Zafrilla á la sierra de Albarracín, al saber 
que del distrito de Aragón venía á cortarle el paso á Chelva 
la columna del coronel Lasso, la cual llegó con oportunidad 
para incautarse en Huérguina y Alcalá de la Vega del cuantió- 
^ so convoy de víveres y efectos que aquél escoltaba y dejó des- 
amparado cuando temió encontrarse entre las fuerzas de Ara- 
gón y las de Castilla. La brigada llegó sin novedad á Cañete, 
donde estuvo hasta el z8 ejecutando obras de fortificación, 
que dejó guarnecidas con carácter permanente por cuatro com- 
pañías de la reserva número i; medida que adoptó el general 
Saladar, considerando que este punto, situado cerca de los lí- 
mites con Aragón y Valencia, por donde había sido frecuente 
la entrada de las facciones en Cuenca, tenía bastante valor es- 
tratégico, y que, por tanto, el acantonamiento de fuerzas en 
él^ serviría mucho para poner en lo sucesivo á la provincia á 
cubierto de nuevas invasiones. Uno de los reconocimientos 
enviados en estos días hacia Salvacañete, Ademuz y Valde- 
moro Sierra, sorprendió el cantón carlista del último pueblo, 
aprehendió al jefe de éste y á cuatro individuos más^ y cogió 
armas y prendas de vestuario. 

La excursión que venía haciendo el general Salazar por 
ambas provincias de Castilla la Nueva le dio un conocimien- 
to exacto de la situación del país y del estado de la guerra, 
sobre lo cual informó desde Cañete al Ministro en la comuni- 
cación que en seguida insertamos, cuyo texto contiene el plan 
de operaciones que, á su juicio, se debía seguir en lo sucesivo. 



266 CASULLA LA NUEVA 



una vez que Villalaín estaba alejado y en los confines del dis* 
trito. He aquí el oficio: 

«Después de recorrer con la I,' brigada de la división de 
mí mando varios puntos de la provincia de Guadaiajara, y 
con preferente atención y detenimiento la parte más escabro- 
sa y dominada por los carlistas de la de Cuenca, ocupando las 
principales guaridas de la facción, como son Beteta y Cañete, 
he podido hacer las observaciones siguientes, que elevo á la 
Superior ilustración de V, E* para que, con su muy elevado 
criterio, las aprecie en su justo vaIor;^i/ El país recorrido 
y los pueblos basta hoy tenidos por más carlistas y auxiliado- 
res de las facciones, no lo son, en general, puesto que, según 
he tenido ocasión de observar, lejos de tener opinión alguna 
marcada, son completamente indiferentes á toda idea política, 
se ocupan únicamente en sus faenas agrícolas, y obedecen ai 
enemigo, aterrorizados por sus amenazas y violentas exaccio- 
nes, que regularmente van acompañadas de castigos corpora- 
les, multas y violencias que espantan. Los habitantes de estas 
provincias son laboriosos, humildes y obedientes hasta el 
servilismo, sirviendo á las tropas del Gobierno con igual efi- 
cacia y voluntad que á los facciosos, si bien lo hacen con más 
exactitud á estos últimos por el horrible miedo que han logra- 
do infundirles. Los he hallado dispuestos á pagar las contri- 
buciones de que están en descubierto y á entregar los quintos 
que le corresponden, siempre que sean auxiliados por la auto- 
ridad para verificarlo, puesto que les están terminantemente 
prohibidas las dos cosas por los carlistas, bajo pena déla vida. 
:=2,' El grueso de las fuerzas enemigas consiste en 1.300 in- 
fantes que acaudilla Villalaín, y unos 5oo á las órdenes del ti- 
tulado coronel D. Ángel Rosas, jefe de la llamada columna 
volante, la cual recorre todo el país más aceleradamente que 
las otras. Llevan también ambas partidas alguna caballería, 
por lo general mala y estropeada, impotente en este territorio, 



AÑO 1874 267 

y que sólo les da fuerza moral. = Y 3,' El gran medio que muy 
acertadamente emplean los carlistas para h:iceise obedecer y 
sostenerse, es la creación de comandancias militares 6 cantones, 
á cuyo frente tienen guerrilleros completamente probados por 
su adhesión á la causa que defienden, ios que, con solos 15 ó 
30 hombres, tienen subyugados á los pueblos que forman sus 
respectivos cantones- siendo su aprehensión extremadamente 
dificil, por esconderse en los escabrosos montes y espesos pina- 
resj tan luego como por los centinelas que obligan á mantener 
en los pueblos, reciben inmediato y pronto aviso de la aproxi- 
mación de las tropas del Gobierno. Estas pequeñas faccio- 
nes son las que realmente sostienen la guerra, porque con su 
influencia terrorífica tienen amedrentadas á estas sencillas 
gentes y las obligan á cumplir con escrupulosa exactitud 
las órdenes de su jefe superior Villalaín,— En vista, pues, 
de las anteriores observaciones, y estudiado detenidamen- 
te el asunto, creo que las columnas que actualmente operan 
en ambas provincias tienen demasiadas fuerzas^ pues debien- 
do sacar raciones á la vez de gran número de pueblos muy 
distantes entre sí, sabe siempre el enemigOj con seguridad, la 
dirección de sus perseguidores y el objeto de la marcha; noticia 
que rápidamente transmite inutilizando las operaciones me- 
jor estudiadas. Para evitar este mal, opino que, como único 
medio de destruir los referidos cantones, deben formarse co- 
lumnas de 500 infantes, 50 caballos y una pieza de artillería 
de montaña, al completo de sus jefes y oficiales, y mandadas 
por coroneles, ó á falta de éstos, por tenientes coroneles que 
sean activos, decididos y probados. Estas columnas deberían 
situarse, respectivamente, en Cuenca, Cañete, Priego, ^íoIi- 
na, SacedóUj Checa y Maranchón, dejando además cubierta la 
capital de esta provincia con 500 infantes y dos piezas de arti- 
llería de plaza del menor calibre, á las órdenes de un briga* 
dier, igualmente activo y decidido. En Molina de Aragón debe 



268 CASTILLA LA NUEVA 



quedar también la misma fuerza que en Cuenca y un jefe de 
igual graduación y circunstancias. Otros 5üo hombres situados 
en Arcos protegerían la vía férrea para evitar cualquier des^ 
perfecto. = Una vez organizadas las mencionadas coiumnas y 
marcados los pueblos que han de recorrer y vigilar, no es po- 
sible la existencia de las citadas comandancias militares 6 
cantonesj que son el verdadero nervio del enemigo, si con su 
comportamiento y buen trato para con los pueblos de su de- 
marcación se atraen el respetuoso cariño de éstos, muy dis- 
puestos á la obediencia más absoluta al Gobierno, y logran con 
su proceder la confianza y el espionaje necesario, que hoy des- 
graciadamente sólo disfrutan los carlistas. Aprovechando estas 
ventajas, y haciendo salidas á tiempo, sólo con la fuerza nece- 
saria, caerían sobre los cantones y pequeñas partidas en menos 
de una jornada, sorprendiéndolos las más de las veces; y lo mis- 
mo sucedería con facciones algo más numerosas que las anterio- 
reSj puesto que pueden combinarse varias columnas para ir so- 
bre un punto dado, —En los pueblos designados como centros de 
operaciones en cada demarcación, deben construirse, aprove- 
chando los medios de que se pueda disponer, obras de defensa 
sencillas, según el criterio de los jefes de las columnas y diri- 
gidas por ellos mismos, poniéndose de este modo á cubierto del 
ataque de facciones considerables caso que no ju^go ni aun pro* 
bable; pues la aproximación de fuerzas numerosas ha de saberse 
siempre con la suficiente anticipación para que, reunidas dos ó 
tres columnas, puedan hacer frente y batir al enemigo. Supo- 
niendo que llegase el caso de verse una columna atacada por 
fuerzas muy superiores y obligada á retirarse al punto centro 
de sus operaciones, debe sostenerse y tiene elementos para ello; 
porque bien municionada y siendo su jefe activo é inteligente, 
habrá fortificado y puesto ya en estado de defensa el edificio má: 
á propósito del pueblo para acuartelar la tropa y reunir raciones 
para tres ó cuatro días, tiempo suficiente para que acudan en 



■A 



AÍ^O 1874 269 

SU auxilio las otras columnas más próximas, que distarán de 
6 á 7 leguas cuando más. = No hay que perder de vista la cir- 
cunstancia de que los pueblos situados en el corazón de la sie* 
rra son sumamente pobres, y que gran número de sus habitan- 
tes los abandonan durante t\ invierno y marchan á otros en 
busca de trabajo, por falta de recursos y medios de vivir en 
ellos; siendo ésta, á mi entender, la causa de que Vi II alai n, al 
aproximarse la estación indicada, haya llevado á cabo recien- 
temente varias excursiones á largas distancias de sus guaridas 
y recogido gran cantidad de víveres^ granos y efectos de todas 
clases, conduciéndolos á Beteta y otros pueblos donde tenía 
confianza de no ser atacado. Pues bien: destruidas las defen- 
sas y castillo de beteta, aprehendidas las reses y demás víve- 
res y efectos con que contaba para el inviernOj no puede en 
esta estación vivir reunida toda su gente, y tendrá que fraccio- 
narse en grupos más ó menos numerosos que irán á racionar- 
se á largas distancias unos de otros, caso en el cual serán ba- 
tidos fácilmente, ó saldrá de las sierras al ilano abandonando 
sus madrigueras para buscar recursos, siendo entonces muy fá» 
cil su destrucción y aniquilamiento. Las 20nas en que cada 
una de las ya mencionadas columnas deben operar, solas ó en 
combinación con las otras más próximas, opino sean las si- 
guientes: Brigada de Cumca. = iJ^ Columna: Compuesta de 
500 infantes, 5o caballos y una pieza de artillería de montaña, 
é independiente de la guarnición, tendrá como centro la ciudad 
de Cuencaj y recorrerá el país comprendido dentro de la línea 
marcada por los pueblos de Fuentes, Ciñada del Hoyo, La 
Cierva, Beamud, Las Majadas, Arcos de la Sierra, Torreci- 
lla, Torralba, y por la parte oeste, que es terreno llano, hasta 
donde sea necesario. =^2." Columna: Compuesta de la misma 
fuerza que la anterior y teniendo la plaza de Cañete como cen- 
tro, operará en la zona comprendida entre los pueblos de Bea^ 
mud, La Cierva, Pajaroncillo, Villar del Humo, Laúdete, Sal- 



ayo CASTILLA LA NUEVA 



vacañete, Zafrilla y Valdemeca, =3.* Columna: De igual fuer- 
za que las anteriores, con Priego como centro, debe recorrer 
el país entre Torralba, Ribatajada, Fresneda de la Sierra, 
Santa María del Val, El Pozuelo, Vindel, Los Salmeroncillos, 
y por la parte oeste, que es terreao más practicable, hasta 
donde lo exijan las circunstancias.^ Bn^a¿ííi de Molina, ^^ 
J^ Columna: Con la misma fuerza que tas de la provincia de 
Cuenca, é independiente de la guarnición, tendrá á Molina 
como centro, y operará en la parte comprendida entre Tara- 
billa, Traid, Adoves, límite de la provincia con la de Teruel, 
Embid, Tartanedo, Aragoncillo, Torrecilla del Pinar y Baños* 
=2/ Columna: Situada en Sacedón y con fuerza igual á la 
anterior, operará entre los puehlos de Rastran:*, Alcocer, Sal- 
merón, Budia, y por la parte oeste, hasta donde sea necesa- 
rio, dándose la mano, para cubrir la vía férrea, con las fuerzas 
de Guadalajara y destacamento de Cifuentes»^3.* Columna: 
Situada en Maranchón con 5oo infantes y 50 caballos, debe 
fperar entre Torrecilla del Pinar, Aragoncillo, Tartanedo, 
Milmarcos, límite de la provincia con las de Zaragoza y Soria, 
Rata y Ríva de Saelices, cubriendo también parte de la vía fé- 
rrea. r:^4.* Columna: En Checa, con 500 infantes, 25 caballos y 
una pieza de artillería de montaña, recorrerá el país compren- 
dido entre Beteta, Santa María del Val, Villanueva de Tres- 
fuentes, el límite de la provincia con la de Teruel, Tordesilos, 
Adoves, Traid, Taravilla y Poveda de la Sierra. =En Arcos 
debe situarse también una fuerza de 5oo infantes, cuya misión 
será, exclusivamente, vigilar también la línea férrea por aque- 
lla parte. ^Aunque para cada una de las espresadas columnas 
se marcan límites dentro de los cuales deben operar, no impide 
esto el que extiendan más sus excursiones, cuando tengan con- 
fianza en dar un golpe seguro, ó cuando operen en combina» 
ción- ^Cañete 24 de Octubre de iS74.=J05é de Salazar.i 
Este general fué nombrado en seguida Capitán general de 



aSio 1874 271 

las Islas Cananas, por lo cual entregó el mando de las tro- 
pas de Guadaíajara y Cuenca á Gamarra, y abandonó el tea- 
tro de operaciones, escoltado por una compañía de infantería 
y una sección de caballería. Su plan de campaña no se rea- 
lizó por completo, según veremos. 

Con independencia dicho brigadier para imprimir á las 
operaciones el rumbo que juagara conveniente, y sin tener en 
la provincia de Cuenca ningún núcleo enemigo de importancia 
á quien perseguir, hizo una excursión por los partidos de Ca- 
ñete y Motilla del Palancar, cuyo terreno hacía bastante tiem- 
po que no lo pisaban las tropas. Dejó en la cabecera del pri- 
mero, puesta ya en estado de defensa, las compañías que tenia 
de la reserva núm, i, y el 29 fué sobre Laúdete y Mira, con 
su fuerza dividida en dos fracciones para abrazar una zona de 
terreno más extensa^ y después á Cardenete y la comarca de 
Almodóvar del Pinar, donde se habían refugiado ios que com- 
ponían las comandancias carlistas de aquellas poblaciones, los 
Luales, en número de 40 á 50 hombres, se substrajeron del pe- 
ligro que les amenazaba guareciondose en las fragosidades de 
las sierras inmediatas . La libre y desembarazada marcha de 
la brigada terminó en la capital de la provincia el día 4 de No- 
viembre, sitio á que tuvo que acudir Gamarra para cumpli- 
mentar las órdenes de movimiento de fuerzas que se le habían 
dictado. 

En virtud de ellas, la reserva número i3, el día 5, y la nú- 
mero 5, pocos días después, marcharon á Villarrobledo á ocu* 
par los trenes que tenían dispuestos para ir á Madrid, siendo 
substituidas por los batallones provinciales de Ciudad Real y 
Alcalá de Henares, cuya incorporación se verificó: la del pri- 
mero, en seguida; y la del segundo, á mediados de mes» Ga- 
marra ceso en la dirección de la brigada por su mal estado de 
salud, y entregó el mando el 7 al coronel D, Pablo Hernán - 
dezj quien le desempeñó hasta el 10, en que se presentó en 



272 CASTILLA LA KUEVA 



Cuenca el brigadier nombrado para el cargo, D, Ángel Santos 
Sagasta, que llegó acompañado del provincial de Ciudad Real, 
y con un convoy de víveres y efectos de guerra. Por este tiem- 
po, la permanencia de Villalaín en el Centro dejó libres de ene- 
migos á los pueblos de la provincia, en la cual no hubo más 
operaciones que las ejecutadas por la Guardia Civil al reco- 
rrer el campo para auxiliar á las autoridades. 

Análogas órdenes variaron también la organízacióa de la 
brigada García Reina en los mismos días, quedando constituida 
por el batallón reserva número 10^ los provinciales de Madrid 
y Segovia y la artillería, caballería y sección de transportes 
que antes tepía. El Brigadier, después de conferenciar con el 
Ministro, volvió á Sigüenza el 3; relevó por gente de los bata- 
llones recién llegados los destacamentos de las reservas 8 y g, 
cuerpos que cesaron de estar á sus órdenes y embarcaron para 
Madrid una vez reunidos, y permaneció allí dedicado á la ins- 
trucción de sus soldados, bisónos la mayoría. Cuatro compa- 
ñías del provincial de Segovia se encaminaron á Arcos, y las 
otras cuatro quedaron en Sigüenza; igual número de ellas de 
la iq/ reserva fueron destinadas á la guarda de Molina, y las 
demás del mismo cuerpo operaban al mando de su primer jefe, 
persiguiendo en los confines con Aragón á los cantones carlis- 
tas. El II regresaron éstas y salieron á recorrer los partidos 
de Sigüenza y Molina las cuatro del provincial de Segovia que 
estaban en la capital del primero* Entonces no existían parti- 
das numerosas y había solamente pequeños grupos errantes, 
que cometían de vez en cuando excesos y huían indefectible- 
mente á la aproximación de sus perseguidores. Las fuerzas 
mencionadas, á más de una compañía del provincial de Toledo 
y alguna guardia civil que custodiaban los términos judiciales 
de Cifuentcs, Sacedun y Pastrana, aprehendieron á varios de 
ellos al ocupar los pueblos para proteger el cobro de contri- 
buciones. 



^ 



aSo 1874 273 

La inacción de Villalaín duró poco tiempo* El i5 del ex' 
presado mes de Noviembre tenía su gente repartida cerca de 
los confines de Cuenca; al día siguiente salvó el límite, la re- 
concentró en Motilla del Palancar, y después se dirigió á Val- 
verde del Júcar, obligando con tal movimiento á la brigada 
García Reina á encaminarse á Molina, en previsión de que los 
carlistas tomasen este rumbo^ y á !a de Sagasta á salir de 
Cuenca para impedir el paso del júcar y proteger al mismo 
tiempo la marcha del provincial de Alcalá que, á la sazón, 
caminaba á dicha capital desde Villarrobledo- El enemigo, 
cuyo objetivo era pasar á Guadalajara atravesando la parte 
llana de la provincia de Cuenca, noticioso de los movimientos 
de las tropas, dando un rodeo y cometiendo según costumbre 
exacciones en los pueblos de la ruta y en los próximos á dere- 
cha é izquierda, fué en dirección á Betela, con ánimo de avan- 
zar por allí á Saccdón y Pastrana, donde, aprovechando una 
ocasión oportuna^ pensaba hacer efectivas fuertes sumas. 

Refonado ya Sagasta con el provincial de Alcalá, hizo una 
marcha hacia el N., paralela á la del adversario, para con^ 
trarrestar los planes de éste. Pasó por Fuentes, entró en Cuen- 
ca, pernoctó en Tor ralba, atravesó por Priego, y el 23 llegó á 
Carrascosa Sierra, pueblo próximo al de Beteta, en el que se 
hallaba el enemigo, quien rehuyó el combate, dividiéndose en 
tres grupos que tomaron diversas direcciones. Temió Sagasta 
que esto fuera una estratagema de los carlistas para reunirse 
después y realizar á mansalva la expedición, y se estacionó en 
Albalate de las Nogueras, punto desde el cual le era fácil acu- 
dir prontamente á los diferentes caminos que podia utilizar el 
enemigo para lograr su objeto. Desde allí envió frecuentes re- 
conocimientos, y adquirió la seguridad de que Villalaín, con- 
vencido de que no podría obrar desembarazadamente en aque- 
lla zona, habia pasado á la de Tragacete y Valdemeca, ocul- 
tándose en las sienas de Valdeminguete; por lo cual el bri- 



á74 CASTILLA LA NUEVA 



gadier levantó entonces el campo, aprovechando la libertad de 

acción en que quedaba, para conducir á Cuenca el gran número 
de enfermos que tenia, producto de los fríos de la estación y 
de no estar habituados los soldados á las fatigas de campaña. 

La esperanza de un rico botíu alentó al cabecilla di el 
propósito de pasar á Guadalajara, y el 29 estaba otra ve^ 
en Beteta, en marcha para Sacedón; mas de nuevo le atajó 
Sagasta, que en el mismo día fué á Alcocer por la carretera, 
llegando oportunamente al siguiente para hacer retroceder, 
como anteSj al titulado comandante general carlista, Desapa- 
recído el temor, volvió Sagasta sobre sus pasos, para escoltar 
á Cuenca un convoy de vestuario y mantas que se le incorpo- 
ró en Alcocer. 

Guadalajara continuaba libre de carlistas, y, por tanto, la?; 
marchas y disposiciones de la brigada García Reina estaban 
limitadas á la vigilancia del confín y aprehensión de dispersos, 
Molina seguía siendo su centro, y diariamente salían de esta 
población columnas de cuatro compañías y una sección de cii* 
balleria á reconocer las avenidas de la provincia y batir 6 co- 
ger fugitivos? prolongándose tal estado de cosas hasta los pri- 
meros días de Diciembre, en los que cesó en su cargo García 
Reina y le reemplazó el brigadier D. Manuel Cassola. 

El mariscal de campo D. José Merelo substituyó á Sala- 
zar en el cargo de Comandante general de las fuerzas de Cuenca 
y Guadalajara; pero no llegó á encargarse de la dirección ds 
las brigadas, aunque estuvo en la capital de la última pravin- 
cia y desde allí hizo atinadas observaciones sobre el estado de 
la campaña. 

El 4 del referido mes de Diciembre tomó Cassola el mando 
de la 2." brigada^ la cual estaba distribuida aquel día en la si* 
guíente forma; 



AÑO 1874 ^§. 



CUERPOS 



SITUACIÓN 



Batallón provincial de Madrid • , \ 

Una sección del 3.er regimiento de artiUerk de mon-j 

taña.: , ^ Sigííenza. 

Un escuadrón de húsares de Villarrobledo A 

Una sección de la brigada de transportes J 

BaiaUóa reserva núm. 10 .,,,,,.,) *l* j- 

Cuatro compañías del provincial de Segovia \ ^"**^^- 

Cuatro ídem de ídem | Arcos (Soria ) , 



Los rigores de 1^ estación, muy intensos entonces^ parali- 
zaron las operaciones dt; los carlistas, cuyo núcleo principal 
continuaba en los alrededores de Be teta. No había, pues, nada 
que temer por el momento, y el Brigadier, después de hacer 
que se incorporasen las fuerzas que estaban en Molina, y de 
relevar las compañías del provincial de Segovia que había en 
Arcos con igual número del de Madrid^ fué á recorrer el pnr- 
tido de Cifuentes, desde Sigüenzaj en donde dejó alguna guar- 
nición, y el 14 llegó á Valdeolivas para ir á conferenciar en 
Priego con el Jefe de la 1/ brigada. 

Este tuvo que salir de Cuenca el día g, en persecución de 
300 caballos carlistas mandados por el cabecilla Sopeña, que, 
procedentes de Valencia, entraron en la provincia y visitaron 
varios pueblos del partido de Motilla del Palancar, cometiendo 
vejámenes y tropelías en todas partes y haciendo creer á los ha* 
hitantes que eran la vanguardia de fuerzas muy respetables. 
La presencia de la brigada en Almodóvar del Pinar les obli- 
gó á retroceder y ocultarse en las sierras de la margen izquier- 
da del río CabrieL Entonces marchó Sagasta con su columna 
á Priego para avistarse con Cassola. 

De acuerdo ambos brigadieres para batir combinadamente 
á Villalaín, que vagaba en las sierras de Beteta y El Pozuelo, 
y al que, según se decía, había ido á buscar el cura de Alcabón 
con 600 hombres en demanda de apoyo para pasar á La Man- 



flyfi CASTILLA LA NUEVA 



cha» se separaron el i6, yendo ambos á reconocer los montes 
en que se guarecían los carlistas; Sagasta por Cañamares y 
Can ¡zares j y Cassola por Alcantud, El Pozuelo y Villanueva de 

Alcorón. En tales movimientos emplearon unos díasí mas no 
habiendo obtenido ningún resultado de importancia y prevé* 
yendo los brigadieres que serian inútiles los esfuerzos de sus 
tropas para alcanzar y avistar á Villalaín en un terreno tan fa* 
vorable para evitar los encuentros, volvió cada cual al punto de 
partida. El z^ estaba ya Sag^asta en Cuenca, y Cassola en Al- 
colea del Pinar, en marcha hacia Sigüenza, para embarcar allí 
al batallón provincial de Segovia, destinado al distrito de Va- 
lencia, y la sección de artillería de montaña, que debía quedar 
en Madrid, y á fin de dirigirse él también á esta capital con 
objeto de recibir instrucciones del Capitán general. 

Pequeñas columnas volantes é independientes de guardia 
civil y el destacamento del provincial de Toledo acantonado 
en Cifuentes tenían órdenes de estar en continuo movimiento, 
vigilando los pueblos y persiguiendo á los grupos aislados de 
carlistas. Una de aquéllas, mandada por el capitán de dicho 
instituto D. Antonio Linares, alcanzó el día 26 de Diciembre 
á los cabecillas Palomar y Tonja, que se hallaban reunidos 
y guarecidos con sus secuaces en Alcantud; y después de una 
hora de fuego^ sostenido con vigor, de haber rodeado la pobla- 
ción y de efectuar un ataque á la bayoneta por dos puntos á 
la vez, los guardias civiles se hicieron dueños del pueblo, co- 
giendo 27 prisioneros armados, uno de ellos herido, siete ca- 
ballos, cananas, municiones y otros pertrechos, viéndose obli- 
gados los demás facciosos á huir precipitadamente hacia Be* 
teta, donde se hallaba Villalaín con sus tres batallones y 200 
caballos. 

El jefe carlista Sopeña pasó de nuevo á la orilla derecha 
del Gabriel en cuanto vio una coyuntura, y otra vez salieron 
fuerzas de Cuenca á evitar sus desmanes; pero en esta ocasión 



AÍÍO 1874 277 

no fué la brigada entera, sino dos pequeñas columnas, una á 
las órdenes del comandante Reina hacia Valverde del Júcar, y 
otra de giiardia civil al partido de Huete, Operaron ambas has- 
ta el a8 infructuosamente; y en tal día, los avisos de que se ha- 
bía verificado una numerosa reunión de insurrectos de Valen- 
cia en Tragacete y Huélamo, determinaron al brigadier Sa- 
gasta á reconcentrarlas en la capital de la provincia. 

Deseaba el Capitán general dar unidad á las operaciones, 
juzgando que ésta había desaparecido con la falta de un co- 
mandante general para las dos brigadas, y dispuso en conse- 
cuencia^ después de conferenciar con Cassola en Madrid, que 
este brigadier se encargara del mando de todas las fuerzas de 
Guadalajara y Cuenca, á las que se dio nueva distribución. En 
lo sucesivo habría en la primera provincia dos columnas: una 
al mando del teniente coronel Melguí^o, y otra al del teniente 
coronel Ferruca. En la segunda se organizaría una columna 
de operaciones que tendría por jefe al comandante de la guar- 
dia civil de la provincia, bajo la dependencia de Sagasta, quien 
con la guarnición de la capital debía acudir adonde fuese pre- 
ciao. El resto de las tropas quedaría á las inmediatas órdenes 
de Cassola. Las marchas y relevos exigidos por la nueva distri- 
bución comenzaron inmediatamente. 

La proclamación del Rey D. Alfonso XII en Sagunto fué 
secundada, primeramente, por los cuerpos de Guadalajara, y en 
seguida por los de Cuenca, El 3o, día en que ya estaba consti- 
tuido el nuevo Ministerio, fué aclamado el Monarca por todas 
las tropas. Después de este hecho, la guerra no duró mucho 
tiempo, como consta en los tomos anteriores; y conforme ve- 
remos en el capítulo siguiente, por lo que respecta á Castilla 
la Nueva. 

Según se deduce de informes oficiales, á fin del año 1874, 
en las provincias de que tratamos, los habitantes de la parte 
llana, seguían siendo los más favorables al Gobiernoj y los 



378 CASTILLA LA NUEVA 



de la montañosa que en un principio lo fueron á los carlistas, 
hasta el e.xtremo de solicitar la presencia de las facciones para 
auxiliarlas y agasajarlas, desengañados por los malos trata- 
mientos que de ellas recibieron, eran en esta época, si no ene- 
migos del carlismo, al menos indiferentes á su suerte. Las co- 
lumnas ya no encontraban la resistencia pasiva y los obstácu- 
los de antes para proveerse de víveres, bagajes y guías. Por 
el contrario, en muchos pueblos les manifestaban simpatía, y 
todos facilitaban sin dilación los auxilios reglamentarios, á pe- 
sar de las represalias á que se exponían por esta conducta; 
pues las comandancias carlistas seguían imponiendo fuertes 
castigos á las autoridades locales y personas que de cualquier 
modo se significaban por su protección á las tropas. 



CAPITULO VII 



Sl^üaiiio.— Año I S75,^El Cura de AkalJ^D^ intenta organizar una parlida tu l.a Man 
cha yes cogido prisionero. — Provincias de Cuenca }• GuadaUjara --DistribucLÓn de 
fuerzas.— Operaciones de Ciss^ola para proteger el paso del tren real,— Encuentro 
ocurrido entre Campillo y Enguídamoíi. — I.a bridada cudisis de Custitla se apodera 
de Molina.— Fuerzas que acuden en socorro de esia ciudad*— CotumníxGámir.—ííus 
opeíacionesy tas délos carlistas,— Columna Contreras.— Encuentro de la de Moya 
con la facción Rosas en el bnrranco del Abanico. —Morímientos de la brigada Cas- 
sola y det enemigo.— Indicaciones de) Ministro á dicho brigadier y observacionei 
de e'ste.— Entrtn en Ctfuentca 200 facciosos.— Situación de los carlistas y de las tro- 
pas,— La brigada GoyenecliE; y la columna del Giloca se acercan i Molina y ésta bate 
á Valles en los monlcsJel Pic.iío. — Acción de Huc] amo— Nuevos operaciones de Cas- 
sola —Tiroteo en Nuestra Señora de la Consolac ion, -Desmanes de Us partidas en 
la Tía furrca deZaragOjia — Un destacamento de Contrerna bate á la facción Bosco.— - 
La brigada Cascóla recorre el partido de Molina y se sSiúa después en PricííO.—Boa- 
co s« corre é Segovia y es batido — Varios encuentros con una Tacción de la provin- 

* cia de Madrid.— Estado de las provincias de Toledo y Ciudad ReaL— El brigadier Gol- 
fin substituye A Cassola — Movimientos déla brigadji sobre Bcteta y operaciones pos- 
teriores, —D. Manuel Salvador Palacios reemplaza áVillalaín.— Variaciones introdu- 
cidas en la organización de las tropas.— Marchas y pequeños encuentros. — Es balido 
en Arroyo Cerezo un escuadrón enemigo— Acción de A dcmuz^^Relevos de cuer- 
pos.— La brigada carlista de Castilla entra en la provincia de Cuenca al mando de 
Albarrán.— Acción de Checa.— Los carlistas evacúan el distrito.— Si;iuación délas 
tropas.— Enctientros con pequeñnis partidas.— Gol fin cubre el limite con el territo- 
rio del Centro y marcha después á Aragón para ponerse á las órdenes del Capitán 
i;eneral de aquel distrito.- Los dcsiacamenloa de GuadaUjara y Cuenca extermi- 
nan á las pocas é msignifictnies partidas que restan.— Se alianza la tranquilidad en 
Castilla la Nueva. 

Las fuerzas que existíati en 1874 en las provincias de Tole- 
Ja y Ciudad Real continuaban esparcidas por el íerritorío á 
principios del año siguiente; pues^ aunque no había carlistas 
en armas, pululaban los malhechores, y el orden no estaba 
tan afianzado que permitiese la vida normal de los pueblos y 
la desembarazada gestión de las autoridades locales, sin el au* 
xilio de las tropas. Una prueba de ello fué la intentona del 
conocido cura de Alcabón, que creyó encontrar elementos 
bastantes para hacer germinar otra vez la insurrección en 
esta comarca- 

En efecto, dicho cabecilla, después de la desastrosa derrota 




JlSo CASTILLA LA NUEVA 



que, á fin de Diciembre, y según sabemos por la narración de 
la campaña del Centro, le hizo sufrir la columna Portillo en la 
provincia de Albacete, entró en la de Ciudad Real y llegó hasta 
el partido de Almodóvar del Campo, acompañado de la plana 
mayor de la partida que proyectaba organizar- El capitán de 
la compañía de carabineros acantonada en Almagro, D. Ma- 
nuel Olio Lambea, supo la entrada y el plan del cabecilla^ y 
salió en su busca, avistándole el día i.° de Enero en una casa 
de campo y cogiéndole prisionero con todos los suyos. La 
siguiente comunicación del citado capitán da á conocer los de- 
talles de la captura: 

«Entre una y dos de la noche anterior, recibí un telegrama 
del alcalde de Manzanares, en el que me manifestaba que, se* 
gün creía, la partida del cura de Alcabón iba hacia Siles, 
Bo rondo ó Ureña, caseríos de dicho pueblo, por lo cual em- 
prendí en el acto la marcha con dos oñciales y 6o hombres de 
mi compañía, y sin embargo del hielo que habla por todas 
partes y nos impedía andar, la apresuré, fatigando la tropa, 
para llegar antes que se hiciese de día; pues teniendo presente 
que la fuerza enemiga era montada y la mía toda de infantería 
y que estábamos en terreno llano, comprendí la dificultad de 
darle alcance no siendo por sorpresa; pero en lugar de marchar 
sobre las casas de Ureña me dirigí á la quintería del Pardillo, 
por ser un local que se halla situado al pie de una sierra y 
donde pueden albergarse hasta 3oo caballos. =Un cuarto de 
hora antes de llegará este edificio, obligué á oficiales y tropa á 
quitarse el calzado con objeto de que no nos sintiera el adver- 
sario, en el caso de que allí se hallase; y al estar próximo á 
dicha propiedad, mandé que la cercasen los alféreces D, Fran- 
cisco Quirós y D. Vicente Ferrer, con 20 hombres cada uno, 
el primero por la parte de la huerta y el segundo por la de la 
casa- Yo con la fuerza restante me dirigí á la puerta, y por 
un agugero que había en ella, vi á los carlistas que en tropel se 



AÑO 1873 281 

preparaban á la defensa; mas á mi voz de «pegarle fuego w, 
acudió un gañán y la abrió. Hice calar la biyoneta y penetré 
en el edificio, con la firme intención de no disparar un tiro, 
encontrándome cerradas todas las puertas interiores y las 
ventanas de los graneros. Entonces ordené que el alférez Fe- 
rrcr, que ya se me había incorporado, quedase con 10 hombres 
dentro del patio, y el resto de mi tropa lo distribuí delante de 
las nueve puertas que conducen á las cuadras y habitaciones 
bajas; y cuando ya iba la fuerza á entrar dentro de una, se rin- 
dió el carlista que la defendía, entregando su espada.— En el 
mismo instante se me abrazó pidiendo cuartel el titulado te- 
niente coronel D, Félix Alonso Quirós. Creí que debía conce- 
derle, y al manifestarlo así, en alta voz, se presentaron once 
facciosos, lo cual era debido también á que los soldados con 
grande arrojo habían entrado por todas partes; cogiendo en 
uno de los cuartos, á medio vestir, al brigadier carlista cura de 
Alcabón. En el acto procedí á encerrar á todos y reconocí 
escrupulosamente el resto del edificio, encontrando entre los 
montones de paja, que hubo necesidad de remover con las ba- 
yonetas, á tres enemigos medio asfixiados y á otro escondido 
en un montón de leña. Reunidos los prisioneros resultaron 
16; y habiendo preguntado al cura de Alcabón si aquella era 
toda la fuerza de su partida, me dijo que faltaba un capitán á 
quien había dado licencia para ir á su casa; pues su gente era 
solo la plana mayor de la brigada que venia á formar en La 
Mancha, y que la componían un brigadier, dos tenientes coro* 
neles, un comandante, dos capitanes j un oficial de administra- 
ción militar, un teniente, cinco alféreces, un cabo, un trompe- 
ta y dos asistentes, =vSe han cogido ocho sables, diez escopetas 
y trabucos, varias municiones y fornituras, iG caballos con 
sus monturas; prisioneros, armas y caballos que, así como 
varios papeles de importancia, tendré el honor de entregar en 
el día de mañana, restándome manifestar con satisfacción que 



282 CASTILLA LA NUEVA 



lo mismo los ofttiales que todas las clases y los carabineros 
han llenado cumplidamente su deber, y que sólo por su grande 
arrojo y su sacrificio de ir descalzos, he podido conseguir pene- 
trar aquella noche en un edificio guardado por el enemigo.»* 

Otras columnas de Toledo y Ciudad Real se pusieron tam- 
bién en movimiento, suponiendo que seria mayor el número de 
los secuaces de D. Lucio Dueñas; mas no fué necesaria su 
cooperación, pues aunque se concentraron en el término de 
Alcolea de Calatrava 80 ó 90 partidarios que se le debían reu- 
nir para formar la facción^ se dispersaron al saber la suerte 
sufrida por su futuro jefe, sin que de ellos.se volviera á tener 
noticias. 

Ahogada en su nacimiento esta intentona, continuó la 
persecución de bandoleros, de los cuales unos fueron aprehen- 
didos y otros muertos j como el apodado Milrcales; la guardia 
civil ocupó las cabezas de línea* y los carabineros y un escua- 
drón de Villaviciosa, en Ciudad Real, y el batallón provincial 
de Toledo y loo caballos del regimiento del Príncípej en la 
otra provincia, distribuidos convenientemente, vigilaron el 
territorio^ escoltaron trenes y protegieron el cobro de las 
contribuciones. 

Al empezar el mes de Enero no recorría las provincias de 
Cuenca y Guadalajara ninguna facción importante, por haber 
marchado al Centro Villalaín y su gente, á conferenciar con los 
principales cabecillas de aquel territorio sobre las consecuen- 
cias que para su causa podría traer la reciente proclamación de 
D, Alfonso XII; pero ya veremos que la brigada llamada de 
Cuenca no tardó en volver al campo de sus correrías, mandada 
por Valles, que reemplazó al titulado brigadier Villalaín en el 
supuesto cargo de Comandante general de ambas provincias. 

Los cuerpos que había en ellas á las órdenes del brigadier 
Cassola» eran los siguientes^ 

Batallón reserva número 10- 



é 



AÑO 1875 283 

Batallan reserva número i- 
Cuatro compañías del ídem ídem número 25* 
Batallón provincial de Alcalá de Henares. 
Comandancias de la guardia civil de Guadalajaray Cuenca 
(cada una de una compañía)* 

Tres escuadrones de! regimiento húsares de Villarroblcdo, 
Tres secciones del 3*° de artillería de montaña. 
Una compañía de transportes de administración militar. 
Dicho brigadier, no teniendo por el momento enemigos á 
quienes combatir, reconcentró en Guadalajara, no sólo las tro- 
pas de esta provinciaj sino las de Cuenca, menos medio bata- 
llón de la reserva número r, algunos caballos y una sección 
de artillería de montaña que continuaron acantonados en la 
capital y Cañete, y el día z fué á Madrid á recibir órdenes del 
general J ove llar, Ministro de la Guerra. A su regreso dividió 
su fuerza en cuatro columnas, una de las cuales quedó á sus 
inmediatas órdenesj y con nuevas de que el enemigo, conside- 
rablemente reforzad o j venía con rumbo á Tragacete, hizo 
salir el 5 á todas de Guadalajara. Pensaba Cassola dirigirse 
á la serranía de Cuenca, á fin de impedir que la ganasen los 
carlistas^ y para ello mandó que, marchando en combinación, 
pasaran á la orilla izquierda del Tajo las columnas, las 
cuales ocuparon el dia g la línea del Guadiela, alojándose 
en los pueblos de Cañamares, Priego y Fresneda de la Sierra; 
habiendo abarcado en el avance una extensa zona y desban^ 
dado algún cantón carlista. En esta posición tuvo avisos el 
Brigadier que corroboraban las noticias anteriores y le preci- 
saban que en Sal vacan ete, Salinas del Manzano, Alcalá de la 
Vega y El Cubillo había de 9 á 10.000 insurrectos mandados 
por Valles, Panera, Rosas y el cura de Flix^ con ánimo, al pa- 
recer, de atacar á Cañete ó Cuenca, ó de correrse á la linea 
férrea de Valencia á Madrid, para oponerse al paso del tren 
real que condujera al nuevo Monarca á la Corte, Ea vista de 



284 CASTILLA LA NUEVA 



ello, y teniendo presente que una de las principales recomen- 
daciones que le hizo el Ministro al conferenciar con él fué la 
protección del ferrocarril cuando llegara este caso, continuó 
á interponerse entre la vía y los carlistas, pernoctando al día 
siguiente una columna en Portilla, otra en Villalba de la Sie- 
rra y las dos restante, con el Comandante general, en Zarzuela. 

Siguiendo el movimiento fueron todas á situarse el día 12 
en las Zomas y Cañada del Hoyo, de donde caminaron reuni- 
das á Campillo de Altobuey, por encontrarse una gruesa fac- 
ción valenciana en aquellos alrededores. No llegaron á batirla 
por completo; pero la caballería la alcanzó y tuvo lugar el he- 
cho de armas de que dio cuenta Cassola en el siguiente tele- 
grama, fechado el 14 en el último pueblo citado: i Concluido 
el movimiento de ayer y deseando acercarme más á la vía fé- 
rrea, interponiéndome entre ella y el enemigo, salí de Almodó* 
var del Pinar, con noticias de hallarse próxima una facción 
valenciana. Me adelanté con dos escuadrones de Villarrobledo, 
y viendo que aquella se alejaba de Campillo hacía Enguidamos^ 
se la persiguió velozmente, cargándola los húsares á la legua y 
media^ con tal brillantez, que quedaron en el campo 3o muer- 
tos, prisioneros unos 80 heridos, libertados loa rehenes que 
llevaban y rescatados varios carros de tabaco y efectos. Por mi- 
lagrosa protección sólo tengo que lamentar las contusiones de 
algunos soldados y las heridas de varios caballos. Me propon* 
go conducir los heridos á La Roda, a Al amanecer del día si- 
guiente cuatro compañías de la reserva 25 escoltaron desde 
Campillo de Altobuey hasta el último punto á los prisioneros 
y el convoy cogido, y la fuerza restante se encaminó áMotilla 
del Palancar. 

El proyecto de los carlistas era que Lizárraga con los 
valencianos y los del Maestrazgo fuese á impedir el paso del 
tren real, y que Valles, auxiliado por otros cabecillas, atacase á 
Molina. La primera parte del plan no se realizó, porque en- 



ANO 1875 285 

tretcnidos los del Maestrazgo en hostilizar á Vinaroz, les 
esperó inútilmente Lizárraga, quien sin tal apoyo y teniendo 
que vencer la oposición de Cassola para internarse en Cuenca^ 
se mantuvo inactivo en el Rincón de Ademuz; pero la segunda 
fué ejecutada. 

Efectivamente, la brigada carlista de Castilla se presentó 
de improviso en las puertas de la ciudad de Molínaj atacándo- 
la y apoderándose de élla^ después de los incidentes relatados 
en el oficio inserto á continuación, subscrito por el teniente 
coronel Comandante militar de la plaza, 

i Batallón provincial de Madrid núm, zS, —Según tuve el 
honor de participar por telégrafo á V- E., fué atacada esta po- 
blación, en la noche del i3 del actual, por las facciones reuni- 
das de Valles, Panchetay otros cabecillas, compuestas de nue- 
ve batallones y 200 caballos. El adversario había dejado, ade- 
máSj dos batallones en posiciones convenientes^ con objeto de 
distraer las fuerzas que pudieran venir en socorro de la ciudad, 
y contaba con la protección de los muchos carlistas que exis- 
ten en elIa. = La guarnición se componía escasamente de 400 
combatientes, pues aunque el número de soldados ascendía 
á 450, era necesario rebajar los enfermos, músicos y camilleros 
desarmados. De esta fuerza, una compañía cubría el castillo y 
la torre de Aragón, quedándome disponibles menos de 300 
hombres. Besde mi instalación había colocado la tropa con- 
venientemente para la defensa; pero tenía poca en cada punto 
que pudiera ser amenazado^ por ser muy extenso el recinto, 
y quedaba, sin embargo, una gran parte de él desguarneci- 
do. = A las siete de la noche el enemigo, que había logra- 
do penetrar en la población protegido y guiado por algunjs 
vecinos, desembocaba por distintas calles para apoderarse 
de la plaza de la Constitución, situada en el centro de la 
ciudad, mientras un batallón entraba por una parte débil de la 
muralla exterior del castilloj con objeto de incomunicarnos con 



286 CASTILLA LA KUEVA 



éste. = En tal disposiciónj unos 40 hombres de la S^ compañía, 
que ocupaban el cuartel de la Enseñanza^ y habían recibido la 
orden de acudir en caso de ataque al Principalj situado en dicha 
plaza, acometieron por diferentes calles, trabándose un rudo 
combate á la bayonetaj en que los carlistas, en número conside- 
rable, cedieron al arrojo de estos bravos que tan valientemente 
recibían e! bautismo de sangre, mandados por el comandante, 
ayudante del batallón, capitán de la compañía y el que subscrt' 
be. Apoderado al instante de las bocacalles de la plaza y esta- 
blecido en ella^ traté de aprovechar el terror infundido al ene* 
migo con la decidida acometida llevada á cabo, á fin de poner- 
me inmediatamente en comunicación con la fuerza que guar- 
necía el castillo. Para lograrlo era preciso de todo punto for- 
zar el paso, pues los facciosos se habían apoderado de varias 
casas situadas á la espalda de la plaza Mayor, y hacían desde 
ellas un nutrido fuego; pero se consiguió, haciendo un heroico 
esfuerzo» Acto continuo y después de tomar ao hombres del 
castillo y colocar la mayor parte de ellos en puntos convenien- 
tes para proteger la retirada de toda la fuerza, en caso necesa- 
rio, mandé al comandante y ayudante del batallón con ocho 
soldados que se apoderasen de una casa que, ocupada por unos 
40 hombres, era defendida con tenacidad, la cual tomaron con 
gran arrojo aquéllos valientes, obligando á deponer las armas 
á dos oficiales, dos sargentos primeros y 33 soldados^ que se 
entregaron prisioneros de guerra. Desde este momento nues- 
tra situación era más desembarazada, y todos los puestos se 
defendían con heroísmo, á pesar de que el que más constaba 
de ocho ó diez hombres y eran atacados simultáneamente por 
fuerzas considerables. ^^Los pocos soldados que ocupaban la 
puerta del Baño y que fueron acometidos por tres batallones, 
se defendieron con bizarría hasta quemar el último cartucho* 
y viéndose rodeados, se abrieron paso á la bayoneta, reuniéL 
dose conmigo, que protegí su retirada con algunos hombres. « 



AÑO 1875 aSy 

En vano intenté varías veces ponerme en comunicación con la 
fuerza de Escolapios y San Felipe, pues no pude efectuarlo, 
por ocupar el adversario con numerosas fuerzas la plaza de 
San Pedro y calles adyacentes, y no disponer yo más que de 
unos cuantos soldados para llevar á cabo esta dificil opera- 
ción. =E1 QdemigOi teniendo ya dentro de la ciudad toda su 
gente^ atacó tres veces ia plaza y las calles que desembocan 
en la misma^ y otras tantas fué rechazado con grandes perdí- 
daS| á pesar del empeño que demostró en apoderarse de ella* 
Continuó el fuego hasta las cuatro de la mañana, en que^ falto 
de municiones y no habiendo medio de reponerlas^ emprendí la 
retirada al castillo con 30 hombres de los 40 que durante tan- 
tas horas se habían defendido de seis batallones, sin dejar un 
herido y con el mayor orden. El sargento brigada Francisco 
Córdoba, que con los otros 10 soldados guarnecía el ayunta* 
mientOj no pudo ser avisado; pero lejos de intimidarse al ver 
el excesivo número de contrarios que le acometían, aprovechan* 
do las municiones que de repuesto había en el sitio indicado, 
hizo durante cinco horas una defensa que no hallo, Excelen • 
tísimo Señor, palabras con que encomiar, pues ardió el edifi- 
cio por el petróleo que los carlistas arrojaron, y envuelto en 
humo y llamas el expresado sargento, siguió haciendo fuego 
con su gente mientras le filé posible^ cabiéndome la satisTac- 
ción de manifestar á V, E, que, excepto dos, que perdie- 
ron la vida defendiendo sus puestos, todos estos bravos consi- 
guieron salvarse y se hallan con nosotros.— Tan pronto como 
amaneció coloqué en la parte exterior del castillo unos 3o hom- 
bres, con objeto de proteger la retirada de la escasa fuerza que 
se hallaba eo Escolapios y San Felipe que, careciendo ya de 
municiones, no podía defenderse^ la cual se llevó á cabo con 
ej mayor orden ^ quedando situada toda la tropa en dicha forta- 
leza, dispuesta á morir antes que á rendirse. Espantado el 
enemigo de semejante defensa, creyó que no podría apoderar- 



288 CASTILLA LA NUEVA 



se por completo de la poblaciÓD^ y no adelantó un paso más; 
pero avisado por algunos de los carlistas, vecinos de la mis- 
ma, de que ya no había ni un soldado j pues se habían replegado 
todos al castillo, penetró entonces en ella, entregándose al más 
furioso saqueo. =: A las doce del día 14 emprendió su retirada; y 
teniendo á mi fuerza colocada en posición conveniente, rompí 
tan nutrido fuego sobre él, que hubo de dispersarse y huir ver- 
gonzosamente, dejando el campo cubierto de muertos y heri- 
dos: de los primeros, enterraron 25 en los alrededores del ba- 
rrio de San Francisco, punto por el cual salieron de la pobla- 
ción, y de los segundos recogieron un número considerable. = 
mSería prolijo, Excmo- Sr,, dar á V. E, detalles minuciosos 
del heroísmo con que se han batido los individuos que compo- 
nen este batallón, pudiendo manifestarle que no ha habido ni 
uno sólo que se haya rendido; pues los que se veían acometi- 
dos por fuerzas numerosas, han preferido morir arrojándose 
hasta de los tejados, como el valiente cabo 1/ José Romero, 
comandante de la guardia del Chorro, que asi lo verificó, sien* 
do después vilmente arrastrado por gente de esa horda salvaje. 
=Nuestras bajas consisten en cinco individuos de tropa muer- 
tos; dos oficiales y ocho soldados heridos; seis contusos, y 75 
extraviados, de los cuales se van presentando algunos. Las del 
enemigo son 40 muertos vistos y enterrados en esta hasta la 
fecha;, más de 200 heridos^ y un capitán, dos alféreces, dos sar- 
gentos primeros y 23 soldados prisioneros con armas y muni- 
ciones, habiendo caído en nuestro poder varios pertrechos de 
guerra, cuya mayor parte he inutilizado. :=:: Todo lo que tengo 
el honor de participar á V, E. para su superior conocí miento, 
permitiéndome recomendar sin distinción de clases á todos los 
que componen la guarnición de esta ciudad, pertenecientes al 
batallón de mi mando, significándole que el vecindario de Mo- 
lina y hasta los mismos carlistas, han admirado e¡ heroísmo y 
comportamiento de nuestros soldados, que en su bautisrao de 



AÑO 1875 389 

sangre y al entusiasta grito de viva nuestro Rey Alfonso XII, 
han puesto á la altura que se merece el buen nombre del Ejér- 
cito español* ^Molina l5 de Enero de 1875.:= El teniente 
coronel i.' jefc^^Inocencio Ballenilla, b 

Mandóse, incoar un expediente para conocer y castigar á los 
vecinos que habían facilitado al enemigo la entrada en la plaza, 
y al mismo tiempo se formó otro á fin de averiguar sí el bata- 
llón provincial de Madrid se había hecho acreedor por su com- 
portamiento á ostentar en la bandera la corbata de San Fer- 
nán do^ sobre el cual recayó una acordada del Consejo Supremo 
de la Guerra, en la que se manifestaba que si el capitán ayu- 
dante del cuerpo, D, Pedro Hernández, hubiera solicitado 
oportunamente para sí la condecoración que se pidió para el 
cuerpo á que pertenecía, tal vez le hubiera sido concedida. 

