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Full text of "Narraciones"

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VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 







Itrtnr Mmú Bím 




NarrartflttfH 



gjpagraffa Nacional, fíartiuf ffletitrat 
(Kttatemala. (í, A-— 1910 





^tñúv Siirrttriaíia 
Sntt Munnú iEjsíraia (fiabrrra. 

Srnrmrrita dr la {Tatria tf 
9»aibrntr (Eanatitnciotial ¡te la Sr^úblira. 



Excelentísimo Señor Licenciado 

DON MANUEL ESTRADA CABRERA, 

Presidente Constitucional de la 
República: 

Ante la catástrofe que arruinó la 
bella capital de Guatemala, apare- 
ce, como el único rayo de esperanza, 
vuestra actuación tan enérgica, tan 
patriótica, tan oportuna y tan sabia. 

Las fuerzas ciegas de la Natu- 
ralezadestruyeron; vuestra inicia- 
tiva rehará, mejorándola con todas 
las modernas condiciones, la que 
fuera orgullo de Centro América. 

Dignaos, Señor, de aceptar con 
vuestra proverbial benevolencia, 
las desaliñadas líneas en que he 
procurado condensar la historia de 
los sucesos aciagos que han flagela- 
do las diversas capitales de Gua- 
temala, y muy especialmente, los 
que causaron la reciente ruina, tan 
lamentada. 

Vuestro leal y respetuoso ser- 
vidor, 

Víctor Miguel Díaz. 



#### W #;0^^^<^<|^<^^ 



I 



Don Víctor Miguel Díaz (no conoce Gua- 
temala quien no le conozca), es hombre que 
ya tramonta las cumbres de occidente, lo que 
vale decir que anda por los linderos del medio 
siglo. Magro de carnes, cenceño y cetrino de 
rostro, avellanado de miembros, entrecano el 
lacio cabello, pobre de barba y bigotes, gran 
madrugador y amigo de la caza . . .de noticias. 
Su figura, que por lo alargada y enjuta es la 
de un hidalgo del Greco, da la sensación 
de ascetismo de la Tebaida, de un solitario 
enflaquecido por rigurosos ayunos y sumer- 
gido en las profundidades de Dios. 

Nerviosísimo, como quien sólo de nervios 
parece estar formado, acompaña y subraya el 
discurso con multiplicadas gesticulaciones 
vivaces que le dan color y vida. Suele dispa- 
rarse repentinamente con velocidad de cohete 
de un punto a otro: es que a lo lejos ha pasa- 
do un suelto de gacetilla .... Está en todas 



8 PRÓLOGO 



partes y con tal rapidez cambia de sitio que 
parece no estar en ninguna. Pila nerviosa en 
perpetuo funcionamiento, la quietud y el repo- 
so le son desconocidos, siempre y cuando se 
trate del cumplimiento de su deber; y como 
siempre está en él, resulta que ha llegado a 
resolver en la práctica como los sabios en la 
teoría el problema del movimiento continuo. 
Raudal de energía en acción que se alimenta 
de sí misma .... 

Además del trabajo, sin el cual no concibe 
la vida, tiene dos cultos fervorosos que en el 
fondo pueden ser uno mismo: Guatemala y 
su hogar. En estos puntos, mejor dicho, en 
estas dos llamas que le encienden es de un 
exclusivismo absoluto, — como en suma debe 
serlo toda consagración a un ideal. 

Es repórter por esencia, presencia y poten- 
cia. Los hechos, la vida que pasa, el suceso 
que se desarrolla, la emoción que arruga la 
monótona superficie de nuestra existencia, — 
le pertenecen por juro de heredad, como si 
los tuviera fincados a su nombre. Es un deta- 
llista de microscopio, cuyas crónicas se van 
perpetuando en páginas de historia nacional, 
pues lo volandero y lo fugaz son elementos 
constitutivos de lo ñjo y eterno. La acuciosa 



JOSÉ RODRÍGUEZ CERNA 9 



y ya innúmera labor "au jour le jour" de este 
encanecido bajo i a raetralla, de este nues^fo 
periodístico Tostado, de este soldado que 
jamás abandonó su puesto de combate, cons- 
tituye una serie de preciosas efemérides, una 
colección que la pátina hará inestimable y en 
donde los futuros engarzadores encontrarán 
ya una perla anecdótica, ya un histórico 
diamante. 

Silencioso, de modestia recatada en un se- 
gundo término penumbral, de una honradez 
que le mantiene en perpetua pobreza, el Viejo 
Repórter, como él se llama a sí mismo algo 
melancólicamente, no aspira a vanas pompas 
ni a efímeras vanaglorias, — y tiene el mérito 
para mí insigne de conocerse demasiado para 
emprender empresas que sean superiores a 
sus fuerzas. El se contenta con lo que es: un 
trabajador a prueba de fatigas y desengaños, 
una hormiga laboriosa que no descansa entre 
la inútil multitud de cigarras que porque 
hacen más ruido creen valer más. 

En la primera parte- de este trabajo (para 
mi gusto la mejor de él), Díaz se manifiesta 
en una de las fases más simpáticas y acaso la 
que mejor le sobreviva, de su actividad: como 
gran rebuscador de archivos, desempolvador 



10 PRÓLOGO 



de datos y de joyas de crónica que saca a la 
lu||, perseguidor de manuscritos y de páginas 
amarillas de años. Útil andamiaje para las 
construcciones de los Taine futuros, de los 
Macaulay del porvenir. 

Merced a ese santo amor por lo nuestro, a 
tal pasión de anticuario que se solaza arran- 
cando sus secretos a los siglos que fueron, 
Díaz nos ofrece en forma abundante y amena 
un aspecto de los más importantes de nuestros 
anales. Lo desconocido resucita y se incorpora 
al cuotidiano vivir. Nosotros, que acabamos 
de pasar por angustias iguales, nos interesa- 
mos intensamente por lo que sufrieron 
nuestros antepasados con las convulsiones 
de la Naturaleza. Y vemos que nada es 
nuevo bajo el viejo sol; que esta zona es 
guarida de terremotos y que entonces, como 
ahora, iguales súplicas y llantos tuvo el pavor 
bajo la misma indiferencia de los cielos. 

Esta benemérita labor de Díaz por descubrir, 
compilar y salvar tantos y tan interesantes y 
curiosos datos, que sólo él parece conocer, 
despertará, estamos ciertos, la más viva aten- 
ción y será apreciada en todo su legítimo 
valor. Bien está que estos benedictinos del 
archivo, el infolio y el pergamino nos den a 



JOSÉ RODRÍGUEZ CERNA H 



conocer esos tesoros ignorados por nuestra 
desidia, incorporándolos al no muy copioso 
caudal de la cultura patria. Ojalá que don 
Víctor Miguel coleccionara en forma de libro 
todos sus trabajos sobre el particular, que 
los tiene muchos y buenos, aumentándolo, 
si es posible, que con ello prestará un 
verdadero servicio a la historia nacional, pro- 
porcionando por lo menos preciosos materiales 
para cuando llegue a escribirse bien documen- 
tada y completa, dentro de los más rigurosos 
cánones científicos. Y a este propósito, un 
consejo, o dos, aunque no los haya menester 
y él pueda darlos antes que recibirlos; escriba 
con menos nerviosidad y más reposo, porque 
de ambas cosas se resienten sus Narraciones: 
y no haga caso, ahora ni nunca, de cuantos 
mordiscos puedan tirarle los anónimos culti- 
vadores del chiste. 

Palpita de emoción, más intensamente sen- 
tida que bellaftiente expresada, porque no se 
trata de una obra de arte sino de meras 
narraciones, la segunda parte de este libro. 
Agita las páginas el trágico soplo de aquellos 
días en que apretó nuestras gargantas la 
helada mano de la angustia. Se contempla a 
la ciudad zozobrando en el oleaje deWerremo- 



12 PRÓLOGO 



to. Se oyen el crugir de esqueleto de las 
armazones náufragas, y el caer fragoso de las 
sillerías pelásgicas; se mira de nuevo el lívido 
rostro del pavor desmelenado bajo un irónico 
florecimiento de luna. 

Es una fotografía fiel de instantes como 
ningunos supremos en nuestra vida. Acaso 
echemos de menos alguna riqueza de colorido, 
más vigor en los toques y menos desnudo 
efectismo en el sentimiento, que en ciertos 
pasajes se excede; acaso quisiéramos una 
mayor visión de conjunto en sobrias síntesis 
y menos abundancia de superfinos detalles. 
Pero nos olvidamos que esta obra no es más 
que un capítulo de una vida de esfuerzos, y 
sobre todo, que el padrino no es quien debe 
señalar lunares al infante en la pila bau- 
tismal . . , 



Jóse RODRÍGUEZ CERNA. 



Guatemala, junio de 1918. 



A la débil luz de una vela, encerrada en viejo farol, 
con frío en el cuerpo y relámpagos de tristeza en el 
alma, bajo una barraca ofrecida por generoso amij^o 
en el Parque Central, comenzamos a trazar estas 
líneas. Una multitud de chiquillos gritan y saltan 
al rededor del kiosko; cerca oímos cantos místicos de 
gentes congregadas en el interior de amplia carpa de 
lona, levantada sobre terreno que hace poco tiemi)o, 
en la estación lluviosa, enorgullecíase con sus lozanas 
plantas, ostentando variedad de flores, y hoy, triste, 
presenta montón de ramas secas y tallos destrozados. 
Se elevan a cierta distancia del kiosko, en el interior 
del extenso Parque, barracas altas y bajas, toldos y 
cobachas, toda una extraña arquitectura en madera 
y de nueva y caprichosa traza; en ciertas enramadas 
hay faroles con luces opacas que parecen globitos de 
cristal; más allá, prendidos de las ramas de los arbolea 
cuelgan lámparas de petróleo, flotando en el esimcio 
como luceros que tristes miran a nuestra ciudad 
idolatrada; luego cocinas provisionales en las que 
chisporrotea fuego. A veces caminan cerca de nues- 
tro alojamiento grupos de paseantes, vistiendo trajea 



14 NARRACIONES 



sencillos, señoronas curiosas, chicas riendo alegre- 
mente iintis, y otras, indiferentes a todo lo que les 
rodea; caballeros de aspecto tranquilo, buscando con 
(1 Ilion charlar: pasan muchos conocidos, ávidos de 
' ias callejeras. A medida que las horas avanzan, 
;i los «ri'itos de la gente menuda, todo va envol- 
viéndose en el manto del silencio, después de los 
aintos saturados de infinita melancolía, vienen enton- 
ces a la mente recuerdos de épocas pasadas, de horas 
folíeos, hasta el día en que al destino plugo hacernos 
Mit rir la más dura de las pruebas, la más honda de las 
tristezas. I Viejos cipreses del Cementerio de nuestro 
pueblo: cuánto hemos deseado reposar eternamente 

bajo tus sombras I 

* * * 

Es esta una colección de apuntes sin ropaje litera- 
rio; narraciones sencillas, hechas a vuela pluma, en 
instantes que debíamos consagrar al descanso, después 
de las fatigas del día. Otros compatriotas, con me- 
jores aptitudes^^y mayor acopio de datos, podrán hacer 
una obra completa de los tristes acontecimientos que 
se h&n desarrollado en Guatemala, desde la aciaga 
noche del 25 de diciembre de 1917^ para conocimiento 
de las generaciones que nos sucedan. 

No se trata de lucir ingenio sino de relatar sucesos 
que todos presenciamos conmovidos. Estas notas 
sólo tendrán el mérito que quiera darles el indulgente 
lector. 

Una ttmblortB ht tierra 

Í1P1541 axnr 

» son nuevos los trabajos, aflicciones, temores y 
desconsuelos con que en todos tiempos han vivido los 
moradores de ^Guatemala, así como de las desgracias, 
pérdidas de tesoros, de obras de arte y de caudales, 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 1 :, 



al mismo tiempo que las enfermedades y muertes que 
siguieron a los desastres causados por los terremotí)s. 
Preciso será dar ligeros datos acerca de ciertos 
acontecimientos y que conozcamos algo de los princi- 
pales terremotos que se han sucedido en el país, a 
contar de la conquista del reino de Guatemala, hasta 
nuestros días: 

Año de 1541, destrucción de la capital, Almolonga, 
el sábado 10 de septiembre en 1^ noche. 

Después de tres días de copiosas lluvias se dejaron 
sentir cuatro fuertes temblores de tierra que llevaron 
el pánico al vecindario. Todas las familias creyeron 
que el fenómeno lo causaba el Volcán de Fuego, por- 
que del de Agua no se tenía memoria de que hubiese 
hecho erupción ni nunca se encontró en todas sus fal- 
das e inmediaciones materias calcinadas ni otros 
vestigios de erupción volcánica; la inmensa mole tenía 
por remate un pico como el del Volcán de Fuego. 

A los rayos y truenos dejóse oír horrible ruido 
lejano, bajando luego del volcán, a cuyo pie estaba la 
ciudad, una corriente de agua tan impetuosa que de- 
rribó muchos edificios empezando por el del Adelan- 
tado. Todo fué para el vecindario una verdadera y 
espantosa sorpresa: las calles y las plazas se vieron 
inundadas rápidamente. El agua al precipitarse las 
hacía estremecer desde los cimientos. Por otras di- 
recciones eran arrastradas grandes piedras y árboles 
de todos tamaños. Las familias que temían ser aplas- 
tadas por las casas encaminábanse en busca de refugio 
sin poderlo conseguir. En las calles la situación se 
hacía cada ve25 más terrible para ios infortunados ha- 
bitantes: entre muchísimos muertos contábanse muí- 



16 NARRACIONES 



titud de heridos j golpeados agonizando bajo las 
ca«as. Del Palacio todos huyeron con el objeto de 
ponerse en salvo: doña Beatriz salió de su aposento 
envuelta en un lienzo y se encaminó a la parte alta 
destinada a oratorio, en compañía de una niña, hija 
niiturnl de Al varado; a unirse a la dama iban las don- 
cellas cuando las separó furiosamente el agua; en el 
momento en que doña Beatriz se abrazaba a la imagen 
de Cristo, las paredes se desplomaron sepultándola 
entre los escombros. Hombres valerosos quisieron 
dirigirse al Palacio luchando con el agua pero les 
fué imposible. La corriente arrastraba todo lo que 
había a su paso; los más afortunados lograban asirse 
de los árboles o de algún otro objeto. 

Por distintas direcciones oíanse desconsolados gri- 
tos en demanda de auxilio, pidiendo una asistencia 
que los demás no podían darles por temor y confusión 
de sentidos en que se hallaban. Una casa a la que 
asistían jóvenes para aprender la doctrina y hacer 
ejercicios espirituales la destruyó la corriente ahogán- 
dose ciento dos personas. En una calle varios frailes 
franciscanos tendían cables para dar auxilio a infeli- 
ces gentes, viéndose dos o tres abrazados lanzando 
lastimeros gritos. El ruido siniestro del agua^ los 
lamentos de los hombres, mujeres y niños, el bramido 
del ganado, todo era para llevar la angustia a los 
corazones. 

La luz del nuevo día alumbró un campo de tristeza 
y de dolor; multitud de cadáveres yacían por todas 
partes y la ciudad convertida en montón de ruinas. 

Los sobrevivientes buscaban a los suyos transidos 
de pena; ya corrían de un punto a otro, ya removían 
los escombros hasta dar con las personas amadas. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 17 



Fué en esos momentos de desolación cuando apare- 
ció majestuosa, imponente, llena de bondad y de 
energía, de abnegación y de grandeza, la figura del 
obispo MarroQuín. 

Desde que se dio cuenta de la catástrofe, en com- 
pañía de nueve frailes franciscanos, corrió al Palacio 
en momentos en que desplomábase la capilla que se- 
pultó el cuerpo de doña Beatriz; luego, con actividad 
ejemplar, en aquellos angustiosos instantes, prestó 
auxilios a cuantos pudo; hizo extraer el cuerpo de 
aquella dama y los de las once doncellas españolas y 
recogió e inventarió sus alhajas. El mismo en perso- 
na levantaba los cuerpos que yacían entre el lodo 
antes de que se corrompieran e infestaran la atmósfe- 
ra, dándoles sepultura en las iglesias, evitando así la 
propagación de alguna peste. 

El número total de víctimas no fué averiguado con 
exactitud; se asegura que entre españoles pasabap de 
600 y que los indígenas y negros muertos ascendieron 
a cerca de 2,000. 

Los mismos compatriotas de doña Beatriz, supers- 
ticiosos y fanáticos hasta la exageración, atribuían la 
catástrofe a castigo del cielo a causa de las palabras 
vertidas por dicha señora al saber la muerte de su 
esposo. Insistían en que el cuerpo de La Sin Ventura 
debía ser arrojado a los perros. El obispo Marfoquín 
impugnó tales afirmaciones, logrando darle sepultura 
en la Catedral. 

La corriente de agua no fué tan grande en otros 
sitios, como en la casa del obispo, defendida por ex- 
tenso corral de piedra en la parte oriental. El agua 

N.-3. 



18 NARRACIONES 



lodosa causó grandes perjuicios en las sementeras, en 
los caseríos y * en las montañas de la costa sur. Por 
distintos puntos, a grandes distancias, los indígenas 
hallaban' restos humanos detenidos en las ramas de 
los árboles, cuerpos de animales, muebles y otros 
muchos objetos. 

El padre Remesal en la "Historia de la Provincia 
de San Vicente," libro cuarto, capítulo V, dice que 
**el volcán reventó en aquella ocasión y lo que salió 
de su seno fué un gran torrente de agua y piedra que 
arruinó la Ciudad Vieja; y agrega, que en esa oca- 
sión perdió dicho monte la coronilla, quedando el 
cono que hoy se ve. " 

Lo que se supone cráter en la actualidad es oblongo 
de E. a O de 489 varas en el circuito interior; en el 
exterior no se ha podido medir. Está hundido en 
una cavidad como de 60 varas y sus bordes por la 
parte más ancha son de seis varas en lo más angosto. 
En el centra del cráter jamás se ha visto lava, sino 
muchas piedras enormes de pórfido, algunas formadas 
de ocre. 

En distintos puntos de las faldas del volcán se en- 
cuentran piedras diseminadas que rodaron de la cús- 
pide la noche de la catástrofe. Durante cuatro días 
estuvo saliendo del cráter regular cantidad de agua 
sin causar otros perjuicios; el líquido se encaminó al 
cauce del Guacalate. Desde la aciaga noche del 10 
de septiembre desaparecieron dos depósitos de agua 
negra, con la misma que dona Beatriz tuvo la pere- 
grina ocurrencia de mandar pintar las paredes de sus 
habitaciones al saber la muerte de su esposo. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 19 



En junta general del vecindario, con asistencia de 
noventa personas sobrevivientes, reunidas en la iglesia 
de Catedral, se proveyó la gobernación vacante por 
la muerte de La Sin Ve7it2ira, saliendo electos el obispo 
Marroquín y el licenciado don Francisco de la Cueva, 
y en seguida se procedió a elegir sitio para trasladar 
la ciudad porque todos quedaron temerosos de que se 
repitiera la inundación que por mucho tiempo llama- 
ron de San Nicolás. 

Por informes que dio don Juan B. Antonelli, favo- 
rable al valle de Panchoy, se acordó fundar la capital 
en ese lugar, aunque no faltaron quienes tuvieran la 
mala idea de proponer el terreno del pueblo de 
Alotenango. 

La noticia de la fundación de la ciudad en Panchoy 
la recibieron todos con agrado porque el valle gozaba 
de agua en abundancia, forraje y jeña y por las altas 
colinas que la resguardan de los fuertes vientos del 
norte. 

Se hizo saber lo dispuesto por medio de pregones 
mandándose que fueran todos al citado valle a escoger 
lugar, señalándose los sitios que debían reintegrarles 
de los que tuvieron en Almolonga. 

El 22 de noviembre de 1541 se delineó la ciudad 
que anos más tarde era conceptuada como una de las • 
más hermosas de la América- 



Erupción del volcán ''Pacaya," en 1565. 

Los movimientos de tierra que precedieron a la 
erupción causaron alarma en varias poblaciones leja- 
nas como San Juan Comalapán. 



NARRACIONES 



Hay noticias de que muchos anos antes de la con- 
quista, el Pacaya había hecho varias erupciones, 
\' ' ' en determinados terrenos que hoy pertene- 
( .^ fincas '^Hamburgo," ''La Concha," ''Dolo- 

nvs'' y * 'Suiza" vestigios de lava calcinada sobre 
ancho y dilatado cauce . 

En agosto y septiembre de 1565, hubo temblores 
en Almolonga que se sintieron en Escuintla y Chi- 
raaltenango. 

Los de 15?5 extendiéronse hasta Chiapas y Nica- 
ragua . 

Menos fuertes que los anteriores fueron, según 
cronistas de la época, los de 1576 y 1577; los de este 
illtimo año terminaron a mediados de noviembre. 

El 26 y 27 de diciembre de 1581 hubo temblores 
antes y después de la erupción del Volcán de Fuego . 
Era tal la obscuridad a causa de las cenizas y humo 
que salían del cráter que en los hogares encendieron 
velas al medio día. 

En 14 de enero de 1582, durante 29 horas, hizo 
erupción el Volcán de Fuego, con temblores suaves . 

Se conservan noticias impresas en la Antigua Gua- 
temala, de la erupción del mismo volcán el 16 de 
enero de 1585. Durante más de seis meses se vio 
salir del cráter lava y humo en abundancia. Los mo- 
vimientos de tierra, dice un autor, ''asolaron la 
ciudad, muriendo muchos vecinos." 

El año siguiente, 23 de diciembre de 1586 un mo- 
vimiento terráqueo sepultó bajo las viviendas a nume- 
rosas familias. En aquel entonces se abrieron grietas 
en los terrenos y las vías de comunicación quedaron 
interceptadas con grandes peñascos. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 21 

En 1607 hubo fuertes sacudimientos que averiaron 
multitud de casas. Después de esta fecha no volvieron 
a sentirse temblores durante muchos anos, tiempo ei. 
el que la ciudad adelantó notablemente respecto a 
construcciones. 

El 20 de enero de 1623 hizo erupción el Volcán de 
Fuego . Se ha repetido que la congoja del vecindario 
de la capital aumentó, a causa de los retumbos que se 
sucedieron durante cerca de un mes. 

A la una de la tarde del 18 de febrero de 1651 co- 
menzaron a oírse ruidos subterráneos y luego un vio- 
lento terremoto. 

Las campanas de dos o tres templos tocaban por 
sí solas. 

Una hora después de este día fatal llegó a la ciudad 
de Guatemala, por primera vez, Pedro de Betancourt, 
cuyas virtudes iban a resplandecer más tarde en todo 
el reino. 

De los temblores de tierra de 1663 y de 1666 
se ha escrito poco aunque no han faltado cronistas 
que afirmen haber sido fuertes y que causaron destro- 
zos en las viviendas. 

Año de 1664 erupción del Paca3'a, sin temblores de 
tierra. 

Agosto de 1668 erupción del Pacaya, con temblores 
de tierra. 

Julio de 1671 erupción del Pacaya, con débiles 
temblores de tierra. 

Año de 1677 erupción del Pacaya, con temblores 
de tierra. 



22 NARRACIONES 



8e sintieron temblores el año de 1679, el 22 de ju- 
lio de 1681, en mayo de 1683 en agosto de 1684, en 
septiembre y octubre de 1687, siendo mayor el del 12 
de febrero de 1689, conocido con el nombre de terre- 
moto de Santa Eulalia; hubo en esa aciaga fecha 
pí^rdidns materiales de consideración. 

No habían transcurrido catorce anos y una nueva 
catáí^trofe vino a amargar los tranquilos días de los 
guatemaltecos: el 14 de agosto de 1702 se experimen- 
tó un temblor horrible, dejando los edificios ave- 
riados. 

El 1* de febrero de 1705 hizo erupción el Volcán 
de Fuego arrojando lava en abundancia que corrió 
por ancho cauce hacia la costa sur, pasando a inme- 
diaciones de las fincas ''La Trinidad^' y "El Zapote,'* 
en el departamento de Escuintla. 

Fray Benedicto de Jesús, del Convento de Francis- 
canos, dice que *' era ensordecedor el bramido del 
volcán al arrojar la enorme cantidad de materias in- 
flamables, así como de piedras de todos tamaños y de 
ceniza. El día de San Severo mártir, a las nueve de 
la mañana— agrega el mismo autor — las gentes encen- 
dían luz a causa de la obscuridad, siendo difícil dis- 
tinguir a una persona a pocos pasos." 

Se sintió un fuerte movimiento terráqueo el 14 de 
octubre de 1709, y a principios del año de 1710 arrojó 
el Volcán de Fuego mucha lava, con general conster- 
nación del vecindario, por los continuos sacudimientos 
de tierra durante varios días. 

Los temblores de agosto de I7l7 fueron de los más 
formidables que hubo en la época de la colonia. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 23 



Comenzaron los momentos de tribulación y an<^us- 
tia para los moradores de Guatemala, el 27 de dicho 
mes. A las cinco de la tarde sintieron un sacudimien- 
to de tierra alarmante, y luego otros de menor inten- 
sidad, entrada la noche. Momentos después de las 
once el Volcán llamado de Fuego, iluminó el espacio 
con resplandor siniestro: las llamas subían del cráter 
a considerable altura en tanto que los ruidos subtev» 
rráneos sucedíanse uno en pos de otro, haciendo salir , 
a las gentes del interior de sus viviendas para encami- 
narse a las plazas públicas. 

El 28 en la mañana las autoridades civiles dictaron 
algunas disposiciones, entre otras se mandó prohibir 
la circulación de vehículos. 

Como dato curioso consignamos que el pueblo sacó 
en procesión, en esos días, a la Virgen de los Pobres 
y a la del Coro, de la iglesia de San Francisco; a esas 
manifestaciones se asociaron los funcionarios públicos. 
La Virgen llamada del Coro la esculpió Juan de 
Aguirre, y es una de las más antiguas del país. 

Se halla en la actualidad destrozada por haberle 
caído recientemente grandes bloques de cal y cant^) 
que se desprendieron de lo alto de la iglesia de San 
Francisco de esta capital, por uno de los primeros 
estremecimientos de tierra 'del mes de diciembre 
último. 

Reanudando las noticias del terremoto de 1717, di- 
remos que el 29 de septiembre, poco después de las 
siete de la noche, los temblores de tierra se repitieron 
horriblemente; en el tercero las gentes no pudieron 
permadecer de pie, viéndose en la necesidad, muchas 



24 NARRACIONES 



de ollas, de arrojarse al suelo. Huyeron a los cam- 
l>..s presas de terror, las monjas de los conventos 
si^aiiondo el ejemplo de casi todo el vecindario que 
era poco más o menos de cerca de 40,000 almas. 

i:i sol del día 30 alumbró un cuadro de desolación. 
Con profunda pena se vieron destrozados los edificios 
pithlicos más hermosos, así como las iglesias y casas 
particulares. La capilla de la iglesia mayor se hizo 
pedazos, quedó muy averiada la bóveda del Sagrario 
y la respectiva torre, obra de gran mérito, por lo 
atrevido de su fábrica, de lo mejor en aquellos tiempos. 

La iírlesia y convento de Santo Domingo sufrieron 
considerablemente. Se vino al suelo el templo de 
Santa Lucía, dotado de magníficos cuadros de pintura 
del artista Merlo. 

En ruinas quedó la casa de los Padres Jesuitas, así 
corno el monasterio de Santa Clara; se hundió el mag- 
nífico claustro de la Concepción. íntegro rodó por el 
suelo el templo del Calvario. 

En los barrios hizo mucho estrago el movimiento 
terráqueo, lo mismo que en los pueblos circunvecinos. 

Y cabe aquí consignar que esos mismos temblores 
de tierra — el año de 171Y — llegaron fortísimos a los 
Valles de la Ermita y de la Virgen. A este respecto 
dice el Padre Sánchez, español venido de Roma en 
aquel entonces, que se cayeron hasta los ranchos de 
paja de los alrededores del Cerro del Carmen. A 
ese sacerdote le tocó visitar dichos valles durante el 
tiempo de los citados temblores y por él se sabe cómo 
se conmovió horriblemente la tierra desde aquí hasta 
cerca de Petapa. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 25 



En ITIT gobernaba en Guatemala don Franc' ' 
Rodríguez de Rivas, Maestre de Campo de los Re;! e^ 
Ejércitos, Corregidor de Riobamba en el reino de 
Quito, hombre prudente y no escaso de virtudes. No 
quiso transigir con la idea de trasladar la ciudad a 
otro sitio, con motivo de los tristes acontecimientos a 
que nos hemos referido; a él se debió la reedificación 
del Oratorio de San Felipe Neri y el del Calvario, 
modesta iglesia que todavía existe con su poética y 
hermosa alameda, a inmediaciones del Pensativo. 

Opinaba e1 Obispo Álvarez de la Vega y Toledo 
por la traslación de la ciudad a otro sitio lo que pro- 
movió serias desavenencias entre el Capitán General, 
señor Rodríguez de Rivas y el Prelado. De parte 
del primero estaba la gente acomodada y los frailes 
dominicos. 

Una mujer ignorante en extremo, al mismo tiempo 
que supersticiosa, llamada Juana Ocafía, hizo circular 
fatales pronósticos, afirmando que la ciudad se con- 
vertiría en laguna el 4 de octubre y este embuste 
encontró eco entre las gentes timoratas, lo que motivó 
que huyeran de Guatemala españoles y criollos, mu- 
latos e indígenas, buscando refugio en Chimaltenango, 
Tecpam Guatemala, Zaragoza, Comalapa y en otros 
pueblos. 

La servidumbre del señor Obispo propaló la noticia 
de que estaba próxima a hundirse la ciudad, y el pue- 
blo lleno de terror, se iba por distintos puntos, lleván- 
dose lo más necesario para subsistir. Contribuían a 
aumentar el pánico los prolongados retumbos a toda 
hora del día y de la noche. El 3 de octubre potente 



I Colección AVOl 



26 NARRACIONES 



fuerza invisible hizo rodar por el suelo el cimborrio 
de la iíflesia de Santo Domingo. 

La fecha del desastre anunciado por la Ocana se 
acercaba^ pero solamente hubo un débil sacudimiento; 
los ánimos se calmaron y ya no se crey6 en los pro- 
nósticos de la ilusa. 
• Se agitaba, no obstante, la idea de la traslación d^ 
la capital a otro sitio, formándose dos bandos, uno a 
favor y otro en contra del proyecto. 

Por ese tiempo practicó un prolijo reconocimiento 
de iglesias y edificios arruinados el Maestro Mayor 
de Obras y Fontanero de la ciudad, Diego de Porras, 
quien hizo constar que había dos mil casas en los ba- 
rrios y mil en el centró, todas las cuales se hallaban, 
la mayor parte, en mal estado. 

Después de acaloradas discusiones, quejas y solici- 
tudes a la corona, ésta dispuso que la ciudad se que- 
dara en el mismo sitio, y el ano siguiente,— I7l8,— el 
aspecto de la ciudad había cambiado notablemente, 
gracias a los esfuerzos de las autoridades y de todo 
el vecindario. 

Renacía de nuevo la bella ciudad que un día, el ano 
de 1542, fundara en valle dilatado y fértil don AlonsQ 
de Maldonado. 

No se había borrado el recuerdo de los tristísimos 
acontecimientos de septiembre de 171T, cuando los 
habitantes de la capital eran sorprendidos en mayo de 
1732 por la erupción del Volcán de Fuego, fenómeno 
que se repitió el 27 de agosto de 1737. 

Un día claro y despejado, el 4 de marzo de 1751, 
la ciudad fué víctima de un gran terremoto a las ocho 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 27 



de la mañana; derrumbó varias iglesias, edificios pú- 
blicos y casas. La iglesia Catedral perdió su cúpula, 
viniéndose al suelo k' cruz de hierro con todo y su 
basamento que soberbio se erguía sobre la portada. 

General sentimiento causaron al vecindario los des- 
trozos que hicieron, los temblores en la iglesia Cate- 
dral, basílica que año con año era mejorada con la 
cooperación del pueblo. Hacía apenas siete añoa que 
la erigieran en Metropolitana, quedando por ese he- 
cho la primera, después de México, en el mundo que 
descubrió Colón. Trajo el Palio a Veracruz, el limo, 
Dr. don Isidro Marín Bullón, Obispo que venía a su 
iglesia de Nicaragua, y recomendó traerlo a Guate- 
mala, al limo. Fray Francisco Molina Obispo que 
iba para Comayagua. 

Cuentan viejas crónicas que la entrada revistió so- 
lemnidad siendo recibido en la Garita, el 27 de octu- 
bre de 1745, por todas las autoridades. Llegaron a 
dicho lugar 75 forlones^ presidiendo el limo. Fray 
José Cubeiio, Obispo de Chiapas. El cortejo encami- 
nóse al Palacio Arzobispal, en el que fué recibido por 
el limo. Fray Pedro Pardo de Figueroa, primer Ar- 
zobispo, iniciándose luego una procesión hacia el 
oratorio. 

Las funciones de la imposición del Palio revistieron 
magnificencia, gastándose en ellas fuertes sumas de 
dinero. 

inania fHaría 

Los movimientos terrestres que precedieron al te- 
rremoto de Santa Marta iniciáronse el 10 de junio de 
1773, día de Corpus. Antes de las seis de la mañana 



28 NARRACIONES 



un sucu.liinienU) de tierra hizo que dejaran sus lechos 
;:nin número de familias. A pesar del pánico que 
hubo on la ciudad las fiestas de ese día lleváronse a 
cabo con la animación acostumbrada en aquella époCa. 
De doce a dos de la tarde cayó fuerte aguacero; e^ 
once de cuatro a cinco de la mañana las gentes se 
alarmaron en extremo con un temblor recio y varios 
l>equenos. A las cinco de la tarde se repitió otro sa- 
cudimiento prolongado, saliéndose el agua de las 
fuentes, y pasados algunos minutos el ultimo, que cau- 
só jíerjuicios a dos o tres templos, edificios públicos 
y a unas cuantas casas. 

Densa nube iba a obscurecer el horizonte de Gua- 
temala, poniendo a prueba, una vez más, el espíritu 
enérgico y la entereza de carácter de sus habitantes: 
los temblores sucediéronse con menor intensidad du- 
rante el resto del mes, pero la catástrofe se acercaba. 

Don Martín de Mayorga, Caballero de la Orden de 
Alcántara, Mariscal de Campo de los Reales Ejérci- 
tos, había sido promovido a la Presidencia de Gua- 
temala. Entró a la capital el 12 de junio, aunque no 
con la solemnidad deseada por los vecinos, a causa de 
hallarse apocados los ánimos con los sucesos que de- 
jamos relatados. Las autoridades esperaban al señor 
de Mayorga en la Hacienda de Cabrejo, perteneciente 
a don Francisco Carbonell, desde el día nueve. Em- 
puñaba el bastón de mando el Lie. don Juan Gonzá- 
lez Bwstillo y Villaseñor, Decano de la Real Cancille- 
ría, por muerte de don Pedro Salazar Herrera Nájera 
y Mendoza. 

Los temblores del once en la tarde, causaron des- 
trozos en algunos edificios públicos y fué necesario 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 29 

♦ ■ 

enviar al Comandante de Dragones, don Manuel 
Francisco Panizo, a dar cuenta de las novedades al 
Ministro Decano; este funcionario regresó inmediata- 
mente a dictar alguas órdenes. 

El día siguiente entró el señor Mayorga a la capi- 
tal: lo esperaban las autoridades ya no en la Hacienda 
de Cabrejo, sino en La Chácara. Las calles por las 
que se encaminó la comitiva viéronse animadas una o 
dos horas. La primera ceremonia se verificó en la 
Catedral, conduciendo luego al nuevo gobernante a la 
Sala de Acuerdo, en la que fueron leídos los Reales 
Despachos. 

En la mañana del mismo día mientras era atendido 
por las atoridades el señor Presidente, se daba sepul- 
tura a las víctimas del terremoto del día anterior. 

Con alguna anticipación las familias habíanse esta- 
blecido en viviendas provisionales con techo de paja: 
en los terrenos de Retana tenía la suya el limo. Señor 
Arzobispo Don Pedro Cortez y Larraz y el limo. 
Señor Obispo de Comayagua* Don Antonio de Macu- 
rulla, que se hallaba de paso en Guatemala, rumbo a 
Durango. Familias acomodadas y pobres se instala- 
ron en la plazuela de Santo Domingo, en la Calle 
Ancha de los Herreros, en la plazuela del Carmen, en 
las de San Pedro, Escuela de Cristo, Belem, Santa 
Cruz y otras. 

Don Martín de Mayorga hizo construir -• • ' ^ - 
en el jardín del Real Palacio. 

Los días y las noches pasaban entre congujiui y ao- 
bresaltos; los temblores se sucedían sin iuterrupcióc 
aunque de poca intensidad, hasta la tarde del día más 
triste, el 29 de julio. 



30 NARRACIONES 



A las tres y media se dejó sentir el primero y un 
cuarto de hora después, el segundo, tan violento que 
arrojó a la gente al suelo en determinados barrios de 
la ciudad, como en el de Santo Domingo y el de Can- 
delaria. 

Desde los primeros y aflictivos instantes todo fué 
confusión y creció más el pánico al ver caer por tie- 
rra, cen tremendo estrépito, el suntuoso templo de 
Santo Domingo, de cuyos escombros levantare nse 
gigantescas columnas de polvo. 

El señor de Mayorga se hallaba en los departamen- 
tos interiores del Palacio; parte del edificio desquicia- 
do con los temblores del once de junio anterior se 
vino al suelo y tuvo que saltar sobre promontorios de 
tierra, ripio y madera, buscando salida hacia la Plaza, 
reuniéndose en este lugar con el Ministro Decano y 
con don Manuel Fernández de Villanueva. 

A partir de esos instantes el Presidente dictó órde- 
nes para la salvación de las vidas y seguridad de los 
caudales. Mandó abrir las puertas de las cárceles de 
Corte y Ciudad, lo mismo que las de la llamada *'Casa 
Nueva" o prisión de mujeres, obteniendo la libertad 
cerca de cuatrocientos delincuentes. Bastaron setenta 
dragones con órdenes terminantes para contener des- 
manes. En la Plaza Real viéronse en la noche del 
29 individuos ofreciendo sus servicios a los particu- 
lares, llevando todavía adherida la cadena del pre- 
sidario. 

Causaron asombro los prodigios de valor, principal- 
mente en los hospitales de los que eran sacados en 
brazos los enfermos para llevarlos a lugar seguro, 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 'M 



distinguiéadose en esa hermosa obra de caridad, en 
el de San Alejo, don José González Koves, don Ma- 
nuel de Barcena y don Jacobo Tomaye y Espejo. 

Con el primer movimiento de tierra derrumbáronse 
las bóvedas de 8anta Clara, obra sólida que hizo cons- 
truir de su peculio el Presidente don Antonio de 
Echevers, el 11 de agosto de 1734:. 

El terror embargaba el ánimo del vecindario al 
sentirse los temblores con demasiada frecuencia, ha- 
ciéndose penosísima la situación de todos, ricos y 
pobres, con los copiosos aguaceros que cayeron en 
la noche. 

El limo. Señor Arzobispo ofreció al Presidente 
don Martín de Mayorga alojamiento en un carruaje 
frente a la Catedral. Allí reposaron dos o tres horas 
en la madrugada del 30, en compañía del Ministro 
Decano. 

Los primeros trabajos del día 30 en la mañana en- 
camináronse a la extracción de cadáveres bajo los 
escombros, auxiliándose a los heridos. 

La ciudad presentó al levantarse el sol el espectácu- 
lo más lastimoso: todo era ruinas y desolación. 

De los pueblos inmediatos no era posible recibir 
víveres porque también estaban afectados por la mirs- 
ma- catástrofe: los molinos se inutilizaron, los hornos 
para la elaboración del pan se hundieron y las gentes 
que no habían sufrido en sus intereses se hallaban en 
la más profunda aflicción . 

A las nueve de la mañana un puñado de valientes 
comenzó a recorrer las calles con el propósito de pres- 



32 NARRACIONES 



i;ii >,. ^.cids al ví^cindario y a las religiosas de los 
conventos que pedían auxilios. 

Kl Presidente mandó promulgar un bando impo- 
niendo pena de muerte a todo individuo que se le 
encontrara robando y que se apoderara de una canti- 
dad ajena de más de diez pesos; una hora después de 
lijiberse dictado la disposición, la horca alzábase en la 
Plaza Keal. Diez y siete ladrones pagaron con la 
vida sus delitos; así fueron contenidos los robos de 
la gente de mala ley. 

A individuos acusados de otros delitos se les cas- 
tigó con azotes . 

Desde la noche del 29 las monjas capuchinas busca- 
ron alojamiento en la extensa huerta de don Lorenzo 
García; las de Santa Teresa y Santa Catalina en la 
plazuela de Santo Domingo; las de la Concepción en 
ranchos pertenecientes a indígenas del barrio de la 
Candelaria y las de Santa Clara, presas de horrible 
miedo, a causa del hundimiento de la bóveda de su 
templo, se fueron el 30 al despuntar el alba a terrenos 
de La Chácara y no pareciéndoles ese sitio, determi- 
naron trasladarse al Cerro de Dolores, cerca de la 
ermita del mismo nombre; no se creyeron seguras en 
la poética colina y dispusieron por último irse a la 
serranía de Canales. Allá, las suaves brisas embal- 
samadas por los pinos llevaron a las atribuladas mon- 
jas horas de calma: ante solitaria y tosca cruz de 
madera, bajo amplio rancho de paja, mientras oraban 
por los que sufrían en la ciudad lejana, en la fronda 
levantábase el sonoro y melodioso canto de las aves. 

El 31 de julio de 1773 grupos de soldados a caballo 
celaban el orden en los barrios. Se mandaron a arre- 



VÍCTOR MICÜEL DÍAZ 33 

^lar los caminos para facilitar el tráficc entre las 
demás poblaciones; se repartió al vecindario el vizco- 
cho que iba a ser enviado al Castillo del Golfo y Real 
de Omoa; los alguaciles extrajeron de los almacenes 
las mercaderías en buen estado, pero escasearon luego 
ciertos artículos como papel, tinta y plumas, tenién- 
dose que escribir, en oficinas de ¡mi)ortancia, sobre 
papeles viejos y con cañas pequeñas Uijadas, sustitu- 
yendo a las plumas de ave. 

Varias comisiones recibieron encargo de averiguar 
en cada barrio el número exacto de muertos y heri- 
dos, siendo interesante la memoria que a ese respecto 
escribió don Basilio Villaraza, vecino principal del 
cantón de Santo Domingo. Duélese dicho señor, en 
sus escritos, de la muerte de Fray Francifico Zepedn. 
lego de San Francisco; de la de Fray Manuel de Santa 
Catalina, de la Orden de Predicadores; habla con 
sentimiento de la muerte de la beata Micaela Medra 
no, del convento de Santa Rosa; y de la beata Dorotea, 
de las Indias. 

Murieron juntas, agrupadas, quince indígenas bajo 
un muro que se cayó en una de las esquinas de la 
Plaza del Conde. Cansado sería para el lector los in- 
numerables detalles de las desgracias que hubo en 
distintos puntos de la ciudad, baste decir que murie- 
n)n muchas personas. 

Ciertos cronistas de la época de la colonia aseguran 
que sucumbieron 120 gentes, sufriendo heridas» y con- 
tusiones 200. Callaron la muerte de los indígenas 
como si estos hubieran sido animales irracionales y 
consignan únicamente las desgracias sucedidas a espa- 



:m narraciones 



fióles y criollos. El ilustre José Milla, en artículos que 
fueron publicados en diversos periódicos, es, de todos 
los cronistas de mediados del pasado siglo, el que se 
ciPíó ft la verdad histórica, sin hacer odiosas separa- 
ciones de razas. 

Se sabe de un fraile joven que salía hacia la calle 
del interior del convento de San Francisco, que fué 
sorprendido por el primer temblor de la tarde del 29, 
caminando por la vía de los Pasos y vio con espanto 
(¡ue la imagen de bulto de Nuestra Señora de la Luz, 
en la repiza de alto muro, daba vueltas al rededor de 
su base; el infeliz fraile corrió desesperado por las 
calles, perdiendo la razón y encontrando la muerte 
bajo una pared. 

Dijeron las monjas de Santa Clara que abandonaban 
La Chácara, en donde se habían alojado huyendo de su 
convento, porque les causaba pavor los continuos 
ruidos subterráneos que allí se oían. 

Los temblores se sintieron en La Chácara con más 
intensidad que en otros lugares y por esa causa fué 
abandonada hasta por sus propietarios. Las bestias 
de los corrales iban y venían en abierta carrera de un 
punto a otro levantando hacia arriba los hocicos. 

Al caerse al suelo la fachada de la Catedral varias 
piedras que rodaron a larga distancia dieron muerte 
a dos mujeres que corrían despavoridas frente al atrio. 

Las viviendas de propiedad particular del barrio 
llamado El Tortuguero no sufrieron el 29, pero con 
los temblores después de esta fecha la ruina fué 
completa. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 35 



Quedaron ilesas la Universidad y el íSeiniími n.. i.i 
Escuela de Indios se derrumbó matando a uno de los 
de la servidumbre. 

A las desgracias personales y la ruina de edificioí* 
suntuosos y de viviendas particulares se a^re^^ó ia 
pérdida de infinidad de riquezas, de obras de arto y 
de multitud de manuscritos de inestimable valor. 

Había archivos en diversas oficinas, siendo los 
principales el del Palacio de los Capitanes, el del Pa- 
lacio Arzobispal, el del Ayuntamiento, el de la Uni- 
versidad y los de varios conventos, sobresaliendo el de 
los franciscanos, dominicos y recoletos. 

Tenía el del Ayuntamiento documentación valiosa 
y extensa, figurando en primera línea uno en folio de 
266 fojas, escrito con letra clara. Era ün;i '* de 

censo, de los cuadros, casas y vecinos de l:i \ en 

los anos 1604, 1606 a 1608 y 1626, legajo que tal vez 
era consultado para el cobro de contribuciones entre 

f)s acomodados. El numero de personas contribu- 
entes en aquel tiempo era el que sigue: 

Mercaderes 100 

Tratantes 13 

Pulperos 1»^ 

Dueños de obrajes -- 

Dueños de trapiches 10 

Cereros y confiteros ^ " 

Herreros 

Viudas de trato l^* 

Molineros * 

Caleros y tejeros ^^ 

Vecinos de la ciudad < '^ 

Labradores |^- 

Criadores de ganado - - ' • 



NARRACIONES 



A i .^up o89 personas se asignaron 599 tostones de 
contribución. 

Kn el mismo le^jajo se hallaba el cálculo llamado 
Grueso y tanteo del importe de la propiedad, y da 
por resultado un millón, ciento cinco mil quinientos 
tost )nes; y hecha la distribución a razón de cuatro el 
millar, dio 4,422 tostones. 

Figfura el padrón de 1626, con un resultado, poco 
más o menos, igual al de 1604, viéndose notable dife- 
rencia en el monto de la contribución, que fué en este 
último de 15,980 tostones, después de haber revisado 
la Real Audiencia las listas hechas por los comi- 
sionados. 

Existían los libros completos de Cabildo. 

Curioso y verdaderament-e digno de ser leído era el 
llamado ''Libro viejo de la fundación," que compren- 
de los años de 1524 a 1530 y del que según leemos en 
*'La Semana," tomo I, número 65, se conserva» úni- 
camente una copia hecha a fines del siglo XVII, hast^ 
el correspondiente al año de 1771, que completaron! 
47 libros de Cabildo. 

Además en el mismo Archivo figuraban los siguien 
tes libros de elección: 1623 a 1640 y 1641 a 1670. 

Existía un legajo con el título de ''Varios curiosos 
papeles." De estos habían documentos que se remon- 
taban al año 1524, dando varios de ellos relación de 
los temblores de tierra, inundaciones, desgracias, cu- 
lebrinas, muertes y pestes. Notable dibujante trazó 
para el Ayuntamiento el plano de Guatemala, obra 
que todavía existe. 

Los temblores de tierra de 1773 se sintieron en va- 
rias poblaciones del reino, llegando recios a los Valles 
de la Ermita y de la Virgen . 



VÍCTOR MIGUEI. DÍAZ 37 



En diciembre de 1773 repitiéronse otros tembloreí* 
de tierra, siendo el del día 13 a la una de la tarde el 
que derrumbó el templo y convenU) de la Merced. El 
primero fué restaurado años más tarde y sufrió per- 
juicios de consideración con los movimientos terrestres 
del 24 de enero último. 

La capital de Guatemala en el Valle de Panchoy 
había llegado a ser una ciudad hermosísima, como 
lo atestiguan sus monumentos derruidos, desgra- 
ciadamente quiso el destino que en fecha memorable 
rodaran por el suelo sus templos y palacios, siendo 
cuantiosas las pérdidas de tesoros, obras de arte, mué" 
bles y de multitud de objetos de adorno en las casas 
de familias ricas. En diez meses corridos desde el 29 
de julio, dice un autor, '*ni de la ciudad, ni en loe 
pueblos circunvecinos se gastó otra leña que maderas 
de los edificios caídos de la ciudad y aun de los que 
descargaban sus dueños o los ladrones . " 

Después de la catástrofe que llevó a la ant¡¿:u:i i ;i 
pital de Guatemala tantos infortunios y penalidjide-, 
gran número de sus moradores dispersSronse yéndose 
a residir a Magdalena, Santo Tomás, San Lucas, 
Mixco, Amatitlán, en los dos Petapas (Santa Inés y 
San Miguel), Pinula, la Ermita, la Virgen, Villa Nue- 
va, Canales, Chimaltenango, Tecpam Guatenoala y 
Esctíintla. 

Los Chamorro fuéronse a Nicaragua. 

Hay memoria del extremoso miedo que tuvo don 
Manuel de Llanos, Tesorero Oficial real jubilado de 
las Cajas; medio loco, fuera de sí, abandonó su cargo 
y fuese el día siguiente del terremoto del 29 de julio» 
con su familiar a la ciudad de Quezaltenango. 



38 NARRACIONES 



BtBprÚB ht la ruina 
ht la Glaptíal 

CuD fecha 2 de agosto del mismo ano de 1773 se 
dispuso por las autoridades informar a Su Majestad 
de la ruina que había asolado a la capital del reino. 
Firmaron el documento el Presidente, el Arzobispo, 
los Ministros de Audiencia, el Deán de la Iglesia Dr. 
don Francisco José de Falencia, Obispo de Comaya- 
jjua, por sí, y a nombre de su Venerable Cabildo; el 
Contador de Cuentas, Oficiales Reales; el Fiscal Inte- 
rino Lie. don Cristóbal Aviles, los Alcaldes Ordina- 
rios y Capitulares y muchos vecinos principales. 

Asistieron a la junta todos los miembros del Ayun- 
tamiento, firmando la comunicación. 

En la Plaza Mayor hubo otra junta el 4 de agosto 
de 1773; la presidió don Martín de Mayorga, con 
asistencia del Arzobispo y de muchos vecinos princi- 
pales. A este respecto dice el cronista don Juan 
González Bus tfl lo, lo que sigue: ''Propuso el señor 
Presidente si convendría o no la traslación de la ciu- 
dad a otro paraje proporcionado, y cuando menos no 
tan expuesto a los continuados terremotos y estragos 
padecidos. Ante todas cosas resulta extendida la di- 
ligencia en que bajo juramento declaró el maes- 
tro mayor de obras Bernardo Ramírez, la total ruina 
de la ciudad, a presencia de todos los concurrentes, 
advirtiéndose que por falta de otros inteligentes en 
la arquitectura no se pudo ampliar o extender esta 
jurisdicción, pues el ingeniero director don Luis Diez 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 39 



Navarro, no era posible que la reconociese por falta 
de vista y sus notorios graves accidentes. El inge- 
niero segundo don Antonio Marín se hallaba en ca- 
mino con su familia, en el pueblo de Mixco. El 
maestro Francisco Javier de Gálvez, sin saberse de su 
paradero, y en la misma conformidad el Padre Fray 
Francisco Gutiérrez, de regular observancia y que 
son los únicos que pudieron dar dictamen sobre el 
particular. 

