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Full text of "Narracion historica de la guerra de Chile contra el Peru y Bolivia. Por Mariano Felipe Paz Soldan"

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NOV 9 * 1899 



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J. HUNTINGTON WOLCOTT FUND. 



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NARRACIÓN HISTÓRICA 



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Mariano Felipe Paz Soldán 



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GUERRA DE CHILE 



CONTRA 



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NARRACIÓN HISTÓRICA 






GUERRA DE CHILE 



CONTRA 



EL PERÚ Y SOLIVIA 



POR 



Mariano Felipe Paz Soldán 




Buenos Aires 

Imprenta y Librería de Mayo, calle Perú 115 

1884 



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PRÓLOGO 



No es tiempo de escribir la historia cuando la pasiones 
están en su frenesí; cuando los cadáveres de los que pe* 
recieron en la lucha, algunos aun insepultos, y las ruinas 
escandecentes de los pueblos, recuerdan la carnicería y 
el incendio; cuando al recorrer los campos, se hallan 
por todas partes, indelebles pruebas de la destructora 
mano del enemigo; cuando encontramos centenares de 
viudas, huérfanos, y ancianos librados por acaso de ser 
víctimas, pero andrajosos, macilentos y demacrados por 
el hambre y la miseria, que si no vivían poco antes en la 
opulencia, gozaban al menos de una honesta y mediana 
comodidad; es imposible pues poder escribir la historia con 
imparciahdad, ni juzgar los hechos con la fria indiferencia 
del que se constituye en juez del gran proceso, cuyo cuerpo 
del delito tiene á la vista. Es preciso esperar que aquellos 
cadáveres estén, por el simple transcurso de los años, redu- 
cidos al polvo de que fueron formados; que los pueblos y 
ciudades incendiadas, se hayan reconstruido; que los 
campos^reverdezcan, que las viudas y los huérfanos, vuel- 
tos á sus antiguos goces y comodidades, recuerden las 
desgracias pasadas como se recuerdan los horrores de 
aquellas pesadillas que nos espantan hasta después de 
despiertos; es preciso en fin que los actores de la gran 



VI PRÓLOGO 

tragedia, y los instigadores y ejecutores de los grandes 
crímenes de la guerra, hayan desaparecido en su mayor 
parte; y que los pocos que sobrevivan, agobiados con 
la acusadora conciencia, y con el peso de los años, 
calmados sus pasados odios y pasiones, solo recuerden 
los hechos, como se recuerda lo que se ha leido con medi- 
tación, para dar testimonio de lo pasado; es preciso en fin 
que el tiempo, ese intachable testigo, y severo juez que 
descubre la maldad del criminal, haya puesto de mani- 
fiesto algunos secretos desconocidos todavía; ese es el 
instante en que se debe principiar á escribir la historia; 
pero como los escritores Chilenos quieren engañar, no solo 
ala generación presente, que ha presenciado los hechos, 
sino también á las futuras, para que su Nación aparezca 
un modelo de virtudes cívicas en la paz, y de heroísmo 
en la guerra, han circulado profusamente, en Europa y 
en América, libros, con el título de Historia, llenos de false- 
dades las mas groseras; escritos instantes después de 
terminados los combates. No debía imitar ese ejem- 
plo, sino esperar que vuelva la paz, la tranquilidad, la re- 
flexión, casi el olvido; pero tampoco se debe consentir 
sereno en que la mentira tome asiento en el sagrado re- 
cinto de la Historia; por esto me he resuelto á publicarla 
presente obra, que hubiera querido titular "DATOS PA- 
RA LA HISTORIA de la Guerra de Chile contra el 
Perú y Bolivia en 1879 á 1882,» pero el título en los libros 
es como el ropaje en el hombre; si éste se presenta modes- 
tamente vestido, ante una gran sociedad, no es tan consi- 
derado como el que viste un ropaje que indica autoridad: 
basta lo dicho para que no se me tache de incurrir en la 
misma falta que vitupero. 
La presente obra tiene por objeto dar á conocer las ver- 



PRÓLOGO Vil 

daderas causas, fundamentales, y objeto de la guerra que 
Chile declaró, prinnero á Solivia, y después al Perú, y el 
modo cómo la ha hecho; asi desaparecerán como el hu- 
mo las falsedades que Chile ha circulado. Mi narración se- 
rá sencilla y lacónica, comprobada en su naayor parte, con 
documentos de origen chileno, para dar mas apoyo á la 
verdad de la narración. Las apreciaciones y juicios so- 
bre los mas notables sucesos de esta guerra, las apoyo 
también en el juicio formado por los hombres notables de 
Chile, ó en el de escritores neutrales; muy poco es lo de 
mi propio patriotismo, y quizá de pasiones nacionales. 

Antes de escribir, he leido cuanto se ha escrito en 
América y en Europa, mirando con cautela la mayor 
parte de los juicios y apreciaciones de la prensa Europea; 
porque en lo general son erróneos y absurdos; juzgan sin 
conocer los hechos, ni la geografía; de donde resultan sus 
despropósitos; esto cuando la prensa no está vendida. 

Si se escribiera la historia de la guerra del Pacífico se- 
gún las noticiasy apreciaciones de lo publicado en Eu- 
ropa, resultaría una novela de aquellas que en su fondo 
contienen algo de verdadero, pero envuelto en creaciones 
puramente imaginarias ó de mera fantasía. 

En Europa juzgan á Chile favorablemente, sin mas ra- 
zón y fundamento que por .la paz de que goza, y porque 
paga con exactitud su deuda, pero ignoran que esa paz es 
á costa del sacrificio de la libertad política de sus ciuda- 
danos, y que paga su deuda contrayendo otras nuevas; 
por esto cuando se vio en dificultades para pagar, echó 
manos á los tesoros de sus vecinos. 

Ha contribuido también á esa favorable opinión en Eu- 
ropa, la incansable alabanza propia, sin perder momento 
ni ocasión, cui lándose poco de la verdad. 



VIH » PRÓLOGO 

En nada ha sido Chile mas constante que en su propa- 
ganda contra el crédito del Perú, por mas de 30 años, con 
admirable constancia, presentando á esta Nación bajo el 
aspecto mas desfavorable: á sus revoluciones les han da- 
do una magnitud que jamás tuvieron; sise examinaran 
sin pasión algunas de esas revoluciones, sus causas y sus 
efectos, no las condenarían. Los movimientos políticos 
que han tenido lugar en el Perú después de las victorias 
de Chile, no han sido anárquicos; ninguno de los caudi- 
llos que se han presentado después de ocupada la capital 
del Perú por el ejército de Chile, ha tenido por objeto apo- 
derarse del mando, sino el de salvar á su patria; pueden 
haberse equivocado en los medios, ó no haber consultado 
bien el momento oportuno; pero todos tuvieron por objeto 
alejar pronto á los invasores. Algunos de esos movimien- 
tos se ejecutaron estemporáneamente; al promoverlos y 
realizarlos no hubo quizá inteligencia y prudencia; pero 
no faltó patriotismo. 

La prensa Europea, instig^a por Chile ha vituperado 
la obstinación del Perú en no aceptar las indignas, humi- 
llantes y tiránicas bases que imponia Chile para celebrar 
la paz, porque ignoran que ellas llevan consigo la aniqui- 
lación del Perú, poniéndolo á la vez bajo el inmediato 
yugo de su tan antiguo como encarnizado é implacable 
enemigo. 

No hay Nación mas jactanciosa y vana que Chile. El 
sistema de vanagloria y de petulancia, ha sido acariciado 
siempre, por la opinión, por el Gobierno y por la Prensa 
de ese pueblo: se ha connaturalizado en sus hombres, co- 
mo la hidalguía en el caballero de la Mancha. Para humi- 
llar la soberbia de Chile, bastaría hacer un paralelo políti- 
co, económico, social y moral con el Perú, aun en la vida 



PRÓLOGO IX 

privada, desde la Independencia á la fecha, y no es dudo- 
so que la balanza se inclinarla en favor del Perú; de ese 
Perú que ellos pintan con colores propios de su inveterado 
odio y envidia. 

Muy generales y casi arraigadas se encuentran las 
falsedades, que por largo tiempo, y en particular durante 
la guerra, ha propalado la prensa de Chile y su Gobierno: 
es menester dar luz para hacer conocer la verdad; por esto 
el presente libro está lleno de citas, la mayor parte de orí- 
gen chileno; entre ellos ocupan notable lugar las relaciones 
de los Corresponsales de los diarios, que generalmente son 
exactas en el fondo, aunque en los detalles y apreciacio- 
nes se resienten de la parcialidad y petulancia que es ge- 
neral en todos ellos. 

Para dar mas apoyo á esta narración, y que se co- 
nozcan las fuentes, he formado un Catálogo de las mas 
notables publicaciones relativas á los varios puntos que 
se tocan en la narración, y le he dado el título de BIBLIO- 
TECA DÉLA GUERRA; asi los historiadores futuros 
conocerán las fuentes, y juzgarán. Los que hemos pre- 
senciado los hechos, en puestos más ó menos notables 
debemos concretar nuestro trabajo á narrarlos tales cua- 
les pasaron; no debemos engañar á nuestros contempo- 
ráneos. 

El vulgo, en todas partes, eleva hasta las nubes y califi- 
ca de héroes, en los primeros momentos de su entusias- 
mo, á los que ejecutan cualquier acción que halague la va- 
nidad " nacional; asi como deprime, acusa é injuria al jefe 
que no fué feliz en algún combate ó movimiento militar, 
por bien combinado que haya sido: yo no me he propues- 
to escribir la defensa del Perú, ni la acusación de Chile; 
mi objeto es mas elevado; presentaré las cosas y los hom- 
bres tales cuales los he visto ó conocido, ó según aparecen 



X PRÓLOGO 

á la luz de los comprobantes; asi quedará todo en su lu- 
gar. No cometeré la indignidad de adulterar los hechos; 
me considero hombre de bien y de verdad, y ya conocido; 
si caigo en error, será por la oscuridad tenebrosa de al- 
gunos de los incidentes de nuestro trágico asunto. 

No creo oportuno escribir biografías de los que han fi- 
gurado en esta guerra, ni entraren detalles, ni episodios; 
y mucho menos hacer apreciaciones y comentarios filo- 
sóficos; porque aun no ha llegado el tiempo; y la lucha 
continua. 



Buenos Aires, Junio d(í 1881 



CAPÍTULO PRELIMINAR 

Bápida ojeada sobre las relaciones entre el 

Perú, BoUyla y Chile 



SECCIÓN PRIMERA 

Belaelone* del Perú con Chile desde tSVI 

hasta 18919 



I 



Sumario : Expedición libertadora — Causa y objeto— La división chilena 
presta pocos servicios— Chile se niega á dar auxilios^ y pide el 
pago de lo que gastó— Después envia tropas— Llegan tarde; sin 
embargo, el Perú paga todo; colma de honores y recompensas á 
O'Higgins y á otros jefes de Chile — El Perú dicta decretos que 
desagradan á Chile — Planes de Chile en 1832— Santa Cruz y Chile 
en 1835— Guerra de Chile á la Confederación Perú Boliviana — El 
Perú paga los gastos de esta guerra, y premia á los chilenos. 



El ilustre é inmortal San Martin aseguraba la independen- 
cia de su patria con las mismas victorias con que fundaba la 
de Chile; pero conociendo que sus trabajos serian estériles 
mientras no desapareciera el poder de España reconcentrado 
en el Perú, organizó, de acuerdo con O'Higgins, un ejército 
de 4,118 hombrjs, compuesto de argentinos y chilenos, y con 
él expedicionó al Perú (Setiembre de 1820); dando así principio 

T. I. i 



2 EL EJÉRCITO LIBERTADOR 

á la campaña de la independencia de e$ta República. «San 
Martin fué pues el géaio^^y. tel jefe de aquellas legiones 
gloriosas que partieron vde.ecyo' en demanda de la libertad 
americana: Juan Gregorio délas Heras, Antonio Alvarez de 
Arenales, Rudecindo Alvarado, y el mitológico Necochea, 
formaron el primer grupo de aquella constelación de reden- 
tores; fuera de O'Higgins y de algunos otros secundarios, 
Chile brilló por su ausencia en aquellos festivales de la liber- 
tad.» (Bibl. 105.) ' 

Esta expedición tuvo por objeto directo asegurar la libertad 
é independencia de las Repúblicas argentina y chilena, teniendo 
que venir como consecuencia necesaria de la destrucción del 
poder español en el Perú la libertad de éste y de los otros 
Estados ó secciones de América. Por esto los grandes hom- 
bres de la América del Sur, y en particular los de Chile, han 
dicho: «La independencia del Perú es la independencia de 
Chile: mientras hubo en el Perú españoles en armas, Chile no 
podia considerarse libre, » y conviene fijar en este punto la 
atención, para que, sin desconocer el beneficio que del curso 
forzoso de los acontecimientos hubo de resultar al Perú, no se 
insista en querer dar mas alcance que el que en rigor cor- 
responde al acto beneficioso de ese ejército para con esta 
República; tanto mas, cuanto que si grandes fueron sus sacri- 
ficios y sus esfuerzos^ tal vez todos ellos no habrían bastado 
para llevar á feliz término su propósito, si no hubiera venido 
en su apoyo la eficaz cooperación de los patriotas peruanos, 
que también anhelaban su independencia de la metrópoU, y 
con buyo objeto trabajaban y estaban do acuerdo con San 
Martin desde tiempo atrás. 

El ejército libertador tuvo bajas considerables por enferme- 
dades, quedando reducido á poco mas de mil hombres; y en 
los diversos combates y encuentros que sostuvo contra las 
tropas realistas, tocó á los cuerpos chilenos siempre la mala 
suerte de sufrir reveces, como los de la Macacona, Moquegua, 
Torata, y otros: por estas y otras causas, ya conocidas, 
regresaron á Chile los restos do esos cuerpos; y aunque Sau 
Martin pidió á Chile mas auxilio de tropa, éste, lejos de con- 



PLANES DE CH£LE CONTRA EL PERÜ 3 

cederlo, exijió el pago de lo que habia gastado en la expedi- 
ción, por lo cual, indignado San Martin, contestó que: «el 
Perú abonaría aquellos gastoe^ -cuando Chile practicase otro 
tanto con el de Buenos Aires, por loque erogó en la expedición 
que, en 1817^ libertó á este país. » {Bibl. 99) Posteriormente 
convino Chile en prestar el auxilio pedido; pero llegó tan 
tarde que ocasionó con su demora la pérdida de la segunda 
división, que salió de Lima sobre el Sur, confiando en los auxi- 
lios de los chilenos, quienes se regresaron sin desembarcar; no 
obstante, el Perú pagó hasta el último centavo, con intereses, 
los gastos de esas dos expediciones que en nada contribuyeron 
á su independencia; y también colmó de honores y recompen- 
sas á los principales jefes de ese ejército, comenzando por el 
Presidente de la República General O'Higgins. 

Derrocado el poder español en el Perú, continuó éste con 
Chile las buenas relaciones que los ligaban, á pesar del cono- 
cido desafecto que tenian al Perú los primeros hombres de 
aquel Estado, por causas que luego explicaremos. 

Una vez establecido el orden interno, el gobierno del Perú 
pensó en fomentar el- comercio exterior; pero los decretos 
que dictó con este sano propósito, disgustaron y alarmaron á 
Chile, y en particular á don Diego Portales, en cuyo corazón 
se reconcentraba el odio y la envidia al Perú, en pago del 
dinero que adquirió, y de la hospitalidad que recibió. Aprove- 
chó la ocasión para predicar la guerra contra éste; la época le 
fué propicia, porque muchos peruanos se hallaban asilados en 
Chile (de 1833 á 1836) perseguidos á consecuencia de la guerra 
civil ; y deseaban derribar á Orbegoso y Santa Cruz, lo cual 
ofrecía á Chile un buen contingente de militares y políticos. 
Establecida la Confederación Perú Boliviana, bajo la protección 
de Santa-Cruz, sublevó los ánimos en el Perú, é inclinó la opi- 
nión de una manera decisiva en contra de ese orden de cosas, 
presentando á aquella nación la mejor oportunidad para dar 
salida á sus mal reprimidas prevenciones. 

La guerra fué declarada á la Confederación (1837) ; pero el 
tiempo, que todo lo descubre, ha dado á conocer que la verda- 
dera causa fué esencialmente mercantil; y que uno de los 



4 TRATADOS ENTRE EL PERÚ Y CHILE 

objetos que se propuso Portales fué. la desmembración del 
Perú para debilitirlo; pían^quo.; se extinguió con la muerte 
de éste; pero dejó sembrada te" idea. (Bibl. 158, Mayo 25 
de 1880.) 

La victoria de Yungay coronó el incesante trabajo de Chile; 
y aunque ese triunfo se debió en gran parte á los jefes perua- 
nos que servian en el ejército de Chile, bajo la dirección del 
hábil y experimentado General Gamarra, no titubeó en atri- 
buírselo á sí solo, aquel pueblo vano y ambicioso. El Perú, 
como siempre, agradecido y generoso, inscribió en el escalafón 
de su ejército, en las clases mas elevadas, al General Búlnes y 
á otros jefes (muchos se quedaron viviendo en el Perú,) y les 
repartió algunos centenares de miles de pesos, como recom- 
pensa pecuniaria, sin perjuicio de pagar al gobierno de Chile 
todos los gastos. (*) Desde entonces pretendió Chile la supre- 
macía sobre las Repúblicas de Sud América, y no ha cesado en 
su tarea de acumular elementos para conseguirla. 

II 

Tratados del Perú con Cblle 

Sumario: £1 de 1835 no se cumple por la guerra promovida por Chile 
—Los de 1861 y 1876 aprobados por el Perú, no lo son por Chile 
— Causas presuntas de éste procedimiento. 

Chile en sus relaciones diplomáticas con el Perú, ha pro- 
curado únicamente obtener, para s(, todas las ventajas en 
asuntos comerciales. 



(*) Liquidada esta deuda y todas las partidas de los cargos hechos 
por Chile, inclusive los gastos de las campañas de la Independencia, 
de 1820 á 1823 ; los de la Restauración, y préstamos de dinero, se re- 
conoció á favor de Chile la cantidad do cuatro millones de pesos, en 12 
de Setiembre de 1848. Esta deuda quedó pagada totalmente en 1856 ; 
pero la última partida de 260,000 pesos entregados al Ministro Pleni- 
potenciario de Chile en Lima, don Ramón Luis Irarrázabal, no llegó 
á las cajas de Chile, porque este Ministro abusó de esos fondos, por I 

cuya razón se suicidó en Chorrillos. 



TRATADOS ENTRE EL PERÚ Y CHILE 5 

El tratado de comercio celebrado en 1835, á satisfacción de 
Chile, no llegó á cumplirse por la guerra que ésta declaró á la 
Confederación. Años después (1846) se negoció otro que no 
pudo ser aprobado por el Perú, y éste para manifestar á Chile 
sus buenas disposiciones estipuló en Lima el de 1851, que 
aunque aprobado por el Gobierno, y ratificado por el Congreso 
del Perú, Chile no lo hizo, á pesar de haberse vencido el plazo 
señalado para el canje de las ratificaciones. En vano se esti- 
puló la Convención de 2 de julio de 1«52, prorogando por 
doce meses mas, el plazo para el canje; Chile se negó á veri- 
ficarlo, sin expresar, por escrito ni de palabra, la cau^a de su 
negativa. (Bibl. 207.) 

Firme el Perú en allanar toda dificultad que entorpeciera, 
de algún modo, las buenas relaciones que existían, celebró 
nuevamente un tratado de amistad, comercio y navegación, y 
otro de extradición (23 de Diciembre de 1876) que aprobados 
por el Congreso del Perú el 15 de Febrero de 1877, rijieron 
como leyes del Estado, desde el siguiente dia en que el Ejecu- 
tivo se apresuró á promulgarlos. Trascurrieron diez y siete 
meses sin que el Gobierno de Chile aprobara, modificara ó 
desechara dichos tratados; alegando, unas veces, que las 
Cámaras chilenas estaban ocupadas, aunque se reunian todos 
los años; y otras que juzgaban necesarias ciertas modificacio- 
nes en algunos artículos del tratado de comercio: el Perú 
conyino en las modificaciones propuestas, que se consigna- 
ron en el protocolo firmado el 22 de julio de 1878, que mere- 
ció la aprobación del Congreso y del Gobierno del Perú, el 5 
de Setiembre del mismo año. Sin embargo, Chile continuó 
guardando profundo silencio acerca de ellos, hasta hoy día : 
¿á qué móvil obedecia, ó qué causas imponían semejante 
conducta á este Gobierno ? ¿ todos y cada uno de los artículos 
de los tratados, no se discutieron con calma y se aceptaron por 
los Representantes de las dos naciones; y las modificaciones 
pedidas á los diez y siete meses de firmados los tratados, no 
fueron igualmente aceptadas ? Examinando esos tratados, solo 
encontramos de notable el artículo 17 en el que se estípula 
que : en caso de que surjíeran desavenencias entre ambos 



6 CHILE INTRIGA Y SE ARMA 

países, y no lograsen un arreglo amigable y satisfactorio, 
después de agotar los medios de avenimiento, se someterían al 
arbitraje de una tercera potencia, á fin de evitar un rompi- 
miento definitivo. (Bibl. 207) Este artículo nos dá la clave 
para explicar el profundo silencio do Chile, desde el 22 de 
Diciembre de 1876 hasta el presente, lespecto de los tratados : 
tenia el firme propósito de hacer la guerra al Perú, aliándose 
con Bolivia ; si ésta se negaba, hacerla á las dos, bajo cual- 
quier pretexto, desde que no aceptaba el prudente y civilizador 
principio del arbitraje, que hoy es reconocido en el mundo 
político. 



m 



lutrlg^as y preparativos de Chile eoiiira el Perú 

Sumario: En 1832 excita á Bolivia contra el Perú — En 1866 intenta 
alianza contra el Perú, y propone á Bolivia apoderarse de Arica 
en cambio de Mejillones — Comprobación de estos planes— Loa 
Diplomáticos de Chile reiteran sus propuestas á Bolivia — En 1866 
intenta Chile comprar un monitor, en Norte América, sin noticia 
de sus aliados— Celebra con Esp&fia una Convención, en 1868, 
igualmente privada— Chile desde entonces se prepara contra el Perú 
—El Ministro' de Chile en Washington (1868) dificulta la salida de 
los monitores del Perú — Astucia y descortesía de ese Ministro — 
Chile manda construir blindados y otros buques— Da explicaciones 
á la República Argentina — Renueva en Bolivia las cuestiones de 
límites— Chile protejo la expedición de Quevedo contra Bolivia. 



Chile, acechador constante del Perú, no ha perdonado oca- 
sión para hostilizarlo, mas ó monos encubiertamente, aprove- 
chando las situaciones mas aflictivas y difíciles paráoste. En 
1829 las relaciones del Perú con Bolivia tomaron un carácter 
grave, y quedaron en suspenso hasta el año de 1832, debido 
en gran parte á las intrigas del Gobierno de Santiago. En 
ese intermedio se insinuó al General Saiita Cruz, Presidente 
de Bolivia, la idea de invadir al Perú contando con la cóo- 



CHILB INTRIGA Y SB ARMA 



peracion de Chile. (*) Confiando en esto, Santa Cruz pro- 
puso á Chile como mediador, y aunque el Perú estaba al 
corriente de la intriga, lo aceptrS, pues do le inspiraba temor. 
En el tratado que se celebró con esa mediación, se palpa el 



(*) Las siguientes cartas del Ministro Plenipotenciario del Perú en 
Bolivia, que originales poseemos, y que trascribimos, solo en lo relativo 
á la actualidad, comprueban esos planes. 

Sefíor General don Agustín Oamarra. — Chuquisaca, Octubre 26 de 1832. 
— Las sesiones secretas del Congreso se repitieron en dias pasa- 
dos, con una frecuencia alarmante : como estoy rodeado de espias, segim 
habrá dicho á usted La Torre (el Coronel < no me fué posible hacer uso 
de los medios ordinarios para descubrir su objeto ; al cabo he conse- 
guido saber de un modo positivo que eran promovidas por el Ejecu- 
tivo, á fin de que se le franqueasen facultades extraordinarias para salvar 
el pais de los enemigos interiores, que de acuerdo con los exteriores, 

pretenden atacarlo Puede ser que el plan sea incitar cuanto se 

pueda á los chilenos; excitar como se pueda alguna insurrección en 
el Perú, y entonces invadir nuestros departamentos del sur con cual- 
quier pretexto. ... — P. Antonio de Laton^e, 

Chuquisa, Noviembre 12 de 1832. — Se«or General don Agustín Ga- 
marra, — (Refiriéndose á la renuncia que éste habia hecho de la presi- 
dencia, se expresa asi) : ¿ Qué ha hecho usted, y en qué circuns- 
tancias?; ttinenaxadon de uaa luvanlon por parte de 
Cliile ; con justos motivos de recelar que Bolivia se una á aquel 
Estado; mal seguro el orden interior ¿cómo ha podido usted desoir 
los gritos de su patiiotismo? — P. A, de Latorre, 

Chuquisaca, Diciembre 12 de 1832.— 5c^or General don Agustín Ga- 

marra. — Si hubiese yo tenido que tratar solo con Olafteta, bien 

podia haber legitimado las esperanzas de usted, como lo verá por la 
primera conferencia en que se acordó un tratado aun mejor que el de 
Arequipa ; pero Yrrizarri, Chile, Santa Cruz, y que se yo quienes otros, 
lo echaron á perder, y me fué preciso ceder, ceder y mas ceder. , . . 
Ayer estuvo aquí Yrrizarri; me dijo que antes de ocho dias se iría para 
Chile, por Cobija; su viaje, aunque él supone que solo es por ver á 
la familia, puede tener un plan político: usted sabe que es de distingui- 
dos talentos, y que maneja las intrigas, según la diplomacia Europea : 
bueno será que Villa no se descuide con él, como tampoco con un don 
Facundo Zubiria, cuya fisonomía y modales son idénticos á los de 
Olafieta, cuyo amigo íntimo es, como también del General Santa Cruz ; 
Zubiría es argentino, dice que vá á Chile á asuntos mercantiles. — P. 
A, de la Tatre. 



9 PRl/YBCTOS PÉRFIDOS DB CHILE 

solapado odio del mediador al Perú, y su deseo de favorecer á 
Bolivia, sacando á la vez provecho para sí. 

En 1864, el memorable Almirante español Pinzón, se apode- 
ró sorpresivamente de las islas huaneras de Chincha, y las 
retuvo hasta que alcanzó el tratado de 27 de Enero de 1865, 
en el que consiguió arrebatar al Perú su honra y sus caudales, 
lo que causó la revolución que derribó al Gobierno que lo sus- 
cribió. En el mismo año Chile se veia comprometido en serias 
cuestiones con el Ministro español que reclamaba satisfaccio- 
nes amplias por la parte indirecta que habia tomado en las 
cuestiones de España con el Perú, declarando contrabando de 
guerra el carbón de piedra. El Ecuador también se encontraba 
profundamente resentido con el Perú; porque le atribuía, 
aunque sin fundamento, directa protección al General Urbina, 
en la invasión que éste llevó á su patria. Chile olvidando el 
conflicto en que se encontraba por la reclamación del Ministro 
español, aprovechó el momento, y encargó á su Ájente Diplo- 
mático en el Ecuador don Nicolás Hurtado, que negociara con 
esta nación un tratado de alianza contra España, ó contra 
el Perú; y como entonces dominara en el Ecuador el célebre 
Garcia Moreno, insigne traidor á su patria y á la Amé- 
rica, le fué fácil, al diplomático chileno, conseguir la promesa 
de su alianza, fijando desde luego las bases preliminares 
de tan inicua trama contra el Perú, que en nada habia ofen- 
dido á ninguna de est;is Repúblicas. (Apéndice núm. 1). El 
Ministro del Perú en Quito, comunicó estos hechos á su 
Gobierno el mismo año de 1865, cuando nadie sospechaba que 
existieran tales intrigas, y cuando Chile y el Perú formaban 
ya parte de la alianza contra España. 

En la misma época, esto es, cu indo ya estaba pactada la 
alianza entre el Perú, Chile y Bolivia contra España, Chile 
tramaba la desmembración del Perú en beneficio de Bolivia, á 
trueque de arrebatar á ésta gran parte de su litor¿il. El pro- 
yecto no era nuevo, desde luego, pues que ya en 1832 lo habia 
insinuado; dia á dia se afirmaba en su propósito, y con- 
centraba el modo de ejecutarlo; á la vez que sus mas af imados 
publicistas y hombres de Estado lo sostenían y prohijaban sin 



* 

PROYECTOS PÉRFIDOS DE CHILE 9 

embozo. En 1854 decían: «para fijar los limites del desierto, 
tendremos que afilar nuestros instrumentos de mensura, los 
Corvos, y probarlos en la lanza Boliviana. » (V. Mackenna.) 

El Ájente Diplomático de Chile don Aniceto Vergara Albano 
propuso reiteradas veces al Ministro de Relaciones Exteriores 
de Bolivia y al mismo Presidente Melgarejo, á mediados de 
1866, de&pues de acordado el plan de alianza contra España, 
y al tratar la cuestión pendiente sobre límites; que Bolivia 
consintiera en desprenderse de su litoral hasta el Loa, ó 
cuando menos hasta Mejillones, bajo la promesa de que Chile 
apoyaría á Bolivia para la ocupación armada del litoral perua- 
no hasta el morro de Sama. (Apéndice núm. 2.) La propuesta 
fué rechazada con indignación ; sin embargo esto no ruborizó 
ni amilanó á Chile ni á sus diplomáticos, pues cuando el 
mismo Ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia pasó á 
Chile, en Agosto del mismo ano de 1866, para la conclusión 
definitiva del tratado de límites, ya arreglado, el Plenipoten- 
ciario chileno don Albáro Covarrubias, insistió, con empeño, en 
la demarcación y cambio de litorales, propuesto por Vergara 
Albano. Igual empeño tuvieron muchas personas notables de 
Chile con los Ministros de Bolivia señores Mufioz y Cabrera. 
Obsérvese que la insistencia en el inicuo plan contra la inte- 
gridad de el Perú, fué cuando estaba palpitante el alborozo 
que produjo en Chile la victoria del dos de mayo, alcanzada 
solo por el Perú, sin el menor auxilio de las repúblicas aliadas.. 
¡Cuan lejos estaba el Perú de pensar que la aliada á quien 
consideraba como su mas fiel y agradecida hermana, estuviese 
agotando sus esfuerzos por arrebatarle su territorio, precisa- 
mente en los momentos en que derramaba sus caudales y su 
sangre por vengar el ultr¿ije que aquella sufrió en Valparaiso ! 

Aunque desde el dos de mayo quedaron en suspenso las 
hostilidades contra España, la guerra continuó de derecho. 
Según el tratado de alianza, ninguna de las Repúblicas aliadas 
podía celebrar, ni aun iniciar, convenio ó tratado con el ene- 
migo, sin previo acuerdo ó consentimiento de las otras; sin 
embargo, el Gobierno de Chile, por medio de su Representante 
en Ijóndres, celebró un convenio con el de España, en Enero de 



10 CHILE CELKBRA CONVENIO CON ESPAÑA 

1868, para que el Gobierno inglés permitiera sacar de sus 
diques dos buques blindados para España, el Victoria y el 
Arápiles, en cambio de igual permiso á dos corbetas de 
madera, la Chacabuco y la OHiggins^ para Chile. (Bibl. 
núm. 49.) 

Esta infidencia llevada á cabo á pesar de los esfuerzos y de 
los avisos oficiales del Cónsul General del Perú en Londres, 
don Fernando Cabos, al Ministro Residente en Londres, y al 
de Relaciones de esta nación, solo puede explicarse por el 
propósito que tenia Chile de armarse á toda costa; ¿contra 
quién ? ; no contra España que públicamente habia manifes- 
tado ya su deseo de restablecer la armenia con las Repúblicas 
del Pacífico ; tampoco contra la República Argentina, con la 
cual se hallaba en perfecta paz y amistad, ni contra Bolivia 
ó el Ecuador, con las cuales le ligaban tratados ventajosos, y 
por consiguiente muy cordiales relaciones, pues ya tenia traza- 
dos planes secretos mas ó menos perfeccionados; luego no 
podia dudarse de que se armaba contra el Perú, cuyas rique- 
zas y prosperidad inspiraron siempre á Chile sentimientos 
innobles y manejos indignos contra aquel. Numerosos docu- 
mentos y declaraciones oficiales del mismo Gobierno de Chile, 
publicados en el curso de la presente guerra, asi lo comprue- 
ban. Semejante negociación causó asombro en todos los cír- 
culos que en Europa y Norte-América conocían el estado de 
las relaciones entre Chile y el Perú, y el de éstas con España. 
El Ministro del Perú en Washington, justamente alarmado, 
escribió á su Gobierno, en Abril de 1868, lo siguiente: 

Legación del Peíü 

VS^ashington, 8 de Abril de 1868. 
Señor Ministro : 

La prensa <ie Europa y de este pais, acaba de revelar 
un hecho llamado á influir de un modo pernicioso en la 
guerra que las Repúblicas aliadas sostienen con España, y es 
de estrañar que nuestro Representante en Londres no haya 
creído de su deber, instruir á esta Legación de ese grave 
suceso. 

« La versión que encontrará US. en el adjunto fragmento de 



BL CONVENIO ENTRW CHILE Y ESPAÑA 11 

UD díariOy manifiesta que los Ministros de España y Chile en 
Londres, de común acuerdo, se dirijieron á Lord Stanley, en 
Enero último, en solicitud de que se les permitiese extraer del 
Reino Unido los buques armados que su? Gobiernos tenian en 
esa juiisdiccion, asegurando que el Perú asentía expresar- 
mente á ese convenio ; y que alcanzaron la autorización á 
pesar de las protestas del Representante peruano., bajo pro- 
mesa de <^ada una de las dos partes, de que sus buques no ata- 
carían á los de la otra en su viaje de Inglaterra á los puertos 
de las respectivas naciones. 

« No es posible apreciar por las reglas del criterio común, la 
conducta de Chile en ese asunto. Las reflexiones que sujiei*e 
ese hecho verdaderamente anómalo y que ha sorprendido á 

todoS) son tan poco favorables á la sensatez como á la buena i 

fé y á la lealtad de nuestro aliado. Durante las operaciones 
activas de la guerra^ Chiles el inas irritado de los contendor 

reSy no hízo^ en d deseo de armarse^ ningún esfuerzo extraor- ^ 

dinarioj ni fué como aliara hasta el sacrificio del amor 
propio. Después de dos años de una paz de hecho que la 
impotencia ó el cansancio de los beligerantes han revestido, 
puede decirse, de la autoridad moral del derecho que la diplo- 
macia no le ha consagi'ado aún por medio de pactos expresos, 
Chile, aliviado por el tiempo, de la amargura que le ocasionara 
el bombardeo de Yalparaiso, desatendiendo sus mas serios 
deberes, relajando sagrados compromisos que el común asen- 
timiento no ha disuelto todavía, apártase extrañamente de la 
alianza ; y ofreciendo un ejemplo desconocido en la memoria 
de las aberraciones políticas, se asocia al enemigo, y celebra 
con él, acuerdos incaliflc¿ibles que aseguran al adversario una 
preponderancia manifiesta en la guerra, facilitándole la es- 
tracción de poderosos blindados, que el celo y la previsión del 
Perú habia» hecho arraigar en Londres hasta que se firmase 
la paz entre España y las Repúblicas aliadas. 

< Hay una alternativa indeclinable para Chile en la extraña 
actitud y en la reserva de su política actual: se encamina á la 
paz ó persiste en 1 1 guerra. Si lo primero, nada puede excusar 
su irreflexiva condescendencia con que ha faciütado á España 



12 EL CONVENIO ENTRE CHILE Y ESPAÑA 

el Único medio de aumentar su poder antes de que se obligue 
por un tratado, alentándola á reagravar la situación de los 
aliados con exigencias caprichosas, é inaceptables condiciones 
á que de ordinario se inclina la arrogancia de un poder inven- 
cible. En los anales de la guerra no ofrece quizá un solo caso, 
la historia del mundo, de que un beligerante haya coadyuvado 
deliberadamente á mejorar la condición de su adversario en la 
esperanza de merecer su favor. La paz no se alcanza de esa 
manera, y si se obtiene, es seguro que no dejará ilesa la honra 
del que así la mendiga, deponiendo la noble altivez con que 
primero se defendiera. La política no tiene otros resortes 
que los del corazón humano. Chile pudo recordarlo siquiera 
para apreciar el éxito de sus propósitos. Si lo segundo, es 
también lastimosa su aberración en el camino que ha tomado. 
Por honda que fuese en su dia la herida que el 31 de Marzo 
recibiera el sentimiento nacional de nuestro aliado, y aunque 
muy sobrexitado estuviese hoy mismo su ánimo, no podia 
considerar, sin ofensa al propio buen sentido, un medio ra- 
zonable de llegar á ese resultado, alterar el poder respectivo 
de los beligerantes, ensanchando considerablemente las fuer- 
zas navales de su adversario. Y no puede dudarse de que 
esto último ha sucedido. I^s Ministros públicos, los jefes de 
marina, los emisarios secretos, todos, en fin, cuantos de Chile 
han ido á Inglaterra, saben perfectamente que los acorazados 
españoles Victoria y Arápiles son poderosas máquinas de 
guerra ante las cuales seria ridículo pretendiesen siquiera 
presentarse las nuevas corbetas chilenas O'Wqgins y Chaca-- 
buco ; y sin embargo de esto, Lord Stanley aseguró en el par- 
lamento inglés que los buques españoles y chilenos, cuya 
salida habia permitido — «se compensaban » ; — aseveración 
contraria á la verdad, de lo que es responsable el Ministro de 
Chile que lo hizo consentir asi al Secretario de Negocios Ex- 
tranjeros de Inglaterra, con la mira de cohonestar su propia 
conducta, aunque en realidad comprometía mas seriamente su 
honra. 

€ Sin detenerme en otro género de consideraciones que juzgo 
prudente excusar, es imprescindible reconocer que el paso 



EL CONVENIO ENTRE CHILE Y ESPAÑA 13 

dado por Chile no so encamina ni á la paz ni á la guerra con 
España, que es otro su alcance, otra la tendencia de su polí- 
tica: toda suposición sobre cualquiera de aquellos dos extremos 
es inconsistente y aun absurda- 

« ¿ Qué ha podido, pues, inducir á Chile á obrar de la mane- 
ra que lo ha hecho?; yo no me anticiparé á manifestarlo, 
bástame, en cumplimiento de un sagrado deber que el patrio- 
tismo me impone, llamar seriamente la atención del Gobierno 
sobre dos hechos principales á que antes he aludido ; el des- 
ordenado empeño de Chile en sacar sus buques de Inglaterra 
cuando la guerra languidece y espira, favoreciendo manifies- 
tamente á España, á despecho de la resistencia y de las pro- 
testas de su aliado, y la seguridad que tiene el Gobierno de 
Chile de que sus corbetas son de todo punto impotentes para 
castigar el incendio de Valparaiso y, en consecuencia, que no 
ha podido tener en mira ese objeto para la estraccion de 
aquellas. Deteniendo seriamente su mirada en los anteceden- 
tes y en el carácter de las relaciones entre el Perú y Chile, 
cuya perturbación seria funesta á ambos países y un nuevo 
escándalo en América, US. podrá medir exactamente la ten- 
dencia y alcance de lo que se ha hecho, darse cuenta del 
destino de esos buques, que se solicitan festinatoriamente á 
última hora ; si se les llama acaso del Pacífico, si se les nece- 
sita allí, y conjurar con prudencia y firmeza toda alteración 
de la paz entre las dos Repúblicas. 

« Admitido el hecho como existe, me propongo en algunos 
dias mas llamar sobre él la atención del Departamento de 
Estado de este Gobierno, como precedente internacional que 
manifiesta haber cesado Inglaterra en su posición de Estado 
neutral, por juzgar terminada de hecho la guerra entre España 
y las Repúblicas del Pacíilco. Si el honorable señor Seward 
se manifiesta dispuesto á fundar en ese precedente una decla- 
ración análoga á la que ha hecho Lord Stanley en el parla- 
mento Británico, esto es, que su Gobierno considere concluido 
el estado de guerra por no haber continuado las hostilidades 
activas entre los belijerantes en los últimos dos años, procu- 
raré fundar en ese principio el derecho consiguiente que nos 



14 NEGOCIACIÓN SECRETA DE CHILE 

resulta de armar buques en este pais, ó lo que es lo mismo, de 
sacar de él los que ya poseemos.— Soy de US. muy atento ser- 
vidor. — (Firmado) — J. A. Garda y Garda. — Al Exmo. 
señor Ministro de Relaciones Exteriores del Perú en Lima. » 
No fué esti, sin embargo, la primera vez que Chile obser- 
vase tan innoble conducta, k flncs de 1866 hizo esfuerzos para 
comprar á ocultas, y sin el mas lijero aviso á sus aliados, el 
vapor blindado americano Idaho^ (después Dunderberg); y 
como su Ministro en Washington, Astaburuaga, no ocultó 
estas negociaciones tanto como lo deseaba su Ministro de 
Relaciones Exteriores, señor Covarrubias, fué relevado por 
otro, para que las continuara. (*) 



(*) De una carta escrita á fines de 1866, son los siguientes párrafos: 

El sefior Covarrubias era entonces Ministro de delaciones Exteriores 
de Chile. 

El señor Asta Buruaga, habia sido por muchos afíos valeroso repre- 
sentante diplomático de aquella República en los Estados Unidos. 

Se trataba de comprar á ocultas, para que el Pero qo lo supiese, el vapor 
Llaho. 

£1 señor Covan-ubias acusaba al Gobierno americano de enemigo, al 
patriota Asta Buruaga de desleal ! y tanto que lo relevó dol destino 
que habia desempeñado con tanto celo como pobreza. 

£1 señor Covarrubias no admitía la paz sino con previa satisfacción por 
el bombardeo de Valparaíso. 

La carta dice, entre otras cosas : 

« £s ahora, con fecha 16 de noviembre, después de la queja del 
señor Pardo, (Ministro del Perú en Santiago) después d« las discusio- 
nes en la Cámara de Chile, y de conocerse que el Perú acepta las bases 
de arreglo que solo una insensata presunción ó un pueril capricho 
pueden rechazar, es ahora que se dan órdenes para renovar la negocia- 
ción de compra del Dunderberg , á la vez quo se retira de su cargo al 
señor Asta Buruaga, quizá porque ha procedido franca y lealmente. 

«Sé que se le acusa do haber dado conocimiento de esa orden qw 
86 ka qiiti'ido tener oculta 

« £n las relaciones que entre el Perú y Chile existen, cuando corren 
iguales peligros y mezclan su sangre en los combates, cuando marchan 
á un fin común confundiendo sus elementos, y cuando la acción debo 
ser unida para darle eficacia, no puede haber reserva entre los llama- 
dos á obrar lejos de sus gobiernos. 

« La falta de completa franqueza, do una absoluta lealtad minarla ¡ 



CHILE BSTORVA AL PERÚ ARMARSE 15 

El Perú á su vez quiso aprovechar del ejemplo, dado por 
Chile, para sacar de Estados Unidos los Monitores Catawba y 
Oneoto, (después Atahualpa y Manco Capac), que estaban 
detenidos eu virtud de la neutrahdad. El Plenipotenciario 



por su base la alianza, y destniiria los fratos que sus partidarios hemos 
esperado de ella, . . . 

« ¿ Acaso con palabras se ha conseguido nunca la destrucción de 
escuadr&s como la española, y la humillación de una nacionalidad com- 
pacta 7 patriota? 

« En este siglo de cwüizacion y de pHneipios humanitarios^ la apela- 
don al •juicio de Dios » ha caido en desuso^ y gracias á ello las nacio- 
nalidades pequeñas y endebles tienen una existencia propia en las fronteras 
mismas de las grandes potencias, 

« Las conquistas^ las anexiones reposan hoy en otras bases : la tenden- 
cia á la unidad de las razas^ á la fusión donde los intereses materiales 
son idénticos y han suplantado á la clava y el rifle, 

• El mote de Chile que en otros tiempos era el símbolo de una civili- 
tadon transitoria que aceptaba los medios de independencia y libertad qí^e 
lucJiában ; ese lema, indicio entmces del pasado y del porvenir, hoy choca al 
buen sentidOt porque aún las grandes potencias se avergüenzan de apelar á 
la < Fuerza > desembozadamente. La « Baeon • es hoy la dominadora del 
mundo, y por esto es que este cambio de ideas, de principios radicales en la 
gerencia de la humanidad, la alianza de ku cuatro repúblicas dd Padfieo 
levanta su voz con energía, la hace retumbar en todo el mundo, é impone á 
las naciones fuertes. 

• Tenemos la Razón de nuestro lado, y ella nos dá la Fuerza, que 
aunque moral, e^ bien superior á la que en épocas remotas ostentaban países 
mas poderosos que nosotros, 

c Pero la conservación de et<e poder moral que hemos conquistado, 
depende muy principalmente de que sepamos conñnamos dentro de 1h 
esfera que nos lo brinda, huyendo de la ridicula ostentación de confianza 
en una fuerza material que no poseemos, porque si damos derecho á otro 
para prescindir de la fuerza de la justicia y apelar á la de los caño- 
nes, si nos colocamos fuera de la órbita de ideas que imperan en las 
naciones civilizadas, bien pronto revelaremos que nuestro poder mate- 
rial ofensivo, no está en relación con el moral que derivamos de los pro- 
gresos de la humanidad. 

«Justamente es Chile el que recoge los frutos de esos progresos de 
la civilización en las simpatías que le manifiesta el mundo por el bom- 
bardeo de Valparaíso .... 

. . • . < £1 hecho en si mismo, a^{ como el principio, ha recibido una 



16 CHILE ESTORVA AL PERÚ ARMARSE 

peruano, don José A. García y Garcia, solicitó del Ministro de 
Relaciones Exteriores de los Estados Unidos (Abril 14 de 1868) 
que declarara la cesación de la neutralidad, en virtud de 
existir de hecho la paz entre España y las Repúblicas del 
Pacífico, como lo comprobaba la Convención celebrada en 
Londres, pocos meses antes, (en Enero) entre Chile y España, 
para sacar buques de guerra de los astilleros de Inglaterra. 
El Ministro Americano contestó que no teniendo su Gobierno 
nota oficial de aquella convención, nada podia resolver, sin 
exponerse á incurrir en error ó lijereza. El Plenipotenciario 
peruano creyó allanar la dificult id trascribiendo al Encargado 
de Negocios de Chile en Norte-América, copia de los dos 
oficios, y pidiéndole cortezmente (Abril 22) que le diera cons- 
tancia oficial de la Convención celebrada en Londres j pero el 
Diplomático chileno eludió dar el informe, y promovió sobre 
esto una cuestión agria y descortez, que gracias á la pruden- 
cia del señor Garcia y Garcia, quedó aplazada hasta que el 
mismo Ájente de Chile, meses después (Julio 17) le avisó que 
recientemente habia recibido notáis de su Gobierno, en las que 
le daba constancia oficial del Convenio celebrado en Londres, 
para sacar de los puertos ingleses buques y otros artículos de 
guerra. Posteriormente el Gobierno de Norte-América (Se- 



condenacion universal, y la victoria moral en el antagonismo de la Razón 
y la Fuerza, ha sido dada á Chile, á quien se le ha perdonado su 
olvido de que luchaba con la Nación que mantiene aún la bandera 
reaccionaria, y cuyos esfuerzos se encaminan á retrogradar á los tiempos 
de Felipe II, en recompensa de su resignación por dar aplicación prác* 
tica á una reforma ambicionada por todos los pueblos civilizados, pero 

retardada por todos los gerentes de la Fuerza 

. . , . « Nosotros, que tenemos intereses de importancia en el mar y 
una dilatada costa, no podemos permanecer en un estado de casi-guerra, 
que nos obligaría á mantener constantemente fuerzas marítimas y ter- 
restres superiores á nuestros medios ; no podríamos quedar expuestos á 
las excursiones de los buques de guerra españoles desde Manila, sobre 
nuestras islas y costas; no podríamos revelar al mundo una importancia 
palpable, unida, á una pretensión exótica en este siglo, de apelar al 
c juicio de Dios • para resolver cuestiones que pueden ser resueltas 
honrosamente por él juicio de la razón. » 



CHILB ESTORBA AL PERÚ ARMARSE 17 

tiembre 8) permitió la salida de las monitores, sin restricción; 
ni condición alguna. (*) 

¿Qué significaba pues la resistencia del Diplomático chi- 
leno, en Norte-América, para que el Perú sacara sus buques 
de esos puertos, cuando Chile se habia anticipado á hacerlo, 



(•) Legación del Perú— Nueva York, 16 de Mayo de 1868 —S. M.— 
En el cuerpo de mi despacho reservado número 18 refería US. inciden- 
tal mente que el Encargado de Negocios de Chile en este país, hahia 
rehusado dar una seguridad oficial sohre la Convención celehrada en 
Londres entre Chile y España, para la estraccloii de huques de guerra ; 
y acompañé copia de las comunicaciones que habíamos cambiado sobre 
la materia. Ese funcionario tuyo á bien dirijirme la desatenta y ofen- 
siva nota que adjunto, bajo el número*l", en contestación á mi despacho 
fecha 27 de Abril, tan sano en su espíritu, como cortés en su forma, 
apegar de la extraña é inesplicable conducta á^\ Ájente de Chile. Me 
ha sido imprescindible contestar ,ese impropio documento en los tér- 
minos que verá US. en la copia núiiiero 2, con lo cual he puesto fin, al 
menos por mi parte, á la cuestión. 

Solo á estas dos pausas puede atribuirse la conducta del señor San- 
chez Fontecilla en esta ocasión ; la conciencia del mal proceder de Chile 
que ha roto la alianza al arreglarse con España para sacar buques de 
guerra de Inglaterra, ó. el deseo de estorbar que el Perú extraiga de 
esta República los buques que en ella ha comprado y que le asegu- 
I aran la omnipotencia de los mares entre los Estados del Pacífico. De 
lo primero no puede vindicarlo este nuevo error ; para lo segundo pesa 
muy poco^su influencia en los Estados Unidos.-^Soy de US. muy atento 
servidor.— J. A, Oarcia y Qarcia, — Al Exmo, sefíor Ministro de Btla* 
dones Exteriores del Ferú—Lima, 



Legaron del Pcró.— Nueva York, 12 de Agosto de 1868.- Señor: El 
enojoso incidente que me obligara á tratar al Encargado de Negocios de 
Chile con firmeza y severidad proporcionadas á la inconveniencia de 
BU actitud y de sus palabras, sobre lo cual tuve el honor de instruir á 
US. oportunamente, ha tenido un resultado harto satisfactorio para 
mí. La copia número 1 manifestará á US. el cambio operado en dicho 
Ájente Diplomático no solo en cuanto al objeto primordial de nuestra 
mala intelijencia, sino respecto del lenguaje de que se sirve. Com- 
pi^ndese fácilmente que esta modificación se debe á órdenes de su 
Gobierno, que como era de suponerse, no podía aceptar sin compro- 
meter BU delicadeza, la violenta é inexplicable conducta del señor San- 
chei Fontecilla. He contestado á éste con la debida moderación en ios 

T. 1. 2 



18 CHrLE AUMENTA SU MARINA 

furtivamente, y con violación flagrante de un tratado actual é 

imperioísamente exijible? la contestación es obvia. 

En 1871 tenia Chile cinco buques de guerra, con 38 caño- 
nes, y cuatro trasportes, « fuerza suficiente para atender á las 
necesidades del servicio ordinario, mas no para el caso de 
guerra con una nación marítima» (Bibl. núm. 147— ano de 
1871), por cuya razón el Gobierno, autorizado por el Congreso, 
mandó construir dos buques blindados de gran poder, el 
Corkranp- y el Blanco Encalada^ la cañonera Magallanes^ 
y el trasporte Tolten, destinando para esto poco menos de tres 
millones de pesos fuertes, en circunstancia en que su erario 
estaba exhausto, y la hacienda pública sin poder reponerse de 
los graves quebrantos que venia sufriendo desde años ante- 
riores, como luego lo manifestaremos: á pesar de todo, levantó 
un empréstito con el exclusivo objeto de pagar los dos blinda- 
dos. Si á esta circunstancia se agrega la de que en esi 
época Chile no solo se hallaba en la mas completa paz con 
todas las naciones, inclusive Espina, (con quien ya se habia 
firmado el armisticio de 11 de abril de 1874, según el cual no 
podian renovarse las hostilidades hasta tres años después de 
declarar que seguiría la guerra, lo que equivalia á establecer 
una verdadera paz) sino que ni remotamente podia presumiese 



términos qne verá US. en la copia número ^. — Soy de US. mny atento 
servidor.— J. A. Garda y Garda. -Al Exnio, señor Ministro de Bela- 
dones Exteriores del Perú. 



Washington, julio 17 de 1868.— Señor: Me es satisfactorio poder co- 
municar á US. U. que recientemente he redbido de mi gobierno^ notas en 
que se me da constancia oficial del Convenio celebrado en Londres entte los 
Representantes de Chile y España para sacar de los puertos ingleses buques 
y otros artículos de guerra. 

Si ahora como antes, tuviese US. H. algún interés en obtener seguri- 
dades oficiales, acerca de dicho convenio; me complaceria en darlas^ 
esperando al efecto una indicación de US. H. 

Aprovecho esta oportunidad para reiterar á US. H. la expresión de 
mi distinguida consideración y aprecio.— Af. Sánchez de Fontecilla. — 
Señor doctor don José Antonio Gurda y Garda. — Enviado Extraordinario 
y Ministro Plenipotenciario del Pet*ú en los EE. üü. de América, 



CHILB PROTBJB LA CRUZADA DB QUBVEDO 19 

que le sobrevinieran cuestiones capaces de conducirla á la 
guerra marítima; ¿cuál era pues el peligro que la amagaba 
y la obligaba á, hacer tan grajides sacrificios para ponerse 
en guardia con tan poderosos elementos? ¿de qué Nación temia 
ser invadida, ó qué grave cuestión de honor tenia pendiente 
que la obligara á prepararse para la guerra, con prescinden- 
cia de sus mas urjentes atenciones en el interior ? los hechos 
posteriores dan la contestación. 

La República Argentina alarmada, al ver estos preparati- 
vos, pidió explicaciones, y Chile se las dio amplias, asegurán- 
dole que las cuestiones de límites jamás servirían para suscitar 
conñictos dolorosos, que á todos dafiarian (oficios de Enero 10 
y 1 1 de 1872. — Bibl. 145, pág. 23) ; sin embargo tenia motivos 
para armarse por mar, pues había resuelto apoderarse del 
litoral de Bolivia, hasta el paralelo 23, so pretexto de las difi- 
cultades que presentaba la mancomunidad de intereses en ese 
territorio, pactada, inconsultamente en el tratado de 1866; 
y creía que el Perú terciaria en esta cuestión, que afectaba sus 
intereses salitreros, y otros internacionales. Guiada de este 
propósito, Chile acreditó cerca del Gobierno de Bolivia, con el 
carácter de Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario 
á don Santiago Linsay, dándole instrucciones para que enta- 
blara las gestiones complementarias de ese tratado (Abril 10 — 
Bibl. 141, pág. 153). Luego veremos el jiro que tomó esta 
cuestión. 

El político menos perspicaz no dejará de conocer que esos 
dos poderosos blindados estaban destinados á sojuzgar al Perú, 
única República eu el Pacífico que podía contener á Chile ; 
tanto mas cuanto que la orden de construirlos coincidía cou 
las tentativas, ó mejor dicho, con los aprestos que el General 
boliviano don Quintín Quevedo, hacia en Chile bajo la protec- 
ción de este Gobierno, esperanzado en que le cedería la parte 
del litoral boliviano, desde Mejillones al Sur: y no es por cierto 
de suponerse que á no tener por segura una complicación 
externa con motivo de tan atentatorio é inicuo intento, hubiera 
de prepararse Chile con poderosas naves, para sostener sus 
pT*etens¡ones sobre el litoral de Bolivia, á la que podía sujetar 



20 ACTITUD DEL PBRÜ 

con el mas insignificante barquichuelo. Mas por entonces quedó 
desbaratado el plan proyectado, por la negativa del General 
Quevedo á las exigencias de Chile, por la actitud del Gobierno 
del Perú que advertido de lo que se tr.itaba, mandó al Sur, 
al Huáscar y al Chalaco para que observaran atentamente 
lo que allá pasaba : pues algunos buques de guerra de Chile se 
encontraban en Mejillones : á la vez advertía á su Ministro 
Diplomático en Chile, del peligro y alarma que causaban al 
Perú los preparativos de aquel Gobierno, y que asi lo mani- 
festara á su Ministro de Relaciones Exteriores. (*) 



(*J Ministerio de Relaciones Exteriores. — Señor Ministro del Perú 
en CAt/e. — Lima, Agosto 28 de 187'i.— De poco tiempo á esta parte 
ha candido cierta alarma en este pais, con motivo de los armamentos 
qae, según se sabe, está haciendo el Gobierno de Chile, y especialmente 
por la compra de dos buques blindados de gran poder, que los Aj entes 
chilenos han mandado construir con cierta reserva en Inglaterra. Esa 
Alarma ha crecido últimamente con la noticia de la llegada del General 
don Quintin Quevedo y su cruzada al litoral boliviano, y en cuya expe- 
dición se atribuye cierta ingerencia al Gobierno de Chile. 

Después de estos hechos, se ha sabido, con extraordinaria sorpresa» que 
la escuadra chilena se habia presentado en Mejillones y Tocopilla casi 
al mismo tiempo que don Quintín Quevedo desembarcaba en las costajs 
de Bolivia. Las sospechas acerca de la ingerencia de Chile, han venido 
á robustecerse mas todavía; y no es pues extraño que tai es hechos, que 
pueden tener una significación gravísima, hayan llamado la atención 
pública, de las Cámaras y del Gobierno. 

US. sabe que la cuestión de límites entre Bolivia y Chile no ha 
llegado aun á arreglarse, y presenta serias dificultades para su solución. 
En tanto que aquella República, apenas salida de una terrible crisis 
revolucionaria^ ha estado ocupada en su organización interna, Chile 
86 ha contraído á preparar sus elementos de guerra y fuerza naval, 
cuando no tenia motivo ninguno especial que la aconsejara precaverse 
de enemigos exteriores. No es, pues, arriesgado suponer que tales 
preparativos hayan tenido una mira hostil y agresiva, cuando no se 
explican por la necesidacl de la defensa. 

El Gobierno del Perú, en vista de eiatos antecedentes, y ante la 
gravedad de los sucesos apuntados, no puede permanecer espectador ó 
indiferente. La situación que se viene creando en el litoral boliviano, 
es harto grave; y es por consiguiente necesario que la bandera del Perú 



IV 



Chile y la aduilulütraeloii Pardo en el Perú. 



Sumario: Mala voluntad de Chile al Gobierno de Pardo — El Perú re- 
cibe avifiOB de los preparativos bélicos de Chile en 1872 — Se inician 
conferencias sobre el tratado de alianza — Se solicita la adhesión 
de la República Argentina — Causas que la impidieron— Chile fué 
la causa principal de que se celebrara ese tratado defensivo- 
Chile inició en otra época, con el Perú, tratados de alianza oft^nsiva 
7 defensiva — Las naciones vecinas del Perú y Bolivia no se han 
dado por agraviadas, ni amenazadas por el tratado, escepto Chile— 
Chile conoció el tratado desde que se inició— Causas que influye- 
ron para el tratado de 1874 entre Chile y Bolivia— 151 Ministro de 
Chile en el Perú, don Joaquin Godoy, promueve cuestiones — El 
Grobiemo del Perú pide su relevo— Chile activa la conclusión de 
BUS blindados — Se provee de elementos de guerra y de personal 
—Organiza la Compañía Sud Americana, de navegación por vapor 
—Las bases de este contrato prueban las intenciones de Chile — Pro- 
mueve á Bolivia nuevas cuestiones, y protejo la primera expedición 
de Piérola — Efectos de esta expedición— Piérola prepara en Chile 
BU segunda expedición contra el Perú — Chile ha protejido siempre 



esté allí representada. Con este motivo se ha dispuesto que el Huáscar 
y el Chalaco zarpen para el sur. 

TJS. al recibir la presente nota, solicitará una conferencia del Exmo. 
sefíor Ibafiez para expresarle los vivos deseos que animan al Gobierno 
del Perú, de que Chile y Bolivia, ligados por tantos vínculos de común 
interés, arreglen sus cuestiones pendientes de una manera honrosa y 
satisfactoria para ambas partes. 

Así mismo manifestará US. á ese Gobierno que el del Perú, que en 
todo caso verá con sumo sentimiento la interrupción do las amistosas 
i^elaciones entre esos dos países, no puede ser indiferente á la ocupación 
del territorio boliviano por fuerzas extrañas. « 

S. E. el Presidente confia en que US. interpretando fielmente las 
miras y el espíritu de confraternidad americana, que lo anima, tratará 
este asunto con la sagacidad y prudencia que él requiere, y de que 
US. ha dado tantas pruebas; comunicando á esie despacho el resuN 
tado de sos gestiones.— Dios guarde á US— J. de la RivaA/jíiero. 



22 MALA VOLUNTAD DB CHILE Á PARDO 

á los revolucionarioB de las Repúblicas vecinas — El General Prado, 
como amigo de Chile, es seguridad de paz— Chile pensó promover 
al Perú cuestiones con el Ecuador. 



La mala voluntad de Chile al Perú, se marcó de un modo 
mas notable, desde 1872. Parece que la persona del Presi- 
dente don Manuel Pardo, no le inspiraba confianza, olvidando 
que por razón de haber residido allá, en su juventud, al lado 
de su padre el ilustrado* don Felipe Pardo, (que mereció el 
aprecio de las personas mas notables de Chile, por cuya causa 
tenia á ese pais tan distinguido y constante afecto), debia 
suponerse que su hijo correspondiera á tan buenos recuerdos; 
lo cierto es que la prensa de Chile fué hostil á su Gobierno; 
mas no por esto elevó quejas: no procedia del mismo modo 
el Ájente Diplomático de Chile en Lima, quien no perdonaba 
ocasión de manifestar la mala voluntad de su Gobierno y de 
su pais, elevándolas aun por los juicios mas individuales de la 
prensa peruana, sobre algún acto de la política de aquel. 

El Gobierno y varios Senadores del Perú recibieron enton- 
ces avisos de Europa de los preparativos de Chile y de su 
intención hostil al Perú; pues los jefes y oficiales de Chile 
encargados de vigilar la construcción de los blindados, prego- 
naban que esos buques se destinaban para contener al Perú. 
Al mismo tiempo el Plenipotenciario peruano en Bolivia y el de 
ésta Nación en Lima manifestaban las exigencias del Plenipo- 
tenciario chileno en la Paz; todo lo cual hacia ver bien claro 
la peligrosa situación de ambas naciones. En tal emerjencia, 
el Congreso del Perú votó fondos para que se construyeran 
dos buques blindados, capaces de contenerá los que armara 
Chile; á la vez el Gobierno peruano dio seguridades al Pleni- 
potenciario de Bolivia,- Benavente, de que el Perú le prestaría 
su apoyo para rechazar las exijencias de Chile que conside- 
rase injustas ó atentatorias á su independencia. (*) 



(*) Sesión del 19 de noviembre de 1872. — Reunidos los señores Ministros 
que suscriben, bajo la presidencia de S. E. el Presidente de la Repú- 
blica^ dio cuenta el señor Ministro de Relaciones Exteriores, de dos oñcios 



BL TRATADO DE ALIANZA 23 

No podia ser mas evidente el peligro en que se encontraban 
Bolivia y el Perú, asi como los actos en que se fundaba esta 
opinión. Para precaverse, y como consecuencia de lo ofre- 
cido al Plenipotenciario de Bolivia, se celebró el tan memo • 
rabie tratado de alianza defensiva, firmado en Lima el 6 de 
Febrero de 1873, que por sus grandes consecuencias copiamos 
en seguida: 



del Encargado de Negocios del de Bolivia, en que hace presente el mal 
estado en que se hallan los arreglos de esa República con la de Chile, á 
consecuencia de negarse el Ministro chileno á la entrega de las armas quo 
el General boliviano Quevedo depositó en los buques de guerra de la 
marina chilena, cuando se asiló en ellos perseguido por las tropas del 
Gobierno de Bolivia; y mas que todo, por la intervención que pretende 
tener, el Gobierno de Chile^ en las aduanas de Antofagasta y Cobija, y en 
el nombramiento de Sus empleados ; asi como en la repartición de terre 
nos : agregó el señor Ministro que, en una conferencia á que lo habla 
invitado el aefior Ministro Benavente, le ratificó éste las noticias de 
nuestro Enviado en Bolivia; y le dio parte de avisos oficiales y pri- 
vados que habia recibido acerca de los actos que practican el General 
Quevedo y otros emigrados bolivianos, actualmente residentes en el 
Sur del Perú, con el objeto de trastornar el orden en Bolivia, por 
medio de una revolución : que la presencia de éstos en el litoral del 
Perú es sobre manera azarosa á Bolivia; tanto man cunnto que ellos 
propalan que esperan recursos de Chile para realizar, con seguridad, el 
plan que ee proponen : que Bolivia no podrá jamás acceder á las exi- 
gencias iucalifícnbles de Chile, pretendiendo ejercer actos de soberanía 
en territorio boliviano; y que es de temer que aprovechando el Gobierno 
chileno de las revueltas que algunos malos bolivianos susciten, y abu- 
sando de su fuerza marítima, trate de apoderarse de alguna parte del 
litoral boliviano, para ejercer presión sobre su Gobierno, protejiendo ya 
de un modo directo á los revolucionarios; que estos graves aconteci- 
mientos no podían dejar de afectar los intereses del Perú, que se hallan 
íntimamente ligados con la independencia é integridad de Bolivia; 
ademas de influir sobremanera en la supremacía que el Perú tiene, y 
está llamado á conservar en el Pacífico; que el Gobierno de Bolivia 
aliado siempre á la política franca y noble del Perú está ahora, mas 
que nunca, decidido á seguir los sanos consejos de ésta República, y 
cuenta con su poderosa ayuda en la contienda á que quiere conducirlo 
el tono imponente de Chile; y que estaba cierto que las pretensiones 
del Gobierno chileno cesarían desde que supiese que el Perú no dejaría 
solo á Bolivia en esta cuestión : que desde luego el Gobierno debia im- 



24 EL TRATADO DE ALIANZA 

« Las Repúblicas de Bolivia y del Perú, deseosas da estre- 
char de una manera solemne los vínculos que las unen, 
aumentando así su fuerza y garantizándose recíprocamente 

ciertos derechos, estipulan el presente Tratado de 

Alianza defensiira; con cuyo objeto, el Presidente de 
Bolivia ha conferido faciíltades bastantes para tal negocia* 
cion á Juan de la Cruz Benavente, Enviado Extraordinario 
y Ministro Plenipotenciario en el Perú, y el Presidente del 
Perú á José de la Riva- Agüero Ministro de Relaciones Exte- 
riores; quienes han convenido en las estipulaciones siguientes: 

Artículo L— Las altas partes contratantes se unen y ligan 
para garantizar mutuamente su independencia, su soberanía, 
y la integridad de sus territorios respectivos, obligándose en 
los términos del presente Tratado á defenderse de toda agre- 



pedir que 'los bolivianos asilados en la costa del Sur continuasen pertur 
bando desdé su ámlo la tranquilidad de Bolivia, mandando qué sean 
inteimados á una distancia desde donde no les sea fácil contiiiuar 
sus maniobras; y que podia ejercer sus buenos oficios ofreciendo su 
mediación para que se termine, de una manera pacífica, los arreglos 
entre Bolivia y Chile. Agregó» el señor Ministro de Relaciones Exterio- 
res que atendida la gravedad del asunto, el Ministro boliviano consignó 
por escrito los puntos de la conferencia, y que por lo mismo él se habia 
abstenido de dar una contestación inmediata, y habia solicitado un plazo 
para contestar con el objeto ^e someter, como sométia, el asunto á la 
deliberación del Consejo. Discutida la cuestión de un modo detenido, 
y alegadas por S, E. el Presidente y los miembros del Consejo las 
razones de justicia, de política y de conveniencia que asisten al Perú 
para no permanecer frío espectador en un asunto de vita} importancia 
para Bolivia, y de ^an trascendencia para aquel, se acordó contestar 
al Ministro boliviano que, el Gobierno del Perú no tendría inconveniente 
para ordenar la internación de los bolivianos que se habían armado 
para derrocar las instituciones de su pais, y que continuaban en ésa 
actitud, abusando del asilo que han buscado y obtenido en el Perú, 
siempre que el Gobierno de Bolivia lo demandara formalmente; y 
que el Gobierno peniano prestara su apoyo al de Bolivia para rechazar 
las exigencias de Chile que considere injustas y atentatorias á la indepen- 
dencia de Bolivia: con lo que concluyó el acto. — PARDO. — J, Miguel 
Medina. — J. de la Biva- Agüero. ^Francisco Rosase—José Eusebia Sán- 
chez '^J. Maria de la Jara. 



EL TRATADO DE ALIANZA 25 

síou exterior, bien sea de otro ú otros Estados independientes, 
ó de fuerza sin bandera que no obedezcan á ningún poder 
reconocido. 

Art. 11. — La Alianza se hará efectiva para conservar los 
derechos expresados en el artículo anterior, y especialmente 
en los casos de ofensa que consistan: 

1°— En actos dirijidos á privar á algunas de las altas 
partes contratantes de uria porción de su territorio, con áninio 
de apropiaráe su dominio ó de cederlo á otra potencia. 

2« — En actos dirijidos á someter á cualquiera de las altas 
partes contratantes á protectorado, venta ó cesión de territo- 
rio, ó á establecer sobre ella cualquiera superioridad, derecho 
ó preminencia que menoscabe ú ofenda el ejercicio amplio y 
completo de su soberanía é independencia. 

3°— En actos dirijidos á anular ó variar la forma de 
Gobierno, la Constitución política ó las leyes que las altas 
partes contratantes se han dado ó se dieren en ejercicio de su 
soberanía. 

Art. m. — Reconociendo ambas partes contratantes que todo 
acto lejítimo de alianza se basa en la justicia, se establece para 
cada una de ellas, respectivamente, el derecho de decidir si la 
ofensa recibida por la otra está comprendida entre las desig- 
nadas en el artículo anterior. 

Art. IV. — De(*larado el casas fcaderisj las altas partes con - 
tratantes se comprometen á corttr inmediatamente sus rela- 
ciones con el Estado ofensor; á dar pasaporte á sus Ministros 
Diplomáticos ; á cancelar las patentes de los Agentes consula* 
res; á prohibir la importación de sus productos naturales ó 
industriales, y á cerrar los puertos á sus naves. 

Art. V. — Nombrarán también las mismas partes, Plenipo- 
tenciarios que ajusten, por protocolo, los arreglos precisos para 
determinar los subsidios, los contingentes de fuerzas terres- 
tres y marítimas, ó los auxilios de cualquiera clase que deban 
procurarse á la República ofendida ó agredida; lá manera 
cómo las fuerzas deben obrar y realizarse los auxilios, y todo 
lo demás que convenga para el mejor éxito de la defensa. 



26 BL TRATADO DB ALIANZA 

La reunión de los Plenipotenciarios se verificará en el lugar 
(jue designe la parte ofendida. 

Art. VI— Las altas partes contratantes se obligan á sumi- 
nistrar á la que fuese ofendida ó agredida, los medios de 
defensa de que cada una de ellas juzgue poder disponer, aun- 
que no hayan precedido los arreglos que se prescriben en el 
artículo anterior, con tal que el caso fuere, á su juicio, urgente. 

Art. VIL— Declarado el casus fcederis^ la parte ofendida no 
podrá celebrar convenios de paz, de tregua ó de armisticio, sin 
la concurrencia del aliado que haya tomado parte en la guerra. 

Art. VIII. — Las altas partes contratantes se obligan tam- 
bién : 

P— A emplear con preferencin, siempre que sea posible, 
todos los medios conciliatorios para evitar un rompimiento ó 
para terminar la guerra; aunque el rompimiento haya tenido 
lugar; reputando entre ellos, como el mas efectivo, el arbitraje 
de una tercera potencia. 

2° — A no conceder ni aceptar de ninguna Nación ó Go- 
bierno, protectorado ó superioridad que menoscabe su inde- 
pendencia 6 soberania, y á no ceder ni enagenar en favor de 
ninguna Nación ó Gobierno, parte alguna de sus territorios, 
excepto en los casos de mejor demarcación de limites. 

3° — A no concluir tratados de límites 6 de otros arreglos 
territoriales, sin conocimiento previo de la otra parte contra- 
tante. 

Art. IX. — Las estipulacicfnes del presente tratado no se 
estienden á actos practicados por partidos políticos ó prove- 
nientes de conmociones interiores independientes de la inter- 
vención de Gobiernos extraños; pues teniendo el presente 
Tratado de Alianza por objeto principal la garantía recíproca 
de los derechos soberanos de ambas naciones, no debe inter- 
pretarse ninguna de sus cláusulas en oposición con su fin 
primordial. 

Art. X. — Las altas partes contratantes solicitarán separada 
ó colectivamente, cuando así lo declaren oportuno por un 
acuerdo posterior, la adhesión de otro ú otros Estados ameri- 
canos al preseute tratado de Allabxa defenvlva. 



EL TRATADO DE AUAKZA 27 

Art. XI.— El presente Tratado se canjeará en Lima ó en la 
Paz, tan pronto como se obtenga su perfección constitucional, 
y quedará en plena vigencia á los veinte dias después del canje. 
Su duración será por tiempo indefinido, reservándose cada una 
de las partes el derecho de darlo por terminado cuando lo 
estime conveniente. En tal caso, notificarán su resolución á 
la otra parte, y el Tratado quedará sin efecto á los cuatro 
meses después de la fecha de la notificación. 

En fé de lo cual los Plenipotenciarios respectivos lo firma- 
ron por duplicado, y lo sellaron con sus sellos particulares. 

Hecho en Lima á los seis dias del mes de Febrero de mil 
ochocientos setenta y tres.— Jiuin de la Cruz Benavente—J- 
de la Riva- Agüero. 

ARTÍCULO ADICIONAL. — El presente tratado de Alian- 

sa defeiislTa entre Bolivia y el Perú, se conservará secreto 
mientras las dos altas partes contratantes, de común acuerdo, 
no estimen necesaria su publicación. 

Benavente. — Riva- Agüero. 

Por tanto : y habiendo el preinserto Tratado recibido la 
aprobación de la Asamblea Extraordinaria en 2 del presente 
mes y año ; en uso de las atribuciones que la Constitución de 
la República me concede, he venido en confirmarlo y ratifi- 
carlo, para que rija como ley del Estado, comprometiendo á 
su observancia la República y el honor nacional. 

Dado en la ciudad de la Paz de Ayacucho á los 16 dias del 
mes de Junio de 1873, y refrendado por el Ministro de Gobierno 
y de Relaciones Exteriores. 

Adolfo Ballivian— Mariano Baptista. 

En la ciudad de la Paz de Ayacucho á los 16 dias del mes 
de Junio de 1873 años, reunidos en el Ministerio de Relaciones 
Exteriores de Bolivia, el señor don Mariano Baptista, Ministro 
del Ramo, y el señor don D. Anibal Víctor de La Torre, 

» 

Enviado Extraordinario y Ministro Residente del Perú, sufi- 
cientemente autorizados para efectuar el canje de las ratifica- 



28 KL TRATADO DE ALIANZA 

ciones de S. E. el Presidente de Bolivia y de S. E. el Presidente 

del Perú; del Tratado de Alianza defeüMlva concluido 

entre ambos países en 6 de Febrero del presente año : pro- 
cedieron á la lectura de los instrumentos orijinales de dichas 
ratificaciones, y habiéndolos hallado exactos y en buena 
y debida forma, realizaron el canje. 

En fó de lo cual los infrascriptos han redactado la presente 
acta que firman por duplicado, poniendo en ellas sus sellos 

respectivos. 

Mariano Baptista. -A. V de la Torre. 



Lima, abril 28 de 1873. 
£xmo. señor: 

El Conjfreso ha aprobado, en 22 del presente, el tratado de 
alianza defensiva celebrado en esta capital el 6 de febrero 
último por los Plenipotenciarios del Perú y Bolivia. 

Lo comunicamos á V. E. para su conocimiento y demás 
fines.— Francisco de Paula Muñoz, Presidente del Congreso. 
—Félix Manzanares — José M. González^ Secretarios del 
Congreso. — Exmo. señor Presidente de la República. — 
Cúmplase. — M. PARDO. — /. de la Riva-- Agüero. 

Sin causa ni Mzon, y por un grave error de previsión poli- 
tica, se acordó, como se vé en un artículo adicional, que esto 
tratado se conservara en secreto, mientras las dos Naciones, 
de común acuerdo, no estimaran conveniente su publicación. 