En Madrid, por un telegrama del Gobernador militar de 
Teruel, se supo, el 14, la entrada de los carlistas en el distrito 
y el ataque á Molina. El Ministro de la Guerra ordenó en se- 
guida que la brigada Lasso acudiese rápidamente de Aragón 
en socorro de esta ciudad; que el brigadier Daban, en marcha 
para Valencia con la tropa que había escoltado el tren real, 
regresara á Madrid por si era necesario oponerla al enemigo 
en Guadalajara; y organizó además, con el mismo objeto, una 
columna mandada por el coronel de E< M- D. Sabino Gámir, 
y compuesta de i,i26 infantes de diferentes cuerpos y 216 
caballos de los regimientos del Príncipe y España^ la cual se 
encaminó seguidamente al terreno invadido, Lasso, que estaba 
e! i5 en Monreal del Campo, avanzó á Pedregal, y en el cami- 
no supo que los facciosos había evacuado á Molina, por lo cual 
volvió á proseguir las operaciones en Aragón, Daban no 
llegó á recibir orden de marchar á la provincia. La columna 
de Gámir salió de Madrid para Sigiienza; pero al arribar á 
Guadalajara, fué detenida por el Gobernador militar, general 
Clavijo, quien teniendo ya noticias de que los enemigos habían 
ToHQ xit íir 



ago CASTILLA LA NUEVA 



salido de la población atacada y de que iban sobre Cifuentes y 
Bríhuega, indicó al Gobierno la conveniencia de que Gámir 
marchara hacia aquellos puntos contra la facción. El Ministro 
contestó afirmativamente; previno al otro día que un bata- 
llón y un escuadrón, alas órdenes del teniente coronel Cas- 
tro, fueran á cubrir la vía férrea de ^arago^a, más allá de Si- 
gílenla, y reforzó la columna Gámir con una batería de mon- 
tana y varias compañías, para que pudiera oponerse más fáciN 
mente al avance de Valles y demás cabecillas. 

Al abandonar la ciudad, los sitiadores de Molina se espar- 
cieron en varias direcciones: unos entraron en la provincia de 
Cuenca y fueron hacia Priego; otros hacia Luzón; y los más 
tomaron el rumbo de Cifuentes. 

Mientras se le reunían los refuerzos indicados, envió el 
coronel Gámir reconocimientos sobre Brihuega; y asegurado 
de que el enemigo iba hacia aquel pueblo, allí se encaminó él 
también con su tropa, al amanecer del 17» llegando al empe- 
zar la noche; pero no le avistó, pues Valles volvió sobre sus 
pasos, noticioso del movimiento de su adversario. 

Era uno de los cuidados preferentes del Gobierno, en estos 
días, la protección del ferrocarril para el paso de S* M- el 
Rey que, por la línea de Zaragoza y Las Casetas, marchaba 
al Norte á ponerse al frente del Ejército que operaba en aquel 
territorio. Por tal causa, no se alejó Gámir del camino de hie- 
rro, lo cual contribuyó á que el viaje del Monarca se verifica- 
se felizmente. Después de este suceso, el coronel Gámir regre- 
só el zo á Madrid con parte de sus fuerzas, y le substituyó en el 
mando de la columna el de la misma graduación D. Manuel 
Contreras, quien con los dos batallones y otros tantos escua- 
drones que ie quedaron, estuvo vigilando el ferrocarril hasta 
Arcos* 

Una columna de guardia civil, organizada á principios del 
año con 160 infantes y 26 caballos para perseguir malhechores 



Áí5o 1875 agí 

y pequeños grupos carlistas en la orillas del Tajo^ avistó el día 
14 de Enero á una avanzada de la facción del cabecilla don 
Ángel Rosas; el cual, mientras Valles cercaba á Molina, había 
descendido hasta Beteta, Priego y pueblos comarcanos come- 
tiendo exacciones y recaudando fondos- El comandante Moya, 
jefe de la calumna, relató del siguiente modo el encuentro, 

•Ea mi ultima comunicación del 12 tuve el honor de expo- 
ner á V. H, el itinerario que pensaba seguir desde Morillejo 
para pasar á la derecha del Tajo por el puente de Tagüenza, 
si sucesos imprevistos no me hacían cambiar de dirección. 
Pues bien, en la noche de ayer, estando apostado en el pueblo 
de Arbeteta, sorprendí una comunicación dirigida al alcalde 
por el de Peralveche, en la que le daba cuenta de la entrada 
de varios carlistas montados y le encargaba^ de orden del j efe 
de éstos, que le diera parte inmediato de la situación y movi- 
mientos del enemigo. Entonces creí conveniente alterar mi 
itinerario, y en lugar de dirigirme al pueblo de Armallones, 
como tenía proyectado, hice de madrugada una contramarcha 
con dirección á Peralveche, disponiendo, como medida de pre- 
caución, que el capitán D. Ildefonso Carril y Arcos y el tenien- 
te D, José Buendía Martínez, con aS caballos y 30 infantes, 
anticipasen ¡a salida para circunvalar el referido pueblo. Esta 
fuerza avanzada iba á la distancia de dos kilómetros del resto 
de ia columna, y al llegara! barranco denominado del Abani- 
coj tropezó con una fuerza enemiga de 170 caballos y algunos 
infantes, según supe después, contra la que rompió el fuego 
y á la cual desalojó de las posiciones que ocupaba en el ala 
izquierda. Cuando llegué, tocaba retirada el contrario, que 
fué dispersado en todas direcciones, causándole cuatro muertos 
y dos heridos vistos, uno de ellos teniente, y un caballo muer- 
to. En la tropa de mi mando no ha ocurrido novedad; y aun- 
que llena de entusiasmo por perseguir á los carlistas, creí con* 
veniente avanzar hacia mi frente eo dirección de Peralveche- 



292 CASTILLA LA NUEVA 



para adquirir noticias más positivas respecto á la procedencia 
y número de los enemigos y evitar una sorpresa, que parece 
nos tenían preparada. Así lo comprendí al entrar en Peralve- 
che, donde supe que la fuerza batida en el barranco del Aba- 
nico había pernoctado aquella noche en dicho pueblo y que 
procedía de las facciones Cucala, Valles y otros cabecillas va- 
lencianos. Averigüé también que de Priego habían bajado hacia 
Salmerón fuerzas considerables carlistas, y que era muy pro- 
bable nos salieran al encuentro ó tratasen de cortarnos la reti- 
rada hacia el Tajo, porque sabiendo que por la parte donde yo 
operaba no había más columnas que la mía, tenían el pensa- 
miento de prepararnos una emboscada para exterminarnos^ se- 
gún se dejaron decir en el pueblo de Peralveche, =En vista de 
lo comprometido de mi situación^ y teniendo presente las ins- 
trucciones de V. E. de operar á la derecha del Tajo y hasta de 
replegarme á Guadalajara si era necesario, emprendí una rápi- 
da marcha con dirección á esta villa de Trillo, para observar 
con más seguridad los movimientos del enemigo y obrar desde 
aquí según lo exijan las circunstancias* =En esta expedición 
que acabo de hacer, me he convencido de que la mayoría 
de los alcaldes están cohibidos por el terror á los carlistas, 
que les obligan á escribir partes á medida de su deseo para en- 
gañar á las columnas, y de que conviene obrar con cautela 
para no ser víctimas de una sorpresa. = Trillo 14 de Enero de 
i875,=Francisco Moya.» 

La columna de este comandante siguió operando, sola unas 
veces y reunida otras con las principales. La guardia civil de 
Cuenca tampoco permanecía ociosa; pues constantemente es- 
coltaba convoyes, visitaba pueblos del llano, protegía la recau- 
dación de tributos y auxiliaba á las autoridades. 

Dejamos al brigadier Cassola operando en la región occi- 
dental de la provincia de Cuenca. El 16, no reteniéndole allí 
ninguna atención por haberse verificado ya el viaje de Su 



^ 



AÑO 1875 é0 

Majestad el Rey á Madrid, abandonó aquella zona y fué á 
Cuenca á inquirir noticias de los carlistas* Supo los sucesos 
de Molina y la invasión que la provincia de Guadalajara esta* 
ba sufriendo j y marchó á contrarrestarla. El 18 pernoctó en 
Priego parte de la brigada y el resto en Villaconejos, Al otro 
día la fuerza de Priego se dirigió á El Recuenco, á hostilizar á 
un grupo de caballería enemiga allí alojado, al que tiroteó^ 
quitándole armamento y raciones; y !a de Villaconejos fué á 
VíndeL Cuando sobrevino la noche se encaminó toda la brí" 
gada á Arbeteta^ donde se hallaban dos batallones carlistas 
quej según se decía^ eran los de Rosas^ los cuales huyeron al 
saber que se aproximaban las tropas. El Brigadier tuvo conoci - 
miento en aquel pueblo de que dicha fuerza había ido á Peral- 
veche; de que Valles, con otra de cinco batallones y 3oo caba- 
llos, pernotaba en Viilanueva de Alcorón, y de que ambas 
proyectaban ejecutar una correría por La Alcarria. 

Interpuesto Cassola entre los dos núcleos enemigos, quiso 
batir á uno de ellos; y al efecto, el día 20, de madrugada, se 
acercó sigilosamente á Peral veche; mas á pesar de las precau- 
ciones que adoptó para sorprenderle, advertido el adversario de 
la presencia de la columna, evacuó con tiempo el pueblo, 
yendo parte de la gente hacia Ci fu entes, y el resto á unirse á 
Valles, quien estaba ya en Beteta disponiéndolo todo para 
la proyectada expedición, con la esperanza de realizarla en 
tanto que Cassola se entretenía en perseguir á los que habían 
marchado en dirección á Ci fuentes. No se dejó engañar el Briga- 
dier por los movimientos de los carlistas, y volvió á Priego para 
observar á Valles y estorbar su plan; fin á que atendió envian- 
do frecuentes reconocimientos de caballería á la sierra y pobla- 
ciones cercanas, los cuales cogían diariamente prisioneros, ca- 
ballos^ armas y raciones de los convoyes que iban á Beteta. 

El coronel Contreras, cuyo preferente cuidado era la vía 
férrea, tenía un batallón distribuido en grupos de 3o ó más 



294 CASTILLA LA NUEVA 



hambres en las estaciones de Guadalajara, Fontanar^ Yunque- 
ra, Humanes, Espinosa de Henares^ Jadraque, Matillas, Bal- 
des, Alcuneza, Medinaceli y Arcos, en las que se hicieron 
algunas obras defensivas, y el resto de la columna se hallaba 
en Sigüenza como reserva de todos los destacamentos. El Mi' 
nistro encarecía ai coronel, con fecha zi, la necesidad de con- 
servar expedito á todo trance el ferrocarril^ indicándole que 
un batallón carlista se dirigía á Cifuentes y que convenía estar 
á la mira, tanto para batirle, si se presentaba ocasión j como 
para acudir en auxilio de la capital de la provincia, la cual 
podría verse amenazada por el movimiento de aquella fuerza 
enemiga. Además había otras en las cercanías de la vía; la 
ciudad de Molina estaba nuevamente bloqueada por el adver- 
rsarío, que impuso pena de muerte al que intentase con cual- 
quier pretexto pasar la línea carlista; y una partida volante 
de 100 caballos vagaba por las cercanías de Maranchón. No po- 
día, pues, Contreras impedir los desmanes de todos los faccio- 
sos de Guadalajara, tanto más, cuanto que su columna quedó 
disminuida, por haber sido substituidos los dos escuadrones 
del Depósito de Alcalá que tenía á sus órdenes por uno sólo 
del regimiento del Príncipe. 

En vista de todo esto, el general Jovellar dio al brigadier 
Cassola las instrucciones que expresa el siguiente telegrama 
• Aceptando su indicación, se pide al General en Jefe del 
Centro que con la brigada que está en Calatayud cuide de 
Molina, La columna Contreras atenderá á la vía férrea desde 
Guadalajara á Arcos, y V. S. puede vigilar el alto Jícar, es- 
tando á la mira de Cuenca y Quintanar é impidiendo que bajen 
á La Mancha las facciones, cuyos movimientos se mandan ob- 
servar al General en Jefe del Centro, previniéndole que sus 
fuerzas penetren sin inconveniente en este distrito, si es preci 
so. Sabido esto por V. S. sólo me resta encarecerle que me dé 
frecuentes noticias de su situación y la del ene migo, y excitar 



o 



aSo 1875 2g5 

su reconocido celo para que, empleando una movilidad suma, 
desconcierte al contrario sin darle tregua ni descanso, prome- 
tiéndome que su inteligencia y buenas dotes tendrán ocasión 
de demostrarse una vez más.» 

No creía prudente Cassola el movimiento hacia el Jilear, 
ínterin no hubiese fuerzas en el Tajo que se opusieran á la 
marcha de los carlistas de Beteta á Guadalajara, y en este 
sentido informaba desde Priego, el 23, al Ministro, diciendo: 
«Recibido telegrama de V* E, referente al nuevo plan. Valles, 
con seis batallones y 300 caballos, espera» probablemente, mi 
movimiento para realizar marcha sobre Taran con, Pastrana, 
Brihuega y otros puntos, razón por la cual no subo á sus gua- 
ridas de Beteta j donde se halla contenido por mi situación- 
Convendría, pueSj á mi juicio, que las fuerzas de Contreras 
avanzaran al Tajo, antes de moverme hacia el S-, y que las 
del Ejército del Centro se corrieran ya, por Alustante y Checa, 
V- E., con su ilustrado criterio, ordenará lo más acertado, te- 
niendo también en cuenta que, según mis noticias, Lízárraga 
y Monet siguen por Ademuz, acaso esperando continuar movi- 
miento.* En estos días, la operación de Contreras hacia el 
Tajo no era posible; pues tenia hja su atención en Cetina y 
Alhamaj donde se había presentado un grupo carlista que in- 
utilizó la línea telegráfica y le obligó á reforzar los destaca- 
mentos más próximos á aquellas poblaciones- Además, la par- 
tida que iba á Cifuentes le inspiraba algún recelo, y e! pe* 
dido de raciones hecho por otras i diferentes puntos próximos 
á la via, indicaban una acción combinada de los carlistas sobre 
el ferrocarril. Hasta tal punto existía esta creencia, que los 
empleados de la empresa manifestaron que abandonarían sus 
puestos, aun á riesgo de perder el destino, en el momento que 
las tropas se alejasen. 

Por estar la provincia de Guadalajara sin columnas que la 
recorriesen [pues la única existente, la de guardia civil, man< 



age CASTILLA LA NUEVA 



dada por Moya, se replegó á la capital el 20), e! bloqueo de 
Molina seguía impunemente, y algunas pequeñas partidas me- 
rodeaban y cometían desafueros y desmanes en los pueblos. 
Los carlistas que se habían separado de Rosas dias antesj se 
presentaron el 24, á las ocho de la mañana^ en número de dos- 
cientos, aproximadamente, en las contornos de Cifuentes; se 
apoderaron de la población, á pesar de la defensa intentada 
por 80 voluntarios guarecidos en el castiílo, los cuales cayeron 
prisioneros, y la saquearon, imponiéndole contribuciones y 
llevándose en rehenes al alcalde y vecinos principales hasta 
efectuar el cobro. En auxilio de aquel pueblo salió Moya de la 
capital, pero llegó á él cuando ya no estaban allí los rebeldes, 
y aunque los persiguió hasta Trillo, no les pudo dar alcance. 

El día 26, Rosas estaba hacia Tragacete, adonde se había 
corrido con dos batallones; Valles había abandonado á Beteta 
y salvado el Tajo por Zaorejas; los carlistas que habían ido á 
Cifuentes, se hallaban merodeando por Esplegares, Ablanque 
y Olmeda de Cobeta; y la mayor parte de los sitiadores de Mo- 
lina habían levantado el cerco, presentándose i.ooo de ellos 
en Maranchón y poco después en Alcolea del Pinar, desde 
donde retrocedieron á las sierras. La situación de las colum- 
nas era; la de Contreras, en la vía férrea; la de Cassola, en 
Priego, y la de Moya, en Trillo, no lejos de Guada laj ara, para 
ampararla al momento, si era necesario. Además, la columna 
del Centro, mandada por el brigadier G oyen eche, estaba aquel 
día en Munébrega, de paso para Molina. 

Noticioso Cassola de que Valles había evacuado á Beteta y 
de que se dirigía al Tajo, se puso en marcha, el 27, para Salme* 
ron y Azañón, á fin de observar los movimientos del enemigo, 
y con ánimo de dejar á Contreras ó á Goyeneche el cuidado de 
batirle, si se encaminaba á la vía férrea 6 á tierra de Molina, y 
de atacarle él si, como seguía creyendo ^ el objetivo de la fac- 
ción era La Alcarria. Ni lo uno ni lo otro se realiisó; pues el 



AÑO 1875 297 

cabecilla, después de estar unos días esquivando todo encuen- 
tro, dividió en dos su partida, marchando con la mayor al te- 
rritorio del Centro, para no reaparecer en el distrito, y siendo 
batida la otra, en dicho día 27, en los montes del Picazo, in- 
mediatos á Molina, por la columna del Gil oca, á las órdenes 
del coronel Sancho, enviado á la vez que Goyeneche en soco- 
rro de los sitiados. En tal combate, relatado ya en las opera- 
ciones del Centro, sufrió grandes pérdidas la facción, cuyos 
restos se diseminaron y huyeron en todas direcciones- La bri* 
gada Goyeneche llegó acjuella tarde á Molina; y^ al saber que 
se aproximaba, se retiró la escasa fuerza enemiga que seguía 
cercándola. Desaparecido el peligro, tanto esta columna como 
la de Sancho regresaron al distrito de Aragón- 
De las operaciones que ejecutó Cassola en estos días, y de 
la acción que sostuvo en Huélamo, el 3o, dió cuenta este bri- 
gadier al Capitán general en los siguientes términos: 

i Con noticias dudosas de que parte de la facción Valles ha- 
bía sido batida en las cercanías de Molina, y que la de Rosas 
había bajado á Las Majadas para hacer una excursión por los 
llanos de Cuenca, contramarché rápidamente antes de llegar 
al Tajo, yendo á pernoctar el 28 próximo pasado á Fresneda 
de la Sierra, = Al amanecer del siguiente día continué avanzan- 
do, aun cuando ya en Portilla supe que Rosas había desistido 
de su intento retirándose á Hu^Üamo^ que está situado á ori- 
llas del Jácar y en lo más escabroso de la sierra. Seguí la 
marcha, esperando darle alcance, y fuí á pernoctar á Las Ma- 
jadas, donde el incidente de haberse escapado un espía car- 
lista, momentos antes de la llegada de mi vanguardia, hacia 
perder la esperanza de que las partidas nos aguardaran. = Sin 
embargo, con las necesarias precauciones, se emprendió otra 
vez la marcha, antes de amanecer del 3o, y á las once de la 
mañana, y como á unos tres kilómetros de distancia, dábamos 
vista á Huélamo, donde nada pudo advertirse que manifestase 



298 CASTILLA LA NUEVA 



la existencia del enemigo. Esto no obstante, puse en batería 
dos piezas de montaña; ordené á las cuatro compañias de la 
Reserva número i, que iban de vanguardia, que descendieran 
inmediatamente al valle, entrando en el pueblo por el puente- 
cilio del río, mientras el 2.** escuadrón de húsares de la Prin- 
cesa lo cruzaba, con igual objeto, por un vado inmediato. = £5- 
tas primeras maniobras fueron ya descubiertas por las faccio- 
nes, y á pesar de la celeridad con que se ejecutaron, los con* 
trarios tuvieron tiempo suficiente para salir de las casas preci- 
pitadamente y tomar posiciones en la inmediata y empinada 
sierra, dirigiéndose su caballería y otras fuerzas por el cami- 
no de Valdemeca.=Inmediatamente rompieron el fuego sobre 
mi vanguardia; pero no siendo bastante para contenerla, pene- 
tró ésta en el citado lugar, apoderándose de cuantos efectos 
habían dejado allí los carlistas, mientras yo avanzaba rápida- 
mente con otra sección de montaña y cuatro compañías de la 
Reserva núm. 10, cortando hacia el camino por donde se reti- 
raba el grueso del enemigo. =: Dejé en Huélamo á la infante- 
ría de vanguardia, después que había coronado todas las posi- 
ciones desde donde el adversario había pretendido defender el 
pueblo, y continué con la antedicha fuerza la persecución, 
dando orden de que se me incorporara el resto de la columna. 
=La celeridad de la huida de los carlistas, en la que tiraban 
boinas y armamentos, la dispersión de los grupos, lo exagera- 
damente quebrado de aquellas montanas, y otra porción de 
obstáculos que me impedían hacer mejor uso de la caballería, 
fué causa deque la persecución tomara un carácter casi indi- 
vidual, permitiendo aún que un grupo considerable pretendie- 
ra hacer su última resistencia en las elevadas ííierras de Val- 
demeca, de donde fué, asimismo, arrojado por las primeras 
compañías de la Reserva núm. 10 y la caballería de vanguar 
dia.=Una vez en dicho punto, habiéndose ocultado el sol 
quedando muy á retaguardia el grueso de la columna^ y falti 



AÑO 1875 299 

del perfecto conocimiento de aquellas escabrosidades, resolví 
concentrar las fuerzas en Valdemeca y curar los heridos. = A 
media noche, y favorecido por la luz de la luna, hice salir al 
batallón provincial de Alcalá con una sección de húsares en 
dirección á Zafrilla, última que tomaron los restos enemi- 
gos; y como su dispersión fué aumentando y no se paraban á 
descansar en ninguna parte, no le fué posible á la tropa hacer 
más que unos cuantos prisioneros. = Al siguiente día, 3i, y con 
noticias de que los dispersos se unían á Valles, que venía des- 
de Guadalajara á reforzar á Dorregaray, atacado en Chelva 
por el General en Jefe del Ejército del Centro, emprendí la 
marcha para ponerme en la pista de aquél, y después de pasar 
por Huerta del Marquesado y Salvacañete, llegué el día 2 del 
actual, á las tres de la tarde, á Ademuz, punto del que había 
salido al amanecer hacia Chelva el mencionado cabecilla Va- 
lles. Seguí adelante aceleradamente; pero sospechando que mi 
movimiento podría alterar 6 entorpecer el plan que tuviese so- 
bre Chelva dicho General en Jefe, preferí tratar de comunicar 
con BUS fuerzas, ocupando, entretanto, la estratégica posición 
de Talayuelas, en donde supe ya el cambio de dirección de 
nuestras tropas del Centro, la internación de Valles por Teruel 
y la salida de Chelva de Dorregaray con una limitada escol- 
ta. = Durante estas operaciones se fueron haciendo algunos 
prisioneros, cogiendo á varios dispersos, protegiendo á los 
pueblos y facilitando á los reclutas desertores del enemigo el 
que marcharan á ampararse á Teruel y Requena- = En resu- 
rnenr Excmo. Sr., nuestras bajas sólo han consistido en 16 
heridos y contusos, en su generalidad leves, mientras el ene. 
migo, que era fuerte de tres batallones y dos escuadrones, 
ha sido completamente dispersado y derrotado, teniendo un 
número muy considerable de muertos y heridos, que los habi- 
tantes de los pueblos han recogido después; 40 prisioneros, 
entre ellos un oficial; multitud de desertores, que aun se están 



300 CASTILLA LA NUEVA 



presentando á indulto en Cuenca y pueblos de esta provincia y 
Guadalajara^ que suman un total de 400 bajas^ según confesión 
de los mismos cabecillas carlistas^ habiendo perdido, además^ 
bastantes caballos, armamentos y efectos de guerra, =En este 
afortunado encuentro, las fuerzas de esta columna, que excep- 
to la caballería hacían su primer ensayo de armas, se han ba-* 
tido con entusiasmo y arrojo de soldados aguerridos, y su bri- 
llante conducta, así como la inteligencia de sus jefes y oficia- 
les, son dignas de la consideración de V. E, = Cuenca 10 de 
Febrero de i875.=3Manuel Cassola.» 

Los prisioneros fueron conducidos á Cañete^ bajo ]a custo* 
dia de cuyo destacamento quedaron. Se lamentaba Cassola de 
la conducta poco propicia de los alcaldes^ y á ella y á lo 
prácticos que eran los enemigos en aquel intrincado terreno, 
atribuía el no haber destruido completamente á la facción 
Rosas. Sin embargo, muchos de los fugitivos se presentaron 
á indulto, y el triunfo conseguido valió al Brigadier y á su co* 
lumna los plácemes oficiales del Gobierno y del Capitán ge- 
neral. 

Estacionado Cassola en Talayuelas, se propuso, no sólo po- 
nerse en relación con el Ejército del Centro, sino observar al 
adversario, porque pensaba que encontrándose las facciones 
concentradas en Chelva, y en Villar del Arzobispo el General 
en Jefe, si éste intentaba un nuevo ataque á aquella villa, era 
probable que Dorregaray se retirara pasando el Turia, y, por 
tanto, convenía tener guarnecida la orilla derecha de este río; 
pero noticioso el 6 del expresado mes de Febrero de que las tro- 
pas del Centro habían retrocedido á Liria y d General en Jefe á 
Valencia, juzgó que se desistía de la operación? y no teniendo 
ya objeto su permanencia en aquella zona, pues la mayor parte 
de las comandancias carlistas las había destruido á su paso, y 
los dispersos que quedaron entre el Cabriel y el Júcar al huir 
Rosas á Valencia estaban aprehendidos, fué á Cañetej recogió 



AÑO 1875 3oi 

los prisioneros del último combate^ y juntamente con los he- 
chos al ñnal de la expedí ción^ los llevó á Cuenca^ donde entró 
el día 8. 

La acción de Huélamo ahuyentó durante bastante tiempo 
de la provincia á los núcleos enemigos de alguna entidad, De 
los que quedaban, apenas se conocía la existencia: huían siem^ 
pre hasta de los pequeños destacamentos de guardia civil, y no 
se atrevían á presentarse en las poblaciones. Uno de elloS| de 
15 hombres, fué avistado en la Rambla de Nuestra Señora de 
la Consolación^ término de Iniesta, por una columna de Alba- 
cete, mandada por Man glano, cayendo prisioneros nueve fac^ 
ciosos y muertos tres, sin pérdidas en la tropa; y algunos 
otros grupos, de menor número de individuos todavía, su- 
frieron también varias bajas, con todo Jo cual iba restable- 
ciéndose la vida normal de los pueblos. 

En Guadalajara, Contreras seguía dando la necesaria pro- 
tección al ferrocarril j con ligeras y frecuentes variaciones en 
la indicada distribución de su fuerza^ aconsejadas por las ne- 
cesidades del momento; Moya recorría incesantemente los par- 
tidos de Cifuentes y Sigíienza, no tanto por los carlistas que 
en ellos había, como para evitar que entrasen desde los inme- 
diatos del N* y E. El cabecilla Cuadra era el que, con 5o in- 
dividuos procedentes de Aragón, molestaba, á mediados de Fe- 
brero, á los pueblos próximos al camino de hierro; pues los re- 
beldes mencionados anteriormente, así los del bloqueo de Mo • 
lina como los que fueron á Cifuentes, habían evacuado la pro- 
vincia al presentarse en eüa la brigada Goyeaeche, aunque no 
andaban lejos del confín» 

Desde la ciudad de Cuenca se trasladó Cassola á la de Gua- 
dalajara^ entrando en ésta el día 12; y mientras llegaban los 
habilitados que debían salir de Madrid con fondos para las 
atenciones de los cuerpos, fué el Brigadier á la corte para asun- 
tos del servicio^ encargándose interinamente del mando de la 



302 CASTILLA LA NUEVA 



columna el coronel D. Manuel Alcega- Allí estuvo la brigada 
hasta el 15 j en que los acune ios de que 3do carlistas estaban 
en Judes, cerca de Maranchón, de que otros procedentes de 
Valencia iban á hostilizar á Molina, y de que varios habían in- 
utilizado el telégrafo entre Sigílenla y Alhama y trataban de 
destruir un puente de la vía férrea próximo al túnel de Orna, 
(lo que no consiguieron merced á la intervención de un desta* 
c amento de Contreras, que cogió nueve prisioneros á los car- 
listas que empezaron el destrozo) ^ obligaron á que la brigada 
se moviera hacia aquellos puntos. 

En el camino, al pasar por Sigüenza, supo Alcega que los 
3oo carlistas de Judes, mandados por D. Vicente Bosco, esta- 
ban cometiendo desmanes en Codes y pueblos comarcanos; y 
continuando á Maranchón para batirlos, les ahuyentó con su 
presencia. Siguió á Molina para averiguar sí eran ciertos los 
riesgos anunciados, y comprobó, por reconocimientos hacia 
Campillo de Dueñas y El Pobo, que el origen de tales temores 
era la estancia de Villalaín en Alustante y Checa, y que éste 
cabecilla caminaba hacia Beteta, Teniendo el coronel que 
aguardar la incorporación de Cassola, que ya estaba de regre- 
so en Sigüenza, permaneció en la ciudad de Molina hasta el 22, 
en que el Brigadier tomó el mando; y con instrucciones del 
Ministro para volver á Cuenca^ en vista de la entrada de Vi- 
llalain, salvó el Tajo, despucs de haber sorprendido al cantón 
carlista de Fuembellida, y el a? fué á parar á Priego, donde 
quedó en observación de aquel cabecilla, que entonces esta- 
ba en Tragacete, pronto á descender al llano, si se le presen- 
taba ocasión favorable. 

La partida de Bosco, cuyo objeto principal al aparecer en 
Judes y Codes era la destrucción del ferrocarril de Zaragoza, 
recordó á las autoridades locales los mandatos de Lizárraga, 
prohibiendo la circulación de trenes y conminando con gra- 
ves penas á los empleados, si en el término de cuarenta y 



AÑO 1875 3o3 

ocho horas no desalojaban sus viviendas y se alejaban de la 
línea; proceder que obligó á desplegar mayor actividad á la 
columna de la vía, mandada desde el 14 de Febrero por el te- 
niente coronel Martitegui, del provincial de Toledo. En los 
primeros días cometió aquel partidario varios desmanes; mas 
no pudiendo sostenerse sin riesgo, desistió de sus propósitos y 
marchó por Olmedillas y Toves á Atienza, donde pernoctó y 
sacó recursos^ y después á la provincia de Segovia, cuyo limi- 
te atravesó por primera vez el zS, pasándolo y repasándolo 
otras varias en los días sucesivos. 

Tenia intención Bosco, según se dijo entonces, al internar- 
se en Segovia, de preparar un levantamiento de alguna impor- 
tancia, á cuyo frente se pondría Villalain, que iría allí seguido 
de su partida; pero antes se procuró aquel cabecilla en Gua- 
dalajara un lugar de refugio, fortificando el antiguo castillo 
de Galve. Pronto le tuvo que utilizar; pues á los primeros avi- 
sos de su entrada en Segovia se reconcentró la guardia civil de 
Riaza, marchó á este punto desde la capital una compañía del 
provincial de Toledo, y juntas ambas fuerzas, avanzaron contra 
el cabecilla y le avistaron en Grado el día 3 de Marzo, tiro- 
teándole, tomándole las posiciones en que se defendió, cau- 
sándole algunas bajas y precisándole á internarse en los pina- 
res, desde donde fué á guarecerse al punto que había forti- 
ficado. 

A los pocos días, reunida esta columna con otra que había 
salido de Madrid el 26 de Febrero, formada por cuatro com- 
pañías del provincial de Jaén y 60 caballos del regimiento del 
Príncipe, cercaron el castillo del Galve, donde estaba Bosco 
con su gente, acrecentada con nuevos prosélitos, dispuesto, al 
parecer, á ejecutar una tenaz resistencia; mas comprendió 
pronto su diñcil situación, y el 6 de Marzo evacuó el castillo, 
favorecido por la obscuridad de la noche, atravesando por entre 
los sitiadores, no sin que le causearan dos muertos, varios he- 



M 



304 CASTILLA LA NUEVA 



ridos, cuatro prisioneros y sin que sufriese la pérdida de casi 
todo su armamento y municiones. La columna tuvo dos con- 
tusos. Aunque de Soria acudió una compañía del provincial de 
Burgos, y Marti tegui se acercó también á Gal ve desde Siguen - 
ZSL, no fué necesaria la cooperación de ninguna de estas fuerzas. 

Tales encuentros sucesivos libraron de carlistas á la pro- 
vincia de Segovia: Villalaín no se movió de los confines de 
Cuenca y Valencia; Bosco y los dispersos se alejaron hacia 
Soria^ seguidos de las compañías de Jaén y caballería del Prin- 
cipe. Las demás tropas, después de batir el campo cogiendo 
fugitivos, regresaron á su habitual residencia. 

Respondiendo, seguramente, al proyectado alzamiento de 
Segovia, se presentó en La Hiruela, cerca de la unión de esta 
provincia con las de Madrid y Guadalajara, una partida que se 
hacía ascender á 200 hombres y anduvo unos días vejando á 
varios pueblos inmediatos, dividida en dos grupos. La guardia 
civil de Torrelaguna, Colmenar Viejo y Buitrago, batió á uno 
de ellos el 19, ocasionándole tres muertos y cuatro heridos; y 
al siguiente día los vecinos de Lozoyuela y Torrelaguna, que 
se armaron en defensa de sus intereses, consiguieron también 
causarle cinco bajas; con lo cual se le obligó á pasar desorde- 
nadamente á Guadalajara por La Hiruela. La otra parte de la 
facción, capitaneada por Camacho, corrió análoga suerte; pues 
internada, antes que aquella, en la misma provincia, fué avis- 
tada el 24, no lejos de El Cardoso de la Sierra, por un desta- 
camento de caballería, mandado por el teniente coronel Mel- 
guizo, que la atacó y diseminó haciéndole cinco muertos, igual 
número de prisioneros, y cogiéndole armas, caballos y pertre- 
chos. Con dichos escarmientos no volvió á aparecer en esta 
zona la referida partida ni ninguna otra. 

Las provincias de Toledo y Ciudad Real seguían sin car- 
listas en armas, pero no sin numerosos y audaces criminales, 
lo que exigía una incesante vigilancia, tanto en los pueblos y 



AÑO 1875 



305 



caseríos, como en la vía férrea. En Marzo los destacamentos 
tuvieron que proteger también las operaciones del reclutamien- 
to de los 70.000 hombres llamados á las armas, dificultadas por 
la resistencia pasiva de los mozos que debían entrar en caja. A 
fin de mes la situación mejoró hasta tal punto, que se juzgó 
ya innecesaria la permanencia de fuerzas de carabineros y lan- 
ceros de España en Despeñaperros, y se disolvió el cantón mi- 
litar que desde tiempo atrás guarnecía aquel importante paso. 

En la primera quincena de Marzo no ocurrió más novedad 
en Cuenca, que la sorpresa del cantón carlista de Paracuellos, 
verificada por la guardia civil, que hizo á los rebeldes tres 
muertos y un prisionero. En Guadalajara, la columna Martite- 
gui siguió ocupando la vía férrea, haciendo constantes recono- 
mientos á derecha é izquierda; y la del comandante Moya es- 
tuvo esparcida por los partidos de Cifuentes, Pastrana, Atienza 
y la capitaL 

El brigadier Cassola fué substituido en el mando de su co- 
lumna por el de igual categoría D. Luis Fernández Golfín, 
quien el 15 tomó posesión de su cargo. Como no existía enton- 
ces ninguna facción importante en la comarca; pues Villalaín, 
jefe á la sazón de las fuerzas carlistas de Castilla, había hecho 
con su proceder muchos descontentos en su gente, y con ella, 
bastante disminuida, andaba por el confín del distrito, sin aven- 
turarse á pasarle, pudo el Brigadier, por tanto, dedicarse á estu- 
diar la situación del país encomendado á su cuidado, á recorrer 
los puntos en que había fuerza carlista y á reanimar el espíritu 
de los pueblos; y al efecto, salió de Priego con la brigada, enca- 
minándose primeramente á Cuenca. Después de visitar el 18 á 
esta capital, fué á Las Majadas, donde, según decían, funciona- 
ba una comandancia carlista, que no encontró, porque se in- 
ternaron sin duda en la sierra los que la componían, al conocer 
el peligro, y retornó á Priego por Albalate de las Nogueras y 
Villaconejos, poblaciones eminentemente carlistas. El 22 y 23 

Tomo xiv 20 



TH 



306 CASTILLA LA NUEVA 



permaneció allí para que la tropa y ganado descansara de la 
fatiga de los días anteriores, y para preparar una excursión á 
Beteta, donde existían carlistas armados, como sucedía siempre 
que no estaba ocupado aquel punto por las tropas. 

Su plan era caer de improviso sobre la villa, para lo cual 
sigiiió con toda la brigada el itinerario de Cañamares y puente 
de Badillos, y aquí la fraccionó, mandando cuatro compañías 
del provincial de Alcalá y un escuadrón de húsares por la Í2- 
quierda á pasar cerca de Carrascosa Sierra, y subiendo con la 
fuerza restante por el monte llamado Palancar. Los movimien- 
tos fueron ejecutados con la mayor precisión, desembocando á la 
par ambas cabezas de columna en Beteta, cuya reducida guar- 
nición enemiga fué sorprendida. Con la esperanza de salvarse, 
apelaron la mayor parte de sus individuos á fingirse enfermos 
ocupando las camas del hospital; mas no les valió el subter* 
fugio, y quedaron prisioneros con otros que trataron de huir- 
Cuatro oficiales y 10 voluntarios carlistas fueron los aprehen- 
didos. Golfín aprovechó esta coyuntura para cobrar allí los 
débitos atrasados de contribución y recoger los mozos de la 
quinta de entonces y anteriores, igualmente que lo hacía en 
todos los pueblos de tránsito- ~ 

Terminada la operación, volvieron á Priego, á las órdenes 
del coronel D. Rosendo Moiño, el batallón provincial de Alca- 
lá, un escuadrón de húsares y dos piezas Plasencíaj á fin de 
seguir en observación en aquel pueblo y poder oponerse á 
cualquiera intentona de los carlistas para pasar á La Mancha; 
y Golfín con la demás fuerza de la brigada fué á recorrer la zo- 
na S. E. de Guadalajara, atravesando por Cueva de Hierro, 
Poveda de la Sierra, Taravilla, Tierzo, Molina y Maranchón, 
arribando el zg i Sigüenza en cumplimiento de instrucciones 
del Capitán general del distrito. Ningún suceso turbó la tran 
quilidad en aquellos días, á causa de que los carlistas castella 
nos seguían ausentes, tratando tal ve^ de reorganizarse, poi 



^ 



aSo 1875 307 

haber sido destituido Villalain el 26, y nombrado D. Manue 
Salvador Palacios para dirigir los asuntos de la causa rebelde 
en el territorio de ambas provincias. 

Por entonces se introdujeron algunas modificaciones en k 
organización de las tropas del expresado territorio. Las cua- 
tro compañías del provincial de Madrid que guarnecían á 
Molina cesaron en su cometido, y pasaron á formar parte de 
la columna del ferrocarril^ mandada por el coronel Aicega, en 
substitución de las cinco del batallón de Toledo y tres del de 
Cuenca, que marcharon á Madrid, una vez reconcentrados en 
Sigüenza los destacamentos délas estaciones, Los nuevos se 
establecieron en Arcos, Medinaceli^ Baides, Jadraque y Espi- 
nosa de Henares; y los 100 caballos que estaban á las órdenes del 
expresado coronel, siguieron en Sigilen za; pero no la sección de 
artillería de montaña, que fué conducida á Molina, para unir- 
se á una pequeña fracción del tercer regimiento de artillería 
á pie y á tres compañías del provincial de Jaén, salidas de Ma- 
drid con objeto de constituir la guarnición de la ciudad. Gol- 
fín continuó con el batallón reserva número 10 (Soo hombres), 
cuatro compañías de la reserva número i (35o), dos escuadro- 
nes de húsares de la Princesa (160 caballos), parte de los regi- 
mientos de caballería del Príncipe y España (120), y dos pie- 
zas; y el coronel Moiño, dependiente de dicho brigadier, con 
el provincial de Alcalá {800 hombres), roo caballos de húsa- 
res de la Princesa y una sección de montaña, fuerza que 
hemos dicho estaba en Priego, y que recibió orden para tras- 
ladarse á la ciudad de Guadalajara, adonde llegó el 31- El 
teniente coronel de caballería D. Cayetano Melguizo, desde 
que batió, según hemos dicho, i una partida en los confines 
de Madrid con Guadalajara, andaba por esta provincia al fren- 
te de una columna móvil de caballería, con encargo especial 
de recorrer los pueblos, para contrarrestar la influencia del 
enemigo en el país* La situación de Moya era la última indi- 



308 CASTILLA LA NUEVA 



cada. Además, el batallón provincial de Ciudad Real estaba 
repartido entre Cuenca y Cañete, 

Bien pronto se reanudaron las operaciones de Golfín, diri- 
laidas en esta ocasión contra las comandancias carlistas, prin- 
pálmente. El 2 de Abril evacuó el Brigadier á Sigílenla, previ- 
niendo á Moiño que saliera también de la capital de la pro- 
vincia para que se reuniera con él en Alcocer- El pánico 
esparcido en la capital de Cuencaí por las nuevas que corrie* 
ron de que una numerosa facción se encaminaba á atacarla des- 
de Chelva, llegó hasta el punto de que algunas familias abando* 
naron sus hogares, lo cual decidió á Golfín á dirigir sus pa- 
sos, junto con Moiño, á dicha población, y ájpermanecer en 
sus cercanías hasta que se desvanecieran tan infundados te- 
mores. Cuando esto sucedió, volvió el último á Priego, su an- 
terior centro de operaciones, y marchó el Brigadier hacia la 
sierra de Albarracín, para proseguir la batida á los cantones 
enemigos, 

Como resultado de los movimientos de la brigada, el 9 del 
indicado mes fué sorprendida la comandancia carlista de 
Huélamo, muriendo tres délos que la formaban, uno de ellos 
el jefe, teniendo además dos heridos y seis prisioneros, y per- 
diendo gran cantidad de municiones de boca y guerra que tenía 
en depósito, sin que hubiera más que un húsar levemente heri- 
do en la columna- y en el mismo dia una fuerza avanzada 
aprehendió en Tragacete al titulado Intendente general d« 
Cuenca y Guadalajara, al jefe del cantón de Beteta y á cua- 
tro carlistas más* Supo después Golfín que se estaba organizan- 
do en Griegos la facción Palacios, y salvó el límite marchando 
á dicho punto, donde dispersó á un escuadrón carlista que cu* 
brió la retirada del cabecilla hacia Ademuz y Chelva- Seguida- 
mente tornó por la Cuenca del Tajo, para visitar á Checa, Pe 
ralejos de las Truchas y otros pueblos favorables al carlismo 
y el 21 estaba nuevamente en Priego, reunido otra vez con eJ 



AÑO 1875 509 

coronel Moiño, que no había permanecido inactivo; pues día* 
riamente había dado batidas en los alrededores, escarmentando 
en una de ellas, cerca del caserío de Santa Cristina, al cantón 
carlista de Pozuelo, que tenía atemorizados con sus desmanes 
& los pueblos inmediatos, y estaba mandado por Penal ver, el 
cual resultó herido en la contienda, y tuvo dos muertos y tres 
prisioneros en su gente. El gran temporal de nieve que reinó 
en estos días dificultó las marchas. Sin embargo, en los diez y 
nueve que duraron se hicieron á los carlistas cinco muertos, 
otros tantos heridos y 11 prisioneros,- se les cogieron muchas 
armas, utensilio y raciones, y veintitantos se acogieron al in- 
dulto que se les concedió por el término de 3q días. 

Realmente, en la provincia de Cuenca^ tan sólo existían 
entonces algunas exiguas partidas de caballería que merodea» 
ban por los pueblos y huían al menor asomo de peligro; pues 
los insistentes anuncios que circularon alrededor del iS, de que 
3,5oo rebeldes se encaminaban á Mota del Cuervo para ir á 
Quintanar déla Orden, y que obHgaron á poner en movimien- 
to á 5oo infantes y 240 caballos de la provincia de Ciudad 
Real hacia Alcázar de San Juan, quedaron en seguida desva- 
necidos, averiguándose que su origen había sido la breve es- 
tancia de la facción de Adelantado en los confines de Albacete, 
No se puede decir lo mismo del territorio de Guadalajara, 
porque los cabecillas Cuadra, Cortázar y otros de menos sig- 
nificación recorrían los partidos judiciales de Sigüenza y Mo- 
lina, con más ó menos fuerza, montada la mayor parte, 
pasando y repasando constantemente los límites del distrito. 
Alcegaj en las proximidades de la vía férrea, y Melguizo en las 
demás zonas, no les dejaban punto de reposo. El primero batió 
á Cuadra en Judes, el día 2 de Mayo, y le hizo huir, cogiéndo- 
le tres prisioneros; y el 14 tiroteó en los montes de Ablanque, 
á la partida de Mochón, á la que causó tres heridos, aprehen- 
diendo al 2.** jefe de ella, á un titulado alférez y á dos volun- 



3lO CASTILLA LA NUEVA 



tarios, y cogiendo tres caballos, armas y papeles de interés. A 
consecuencia de esto, varios grupos se presentaron á indulto 
y otros se alejaron definitivamente de la vía. Melguizo avistó 
también, el 6 del mismo mes, en el Tajo, á 5o carlistas mon- 
tados, los que á pesar de haber inutilizado el puente de la He- 
rrería y de estar fortificados en la orilla, fueron atacados en 
sus posiciones y desalojados de ellas, para lo cual tuvo la co- 
lumna que vencer las dificultades del paso del río bajo el vivo 
fuego de los rebeldes, quienes perdieron dos muertos, varios 
heridos, algunas armas y cargas de municiones, y se vieron 
obligados á diseminarse. Melguizo tuvo tres soldados heridos. 
Tales escarmientos y las batidas subsiguientes, produjeron las 
consecuencias provechosas de ahuyentar á los más, y de que 
los restantes se hicieron desconfiados y cautelosos para entrar 
en los pueblos, cuyo apoyo y sostén iban perdiendo de día 
en día. 

La brigada Golfín, ya que las circustancias no hacían nece- 
saria la represión de desmanes en territorio de Cuenca, salió á 
recorrer pueblos y acercarse á la provincia de Valencia, que 
era de donde podía temerse una nueva invasión. El a 8 de 
Abril se alojaba en Cañete, después de una desembarazada y li^ 
bre marcha, en la que los habitantes del país no escasearon sus 
muestras de simpatía por la tropa. Supo aquí que en Arroyo 
de Cerezo (Valencia) merodeaba un escuadrón carlista^ y des- 
tacó á batirle al teniente coronel del provincial de Ciudad Real 
con seis compañías y una sección de caballería, columna que 
el 29 cargó resueltamente sobre los facciosos en el momento 
que saqueaban el indicado lugar, batiéndoles, causándoles 
nueve muertos, numerosos heridos y la pérdida de caballos, 
monturas, armamento y raciones. A los dosdííis, decía Golfín 
al Ministro desde Cañete: «Pernocté ayer en Landete^ con h 
idea de caer hoy temprano sobre Ademuz y sorprender á dos 
brigadas carlistas que supe se hallaban allí; pero éstas no se 



AÑO 1875 3ll 

consideraron seguras después de la sorpresa que sufrió antea- 
yer su caballería, y una se fué á Chelva y otra hacia Teruel, 
Por lo tanto, he regresado aquí para seguir las operaciones^ y 
pasaré á otro distrito si conviene, sin desatender el nuestro. 
Palacios está en Valencia reorganizándose, á causa de no poder 
mantenerse en Cuenca ni Guadalajara. Hoy no hay facciones 
en estas provincias, en las que algunos se presentan á indulto.» 
A los pocos días realizó Golfín la operación sobre Ademuz, 
coronada por el lisonjero éxito obtenido en la acción librada 
el 6 de Mayo. El parte dado al Capitán general y transcripto 
á continuación, expresa los detalles del encuentro y los moví* 
mientos anteriores de la brigada: 

i Tengo el honor de manifestar á V. E. que retrogradan- 
do á Cuenca desde Laúdete, en mi última expedición, quería 
conseguir que la brigada Palacios Villalaín, dispersa y segunda 
vez huida por el encuentro de Arroyo de Cerezo (Valencia), 
pudiera volver á sus cantones de Ademuz y El Cuervo, = 
Con este objeto me detuve en Cuenca dos días, que me eran 
también precisos á ñn de que un batallón, una sección de 
húsares y dos piezas del coronel Moiño fuesen desde Priego 
á situarse convenientemente para el golpe que me propo- 
nír. dar, y traté de ocultar al enemigo esta reconcentración y la 
de cuatro compañías de Ciudad Real.=iFacilisimo era que en- 
contrara al adversario con fuerzas muy superiores > y yo ni 
quería ni podía exponer las mías á un descalabro costoso y de 
fatales consecuencias para el país.=El día 5 pernoctaba yo en 
Salvacañete, y el coronel Moiño y el teniente coronel Alamán 
en Salinas del Manzano. Las noticias que allí y en el camino 
recogí, eran las de que en Ademuz, para solemnizar el día de 
la Ascensión del Señor, estaban reunidas las brigadas de Ga- 
mundi. Palacios y Adelantado. =En esta creencia, corrobora- 
da á última hora, rompí mi movimiento á las dos de la madru- 
gada del día de hoy.i=Dividí mi fuerza en tres fracciones^ dan- 




3l2 CASTILLA LA NUEVA 



'I 



do á cada uno de sus jefes^ por escrito, instrucciones precí- ■ 

sas y concretas de la misión que le correspondía, señalán- 
doles las horas precisas á que dt^bía atemperar cada cual su 
niarcha,=Según ellas, el coronel MoiñOj con el batallón Reser* J 

va número i y 50 caballos, había de dirigirse por la casa de la 1 

Boquilla, camino de Santa Cruz de Moya, hasta la casa de Be* 
narrad y seguir la dirección de Casas Altas, á fin de situarse en 
la entrada del grande y temible desfiladero que allí existe, ba- 
tiendo al enemigo, si por él buscaba su salvación. El teniente 
coronel Alamán, con cuatro compañías de Ciudad Real y 5o 
caballos, salió con Moiño hasta la casa de la Boquilla para 
torcer en dicho punto, á la izquierda y^ por ti camino de 
Ademuz, apoderarse del molino y puente sobre el rio 
Blanco 6 Tuna, que corre en aquel sitio caudaloso y pro* 
fundo, Yoj con el batallón Reserva ntimero 10, las cuatro 
piezaSj la esgasa fuerza de caballería que me quedaba y todo 
el bagaje, avance por el camino del centro á Adcmu^, retra- 
sando mi marcha cinco cuartos de hora respecto á las demás 
columnas, para que éstas estuvieran ya en sus puestos cuando 
las avanzadas del enemigo distinguieran la mía. Al llegar 
al sitio denominado Mojón de los Reinos^ porque alli se unen 
los distritos de Aragón^ Castilla la Nueva y Valencia, supe 
que en Ademuz había sólo fuerzas de las facciones Palacios y 
Adelantado y que otras de la de Gamundi se hallaban en El 
Cuervo (Teruel); y dispuse entonces que el comandante gra- 
duado, capitán del regimiento de húsares de la Princesa, don 
Manuel Azior, se destacase por mi izquierda para batir á esta 
facción* =EI calor era sofocante y el terreno como ninguno 
escabroso y difícil, pero semejantes contrariedades no impi- 
dieron que todas las columnas y fuerzas destacadas estuvieran 
á punto en sus puestos. = Salió todo como me prometía, A 
mi llegada, los enemigos huyen desbandados de Ademuz; 
unos se dirijíen por el puente, y son recibidos y repelí 



\ 



d 



AÑO 1875 3i3 

dos por el teniente coronel Alamán; buscan salida otros 
por la llamada Flor de Casas Altas, y son acuchillados y 
muertos por !a columna de Moiño; y en tal conflicto, y despa- 
vorídos los más determinados, se arrojan al río, y allí perecen, 
mientras algunos ganan la orilla y otros^ arrodillados, implo- 
ran cuartel de la caballería que los acosa por todas partes. Lo 
mismo que sucedía en Ademuz, realizaba, Excmo. Sr*, el ca- 
pitán A^lor, en El Cuervo, con las fuerzas de Gamundi,= 
Veintisiete hombres y 11 caballos dejaron muertos los carlistas 
en el campo, sin contar los 13 que se me dice perecieron aho- 
gados en el río; tuvieron 3o prisioneros, bastantes heridos que 
retiraronj y perdieron multitud de armas de fuego y blancas, 
municiones y efectos de todas clases, = El teniente coronel Ala- 
man sorprendió el cantón carlista de San Martín, causando al 
enemigo tres prisioneros, é hirió gravemente al comandante del 
de Villar del HumOp=Entre los muertos están un capitán y 
cinco oficiales, y entre los prisioneros figura el Gobernador de 
Chelva, refugiado en Ademuz por la dispersión que el tifus y 
otras enfermedades han causado en aquella población, y tres 
oficiales más, = Acabo de decir áV. E.^por telégrafo, la presen- 
tación á indulto del cabecilla D. Agapito Sevilla, de lo cual le 
hablé desde Priego, y de participarle la de otros 11 carlistas,^ 
La medida de la fatiga ímproba de este día y la de lo áspero y 
difícil del terreno, la hallará V* E.^ mejor que en nada, en las 
notas originales de la enfermería de los institutos montados, 
que asciende en conjunto á 52 caballos y 44 mulos, 18 de éstos 
de artilIeríapzrDe los muchos papeles recogidos remito á V. E. 
un ejemplar del bando de Gamundi*--:Los cuerpos de todas 
las armas é institutos han rivalizado en decisión y arrojo* Ins- 
pirado en la justicia, cumple á mi deber decir á V. E., que el 
teniente coronel de Ciudad Real D, Ramón Alamán, el co- 
mandante del regimiento de lanceros de España D. Bernardo 
González del Rubín^ comandante de húsares D. José Reinai 



3X4 CASTILLA LA NUBVA 



capitán del mismo regimiento D. Manuel Az\oi y el teniente 
del batallón Reserva número i D. Enrique Ambel, han tenido 
ocasión de distinguirse, de una manera especial, en esta afor- 
tunada operación, = Mis pérdidas consisten en dos soldados del 
batallón Reserva número i, extraviados, un húsar contuso y 
dos caballos muertos*:^ El efecto moral de esta acción y lo que 
ha de influir en el estado de las provincias de Guadalajaray 
Cuenca, libres de facciones y del azote cruel de los cantones 
carlistas, V. E, mejor que yo, con su elevado criterio, podrá 
graduarlo, =:Landete 6 de Mayo de 1875- » 

Conseguida esta victoria, regresó Golfín con las fuerzas 
de su brigada á la capital, donde fueron recibidos por las auto- 
ridades y el vecindario con grandes demostraciones de ale- 
gría. También obtuvo dicho brigadier las felicitaciones del 
Gobierno, de la diputación y corporación municipal de Cuen- 
ca, para él y su columna, por el triunfo alcanzado en la jor- 
nada. 