Oída la proposición del señor Presidente y tratado 
el asunto con entera libertad, fué cada uno exponien- 
do por su orden: y acordados los sufragios o parece- 
res, resultó el informe, de que no sólo estimaban por 
conveniente, sino preciso que se trasladase la ciudad, 
exceptuando uno de los capitulares, y en el mismo 
común sentir convinieron los superiores de las religio- 
nes de Santo Domingo, San Francisco, San Agustín, 
la Merced, Colegio de Cristo, San Juan de Dios y 
Belem y sólo se separó el Padre don Pedro Martínez 
de Molina, de la Congregación de San Felipe Neri, 
único que compareció porque el Padre Prepósito y 
demás individuos habían desamparado la ciudad como 
otros varios particulares; y así lo asegura el nominado 
Padre, suplicando se le socorriese con uij» rancho pro- 
visional en este establecimiento." : 

Al día siguiente, 5 de agosto, hubo otra junta, con 
mayor numero de vecinos, atraídos por la novedad de 
las noticias acerca de la traslación. Don Martín de 
Mayorga pidió que se dispusiese el lugar al que iba a 
llevarse la capital, bajo el concepto de que debía soli- 
citarse el permiso a Su Majestad. 



40 NARRACIONES 



Hubo varios pareceres, manifestando el señor Ar- 
zobispo ser mejor el Valle de Jalapa que el de las 
Vacas, la Ermita y cualquier otro de los que se pro- 
ponían- Uís Vocales de la Junta opinaban se trasla- 
dase provisionalmente a este Valle la capital, con la 
mayor brevedad posible y según lo permitiesen las 
circunstancias. 

Nueva junta celebró el vecindario y en ella fueron 
nombradas las comisiones que debían hacer reconoci- 
mientos en los diversíís parajes; se recomendó al in- 
íjeniero don Antonio Marín que formulara un detallado 
informe de los edificios públicos y particulares, y en 
vista del dictamen que diera dicho señor, se trataría 
de la reedificación de la ciudad o de abandonarla por 
completo. 

El 20 de agosto rindió su informe el señor Marín, 
exponiendo que Ic^s edificios se hallaban muy maltra- 
tados y que era de opinión se mudase a otro sitio la 
ciudad. 

Mientras dos o tres vecinos se marchaban a las 
haciendas de Nuestra Señora de Dolores y San José 
(El Chacorral), distantes diez y seis leguaa de la capi- 
tal, el Ministro Decano y demás comisionados salían 
de Guatemala el 19 de agosto en la mañana rumbo a 
Jalapa, por la ^a de Jumay, pasando a reconocer el 
llano de San Antonio. 

La comisión pidió informes diversos a gente seria 
con respecto al clima y se les contestó que era benig- 
no, muy parecido al de la capital; que las estaciones 
de **invierno*' y "verano" tenían exacta semejanza a 
las de varias zonas de la República, comenzando las 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 41 



lluvias en mayo y terminando en octubre, reinando 
los vientos nortes en noviembre, un tanto acentuados 
los del sur desde las cuatro de la tarde en adelante; 
respecto a las ag-uts se les dijo que el río recibía ajsfua 
de cinco quebradas que bajaban de altas montañas, 
difíciles de transitar; se les habló del riachuelo Uzhu- 
co, origen del de Jutiapilla, del llamado Chaj^üite a 
dos leguas del pueblo y la del Cova, o Agua Bendita. 
de difícil introducción. A pesar de que se afirmaba 
por los vecinos de Jalapa ser buenas todas las aguas 
de los referidos riachuelos, los profesores de la Fa- 
cultad de Medicina y Ciruíjía, previo reconocimiento 
del líquido declararon ser nocivas y perjudiciales a 
la salud. 

Respecto a agricultura los comisionados no obtu- 
vieron satisfactorios informes. 

Se averiguó que en ciertas épocas se sintieron al- 
gunos temblores de tierra,' principalmente el de San 
Casimiro, que hizo caer la portada de la iglesia; el 
llamado de la Santísima Trinidad descompuso el techo 
de la Ermita del Carmen, y el de Santa Marta so sin- 
tió tan fuerte, que presintió el vecindario haberle 
arruinado la capital . 

Dijeron los vecinos que nunca vieron en actividad 
al Volcán de Ipala, a doce leguas de distancia del 
pueblo. 

Expusieron, además, que cada año Ihs cosechas de 
maíz y trigo podrían producir grandes rendimientoH 
capaces de abastecer a la población dado el < 
a Jalapa llevaran la capital y que respecto a i: . 
los había en numero de cincuenta y (♦cho. Con toda** 
estas noticias y otras muchas que sería prolijo enume- 
rar, los comisionados regresaron a Guatemala a dar 
cuenta de su cometido. 

N.-6. 



NARRACIONES 



ht úpxnmmB 

Acerca del Valle de Las Vacas dieron amplia infor- 
mación don Manuel Galisteo, Justicia Mayor del Par- 
tido; don Manuel Montenegro, don José Morales Ruiz 
y Al farol (a quien se debió el templo del Cerrito. 
dedicado a la Virgen del Carmen y cuya destrucción 
acabamos de deplorar); don Clemente Salas, don Juan 
José Montenegro, don Ignacio Morales; el Presbítero 
don José Solórzano, don José Arriaza, don Bernabé 
Antonio Muñoz, don Juan Basilio Muñoz, don Loren- 
zo Solares y don Francisco García. 

'* El clima de Las Vacas — decían dichos señores — 
es admirablemente benigno a la salud, como que 
muchas personas alcanzan la avanzada edad de 80, 90 
y 100 años." 

**Las aguas de las fuentes son saludables y ligeras 
al par que cristalinas." 

Con este informe estaba de acuerdo el Médico don 
Manuel Carrasco, Cirujano de la clase de segundos de 
la Real Armada y elegido por Su Majestad para ejer- 
cer el empleo en la capital del reino de Guatemala. 

Encontramos un dato curioso en los legajos que 
tenemos: un vecino de Las Vacas, llamado Manuel 
Solares se mostró contrario a la idea de que a su pue- 
blo llevaran la capital. 

El citado informe dice que el Valle de Las Vacas 
tenía la extensión que sigue: 374 caballerías, 4 cua- 
dras y 4376 varas cuadradas que reducidas a leguas 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 43 



hacen 9 y 22 caballerías, 199 cuerdas y 4375 varas 
superficiales. 

En nueva junta que se verificó en el Santuario de 
Nuestra Señora del Carmen se habló de diversos pro- 
yectos como el de reedificar la ciudad en el mismo 
sitio en el qué se hallaban las ruinas, en el campo del 
Calvario o en el de Santa Lucía. Predominaba la 
idea en cierto círculo de fundar Guatemala en el Valle 
de la Ermita. 

Se opusieron a la traslación con enérgica actitud, 
don Gaspar Juarros, diciendo que se reedificara la 
ciudad en el lugar en que estaba, sin exponer ninguna 
razón verbal, pero lo hizo después por escrito; e) 
Administrador de la Pólvora don Francisco Mariano 
Rodríguez de Rivas, dijo que la ciudad debía reedifi- 
carse en el mismo sitio del desastre, haciéndola resur- 
gir de los montones de escombros; don Bernardo 
Muñoz, uno de los curas rectores de la Catedral, co- 
misionado por sus colegas dijo: '* que, aunque la gra- 
vedad de ¡a materia, a su corto juicio, pedía más 
tiempo para deliberar, es de parecer se levante la 
ciudad en el mismo paraje, atendiendo a las graves 
dificultades e inconvenientes que pulsa para lo contra- 
rio, haciéndose las obras con precaución a temblores;'' 
don Miguel de Coronado opinó ''que era , conveniente 
la traslación por el perjuicio que traiga a la ciudad el 
Volcán, pero a sitio donde esté a cubierto de estragos 
que si no se considera estar a cubierto de peligros los 
parajes, lo reprueba.'' 

Y cabe aquí consignar que mientras se verificaban 
las juntas a que nos hemos referido, levantaba el espf- 



44 NARRACIONES 



ritu publico, en contra de la idea de la traslación de 
la ciudad, don Felipe Rubio, criollo de ideas exalta- 
das, muy relacionado entre las familias principales de 
la ciudad. Secundaban al señor Rubio el Maestro de 
Campo don Agustín de Estrada, el Padre don Pedro 
Martínez de Molina, Presbítero Decano del Oratorio 
de San Felipe Neri y otros varios. 

El Padre Martínez de Molina decía entre otras cosas, 
en su Toto escrito, lo que sigue: *' A donde se deter- 
mina llevar la ciudad es al "Valle de la Ermita" y 
**Llano de la Culebra" parajes a la vista muy amenos, 
alegres y plausibles, pero en este tiempo muy húmedo 
y cenagoso y por verano muy árido, estéril y seco; 
tanto que por falta de pastos mueren muchos ganados 
y bestias y por este mismo tiempo soplan unos nortes 
muy nocivos y fuertes, a causa de lo dilatado del Va- 
lle *y latitud de donde vienen los aires- Igualmente 
se experimenta en esta situación una total falta de 
aguas para e^ uso de la ciudad y sus oficinas y «í sólo 
se encuentra entre bajíos y profundidades que para 
subirla son necesarios muchos más sacrificios y creci- 
dos costos y siempre quedarán las tomas que se hicie- 
sen expuestas a derrames y pérdidas grandes y a 
nuevos costos para su composición. Por estos incon- 
venientes este paraje siempre se ha despreciado para 
este fin." 

El mismo Padre Martínez Molina, con candor in- 
fantil agrega en el aludido voto esta simpleza, que 
tal vez arranque sonrisas al lector: 

El paraje no tiene donde se le asignen ejidos, 
si no es con injuria de los vasallos, porque son pro- 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 45 



pios de muchos vecinos que están con título mucho 
tiempo hace posesionados de ellos y aunque no ios ha- 
bitan por su intemperie, los visitan algún tiempo del 
ano, por celar sus muebles de los bandidos que se 
ocultan en las profundas hoquedades que circulan este 
llano, así indios como ladinos de todas partes y todo 
esto a más de la voz publica, consta en un informe 
que a Su Majestad hizo el Alcalde Mayor don Esta- 
nislao Cróquer y el maestro don Miguel Álvarez, que 
era cura de aquel partido; y según me han referido 
algunas personas que lo han leído, sacaron de una 
cisterna profundísima, de las muchas que allí se en- 
cuentran, algunos indios con que se pobló el de Santa 
Rosa, y en un cuaderno qu« leí, ahora sesenta años, 
en el pueblo de Taxisco, escrito por el Padre Fray 
Antonio Margil y Fray Melchor, su compañ^^ro, dice: 
que en una barranca profundísima de aquel paraje 
hallaron muchos indios feroces, hijos del Diablo, Ín- 
cubos y subcubos y gran multitud de huesos de jndios 
que sacrificaban y que al rededor del cimiento de la 
iglesia del pueblo de Chinautla, hallaron tanta multi- 
tud de ídolos, que en carretas se sacaron para que- 
marlos." 

Las juntas seguían, agriándose las discusiones. Poco 
a poco formábanse corrillos en casas particulares y de 
allí nacieron dos bandos formidables: el trasl-aciofíista 
que deseaba traer la ciudad a «ste sitio y el terronUta 
que empeñábase en que allá debía quedarse. A me- 
dida que los días iban transcurriendo exaltábanse los 
ánimos ha^ta ponerse en pugna el Presidente don 
Martín de Mayorga con el Arzobispo. 



46 NARRACIONES 



El Padre Martínez de Molina en los días de más 
efervescencia hace conocer su voto particular en el 
que consiílfna estas palabras: 

" Estaban los moradores de Guatemala levantando 
torres que compitiesen con el cielo en los profanos 
adornos de palacios y casas, con balcones, puertas y 
ventanas de cristal, cortinas de damasco, extremida- 
des doradas en las salas y aposentos, i A cuántos sé 
oía decir que parecía su casa un cielo, según su profa- 
no adorno, queriendo trasladar su gloria al mundo? 
¿ Pues qué hace Dios en ese caso? 

''Toma las armas de la misma ciudad que son los 
volcanes, con ellos mismos les echa abajo los cielos 
y los confunde de tal manera, que no se entienden 
unos a otros, porque unos son de parecer que se pasen 
a Jumay y otros a Petapa, a la Ermita, otros a la 
Culebra y otros se quedan entre los terrones y ruinas. 
¿Quién los entiende? Los mismos que votaron en 
la juDta de traslación de esta ciudad, se retractan y 
no quieren salir. ¿No es esto lo mismo que sucedió 
en Babel?" 

El "Voto" del Padre Martínez de Molina fué muy 
comentado: arrancó acervas críticas y no fué sino 
combustible para acrecentar el fuego de la discordia. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 47 

Ettírgtra artitub ir ion 
Muttín h^ íMa^nr^a. 
©raakrtón br la rajitíal 
al lallr ht la Ermita 

Inflexible en sus ideas .y proyectos don Martín de 
Mayorga se trasladó al Vslle de la Ermita el 6 de 
septiembre de 1773. Lo siguieron los miembros de 
ios Tribunales Reales y muchas personas particulares. 
En varias juntas celebradas no dejaron de suscitarse 
discusiones más o menos acaloradas con los que pre- 
tendían llevar la ciudad al Lleno del Rodeo. 

Entre tanto en la antigua capital los bandos ''tras- 
lacionista " y "terronista" se hacían ruda guerra. 
El Arzobispo puso cuaoto obstáculo^ estuvo de su 
parte a efecto de que las congregaciones religiosas y 
el vecindario no se viniesen a estos parajes. La au- 
toridad civil prohibió la fábrica de los raachos en la 
ciudad derruida y dio órdenes terminantes a efecto 
de que los indios de los pueblos circunvecinos» para 
acá se vinieran, trayendo sus ventas. 

Oigamos lo que dice un escritor del partido '' terro- 
nista," y de la época, al referirse a los sucesos de que 
nos ocupamos: 

" Se publicó un bando en los pueblos que teníaD 
k labranza y hornos de cal para que bajo graves pe- 
nas no la trajesen a Guatemala, porque eran neoen- 
rios para las obras reales en el Valle de la Ermita. 

*'No se permitía ni aún estafeta del correo en la 
ciudad, sin embargo de que aiín pueblos ruines la 
tienen, y por arruinar la ciudad. No se permitió es- 



48 NARRACIONES 



teneos de tabaco y precisados de la total pérdida de 
este ramo, lo sujetaron a una tercena. Lo mismo y 
otros detrimentos sucedieron en la Real Aduana, todo 
a fin de borrar el nombre de dudad, y aún en despa- 
cho de oficios que se remitieron, venían rotulados "Al 
Alcalde del pueblo de Guatemala." Otras veces que 
le hacían más honra, la nombraban ''La ciudad arrui- 
nada de Guatemala." A su noble Ayuntamiento lo 
obligaron a que semanariamente se turnasen sus indi- 
viduos a celar el peso y abasto de la carne, abatiéndo- 
los con esto, sin embargo de haber en aquella ciudad 
Alcalde Mayor y aún Alcalde ordinario y muchos 
vecinos a quienes se les podía encomendar este asunto. 



''En fin. en todo se verificaba una guerra civil de 
aquel vecindario y tribunales contra esta ciudad, 
siendo allá gran culpa poner defectos a aquel territo- 
rio o hablar bien de éste. El que contaba con algún 
negocio o dependencia no tenía buen despacho, si se 
consideraba "terronista," que así llaman a los vecinos 
y afectos a este territorio; como al contrario al que se 
consideraba " traslacionista, " que así le dicen al 
desafecto a este paraje. 

"Con esta consternación se desatendía mucho los 
intereses de esta ciudad, las rentas, las fincas y demás 
dependencias, que cada día se veían las casas más des' 
trozadas, unas a fuerza de los insultos continuos de 
los ladrones, que no dejaban balcones, ni rejas de 
hierro, por más difícil que fuera la operación del ro 
bo; otras que de propósito se desbarataban con el 
título de llevar sus materiales a la Ermita para la 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 49 



construcción de las que allá se fabrican, vendiendo 
los dueños los materiales por nada, aún de casas que 
quedaron enteramente buenas,, como la de un Fuentes, 
en consideración a que todo su valor era perteneciente 
a los muchos censos que tenían. Por fin vino resueltt) 
que se procediera a la traslación de la ciudad en el 
sitio que se eligió últimamente, por el señor Presi- 
dente, llamado o que entonces le llamaban de La Vir- 
gen, que es el pegado o continuo a los términos de ia 
población de la Ermita, que sólo tiene de diferencia 
este sitio elegido el de no ser plano, sino de una agre- 
gación de lomas y cerritos cuyo aplanamiento sera 
obra de romanos, que costará un gran caudal. Todo 
pareció que era a fin de no perder los gastos hechos 
en la Ermita, sin atención al juicioso arreglamiento 
que se debía tomar en materia de tanta gravedad. El 
sitio, según es notorio, no tiene planitud, pues el más 
aparente que eligieron para situar la plaza, no siéndo- 
lo, se trabajaba y se ha impendido mucha cantidad 
para nivelarlo, y estando aún en los principios, parece 
se piensa en dejarlo con la inclinación que tiene, mi- 
rando como imposible el proyecto, pues cuando de lo 
inferior comenzara a rebajar lo que se va encumbran- 
do, al fin y superior de la plaza llegaría a resultar un 
paredón de una gran altura, en donde no podrían co- 
locar los edificios correspondientes. 

*' Tampoco el dicho sitio, según se dice, tiene agua, 
porque una corta cantidad que artificialmente le en- 
tra, viene de tanta distancia y con tan malas circuns- 
tancias, que por más que el arte trabaje, no llegará 
limpia, principalmente en invierno, que lo que consi- 

N.-7. 



50 NARRACIONBS 



guen, es un verdadero lodo y que este nunca será 
bastante al abasto preciso de una ciudad." 

Por los anteriores párrafos se podrá calcular el es- 
tado de ánimo en que se hallaban los habitantes de 
Guatemala. Multitud de muías y carretas tiradas por 
bueyes llegaban a este valle constantemente trayendo 
muebles, puertas, ventanas, rejas de hierro, basas y 
losas de piedra canteada. 

Se había dispuesto en este valle y en una de las 
juntas del 12 al 16 de enero de 1774, la formal trasla- 
ción de la ciudad y los trabajos se iniciaron con ver- 
dadera energía de parte del señor de Mayorga. 

Su Magestad confirmó esta resolución el 21 de julio 
de 1775 y en cédula de septiembre, aprobó casi todos 
los proyectos que se formularon a efecto de trasladar 
la ciudad. Concedió la Corona el producto de la ven- 
ta de alcabalas por el término de diez anos, para dedi- 
carlo a los gastos de traslación. 

han :^arttn hB üagcrga g ti 
ArznbtfiíKi (ílnrtéB g üarraz 

Con el objeto de adelantar los trabajos de traslación 
de la ciudad, don Martín de Mayorga nombró comi- 
siones a efecto de que se hiciesen estudios para traer 
el agua a este Valle, exigiendo informes sobre distan- 
cias, costo de atarjeas y de veinte cajas. 

Se recomendó dieran principio los trabajos por los 
manantiales de Pínula, iniciando esa labor el ingeniero 
don Antonio Marín, don José Alejandre y el Teniente 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 51 



del Real Cuerpo de Artillería don Manuel de Acuña; 
este ultimo se enfermó y no pudo seguir desempeñan- 
do su cometido. Con las anteriores personas estuvo 
el no menos inteligente maestro Ramírez. Fueron 
muchas las visitas oculares que los miembros de la 
comisión hicieron a Pinula, Mixco, Comiepción, Pan- 
cocha, Belem, Acatan y a otros sitios en los qu«^ ha] na 
manantiales. 

Debe existir en el Archivo Municipal el e^itudio 
para la introducción de aguas a este valle, estudio 
verdaderamente notable que contiene datos muy cu- 
riosos y de inestimable valor. 

El 16 de mayo de 1774 el Oidor Decano, don Juan 
González Bustillo publicó la "Razón particular de 
los templos, conventos, casas de comunidades y edi- 
ficios públicos y por mayor del número de los vecinos 
de la capital de Guatemala; y del deplorable estado a 
que se hallan reducidos por los terremotos de la tarde 
del 29 de julio, 13 y 14 de diciembre de 1773, con 
arreglo al informe del ingeniero, teniente coronel don 
Antonio Marín, por el maestro mayor de obras Ber- 
nardo Ramírez, por Francisco Javier de Gal vez y 
por el P. Fray Francisco Gutiérrez. 

Hace constar el Oidor Decano los graves perjuicius 
que sufrió la ciudad con el terremoto de Santa Marta, 
^dividiendo su trabajo, así: iglesias y parroquia*, 
iglesias filiales, conventos, monasterios, beateríos, 
fábricas reales, edificios públicos, casas de particulare«, 
puentes, calles, cerros y caminos. 

En el mismo año de 1V74 el K. P. Lector Fray 
Felipe Cadena publicó su "Breve descripción de la 



52 NARRACIONES 



noble ciudad Santiagfo de los Caballeros de Guatemala, 
y puntual noticia de su lamentable ruina, ocasionada 
de un violento terremoto el día 29 de julio de 1773." 

Nos da el Padre Cadena interesante descripción de 
la antigua capital, famosa en la América en tiempos 
del Rey Carlos III. Afirma que tenía a sus inmedia- 
ciones setenta y dos pueblos. Habla de la suntuosidad 
de los templos sobresaliendo la Catedral, y de los 
edificios públicos como los dos Palacios, Real y Arzo- 
bispal. Casas de Cabildo y de moneda, Real Univer- 
sidad, dos Seminarios de Niños, uno de ninas. Real 
Aduana, Cuño, ocho conventos de religiosos, cinco de 
monjas, tres beateríos, dos hospitales, dos cárceles 
de hombres y una de mujeres. Al ocuparse del resto 
del reino dice que su jurisdicción dilatada era de más 
de seiscientas leguas entre los mares del Norte y del 
Sur; agrega que tenía bajo de sí tres obispados sufra- 
gáneos, once ciudades, muchas villas y más de nove- 
cientos pueblos, repartidos en veinticuatro gobiernos 
y alcaldías mayores, que denominaba la Real Audien- 
cia, con su Presidente, Concejo y Regimiento, los 
Juzgados de Tierras, de Bienes de Difuntos, de Cru- 
zada, de Papel Sellado, Bienes de Comunidades Ordi- 
narios de provincia, Tribunal de Cuentas y los de las 
respectivas reales rentas. 

Da importantes detalles de los temblores de tierra 
que arruinaron la opulenta ciudad y dice que fueron 
muy loables los servicios que prestaron al vecindario 
los Jueces Oficiales Reales, don Miguel de Arnaiz, 
Contador y don Juan María Dávalos, Tesorero. 

Hace constar que recibió el Arzobispo varias cabe- 
bezas de ganado que le envió e' Alcalde Mayor de San 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 53 



Salvador don Francisco Antonio Aldana y Guevarra, 
a efecto de que la carne fuese repartida al pueblo. 

Termina el Padre Cadena relatando los aconteci- 
mientos que se relacionan con la traslación de la 
ciudad a este valle. 

La situación pecuniaria de los ricos fué después de 
la catástrofe en extremo crítica por los muchos com- 
promisos que tenían sin poderlos cumplir, tanto más 
cuanto que el negocio de las minas ya no rendía y la 
agricultura vino a menos. El terremoto de Santa 
Marta fué para muchos una salvación; mudando de 
sitio la capital las deudas quedaban solventadas. 

El rompimiento entre el Presidente, don Martín de 
Mayorga y el Arzobispo Cortés y Larraz llegó hasta 
su último grado: el primero de estos personajes era 
de espíritu patriótico y amigo de grandes empresas: 
pensó en la fundación de una ciudad nueva y esa fué 
su idea 'fija y de allí la lucha por verla realizada. 

El Arzobispo Cortés y Larraz a su vez tenía carác- 
ter enérgico, aunque sin la calma que manifestaba en 
los momentos críticos el señor de Mayorga. Pensaba 
el prelado que la traslación de la capital a otro lugar 
equivalía a larga remora en el progreso de Guatemala; 
creía que reedificándola alcanzaría en un cuarto de 
siglo el esplendor perdido. Hablaba con entusiasmo 
ardiente de las bellezas del Valle de Panchoy, de lo 
fértil de su suelo, de sus florecientes pueblos, aldeas y 
caseríos, del espíritu trabajador de los guatemaltecos 
y en sus exaltasiones en las juntas publicas o en 
pláticas particulares, conmovía su palabra persuasiva 
y elocuente: ''La ciudad querida — decía— de la que 



54 NARRACIONES 



soy jefe espiritual, debe revivir llena de grandeza 
por el esfuerzo de sus hijos." 

1^8 partidos ''traslacioDÍsta" y "terronista" con 
elementos fuertes y con jefes de la talla de aquellos 
hombres se empeñaron en una lucha de caracteres que 
lle^iiron a ser alarmantes, como que de parte del 
Arzobispo hubo entredicho y excomunión; pero el 
señor de Mayorga no cejaba; a medida que le salían 
al paso dificultades, creía vencerlas con habilidad y 
maña unas veces, y otras con golpes de audacia; 
además contaba con el apoyo de muchos sujetos aco- 
modados y de los principales personajes de la autori- 
dad civil. 

A la Real Cédula en la que aprobó Su Majestad la elec- 
ción de este Valle para fundar la ciudad, siguieron 
algunos bandos que se promulgaron a fin de que las 
familias solicitaran sitio en el que pudieran construir 
sus viviendas. Las levantaron en verdad, pero de una 
manera provisional, con la esperanza de regresar al 
terruño querido, creyendo en una nueva orden del 
Rey, anulando las anteriores. 

El 29 de Julio de 1777 se publicó un bando en que 
se mandaba, por orden real, que ''Atendiendo Su 
Majestad sacar a sus vasallos del peligro en que se 
encontraban expuestos desde el 29 de julio de 1773, 
mandaba se asolase, entre un ano la ciudad, haciéndose 
las demoliciones de los edificios en igual tiempo y que 
las personas de esplendor y conveniencias, como tam- 
bién el Cabildo Eclesiástico, los Prelados y Comuni- 
dades de las Religiones, debían salir de la ciudad, 
estableciéndose en el Valle de la Ermita, dentro del 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 



término de dos meses que se contarían desde el día en 
que se les previniera y a los demás dentro de un año 
de haberse publicado la orden y de lo contrario, se 
tomarían las disposiciones que se creyeran oportunas 
así como a la demolición de la ciudad." 

La noticia produjo la más tremenda consternación 
en el vecindario. En los días de los temblores de 
Santa Marta — dice un autor — hubo horrible miedo en 
las masas; el día que se publicó el bando, hubo lágri- 
mas, desconsuelo ^ desaliento hasta el grado de que 
muchas personas se enfermaron . 

ÍEhtrí0 fitribunio g atrf miu. 
ion MütmB ht (éáírntz. 

Poco tiempo después de la orden que se dio sobre 
desocupación de la ciudad capital arruinada con mo- 
tivo del terremoto de Santa Marta, vino de España 
un Batallón de setecientos hombres, bien escogidos y 
armados. Fué éste un poderoso auxilio con que iba 
a contar el Gobierno civil . En diciembre de 1777 se 
comunicó al Arzobispo que en el improrrogable tér- 
mino de dos meses contados desde el once, trasladara 
Catedral y Curia a este Valle. Esa misma orden 
recibieron los prelados de comunidades y los vecinos 
particulares y de no verificarlo se procedería contra 
ellos como reos de Estado. 

Se dijo en esos días entre las personas del bando 
''terronísta"- que la orden real con que procedió el 
Presidente, señor de Mayorga, se la había reservado, 
sin quererla mostrar al Arzobispo, quien alegaba de- 



56 NARRACIONES 



bía sujetarse a ella, a lo que no quiso acceder aquel 
funcionario, manifestándose resentido por la descon- 
fianza que de él se tenía. 

Las autoridades mostráronse rigurosas con el perso- 
nal de la Universidad, que tuvo que venirse a este 
Valle de la Ermita, faltándole al Seminario los Ca 
tedráticos. ^ * 

Nosotros — dijo el Arzobispo — nos quedamos con 
nuestro Cabildo y Catedral, hasta que se nos muestre 
la orden real, la que creemos alterada. 

Cuando más enérgica venía siendo la actitud del 
Arzobispo recibe del exterior con honda sorpresa una 
nota aceptándole la renuncia que de ese cargo había 
presentado desde anos anteriores. 

El ignorado autor de las "Noticias Curiosas Crono- 
lógicas de estas Indias" dice a este respecto: ''Es el 
caso que el Ministro Gálvez había informado varias 
veces no convenir la traslación, que los monasterios 
de monjas no podían subsistir en la Ermita, por no 
haber proporción para ello, por falta de víveres que 
allí había de haber, por lo retirado de los pueblos; 
que para éstos no había sitios donde se plantasen que 
tuvieran montes, aguas y grangerías; que en la Er- 
mita tampoco la había y sí demasiada intemperie de 
aires, lluvias, tempestades y de terreno barreoso y 
esponjoso, que con las aguas volvíase pantano y otros 
varios informes que no valieron, y antes sí resultó 
otra carta del Ministro en agravio del señor Arzobis- 
po, en ciiya vista escribió a la persona real por mano 
del confesor, para que la pusiera en las de Su Majes- 
tad, en que se quejaba del señor Ministro. El con- 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 67 



fesor la puso en manos del Ministro, el que a^^raviado 
tomó la causa a su cargo, movió al Rey y al Consejo 
y valiéndose de una renuncia antigua del año de 1T69, 
de que había tenido el señor Arzobispo respuesta muy 
honrosa, no admitiéndola, ahora quiso que valiera. 
A ésta respondió por enero de 1778, satisfaciendo só- 
lidamente, no sólo que no debía tener efecto la renun- 
cia antigua, sino también, que en el caso presente no 
podía en conciencia haberla, trayendo fundamentos 
^ sólidos y autorizándolo: así mismo escribió al Consejo 
y al Inquisidor General, de que esperaba resulta." 

Estas líneas explican el por qué de la tempestad 
que cerníase sobre la cabeza del limo, señor Arzobis- 
po Cortés y Larraz. 

De todo resultó que Su Majestad aprobó las provi- 
dencias y disposiciones dictadas por el Presidente, 
señor de Mayorga. 

Este funcionario triunfaba. Inmediatamente hizo 
publicar un bando en la antigua y nueva Guatemala, 
mandando quedaran refundidos en la primera (Valle 
de la Ermita) todas los preeminencias y honores de 
que gozaba la arruinada, (en Panchoy), de manera 
que no debiendo existir en ésta permanentemente ve- 
cinos algunos, no le quedaba ningún distintivo ni 
represeatación. 

El Presidente manifestó de palabra a los miembros 
del partido "traslacionista" que hacía constantes soli- 
citudes a efecto de que la deuda pendiente que tenían 
las Cajas Reales, la perdonara el Rey . 

El señor Arzobispo recibió la carta siguiente: 

"Arzobispo de Guatemala. El Rey, después de 
bien consideradas las justas y urgentes causas que ex- 



58 NARRACIONES 



pone U. S., en sus dos representaciones de 31 de julio 
y 31 de agosto de 1769, para hacer como hace en ellas 
dimisión del Arzobispado de su car^o en sus reales 
manos, ha venido Su Majestad en admitirla, como 
efectivamente la admite; y en consecuencia, ha man- 
dado a la cámara le consulte sujeto digno y capaz de 
desempeñar las obligaciones de esa Mitra . Avisólo a 
U. S., de su real orden, para su inteligencia y go- 
bierno. Dios guarde a U. S., muchos anos — San 
Ildefonso, 25 de septiembre de 1779. — José Gdlvez, 

Señor Arzobispo de Guatemala don Pedro Cortés 
y Larraz» por la gracia de Dios y de la Santa Sede 
Apostólica, Arzobispo de Guatemala, etc." 

A las renuncias tan antiguas a que hace referencia 
el Ministro, en su carta, como pendientes en su tiem- 
po, se le había dado respuesta, con la que quedaron 
resueltas las renuncias de la manera que sigue: 

*' Y visto lo referido en mi Consejo de Cámara de 
las Indias, con lo que en su inteligencia espuso mi 
Fiscal, y consultándome sobre ello en 14 de mayo de 
este año, he resuelto manifestaros no ser aceptable 
vuestra proposición, en cuanto a admitiros la renun- 
cia que intentáis hacer de esta prelacia, ni permitiros 
que os ausentéis de esa Diócesis, por contemplar útil 
y provechosa y precisa vuestra virtud y celo, ayuda- 
do del conocimiento que habéis tomado de esa feli- 
gresía, se destierren de ella los errores y abusos, 
plantando un gobierno espiritual que ceda en servicio 
de Dios y consuelo de mi católico corazón y rogaros 
(como lo ejecuto) que concluida vuestra pastoral vi- 
sita, me deis cuenta con particular especificación y 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 59 

reserva de cuanto hayáis advertido en ella, informan- 
do categóricamente y con justificación de la raíz y 
origen de todos los danos que enunciáis en las dos 
citadas cartas, acompañando los mapas que ofrecéis 
con la claridad y circunstancias que proponéis, y 
comprendiendo en el citado informe todo lo que haya 
de providenciar y remediar, pues con el conocimiento 
que decís habéis adquirido, no lo podrá ejecutar otro 
con la formalidad y distinción que manifestáis y se 
necesita, para que de este modo se pueda aplicar e! 
remedio y tomar las providencias que sirvan de fo- 
mento a vuestra prelacia, y se logre un conocido 
adelantamiento espiritual en esos dominios . Fecha en 
Madrid, a 5 de julio de 1770. Yo el Rey." 

Creyó el Arzobispo que con esta contestación la 
renuncia por él presentada ya no tenía mérito. Por 
eso fué grande su sorpresa al saber que venía a susti- 
tuirlo Francos y Monroy . 

El Arzobispo hizo publicar un edicto furibundo y 
atrevido con fecha 9 de septiembre de 1779 . 

En él decía el señor Cortés y Larraz que era un 
desorden sacrilego el introducir un Arzobispo en 
Diócesis no vacante; que tal acuerdo era reprobado 
por todo derecho canónico y real, con severísimas pe- 
nas y que de no ocuparlo con oportunidad y con tiem- 
po se exponía a la Diócesis a un cisma y división y a 
dejarla desamparada de jurisdicción eclesiástica, con 
peligro de los feligreses; se declaraba Arzobispo legí- 
timo de esta Diócesis, de derecho y de hecho, preve- 
nía que si hubiese persona que atentara introducirse 
en el gobierno de la Diócesis, sin desistir de semejan- 
te atentado, considerándolo Arzobispo de Guatemala, 



60 NARRACIONES 



en conformidad de lo determinado por la Iglesia, lo 
pondría en tablillas por excomulgado público: amena- 
zaba con pena de excomunión mayor ''ipso facto 
incurrenda" que ninguna persona sea agente, procu- 
rador, solicitador, o como quiera decirse de cualquiera 
otra persona que se diga Arzobispo de Guatemala, ni 
pida reconocimiento de sus bulas, ni haga a ese efecto 
ninguna solicitud, directa ni indirectamente, ni por sí 
ni por otro, dando consejo o auxilio, sino que, bajo 
la misma pena le entreguen los poderes, en caso de 
tenerlos, porque de lo contrario los conceptuaría como 
cómplices en el delito del que se diga Arzobispo, no 
siéndolo, ni pudiendo serlo, y sin la justificación de 
Sede Vacante; prohibía las conversaciones que se 
refirieran al nuevo nombramiento de Arzobispo, por 
convenir así a la paz publica, y por último mandaba 
que tal edicto se leyera en la Metropolitana, se fijara 
en las puertas de los templos, debiéndose hacer lo 
mismo en la Ermita de este Valle. 

El escándalo que se siguió a la publicación de este 
edicto fue grande y embargó los ánimos y todo presa- 
giaba una tempestad. 

A principios del mes de agosto de 1778 llegó al 
Valle de la Ermita el Mariscal de Campo don Matías 
de Gálvez, hermano del Ministro, con nombramiento 
de Inspector General y Presidente, por ausencia y 
enfermedad del señor de Mayorga. 

Por ese tiempo vino de Justicia Mayor don José 
Ponce de León y Cotrina, Alcalde Mayor que.había 
sido de Chimaltenango. Fué llamado asignándosele 
buen sueldo, con el objeto de que sin contemplaciones 
de ninguna clase procediera a hacer venir a este Valle 
a todas las familias de la antigua capital . 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 61 



A causa de la muerte del Virrey de México, abrién- 
dose allá la «Carta Mortaja> que estaba prevenida 
por Su Majestad, se vio el nombramiento recaído en 
don Martín de Mayorga para Virrey de Nueva Es- 
pana, siendo llamado a este reino por medio de correo 
expreso. Ya estaba aquí desde agosto de 1778 el 
Mariscal de Campo don Matías de Gal vez, e inmedia- 
tamente tomó posesión del Gobierno y Capitanía 
General . 

No pudo disimular el Arzobispo Cortés el gozo que 
le causaba la noticia del viaje del señor de Mayorga, 
por más que estaba convencido de que las cosas 
seguirían mal para él dadas las ideas expresadas por 
don Matías de Gal vez a favor de la fundación de 
Guatemala en este Valle. 

Muchas familias creyeron que el nuevo gobernante 
vse inclinaría al partido «terronista> la desilusión fué 
grande al saberse que los moradores de la ciudad 
derruida debían venirse a la Ermita dentro del térmi- 
no de ocho días. Hubo protestas, y lágrimas, pero 
fué en vano. El 14 de mayo de 1779 recibió don 
Matías de Gálvez los despachos respectivos, tomando 
posesión con alguna solemnidad de su elevado cargo. 
El 19 del mismo mes hizo promulgar un bando en la 
antigua capital a efecto de que los vecinos la ab«"'í<»- 
naran. 

No pareciéndole el nombramiento de Justicia Ma- 
yor recaído en don José Ponce de León y Cotrina, 
colocó en su lugar a don Guillermo Macé, inteligente 
Capitán del Batallón de Infantería, hombre enérgico, 
al par que prudente, de buen sentido práctico e inca- 
paz de arbitrariedades. 



62 NARRACIONES 



El t»l de León y Cetrina era un soldadote preten- 
cioso, ignorante y pagado de sí mismo por el simple 
hecho de haber venido de España . 

En el poco tiempo que estuvo ejerciendo el cargo 
de Justicia Mayor notificó auto a los empleados que 
se habían regresado de la Ermita, para que dentro de 
dos meses, pena de dos mil pesos de multa, se vinieran 
nuevamente, sin dejar trastos ni familia, sino las vivien- 
das vacías . Ordenó que desde el 1^ de enero de 1779 no 
debían de ser llevados géneros ni mercaderías de ningu- 
na especie procedentes de España y de ninguna 
población del reino de Guatemala; dispuso terminan- 
temente que no se edificara ni se hicieran reparaciones 
a las casas, ni se compusieran los tejados malos, ni se 
limpiaran las calles, ni se arreglaran las alcantarillas, 
caserías y desagües; ordenó que no se tocara música 
en las diversiones públicas ni privadas. Mandó im- 
pedir las funciones religiosas, procedió a desalojar a 
la gente que vivía en los ranchos que con tantas 
economías habían construido en las plazuelas públicas 
de las que hubo ancianos, mujeres y niños a quienes 
se les sacó a empujones, dándoseles el epíteto de 
«plebe.> 

El Justicia Mayor publicó los bandos siguientes: 
«Don Guillermo Macé, Capitán del Batallón de Infan- 
tería de este Reino y Justicia Mayor de este territorio, 
por cuanto ha manifestado la experiencia no haber sur- 
tido aquel el efecto que se esperaba (que debe ser pro- 
pio de la subordinación y obediencia de los subditos 
a las órdenes superiores) las providencias hasta aquí 
tomadas por el Supremo Gobierno de este reino, con 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 63 



el fin de llenar la mente y voluntad de nuestro Sobe- 
rano, que es el que se traslade todo este vecindario a 
la nueva capital, o por lo menos que desampare todo 
este proscrito suelo, sin que para esto haya bastado 
la total prohibición que se publicó sobre introducir 
en él efectos de Castilla y de la tierra, antes esto ha 
dado ocasión de introducirlos clandestinamente. Por 
tanto y para cortar de una vez las introducciones de 
efctos de Castilla y manufacturas, hallándome para 
ello con orden superior, debía mandar y mando que 
incontinenti se cierren todas las tiendas y que no se 
venda cosa alguna, y que los mencionados efectos se 
deben sacar de este dicho suelo, dentro del término 
perentorio de quince días, contados desde la publica- 
ción de éste; con prevención de que serán perdidos y 
decomisados todos los que se hallaren, pasado el tér- 
mino prefijo. Y para que nadie pretexte ignorancia 
y que llegue a noticia de todos, mando se publique 
por bando en la forma acostumbrada. Fecha en 
Guatemala, a 19 de mayo de 1779 años y lo firmo con 
testigos de asistencia con quienes actúo por orden 
superior. Guillemo Macé. José Mariano Toscano. 
Jesús de Rivera.» 

Otro bando. — Don Guillermo Macé» Capitán del 
Batallón de Infantería y Justicia Mayor de este terri- 
rio, etc. Por cuanto las órdenes de Su Majestad y 
bando que ha tenido a bien el Supremo Gobierno 
publicar en esta arruinada ciudad conspirantes a su 
despueblo y traslación a la nueva capital han quedado 
sin aquel debido cumplimiento que pedía de justicia la 
potestad Regia y legislación, resistiendo con una 



64 NARRACIONES 



punible terquedad a las tantas veces manifestada vo- 
luntad del Soberano y pretendiendo con su inobser- 
vancia desautorizar las órdenes de los que mandan en 
su real nombre; Por tanto: y para que en lo sucesivo 
se guarden inviolablemente, ha resuelto el Muy Ilus- 
tre Señor Presidente, Gobernador y Capitán General 
de este reino, que a todos los que ejercen oficios 
públicos en ésta, los aumente de su orden, no deben 
dar un golpe sobre ellos, y sí disponer el que se 
trasladen a la capital, se les dará el preciso alojamien- 
to en las casas provisionales que están construidas 
para este fin y en otros edificios que se hallan vacíos 
y se deterioran por no haber quien los habite, debien- 
do estar entendidos que todo oficial, sea de la profesión 
que fuese, deberá, desde hoy, suspender su trabajo y 
dejar este suelo, en el perentorio término de quince 
días, contados desde la publicación de éste; preveni- 
dos de que de no hacerlo, se remitirán bien asegurados 
con partida y el correspondiente oficio, sin permitir 
ni oir excusa alguna a los transgresores, pues que en el 
caso de asistirles alguna razón, la deberán hacer presen- 
te al dicho Muy Ilustre Señor Presidente, que los 
oirá. Y para que esta superior solución sea mani- 
fiesta y se observe precisa e invariablemente y que 
nadie preteste ignorancia, mando que se publique por 
bando, en la forma acostumbrada . Fechado en Gua- 
temala, a 19 de mayo de 1779 anos, etc. etc." 

Un tercer bando más apremiante que los dos ante- 
riores se mandó promulgar el 9 de junio de 1779 
disponiendo que salgan del "terrible suelo" en el 
término de 22 días todo seglar sin distinción de sexo, 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 65 



calidad, ni gerarquía, comprendiéndose tanto hombres 
como mujeres, principales, medianos, ricos y pobres, 
blancos, pardos o negros y que al finalizarse el plazo 
concedido deberían cerrarse las puertas de las casas 
de habitación; ae hacía la indicación de que en el caso 
de que hubieran morosos serían remitidos en partida, 
sin excepción de personas, al presidio de nueva 
capital. 

El mismo día que se promulgó el anterior bando 
circulaba la noticia entre la gente del pueblo de que 
se iba a hacer un escarmiento, ahorcando a dos o tres 
individuos que manifestaron no salir del ''terrible 
suelo." 

Gentes que eran hostiles a don Matías de Gal vez 
digeron que era ave de mal agüero, porque al arribar 
al Valle de la Ermita había ocurrido una calamidad, 
como la de haberse levantado a inmediaciones de 
Aceituno una columna de agua que agitada por un 
fuerte viento formó un remolino subiendo a grande 
altura en forma cónica; que la fuerza de la ''manga" 
de agua o "culebrina" tuvo tal violencia que arrancó 
multitud' de ranchos, elevándolos en el espacio como 
si fueran débiles canas; que muchos trastos levantados 
del suelo por el huracán, los habían recogido sus 
dueños a más de cien metros de distancia. 

Mucho se inventó en aquelos días. Abundaron 
los profetas^ como los abundan hoy, prediciendo 
catástrofes . 

Con todo y los funestos presagios que inventaba la 
gente disgustada por las violencias de que eran objeto, 
las familias se vienieron una en pos de otra. No podían 



66 NARRACIONES 

dar cuinpliiiüento los dueños de carretas con los com- 
promisos de traer los muebles, trastos y ropa. 

A I i)oco tiempo la anti¿?ua capital estaba convertida 
en un desierto; causaba tristeza-decían-ver las calles 
de día y horror recorrerlas de noche. 

De entonces se puede decir tuvieron origen en la 
ciudad misteriosa las leyendas fantásticas, los cuente- 
cilios novelescos, los aparecidos en calles lóbregas, 
los duendes en casas abandonadas y tantas fábulas 
que se trasmitieron hasta nuestros días y que mucho 
entretienen la imaginación del vulgo. 

iiir«m^nt0H rurüJBna 

Las Notas Curiosas Cronológicas de estas Indias 
traen las adiciones que siguen y que no dejan de tener 
interés porque ellas completan la relación que hemos 
venido haciendo de los sucesos que se siguieron a la 
catástrofe de Santa Marta. La documentación para 
esta clase de trabajos es de suma importancia. He- 
la aquí: 

'*E1 jueves 9 de septienabre de 1779 se presentaron 
a la Real Audiencia por el señor Dean Batres los po- 
deres y Bulas apostólicas para este Arzobispado, del 
señor don Cayetano Francos y Monroy . 

El viernes 10 fué el ocurso del señor Arzobispo 
don Pedro Cortés, en la Audiencia, recusando al señor 
Dean, por haber infringido el juramento de fidelidad 
a la Iglesia y pidiendo auxilio en la posesión pacífica 
del Arzobispado. 

El domingo 12 fué la promulgación y fijación en la 
Parroquia del edicto y excomunión a quien recono- 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 67 



ciera otro Arzobispo, como a las diez del día. A ltu> 
doce de la mañana hubo acuerdo pleno, y habiendo 
enviado el Escribano de Cámara con tres testijfoe a 
poner un certificado de lo sustancial del edicto, se re- 
solvió, después de 1* una, que el señor Presidente, 
don Matías de Gal vez, escribiese a Su lima, que lo 
quitase o recogiese. 

Lunes 13. En acuerdo completo de los SS. Presi- 
dente, Regente, Oidores y Fiscales de lo civil y del 
crimen, se dio el pase en la forma ordinaria a las 
Bulas del señor Cortés (hecho el día 10), expusieron 
ambos SS. Fiscales su dictamen. 

Martes 14. Respondió el señor Arzobispo Cortea 
al señor Gálvez con mucha moderación y dulzura, 
pero negándose absolutamente a desfijar el edicto y 
excomunión . 

Miércoles 15. A la madrugada, en vista de aquella 
respuesta, salió el señor Presidente en persona con 
ocho dragones, un oficial y Alcalde Mayor Corona, a 
tratar este grave negocio con su lima, en Guatemala» 
a donde llegó a las tres de la tarde. 

El día 24 de septiembre concluyeron los SS. Fisca- 
les su respuesta; en vista de todo lo alegado por el 
señor Arzobipo y de los muchos documentos qi^ pre' 
sentó. Con que el día 25 hubo acuerdo en que se 
resolvió que se llevasen a puro y debido efecto Iü6 
proveídos de 13 y 14 y se rogara y encargar» al muy 
Reverendo Arzobispo, Obispo de Tortosa, don Pedro 
Cortés y Larraz, que dentro de veintiocho hora», 
quitase y remitiese a esta Real Audiencia el edicto 
que se expresa . Que reconociese la vacante legal y 



68 NARRACIONES 



tener le^fítimamente disuelto el vínculo con que estaba 
ligado. Que desistiese de continuar ocupando la 
administración y Gobierno del Arzobispado de Gua- 
temala, dejando en libertad al Venerable Cabildo y 
apoderado del M. R. A , don Cayetano Francos y 
Monroy, para el uso de sus respectivos derechos. Y 
que en ejecución y puntual cumplimiento de las órde- 
nes que se mencionan, salga del pueblo de Guatemala 
y se ponga en camino para España, con la breve- 
dad posible, encomendando todo al Justicia Mayor de 
aquel pueblo. El señor Presidente, en carta particu- 
lar y amistosa, le escribió esta noticia el mismo día, 
rogándole que se conformase con la voluntad de Dios 
y del Rey y excusara escándalos y al día siguiente 
fué la real provisión. 

El 27 respondió al señor Presidente que a la Au- 
diencia diría lo que pareciese de justicia. Y con 
efecto, lo hieo el 28, extrañando a sus ministros el 
que sin autoridad se hubiesen atrevido a una declara- 
toria tan absurda. Que excomulgaría a la Audiencia 
y a sus individuos, si no la reformabaní y que los 
hacía responsables de ios daños y perjuicios que se 
podía^ originar, y que en su oportuninad llegaría a 
los pies del trono, a quejarse de sus iniquidades. 

El 29 hubo acuerdo y resolvió que se hiciese saber 
a la Parroquia y demás comunidades de la capital que 
deben de reconocer al señor Francos por legítimo 
Arzobispo y si les enviare alguna or^en o pliego el 
señor Cortés, lo presenten sin cumplirlo a la Audien- 
cia, bajo la pena de dos mil pesos y de temporalidades 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 69 



y de extrañamiento en su caso . Que el señor Dean 
como apoderado del señor Francos, pase dentro de 
tercero día a tomar posesión de su mitra y que se 
prevenga al Cabildo se la facilite sin la menor demo- 
ra, y para remover todo obstáculo se haga venir a 
esta capital dentro del segundo día a los SS. Canóni- 
gos Dighero y Juarros. 

Que respecto a haber corrido la voz de estarse 
aguardando o hallarse aquí un Comisario del señor 
Cortés, con varias comisiones, estén a la mira los 
ministros de la Audiencia, y al menor movimiento, lo 
metan a la cárcel con un par de grillos. Que el 30 
saliese temprano el señor Calderón con el alguacil 
mayor Barroeta y escribano Sánchez a intimar a Su 
lima., estas providencias y la segunda y tercera Real 
provisión que le manda salir y que en el caso de re- 
nuencia, dé cuenta para enviar la carta de extraña- 
miento, previniéndole en su instrucción que si oyere 
o supiere que por algún individuo se censura o con- 
tradice lo mandado, lo arreste en aquella cárcel, sien- 
do secular, y si eclesiástico, lo remita a esta capital 
con tropa. 