Por prevenido que sea el ánimo con que se examine este 
tratado, jamás podrá encontrarse en él agravio ó amenaza 
alguna contra determinada Nación; puesto que en él se limitan 
única y exclusivamente, las Naciones aliadas, á auxiliares para 
rechazar una agresión extraña^ y sostener su integridad 
territorial contra cualquiera detentación del exterior , en una 
palabra para defenderse recíprocamente del ataque de un 
tercero; y aun esta obligación es limitada, por el derecho que 
cada una de ellas se reservaba de decidir si la ofensa recibida 
por la otra se hallaba comprendida en los casos designados 
para hacerla efectiva, ó de declarar llegado el casus fosderis 



EL TRATADO DE ALIANZA 



29 



(art 3°) debiendo emplearse antes, con preferencia, todos los 
medios conciliatorios; para evitar un rompimiento; siendo el 
mas efectivo de éstos, el de someter la cuestión al arbitraje de 
una tercera potencia (art. 8'). Así, pues, lo mas y lo único que 
podria alegar Chile es, que siendo vecina de una de las Repú- 
blicas Aliadas, el tratado de éstas no podia menos que tener 
por objeto resguardarse de ella; pero tal argumento seria 
extensivo á todas las demás Naciones circunvecinas, que se 
hallan en igual condición ; y por consigruiente mal podria apro- 
piárselo exclusivamente Chile. . Queremos suponer, como lo 
creemos efectivamente, que dicho tratado tuviera por objeto 
contener directamente á Chile en sus avances, y prescindiendo 
de los requisitos secundarios que en el mismo se exijen, para 
que pueda declararse el casus fcBderiSj el tratado es esencial- 
mente condicional, porque depende de la existencia real y 
positiva de un ataque de tercero, por una parte ; y por otra es 
defensivo^ puesto que las partes contratantes solo se compro- 
meten á auxiliarse para rechazar cualquiera agresión contra 
su integridad territorial ; y siendo esto asi j qué Nación puede, 
en rigor lójico, darse siquiera por aludida, no diremos agra- 
viada, en dicho tratado, sino poniéndose necesariamente en el 
caso de ser injusta y obsegadamente agresora ? y llegada esa 
fatal eventualidad, cuya realización os base y fundamento 
de la alianza, ¿puede en estricta justicia, hallarse culpa, ni 
venial siquiera, en que dos pueblos se unan para contrarrestar 
un ataque, que dirijido contra la integridad ó independencia 
de uno de ellos, forzosamente tenia que refluir después contra 
la autonomía de otro, por la condición especial on que esos 
pueblos se encuentran ? { no es mas lógico y verdadero, que en 
semejante situación el único culpable, y por lo mismo el único 
responsable es el que se coloca voluntariamente, por cualquier 
motivo que sea, en el caso de ser repelido por la fuerza ? 

El tratado de alianza fué pues la consecuencia lógica y 
necesaria de la actitud hostil de Chile. Las Repúblicas aliadas 
creyeron encontrar su seguridad en la alianza, meramente 
defensiva; sin embargo, Chile con imperturbable sangre fría 
ha pretendido hacer creer que fué provocada por ese tratado, 



30 



CHILE hk cblmbrado tratados secretos 



flnjiendo olvidar que ella dio sobrado motivo para alarmar á 
sus vecinos. 

De otro lado, Chile con menos razón que cualquiera otra de 
las Repúblicas Sud Americanas podia juzgar ofensivo un tra- 
tado de alianza entre el Perú y Bolivia, con el único objeto de 
defender su independencia é integridad territorial; pues entre 
Chile y el Perú existían antecedentes que comprueban que esta 
clase de alianza es lícita y necesaria. El 23 de Diciembre" de 
1822 se firmó en el mismo Santíago, por el Plenipotenciario 
del Perú Dr. D. José Cavero y Salazar, y el Ministro de Rela- 
ciones Exteriores de Chile D. Joaquín de Echeverría, « un tra 

< tado de alianza íntima, y amistad firme y constante, para su 
« defensa común ; para la seguridad de su independencia y 
« libertad, y para su bien recíproco y general, y para su tran- 
« quilidad interior, obligándose á socorrerse mutuamente, y á 
« rechazar en común, todo ataque ó invasión que pueda de 
« una manera amenazar su existencia política, (art. 2*") Ambos 

< Estados no solo se obligaban á defenderse contra agresiones 

< externas, sino también contra los hombres turbulentos y 
« sediciosos, y enemigos de los gobiernos lejítimamente cons- 
« títuidos. (art. 10) Asi mismo se obligaron á interponer 

< sus buenos oficios con los Gobiernos de los demás Esta- 
« dos de América antes Española, para entrar en este pacto 
€ de alianza y Confederación, (art. 12)» Este tratado se 
conservó en secreto hasta el año de 1832, en que el 
Plenipotenciario de Chile en Lima don Pedro Trujillo, lo 
publicó para que ese antecedente sirviera de apoyo y estímulo 
al Gobierno del Perú, para celebrar un nuevo tratado idéntíco 
al de 1822. Las negociaciones se entablaron entre el dicho 
señor Trujillo por parte de Chile, y el doctor don Francisco J. 
Pizarro, como Pleuipotenriario del Perú. El primero presentó 
en proyecto, uno que en lo aparente parecía casi la reproduc- 
ción del de 1822, desde que según el art. 3' las Repúblicas de 
Chile y el Perú contraían solemnemente alianza perpetua pisa 
sostener recíprocamente stí independencia contra el enemigo 
común á entre ambas ; pero el objeto fué aprovechar de la 
ocasión en que se encontraba el Perú con Bolivia y Colombia, 



CHILB HA CELfiBRADO TRATADOS SECRETOS 31 

y sacar ventajas; mas el hábil Plenipotenciario peruano Luna 
Pizarro, conociendo el ardid, lo eludió diestramente, presen- 
tando un contra-proyecto, idéntico al de 1822, en lo fundamen- 
tal, y con aquellas li jeras alteraciones que provenian de la 
diversidad de épocas. En ese contra-proyectosedice en el 
artículo V: « Las Repúblicas del Perú y Chile se ligan y confe- 
deran mutuamente en paz y en guerra, y contraen para ello 
un pacto perpetuo de amistad firme é inviolable, para soste- 
ner en común defensiva y ofensivamente, si fuere necesario, 
su mutua soberanía, independencia y libertad, contra cualquier 

poder extranjero artículo V. Las partes contratantes 

estipulan solemnemente transijir entre sí, de un modo amis- 
toso, las diferencias que en el dia existan, 6 puedan existir en 
adelante; y en caso de no conseguir un avenimiento, se llevará 
con preferencia á toda via de hecho, para procurar una con- 
ciliación, al juicio del Exmo. señor Presidente de los Estados 
Unidos de América, caso que la República del Perú, no ratifi- 
que el tratado de Panamá, de 15 de julio de 1826, y también 
no accede á él la República de Chile. (*) Es ageno de esta 
historia el expli(*ar las verdaderas causas que dieron lugar á 
ese proyecto y contra-proyecto; pero basta á nuestro objeto 
manifestar que el mismo Chile dio el ejemplo de tratado de 
alianza de mayor significación que el de 1873, celebrado entre 
el Perú y Solivia; y téngase presente que ése mismo año de 
1832 Chile intentó celebrar con Bolivia otro pacto semejante, 
y cuando vio frustrado su plan ocurrió al Perú. 

Si en la letra ó en el espíritu del tratado de 1873 hubiese 
algo ofensivo al honor, ó contrario á los intereses de las Re- 
públicas vecinas; ó si por su simple calidad de secreto, pudiera 
revestir ese carácter, el Brasil, Colombia, el Ecuador ó la 
República Argentina, como Naciones circunvecinas de las 
aliadas, habrían manifestado sus quejas, exijiendo explicado - 



(•) El Araucano de CUüe^ núm. 109, periódico oficial — lícrrii»-i/) 
PeriianOi eapleinento al número 1552, y número 1553 d*) 5 y 6 de no- 
viembre de 1832. 



32 CHILE conocía el tratado db alianza de 1873 

nes y seguridades; pero ninguna de ellas elevó la mas lijera 
queja ni reclamación, porque tampoco han intentado arrebatar 
territorio alguno á los aliados. Chile es la única que se ha 
dado por aludida, porque en su conciencia encontraba ser ella 
quien lo habia ocasionado, y porque la avisada preparación de 
las cosas, le presentaba la oportunidad, para darse por sor- 
prendida de un pacto, cuyo espíritu y bases generales conocía 
casi desde su celebración ; debia por su calidad de secreto, 
facilitarle el gran golpe de escena que tenia preparado, exhi- 
biéndolo como un grave cuerpo de delito, á última hora des- 
cubierto, y digno de la mas airada y severa represión. 

En cuanto á la calidad de secreto, que es lo único que podia 
dar pretexto para exijir explicaciones ó pedir seguridades, el 
Gobierno mismo de Chile desvirtuó la razón que para ello 
pudo alegar antes, desde que teniendo conocimiento de él, 
como evidentemente lo tuvo, á los pocos meses de celebrado, 
no entabló gestión alguna, ni dijo una sola palabra. Que 
Chile tuvo conocimiento del tratado desde el mismo año de su 
celebración, es un hecho que aun cuando las circunstancias 
mismas que acompañan á estos actos no fueran por sí solas 
bastantes para demostrarlo, desde que forzosamente tienen 
que inteirvenir en ellos centenares de personas de diversos y 
aun encontrados intereses, existen abundantes pruebas de otro 
género que no dejan lugar á la mas pequeña duda. Ademas 
del aviso oficioso que el mismo año de 1873 recibió Chile del 
Ministro del Brasil, Nación con la cual guardan siempre las 
mayores simpatías y afinidades por su identidad de carácter y 
de tendencias en sus relaciones internacionales, el mismo Mi- 
nistro de Relaciones Exteriores de Chile en ese año, don Adolfo 
Ybañez ha dicho (Bibl. 196) que tuvo conocimiento de la exis- 
tencia del tr¿itado, por avisos de su Ministro en Lima, Godoy, 
y por el de igual clase en Buenos Aires, Blest G:ina, quien tam- 
bién le participó que la Cámara de Diputados de esta República 
lo habia aprobado, quedando pendiente su aprobación en el 
Senado; y « que no siendo posible desbaratar esos fines prodi- 
torios, el Gobierno de Chile habia encargado á Europa los 
buques blindados, que siendo los mas poderosos de la armada, 



CHILE CONOCÍA BL TRATADO DE ALIANZA 33 

estaban quizá destinados á decidir la suerte del pais. » . . . . 
El Ministro Ibanez tenia íal certidumbre del hecho que, en 
una conferencia que tuvo con el doctor don Félix C. Zegarrcí, 
Secretario de la Legación del Perú en Chile, le preguntó si 
sabia algo de la alianza del Perú con Bolivia y la República 
Argentina. 

Dejemos la palabra al señor Ri va- Agüero, el cual como, 
Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, en la época indi- 
dada 1873 decia al Plenipotenciario en Buenos Aires : 

«Ayer recibí carta de Novoa (Ministro del Perú en Chile) 
en la que me refiere en los siguientes términos una conversa- 
ción entre el seuor Ibanez y Zegarra, Secretario de nuestra 
Legación. El señor Ibanez le preguntó si sabia algo de alianza 
con Buenos Aires — le contestó Zegarra que no sabia sino lo 
que hablan dicho los diarios, pero que no consideraba eso sino 
como una diversión de los telegrafistas, ó quizás un atrevido 
esfuerzo para realizar ciertos asuntos mercantiles. — Entonces, 
añadió el Ministro, debo decirle que está usted engañado ; yo 
tengo muy buenos datos para asegurar que en el Congreso 
argentino se trató de la alianza á sugestión del Ministro 
peruano. Lo que pasa en los cuerpos colegiados siempre se 
trasluce. Ahora, esa legación ai Ecuador, que pasa por ser 
muy chilena, también parece indicar que hay algo de fundado 
en los rumores que usted considera sin significación política. 
Como el Ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador se 
ocupó tanto en su Memoria del regalo que le habíamos hecho 
délos cañones, aquellos de la alianza, parece que el Perú se ha 
alarmado y creído que también hablamos conquistado el Ecua- 
dor. Pardo es el gobernante que mas males ha hecho á Chile. 
Tiene usted el estanco que nos ha arrebatado mas de veinte 
millones al año, y todos los hechos posteriores.— Menos Ocata- 
ra, interpuso Zegarra. — Pero el día en que á Chile, continuó 
Ibanez sin reparar en la interrupción, se le obligue á tomar 
medidas serias en propia defensa, confesará usted que tiene 
muchas y muy eficaces que poder tomar. En el momento 
que tengamos la certeza sobre estas maquinaciones lleva- 
remos LA REVOLUCIÓN AL SENO DEL ^i&Kt.—Es álH tf nO 
T. I. 8 



34 CHILE conocía bl tratado db alianza 

aquí donde resolveremos nosotros estas cuestiones. En nues- 
tra mano está la seguridad del réjimen legal del Perú. — Todo 
esto fué dicho de < tejas abajo », para usar de las palabras de 
aquel Ministro, pero con manifiesta intención de que llegase 
& conocimiento nuestro, á fin de hacerle producir buenas con- 
secuencias. Mala política la de amenazas. » 

Don Carlos Wnlker Martínez, Ministro de Chile en Bolivia 
el año de 1873, tuvo conocimiento del tratado de alianza Perú- 
Boliviana; y no es posible que dejira de comunicarlo á su 
Gobierno, desde que en su libro, publicado con el titulo do 

PÁGINAS DE UN VUJHS AL TRAVBS DB LA AMÉRICA DEL SUR, 

el año de 1876, dice : « Llegó hasta mis oidos, por una curiosa 
casualidad, que no es del caso revelar, el rumor sordo de cier- 
tos proyectos de alianza do nuestros tres vecinos, en contra 
nuastra. » El Chileno Manuel Bilbao, avecindado en Buenos 
Aires y diarista, escribió al Ministro don Miguel Luis Amuná- 
tegui el 5 de Octubre de 1877: « ¿ Ignoran acaso en Chile el 
tratado que quedó pendiente en tiempo de Pardo ? » (Bib. 56 
y 104, tomo I, pág. 391). 

Como consecuencia también del perfecto conocimiento que 
Chile tenia del tratado no limitó su previsión á solo armarse 
en el mar, sino que dio instrucciones á su Diplomático en la 
Paz, para que arreglara con Bolivia la cuestión pendiente ; y 
debido á esto se celebró el tratado en 1874; cuidando de in- 
sertar en él cláusulas que después sirvieran de pretexto para 
remover la cuestión, cuando se encontrara con todos los ele- 
mentos que le dieran la supremacía del poder marítimo, sin 
perder la esperanza de que Bolivia se le uniera, como á juicio 
del Ministro Ibanez debia hacerlo; pues según éste «solo una 
locura podia aconsejar á Bolivia el rompimiento con Chile, 
que debia ser su aliado natural, á cost i del Perú. » (Bib. 196). 
Tanta ha sido y es la moralidad política de Chile ! 

Ha llegado la vez de dar á conocer las verdaderas causas 
que influyeron en el Senado y Gobierno argentino para no sus- 
cribir ese tratado. Este fué aceptado con gusto por aquel 
pueblo y Gobierno, y aprobado por la Cámara de Diputados ; 
no obtuvo la del Senado, porque querían antes de adherirse al 



!^ 



EL MINISTRO OODOY 35 

tratado de alianza, que se celebrara el de límites con Bolivia, 
para quedar asi libres de futuras complicaciones ; asegurando 
que en ese tratado se respetaría la posesión en que se halla 
Bolivia de la Provincia de Tarija. No pudo celebrarse el tra- 
tado, sea por los continuos disturbios en que Bolivia se hallaba 
envuelta, sea por otras causas que, aunque conocidas por nos- 
otros, no es prudente revelar. Entre tanto varió también el 
modo de ver del Presidente Pardo, y dio instrucciones á su 
Ministro Irígoyen para que no activara el asunto. Terminada 
la administración Pardo, el nuevo Gobierno del General Prado 
tampoco le prestó ninguna atención ; y á los repetidos oficios 
de su Representante en el Plata, don Manuel Irigoyen que 
pedia instrucciones sobre la materia, se le contestaba con sim- 
ples acuses de recibo. 

Chile tenia en Lima acreditado como su Ministro Plenipo^ 
tenciario á don Joaquín Godoy, persona bastante entendida, 
pero de carácter díscolo, malqueriente del Perú, mas que lo 
ordinario en todo chileno; con frecuencia se encontraba de- 
masiado exaltado y en incapacidad de proceder con la cordura 
de un diplomático, cuya principal misión es evitar cuestiones, 
6 dar á las que surjan un jiro pacífico y conciliador ; de esto 
resultaba precisamente que cualquier asunto, por insignificante 
ó inofensivo que fuese, tomaba un carácter alarmante, porque 
el señor Godoy empleaba en sus oficios, como lo tenia por cos- 
tumbre, frases: mas ó monos hirientes, ó porque promoviera ó 
provocara cuestiones y conflictos hasta por las noticias de 
plazuela, si ellas se referían á Chile, de la manera mas remota 
ó accidental. 

A fines de 1872, se decia que el Gobierno del Perú había 
celebrado con Bolivia un pacto sobre exportación de salitre, y 
sin mas fundamento, el Ministro Godoy se apersonó al Ministe- 
rio de Relaciones Exteriores (Enero 9 de 1873) á instruirse si 
realmente existían negociaciones para pactar con Bolivia una 
Convención destinada á uniformar el sistema de impuesto 
sobre lo producción del salitre : el Ministro de Relaciones Ex- 
teriores don José de la Riva-Agüero le contestó que era efec- 
tivo que con el Ministro de Bolivia habia hablado sobre esa 



36 EL MINISTRO OODOY 

materia j pero que no pasó de una simple insinuación, y que 
por consiguiente no se habla ajustado Convención alguna. Tan 
franca y satisfactoria respuesta no lo fué sin embargo para el 
Ministro Godoy; no contento con pedir que se le dijera por 
escrifc), como asi se hizo, aprovechó la ocasión para solicitar, 
con frases hirientes, que se le diera seguridades de que el 
Gobierno del Perú no habia procedido á acordar con Bolivia 
pacto que pudiera de modo alguno, aunque fuera indirecto, 
afectar el ejercicio lejítimo de los derechos que Chile tenia en 
los productos minerales de Bolivia (Enero 12 de 1873). El 
oficio era una ofensa al Gobierno, desde que se ponia en duda 
la aseveración del Ministro de Relaciones Exteriores. De aquí 
resultó un cambio de notas, en que la descortesía del Ministro 
Godoy llegó á tal extremo que el Gobierno del Perú se vio en 
la necesidad de pedir al de Chile el reemplazo de su Ministro ; 
pues su permanencia en el Perú se consideraba peligrosa para 
mantener las buenas relaciones entre ambas Repúblicas ; (*) 



(•) Ministerio de Relaciones Exter^res —Lima, Marzo !<> de 187S.— 
Por la correspondencia cambiada entre el señor Godoy y este Minis- 
terio acerca de un proyectado acuerdo con el Gobierno de Bolivia 
sobre exportación de salitre, que trasmito á US. en c6pia^ vendrá en 
conocimiento del estado á que han llegado mis relaciones con la Legación 
chilena. Para mejor ilustración de US. creo oon veniente hacerle una 
relación de los antecedentes de este asunto. 

£19^ Ihiero último, el sefior Godoy, en una visita que me hizo en 
el Ministerio, me manifestó que, habiéndosele asegurado existían ne- 
gociaciones entre el Perú y Bolivia, para pactar una concesión desti^ 
bada á unÜbrmar el sistema de impuestos sobre la producción del salitre, 
me suplicaba lo pusiese al corriente de lo que sobre el particular habia 
en realidad, á fin de poder informar á su Gobierno de asuntos en los 
que tenia interés. No tuve inconveniente en contestarle con la fran- 
queza debida que, desde que el Gobierno presentó á las Cámaras su 
proyecto de ley sobre derecho de exportación al salitre, habia indicado 
verbalmente al sefior Benavente lo conveniente que seria á los intereses 
de Bolivia y á los del Perú, ponerse de acuerdo y uniformar el im- 
puesto con que debia gravarse ese artículo, y que, si lo juzgaba opor- 
tuno trasmitiese esa idea á su Gobierno y pidiese instrucciones y pode- 
res para hacer una Convención sobre el particular : Que poco tiempo 
después el señor Benavente me contestó de palabra que su Gobierno 



^ñ-J»- 



EL MINISTRO OODOY 8? 

mas como á Chile le convenia un Diplomático de las prendas 
de su Representante Godoy, lo conservó en su puesto ; porque 
entre las muchas causas que condujeron al estado de guerra 



había acojido bien aquella insinuación, habiéndolo dado inatnicciones 
al efecto, pues que consideraba que á mérito de un impuesto sobre el 
salitre podrían aumentar las entradas fiscales, y que por tanto el señor 
Bena vente estaba á mi disposición para cuando quisiera tratar el asunto. 
Le contesté que, habiéndose presentado un proyecto de estanco del sali- 
tre en la Cámara de Senadores, en contraposición al aumento de dere- 
chos de expoitacion sometido por el Gobierno, juzgaba que nada podía- 
mos hhcer hasta que no se resolviese por las Cámaras cual de loa dos 
sistemas prevalecía. —Que posteriormente nada habíamos hecho sobre 
el particular y que, por tanto, podía asegurarle que no había acuerdo 
ni Convención ninguna á este respecto : manifestándome el señor Godoy, 
las dificultades que daría el estanco, le repuse que, no eran insupera- 
bles, y que á mí juicio todo podía salvarse comprando el Perú á Solivia 
su producción al precio actual, y pagándole al mayor precio que pudiera 
venderla, con deducción únicamente de los costos de venta. Al retí* 
rarse me preguntó el señor Godoy, sí tendría yo inconveniente en con- 
testarle por escríto lo que le habia dicho, y le contesté que no tendría 
embarazo para ello. A los pocos días me pasó el oficio del 12 de 
Enero, en el que como US. notará, á pesar de mi franca explicación verbal 
y de las seglaridades que le habia dado de no haber mediado sino una insi- 
vuacion al señor Bet^vente, y de haberle expuesto que no se habia 
ajustado Convención ninguna, habla de acuerdo existente^ como si pre- 
tendiese poner en duda mi palabra. Por otra parte, en su nota no se 
limita d indagar lo i^ue en su conferencia del 9 me habia preguntado, 
sino que pide en ella, que se le den seguridades de que el Pera no hn 
procedido á acordar la celebracim de un pacto con Bolivia que pudiera 
en modo alguno, aunque sea indirecto, afectar al ejercicio lejitimo de los 
derechos que Chile tiene en los productos mnerales de aquella República. 

Como US comprenderá, el Gobierno no podia mirar con indiferencia 
el citado oficio que llamó necesariamente la atención del Gabinete, y se 
hizo necesario, en guarda de nuestros derechos, contestar en los tér 
minos que verá US. en mí oficio de 13 de Febrero. 

Si el Perú tuviese un tratado con Chile del mismo tenor de la Conven- 
ción que esa República acaba de concluir con Bolivia, apenas se compren 
deria la nota del señor Qodoy ; el Perú está libre como Nación soberana 
para celebrar Convenciones ó tratados cm cualquier Estad/), siempre que 
no se afecten los derechos de ninguna Nación amiga, y q\ie éstos estén arre- 
glados á los juicios de justicia inter7iacional. 



38 CHILE ACTIVA SU ARMAMENTO NAVAL 

á los dos Est idos, la principal se debe á ese mal americaiK) 

que encendió los odios con informes falsos 6 exajerados. 

El Gobierno de Chile por su parte activaba en lo posible la 

construcción de sus blindados y de la cañonera Magallanes al 



Creo innecesario llamar la atención de U»S. sobre la nota del señor 
Godoy. 

Los términos de este oficio y las relaciones poco amistosas que el 
señor Qbdoy ha tenido desde un principio con la actual administración^ 
revelan que no está animado del espíritu conciliadof é imparcial que se 
requiere para mantener las buenas relaciones que tanto anhelamos con- 
servar, con Chile. Su conducta desde un priticipio ha llamado la atención 
del Presidente y del Gabinete; porque su estudiado alejamiento probaba las 
pocas simpatias que tiene á la actual administración. En las conversacio- 
nes se revelan mas claramente estos hechos; habiendo llegado el caso 
de decirme en una conferencia que se aseguraba que el Presidente de la 
Bepublicaf confio medio de sostenerse en el poder, trataba de excitar los 
ánimos contra Chile, y aún de hacerle la guerra^ á fin de distraer de 
este modo las ideas de los que pretendiesen hacer una revolución. 
US, sabe cual fué mi contestación, y cuales los sentimientos que á este 
respecto abriga el actual Gobierno; no creo necesario repetirlas aquí. 
El Perú comprende que solo puede progresar la América manteniéndose 
en paz, y no malgastando en guerras estériles las fuerzas que deben 
emplearse en el desarrollo de sus riquezas, de su agricultura y de su in- 
dustria, ni empleando fn hacer guerras fratricidas los caudales que 
deben destinarse al adelantamiento moral y material de estos paises. 

Como US. comprenderá, la permanencia del señor Godoy en el puesto 
que ocupa, la consideramos hoy como un peligro para el mantenimiento 
fjfi las buenas relaciones que han existido y deben existir entre el Perú y 
Chile, y será muy conveniente que, manifieste US. al señor Ministro de 
Relaciones Exteriores nuestro vico deseo de que sea reemplazado por una 
persona que, interpretando los verdaderos sentimientos del Gobierno de 
Chile, estreche en cuanto sea posible los vínculos que unen á ambos paises 

El Gobierno no duda que el Gabinete de Santiago no podrá menos que 
sentir que su Ministro en esta capital no haya tenido toda la mesura y 
prudencia que habría sido de desear, y que bajo la impresión, quizá de 
equivocados conceptos, nos haya atribuido en sus conversaciones y en los 
informes dirijidos á su Gobierno miras que estamos muy distantes de 
abrigar; pudieyído Ü8. asegurar nuevamente á ese Gobierno que nada 
anhela el del Perú mas que el mailtenimiento de las buenas relaciones 
que hasta ahora han existido entre los dos pueblos. — Dios guarde á 
US. — J. de la Biva- Agüero. 



CHILB ACTIVA SU ARMAMENTO NAVAL 39 

extremo que por las exijencias de su Ministro en Londres, el 
constructor puso de 500 á 600 trabajadores diarios, sin sus- 
pender los trabajos durante la noche, ni aun los .Domingos. 
(BibK 147.) 

No satisfecho con esos dos blindados, la cañonera Magalla- 
nes y el trasporte Tolten^ compró algunas embarcaciones 
menores de diversas clases. Se pasó una prolija revista do 
inspección del Departamento de arsenales para el mejor servi- 
cio de la marina : se completó el personal que demandaban los 
nuevos buques, sacando los alumnos de la escuela naval, los 
de los buques de guerra ingleses, en donde algunos oficiales 
chilenos perfeccionaban sus estudios, y los que se encontraban 
en Europa en diversas comisiones. Se contrataron en Ingla- 
terra cirujanos, sangradores, condestables é ingenieros mecá- 
nicos; se aumentó el sueldo de los marinos, y el precio del 
engancha; el batallón de artillería de marina se aumentó á 
600 plazas. (BibL 147, año de 1873.) 

El año de 1872 se estableció en Chile una compañia de na- 
vegación por vapor, titulada Compañia Sud Americana de 
Vapores: muchos de los socios eran chilenos; pero también 
formaban parte de ella varios peruanos. El Gobierno del 
Perú, por protejer á dicha, compañia, le concedió algunos pri- 
vilejios como si fuera nacional (decreto de 23 de Octubre de 
de 1872). El Gobierno de Chile habia celebrado con esa com- 
pañia, cuyo directorio residía en Valparaíso, un contrato en 
virtud del cual todos los vapores que pertenecian á ésta pasa- 
rían, en c iso necesario, al servicio del Gobierno, como tras- 
portes de guerra. Las bases de este contrato, aprobadas por 
el Congreso, dos años después, (á fines de 1874) hacian cono- 
cer los planes que meditaba Chile, complementarios de su 
activo armamento marítimo. Este Gobierno daba á esa com- 
pañia la fuerte subvención de cien mil pesos cada año por 
conducir la correspondencia oficial y particular de Chile hasta 
Panamá, haciendo la rebaja de la mitad del precio de pasaje y 
fletes, á los empleados ó individuos del ejército, y la carga del 
Gobierno ; aun asi la subvención seria exesiva, si no existie- 
ran los artículos 5'* y 6** que entrañaban el preconcebido pro- 



40 PERFIDIA DE LA C. SÜD AMERICANA 

pósito de ocupar á los vapores, en caso de guerra, y al parecer 
de guerra muy próxima : estos artículos dicen : € Art. 5' Poner 
á disposición del Gobierno (de Chile) los buques y tripulacio- 
nes de la compañia para el desempeño de cualquier comisión 
de guerra, cada vez que el Gobierno lo exija ; entendiéndose 
que puede aquel poner los buques y tripulaciones al mando de 
los oficiales de) Estado ; Art. 6° Construir los buques, que se 
empleen en adelante, bajo la inspección y de acuerdo con los 
ajentes del Gobierno, á íin de que por su construcción puedan 
adaptarse ai servicio de trasportes.» El menos avisado 
comprenderá lo peligroso de estas condiciones, que ponían en 
manos del Gobierno de Chile una escuadra de trasportes para 
el caso de guerra ; mas el Perú que nada recelaba de su veci- 
na, y miraba con candorosa indiferencia sus aprestos navales, 
calló, no modificó el contrato de 1872; y esa pérfida compañia 
continuó gozando de los favores del Perú hasta que Chile le 
declaró la guerra. En los tres primeros meses, hasta fines 
de Abril, servian para trasportar á Antofagasta elementos de 
guerra, y al Perú espias, que llevaban y traian los avisos. 
Con la conciencia que tenian de sus actos pérfidos, y temiendo 
las consecuencias, en los últimos viajes de Marzo y Abril de 
1879, esos vapores que llevaban la bandera de Chile, la cam- 
biaban frecuentemente con la Norte -Americana, aun antes 
de declarada la guerra al Perú : el Loa y el Ilata, unas veces 
usaban, en el Callao, la bandera Inglesa, otras la Norte-Ame- 
ricana ; el abuso llegó al extremo de que el Ministro Americano 
en Lima, hizo arriar, de uno de esos vapores, el pabellón que 
indebidamente usaba. Cuando no hubo duda de que esta 
compañia pertenecia al Gobierno de Chile, el del Perú anuló 
el contrato con ella. (Abril 27 de 1879). 

Si Chile hubiera estado amenazada de una guerra inminente 
de invasión, no habría desplegado mas actividad, ni dictado 
tantas medidas por su Departamento de Marina, como las que 
en esa época (1874) aparecen; y bien se comprende que si en 
el ramo de guerra no se procedia del mismo modo, era porque 
su guardia nacional, perfectamente organizada y disciplinada, 
podia servir de base para formar un ejército en poco tiempo, 



LA GUARDIA NACIONAL DE CHILB 



41 



como lo ha comprobado en la presente guerra. Baste sabor 
que en 1869 constaba de 54,932 hombres : este número aumen- 
taba ó disminuía, según las exijencias del servicio. Cuando 
se quería hacer economías, se reducía el número ; por esta 
causa, en 1878, solo constaba de 7,161 hombres; pero en 
caso necesario bastaba una simple orden para llamar al ser- 
vicio á la que estaba en receso; mas en realidad existían 
cuerpos tan numerosos como en años anteriores. El siguiente 
cuadro dá cabal idea de lo que vale para el caso de guerra la 
guardia nacional de Chile, según las Memorias de los Miüistros 
de Guerra : 



Estado de la fuerza de la Oaardla IVaelonal 



AÑOS 


NÜMBRO DE HOMBRES 


AJtUS 


NÚMERO DE HOMBRES 


1865 


40,696 


1872 


35,892 


1866 


45,895 


1873 


30,447 


1867 


53,220 


1874 


24,287 


1868 


50,518 


1875 


2\,951 


1869 


54,992 


1876 


22,674 


1870 


52,721 


1877 


18,071 


1871 


54,294 


1878 


7,161 



El armamento de la guardia nacional constaba de 23 caño- 
nes, 14,556 fusiles, 207 carabinas, 526 sables y 256 lanzas. 
(Bibl. 147.) 

A la vez que asi se armaba, renovaba sus exijencias con 
Bolivia, promoviendo diversas cuestiones, emergentes del tra- 
tado de 1874. Cuando sus acorazados llegaron á Valparaíso, 
el tono de sus Diplomáticos en Bolivia y en el Perú se levantó 
hasta tomar un aire amenazante; y cuando éste último mori- 
geró notablemente su conducta, bien se explica que esta misma 
evolución, de aparente arrepentimiento, no pudo tener otro 
objeto que el de adormecer al Perú, y no inspirarle descon- 
fianzas por sus aprestos navales, ni por la protección indirecta 
que prestaba al revolucionario Piérola, permitiéndole acumu- 



42 CHILE FAVORECE A PIÉROLA 

lai-, en sus puertos, los elementos de guerra que le llevaban de 
Europa, y que enganchara gente para invadir á su patria, 
como en efecto lo verificó, zarpando del puerto de Quinteros á 
bordo del Ta/mw» (el 11 de Octubre de 1874); lo que dio 
lugar á la guerra civil, que terminó felizmente con la derrota 
del revolucinario. 

Aunque Chile no se propusiese en esto mas que debilitar las 
fuerzas físicas y morales del Perú y reducirlo á la mayor im- 
potencia posible; una circunstancia eventual vino á contribuir 
poderosamente á su propósito; porque merced á esta invasión, 
los fondos destinados á la construcción de dos blindados, se 
emplearon en sofocar esa revolución; de suerte que puede 
asegurarse, que Piérola es una de las causas principales de 
que el Perú no tuviera buques blindados suficientes para evitar 
la guerra con Chile. 

El mismo Piérola en 1876 se armó y preparó nuevamente 
en Chile, para su segunda invasión al Perú, que terminó con 
su derrota en Yacango; y últimamente, cuando Chile ya 
estaba en guerra con Bolivia, Piérola residia en Valparaíso, 
raimado por el Gobierno para lanzarlo por tercera vez sobre 
el Perú, en caso necesario; y es seguro que sin la declaratoria 
de guerra, el infatigable revolucionario habría vuelto á apa- 
recer en la costa del Perú apoyado por aquel Gobierno, como 
claramente lo revelaba su prensa en los artículos insidiosos 
que publicó, discurriendo sobre la posibilidad de que el Perú 
terciara en la cuestión de Bolivia; decían: «El Presidente 
Prado sabe á qué peligros expondría no solo su Gobierno sino 
la paz pública en el Perú. Piérola que está en Chile no ha 
menester de grandes auxilios para sublevar en su favor á una 
buena parte de aquella Nación.» (Bibl. 84, Febrero 10 de 1879). 

Si el Perú hubiera estado prevenido contra Chile, estos repe- 
tidos actos habrían bastado para declararle la guerra, como 
con menos razón y motivos la declaró esta última en 1836, 
cuando tomó por pretexto la descabellada y sigilosa empresa 
del General Freiré, para sin previa declaratoria, asaltar á 
media noche en la bahía del Callao la escuadra peruana : sin 
embargo el Gobierno de Pardo, al que tanto odio y mala 



1 



EL PERÜ TOLBRA LOS ACTOS HOSTILES DE CHILE 43 

voluntad profesaban el Gobierno de Chile y su prensa, y el de 
Prado callaron ; porque no querían provocar cuestiones, sa- 
biendo que Chile estaba armado, y que solo buscaba un pre- 
texto. Y conviene recordar que los revolucinarios de las 
Repúblicas de Sud América han encontrado siempre, en el 
Gobierno de Chile, apoyo m¿is ó menos directo; y ese país les 
ha servido de segura guarida para concertar sus planes. 
Melgarejo, Ballivian, Quevedo y otros bolivianos se armaron y 
concertaron en Chile sus cruzadas, asi como lo hicieron Ga- 
marra, Vivanco, Térrico, Prado y otros Peruanos; Garcia- 
Moreno, Flores, Borrero y otros Ecuatorianos. Si los emigrados 
de la República Argentina no obtuvieron igual apoyo, fué 
porque Chile estaba aliado con el tirano Rosas; estos son 
hechos notorios. 

Estaban aun pendientes las negociaciones Diplomáticas con 
el Perú, y ya habia pensado Chile en promoverle cuestiones 
con eL Ecuador; pero habiéndose restablecido las buenas 
relaciones de éste con el Perú, y que la antigua y sencilla 
cuestión de límites no llegaría á turbar la paz entre ambas 
Naciones, aplazó su plan para mejor oportunidad. (Bibl. 196, 
sesión secreta de 22 de marzo de 1879). 

A pesar de tantas y tan fundadas razones para que el Perú 
no mirara en Chile un leal amigo, ó formulara quejas muy 
amargas por sus secretas maniobras, se conservaba en paz 
y armenia con ella, hasta Abril de 1879, en que Chile le declaró 
la guerra. A la sazón era Presidente del Perú el General don 
Mariano Ignacio Prado, quien con motivo de haber residido en 
Chile durante los años de 1838 á 1876 ; de haber encontrado 
alli simpática acojida, y de haber recibido de ese Gobierno y 
de su Congreso honrosas demostraciones por las glorias del 
Dos de Mayoj personificadas en él, guardaba para con aquella 
Nación el afecto mas cordial. Las relaciones políticas del 
Perú eran tan manifiestamente sinceras, que en todo pudo 
pensarse y creerse menos en que, en tal época, surjieran 
cuestiones, ni aun triviales entre ellas ; porque todos suponían, 
y con razón, que dado el caso de que sobrevinieran, el Presi- 



44 RRLACIONKS ENTRE BL PERÚ Y BOLIVIA. , 

dente Prado las allanaría paciflcanxente, como hombre agrá- 
decido, y como mandatario prudente 

La breve y rápida reseña de las relaciones de Chile con el 
Peni que acabamos de hacer, comprobada con documentos 
irrecusables, prueba de un modo claro é indudable, que Chile 
ha provocado al Perú en todo tiempo, y muy especialmente 
desde 1832; qu« ensobervecida con el triunfo de Yungay, en 
Enero de 1839, su Cancilleria asumió desde entonces un carác- 
ter altanero y amenazador; y que desde 1872 se armó en el 
mar para tener la supremacía en el Pacífico y apropiarse por 
la fuerza del litoral de Bolivia y del de Tarapacá, el desiderá- 
tum de su Gobierno y de su pueblo. 



SECCIÓN SEGUNDA 

Relaelone» cutre el Perú y Hollvla hanta Enero 

ele 1899 

SüHARio: Relaciones entre el Perú y Bolivia hasta Enero de 1878. — 
Causas de las cuestiones internacionales entre el Perú y Bolivia 
hasta el ailo de 1835.- -Tratados de comercio y alianza hasta 1869. 
—Temores del Perú en 1878, por la actitud de Bolivia.— Tratado 
de comercio de 1879. 



Las relaciones del Perú con Bolivia tenian un carácter casi 
contrario al de las que raantenia con Chile, como era consi- 
{sruiente á la diversidad de los asuntos que mediaban ; siendo 
al principio la verdadera causa de la discordia, que llegó á 
ensangrentar algunas veces los campos de batalla, los celos 
y rivalidades personales de Gamarra con Sucre, primero ; y 
después con Santa Cruz ; tales son las cuestiones que tuvieron 
lugar desde 1828, hasta 1832. Las que se referían á arre- 
glos comerciales, presentaban, ciertamente, uii aspecto mas 
serio y complicado, por la naturaleza misma de la demarcación 
geográfica de ambos Estados; mas no por esto fué difícil 
llegar á un avenimiento satisfactorio, siguiendo el principio 



RBLACIONES ENTRB EL PERÚ Y BOLIVU 45 

de fraternidad y los consejos dé una sana politica, y asi, aunque 
con pasajeras cuestiones sobre aduanas, y sobre límites, con- 
tinuaron en paz. 

Pernoanecian en este estado cuando sobrevino la guerra con 
España promovida por el imprudente y atrevido Pinzón, la 
que sirvió para estrechar los vínculos, y consolidar la armo- 
nía entre ellas, por efecto del tratado de alianza que cele^ 
braron contra España, y otro de comercio que se respetó 
mutuamente basta su término. Bolivia, por el deseo de aumen- 
tar su renta aduanera, ó por error, desbaució este tratado, y 
pretendió alcanzar, no ya como una concesión voluntaria, sino 
como un derecho, el tránsito libre de sus mercaderías por el 
territorio del Perú, desde el puerto de Arica ; ó imponer ade- 
mas ciertos gravámenes al comercio terrestre : la discusión 
del nuevo tratado ajitó algo á las dos Naciones, y hasta se 
temió que se interrumpiera la buena armenia que reinaba 
desde años atrás. A la sagacidad, de los Ministros contratan- 
tes, y á el verdadero deseo, que hace tiempo abriga el Perú, 
de conservar y estrechar sus vínculos con las Repúblicas de 
Sud América, se debió el dar fin á la cuestión con el tratado 
de 28 de Octubre de 1878, por el cual parecia estar todo arre- 
glado : solo se esperaba la aprobación de Bolivia, cuando, coa 
gran sorpresa, se vio que proponian modificaciones sustancia- 
les en lo ya pactado ; y en tales términos, que mas parecia que 
buscaba pretexto para un rompimiento, que medios apropia- 
dos para conciliar la paz y los intereses de ambos paises. 
No tardó mucho en conocerse que Bolivia obraba impulsada 
por un ájente secreto y poderoso ; y hay moUvos fundados 
para creer que ese ájente era el Gobierno de Chile que queria 
halagar á Bolivia, para asegurar el éxito de las cuestiones 
que con ella ventilaba, en acaloradas y apremiantes discusión 
nes. Esto no obstante, el Diplomático boliviano, no hubo 
menester de grandes esfuerzos para conseguir del Perú la 
aceptación dé las modificaciones propuestas, quedando asi 
definitivamente concluido, aprobado y ratificado el tratado el 
29 de Enero de 1879. 



SECCIÓN TERCERA 

BelaeloneN entre Chile y Unllvla ha«ta Ünefi del 

añade 1894. 

I 

Sumario : Chile no tuvo ninguna cuostion con Bolivia hasta qne se des- 
cnbrió huano en Mejillones — Tratado de limites en 1866; Su aná- 
lisis— Surjen dificultades por este tratado y se celebra otro en 1874 
— Tratado suplementario del de 1874— Bolivia concede terrenos 
salitreros á una compañía — Surjen cuestiones con eeta Compañía 
y Chile las apoya calurosamente — Arbitraje propuesto por Bolivia 
que Chile no pudo aceptar de buena fé. 

Chile y Bolivia vivian en perfecta paz y armonía, y ningún 
desacuerdo vino á turbar ^u tranquilidad hasta el año de 1842, 
en que se descubrió la riqueza que encerraba, el desierto de 
Atacama, entre los paralelos 23 • y 25* ; entonces, y por pri- 
mera vez, pretendió Chile tener derecho á parte de ese terri- 
torio, y promovió, con tal motivo, una cuestión de límites. La 
Cancilleria boliviana probó, apoyada en la misma historia de 
Chile, desde su conquista hista nuestros dias; en la opinión 
de geógrafos antiguos y modernos, y en las Reales Cédulas 
pertinentes al caso, que el límite con el Vireynato del 
Perú, del que después formó parte Bolivia, se fijó en el 
rio Salado ó el Raposo, situado mas ó menos á los 25** 30' 
latitud Sur. Chile que sostenía sus pretensiones únicamente 
con soflsm \s y palabras, porque carecía de documentos, aplazó 
la cuestión, y solo la renovaba cada vez que ocurría en Bolivia 
algún cambio de Gobierno. En estas circunstancias vino el 
conflicto entre el Perú y España, con motivo de la ocupación 
de las islas de Chincha, á título de reivindicación, lo que obligó 
á las Repúbliciis del Pacífico á estrechar sus vínculos por 
medio de una alianza. Gobernaba entonces en Bolivia el 
General don Mariano Melgarejo, hombre de gr.tndes pasiones, 
y entre ellas las de un americanismo exaltado. Chile apro- 
vechó hábilmente la ocasión, y halagando la vanidad del Pre- 
sidente de Bolivia, obtuvo el tratado de 10 de Agosto de 1866. 



TRATADOS DE CHILE Y BOLIVIA 47 

Como este es el origen de las actuales pretensiones de Chile 
sobre Bolivia, y la causa inmediata de la guerra, vamos á 
extractarlo, llamando la atención sobre sus principales ar- 
tículos. 

El exordio ó la parte expositiva del tratado, explica perfec- 
tamente sus causas y su objeto, dice : « l.a República de Chile 
y la República de Bolivia, deseosas de poner un término ami- 
gable y recíprocamente satisfactorio á la antigua cuestión 
pendiente entre ellas, sobre la fijación de sus antiguos límites 
territoriales en el desierto de Atacama, y sobre la explotación 
de los depósitos del huano existentes en el litoral del mismo 
desiertoj y decididas á consolidar por este medio la buena inte- 
ligencia, la fraternal amistad, y los vínculos de alianza íntima 
que las ligan mutuamente, han determinado renunciar á una 
parte de los derechos territoriales que cada una de ellas, 
fundada en buenos títulos, cree poseer ; y han acordado cele- 
brar un tratado que zanje definitiva ó irrevocablemente la 
mencionada cuestión. » 

En el artículo primero se fija como límite entre ambas Na- 
ciones, para en adelante, el paralelo 24'' latitud meridional. 

En el artículo 2° se dice: «No obstante, la división terri- 



torial estipulada en el artículo anterior, la República de Chile 
y la República de Bolivia sa repartirán por mitad los produc- 
tos provenientes de la explotación de los depósitos de huano 
descubiertos en Mejillones, y de los demás depósitos del mismo 
abono que se descubrieran en el territorio comprendido entre 
los grados 23 y 25 de latitud meridional, como también los 
derechos de exportación que se perciban sobre los minerales 
extraídos del mismo espacio de territorio que acaba de desig- 
narse.» 

Por el artículo 3' se obliga Bolivia á habilitar el puerto de 
Mejillones, por donde únicamente se exportarían los metales 
explotados entre los paralelos 23 y 25. Chile tenia el derecho 
de intervención en esa aduana. 

El artículo 4' « declara libres de todo derecho de exporta- 
ción los productos del territorio comprendido entre ¡os grados 
24 y 25 de latitud sur, que se extraigan por el puerto de Me- 



48 TRATADOS DB CHILE Y BOLIVIA 

julones, y de todo derecho de importación los productos natu- 
rales de Chile que se introduzcan por ese puerto. » 

Según el artículo 6" « las Repúblicas contratantes se obligan 
á no enagenar sus derechos á la posesión ó dominio del terri- 
torio que se dividen entre si por el pi-esente tratado, á favor 
de otro Estado, sociedad ó individuo particular : en el cslso 
de desear alguna de ellas hacer tal enagenacion, el comprador 
no podrá ser sino la otra parte contratante. » 

El articulo 7° dice: «en atención á los perjuicios que la 
cuestión de límites entre Chile y Bolivia ha irogado, según es 
notorio, á los individuos que asociados, fueron los primeros 
en explotar seriamente las huaneras de Mejillones, y cuyos 
trab'ijos de explotación fueron suspendidos, por disposición 
de las autoridades en 17 de Febrero de 1863, las altas partes 
contratantes se comprometen á dar, por equidad, á los expre- 
sados individuos, una indemnización de ochenta mil pesos, 
pagadera con el 10 por ciento de los productos líquidos de la 
aduana de Mejillones. » (Bibl. 207) 

La comunidad de intereses que aun entre individuos parti- 
culares causa siempre desacuerdos mas ó menos graves, no 
podia dejar de producirlos entre Naciones. « Este tratado, en 
lo sustancial es la última expresión de lo absurdo. No hay 
en la historia de la Diplomacia otro ejemplo de pacto de 
comunidad.» Como consecuencia ineludible surjieron dificul- 
tades desde el siguiente dia en que se aprobó y ratificó el 
tratado; y aunque se creyó evitarlas haciendo algunas alte- 
raciones en un protocolo firmado el 5 de Diciembre de 1872, 
éste no fué aprobado, porque se convenció Chile de su inefi- 
cacia; sin embargo Bolivia cumplió fielmente tan absurdo 
tratado < no podia pues alegar Chile que Bolivia habia infrin- 
jido el pacto para justificar la reversión del uti possidetis 
anterior á 1875 » con el propósito, entonces en boga, de apo- 
derarse del litoral de Bolivia. (Bibl. 59, págs. 22, 74 á 77.) 

La actitud tomada por el Perú á consecuencia del arma- 
mento que hacia Chile, aconsejó á éste derogar, ó mejor dicho, 
modificar el absurdo tratado de 1866, celebrando otro en 6 
de Agosto de 1874. En este se fijó por límite de las dos 



TRATADOS DE CHILE Y SOLIVIA 49 

Repúblicas el paralelo 24, (art. 3) se declaró partibles por 
mitad, entre las dos Naciones, los depósitos de huano existen- 
tes ó que en adelante se descubriesen en el territorio compren- 
dido entre los paralelos 23 y 24, (art. 3); se fijaron los derechos 
de exportación sobre los productos minerales de la zona indi- 
cada; las contribuciones á que quedarian sujetas las personas, 
industrias y capitales chilenos (art. 4) y se pactó por último 
la libre importación de los productos naturales de Chile y de 
Bolivia á la zona comprendida entre los paralelos 23 y 25. 
(art. 5). 

A su vez este nuevo tratido, ofreció también tantas dificul- 
tades y dudas, que obligó á ambos Gobiernos á celebrar otro 
aclaratorio y complementario, en 21 de Julio de 1875. En 
éste se estipuló primero que la comunidad en los depósitos de 
huano, de que habla el artículo 3, del tratado principal, se 
refiere á los del territorio comprendido entre los paralelos 23 
y 25 de latitud Sur; y segundo, que todas las cuestiones á 
que diere lugar la inteligencia y ejecución del tratado de 6 de 
Agosto de 1874, deberían someterse á arbitraje ; sin embargo 
no por eso dejó de necesitarse un nuevo protocolo especial y 
aclaratorio del aclaratorio. 

Tanto embrollo y confusión, consecueúcias precisas de la 
incompatibilidad sustancial de los intereses que artificiosa- 
mente querian unirse en un tratado, debian producir necesaria- 
monte desacuerdos y graves complicaciones. 

La historia de las Repúblicas Hispano-Amerícana nos en- 
seña cuan peligroso es que los Gobiernos celebren contratos ó 
hagan concesiones; gratuitas ú onerosas á ciudadanos, ó 
comi-añias de Naciones mas fuertes. Los conflictos interna- 
cionales, los ultrajes y la violenta exacción de caudales del 
fisco, en beneficio de esos contratistas, son demasiado conoci- 
dos, y no los mencionamos ahora por abreviar nuestro tra- 
bnjo. Para evitar tantos males los Gobiernos jamas debieran 
contratar con companias ó ciudadanos extranjeros: Bolivia, 
como otras Repúblicas, incurrió en este error. El General 
Melgarejo, maltiaclado Presidente de Bolivia, concedió contra 

ley, y gratuitamente, en 5 de Febrero de 1868, á Milbourne 
T. i; 4 



50 LA CUESTIÓN DE LOS DIBZ CENTAVOS 

Glarke y Compañía (de la cual era socio la ingrata y desleal 
casa de Guillermo Gibbs y Compañía) una inmensa extensión 
de territorio en el desierto de Atacama, de 15 leguas de Sur á 
Norte, y 25 de Este á Oeste, á partir del paralelo 24, desde el 
mar; ademas le concedió otros prívilejios; pero tan luego 
como se restableció el imperio de la ley, se decUró nulo cuanto 
había hecho la administración Melgarejo (ley de 19 de Octubre 
de 1871) y por consiguiente lo concedido á la Compañía Míl- 
bourne, denominada después «Compañía de Salitres y del 
Ferro-Carril de Antofagasta » ; de aquí surjió una cuestión 
entre el Grobierno y la Compañía ; para terminarla se dictó 
una ley, (en Noviembre 1872) autorizando al Gobierno para 
celebrar una transacción, con cargo de dar cuenta al Congreso; 
este aprobó el arreglo celebrado, con la condición de que 
dicha Compañía pagará diez centavos de peso, por cada quin- 
tal de salitre que exportara (ley de 14 de Febrero de 1878). 
Antes de que se dictara esta ley, la Compañía Milbourne, y su 
sucesora titulada « Compañía de Salitres y del Ferro-Carril de 
Antofagasta, » no tenía derecho ni personería legal para titu- 
larse poseedora de terrenos salitreros. (*) 

El Gobierno de Bolívia en cumplimiento de esta ley, impuso 
al salitre que exportara la citada Compañía, la contribución 
de diez centavos, como remuneración de las concesiones de 
terrenos y demás prívilejios. El Ministro de Chile en Bolivia 
reclamó de este proyecto ; la simple reclamación verbal (en 
Abril) bastó para que se suspendiera indefinidamente el cum- 



(*) Como el origen ó pretexto que alegó Chile para anular el tra- 
tado de 1874, es el impuesto de diez centavos al quintal de salitre ; 
consideramos de vital importancia una hoja suelta titulada < El PriM 
ecfio de Chile por Marcial Martines, > que aunque se 
publicó anónima, ya so sabe que el autor es el antiguo Ministro de 
Bolivia Doctor Don Zoylo Flores. Es la historia verdadera de la funesta 
7 turbulenta « Compañía de Salitres y del Ferro carril de Antofagasta, • 
escrita, casi en su totalidad, por don Marcial Martínez, Ministro Ple- 
nipotenciario de Chile cerca de varios Gobiernos, y uno de los publicis- 
tas chilenos mas serios y concienzudos. Recomendamos la lectura de 
este documento que copiamos integro en el Apéndice núm. 5, 



LA CUESTIÓN DE LOS DIEZ CENTAVOS 51 

plimiento de la ley de 14 de Febrero de 1878, « rrvientras que 
el Gobierno de Chile encontrara una solución prudente que 
pusiera á salvo los intereses de la Compañia Salitrera ; » pero 
Chile que tenia el firme y preconcebido propósito de apode- 
rarse de ese territorio, ordenó á su Ministro que interpusiera 
en forma su reclamación, y así lo hizo, en 2 de Julio de 1878, 
fundándose en que, según el tratado de 1874, la exportación 
de productos de la zona en que se producia el salitre, quedaba . 
libre de todo derecho. Los inconvenientes y altaneros térmi- 
nos en que estaba concebida la reclamación, no produjeron 
otro efecto que el que continuara en suspenso la citada ley de 
14 de Febrero; hasta que en Noviembre el Ministro chileno 
dio lectura y copia, al de Relaciones Exteriores de Bolivia del 
oficio de la Gancilleria de Chile que terminaba diciendo : « la 
negativa del Gobierno de Bolivia á una exijencia tan justa 
como demostrada, colocaría al Gobierno de Chile en el caso do 
declarar nulo el tratado de límites que lo ligaba á ese pais, y 
á las consecuencias de esa declaración, dolorosa, pero absolu- 
tamente justificada y necesaria; » tales son los términos con- 
minatorios y amenazantes del oficio de Relaciones Exteriores 
de Chile á su Ministro en Bolivia (Noviembre 8 de 1878). Su 
sola lectura debió irritar á este Gabinete, sin embargo, con- 
testó que el impuesto de diez centavos, era consecuenci¿i de un 
pacto espacial con solo la Compañia salitrera, porque se le 
habia dado una inmensa extensión del territorio; que el tra- 
tado se referia á ios demás depósitos minerales, (Diciembre 18 
ce 1878) y por consiguiente el Gobierno de Bolivia ponia en 
ejecución la ley dada por el Congreso, cuyo cumplimiento se 
habia suspendido temporalmente solo por deferencia á Chile. 
Esto bastó para que el Diplomático de Chile, apesar de que 
confiesa en el pnncipio de un oficio del misme ,d¡a 18 de 
Diciembre «que la discusión lejos de estar agotada acaba de 
ser tranquilamente iniciada, » terminara con estas palabras : 
« Agotados estos medios y en presencia del oficio de V E , 
fecha de hoy, que tengo á la vista, cumplo con el solemne y 
doloroso deber de declarar á V. E., á nombre de mi Gobierno, 
que la ejecución de la ley que grava con un impuesto á la 



52 LA CUESTIÓN DB LOS DIEZ CENTAVOS 

Compañia de salitres y ferro -carril de Antofagasta, importa 
la ruptura del tratado de límites de 6 de Agosto de 1874, hoy 
vigente entre Chile y BoUvia, y que las consecuencias de esta 
declaración serán de la exclusiva responsabilidad del Gobierno 

de Bolivia. » 

Bolivia con un exceso de moderación, que bien se pudiera 
calificar de debilidad, contestó en 26 de Diciembre : « expues- 
tos dichos motivos en satisfacción al reclamo de US» y no 
pudiendo quedar por mas tiempo sin ejecución la ley citada de 
la Asamblea Nacional, que solo fué suspendida transüoru^ 
mente á causa de la reclamación de US.<, y por deferencia 
al Exmo. Gobierno de Chüe^ comprenderá US. que mi Go- 
bierno no ha hecho mas que cumplir con un deber constitucio- 
nal al decretar la vigencia de la ley mencionada, sin que esto 
importe, como supone US. el término de toda discusión, ni 
menos una ruptura del tratado de 6 de Agosto de 1874, pues 
que US. olvida que aun para el caso de que se siisciten 
agestiones sobre su inteligencia y ejecución, el artículo 2^ del 
Tratado complementario abre en beneficio de áfnbas nacio- 
nes el recurso arbitral. > 

El Ministro de Chile aceptó el arbitraje para el caso de no 
ser posible un avenimiento directo, y « con la precisa condi- 
ción de que el de Bolivia diese órdenes inmediatas, para que 
se suspendiese la ejecución de la ley de 14 de Febrero de 
.1878, sobre el impuesto de diez centavos á los salitres, y se 
restablecieran las cosas al estado en que se encontraban antes 
del decreto de 18 de Diciembre de 1878; pues consideraba 
este requisito como esencial y previo para reanudar la discu- 
sión, ó para iniciar las gestiones conducentes á la constitución 
del tribunal. » (Enero 20 de 1879. Bibl. 190). Siete dias des- 
pués de esta aceptación condicional del arbitraje, se presentó 
en Antofagasta el blindado Blanco Encalada, lo cual alarmó 
justamente al Gobierno de Bolivia, y lo obligó á pedir expli- 
caciones sobre el particular, al Representante chileno (Enero 
27), éste contestó el mismo dia, « asegurando que la presencia 
del Blanco Encalada en Antofagasta no tenia el significado, 
ni el objeto que el Gobierno de Bolivia le atribula. » Confiando 



LA CUBSTIOH DE LOS DmZ CBMTAVOS 53 

en tan solemne declaración, creyó Solivia terminar el conflicto 
internacional y cortar todo debate sobre la enojosa cuestión 
de los diez centavos impuestos á la Compañía Salitrera, decía- 
rando (Febrero 1 de 1879) rescindido el contrato de 27 de 
Noviembre de 1S73, entre el Gobierno y la citada Compañía; 
y por consiguiente suspendidos los efectos de la ley de Febrero 
de 1878. No debió esperar que tal medida condujese á buen 
resultado; porque si Chile estimó como un casus belli el solo 
hecho de decretar el impuesto de los diez centavos sobre los 
salitres de la Compañía de Antofagasta, no podia caber duda 
que la rescisión del -contrato, que privaba de todo derecho 
en las salitreras, lejos de apaciguarla exaltaría su rabia, y la 
daría mayor pretexto para ocurrir á las vias de hecho; sin 
embargo creyó aquel Gobierno que con el decreto de rescisión 
se restablecería por completo la armonía y buena inteligencia 
entre ambos Gobiernos, y estaba dispuesto á someterse á la 
decisión de un arbitro^ en caso de que surjieran nuevos inci- 
dentes (Febrero 6.) 

Mucho candor de alma necesitaba tener el Gabinete de 
Bolivia para que creyera que su propuesta podia ser acep- 
tada; puesto que si • la cuestión versaba sobre si la Comn 
pañia Salitrera debía ó no pajar el impuesto de diez 
centavos^ y por el decreto de rescisión desaparecía dicha 
Compañía, no quedaba punto alguno que someter al fallo de 
un arbitro. Este gravísimo error hizo imposible todo aveni- 
miento: sin embargo el Diplomático de Chile exijió en su 
ultimátum de 8 de Febrero, «que el Gobierno de Bolivia 
€ le contestara, dentro del térmiiio de cuarenta y ocho 
< horas, si aceptaba ó nó el arbitraje, suspendiendo pre- 
€ víamente toda innovación hecha en el litoral con res- 
« pecto á la cuestión en que se ocupaban. » 

No recibiendo coniestacion al ultimátum hasta el día 12. 
pidió sus pasaportes; declaró roto el tratado de 6 de Agosto 
de 1874 y que por consiguiente renacian para Chile los 
derechos que legítimamente hacía valer antes del tratado 
de 1866, sobre el territorio á que ese tratado se referia. 

Es de notarse que el día i 1 el Gobierno de Chile ordenó 



54 CHILE OCUPA EL TERRITORIO DE BOLIVIA 

á. SU Ministro que se retirara inmediatamente, y en segui- 
da mandó fuerza A ocupar el litoral Boliviano, declarando 
de hecho la guerra á Bolivia, sin esperar á saber el resul- 
tado de las negociaciones de su Ministro en La Paz; por- 
que era materialmente imposible saber en Chile el dia 11 lo 
que ese mismo dia pasaba en la Paz, puesto que no había 
telégrafo. De aquí se desprende una observación que for- 
zosamente tiene que conducirnos á uno de estos resultados : 
ó Chile tenia el ánimo resuelto de hacer la guerra á Bolivia, 
cualesquiera que fuesen las circunstancias que mediaran 
en la controversia diplomática, puesto que, como hemos 
visto, invadió el territorio cuando no podia tener noticia de 
que llegara el caso de un rompimiento, y antes por el 
contrario la última que debió llegarle, era para no abandonar 
el camino de la reconciliación; ó juzgando inevitable el 
resultado, se anticipó á él, no solo emprendiendo hostili- 
dades, mucho antes de considerar como terminadas las ges- 
tiuiies diplomáticas, sino apoderándose de hecho de una 
paite del territorio de su contendor, cuando éste tampoco 
podia saber si Chile era ya su enemigo; y sea cual fuere 
el supuesto verdadero, Chile no podrá nunca probar que 
en esto obró con buena fé, ó siquiera con dignidad. Por 
otra parte si el Gobierno de Bolivia hubiese aceptado la 
propuesta del Ministro Chileno, en su mismo ulthnatumj 
qué habria hecho Chile habiendo ya roto las hostilidades, 
y principiado la guerra con la sorpresiva toma de Antofagas- 
ta? ¿habria cejado en su emprendida marcha, esperando 
quo el juicio arbitral decidiera la cuestión ? Mucho lo du- 
damos. (*) 



(•) Al principio del conflicto, y antes del retiro de la Legación de 
Chile, el. Ministro de Bolivia D. Julio Menendez, propuso al gabine- 
te la ¡dea de un arreglo, que consistía en formar una especie de 
Compafíia entro los Gobiernos del Perú, Bolivia, y C'hUe para explo- 
tar las salitreras, desde el Loa al Sur. Según este proyecto, Bolivia 
daría el dominio de las salitreras: el Perú los capitales para la ex- 
plotación de las salitreras del Toco, y Chile para las de Antofagasta ; 



EL LlMITE NORTb: DB CHILE 55 



II 



Sumario : £1 límite de Chile fué el rio Salado, ó el Paposo y, jamás 
poseyó territorio al Norte de este límite— Reales, Ordenes y docu- 
mentos que lo comprueban. 



Hemos dicho que Chile jamas tuvo derecho alguno sobre 
el territorio de Atacama, ni lo poseyó un solo momento. 
Sus límites estaban demarcados desde antes de 1803, y 
en este año se fijaron, con tal precisión, por el Rey de 
España, que nadie dudó ni ignoró que el Vireynito del 
Perú, su colindante, se extendía hasta el Paposo por el 
sur, ó lo que es lo mismo, que el limite norte de Chile no, 
podía, en ningún caso, pasar del Paposo ; sin embargo en 
su Manifiesto ó Circular á las Naciones (Febrero 18) Chi- 
le asegura, con arrogante firmeza, « que al ocupar el litoral 
€ Boliviano hasta el paralelo 23\, colocaba nuevamente su 
€ bandera en los territorios de que era dueño»; é inten- 
ta probar con sofisujas y con un aplomo y serenidad que 
espanta, la legalidad con que poseia ese territorio, desde 
antes de 1810. 

En 1878, con motivo de las cuestiones aduaneras del 
Perú con Bolivia, empez iron á ajitarse los ánimos, y se 
temia que surjiera un conflicto entre ellas; en el cual 



los productos de cada zona, serian divisibles, por mitad, entre Boli- 
via y el explotador; esta idea no fue aceptada. 

El mismo Ministro, propuso un plan de alianza entre Bolivia, el 
Perú y la República Argentina, bajo las siguientes bases: Bolivia 
cedería á la República Argentina la mitad del desierto, y del litoral de 
Atacama, comprendido entre los grados 22.» al 27,», desde el Loa al 
Paposo. £hte litoral, de cinco grados, se dividiría por mitad, á 62 
y media leguas, ó sean dos grados y medio; del Paposo al norte, 
para la 'Confederación Argentina y del Loa al sur para Bolivia ; la 
línea divisoria quedaría encontrada y marcada á los 2i^ 30' de lati- 
tud meridional . » 



53 EL LÍMITE NORTE DE CHILE 

necesariamente hubiera tenido cabida la discusión sobre sus 
límites comunes: entonces publicamos un pequeño folleto, 
titulado «Verdaderos limites entre el Perú y BoUvia^j y 
cuan lejos se estaba de sospecharse siquiera que lo que 
entonces se compulsaba para defender los derechos del Perú 
contra Bolivia, sirviera, poco después, de argumento contra 
Chile! hoy queda simplificado y reducido nuestro trabajo á re- 
producir lo que en aquel folleto dijimos respecto al límite 
Sur del Perú. De este modo se verá que al fijar los ver- 
daderos límites de Chile, no procedemos por odio ni por 
pasión. 

« El Soberano de la América dividía y subdividia su ter- 
ritorio como lo juzgaba mas conveniente á sus intereses y á 
las necesidades que ocurrían. Dejando de referir las causas 
que dieron origen á la demarcación después de 1803, lo 
cierto y positivo es que el Rey Soberano de este territorio, 
dictó las reales órdenes de 1* de Octubre de 1803, y la del 17 
de Marzo de 1805. En ellas declara que en el Puposo concur^ 
ren las extremidades de los tres Gobiernos^ es decir, del 
Perú, Chile y Buenos Aires, y ordena y manda que el expre- 
sado puerto del Paposo^ sus costas y territorio, se agreguen 
al Vireynato de Lima. Aun cuando el Virey del Perú, Már- 
quez de Aviles elevó al Rey algunas observaciones sobre 
la Orden de 1803 en cuanto al establecimiento de fortalezas 
énel Paposo;por Real Orden de 17 de Marzo de 1805 se 
resolvió que sin embargo de las observaciones (del Virey) era 
su voluntad (del Rey) se ejecutase lo mandado. 

«Después de la Real orden de 1805, en que dijo el Sobera- 
no ser su voluntad que se ejecutase lo mandado en Octubre 
de 1803, no hubo orden en contrario ; y el Perú se encontró el 
año de 1810 con derecho real y perfecto, poseyendo hasta 
el Paposo, como lo habia poseido antes de 1803, fundado en 
justo título. 

«Según lo dicho no cabe la menor duda de que la Pro- 
vincia ó Corregimiento de Arica, y después el de Tarapacá, 
tenia por limites no solo la quebrada de Tucupilla y todos los 



BL LÍMITE NORTG DES CHILES 57 

anexos del Curato de Pica 6 Huatacondo, según el mandato 
del Virey Amat, sino hasta tocar con Chile. 

« Queda pues probado con los mismos documentos presen- 
tados, aceptados y sostenidos por Bolivia, que los limites del 
Perú en el año 1810 se extendian por el sur hasta el Paposo, 
situado en el paralelo de los 25° 32, mas ó menos. Paso á 
examinar y probar, que después de 1810 continuó el Pferú 
como dueño y señor de ese territorio hasta que se creó la 
nueva República, y aún años después. 

« Los Vi'reyes del Perú, Buenos Aires y Chile no tuvieron 
cuestión sobre límites después de 1805, así que no existe 
ninguna Real Cédula ni orden á este respecto : cada gober* 
nante se limitaba á ejercer su autoridad en el límite de su 
jurisdicción. Cuando terminaba el período de un Virey, por 
obligación presentaba á su sucesor la Belacion ó Memoria 
de su Gobierno, y casi siempre principiaban dando una idea 
general del reynOj y de sus líraRes. Estos documentos me- 
recen cumplido crédito; porque no puede ni imaginarse que 
un Virey diera á su sucesor datos falsos sobre hechos palpa- 
bles, y que j)ronto podían ser desmentidos : tampoco puede 
suponerse que ignoraran los límites de su jurisdicción : pues 
bien, el Virey Abascal en la Relación que dio á su sucesor 
el año de 1816, dice que el « Vireynato del Perú después de 
€ las últimas desmembraciones y 7iuevas agregaciones que 
« se le han hecho, tiene por límites al N. la Provincia de 

€ Guayaquil : el desierto de Atacama al Sur compren- 

< diendo en todo su territorio desde los 32 minutos al Norte 
« de la Equinoxial hasta los 25** 10' de latitud Meridio- 
€ nal,» es decir hasta el Paposo, según la latitud que, se 
calculó entonces: ¿puede existir documento mas auténtico 
ñique resuelva mas explícita y terminantemente la cuestión? 
(Bibl. 210). 

El Gobierno de Chile reconocia el 28 de Setiembre de 1872 
ante la Cámara de Diputados, por boca de su Ministro de 
Relaciones Exteriores, Dr. Ibañez, «que correspondía á Boli- 
via la soberania del territorio donde está Antof igasta, y 



58 



KL LIMITE N0RT1¿ DE GHILB 



confesaba que el Gobierno de Bolivia era honrado patriota y 
altamente Americano. (*) 

Dos años después, la comisión del Senado de Chile, en su 
informe sobre el tratado de 1874, presentado el 16 de Junio 
de 1875, decia : « No hay razón ninguna para que la explota- 
« cion del huano sea solo común entre los grados 23 y 24, 



(*} Discurso dkl Skñok Ibañkz, Ministro dr Rklaüioes Exticriorks 
DK Chii.k, kn la Cámara dk Diputados kn Santiago, kl 28 dk Setikm* 

BUK DiS 1872. 

«El Stífíor Ibañez (Ministro de Relaciones Exteriores:} A ftn de dar 
la exactitud posible á la contestación que dirijo al honorable Señor 
Cruchnga, á propósito de la interpelación que se sirvió dirijirme en la 
sesión pasada, me voy á permitir dar lectura á las preguntas conteni- 
das en dicha interpelación. 

« 1* — Pueden contar los chilenos establecidos en Antofagasta, con 
<}ue este puerto continúe abierto, y gozando de las mismas franquicias 
comerciales de que han gozado hasta ahora? 

« 2> — Si el curso de los acontecimientos conduce á que vuelva á 
Chile la posesión del territorio, que por el tratado de límites cedió 
Bolivia ¿está ó nó dispuesto á respetar los contratos [que Bolivia haya 
celebrado imponiendo gravámenes á ese territorio ó restrhijiendo los 
derechos anexos á su soberanía ? 

« S^^Si por el contrarío Bolivia continuase en posesión de aquel 
terrítorio, ¿ está ó nó el Gobierno de Chile dispuesto á consentir en 
que el Ferro-carril que por cuenta del Gobierno de Bolivia se ha de 
construir de Mejillones á Caracoles sea exclusivo y queden sus tarifas 
de fletes y pasajes al arbitrio esclusivo del Grobiemo de Bolivia ? 

«4* — En vista de lo ocurrido con la expedición Quevedo, que im- 
puso una contribución forzosa á los habitantes de Antofagasta, ¿ qué 
medidas ha tomado ó piensa tomar el Gobierno de Chile para poner á 
cubierto á sus nacionales de semejantes tropelías ? « 

Como lo notará la Honorable Cámara, las preguntas que preceden se 
refieren á los hechos hipotéticos, que pueden y no pueden suceder. Por 
lo mismo, mi contestación tiene que resentirse de la condición que 
afecta á las cuestiones formuladas. 

El Gobierno, Señor, ha deseado y desea que no solo sus actos sino 
también sus ideas, sus propósitos, sean conocidos y apreciados de to- 
dos, porque siendo la opinión pública la mejor voz de aliento cuando 
se procede bien y acertadamente, el moj^r correctivo cuando se mar- 
cha por un camino errado, es ella la que antes de todo debe escucharse. 



EL límite north: de chile 59 

cuyo territorio pertenece á Bolivia. » En el tratado que 
celebró con España en 22 de Abril de 1844, se Ajaron los 
límites de Chile, desde el desierto de Atacama al Sur: el 
articulo r dice: «Su Magestad Católica usando de la facultad 



siempre que se trata de asuntos de tan grave y transcendental impor- 
tancia, como el que motiva la interpelación de que en eate momento me 
ocupo. 

Desgracíndamente, en el presente asunto no me es posible ser tan 
terminante y esplícito cual lo deseo, á fin de que esa opinión, que á la 
vez busco y respeto, se pronunciase sobre un procedimiento dado. Y 
digo que no puedo ser esplícito, porque en efecto, Señor« á ninguna de 
las preguntas que contiene la interpelación, puede darse una contesta- 
ción categórica. 

Todas ellas se refieren á hechos que pueden suceder y acaso á hechos 
que nunca sucederán ; y si en los negocios particulares es, si no peli- 
groso, al monos aventurado, el determinar la conducta que se habrá de 
seguir en previsión de un caso probable ó posible, porque está lejos 
de realizarse, en los negocios públicos^ y sobre todo en los negocios 
internacionales, tal conducta ademas de peligrosa, seria desacertada y 
punible. 

La primera de las preguntes que contiene la interpelación debe mas 
bien dirijirse al Gobierno de Bolivia que al de Chile, pprque corres- 
pondiendo al primero la soberanía del territorio donde está situado el 
puerto de Antofaganta, es á ese Gobierno á quien conviene dar les garan- 
tías de permanencia y estabilidad que se pretenden. Y si yo pudiera cons 
tituirme ahora en lejftimo y único representante de aquel Gobierno 
amigo, no vacilaría en contestar al honorable interpelante que los ha- 
bitantes de ese puerto deben contar con la mas plena seguridad de que 
nunca, salvo un caso del todo raro y escepcional, será cerrado al 
comercio y á la industria. Y afirmo esto, primero porque en ello está 
la conveniencia del Gobierno Boliviano, y segundo porque éste ha dado 
ya pruebas de un procedimiento análogo, cuando en época anterior .y 
cuando el puerto no habia aun adquirido importancia ninguna, trató 
de cerrarlo por tnotivos de conveniencia ó de economía. 

De todas las preguntas, la última es la que contiene algún hecho 
acerca del cual puede darse una esplicacion. ¿ Qué hizo el Gobierno se 
pregunta para garantir los intereses chilenos en el caso de la descabe- 
llada expedición de Que vedo ? Lo que hizo, contestó, está, lo creo 
en conocimiento de la Cámara y del paia. 

Tan pronto como se tuvo noticia de esa expedición, el Gobierno se 
apresuró á enviar al litoral Boliviano alguna de sus naves de guerra, en 



60 EL LÍMITK NORTE DE CHILE 

que le compete por decreto de las Cortes Generales del Reyno, 
de 4 de Diciembre de.l8i6, reconoce como Nación libre sobe- 
rana é independiente á la República de Chile, compuesta de 
los paises especificados en su Ley Constitucional ; á saber en 



pretnsiotí de posibles desgraciadas emerjencias. Y si el hecho se repitiera 
exactamente como iia sucedido, el Gobierno volvería á tomar igual 
medida. 

Por lo demás, yo creo tener, y no es posible abrigar siquiera la me- 
nor duda sobre que el Gobierno de Bolivia deje de cumplir las obliga- 
ciones que le afectan por el tratado vijente de límites. Por mi parte 
y á nombre de mi Gobierno, rechazo enérgicumenfe toda suposición 
desfavorable á este respecto. Tenemos las pruebas mas elocuentes de que 
el Oohiemo Boliviano^ ademas de J^nrado y patrio ta, es altamente antsrt- 
cano y lecU y sineero amigo de ChUe. Ambos paises están interesados 
en conservar la común armonía, y ella jamás llegará á turbarse por sim- 
ples cuestiones de intereses pasajeros. 

Creo también no exijir demasiado cuando, tanto al Honorable Dipu- 
tado interpelante como á los demás miembros de esta Cámara, exijo 
que hagan al Gobierno la justicia de creerlo animado de los mejores 
propósitos y firmemente decidido á prestar á sus nacionales el apoyo 
que les es debido, donde quiera que sus personas y sus intereses lo re- 
clamen con un título lejíiimo y atendible. » Termina el discurso del 
Sefior Ibañez y habla el Diputado Señor Cruchaga : manifiesta que 
al formular las preguntas que tuvo el honor de dirijir al Honorable 
Ministro de Kelaciones Exteriores, le animaba el espíritu de la mas 
cabal armonía que debe reinar entre las dos Naciones, y se proponía 
solamente llamar la atención del Gobierno sobre los peligros que podían 
ocurrir á propósito del tratado de límites entre Chile y Bolivia, y á la 
garantía que necesitan los intereses chilenos existentes en esa localidad. 

Su Señoría no pretende pedir explicaciones estensas, comprende que 
hay cuestiones reservadas. Como ¿onoce su derecho, conoce también 
BU deber. 

Algo se ha obtenido con la contestación del Honorable Señor Minis- 
tro de Relaciones exteriores. Se sabe que Chile y Bolivia tienen igual 
interés en que continúe abierto el puerto de Antofagasta, y que si el 
Gobierno de Bolivia, por alguna causa particular llegara á cerrarlOt el 
de Chile interpondría su influjo para que se volviera á entregar al co- 
mercio, como ya ha sucedido. 