Los carlistas del Centro habían acariciado el propósito de 
enviar á La Mancha una expedición de 2.000 infantes y 200 
cabalioSj para lo cual Villalaín y Palacios debían entretener á 
Golfin en la sierra de Cuenca; mas destrozados éstos en Ade- 
mu2, y prevenidos sin duda aquéllos de que la brigada esta- 
ba apercibida, no llegaron á realizarlo. 

Fatigadas las tropas de las penosas y largas jornadas que 
hicieron por el áspero terreno recorrido en los días anteriores, 
y limpia de facciones la zona encomendada á su custodia, se 
dedicaron solamente al servicio de guarnición en la capital, 
aprovechando el Ministro esta ocasión para hacer algunos re* 
levos de cuerpos, aconsejados por las necesidades del servicio. 
Las reservas números 8 y 10, y dos escuadrones de húsares de 
la Princesa^ marcharon á Madrid, siendo sustituidos en 18 
de Mayo por la reserva 29 y el provincial de Tarragona- La 
reserva 27 dejó de formar parte de las fuerzas de Guadalajara^ 



AÑO 1875 315 

adonde fueron en cambio dos compañías del provincial de 
Cuenca y el 5.' escuadrón de húsares de España. 

A fin de mes, Gamundi, mandando una respetable facción, 
anduvo por Fuentelsaz, Tortuera y Cubillejo de la Sierra, con 
ánimoj al parecer, de caer sobre Molina; pero evacuó el distri- 
to á los pocos días, sin acercarse á la plaza. £1 que si había 
entrado en la provincia de Guadalajara, desde la de Valencia, 
con intención de permanecer en Castilla, era el partidario Gar- 
cía Albarrán, que al frente de dos batallones y un escuadrón, 
medianamente organizados, estaba hacia Alustante y Checa, 
Noticioso de eilo el coronel D. Timoteo Sánchez, jefe acciden- 
tal de la brigada Golfín, salió á batirle desde Cuenca, con tan 
buena fortuna, que á los dos días encontró al enemigo en Che- 
ca, sosteniendo con él una acción en que las tropas fueron 
vencedoras. El brigadier Golfín, que estaba á la sazón en Ma- 
drid y se incorporó en seguida á su destino, relató al Capitán 
general del distrito el día 3 de Junio este hecho de armas 
desde Molina, del siguiente modo: 

f Al distribuir de'sde esa corte el día 29 del mes próximo pasa- 
do las tropas, para oponerme con ellas á la nueva invasión de 
estas provincias por las facciones de Gamundi, Albarrán y otros, 
y dar al coronel Sánchez, con este motivo, mis instrucciones 
determinadas y concretas, tuve ocasión de decir á V. E. que, 
de ser ciertas las noticias telegráficas recibidas, este jefe en- 
contraría, con seguridad, al enemigo, y así ha sucedido. =Bre- 
ve y todo, mi mando ha bastado para que Dorregaray cambiase 
dos veces de comandantes generales por el vergonzoso fracaso 
de los que nombró. =-Para reponer mi salud menoscabada, es- 
peré á dejar limpias de facciones las provincias de Guadalajara 
y Cuenca; pero el transcurso de doce días ha sido suficiente 
para que el enemigo las invada de nuevo con divisiones y briga- 
das y con guerrillas que siembran el terror y la perturbación 
en tan extensa comarca. = El coronel D. Timoteo Sánche^i 



3l6 CASTILLA LA NUEVA 



con el cuidado y precauciones que le encargué, salió el día 30 
de Cuenca, y en medio de un temporal de lluvias que no ha ce- 
sado todavía, fué á Tragacete con los batallones provinciales 
de Ciudad Real y Alcalá, cuatro piezas de artillería y 17 caba- 
llos de España, siguiendo el 31 á Checa. Cuando cruzaba di- 
cho jefe el Tajo, tuvo ya noticia de que el titulado brigadier 
Al barran, con la brigada que antes mandó Palacios, fuerte de 
dos batallones y un escuadrón, se encontraba en Checa, por lo 
cual aumentó sus precauciones y aceleró su marcha, consi- 
guicndo con ello avistarla cerca de dicho punto á las seis de la 
tarde .rr: Entonces dispuso que el comandante de ejército^ capi- 
tán de artillería D» Leopoldo Cólogauj avanzase con dos piezas 
y cuatro compañías de Ciudad Real, y se situase y emplazase 
aquéllas en el monte Majadilla, para dominar y batír^ no sólo 
el pueblo, sino la natural retirada del enemigo á los de Orea, 
Alustante y A lcoroches.=: Sánchez, con cuatro compañías 
de Ciudad Real, otras cuatro de Alcalá y las dos piezas res- 
tantes, ganó la altura llamada de la Roca, desde la cual domi- 
naba la villa y los caminos de Traid y Mejina»=x=El comandan- 
te del provincial de Alcalá recibió orden de ocupar con las 
cuatro compañías que quedaban de su batallón, los pajares que 
hay Bobre el camino de Checa. = Todos estos movimientos, 
ejecutados á la vez con tanta presteza como oportunidad, hi- 
cieron al enemigo reunirse y romper el fuego contra los nues- 
tros, que á su vez lo rompieron también nutrido y eficaz, dan- 
do en esta ocasión la artillería, como en todo el combate, 
pruebas de su notoria certeza y seguridad en los disparos- Nues- 
tras alas avanzaron á poco sobre el pueblo; y el contrario, que 
tan desventajosamente combatía en él, le abandonó con prc- 
cJpitaciónj ocupando el monte Espine da y defendiéndose alli. 
^En esta situación la infantería avanzó, dejando á Checa á re- 
taguardia, mientras la artillería sembraba el espanto en las 
filas de los enemigos, que mermados, mal dirigidos y estre- 



AÑO 1875 317 

chados de cerca por nuestra bizarra infantería, se pronuncia- 
ron en vergonzosa fuga y dispersión. Eran las siete y media, 
y aun cuando tan caída la tarde, la infantería y los 17 caballos 
de España continuaron la persecución. =Tal ha sido la jornada 
de Checa, en la que el nuevo Comandante general de Guada- 
lajara y Cuenca, aun más desgraciado que su antecesor Pala- 
cios, ha dejado en el campo de batalla 40 muertos, y en nues- 
tro poder 42 prisioneros y 16 heridos; ha retirado hasta 150 
de éstos, según noticias oficiales de los alcaldes; ha perdido 
además muchos efectos de guerra; y es noticia esparcida que 
el mismo Albarrán se encuentra herido en un muslo, aserto 
que me confirma el hombre mismo que le sirvió de guía. Nues- 
tras bajas han consistido en tres heridos y 10 contusos, todos 
de la clase de tropa, y un mulo muerto y otro herido. El ene- 
migo, disperso, ha ganado por las asperezas de los montes las 
provincias de Teruel y Valencia. =En esta brillante jornada 
han tenido más ocasión de distinguirse: el bizarro coronel 
D. Timoteo Sánchez; el coronel, teniente coronel de Ciudad 
Real, D. Ramón Alamán; el coronel, teniente coronel de ejér- 
cito, capitán de E. M., D. Jorge Reinlein; el comandante del 
batallón de Alcalá, D. Luis Careaga; y el comandante de ejér- 
cito, capitán de artillería, D. Leopoldo Cólogan . =Para éstos, 
para los citados en los anteriores encuentros y para las valien- 
tes tropas de mi mando, tan disciplinadas y sufridas, que no 
descansan, que.se baten de continuo y que arrastran privacio- 
ones y fatigas sin cuento, pido el apoyo y la benevolencia del 
Excmo. Sr. Ministro de la Guerra y la de V. E. que tan de 
cerca lo ve y lo sabe, como pido para ellos la munificencia de 
S. M. el Rey.» 

Respecto al combate de Checa, dice D. Antonio Oliver en 
sus Apuntes para la Historia de la Ultima Guerra Civil: «El mo- 
do de hacer el servicio, el cansancio de aquellos pobres volun- 
tarios, la hostilidad que en el país se había desencadenado con<- 



3lS CASTILLA LA NUEVA 



tra todo lo que fuera carlista, unido á las muchas confiden- 
cias del enemigo y á llevar éste muy buenos prácticos pasados 
de nuestras filas, anularon los esfuerzos y voluntad de hierro 
de Albarrán que, después de internarse en Guadalajara, sufrió 
una sorpresa por las causas indicadas, la cual, gracias á su se- 
renidad y valor, no tuvo las consecuencias que debió tener, 
Pero quebrantado totalmente con este líltimo golpe, se retiró 
al distrito de Aragón, de donde fué enviado á Cantavieja.t 

Suspendida la persecución por haberse alejado ios carlistas 
del distrito, se reconcentraron las tropas de Sánchez en Moli- 
na, ciudad ala que fueron conducidos los prisioneros y donde 
el Brigadier tomó nuevamente el mando. Esta intentona para 
sostener la rebelión en Castilla, tuvo, como vemos, pronta y 
enérgica represión; y al ahogarla, se aumentaron las desercio- 
nes que de tiempo atrás se dejaban sentir en las ñlas enemigas, 
no contribuyendo poco á ello ¡as disensiones que entre sus je* 
fes existieron. Así fué, que de aquella fuerza carlista, sólo que- 
daron á primeros de Junio 400 infantes y 5o caballos, los cuales 
formaron un batallón y un escuadrón, núcleo que conservó el 
nombre de división de Castilla, tuvo por i."* y 2,^ jefes á Pa- 
lacios y Albarrán respectivamente, y no volvió á entrar en 
el distrito. 

A los pocos días circularon noticias de que en los contor- 
nos de Fuentelaencina y Auñón se había presentado una avan- 
zada carlista anunciando la próxima llegada de un gran grupo 
al mando de Rosas; nueva que determinó á Golfín á encami- 
narse á Priego, Cuando llegó allí, el 5 de Junio^ se encontró 
con que los avisos no eran fundados, y que quien había turbado 
ligeramente la tranquilidad reinante con sus desmanes era la 
comandancia carlista de Santa Cristina, la cual fué sorprendi- 
da y dispersada totalmente por unos cuantos caballos de Espa- 
ña, perdiendo un muerto y 50 armas. 

Como no había nada que temer, las fuerzas de la brigada 



r 



AÑO 1875 .319 

se diseminaron, y en la última indicada fecha su situación era 
la siguiente: en Cañete, el batallón de Tarragona y 20 caba- 
llos; en Cuenca, cuatro compañías de la Reserva núm. 29; en 
Priego, las otras cuatro del mismo cuerpo, que después mar- 
charon á Molina, donde había tres del provincial de Madrid; 
en Maranchón, cinco compañías de Jaén y 100 caballos; y á 
las inmediatas órdenes de Golfín, los batallones de Ciudad Real 
y Alcalá, cinco compañías del de Madrid, cuatro piezas y 200 
caballos. Todos los destacamentos operaban alrededor de sus 
centros respectivos. 

Las marchas y contramarchas de Alcega, que continuaba 
en la vía férrea, y de Melguizo en el partido de Molina, no re- 
sultaron infructuosas; pues el segundo alcanzó y destrozó en 
las inmediaciones de Cobeta á la partida del cabecilla Lafuen- 
te, haciéndole 11 muertos, cogiéndole 29 prisioneros, gran 
cantidad de armas, municiones y fondos, y causándole muchos 
heridos, según atestiguaron los alcaldes de los pueblos comar- 
canos. Alcega también avistó á los facciosos. El siguiente te- 
legrama, que el 1 3 dirigió desde Sigüenza al Ministro, expresa 
los detalles de sus batidas: «Salí de ésta con i5o infantes á 
proteger la vía férrea, por saber que algunos grupos de ene- 
migos se encontraban en las casas de Villaseca. Di alcance á 
uno, rompiendo el fuego sobre él, poniéndole en completa dis- 
persión hacia los pinares y Solanillas y causándole dos heri- 
dos y un prisionero. Regresé á las diez, y ordené al comandan- 
te Cartagena que siguiese su pista con 100 infantes, quien vol- 
vió á tirotearle en las quebraduras del término de Ablanque, 
haciéndole un muerto y dos heridos; los restos salvaron el Ta- 
jo por el puente de Tagüenza, donde nuevamente fueron bati- 
dos, perdiendo 20 armas de fuego. Desde aquí retornó el co- 
mandante Cartagena. La vía asegurada y mi demarcación libre 
de carlistas. » Ni Melguizo ni Alcega tuvieron bajas en estos 
pequeños hechos de armas. 



/^ 



320 CASTILLA LA NUEVA 



La guerra tocaba á su fin en estas provincias; y las opera- 
ciones, más que á batir en ellas á los carlistaSj tendían á evitar 
la entrada de facciones del Centro por Teruel á Guadalajara ó 
por Chelva á Cuenca. Primeramente se creyó que la provincia 
de Guadalajara, en cuyas vecindades andaba Gamundi, era la 
más amenazada, y á ella se dirigió Golfin, reunido con Mcl- 
guizo, internándose desde allí, á mediados de Junio, en Te- 
ruel, y llegando á Monreal del Campo, donde debía conferen- 
ciar con el brigadier Borrero, que salió de Calatayud el 14 
para obrar en combinación con él. Pero la estancia de Do- 
rregaray y Adelantado en Chelva y los movimientos empren- 
didos contra ellos por el Ejército del Centro, hicieron pensar 
que las partidas de dichos jefes carlistas se encaminarían í 
Cuenca para librarse de la acción de las tropas de Valencia, y 
se dio orden á Golfín de retornar á los confines orientales de 
aquella provincia, lo que verificó haciendo una marcha rápida 
por Ojos Negros, Alustante, Orea y Tragacete, sitio á que llegó 
el 18, después de batir á su paso á dos comandancias rebeldes, 
haciéndoles varios muertos y heridos en las ligeras refriegas 
que con ellas sostuvo. 

Estando en Tragacete, y aun cuando ya habían marchado 
á Cantavieja desde Chelva las facciones de Dorregaray y Ade- 
lantado, Golfín expuso al Ministro los inconvenientes de tener 
encomendada á una sola brigada, en aquellas circunstancias, la 
vigilancia de una línea tan extensa y abrupta como era la de 
Molina á Santa Cruz de Moya, para impedir el paso á los car- 
listas que, merced al impulso dado á la campaña del Centro, 
habían de buscar la salvación atravesando aquella zona por los 
puntos más favorables y desamparados. Le dijo además que 
descontadas las guarniciones de Cañete, Friego, Sigüenza, fe- 
rrocarril, Molina y Cuenca, le quedaban tres batallones^ 250 ca- 
ballos y cuatro piezas; fuerza insuficiente, á su juicio, para cu- 
brir la larga línea indicada; que si se estacionaba en Molinai 



AÑO 1875 321 

no podría atender á las avenidas del Rincón de Ademuz; si en 
Santa Cruz de Moya, estaba muy lejos de la raya d^ Guadala- 
jara y Teruel; si elegía un punto central como Priego 6 Cuen- 
ca, se hallaría distante de todas partes; y apoyaba sus indica- 
ciones citando* las últimas marchas forzadas hechas para opo- 
nerse á Gamundi y Dorregaray. El Ministro consideraba justas 
las observaciones, pero no tenía fuerzas con que reforzar á la 
brigada de Castilla. Felizmente, ninguna fracción numerosa se 
encaminó á Cuenca y Guadalajara, ni aun la misma división 
carlista de Castilla, que corrió la suerte de las demás en Can- 
tavieja. Siendo ya innecesaria la permanencia de Golñn en el 
límite del territorio, este brigadier fué á la capital de Cuenca, 
sin olvidarse de desorganizar en su camino los exiguos restos 
de alguna comandancia que todavía pretendía, aunque débil- 
mente, imponerse á los pueblos. Las de Las Majadas y Valde- 
moro Sierra fueron de ellas. Dos carlistas muertos y varios 
prisioneros resultaron de esta batida. 

Hasta el 25 de Junio permaneció la brigada en la capital. 
Entonces el resultado de las operaciones del Centro confirmó 
que no era de temer una invasión en Cuenca, donde, por otra 
parte, el orden y tranquilidad se iban afianzando, siendo de 
esperar que bastasen las guarniciones de los pueblos ocupa- 
dos para conservar el orden. En vista de lo cual, el Ministro 
creyó más conveniente la situación de Golfín en Monreal del 
Campo (Teruel), á la expectativa de las partidas desprendidas 
de las gruesas facciones del Maestrazgo, que trataran de co- 
rrerse á Guadalajara. El Brigadier marchó allí con los bata- 
llones de Ciudad Real y Alcalá, cinco compañías del de Jaén, 
la artillería y caballería, yendo primeramente á Guadalajara y 
después en tren hasta Calatayud. El 3 de Julio fueron de Prie- 
go, á ponerse á las órdenes de Golfín, cinco compañías del pro- 
vincial de Madrid. En tal estado, y sin más cometido que 
observar al enemigo, anduvo la brigada por Calamocha y Mo- 

TOMO UV 21 



322 



CASTILLA LA NUEVA 



lina, hasta el 7, en que con la rendición y toma de Canta vieja 
sufrió un rudo golpe el carlismo del Centro, y Golfin quedó 
dependiendo del Capitán general de Aragónj para contribuir á 
la extinción de la guerra en esta comarca. 

En consecuencia, la provincia de Cuenca quedó custodiada 
por el batallón Reserva 29, que estaba en la capital, y parte 
del provincial de Tarragona, que se hallaba en Cañete. En la 
de Guadalajara había una compañía del último cuerpo citado y 
dos del batallón sedentario, en la capital; una del 3,*^ regi- 
miento de artillería á pie y otra del provincial de Tarragona, 
en Molina; y además la columna del coronel Alcega^ que con 
variaciones constantes en su organización, pero siempre con 
escasa fuerza, seguía en la vía férrea. La guardia civil de ara- 
bas provincias cubría sus líneas y funcionaba ya como de 
ordinario. 

Donde únicamente quedaban algunos enemigos era entre 
la vía férrea y el Tajo, y el coronel Alcega se encargó de ex- 
terminarlos, batiendo el 2 de Julio en La Buenafuente á Bos- 
co, á quien hizo dos heridos y tres prisioneros; el 17, á los que 
formaron la comandancia de Milmarcos, que perdieron un 
muerto, tres prisioneros y varios fusiles; el día siguiente, á los 
mismos en Maranchón, causándoles también bajas, por lo cual 
se acogieron á indulto, á la vez que otros procedentes del Cen- 
tro lo verificaban en diferentes lugares del distrito. El último 
encuentro ocurrió á principios de Septiembre^ con una partida 
volante que pasó á Guadalajara desde Soria, con el vano in- 
tento de hacer prosélitos, y fué derrotada también por los sol- 
dados de Alcega, cerca del río Tajuña, dispersándose total- 
mente y dejando en el campo cinco muertos, varios heridos y 
algunos prisioneros. 

Las escasas cuadrillas de bandoleros que quedaron mero- 
deando por los pueblos, como restos de la pasada insurrección, 
desaparecieron en breve: unas por caer en poder de las auto- 



aSos 1875 323 

rídades, y otras por ausentarse del distrito. La distribución 
que se dio á las tropas de cada provincia, no sólo en las dos 
de que venimos tratando, sino también en las de Toledo, Ciu- 
dad Real y Segovia, en las que hasta esta época se sostuvieron 
pequeñas columnas de observación en los confines amenaza- 
dos, fué la de tiempo de paz, con la sola diferencia de conti- 
nuar varios destacamentos en los lugares que, bien por tener 
un vecindario levantisco ó por haber sido constantes refugios 
de facciosos, exigieron durante más tiempo la presencia de 
fuerzas para alejar el temor de una intentona y robustecer el 
prestigio de las autoridades locales. 

Así concluyó en Castilla la Nueva el alzamiento que desde 
1869 se venia sosteniendo. Nunca alcanzó gran incremento, 
pero fué constante y pertinaz. Los carlistas no llegaron jamás 
á tener aquí la organización ni los elementos que en el Norte» 
Cataluña y Centro; y si hubo facciones de importancia, proce* 
dieron de Aragón ó Valencia, adonde volvían al poco tiempo, 
sin otros beneficios para su causa que el Botín que solían lle- 
varse. Las formadas con gente de Castilla sufrieron muchas 
alternativas; y aunque reunieron á veces una fuerza respeta- 
ble, no la tuvieron mucho tiempo; pues á causa de derrotas 
que lr:s hizo sufrir el Ejército, y también por las rivalidades y 
antagonismos de sus mismos cabecillas, se desmembraban fre- 
cuentemente para convertirse en pequeñas partidas, que á 
duras penas y en raras ocasiones se reunían nuevamente. De 
todos modos, tal estado de cosas fué lo suficiente para distraer 
tropas, desprestigiar á las autoridades de los pueblos, vejar 
á los habitantes en suírpersonas é intereses y sostener un dis- 
gusto constante en el país que, cansado de la lucha, no esca- 
seó las manifestaciones de júbilo y alegaría al ver terminada la 
guerra y entrar de lleno en la vida normal de paz y tranqui- 
lidad. 



CAPITULO VIII 



Sumario.— Distrito de Castilla la Vieja.—Año 1869.— Pequeñas partidas.— Disposición 
nes adoptadas.— Facciones en León.- Movimientos de las columnas.— Muerte de 
Balanzátegui.— Captura deMilla.—Translornos.— Alzamiento en Soria.— Año 1870. 
—Alteraciones del orden público. •Partid as en Logroño— Columnas.-Derrota 
de la facción Sáenz de Tejada —Alzamiento en Burgos.— Encuentros. — Las co- 
lumnas dan una batida general y termina la insurrección.— Año 1872.— Reducción 
del distrito.- Nuevas facciones.— Organización de columnas.— Provincia de León. 
—Movimientos y encuentros.— Provincia de Oviedo.— Primeras operaciones y he- 
chos de armas.— Facciones de Faes y Valdés.— ídem de Rosas.— ídem de El Gor- 
dito.— Tropas que operaron contra ellas.— Provincia de Palencla.— Choques.— Par- 
tidas de Hierro y El Pastor.— Transtornos en las demás provincias.— Año 1873.— 
Asturias— Partidas , columnas, movimientos y encuentros.— León, Salamanca, 
Avila y Valladolid.— Pequeñas facciones en Palencia.— Movimientos y choques.— 
Termina la insurrección en el distrito.— Nuevo alzamiento en Asturias.— Partidas 
de Faes, Saavedra, Rosas, Santa Clara y El Gordito.— Columnas,— Operaciones y 
encuentros.— instrucciones para un nuevolevantamicnto.— Movimientos y peque* 
ños combates en la provincia de Oviedo.— Año 1874.— Oviedo.— Operaciones.— 
Encuentro en la altura de Pandecuerigo.— Marchas y choques —Partidas en otras 
provincias.— Aumento de tropas en Asturias.— Hecho de armas de Lena.— Nueva 
organización de las columnas.— Acción de Tineo. — Encuentro del collado de Selami- 
ees.— Los carlistas se guarecen en la cuenca del rio AUer.— La columna Redondo les 
hostiliza y marchan al Norte.— Salen tropas para estacionarse en la vía férrea de 
Santander.— Facciones.— Operaciones y encuentros.— Provincia de León.— ídem de 
Oviedo.— Faes y Valdés.— Encuentros en la provincia de Falencia.- El Capitán 
general informa sobre el estado del distrito.— Disposiciones que adoptó.— Batidas.— 
Acción de Mieres.— Muerte de Faes.— Decrece la insurrección.— Hechos de armas 
durante el mes de Agosto.— Los carlistas se proponen dar mayor incremento á las 
facciones.— Se concentran al efecto entre Collanzo y Aller.— Amagan la Fábrica de 
Trubia.— Llegan refuerzos á Asturias y se da un gran impulso á las operaciones.— 
Hechos de armas.— Provincia de Falencia.— Proyectan los carlistas del Norie una 
expedición á Asturias.- Medidas adoptadas para evitarla.— Pequeños encuentros.— 
Término de la insurrección.— Año 1875.— Latrofacciosos.— Se reconcentran las 
tropas en las capitales. 



No permanecieron ajenas á los disturbios que agitaron en 
el año 1869 á otras comarcas de la Nación, las provincias de 
Valladolid, Oviedo, León, Zamora, Salamanca, Palencia, Avi- 
la, Burgos, Soria, Logroño y Santander, que entonces consti- 
tuían el distrito de Castilla la Vieja, de cuyo mando estaba en- 
cargado, á mediados del indicado año, el teniente general don 
Ramón Gómez Pulido, y en cuyo territorio existían las guarni- 



326 CASTILLA LA VIBJA 



i 



ciones de las capitales, las de las plazas de Santoña y Ciudad- 
Rodrigo y algunos destacaipentos de poca importancia. 

Los primeros chispazos del alzamiento fueron Ja aparición 
de pequeñas partidas en Neila (Burgos), Morcin (Oviedo) y 
Cacabelos (León), que en breve fueron disueltas por la guardia 
civil de los puestos inmediatos, y la alteración del orden púbti^ 
co en El Burgo de Osma (Soria), punto en que varios paisanos 
dieron gritos subversivos, haciendo necesaria la intervención 
de fuerza del mismo instituto, y adonde fué enviado un desta- 
camento para garantir la tranquilidad de la población é inme- 
diatas, cuyos vecinos, de reconocidas ideas carlistas, estaban 
en connivencia con los agitadores de Navarra y Vascongadas, 

Por esto y por los insistentes anuncios de nuevos trastor- 
nos, el general Gómez Pulido juzgó necesario hacer nueva 
distribución de fuerzas, para prevenir las eventualidades que 
eran de esperar en algunas zonas del distrito. Las disposicio* 
nes que adoptó fueron las siguientes: situar dos compañías del 
regimiento infantería de San Quintín en Avila, provincia cuya 
proximidad á la de Toledo hacía temer que se trasmitieran á 
ella los desórdenes de ésta; destacar en Palencia á una colum- 
na de cuatro compañías de cazadores de las Navas y una 
sección de húsares de Santiago hacia Carrión de los Condes, 
Saldaña, Aguilar de Campóo y Cervera de Pisuerga, donde 
el movimiento reaccionario era grande , columna que pasó 
después á León y anduvo luego indistintamente por las dos 
provincias; estacionar una pequeña fuerza en Tordc sillas (Va- 
lladolid) y Astudillo (Palencia), para sofocar los motines 
que allí menudeaban; reforzar el destacamento de dos compa- 
ñías de San Quintín y una sección de caballería que había en 
El Burgo de Osma, con otras compañías de cazadores de Se- 
gorbe, para que, mandado por el teniente coronel Valcárcel, 
recorriese los pueblos próximos y llegase á los de A randa de 
Duero y Salas de los Infantes, cuyos moradores estaban muy 



AÑOS DE 1869 A 1875 327 

excitados por la propaganda que entre ellos se hacía; y por 
último, reconcentrar la guardia civil en los cabezas de linea. 
La plaza de Ciudad Rodrigo contaba dentro de sus muros con 
tres compañías; en la fortaleza de Santoña se hallaba el regí- 
miento infantería de Castilla, menos dos compañías que guar- 
necían á Santander, y en la capital de Oviedo había dos com* 
pañías del regimiento infantería de San Quintín; de modo, que 
con las tropas así esparcidas y con las que había en la capital 
del distrito, se podía responder del orden público, según decía 
el Capitán general, y aun en el caso hipotético de una reunión 
considerable de enemigos, combinar las operaciones de manera 
que se consiguiese ahogar en su nacimiento la rebelión. 

En 24 de Julio, las autoridades civiles recibieron confiden- 
cias de que en breve se verificaría el alzamiento en la provin- 
cia de León, y á los pocos días apareció, á cinco leguas de la 
capital, una partida de 20 hombres armados, que se dirigió á 
las sierras del límite con Asturias. En su persecución se hizo 
salir al comandante de la guardia civil D. Pedro Carniago con 
un oficial y 20 guardias, ordenándose al propio tiempo al 
jefe del 10." tercio, al que pertenecían aquéllos y todas las fuer- 
zas que existían en la provincia, la reconcentración de parte 
de ellas en La Pola de Gordón, Ponferrada, Astorga y León, 
en la contingencia de que el número de enemigos aumentase. 

Pronto se confirmaron tales temores; pues la facción se 
acrecentó considerablemente cerca de La Magdalena, en vista 
de lo cual el comandante Carniago se detuvo en Espinosa de la 
Ribera, á fin de que se le reuniese el jefe del tercio, con los 44 
hombres de que pudo disponer, y juntos marcharon á La Ro- 
bla en busca de los rebeldes. Además otra partida de unos 3o 
insurrectos, bien equipados, al mando del cura Cosgaya, se 
presentó en Val de San Lorenzo, cuyos habitantes se resis- 
tieron á que entrase en el pueblo, rompieron el fuego sobre los 
sediciosos, les obligaron á evacuar los alrededores en direc- 



328 CASTILLA LA VIEJA 



ci6n á Astorga, y íes cogieron un prisionero, á costa de la 
muerte del alcalde, que fué quien capitaneó á los defensores. 

Tan pronto como el Capitán general conoció el incremento 
que alcanzaba la insurrección, declaró el distrito en estado de 
sitio, promulgando la ley de 17 de Abril de 1821; estableció 
un consejo de guerra permanente para juzgar á los aprehendi- 
dos, y dispuso que fueran tropas á sofocar rápidamente el mo- 
vimiento» Acudieron, en primer término, las cuatro compañías 
de cazadores de las Navas y la sección de caballería que digi- 
mes se destinaron á Falencia; fuerzas que, mandadas por el 
teniente coronel D. Enrique Sánchez Manjón, llegaron á la 
capital de León el día i.° de Agosto. 

La situación de los carlistas en tal fecha era la siguiente: 
entre La Magdalena y Rioseco de Tapia, una partida de 250 
hombres, á cuyo frente iba elcuraD, Antonio Milla, beneficia- 
do de la catedral de León y oficial, que fué, del ejército carlista 
en la primera guerra civil; en Boñar otra de 100 individuos, 
que seguían á D. Pedro Balanzátegui, y debía servir de base 
para formar una mayor con gente reclutada en Riaño y Cofi- 
ñal; los del cura Cosgaya, catedrático del seminario conciliar, 
en los alrededores de Astorga; y los mandados por el paisano 
José Fernández Alonso (a) el Judio de Neli y por el canónigo 
de la catedral de Astorga, D. Juan José Fernández^ mal arma- 
dos y perseguidos por guardia civil de Ponf errada y Villafran- 
ca del Vierzo, se corrían por el monte Laguna con rumbo á 
Castrocontrigo, con intención, sin duda, de ir á internarse en 
Portugal, 

En seguida que la columna Sánchez Manjón llegó á la ca- 
pitalf se dividió en otras varias, proporcionadas al número de 
enemigos que cada una debía perseguir, dirigiéndose el tenien- 
te coronel con 220 soldados á Astorga para adquirir noticias. 
A su arribo se encontró grandemente aiarmada la población, 
porque los habitantes esperaban verse atacados de un momen- 



AÑOS DE 1869 A 1875 329 



to á otro por los 5 6 6.000 hombres á que hacían ascender el 
total de los facciosos, cifra muy exagerada, pero á la que pen- 
saban llegar los carlistas; pues, según se comprobó más tarde, 
trataban de organizar una fuerza de importancia en la sierra 
de Cabrera, terreno sumamente escabroso de las inmediaciones 
de Ponferrada, para el mando de la cual estaban indicados los 
titulados brigadier Rosas y coronel Navarro, quienes al ver 
desbaratados sus planes por lo velozmente que las tropas ocu- 
paron sus centros de reunión, se internaron en Portugal, desis- 
tiendo de sus propósitos. 

Sin embargo, Sánchez Manjón permaneció en las in- 
mediaciones de Astorga, operando en combinación con la 
guardia civil de Ponferrada. Parte de su primitiva colum- 
na, con el teniente coronel Castañón y alguna guardia ci- 
vil, fué hacia el partido de Riaño, á batir á Balanzátegui, al 
mismo tiempo que otro destacamento, á las órdenes del co- 
mandante Taboada, se encaminaba á La Magdalena y La Pola 
de Gordón, en pos del cura Milla. 50 guardias civiles de Astu- 
rias y otros tantos carabineros, se estacionaron en Pola de 
Lena y Belmonte, para observar á las partidas que intentasen 
correrse á Oviedo. En la capital de León quedaban 60 cazado- 
res de las Navas y 3oo voluntarios de la libertad, prontos á 
acudir á los sitios amagados ó á defender la ciudad, si la auda- 
cia de los carlistas llegaba hasta hostilizarla. Todo era de te- 
mer, porque contaban con apoyo en la capital, particularmente 
en el clero, cuya preponderancia é influencia era grande, y no 
hubiera extrañado á nadie que quisieran abrir la campaña con 
un golpe de tal importancia. 

Al moverse las columnas de León, su principal objetivo era 
estrechar á las facciones contra el límite de las provincias ve- 
cinas, donde previamente se había situado alguna tropa, para 
cogerlas entre dos fuerzas y batirlas por completo. Aunque 
por el pronto no hubo ningún encuentro, la persecución fué 



33o CASTILLA LA VIEJA 



tan activa, que las presentaciones menudearon, y pudo presa- 
giarse el inmediato fin de un alzamiento que nació con evi- 
dentes señales de una existencia efímera, á lo cual tenían que 
contribuir en grado sumo las acertadas prisiones que se esta- 
ban haciendo en León, Astorga y otras poblaciones, de indivi- 
duos notoriamente compro metidos en favor de la causa car- 
lista. 

Los que seguían á Milla y á Balanzátegui fueron los más 
insistentes; pues las demás partidas, de excasa fuerza, ningu- 
na organización y mal armadas, se diseminaron en breve, y 
sus restosj se internaron en Portugal, volvieron á sus casas, ó 
cayeron paulatinamente en poder de las autoridades. El pri- 
mero estaba el día 3 de Agosto acosado por Taboada en el 
partido de Murías de Paredes, y el segundo en el límite de Fa- 
lencia, hacia Guardo, hostilizado porCastañón. Asi anduvieron 
tres días^ al cabo de los cuales Milla, cortado por Taboada en 
la marcha que intentó á Asturias y estrechado contra las mon- 
tañas de El Vierto, donde previamente había situado Manjón, 
desde Astorga, tres pequeñas columnas para que le salieran al 
encuentro, fué batido por una de éstas, con pérdida de i5 pri- 
sioneros, una bandera, 12 caballos y armas. Tal golpe produ- 
jo la diseminación de los secuaces del cabecilla, presentándo- 
se muchos á indulto por el temor á ser pasados por las armas 
si eran cogidos con ellas en la mano, pena impuesta por el Go- 
bierno de la Nación á los que se hallaran en este caso, 

Balanzátegui amagó pasar á la provincia de Falencia, y se 
puso en movimiento la guardia civil estacionada en Cervera 
de Pisuerga y Saldaña, mandada por el coronel Serrano; 
por manera^ que circundado por ésta, por Castañon y por el 
diputado Acevedo, autorizado por el Ministro de la Guerra 
para organizar y dirigir una compañía de voluntarios denomi- 
nada tiradores de León, fué avistado el día 6 en Prioro por i5 
lanceros que acompañaban á los voluntarios^ quienes le hície- 



AÑOS BB 1869 A 1875 331 



ron huir, cogiéndole caballos y armamento. Pocas horas des« 
pues tuvo otro encuentro en el Pinar de la Velilla de Guardo 
con varios guardias civiles de los salidos de Cervera, los cua- 
les obligaron con su fuego á los rebeldes á desalojar las posi* 
clones que ocupaban, á fraccionarse y á internarse en la sierra 
de Brezo, no sin que se les cogiesen algunos prisioneros. 

Desalentado y sin esperanzas, Balanzátegui se separó de los 
suyos, á raíz del último contratiempo, y á las pocas horas fué 
aprehendido por el sargento Centeno, de la guardia civil, y fusi- 
lado en Valcovero, al amanecer del día 7, con arreglo á las ór- 
denes del Gobierno respecto á los sediciosos cogidos con armas, 
como lo había sido días antes uno de los prisioneros hechos en 
la sierra de Brezo. Esto hizo las presentaciones más frecuentes, 
y como se prendió á todos aquellos que fueron delatados por los 
prisioneros, y continuaron las batidas de los pequeños destaca • 
mentos en que se fraccionaron las columnas para perseguir á los 
restos errantes de las partidas, fueron éstos cayendo sucesiva- 
mente en poder de las autoridades, y reapareció la tranquili- 
dad, hasta el punto que, á los pocos dias, reconcentró Manjón 
toda su columna en Astorga, dejando á la guardia civil el cui- 
dado de dar con los pocos fugitivos que quedaban. 

Entre ellos estaba el beneñciado Milla, refugiado con algu- 
nos en la sierra Cabrera, quien el dia 11 fué preso y conducido 
á León con el cura de Ig^eña, para ser ambos juzgados por el 
consejo de guerra, que sentenció al primero á pena de muerte, 
de la cual fué indultado. A 130 ascendía el número de los en- 
causados, bien por haberse lanzado al campo ó bien por coope- 
rar encubiertamente á la rebelión. 

En La Bañeza y pueblos comarcanos hubo algunos desór- 
denes por negarse los vecinos á pagar la contribución; pero 
tales trastornos, fomentados por los agentes carlistas, duraron 
escaso tiempo y fueron calmados á poca costa por la guardia 
civil, análogamente á lo sucedido en otro pueblo de Asturias, 



332 CASTILLA LA VIEJA 



donde, encarcelados 14 individuos, abortó el proyecto que 
tenían de formar una partida. 

Destruidas las facciones de León y restablecido el orden, 
dispuso el Capitán general, á mediados de Agosto, que los 
guardias civiles volvieran á sus puestos, menos 40 que queda- 
rían en Ponferrada, 20 en Pola de Gordón y 50 en Astorga; 
que dos compañías de cazadores de las Navas y una sección 
de lanceros se acuartelaran en la capital, custodiando á los que 
esperaban el fallo del consejo de guerra; que en Saldaña y Cer* 
vera de Pisuerga siguieran estacionados los destacamentos de 
la guardia civil de Palencia, para observar el límite; y, final- 
mente, que en Almanza hubiese una compañía de las Navas y 
una sección de lanceros de Santiago para servir de enlace á las 
fuerzas de ambas provincias. La otra compañía de las Navas 
regresó á Valladolid. A fin de mes la situación mejoró más to- 
davía, y la columna de Almanza fué á León y los destacamen- 
tos de Saldaña y Cervera á Palencia. 

Mientras ocurrían en la provincia de León los aconteci- 
mientos que hemos relatado, en el resto de Castilla la Vieja 
abundaban los desórdenes y trastornos: en el confín de Avila 
con Toledo, al alzarse en la última el cura de Alcabón; en Va- 
lladolid, á causa de una conspiración con ramificaciones en 
Zamora, hasta que, descubiertos sus autores, fueron sujetos á 
la acción de los tribunales, no sin que en Peñafiel hubiese un 
alboroto que terminó en colisión entre liberales y carlistas, cu- 
yos ánimos estaban muy excitados por las exageradas noticias 
que circulaban; en Aranda de Duero, con motivo de cuestiones 
locales, en las que trataba de influir el elemento carlista; en 
la provincia de Logroño, por haberse presentado una pequeña 
partida, que se disolvió á los pocos días, y por los constantes 
alardes y descubiertas manifestaciones de los perturbadores, 
que hicieron necesaria la reconcentración de la guardia civil; 
y finalmente, en la provincia de Soria por la aparición, en San- 



AÑOS DE 1869 A 1875 333 



tervás, de un grupo de latrofacciosos que estuvo cometiendo des- 
manes hasta que fué capturado en Santa María de las Hoyas, y 
por existir en el partido de El Burgo de Osma un foco impor- 
tante de conspiradores que estaban en connivencia con los agi- 
tadores del Norte. 

Se decía que en la noche del 5 de Agosto concurrirían á 
la última población citada los comprometidos; y, en efecto, al 
día siguiente había ya en Ucero 84 rebeldes capití^neados por 
D. Indalecio Iglesias, y en Navaleno y San Leonardo otros 
dos grupos menos numerosos, mandados por el cura de Arganza 
y por D. Toribio Miguel. En busca de ellos salieron 30 guardias 
civiles de El Burgo de Osma, y de Burgos fueron á cubrir el 
conñn con Soria dos compañías de cazadores de Segorbe y 80 
guardias civiles. Esperaban los carlistas que el movimiento 
llegaría á ser de gran entidad desde el primer instante; mas 
no fué así, y reunidas las tres partidas, formando un total de 
200 hombres, estuvieron unos días huyendo de los guardias ci- 
viles y de otro destacamento que partió de la capital de Soria, 
hasta que, desalentados, sin recursos y sin apoyo, concluyeron 
por acogerse á indulto el día 9; haciéndolo 110 en Carrascosa 
de Abajo, 14 en Gormar y varios individuos sueltos en diferen- 
tes puntos. Los pocos fugitivos que quedaron cayeron pronto 
en poder de la guardia civil, que se retiró á sus puestos al ser 
innecesarias sus operaciones en la pequeña zona recorrida por 
las partidas. En previsión de nuevos sucesos» las guarniciones 
que sabemos había en Aranda de Duero y El Burgo de Osma, 
continuaron formadas por una compañía y una sección de ca- 
ballería cada una. 

El Capitán general visitó algunos puntos del distrito para 
activar el término de los procesos, y, principalmente, para adop- 
tar sobre el terreno medidas que evitasen la repetición de los 
acontecimientos pasados; y aunque en Diciembre hubo un mo- 
tín en Nava y una intentona en Miranda de Ebro, aquel se apa- 



334 CASTILLA LA VIBJA 



ciguó en breve y ésta no prosperó, porque conocida previamen- 
te, se enviaron á dicha población 200 infantes, los cuales evita-^ 
ron con su presencia que el plan carlista fuera llevado ade-* 
lantc. 

*v 

Al principiar el ano 1870, el estado de las cosas había va- 
riado poco: existia la misma intranquilidad é igual desasosiego 
en loa pueblos, manifestados por alteraciones del orden públí* 
co, ajenas, en la apariencia, la mayor parte de las veces al car- 
lismo, pero que eran producto de sus ocultos manejos, para 
aprovechar la situación que creaban y lanzar al campo de vez 
en cuando alguna partida. Una de aoo hombres que el 19 de 
Febrero se organizó en la raya de Portugal y que trató de in- 
ternarse en Salamanca, vio contrarrestado su propósito por 
los carabineros y guardia civil; y al volver á ganar la frontera, 
fué disuelta por las tropas portu^esas. 

El encono entre liberales y carlistas era grande. Varias se* 
nales ostensibles de ello hubo en algunos pueblos, en los que 
vinieron á las manos, resultando muertos y heridos de las con- 
tiendas. Las autoridades seguían con atención y vigilancia los 
movimientos de los perturbadores; enviando columnas ó re- 
concentrando la guardia civil al menor asomo de trastornos ó 
bien cuando sucesos tales como la elección de diputados á Cor- 
tes 6 las operaciones de reclutamiento podían servir de pre- 
texto para que la paz fuera menoscabada* Los destacamentos 
que en Abril cubría el regimiento de infantería de Castilla en 
Ciudad -Rodrigo, Béjar, Salamanca, Avila, Aranda de Duero, 
Burgos, El Burgo de Osma, Soria y Reinosa, evitaban, hacien* 
do pequeñas excursiones por los pueblos comarcanos, que de- 
cayese el espíritu del país. 

Por entonces las autoridades civiles tuvieron conñdencias 
de un cercano levantamiento, en la provincia de Logroño prin- 



AÑOS DE 1869 A 1875 335 



cípalmente; y como medida previsora, se mandó á Nájera, San- 
to Domingo de la Calzada y Calahorra alguna fuerza de guar- 
dia civil para evitar la realización de los propósitos que abri- 
gaban los carlistas; pero sólo una pequeña partida de 10 hom- 
bres vagó unos días por las cercanías de Medina de Pomar 
(Burgos). Otra que se debió reunir en Rueda (Valladolid), no 
lo efectuó por haber ocupado el pueblo dos compañías de ca- 
zadores de las Navas^ las cuales recorrieron después, unidas á 
una sección de lanceros de Numancia, Alaejos, Nava del Rey, 
La Seca y otros puntos en los que estaban los ánimos muy so- 
breexcitados, á causa de una colisión habida en Bobadilla del 
Campo entre carlistas y republicanos. 

Surgiendo de vez en cuando desórdenes, que nunca fueron 
de importancia, transcurrió el tiempo hasta fines de Agosto, en 
que, iniciado el movimiento insurreccional en las provincias de 
Álava y Vizcaya, se ordenó la reconcentración de la guardia 
civil y carabineros de las limítrofes con Navarra y Las Vas- 
congadas, y se organizaron en Miranda de Ebro dos peque- 
ñas columnas: una al mando del teniente de carabineros Don 
Rafael Brotóns, con soldados del mismo instituto, guardias 
civiles y algunos caballos del regimiento de Santiago; y otra 
á las órdenes del capitán, también de carabineros, D. Miguel 
Velázquez de Castro, con unos cuantos infantes del regimiento 
de Soria y voluntarios de la libertad. Ambas persiguieron ac- 
tivamente á las partidas que se presentaron en las inmediacio- 
nes, contribuyeron á su pronta dispersión y protegieron los 
intereses de los pueblos. La primera llegó hasta el valle de 
Cuartango, donde hizo ocho prisioneros; la segunda, sin alejar- 
se tanto, cogió 23; y las dos se apoderaron de armas, municio- 
nes y pertrechos de guerra y acogieron á muchos presentados. 
En la capital de Logroño se organizó otra pequeña columna, 
que pasó á La Rioja Alavesa á batir á un reducido núcleo de 
insurrectos que recorría los pueblos cercanos á Labastida» el 



336 CASTILLA LA VIEJA 



cual se internó en Logroño, y fué alcanzado y dispersado á unos 
tres kilómetros de Fuenmayor, perdiendo todo el armamento, 
razón, sin duda, por laque no se volvieron á reunir los que 
constituían el grupo. 

Sin embargo de esto, la insurrección del Norte se propa- 
gó, aunque en pequeña escala, á la provincia de Logroño, y 
el día 30 de Agosto aparecieron varias partidas en los térmí* 
nos de Nájera y Santo Domingo de la Calzada, para batir á 
las cuales se organizaron desde luego dos columnas: una, com- 
puesta de guardia civil y 25 caballos del regimiento de San- 
tiago, que salió de Haro con encargo de recorrer la ribera del 
Ebro, entre Logroño y Alfaro; y otra, de 100 soldados de in- 
fantería de Cuenca y una sección de caballería, que desde 
Miranda de Ebro debía vigilar la ribera hasta Logroño. La 
última, reforzada en el mismo día con una compañía de Cuen- 
ca que llegó de Valladolid por ferrocarril, fué la que ini- 
ció la persecución, dividida al efecto en dos fracciones. A 
la vez, dispuso el Capitán general que de Logroño marchara 
inmediatamente contra los sediciosos un destacamento de 
guardia civil y caballería de Santiago, y que desde Miranda de 
Ebro cayese también sobre ellos otro de igual composición, 
que se aumentó posteriormente con una compañía provisional 
del contingente del regimiento de Cuenca, Las cuatro colum- 
nas, al mando del Gobernador militar de la provincia, que 
salió á operar escoltado por 40 caballos de Santiago, persi- 
guieron sin descanso á las facciones, las cuales se reunieron á 
las órdenes del cabecilla D. José Saénz de Tejada, y pasaron 
por el valle de San Millán de la Cogolla al de Ezcaray, con 
intento de internarse en Burgos para proteger eí alzamiento 
en esta provincia. 

En previsión de esto se dispuso que, al mando del teniente 
coronel D. Luis Fajardo, se acantonara alguna tropa en Bri- 
biesca, y dos compañías de cazadores de Reus y 40 caballos de 



AÑOS DB 1869 Á 1875 337 



Albuera en Salas de los Infantes; y con el mismo objeto se 
previno al Gobernador militar de Soria que guardase el eonfín 
de su provincia con la de Logroño. Los de Bribiesca tenían 
también la comisión de vigilar el importante paso de la Brújula. 

Tales disposiciones no impidieron que la facción Sáenz de 
Tejada se corriera por Canales á Neila; pero parte de las fuer- 
zas de Fajardo le salieron al encuentro por Belorado y Barba- 
dillo de Herreros, la alcanzaron el día 3 de Septiembre en Mo- 
nasterio de la Sierra, al cabo de tres marchas forzadas; la dis- 
persaron por completo, y le causaron tres heridos; cogiéndole 
25 prisioneros, entre ellos el cabecilla, 11 caballos, 152 armas 
de fuego, y un carro cargado de municiones y pertrechos, á 
pesar de que la partida constaba ya de 400 hombres, y la co- 
lumna perseguidora sólo de 50 cazadores de Reus y 20 caballos 
de Albuera. Con este golpe quedó disuelta la facción de La 
Rioja, y sus individuos se presentaron á indulto la mayor par- 
te, siendo aprehendidos los restantes en los días siguientes 
al del choque. 

Aún no se había calmado la provincia de Logroño, en cuya 
capital estuvo el Capitán general para unificar é impulsar las 
operaciones, cuando empezaron á circular noticias de ujpí in- 
mediato alzamiento en Burgos; y, efectivamente, en la noche 
del 4 al 5 de Septiembre se presentó una partida en La Car- 
tuja de Miraflores, formándose además otras varias, regular- 
mente armadas y equipadas, en los términos de Roa, Aranda 
de Duero, Lerma y Salas de los Infantes. Inmediatamente se 
trasladó á Burgos el general Gómez Pulido, y utilizando cinco 
compañías de cazadores de Reus que allí había, la guardia 
civil y los carabineros de la provincia, la fuerza que tenía 
disponible del regimiento caballería de Albuera, 40 caballos 
del de Santiago que fueron de Logroño por camino de hierro, 
y más tarde el batallón cazadores de Arapiles que arribó des- 
de Vitoria, formó columnas compuestas de infantería y caba- 

ToMO xiT aa 



338 CASTILLA LA VIEJA 



Hería, que distribuyó por demarcaciones, al mando cada una de 
un jefe, y todas al del Comandante general de la provincia, 
quien marchó á la zona que había que batir, á fin de poder 
adoptar con oportunidad las providencias necesarias . 

Desde el primer momento contaron los facciosos con la 
protección de los pueblos, cuyos habitantes ocultaban, desfigu- 
raban ó aumentaban maliciosamente á las tropas, las noticias 
referentes al enemigo. Sin embargo de la activa persecución 
que se les hizo, resultó que el día 9 de Septiembre fué avistada 
en Revilla del Campo la facción levantada en La Cartuja al 
mando de Bouyet, fuerte de i5o hombres, por una columna de 
cazadores de Arapiles, guardia civil y carabineros, la que, des* 
pues de un sostenido fuego que produjo á los carlistas tres 
muertos y algunos heridos, disolvió á la partida. 

Igual suerte cupo á otra que se formó en el partido de Aran- 
da de Duero con unos 200 individuos, capitaneada por el titu- 
lado Mochón, al ser alcanzada al día siguiente, cerca de Arau- 
zo de Miel, por una compañía de cazadores de Reus, 25 caba- 
llos de Albuera y 10 guardias civiles, que la desalojaron de las 
posiciones en que se defendió, batiéndola y dispersándola com- 
pletamente, con pérdida, en los insurrectos^ de 23 muertos, 
entre ellos dos sacerdotes, 21 prisioneros y bastantes heridos, 
y de uno de éstos y varios contusos en la columna. 