El 29 a las diez de la noche salió el señor Calderón, 
Barroeta y Sánchez. A las diez de la mañana del 30 
pasaron a las casas arzobispales, a intimar la segunda 
Real provisión; les salió al encuentro el señor Provi- 
sor Juarros, diciendo que su lima, había salido fuera 
muy temprano, que como a Vicario General le notifi- 
casen cualquiera providencia, a que le respondió el 
señor Calderón que como a familiar de «u lima., le 
hacía saber etc., etc. Cuyo aviso escribió en el mis- 



70 NARRACIONES 



mo día al .señor Presidente, quien juntó a los Minis- 
tros de la Audiencia a las ocho de la noche para 
notificarles este pasaje. 

El 10 d® octubre salió el señor Batres a tomar 
posesión . 

Realmente se ha verificado ya, que el señor Cortés 
marchó el mismo 30 a las cuatro de la mañana con 
motivo de que de la Ermita tuvo correo a media noche 
de lo que pasaba, con lo cual el día 3 se tocó vacante 
y tomó posesión el señor Batres a nombre del señor 
Francos, a cuyo acto fueron a Guatemala los dos 
Alcaldes ordinarios y cuatro regidores . 

Desde Guatemala y desde Fatzún, ha escrito a la 
Real Audiencia el señor Cortés, haciéndole mil pro- 
testas, que sólo han servido para que el día 3 se qui- 
tasen sus edictos de esta Parroquia y de la Catedral 
de Guatemala. El primero por el señor Ortiz y el 
segundo por el señor Calderón, con lo que este gran 
negocio ha quedado concluido." 

He aquí las letras apostólicas de institución del 
señor Francos: 

'' A nuestros amados hijos del Cabildo Eclesiástico 
de Guatemala. Pío Papa VI, salud y bendición 
apostólica. — Hallándose vuestra iglesia de Guatema- 
la, destituida del consuelo de Pastor, con motivo de 
que su Arzobispo, nuestro venerable Hermano Pedro, 
ha renunciado en nuestras manos, libre y expontá- 
neamente, su régimen y administración, cuya dimi- 
sión tuvimos a bien admitirle, la hemos prevenido en 
esta fecha en consejo de nuestros hermanos a lo que 
sus méritos piden^ en la persona de nuestro amado 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 7l 



hijo Cayetano, instituyéndole Arzobispo de ella y 
encomendándole enteramente su pastoral cuidado y 
administración en lo espiritual y temporal, como 
más ampliamente se expresa en nuestras Bulas, expe- 
didas al efecto. Por lo que en este asunto mandamos 
por las presentes letras apostólicas a vuestra discre- 
ción el que reconociendo rendidamente a dicho Caye- 
tano, elegido como a Padre y Pastor de vuestras 
almas y prestándole la obediencia y reverencia debi- 
das recibáis y observéis humilde y eficazmente sus 
saludables consejos y preceptos: porque de lo contra- 
rio aprobaremos y confirmaremos fa sentencia que el 
mismo Cayetano pronunciare segiín derecho contra 
ios rebeldes y haremos, con el auxilio y guía de Dios, 
que inviolablemente se observa hasta su condigna sa- 
tisfacción. Fechado en Roma, en el Palacio de San 
Pedro, a primero de junio del ano del Señor 1778 y 
cwarto de nuestro pontificado." 

Partió el limo. Arzobispo Dr. Cortés y Larraz, el 
30 de septiembre de 1779, llevando en el alma un 
mundo de amarguras. En los momentos más críticos 
muchos de sus allegados lo abandonaron; apenas dos 
o tres amigos le hicieron compañía unas cuanta* 
leguas . 

Demostró el limo. Sr. Dr. Cortés y Larraz con 
hechos prácticos su inmenso cariño a Guatemala, em- 
peñándose por cuantos medios le fueron posibles en 
su reedificación, después de 1773. Destinó de su 
peculio más de 60,000 pesos en la fundación de un co- 
legio para la juventud en la antigua capital y fué el 
amparo del necesitado en días de tribulación. 



72 NARRACIONES 



Era el Arzobispo natural de Belchite, Aragón. 
Había sido Canónigo de la Catedral de Zaragoza. 
Electo Arzobispo de Guatemala, fue consagrado en 
Puebla de los Ángeles, el día 24 de agosto de 1767. 
Entró a Guatemala el 21 de febrero de 1768. Murió 
siendo Obispo de Tortosa el ano de 1786. 

ükga al Halle ^t la Ermtta ú 
Arfubtjapo Jíranrua g íJInnrcg 

Don Martín de Mayorga había instalado el Ayun- 
tamiento de la Nueva Guatemala el primero de enero 
de 1776, haciendo delinear el terreno que sería más 
tarde el centro de la capital. 

La vida, pues, de la Nueva Guatemala da principio 
desde la citada fecha, al tomar posesión de sus pues- 
tos los miembros de la Municipalidad. Después de 
la junta solemne — dicen las memorias del maestro 
Eulalio Samayoa — en un rancho de grandes dimensio- 
nes levantado en el sitio que más tarde fué Portal 
Municipal, a inmediaciones del solar destinado a Pa- 
lacio Arzobispal, los miembros del Ayuntamiento en- 
camináronse a una ceremonia religiosa que estaba 
preparada en la Ermita del Cerro del Carmen, funda- 
da desde 1620 por el ermitaño Juan Corz. 

Las primeras actas de la Municipalidad de la Nueva 
Guatemala están firmadas por don Mamuel de Batres, 
don Buenaventura de Nájera, don Basilio Vicente 
Roma, don Miguel de Coronado, don Juan Fermín de 
Aycinena, don Felipe Manrique, don Nicolás Obre- 
gón, don Juan Antonio de la Peña y don José Ma- 
nuel de la Parte. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 73 



Don Juan Fermín de Aycinena prestó grandes 
servicios en la traslación de la ciudad de Guatemala 
al Valle de la Ermita. Después del terremoto de 
Santa Marta vivió algiin tiempo en Villa Nueva, sien- 
do llamado a esta ciudad por las au^ioridades. 

Don Matías de Gal vez impulsó vigorosamente los 
trabajos iniciados en la Nueva Guatemala por su an- 
tecesor, el señor de Mayorga. 

El 7 de octubre de 1779 entró al Valle de la Ermita 
el Arzobispo, don Cayetano Francos y Monroy. En 
torno de la iglesia del Cerro del Carmen y de la lla- 
mada Parroquia Vieja agruparon las familias casas 
modestas y viviendas fabricadas con horcones y techos 
de paja, formando por esos terrenos, calles tortuosas 
con cercas de chichicaste, exceptuándose las Avenidas 
de San José y del Estanque del Ojo. 

La llegada del limo, sefíor Francos y Monroy no 
despertó interés. Con él vinieron diez y siete personas 
de su familia. Los vecinos le hicieron frío recibimien- 
to a causa de la exaltación de los ánimos provocada 
por las pasadas desavenencias entre el Arzobispo Cor- 
tés y Larraz y las autoridades civiles. 
^ El nuevo prelado se hizo luego muy simpático y 
popular al conocerse sus grandes virtudes: saber, 
circunspección y seriedad, uniéndose a todo esto su 
gallarda presencia y agradable trato. El Arzobispo 
Francos y. Monroy es sin disputa uno de los prelados 
más notables y queridos que ha tenido Guatemala. 

No se crea que los temblores de tierra habían cesa- 
do en Guatemala después de los dcdiciembre de 1773: 
sintiéronse varios en enero y febrero de 1774, llegan- 
do con intensidad al Valle de la Ermita. 

N.-IO. 



74 NARRACIONES 



Como dato curioso debemos agregar que en los 
primeros meses del mismo ano de 1774 sufrió mucho 
con los terremotos la ciudad de Comayagua, comarca 
sin volcanes; en Tegucigalpa que no se conocían esos 
fenómenos, se experimentaron varios, muy recios, 
con asombro de los moradores de la ciudad; en San 
Miguel hubo temblores y después reventazón de 
agua y lodo, formándose inundaciones en fértiles co- 
marca* . 

A principios del afío de 1776 Cuilapa sufrió en ex- 
tremo a causa de los movimientos terrestres; el 21 de 
abril del mismo ano quedó Acapulco destruido, lle- 
gando los estremecimientos de tierra a Puebla y a la 
capital de México. 

El 30 del mismo ano fué desolada la Villa de Son- 
sonate y San Salvador, así como los pueblos circun- 
vecinos de Izalco, Apaneca, Naguiaalco y Ahuachapa, 
viniéndose al suelo templos y edificios. 

El 19 de octubre de 1777 los temblores causaron 
destrozos en León y Granada. 

Del 2 al 11 de julio de 1775 la erupción del Pacaya 
fué formidable: "reventó en una llanura de su pie" — 
dice un autor. El que desee saber detalles de dicha 
erupción los encontrará en el "Apéndice de la Mono- 
grafía de Villa Nueva." por el Pbro. Navarro. 

El primer día grandioso penacho de fuego salió del 
lugar en que la m:ole se divide en tres puntos; las la- 
vas en distintas direcciones se extendían como remo- 
linos de fuego, como oleaje de escorias, como lagos 
de cenizas. Aquellas lavas formaban diversidad de 
figuras extrañas semejando inmensas sierpes, troncos 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 75 



gigantes, animales raros que en precipitada carrem 
perdíanse en laderas dilatadas. 

Los que presenciar'on aquel imponente espectáculo 
decían que en ciertos parajes a inmediaciones del Vol- 
cán se hizo difícil la respiración por los gases y la 
lluvia menuda de espesas cenizas. 

En determinados lugares en los que se detenía el 
fuego formando montañas de escoria roja hubo explo- 
siones de luz, dando esto un espectáculo maravilloso. 

El día 10 al caer lá tarde hay memoria que se for- 
mó por el principal cauce algo así como un océano 
de corales y rubíes sobre el que cerníanse relámpagos 
y truenos; creció más y más la erupción a medida 
que avanzaba la noche, llegando ruido atronador al 
Valle de la Ermita y a la asolada y antigua capital, 
en el Valle de Panchoy. 

El 11 languideció notablemente la erupción hasta 
extinguirse completamente a fines del mismo mes, 
pero dejando enorme cantidad de tierra y arena en el 
departamento de Escuintla. 

En poco tiempo la Nueva Guatemala tomó aspecto 
animado, siendo numerosas las obras de albauilería. 
El lugar en el que se fundó la capital nueva fué un 
llano propiedad de los Montenegro, que eran perso- 
nas acomodadas y vivían en la casa de la hacienda es- 
quina opuesta al campanario de la iglesia de Beiem, 
casa que hizo demoler hace pocos años el doctor don 
Mario Wunderlich, para construir una moderna. Los 
Montenegro cedieron al rey el llano, por la suma de 
cinco mil pesos de plata; al norte de la Ermita» ex- 
tendíanse las tierras llamadas "Lo de Reyes," terre- 



76 NARRACIONES 



nos que ocupan hoy los cantones de Candelaria y de 
la Parroquia Vieja. 

A las distintas poblaciones cercanas a la capital He- 
rraban constantes noticias de la actividad febril con 
que aquí se trabajaba a efecto de ensanchar y poblar 
la ciudad, y del activo comercio que se hacía en la 
plaza; mucho se hablaba del saludable clima y agra- 
dable temperatura en estas tierras. A pesar de esto 
las familias que se habían marchado de la Capital 
arruinada después de los terremotos de 1773 radicán- 
dose en los pueblos no se vinieron por tener bien es- 
tablecidos sus negocios. 

Se contaba entre esas familias a los Valles en Tec- 
pam Guatemala; a los Rosal, Alburez y Escobar en 
San Martín Jilotepéque; a los González y Rubayo en 
Mixco y a los Reses en Villa Nueva d« Petapa. Es- 
tas eran familias de criollos. 

Los señores don Juan Fermín de Aycinena, don 
Tomás de Micheo, don Basilio Roma y don Ventura 
de Nájera permanecieron también en la misma pobla- 
ción de Villa Nueva. Estuvieron allí, algunos meses, 
las monjas del beaterío de Santa Rosa, a quienes dona 
Josefa Orantes cedió su casa para mientras se deci- 
dían marcharse a otro lugar. 

Muchísima gente buscó alojamiento en Villa Nueva 
de Petapa a tal extremo que hubo necesidad de esta- 
blecer rancherías provisionales y casitas de madera 
bajo la gigante ceiba de la plaza. En una de esas 
viviendas nació José María Herrarte, que treinta años 
más tarde fué virtuoso e ilustrado sacerdote. La ceiba 
a que nos hemos referido, que todavía existe, se di vi- 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 77 



sa a grandes distancias: es uno de los árboles más 
corpulentos y de extenso ramaje que hay en plazas de 
poblaciones de la República. 

Entre los que emigraron a Mixco figura don Anto- 
nio Sánchez Cubil las, familiar del Santo Oficio de 
Sevilla. Este sujeto llevó su taller tipográfico de la 
Antigua Guatemala a dicho pueblo, imprimiendo en 
él muchos documentos oficiales que se refieren a la 
historia de nuestra patria. 

A medida que avanzaban los trabajos de introduc- 
ción del agua a la Nueva Guatemala, las obras de al- 
bañilería iban también en aumento. 

Aunque en el pueblecito que en este valle existía se 
contaba con agua potable, el precioso elemento era 
insuficiente y no fué sino hasta el año de mil setecien- 
tos setenta y siete que se comenzaron a hacer conce- 
siones de agua a razón de cinco pesos cada una y 
cuatro reales por las datas. Por ese tiempo las auto- 
ridades mandaron construir fuentes grandes en el cen- 
tro de la Plaza Mayor (hoy Parque del Centro), en el 
interior de la Casa del Gobierno, en el Cuño y en el 
edificio del Ayuntamiento, ün poco más pequeñas 
que esas fuentes, pero de la misma forma eran las 
pilas de la Cárcel de Corte y de la Cárcel pública. 

La fuente de la Plaza Mayor la sustituyeron por la 
de piedra, mandada construir en la época del Briga- 
dier de Estachería. Este alto funcionario prohibió 
terminantemente las siembras y construcciones cerca 
de los acueductos de MixcQ y de Pinula, disposición 
que fué acatada por todos y un día que don Mitruel 
Arrazola mandó sembrar maíz en sitio inadecuado, 
tuvo que destruir las siembras por orden de la au- 
toridad . 

Contábase también aquí con el agua del Ojo y de 
otros lugares cercanos. 



78 NARRACIONES. 



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ht k nmxtn mpxíuí 

Al hacerse las construcciones primeras en este Valle 
se veían, junto a casas de adobe, viviendas con techo 
de paja; era una población diseminada, con pequeñas 
colinas y cerros, y cerca extendíanse largos m^antos 
de yerba, y en ciertos lugares, matas de flores silves- 
tres y lozanas y pinos frescos que embalsamaban el 
ambiente. 

El fervor religioso de la época hizo a los vecinos 
de la naciente ciudad agruparse a inmediaciones de la 
única iglesia en aquel entonces: la del Cerritodel Car- 
men, a cuyo pie pasaron por las armas el famoso 
**rata" de esos tiempos: **Tucuru." 

Fué una lástima que no trazaran las calles con sufi- 
ciente amplitud, defecto que se ha deplorado siempre 
en ciudades fundadas en distintos puntos de la Amé- 
rica Latina. 

El barrio más populoso llegó a ser a principios del 
siglo pasado, el de la Candelaria, por su proximidad 
a la Ermita del Carmen. Las calles principales eran 
la de San José y la del Estanque del Ojo; al norte de 
éste construyó su casa la familia Pavón, edificio en 
el que fundó hace algunos años una dama noble y ge- 
nerosa el Asilo de Santa María, cuya destrucción se 
deplora con los recientes terremotos. Una calle an- 
gosta, como de doscientas varas, de oriente a ponien- 
te, que arranca desde el mencionado edificio, lleva 
desde hace muchos anos el nombre de Pavón. 

En 1787 ya estaban terminados los templos de San 
José, Santa Rosa y el Calvario. 



VÍCTOR MIGÜBL DÍAZ 79 



El templo de Candelaria ©ra pequeño, con un ba- 
rranco en la parte occidental. 

La primera botica la abrió en la Avenida Central 
don Manuel Molina. 

Las oficinas de la Inquisición las establecieron pro- 
visionalmente en la cuarta calle, a inmediaciones de 
la que habitó don Mariano Arrivillaga. 

El aspecto de la ciudad era melancólico, mucho 
más en la parte poniente. 

El sitio designado para Hospital quedaba casi aisla- 
do: lo instalaron en casa grande con patio amplio en 
la entrada, en la que se detenían las carretas que lle- 
vaban a la casa hospitalaria víveres y carne. En un 
poste de madera amarraban los caballos de los algua- 
ciles que traían a los heridos de los pueblos. 

Allá, adentro, se encontraba el visitante frente a 
un aposento sombrío y triste, con reja de madera: 
era la cárcel. 

El servicio lo tenía a su cargo una Hermandad en 
la que figuraban personas honorables y caritativas. 

La servidumbre la componía gente sin hábitos de 
aseo, holgazanes, viejos chismosos y mal educados . 

Un conserje en la portada principal, con el sem- 
blante agrio se encargaba de atender al publico. Por 
los corredores del Hospital, lo mismo que por las 
salas de enfermos iban y venían sujetos vestidos de 
claro, con gabachas de género blanco y sombrero de 
"petate." 

Fué el Dr. don Juan José González Batres, el que 
demostró gran empeño por que la casa de caridad con- 
tara con algunas comodidades, entre ellas el agua, para 
lo cual dio la cantidad de seis mil pesos . 



80 NARRACIONES 



A mediados del siglo anterior el Hospital tuvo su 
iglesia y un corredor que daba al primer patio y la 
respectiva portería. 

Las Hermanas de la Caridad vinieron hasta el año 
1862, por medio del Excelentísimo señor don Juan 
Martin, Ministro de Guatemala en Francia, y que 
ajustó contrato con el superior de la institución de 
San Vicente de Paul. 

uno de los sitios más animados y raros que tuvo 
nuestra capital en los días de la independencia asegú- 
rase haber sido la Plaza Mayor, que sirvió de Mercado 
durante muchos anos. No obstante la diversidad de 
cajones, velachos, toldos y sombras de " petate, " 
veíase la plaza muy pintoresca. Las gentes surtíanse 
de agua en la pila redonda de cal y canto que hubo 
antes de que fuese construida la fuente de piedra en 
tiempos del Brigadier de Estachería. 

Las ventas de carne instaladas al lado oriental del 
edificio del Ayuntamiento, eran lugares incómodas y 
nada agradables a la vista. El año 1866 don Basilio 
Porras hizo construir allí un teatro de regulares di- 
mensiones en el que trabajaron artistas nacionales y 
extranjeros. 

Cerca de la esquina del lado poniente del Portal de 
la Municipalidad hallábase la prisión de hombres, coa 
reja gruesa de madera y frente a ésta, formando cua- 
dro en el pavimento, una baranda también de madera. 
Cerca hacía guardia un piquete de tropa de infantería. 

En el mismo portal daba el Ayuntamiento tiendas 
de alquiler, en las que se vendía jarcia y trastos de 
barro traídos de Chinautla. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 81 

Muchas geotes llamaban al Portal Municipal * Mor- 
tal del Señor, " porque en reducido aposento fué 
colocado a principios del siglo anterior un cuadro 
pintado al óleo que representa al Nazareno coronado 
de espinas expuesto a la befa del pueblo judío. Las 
autoridades civiles hicieron quitar del cuarto el cua- 
dro, siendo trasladado a la Catedral. 

Existieron en el mismo Portal varias salas destina- 
das a oficinas de los ''serenos," la policía que vigrilaba 
el orden durante las noches. 

La Prisión de Mujeres, llamada en la antigua capi- 
tal "Casa Nueva" la construyeron en los primeros 
tiempos de vida de esta ciudad en el lugar donde re 
cientemente era la Dirección General de Policía. El 
edificio fué restaurado tres veces en un siglo. 

En uno de los salones del edificio estaba colocado 
un lienzo, con la imagen de Santa Ana, obra de arte 
traída de la Antigua Guatemala y que pintó el artista 
Montufar. 

La Casa de Convalecientes y la iglesia de Belem la 
construyeron a raíz de la fundación del Hospital, 
siendo restaurada varias veces. En ese edificio fulgu- 
raron los primeros relámpagos revolucionarios a fa- 
vor de nuestra independencia. 

Los extensos corredores, los techos bajbs y el patio 
principal daba aspecto sombrío aun los días que alum- 
braba espléndido el sol. 

Transformaron el edificio completamente antes de 
ser ocupado por las Hermanas de Nuestra Señora, a 
mediados del siglo anterior; por esta causa variaron 
de forma los departamentos que existían en la época 
de las llamadas juntas revolucionarias de 1813. 

N.-ll. 



82 NARRACIONES 



Las orillas de los corredores del primer patio, de 
pilar a pilar, tuvieron cubierta de madera con vidrios 
y se sabe que fueron bellísimos los jardines de los 
patios principales. 

La iglesia de Belem tenía pequeño atrio hacia el 
norte. Además las otras puertas del lado ori^ental y 
del frente de la iglesia, daban acceso al convento y a 
la escuela. 

En el pavimento, a la entrada de la puerta extin- 
guida se dio sepultura a varios hermanos de la insti- 
tución belemítica. 

En un departamento de regulares dimensiones con- 
tiguo al templo y a la sacristía estaba el archivo y un 
armario cerrado cuidadosamente» con varios objetos 
que pertenecieron al Hermano Pedro: entre esos ob- 
jetos figuraba un paquete misterioso que hoy existe 
en el Palacio Arzobispal y que fué cerrado y sellado 
en el Vaticano, llevando en el forro estas líneas: 

Su Santidad prohibe hajo pena de excomunión ahrir 
este paquete antes de que se cumplan cien años a con- 
tar de esta fecha. 

Han transcurrido los cien anos de cerrado t' legajo, 
con veinticinco más: puede que en día no lejano el 
enigma sea esclarecido. 

El aciago ano de 1857, en la época del cólera mór- 
bus, vivieron en el edificio de Belem los P. P. Santiago 
Cenarruza, Misionero; Manuel Pieschacón, Ministro 
Director de la Congregación de Niños, y profesor de 
Teología Moral y tres hermanos Coajutores. 

Entre los maestros que más sirvieron en la ense- 
ñanza de la niñez, en Belem, hace más de medio siglo, 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 83 



se mencionan los nombres de varios modestos gua- 
temaltecos, distinguiéndose la señorita Ciriaca Paz, a 
quien no se la permitió diera la enseñanza de los idio- 
mas inglés y francés. 

El Cementerio lo establecieron en extenso sitio des- 
tinado después a Mercado Central. Allí se mandaron 
hacer los primeros enterramientos, pero tan pronto 
como hubo iglesias las familias acomodadas solicitaban 
sepultar en ellas a sus deudos y el Panteón quedó des- 
tinado a los desheredados de la fortuna. 

El 12 de abril de 1831 la Asamblea Legislativa or- 
denó se hicieran las inhumaciones en el Campo Santo 
de San Juan de Dios, y que mientras terminaran las 
obras necesarias, se permitiera por un año improrro- 
gable los enterramientos en las bóvedas y panteones 
de los templos de la ciudad, mediante el pago de 
veinte pesos, aplicándose esas cantidades a la subsis- 
tencia del convento de Belem. 

La pasión política se levantó airada contra la auto- 
ridad que había dictado la disposición y de allí los 
dicterios y desahogos de que fué objeto de parte de 
sus compatriotas, el ilustre doctor don Mariano Gal- 
vez, llamándole sus enemigos políticos ''profanador 
de tumbas." 

Los terremotos de 1773 y las fatigas de la trasla- 
ción de la capital a este valle no habían apocado el 
ánimo de los que trabajaron en la empresa: con pa- 
triótico afán, digno de ejemplo, levantaron la Nueva 
Guatemala, edificaron y poblaron varios pueblos cir- 
cunvecinos y no desatendieron la vieja capital, que no 
fué asolada como pretendían las principales autorida- 
des de aquel tiempo. 



84 NARRACIONES 



A pesar del recelo a los temblores de tierra los ve- 
cinos de la naciente ciudad tomaron sus precauciones 
para aminorar en lo posible los estragos de esos fenó- 
menos, tan frecuentes ya en distintos puntos del reino. 

Los techos de los templos procuraron construirlos 
con solidez y las casas no tenían sino un solo piso 
bajo y muy amplias, con dos y tres patios. En los 
cantones hubo viviendas con sitios extensos, sembra- 
dos de árboles frutales y flores y solar aparte destina- 
do "a la crianza de aves de corral. 

Es de advertir que los balcones de madera tallada 
llegaron a ser tan baratos que se vendían a cinco pe- 
sos cada uno; las construcciones pertenecientes a 
familias ricas tuvieron balcones de hierro desde los 
primeros tiempos de la ciudad. 

Las salas de recibo entre las citadas familias eran 
espaciosas, con muebles fuertes y grandes construidos 
de madera fina, sin usar clavos y sí preciosas incrusta- 
ciones de conchanácar o marfil . De las paredes pen- 
dían espejos y retratos pintados al óleo; en el piso, 
cubierto de alfombras o petates colocaban caracoles 
traídos del mar. Veíanse en jas habitaciones siguien- 
tes armarios grandes, relojes de péndula, santos pin- 
tados o esculturas con insignias de oro, plata y 
pedrería. 

A principios del siglo pasado dicen varios cronistas 
que fué de buen gusto adornar las ventanas con ma- 
cetas coa flores, costumbre usada también en algunas 
otras capitales, como en Santiago de Chile el barrio 
peruano, donde a las mujeres se les llama ''andaluzas 
de América." 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 85 



Se creyó al Valle de la Ermita puco exi)uesto a 
temblores de tierra y de allí que se convirtiera en ex- 
tenso taller de industrias. Se mandaban abrir cimien- 
tos, construíanse altos muros, se levantaban templos, 
cúpulas y torres, dirigiendo ese movimiento extraor- 
dinario don Matías de Gálvez y el Arzobispo Francos 
y Monroy, el insigne Prelado que concibe abrir es- 
cuelas, derramando tesoros de ternura y de bondad 
entre su grey bien amada que le llamaba su amigo, 
su protector, su padre! 

Para dar vida a la ciudad hicieron labor inmensa 
autoridades civiles y eclesiásticas, ricos y pobres, 
criollos y mulatos, y sobre todo la abnegada raza 
indígena. 

El límite de la ciudad primitiva y nueva (Parro- 
quia) y el de la formal era el templo de San José, 
iglesia bien modesta por cierto y de pobre fachada. 
Llega con sinuosidades la vía desde la Parroquia Vie" 
ja, hasta San José y de allí al poniente hacia la 
Plaza Mayor. La ciudad trazada por el ingeniero 
don Luis Diez Navarro va ensanchándose por los 
cuatro horizontes, destacándose en el centro la Cate- 
dral, bella obra en la que se interesaron don Matías de 
Gálvez y el Arzobispo Francos y Monroy, siendo co- 
locada la primera piedra en julio de 1782 y estrenada 
sin concluir en 1815. 

Ampliando lo que dijimos acerca del estreno de 
varias iglesias diremos que la de San José la estrena- 
ron en 1783, la del Calvario en 1787, la de Capuchinas 
en 1789, la del Santuario de Guadalupe en 1793, la 
de Santo Domingo en 1808, la de Santa Catalina en 



86 NARRACIONES 



1809, la de la Merced en 1813, la del Carmen en 1814, 
la de Santa Clara en 1825, la de la Recolección en 
1844 y la de San Francisco en 1851. 

Los edificios bien construidos, aunque presentando 
por fuera aspecto triste y sombrío, eran los conven- 
tos. Todavía se ven fragmentos de paredones que 
resistieron al tiempo y a los temblores de tierra de 
diversas épocas. 

La casa de esquina donde estuvo la joyería La 
Perla era de alguna extensión; la destinaron primero 
a Universidad y luego á cuartel, siendo allí la resi- 
dencia de Filísola. Se asegura que en ella vivió por 
algún tiempo el ilustre doctor don Mariano Gal vez y 
no fué sino hasta en 1876 que sus dueños le hicieron 
construir un segundo piso. 

En los primeros tiempos de vida de la cpital las 
autoridades persiguieron con tenacidad a los vagos y 
rateros; don Matías de Gal vez mandó organizar pelo- 
tones^ de asialeros (policías portadores de chicotes 
largos, de cuero) destinados a la vigilancia del orden 
público en los barrios. Los vagos tuvieron un perse- 
guidor tenaz, que no les /daba cuartel: el Capitán 
General. 

Si no se disfrutaba de alumbrado público, en cam- 
bio las disposiciones de las autoridades secundarias 
las cumplían fielmente, no transitando los vecinos por 
las calles después de las nueve de la noche, hora en 
la que no se permitía estuviesen abiertos los garitos y 
tabernas . 

La parte céntrica de la ciudad tuvo empedrados 
gracias a la iniciativa del limo. Arzobispo Francos y 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 87 



Monroy, fundador también de las dos escuelas de 
primeras letras. 

Debemos a la galantería del limo, señor Arzobispo 
de Guatemala, fray Julián Raimundo Riveiro y Ja- 
cinto, la adquisición de varios documentos inéditos 
que por una feliz casualidad llegaron a sus manos y 
que aprovecharemos para conocimiento de nuestros 
lectores, como el que sigue, que se refiere a las citadas 
escuelas. Dice así: 

(Se deja la ortografía tal como está en el original). 

''Nos el Dean y Cabildo de esta Santa Iglesia Me- 
tropolitana de Guatemala: Por quanto el limo. Sor. 
Dn. Cayetano Francos Monroy Arzobispo de esta 
Diócesis, atendiendo a la necesidad que hay en esta 
capital, de Escuelas publicas para la enseñanza de las 
primeras letras a la Niñez y Juventud de que abunda 
este vecindario, determinó por instrumentos q. otorgó 
a los 19 de mayo y 23 de junio de 1792, ante Dn. An- 
tonio Sta. Cruz, Escribano RL, erigir, como en efecto 
erigió y fundó dos Escuelas publicas de primeras 
letras, dotándolas con el Capital de 400 ps. que efcti- 
vamente entregó, para que con sus recibos se satisfa-. 
ciera el honorario a los primeros y segundos Maestros 
y se hiciesen los demás gastos con las calidades si- 
guientes: — Que se situasen en lugares proporcionados 
para la más fácil concurrencia de los Niños, de modo 
que con igualdad logren todos su beneficio: que en el 
salón principal de enseñanza de cada escuela se colo- 
quen en una la Imagen de Sn. Casiano Obispo y Már- 
tir y en otra la de Sn. José Calazans, a quienes 
nombra por tutelares de su respectiva Escuela cuyas 



SS NARRACIONES 



fiestas se celebren con una Misa resada a que deberán 
asistir los maestros con sus correspondientes Escola- 
res: que la enseñanz?^ sea a quantos Niños ocurrieren, 
ricos o pobres, enseñándoles a leer en libros castella- 
no y después latino; a escribir con la perfección, ga- 
llardía y soltura posible, a contar, sumar enteros y 
quebrados; el orden de ayudar a Misa y la doctrina 
Cristiana, según el método, o catecismo que pareciere 
al patrono; que la enseñanza sea gratuita a pobres y 
ricos sin que con pretexto alguno pueda el Maestro 
ni su segundo, pedir ni admitir gratificación de sus 
discípulos, pena de privación de oficio y solamente se 
podrá recibir de los acomodados y pudientes la con- 
tribución mensual que se acostumbra en la escuela de 
Belem, por la tinta, la que se dará a los pobres de 
valde, siendo dichos maestros de calidad limpia y de 
irreprochable conducta con la abilidad e inteligencia 
necesaria: que el segundo maestro que se eligiere por 
el primero, sea de la misma calidad y capacidad para 
que en el evento de vacar la primera plaza, tenga op- 
ción preferente en igualdad y mérito al primer em- 
pleo: cuyo segundo Maestro ha de ser propuesto por 
el primero para examen, y que sea nombrado a la 
mayor votación: que tanto los Maestros como los Ni- 
ños deberán asistir a la Escuela desde las ocho a las 
onze de la mañana, y por la tarde desde las dos y me- 
dia a las cinco, lo que unos y^ otros ejecutarán todo el 
ano, con solo las vacaciones de los días festivos y de 
Navidad, hasta el día de los Stos. Reyes y de la Se- 
mana Sta., hasta el martes de Pascua, como también 
los primeros días del mes de octubre: que los otros 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 89 



Maestros no podrán ausentarse, sin causa justa y ca- 
üficada por el Sr. Patrón y sin licencia de este, pena 
de perder el sueldo respectivo de los días de la ausen- 
cia y privación de empleo cuando pase de un mes: 
que deberán enseñar a los Niños con prudencia y afa- 
bilidad, y caridad, reconociendo en ellos a sus herma- 
nos, y se les proibe el cruel castigo de la férula o 
palmeta, permitiéndoseles los de emulación, vergüen- 
za y azotes en caso necesario y con la moderación 
debida, teniendo presente que la demasiada severidad, 
será causa suficiente para su deposición: que siempre 
que no cumplan los Maestros con su obligación o se 
abandonen a una vida estragada y viciosa que les pri- 
ve de la aplicación necesaria o constituya piedra de 
escándalo a la inocencia, tendrán entendido, que po- 
drán ser espelidos de sus plazas sin más figura de 
juicio que el verbal que instruyere el Sr. Patrón; que 
los niños cuyos padres tengan facultades y posibili- 
dad, paguen cada mes el fondo de la Escuela, dos 
reales los de leer y tres los de escribir dando éstos, 
además, al Maestro, cada sábado un pliego de los que 
escribieren y quedando este con la obligación de mi- 
nistrarles la tinta necesaria, sin exigir a los pobres 
cosa alguna, cuya contribución de dos o tres reales se 
aplica para gastos de escobas, cántaros y otros q. 
conserva a cargo del primer Maestro, quien cada seis 
meses dará cuenta jurada, entregando el sobrante al 
Mayordomo de esta Sta. Iglesia. Y habiendo áido 
nombrado con las solemnidades que pide la fundación, 
,para primer Maestro de la Escuela de nuestro cargo 
Dn. Nicolás Cervantes y proponemos para segundo a 

N.-12. 



90 NARRACIONES 



SU hijo Dn. Antonio Cervantes, en quien concurren 
las calidades necesarias y la suficiencia para enseñar, 
como lo hizo constar por el examen que sufrió en 
Cabildo de quince de corte, fué nombrado por tal se- 
íjundo Maestro don Antonio Cervantes y se mandó se 
les despachara título en forma, que es el presente, 
por el cual en uso de las facultades de Patrones de 
esta obra pía, en que por los citados instroms. fuimos 
nombrados, elegimos, creamos y deputamos como 
segundo Maestro de la Escuela de nuestro cargo al 
referido don Antonio Cervantes, para que como tal, 
con la subordinación debida al primero, la rija y en- 
señe a los Niños que de toda casta ocurrieren, la Doc- 
trina Cristiana por el Catecismo del P. Gregorio Ri- 
palda, a leer, escribir y contar con la perfección 
posible y practique todo lo demás que concluya a que 
se logre el fin de Nuestro limo. Sr. Fundador: ha- 
biendo y llevando los docientos ps. q. por su trabajo 
están señalados los que con libto. de este Cabildo se 
le satisfarán por tercios en cada un año, bajo la pre- 
cisa calidad y condición, de que en todo se ha de 
sugetar a las que hase incertas, guardándolas literal- 
mente sin tergiversación alguna. Y ordenamos a los 
niños hayan, tengan y respeten al Dtro. Dn. Antonio 
Cervantes, por segundo Maestro; cumpliendo pun- 
tualmente las órdenes que les impusiere para más 
facilitar su aprovechamiento con apercibimiento que 
el inovediente será lanzado de la Escuela. Fechado 
en Nuestra Sala Capitular de la Santa Metropolitana 
Iglesia de Guatemala, a veintidós de julio de mil se- 
tecientos noventa y cuatro años." 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 91 

El anterior documento pinta a lo vivo el carácter, 
modo de ser y hasta las costumbres de aquella época. 

Es indudable que uno de los primeros edificios 
construidos en el centro de la ciudad fué el del Ayun- 
tamiento, según la documentación que existe en el 
Archivo Municipal. El edificio constaba de 150 va- 
ras de largo con una serie de arcos de cal y canto. 

Tenía una torre en el centro de la fachada y en ella 
hubo el proyecto hace muchos años de colocar un re- 
loj. En la fachada de la torre destacábase, labrado 
en piedra, el escudo de armas de la ciudad de Santia- 
go de los Caballeros de Guatemala y más abajo, sobre 
otra piedra grande se leía esta inscripción: "Plaza de 
la Independencia, 15 de septiembre de 1821, primero 
de su libertad." 

Es inexacta la versión que ha circulado de que al 
ser demolido el edificio a fines del año anterior, para 
construir el nuevo, haya aparecido ninguna otra pie- 
dra con caracteres grabados en la época de la funda- 
ción da la Nueva Guatemala. 

Barrio alegre a los pocos años de la fundación de 
la ciudad era el de los ''batanéeos;" en el que había 
numerosos telares en casas de inteligentes obreros. 
Esa industria, muy adelantada, dio comodidad a 
muchísimas familias. 

En el de Jocotenango vivieron los albañiles, gente 
activa que trabajó en la construción de los princi- 
pales edificios en un lapso de cerca de un siglo. En 
Jocotenango se han visto con frecuencia casos de 
longevidad. El* año de 1890 murió una anciana de 
más de 120 anos. Entre Jos primeros pobladores de 



92 N AERACIÓN ES 



Jocotenango se contaron las familias de Sicajol, Ló- 
pez, Ramírez y Cospín, apellidos que encontramos en 
planillas de los operarios que trabajaron en las obras 
de la Catedral, Palacio Arzobispal y el Colegio de 
Infantes . 

En el barrio de Candelaria estableciéronse los ma- 
tadores de cerdos, que vendían las llamadas "pinas" 
de marrano compuestas, plato exquisito acostumbrado 
en aquella época entre ricos y pobres. 

A principios del pasado siglo los vecinos del barrio 
de la Candelaria celebraban con mucho regocijo la 
fiesta anual del dos de febrero, gastando buenas sumas 
de dinero, en pólvora y música. La ''jala de patos" 
espectáculo bárbaro en aquellos tiempos se hacía en 
en la Calle de Candelaria. 

La gente del barrio del Calvario mostrábase bulli- 
ciosa y alegre. Cerca del Cerro El Cielito vivían los 
que dedicábanse al destace de ganado y a quienes se 
tildaba de pendecieros. En este barrio abundaban 
las vendedoras de dulces de colación y de alfajor. 
Desde el Estanque del Deán, hasta Buena Vista, alta 
prominencia de terreno, había muchos ranchos y 
cercas formadas con cuernos de toro llevados del 
Rastro de Ganado Mayor. Entre ''batanéeos" y "cal- 
vareños" hubo cierta rivalidad el año de 1828 a causa 
de la suntuosidad con que cada ano celebraban la 
fiesta del Corpus, estableciéndose con esto verdadera 
competencia. 

En 1776 se destinó el barrio de Santa Isabel para 
los destazadores de ganado; como éstos se negaran a 
vivir en los terrenos que se les ofreciera, alegando la 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 93 

distancia un tanto larga al Rastro en el que trabajaban, 
el inmediaciones del Calvario, el barrio de Santa Isa- 
bel, desapareció, formándose en 1779 el de L4 Habana. 
A principios del siglo diez y nueve tuvo ese cantón 
algunas ventas de aguardiente, lo que motivaba la 
frecuencia de los escándalos en los días de fiestas 
religiosas. En ese barrio dice el historiador Milla 
que establecieron los primeros patios de gallos que 
hubo en la capital. 

El barrio de Santo Domingo fué siempre tranquilo. 
Se animaba únicamente en la época de ciertas fiestas 
de lá iglesia. El ano 1821, el 14 de septiembre en la 
noche algunos ciudadanos se comprometieron con los 
proceres Barrundia y Molina a asistir a la junta del 15 
en la mañana; pasaron los acontecimientos de aquella 
fecha inmortal y no se les vio la cara a los invitados. 

Las calles las designaban todavía el ano de 1870 
con nombres de santos. En nichos de algunas pare- 
des colocaron a raíz de la fundación de la ciudad, 
imágenes en lienzo y de bulto, a las que encendían de 
noche velas de sebo en grandes faroles. Se hizo 
notable la Casa de Dolores (hoy Hotel Unión), por la 
imagen de la Virgen que allí estuvo durante muchos 
anos sin faltarle nunca durante las noches, vela encen- 
dida, como que el alquiler de una casa sirvió para el 
pago del alumbrado que en el camarín se consumía. 
Últimamente solo hay dos camarines con imágenes 
uno frente al Cuartel de San Francisco, el del **Divino 
Rostro" y otro en casa de don Antonio Asturias, en 
la Sexta Avenida. Entre las pocas viviendas de la 
capital, que tenían sobre el tejado cruz de hierro se 



94 NARRACIONES 



contaba una en el Callejón de Maravillas y Plaza de 
los Carboneros. 

Conforme transcurrían los anos a las calles les 
ponían y quitaban nombres; así vemos designar a la 
tercera Avenida Sur con el nombre de Calle del Olivo 
y después Calle de las Balsells. 

Al final de la quinta Avenida desde La Concordia 
hacia el Sur, Calle de las Chicherías y lue^o del 
Perií. 

La octava Avenida Sur, Calle del Carmen y Calle 
de la Jicay; a la octava norte llamáronla a mediados 
del sigilo anterior Calle de Carrera. 

A la novena Sur Calle de Chispas y luego de la 
Universidad. 

La décima Avenida Sur que al principio tuvo el 
nombre de Capuchinas, le pusieron Calle de Gal vez. 
Cuando este insigne estadista comía el pan del ostra- 
cismo, era un crimen llamar con este nombre la 
citada calle. 

A la once Avenida Norte la llamaron de La Es- 
peranza. 

A la Avenida de Caballería se le decía El Laberinto, 
por que finalizaba en la parte norte donde los barrios 
de San José y de Candelaria tienen calles mal trazadas. 

Acerca dé notas llenas de interés y muy curiosas 
sobre nuestra capital existe un Directorio, publicado 
hace muchos anos y dedicado xal Presidente, Señor 
Capitán General Rafael Carrera. La edición está com- 
pletamente agotada como que apenas fueron impresos 
doscientos cincuenta ejemplares. Los libritos, bien 
impresos, tienen los cantos dorados, pasta de fantasía 
y una cajita de cartón que le sirve de cubierta. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 95 

La gente encontraba fácil designar y conocer las 
calles con nooibres diferentes, así vemos que a la 
cuarta poniente llamábanla de Caridad; la sexta oriente 
del Obispo y la jwniente del Cuño o del Incienso; la 
séptima oriente: Calle del Sol, de la Providencia, del 
Caballo de Rubio y del Ojo; cada cuadra de esta calle 
tenía, como se vé, distinto nombre, la octava oriente 
desde Santa Rosa, hasta la esquina del Palacio del 
Gobierno, de Mercaderas; en esta vía el comercio era 
muy activo habiendo tiendas pequeñas de feo aspecto 
bajo el Portal de Aycinena y en las demás cuadras 
hacia la Plaza Vieja; las llamadas **achimeras" tenían 
sus puestx)s en el citado' portal; la novena oriente 
llamábanla del Lagartero; después del Seminario y 
por ultimo del Teatro; la novena poniente de la 
Libertad; la décima oriente de la Paz: la once oriente 
de Los Inocentes, 

La once poniente que no tenía interrupción cuando 
fué trazada la ciudad la obstruye el Mesón de San 
Agustín y antes el de Luna y quedaba espédito el 
del Viejo Cementerio. La doce oriente era la Calle 
de la Armonía y la poniente de Las Victorias; la 
trece oriente de Los Tres Puentes y la poniente de la 
Flor, nombre que los 'Hunos'' le dieron a un fondín 
en el que se les vendía una bebida caliente, cargada 
de licor y que cura el mal estar que produce el 
abuso de las bebidas alcohólicas. 

A la catorce oriente le decían Calle de las Chuche- 
ras; la quince oriente de Maternidad; la diez y seis 
oriente del Francés; la diez y siete oriente del Cielito y a 
la diez y ocho oriente de la Plaza de Toros. 



96 NARRACIONES 



A ciertos lugares se les llamaba así: Potrero de 
García Granados, Plazuela de Guadalupe, Llano del 
Cuadro, Llano de la Feria, Cuesta del Chucho, Potre- 
ro de Palomo, sitio de Bolanos, Potrero del Bosque, 
Potrero de Urruela, Plaza de los Carboneros; Calle 
de los Naranjitos (conocida después por los Naranja- 
litos), Potrero de Corona, Llano de San Juan de Dios, 
frente a los muros del Viejo Cementerio; la Alcanta- 
rilla, el Llano de la Culebra, el Tempisque, Pila del 
Martinico, Calle de San Francisco Viejo y la Fuente 
de los Padres, en terrenos de los Eran. 

En los primeros años de la fundación de la ciudad 
recibieron ciertos callejones los nombres de Pavón, de 
la Cruz, de Jesús, del Manchen (una cuadra entre la 
cuarta y tercera calle), del Fino y de Dolores. Después 
de la independencia otros callejones recibieron los 
nombres del Colegio (Recolección), de Melgar, de la 
Aduana, de Córdova. El Retiro (hoy Callejón Nor- 
mal), de la Amargura o de Candelaria. 

Se dio nombres raros a ciertos callejones como 
los siguientes: del Judío, del Martinico, de Maravillas, 
de El Rey, de Soledad, de Huérfanas o del Niñado, 
Carrocero y otros. 

Cuentan viejas crónicas que en el primero de los 
citados callejones vivió un sujeto a quien llamaban 
con el apodo de El Judío, (así lo afirma en varias 
estrofas El Vigilante), en el segundo vivió Martín 
Martinico, un hombrecillo de oficio cohetero, muy 
popular en Guatemala; el tercero por que crecía en el 
pavimiento a regular altura, la planta llamada Mara- 
villa; el cuarto por que había una venta de aguardien- 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 97 



te que tenía pintada en la pared del exterior la figura 
de un rey con una copa en la mano; el quinto porque 
era una calle solitaria que nadie transitaba de noche 
por miedo a los duendes; el sexto porque en la parte 
oriental se hallaba la Casa de Huérfanas; el séptimo 
porque en una casucha vivía cierto sujeto, enano, 
gordo, de musculatura fuerte que poseía extenso y 
acreditado taller de carrocerría. 

La Casa Mata sirvió de prisión mucho tiempo, en 
época en que los barrios de Candelaria y de la Parro- 
quia Vieja florecían y eran el punto de cita, en las 
tardes de los días domingos, de una sociedad bulliciosa 
y alegre. 

Hace más de cuarenta años que brillante y galano 
escritor nacional decía en El Guatemalteco, periódico 
oficial, lo siguiente, refiriéndose a la denominación de 
las calles y numeración de las casas de la ciudad: 
«Una de las necesidades más apremiantes de nuestra 
hermosa capital, era la denominación y numeración 
de sus calles y casas. Con el propósito de remediar 
esa falta, el Gobierno acordó que por el Tesoro Pú- 
blico se erogara la suma que debía invertirse en tan 
importante mejora, la cual comienza ya a ponerse en 
práctica (Abril de 1877). 

Con el fin de que cualquiera persona pueda com- 
prender sin dificultad la situación de las calles, y a 
efecto de no fatigar la memoria con el aprendizaje de 
nombres más o menos impropios o ridículos, de hacer- 
se la clasificación indicada, se ha adoptado el sistema 
seguido en varias ciudades de designarlas por su 
número de orden, distinguiendo, para mayor facilidad, 

N.-13. 



98 NARRACIONES 



las que van de norte a sur con el nombre de «Aveni- 
das, > siendo la primera la que corresponde al frente 
del Hospital y con el de calles las que se dirigen de 
oriente a poniente, comenzando a contarse por la que 
corresponde a la arboleda de naranjos de Jocotenango. 
Esta clasificación, tan sólo puede llevarse a cabo por 
la feliz circunstancia de estar nuestras calles tiradas a 
cordel y atravesar casi toda la ciudad de uno a otro 
rumbo. 

Para la numeración de las casas, distinguiéndose 
las «Avenidas> de norte a sur y las calles de oriente a 
poniente, si se toman por céntricas las que correspon- 
den a los cuatro lados de la Plaza de Armas, queda la 
ciudad dividida en igual numero de partías, y la 
expresada numeración puede hacerse sin dificultad, 
tomando esos puntos de partida, y de tal suerte, que 
cualquiera casa que en lo sucesivo se edifique se sabe el 
número que le corresponde. Se adoptó el sistema de 
placas fabricadas en el país, tanto para facilitar su 
reemplazo en caso necesario, como porque el encarga- 
do de colocarlas, se comprometió a enseñar la manera 
de hacerlas en la Casa de Corrección. > 

Esa fué una de tantísimas disposiciones de la fecun- 
da administración del Reformador. 

Hace medio siglo la ciudad tenía cincuenta mil 
habitantes que consumían anualmente 7,500 reses ma- 
yores, cuatro millones de libras de azúcar y cinco 
millones de libras de harina. 

Variaba mucho en esa época el alquiler de las casas. 
Los inquilinos pagaban desde cincuenta hasta mil 
quinientos pesos plata al año, siendo el precio regular 
y común de las viviendas de treinta a cuarenta pesos 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 99 



plata al mes. Las había de menos precio en los can- 
tones de la ciudad. El numero de las principales 
casas ascendía a 1,206, estando comprendidos entre el 
radio del alunbrado público — que constaba de 350 
lámparas, 7 grandes almacenes y 130 tiendas de co- 
mercio, de efectos extrajeros y 411 pulperías; los 
centros de enseñanza eran 8 liceos privados para niños, 
4 públicos para niños y cuatro privados para niñas. 
Los ramos de enseñanza primaria en las escuelas 
publicas para niños eran: lectura, escritura, moral y 
urbanidad, doctrina cristiana y principios de aritmé- 
tica. Hubo algunas donde se agregaba geografía, 
historia sagrada, toda la aritmética, álgebra y geo- 
metría. 

A las niñas además de los ramos corrientes para 
niños, se les enseñaba a coser, bordar, economía do- 
méstica y demás ramos apropiados a su sexo. 

El numero total de asistentes a todas las escuelas, 
liceos y Universidad de la capital era aproximada- 
mente de 1,200 alumnos y de 500 niñas. 

Había hace cincuenta años en la capital 16 boticas, 
6 hoteles, 4 mesones, 9 restaurantes, confiterías y 
neverías, 3 establecimientos de baños y 6 en las orillas, 
25 ftfentes públicas, 28 iglesias, 9 conventos de mon- 
jas, 5 de religiosos, 2 palacios, 1 aduana, 1 albóndiga, 
i cuño (fundado en 1775), 2 teatros, 1^ plaza de toros, 
1 rastro, 2 fortalezas, 3 cuarteles, 2 cárceles, 2 hospi- 
cios, 1 hospital, 1 cementerio y cinco panteones privi- 
legiados para entierros en iglesias. 

El número de enfermos atendidos en el Hospitjil de 
San Juan de Dios, era anualmente de 3,500 a 4,000. 

Consignamos estos datos para que se pueda hacer 
una comparación con el grado de desarrollo que alcan- 
zara la ciudad hasta el 25 de diciembre de 1917, baste 
decir que contaba la capital con 10,500 casas. 



100 NARRACIONES 



Dedicaremos unas cuantas líneas a la Sexta Avenida 
Sur, llamada en otro tiempo Calle Real. Antes y des- 
pués de nuestra emancipación política vivieron en las 
casas muchas de las principales familias de la sociedad 
de Guatemala . 

La transformación de la Sexta Avenida fué comple- 
ta desde el ano de 1880. Se le conceptuó como la 
principal arteria comercial, aunque competía con ella 
la Novena Avenida, antes de la entrada del Ferro- 
carril del Sur a la ciudad. Tuvo elegantes edificios 
antiguos y modernos, entre ellos la hermosísima 
fachada de la Dirección General de Correos, inau- 
gurada el ano de 1908. (Antes Tercera Orden). 