Gon todo, cree que podria el Soñor Ministro dar una contestación 
definitiva á una pregunta basada en un hecho, y es, si el Gobierno de 



EL LÍMITi: NORTE DB CHILE 61 

todo el territorio que se extiende desde el desierto de Atacama 
hasta el Cabo de Hornos, y desde la Cordillera de los Andes 
hasta el mar Pacíñco, con el Archipiélago de Chiloe y las islas 

adyacentes de la coi^ta de Chile » 

En vista de las legales y clarísimas pruebas que acabamos 
de reproducir ¿ podrá dudarse que el límite Norte de Chile no 
pasó nunca de los 25"^ 33' mas ó menos, en que está situado el 
Paposo? Está vigente la Real Orden de 1803, que tiene 
fuerza de Ley ; está probado que se le dio pleno cumplimiento, 
puesto que el Virey Abascal en 1816 aseguraba á su sucesor 
que «el Perú se extendia por el Sur hasta los grados 25'' 10' » 
por consiguiente lo que Chile ocupe ó posea al Norte de 
este paralelo, es uha usurpación ó una conquista, mientras no 
bonifique sus títulos por tratados celebrados en buena paz, y 
no impuestos por la fuerza de las armas^ después de una 
victoria. 



Cliile estaría dispuestro aprestar á Bolivia el auxilio de Bus fuerzas 
para defender los intereses amagados de nuestros nacionales. 

Si el Sefíor Ministro estima del mismo modo ese hecho, su Señoría 
quedaría satisfecho. 

De nó, aguardará los hechos ; sea para aplaudir á su Señoría, ó para 
formular una nueva interpelación. 

Su Señoría no busca mas de lo que puede, ni pide mas de lo que 
debe. 

Si el Honorable Señor Ibañez contestara á esa pregunta, quedaría 
satisfecho por lo menos á medias, pues no ignora las reservas que de- 
ben guardarse sobre ciertas cuestiones, y daria por terminado el inci- 
dente. 

£1 Señor Ibañez ( Ministro de Relaciones Exteriores ) pide la Memo- 
ría del ramo, porque cree que entre sus documentos encontrará el 
Señor Diputado interpelante la contestación á su pregunta. 

Después de rejistrar los documentos aludidos, y no encontrándolos 
el Señor Ministro declara que recuerda haber dirijido un oficio al Mi- 
nistro Plenipoienciario de Chile en Bolivia, con motivo de los aconte- 
cimientos desarrollados en Antofagasta. En ese oficio se le autoriza- 
ba ampliamente, para que arribase á una Convención con el Gobierno 
de Bolivia, para protejer los intereses de nuestros nacionales. 

Con esto dióse por terminado el incidente. 



62 



EL LIMITE norte DE CHILP. 



A las anteriores razones agregaremos la siguiente que 
manifiesta lo fundado y lógico que fué la Real Orden de 1803, 
ratificada en 1805. Alíyar límites, el objeto principal es el 
evitar cuestiones futuras, determinando con toda precisión el 
punto ó línea divisoria, por medio de los lindes mas notables 
y duraderos que el caso lo permita : en el desierto que media 
desde el Loa á Chile, ó sea el desierto de Atacama, solo 
existen dos rios, el Loa y el Salado. El Rey pudo y debió 
elegir como límite cualquiera de estos rios ; porque son úni- 
cos lindes que en esa región pueden determinar con la preci- 
sión, claridad, y estabilidad necesarias el dominio de los 
colindantes; y absurdo é inmotivado habria sido dividir el 
desierto por una linea imaginaria, ya sea que partiera de 
Mejillones ó de Antofagasta, lugares entonces de ninguna 
importancia, y casi desconocidos ; puesto que en vez de esta 
línea, bajo todo punto inconveniente, existian las naturales y 
ventajosísimas del Loa y del Salado. Solo una circunstancia 
pudiera haber obligado al Monarca á dividir de esa manera el 
desierto, yes la de tener que conciliar intereses opuestos; 
pero no necesitamos decirlo. El rey, dueño absoluto y único de 
las secciones territoriales, cuya demarcación verificaba, no 
pudo encontrarse en tal caso ; nada hay que hubiese podido 
inducirlo á este extremo. Ahora, entre el Loa y el Salado, la 
elección no podia ser dudosa, puesto que por disposiciones 
vijentes entonces, se sabia y reconocia que el Vireynato del 
Perú se extendia mucho mas al Sur del Loa ; y por consi- 
{<uiente lo natural, lo lógico, y lo conveniente fué, designar la 
línea del Salado llamado también el Paposo. 



NARRACIÓN HISTÓRICA 



DR LA 



GUERRA DE CHILE CONTRA EL PERÚ Y BOLIVIA 



CAPÍTULO PRIMERO 



Estaeraos del Perú por evitar la irno^m 



Ruif ARto : El Perú deseaba la paz y le convenia— Interpone bus buenos 
oflciofl— El Presidente de Chile maniñesta deseos por la paz y la 
mediación— El Perú ofrece sus buenos oíioios, y Chile no los acepta 
—El Encargado de Negocios del Perú en Chile dá la voz de alarma— 
El Perú envia á Chile una misión mediadora — £1 Plenipotenciario 
es mal recibido en Chile por el pueblo que se opone á la media- 
ción — En Valparaíso se ataca el Consulado del Perú — Discurso 
solapado del Presidente de Chile— La prensa y el pueblo de Chile 
dificultan la mediación : quieren la guerra — Conferencias privadas 
del Plenipotenciario con el Presidente y con el Ministro de Rela- 
ciones Exteriores de Chile — El Presidente declara que el propósi- 
to de Chile es distinto del que ocasionó la guerra con Bolivia — 
Bases propuestas por el Plenipotenciario del Perú — El Presi- 
dente declara que no quiere la conquista; expresa sus opinio- 
nes, y teme que las conozca su pueblo — Entrevista con el Ministro 
de Relaciones Exteriores Fierro — CK)nferencias del Plenipotenciario 
Lavalle con el Senador Santa María — Chile cambia de plan ; ra' 
iones — Llega á Chile la noticia de los decretos de B«ilivia 
contra los Chilenos y efectos que produce — Segunda conferencia 
con Santa María; éste conviene en ir á Lima como Ájente Confi- 
dencial ^ El Preaideuto de CUile propone otras bases de arreglos 



64 ESFUERZOS DEL PERÚ PARA EVITAR LA GUERRA 

— Conferencias del Senador Lastarria con el Plenipotenciario Lava- 
lie — Las negociaciones diplomáticaA cambian de aspecto ~ £1 
Plenipotenciario Godoy en Lima da á su Gobierno falsas noticias 
y pérfidos consejos — El mismo pide al Ministro de Relaciones 
Exteriores del Perú noticia sobre el tratado secreto — Ultrajes en 
Antofagasta al Consulado del Perú — El pueblo, de Santiago ame- 
naza las Legaciones del Perú y á sus Representantes — El pueblo 
de Valparaiso ultraja, por segunda vez, el Consulado del Perú y su 
escudo — Chile declara rotas las Relaciones con el Perú — La mi- 
sión de paz del Plenipotenciario Lavalle no podia tener éxito feliz. 



El Perú deseaba sinceramente la paz entre Bclivia y Chile; 
eso le imponian sus antiguos vínculos de amistad, y su tradi- 
cional política desde 1826, de evitar la guerra entre las Repú- 
blicas Americanas, y de someter á arbitraje sus diferencias. 
El Perú fué la primera Nación en América que estableció en 
1826 el principio de resolver por medio de arbitraje las cues- 
tiones internacionales (Apéndice núm. 3) ; también se lo acon- 
sejaba su propio interés, pues bien conocia que una vez 
encendida la guería, no pódria permanecer indiferente en una 
lucha cuyas consecuencias, mas ó menos tarde, babian de 
influir necesariamente en su marcha política, y hasta en su 
propia conservación. Por eso, tan luego como llegó á Lima la 
noticia de lo que pasaba en la Paz entre el Ministro de Rela- 
ciones Exteriores de Bolivia y el Plenipotenciario de Chile, y 
se vio el tono altanero y amenazador que éste empleaba en sus 
comunicaciones oficiales, el Gobierno se apresuró á ordenar á 
sus Representantes en ambas Repúblicas, que no omitieran 
esfuerzo alguno para conseguir su reconciliación, interponien- 
do, en caso necesario, sus buenos oficios; y en último extremo 
que sometieran sus cuestiones al fallo de un arbitro, como 
estaba previsto en los mismos tratados. 

El Perú creyó conseguir su sano propósito, desde que no 
habia ultraje alguno á Chile, y la querella S3 reducia á saber si 
Bolivia tenia derecha para imponer el gravamen de diez cen- 
tavos al quintal de salitre que exportara la Compañia de 
Salitres y Ferro-Carril de Antofagasta, como indemnización 
de la concesión gratuita que obtuvo, contra ley, de extensos 



EL PERÚ INSISTE EN LA CONCILIACIÓN 65 

terrenos para explotar salitre y bórax, y para trabajos agrí- 
colas; ó. si á esta Compañia le comprendía la absoluta libertad 
de derechos de exportación pactada en el artículo 4** del tra- 
tado de 6 de Agosto de 1874. 

Al manifestar el Encargado de Negocios del Perú al Presi- 
dente de Chile, que el Perú ofrecería sus buenos oficios si las 
cosas llegaban al extremo de requerirlos, para lo cual estaba 
autorizado, contestó que los aceptaría con mucho gusto; 
habiendo antes expresado su vivo deseo por la conciliación y 
el arbitraje, y porque el Perú tomara parte ; pues que eso 
sería lo mas justo ; al efecto, y á fin de evitar que una medida 
extrema, por alguna emergencia grave como era de temerso, 
pudiera sobrevenir de un momento á otro, y desvirtuase ó 
hiciese ineficaces los buenos oficios del Perú, el Presidente S. 
Pinto ofreció al Encargado de Negocios del Perú don Pedro 
Paz Soldán y Unanue darle inmediato aviso de lo que ocurriese. 
Pero Bolivia ya babia declarado rescindido el contrato con la 
Compañia Salitrera, lo que dio por resultado el retiro de la 
Legación Chilena, al mismo tiempo que fuerzas de esta Nación 
se apoderaban del litoral Boliviano. No por esto desmayó el 
Perú en su propósito de trabajar por la reconciliación, ofre- 
ciendo sus buenos oficios, que Chile no aceptó ; porque su 
partido estaba tomado, « y las causas que como ola poderosa 
lo empujaban hasta este extremo, eran los valiosos intereses 
particulares, amenazados por la violenta rescicion, por parte 
de Bolivia, del contrato que tenia con la Compañia Salitrera ; y 
las exijencias de la opinión pública, que á todo trance quería 
un ensanche de territorio después del pacto Argentino, quoi 
consideraban humillante. » (Apéndice núm. 4). 

A pesar de las buenas palabras del Presidente de Chile al 
Encargado de Negocios del Perú, éste palpaba que el golpe 
sobro Antofagasta se extenderla al Perú, y « como peruano y 
como Rpipresentante daba la voz de alarma á su patria, y acon- 
sejaba precaverse de algún golpe de mano alevoso, como 
el de 21 de Agosto de 1836, refiriéndose á la alevosía coa 
que el Gobierno de Chile se apoderó de la escuidra del 

t, I. 6 



66 EL PUEBLO ES HOSTIL Á LA MEDIACIÓN 

Perú.» (*) Se confirmaba mas en su idea al ver que se repartían 
proclamas para que se enrolaran en el ejército los porteños de 
Valparaíso; y tanto preparativo era innecesario para la guerra 
con Bolivia. 



(*) Preferimos siempre la narración y juicio de escritores chilenos 
sobre aquellos actos que descubren el carácter de su Nación j de 
Ru Gobierno; y como el hecho de 21 de Agosto de 1836 es de lo mas 
negro en la historia, preferimos copiar lo que sobre él dice el Señor 
Vicuña Maokenna, en su obra Portales^ pág. 64 y siguientes: 

c El mismo dia, 13 de Agosto de 1836, en que la Monteagudo ponia 
su proa al Sur en la rada de Valparaíso, para ir á capturar el ber- 
gantín Orhegoso y sus tripulantes en las aguas de Chiloe, el bergantín 
Aguüea y la goleta Colocólo (nuestra única marina entonces) se dirijian 
con rumbo opuesto hacia el Callao. « ¿ A que iban ? 

«A consumar uno de los actos mas odiosos que se registran en los 
anales de nuestras Repúblicas, victimas de tantos abusos internaciona- 
les, ya de los poderosos Gobiernos europeos, ya de desleales vecinos. 

< El jefe de aquel crucero habia recibido la comisión secreta de 
apoderarse de un golpe de mano de todos los buques pertenecientes al 
Perú que encontrase en las aguas de aquella República y los condujera 
en rehenes á los puertos de Chile. 

« Victorino Garrido habia llegado al Callao el 21 de Agosto á las 9 
a. m. de 1836 y mandó pliegos á su Cónsul Layalle, quien no tardó 
en ir á bordo de la Aquiles. 

< £1 comisionado Garrido ofreció saladar su plaza y después de vi(<itar 
al comandante de marina, pasó á cerciorarse del estado indefenso de la es- 
cuadra peruana, para dar un ataque nocturno, sobre seguro, que meditaba. 

« La escuadra peruana se componía de la barca Santa-Cruz ^ bergan- 
tín Arequipeño y la goleta Peruviana, Los otros buques Libertad, Yana- 
cocha y Limeña, estaban en el mar, de servicio. 

tf A las doce déla noche del 21 de Agosto de 1836, á la misma hora en 
que un puñado de gloriosos soldados de Chile se habian dirijido á aquellos 
mismos sitios, quince años antes, para consumar la hazaña mas memo- 
rable y mas heroica que han presenciado las aguas del Paciñco, la cap- 
tura de la Esmeralda el 6 de Diciembre de 1820, ochenta marineros, 
mandados por el comandante Ángulo, se lanzaban sobre las solitarias 
cubiertas de los bu<iues peruanos, y sin ningún género de resistencia, 
los sacaban fuera del tiro de los cañones de los castíUos. A las dos 
de la mañana aquel deshonroso atentado, que entonces se celebró como 
una proeza heroica, estaba 04>metido, y el emisario de Chile se hallaba 
en el caso de volver ufano con su presa á presentarla como prenda 
de seguridad á las inquietudes de sus comitentes. » 



EL PUfiBLO BS HOSTIL Á LA MEDIACIÓN 67 

Aun después de rotas las hostilidades por Chile contra Bo- 
livia, y á pesar de que aquella no habia aceptado los buenos 
oficios ofrecidos por el Perú, éste no desmayó en su propósito 
de llamarlos á la paz por medio de, un arbitraje; Boiivia lo 
aceptaba y ofrecía dejar en suspenso la ley sobre derechos del 
salitre, y el decreto de rescisión del contrato. (*) 

Para reducir á Chile al camino de la paz envió en misión 
especial á D. José Antonio Lavalle (21 de Febrero de 1879) 
muy relacionado en los mejores círculos de Valparaíso y San- 
tiago ; de carácter tan sagaz como cortesano, ó incapaz de 
prestarse á ciertas indignas intrigas de la política. 1 La per- 
sona del Plenipotenciario del Perú no podia inspirar recelos, 
y garantizaba la buena íé del Gobierno del Perú ; mas todo 
debia fracazar, porque el pueblo de Chile estaba preparado 
contra la mediación ; queria la guerra, tenia odio al Perú, y lo 
comprobaba en el modo hostil con que la gente ó chusma de 
Valparaíso recibió al Plenipotenciario Lavalle. * La Policía 
de esa ciudad, prevenida por el Cónsul del Perú, desde dias 
antes, y sabiendo que se convocó al pueblo y se le excitaba 



(*] Ministerio de Relaciones EoíterioreH de Boliüia.^^En la ciadad de la 
Paz, reunidos en el despaclio del Ministerio de Relaciones Exteriores el 
Exmo. Señor Don José Luis Quiñones Enviado Extraordinario y Minis- 
tro Plenipotenciario del Perú, y el Exmo. señor Eulojio Doria Medina 
Ministro del Ramo, con el objeto de acordar la manera de hacer efec- 
tiva la mediación ofrecida por el Exmo. Gobierno del Perú en la cues- 
tión suscitada entre Boiivia y Chile, con asistencia del señor Secretario 
del Perú y del Señor Oficial Mayor del Ministerio de Relaciones Exte- 
riores; acordaron las siguientes bases : — Primera, que se retrotraigan 
las cosas al estado en que se encontraban antes del 8 de Noviembre 
del año pasado, fecha de la nota conminatoria del Señor Ministro de 
Relaciones Exteriores de Chile: Segunda, desocupación del territorio 
Boliviano por las fuerzas de Chile : Tercera, satisfacción por las ofensas 
inferidas á Boiivia y reparación por los daños causados por parte de 
Chile : Cuarta suspensión de los efectos de la ley de 14 de Febrero de 
1876. En fé de lo cual los respectivos Ministros firmaron el presente 
protocolo, asistidos de sus expresados Secretarios, á los cinco dias del 
mes de Mars^ de 1879 aííoñ,^Eulojio D, McfUna-^Luia Quiñones--' 
Dámaso Gtttierregt Secretario— /tian Urcta^ Secretario de la Legación. 



68 FUROR DBL PÜBBLO DE YALPARAISO 

contra el PienipoteDciarío, apostó en el muelle trescientos 
hombres armados. Desde que se avistó el vapor que tráia 
al Plenipotenciario del Perií^ mas de tres mil hombres de baja 
esfera se apiñaron en la esplanada del Resguardo, esperando 
su desembarco; apenas saltó á tierra, fué preciso que la 
polícia se interpusiera entre él y la multitud ; y desde el mue- 
lle hasta el hotel de su alojamiento fueron con el Cónsul 
General del Perú, entre dos filas de policiales, y estrechados á 
cada paso por una muchedumbre airada y enemiga, como reos 
que llevan al suplicio (Bibl. 144 p. g. 125). Asi recibía, un 
pueblo que pretende ser civilizado, al mens¿gero de paz, de 
una República aliada y amiga ! (Marzo 4.) (*) 

Burlado de pronto el furor del populacho por la intervención 
de la policía, esperó la noche del mismo dia 4, y reunido en un 
numeroso meetingy después de los mas torpes é indecentes 
insultos contra el Perú y su Representante en Chile, se dínjió 
al hotel, en busca del Plenipotenciario Lavalle ; pero éste se 
habia marchado á Santiago, precipitadamente y casi á ocultas : 
convencido entonces el pueblo de que su victima habia partido 
para Santiago, se encaminó á la casa del (Consulado General 
del Perú, la atacó á pedradas, y rompió el escudo ; la policia 
corrió en protección del Consulado, y fué rechazada á pedra- 
das ; hubo necesidad de duplicar la fuerza para restablecer la 
tranquilidad la noche siguiente, otro grupo, en menor nú- 



(*) La aigniente hoja aaelta se imprimió y repartió con profusión. 
Oopiamoa lo patínente; dice: <sAl jmeblof ^ Ciudadanos: ^ £1 
Martes próximo debe Uegar, segnn noticias fidedignas, á la costa de 
Chile an emisario peruano, con el cargo según unos, de interponer su 
mediación oficiosa en nuestra querella con Boliyia; según otros con el 
propósito de pedir severa cuenta i la Nación por la reivindicación de 
nuestros territorios del Norte 

Ckík «< JHMT H éetierto Aa HMa como Mac-Mahon en Malakoff : 
ñqm «sfoy y aqni mc pudo^ 

La misión del £nviado Peruano no tiene rason de ser. 

fisto es lo que conesponde manifestar, al país con incontrastable 
decisión^ y por actos inequívocos, públicos j solemnes. 

La diplomacia tiene sus usos, sos hipocresiaB, sus perifrasss j reticea- 



EL PUBBLO SE OPONE A LA MEDIACIÓN 60 

mero, intentó atacar la persona del Cónsul Peruano, ya que 
no existia escudo. El Intendente de Valparaíso pasó á casa 
del Cónsul peruano á darle «las mas amplias satisfacciones 
€ por un ultraje que lo avergonzaba, y que no pudo evitar, á 



cías; el paeblo no las concede ni la emplea; el pueblo solo oye y com- 
prende el lenguaje viril y franco de la verdad. 

Y el pueblo de Chile desea hacer comprender al Plenipotenciario 
Peruano que ya como mediador oficioso, ya como juez inquisidor, su 
misión es ineficaz y odiosa^ asi como al Qobiemo de Chile, que las 
puertas de la moneda, (se llama' asi la Casa de Gobierno}; debjdn hallarse 
cerradas para quien pretende entrar por ellas al través del disfraz, bien 
poco denso por cierto, de una falaz diplomacia. 

Con este objeto se convoca al pueblo de Valparaíso á un meeting para 
el Martes 4, á las ocho de la noche, en la plaza de la Intendencia, para 
hacer pn^cticas estas consideraciones, y adoptar, en presencia del Enviado 
Peruano, la actitud digna de los hijos de Caupolican y de Lautaro. 

¡A la plaza de la Intendencia, noble pueblo de Valparaíso I — Marzo 
4 de 1879. 



Dice El Mercurio de Valparaíso, Marzo 5. El Meeting de anoche, — 
De seis á siete mil almas serian las que llenaban anoche la plaza de la 
Intendencia. 

Poco después de las ocho empezaron los discursos en el orden siguiente: 
Don Joaquín Larraln Zaflartu, Don Federico Cruzat, Don Alberto Toro 
Carrera (joven como de 18 años, que llamó mucho la atención por su 
moderación, enéijica expresión y buenas dotes oratorias], y por último 
Don Víctor A. Bianchi. 

Todos mas ó menos arrancaron muchos aplausos y vivas, sobre todo 
al hablar en contra de la estemporánea mediación que nos ofrecía el 
Perú en los mismos momentos en que preparaba su escuadra, y su prensa 
se mostraba sumamente hostil á Chile. 

£1 sefíor Bianchi empezó su discurso censurando la conducta de la 
autoridad por haber mandado fuerza al muelle para protejer el desem- 
barque del Enviado Peruano, y terminó leyendo las siguientes conclu- 
siones, que fueron aplaudidas, artículo por artículo : 

c Los ciudadanos de Valparaíso aquí reunidos en meeting, teniendo 
presente : 

10— Que la mediación del Perú, ofrecida después del insulto de 
Bolivia y la ocupación del desierto de Atacama por nuestras tropas, es 
tardia, ineficaz é inoportuna. 

¿o — Qae esa misma mediación ofrecida después de la celebración 



70 EL PUEBLO SE OPOKE Á LA MEDIACIÓN 

pesar de todas las precauciones que tomó antícipadnmente 
para prevenirlo. » Iguales satisfacciones dio el Presidente de 
la República y el Ministro de Relaciones Exteriores de Chile á 
los Diplomáticos Peruanos, quedando así restablecidas las 
cosas para entrar al desempeño de su misión. 



de un tratado secreto con Bolivia y en medio de preparativos bélicos 
dirijidos evidentemente en contra nuestra, es ademas eminentemente 
sospechosa. ^ 

30 — Que la mediación ofrecida por el Perú bajo el imperio de todas 
estas ciscunstancias, solo traerá por resultado detener el vuelo de nues- 
tras armas en Bolivia, aumentar los rigores de la campaña y mantener 
por un dilatado tiempo el malestar industrial, económico y social que 
son una consecuencia inevitable del estado de guerra, 

acuerdan: 

1 o— Expresar al Gobierno su vehemente deseo de que no dé oido á 
proposición alguna que tienda directa ó indirectamente á demorar el 
rápido curso y desarrollo de nuestras operaciones bélicas en el litoral; 

2o— IVo aceptar, nobre todo la mecllaelon del Perú, 

mientras su Gobierno no haya roto el pacto ofensivo que en contra 
nuestra firmó con el de Bolivia, y dejando de mano sus bélicos aprestos, 
nos manifieste por actos, su sinceio deseo de mantenerse neutral en 
la actual contienda con Bolivia. > 

En seguida se dio por terminado el meeting, recomendando á todos el 
orden y la moderación. En efecto, luego empezó á despejarse la plaaa, 
r itirárdose en todas direcciones aquella gran masa de pueblo, que habia 
asistido al meeting con un orden verdaderamente ejemplar. 



« Parte de la Toucia,— Guardia de prima del Puerto ^Como á las 
9 p. m., mas ó menos, con motivo del meeting habido en la plaza de 
la Intendencia, al retirarse se dirijieron varios grupos á la plaza 
Echáurren cometiendo desórdenes con los gritos que dabaii. 

En este estado de cosas se dirijieron á la casa del Señor Cónsul Peruano 
lanzando vivas á Chile y mueras al Perúy en donde lanzaron varias 
pedradas á las ventanas y puertas de la casa que este funcionario ocupa 
en la plaza citada, rompiendo un vidrio de la puerta y la parte supe- 
rior del escudo. 

El que suscribe, acompañado de la tropa de la segunda escuadra, 
pudo contener algo el desorden, poniéndome con mi fuerza al frente 
de la puerta, mientras llegaba mas fuerza, como en efecto llegó á los 
pocos momentos, logrando con este auxilio tomar preso al autor de^ 



SOLAPADO DISCURSO DBL PRBSIDBNTB 71 

El discurso del Presidente, en la audiencia pública en que 
fué recibido por el Gobierno el Plenipotenciario Peruano (Mar- 
zo?), manifestaba en la apariencia su buen afecto al Perú; 
pero ningún deseo de arreglar las cuestiones con Bolivia. 
Examinándolo atentamente no dejaba duda acerca de la ver- 
dadera intención del Gabinete Chileno, y de que allí estaba la 
mano del mas hábil y astuto de los Diplomáticos Chilenos, el 
consejero privado de Pinto, el muy diestro Maquiavelo Santa 
María. El Presidente no dijo al Plenipotenciario, que se 
oirían sus razones, sino que en el curso de sus conferencias se 
llegaría á persuadir de que Chile hizo oportunamente cuanto 
podia éxijirse de su dignidad y de sus sentimientos america- 
nos ; le aseguraba que encontra^ia franca y cordial acojida, 
por ser Representante de un pueblo hermano, y por sus perso- 
nales merecimientos ; pero no pronunció una sola palabra que 
asegurara ó diera esperanza de que su misión de paz seria 
atendida ; en realidad lo que dijo es que < ya era inoportuna 
la misión. » 

La prensa y el pueblo, que deseaban la guerra, celebraban 
meetings túmiútMosos ] se repartían impresos rechazando la 
mediación; relacionando con torcida y malévola interpreta- 
ción, cuanto hacia ó no hacia, y cuanto suponian pensaba 
hacer la legación peruana^ y aconsejando que se le contestara 
que el Gobierno de Chile, después de agotados todos los me- 
dios de conciliación, estaba en el primer propósito de mante-' 
ner ¡a definitiva reivindicación del litoral boliviano. Esto se 



desorden que se encontraba en estado de ebriedad. Se le capturó en 
cumplimiento de lo ordenado por el señor Intendente. 

Al que suscribe le lanzaron también algunas pedradas. 

La plaza quedó completamente despejada. 

£1 señor Intendente acompañado de varios caballeros llegó á los 
pocos momentos al lugar del suceso, quien me ordenó por escrito captu- 
rar al promotor del desorden, orden que fué cumplida» á mas de la 
que usted tuvo á bien impartir verbalmente con el mismo objeto, y para 
la completa tranquilidad del local referido. 

£1 Señor Coronel Comandante de Policía también acompañaba al 
Señor Intendente. ~ Valparaíso, Marzo 4 de 1879. — Ignacio Espíndola, 



7S C0NFERBKGU8 PRIVADAS 

decia antes de haber llegado el Ministro mediador y se repetía 
cuando aún no existia ninguna comunicación escrita, ni tenido 
ninguna entrevista con el Ministro de Relaciones Exteriores ó 
con el Presidente de la República. 

En la primera conferencia privada que el Plenipotenciario 
Peruano tuvo con el Presidente de Chile (y horas después con 
el Ministro de Relaciones Exteriores) aquel se manifestó muy 
cordial y al parecer muy franco: le declaró que sentiael 
desacuerdo con Bolivia ; y expresó su sincero deseo de man- 
tener inalterables las buenas relaciones con el Perú. En el 
curso de la conversación convino en reconocer que la verda- 
dera diflcultad, para entrar en un arreglo, consistia en la 
ocupación del litoral Boliviano, que no podia abandonar Chile, 
ni Bolivia aceptar nada sin ese previo requisito. El Presi- 
dente indicó la idea de un posible arreglo, conviniendo en 
pagar á Bolivia una subvención que le indemnizara de los 
perjuicios. que la falta de ese* territorio le pudiera causar, 
mientras se resolvía la cuestión por arbitraje. Al ver que el 
Ministro Lavalle insistia en manifestar lo imposible de que 
Bolivia conviniera en tratar de otro modo, le replicó el Presi- 
dente « entonces tendremos que apelar al hanseafismo que 

I proponía D. M. C. A las observaciones del Ministro Lavalle, le 

. contestó que la verdadera cuestión jiraba no ya sobre el im- 
puesto de los diez centavos, ni la rescisión del contrato con la 
Compañía Salitrera de Antofagasta, sino sobre el dominio real 
del territorio en cuestión ; desde ese momento variaba el 

\ aspecto de los negocios. 

Esta conferencia confirmó la opinión que habia concebido 
el Plenipotenciario Lavalle en los pocos días de su permanencia 
en Santiago; á saber: « P que el Gobierno de Chile habría 
deseado entrar en un arreglo cualquiera, que le permi- 
tiese evitar la guerra con el Perú, y le facilitara la conserva- 
ción de la posesión de los territorios entonces ocupados ; este 
era también el sentimiento de la gente sensata y acomodada, 
que tiene que perder en caso de guerra, y á la que no se le 
ocultaban los graves perjuicios que Chile sufriría de una rup- 

(J^ura con el Perú, y cuyas consecuencias no podian proveerse; 



OONFBRfiNGIAS PRIVADAS 73 

pero que la masa popular, movida por algunos agitadores, era 
enteramente hostil al Perú y á todo avenimiento paciñco, asi 
como toda la prensa ; al extremo de que consideraba, su sino- 
pie enunciación, como un ultraje á la honra de Chile ; 2^ que 
el verdadero objetivo de los preparativos bélicos de Chile era 
tfil Peni y no Bolivía, á la que prestaban poca atención » 
(Bibl. 144). 

Chile desde 1874 hasta Febrero de 1879 no habia promovido 
ni discutido nada que pusiera en duda la propiedad deBolivia 
sobre ese territorio, como lo prueba el mismo tratado de 1866, 
en el que claramente están determinados sus límites con Boli- 
via; estraña parecia la nueva faz que se daba á la cuestión; 
sin embargo el Plenipotenciario Lavalle propuso, exediéndose 
de sus instrucciones, como base de un arreglo : P. Que Chile 
desocupase el litoral boliviano, declarándose ese territorio 
aislado, mientras un arbitro determinara á quien pertenecía el 
dominio real ; 2\ Que se constituyera en él una administra- 
ción municipal autónoma, compuesta de personas elejidas en 
la forma que por un pacto especial se determinaría, bajo el 
protectorado y la garantía de Chile, Bolivia y el Perú, los que 
acordarían los medios de ejercer ese protectorado de una ma- 
nera eficaz; 3°. Que los productos fiscales de dicho territorio 
se aplicarían á las necesidades de su administración; y ej exe- 
dente, si lo hubiere, se dividirla entre Chile y Bolivia. 

A estas propuestas observó el Presidente, que «Chile no 
quería conquistar territorios, sino mantener la posesión del 
que le pertenecía por derecho, y porque estaba poblado por 
Chilenos; que Bolivia no tenia interés en ellos, ni podia admi- 
nistrarlos ; que si quería, podia arreglar este asunto por inter- 
medio del Perú sin necesidad de arbitraje, mediante equitativas 
indemnizaciones, y finalmente que los gobiernos tenían que 
contar con la opinión pública, Uun en sus exajeraciones y 
extravíos ; y si Chile retiraba sus fuerzas del litoral de Boli- 
via* surjirian nuevas y mas invencibles dificultades ». Al ver 
en el Presidente de Chile tanta benevolencia, tanta aparente 
franqueza, tantas manifestaciones del deseo de restablecer la 
paz, el Plenipotenciario le dijo que iba á telegrafiar á Lima» 



74 



BL MINISTRO DE GHILB GODOY 



expresando que las negociaciones tenian un aspecto satisfac- 
torio ; el astuto y tímido Presidente comprendió que esto lo 
comprometia con el Perú y con su patria, y se opuso á que se 
trasmitiera el telegrama en esos términos, debiendo decir 
simplemente « que habia encontrado la mejor voluntad en el 
Gobierno de Chile. » (Bibl. 144) 

La conferencia, que horas después tuvo dicho Plenipoten- 
ciario con el Ministro de Relaciones Exteriores, Señor Fierro, 
fué idéntica á la anterior; mas al terminar y despedirse, 
éste le preguntó á la lijera que ¿qué habia de un tratado de 
alianza secreto entre el Perú y Bolivia que, según el Ministro 
de Chile, Godoy, existia desde 1873? que extrañaba que 
éste nada hubiera dicho en seis años que hacia residia en 
Lima, lo mismo que su Representante en Bolivia, y se admi- 
raba que pudiera haberse guardado tanto secreto, cuando en 
su aprobación hablan intervenido los Congresos del Perú y de 
Bolivia. El Plenipotenciario contestó que ignoraba la exis- 
tencia de tal tratado ; pero que oyendo hablar tanto en Chile 
acerca de él, habia pedido informes á Lima sobre el particu- 
lar; y asi lo hizo en efecto. Mientras esto pasaba en Santiago 
(Marzo U) el Ministro de Relaciones Exteriores del Perú 
remitía á su Plenipotenciario, copia del tratado, con su oficio 
de 8 de Marzo, tres dias antes, diciéndole : < que siendo muy 
probable que el Gobierno de Chile le preguntase si realmente 
existia un tratado de alianza entre el Perú y Bolivia, y que es- 
to se estimara como un obstáculo grave para la mediación 
ofrecida, debia contestar que realmente existia dicho tratado, 
pero que según sus términos, no obligaba al Perú á darle 
cumplimiento, sino cuando á su juicio hubiera llegado el ca- 
sus fcederis. (Bibl. 144.) 

Apenas se iniciaban en S mtiago estas negociaciones para 
restablecer la paz entre Bolivia y Chile, y evitar que el con- 
flicto envolviera al Perú, el Ministro Godoy encendía el íuego 
de las pasiones, trasmiUcndu por el cable telegráfico falsas y 
abultadas noticias, y aconsejando á la vez actos de la mas ne- 
gra perfidia, que no serian creíbles si no existieran pruebas 
autóntícas é irrefragables. Con fecha 8 de Marzo decia por 



EL MINISTRO DE CHILE G^ODOY 75 

telegrama á su Ministro de Relaciones Exteriores entre otras 
cosas ; « Debemos precipitar solución y obrar pronto aun so- 
bre el trasporte en marcha, (El Limeña^que conducía la divi- 
sión Velarde); y en oficio, de cuatro dias después,' aseguraba 
falsamente que la misión confiada al Señor Lavalle no tenia 
mas objeto que ganar tiempo, obedeciendo á las instrucciones 
de su Gobierno, siendo así que jamás se dieron tales instruc- 
ciones, ni por escrito ni de palabia, pues el objeto de la mi- 
sión fué sincero y puro; tanto porque el Gobierno deseaba la 
paz de todo corazón y temía, con fundamento^ la guerrra, 
cuanto porque, como ya lo hemos dicho, ella jtendria que abra- 
zar indefectiblemente al Perú, si no se llegaba á un aveni- 
miento entre Bolivia y Chile ; y en último resultado, aun dado 
el caso del mejor éxito para la alianza, es seguro que el Perú 
no habría conseguido ventaja ni conveniencia alguna\ Sin 
embargo el avieso Ministro Chileno persistía en hacer creer 
la mala iptencion del Perú ; y en otro telegrama del siguiente 
dia ( 9 de Marzo ) decía que « había aconsejado como conve- 
niente la captura del trasporte Limeña con las tropas y ar- 
mamento que á su bordo iban encaminadas álquique; por* 
que preveía que guarnecido ese puerto con un ejército que 
fácilmente podía llegar á 4,000 hombres, mas tarde su ocupa- 
ción les impondría grandes sacrificios » En su citada nota, 
después de explicar las razones en que se fundaba, continúa 
asi .... « Antes de haber sido guarnecido Iquique, nuestra 
ocupación habría sido fácil, y nuestros compatriotas allí resi- 
dentes habrían sido otros tantos brazos armados para soste- 
ner la ocupación > confiesa que «habría sido imposible dar 
forma regular á esos procedimientos, sorpresivos, pero que 
como el tiempo era demasiado estrecho» había dado su 
inicuo consejo. El Gobierno de Chile no atendió en el todo 
los pérfidos consejos de su Ministro Godoy, que el lijero escri- 
tor Vicuña Mackenna califica de varoniles y oportunos, y se 
lamenta de que hubiesen sido desatendidos. (*) Los aplazó 



(♦) El Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Chile 
en el Perú, al Ministro de Relaciones Exteriores de Chile. — Legación 



76 KL MINISTRO DB CHILE QODOT 

hasta el 3 de Abril en que ordenó al Alnnirante Revolledo que 
apresase los trasportes, dos dias antes de que se publicase la 
declaración de guerra 
El mismo Ministro Godoy pedia (Marzo 26) á nombre de su 



de Chile en el Pei'ú. — Lima, Marzo 12 de 1879. — Señor Ministro : — 
Habiendo llegado á manos de V. S. mi precedente nota fecha 8 del cor- 
riente, destinada á darle á conocer la azarosa condición actual de las 
relaciones entre éste y nuestro pais, é impuesto de mi telegrama del 8, 
marcado Tomillo, en que le comuniqué la salida de una fuerte guarnición 
para Iquique y el envió con el mismo destino de un considerable arma- 
mento, habrá podido V. S. comprender perfectamente toda' la signifi- 
cación y alcance del telegrama que le dirijí el dia 9, marcado PreTisa ó 
sea número 6, y que descifrado, debe haberle expresado lo siguiente: 
• Creo misión Lavalle trata ganar tiempo. Si no logra avenimiento, 
guerra; inevitable. Escuadra en Callao. Gobierno cree contar con 
blindado italiano. Pienso debemos precipitar solución y obrar pronto 
aun sobre trasportes en marcha, si misión Lavalle no promete solución 
pacífica. Avise resolución. No se divulgue. » 

Que la misión confiada al señor Lavalle trata de ganar tiempo, y que 
en este propósito obedece á instrucciones de su Gobierno, es para mí 
una conjetura que reviste los caracteres de la evidencia. Al Perú le 
conviene aplazar el momento de tomar una resolución, porque ella tendrá 
que ser por la intervención armada, á menos que Chile consienta en 
abandonar el litoral recuperado; y para intervenir como belijerante con 
probabilidades de éxito, necesita acabar de alistar su escuadra é incre- 
mentar su poder con la adquisición de torpedos y de uno ó mas buques 
blindados; lo que procura á toda costa y sin omitir medio alguno. 
Necesita, ademas, arbitrar fondos para hacer estas adquisiciones, y para 
Rostener el numeroso ejército que trata de formar y que se eleva ya 
á no menos de 4,000 hombres. Para el caso en que el señor Lavalle 
ro pudiera dilatar el curso de sus jestiones tanto cuanto conviene á las 
miras de su Gobierno, tiene éste el propósito de convocar al Congreso 
Nacional á sesiones extraordinarias, fijando un plazo de treinta dias para 
la reunión. Sabedor positivamente de que el Congreso estará por la 
guerra, su convocatoria no tiene otro objeto que el aplazar la decisión 
hasta el momento que crea oportuno. A todos los demás indicios 
ciertos que revelan el propósito de gjmar tiempo, júntase la proposición 
que el Enviado Peruano ha hecho á V. S en su primera conferencia; 
de la cual acabo de tomar conocimiento por su telegrama de esta fecha; 
proposición inaceptable á todas luces, y como tal, calculada para prolon- 
gar la discusión, y no con otro fin, pues este Gobierno está en la firme 



BL MINISTRO DE CHILE OODOY 77 

Gobierno al Ministró de Relaciones Exteriores del Perú que le 
hiciera conocer el texto del tratado secreto ; éste no tuvo difi- 
cultad en confesarle que realmente existia tal tratado; pero 
que era solamente defensivo, y q!:e conforme á su tenor el Perú 



pcrsaacion de que Chile no consentirá en la desocupación del litoral 
recuperado, y de ahí su decisión reservada de hacer la guerra, y para 
ello sus activos aprestos. 

Que la guerra con el Perú será por este Gobierno provocada cuando 
se sienta suficientemente fuerte, si no consiente Chile en la desocupa- 
ción propuesta, es también ün hecho con que es forzoso contar, y ya he 
manifestado á V. 8. los motivos que me asisten para afirmarme en este 
concepto. A ellos, ademas, tengo que agregar que, según revelaciones, 
que estimo fidedignas por su procedencia, el Gobierno de Solivia está 
estimulando vivamente al del Perú hacia su pronunciamiento contra 
Chile, no solo recordándole el pacto que 'iga á ambos, sino halagando 
el codicioso interés con que éste mira las salitreras de Antofagasta. 
Antes había ofrecido otorgarle el usufructo gratuito por 99 años de las 
salitreras del Toco; ahora, según las aludidas revelaciones, le promete 
en los mismos términos el usufructo de todos los salitrales existen- 
tes en el territorio de que está en posesión, y en el que trata de recupe- 
rar con el auxilio del Perú. 

Partiendo de este modo de ver, en mi telegrama del 9 no pude menos 
de manifestar á V. S. el concepto que tengo formado de que nos interesa 
sobremanera precipitar la solución, obligando al Perú á que se pronuncie 
antes que él mismo considere llegado el momento de pronunciarse, 
esto es, antes de que complete la organización de sus elementos bélicos. 
Llevé mi idea en el telegrama del 9 hasta creer por convefiiente la captura 
del trasporte Limeña con las tropas y armameiüo qiie á su bordo iban enca- 
minados á Iquique^ porque pteveo que^ guarnecido aquel puerto con un 
ejército que fáciltnente puede hacerse llegar á 4,000 hombres^ mas tarde 
su ocupación nos impondrá graivdes sacrificios. Si se tratase de rendir 
la guarnición por la fuerza, una lucha sangrienta seria inevitable ; si se 
tratase de rendirla por hambre, bloqueando el puerto, la numerosa 
población chilena avencidada en Tarapacá, seria la primera victima de 
la medida, pues la guarnición no se rendirla sino después que hubiesen 
perecido de estenuacion los seis mil ó mas chilenos que residen en 
aquel departamento. 

Antes de haber aido guarnecido Iquique, nuestra ocupación habría sido 
fácil y nuestros compatriotas alli residentes habrían sido otros tantos 
brazos armados para sostener la ocupación; pero después de guarne- 
cido, nuestros compatriotas, sin poder prestar á la causa de su pais 



78 BL MINISTRO DB GHILB OODOY 

estaba en la obligación de iniciar negociaciones con el olyeto 
de conciliar las dificultades; mas que sentia no poder mostrár- 
selo, porque debía conservarse en secreto hasta que, á juicio 
de ambas Naciones, pudiera cesar la reserva. En la misma 
conferencia habló el Señor Godoy sobre la imposibilidad de 
que su Gobierno dejara el litoral de Bolivia, ya ocupado ; pero 
que estaba dispuesto á un arreglo con ésta, bajo la base de 



gran cooperación, pueden llegar á ser un embarazo para nuestra acción. 
Estas consideraciones prevalecieron en mi idea sobre las que no desco- 
nozco de que habría 8Ído imposible dar forma regular á nuestro procedi- 
miento sorpresivo, y de que el tiempo para obrar era demasiado estrecho 
para utilizarlo con tal propósito. 

Ayer diriji á V. S. dos telegramas, marcado el uno Clavo, O sea 
número 7 y redactado según el Código telegráfico, para significar este 
concepto : « Noticias fidedignas llegadas de Bolivia anuncian que se 
han puesto en marcha para el interior, con dirección al litoral, cinco 
mil hombres ; * el otro marcado Yunque, ó sea número 8 escrita en la 
clave vi j ente, para significarle lo siguiente: «Continúan aprestos aquí. 
Creo conveniente nuestra escuadra esté reunida. > 

Tocante ul primero, debo manifestar á V. S. que he obtenido la noticia 
de buena fuente; pero no estoy excento de mirarla con desconfianza, 
ya en cuanto al propósito mismo de emprender la marcha á través del 
desierto, ya en cuanto al número del jejército. Esto no obstante la tras- 
mití á V. S. y al jefe de nuestras fuerzas expedicionarias, porque, á 
ser cierta, como se me ratifica hoy, ella demandarla medidas urjentes. 
Tal como se me comunicó y se me ratifica, habrían salido de la Paz, pri- 
meramente dos mü hombres que se suponen llegados á Potosí, y poco 
después tres mü mas, que se suponen ya en Oruro, unos y otros des- 
tinados al litoral. 

Respecto del s^undo de los telegramas aludidos, solo tengo que añadir 
á su contenido que los aprestos á que se refiere se advierten en el ejér- 
cito y en la marinería, que siguen aumentándose; en las naves que 
siguen alistándose con actividad (si bien el alistamiento de la Indepen- 
dencia promete demora de mas de quince diasj, en las baterías, servidas 
ya por una regular dotación que hace con la posible frecuencia ejercicio 
de tiro al blanco, y en todos los departamentos á que oonciernen los 
preparativos para una próxima campaña. 

Sin tiempo para estender mas este oficio, continuaré mis informes por 
los correos próximos, sin perjuicio de servirme del telégrafo, como hasta 
ahora, para comanicadones de carácter uijeute.— Dios guarde á V, 8, 
— Joo^ífi Oodoy^ 



CONFERENCIAS CON SANTA MARÍA 79 

una indemnización pecuniaria, en lo que intervendría el Perú; 
y se tomarían seguridades para no comprometer los intereses 
salitreros de las tres Repúblicas. 

El Plenipotenciario Lavalle conocía ya con bastante exac- 
titud el pensamiento del Gobierno de Ciiile, cuando Don Do- 
mingo Santa María se le presentó (12 de Marzo). Embozado 
con la capa de «amigo antiguo, franco y con cordialísimo afecto 
le habló sobre los asuntos de actualidad, asegurándole lo com- 
pletamente imposible que era la desocupación del litoral bo- 
liviano ; la necesidad de que el Perú se declarara neutral, 
pues cualquiera evasiva se consideraría como un propósito 
de guerra; y que Chile procedería á hacerla en el acto para 
aprovechar las condiciones favorables en que se encontraba, 
y disminuir sus gastos, haciéndola pronta y rápida. Que en 
caso de guerra no seria extraño que Bolívia volviese la espal- 
da al Perú para aliarse con Chile, que algunas ventajas podía 
ofrecerle á costa del Perú ; mas que para evitar un inmediato 
conflicto juzgaba lo mejor dar tiempo al tiempo á ñn de que 
aplacadas las pasiones fuese menos dífi'^il arribar á un resul- 
tado satisfactorio » ( Bibl. 144; ) sobre esto último le observó 
el Señor Lavalle que el Presidente le había manifestado su 
deseo de llegar á un pronto desenlace en los negocios, y que 
además temía él por su parte, que tanto el Gobierno de Chile 
como su prensa, de acuerdo con la opinión reinante, creyeran 
que el objeto de«u misión se reducía únicamente á ganar 
tiempo, para que se armara el Perú, por esto no quería dar el 
menor pretexto á que se dijera que tanto el Perú como su Ple- 
nipotenciario habían observado una conducta pérfida. A las 
exijencias del Señor Santa María para que no se precipitaran- 
los sucesos y se dejaran las cosas en el estado en que estaban, 
cedió I^avalle con la seguridad que aquel le diera, de que 
€ aunque sin carácter oficial, se mezclaba en este asunto como 
amigo del Perú, de los Presidentes General Prado y Pinto, y 
del Señor Lavalle, pero con autorización expresa del Presi- 
dente de Chile. » 

Las razones que, en concepto del Plenipotenciario Peruano, 
pudo tener el Gobierno de Chile para este cambio de política 



80 SE DESCUBREN LOS PROPÓSITOS DE CHILE 

« 

eran : « 1° Que Chile se propusiese trabajar en Bolivia para 
derrocar al Gobierno del General Daza, y sustituirlo con otro 
caudillo, con el que se arreglaría directamente; 2° que sin 
apelar á tal extremo, Chile se ocupase en arreglos directos con 
el General Daza, sin la intervención del Perú ; 3* que el Go- 
bierno Chileno confiaría en que el Perú tuviera luego dificul- 
tades c;on la Gran Bretaña, pues corría en Santiago un telé- 
grama que la Inglaterra ofrecia á los tenedores de bonos, 
anglos, francos y belgas, hacer efectivas sus reclamaciones, 
mediante la presión de cuatro buques de guerra, en cuyo caso 
podia rechazar, sin temor las reclamaciones amistosas ; 4° que 
Chile estaba alarmado con el envió de la cañonera arjentina 
Paranáy que se decia que venia á Antofagasta, y no quería 
apresurar el desenlace con el Perú, temiendo que no fuese pa- 
cífico, hasta ver mas claro ; 5<> y lo menos posible, que espera- 
se alguna revolución en el Perú, la que apuntaba solo por un 
exeso de previsión. De todas estas razones á la que mas se 
inclinaba era á creer que Chile trabajaba por derrocar al Ge- 
neral Daza, y sustituirlo con un Gobierno con el que pudiera 
arreglarse sin lá intervención del Perú, y quizás con detrimen- 
to de éste. » (Bibl. 144) ' 

\ Las conferencias con el Presidente Pinto, con su Ministro, y 
con su consejero Santa María, revelaron que el verdadero fin de 
la guerra á que Chile provocaba á Bolivia no era por los diez 
centavos de derechos sobre el salitre, sino por adueñarse del 
litoral desde el paralelo 23, pagándolo una subvención que 
le indemnizara de los perjuicios que la falta de ese territorio le 
pudiera causar. Si Bolivia no aceptaba ese partido, ocurriría 
á las intrigas para trastornar el orden interior de esa Repú- 
blica, y colocar en la Presidencia un segundo Melgarejo que 
le cediera ese territorio por un pacto parecido al de 1866 ; y 
si esto no se conseguia usarían de la fuerza ; en una palabra, 
Chile estaba resuelto á apropiarse ese territorio por la razón 
6 la fuerza^ según el lema de su escudo, sin perjuicio de ma- 
quinar contra el Perú; contando como seguro que Bolivia se 
le uniría en alianza. | 
En tal estado de cosas llegó á Santiago (Marzo V) la noticia 



CONPKRBNCIAS D@L SBÑOR LA.VALLE 81 

de varios decretos del Gobierno de Bolivia, tales como el de 
expulsión de los chilenos alli residentes ; embargo de las pro- 
piedades de éstos, inclusive las minas, y amenaza de confis- 
cación, si his hostilidades de Chile asi lo requerían. Esto dio 
ocasión á otra conferencia^ solicitada por Santa María, (Marzo 
20) en la que expuso al Sr. La valle « lo diñcil de la situación, 
y lo inevitable de la guerra con el Perú, si insistía en la 
desocupación del litoral de Bolivia como base para todo arre- 
glo. Ademas el Gobierno y el pueblo que estaban alarmados 
al ver los aprestos militares del Perú y la actividad con que 
pedia armas y otros elementos bélicos de Europa, hacian de 
todo punto indispensable que declarara la actitud que tomaría 
con Bolivia, pues no podia aceptarse un mediador que al 
siguiente dia podia convertirse en belijerante; que Chile 
estaría dispuesta á entrar en cualquier arreglo con Bolivia 
que le permitiese conservar la posesión de un territorio ocu- 
pado exclusivamente por chilenos, en el que existían empe- 
ñados grandes caudales chilenos, que Bolivia no podia ni 
siquiera administrar; que le ofrecería la indemnización que 
fuesejusta, y aun mucho mas de lo que Bolivia podia conse- 
guir en esos terrrítorios ; finalmente huq al Perú le daría 
todas las garantias necesarias para que se desvanecieran las 
alarmas infundadas sobre la política de Chile. » La situación 
no podia ser mas delicada y difícil, estando á las instrucciones 
del Plenipotenciario Peruano y á la negativa de Chile. Creyó 
siii embargo aquel conciliario todo proponiendo al Señor 
Santa María que él mismo pasara á Lima con el carácter de 
Ájente confidencial, y que alli podían modificarse las bases, 
y presentar otras nuevas, que discutidas, no seria difícil llegar 
á un arreglo recíprocamente satisfactorio, desde que ambos 
Gobiernos deseaban la paz, y no existían motivos para una 
guerra que seria funesta para todos. 

El Señor Santa María aceptó la idea de su misión confiden- 
cial, lo mismo que el Presidente y el Miiústro de Relaciones 
Exteriores. En. otra entrevista que tuvieron con el Señor 
L'ivalléf que versó sobre los mismos puntos, agregó éste 

que el Perú no podia declararse neutral en la guerra, no sien- 
T. X. o 



82 CONFERENCIAS DEL SEÑOR LAVALLB 

(lo sub condicione^ para proponer nuevas bases aceptables 
por Bolivia; entonces el Presidente, insistiendo en la imposibi- 
lidad de devolver el litoral boliviano, dijo que « quiza después 
podria neutralizarlo ; mas por el momento propuso : el statu 
• guo^ retrotrayendo las cosas al estado en que se encontraban 
en 1866, » y el arbitraje; y repitió por último que, « en el 
caso de que Chile conservara Mejillones se comprometería, 
para tranquilizar al Perú,á no fortificarlo jamas, y aún á ha- 
cer arreglos sobre salitres ». En otra conferencia con el 
mismo Presidente éste insistió mucho en manifestar < el ningún 
motivo que habia para una guerra entre el Perú y Chilej en la 
necesidad de que éste se declarara neutral, y en caso de que 
esa declaratoria produjera la guerra entre Bolivia y el Perú 
contira con la alianza de Chile, y con su ejército que lo pon- 
dria á órdenes del Perú :» Gomo el Plenipotenciario Lavalle le 
manifestase lo innecesario que seria el auxilio, en el remoto 
caso de una guerra con Bolivia, aquel le replicó que « ese caso 
DO era tan n3moto como lo parecia ; que si la guerra estallaba 
entre Chile y el Perú no seria estraño que, entonces mismo 
podía hacer la paz con Bolivia con detrimento del Perú ». 
Aun cuando el Presidente aseguró que jamas entraría en este 
plan, veremos, en el curso de esta historia, lo que vale la pala- 
bra de un Presidente de Chile. Terminó la conferencia insis- 
tiendo el Presidente en que el Perú se declarara neutral, sin 
ninguna condición, confiando en la seriedad de su Gobierno, 
en su justificación, sus amistosos sentimientos (del Presidente) 
y en su ardiente deseo por la paz con el Perú. Esto era 
simplemente burlesco, como el Señor Lavalle lo decia al Mi- 
nistro de Relaciones Exteriores del Perú ; porque sí Chile nada 
oírecia, ni nada proponia ¿ en qué ejercería su Gobierno su 
seriedad^ su buena fé y 3u justificación ? 

El Senador D. Victorino Lastarría, so pretexto de desear 
saber con fijeza el estado en que se encontraban las negocia- 
ciones, para ver si podian allanarse las dificultades que se 
presentaban, pasó al alojamiento del Señor Lavalle, en donde 
pudo enterarse, por la conversación que con éste y con el 
Encargado de Negocios Sr. Paz Soldán tuvo sobre la material 



I 



CONFBRBNCIAS DBL SBflOR LA VALLE 83 

del modo como se habían llevado las cosas en el Gobierno 
de Chile, y del proyecto del telegrama formulado por el Presi- 
dente para que la Legación Peruana lo dirijíera á su Gobierno. 
El Señor Lastarria se manifestó sumamente pesaroso por el 
estado á que habían llegado las cuestiones^ y asombrado de la 
vaguedad del telegrama, todo lo cual hacia casi cierta la 
gu^ra; dijo al Señor Lavalle que iba á pedir en el Senado que 
86 le presentasen los protocolos de las conferencias con el Mi- 
nistro de Relaciones Exteriores, como baso indispensable para 
poder proponer algún medio ; y después de lijeras discusiones 
formuló el siguiente proyecto de arreglo : 1" tregua y sus- 
pensión de hostilidades entre Chile y Bolivia, por el tiempo 
que se ^jase ; ^ retiro de las fuerzas chilenas á los límites del 
territorio comprendido entre los paralelos 23 y 24 latitud sur, 
y restitución á Bolivia de Cobija, Tocopilla y Calama; 3"" sus- 
pensión^ por parte de Bolivia, de los decretos de expulsión do 
los chilenos, confiscación de sus propiedades etc. etc., 4*" sus- 
pensión de los armamentos de Ghile^ Perú y Boiivia; 5° reunión 
de una conferencia de Plenipotenciarios en Lima para tranz?ir 
y arreglar definitivamente todas las. cuestiones». Los dos 
Ministros del Perú encontraron aceptable este plan, y en su 
coDsecaencia ofreció el Señor Lastarria que trab^garia^ á fin 
de que el Gobierno lo aprobara (Bibl. 144). 1 Vana esperanza ! 
No habían pasado veinticuatro horas cuando el Ministro de 
Relaciones Exteriores pidió, con suma urjencia, al Plenipoten- 
ciario Lavalle le dijera por escrito lo que en la primera 
conferencia le había dicho acerca de la existencia de un tratado 
secreto con Bolivia en 1873 ; esto es que ignoraba si existia ó 
no tal tratado, y que sobre esto pediría á su Gobierno los 
informes necesarios ; esta repentina exijencia, y la variación 
í|Ue el Señor Lavalle notaba en la polític x queso observaba con 
él, eran motivos suficientes para no abrigar la mas lijer.i espe- 
ranza de un buen éxito., lo cual vino á confirmar el aviso 
confidencial que el Señor Lastarria le dio (Marzo 26) de que su 
idea de tregua y de congreso de Plenipotenciarios, no se acep- 
taba por el Gobierno ; esperaba no obstante ser provocado á 
una nueva conferencia con el Presidente ó con el Ministro; 



84 ULTRA JB Á LOS MINISTROS Y AL 00N8ULAD0 DBL PERÚ 

pero lejos de esto, observó una gran exitacioa en el pueblo 
que le hizo temer hasta un ataque á las Legaciones del Perú 
(Marzo 28); temor que estaba justificado no solo por un aviso 
comunicado por el Ministro del Brasil^ sino también por el 
recuerdo de lo que pasó en Valparaíso la noche del 4, y por lo 
que la noche anterior acababa de suceder en Antofagasta, 
en donde la turba Chilena destrozó, en altas horas de 
la noche, el escudo y las puertas del Consulado Peruano, y 
persiguió al Cónsul hasta en su dormitorio. Daba pábulo al 
furor popular el telegrama del Ministro Godoy en que comuni- 
caba que el Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, en la 
conferencia que con él tuvo el 26 de M irzo, le habia declarado 
la existencia del tratado secreto con Bolivia. 

La Misión extraordinaria llegaba á su término; el Plenipo- 
tenciario La valle dio lectura del tratado secreto al Ministro de 
Relaciones Exterioros'de Chile, quien tomó notas de él, oyendo 
as explicaciones que se le daban^ creyendo convencerlo de que 
ese tratado en nada se referia á Chile, pues era únicamente 
defensivo^ y la declaratoria del casibs foederis dependía, en la 
actualidad, del juicio del Perú (Marzo 31). El l^ de Abril los 
diarios de Valparaíso y Santiago anunciaban que el Gobierno 
habia pedido el acuerdo del Consejo de Estado para declarar 
la guerra al Perú ; bastó esta noticia para que el vil populacho 
diryido por gente notable pero de instintos feroces, amena- 
zara con piedras y otras soeces provocaciones^ las casas del 
Encargado de Negocios, y la del Plenipotenciario del Perú en 
Santiago, durante la noche de ese mismo dia, al extremo que 
fué necesario que el Encargado de Negocios Señor Paz Soldán 
abandonara su casa, y que la policía la custodiara ; mas no 
por esto dejaron de ser ultrajadas las personas de ambas 
legaciones con silvidos y otras provocaciones apenas usadas 
en naciones semi-salvajes. No tuvo igual fortuna el Cónsul 
General del Perú en Valparaíso ; porque en la no^he del V de 
Abril; Luis E. Castro, redactor principal del diario « La 
Patria, » á la cabeza de la chusma de este puerto, escaló la 
casa del Consulado, arrojó á la calle el escudo^ lo hizo mil 
pedazos, y después fué quemado fronte á la Iglesia de la Mor- 



ULTRAJES AL CONSULADO DEL PBRÚ 85 

ced ; tan torpes insultos se cometían én un pueblo civilizado, 
en el núcleo de las principales casas de comercio y Consulados 
extranjeros^ á un paso de la Intendencia, y aún á presencia de 
las autoridades de Polícia que contemplaban el acto con 
indiferencia, cuando no estaban todavia rotas, oficialmente, 
las buenas relaciones entre ambas Repúblicas. Avergonzado 
un diario de Santiago de semejantes atentados decia : « Las 
indignaciones que han roto el escudo del Cónsul Peruano, ó 
son indignaciones de niños, ó indignaciones de bárbaros, ó un 
motivo de guerra entre Chile y el Perú, ó pretenden que se 

ponga en pleito nuestra hospitalidad y nuestra cultura 

« Poner mano insolente sobre el escudo del Consulado Peruano 
de Valparaíso, no es ultrajar al Perú ; es ultrajará Chile; la 
libertad no es petrolera^ ni el patriotismo es brutal » . . . (Los 
Tiempos, Abril 18). Sin embargo los jefes y directores de 
esos actos calificados por los mismos Chilenos de berberiscos^ 
fUeron el redactor de uno de los principales diarios de Chile, 
el citado Luis £. Castro, sin duda por consejo é instrucción de 
su compañero, el muy conocido Isidoro Errázurís, el mismo 
que en turbulentos discursos de plazuela^ azuzaba á la turba de 
Valparaíso. El Encargado de Negocios del Perú «protestaba de 
tan indignos é insólitos atentados, antes que á la inmolación de 
los emblemas nacionales, sucediera la de las personas encarga- 
das de velar por su incolumidad, y que se vieran repetidas en 
un país cristiano las escenas de Salónica. » (Bibl. 144, pág. 103.) 
Tres dias pasaron sin que el Ministro de Relaciones Exterio- 
res de Chile contestara á los varios oficios de Plenipotenciario 
del Perú pidiendo explicación acerca de la actitud hostil del 
pueblo, y de la autorización solicitada para declarar la guerra 
al Perú ; al fin, y atrasando la fecha, contestó declarando rotas 
las relaciones con el Perú, considerándolo como beligerante, 
. y mandando á la vez á la Legación los pasaportes pedidos 
(Abril 2). Tres dias después el Gobierno publicó el decreto 
de declaratoria de guerra á Bolivia y al Perú. (*) 



(*) DtclcraUtvia de Guaira ¡ — Santiago, Abril 5 de 1879:— Sefior 
Intendente': En virtud de la facultad que me confiere el número IS 



86 EL MANIFIESTO DEL GOBIERNO DS CHILE 

Los pasaportes no aseguraron mas la marcha de la Legación 
fué preciso que, á favor de la noche y como furtivamente, 
saliera en tren extraordinario, acompañado del Capitán de 
Navio D. Patricio Lynch, y de otros amigos personales del 
Señor Lavalle, y aún asi no se libró, en el poco rato que estuvo 
en unas de las estaciones del ferrocarril (Llayllay) de ser 
objeto de una impertinente y hostil curiosidad. Evitó niievos 
ultrajes pasando á bordo en un buque neutral, en el momento 
que llegó á Valparaíso. 

Declarada la guerra por Chile debia justificar su conducta 
ante la Naciones neutrales, y á falta de buenas razones funda- 
das en derecho y comprobadas con hechos, ocurrió á la falsía, 
presentado unas cuestiones bajo un aspecto distinto de lá 
realidad, y otras completamente falsas. Decia entre otras 
cosas que el Perú no gestionó en tiempo oportuno en Solivia 
para conducirlo á buen camino y á proceder con menos preci- 
pitación y violencia en sus determinaciones (Bibl. 135J) ; siendo 
asi que en el acto que surjió la cuestión, el Perú por medio de 



del articulo 82 de la Gonstitacion del Estado y la ley de caatro de 
presente ; 

He acordado y decreto : 

El Gobierno de Chile declara la guerra al Gobierno del Perú. EU 
Ministro de Relaciones Exteriores comunicará á las naciones amigas 
esta declaración, esponiendo los justos motivos de la guerra; y el del 
Interior la hará «llegar á noticia de los ciudadanos de la República 
mandándola publicar con la solemnidad debida. 

Dado en Santiago el dia 6 de Abril de 1879 : - A. Pinto-^B. Prais 
— Alejandro Fierro— C. Saavedra — J, Oana—JiUio Zegers, 



Santiago, Abril 6 de 1879. — Señor Intendente: En virtud de la facultad 
que me conñere el número 18 del artículo 82 de la Constitución del Estado 
y la ley de 3 del presente : 

He acordado y decreto : 

El Gobierno de Chile declara la guerra al Gobierno de Bolivia. El 
Ministro del Interior hará llegar esta declaración á noticia de los ciuda- 
danos de la República, mandándola publicar con la solemnidad debida. 

Dado en Santiago, el 6 de Abril de 1879 : A. Pinto— B. Prats— Ale- 
jandro Fierro— C. Saavedra — J. Blets Qana—Julio Zegers, 



LOS A0GI0NI8TAS DE LAS SALITRERAS 87 

SUS Representantes en Bolivia y Chile ofreció sus buenos oñcios 
y su mediación, como lo hemos dicho. 
I Entre las muchas causas que dificultaron el buen éxito 
de la mediación del Perú, debe contarse las instrucciones 
dadas al PIeni])otenciario Lavalle, en las cuales se considera-- 
ba como base fundamental para someter la cuestión al fallo 
de un arbitro, la desocupación por Chile del litoral Boliviano, 
base que á Chile no convenia, no tan solo porque el curso 
de los sucesos y el estado de sus relaciones internacion¡ales lo 
habian colocado en situación demasiado comprometida con su 
propio pueblo, el cual estaba abierta y descaradamente pro- 
nunciado por la conquista de ese territorio; sino también porque 
ese habia sido el verdadero móvil que guió la política de Chile 
desde años atrás, y solo buscaba pretextos ; « la diplomacia 
no tenia ya que hacer en el asunto ; eran las armas las que 
debian decirlo. » (Bibl. 133)1 

I El Plenipotenciario del Perú Señor Lavalle desde su arribo 
á Santiago conoció el verdadero estado de las cosas en 
relación al conflicto con Bolivia, y pudo sacar en claro 
que las causas de la guerra que provocaba Chile eran « P La 
necesidad en que se hallaba el Gobierno de acallar el descon- 
tento público por el mal éxito de sus negocios con la República 
Argentina, y ciertas atingencias electorales; 2°. El estado 
deficiente de sus rentas que no alcanzaban para cubrir sus 
gastos naturales, á pesar de muchas economias introducidas 
en el servicio público, á lo que se quería suplir con el producto 
de las salitreras de Bolivia, en las que también estaban inte- 
resados muchos capitalistas y altos funcionarios Chilenos. (*) / 



{*) Tenemos á la vista la 10* Memoria de la Compañía de Salitres y 
Ferrocan'Ü de Antofagaata^ correspondiente al semestre del l^ de 
Enero al I» de Junio de 1877. 

£n ella encontramos la siguiente nómina de los accionistas de dicha 
corapafíia, inserta en la pajina 25. * 

Los nombres subrayados son de hombres públicos de Chile actual- 
mente con cargos oficiales. 

Primera Emisión A» 

Sr. José Basterrica.— Sra. Mariana Brown de Ossa.— Sr, Evaristo 



88 LOS AOOIONJSTAS DE LAS SALITRBRAS 

I El profundo reacor que abrigaba en su pecho un determinado 
círculo de comerciantes Chilenos y Extrangeros, y el otro (;fr- 
culo de notables de la esfera gubernativa, al verse despojados 
de las riquezas que les producía la explotación de las Salitreras 
de la Provincia de Tarapacá, (monopolizadas por el Gobierno 
del Perú; pero con buen derecho, aunque en nnala hora, contra 



del Campo — Sr. Máximo del Campo— Enrique Cood — Agustín Eduards 
— Escobar y Ca. — Guillermo Gibbs y Oa.— Eliodoro Qormaz, — Mau- 
ricio J. GarcéB.— Ramón Guerrero.— Jbrjc 2» Huneus. — Jorje Hicks — 
Ambrosio Olivos—Francisco PiieZma— Federico Puelma. — Luis Pereira — 
Santiago Prado. — Julián Riesen.— Jf. Subercasseaux—Comelio Saavedra^ 
(Ministro de la Guerra).— Rafael Sotomayor. — Miguel José Urmeneta. 
—Francisco J. Vergara. — José Eugenio Vergara. — Antonio Varas.— 
Migttel A, Faras— Santiago J. Velasquez.— JuZío Zegers (Ministro de 
Justicia). — Enrique J. Walker— 

Segunda Emisión B, 

Antonio Domingo Bordes. — Ernesto Decombe. — Escobar y Ca. — Agus- 
tín Eduards,—L. C. Gallagher— Gui/Zc»-tno Oibbsy Ca.— Eliodoro Oormae 
— J. D. Hunter— O. S. mWer— Luis Pereira.— Uldericio Prado— Y táen- 
tin Saldias.— Miguel Saldiás.— Federico Várela,— Enrique J. Walker. 

Es un hecho que el señor don Alejandro Fierro, Ministro de Relacio- 
nes Exteriores fué uno de los accionistas, según se comprueba con el 
siguiente documento publicado en el Diario Oficial de Santiago .* 

CITACIÓN : — En el juicio seguido por el síndico de la Chacabuco 
de Caracoles con don Alejandro Fierro, sobre hacer efectiva la responsabi- 
lidad de éste^ con motivo del traspaso que hizo de unpjs acciones; juicio 
de que conoce actualmente el ^efíor juez letrado don Javier Arlegui Ro- 
dríguez, la Ilustrísima Corte de Apelaciones, segunda sala, ha dictado 
con fecha 9 del corriente la siguiente resolución : — Vistos : hallándose 
ausente del país don Alejandro Fierro, y no habiéndose hecho parte 
por él don Gregorio Mufíoz, nombrado su apoderado á fojas 143, cítese 
por edictos y avisos en los diarios al mencionado Gregorio Mufíoz, y no 
compareciendo en el término de 10 dias, hágase saber al defensor de 
ausentes las providencias que recaigan en este juicio, en representación 
de don Alejandro Fierro. Se confirma el auto apelado de fecha 6 del 
presente á fojas 149 en lo que no sea contrario á este. Reemplácese 
el papel y devuélvase. — Abales — Prats. — GandariUas *. 

« Para los efectos legales, se da este aviso ; previniéndose que el 
secretario de la causa es don José María Guzman > . 

A muy graves y muy tristes reflecciones se presta el anterior docu - 
mentó. 



LOS ACCIONISTAS DE LAS SAUTRBRAS 89 

los saoos principios de la ciencia política) muchos de los 
cuales ocupaban ministerio y otros altos cargos en esos dias, 
esperaban anciosos cualquier pretexto para recuperar lo 
perdido, y lo aprovecharon. En el capitulo siguiente examina- 
remos estos puntos. 



El Ministro de Relaciones Exteriores, que ha empujado á Chile á la 
guerra contra el Perú y Bolivia, por defender á los mineros de Antofa- 
gasta 7 Caracoles, resulta ahora complicado en un juicio de responsabi- 
lidad; se ausenta para desempeñar en la República Argentina una 
misión diplomática^ según se dice, mientras los alguaciles de los juzgados 
lo buscan con empeño ; su apoderado don Gregorio Muñoz, se oculta : 
y se publican edictos y avisos en los diarios Chilenos, inclusive el 
« Oficial » mandándose hacer saber al defensor de ausentes las provi- 
dencias que expida la Corte, ya que ni don Alandro Fierro ni su 
apoderado snlen á hacer frente en el juicio de traspaso. 

Hé aquí, pues, el hilo de un enredo pecuniario y de un escándalo 
diplomático que indudablemente exhibo las causas de la guerra actual 
en toda su desnudez. 

Es indudable también que la mayor parte de las acciones particulares 
han sido ya compradas por la casa de Gibbs, quedando solo en manos 
Chilenas, las de Ministros, Senadores, Diputados y otros personajes de 
gerarquia oficial. 



CAPÍTULO SEGUNDO 



verdaderas de la ipuerra declarada por 
Chile á Bollvia j al Perú 



Sumario : Tendencias antiguas de Chile sobre el territorio del Norte- 
La prensa de Chile declara que Tarapacá es el objetivo ó causa 
de la guerra, lo mismo que el pueblo, en sus meetings— Los hom- 
bres serios de Chile, y sus publicistas, confirman lo mismo — Los 
Senadores y Diputados lo dicen en el Congreso y en circulares 
diplomáticas — Sociedad Chilena de Antofagasta, titulada « La 
Patria » — Su verdadero objeto— El antiguo odio de Chile al Perú 
atiza la guerra^Causas de ese odio — La crisis económica de Chile 
es también causa de la guerra— Reseña histórica de la Hacienda 
de Chile — Los decretos del Perú sobre los salitres de Tarapacá 
precipitan la crisis financiera de Chile y estimulan la guerra. 



La lectura de los capítulos anteriores, comprobada con 
documentos y hechos irreprochables, que nadie podrá poner 
en duda, da á conocer claramente las tendencias de Chile á 
ensanchar su territorio á costa de sus vecinos del Norte. En 
1832 insinuó á Bolivia su primer pensamiento ; en 1839 hizo 
la guerra á la Confederación Perú-Boliviana con el mismo 
propósito oculto jen 1842 principió á ponerlo en ejecución, 
avanzando hasta el grado 24, latitud Sur; en 1858 mandó 
practicar un estudio y reconocimiento científico del territorio 
que deseaba apropiarse, comisionando al naturalista y geólogo 
Philippi, en vista de cuyos informes el Presidente Mont dio la 
campanada de prevención á sus compatriotas, diciendo en su 
Mens&je de 1"" de Junio de 1854: «El desierto de Atacama 



TBNDfiNCUS DB GHiLIS SOBRA LITORAL DBL NORTES 91 

ofrece productos de que la industria y el comercio de Chile 
podran sacar provecho ». En 1866 pretendió ir mas al Norte, 
creyendo conseguirlo con pactos pérfidos; en 1872 protejió á 
Quevedo esperanzado en que éste le cederia el territorio 
Boliviano hasta Mejillones, en cambio del de Arica que pro- 
yectaba arrebatar al Perú, en consorcio con Bolivia. Un 
Senador y publicista de los mas acreditados en Chile, deses- 
perado al ver los innobles móviles que dirijian la política de su 
país, quitó la máscara á los que gobernaban y á los que la 
dirijian, haciendo saber que la cuestión de limites de entonces, 
como la de los diez centavos después, eran pura y simplemente 
pretextos; declaraba que la actual guerra, desde su principio 
no habia tenido otra significación que la absorción de ter- 
ritorio y que á Chile, vencedor, correspondía desgarrar 

con el filo de su espada el mapa del Perú. {*) Los tribunos del 



(*) « Es f'Mta de toda duda qne nuestro directores no han abarcado 
un solo instante el carácter complejo en que se presentaba la guerra, y 
que en ella solo ^n vúto wm operación de dudoso mercantilismo, ajus> 
iando su desconcertada acción á este infeliz y pobrísimo criterio. 

« La cuestión de honra, de dignidad, el gran pensamiento político de 
la actual campaña, jamás se han presentado ásus ojos: su imaginación 
ni siquiera las ha vislumbrado. 

€ Las alternativas del cambio casi siempre han sido el poderoso agente 
qne ha acelerado ó paralizado en el Norte nuestras operaciones. Ellas 
han pesado mas en la balanza de la guerra que el empuje de nuestros 
soldados, y que la espada de nuestros expertos generales. 

« La cotización del salitre fué por largos y contagiosos meses el único 
y supremo piloto de nuestras naves, implantó bloqueos^ cambió el perso- 
nal de nuestra escuadra y decretó la deshonra de los que hnbian resistido y 
bospechado su dirección. 

( De aquí que las campañas marítima y terrestre no se han llevado á 
cabo como la viralidad y el valor que el pueblo y el ejército tenían 
derecho para esperar. 

« El Gobierno se ha imaginado que la guerra del Pacífico es solo una 
cruzada de mercaderes ; que el país es un nasto campo de agiotintaSt * de 
deudores y acreedores ; que las sensaciones del cambio son las únicas 
que hacen latir el corazón de este pueblo viril, olvidando lastimosa- 
mente que las Naciones no viven de solo pan, que en la guerra no solo 
se arriesgan mezquinos intereses y que por sobre todas las combina- 



92 CAÜSA.S DB LA QUBRRA 

pueblo en sus comicios, decian de voz en cuello, antes de que 

¡ se declarara la guerra al Perú, <que la guerra no debia 
ser contra Bolivia, Nación pobre ó insolvente, sino contra el 
Perú ; » esta Nación, decian, debe pagarnos los gastos de la 
guerra entregándonos la Provincia de Tarapacá, territorio 
conquistado con el trabajo y capitales Chilenos ; la diplomacia 
no tiene ya nada que hacer en el asunto ; son las armas las 

^ que lo decidirán ». (Bibl. 153.) 