El mismo día fué batido en Navaleno (Soria) un grupo re- 
belde de 80 infantes y 20 caballos, que el cabecilla Ortega ha- 
bía reclutado en Aranda de Duero, Roa, Gumiel de Izan, Gu- 
miel del Mercado y Bahabón de Esgueva, por soldados de in- 
fantería de Cuenca y guardias civiles, quienes atacaron el refe- 
rido pueblo de Navaleno en el que se había hecho fuerte el ene- 
migo, el cual fué arrojado de sus posiciones y sufrió la baja 
de 5 heridos y i3 prisioneros; siendo tal resultado^ motivo bas- 
tante para que estos sediciosos se separaran y no reincidieran 
en su actitud hostil. 



AÑOS DE 1869 A 1875 339 

Por aquellos días se formó también en Bareyo (Santander) 
una pequeña facción que, perseguida activamente por fuerza 
de carabineros y guardia civil, se disolvió al poco tiempo. 

Los sucesivos y frecuentes descalabros sufridos por los 
carlistas, y después la bien calculada persecución emprendida 
por 15 columnas organizadas para recorrer los partidos de 
Aranda de Duero, Lerma y Salas de los Infantes y el con- 
fín de Soria con Burgos, y por otras que había en Castro{íeriz 
y Bribiesca, dieron por resultado que al poco tiempo no que- 
dase en el campo ninguna facción y sí sólo dispersos errantes, 
que se escondían en los montes ó se presentaban en demanda 
de indulto; haciendo notar las autoridades, sobre este particu. 
lar, que ninguno lo hacía con armas; pues las ocultaban 
esperando ocasión favorable para alzarse nuevamente. A me- 
diados de Septiembre sumaban 204 los aprehendidos y 85 los 
presentados, es decir, la casi totalidad de los que tomaron las 
armas. 

Antes de retirarse del campo, las tropas dieron una batida 
general, regresando después los soldados de los batallones de 
Reus y Arapiles y parte de la caballería de Santiago y Albue- 
ra á los puntos de que procedían, y quedando únicamente co- 
mo medida preventiva: en los confines de Burgos y Soria, 
hacia Duruelo de la Sierra y San Leonardo, una compañía de 
Cuenca y una sección de caballería; en Salas de los Infantes, 
otra columna de análoga composición; en Logroño, otra com- 
pañía del mismo cuerpo; en Herreros, un destacamento de 
guardia civil; y, finalmente, alguna infantería y guardia civil 
acantonada en Lerma y Aranda para vigilar la ribera del 
Duero. 

Al terminar el mes de Octubre la tranquilidad era comple- 
ta, y los destacamentos se retiraron á las capitales de provin- 
cia, terminando el año 1870 sin que las tropas del distrito 
tuvieran que intervenir más que en proteger la cobranza de 



340 CASTILLA LA VIEJA 



contribuciones, que originó algunos trastornos; en apoyar á 
las autoridades locales para que contrarrestasen las predica- 
ciones y manejos de los agitadores* y en ahuyentar de vez en 
cuando alguna que otra cuadrilla de latrofacciosos que^ á la 
sombra de la bandera carlistaj cometia vejámenes y atropellos 
en los pueblos. 

Hasta fines de Mar^o de 1872 la situación cambió poco: 
continuaron los trabajos en favor de la causa del Pretendien- 
te, y hubo algunos motines que fueron reprimidos inmedia- 
tamente; pero no se lanzó al campo ninguna partida. 

En 22 de dicho mes el distrito sufrió una transformación al 
quedar restablecido el de Burgos con la provincia del mismo 
nombre y las de Santander, Logroño y Soria, segregadas 
del de Castilla la Viejas que desde entonces comprendió sola- 
mente las de Valladolid, Leónj Falencia, Zamora, Salaman- 
ca, Avila y Oviedo* A partir de esta fecha, los acontecimientos 
de la campaña carlista relativos al nuevo distrito están rela- 
tados en las operaciones del Norte, y, por tanto, habrá que 
limitar ahora la narración á los verificados en las siete últi- 
mas provincias citadas, principalmente en las de León^ Ovie- 
do y Falencia, pues los ocurridos en las demás fueron de 
escasa significación. 

El Ministro de la Guerra anunció en los primeros días de 
Abril al teniente general D, Gabriel Baldrich, primera autori- 
dad militar de Castilla la Vieja, la actitud hostil en que se 
había colocado el partido carlista al retirar los representantes 
que tenía en las Cortes y le previno que estuviera apercibido 
para un próximo alzamiento. Con tal motivo, se concentró en 
las cabezas de línea la fuerza de guardia civil y carabineros, y 
se estacionaron tropas en los puntos en que la efervescencia 
era mayor. 



AÑOS DE 1869 A 1875 . 341 

Esto no pudo impedir que el 23 del indicado mes se 
levantara en Pina de Esgueva, á tres leguas de Valladolid, 
una partida de 140 hombres, mandada por D. Pedro Zumel, 
la que recorrió varios pueblos inmediatos, cometiendo exac- 
ciones en ellos; mas perseguida por una compañía del regi- 
miento infantería de Córdoba y una sección de caballería, 
fué empujada hacia Valoría la Buena, cuya guardia civil la 
avistó en los Valles de Cerrato, haciéndole varios heridos y 22 
prisioneros, á costa de un muerto en la fuerza de aquel insti- 
tituto. En Avila entró en el mismo día, desde Toledo, un grupo 
de carlistas; y advertida á tiempo la autoridad militar de la 
provincia, le obligó con sus disposiciones á internarse en la de 
Segovia, donde se disolvió. Salamanca y Zamora no dieron en 
esta época contingente ala insurrección: la frontera portugue- 
sa, en la que los conspiradores se movían, y los limites con 
Cáceres estaban vigilados, y no llegaron á organizarse las par- 
tidas que se decía iban á levantarse en diversas demarcaciones. 

Donde tuvieron mejor acogida las gestiones hechas por 
los agentes de D. Carlos, fué en las montañas de León, 
Oviedo y Palencia. El 22 de Abril se lanzó al campo en la 
primera provincia el cura D. Francisco Fernández, que apa- 
reció en Alcedo con i3o hombres, secundándole al poco 
tiempo en Sahagún, Mansilla y Riaño otros cabecillas al fren- 
te de pequeños grupos. En Oviedo se alzaron en armas algu- 
nos en Pola de Lena, Baiña, Sames, Cuna y Aller, el más 
numeroso de los cuales, que era de 40 hombres, estaba capita- 
neado por D, José Faes, quien reuniendo á los demás, tuvo 
en poco tiempo á sus órdenes á unos 200 individuos. En Pa* 
lencia también se presentó en actitud hostil alguna gente 
reclutada en Guardo, Saldaña y Rivas. 

A los primeros avisos de estos sucesos se organizaron va- 
rias columnas de operaciones. En la provincia de León dos: 
la primera, á las órdenes del coronel del 10.** tercio D, An- 



342 CASTILLA LA VIEJA 



tonio Armijo, de una compañía del regimiento de Zaragoza y 
guardia civil, la cual se encaminó á la parte alta de la cuenca 
del río Bernesga; y la segunda, de una compañía del 4.* re- 
gimiento de artillería á pie y alguna guardia civilj que mar- 
chó á El Vierzo, donde reinaba gran agitación; la capital que- 
daba guarnecida con dos compañías de cazadores de Reus, 
una del regimiento de Zaragoza y otra del de Guadalajara. 
En Oviedo tres: la primera, compuesta de 150 carabineros al 
mando del comandante D. José Martín Cuéllar, debía tener 
por centro la capital y recorrer desde Mi eres hasta Teberga; 
la segunda, para batir desde Infiesto hasta al con fin oriental 
de Asturias, con su centro en Cangas de Onís, estaba formada 
con lio guardias y dirigida por un comandante del mismo 
cuerpo; y la tercera, para vigilar la raya de Galicia, con su 
base de operaciones en Cangas de Tineo, hallábase constitui- 
da por carabineros á las órdenes de otro comandante* Por úl- 
timo, en Falencia, una al mando del comandante Casado, que 
tenía el encargo de operar en los alredores de Bal tanas, don- 
de vagaban los dispersos de la batida facción del valle de Es- 
gueva. A esta provincia acudieron también cuatro compañías 
del batallón cazadores de Reus, que siguieron hasta Dueñas, 
y unidas después á 44 caballos de Albuera, se acantonaron en 
la capital. Todas estas fuerzas empezaron en la misma fecha 
próximamente sus respectivas operaciones» 

Apenas iniciados los movimientos en el territorio de León, 
el activo seguimiento que se hizo á los carlistas di ó sus resul- 
tados. Un destacamento de guardia civil dirigido por el co- 
mandante Roda, batió y diseminó en Santas Martas, á los le- 
vantados en Mansilla y Sahagún, cogiendo prisioneros á dos ca* 
becillas y siete individuos más de la facción, de la cual fue- 
ron aprehendidos otros posteriormente por las autoridades; y 
la partida aparecida en Alcedo, tuvo que fraccionarse en dos 
grupos para eludir más fácilmente la hostilidad de que era ob- 



AÑOS de|i869 a 1875 343 

jeto. Sin embargo, el levantamiento tenía algunas raíces; los 
reclutadores carlistas ejercían descaradamente su cometido, 
haciendo cundir la agitación; y en los últimos días de Abril 
se presentaron en Valencia de D. Juan, Murias, Paradina y 
Villamanín otras pequeñas facciones que, si bien de escasa 
entidad, acrecentaron el malestar. Alguna fuerza de cazado- 
res de Reus y guardia civil fué destinada á batirlas, marchando 
además el coronel Armijo con una compañía de Zaragoza con- 
tra la más numerosa, cuyos jefes eran Muñiz, capataz de la vía 
férrea, y González Arias, titulado El Gordito. 

Las partidas huían siempre y se disolvían ó reaparecían 
según la mayor 6 menor protección que encontraban en los 
pueblos 6 la proximidad de las tropas, que á mediados de Mayo 
estaban distribuidas de este modo: en El Vierzo 109 infantes 
del regimiento infantería de Zaragoza, formando dos colum- 
nas; en Valencia de D. Juan 47 guardias civiles; en el territo- 
rio de Murias de Paredes 65; en la capital una compañía de 
cazadores de Reus, otra de Guadalajara y otra de Zaragoza. El 
comandante Roda con los qS soldados de cazadores de Reus y 
guardia civil con que entonces contaba pasó á Asturias; y poco 
tiempo después las compañías de Zaragoza fueron reemplaza- 
das por otras de Reus procedentes de Palencia. 

Sin ningún incidente notable continuaron, durante el mes 
citado, las batidas en la parte alta de la provincia, donde se loca- 
lizó la insurrección, sostenida únicamente por Muñiz, que re- 
unido con el canónigo Milla estaba al frente de 60 sedicio- 
sos, con los cuales hacía de vez en cuando excursiones á Ovie- 
do, y por otro grupo capitaneado por el cabecilla Baldeón que 
andaba en los confines de León y Palencia. Los demás rebel- 
des habían sido aprehendidos por las tropas ó vagaban disper- 
sos. Aquellos partidarios sólo atendían á procurarse recursos 
y á hacer prosélitos; y como en esto no obtenían resultado, la 
sublevación se mantuvo en las mismas proporciones. 



344 CASTILLA LA VIBJA 



El indulto concedido en otros distritos á los carlistas pre- 
sentados se hizo extensivo en esta época al de Castilla la Vieja, 
y algunos se acogieron á sus beneficios en León. Otros de los 
que vagaban errantes, se reunieron formando núcleos, uno de 
los cuales fué batido cerca de Riaño por un destacamento, que 
se apoderó de cinco prisioneros, varios caballos y efectos de 
guerra. 

En el mes de Junio los pocos enemigos que pululaban por 
la provincia quedaban relegados á la parte más escabrosa é 
intrincada de la sierra, sin decidirse á entrar en los pueblos ni 
aun para buscar recursos. El 22, unos cuantos de la facción 
Rosas, que desde Asturias se internaron en León, fueron 
avistados, no lejos de Murias de Paredes, por una compañía 
de Reus, que los disolvió, cogiendo dos prisioneros. AI dia 
siguiente se presentaron entre Valderrueda y Guardo, varios 
hombres montados, capitaneados por el cabecilla Hierro; y 
en su seguimiento salieron las colum'nas de la provincia de Fa- 
lencia acantonadas en Carrión de los Condes y Cervera de Pí- 
suerga. Con posterioridad ocurrieron alteraciones de orden pú- 
blico en Joarilla de las Matas y Quintanilla, que fueron sofoca- 
das por las tropas más inmediatas. 

Al comenzar el mes siguiente, los cazadores de Reus mar- 
charon á Valladolid, y para substituirlos fueron á la provincia 
dos compañías del regimienta de Córdoba, las cuales, en 
unión de la de Guadalajara y todos los guardias civiles y 
carabineros, se distribuyeron en columnas, que cambiaron 
constantemente de fuerza y situación, según las necesidades 
del momento; pero atendiendo siempre á los confines de Astu- 
rias, Galicia y Palcncia, por donde podía temerse que pasaran 
los carlistas. 

Hacüa Astorga se levantó á principios de Julio una facción 
de 5o á 60 individuos, sin que, por el pronto, se supiera quién 
era su jefe, aunque muy luego se tuvo noticia de que la man- 



AÑOS DE 1869 A 1875 345 

daba el cabecilla Bernardino Carrera, la que hostilizada por 
la compañía de Guadalajara que operaba en El Vicrzo, en* 
traba unas veces en Galicia, disolvíase otras, reaparecía nue- 
vamente con fuerza variable, esquivando el encuentro con las 
tropas, hasta el 22 de Septiembre, día en que fué alcanzada en 
Truchas por el teniente de la guardia civil, D. Basilio Dora- 
do, que la batió por completo, le causó dos muertos, tres he- 
ridos é igual número de prisioneros, é hizo que se diseminase 
el resto de la gente. 

El cabecilla Hierro se encontraba acosado entonces en el lí- 
mite con Santander; y para evitar el choque, se internó en esta 
provincia, regresando de nuevo á León al poco tiempo, apode- 
rándose de los fondos del recaudador de contribuciones de Ria- 
ño, cometiendo otras exacciones y desapareciendo otra vez, 
porque la guardia civil anduvo á sus alcances. También en los 
primeros días de Julio vagó entre Busdondo y La Pola de Gor- 
dón un grupo, procedente de la facción Faes, de Asturias, el 
cual, perseguido por una compañía de Córdoba que partió de 
la capital de León, regresó al territorio de que había salido. El 
16, Rosas, con 100 hombres, pasó desde Oviedo y se presentó 
en La Vecilla, puso en libertad á sus correligionarios que allí 
había encarcelados, y se retiró hacia Boñar, donde fué alcan- 
zado por el teniente de la guardia civil D. Ramón Jimeno, que 
le causó un muerto. Poco después, lo fué nuevamente en el va- 
lle de Santa Cristina por el de igual graduación y el mismo 
instituto D. Ricardo Rada, que mandaba dos destacamentos 
organizados con el objeto de batir el confín de las dos provin- 
cias, quien hizo á los de Rosas dos muertos, cuatro heridos y 
cinco prisioneros. Los demás de la partida volvieron al princi- 
pado de Asturias, y allí permanecieron hasta Septiembre, mes 
en que hicieron una pequeña correría por la zona norte de León, 
en busca de recursos. 

Los cabecillas Muñiz y El Gordito, con la gente que les 



346 CASTILLA LA VIEJA 



seguía, habían trasladado sus reales á la provincia de Oviedo, 
y de vez en cuando hacían cortas excursiones á la de León, 
Los otros grupos que vagaron por ésta ó se habían di suelto 6 
habían ido á engrosar las partidas de tas limítrofes. Algunos 
individuos sueltos se acogieron á indulto, otros se restituyeron 
á sus hogares y varios fueron capturados por las autoridades; 
de modo, que en Octubre el orden público estaba restablecido 
en la provincia. Síti embargo, la guardia civil, la rural, orga- 
nizada con peones camineros y alguna fuerza del ejército, se 
mantuvieron esparcidas por los pueblos, con el encargo de apre- 
hender á los fugitivos, impedir el paso de los confines á nue- 
vos partidarios, y proteger las operaciones del llamamiento á 
las armas de 13 de Noviembrej que se esperaba serían turbu- 
lentas por los ocultos manejos de los partidarios del Preten- 
diente. 

Dijimos que en Asturias el cabecilla D. José Faes había 
reunido unos 200 hombres armados, afines de Abril, y que se 
organizaron tres columnas para batirte- A más de las fuerzas 
que formaban éstas, había en este territorio, en la indicada 
época: en la capital, 88 hombres del regimiento infantería de 
Guadalajara y 60 de la guardia civil; en Trubia, 3o del mismo 
cuerpo; en Gijón, 40 carabineros; y en Pola de Lena, 20 de 
aquel instituto, 

A la sombra de la facción Faes no tardaron en aparecer 
otras; no lejos de Barcena de Monasterio, una capitaneada 
por un tal Viguri, la que alcanzada el 29 de Abril en Torre- 
barrio (León), por un destacamento de guardia civil, perdió 
muchas armas y 19 prisioneros, incluso el cabecilla; en las in- 
mediaciones del puerto de Pajares, otra de unos 60 hombres, 
que cortó el telégrafo, desarmó á los peones camineros y co- 
metió vejámenes en los pueblos, hasta que acudió en con- 
tra de ella la compañía de cazadores de Rcus que mandaba el 
comandante Roda; en término de Siero^ otra que en breve lie* 



AÑOS DE 1869 A 1875 347 

gó á sumar 80 sediciosos, y que fué batida con pérdidas, en la 
jurisdicción de AUer, por un jefe de la guardia civil. La de 
Faes seguía siendo la más numerosa, y anduvo por Puente de 
los Fierros, Collanzo y Nembra, hasta el 4 de Mayo, que fué 
dispersada en el concejo de Quirós por una columna de cara- 
bineros, á consecuencia de lo cual varios facciosos ocultaron 
las armas y se restituyeron á sus casas, y los demás se reunie- 
ron después en dos grupos, que siguieron vagando por los mon- 
tes, huyendo de las tropas. 

Con todo, el estado de la provincia hacia presentir que la 
sublevación no cedería inmediatamente, á pesar del indulto 
concedido; y asi fué, en efecto, pues á mediados de Mayo exis- 
tían los dos grupos de Faes, notablemente aumentados; el de 
Muñiz, procedente de León, que en dos fracciones había atra- 
vesado por Piedrafita, caminando hacia el concejo de AUer; el 
organizado en éste, capitaneado por Rosas; el que se formó en 
el término de Siero, que reapareció con 40 hombres mandados 
por D. Melchor Valdés, y algunos otros de menor significa- 
ción, dedicados exclusivamente á la propaganda. Todos, igual- 
mente que los de León, se reunían ó separaban, según su con- 
veniencia y propósito, sin abandonar la zona meridional de la 
provincia, principal teatro de sus operaciones, y donde conta- 
ban con el eficaz amparo de los pueblos y de los alcaides; mo- 
tivo por el cual alguno de éstos sufrió correctivos impuestos 
por las autoridades superiores. 

Las columnasi cuya fuerza variaba frecuentemente, no ce- 
saban de moverse para proteger los intereses de las poblacio- 
nes y avistar á los rebeldes. El 22, una de guardia civil sostuvo 
un tiroteo en los montes de Labiana con una facción, y dos días 
después otra de ellas alcanzó en Cabañaquinta á los de Faes, 
haciéndoles varios heridos y cogiendo prisionero al cabecilla 
Gafo. El 25 se reunieron los carlistas de Faes, Muñiz y Rosas 
para exigir fondos en Pola de Labiana, y al día siguiente caye- 



348 CASTILLA LA VIEJA 



ron de improviso sobre 12 guardias que se hallaban allí prote- 
giendo la recaudación de contribuciones y les hicieron prisio- 
neroa, después de una refriega en que hubo por cada parte un 
niuerto y varios heridos. Los guardias, una vez desarmados, 
quedaron en libertad. El escarmiento de tal desmán no se hizo 
esperar; pues en el mismo dia, alcanzados los enemigos por 
algunos guardias civiles al mando del teniente Alonso García, 
fueron dispersados en Moreda, después de ser desalojados de 
la iglesia, donde intentaron resistir, y de sufrir varias pérdidas; 
y á {in de mes, el comandante de carabineros Martínez Cuéllar 
sostuvo en Ricabo un combate de tres horas, á consecuencia 
del cual quedaron prisioneros de la columna varios facciosos. 

El día 2 del siguiente mes de Junio ocurrió un hecho de ar- 
mas entre la partida Faes, separada de las otras, y guardia ci- 
vil mandada por el comandante D. Benito Macías; y otro, 
el dia 3, entre la misma facción y fuerza de cazadores de Reus 
á las órdenes del teniente coronel D. Luis Fajardo, que aca- 
baba de llegar á Asturias con tres compañías de su cuerpo y 
era quien, á la sazón, dirigía las operaciones. El del 2 sucedió 
en los montes de Moneo, y en él se cogieron al enemigo varios 
prisioneros, resultando herido un guardia; y el del 3 ocurrió 
en los montes de Valdetanés, perdiendo los carlistas tres muer- 
toSj bastantes heridos y prisioneros, sin haber bajas en la co- 
lumna. 

Sin embargo de que los choques eran frecuentes, como aca- 
bamos de ver, aún continuaron en el campo durante unos días 
160 hombres con Faes, en el partido de Pola de Labiana, y 70, 
con Rosas, en el concejo de Quirós; mas perseguidos activa- 
mente, avistados los últimos el i5 y 19, y dispersados con 
pérdidas, empezaron las presentaciones á indulto; y á fin de 
Junio los pocos carlistas que persistían en su actitud hostil, 
quedaban relegados á la zona más alta y escabrosa de las sie« 
rras que surcan la provincia. Tal resultado lo habían cense- 



AÑOS DB 1869 Á 1875 349 

guído tres columnas organizadas al llegar los cazadores de 
Reus: la primera, operando en las cercanías del término de 
Quirós; la segunda, en las del de Aller; y la tercera, en el par- 
tido de Grandas de Salime, además de algunos destacamentos 
ñjos con determinada comisión, como el de Campomanes, que 
debía proteger el paso por la carretera de Castilla. 

Aunque las partidas habían desaparecido por el pronto, los 
trabajos de los conspiradores no se interrumpieron; y en previ- 
sión de que se reprodujera el levantamiento, al reconcentrarse 
en Valladolid el batallón cazadores de Reus, se enviaron á 
Oviedo dosx:ompañías del regimiento infantería de Córdoba, se- 
gún indicamos al. tratar de la provincia de León. Y sucedió lo 
que se temía, puesto que en el mes de Julio reaparecieron las 
partidas de Faes, Valdés, Rosas y El Gordito. También se le- 
vantaron otras pequeñas facciones en diversos puntos, cuyos 
movimientos omitiremos, porque, dado su sistema de disemi- 
narse con frecuencia para reunirse más tarde, cambiando á ve- 
ces de jefe; de operar tan pronto en una zona del interior, 
como en el confín de León; pasar gente de un grupo á otro; re- 
unirse estos, y regresar á sus casas los individuos de alguno 
para hacer al poco tiempo nueva aparición, si se les presenta- 
ba una oportunidad, resultaría muy incierto é inseguro todo lo 
que referente á ellos se pudiera decir. 

En esta ocasión, Faes se lanzó al campo en el concejo de 
Labiana, al frente de 3o hombres; y perseguido desde luego 
activamente por un destacamento de guardia civil, intentó pa- 
sar á la provincia de León; pero no consiguiéndolo, por la opo- 
sición de las tropas que operaban en el confín, se vio precisado 
á diseminar á su gente, que fué á engrosar la facción Valdés. 

Este cabecilla hizo su aparición, con 70 sediciosos, el día 4 
de Julio, en el término de Siero, y moviéndose constantemen- 
te, cometió excesos en los concejos de Lena, Aller, y princi- 
palmente en el de Labiana. El aumento de fuerza é importan- 



350 CASTILLA LA VIEJA 



cia quü tuvo e&ta partida hizo preciso destinar en su seguimien- 
to á varias coJumnas, las cuales batieron las zonas de Belmon- 
te, Pola de Lena, Pola de Siero, Pola de Labiana é Infiesto; al- 
canzando la mandada por el comandante Macías, el ii de Julio, 
en la jurisdicción de Labiana, á parte de la facción, causán- 
dole un muerto, varios heridos, y cogiéndole armas y pertre- 
chos. El 1 3, la misma tropa la tiroteó de nuevo en los bosques 
de Soto, desapareciendo después la partida hasta el zZ, que se 
presentó en Infiesto á pedir raciones, reunida con la de Rosas* 
Allí se diseminó en grupos que, perseguidos por la columna 
del comandante indicado, reaparecieron concentrados el 31 en 
Pola de Labiana, y continuaron vagando por los montes, sien- 
doj el xa de Agosto, batidos y dispersados por Maclas^ en com* 
binación con fuerza del regimiento de Guadalajara. A los dos 
días de esto, alcanzaron otra vez a] cabecilla, en las peñas de 
Pandóles, 80 guardias civiles y algunos infantes de Guadalaja- 
ra, mandados por el teniente Barbón, quien á pesar de tener 
que habérselas con 150 carlistas, los atacó y derrotó por com- 
pleto, haciéndoles un muerto, tres heridos y un prisionero; 
derrota que no se pudo completar con un activo seguimicntOj á 
causa de tener que replegarse las fuerzas á Gijón, con motivo 
del viaje del rey D, Amadeo á la provincia de Oviedo. 

Aprovechó Valdés esta coyuntura para reorganizar su 
facción, y el ig se alojó en Pola de Laliiana, donde estuvo 
hasta que nombrado el coronel subinspector del 10.*^ tercio de 
la guardia civil D. Antonio Armijo para dirigir las operaciones, 
ordenó este jefe una nueva distribución de fuerzas, reforzan- 
do las que debían moverse en el partido de Labiana, y dio á 
las batidas mayor impulso. Merced á él, el comandante de Cór- 
doba D, Vitoriano Pérez avistó y tiroteó á Valdés el 4 de Sep* 
liembre, é igual suerte tuvo en la misma fecha, en el término de 
Siero, el alférez D> Francisco Sánchez, cuyo destamento de ca^» 
rabineros hizo varios prisioneros á una fracción de la mencio- 



AÑOS DE 1869 A 1875 351 

nada partida. A partir de estos dos hechos, la gente de Valdés 
se separó y anduvo por los montes hasta el 24, que reapareció 
incorporada otra vez á la de Rosas, siendo alcanzado el con- 
junto, el 29, en la sierra Berna, por el comandante Pérez, que 
se apoderó de i3 facciosos, á costa de varios heridos y contu- 
sos en su columna. Los carKstas huyeron á refugiarse en la 
sierra de Curzanos. 

El sitio en que Rosas se lanzó al campo, á principios de 
Julio, con unos 50 hombres, fué el concejo de Proaza, donde le 
persiguió desde el primer momento fuerza del regimiento in- 
fantería de Córdoba que salió de Pola de Lena. El cabecilla se 
dirigió á Villamejín y al término de Quirós; y después de es- 
tar unos días reunido con Valdés, estrechado de cerca por las 
tropas, se encaminó á Campomanes, con rumbo á León, mas 
retrocedió antes de llegar, y el 2 de Agosto, hallándose con los 
secuaces de El Gordito, fué alcanzado por una columna al 
mando del teniente coronel de Córdoba D. Benito Rubio, 
quien le batió, le hizo algunos heridos y obligó á que se sepa- 
rasen los dos grupos, yendo el de El Gordito á la jurisdicción de 
Aller y el de Rosas hacia el puerto de Cubillas. Hasta el 17 de 
Septiembre permaneció oculta la partida del segundo; pero en 
tal día presentóse de nuevo en Llamas, con fuerza de 54 hom- 
bres, y remontó el curso del río Aller hacia Piedrañta. En su 
busca salió la guardia civil que había en CoUanzo, en combi- 
nación con una columna de infantería que la alcanzó y tiroteó 
en Casomera, y ambas tropas la empujaron hacia el partido 
de Lena. La facción se hallaba el 24 en los montes con la de 
Valdés, huyendo de las columnas que allí operaban, una de 
las cuales era la mandada por el Gobernador militar de la 
provincia, que había salido á dirigir personalmente las opera- 
ciones y á recorrer los pueblos para levantar el espíritu del 
país. 

Poco es lo que se puede decir de la partida de El Gordito 



35a CASTILLA LA VIEJA 



y de otra sin jefe conocido que en diferentes ocasiones apare- 
cía en Grandas de Salime; pues la primera estuvo casi siempre 
reunida á algunas de las demás, y la segunda no hizo otra co- 
sa que tratar de sustraerse á la acción de la tropa estacionada 
en el primer punto y á la de una columna del distrito de Ga- 
licia, que en fines de Septiembre logró darle alcance y batirla, 
causándole varios heridos y prisioneros, y cogiéndole armas 
y efectos. 

Desde que empezó el mes de Julio hasta la última época 
indicada, operaron en Asturias dos compañías del regimiento 
de Córdoba, dos del de Guadalajara y la guardia civil y cara- 
bineros de las comandancias respectivas; y á mediados de Sep- 
tiembre recibieron estas fuerzas el aumento del batallón caza- 
dores de Mendigorría, que sólo estuvo en el distrito hasta el 
i3 de Octubre, que marchó á El Ferrol, La distribución de tales 
tropas varió con frecuencia; mas, por lo general, una columna 
operaba en la parte oriental, hacia Inficsto y Cangas de Onís; 
otra en la meridional, por los concejos de Lena, Quírós y 
Aller, y otra en la occidental hacia Grandas de Salime, frac- 
cionándose cuando lo aconsejaban las circunstancias, y combi- 
nando sus movimientos para perseguir mejor á las partidas. 

La dirección inmediata del Gobernador militar dio más 
unidad á las operaciones, y gracias á ella y ai refuerzo de los 
cazadores de Mendigorría, sólo quedaron en armas, al empe- 
zar el mes de Octubre, las partidas de Rosas y Valdés, con 
reducido número de individuos, que se ocultaban fácilmente 
en las escabrosidades de los montes. Sin embargo, la captura 
incesante de fugitivos sueltos y tres encuentros, con pérdidas 
para los carlistas, ocurridos en los días 12, i5 y i8, dieron por 
resultado que el desaliento cundiera entre los enemigos y que 
la mayor parte de ellos abandonaran la lucha. 

Una nueva intentona hizo Rosas el 18 de Diciembre, pre- 
sentándose en el partido de Lena con 80 partidarios, el cual 



AÑOS DB 1869 A 1875 353 

fué batido á los pocos dias por infantería de Córdoba, guardia 
civil y carabineros, que le diseminaron la gente, aprehendien- 
do á varios individuos. 

Indicamos ya que en Falencia y al finalizar el mes de 
Abril, habían aparecido grupos de carlistas en Guardo, Rivas 
y Saldaña, y que de la capital del distrito se enviaron cuatro 
compañías de cazadores de Reus. Al principio se anunció 
que seria esta provincia el territorio en que se desarrollaría 
principalmente la insurrección de Castilla la Vieja; pero lejos 
de ser así, cuando comenzó Mayo se juzgaron ya innecesa^ 
rias las compañías de Reus y se destinaron á León, donde 
hemos visto que operaron. Con la guardia civil y un escua- 
drón escaso de Albuera se formaron entonces tres pequeñas 
columnas para recorrer las zonas cuyos centros eran Bal- 
tanás, Carrión de los Condes y Cervera de Pisuerga, las cua* 
les batieron á los mencionados grupos y á otros igualmente 
exiguos organizados con posterioridad: el día 4, á los cabeci- 
llas Bartolomé y Andrés Pérez, que cayeron prisioneros en 
Respeneda de la Peña; el 8, en Lomas, á una partida de 3o 
hombres capitaneada por Rovira, quien fué también aprehen- 
dido con siete más, lo cual tuvo alguna importancia, porque 
tal facción era el núcleo á que se debían unir muchos alistados 
de Carrión de los Condes; el i5, en Rascones, á un grupo cuyo 
jefe murió en el encuentro; y por último, el 23, en Prádanos, 
á 3o individuos procedentes del distrito de Burgos, que seguían 
á D. Francisco Hierro, causándoles dos muertos, cogiéndoles 
tres prisioneros, muchas armas y varios caballos. Tan fre- 
cuentes escarmientos fueron de útiles resultados para el orden 
público; pues menudearon las presentaciones, y transcurrió 
Junio sin que hubiese ningún carlista armado en la provincia. 

Al empezar el mes siguiente reanudaron la lucha Hierro 
y un cabecilla conocido por El Pastor, los cuales, con fuerza 
variable, pero sin exceder nunca de 40 hombres, vagaban por 

Tomo XIV 33 



354 CASTILLA LA VIEJA 



el limite de la provindaj para buscar refugio fuera de ella al 
verse muy perseguidos , Así lo hizo el grupo de Hierro, que 
el día 4 se hallaba hacia Valderrábano, desapareciendo hasta 
el 19, que se presentó con El Pastor en Buenavista de Váida- 
vía, separándose en seguida para desorientar ala columna de 
Cervera^ que salió en su persecución. Juntos de nuevo, fueron 
alcanzados el 2 de Septiembre por la indicada tropa, la cual, 
al cabo de un largo tiroteo, les puso en fuga y se apoderó de 
algunos efectos. Tal choque y otros de poca importancia que 
ocurrieron después no fueron óbice para que Hierro entrara en 
varios pueblos y cometiera en ellos excesos, hasta el mes de 
Octubre, en que se disolvió su partida. 

El Pastor vagó por Falencia llevando una existencia ana* 
loga á la de Hierro y sufriendo batidas, hasta el 22 de Septiem^ 
hre, que avistado en la dehesa de Tablares por un destacamento 
de caballería de Albuera, fué herido y quedó prisionero con al- 
gunos de los suyos, desapareciendo definitivamente su fac* 
ción. 

De los demás grupos que pulularon por la provincia es 
digno de mención uno que se organizó en las cercanias de 
Baltanás, el 9 de Agosto, y que fué batido y disuelto á los po- 
cos días por los voluntarios de la libertad de este pueblo, au- 
torizados para movilizarse- En Octubre^ pues, habia vuelto el 
país á su estado normal, y el 20 se retiró la guardia civil á 
prestar su servicio ordinario y las columnas marcharon á la 
capital. 

Mientras ocurría en León, Oviedo y Palencia lo que se acá» 
ba de relatar, en las demás provincias del distrito, aunque 
reinaba la intranquilidad y había frecuentes anuncios de al- 
teraciones de orden público y formación de partidas, sólo 
hubo ligeros desmanes, que fueron reprimidos fácilmente. En 
Zamora^ hacia el limite con Portugal, se alzaron en armas, en 
Julio, 45 hombres, que á los pocos días pasaron la frontera. 



AÑOS DB 1869 Á 1875 355 



hostilizados por un destamento de carabineros. Por la misma 
época se alarmaron los habitantes de la zona meridional de Sa« 
lamanca, á causa de la presencia en ella durante unos días de 
una facción procedente de Cáceres; y para que esto no volviera 
á suceder se acantonaron algunos carabineros en el limite de 
ambas provincias. En la de Zamora anduvieron á mediados de 
Agosto por el partido de Puebla de Sanabria^ tratando de re- 
clutar gente, varios carlistas de León, que viendo lo infruc- 
tuoso de sus trabajos, regresaron al territorio de donde habían 
salido; y durante el mes de Septiembre, unos 60 individuos 
se apoderaron en Cobreros, de los fondos de la recaudación de 
contribuciones, y trataron de alterar el orden; pero salieron 
de Puebla de Sanabria tres secciones de carabineros, las cua ' 
les los avistaron y batieron el día 24 en el monte de los Char- 
cos, disolviendo á la partida, haciendo algunos prisioneros y 
cogiendo varios efectos. Otros motines y trastornos de menor 
entidad acaecieron, hasta que pacificados y tranquilos los te- 
rritorios de León, Oviedo y Falencia, transcendió tal estado 
al resto de Castilla la Vieja; manteniéndose, sin embargo, las 
pequeñas columnas establecidas en puntos cuyos habitantes se 
distinguían por sus ideas carlistas, ó cuya situación era conve- 
niente para acudir con rapidez á sofocar cualquier intentona. 

* 

Así, pues, al comenzar el año de 1873, la única zona del 
distrito donde se sostenía, aunque débilmente, la insurrección 
era la parte meridional de Asturias. Después de la batida que 
sufrió Rosas, á mediados del anterior Diciembre, vagaron 
errantes los grupos en que se diseminó su gente; y firme el 
cabecilla en su deseo de sostener y fomentar la rebelión, con- 
siguió concentrarlos en número de 90, con los que andaba por 
el valle de AUer, huyendo de una columna de infantería de 
Córdoba y de otras dos de guardia civil, las cuales le atacaron 



356 CASTILLA LA VIEJA 



los días 3 y 4 de Enero: el primero^ en unas peñas casi inac- 
cesibles inmediatas á Collanzo, de las que fué desalojado con 
pérdida de ires muertos, varios heridos y un prisionero; y el 
segundOj en el sitio llamado Entrepeñas, donde le cupo igual 
suerte y dejó cuatro muertos y un herido, sin más bajas en la 
tropa, entre los dos combates, que un muerto y algunos herí* 
dos. Ko fueron suficientes tales descalabros para que Rosas 
abandonase su actitud, sino que, por el contrario, á raíz de 
ellos redobló su actividad para organizar más partidas, y pu- 
blicó una entusiasta alocución dirigida á los asturianos, 

A mediados de mes, aparecieron dos facciones en el partí- 
do de Labiana: una capitaneada por D. José Pérez, y con ca* 
becilla desconocido otra, sumando ambas 23o insurgentes. Su 
primer cuidado fué, como de costumbre, recoger recursos de 
toda clase y estorbar la recaudación legal de contribuciones, 
la desembarazada gestión de las autoridades y el paso de los 
frecuentes convoyes de armas -que iban de las fábricas del in- 
terior de la provincia á diferentes lugares de la Península, No 
bastando tas fuerzas de Asturias para evitar por completo los 
desmanes del enemigo, fueron reforzadas con guardias civiles 
y carabineros de León y de Valladolid, y voluntarios movili- 
zadoSi en total 210 hombres, únicos que pudo reunir el Capi- 
tán general del distrito, D. Domingo RipoU. Entonces se esta* 
biecieron destacamentos de 20 hombres en Pola de Labiana , 
Sama, Inñesto, Pola de Lena, Villaviciosa y Grandas de Sali- 
me, pueblos visitados preferentemente por los carlistas^ y se 
organizaron cuatro columnas móviles de 90 á 100 individuos, 
de las cuales una quedó en Oviedo para utilizarla cuando las 
circunstancias lo aconsejasen, otra, á las órdenes del capitán 
Rubín, fué al partido de Infiesto, y las dos restantes, al man- 
do del teniente coronel D. Román Alvarez Rivadeneira, se 
encaminaron á Mieres, en cuyas inmediaciones andaba Rosasp 
quien se ocultó con la mayoría de sus partidarios. Un grupo 



AÑOS DE 1869 A 1875 357 



que no pudo reunírsele fué avistado y casi disuelto por algu- 
nos guardias civiles. 

Las continuas marchas y contramarchas de ambos conten- 
dientes dieron por resultado varios encuentros: el 29 de Enero, 
en el puerto de Tolibia, entre fuerza de Alvarez Rivadeneira, 
que iba á Cabañaquinta, y unos grupos carlistas apostados en el 
camino para impedir su paso, los que fueron desalojados de 
las posiciones que ocupaban; el 9 de Febrero^ entre un desta- 
camento de guardia civil y una partida alojada en Villanueva; 
el mismo día, otro en el concejo de Sobrescobio, en el que se 
dispersó á un núcleo de sediciosos mandado por el conocido ca- 
becilla Valdés, que tuvo un muerto, un herido y tres prisione- 
ros; el 21, con la facción de Manolillo, formada con restos de 
la anterior, siendo arrojada, con bajas, de las posiciones que 
ocupaba en los montes de Hijuela de Santa Bárbara; y, por 
último, el 5 de Marzo, entre todas las partidas concentradas, 
en número de 3oo hombres, al mando del nuevo jefe carlista 
Santa Clara, y una columna, á las órdenes del teniente coronel 
Martínez Cuéllar. Este hecho ocurrió cerca de Tineo, pobla- 
ción donde estaban los carlistas; y atacados de improviso al 
salir de ella, fueron batidos de tal modo, que dejaron en el 
campo ocho muertos, i3 prisioneros, varios heridos y gran can- 
tidad de armamento y municiones. 

Estos hechos y la rápida acción de las tropas que recorrían 
constantemente el territorio dieron, por el pronto, excelentes 
resultados para la situación de Asturias: la fuerza moral de 
los carlistas decayó notablemente; las presentaciones aumen- 
taban, á la vez que crecía diariamente el número de los 
aprehendidos, y los cabecillas se ocultaban, aunque hacían de 
vez en cuando ligeras operaciones, seguidos de sus más entu- 
siastas partidarios. 

Durante este tiempo, en las provincias de León, Salaman- 
ca y Avila habían intentado mantener la lucha algunas peque^ 



358 CASTILLA LA VIEJA 



ñas é insigniñcantes partidas, que fueron disueltas en pocos 
días por la guardia civil de varios puestos, reunida para el ob- 
jeto. En la de Valladolid, el anuncio de que á fines de Febrero 
estallaría un movimiento carlista en la zona meridional , obli- 
gó á la primera autoridad militar del distrito á destacar á Me- 
dina del Campo dos compañías de infantedaí una sección de 
carabineros y medio escuadrón de caballería. En la de Zamo- 
ra, hacia el 17 del indicado mes, apareció en Galende, con al* 
gunos sediciosos, el cabecilla Bernardino Carrera; saliendo en 
su seguimiento los carabineros de Puebla de Sanabria, y de la 
capital dos secciones del mismo instituto^ con cuyos movi- 
mientos se consiguió la aprehensión del jefe y la disolución de 
la partida. Más adelante, en ñn de Marzo, el titulado Coman- 
dante general, D. Pedro Alvarez, publicó una alocución lla- 
mando á las armas á los zamoranos, y organizó un núcleo de 
45 infantes y 20 caballos, que, perseguido por guardias civiles 
y carabineros, sufrió, el 26, en los llanos de Tábara, una de* 
rrota en que murieron dos carlistas, quedaron prisioneros otros 
y se diseminaron los restantes para ganar la frontera de Por- 
tugal, donde fueron capturados el cabecilla y algunos otros. 

Mayor que en estas provincias fué el levantamiento en la 
de Palencia, si bien no alcanzó la intensidad que en Asturias. 
El cabecilla Apolinar González, seguido de unos cuantos, se 
presentó el 5 de Enero en Almanza (León), y en seguida se 
corrió al territorio de Palencia, en donde^ desde Saldaña y Guar- 
do, se encaminaron á batirle fuerzas de la guardia civil, las 
cuales le sorprendieron el 17 en Villapún, y á pesar de que los 
enemigos hicieron tenaz resistencia desde una casa fortiñcada, 
cayeron todos prisioneros con pérdida de un muerto y dos he- 
ridos. A los pocos días, el conocido jefe carlista Francisco 
Hierro, que se titulaba Comandante general de Palencia, orde- 
naba que se suspendiera la circulación de trenes por la linea 
de Santander, conminando con la pena de muerte á los em* 



AÑOS DB 1869 Á 1875 359 



pleados que en i.^ de Febrero no hubiesen abandonado su re- 
sidencia sobre la vía; amenaza que ni siquiera trató de realizar 
una partida de 20 jinetes que pasó de Burgos á Falencia por 
Melgar de Fernamental, llegó al camino de hierro y se volvió 
sin haber cometido ningún exceso durante su breve permanen- 
cia en Castilla la Vieja. 

£1 18 de Febrero aparecieron en Carrión de los Condes 
1 3o infantes y 3o caballos carlistas^ mandados por D. Manuel 
Rodríguez^ los que estuvieron entrando en varias poblaciones 
con exigencias de dinero, hasta que perseguidos por dos colum- 
nas de guardia civil y un escuadrón del regimiento de Albuera» 
á las órdenes todo del Comandante general de la provincia, se 
vieron estrechados hacia León, atravesaron el conñn y fueron 
derrotados, el 23, en el sitio denominado Trévede, de las inme- 
diaciones de Crémenes, por un destacamento de 50 guardias de la 
última provincia, mandado por el teniente D. Esteban Barriga, 
que les hizo un muerto, varios heridos y 49 prisioneros, y les 
cogió muchos pertrechos. La columna sólo tuvo algunos contu- 
sos. Al siguiente día ocurrió un nuevo encuentro en el collado 
de Pinajos, entre los restos de la facción Rodríguez y tropa de 
la provincia de Falencia, perdiendo los facciosos 25 prisione- 
ros, con lo cual se disolvió la partida á los pocos días; pues 
los 30 hombres á que quedó reducida abandonaron al cabeci- 
lla, al convencerse de la inutilidad de sus esfuerzos. 

Unos 45 carlistas montados de los que pululaban por Bur- 
gos, viéndose acosados á fines del mismo mes por las tropas 
de este distrito, pasaron á Falencia, donde hostilizados por la 
guardia civil del partido de Baltanás, se diseminaron para re- 
gresar aisladamente á los lugares de que procedían. 

£1 22 de Abril, una facción de 70 infantes y 40 caballos, ca- 
pitaneada por Ayala, pasó también de Burgos á Falencia, perse- 
guida desde aquella provincia por 50 guardias civiles, 40 volun- 
tarios y 24 caballos de Albuera, fuerzas á que se unió, én Aguí- 



36o CASTILLA LA VIEJA 



lar de Campóo, un destacamento de guardia civil, saliendo tam- 
bién en pos de ella de Alar del Rey un jefe y 58 guardias. A los 
pocos días fueron alcanzados los de Aya la en la sierra de Cer- 
vera por la primera columna mencionada, que les hizo bastan- 
tes heridos, les desalojó de las posiciones que tomaron y los dis- 
persó por completo^ sin más bajas en los atacantes que unos 
cuantos contusos. En el mes siguiente se corrió desde Santan- 
der la partida Penagos; y alcanirada el día 7 en el caserío de 
Vcrzosa, cerca de Olmos de Ojeda, por el comandante Huerta, 
perdió tres prisioneros, que resultaron ser cabecillas de parti- 
das en proyecto. 

Como por entonces Hierro y los nuevos jefes carlistas Gra- 
jal y Robledo organizaron facciones en la zona Norte de Falen- 
cia, el general RipoU envió, el día 6 de Mayo, á la provincia 
una compañía del regimiento de Guadalajara y 20 caballos de 
Villaviciosa, fuerza que, dividida en dospartes, estuvo recorrien* 
do el campo hasta fin de mes. En i5 del mismo, el Capitán 
general formó una columna volante con cuatro compañías y 5o 
caballos de los cuerpos últimamente expresados, más 70 guar- 
dias civiles de infantería y caballería, con la cual visitó los 
pueblos de la provincia en que era mayor la efervescencia. Las 
tropas enviadas el 6 se estacionaron el 28 en Alar del Rey 
para custodiar la vía férrea , amagada constantemente por los 
carlistas de Burgos, De Hierro, Grajal y Robledo, apenas 
hubo noticias, pues se ocultaron en los montes al verse dé- 
bilmente secundados. De los que tomaron parte en el movi- 
miento, unos fueron batidos y dispersados en la raya de León 
y Falencia, con pérdida de ocho prisioneros y otros, en nú- 
mero de 6d, pasaron á Galicia. Los de Penagos, que aún an* 
daban en el campOj sufrieron el 27 un contratiempo al ser 
avistados en las cercanías de Ayuela por i5 guardias, que se 
hallaban auxiliando el cobro de contribuciones, los cuales leí 
causaron un muerto, algunos heridos y ocho prisioneros, y 



AÑOS DE 1869 Á 1875 36l 

se apoderaron del escaso armamento con que contaba la par- 
tida. 

En Junio no existía ninguna facción en Castilla la Vieja; 
pero á pesar de ello, el orden público no estaba asegurado, 
y el Capitán general organizó otra columna análoga á la del 
mes anterior; recorrió con ella varias poblaciones; situó con- 
venientemente pequeños destacamentos en diversos puntos, 
algunos en la vía férrea; y el 10 estaba de regreso en Valla- 
dolid. 

Las fuerzas que guarnecían el distrito sufrieron en estos días 
una disminución de importancia con motivo del movimiento de 
los cantonales en Andalucía, que obligó al Ministro de la Guerra 
á enviar allí tropas. El haber intentado la ciudad de Salaman- 
ca declararse en cantón independiente, precisó también al Ca* 
pitan general á destacar gente que ocupase aquella capital, 
distrayéndola de la atención que exigía todavía el carlismo; 
y para compensar la falta de soldados, se organizaron en algu- 
nos pueblos secciones de voluntarios, á las cuales se dio ar- 
mamento y autorizó á movilizarse cuando las circunstancias 
lo exigiesen. No transcurrieron muchos días sin que esto lle- 
gase á ser necesario; pues el 11 de Julio se presentaron en Gran- 
das de Salime 100 carlistas mandados por Saavedra, y salió 
de Oviedo una de aquellas secciones, que les hizo internarse 
en Galicia. £1 19 volvieron aumentados hasta i5o; pero 3o 
guardias civiles auxiliados por 50 movilizados, consiguieron 
con su activa persecución diseminarlos en grupos, que se re- 
fugiaron en el territorio de Óseos. 

Señal de un nuevo levantamiento parecía la entrada de la 
partida de Saavedra en Asturias, porque el 27 se vio otra vez 
á Faes en Infíesto con 35 hombres, y empezó una activa pro- 
paganda, que dio por resultado la salida al campo, á principios 
de Agosto, de Rosas, Santa Clara y El Gordito: el primero, 
con 150 individuos, hacia el puerto de Tarna, en los conñnes 



362 CASTILLA LA VIEJA 



de Oviedo y León; el segundo; con 40, en el partido judicial 
de la capital; y el tercero, con igual fuerza, no lejos del puerto 
de Pajares. Saavedra había concentrado á su gente j y, en estos 
dkS| vagaba por el límite de León con Lugo. En vista de estos 
sucesosi se adoptaron desde luego las disposiciones siguientes: 
en Asturias, la de organizar una columna, á las órdenes del 
Gobernador militar, con guardia civil » carabineros, una compa- 
ñía del regimiento infantería de Córdoba y voluntarios, la que 
emprendió en seguida las operaciones; en León, se situaron 
voluntarios de La Pola de Gordón y guardia civil en los pueblos 
del norte de la provincia, y en El Vierío se reconcentró guar- 
dia civil para vigilar la raya con Galicia; y finalmente, en Fa- 
lencia, se establecieron algunos destacamentos- 

Los movimientos de las fuerzas de Asturias los encaminó 
el Gobernador militar á estrechar á unas facciones contra Ga- 
licia y á otras contra León, para lo cual fraccionó las tropas con 
que contaba en cinco pequeñas columnas; pero las partí das, 
conocedoras de las ásperas montañas de los extremos de la pro- 
vincia de Oviedo, pasaban y repasaban el limite de ella, se dis- 
gregaban para huir de sus perseguidores, yendo en ocasiones á 
reunirse en los pueblos, no sin ser alcanzadas varias veces, co- 
mo lo fué, el día 4 de Agosto, la de Santa Clara en Rañeces; el 
mismo día, la de Rosas, en Riaño (León), por el destacamento 
de La Pola de Gordón, que le hizo un muerto y algunos heri- 
dos y prisioneros; el 8, la misma, en los campos de Ortigo* 
sa (Oviedo), por una columna de esta provincia que le cogió 
dos prisioneros, nueve caballos y 15 armas, después de vencer 
una tenaz resistencia; y al día siguiente, por último, otro gru- 
po carlista en el Collado del Pozo (Asturias), por 30 guardias, 
resultando un herido por cada parte» Santa Clara trató de sor- 
prender, el 16, á Cangas de Tineo, y fué rechazado por el cua- 
dro de la reserva, secundado por el vecindario, los cuales cau- 
saron á los sediciosos dos muertos y varios heridos. 