Fué establecida en la misma calle el Ferrocarril 
Urbano, en la época del General Justo Rufino Barrios. 

Las casas marcadas con los números 1 y 3 pertene- 
cieron en otro tiempo a don Juan Bautista Alvarez 
de Asturias. 

La casa contigua a la Real Aduana a doña Rosario 
Rubio de Nájera. La casa de esquina en la que Vivió 
dona Francisca Aparicio de Barrios, a don Ramón 
Bengoechea (p). 

La casa en la que estaba últimamente el Consulado 
de la República de Santo Domingo fué de doña Dolo- 
res Asturias de Nájera . 

La que reconstruyeron los señores Rosenthal de la 
familia Aycinena. Vivió en ella don Miguel García 
Granados. 

La casa número 2, de don Rafael Ángulo era tam- 
bién de la familia Aycinena. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 101 



La casa numero 9, de altos, en la que se halla esta- 
blecida la farmacia ''La Salud" de don Manuel Mel- 
gar, pertenecía a don José Nájera, Ministro de la 
Guerra del Presidente General don Rafael Carrera. 

Las casas números 11, 13 y 15 formaban una sola, 
de don Miguel Alvarez de Asturias. 

La numero 4 habitada por los señores Schwartz, 
fué de la señora de Rivas. 

Poco, muy poco había variado la casa número 6, 
del Ministro General de la Real Hacienda don Fran- 
cisco Nájera. Adornaban la cornisa varios perillas de 
cal y canto. De dicha casa hay memoria de haber 
salido la primera procesión que hubo en Guatemala. 
El pueblo condujo a la Virgen del Rosario traída de 
Santo Domingo de la Antigua Guatemala, a la capilla 
del mismo nombre de esta ciudad. 

La casa de don Antonio de Aguirre perteneció a 
doña María Manuela Pavón de Azpuru. Ostenta aun 
la puerta de calle magnífico marco de piedra labrada, 
imitando la de las casas principales de la Antigua 
capital. 

La casa de esquina número 17 la construyeron el 
año de 1876; vivía en ella últimamente la familia de 
don Julián Batres. 

Las casas que siguen al Banco Internacional eran 
de la familia Pavón. Llegó a tener esa cuadra cons- 
trucciones de primer orden cuyos alquileres costaban 
mensualmente sumas extraordinarias. 

La casa número 16, de esquina, de don Antonio 
Asturias, perteneció a don Antonio Asturias Pavón. 
Sobre la portada de este edificio alzábase un mirador. 



[02 NARRACIONES 



hace 46 años. Desde él presenciaron la entrada de las 
tropas libertadoras al mandó de los caudillos Miguel 
García Granados y Justo Rufino Barrios, el 30 de 
Junio de 1871 en la mañana, varios personajes nota- 
bles del partido caído. 

Don Antonio Taboada y Asturias poseía hace trein- 
ta años la casa numero 18. (La Primavera.) 

La casa de altos que habitó el orador parlamentario 
Lie. don Antonio Machado, hoy de don Luis Urruela 
(Gran Hotel Central), perteneció a los señores don 
Manuel y José María Urruela. 

La llamada de Larraondo, marcada con el número 
23, era propiedad de doña Teresa Batres de Arzu. 

La casa número 27, llamada de Cruz, pertenecía al 
señor Soto. 

Desde la casa que construyeron en la esquina de la 
6^ Avenida y 12 Calle los señores Samayoa Bonifaz, 
edificio particular de los más hermosos de Guatemala, 
hasta cerca del templo de Santa Clara se extendía en 
otro tiempo el convento de este nombre. El General 
Justo Rufino Barrios mandó construir en 1881 el 
Mercado de La Reforma, que concluyó por ser un 
Mesón grande, falto de aseo, como por lo regular han 
sido estas casas de hospedaje. 

Entre las pocas viviendas con alero en la sexta 
Avenida contábase la de Arrechea. 

La número 24 perteneció a don Ventura Nájera. 
En ella se hallaba instalado el^ ''Bazar Moderno." 

Luego seguía la cuadra del suntuoso edificio del 
Correo Nacional (Tercera Orden), Primera Sección de 
Policía y Dirección General de Contribuciones. Al 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 103 

frente las casas llamadas de Reina Barrios, el Teatro 
Europeo y las propiedades de Vega. 

En el terreno en ei que se extendía el jardín La 
Concordia al fundarse la ciudad alzábase una colina, 
cuyas faldas extendíanse hasta cerca del Cuartel de 
San Francisco. Fué demolida en pocos años, así como 
la de la 8^ Avenida Sur y 12 Calle Oriente. 

Se proyectó al principio de la traslación levantar en 
la manzana de dicho jardín la iglesia de Nuestra Seño- 
ra de los Remedios. No se realizó la idea y el terreno 
lo convirtieron primero en Capilla provisional de San 
Francisco el Viejo— 17T8 — y luego, por poco tiempo, 
en Cementerio. 

Recuérdele la disposición del Teniente Gobernador 
Jorge de Al varado, fecha 21 de noviembre de 1527, 
al fundar la capital en Almolonga: Decía esa Orden: 
*'Otro sí mando, que se señale un sitio cual convenga, 
para una ermita y oratorio que contenga y haya por 
nombre Nuestra Señora de los Remedios." 

Trajeron los españoles una imagen llamada de la O 
y quisieron levantarle un templo, como en efecto lo 
hicieron en Almolonga en 1530. Arruinada la ciudad 
ia construyó en Panchoy Baltazar de Estévez en 1575. 

Trasladaron en 1784 la parroquia de los Remedios a 
este Valle, designándole puesto provisional en el Cal- 
vario, así como a la iglesia de la Santa Cruz, sin que 
se hiciera la edificación de esos templos por falta de 
dinero. 

Las bonitas casas frente al lado oriental del jardín 
La Concordia, en la misma Sexta Avenida, las mandó 
construir don Luis Asturias, de 1866 a 1868. 



104 NARRACIONES 



p]ntre las casas de altos en el resto de la Avenida 
fiíjuraba la del j^eneral Villalobos. 

Por la Calle Real pasó en procesión, traída de la 
Antigua Guatemala, en la tarde del 18 de oaa.yo de 
1784, la Virgen de Dolores del Cerro, para ser con- 
ducida a la Ermita de la Candelaria. Por la misma vía 
hizo su entrada solemne el limo. Arzobispo Doctor 
Francisco de Paula García Peláez, después de haber 
sido consagrado en San Salvador, el año de 1842, 
haciendo estación en el templo de Santa Clara, acom- 
pañado de las autoridades civiles y eclesiásticas. Esa 
ruta llevó la procesión de la Virgen de Concepción en 
1855 (fiestas con motivo de la Definición Dogmática). 
El pueblo costeó una corona de oro y pedrería para 
la imagen, y Benedicto Sáenz escribió para esa fiesta 
una Salve Regina. 

Por la misma calle pasaron en diversas épocas ejér- 
citos expedicionarios al mando de distintos jefes. 
También hizo su arribo, en 1869, procedente de Nica- 
ragua, el Arzobispo Bernardo Pinol y Ajxinena. 

El 30 de junio de 1871 hizo su entrada triunfal el 
Ejército Libertador. 

En medio de jubilo inmenso entró de regreso del 
exterior, pasando bajo arcos triunfales el Reformador 
Justo Rufino Barrios y a principios de abril de 1885 
fué traído su cadáver al morir heroicamente en 
Chalchuapa; por la Sexta Avenida se encaminó el gran 
desfile histórico con motivo del cuarto centenario del 
descubrimiento de América. 

De los Pasos o Ermitas únicamente diremos que en 
vez de catorce, que son las del ''Vía Crucis,"aquí 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 105 



en Guatemala, hubo ''quince;'* las capillas ocupaban 
el espacio entre San Francisco y el Calvario. Des- 
tacábanse dos al pié de la escalinata de 44 gradas, sobre 
el cerrito. 

Las estaciones XII, XIII y XIV se hallaban en el 
interior de la iglesia. 

Respecto a la escultura de la Estación XII hay esta 
versión : Se dice que fué hecha por Vicente España, 
lo mismo que el altar, para colocarla en una de las 
ermitas al pié del Oerrito. Como fué traído de la 
Antigua Guatemala, un Cristo grande, con las escul- 
turas de Di mas y Gestas, sustituyó a este grupo, en 
el interior del templo la XII Estación, sobrando la 
escultura y altar de la pequeña ermita, que fueron 
obsequiados a la capilla de los muertos del Hospital 
de San Juan de Dios, escultura a la que llaman desde 
hace pocos anos el Señor de la^ Misericordias. El altar 
viejo del Crjsto que por tantos años estuvo en lóbrego 
y solitario recinto, entre muertos infelices délas salas 
de Clínica del Hospital, lleva en la parte. alta grabadas 
en madera, bien visibles, éstas cifras: "XII," que 
corresponden a la Estación de la muerte del Redentor 
en la Cruz. 



N.-U. 



106^ NARRACIONES 



^ Por los datos anteriores se podrá formar ligera idea 
del grado de desarrollo que venía alcanzando la Nue- 
va Guatemala, desde su fundación. 

La afligieron únicamente, en distintas épocas, to- 
rrenciales lluvias o ''temporales," varios de ellos 
muy copiosos y en cierta ocasión la caída de granizo 
en enorme cantidad, hasta quedar las techos de las 
casas con gruesa capa de hielo. 

El ano de 1780 hubo una calamidad que se extendió 
a las poblaciones del reino: la terrible peste de virue- 
las, siendo necesario mandar establecer tres cemente- 
rios fuera de poblado. La Municipalidad de la capital 
dividióse en comisiones a efecto de visitar los cuarte- 
les, prisiones y lazaretos. 

En extensas enramadas se mandaron establecer dos 
lazaretos, uno de ellos en el lugar llamado Campa- 
mento, (hoy Penitenciaría Central). Se recordará 
que en ese tiempo el doctor don José Flores inoculó 
por primera vez la vacuna, que fué may combatida 
hasta por algunos médicos que establecieron dudas y 
desconfianzas entre las gentes. El brillante resultado 
de la vacuna no se hizo esperar, aminorándose con 
el tiempo los estragos de la peste. 

El año de 1794 apareció otra vez la viruela. £1 
doctor don José Flores hizo publicar luego, en la 
imprenta de don Ignacio Beteta, el 25 de octubre, las 
Instrucciones sobre el modo de practicar la vacuna . 

Cuidadosamente registramos cuanto documento lle- 
gó a nuestras manos a efecto de hallar noticias refe- 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 107 



rentes a los temblores de tierra más fuertes que se 
lian sentido en la Nueva Guatemala y únicamente hay 
relación exacta de ellos en publicaciones hechas por 
ios Padres Jesuitas. siendo muy fatigosa y cansada su 
lectura . 

Se desprende de esas noticias que el año de 1828 
hubo algunos sacudimientos de tierra que dieron ori- 
gen a profundos estudios entre notables hombres de 
ciencia acerca de esos fenómenos, tan frecuentes en 
America . 

Causaron alarma los del año de 1831, hasta el ex- 
tremo de que el Grobierno y los principales vecinos 
de la ciudad buscaron asilo en viviendas rusticas del 
pueblecito de Jocotenango. Los recios sacudimientos 
hicieron perjuicios a varias iglesias, formándose una 
grieta en la fachada de la de San José . 

En 1837, días antes de aparecer el cólera mórbus, 
hubo algunos temblores de poca intensidad; ninguna 
persona se preocupó de ellos, tal era el pánico que 
causaban las noticias de la peste en Conacaste, Monte 
Grande, Sanarate y en Mataquescuintla. 

A fines del mes de diciembre de 1842 l^ubo un mo- 
vimiento terráqueo a la una de la madrugada: el agua 
salió de las fuentes, volaron las aves que dormían en 
ios árboles, lo mismo que las de corral saltaron en los 
gallineros. 

A los pocos meses escribía el Dr. Miguel Larreina- 
ga el estudio ''Memoria sobre el fuego de los volca- 
nes," publicándose ese trabajo, en folleto, el 28 de 
julio de 1843, 

El 20 de marzo de ese mismo año aparecía en el 
firmamento un lindísimo cometa que causó la admira- 



108 NARRACIONRS 



ción no sólo de los vecinos de la capital, sino también 
de todo el país. 

Tembló durante algunos días y noches el ano de 
1851 . Hubo un período como cerca de seis años de 
tranquilidad, hasta los estremecimientos de tierra del 
21, 22 y 23 de noviembre de 1857, surgiendo durante 
dos o tres días una columna de humo del Pacaya. El 
segundo cólera tocaba a su fin, haciendo 3,280 vícti- 
mas, entre ellas el doctor don Quirino Flores, Proto- 
médico de la República; el compositor musical Lie. 
don Benedicto Sáenz; los flautistas don Leandro An- 
drino y don Domingo Gutiérrez; el Director de la 
Banda de Música de*l Batallón numero 2, don Trinidad 
Andrino; doña Petrona García, eisposa del General 
don Rafael Carrera; el Lie. don José Antonio Larra- 
ve, Director de la Sociedad Económica y otros. 

Pasados cinco años los moradores de Guatemala tu- 
vieron nuevos sobresaltos con los temblores de 1862 
y 1863. 

El ilustrado personal que estaba al frente del Ob- 
servatorio del Seminario de esta capital publicó los 
siguientes datos, que creemos de interés: 

'' El viernes 26 de diciembre a la Ih. 42' de la tar- 
de se sintió un sacudimiento de tierra, que duró como 
33". Su dirección parecía ser de Suroeste a Noroes- 
te, pues la bola del sismómetro fué a parar a este 
último punto, indicando, por consiguiente, un impul- 
so de Suroeste. Esta dirección coincide con corta 
diferencia con la dirección del primer impulso del pri- 
mero y más fuerte de los temblores pasados. Los 
péndulos, a pesar de ser sumamente sensibles, pre- 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 109 



sentaban el fenómeno singular de estar completamente 
inmovibles; y por esta causa, no fué posible determinar 
la magnitud y duración de las oscilaciones. Parece 
que hacia la mitad del temblor, sobrevino un nuevo y 
algo más fuerte impulso, que resistiendo acaso a la 
vuelta de la oscilación del primero, neutralizó ésta, 
impidiendo su efecto en el péndulo. Los fenómenos 
meteorológicos no ofrecían notable irregularidad, si 
no es la subida de la temperatura de 21,2 en el termó- 
metro exterior, extraordinaria ciertamente en el mes 
de diciembre; y el consiguiejQte enrarecimiento de la 
atmósfera, siendo la temperatura de este día la mayor 
observada en este mes. "^ 

Temblores.- 22 de febrero de 1863. El Director 
del Observatorio meteorológico del seminario, R. P. 
Lizarzaburu, da los siguientes datos respecto a los 
temblores que se sintieron en esta ciudad el 15 del 
corriente: *' El domingo 15 del corriente volvieron a 
percibirse dos temblores bastante notables. El pri- 
mero a las 9h. 5' de la mañana, subsulatorio en su 
mayor parte; pues el péndulo de hélice oscilaba de 
arriba abajo 8 mm.; en el de oscilación, predominando 
el impulso de trepidación se producía un movimiento 
circular. La bola del seismómetro fué a parar al 
SSO.: la duración fué de unos 12". El segundo se 
hizo sentir a las lOh. 6' de la mañana. En este fué 
más marcado el movimiento oscilatorio que se exten- 
día a unos 15 milímetros fuera de la perpendicular. 
El péndulo de hélice no se movía y el de oscilación y 
el seismómetro indicaban la misma dirección que el 
anterior; se continuó por unos 7", el cielo todo sere- 
no, el viento no tuvo notable alteración. 



lio NARRACIONES 



Después de los temblores anteriores se han sentido 
de nuevo otros dos. El primero el día 5 de marzo a 
las ocho y media de la noche, oscilatorio, sumamente 
suave y de muy corta duración que se prolongó por 
tres o cuatro oscilaciones» 

El segundo tuvo lugar en la noche del 9 al 10 del 
corriente, a las 12 y 32, oscilatorio también como el 
anterior y en la misma dirección. Se continuó por 
unos 6 segundos, teniendo cada oscilación como unos 
3 milímetros; se percibía un ruido bastante notable, a 
lo que parece debe atribuirse el que a pesar de lo 
avanzado de la noche y de no haber sido mu^^ fuerte 
el sacudimiento, fuese percibido el temblor de mayor 
número de personas de lo que las circunstancias lo 
permitían. Entre sí los fenómenos atmosféricos fue- 
ron más violentos. No debe dejarse de notar aquí un 
fenómeno observado con los temblores del 15 del mes 
pasado. La bola del seismómetro cayó en una direc- 
ción opuesta a todas las anteriores; a pesar de ésto 
no se aseguró que la causa de aquellos temblores pro- 
cediere de una causa diametral mente opuesta a las 
de los primeros, pero informados por personas com- 
petentes en la materia y por personas que se hallaban 
hacia el Este de esta ciudad a la parte de Canales, de 
haberse sentido hasta once sacudimientos, en tanto 
que en la Antigua se sintieron sólo los mismos que 
aquí, pero con mucha menor intensidad.'' 

No debemos olvidar el temblor llamado de la octava 
de Guadalupe (1863), en los momentos en que el rezado 
encaminábase del templo de San Juan de Dios hacia 
el del Santuario. El tiempo era despejado aunque 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 111 



muy frío. Habían dado las nueve de la noche y el 
publico se aglomeraba en los cuatro lados laterales de 
la plazuela. Al sentirse el temblor el bullicio se con- 
virtió en plegaria. Pasaban en esos momentos por 
la plazuela, encaminándose al centro de la ciudad, el 
presbítero don Ignacio Prado y el Lie. don Vicente 
Sáenz y hubo un segundo en que casi no podían perma- 
necer de pie. En varias torres de iglesias el movi- 
miento terráqueo hizo tocar las campanas. 

Con motivo de los temblores de tierra de 1862 a 
1863 se habló mucho en Guatemala de que la Cordi- 
llera de los Andes estaba afectada porque según ** El 
Correo de Ultramar" se habían sentido movimientos 
terrestres en distintos puntos de la América . En ese 
mismo tiempo publicó un estudio importantísimo so- 
bre Los Andes, el geólogo Arístides Rojas, dando 
principio a sus trabajos con las líneas que siguen: 

'' Los Andes marchando al oeste de la América con 
sus masas de pórfido y de traquita circundan las ori- 
llas del Pacífico con una faja de fuego y de hielos 
eternos. Apenas han dejado atrás el Cabo de Hornos, 
y se levanta de 600 a 1,000 y 2,000 metros sobre el 
nivel del mar. Es aquí que principia esa gran esca- 
lera de alturas, en que el gigante desde los 4,000 has- 
ta los 6,000 metros va a coronarse con las majestuosas 
cimas del Cotopaxi y del Antisana, del Cuyambé y 
del Arequipa. Un esfuerzo más y el Ilimani y el 
Sorata se levantarán a 6,456 y a 6,490 metros. Un 



112 NARRACIONES 



esfuerzo más y los Andes lev^antarán la masa del 
Chimborazo, a 6,530 metros, para en seguida escon- 
derse en la noche de los hielos eternos, en las cimas 
del Sabama y del Aconcagua (7,012 y 7,291). He 
aquí el apogeo en que el Titán coronado de fuego y 
de nieve domina con su mirada todas las creaciones 
del nuevo mundo; y cual un torrente se ensancha, se 
ramifica, forma sus contrafuertes, establece sus valles 
y va menguando en alturas en busca de un itsmo ba- 
ñado por dos océanos . Pero apenas ha franqueado la 
estreha lengua de tierra que parece oponerse* a su 
paso, el Titán se rehace de nuevo y en su expansión 
levanta los elevados volcanes de Centro América, va- 
rios de ellos temibles por sus erupciones, para en se- 
guida volver a esconderse en la noche de los hielos, 
en las abrasadoras cimas del Popocatepetl, (4,500 me- 
tros). Aquí su nuevo apogeo, para después descen- 
der las montanas rocallosas y perderse al fin en los 
confines del Nuevo Mundo, en las soledades del polo 
norte. ^Qué han dado los Andes en su largo tránsito? 
Han formado nudos y contrafuertes y entre ellos 
lagos y mesetas alpinas. Con sus declives rápidos al 
oeste han puesto un dique al Pacífico, mientras que, 
ensanchándose al este, han formado esos valles con 
sus montanas, con sus ríos caudalosos en una y otra 
América. En otros términos han formado las Pam- 
pas de la Plata y de la Patagonia, las montanas del 
Brasil, las llanuras del Amazonas, las estepas del 
Apure y del Orinoco, las praderas y sabanas del Mis- 
sisipi: emporios todos de riqueza, bañados por los ríos 
más caudalosos del mundo, que naciendo de las más 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ US 



altas cimas de la tierra, vienen a morir al Atlántico, 
después de haber nutrido esas selvas colosales que el 
Viejo Mundo envidiaría y que guardan en su seno la 
patria del oro y del diamante, 

Pero no es aquí que se limita la grandeza de los 
Andes. En su curso ellos han dado nacimiento a 114 
bocas de fuego; inmensa batería de Vulcano, verdade- 
ros pulmones en que el planeta vomita el fuego que 
le asfixia. Cuando en su vuelo majestuoso los Andes 
se elevaron a la región de las nieves eternas, la inten- 
sidad volcánica, en armonía con las grandes m^sas, 
apareció tambi^.n colosal, amenazadora y el terrible 
Sangay fué, al Sur del hemisferio, el punto culminan- 
te del incendio subterráneo. Pero apenas esos mismos 
Andes atravesaron el istmo, la intensidad volcánica 
despertó de nuevo y el JoruUo, vomitando sus mil 
conos levantó sobre su8 hombros las montanas que le 
circulan. De aquí al norte la intensidad volcánica 
decrece a proporción que decrecen las alturas, para 
perderse del todo en las orillas del Makencie, en que 
según la feliz expresión de Humboldt, los companeros 
de Franklin encontraron cuarenta nebulosas de azufre 
que se levantaban en las selvas abrasadoras . He aquí 
los Andes, Cuando el navegante del Pacífico ve a lo 
lejos esas cimas encendidas en que se refleja entre la 
nieve la luz fantástica de los volcanes, y que el agua, 
la tierra y el aire se estremecen a cada detonación 
■ convulsiva, él se pregunta: la qué fin ese trastorno 
que destruye la naturaleza física, que anonada a los 
pueblos, que destruye y aniquila las ciudades, que 
derrumba los palacios y las basílicas, las chozas y ca- 

N.-15. 



114 NARRACIONES 

. ^ : 



bañas, que todo lo sumerge con el movimiento formi- 
dable de la tierra, o lo hunde en el torbellino del fuego 
de la erupción? Toca a la ciencia responder. Es la 
fuerza de los átomos que consolida al mundo, es la 
la afinidad y la atracción en su fuego eterno formando 
la síntesis de los continentes; es la fuerza vital en la 
naturaleza bruta, creando con el fuego la futura pa- 
tria en que la humanidad se consumirá, y en que, en 
posesión de los tres reinos, dominará la tierra con la 
poderosa luz de su espíritu. " 

* 
* » 

No entraremos a detallar los temblores de poca in- 
tensidad a fines del pasado siglo. 

Acerca de los del 9 de agosto de 1866 a las 7 a. m., 
dice ''La Semana" que fueron dos, uno suave, y otro 
muy fuerte, causando éste mucha alarma: en el movi- 
miento de uno y otro se notó que hubo combinación 
de oscilación y subsultación; la oscilación fué de dos 
segundos en dirección de SO. a NE. dirección que 
coincide próximamente con la del Volcán de Fuego: 
la subsultación de arriba a abajo se manifestó un poco 
mayor, como de tres milímetros. El cielo en el mo- 
mento del temblor fuerte era puro y despejado y 
solamente notáronse sirros en todas direcciones: la 
presión atmosférica marcada por el barómetro redu- 
cido a O era de 642,48 mm. 

Han transcurrido diez anos de los temblores fuer- 
tes de 1863. Gobernaba el país el Reformador Justo 
Rufino Barrios, tomando posesión de su elevado cargo 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 115 

aen mpyo de 1873. Eq agosto del ano siguiente de 
1874, acompañado de reducido círculo de personas 
salió de la capital con dirección a Quezaltenango, con 
-el propósito de unirse en matrimonio con la señorita 
Francisca Aparicio, regresando a fines del mismo mes 
a la capital, pasando por la Antigua Guatemala, don- 
de la sociedad le tenía preparado un baile en el salón 
municipal. La fiesta como es de suponerse revistió 
magnificencia, asistiendo las familias principales: era 
entonces la sociedad antigüeña numerosa y selecta; en 
esa época no se habían trasladado ciertas familias a la 
capital, gozándose allá de relativa comodidad. Invita- 
ron a4 baile en honor al General Barrios y a su señora 
esposa, además del Jefe Político del departamento. 
Coronel J. Martín Barrundia, la Municipalidad anti- 
güefía. El 28 de agosto el General Barrios hacía su 
entrada a la capital, hospedándose en la casa donde 
hoy se halla el Banco Americano, en la séptima 
avenida sur. 

Lejos estaban los antigüenos de imaginarse que a 
ios pocos días del espléndido recibimiento que le hi- 
cieran al esclarecido gobernante de Guatemala, iban 
a pasar por largas horas de pena, producida por una 
serie de temblores de tierra de los que aun se conser- 
va latente memoria. 



116 NARRACIONES 



El (Bttttt ht Ülíjimaríf0g 

Va^ inquietud se apoderó entre el vecindario de 
la Anti^a Guatemala desde el primer domingo de 
ag-osto de 1874 a causa de los temblores de tierra que 
se iniciaron con uno muy fuerte y otros de menor 
intensidad. A los pocos días corrió la voz de que en 
ciertos lugares había algunas grietas y de que en te- 
rrenos a inmediaciones del Cerro del Tigre o de Chi- 
machoy notábase acentuada e intensa vibración. 

El cerro, decían muchas gentes, está próximo a 
reventar . 

Extiéndse el pueblo de Dueñas al pie del Cerro 
del Tigre; sus habitantes, aunque alarmados con los 
repetidos movimientos terrestres no creyeron en una 
próxima erupción. Despréndese dicho Cerro del 
volcán de Acaten» ngo y sigue hacia el norte con on- 
dulaciones más o menos altas, hasta unirse con la 
Cordillera de los Andes. 

Llegó la triste noche del jueves 3 de septiembre; 
horas antes el tiempo presentóse frío y nebuloso, 
como es por lo regular el tiempo durante dicho mes, 
en que la estación de las lluvias es tan rigurosa. 

Entre las familias acostumbrábase en aquellos tiem- 
pos recogerse a las ocho de la noche; una hora más 
tarde el silencio en las calles era completo, transitán- 
dolas únicamente los agentes de la policía nocturna y 
a veces el Negro Antonio, Jefe de los Gendarmes . 

Nuestra casa tenía mucha amplitud, con grandes y 
formidables paredes al contorno, ennegrecidas por el 
tiempo; alzábanse en el interior las habitaciones como 
se acostumbró por largo tiempo después de 1773. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ ll7 



Poco valían las casas en la vieja capital y de allí que 
poseyeran nuestros padres la que fué en 1685 del 
muy noble señor don Cristóbal de Alvarenga, Mayor- 
domo de la Archicofradía del Santísimo, y en 1773, 
de don Miguel Alvarez de las Asturias y Nava, res- 
taurada hará treinta anos por el Lie. don Mariano 
Cruz y hoy propiedad de la familia de don Pedro Pérez. 

Cuentan viejas crónicas que en 1685 recibió noti- 
cias el Presidente, don Enrique de Guzmán, así como 
el Ayuntamiento, de que se acercaban a las costas de 
Guatemala en el Pacífico algunas partidas de filibus- 
teros con intención de atacar la capital, como lo hi- 
cieran en otras ciudades de importancia. El pánico 
que hubo en el vecindario no es para describirse, 
principalmente entre los ricos y pensaron en el peli- 
gro que corrían sus intereses. 

Numeroso destacamento de españoles y criollos, 
mal armados, llevando al frente a un capitán, se diri- 
gió a Escuintla a principios de octubre. Allí espera- 
ban a los filibusteros caso de que se atrevieran a 
desembarcar por cercano puerto . 

La casa del señor de Alvarenga, en la Calle de San 
Francisco, frente al Colegio de San Buenaventura, 
poseía en aquel entonces extensa huerta, colindante 
con el convento de monjas de Santa Clara. En esos 
días la familia se hallaba ausente y varios pilludos 
logrando esa circunstancia, introdujéronse por el so- 
lar de Nuestra Señora de la Luz con el propósito de 
cortar algunas frutas. Al pasar frente a un aposento 
cerrado por ancha puerta, uno de los muchachos espió 
por las cerraduras y se imaginó ver, casi en la oscu- 
ridad, que adentro se hallaban cuatro personajes de 
atlética estatura, vestidos con raro traje . 



118 NARRACIONES 



Ver aquello los muchachos, salir huyendo y dar 
parte a la autoridad, todo fué uno. El sol iba hun- 
diéndose en el ocaso y no obstante esto al circular la 
noticia de que la casa de Alvarenga estaba ocupada 
por filibusteros casi todo el vecindario salió a la calle, 
poniéndose en guardia unos, armándose otros, cerran- 
do sus tiendas y casa» muchos, siendo escasos los que 
se presentaron en la Plaza Real a ofrecer sus servicios. 

El Capitán General ordenó al Alférez la captura 
inmediata de los bandoleros, y puso a sus órdenes 
cincuenta hombres armados de carabinas y mosquetes. 
La muchedumbre siguió a la tropa; la casa de Al va- 
renga fué asaltaba; con la obscuridad no se podía 
distinguir bien el interior de las habitaciones, pero la 
patrulla iba lista para hacer fuego. De pronto se 
vio la tropa frente a la ancha puerta de madera y 
rompiéndola a culatazos hicieron saltar las tablas y 
cuando creyeron hallar a los filibusteros encontráron- 
se frente a frente con los cuatro gigantes de Corpus, 
en fila. 

El chasco fué bien pesado: desde entonces se llamó 
a la vivienda de Alvarenga la Casa de los Gigantes. 

En uno de' sus patios nos tocó pasar la terrible no- 
che del 3 de septiembre de 1874. El tiempo, como 
ya dijimos, era nebuloso y la temperatura fría. Cuan- 
do más tranquilas se hallaban las familias, la tierra 
estremecióse horriblemente: fué una sacudida trepi- 
datoria que causó destrozos en las casas, arrojando al 
suelo mucho de lo que dejara sin destruir el terremoto 
de Santa Marta. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 119 



Las gentes corrieron buscando la salvación en los 
patios grandes y en las plazuelas públicas; con el rui- 
do siniestro de la caída de los techos y paredes de las 
casas se mezclaron los lastimeros gritos del pueblo, 
los cánticos místicos que son de fatal efecto para el 
ánimo de la gente de temperamento nervioso. .Quiso 
la mala suerte que en esos momentos cayera menuda 
lluvia. A medida que el tiempo avanzaba los sacudi- 
mientos se multiplicaban aunque no tan fuertes como 
el primero. A las dos de la mañana pocl|j;^fnás o 
menos comenzó a incendiarse una casa, siendlr impo- 
sible de parte del vecindario prestar auxilios por la 
tribulación en que todos se hallaban. 

Estaba al frente de la Jefatura Política el Coronel 
don J. Martín Barrundia y era Alcalde Primero Mu- 
nicipal don José María Arrióla. Como a las nueve y 
media el primero de dichos funcionarios recorría la 
ciudad, montado en brioso corcel tordillo, dictando 
las disposiciones que creía oportunas y poniéndose en 
comunicación con todas las autoridades. 

En los instantes en que el fuego tomaba alarmantes 
proporciones, el Coronel Barrundia llegó a la casa del 
Alcalde, señor Arrióla, a consultar qué providencias 
podían dictarse con la nueva catástrofe, manifestán- 
dole al mismo tiempo que el General don Justo Rufino 
Barrios permanecía junto al aparato telegráfico espe- 
rando noticias de los acontecimientos que se desarro- 
llaran en el resto de la noche. 

El Alcalde contestó que el vecindario no podría 
prestar su colaboración sofocando el fuego, porque se 
hallaba en extremo atribulado, pero que le parecía 



120 NARRACIONES 



prudente que solicitara del General Barrios la liber- 
tad de los presos que por delitos leves guardaban 
prisión en la cárcel publica, auxiliando con ellos a los 
vecinos que más lo necesitasen. 

El Coronel Barrundia obtuvo en el acto la orden 
del General Barrios, con la condición de que los reos 
ayudaran en todo lo que les ordenara la primera auto- 
ridad departamental. 

Sie^li)re se recordará la actitud heroica de aquellos 
infelié^ presidiarios que expusieron su vida por sal- 
var las de tantas personas en momentos de terrible 
aflicción. El fuego pudo ser extinguido a las dos 
horas de haber comenzado. 

La aurora del nuevo día alumbró un campo de deso- 
lación y ruinas y el vecindario pudo darse cuenta de 
lo que había sufrido la ciudad. 

Se supo que la agrietada cúpula del templo de San- 
ta Clara, templo y convento ya en ruinas desde 1773, 
se había desplomado, cayendo en el interior y sepul- 
tando bajo las grandes masas de cal y canto una fami- 
lia entera, exceptuándose una nina como de seis anos, 
llamada Magdalena, que por casualidad se había dor- 
mido en el hueco donde estuvo hace más de siglo y 
medio el altar mayor. 

A la familia víctima del terremoto de aquella noche 
fatal la conocían con el nombre de las pateras porque 
vendían las patas de las reses que destazaban en el 
Rastro. Por eso el vulgo al recordar la catástrofe 
del 3 de septiembre de 1874 le llaman el **Terremoto 
de las pateras." 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 121 



En el pueblo de Dueñas el desastre fue completo: 
e\ temblor de tierra de las 9 y 15' arrojó de sus camas 
a las gentes; el terror aumentó al oírse un ruido como 
de centenares de carros rodando sobre duro pavi- 
mento: era el agua que salía del llamado Cerro del 
Tigre o Chimachoy, en enorme caudal arrastrando 
cuanto a su paso encontraba. Un sujeto, llamado 
Manuel Monasterio, trató de salvarse subiéndose a 
las ramas de árbol corpulento; el agua con su potente 
fuerza lo arrancó con todo y raíz, arrastrándolo a 
larga distancia; Monasterio agarrado de las ramas y 
con una de las piernas rota fué salvado el siguiente 
día por varios campesinos a orillas de la población. 
La creciente arrastró en su vertiginosa carrera infeli- 
ces gentes de varios caseríos. , 

Fué tal la sacudida que sufrió el terreno sobre el 
que se extendía el pueblo de Parramos que sus habi- 
tantes no pudieron reconocer el sitio en que la víspera 
de la inundación se hallaban sus viviendas. 

Quedaron arruinados el pueblo de Itzapa y el histó- 
rico de Patzicía. 

El río llamado de *'E1 Portal," que tiene su origen 
en un riachuelo de Itzapa, aumentó su caudal, lleván- 
dose las aguas animales muertos, muebles, madera y 
piedras, produciendo ruido pavoroso. 

El cuatro en la mañana el presidio, dirigido por 
don Patrocinio Torres, extraía de entre los escombros 
de la iglesia de Santa Clara, en la ciudad, una masa 
horrible de carne humana colocándola sobre tablas: 
eran los cuerpos triturados de las patej'osj a quienes 
la muerte sorprendió cuando dormían. El pueblo, 
curioso, se agolpó con el objeto de ver el montón de 
caroe, de miembros y de huesos mutilados 

N.-16. 



122 NARRACIONES 



Es fama que en aquellos días aciagos el General 
Barrios supo ser g-eneroso con el pueblo antigüeño. 

Respecto al pueblo de Dueñas se cuenta con inexac- 
titud, que un día se hallaba el magnánimo de don 
Pedro de Alvarado en su palacio, cuando recibió la 
visita de varias señoras, vestidas de luto, para supli- 
carle, como viudas de conquistadores, les diera repar- 
timientos para subsistir. 

Ponen algunos cronistas en labios del conquistador 
estas palabras: 

*' Razón tienen vuestras mercedes en ocurrir a 
quien no se olvida de sus amigos y soldados. Por mi 
ánima que tendréis lo que deseáis y como punto de 
la voluntad que tengo de serviros, dispongo desde 
ahora que los campos que quedan al oriente de esta 
ciudad, se destinen a plantaciones de milpas con cuya 
cosecha en algo aliviaréis vuestras necesidades." 

Dícese que don Pedro bautizó el lugar con el nom- 
bre de San Miguel Milpas Dueñas, después le llama- 
ron San Miguel Milpadueñas y por último Dueñas, 
a secas. 

Parece que lo anterior es inexacto, según afirmaba 
el sabio guatemalteco don Juan Rodríguez Luna; no 
hubo, decía este compatriota nuestro, en los primeros 
tiempos de mando de don Pedro de Alvarado, sino 
una o dos viudas de soldados castellanos y aunque se 
hubieran contado muchas, existe en el archivo de la 
iglesia del pueblo de Dueñas, un documento en el que 
consta la historia de la fundación del pueblecito, he- 
cha por un castellano de apellido Dueñas. 

Después del 3 de septiembre hubo temblores casi 
todos los días hasta el 6 de enero de 1875. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 123 

Han sido espectáculo maravilloso las erupciones de 
fiuestros volcanes a juzgar por lo que de ellas se ha 
escrito. La ultima del Volcán de Fuego llenó enorme 
espacio con sus matices lilas y violetas y con sus gran- 
des globos rojos que al ascender ^.rompíanse en mií 
pedazos como lluvia de oro. 

Transcurridos siete años del terremoto de septiem- 
bre de 1874 la ciudad de la Antigua Guatemala con- 
servaba su aspecto tranquilo y poético acentuándose 
mucho las excursiones de los turistas; la competencia 
entre las empresas de las diligencias hicieron bajar 
los pasajes a un peso plata de ida y otro de vuelta. 

Los turistas iban en busca de los establecimientos 
balnearios y a gozar del clima delicioso de aquella 
privilegiada tierra. En diciembre, suave y agrada- 
ble viento agita las hojas de los grandes eucaliptos, 
de los ramilletes que ostentan los árboles de Jacaran- 
da, de los cipreses y gravileas que dan sombra a los 
patios de las fincas, y en marzo, durante las fiestaá de 
la semana mayor, embalsaman el ambiente las abun- 
dantes matas del oloroso trébol. 

Parece que el genio de la felicidad y de la vida se 
extiende en el extenso valle desde el Manchen hasta 
San Juan del Obispo y desde el Cerro de la Cruz has- 
ta Santa Lucía y el Espíritu Santo, tal es la belleza 
de lo que en tiempos muy lejanos se conoció con el 
nombre de Panchoy. 

Es tierra muy bella, en efecto, pero aciaga para las 
obras de los hombres. 



124 NARRACIONES 



En la noche del sábado 28 de junio del año de J.880, 
después de las diez caía fuerte lluvia que languidecía 
hasta desaparecer a la media noche. Los serenos con 
voz quejumbrosa cantaron "las doce y nublado." 

Pasaron como treinta minutos y los vecinos oyeron 
en las puertas de sus casas fuertes golpes dándoseles 
aviso de que el Volcán de Fuego estaba en erupción. 
Las familias abandonando el lecho encamináronse a 
ios patios, temerosas de que con un temblor de tierra 
les cayeran encima las casas. Ya en campo libre su 
sorpresa fué grande al ver completa iluminación de 
luz rojiza que semejaba formidable incendio, mientras 
que fuerza invisible hacía vibrar de continuo las vi- 
drieras de las ventanas, moviendo suavemente las 
puertas. 

En efecto, el Volcán de Fuego estaba en erupción: 
los gases inflamados y la escoria roja que agitábase en 
el cráter daban un espectáculo grandioso; las piedras 
encendidas y arrojadas con fuerza formaban en el fir- 
mamento figuras diversas que caían por los contornos 
del cono, haciendo arcos de belleza indescriptible y 
cuyo resplandor iluminaba con luz espléndida la con- 
movida ciudad. Las corrientes líquidas dirigíanse ha- 
cia el cauce tendido sobre la costa: surgía de lo alto 
de la mole un río de llamas, pero a medida que salía 
del manantial e iba enfriándose al /Contacto del aire, 
tornábase en escorias de diversos tamaños: parecían 
las corrientes retorcidas madejas o arremolidas es- 
pumas. 

A todo esto agregábase las detonaciones como de 
artillería lejana. El vecindario quedó abs.orto ante 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 125 

el sorprendente panorama. El miedo, sin embargo, 
tenía apocados los ánimos, por el temor de un te- 
rremoto. 

Los años no habían agobiado todavía el espíritu de 
don José María Arrióla, conservando aquella entere- 
za y valor moral peculiar en la mayoría de los hom- 
bres de aquellos tiempos. Tanto a sus hijos como a 
las personas con quienes se comunicó en los momentos 
de lo más fuerte de la erupción les decía que no se 
afligieran, que él era del año de 1818, que desde niño 
le tocó en suerte presenciar tres distintas erupciones 
más o menos grandes del mismo Volcán y que apa- 
rentemente habían arruinado los terrenos de la costa 
sur, con las cenizas y otras materias diversas, así 
como algunas íincas cercanas al pie del Volcán, a don- 
de invadió el torrente de materias inflamadas, siendo 
con ¡el tiempo muy beneficiosas al quedar la tierra 
abonada. Esto mismo añrmaban otras muchas personas. 

Durante lá noche las gentes no durmieron, con ex- 
cepción de unas pocas que fatigadas por el anterior 
desvelo, reposaron varias horas en la madrugada del 
domingo 29. 

Con la luz del nuevo día también la erupción iba 
de mengua, sin dejar por eso de salir enorme cantidad 
de humo por el cráter. La actividad del Volcán si- 
guió dos días más, siendo extraordinaria la del prime- 
ro de julio, pasadas las cinco de la tarde, aminorándose 
las cantidades de fuego, escoria y humo el 2 del mis- 
mo mes en la madrugada. 

El día 6 a eso de las cuatro de la tarde el vecinda- 
rio creyó que ya no ocurría otra novedad, pero un 



126 NARRACIONES 



espantoso ruido lejano anunció que el Volcán entraba 
de nuevo en actividad, haciendo en el mismo año su 
tercera erupción. Despertaron pavor e inquietud los 
bramidos del gigante; las gentes fueron presas de 
mayor angustia al ver enorme cantidad de humo que 
salió del cráter cubriendo completamente la ciudad, 
sucediéndose unas tras otras las descargas eléctricas; 
se repitieron con tanta frecuencia que al fijar las per- 
sonas los ojos en el firmamento los relámpagos causa- 
ban daño a las pupilas. 

A las ocho de la noche la erupción iba disminuyendo: 
desde esa época no se ha presentado otro fenómeno 
iguak 

En esta ciudad las erupciones del Volcán de Fuego 
del año de 1880 las admiró el público estacionado en 
el atrio de la Catedral y en el Cerrito del Carmen. 
Dichos lugares se veían muy frecuentados por curiosa 
multitud. 

Iba entrando la noche después de una tarde fresca: 
los juegos de luz sobre la mole hacíanse a cada instan- 
te más vivos: era aquello una deslumbrante orgía de 
colores, al mismo tiempo que un ruido sordo se oía 
como espantosa y lejana tempestad. Cada llama que 
alzábase del cráter arrancaba esclamaciones de la 
multitud. Parecía como si el gigante se empeñaba en 
arrojar enormes manchas de sangre sobre el cielo. 
Iban formándose ríos de lava sobre las faldas del Vol- 
cán y el humo grandes espirales en el firmamento. 

¿Qué era todo aquel conjunto de elementos sino el 
trabajo lento, secular, infinito de la creación perenne? 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 127 



lEl artagn nm ht IB57 

Amatitlán es una de las poblaciones que mucho ha 
sufrido en diferentes épocas no sólo con los rigores de 
las pestes sino con los temblores de tierra. Floreció 
la ciudad y el departamento en otros tiempos por los 
cultivos que hicieron los dominicos y después el de 
los nopales y producción de la cochinilla que introdu- 
jo al país el Capitán General Bustamante, tomando 
incremento en 1824. Los buenos rendimientos de la 
cochinilla hicieron que no se pensase en otra clase de 
trabajos, porque salían en extremo gananciosos ven- 
dedores y compradores. 

Fué la cochinilla el artículo principal de exporta- 
ción en el país; por el ano de 1840, dice un autor — 
" el cultivo de los nopales abrazaba una superficie de 
2,000 manzanas y el precio del fruto que era de 75 a 
100 pesos de plata el zurrón (150 libras) fué subiendo 
hasta 150 pesos en 1847, al mismo tiempo que la su- 
perficie de la tierra cultivada se duplicaba, creciendo 
proporcional mente la utilidad del nopalero, de 25 a 
100 pesos plata en cada tercio que sólo costaba como 
50 pesos por todo gasto de producción . En esa época 
fué cuando la cochinilla estuvo en su apogeo, y de 
entonces también data su decadencia. 

En 1849 comenzó a notarse cierta enfermedad que 
atacando a los insectos en sus distintas edades, los 
hacía morir antes de alcanzar su completo desarrollo; 
y de consiguiente, disminuía el rendimiento de las 
cosechas, produciendo al mismo tiempo un artículo 
escaso de materias colorantes y de poco valor. Sin 



128 NARRACIONES 



embargo el mal no fué muy extenso, hasta 1852 y 
1853 que se perdieron dasi en su totalidad. las cosechas. 
Ya el cultivo de nopales se había convertido en un 
verdadero juego de azar, sometido a los caprichos del 
tiempo. Una lluvia extemporánea bastaba para que 
ke pronunciase la peste y destruyese las esperanzas 
del nopalero; la naturaleza del insecto parecía conte- 
ner un germen de enfermedad, probablemente heredi- 
taria desde su primer aparecimiento que se desarrollaba 
con ia humedad de la temperatura y quizá porque la 
exhaustez de la tierra, sometida por muchos años al 
mismo cultivo, sin un sistema prudente de abonos, no 
proporcionaba ya el nopal un jugo vigoroso para ali- 
mentar la cochinilla y así todo anunciaba malos tiem- 
pos para los cultivadores. El valor de las fincas bajó 
notablemente. Fácil es suponerse cuan tristes conse- 
cuencias acarreó tal quebranto, cuántas familias caye- 
ron de la opulencia a la miseria, cuántas lágrimas 
fueron vertidas con tal motivo. Pasado el primer 
momento de abatimiento y de estupor, renació la es- 
peranza en toda la población industriosa que en un 
día había perdido el fruto de muchos anos de laborío^ 
sidad, y aleccionada por tan dura experiencia se entre- 
gó al cultivo del café y otros ramos menos eventuales. 
Así, aquella crisis, tan fecunda en males, trajo consi- 
go bienes, rasgó el velo que ofuscaba las inteligencias, 
probando cuan peligroso es que'el bienestar y la for- 
tuna de un pueblo estribe en las eventualidades de la 
producción de un solo artículo." 

Ya se podrá calcular, por la lectura de las anterio- 
res líneas, el quebranto sufrido en Amatitlán tan 
pronto como vino la decadencia de la cochinilla. 



/ 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 129 

En junio de 1857 abrumó al pueblo la peste del có- 
era mórbus. En Villa Nueva tuvo los primeros sín- 
tomas del mal el capitalista Diego Aceituno que se 
hallaba al cuidado de sus almacenes de grana e inme- 
diatamente se hizo trasladar a la cabecera donde 
murió a las pocas horas. Sucumbieron en seguida 
Ignacio María Ponciano, Eugenio Godoy y cien más. 
Las autoridades hicieron llamar al doctor Ensebio 
Murga que se encontraba en la finca *'La Esperanza" 
con el objeto de que prestara sus servicios facultativos 
a los colerientos. Como los casos fatales se multipli- 
caban con terror del vecindario, hubo necesidad de 
hacer llegar a los doctores Diego Pérez y Juan Pa- 
dilla P. 

El Alcalde Primero, Ensebio MorenT) y el Teniente 
Teodoro Molina, con doce soldados hacían los ente- 
rramientos en una zanja de cuatrocientas varas de 
largo por ocho de ancho, en terrenos de José Claro 
Catalán. ' 

Morían los enfermos a los pocos momentos de ser 
atacados por la terrible enfermedad. El bárbaro y 
abusivo Corregidor hizo publicar un bando en el que 
se prohibía los llantos en las casas cuando se registra" 
ra alguna defunción. 

Si espantosa llegó a ser la peste del cólera mórbus 
el ano de 1857 no fué menos cruel la peste de viruelas 
de 1882 a 1883. Las víctimas de esta nueva calami- 
dad, de las peores y más desastrozas que afligieron al 
país, fueron muchísimas en Amatitlán. 

De Pueblo Viejo vino a la capital un sujeto con 
fuerte calentura, siendo alojado en una de las salas 

N.-17. 



130 NARRACIONES 



de clínica del Hospital General; a las pocas horas los 
médicos DQanifestaron que el paciente debía ser tras- 
ladado a otro sitio porque estaba atacado de viruelas; 
en efecto, condujeron al paciente al lugar en el que 
más tarde ocupó la Casa de Salud de Hombres. Pocas 
semanas habían transcurrido y los casos de viruela se 
extendieron por los cantones de la capital en numero 
alarmante. Murieron entonces, en esta ciudad, hasta 
personas que pasaban de sesenta anos . 

A fines de 1885 y a principios de 1886 los temblo- 
res de tierra llevaron incertidumbres a los moradores 
de la ciudad de Amatitlán. Fuertes movimientos 
terráqueos arrojaron por el suelo muchas viviendas 
inutilizando otras. Se conservan fotografías tomadas 
a raíz de la catástrofe de varias casas arruinadas en 
aquel entonces, vistas que tomó el señor Herbruger y 
que conserva como una curiosidad, don Luis de 
la Riva. 

Y he aquí una rara coincidencia: desde 1886 hasta 
el mes de diciembre de 1917, a través de 31 años, la 
tierra volvió a estar en la misma posición que la del 
año de 1886. En 1917 vuelven a tener las mismas 
conjunciones Júpiter con la Luna, Venus y Marte, 
como se verá por las notas que trae uno de los alma- 
naques publicados en esta capital el año de 1886: 
"Movimiento planetario: fechas en que los planetas 
superiores estarán en conjunción con el sol: Júpiter, 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 131 



el 12 de octubre; Saturno, el 30 de junio; Urano, el 
30 de septiembre, y Neptuno el 15 de mayo. 

Cuadratura en que los planetas superiores saldrán 
y se pondrán 6 horas antes que el Sol, en los puntos 
del Globo, situados bajo el Ecuador: Saturno, el 13 
de octubre y Neptuno el 20 de agosto. 

Oposición planetaria con el Sol: Marte, el 20 de 
marzo y Neptuno el 18 de noviembre. 

Cuadratura en que los planetas superiores saldrán 
y se pondrán 6 horas después que el Sol : Marte, el 
22 de junio; Júpiter, el 21 de junio; Saturno, el 19 de 
marzo; Urano, el 23 de junio; Neptuno, el 11 de 
febrero. 

Planetas inferiores: Mercurio será visible al Oeste, 
a poco de puesto el Sol, el 20 de marzo, el 18 de julio 
y el 11 de noviembre; y al Este, poco antes de la sa- 
lida del Sol, el 10 de enero, el 8 de mayo, el 30 de 
agosto y el 23 de diciembre. 