Hoy es una verdad histórica, comprobada con documentos 
oficiales de Chile y por sus mismos publicistas, que la verda- 

^ dera causa de la guerra declarada por esta Nación al Perú y 
Bolivia en 1879, la que precedió á todo juicio, á toda delibera- 
ción ; la que daba cierto impulso á las relaciones políticas y 
comerciales de Chile con sus vecinos del Norte, era la ambición 
de ensanchar su territorio á costa de éstos ; U)s huanos de la 
costa y las salitreras de Atacama y Tarapacá embargaban 

^ pues la codicia del Gobierno y del pueblo Chileno, como lo 



clanes de un Judaico mercixntiliamo están la digDÍdad, la honra y el buen 
nombre de todo nn pueblo. 

« £1 ejército y el pueblo, que ningún ínteres persiguen, si no es el 
bienestar y la gloria de su país, han visto en la presente guerra una 
cuestión de dignidad, do honra, que era menester solucionar en el cam- 
po de batalla. 

« £1 Gobierno y los mercaderes que' le explotan, han visto solo ana 
cuestión de cambio^ de saUtrCt de huanoa. 

« £i Gobierno se ha preocupado mas de las batallas de los tenedores 
de bonos en el comité Roussell ó en el comité Croyle. 

cY vergüenza dá confesarle, — los salitres y el cambio ka preva- 
lecido sobre la dignidad y la honra del país, y un puñado de especuladores y 
negociantes han prevalecido también sobre la voluntad del pueblo y del 
^cüo. 

« Subordina la marcha de nuestro ejército y los resultados de la victo- 
ria, cuando nó á las propias attibiciones y á la propia cartera^ á la aUa 
de las acciones y á la cartera del banco, que como supremo director siempre 
ha regentado, » (Bibl. 158) 



CAUSAS DB LA GUSRRA 93 

comprobaremos mas y mas en el curso do esta historia. (Bibl. 
104, capítulos II á IV, tomo I.) 

. Altos funcionarios de Chile han dicho : « cuando ocurrió el 
descubrimiento de los minerales de Caracoles en el territorio 
de Bolivia, afluyó á quellos centros la población Chilena en el 
número, y con los elementos que podrían constituir una so¿iabi- 
lid.id política, un pueblo, una civilización ; y apenas hubo ésta 
enclavado sus reales en las arenas del litoral y del desierto 
mediterráneo, estalló la inevitable rivalidad de castas, de 
intereses y de afecciones, que debía ir acumulando el combus- 
tible subterráneo que hoy es voraz hoguera. La guerra con 
Bolivia fué, por esto, simple cuestión de tiempo, desde que el 
cateador Cangalla encontró el primer rodado argentífero, en 
las lomas de Caracoles ; como habria de ser inevitable y aná- 
loga la guerra con el Perú, desde que el trabajo de los rieles y 
la escavacion de salitre atrajo al territorío de aquella Repú- 
blica, á manera de alud humano, una raza activa, y vigorosa 
que iba á encontrarse frente á frente de otra perezosa, muelle 
y desmoralizada con el clima y por el ocio > . 

« Hariase, sin embargo, reo de injusticia manifiesta, esta 
crónica de acontecimientos de ayer, si en ella se acusara á los 
habitantes del litoral de Bolivia, de haber provocado á los 
invasores: humildes pescadores, los mas, no podian presentar 
en su aislamiento ni aún débil valla de resistencia á los nuevos 
pobladores .... Faltaba solo la oportunidad de las armas, y 
ésta fué la que llevó á Antofagasta, en Febrero de 1870, el 
Coronel Sotomayor. » (Bibl. 104. 1, Gap. II.) 

Los nuevos pobladores de Antofagasta y Caracoles, que 
cual cartagineses, entraron como jornaleros para convertirse 
pronto en conquistadores, fundaron una asociación titulada 
€ LA PATRIA, » cou ol aparente objeto de socorrerse mutua- 
mente entre ellos. < En el fondo y en lo mas escondido y 
ardiente de sus propósitos, « la patria » tenia por mira su- 
prema, nada menos que la emancipación política de todo el 
territorio de Bolivia ocupado por los Chilenos al Sur de la 
Península de Mejillones, y si era preci.j entre Potosí y el 
Loa ». Hizose con ese fin, en profundo secreto y ha¡o jura- 



v96 CAUSAS DEL ODIO DE CHILE AL PERÚ 

enemigas ; y esos recuerdos, y esos odios le han trasmitido sus 
antepasados, aún sin pensarlo. Si á esto se agrega que el 
Perú, en aquella misma época^ veia á Chile con desden, y solo 
lo consideraba como lugar de presidio, como Inglaterra veia á 
la Nueva Holanda, y Francia á su Guayana, se comprenderá 
que todas estas circunstancias han debido contribuir á acen- 
tuar mas la mala voluntad que, instintivamente, guardaba 
Chile al Perú ; odio fomentado, mas tarde, por hombres, que 
como Portales y otros^ lo atizaban por sus fines é intereses 
personales ó políticos. Esos hombres han hecho, desde los 
primeros años de la independencia, una incesante propaganda 
de menosprecio y descrédito contra el Perú, logrando sembrar 
en el corazón de todo Chileno, desde el bajo é ignorante pue- 
blo hasta las clases mas ilustradas, odio, rencor y desprecio 
á todo Peruano ; en unos por envidia, en otros por codicia, y 
en todos por ambición ó por deseo de mejorar de fortuna ó 
condición social, á costa del Perú. Los epítetos de cobardes, 
ingratos, ociosos, y otros que se prodigan á los Peruanos, son 
tan familiares en el lenguaje común que, aun los usan gentes 
que parecen cultas; sin embargo, en Chile todos creen que el 
Perú es la tierra de promisión, en donde, á poca costa, y con 
poco trabajo, se adquiere riqueza y hasta nobleza ; por esto la 
Colonia Chilena en el Perú ha sido la mas numerosa, aunque 
por desgracia la mas inmoral y corrompida. 

Contribuyó no poco á dar nuevo pábulo á ese odio y envidia, 
la guerra con España que en 1866 sostuvo el Perú con tanta 
-gloria, y Chile tan vergonzosamente. El recuerdo del combate 
naval de Abtao, en que la escuadra Chilena se escondió, en los 
momentos en que la Amazonas se defendía heroicamente ; la 
enóijica resistencia que el dos df Mayo hizo el puerto del 
Callao contra toda la escuadra española, comparada con la 
rendición de Valparaíso que volteó las bocas de sus cañones, 
por temor de un bombardeo, tenian humillado á Chile ante 
ia América; y desde entonces meditó con mas empeño 
Tengarse. 

A «tas causa bastantes por sí solas para encender la guerra 
por ctialquier pretexto, se agregaba el estado calamitoso, en 



ESTADO DB LA HACIENDA DE CHILE 97 

que se encontraba Chile, por la crisis económica de su fisco, y 
de la social, en el alto y bajo pueblo. 

Vamos á extendernos algo en esta materia con el doble ob- 
jeto de comprobar dos hechos de suma importancia ; á saber : 
1° Que la decantada probidad del Gobierno de Chile con sus 
acreedores ha sido un juego artificioso ejecutado diestramente; 
y 2° que en 1878 se encontraba en un .verdadero estado de 
bancarrota, desde que carecía de rentas naturales, y aun in- 
dustriales, para pagar su deuda interna y externa, y cubrir 
los gastos ordinarios. 

Si se examina con atención el movimiento de la Hacienda 
Pública, de Chile en el siguiente cuadro, se verá que cuando 
la deuda externa bajaba en dos ó tres anos, subía la deuda 
interna, porque con ésta se cubría el déficit interior, y el ser- 
vicio de la exterior ; pero cuando por el mal estado comercial 
del país no se podia levantar la deuda interior, entonces ocur- 
rían á contratar un nuevo empréstito en el extranjero, para 
pagar los intereses y amortización de los anteriores emprés- 
titos (Bibl. 198 pág. 21 ;) así subió continuamente la deuda 
interna y externa. 

Alucinado Chile como otras naciones con el provecho que 
darían los ferrocarriles, levantó empréstitos ; parte de éstos 
se empleaban en cubrir el déficit de los gastos naturales de la 
administración ; el sobrante no alcanzaba para terminar los 
ferrocarriles, que no producían ni para costear los gastos de 
explotación, resultando por consiguiente mayor déficit en los 
años siguientes, que se cubrían con nuevos empréstitos : Por 
esto vemos que en 1858 levantó un empréstito por 7.774,000 
pesos; en 1866 otro de 15.604,000 pesos; en 1873 otro de 
11.382,500; en 1875 otro de 5.665,000 y en 1877, cuando el 
défl ;it llegó á 10-082,473 levantó uno de 15.398,072 pesos. 



T. t. 



MoTlnileuto de la hacienda p 


übllea de Chile 




DEUDA 








AÑO 


XXTBRNA 


INTERNA 


TOTAL DKUDA 


kNTRADAS 


OA8T08 


1812 


8.462,700 


8.680,1:8 


11 982,818 


8.176,814 


2.607,263 


1843 


8.878,700 


3.444,614 


11.823,214 


3.168,668 


2.778,248 


1814 








3.307,169 


8.361,064 


1846 


8 227,600 






8.228,039 


8.364,778 


1864 


6 708,600 


2.960,400 


9.663,900 


6.946,216 


6.149,908 


1866 


6.480,600 


2 179,726 


8.660,226 


6 287,626 


6 484,687 


1 86(} 


6.268,000 


2.647,026 


8.900,026 


6.609,867 


6.689,846 


1867 


6.014,000 


2.434,660 


8.448,660 


6 416,393 


6.680,862 


1868 


6.764,000 


8.172,100 


8.ií36,100 


6,961,774 


7.489,176 


1859 


13.268,600 


2936,871 


16 204,371 


6.264,166 


8.162,667 


i8no 


13.246,600 


2.717,966 


16.964,466 


7.362,166 


7.607,026 


1861 








6.850,821 


6.637,298 


1862 


12.184,000 


4 801,867 


16.936,867 


6.287,166 


6.428,682 


1868 


11.702,600 


4.111,767 


16.813,267 


6.700,669 




1864 








6.674,918 


8.070,368 


1866 


10.768,600 


8.017,078 


18 786,173 






1866 






29.026,820 






1867 


26.068,926 


9.616,708 


34.674,634 




• 


1868 






31.389,492 


18.783,124 


13.860,862 


1869 


82.224,600 


10.940,660 


43 166,260 


11.484,806 




1870 


23.848,000 


8.786,600 


32.629,600 


12.321,761 




1871 


27.079,600 


8.618,176 


36.697,676 


11.781,880 




1872 


26.281,000 


16.916,000 


48.197,000 


13.843,288 




1878 


86.818,600 


11.831,360 


48.149,860 


16 392,667 


17.066,891 


1874 


86.689,000 


10 929,600 


46.618,600 


16.761,724 


22 608,864 


1876 


40 168,000 


21.868,000 


61.626,600 


16.360,119 


22.062,187 


1876 


38.809,000 


26 746,729 


46.664,729 


16.372,616 


23.196,414 


1877 


87.400,600 


28.063,861 


66673,640 


13.688,862 


23.903,694 


1878 


36 894,000 


30.972,639 


66.866,639 


14 031,867 


21.376,729 


1879 


34.870,000 


39.717,870 


74.687,870 




w 


1880 


84.870,000 


69.374,687 


94.144,687 







EmpréstltoA eontratados por Chile 



AÑOS 



CANTIDAD EN PESOS 




CANTIDAD EN PESOS 



1868 
1861 

1866 
1866 
1869 
1870 



I 



a 7.774,000 

b 2.300,000 

4.398,0o0 

16.604.600 

767,000 

6.063,600 



1873 

1876 
1876 
1877 
1878 



b 2.881,366 

a 11.382,600 

a 6 666,000 

b 711,000 

b 6.719,200 

b 8.5^^0,000 

a 11 438,072 



a Contratado en el extraqjero. — b Contratado en el mismo Chile. 



BSTiDO DE} LA HACIENDA DB CHILE 99 

Este desastroso estado de la Hacienda Pública lo encubrían 
diestramente los Gobiernos, apoyados por los Congresos ; 
valíanse para ello, de hábiles argucias y soñsmas, que solo se 
pueden descubrir estudiando con atención los Mensajes de los 
Presidentes, las Memorias de los Ministros de Hacienda, y las 
Cuentas de inversión y entradas. En eitítos documentos que 
tienen por objeto dar cuenta á la Nación, por medio de su 
Congreso, de la marcha de su Hacienda Páblica, se vé el estu- 
dio con que se encubren los gastos contra ley, el déficit, y el 
aumento continuo de la deuda interna y externa. Tanto los 
Presidentes bomo los Ministros ocupan pocas lineas para tratar 
del esUido de la deudci interna y externa ; son minuciosos en 
dar cuenta de las rentas ; pero cuando los gastos han exedido 
al presupuesto, ó la deuda ha aumentado, casi siempre callan, 
ó lo dicen envuelto en circunloquios y explicaciones que con- 
funden en voz de aclarar. No sucede lo mismo respecto al 
estado de su comercio y otros ramos, en los cuales hay verda- 
dero progreso ; en estos ocupan páginas enteras, llenas de 
laudatorias á sí mismo. El pueblo que lee ligeramente tales 
documentos, y en Europa, en donde tan solo se pública en 
extracto lo favorable, conciben ideas falsas ó imperfectas de la 
situación financiera de ese país ; y como por otra parte los 
acreedores reciben anualmente los intereses y la parte del 
capital amortizado, sin cuidarse de averiguar el modo y forma 
cómo se consigue el dinero, han logrado los Gobiernos de 
Chile aumentar su crédito con sumo artificio. Para mayor 
cliridad y convencimiento hemos puesto el cuadro del movi* 
miento de la Hacienda Pública de Chile, formado en vista 
de los documentos oficiales correspondientes á veintiocho años 
que, aunque no seguidos, dan cabal idea. 

El Perú ha procedido de distinto modo. Los Presidentes y 
los Ministros han presentado siempre, en sus Mensajes y 
Memorias, el verdadero estado fiscal de la Nación; no pocas 
veces, exajerando la realidad, y haciendo aparecer como casi 
en bancarrota, la Hacienda Pública, con miras de política 
interna, y de otro orden ; y aunque el Perú pagó con religio- 
sidad desde 1845 su deuda, no lograba el mismo crédito que 



I 



100 MAL ESTADO DE LA HACIENDA PÚBLICA DE CHILE 

Chile ; y no faltaba razón á los que, aunque recibian con exac- 
titud lo que se les debía, leían al mismo tiempo en aquellos 
documentos oficiales, que la hacienda nacional se encontraba 
en mal estado. No observaban esos acreedores que el Pelrú 
tenia bienes reales y positivos con que pagar su deuda, y que 
Chile vivia de puro artificio, sin contar para cubrir su crédito 
con otro capital que sus diestras maniobras. 

Elcalaminoso estado de la Hacienda Pública de Chile se 
hizo sentir notablemente el año de 1874; pero nadie levantaba 
la voz para descorrer el velo que lo cubría; sin embargo se oyó 
de vez en cuando la de algunos de sus Representantes en el 
Congreso, y la de uno que otro escritor que con razones pal- 
pables dieron el alerta^ manifestando la verdadera situación 
económica de Chile. 

El año 1876 el estado financiero de Chile era verdadera- 
mente alarmante. El Diputado Cuadra manifestó, con muchos 
datos numéricos, la marcha desgraciada de la Hacienda Pú- 
blica de Chile en los cinco años últimos (sesión de 20 de Agos- 
to de 1876); lo confirmó el Presidente de la República en su 
Mensaje al Congreso, al asegurar que «de los cincuenta 
millones que importaba la deuda pública, se habían empleado 
tan solo treinta y cinco millones en los ferrocarriles, ó sea 
el 69--nj^ por ciento de la deuda; porque los quince millones 
que faltaban, se habían destinado á pagar los intereses y parte 
de la amortización del capital de la deuda. » Para salvar de 
pronto tan calamitoso estado, se ocurrió al acostumbrado 
medio de levantar un nuevo empréstito, de diez millones, con 
el cual pudo continuar pagando. He aquí el artificio con que 
Chile ha logrado aparecer como buen pagador; artificio que ha 
podido sostener hasta hoy, porque repetimos, los acreedores 
no examinan, el modo como se sacan los fondos con que son 
pagados ; pero tan luego como se persuadan de que Chile no 
tiene renta propia con que responder por su deuda, se des- 
plomará súbitamente su crédito. Chile sabía bien el peligro 
en que se encontraba, y por esto en la guerra actual no ha in- 
tentado levantar nuevos empréstitos en Europa, y ha ocurrido 
a| papel moneda» Para la compra de armas etc. se vio en la 



N 



MAL ESTADO DB LA HACIENDA PÚBLICA DE CHILE 101 

necesidad de jirar 1.400,000 libras esterlinas con el producto 
de su papel moneda. No somos los primeros que descubrimos 
esa llaga de la Hacienda Pública de Chile; uno de sus mas 
cuerdos publicistas lo hizo en 1874 en su Eshidio sobre la 
sitmcion económica de Chile (Bibl. 198); no se le oyó, ni 
Chile se detuvo en su sistema, resultando de ello que si en el 
año de 1876 el servicio de la deuda demandaba un gaeto de 
2.965,406 pesos al ano, á ñnes de 1878 subió á la enorme suma 
de 6.346,418 pesos. En estas angustias, ocurrió Chile á for- 
zar las cajas de sus vecinos, ubicadas en los terrenos salitreros 
de Antofagasta y Tarapacá. 

La voz de aquellos patriotas fué sufocada hasta que el Se- 
nador Claro y su colega, D. Gerónimo Urmeneta, miembros de 
la Comisión de Hacienda encargada del examen de las cuentas 
de inversión en los anos de 1876, 1877 y 1878, rasgaron el 
misterioso y falaz velo de la Hacienda Pública de Chile, y pro- 
baron € que los fondos fiscales se administraban caprichosa-^ 
mente; que habia deficiencia é irregularidad en los documentos, 
ilegalidad en la inversión de la renta pública, menosprecio de 
los Gobiernos á los mandatos del Congreso; frecuentes 
defraudaciones, y el peligro que habia de que fuesen incre- 
mentadas por la facilidad con que se pasaba por ellas. » . . . . 
€ que los empréstitos sucesivos formaban una marea siempre 
ascendente, y que igual carácter tomaban las contribuciones, 
creadas ó agravadas, casi año por año, á consecuencia de 
gastos excesivos^ de mero lujo ó aparato. Esa marcha los 
llevaba realmente á la bancarrota. » Este informe se guardó 
en secreto desde la legislatura de 1879, porque uno de sus 
miembros creia que su publicación dañaria al crédito del país ; 
asi que cuando se público en los diarios de Santiago produjo 
alarma ; porque « por vez primera se habian examinado con 
gran prolijidad las cuentas fiscales de inversión, dejando á un 
lado compañerismos, consideraciones de círculos, deferencias 
personales, adulos á los miembros de la administración, y se 
exponian sin reticencias ni ambajes lo que consta de las 
cuentas, y allá se las hayan los que aparecian responsables, de 
las ilegalidades y de los fraudes y derroches » (Sesiones del 



102 MAL BSTADO DE LA HACIENDA PÚBLICA DB CHILE 

Senado de Julio 8 y Agosto 2 y 3, de 1880, publicadas el 4 del 
mismo mes en los diarios de Santiago.) Sobrada razón tenian 
los Senadores Claro y Urmeneta al dar la voz de alarma contra 
los Gobernantes de su patria que en 20 años habían gravado 
á su erario con una deuda de mas de setenta y siete millones 
de pesos (77.654,238) cuyo servicio anual exijia un desembolso 
de 7.343,861, ó sea mas de la mitad de las entradas fiscales ; 
y aun cuando esa enorme suma se habia adquirido so pre- 
texto de emplearla en obras públicas, el valor de éstas solo 
representaba 47.175,706. En los gastos figuran los blindados 
« Blanco Encalada » y « Cochrane » y « La Magallanes » 
por 2.207,157 pesos, gasto provechosísimo, que ha producido 
la fácil conquista de riquísimos territorios usurpados á sus 
incautos vecinos, y cuyos productos en un solo año han sald.ido 
su déficit, aunque sea á costa de la honra Nacional y del odio 
de todo el continente americano; pero dia llegará en que 
Chile pague muy caro esta deuda (*) 

La Memoria del Ministro de Hacienda presentada al Con- 
greso Nacional el 15 de Julio de 1878, por D. Augusto Mata, 
descubre la gran llaga de la Hacienda Nacional de esa Repú- 
blica. € Principia confesando que la crisis económica que se ha 
dejado sentir desde algunos años atrás, ha continuado influ- 
yendo en el rendimiento de las rentas durante el año próximo 
pasado. » Como primer resultado hubo una disminución de 
entradas, que sumó 1.671,306 pesos (pág. VI.) Allí mismo se 
vé que en el año de 1876 se levantó un empréstito que dio 
4.884,542 pesos ; es decir que se pagaba el servicio de la deuda 
de los años anteriores con nuevos empréstitos (pág. id.) El 



(*) £1 f Informe de la Comisión de Hacienda del Senado sobre las cuen- 
tas de inversión en lósanos de 1876, 1877 y 1878, á que nos referimos 
se publicó en « £1 Ferrocarril • de Santiago del dia 8 de Julio de 1880. 

Antes de que viera la luz publicáoste acusador informe, la prensado 
Santiago habia dicho : « Que las liquidaciones mercantiles que venian 
haciéndose desde 1873, llegaron á asumir en 1878, proporciones verda- 
deramente inquietantes. Los capitales extranjeros emigraban apresu- 
radamente > (£1 Ferrocarril, Febrero 18 de 1880.) 



MAL ESTADO DE LA HACIENDA PÚBLICA DE CHILE 103 

dóflcít en el año anterior de 1877 subió á 2.367,247 pesos (pág. 
X.) para cubrir este déficit se i^utorizó levantar otro empréstito 
de tres millones (pág. XIV); siempre el camino de pedir pres- 
tado para pagar intereses atrasados, y cubrir otros gastos. 
Suponiendo ese Ministro de Hacienda con cálculos erróneos, 
que las entradas en el año 1879 aumentarían, y que los gastos 
disminuirían, datos ambos falsos, resultaba siempre un déficit 
de 37 1,353 pesos, y esto suponiendo como entrada natural los 
tres millones del nuevo empréstito (pág. XVIII.) 

£1 Ministro al concluir su Memoria confiesa < que los 
malea que rodean á la Hacienda Pública en el presente año 

de 1878 Mon uraircfl, pero lane^peeilatlYaii de mejora 
miento que ue dlvluau uo muy lejanas debe for« 

taiecerios.» ¿Cuales eran esas espectativas de mejoramien- 
to no lejanas ? el asalto á las riquezas de su vecinos. Continúa 
el Ministro : « Un extraño cómputo de circunstancias habia 
producido el mal estar que hoy los aqueja .... se habia rela- 
jado el espíritu de economia . . . buscando riquezas fuera del 
trabajo y del ahorro ; ademas de la crisis agrícola (pág. LVI.) 
pero que no debia desmayarse porque ... € inaeiraü fuentes 

de producción se abrían al espíritu emprendedor 
de sus compatriotas en el norte de Cblle con las 
{Salitreras del Desierto ; y que no debian desmayar ni 
por un momento en el propósito de aliviar la situación por 
medio de la cordura y del sacriflcio. » Estas espectativas 
y esperanzas de mejorar con el producto de las salitreras, que 
entonces no poseia Chile, son una tremenda acusación de sus 
intentos ejecutados meses después. (Bibl. 152, año 1878) 

El manejo de la Hacienda Pública de Chile ha estado pues 
muy lejos de aquella purezi, desahogo y economia de que ha- 
cen tanto alarde cuando injurian al Perú y á sus Gobiernos. 
No hemos querido aducir otras pruebas que las suministradas 
por hombres serios y que ocupan una elevada posición en 
Chile, y las que suministran los documentos oficiales que hemos 
citado. 

El Gobierno de Chile creyó salir de sus apuros financieros 
con la explotación del huano de Mejillones : « Pero esta 



104 8B AUMENTA EL MAL BSTAR FISCAL DB CHILB 

se hizo casi imposible ó por lo menos muy diflcil, 4esde 
que se perturbaron sus relaciones con Bolivia. » (Bibl 152, 
año 1878). 

Esta crisis económica de Chile, que nació en 1854 masi 6 
menos, en 1873 tomó un carácter alarmante á consecuencia de 
los inconsultos decretos de la administración Pardo sobre la 
expropiación de las salitreras de Tarapacáen favor del fisco. 
En los trabajos de aquellas salitreras estaban colocados capi- 
tales Chilenos, que obtenían pingües y seguras ganancias; así 
es que al verse privados de esa industria sufrieron positivas y 
fuertes pérdidas ; pero esos decretos no se dictaron con ánimo 
de hostilizar á los capitalistas Chilenos^ pues también los habia 
Peruanos que representaban algunos millones de pesos, sino 
como recursos fiscales, para aumentar las entradas del Perú 
que disminuían, porque los produtos del huano estaban des- 
uñados, casi en su totalidad, al pago de la deuda externa : 
pero cualesquiera que fuesen los móviles del Gobierno Peruano 
al dictar esta medida, el hecho es que produjo la ruina de mu- 
chos capitalistas Chilenos, quienes desde entonces clamaban, 
en todos los tonos, contra el Peni, y azuzaban á la guerra ; 
llegada su vez fueron naturalmente aliados obligados de los 
accionistas en las salitreras de Antofagasta. 

Las victorias de Chile y la última circular de su Ministro de 
Relaciones Exteriores de 24 de Diciembre de 1880 han cor- 
roborado que estas fueron las verdaderas y fundamentales 
causas de la guerra injustificable declarada por Chile en 
1 879 á dos Repúblicas aliadas suyas durante el peligro; guerra 
llevada por cinco años, con un salvajismo que apenas puede 
igualarse al de los tiempos mas antiguos, como se verá en el 
curso de esta historia. 

Hemos presentado los hechos anteriores al 2 de Abril de 
1879 en toda su verdad, apoyados en documentos oficiales del' 
mismo Chile, ó en otros no contradichos ; escribimos para la 
posteridad, y nos avergonzaríamos de que se nos encontrara 
en alguna de la falsedades con que los escritores Chilenos 
se han acostumbrado ya á tejer sus fábulas, tituladas 
historias. 



CAPITULO m 



Estadio Militar de Chile j el del Perú y de «a 
Haelenda á prliielplas de 19 79. 



Sumario : £1 Perú desatiende los avisos sobre la actitud de Chile, y el 
Congreso los pedidos del €K)biemo para el fomento de la marina y 
del ejército— Deficiencia y mal estado de la marina — Estado de 
las fortalezas del Callao — Estado de la disciplina de la marina y 
del ejército — La Hacienda pública del Perú en Enero 1879 — La 
extensión del territorio del Perú y Solivia, es desventajosa para la 
guerra — £1 estado militar de Chile en Enero 1879 — Otros ele- 
mentos le aseguian el buen éxito de la guerra — Chile se preparó 
haciendo explorar el territorio que seria el teatro de la guerra, y 
adquiriendo otros datos. 



No bastaron para despertar á los gobernantes del Perú, ni 
cacarlos de la inacción en que vivían respecto de su vecino 
del Sur los oportunos avisos de sus Ministros en el extranjero 
desde 1873, acerca de la actividad con que se armaba Chile y 
acrecentaba su poder marítimo; ni los documentos que tenían 
en sus propíos archivos que acreditaban las pérfidas instiga- 
ciones de parte de Chile á las otras Naciones contra el Perú ; 
ni la altanería, cada día mas acentuada de los Diplomáticos 
Chilenos en el Perú y en Bolivia; lejos de eso, olvidando la 
autorización que el Congreso de 1873 había acordado para 
mandar construir dos poderosos blindados, destinó los cuatro 
millones de soles en otros distintos objetos. 



106 ESTADO MILITAR DRL PKRí'l BN 1878 

Las siguientes Legislaturas, por su parte, olvidaron tam^ 
bien las fundadas alarmas anteriores; y en vez de señalar en el 
presupuesto de la República fondos necesarios para comprar 
armas y los demás elementos bélicos de que carecia el ejército 
y la marina, disminuyó considerablemente las sumas que desde 
años atrás se babia consignado siempre en los presupuestos 
para tales objetos. Por falta de fondos los buques quedaron 
entregados al cuidado de unos cuantos marineros, para 
quienes únicamente podia alcanzar la exigua suma asignada 
en el presupuesto de 1878. 

El Ministro de la Guerra decia al Congreso de este último 
año (Bibl. 148.) < En la necesidad de ponernos á cubierto de 
toda emergencia, colocando á la Nación en condiciones de que 
no pueda ser sorprendida en un estado indefenso, que acusaria 
en el Gobierno la mas censurable imprevisión, os pido que lo 
autorizeis para atender á la satisfacción de aquella necesidad, 
votando en el Presupuesto General, la suma que sea compe- 
tente para la compra de rifles y armas de nueva invención. » 
Ese Congreso miró con punible indiferencia las indicaciones del 
Ministro de Guerra, apoyadas por el Comandante General de 
ArüUeria, bajo cuyo cargo corría el parque del ejército. Este 
funcionario expuso en vano que en los almacenes militares 
existian 5566 rifles de once clases distintas, la mayor parte 
inservibles por su mala calidad y por su sistema ; y que basta 
el armamento del ejército, á mas de defectuoso por su calidad, 
no era uniforme (Bibl. 149.) El número de cañones no pasaba 
de 30, los mas de sistema antiguo, sin contar 13 obuses del 
todo inútiles. 

La consecuencia de tanta incuria é imprevisión fué precisa- 
mente la que debia esperarse ; esto es, que para un momento 
dado, de esos que aun sin sospecbarlo siquiera, surjen repen- 
tinamente en la vida de los pueblos, el Perú se hallara como 
se halló en efecto con toda una tormenta sobre su cabeza sin 
tener ni con que defenderse. Todos los elementos de que podia 
disponer en Febrero de 1879 pueden califlcarse, sin riesgo de 
exajeracion, con la palabra inútiles, puesto que los rifles, 



B6TAD0 MILITAR DEL PIÜRÜ BN 1878 107 

además de su es(*aso número, eran de todo punto inaparentes; 
y otro tanto podemos decir de los cañones, sables etc. (*) 

La escuadra, por otra parte, única y positiva defensa de la 
República, se encontraba en igual ó peor estado que el ejército; 
nominalmente se contaba con cuatro buques blindados, una 
corbeta, una cañonera de madera y tres vapores de fierro para 
trasportes. La fragata « Independencia » estaba en el dique, 
desde mediados de 1878, cambiando sus calderas, renovando 
su cubierta, y recibiendo otras reparaciones necesarias en un 
buque que tenia catorce años de vida, y doce de un servicio 
constante. Las calderas del < Huáscar » eran nuevas, pero 
necesitaba otras reparaciones indispensables, pues algunos de 
sus Comandantes babian olvidado por completo aquel solícito 
cuidado, único que puede conservar bien á un buque. Estos 
blindados construidos catorce años ha, carecian de condiciones 
nuevamente exijidas, como el espesor del blindaje, >el sistema 



(*) Armamentofi j ütllcs de iruerra existentes en los 
parques ilel Perú á ilnes del ano de 187 8. 

RIFLKS 



Peroanoa 2,480 

ComblaÍD 28 

Chassepot reformados . . . 299 

Mariini 29 

Chassepot de aguja. . . . 307 

Rampard IG 

Wilson 108 



Minió Prasianos 1,896 

Minié Anstriacos. . • . . 1,896 

Minié Ingleses 32 

Springfíel 116 



Total .... 6,666 



VARIOS 



Mosqnetones de 7 clases . . 768 
Carabinas de 4 ídem . . . 866 
Revolvéis de 3 ídem . . . 481 



Sables de 3 clases .... 2,280 
Lanzas . * 126 



Rajada de á 9 14 

ídem de A 8 4 



artillería 

Rayada de á 4 ' 10 

I 

Total. .... 28 

Ametralladoras 4 



Comanes de bronce de á 4 . 2 

Obuses de á 12 18 

Firmado por el Jefe encargado del detall — Domingo Barboza — V B. 
— Bonifaz. 



109 ESTADO MILITAR DEL PBRÚ EN 1878 

de la artillp-ria; y los colocaba entre las naves de tercer orden 
en su género (Bibl. 148.) El monitor « Atahualpa » tenia sus 
calderas y tubos en tal deterioro qne no podían resistir una 
presión de mas de cinco libras ; y el casco, que era de fierro, 
se resentiacoQ el peso de su torre. El < Manco Gapac, » aun- 
que viejo y descuidado, podia moverse de su fondeadero con un 
andar de tres á cuatro millas por hora ; su casco no tenía ave- 
rias, pero sus calderos prestaban poca seguridad ; de todos 
modos podia servir en la bahia. La corbeta « Union » también 
podía prestar algún servicio, aunque sus calderas, por ser 
viejas, no permitian forzar muct^o el vapor, sin que en el acto 
reventaran los tubos. El único buque espedito para desem- 
peñar cualquier comisión era la cañonera < Pilcomayo » aun- 
que por la fuerza de su máquina ni por su artillería podia 
sostener un combate con las corbetas Chilenas. La escuadra 
del Perú contaba pues en Enero de 1879 menos buques de 
guerra que á fines de 1877, y casi todos incapaces de prestar 
servicios en tiempo de guerra. Todo esto obligó al Gobierno 
á emprender la reparación de sus buques, de suerte que en los 
meses de Diciembre de 1878 y Enero de 1789 el Callao se 
convirtió en un centro de trabaos y aprestos navales mas ó 
menos activos, no por temor de guerra, que nadie preveía, 
sino por la fuerza de las circunstancias en que se encontraban 
los principales buques de la escuadra, que corrían el riesgo de 
perderse si no se les reparaba con prontitud. 

Los tres meses que se necesitaron para mover la primera 
división naval, ponían de manifiesto la desorganización que 
había reinado en cuanto al material marítimo, y la poca ó 
ninguna atención que habia merecido este ramo de tan vital 
importancia. (Bibl. 11) 

Las fortalezas del Callao, levantadas á la lijera en 1866, con 
motivo de la guerra con España, quedaron en completo aban- 
doDO<lesde el 2 de Mayo de aquel año; y algunas estaban casi 
del todo arruinadas por las bravezas del mar. 

Por otra parte, si el Perú se encontraba en tan mal estado de 
defensa material en Enero de 1879, doloroso es confesarlo que 
no lo estaba menos en lo relativo á la instrucción y disciplina 



B8TAD0 MILITAR DEL PBRÚ BN 1878 109 

V 

de su ejército y marina. Hacia pocos meses que el iníatigá- 
ble revolucionario D. Nicolás de Piérola había perturbado la 
moral de la marina con la defección del < Huáscar. » En los 
buques de guerra se dejaba de hacer ejercicio, por el descuido 
de sus Comandantes, ó por el continuo estado de reparación 
en que aquellos se hallaban. Influyó mucho también en el 
estado de indisciplina en que se encontró la escuadra tan 
repentinamente, la necesidad en que se vio el Perú en los me- 
ses de Enero á Abril, de renovar la tripulación de sus buques, 
compuesta en su mayor parte de Chileno?, que fueron despe- 
didos del servicio. 

El ejército de tierra, y en particular el cuerpo de artillería 
carecía de instrucción, porque su personal se renovaba, en su 
mayor parte, cada dos años, en cumplimiento de la ley que, 
inconsultamente, ^a ese tiempo de servicio obligatorio, y por- 
que su reducido número no dejaba al soldado tiempo para ha- 
cer el servicio de plaza y dedicarse á los ejercicios doctrinales 
de su arma. Sabido es por una larga experiencia, que en el 
Perú se necesita, cuando menos, dos años p<ira formar media- 
nos infantes, y casi el duplo de tiempo para los artilleros, cuya 
base es la in&ntería ; y aunque desde 1873 el Ministerio de 
Guerra y la Comandancia General de Artillería habían hecho 
estas observaciones al Congreso, para que reformara la ley, 
no lograron que se atendiera á sus pedidos. Otro de los 
defectos mas graves en el ejército consistía en la variedad de 
táctica y de armamento ; la antigua táctica estaba modificada 
de hecho, tanto en las voces de mando como en la ejecución de 
los movimientos, según el capricho de cada gefe de cuerpo. El 
Estado Mayor, que en todo ejército es el alma que dirijo y sos- 
tiene ese gran cuerpo de millares de hombres, en realidad no 
existia, pues que lo que tal nombre llevaba^ no era otra cosa 
que el depósito de los gefes y oficiales del deshecho del ejér- 
cito, cuyo desprestigio llegó al extremo de que los que se 
encontraban algo dignos, recibían como pena el ser destinados 
en él. 

En resumen, el Perú en Enero de 1879 tenia un ejército de 
5241 hombres, inclusive gofes y oficiales, armados con flisilos 



lio 



ESTADO MILITAR DEL PERÚ EN 1878 



de diversos sistemas, la mayor parte Chassepot reformados ; 
coD una escuadra que á mas de su general y relativa inferio- 
ridad á la de Chile, estaba en reparación en su mayor parte ; 
y con un arsenal poco menos que exhauto. (*) De tal suerte 
que si en Abril de 1879 se hubieran presentado en Iquiquelos 
4850, hombres de cgército que Chile tenia espeditos en Anto- 
fagasta y Valparaiso á la vez que en el Callao los blindados 
« Gochrane, » y « Blanco Encalada » con los demás buques, 
de se^ro que se habrían apoderado de Iquique, batiendo á la 
pequeña fuerza que allí existia; y de la escuadra Peruann, 
surta en el Callao ; pero aunque les sobraba vanidad, les 
faltaba coraje. El mismo diario « La Patria » de Valparaíso, 
que pocas semanas antes, hasta meses después de encendida 
la guerra, ha repetido hasta el cansancio que el Perú estaba 
preparándose desde que celebró el tratado de alianza con 
Bolívia, acusando á su Gobierno por la ineptitud con que dirijia 
las operaciones de la guerra, decia en (Julio 19, Agosto 4) «que 
el Perú estaba desarmado: con escepcion del Callao, no había 



(*) E0t«4o del ejért-lto del Perú en les últlmei 

del «lie det899. 



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INFANTERÍA 



PidiÍBcha n&mero 1 
ZepitM número 2. . 
Ajacncho número 8 
Giftllao número 4. . 



529 
578 

421 



Cazadores número 7 

Puno número 6 . • 

Cuzco número 5. . 

Total. 



caballería 



Húsares de Jnnin. . 
Lanceros de Torata. 



282 
486 



Gaias 



Total . 



artillería 

Regimiento artilleria de campaña. 402 ] ídem dos de Mayo . . 



400 

812 

421 

8,589 



166 
888 



467 



869 



RESUMEN 
Infantería, 3,539 — CaUlleria, 888 — Artillería, 869 — Total 5,241. 
Esta fuerin es nominal 6 efectiva; la disponible no llegaba á 4,000 hombres. 



VENTAJAS DB GHILB SOQRE BL PBBÜ T SOLIVIA 1 11 

un solo cañón en toda la costa; Iquiqae tenia una débil gaar- 
nicion incapaz de resistir á un ejército de cuatro ó cinco mil 
hombres ; todas las circunstancias se presentaban favorables 
p^ra atacar y tomar de sorpresa el rico y vecino Departamento 
de Tarapacá. Nuestra escuadra^ en todo tiempo superior á la 
enemiga^ lo era entonces mas todavia, porque la escuadrilla 
Peruana se encontraba reparándose ; y bien sabido es que no 
pudo salir basta mediados de Mayo. Un desembarco era pues 
una empresa sencilla, y el mantenimiento en el territorio 
enemigo también lo era. Ademas del egército que hubiera 
operado, veinte mil Chilenos valientes y robustos habrían ido á 
engrosar sus fllas. Mas ó menos, la ocupación de Iquique en 
los primeros dias de Abril, habría sido una repetición de la 
de Antofagasta. Nada se hizo. » 

Nada ó poco valia que el Perú y Bolivia contaran con una 
población dupla de la de Chile, desde que se hallaba disemi- 
nada en un vasto territorio, cortado por elevadisimos montes, 
y por dilatados arenales, ó serranías que hacen sumamente 
difícil la reunión de hombres en el punto y con la brevedad 
necesaria para un caso de estos, al paso que la de Chile, mu- 
cho mas reconcentrada, puede fácilmente congregarse en 
cualquier momento. Una simple comparación del territorio y 
población de las tres Repúblicas basta para convencerse de 
las grandes ventajas que llevaba Chile en la guerra, como lo 
reconocen los mismos Chilenos, y como se comprueba por el 
cuadro adjunto, según el cual mientras en el Perú y en 'Boli- 
via corresponden dos habitantes por cada kilómetro cuadrado, 
en Chile cuenta con siete. 



TERRITORIO £K ULÓMBTROS CD. 

Pera 1.606,006 

Bolivia 860,000 

Chile. 888,000 



POBLACIÓN 



HABITS. PORKIli. CO. 



2.600,000 
2.500,000 
2.508,000 



2 
2 
7 



112 VENTAJAS DB CHILE SOBRE EL PERÚ Y BOUYIA 

Otra de las ventajas con que contaba Cbile para el buen 
éxito de la guerra, consistía en que el Gbileno es vano por na- 
turaleza, se cree capaz de todo ; el amor á su patria es conse- 
cuencia de esa vanidad individual. La petulancia del Chileno 
no tiene límites ; todo lo atrepella por conseguir su objeto, y 
si este se refiere á servir á su patria, cree que le es permitido 
atrepellar hasta las mas triviales reglas de moral y urbanidad; 
y como á la vez también es intruso, se busca medios para 
ponerse en relación con las personas que conviene á sus planes 
é intereses. El Peruano por el contrario, es pacato. Nunca 
intenta introducirse en círculos sociales, sino tiene motivos para 
ser presentado ; consecuencias de esto es la falta de vanidad 
personal y nacional. La diferencia de estos caracteres se hizo 
palpable desde que se manifestaron los primeros síntomas de 
desacuerdo entre el Perú y Chile, especialmente entre los 
individuos que se encontraban en el extranjero. En Inglaterra, 
Francia, Nueva York y otras grandes ciudades, los Chilenos, 
sin detenerse en medios, se pusieron luego en contacto con 
algunos redactores de diarios, y les suministraban noticias 
que publicaban en uno ó dos diarios y luego las reproducian en 
otros, haciendo la propaganda en sentido siempre adverso al 
Perú ; en tanto que los Peruanos avecindados en esos lugares 
creyendo que las noticias se desmentirían fácilmente, en vista 
de nuevos datos, no cuidaban de contradecirlas de pronto ; á 
tal punto que en el Perú causó asombro la indiferencia con que 
los Peruanos residentes en Europa miraban las publicaciones 
de la prensa, mal informada por los ajentes Chilenos. (Bibl. 
40, Junio 10 de 1879). 

A todas estas ventajas en favor de Chile, hay que agregar 
una de carácter decisivo en el campo de batalla. El Perú por 
su íama de rico, y por ser conocido de la numerosa colonia 
chilena residente en él, ofrecía el mas poderoso incentivo á la 
ambicien del soldado. La prensa chilena, que sabia cuanto 
partido se podia sacar de esta coyuntura, no cesó en estimular 
el valor de sus soldados presentándoles las mas halagüeñas 
perspectivas, con la toma de Lima y la posesión de Tarapacá ; 
mientras que al soldado Peruano solo se le podía entusiasmar 



' ESTADO MILITAR DE CHILE EN 1878 113 

con el abstracto brillo de la gloria^ que tío en todas las almas 
ejerce la plenitud de su influencia. 

Si el ejército y marina del I^erú se encontraban en tan 
deplorable estido, no se hallaba mejor el de su hacienda pu- 
blica. En este tiempo se sentía viva y dolorosamente, los 
efectos de los desaciertos de las anteriores administraciones ; 
por ellos se veía el Perú en pocos meses, en guerra con Chile, 
sirviendo de pretexto los inconsultos decretos sobre salitre, el 
malhadado tratado secreto con Bolivia. Decimos pocos meses, 
porque mas ó méno« tarde la guerra era inevitable, como lo 
han dicho Balmaceda, Vicuña Mackenna y otros hombres 
públicos de Chile. Las arcas nacionales no tenian un centavo, 
los capitalistas, y los ricos comerciantes se encontraron con 
papeles impresos titulados billetes de banco, en vez de la 
plata que antes tenian j la propiedad privada perdió su valor 
real, todo era ficticio. En el exterior faltaba el crédito por la 
suspensión del pago de los intereses y de amortización de la 
deuda, y otro tanto sucedia en el interior. El huano no 
producía lo que debia, porque inconsultamente la pasada 
administración .dejó depósitos considerables en poder del an*» 
terior contratista ó ájente, y entre éste y el nuevo se hacían 
la competencia conr perjuicio del Perú que suftia las pérdidas. 

Hemos visto la superioridad del poder marítimo de Chile, y 
lo bien preparada que estaba su escuadra, desde 1878, para 
emprender cualquiera campana. La marina la componían dos 
buques blindados y diez de madera j el siguiente cuadro com- 
parativo lo hace mas palpable. 



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VENTAJOSO BSTADO MILITAR DE CHILE 115 

Su ejército permanente, en Enero de 1879, en la apariencia 
constaba de 2440 hombres, de las tres armas; su guardia 
nacional, de veinte y cinco cuerpos ; pero en realidad el número 
del de línea llegaba á 9000 hombres, bien armados; en su 
parque existían 13,000 rifles Oomblaín con la suficiente muni- 
ción : habian pedido á Europa mas rifles, cañones, municiones 
y buques de guerra. Estos preparativos se hacian contra el 
Perú; (Apéndice núm. 6.) Hacia años que se cuidaba mucho 
de la organización y discipUna de la guardia nacional, con cuya 
prudente medida se conseguia poder formar, en caso necesa- 
rio, un ejército tan numeroso como lo requiriese la naturaleza 
de la guerra. Bastaba una orden del Gobierno para elevar á 
veinte mil 6 mas hombres la fuerza del ejército activo, y 
encontrarse, en pocas semanas, en estado de campaña, con 
sus jefes y oficiales, todos bien disciplinados. A este podero- 
so elemento tan fácil de emplearse, agregaba Chile la ventaja 
de contar con todos los trabajadores chilenos que poblaban 
los territorios de Atacama é Iquique, cuyo número pasaba de 
veinte mil (Bibl. 155 páj 28); gente que aunque de malas 
costumbres é inmoral, bajo todo respecto, era fuerte, acos- 
tumbrada al trabajo, al clima del desierto, y por consiguiente 
á sufrir con calma las privaciones peculiares á esos lugares, y 
muy entusiasti por su patria. Tenia pues Chile para la pró- 
xima guerra cuantos hombres necesitara; armamento del 
último y mas acreditado sistema, según la experiencia adqui- 
rida en la guerra franco-prusiana. Desde el dia que declaró 
la guerra al Perú le llegaban continuamente buques con toda 
clase do artículos de guerra, y oficiales extranjeros que con- 
trataron sus servicios y su vida por el interés del sueldo, 
como se contrata el servicio de un mecánico; vil misión que 
degrada la dignidad militar ! El conocido escritor Vicuña 
Mackenna, Senador, y muy entregado á la política, y que esta- 
ba en todos secretos, dice : < llevamos nosotros de ventaja á 
los peruanos un largo mes de aprestos; incubada la guerra 
desde T de^Enero; lista la escuadra desde Noviembre de 1878, 
cuando el «Huáscar» estaba desarmado, la «Independen- 
cia » con sus calderas en la playa j la « Union » en Iquique y 



116 CHILE BXPLORA AnTBS BL TERRITORIO 

la «Pilcomayo én el norte del Callao. Nuestro ejército 
agrupado, con 5696 soldados perfectamente armados y muni- 
cionados: en una palabra, éramos dueños de la situación 
militar^ déla hora y de la acometida desde el i de Abril ai 
I de Mayo de 1879. En Arica, no había en su desierta 
playa, ni un canon, ni un soldado, ni siquiera un dedal de pól- 
vora. » (Bibl. 104 tom. 1.) 

Chile contaba ademas con otra ventaja de suma impor- 
tancia que consistía en lo siguiente. Desde que intentó usur- 
par el litoral boliviano , lo hizo explorar científicamente por 
hombres competentes que contrató en Europa; éstos levanta- 
ron los planos y mapas de esas regiones, acompailándolos 
con estudios muy prolijos, sobre su geología, mineralojfa, 
población, comercio y cuantos datos podían utilizarse y 
aprovecharse á su debido tiempo. Al Perú enviaba personas 
que só pretexto de reparar su salud, de negocios ó de simple 
estudio, ó paseo, llegaban con cartas de recomendación de 
sus Ministros ó de personas notables que tenian antiguas 
relaciones personales ó comerciales con los hombres notables 
del Pera, cuya proverbial hospitalidad y franqueza les facili- 
taba cuantos datos necesitaban para sus planes. Provista de 
esos datos, la Junta Hidrográfica de Chile, en Santiago, ha 
publicado mapas y descripciones de todo el territorio del 
Perú y Bolívia que podia ser el teatro de la guerra^ y que han 
servido de seguros itínerarios al ejército de Chile. 



CAPITULO IV 



Aeto* dlplomélleos — Priuelplan lan ho«Ullilades. 



SuMAHio : El Perú no deaeaba la guerra, oi le con venia—Chile pudo 
evitarla y conseguir de Bolivia arreglos ventajosos — El Ministro 
Godoy en Lima declara terminada su misión de paz— Se pasea en 
público y nadie lo molesta— El Perú cancela las patentes de los Cón- 
sules de Chile, y éstos son respetados — £1 Perú envió tropas á 
Iquiqqe; razones pftra ello— Bolivia envía al Perú un Plenipotencia- 
rio ; objeto de su misión— Arreglos consiguientes al casusfoederis — 
Chile establece el bloqueo de Iquique antes de notificar el estado 
de guerra — Manifiesto de Chile sobre las causas de la guerra — £1 
tratado de alianza con Bolivia no justifioa la guerra. 



Por el estado militar y financiero en que se encontraba el 
Perú en 1879, por sus verdaderos intereses niateriales y 
políticos, y por falta de causas reales y verdaderas, no le 
convenia provocar una guerra con Chile ni con ninguna 
Nación. La lectura de los capítulos anteriores basta para 
desmentir las aseveraciones de Chile y de sus escritores que, 
desde los primeros dias del año de 1879 hasta hoy, no dejan 
de gritar, que la guerra fué provocada por el Perú; ¿qué 
ventigas iba á sacar siendo vencedor ? { Con qué elementos 
de guerra contaba para tener siquiera probabilidades de 
triunfo ? ¿ No veia que su marina estaba en un estado casi 
inservible, y que en ningún caso podría combatir, con buen 
éxito, con la escuadra de Chile ? ¿ sus parques y arsenales, 
no carecían de armas, de municiones y de todo ? i sus 
arca9 no estaban exbautas? {sus acreedores exteriores 



118 CHILE PUDO EVITAR LA GUERRA 

no lo oprimian á toda hora? ¿ El Presidente del Perú no quería 
cordialmente á Chile? Es cierto quB el pueblo, que no^iensa 
en las consecuencias de una guerra y solo se guia por su co- 
razón, deseaba contener la audacia arrogante de Chile ; pero 
los Gobiernos que están al corriente del verdadero estado de 
sus paises, deben saber también cuando y cómo pueden seguir 
los impulsos del pueblo que dirijen ; y por lo que toca al Perú 
estamos ciertos y tenemos motivos para asegurar que si el se- 
ñor Santa María li otro representante de Chile se hubiera aper • 
sonado en Lima para tratar y arreglar las nacientes disensio- 
nes, habría conseguido cuanto hubiera deseado, con beneplácito 
del Perú y de Bolivia, con solo acordar cualesquiera de esas 
medidas de forma que concillaran el honor de Bolivia, que 
interesaba á ésta mas que unas cuantas leguas de ter- 
ritorio. (*) 

Pero á Chile le urjia proveer sus arcas vacias, salvar la 
crisis en que se encontraba su hacienda, con el rico botin de 
Antofagasta y Tarapacá, tan codiciado y asechado desde antes, 
y halagar á su pueblo descontento por el fracaso de sus nego- 
ciaciones con la República Argentina; creia ademas que la 
guerra duraría poco, y que el resultado le seria favorable, 
puesto que se hallaba pej'fectamente armada y preparada de 
antemano. 

Declar¿\da la guerra por Chile, (de hecho desde el 2 de Abril 
de 1879), el Perú mal de su grado, tenia que aceptarla y la 
aceptó con entereza. El mismo dia el Ministro de Chile en 
Lima declaró que su misión de paz estaba terminada, y pidió 
sus pasaportes. El pueblo de Lima al saber la noticia, recorría 
las calles y llenaba las plazas dando vivas al Perú y aceptando 
c. !i alegría la guerra; fué aquel un dia de verdadero júbilo y 
(lo ardoroso entusiasmo. En medio de esa multitud exaltada 



(•) Telegrama Oficial.— Lima, Abril 2 de 1879.— 11 a. m.- Señor 
Livalle : — jRooibido oficio 21 — Señor Santa María será bien recibido 
Acaso su misión asegure la paz. -«-Nuestros aprestos son solo preventi- 
vos y no agresivos— Noticias que Chile declara guerra al Perú— 8i esto 
es cierto, vea si conviene hacer uso de este telegrama — Iriyoym. 



BL PUEBLO PBRÜ4N0 RBSPBTA LA LBOA^CION CHILBNA 110 

se paseaban, sin enobargo, tranquilos y re^^petados, muchos 
Chilenos notables avecindados en Lima. El Ministro de Chile 
D. Joaquin Godoy, que vivia á pocos metros de distancia de la 
casa de los Ministros de Bolivia, fué respetado^ á pesar de que 
Li casa de éstos se hallaba invadida por inmensos y continuos 
grupos de pueblo que los felicitaba. El escudo de Chile se 
ostentaba en la puerta de la Legación hasta el dia 4, sin que 
nadie intentara siquiera ultrajarlo; el mismo Ministro Godoy, 
aunque odiado, se paseaba por las calles; iba y venia de 
Chorrillos, los mas dias en estado poco decente, con plena 
seguridad hasta el dia 6 de Abril en que se retiró por la 
noche á un buque. Las patentes de los Cónsules fueron 
canceladas sin que las casas que habit iban ni sus personas 
recibiesen el menor ultraje. El Cónsul del Callao, Rivera 
Jofré, que pagaba su larga residencia en ese puerto, y el cor- 
dial afecto que no cesaron de tributarle sus habitantes, (al 
extremo de extender actas en su favor), con la negra ingratitud 
de dar á su Gobierno avisos falsos para irritar los ánimos, se 
retiró tranquilo, sin que ningún vecino del lugar le manifestara 
resentimiento. (*) Este ingrato ha sido después uno de los 



(*) Prefectura de la Provincia Litoral" Callao, Abril 4 de 1879. — Sefior 
CóüBul General ^e ChUe ¡—Contestando á su muy apreciable comu- 
nicación fechado ayer, me es grato decir á U. S. que no es cierto que 
D. S. haya pedido garantías para su persona ni para el Consulado, á 
este despacho; ni tenia por qué pedirlas, pues Ü. S. sabe que ni su muy 
estimable persona, ni el Consulado, tienen nada que temer, estando como 
están bajo la salvaguardia del honor nacional, y en el seho de una socie- 
dad civilizada. 

Indicando á U. S. que puede hacer do esta nota el Uso que crea ne- 
cesario, tengo el honor de reiterarle la espresion de mis respectos y de 
suscribiiine su obsecuente y S. S.-^ Antonio Rodriguez Bamirez, 

El Porvenir del Callao Abril 4 : — « Una fuerxa de policía estacionada 
en la calle de la Constitución, frente al Consulado Chileno, dice el South 
Paciftt TimeSy presenció la operación de izar el pabellón á las ocho de la 
mafiana. Parece que informado el Cónsul de que se trataba de impedir 
que izara su bandera, se dirijió á la Piefectura, y ésta, no solo le ase- 
guró que tal temor carecía de fundamento, sino que para tranquilizar el 



120 ENTUSIASMO Y OBMÜIROSIDAD DJSL P^RÚ 

mas encaroizados eueuDigos del Perú. ¡ Cuan diferentemente 
fueroa tratados los Ministros y Cónsules Peruanos en Santiago, 
Valparaiso y Antoíagasta ! 

Los meetings 6 reuniones populares continuaron varios dias 
con igual orden y entusiasjíDo; multitud de personas se presenr 
taron á engrosar las filas del ejército ; pobres y ricos concur- 
rieron á depositar sus erogaciones en las arcas nacionales ; la 
suma de estos donativos ascendia á centenares de miles, desde 
los primeros dias ; y los ofrecidos periódicamente aseguraban 
al flsoo una entrada de mas de doscientos mil soles men- 
suales, por algún tiempo. (Apéndice numero 10.) Forma 
contraste la generosidad proverbial de los Peruanos con la 
mezquinidad de los Chilenos. Con este motivo Vicuña Macken- 
na, escritor festivo casi siempre, dice : « El pueblo Peruano 
tomado como comunidad, dio muestras de mucho mayor 
desprendimiento de sus dineros para atender á las nacientes 
emergencias de la guerra, que el de Chile. » € Mientras en el 
opulento y saneado Chile no se habia logrado, ni con mucho 
reunir antes ni después de la guerra un valor equivalente á la 
cuarta parte; en solo el Departamento de Lima, estaban 
suscritas para el primer año de la guerra, y pagados en gran 
parte mas de seis millones de soles, que tomando en cuenta la 
depreciación del cambio del papel corriente equivalian de 
todas suertes á tres millones de pesos en oro. » 



ánimo de dicho funcionario, ordenó que la fuerza pública redoblara bu 
vigilancia. » 

Hay mas. El pueblo mismo custodiaba al Cónsul de Chile. He aquí 
las noticias que trasmite del Callao un corresponsal digno de fó : 

« El pueblo del Callao, que siempre se distingue por sos procedimien- 
tos dignos y circunspectos, ha dado una nueva prueba de su ilustración, 
disposición generosa é ideas levantadas. 

« Moa dedos mil firmas 8usct*iben una acta formulada entre los arte- 
sanos, en la que se ofrece al señor Cónsul Chileno D. Bamon Rivera 
Jofré, que no será de ninguna manera qfendiio, mientras continúe resi- 
diendo en este puerto; prometiéndole castigar á cualquier mal intencio- 
nado, que se permitiese ofiínderlo, con el dañado propósito de manchar 
la limpia fama del Callao. 



/ 



RIDICULOS DONATIVOS RN GHILB 121 

« Todo esto, por exajerado que fuera en las apariencias, no 
admitt¿i comparación con las cantidades recojidas á domicilio 
en Santiago, que con rarísimas escepciones (como la de los 
padres Agustinos que suscribieron una cuota de tres mil pesos 
anuales) fueron mas ó menos nimias. Verdad esbque algunos 
ofrecieron un centenar de bueyes, pero entregaran terneros : 
otros, algunos centenares de arrobas de vino pero exijieron 
vasga. 

« En cuanto al menudeo de las oblaciones, hubo algunas 
completamente ridiculas como una alfombra de iglesia:^ «un 
canario sin jaula » < un lapicero encontrado en la caüe » y 
otras miserias que eran un verdadero insulto á la patria y á la 
situación. » (Bibl. 104 I. pág. 844) 

La ocupación militar de Antofagasta por el ejército de Chile 
babia inspirado serios cuidados al Gobierno del Perú, no tanto 
por el temor de una invasión á la Provincia dé Tarapacá, temor 
que no carecía de razón, pues eso aconsejaban casi todos los 
diarios de Chile, y sus oradores de plazuela, cuanto porque 
era muy posible que la numerosa y turbulenta colonia Chilena 
en el Sur, inquietase la tranquilidad, y aun alterase el orden 
interior de esos pueblos. Con el objeto de precaver esta emer- 
jencia, y también con el de guardar la frontera vecina al 
territorio, en donde á la sazón se desarrollaba la guerra, 
envió una división pequeña al mando del Coronel Don Manuel 
Yelarde. (Marzo 7) (*) 

El 25 de Marzo llegó al mismo Iquique la segunda división 
al mando del Coronel D. Belisario Suarez. (**) 



(*) La división del Coronel Velarde constaba de los siguientes caer- 
poe : batallón Cuzco número 5 de 400 plazas ; Coronel Victor Fajardo ; 
Cazadores.de la guardia número 7 de 385 plazas, Coronel Mariano Emilio 
Bustamante ; una batería con 4 piezas de artillería de campaña, su 
Jefe el Sárjente Mayor Francisco Pastana. 

(**) La división del Coronel Belinarío Suarez constaba de los siguien- 
tes cuerpos — Batallón dos de Mayo, Coronel Manilbi^Soares ; bata- 
llón Zepita, Coronel Andrés Avelino Cáceres; Escuadrón guias siu 
caballos. Coronel Juan Gonzalos; en todo como 1,600 hombres. 



122 EL PLISNIPOTBNCIARIO DE BOLIVlA EN LIMA 

El jiro que tomaban las negociaciones en Santiago no de- 
jaba duda de lo inevitable que era la guerra ; convenia por 
consiguiente reforzar el ejército del Sur ; y se envió á Iquique 
una tercera división (Abril prinnero) al mando del General La 
Gotera. (•)• 

El Gobierno de Bolivia al ver interrumpidas sus relaciones 
con Chile, envió ¿l Lima^ (Febrero) con el carácter de Enviado 
Extraordinario y Ministro Plenipotenciario, en misión confi- 
dencial, á D. Serapio Reyes Ortiz, para pedir el cumplimiento 
del tratado de alianza de 6 de Febrero de 1873. En su pri- 
mera conferencia (Febrero 18) y en las siguientes se convenció 
de que el Perú estaba resuelto á evitar la guerra entre Bolivia 
y Chile, y de que solo en el caso de que fracazara la mediación 
encomendada al Señor Lavalle declararla llegado el castia 
foederisy y SQ^QvíéccionsLxia, la alianza defensiva, dando publi- 
cidad al tratado. 

Desde este dia se activaron los preparativos para rechazar 
la invasión Chilena. La guerra por parte del Perú y Bolivia 
tenia que limitarse á la defensiva^ pues ninguna de ellas pensó 
nunca en agredir á Chile, sino tan solo en defender la integri- 
dad de su territorio; pero Bolivia carecía de armas y de 
dinero, y el Perú tuvo que proporcionárselos, según una con- 
vención particular, en la que se acordó el modo y forma con 
que debian prestarse esos auxilios, y que el mando en Jefe del 
ejército aliado correspondería al Presidente de la Nación que 
íuese el teatro de la güera. 

El mismo dia que se publicaba en Santiago la declaración de 
guerra, (Abril 5) por consiguiente cu-indo el Perú apenas tenia 
conocimiento de la ruptura de las buenas relaciones, se pre- 
sentó la escuadra Chilena delante del puerto de Iquique, (Abril 
5) que gracias á la previsión del Gobierho del Perú y á la falta 
de audacia del enemigo no cayó inmediatamente en su poder, 
puesto que no tenia con que defenderse de la escuadra, en 



(*) La división al mando del Greneral La Gotera constaba de los 
batallones Puno número 6 y el batallón número 8, y ana batería de 4 pie* 
zas de campafia. 



BLOQÜBO m IQUlQOa 123 

caso de un bombirdeo, ni ejército suficiente pan resistir, un 
desembarco, pues la guarnición de tierra constaba de una 
pequeña fuerza. El Almirante Chileno se limitó á establecer 
el bloqueo, ofreciendo á las personas y á los intereses neutrales 
gar¿inti'is y seguridades, que muy pronto echó^en olvido, i 
pesar de las reclamaciones que contra sus inusitados ataques 
á la plaza le dirijian los Cónsules extraiyeros. (*) 



I*) Iquique Abril, 6 de 1870— Cuerpo Consular de Iquique.— Seftor : El 
infrascrito ha tenido la honra de recibir la atenta nota de U. 8- de 
eata fecha por la que queda impuesto de que, coroo medida ^tra^éjica, 
se ha servido establecer el bloqueo del puerto de Iquique, manifestando 
á la vez que todos los subditos y ciudadanos extranjeros residentes en 
este puerto, obtendrán de parte de U. S. el apoyo y seguridad de sus 
personas é intereses, siempre que no estén en oposición con ios propósitos 
que persigue; no poniendo con tal motivo inconveniente para que las 
personas que deseen abandonar el lugar puedan hacerlo, sacando previa- 
mente un pasaporte del Consulado de la Nación i que perteneceni el 
cual será visado por U. S. 

Manifiesta U. S. en conclusión que los vapores de la carrera perma- 
necerán sobre vapor el tiempo preciso para el embarco y desembarco de 
la correspondencia y pasajeros que deban embarcarse con dirección al 
Norte ó Sur. 

Cumpliendo con el encargo de U. S. he reunido en el acto el H. 
cuerpo consular de este puerto y puesto en su conocimiento el conte- 
nido de su ya citada nota. 

De acuerdo con todos los señores Cónsules y á su nombre vengo á 
manifestar á U. S , como no puede ignorarlo, que una gran parte de los 
habitantes de este puerto, sino la mayor, son extrangeros de distintas 
nacionalidades y que por consiguiente sea directa ó indirectamente, sus 
intereses representan los de la población de Iquique. Sabe U. S. tam- 
bién que la construcción de Iquique es de un material que constituye en 
sí mismo peligro inminente, y que en el caso desgnicíado de un conflicto 
á mano armada los verdaderos perjudicados serán los extranjeros ó 
neutrales en la actual contienda. 

La posición topográfica de Iquique y la falta de medios de trasporte 
es un impedimento insuperable paia poner los intemses á salvo; ni 
podrían sus dueños dejarlos abandonados, aoojiéndose á la franquicia 
que ü. S. les ofrece para poner en salvo sus personas y familia, porque 
este abandono equivaldría á una pérdida casi segura del todo, apesar 



124 C|L MANIFIESTO DU CHILB 

Los pueblos civilizados acostumbran manifest^ir á las 
Naciones neutrales los (notivos que los obligaban á hacer la 
guerra ; pero Chile tiene una política distinta ; el ataque y la 
sorpresa preceden á la manifestación de su derecho ; de este 
modo proceiió en 1836 contra la Confederación Perú-Bolivia- 
na, asaltando su escuadra en altas horas de la noche (Véase la 
nota de la página 66); y en 1879 contca Bolivia, apoderándose 
de Antofagasta y demás litoral ; y ejecutara lo mismo en 
Iquique á no encontrar fuerza en tierra. * 

Dias después de declarada la guerra (Abril IZ,) el Ministro 
de Relaciones Exteriores de Chile publicó el Manifiesto que su 
Gobierno dirijia á las potencias amigas con motivo del estado 
de guerra con el Pera (Bibl. 87 y 132.) La Exposición que 
circuló al Cuerpo Diplomático justificando la guerra declarada 



de las seguridades que U. 8. se sirve ofrecerles, siempre qae no estén 
en oposición con los propósitos que persigne U. S. 

Los que somos neutrales en la contienda actual, no podemos, bien 
lo sabemos, coartar la libertad de las operaciones militares, ni de unos 
ni de otros, esta persuacion, permítame U. S., hacen ilusorias las garan- 
tías que nos brinda y pone á este cuerpo consular en el caso de pedir á 
U. S algunas espiicaciones sobre el modo de ejercer en provecho de los 
intereses extrangeros las garantías j apoyo de que habla bu nota. 

£n cuanto á la prevención que hace U, S. respecto á los vapores de 
la carrera y del embarco y desembarco de pasajeros y correspondencia 
en el sentido indicado en la misma nota, desearia hiciese U. S. exten- 
siva la libertad del embarque á las familias todas que quisiesen aban- 
donar este puerto, tanto extrangeras, como Peruanas y Bolivianas, yendo 
estas últimas resguardadas por el pasaporte de algunos de los consulados 
de naciones amigas del Gobierno que U. 8. representa; lisonjeándonos 
la esperanza de que U. S. no se negará á visarlos. Y siendo quizás 
conveniente tener algún arreglo verbal con U. 8. sobre este particular, 
de entre loa miembros de este cuerpo consular, se ha nombrado á los 
señores representantes de la Gran Bretaña, Francia y Alemania, para 
que apersonándose con U. 8. se sirva estipular con ellos el modo mas 
expedito para llenar este requisito. 

Con sentimieutos de alta consideración soy del Señor Comandante 
General su mu;f atento 8. 8.— £1 decano del Cuerpo Consular— G. H, 
Sattkr. — ^Al Señor Comandante Greneral de la escuadra Chilena en esta 
j;}ida. 



á Bolivia y te reiviri)£cacion d^l litoral desde Mejillones se 
fundaba en qae € Chile, desde antes de 1866 había estado en 
posesión del territorio comprendido desde el paralelo 23 al 
Sur » ; falsedad que hemos demostrado (capitulo preliminar) ; 
y como respecto de la que declaraba al Perú no podia alegar ni 
ese, ni ningún otro flidamenk^ razonable ó aparente, tuvo que 
apelará sofismas y falsedades de otra especie. Los princi^ 
pales cargos, envueltos en mil frases obscuras y rebuscadae 
consistían I"" en que el Perú babia entrado en acuerdos y 
compromisos diplomáticos con Bolivia antes y después de 
1879: 2"" En los aprestos bélicos del Perú desde Febrero citado; 
y 3° en el tratado de alianza desde Febrero de 1873, conser- 
vado en secreto. 

Los dos primeros cargos son tan fútiles que por si solos 
desaparecen ; entre el Perú y Bolivia no existia ningún acuerdo 
6 compromiso de palabra ó por escrito, que directa ó indirecta- 
mente se relacionara eon Chile. El Perú no se armó antes de 
Febrero de 1879; en los últimos meses de 1878 se limitó á 
reponer las calderas de la « Independencia » pedidas desde 
1877, por el estado inservible en que se encontraban las anti-' 
guas.. Cuando Chile se apoderó, primero de Antofagasta y 
después de otros lugares hasta Tocopilla, se envió la peqjiena 
división Velarde á Iqui(j[ue para imponer respeto á mas de die2 
mil Chilenos que entonces trabajaban en las salitreras, y ame^^ 
•nazaban con un levantamiento ; ese acto de precaución no 
podia tomarse como acto de hostilidad, ni menos como fuerza 
capaz de resistir el empuje del ejército Chileno ya oi^nizado 
y en movimiento sobre el litoral de Bolivia. Bl motivo en que 
mas inculca Chile, y es el tema de sus argumentos contra el 
Perúy es el tratado secreto de alianza de 1873. Hemos dicho 
(pág. 28 á 35) ya que fué un grave error político el kkaber 
guardado en secreto un tratado cuyo literal tenor, no puede 
iófender á ninguna Nación, desde que se limitaba á la simple 
defensa del territorio contra cualquier agresión extraña ó 
exterior; do suerte que si se le suprimo este articulo adicional 
relativo al secreto, no exisiiria el mas leve pretexto para nin- 
guna queja; pero con una explicación que hubiera pedidu, 



126 BL MANIFIESTO DB CHILE 

como pudo pedirla Chile, el Brasil, la República Argentina ó 
el Ecuador, y que no se les^habría rehusado, asegurándoseles, 
como era la verdad, que el tratado no imponía la obligación de 
agredir á ningún Estado ; que se limitaba á solo la defensa del 
territorio, después de agotar todos los medios conciliatorios, 
inclusive el de arbitraje, para evitar la guerra, nada habrían 
tenido que objetar. La historia est4 llena de alianzas seme- 
jantes {*) que nunca fueron por si mismas causas de guerra. 
En aquel tratado no hay una sola palabra qye se reflera á 
Chile. En Febrero de 1873, fecha en que se celebró, estaba 
Bolivia en posesión jurídica hasta el grado 23, y con derecho 
á la mitad de los productos aduaneros del paralelo !^, en virtud 
del tratado de 1866; | acaso Chile intentaba en ese año usur- 
par mas territorio de Bolivia ? Chile califica de pérfido y 
desleal ese tratado; no hay perfidia en unirse entre vecinos 
contra los ladrones de sus casas para repelerlos. Al asegurar 
Chile que aquel tratado se referia á ella no hace m^s que de- 
clararse pálidamente culpable del delito que la alianza se 
proponia precaver y reprimir ; i y es honroso aplicarse volun- 
tariamente tan indigno papel ? Los resultados justifican cla- 
ramente que Chile ha pretendido, desde mucho tiempo atrás, 
usurj)ar territorios. Así se engrandeció la antigua Roma, ¿ y 
cual fué el resaltado ? la historia contesta. Lo cierto es que 
el Perú y Bolivia se vieron obligados á sostener la guerra 
contra Chile que intentaba arrebatarles parte de su territorio; 
porque esta guerra era obra del pueblo y no del Gobierno. 

(*} Véase el tratado entre Francia y Espafia de 27 de Marso de 1721 : 
el de Francia y Alemania de 80 de Abril de 1726; el de Hungria y Cer- 
deado H de Jallo de 1762; el de Espafía y Portugal en 24 de Marzo 
de 1778; el de Espafia^y Busia de 29 de Julio de 1812 ; el de Espafia y 
Prosiade 20dto Eberode 1814; todos estos tratados son de aliansa de 
fensiva, basados en estipulaciones idénticas, y por esto solo copiamos un 
artículo del de 27 de Marzo de 1721 que dice : Articulo 2» — Se obligan 
ambas partes á garantirse recíprocamente la integridad de sus territorios, 
conforme á los tratados de XJtrech y de Badén, y se obligan á emplear 
sus oñcios para hacer dar á la parte ofendida las debidas reparaciones, 
y se comprometen á asistirse reciprocamente con sus i\ierzas, y á decla- 
rar la guerra al agresor. 



CAPITULO V 



Se abre la eampana — Primeros eombates y 

bombardeoii* 



Sumario : Tropas Chilenaa avanzan sobre Calama — Encuentro en Calama 
heroísmo de Cabrera — Kn Chile ealiñcan esta expedición como ne- 
gocio mercantil— Decreto de expulsión de /los Chilenos residentes 
en el Perú ; causas — Chile expuha á los Peruanos ; diferencia entre 
ámboB actos — Cliile y el Perú se preparan para la guerra — Causas 
que influyen en el Perú para que el Gobierno active las operaciones 
de la guerra— Salen a] Sur la • Union » y la « Pilcomayo > — Dan 
caza á la « Magallane • y se escapa — En Chile se considera como 
triunfo la huida de la < Magallanes *— Los buques de la escuadra 
de Chile incendian los puertos de Huanillos y de Pabellón de Pica- 
Bombardeo del puerto de Moliendo, sin previo aviso— Se notifica 
el bloqueo del puerto — Protesta de los Cónsules de Arequipa— 
Bombardeo de Pisagua — Segundo ataque á Pisagua— Bombardeo y 
destrucción de Mejillones del Perú— Bombardean loó trenes de pasa- 
jeros y el pueblo de Iquique —Comparación y juicio de las hostili- 
dades de Chile en 1879 con las ejercidas por la escuadra Española 
en 1865— Contradicciones notables de los principios de Chile en 1866 
y sus hechos en 1879— En Chile se aplaude y festeja el bombardeo 
de los puertos del Perú— El « Chalaco > se burla de la escuadra 
enemiga en Moliendo, Arica y Pisagua— El Gobierno de Chile se 
apodera de armas y vestuarios depositados en Valparaíso por el 
Gobierno del Perú— La escuadra Chilena sale de Iquique al Callao. 



Hemos visto que Chile priDcipió la guerra contra Bolivía 
apoderándose de Antofagasta, sin la menor resistencia, con un 
pequeño ejército (Febrero 14 de 1879); hecho que la prensa iln 
Chile consideró como su primera Victoria (Bibl. 104 1, pág. iS)- 



128 COMBATE Y TOMA DB GALAMA 

Engrosaron esta fuerza con tropa mandada de Chile y con los 
millares de trabajadores Chilenos de las salitreras de Bolivia y 
el Perú. Viéndose con fuerza suficiente el Coronel Emilio 
Sotamayor, se puso en marcha sobre el pueblecito de Calama, 
situado cerca del Rio Loa. En él se habian reconcentrado la 
mayor parte de los Bolivianos de Antofagasta ; y reunidos bajo 
las órdenes del D. Ladislao Cabrera, simple Abogado pero 
patriota y valiente, resolvieron defenderse á todo trance. El 
Comandante en Jefe de la división Chilena envió un parla- 
mento para que intimara rendición á Cabrera, por lo inútil que 
seria su resistencia, atendiendo al gran número de soldados 
con que lo atacaba, ofreciéndole la seguridad de su persona y 
de la población de Calama ; la contestación fué digna y enér- 
gica ; « estaba resuelto á resistir la invasión y defender la 
integridad del territorio de Bolivia, sin fijarse en la superio- 
ridad de las fuerzas invasoras. » (Marzo 16 de 1879) 

La fuerza Chilena que se presentó en Calama constaba de 
poco menos de 000 hombres de las tres armas, con dos cañones 
de montaña. El valiente Cabrera tenia 135 hombres ; de estos, 
50 soldados, y el resto paisanos armados con fusiles y escope- 
tas de distintos sistemas y calibres, y de mala calidad. El 
combate principió a la siete de la mañana (Marzo 23). Aprove- 
chando Cabrera de las ventajas que le dfrecia el terreno, pudo 
sostenerse hasta las nueve, hora en que agotadas todas las 
municiones, se vio obligado á retirarse al pueblecito de Chiu- 
chiu^ distante siete leguas de Calama, dejando muertos en el 
campo veinte, entre Jefes y soldados, tres heridos, veinticuatro 
prisioneros, entre oficiales y tropa ; el invasor solo tuvo, 
según su parte, siete soldados muertos y un Jefe. (BibL 104 1, 
pág. 297-312) (*) 



(•) Prtftdunta del Departamento de Cobija :— AscoUn, Mftrso 15 de 
1870 :— Al sefior Prefecto del Departamento de Potosi.— Sefior : Igno- 
ro si al recibo del presente c^cio haya llegado á soa manos* mi nota de 
22 del corriente, fechada en Calama y en la que impartía á U. los últi- 
mos acontecimientos acaecidos en c^quella localidad, con ocasión de la 
rendición qne mandaron proponer los Jefes invasores de nuestro territo* 



r 

COMBATB Y TOMA DE CALáHA 129 

L a toma de Calama, que pudo ejecutarse sin la pérdida de 
UD solo soldado, acreditaba la impericia militar de los Jefes que 
la emprendieron. » El resultado de aquella extraña acción, en 
que unos cuantos campesinos y reclutas mal armados, se sos- 
tuvieron contra una lucida división Chilena, cuatro veces mas 
numerosa, durante tres horas, fué la pérdida de siete valientes 
cazadores á caballo, y otros tantos heridos, quedando en 
nuestro poder diez y nueve cadáveres y veinte prisioneros..... » 
«Comprendióse en breve que por la adquisición de Calama 



río, de la plaza de Calama, deposición y entrega de armas, declarando 
en «n defecto tomarla á sangre y fuego. 