AÑOS DE 1869 A 1875 363 



Tales encuentros y una persecución incesante motivaron la 
disolución de las partidas de Faes, Saavedra y Santa Clara. La 
de El Gordito pasó á León á mediados de mes^ y se presentó 
en Rioseco de Tapia, punto al que se encaminaron los guar- 
dias y voluntarios de La Pola de Gordón, quienes la obligaron 
á que volviera á internarse en Asturias^ donde anduvo hasta 
el 22, en que regresó á León por el puerto de Cubillas, hosti- 
gada por dos pequeñas columnas. Allí la divisaron algunos 
guardias que iban á reforzar á los de La Pola^ y la batieron en 
el sitio llamado Matona de Trascastro, haciéndole varios heri- 
dos y prisioneros, y cogiéndole armas y pertrechos, sin tener 
más que un guardia herido. La de Rosas debió andar oculta en 
los montes á fines de mes, pues no se tuvo conocimiento de su 
situación. En cambio, vagaban por Asturias otros grupos de 
carlistas con poca gente y sin jefe conocido, que eran restos de 
los núcleos disueltos, y de vez en cuando hacían excursiones 
en esta provincia algunas de las partidas que pululaban en Ga* 
licia, las cuales, hostilizadas por la tropa que había en Gran- 
das de Salime, no paraban mucho tiempo en el distrito. 

El Gobernador militar de Oviedo, que estaba de regreso en 
la capital desde mediados de Agosto, organizó de nuevo á fín 
de mes las tropas con que contaba, disponiendo que en los 
concejos de Labiana y de San Martín del Rey Aurelio queda- 
sen 60 carabineros; en los de Lena y Mieres 45,* en el de Aller 
30 y 60 voluntarios; no de éstos en Grandas de Salime, y que 
la compañía de Córdoba fuese á la capital. Con tal distribución, 
se dieron constantes batidas por los montes, sin desamparar á 
los pueblos, apresando dispersos, acogiendo presentados, pro- 
tegiendo la entrada en caja de los mozos de la reserva, y no 
dejando un momento de reposo á los grupos enemigos. Un tal 
Monzón, que capitaneaba uno de ellos, fué muerto en un cho- 
que con los carabineros de Labiana, en el cual cogieron estos 
algunos prisioneros; y otros hechos de menos importancia ocu- 



364 CASTILLA LA VIEJA 



rrieron hasta fin de Septiembre, en que ya no existían carlistas 
armados en la provincia; pues los cabecillas, convencidos sin 
duda, de que su constancia era infructuosa, se ocultaron 6 
abandonaron el campo. En la de León no había tenido lugar, 
mientras tanto, más incidente que una colisión en San Juan de 
Palue^as^ entre guardias civiles y varios sediciosos, que queda^ 
ron prisioneros. 

Aunque, como vemos, la rebelión no prosperaba en el dis- 
trito, no por eso cesaban los agitadores de sostener por cuan- 
tos medios podían el malestar y de allegar elementos para la 
lucha, como lo hizo el cabecilla D. José Navarrete y Serrano, 
que operaba en la provincia de Santander en el mes de Sep- 
tiembre, quien conminó con destrozar la vía férrea, si la Junta 
de comercio de Valladolid no le abonaba, á título de contribu- 
ción, 5.000 pesetas diarias, pagadas por quincenas adelantadas. 
Pero el suceso más importante fué el acuerdo tomado en el 
campo carlista de Navarra y Vascongadas de provocar un mo- 
vimiento en Castilla, en grande escala, enviando al efecto el 
documento siguiente: 

«Comandancia general de Navarra y Vascongadas; = Ins- 
trucciones que para el levantamiento de Castilla la Vieja en 
favor de S. M. el Rey nuesto señor (q. D. g.), y de nuesta san- 
ta Religión, deberá seguir el Excmo. Sr. Comandante general 
de la provincia de Valladolid, de acuerdo con los de Falencia, 
Zamora, Salamanca y Avila: =1.* Llevar á debido efecto la 
recluta de los mozos de los pueblos pequeños, según la rela- 
ción dada por los señores párrocos, con fecha 15 del pasado Ju- 
niot remitida y visada por esa comandancia; mandándoles acu^ 
dir secretamente á los puntos designados, y especialmente á 
los inmediatos á aquellos en que hubiese armados un corto nú- 
mero de voluntarios de la República. 3^2/ Puestos de acuerdo 
los jefes de las fuerzas así reunidas, y armadas con los fusiles 
que tiene V. E.| y si no bastan, como se pueda, y de acuerdo. 



AÑOS DE 1869 Á 1875 365 



también, con los señores de la junta de ésa^ verificar el primer 
acto de levantamiento, procurando á todo trance apoderarse de 
las armas de los voluntarios de la República. =3.^ Impedir la 
organización é instrucción de los mozos de la reserva del ejér- 
cito rebelde^ tratando al mismo tiempo de indisciplinar á la 
fuerza del mismo, valiéndose para ello de los oficiales del co- 
legio de caballería que me habéis indicado. =4/ Aceptado el 
plan por V. E. remitido, con las pequeñas modificaciones que 
han sido necesarias, se atendrá V. E. á lo siguiente: en Nava 
del Rey recibirá las fuerzas que llegaren de Zamora y Sala- 
manca; en Peñafiel llamará la atención de las tropas rebeldes 
corriéndose hacia la provincia de Soria, para que quede libre 
la comunicación con Falencia y Burgos, esperando en el pun- 
to que se designe las órdenes del general Velasco, en el movi- 
miento que operará en Santander y parte limítrofe de la pro- 
vincia de Burgos. =5/ De acuerdo con los intransigentes re- 
publicanos que están convenidos con V. E., procurará suble- 
var las tropas de reserva del Gobierno republicano y excitar la 
discordia en las filas de los voluntarios de la República. == 
6.* Podéis contar entre el número de los conspiradores, por 
haber resultado de sus antecedentes aptitud para ello, á los 
individuos que expresa la adjunta relación. Del resto de la que 
remitió V. E. no han llegado antccedentes.=7.* Conviniendo 
á los intereses del Rey nuestro señor (q. D. g.), obrar con 
actividad y energía, llevará V. E. á debido efecto, en cuanto 
le sea posible, la secuestración de los jefes rebeldes y liberales 
sacrilegos incluidos en las relaciones que están en poder del 
Illmo. Sr. Padre Mariano Solís Liévana, y la de los malditos 
fracmasones comprendidos en la que entregará á V. E. la co- 
misión interna de inquisición, compuesta de los Illmos. Seño- 
res D. Juan González, D. Cristóbal Rubio, D. Lázaro Quin- 
tanilla, D. Gaspar Francés y D. Julián Covarrubias.=:8.* De- 
biendo vengarse las ofensas hechas al Altísimo, á nuestra santa 



366 CASTILLA LA VIEJA 



Religión y al humilde siervo del Señor, Su Magestad nuestro 
muy amado rey D, Carlos VI T, la sangre y el exterminio de 
los herejes y enemigos nuestros será recomendable á nuestro 
servicio. =:V. E. quedará encargado^ como jefe supremo, de 
la ejecución de los actos preparatorios necesarios para nuestro 
objeto, =Campo del honor ii de Septiembre 1873- =De orden 
deS. M.=:E1 Comandante general de Navarra y Provincias 
Vascongadas. = Antonio Li2árraga,i 

El conocimiento de las preinsertas instrucciones y los in- 
formes que adquirió, hicieron creer al general RipoU que en 
esta ocasión tomaría gran incremento la lucha, y en 19 del 
indicado mes decía al Ministro de la Guerra: lEl poco partido 
liberal que existe en la provincia de Falencia se halla altamen- 
te abatido, mientras el carlista está animado en sumo grado y 
los pueblos esperando con ansia la presentación de las fuerzas 
carlistas que dicen han de venir de la otra parte del Ebro, pa- 
ra cuyo recibimiento se están ya organizando ocultamente 
partidas en el país. Bástele^ Excmo. Sr-, para conocer el es- 
píritu que domina en favor del carlismo en algunos lugares, el 
saber que se presentan en ellos agentes revolucionarios que 
descaradamente trabajan por su causa, u Añadía que era nece- 
sario el envío de tropas al distrito y que se declarasen en es- 
tado de sitio las provincias de León, Oviedo y Falencia- Aun- 
que ni lo uno ni lo otro llegó á realizarse, Irascurríó el mes de 
Octubre y parte del de Noviembre sin que alterasen el orden 
más que, ligeros motines, sofocados en breve, é insignificantes 
partidas que desaparecieron á raiz de organizarse. 

Pero á fines del último mes indicado ya volvieron estas á 
tener más importancia en Asturias, Las capitaneaban Rosas, 
Valdés, Santa Clara, Manolín y otros cabecillas desconocidosi 
quienes lograron reunir bastantes secuaces y alarmaron el país 
en tales términos, que hasta en la ciudad de Oviedo se alte- 
ró la tranquilidad. Como de costumbre^ visitaron los pueblos 



AÑOS DE 1869 A 1875 367 

de Pola de Lena, Mieres, Pola de Siero, Inñesto, Pola de La- 
biana, y algún otro, en los que quemaron el registro civil, mal- 
trataron á los funcionarios públicos y exigieron cuantiosas 
contribuciones. Análogamente á lo hecho poco antes, se dis- 
puso la persecución organizando tres columnas volantes de 
carabineros, guardias civiles y voluntarios, en número de 80 
á 90 hombres cada una, y á las órdenes todas del comandante 
Huertas. Estas fuerzas eran las únicas que había en la provin- 
cia; pues la compañía de Córdoba había ido á Valladolid, y 
hasta el 16 de Diciembre no fué reemplazada por otra de in- 
fantería de Castilla, procedente de Burgos. 

Reunidas en Noviembre las principales facciones al mando 
de Rosas, trataron de pasar á León á recaudar fondos; y al 
efecto, el 24 intentaron salvar el puerto de Piedrañta; mas po- 
niéndose en movimiento un destacamento de guardias acanto- 
nado en Cármenes, y los voluntarios de La Pola de Gordón, 
hicieron retroceder al enemigo, alcanzándole el 26 en la Peña 
de la Hoz, cuenca del río AUer, causándole tres muertos y va- 
rios heridos, á costa de uno de los primeros, cuatro de los se- 
gundos y 12 prisioneros que tuvo de bajas la columna. 

Tal resultado envalentonó á los enemigos y contribuyó á 
que aumentase su número, hasta el punto, que al empezar Di- 
ciembre sumaban 300 hombres perfectamente armados, los cua- 
les se aventuraban á entrar en los pueblos de abundantes recur- 
sos, á ocupar los puertos de paso á León y á interceptar la 
marcha de los convoyes de armas de la fábrica de Trubia. 
Redoblada la actividad de las columnas para compensar la 
diferencia del número, una de ellas batió y dispersó el día 4 en 
el ayuntamiento de Labiana á 70 rebeldes, causándoles algu- 
nas pérdidas; y el i5 encontró otra en Ribadesella al grupo de 
Valdés, desalojándole de las posiciones en que intentó resistir, 
y haciéndola un muerto y tres heridos, incluso el cabecilla. Sin 
embargo, á fin de año vagaba aún Rosas por el concejo de 



368 



CASTILLA LA VIEJA 



Quirós con 200 hombres; Valdés, con poco más de 100, por el 
partido de Cangas de Tinao; los demás con menos número^ por 
los territorios de AUer y Labiana; y de vez en cuando entraban 

en el de G randas de Salime grupos de 20 ó 40 hombres proce- 
dentes de Galicia. 



En Enero de 1874 la situación se hizo más crítica en As- 
turias; al aparecer algunas partidas de cantonales, las cuales, 
aunque se sostuvieron pocos días, exigieron la atención de las 
autoridades. Por ello el Ministro de la Guerra dispuso que 
embarcase en La Coruña para Gijón una compañía del regi- 
miento infanteria de Murcia^ fuerza que el día 11 llegó á su 
destino, dejó un destacamento en aquella población y continuó 
á la capital de la provincia. 

Los carlistas, después de varias correrías sin rumbo fijo, 
entraron en Sama, venciendo la resistencia de los voluntarios, 
encastillados en la casa ayuntamiento, en Pola de Lena, 
Cangas de Ti neo y Pola de Labiana, donde cometieron excesos 
y se apoderaron de recursos; y destacaron facciones volantes 
á muchos pueblos pequeños con igual objetoí siendo hostiliza- 
dos en todas sus escursiones por cuatro columnas mandadas 
por los comandantes Huertas, Valle y Vázquez, y el capitán 
Ortega^ y organizadas con la compañía de Castilla, los cara- 
bineros, la guardia civil y los voluntarios, las cuales estrecha- 
ron á las partidas hacia la provincia de León y las avistaron 
en varias ocasiones con escaso resultado. Otra columna man- 
dada de refuerzo, á las órdenes del capitán D. José Carballido, 
compuesta de 74 soldados del regimiento de Murcia y 36 vo* 
luntarios movilizados, sostuvo el 24 de Enero un encuentro 
al marchar de Cabañaquinta á Collanzo, cuyo parte oficial se 
inserta á continuación: 

i El 23 del corriente sali de Mieres con la columna de mi 



AÑOS DE 1869 A 1875 369 

mando para Cabañaquinta, en donde pernocté. En cuanto lle- 
gué á este punto, mi primer cuidado fué mandar un oficio al 
pueblo de Santibáñez de Murías, en el que presumía que debía 
hallarse la columna del comandante Huertas, para que, com- 
binando nuestros movimientos, pudiéramos operar con éxito 
contra el enemigo. r.-Mientras esperaba contestación, adquirí 
noticias referentes á los carlistas y á las condiciones del te- 
rreno, habiendo sabido que la facción , que parecía dirigir- 
se á Casomera, había retrocedido y se hallaba en CoUan- 
zo.= Con estos datos, y aun cuando el 24 por la madrugada 
no había recibido todavía respuesta al oficio que dirigí al 
comandante Huertas, por más que continuaba en la persua- 
sión de que estaba en Santibáñez, me decidí á emprender un 
movimiento que, sin alejarme del lugar en que me hallaba, em- 
pujase á la partida hacia otra columna. En efecto, á las ocho 
de la mañana salí de Cabañaquinta para Conforcus, de lo 
que pasé también aviso á Santibáñez de Murías. En Vega 
supe por confidencia fidedigna que el llamado camino real y 
paso de Entrepeñas, en la dirección de Collanzo, se hallaba 
ocupado por la facción; y considerando lo peligroso y aventu- 
rado que sería continuar por aquel camino cortado entre pe- 
ñascos, cuya altura los hace inexpugnables, y que sigue siem- 
pre por una cañada á la orilla del río, entre montañas que es 
imposible flanquear, y mucho menos con 110 hombres que 
componían toda la fuerza de mi columna, determiné continuar 
la marcha, dirigiéndome por el puente al pueblo de Bello, em- 
pezando á subir desde aquí hasta posesionarme de las alturas 
de la montaña, operación que nos costó un trabajo ímprobo, 
por la falta de senderos, estar cubierto el suelo de una espesa 
capa de hielo, y por ser el terreno tan escabroso y pendiente 
que era imposible sostenerse en él. Por fin llegamos á la altura 
de Pandecuerigo, punto en que, mientras la columna descan- 
saba un momento, comuniqué al teniente de voluntarios don 

Tomo ziv 2^ 



37^ CAStlLLA LA VIEJA 



José Alonso, que marchaba á vanguardia con 20 hombres, laa 
instrucciones convenientes á fin de que reconociese y flanquease 
el terreno de nuestro paso, para mayor seguridad, en atención 
á que, aun cuando nos hallábamos en una altura, era dominada 
por otras muy próximas; no fiándome tampoco de las segurida- 
des que me dio un pastor, que se acercó diciendo que no había 
peligro alguno. niEmprendí de nuevo la marcha, y al poco ra- 
to fui sorprendido por dos descargas simultáneas, seguidas de 
un nutrido fuego de fusilería que por derecha é izquierda me 
hacían los carlistas, encontrándome con la vanguardia corta- 
da, lo cual me privaba de uno de los dos oficiales que iban en 
la columna, de la fuerza que éste llevaba para flanquear y del 
único corneta que tenía. Instantáneamente adopté tas disposi- 
ciones que me parecieron del caso, y utilizando la misma es- 
cabrosidad del terreno, sostuve con mi fuerza una hora ente- 
ra el fuego contra un enemigo que, además de ser numeroso y 
de que aumentaba por momentos, ocupaba posiciones casi in- 
expugnables. Desesperada era mi situación^ con un solo oacial 
de que disponer, sin corneta para poder comunicar á todos los 
movimientos que debieran ejecutar y con tan escasas fuerzas 
para la resistencia. Sólo me animaba la confianza de que el co- 
mandante Huertas habría recibido el oficio en que le avisaba 
el movimiento que emprendí, y que tal vez en aquel momento 
llegaría á auxiliarme. Me sostuve algún tiempo más, sin ceder 
un paso; pero perdida la esperanza de socorro y consumidas 
gran parte de las municiones, me decidí á hacer un esfuerzo 
supremo, y ordené al alférez D. Mariano Casado que des- 
plegase por la derecha con 20 hombres, y al sarj^ento 1/ An- 
tonio Mansilla que con otros 20 fuese á ocupar una altura á 
mi izquierda, desplegando yo con el resto de la tropa por el 
centro, decidido á forzar el paso á todo trance, = Al empren- 
der este movimiento, fuimos atacados por nuevas fuerzas por 
el frente y retaguardia, desconcertando mi plan y poniéndonos 



AÑOS DE 1869 A 1875 371 



en el mayor apuro. Entonces hice replegar la gente del al- 
férez Casado y sargento Mansilla, volviendo á mi anterior po- 
sición, donde tuve que sostenerme, á pesar del fuego que por 
los cuatro costados hacían los enemigos. En momento tan apu- 
rado, y agotadas casi por completo las municiones, ordené al 
alférez Casado que con 24 hombres, y mientras yo con el resto 
de la fuerza me dirigía por la izquierda á apoyarme en el pró- 
ximo pueblo de Collanzo, batiendo al mismo tiempo aquel flan- 
co, sostuviera el fuego y se retirase á la carrera sobre mi ca- 
mino, en cuanto observase que yo había rebasado lo bastante y 
podía protegerle á mi vez. Emprendí el movimiento; y cuando 
apenas me había separado 3oo pasos, vi que un enjambre de 
carlistas se precipitaban sobre él, mientras otros muchos me 
acosaban sin cesar. Quise volver al sitio en que se encontraba 
el alférez, aunque pereciéramos todos, pero era ya imposible: 
éste y su tropa habían consumido el último cartucho y eran 
prisioneros de los facciosos. = En todo este tiempo, el oficial de 
voluntarios Sr. Alonso, que se había visto imposibilitado de 
reunirse á mí, no cesó de hacer fuego sobre el enemigo con 
los hombres que le acompañaban, desde el punto que se había 
posesionado con gran acierto y con un arrojo digno del mayor 
elogio; y al verme marchar hacia el pueblo, corrió á unírseme, 
apoderándose de una casa del mismo. Con la gente que me 
quedaba, ocupé las avenidas y el ayuntamiento, donde me 
hice fuerte. Allí se me intimó la rendición, que rechacé enér- 
gicamente. Los adversarios rompieron de nuevo el fuego contra 
nosotros, y cuando medio desmoronado el edificio por los ba- 
lazos, deshechas las ventanas y quemado el último cartucho de 
mi tropa, corría el enemigo á apoderarse de nosotros, nos lan- 
zamos á la calle y á la bayoneta fuimos hacia él, siendo re- 
chazados, refugiándose la tropa en las casas próximas y reti- 
rándome yo al ayuntamiento, con seis soldados tan solo.= 
El teniente Alonso y unos cuantos de los suyos, viendo que 



372 CASTILLA LA VIEJA 



era imposible hacer más esfuerzos, y considerando que por su 
carácter de voluntarios corrían el mayor peligro, se arrojaron 
al río, y con agua á la cintura, buscaron su salvación en la ori- 
lla opuesta* ^En tal situación, sin medio alguno de defensa, 
acosado no sólo por los carlistas del monte sino por todos los 
hombres de Collanzo y de los pueblos cercanos, que se dispo- 
nían á prender fuego á la casa que ocupábamos, me vi precisa- 
do á rendirme, sacrificando mi honra y mi larga carrera mili- 
tar, y ofreciendo mi vida por la de mis subordinados. Después de 
desarmados y reunidos con el alférez Casado, fuimos presen- 
tados á los cabecillas Rosas, Amat y Santa Clara. Seguidamen- 
te se nos sometió á una especie de consejo de guerra verbal, 
en el que pedían que fuésemos fusilados los oficiales, preva- 
leciendo, sin embargo, la idea del cabecilla Amat de que quedá- 
semos todos en libertad. Así nos lo comunicaron, haciéndonos 
desfilar inmediatamente por delante de los carlistas, cuyo núme- 
ro pasaba de 400, bien armados. Al anochecer, la fuerza rebelde 
salió casi toda á ocupar las avenidas del pueblo, y uno de sus 
jefes dispuso que nosotros fuésemos alojados en el mismo. No 
comprendí lo que significaba este movimiento, hasta que al 
amanecer del día siguiente recibí un oficio del comandante de 
mi regimiento D. Rafael Vázquez, en el que me decía que, de 
r.er cierto que estábamos en libertad, nos incorporásemos á su 
fuerza en Cabañaquinta, llevando los heridos, si era posible 
transportarlos. Así lo verificamos á las doce del día 25, exte- 
nuados de hambre y de fatiga, encontrándonos allí con el ofi- 
cial de voluntarios, 12 de éstos y cinco soldados que con sus 
armas habían podido salvarse de caer prisioneros. Sólo me con- 
suela el que nuestras pérdidas personales han sido pequeñas, 
comparadas con las del enemigo; pues consisten en un volun- 
tario muerto, cinco soldados y dos voluntarios heridos, y siete 
contusos, entre ellos el que suscribe. De los carlistas he con- 
tado yo mismo ocho muertos y 21 heridos.» A su llegada á la 



n 



r\ 



AÑOS DE 1869 A 1875 373 

capital, el capitán jefe de la columna quedó á disposición del 
fiscal de la sumaria que se mandó instmir sobre el hecho. 

Separadas las facciones después de este triunfo, y envalen 
tonadas con él, se presentó en Inñesto, el día 26, la mandada 
por Valdés, quien recogió allí lo que le convino y salió en di- 
rección á los pueblos de la costa, retrocediendo en seguida 
hacia Labiana á reunirse nuevamente con Rosas, el cual pe- 
netró el 30 en Cangas de Onís con 3oo hombres, después de 
haber vejado otras varias poblaciones. 

A fin de contrarrestar el aumento de fuerza é importancia 
que adquirieron en este tiempo las filas carlistas, dispuso el 
Gobierno que fueran á Asturias, desde el distrito de Galicia, 
150 soldados del regimiento infantería de Murcia, mandados 
por el comandante López Villanueva, que debía encaminarse 
desde luego á proteger el concejo de Tineo y los inmediatos, y 
autorizó al Capitán general del distrito, teniente general don 
Eulogio González, para que dispusiera de dos compañías de 
infantería de Castilla que estaban destacadas una en Burgos y 
otra en Galicia. 

El Gobernador militar de Oviedo, brigadier D. José Muriel, 
contando ya con más fuerza, ordenó que la de Murcia, llegada 
el 2 de Febrero á Castropol, operase en la región occidental, 
por donde andaba un nuevo cabecilla apellidado Ayonés, al 
frente de 50 sediciosos; y reuniendo las columnas de Valle, 
Vázquez y Ortega, tomó el mando de ellas y se encaminó á la 
zona meridional en contra de Rosas, Manolín y Santa Clara. 
El comandante Huertas debía perseguir á Valdés en el parti- 
do judicial de Infiesto. 

Como resultado de estas disposiciones y de los activos mo- 
vimientos que les siguieron, la gente de Rosas pasó el 6 á 
León^ presentándose en Valdelugueros, Boñar y otros lugares, 
donde cometió exacciones; pero hostigada por tropas de este 
territorio, se internó de nuevo en el de que procedía. Para im- 



374 CASTILLA LA VIEJA 



1 



pedir que tal excursión se repitiera, se redobló la vigilancia de 
los puertos, encargada á la guardia civil y á los voluntarios de 
La Pola de Gordón, A la partida Ayones^ que estuvo también 
muy hostilizada y se corrió al partido de Belmonte, la avistó 
el día 10 en Morieras, un grupo de vecinos de Cangas de Tinco ^ 
que se puso voluntariamente á las órdenes del comandante 
retirado D, Santos Felaes, quien batió y disolvió á la facción, 
aprehendiendo al cabecilJaj á su segundo y á seis individuos 
más; cogiendo caballos y armas; y resultando heridos por am- 
bas partes. Este hecho mereció plácemes del Gobierno, por 
contrastar notablemente la conducta de los paisanos que lo 
llevaron á cabo con la de otros habitantes de la provincia. 

Por aquellos días, el canónigo Milla or^aniííó otra partida 
que en poco tiempo llegó á tener 130 hombres, con los que di - 
Acuitaba las comunicaciones de Oviedo con el centro del dis- 
trito, en varias partes del cual había cundido la intranquilidad: 
primeramente en Falencia ^ al acercarse á la provincia t.Soo 
carlistas de Burgos, amagando interceptar la vía férrea de San- 
tander, lo que felizmente no realizaron; después en León, al 
aparecer, en los montes de Coorcos, un grupo enemigo, que se 
corrió á los pocos días á Falencia y fué perseguido por un es- 
cuadrón de lanceros de España; y posteriormente, al presen* 
tarse en Higuera de las Dueñas (Avila) otra que, hostilizada 
por la guardia civil, se internó al poco tiempo en la provincia 
de Toledo* 

La principal atención de las partidas, en estos días, se fijó 
en interceptar las líneas telegráficas y en impedir la incorpo- 
ración de los soldados de la reserva, tratando de que se les 
reuniesen, sin descuidar por eso sus acostumbradas exigencias 
de recursos en los pueblos, y cogiendo en rehenes á los vecinos 
de más significación cuando no las realizaban* Como el Minis* 
tro de la Guerra juzgaba que existían en Asturias pocas fuerzas 
para evitar tales desmanes, ocupando la provincia de un modo 



/^ 



AÑOS DE 1869 A 1875 375 

tal que los sediciosos quedaran relegados á lugares en que no 
pudiesen subsistir, ya que hacerlos desaparecer completamen- 
te era difícil, porque rehuían siempre los encuentros, dio or- 
den de que fuesen allí 300 hombres del regimiento infantería 
de Asturias, procedentes de Zaragoza, de los cuales 140 llega- 
ron á Pola de Lena el 18 de Febrero, y los demás sólo al puer- 
to de Pajares, donde estuvieron algún tiempo, hasta que se les 
mandó acantonarse en León. 

El Gobernador militar había estado recorriendo con su co- 
lumna la región oriental, á fín de robustecer la autoridad de 
los alcaldes, dar confianza á los paisanos y dejar destacamen- 
tos en algunos pueblos; y con igual objeto pasó después á la 
occidental, mientras que las facciones, concentradas en número 
de 400 hombres, andaban ocultas en las asperezas de las sie* 
rras de los concejos de Labiana y Aller. Los soldados de 
Asturias que entraron en Pola de Lena, se acantonaron allí, 
esperando órdenes, y el 21 fueron atacados por la gente de Mi- 
lla, Rosas y Santa Clara que, reunida, descendió de sus gua- 
ridas al indicado punto. En este desgraciado suceso supieron 
los carlistas aprovecharse de la superioridad del número, y 
aunque los soldados se defendieron largo rato, entraron aqué- 
llos en el pueblo é hicieron prisioneros á 137, de cuyo arma- 
mento, vestuario y equipo se apoderaron, dejándolos en se- 
guida en libertad. Para averiguar los hechos y exigir la debida 
responsabilidad á los oficiales del regimiento de Asturias, que 
con los soldados marcharon á Oviedo, se ordenó la formación 
de sumaria. 

Después se corrió la facción al puerto de Pajares, intercep- 
tó los correos, quemando la correspondencia, inutilizó el telé- 
grafo; y volviendo sobre sus pasos, continuó por Santibáñez de 
Murías, hacia el N., amenazando dar un golpe de mano á la 
capital, cuyo Gobernador militar accidental se aprestó á la de- 
fensa, disponiendo que se diesen fusiles á los 137 desarmados 



376 CASTILLA LA VIEJA 



en Lena; que acudieran allí los cuadros de las reservas de Can- 
gas de Onís y de Cangas de Tineo, á fin de organizar con ellos 
y los obreros de las fábricas, cuatro cofnpañías; y avisó al bri- 
gadier Muriel, el cual fué con su columna á la ciudad; pero los 
acontecimientos no hicieron necesario utilizar estos elementos, 
porque los carlistas no se aproximaron á la plaza. 

En vista del esca'so resultado que estaba dando la perse- 
cución de las facciones y del incremento y ascendiente que és- 
tas tomaban, el Ministro de la Guerra volvió á ordenar, en 
I,* de Marzo, el envío de tropas de Galicia á Asturias, des- 
tinando al efecto 500 hombres del regimiento de infantería 
de Murcia, con los cuales y las compañías de este cuerpo 
que habla en la provincia de Oviedo, quedaría allí al com- 
pleto un batallón del citado regimiento* Parte de aquéllos, 
después de reconcentrarse en Lugo, se encaminaron á Ribadeo; 
donde recibieron orden de forzar la marcha hacia Cangas de 
TineOj población que entonces se creía amenazada por las fac- 
ciones reunidas, y cuyos habitantes estaban grandemente alar- 
mados por miedo á las represalias de la batida que habían dado 
áAyones. 

De regreso ya en la capital, según dijimos, el brigadier 
Muriel, y disponiendo de más fuerzas, se propuso dar mayor im- 
pulso á las operaciones, y organizó dos columnas de 400 hom- 
bres, una mandada por el coronel, comandante de carabineros 
D, José Martínez Cuéllar, y la otra por el comandante del regi- 
miento de Murcia, D. José López Vilianueva. Además situó en 
Oviedo una guarnición que pudiera hacer frente á las presumi- 
bles eventualidades, y estableció en puntos convenientes algu- 
nos destacamentos. Cuando esto quedó hecho, que fué el 3 de 
Marzo, el enemigo, que llegó á reunir más de 500 hombres, an- 
daba dividido por Pola de Labiana, Pola de Lena y Proaza; y 
hacia estos sitios encaminaron combinadamente sus movimien* 
tos, desde Sama y desde la capital, López Villanueva y Martí- 



\ 



AÑOS DE 1869 A 1875 377 

nezCuéllar, respectivamente. Noticiosos de ello los carlistas,, 
se reconcentraron en dos grupos, el principal de los cuales, di- 
rigido por Milla y Santa Clara, marchó á Tineo, quedando el 
otro con Rosas en las montañas inmediatas al puerto de Pajares, 
vigilando la carretera de Castilla. Martínez Cuéllar, al conocer 
el movimiento de Milla y Santa Clara, cambió de rumbo en se- 
guida, y el día 5 realizó el hecho de armas que relató oñcial- 
mente el 8, desde Belmonte, del siguiente modo: 

«Habiéndome asegurado en Salas, el 5, que de allí había 
salido el enemigo el día anterior hacia Tineo, proseguí en 
aquella dirección, llegando á descubrir el pueblo sobre las 
once y media de la mañana. Penetrado, por las noticias que 
me daban los paisanos, de que los carlistas se encontraba den- 
tro de él, mandé que el capitán de Castilla D. Leopoldo Orte- 
ga cayese sobre la población con su compañía, que iba de van- 
guardia, por el camino viejo, y que el teniente de carabineros 
que mandaba accidentalmente una compañía del mismo cuer- 
po, D. Celedonio Rodríguez, avanzara por el nuevo, con idea 
de esperarlos y batirlos, puesto que ya venían- á nuestro en- 
cuentro; continuando yo la marcha á la carrera con la fuerza 
de reserva, compuesta de infantería de Asturias, carabineros 
y movilizados, al mando de sus capitanes D. Salustiano Ve- 
lázquez, D. Manuel Tena y D. Plácido Lesaca, rompiendo 
inmediatamente el fuego y entrando en la villa al paso de 
ataque, lo que ocasionó que el enemigo se pusiera en precipi- 
tada y vergonzosa fuga, no sin dejar en las calles y campos 
próximos ocho muertos; haciéndoles en la persecución 13 pri- 
sioneros, de ellos varios heridos, y cogiéndoles 14 fusiles Re- 
migthon, 12 bayonetas, 12 carruajes, tres carteras, 589 car- 
tuchos y 6 capotes, efectos pertenecientes á los soldados que 
la facción derrotada hizo prisioneros en Collanzo y Pola de 
Lena • 

A 30 ascendió el número de heridos que tuvieron los con« 



378 CASTILLA LA VIEJA 



trarios, y entre ellos estaba Milla* En la columna no hubo ba- 
jas. Su llegada fué tan oportuna, que evitó una catástrofe, dado 
que los facciosos tenían ánimo de incendiar la población, en 
veng^anza del descalabro que sus vecinos hicieron sufrir á 
Ayonea, 

Algo repuesta la facción, se reunieron sus dispersos en el 
concejo de Teverga^ y el día g fué avistada por la columna de 
López Villanueva en el collado de Selamices, donde los car- 
listas se parapetaron desde las primeras horas de la mañana, 
esperando á las tropas, las cuales los desalojaron de aque - 
lia posición y de las sucesivas que tomaron en las peñas 
de Aranzo y en los espesos bosques del monte Coberteiro, 
Cuatro horas duró el combate, y al cabo de ellas^ los faccio- 
sos se retiraron, dejando en el campo 10 muertos^ un pri- 
sionero, cuatra caballos y muchas municiones; costando á la 
columna siete heridos, dos de ellos oficíales, y dos contusos el 
alcanzar la victoria. El seguimiento no dio resultado, y López 
Villanueva se encaminó á Mieres á desembarazarse de los 
heridos. 

Ehtas dos derrotas consecutivas causaron tal desaliento á 
los sediciosos, que muchos dispersos solicitaron la gracia de 
indulto, y les fué concedida por el Gobierno. Los vencidos se 
refugiaron en los montes del territorio de Aller, 

El brigadier Otal, que había sido nombrado á principios de 
Marzo comandante general de Asturias, en substitución de Mu- 
riel, estuvo en León varios días, esperando una ocasión propi* 
cía para marchar á Oviedo; mas entretenidas las columnas en 
Jas activas operaciones que acabamos de indicar, no pudieron 
acercarse á la raya para servirle de escolta; y como el enemigo 
era dueño de puerto Pajares, recibió orden el nuevo Goberna* 
dor militar de marchar por la vía férrea á Santander, en unión 
de los 100 soldados de infantería de Asturias que había en 
León^ y de embarcarse allí para Gijón. Así lo efectuó, llegando 




AÑOS DE 1869 A 1875 379 

el 13 á este punto, y continuando seguidamente á Oviedo. 

Al internarse los carlistas en la cuenca del río Alier, se dis- 
puso desde luego que la columna de Martínez Cuéllar, mandada 
á la sazón por el teniente coronel Cabeda, la de López Villa- 
nueva y otra á las órdenes del teniente coronel Redondo, orga- 
nizada recientemente con los soldados de infantería de Murcia 
que llegaron últimamente á Asturias, encaminaran sus pasos 
hacía las guaridas de los enemigos, que en número de 5oo, por 
haberse incoporado Rosas á Milla y Santa Clara, las abando- 
naron, atravesaron el confín, y el 19 entraron en Riaño. Ad- 
vertido el Gobernador militar de León que habían invadido 
su territorio, destacó al momento, para evitar que se interna- 
ran en él, los 170 guardias civiles que pudo reunir; pero los car- 
listas no tenían tal propósito, y pasaron á Falencia por Guar- 
do. En esta provincia no existían más fuerzas que las escasas 
encargadas de la custodia de la vía férrea, que se reconcen- 
traron en seguida; y el Ministro de la Guerra ordenó que las 
columnas de Oviedo persistieran en la persecución, cualquiera 
que fuese el camino tomado por Rosas, Milla y Santa Clara. 
Así fué que las de Cabeda y López Villanueva, que eran las 
más avanzadas, salvaron el puerto de Pajares y por Riaño y 
Guardo fueron en pos de la facción, la cual se corrió rápida- 
mente al distrito de Burgos, para entrar el 29 en el de Vas- 
congadas, por Valmaseda, á ñn engrosar las huestes carlistas 
que combatían en Somorrostro. 

Por tal correría se vio amenazada la circulación de trenes 
de la línea de Santander; y como el enemigo al intentar el día 
14 volar un puente de la misma, había hecho ya patente su 
deseo de interrumpirla para dificultar las comunicaciones del 
centro de España con el Ejército del Norte, que se verificaban 
principalmente por ella y el puerto en que termina, el Minis- 
tro comunicó órdenes para que las columnas de Cabeda y Ló- 
pez Villanueva se situaran en Aguilar de Campóo y Reinosa, y 



38o CASTILLA LA VIEJA 



para que el brigadier Otal entregase el mando de Asturias al 
coronel de artillería D. Pablo Fernández Ponte y fuese por el 
medio más rápido á encargarse de custodiar dicha vía férrea 
con aquellas fuerzas, las cuales no volvieron á tomar parte en 
las operaciones de Castilla la Vieja. 

Evacuado el territorio de Asturias por Rosas, Milla y San- 
ta Clara, la insurrección perdió casi toda su importancia; pues 
el único núcleo que tenía alguna era el de Valdés^ compuesto 
de 70 hombres, que entraron en Mieres el 20 de Marzo; se 
encaminaron á Tineo, en donde no se decidieron á penetrar 
por la enérgica actitud del vecindario; retrocedieron al conce- 
jo de Labiana, perseguidos por la columna de 370 hombres de 
infantería de Murcia y de Castilla, del teniente corone! Redon- 
do; y rendidos de fatiga, se guarecieron en las escabrosidades 
de los montes, acogiéndose algunos á indulto. Los reducidos 
grupos que existían en las regiones oriental y occidental 
arrostraban una penosa existencia para huir de lastropas^ 

Quedaban en Asturias á principios de Abril, á más de la 
columna Redondo: en la capital, 130 guardias civiles, el bata- 
llón reserva de Oviedo, en instrucción, 170 reclutas de infan- 
tería de Asturias y 100 voluntarios; guardando la fábrica de 
Trubia, una compañía de artillería; y en otros puntos, pe- 
queños destacamentos. A los pocos días Redondo marchó con 
los soldados de Murcia á Gijón para embarcarse é ir á refor- 
zar la brigada Otal, que estaba en Santander. 

Los dispersos de la partida Valdés se reunieron en las cer- 
canías de Pola de Labiana; y de Galicia pasaron á la zona 
occidental de Asturias dos facciones; una de 40 individuos, ca- 
pitaneada por el cabecilla Cancio, y otra de 3 o por Osorio. 
En contra de todos estos enemigos se destacaron desde luego 
dos pequeñas columnas de infantería de Asturias y volunta- 
rios movilizados, mandadas por el teniente coronel Gamboa y 
por el capitán Provedo; no pudiendo salir más fuerza, por- 



r\ 



AÑOS DE 1869 A 1875 38l 



que la guardia civil tenía que quedar guarneciendo la capi- 
tal, y el batallón reserva de Oviedo estaba muy atrasado en 
su instrucción. Como las tropas carecían entonces de recursos 
metálicos, las cajas del Estado no los podían facilitar, y hasta 
para atender á la precisa subsistencia del soldado había din- 
cultades que vencer, las operaciones no pudieron ser muy ac- 
tivas en aquellos días. El Gobernador militar interino indica- 
ba al Ministro y al Capitán general, la situación en que se 
veía, manifestando que las partidas se acrecentarían, que Faes 
se había unido á Valdés, y que era muy significativa la salida 
de aquel cabecilla al campo; y el Gobierno autorizó para dis- 
poner del dinero recaudado al apoyar la cobranza de contribu- 
ciones, y también para facilitar armas á los pueblos más afec- 
tos al régimen exitente. Cerca de Sama, el capitán Provedo 
alcanzó el 25 en las faldas de Peñamayor á la facción de Faes 
y Valdés, y la desalojó de las posiciones que había tomado, 
causándole varias bajas. 

El nuevo Gobernador militar de Oviedo, brigadier Salcedo, 
viendo que había adelantado algo la instrucción de los reclu- 
tas del batallón reserva, organizó dos nuevas columnas de 
operaciones, una de dos y otra de tres compañías, mandadas por 
el capitán D. Federico Moliné y por el teniente coronel Don 
Senén Cavedo, respectivamente; marchando la primera hacia 
la región occidental en contra de la gente de Cancio y Osorio, 
que se diseminó al poco tiempo, y la segunda á perseguir á 
Faes y Valdés, en substitución de la de Provedo, que se ocupó 
en escoltar convoyes. Los incesantes movimientos de las tro- 
pas dieron margen á varios encuentros con la partida de los 
últimos: uno el 11 de Mayo en Cabañaquinta, en el cual se le 
hizo un muerto y cuatro heridos, á costa de tres de éstos en la 
columna; otro el 14 en Cármenes, provincia de León, adonde 
pasó huyendo la facción, y en el cual los voluntarios de La 
Pola de Gordón la desalojaron de aquel pueblo y la precisaron 



382 CASTILLA LA VIEJA 



á regresar al territorio de Oviedo. Contaban los dos jefes car- 
listas con 1 5o combatientes, y los distribuyeron entre Villoría 
y Lorio, con ánimo de atacar á un destacamento que guarnecía 
á Pola de Labiana; mas socorrido éste oportunamente, fueron 
rechazados los rebeldes hacia los montes próximos, en cuya 
espesura se guarecieron • Después pasó otra vez la partida á 
León, apareciendo el 23 en el partido de Riaño, sin duda para 
desorientar á sus perseguidores; pues volvió rápidamente sobre 
sus pasos, y forzando la marcha, cayó sobre Cangas de Onís y 
Rivadesella, pueblos en que cobró contribuciones, quemó el 
registro civil y requisó caballos. Hostilizada por Cavedo, tornó 
á León, y el 3i andaba entre Lillo y Riaño, 

Las repetidas aunque momentáneas incursiones de loa fac* 
ciosos por el N de León, donde apenas había más fuerza 
que la de voluntarios de La Pola de Gordón, y la tendencia 
favorable al carlismo en aquélla zona, hicieron creer al Go- 
bernaJcr militar que la rebelión se extendería á su territorio, 
y así lo hizo presente á la superioridad, en 27 de Mayo, á la 
vez que pedía tropas. El Capitán general no tenía disponible 
más que el regimiento de lanceros de Santiago, y se había 
visto obligado, como atención preferente, á fraccionarlo en 
cinco columnas para que recorrieran las provincias de Avila^ 
Valladolid y Palencia, en las que el reclutamiento y cobro 
de impuestos estaban muy descuidados y exigían el auxilio de 
fuerzas; pero el Ministro envió de Burgos una compañía y 3o 
caballos de la guardia civil, para que los utilizara como juzga- 
se conveniente la autoridad militar de León. Con este refuer- 
zo y los voluntarios, se organizaron cuatro columnas al mando 
del capitán D. Francisco León Sotelo, las cuales operaron 
en los términos de Busdongo, Maraña, Burón y Murías de Pa- 
redes, á &n de impedir las correrías de los carlistas de Astu- 
rias y mantener la autoridad de los alcaldes, amparándoles en 
^us funciones. 



r\ 



AÑOS DE 1869 A 1875 383 



A causa, tal vez, de estas medidas, volvieron nuevamente 
Faes y Valdés á la provincia de Oviedo, y el día 4 de Junio 
vagaban con i5o infantes y 40 caballos por el concejo de La- 
biana. Contra ellos fué el comandante D. Vicente García, 
quien mandaba á la sazón la columna que había estado á las 
órdenes de Provedo, con 300 hombres entre soldados y volun- 
tarios, la cual tuvo el 8 un tiroteo no lejos de Entralgo. 

A los pocos dias, y siendo ya Gobernador militar de la 
provincia el brigadier D. José Villanueva, los insurrectos, cuyo 
número aumentó algo, se encaminaron á Infíesto, entraron en 
la población, se apoderaron de los fondos que allí había, hi- 
cieron lo mismo en Cangas de Onis, Rivadesella, y el 19 mar- 
charon á Llanes, perseguidos siempre por las tropas, las cua- 
les dieron una batida general que obligó al ñn á diseminarse, 
ocultándose unos en las sierras y pasando otros á León. Estos 
cortaron á su paso la línea telegráfica del puerto de Pajares y 
fueron derrotados en un encuentro por fuerzas de esta pro- 
vincia. En tal situación y sin que se tuvieran noticias de los 
rebeldes, continuaron las cosas en Asturias durante unos 
días. 

Desde fin de Abril existían en Palencia varios grupos de 
sediciosos, aumentados í últimos de Mayo con uno de 22 in- 
dividuos capitaneado por D. Miguel García, que pasó al par- 
tido de Cervera procedente de León, y con otros dos, depen- 
dientes del cabecilla Camarero, de 3o caballos cada uno, que 
vagaban por las inmediaciones de Astudillo. Estos fueron 
batidos el día 3 de Junio, uno en el camino de Valbuena de 
Pisuerga á aquel punto, y otro en la dehesa de Matanzas, am- 
bos por una sección de lanceros de Santiago y algunos guar- 
dias civiles, que les causaron bajas y les pusieron en precipita- 
da fuga. Parte de los carlistas entraron en su huida en Gordo- 
villa la Real; y habiendo intentado defenderse el vecindario, 
cogieron presos á varios vecinos^ entre ellos al secretario del 



384 CASTILLA LA VIEJA 



juzgado municipal, á quien fusilaron inhumanamente- Reuni- 
das en seguida las dos fracciones se internaron en el distrito de 
Burgos por Itero del Castillo. El cabecilla Salustiano Heredia 
merodeaba por el partido de Carrión de los Condes; Leopoldo 
Marcos y otro por el de Cervera de Pisuerga, y Miguel García 
se había corrido al de Saldaña. Ninguno de ellos llegó 1 
contar con más de 30 combatientes; pero eran bastantes para 
sostener el desasosiego, dados los pocos soldados que había en 
la provincia. En vista de esto, el Capitán general del distrito 
envió de refuerzo tres secciones del regimiento de caballería 
de Santiago de las que estaban recorriendo el territorio de 
Valladolid, que se pusieron desde luego en movimiento, ahu* 
yentando á los carlistas de la parte llana y estrechándoles ha- 
cia la montañosa, de donde únicamente salieron para buscar 
los indispensables recursos. Poco después, aquellas fuerzas 
fueron aumentadas todavía con 100 carabineros de infantería. 

Camarero volvió á entrar en la provincia de Palencia el 
2 de Julio, la cruzó rápidamente, sorprendió á un destacamen- 
to de 20 jinetes de Santiago que pernoctaba en Saldaña, y 
cogiéndoles prisioneros con caballos y armamentos, regresó 
al distrito de Burgos, siendo inútiles los esfuerzos que para 
cortarle la retirada hizo una columna que salió de Cervera. 

Nombrado Capitán general del distrito el teniente gene- 
ral D, Agustín de Burgos, dio conocimiento desde la capital 
deí mismo, en 4 de Julio, al Ministro de la Guerra del estado 
del país en los siguientes términos: 

f Al encargarme del mando de este distrito, creo de mi de- 
ber dar á V. E. conocimiento, por el pronto y aunque sea sucin- 
tamente, del estado de las provincias del mismo desde el punto 
de vista del orden público y de la insurrección carlista, que son 
los conceptos que han llamado mi atención desde los primeros 
momentos, sin perjuicio de hacerlo más adelante, detalladamen- 
tCj de su estado general y necesidades.=Lo3 trastornos ocurrí- 



I 



ANOS DB 1869 A 1875 385 

dos Últimamente en Valbuena, provincia de Zamora, en Viti- 
gudino, en la de Salamanca, y en Pedro Bernardo en la de Avi • 
la, y la insistencia con que las autoridades civiles y militares de 
las expresadas provincias reclaman fuerzas por temor de que se 
altere la tranquilidad en diferentes puntos de las mismas, me 
han hecho comprender desde luego que la cuestión de orden pú- 
blico deja mucho que desear, á consecuencia de los trabajos de 
los partidarios de D. Carlos y del cantonalismo, que se agitan 
en los actuales momentos, á fin de entorpecer y dificultar, sin 
duda, las operaciones de la nueva quinta, considerando las im- 
portantes ventajas que han de proporcionar al Gobierno los ba- 
tallones mandados organizar. = Con tal motivo, no pudiendo 
desprenderme de las fuerzas que quedan en esta capital, redu- 
cidas á unos 100 carabineros y una compañía de la reserva de 
Cangas de Tineo, que apenas bastan para dar el servició ordina- 
rio más indispensable, y no permitiendo, por otra parte, el esta- 
do de la insurrección carlista en las provincias de Oviedo, Fa- 
lencia y León, que se saque de ellas ni un soldado, por las razo- 
nes que expondré á V. E., considero de urgente necesidad el 
que, por lo menos, venga inmediatamente la guardia civil cuyo 
envío tiene V. E. anunciado, sin lo cual no es posible responder 
de la tranquilidad ni de que las operaciones de la quinta den el 
resultado que el Gobierno se promete y exigen las necesidades 
de la Patria. =Esto por lo que respecta á las provincias en que 
no hay insurrección armada. De aquéllas en que existe, Ovie- 
do es la que reclama más imperiosamente aumento de fuerza, 
si la persecución de las facciones ha de ser todo lo activa y 
eficaz que se desea, para evitar que siga el incremento que han 
empezado á tomar las partidas en estos días, según habrá visto 
V. E. por los telegramas y comunicaciones que se le han diri- 
gido* = El ingreso en la reserva de Oviedo de los soldados de-1 
regimiento de Asturias que hay en aquélla provincia, ha venido 
más bien á empeorar su situación, porque dicho batallón re« 

Tomo XIV a5 



386 CASTILLA LA VIEJA 



unirá aobre ipOoo hombres; pero como hay en él gran falta de 
oñciales y clases de tropa, cuya incorporación se ha reclamado 
diferentes veces, y marchan á su regimiento los correspondien- 
tes al de Asturias, resultará que con una fuerza muy superior 
á la orgánica y con ppcos oficiales y clases, habrá gran difi- 
cultad para organizar convenientemente las columnas. Estas 
se hallan hoy reducidas á cuatro, de las cuales dos tienen que 
estar constantemente sobre la carretera de Castilla para soste* 
ner las comunicaciones, y las otras dos, como comprenderá 
V. E., no bastan para una persecución en buenas condiciones, 
que haga esperar resultados decisivos ó de importancia, porque 
para ello sería preciso formar, por lo menos, otras dos y ocu- 
par dos ó tres puntos que sirvieran de base á nuestras columnas 
y de depósitos de enfermos y municiones. =Por todas estas 
causas considero que será necesario reforzar, al menos con un 
batallón, las tropas de la citada provincia, retirando el destaca- 
mento del regimiento de Castilla, que por su escasa fuerza no 
puede prestar un servicio de entidad. = En la provincia de León 
existen hoy cuatro compañías de la reserva de Cangas de Ti- 
neo, menos 165 hombres que se han sacado para el Ejército del 
Norte; iio guardias civiles; 38 caballos del mismo instituto; y 
una compañía de voluntarios movilizados, fuerzas que pueden 
bastar^ por hoy, para impedir que aumenten las facciones que 
hay en ella; pero que será necesario aumentar también para 
exterminar á estas en plazo breve, y evitar las frecuentes in- 
cursiones de las partidas de Asturias que penetran en la misma 
con objeto de proveerse de recursos, lo que es difícil de conse- 
guir por lo extensa que es la línea que sirve de límite á ambas 
provincias. = La de Falencia se encuentra en un caso análogo, 
por lo que respecta á su proximidad á la anterior y á la de 
Burgos, existiendo hoyen ella 100 carabineros, una sección de 
guardia civil de caballería y unos 90 caballos del regimiento 
de Santiago. "En la de Ávila hay una sección de Cangas de 



ANOS DE 1869 Á 1875 387 



Tineo y en Vitigudino (Salamanca), otra que estaba en Za* 
mora....» 

El aumento de tropas que se pedia en este escrito no pudo 
realizarse, y el Ministro se limitó á disponer que se organiza- 
ran en Falencia dos columnas con 50 carabineros y 25 ó 30 
caballos de Santiago, cada una, para recorrer incesantemente 
el campo, y que en Oviedo el brigadier Villanueva dirigiese 
personalmente las operaciones de las fuerzas con que conta- 
ba, las cuales eran suficientes, á juicio de aquella superior au- 
toridad, y tenían en esta época la distribución que sigue: co- 
lumna de Pola de Labiana, 252 infantes; de Infiesto, igS; de 
Pola de Lena, i83 voluntarios; de Mieres, 206 soldados; en el 
norte y occidente dos compañías de 100 hombres cada una; y 
en la capital 80 hombres, además de los enfermos. Las de Pola 
de Lena y Mieres no debían desamparar la carretera de Casti- 
lla; las del norte y occidente tenían que proteger la recauda- 
ción; de modo que restaban solamente las de Pola de Labiana 
é Infiesto para batir al enemigo. 