Venus ostentará su mayor brillantez, el 14 de enero, 
en cuya fecha se hallará al Oeste, despidiendo un her- 
mosísimo brillo y siendo lucero, vespertino; pero en 
los días subsiguientes, irá acercándose más al Sol, y 
el 18 de febrero estará en conjunción con él. Pasando 
de esta fecha, no se verá, sino de madrugada, hora en 
que despedirá su mayor brillantez, el 23 de marzo, 
distando más del Sol (aparentemente) el 29 de abril y 
en cuya fecha saldrá Venus 3h. y 7' antes que el Sol, 



132 NARRACIONES 



en los países situados bajo el Ecuador; y será lucero 
matutino hasta el 3 de diciembre. 

Después de las doce de la noche del 19, a los 23 m. 
de la mañana del 20 de marzo, habrá conjunción de 
Marte con la Luna. A las 6 y 41" de la mañana del 
mismo día 20, habrá también conjunción de Júpiter 
con la Luna:— estos fenómenos, verificados tan próxi- 
mamente a la entrada del Sol en el equinoccio, nos 
'indicarán alg-un acontecimiento notable." 

¿Tendrían estos fenómenos coincidencias con los 
terremotos en Amatitlán de 1885 a 1886? 

El mismo Calendario a que hemos hecho referencia 
trae esta nota, muy curiosa: 

** En 1886, en los 304 años transcurridos de la Co- 
rrección Gregoriana, es la tercera vez que se celebra 
en 25 de abril la Pascua de Resurrección, que a lo 
más acontece dos veces en un mismo sig-lo, como lo 
demuestra la anterioridad. En 1666, se celebró en 
esa fecha por primera vez; y la segunda en 1734, que 
por un error se adoptó la 25^ Encarnada; por cuya 
causa celebróse entonces la Pascua en 18 de abril, en 
vez del 25, según el orden del Concilio Niceno. Que 
dicha festividad recaiga en 22 de marzo, tatnbién es 
raro, desde la mencionada Corrección Gregoriana; 
pues solamente ha venido verificándose en los años 
1598, 1693, 1761 y 1818, sin que vuelva a tener lugar, 
sino de aquí a 399 años, en 2285 I 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 133 



La peste de viruela de 1882 a 1883, como ya diji- 
mos anteriormente, hizo en el país extrordinario 
numero de víctimas. Poblaciones enteras de indígenas 
quedaron asoladas en algunos departamentos, no obs- 
tante los esfuerzos del Gobierno para combatir el 
flagelo. Las epidemias que más tarde se desarrollaron 
en la República causaron mayor número de defuncio- 
nes entre los habitantes refractarios a la vacuna y 
poco habituados al aseo; bien se recordará que el año 
de 1890 los casos se multiplicaron en los cantones 
apartados donde había familias viviendo en casas re- 
ducidas y sin condiciones higiénicas. Entre gente 
visible fallecieron en aquel entonces las señoritas 
Guadalupe Barnoya, Margarita García, Rafaela Mai- 
rén y el Presbítero don Manuel Godoy, uno de los 
oradores sagrados más elocuentes que ha tenido Gua- 
temala. 

Hemos llegado al año de 1902, fecha de tristes re- 
cuerdos para el pueblo de Quezal tenango, ciudad que 
había alcanzado un gran desarrollo, gracias al i)atrió- 
tico empeño de sus hijos. 

Nuestro inolvidable amigo el Lie. don Manuel V^a- 
Ile, nos la describe así: 

" Desde las primeras horas del día se apodera de la 
ciudad un movimiento vertiginoso, producido princi- 
palmente por el comercio y el afán constructor. Todas 
las calles han cambiado su aspecto en poco más de un 
lustro, las tapias viejas y carcomidas, las casuchas ba- 
jas, los galerones que sirvieron de troje-^ '^'^ "^ro 



134 NARRACIONES 



tiempo, han caído para dar lugar a esbeltas casas de 
piedra; y estas nuevas construcciones, obedeciendo 
leyes de hifriene publica» de comodidad y de ornato, 
se han desviado cortesmente al paso de los vecinos, 
alineándose y ordenándose como un ejército discipli- 
nado, de suerte que la desigualdad del terreno se hace 
menos sensible al observador, el aire tiene corrientes 
francas y la mirada radios mayores por cualquiera di- 
rección. Y todo esto se verifica en muchos puntos, 
no aislada sino extensamente: entre el barrio de San 
Nicolás y la Ciénaga se han edificado manzanas ente- 
ras bajo un orden de igualdad y de elegancia que 
agrada y sorprende a todo el que haya recorrido antes 
aquel laberinto de callejuelas tortuosas: la familia 
Mackenney y don Juan Aparicio han embellecido 
aquellos lugares construyendo largas filas de casas 
al moderno estilo, en brevísimo tiempo. 

Palacios, verdaderos palacios son las residencias de 
los señores Escobar, Moran, Maldonado, Polanco, Ro- 
bles y Aparicio, elevadas en diversos puntos de la 
ciudad. Los últimos, los señores Aparicio, se han 
mandado construir una soberbia morada: la belleza 
del exterior sólo deja de admirarse después de reco- 
rrer las galerías y los salones, decorados por habilísi- 
mo artista francés, iluminados por una profusión de 
luces incandescentes y llenos de una atmósfera tem- 
plada en todo tiempo, gracias a la bóveda de cristal 
que cubre el gran patio del centro. Más o menos ri- 
cas, más o menos altas, muy pocas casas del centro 
desdicen del hermoso conjunto, dominado sin duda 
por el espléndido Palacio Municipal. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 135 

La casa de huérfanas es un establecinaiento debido 
a la iniciativa de una "Sociedad de Señoras; se mantu- 
vo desde su fundación mediante el concurso pecunia- 
rio y la vigilancia de las mismas, llegó a auxiliarse 
cí)n el producto de los trabajos de las educandas y, 
i;)or ultimo, mereció la protección del Gobierno. No 
baja de cincuenta el actual numero de niñas huérfanas 
que asiladas y educadas en la casa, reciben instrucción 
teórica elemental, aprenden todos los. oficios y labores 
propios del sexo y se sirvei^i sí mismas como en el 
seno de una familia numerosa. 

El Cementerio de Quezaltenango ha sufrido una 
verdadera transformación desde que nosotros lo visi- 
tamos en 1885. Una sencilla y elegante portada da 
acceso al salón fiínebre, construido en el ala izquierda 
y decorado con la severidad propia de su objeto. 

En el campo de las tumbas hay monumentos dignos 
de contemplarse detenidamente, tales son los sepulcros 
pertenecientes a las familias Escobar, Castillo, Mon- 
zón, etc., etc. El primero, sobre todo, tiene al costado 
poniente una representación del tiempo, tan perfecta 
y acabada, que detiene y admira largo rato al visitan- 
te, sea el menos afecto a contemplar las obras del 
arte. Aquel mármol deja una honda impresión en el 
ánimo, mezclada de tristeza por su significación en 
las gradas de un sepulcro y del regocijo íntimo que 
produce siempre la contemplación de las perfecciones 
artísticas. 

En la parte alta al Noroeste de la ciudad se ha 
levantado el Teatro, ocupando el centro de una plaza, 
ciíadrilongo de unas ciento cincuenta varas de largo 



136 NARRACIONES 



por cien de ancho. La fsichada mira al Sur, constan- 
do de una grsn portada en medio de dos pierias sa- 
lientes, que se elevan a media altura del edificio y 
sostendrán dos airosas columnatas, coronando el edi- 
ficio un cornisón eleg-antísimo con su centro bellamen- 
te ornamentado. El patio ocupa las dos terceras partes; 
en torno se está concluyendo el maderamen de dos 
órdenes de palcos y una gralería corrida con tres dife- 
rencias ventajosas: cada palco tendrá su vestíbulo 
debidamente amueblado ^ decorado; la fila baja no se 
eleva más de dos pies del piso del patio, formando 
una línea horizontal con el escenario y permitiendo 
una comunicación bastante inmediata entre el luneta- 
rio y los palcos, sin los inconvenientes de la antigua 
platea de nuestro coliseo; y por ultimo, el Teatro 
quezalteco carecerá de tribunas inmediatas a la boca- 
escena. 

A la amabilidad de nuestros amigos, los doctores 
don Enecón Mora y don Mariano J. López, debimos 
el poder visitfír a nuestra satisfacción el Hosi)ital, 
casa que no obedece a un plan común en sus depen- 
dencias, porque ha sucedido y es natural, lo que en 
otras muchas poblaciones, que se estableció en rela- 
ción a las necesidades de tiempo deteuTiinado y se ha 
venido ensanchando sucesivamente. Eso aparte, el 
orden, el aseo, la ventilación y la comodidad deben 
reconocerse y elogiarse. El anfiteatro es perfecto, 
las salas de operaciones están dotadas de todos los 
muebles y aparatos necesarios para proceder, ajustán- 
dose rigurosamente a las prescripciones de la antisep- 
cia y la asepcia, el arsenal de nada carece .y en la 



VÍCTOR MIGUKL DÍAZ 137 



farmacia y en los almacenes reina el orden más 
perfecto. 

Las hermanas de la caridad mantienen en aquel 
establecimiento el sello de la exactitud y la economía, 
ajustándose todos los servicios y trabajos con la regu- 
laridad de una máquina. En la despensa, en la pana- 
dería y en la cocina, el aseo convida y la abundancia 
consuela. 

La Casa de Salud es un precioso departamento para 
enfermos pensionistas, donde cada persona ocupa una 
sala separada, amplia, fresca, elara, tapizada y hasta 
adornada; i Cuántas veces sufren los ricos la soledad 
y el abandono, las irregularidades del servicio en un 
hotel y acaso la muerte llena de dolores, por falta de 
un establecimiento semejante! Hasta la caridad debe 
amoldarse a las desigualdades que imperiosamente 
dominan la vida humana." 

La descripción anterior la hizo el sefíor Lie. Valle 
el ano de 1895. Siete anos más tarde la ciudad con- 
taba con nuevos monumentos en los que se invirtieron 
fuertes capitales . 

Desgraciadamente el 18 de abril de 1902 un terre- 
moto vino a reducir a escombros gran parto de la 
ciudad. Sesían las ocho y veinte minutos p. m. cuan- 
do se oyó un ruido prolongado subterráneo: siguió 
un fuerte movimiento oscilatorio, repitiéndose a^. los 

N.-18. 



138 NARRACIONES 



pocos instantes otro sacudimiento espantoso que hizo 
estremecer los edificios, cayéndose las cornisas y los 
tejados de las casas y desplomándose las paredes con 
estrépido pavoroso. Hombres, mujeres y niños huye- 
ron buscando lugar seguro para salvar sus vidas, des- 
graciadamente se tuvo que lamentar algunas desgracias. 
]NÍtichas calles quedaron obstruidas a causa de los 
promontorios de piedra y terrones cual si se hubieran 
querido formar barricadas para sostener .un combate. 
Gigantes columnas de polvo se levantaron obscure- 
ciendo el ambiente, cayendo por distintos puntos 
piedras y ladrillos. 

En aquella noche fatal se declaró un incendio en 
varias casas de comercio, siendo destruida la Facultad 
de Derecho a causa del voraz elemento . 

En la capital el temblor de tierra del 18 de abril se 
sintió muy fuerte, haciendo caer algunas cornisas y 
adornos de la parte alta de dos o tres templos. Desde 
esa fecha quedó muy dañada la cúpula de la Catedral 
Metropolitana: detalle es este por muchos ignorado. 
Cayó, haciéndose pedazos, la mitra de piedra que des- 
tacábase en la parte alta de la fachada, de lo que era 
la más bella y suntuosa basílica de Centro- Amé rica. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 139 



I 



Erupriótt hú BmU Haría 

Desde el 18 de abril de 1902, fecha del terremoto 
de Quezaltenango, los temblores de tierra sucediéron- 
se con frecuencia en la zona occidental de la Repúbli- 
ca, llegando con alguna fuerza a la capital, hasta el 
23 de octubre del mismo ano en que el Volcán de San- 
ta María, que hallábase en calma desde remotos tiem- 
pos, despertó de repente de su letargo para hacer una 
erupción tan terrible como pocas se habían registrado 
en la historia de Centro América. Tuvo semejanza 
esta erupción con la del Volcán de Cosigüina; acerca 
de ésta cuéntase que el 20 de enero de 1835 se oyeron 
en algunas poblaciones de Nicaragua truenos lejanos 
y en otras viéronse llamas y resplandores de color 
rojo vivo que subían hacia el firmamento declinando 
en seguida hacia el norte. 

Era León en aquel entonces la capital del Estado. 
Tanto allí como en otros pueblos se cubrió el cielo de 
humo, ceniza y arena, principalmente el día 23 en 
qa& la obscuridad fué absoluta. 

La falta de la luz del día, los ruidos subterráneos y 
la densa lluvia de lava calcinada que caía, llevó el pa- 
vor a los hogares. Las muchedumbres creyeron que 
•se acercaba el fin del mundo e imploraban la miseri- 
cordia divina, mientras que por las calles se oyó decir 
a ciertos sujetos que la erupción era un castigo, el 
desborde de la cólera celeste. 

A efecto de levantar el ánimo abatido de las gentes, 
el gobernante, doctor José Núnez, mandó dar un re- 
pique general de campanas mientras que en los cuar- 
teles se hacían disparos de cañón y fusilería. 



140 NARRACIONES 



Se ha repetido que durante la erupción hubo pue- 
blos que permanecieron en la obscuridad durante más 
de treinta y cinco horas, llegando las cenizas a una 
distancia poco más o menos de mil quinientas millar 
de diámetro. 

Volviendo a la erupción del Volcán de Santa María 
diremos que la mole comenzó a estremecerse, sintién- 
dose las oscilaciones del suelo a largas distancias con 
tal fuerza que de muchas aldeas, caseríos y fincas 
huyeron sus habitantes temerosos de una próxima ca- 
tástrofe. El Volcán con tremendo estrépito comenzó 
a arrojar arena, tierra y humo, formándose en su base 
una inmensa abertura. El gigante se remecía repeti- 
das veces, y sus rocas chocaban unas con otras con el 
más terrible chasquido. 

De día la erupción mostrábase por densa humareda 
— después de abierta la terrible boca — que ascendía 
desde el violáceo cráter en blanquísima nube hasta el 
azulado firmamento; y por la noche mostrábase en 
grandiosas llamaradas, cuyos reflejos entonaban con 
fantásticos colores los objetos, presentando algo así 
como espejismos bellísimos en el horizonte; en medio 
de los gases, de la arena, — esta última en enormes 
proporciones, — y del humo, mensajeros de la muerte, 
el olor a azufre se hacía a lo lejos insoportable. Todo 
presentó espectáculo grandioso e imponente. 

Fresco está aun el recuerdo de la erupción del San- 
ta María; las espantosas detonaciones del 24 de octu- 
bre en la tarde se oyeron a muchas leguas de dis- 
tancia . 

No hay comparación entre la erupción del Santa 
María, con la del Volcán de Atitlán, a mediados del 
siglo anterior, fenómeno del que poco se ha hablado. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 141 



En 1907 a las cinco a. m. del 27 de septiembre, 
hubo un temblor de trepidación en la capital: fué muy 
alarmante, hasta el extremo de que casi todos los 
habitantes abandonaron a esa hora sus lechos. 

En junio de 1910 sintiéronse varios temblores en 
un' lapso de tiempo de cuarenta horas; en el templo 
de la Merced celebrábase la fie^a de los músicos el 
primer día y a la hora de la misa mayor se sintió uno 
de movimiento trepidatorio. 

Honda consternación causó en todo el país el terre- 
moto de Cuilapa el 8 de marzo de 1913: aun se recuer- 
da con tristeza las víctimas de entonces. Multitud 
de familias fueron generosamente auxiliadas siendo 
muy activa y eficaz la brillante actitud del Gobierno 
y la colaboración del pueblo de Guatemala, a efecto 
de aliviar en parte las necesidades de los damnificados. 

Se recordará que fueron de carácter alarmante los 
movimientos terrestres de agosto, noviembre y di- 
ciembre de 1915. 

Mucho podríanlos extendernos aiín sobre la historia 
de los temblores de tierra en Guatemala, pero no 
queremos cansar a los lectores: se ha reducido nuestra 
labor a aprovechar datos y documentos que arrojan 
luz sobre nuestras vicisitudes, revolviendo papeles 
viejos. Creímos un deber el que ciertos sucesos de 
la historia de la Patria no queden oscuros ni olvida- 
dos: la documentación que nos ha servido de guía es 
de inapreciable valor. 

No estará exento de errores nuestro trabajo; pare- 
cerá deficiente a unos, sirva de contestación las frases 
del autor de la Historia de Guatemala o Recordación 
í'lorida: "No corté la pluma para escribir novelas, 
sino para consignar verdades." 



142 NARRACIONES 



Ca ruina ín^ (üuaí^mak 

§>?rpna la attxtnh hú gran 
rtuíiaíüano ^ittntxuhú han 
Mnnuú Satraba (íabr^ra 

La Noche Buena sólo tuvo alegrías para los niños 
y cenas de amistad y amores para los jóvenes. 

Los viejos gozamos nada más que con los recuerdos. 

Un temblor de tierra llevó la intranquilidad a los 
hogares; en las calles ya no hubo la alegría acostum- 
brada, sólo dieron las luces de los balcones esplendores 
de un momento; en las casas los árboles de Navidad 
quedáronse cuajados de juguetes y salpicados con fa- 
rolillos de colores vivos que daban reflejos como si 
fueran piedras preciosas. 

Les faltó la vida a las fiestas del hogar. Apenas 
hubo chispazos de alegría en las casas humildes de los 
barrios al rededor del nachníento y después de la 
media noche en camas y estrados, sobre ligeras ropas, 
aparecían las caritas de los niños que dormían tran- 
quilamente, como polluelos en el nido, ateridos por 
el frío. 

En la tarde del 24 el bullicio comenzó en el Hipó- 
dromo: desde que el publico subía por la escalera del 
salón principal, oíase en su interior las notas de la 
orquesta: en la extensa galería la compacta muche- 
dumbre se animó con el espectáculo de las carreras 
que finalizaron al morir la tarde, entre celajes rojos. 

Amaneció despejada y hermosa la mañana del mar- 
tes 25 de diciembre: a las diez, grupos de damas, 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 143 



señoritas y caballeros iban a detenerse frente a la 
portada del Hospicio Nacional; asistían como especta- 
dores a la entrega de juguetes a los huérfanos; de ese 
festival siempre recordaremos un coro entonado por 
chicuelos; coro impregnado de notas de ternura y 
sentimiento . 

Lució espléndido el sol de medio día; al atardecer 
congregóse en el Hipódromo publico selecto con mo- 
tivo de las carreras; al terminar éstas se inició un 
baile en el salón principal. El sol iba ocultándose 
cuando la elegante sociedad, fatigada, regresaba a la 
ciudad. 

Entró la noche plácida iluminándola los rayos de la 
luna. Vino a afligir a la capital de Guatemala una 
calamidad a la cual están sujetas muchas regiones del 
mundo que descubrió Colón: serie de temblores de 
tierra se inició con uno suave a las nueve y media de 
la noche: el vecindario estaba prevenido desde el 17 
de noviembre; aumentó la inquietud al saberse las 
tristes noticias de lo sucedido en el departamento de 
Amatitlán, lo mismo que las de la Villa de Guadalu- 
pe, pueblo a inmediaciones de la capital . 

A las 10 y 25' nuevo y alarmante sacudimiento 
llevó la tribulación y el desconsuelo a las familias: en 
las casas desarrolláronse escenas más o menos con- 
movedoras. 

Permítasenos una nota íntima: la casa en que vivía- 
mos, pequeña, con techo bajo, y de construcción 
antigua, en el * 'Callejón de Dolores" prestaba seguri- 
dades, pero el ruido atronador de la madera y la caída 
de objetos en los cuartos alarmó a la familia y no tu- 



144 NARRACIONES 



vimos más recurso que caminar en pos de ella, hacia 
afuera, en los momentos en que se* apagaba el alum- 
brado incandescente. Al llegar a la puerta de calle 
observamos que no se podía abrir: después de inaudi- 
tos esfuerzos se pudo lograr la salida: vino un segundo 
movimiento terráqueo que arrojó al suelo las cornijas 
de las casas levantando menudo polvo. Acompañados 
de varias personas llegamos a la esquina de la cuarta 
avenida sur, donde ya estaban muchas familias: varios 
niños asidos al cuello de sus padres, mostraban espanto 
en los semblantes. 

La precipitación con que salimos de la casa motivó 
que dejáramos en uno de los cuartos una vela encen- 
dida y regresamos con el objeto de apagarla, temero- 
sos de que se desarrollara un incendio; al salir a la 
calle se hundía con estrépito la casa de doña Hercilia 
de la Vega de Valladares, en el mismo Callejón; el 
polvo que se esparcía por distintas direcciones llegaba 
hasta nosotros con tal intensidad que nos vinaos pre- 
cisados a cubrirnos la caray detenernos a media calle. 
Nuevo temblor hizo crugir espantosamente la casa de 
altos de don Alfredo Valenzuela. Mgmentos después 
este caballero sacaba personalmente por la puerta 
principal, llevándolo a la citada esquina, el carruaje 
de su propiedad, ofreciéndole generoso a dos ancianas 
y a varios niños; al rededor del vehículo permanecie- 
ron las familias: en ciertos instantes la potente fuerza 
invisible hacía caminar el carruaje sobre el adoquinado. 

El vecindario todo, con instinto seguro, desde el 
primer momento abandonó sus alojamientos buscando 
la seguridad de sus vidas en las plazuelas, en sitios 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 145 



amplios y en el campo, faera de la ciudad, esperando 
que se desarrollaran los acontecimientos. Durante la 
noche la afluencia de familias fué enorriie en el Parque 
del Centro. 

El alumbrado eléctrico lo suspendieron en la ciudad 
desde el primer estremecimiento de tierra. 

Imposible se hizo desde luego la comunicación tele- 
fónica con las casas particulares a causa del mal estado 
de las líneas. 

Cruzaban por las calles automóviles y carruajes 
llevando familias a las orillas de la capital, lo mismo 
que colchones y ropa. 

Con el segundo temblor de tierra a las 11 y 45 mi- 
nutos se notaron movimientos de trepidación y oscila- 
torios, y algo así como un desequilibrio de la meseta. 

Tan pronto como nos fué posible nos fuimos a di- 
versos sitios; en el Parque del Centro se hablaba de 

dos o tres heridos. 

* * # 

La aflictiva y grave situación de la ciudad desde 
los primeros temblores de tierra de la fatal noche del 
25 de diciembre dio ocasión al señor Presidente de 
la República, Licenciado Estrada Cabrera, a poner de 
manifiesto serenidad y energía. Su residencia en la 
quinta "La Palma" había comenzado a sufrir, siendo 
necesario que la familia permaneciera en lugar segu- 
ro; mientras tanto el Jefe del Estado impartía órdenes 
terminantes a fin de dar garantía a las vidas e intere- 
ses. En tan supremos instantes cumplieron fielmente 
las órdenes de aquel alto funcionario, el Comandante 
de Armas, General don José Reyes; el Mayor de Pla- 

N.-91. 



Ii6 NARRACIONES 



za, Coronel don Joaquín Escobar; el Director de la 
Policía, Coronel don Rafael Yaquián; el Director de 
la Penitenciaría Central, Coronel don Víctor Rueda; 
don Julio Llerena Director de Telégrafos, varios 
otros empleados y amigos particulares del señor Li- 
cenciado Estrada Cabrera, así como los miembros de 
su Estado Mayor. 

El Coronel Rueda nos decía profundamente emocio- 
nado: "El señor Presidente de la República nos hablo 
aquella noche — la del 25 — bajo un árbol: vestía senci- 
llo traje claro, sombrero limeño y en el cuello un 
pañuelo de seda: en medio de las convulsiones de la 
tierra, en noche clara, vi serena, imperturbable, la 
figura del gran ciudadano a quien la conciencia de su 
responsabilidad y el sentimiento del deber infundía 
fortaleza, cuando todo era angustia y desaliento. " 

En efecto, el Jefe del Estado no perdía un detalle: 
ordenó inmediatamente que fuese suspendido el servi- 
cio del alumbrado eléctrico y pensó con acierto, que 
saliese por las calles buen numero de escoltas de los 
distintos cuerpos, con el objeto de impedir que los 
ladrones aprovecharan tan calamitosas circunstancias 
para robar en las casas particulares. 

A cada momento pedía informes detallados de cuan- 
to ocurría, enviando emisarios valerosos al Hospital 
General, al Hospicio y otros establecimientos . 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 147 

Su labor, ardua y difícil no sólo se concretó a la 
capital: llegó a los departamentos. En esa actitud de 
sorprendente serenidad y trabajo se mantuvo también, 
en los días que se siguieron al 25 de diciembre, sin 
que se paralizara la actividad Ire la administración 
piiblica. En medio del sobresalto general, preciso es 
confesar que el Jefe del Estado era como un repre- 
sentante de la Providencia, al cual acudieron muchísi- 
mos en demanda de auxilio y de consuelo. 

Esa conducta noble, levantada, animosa y resuelta, 
fué ejemplo para los ciudadanos que en él fijaron sus 
ojos en los días más aciagos que el destino quiso de- 
parar a nuestra muy amada Guatemala, 



Como los estremecimientos de la tierra continuaban 
alarmantes en la noche del 25, la guardia del Palacio 
Presidencial situóse en la calle, en previsión de evitar 
desgracias. Estaban al frente de la guardia el Te- 
niente don Miguel García y el Subteniente don Mar- 
cos Montenegro, de la Guardia de Honor. Al cuidado 
del edificio se hallaba el Teniente don Gustavo Mena, 
joven de 19 años, educado en la Academia Militar. 

Las guardias del Palacio del Gobierno y de la Co- 
mandancia de Armas situáronse frente al Portal 
respectivo. 



148 NARRACIONES 



Tenía a su cargo la Mansión Presidencial, en la 
octava calle poniente, el Comandante don Javier Fer- 
nández López. 

Momentos más tarde de haber caído el hermoso 
balcón de mármol del Palacio Presidencial, pasamos 
por la octava calle y pudimos ver en su puesto al 
Comandante de la Primera Sección de Policía, en com- 
pañía de cuatro agentes y de un inspector, listos a 
ejecutar órdenes de su jefe inmediato, el Coronel 
Yaquián. 

La Plaza Mayor, iluminada por los débiles rayos de 
la luna, estaba henchida de gente de todas clases so- 
ciales, siendo familias extranjeras las que primero 
llegaron, huyendo de los hoteles de la parte céntrica 
de la capital. Conmovía el ánimo ver a los niños 
agrupados sobre la ancha acera de cemento, durmien- 
do al cuidado de sus padl-es: allí se confundieron ricos 
y pobres, manifestando todos, hombres y mujeres, 
espíritu levantado al mismo tiempo que conformidad 
en tan duros como aflictivos trances. 

Si grande era la calamidad que comenzaba a des- 
arrollarse en nuestra capital, grande también era el 
valor y las virtudes del pueblo y la enérgica y noble 
actitud de su Gobernante. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 149 

iEl ^Bpíntu ht nn gran pmbiB 

El pueblo de Guatemala no tenía personal conoci- 
miento y experiencia de lo que son los terremotos. 
La historia nos da cuenta de las catástrofes que afli- 
gieron a ciudades de Europa j América, y la prensa 
del exterior, ya en su completo desarrollo, se ocupó 
de la terrible catástrofe de la Martinica, del terremoto 
de San Francisco California, noticia que tanta sensa- 
ción y unánime sentimiento produjo en nuestra patria; 
el terremoto de Valparaíso, los de Kingston, Cartago 
(Costa Rica), Quezaltenango (Guatemala), Cuilapa 
(Guatemala), Gracias (Honduras), San Salvador, en 
junio de 1917; México y Bogotá (Colombia). Puede 
llamársele terremoto al que hubo en 1882 en Teguci- 
galpa, capital hondureñal en la que habían sido rarísi- 
mos dichos fenómenos. 

Todo esto no se ignoraba, pero nunca se llegó a 
creer que Guatemala pasaría por tan terrible prueba; 
la sorpresa del 25 de diciembre de 1917 era grande, 
pero más grande fué la abnegación de que diera prue- 
bas el vecindario. 

Decíamos anteriormente que la enorme multitud 
estacionada en aquella noche en el Parque del Centro, 
vio caer los repellos de los portales del Gobierno y 
del Comercio, luego los techos de los mismos, levan- 
tando hacia el firmamento columnas de polvo. 

Cruzaban por las calles, a cada instante, autos y 
carruajes: conducían personas que iban a informarse 
de sus* parientes y amigos y a ver los destrozos que 
sufrían los edificios. 



150 NARRACIONES 



El doctor don Octavio A Gámez asistió a tres heri- 
dos, llevando su botiquín bajo el brazo. Tuvo com- 
portamiento digno de elogio el Coronel don Pedro 
Reinetas, prestando sus servicios en el Asilo de De- 
mentes, casa de caridad en la que se desorroUaron en- 
tre los enfermos escenas emocionantes. 

Es digno de consignarse un hecho que honra en 
demasía a varios miembros del cuerpo de farmacéuti- 
cos de Guatemala: del domingo 23 al sábado 29 de 
diciembre estaba de turno la farmacia del Licenciado 
don Juan Melgar; las angustiosas horas de la noche 
del 25 las soportó en el establecimiento el empleado 
de turno don Gilberto Wer, despachando medicinas 
en los momentos en que se caían sobre el pavimento 
los envases de las estanterías. Para tranquilidad del 
respectivo empleado que hacía las anotaciones en el 
Recetario, se le indicó la conveniencia de trabajar en 
plena calle, mientras que Wer elaboraba las medici- 
nas de precisión. A las doce de la noche dicho señor 
presa de angustia por la vida de los suyos, supo que 
su señora esposa y niños estaban sanos y sal vos alo- 
jados en la plazuela del Coliseo. 

Con el Licenciado Melgar hizo completo el turno, 
del 23 al 29, durante el día, él farmacéutico don Aní- 
bal Carrión. 

No menos digna de encomio fué en esos días el ac- 
tivo trabajo en la Farmacia '*La Salud," de don 
Manuel Melgar, centro que no fué cerrado un solo 
día, siendo atendido con solícito empeño, por los far- 
macéuticos don Salvador García P., don Ramón Guz- 
mán y don Arturo Roma, 



vfCTOK MIGUEL DÍAZ 151 



La misma noche del 25, después de las doce, oyóse 
a lo lejos el sonoro toque de una campana: caía, des- 
pués de la cúpula, una de las torres de la iglesia de la 
Recolección, el primoroso monumento de arte jónico, 
el único en su género en la ciudad de Guatemala; se 
vino al suelo junto con dicha torre la campana grande, 
conocida con el nombre de Vassaux. 

Casi en esos mismos instantes caía con estrépito el 
reloj de la fachada de la Estación de los Ferrocarriles 
Internacionales: el reloj permaneció durante algunos 
momentos pendiente de un alambre. 

Con los primeros temblores se hundió la bellísima 
cúpula de la Catedral . Por momentos la gente con- 
gregada en el Parque sintióse abatida, prorrumpiendo 
en cánticos religiosos frente a la basílica. Nunca nos 
habían parecido tan tristes esos cánticos como en esa 
noche^ cuando los niños l-loraban, el suelo se movía a 
cada instante, crugían los edificios, la brisa helada 
caía implacable sobre el pueblo y un resplandor si- 
niestro enrojecía el espacio con dirección al Cerrito 
del Carmen. Los .cánticos continuaban desentonados 
unas veces, llenos de arrobamiento otros, mientras 
que varias mujeres gritaban: I Erupción ! I Erupción! 

El rojo resplandor lo motivaba un incendio en el 
centro de una manzana en la 2^ calle oriente. La cu- 
riosidad llevó al lugar del siniestro no menos de qui- 
nientas almas; expuso allí su vida en la obra de sofocar 
el fuego, don Francisco Pineda y Pineda, ayudado de 
unos cuantos obreros de buena voluntad. 



Entramos ahora a ciertos detalles que deben cono- 
cer nuestros lectores: El Vicario General, Presbítero 
don Francisco Javier Torres, vivía en compañía de 
sus hermanas en la Casa Conventual de Santa Teresa, 
edificio que extendíase angosto, de norte a sur, entre 
la iglesia y el ex-convento, o Prisión de Mujeres. La 



162 NARRACIONES 



entrada al edificio se hacía por una puerta que daba 
^1 atrio. La noche del 25 el señor Presbítero Torres 
estaba descansando en su dormitorio cuando lo sor- 
prendió el primer movimieto terrestre: luego saltó 
del lecho, cayendo por' desgracia en el pavimento al 
tropezar con un mueble: la obscuridad era absoluta 
por haberse apagado el alumbrado eléctrico. Sufrió 
el digno sacerdote varios golpes en el carrillo izquier- 
do y en la clavícula derecha. Con el segundo temblor 
de tierra, imposibilitado de entrar a la iglesia, lo hizo 
el sacristán don Manuel Gámez, acompañado de la 
cocinera Fidela Galindo, quienes se dirigieron por la 
sacristía al altar mayor a rescatar el Tabernáculo. En 
los instantes en que Gámez se acercaba al altar des- 
plomóse la cúpula de la iglesia y aquel hombre se vio 
rodeado de escombros, alumbrados por la claridad de 
la luna; sin perder la serenidad tan necesaria en seme- 
jantes casos, saltó sobre las piedras conduciendo el 
Tabernáculo, encaminándose hacia la casa conventual, 
Xjasaado por la sacristía; nuevo estremecimiento te- 
rrestre hizo caer grandes fragmentos de calicanto de 
lo alto de la casa, en la parte norte, mientras que en 
el lado sur caía el campanario, quedando así comple- 
tamente incomunicados con la calle el señor Presbítero 
Torres, sus hermanas y las demás personas que con 
él vivían. 

El sacristán llevó el Tabernáculo a una de las habi- 
taciones de la casa; -entre tanto continuaban los sacu- 
dimientos de tierra. 

Pronto se dio cuenta el señor Vicario General que 
estaba, junto con los suyos, completamente encerrado, 
sin poder salir ni por la iglesia, ni por la puerta que 
daba al atrio, esperando de un momento a otro un 
desenlace fatal. 

De rodillas las señoritas Ana y Mafia del Kosario 
Torres, lo mismo que el sacristán, don Manuel Gámez, 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 153 

y la sirvienta, Fidela Galindo, el señor Presbítero 
Torres les dio la absolución y luego esperaron resig- 
nados el momento de la mxierte. 

La Directora de la Casa de Recogida?, señora Ele- 
na Laparra v. de Castellanos, al sacar de las habita- 
ciones al patio a las recluidas, vio sorprendida intensa 
iluminación en el interior del templo y supuso que 
algo grave ocurría con el terremoto: luego se imaginó 
la grave situación en que se encontraban el señor Vi- 
cario General y las personas ftue lo acompañaban y 
se pfopuso salvarlos, mandando a sus hijos, don Ju- 
lio, don Elfego y don Alfredo y a don Humberto 
Valdés, que subieran por la azotea de la casa. Con 
algún trabajo y por medio de escaleras lograron po- 
ner en salvo al señor Presbítero Torres y al sacristán, 
haciéndolos bajar por el primer patio del ex -convento 
de monjas teresas . 

Los mismos señores, con valor a toda prueba, en 
ios instantes que más recios eran los temblores, abrían 
con barretas un boquete en el muro que da a la cuarta 
calle oriente, poniendo en salvo a las señoritas Torres 
y a la cocinera . El Tabernáculo fué conducido acto con- 
tinuo a la casa del industrial don Salvador Chinchilla. 

Es indudable que la fuerte iluminación que vio la 
señora de Castellanos en las ventanas de la iglesia era 
el incendio en uno de los altares, fuego que tal vez se 
apagó al derrumbarse los altos muros y dos o tres 
arcos del edificio. El templo de Santa Teresa sufría 
por tercera vez graves perjuicios desde que fué cons- 
truido en la Nueva Guatemala. 

Ñ.-20. 



154 NARRACIONES 



En la salvación de las señoritas Torres, hermanas 
del señor Vicario General, tomó parte muy activa el 
Inspector de la Tercera Sección, don José Nuñez, 
que en compañía de un agente del orden publico, lle- 
vando los dos, tercerolas al hombro, abriéndose paso 
entre promontorios de escombros, con peligro inmi* 
nente de sus vidas, entraron a la Casa Conventual de 
Santa Teresa, forzando casi las bandas de la puerta, 
atracada por dentro con promontorios de ripio y tie- 
rra. Entre las personas que estu^vieron presentes en 
los momentos del anterior conflicto, figuraba el^ Li- 
cenciado don J. Antonio Villacorta. Llegó más tarde 
:.el Coronel don. Ángel Santis. 

Uno de los funcionarios que supo mantener disci- 
plina incansable entre sus subordinados fué el Direc- 
tor de la Policía, coronel don Rafael Yaquián: la 
ardua tarea para el cuerpo de su mando era abruma- 
dora con la vigilancia de los distintos cantones sirviendo 
a los vecinos que necesitaban de auxilios personales. 

Después del primer temblor de tierra, el Coman- 
dante de la Segunda Sección, don »]uan M. Solórzano, 
recibió orden de prestar aiíxilios a la familia que 
vivía en la séptima avenida norte numen) 17; inme- 
diatamente varios agentes y 6 individuos que se ha- 
llaban detenidos por faltas leves desde el día anterior 
se presentaron a dicha casa: un altillo se había hundi- 
do muriendo bajo los escombros la señora Juana 
Almendariz; al intentar extraerla vino el segundo 
temblor de tierra; Solórzano juzgó temerario e im- 
prudente exponer la vida de varios hombres por un 
cadáver y dispuso su extracción para el día siguiente. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 155 



Esta fué la primera víctima dé las que hubo en las 
aciagas fechas del 25 y 29 de diciembre de 1917, y 
del 3 y 24 de enero de 1918. 

Afortunadamente no se tuvo que lamentar sino 
pocas desgracias en el transcurso de los acontecimien- 
tos. Escribimos esta relación ceñida a la verdad y 
con datos recogidos la mayor de las veces en el teatro 
de los acontecimientos. En las oficinas del Servicio 
Fúnebre se halla la documentación de las defunciones 
por causas de los terremotos y en la Contraloría del 
Hospital General los de los heridos y contusos para 
que pueda toda persona poderlos registrar en cual- 
quier momento' 

Se deploró la muerte de don Antonio y la señorita 
Bernardina Ortiz y de dona Concepción Batres de 
Granados, saliendo heridos lastimosamente, don Fran- 
cisco y la señorita Teresa Ortiz, al caer la casa nume- 
ro 12 de la cuarta calle poniente, a donde también 
llegó la policía a dar auxilios. 

En una de las casas de la quinta calle poniente se 
bailaba a la hora del primer movimiento trepidatorio: 
los invitados salieron despavoridos y no se detuvieron 
sino hasta la plazuela llamada de Santa Catalina. 

En el Callejón de la Cruz numero 17 fué recogida, 
con fuertes contusiones, la señora Marta Peralta y 
muerta su hija, María Aguirre, de cuatro años 
de edad. , 

Permanecieron toda la noche del 25 de diciembre 
bajo una casa hundida, aprisionados por la madera 
del techo y la teja, en el Callejón de la Recolección, 
la señora Refugio Trejo y su hijo, modesto obrero 



156 NARRACIONES 



empleado en los Talleres de Moreno. Los vecinos, 
temerosos de una desgracia, los buscaron al día si- 
guiente, hallándolos con fuertes contusiones. 

Don Antonio Rubio se encontraba de visita en casa 
de doña Paula Carrillo, en el cantón de Corona. Al 
primer movimiento terrestre salió precipitadamente 
con el objeto de acompañar a su señora madre que 
estaba enferma, encaminándose por la tercera calle 
oriente y al pasar a inmediaciones de la cantina El 
Alba^ entre décima calle y Callejón del Fino, le 
cayó encima la pared de la casa, quedando bajo un 
promontorio de tierra y ripio; habían transcurrido 
treinta y seis horas y no se tenía noticias del señor 
Rubio. Los dueños de la cantina almorzaban una 
mañana sobre los escombros y comenzaron a percibir 
olor desagradable; buscaron inmediatamente el origen 
de la corrupción y observaron que salía entre el ripio 
la manga de un sobretodo o gabán; luego se procedió 
a quitar los fragmentos de ladrillo apareciendo el 
cuerpo del infortunado señor Rubio. 

Se cree que al pasar por el sitio en el que hallara la 
muerte rozó su garganta con un alambre del alumbra- 
do eléctrico que se había caído; con la mano derecha 
se cubrió la cara con un pañuelo; tal vez quiso evitar 
el polvo que se levantaba en la calle cuando lo sor- 
prendió la implacable segadora de vidas. Era el señor 
Rubio empleado del ramo de telégrafos. 

Cuentan los del barrio de la Escuela de Medicina 
que a cada estremecimiento de tierra, si era ligero, el 
reloj de la fachada del edificio daba dos campanadas, 
y si fuerte cinco o más toques. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 157 



El reloj de la torre del • Palacio Nacional suspendió 
su movimiento, apuntando las agujas las 10 y 25' p.m. 
El de la torre del Hospital General las 10 y 26'. Ix)s 
demás relojes públicos quedaron paralizados unos con 
los temblores del 25 y otros con los posteriores. 

Los niños y niñas huérfanos del Hospicio Nacional 
recibieron orden terminante de la Superiora del esta- 
blecimiento de recogerse en los lechos situados en la 
parte baja, permaneciendo abiertas todas las puertas 
de los salones-dormitorios; a los parvulitos no se les 
quitó el vestuario; las Hermanas que tienen a su car- 
go las salas, al sentir los primeros movimientos de 
excitación de la tierra los hicieron salir con facilidad, 
permaneciendo todos el resto de !a noche en los dis- 
tintos patios; muchos chicuelos se durmieron, ágenos 
a las desgracias que se desarrollaban, mientras que 
otros, tristes ^y medrosos no pudieron conciliar el sue- 
no. La Superiora del establecimiento y las demás 
companeras de la institución dieron una vez más 
pruebas de su acendrado carino a los niños desvalidos. 

En el respectivo departamento tuvo que establecer- 
se lucha con varias ancianas que se negaban a salir de 
los aposentos. 

El desastre alcanzó grandes proporciones en el 
Hospital General. A medida que temblaba el vasto y 
hermosísimo edificio sufría espantosamente por todas 
direciones: es muy estricto el régimen, orden y disci" 
plina entre los miembros que forman la institución 
de las Hijas de San Vicente de Paúl: con el primer 
movimiento terráqueo y ya a oscuras las dependencias 
de la Casa de Caridad, por la falta del alumbrado 



158 NARRACIONES 



eléctrico, las Hermanas y los enfermeros se pu- 
sieron en movimiento: las primeras corrieron al de- 
partamento de lámparas y una vez encendidas éstas, 
cada una se dirigió a su respectiva sala: los movi- 
mientos de tierra seguían y al oírse la orden de la 
Superiora que mandaba desalojar de pacientes los sa- 
lones de clínica, comenzó una labor fatigosa, permí- 
tasenos llamarla heroica: sin arrebatos y sin locas 
precipitaciones los enfermos iban saliendo apoyados 
unos en los brazos de las Hermanas y los más graves 
sacados entre dos y tres enfermeros, todo hecho — 
como ya digimos — con serenidad y confianza. 

A Sor Vicenta, le tocó un trance amargo coff los 
tuberculosos asilados en un segundo piso: los enfer- 
mos, escuálidos, fatigados, tosiendo atrozmente algu- 
nos de ellos, apenas podían dar paso: lentamente 
bajaron los peldaños y la valerosa hija de San Vicente 
de Paul, aquel ángel de ternura y de bondad, creyó 
oportuno una vez más, recorrer la sala alta para ob- 
servar si quedaba olvidado algún enfermo. Luego 
descendió por la escalera y al poner los pies en ei 
patio se hundía parte del severo y elegante salón de 
tuberculosos. 

Aquella legión de almas nobles, despreciando la 
vida para consagrarla a la salvación de sus semejantes, 
una vez tuvo en lugar seguro a los enfermos comenzó 
aponer en salvo camas, colchones, trastoca y los ví- 
veres guardados en almacenes y cuanto era necesario 
para el consumo de la casa. 

Otras Hermanas llevaron a los patios objetos valio- 
sos de cirugía y las drogas de la Farmacia. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 159 



Un hombre útil y valeroso apareció en los aflictivos 
momentos en el Hospital: don Pedro Vülalobs K. 
Tomó participio en distintos trabajos con tanto carino 
y desinterés como si se hubiera tratado de su propia 
familia. A la& tres de la madrugada pasaba a la Casa 
Central a dar parte a Sor Visitadora de lo ocurrido 
en las Casas de Caridad. 

Al Hospital llegaron dos o tres individuos más a 
prestar servicios a las Hermanas. 

Como se ve no faltaron personas que en esa noche 
tuvieran generoso comportamiento. 

Después del segundo movimiento trepidatorio y ya 
en el suelo el coro de la iglesia de San Juan de Dios, 
interceptando la entrada al Hospital, hubo necesidad 
de abrir con barretas una de las puertas de la iglesia 
que^dan a la calle; el pueblo se precipitó al interior 
de la nave y con valor temerario subieron hombres y 
mujeres sobre el altar mayor para salvar al Cristo de 
las Misericordias. La escultura fué sacada en peso 
hasta sembrar la cruz en el pavimento, en el centro 
de la. plazuela, frente a la iglesia. 

Habían caído algunos de los techos y paredes de las 
distintas dependencias del Hospital y destruídose la 
lindísima Sala de Operaciones, bello ornamento de la 
Casa hospitalaria: los muros que saltaron por todas 
partes aislaron el departamento de niños enfermos. A 
la una de la mañana se llamaba a las Hermanas, 
a determinado sitio con el objeto de proceder a una 
Ceremonia religiosa y entonces se vio la falta de dos 
de ellas: don Pedro Villalobs K. fué inmediatamente 
a buscarlas 'y saltando sobre escombros llegaba a la 



160 NARRACIONES 



dependencia de los niños: al dar unos cuantos pasos 
alumbró el piso con su lámpara y se imaginó ver un 
reptil que corría por el suelo hacia él; quiso matarlo 
y entonces pudo fijarse que no era culebra lo que veía, 
sino una grieta angosta que iba formándose en el 
suelo en los instantes en que él caminaba. 

Al enornáe trabajo hecho en el Hospital General se 
agregó la llegada de la calle, de heridos y enfermos, 
entrando por las puertas provisionales abiertas en 
momentos de tribulación. 

En la Casa de Salud, don Manuel Miranda, enfermo 
pensionista desde hacía algiín tiempo, se obstinaba 
en no salir de su aposento, viéndose las Hermanas en 
la necesidad de sacarlo por la fuerza. 

Ya era tiempo; a los pocos minutos de ser desaloja- 
do el cuarto los techos se hundían con atronador 
estruendo. ,- 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 161 

lltt (SLvmtú m«g b^ün g mnvi tvmU 

Parece increíble que en un Hospital como el de 
Guatemala, que contaba con tantas dependencias y en 
el que se atendía a más de 500 enfermos entre hombres, 
mujeres y niños, además de los empleados secundarios, 
no se haya tenido que lamentar nada más que las 
contusiones que sufriera Francisca Estrada, sirvienta 
de la casa hospitalaria. 

Nada sufrieron tampoco los del establecimiento 
contio^uo; a poca distancia del Hospital alzábase el 
Asilo destinado a los locos: en los extensos y hermo- 
sos corredores se hallaban los enfermos con diferentte 
monomanías y su inmenso cortejo de sufrimientos; 
allí el decrépito anciano idiotizado, el joven que agotó 
sus energías en el vicio, ciertas mujeres con su locura 
hereditaria, los epilépticos, los cacógrafos, los que 
tristes y meditabundos caminan dirigiendo a su alre- 
dedor miradas en las que se advierte algunas veces 
una chispa de inteligencia. 

Allí pasan la vida muchos infelices que en momen- 
tos de lucidez quisieran dejar este mundo que para 
ellos fué en otros tiempos dulce primavera y cuando 
el carino, el amor y la amistad les crearon cerca 
suave admósfera, saturada de encantos al sentir en el 
fondo del corazón la primera llama del amor. Muchos 
de estos infelices están muertos en vida; la ciencia en 
vano entabla lucha vigorosa contra la enfermedad que 
ha descompuesto el cerebro de tanto desgraciado. 
En la noqhe fatal del 25 de diciembre la Superiora 
del Asilo dispuso trasladarse al centro del patio del 

N.-21. 



162 NARRACIONES 



jardín temerosa de los temblores de tierra. Las 
demás Hermanas algo confiadas permanecieron en sas 
dormitorios: desde el primer momento se comprendió 
lo grave de la situación y con toda prontitud las Her- 
manas ocuparon sus puestos. Al ruido que producían 
los techos, crugiendo con fuerza, agregáronse los 
gritos desesperados de los dementes. 

La primera providencia que se tomó fué la de abrir 
las celdas de los '^enfermos agitados," que saltaron 
como liebres hacia el centro de los patios y» cosa 
curiosa, rodearon inmediatamente a una Hermana de 
la Caridad que oraba: el grupo de hombres permane- 
QÍó quieto, algunos fijaban los ojos en el firmamento, 
otros gesticulaban y la mayoría entonó la salve, repe- 
tidas veces. Se cuenta de dos maniáticos que al sentir 
los movimientos de tierra corrían en actitud de detener 
las paredes para evitar su caída. Se les mandó poner 
camisa de fuerza y evitar así desgracias. 

En medio de los locos poseídos de terror, aparecía 
dulce y tranquila, apasible y tierna, una de las Her- 
manas de la Caridad, prodigando a todos maternal 
cuidado. 

En el departamento de mujeres se desarrolló otra 
escena diferente: las dementes, principalmente las 
furiosas, corrían despavoridas por distintas direcciones 
como si las persiguiera genio infernal: los gritos se 
sucedían y en medio del más tremendo desconcierto, 
muchas reían a carcajadas. Una de la Hermanas de 
la Caridad trataba de apaciguarlas: vano empeño: la 
noble mujer no desmaya, habla, recomienda calma, 
prodi^S^ cariños y consuelos demostrando en momen- 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 163 



tos supremos que aun hay almas grandes y abnegadas 
que saben practicar el bien, en medio de las ca- 
tástrofes. 

Entre tantas y tan terribles escenas en aquel mun- 
do de horror, las Hermanas de la Caridad tuvieron la 
ayuda eficaz del Coronel don Pedro Reinelas, sub-di- 
rector de la Policía. 

A causa de la caída de los muros del Asilo se fuga- 
ron varios dementes que a los dos o tres días se logró 
su captura. 

En la vecindad de la Casa de Locos se estremecían 
mientras tanto las tumbas del Viejo Cementerio: don 
Miguel Foronda, vigilante de la Necrópolis y emplea- 
do antiguo del Hospital, salió con su familia buscando 
salvación en sitio despejado en el centro del Campo 
Santo. Allí vio caer el mausoleo en el que reposaban 
los restos del insigne Pepe Batres, de su hermano 
Juan, muerto en Nicaragua y traídas sus cenizas a 
Guatemala; de las señoritas Micaela, Antonia y Feli- 
pa Montufar y Coronado, de José Mariano Batres y 
de su esposa Mercedes Montufar; de José María 
Palomo y Montufar y su esposa, Encarnación Batres 
y de Antonia Nájera y Letona de Montufar. Rodaron 
por el suelo levantando columnas de menudo polvo, 
los sepulcros del General Cascaras, de Benedicto 
Sáenz y los de Bolaños, Villalobos y otros muchos. 
Soportó la fuerza de los movimientos terrestres la 
tumba de granito de don Antonino ürruela, hasta 
que rotas las junturas de las planchas de fina piedra 
de negro y blanco, desquiciada en su base, rodó sobre 



164 NARRACIONES 



los cráneos y osamentas de hombres que nos precedie- 
ron en el camino de la vida. 