Eji efecto; el Domingo 23 al rayar la aurora se presentaron 1,500 
hombres armados de rifles, con once piezas de cañón de montafía, 
tres ametralladoras y muchas bombas. 

A las 7 a. m. nuestra avanzada se batia con la enemiga, logrando re- 
chazarla tres veces, y desalojarla de sus posiciones. 

Una hora después todo el grueso de la tropa Chilena atacaba por eincoí 
partes distintas, logrando nuestros valientes cotí tenerlos y tomarles mu- 
chos rifles que sirvieron para castigará sus propios duefios. Por dltimo 
replegaron sus fuerzas en solo tres puntos, atacando por el hado de Huaná 
Gnaitd, frente de Topater y alto del mismo nombre. 

Aqtií, Sefíor Prefecto, tuvo lugar una serie de hechos heroicos en los 
que un pufíádo de valientes en número de 50 ciudadanos, é igual número 
de tropa, con 30 rifles, 50 fusiles y 20 escopetas, fueron los que escar- 
mentaron á los piratas de América. 

Desgraciadamente, después de dos horas de combate, se agotaron 
nuestras municiones, y con el último cartucho quemado tuvimos que dejar 
e) campo al enemigo. Cortados en nuestra retirada á la costa, en pleno 
desierto, y sin recursos de ningún género, avanzamos sobre Chiuchiu, 
población situada á siete leguas do Calama, continuando nuestra retirada 
al interior. 

Es indudable, Sefíor Prefecto, que contando con cien rifles, no nos 
habría sido diflcil conservar aquella plaza importante, que era necesario 
defenderla palmo á palmo, como se veríflcó en la memorable jornada del 
23 que marcará una época en los fastos de Bolivia, encargándose la his- 
toria de recojer los nombres de los pocos pero valientes ciudadanos. 

Dígnese, Sefíor Prefecto, poner al corriente de éste suceso á los ha- 
bitantes de esa Capital y trascribir á quienes corresponde, aceptando U. 
láS consideraciones de aprecio con que me repito de XJ. atento servi- 
dor. — 8(rf€iÍ7io Zapata, 

T. I. ^ 



130 EXPULSIÓN DE CHILENOS DEL PERÚ 

habíase pagado un precio subido pues pudo tomarse en el 
nriomento debido, sin quemar un grano de pólvora .... Los 
Gobiernos de Chile, hijos siempre de escandalosa intervención 
electoral, y apadrinadores lógicos de sus exesos en el interior 
del país, se precipitan arrastrados de vértigo incurable, á com- 
prometer la gloria de Chile en el extranjero, y á derramar la 
noble sangre de nuestros soldados para proditorios fines. » 
(Bibl. 104 I. pág. 320-322) 

Con la toma de Calama quedaron los Chilenos dueños de 
todo el litoral de Bolivia, y de los pueblos del interior mas 
cercanos. 

En las ciudades de Lima, el Callao Tacna, Iquique y otros 
pueblo» existían mas de 20,000 Chilenos (Bibl. 156) que por su 
número y condición moral eran una verdadera amenaza en el 
caso que se aproximara alguna división del ejército Chileno ; 
y otros tantos espias hasta de los pensamientos y planes del 
Gobierno ; ademas carecían de la prudencia necesaria, y pro- 
vocaban cuestiones entre la gente del pueblo que podían- termi- 
nar en escenas lamentables. El derecho internacional y la 
prudencia autorizaban alejar á tan peligrosos huéspedes. 

Por otra parte, la prensa de Chile aconsejaba, que repatriara 
á sus conciudadanos que se encontraban en el Perú y otras 
Repúblicas, tanto para librarlos de cualquier exéso que se 
intentara contra ellos, cuanto para aumentar su ejército (Bibl. 
48 Marzo 20.) Tales y tan fundadas fueron las causas que 
influyeron para dictar el decreto de 15 de Abril, que ordenaba 
que salieran del país los Chilenos residentes en el Perú, escep' 
tuandoá muchos que inspiraban menos temores y desconflan- 
z is; pero éstos, abusando de tan benévola escepcion, continua- 
ron en la tarea de los otros, y fué preciso generalizar el decreto 
de expulsión. Sin embargo continuaron en el Perú muchos 
hasta el día, sin ser molestados por nadie ; pero estos pagaron 
mal el servicio, como lo veremos á su vez. 

Chile no se encontraba en las mismas condiciones del Perú 
respecto á los Peruanos allá residentes ; su número era limita- 
dísimo; en toda la República no llegarían á 300 j el ano de 
1865 durante la alianza con Chile, el total de peruanos resi- 



EXIGENCIAS DEL PUEBLO DE LIMA. 131 

dcntes allá fué de 391 hombres y 250 mujeres ; en principios 
1878 su número llegó á 831, á saber, 470 hombres y 361 mu- 
geres, en toda la extensión del territorio. (Bibl. 8 pág. 371 y 
199); la mayor p irte de estos eran personas que tenian allá 
Idndos rústicos de gran valor, ó negocios mercantiles de im- 
portancia; no pocos vivían por razón de su salud, con el pro- 
ducto de sus propiedades en el Perú; en una palabra la colonia 
Peruana en Chile se componia, casi en su totalidad, de gente 
do alta condición social, bajo diferentes aspectos; sin embargo 
el Gobierno decretó su expulsión. 

Los meses de Abril y Mayo se pasaron en preparativos, 
tanto de Chile como de los aliados ; aglomerando fuerzas en 
Arica y Tara paca por una parte, y en Antofagasta por otra. 
No sucedió lo mismo por mar, como vamos á verlo en seguida. 

En el Callao la escuadra se preparaba, proveyéndose de los 
elementos m¿is necesarios ; no estaba todavia terminada la 
colocación de las calderas de la fragata < Independencia » ni 
las reparaciones de los otros buques ; pero el pueblo que no 
sabe ni piensa en las dificultades que ofrece esta clase de tra* 
bajos ; que es peligroso y á veces imposible precipitarlos, pues 
requieren prolijidad y pericia, condiciones que se encontraban 
en muy pocos operarios, culpaba al Gobierno de apatía, y exi- 
jia la pronta salida de la escuadra. Las manifestaciones 
contínuas y estrepitosas se repetian de diay de noche, delante 
de la casa de Gobierno ; en v¿tno el Presidente General Prado 
manifestaba al pueblo la necesidad de que confiara en el pa- 
triotismo del Gobierno, y le aconsejaba que calmara su ardor, 
pues no con venia proceder antes de estar suficientemente pre- 
parados los elementos. La exaltación del puebla crecia por 
momentos ; no se podia aplacar su ardor, ni menos emplear la 
fuerza para contenerlo, desde que estaba movido por puro 
patriotísmo ; y en el Perú, en donde el pueblo conoce sus dere- 
chos, no se puede hacer lo que en Chile, abalearlo y azotarlo. 

Contribuyó mucho á fomentar las exijencias del pueblo la 
falsa creencia de que el Presidente Prado no hacía la guerra 
por entusiasmo, sino obligado por la fuerza de l?is circunstan- 
cias, porque algunos malos Peruanos hicieron entender que los 



132 COMBATE Y GAZA Á LA MAGALLANES 

afectos de corazón del General Prado en favor de Chile, y los 
pequeños intereses que allá tenia, lo inclinaban mas que el 
honor propio, y el amor á su patria; calumnias no diñciles de 
aceptarse en las masas inconscientes. El General Prado que 
palpaba estas funestas impresiones de la maledicencia no 
podia proceder libremente, según las verdaderas conveniencias 
de las operaciones militares, y .mucho menos esperar con 
calma que se acumularan los elementos para iniciar la campa-* 
ña con todas probalidades de buen éxito. Hubo momento en 
que exasperado por esta falsa opinión resolvió dejar el puesto 
y hacer la campaña como simple General ; pero en este caso se 
temia que la anarquia levantara su aspantosa cabeza, y atri- 
buyeran á cobardia lo que era fruto de verdadero patriotismo. 
Insistimos en este punto, porque él fué causa de muchos otros 
actos inconvenientes, pero obligados, que ejecutó el General 
Prado. 

Como medida apaciguadora de esa impaciencia, se acordó 
la salida de la < Pilcomayo » y de la corbeta « Union » al 
mando del Capitán de Navio D. Aurelio García y Garcia. Bien 
se sabia que los tubos de las calderas de la «Union » estaban 
en tan mal estado que no podian resistir una presión de mas 
de 16 libras de vapor, para andar once millas por hora; que 
carecia de buenos proyectiles, y de otros elementos indispensa* 
bles en el momento de un combate; felizmente la «Pilco- 
mayo > estaba lista. En tal estado zarpó la flotilla del Callao 
en la madrugada del 8 do Abril, con rumbo al Sur ; llevaba 
por objeto sorprender los trasportes y buques menores del 
enemigo. En la mañana del 12 de Abril recalaron en Huani- 
Uos para tomar datos, y continuaron con rumbo al Sur. A las 
9 p. m. frente á la quebrada de Iquique, ó sea en la Punta de 
Chipana, avistaron un vapor que se reconoció ser la corbeta 
« Magallanes » que llevaba rumbo al Norte y que luego lo 
enmendó ; en el acto la « Union » y la « Pilcomayo » empre- 
dieron la caza, pero no avanzaron con la rapidez necesaria 
para comprometer un combate. Esta lentitud en los movimien- 
tos, permitió á la « Magallanes » avanzar « ventajosamente » 
(parte del Ck)mandante Litorre, Chileno) y obligó á los dos 



LA MAGALLANES HUYB Y SB LIBRA 133 

« buques á emprender la caza » forzando el poder de sus má« 
quinas. Cuando se encontró la « Piicomayo » como á tres mil 
metros de distancia de la « Magallanes » rompió sus fuegos 
(1U30, a. m.) que fueron secundados por la # Union» La 
« Magallanes > por no perder su ventajosa posición, que con- 
sistia en la gran distancia á que se hallaba, no contestó ni izó 
su pabellón^ y continuó forzando su andar, hasta que al recibir 
el segundo cañonazo de la Piicomayo » que le averió parte de 
su costado, contestó con el canon de popa, por no perder cami- 
no, como habría sucedido en caso de virar, para hacer fuego 
con sus baterías de babor. Convenia acortar la distancia, pero 
el tiempo que empleaba la « Union » en hacer fuego de costa- 
do por no tener ningún canon cazador, lo aprovechaba la < Ma- 
gallanes » en alejarse. Sin embargo continuaba el cañoneo, y 
cuando, merced á la máxima presión posible que se dio al va- 
por, la « Union > se encontraba ya á una distancia de 2500 
metros, principiaron los tubos á gotear ^obre los fogones, y 
parte de las bóvedas á reventar. En tan crítica situación la 
prudencia aconsejó al Comandante en Jefe Gaixia y Garcia á 
disminuirla presión, votar el vapor y suspender la caza de la 
« Magallanes, » que sin este accidente hubiera sido fácil presa. 
La « Piicomayo, » cuyo máximo andar no pasaba de once mi- 
llas se quedó al Sur, atrás de la « Union ; » ésta la esperó, y 
una vez reunidas, continuaron la caza, aunque ya sin esperanza, 
desde que la «Magallanes» no perdia un segundo en su huida, 
y cada minuto se alejaba mas de sus perseguidores. A las dos 
de la tarde ya era infructuosa toda persecución ; la « Magalla- 
nes » se dirijió al inmediato puerto de Iquique á buscar el 
apoyo de los otros buques alli fondeados ; las naves Peruanas 
pasaron hasta Arica en donde fondearon sin haber recibido el 
menor daño de los proyectiles déla veloz «Magallanes.» (*) La 



(*) El combate con la * Magallanes > : — Partes Oficiales. — Sefíor 
Comandante en Jefe de División Naval de Operaciones. ~ En la mar, á 
12 de Abril de 1879. — S. C. G. — Tengo el honor de poner en conoci- 
miento deU. S. que en la niafíana de hoy, principiando á reconocer la 
costa al Sur del Rio Loa, después de haber reconocido un bote qae 



134 LA MAGALLANES HUYE Y SE LIBRA 

caza principió cinco millas al O. de Chipana; los fuegos se 
rompieron frente á la embocadura del Loa, y la persecución 
continuó hasta la altura de Pica, frente á la bahia de Comacha, 
doce millas al Norte de Chipana. En su precipitada fuga la 



conducía emigrantes de Huanillos á Tocopilla, se avistó á las 9 h. 30 
a. m. un humo por el O. S. O. Inmediatamente, por orden de U. S. 
gobernamos en demahda de él para reconocerlo ; ordenando á la « Pilco* 
mayo » acortara la distancia de buque á buque ; resultó ser la corbeta 
Chilena « Magallanes < que al apercibirnos enmendó su rumbo al O. con 
la marcada intención de huir de nuestro encuentro. 

Con objeto de cortar su designio se dio mayor fuer/a á la máquina y 
principiamos á darle caza. A las 11 h. 16 a. m. hablamos logrado 
sacarle alguna ventaja, se mandó izar el pabellón y la insignia, afian- 
zándolos con un tiro en blanco. En este momento. U. S. bajó del puente 
y arengó á la tripulación, siendo contestadas sus palabras con entusiastas 
vivas al Perú y ala marina nacional. 

Como el vapor no contestara, ni este buque pudiera romper los fue- 
gos, por tener la proa enfilada á un costado y carecer de cazadores, se 
ordenó á la ♦ Pilcomayo t que lo hiciera, sin que el buque perseguido 
izara por esto su pabellón. 

Minutos después recibí la orden de abrir los fuegos, y para ello tuve 
que separarme de la línea de caza y presentarle el costado de babor. 
De cuatro á seis tiros disi)aró este buque antes que el enemigo izara su 
pabellón, pero cerró un poco su rumbo, gobernando mas hacia el Norte, 
y mas tarde rompió sus fuegos por estribor. 

No pudiendo seguir la caza de proa por la carencia ya mencionada de 
cañones cazadores, continuamos el fuego por babor. Media hora después 
de nuestros primeros disparos noté que el colisa de proa del enemigo 
cesó por completo, sin embargo, de tener siempre nuestro costado en su 
línea de puntería; esta circunstancia rae hace sospechar que sufrió allí 
alguna a^veria. A esta misma hora se rompió el eje delantero del cañón 
número 6, quedando inutilizado por el momento. 

Ala 1.40 p. m. se habia alargado tan considerablemente la distancia 
entre ambos buques que nuestras bombas no alcanzaban con toda eleva- 
ción á mas de 8,500 metros, por lo cual seguramente el enemigo 
también paralizó sus fuegos: sus tiros fueron en general bien dirijidos ; 
pero mal elejido el momento del disparo, ó no llegaban á nuestro costado, 
ó pasaban por alto; esta es la causa de que no hayamos sufrido la mas 
insignificante avería. Nuestros disparos ascendieron á 148 tiros. 

Desde el principio de la caza la circunstancia de navegar al Oeste, de 
no izar su pabellón ni contestar nuestros fuegos, manifestaban sus deseos 



LA MilGALLANBS HUYE Y SB LIBRA 135 

«Magallíínes» se vio obligada á sacriftcir su lancha de vapor, 
«picando las tiras que la retenían en los pescantes, y abando- 
nándola. » 
Eu Chile celebraron este encuentro como una victoria. El 



de no comprometer combate, empeño que consigaió por parte, aumen- 
tando su andar y obligándonos á desviar nuestro rumbo para presentarle 
el costado. 

La caza siguió hasta las 2. p. m y hasta la altura aproximada del 
Pabellón de Pica, en que virando por el Norte disparamos nuestro último 
tiro con la batería de estribor. 

Los Jefes, Oficiales del estado mayor y de la dotación, lo mismo que los 
marineros y soldados se han conducido con solemnidad y decisión, y solo 
han manifestado el sentimiento de no haber trabado un combate mas 
empeñoso en servicio del país. — Dios guarde áU. S. — Nicolás F, Portal. 



Señor Capitán de Navio, Comandante General déla División de ope- 
raciones en el Sur, Corbeta de guerra « Union ». S. C. G. — Dando cum- 
plimiento á las prescripciones de ordenanza, paso á exponer á U. S. los 
acontecimientos que durante la mañana del 12 del que cursa, tu\neron 
lugar en esta cañonera al avistarse un buque de la escuadra de la Repú- 
blica de Chile, en las inmediaciones del límite de nuestro litoral con el 
vecino Estado de Bolivia. 

Habiendo zarpado de la caleta de Huanillos punto de nuestra reca- 
lada, y á donde habíamos permanecido próximamente media hora sobre 
la máquina, mientras que la Capitana comunicaba con algunas embar< 
caciones del puerto mencionado, seguimos con rumbo el Sur, las aguas 
de la corbeta • Union » navegando sobre su aleta de babor á dos cables 
próximamente de distancia, según órdenes comunicadas por señales, 
cuando se nos ordenó reconocer la costa sin perder de vista á la Capi- 
tana; y eu cumpliente recorrimos poco mas de un cable, la parte del 
litoral comprendido entre la punta mencionada y la de Arenas. 

£n esta situación y mientras la Capitana reconocía una embarcación 
menor ávela que navegaba cerca de la punta de Arena, se avistó á 10 
millas próximamente de distancia, un buque á vapor que poco después 
se reconoció ser de guerra y llevar calados sus masteleros mayor y de 
mesana. 

Después de interpretar algunas frases entusiastas que la comandancia 
general diríjió por señales á las dotaciones de la división, y á la orden de 
prepararse para el combate, nos pusimos á toda fuerza de máquina en 
reconocimiento de la nave mencionada, la que á su vez trataba de alige- 
rarse, con notable velocidad. La Capitana afianzó el pabellón nació* 



136 liA MAGALLANES HUYE Y SH) I4I.BRA 

vapor que se hizo escapar en la « Union, » por no resistirlo 
sus calderas, se atribuyó al efecto producido por una granada 
de la € Magallanes. » Sin embargo los mismos periodistas que 
cantaban á toda orquesta aquel triunfo^ confiesan que la 



nal con un tiro, de cañón á pólvora ; y poco despaes nos mandaba hacer 
faego contra el enemigo con nuestras colisas de casa, atacándolo por la 
popa. Momentos después enarboló la nave perseguida el pabellón de la 
República de Chile, sin contener la velocidad de su huida. 

Aprovechando toda oportunidad 7 navegando once millas, máxi- 
mum de andar de esta cañonera, hicimos repetidas veces certeros tiros 
con la artilleria, dando á las piezas toda oblicuidad posible hacia proa, 
y el mayor alcance de sus punterías 4,000 yardas ; la Capitana hacia 
un vivo fuego con su artillería. £1 que á su vez nos dirijió la corbeta 
enemiga, no tuvo resultado alguno; pues bien la distancia que nos se- 
paraba ó mas probable la falta de artillería hacia popa de la nave men- 
cionada la imposibilitaban, en la situación en que se hallaba, el ofen- 
dernos. 

A las 2. p. m. la coi*beta enemiga se encontraba fuera de tiro, y en 
consecuencia suspendimos nuestros disparos. Cumpliendo órdenes 
comunicadas por señales, se mandó un oñcial abordo de la « Union * 
ei\ demandado instrucciones. 

Abordo no ha tenido«Jugar otra ocurrencia que la casi inutilización de 
la primera y segunda falúas á causa de los disparos de los cañones de 
la sección de popa, que jiraban bajo esas embarcaciones. 

No terminaré, Señor Comandante Greneral, esta exposición, sin hacer 
constar el entusiasmo que animaba á la noble tripulación de esta caño- 
nera, y que el único sentimiento que se notaba era el no encontrar en el 
enemigo una ocasión propicia para poner á prueba el patriotismo de 
que está poseída.— £n la mar, Abril X3 de 1879. — Antonio C, de la 
Guerra, 



Comandancia de ¡a DivisionNavalen Comieiofi Especial.-^ Abordo de \& 
corbeta «Union ». — Altura del Loa ál2 de Abril de 1879. — Benemérito 
señor General Ministro de Estado en el despacho de guerra y marina. 

Compliendo con las instrucciones que recibí de S £. el Presidente 
para cruzar la línea de comunicación de la escuadra Chilena, tengo el 
honor de poner en su conocimiento por el digno órgano de U. S. que 
después de haber recalado con la división de mi mando al extremo Sur 
de nuestro litoral, toqué en Huanillos en la mañana de hoy, por breves 
momentos, á fin de recibir las últimas noticias, y zarpando inmediata* 
mente de allí, con dirección a] Sur, para conocer esa costa : trascurridas 



LA MAOALrANBS HÜYB Y SB ESCAPA 137 

« Mag illanes » sufrió daños, que perdió su lancha de vapor y 
que se activaron sus fuegos para aumentar su andar ; « que 
creyéndose perdido el Comandante La Torre alistó su buque 
para echarlo & pique y rompió todos los papeles que pudieran 



dos horas á lasO horas, 30 minutos a m. estando frente ala qnebrada 
de Iqaiqae se avistó por el Oeste Sud Oeste el humo de nn vapor; 
ordené al instante que navegáramos en su demanda, j resultó ser la 
corbeta Chilena «Magallanes» que viajaba al Norte, y la que al recono- 
cernos desvió BU rumbo al Oeste, enmendándolo mas tarde hacia al Norte. 
Emprendida su caza, en son de combate, afiancé á las 11. h. a. m. la 
bandera con tiro blanco, sin recibir contestación del buque perseguido. 
Media hora después hallándonos á tiro, ordené ala < Pilcomayo* rom- 
per sus fuegos con sus miras de proa y á la < Union > caer un poco sobre 
estribor rompiendo también los suyos con la batería de babor. Corridos 
algunos minutos, nuestros fuegos fueron contestados vivamente por la 
« Magallanes > cuyos proyectiles pasaban sobre nuestra arboladura, ó 
reventaban casi al costado sin tocarlos, siendo ^n general bien dirijidos. 
La rapidez 'de nuestra marcha no pudo ser sostenida por la « Pilco* 
mayo > que sucesivamente fué atrasándose hasta quedar como 5 millas 
al Sur, pero el combate continúo con la « Union » hasta cerca de las 2 
h. p. m , momento en que el enemigo recibiendo los últimos disparos, 
cuyo efecto no hemos podido apreciar, y con xm andar superior que 
gradualmente habia aumentado, logró ponerse fuera del alcance de 
nuestras piezas, huyendo hacia el Norte, rumbo que le siguió la división 
hasta encontramos á cinco horas del puerto de Iquique, adonde el ene* 
migo se dirijia indudablemente en solicitud de la escuadra Chilena alli 
fondeada. 

Al dar cuenta de este hecho de armas me complazco en comunicar, 
que todas mis órdenes fueron cumplidas con la mayor precisión y pron • 
titnd por los Comandantes Capitanes de Navio don Nicolás Portal de la 
c Union, • y Capitán de fragata Don Antonio Guerra de la « Pilcomayo » 
y que en él, los Jefes, empleados del Estado Mayor, oficiales volunta- 
rios de la columna Constitución del Callao y tripulantes de ambos bu • 
ques, han observado todos una actitud tan entusiasta y decidida que no 
me permite hacer distinciones especiales ; por lo mismo, me limito, á 
adjuntar á U. S. las respectivas listas de presentes en este combate, en 
que JQOS ha cabido la honra de iniciar la lucha á que tan injusta y sorpre* 
si vamente ha sido provocada la República . — Dios guarde á U . S . ^Áurel io 
Qaraia y Qarcia, 



Comandancia de la corbeta < MagaUanea • -* Iquique Abril 12 de 1870. 



138 LA MAGALLANES HUTB T SB ESCAPA 

(lar noticias á los Peruanos » (cartas de J. M. Villarreal á 
I) miel, publicadas en El Mercurio; de V. Zeger á Zeger de Luis 
B. Contreras A David Honorato); que los < mas de los tiros los 
recibió la « Magallanes » por la popa, sin alcanzarle, pues li 



Cumpliendo con las instrucciones del Jefe del convoy de que formaba 
parte hasta el momento de mi partida de Antofngasta, dejé este puerto 
anoche á las 9. 30. p. m. 

Mi viaje no tuvo novedad hasta la mafíana de hoy que, recalando 
sobre tierra para ir en demanda de la rada de Huauillos, fui avisado á 
las 10 80 a. m. de la presencia de dos vapores que cruzaban al Sur de 
la desembocadura del Rio Loa. Momentos después se reconocía que 
los citados buques eran la corbetas Peruanas « Union » y « Pilcomayo, • 
que se dirijian sobre nosotros, haciéndonos fuegotf perpendiculares des • 
de lejos. Esta lentitu4en sus movimientos no les permitió avanzar venta- 
josamente, obligándolos ademas á emprender en seguida el de caza. 
A las 11 60. a. m. habiéndosenos entrado hasta una distancia de 3,600 
metros, se puso de través la « Pilcomayo » rompiendo sus fuegos de 
enfilada sobre la < Magallanes. > A pesar de la larga distancia, los 
disparos de aquel buque fueron muy buenos, llegando el segundo que 
hizo, á tocar el agua á seis tnetros de la hélice de babor, para rebotar 
en seguida sobre el mismo costado, levantando astillazo^ eii una exten- 
sión de 80 centímetros. Prosiguió después su movimiento de caza, 
disparándonos siempre áti enfilada con sus cañones de proa. 

La < Union* entre tanto, que se nos habia acercado hasta una dis- 
tancia de 2,300 metros, rompió los fuegos de sus baterías de babor, y 
si bien al comenzar el cañoneo sus disparos fueron buenos, inundándose 
ios alrededores del buque con los cascos de sus granadas, poco á poco 
sus tiros dejaron mucho que desear por lo cortos que caían, aunque 
siempre las direcciones fueran muy buenas. 

Por mi parte, á fin de no perder lo ventajoso de nuestra posición, no 
contesté absolutamente los fuegos de la « Pilcomayo, > pero sí con el 
cañón de popa á las 2 h. p. m. á los de la « Union • y en seguida variando 
<le un modo conveniente la dirección de la proa con los cañones colisas 
del centro. Apercibida la corbeta de nuestros disparos, se atravesó 
un poco con dirección á tierra, suspendiendo á la vez por un momento 
sus fuegos para volver á romperlos de nuevo aunque ya mas lenta- 
mente. Nuestras punterías, que al comienzo no brillaron por su 
exactitud, debido á lo especial de nuestra posición, se fueron haciendo 
mas certeras á medida que la variación de nuestra proa nos permitía 
aprovechar el mayor blanco que entóneos nos presentaba el casco de la 
< Union. » Debido á esto, las últimas fueron muy buenas, al extremo 



LA MAGALLANES HüYE Y SB BSCAPA 130 

« Union » habia quedado fuera de tiro por su menor andar. » 
El diario oñcial de Santiago asegura que la «Mag illanos» logró 
mayor andar que sus enemigos, para el efecto de colocarse en 
posición y rumbos ventajosos. El modesto Comandante La 



qae á las 12 56 p. m. dos granadas de nuestras colisas» alcanzaron el 
blanco; es may posible qne hayan reventado dentro del buque, can- 
sándole serias averias, por coincidir con este hecho el de apercibirnos de 
nn gran escape de vapor por su chimenea, á las vez que separarse 
rápidamente del combate, obtando, para reunirse á la « Pilcomayo ♦ por 
el camino mas largo, á fln de interponer de esta manera entre él y la 
< Magallanes • un poco de mayor distancia. 

Reunidos de nuevo los enemigos, prosiguieron su movimiento de 
avance, desistiendo, sin embargo, momentos después, que pusieron proa 
á tierra, dirijiéndose á Huanillos. Por nuestra parte se prosiguió con 
rumbo á este puerto. 

Durante la hora larga que duró el cañoneo á que hago referencia, 
se gastaron por este buque los proyectiles siguientes : 

2 Granadas dobles de 115 — 2 Iden comunes de 115 — Espoletas de 
percusión. — 19 Granadas comunes de 64 — Espoletas de percusión. 
— 11 Granadas comunes de 20 — 8 Iden de segmento de 20. — Espoletas 
de concresion. 

El enemigo, á juzgar por el número de sus cafiones, no ha podido 
gastar menos del triple de la cantidad empleada por nosotros. 

La máxima distancia á que se disparó fué de 4,300 metros, y la mí- 
nima de 2,300. 

Debo todavía hacer presente á V. E. que Uu necesidadet del mo- 
mentOt me obligaron en estas circunstancias á sacrificar nuestra lancha 
(le vapor. Suspendida como se hallaba sobre la boca del caflon de 
1 1 8, era natural qne los dispAros de la pieza la afectasen grandemente, 
como en efecto así sucedió tan pronto como se rompió el fuego. 
Al primer cañonazo saltó su tablazón de proa, al segundo la roda y 
demás ligazones delanteras, y previendo que al tercero se cayera del 
todo al agua, ordené que se anticipara el momento de su pérdida, picando 
al efecto las tiras que la retenían en los pescantes. 

Después de la exposición que dejo hecha, excusado casi me parece 
agregar á V. 8 qne no hemos tenido que lamentar la menor desgracia 
personal, ni esperimentado otra averia en casco y arboladura aparte do 
la muy insignificante que cito en otra parte. 

Al concluir, Señor Almirante, réstame cumplir con un sagrado deber 
recomendando á la consideración de V. S. al cuerpo de oficiales del bu- 
que de mi mando, que en el dia de hoy han cumplido dignamente con su 



14[P DESCONTENTO DEL ALMIRANTE REBOLLEDO 

Torre, quizá el único Chileno verídico en sus partes oflcialeS) 
condesa que le dieron cazi y que su defensa consistió en el 
buen andar de su buque, que dejó atrás á sus enemigos. Tan 
convencido estaba el Almirante Chileno del ningún triunfo 
obtenido por la «Magallanes» que al pie del oñcio del Coman- 
dante La Torre, en que da cuenta de su campana, no lo felicita, 
como era natural en caso de haber sido victorioso, y tan solo se 
limitó á poner el siguiente decreto : Iquique, Abril 13 de 1879 
— Se aprueba la conducta observada por el Comandante de la 
« Magallanes » de que da cuenta el parte que antecede » ; es 
decir que aprobaba el no haber aceptado un combate en con- 
dición positivamente desventajosa, por la superioridad de la 
fuerza enemiga ; el haber huido aprovechando de su mayor 
andar ; el haber abandonado la lancha de vapor que estorbaba 
sus operaciones. El corresponsal de «El Comercio de Lima,» 
testigo presencial del combate hace notar las siguientes coin^ 
cidencias y dice : « los primeros cañones que hemos disparado 
contra Chile el 12, fueron también los primeros que en 1866 
rompieron sus fuegos en su defensa; en Sábado de gloria hemos 
dado caza y presentando combate á una de sus naves que 
huyó, asi como Yalparaiso sufrió impasible, igual dia^ la atroz 
ofensa que España le inñrió en su principal puerto. » 

Descontento el Almirante Chileno con el mal encuentro de la 
« Magallanes » resolvió vengar el agravio empleando su escua- 
dra contra pueblos indefensos y esencialmente comerciales. 
Huauillos es un puerto destinado exclusivamente para el 
embarque del huano que existe en una especie de Islote del 



deber. Igunl recomendación me permito hacer á V. S. de ]a tripulación 
y guarnición de la « Magallanes • cuyo entusiasmo y decisión en estas 
circunstancias me han dejado asimismo plenamente satisfecho. 
Dios guarde á V. S.— J. J". Latorre. 



Comandancia en Jefe de la Escuadra — Iquique, Abril 13 de 1879. — 
Se aprueba la conducta observada por el Comandante de la corbeta 
« Magallanes » de que da cuenta en el parte qne antecede, y pase este 
original al Señor Comandante General de Marina para su conocimiento 
y demás ñneñ.^ Williams Rebolledo, 



ESCUADRA CHILENA BOMBARDEA Y DESTRUYE PUERTOS 141 

mismo nombre. Con tal propósito se hablan construido 
muelles, pescantes, ferrocarriles, con numerosos carros para 
facilitar el embarque. Su población constaba únicamente de 
trabígadores, entre estos mas de 330 chinos. Pabellón de Pica^ 
es como Huanillos, otro puerto destinado para el embarque de 
huHno, provisto de muelles y demás elementos apropiados al 
objeto. En estos dos puertos no habia un solo soldado, ni mas 
gente que los trabajadores y los que losdirijian ; sin embargo 
el Almirante Chileno Williams Rebolledo, que se propuso e) 
necio plan de desafiar á la marina Peruana, que estaba en el 
Callao terminando sus repar.iciones, creyó 6 aparentó creer 
conseguir su objeto llevando á cabo muchos actos hostiles, 
entre los cu iles entraba el de bombardear pueblos y puertos 
indefensos. Al efecto «ordenó que el «Cochrane» y la 
€ Magallanes » pasaran al puerto de Moliendo, á hostilizar las 
costas Peruanas sin omitir medio alguno de los que prescribe 
el derecho marítimo ( ¿ será el de Chile ? ) mientras él se dirijia 
con los demás buques á las caletas del Sur á ejecutar iguales 
operaciones.» (Bibl. 133). El bravo Almirante Rebolledo pudo 
ejecutíir sus proezas en Pabellón de Pica (Abril 15) y en Hua- 
nillos (16) sin la menor resistencia ni dificultad ; » no habia alli 
fuerzas y por lo tanto pudieron apoderarse sin molestia, de 
una lancbita á vapor; de otro pequeño vapor el <Lopez Gamaz» 
y de veinte y cinco ó treinta lanchas grandes que se empleaban 
en el carguío del huano. Después ordenó el Almirante que algu- 
nos botes de la c Chacabuco » y de la < O'Higgins » destru- 
yeran el muelle, las plataformas, los puentes y las mangueras. 
Al efecto, después de dispararles unos cuantos tiros, con los 
cañones de los botes, y « viendo la ineficacia de este procedi- 
miento, á causa de la sólida estructura, de madera y hierro 
de aquellas hermosas obras, bajó la gente á tierra y em- 
papando con parafina los maderos^ abriendo algunas 
minas al pie de los postes, echó en un momento á tierra 
aquellas obras, y las dejó entregadas á las llamas. Era 
de ver en estos momentos la nlegria de los infelices escla- 
vos chinos al ver ardiendo aquellos aparatos de su mar- 
tirio. Todos ellos palmeteaban alegres, y gritaban entu- 



142 . BSCUADRA CHILENA BOMBARDEA A MOLLENDO 

siamados en su lengua de trapo ; viva Chiles bueno Chileno^ 
ya no má tabaco: idénticas operaciones de destrucción 
practicaron en Huanillos. s — (Corresponsal de El Mercurio 
Abril. 16) 

El € Cochrane » y la « Mag illanes » desenape ñaron su comi- 
sión en Moliendo con mas barbarie, aunque á mas costa y 
menores pérdidas para el Perú. A su llegada al puerto (Abril 
1 7) enviaron tres botes, bien tripulados, para destruir las lan- 
chas de propiedad particular. En el puerto no habia ninguna 
fuerza del ejército ; el pueblo indignado de ver la destrucción 
de las 1 inchas y que una de las del enemigóse acercaba dema- 
siado á tierra, se armó como pudo, é hizo fuego sobre el bote, 
éste y los otros botes al ver que cayeron algunos heridos y 
otros muertos, abandonaron velozmente su tarea y se refujiaron 
en sus buques. En el «cto el « Cochrane » principió á bom- 
bardear la población, sin el menor aviso previo. Las bombas 
causaron algunos daños en casas de los vecinos. (*) Termi- 



I*) Moliendo Abril 20 de 1879.— Sr. C. A. Comandante General deMa- 
rina,^Kn contestación al estimable oficio circular de U. S fechado eu IG 
del presente, tengo el honor de decir á U S que desde el día de la 
declaratoria de guerra contra nuestra República, poco ó casi nada ha suce- 
dido en este puerto, con excepción de la saudade tropas y de los sub- 
ditos Chilenos hacia el Sur, hasta el dia 17 del corriente, en el que á 
las cinco de la mañana se pusieron á la vista de este puerto y arribaron 
media hora después los buques de la armada Chilena « Cochrane » y 
« Magallanes, » procediendo inmediatamente á desprender botes con 
gente, los cuales cuando creíamos que vendrían á tierra con algún par- 
lamento, pasaron inmediatamente á recorrer los buques en este fon- 
deadero, llevándose al costado del « Cochrane > una lancha con merca- 
derías del buque francés « Marie • y otra con carbón del buque 
inglés « Clyde Vale * las cuales fueron descargadas en el mencionado 
« Cochrane. » 

£n este estado se desembarcaron dos capitanes y comunicaron el 
habérseles intimado salieran de la bahía en el término de cuarenta y 
ocho horas, ordenando á los capitanes de los buques cargados de huano 
que se fueran á las costas de Chile, con la advertemna de que podían 
disponer del huano, puesto que el Comodoro Simpson se los regalaba. 

Asi estábamos cuando principiaron á cortar las boyas y barrenar 
ttdas IflH enibarcitciones menores basta las mas pe<|uefía8 que se halla^ 



MOLLBNDO ES BLOQUEADO 143 

nada esta tarea, el Comandante del « Cocbrane » E. Simpson, 
notificó á la autoridad política de Moliendo y á los Cónsules 
extraryeros que el puerto quedaba bloqueado, « con el objeto 
de templar de alguna manera á que las fuerzas marítimas del 



ban en lae boyas del fondeadero. El pueblo entonces que ya se había 
armado por si pretendieran un desembarco, puesto que no hay en este 
puerto ningún individuo de tropa, estando ya casi concluida su obra 
de destrucción y viendo muchos de ellos destruir sus propiedades, 
movidos por el entusiasmo é indignación, mucho tiempo reprimidos, 
hizo fuego sobre las embarcaciones enemigas, haciéndolas refugiar en 
su buque, siendo contestados primero de los botes con balas de revol- 
ver y de rifle y después con ocho cañonazos disparados por el blin- 
dado sobre la población, sobre el muelle y los almacenes fiscales, sin 
haber recibido felizmente ninguna averia personal en nuestra pai*te; y 
resultando en la parte contraria, según declaración del comandante 
Simpson al cónsul inglés, un muerto y dos heridos en los botes; mas 
según los capitanes de los buques que han tenido mejor ocasión de saber, 
por haber estado mas inmediatos, son como seis ó siete entre muertos y 
heridos. 

Calmaron los fuegos y entonces pudo el Cónsul inglés señor Robilliard 
ir abordo de los buques chilenos con el objeto de indagar hasta donde 
se estenderían sus hostilidades sobre este puerto, y contestaron que 
todas sus hostilidades se reducirían á las ya efectuadas, y á impedir el 
embarque de tropas bolivianas, de las que tenian conocimiento iban á 
salir de este puerto al sur; remitiendo ademas una nota con el mi->mo 
señor Cónsul, cuyo contenido y contestación se encuentran en el perió- 
dico que tengo el honor de remitir á U. S. con el presente oficio. 

£n todo el tiempo trascurrido desde las siete de la mañana hasta 
las cuatro de la tarde, habia sucedido lo que llevo relacionado; á cuya 
última hora llegó el vapor del sur, al que no pudo salir á recibir el 
que suscríbe por motivo de que los botes de los buques chilenos, se 
constituyeron abordo en cuanto fondeó el vapor, dando orden de no 
permitir el embarco de militares, ni desembarcar la correspondencia 
oficial; habiendo por este motivo desembarcado y embarcad ose los 
pasajeros en botes del mismo vapor. 

Llegada la noche del mismo dia, se hicieron los buques enemigos á 
la mar hacia el N. O. á continuar sus obseivaciones. 

Al dia siguiente volvió el blindado á la bahia y pasando por sí mismo 
por cada buque, hizo cambiar de fondeadero á los buques nicaragüense >s 
c Juana liUlsa, • • Salvador Vidal, > c Monroy » y c La Plata, > los d >.<4 
primeros carga dos de huano,otro de harina y el último de carbón, salieutlo 



144 BOMBARDEO É INCENDIO DE PlSAGUA 

Perú se presentasen ante los buques de la República de Chile», 
dando de plazo para la salida de los buques de carga basta el 
dia 19, á la vez que procuraba disculpar el bombardeo del 
indefenso puerto sin previo aviso. Pero antes de terminar el 
plazo para hacer efectivo el bloqueo, la escuadrilla Chilena se 
apoderó de 250 bultos de mercaderías de un buque francés. El 
cuerpo consular en Moliendo y Arequipa protestó de todos esos 
actos contrarios al derecho internacional j pero las protestas 
quedaron escritas, pues hasta hoy se ignora los efectos que 
produjeran. (Apéndice 8) así como la petición que algunos 
comerciantes hicieron en el mismo Londres á su Gobierno, en 
favor de sus intereses y para la respectiva indemnización de 
daños. En otro tiempo, y sin ningún fundamento procedieron 
de distinto modo ; porque los Gobiernos Europeos en sus reía* 
clones con las Repúblicas de América no tienen otra regla que 
la de sus conveniencias, y sus antipatías ó simpatias. 

La rabia Chilena no quedó satisfecha con los incendios de 
Pabellón de Pica, Huanillos y Moliendo. En la mañana del 
siguiente dia (Abril 18) se presentaron en la bahiade Pisagua 
el blindado « Blanco » y la « O'Higgins, » desprendieron siete 
botes bien tripulados, y acercándose á la playa, comenzaron á 
destruir las lanchas, haciendo fuego sobre los dueños de ellas 
que intentaron salvarlas ; el fuego fué contestado por la peque- 
ña guarnición de tierra ; (tres compañías del batallón «Ayacu- 



á continnar nnevamente hq cracero el mencionado buque durante el dia. 

En la tarde volvieion á entrar les dos, y tomando de remolque á Ion 
buques < La Plata > y « Monroy » salieron hacia el norte. Sabiéndose 
por el vapor « Itata » que pasó ayer ai sur, que habian echado á 
pique al buque « La Plata > con su cargamento de carbón, á cafionazos, 
cuyo estruendo se dejó oir en la mañana de ayer en este puerto. 

£n todo el mismo dia de ayer se han divisado con anteojos y á gran 
distanda á los dos buques, haciendo sus observaciones en el horizonte. 

Esta es toda la relación qae puedo mandar á U. S. por hoy, de lo 
ocurrido en el puerto de mi mando, cuyos hechos, como verá U. S. 
ha sido imposible evitar, habiendo hecho todo lo que ha estado á mi 
alcance en el cumplimiento de mi deber.— Dios guarde á U. i^^^Pan- 
iulecn Fvmanditii, 



BOMBARDEO ¿ INCENDIO DB PlSAOÜA 145 

cho » al mando del Teniente Coronel Fernandez), con tan buen 
éxito que las lanchas enemigas se retiraron, perdiendo alguna 
gente entre muertos y heridos. En el acto loe cañones de los 
buques hicieron fuego sobre )a población, que en pocos mo^ 
mentos quedó destruida en parte, por las bombas y por el 
incendio que estas produjeron. Suspendieron los fuegos de los 
buques para preparar una segunda flotilla di ocho botes, 
colocando un canon en cada uno de ellos ; media hora después 
sedirijieron ala playa, y protej idos por la artillerfa de sus 
buques comprometieron un segundo combate, del cual no sa- 
lieron mejor que del primero. Las bajas de su tripulación debie- 
ron ser considerables, pues se vieron obligados á buscar 
amparo al costado de sus buques; pero la obra de la destrucción 
de Pisagua estaba consumada; lo que no habia caido al choque 
de las bombas, ardia y se derrumbaba, con escepcioo de unas 
diez ó doce casuohas que se salvaron por estar situadas muy 
al Sur del centro de los fuegos. Aquel espectáculo era aterra- 
dor ; los ancianos, los niños y las mujeres que pudieron huir á 
tiempo, se refujiaron en los cerros vecinos» Los extranjeros 
residentes en Pisagua elevaron también á sus Cánsales pro» 
testas cayo resultado ignoramos. (*) (Apéndice 14). 



. (•) Pisagaa, Abril 18 de 1879 -^Señor Contra Almirante^ CoMOndante 
General de Marina :— S. O. G.— Tengo el honor de poner en conocimiento 
de U. S. que hoy á las 9. h. a m. entraron en este puerto la corbeta CU- 
lena de guerra « O'Higgins » y el blindado « Blanco Escalada • con insig- 
nia de contra Almirante el último. 

Por telégi*afo puse en conocimiento del Prefecto de este departamento 
la presencia de estos buques; y como me babia indicado con anticipación 
la destrucción de lanchas en Moliendo, pedí á esta autoridad me indicase 
ai debia defender la sustracción de las referidas de este puerto, á lo que 
no tuve contestación. 

Gomo se precipitasen en seis embarcaciones menores de la cO'Higgins9 
á llevarse las lanchas, el pueblo armado, y con la fuerza del batallón 
« Ayacucho » existente en esta plaza, repelieron heroicamente tan re 
probado iotento, poniéndolos en fuga. Este motivo sin duda dio lugar 
á un bombardeo incendiario á la población, que se verificó desde la hora 
antedicha, en dos intervalos, hasta las 2 h. m. P. M. 

£d el ' primer inter^'alo, incendiada que fué parte de la población, Creí 
T. I. 10 



146 BOMBARDEO É INCENDIO DE PISAGUA 

Chile dabí las primeras muestras del respeto que le mere- 
cen las sagradas y humanitarias leyes del derecho internacio- 
nal, que reprueba hostilizar poblaciones indefensas y esencial- 
mente comerciales. 

El Almirante RevoUedo profesa, como los Ministros de 
Estado de su Nación, el absurdo y brutal principio de que « una 
guerra es tanto mas humanitaria cuanto mas cruenta es ; y 
que hacia la guerra en la forma que él pretendia se le hiciera » 
es decir, á sangre y fuego. Este era el plan que se habia tra- 



no contínuasen sa temeridad, pero no faé así ; lo verificaron con mas 
fervor destacando embarcaciones menores, nuevamente, con fasileria y 
artillería, parapetándose en los baques surtos en la bahia, todos do ban- 
dera extcangera neutral. 

£1 fuego ha destruido la mayor parte de la población, desde el muelle 
hacia el Norte, asi como todos los salitres en bodegas y la estación del 
ferro carril. 

Como era consiguiente, hice enarbolar nuestro pabellón en la oficina 
de mi dependencia; procuraron los incediarios derribarlo, lo que no con- 
siguieron, sin embargo de haber arrancado la driza, habiendo penetrado 
tres balas de cañón en mi oficina. 

Hasta este momento solo tengo conocimiento liaber salido heridos un 
oficial y cinco individuos de tropa de la fuerza c Ayacucho > y varios del 
pueblo; muertos dos rabonas, un niño y un asiáatico. También dos 
lanchas incendiadas y cinco á pique. 

No terminaré este parte, Señor Comandante Greneral, sin recomendar 
ala consideración de U. S. para que á su vez se digne hacerlo al Supre- 
mo Gobierno, el valeroso comportamiento de los jefes, oficiales y tropa 
de la columna « Ayacucho, » Gendarmes que guarnece esta plaza, asi 
como el arrojo con que rechazaron á los enemigos los nacionales á cuya 
cabeza se encontraban los valientes señores don Nicanor González, don 
Gaspar Ureta y don Manuel Zavala — Dios guarde á U. S. S. C. G. — 
José Becerra. 



Bonibardeo de PUagua.'^*TS\ Cónsul General Austro-Húngaro, residente 
esta ciudad, ha pasado al Gobierno una solicitud que le han hecho á él 
sus compatriotas, y en la que hace presente la suma de las pérdidas por 
ellos sufridas en el inicuo bombardeo é incendio do Pisagua, ejecutados 
por la escuadra Chilena. 

< Esta será una de tantas partidas que haya de pagar Chile algún dia 

La solicitad dice asi : 



CHILE CON BSPASA BN 1864 Y CON BL PERÚ BN 1879 147 

zado y estaba dispuesto á seguirlo» (Bibl. 133 pág. XII: Sesión 
del Senado de Chile de 13 de Diciembre de 1880.) 

Este inútil bombardeo en nada es comparable con las hosti- 
lidades que la escuadra Española ejerció en 18(56 contra Chile. 
Las naves españolas se presentaron en el puerto fortificado 
de Yalparaiso, y su Almirante D. Gasto Méndez Nuñez, con la 
nobleza característica española, notificó al Comandante de la 
plaza que iba á bombardearla, concediendo un largo plazo, 
para que las personas y propiedades neutrales, asi como la 



• Los abajos suscritos subditos Austriacos, comerciantes y residentes 
en este puerto de Pisagua, incendiado por ]as naves de guerra de Chile, 
de la nianera mas violenta, sin previo aviso, sin anunciarnos siquiera 
un plazo de una liora para salvar aunque fuese, una pequefía parte de 
nuestros intereses, á U.S. con el debido respeto exponemos: que ha* 
hiendo perdido totalmente el único capital que poseíamos, nos vemos, 
por esta causa, en la indispensable necesidad de ponerlo en conocimiento 
de U. S., para que mediante su alta influencia, se nos indemnice por 
quien corresponda. 

Con tal fin tenemos el honor de acompañar la lista en que determi- 
namos las cantidades que hemos perdido ; ad virtiendo á U. S. que esta 
representación no va visada por nuestro Cónsul á causa del bloqueo que 
sufre este puerto. 

Por tanto, á U. S. suplicamos se digne atender á nuestra solicitud, 
ofreciendo nosotros comprobar debidamente la pérdida de esas cantidades. 

Pisagua, Abril 25 de 1879.— Firmados.— Ficew te Carcovich — 'A ruego 
de José GoUar, B. A. Héroe. -^ A ruego de Juan Francolich, F. P. Zalmad. 



Cantidades perdidas por los que suscriben por efecto del bombardeo de 
Fisagita por las naves de guerra chilenas: 

Vicente Carcovich, diez y seis mil soles . . . • S. 16,000 
José Grollar, cinco mil idem .....••. 6,000 

Juan Francolich, mil quinientos 1,500 

Total S. 22,600 



Pisagun» Abril 26 de 1879.— FirmaJo8.— 7iceníc Carcovich.-^A ruego 
de José Uollar, B. A. Hefvs.-^A ruego de Juan Francolich, V. P. 
Zahuad, 

Es conforme al original.— Lima, Mayo I" de IBT9.— Cm/i/ín Krujer. 



l48 CHILE CON HISPASA BN 1864 Y GOM BL PBRÚ BN 1870 

parte pacifica de la población se puaieraD á sal^o ; y el mismo 
dia en que se cumplía el plazo, anunció, dos horas antes, con 
cañonazos sin bala, que dentro de poco deberla principiar el 
bombardeo; durante él dirijió sus punterías tan soléalos 
edificios fiscales. Chile creyó, neciamente, que volteando la 
culata de sus cañones se libraría del peligro ; pero este acto de 
cobardía ñola salvó, y le mereció el general desprecio. Aunque 
ese bombardeo era conforme con los principios del derecho 
internacional, el Gobierno de Chile lo calificó de « un acto de 
barbarie tan feroz como estéril que conculcaba las prescrip- 
ciones mas sagradas del derecho internacional, que afrentaba 
á la civilización, que violaba todos los fueros de la humanidad. » 
La escuadra enemiga, decia, « ha tenido sobradas ocasiones 
para hacer á Chile y á sas generosos aliados, una guerra activa, 
eficaz, y en que combatiendo contra adversarios armados, 
aunque inferíores en fuerzas, habría podido salvar, siquiera el 
pundonor militar »....« En ese bombardeo (de Yalparaiso) no 
puede encontrar la satisfacción de ninguno de los fines legíti- 
mos de la guerra, y su resolución de emprenderlo es fruto 
exclusivo de una zana sin freno que despertará la execración 
del mundo civilizado. Los ejemplos de humanidad y de inva- 
riable respeto á las leyes internacionales que Chile y sus aliados 
han dado á España, no han sido parte á detener al Oabinete de 
Madrid en su punible propósito de imprimir á la presente 
guerra un carácter salvaje y atroz. (Apéndice 9) .» 

El mismo Chile ha pronunciado su sentencia anticipada so- 
bre sus actos en la guerra en cuya narración nos ocupamos. 

Hay ademas admirables coincidencias entre los actos.de 
Chile en 1879 con los de 1864. 

El 14 de Febrero de 1866 entraban en el puerto de Valpa- 
raíso las fragatas Españolas « Villa de Madrid » y « Blanca » 
que pocos dias después debian bombardearla. El 14 de Fe- 
brero de 1879 los blindados de Chile « Cochrane » y « Blanco > 
entraron en Antoíagasta á título de reivindicación^ contra lo 
que de voz en cuello protestaron los mismos en 1865. 

El 14 de Abril de 1864, Pinzón se apoderó de las islas de 
Chincha á titulo de reivindicación. El T de Abril de 1866 el 



BOMBARDEO 80BRB UN TRBN DB PASAJEROS 149 

puerto de Valparaíso fué bombardeado por la escuadrilla Espa- 
ñola. El rde Abril de 1879 ese mismo pueblo ' apedreaba» 
ultr^gaba y quemaba el escudo de la Nación Peruana que, el 2 
de Mayo de 18€6, vengaba á costa de su sangre generosa, la 
afrenta recibida por Chile el 1** de Abril. Muy lejos podríamos 
ir en el camino de estas coincidencias, que si bien pueden sig- 
nificar poco en si, parece que la Providencia hubiera querido 
marcar con ellas, de una manera mas saltante é indeleble, las 
inconsecuencias y deslealtad de una Nación tan pretenciosa. 

Los diarios de Chile festejaban á porña el acto salvaje del 
bombardeo é incendio de Pisagua ; se regocijaban de que € se 
iniciara ya por mar una guerra activa, enérgica, sin vacilacio-* 
nes y sin términos medios, tal como la pedia y deseaba el pueblo 
de Chile. » (Bibl. 54 <E1 Mercurio», Cartas de la escuadra) A 
propósito de lo que escribían los diarios de Lima sobre esos 
incendios y destrucciones, decía uno de los corresponsales de 
la prensa de Chile ; mientras tanto nosotros nos divertiinoé en 
destruirles sus puertos^ en arruinar su comerciOf en hacerlos 
morir de hambre. 

El 17 de Abril, dia mismo en que el «Cochrane» bombardea- 
ba el indefenso puerto de Moliendo, el Almirante Revolledo 
notificaba al Prefecto de Iquique que « á las cuatro de la tarde 
de ese dia iba á dar principio á la destrucción de las máqui- 
nas destiladoras de agua de ese puerto, á no ser que cesaran 
de funcionar. » El Almirante buscaba cualquier pretexto para 
bombardear la población, y sabiendo esto se suspendió la des- 
tilación de agua, no para el ejército, que se proveía d^ otro 
modo, sino para el pueblo inofensivo. Burlado el deseo de 
bombardearlo ese dia, la mañana del siguiente, (18) al salir 
del puerto un tren de pasajeros, casi en su totalidad niños y 
mujeres que se retiraban al interior para salvar sus vidas, la 
«Esmeralda» disparó once tiros á bomba sobre él; feliz- 
mente no tocó á ningún carro, gracias al tranquilo valor del 
maquinista, que al sentir el ruido de la primera granada, 
apuró la máquina y desvió las punterías (Abril 24) ; terminada 
su tarea contra el tren, continuó, como por pasatiempo los dias 
siguientes disparando sobre la población, en altas horas de la 



150 BOMBARDEO É INCENDIO DE MEJILLONES 

noche. El corresponsal del «El Mercurio» de Valparaíso reft- 
ri¿ndose á estos hechos salvajes, decía con satánico contento 
« El incidente mas importante fueron los disparos hechos por 
la « Esmeralda » á una locomotora que, como á las ocho de la 
mañana, salió de la estación con dirección al interior ... Se le 
alcanzaron á disparar ocho ó diez tiros ... En los dos únicos 
carros que arrastraba la locomotora iban unas cuantas seño- 
ras que querían abandonar la población por temor á un pró- 
ximo bombardeo .... En noches pasadas, viendo salir humo 
de una chimenea y moverse alguras luces sospechosas, la 
« Magallanes » disparó tres cañonazos á bala » . . . Los tiros 
que á veces hacía alguno de los buques bloqueadores para 
reconocer los buques que pasaban, los dirijian sobre la pobla- 
ción ; y así continuaron con intervalos de días, hasta el 15 de 
Mayo en que se retiraron todos, menos la « Esmeralda » y la 
€ Covadonga > que siguíenm sosteniendo el bloqueo. > Apenas 
seria creíble tamaña ferocidad si no la narraran los mismos 
Chilenos testigos presenciales y ejecutores de los hechos. 

Aun no satisfechos con la destrucción de Pabellón de Pica, 
Huanillos y Písagua y con el bombardeo de Moliendo, pasaron 
el « Cochrane » y la « O'Higgins > al puerto de Mejillones del 
Perú, tan indefenso como los otros. Se desprendieron de la 
f O'Higgins > seis lanchas, se dirijieron cerca de la playa y 
principiaron á destruir las lanchas que encontraron á mano ; 
en estos momentos, un piquete de ocho ó diez soldados y otros 
tantos- paisanos, temerosos de que el enemigo se animnra á 
desembarcar por no encontrar resistencia, rompieron sobre los 
destructores de las lanchas un nutrido fuego de fusilería, que 
apenas contestaron en retíradi, buscando refugio en sus naves, 
á la vez estas rompieron sus fuegos de gruesa artillería; en 
pocos momentos so comunicó el fuggo en el pequeño pueblo; 
mas no por esto se amedrentaron los pocos defensores del 
puerto y continuaron en sus puestos, hasta las siete de la no- 
che en que se retiraron los dos vapores, satisfechos de ver 
reducida en cenizas una indefensa población. (íUbl. 54 Corres- 
ponsal del «Mercurio» publicado el 1° de Marzo.) 

La rabia con que procedía Revolledo contra puertos inde- 



CORRBRIAS DB BL CHALACO Y BL TALISMÁN 151 

fensos, provenía de las intrépidas eorrerias del trasporte 
Peruano Chalaco, que á las barbas del Almirante, y casi al 
alcance de sus cañones, burlaba su vigilancia, desembarcando 
repetidas veces, y con intermedios de pocos días, en los puer- 
tos de Moliendo, Arica y Pisagua, tropas, cañones y todas clase 
de elementos de guerra. El 5 de Abril llegó á Arica, desem- 
barcó un gran cargamento de armas y petrechos ; el 8 desem- 
barcó en Pisagua parte de la división del General La Cotera, 
regresó á Arica y desembarcó varios cañones de gran calibre; 
pasó á Moliendo, recibió á bordo un batallón y lo desembarcó 
en Pisagua el 15. Regresó á Arica el 16, y de allí continuó su 
viaje al Callao ; esto desprestigiaba al Almirante Chileno, y 
le valió el desprecio con que poco después fué depuesto del 
mando de la escuadra. El trasporte Talismán ejecutaba á su 
vez operaciones semejantes á las del Chalaco. 

Antes de entrar de lleno en la narración de la campaña no 
debemos omitir un hecho que pone de manifiesto una vez mas, 
lo que vale la fé de Chile. Existian en la Aduana de Yalpa- 
raiso armas y vestuario para el ejército, remitidos de Europa 
por el revolucionario Don Nicolás de Piérola, cosa que el Go- 
bierno de Chile no ignoraba. A mediados de Enero de 1879 el 
Gobierno Peruano, que tuvo conocimiento de esto, logró com- 
prar esos artículos y quitarlos de las manos de Piérola. Cuan- 
do Chile se apoderó de Antofagasta, el Cónsul del Perú en 
Valparaiso, pidió por orden del Gobierno, el despacho del 
armamento, pero el Intendente de la aduana se negó á entre- 
garlo sin especial orden suprema ; después puso toda clase de 
dificultades hasta que se complicaron las cuestiones con el 
Perú, y Chile decomisó todas las armas y vestuarios que, según 
las leyes del honor, debieron, cuando mas, continuar en 
depósito. (*) 
. Cansado ó quizá ruborizado el Almirante Chileno, Williams 



(*) El armamento y vestuario constaba de 940 fusiles Chassepot, 
con 100,000 tiros á bala; 500 Minié, 1,500 uniformes; 500 chaquetas 
para caballería ; £00 sacos modelo Huíanos ; una ametralladora con sus 
útiles j 60,000 tiros. 



J 



152 ^ LA B8CUADRA CHILBMA 8ALB AL OALLAO 

Revolledo, de emplear su escuadra en ipcendiar puertos iude- 
fensos, salió de Iquique (Mayo 16)^ en convoy, con dirección 
al Callao, resuelto, según dijo, á batirse con la escuadra Pe- 
ruana que suponía aun reparándose en los astilleros del Callao, 
pero grande seria su preocupación y su inquietud cuando al 
arribar á este puerto, se encontró con que los buques conva- 
lecientes hablan dejado su fondeadero, y supo que, probable- 
mente, animados del mismo deseo que á él lo babia llevado al 
Callao, éstos hablan emprendido también su marcha al Sur, 
donde creian encontrarlo. En presencia de tal decepción y 
previendo el peligro que corrían los buques que babia dejado 
guardando á Iquique, el Almirante puso proa al Sur, sin haber 
ni intentado la menor hostilidad contra los fuertes de tierra, ó 
contra los pocos y débiles buques de la bahia ; pero ya era 
tarde para evitar el golpe que la escuadra Peruana descargó 
sobre los bloqueadores de Iquique. 



CAPITULO VI 



Arreglos y preparativos — Primeros eomliates 

marítlinos 



S0M4RTO : £1 Perú acumula tropas en Iquique — El general Buendia es 
nombrado Greneral en Gefe del ejército del sur — Su carácter j 
antecedentes infunden desconfianza en el ejército del sur — El 
Oeneral Prado no remedia el mal — Nombra al general Castillo en 
reemplazo de Buendia y el nombramiento queda sin efecto "— Con- 
sultas en Palacio sobre la conveniencia de la salida de la escuadra 
y la del Presidente General Prado— Se resuelve la salida de la 
escuadra del Callao y la del Presidente — Inconvenientes de esta 
resolución — Estado de Bolivia en Febrero de 1879 — Be manda 
formar im ejército — Se pone en marcha desde la Paz hasta la 
ciudad de Tacna — La quinta división de Campero — Mala impre- 
sión de Daza al no ver la escuadra en Arica, ni haber recibido 
elementos de guerra del Perú — Sale la escuadra peruana — Com- 
bate de Iquique — La fragata < Independencia • se estrella contra 
una roca — La «Covandóga» hace fuego á los náufragos de la 
< Independencia > — Chile empaña la heroica resistencia de sus 
marinos con falsedades y exajeraciones — Juicio por la pérdida de 
la « Independencia > — Error acerca de la superioridad del « Huás- 
car > y de la < Independencia » sobre la « Covandoga » y • Es- 
meralda > — El « Huáscar » sigue su vlage al sur ; hace varias 
presas ~ Combate en Antofagasta con los fuertes y buques — El 
pueblo de Antofagasta se entrega al pillaje — El « Huáscar » corta 
el cable telegráfico en Antofagasta, y las baterías de tierra enmu- 
decen — Regresa al norte apresando buques y llega á Arica — 
Burla la caza del blindado « Cochrane » y la « Magallanes. • 



A proporción que crecía el peligro de entrar en guerra con 
Chile, el Presidente General Prado, acumulaba, como hemos 



154 EL GENERAL BUENDIA 

dicho en la Provincia de Iqnique, todas las tuerzas que paula- 
tinamente se iban organizando en los distintos departamentos 
de la República j nombró por último de General en Jefe de ese 
ejército al General de División Don Juan Buendia (Abril 4.) 
Esta elección causó un general descontento, porque aún cuan- 
do en el nombrado se reconocían conocimientos militares, y se 
abrigaba la seguridad de que en el campo de batalla cumpliría 
con su deber como soldado, no eran estas ni con mucho, las 
únicas cualidades quee se puesto y las circunstancias requerían; 
mas que nunca, se|necesitabH de todo punto que el Jefe á quien 
se confiara ese ejército, estubiera dotado de una enerjia incon- 
trastable, para dar cohesión y unidad á esas fracciones diver- 
sas, en que poco mas ó menos se reflejaban los elementos de 
discordia que desde tantos años han venido socabaodo las ins- 
tituciones, y llevando al Perú al borde del precipicio en que 
hoy le contemplamos, y formar un todo compacto, ordenado y 
obediente, que es lo que propiamente constituye un ejército 
capaz de asegurar la victoria; pero cabalmente, el General 
Buendia que poseia buenas prendan, aún como militar, carecia 
de la principal é indispensable cualidad en aquellas circuns- 
tancias. Familiar por car¿lcter, blando y suave en su trato 
por educación, hubo de llegar al término que se preveía; esto 
es, que no hubiese el orden y la disciplina tan necesarias en 
cualquier cuerpo de ejército ; y que hista sus mismas órdenes 
fuesen desobedecidas. En efecto á las pocas semanas de estar 
al frente del ejército, se notaba el desorden. Pronto llegaron 
á los oidos del Presidente de la República avisos ciertos y re- 
petidos de lo que pasaba en el ejército del Sur; mas desgra- 
ciada pen te el que podia y debia correjir el mal, cuyo remedio 
coBsistia solo en cambiar al General en Jefe, adolecía también 
del mismo defecto que éste: sin ánimo para adoptar una de 
esas medidas que cortan de raiz las enfermedades, apelaba, 
como es natural y consiguiente en este género de caracteres, al 
medio de las contemporizaciones ; entre tanto la indisciplina 
coiitinuaba destruyendo y aniquilando cuanto elemento sano 
pudiera haberse aprovechado en aquel ejército ; lo que al ñn 
obligó al Presidente á nombrar al viejo y experto militar, Ge- 



JUNTAS BN PALACIO 155 

neral de División Don Fermín del Castillo, en reemplazo del 
General Buendia. Dicho General tenia en contra á todos' los 
que pertenecieron á la pasada administración, y al Ministro de 
la guerra, quienes intrigaron y batallaron con tal empeño con- 
tra el nuevo General en Jete, que consiguieron que su nom- 
bramiento, firmado ya por el Presidente de la República, 
quedara rezagado en el archivo, y que el General Buendia 
continuara mandando un ejército sol)re el cual no tenia el 
imperio suficiente, ni el firme apoyo del Gobierno, que es lo que 
vigoriza la acción ; de aquí provino que las disenciones de los 
Jefes, sin respeto ni autoridad que las contuviera, fueran asen- 
tuándose mas cada dia, hasta tomar proporciones muy alar- 
mantes ; lo que á su vez fué también una de las causas que 
resolvieron al General lirado á marchar al Sur con la escuadra, 
. para diríjir por si mismo las operaciones de la campaña qu9 
iba á comenzar. 

Graves eran los inconvenientes y dificultades que se pre- 
sentaban para lle\ar á cabo, desde luego, esta expedición. El 
GomandanteGrau, en varias juntas que tuvieron lugar en la 
casa de Gobierno (unas algo privadas y otras con la concurren- 
cia del Presidente de la República, de los Ministros, de varios 
Generales, de los Coinaudantes Carrillo, Garcia y García, More y 
otros) manifiesto la necesidad de demorar la salida de la 
expedición para que se hicieran cuando menos, lijeros ejerci- 
cios de cañón y de maniobra ; que la fragata « Independencia » 
con motivó de los trabajos que se hacian en ella, no habia he- 
cho ningún ejercicio de canon, y que ki mariueria apenas 
conocía sus principales obligaciones, por ser de reciente forma- 
ción ; que el « Huáscar » aunque el buque m'is expedito de la 
escuadra, estaba muy lejos de poseer la disciplina y práctica 
indispensables para el caso de un combate, y que era peligroso 
ensayarse con el enemigo en tales circunstancias. Gomo al- 
guno de los concurrentes hablaran del gran poder del « Huás- 
car » el Comandante Grau les replicó « Señores es preciso que 
no nos formemos ilusiones; el « Huáscar » es sin duda un bu- 
que muy fuerte ; pero nunc i podrá contrarestar el poder de 
uno solo de los blindados Chilenos, pues mientras que aquel 



156 JUNTAS BN PALACIO 

tiene una coraza de cuatro pulgadas y media en su mayor 
espesor, y dos cañones de calibre de 250 libras, éstos tienen 
una coraza uniforme de nueve pulgadas ; y seis cañones de 
igual calibre que los del c Huáscar > á lo cual debia agregarse 
que por el momento, no tenia el Monitor balas aceradas, úni- 
cas capaces de perforar un blindaje, ni marinería siquiera 
medianamente expedita, en cambio de lo bien provistos que se 
bailaban los buques enemigos, asi de los pertrechos como de la 
gente apropiada para el caso ; no siendo de poca importancia 
la vent^^a en estos de tener una doble hélice que les permite 
ejecutar sus movimientos sin perder su posision y con suma 
rapidez ; á pesar de todo, decia, si llegase el caso, el « Huás- 
car > cumplirá con su deber aun cuando tenga la seguridad de 
su sacrífício. » Algunos Jefes de la marina apoyaron en parte 
las opiniones del Comandante Grau; el Comandante More 
opinó lo mismo en lo relativo al estado de indisciplina de su 
buque ; y agregó que cumpliría en todo ciso las órdenes que 
se le dieran. Varias otras conferencias y consultas se pro- 
movieron por el General Prado, y aun cuando el resultado de 
ellas era siempre que se debia preparar todavia mejor la ex*- 
pedicion, el torrente de la opinión pública pudo mas que la 
prudencia del Jefe responsable ; y se resolvió su salida, como 
en efecto se veriücó, corriendo en cierto modo los albures de 
la suerte. (*) 



(*) Junias en Palacio acerca de la 8<üida de la escuadra y del Prest* 
dente — £n la ciudad de Lima á las once de la noche del dia catorce 
del presente mes de Mayo, estando reunidos los cinco sefiores Minis- 
tros de Estado que suscriben, en el salón del despacho de S. £. el Presi- 
dente de la Hepüblica dijo ésto ; que, conociendo la gravedad de la 
situación de la Bepüblica, con motivo de las operaciones militares del 
sur en la guerra declarada por Chile, habia reunido la noche del 11 
del presente una Junta compuesta del Vice-presidente de la República^ 
los Ministros de Estado, lo iDas notable de la capital en lo civil, polí- 
tico 7 militar, asi como á todos los que representan la Prensa, eco ú 
órgano de la opinión pública, y en ella expuso con toda franqueza, y 
itín reserva el estado en que se encontraba nuestra armada en el Callao/ 
y nuestro ejército en Iquique, y el de la República de Bolivla en Tacna, 



BL QBSNBRAL LA PUERTA 157 

GoQ esta obligada resolución se ori<;inaban al pais dos males 
de gravísima entidad en las criticas circunstancias por las que 
atravesaba ; el primero de dejar la presidencia en manos del 
General La Puerta, persona muy honorable y digna, Qomo 



á fin de conocer cual era la opinión reinante respecto á la salida de 
nuestra escuadra del -Callao al puerto de Arica. En esa Junta fué 
unánime la opinión respecto á la pronta salida de S. E. el Presidente, 
mas en cuanto á la de la escuadra se habian presentado varios proyec- 
tos; siendo el primero de ellos el que de pronto salieran los dos va 
pores blindados c Huáscar » é ' Independencia » á hostilijBar los 
puertos de Antofagasta y otros de Chile, á la vez que S. E. se dirl* 
jiera á Arica para ponerse á la cabeza del ejército del sur Perú-Boli>- 
viano : el segundo se reducia á que saliera del Callao toda la escuadra 
reunida con dirección á Arica, y antes de llegar á este puerto se 
desprendieran los dos blindados sobre el sur de Iquique con el objeto 
de llamar la atención hacia esos puntos, mientras los Monitores conti- 
nuaban su viaje; y el tercero que toda la escuadra siguiera junta hasta 
su destino. Contra el primer proyecto expresó S. E. que esa operación 
cuando menos demandaba veinte y seis ó treinta dias, que era una 
eternidad, atendiendo á la situación delicada de nuestro ejército en el 
sur, á la probabilidad mas que segura, de que la escuadra chilena blo- 
queara el puerto de Arica coa uno de sus blindados y otros de sus vapo- 
res, privándonos del único puerto por donde hoy se puede auxiliar á 
nuestro ejército, y que es y tiene que ser la base y centro de todas las 
operaciones de la campaña : que las operaciones de los blindados sobre 
el sur de Iquique podian ser infructuosas si no encontraban presas, y 
aunque bombardearían algunos puertos, también lo seria Iquique, y en 
este Caso podian ser incendiados los almacenes de provisiones del 
ejército, aunque ya se habian dictado las precauciones necesarias para 
evitarlo. Todos convinieron en las ventajas del tercer proyecto, pero 
presentaban el peligro de que antes de llegar á su destino la escuadra, 
le saliera al encuentro el enemigo, y en este caso, el éxito del combate 
sería muy dudoso ; atendiendo á que la tripulación de nuestros buques, 
exepto la del «Huáscar» tienen poca disciplina, porque hace una 
semana que se han concluido las grandes reparaciones* Sin embargo-, 
los comandantes de esos buques aseguran que en cuanto al ejercicio del 
eafton, se consideraban capaces de aceptar un combate, y si éste se efec^ 
tuaba en aguas mansas las probabilidades nos favorecían — Como alga- 
nos señores creian prudente no exponer un combate de mar sin 
grandes seguridades y buen éxito, S. E. dio por terminada esa sesión 
semi-pública, á fin de meditar lo mas conveniente. Continuó S. E. 