La segunda puso en fuga el día 7 d& Julio, cerca de Sobres- 
cobio, á 100 hombre de Faes, causándoles un muerto, varios 
heridos y algunos prisioneros; y continuando, en combinación 
con la de Pola de Labiana, la persecución de los grupos en que 
se dividió la partida, los ahuyentó, obligándoles á ocultarse 
hasta el día 16 en que, concentrados, pasaron á la provincia de 
León. El gobernador militar de Oviedo salió al campo el 12, 
escoltado por unos cuantos reclutas, y reunido á la columna 
de Infiesto, recorrió su territorio durante unos días, insistien- 
do en manifestar la necesidad de que se le enviaran fuerzas. 

En León estaban á principios de mes los cabecillas Soriano 
y Felipe Rodríguez, el primero de los cuales vagaba con 60 
hombres por el partido de Murías de Paredes; y en Falencia 
había una treintena de facciosos dirigidos por el cabecilla Ca- 
talán. Los trabajadores de la línea férrea del noroeste, á los 



388 CASTILLA LA VlEjA 



cuales se trató de atraer á Ja causa carlista^ se amotinaron 
el II, y fué preciso destacar á Brañuelas y Pon ferrada dos 
compañías de la reserva de Cangas de Ti neo, á fin de calmarlos 
y evitar sus desmanes. Para apoyar los trabajos de propagaada, 
que por entonces aumentaron en León^ pasó la partida Faes á 
Riaño; mas las prontas disposiciones del Gobernador militar, 
brigadier D. Joaquín de Souza, que destacó dos pequeñas co- 
lumnas de infantería, con objeto de que con los voluntarios de 
La Pola de Gordón y una sección de caballería de la guardia 
civil evitaran el paso del cabecilla al interior de la provincia, 
dieron excelentes resultados; pues después de varios días en 
que los carlistas estuvieron huyendo de sus perseguidores, 
estrechados hacia el límite de Asturias, tuvieron que repasar- 
lo. £1 grupo de Catalán, que de Palencia, donde había sido 
batido, iba por León á reunirse á los asturianos, fué dispersa- 
do por aquellos días, y la caballería, en uno de sus movimien- 
tos, aprehendió á este cabecilla y á otro que le acompañaba. 
Con esto y la prisión de la junta carlista de Astorga, signiñca- 
da por sus actos ilegales, fracasó el movimiento que estaba 
proyectado, y las partidas de Soriano y Felipe Rodríguez des- 
aparecieron, quedando sólo algunos individuos errantes, que 
cayeron paulatinamente en poder de las autoridades. Sin em- 
bargo, las tropas que habían perseguido á Faes continuaron vi- 
gilando las avenidas de Oviedo; las compañías que habían ido 
á Brañuelas y á Ponferrada operaron en los partidos judiciales 
de Astorga, Murías de Paredes, Ponferrada y Villafranca del 
Vierzo, y 20 caballos de la guardia civil por los de Valencia 
de Don Juan y La Bañeza, para proteger la recaudación y las 
operaciones de la quinta. 

El 23 de Julio era cuando Faes repasaba el puerto de Pa- 
jares, con un total de 240 hombres. Allí destruyó la línea 
telegráfica, se apoderó de la correspondencia, y separándose de 
la carretera para eludir el encuentro con las tropas que sabe- 



AÑOS DE 1869 A 1875 389 



mos estaban sobre ella, fué á parar á Mieres en la mañana del 
28, pensando coger de improviso á la población; pero los vo- 
luntarios divisaron á los carlistas, tomaron posiciones, y al ca- 
bo de cuatro horas de sostenido fuego, rechazaron á la partida, 
que ise retiró dejando en el campo un muerto y dos heridos, 
no sin que los defensores tuvieran ochos de éstos. Al abando- 
nar los facciosos aquellos sitios, cayó sobre ellos la columna de 
Pola de Lena, mandada por el comandante D. Timoteo Sán- 
chez, y tuvo lugar un encuentro que este jefe relató oficial- 
mente el 29 del siguiente modo: 

«Tengo el honor de poner en conocimiento de V. E. que 
ayer, cerca de las nueve de la mañana, me dio parte el alcalde 
de Villayana que el cabecilla José María, segundo de la parti- 
da Faes, con ocho carlistas de á caballo, estaba en dicho pue- 
blo levantando los rails del ferrocarril y destruyendo el telé- 
grafo, manifestándome también que en los bosques que se 
hallan á la derecha del río, entre Villayana y Pola de Lena, 
estaban apostados los enemigos. Inmediatamente formé la co- 
lumna, dejando en este último pueblo la guardia de preven- 
ción, compuesta de 30 hombres con un oficial, y salí hacía Vi- 
llayana, ordenando al teniente D. Tomás Alfayate que, con 
5o soldados, flanquease las alturas de la derecha del río, si- 
guiendo yo por la carretera, y arreglando ambos nuestra 
marcha á fin de ir siempre á la misma altura y, en lo posible, 
á la vista, para protegernos en caso de necesidad. rrLlegué 
con la columna á dicho punto, vi los destrozos que habían 
causado los carlistas, que eran dos rails levantados y los te- 
légrafos del Gobierno y ferrocarril destruidos en 'una exten- 
sión de un kilómentro; adquirí noticias de que hacía media 
hora que habían marchado por la carretera de Mieres; y en 
vista de ello seguí la misma dirección, siempre á la altura 
del flanqueo. =r: En el pueblo de Sarriella me digeron que los 
facciosos se estaban batiendo en Mieres con los voluntarios 



JgO CASTILLA LA VIEJA 



movilizados. Entonces mandé replegar los flanqueadores á la 
columna para seguir más deprisa por la carretera, y continua- 
mos al paso largo. Después de rebasar el pueblo de Ujo, la 
vanguardia avistó á unos carlistas que subían por la derecha 
del río á tomar la montaña que está inmediata Figaredo y 
rompió el fuego sobre ellos; pero avanzando hacía el puente 
de Santu llano, observé que el mayor número de contrarios 
estaban parapetados entre el palacio y la ermita del lugar de 
Villarejo, que se halla en una altura que domina el expre- 
sado puente. = Comprendí en seguida la ventajosa posición 
que ocupaba el enemigo y que era necesario un movimiento 
rápido para envolverlo. Con este objeto ordené al capitán 
de la compañía de Castilla, D, Leopoldo Ortega, que con la 
suya vadease inmediatamente el río por frente á Figaredo, 
dominase la altura de Villarejo, y después, descendiendo hacia 
dicha posición, con su compañía desplegada en guerrilla, re- 
conociese los bosques y gargantas que hay en aquellos sitios 
hasta llegar al expresado palacio. Mientras realizaba el capitán 
de Castilla el anterior movimiento, el de la compañía de Astu- 
rias D. Antonio Leardi con los 50 hombres de la vanguardia, 
cuyo mando tomó por haber sido herido el teniente D. Tomás 
Alfayate, se acercaba al puente de Santullano; y no bien 
observé que la compañía de Castilla se hallaba en lo más 
elevado del bosque y se preparaba á descender, hice que la 
vanguardia pasase el puente á la carrera y que subiere á la 
posición de Villarejo, á consecuencia de lo cual los carlistas se 
retiraron hacia el bosque y se encontraron con los soldados de 
Castilla, que les causaron tres muertos, consiguendo huir 
hacia ©1 concejo de Aller por lo conocedores que son del te- 
rreno- La facción debe tener muchos heridos, hechos por la 
vanguardia en la primera hora.=Hice bajar al pueblo de San- 
tullano dos de los muertos que, según se decía, eran el cabecilla 
Faes y su segundo José María (el Vizcaíno); y efectivamente' 



^ 



AÑOS DE 1869 A 1875 391 

allí lo confirmaron algunos vecinos que los conocían. Por 
nuestra parte tuvimos el cabo ^5.** de Asturias Ramón Burriel, 
muerto y el teniente de la reserva de Oviedo D. Tomás Alva- 

rez Alfayate, herido » El oficio terminaba con elogios 

para los oficiales y soldados que habían tomado parte en el 
encuentro. El Gobernador militar, tuvo conocimiento opor- 
tuno del ataque de Mieres, y ordenó que las tropas más pró- 
ximas socorrieran la población; mas batidos los carlistas por 
el comandante Sánchez, regresaron aquellas á los puntos cuya 
custodia tenían encomendada. 

Al cabecilla Faes, que durante tanto tiempo fué el princi- 
pal sostenedor de la lucha en Asturias, le subtituyó Valdés, 
quien nombró como su segundo á Gregorio, hermano del José 
María, muerto en el último encuentro. El nuevo jefe car- 
lista no llegó á reunir casi nunca un núcleo de importancia, 
pero en cambio el número de grupos aumentó en la provin- 
cia. Uno de ellos, capitaneado por Trapelo, que apareció en 
la región occidental, y que tan pronto estaba en Galicia como 
en Asturias, fué batido el día 4 de Agosto, cerca de Grandas de 
Salime, por la guardia civil de Lugo. Otro, á las órdenes de 
un tal Menéndez, se lanzó al campo en el ayuntamiento d« 
Cabrales, donde exigió fondos; y hostilizado por los paisanos, 
se guareció en los montes que rodean á Onís. Los trabajadores 
del ferrocarril, á quienes la empresa constructora debía bas- 
tantes jornales, fueron, por entonces, los que aumentaron el 
número de grupos dedicados al merodeo. 

Varios encuentros ocurrieron además en el mes de Agosto. 
Uno, el 6, en Pelúgano, entre los que se refugiaron en la cuenca 
del río AUer y la columna de Pola de Labiana, que fué en su 
busca y causó, á costa de un muerto, dos de éstos y tres heridos 
al enemigo^ el cual pasó á León, destrozando el telégrafo en 
Pajares, se diseminó por la zona norte de esta provincia, entró 
en algunos pueblos, en los que cometió excesos, y retrocedió á 



3g2 CASTILLA LA VIEJA 



!a de Oviedo, siendo otra ve? balido en Puente de Arco por la 
misma tropa.' Otro tuvo lujt^ar el i6 entre las fuerzas de Pola 
de Lena^ mandadas por el comandante Sánchez, y parte de 
la facción Valdés, á las órdenes del cabecilla Gregorio que, 
huyendo hacia Pajares, fué alcanzado no lejos de este sitio, 
y perdió cuatro muertos, varios heridos, dos prisioneros y 
cinco caballos, Y por último^ el 26, el capitán D. Antonio 
Lardy dispersó en la zona occidental á la partida Trapelo, 
haciéndole dos heridos. 

Vemos, pues, que los núcleos más importantes fueron avis- 
tados y batidos. No asi los pequeños, que tenían más facilida- 
des para dividirse y ocultarse después de haber ejecutado algu- 
na tropelía. En tal caso estaban: en la provincia de Oviedo, 
un total de 60 individuos que, en grupos de ocho ó diez, reco- 
rrían la región oriental, y otros tantos que andaban por el 
confín con Galicia; en la de Leónj un número de hombrea 
muy aproximado á aquél, que separados igualmente, vagaban 
unos por Riello y otros por el partido de Riaño; y en el terri- 
torio de Falencia, 3o caballos del cabecilla Cantero que, tan 
pronto unidos como fraccionados^ hacían incesantes corrcríaSj 
en una de las cuales quemaron la estación de Quintantlla, 
siendo al fin alcanírados, á ñnes de Agosto, en Villamayor 
(León), por un destacamento de caballería que les ocasionó 
seis muertos y 20 prisioneros. 

En vista de las frecuentes peticiones de fuerzas que reci- 
bía, el Ministro de la Guerra había enviado al distrito, á princi- 
pios de Agosto, al batallón reserva de Lucena, que el general 
Burgos distribuyó entre Valladolid y las provincias de Avila, 
Salamanca y Zamora, cuyas autoridades reclamaban constan- 
temente algunos soldados para poder calmar las alteraciones 
de orden público á que daban lugar las operaciones de reclu- 
tamiento y las del pago de contribuciones, Al llegar á Valla- 
dolid las compañías de Lucena salió de esta capital una de la 



AÑOS DB 1869 A 1875 393 

reserva de Cangas de Tineo para ir á reforzar las tropas que 
ocupaban la zona norte de la provincia de León. El Ministro 
había anunciado también que iría á Oviedo el lo.* tercio 
de la guardia civil, pero esto no se verificó hasta mediados 
de Septiembre. 

Un nuevo esfuerzo para fomentar la rebelión hicieron los 
carlista en Asturias. Al terminar Agosto varios cabecillas, 
entre ellos González Arias (El Gordito), que tenía el título 
de comandante general del Principado, se presentaron en el 
término de AUer, donde celebraron una junta, acordando la 
concentración de todos los sediciosos para reorganizarlos. 
Trescientos próximamente acudieron al primer llamamiento y 
otros tantos poco después. Con los primeros, en los que estaba 
la gente más avezada á las fatigas, y mientras los segundos 
recibían instrucción militar, realizaron El Gordito y Valdés 
una excursión, apareciendo el i.^ de Septiembre en Riaño 
(León), donde se apropiaron de los fondos recaudados por re* 
denciones de mozos y de una fuerte suma á titulo de contri- 
bución, y cogieron prisioneros al alcalde y mayores contribu- 
yentes, volviendo en seguida sobre sus pasos y penetrando 
otra vez en Asturias, con el propósito, según se decía, de dar 
un golpe de mano á la fábrica de Trubia, en la que sólo existía 
un pequeño destacamento. Aquel rumor alarmó á la autoridad 
militar, que como no podía disponer inmediatamente de las 
columnas, por estar ocupadas en auxiliar las operaciones de la 
quinta, y consideraba, además, que esta era una operación muy 
importante, telegrafió pidiendo con urgencia refuerzos, y por 
el pronto y aun á riesgo de dejar la capital casi desguarnecida, 
aumentó el número de soldados que había en dicho estableci- 
miento. El Capitán general, por su parte, envió dos compa- 
ñías de la reserva de Lucena, además del lo."" tercio de la 
guardia civil, que había llegado ya. Sin duda por esto, la fac- 
ción no continuó su correría y se refugió en los montes del 



1 



394 CASTILLA LA VIEJA 



concejo de AUer, que con sus asperezas y barrancos la an3pa- 
faban contra las batidas de los perseguidores. 

Con los expresados refuerzos, el Gobernador militar de 
Oviedo se propuso dar un vigoroso impulso á las operaciones; 
y al efecto, dispuso que una de las dos compañías de la reser- 
va de Lucena formase parte de la columna del comandante 
Sánchez, en reemplazo de otra de infanteria de Castilla, que 
se debia encaminar á Burgos; que la otra compañía de Luce- 
na se incorporara álos voluntarios de Mieres;y con tos 400 guar- 
dias del 10.^ tercio y la columna de Pola de Labiana» organi* 
$6 tres nuevas: la primera, bajo la dirección del comandante 
D. Eduardo Serrano, con una compañía de la reserva de Ovie- 
do, y otra de guardia civil; la segunda, mandada por el de 
igual categoría D. Ramón Suárez Fuga, con análoga compo- 
sición; y la tercera, á las órdenes del teniente coronel D. An - 
drés Parreño y García, con el resto de la guardia civíL Las 
demás, de las cuales la más numerosa era la de Infiesto, con- 
tinuaron como antes. 

Empezados los movimientos, esta última alcanzó, el día 
i5, en Cangas de Onís, á una partida que había cometido ve- 
jámenes en Villaviciosa y se disponía á cometerlos en aquella 
población, y la dispersó cogiéndole algunos prisioneros. A los 
pocos días, los vecinos del ayuntamiento de Cabralcs, la 
volvieron á batir, haciéndole varias bajas« Un destacamento 
acantonado en Sama de Langreo sostuvo fuego el ig con 
un grupo de insurrectos, posesionados de unas alturas inme- 
diatas al pueblo, y los desalojó de ellas, obligándoles á huir 
con pérdidas, á costa de dos soldados que quedaron heridos. 
Las columnas Serrano, Suárez Fuga y Parreño se encamina- 
ron al concejo de AUer; mas no esperaron en él los 500 á 
600 carlistas allí guarecidos, sino que se dividieron en dos 
fracciones, que tomaron distintos rumbos, siendo la mayor de 
ellas avistada el 20, en las cercanías de Peleches, por el des- 



AÑOS DE 1869 A 1875 395 

tacamente de Sama de Langreo, que se mo\i6 en combinación 
con las tropas de Serrano y Parreño, y la tiroteó, obligándola 
á huir en grupos, uno de los cuales, cuyo jefe era el titulado 
comandante general, marchó hacia el S., y al verse muy aco- 
sado, pasó á la provincia de León, no sin dejar algunos pri- 
sioneros en poder de sus perseguidores. Mientras tanto, la otra 
fracción atravesó el partido de Cangas de Onis, entró en el 
ayuntamiento de Cabrales, después en la villa de Llanes, des- 
trozó allí el telégrafo y pasó á Rivadesella, apoderándose en 
los pueblos del tránsito de lo que le convino. La columna 
de Infiesto, que la fué persiguiendo, no consiguió batirla, pero 
si que se diseminara y que se ocultaran la mayoría de sus in- 
dividuos. 

En la provincia de Falencia, la cual continuaba vigilada 
por dos columnas móviles y algún destacamento sobre la vía 
férrea y se había visto libre de carlistas durante el mes de 
Agosto, aparecieron, el día 11 de Septiembre, en Ccrvera de 
Pisuerga, 40 hombres, con los cabecillas Calvo y Salvador, 
quienes perseguidos por una de aquellas, mandada por el co- 
mandante D. Miguel Asín, fueron avistados, el 14, en los 
montes de Velilia, entre Alar y Mave, y desalojados de sus 
posiciones, después de una acción en que los carlistas tuvie- 
ron 10 muertos, tres prisioneros, un herido, y dos de éstos y 
otros tantos contusos la tropa, que se apoderó de 17 caballos, 
equipos y armas. Con tal golpe, desapareció dicha facción, y 
puede decirse que no volvió á haber más sediciosos en el te- 
rritorio de Palencia. 

Los de El Gordito, al entrar en el de León, estropearon, 
como de costumbre, el telégrafo, y quemaron la corresponden- 
cia; pero el 26, el destacamento de Sama de Langreo, que no 
abandonó su pista, les alcanzó en las cercanías de Coññal, y 
les dispersó, al cabo de tres horas de combate, ocasionándoles 
un muerto y tres heridos, y persiguiéndoles, les cogió un pri- 



rs 



396 CASTILLA LA VIEJA 



sionero, los rehenes que llevaban, caballos y bagajes. En les 
soldados hubo un muerto y dos heridos. De la capital acudió 
fuerza á los puertos de Asturias, y tuvo algunos encuentros 
insigniñcantes con los dispersos. 

Al verse activamente hostilizadas, las facciones apelaron 
al sistema de diseminarse. Se creía, sin embargo, que ni aun 
asi podrían subsistir y tornarían á sus guaridas de Aller, por 
lo cual una de las columnas ocupó estos sitios; y como los 
desmanes en la carretera de Castilla y vía férrea continua- 
ban, se recomendó á las de Pola de Lena y Mieres, que re- 
doblaran la vigilancia. Las demás, moviéndose incesante- 
mente, aprehendieron bastantes fugitivos. 

A principios de Octubre, y siendo Capitán general del dis- 
trito D. José de la Gándara, fué cuando tomaron más incre- 
mento los anuncios que circulaban hacia tiempo de una pro- 
yectada expedición de los carlistas del Norte á la región astu- 
riana, expedición que debía mandar el cabecilla Mogrovejo. 
En el capítulo VIII del 5.® tomo de esta Narración se indica- 
ron ya las medidas adoptadas en el distrito de Burgos para 
impedirla; mas como el objetivo principal de los carlistas era 
apoderarse y destruir la fábrica de armas de Oviedo y la fundi- 
ción de Trubia, por lo que pudiera suceder, aquélla fué forti- 
ñcada, y á ésta^ cuya situación topográñca no se prestaba á la 
ejecución de obras defensivas, se la guarneció conveniente- 
mente, aumentando las fuerzas con que contaba. Además el 
general Gándara envió á Asturias cuatro compañías del bata- 
llón reserva de Lacena, sacándolas de Zamora y Salamanca, 
las cuales entraron desde luego en operaciones. 

La expedición de que tratamos no se llevó á cabo. Por el 
contrario, á partir de esta época la existencia de los facciosos 
se hizo más precaria; pues seguían diseminados y aunque de 
vez en cuando entraban en los pueblos, la mayor parte del tiem- 
po lo pasaban ocultos ó huyendo de sus perseguidores. Los que 



AÑOS DE 1869 Á 1875 397 



fueron á León con El Gordito, apenas dieron señales de vida: 
refugiados en las sierras de los partidos de La Vecilla y Riaño, 
sólo se atrevieron á cortar alguna que otra ve^ la línea tele- 
gráfica de los puertos y á interceptar la correspondencia. De 
los cabecillas de Oviedo, los más audaces eran Próspero Tu- 
ñon y Valdés, que andaban por la región oriental, éste con una 
partida de caballería y aquél con una de infantería. En las dos 
provincias tuvieron algunos encuentros sin consecuencias, no 
sólo las columnas, sino también los habitantes de los pueblos 
al oponer resistencia á la entrada de los carlistas. Lo que más 
patenti2aba el estado de decadencia de la insurrección era que 
muchos dispersos, cansados de la vida de campaña, se resti- 
tuían á sus hogares. 

Poco después la facción de El Gordito volvió á entrar en 
Oviedo, siendo alcanzada por la columna del comandante Sán- 
chez, los días I y 8 de Noviembre, cerca de Campomanes y de 
Puente de los Fierros, respectivamente, sufriendo algunas ba- 
jas en el primer encuentro y bastantes en el segundo, por lo 
cual se diseminó en grupos. Algunos de ellos atravesaron los 
territorios de León y Falencia, sin duda para buscar refugio 
entre los carlistas del Norte; otros se convirtieron en partidas 
de latrofacciosos, una de las cuales, de 12 hombres, cayó toda 
prisionera en Taranilla (León), después de tener tres muertos 
y tres heridos; y el titulado comandante general, al cabo de 
vanos intentos para concentrar á sus secuaces, abandonó de- 
finitivamente el país. 

Cuando estos acontecimientos demostraban el pronto tér- 
mino de la lucha, unos 90 hombres se alzaron en armas, el 
día 14 de dicho mes, cerca de Alba de Tormes (Salamanca). 
En seguida que el Capitán general tuvo conocimiento de 
ello, mandó organizar tres pequeñas columnas en aquella pro- 
vincia y dos en la de Avila, á la que se dirigieron los sedi- 
ciosos, los cuales al verse seriamente hostilizados por las tro* 



398 CASTILLA LA VIEJA 



pas se diseminaron para regresar á sus casas, cayendo varios 
prisioneros. 

Las incesantes batidas en el territorio asturiano, aunque 
de fructíferos resultados para la causa del orden, porque ha- 
cían disminuir sensiblemente el número de insurrectos, apenas 
originaron choques, pues á fines del año 1874 sólo ocurrie- 
ron tres insignificantes: el II de Noviembre, en el ayunta- 
miento de Aller; el 7 de Diciembre, en los montes de Prie- 
go (zona oriental); y el i5 del mismo mes no lejos de Gijón, 
sufriendo en todas pérdidas los carlistas. 



Al comentar el año de 1875 existían únicamente tres gru- 
pos enemigos; uno en León, por Riaño, y dos en Asturias, por 
el concejo de Aller. Los dos últimos fueron batidos con bajas 
el 14 de Enero, en los campos de Pelúgano uno, y el otro, 
el 25, en las inmediaciones de Casonera. A consecuencia de 
esto terminó la insurrección en el distrito; pues sólo quedaron 
en él algunas cuadrillas de latrofacciosos, que fueron extermi- 
nadas en breve, como sucedió en Oviedo á la de Freijo, cuyo 
jefe fué muerto el 22 de Febrero, y á otra de 11 indivi- 
duos que fueron capturados con armas el 3o de Abril en el cam- 
po de Caso; y en Falencia, á la de Benedicto, alcanzada 
el 3 de Marzo por la guardia civil, que le causó varios muer- 
tos y la avistó nuevamente el 22, dando muerte esta vez al ca- 
becilla. 

La mayor parte de las tropas se reconcentró en las capita- 
les, quedando sólo en el campo algunos destacamentos conve- 
nientemente situados para recorrer el país y dar confianza á 
los habitantes de las zonas que habían sido más castigadas por 
el enemigo. Sin embargo, á mediados de Agosto tuvieron que 
emplearse en la persecución de unos cuantos individuos que, 



AÑOS DB 1869 A 1875 399 

siguiendo á Trapelo y Osorío por los confínes de León y Ovie- 
do con Galicia^ trataron de turbar el orden, los cuales» batidos 
á los pocos días, abandonaron el territorio, desapareciendo con 
ellos la bandera que desde 1869 había mantenido enhiesta el 
partido de D. Carlos, con más ó menos vigor, en Castilla la 
Vieja.. 



CAPITULO IX 



Sumario.— Distrito de Galicit.— Años de 1869 a 1871.— Conspiración carlista.— Peque- 
ñas columnas recorren el territorio.— Motines.— Año 1872.— Temores de trastornos* 
—Destacamentos establecidos.— Facciones en Orense.— Provincias de La Coruña, Pon- 
tevedra y Lugo.— Año 1875.— Proyectos de alzamiento.— Provincia de Lugo.— Par- 
tidas y columnas; sus movimientos y encuentros.— Nuevo levantamiento en el mes 
de AbriL— Grupos de Saavedra, Ostendi y Osorio.— Son batidos por las tropas.— Pro- 
vincia de Orense.- Medidas preventivas.— Facción de Sabariegos.— Choques.— Se 
amotinan 3. 000 hombres instigados por los partidarios del Pretendiente.— Acción 
del monte de Sordos.— Año 1874.— Partidas carlistas y latrofacciosas .—Batidas y en- 
cuentros.— Alzamiento en el mes de Julio.— Nuevas facciones. — Situación de 
las tropas.— Partida de Mergel iza.— Acción del monte Guzpelleira.— Pequeños en- 
cuentros.— Marcha de los batallones provinciales.— Se acrecientan las partidas.- 
Nueva distribución de destacamentos.— Movimientos y desmanes de las facciones.— 
Ventajas obtenidas por las tropas.— Año 1875 .—Cuadrillas de latrofacciosos.— Fin de 
la insurrección. 



Al mediar el año i86g se empezó á notar en el distrito de 
Galicia la agitación del partido carlista para provocar un 
alzamiento en aquellas provincias. Súpose confídencialmente 
qne el titulado brigadier Muñiz, nombrado por D. Carlos jefe 
militar de dicha comarcal habia salido de Paris con instruc- 
ciones para D . Ramón Posada y Villespul^ que se titulaba co- 
misario regio, y se adquirió el convencimiento de que tra- 
bajaban en favor de la causa varias personas, contra algunas 
de las cuales se adoptaron desde luego medidas gubernativas, 
quedando otras sujetas á la acción de los tribunales. 

Conociendo que los carlistas habían elegido los pueblos de 
Rivadeo y Mondoñedo para inaugurar la campaña, porque en 
ellos esperaban hallar protección y dinero, el Capitán general 
concentró en 22 de Julio, en dichos puntos, alguna fuerza de 
carabineros, disponiendo que recorriese las inmediaciones, 
se cerciorase del estado del país y cayera rápidamente sobre 
los que pretendiesen alterar el orden. Además, como era de 

Tomo xiv 6 



r\ 



1 



402 GALICIA 



temer un desembarco de armas, se mandó redoblar la vigilan- 
cia á los carabineros de la costa. 

La efervescencia se hizo patente sobre todo en Monduñe- 
do, donde los partidarios de D. Carlos se manifestaban muy 
animosos, y hacían activa propaganda, extendiéndola á bas- 
tante distancia; y la superior autoridad militar del distrito or- 
denó el 28 que cuatro compañías del primer batallón del regi- 
miento de infantería de Guadalajara, que guarnecían la plaza 
de El Ferrol, marchasen á Lugo, por ser esta ciudad un 
punto céntrico desde el cual se podía acudir fácilmente á 
cualquier otro del distrito, y que se armaran en ella 100 vo- 
luntarios con fusiles de la disuelta guardia rural* 

Focos dias después^ el lo de Agosto, salió de La Cor uña 
una columna, compuesta del batallón cazadores de Santander y 
una sección del escuadrón de Galicia, á las órdenes del primer 
jefe de aquél, teniente coronel D. Cándido Carretero, con 
objeto de recorrer varios pueblos, para calmar en élíos los áni- 
mos, arrebatados por las predicaciones de alguna parte del cle- 
ro y la presencia en la raya portuguesa del titulado brigadier 
Muñí 2 y de otros cabecillas que se disponían, al parecer, á 
entrar en campaña. 

Tales medidas, y la gran vigilancia ejercida en la frontera, 
dio por resultado que el día 19 se retiraran á Braga los jefes 
carlistas, y que no se llevara á cabo el levantamiento. 

Por entonces la estancia en Santiago del canónigo y dipu- 
tado carlista Sr. Manterola, originó allí una manifestación de 
BU partido, seguida de otra que hicieron los liberales en contra, 
y de ios trastornos consiguientes á tales sucesos, lo que obli- 
gó á Carretero á ir á dicha población para reprimir el motín. 

Cuando cesaron las noticias alarmantes, en el mes de Sep 
tiembre, se retiraron los destacamentos á las capitales, y hasta 
Febrero del año siguiente quedó el distrito en calma, Pero 
en esta época reanudaron sus tentativas los carlistaS| obede- 



AÑOS DE 1869 Á 1875 403 

ciendo órdenes de los emigrados de Portugal, y de nuevo 
salieron algunas columnas, formadas con fuerza del regi- 
miento infantería de Córdoba, para recorrer las cercanías de 
Santiago, los pueblos inmediatos á Lugo, y parte de la pro- 
vincia de Orense. Aunque no prosperaron tampoco los pro- 
yectos de los rebeldes, hubo varios motines y algaradas. El 
principal ocurrió en Santiago, á causa de la inauguración de 
un- casino carlista, en la noche de! 24 de Abril, y recrudecido 
en las dos siguientes, terminó por una colisión entre los pal- 
sanos amotinados y una compañía de carabineros, en la cual 
resultaron heridos de ambas partes, y fueron aprehendidos 
muchos de aquéllos, que quedaron sujetos á la acción de los 
tribunales. 

Con temores más ó menos acentuados transcurrió el resto 
del año 1870, y en este tiempo los gobernadores civiles de las 
provincias de Lugo, Orense y Pontevedra, de acuerdo con 
las autoridades militares, y cumpliendo órdenes del Ministro 
de la Gobernación, reconcentraban la guardia civil, y los ca- 
rabineros de sus provincias, cuando lo exigían las circunstan- 
cias; pues los adversarios no dejaban de trabajar en favor de 
su causa, especialmente los que estaban en Portugal. 

En 1 87 1 el carlismo no dio señales de vida, y los motines 
que hubo en el distrito no fueron promovidos por los partida- 
rios del Pretendiente. 



Al empezar el mes de Abril del año 1872, redoblaron su 
actividad los absolutistas para preparar un levantamiento de 
importancia, por lo que el Capitán general del distrito, Don 
José Sánchez Bregua, recomendó á los gobernadores y co- 
mandantes militares la mayor vigilancia, reforzó las guarni- 
ciones de Lugo, Santiago y Orense, distribuyó repuestos de 
municiones, é hizo salir de La Coruña una columna móvil. 



404 GALICIA 



compuesta de una compañía del regimiento de Murcia y una 
sección del escuadrón cazadores de Galicia, para que recorríe* 
ra los términos de Arzúa y Mellid^ donde la causa rebelde te- 
nia muchos secuaces, como había sucedido también en la an- 
terior guerra civil. Posteriormente, conñdencias y noticias, 
recibidas por diferentes conductos, patentizaron á dicha auto- 
ridad la continuación de aquellos manejos, y juzgó conveaien-* 
te dar más amplitud á las medidas previsoras, fraccionando 
las fuerzas con que contaba, de modo que pudiesen oponerse á 
cualquier intentona de los carlistas, sin desatender, por su* 
puesto, las plazas de La Coruña, El Ferrol, Vigo y Orense, en 
donde el partido republicano era numeroso y podía en caso 
dado complicar el estado de las cosas. 

Los siguientes cuadros indican la distribución dada á las 
tropas, y el fín á que debía atender cada destacamento: 



AÑOS DE 1869 A 1875 



405 



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408 GALICIA 



ÍSabiendo después el Capitán general que se habían presen- 
tado algunas partidas en Castilla la -Vieja y que el territorio 
de El Vierto estaba grandemente alarmado, ordenó á las co- 
lumnas de Lugo y Orense más próximas á Oviedo y León que 
hiciesen un movimiento de avance hacia Castilla, y que una 
compañía del 4/ regimiento de artillería á piej que iba á La 
Coruñaj se detuviese en Villafranca de El Vierzo y cooperase 
á la persecución de los carlistas de León, 

Indudablemente, la incesante vigilancia ejercida en el dis^ 
trito, especialmente en la frontera portuguesa, evitó que el 
número de las partidas que aparecieron correspondiese á los 
valiosos elementos con que desde el primer momento contaron 
los conspiradores. 

La provincia de Orense, por su inmediación al reino de Por- 
tugal, por lo quebrado de su suelo y por las ¡deas absolutistas 
de muchos de sus habitantes, era considerada como comarca 
muy favorable para reunirse y organizarse los rebeldes del país, 
auxiliados por los emigrados que en ocasión oportuna atrave- 
saran la frontera. Comprendiólo así el General Sánchez Bre- 
gua, y por ello cuidó de que batieran constantemente el terre- 
no las 12 columnas indicadas, merced á lo cual, á pesar de te- 
nerlo todo bien preparado los agentes de la propaganda, y del 
ofrecimiento que hicieron de dar 25 pesetas de entrada y dos 
diarias al que se alistase, lograron escaso resultado. 

En efecto, Sabariegos y otros seis cabecillas, que pasaron 
la frontera para ponerse al frente del movimiento, se vieron 
tan acosados por la columna de Bande, mandada por el tenien- 
te de carabineros D. Juan Vázquez, que en precipitada fuga re- 
pasaron el confín y cayeron con armas y caballos en poder de 
las autoridades portuguesas. 

Una partida de 60 hombres, mandaba el cabecilla Suárez, 
que se alzó d 16 de Junio en el partido de Verín, desde donde 
intentó correrse á la provincia de Lugo para proteger allí el 



AÑOS DE 1869 A 1875 409 

levantamiento, acosada por los detacamentos de Orense, por 
el de La Cañiza (Pontevedra), por algunos de los de Lugo, que 
avanzaron á cerrarle el paso, y por otras dos columnas que se 
organizaron entonces, retrocedió hacia el vecino Reino, perse- 
guida por 25 hombres de la columna de Celanova, á las órdenes 
del capitán de carabineros D. Pablo Pascual, quien noticioso 
en Bangueses de que la facción se hallaba en Sierra Gesteira, 
la atacó el día 24 de dicho mes, desalojándola sucesivamente 
de varias posiciones, y tiroteándola hasta que se guareció en 
Portugal. 

Pocos días después trató también de organizarse en el tér- 
mino municipal de Boborás otra facción de unos 27 hombres 
mandada por el sargento licenciado Vicente Fuentes, pero tan 
rápidamente cayó sobre ella el destacamento de Gomesende, 
que acobardados los sediciosos» se dispersaron á la aproxima- 
ción de aquél, presentándose á indulto la mayoría. 

El 16 de Julio el cabecilla Bernardino de Ambasaguas, 
con 50 individuos, pasó desde Zamora á Orense, por las Porti- 
llas de Sanabria; pero apercibidas ya para hacerle frente las 
columnas de esta provincia, por avisos del Capitán general de 
Castilla la Vieja, le salieron al encuentro, precisándole á co- 
rrerse por las vertientes de Sierra Cabrera Alta y á volver sobre 
sus pasos. 

Siete días más tarde aparecieron cerca de Portugal 40 hom- 
bres armados, al mando de un tal Suárez, y puestos en movi- 
miento para obrar combinadamente los destacamentos de Gin- 
zo de Limia y Bande, consiguió el segundo encontrarlos el 26 
en Salgueiros, cayendo sobre ellos con tal acierto, que al cabo 
de dos horas de fuego los dispersó y les hizo varios muertos, 
heridos y prisioneros. El destacamento de Ginzo de Limia, que 
se hallaba próximo, contribuyó al buen éxito de la operación y 
evitó que los fugitivos ganasen la frontera. 

En la provincia de La Coruña, la acción inmediata, cons- 



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410 GALICIA 



tante y enérgica de las tropas, distribuidas como queda dicho* 
bastó para frustrar todos los planes de la junta carlista, que ra- 
dicaba en Santiago, haciendo imposible la concentración y 
organización de insurrectos^ á pesar del reparto de armas que 
se efectuó y de que en varios pueblos recibieron clandestina- 
mente instrucción militar alíanos individuos. Un solo ^rupo 
de 30 hombres se alzó en armas, en la noche del 20 al 21 de 
Julio, en el partido de Arzúa, siendo hostilizado desde luego 
por las columnas de Mellid, Ordenes y Arzúa, y otras tres que 
salieron de La Coruña, Santiago y Betanzos, las cuales le 
obligaron á dispersarse para evitar el combate* Los que la 
componían regresaron aisladamente á Santiago^ de donde ha- 
bían salido. En esta ciudad hubo alguna agitación aJ levantar- 
se la partida, más se calmó en breve. 

Pontevedra era la provincia en que menos elementos tenía 
la causa del Pretendiente. Sin embargo, se mantuvieron esta- 
cionadas allí las columnas dichas, mientras en Orense y La 
Coruña ocurrieron los sucesos indicados. Únicamente un pe- 
lotónj mas bien de latro facciosos que de carlistas, merodeó 
unos días por el término de Mós, el cual desapareció en 
cuanto advirtió que era perseguido. 

En la de Lugo existían focos de insurrección en la capi- 
tal, Mondoñedo, Fronsagrada y el valle de Burón, y esto 
hizo que la autoridad militar de la provincia tomase todo 
género de precauciones y encargara gran vigilancia y movili- 
dad á los detacamentos establecidos, previniendo á los de Fon- 
sagrada y Mondoñedo que sostuvieran constante comunicación 
por el N. con los carabineros de Ri vadeo y Vivero, por el 
E. con las tropas de Asturias, y por el S. con la infantería y 
guardia civil de Nogales, la que á su vez debía avistarse con 
la de Monforte. Al presentarse algunas partidas en León y 
Oviedo, é intentar correrse á Lugo, las tropas del límite 
avanzaron á cerrarles el paso y las obligaron á retroceder. 



1 



AÑOS DE 1869 Á 1875 411 

Posteriormente, y por exigirlo las circunstancias, fué una 
columna á Sarria y otra á Monterroso, en cuyas zonas impu- 
sieron estas fuerzas respeto á los revoltosos. 

A fines de Septiembre los detacamentos de las avenidas de 
Asturias persiguieron á un grupo de 3o hombres, que se orga- 
nizó en Mondoñedo, recogió fondos y cortó el telégrafo, y que 
al fin el día 11 de Octubre fué hecho prisionero en el término 
de Abadín. 

Concluyó sin otros sucesos el año de 1872, en el que, según 
vemos, si bien hubo temores en casi todo el distrito, los he- 
chos resultaron insignificantes y aislados, efecto sin duda de la 
acertada y rápida ocupación militar dispuesta por el Capitán 
general, quien desde fines de Octubre había reconcentrado 
las tropas en sus habituales guarniciones. 



Al empezar el año de 1873 llegaron á las autoridades avi- 
sos de un próximo alzamiento carlista. En la provincia de 
Orense, donde parecía entonces más inmediato, los alcaldes de 
Ribadavia y otros pueblos pidieron fuerzas para contrarrestar- 
le, y el Comandante general participó que Sabariegos había 
estado en la Ermita de los Milagros para concertar la salida 
al campo de alguna partida. En vista de estas noticias y otras 
semejantes, el Capitán general dispuso la concentración de la 
guardia civil en Ribadavia, Puebla de Trives, La Gudiña y 
y Orense, así como la de los carabineros en Verín, Ginzo 
de Limia, Celanova y Gomesende, enviando además una co- 
lumna de So hombres del regimiento infantería de Cuenca á 
El Barco, otra de igual fuerza á Viana del Bollo y otra á Pue- 
bla de Trives, y haciendo salir de La Coruña para Orense á 
una sección del escuadrón cazadores de Galicia. En la de Lu- 
go, por análogos motivos, se reunió la guardia civil de varias 
líneas 



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412 GALICIA 



No se realizó por el pronto el movimiento anunciado; 
pero la renuncia á la corona que hizo entonces el Rty Don 
Amadeo alentó al partido carlista á continuar sus manejos. 

Se supo entonces que el titulado Comandante general de la 
provincia de Lugo, D. Ramón R. Valcárcel^ había publicado 
alocuciones dirigidas á los paisanos y al ejército; que en Pove- 
da se repartían armas; que en Nogales trataban algunos de apo- 
derarse de los fondos de la recaudación de contribuciones, y 
que se intentaba introducir fusiles por la frontera de Portugal; 
por lo cual se envió alguna fuerza á los primeros puntos y 
dos columnas, de 6o hombres cada una, á vigilar la cuenca 
del Miño. 

En 24 de Febrero aparecieron en la provincia de Lugo va- 
rias partidas: una, mandada por el juez de paz de Nogales, Don 
Manuel Núñez Saavedra, en el partido de Sarria; otra, á las 
órdenes de D. Francisco Fernández Cordero, en Manan, que 
se reunió con la anterior en Puebla, cortó el telégrafo entre 
Sarria y Monforte y se incautó en Becerrea de 42.60Q reales; 
y otras dos, la primera entre Guntín y Palas de Rey, y entre 
Monterroso y Taboada la segunda, dirigida por Feijo de Pra- 
do. Inmediatamente se pusieron en movimiento diferentes 
tropas: los carabineros de Lugo se establecieron en Fonsa* 
grada, Meira y Mondoñedo; con la guardia civil se formaron 
dos columnas móviles; de La Coruña salieron para la provin- 
cia indicada tres compañías del rendimiento infantería de Mur- 
cia y una sección del escuadrón cazadores de Galicia; de Oren- 
se marchó también hacía Monforte una compañía del regi- 
miento de Cuenca, y desde Belanzos avanzó á Guitiriz una 
sección de carabineros concentrada en aquel punto. Se dispu- 
so, además, que de Santiago fueran á Arzúa y Ordenes otros 
dos destacamentos organizados con guardia civil y carabine- 
ros, por si allí se secundaba el alzamiento ó se corría á dicha 
zona alguna de las facciones. 



AÑOS DE 1869 A 1875 413 



Aunque ninguna de ellas era de gran importancia, pues no 
pasaban de 60 hombres, no por eso dejaban de causar grandes 
daños al país, recogiendo en todos los pueblos en que podían 
entrar los fondos de contribuciones, los municipales y los de 
rentas estancadas, y quemando los libros del registro civil. La 
gente de Feijo, perseguida por la compañía de Cuenca, al man- 
do del capitán D. Manuel Tapias y Contrera, fué alcanzada, al 
mediodía del 3 de Marzo, en las alturas de Gurmean, siendo 
batida y dispersada, y quedando prisionero el primer jefe y 
muerto el segundo. Este hecho tuvo transcendencia, porque 
evitó la incorporación á dicho grupo de uno de 60 hombres, 
formado en Camba (Pontevedra), que marchaba á reunirsele, 
asi como la de otro de 3o carlistas recientemente alzados para 
engrosarle, los cuales fueron batidos. En el mismo día 3, Nú» 
ñez Saavedra sufrió el tiroteo, en los altos de Pando al Turco, 
de un destacamento; pero dividida la facción en dos partes, 
pudo ocultarse en las sierras sin más baja que un prisionero. 
La formada entre Guntín y Palas de Rey, capitaneada, según 
se decía, por el alcalde de aquel pueblo D. Jerónimo López, 
se presentó en Aireje, recaudó dinero, igualmente que en Gui- 
maray, y desapareció por unos días. 

El cabecilla Sabariegos, que fué nombrado por D. Carlos 
Comandante general de Galicia, trató, por medio de procla- 
mas, de alentar á los paisanos á la lucha, é incitó á los solda- 
dos del ejército á que abandonasen las filas prometiéndoles 
grandes ventajas. No transcurrieron muchos días sin que apa- 
recieran en Lugo otras partidas, nuevas unas, y consecuencia 
de la subdivisión de las antiguas, otras. Del 4 al 10 de Marzo 
se supo la presentación de una en el valle de Montouto de 
Cornas, partido de Fonsagrada, y de otra en Bacurín, cerca de 
Otero de Rey; que existían los restos de la de Feijóo y las 
regidas por Ostendi, D. Ramón Vega y D. Pedro Camero; que 
una de 70 individuos, que era la de Fernández Cordero, se 



414 GALICIA 



había llevado fondos de Navia de Suajna; y finalmeíite, que 
los curas de Seijas y Baos y el estudiante Rpdil se habían lan* 
zado á la lucha. 

Tal crecimiento no fué de larga duración, pues en poco 
tiempo fueron avistadas y batidas varias facciones, lo cual, in- 
fundiendo el ttmor entre las demás, originó un rápido fraccio- 
namiento. El jefe del batallón reserva de Monforte, con el cua- 
dro del mismo y algunos voluntarios^ tiroteó y cogió un prisio- 
nero á la gente de Ostendi, que seguida después por una colum- 
na del regimiento de Murcia, mandada por el capitán D. José 
Sánchez Conejero^ fué encontrada en la noche del 12 de Marzo 
en Villamor, donde intentó resistir; mas atacado el pueblo 
por tres sitios á la vez, hicieron los carlistas una ligera defen - 
sa, y se retiraron, quedando en poder de la tropa un herido, 
seis prisioneros, caballos y armas. Un destacamento de cara- 
bineros hizo sufrir análoga suerte, en Gástelo, á la facción 
Fernández Cordero; y reorganizada ésta por Nuñez Saavedra, 
tornó á ser alcanzada el 14 en Santalla, en el limite de Oviedo 
con Lugo, por otra fuerza del mismo instituto, al mando del 
teniente D. Pascual López Izquierdo, la cual tomó el pueblo 
atacando á la bayoneta y cogió siete prisioneros, entre ellos 
un cabecilla herido, llamado Cobos, apoderándose de cuatro 
caballos y varias armas, á costa de dos carabineros contusos. 
Poco después una columna de infantería de Murcia, mandada 
por el capitán Carballido, que se encaminó al encuentro de los 
de Núñez Saavedra y les siguió la pista^ los avistó y desalojó 
de unas alturas cerca de Seijón, haciéndoles tres heridos, que 
retiraron, y cogiendo municiones, víveres y efectos. La co- 
lumna continuó tras los fugitivos, y éstos se dispersaron en 
grupos, de los que apenas se volvió á tener noticias. 

Los mencionados encuentros dieron por resultado que 
pidieran indulto muchos facciosos, gracia que concedió el Go- 
bier-no en 20 de Marzo; y las partidas quedaron reducidas á 



AÑOS DE 1869 A 1875 415 



dos de escasa, significación^ que se sostuvieron hasta el z6, en 
que se vieron obligadas á disolverse. 

A pesar del mal éxito que había tenido el movimiento en 
la provincia de Lugo, y de que el Capitán general juzgó opor- , 
tuno enviar á ella otras dos columnas del regimiento de 
Cuenca, en previsión de lo que pudiera ocurrir, no cesaron las 
intentonas. El i."* de Abril, averiguó el comandante de la guar- 
dia civil D. José Alvizúa que se había presentado en el término 
de Láncara un grupo de i5 sediciosos, capitaneado por José 
Rodríguez, é inmediatamente marchó en su busca, dividiendo 
la fuerza con que contaba en cuatro fracciones, las cuales en 
la noche del 6 al 7 cercaron la casa del párroco, del pueblo 
de San Pedro, en la que pernoctaban los rebeldes, y al cabo de 
una hora de fuego, cogieron prisioneros á todos con sus armas 
y caballos. En los mismos días, una partida de Asturias se 
internó en Lugo, y hostilizada por las tropas, tuvo que volver 
á la provincia de donde procedía. Posteriormente, y sin embar- 
go de la enérgica resistencia que opusieron en una casa de No- 
gueira, fueron capturados los cabecillas Manuel Pardo y Dio- 
nisio Bedos, que iban á organizar un núcleo carlista. El 25 se 
lanzó Núñez Saavedra de nuevo al campo, pero en el acto fué 
dispersada la gente que le acompañaba, como lo fué un grupo 
de 20 latrofacciosos que empezó á cometer desmanes en 20 
de Mayo. 

En fin de este mes, el último cabecilla mencionado y Os- 
tendi, que eran los más tenaces, tornaron á arrastrar á varios 
prosélitos. Núñez Saavedra, después de ser batido el 2 de Ju- 
nio por unos cuantos carabineros, vagó por varios pueblos 
huyendo de las tropas; acrecentó su partida hasta llegar á tener 
1 5o hombres, con los cuales sufrió el g de Julio, cerca de la 
venta de Pumbiadoira, al S. de Fonsagrada, el choque de una 
columna de carabineros y guardia civil, que le derrotó, hacién- 
dole un muerto y nueve heridos; entró el 13 en dicha villa. 



4l6 GALICIA 



donde se incautó de fondos; se encaminó á Castropol (Astu* 
rias)^ y el 19 se internó en las montañas de Boal, para librar- 
se de las tropas. Ostendi^ contando ya con iqo partidarios, se 
presentó el 9 de Junio á las puertas de Monforte, con ánimo 
de entrar en la población; mas la resistencia que opusieron los 
voluntarios dio tiempo á que llegaran cuatro columnas que, 
combinadamente^ seguían á la facción, la cual huyo en segui- 
da, permaneció oculta hasta el 25, hizo una ligera reaparición 
en busca de recursos, y tornó á desaparecer hasta mediados 
de Julio, en que se dividió en varios grupos, que cometieron 
desmanes. en algunos pueblos. 

Además de estas facciones, otras de menor entidad seguían 
esquivando la acción de las columnas, que con sus batidas 
combinadas, haber alcanzado á Ostendi, causándole ocho ba^ 
jas, y poco después a) cabecilla Friol, ocasionándole mayor 
número de ellas, obligaron á abandonar el campo, tanto á las 
partidas grandes como á las pequeñas. 

Se creía completamente pacificada la provincia de Lugo, 
cuando, el 26 de Septiembre, tuvo noticia el capitán del regi- 
miento infantería de Murcia D. José Sánchez Conejero, de 
que un grupo carlista de i5o hombres, capitaneado por Osorio, 
se hallaba en Logares; y hacia allí se dirigió el expresado ofi- 
cial con su columna, siendo recibido á tiros por la partida, 
que había tomado posiciones; pero iniciado por la tropa un 
ataque á la bayoneta, después de un rato de fuego, los sedi< 
ciosos huyeron en completa dispersión y se ocultaron en los 
bosques próximos, quedando prisioneros varios, Osorio no 
cejó en su empeño á pesar de este descalabro, y se propuso 
reorganizar la facción, llegando á reunir bastante gente. En- 
tonces salió de Fonsagrada, en busca de elUí el capitán del 
regimiento de Murcia D. Antonio Millán, y encontrándola el 
día de II de Octubre, cerca del Rodil, la atacó con su colum- 
na dividida en tres fracciones, y la arrojó de las alturas en que 



AÑOS DB 1869 A 1875 417 

se defendió^ persiguiéndola y dispersándola al vadear dicho rio 
Rodil. Dos muertos^ siete heridos, i5 prisioneros, armas, 
municiones y pertrechos perdieron los carlistas, á costa de un 
herido y cuatro contusos que tuvo Millán. 

La partida Núñez Saavedra que, como ya hemos dicho, se 
internó en Asturias, pasó á la provincia de Lrcón, y aunque con 
menos fuerza de la que antes tuvo, volvió á la de Lugo á 
fines de Septiembre. Hostilizada desde luego por las tropas, 
fué batida, en la dehesa de Rugueira, por algunos guardias ci- 
viles, que la causaron tres muertos y bastantes heridos, y le 
cogieron algunos prisioneros y varios caballos. 