Rodaron también por el suelo las cenizas del doctor 
don Pedro Molina, Procer de la Independencia, las de 
su esposa e hijos. 

Las manifestaciones de la caridad, esos imprescin- 
dibles y consoladores deberes a que obliga la humani- 
dad doliente a la humanidad feliz que son tal vez el 
barómetro más seguro para valuar los grados de 
civilización de las naciones, se han cumplido en Gua- 
temala en todo tiempo, de manera espléndida. Arranca 
desde la época en que Pedro de Betancourt fundó su 
Hospital, su Asilo de Convalecientes y su escuelita 
de primeras letras para niños desvalidos. 

La capital ha contado con establecimientos de cari- 
dad sostenidos por el Gobierno de la República, y 
esos centros en los que los desgraciados encuentran a 
todas horas uii pan con que saciar el hambre, un 
albergue donde evitar los rigores de la vía publica, 
un lecho para descansar de sus fatigas y aliviar sus 
dolores, no les ha faltado el amparo ni un sólo mo- 
mento recibiendo beneficios del Jefe del Estado, Señor 
Licenciado Estrada Cabrera. 

El 26 de diciembre en la mañana cuando hubo 
momentáneo desaliento en la capital, todos los enfer- 
mos de las distintas casas hospitalarias recibieron 
la alimentación acostumbrada, las visitas de los facul- 
tativos y los cuidados de las hijas de San Vicente de 
Paúl. 

I Sublime, admirable ejemplo de grandeza de alma 
y de abnegación, que no tiene muchos imitadores I 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 165 



A inmediaciones de nuestra famosa Escuela de 
Medicina y Farmacia, en la sesfunda Avenida Sur, 
extendíase la Gasa Central, centro de enseñanza y de 
trabajos manuales a cargo también de las Hermanas 
de la Caridad y residencia de Sor Visitadora, una 
noble mujer que no han podido doblegar ni los años, 
x¿ el trabajo, ni las tristezas. 

La Casa Central cuenta con internado de ninas, que 
bacen diversidad de labores que gozan de crédito aún 
más allá de las fronteras patrias. 

Hay externado compuesto de centenares de niños 
que por la pobreza de sus padres, mientras éstos tra- 
bajan en diversos oficios, envían a sus hijos a la citada 
I Casa, en las que se les da alimentos y clases elemen- 
tales . 

El establecimiento cuenta con un terreno de más de 
una manzana de extensión . 

, Tiene muchos anos de fundado y consta de diversas 
aecciones. Poseía amplios salones de estudio, salas 
de trabajo, sala de actos, extensos dormitorios y cuan- 
to puede necesitar un establecimiento de la índole del 
que nos ocupamos. 

La noche del 25 de dicembre las alumnas internas 
dormían profundamente por el desvelo de la anterior, 
con motivo del festival de Navidad, celebrado solem- 
nemente en la Casa, como poáos los años. 

Con la primera conmoción terrestre saltaron las 
niñas de sus lechos, encaminándose a medio vestir al 
patio del jardín, donde crecen frondosos los árboles j 
se cuaja el suelo de flores. 



/ 



166 NARRACIONES 



Las HermaDas, siempre al cuidado de las alumnas 
dejaron atrás un edificio, corriendo para salvar la 
vida, cuando se desprendió hacia el suelo alto muro, 
llenando de terror a las chicuelas. En ese patio per- 
manecieron toda la noche de triste recordación. 

La serie sucesiva de temblores de tierra causó 
graves destrozos en el edificio, de tal manera que 
será necesario mucho tiempo y dinero para recons- 
truirlo. 

La bellísima capilla que poseía obras de arte de 
mucho mérito sufrió gravemente. Cayó de una de 
las repisas la magnífica estatua de Juana de Arco, 
obra jtraída de París. El 26 se logró extraer del 
mismo recinto las demás imágenes. 

Elegante y llena de severidad era la Sala de Reu- 
niones en cuyo extremo nort« se destaca sobre una 
cruz de madera, un Cristo muy bello y muy triste: 
extiende sus brazos como si quisiera aprisionar con 
inmensa ternura, entre ellos, a los que tanto sufren!.... 
En ese recinto, solitario y silencioso ya no se oyen 
los cánticos armoniosos de otros días, solo las plega- 
rias de ninas inocentes que piden a Dios por nuestra 
idolatrada Guatemala. 

A los pies ensangrentados del Cristo Pálido y bello, 
ya no se colocan las fragantes flores del jardín, sino 
velas crepitantes y a cierta hora del día se oye rumor 
suave: son las oraciones de las que ruegan por los 
peregrinos de esta tierral 

En las salas y corredores entorpecen el paso 
promontorios de tierra, madera rota, y alguna que 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 167 



otra fina estatua mutilada. Oprime el alma contem- 
plar tanta ruina, tanta desolación. 

Ochenta y cinco niñas se salvaron providencial men- 
vte y con ellas las Hermanas de la Caridad. 

Pasados los primeros días de sobresalto en la Casa 
Central, ^sta recibió suficientes víveres que enviara 
el Jefe del Estado señor Lie. Estrada Cabrera y/aás 
tarde a Sor Visitadora se le entregaba la suma de 
$20,000, cantidad empleada en la construcción de ba- 
rracas en el patio del jardín, 

¡. Vosotros los que tenéis comodidades, los que vivís 
con desahogo, los que podéis disponer de suficientes 
medios, los que amáis a los niños pobres, acordaos de 
esa Casa que no tiene otras entradas de numerario 
que la que le proporciona el trabajo escaso de un grupo 
de Hermanas de la Caridad y de pobres y modestas 
niñas. Acordaos de la Casa en la que se ha procurado 
moralizar a la niñez sin esperanza de recompensas, 
sino las que proporciona la satisfacción de hacer el 
bien a los necesitados, a lus que pasan días de priva- 
ciones y de tristezas I I Acordaos I í Acordaos ! 



1 68 NARRACIONES 



El que visite el Asilo de Santa María en la vieja 
casa de Pavón — Avenida del Estanque del Ojo — 
quedará absorto y emocionado ante el espectáculo/ 
que ofrece el derruido edificio. 

Las nuevas viviendas del Asilo consisten en extenso 
salón, construido de oriente a poniente, cubierto de 
lámina metálica, dividido en distintos aposentos, 
siendo el primero la salita de recibo, dotada de sen- 
cillos muebles. Después de atravesar un gran trecho 
dejando a un lado el patio que antes sirviera de 
recreo a los externos y una fuente grande, nos halla- 
mos cerca del edificio en ruinas, abandonado desde 
los días de la semana de pascua. A pesar del estado 
desastrozo en que se encuentra la casa, llama la aten- 
ción la amplitud de los cuartos y de los patios; de 
unos anos a esta parte había sido ensanchada con 
nuevas y elegantes construcciones, varias de ellas de 
dos pisos. 

Los cuartos, nuevos y viejos, la capilla, los dor- 
mitorios, salas de clase, salones de labor, comedores, 
despensa, cocina, todo forma un montón de fragmen- 
tos de ladrillo, terrón y mezcla. 

Parece que por los patios solitarios vaga la sombra 
augusta de María de Van de Putte, fundadora del Asilo. 

La Superiora del establecimiento. Sor Colón, tuvo 
la feliz idea, después de los temblores de tierra de 
los días 17 y 18 de noviembre, de trasladar a sus 
alumnas de los dormitorios altos a los bajos, así es 
que en la noche lóbrega del 25 de diciembre las 
ninas estaban en lugar seguro; fueron las habitaciones 
del segundo piso las primeras que se vinieron al 
suelo; las Hermanas de la Caridad con sus alumnas 
se refugiaron en sitio amplio, perteneciente a la casa. 

El terror de las ninas se hizo cada momento' más 
creciente. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 169 



''No puede usted imaginarse — nos decía la Supe- 
riora — lo que sufrimos desde los primeros momentos; 
una de tantas conmociones terrestres hizo salir el 
agua de la fuente principal cayendo abundante líqui- 
do sobre nosotras; horas enteras, en compacto grupo 
permanecimos atribuladas; en ciertos instantes des- 
pués de la claridad de la luna densa oscuridad cubría 
el firmamento llevando el desconsuelo a nuestras 
almas. Los cánticos del pueblo pidiendo clemencia 
al cielo contribuían a aumentar la aflicción; a veces 
el viento helado del Norte mecía los cipreces y 
árboles sepulares y el ruido de las ramas y de las 
hojas nos parecía como el anuncio de cercana tem- 
pestad." • 

Mientras nos hablaba la Superiora dirigíamos 
nuestros pafeos hacia la casa de Pavón-: la tristeza 
reina sobre los destrozados muros: de aquello que 
fué un pequeño paraíso de^stinado a setecientas niñas 
entre internas y externas, nada queda sino ripio ^ 
tierra. 

Serán, necesarias grandes energías a efecto de 
recuperar lo perdido. 

^ Tiene usted esperanzas de que renazca el Asilo 
de Santa María?, dijimos a la Superiora y ella con- 
testó con acento de convicción profunda: ''Guatemala 
es la tierra clásica de la caridad: tengo esperanzas en 
el futuro" — y señalando con solemne gravedad el 
cielo agregó: "iConfío en Dios!" 

* « « 

La hermosa iglesia de la Merced comenzó a sufrir 
destrozos desde el segundo temblor de la noche de 
pascua. El señor canónigo Pbro. don Ignacio Prado 
habíase recogido a la hora acostumbrada . El ruido 
producido por los muros que caían del templo y lo 
repetido de los temblores lo hizo abandonar el lecho 
dirigiéndose al sitio que creyó seguro: es este un 

H.-22. 



170 NARRACIONES 



pasadizo abovedado, con formidables paredes de más 
de un metro de espesor que comunica la iglesia con 
la casa conventual. En esa pequeña bóveda con dos 
puertas cerca la una de la otra, para evitar las co- 
rrientes de aire, permaneció el digno sacerdote la 
noche entera del 25. De rodillas el noble anciano 
oraba fervoroso por los que sufrían y por su iglesia 
la que tanto ha amado y a la que dedicara los mejo- 
res años de su vida . 

ün día, en la época de la Reforma, hubo empeño 
por varios funcionarios en establecer una escuela 
en el ex- convento, por lo que se exigió al - sacerdote 
la salida inmediata del local en que vivía. El señor 
Prado recurrió en queja al deformador, Justo Rufino 
Barrios, y éste, en momento de franc^expansión, 
con aquella grandeza de alma que le era peculiar 
cuando estaba de buen kumor, escribió una orden 
que aun conserva como recuerdo el señor Prado y en 
la que dice no se moleste en lo absoluto al Padrecito, 
orden que en momento oportuno entregó el señor 
Prado al Jefe Político don José Francisco Quezada 
con beneplácito de don Valerio Irungaray, que mucho 
apreciaba al digno sacerdote. * , 

Han transcurrido los años y en la pequeña casa 
conventual sorprendió la catástrofe al Padre Prado: 
allí tuvo días tranquilos en el transcurso de su exis- 
tencia, haciendo patentes sus buenas costumbres y 
su virtud, mostrándose con los pobres servicial y 
generoso y sirviendo su ministerio con infatigable 
celo apostólico. 

En las naves del suntuoso templo oró mil veces el 
sacerdote y en esas mismas naves destrozadas por 
la fatalidad llora hoy al contemplar su santa casa, 
mitad de su alma, mitad de su vida. 

Hay edificios que a primera vista producen al 
que los ve por primera vez una sensación peculiar. 



VÍCTOR MIGUKL DÍAZ l7l 



De esos era la hermosa iglesia de arte jónico de los 
recoletos, única en su género en Guatemala. 

Alzábase en barrio de poco vecindario, aunque de 
dos años a esta parte en la tercera avenida norte 
venían construyendo personas acomodadas elegantes 
viviendas; -uní) de los más bellos ornamentos del 
cantón fué el edificio Liceo Municipal '"Joaquina." 

La noche de pascua con los primeros temblores se 
derrumbó la cúpula del templo de los recoletos, cau- 
sando grandes daños al coro y haciendo pedazos la 
magnífica escultura de Cristo en la Cruz que se des- 
tacaba en el altar mayor. El segundo movimiento 
terrestre hi/.o darrumbar parte de los campanarios; 
el del Norte cayó sobre \<ñ edificios del primer patio 
del ex-convento, dejando en el suelo techos y paredes: 
vivían en las habitaciones cerca del templo, la señora 
Dolores v. de Romero, £n compañía de una de sus 
hijas y 3 nietecitos: al ver ei peligro en que se hallaban 
salieron primero al patio y minutos después encaminá- 
ronse precipitadamente a la plazuela de la iglesia. 

Era el primer patio del ex-convento de alguna 
amplitud, con una fuente en el centro. Nada inte- 
rrumpía el silencio que reinaba en dicho lugar sino 
el sonido de las campanas. 

Por los corredores hace medio siglo paseábanse 
tranquilos frailes vestidos con tosco sayal cubiertos 
con sus cogullas. 

En la nophe de pascua, noche de tristísimos recuer- 
dos, se congregó el pueblo afligido en la plazuela de 
los recoletos. Desde ese lugar, a cierta distancia, 
presenció conmovido la caída de la torre sur que 
sostenía la campana de Vassaux; al rodar se oyeron 
los tañidos del bronce; densas columnas de polvo 
alzábanse por todas direcciones. 

La sacristía del templo resistió el terrible vaivén 
de la tierra: mientras caían hechos pedazos la cúpula 
y las torres de la basílica, en la sacristía, pendiente 



172 NARRACIONES 



de una de las altas paredes, permaoeció el retrato, 
de cuerpo entero, pintado al óleo del V. P. F. Anto- 
nio Margil de Jesús, Fundador, Prefecto y Guardián 
del Colegio de Guatemala (la Antigua). 

En aposento contiguo a la Sacristía, en segura 
bóveda soportó los temblores de la nocbe del 25 de 
diciembre el viejo Sacristán, Francisco de Broy, un 
italiano de gran valor. 

áPor qué no salió usted fuera de la iglesia inme- 
diatamente después del primer temblor?, pregunta" 
mos a de Broy. 

*' — ¿Para qué? — nos dijo. — El peligro donde quiera 
existe; la muerte llega a sorprendernos en un sitio 
u otro. Después del primer temblor — agregó — 
creí oír ruido subterráneo, como de truenos: com- 
prendí la gravedad de la situación y espeí^ resignado: 
después de la media noche recliné la frente sobre una 
mesa y dormí un instante;Vo trataba de rescatar el 
Tabernáculo, de salir con él y depositarlo en sitio 
seguro, pero como la iglesia había comenzado a de- 
rrumbarse y todo yacía en la más completa oscuridad 
esperé se levantara el sol para salir. Así lo hice: 
con el corazón hecho pedazos vi a otro día las ruinas 
de mi iglesia adorada, lloré al ver en el suelo las 
campanas, mis amigas únicas. Al hallarme fuera de 
los escombros, muchísimas gentes me preguntaban: 
¿ Hermano Pancho ? ¿No se ha muerto? Está usted 
vivo? I Veíanme en su presencia y todavía pregunta- 
ban si no había muerto 1 

'*Todos buscaron su salvación en el barrio, corrie- 
ron al lugar seguro, sólo yo permanecí tranquilo, 
esperando el '^momento supremo," la * 'eterna parti 
da''. Dios no lo quiso y aquí me tiene usted, sano y 
salvo, para llorar sobre las ruinas del templo que 
tanto quise. Yo nací en Italia, señor, pero he que- 
rido mucho, muchísimo a Guatemala!" 
Así terminó el Hermano Pancho. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ ' 173 



La Penitenciaría Central era uno de los edificios de 
los más grandes y hermosos de Guatemala. 

El acuerdo disponiéndose la construcción tiene fe- 
cha 11 de enero de 1877. 

Se escoofió para la construcción de la obra el terreno 
llamado Campamento, encargándosela al notable ar- 
quitecto don Julián Rivera. Se ha repetido que por 
lo complicado y costoso del proyecto fué necesario 
suspender los trabajos de construcción del segundo 
piso. Las murallas ostentaban en cada una de las 
cuatro esquinas, en el exterior, una garita vistosa para 
los centinelas; la fachada sencilla al par que severa 
presentaba conjunto agradable. 

En medio de las grandes catástrofes son raros los 
hombres que no pierden la moral, que se dan cuenta 
de las difíciles situaciones en el transcurso de la vida, 
conservando sangre fría y serenidad. Durante la no- 
,che azarosa supo manifestar enérgica actitud el Direc- 
tor de la Pe^^itenciaría Central con los presos que 
tenía bajo su custodia. 

Después de las ultimas vibraciones que produjera 
el primer temblor de tierra, el Coronel don Víctor 
Rueda mandó sacar de los aposentos respectivos a los 
presos . 

En instantes trágicos de la vida se produce algo así 
como un desequilibrio moral en ciertas personas; es 
entonces cuando se conocen de cerca los instintos de 
los hombres mal educados, haciéndose necesaria mu- 
cha energía para dominarlos. 

Los presos tal vez creyeron que iban a gozar de li- 
bertad por la fuerza de los acontecimientos, libertad 



174 NARRACIONES 



que como se comprende no podía darla el jefe de la 
Penitenciaría, sino las autoridades superiores. 

El Coronel Rueda mandó rodear con tropa los cua- 
tro lados laterales de la parte exterior de la prisión e 
intimó una sola vez a los reos a que se mantuvieran 
en orden, en el centro del edificio. 

*'8i esta indicación no es obedecida, muy a mi pe- 
sar — dijo el citado Jefe — tendré que cumplir con un 
deber que me impone mi grave responsabilidad." 

Y, cosa rara, los reos sfuardaron actitud comedida 
y prudente, permaneciendo alojados en el centro del 
edificio, en pleno patio; no se vio un solo caso de fuga, 
ni hubo necesidad de imponer castigo alguno, ni esa 
noche, ni en los días posteriores. 

Después de los momentos de suprema aflicción, le 
fué muy satisfactorio al Coronel Rueda presentarse 
al Jefe Supremo de la República y manifestarle no 
haber otra novedad que la de los perjuicios que su- 
friera el edificio con las primeras sacudidas de la tierra . 



En la once calle poniente vivía el Comandante de 
Infantería, don Gregorio Flores, con su esposa, doña 
Jerónima Gutiérrez, y dos niños. Huyeron al sentir 
el primer estremecimiento de la tierra, encaminándo- 
se al interior de la casa, buscando el patio, en los mo- 
mentos en que se vino al suelo una pared, quitando la 
vida a los dos niños y sufriendo Flores graves contu- 
«iones, la fractura de una de las piernas, lo mismo que 
su señora esposa. Ya en el Hospital, a esta ultima, 
le fué amputada la pierna derecha. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 175 



A medida que las horas iban transcurriendo en la 
noche del 25 nu me rosísimas familias se con^re^^aron 
en terrenos de"" La Urbana;" apareció allí el caballe- 
ro belga don Juan B. Seigné y su señora esposa re- 
partiendo pan a los niños, ancianos y mujeres, pan y 
chocolate que extrajo de su casa. Supo de cuatro 
enfermos que allí se hallaban e inmediatamente enca- 
minóse de nuevo a su vivienda, con pelifírro de la vida, 
a efecto de llevarles leche y medicinas; en ese mismo 
sitio dio dinero en calidad de préstamo a varios ami- 
g-os. Como ese noble y generoso proceder hubo mu- 
chísimos en distintos puntos de la ciudad: todos se 
trataban como hermanos, con una grandeza de alma 
digna de alabanza; cuando se alivian las necesidades 
del momento, cuando se ofrece al prójimo lo que se 
tiene, sin egoísmos, con espontaneidad, se cumple con 
un gran deber, cuyo mayor premio es la satisfacción 
que deja, después de que se ha llenado; en la noche 
fatal no fueron contados sino numerosos los hombres 
de corazón que sin ver ideas ni creencias, sino urgen- 
tes necesidades, llevaron sus consuelos a los que 

sufrían. 

* ♦ « 

Como soldados en el combate, al pie de su cañón, 
los telegrafistas dieron esa tíaisma noche elocuente 
prueba de cuanto valen el esfuerzo y el valor, la vo- 
luntad y la disciplina, puesta al servicio de la Patria, 
en horas de conflicto. Desde el Director hasta el 
último de los empleados del ramo, toda una falanje 
de buenos servidores, dio pruebas de energía, sobre- 
poniéndose a la catástrofe, permaneciendo junto a sus 
aparatos trasmisores, dando curso a los despachos o 
mensajes oficiales y recibiendo al mismo tiempo comu- 
nicaciones. Otra legión de trabajadores se dirigía 



176 NARRACIONES 



hacia los camiaos públicos a efecto de componer las 
líneas telegráficas, cuando la tierra furiosa se estre- 
mecía y los peñascos amenazaban derrumbarse sobre 
esas mismas vías. 

Los teleg-rafistas de Guatemala deben estar orgullo- 
sos de su actitud levantada y patriótica. 

♦ * ♦ 

lY qué diremos de los individuos que forman la 
guarnición de la capital ? 

Las patrullas de los distintos cuerpos de infantería 
y de artillería prestaron importantísimos servicios 
desde el primer momento. Pequeños grupos de tropa 
rondaron las calles a efecto de evitar robos y guardar 
el orden. Antes de la media noche ya estaban captu- 
rados a IguE os rateros conocidos, siendo llevados n 
lugar seguro. 

Es digno de consignarse que entre los soldados de 
la guarnición no hubo deserciones: todos estuvieron 
a la altura de su deber, cumpliendo las órdenes de 
sus superiores, protegiendo a las personas en sus in- 
tereses y en sus vidas. 

En las ciudades importantes en las que se han des- 
arrollado catástrofes como la que sufrió nuestra capital 
heroica, hicieron ciertos individuos robos escandalo- 
sos; algunos palacios, casas bancarias y particulares 
fueron saqueados, siendo "necesaria la ley marcial 
para contener los atentados- En Guatemala, afortu- 
nadamente los robos consistieron en objetos de escaso 
valor; los rateros vulgares sacaron la garra, pero 
luego comprendieron que muchos ojos vigilaban y 
que los jefes de las escoltas habían recibido órdenes 
terminantes a efecto de sujetar desmanes, y no se 
atrevieron a más. 

La madrugada se iba haciendo lóbrega y las horas 

parecían largas, muy largas I Hubo momentos 

en que la tristeza desalentaba a unos y la esperanza 
fortalecía a otros I 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 1177 



¡Veintiséis de diciembre! Mañana despejada y 
bella; los claros rayos del sol jugueteando sobre laa 
colinas; serena la inmensa bóveda del cielo, pero sin 
cantar las aves, tal vez por la inquietud en que estu- 
vieran en las frondas la aterradora noche anterior. 

El alma nacional amaneció áe luto. 

En medio del cruel dolor qu^ afligía a los corazones 
y en presencia de una catástrofes sin precedentes entre 
nosotros, Guatemala en masa, como inspirada por una 
sola voluntad divina, tuvo fe y conformidad y supo 
ser grande ante la desgracia. 

Presentaban las calles de la ciudad tristísimo aspec- 
to, especialmente en los cantones apartados. Perdu- 
rarán eternamente en la memoria las escenas que sé 
desarrollaban a cada instante: las familias pobres se 
bailaban frente a sus viviendas destrozadas, bajo 
toldos improvisados y cubiertos con petates, frazadas, 
sábanas y lona. 

Poco después de las seis de la mañana en los mo- 
mentos en que nos encaminábamos a la Plaza Mayor, 
algunas mujeres preguntaban en qué sitios podían 
comprar pan. Fué difícil contestar a las preguntas 
porque suponíamos que en la noche pasada no se 
había trabajado en ninguna panadería. 

Muchas personas dueñas de tiendas de comestibles 
extrajeron inmediatamente cuantos víveres pudieron 
para darlos a precios favorables. 

Sabida es la generosidad de los guatemaltecos: unos 
a otros se obsequiaban lo que podían. Ninguno 

1T.-23. 



17B ^ARRACIOIíES 



de nnestpos compatriotas abusó en Ia| horas de angus- 
tia; vimos a estimables caballeros ayudar con socorros 
'maíteriales^a loe niños y con frases de aliento a*)t6dos 
nqueliós qué' muy abatidos sufrían los rigores 'del 
destino' adverso. 

Llegamos a lá Plaza Mayor, en compañía de nbéstro 
hijo'Carlitos; luego supimos' que el c^ntJo de la Ciudad 
estaba en mejores condicibtí^s qtíe Ic^' barrios*. • ''- • " 

Las torres de la basílica que un día soñara la ihente 
del insigne Prelado Francos y Monroy, se erguían 
íodavía inagestuosas, iaunque una de ellas, la del Noi-te 



todavía mages 

estaba seriamente dañada, inclinándose levemente 

hacia el edificio del Palacio Ar2Óbipal. 

A ,1a hora antes citada las familias que en la noche 
^pasada- .buscaron refugio en la Plaza Mayor comen- 
?|iron|. a Retirarse a sus casas, quedando únicamente 
algunos grupcj9 de caballeros estacionados en ja ancha 
acera del exterior del jardín. 

De pronto nos hicimos encuentro con varios ciuda- 
danos, entre ellos, el general don José María Letona, 
quien indicaba a los demás que le hacían compañía^ 
tomaran nota de nuestro nombre y proceder a la orga- 
nización de un Comité Central de Auxilios y Orden 
Publico en la ciudad. 

Al amanecer de ese día se habían presentado ante el 
Jefe Supremo de la Nación los señores general don 
José María Letona, don Alfonso Asturias, don A If re- 
no Mirón Estrada, don Marcial Méndez y don Pedro 
Soberanis López y después de saludarlo, presetándole 
sus respetos, le ofrecieron sus servicios. El señor 



vfCTOE! MKÍtTEJi. DÍAZ í^ 

Pi^fesiterity de -la' República, Licenciado ^Estrkak'W^^ 
brera, supo agradecer '^eí 'ofr*écimie'ato; cóti la ctilítlrW 
qtfe 'acostumbra y habiéndole "propuestb-la dr^mza- 
ción de un Comité dé* Orden y dé Atixilidé,ló aceptó' 
gustóáÓ, " /ecóméndandb Ise buscara la' cblab'óraáifen' de 
loa áefíídrés dóÁ 'Rafael Yaquiáñ y don Jói'gér G^táff/* 
peráÓnUs que más tarde habían de cíolól sf botar 'éOÉf* 
brillante éxito, ébh áfct5ividád*y ti'no, daíido^'á todósí^'ltí 
Dübmetítós tristes, buen tráito. Acto seguido el 'general 
Letótíá*'i^'dem^^ éompafífelrós se diri^iéfód a k Ffefcíftf' 
Maydf, y'éfn estelu'gar', á propuesta dé lós'qu^^l'líea-^^ 
tábamos se hicíérdri lbs*dedíiás nWmb'ra'mienííós é infcbfe-' 
diadamente se mandó Irá'oikr a áus'domicilíoá^á fó'á' ófüéfio 
se'haHa'b'síri pfeén*te¿í. 'Así'su'rgió él -Comité ^C^tftrál^def* 
Auxiliíis y' Orden Publico, que dómenzó Wtrábki^t^ 
con la actividad' que el caso requería. •Precisf¿'*és coa'-** 
fesar é[ue 'el alma' de bse Comité" fué 'el ^not* Prési'-í 
dente de' la Repúbl'ica, comió cfue este altó futí-'' 
cionario ya se había dirigido' a lás'autó'Hdkdes'^é^ar-'^ 
tamentáles a efectb de que viniesen auxilios 'dé que* 
tanto se necesitaba: ' * .^ ; ¡-i' ' ..>».. • (♦p 

En las priol'eraé horas deriñiéfcóleá 26" hubb temor-* 
de que escasearan las provisiones páfa 'él pifblico y • 
que la falta de agua agravara lá 'Situación ^aumentan- 
do los males en nuestra capital? 'afí)rtünadámeñte no > 
fué así, gracias a las previsoras medidas* del Jefe del 
Estado. • ' 

Los empleados del ramo de aguas se apresuraron a 
reanudar tan importante servicio, aunque a medida 
que el tiempo transcurría, los temblores de tierra se 
sucedían con alguna frecuencia, pero hubo un esfuer- 



180* N^RRAfJIONBS 



zo grande, verdaderamente patriótico^ y el líquido no- 
faltó, con ligeras interrupeione». 

Mientras tanto las autoridades de los departamen- 
tos se preparaban a enviar víveres. 

La Direccióttde Policía Urbana a »u vez dispuso se 
establecieran en cada plazuela de la ciudad y en deter* 
midados^cantones, panaderías^ carnicerías, lecherías,, 
provisión de agua y ho&pital ambulante. 

Medida muy oportuna fué la éb mandar cerrar la*- 
ventas de aguar dieu'te; auiique m-ucbas cantinas y 
londine* sufrieron en»» la noche pasada, no por eso • 
ciertas mujeres dejaron, de vender licores^. 

Sorprendió la actitud levantadas y animosa de don i 
J. VíctorMartínez^^ Farmacia yDroguería Central, • 
situada en la esquina de la octava avenida, norte y 
sexta calle oriente, sufrió graves perjuicios; se rom- 
pieroa cauchos envases inutilizándose ciertas medici- 
nas. Sin temor al peligro, porque los movimientos^- 
de tierra continuaban^ extrajo cuanto pudo ser útil, 
llevando un botiquín a la Ptaza Mayor y mientras 
q>ue uno de sus. em<pleado»^ obsequiaba o vendía medi 
oinas al pueblo, otro curaba a los que habían sufrido- 
contusiones de poca gravedad^; 

Don J. Víctor Mactínez pasó la noche anterior en 
©ompañía de su familia én. el Parque del Centro. Los 
continuos mo-vimientos terráqueos, el canto lúgubre 
de las míujerea del pueblo, el ruido atronador que 
producía la caída de las corai§as de las casas, todo 
eso, agregado a un golpe que sufrió en la cabeza, esa 
misma noche, la esposa del señor Martínez, tal vez 
fueron la causa de que dicha señora tuviera una exci* 



VÍCTOR IsfÍGÜEL DfÁZ 181 



tación nerviosa acentuada, q^ue terminó con la pérdida 
de la razón. Se podrá calcular cómo estaría de 
agfobiado el espíritu de dicho sefíor y, sinembargo, 
cumplió con su misión en instantes verdaderamente 
críticos» 

Multitud de edificios públicos y casas particulares 
habían sufrido daños de consideración. Buscando 
tipóg^rafos para que se hicieran cargo de variaa publi- 
caciones del Comité, fuimos por los barrios de la 
parte occidental de la ciudad y pudimos darnos cabal 
cuenta de que, desde el Liceo Municipal Joaquina, 
hacia el sur, con dirección a la basílica que fué de los 
Recoletos, el barrio del Santuario, el Cantón Elena, 
el Hospital, Asilo de Dementes, Cementerio General, 
hasta los cantones "Barrios" y *''Barillas" y la '^Ciu- 
dad Estrada Cabrera," mucho habían sufrido los 
edificios y casas. Parece que por allí, bajo la corteza 
terrestre pasó una onda furiosa de gases que las 
hacía conmover desde su base, arrojándolas al suelo. 

En el momento' en que nos deteníamos frente a la 
Tipografía Nacional, en compañía del comandante don 
Ricardo Valdés, nos sorprendió un estremecimiento 
de tierra que hizo c^er muros desquiciados, repellos 
de paredes y varias cornisas de las que ya estaban en 
difícil equilibrio. •' 

Ciertas casas constituían por las avenidas y calles, 
perenne, inminente peligro de muerte . 

Al regresar por la novena calle poniente, oímos que 
se nos preguntaba por **nuestra casa." La pregunta 
nos causó extrañeza, creyéndola una broma y contes- 
tamos: 

— La casa de don Juan Ayeinena, querrá usted 
decir; ¡Se halla en el suelol 

— Nunca hemos tenido nada, amigo, — agregamos, — 
y por consiguiente nada perdimos I 



182 NARRACIONES 



lln fmnüBú murn 

Minutos después de las siete de la mañana estuvo 
en " La Palma," con el objeto de visitar al Jefe del 
Elátado, señor Licenciado Estrada Cabrera, el Ifcmo. 
señor Arzobispo de Guatemala, fray Julián Raimundo 
Riveiro y Jacinto. En el transcurso de la aciaga no- 
ciré anterior el señor Arzob\^po permaneció en sú 
Palacio, én compañía del muy Ilustre señor Presbítero 
Canónigo don Salvador Castañeda y de otras personas. 

Pocos instantes habían pasado del derrumbe de la 
bellísima cúpula de la Catedral y cuando las naves 
del suntuoso templo se hallaban llenas de polvo, el 
señor Arzobispo entró al interior, llegando hasta el 
altar de la Virgen de Concepción, en compañía de un 
paje y de su Secretario. 

« • • 

La fiebre de construcciones desde hace más de vein- 
te años extendíase por todas partes. Desapareció la 
vieja casa, de la Hacienda de la Virgen, en la esquina 
opuesta al campanario de Belem y como ese edificio 
histórico otros tantos . 

Multitu4 de sitios mejoraron por la iniciativa oficial 
y particular, como las plazuelas de Jocotenango, San 
Sebastián, Santuario de Guadalupe, La Habana, de 
las Beatas y otras. 

La avenida del '*Cantón Elena" se iba transforman- 
do; solamente el viejo muro de esquina del Osario del 
Antiguo Cementerio, al final del Callejón de Huérfa- 
nas, se erguía sombrío. Era ese un famoso, maro, de 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 183 

trágica recordación: allí fueren pasados por las armas 
los asesinos de los niños Klée, y de Poggio, el victi- 
mario de Guadalupe Floíes. 

Todo lo viejo iba cayendo porque Guatemala gus- 
taba ^íie hermosearse, enterrando el pasado, dando al 
viento con el polvo de los paredones la poesía de los 
recuierdos. 

En la noche triste se, derrumbó el muro y al ama- 
necer del 26 presentaba un enorme hueco lleno de 
osamentas. 

La alta galería de nichos de la Vieja Necrópolis, en 
la parte norte hacia el lado del mismo Callejón de 
Huérfanas, había comenzado a derrumbarse, apare- 
ciendo carcomidos féretros y restos humanos del año 
de 1857. 

El antiguo murallón no pudo resistir las sacudidas 
de la tierra y se cayó; la acción del Gobierno estuvo 
oportuna e inmediatamente comenzó la incineración, 
llegando al Jugar citado el señor Ministro de Gober- 
nación y Justicia, Licenciado don José María Reina 
Andrade. 

* * * 

En plena Plaza Mayor, los miembros del Comité 
Central de Auxilios y Orden Publico, dictaron dispo- 
siciones el 26 a las "^ de la mañana, secundando esa 
labor varios miembros del Ayuntamiento, los señores 
Alcaldes Vielmann y Fahsen Bauer, el Concejal don 
Macario Sagastume, así como los señores don Kafael 
Yaquián y don Jorge Galán . 



184 NARRACIONES 



Los cantones apartados sufrieron considerablemente 
la noche del 25, recibiéndose noticias a cada momento 
de la Parroquia Vieja, de los cantones Libertad, Ba- 
rrios y Bariilas, y de la Ciudad Estrada Cabrera. La 
primera casa que se derrumbó con aterrador estruen- 
do en este último lugfar, fué la de don Venancio Cóbar. 

« * « 

Esta información lo abarca todo, sin exclusivismos, 
cinéndonos a la verdad y siendo parcos en prodigar 
alabanzas sino a aquellas personas que todo lo olvida- 
ron, intereses y familia, para ser útiles en momentos 
de conflicto, sin esperar aplausos ni recompensas. 

ün puñado de hombres, humildes hijos del trabajo, 
gente honrada y buena, se dirigió a las nueve y me- 
dia de la mañana al templo de la Candelaria a efecto 
de salvar la venerada imagen de Jesús, la primera 
obra que en su juventud esculpió Juan de Aguirre, 
así como también las demás estatuas y objetos valio- 
sos de la misma iglesia. 

Las torres del templo se habían derrumbado, lo , 
mismo que parte del techo, amenazando hundirse el 
altar mayor y las capillas de los lados. Inmediata- 
mente se procedió a extraer, en primer término, las 
pinci pales imágenes históricas de la iglesia, llevándo- 
las a un solar inmediato, de propiedad particular. Ya 
estaba en el suelo, desde el segundo temblor de tierra 
de la noche del 25, el estanque público que en 1861 ^ 
ostentaba un medallón, con el retrato de medio relie- • 
ve, del General Rafael Carrera, medallón que se 
cayó con uno de los temblores de tierra del año 
de 1862. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 185 



Siguieron el ejemplo de la obra patriótica de la di- 
rectiva de la Hermandad de Jesús de Candelaria, 
otras personas y sacerdotes en los demás templos de 
la capital, como el Presbítero don Ignacio Prado en 
la Merced; el Presbítero don Julio Martínez Flores, en 
Santa Catalina; el Presbítero don Gabriel Solares, en 
Santa Teresa; el Presbítero y Pro- Vicario Licenciado 
don Rafael Álvarez, en la Concepción; el Presbítero 
don Daniel Sánchez, en San Francisco; el Presbítero 
fray Luis Nieto, en la Recolección; el Presbítero don 
Ángel Montenegro, en el Santuario de Guadalupe; 
los Padres Paulinos, en San Juan de Dios; el Presbí- 
tero don José Julio Palacios, en San José; el Presbí- 
tero don Pedro J. Palacios, en la Cruz del Milagro 
(Parroquia Vieja), y otros cuyos nombres no recor- 
damos. 



Al amanecer del 26 cuando aun seguía estremecién- 
dose la tierra, la Superiora del Hospital General, 
viendo que los techos donde se hallaba el fogón y el 
horno de la panadería s^ habían hundido, inutilizán- 
dose todo, mandó que la servidumbre improvisara una 
cocina y un horno en solar del Viejo Cementerio, a 
inmediaciones de la sencilla tumba en la que reposa- 
ron desde 1879 las cenizas del inmortal Pepe Batres, 
al ser llevadas del templo de la Escuela de Cristo . 

En la casa hospitalaria hubo pan ese día, desayuno 
para quinientos enfermos, caldo a las diez de la ma- 
ñana, almuerzo a las doce, comida en la tarde, te y 
pan tostado en la noche. 

K.-24. 



186 NARRACIONES 



No se interrumpió un instante el servicio médico y 
de practicantes . 

En los amplios patios del establecimiento improvi- 
saron en diez horas departamentos de madera cubier- 
tos con manta, bajo los cuales se mandaron colocar 
las camas de los enfermos. 

No faltaron un solo momento cumpliendo con sus 
obligaciones el Dr. don Rafael Mauricio y Jos practi- 
cantes internos. 

A las ocho de la mañana llegó el Dr. don Octavio 
Gámez en compañía de su hermano don Ramiro, co- 
menzando a practicar amputaciones 'y curaciones, has- 
ta las doce del día. 

A la una de la tarde llegó el Dr. don Rafael Pache- 
co Luna, dedicándose al trabajo por algunas horas. 

Operó el Dr. Lizarralde, acompañado de un practi- 
cante interno. 

Entre los practicantes se distinguió notablemente, 
en el cumplimiento de sus obligaciones el 26 y en los 
días posteriores, el bachiller don Carlos A. Cuadra, 
nicaragüense, de los más aventajados alumnos de la 
Escuela de Medicina. 

No fué menos meritorio el trabajo del practicante 
don Everildo Mansio y el de otros cuyos nombres no 
recordamos, 

* * * 

El Padre Paulino Nicolás, en compañía del Padre 
don Vicente García, fueron los que generosamente 
auxiliaron al Comandante don Gregorio Flores y a su 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 187 

señora esposa. A los gritos de ésta, habiendo queda- 
do unidos diversos patios al caer las paredes diviso- 
rias, acudieron los sacerdotes, encontrándose con los 
her/dos y dos niños muertos; auxiliaron a los prime- 
ros y al amanecer el día 26 los hicieron conducir al 
Hospital General. Los niños se llamaban Rafael 
Gutiérrez, de 10 años y Dolores Gutiérrez de 8. 

La actividad de las autoridades sé hizo asombrosa 
el mismo día 26; las comisiones se multiplicaban y 
todas cumplían satisfactoriamente. Se vio el ir y ve- 
nir hacia las plazuelas publicas y afueras de la ciudad 
íjentes llevando colchones y ropa de cama, muebles 
sencillos, trastos de cocina y lo que creyeron podía 
serles de utilidad en la vida del campo. Iba a comen- 
zar el vértigo de las construcciones de viviendas pro- 
visionales que debían ser ocupadas en la noche próxima. 

Cansancio atroz, unido a las noches de desvelo mo- 
tivaron el que nos hayamos dirigido, en compañía de 
la familia, al interior del Parque del Centro: eran las 
tres de la tarde y se nos había olvidado tomar alimen- 
tos. Fuimos por distintos puntos en busca de provi- 
siones, desesperados de ir y venir sin hallarlas; 
regresábamos al punto de partida y quiso nuestra 
buena suerte ver a- don Carlos Jallade; él nos llevó a 
au casa para obsequiarnos dulces y galletas. De re- 
greso y ya en el Parque, a las cinco de la tarde, abru- 
mados por la fatiga, dormíamos felices, en campo raso, 
sobre un banco del jardín. 

i El Parque Central ! Los árboles comenzaron a 
empolvarse. Muchos de ellos tenían raros penachos 
de hojas amarillas que desprendíanse de las ramas, 



188 NARRACIONES 



describiendo a veces, en su caída, lentas espirales; 
otros parecía que elevaban al cielo sus movibles y 
descarnados brazos, cuya extremidad superior per- 
díase a veces entre los densos pabellones de la ^r- 
da niebla. 

En las angostas avenidas del jardín, tan animadas 
siempre, reinó después de la Pascua la tristeza, t Dón- 
de están los alegres enjambres de niños de blonda 
cabellera, que durante las tardes de buen tiempo ju- 
gaban a la sombra de los árboles de nogal, al rededor 
del kiosko, o de la estatua de Colón ? i Dónde los 
enjambres de gorriones y de pajarillos que saltaban de 
rama en rama ? 

¡ Ay ! Niños y pájaros, flores y músicas se fueron 
al soplo glacial del infortunio! 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 189 



Las casas se iban quedando desiertas el miércoles 
de Pascua en la mañana, mientras que rebosaban de 
familias las plazuelas del Teatro Colón, La Concordia, 
San Sebastián, Beatas de Beleui, Santa Catalina, 
Recolección, Parque Estrada Cabrera, Isabel la Ca- 
tólica, Santuario de Guadalupe, el Calvario, Cerro 
del Carmen y Gerona, sin contar otros muchos sitios 
a los que se les dio el nombre de Campamento, tenien- 
do todos la inmediata vigilancia del señor Licenciado 
don Federico Vielmann, nombrado por la superioridad 
inspector de comités, los que también eran visitados 
por los miembros del Cuerpo Médico dirigido por el 
doctor don Rodolfo Robles. 

Gerona llegó a contar con más de siete mil mora- 
dores: el primer industrial que allí hizo armar coba- 
cha fué don tJosé María Contreras: al terminar la 
vivienda se instaló con su familia, dedicándose al 
trabajo. 



En la Plaza Mayor se reconcentró la vida de la 
capital 

La tarde va declinando, los últimos rayos del sol 
poniente se extienden sobre la heroica ciudad; las 
sombras de la noche dan a las vías céntricas severo 
aspecto alumbradas por la claridad de la luna; algunos 
brillantes luceros tachonan la inmensa bóveda del 
cielo y una triste soledad se nota por diferentes 
puntos. 

Las cobachas del Parque a las siete parecen ascuas 
de oro con sus luces de vela y de petróleo; cada 
vivienda provisional presenta aspecto distinto; en 
una se adivina a la madre cariñosa velando el sueño 
de su hijo enfermo; más allá, en otra, algún sujeto 



190 NARRACIONES 



piensa en sus casas derrumbadas, en las pérdidas que 
el destino le deparó, en pa.^o de su mal proceder con 
los inquilinos a quienes aumentaba sin piedad el 
valor de los alquileres; en otra proyecta su Indecisa 
luz la miserable vela de la familia atribulada, sin pan 
y sin dinero para comprarlo. Cuántos episodios 
contiene cada una de las viviendas: allí terminaron 
los odios y las pasiones: una tela gruesa, varios peta- 
tes, unas cuantas tablas separan a los ricos de ios 
pobres, a los malvados de los virtuosos, a la inocencia 
de la corrupción. 

£n ciertos lugares no faltaban hombres que guiados 
por sus propios instintos, sin temor, sin pena medita- 
ron raterías vergonzosas. 

Sucede a veces que en las barracas o cobachas la 
conversación se anima, se olvidan las penas y se 
manifiesta el carácter jovial, ocurrente, picaresco de 
la gente guatemalteca; cuando más amena es la pláti- 
ca, la charla, se deja sentir un estremecimiento de 
tierra y todos exclaman a una voz ''¡Tiembla! I Tiem- 
bla!" Vienen entonces los cánticos, y las plegarias 
de las mujeres. • A las nueve todo el mundo apaga 
las velas y su lumbre, cumpliendo así las disposicio- 
nes de la policía. Las calles mientras tanto quedan 
en el más profundo silencio y caminan por ellas nada 
más que escoltas de infantería y agentes del orden 
publico, porque el tráfico es prohibido después de 
las nueve de la noche. 

El alba va matizando de luz la heroica ciudad: la 
escena cambia entonces en el mismo Parque: en las 
cocinas provisionales se ve movimiento de trabajo: 
se elabora pan y se preparan alimentos de la mañana. 
Manos inplacables que todo lo destruyen, que nada 
respetan, ponen clavos en los troncos de los árboles 
para colocar jaulas con pájaros, palomas torcaces y 
loros; uno de estos pajarracos, con su * 'lengua de 
trapo" dice frases que provocan la hilaridad délas 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 191 



gentes. Hubo personas que llevaran al jardín todos 
8Uv<í muebles, aves de corral, perros y gatos. 

El jardín semeja una plaza de feria: levantan en 
ella un toldo dedicado a prácticas religiosas; vinieron 
después los restaurantes y una multitud de peluque- 
rías, de tiendas de jarcia, de granos y de frutas. 

El 26 y el 27 en la mañana multitud de personas 
de todas clases sociales se dirige a la Estación de los 
Ferrocarriles Internacionales con el objeto de tomar 
pasaje en los trenes con dirección a los departamentos 
del sur; por la sexta, séptima y novena avenidas 
caminan tiradas por mujas, extraordinario número de 
carretas de dos nuedas, mozos y sirvientes conducien- 
do equipajes. La Estación se vio llena de pasajeros 
que asaltaban los carros como si la ciudad estuviera 
amenazada por un diluvio o por todas las calamidades y 
pestes. Hombres que debieron dar ejemplo de valor y 
patriotismo en momentos aflictivos para nuestra Gua- 
temala idolatrada se marcharon con todo y... su miedo! 

La mayor parte de los pasajes eran gratis. 

En la mañana del miércoles de Pascua en los 
momentos que en la Plaza de Armas las autoridades 
cumplían órdenes superiores, auxiliando a los necesi- 
tados y protegiendo los intereses y las vidas, el 
publico numeroso, estacionado frente al Palacio del 
Gobierno, olvidó las penas del día y las incertidum- 
bres del mañana, al ver que aparecía un carro tirado 
por caballos llevando una enorme jaula de madera 
llena de canarios. Un sujeto vendía cien pajarillos 
por dos mil pesos. Muchísimas gentes se entretu- 
vieron viendo saltar sobre las barrillas de madera a 
los animalitos. ¡Así somos y seremos siempre! I Aun 
en los momentos más patéticos se revela el alegre 
espíritu de los guatemaltetrtíCs! 

De pronto asomó un automóvil por la sexta avenida 
norte y al verlo la gente prorrumpió en sonoras 
carcajadas mientras que los pilludos silvaban burles- 



192 NARRACIONES 



camente: el auto conducía un piano enorme, varios 
tremoles y dos estatuas. 

La multitud se hacía más numerosa a cada instante 
que transcurría como que se acercaba la hora de la 
repartición de víveres: hubo un momento en que 
l>-rupos de hombres corrían a determinado lugar: era 
que varios carteros repartían el consolador Manifiesto 
del Jefe del Estado, señor Licenciado Estrada Cabre- 
ra, infundiendo en el alma del heroico pueblo de 
Guatemala, patriótico ardimiento. 

En La J^alma, con elementos tipográficos del Diario 
de Centro América se imprimieron varios Boletines 
de Noticias, así como el Manifiesto a que nos hemos 
referido. Los conceptos de esta hermososa publica- 
ción, cuyo recuerdo será perdurable, contribuyeron 
mucho a tranquilizar los ánimos. 

El Decreto suspendiendo las garantías individuales 
en la República lleva fecha 26 de diciembre, así como 
el primer Boletín de Noticias, redactado por don 
Máximo Soto Hall, imprimiéndose desde el 30 ya no 
en ''La Palma" sino en la oficina provisional de la 
Dirección General de Policía, en la octava calle 
poniente, a inmediaciones del Palacio Presidencial. 

En los últimos días del mes de diciembre la repar- 
tición de víveres se hizo en la Plaza Mayor, al mismo 
tiempo que en los campamentos por medio de perso- 
nas comisionadas al efecto, pero notándose deficien- 
cia y abusos en el servicio, comenzó esa labor en ''La 
Palma," residencia del Jefe del Estado. Allí, el 
señor Licenciado Estrada Cabrera impartía órdenes, 
vigilando en persona la repartición de provisiones 
enviadas en carros a los habitantes de la capital 
recomendando muy especialmente darlos a los pobres, 
a los ancianos y a los niños. 

Militares activos, pertenecientes al Estado Mayor 
Presidencial, se encargaban de poner en práctica las 
órdenes del Jefe Supremo. A iniciativa de este alto 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 193 



funcionario se fundó un Comité Nacional, a efecto de 
colectar fondos destinados al proletariado. 

El vecindario de Guatemala vio con intensa gratitud el 
noble proceder del pueblo antigüeño y de los habitan- 
tes de las poblaciones del departamento de Sacatepé- 
quez, enviando víveres en momentos angustiosos. Si- 
guieron el ejemplo otros departamentos de la República 
A las familias que en gran numero se dirigían en 
iOs trenes del sur, a diferentes lugares se les dio en 
la Estación de Mazatenango socorros todos los días. 
El Ayuntamiento y el Comité respectivo prepararon 
cuantas provisiones de boca les fue posible a efecto 
de repartirlos en el citado lugar. La señorita Mar- 
garita García, tan bella como buena, hija del español 
don José García Sánchez, tuvo comportamiento digno 
de alabanza, encargándose de servir a los pasajeros 
en el interior de los carros. Un himno de gratitud se 
levantaba de mil pechos en honor al generoso vecinda- 
rio mazateco, 

# * * 

El campamento de Corona el viernes 28 de diciem- 
bre contaba con numerosas cobachas. 

Al contemplar nosotros aquellas rusticas viviendas 
nos transportamos con la imaginación a las orillas de 
nuestro pueblo querido, en el valle de Panchoy. 

Vibró en el aire el toque de una campana en la 
capilla que daba albergue al Nazareno que ungió con 
sus manos el Obispo Alvarez de Toledo, y el tañido 
del bronce sonoro nos pareció que se mezclaba con 
el canto triste del gallo de un corral. ¡ Ayl Parecía 
que el humo de una rustica vivienda era el humo 
que salía de la chimenea d© nuestro hogar, all;a, en 
la rinconada de Chipilapa. .. Una niña de cabellos 
de oro se acercó a nosotros y en los instantes ejQ que 
más vibraban los toques del bronce, señalándonos la 
capilla, exclamó: "Señor: una oración por Guatemala!" 