158 BL QBNBRAL LA PUERTA 

individuo particul¿ir, pero que oomo hombre público no pódia 
ya prestar los servicios que el oso requería. Su avanzada 
edad, su enfermedad crónica do la gota y otros defectos de la 
ancianidad, lo hacian á pes ir de sus mejores deseos y de su 



diciendo que, la llegada de la correspondencia del sur y el progreso de 
las reparaciones de la escuadra, inclinaban mas ^su ánimo (de S. £.) á 
ejecutar el tercer proyecto de la salida de toda la escuadra^ porque 
consideraba remoto el único peligro de encontrarse con toda la escuadra 
enemiga^ mientras que la situación del ejército del sur, y de esos pueblos 
cada dia se bacia mas critica; pudiendo llegar el momento de que 
viéndose la población reducida a| hambre, las provisiones del ejército 
se concluirían mas pronto, y entonces el mismo ejército se vería en la 
dura necesidad de retirarse á yista del enemigo, abandonando la defensa 
de Iquique, y exponiéndose á los desastres de una retirada por los 
desiertos desprovistos hasta de agua ; aun cuando ya tiene dadas las 
órdenes mas prolijas para sulvar en lo posible esta situación. Sin ein* 
bargo de tener (S. E. el Presidente) fundada su opinión, reunió la nocho 
del 13 del presente otra Junta mBS corta en número, pero mas escojida 
que la anterior, y á la que asistieron el Vice presidente de la República 
los Presidentes de las Cámaras, varias personas notables, y los jefes de 
los blindados y monitores. £n esta Junta se discutieron con mas 
franqueza los anteriores proyectos, y como se emitieron las mismas 
ideas que en la anterior, sin presentar otra objeción contra la salida de 
la escuadra, que el peligro de encontrarse con el enemigo antes de 
llegar al puerto de Arica ó en esta rada ; se precisó la cuestión siguien- 
te: « Una ñrez posesionada nuestra escuadra del puerto de Arica ¿se- 
jia mas seguro el éxito del combate ? la gran mayoría de los sefíores 
de la Junta opinaron que en Arica nuestra escuadra contaba con muchas 
probabilidades del triunfo : — el sefior Comandante Aurelio Garcia y 
Qarcia fué de opinión que la estrechez de la rada de Arica obligarla á 
nuestros blindados á salir de ella, y entonces no contarían con el apoyo 
de las baterías de tierra, y que los cañones de éstas no eran bastante 
poderosos para dafiar á los blindados enemigos ; y por consiguiente no 
debía ir la escuadra antes de que se colocaran dos ó mas cañonea do i 
800 ó ma9 fuertes . algunos señores apoyaron al señor Garcia ; pero ol 
Comandante Grau y otros opinaron que sin alejarse del alcance de las 
baterías de tierra, podian aceptar el combate con grandes ventajas y 
probabilidades del tríunfo. Que la colocación de los cañones de á 800 
demandaba cinco ó mas dias, y no podia efectuarse mientras el p'ierto 
no estuviera asegurado. Con lo que asi terminó esta segunda reanion.— 
Continuó S. £ diciendo que como en áoibas reuniones se cobmó 



KL GENERAL LA PUERTA 159 

mas decidida voluntad, inaparente para llenar cumplidamente 
sus deberes como mandatario, y mucho monos para satisfacer 
1 is exijencias del patriotismo, desplegando la actividad que 
las asuntos exijian ; por otra parte su exesiva predilección por 



los Comandantes de Iob buques se encontraban en situación tan diñcil 
como delicada para expresar con entera franqueza y libertad su opinión, 
aunque todod aseguraron que marcharían sin trepidar á donde se les 
ordenara, y que saldrían, aunque no volvieran; quiso S. E. oírlos pri 
vadamente, y al efecto hoy fué al Callao, y á bordo de la corbeta 
« Union > reunió á los comandantes de los blindados» y de los monito- 
res ; les pidió que con toda libertad le manifestaran su opinión preci- 
sando los sigaientes puntos : primero, si el enemigo los encontraba en 
el viaje á Arica cómese procedería y con qué éxito; segundo, si en 
Arica podrían permanecer seguros los dos monitores, mientras los dos 
blindados hicieran sus escursiones sobre el sur ; tercero, si estando la 
escuadra en Arica podia ser bloqueado el puerto. Les manifestó S. £. 
que para la salida y marcha de la esciladra confiaba en que creía eñ 
que el enemigo no tendría noticia del movimiento, y lo probable seria 
encontrarse con un blindado y una ó A^b corbetas de madera^ puesto 
que el enemigo siempre hacia de este modo todos sua movimientos, aun 
para expedícionar sobre puertos indefensos, lo mismo que habla dicho 
en las dos Juntas del 11 y Id del presente — Que en cuanto al primer 
punto, convinieron todos los gefes de los buques en que aun en el caso 
de encontrarse con un blindado, ó con toda la .escuadra enemiga, 
podría continuar su marcha hasta Arica combatiendo, y en caso de que 
el enemigo los estrechara, los monitores se batirían con ventaja, salvo 
que el estado de la mar no permitiera abrír las portas de sus 
baterías, lo que no era probable atendiendo al estado tranquilo de 
la costa del sur, y á la estación : en cuanto al segundo punto, 
todos opinaron unánimes, que los dos monitores 96 encontrarían en 
Aríca en seguridad ; respecto al tercer punto,' continuó diciendo S. JS. 
que después de esta larga conferencia con los gefes de los buques (des- 
de las dos hasta las seis de la tarde) quería oir el voto de sus Ministros, 
tanto porque deseaba el acierto, cuanto porque comprendía su gran 
responsabilidad. Recapituló todo lo que habla dicho y pasado en las 
dos Jnntas ; y agregó que según las noticias que habla lecibido del 
teatro de la guerra, cuyas cartas leyó, cada momento se complicaba la 
mala situación del ejército del sur ; y que consideraba de gran peligro 
la inacción de nuestra escuadra; cuando los peligros que corría al ir 
sobre Axica, aunque no imposibles, eran remotos, mientras que si de 
este puerto se apoderaba el enemigo nuestra escuadra ya no podriii 



100 ESTADO DE LA REPÚBLICA DB BOLIVIA 

ciertos amigos, y sus condescendencias 6 consideraciones per- 
sonales, le hacían sacrificar muchas veces los bien entendidos 
intereses del país; inconvenientes que no habrían tenido lugar 
si el General Prado hubiera continuado ejerciendo la presi- 
dencia de la República; pues á su ya ad(iuir¡da práctica en la 
administración, unia una infatigable actividad, y el perfecto 
conocimiento de los asuntos que se rosaban inmediatamente 
con la guerra. La imperiosa necesidad lo obligó á ocupar un 
puesto que exijia un carácter y cualidades distintas á las suyas 
Tales fueron los principales ejes sobre que debia operarse 
aquel gran movimiento de la Nación en defensa de su honor, 
desús intereses y de su integridad terrítorial. A su debido 
tiempo veremos si correspondieron á lo que el país debia es- 
perar de ellos. 

La República de Bolivia, llamada, cuando llegue la hora de 
su organización definitiva, á ser la reguladora de la política 
internacional de Sud América, por su posición central, la ex- 
tensión de su territorio, que la hace limítrofe con casi todos los 



eombatírlo con ventaja» Además el estaclo de vejez en qne se encontra- 
ban loe calderos de los monitores no mejoraría en nn mes mas, pero 
qne hoy como después, los monitores tendrían que batirse con las mis- 
mas desventajas. Entró S. £. en otras apreciaciones qne se despren- 
den de cuanto se lleva dicho, y de las distintas opiniones expresadas 
en las dos Juntas de 11 y 18 del corriente. Oida atentamente la 
exposición tranquila y detallada, del Presidente y la de vanos de los se- 
ftCHres, Ministros, el sefior Irigoyen dijo, que hoy, como en dias 
anteriores, su opinión es que entre dos ó mas peligros debe escojerse 
el menos probable, y que siendo éste la pronta salida de la escuadra, 
epinaba porque saliera mañana mismo : — en igual sentido opinaron 
eada uno de los otros sefiores Ministros. £n seguida preguntó el sefior 
Ministro Irigoyen á S. £ el Presidente si habia hablado sobre este 
proyecto con el sefior General La Puerta Vice-presidente de la República, 
porque creía conveniente ponerse de acuerdo con él, por razones que 
táéUmente se comprenden ; contestó S. £. que ya habia hablado 
sobre estos puntos con el sefior General La Puerta, y éste opinaba por 
£a pronta salida de la escuadra; con lo cual se concluyó esta sesión -- 
y firmaron Prado— Manuel Irigoyen — Juan Corrales Melgar — M. Fe^- 
Upe Pas Soldán — Rafael Ysué - Felipe Santiago del Solar, 



ESTADO DE LA REPÚBLICA DE BOLIVIA 161 

otros Estados, por su gran riqueza en los tres reinos de la na- 
turaleza, está aun desgraciadamente lejos de serlo por los 
continuados disturvios en que ha vivido, que no le han permitido 
vigorizar con la paz y la estabilidad esos poderosos elementos 
naturales. Desde que nació hasta el dia en que Chile le declaró 
la guerra, se han apoderado de la magistratura suprema, al- 
gunos hombres de bajo origen, salidos del cuartel, y sin mas 
mérito que un gran crimen para escalar la silla presidencial. 
Colocados en ella se entregaron á sus desenfrenos, que no 
pudieron contener los muchos hombres distinguidos que tiene 
esa República por sus luces y talentos. Sin un Melgarejo que 
abrió las puertas á la codiciosa y astuta Chile, y un Daza que no 
supo preparar la defensa de su patria, ni combatir con honra 
y valor, hoy Bolivia y su aliado el Perú no sufrirían los acervos 
males que los aflijen. El General Daza no se alarmó al ver el 
insolente tono del Plenipotenciario Chileno Videla ; y cuando 
recibió la noticia de la insultante ocupación de Antofagasta, lá 
guardó oculta, para no ahogar los placeres de que gozaba en 
las fiestas de carnaval. Por todo esto se comprende cual seria 
el estado político, económico y militar de esa desdichada Re- 
púbhca. € Los partidos la dividian, la pobreza la debilitaba y 
como consecuencia inevitable, el ejército apenas contaba 2,127 
hombres, inclusive las gendarmerías. Los parques estaban 
exhaustos, las poblaciones diezmadas por la peste, y em- 
pobrecidas por cuatro años de escasez y malas cosechas, y so- 
bre todo, por qué no decirlo francamente ? demoralizadas por 

cincuenta años de revoluciones constantes « Mientras 

preparaba al país para una acción de seguros resultados, yo 
(habla Daza) deseaba dar á la guerra un carácter puramente 
defensivo, protestando contra toJo acto de fuerza mayor, pero 
el patríotismo exaltado de los Bolivianos, que por calles y pla- 
zas aclamaban la guerra y sobre todo las reiteradas 

exigencias del Perú para que el ejército Boliviano fuera á 
guarnecer las costas del Sur, precipitaron los acontecimientos» 
y les dieron una dirección distinta de la que al principio me 
babia propuesto. » (BibL número 13o). No podia pues con- 
fiarse mucho en la moralidad militar de ese ejército. 
T. I. n 



162 EL EJÉRCITO DE BOLIVU 

El primer grito de alarma lo dio el Presidente Daza el 26 de 
Febrero (1879) (*) Entonces principiaron los preparativos de 
guerra, y la formación del ejército. Este debia constar de cua- 
tro divisiones, y una de raserva ; carecía de rifles y Cjiñones, 



(*) Proclama dbl presidente de Bolitia ala nación — BolivianoB — 
La República de Chile nacida á la independencia por lod eafaerzos 
argentinos, y defendida de la reacción española de 1866 por las otraa 
tres Repúblicas del Pacifico meridional, persiste en desplegar las fuer- 
zas con que la ha dotado esta mitad de América para perturbar y 
agredir su equilibrio internacional, representado por el principio cons- 
titucional de su derecho de gentes reciproco ^el uti poasidetis de 1810. 

La ocupación progresiva de los dos desiertos de Atacama y Patagonia, 
demarcadores de la capitanía General de Chile, mantienen á este en 
permanente ataque contra la integridad de Bolivia y la Confederación 
Arj entina; llevando sobre los extremos de los Océanos Pacífico y Atlánti- 
co, una pretensión de predominio inconciliable con el desarrollo marítimo 
de las Naciones que avecindan, y la concurrencia de todas las demás 
marinas del globo, al encuentro de dos océanos y la comunicación de dos 
mundos. 

Ya veis que las imprudentes concesiones territoriales de la dictadora 
Melgarejo, otorgando á Chile tres grados geográficos en pleno dominio, 
y apartando uno solo en media soberanía, desde el 28<> al 24®, no han 
bastado á colmar la ambición de un Estado, que á las absorciones terri- 
toriales y á la hegemonía hispano americana, no ostenta mas títulos 
que los de una diplomacia llena de falsía y duplicidad, y la influencia 
arrancada á las intervenciones mas ó menos manifiestas en la guerra 
civil que naturalmente aqueja la infancia de nuestras Repúblicas. A las 
dictaduras de Rosas en el Plata y de Melgarejo en los Andes, debe 
los avanzados puntos de Punta -Arenas en el estrecho de Magallanes 
y el puerto Blanco Encalada en Atacama ; y no bastando estos avances 
ásu ambición, ha roto el dia 14 del presente ios mismos pactos conce- 
sionarios de Bolivia, estendieudo su ocupación hasta el grado 33, con- 
forme ala intimación del jefe de las fuerzas que han izado en Antofa- 
gasta el pabellón de la conquista. 

Compatrio toa. — Bs la primera vez que la guerra de conquista se 
ostenta entre pueblos hispanos-americanos, pocos dias después de que 
un laudo arbitral zanja laa cuestiones territoriales de la guerra del 
Plata, entre la Confederación Argentina y la República del Paraguay. 
Recordareis que, realizada allí la victoria mas absoluta y la conquista 
estipulada en los pactos solemnes de la triple alianza, la Confederación 
retrocedió delante de estos derechos de otro continente y de otra cívíUm- 



EL EJÉRCITO DE SOLIVIA 163 

que.se pidieron del extranjero, dando la comisión al Coronel 
Aramayo. 

El ejército de Bolivia en Enero de 1879 contaba con 2127 
hombres de las tres armas ; y tres meses después ya tenia 



cion, declarando espléndida y americanamente, que la victoria no les 
daba tituloB territoriales, y pactando en consecuencia, bajo los princi- 
pios de la paz mas completa, el tratado de 3 de Febrero de 1875, que 
un laudo arbitral, ha venido á complementar. Hoy Chile viene á 
romper el hermoso concierto, el derecho de gentes americano, con un 
escándalo contra el cual han de protestar por su sola significación, todos 
los Estados setentríonales y meridionales de este continente. 

£1 derecho de conquista emerge del fondo de una cuestión adminis- 
trativa y que recien empezaba á discutirse antes de haberse definido la 
jurisdicción interna ó externa que le era referente, y por consiguiente de 
la exclusión ó el estricto caso de arbitraje. La guerra nos ha sido im- 
puesta sin que haya sobrevenido el rigor de un casus helli; y al contrario 
anticipando la amenaza al reclamo y la ruptura de trntados mixtos de 
límites y derechos secundarios, á la gestión del cumplimiento de éstos. 
Nos ha sido impuesta sin suficiente declaración, como á la Confederación 
Perú-Boliviana en 28 de Agosto de 1836, arrebatándole antes su escua- 
dra el 21 de Agosto del mismo afío ; como en 1837, usufructuando la 
paz de Paucarpata, y devolviendo la guerra ; como en 1 866 á España, 
abordando la « Convadonga » con bandera neutral, como siempre, y 
sorprendiendo la paz y la confianza pública. 

Chile que ha hallado tolerancia á este sistema de subversión contra el 
derecho internacional hispano americano, acudiendo al espediente 
sofistico de hacer litigioso el ufw p08«ideti8, principio acatado no solo 
por su eminente justicia, sino también y muy principalmente por su 
doble evidencia, histórica y geográfica ; no lo dudéis, hallará por fin 
término con su impudencia á sus ambiciones perturbadoras del bien 
estar de medio continente. 

Para lograr tan seguro bien, no necesitáis mas que rodear la ensefia 
de nuestro glorioso estandarte, burlando el único plan de contener por 
medio de la guerra instestina, de que son capaces lo atentadoren del 
dia 14 en las indefensas costas de Antofagasta, donde no reside e] 
poder soberano, á quien se dirige esa guerra, cobardemente reducida á 
una ocupación sin victoria, sin honor y sin derecho. 

Limitándose Chile á ocupar el litoral, busca forzarnos á la ofensiva. 
Bolivia acepta la guerra sin provocarla. La ofensiva pertenece al des- 
garrador de tratados y al detentador de territorios. Nuestra fuerza es 
•minentemunte defensiva é inexpugnable \ no renunciaremos á ella, 



1C4 ERROR DB LOS PRESIDENTES DEL PERÚ Y BOLIYIA 

5451. Garecian de instrucción, de vestuario y aun de armas, 
pero el Presidente Ganer^il Prado, que ignoraba e! estado de- 
ficiente de Bolivia, no cesaba de exijir, por cartas y por telé- 
grafo, que cuanto antes saliera ese ejército para Tacna, á fin 
de aumentar la fuerza del que guarnecía los departamentos de 
Tarapacá y Tacna, tan amenazados dé ser presa fácil de Chile. 
El último telegrama de Lima, (trasmitido por el cable á Mo- 
liendo y por la línea terrestre hasta Puno y de aquí á la Paz 
por un expreso) recibido el 15 de Abril que decía — « vuele 
ejército Boliviano á Tacna» dióá entenderá Daza, y con razón, 
que el peligro era grave, ó que el enemigo estaba en momen- 
tos de apoderarse de ese litoral. Los dos Presidentes se encon- 
traban oprimidos y amenazados por el avalanche de la ciega 
exaltación del pueblo; procedían según las indicaciones de 
éste, y no por la prudencia necesaria en esos supremos mo- 
mentos. El del Perú creia que en Bolivia existia un ejército 
disciplinado y listo para marchar al teatro de la guerra,^ á la ^ 



Tócales salvar el desierto, vencer el espacio y retamos en el asiento de 
nuestro poderío. La mera ocupación de una provincia alejada por la 
mar y el extrangero por un rumbo, y perdido en el desierto por otro^ no es 
guerra, porque no concluye en la victoria, ni puede resolverse por 
tratados de paz consiguientes. Es una detentación vandálica, la guerra 
presente, una violación contra el derecho mismo de la guerra que 
las Naciones no pueden consentir; porque si bien es licito apelar á las 
armas y al derecho de la fuerza, es también conHÍguiente limitar la du- 
ración de la guerra al hecho final del triunfo dirimidor. 

CofUSÍU(ladano8—Veá alií trazada nuestra tarea con el agresor. Falta 
aht)ra que vuestro ascendrado patriotismo le oponga esa maravillosa 
unificación de sentimiento nacional con que nuestros padres supieron 
superar y aun vencer guerras de intervención, radicadas en el servicio 
de partidos políticos internos. ¿ Con cuanta mas razón vuestro civismo 
no resaltará delante de la guerra de conquista á que os provoca una 
Nación ingrata al favor de nuestros tesoros en minas y ricas sustancias 
inorgánicas, al socorro gratuito de nuestra alianza y á la cesión de 
nuestro territorio? Chile vale lo que Bolivia le ha dado. Antes no 
fué mas que pais de cárceles; y lo que allí llaman hoy capitales é 
industria chilena, no son mas que las riquezas explotadas ingrata y 
pérfidamente á Bolivia. Vais á combatir contra las ventajas creadas por 
vuestros propios favores ^La Paz, Febrero 26 de UST 9.— Hilarión Daza* 



BL EJÉRCITO DB SOLIVIA BK MARCHA 165 

primera orden que se le diera ; el de Bolivia por su parte, no 
fijándose en que casi la totalidad de sus batillones apenas 
podían llamarse reclutas, distribuidos en compañias, desnudos 
y desarmados,, unos absolutamente y otros con malos rifles, 
confiaba en la marina del Perú que suponia en todo superior á la 
de Chile, y en queá su llegada á territorio Peruano encontraría 
armas y vestuario. Con estas vanas é ¡nflindadas esperanzas, 
dio la orden de marcha. Dos dias después (Abril 17) principió 
á desfilar ese ejército en dirección á Tacna, al mando del mis- 
mo Presidente General Daza ; « porque era necesario marchar 
y marchar sin cálculo ni tino, porque así lo exijian el aliado y 
la misma opinión pública. » 

La fuerza de este ejército constaba de cuatro divisiones;^ la 
primera al mando del General Carlos Villegas ; la segunda al 
del General Casto Arguedas ; la tercera al del General Pedro 
Villamil y la cuarta al del General Luciano Alcoreza. La 
calillad de la gente, satísfacia, no asi su armamento y equipo ; 
batallones enteros, casi desnudos y descalzos, carecian de ar- 
mas. En cuanto á su disciplina, excepto algunos cuerpos, los 
demás podían considerarse como reclutas. Este ejército traía 
en su corazón la anarquía de su patria, y el odio, ó cuando 
menos el desafecto á su primer Jefe el Capitán General; pero 
todos venían llenos de entusiasmo por defender su territorio 
en unión de su aliado. (Apéndice 11) (*) 

El sufrimiento del soldado Boliviano se probó en esa marcha 
de ochenta y cuatro leguas, verificada en trece dias, (del 17 al 
30 de Abril) al través de las cordilleras, mal abrigados, mal 
alimentados, durmiendo en plena cordillera al razo^ y sin mas 
vehículo que sus casi descalzos píes y con todos los sufrimien- 
tos y privaciones como en una derrota. 

También se formaba en los departamentos del Sur de Bolivia 
una quinta división, llamada de reserva, al mando del muy 



(*) Deseando dar una razón exacta del número de los diversos ejér- 
citos dorante la gaerra, omitimos en lo general indicarlo por notas, y 
lo acompaflamos en el Apéndice número 11. 



166 LA ESCUADRA DEL PERÍJ SALR DEL CALLAO 

acreditado General Campero; división que durante el largo 
período de las dos principales campañas del Sur, solo figuró 
como un mito ó fantasma para atemorizar á los enemigos que 
no quisieran ver la realidad. A su tiempo daremos á conocer 
la fuerza de este ejército y sus operaciones. 

El General Daza creyó como lo hemos dicho, que al llegar á 
Tacna encontraría armas y vestuario para su ejército, y toda 
la escuadra del Perú en Arica, pronta para ejecutar las órde- 
nes que le diera ; grande fué pues su disgusto al no ver satis- 
fechas sus infundadas esperanzas ; y desde ese momento pasó, 
sin duda, por su imajinacion lo aceptable y conveniente que 
seria para su patria la propuesta ó indicicion que había reci- 
bido de Justiano Sotomayor, diez ocho dias ánies de su entrada 
en Tacna, de cuyo asunto trataremos después. 

La escuadra Peruana compuesta de la fragata « Independen- 
cia » el blindado « Huáscar » y los monitores « Atahualpa » y 
€ Manco Capac» con varios trasportes, zarpó del Callao la^no- 
che del 15 de Mayo, pero al llegar al cabezo de la isla de San 
Lorenzo, principiaron á gotear los calderos de los monitores, 
aun sin mas presión que la que les daba un andar de menos de 
cuatro millas por hora, de suerte que fue preciso regresar á la 
bahia y postergar la marcha hasta el siguiente dia, dejando 
los monitores. Efectivamente á las once de la noche del dia 
16 de Mayo zarparon de nuevo la « Independencia » el « Huás- 
car» y los trasportes «Oroya» «Chalaco» y «Limeña,» el 
mismo dia en que la Chilena lo verificaba de Iquique; el 19 
tocaron en Moliendo para tomar noticias del Sur y reponer el 
carbón consumido ; allí recibieron la falsa noticia de que los 
blindados enemigos se encontraban, uno en Antofagasta, com- 
poniendo sus calderos, y otro en Iquique; con tal aviso con- 
tinuaron su rumbo á Arica, de donde, después de llenar el 
« Huáscar » sus carboneras, prosiguieron con la « Independen- 
cia » al Sur en dirección á I [uique ; á su paso tocaron en Pi- 
sagua con el objeto de adijuirir nuevos datos, y habiendo 
sabido allí que en Iquique solo estaba la « Esmeralda » la 
€ Covadonga » y el trasporte « La Mar, » sin perder momento, 
activaron su marcha, seguros de dar el golpe sobre estos bu- 



COMBATE DES LA ESCUADRA EN IQUIQUB 167 

ques. A las ocho de la mañana del 21 de Mayo se presentaron 
á la vista de Iquique ; el trasporte enemigo se puso en el acto 
en marcha al Sur, izando bandera Norte-Americana. La 
« Independencia » tomó rumbo al Norte del puerto, el « Huás- 
car > rompió sus fuegos sobre la « Covadonga, » y la « Inde- 
pendencia » sobre la « Esmeralda, » ésta se pegó á tierra lo 
mas que le fué posible, interponiéndose entre la población y sus 
agresores, para de este modo ponerlos en el riesgo de dañar 
á la población con los mismos proyectiles que arrojaran sobre 
los buques que la atacaban. En este momento se acercó 
en bote el Capitán del puerto de Iquique Don Salomé Porras, 
hombre visionario que 'creyó en peligro al monitor, suponiendo, 
infímdadamente, que la bahia estaba sembrada de torpedos; 
mientras éste subia al buque, que paró su máquina, la < Cova- 
donga » aprovechando de esa coyuntura favorable, se puso en 
fuga rumbo al S. E. ; el « Huáscar » encomendó la presa á la 
€ Independencia » y él avanzó sobre la < Esmeralda, > con 
mucha precaución, por temor á los torpedos haciendo fuego poco 
certero por no dañar á la población, y por la impericia de sus 
novicios artilleros. Viendo el Comandante Grau que sus dis- 
paros no producían el efecto necesario, resolvió entrarle por 
la parte Sur, pegándose á la isla para atacarla^ pero como la 
< Esmeralda » salia entonces por la parte Norte, siempre muy 
pegada á tierra, gobernó sobre ella, resuelto á envestirla con 
el espolón, c A medio cumplido de distancia (dice el Comandante 
Grau) detuvo la máquina, y la « Esmeralda » cuidando para 
evadir el golpe al costado, lo recibió por la aleta í!e babor en 
dirección muy oblicua; el espolón resbaló; su efecto fué de 
poca consideración, y quedaron abordados ambos buques, 
hasta que el € Huáscar > empezó su movimiento para atrás; 
embistió nuevamente con igual velocidad, y la < Esmeralda > 
presentó su proa, evadiendo de esta manera, nuevamente, los 
efectos del choque ; sin embargo estos dos golpes la dejaron 
bastante maltratada. En ambas ocasiones, á la aproximación 
de los buques, y durante el tiempo que permanecieron muy 
cerca, recibió el nutrido fuego de las ametralladoras que teuian 
establecidas en sus cofas, el de fusilería, y muchas bombas de 



168 combatís de la escuadra bn iquiqub 

mano, á la vez que descargas completas de artíUeria de sus 

costados Finalmente emprendió la tercera envestida con 

una velocidad de diez millas, y logró tomarla por el centro. A 
este golpe se encabezó y desapareció completamente la € Es* 
meralda» sumerjiéndose, y dejando á flote pequeños pedazos 
de su casco, y algunos de sus tripulates. > (*) « La Esmeral- 
da » recibió el castigo de sus actos de salvajismo ; ella fué la 
que bombardeó el pueblo de Iquique , y disparó sobre el tren 
de pasajeros. 



(*) PARTE DEL COMANDA KTK GRAü — Comandanda de Ui primera dwiaion 
naval — Al ancla — Iquique, Mayo 23 de 1879 — Benemérito señor gene- 
ral Director de la guerra — En cumplimiento de las instrucciones verba • 
les recibidas de V. E. zarpé del puerto de Arica en la primera noche 
del 20 del presente, con el monitor « Huáscar » y la fragata « Indepen- 
dencia » ; ambos buques pertenecen á la división naval de mi mando, 
y me es honroso dar cuenta á V. E. de los acontecimientos que han 
tenido lugar en ella hasta, la fecha. En la travesía del puerto de Arica 
al de Iquique, creí conveniente recalar á Pisagua, lo que verifiqué á las 
4h. 20 m, a. m. del 21, con el objeto de inquirir algunas noticias reía 
tivas á la comisión que debia realizar en Iquique. En efecto, supe 
por el capitán de dicho puerto, quien me mostró un telegrama del 
Prefecto del departamento de Tarapacáde fecha 19, en el que se le comu- 
nicaba que la « Esmeralda, » la cañonera c Covadonga » y el trasporte 
« La Mar, • buques de la escuadra chilena, hacian efectivo el bloqueo de 
Iquique. 

Al aproximarse nuestros buques al puerto de Iquique; noté que efec- 
tivamente tres buques caldeaban; pronto pude reconocer entre ellos á la 
« Esmeralda > y á la r Covadonga, » qne se ponían en movimiento, 
tomando posiciones defensivas, á la par que salia del puerto un vapor 
con bandera norte americana, probablemente el « La Mar, • y se dirigía 
al sur. La anticipación con que hizo esta maniobra y la distancia de cinco 
millas á que se hallaba del puerto, teniendo en cuenta las diligencias 
consiguientes á su reconocimiento, me decidieron á dirijir mis opera- 
ciones de preferencia sobre los dos buques que antes he indicado. Lle- 
gado el « Huáscar • á los mil metros próximamente al Norte, del 
fondeadero de los buques enemigos, mandé afianzar el pabellón, y orde- 
né á la « Independencia • que venia por el norte próxima á la costa y 
á cinco millas de distancia, se dispusiese para el combate, 

Ocupaban entonces los mencionados buques posiciones á un cable ó 
cable y medio de la playa, frente al lado N. déla población, en orden 



A 



PÉRDIDA DB» LA FRAGATA INDfiPBNDBNClA 160 

La < CovadoDga » fné mas feliz ; perseguida por la « Inde* 
pendencia » aprovechó de su poco calado para pegarse á tierra 
basta donde llegaban las rompientes de la playa, guiada por 
el práctico ingles Stanley, antiguo vecino de Iquique; no tenia 



d« combate; la c Covadonga » por Ia popa del otro, y ambos con proa al 
N., de manera que estaban interpuestos entre nosotros y la población : 
eran las 8 h. 20 m. a. m. del 21. 

Trabóse el combate desde este momento entre el • Huáscar » y los 
dos buques enemigos, y 30 minutos después se unió y rompió sus fuegos 
la ♦ Independencia ; • pero nuestros tu-os no podían ser bien dirigidos, 
por encontramos en la boca del puerto bajo la acción de la mar, á la 
par que las punterías de los buques enemigos tenían por lo general 
buena dirección y elevación. 

La « Covadonga » después de la primera hora salió del puerto muy 
pegada á la isla que cierra la parte occidental, y emprendió su retirada 
por la parte del Sur, barajándola muy próxima á la playa; en vista de 
lo cual oidené ala «Independencia» á perseguirla, quedándome por con* 
siguiente batiendo con el • Huáscar » á la « Esmeralda. » 

Mientras la « Independencia • seguía su camino, y notando la inse- 
guridad de nuestros tiros, por la causa que he dicho antes, me decidí 
á atacar á la «Esmeralda» con el espolón; pero informado por el 
capitán de corbeta y del puerto don Salomé Porras, y por el práctico 
del mismo don Guillermo Checle, quienes se encontraban á bordo des- 
de el principio del combate, de que dicho buque estaba defendido por una 
línea de torpedos en su delante, intenté dirijirme sobre el lado del Sur, 
para desalojarlo de la zona en que maniobraba defendido. Mas ob* 
servando á la vez, que se dirigía hacia el norte, saliendo de esa zona, 
cambié de propósito, y goberné directamente. A medio cumplido de 
distancia detuve la- máquina, y la « Esmeralda • guiñando para evadir 
el golpe al costado, lo recibió por la aleta de babor en dirección muy 
oblicua ; el espolón resbaló; su efecto fué de poca consideración, y que- 
daron abordados ambos buques, hasta que el « Huáscar » empezó su 
movimiento para atrás. 

Embestí nuevamente con igual velocidad y la « Esmeralda • presen- 
tó su proa evadiendo de esta manera, nuevamente, los efectos del 
choque; sin embargo, estos dos golpes la dejaron bastante maltratada. 

En ambas ocasiones, á la aproximación de los buques, y durante el 
tiempo que permanecieron muy cerca, recibíamos el nutrido fuego de 
las ametralladoras que tenian establecidas en sus cofas, el de fusilería y 
muchas bombas de mano, á la vez que descargas completas de artiUe- 
ría de sus costados. Bl blindaje protegió muy bien nuestra gente de 



L 



170 PÉRDIDA DE LA FRAGATA INDEPENDENCIA 

otra alternativa que rendirse 6 perecer, arrojándose sobre 1^ 
playa. La < Independencia > la perseguía haciéndole fuego, 
pero la impericia de sus artilleros, que en tres horas de com- 
bate, y estando casi á tiro de rifle no lograron echarla á pique, 



loB efectos de tan certeros fuegos, machos de los cuales chocaron en 
nuestra torre , y otros rompian algunas partes de madera ó de fierro 
muy delgado, y permitía sostener igualmente nuestro fuego de cafíon j 
de fusilería. 

Finalmente, emprendí la tercera embestida con una velocidad de 10 
miUas, y logré tomarla por el centro; á este golpe se encabezó y desa- 
pareció completamente la « Esmeralda, » sumeijiéndose, y dejando á 
flote pequeños pedazos de cascos y algunos de sus tripulantes. Eran 
las 12 10 p. m. El comandante de ese buque nos abordó á la vez que 
uno de sus oficiales y algunos de sus tripulantes, por el castillo, y en la 
defensa de este abordaje, perecieron victimas de su temerario arrojo. 
Inmediatamente mandé todas las embarcaciones del buque á salvar á 
los náufragos, y logré que fuesen recogidos sesenta y tres, los únicos que 
habian vivido á tan obstinada resistencia. 

No puedo prescindir de llamar la atención á V. E. hacia la sensible 
pérdida del teniente 2^* graduado, don Jorge Velarde, para significar el 
noble comportamiento y arrojo con que este oficial conservó su puesto 
en la cubierta, al pié del pabellón, hasta ser víctima de su valor y sere- 
nidad. 

Terminado en el puerto de Iquique el salvamento de los náufragos y 
con ellos á bordo, me dirigí en demanda de la < Independencia » que 
estaba á la vista en la punta denominada « Gruesa < al sur de Iquique, 
con el intento de ajaidarle al apresamiento de la « Covadonga. * Noté 
que ésta desde que se apercibió del movimiento del « Huáscar > se ale- 
jó á toda fuerza con rumbo al Sur, á la vez que la < Independencia » 
algo recostada á una batida, permanecía en el mismo sitio. 

A medida que iba avanzando, pude claramente comprender que este 
último buque estaba varado, y preferí continuar la persecución de la 
• Covadonga » durante tres horas, hasta que convencido que la distan- 
cia de 10 millas, que próximamente me separaba de ella, no podia 
estrecharla antes de la puesta del Sol, creí muy conveniente desistir 
del empeño y volver en auxilio de la • Independencia. » 

Pude entonces apreciar que la pérdida de la fragata era total, y man- 
dé mis embarcaciones por la gente que habia á su bordo, dando la 
orden de incendiar el buque. 

Los detalles relativos ala pérdida déla fragata, los encontrará V. E. 
en el parte adjunto del Comandante de dicho buque; este gefe con 



PÉRDIDA DK LA FRAGATA INDBPENOBNCIA 171 

resolvió á su CotnaDdnnte More á emplear el espolón^ y la 
acometió por dos veces, síd fruto. El imprudente Comandante 
no reparó que su buque se encontraba muy inmediato á las 
rocas que rodean la Punta Gorda, y en peligro de perderle; 



todos BUS Hubordinadoa marchan en el < Chalaco > á ponerse á órde- 
nes de V. E. 

Regresé al puerto de Iquique, y remití á tierra los prisioneros á órde* 
nes del sefíor general en gefe del ejército; A los heridos para su cura- 
ción, y los cadáveres para su sepultura. 

Por considerarlo prudente me volví á la mar con el fin de pasar la 
noche sobre la máquina^ reconociendo las cercanías del puerto, y avisté 
en la madrugada al « Chalaco • que estaba en Pisagua. Me dirijí en 
demanda de él, é impuesto de su comisión, le ordené venir á cumplirla 
al puerto de Iquique, por creerlo así mas conveniente. 

Actualmente me ocupo en hacer carbón, tomándolo del « Chalaco, » 
de tierra y de una lancha del enemigo, con el fin de continuar dando 
cumplimiento á las instrucciones de V. £. Al terminar cábeme la satis- 
facción de asegurar á V. E que todos los individuos de la dotación del 
« Huáscar » que me están subordinados han cumplido con su deber. 

Todo lo cual tengo el honor de elevar á conoci miento de V. £. para 
los fines áque haya lugar — Dios guarde á V. E.-^Miguel Grau. 



PARTB DKL ooMAKDAKTK MORE. — Iquiquo, Mayo 22 do 1879. — Svy, Ca- 
pitán de Navio^ Comnn'lonU General de la Primera Divisúm NaüoL — 
S. C. 6. — En cumplimiento de las órdenes recibidas de U. 8. zarpé 
del puerto de Arica el dia 20 del presente mes á 8 p- m. me aguanté 
sobre la punta de Pisagua para esperarlo, por haber entrado á dicho 
puerto. 

A lasé h. a. m. me puse en movimiento, siempre en convoy, apoca 
distancia de la costa, haciendo dar toda fuerza á la -máquina hasta las 
5. h. 30 a. m que estuvimos á la vista del puerto de Iquique, demo- 
rando en ese momento el « Huáscar * como á dos millas por la proa. 

A las 7. h. 30. a. m. se avistaron dentro del puerto, y muy pegados 
ala costa, tres buques á vapor, que recouocidos, resultaron ser los buques 
Chilenos corbeta de guerra < Esmeralda, • cañonera « Covadonga • y 
un trasporte. 

Como el buque del mando de U. S. se«dirijiera hacía á la parte Sur 
del puerto, seguí recorriendo la costa del Norte para encerrar á los 
enemigos en la bahía 

En esta disposición hicieron rumbo al Sur ; pero encontrando que les 



172 PÉRDIDA DB LA FRAGATA INDEPENDENCIA 

desesperado de ver lo infructuoso de los ñiegos de su artille* 
ría, y que el buquecito enemigo le llenaba de muertos su cu- 
bierta, se precipitó á darle, por tercera vez, el golpe de espolón; 
pero la embestida fué fatal, porque la fragata chocó contra un 



cerraba la salida el « Huáscar * regresaron, gobernando la « Esmeralda» 
hacia al Norte. En este momento el buque de U. S. inició el ataque 
haciendo su primer disparo sobre la « Covadonga » y mandé romper 
los fuegos de la < Independencia * sobre la corbeta « Esmeralda ; » y 
aprovechándose de esta circunstancias, el trasporte hizo rumbo al 8nr 
navegando con toda la fuerza de su máquina. 

Empeñado asi el combate y viendo que el « Huáscar » cambiaba su 
proa, dírijiendo sus tiros á la « Esmeralda, » y que la « Covadonga » 
trataba de fugar pegándose á la isla, goberné en la misma dirección, á 
fin de impedírselo, no pudiendo conseguir mi objeto porque al llegar á 
la altura de la isla, la « Covadonga » la habia rebasado, pegándose mucho 
á las rompientes, y obligándome á seguirla. 

Comprendiendo que ese buque ponía en práctica el único medio que 
podia emplear por su poco calado, traté de ganarle el barlovento para 
obligarlo á salir afuera, ó retroceder. Esto último lo conseguí en la 
primera caleta de la bahia de Cheurañate, por lo cual puse proa al 
Norte, haciendo fuego con el costado de estribor ; pero la « Covadonga • 
volvió á dirijirse al Sur, metiéndose de caleta, en caleta, y tuve que 
continuar el combate siguiendo al buque enemigo, que barajaba la costa 
metié^adose entrevias rompientes y en un fondo insuficiente para la «In- 
dependencia, » maniobrando en distintas direcciones. 

Hablan trascurrido hasta entonces mas de tres horas de combate; y 
viendo lo incierto de los tiros de nuestros cafiones, por la falta de ejer- 
cicio, pues toda la tripulación era nueva, y el efecto que producían las 
ametralladoras y nutrido fuego de fusilería, que el enemigo hacia so- 
bre la dotación de la fragata, que se encontraba sobre cubieita, en una 
gran parte por haberse estrechado tanto la distancia, acometí con el 
espolón por dos veces, cuando la circunstancíame lo permitía; pero 
encontrando poco fondo tuve que retroceder, lo que dio tiempo al ene- 
migo para ganar el Sur. 

Resolví por tercera vez embestirle con el ariete, pegándome á la 
Punta Gruesa, para impedirle la salida de la bahia, entrechándola en 
la última caleta, cuando los sondajes repetidos marcaban de ocho á 
nueve brazas de agua, y siendo limpia la bahia según las cartas. En 
este momento, notando que se pegaba mas á las rompientes de la pun- 
ta, ordené poner la cafia á babor para poder rebasarla y atacar asi con 
ventaja por el otro lado, lo que no pudo realizarse con la rapidez 



PÉRDIDA DE LA FRAGATA INDEPENDENCIA 173 

peñasco sub marino que le destrozó los fondos, y en pocos 
momentos se llenó de agua el buque. Semejante pérdida no 
importaba entonces solo la de una nave poderosa^ sino que 
impidió que en pocos dias mas cayeran en poder del Perú mi- 



necesaria por haber sido en ese momento heridos tres timoneles, por el 
faego natrido de ametralladoras y fasileria, que el enemigo nos hacia 
desde las cofas; mandé dar atrás con toda la fuerza de la máquina 
contando durante todo este tiempo los timoneles el mismo nondaje 
anterior ; es decir de nueve brazas de agua. 

En este instante y cuando tocaba con el ariete á la c Covadonga • se 
sintió un gran choque y quedó detenida la fragata. £1 golpe habia sido 
sobre una roca que no está marcada en la carta, pues se encuentra al 
Norte del último bajo que aparece en ella 

Por consecuencia de este choque se llenó completamente de agua el 
buque, se apagaron los fuegos y suspendiéronse las calderas, hasta la 
C£ga de humo; y en un segundo y tercer choque se inundaron com- 
pletamente las otras secciones. £1 buque cayó sobre su costado de 
estribor, entrando el agua por las portas de la batería. No obstante 
esta desgracia, al pasar la « Govadonga » por el costado de estribor 
haciéndonos fuego con su artillería, nuestros cafiones contestaron cuando 
el agua casi los cubrían; continué el fuego con las ametralladoras de las 
cofas y con la tripulación que mandé subir á cubierta armada de riñes 
y revolvéis, hasta que se agotaron las municiones que no podían ser 
repuestas, pues el buque estaba inundado casi por completo, como lo 
digo anteriormente. 

La < Covadonga seguía haciendo fuego de cañón ya á mansalva y 
una de cuyas bombas rompió el pico de mesana donde estaba izado el 
pabellón. Inmediatamente mandé poner otro en otra driza. 

Después del choque hice sondar todo el contorno del buque mar* 
cando la sonda por todos lados de cinco y media á seis brazas; lo que 
prueba que la roca en que chocó la fragata es aislada y á distancia de 
los arrecifes de la Punta. 

Cuando me oonvencí de que todo esfuerzo por salvar al buque era 
infructuoso, ordené que se prendiera fuego á Santa Bárbara, orden que 
bf^ó á cumplir el oficial encargado de ella, pero ya era tarde, pues el 
agua que á torrentes entraba á bordo, lo impidió. 

81endocasi toda la tripulación de hombres que no están acostumbra- 
dos al servicio de los buques de guerra, embarcados pocos dias antes de 
nuestra salida del Callao, fué imposible evitar que se arrojasen al agua, 
corriendo el riesgo de perecer aliogudos: mandé arriar todas las eni* 
barcaciones para mandar la jento á tierra, haciendo colocar en la primera 



174 PÉRDIDA DB LA FRAGATA INDEPENDENCIA 

llares de soldailos, y los trasportes que los conducían de Val- 
paraíso á Antoíagasta. La «Covadonga» huía velozmente, mas 
al observar que la < Independencia > estaba inmóvil y com- 
pletamente recostada, regresó, vio que la tripulación se 



á todos los heridos, yendo cada bote A cargo de dos oficiales para que 
regresaran por el resto de la jente. Kn el último mandé al 2<> Jefe 
Comandante Raigada para que organizara la jente en tierra, é hiciera 
regresar algunas embarcaciones que hubieran liei^ado á tierra, lo que 
no pudo verificar, pues las rompientes las destruyeron todas al llegar á 
las cdsta. Sin embargo casi toda la tripulación estaba ya salvada, 
quedando solo conmigo á bordo cerca de 20 personas, entre ellas los 
Tenientes primeros graduados Don Pedro Gárezon y Don Melchor Ullop., 
el id 2» Don Alfredo de la Haza, el alférez de Fragata Don Ricardo 
Herrera, el guardia marina Don Carlos Eléspuru, el corresponsal de cEl 
Comercio» Don José Rodolfo del Campo, el Doctor Don Enrique 
Basadre y el primer maquinista Don Tomás Wilkins con su segundo. 
Mas tarde se aproximó á nosotros el buque del mando de U. S. y 
mandó tres embarcaciones para trasbordarnos á los*qne aun quedábamos 
en la fragata, lo que no hice hasta no prender fuego al buque, inutilizar 
los cafíones y arrojar al agua las armas que no podian servir. 

Ajunto á U. S. una relación de los muertos y heridos habidos en la 
fragata de mi mando, durante el combate. 

Réstame tan solo poner en conocimiento de U. 8. que todos los jefes 
oficiales y tripulación del buque se han comportado dignamente, moa 
trando valor y serenidad en todo el combate, y sin separarse un solo 
instante de los puestos que tenían sefialados; 

Al 2^ jefe le había encargado de recorrer todo el buque durante el 
combate ; al tercer jefe del cuidado de la batería; y como quedara fuera 
de combate á los primeros disparos del enemigo, ordené que lo reem- 
plazara el Capitán de fragata Don José Sánchez Lagomarcino que se 
encontraba en el fuerte, como jefe de la columna Constitución, que has- 
ta ese momento permaneció á mi lado, junto con el Teniente primero Don 
Narciso García y Garcia, el oficial de señales Don Fortunato Salaverry, 
y mi ayudante el Teniente 2» Don Enrique Palacios. 

No concluiré sin manifestar á U. S. que ano de los últimos tiros de 
rifle del enemigo mató súbitamente al alférez de fragata Don Guillermo 
Garcia y Garcia, uno de nuestros mas inteligentes oficiales de marina.-- 
Dios guarde á U. S.^Juan O, More» 

Advertencia al UciQr.^Otroñ partes oficiales Chilenos, y varias reía* 
cienes de este combate, y la litta de muertos y heridos véanse en el 
Apéndice nfim. T2. 



CONDBLL HACE FUEGO Á LOS NÁUFRAGOS 175 

salvaba en botes y se dirijia á la playa vecina, en donde la 
fuerza de tierra la esperaba para socorrerla ; en esas circuns- 
tancias, Garlos Gondell Comandante de la < Covadonga > 
mandó hacer fuego de cañón y de fusilería sobre los náufragos, 
victimándolos á mansalva, .y sobre seguro : contraste singular 
con lo que el noble Comandante del « Huáscar » hacia en esos 
mismos momentos con los náufragos de la « Esmeralda, > á 
quienes, salvaba en sus propios botes, descuidando la protec- 
ción á sus compañeros. 

Esta victoria no produjo al Perú gloria ni provecho ; la 
gloria fué de los que al verse acometidos por un enemigo á 
quien juzgaban inmensamente superior, se resistieron hasta el 
ñn; y provecho, de Chile, desde que desaparecia una poderosa 
nave de su enemigo que unida al « Huáscar > habrían, en pocos 
dias mas, terminado la campaña ; pero esa misma gloria fué 
eclipsada por el indigno y sanguinario comportamiento del 
Comandante de la « Covadonga » con los náufragos de la « In- 
dependencia, » por el mentiroso parte oficial del mismo, y por 
la necia y bombástica algazara de la prensa de Chile, que por 
enaltecer y deificar á Prat y los suyos, supuso hechos falsos y 
físicamente imposibles. (Apéndice 12) (*) 



(*) Han dicho alganos eacritoreg Chilenos que Prat dio la vos de al 
abordaje, porque después del primer espolonazo del « Huáscar > resultó 
sobre la cubierta Prat, el Teniente Ignacio Serrano, y dos 6 treé hom- 
bres mas. Si fuera cierto que dio la tal orden de abordaje, resultaría 
que ninguno la obedeció por falta de valor. El segundo Comandante de 
la < Esmeralda * Luis Uribe dice en su parte oñcial de 29 de Mayo: < £1 
Comandante Prat que se encontraba en la Toldilla desde el principio 
del combate saltó á la proa del « Huáscar » dando al mismo tiempo la 
voz de al abordaje ; desgraciadamente el estruendo producido por toda 
la batería al hacer fuego sobre el < Huáscar * impidió oír la voz de 
ímestro valiente Comandante ; ¿ iuego quien oyó entonces la voz de al 
abordaje ? la narración misias^ desmiente el hecho, desde que el ruido 
producido por la artiüeria 4mpidió oir la voz del Comandante ; es decir 
que se oyó la voz de al abordaje y no se oyó la voz de al abordaje. He 
aquf palpable la contradicción ; por esto sin duda el mismo Comandante 
Uribe, ya mas tranquilo, cuando escribió á su tio Don Juan Manut^I 
Uribe, 17 dias después de su prínier parte (Junio 15} dice slropU* y 



176 CULPABILIDAD DEL COMANDANTE MORE 

El General Prado calificaba de fatalidad la pérdida de la 
€ Independencia; » nosotros la cali Acarnos de precipitación, de 
in3prudencia y hasta de ignorancia del Comandante More, que 
debió conocer y saber que hay peligro en perseguir entre las 
rompientes y cerca de la costa, á un barquichuelo de poco 
calado. 

La gruesa artillería de la « Independencia > de nada sirvió ; 
como consecuencia precisa de las condiciones de un buque que 
emprende una campaña sin haber hecho antes un solo ejercicio 



BenciUamente que, cuando se recibió el espolonazo, el Comandante Prat 
saltó á Ja cubierta del enemigo y murió alli ; « lo cual no quiere decir 
por cierto que su propósito hubiera sido lanzarse al abordaje, y que 
t él presenció todo esto de la cubierta de su buque, llena ya de sangre y 
de cadáveres destrozados : que aquello era un espectáculo horrible de 
cráneos, brazos y piernas, sembrados por todas partes : » y ¿ esimaji- 
nnble qué en tales momentos de angustia se pensara en abordar á un 
buque cuya sola construcción imposibilitaba semejante empresa ? Kl 
Comandante Prat tenia juicio, y sabia lo que mandaba ; lo comprueba 
sus diestras operaciones ; se portó y murió como un valiente ; su gloria 
no há menester de necias falsedades para brillar como brillaría tan solo 
á la luz de la verdad. 

Forma contraste el parte oficial del Comandante Uribe con el de 
Condell; éste, dice entre otras cosas, que después de varada la c Inde- 
pendencia * se puso al habla con el Comandante More, rendido, quien 
de viva voz le repitió lo que ya le habia indicado, el arreo de su pabellón, 
pidiéndole al mismo tiempo un bote á su bordo ; i infame y soez calum- 
nia : ¿ es creíble ó siquiera presumible que á la distancia en que se 
encontraban los dos buques, en medio del ruido de la artillería, de un 
mar pitado, y de la algaravia y confusión consiguientes en esos momen- 
tos de conflicto, de rabia y desesperación, se pusieran á conversar loa 
dos Comandantes, y que sus palabras pudieran ser oidas? £n el momento 
en que chocó la « Independencia • contra la roca, el Comandante Moro 
bujó á las baterías á reconocer el estado de la maquina, según la narración 
de los Oficiales de este buque, antes que se conocieran las mentiras de 
Condell. La bandera nacional no se arreó por orden de ningún Gefe ni 
Oficial ; y dado caso de que después del naufrajio algún subalterno ó 
marinero hubiera hecho señales con bandera ó trapo blanco, eso cuando 
mas significarla que el buque estaba perdido, y su tripulación naufraga ; 
y si á pesar de eso el Comandante Condell continuó fusilando á los 
náufragos, prueba que cometió una acción indigna de un uiilltar. 



4 



COMBATE DEL HUÁSCAR EN ANTOFA GASTA 177 

de fuego ni de maniobras. Por esta razón timbien se prolon- 
gó el combate que debió quedar terminado en treinta mi- 
nutos, con la destrucción de las naves Chilenas, ó con su 
rendición. Se desoyeron en su oportunidad las prudentes 
observaciones de los Comandante Grau y More, y el Perú 
sufrió la primera lección de h íalta de cordura con que se 
habia obrado en un asunto de tan grave trascendencia como 
éste. 

EÍ € Huáscar » después de perseguir por poco rato á la 
€ Covadonga >, regresó á socorrer á la « Independencia », y de 
allí pasó á Iquique á llenar sus carboneras: en estas indispen- 
sables operaciones perdió un tiempo precioso, que importó la 
salvación del enemigo, de una ruina inevitable. En la mañana 
del 24 zarpó con rumbo al Sur; en su camino encontró al paile* 
bot «El Recuperado» que se dirijia á Antofagasta, como 
presa de la « Esmeralda » ; la premura del tiempo y la falta de 
marineros para tripularlo, obligó al Comandante Grau á incen- 
diarlo, pasando á su buque á los tres hombres que lo conduciaa 
(Marzo 25) en Mejillones de Bolivia envió á tierra un parlamen- 
tario, haciendo saber que iba á destruir las lanchas, sin ofender 
*á la población; el Jefe de la plaza no opuso ninguna dificultad, y 
se procedió á destruir las siete que existían, ademas de la goleta 
«Clorinda> apresada dias antes por el crucero Chileno. Conclui- 
da la operación, continuó su viaje hasta Antofagasta (26 á las 
13 h. 30,) alli encontró reparando sus averias á la «Covadonga» 
que á la vista del « Huáscar » se movió á espia, para protejerse 
con los buques mercantes, y pasar en seguida á la barra, que 
la ponia á salvo, y le permitía hacer uso de su artillería. 

El puerto estaba defendido por tres baterías, al Norte, al 
centro y al Sur, todas rasantes, y montadas á barbeta. El 
€ Huáscar » penetró, sin temor, en la bahia ; la recorrió lenta- 
mente para reconocer bien la posición de las baterías; y media 
hora después (5 h. 15. p. ra.) rompió sus fuegos sobre las 
máquinas condensadoras de ^ agua, que convenia destruir de 
preferencia; porque Antofagasta estaba convertido en cuartel 
general del ejército Chileno, y se proveía de agua de esas má- 
quinas. Las baterías de tierra^ algunas piezas de campaña y U 



I 



178 COMBATE DEL HUÁSCAR EN ANTOFAGASTA 

« Covadonga » contestaron los fuegos y se sostuvo el combate 
hasta las 7. h. 15. p. m.. en que viendo el « Huáscar» que no 
contestaron su último disparo, se retiró á pasar la noche fuera 
del puerto, sin haber recibido el menor daño en su casco ni en 
su tripulación. En esas dos horas pudo destruir la población ; 
pero solo dirijió sus punterías á las fortificaciones y á la 
«Covadonga» sin querer ofender los intereses neutrales, ni 
causar daño al pueblo; error grave, pues si como individuo 
podia el Comandante Grau ser generoso y llevar su magnani- 
midad hasta donde se lo permitiera su carácter, y sus ideas, 
abordo del « Huáscar » debió recordar el salvaje incendio de 
Pisagua, el bombardeo de otros puertos indefensos y mera- 
mente comerciales ; y sobre todo ; que se encontraba frente á 
una plaza fortificada, defendida por gruesa artillería, y con- 
vertida en cuartel general del enemigo. 

En la noche el pueblo de Antofagasta, compuesto en su ma- 
yor parte de la hez del pueblo de Chile, se entregó al robo y al 
saqueo ; fué preciso que el ejército acudiera á contener y 
aprehender á los criminales. (Carta de Vitalicio A. López 
publicada en « El Mercurio. ») 

A la mañana siguiente (27) volvió el « Huáscar » al puerto;* 
se puso á rastrear el cable telegráfico, á distancia de 600 me- 
tros de tierra, para cortarlo en seguida; las baterías de 
tierra permanecieron mudas, hasta las nueve de la noche, hora 
en que el monitor se retiró tranquilo con rumbo al Norte. (*) 



(*) GOMAKDANCIA GBKERAI. DE LA !■ DIV^ISION — Abordo del Vapor 

«Huáscar» — Al Ancla—Ilo, Mayo 31 de 1879. — iSe/lor Director de 
Marina en el Ministerio del ramo. — Con fecha 28 del presente, tuve 
el honor de dar cuenta á US. de las operaciones ejecutadas con la 
división de mi mando, desde mi salida del puerto de Arica el 20, 
hasta esa fecha. 

Hoy cábeme nuevamente la honra de participar á US. las que desde 
entonces hasta hoy he llevado á cabo con el monitor « Huáscar », con- 
forme á las instrucciones que se di^nó impartirme, en el puerto de 
Moliendo, el señor General Director general de la Guerra. 

El 24 en la madrugada, después de despachar el trasporte «Chalaco» 
con destino al puerto de Arica, zarpé del de Iquique con dirección al 



EXCURSIÓN DEL HUÁSCAR 179 

Tres horas antes se había presentado un vapor que resultó 
ser el « Ayacucho > de la compañía inglesa; y por los perió- 
dicos y noticias que llevaba se supo que la escuadra Chilena, 
que salió de Iquique el i 6 de Mayo, se había presentado en la 



Sur, observando la costa á la menor distancia posible, y reconocí en 
Pabellón de Pica al vapor c Valdivia» de la Coinpañia Inglesa de Va- 
pores, que venia del Sur. 

Continué mi derrota durante la noche, algo separado de la costa, y al 
amanecer del 25 avisté por el Sur, y goberné en su demanda, un vapor 
que al parecer era el «Itata» de la Compañía Sud-americana, cuyas 
primeras evoluciones fueron bastante sospechosas, y que terminó por 
huir á toda fuerza. 

Lo perseguí durante cuatro horas sin poderle dar caza, debido á que 
BU andar era mayor que el del c Huáscar,» y convencido de ello desistí 
del empeño para reconocer á un pailebot que encontré en el trayecto 
y que se dirigía igualmente al Sur. Era el pailebot «Recuperado» 
que fué apresado por el enemigo y que se dirigía á Antofagasta con 
el ñn de ser juzgado en ese puerto. 

Comprendiendo que la comisión que iba á desempeñar no me per* 
mitia distraer hombre alguno de mi buque para poner á salvo la 
represa, preferí incendiarla, y tomar á mi bordo á los tres individuos 
que componían la tripulación. 

Me dirigí en seguida al puerto de Mejillones de Bolivia, y mandé 
á tierra un oficial para notificar al gefe militar de ese puerto que el 
«Huáscar» no llevaba á él intención alguna hostil contra sus morado- 
res, y si solo el objeto de destruir las lauchas que pudieran servir para 
uso del enemigo : no encontré la menor resistencia de parte de dicha 
autoridad para realizar este propósito, y procedí en consecuencia á des- 
truir todas las que había en el agua, y ademas otra represa, la goleta 
« Clorinda » por existir respecto ai salvamento de esta los mismos ia- 
pedimentos que antes he manifestado. 

Salí del puerto de Mejillones, con destino al de Antofagasta en la 
noche de este mismo dia ; y en la mañana del siguiente avisté un vnpor 
mercante, al parecer el < Rimac » que salía á toda fuerza por el lado 
del Sur. Lo perseguí durante 4 horas, y convencido de que su andar 
á vela y máquina como iba, era mayor que el del « Huáscar, » me 
dirijí nuevamente á Antofagasta. ' , 

A mi llegada á este puerto se destacó de él otro vapor hacia el 
Korte: era probablemente el «¡tata» de la víspera; llevaba el pabe- 
llón Chileno y huia á toda fuerza. Me dirijí sobre él forzando la 



180 EXCURSIÓN DEL HUÁSCAR 

bahía del Callao, y se encontraba de regreso en Pisagua, desde 
el dia anterior (el 26.) El Comandante Grau tornó sus precau- 
ciones para evitar un encuentro, que no podia serle favorable ; 
sin embargo tocó en Cobija (28,) destruyó algunas lanchas ; 



máquina y lo perseguí durante dos horas, haciéndole algunos disparos 
de artillería; pero tampoco pude tomarlo. 

Al emprender la persecacion de este último vapor se hicieron alga- 
nos disparos de las haterías de tierra contra el < Huáscar • los que 
no contesté inmediatamente por el empeño en que me hallaha ; pero 
convencido de que no era posihle dar caza al vapor mencionado, 
regresé al puerto y me mantuve con el huque sohre la máquina en el 
fondeadero, muy próximo á tierra. Así permanecí media hora, reco • 
nociendo y estudiando las defensas del puerto. 

La cañonera « Covadouga • , que desde el principio se movió á espia 
para cubrirse con los buques mercantes, terminó por introducirse en la 
barra del puerto para ponerse á salvo. En esta disposición podia 
hacer uso de su artillería en defensa del puerto. Tres baterías en tierra, 
situadas respectivamente en el Norte, centro y Sur de la población, 
las tres rasantes, con cañones, al parecer algunos de grueso calibre y 
montados á barbeta, completaban dicha defensa. 

Visto que á pesar de la proximidad en que me encontraba de ellas no 
se repetían los disparos, ordené romper los fuegos sobre las maquina- 
rías condensadoras situadas en el Norte de la población, y entonces 
fui contestado con las baterías de tierra y por la «Covadonga,» trabán- 
dose desde este momento el combate con ellas, hasta las 7 h. 15 p. m. 
en que después de sostener el fuego durante dos horas y de que el 
último disparo del « Huáscar » no fué contestado, me retiré para pasar 
la noche fuera del puerto. 

Hubiese podido continuar con el bombardeo de la población, desde 
que á él habia sido provocado, pero la consideración de lastimar intere. 
res neutrales y de que este ataque se dirigía sobre los pobladores inde- 
fensos, aunque no me correspondía la responsabilidad de los resultados, 
me decidieron á no emprenderlo. 

Habia hecho 16 tiros con los cañones de á 800 y 8 con los de á 40 
dirigidos á las baterías; juzgo que el enemigo hizo mas de 80 tiros. 

En la mañana del 27 me dirijí nuevamente al fondeadero, con el 
intento de rnstrear y cortar el cable sub marino. Me aproximé con tal 
fin hasta 600 metros de la poblacií)n para largar las rastras, y no 
obstante de que en tierra se notaba mucho movimiento de tropas y pre- 
parativos de defensa, arrié mis embarcaciones y con ellas por un lado» 
y el buque por otro, pude tomar el cable y cortarlo sin ser absoluta^ 



EXCQRSIONRS DEL HUÁSCAR 181 

represo á la goleta « Coqueta, » apresida por la « Esmeralda, » 
pasó su tripulación al € Huáscar » y con marinería de éste la 
mandó á Arica; apresó á la barca «Emilia» y la envió 
tripulada al Callao ; reconoció los puertos ó babias de Tocopílla 



mente molestado durante la operación. Terminada ésta j habiendo 
avistado un vapor por el Norte, me moví en su demanda, y reconocí que 
era el vapor inglés cAyacucho* de la carrera, que se dirigía al puerto ; 
regresé y permanecí hasta las 9 p. m., como ante», frente á las baterias 
y á muy corta distancia ; pero no habiendo ocurrido novedad me retiré, 
después de la salida del « Ayacucho • é hice rumbo al Norte. 

A las 4 a. m. del 28, frente á la roca Abtao en la Punta de Meji- 
llones, avisté tres luces como de igual número de baques que navegaban 
en convoy dirigiéndose al Sur ; me aproximé prudentemente á elIo«, 
sin ser visto y creo que fueron buques de la Escuadra Chilena, la que 
según los informes que había recibido, estuvo la antevíspera frente á 
Pisagua que se dirigian al Sur. 

Seguí mi derrota con destino al puerto de Cobija, y en éste, previa 
la notificación respectiva, mandé destruir seis lanchas que habla en e] 
fondeadero, y me dirijí en demanda de un buque de vela que se avistaba 
por el Oeste. 

£n el trayecto encontré á la goleta « Coqueta, » nueva represa, que 
he remitido al puerto de Arica, á cargo de un patrón y dos tripulan- 
tes de mi dotación, para que se siga con ella los trámites de ley. 

La vela avistada ora la barca • Emilia » procedente de la caleta de 
Huanillos de Bolivia, con su cargamento de metales y con destino á 
Lota. Este buque que arbolaba el pabellón nicaragüense sin tener 
patente legal para usarlo, habia conducido carbón al puerto de Antofa- 
gasta, por cuyos motivos lo he remitido al del Callao, á cargo del 
Teniente l^' graduado don Meliton Rodríguez, con dos aspirantes y 
nueve individuos de tripulación, para que allí sea juzgado ante el tribu- 
nal respectivo. £1 piloto, mayordomo y siete individuos de la tripu- 
lación de la « Emilia • fueron trasbordados, y existen á bordo de este 
buque por precaución, por ser todos de nacionalidad Chilenos. 

Terminado esto me dirijí á Tocopilla, donde reconocí á los buques que 
allí se encontraban y continué mi derrota al Norte, tocando en la 
mañana del 2 > en Patillos, y entrando después en Iquiqne. Aquí recibí 
á bordo al Exmo. Señor General, Director general de la Guerra, le di 
cuenta del resultado de mi comisión, y recibí las instrucciones con ve 
nientes para tomar carbón en lio y dirijifme al Callao, en el caso de 
que no fuera posible encontrarme al dia siguiente en Iquique. 

£n efecto, después de dejar en este puerto, por orden superior, 36 



182 EL HUÁSCAR BURLA LA CAZA DB COCHRAKE 

y Huanillos, y llegó á Iquique (Marzo 29,) en donde se encon* 
traba el Director de la Guerra, General Prado, quien le ordenó 
que pasara á lio á tomar carbón, y que en seguida volviera á 
Arica. En este trayecto encontró tres buques de la escuadra 
enemiga que lo persiguieron inútilmente por siete horas (Ma}'0 
30) y llegó á P¿ícocha (Mayo 31) tomó carbón, regresó á Arica 
(Junio 1,) y continuó hasta Pisagua, de donde salió (Junio 2) 
con rumbo Sur, en cumplimiento de sus instrucciones. 

En la madrugada del dia 3 (5-50^ a. m.) á la altura entre 
Huanillos y Punta* de Lobos avistó, como á diez millas de 
distancias, dos vapores enemigos, y creyendo que eran las 
corbetas « O'Higgins » y ^ Chacabuco, » navegó en demanda 
de ellos ; por lo brumoso del tiempo fué preciso que se les 
acercara como á cinco millas, á cuya distancia pudo reconocer 
que los buques avistados eran el blindado « Cochrane > y la 



rollos de alambre telegráfico de 38 que tomé en una de las lanchas de 
Mejillones de Bolivia, salí para pasar la noche sobre la máquina, fueía 
de él; y en la mafíana siguiente, cuando me dirigía ya al fondeadero, 
avisté por el Norte, á cinco millas de distancia, tres de los buques ene- 
migos. Como mis instrucciones me indicaban en este caso rehuir el 
encuentro, hice proa al Oeste y sucesivamente hacia el Norte, mientras 
era seguido, lo que duró siete horas, después de lus cuales me dirijí 
con rumbo á lio. He podido con esta ocasión apreciar, que el máximo 
andar de ellos es de 9 y 1(2 millas. 

En el trayecto, á las 6 h. p m., avisté un vapor que navegaba al 
Sur; me dirijí entonces á él para reconocerlo, lo que conseguí á las 6 h. 
pues igual operación practicaba él respecto al « Huáscar : > pero estando 
próximo, y luego que nos reconoció al disparo de estilo, largó una 
embarcacian que llevaba á remolque, dio toda la fuerza á su máquina y 
huyó hacia el Sur. 

Era un trasporte : le perseguí durante dos horas, sin poderle dar caza, 
por su mucho andar, y la oscuridad de la noche, y continué mi 
derrota. 

Ho}' á las 11 h 15 m a. m., he fondeado en este puerto con el fin 
de tomar carbón, y saldré con destino á Arica t^an luego como haya 
terminado esta operación. 

Todo lo que me es honroso participar á US , para que por su órgano 
llegue al conocimiento del Supremo Gobierno. Dios guarde á US — 
Miguel Groa. 



EL HUÁSCAR BURLA LA CAZA DEL COCHRANB 1S3 

corbeta « Magallanes > que dir ijían sus proas sobre el « Hu* 
asear ». Las condiciones de éste no podían ser peores; su car* 
bon era de tan pésinoa calidad, que á penas daba una presión 
de 17 á 19 libras; y lo llevaba en tanta cantidad que iba 
cargado basta los invernales, lo que disosinuia considerable- 
mente su andar, pues no llegaba á nueve millas ; felizmente 
en la caz9 de dias antes se habla observado que el máximo 
andar de los blindados no pasaba de nueve y media millas por 
hora. El dia había aclarado completamente, con un horizonte 
limpio, y el mar tranquilo. «El Comálidante Grau estaba 
profundamente convencido de que con su monitor no podía 
aceptar un combate franco, contra los acorazados Chilenos ; 
en consecuencia toda su acción estaba reducida á una guerra 
de sorpresa sobre los buques menores, y á evitar, á todo tran- 
ce, un encuentro con alguna de las fragatas enemigas » (Bibl. 
55.) En tan favorables condiciones para el enemigo principió 
la caza al «Huáscar»; éste para alijarse y aumentar su 
marcha abandonó dos botes que llevaba izados á sus costados ; 
pero á la vez algunos de los jóvenes marinos, por burla ó 
diversión arrojaban gran cantidad de plumas, como en la caza 
anterior, para significar á sus perseguidores que volaran para 
poder alcanzarlos. Asi pasaron seis horas, pero á las 12-b. 
50, la distancia se estrechó al máximo alcance de la artillería, 
y el « Gochrane » hizo dos tiros, que cayeron distantes de la 
popa del « Huáscar » ; éste conocía sus desventajas; pero su 
Comandante resuelto á aceptar el combate á todo riesgo; 
convoca á su tripulación, la arenga y dice — «Valientes del 
« Huáscar » : La suerte nos coloca por tercera vez al frente 
de los enemigos, y dentro de breves minutos nos empeñaremos 
en la lucha. No excito vuestro arrojo y serenidad, porque ya 
habéis probado elocuentemente que os sobran para combatir 
y confundir á los enemigos. No importa que sus fuerzas sean 
superiores, porque tenéis un corazón aun mucho mas fuerte, 
pues se halla blindado por el ardiente fuego del patriotismo ; 
y venceréis, porque nuestra causa es santa, y porque defen- 
demos, no solo la honra de nuestn querida patria, sino 
también la de una República hermana y aliada, injusta y 



184 BL HUÁSCAR BURLA LA GAZA DBL GOORRANB 

alevosamente ofendida por los raisnfios enemigos. ¡ TripulaDtes 
del « Huáscar ! » Viva el Perú, ! » y continúa su marcha 
preparándose para el combate. Ech i su borda abajo, y cuando 
ya se encontraba á 3,500 metros, hace el primer disparo de á 
300, pero queda muy corto, aunque en buena dirección ; el 
«Cochrane» contestó con varios disparos; desde este mo- 
mento principió [el combate, sin perjuicio de continuar la 
caza, y como lo permitia la distancia, que aumentaba ó dis- 
minuía alternativamente ; la « Magallanes » venia muy atrás, 
y no entró en combite. Llególa noche, la luna alumbraba 
como el dia, y continuó la caza ; á las 11, 50. p. m. la distan- 
cia permite al « Cochrane > hacer dos tiros, pero el « Huás- 
car » aprovecha el tiempo que emplea su enemigo en hacerle 
fuego, y logra alargar la distancia suficientemente, par.'i 
convencerlo de la inutilidad de su empeño; en efecto á las 
12, 30. a. m. el « Cochrane > á U altura de Sama toma 
rumbo contrario, y deja libre al « Huáscar » que, en expre- 
sión del corresponsal Chileno, « se les fué de entre la uñas, » 
sano é ileso después de diez y ocho horas de caza ; burla que 
aumentó el desprestigio del desgraciado Almirante Revo- 
lledo. (*) En esta lucha se probó la gran pericia marinera del 
Comandante Grau, su serenidad y su valor, (véase Apéndice 
núm. 10). En la mañana siguiente (Junio 4) entró el < Huás- 
car» en Moliendo y fué recibido por el pueblo con gran 
entusiasmo, y su Comandante Grau con felicitaciones públicas 
y particulares. Horas después continuó su viaje al Norte, 
tocando en diversas bahías, reconociéndolas, y fondeó en el 
Callao (el Sábado 7 de Junio^) á los 28 dias de su salida en 
convoy con la fragata « Independencia » (el 16 de Mayo.) 



(*) No hubo mas desgracia que la pérdida del joven Antonio Cu • 
calón, que estando sobre la resbaladiza cubierta del * Huáscar •, y 
cuando todos ocupaban su puesto de combate, cayó en la mar, 
en la nocl\e, sin que se notara su falta hasta después del combate. 
Cucalón no tenia ningún puesto militar ni oñcial ; iba como simple 
testigo, llevado por su entusiasmo Los Cliilenos han aplicado, por este 
hecho, el nombre de Cucalones á los que voluntariamente y siu coloca - 
clon oñcial, acompañan al ejército. 



EL HUÁSCAR RB0RB3A AL CALLAO 185 

En este corto tiempo hizo una campana glorio sa, pero sin 
el provecho que la Nación pudo y debió reportar, si el marino 
Peruano no hubiera tenido un corazón noble, generoso y 
humano, incompatible con lo que exigia la guerra salvaje que 
Chile hacia al Perú ; lo cual amortiguó no poco el entusiasmo 
en favor del digno Comandante Grau. 



(*) A primera vista se cree que el > Huáscar * y la « Independencia > 
eran inmensamente superiores á la « Esmeralda * y « Covadonga » ; 
pero si se examina y compara con atención é imparcialidad las con- 
diciones de unos y otros, se verá que la única y verdadera ventaja de 
los primeros consistía, no en su blindaje, sino exclusivamente en su 
ariete ó espolón ; porque el blindaje podia ser perforado fácilmente por 
los cañones de los segundos, tanto por su calidad, cuanto por la natura- 
leza de sus proyectiles y la distancia que los separaba en el combato; 
ademas estos buques tenian muy ejercitada su marinería, y en especial 
sus artilleros; mientras ;que los buques peruanos, y en particular la 
« Independencia* carecían de artilleros; ó lo que es lo mi^mo los que 
tenian eran tan novicios ó ignorantos que equivalía á no tenerlos ; por 
cuyo motivo, á pesar de la corta distancia en que combatían, pocos fueron 
los tiros que acertaron. 



CAPITULO Vil 



Campana marítima 



Sumario : La escuadra Chilena se presenta en el Callao, y regresa sin 
intentar la menor hostilidad— Absurdo plan del Almirante Revo- 
lledo— Falsas apreciaciones en Chile sobre la expedición de la 
escuadra Peruana— El General Prado llega á Arica— íáale de Tacna 
una división boliviana á Iquique— El General Prado pasa á Iqnique, 
su objeto — No mejora el estado material y moral del ejército del 
Sur — Se ocupa el < Huáscar • en excursiones inútiles y estériles 
—El € Huáscar » regresa al Callao y de allí á Arica— Sigue á 
Iquique y sorprende á la escuadra enemiga — Es perseguido por 
el « Cochrane * — El « Cochrane * bombardea y destruye á Pisagua 
Excursionf s de la « Pilcomayo » — Burla la caza del « Blanco » y la 
« Chacabuco » — El « Blanco * bombardea la población de Iquique 
en la noche, sin previo aviso— Protesta del cuerpo consular — El 
« Huáscar » y la « Union » salen de Arica al Sur, hacen varias 
presas; y visitan puertos enemigos — En Caldera enmudecen las 
bátelas festejadas dos dias antes por estar concluidas — La «Union» 
recorre varios puertos enemigos y apresa buques — Caza y apresa- 
miento del « Rimac * — Indiscreta conducta del Comandante de la 
cañonera francesa < Hugon j-r-Pánico en las costas de Chile por 
la presencia del < Huáscar # — Excitación popular en Santiago — La 
« Union > vá al Estrecho en busca de una presa y regresa sin 
fruto. 



La escuadra Chilena compuesU de los blindados «C¡ochrane» 
y « Blanco Encalada, » la cañonera « Magallanes, » las cor- 
betas « Chacabuco » y « O'Higgíns » y los trasportes 
«Abtao» y «Cousiño», salió de Iquique, como lo hemos 



LA BSCUADRA CHILBNA REOIUSSA DEL CALLAO 187 

dicho, con rumbo Sur para ocultar su movimiento, y horas 
después se dirijió al Callao, navegando muy lejos de la costai 
circunstancia que impidió su encuentro con el «Hunscar>y 
la « Independencia » que á la sazón navegaban al Sur. En la 
mañana del 22 de Mayo se presentó á la vista del CallaO| como 
á seis millas ; pero encontrándose burlada por la ausencia del 
«Huáscar» y la «Independencia,» emprendió su regreso al 
Sur, tres horas después, sin atreverse á atacar á los dornas 
buques que habian quedado en la bahia. 

A pesar de que la escursion del « Huáscar » y de la « In- 
dependencia » al Sur debió revelarles el inmenso peligro que 
corrían los buques que quedaron bloqueando á Iquique, los que 
permanecían en Antofagasti, y los trasportes que á ese mismo 
tiempo conduelan gran número de fuerzas de Valparaíso á 
este último puerto, su vuelta fué exesivamente lenta por falta 
de carbón, filta que los obligó á navegar á medio vapor y á 
vela, y que les impidió perseguir al trasporte Peruano « Oro- 
ya» que encontraron ya de regreso al Callao. A su paso 
tocaron en la bahia de San Nicolás para reparar algunas 
averias y trasbordar carbón. A la salida de este puerto reci- 
bieron la noticia del combate del 21 en Iquique (Mayo 26;) 
pero lejos de apurar su marcha para procurar siquiera salvar 
sus trasportes del Sur, continuaron con la misma lentitud, y 
perdieron todavia siete horas en Moliendo intentando cortar el 
cable telegráfico, y asi continuaron hasta Iquique, en cuyo 
trayecto tuvo lugar la caza que el « Blanco » emprendió sobre 
el « Huáscar »^ de la que ya hemos hablado. 

El plan que llevó la escuidra Chilena al Callao se reducia 
á lanzar el « Abtao », á todo andar, sobre la bahia del Callao, 
hasta penetrar cerca de los buques Peruanos, colocarse entre 
éstos y las baterías de tierra ; entonces se debía prender las 
mechas, ya preparadas, para que estallara la Santa Bárbara 
al mismo tiempo que se efectuara la explosión de los calderos 
del buque. En estos momentos debía ponerse fuego al 
«Abtao,» para convertirlo en brulote. Pero al cruzar la 
línea enemiga se debía disparar toda su artillería, á ñn de 
utilizarla por última vez. Mientras el « Abtao » á' órdenes 



Í88 ABSURDO PLAN DB ATAQUB 

del Comandante Thompson, ejecutaba esos prodijios que 
debían producir el desorden y atolondramiento en las naves 
Peruanas, para aumentarla y aprovechar la confusión, los dos 
blindados « Blanco » y < Cochrane » atacarían al c Huáscar » 
dios monitores y otros buques; y la «Magallanes» «Chaca- 
buco > « O'Higgins > se ocuparían en bombardear la pobla- 
ción. (Bibl. 133 XVIII.) La febril y alcoholizada cabeza del 
Almirante Revolledo creia todo esto muy hacedero, sin adver- 
tir que todo el plan dependía de la simultaneidad instantánea 
de circunstancias tan diversas como heterogéneas, de tal 
suerte que faltando una sola de ellas, todos sus efectos debían 
ser contra los asaltantes. Felizmente para Chile los grandes 
planes de su Almirante quedaron solo escritos, porque la 
escuadra que buscaba en la bahía del Callao, se encontraba 
en Iquíque. 