Para terminar el relato de los sucesos ocurridos en este 
año en el territorio de Lugo, resta sólo referir que en las pri- 
meras horas de la noche del 19 de Noviembre entró en el dis- 
trito municipal de Ribas de Sil una facción levantada por 
Esteban Rodríguez, que aprisionó al recaudador de contribu- 
clones y se apoderó, en Quiroga, de la existencia de las rentas 
estancadas. Inmediatamente marchó á perseguirla el coman- 
dante militar de Monforte, con el cuadro de la reserva, guardias 
civiles y voluntarios, en unión de un destacamento de infante- 
ría que se hallaba protegiendo la recaudación de impuestos, 
dispersándola á los pocos días, después de causarle algunas 
pérdidas. La partida arrastró desde entonces una existencia 
penosa, y el 8 de Diciembre fué de nuevo alcanzada y batida 
en el partido de Monforte, con lo que desapareció. 

En la provincia de Orense también se notó desde el prin- 
cipio del año gran agitación en sentido carlista, por lo cual 
el Capitán general del distrito dispuso que se situaran tres 
columnas en Viana del Bollo, El Barco y Puebla de Trives. 
A pesar de las medidas adoptadas no pudo evitarse que el 5 
de Marzo se levantara á una jornada de la capital una facción 
de 25 hombres, capitaneada por Ortega. Tras ella salieron la 
columna de Puebla de Trives y otras formadas entonces, cu- 

Tomo ur »j 



4X8 GALICIA 



yos movimientos dieron por resultado que se internara aqué- 
lla en Portugal. 

Pocos días más tarde el titulado Capitán general de Galicia 
D. Vicente Sabariegos, organizó una partida de 40 á 5o hom* 
bres, que el 23 fué avistada por la guardia civil, en la sie- 
rra de San Mamed. Después de un rato de fuego^ la columna 
empezó un movimiento envolvente y un ataque de frente^ y 
se retiraron casi todos los carlistas, quedando sólo 16 ó 20 
protegiendo la huida de los demás. El enemigo tuvo varios 
heridos, cuatro de los cuales cayeron prisioneros, siendo uno 
de ellos el cabecilla Ortega, que murió al día siguiente. Una de 
las columnas recogió á los pocos días el armamento abando- 
nado por los fugitivos al guarecerse en Portugal, 

Don Francisco Carballo, cuyo intento de formar una par* 
tida en i.** de Marzo había sido desbaratado por la columna 
de El Barco, que mandaba el capitán D. Juan Martínez, con- 
siguió al fin lanzarse al campo el dia 30, pernoctando en una 
casa deshabitada de los montes del Retorno, circunstancia que 
proporcionó á Martínez ocasión de disponer un movimiento 
combinado para sorprender á los 15 carlistas que componían 
este grupo, quienes al verse completamente cercados, depu- 
sieron las armas sin intentar defenderse. 

El mes de Abril transcurrió en calma; pero el 5 de Mayo 
tornó Sabariegos á presentarse inesperadamente en Ginzo de 
Limia, al frente de 60 carlistas, quemó los libros de registro de 
la propiedad, atacó al puesto de la guardia civil y si^ió por el 
valle de Laza á la sierra de San Mamed, donde aumentó hasta 
112 el número de sus secuaces, encaminándose seguidamente 
hacia la provincia de Lugo, á fin de recoger dispersos de los que 
pululaban por el campo. Mas cubiertos con fuerzas los pasos 
de los ríos Sil y Miño, y batida la facción, primero en Tornei- 
ros por infantería de Cuenca, y posteriormente por una fuer- 
za de carabineros; debió comprender el cabecilla la imposibt- 



AÑOS DE 1869 A 1875 4I9 



lidad de pasar á dicho territorio y aun de sostenerse en el que 
estaba^ por lo cual retrocedió, declarándose en huida abando- 
nado de muchoSi y pasando la frontera con los más constantes. 

A principios de Junio llegaron nuevas al Gobernador mili- 
tar de Orense de la efervescencia provocada por los carlistas 
en algunos pueblos del partido de Ginzo de Limia» valién- 
dose de que entonces se había mandado proceder á la tasación 
de las alhajas de las iglesias, por lo que dispuso que se recon- 
centraran en la cabecera algunos puestos de la guardia civil y 
que se encaminaran allí pequeñas columnas de carabineros y 
de infantería del regimiento de Murcia. El movimiento fué 
creciendo, y al fin se amotinaron los vecinos de los pueblos de 
Boado, Sarreaus, Villa de Rey y otros, presentándose al ano- 
checer del día iz en número de 2.000 en los montes inmedia- 
tos á la villa de Ginzo de Limia, donde tomaron posiciones 
con ánimo, al parecer, de caer sobre ella. Las fuerzas que all^ 
había salieron desde luego á batirlos^ consiguiendo que huye- 
ran precipitadamente en diversas direcciones, y persiguién- 
dolos hasta cerrar la noche. Reconocido el campo, se encon- 
traron cuatro muertos, y se supo que habían sido retirados va- 
rios heridos. 

En seguida tornaron á reunirse los sediciosos con el plan 
de asolar la comarca al grito de t viva la religión y viva Carlos 
VIIf,\entraron en Bande, aumentados hasta 3. 000, y armados 
de carabinas, fusiles, escopetas, chuzos, horquillas é instru- 
mentos de labranza; robaron 6.000 reales; rompieron las puer- 
tas, ventanas y todo el mobiliario del ayuntamiento; quema- 
ron el archivo, registro de la propiedad, y talones de contribu- 
ciones, é hicieron otra porción de excesos, retirándose después 
á las sierras. 

Viendo que el movimiento se generalizaba, presentándo- 
se imponente, el Gobernador militar de la provincia, coronel 
D. Ramón Erlé, salió de la capital hacia los pueblos ame* 



420 L ICIA 

nazados, con las compañías 5.* y 6.' del regimiento i afán - 
teríit de Murcia, algunos voluntarios de! batallón de francos 
de Orense, fuerza de carabineros y 20 caballos del escuadrón 
de Galicia. En la mañana del 15 llegó á Ginzo de Limia, y 
supo que los insurrectos se proponían entrar de nuevo en 
Bande, por lo cual emprendió la marcha para este punto, á las 
dos de la madrugada, previniendo antes que avanzase hacia 
allí una compañía de Murbia que estaba en Celan ova, para 
ayudarle si llegaba el caso de combatir. La circunstancia de 
ver los pueblos del tránsito casi desiertos > le hizo acele- 
rar la marcha de la columna; y al llegar al monte de Sordos 
destacó la 6.* compañía de Murcia á reconocer los bos- 
ques y aldeas de los alrededores, y él con el resto de la 
tropa se alojó en Bande, para racionarla. Al comenzar la 
tarde avisaron las avanzadas que los sediciosos empeza- 
ban á coronar los montes, principalmente el mencionado de 
Sordos y su prolongación hasta las salinas de ViJIar de Kive- 
ro, observando Erlé que se presentaban en cuatro grupos, co- 
mo de 500 hombres cada uno, con intervalos ocupados por 
guerrillas. El coronel aprestó sigilosamente sus fuerzas, dispo* 
niendo que la 5.* compañía de Murcia, unida á 20 carabineros 
y i5 caballos, avanzase con una sección en guerrilla por el 
camino de Sordos á pasar el bosque de Bande, en el que á 
poca distancia se encontraba el enemigo; que 30 carabineros 
se colocaran detrás de la iglesia y otros 20 en las primeras ca- 
sas del camino de Calvos, guardando la retaguardia, por si la 
compañía de Murcia de Celanova no llegaba á tiempo, como 
sucedió; y él, con la 6.* compañía del mismo cuerpo, que ya 
estaba de vuelta de su reconocimiento, y el resto de la fuerza 
se dirigió por la vereda de Lueda para batir á los insurrectos 
posesionados de las colinas de la derecha, A las tres de la tar 
de el alférez D. Ramón Domínguez, que mandaba la extrema 
vanguardia de los que fueron por el camino de Sordos^ desple 



AÑOS DE 1869 A 1875 421 



g6 á SU gente y avanzó solo á intimar la rendición á los insu- 
rrectos, que le recibieron con disparos y se adelantaron para en- 
volver la guerrilla, lo que hubieran conseguido, á no ser por el 
avance de la tropa que la seguía que con su fuego contuvo al 
enemigo. Observado todo esto por el coronel, se corrió hacia 
el monte de Sordos, donde se había reconcentrado la acción, 
tomó el mando de la caballería, y cargó sobre el adversario, 
quien desde este momento se declaró en fuga en todas direc- 
ciones. Las bajas de éste fueron 3i muertos, además de 4 
individuos que se ahogaron al pasar el río; muchos heridos, 
de los que 3 fueron cogidos; y 48 prisioneros. En seis heridos 
consistieron las de la columna, que se retiró por la noche á 
Bande, y al día siguiente ejecutó un reconocimiento, encon- 
trándose casi desiertas las aldeas por el terror que los carlis- 
tas habían infundido entre los paisanos con las noticias que es- 
parcieron de las represalias que tomaría la tropa. Pero cuan- 
do ésta se encaminó á la capital, fueron regresando aqué- 
llos, paulatinamente, á sus casas. 

Después de este hecho sólo ocurrió la presentación, el 3 de 
Septiembre, en Calvos de Randín, de una partida mandada por 
un tal Rodríguez, que se llevó los fondos de la recaudación, y 
que acosada por las columnas de carabineros, se disolvió pron- 
to; la de otras que desaparecieron al ser hostilizadas; y, final- 
mente, la alarma del mes de Diciembre, producida por las 
noticias que el partido carlista hacía circular de grandes tras- 
tornos, los cuales no llegaron á realizarse. Algunos fugiti- 
vos vagaban todavía por el campo, pero bastó conminarlos 
con todo el vigor de las leyes, si eran aprehendidos, para que 
se restituyeran á sus hogares. 

En las provincias de La Coruña y Pontevedra no prospe- 
raron los manejos de los agitadores, y se disfrutó de tran- 
quilidad. 



422 GALICIA 



AI empezar el año de 1874, ésta sólo se vio turbada, de vez 
en cuando, en la provincia de Ore:ise principalmente, por 
pequeñas partidas de latrofacciosos^ que cometían tropelías 
en los pueblos y obligaban á poner en movimiento á los des* 
tacamentos que continuaban ocupando el pais. Los trabajos 
de conspiración no cesaban; y á fines de Marzo consiguió 
Núñez Saavedra reunir 30 hombres, con los que apareció 
en Samos, provincia de Lugo, siendo secundado, á los 
pocos días, por otras facciones de menor número de indivi- 
duos todavía, todas las cuales fueron perseguidas por las siete 
columnas en que se fraccionaron las escasas fuerzas de la 
provincia. En el mes de Abril, las partidas aumentaron, tan- 
to en Orense como en Lugo. Las tropas, que recibieron orden 
de perseguirlas aunque tuvieran que pasar á Castilla la Vieja, 
redoblaron su actividad, y ocurrieron varios encuentros, en que 
los carlistas llevaron la peor parte, como sucedió ala facción 
Núñei Saavedra, que se deseminó; á otra de 30 individuos ca- 
pitaneados por un cura de Orense llamado Calixto, que 
atravesó la frontera, después de ser hostilizada por un desta- 
camento de infantería de Murcia: á otra de 5o que seguían al 
cabecilla Salinas, que alcanzada por una columna en los mon- 
tes de Corvelle, tuvo varios heridos y se fraccionó, pasando á 
Portugal parte de ella, y quedando batido el resto á los pocos 
días en Golpellás, donde murieron algunos facciosos. La de 
más entidad fué la que dirigía Osorio, que llegóá teneraoo hom- 
bres, con los que andaba por los límites de Galicia y Asturias^ 
hostigado por cuatro pequeños destacamentos, siendo avistado, 
á fines de Abril, por el que mandaba el capitán de artillería 
D. Ricardo Munaiz, quien le causó un muerto y varios heri- 
dos. Pocos días después los vecinos de Meira le rechazaron, 
cogiéndole varios prisioneros, á consecuencia de lo cual se in- 
ternó en Asturias con su gente. 

A la sombra de las partidasi algunos grupos de latrofaccio- 



AÑOS DE 1869 A 1875 423 



SOS merodearon por los pueblos. En la provincia de Lugo, en 
tro en Lobios uno, que cometió muchos desmanes; en Seone 
quemó otro la casa de ayuntamiento y exigió grandes cantida- 
des; en San Pedro, algunos de esos malhechores robaron á 
los habitantes, y á los pocos días los vecinos de Puebla del 
Brollón capturaron á varios. 

En los primeros días de Mayo, la partida que poco antes ha- 
bía conseguido reunir Salinas fué derrotada, coa pérdidas, en 
los montes de Peñas de Colmes (Orense), y muchos de los car- 
listas que vagaban aislados cerca de la frontera portuguesa fue- 
ron aprehendidos en una batida organizada con todas las tropas 
en combinación, mientras las fuerzas del vecino reino estaban 
vigilando la raya. 

Pero como sucedía que apenas quedaba disuelta una parti- 
da se formaba otra, aunque todas de escasa fuerza y signiñca- 
ción, en el citado mes siguieron ocurriendo encuentros en 
Orense y Lugo. El 14, con el cabecilla Pichel, que quedó prisio- 
nero con dos más; el mismo día, con Núñez Saavedra, que re- 
sultó herido; el 18 en los montes de Cejo y Peñagacha, con un 
grupo de facciosos de Orense, sin jefe conocido, que se internó 
en Portugal; el 22 otro con los de Pichel, de los cuales fueron 
aprehendidos cuatro; el 24 con un grupo organizado por los ofi- 
ciales carlistas Costa, Puga y Ledo, al que alcanzaron algunos 
caballos del escuadrón de Galicia, en la sierra del Caurel (Lu- 
go), y le empujaron hacia la columna del capitán Munaiz, la 
cual le hizo tres muertos, dos heridos y ocho prisioneros, entre 
ellos Ledo^ siendo después aprehendidos por la misma sus co- 
legas Costa y Puga; y el 2 de Junio con otro que apareció en 
la provincia de Pontevedra, cometió algunos desmanes y pasó 
á la de Lugo, donde se disolvió para eludir el activo seguimien- 
to que le hicieron las tropas. El 6 los vecinos de Espinosa 
(Orense), cogieron á seis individuos de una partida que inten- 
tó asaltar el pueblo. 



^N 



424 GALICIA 



Después de lo indicado pasaron unos días en calma, que 
no fué duradera por tener preparado los carlistas un nuevo le- 
vantamiento para últimos de Julio, fraguado, principalmente^ 
para estorbar la recluta. Pero conocidos sus planes, el Capitán 
general adoptó medidas que los hicieron abortar; pues aun- 
que el 23 se lanzó al campo una facción de 35o hombreSj en 
la provincia de Orense, cerca de Portugal, en la que iban los 
cabecillas Mergeliza, Suárez, Baleiro> y Pito de Coba; aunque 
en el mismo día y el siguiente aparecieron una de 8o y otra 
de 26 en la de Pontevedra, dos de escaso número en la de 
La Coruña, y otra en la de Lugo, la situación que se había 
dado á las tropas era tan conveniente, y sus movimientos, di* 
rígidos personalmente por el general San Martín, segundo ca^ 
bo del distrito, fueron tan rápidos y acertados» que a] concluir 
el mes la mayoría de los rebeldes habían evacuado el distrito y 
entrado en el vecino reino, no sin que antes pusiesen en grave 
aprieto á un destacamento de guardia civil, que tuvo que pa- 
rapetarse en San Lorenzo, de donde salió merced á la inter- 
vención de una columna de 130 hombres, mandada por el Go- 
bernador militar de Orense, y sin que en esta provincia, una 
de las facciones, capitaneada por Ramos, fuese batida el 25 en 
La Grova por varios guardias civiles, que se apoderaron de un 
convoy del enemigo. 

A mediados de Agosto, los carlistas trataron, sin duda, de 
reparar el anterior fracaso; pues la facción de Núñez Saave- 
dra reapareció con fuerza de 40 hombres en los confines de 
Galicia y Castilla la Vieja, en los que se mantuvo algún tiem- 
po pasando y repasando de un distrito á otro; salió al campo 
otra formada por Ramos, con gente muy conocedora del terre- 
no; de Portugal entró en Galicia, por Orense, un núcleo de 
unos 160 hombres, mandado por Mergeliza y otros cabecillas 
de significación, el cual se dividió, en el monte de Pitos, en dos 
partes, que marcharon por distintos caminos á reunirse en la 



a 



AÑOS DE 1869 A 1875 425 

sierra de San Mamed; y en la provincia de Lugo aparecieron 
los jefes carlistas Osorio y Bedos, con 3o sediciosos cada uno. 

Las tropas estaban entonces distribuidas del siguiente modo: 
en la provincia de Orense, 700 hombres entre artilleros, sol- 
dados de la reserva de Falencia, del escuadrón de Galicia, 
guardias civiles y carabineros, fuerzas de las cuales el General 
segundo Cabo había destacado cuatro columnas de 100 indi- 
viduos cada una para batir las asperezas de la sierra de San 
Mamed; en la de Pontevedra, un destacamento de 60 hombres 
para vigilar la orilla del Miño entre Tuy y La Cañiza; otro 
de igual número en Puente Caldelas, y otro de y5 en Lalín; 
en la de Lugo, 70 individuos en Monforte, 60 en Chantada 
para observar los pasos del Miño, 30 en Caurel, 3o en Noga- 
les, 40 guardias en Fonsagrada, 60 artilleros en Meira, además 
de otros destacamentos encargados de proteger las operaciones 
de la quinta; y, finalmente, en la de La Coruña, en Arzúa 75 
guardias civiles, y en Santiago 25 de éstos y 40 soldados de 
la reserva de Falencia. Con tal distribución se prometía el 
Capitán general dominar el movimiento, y así lo hizo, efecti - 
vamente. 

El 19 del citado mes de Agosto fué batida la partida Ra- 
mos, en el puente de San Justo, en la raya de La Coruña y 
Pontevedra, por parte de la columna de Arzúa, que mató al 
cabecilla y á otros varios individuos de ella. 

La de Mergeliza, quien se titulaba Comandante general de 
Galicia, tuvo un choque en el partido de Verín con una columna 
mandada por el coronel de la guardia civil D. José Cases Sán- 
chez, jefe que relató el encuentro el día 21 desde Alberguería 
del siguiente modo: • Sobre las nueve de la noche de ayer tuve 
aviso en el pueblo de Toro de que la facción Mergeliza había 
pasado pc5r el de Carrichouco á las seis de la tarde, con direc- 
ción, al parecer, á la sierra de San Mamed; y suponiendo que 
este movimiento tendía á llamar la atención de las columnas 



426 GALICÍA 



á la montana, para poder correrse de noche á La Limia, creí 
conveniente trasladarme á Albergue ría, punto importante pa- 
ra cortar el paso á los enemigos ó continuar en su persecución 
BÍ á mi llegada le hubiesen ya rebasado; plan que llevé á cabo 
saliendo de Toro al amanecer de hoy, dirigiéndome con la 
columna del capitán D, Juan Luaces Casas por Laza y Castro 
de Laza á este pueblo, adonde llegué á las once y media de la 
mañana. En el camino íuve ya confidencia de que sobre las 
siete habían penentrado en el monte, entre Carrajó y Albergue- 
ría, con rumbo á la cañada y montes de Guzpelleira algunos 
grupos de carlistas. Cuando entré en el pueblo hacía un calor 
sofocante, y fué preciso dar una hora de descanso á la tropa, 
mientras yo me penetraba de la situación del expresado mon- 
te, me proporcionaba guías prácticos en él y dictaba disposi- 
ciones convenientes á fin de que, si los facciosos se ocultaban 
atli, fuesen batidos inmediatamente, Con este objeto dispuse 
que el teniente de caballería D. Ramiro Ber mudez, con ii ca- 
balloSj apoyado por una sección de artillería del 4,*' regimien- 
to á pie, alas órdenes del teniente del mismo D. Rafael Pida, 
se situase á la derecha en terreno en que aquéllos pudiesen 
maniobrar, para cortar al adversario la retirada a La Limia, y 
que el capitán Luaces con la demás fuerza de su columna se 
dirigiese al expresado monte de la Guzpelleira y le reco- 
nociese convenientemente- Dadas dichas instrucciones á los 
mencionados oficiales, salieron éstos á cumplimentarlas á 
la una del día. Los carlistas tenían situados en las alturas sus 
correspondientes centinelas, y cuando la columna apenas se 
había alejado de aquí un kilómetro, ya dos grupos de enemi- 
gos, de á caballo y de á pie, se encaminaban á la carrera á ga- 
nar el monte en dirección á ViJaseca y Escornabois, al propio 
tiempo que Luaces rompía el fuego sobre otros grupos que 
trataban de huir por la izquierda hacia Carrajó y Castro de La* 
za, generalizándose entonces el fuego en la extensa línea que 



AÑOS DB 1869 A 1875 427 

ocupaba la columna, la cual seguía á la carrera á los facciosos 
por los bosques de las vertientes del barranco que desemboca, 
por bajo de Carrajó, en el arroyo que corre hacia Soutelo Ver- 
de. La primera intención del contrario fué correrse á la dere- 
cha hacia La Limia, y aun cuando los cabecillas Salinas y el 
cura D. Calixto, con algunos más, lograron huir en dicha di- 
rección á causa de la mucha delantera que llevaban, los caba- 
llos y la sección de artillería que atacaban por la derecha hicie- 
ron retroceder á otros grupos, estrechándolos hacia el barranco 
y bosques de la izquierda, por donde atacaba Luaces, quien , 
comprendiendo entonces que la intención del enemigo era co • 
rrerse por el arroyo hacia Soutelo Verde, marchó con alguna 
fuerza á la carrera, á cortarle la retirada, llegando al arroyo al 
mismo tiempo que lo hacia el titulado Comandante general de 
esta provin cia de Orense, D, Juan Suárez de Ribera con 20 
hombres escogidos de la partida, trabándose entonces un reñi- 
do combate que dio por resultado la muerte de dicho cabecilla 
y tres carlistas más, y tres prisioneros, uno de ellos herido- 
Mientras esto sucedía, otros grupos eran atacados también por 
los tenientes Bermúdez y Pirla, que les cogieron tres prisione- 
ros, huyendo los demás facciosos en completa dispersión á 
ampararse en los bosques. Eran ya las seis de la tarde; la tropa 
se hallaba muy sofocada por el excesivo calor que hacía, fati- 
gada y sin comer en todo el día; y no habiendo carlistas á la 
vista á quienes perseguir, fué preciso dar por terminada la 
acción y concentrar la fuerza. La de los rebeldes se componía 
de las partidas de Suárez y el cura Calixto, reunidas la noche 
anterior según noticias, y pasaba de 100 hombres, no encon- 
trándose entre ellos el titulado general Mergeliza, porque, 
según declaración de los prisioneros, había marchado á Por- 
tugal...» 

Disuelta la facción más importante, sólo quedaron en 
armas en todo el distrito las que había en Lugo, capitaneadas 



^ 



428 GALICIA 



por Osorio, Núñez Saavedra y un tal Balbino González; y ba 
tido el segundo el 25 en Seoane de Caurel, d último el 30 en 
Villaesteva, y oculto el primero al empezar e! mes de Sep- 
tiembre, desaparecieron los rebeldes de Galicia. Entonces se 
supo que este movimiento tuvo extensas ramificaciones; que 
de él esperaron mucho los carlistas, y que Mergcliza había si- 
do el encargado de dirigirlo. 

Las columnas se dedicaron después á auxiliar el recluta- 
miento, operación lenta por la gran extensión de terreno que 
cada una de ellas había de recorrer y la dificultad de capturar 
á los rezagados y prófugos que estaban en el país, pues mu* 
chos se hallaban emigrados en la América del Sur. Además 
tenían que proteger el cobro de contribuciones, difícil de rea* 
lizar por la resistencia que presentaban los pueblos ^ inducidos 
por los agentes carlistas. También distrajo á las fuerzas la 
necesidad de aplacar algún motín, como el ocurrido en Chan- 
tada el 9 de Septiembre, del que resultaron tres muertos y 
algunos heridos de los amotinados, y la de perseguir á los 
grupos que, con el título de carlistas, se dedicaban al robo y 
al pillaje. 

Algunos días antes se tuvo noticias de un próximo desem- 
barque de armas y de que en Portugal se agitaban los conspi- 
radores, y al mediar el indicado mes, se acrecentó el número 
de las pequeñas partidas, principalmente en la provincia de 
Orense, donde se formaron ocho capitaneadas por los cabeci- 
llas Fortes, Rodríguez, Prol, Cru2> Peral, Caiño, Castro y 
Saldiñeiro, compuestas cada una de 40 á 5o Iiombres próxi* 
mámente, las cuales, aunque eran perseguidas por las tropas, 
en su afán de hacer prosélitos, fomentaban algaradas como la 
del 23 en Oimbra, cerca de la frontera, calmada por la co, 
lumna de Verín, que acudió á aquel punto, sostuvo fuego con 
los sublevados y les hizo tres muertos y 31 prisioneros. 

En los últimos días de Octubre ordenó el Ministro de la 



AÑQS DB 1869 Á 1S75 429 

Guerra que marchasen á Castilla la Vieja los batallones pro- 
vinciales de Lugo, Orense, Pontevedra y Mondoñedo, de re- 
ciente creación; y como los reclutas del primero de ellos ha- 
bían dado poco antes inequívocas muestras de disgusto al pre- 
sumir su salida del distrito, el Capitán general previno que 
los de Orense y Pontevedra fueran conducidos por los briga- 
dieres Gobernadores militares de las respectivas provincias; que 
al de Lugo lo acompañara el General segundo Cabo, y al de 
Mondoñedo el Gobernador militar de la provincia. Además, 
estando tales cuerpos desarmados á excepción de las clases, 
se ordenó que fueran escoltados por columnas de 200 hombres, 
organizadas con fuerza de la reserva de Palencia, del 4.** regi- 
miento de artillería á pie, de caballería, de guardia civil y de 
carabineros, según las facilidades que hubiera para reunirías 
en los puntos en que se hallaban los provinciales; escoltas que 
á más de evitar cualquier contratiempo que pudieran ocasio- 
nar las partidas enemigas, debían tener á raya á los reclutas 
que intentaran oponerse á la marcha. 

El tiempo que duró tal operación fué aprovechado por los 
carlistas para aumentar el número de partidas y cometer vejá- 
menes en los pueblos. En la provincia de Orense, unos 20 
hombres entraron el i.° de Noviembre en La Mezquita, y des- 
pués de quemar el registro civil, robaron al recaudador de 
contribuciones, volviendo á entrar en el pueblo el día 11; en 
Junquera de Espadañedo y Sandianes otros grupos ejecutaron 
hechos análogos los días 4 y 5; en Junquera de Ambía una 
partida de 11 hombres armados y muchos sin armas cometió 
toda clase de excesos, siendo alcanzada por una pequeña co- 
lumna que salió de Orense, la cual le cogió i3 prisioneros; en 
La Merca robó otra facción las contribuciones recaudadas, y 
en su busca se encaminaron los destacamentos de Bande y 
Celanova; en el ayuntamiento de Padrenda, 25 hombres pren- 
dieron á varios funcionarios públicos; en Barja arrebataron los 



43o GAUCIA 



enemigos los documentos del archivo y quemaron el cuartel de 
carabineros; y, por último, en otros puntos cometieron depre- 
daciones análogas. 

Por entonces apareció en la provincia de Lugo una partida 
de 24 hombres, mandada por D. Joaquín Redondo^ el cual, des- 
pués de hechos como los últimamente indicados, tomó la di- 
rección de Pontevedra, provincia en ia que se titulaba jefe 
de las columnas de operaciones; aumenta en ella su gente^ 
y de regreso en la de Lugo, se presentó el 17 de Noviembre á 
las puertas de Chantada pretendiendo en vano entrar en la po- 
blación, y costándole dos heridos su intento; dividiendo en 
seguida la fuerza en dos partes, que tomaron distintas direccio- 
nes, para continuar en su tarea de vejar á los pueblos. 

En la provincia de La Coruña los grupos de latrofacciosos 
que existían aumentaron algo. La de Pontevedra era la única 
que estaba en calma. 

Ai regresar el Gobernador militar de Orense de conducir 
hasta Brañuelas al batallón provincial, dispuso que la escolta 
que le acompañaba se disgregase en pequeñas fracciones para 
que diesen una batida, obrando en combinación; y una de 
ellas avistó á una partida de 50 hombres y la obligó á retirar- 
se á la sierra de San Mamed, donde^ viéndose hostilizada tam- 
bién por las tropas, tuvo que dispersarse. La guardia civil 
que había en operaciones redobló su actividad, y un destaca- 
mento de ella tuvo un encuentro el día 21 con la facción Ro- 
dríguez, del que resultó la muerte de éste y tres rebeldes más, 
quedando prisioneros nueve carlistas, entre los que estaba el 
capellán de la partida. 

Mientras que ocurrían estos sucesos, y á consecuencia de 
telegramas dirigidos por el embajador de España en Lisboa, 
el Ministro de la Guerra decía á la autoridad militar del distri- 
to, que se redoblase la vigilancia en la frontera; que el Gobier- 
no portugués daba mucha importancia á una conspiración que 



AÑOS DB 1869 Á 1875 



431 



tenía por objeto encender la guerra en Galicia^ y que pronto 
llegarían á sus provincias 80 jefes y oficiales carlistas para 
ponerse al frente del levantamiento. En vista de tan alarman- 
tes nuevas^ el Capitán general ordenó al Gobernador militar 
de Orense que concentrase la guardia civil en Celanova y Gin- 
zo de Limia,yqueen tanto se le mandaban refuerzos (pues 
precisamente el batallón reserva de Falencia había evacuado 
el distrito el día ii}^ replegase las pequeñas columnas. Al de 
Lugo le advirtió también lo que se temía, previniéndole que 
ninguna de las columnas de operaciones fuese menor de 100 
hombres. 

Como Orense era la provincia en que debía iniciarse el 
movimiento, salieren hacia allí tres compañías del batallón 
provincial de La Coruña; parte de la guardia civil de Ponte- 
vedra y LugOi y dos compañías del 4.* regimiento de artillería 
á pie. Otra compañía del provincial de La Coruña fué por mar 
á Vigo, para que, unida á algunos guardias civiles, formara 
una columna que debía operar cerca de la desembocadura del 
río Miño. Las fuerzas quedaron distribuidas en la forma si- 
guiente: 



TT-. r«-i«^^«« 1 79 artilleros, 20 carabineros, 51 soldados del 

En Celanova { ' provincial de la Coniña y 10 caballos. 

n t^ jk 50 guardias civiles, 20 carabineros y 60 sóida- 

'^ ***°^^ ( dos del provincial de la Coruña. 



Calvos de Randín. 
Ginzode Limia. ., 



» Verín . 



Maceda. 



» Puebla de Trives. 



I Orense. 



120 artilleros y 20 soldados del provincial de 
I la Coruña. 
70 guardias civiles^ 50 soldados del provincial 

de la Coruña v 1 3 caballos. 
10 guardias civiles, 50 soldados del provincial 

de la Coruña y 15 caballos. 
38 guardias civiles y 22 soldados del provincial 

de la Coruña. 
20 guardias civiles y 50 soldados del provincial 

de la Coruña. 
23 guardias civiles, 63 soldados del provincial 
I de la Coruña y 1 5 caballos. 



432 GALICIA 

En la de Lugo, en lugar de las columnas áe loo hocnbresj 
se organij^aron los destacamentos que siguen: 



En Rivadeo 31 soldados. 

1 Mondoñcdo 76 id. y 20 carabineros, 

1 Fonsagrada 21 artilleros y 4 caballos, 

f Becerrea 20 id. * 

» Nogales 11 id. 

» Mooforte 21 id. y 7 fd. 

» Chantada 13 id. 

> Taboada 12 id. 

f Palas de Rey ..... . 12 id. 

» Guntin II id. 

» Samos 26 id. y 4 fd. 

I j 4.* y 5.' cotnpañias del batallón sedentario, 31 

° j guardias civiles y 1 5 caballos. 

En la de Pontevedra se establecieron: 



En Tuy 26 carabineros. 

f la Cañiza 30 soldados del provincial de k Corana, 

f Laliu 25 guardias civiles. 



En la de La Coruña era donde menos había que temer, 
y por tanto, no se establecieron columnas en ella^ 

Tal distribución no quedó terminada hasta primeros de Di- 
ciembre, y hasta entonces los principales movimientos y des- 
manes de los carlistas, en la provincia de Orense j fueron los 
siguientes. El 22 de Noviembre entraron en ella dos partidas, 
la de Cruz, de 5o hombres, y otra de 20, que recorrieron varios 
pueblos. El mismo día, una facción de 60 individuos, mandada 
por Prol, llegó á media legua de Vería, y al siguiente se corrió 
á Prado, en la sierra de San Mamed, perseguida por las colum- 
nas de Bande, Maceda y Ginzo de Limia; luego se dividió en 
dos partes, una á las órdenes de dicho cabecilla y otra á las de 
Sixto, recién llegado del territorio del Norte, Otra que diri- 
gía Fortes, apareció en Villarino. La de Castro, de 60 rebel- 
des, entró en La Merca, donde quemó el registro civil, y lo 
mismo hicieron en Montederramo 30 insurrectos. En los 
montes del Val, se reunieron el 23 tres partidas, con un total 



AÑOS DE 1869 A 1875 433 

de i5o hombres, pero al día siguiente se faccionaron de nue- 
vo para reclutar gente . El 26 vejaron dos facciones á Arno- 
ya y Amoeiro. En Gomesende, que era el foco más importan- 
te de insurrección, se juntaron frecuentemente varias. El 29 
unos 40 hombres, que seguían á Peral, robaron al recaudador 
de contribuciones de Olas de Vilariño, ayuntamiento de La 
Merca. Y finalmente, una parte del grupo de Fortes, mandada 
por éste, entró en un lugar del término de Verea, asesinó al 
alcalde, y se llevó presos al secretario de la corporación muni- 
cipal y al depositario de los fondos* 

En el mes de Diciembre ocurrieron varios encuentros en la 
mencionada provincia. El día 3 hubo uno en las cercanías de 
Carracedo, entre la columna de Celanova y la facción Fortes, 
en el que aquélla causó al enemigo varios heridos y le cogió 5 
prisioneros, y otro en el que el destacamento de Calvos de 
Randin atacó y desbandó á un grupo de rebeldes. El día 4 del 
propio mes, esta tropa dispersó á los carlistas que vaí^^aban por 
los alrededores. El 8, en otra batida que dio el mismo destaca- 
mento, disolvió á dos partidas y les cogió algunos prisione- 
ros, á consecuencia de lo cual los cabecillas de ellas abandona- 
ron el distrito y la mayor parte de sus secuaces se acogieron á 
indulto. El 22, la misma columna avistó á la gente de Fortes, 
en la raya de Portugal, le causó varios heridos, aprehendió al 
cabecilla y dispersó á la partida, que no pudo guarecerse en 
el vecino reino, por oponerse á ello un destacamento de tro- 
pas del mismo. Dos días después, en una batida general dis- 
puesta por el Gobernador militar, la tropa de Celanova cogió 
28 prisioneros, con armas y caballos, en el monte de San 
Cibrao, y otra sostuvo en Arnoya un tiroteo, en el cual 
quedaron heridos algunos sediciosos, y varios cayeron pri- 
sioneros. De resultas de estos encuentros y de la activa per- 
secución que sufrieron, las partidas tuvieron que disolver- 
se, y todas las columnas aprisionaron fugitivos y acogieron 

Tomo xit aS 



434 GALICIA 



los presentados que en gran número demandaban indulto. 
En las prL)v¡ncjas de Lugo, La Coruña y Pontevedra, los 
sucesos en esta época no tuvieron la importancia que en la de 
Orense; pues aunque hahía partidas^ no eran tan numerosas ni 
tan audaces, y se componían de gente que pasaba de la última 
y se deseminaba después de haber dado algún golpe en cual- 
quier pueblo. Solo las de Fernández Rodríguez y de Cernaios^ 
en La Coruña, y la de Redondo, en Fontevedrai se sostuvieron 
algún tiempo j aunque sufrieron encuentros y perdidas, 

Al concluir el ano, la insurrección finalizaba también: los 
pocos carlistas que existían estaban reunidos en grupos insig- 
niftcantesj y^ á fin de substraerse más fácilmente á la acción 
desús perseguidores j habían adoptado el sistema de separarse 
de día, ocultando sus boinas y armamento, para reunirse de 
noche y llevar á cabo alguna depredación; las presentaciones 
menudeaban cada día más, y los que se sometían eran induU 
tados^ siempre que no fuesen cabecillas ni se les imputasen 
delitos comunes; pero los aprehendidos eran desde luego em- 
barcados para la isla de Cuba, donde debían servir como sol- 
dados, cumpliendo lo dispuef^to por el Ministro de la Guerra» 
en orden telegráfica de 6 de Diciembre- 
Las últimas operaciones habían dado por resultado un ca- 
becilla y otros cinco carlistas, muertos; dos jefes de los rebel- 
y 12 individuos más heridos; dos de aquéllos y 65 de éstos 
prisioneros; 23 criminales presos; la presentación de un cabe- 
cilla y 65 individuos, y el apoderarse de bastantes caballos, 
armas, municiones y afectos pertenecientes á las partidas. 



A poco de empezar el año de 1875, la situación de Galicií 
era tal^ que los carabineros se dedicaron á su servicio peculiar 
de reprimir el contrabando; la guardia civil al de su instituto; 



^ 



AÑOS DB 1869 A 1875 435 

la artillería á pie se reconcentró en la ciudad de La Coruña; 
las compañías de provinciales quedaron guarneciendo las otras 
capitales de provincia^ y sólo se mantuvieron columnas en No- 
galeSy Fonsagrada» y en la frontera portuguesa. 

Los únicos grupos de carlistas que existían entonces eran: 
el de CernadoSi en La Coruña^ de 20 hombres; los de Osorio y 
Ostendií en Lugo; el de otro cabecilla, en Orense, que preso al 
fin de EnerOi fué muerto en un encuentro entre los guardia ci- 
viles que lo custodiaban y algunos partidarios que trataron de 
libertarle; y, finalmente, en Pontevedra, otro de unos 20 hom« 
breSi que se disolvió al terminar el mes de Enero. 

En el de Marzo, los partidarios del Pretendiente intenta- 
ron hacer renacer la insurrección; mas descubiertos los mane- 
jos de algunos conspiradores en Arzúa (Coruña), los de 6 jefes 
carlistas, procedentes del Norte, en el partido judicial de Bece- 
rrea (Lugo), y los de otras en la frontera portuguesa, las au- 
toridades adoptaron medidas coercitivas, y aunque se notó al- 
gún movimiento, ni tuvo importancia ni duró muchos días. 

Hasta el mes de Agosto, algunas cuadrillas de latrofaccio- 
sos siguieron cometiendo atropellos, principalmente robos á 
los recaudadores de contribuciones; pero para concluir con 
ellos bastó la guardia civil, ayudada por los habitantes de los 
pueblos, que estuvieron siempre solícitos á coadyuvar á la ex- 
tinción de aquellos malhechcXres. 

Al hablar de Castilla la Vieja, dijimos que Osorio y Tra- 
pelo aparecieron, á mediados de Agosto, al frente de varios 
partidarios, en el confín con Galicia. Aquí como allí éstos fue- 
ron los últimos defen^<y:es del carlismo; y después de las pocas 
operaciones á que dio * ar su persecución, y de ser batidos 
en las peñas de Noride (Lugo), se restableció el orden por 
completo, renaciendo el bienestar en el territorio gallego. 



r 



A 



CAPITULO X 



SuMAXio.— Distritos de Andilucii, Extremadura y GriDida.— Años de 1869 á 1871.^ 
Temores ea las provincias de Badajoz y Cácerea.-— Trabajos carlistas en la de Grana- 
da.-*Año i872.^Pequeña8 facciones en Cáceres, Córdoba y Sevilla.— Cin ton de Des- 
pe&aperros.— Partida de Arquillos (Jaén).— Año 1873.— Conspiración en Granada.— 
Grupos de enemigos en Jaén, Granada y Málaga. —Facción Azoar en Almería.— Ori- 
santo Gómez en Córdoba.— Persecución de Sabariegos en Cáceres y Badajoz.— En- 
cuentro en la sierra de Pela.— Se estacionan tres destacamentos en Trujillo, Mérida 
y Llerena.— Nueva excursión de Sabtriegos al territorio de Ciceres.— Encuentros 
con este cabecilla en Retamosa y Villar del Pedroso.— Año 1874.— Situación de Cáce> 
res y Badajoz.— Correrías de Crisanto Gómez y Amador Vi Uar.— Persecución de pe- 
queñas partidas y encuentros.— Otras excursiones de Amador Villar por Badajoz y 
Córdoba.— Nueras é insignificantes facciones en Badajoz y Cáceres.- Formación de 
dos distritos del de Andalucía y Extremadura.— Agitación y pequeñas partidas en 
Huelva y otras provincias.— Grupos de carlistas en las de Málaga y Jaén.— Correría 
de Aznar á Almería.— Año 1875.— Últimos esfuerzos del cabecilli Hurtado para 
mantener li rebelión en Extremadura. 

De escaso interés fueron los sucesos acaecidos en estos 
distritos. En el mes de Abril del año de 1869, se empezó á 
hablar en las provincias de Cáceres y Badajoz, que formaban 
parte de la Capitanía general llamada de Andalucía y Extrema- 
dura, de manejos carlistas en la raya portuguesa, apoyados por 
el partido miguelista del vecino reino, lo que hizo tomar me- 
didas extraordinarias de vigilancia en la frontera. Se llegó á 
decir que ya había aparecido una partida de 5o hombres en 
Alburquerque y marcharon hada aquel punto varios destaca- 
mentos, pero nadie vio á tal facción. Sin embargo, se adopta- 
ron en el país toda clase de disposiciones preventivas, y se 
estacionaron algunas fuerzas en Trujillo^ Villanueva de la 
Serena y Mérida, á la expectativa de lo que suceder pudiera. 
Entonces ocurrió lo indicado en el capitulo I de este tomo, 
referente al movimiento de una brigada de Extremadura 
hacia el confin con Toledo y Ciudad Real, para oponerse al 



/^ 



438 ANDALUCÍA, EXTREMADURA Y GRANADA 

paso de los carlistas que pululaban por el territorio de La 
Mancha. Los anuncios de cercanos trastornos continuaron 
durante todo el año y el siguiente^ señalándose alguna vez 
nombres de personas comprometidas, é indicándose que se ha- 
cían gestiones cerca de algunos individuos del ejército, na 
sólo de Cáceres y Badajoz, sino también de Córdoba, Sevilla 
y Cádiz; y se formaron algunos exiguos grupos de carlistas, 
como los de Lucena y Adamuz en Córdoba^ que al poco tiem- 
po de ser hostilizados se disolvieron siempre. En Agosto de 
1870 donde más añilados contaba la causa carlista era en 
Coria, Plasencia, Garrobillas y Guadalupe, pero no llegaron á 
alzarse en armas. 

En el distrito de Granada las novedades que hubo, desde 
mediados de 1869 á fin de 1870, fueron las gestiones hechas 
para atraer á la guarnición de la capital, las cuales queda- 
ron descubiertas y no dieron resultado alguno; la aparición 
de una pequeña partida en Nerja (Málaga) que marchó hacia 
Alhama (Granada) y se disolvió en seguida; la de otra, que 
corrió igual suerte, en las inmediaciones de Linares (Jaén); 
y posteriormente, los anuncios de que los carlistas inten* 
taban hacer un desembarque de armas en la costas de Gra* 
nada y Almería, para llevar la insurrección á aquellas pro^ 
vincias, lo que no se realizó, tal vez, por la presencia de dos 
compañías del batallón cazadores de Alba de Tormes y una 
sección del regimiento lanceros de España, que estuvieron vi- 
gilando los sitios más indicados para aquella operación. Un 
pequeño grupo de insurrectos que se formó en la sierra de 
Gador fué batido por los voluntarios. 

El año 1871, como sucedió en el resto de la Península, no 

hubo temores de alzamiento, y se pasó en calma en ambos 
distritos. 



^ 



AÑOS DE 1869 A 1875 439 

AI concluir el mes de Abril de 187a, los carlistas de Villa- 
nueva de la Serena (Badajoz) se agitaban bastante, afiliaban 
gente y hacían compras de caballos^ instigados por Sabarie- 
g0S| quCí con algunos partidarios, estaba en la frontera portU' 
guesa esperando ocasión propicia para atravesarla y encami- 
narse á La Mancha; en San Fernando (Cádiz) se hacían 
trabajos cerca de los obreros del arsenal para incitarlos á la 
insurrección; y en vista de todo esto, el Capitán general orde- 
nó que se reconcentrase la guardia civil para que estuviera 
pronta á sofocar cualquier intentona. Además dispuso que de 
Córdoba salieran para Villa del Río, remontando el Guadal- 
quivir, dos compañías del primer batallón del regimiento in- 
fantería de Valencia y una sección de húsares, á ñn de que se 
opusieran á la entrada en el distrito de una partida aparecida 
en los contomos de Vilches (Jaén). 

Cuando mediaba Mayo se alzó en armas en Miajadas 
(Cáceres) una facción de 20 hombres^ mandada por Antonio 
Chiscano y Carlos Contreras, la cual, perseguida activamente 
por dos compañías de Asturias, guardia civil y carabineros 
que salieron de Badajoz, se internó en la sierra de Hornachos 
hacia el partido judicial de Castuera, dispersándose sin cho- 
que y siendo aprehendidos algunos de su individuos, entre 
ellos el primer cabecilla, que lo fué el 27 en Magacela. 

El día antes formó otra partida de 70 hombres, en las 
inmediaciones de la ciudad de Córdoba, el titulado brigadier 
y Comandante general de la provincia del mismo nombre, 
D. Manuel López Caracuel, que atravesó la sierra de Córdo- 
ba encaminándose á Villaharta, hostilizado por varios desta- 
camentos de la guardia civil y una columna de dos compañías 
del regimiento de Valencia y una sección de húsares; colum- 
na que el 30 por la noche avistó á los carlistas cerca de Ada- 
muz, sostuvo una hora de fuego con ellos, cogió prisioneros 
al jefe y á 35 más y se apoderó del armamento y bagajes. Tal 



440 ANDALUCÍA, EXTREMADURA Y GRANADA 

facción produjo bastante alarma, y para calmarla, las indica- 
das tropas estuvieron recorriendo unos días las poblaciones de 
Bujalance, Baena, Lucena, Priego de Córdoba, Rute, La 
Carlota y Posadas, 

El 3i se organizó en la provincia de Cádiz, en el término 
de Jerez de la Frontera, una partida con bandera desconoci- 
da, capitaneada por un sujeto apodado Cahochico; encami- 
nándose, en seguida á batirla cinco pequeñas columnas, que 
obraron combinadamente bajo la dirección del corone], capi- 
tán de carabineros, D. Emilio Gurrea, y la estrecharon hacia 
Grazalema, donde el día 4 de Junio fué batida por los veci- 
nos del pueblo, que se armaron al efecto, 

Ya dijimos, al narrar las operaciones de Castilla la Nue- 
va, que la facción Bermúdez, de La Mancha, quedó derrotada 
d día 5 en la provincia de Badajoz por una sección de la guar- 
dia civil, y que el cabecilla volvió al poco tiempo á la de 
Ciudad Real; pero en este año los carlistas de Castilla ape- 
nas se corrieron á Extremadura, y si alguna vez lo hicieron, 
siempre fué por poco tiempo. 

Unos cuantos carabineros que, olvidando sus deberes y en 
unión de varios paisanos se pronunciaron en favor de Don 
Carlos en Zarza la Mayor (Cáceres), el 17 del citado mes de 
Junio, al mando de un oñcial del mismo instituto, no pudie- 
ron sostenerse más que unos días, guarecidos en las asperezas 
de la sierra de Gata, en las que fueron hostilizados por una 
columna de carabineros, otra de guardia civil y una compañía 
de Asturias, que les obligaron á pasar la frontera por Navas- 
frías y á internarse en Portugal. 

Por entonces se hicieron algunos trabajos para atraer á la 
guarnición de Badajoz á la causa carlista; mas conocidos con 
oportunidad por el coronel del regimiento infantería de Astu- 
rias, fueron entregados á los tribunales los instigadores. 

En la provincia de Cáceres y en la misma tpoca, se lan- 



r\ 



AÑOS DB 1869 A 1875^ 441 



zaron al campo el cura Hernández y un tal Corcho^ el pri- 
mero en Guijo de Granadilla, y el segundo en Deleitosa^ se- 
guidos cada uno de 3o hombres, con los cuales cometieron al- 
gunos desmanes, cortados oportunamente por una treintena 
de guardias civiles y una compañía de infantería de Asturias, 
que alcanzaron y batieron al último, el 25, en Retamosa, y el 
2 del siguiente mes de Julio en Líano Robles, cogiendo 14 pri- 
sioneros en este encuentro, y siendo esto causa de que se pre- 
sentaran á indulto los demás del grupo. El del cura Hernán- 
dez se diseminó al ver la suerte que le cupo al de Corcho. 

Si de escasa importancia habían sido hasta estos días, 
según hemos visto, los acontecimientos carlistas en el distri- 
to de Andalucía y Extremadura, menor la tuvieron en el resto 
del año. Las gestiones para ganar á la guarnición de Badajoz 
continuaron; pero infructuosamente, pues tanto estos traba- 
jos como los hechos en algún pueblo entre los paisanos, fueron 
descubiertos y sus autores quedaron sujetos á los fallos de los 
tribunales. Algunas columnas volantes recorrieron los confines 
de Ciudad Real, en donde andaban partidas que alguna vez 
entraban en Extremadura, así como los puntos señalados 
por las ideas levantiscas del vecindario, particularmente los 
pueblos comarcanos á Jerez de los Caballeros, en los que se 
creía iba á levantarse una partida carlista. Como en todas las 
provincias, la recaudación de contribuciones exigió el auxilio 
de los tropas, que tuvieron también que atender á contrarres- 
tar el movimiento republicano ocurrido en la zona meridional 
del distrito. 

En el de Granada, al finalizar el mes de Marzo de 1872, el 
elemento minero de la provincia de Jaén, excitado por las pre- 
dicaciones de los agitadores, llegó á inspirar algún recelo, y 
entonces se estableció en el puerto de Despeñaperros, en Sie- 
rra Morena, un cantón militar cuyo mando se encargó al co- 
ronel D. Juan Teruel, quien se vio obligado á hacer algunas 



44Í ANDALUCÍA, EXTREMADURA T GRABADA 



1 



marchan para evitar el alzamieotOi dar apoyo á las autor ida* 
des y perseguir á los pocos que se colocaron en actitud hostil p 
Cuando llegó el mes de Junio se lan^ó al campo, cerca de Ar- 
quillos, una partida de So hombres, que se titulaba carlofede* 
ralj la que hostilizada desde luego por una columna de dos 
compañías de cazadores de Béjar, á las órdenes del comandan- 
te Hernández Chaparro, fué batida y dispersada con pérdida de 
cuatro muertos, ii heridos, y cuatro prisioneros. En el resto 
del distrito hubo alguna que otra insignificante alarma, y se 
adoptó la medida preventiva de enviar destacamentos á deter- 
minados sitios, y la represiva de encarcelar á varias personas 
pertenecientes á las juntas carlistas, que descaradamente ha- 
cían todo lo posible para fomentar el espíritu de rebelión. 



Aunque poco, algo más que los años anteriores hay que 
decir de sucesos carlistas ocurridos en estos distritos en 1873. 

En el mes de Enero la atención de los conspiradores se 
había fijado especialmente en las tropas que guarnecían á Gra- 
nada; más sólo consiguieron comprometer á algunos sargentos 
de diversos cuerpos, que fueron descubiertos, con lo cual se 
ahuyentó á los agitadores, entre ellos al brigadier Arjona^ que 
era el encargado de dirigir la conjuración. 

Por el resto del territorio de la Capitanía General de Grana- 
da se habían extendido algunos propagandistas, que también 
tuvieron escaso éxito en sus trabajos, por ser éstos conocidos de 
las autoridades. Pero en los meses de Marzo y Abril, ocurrí e^ 
ron los siguientes trastornos. En la provincia de Jaén, la apari- 
ción, en Baños de la Encina, de una exigua partida que se dí-^ 
solvió en seguida; en Vilches, un conato de levantamiento; 
entre Andi'ijar y Marmolejo, la presentación de 60 carlistas ar 
mados^ los cuales, perseguidos por la guardia civil y alguno 
caballos del regimiento deFarnesiOi se encaminaron á las orí* 



AÑOS DB 1869 Á 1875 443 

Has del Jindula, diseminándose allí en varios grupos, de los 
que no se volvió á tener noticia. En la provincia de Granada, 
la aparición por Alhendín, Viznar y Salar, de varías pequeñas 
&ccioneS| algunas de las cuales se internaron inmediatamente 
en la sierra de Alhama, hostilizadas por algunos carabineros y 
guardias civiles y una compañía del regimiento infantería de 
África, y llegaron hasta Vélez Málaga, donde intentaron en- 
trar, siendo rechazados por los voluntarios republicanos de la 
población; y otras que quedaron vagando por las Alpujarras, 
fueron dispersadas, en pocos días, por varios destacamentos á 
las órdenes del brigadier Eguia, quien en varios encuentros 
causó á los sediciosos bastantes bajas y les cogió 17 prisione- 
ros. Por último, se alzaron en armas, cerca de la estación de 
Bobadilla, provincia de Málaga, algunos hombres; pero basta- 
ron las batidas que dieron los voluntarios de Antequera, para 
hacerlos desaparecer. 