¡Una lágrima tembló en nuestra^ pestañas! 

N.-25. 



194 NARE ACIONES 



QÍurht ht írágtra xtwvh<xtxán 

Como las gotas de amargura que van lacerando a 
pausas un corazón dolorido, a^í las horas de pesadum- 
bre que el destino quiso depararnos se iban sucediendo 
unas tras otras. Con tristeza infinita, vimos una vez 
más desmoroiriarse muchos edificios de la ciudad, la 
que fué siempre motivo de orgullo en la América del 
Centro. 

A las dos y quince minutos de la tarde del sábado 
29 de diciembre la tierra se estremeció con intensidad: 
era un nuevo terremoto que llevó el espanto al ve- 
cindario; ruido ensordecedor y extraño dejóse oír por 
todas direcciones. 

Nosotros estábamos en el patio de la casa de los 
señores don José y don Eurique Ubico, cuarta aveni- 
da sur, conversando con don Rafael Ubico h., y al 
sentir el horrible movimiento de la tierra, de unos; 
cuantos saltos salimos a la calle; la tierra se movía 
aún: a lo lejos, en la parte norte divisamos enorme 
columna do polvo: se había derrumbado la fachada y 
el campanario de la iglesia de Santa Catalina. 

Hubo algunos segundos en los que nos invadió pro- 
fundo malestar a causa de la horrible gritería de mul- 
titud de indígenas vendedoras de legumbres que al 
sentir el temblor de tierra, el ruido producido por la 
caída de las paredes desquieiadas con anterioridad, lo 
mismo que el estruendo siniestro al derrumbarse la 
mampostería, pusiéronse de rodillas y alzando las 
manos al cielo lanzaban horribles alaridos: fué esa 
una gritería como de locos; pocas, muy pocas veces 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 195 



en el transcurso de la vida habíamos presenciado esce- 
na tan conmovedora como la que dejamos descrita. 

Pasamos en medio de las atribuladas indígenas y al 
cruzar la novena calle poniente, casa de esquina de 
don Jorge Soto, presenciamos a individuos que 
atribulados corrieron en busca del peligro yéndose 
sobre la acera de la casa de altos de Ruiz Ángulo, en 
los instantes en que caía ripio. 

Vimos frente a la casa de dos pisos habitada por 
los señores Rosenthal, que un nervioso caballero apri- 
sionó en sus brazos a otro, tal era el pánico que le 
infundió el fenómeno. 

Con la prontitud que nos fué posible llegamos a la 
Plaza Mayor, donde la alarma era completa pensán- 
dose en las desgracias que podían originarse en los 
cantones de la capital. 

No habían transcurrido quince minutos de encon- 
trarnos en el Parque cuando un agente de policía nos 
dijo: '* En la cuarta avenida norte hay desgracias." 

¡ Cuan lejos estábamos de pensar lo que había 
sucedido ! 

En el interior de una casa en la cuarta avenida norte, 
sufrió la fractura de un pie don Federico Hernández 
de León al salvar a una de sus hijitas: inmediatamen- 
te salieron a buscar facultativo, pensándose luego que 
en su vivienda, muy cercana a la del señor Hernández 
de León, estaría el Dr. don Manuel Valle que podría 
hacer las primeras curaciones al enfermo; por desgra- 
cia el señor Valle yacía muerto bajo un promontorio 
de escombros. La familia Hernández de León que 
sentía cariño entrañable por el joven facultativo no 



196 NARRACIONES 



dio crédito a semejante noticia basta que nuevos in- 
formes le llevaron al convencimiento de la triste rea- 
lidad. Brazos generosos llevaron al señor de León 
hacia la calle en los instantes precisos en que extraían 
de bajo los escombros al Dr. Valle. Junto al cadáver 
del mártir de la fatalidad pusieron al señor de León . 

El Dr. don Manuel Valle rebosando de vida y de 
talento estaba al servicio de la Cruz Roja; minutos 
antes de su muerte, yendo a caballo, se había despe- 
dido del farmacéutico don Manuel Melgar, suplicán- 
dole prepararle a la mayor brevedad un frasco de 
tintura.de yodo; vestía traje de casimir oscuro, tenía 
sobre-botas de íino cuero; se encaminó a la casa de 
don Salvador Girón en la misma cuarta avenida r).or- 
te número 43, permaneciendo con él varios minutos 
por tener que irse al ''Bosque" a visitar al señor 
Ministro de Chile; yendo siempre a caballo al saludar 
en la vía a don Pedro Donis lo sorprendió el terremo- 
to: el señor Donis saltó hacia un lado mientras que la 
pared de la casa de éste, al caer al suelo, sepultaba al 
infortunado facultativo: al extinguirse el polvo, jine- 
te y montura habían desaparecido. Don Pedro Donis 
comenzó a extraer el cuerpo del doctor Valle, mien- 
tras que don Eduardo Rosales Sáenz, corría al campa 
mentó de San Sebastián a solicitar auxilios de médicos 
y autoridades. 

La policía intervino en el acto, lo mismo que 
don Alberto García Porras, miembro de un Sub- 
Comité de Auxilios. No siendo posible conducir 
al señor Hernández de León en un catre de lona, el 
señor García Porras hizo detener por la fuerza, con 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 197 

la autoridad de que estaba investido, un automóvil 
que por casualidad pasaba por la vía en aquellos mo- 
mentos, conduciendo al enfermo a la carpa de la Cruz 
Roja en el Campamento de la plazuela del Teatro. 

El cuerpo mutilado del Dr. don Manuel Valle lo 
pasaron frente a la Comandancia de Armas: un senti- 
miento profundo de pesar embargó el espíritu de 
centenares de personas de todas clases sociales esta- 
cionadas fuera del jardín central. 

De muchos bellos ojos rodaron abundantes lágrimas, 
elocuente tributo de cariño a la memoria del faculta- 
tivo que pertenecía a la falanje de jóvenes inteligen- 
cias de que se enorgullecía con justicia Guatemala. 

A consecuencia del mismo terremoto murieron es- 
tropeados por una pared, primero la señorita Juana 
Cruz y después su hermana, la señorita María, hijas 
del que fué Mariscal, don Serapio Cruz. 

La hora suprema llegó también para el Coronel 
don José María Godo.y. Su señora esposa le reco- 
mendó la compra de una medicina; regresaba con ella 
por la séptima calle poniente (Callejón de la Monja), 
sorprendiéndolo el terremoto cerca de la esquina de 
la primera avenida; iba acompañado de un niño hijo 
suyo; al pasar se derrumba una pared cayéndole en- 
cima; la muerte fué instantánea. El niño que acom- 
pañaba a su padre en tan horribles circuustancias 
corrió a dar la fatal noticia a su señora madre y her- 
manas. Los señores don Francisco C. Mi lian, don 
Juan Ordóñez y otras personas al saber la desgracia, 
corrieron a desenterrar el cuerpo, encontrándolo ho- 
rriblemente mutilado; acto seguido condujeron el 



198 NARRACIONES 



cadáver a la casa de la familia Godoy, encardándose 
del entierro, una hora después, el Coronel don Án- 
gel Santis. 

Pasaba en el momento del temblor xie tierra una 
carreta conduciendo tres ancianas y su equipaje frente 
al templo de Santa Teresa, en la cuarta calle. Dos 
fí-randes moles de cal y canto se desprendieron de la 
fachada, dejando al descubierto el coro alto, rodando 
hacia la calle. El vehículo quedó en el centro de las 
moles sin perjudicarlo en nada. Uno de los grandes 
fragmentos de mezcla y ladrillo de que hemos hecho 
mención rompió la puerta de calle de la casa de la 
familia Martínez Sobral. 

Con anterioridad otros tres fragmentos iguales a 
los anteriores cayeron del mismo templo, obstruyendo 
el paso dos de ellosi hacia la novena avenida norte y 
el otro rodó sobre la casa de esquina que fué de don 
Máximo Bravo, haciéndole añicos parte del techo y 
rompiendo la pared exterior. 

El temblor de tierra -de las dos de la tarde^ como le 
llaman vulgarmente, causó muchísimos perjuicios en 
las tumbas del Cementerio General . 

Multitud de escenas dolorosas hubo en esa tarde de 
trágica recordación: quisoja fortuna que no se con- 
taran más víctimas que las que dejamos apuntadas . 

El espíritu del pueblo pareció apocado jpor momen- 
tos, renaciendo la esperanza de mejores días. 

* ¥f * 

En medio de nuestros dolores y de nuestras desgra- 
cias hubo algo que mucho pudo confortarnos: han sido 
las simpatías que los distintos países de América toda 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 199 



y sus nobles hijos mostraron por Guatemala, en días 
de suprema angustia: nuestros conciudadanos no olvi- 
darán, indudablemente, las significativas frases dirigi- 
das por cable del Presidente de la Gran Nación 
Americana, Mr. Woodrovv Wilson, a nuestro go- 
bernante. 

También la Cámara francesa envió su testimonio de 
simpatía a la Asamblea Nacional Legislativa de Gua- 
temala. 

•íí- 4f * 

Los derrumbes en los barrancos cercanos a la capi- 
tal se hicieron frecuentes en esa misma tarde, levan- 
tándose densas columnas de polvo por diversos puntos, 
lo que motivó que muchísimas personas creyeran que 
se trataba de humo de algún cráter cercano, duda que 
las autoridades desvanecieron en el acto, después del 
informe que dieron las personas comisionadas con el 
objeto de averiguar lo que había de cierto. 

Los derrumbes en el barranco de " El Sauce " cu- 
brieron la maquinaria que extraía el agua de las ver- 
tientes de aquel nombre, sin que se haya podido reanu- 
dar el servicio. Graves danos también sufrió la ma- 
quinaria del agua de "El Raicero. " 



200 NARRACIONES 



Las tardes de diciembre en Guatemala han sido y 
serán tardes encantadoras, tardes silenciosas, tardes 
de amor. La del sábado 29 de diciembre de 191T será 
de imperecedero recuerdo*, al hundirse el sol se dibu- 
jaban en el horizonte celajes de un color suave y me- 
lancólico que llevaban la tristeza al fondo del alma. 
Después de los momentos trágicos, las nubes del ocaso 
convirtiéronse en rosas como de fuego, palideciendo 
al momento, apagándose, como las flores del amor 
primero que ya marchitas se van deshojando. 

Gran parte del pueblo creía ver a largas distancias, 
por el lado de Falencia, algo así como una erupción, 
lo que no era sino el derrumbe del cerro ''Cebadilla 
Grande," del que brotó menudo polvo que le daba 
apariencia de humo. De noche la inquietud se mani- 
festó profunda al divisarse un resplandor vago en 
dirección a la fábrica de ladrillo llamada "El Gallito:- ' 
eran las incineraciones que se hacían en el Cementerio 
General. 

El lunes 31 de diciembre a las ocho de la noche con 
un temblor de tierra de larga duración sonaron con 
timbre claro y sonoro dos campanas de la Catedral . 
Esos fueron los últimos tañidos de los bronces de la 
majestuosa basílica de Guatemala. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 201 



* * * 

Alguna calma hubo durante los días primero y dos 
de enero. El tres a las diez y treinta y siete minutos 
de la noche, después de prolongados ruidos subterrá- 
neos nueva conmoción terrestre llevó el desaliento al 
vecindario. Nos hallábamos en el Parque del Centro 
donde el ruido fué espantoso, porque al formidable 
movimiento de tierra se agregó el ruido lejano de las 
paredes que caían, lo mismo que muchos de los arcos 
de los Portales del Palacio y del Comercio y el horri- 
ble estruendo que produjo la caída de las soberbias 
torres de la Catedral. Honda emoción se apoderó de 
las almas congregadas en el Parque del Centro, lle- 
vando a los cuerpos algo así como un escalofrío y 
poniendo el llanto en las pupilas. 



K.~26. 



20^ 



NAKEACIOííES 




La Catedral de Guatemala 
Después de los terremotos. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 203 



. Allá a lo lejos, rodó sobre la poética "Colina de los 
Recuerdos " el abovedado techo de la antigua ermita 
donde el 14: de enero de 1774: se llevó a cabo la cere- 
monia religiosa previa al acuerdo de los notables para 
la traslación de la ciudad del lugar llamado Panchoy 
a los llanos de la Virgen. 

En medio de las tinieblas de la noche, ofuscada por 
momentos la mente creímos que los ruidos al caer las 
techumbres, eran obra de la imaginación cansada y 
por el estado nervioso de nuestro organismo. 

Tuvimos por fortuna suficiente fuerza de voluntad 
para dominarríos y saliendo del recinto en el que se 
hallaba la familia, corrimos con dirección al lugar del 
que surgía enorme columna de polvo, mientras que 
las gentes gritaban: I Incendio ! I Incendio ! 

Inmediatamente llegamos cerca de la casa de Hidal- 
go, sexta calle oriente y octava avenida norte. En 
efecto, un incendio se había declarado en el interior 
de la casa de don Miguel Coloma. El origen del fue- 
go es desconocido, por más que corran en el público 
distintas versiones. El fuego se extendió hacia dos 
diferentes puntos; las llamas crecieron a medida que 
el tiempo transcurría; su extinción habría sido fácil 
si la gente presta su concurso, pero desgraciadamente 
los temblores de tierra se hacían frecuentes y ninguno 
quiso exponerse a morir bajo escombros. El viento 
norte lanzó a ciertas distancias tizones ardientes: en 
pocos momentos^ terrible elemento había hecho 
presa en las tiendas de granos frente a la parte norte 
del Mercado y el calor era tan intenso que la gente 
curiosa tenía que retroceder en ciertos momentos has- 



204 NARRACIONES 



ta el Palacio Arzobispal; el viento se hizo huracanado 
de repente y hacía revolotear por la inflamada atmós- 
fera pedazos de madera incandescente. Los movi- 
mientos de tierra siguieron aterrorizando corazones. 
Los dueños de las tiendas frente al Mercado llegaron 
luego, viendo consumirse ante sus ojos enrojeci- 
dos por el calor y las lágrimas lo que les propor- 
cionaba la subsistencia. Devoró el fuego las tiendas 
de don Jacinto J. Cruz, don Sebastián del Piñal, doña 
Dolores de Arévalo, don Carmen Arias, don Cleofas 
Reinoso y el recinto de un fondín. La Farmacia de 
don J. Víctor Martínez, situada en la esquina de la 
novena avenida norte y sexta calle oriente, se ardió 
no obstante los esfuerzos que hizo su propietario por 
salvarla. 

Mientras tanto la ciudad presentaba lúgubre aspecto. 

En los momentos en que se desplomaban las torres 
de la Catedral, se caía la parte alta del edificio del 
Correo; las paredes de muchas casas hundíanse con 
estrépito. Derrumbáronse los fuertes muros de la 
iglesia de San Juan de Dios, cayendo, como castillo- 
de naipe, los dos pisos de las Salas de Clínica del Ho.^ 
pital que daban a la primera avenida sur, viniéndose 
al suelo también los almacenes de la Aduana y otros 
edificios públicos y particulares. 

Los acontecimientos de esta noche fatal tuvieron 
ocasión de presenciarlos los marinos del crucero dr 
guerra americano ''Cincinati," qije llegaron esa mis 
ma tarde a la ciudad con el objeto de presentar las 
condolencias del Gobierno de la Gran Kepública del 
Norte, al de Guatemala, por las desgracias que no 
afligían . 



VtCTOR MIGUEL DÍAZ 205 



Ya en la citada fecha todo el edificio de la Estación 
de los Ferrocarriles Internacionales lo habían aban- 
donado; los trenes del Sur y Pan Americano se halla- 
ban en corriente haciendo tráfico extraordinario de 
pasajeros, mientras que una comisión revisaba la línea 
del Norte, sin que aíortunadamente contáranse averías 

en los puentes. 

* * -jf- 

La mañana del 4 de enero era fresca. 

Los rayos del sol, jugueteando sobre las colinas alum- 
braban la ciudad 'dolorida, mientras que las aves, 
agenas a nuestra pesadumbre, cantaban locamente so- 
bre las ramas de los árboles después de una noche 
aterradora 

ün hombre se hallaba en aislado aposento contiguo 
a la Capilla del Sagrario; de rodillas sobre su reclina- 
torio oraba con fervor profundo . 

Era el Canónigo Maestre Escuela, Presbítero don 
Antonio Roldan. 

Habíamos oído hablar mucho de él, respecto a su 
carácter y a sus virtudes. 

Siempre se le vio al Canónigo Roldan caminar por 
1*4^ calles con paso lento. 

De mediana estatura, endeble, de cabello fino y poco 
poblado, delgadas las manos, fuerte y sonora la voz, 
parecía mejor dispuesto en otros tiempos para las lu- 
chas de la vida pública que para las pasivas labores de 
sacerdote. 

Viste traje negro, con larga capa de paño, llevando 
sombrero de copa y en las manos fino junquillo que 
al empuñarlo y jugar con él, en la calle, parece como 
si quisiera pegarle a los transeúntes. 



206 NARRACIONES 



No tiene el Canónigo Roldan dinero alzado, ni casas 
propias; vive alejado de todo trato social: su pasión 
única ha sido su Catedral, la primorosa basílica sobre 
la que posaba sus cansados ojos en las mañanas y en 
las tardes, a toda hora: su único trato era con las 
magníficas estatuas escultóricas de los altares de su 
iglesia ideal. Sus. cuidados constantes fueron Ja luz de 
la magnífica lámpara de plata del altar mayor, el de la 
Virgen que un día en feliz momento de inspiración 
esculpió el artista Ventura Ramírez. 

En estas y otras labores propias de su ministerio 
ha pasado la vida el Canónigo Roldan. Sus labios no 
se movieron sino para pronunciar palabras de concor- 
dia, sus ojos buscaron siempre a los niños, sus manos 
débiles se posaron sobre las cabezas de los pobres; en 
su alma transparente sólo se ha dibujado una bondad 
poco común en los hombres. Así ha transcurrido la 
vida del anciano octogenario, hasta que un día Dios 
lo puso a prueba: la Catedral, la iglesia mitad de su 
alma se vio destrozada, con las torres y cúpula de- 
rrumbadas. ¡ Cada muro que se deprendía de la 
m.ajestuosa basílica era un dolor sin nombre para^l ! 

Hoy el anciano es una sombra: el sufrimiento ha 
lacerado cruelmente, hondamente, su espíritu. I Qué 
dolor tan grande el del Canónigo Roldan ! Al dirigir 
la mirada sobre su hermosa basílica desde el rincón 
del atrio del Sagrario, vierte lágrimas que van rodando 
con pausa sobre los surcos de sus mejillas y esas gotas 
de llanto, tan significativas, son las únicas que ha de" 
rramado en su vida. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 207 



Ka Olmiiiaíi ^núun 

Un periódico centroamericano publicó a mediados 
de enero último un relato de lo sucedido en esta 
capital con motivo de los temblores de tierra del 25 
de diciembre en la noche; el articulista dice: "En el 
silencio de la noche surge la majestuosa silueta de la 
soberbia iglesia de la Catedral, orgullo de Guatemala; 
sus más preciados adornos yacen derribados en peda- 
zos; de las estatuas de los cuatro evangelistas, tres se 
han fracasado en el pavimento del atrio y la otra, la 
del norte, se yergue todavía, no queriendo abdicar 
de su vigilancia secular; las campanas, los adornos de 
las torres, la soberbia bóveda sobre el altar mayor, 
han caído. 

En el Parque se ven campamentos de todo género; 
es tarde, las luces se apagan y reina silencio sepul- 
cral. Los portales, emporio de elegancia, donde se 
^exhibían en lujosas vidrieras las ultimas creaciones de 
la moda, yacen derribados; el Palacio es una ruina; 
la sexta avenida, donde los autos y carruajes se lucían 
en las fiestas de Minerva y en la feria de agosto, no 
es mas que un camino de escombros. El Ministe- 
rio de Fomento, las elegantes residencias hasta Joco- 
tenango, todo calla; se adivinan puertas entreabiertas 
ventanas rotas, muebles abandonados; en la calle, 
alambres cruzados, piedras y escombros interceptan 
el paso. 

La luz del alba aumenta más los horrores entrevis- 
tos durante la noche: la gran ciudad está de duelo. 
Los chalets del Hipódromo, varias legaciones tienen 



208 NARRACIONES 



la fachada derrumbada y en ciertas residencias bajo 
los techos medio caídos se ven girones de tapices^ 
lámparas en milagroso equilibrio, cuadros de mérito, 
muebles suspendidos por una inexplicable contradic- 
ción a las leyes de la gravedad. 




Palacio de Minerva. 
Suntuoso edificio que se yergue lleno de 
majestad al final de la Avenida del Hi- 
pódromo, y en cuyo interior se liallan 
en grandes medallones, los bustos en 
medio relieve, de los personajes que en 
Guatemala dieron poderoso impulso a la 
instrucción popular. 

El Palacio de Minerva se alza intacto y su perfil 
impecable se destaca sobre el fondo azul del cielo con 
la nitidez y elegancia del Partenón de Atenas. En la 
séptima avenida el Hospital Americano, el Colegio 
Protestante, las residencias de Yurrita, están aun de 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 209 



pie, si bien muy dañadas; cornisas caídas, paredes 
desquiciadas y siempre, aun en plena luz del día el 
impresionante silencio sepulcral de las ruinas abando- 
nadas; el Parque de Isabel la Católica está atestado de 
refugiados; en la calle que del Cerro del Carmen se 
dirige al Parque ya mencionado, se ve un altar 
improvisado. El Sauce, Jocotenango, Villa Linda, de 
la Aduana, son testigos de actos religiosos. 

El Campo de Corona.... el lugar de los alegres 

paseos, de los días de campo, del amor ¿Quién 

habiendo vivido en Guatemala no guarda en su memo- 
ria algún recuerdo querido asociado al nombre de ese 
pintoresco paseo? La eEtrada, las casas que en 
ambos lados lo bordaban, el legendario arco bajo el 
cual pasaron muchas generaciones de alegres pasean- 
tes ya no existen y de pie sobre las ruinas, al extender 
la mirada por la primera avenida norte se puede 
apreciar plenamente la catástrofe. 

La Cruz Roja y demás autoridades funcionan con 
intensidad y el éxodo de la población facilita el fun- 
cionamiento de los servicios públicos; el telégrafo y el 
teléfono y luz fueron interrumpidos, per^ luego, a 
costa de esfuerzos inauditos se restablece la comuni- 
cación con los departamentos y Centro América. 

El Gran Hotel, también es concurrido: el edificio 
rajado y desquiciado se sostiene en pie, albergando 
siempre numerosa colonia de transeúntes; los servicios 
funcionan, los víveres abundan; los departamentos 
envían incontables muías y carretas cargadas de 
provisiones de la Antigua Guatemala, Suchitepéquezi 
Quezaltenango y Retalhuleu. 

N.-27. 



210 NARRACIONES 



En Puerto Barrios fondean barcos de Belice y de 
Nueva Orleans trayendo auxilios; crúzanse mensajes 
de ayuda incondicional e inmediata, la cual es acepta- 
da con gratitud. El cable y el telégrafo se instalan 
en tiendas de campaña en Villa Linda, los Ministerios 
despachan en edificios provisionales en la Plaza Ma- 
yor; oficinas de informes auxilian y ayudan a la 
busca de extraviados; se ven ambulancias, pelotones 
de zapadores, pico y piocha en mano trabajan. Fren- 
te al Teatro Colón se ve la estatua del descubridor de 
América en un equilibrio raro: arrancada de su 
zócalo por la fuerza del movimiento, se deslizó hacia 
la orilla y tiene más de cincuenta centímetros al aire, 
permaneciendo detenida a la merced del menor movi- 
miento; el frente del Coliseo es un resto informe; la 
alegoría esculpida en la fachada no existe ya, y al 
pie de las grandes columnas, se distinguen restos de 
liras, de coronas, de dioses: Apolo, Júpiter, Mercurio 
yacen amontonados. Los dioses han muerto. 

También se ven campamentos improvisados en la 
plazuela del Teatro; los moradores del Mesón del 
Teatro, Hotel Colón y Hotel España se albergan bajo 
las frondas de la pintoresca plazuela y cada barraca, 
cada tienda tiene su nombre y su numero; hay 
un jefe de campamento que lleva estadística y mo- 
vimiento exacto de habitantes. San Sebastián, el 
Hipódromo, los Parques y muchos más sitios son 
otras tantas poblaciones improvisadas con su organi- 
zación completamente independientes; hay en ellas 
jefe de higiene, tiendas, carnicerías y farmacia; 

Los llanos de la antigua Estación del Norte son sin 
duda alguna la parte más poblada de la capital; varios 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 2 1 1 

carros desafectados del ferrocarril sirvea de refugio a 
las familias de los empleados de la empresa y a 
diversos particulares: en un carro de ganado se ve 
una cocina portátil, una gran mesa, camas, armarios, 
sillas, en fin, una instalación completa de ambos lados 
de la entrada, dos macetas de rosas hacen sonriente 
la vivienda, de la cual se escapan los alegres trinos de 
un canario. Más lejos un adorable chiquín de blonda 
cabellera cabalga seriamente: un perrazo bonachón 
que lo voltea a ver de soslayo como temeroso de 
golpearlo, mientras que la joven mamá de aristocrá- 
ticas manos, ignorante de los duros oficios domésticos 
ensaya con visible buena voluntad la limpieza de una 
cacerola. 

Loa carpinteros y arquitectos improvisados abun- 
dan; cada cual recomienda diferentes combinaciones 
de construcción y en pocas horas surgen del suelo 
Wigwams de pieles rojas, cabanas de los trópicos, 
chalets suizos en miniatura, triángulos de manta a 
los cuales no les falta el buen huíiior y se aperciben 
nombres irónicos como desafío a las furias del desas- 
tre que indican la resurrección de la tradicional ironía 
chapitia. 

Y como complemento al cuadro, el amor hace de 
las suyas, se ven parejas jóvenes y sonrientes ir 
tranquilamente sobre las ruinas a reanudar los idilios 
interrumpidos. Del brazo, paso a paso, como lo más 
natural del mundo, viendo sobre un volcán, van los 
enamorados a hacer sus compras, a ver las ruinas, 
a visitar, conversando con la sonrisa en los labios y la 
luz en los ojos; matrimonios proyectados se realizan 



212 NARRACIONES 



en breves horas, otros, casi improvisados, se arreglan 
pronto en el desastre, los inconvenientes desaparecen, 
las distinciones y barreras caen Como cayeron las 
paredes y los techos, los obstáculos se borran. 

¿Qué necesitan teniendo el amor? El viejo adagio 
de *'tu corazón y un ranchito," encuentra plena 
confianza en las graves circunstancias presentes. Unas 
cuantas láminas, paredes de manta, resto del amuebla- 
do patrono, y de allí formado un nuevo hogar; los 
reflexivos dicen: "son locuras," pero en medio del 
derrumbamiento universal, cuando todos los valores 
suben a la superficie y lo real se convierte en humoy 
la juventud como negación al desastre busca al viento 
una variante de la célebre frase y afirma con entereza 
*'Amo, luego existo." • 

Era el paseo de La Reforma el lugar predilecto 
de los capitolinos. Por el amplio boulevard se desli- 
zan los rápidos autos en incesante caravana dejando 
estelas de alegría y vida; el magestuoso horizonte de 
los volcanes y las frondas de Tívoli, del Guarda, 
Pamplona y la Villa de Guadalupe, completaban de 
un modo incomparable el encanto emanado de veinte 
anos de esfuerzos constantes. Numerosos edificios, 
encantadores chalets, transformaban más de día en día 
la gran arteria que lleva por nombre Boulevard ''30 
de Junio." 

El monumento elevado al terminar el ferrocarril 
interoceánico se encuentra intacto, pero en derredor 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 213 



Icuánta ruina! Las villas que rodean la plazoleta no 
existen: no queda de ellas más que escombros y el 
contraste es más hiriente al ver la frondosidad de los 
jardines, la exuberancia de las flores queriendo cubrir 
con su mano la tristeza de las ruinas. 

La Escuela Práctica ocupaba en el cruce del 
boulevard un puesto predominante; el gran arco del 
balcón central era orgullo de sus constructores, la 
extensión de sus alas era vasta, pues ocupaba un total 
de cuatro manzanas: muchos anos y esfuerzos de todo 
género habían sido necesarios para terminar la obra 
y el trabajo, la constancia, el arte, todo cayó en bre- 
ves segundos. Y las ruinas se siguen: la Academia 
Militar, el Asilo Estrada Cabrera, el Asilo de Mater- 
nidad, Villa Argelia, los chalets de Santa Clara, la 
residencia de Schwanck, es una sucesión de escombros. 

El Museo Nacional, instalado en el Palacio de La 
Reforma, muestra grandes brechas y las numerosas 
estatuas que lo adornaban se han fracasado sobre el 
pavimento; no lejos de allí, la gran figura del Refor- 
mador, que empuñando el pendón de la Rovolución, 
parecía cubrir con su sombra la ciudad, yace derriba- 
da entre las verdes frondas que la rodean. 



214 NARRACIONES 




Monumento levantado a la memoria del general 
Justo Rufino Barrios. Era esa una obra hermosí- 
sima, de forma atrevida. La estatua ecuestre del 
caudillo, sobre su corcel de batalla, estaba en posi- 
ción de lanzarse al combate, bandera en mano; 
quedó destrozada al caer del pedestal, con los tem- 
blores de tierra, cayendo también del frente del 
monumento la soberbia figura de bronce que sim- 
bolizaba la República de Guatemala, alzando con 
la mano derecha el gorro frigio, para saludar al 
héroe. 

Las comunicaciones ferrocarrileras interrumpida» 
a causa de varios derrumbes son restablecidas en 
pocos días, pues el puente de las Vacas, el más largo 
y alto de Centro América no sufrió daños. Por el 
Bur la línea funciona con resrularidad; en Amatitlán 
se nota la presencia de un Ausol de bastante conside- , 
ración en un punto donde nunca había humeada ^ 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 215 



anteriormente; a pesar del nombramiento de exper- 
tos para averiíruar el oríg-en de los movimientos ha 
sido imposible localizarlos, pero el de las ruinas indu- 
ce a creer que los choques tuvieron rumbo Noreste a 
Sur oeste: tomando como ejemplo el templo masónico 
en construcción. Se nota que el muro Este-Oeste ha 
sido totalmente destruido mientras que el Norte-Sur 
permanece intacto, siendo exactamente del mismo 
material y con los mismos sostenes que el primero. 
El largo del muro Suroeste tuvo que soportar; la 
fuerza del movimiento no atacó sino al ancho del 
muro (50 ctms) Este -Oeste y resistió victoriosar 
mente." 

Otros muchos párrafos contiene la relación de lo 
sucedido en Guatemala con motivo de los terremotos, 
pero no están ceñidos estrictamente a la verdad, tai- 
vez por la precipitación con que fueron escritos. 

A pesar de la violencia de los temblores de tierra 
venía enérgica la acción de las autoridades a efecto 
de restablecer los servicios públicos más importantes 
como el del agua para las fuentes publicas y privadas. 
Mientras eran arreglados los acueductos de Mixco y 
Pínula, abastecían la capital los manantiales de Las 
Minas, servicio que afortunadamente no se suspendió 
un solo día. Las reparj^ciones en el acueducto que 
pasa encima de los arcos, a inmediaciones de La Re- 
forma, para traer el agua de Pinula y las del acue 
ducto de Mixco embargaron la atención de la respec- 
tiva autoridad: cada movimiento de tierra destruía el 
trabajo paciente, de dedicación y esfuerzo de días y no- 
ches enteras, se realizaron hasta quedar vencida toda 
dificultad. 



216 NARRACIONES 



Las reparaciones a efecto de reanudar el servicio 
del agua de Acatan tuvieron un colaborador tenaz y 
enérgico: don Salvador Dávila, con su legión de ope- 
rarios empleó quince días y quince noches arreglando 
las tuberías y el depósito de aguas y debido a la prác- 
tica y a los esfuerzos de dicho empleado municipal y 
a las oportunas disposiciones del Gobierno, el vecin- 
dario no sufrió la falta del líquido tan indispensable 
para la vida. 

Después del temblor de tierra del 3 de enero en la 

noche y gracias a las enérgicas providencias dictadas 

por el Jefe del Estado, señor Lie. Estrada Cabrera, 

siguieron abundantes los elementos de subsistencia 

viniendo de los pueblos de los departamentos víveres 

destinados a las familias pobres, 
í 
Por otra parte las mujeres del Mercado reanudaron 

su comercio estableciendo en la Plaza Mayor diversi- 
dad de ventas, siendo abundantes los granos, las 
carnes, plátanos, legumbres, leche, manteca, mante- 
quilla, huevos y frutas diversas; no hubo alza en los 
precios y es digno de alabanza qué la usura no se haya 
manifestado entre las vendedoras. 

Nueva convulsión fatal alarmó al vecindario do 
Guatemala en la noche del Yeinticuatro de enero a la- 
siete y media. Se prolongó el movimiento de la tierra 
cerca de quince segundos, siendo difícil a las personas 
mantenerse de pie. La conmoción terrestre hizo salir 
de las barracas a sus moradores en los momentos en 
que la temperatura era excesivamente fría, oyéndose 
por distintas direcciones el ruido sordo y atronador 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 2l7 



de los edificios y casas, que ya deteriorados con ante- 
rioridad, se venían al suelo. ' 

Los temblores de tierra siguieron hasta las ocho de 
la mañana del día siguiente, aunque con menos in- 
tensidad. 

Durante las primeras harás de la noche del 24 alum- 
braron por ultima vez los focos de luz de la Empresa 
Eléctrica del Norte, servicio que se había lograda 
restablecer después de inauditos esfuerzos el 19 del 
mismo mes. 

Nos encaminamos después del temblor de tierra 
frente al Colegio de Infantes con el propósito de ver 
los perjuicios que habían sufrido los arcos de cal y 
canto del Portal del Comercio: se derrumbaron todos 
los de la parte oriental y el muro de la esquina, junto 
a las gradas, desquisiado desde la noche del 3 del mes 
de enero con el tercer terremoto. 

Allí estábamos en compañía de don Alfonso Fahsen 
Bauer, cuando oímos al occidente de la Plaza Mayor 
un ruido seco y raro: corrimos al centro del Parque 
Central encontrándonos con que había caído la estatua 
del descubridor del Nuevo Mundu: eran las ocho me- 
nos doce minutos- FIs indudable que la estatua se 
desprendió de la esfera con el movimiento terráqueo 
anterior y bastó un ligero temblor de tierra para de- 
rribarla: al caer, hacia adelante, hizo pedazos parte 
de un tramo de la verja de hierro que circunda el 
monumento y la cabeza de la estatua, separada del 
cuerpo, rodó por el suelo. Esa pieza de bronce no se 
mutiló — como se ha creído, — sino que se desprendió 
del pegamento. 

K.~28. 



218 



NARRACIONES 




Monumento al descubridor del Nuevo Mundo 
Inaugurado el 30 de junio de 1896 en el Parque del Centro. 
La estatua de Colón cayó de la esfera sobre la que se des- 
tacaba, con el segundo temblor de tierra de la noche del 
24 de enero de 1918. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 219 

Días antes del terremoto del 24 de enero un escri. 
tor centroamericano, admirador de Guatemala, decía: 
" Las estatuas de Miguel García Granados y de Justo 
Rufino Barrios están derribadas: la de Colón en la 
Play.a de Armas queda incólume: el Almirante de 
bronce contempla los destrozos de aquella extraña 
tempestad, en las cuales las olas formábanse de es- 
combros y la espuma de polvo que sofoca; a sus 
pies muévese violentamente lo tierra, como él tantas 
veces sintió rugir bajo la quilla de su carabela, el 
otro león: el océano ! " 

Esa misma noche se hundió el pavimento de la mo- 
numental y hermosísima iglesia de San Francisco, 
sufriendo graves averías el majestuoso templo de San- 
to Domingo, la primorosa obra que levantó la Orden 
de Predicadores. 

Nuevos desperfectos sufrió el Teatro Colón, cerra- 
do desde los primeros días del mes de diciembre 
de 1917. 

En los precisos momentos en que pasaba por la 
sexta avenida norte un automóvil conduciendo a dona 
María Cobos de Arzú, a^us hijas. Sara y María, y a 
un niño, que se encaminaban de la Estación a su ba- 
rraca, en la Avenida del Hipódromo, se vino al suelo, 
hacia la calle, parte de la fachada del edificio del Mi- 
nisterio de Fomento. El conductor del auto se dio 
cuenta del estremecimiento de la tierra y que por la 
vía, casi interceptada a los lados por promontorios de 
ripio, caminaba casi arrastrándose un hombre: sin 
perder la serenidad el conductor dio la mayor fuerza 
a su máquina y pasó como una exhalación: la familia 
Arzíí se había salvado providencialmente. 

Los» muros al caer en la vía {)rodujeion siniestro 
ruido, esparciéndose menudo polvo por todas di- 
recciones. 



220 NARRACIONES 



El hombre que iba con dirección a la Plaza de Ar- 
mas retrocedió al ver el auto que se acercaba y en ésto 
consistió su salvación. 

TFrente a la casa del Lie. don Pedro Arenales (h.), 
pasaba rumbo al sur un sugeto en los momentos del 
temblor de tierra y vio, con sorpresa, que la tierra se 
movía como las olas de un lago, haciendo bajar y 
subir el auto. 

La muerte se cirnió por breves instantes sobre la 
familia de don José García Sánchez; al pasar ésta 
frente a la tercera Sección de Policía, con dirección 
al Jardín Florencia, los muros del segundo pjso de la 
casa conventual de la Merced se vinieron al suelo, 
cayendo en el centro de la calle cerca del grupo de 
personas. 

Rara es la ciudad de Europa y de América en cu.vaü 
plazas o paseos principales no se levanta un monu- 
mento o una estatua que conmemore alguno de esos 
hechos que, haciendo su gloria, se perpetué la memo- 
ria de hombres notables: en \íada país de América, en 
cada ciudad, un hecho, una página. homérica, una 
tradición de patriotismo, de indomable valor, de sa- 
crificio heroico y generoso, que, haciendo el orgullo 
de cada pueblo, hace la honra de toda la América. 

De un cuarto de siglo a esta parte, la capital de 
Guatemala contaba con algunos monumentos, siendo 
los principales los del General Justo Rufino Ba- 
rrios en La Reforma; el del General Miguel Gar- 
cía Granados en el Boulevard "30 de junio;" los 
bustos de Benito Juárez y el de Hidalgo en los citados 
paseos; la estatua del Protector de los Indios, fray 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 221 



Bartolomé de las Casas, frente al edificio de la Escue- 
la Normal de Varones, las de Coló'n eii la plazuela del 
Teatro y en el Parque del Centro; las de mármol del 
jardín de la Escuela de Medicina y Farmacia, las del 
Parque Estrada Cabrera y las de los boule vares al sur 
de la ciudad, con raras excepciones todas cayeron, 
siendo recogidas y guardadas en la Academia Militar. 

Severos y elegantes se yerguen todavía el del Fe- 
rrocarril Internacional y el del Ejército. 

Habían dado las nueve de la noche; un grupo de 
caballeros extranjeros y del país llenos de asombro y 
curiosidad estaban de pie sobre promontorios de ripio 
frente al Palacio Nacional, dirigiendo la vista hacia 
el templo de la Concepción. 
, I Un volcán I I Un volcán I exclamaban todos, presa 
de la más profunda emoción. En compañía del Coro- 
nel Yaquián llegamos al sitio en el que se hallaban 
dichos señores y nos esforzábamos en desvanecer la 
idea de que surgía un volcán en la parte norte de la 
ciudad. I Vano empeño I Todos se obstinaban en creer 
que se había levantado un volcán en pocos momentos. 
Guando era más acentuada la alarma llegó el Lie. don 
J. Antonio Villacorta, manifestando que lo que se 
había tomado por volcán era el moginete del edificio 
de la Capilla Evangélica, desprovisto ya de^su elegan- 
te fachada. 

La pared, en forma de cono» daba de noche la ilu- 
sión de un gigante tan majestuoso como el de Agua. 

Si no estamos equivocados han sido rarísimos los 
fenómenos de que un volcán haya surgido en poco 
tiempo, como el Jorullo, en México. 



222 NARRACIONES 



Humbolt, en los '* Sitios de las Cordilleras," pági- 
na 33, Tomo IV, dice: *' Este volcán que recuerda 
una de las más notables catástrofes de la historia físi- 
ca de nuestro planeta, aparece rodeado de muchos 
miles de peqenos conos basálticos. E^te enorme le- 
vantamiento ha tenido lugar en la noche dej 29 de 
septiembre de 1759 y se llama " Malpaís *' al antiguo 
nivel del terreno conmovido, al cual separan de la 
llanura que permaneció intacta las capas fracturadas 
que se presentan de frente . ' ' 

Elíseo Reclus dice en la página 43 de ** Las fuerzas 
subterráneas," lo que sigue: *' Respecto al Jorullo 
que se eleva a más de 500 metros sobre una meseta, 
no tuvo más testigos de su aparición que unos indios, 
los cuales huyeron, hacia las alturas vecinas, locos de 
terror." 

El volcán de Izalco no surgió en poco tiempo, pero 
han sido muy curiosos los fenómenos que ha presen- 
tado. Reclus, que es autoridad en la ciencia geoló- 
gica, dice: '* El Volcán de Izalco, cerca de Sonsonate, 
en la República de El Salvador, es de los más curiosos 
por la regularidad de sus fenómenos. Desde que se 
le vio nacer ha ido creciendo y lanzando fuera de su 
cráter cenizas y piedras.*' 

Puede decirse que el Izalco es el volcán más activo 
de Centro América. 

Reanudando nuestro relato diremos que con el fuer- 
te temblor de tierra del 24 de enero en la noehe, que- 
dó descubierta la máquina del reloj de la Catedral, 
cayendo al suelo las piedras labradas que lo rodeaban, 
en lo alto de la bellísima fachada. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 223 

Los habitantes de la capital manifestáronse resigna- 
dos con el formidable temblor de tierra del 24 de 
enero y de sus fatales consecuencias, sin embargo 
vimos a muchas personas verdaderamente aterradas y 
no era para menos, toda vez que el terremoto aludido 
fué de los más intensos que durante muchos anos se 
sintieran en Guatemala; baste decir que afectó ciuda- 
des y poblaciones distantes como la Antigua Guatema- 
la, haciendo caer una de las torres del templo de la 
Merced y la monumental escalera o ''caracol" del 
derruido templo de la Recolección que había resistido 
los temblores de tierra en diferentes épocas; causó 
estragos en varios pueblos del departamento de Saca- 
tepéquez, principalmente en Sumpango, viniéndose 
al suelo Ja bonita y severa torre del Cabildo. 

El movimiento terráqueo alcanzó lejanas zonas del 
país aunque sin graves consecuencias como en nues- 
tra capital y los pueblos principales del departamento 
d^Guatemalfi, entre ellos el pintoresco de San Juan 
Sacate péquez. 

Sumando las desgracias desde la noche del 25 de 
diciembre último hasta el 24 de enero de 1918 resul- 
tan por fortuna reducidísimas, siendo los muertos 
pocos, incluyendo varios soldados y los del Mesón 
Modelo. Ya hemos hablado de algunas personas fa- 
llecidas. 

Estuvimos en el Hospital General, visitando con 
Sor Marta las salas de clínica en los últimos días del 
mes de diciembre y posteriormente hablamos con 
cada uno de los heridos y golpeados, recogiendo sus 
nombres: son los siguientes: 

Ambrosio Zetino, obrero, de 34 años de edad; su- 
frió fifolpes al caer su vivienda en el Pasaje Porta, en 
el Cantón Elena. 

Comandante Gregorio Flores, auxiliado por los Pa- 
dres Paulinos en el interior de su casa. Perdió dos 
de sus hijas. 



224 NARRACIONES 



Rafael Xvila, de 48 años, 16 Calle Oriente. 

José Solares, sorHo-mndo, sufrió g-olpes en el inte- 
rior de la cantina *'El Alba." 

Antonio CalviHo, de 30 años, herido en el interior 
de la casa frente al edificio de Tel^g'rafos .y de la Di- 
rección de Policía. 

Telésforo Echeverría, de 38 años, herido por los 
frafirmentos de una pared del Mesón Modelo: est-e 
señor sufrió amputación en una de las piernas. 

Aurelio Cruz, de 29 años, herido ^en la 4^ Calle 
Poniente número 5 del Cantón Libertad. Cruz tiene 
la pierna izquierda amputada. 

Cupertino Herrera, de 40 años, oriofinario de Que- 
zalténanjro, golpeado por una pared en ía 5^ Avenida 
Norte numero 10. Este sujeto solamente estuvo diez 
días en el Hospital. 

María Soto, de Mixco, ofolpeada en el ÍRterior de 
una casa del Cantón Elena. ^ 

Concepción Jiménez, de í^5 años, sufrió la fractur» 
del brflzo izquierdo en el interior f!e I.» í .ism TuTinero 
42 de la 5^ Calle Oriente. 

Jerónima fíntií^rrez de Flores, (<>ií iniii ()M'rna 
amputada. 

MaríTMrita Morales, de 37 años, golpeada en ía casa 
numero 1 de la Calle de Corona. 

Felisa Espinosa, de fí5 años, cícera, vendedora de 
almanaques, sufrió la fraí'tura de. una pierna. Esta 
pobre mujer se hallaba enferma en el Hospital Gene- 
ral; el 23 de diciembre pidió '\su alta'* manifestando 
querer salir por acercarse la Noche Buena. Los tem- 
blores del 25 d© diciembre la sorprendieron en su 
vivienda de la Calle del Incienso, sufriendo la fractu- 
ra de una tuerna. 

Alejandra García, golpeada en la 10 Avenida Sur^ 
Estación. 

Francisca Estrada, íjolpeada en el interior del Hos- 
pital General. Esta humilde servidora de las Casas 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 225 



de Beneficencia fué la única que sufrió contusiones 
en el Hospital General durante los días aciagos de 
los terremotos. 

En la Calle del Cementerio sufrió contusiones la 
señora Cruz Nuñez. 

A las desgracias de que ya Kemos dado cuenta con 
anterioridad agregamos las que siguen, con datos re- 
coofidos en la calle: don José Cordón Horjales sufrió 
olpes fuertes en uno de los pies, en el momento de 
salvar a un niño, noble acción que le ha acarreado 
terribles dolores y la amputación del pie- 

Vué víctima de la fatalidad don Federico Lensinger, 
sufriendo terribles heridas. 

La señorita Cruz Caubet sufrió fuertes contusiones, 
tisí como algunas otras personas que a los pucos días 
estaban restablecidas. 

La prensa del exterior reprodujo la noticia que dio 
un periódico centro-americano de una desgracia suce- 
dida a una de las Hermanas de la Caridad en la noche 
del 25 de diciembre, tal afirmición así ci>mo la del 
hundimiento de nuestro Coliseo, lleno de publico, fué 

una falsedad. 

« ♦ * 

Al valiosísimo contingente de auxilios que vino de 
Belice y los ocho fardos de tiendas de campaña pres- 
tadas por el Gobierno de la Gran Bretaña se agrega- 
ron los servicios de inestimable valor de los de la 
Cruz Roja Norteamericana, cuyo campamento se esta- 
bleció al Sur de la capital, en los terrenos frente a la 
Academia Militar, con numeroso cuerpo de médicos, 
practicantes y enfermeras. Centenares de tiendas fue- 
ron instaladas para las familias que han estado regi- 
das por las leyes y prescripciones de la Cruz íloja. 

En los mt)mentos en que el espíritu fatigado busca- 
ba expansión en los boulevares de la parte sur de la 
capital, sorprendía a la vista el dilatado terreno con 
tiendas de campana y el movimiento extraordinario 



226 NARRACIONES 



de gentes. Varias veces, a la caída del sol, a la mu- 
riente luz del crepúsculo, escuchábamos con deleite 
el CTu-CTU de los automóviles, o la armonía suave que' 
formaban el rumor de las hojas, dulcemente abitadas 
por el viento suave, ^el murmullo de las aguas que 
caen sobre la fuente de Neptuno, con la ultima plega- 
ria de las aves. 

I Cuántas veces en la. hora melancólica, hora de 
alegrías para los que tienen la conciencm tranquila y 
el alma llena de íntimas satisfacciones, cuántas veces 
admirábamos, allá, a lo lejos, los conos de los volca 
nes de la *'Ciudad Tranquila," que parecía como si los 
picos de esas inmensas moles quisieran tocar el cielo 

tachonándose de estrellas I 

» * » 

El 12 de enero llegaron de El Salvador las comisio- 
nes que enviaron el Hospital Rosales y Cruz Koja. Lii 
travesía la hicieron en el vapor ''San Cosme" Vinie- 
ron los Doctores don Federico Yudice, don J. Max. 
Alano, don J. Víctor González y don Carlos A. Ro- 
dríguez, varios bachilleres y un enfermero. 

''Desde nuestro desembarco en el ])uerto de San 
José, — dice el Doctor don Federico Yudice, Jefe de la 
Cruz Roja Salvadoreña — se nos colmó de las mayores 
atenciones de parte de las principales autoridades, en 
un apartamento especial se nos condujo en el tren a 
la capital. Al llegar allá, en la Estación del Ferro- 
carril fuimos recibidos por el Lie. don Manuel Eche- 
verría 3^ Vidaurre de parte del señor Presidente 
Estrada Cabrera, por el Subsecretario de Goberna- 
ción, por el primer Regidor del Ayuntamiento, por 
el Jefe de la Cruz Roja y Cuerpo de Sanidad, Doctor 
Robles, «y otras muchas personas. De allí se nos 
condujo para alojarnos a una barraca llamádase Hotel 
América, a excepción mía y del Doctor Alano, que 
aceptamos la particular invitación de los Doctores 
don Octavio y don Ramiro A. Gámez de hospedarnos 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 227 



en su barraca, situada cerca del Hospital General^ 
siendo objeto de innumerables atenciones de parte de 
los Doctores Gámez durante nuestra permanencia en 
Guatemala. 

Al día siguiente fuimos recibidos por el Presidente 
Estrada Cabrera, con quien durante hora y media de- 
partimos en amenísima y franca conversación, alta 
honra concedida a la Cruz Roja Salvadoreña, no otor- 
trada de igua^ manera a otros visitantes por sus miíl- 
tiples atenciones, probando con ello la especial 
simpatía que siente el Presidente g-uatemalteco hacia 
los salvadoreños, para quienes vertió frases elogiosas. 
Acto continuo pusimos a la disfiosición del señor Pre- 
sidente Estrada Cabrera todo el arsenal quirúrgico, 
medicinas, tiendas de campaña y todo lo demás que 
llevamos de ésta para el servicio de los guatemaltecos 
que padecen, en verdad, las consecuencias del desastre 
más espnntoso que puede la imaginación concebir. Es 
Guatemala un montón de ruinas y sus habitantes con 
resignación digna y resuelta soportan los rigores de 
los frecuentes terremotos que hasta hoy azotan al 
rico y bello asiento de la metrópoli centroamericana. 

''Tres días después de haber llegado nosotros llegó 
allá la Cruz Roja Norteamericana, y el día siguiente 
arribó al Puerto de San José, enviado expresamente 
por el Gobierno de Costa Rica, el vapor ''Izabal " 
conduciendo láminas, madera, víveres y otros ar- 
tículos para los damnificados y una Comisión especial 
presidida por el Coronel Tinoco, que de parte del 
Gobierno del señor Tinoco ofreció al señor Licenciado 
Estrada Cabrera. 