Los Chilenos atribuyeron el fracaso de su expedición al 
aviso que suponían se había trasmitido por el cable al Go- 
bierno del Perú, anunciando la salida de su escuadra al Callao, 
hecho notoriamente falso, pues el cable que creían reanudado, 
coLtinuaba roto entre Iquique y Moliendo ; mas no por eso 
dejaron de poner el grito en el cíelo, de exijir al Gobierno de 
Chile la destrucción completa de Iquíque y la suspensión de 
los bloqueos \ de acusarlo y proponer contra él, en las Cáma- 
ras, un voto de censura ; pero ese Gobierno supo arrostrar 
con serenidad los impacientes desbordes de la muchedumbre, 
y las acusaciones ante el Cotigreso, y continuar impasible en 
su tarea de disciplinar, armar y equipar, de la mejor manera 
su ejército de tierra. 

En el Perú no se seguía ese cuerdo ejemplo; el ejército 
distríbuido entre Písfigua ó Iquique, carecía de armas de pre- 
cisión, y aun las que tenia eran de diversos sistemas y calibres; 
no se conocían los cañones Crupp, ni las ametralladoras de 
moderna invención, sino de nombre ; y como sí esto no hubie- 
ra sido ya bastante por si solo para colocarse en la mas 
desventajosa posición respecto del enemigo, los gefes del 
ejército parece que hubieran guardado para esta ocasión 



EL GENERAL PRADO EN ARICA É IQUIQUE 



189 



todas sus rencillas y susceptibilidades, introduciendo así e\ 
desconcierto y la desnooralizacion en todo. 

A su llegada á Arica el General Prado' encontró al General 
Daza recientemente venido de Bolivia con su ejército, del cual 
casi la mitad, estaba desarmado. Conociendo el General Prado 
la necesidad que habia de reforzar el ejército de Tarapacá, 
manifestó al General Daza la urjencia de mandar una parte 
de su ejército con este objeto ; y solo á muchas instancias lo 
hizo convenir en que fuera por tierra una división, al mando 
del General Don Garlos Villegas, y otra por mar al mando del 
General Don Pedro Villamil, la cual fué trasportada á Pisa- 
gua en el « Oroya, » burlando la vijílancia de las naves 
chilenas. (*) 

Con el objeto de activar los trabajos de defensa que se 
emprendían, de restablecer la armonio entre los jefes, y la 
disciplina en el ejército de T irapacá, el General Prado hizo 
varios viajes de Arica á Pisagua é Iqaique, embarcándose 
una vez en bote; pero no quiso remediar el mal ni poner la 
mano en la verdadera causa del desarreglo ; conservó en su 
puesto de General en Gefe al General Buendia cuyo despres- 
tigio crecía á cada instante; ni se atrevió tampoco á separar 
del mando á jefes díscolos, como el Coronel Don Justo Pastor 
Dávila, que por su carácter altanero, y su falta de modales, 
provocaba cuestiones enojosas con los demás jefes de di vi* 



(•) Cuerpos Bolivianos que marcharon de 
BataUon Illimani al mando del Coronel 

Id. Olañeta id., id., 

. id., id , 



Id. 
Id. 
Id. 
Id. 
Id. 
Id. 



Dalence . 
Paucarpata 
I de Aroma 
Vengadores 
Victoria . 



. id., id , 

. id., id., 

. id., id., 

. id., id., 

. id., id., 



Independencia 
Regimiento Bolivar I de Húsares, id., id., 
Escuadrón Franco Tiradores . . id., id., 



Tacna á Pisagua é Iquique, 

Ramón González 500 

Eloy Martinez . . 600 

Donato Vázquez . 500 

Pablo Idiaquez. . 500 

Belisario Autesana 500 

Federico Murga . 500 

Juan Granier . . 500 

Pedro P. Vargas • 400 

Julián M. López . 250 

Napoleón Tejada . 150 



Total. 



. 4,300 



190 EL GENERAL PRADO EN ARICA B IQU.QÜB 

sion; en una palabra no aiacó el mal sino en accidentes 
insignificantes. Tanopoco (lió al General Buendia todo el 
apoyo necesario para que despidiera del servicio ó c istiga- 
ra con severidad á los que no obedecieran ciegamente sus 
órdenes. 

Después fijó su residencia en Arica, y desde allí quería 
dirijir, por telégrafo, la marcha y ios movimientos de un 
ejército mal organizado; y á distancia de mas de cincuenta 
leguas por tierra. Contribuyó mucho á esta permanencia 
la desconfianza que le inspiraba el ejército boliviano; porque 
aunque el General Daza se manifestó siempre, en público y 
en privado, decido á mantener fielmente la alianza con el 
Perú, su ejército no le tenia verdadero afecto, y aun el mismo 
Daza no parecia estar muy satisfecho. 

La punible pérdida de la « Independencia » no se castigó 
como debiera, para retemplar la disciplina militar, limitándo- 
se á someter al Comandante More á un juicio de pura forma, 
que seguia los trámites lentos de un juicio cualquiera, y que 
nunca llegó á concluirse. 

No contando ya el Perú con mas buque capaz de impo'ier 
algún respeto al enemigo que el «Huáscar», natural é 
indispensable habría sido no aventurarlo sino cu.indo se 
tratara de alguna operación de vital importancia, para el 
éxito de la guerra ; pero en vez de esto se le cmple«i en ex- 
cursiones de puro lujo, exponiéndolo temerariamente, sin la 
menor perspectiva de utilidad ; disposiciones tanto mas censu- 
rables cuanto que, aparte de que debia suponerse que el ene- 
migo dirigiría sus esfuerzos sobre la única nave que impedia 
su absoluto dominio en el mar, se sabi i positivamente que 
todos sus planes marítimos, por de pronto, tendían á destruir 
ó á apresar al «Huáscar», con cuyo objeto los blindados 
chilenos, apesar de su indudable superioridad, navegaban 
siempre acompañados de otro buque que, aunque de madera, 
podían prestar eficaces servicios en caso de un combate. 

Con tal sistema de operaciones el resultado final no podia 
ser dudoso; y si es cierto, que li diestra mano que manejaba 
el tÍQ)on del « Huáscar » inspiraba sobrada conU mza, y tenia 



BL HUÁSCAR SORPRENDES Á LA ESCUADRA CHILENA 191 

probada gloriosamente su superioridad marinera respecto de 
sus poderosos adversarios, no lo era menos, tampoco que, 
persistiendo en buscar el peligro, habia al fin de perecer en 
él. Mas antes de trazar este último cuadro, iluminado por el 
sublime sacrificio de esa nave legendaria, continuaremos nar- 
rando, en el orden en que se sucedieron, los diversos aconte- 
cimientos que precedieron á tan f ital desenlace. 

Vuelto al Callao, el «Huáscar» se ocupaba, desde su lle- 
gada, en limpiar su má^juina y sus fondos, y en hacer las 
reparaciones que no pudo verificar antes por su precipitada 
salida ; pero aun no babia terminado su tarea, cuando el 
Director de la Guerra lo pidió por repetidos telegramas para 
emprender un ataque sobre los buques menores del enemigo, 
pues sabia que los blindados se encontraban» en Yalparaiso 
limpiando sus fondos. Stlió pues el « Huáscar > (Julio 6,) y 
llegó á Arica (el 8,) creyendo poder concluir a,llí las repara- 
ciones comenzadas ; pero noticiado el General Prado de que la 
escuadra chilena, que bloqueaba el puerto de Iquique, se reti- 
raba de la bahia todas las noches, dejando uno solo do sus 
buques^ ordenó al « Huáscar » que le diera una sorpresa. Con 
tal objeto, zarpó de Arica á la una de la tarde del O de Julio, 
tocó en Pisagua, y no encontrando allí ningún buque siguió 
su rumbo á Iquique, donde tampoco encontró ninguno; y 
habiendo entonces mandado á tierra á tomar noticias (á las 
doce y media de la noche del dia 9) se le dijo que en la tarde 
del dia anterior habia zarpado el « Matias Cousino » y < el 
Abtao», horas después el cCocbrane» y la «Magallanes». 
En el acto partió el «Huáscar» en busca de la escuadra 
(1-45, a. m. ;) la mañana estab.i tan brumosa que apenas se 
podian distinguir los objetos á muy cortas distancias; se 
navegaba en el mas profundo silencio, con todas las precau- 
ciones del caso ; y cada hombre ocupaba su puesto de combate, 
cuando á las 3. a. m. el centinela anuncia; buque por la proa ; 
el buque avistado trata de huir, pero el Comandante Grau dice 
en alta voz, « Capitán^ ríndase y siga mis aguas »: y como 
siguiera huyendo, el « Huáscar » rompió el fuego sobre él 
y repitió la orden de rendición ; entonces el Comandante del 



1D2 EL HUÁSCAR SORPRENDE i La ESCUADRA CHILENA 

buque contestó: Comandante Grau; restamos rmcUdoS^no 
mate mas gente » ; en el acto se suspendió el fuego, se arriaron 
botes para salvar á los que en el momento del fuego se hablan 
echado al agua: y se ocupaban en pasar los Oficiales y tripu- 
lación necesarias á bordo del buque rendido, que era el « Ma- 
tías Cousino^ > cuando el centinela del tope anunció otro buque 
por la proa ; se suspendió la operación, y el Comandante Grau 
dijo en alta voz « Capitán del « Cousiño » salve su gente en 
los botes^ porque voy á hacer fuego sobre su buque para 
echarlo á piquéis y luego rompió el fuego. El «Cousino» 
estaba casi á pique, cuando el « Huáscar » trabó combate con 
el otro buque; el <jombate tenia Jugará toca penóles, ya por 
babor como por estribor ; tres veces lo embistió el « Huáscar » 
con el espolón, pero solo en la última le tocó muy lijeramente 
por la popa al buque enemigo ; algunos segundos mas de esta 
lucha habrían bastado, para dar buena cuenta de ese buque 
que después se supo era la « Magallanes » en estas circuns- 
tincias aparecieron otros dos buques, uno de ellos el « Co- 
chrane », como á 2000 metros de distancia; poro que no pudo 
hacer, fuego por encontrarse los otros buques Chilenos muy 
cerca del «Huáscar». Como aclaraba el dia, éste emprendió 
su retirada, seguido por et « Cochraoe > y la «* Magallanes *, 
hasta las once de la mañana : cinco horas después fondeaba en 
Arica (Junio 11.) El combate tuvo lugar á diez millas al Oeste 
de Iquique ; el « Huáscar > sufrió muy lijei:as averias en su 
obra muerta, y ninguna en su tripulación, si se esceptúa ua 
herido levemente. (Apéndice uúm. 15.) 

La escuadra Chilena que no se atrevía á buscar á las naves 
Peruanas en Arica, en donde se le ofrecía un campo digno de 
8u decantada brabura; descargaba sus iras y cebaba su ven* 
ganza bombardeando y destruyendo puertos indefensos. Con 
tal propósito el «Cochrane> y la «Magallanes» se presen- 
taron por tecera vezenPisagua (Julio 23,) notificaron que 
iban á destruir las lanchas, y que si se les hacia alguna resis- 
tencia bombardearían ki población; se les contestó que no 
impedirían la destrucción de las lanchas, y si el desem- 
barque de cualquiera tropa; no necesitaron mas los meocio* 



LA ESCUADRA CHILENA DESTRUYE PUERTOS 193 

nados buques Tpara que sin otra prevención de su parte ni 
hostilidad de tierra, rompieran el fuego sobre la ya des- 
truida población, arrojándole 32 bombas. A su turno el 
«Blanco » y la c Chacabuco » se presentaron en Pabellón de 
Pica (el 3 de Julio,) « Mandaron varios botes para destruir las 
máquinas condensadoras de agua, pero temiendo que de tierra 
Icvs hicieran resistencia, si intentaban desembarcar, regre- 
saron, y desde ese momento principiaron los cañones de los 
buques su obra de destrucción ; en pocos momentos quedó 
destruido lo poco que habia en la isla. * En tierra se encon- 
traban unos cuantos hombres armados que no pudieron hacer 
fuego por la distancia en que estaban los buques y el preci- 
pitado regreso de los botes, t Terminada su obra y satisfechos 
de su resultado, continuaron ambos buques para el Norte » 
(Bibl. 54-Carta de Julio 9, al « Mercurio >) encontrando en su 
camino á la « Pilcomayo > cuya escursion y caza vamos á 
narrar en seguida. 

Esta cañonera habia salido de Arica en dirección á Pisa- 
gua, convoyando al « Oroya», (que conducia tropas que de- 
sembarcó en este puerto) y siguió á Tocopilla, en donde 
destruyó trece lanchas, é incendió á la fragata . < Matilde * ; 
regresaba de esta operación (Julio 6,) que ejecutó á vista de la 
tropa enemiga que tenia dos cañones de campaña y que no 
hizo la menor resistencia, cuando avistó dos buques, el « Blan- 
co * y la « Chacabuco », que dirijian sus proas sobre 
ella, y emprendieron su caza desde ese momento hasta las 
siete de la mañana del siguiente dia, en que la abando- 
naron, dejando tranquila á la cañonera que fué á fondear 
otra vez en Arica. 

Tan seguros « estaban los Chilenos de hacer su presa, al 
ver que el « Blanco > se hallaba á tiro de cañón de la « Pilco- 
mayo » desde los primeros momentos, que durante largas 
horas hubo en el muelle gran concurso de Jefes de alta gra- 
duación, soldados y pueblo, esperando saludar á los afortuna- 
dos captores », y en los diarios lo anunciaron como un hecho 
consumado ; así que la noticia del fracaso do la captura pro- 

T. i, 18 



194 LA PILCOMAYO BURLA LA CAZA DEL BLANCO 

dujo muy mal efecto en todos, tanto militares como marinos y 
paisanos. (*) 

« Esta excursión significaba una diestra combinación y un 
oprobio para Chile .... Al empezar la « Pilcomayo » su 



(*) Comandancia de la cañonera ^Pilcomayo». — Arica, Julio 8 de 1888. 
— ^xmo. Señor General Supremo Director de la Guerra.— En cumpli- 
miento de las órdenes recibidas do V. £. sali de este puerto el 4 á las 
3 h. 16 a. m. convoyado con el trasporte < Oreja > que seguía nuestras 
aguas á 6 millas mas ó menos. 

A las 8 h. a. m. del 5 avisté el puerto de Písagua j goberné afuera 
hasta reconocer la Knsenada del Sur; no habiendo nada que presumiese 
la proximidad de buques enemigos, volví ul puerto é hice señal de sin 
novedad al « Oroya » ; gobernamos sobre el fondeadero y á las 11 h. 
nos amarramos á las boyas. Inmediatamente mandé cuatro embarca- 
ciones para ayudar el desembarque y comisioné un oficial para que acti- 
vase y cuidara de él en tierra : este quedó terminado sin novedad alguna 
á la 1 h. 30 m. p. m., debido á la actividad y número de las embarca- 
ciones del puerto, ayudadas por las del « Oroya * y de esta cañonera. 
A las 6 h. 30 m. p. m. dejé Pisagua y goberné hacia el Sur afuera hasta 
las 3 h. a. m. del 5, que recalé; de Iquique hice rumbo á la caleta de 
Pntillos. A las 9 h. 30 m. del 5, frente al puerto, mandé un bote á 
tierra con un oficial, el cual no pudo desembarcar, porque algunos hom- 
bres de á caballo que estaban en los cerros, rompieron sus fuegos sobre 
la embarcación, y como creí fundadamente que eran nuestros, les hice 
un tiro de cañón por alto para que no hostilizasen nuestro bote durante 
su regreso: no habiendo habido otra novedad, y siendo inconducente mi 
permanencia allí, seguí al sur recorriendo la costa^ sin encontrar nada 
notable hasta Tocopilla, en donde entré el 6 á las 8 h. 16 a. m. y 
afianzó el pabellón con un tiro en blanco; inmediatamente destaqué un 
bote de parlamento á tierra con un oficial, y se notificó al Comandante 
militar del objeto de nuestro arribo, y de que haríamos fuego sobre 
el puerto si hostilizaban nuestras embarcaciones : al regreso del parla- 
mento mandé dos botes que prendieran fuego y echaran á pique, largán- 
dolas al garete, trece lanchas que habia fondeadas. 

Las fuerzas enemigas, con dos cañones de campaña, se parapetaron 
frente al muelle, al sur de la población, y permanecieron allí sin oponer 
resistencia alguna, todo el tiempo que estuve frente al puerto, protejiendo 
mis embarcaciones en comisión ; después de esto procedí al reconoci- 
miento de dos buques mercantes, uno inglés en el fondeadero, y otro 
nicaragüense en franquía; resultando que este último llamado «Matilde», 
enarbolaba indebidamente su bandera, pues era de nacionalidad y pro- 




LA PILCOMAYO BURLA LA CAZA DEL BLANCO 195 

operación de guerra, ocurrió una circunstancia digna de ser, 
recordada, por característica. Cuando el blindado « Blanco » 
se acercaba á Tocopilla, divisó á su costado una enornne 
tortuga de mar, y paró su máquina para pescarla Y en 



piedad Chilena, tomé su falsa patente y demás documentos, é hice que 
lo desalojaran su capitán y tripulantes, entre los cuales habla dos chilenos 
(el cocinero y un marinero;) después que todos sacaron de á bordo sus 
equipajes, les permití irse á tierra en una de las embarcaciones del 
mismo buque ; en seguida ordené descargar la artillería sobre él, y la 
quinta bomba produjo un incendio á popa que, media hora después, 
abrasaba toda la extensión y arboladura del buque. 

Llamo la atención de V, E. sobre la conducta del Cónsul general de 
Nicaragua en Valparaíso, por haber expedido con fecha 29 de Marzo, 
patente de nacionalidad nicaragüense á la barca Chilena « Matilde » 
que en la fecha citada, se encontraba en la mar en vi age de Eten á 
Valparaíso, según consta del diario de navegación del referido buque, 
cuyo arribo á ese puerto solo verificó el 9 de Abril. A las 11 h. 46 m. 
a. m. me franquié del puerto y seguí al Sur durante solo 35 m. por 
haberse avistado un vapor hacia el N. O. en cuya demanda goberné 
hasta la 1 h. 15 m. Reconocido ser buque de guerra y avistados dos 
vapores mas que convoyaban con él, volví á mi rumbo al Sur, sobre 
Cobija, el que tuve pronto que abandonar, porque el blindado «Blanco 
Encalada» emprendió una tenaz caza sobre nosotros hasta las 7 h. 45 
m. a. m. del dia siguiente 7, que desistió de su propósito, convencido 
de la inutilidad de sus esfuerzos. Durante el viage la máquina de 
esta cañonera ha funcionado con toda regularidad, y hemos fondeado 
sin otra novedad en este puerto á las 2 h. del dia de hoy. 

Lo que tengo el honor de poner en conocimiento de V. E. en cum- 
plimiento de mi deber. — Dios guarde á V, E.— Exmo. Señor. — Carlos 
Ferreyros. 



• El Constituyente ».—Copiapó, Julio 9. — Que decepción / ^ Cuando 
se supo que el * Blanco Encalada > perseguía á la • Pilcomayo • todos 
ó casi todos profetizaron que este buque dejarla de figurar en la marina 
peruana, pues el «blindado la echarla á pique ó la obligaría á rendirse. 

Mientras llegaba el cumplimiento de esa profesía, la ansiedad se 
apoderó de los ánimos, y cada cual esperaba el desenlace de este nuevo 
drama marítimo, forjándose de antemano mil bellísimas ilusiones. 
Cuando vivíamos en ese mundo ilusorio, el telégrafo por su rudo la- 
conismo nos dio ayer tan recio sacudón, que nos trajo al mundo real 



196 IQUIQUE ES BOMBARDfiADO DB NOCHE 

este trámite de guerra hallábase la nave almirante de Chile, 
pescando una tortuga^ mientras que una frágil cañonera 
enemiga quemaba, á mansal\ra, buques Chilenos, y hacia 
ostentación de clemencia con sus soldados ». (Bibl. 104 U, 
pág. 94.) 

Enfurecido el siempre chasqueado Almirante Williams 
RevoUedo con la frustrada captura de la c Pilcomajro *, poco 
tardó en ejercer su venganza de la manera acostumbrada, 
aunque con mas refinada alevosia. 

La noche del IQ de Julio reposaba tranquilo el vecindario 
de Iquique, confiado en la promesa solemne, hecha desde el 6 
de Abril, á los Cónsules de ese puerto, por el Almirante Chile- 
no, de que llegado que fuera el caso, no procedería á bombar- 
dear la población sin previo aviso ; y por lo mismo la llegada 
del € Blanco » el dia anterior no inspiró temor ni sobresalto ; 
mucho mas no habiendo mediado ningún acto, ni indicio de 
hostilidad contra la escuadra, no obstante de estar fondeada 
muy cerca de tierra ] cuando á la hora indicada se oyó de 
repente tiros de fusilería de abordo, que no se supo á que 
atribuir, y momentos después un disparo de cañón de grueso 
calibre, al que siguió un continuado fuego sobre la población, 
por dos horas consecutivas, durante las cuales se arrojaron 



y apenas volvimos en si nos dijo : La c Pilcomayo » no ha sido alcan- 
zada y el c Blanco • ha regresado á Antofagasta. 

Como se comprenderá, esta noticia- produjo los efectos del estallido 
de una bomba, y junto con lo que se tuvo conocimiento de ella, empezó 
un verdadero diluvio de comentarios que ha aumentado notoriamente 
hasta hoy. 

Háganse cuantas apreciaciones se quieran ; pero lo real y verdadero 
es esto ; el c Blanco > ha andado muy desgraciadamente en sus excur- 
siones de la actual campaña : el c Chalaco » que «ontaba como suyo 
primero, se rió de él en sus propias barbas escapándose; el «Huáscar» 
después se le iba por entre los dedos, y hoy la « Pilcomayo » se le 
escapa de la concavidad de las manos. 

El motivo de tanta escapada no lo sabemos, y con nosotros casi todos 
en el pais; por lo tanto, esperemos que el tiempo lo dirá. 



IQUIQUB ES 9(*MBAKDQAD0 PB NOGHtj) 19T 

sobre e|la 42 bombas de á 250, en todas direcciones. Apenas 
puede concebirse el espanto y la confusión que causó semej int^ 
hostilidad^ tan salvaje como inusitada, en los confiados habi-r 
tantes de ese puerto, y cuyo resultado fué la victimación de 
muchas mujeres, niños y ancianos, muertos 6 heridos. 

Indignado el cuerpo consular por la perfidia del Almirante 
Revolledo, formuló una enérgica protesta, « por la manifiesta 
contradicción entre sus solemnes promesas y garantias, y el 
bombardeo llevado á cabo sin previo aviso, sin motivo alguno 
justificable, y contra todo principio y práctica del derecho 
internacional. » El Almirante alegó, para justificar su proce- 
dimiento, supuestos preparativos ó tentativas de un ataque de 
torpedos á sus buques, torpedos que jamás se aplicaron ni 
aparecieron en la bahia. (*) 



(*) Iqaique, Julio 18 de 1879.— Ge/e de Estado Mayor General.— Al 
Benemérito Señor General de División, General en Gefe del Ejército. 
— ün acontecimiento sin nombre en la historia, un hecho sin ejemplo, 
contrario á las leyes de la guerra, j aun á las leyes de la huma- 
nidad, digno únicamente de los vándalos de la edad media, tuvo 
lugar en la noche de ayer, de las 7 y 30 hasta las 6 y 20 p. m. 
Cuando el pacífico vecindario se entregaba al descanso de sus tareas, 
y cuando las fuerzas del ejército que guarnecen la plaza, ocupaban 
sus puestos de servicio; se advirtió á bordo de las naves blo- 
queadoras, que se encontraban al frente de la bahia, .un fuego 
nutrido de fusilería que la oscuridad de la noche hizo imposible cono- 
cer su objeto, interrumpido á intervalos por disparos de cailon. Con- 
cluido éste, príncipió con mas actívidacf el fuego de su gruesa artilleria 
ya con dirección al puerto, haciéndose fuera á la mar, media hora 
después. 

El número de disparos de cafíon, de diversos calibres, ascendió al de 
42, causando en el ejército y en el vecindario, los estragos que se 
determinan en la relación que me hago el honor de acompañar á U. S. 

£1 examen de las causas que haya dado orí jen á este hecho tan 
inaudito y salvaje y los sucesos que se desarrollen, difícilmente podrían 
demostrarse ; mientras tanto la forma con que se ha procedido, autoriza 
á creer que continúan en su invariable conducta de destrucción, á nian- 
salva y sobre seguro, emprendida ya en nuestros indefensos puertos de 
Pisagua, Mejillones y Pabellón de Pica, y que no siéndole posible pene- 
trar en el continente por la valerosa resistencia, que les oponen nuestros 



193 IQÜIQUE ES BOMBARDEADO DE NOCHE 

La causa verdadera fué el miedo cerval de que estaban 
poseídos de Almirante á paje, los varoniles tripulantes de las 
naves bloqueadoras, y que los hacia ver en cada madero 
boyante un torpedo, así como en cada humo un « Huáscar; » 



compatriotas, sacian por lo menos sus pasiones de este indigno modo. 

Las fuerzas del ejército seretiraion á sus cuarteles á las 6 a. m. de 
la fecha ; y deshoras después ha vuelto á entrar en el puerto la escua- 
dra Chilena que le abandonó después de su original hazafía de la noche, 
faltando el blindado « Blanco Encalada » y el trasporte « Matías 
Cousinio. » 

Nada mas tengo que agregar á U. S. que ha sido testigo presencial 
de estos acontecimientos. 

Los señores Jefes, Oficiales y tropa permanecieron dignamente en 
sus puestos, resueltos como buenos á sacrificar su existencia en aras 
de la patria.— Dios guarde á U.S. — B.S, G, en J.— Santiago Contreras. 



Relación de los daños causados por el bombardeo de anoche en individuos 
y edificios de esta po6í«c¿on :— Muertos.— Déla « Columna de Tarapacá,* 
soldado Francisco Vasquez, destrozado por una bomba. 

— Id del pueblo, tres niños de doña María Vilches, id, id. 

— Id. id, id, Don Quinteros, las dos piernas destrocadas por otra 
bomba, murió en la mañana de hoy. 

Heridos. — Del lí. M. G. Teniente Coronel Don José Luis Torres, en 
la cara, un astillazo. 

— Id. id, Teniente Don Enrique Osma, en la cabeza, fragmentos de 
bomba. 

— Ciudadano (quiteño) Don Manuel Flores, un brazo menos. 

— Id, Don Manuel Matías Verdejo, en la cabeza, fragmentos de 
bomba. 

Id. — (Alemán) don Enrique Vam Burén, en el pecho, astillazo. 

—La anciana, doña Petronilla Núñez, en la cabeza, grave, fragmento 
de bomba. 

Y otros muchos contusos con astillas de madera. 

Gran número de casas maltratadas y otras inutilizadas, cuyas pérdi- 
das no se pueden apreciar de pronto. 

El estanque del agua de Arica, roto por una bomba. 

Iquique, Julio 17 de IS7^.— Francisco Lago, 



Notas cambiadlas entre el Cuerpo Consular y el Almirante de la Escu 



IQUIQUE ES BOMBARDEADO DE NOCHE 199 

y por desgracia sucedió esa noche, como muchis otras pro- 
bablemente, que grandes trozos de maderi, de los que las 
corrientes iban arrancando al cadáver de la < Esmeraldad >, 
fueron á flotar al rededor de los buques; al ver esto los 



dra Chilena, — Iquique, Julio 17 de 1879.- Sefior :— Tenemos presentes 
las explícitas declaracionefl que U. S. se dignó hacer en fecha 6 de 
Ahril á los delegados del Cuerpo Consular : y ante la fé que ellas de- 
hian merecernos, no habriamos podido nunca suponer que se produ* 
jesen acontecimientos en manifiesta contradicción con las garantías 
espontáneamente ofrecidas por U. S. 

Contra todas nuestras previsiones, anoche por espacio de dos horas, 
por motivos que no alcanzamos á comprender, y sin el aviso previo 
que el Derecho internacional requiere, los buques al mando de U. S. 
han dirijido sobre esta ciudad un considerable números de tiros de 
cafion, cuyos efectos han, sido desastrosos; varias personas indefensas, 
ancianos, mujeres y niños, y algunos neutrales han perdido la vida ; 
han sido destruidas algunas pro})iedades particulares, pertenecientes á 
extrangeros, de los cuales, como U. S. no ignora, está compuesta la 
mayoría de esta población. 

Encargados de la protección de vidas é intereses de nuestros respec- 
tivos nacionales, y para cumplir con los deberes de nuestro cargo, en 
reunión especial, hemos resuelto unánimemente protestar, como en 
efecto lo hacemos en toda forma, del bombardeo de anoche, bombardeo 
injustificable y contrario alas prácticas mas conocidas y sagradas del 
Derecho internacional, haciendo responsable á U. S. de las consecuen- 
cias á que él pudiera dar lugar. 

Somos de U. S. atentos y obsecuentes servidores — J. TV. Merriam, 
Cónsul de los Estados Unidos de América y Decano del Cuerpo Con- 
sular. — Marcos F. Aguirre, Cónsul del Ecuador. — Indalecio Oamez, Cón- 
sul de la República Arjentina. — Hermán J, Schmidt, Cónsul de la 
monarquía Austro-Húngara y encargado del consulado del Imperio 
Alemán. — M, Joioell, Vice-Cónsul accidental de S. M.B.— Doctor Hugo 
Bússi, agente consular de Italia. — Al Seflor Comandante en Jefe de la 
Escuadra Chilena en esta rada. 



Abordo del blindado < Banco Encalada * — Iquiqne, Julio 17 de 1879. 
— Sefior Cónsul : — Hé tenido el honor de recibir la nota protesta del 
cuerpo consular, residente en este puerto, la cual enviaré á mi gobierno 
en primera oportunidad para su conocimiento. 

Mientras tanto, juzgo oportuno manifertar á U S., que no niego el 
hecho de haber ofrecido al Cuerpo Consular, que siempre que, por los 



200 IQÜIQUB BS BOMBARDEADO DE NOCHE 

preocupados marinos, talvez ciertamente sobrexitados á esas 
horas de tinieblas, como dia de la patrona de las armas Chile- 
nas, por la influencia de algún otro espíritu perturbador, no 
necesitaron mas para trabar recio combate con aquellos 



acontecimientos de la guerra, me viera precisado á bombardear esta 
plaza, lo haría saber al Cuerpo Consular con la conveniente anticipa- 
ción, para la seguridad personal é intereses de sus nacionales. 

Y tengo la satisfacción, Señor Cónsul, de haber obrado extrictaníente 
en armonía con mi promesa, apesar de los actos de hostilidad empleados 
por las fuerzas Uiilitares de tierra contra la corbeta « Esmeralda *, du- 
rante un combate naval primero, é intentando después la destrucción 
de uno de los buque de la Escuadra de mi mando por medio de un 
torpedo en la noche del 8 del actual. 

Pero la nueva repetición de este último acto anoche, contra el buque 
de mi insignia, me autorizaba, de hecho, para consumar la destrucción 
del pueblo ; pero, aún asi, y- obedeciendo solo á un sentimiento humani- 
tario, ordené que las punterías se hicieran por alto, como U S. habrá 
tenido ocasión de cerciorarse. 

Deploro la pérdida de vidas de individuos indefensos que U S. me 
asegura ha ocurrido ; pero no se ocultará á U S. que la feliz apUcacioii 
del torpedo hubiera hecho perecerá un sin número de individuos tam- 
bién indefensos contra esta traidora arma de guerra. 

Hasta este momento, la guerra, en que nos hallamos empeñados, ha 
sido sostenida por nuestra parte, con toda lealtad ; puede U S. asegu- 
rarlo así á sus nacionales, y agregarles que se continuará del mismo 
modo, mientras el enemigo no emplee armas de esta especie. 

Finalmente, me permito recordar á US., que este pueblo, hoy cuar- 
tel general del Ejército, con sus fortificaciones y defensas, lo constitu- 
yen en una plaza militar, y por consiguinte, sus moradores están sujetos 
á todas las contingencias de la guerra; por lo cual lamento sinceramente 
la permanencia aun en ella de ciudadanos neutrales, y muy particular- 
mente la de US. y demás miembros del Cuerpo Consular, que US. 
tan dignamente preside. 

Con sentimientos de mi mas alta consideración, tengo el honor de ser, 
Señor, atento y obsecuente servidor. — J. WiUiaftis Rebolledo» — Señor 
Cónsul de los EE. UU. de Norte América, Decano del Cuerpo Consular 
extranjero en Iquique. 



Iquiqne, Julio 19 de 1879. —Señor : —Hemos leido con detenida aten- 
ción el oficio que US. se ha dignado dirijir al Decano del Cuerpo Con- 
solar de este puerto, y Kiespues de meditar todas las razones aducidas 



EXCURSIONES DBL HUÁSCAR Y LA UNION 201 

audaceS; auDque inaDimados tiburones, primero, parodiando 
magníficamente aquel famoso combate del no menos famoso 
héroe de ]a Mancha, con los molinos de viento, y después con 
la inerme población de Iqaique, sorprendida como verda- 
dero rebaño en altas horas de la noche por hambriento y 
traidor carnicero. 

Ese dia (16 de Julio,) aniversario del grito de independencia 
dado en la ciudad de la paz, ha mas de medio siglo, por el 
patriota Murillo, los Presidentes del Perú y Bolivia celebraban 
en Tacna aquel memorable acontecimiento, y en medio del 
público regocijo se recibió el primer telegrama de Iquique, 
anunciando lo que acababa de pasar en ese puerto ; la alegria 
se convirtió en furia contra los bárbaros enemigos, y sin pér- 
dida de tiempo, el Director de la guerra regresó á Arica y 
ordenó que la « Union », que habia llegado ese dia del Callao, 
y el < Huáscar » salieran con dirección a los puertos del Sur 
á hostilizar al enemigo. Cinco horas después, en efecto, zarpa- 
ron del puerto los dos buques, al mando del Comandante 



en justiñcacion del bombardeo de la noche del 16 del actoal, y en 
apoyo del derecho de repetirlo en adelante, toda vez que se renueven 
laa hostilidades, qae asevera U S. se han ejercido contra la escuadra de 
su mando ; nos permitimos manifestarle, que á este respecto opinamos 
de otra manera. 

No creemos que el derecho internacional autorize y lejitime la des. 
tracción de la propiedad particular y neutral, como una simple medida 
de represalias, sino, tan solo en el caso preciso y extremo, de que la 
necesidad de activar la terminación de la guerra, ó de ejecatar una ope- 
ración muy importante, haga inevitable su destrucción. 

Tampoco creemos que la calificación de la plaza fuerte corresponda á 
esta ciudad abierta ; pero, sea de esto lo que fuere, y dejando á quien 
en ella incurra la responsabilidad de hechos futuros, nos permitimos 
expresarle, que al usar US. del poder de que dispone en la medida y 
forma que lo crea conveniente, se digne no echar en olvido que si las 
naciones civilizadas que clasifican el bombardeo, cuando es lejítimo, de 
una medida de rigor estremo, lo estigmatizan como un atentado, si se 
consuma sin previo aviso, sea cual fuere por otra parte, su grado de 
lejitimidad. 

Confiados en la promesa que U S. nos hizo el 6 de Abril, confirmada 



202 EXCURSIONES DEL HUÁSCAR Y LA UNION 

Grau ; tocaron en Antofagasta y sus cercanías, apresaron la 
fragata « Adelaida >, cargada de carbón de Chile, y la 
enviaron al Callao ; continuaron al Sur, acercándose á. los 
puertos Chilenos del Cobre, Blanco Encalada, Taltal, y Baile- 
nita, sin ninguna ocurrencia particular. Al dia siguiente (Julio 
10) de haber tocado en este último puerto, la «Union» capturó, 
frente á Chañaral, al bergantín « E Saucy- Jack, * cargado de 
cobre. De este punto la « Union » se dirijió á Caldera, 
mientras el < Huáscar » entraba en Chañaral ; al ver á este 
la gente del puerto huia despavorida. El Comandante Grau 
envió un parlamentario, haciendo saber que no seria atacado 
el pueblo, y que las hostilidades se limitarían á recojer las 
lanchas y destruirlas j esto tranquilizó á los pobladores. Des- 
truidas las lanchas volvió el c Huáscar » á reunirse con la 
« Union » que lo esperaba en la boca del puerto. Todos los 
de á bordo creian que en Caldera los recibirían á balazos, por- 
que dos dias antes habia tenido lugar allí el estreno de los 
fuertes y baterías, con ejercicio de fuego de los cañones mon- 



indirectamente en la nota que tenemos el agrado de contestar, exigimos 
de US. se digne decimos, si podemos asegurar á nuestros respectivos 
nacionales, que, en el caso desgraciado, de que sus vidas y propiedades 
corran el riesgo de un bombardeo, éste no se producirá de improviso) 
sino con un aviso anticipado,^ según la práctica de las naciones cris- 
tianas. 

Por lo demás, y muy agradecidos al interés que muestra U S. por 
nuestra seguridad personal, nos apresuramos á destruir la estrañeza que 
causa áÜS. nuestra actual permanencia en este puerto, insinuándole 
que ella se explica por las garantías que US. nos dio ; y que los deberes 
de nuestro cargo nos obligan á permanecer donde se hallan amenaza 
dos los interese de nuestros connacionales. 

Somos do U S. con expresión de alta consideración, atentos y obse- 
cuentes servidores. — J. W, Merriam^ — Cónsul de los Estados- Unidos 
de América y Decano del Cuerpo Consular. — Marcos F. Aguirre, — 
Cónsul del Ecuador. — Hermann I. Schmidty — Cónsul de la Monarquía 
Austro -Húngnra y Encargado del del Imperio Alemán. — Indalecio Qoniez^ 
— Cónsul de la República Argentina. — J. Jetoeli^ — Vice-Cónsul Acciden- 
tal de S. M. B. — Dr, Bugo Bossi^ — Agente Consular de Italia. — Ai 
Señor Comandante en Jefe de la Escuadra Chilena en esta Rada. 



EXCURSIONES BEL HUÁSCAR Y LA UNION 203 

tados, de á 70 y de á 150, que fué celebrado con fiestas, 
banquetes y brindis, en que, cuando menos, auguraban que el 
« Huáscar * encontraría alli su turaba, si se atrevía á ponerse 
á tiro de las baterias. * ¡ Oh desgracia ! el < Huáscar » pene • 
tro en el puerto, y recorrió toda la bahia rosando fuertes y 
baterias, sin que sus estrujados cañones hicieran oir ni el 
menor bajido de su segura dolencia ». (Bibl. 104) (*) 

« Es evidente sin embargo, que no se proponia el « Huás- 
car » devolver á la casi indefensa población de Caldera, los 
cañonazos nocturnos, que en hora infausta, disparara la escua- 
dra chilena cuatro dias antes >. (Bibl. 104 II. pág. 102 ). De 
alli continuó el monitor su marcha al inmediato puerto del 
Huasco, en donde, después de la notificación de costumbre, 
destruyó, sin encontrar resistencia, las lanchas que encontró 
(Julio 21). 

La « Union » ejecutaba á la vez iguales operaciones en los 
puertos de Carrizal B ^jo, y Pan de Azúcar. De regreso al 
Norte apresó en Chañaral (Julio 22) la barca «Adriana Lucía> 
cargada de cobre. « De esta suerte, durante tres dias de 
regalada excursión, los peruanos visitaron cinco puertos de 
Chile, destruyeron por completo su movilidad é hicieron tres 
presas que valian mas de cien mil pesos ! .... El pánico 
que causaba el « Huáscar » llegó ¡ oh mengua ! hasta apagar 
las luces del faro en la plaza fuerte de Valparaiso». (Bibl. 104 
pajinas 197-295) 

El día siguiente, á las seis de la mañana, el « Huáscar» se 



(*) Prueba — Mañana quizá Be hará un ensayo con los fuertes de Cal- 
dera, habiéndose estraido para tal efecto, la bala que guardaba en su 
terrible seno el cañón de á 150. 

El escritor chileno Vicuña Mabkena, al referirse á este suceso, 
confirma, aunque de un modo incidental bastante expreso, el desfa- 
vorable juicio que aun en algunos chilenos, habia producido el inicuo 
bombardeo nocturno de Iquique, sí bien por otro lado asienta una fal- 
sedad, diciendo que Caldera estaba indefenso, pues es de pública notorie- 
dad que pocos dias antes del arribo de los buques peruanos á esas 
costas, se habia montado en dicho puerto, como acabamos de decirlo, 
cañones hasta de á 150 



204 APRESAMIENTO DB BL EIMAG 

presentó frente á Antofagasta, para reunirse con la « Union » 
según lo acordaron dos diajs antes ; apenas babia llegado á 
este punto cuando el tope anunció dos bumos en el horizonte ; 
el « Huáscar » se dirigió á reconocerlos, y una bora después 
pudo observar que un vapor perseguía á otro; la ansiedad 
fue grande ; ¿ seria el « Blanco » persiguiendo á la « Union »? 
era necesario saberlo; el «Huáscar» aumentó su andar, 
tomando el rumbo conveniente para salir al encuentro del 
buque perseguido ; para protejerlo si era la « Union » la 
perseguida, ó asegurar su apresamiento si era enemigo; una 
hora después pudo reconocerse que la « Union » perseguía al 
trasporte enemigo c Rimao > ; el andar aumentaba en propor- 
ción á la alegría de la seguridad de la presa ; ésta huía á todo 
vapor ; el mar estaba tranquilo como un estanque. La f Union > 
con rumbo al Sur Oeste iba tras la popa del c Rimac > hacién- 
dole algunos tiros para que se rindiera, y el « Huáscar » dirijia 
su proa al Oeste dejando así cortada la retirada del enemigo ; 
á las diez de 1^ mañana se encontró al alcance de sus pode- 
rosos cañones, y á pocos minutos del primer disparo de 
intimación, que pasó por la proa del i Rimac » se vio en el 
palo trinquete de éste la bandera blanca de rendición (10-10 
a. m.) con Jo cual cesó el fuego, y los Oficiales del « Huáscar » 
pasaron á bordo del < Rimac > á toúiar posesión de él. Traía 
á su bordo el escuadrón de caballería. Carabineros de Yungay 
al mando del Coronel Don Manuel Bulnes, con sus respectivos 
caballos, armas vestuarios y muchos otros elementos de guerra 
que conducía á Antofagasta. Los Jefes y Oficiales del escua- 
drón se repartieron entre el « Huáscar » y la « Union > y 
fueron tratados con esquisita caballerosidad, y como merecían 
los que se rindieron. (*) (Apéndice núm. 16.) 



{*) FARTB OFICIAL DKi. COMANDANTE DFL « HulscÁK » — Comandancia 
General de la FHmera Dirüion Naval — A bordo del t Huáscar * al 
ancla, Arica, Julio 26 de 1879.— Exmo. Señor General Director de la 
Guerra.— Exino. Señor : — En armonía con las instrucciones y órdenes 
que recibiera de V. E. para buscar y hostilizar al enemigo en las 
costas del Sur, junto con la corbeta « Union » y al mando de ámbo9 



APRBSAMIGNTO DE ÉL RÍMAO 205 

La caza duró como cuatro horas ; y aunque es indudable 
que el momento de la rendición lo abrevió el « Huáscar, » que 
con áu primer tiro infundió el terror en el enemigo, no por 
esto puede quitarse á la « Ünion » el honor de la presa, pues 



buques, tengo el honor de elevar al conocimiento de V. E. el presente 
parte, sobre el resaltado de mi comisión. 

El 17 del corriente á las 3 h. a. m. zarpamos /del puerto, después 
de haber convenido con el Jefe de la segunda División Naval, Capitán 
de navio Don Aurelio Garcia y Garcia, los mejores medios para llenar 
nuestro cometido. Navegamos bien retirados de la costa á una 
distancia tal, para que no pudiéramos ser vistos por los enemigos. . 

A las 12 h. m. pasamos por frente de Pisagua, y á las 6 h. p m. por 
Iquiquo. 

A las 9 h. a. m. del dia 18 reconocimos al Norte de Mejillones de 
Bolivia un buque de vela que resultó ser la barca inglesa • Ladi Vore 
de Vore > que cuatro dias antes habia zarpado de dicho puerto cou un 
cargamento de huano con destino á Liverpol. De este buque obtuve algu- 
nos datos acerca de los trasportes enemigos. Continuamos en demanda 
del puerto de Antofagasta, y al encontrarnos á ocho ó diez millas de 
la punta de Tetas, se avistó un vapor hacia á la cuadra de babor, 
que llevaba un rumbo opuesto al convoy Inmediatamente ordené que 
la c Union » fuese á reconocerlo, mientras yo hacia lo mismo pegán- 
dome á la costa. Gomo el vapor se asemejara al buque enemigo' 
« Abtao » activé la persecución, y á las 5 h p. m. entré en puerto de 
Mejillones, siguiendo sus aguas, y resultó ser la cañonera « Hugon • 
de la marina de guerra francesa, que venia en viaje de Coquimbo. — 
Nuestro inevitable arribo al puerto ya indicado, frustró el primitivo 
plan, porque supuse, y con fundamento, que de allí se comunicara por 
tierra á Antofa^^ta nuestra llegada, como pasó en otra ocasión. Por 
tal motivo desistí de mi propósito, y resolvi continuar mi viaje á las 
costas de Chile. 

En las primeras horas del dia 19, y á veintitantas miUas de tierra, 
encontramos varios buques mercantes de vela. — Mientras yo recono- 
cía á algunos de ellos, ordené que hiciera lo mismo la « Union » con el 
que tenia mas próximo. Del examen efetuado por la corbeta, resultó 
que el buque era la fragata « Adelaida Rojas • cargada con carbón 
Chileno, y que enarbolaba indebidamente la bandera nicaragüense, y 
se le despachó al Callao, para que fuese juzgada por el tribunal 
respectivo, con dotación de la misma corbeta. 

En la mafiana del 20 y frente á Chañaral, se capturó por la « Union » 
el bergantín < E. Sancy Jack • cargado de cobre, y en las mismas cna- 



206 APRESAMIENTO DE EL RIMAC 

no hay duda de que minutos masó méuos tarde, ésta sola ha- 
bría hecho rendirse al trasporte. 

Los primeros tiros de la < Union » al trasporte « Rimac, » 
;iunque hechos con las piezas de á 40, infundieron en la tropa 



diciones del anterior buque, por lo que Be le despachó al Callao con 
igual oV>jeto. Como en estos moraoiitos salia del Chañara! con deHtino 
á Caldera el vapor inglés « Santa Rosa • mientras yo reconocía el puerto 
ordené á \9, « Union • que continuara inmediatamente su marcha al 
referido puerto para llegar antes que el vapor y ver si se podia capturar 
ftlgun trasporte enemigo. Una vez en el puerto, notifiqué al Jefe militar 
de la plaza, que ibaá proceder á la destrucción de las lanchas hacién- 
dole responsable de las represalias que pudiera tomar, en caso de que 
se me hostilizara, asi se hizo con todas ellas, sin que se opusiera la 
menor resistencia. 

A las 2 h. p. m. zarpé con rumbo á Caldera y á las 5 h. p. m. 
encontré en la boca del puerto la « Union. # Media hora después 
penetré en la bahia, siguiendo poco después mis aguas la corbeta, sin 
que ninguno de los fuertes ó baterías nos hiciera fuego, sin embargo, 
de habernos colocado á su alcance. Después de tres horas, esto es, 
á las 8 h. 80 p. m. zarpé de Caldera con rumbo al ¡Sur, sin que hubié- 
ramos encontrado en este puerto ningún buque enemigo. 

£n la mañana del 21 entré en Uuasco y como en Chafíaral, destruí 
todas las lanchas, mientras igual operación practicaba en Carrizal 
Bajo la < Union ». — A las cinco de la tarde entré también en este último 
puerto para salir media hora después de haberlo reconocido, Al 
siguiente día, volvi por segunda vez á Chafiaral, y saqué á remolque la 
barca nicaragüense «Adriana liucia «, cargada de cobre, y que por 
encontrarse en condiciones análogas á las anteriores, fué remitida al 
Callao al mando y cuidado de un oficial, dos guardia-marinas y ocho 
marineros de este buque. — La corbeta entró en la misma tarde al puerto 
Pan de Azúcar, y rompió todas las lanchas que alli existían — £i 
resto del dia pasó sin que ocurriera ninguna novedad importante, hasta 
las 8h.p m que encontramos un vapor que reconocido, resultó ser el 
« Chala • de la compañía Inglesa de Vapores, que habia salido de 
Antofagasta con destino á Caldera el dia anterior. Nos comunicó que 
se encontraba en dicho puerto el trasporte Chileno « Itata » en el que 
habia llegado últimamente de Valparaíso una comisión compuesta de 
varios gefes del ejército y presidida por el Ministro de Estado don Do- 
mingo Santa Maria. £n la tarde se le dio el «rendez- vouz« al comandante 
Garda y García para que se amaneciera con la «Union», de 20 á 26 
millas de Antofagasta para operar ambos sobre este puerto.— A las 6 



CENSURABLE CONDUCTA DE LA HÜGON 207 

tal terror que se desmoralizó, al extremo de que los Jefes y 
Oficiales temieron mas de sus soldados que del enemigo que 
los perseguia tan de cerca; se echaron al saqueo de algunos 
efectos y de los vinos ; destrozaron los muebles y adornos de 
la cámara; y debido al valor de su CSoronel y á la aparición 
del « Huáscar» las escenas habrían tomado espantosas pro- 
porciones. (Apéndice núm. 16.) 

La excursión del « Huáscar » y de la « Union > hubiera 
tenido un éxito mas brillante á no ser la indiscreta conducta 
del Comandante de la cañonera francesa la « Hugon • que al 
ser avistada por el « Huáscar » y la < Union » frente á la 
punta de Tetas, aumentó su andar, con lo que hizo presumir 
que fuera algún trasporte enemigo, y obligó á variar de rumbo 
á los buques Peruanos para reconocerlo, hasta Mejillones de 
Bolivia en donde la encontraron. Este accidente dio á cono- 
cer la presencia de los buques Peruanos en esas aguas, cuya 
noticia, trasmitida por telégrafo á todos los puertos del Sur, 
desconcertó por completo el plan de ir en derechura hasta 
cerca del Valparaíso y sorprender á los trasportes- que recor- 
rían esos puertos. 

Las dos naves Peruanas regresaron con su rica presa al 
puerto de Arica (Juüo 25,) en donde se les recibió con estre ■ 
pitosos aplausos. 



h. a. m. del 23, pocas millas al sur del paerto ya nombrado, descubrí 
en el horizonte, hacia el norte, dos humos é inmediatamente ordené se 
diera todo el andar al buque, pues suponía que alguna nave peiseguia 
á la corbeta, ó que esta daba caza á un trasporte. — Una hora después 
pude ver que se efectuaba lo último, y goberné á cortarle la retirada al 
trasporte. La corbeta, merced á su rápido andar y hábil manejo, acor- 
taba la distancia visiblemente. El buque enemigo que al principio 
huia al N. O., encontrábase acosado en su fuga por los nuestros, que 
estrechaban la distancia instante por instante —«La Union*, le hacia 
al mismo tiempo algunos cañonazos coa las piezas de menor calibre. 
— A las 10 h. 15 m. a. m. encontrábase el «Huáscar> á tiro de cafion, 
y disparó por vía de intimación, una de las piezas de 300, cuyo pro- 
yectil pasó por sobre la proa del trasporte. Preparábame á hacerle un 
segundo tiro, cuando el cRimac» enarboló en su palo trinquete la l>au- 



208 PÁNICO BN LCJS PUERTOS DE CHILE 

En los puertos de Chile pasaba todo lo contrario. Desde 
que el telégrafo de Mejillones anunció la presencia del «Huás- 
cir 1 y de la € Union > en las costas cercanas, el pánico 
cundió en todos los ánimos, y la indignación contra el Almi- 
rante Revolledo y contra el mismo Gobierno no tuvo ya límites; 
pobladas mas ó menos alarmantes, acusaciones de la prensa y 
del Congreso, pusieron en peligro la paz interior de Chile, y 
solo pudo calmarse la excitación que dominaba, con la dimi- 
sión del Ministerio, la separación del Almirante Revolledo del 
mando de la escuadra, la actividad que se puso en los trabajos 
en el arsenal de Valparaiso, y la compra de trasportes; uno 
de los cuales fué el c Amazonas » déla compania inglesa de 
navegación en el Pacífico, que por un vil lucro faltaba 'isí á la 
neutralidad y á la gratitud que debia al Perú por la señalada 
protección que le habia prestado en todo tiempo. 

Por la correspondencia encontrada en el « Rimac » se supo 
la próxima llegada á Valparaiso de un buque cargado de 
armas y. otros elementos de guerra. Sin pérdida de tiempo 
ordenó el General Prado la salida de la « Union > al Estrecho 
Magallanes. En cumplimiento de esta orden zarpó de Arica 
el 31 de Julio (á las 3. a. m.) Durant3 su travesia no ocurrió 
nada de particular; el 13 de Agosto entraba en el Estrecho, y 
tres dias después (el 16) ancló en puerto Chileno de Punta 



dera blanca: estaba rendido. Inmediatamnnte llegué á su costado y 
mandé botes, con oñciales, soldados y tripulanres, para recibir el buque, 
nombrando al mismo tiempo como Comandante provisorio de dicho tras- 
porte al capitán de fragata graduado don Manuel Meliton Carvajal. — 
A BU bordo venia de trasporte el escuadrón «Carabineros de Yungay*, 
Í\iertede258 plazas, inclusive 15 individuos entregefesy oficiales. Este 
cuerpo viene al mando del teniente coronel Bulne. — En el «Rimac* han 
venido también 215 caballos, una gran cantidad de carbón, armamento, 
proyectiles y otros arti(;ulos importantes de guerra; cuyo inventario be 
6dtá actualmente haciendo, y que remitiré oportunamente á V. E. £1 
rol de los prisioneros tomados en el «Rimac», es el que tengo la honra 
de adjuntar á V. E. — La caza duró cerca de 4 horas, y á consecuencia 
de loa disparos de la «Union», murió un soldado y salieron cuatro he- 
ridos, todos ellos del escuadrón «Carabineros de Yungay». Se ordenó 



LA CORBETA UNION EN PUNTA ARENAS 209 

Arenas. Los habitantes y la pequeña guarnición de este 
puerto, sorprendidos y asustados por la presencia de la 
« Union » en sus aguas, huian despavoridos al Norte, creyendo 
que el pueblo iba á ser bombardeado á usanza de Chile ; el 



también qae de abordo de la «Union> pasasen al trasporte otros ofí- 
ciales y tripulantes. Asi mismo varios de lo» prisioneros fueron tras- 
bordados á este buque y á la «Union». Entre los prisioneros se encuentran 
el teniente coronel don Manuel Bulnes, el sargento mayor don VV^en. 
ceslao Bulnes, el capitán del buque don Pedro Lantrup y otros varios. 
El capitán de fragata don Ignacio Luis Gana^ con varios otros pasó 
á la «Union». En el resto del viaje hasta este puerto, en el que he 
fondeado hoy á las 9 h. 30 m. a. m. no ha ocurrido nada importante. 
Al concluir permítome el honor de felicitar á V. E. y al país por 
el triunfo moral obtenido sobre el enemigo, arrebatándole, en noble 
lid, uno de sus mas importantes trasportes, como asi mismo, uno de 
los mejores cuerpos que componen su ejército. 

Todo lo que tengo el honor de poner en conocimiento de V. E. á 
ñn de que se digne conceder su aprobación á los procedimientos de 
que doy cuenta. Tan luego como remita su parte el comandante Garcia 
^Garcia, tendré el honor de remitirlo á V. E.— Dios guarde á V. E— 
Exmo. Señor. — Miguel Grau. 



MONITOR « HUÁSCAR » -~ Relaciou de los señores gefes, oficiales y tripu- 
lación del vapor trasporte chileno « ilimac » que vienen á bordo del es- 
presado. 

Teniente coronel, Manuel Bulnes— Sargento Mayor, Wenceslao Bulnes 
— Alfere», Ramón L. Ortúzar— Pasagero, José T. Garcia — Capitán, Pedro 
Lauptrop— 2» Piloto, Richard Hampke— 3^ id, Francisco Williams— 
Mayordonio, Tiburcio Escobar— Marineros primeros, Pablo Benites— 
id., Ricardo Pino— id., José del C. Rodríguez— id. Leocadio Reynoso— > 
Marineros segundos, José Toro— id., Rafael González— id., Narciso Bas- 
tides — id, Nicanor Fuensalida— id., Antonio Alvarado— id., Valentín 
Moscoso— id., Juan Taila— id., Eduardo Lira— id., Francisco Jara— id. 
Pedro Cruz— Winchero, Agustin Arellano— id., Manuel Escobar— id., 
Juan B. Castro— Muchacho, Vitalicio González— Cabo 1«, Nicanor María 
— Soldado, Nicolás Muñoz. — Al ancla, Arica, 25 de 1879— Por el oficial 
del Detall— Firmado —Joaé Ai. Üoíí/i^uejf— V.o B.o— Firmado— ií^iicí 
Orau, 



Relación de los prisioneros que se encuentran á bordo del «Rimac». 
Primer Mayordomo, Alejandro Halpin —id Cocinero, Charlea Draun-»2<> 

T i. 14 



210 LK CORBETA UNION KN PUNTA ARENAS 

Vice-cónsul inglés y algunos extranjeros suplicaron al Coman- 
dante en Jefe Aurelio Garcia y Garcia, que no atacara á la 
población indefensa, á lo que se les contestó que € las armas 
del Perú jamas se empleaban contra pueblos desarmados, y que 
solo exijia, por su justo precio, algunos víveres frec^cos ». Esos 
mismos extranjeros dieron la noticia de que doce dias antes 
h¿tbia salido de ese puerto el vapor británico « Gleneleg, > 
cargado de armas y pertrechos de guerra, con dirección á 
Valparaíso, couvoyddo por el « Loa ». Con esta noticia, y des- 
pués de proveerse de víveres y otros artículos, que fueron 
pagados aprecios justos y corrientes, y de haber tomado 
cientoy tantas toneladas de carbón, de un pontón Chileno, 
levantó anclas la « Union » el 18, tomando las precauciones 
consiguientes para evitar cualquier ataque de las naves enemi* 
g^s que, fundadamente, suponía encontrar en el viajfí. Desde 
la salida del Estrecho navegó á la vela, temiendo que le faltara 
carbón, y alejándose de la costa mas de doscientas millas ; 
gracias á esta precaución las naves enemigas, que cruzaban 
por esos puntos, no la encontraron, y dio fondo en Arica el 14 
de Setiembre. (*) (Apéndice 17.) 



id., Jonh Rymer— 3° id., Ventura Earcanas — Donque, Palleto Diaz^ 
Panadero, Charles Price — Carnicero, Enrique M^s — Equipaje, James 
Campbell — id. , Robert VVete — id , William Criffiths — id. , Francisco Otero 
— id., George Smith— id., LuisLaiser— id., Eduardo King— 1er. Contra 
maestre, José Diaz — 2® id , James Cooper — Lamparero, William Brarren 
— Al ancla, Arica, Julio 26 de 1879.— Por el oficial del Detall.— Firmado 
— José M. Bodriguez^V ,^ B.» — Miguel Grau. 



COPIA — Relación de los gefes y oficiales prisioneros en el u Rimac ». 
— Capitán, Belisario Campos— id., Roberto Bell— Teniente, Alejandro 
Guzman - id., Federico Yabar — Alférez, Daniel J. Hermosilla — id , José 
C. Jiménez— id , Manuel Forné — id., Carlos Larrain — id. , Tristan Ste- 
phem— Porta- estandarte, Aníbal Godoy— Teniente graduado de capitán 
Ricardo Canales — Subteniente del 2'> de línea, Guillermo Chaparro— 
Id., del batallón «Bulnes'>, Ildefonso Alamos. 

[*) COMANDANCIA GENERAL DK LA 2* DIVISIÓN NAVAL. — A bordo de la 

corbeta Union —Al ancla, Arica, Setiembre 14 de 1879.— Exmo. Sefior 
General Director de la Guerra :— B. S. G. ¡—Impuesto de las inatrac* 



!^ 



LA CORBETA UNION EN PUNTA ARENAS 211 

Esta campaña, aunque de estériles resultados, probó la 
pericia delJefe que la dirijió, á la vez que, como la anterior 
hecha con el « Huáscar > y todas las demás de las naves 
Peruanas en los puertos enemigos, el profundo respeto que la 



ciones que recibí de V. K er. este puerto el 30 de Julio último, orde- 
nó al comandante de la « Union > el zarpar inmediatamente, como lo 
hicimos á las 3 a. m del 31. 

£1 viaje que íbamos á emprender á lo largo de la dilatada costa 
enemiga y en la peor estación del año, hacia indispensable tomar pre- 
cauciones extraordinarias para la mayor ecouomia del combustible, y 
así se efectuó desde el primer momento. 

Aparte de los accidentes naturales á una navegación de invierno, 
que fué siempre tormentosa en la costa Patagónica, nada extraordi- 
nario ocurrió en la travesía hasta el 13 de Agosto, dia en que, bajo un 
duro temporal del N. avistamos los nevados de la boca Occidental del 
Estrecho de Magallanes, entrando en él á las 3 h. 30 p. m. que demo- 
raba el Cabo Pilar, al Sur, distancia tres millas. 

IjO corto del dia y lo cubierto del tiempo, nos obligó á pasar la noche á 
la capa entre Westmiuster liill, el cabo Packer y la costa Sur de la 
Tierra del Fuego. 

Al amanecer del siguiente dia 15, seguimos derrota hacia adentro del 
Estrecho fondeando en la tarde en bahía Borja. 

El 15 lo pasamos en la bahía de San Nicolás, dominando tanto aquí 
como en el primer puerto, los canales de pasaje en el Estrecho. 

Habiendo dejado el último fondeadero, temprano el 16, continuamoB 
en demanda de la colonia chilena de Punta Arenas, donde dimos fondo 
ese mimo dia á las 2 h. p. m. Poco antes de tomar el puerto avia- 
tam^iR un vapor que se dirijia al Pacíñco ; acostado y reconocido resul- 
tó ser el vapor alemán « Sakkarah • de la línea Kosmos y cuyos pa- 
peles se hallaban en regla. 

Grande fué la alarma que nuestra presencia produjo en la población 
de Punta Arenas, cuyos habitantes impresionados por las impostura» 
de algunos periódicos chilenos, huian despavoridos á los montes próxi- 
mos, figurándose que íbamos á incendiar y echar á saco la población. 
Tuve la satisfacción de tranquilizarlos, haciéndoles saber que las armas 
del Perú jamás se emplean contra poblaciones indefensas. Existiendo 
en el puerto un pontón del gobierno chileno que tenia una poca canti- 
dad de curbon, aunque no de. buena calidad, hice trasbordar ciento* 
dos toneladas que permitió el tiempo. Nuestras provisiones frescas 
fueron renovadas, abonando su importe en efectivo. 

Por informes fidedignos supe aquí, que doce dias antes de nuestra 



gl2 LA CORBETA UNION BN PUNTA ARENAS 

Nación Peruana profesa por los principios tutelares del dere- 
cho internacional, y la magnanimidad característica de sus 
hijos; conducta y cualidades que sus mismos enemigos se han 
visto obligados á confesar paladinamente. He aquí como, 
refiriéndose á la actitud de la « Union » en el Estrecho, se 
expresaba un corresponsal de < El Ferro-Carril » de Santiago, 
en Punta Arenas. « El Jefe Peruano llevó su generosidad con 
el enemigo, basta mas allá de donde le permitía llegar su 
carácter de beligerante; respetó el pontón del Gobierno que 
pudo incendiarlo ; dejó libre una goleta Chilena. « La Laisita » 
ya apresada ; y los víveres que se le proporcionaron los tomó 
por su justo valor». 



llegada habia zarpado, con destino á Valparaíso, convoyado por el tras- 
porte « Loa > el vapor británico « Gleneleg • cargado de armas y per- 
trechos para el gobierno de Chile. 

El 18, con barómetro bajo y viento N. dejamos Ponta Arenas, reci- 
biendo antes la visita del vice-cónsul de S. M. B. señor Ke3maldo, quien 
á nombre de la población neutral venia á manifestarme el agradecimien- 
to de que estaban poseídos por no haber sufrido nada en sus personas 
é intereses. 

Ei 28, con tiempo despejado y hermoso, salimos nuevamente al Pa- 
cífico marcando loe Evangelistas en la tarde. 

Obligados á hacer la mayor parte del viaje de regreso á la vela, sin 
el aparejo completo, aquel ha sido sumamente penoso y dilatado, con- 
trariados siempre por los vientos del Norte ó Nor-Oeste, y calmas de 
muchos días consecutivos, que nos mantenían sobre la costa enemiga. 
Pero vencidos tpdos esos inconvenientes inclusive la absoluta falta de 
carbón, acabamos de fondear sin la menor novedad, siéndome grato 
participar á V. E. que una vez mas ha probado la dotación toda de 
esta Corbeta la disciplina que tanto la distingue y su entusiasmo y 
sufrimiento en bien del servicio. —Dios guarde á V. E. — Exmo, Señor 
•^Aurelio García y Garda. 



X 



CAPITULO VIII 



C^ueluye la prlmerai eampai»» maritima 



Sumario : £1 « Haáscar > Bale de Arica en persecución del «Cochrane»; 
á vez que facilita el viaje del monitor « Manco Capac » — IJn fuer- 
te temporal frustra esta expedición — De regreso busca al trasporte 

< La Mar » — Se presenta d « Blanco » j el « Jtata » burla la caza— 
£1 monitor « Blanco Capac > llega á Arica — £1 « Huáscar » con 
el < Oroya* salen de Arica al sur, tocan en varios puertos^ £b 
Antofagasta rastrea el cable y se rompen los fuegos — Regresa 
tranquilo, recorre puertos y llega á Arica — Desesperación en Chile 
por las excursiones del < Huáscar * — Nueva organización de la 
escuadra chilena — « La Pílcomayo > sale de Arica en descubierta, 
encuentra la escuadra enemiga y se retira haciendo fuego — Ex- 
cursiones del « Rimac « y del « Chalaco i — Última campaña del 

< Huáscar • — Kl General Prado ordena el regreso del « Huáscar • 
al Callao — Grau pide se le permita ejecutar antes una correría á 
los puertos enemigos — Móviles de Grau para intentar esa excur- 
sión — La escuadra chilena se resuelve á buscar al < Huáscar • y 
atacarlo — Se presenta en Arica y se retira en busca del < Iiná9> 
car *, sin intentar atacar el puerto — La c Pilcomayo > provoca el 
combate y la « O'Higgina * se retira haciendo fuego — £1 « Huás- 
car <• y la « Union » recorren la costa enemiga — La escuadra 
enemiga se diríje al sur en busca del < Huáscar >, y plan que si- 
gue — £ncuentra en Antofagasta al « Huáscar » y á la « Union • 
— £n punta Angamos se compromete el combate — Relación de 
este combate — Resignación del Perú — Honores y recompensas al 
Contra- Almirante Grau — Donativos para la construcción de otro 
blindado que reemplace al « Huáscar • — £! < Huáscar > no se 
rindió. 



AI siguiente dia de la salida de la « Union », zarpd del 



214 EL HUÁSCAR CONTRARIADO POR UN TBSMPORAL 

mismo Arica el «Huáscar» (Agosto T) y el trasporte 
« Rimac > rumbo Sur, con el objeto de sorprender al blindado 
« Cochrane » que según ní^ticias, iba á Valparaíso á com- 
poner su máquina; á la voz que distraer por ese lado la 
atención de los dos blindados, para facilitar y asegurar el 
viaje del pesado monitor c Manco Capac > del Callao á 
Arica. 

Por esos meses reinan en aquellas latitudes vientos fuertes 
del Sur, y temporales que son mas peligrosos navegando en 
ese rumbo ; al tercer dia de navegación el < Rimac », á 
consecuencia de Ih fuerte marejada (jue le imprimia recias 
cabezadas, perdió una de las principales piezas de la máquina, 
quedando asi inutilizado para seguir la excursión ; fué preciso 
mandarlo al Callao, debiendo continuar el c Huáscar > solo la 
comisión que recibieron ambos. Este se dirijió á Coquimbo 
en donde, según aviso de un pasajero del vapor < Ibis > de la 
carrera, se encontraba el « Cochrane ». Al Hogar al puerto 
de Caldera (9. p. m.) se detuvo en la boca del puerto y envió 
al Teniente 2° Fermin Diez Canseco á que con toda precaución 
examinara la bahia y los buques que hubiesen en ella; el Oficial 
cumplió debidamente su comisión, y dio cuenta de que no habia 
mas buque surto en el puerto que el trasporte « La Mar >. 
Como el objeto del « Huáscar» era batir al blindado, dejó la 
segura presa del «La Mar» y se dirijió á Coquimbo en su 
busca ; pero la braveza del mar y el fuerte viento que se 
experimentó desdo el siguiente dia de- la salida de Arica, 
arreció de tal manera en esta travesía, que se convirtió en 
un verdadero temporal (Agosto 5). Las olas invadían por 
todas partes la cubierta del buque é inundaban las cámaras; 
su rudo y encontrado choque contra la torre amenazaba la 
firmeza de ésta, y causaba un completo desorden en todos los 
muebles y objetos interiores ; el esfuerzo de la máquina era 
impotente contra el viento y la corriente que lo azotaban de 
frente, de suerte que en vez de avanzar retrocedía el buque mas 
y mas; en tan críticos momentos era urjonte virar para correr 
el temporal ; mas esta maniobra en tales circunstancias, 
ofrecía inminentes peligros, que solo la audacia y práctica 



EL HUÁSCAR BURLA LA CAZA 215 

marineras podían superar ; felizmente la esperta y acostum- 
brada mano que dirijiaesa máquina, no perdió por un instante 
su vigor ni su destreza; y asi el frájil barquichuelo no f^rdó 
en conjurar la tormenta, y en verse libre del furioso elemento 
que amenazaba engullírselo. Este accidente privó al < Huás- 
car » de otras glorias ; porque « en Valparaíso se le espe- 
raba en pavorosa noche, con asustados ánimos y ¡ oh dolor ! 
con las luces de un faro encendido durante medio siglo sin una 
sola intermitencia, por la primera vez apagado; pero la 
inclemencia del cielo no se lo permitió entonces. La actividad 
marítima de los Peruanos, durante los seis primeros meses de 
la guerra, habría sido para Chile una lección útil, sino hubiera 
sido una imponderable vergüenza». (Bibl. 104-11, págs. 
295-309.) 

Este inesperado contratiempo frustró por completo el 
objeto de la expedición, y obligó al Comandante Grau á tomar 
rumbo Norte. Pensando entonces en el trasporte « La Mar » 
tocó en Caldera ; pero del reconocimiento practicado en la 
bahia resultó que éste se hallaba muy pegado á tierra, y 
colocado de modo que no podia ser ofendido ; en vista de esto 
el « Huáscar > dejó este puerto y siguió al inmediato de 
«Taltal» (Agosto 7). Aquí el oficial Enrique Palacios, enviado 
á tierra como parlamentario para intimar que las lanchas iban 
á ser destruidas, sin ofender al pueblo, fué intencionalmente 
demorado por el Gobernador de la plaza, hora y media, para 
dar tiempo á que el « Blanco » llegara de Antofigasta, á don- 
de se le avisó por telégrafo la presencia del « Huáscar > en 
Taltal. Viendo el Comandante Grau que el parlamento no re- 
gresaba principió á recojer las lanchas; y estando en esta ope- 
ración observó, como á cinco millas de distancia, el humo de 
dos vapores, el « Blanco » y el « Itata >, por lo cual zarpó del 
puerto; apenas pudo recibir á su bordo al teniente Palacios, que 
regresaba de su comisión ; los buques enemigos lo persiguie- 
ron por algunas horas, pero entonces como antes, pronto 
quedaron burlados, y el débil y audaz enemigo siguió su 
camino, tocando en Cobija, Tocopilla é Iquique (Agosto 9), 
en donde recibió orden de pasar á Arica, como lo verificó. 



216 VIAJE DEL MONITOR MANCO CAPAC 

dando fondo en ese puerto al siguiente dia 10 de Agosto á la 
1 . 3. p. m. (*) 

El monitor « Manco Capac > que convoyado y remolcado por 
los trasportes t Oroya > y c Talismán >, habia salido del Callao 



{*) PARTE OFICIAL DEi. COMANDANTE Grau.— Comandancia de la 1* 
División Naval. — A bordo del < Huáscar», Arica, 10 de Agosto de 1879. 
— Señor Contra-almirante comandante general de las baterías y fuerzas 
existentes en esta plaza. — S C. G —El 1° del presente ^ la 1 h. 40 
m. a. m zarpé de erte puerto al mando de la flotilla compuesta del 
monitor * Huáscar > y del trasporte « Rimac * , en virtud de las instruc- 
ciones que por el conducto del señor Secretario general se sirvió im- 
partirme S. E. el Supremo Director de la guerra. 

En cumplimiento de ellas, hice derrota al Sur, de manera de pasar 
libre de la vista de los enemigos estacionados en el puerto de Iquique. 
Poco después de nuestra salida empezó á experimentarse mar gruesa 
del Sur que fué aumentado basta obligarnos á disminuir el andar á 
cauaa de las fuertes cabezadas que originaba en los buques. 

A las 4 h. a. m. del 3 hizo el trasporte señal de alurma, permane- 
ciendo parado, lo que me obligó á regresar en su demanda para investigar 
la causa de ella. Supe entonces que por efecto de las fuertes cabezadas 
se le habia roto una de las excéntricas de la máquina, y mandé á los 
maquinistas de este buque para que en junta con los del « Rimac > exa- 
minasen el estado de la averia y la manera de repararla. A juicio de 
éstos podia hacerse una reparación provisional, por la cual pudiese el 
buque moverse, aunque despacio, y solo hacia adelante ; y comprendien- 
do que en tal estado no era posible continuar con el trasporte al Sur, 
sin exponerlo, decidí que se emprendiera inmediatamente la repara- 
ción, que se dirijiese el buque al Callao, y que se trasportase al « Huás- 
car » durante este tiempo el carbón que fuese posible. Todo se veri- 
ficó, aunque con las dificultades que presentaba la mar para esta última 
operación; y alas 4 h. 30 m. p. m. después de concluida la reparación y 
trasbordos, continué con el «Huáscar» al Sur, dejando al «Rimac» 
en movimiento con dirección á su nuevo destino. 

El 4 á las 9 h. a. m. encontré, detuve y reconocí al vapor alemán 
« Ibis > de la compañia Kosmos que habia salido el 2 de Valparaíso, y 
se dtrijia á este puerto en dirección. Por pasajeros de este buque tuve 
noticia, aunque vaga, de que el blindado « Cochrane » se encontraba en 
Coquimbo, por lo cual á las 10 h. 30 m. del mismo dia me detuve en 
la boca del puerto de Caldera, y mandé una embarcación al mando del 
oficial teniente 2^ don Fermin Diez Cansoco, con un práctico, para 



VIAJE DEL MONITOR MANGO GAPAC 217 

al mismo tiempo que el «Huáscar* y el fRímac», de Arica 
como lo hemos dicho Jlegó también á este último puerto el 7 
de Agosto, obrando un verdadero prodijio, sin la menor nove- 
dad, Con esta fortaleza flotante quedó asegurado el puerto 



que con las precauciones del caso, investigasen si realmente se encox^- 
traba en el fondearo el mencionado buque. 

Como resultado supe que el trasporte c La Mar » era el único buque 
enemigo que había en el puerto; y con el intento de dirij irme á Coquim- 
bo en alcance del blindado, antes que fuese conocida la presencia del 
buque en estas aguas, continué inmediatamente mi derrota, sin preocu- 
parme del trasporte, después de haber tomado á bordo una embarcación 
con dos tripulantes pescadores, que fué apresada por la nuestra, y que 
confirmó las noticias dadas por el oficial. 

La mar y el viento que hasta entonces se habían manifestado fuertes, 
principiaron á arreciar de una manera notable para esta latitud: el bu- 
que luchaba fuertemente sin avanzar casi al Sur ; pronto arrancó éste 
dos de las falcas de proa y averió la lancha de vapor ; sobre todo, pro- 
ducía movimientos tan violentos en el buque que le causaban un tra- 
bajo exesivo. 

Esto por una parte, y el consumo de carbón, de cuyo combustible no 
tenia mas de la cantidad necesaria para el regreso, observando que el 
tiempo no presentaba indicio do calmar, me decidieron á dejar de con- 
tinuar; á las 6 p. m. del 6 hice rumbo ai norte, con el objeto de dirigir • 
me á Caldera en busca dol « La Mar > . 

A las 8 p. m. del 6 llegué á la embocadura del puerto, y permanecí 
aguantando en ella, mientras el teniente segundo Gervacio Santillana, 
á quien mandé á cargo de una embarcación, reconoció la situación del 
fondeadero. A su regreso me informó este oficial, de que en él habia 
un vapor y algunos buques de vela ; pero en razón á la oscuridad de la 
noche en ese momento, no tenia seguridad de que aquel fuese el 
• La Mar > . 

Me dirij ( entonces al fondeadero, hasta llegar muy cerca del expresado 
vapor, y mandé á su bordo al capitán de fragata graduado don Manuel 
Meliton Carbajal, para que hiciese el reconocimiento de estilo. Al pasar 
frente á una de las baterías hizo esta un tiro sin bala. 

El vapor reconocido resultó ser el « VaMivia > de la Compafiia Ingles^ 
que habia fondeado en la mañana, y esperaba al del Estrecho para tras- 
bordar su carga. A la vez este gefe tomó informes de los pasajero* y 
supo que el « La Mar » habia sido enmendado muy á tierra y pegado al 
muelle en poco fondo. Busqué entonces un pasaje, ya por entre los bu- 
ques, ya aproximándome á la playa, á fin de llegar hasta él y ata^Mrlo ; 



218 EXCURSIONES DEL HUÁSCAR 

contra los nt^ques á mansalva del enemigo» y completó su for- 
tificación. 