Más adelante, en el mes de Septiembre, la facción del Cen- 
tro, de 400 hombres, del cabecilla Aznar, amenazó desde la 
provincia de Murcia, durante varios días, á la de Almería, en- 
trando, por ñn, en el partido de Vélez Rubio, en algunos de 
cuyos pueblos estuvo cometiendo depredaciones, hasta que 
una columna, compuesta de dos compañías de carabineros y 5o 
guardias civiles, la obligó á internarse en el territorio de que 
había salido. 

Aunque tales trastornos eran de escasa significación, pa- 
tentizaban, sin embargo, que los partidarios de D. Carlos no 
estaban ociosos en el distrito de Granada, razón por la cual el 
Capitán general organizó, á fines de Septiembre, cuatro co- 
lunmas móviles, para que recorriesen los sitios en que pudiera 
alterarse más fácilmente el orden. 

En el distrito de Andalucía y Extremadura, que al parecer 
estaba tranquilo, fué donde el cabecilla Crisanto Gómez, á 
quien ya conocemos por la narración de las operaciones de La 



444 ANDALUCÍA, EXTREMADURA Y GRANADA 

Manchal se lanzó al campo á primeros de Enero con 25 hom- 
bres que recluta en Garlitos, provincia de Badajojr, con los 
que anduvo unos días requisando caballos por los confínes de 
Extremadura y Ciudad Real, hasta que batido este terreno 
por la guardia civil de Vülanueva de Córdoba y Pozoblanco^ 
se corrió la partida á La Mancha, á reunirse con las que por 
allí pululaban. Un mes después hizo una pequeña excursión el 
cabecilla Mulita, seguido de 100 hombres^ encaminándose por 
Castilblanco á la comarca de La Serena (Hadajoz), excursión 
que cortó una compañía de infantería de Asturias acantonada 
en Mérida, que marchó, en combinación con la guardia civil de 
Cabeza de Buey, al sitió amenazado. En los mismos días, un 
reducido grupo de facciosos que pretendió afiliar gente en el 
partido de Lucena (Córdoba), fué disuelto inmediatamente. 

Hechos como éstos, aislados y sin importancia, tiguie- 
ron ocurriendo de vez en cuando, y los temores de aconteci- 
mientos más graves, menudearon bastante- En previsión de 
ellos se ordenaron algunos movimientos de fuerzas; mas los 
planes de rebelión no llegaron á prosperar, por tener los ab- 
solutistas poco apoyo en el país. Esto por lo que se refiere á 
sucesos carlistas; pues los republicanos exigieron gran cuida - 
do y hasta la creación de un ejército de operaciones, llamado 
de Andalucía, Granada y Extremadura, que operó durante 
algún tiempo á las órdenes del mariscal de campo D. Manuel 
Pavía. 

La entrada en el distrito de alguna partida de Ciudad Real 
ó Toledo, al huir de las tropas de estas provincias, fué causa 
de la intranquilidad que reinó en algunos pueblos. El i.** de 
Septiembre, la motivó Sabariegos, que con Chiscano, Rote, 
Contreras y i5 ó 20 facciosos atravesó el con fin, al ver la di- 
ficultad de sostenerse en La Mancha; se presentó en la pro- 
vincia de Cáceres; estuvo en Logrosán; y después de aumen 
tar su gente con 3o hombres más, marchó á Herguijucla y 



/^ 



AÑOS DB 1869 Á 1875 445 

otros pueblos, donde qiiemó el registro civil y ordenó la in- 
corporación á su partida de los mozos de la reserva, inter- 
nándose luego en la sierra de Guadalupe^ desde la que se co- 
rrió por Berzocana á la provincia de Badajoz. 

Las fuerzas que se pusieron en movimiento en contra de 
Sabariegos, fueron cuatro columnas de guardia civil y cara- 
bineros: una desde Trujillo, dos que partieron de Naval moral 
de la Mata, y otra que estaba estacionada en Guadalupe. Hu* 
yendo de ellas, el cabecilla pasó varias veces de Cáceres á 
Badajoz y \iceversa, refugiándose en los montes al verse aco- 
sado, y dándose buena maña en sus correrías para añliar pro* 
sélitos; pero al fin el 24 fué alcanzado en la sierra de Pela, por 
una de aquéllas, mandada por el comandante Tuco, que obra- 
ba en combinación con un escuadrón del regimiento de Monte- 
sa, recién salido á operaciones. El choque ocurrió en la ver- 
tiente al Guadiana, al cabo de una marcha de la columna des- 
de Orellana la Vieja, y del escuadrón desde Navalvillar de 
Pela; y en él, después de un nutrido fuego, la primera inició 
un ataque á la bayoneta, que puso en completa dispersión á 
los enemigos, á quienes causó tres muertos, 12 heridos y co- 
gió algunos prisioneros, caballos y armas; completando la de- 
rrota la persecución de la caballería de Montesa. Este aconte- 
cimiento decidió á Sabariegos, á abandonar el territorio y á 
pasar de nuevo á La Mancha, por Herrera del Duque y Vi- 
llarta, donde cometió los consabidos excesos, y se llevó en 
rehenes al alcalde y secretario de la corporación municipal 
y á varios contribuyentes. 

La estancia de Sabariegos en Extremadura excitó gran- 
demente á los carlistas del país, que se movieron de acuerdo 
con los agitadores de la frontera; y hubo necesidad de vigilar 
ésta, formando pequeñas columnas de guardia civil, que reco- 
rrieron incesantemente sus avenidas, y de establecer tres des- 
tacamentos fijos en Trujillo, Mérida y Llerena, que se orga- 



44^ JINDALUCÍA, EXTREMADURA Y GRANADA 

nüaron con 450 infantes y 5o caballos el primero, y 180 y zo, 
respectivamente, cada uno délos otros dos^ prontos á acudir^ 
tanto á una invasión de los carlistas de Castilla, como á so- 
focar un alzamiento en el interior del país. 

A la vtz que dicho cabecilla realizaba esta correria, ejecu* 
taba Merendón la que ya conocemos por et capitulo III, á la 
provincia de Córdoba, donde fué batido en Torrecampo, por 
tropas de Castilla, razón por la cual se da cuenta alli del en- 
cuentro y de las operaciones que le precedieron. 

En el mes de Octubre se alzaron en armas dos pequeñas 
partidas; la primera, de ao hombres, capitaneada por Roten- 
do García, en Hoyos (Cáceres), que hostilizada desde el pri- 
mer momento, anduvo por cerca de la raya de Portugal > y 
concluyó por disolverse sin combatir; y otra de menor número 
que seguía á D. José Cortina y Serrate» en Marchena (Sevi- 
lla), que aun se sostuvo menos tiempo. 

Otra excursión hizo en Noviembre Sabariegos, con 5oo 
hombres, á la provincia de Cáceres; y ya dijimos en el expre- 
sado capitulo, que le costó la vida en la derrota que sufrió 
en Retamosa. Dicha expedición terminó con la marcha que el 
día 10 verificó la partida, capitaneada por Infante, desde 
Deleitosa hacia Bel vis de la Jaral pero en éila* al pasar el 
confín de Extremadura y Castilla, en Villar del Pedroso, vol- 
vió á tener un encuentro con la columna del capitán de la 
guardia civil D. Antonio González, la misma que les había 
batido en Retamosa, en el cual, después de cinco horas de 
fuego, que causaron bajas en ambas partes , la tropa se vi 6 
completamente cercada, por sus numerosos adversarios, en un 
terreno en el que no podía maniobrar, y agotadas sus muni- 
ciones, le fué imposible continuar la defensa, quedando pri- 
sionera de la facción, que se apoderó de sus armas y efectos, y 
la dejó en libertad, no sin invitarla antes, infructuosamente, á 
abrazar la causa carlista. En este desgraciado hecho, los sóida ^ 



^ 



AÑOS DB 1869 A 1875 447 

dos tuvieron cuatro muertos, dos heridos y dos contusos, y 
seis muertos y i5 heridos la partida, la cual, batida á los pocos 
días en Castilla por la columna Pastor, no sacó ventaja algu- 
na de su victoria. 

Tal fué la última correría de alguna importancia de los 
facciosos de La Mancha al distrito, en el año 1873. En el res- 
to de éste, las alarmas menudearon, no sólo por los anuncios 
de trastornos, sino por lo muy escasas que eran las fuerzas que 
existían para oponerse á ellos; mas no hubo otras novedades 
que la aparición en la provincia de Cáceres de una exigua par- 
tida mandada por el cabecilla Luengo; la permanencia en la de 
Córdoba, durante poco tiempo, de otra de 100 hombres de los 
que vagaban por Ciudad Real; y, finalmente, que en la de Ba- 
dajoz, los cabecillas Priego, Telaraña y Feo de Cariño andu- 
vieron unos días con 100 caballos por Herrera del Duque y 
Siruela; pero ni hicieron prosélitos ni consiguieron ningún otro 
resultado favorable. 



•♦• 



La primera facción que apareció en el año 1874, en el dis- 
trito de Andalucía y Extremadura, fué la que ya conocemos 
del conde Cortina, que lo evacuó al poco tiempo y pasó á 
Castilla, después de haber vejado algunos pueblos de Badajoz; 
y aunque al marcharse no quedaron carlistas en armas, no 
dejaba de experimentar algún recelo el Comandante general 
de Extremadura, porque con las escasas fuerzas con que con- 
tdhsL tenía que atender á la frontera portuguesa, según se le ha- 
bía prevenido, y vigilar á la vez las avenidas de Ciudad Real, 
donde por entonces andaban algunas partidas. Para esto últi- 
mo estableció una pequeña columna de guardia civil en Villa- 
nueva de la Serena, y otra en Logrosán, que no pudieron im- 
pedir que, en fin de Enero, la gente de Crisanto Gómez, en- 



/^, 



448 ANDALUCÍA, EXTREMADURA V GRANABA 

trase en Herrera del Duque, y recaudase fondos, y que días 
después la misma facción, mandada por Amador Villar, torna- 
se á Extremadura por Garbayuela, y se encaminase por Tala* 
rrubias á Casas de D. Pedro. Los guardias civiles de Villanue- 
va de La Serena y Logrosán, la hostilizaron, consiguiendo 
batir el día 5 de Febrero, en Cañamero, á un grupo de carlis- 
tas de ella, capitaneado por Luengo, dando muerte á este ca- 
becilla y capturando á alguno de los que le acompañaban y 
logrando que la partida se fraccionase, pasando una par- 
te con Riego á la provincia de Ciudad Real, por Agudo, 
seguida al poco tiempo por la otra con Amador Villar, 

Un escuadrón del regimiento de caballería de Montesa que 
había entrado en Extremadura en pos de este jefe enemigo que- 
dó en la provincia de Badajo^^ y además el Ministro envió 70 
caballos para aumentar las fuerzas y poder hacer frente en lo 
sucesivo á las excursiones de los callistas castellanos. 

En otra correría posterior de Amador Vilhr, sufrió un es- 
carmiento la facción, el día 24 de Febrero en Talarrubias, como 
ya dijimos al tratar de Castilla la Nueva, en el encuentro que 
con ella sostuvo el comandante Melguizo, á lo que no contri- 
buyeron poco con sus movimientos dos columnas que salieron 
de Cabeza de Buey y Siruela, principalmente la última, man- 
dada por el teniente coronel Laredo, la cual tomó parte en la 
acción. 

Días antes, en la provincia de Badajoz, cerca de Fre- 
genal de la Sierra, se formó una partida capitaneada por Fe- 
lipe Hidalgo, disuelta al poco tiempo por los vecinos de di- 
cho pueblo, que capturaron al cabecilla; y en la de Cáceres^ 
en el partido de Navamoral de la Mata, otra dirigida por los 
cabecillas Fuentes y Pujalot, contra la que se puso desde lue- 
go en movimiento alguna guardia civil y parte del escuadrói 
de Montesa; fuerzas que la obligaron á guarecerse en la sierrr 
de Guadalupe, y la batieron y dispersaron el 17 de Febrero, 



^ 



AÑoa DB 1869 Á 1875 449 

causándole varías bajas. A los pocos días^ reunida otra vez 
esta facción bajo el mando del cabecilla Hurtado , anduvo por 
la i^ona meridional de la provincia de Cáceres, huyendo de la 
activa persecución que le hacían las escasas tropas de Extre- 
madura» igualmente que otra capitaneada por el cabecilla Na* 
ranjo, que apareció por los mismos días y vagó también por 
aquellos sitios. El zi de Marzo fueron alcanzadas ambas: la 
primera por una columna de guardia civil mandada por el te* 
niente coronel Laredo, en el pueblo de Logrosán, sufriendo ba- 
jas y perdiendo caballos; y la segunda no lejos de allí» por 
fuerza de caballería de Montesa á las órdenes del teniente 
Síerrai que causó también pérdidas á la facción. Sin embargo 
de esto, no abandonaron el campo dichas partidas, pensando 
que mientras existiese la insurrección en La Mancha seria ha- 
cedero fomentarla en Cáceres y Badajoz» y persistieron en su 
actitud por las orillas del Tajo. 

El Comandante general de Extremadura, brigadier Don 
José Gragera, informaba al Capitán general del distrito 
por estos días, desde Badajoz, diciendo: «Los repetidos te- 
legramas que he tenido el honor de dirigir á V. E. so- 
bre aparición y persecución de facciones, que pudieran lle- 
gar á ser de verdadera importancia, deben indudablemen- 
te haber llamado su superior atención. = La marcha áZa* 
mora y Aranjuez de la única fuerza de carabineros que 
quedaba en esta provincia, así como la del batallón reserva 
núm. z á Madrid (marchas que acababan de ser ordenadas), 
pudieran tal vez influir desfavorablemente en la tranquilidad 
de Extremadura, puesto que reducidas las fuerzas con que 
cuento para operar contra las partidas y guarnecer esta plaza, 
de verdadera importancia por su situación é inmediación á la 
frontera portuguesa, únicamente á la guardia civil y destaca- 
mento de artillería, no sería difícil que las facciones de La 
Mancha, engrosadas con las de estas provincias, pudieran ha- 
Tono SIY ^ 



r\ 



450 ANDALUCÍA, EXTREMADURA Y GRANADA 



cer en ellas excursiones, en la confianza de que su persecu- 
ción no llegarla á ser tan eficaz como debiera, por las razones 
que he tenido el honor de indicar á V. E.:==No es mi ánimo, 
de ningún modo, bosquejar en cuadro aflictivo la situación de 
este territorio, ni menos reclamar como de urgentísima ncce-^ 
BÍdad el envío de fuerzas con que V. B. no cuenta tal vez por 
las muchas atenciones militares que pesan sobre su superior 
autoridad; pero si me creo en el deber de someter á su consi* 
deración estas observaciones, por si, apreciándolas de algún 
valor, cree oportuno reforzar esta guarnición tan luego como 
sea posible, t El Capitán general estaba conforme con lo que 
decía Gragera; y no teniendo tropas con que aumentar las de 
Extremadura, consiguió que permaneciesen en el distrito las 
que entonces debían salir de él. 

El cabecilla Hurtado estuvo con 5o caballos en la ortUa 
derecha del Tajo, hasta que, derrotado entre Coria y Plasencia 
por una columna de carabineros, pasó á la izquierda de dicho 
rio; Pujalot con 32 infantes permaneció en la sierra de Gua* 
dalupe, hostilizado por la guardia civil; y Naranjo con 25 ca* 
ballos vagó por el partido de Trujillo, seguido por unos 100 
hombres, entre carabineros y guardias civiles. 

Además, la numerosa facción de Amador Villar, cuya 
existencia en Castilla se hizo difícil por la persecución de que 
estaba siendo objeto, atravesó el 20 de Marzo el confín con 
Extremadura, y al día siguiente se presentó en Talarrubias, 
donde cometió excesos y se apoderó de una fuerte cantidad de 
metálico; de allí se encaminó á la provincia de Córdoba y por 
Belalcazar se internó en Los Pedroches, Desde el primer mo- 
mento, se reforzó la columna de guardia civil que habia en 
Cabeza de Buey con un escuadrón de Montesa que estaba em- 
pleado en la protección de la vía férrea y con otro de guardií 
civil estacionado en Villanueva de la Serena, encaminándolff 
á cortar el paso de la facción, y se aumentó la fuerza de un 



1 



AÑOS DE 1869 Á 1875 451 

destacamento que existía en Logrosán, á fin de que obrase en 
combinación con la tropa de Cabeza de Buey; más á pesar 
de esto y de que salió de Córdoba al encuentro de la parti- 
da algupa fuerza de la guarnición, el cabecilla y sus secua- 
ees regresaron á La Mancha por Pozoblanco y Conquista, 
á los ocho días de haberse internado en el distrito, lleván- 
dose los fondos que encontraron recaudados en los pueblos de 
paso. 

Hurtado, Pujalot y Naranjo se dieron buena maña para 
evitar los encuentros con sus perseguidores, merced á lo habi- 
tuados que estaban á recorrer la zona de Cáceres en que se 
movían. Sin embargo, el segundo tuvo que sostener un cho- 
que, el día 3o, en el término de Alia, con una columna de ca- 
rabineros, que le causó cuatro muertos y algunos heridos y 
le cogió varios prisioneros con armas. 

Nuevamente intentó Amador Villar sostenerse en Extre- 
madura, cuyo confín atravesó presentándose el día 2 de Abril 
en Siruela; pero ya se había reforzado la guarnición de Bada- 
joz con el batallón reserva del mismo nombre, y aunque esta- 
ba compuesto de quintos en instrucción, se pudieron entresa- 
car de las compañías los que se hallaban más adelantados, y 
con ellos y un escuadrón de Montesa se organizó una columna 
mandada por el comandante San Juan, que se opuso á los de- 
signios del cabecilla, el cual, según sabemos por el relato de 
Castilla la Nueva, pasó á los pocos días á Toledo y luego á 
Ciudad Real, donde encontró, en Piedrabuena, su derrota defi- 
. nitiva. Al marcharse de Extremadura se llevó consigo las fac- 
ciones de la zona sur de Cáceres, quedando en el distrito otra 
capitaneada por el cabecilla Chiscano, quien entró en varios 
pueblos, en los que cometió los habituales excesos. 

Al ser batido Amardor Villar en La Mancha, se fraccionó 
su numerosa partida, y varios de sus grupos, el más impor- 
tante de los cuales era uno en el que iban aquel cabecilla, 



452 ANDALUCÍA, EXTREMADURA Y GRANADA 

Acuña, dos hijos del Conde Cortina, dos exoficiales del ejérci- 
to y un abogado de Ciudad Real que ejerció las funciones de 
Auditor^ entraron en el distrito, atravesándole alguno por las 
escabrosidades de las sierras de Guadalupe, Mont anchen y 
San Pedro para internarse en Portugal, cuyo Gobierno dispu- 
so fuera desarmado, y le obligó á evacuar el territorio. Otros, 
como el de Hurtado, de 55 caballos, el de Pujalot, de a5 hom- 
bres, y el de un íal Borrallo, de unos 3o jinetes, vagaron 
errantes por Extremadura, tratando de substraerse alas bati- 
das que dieron las columnas, sin conseguirlo siempre; pues 
una de ellas alcanzó el día i-'' de Mayo á los de Pujalot, po- 
niéndoles en dispersión y cogiéndoles seis caballos; otra, en 
la sierra de Montánchez, batió y causó bajas á un pequeño 
grupo; el día 3 volvió á ser avistada la facción Fujalot, su- 
friendo en esta ocasión la baja de die^ prisioneros y varios 
heridos; y por último, el cabecilla Telaraña, que con ii indi* 
viduos trataba de ganar la frontera portuguesa, fué derrotado 
por una sección de Montesa, que le hizo tres heridos y le obli- 
gó á disgregar la gente. Algunas cuadrillas de latrofacciosos 
que existían fueron también disueltas por las tropas. 

A mediados de Mayo, aquellos núcleos habían deaapareci* 
do y no quedaba ya ningún carlista en armas. Tal resultado 
lo consiguieron: en la provincia de Cáceres, algunos guardias 
civiles, unos cuantos caballos de Montesa y 200 carabineros, 
de los cuales fueron destinados 5o á la capital, para cubrir el 
servicio, 30 á proteger Ja cobranza de contribuciones, y el 
resto á Trujillo, para recorrer las sierras de Montánchez y 
Guadalupe; y en la de Badajoz, la columna San Juan, com- 
puesta de dos escuadrones de Montesa, 70 infantes de la re- 
serva de Castellón y 100 guardias civiles, ¡a que pasó á cubrir 
la vía férrea, prestó auxilio á los delegados del Banco para . 
cobro de impuestos, y estuvo recorriendo el país, á fin c 
que no hubiera nuevas intentonas* 



i 




AÑOS DE 1869 A 1875 453 

Por decreto de 20 de Mayo se restableció la Capitanía 
General de Extremadura» segregando del distrito de que veni- 
mos tratando las provincias de Cáceres y Badajoz, y formando 
el de Andalucía con las de Córdoba, Huelva^ Sevilla y Cádiz. 
Sin embargo, seguiremos refiriendo á la par los escasos aconte- 
cimientos carlistas que ocurrieron en ambos territorios. 

En la provincia de Huelva, cuya tranquilidad no había 
sido turbada hasta entonces, empezaron en el mes de Julio 
las manifestaciones de que en ella se habían hecho también 
trabajos de propaganda. Tales fueron el alzamiento en Cala 
de una pequeña partida que se disolvió á los pocos días; la 
reunión cerca de Encinasola, sitio inmediato á la frontera de 
Portugal, de 200 hombres que se decían carlistas, dispuestos 
á lanzarse á la lucha, los que al fin se diseminaron sin ejecu- 
tar ningún acto de fuerza; y por último, la aparición en Bui- 
trón, de 70 rebeldes que recorrieron durante unos días varios 
pueblos, haciendo desmanes y recogiendo fondos. Todo esto 
combinado con una nueva intentona proyectada por los ele- 
mentos perturbadores de Coria (Cáceres), que por entonces se 
agitaban mucho. Contrarrestaron dichos movimientos las co- 
lumnas de guardia civil y carabineros, que constantemente 
estaban recorriendo la frontera portuguesa; alguna otra que 
salió hacia los sitios en que la agitación fué mayor, y los ve- 
cinos de Tharsis y Alosno, que al sólo anuncio de la salida de 
los de Buitrón, se unieron á una columna, con la que consi- 
guieron que parte de aquéllos se internaran en Portugal, y 
aprehendieron á otros que no pudieron efectuarlo. 

Las novedades ocurridas en el resto del año en ambos dis- 
tritos, fueron insignificantes; pues se redujeron, en el mes de 
Julio, á ligeros desmanes de algunos grupos, más bien de 
malhechores que de carlistas, en la provincia de Huelva, y á 
temores de alzamiento en Priego de Córdoba, que no tuvieron 
confirmación, y en los meses siguientes, á la formación de 



454 ANDALUCÍA, EXTREMADURA Y GRANADA 



1 



una partida de 3o hombres en el partido de Alcántara {Cáce- 
res), que pasó en seguida á guarecerse en la sierra de Gata, 
donde fué disuelta, internándose en Portugal la mayoría de 
los que la formaban, y á la aparición en la provincia de Bada- 
joz de otra de menor número, que tuvo que salvar también 
la frontera. 

En el distrito de Granada, la situación al empezar el año 
1874, era la misma que al concluir el anterior, Partidilks sin 
importancia que tuvieron efímera existencia; intentos de des- 
embarque de armas en las costas de Granada y Málaga^ que 
conocidos previamente por las autoridades, no se llevaron á 
efecto. En la segunda de dichas provincias fué donde los 
trabajos de los carlistas dieron mayor resultado; pues á fines 
de Febrero apareció una facción de 20 hombres en Vélez Má- 
laga, á la que dispersó la guardia civil; á mediados del mes 
siguiente, otra cuyos individuos fueron hechos prisioneros en 
el expresado sitio; y en los mismos días se lanzó al campo en 
el término de Viñuela un grupo de 20 hombres que se disolvió 
antes de ser hostilizado. El Gobernador militar, aunque tales 
sucesos no llegaron á alarmar siquiera la opinión pública, or* 
ganizáseis pequeñas columnas que situó en Vélez Málaga, Col- 
menar, Antequera, Campillos, Ronda y Estepona, á fin de que 
vigilasen los pueblos, recogiesen armas y protegiesen á las au- 
toridades; y esto bastó para que no se volviera á verificar nin- 
guna intentona en tal territorio* 

A causa de su proximidad al de Ciudad Real, donde la 
rebelión tomó mayores vuelos, entraron de vez en cuando en 
el de Jaén, durante los meses de Marzo y Abril, algunos exi- 
guos restos de las facciones de La Mancha, los cuales no en- 
contraron ningún apoyo en el país. Buena prueba de ello fué 
la actitud de los vecinos de Beas de Segura, que al saber qu 
el cabecilla Aznar andaba por las inmediaciones con algu- 
na gente, se armaron en somatén con intento de batirle . 



AfiOS DB 1869 Á 1875 455 



LfOS carlistas de la capital del distrito fraguaron en el mes 
de Junio una conspiración, y tenían el proyecto de apoderarse 
del parque de artillería á fin de repartir las armas entre los 
afiliados; pero descubiertos á tiempo, sus planes fracasaron 
como los anteriores. En el mes siguiente tramaron otra que 
tenia ramificaciones en las provincias de Málaga, Córdoba y 
Jaén, consiguiendo solamente que se presentaran en esta úl- 
tima, en el partido de Alcalá la Real, dos exiguos grupos que se 
diseminaron en cuanto la guardia civil les fué á los alcances. 

Con ligeras alarmas, que siempre resultaron infundadas, 
transcurrió el mes de Agosto y casi todo el de Septiembre, y en 
los últimos días de éste y en los primeros de Octubre la fac- 
ción Lozano, del Centro, entró en las provincias de Granada y 
Almería, y recorrió los pueblos de Santiago de Espada, 
Huesear, Orce, Galera, María, Vélez Blanco y Vélez Rubio, 
donde recaudó fondos y vejó á los habitantes, lo cual hizo orga- 
nizar una columna en Almería, otra en Jaén y otra en Guadix, 
para oponerse al paso del cabecilla; mas éste retrocedió en 
seguida, volviendo al territorio de que procedía. 



La insurrección de Castilla la Nueva quedó dominada por 
completo en el año 1875; y como ella era la que alentaba á 
los carlistas de Andalucía, Extremadura y Granada, al punto se 
extinguió también en estos distritos. Sin embargo, los titulados 
brigadier Hurtado y teniente coronel Oña, procedentes del 
Ejército del Norte, intentaron todavía, en el mes de Julio, 
un alzamiento en la provincia de Cáceres, del que se pro. 
metían muy felices resultados. Hurtado, después de circular 
una enérgica proclama en la que conminaba con penas graves 
á los que no auxiliasen la rebelión, se lanzó al campo en la 
sierra de Guadalupe, al frente de 33 hombres, de los cuales 



^ 



456 ANDALUCÍA, EXTREMADURA Y GRANADA 

fueron aprehendidos algunos y los otros se guarecieron en el 
vecino reino con el cabed IIEj á los dos días de su aparición^ 
Oña fué preso en Campanario, antes de que llegase á organizar 
facción alguna. De los comprometidos en este movimiento unos 
fueron cogidos y enviados á las Islas Canarias, y otros se refu* 
giaron en Portugal cuyo Gobierno los internó en su territorio- 

Los emigrados trataron con sus manejos de alterar el or- 
den, y esto obligó á mantener tropas en algunos sitios, prin- 
cipalmente de la frontera; pero á principios de 1876 desapa- 
reció todo germen de insurrección en estos distritos- 

Poco después terminó, como sabemos, la guerra en el 
territorio del Norte, único teatro en que existia ya, y los espa- 
ñoles entraron de lleno á disfrutar de los beneñcios de la paz, 
en la que lamentan los fatales resultados de esta lucha fraticí- 
da, y hacen fervientes votos á fin de que no se reproduzcan 
jamás acontecimientos tan dolorosos para la Patria. 



FIN DE LA NARRACIÓN 



índice del tomo XIV. 



Páginas 



Capítulo Primbro.— Año 1869.— Temores de trastornos.— Guar- 
nición del distrito de Castilla la Nueva. — Varias columnas re- 
corren las provincias del mismo. — Aparecen en la de Ciudad 
Real algunas partidas.^Tropas que salieron á operar. — En- 
cuentro con Sabariegos en Piedrabuena. — Persecución de las 
ficciones.— Es batido en El Hoyo el cabecilla Tercero. — En- 
cuentros con Rapa, Castells y Bruno. — Las partidas se guare- 
cen en los montes de Toledo. — Derrota del cura de Alcabón en 
La Igksuela. — Decrece la insurrección. — Movimientos de fuer- 
las. — Partidas de Polo y Sabariegos, encuentros y captura del 
primero de dichos cabecillas.— Disposiciones de las autorida- 
des en las provincias de Madrid, Cuenca, Guadalajara y Sego- 
via.— Sólo quedan en armas Sabariegos y algunos grupos de 
dispersos qu 3 son sucesivamente batidos. — Desaparición déla 
partida de Sabariegos.— Regreso de las tropas á sus guarnicio- 
nes.— Indulto concedido por el Regente del Reino.— Batida á 
los bandoleros. — Año 1870. — Reaparece la agitación en sentido 
carlista.— Las columnas recorren el distrito. — Vuelve á resta- 
blecerse la tranquilidad en el país. — Decreto de amnistía del 
Regente del Reino 

Capítulo IL— Año 1872.— Temores de trastornos. — Guarnición 
del distrito.— -Principio de la insurrección en las seis provin- 
cias.— Fuerzas destacadas á las mismas.— Partidas en Guadala- 
)ara.— Encuentros en la Venta de Selas y en el Escalerón del 
Valls. — Madrazo y IHnchas entran en Guadalajara procedentes 
de Aragón»— Son batidos por Rodríguez y Cátala. — Decrece la 
rebelión en esta provincia* — Encuentros con Somolinos* — 
Presentaciones á indulto. — Regreso de las columnas á sus guar- 
niciones.-*-Provincia de Segovia. — ídem de Madrid. — ídem de 
Cuenca. — Partidas en Toledo y Ciudad Real. — Columnas de 
operaciones. — Encuentros con las facciones de Mulita, cura de 
Alcabón y otra. — Aumenta algo la insurrección en ambas 
¡»t>vincias.— Plan de operaciones del Gobernador militar de 
Toledo.— Encuentro en el puerto de Albarda.— El cura de Al- 
cabón pasa á Ciudad Real.— Ocúltanse las partidas.— Nue- 
va conspiración de Marconell.— Dos encuentros con Bermúdez 



458 índice 

j Mulita. — Partidas de la ribera del Guadiana, — Trillo en Sie- 
rra Morena. — Es nombrado para dirigir la^ operaciones e! bri- 
gadier Soria Santa Cruz. — Situación tle las columnas, — Excur- 
sión de Bermúdez por la orilla derecha del Tajo. — Partida del 
titulado general Marconell.— Es batida por Lafaente.— Deca- 
dencia de la insurrección. — Alcanza Cortijo á Bermúdez eu el 
valle de Calancha. — Regresa á Madrid el brigadier Soria Santa 
Cruz.— Distribución de tropas. — Presentaciones á indulto» — 
Término de la insurrección en Toledo y Ciudad Real, — Reapa- 
rece la agitación en el distrito.— Intentona para salvar ai cura 
de Alcabón. — Síntomas de nuevo alzamiento en la provincia 

de Guadalajara 41 

Capítulo III. — Año 1873. — Consideraciooes. — Proviada de Ma- 
dfid. — Pequeñas partidas y su seguimiento.— Facción Castillo . 
— Otras partidas de poca importancia ^ que se disuelven en bre^ 
ve. — Agitación en el confín con Toledo, — Reaparecen algu- 
nos grupos de rebeldes. — Segovia. — Trastornos. — Medidas re- 
presivas. — Partida Mochón. — Sus desmanes,— Persecución de 
este cabecilla. — Es batido en los valles de Fucntldueña.— Caen 
prisioneros sus partidarios en Villncastm»- Fracasa un pro- 
yecto de alzamiento. — Guadalajara. ^Partidas Madraio, Floria, 
Arciniaga y otras. — Se forman dos columnas de operaciones. — 
El grupo del Arciniaga se disuelve y d de M adrazo evacúa la pro- 
vincia. — Excursiones de Villalaín. — Le bate una sección de hú- 
sares.— San tés y Marco de Bello entran en la provincia, abando- 
nándola al poco tiempo.— Cuenca .-^Tein ores. — Facción Castillo. 
— Proclama de éste. — Sus movimientos, persecución y batida. 
— Los confínes con Guadalajara y Valencia están constantemente 
amenazados. — Santés y Cucala invaJen la provincia. ^Expedi- 
ción del primero. — Su entrada en la capital de Cuenca.— Acta 
de la capitulación.— Parte que dio Santés de su correría.— Sale 
de Madrid en socorro de aquella ciudad la brigada López Pinto. 
—Partida Aznar. — Segunda excursión de Santés.— I^ columna 
Moltó marcha contra éste. — El cabecilla elude el combate y se 
guarece en Chelva.— Regresa Moltó á Albacete.— Toledo y Ciu- 
dad Real.— Pequeñas partidas. — Encuentros. — Alocución de 
Castclls. — Operaciones y hechos de armas.— Facción Parron- 
do. — Brigada Soria Santa Cruz. — Encuentros del capitán Mcl- 
quizo con el cabecilla Merendón, y del teniente coronel Jimé- 
nez con Feo de Cariño.— Dispersión de las partidas. — Soria 
Santa Cruz regresa á Madrid.— Nuevo alzamiento en mediados 
de Junio. — Choques con el cabecilla Merendón. — Mergeliza or- 
ganiza otra facción. — Se refuerza la guarnición de la provincia 
de Ciudad Real. — Partidas que existían. — Movimientos y en- 



'^ 



índice 459 



Págintt 

cuentros,— Expedición de Castells á Aranjuez. — Es batido por 
Rodríguez Mangas. — Los carlistas de Toledo pasan á Ciudad 
Real.— Combate de Majada Alta.— Bando de Merendón.— El 
teniente coronel Jiménez vence á este partidario. — Sabariegos 
y Contreras recorren el campo para hacer prosélitos.— Excur- 
sión de Merendón á la provincia de Córdoba. — Operaciones 
de la columna Bernabcu.— Acción de Torrecampo.— Feo de 
Cariño ataca á Almadén. — Encuentro de La Atalaya.— Se or- 
ganizan guerrillas de voluntarios para proteger á los pueblos. — 
Sabariegos forma una numerosa partida y marcha á Cáceres 
huyendo de las columnas. — Muerte de Sabariegos en Retamosa. 
—infante le substituye. — Vuelve la facción á Toledo y Ciudad 
Real, y es sucesivamente batida por Pastor y Villas Gutiérrez. 
— Unas partidas se diseminan y otras se unen á Aznar, que mar- 
cha en busca de Santés 75 

Capítulo IV.— Año 1874.— Provincias de Madrid y Segovia.— 
Temores en la última, y partida Mochón. — Trastornos en la 
de Madrid. ^Medidas adoptadas para impedir la entrada de una 
numerosa facción en Segovia. — Destacamentos de Riaza y 
Cuéllar. — Pequeñas partidas en la provincia de Madrid. — Pro- 
clamación de D. Alfonso XII. — Provincias de Toledo y Ciu- 
dad Real. — Continúan las partidas del año anterior y aparecen 
algunas nuevas. — Facción del Conde Cortina — Sus movimien- 
tos. — Columnas perseguidoras. — Destrozos en la vía férrea. — 
Amador Vilkr substituye al Conde Cortina. — Operaciones.— 
Fuerzas de dichas provincias. — Encuentro del comandante 
Vargas con el cabecilla Riego. — El teniente Gil Barbera disper- 
sa á una partida. — Los columnas de Toledo se reconcentran en 
la capital. — Amador Villar pasa á Extremadura. — Es batido en 
Talarrubias.- Vuelve en el mes de Marzo á Castilla la Nueva. — 
Las facciones continúan cometiendo excesos. — Tiroteo en Lu- 
ciana.— Otro en la vía férrea.— Persecución de Amador Villar 
y su marcha a Extremadura. — Encuentros con otras partidas. — 
Amador Villar amaga á Puente del Arzobispo. —Movimien- 
tos de tropas. — Su distribución.— Regresa Amador Villar á 
Ciudad Real. — Combate de Piedrabuena entre éste y la colum- 
na del comandante Melguizo. — Derrota y fraccionamiento de 
la facción. — Batidas dadas á los restos de las partidas,— Reac- 
ción del país.— Cuadrillas de latrofacciosos y su persecución. — 
Es declarado el distrito en estado de sitio. — Los cabecillas Te- 
laraña y Feo de Cariño se lanzan al campo y son muertos en 
dos encuentros. — Distribución de tropas á ñn de concluir con 
los latrofacciosos. — Los gobernadores militarts recorren el pafs 
para afianzar la tranquilidad 133 



r 



460 IKDICB 

Capítulo V.— Año 1874. — Provincias ác Cuenca ^ íiuadalajara. 
— Villalaín entra en Sigüenza.— Santts atraviesa el terrhorio 
de Cuenca. — Marco de Bello pasa por el pardilo de Moíina, — 
Le alcanza en Checa la columna Navarro. — Nueva cxpedicióu 
de Santés á la provincia de Cuenca.^Brigadas Carondolet y 
Calleja. — Movimientos de la facción y de las tropas. — Brigada 
Soria Santa Cruz. — Sus operaciones en seguimienlo de Santés, 
— Llega á Cuenca y se le ordena que regrese á Madrid, dejando 
parte de sus tropas al brigadier Calleja,— Marchas de éste d^de 
Quintanar de la Orden. — Sanies evacúa la provincia, — Alaraia 
en el partido de Molina. — Movimieoios de Calleja hacia la ri- 
bera del Jücar y acción de Minglanilla.^Oiras partidas en 
Cuenca y Guadalajara. — Calleja cubre las avenidas de Valen- 
cia. — Proyectan los carlistas reconstruir el castillo de Beteía,— 
Facción Villalaín. — Tropas de ambas provincias. — Marco de 
Bello y M adrazo entran en Molina.— El brigadier Garbayo 
marcha á batir el territorio de Cañete,— Partida de D- Joié 
Valiente. — Sus movimientos y los de Calleja persiguiéndole, 
— Salen tropas de la capital al evicuentro de los rebeldes, — Ope- 
raciones. — Acción de Monsaetc y derrota de la partida Vaíien- 
te. — Marco de Bello amaga á Cuenca.— La Iglesia toma pose- 
sión del Gobierno Militar, y Calleja marcha á Albacete,— Mo- 
f vimientos de las partidas y de las iropas.-- Columna Pons. — 

W¡^ Operaciones de La Iglesia sobre Beteta. — Correría de Marco 

¿ Bello por Guadalajara. — Se reconcentran fuerzas en la capital 

S. de esta provincia.— Los carlistas entran en Molina. — Destro» 

p zos en la vía férrea de Zaragoza. — Parten tropas de Madrid 

P hacia Sigüenza con el brigadier Verdú.— Concurren de Ara- 

ff- gón y Cuenca á la persecución de Marco la brigada López Pin- 

^ to y el brigadier La Iglesia. — Marco contramarcha y se inter- 

na en Teruel.— Regresa López Pinto á Aragón, — Vuelve La 
Iglesia á la capital de su provincia y Verdií á Madrid. — Partidas 
de Cuenca. — Expedición de La Iglesia al territorio de Cañete, 
Ff% —Concentración de enemigos en el Rincón de Ademuz, — En- 

f'r tran éstos en la provincia de Cuenca capitaneados por D. Al- 

p* fonso.-— Su organización y marcha. — Situación topográfica de la 

capital. — Guarnición con que contaba. — Comunicación del bri- 
gadier La Iglesia relativa al ataque de Cuenca. — Bajas de am- 
L bes ejércitos. — Parte carlista de este hecho de armas. — Informe 

^' del general Moltó. — Parecer fiscal de la sumaria formada para 

f esclarecer los hechos.— Atropellos cometidos en la ciudad.— Los 

^^ carlistas la evacúan, enviando antes á Chelva ios prisioneros 

f escoltados por el segundo batallón de Guias del Maestrazgo.— 

López Pinto rescata en Salvacañete á los defensores de Cuenca. 16? 



% 



IMDICB 461 



t 



Páginat ^ 



Capítulo VI. — Año 1874.— Provincias de Cuenca y Guadalajara. 
— Acuden en socorro de la capital de aquélla las brigadas Araos, 

. Fajardo y López Pinto. — Se encarga del mando de las dos pri- 
meras columnas el general Soria Santa Cruz. — Sus movimien* 
tos hasta que regresa á Madrid.— El general Mol tó marcha á 
Cuenca con una columna. — Disposiciones que adoptó. — 9us 
informes sobre fortifícación y defensa de la capital.— Facción 
Villalain en Guadalajara. — Operaciones de la brigada Golfín 
contra esta partida. —Marchas de Moltó para perseguir á la 
misma. — Acude con sus tropas á Guadalajara el brigadier 
García Reina.— Movimientos de la columna Moltó en la zona* 
N. de Cuenca.— Amenaza Villalain á la capital de Guadalajara 
y sale á ampararla la brigada de González Manglano. — Rechaza 
ésta á Villalain, que se guarece en Beteta.— Avance de Moltó so- 
bre esta villa. — Vuelve dicho General á Madrid y queda encar- 
gado el brigadier Gamarra del mando de la columna.— Informe 
de Moho sobre el estado de la provincia de Cuenca.— Brigada Gar- 
cía Reina. — Disposiciones para activar la quinta en Guadalajara. 
—Fortificación de Molina.— Se encamina Villalain á la línea fé- 
rrea de Zaragoza.— Le sale al encuentro García Reina. Acción 

de Taravilla.— La facción se reconcentra en Beteta.— Operacio- 
nes de la brigada Gamarra.— Se presenta á las puertas de Cuen- 
ca un grupo de la partida Villalain.— Marcha de Gamarra hí^cia 
Pastrana y Trillo.— Encuentro de Alcocer.— Madrazo en la pro- 
vincia de Guadalajara.— Acción de Campillo de Dueñas.— 
Variaciones introducidas en las brigadas.— El general Salazar 
es nombrado Comandante general de las tropas de Cuenca y 
Guadalajara.— Nuevos movimientos de la brigada Gamarra.— 
Situación de las partidas. — Marcha combinada de las brigadas 
García Reina y Gamarra sobre Beteta, y operaciones posterio- 
res«— Plan de campaña del general Salazar. — Cesa éste en el 
mando.— Substituye á Gamarra el brigadier Santos Sagasta— 
Modificaciones introducidas en la organización de las tropas. 
—Persecución de Villalain. — El brigadier Cassola releva á 
García Reina.— Persecución del cabecilla Sopeña y de las pe- 
queñas partidas.— Se encarga á Cassola la dirección de las fuer- 
zas en ambas provincias.— Nueva distribución de las tropas. . . «15 
Capítulo Vil.— Año 1875.— El Cura de Alcabón intenta orga- 
nizar una partida en La Mancha y es cogido prisionero. Pro- 
vincias de Cuenca y Guadalajara.— Distribución de fuerzas.— 
Operaciones de Cassola para proteger el paso del tren real.— 
Encuentro ocurrido entre Campillo y Enguidamos.— La briga- 
da carlista de Castilla se apodera de Molina.— Fuerzas que 
acuden en socorro de esta ciudad.— Columna Gámir.— Sus opc- 



)^ 



462 INDICB 

PácinM 

raciones y la de los carlistas. — Columna Contrcras. — Encuen* 
tro de la de Moya con la facción Rosas en el barranco del Aba- 
nico. — Movimientos de la brigada Cassola y del enemigo. — In- 
dicaciones del Ministro á dicho brigadier y observaciones de 
éste. — Entran en Cifuentes 200 facciosos. ^Shuoción de los 
carlistas y de las tropas. — La brigada Goycocchc y la columna 
del Giloca se acercan á Molina y ésta bate á VaUés en los mon- 
tes del Picazo. — Acción de Huélamo. — Nuevas operacioDcs de 
Cassola.— Tiroteo en Nuestra Señora de la Coasolación. — Des- 
manes de las partidas en la vía férrea de Zaragoza. — Un desta- 
camento de Contreras bate á la facción Bosco.— La brigada 
Cassola recorre el partido de Molina y se sitúa Jcspués en Prie- 
go.— Bosco se corre á Segovia y es batido, — Varios encuentros 
con una ¿acción de la provincia de Madrid. — Estado de ks pro- 
vincias de Toledo y Ciudad Real. — El brigadier GolíTn substitu- 
ye á Cassola. — Movimientos de la brigada sobre Bctcta y ope- 
raciones posteriores.— D. Manuel Salvador Palacios reemplara 
áVillalaín. — Variaciones introducidas en la organización de 
las tropas. — Marchas y pequeños encuentros. — Es batido en 
Arroyo Cerezo un escuadrón enemigo.» Acción de Ademux, 
—Relevos de cuerpos. — La brigada carlista de CiisúUa eatra 
en la provincia de Cuenca al mando de Albarrán. — Acción de 
Checa. — Los carlistas evacúan el distrito. 'Situación de las 
tropas.— Encuentros con pequeñas partidas.— Golfín cubre el 
limite con el territorio del Centro y marcha despulas á Aragón 
para ponerse á las órdenes del Capitán geocral de aquel distri- 
to. — Los destacamentos de Guadalajara y Cuenca exterminan 
á las pocas é insignificantes partidas que restan,— Se afianza 

la tranquilidad en Castilla la Nueva 179 

Capítulo VIIL— Distrito de Castilla la Vieja. — Año 1869. — Peque- 
ñas partidas. — Disposiciones adoptadas.— Facciones en León.— 
Movimientos de las columnas. — Muerte de Balanzátegui.— Cap- 
tura de Milla. — Trastornos. — Alzamiento en Soria. — Año 1870. 
— Alteraciones del orden público. — Partidas en Logroño. — Co- 
lumnas. — Derrota de la facción Sáenz de Tejada. — Alzamiento 
en Burgos. — Encuentros. — Las columnas dan una batida gene- 
ral y termina la insurrección. — Año 1872. — Reducción del dis- 
trito. — Nuevas facciones. — Organización de columnas. — Pro- 
vincia de León. — Movimientos y encuentros. — Provincia de 
Oviedo. — Primeras operaciones y hechos de armas. — Faccio- 
nes de Faes y Valdés. — ídem de Rosas. — ídem de El Gordito. 
—Tropas que operaron contra ellas. — Provincia de Palencia.— 
Choques. — Partidas de Hierro y El Pastor. — Trastornos en 
las demás provincias.— Año de 1873.— Asturias.— Partidas, co- 



índice 463 



Páginu 

lumnas, movimientos y encuentros.— León, Salamanca, Avila 
y Valladolid.— Pequeñas facciones en Falencia.— Movimientos 
y choques. — Termina la insurrección en el distrito.— Nuevo 
alzamiento en Asturias. — Pastidas de Faes, Saavedra, Rosas, 
Santa Clara y El Gordito.— Columnas.— Operaciones y encuen- 
tros. — Instrucciones para un nuevo levantamiento.— Movimien- 
tos y pequeños combates en la provincia de Oviedo. — Año 1874. 
— Oviedo. — Operaciones.— Encuentro en la altura de Pandecué- 
rigo.— Marchas y choques. — Partidas en otras provincias. — Au- 
mento de tropas en Asturias. — Hecho de armas de Lena. — Nueva 
ori^anización de las columnas. — Acción de Tineo. — Encuentro 
del collado de Selamices. — Los carlistas se guarecen en la cuenca 
del rio Aller. — La columna Redondo les hostiliza y marchan al 
Norte. — Salen tropas para estacionarse en la vía férrea de San- 
tander. — Facciones.— Operaciones y encuentros. — Provincia de 
León. — ídem de Oviedo. — Faes y Valdés.-Encuentros en la pro- 
vincia de Falencia. — El Capitán general informa sobre el estado 
del distrito. — Disposiciones que adoptó.— Batidas. — Acción de 
Mieres.— Muerte de Faes. — Decrece la insurrección. — Hechos 
de armas durante el mes de Agosto. — Los carlistas se proponen 
dar mayor incremento á las facciones. — Se concentran al efecto 
entre Collanzo y Aller.— Amagan la Fábrica de Trubia.— Lle- 
gan refuerzos á Asturias y se da un gran impulso á las opera- 
ciones. — Hechos de armas. — Provincia de Falencia.— Proyectan 
los carlistas del Norte una expedición á Asturias.— Medidas 
adoptadas para evitarla. — Pequeños encuentros. — ^Término de 
la insurrección. — Año 1875. — Latrofacciosos. — Se reconcentran 

las tropas en las capitales 325 

Capítulo IX.— Distrito de Galicia.— Años de 1869 á 187 1. — Cons- 
piración carlista. — Pequeñas columnas recorren el territorio.— 
Motines. — Año 1872. — Temores de trastornos. — Destacamentos 
establecidos. — Facciones en Orense. — Provincias de la Coruña, 
Pontevedra y Lugo. — Año 1873. — Proyectos de alzamiento.— 
Provincia de Lugo. — Partidas y columnas; sus movimientos y 
encuentros. — Nuevo levantamiento en el mes de Abril. — Gru- 
pos de Saavedra, Ostendí y Osorio.— Son batidos por las tro- 
pas, — Provincia de Orense. — Medidas preventivas. — Facción 
de Sabariegos.— Choques. — Se amotinan 3.ooo hombres insti- 
gados por los partidarios del pretendiente. —Acción del monte de 
Sordos. — Año 1874. — Partidas carlistas y latrofacciosas. — Ba- 
tidas y encuentros.— Alzamiento en el mes de Julio. — Nuevas 
facciones. — Situación de las tropas. — Partida de Mergeliza. — 
Acción del monte Guzpelleira.— Pequeños encuentros.— Mar- 
cha de los batallones provinciales. — Se acrecientan las partí- 



464 



índice* 



PifiDU 



das.— Nueva distribución de destacamentos.— Moirimientos y 
desmanes de las facciones. — Ventajas obtenidas por las tropas. 
— Año de 1875. — Cuadrillas de latrofacciosos. — Fin de la insu- 
rrección • • 401 

Capítulo X.— Distritos de Andalucía, Extremadura y Granada.— 
Años de 1869 a 1871. — Temores en las provincias de Badajos 
y Cáceres. — ^Trabajos carlistas en la de Granada. — Año 1873. 
— Pequeñas facciones en Cáceres, Córdoba y Sevilla. — Can* 
ton de Despeñaperros. — Partida de Arquillos (Jaén). — Año 
1873. — Conspiración en Granada. — Grupos de enemigos en 
Jaén, Granada y Málaga. — Facción Aznar en Almería. — Crí- 
santo Gómez en Córdoba. — Persecución de Sabariegos en 
Cáceres y Badajoz. — Encuentro en la sierra de Pela.— Se 
estacionan tres destacamentos en Trujillo, Mérida y Liere- 
na. — Nueva excursión de Sabaríegos al territorio de Cáceres.—» 
Encuentros con este cabecilla en Retamosa y Villar del Pedro- 
so. — Año 1874.— Situación de Cáceres y Badajoz. — Correrías 
de Crísanto Gómez y Amador Villar. -—Persecución de peque- 
ñas partidas y encuentros.^Otras excursiones de Amador Vi- 
llar por Badajoz y Córdoba. — Nuevas é insigniñcantcs faccio- 
nes en Badajoz y Cáceres. — Formación de dos distritos del de 
Andalucía y Extremadura. — Agitación y pequeñas partidas en 
Huelva y otras provincias. — Grupos de carlistas en las de Má- 
laga y Jaén. — Correría de Aznar á Almería. — Año 1875. — Úl- 
timos esfuerzos del cabecilla Hurtado para mantener la rebelión 
en Extremadura 457 



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