Largo sería enumerar las diversas atenciones y 
muestras de aprecio de que fuimos objeto durante 
nuestra permanencia. Se nos trató como huéspedes 
de honor. Todo gasto cuando intentábamos pagarlo 
ya de antemano estaba cancelado. Nuestros despa- 
chos telegráficos eran expedidos preferentemente y 



228 NARRACIONES 



todos gozamos de franquicia en los diversos servicios 
públicos, Toda clase de facilidades se nos otorgó 
para conducir como 80 salvadoreños que vinieron 
con nosotros repatriados. Su transporte en el ferro- 
carril, embarque, etc., fué dado gratuitamente y sin 
estropiezo alguntí. Baste decir que ningún equipaje 
se revisó en las Aduanas y que el señor Ministro de 
Relaciones Exteriores expidió, en el acto de solicitarlo 
el pasaporte, sin exigir las formalidades que para salir 
del país todo viajero debe efectuar. 

El estado sanitario es muy satisfactorio y los muer- 
tos y heridos no llegan a cincuenta, siendo, por lo 
tanto, muy poco necesario el servicio médico quirúr- 
gico, el que está bien organizado para satisfacer todas 
las necesidades. 

Entre otras instituciones visitamos el Hospital Ge- 
neral, que quedó completamente destruido. Vimos 
allí a Sor Cecilia (hermana del señor Presidente Me- 
léndez) impartiendo la caridad y solícitos cuidados a 
los enfermos. Visitamos el Cementerio General y 
presenciamos con horror los estragos causados por el 
terremoto." 



ti 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 229 



üa abnegaba raja tnintg^na 



El Hospital Rosales, de San Salvador, dio una 
elocuente prueba de confraternidad hacia Guatemala, 
nonabrando una comisión de su seno a efecto de traer 
socorros en material de curaciones y medicinas. 
Formaron esa comisión los señores doctor don Carlos 
Rodríguez como Jefe; Br. don Egemberto Cha vez y 
don Gustavo Enrique Xlvarez, nombrados ayudantes; 
vinieron en el vapor "San Cosme," ofrecido genero- 
samente por el empresario señor Pérraga. 

Respecto de esa misión dice el señor Álvarez lo que 
sigue: 

*'En San José de Guatemala fuimos recibidos por el 
señor Comandante del puerto y por el Administrador 
de la Aduana, amables personas que nos expeditaron 
rápidamente nuestro viaje a la capital. El trayecto 
de San José a Guatemala, lleno de encantos, nos 
brindó teda la poesía del lago de Amatitlán y de sus 
paisajes incomparables, llegando a la capital a las 
siete de la noche sin ninguna interrupción ni accidente. 
En la estación del ferrocarril nos esperaban el Lie. 
Echeverría y Vidaurre, el señor Lie. Mata y una 
comisión distinguida de médicos guatemaltecos. Se 
nos alojó en el Hotel América, cuya "temblorera, " 
nombre sugestivo con el cual designan en Guatemala 
a las barracas de madera, está ubicada cerca de la 
estación del ferrocarril. 

Proverbial es la galantería del pueblo guatemalteco 
y con nosotros se desbordó ampliamente en cumplido 



230 NARRACIONES 



honor a la tradición. Se nos atendió espléndida- 
mente: espléndidanaente, esa es la palabra. El léxica 
castellano vacila débil e impotente para adornar la 
palabra j^ratitud, gratitud que nosotros sentimos muy 
honda, corazón adentro. Los guatemaltecos todos se 
mostraron con nosotros, galantes, generosos y agra- 
decidos. 

Siguiendo instrucciones del señor Director del 
Hospital Rosales, nos presentamos al Ministerio de 
Gobernación. El señor Lie. Reina Andrade nos 
recibió con afabilidad exquista. Lo saludamos en 
nombre del Señor Director de este Hospital y le 
hicimos presente el objeto de nuestra misión, cual era 
ponernos a su orden para colaborar en la obra de 
higienización y práctica médico-quirúrgicas, huma- 
nitaria labor que en tales circunstancias es uno de los 
principales baluartes de la salvación del pueblo. 
Hicimos saber al señor Ministro que las noticias 
llegadas a El Salvador habían sido en extrer^o alar- 
mantes, diciéndose, como en tales casos ocurre, de 
un numero considerable de muertos y heridos, y que 
en presencia de tales noticias, el señor Director del 
Hospital había creído oportuno enviar socorros en la 
forma que lo hacía. Dijimos al señor Ministro del 
honor que se nos había dispensado y de la satisfacción 
que experimentábamos al ser portadores de los senti- 
mientos humanitarios del Hospital Rosales, y concluí- 
mos diciendo que veíamos con sumo agrado que las 
noticias hubiesen sido superiores a la realidad, pues 
sabíamos que los muertos no pasaban de sesenta, y 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 231 

que los heridos eran muy pocos, los cuales fueron 
atendidos por la Cruz Roja Guatemalteca. El señor 
Ministro se mostró muy ajjradecido y tuvo palabras 
de afecto y gratitud para el pueblo salvadoreño y 
para el doctor García González. 

Siendo tan pequeño el número de heridos, que son 
atendidos suficientemente por el cuerpo médico de 
Guatemala, y magníficas las condiciones de salubridad 
que obedecen a las enérgicas medidas de saneamiento 
que oportunamente se tomaron, nuestra misión que- 
daba reducida á dar la prueba palpable de nuestro 
cariño hacia el pueblo de Guatemala y hacer entrega 
al señor Presidente de la República, en nombre del 
Hospital Rosales, de las medicinas, materias de cura- 
ción y accesorios que llevábamos. Fuimos encarga- 
dos de hacer la referida entrega, y, al efecto, nos 
dirigimos en compañía de don José Santos López a 
La Palma, residencia particular del señor Presidente, 
en donde fuimos presentados al general Haeusler, 
Jefe del Estado Mayor Presidencial, a quien hicimos 
entrega de los bultos que en carros especiales eran 
conducidos. Allí pudimos ver la enorme cantidad de 
víveres almacenados y la actividad que se despliega 
para atender a las necesidades del pueblo que sufre 
las consecuencias del desastre. Allí esta la mano 
poderosa que mitiga el hambre y que cubre con 
solicitud los cuerpos ateridos de frío. 

A última hora supimos que el Hospital Rosales 
había remitido un lote de fluido Vacuno, ofreciendo 
enviar más en cuanto se pidiera. 



232 NARRACIONES 



Tuvimos el alto honor de ser recibidos por e\ 
señor Presidente de la República, quien departió 
afablemente con nosotros, describiéndonos con su 
verba fluida y sutil los horrores del desastre y exter- 
nando sus opiniones al respecto. Dijo el señor Pre- 
sidente frases del más puro y sincero ag-radecimiento. 
Saboreamos con deleite tan amena conversación y 
sentimos que el tiempo hubiera corrido tan veloz en 
aquel ambiente de cordiiilidad y de la más refinada 
cultura. Nos retiramos gratamente impresiono do-í de 
las finas y exquisitas atenciones con que nos brindara 
el Primer Mandatario de la Nación. 

Guatemala, la bella metrópoli centroamericana, el 
paraíso encantado del poeta, que npsotros no conoci- 
mos, pero que las crónicas y narraciones nos pintaron 
opulenta, yace en escombros, convulsa y dolorida, 
envuelta en un sudario de rnuerte. Sólo quedan de 
aquella hermosa capital» timbre de los centroamerica- 
nos, su cielo purísimo tachonado de estrellas y la 
resignación y enerj^ía moral de los «juat^ma llecos, 
(lue de esos escombros la h:\ran resur/^ir pujante y 
g^loriosa como un reto a la adversidad." 

# • • 

Debemos consignar que los servicios de la Cruz 
Roja Guatemolfem fueron de la mayor importancia. 
Médicos y practicantes cumplieron con su delicada 
misión en los momentos má*^ críticos, ya en los puestos 
de socorro y en todas partes donde era necesario. 

En las farmacias de los señores Saravia, Martínez 
y Melgar se despacharon medicinas grratis a las tren- 
tes pobres, siendo el puesto central de la Cruz Roja en 
la primera de dichas farmacias, en la Plaza Mayor. 

Prestaron además su valioso concurso las fajjínacias 
del Lie. d(m Juan Melgar, Lanquetío, Aldana j 
CJoronado. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 233' 



A fines de diciembre comenzaron los trabajos de 
la Cruz Roja en el Cementerio General, terminando 
el 6 de enero ultimo. En esta fecha el Jefe Supremo 
de la Nación, con el espíritu de bondad que lo distin- 
gue, autorizó al señor Inspector de la Necrópolis don 
José Ruiz Anííulo, para que en lo futuro hicieran 
las fosas suficientemente profundas, unas, y otras ah 
pie de los mausoleos. 



Considerable numero de indios que vinieron de ios 
pueblo>! de los departamentos se ociii)ar<)n de la 
demolición de escombros: indí^renas de Nahualá pres- 
taron sn continamente en la construcción del Palacio de 
los Capitanes de la Nueva Guatemala, e indíí^onas del 
mismo pueblo derribaron a lúa 140 aíios varios de 
los arcos en mal estado del mismo Palacio, así como 
la torre del reloj que se sostuvo durante los terremotos. 

El vecindario de la capital tiene rma vez mas deuda 
dé íjratitud para con la abnegada raza indígena, cu.vos 
servicios fueron y aun siguen Hiendo de inestimable 
valor. 

El señor general don Marcos R. Calderón recibió 
el 2 de enero el nombramiento de Jefe de los Zapado- 
res, encargándose del aseo de la ciudad. 

Los trabajos de salvación de muebles, tapicerías,; 
objetos de arte y de uso ordinario en las casas, se 
manifestaron desde el 26 de diciembre llenos de vigor 
y energía: esa difícil empresa así como la de formar 
viviendas provisionales dio a conocer la virilidad de* 
nuestro pueblo. 



K.-30. 



234 NARBACIONES 



Desde el año de 1877 el progresista Keformador de 
Guatemala, general Justo Rufino Barrios, meditaba 
la fundación de un Cementerio creyendo ya insufi- 
ciente el que existía anexo al Hospital General. 
Durante algunos días algo se dijo en aquel entonces 
acerca de emplear los terrenos de la finca '*El 
Zapote" en la obra de la mansión de los muertos. 

Más tarde se eligió el Potrero de Grarcía, conocido 
el año de 1865 con el nombre de **Lo8 Guayabales" y 
el 1^ de junio de 1881 se inauguraba el Panteón con el 
cadáver de Ignacio Zamora, llegando a ser en nues- 
tros días uno de los más bellos ornamentos de Guate- 
mala, compitiendo ventajosamente con muchos de 
ciudades europeas y americanas. 

La amena pluma de don Gilberto Valenzuela hizo 
el año de 1896 una completa descripción de los 
monumentos que encierra nuestro Cementerio. De 
aquella fecha a 1917, las obras de arte se multiplica- 
ron notablemente con un costo de muchos millones de 
pesos. Tiene grande extensión y está dividido en 
cuadros, con anchas y rectas avenidas, con jardines y 
fuentes y arboledas. Ostentaba capillas y mausoleos 
de todos los órdenes de arquitectura conocidos; el 
dórico y el gótico estaban allí junto a monumentos 
soberbios de mármol de Carrara, los de granito y de 
piedra. 

La arquitectura agotó la belleza de la línea y pro- 
digó en las estatuas como en la del **Dolor" del 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 235 



monumento de la familia Camacho, los encantos de 
lá forma. Distintos estilos, diversas tendencias es- 
taban representados en nuestra Necrópolis, tan 
suntuosa, tan bella y sobradamente poética. El severo 
estilo romántico, juzgado por muchos de pesado, la 
sencillez griega, la fastuosa decadencia romana, la 
bella e incomparable ornamentación bizantina, la 
ojiva gótica, y la árabe, sonadora e indolente. 

Entre tanto bello monumento, obras de artistas 
notttbies europeos, aparecen los de artistas nacionales, 
los ''caprichos" de los albañiles chapines^ como la 
capilla del general Orantes, y la rustica de Julio 
Rossignon. 

Sorprendía al visitante la monumental portada del 
Cementerio, los majestuosos arcos de piedra osten- 
tando gigantes puertas de hierro y altas columnas y 
arcofc en el interior, el salón de duelo, al norte, deco- 
rado espléndidamente de negro y en el centro sencillo 
túmulo para la colocación de féretros y cerca la 
tribuna de los oradores; al lado sur los salones desti- 
nados a depósito de cadáveres y al frente, después 
del corredor y amplia calle sembrada de cipreses 
llorones, la enorme diversidad de sepulcros: campo 
santo, jardín hermoso de reliquias queridasl 

Causaba sorpresa la bellísima galería superficial de 
nichos que se extendía de norte a sur a lo largo del 
muro oriental, obra que inició el ano de 1885 don 
Rafael Ángulo. Soberbia arcada era la de calicanto, 
de orden dórico, que sostenía la bóveda que daba 
protección al frente de los nichos y cuya extenaión 



236 NARRACIONES 



'Calculamos en más de setecientas varas, con cuatro 
mil nichos. 

Llamaban la atención la j;a le ría subterránea, ávida 
de luz y de aire, las superficiales conti'yruas y al lado 
norte de éstas la de párvulos, la sección de enterra- 
mientos llamados de *'fábrica media.'"* Soberbios se 
alzaban el Panteón Español, el Panteón Chino, (este 
fabricado sobre suave colina) y pI Cementerio Israe- 
lita, verdaderas obras de arte, en extremo costosas. 

A lo lejos se divisa La Isla, rodeada de barrancos, 
en la que duermen el eterno sueño los desheredados 
de la fortuna, terreno purificador en cu^as entrañas 
se pudren los cuerpos, campo de la fosa común y de 
las cruces olvidadas I 

Sobre cada fosa alzábase pequeño y sencillo muro, 
pintado de blanco, que visto el terreno a larga dis- 
tancia daba la ilusión de una inmensa bandada de 
palomas blancas sobre una planicie. En el centro de 
La Isla se erguían dos capillas de arquitectura gótica, 
en las que se daba sepultura a las Hermanas de la 
Caridad, las compañeras de los que sufren en los hos- 
pitales dolores en el cuerpo y dolores en el alma. 

Del Cementerio a La Isla pasábase por un puente 
provisional. 

En los principales cuadros de terreno de la Necró- 
polis se podían admirar verdaderas joyas de arte; el 
cincel modeló gran variedad de e> tatúas: figuras de 
belleza ideal representando el Dolor, la Esperanza, la 
Caridad, la Resignación, la Tristeza, la Libertad y la 
Justicia; monumentos de guerreros, poetas, artistas, 
sabios, literatos, escritores, médicos, abogados, maes- 



VÍCTOll MIGUEL DÍAZ 237 

tros y de mujeres de angelical belleza; columnas 
truncadas, cruces con' sudarios, columnas, áncoras» 
palmas, y angelitos llorosos. 

Tumbas hay, de hombres notables, de una sencillez 
completa. 

Al penetrar al interior del Cementerio se borraban 
de la mente las imágenes tétricas que la muerte 
inspira, en presencia de bellos sepulcros, de flores, 
araucarias y cipreses recortados en formas variadas: 
todo se inunda de luz, parece que de ese santo lugar a 
la inmortalidad no media sino un paso. 

Las alas del ángel de la resurrección tal vez se 
posaban en aquel campo, en que los cuerpos esperan a 
las almas que las abandonaron en la hora suprema de 
la muerte I 



Con objeto de desempeñar honrosa comisión estu- 
vimos a principios de enero en el Cementerio General: 
una impresión profunda de tristeza embargó nuestro 
espíritu al penetrar al sagrado recinto; nos encamina- 
mos hacia el pasadizo que divide las Oficinas del 
Guardián y el departamento de cocheras y caballeri- 
zas del Cementerio, evitando el paso por la entrada 
principal. 

El sol era abrasador: el polvo fino que se alzaba 
con el viento hacía difícil la respiración: al entrar a 
la mansión silenciosa y llena de misterios, dejando a 
un lado el monumento de José Francisco Barrundia, 
fijamos la vista con infinita angustia en la fila de mau- 
soleos que seguían al del doctor Esparragosa y vimos 



238 NARRACIONES 



con dolor oue el sepulcro de nuestra pobre madre 
había desaparecido; corrimos con el corazón herido 
hacia el derruido mausoleo; los rumores de los árboles ^ 
en otros tiempos tan gratos al oído, porque nos pare- ' 
cían voces misteriosas de almas invisibles, en esos 
momentos llevaron a nuestro espíritu hondo dolor: al 
remover fra^nnentos de mezcla notamos que en la • 
base de la sepultura se hallaban encerrados en su '■ 
féretro los restos para nosotros tan queridos: tod. 
cayó, rompiendo la verja de hierro, menos las cenizas 
de un cuerpo que encerró una garande alma. Con tan 
feliz hallaziío recobramos las fuerzas para resistir la 
nuevas emociones. 

Encaminándonos al centro de la Necrópolis nos 
dimos cuenta de un espectáculo aterrador: multitud 
de sepulcros yacían derribados: informes fraomentos 
de mezcla fína, de ladrillo, y de cemento, pequeñas 
torres vacilantes sobre cimientos ag'rietados, arcos, 
columnas y capiteles rotos, techos hundidos, puertas 
fifóticas de ^rn^ndes capillas hechas trizas, estatua- 
mutiladas, cruces, lápidas y jarrones rotos, todo pre 
sentaba las señales de una gran catástrofe. 

Ija mayoría de los sepulcros grandes y valiosos 
habían rodado por el saelo a impulsos de las cmdas 
furiosas subterráneas* cada uno de los temblores de 
tierra traía para el camix) santo nuevo desastre. 

Con el primer movimiento de tierra de la noche de) 
25 de diciembre de 1917 íbI portero del Cementeriu 
Tomás Barrera, salió de su habitación, acompañado 
de sa señora esposa y de una niña de diez años de 
edad, yéndose frente al jardín de la entrada y de la ; 



VÍCTOR MIGtTBL DÍAZ 239 

avenida central. Allí pennanecieroa toda la noche, 
sufriendo los rigores de un frío intenso y viendo caer 
las sepulturas, siendo la primera en derrumbarse la de 
la familia Pinol. La luna iluminaba de lleno los 
sepulcros — dice Barrera -refractando su macilenta luz 
sobre el blanco mármol de la estatua yacente, ríífida e 
inmóvil, de Venancio Barrios, oprimiendo con su 
peso la losa sepulcral, pareciendo el rostro como 
or¿fulloso del gran sacrificio, ejemplo de amor filial 
que diera, al saber la muerte heroica de su padre, en 
el campo del combate, buscando él también el fragor 
de la batalla para sucumbir y entrar al templo de la 
inmortalidad; los rayos de la luna bañaban el mouu* 
mentó de las Hermanas de la Caridad que fallecieron 
a consecuencia de servicios prestados en la ambulan- 
cia de Jutiapa, el año de 1890; al ángel de la Elspe- 
ranza que lleno de melancolía vela adn sobre el 
sepulcro del doctor Jorge Reina y sobre la artííi- 
tica estatua de la familia Sáenz de Tejada. 

Con el segundo temblor de tierra de la misma noche* 
asegura Barrera, oyó prolongado ruido subterráneo 
que repercutía siniestro en los barrancos; de pronto 
vio que corrían por la ancha calle en la que se halla- 
ban los sepulcros a que nos acabamos de referir, 
varios caballos y muías que se habían salido de las 
caballerizas, yéndose medrosos al interior del Cemen- 
terio: durante el resto de la noche los animales corrían 
de norte a sur y viceversa en una extensión como de 
75 varas, desde el monumento de José Francisco 
Barrundia hasta cerca del salón de duelo: los caballos 
temblaban, alzando hacia arriba los hocicos. 



240 NARRACIONES 



Presenció Barrera con su señora e hija, cómo las 
aves qae posaban en lo alto de los sauces y de los 
ci preses bajaron al suelo, sobrecogidas, sin moverse, 
hasta dejarse aprisionar con las manos. Otras cruza- 
ban el espacio en busca de ramas que les dieran 
seguridad. 

La arcada de la suntuosa galería de nichos, tan 
admirada por los extranjeros que la visitaban, se vino 
al suelo, barrida por la potente fuerza invisible, 
quedando intactas las murallas, en las que se hallan 
durmiendo eternamente miles de personas que nos 
l>recedieron en el camino de la vida; por lo ancho del 
muro, y tal vez por un capricho de la suerte, \o> 
nichos se conservaron en buen estado, resistiendo las 
tempestades de la Naturaleza. 

La galería subterránea se hundió cayendo garandes 
fragmentos de las superficiales contiguas y las otra- 
d©l lado norte en las que rei>osabau los niños: parece 
que allí se escucha un rumor como de aleteo de 
angeles. 

El segundo movimiento terrestre de la noche del 25 
de diciembre de 1917 fué fatal i>ara los mausoleos, 
capillas y monumentos del Nuevo Cementerio, sufrien- 
do considerablemente los que se hallaban cerca de los 
barrancos. 

Cayó el monumento de los empleados de la Benefi- 
cencia construido, hace i>ocos años en poético y apar- 
tado sitio, al que se llega por una senda que tiene a los 
lados continuada cerca de ci preses cortados uniforme- 
mente. Se derrumbó el DepósiU) del Agua, obra 
hermosísima, de ladrillo y mezcla, estrenada el año de 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 241 



1914. Una bomba movida por fuerza eléctrica hacía 
subir de barranco cercano agua en. abundancia, que 
pasaba por una tubería metálica de grande extensión 
hasta el mencionado Depósito, y de allí el líquido iba 
a distintos puntos del Cementerio y una gran cantidad 
al departamento de Lavandería del Hospital General. 

8e abrió el puente que comunicaba La Isla y en los 
barrancos de los lados hubí» derrumbes, de tierra y 
arena, impregnando el e^ipacio de menudo polvo. A los 
lados del puente provisional estaban los osarios: hubo 
allí restos humanos que hablaban muy alto al corazón: 
ante esos muros huecos, con puertas de hierro, hoy 
todo derrumbado, vimos en diferentes ocasiones pasar 
a los vivientes e inclinarse con respeto. 

El puente a que hemos hecho referencia lo hizo 
construir don Rafael Ángulo de 1886 a 1887; fué diri- 
gido por don Miguel Coloma, teniendo a .su cargo la 
obra el maestro Luis Monzón. 

En- ruinas quedaron el bello Panteón Español, el 
Panteón Chino y el Cementerio Israelita, concluido en 
1815, La soledad reina hoy sobre esos lugares santifi- 
cados por el cariño de los hombres. 

Protegidos por altos sauces y ci preses y a la sombra 
de las ramas están los derruidos sepulcros de la Calle 
Central: sufrieron pocos perjuicios el del valiente 
general Agustín Cuevas, el del Dr. Eduardo Estrada 
Taracena, cuyo retrato colocado en pequeño óvalo de 
mezcla casi está desvanecido: el del poeta Rafael Go- 
yena Peralta, nieto de insigne fabulista García Goye- 
na; el de nuestro inolvidable maestro José Milla y 
Vidaurre y los de otros muchos personajes notables. 



242 NARRACIONES 



Los fragmentos caídos de un mausoleo vecino 
causaron destrozas a la base de la bóveda formada de 
ci preses, sobre la fosa cavada en el suelo, en la que 
reposan los restos de un hombre que fué gobernante 
de Guatemala: el Mariscal Vicente Cerna. 

La tumba de la familia Tielemans semejaba una 
ermita a cuya puerta colocaron un fraile de mármol 
blanco, tamaño natural. La hermosa figura está en 
actitud de orar, lleva un libro en las manos: su luenga 
barba oculta casi todo el pecho. El fraile, de figura 
atlética, se vino al suelo junto con la ermita: ésta se 
hizo pedazos, quedando intacta la estatua, que levan- 
tada por los empleados del Cementerio, se yergue hoy 
como indiferente a las ruinas que la rodean. 

El monumento de mármol de Antonio Taboada era 
uno de los más altos, con hermosísimas estatuas sim 
bólicas. Ante es^ mole labrada con arte exquisito, se 
detenían los que visitaban nuestra Necrópolis, para 
admirar la actitud del ''Ángel de la Resurrección." 
Hoy todo no es más que un promontorio de mármoles 
rotos: una estatua se desplomó al respaldo del naonu- 
mento, la otra hundió con su peso la puerta de la 
bóveda cayendo en el interior completamente mutilada, 
los demás ornamentos se rompieron, rodando la 
mayor parte hacia los lados norte y sur. 

La ultima morada de la señora madre de don Alberto 
Fuentes quedó convertida en un montón de ripio y 
mezcla, salvándose los restos humanos allí depositados. 

Al temblar la tierra, temblaban y caían los sepulcros 
de Mónica de Díaz, José Mariano Roma, Pbro. Mé- 
rida, general José María Orantes, Dr. Luis A. Abella, 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 243 



María de Cruz, la virtuosa dama que inspiró las más 
bellas estrofas al autor de ''Los Cementerios;" el 
de Rafael Contreras, Mateo Vives, Grejj-orio Carrión 
Martínez de la Rosa y muchísimos más. 

El 25 de diciembre en la noche se dobló, haciéndose 
pedazos en la caída, el obelisco sobre el sepulcro del 
general J. Víctor Zavala, levantado sobre una colina, 
con un co.^to de catorce mil Pjgjsos plata; dispersos por 
el suelo viéronse multitud de letras de bronce que se 
desprendieron de las leyendas que ostentaba la base 
del obelisco. 

Víucho sufrió la capilla de mármol de la familia 
Sinibaldi, así como el sepulcro de Luis Asturias, fun- 
dador del Asilo de Dementes. 

Del monumento del doctor José Luna se desprendió 
el medallón de bronce con el retrato del distin^^uido 
facultativo metapaneco, lo mismo que un hermosísimo 
án^:^el de mármol, de tamaíío natural, con las alas 
plegadas que estaba en actitud de depositar una 
corona sobre la base de una cruz de gran tamaño, 
colocada sobre tosca piedra. 

El alma se contrista al ver el estado en que se halla 
el monumento de mármol de Dolores Asturias de 
Asturias: las estatuas simbólicas se hicieron pedazos 
al caer sobre el pavimento. 

De lo alto del regio monumento de mármol de 
Agripita de Sánchez, que está en su lecho mor- 
tuorio y rodeada de figuras alegóricas, se cayó un 
pequeño ángel," rompiendo parte del rostro que repre- 
senta a la que fué muy estimable dama. El importe 
de ese monumento es de 6,000 dólares. 



244 NARRACIONES 



Quedó roto el monumento del inolvidable Dr. Jorge 
Arrióla, ante el cual se o.yó un día la vibrante frase 
del elocuente orador Manuel Valle. 

Las ondas furiosas subterráneas hicieron extremecer 
las hermosas capillas de las familias Macal, Coloma, 
Ayau, ^ Aparicio Limón, Barros, du TpíI, Orantes, 
Peña, Aguirre, Ángulo, Saravia, Fahsen Bauer, 
Herrera, Rubio Asturias y otras muchas, quedando 
agrietadas sus paredes. Todas estas obras, por la 
riqueza de sus adornos y por la severidad de sus 
fachadas revelaban el adelanto del país en materia de 
arte. 

Desapareció la soberbia columna con el retrato de 
tamaño natural, modelado en bronce, del veterano 
general Calixto Mendizábal. Todo rodó por el 
polvo, quedando únicamente la base de la sepultura. 

Rotas están las alas y brazos de las estatuas del 
mausoleo valioso de Mauricio Rodríguez; guardando 
difícil y peligrosa posición vimos un bello ángel de 
mármol del sepulcro de la familia Arrivillaga Valen- 
zuela, así como el del monumento del Doctor José 
María Gallardo y el sepulcro de Manuel Monte- 
ros; sufrieron en extremo los de Braulio Novales 
y Rafaela del Águila. 

Está hecho pedazos el de la familia Blanco. 

Difícil sería para nosotros hacer la descripción de 
las tumbas, capillas, mausoleos, y monumentos arrui- 
nados; baste decir que se contrista el alma al contem- 
plar tanta ruina, tanta desolación. 

Se yergue todavía, entre otras muchas obras de 
arte, el monumento del Reformador de Guatemala, 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ ■ 245 

) usto Rufino Barrios, a cuyo frente se alzan en sober- 

)io g"rupo las figuras de bronce que representan las 
liepúblicas de Centro América. El costo del monu- 
mento es de trescientos mil pesos plata; el de José 

^>ancisco Barrundia, estrenado hace pocos años; 
el de la familia Camacho, con pocos desperfectos; el 
formidable, de piedra maciza, de la señora esposa del 

aballero español don Ricardo Pérez, perdiendo uni 
camente la cruz de la patte alta; el del general 
Luis Bográn, restaurado hace poco; el del coronel 
üveda y otros que no recordamos. 
^ Nada sufrieron los modestos sepulcros del Doctor 
Lorenzo Montufar, Ramón A. Salazar, Vicente Sáenz, 
Manuel Cabral, general Andrés Téllez, Santos To- 
runo, general Ochoa, don Francisco Anguiano, y de 
cien más 

1 Con qué profunda emoción recorrimos los luga- 
res silenciosos donde duermen el sueño eterno los 
seres queridos que nos precedieron en el camino de 
la vida I I Ay I Todos ellos sacudieron el polvo que 
cubría sus descarnadas osamentas a impulso de tre- 
menda tempestad I 

♦ •♦ 

Poco después de las ocho de la mañana del día 26 
de diciembre llegó al Cementerio General don Fran- 
cisco Pineda y Pineda, informándose personalmente 
4,el estado en que se hallaba la mansión de los ínuer- 
tos; recorrió los sitios principales, presenciando la 
caída en ciertos momentos de algunas tumbas desqui- 



246 NARRACIONES 



cirtdavS; vio que estaban en sus puestos el g:uardián. 
don José Díaz H., el Secretario, el Portero j^ demás 
empleados secundarios. El desastre en la Necrópolis 
y en el departamento de las oficinas dio ocasión a 
levantar el ánimo de esos hombres en tan supremos 
instantes. El Sr. Pineda y Pineda encargó el rápido 
servicio extraordinario de ese día, encaminándose a 
dar cuenta a sus superiores de todo lo sucedido en la 
mansión de los muertos. 

La acción del Supremo Jefe del Estado desde ese 
mismo día se manifestó vigorosa; rara vez se había 
notado tanta actividad, tanta energía en las disposi- 
ciones, poniéndose éstas en práctica a las diez del día 
en el Cementerio Viejo, donde también la paz solemne 
de las tumbas fué perturbada por los fenómenos 
sísmicos. Llegaron a la hora citada los señores Mi- 
nistro dfe Gobernación y Justicia, Licdo. Reina 
Andrade. el Dr. don Nicolás Ziíñiga, Director de las 
Casas de Beneficencia; el Inspector de Cementerios, 
don José Ruiz Ángulo; el Dr. don Rafael Mauricio y 
don Francisco Pineda y Pineda. 

Los trabajos se hicieron cuando todavía temblaba 
la tierra, siguiendo la ardua labor en el Cementerio 
General. En las dos Necrópolis se manifestó eficaz 
la acción de la Cruz Roja Guatemalteca laborando con 
una cuadrilla de hombres abnegados y valientes del 
departamento de El Progreso. Bajo el sol ardiente, 
entre polvo mecudo, empapados de sudor, subían por 
las escaleras, sosteniéndose en lo alto, arreglando 
tumbas y féretros, mientras que abajo la tierra se 
extremecía con violencia, como en danza loca. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 247 

No intentaremos trazar el cuadro de hoi'ror que se 
desarrollará en el Nuevo Cementerio con motivo de 
los terremotos; escenas fueron esas que nuestros lec- 
tores podrán concebir, absteniéndonos de dar detalles 
lue llevarían el más cruel recuerdo a las familias que 
en aquel sagrado lugar tenían reliquias de seres que 
en un tiempo les hicieran felices las horas de la vida 
en su paso por el mundo. , . «• 

Nunca será suficientemente encomiada la conducta 
de numeroso grupo de hombres de buena voluntad 
que de día y de noche cumplieron deberes humanita- 
rios, con peligro de su vida en beneficio de la salubri- 
dad publica. 

En momentos en que el espíritu decaía las voces de 
aliento eran suficientes para seguir una labor que 
pocos se habrían prestado a desempeñar, por más que 
sean bien conocidos los sentimientos generoso^ de 
nuestro pueblo; en ciertos momentos aflictivos más se 
atendía a la familia y a los intereses materiales que a 
otros deberes. Las autoridades afortunadamente de 
nada se olvidaron. Pecaríamos de injustos si no con- 
signáramos IOS nombres de las personas que prestaron 
sus servicios en los dos Cementerios durante los días 
aciagos de los terremotos. Helos aquí: Doctores don 
Rodolfo Robles, don Octavio A. Gámez y don Julio 
A. Sánchez; don Francisco Pineda y Pineda, don 
José Díaz, don Eleuterio Centeno, don Pedro Villa- 
lobos Kreits, don Vicente Estrada, don Santos Sama- 
yoa J., don Enrique Guzmán, don Pedro Saravia, 
don Justo Bobadilla, don Santos Guzmán,- don Fran- 
cisco Reyes, don Francisco Centeno, don Federico 



248 NARRACIONES 



A.vadi, dofi Mig-uel Contreras, don Jor^^e Contreras^ 
don Manuel Gómez, á6n Antonio Centeno, don Nico- 
lao! González, don Greg-orio Barillas, don Víctor Mel- 
u-ar, don Simón Hernández, don Clenciente Bran, dor> 
Miguel Torres, don Cecilio González, don Salvador 
García, don Francisco Nazareno, don Santiagt> López, 
don Trinidad Galicia, don Félix Barillas, don Santia- 
go Hernández, don Moisás^Quiroa, don Ciriabo Pérez, 
don Pedro Jiménez, don Ramón Hernández, don Ju- 
lio Márquez, don Luis Galicia, don Isidro Morales, 
don Luis López, don Florencio Ramos, don Saturnino 
Arrióla, don Macario Monroy, don Eduardo Casta- 
ñeda, don Mercedes Aldana y don Javier Ajeii. 

El Supremo Gobierno ordenó que se pagrara seraa- 
nalmente las planillas a los trabajadores; los víveres 
llegaban al Cementerio en carretas, enviados por el 
señor Presidente de la República desde la finca " La 
Palma ■' y en dos o tres ocavsiones se obsequió a los 
peones con una copa de licor. 

Cierto periódico centroamericano afirmó que las 
ondas sísmicas habían sido tan fuertes eti el Cemen- 
terio, que arrojaron los cadáveres a unaViistancia de 
cie7i metros de las tumbas en que yacían, lo que no 
sucedió ni con los fragmentos del obelisco del General 
Zavala, que rodaron sobre la colina en la que se alza- 
ba, a menos de cincuenta varas. 

El 29 de diciembre se bailaba el señor Pineda y 
Pineda en compañía del maestro de albañilerfa, don 
Vicente Estrada, revisando algunos sepulcros a inme- 
diaciones del puente provisional ya arruinado que 
conduce a " La Isla,'* en los momentos del terremoto 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 249 

-„ 

llamado *' de las dos de la tarde;" dicho señor vio 

entonces un espectáculo sorprendente, aterrador: los 

arboles ijigantes y copudos que cubrían la parte alta 

de terreno de los barrancos inmediatos que habían 

resistido el fragor de las tormentas en la estación de 

^as lluvias, que se erguían con sus largas cabelleras 

' musgo y sus troncos sumergidos entre precipicios 

peñascos se estremecían horriblemente: la tierra se 

grietó a ambos lados del oarranco y aquel mar de 

^;j:etación rodó con estruendo hacia el fondo en el 

ue reinaba perpetuamente la soledad y ei silencio: 

curas y espesas columnas de polvo se levantaron 

V infundiéndose con las nubes cual si quisierau formar 

altas montanas. 

En ''La Isla'' rodaron también en los mismos ins- 
tantes las capillas donde reposai>aü las Hermanas de 
la Caridad: cerca de dichos monumenlüs que levantó 
ia gratitud y que la Naturaleza airada rompía a peda- 
zos, solamente quedaba una cruz solitaria, esbelta, 
cuyos brazos se escondían entre arbustos que le daban 
sombra: era una fosa recién abierta para el cadáver 
de una madre que mucho amó a sus hijos I 

El señor Pineda y Pineda perdió el conocimiento 
por varios minutos: al abrir los ojos y contemplar 
nuevas y múltiples ruinas, entre ellas las de tumbas 
para él muy queridas, sintió inmensa pena: fué ese 
un cruel dolor, nos dijo al siguiente día, un dolor sin 
nombre de los que pueden aniquilar la vida, sin tener 
del sauce la cruz para reposar asido a ella! 



250 NARRACIONES 



Los terremotos que tantísimos daños causaron en 
la capital dieron origen a inventivas y absu^dos, sien- 
do de extrañarse que algunas personas ^que se tienen 
por ilustradas se hayan hecho eco de ellas. Un perso- 
naje que estuvo en Guatemala en la noche del 25 de 
diciembre y que logró irse, de los primeros, asusta- 
do tal vez de los movimientos sísmicos, dijo al redac- 
tor de un periódico de San José de Costa Rica, lo 
que sigue: 

*'Los terremotos y destrucción de la ciudad de 
Guatemala, fueron con bastante anticipación anuncia- 
dos por una señorita nicaragüense que en aquella 
ciudad radicaba, determinando fechas. Ella hizo pu- 
blicas sus predicciones y acertó; en esa ocasión anun- 
ció otros desastres en zonas fijas de otra República 
centroamericana. El caso, como se comprenderá, ha 
llamado sobremanera la atención en Guatemala y se 
cree en la sabiduría prof ética de esa joven que días 
antes de los terremotos abandonó la ciudad sin saber- 
se dónde se encuentra. Ella, en sus vaticinios, pintó 
con todos sus tristes coloridos la magnitud de la ho- 
rrible catástrofe." 

Lo afirmado en las anteriores líneas es completa- 
mente falso. 

Otro periódico de la América Central, dijo: '*LIama 
la atención una niña de Quezaltepéque por sus acer- 
tadas predicciones. Pronosticó los terremotos de San 
Salvador y el de Guatemala." 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 251 

Se dijo que esa muchacha, llamada Victoria, predi- 
jo para junio de 1917 el asesinato en noviembre último 
de un monarca europeo; en en^ro de 1918 la paz mun- 
dial; en febrero próximo anterior la erupción del 
volcán Cosigüina, luego el de Chingo en Guatemala; 
en marzo la aparición de un cometa, *' el más grande 
y el más hermoso que ojos humanos hayan contem- 
plado.'* Gomo se ha visto ninguno de esos pronós- 
ticos se cumplió. 

Las tales niñas tal vez sean como aquel bárbaro 
zahori del pueblo de ''Las Vacas," que tanto embaucó 
a la gente crédula y sencilla de Guatemala, hace poco 
más o menos cuarenta anos. 

Por otra parte algunos periódicos centroamericanos 
publicaron relatos fantásticos de la catástrofe de nues- 
tra capital, dejándose sorprender de personas que no 
.^e dieron cabal cuenta de lo sucedido, porque el 
miedo las hizo huir presas del terror, creyendo en 
próximos cataclismos; en la Plaza de Armas de Gua- 
temala — decián — abriéronse tres enormes grietas por 
las que sale agua hirviendo." 

"De Guatemala, — afirmó otra publicación, — desa- 
parecieron todos los habitantes que en afliífidas cir- 
cunstancias emigraron, unos a las poblaciones de la 
República, pues quedó completamente desierta: acaso 
vivían alli las autoridades militares y de policía, cui- 
dando los intereses particulares y pií i)llcos abandonados 
por los aterrorizados vecinos que huyeron." 
I Respecto a los subterráneos de Guatemala se publi- 
h carón relatos inverosímiles; en la primitiva capital 



252 NARRACIONES 



de Guatemala fundada en '*Almolonga" ninguna de 
las iglesias se hallaban unidas por subterráneos; tenían 
sí pequeñas bóvedas destinadas a enterramientos de 
conquistadores, clérigos y gente principal. 

Destruida la ciudad por una inundación, aconteci- 
miento bien conocido de nuestros lectores, fué trasla- 
dada al sitio llamado ''Panchoy," por el Lie. Alonso 
de Maldonado, Oidor de México. En la nueva capi- 
tal, ameno valle de primorosas leyendas, sí hubo en 
varias iglesias subterráneos que servían para ente- 
rramientos de personajes distinguidos. Tenían sub- 
terráneos o bóvedas las principales iglesias como la 
Catedral, San Francisco, Santo Domingo. la Merced, 
la Recolección y otras. El mismo sistema de cons- 
trucciones de bóvedas bajo las naves de los templos 
siguió en la Nueva Guatemala. 

En algunas casas particulares de esta ciudad cons- 
truyeron tres o cuatro capitalistas no subterráneos 
como equivocadamente se ha afirmado, sino departa- 
mentos amplios, sólidos, con poca luz, para depósito 
de vinos en barriles y aceite oliva en vasijas, con lo 
que se hacía un comercio activo a principios del siglo 
pasado. 

El ''Diario del Salvador," importante publicación 
salvadoreña, desmintió en su oportunidad la noticia 
de existencia de cráteres en nuestra capital, manifes- 
tando que lo que había de cierto era la aparición de 
dos nuevos ausoles en la orilla de la Laguna de 
Amatitlán. 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 253 

Vamos a terminar. 

A los bellos edificios destinados a instrucción pu- 
blica en nuestra capital se tiene que agregar tres 
modernos: el Liceo Municipal *Moaquina," el Palacio 
Escolar del cantón La Independencia y la Escuela 
Municipal ''Estrada Cabrera," en la plazuela de La 
Habana, que iba a abrir sus puertas a la niñez en 
enero del año en curso. Todos quedaron en ruinas. 

Sufrieron destrozos el Palacio Presidencial, salván- 
dose algunos objetos de arte y destruyéndose otros; el 
viejo Palacio del Gobierno, la Corte Suprema de 
Justicia, la Comandancia de Armas, la Tesorería 
Nacional, el Ministerio de Fomento, la Escuela de 
Derecho, la de Medicina y Farmacia, los Institutos 
de Señoritas y de Varones, la Escuela Normal, que- 
dando ilesa la estatua de fray Bartolomé de las Casas. 

Soberbios edificios que eran admirados por los 
extranjeros se derrumbaron, como el bellísimo de la 
Escuela Práctica de Varones, en el bojiílevard "30 de 
Junio," que estaba conceptuado por personas enten- 
didas como una joya arquitectónica de indisputable 
mérito y de lo mejor en la América Latina; el Asilo 
Maternidad Joaquina, feliz- creación de una alma 
noble, nacida para el bien y la virtud, doña Joaquina 
Cabrera de Estrada, madre del señor Presidente, Lie. 
Estrada Cabrera, Asilo que aun sigue prestando y 
cobijando en su seno a niños pobres y desvalidos; el 
monumental ''Asilo de Convalecientes Estrada Ca- 
brera," el Hospital Militar, el Teatro Colón, el 
Palacio La Reforma, la Escuela Práctica de Señoritas, 



254 NARRACIONES 



con su bella fachada hacia la segunda avenida sur, la 
Casa de Corrección de Menores, el Juzgado de lo 
Criminal, la Academia Militar, (modelo en su genero,) 
el fuerte de San José, el Instituto de Vacuna, la 
Estación de los Ferrocarriles, la Plaza de Toros, 
obra del tiempo de la colonia, el edificio de la Asam- 
blea, el hermoso y severo del Correo Nacional, en la 
sexta avenida sur, las oficinas del Telégrafo, el de la 
Academia Municipal de Señoritas ^'21 de Noviembre;'^ 
muchísimos palacios de propiedad particular, como el 
que ocupaba la Legación Americana y el de la Lega- 
ción Británica, en la preciosa quinta "El Bosque" y 
otros muchos. 

Los templos, suntuosos monumentos de la época 
colonial, la mayoría se hallan en ruinas, lo mismo 
que parte del Palacio Arzobispal y el Colegio de 
Infantes, obras que inició el limo. Arzobispo Francos 
y Monroy. Las primeras iglesias que comenzaron a 
derrumbarse, fueron las de los Recpletos, la del San- 
tuario de Guadalupe, la de San Juan de Dios, la de 
Santa Teresa y la de San Francisco. 

« • * 

Una correspondencia publicada en un periódico 
centroamericano, refiriéndose al arduo trabajo del 
Jefe del Estado, durante los días aciagos para Guate- 
mala, dice lo que sigue; • 

"Esta labor de Estrada Cabrera asombra y descon- 
cierta por lo múltiple y enorme. No parece lá de 
uno, sino la de varios hombres personalmente, sin 
conocer fatiga ni descanso; con una energía estupenda 
todo lo atiende a diario, sin descuidar ni el más mínimo 



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detalle. Su quinta *'La Palma" es ua vasto centro 
de aprovisionamiento, de donde van los víveres para 
ser distribuidos en los distintos campamentos de 
refug-io de la capital, y él mismo vigila que vayan las 
raciones necesarias. Al mismo tiempo, concede 
audiencias, recibe los partes de los jefes militares y 
contesta millares de cartas y telegramas. '*La 
Palma" es un río de inagotable munificencia. Nadie 
que llame a sus puertas se va sin un alivio o un 
consuelo. 

Y a las altas horas de la noche, mientras todo el 
mundo duerme, el Presidente vela, y así le sorprende 
la aurora. Parece que la desgracia nacional hubiera 
centuplicado la fuerza física y el vigor mental de este 
hombre amable, culto y bueno, creador de las inmor- 
tales Fiestas de Minerva que pusieron azul ateniense 
en el cielo de Guatemala; de este Gobernante que 
hace veinte años lleva sobre sus hombros de Atlas el 
peso de la Nación. 

La admiración sube de punto si se considera que, 
como casi en toda la América Latina, por la ley y la 
costumbre, el Jefe del Estado resume en su persona 
toda la actividad administrativa y política del país. 
En tal manera, y al mismo tiempo que estudia o 
resuelve todos los problemas nacido* de la catástrofe, 
el Lie. Estrada Cabrera dirige en persona los com- 
plicados ramos de la Administración pública en todos 
sus aspectos. Así, lo mismo ordena la reparación de 
una carretera que la construcción de una escuela en 
un villorrio lejano; lo mismo resuelve Hla consulta de 



256 NARRACIONES 



una autoridad departamental que un complicado 
asunto de cancillería. 

Su anhelo es ver resurg-ir a Guatemala, escuchar de 
nuevo el canto robusto de la vida en los fúnebres 
campos de la muerte. Hubiera querido que el trabajo 
no se interrumpiese un solo instante. A este propó- 
sito, es característico lo que dijo hace algunos días a 
un admirador y amisro suyo que fué a presentarle sus 
respetos. Lo recibió en una enramada rustica, fami- 
liarmente casi. Relató sus impresiones de los pri- 
meros momentos aciag-os, con esa cuidada naturalidad, 
con ese ameno encanto de palabra que hacen de 
Estrada Cabrera un conversador sutil y exquisito. 

— El silencio de la ciudad me inquietaba,-^mani 

festo. Parecía el de una tumba. Y de pronto, cerca 

de aquí, resonó agudo el pitazo de un modesto taller. 

Lleno de regocijo mandé a un ayudante a felicitar 

cordial mente al dueño que hacía resonar ese toque de 

resurrección. . .. '* 

* -x- * 

Después del formidable temblor de tierra del 24 de 
enero de 1918 en la noche, y cuando ya la calma se 
iba restableciendo comenzaron a regresar las familias 
de los departamentos: es tan dulce pensar en ese algo 
misterioso que se llama terruño, donde se vivió tran- 
quilo y feliz, pensar en el lugar en el que se confun- 
dieron los cariños de la madre amada, el afecto de loa 
amigos, las ilusiones de la primera juventud y las 
esperanzas inocentes de la niñez. 
• « * * 

La señorita Rosa Marcuci que estuvo en Guatemala 
durante algunos anos, aiumna del Instituto de Seño- 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 257 

ritas, al saber en lejana tierra la catástrofe de nuestra 
capital exclamó llorando: "¡Guatemala! I Oh! Yo no 
la puedo nombrar sin que mi corazón palpite de 
entusiasmo y de gratitud! Ha sido siempre hospita- 
laria por instinto: compartió con nosotros el techo y 
el pan, el trabajo y las fatigas, las penas y los con- 
suelos: allá todos son una familia para tender su 
generosa mano al extranjero!" 

Y mientras la hermosa joven decía las anteriores 
frases, el distinguido jurisconsulto nicaragüense Emi- 
lio Espinosa, trazaba en Managua estas bellas y 
sentidas palabras que los guatemaltecos sabrán apre- 
ciar: 

''A Guatemala, que me dio educación y carino: 

Para este istmo la pérdida de Guatemala sería lo 
que para^el de Grecia habría sido la pérdida de 
Atenas. Y como aquélla, la nuestra tiene su Par- 
tenón. 

Semejante desgracia absolutamente nacional y gene- 
ral puede ser cierta. Bien puede suceder que las 
severas, na ves de la Catedral hayan caído derribadas 
como un cíclope: que aquel santuario donde en la 
Noche Buena se elevan al cielo junto con los vapores 
del incienso suspiros escapados de los pebeteros del 
corazón, se haya derrumbado; qíue aquél teatro en las 
frías noches de diciembre caldeado al fulgor de ardien- 
tes miradas, no dé ya cabida a un público educado y 
de buen gusto; que sobre aquellos atrios en donde en 
los clásicos festivales del corpus se permutad pericote^ 
caigan escombros y sobre ellos brote la hierba, señal 
de las cosas olvidadas; que sobre los embaldosados 



258 NARRACIONES 



sonoros y percutores de la legendaria Universidad 
de San Carlos de Borromeo no desfile más la juventud 
de Centro- A marica en su eterna romería hacia su 
cultura intelectual y moral. Todo puede ser, y aun 
quizá, que sobre aquel mar de ruinas sólo surja como 
un viejo peñón el Cerrito del Carmen y su Ermita, a 
donde van a depositar sus ensueños, sus ilusiones o su 
fe muchos de aquellos bizarros adolescentes. 

Todo puede suceder. Pero lo que no sucederá, lo 
que nunca ocurrirá, es que languidezca y muera la 
grande alma de Guatemala; que el ambiente de leal* 
tad, de firmeza, de bondad y de generosidad exquisi- 
tas desaparezca de aquellos corazones caballerosos y 
nobles; que la refinada cultura y fineza' de sus mujeres 
no se deslustre ni se empañe, y que aquel espíritu 
siempre abierto a los grandes ideales y a los genero- 
sos propósitos se esterilice o se calcine. No, mil 
veces no» esto no podrá nunca suceder. 

Y en otro orden, aunque en las obras de sus artis- 
tas y de sus poetas llueva polvo y caiga tierra; aunque 
sobre la tumba de sus políticos, de sus publicistas, de 
sus mártires y de sus maestros se aglomeren guija- 
rros y rueden peñascos, el genio de Guatemala ejerce 
y ejercerá decisiva influencia en todo Centro América. 
La prodigiosa obra de Montufar en el destierro y en 
la Asamblea Constituyente del 79 germinará en la 
conciencia centroamericana; la labor fogosa, vibrante 



VÍCTOR MIGUEL DÍAZ 259 

y desesperada del ilustre padre Arroyo repercutirá 
en el Itsmo; la rubrica imperiosa que autorizó el 
histórico decreto del 28de febrero, y el gesto y la 
muerte gloriosa que lo acompañó en Chalchuapa; la 
labor mental de Milla, la obra de los conjurados de 
Belén, y la sentimental lira del viejo Diéguez, vibrarán 
como el eco del quetzal o como los trinos de ruiseño- 
res en la selva centroamericana, en cuyas más agres- 
tes soledades se oirá siempre el eterno madrigal de 
Batres." 

''Yo pienso en tí". . . . 



Si hemos conseguido que los lectores hayan seguido 
con indulgencia estas Narraciones^ esa será nuestra 
mejor recompensa. 



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