El Director de la guerra se coraplacia en combinar conti- 
nuas excursiones con los pocos buques de que disponía el Pe- 
rú; no le agradaba que permanecisran en el puerto de Arica 
esperando allí al enemigo, que al fin habria de haberse ani- 
mado á buscarlos y batirlos donde quiera que los encontrara ; 
y constante en su sistema, el 2¿ de Agosto ordenó que el 
< Huáscar > con el trasporte « Oroya > salieran á buscar aven- 
turas en el litoral ocupado por el enemigo ; estos buques, des- 
pués de tocar de paso en Pisagua ó Iquique, con el objeto de 
tomar noticias, siguieron hasta Antofagasta ; al llegar á este 
puerto el « Huásc ir * ordenó al < Oroya > que se mantuviera 
afuera, á la espectativa, mientras él penetraba en la bahia, 
como lo verificó en efecto á las 2. a. m. del dia 25 ; en ella vio 
que la « Magallanes», los trasportes « Abtao > y « Limari > y 
un vaporcito estaban fondeados en la Poza, muy cerca de tier- 



poro aunque habia salido ya la luna y producía suficiente claridad, no 
me fué posible avistarlo siquiera ; por lo muy próximo que se encon- 
traba de la playa y porque se proyectaba sobre tierra 

A las 11 h 6 m. p. m convencido do no poder obrar contra el * I^a 
Mar • salí del puerto con rumbo hacia el Norte. 

£1 7 á las 2 h. p. m , entré al puerto de Taltal, y notifiqué á la auto- 
ridad de él, mi intento de destruir las lanchas, haciéndole responsable 
de cualquier hostilidad que se ejerciese contra la tripulación de este bu- 
que ; comisionando para el efecto al teniente segundo don Enrique Pa- 
lacios, mas como el regreso de éste demorase, j>rocedí de hecho á tras- 
bordarlas al costado de este buque, para emprender su destrucción. 

Probablemente la demora del oficial parlamentario, originada por la 
apartada distancia y el lugar en que encontró á la autoridad, obedecia 
á un fin combinado, pues hora y media, después, se presentaron en la 
parte Norte de la entrada del puerto, casi inesperadamente, dos buques 
á vapor. 

Esta sorpresa me obligó á suspender la operación en que me hallaba 
ocupado y á salir del puerto á toda fuerza de máquina, á fin de recono- 
cerlos y volver después, si era posible, á continuarla. 

Pronto reconocí que eran bu(]ues enemigos, y uno de ellos el t Blanco 
Encalada*, j>or lo que rehuyendo el encuentro, hice rumbo al S O y 



EXCURSIONES DEL HÜASCaR 219 

ri, detrás de catorce buques mercantes; y aun cuando se 
aproximó á 400 metros de aquellos no podia hacer fuego sin 
riesgo de ofender á los neutrales, ni atacarlos con el ariete por 
falta de fondo, y por los muchos arrecifes que rodean el fon- 
deadero que habian elejido. 

Aun cuando el c Huáscar » fué visto de tierra, los fuertes y 
las baterías permanecieron raudos, hasta que se retiró á las 
seis de l.i mañana, y se dirijió á Taltal con el < Oroya » ; aquí 
apresó diez lanchas, una de ellas á vapor, y un trasporte, todo 
lo cual fué echado á piíiue, con excepción de las que contenian 
mercaderías, y, como para evitar el daño, izaron en la casa de 
la Gobernación una bandera bhinca, que luego que vieron que 
no se les hacia fuego, la arriaron. En seguida recorrieron 
los puertos de Blanco Encal.ida y El Cobre, sin ninguna nove- 
dad. En la mañana del 28 volvieron á Antofagasta ; el « Huás- 
car > recorrió la bahia, y principió á rastrear el cable telegrá- 
fico para cortarlo. Se notó gran agitación en tierra ; el grueso 



continué sogiiido por ellos, hasta quo entrada la oscuridad de la noche 
y habiéndoles por esta causa perdido de vista, me dirijí al Sur y después 
al Este, con el ánimo de burlarlos y continuar mi derrota hacia el Norte ; 
sin embargo, alas 2 h. a. m. del siguiente dia, avisté por la cuadra de 
babor dos buques, que á pesar de la oscuridad de la noche, pude cono- 
cer en ellos á compañeros del blindado ; cambiaron luces de destello y 
habiendo enmendado mi rumbo un poco á tierra, desaparecieron com- 
pletamente. 

' Así continué mi viaje al Norte tocando é inspeccionando los puertos 
de Cobija y Tocopilla, fondeando en el de Iquique, sin otra novedad, ayer 
á las 2 h. p. m. 

Durante esta expedición he navegado siempre que me ha sido posible, 
muy próximo á la costa, á ñn de conocerla y hostilizar los buques del 
enemigo que trafican por ella. 

En el puerto de Iquique recibí por telegrama, orden del señor General 
Supremo Director de la Guerra, para convoyar al traspot») • Oroya ♦, y 
en su cumplimiento lo he veriñcado, y he fondeado á la vex que él, en 
este puerto á la 1 h. 3 m. p. m. 

Todo lo que tengo el honor de paiticip.ir á US. para su conocimiento y 
á fin de que por su órgano llegue al del fiJxmo. señor General Supremo 
Director de la Guerra.— Dios guarde á US.— 8. C. G,^ Miguel Orau. 



230 COMBATE EL HUÁSCAR EN ANTOFAQASTA 

del ejército se retiró fuera del alcance de los c/i5ones del 
«Huáscar», formando en linea, una parte, en la xanja y para- 
petos naturales. 

Antofegasta que desde el 14 de Febrero se había converti- 
do en el centro de todas las operaciones de la guerra, perfec- 
cionaba diariamente sus obras de defensa, sobre todo después 
de la primera visita del « Huáscar » ; con cuyo motivóse mon- 
taron cañones de á 150 y uno de á 300, que agregados á los 
de á 70 que existían desde antes, la constituian en una formi- 
dable plaza fuerte, en relación con las fuerzas de que podia 
disponer el « Huáscar > para atacarla, y que en suma estaban 
reducidas á dos cañones de á 250 en^el torreón de un pequeño 
y frágil barco. En ese dia se encontraban ademas en la bahia 
la cañonera « Magallanes > y los trasportes « Abtao > y * Li- 
mari,» t(»dos ellos armados de poderosa artílleria y protejidos 
por su posición y por el antemural que les formaban catorce 
buques mercantes, que hii)ian tenido el juicio de colocar entre 
sí y cualquier enemigo que pudiera atacarlos; tenian pues so- 
brado motivo los hombres de Chile para estar persuadidos de 
que el « Huáscar > no atacaría esta plaza, y de que en caso 
de hacerlo seria necesariamente víctima de su temeridad. 

Con todo, en tierra no se enarboló ningún pabellón chileno, 
ni se notaba el menor indicio de querer por su parte iniciar 
un combate ; y firme en este concepto el (comandante Gráu, ó 
como dice un historiador chileno, « convencido de que en Chile 
era ya una mengua establecida y casi acatada que donde se 
presentara el «Huáscar», todo en derredor suyo ha bia de en- 
mudecer », se ocupaba tranquilamente en rastrear el cable, 
cuando estando á 3,000 yardas de los buques enemigos, se sor- 
prendió al ver que la «Magallanes» y el «Abtao» salian de su 
escondite y rompian sus fuegos sobre él, volviendo inmediata- 
mente á colocarse detrás de los buques neutrales ; á la vez :\ue 
las baterías de tierra secundaban aquella inesperada agresión ; 
entonces el «Huáscar» se retíró tranquilo, midió su distancia 
y disparó su primer cañonazo ( á las 2 p. m. ) ; desde este mo- 
menzo quedó empeñado el combate, y se sostuvo por una hora, 
al cabo de la cual cesaron los fuegos del enemigo, i conse- 



COMBATB EL HUiLSCAR KS ANTOFAQASTA 221 

cueocia de haberse desmontado el cañón de á 300, según unos 
por estar mal colocado, seguh otros por efecto de una bomba 
del «Huáscar»; quince minutos después el monitor se acer- 
caba mas al fondeadero, con ei objeto de buscar en él un claro 
para hacer fuego sobre la «Magallanes» y el «Abtao», sin 
ofender á los mercantes, tras los cuales habían vuelto á gua- 
recerse. Siguiendo en su propósito, alas 4.15 p. ra. habia 
acortado la distancia á 2,300 yardas, y solo entonces volvieron 
¿ romper sus fuegos las baterias, trabándose nuevamente el 
combate, hasta las 5.30 p. m., en que cesaron completamente 
los fuegos de tierra, á pesar de haber hecho el monitor los tres 
últimos disparos. 

El resultado de este combate fué, por parte del enemigo, la 
pérdida de 19 hombres, entre muertos y heridos, de la dota- 
ción del « Abtao » y las serias averias que recibió este buque 
de las bombas del « Huáscar » ; y por parte de éste la del in- 
teligente y cumplido Teniente 2\ Garlos Heros, arrebatado por 
la bomba de á 300 dirijida de tierra, que vino á estrellarse en 
la cubierta del monitor, y la herida leve del grumete Alcides 
Gutiérrez, sin ningún otro daño de consideración. 

El octavo tiro del < Huáscar » hecho por elevación, con una 
granada de á 300, cayó en el « Abtao », perforó el palo mayor, 
abrió sobre la cubierta una brecha como de tres pies cuadra- 
dos, y al estallar causó la muerte á algunos, entre ellos al ma- 
quinista; momentos después cayó, casi en el mismo sitio, la 
segunda granada, que destrozó la escala, perforó la chiminea, 
matando á unos, hiriendo á otros, y llenó la cubierta del buque 
de sangre y trozos de cuerpos humanos. En la «Magalla- 
nes » no hubo mas ocurrencia que la de haberse desmontado 
la colisa de á 150. Por esto los dos buques cesaron de hacer 
fuego. 

El «Huáscar» permaneció en la bahia hasta las diez de la 
noche, en que salió á reconocer un vapor que supuso seria el 
« Blanco », y que luego se perdió en la oscuridad ; se mantuvo 
en observación hasta la una y media a. m.; hora en que em- 
prendió su marcha al norte, tocando en Mejillones de Bolivi.i; 
allí apresó una lancha A vapor, en Cobija y en Tocopilla tom j 



222 DESAGRADO CONTRA EL GOBIERNO 

cuatro lanchas, con las cuales siguió h'ista Iquique y después 
á Arica. (Agosto 31.) (*) 

Al saber en Chile el golpe dado por el t Huáscar » en An- 
tofagasta y los daños y muertes causados en el « Abtao », se 



(*) PARTE DEL COMANDANTE GUAU. — Comandancia General de la 1« Di- 
viflion naval — A bordo del monitor « Huáscar ». — Al ancla, Arica, Agosto 
31 de 1879 — Señor Contra Almirante Comandante General de las bate 
rías y fuerzas de la plaza. — S. C. G.— El 22 del presente á las 3 h. 30 
m. a. m. znrpé de este puerto con e.ste monitor y el trasporte « Oroya »» 
en cumplimiento de las instrucciones que se dignó impartirme el Exmo 
señor General supremo Director de la Guerra 

Conservando convoy me dirijí al sur, y llegué al puerto de Pisagua á 
la 1 h. p. m. del 23, de donde comuniqué por telégrafo con el Capitán 
dol puerto de Iquique á ñn de continuar el viaje con la oportunidad 
determinada por las mencionadas instrucciones. Conseguido esto, á las 
4 b. 30 m. p. ro. me dirijí á Iquique y fondeé en él á las 8 h. 30 m. p 
m. Aquí, después de comunicar con tierra, recibí las últimas instruc- 
ciones de S. E. y zarpé á la 1 h. 45 m. a. m. con rumbo al sur. 

Sin novedad alguna llegué á la punta Jara á las 4 h p. m.del 24. 

Estando en esta altura avisté un vapor que salla de Antofagasta, y 
que pronto reconocí ser el « lio ». Mandé un oficial á su bordo, para 
que practicase la visita de guerra. 

A las 10 h- p. m llamé al Comandante del « Oroya >> y le ordené que 
se conservara con su huque á la altura de Antofagasta, ejerciendo la 
vigilancin debida, miéntras-el «Huáscar» permaneciese dentro el fon- 
deadero. Todo prevenido á la 1 h. a. m. me dirijí áél. 

Los buques del enemigo « Magallanes » y «Abtao», el trasporte 
« Limari » y otro vapor pequeño se encontraban anclados detrás de los 
mercantes y muy próximos á tierra. En el momento que atravesaba la 
primera línea de ésta, se dio señal de alarma por medio de un cohete 
de luces que partió de una eml>arcacion menor, probablemente la de 
ronda. Continué sin embargo internándome por entre los buques, coii 
alguna dificultad, en busca de los enemigos, que proyectados sobre tierra, 
era difícil ver en la oscuridad, hpsta llegar á 300 ó 400 metros de ellos. 

En tal situación no era prudente atacarlos con el ariete, porque fon- 
deados inmediatos á los arrecifes del Norte, y del Sur que forman la 
poza, en la oscuridad de la noche, y entre catorce buques mercantes, 
que llenaban el fondeadero, se hacia inseguro gobern»ir con acierto para 
llegar hasta ellos, aparte del peligro que se corría de chocar en ana 
roca. 

No podía tampoco hacer nso de la artillería, porque ya estaba acia- 



DESAGRADO CONTRA EL GOBIERNO 223 

« acusó al Gobierno de impremeditación y de haber entrega- 
do al degolladero á uno de sus buques ». Pero el diario oficial, 
para contrarrestar estos c irgos dijo que el ylan era entrete- 
ner al «Huáscar» y dar tiempo á que el « Blanco », que se ha- 



rando el dia, y era comprometido trabar combate en medio de buques 
neutrales, á los que podía ocasionarse algún daño de consideración. 

Tuve pues que retirarme á las 6 h. a. ra. por no ser ya conveniente la 
permanencia del buque en ese lugar ; y media hora después, que estuve 
fuera de tiro de los buques, salí del puerto gobernando en demanda 
del <( Oroya » al cual me uní á las 7 h. 15 m. a. m. y seguí en convoy con 
él en dirección al puerto de Taltal. 

El 26 á las 8' h. a. m. llegamos á este puerto, y se tomaron en él nue- 
ve lanchas de las que estaban á flote, dejando dos que so encontraron 
cargadas con mercaderías; seis de ellas, las que se encontraban en 
buen estado, fueron amarradas á remolque del « Oroya », y las tres 
restantes destruidas. También se t >mó una lancha á vapor que esta- 
ba varada, y á la cual intencionalmente se le habia destapado por los 
enemigos las cajas de estopa de la chumacera de la mariposa; se trajo 
al costado del buque, haciendo mucha agua, y apeaar de los esfuerzos que 
se hicieron fué imposible evitar que se fuera á pique. En este puerto 
se encontraban fondeados dos buques mercantes alemanes, cargando sa- 
litre, el vapor inglés « Chala » y un pontón abandonado y sin pabellón 
alguno. Por los primeros supe, que el « Blanco Encalada » habia 
estado en el puerto la víspera, y habia salido el mismo dia, según, se 
decia, con dirección al sur. 

A las 12 h. a. m. despaché al u Oroya » con destino á este puerto 
con las seis lanchas, que antes he indicado, dando á su Comandante 
órdenes de destruirlas en alta mar, ó echarlas al garete, en seguida me 
dirigí nuevamente al fondeadero, y saqué de él, á remolque, al pontón. 

Fuera del puerto, y tomando como blanco á este último, se hizo 
ejercicio de fuego de artillería, durante dos horas, después de cuyo 
tiempo se le acabó de destruir. 

En la noche de este día he mantenido al buque cruzando, como á 
vemticinco millas frente á Taltal, en cuyo crucero encontré y reconocí 
á la barca norte-americana «Isaac Hall», que procedente de Tocopilla 
se dirigía á ese puerto. 

Al amanecer del 27 hice rumbo al norte, recorriendo la costa muy 
próximo á ella, para reconocerla, entrando en el trayecto, en los puer- 
tos Blanco Encalada y Cobre ; y desde la puesta del sol mandé dismi. 
nuir el andar de la máquina á fin de pasar la noche á barlovento de U 
entrada de Antofagasta. 



224 DESAGRADO CONTRA EL OOBIBRNO 

Haba en el inmediato puerto le cayera encima durante el 
combate; y debió ser así, porque efectivamente el blindado 
llegó una hora después que aquel abandonó la bahía. Los de- 
fensores del Gobierno consolaban al pueblo recordándole que 



A las 1 1 h. a. m. del 28 avisté dentro de la ensenada de este último 
puerto, uu buque que navegaba á la vela; me dirigí á él y mandé recono 
cerlo. Este buque que había salido del puerto en la mañana, era la 
barca inglesa « Birkly », que cargada de salitre se dirigia á Falmoutli 
Plymouth Cork por órdenes. 

Terminada la visita de guerra á este buque, me aproximé al fondea- 
dero, para observar á los del enemigo, y con la intención de rastrear el 
cable telegráfico si era posible; pero, á 1 h. 36 m. p. m. cerca de 
21, fui sorprendido por los disparos de artillería de los buques enemi- 
gos. Inmediatamente se tocó zafarrancho y rompí mis fuegos á las 2 
h. p. m. Desde este momento se trabó un sostenido combate entre 
este buque por una parte, y las baterías y buques del enemigo por 
la otra. 

Componíanse las primeras, al parecer, de cinco cañones, uno á^ ellos 
de calibre de á 300 en el lado norte de la población, y cuatro de á 
150 en dos baterías situadas en el centro de una de ellas. £1 « Abtao » 
con BU máquina apagada presentaba su costado con tres cañones de á 
190, y se movía á espía para hacer fuego, y ocultarse en seguida tras 
de los buques mercantes situados en el -fondeadero, y finalmente la 
u Magallanes » hacía igual maniobra medíante su máquina, para dispa- 
rar su cañón de á 115, el de á 64 y los de menor calibre con que 
estaba artillada. 

La distancia que en el principio me separaba de los enemigos era do 
8,000 yardas, según las indicaciones del micrómetro, y las punterías de 
éstos, todas bien dirigidas, pasaban sobre el « Huáscar » á corta dis- 
tancia. A las 3 h. 15 m. p. m. me acerqué mas al fondeadero, buscan- 
do una dirección clara, á fin de dirigir mis íuegos sobro los buques 
enemigos, ocultos entonces detrás de los mercantes ; pero estos habían 
suspendido ya sus fuegos, y á las 4 h 15 m. p. m. estando á 2,300 
yardas de distancia volvieron á disparar, solo las baterías, y se trabó 
nuevamente el combate con ellas, por no poder dirigir nuestras punte- 
rías sobre aquellos, sin herir á los mercantes. A las 5 h. 30 m. p. m. 
cesaron los fuegos de tierra completamente, apesar de haber hecho el 
buque de mi mando los tres últimos disparos. 

El número de tiros hechos por las baterías y buques ha sido el de 
110 en el mismo tiempo que éste solo ha hecho 26 con los cañones dea 
SOO, y 2 con los de á 40, en razón á que liallándose ia mar picada, se 



DESAGRADO CONTRA EL GOBIERNO 225 

« la guerra es una serie de alternativas, ya angustiosas, ya 
« alegres ; que cada desgracia debia redoblar sus esfuerzos » . 
Los adversarios á su vez decian : « Hasta hoy el « Huáscar » 
« visita nuestros puertos, destruye lanchas, entra en nuestro 
< mar como en su casa; vá á Antotagasta, plaza fortiñcada, la 
« bombardea, se entretiene en disparar sobre el « Abtao *, le 
« mata diez de sus tripulantes ; entra y sale, juega con noso- 
« tros, como los gatos con los ratones » ( Bibl. 91 ). Estos y 
otros cargos hechos al Gobierno, le ensenaron que su escua- 
dra debia cambiar de plan, no dejar solas á sus naves de ma- 
dera, ni en sus propios puertos, y que debian andar en convoy 
ó con alguno de los blindados. El historiador Vicuña Mac- 
kenna dice á este respecto: «LiS frecuentes, atrevidas, y sobre 



experimentaban faertes balances que dificultaban . las punterías y era 
necesario esperar lod sagíos y las oportunidades convenientes para diri- 
girlas. De aquellos solo una bomba ha tocado á este buque, prove- 
nientes del cafion de tierra de á 300. Este proyectil atravesó la chime- 
nea á cuatro pies de altura sobre la cubierta, rompiendo )a cadena que 
sirve para izarla y la brazola de babor del escotillón de las calderas, 
tocó después en la cubierta y estalló causando ligera averia en ellas, y 
arrojando al agua una percha colocada allí. A consecuencia de la 
explosión desapareció completamente el Teniente 2o don Carlos de los 
fieros, que se encontraba en ese lugar, y fué herido por las astillas el 
marinero alumno de la Escuela de Condestables, Alcides Gutiérrez. 

Al dar á US. cuenta de la pérdida de aquel inte! i j ente oficial, sien- 
tome vivamente impresionado, recordando los méritos personales, que 
le adornaban y la celosa puntualidad, que en todas las ocaciones del 
servicio ha manifestado para cumplir con su deber ; así como el valor 
y la serenidad que ha desplegado en las acciones de armas, que ha 
tenido este buque en la presente campaña. 

Adjunta encontrará US. la relación de los jefes y oficiales y tripula- 
ción, que se han encontrado presentes abordo en el momento de este 
ccHnbate, y mees satisfactorio asegurar á US. que todos se han distin- 
guido en el cumplimiento de sus deberes. 

A las 10 h. p. m. estando aun dentro de la ensenada se avistó un 
vapor por el lado Sur. Suponiendo que fuese el « Blanco Encalada >» 
salí á reconocerlo ; pero debido á la oscuridad de la noche se perdió 
de yistai y probablemente entró al puerto, á juzgar por un cohete de 
luces que vimos salir de ese lugar. Permanecí sin embargo cruxando 



226 NUEVO PLAN DE CAMPAÑA 

todo esto, impunes excursiones del t Huáscar » en las costas 
de Chile comenzaban á producir en el ánimo del país un sen- 
timiento de rubor parecido al de la estupef iccion, y en el ce- 
rebro de sus mandatarios uní emoción semejante al vértigo. 
Era imposible someterse por mas largo tiempo á aquella pe- 
renne vergüenza, y soportar que un buque mal marinero y tres 
veces menos guerrero que cualquiera de nuestros blindados, 
viniese, á, manera de capricho ó de mofa, á retarnos en nues- 
tros propios puertos del Limarí al Norte. Ademas era ope- 
ración peligrosisima en guerra moderna, emprender una ope- 
ración de convoy y desembarco de tropas mientras tuviese 
la mar un buque de tan buen and ir y de forma tan impercep- 
tible como el « Huáscar » : ( Bibl. II, pág. 339. ) 
Con efecto se adoptó el plan de dividir la escuadra en dos 



en la boca de la ensenada hasta la 1 h. 30 m, a. m. del 29 que me dirijí 
al Norte. 

A laa 9 h. 4dr m. a. m del mismo día entré en fondeadero de la haa- 
ñera de Mejillones de Bolivia, tomé una laucha á vapor, y con ella á 
remolque continué mi viaje, próximo siempre á la costa. A las 2 h. 40 
m. p. m. entré en Cobija ; en donde se encontraba anclada la cañonera 
de guerra Francesa « Decres » y á las 5 h. 65 p. m. m. en Tocopilla. 

En este último puerto tomé cuatro lanchas que estaban á flote, y se 
pasó la visita de guerra á los tres bnques mercantes que se encontraban 
en su fondeadero. Por ellos me he informado de que en la mañana 
de estedia se hablan internado con dirección á Calama mas de dos- 
cientos hombres de la fueza enemiga, conduciendo algunos aitículos de 
guerra, carretas y herramientas, y he podido ver desle el buque, que 
existe en la población una partida de 400 á 500 muías. 

Continué mi viaje al norte y llegué al puerto de Iquique ayer á las 
6 h. 15 m p. m.; allí se encontraba fondeada la fragata de guerra 
Norte- Americana «Pensacola». 

Después de comunicar por el telégrafo para tomar órdenes del Excmo. 
señor General Director de la Guerra, y de recibir á bordo por disposi- 
ción del señor General en Jefe del Ejército del Sur á los señores 
pasajeros que constan en la relación adjunta, zarpé con dirección á 
este puerto en el que he fondeado hoya las 5 h. p. m. 

Todo lo cual te ugo el honor de participar á US. para qie por su 
conducto llegue á conocimiento del Exmo. señor General Presidente 
Director de la Guerra —Dios guarde á Ü3.— S. C. G.—Mijwl Grou. 



EXCURSIONES DE LA PILCOMAYU Y OTROS 227 

divisiones ; la primera compuesta del « Blanco », el c Cochra- 
ne >, la c Magallanes > y la « Covadonga », y la segunda de 
la «0'Higgins>, «Chacabuco», «Amazonas» y cLoa^,las 
dos bajo las órdenes del Capitán de Navio, D. Galvarino Riveros 
como Jefe Superior. Algo tarde se oyó el consejo del entonces 
ya desacreditado Contra- Almirante W. Revolledo que decía 
que todos los esfuerzos de la escuadra chilena debian concre- 
tarse á hacer desaparecer al « Huáscar », dividiendo para esto 
en dos divisiones la escuadra chilena. 

Este plan, dirijido exclusiva y advertidamente á destruir al 
« Huáscar >, aparte de ser una forzosa consecuencia de los he- 
chos, que por sí mismo se imponian, nadie lo ignoraba en el 
Perú, como ya tuvimos ocasión de decirlo, y no era por consi- 
guiente improbable tampoco que sabiendo que su codiciada 
presa estaba en Arica, se aventurase el enemigo á ir allá en 
su busca ; pero al ver el General Prado que no parecia, y pre- 
sumiendo fundadamente que se estuviera al asecho en las 
afueras, mandó á la «Piicomayo» (12 de Setiembre) como 
en descubierta, tanto para cerciorarse de si realmente volte- 
jeaba por esas inmediaciones algún buque enemigo cuanto 
para que, en caso de ser asi, pudiese comunicarse con la 
« Union », que á la fecha debia encontrarse cerca, de regreso 
de su comisión al Estrecho, y la avisara del peligro; ó lo que 
era mas factible, distrajese la atención del enemigo, para faci- 
litar el arceso de aquella al puerto. El plan dio por resultado 
que á las veinte millas del puerto, la cañonera encontró al 
« Blanco » y al trasporte «Itata », sobre el cual dirijió su proa 
y rompió sus fuegos, pero como el blindado acudiese en su 
auxilio, tuvo que retirarse, haciendo fuego, hasta doce millas 
del puerto, de donde tuvieron á bien virar al S. O. sus perse- 
guidores. 

Durante este corto período de quince ó veinte dias (de me- 
diados de Setiembre á principio des Octubre) el «Rimac» y el 
« Chalaco », convoyados por la « Union » y el « Huáscar », se- 
parada ó conjuntamente, desempeñaban comisiones verdade- 
ramente sorprendentes, escurriéndose, puede decirse, por de- 
bajo de la quilla de las naves chilenas, contraidas únicamente 



228 ÚLTIMA CAMPAÑA DEL HUÁSCAR 

por entonces al asecho y persecución de las peruanas. El 
primero, convoyado por la « Union », salió del Callao el 26 do 
Setiembre, conduciendo la división Bustamante, fuerte de dos 
mil hombres, y un cargamento considerable de elementos de 
guerra con dirección á Arica, á donde, después de una travesía 
feliz, arribó (el 30 á la 1. a. m.); de aquf volvió á zarpar á las 
pocas horas, por orden del Director de la guerra, con rumbo á 
Iquique, en cuyo puerto dio foudo el mismo dia; desetnbarcó 
la división y el cargamento que llevaba y regresó al norte ; y 
el segunuo, después de haber conducido, en convoy con el 
< Huáscar > de Pacocha á Arica, la división Luna pasó tam- 
bién al sur llevando 400 voluntarios destinados á llenar las ba- 
jas del ejército; luego regresó al norte, tomó á su bordo en 
Arica mil hombres de la división Luna, los trasportó á Mo- 
liendo y continuó tranquilamente su viaje al Callao. Tales fue- 
ron en síntesis las prodigiosas operaciones marítimas que la 
muy inferior y diminuta escuadra peruana practicó, en fuerza 
solo de su audacia y de su destreza, antes de la postrera excur- 
sión de aquella nave intrépida que parecía llevar atado á su 
timón el carro de la fortuna; pero que cediendo á la indefec- 
tible lógica de los hechos, no habia de tardar mucho en caer 
herida de muerte ante el formidable poder de sus implacables 
enemigos. 

Vamos pues á narrar el último episodio grandioso de esa 
nave inmortal, siguiendo la luminosa estela de la quilla que lo 
dejara escrito en el Océano, con la sangre generosa de tres de 
sus Comandantes, el heroico sacrificio de su tripulación, los 
inutilizados restos de su despedazado casco. 

Se recordará que desde la primera vez q ue salió el «Huáscar» 
á campaña distaba mucho de hallarse debidamente alistado 
y provisto del material de guerra necesario, siquiera fuese por 
ser el único apoyo del poder marítimo del Perú j y aun cuando 
á su regreso de esta expedición, principió á reparar sus faltas 
y á hacer las refacciones mas indispensables en su equipaje, 
hemos visto que el Director de la guerra lo pidió de Arica con 
tal urjencia, que tampoco pudo concluir nada de lo que habia 
comenzaílo, y que, desde esta segunda salida ( Julio O ) tod o 



ÚLTIMA GAMPASa DBL HUÁSCAR 229 

el tiempo que le cupo lodavia la gloria de pasear triunfante el 
bicolor peruano, fuá de una continua y no interrumpida ajita- 
cion, que no le permitía ei menor descanso para estas opera- 
ciones. Así, apenas llegado á Arica, le vemos deslizarse sobre 
Iquique (Julio 10) sorprender, rendir y salvar generosa- 
mente al enemigo débil, batir al altanero, y salir airoso de en 
medio de esa especie de jauría enfurecida y congregada á su 
derredor, al estampido de canon; á poco (Julio 16) dirijirse 
al territorio enemigo, recorrer todos sus puertos, desde el Ciobre 
hasta el Huasco, ya apresando sus barcos mercantes, ya des- 
truyendo sus elementos marítimos, ya desafiando sus enmu- 
decidas fortalezas, é inspirando confianza á los pacíficos habi- 
tantes, y á los pueblos indefensos, ya capturando sus trasportes 
armados ; luego, sin mas tiempo tal vez que el estrictamente 
necesario para rellenar sus carboneras, volver á la mar chi- 
lena (Agosto 1) en persecución de uno de sus cetáceos de 
fierro, librado desgraciadamente de su ariete por uno de esos 
acasos de la fortuna; batallar diestramente con el ensoberbe* 
cído elemento, que atojara su paso; repetir sus visitas domi- 
ciliarías en los puertos de ese litoral, burlar por otra vez una 
celada de sus acuadrillados enemigos ; en seguida, emprender 
nueva excursión (Agosto 22); buscar en su mejor defendida 
guarida á sus soterrados adversarios; continuar sus hostilida- 
des en los puertos enemigos, con la hidalguía acostumbrada, 
volver, recorrer, provocar impávido é imponer severa lección 
y humilde silencio á las baterías y naves de una plaza formi- 
dable ; dominar en fin á su voluntad pero en el continuo movi- 
miento que ello requería, una costa de mas de doscientas leguas 
de largo. Qué mucho pues que un buque deficiente, desde 
antes, de muchas de las condiciones necesarias para una cam- 
paña naval^ con tal trabajo y en el tiempo trascurrido, no se 
encontrase ahora en un estado de imprenscindible y total re- 
paración. 

Asi era en efecto, y asi lo reconocía todo el mundo, y por lo 
mismo era unánime el parecer de que se dirijiera al Callao á 
limpiar sus fondos, y á hacer las demás reparaciones que su 
deterioro natural, y su larga campana exijían ; pero estaban 



230 ( LTíMA CAMPAÑA DEL HUÁSCAR 

sin duda contados los dias de la desventurada nave, y todos 
los esfuerzos del buen juicio habinn de estrellarse contra la 
inexorable voluntad del destino. 

Durante el mes de Setiembre aprovechó los pocos dias de 
descanso que le dejaban las continuáis comisiones en el litoral 
peruano, para disciplinar su gente y arreglar, lo qué puede 
-decirse, su servicio doméstico, que era lo único que le permitia 
su estadia en un puerto en que no había proporción ni elemen- 
tos para t**abajos mas serios. En estas circunstancias fué 
cuando el Director déla guerra ordenó ( Setiembre 30 ) que 
después de convoyar al trasporte «Rimac», que llevaba la 
división Bustamante á Iquique, pasara de allí directamente al 
Callao ; mas el Comandante Grau le manifestó su deseo de ir 
en seguida de Iquique á hacer un lijero reconocimiento, como 
de costumbre, en la costa enemiga, después del cual regresaría 
en derechura al Callao. El General Prado, así como su Secre- 
tario General D. Mariano Alvarez y el General Daza, se opu- 
sieron á esta expedición, en que no veian sino un gravísimo 
peligro, sin objeto alguno determinado que obligase á arros- 
trarlo, y solo al ver el empeño que el Comandante Grau tenia 
por emprenderla, permitió que se llevara á cabo, en convoy 
con la € Union ». 

Aquí es del caso entrar en algunas consideraciones acerca 
de las causas ó móviles que pudieron influir para realizar esta 
nueva expedición en el ánimo del Comandante Grau; quien, en 
honor de la verd id, y con la íntima coLviccion que nos da el 
perfecto conocimiento de los hechos, debemos decirlo, fué su 
único autor y ejecutor. 

Bien sabida y notoria era la modestia característica del muy 
digno marino; pero á nuestro modo de ver, aun no habia 
logrado desprenderse de la tierra, ni despojarse del pobre 
manto de la humanidad, y mas que difícil habría sido que no 
rindiese su tributo á la débil naturaleza en las fascinadoras cir- 
cunstancias en que lo habian colocado sus memorables haza- 
ñas, y el unísono coro que del uno al otro continente se levantó 
para cantarlas y encomiarlas. 

Principiando por el Congreso, que se apresuró, en justicia, 



ÍLTIMA CAMPiíftA DEL HUÁSCAR 231 

á premiar sus heroicos esfuerzos; elevándolo á la alta clase de 
CJontra-Almiraiite; las fastuosas ovaciones que se le rendían 
donde quiera que tocaba, y el frenético entusiasmo que en to- 
dos los ámbitos de la República despertaron sus atrevidas 
excursiones. Los pueblos de Bolivia y de la República Argen- 
tina se disputaban el placer de obsequiarlo con coronas, me- 
dallas y regalos de gran significación, á la vez que la prensa 
de América y Europa ponian su nombre en el rol de los mas 
famosos marinos que de antiguo habian conquistado la inmor- 
talidad. De otro lado, amigos incautos, sin duda, con la mejor 
intención, pero tal vez con un espíritu político mas prevenido 
que el que la situación permitía, lo estimulaban á no regresar 
al Callao sin agregar á sus anteriores, un nuevo acto de su 
valor y pericia ; y si ademas de esta, ya por si solo poderosí- 
sima tentación, aun para el espíritu mas desprendido, se tiene 
en cuenta, lo que aun es mas verosímil y está mas en conso- 
nancia con el carácter é ideas del Comandante Grau, el deseo 
que tales manifestaciones debieron inspirarle, de hacer algo 
que eu su concepto justificara tanto homenaje y admiración, 
se convendrá en que nada de estraño, y antes bien, muy natural, 
apremiante, podemos decir, debió ser su anhelo por ilustrar la 
causa de su nación y la-gloria del barquichuelo cuya fama se 
habia estendido con rapidez eléctrica á las mas apartadas re- 
giones de la civilización. 

Todo esto pues, decimos, pesando sin duda en el ánimo del 
esforzado y pundonoroso marino, con exijencia incontrastable, 
le impuso como Uii deber sagrado, como un compromiso so- 
lemne con su patria, con la República aliada, con los pueblos 
que desde allende los mares le felicitaban á porfi i, con el mun- 
do todo que le admiraba, la inmediata determinación de buscar 
un nuevo triunfo con que enriquecerse, y acaso sellar la bri- 
llante epopeya de su nave. 

Dejemos al « Huáscar » en convoy con la «Union » y el < Ri- 
mac » marchando en dirección á Iquique ; veamos la actividad 
de la escuadra enemiga al propio tiempo. 

Ésta, formada del « Blanco », que hacia de buque Almiran- 
te, á cuyo bordo iba el nuevo Jefe de la escuadra, Galvarino 



232 ÚLTIMA CAMPAÑA DEL EUA8CAU 

Riveros, el « Cochnjne», la « O'Higgins», la « Covadooga » y 
los trasportes t Loa > y « Matias Cousiño », después de cuida- 
dosamente reparadas y preparadas ; salió en convoy de Meji- 
llones el 1** de Octubre á níjedia noche, y se dirijió á Arica con 
el plan de atacar aí «Huáscar», intentando primero hacerlo d€ 
sorpresa, y en caso de no surtir esta su efecto, comprometer 
resueltamente un combate general hasta conseguir su propó- 
sito, aunque fuera perdiendo alguno de sus blindados ; tanta 
era la exasperación y el temor que inspiraba esa sola nave. 
En conformidad con su objeto el convoy navegó como á 60 
millas de la costa, hasta la latitud de Arica ; allí supo por el 
« Loa >, que envió en descubierta, que el « Huáscar » y la 
€ Union » hablan salido de Arica con rumbo al sur, de suerte 
que el proyecto de ataque sorpresivo quedó burlado con idón- 
ti3as circunstancias que el intentado en Mayo en el Callao. A 
pesar del aviso del « Loa », la escuadra se acercó al puerto 
(Octubre 5) con apariencias de emprender un ataque, que los de 
tierra creyeron desde luego infalible, cuando no fuera mas que 
en homenaje al honor militar. Trascurrieron tres horas sin 
que la amenazadora flota acortase ni una línea la prudente 
distancia que la separaba de las baterias de tierra ; entonces 
la « Pilcomayo ». para provocarla, salió de su fondeadero ( á 
las 9.30. a. m. ), se puso al alcance de la « O'Higgins »; la mas 
próxima; rompió sus fuegos, y se trabó el combate entra ambas, 
por poco rato, hasta que se retiró la « O'Higgins » y fué á reu- 
nirse con los otros buques, que luego hicieron rumbo al sur, 
convencidos de que el « Huáscar » y la « Union », habian deja-» 
do la bahía. 

El « Huáscar » y la « Union », después de haber custodiado 
al « Ríraac » hasta que dejó en Iquique la división de Busta- 
mante y su cargamento, continuaron su viaje al sur en busca 
de aventuras : recorrieron los puertos de Sarco y Coquimbo, 
apresaron un buque cargado de metales, que lo dirijieroo al 
Callao, avanzaron hasta Tongoy, se encontraron con los va- 
pores de la compañía inglesa « El Chala », el « Gotopaxi » y el 
«lio» que fueron visitados, y no dieron la menor noticia ac/erca 
del paradero de la escuadra enemiga, apesar de que éste último, 



ÚtTIMA CAMPAÑA DEL HDABCAR 233 

la había la visto horas antes eo el norte, negándose este aun 
á proporcionar víveres frescos y hasta los últimos periódicos, 
como es de uso y cortesía universal en los hombres de mar. (*) 
Careciendo pues de noticias, y no teniendo objeto su perma- 
nencia en aquellas aguas, siguió el convoy rumbo al norte, 
en dirección á Antofagasta. 

Por su parte la escuadra enemiga, siguiendo el rumbo sur 
en que se le vio alejarse de Arica el día 5, tocó en Toco- 
pilla, la tarde del 6 ; allí ya se decía que el « Huáscar » y la 
€ Union » estaban en las costes del sur ; y con este aviso 
continuó á Mejillones de Bolivia, en donde su Jefe Riveras re^ 



(*) Vicuña Mackenna dice (Bibl. 104) que el « lio >» y el « CJotopaxi » 
dieron al «Huáscar» noticia cierta de que la escuadra chilena campeaba en 
el litoral de Tarapacá, lo que es completamente falso. Loa capitanes 
de esos vapores, y en particular el del « lio » se negaron á contestar 
simples preguntas, guardando un absoluto silencio y aun hasta vender 
víveres frescos. En esto están de acuerdo los corresponsales del « Huás- 
car », de la « Union », y todos los que, como testigos presenciales, han 
dado cuenta de esa campaña; aunque cada uno escribió en distinto 
lugar, sin tener tiempo ni oportunidad para ponerse de acuerdo. Si el 
Comandante Grau hubiera tenido conocimiento de que la escuadra 
enemiga estaba por el norte, es indudable que se habria dirigido al N. 
E. para evitar su encuentro, en vez de haber icio á Antofagasta sin 
objeto, perdiendo un tiempo precioso y exponiéndose, como se expuso, 
á ser cortado en su retirada. El historiador Vicuña Mackenna se 
funda en que los pasageros del « Cotopaxi » dieron el aviso, y no advierte 
que este vapor venia del Sur, y que sus pasageros no podían saber el 
lugar en que estaba la escuadra. En cuanto á este mismo - vapor hay 
sobre todo otra razón incontestable para probar la falsedad de los acer • 
tos de Vicuña Mackenna, y es la siguiente : el « Cotopaxi » no pasaba 
de Caldera; alii esperaba á los vapores del norte, para trasbordar su 
carga y seguir su viage á Europa por el Estrecho. £1 «Chala» solo 
recorría la costa de Valparaiso á Antofagasta. El « lio » venia de Val- 
paraíso al Callao y por consiguiente ninguno de esos Capitanes ni los 
pasageros podian saber si la escuadra chilena estaba en la costa de 
Tarapacá, puesto que esta salió de Mejillones el 1<> de Octubre» día 
mismo en que el « lio » zarpó de Valparaist), y era íisicamente imposible 
que ninguno de los tres vapores mencionados, que navegaban al sur de 
Mejillones del !<> al 5 de Octubre, conocieron el movinúento de le 
escuadra. • 



234 ÚLTIMA CAMPAÑA DBL HUÁSCAR 

cibió un telegr.ima del Ministro de la Guerra, indicándole el 
plan que que habia concebido al saber, tanibien por telegra- 
ma de Chañaral, que el « Huáscar » habia sido visto por allí. 
El plan consistía en que el « Blanco *, la « Covadonga » y el 
« Cousiño > saliesen inmediatamente y se estacionaran frente 
á Antofagabta, cruzando hasta una altura conveniente, á fin 
de cortar el paso á los buques enemigos. El « Cochrane », 
la € O'Higgins > y el « Loa » debían hacer otro tanto á la 
altura de Mejillones. Si p isados uno ó dos dias no se avista- 
ban los buques enemigos, ni se tenia noticias de su paradero, 
lo cual indicaría que se habian alejado de esas costas, debían 
dirijirse á Paquica, al norte de Tocopilla, á donde, según se 
aseguraba, pasaba siempre el c Huáscar » antes y después 
de sus excursiones, á proveerse de carbón y de noticias. Allí 
debería permanecer la escuadra hasta la pasada del vapor 
del norte, dirijióndose en seguida á Arica, Iquique ó cualquier 
punto donde se encontrasen los buques peruanos para des- 
truirlos, y especialmente al « Huáscar >. 

Dejemos la palabra al Cori esponsal Üe « El Mercurio » de 
Valparaíso, testígo presencial del combate del « Huáscar > 
contra toda la escuadra chilena; el mas heroico que cuenta la 
historia de la marina : perdonamos á ese corresponsal ciertas 
frases henchidas de la petulante vanidad chilena. (*) 

• A las 10 de la no che del 7 salían pues con rumbo al sur el 
« Blanco », la « Covadonga > y el < Matías Cousiño >, en cum- 
plimiento de la orden anterior, y á las 5 de la mañana del día 



(*) Kfita carta de « El Corresponsal » fechada en Antofagasta, el 
12 de Octubre de 1873, se publicó, como Suplemento al «Mercurio», 
el ] 8 del mismo mes. La copiamos casi integra, suprimiendo aqueUas 
frases agenasde la seriedad de una historia, ó inconducentes y noto- 
riamente falsas, según los partes oñciales. Si se reformaran esas ine- 
xactitudes en que incnrrfí <« Kl Corresponsal >», seria su narración la 
mas viva j palpitante del combate del « Huáscar », de cuantas se 
han heclio por los que la presenciaron. 

Muchos pormenores, conocidos solo de los defensores del « Huás- 
car » y otros datos que complementan esa memorable jornada, se eu' 
cuentraneu el Apéndice núm. 18. 



ÚLTIMA CAMPAÑA DBL HUÁSCAR 235 

8 se poiiian en movimiento « El Loa », el « Cochrane • y 
la € O'Higgins » para cruzar hasta veinte millas al O. de 
Mejillones. 

« A las 6.1 de la mañana de ese mismo dia, el « Loa », que 
se habia destacado un poco al sur del « Cochrane » y de la 
€ O'Higgins », avistaba dos humos al Sur, Aunque podia su- 
ponerse que eran los de nuestros buques, el Comandante 
Molinas hizo señales ul «Cochrane» anunciando la noticia, y 
avanzó á reconoeerloí?. 

« Poco después avistó otros tres humos mas al sur de los dos 
primer«)s, y calculando que estos últimos fueran buques perua- 
nos perseguidos por los nuestros, corrió inmediatamente á 
reunirse con su división, anunciando con dos cañonazos la 
noticia. 

« ÍEl « Cochrane », la « O'Higgins » y el «Loa », se pusieron 
entonces en marcha hacia el oeste, y á las siete de la mañana 
se reconocia á los buques peruanos « Union » y « Huáscar » 
perseguidos por el « Blanco Encalada », la « Covadonga » y 
el « Matias Cousiño ». 

« Inmediatamente se tocó zafarrancho de combate en el 
« Cochrane », la « O'Higgins » y el « Loa » y se colocaron en 
actitud de cortar el paso á los buques enemigos, navegando 
el « Loa » hacia el suroeste, algo destacado de los otros dos. 
y el « Cochrane » y la «O'Higgins» al oeste. Este buque 
iba á retaguardia del primero. 

« El « Blanco Encalada », mientras tanto, maniobraba hábil- 
mente á fin de obligar á los buques peruanos á ceñirse á la 
costa para que allí fuesen estrechados por el «Cochrane». 
El « Huáscar » habia sido avistado por la nave capitana á las 
3.55 de la mañana á 1 1 altura de Antofagasta. En esos mo- 
mentos pasaba por Punta Tetas y era esperado por la « üiiion » 
como á diez ó quince millas de la costa. 

«Los dos buques enemigos principiaron á navegar juntos 
para el norte, mientras el « Blanco », haciéndose al oeste, los 
impulsaban hacia el punto en que calculaba debían encon- 
trarse los buques chilenos. El «Matias Cousiño», que al 
principio de la caza habia recibido orden de regresar á Anto- 



236 fJLTIMA CAMPAÑA DB¿ HUÁSCAR 

fagasta, quiso también, sin embargo, tomar parte en la fun«- 
rion, y haciéndose el desentendido continuó navegando hacia 
el norte á estribor del « Blanco ». La « Covadonga » cerraba 
el ala por el lado opuesto y echaba al viento su velamen para 
aprovechar la brisita de la mañana y poder de ese modo 
sostener la marcha. 

«El «Huáscar», al ser avistado por el «Blanco», venia 
de regreso de una infructuosa entrada á Antofagasta, á donde 
habia llegado á las diez de la noche del 7. 

« Entró sin ser notado por los botes de ronda ni por los 
buques anclados en la bahía, salió de nuevo á las tres de la 
mañana con toda tranquilidad para reunirse con su compa- 
ñera de espedicion. 

« Cuando el « Blanco Encalada » avistó al « Huáscar », en 
vez de ponerse inmediatamente en su persecución hacia el 
oeste, que era el rumbo que llevaban entonces los buques 
peruanos, continuó navegando sin desviarse de su rumbo, 
hasta que poco á poco logró arrojarlos ó arrearlos directa- 
mente al norte. Solo entonces se principió á forzar la má- 
quina y á tomar las primeras disposiciones haciendo que la 
tripulación se pusiese en son de combate. 

« El « Huáscar », por su parte, navegaba también con mucho 
descuido; al avistarse el «Blanco», no se preocupó mucho 
con la noticia ; ni siquiera mandó apurar la máquina. 
Temían que oí estado de suciedad de los ^ndos impidiera dar 
al « Huáscar » una marcha tan veloz como en otras ocasio- 
nes, el monitor con sus fondos limpios habria podido dar una 
milla más de andar. 

« Tampoco hizo Grau tocar zafarrancho de combate hasta 
no avistar al « Cochrane » y reconocerlo. Al principio creyó 
que aquellos humos que se divisaban por el norte serian de 
algunos trasportes chilenos. 

« La « Union » por su parte, mas segura aun que el « Huás- 
car » de no ser alcanzada por los buques chilenos, se entretuvo 
durante las primeras horas de la caza en describir grandes 
círculos, pareciendo querer distraer la atención del « Blanco » 
en perseguirla, mientras el « Huáscar » se echaba sobre la 



BL HUÁSCAR Y LA ESCUADRA CHILB!NA 237 

desamparada y (Jébíl « Covadonga » ó á lo menos apresaba 
al « Matías Cousiño », que tantas veces se le ha ido de las 
manos. 

< Pero al reconocer al « Cochrane > y ver que le cortaba el 
camino en compañía de la < O'Higgins » y del < Loa », el 
Comandante Grau conoció que se hallaba perdido. García y 
García debe haber estado de muerte y pasión, porque ya no 
siguió haciendo diversiones con su buque, sino que puso proa 
al sur, queriendo escapar por entre el t Blanco » y el 
€ Loa ». 

€ La « Covadonga », que á pesar de haber largado todas sus 
velas se iba quedando mas y mas atrás, gobernó entonces 
para colocarse á babor del «Blanco». El «Loa» por su 
parte viró hacia el blindado, estrech;indo la distancia que lo 
separaba de éste, y la «Union» no se atrevió entonces á 
poner en práctica su tentativa, sino que se dirijió acharada- 
mente hacia el norte. 

« Eran las 3.45 de la mañana. 

« Los buques peruanos habían caído, pues, en una hábil ra^ 
toiiera, y á donde quiera que se dirijiesen se encontraban 
cortados por los nuestros, que iban estrechando cada vez 
mas sus distancias. 

«Al noroeste les cortaban el paso el «Cochrane» y la 
« O'Híggíns », que hacían rumbo directo hacia la costa, míen- 
tras el « Loa » los cerraba por el oeste. La « Covadonga », 
el « Blanco » y el « Matías », desplegados por el sur, impe- 
dían toda esperanza de salvación por esa parte, y á los ene- 
migos solo les quedaban abierto el lado norte apegándose á 
la costa. 

« Pero no había momento que perder, porque el «Cochrane» 
estrechaba cada vez mas su distancia por ese lado. 

« Así debió comprenderlo el Comandante Grau, porque sin 
duda con la intención de que el c Cochrane > despejara ese 
camino por seguirlo, puso su proa al sur como sí intentara 
forzar la línea por el mismo punto que lo había hecho la 
« Union », mientras este buque continuaba navegando al 
norte. 



238 COMBATE DEL HUÁSCAR EN ANGAMOS 

< El € Blanco », el « Loa » y la « Covadonga > efectuaron la 
misma maniobra que anteriormente, y el « Cochrane » t im- 
bien, dejando que solo la «O'EIiggins » se ocupara de la 
€ Union »y torció su rumbo mas al sur, siguiendo paso á paso 
los movimientos del monitor enemigo. 

« Este conoció que toda tentativa por ese lado era inútil, y á 
las 9.15 de la mañana se volvió aceleradamente al norte y se 
puso al habla con la « Union >. 

« Poco después este buque continuaba su viaje al norte á 
revienta-caldera, mientras el « Huáscar », virando por estri- 
bor, se dirijia al sur al encuentro del «Cochrane». Fué 
aquel un hermoso movimiento, que manifestaba la decisión y 
el arrojo del Comandante Grau. 

« A las 9.20 de la mañana disparó el « Huáscar », con dos ó 
tres segundos de intervalo y á unos 2,800 á 3,Ü00 metros de 
distancia, sus dos cañones de á 300 contra el «Cochrane». 
En seguid¿i viró hacia el norte y emprendió como antes una 
desesperada fuga. Los injenieros del monitor peruano ase- 
guran que en ese momento elevaron tanto la presión, que 
pusieron los calderos en eminente peligro. La máquina dio 
mas revoluciones que en la prueba ; pero á pesar de eso el 
€ Cochrane » ganaba siempre terreno, haciendo prodijios de 
celeridad. 

< El blindado chileno, colocado entonces al sur del « Huás- 
car » y directamente por su popa, avanzaba mas y mas sin 
hacer ningún disparo, aunque estaba ya á unos mil metros de 
distancia del enemigo. El « Huáscar », cinco minutos mas 
tarde, viró un poco al oeste para dar campo de tiro á sus 
cañones, y lanzó otras dos bala de á 300 á su perseguidor. 

< Los proyectiles peruanos habian pasado por alto, lo mismo 
que los anteriores. 

« El «Cochrane» avanzabí siempre sin disparar, estrechan- 
do cada vez mas la distancia que lo sepiraba del enemigo. 
Aquella majestuosa mole, que avanzaba inflexible en medio 
de aterrador silencio; infundía pavor aun á los simples espec- 
tadores de aquella inolvidable escena. 

Al fin á las 9.27 de la mañana, encontrándose á unos 500 



COMBATE DBL HUÁSCAR EN ANGAMOS C3d 

metros del enemigo, disparó el « Cochrane > sus dos cañones 
de proa. Una de las balas pasó por alto, yendo á rebotar á 
gran distancia del monitor peruano, y la otra le dio en el 
castillo de proa. 

« Por el alcance de los cañones pudo verse que ya el « Huás- 
car » era buque perdido y que no podría escapar en ninguna 
dirección áctes de ser destrozado por los cañones del « Co- 
chrane >. 

< A las 9.30 habiéndose estrechado aun mas la distancia, 
disparó el c Cochrane » un nuevo cañonazo. El proyectil dio 
de Heno en la proa del enemigo, entrando por el lado de la 
cubierta, y al estallar levantó una humareda de color gris ó 
lerrujinoso como el del moho, que abarcó toda esa parte del 
« Huáscar » . 

<K A las 9.32 disparó de nuevo el «Huáscar» sus dos cañones 
de á 300, y se notó que una de las balas habia levantado un 
enorme penacho de agua junto al costado de estribor de nues- 
tro blindado. 

« Efectivamente, dio en el centro de la parte superior del 
reductor, removiendo toda esa plancha de blindaje y dojando 
en ella estampada su forma y sus cascos al estallar. Por 
fortuna no perforó la plancha ni c\us6 ninguna desgracia 
personal. 

t Esta avería fué inmediatamente vengada. 

« No bien habían trascurrido dos ó tres segundoS; lanzó el 
t Cochrane > dos afortunados tiros á su enemigo, y sus terri- 
bles efectos fueron visibles para todos los que absortos y 
anhelantes contemplaban aquel imponente espectáculo. Uno 
de ellos, dando de lleno en el torreón, lo perforó de parte á 
parte, destrozó la guardera y rompió el muñón del cañón de 
la derecha, éhizo esplosion alli, matando diez artilleros. 

« De los doce hombres que habia en el torreón solo quedó 
uno sin recibir heridas graves. El otro, que era uno de los 
cabos de cañón, salió gravemente herido y no pudo continuar 
prestando sus servicios. 

< El cañón de la derecha quedó desde entonces inutiliz \do 
para seguir funcionando. 



240 COMBATE DBL HUÁSCAR EN ANOAMOS 

« Los efectos del otro proyectil fueron todavía mas terribles. 

« Dando de lleno al lado de estribor de la torre de combate 
del Comaudante, hizo en ella un grande agujero y fué á azotar 
contra la pared del lado opuesto. Alli hizo esplosion, derri- 
bándola por completo sobre la cubierta y barriendo con cuanto 
encontró dentro de la torre. 

< Al Comandante Grau, que en esos momentos estaba den* 
tro, lo destrozó instantáneamente. Todo lo que quedó de él 
fué el pié derecho y una parte de la pierna, algunos dientes 

incrustados en el maderamen interior, y menudos trozos con- 
fundidos con los hacinados restos de la torre. 

c Los cascos de la gr/mada hirieron también á uno de los 
ayudantes del Comandante encargado de trasmitir la órdenes 
al timón. 

c Después de este tiro, á las 9.35 el c Huáscar » disparó con 
su ca^on de popa, y habiendo acudido nueva jente á la torre, 
hizo otro disparo con el canon de á 300 que habia quedado 
servible. 

c Las punterías, sin embargo, pasaban por alto, á pesar de 
la proximidad de los combatientes. 

c A las 9.36 hizo el «Cochrane» dos nuevo disparos al t Huás- 
car *, que le penetraron por la popa, causando grandes des- 
trozos en el interior del buqile. Uno de ellos, después de 
atravesar las cámaras de oficiales, sembrándolas de escom- 
bros y de cadáveres al hacer esplosion en ellas, cortó los 
guardines del timón, dejando al buque sin gobierno. La otra, 
penetrando por la misma parte á poca distancia de la anterior, 
voló la cabezi al segundo Comandante del buque, capitán de 
(Corbeta don Elias Aguirre, que habia tomado el mando al 
morir el Comandante Grau, y que acababa de ser trasladado 
á la cámara gravemente herído en el brazo y la pierna dere- 
cha por los proyectiles de las ametralladores del c Co- 
chrane ». 

c El blindado chileno al mismo tiempo, estrechaba á cada 
momento la distancia que lo separaba del enemigo, y ya á los 
trescientos metros habia roto un nutrido fuego con su ame- 
tralladora de proa, últimamente colocada. 



COMBATE BEL HUASCA a EN ANGAMOS 241 

€ Al mismo tiempo los tiradores de las cofas no cesaban un 
momento sus disparos, y la cubierta del buque peruano era 
cruzada en todas direcciones por balas de rifle que causaron 
numerosas bajas en la guarnición del « Huáscar ». 

€ Al rededor del buque peruano se veia el mar salpicado de 
penachos levantados por las balas de las ametralladoras, y 
fueron tan certeros los disparos de esta terrible arma, que la 
cubierta del « Huáscar », poco después de principiado el com- 
bate, quedó despejada de enemigos. Los que no cayeron 
muertos ó gravemente heridos, corrieron á refujiarse dentro 
del torreón. 

< A las diez de la mañana eran cada vez mas lentos é inse- 
guros los disparos del c Huáscar >, como si reinará á bor* 
do el desorden y la confusión. Habia tomado el mando del 
buque el tercer Jefe, oficial del detal don Diego Ferré, que 
pocos minutos mas tarde caía muerto por los cascos de una 
granada chilena. 

« Otra bala del <Cochrane> cortó de nuevo los aparejos que 
se babia colocado á toda prisa para manejar el timón, y otra 
vez quedó el « Huáscar * sin Jefe y sin gobierno. 

€ En estos momentos estaba el « Oochrane » á unas 50 yar* 
das por la popa del < Huáscar >; y cansado ya de aquella 
resistencia, se fué sobre su enemigo resuelto á atacarlo con el 
espolón. 

€ Entonces se creyeron irremisiblemente perdidos; porque el 
« Huáscar », falto de gobierno, no habia podido aun reponer 
los destrozados aparejos de su timón. Pero esta misma cir- 
cunstancia los salvó providencialmente; porque teniendo el 
buque la tendencia á caer sobre su costado de estribor, viró 
en ese sentido y escapó así de la embestida del adversario, 
que le paséaselo cuatro metros de distancia por la popa. 

« Pero por otro lado se encontró el « Huáscar » colocado en 
la mas critica situación. 

«El «Blanco», que á toda fuerza de máquina había ido 
avanzando hacia el norte con un andar que llegó en ocasiones 
hasta diez millas y media, apesar del mal estado de sus cal- 
deras, se encontraba á unos 3,000 metros del < Huáscar » 

T. l, 16 



242 COMBATE DEL HUÁSCAR BN ANGAMOS 

durante los últimos momentos del combate, sin que todavía 
huviese tenido oportunidad de disparar sus cañones. 

« Pero entonces, al verlo cerca por la proa, avanzó aun du- 
rante algunos segundos y le lanzó su p: imer disparo con uno 
de los cañones de proa. El proyectil pasó por alto, yendo á 
rebotará gran distancia, y en ese intante el «Huáscar», 
puso proa al norte para escapar de aquel nuevo y poderoso 
enemigo. El «Gochrane >, mientras tanto que le habia se- 
guido los movimientos, se encontraba con la proa al oeste y un 
poco á estribor del « Blanco Encalada »• 

«Dos nuevos disparos hizo casi instantáneamente la nave 
capitana, y el último con tan feliz éxito que dio de lleno en 
el costado del « Huáscar », levantando al estallar, la misma 
polvareda íerrujinosa que notamos después del tercer disparo 
del « Cochrane > . 

« El proyectil babia penetrado en la sección de la máquina, 
destruyó los camarotes de los injenieros situados á babor, é 
hizo esplosion al chocar interiormente con el costado opuesto. 

« La máquina quedó sembrada de toda clase de despojos, 
pero felizmente sin recibir lesión alguna. 

« Eran las 10 15 de la mañana. 

< El € Gochrane » habia recuperado su anterior posición por 
la popa del «Huáscar», y dos minutos mas tarde, á las 
10 17 de la mañana, avanzaba nuevamente sobre el enemigo, 
quizá con la intención de embestirle con el espolón. 

« Esta situación era de las mas comprometidas, y entonces 
vimos distintamente desde el « Loa » que el c Huáscar » 
arriaba su bandera. 

€ Semejante maniobra fué, efecto de los proyectiles chilenos 
al cortar la driza. 

« Sin embargo, el « Huáscar » continuaba su desesperada 
fuga hacia el norte, y poco después izaba de nuevo en él 
mismo sitio que la anterior una nueva bandera. 

€ En ese momento habia una confusión espantosa á bordo 
del monitor enemigo. 

< Apenas tuvo al tope por segunda vez su pabellón, le lanzó 
el « Cochrane » ui^ granizada de balazos. Uno de los pro- 



COMBATE DEL HUÁSCAR EN ANOAMOS 243 

yectiifts, penetrando por la popa, cortó de nuevo los aparejos 
del timón, dejando otra vez al buque sin gobierno y matando 
á los timoneles. El « Huáscar > viró á estribor, como lo ha- 
bla hecho anteriormente, y fué recibido al instante por el 
cañoneo del «Blanco», que parecia estar ?isechando la oca- 
sión de dar otros golpes á su enemigo. 

«El «Huáscar», rehuyendo el encuentro con este formidable 
adversario, puso inmediatamente proa al sur, en dirección á 
la bahía de Mejillones, lanzándose á toda fuerza sobre el inde- 
fenso « Matias », que en esos momentos pasiba frente al cen- 
tro de la bahía con dirección al norte, siguiendo á poca 
distancia las huellas del « Blanco Encalada ». 

« Al ver el « Blanco » el peligro del « Matias », viró rápida- 
mente al sur para interponerse entre el monitor peruano y el 
trasportechileno, al mismo tiempo que éste torcía presuroso 
su rumbo al este, con dirección á la bahia, y emprendía la 
íuga á toda fuerza de máquina. 

«La maniobra del «Blanco», aunque embarazó los movi- 
mientos del « Cochrane », que se vio obligado á virar por 
redondo, quedando á 1,2Ü0 metros del « Huáscar », evitó que 
el « Matias » fuera víctima del enemigo. 

« El « Huáscar », al notar la proximidad del « Blanco Enca- 
lada », varió su rumbo mas al oeste, alejándose del « Matias » ; 
y o\ «Blanco», al mismo tiempo que le dirijia nutridos y 
certeros disparos, le dio una arremetida con el espolón. 

« Con su buen gobierno evitó el buque enemigo el choque 
del « Blanco », que pasó casi rozándole la popa. 

« Eran en estos momentos las 10 3 ) de la mañana. El com- 
bate duraba ya una hora larga. 

« Al virar el « Huáscar » hacia el norte se encontró de frente 
con el «Cochrane»: intentando los defensores del « Huáscar » 
un último y extremo recurso, enderezaron la proa en dirección 
á él, y embistieron á toda fuerza de máquina. 

«Los dos buques estaban á unrt distancia como de 300 me- 
tros, y al notar el Comatidante Latorre la maniobra del 
enemigo, le puso también la proa y avanzó á su encuentro. 

« Durante algunos segundos pudimos ceutemplar embarga- 



944 GOMBATB J>El HUÁSCAR BN ANQAMOS 

dos aquella grandiosa escena en que las naves luchadoras, 
semejando en ese momento dos toros bravios y furiosos, 
se acercaban por momentos mas y mas, dispuestas á darse 
la última arremetida, que babria sido muerte segura para 
ambas. 

« Pero A pocos metros del punto de reunión flaqueó el arre- 
bato del € Huáscar », y torciendo á estribor, pasó rozando con 
el c Cocbrane » costado con costado. 

€ En esos momentos el enemigo disparó á este buque dos 
cañonazos, casi á boca de jarro, aunque con tan mal tino, que 
pasaron por alto, á pesar del enorme blanco d^ nuestro blin- 
dado, y fueron á rebotar á gran distancia. 

c Desde este momento^ las 10 35 de la mañana, el 
combate no fué ya mas que una especie de lenta agonía 
del maltratado «Huáscar», que solo por instinto parecía 
huir de nuestros buques, sin ni siquiera tratar de oponer 
resistencia. 

€ A esta hora tenía su proa al sur, y huía en esa dirección ; 
pero acosado de cerca por los blindados, que lo cañoneaban 
sin cesar, y ^haciendo fuego muy de tarde en tarde y sin 
fijeza, pronto se vio acorralado por ellos y obligado á dete- 
nerse. 

c Entonces, en medio del torbellino de humo de los cañona- 
zos, vimos por un instante que el < Huáscar > se dirijia hacia 
el oeste, y poco después, á las 10 40 de la mañana, huía á 
toda prisa hacía el norte. Parecía estar sin gobierno y des- 
cribía un gran círculo sobre su costado de estribor. A las 
10 53 de la mañana se ponía al alcance de los cañones de la 
t Covadonga >, que no desperdició la ocasión de largarle un 
tiro, y dos minutos mas tarde, á las 10 55^ cayó prisionero. 

c Inmediatamente; habiendo detenido su marcha, se arriaron 
botes del « Cocbrane » y del « Blanco » para ir á tomar pose- 
sión del buque. 

c Los oficíales del « Cocbrane » fueron recibidos por el te- 
niente I"" señor Gárezon, que tenia en esos momentos el mando 
del « Huáscar », é inmediatamente acudieron á custodiar la 
máquina y la sinta-bárbara, haciéndose notar el señor War- 



COMBATB DEL HUÁSCAR EN AN6AM08 24o 

ner por la actividad y oportunidad de las medidas que 
adoptó. 

« Pocos minutos después abordaba también al < Huáscaf > 
un bote del c Blanco Encalada > . (*) 



il i. 



(•) Comandaiicia accidental del Monitor « Huáscar » — Abordo del 
vapor « Copiapó. » — Antofagasta^ Octubre 10 de 187'». — Selior Capitán 
de Fragata don Manuel M. Carbajal : — S. C. — Tengo el honor de 
poner en conocimiento de U. los hechos ocurridos abordo del Monitor 
« Huáscar » durante el combate que sostuvo con los blindados chilenos 
« Blanco Encalada » y « Cochrane » y goleta « Covadonga )> el 8 del 
actual, frente á la punta Angamos» y después de la lamentable pérdida 
del Contra- Almirante don Miguel Grau, de haber U. caído herido y 
muerto el 2» Comandante Capitán de corbeta don Elias Aguirre, el 
oddal de Detall don Diego Perré, teniente 1<>, y el de igual clase Don 
José Melitou Bodriguez. En este momento el (( Huáscar » se encontra- 
ba sin gobierno por tercera vez, pues las bombas enemigaá penetrando 
por la bovedilla, hablan roto los aparejos y cáncamos de la cafia, lo 
mismo que los guardines de combate y varones de cadena del timón. 
Estas bombas al estallar ocasionaron, por tres veces, incendio en las 
cámaras del Comandante y oficiales, destruyéndolas completamente. 
Otra bomba habia penetrado en la sección de la máquina, por los 
camarotes de los maquinistas, produciendo nn nuevo incendio y arro- 
jando los mamparos sobre los caballos, que pudieron continuar en 
movimiento por haberse aclarado, con la debida actividad, los destrozos 
que cayeron obre ellos. También tubimos otros dos incendios, uno 
bajo la torre del Comandante y el otro en el sollado de proa. 

En este estado se me dio parte de que una bomba habia roto la 
driza de nuestro pabellón; pasé entonces á popa, y ayudado por el 
artillero de preferencia Julio Pablo, la izé personalmente, entre los vivas 
entusiastas de la gente. 

Los blindados hacían entonces fuego nutrido de artillería y ametra- 
lladora, el uno á veinte metros de distancia por la aleta de estribor, el 
otro por la cuadra de babor, y la « Covadonga » por la popa, mas ó 
menos á igual distancia. 

La torre se encontraba ya completamente inutilizada por las bombas 
Pallisier, que atravesaron su blindage; sacaron fuera de combate e] 
cañón de la derecha, destruyendo uno de los muñones, é inutilizando el 
compresor. Un casco de bomba penetró en las ruedas y planchas de 
la torre, destrozando dos cigüeñas, y dejándola completamente sin 
movimiento. 

Otras dos bombas penetraron por las portas, y dieron muerte á todos 



246 COMBATE DEL HUÁSCAR EN ANOAMOS 

«Llevaban quince marineros y quince soldados de la guar- 
nición del € Blanco », y una bomba para apagar los incendios 
que pudiera haber en el buque, la que prestó excelentes 
servicios. 

« Al abordar al « Huáscar » el primer bote chileno, estaban 
todos oficiales peruanos sobre la cubierta, pero ninguno de 
ellos entregó su espada, porque momentos antes las habian 
arrojado al agua. Algunos de ellos, entre los cuales se cuenta 
el oficial de la guarnición, gritaban : « ¡ Los peruanos no 
se rinden ! » 

♦ El Capitán Peña> iba animado de la intención de dejarlos en 
posesión de sus espadas, pues bien lo merecia aquella por- 
fiada resistencia, les dijo en tono seco : 

« —Tienen ustedes cinco minutos para embarcarse en el bote. 

« Todos, se apresuraron á cumplir aquella orden, aunque 
un oflcialito llegó al « Blanco > echándola de loco y gritando : 

« — ¡El Perú no se rinde ! 



loB sirvientes de los cañones, quedando solo el marinero Manuel Proaflo 
que acababa de reemplazar á los sirvientes puestos fuera de combate» 
por los proyectiles recibidos anteriormente. 

En este estado, y siendo de todo punto imposible ofender al enemigo, 
resolví, de acuerdo con los tres oficiales de guerra que quedaban en 
combate, sumerjir el buque antes de que fuera presa del enemigo; y 
con tal intento mandé al alférez de fragata don Ricardo Herrera para 
que en persona comunicara al primer maquinista la orden de abrir las 
válvulas, lo cual fué ejecutado en el acto, habiendo sido para ello 
indispensable parar la máquina, según el informe que acompaño de 
dicho maquinista. 

Eran las 11 h. diez minutos a. m. cuando se suspendieron los fuegos 
del enemigo. El buque principiaba ya á hundirse por la popa, y 
habríamos conseguido su completa sumersión, si la circunstancia de 
haber detenido el movimiento de la máquina no hubiera dado lugar á 
que llegaran al costado las embarcaciones arriadas por los buques 
enemigos, á cuya tripulación no nos fué posible rechazar por haber 
sido inutilizadas todas las armas que teníamos disponibles. Una vez 
abordo, los oficiales que la conducían obligaron á los maquinistas, 
revólver en mano, á cerrar las válvulas, cuando ya teníamos cuatro 
pies de agua en la sentina, y esperábamos hundirnos de un momento 



COMBi^TB DEL HUÁSCAR EN AN6AM0S 247 

I Los ÍDJenieros hablan recibido orden de echar á pique el 
buque dejando las válvulas abiertas, cuando el Teniente Sinnp- 
son llegó alli, ya se estaba anegando la máquina. 

€ Era verdaderamente aterrador el espectáculo que presen- 
taba el buque. La cubierta, sobre todo á popa y proa, no era 
mas que un montón de informes despojos : trozos de madera, 
cascos de granadas, pedazos de hierro de las falcas ú obra 
muerta del buque, gorras y vestidtjs de marineros, cabos rotos, 
astillas de mil formas y tamaños, y todo surcado por regueros 
de sangre, que en algunas partes formaban verdaderos charcos. 

€ En el interior eran aun mas terribles los destrozos. 

€ La cámara de los oficiales, situada á popa del buque y 
donde se habia instalado el hospital de sangre, no era mas que 
un hacinamiento de cadáveres, de menudas astillas, de medi- 
camentos, de vasijas, de miembros humanos y de toda clase 
de restos^ como que aquella fué la parte mas espuesta á los 
tiros de los blindados chilenos. 



á otro, procedieron activamente á apagar los varios incendios qae aun 
continuaban, y nos obligaron á pasar á bordo de los blindados junto con 
los heridos. 

£1 número de proyectiles que ha recibido el buque no se puede 
precisar ; pero apenas ha habido sección que no haya sido destruida, 
haciendo imposible un examen detenido la conglomeración dedestrozop, 
y el poco tiempo de que hemos podido disponer para ello. 

Antes de concluir, creo de mi deber manifestar que todos los oficiales 
y tripulantes del buque se han distinguido por su entusiasmo, valor y 
serenidad en el cumplimiento de sus deberes. 

Debo manifestar igualmente que cuando los oficiales y tripulación 
de los botes subieron á la cubierta del buque, encontraron el pico 
caldo por haberse roto la driza de cadena que lo sostenía, de manera 
que el pabellón que pendia- de él y que habia sido izada por segunda 
vez^ se encontraba en la cubierta^ cuya circunniancia hice notar al 
Teniente \^ Señor Toro del « Cochrane » y á otros oficiales cuyos 
nombres no recuerdo. 

Todo lo que tengo el honor de poner en conocimiento de US. para los 
fines que haya lugar. — Dios guarde á US. sefior Comandante. — Pedro 
Gárezon. — ( Este parte escrito abordo del vapor « Copiapó », fué remi- 
tido de San Bernardo, Octubre 16 de 1879. 



248 COMBATE DBL HUÁSCAR BM ANQAM08 

« En el departamento de la máquina no eran menos desola- 
dores los desastres ; los estrechos pas^ges que comunican ese 
departamento con los otros de proa estaban de todo punto 
impracticables, porque desdo el piso al techo se hallaban 
repletos de escombros. 

< Por todo el interior del «Huáscar» no se podia dar un paso 
sin tropezar con algún resto bumanOi y materialmente se cha- 
poteaba en la sangre. 

< La estrechez del buque, unido á las buenas punterías de 
nuestros artilleros y al escesivo número de tripulantes que 
tenia á su bordo (204) explica el gran número de muertos 
que tuvo en el combate. 

« El número de éstos no ha sido aun averiguado con fijeza. 

Esta enorme mortandad y aquellos terribles destrozos fue- 
ron sin duda causa de las escenas de desorden que tuvieron 
lugar á bordo del « Huáscar » durante el combate. 

€ Aunque los oficiales del buque se han concertado para 
afirmar lo relativo á la cortadura de la driza la primera vez 
que el < Huáscar » arrió su bandera, la verdad es que algunos 
tripulantes aseguran que partió de un oficial la orden de 
arriarla, en circunstancias en que, muertos los tres Jefes, se 
encontraba el «Huáscar» sin Comandante. 

« Agregan que al ver esto, el teniente 1° señor Gárezon — que 
es uno de los prisioneros y el que tenia el mando al tiempo 
de rendirse— reunió á sus compañeros, y recordándoles el 
ejemplo del Comandante Grau y sus últimas palabras, que 
fueron para recomendarles que no se rindieran, logró hacer 
cambiar de opinión á los que no querían continuar resistien- 
do y mandó inmediatamente izar de nuevo la bandera. 

< Las principales averias sufridas por el < Huáscar » son 
las siguientes : 

€ En el castillo. — Dos balazos que destruyeron los pescantes 
de las anclas, las bitas del bauprés y destrozaron toda la 
parte superior. 

< En la torre. — Uno que después de romper las planchas de 
blindaje dio en el muñón de la derecha del canon del mismo 
lado, destrozó lo guardera y mató diez hombres. Otro que 



GOICBATÉ DfiL HUÁSCAR EN AKGAMÓS 24d 

tambfen perforó la torre, rompiéndole los baos y desquician-^ 
do tres planchas de blindaje. Esta granada barrió por oom^ 
pleto con los nuevos sirvientes de los cañones. Otra que 
penetró 1 3f4 pulgadas y desquició una plancha, y un gran 
número de rasmilladuras causadas por los cascos. 

« Costado de babor. — Frente á la torre, una en el canto del 
blindaje, que hizo esplosion allí, matando yaríos hombre &ú 
la cubierta. ' 

« Torre de combate del Oomandante.—DoQ balados que la 
destrozaron por completo. 

« Chimenea.~J)os agujeros de balas de cañón, é innnmera«- 
bles de ametralladora y rifle. 

« Cabrestante.— El que sirve para levar anclas desapaireció 
por completo. 

t Fa/ca^.— Destruidas y retorcidas en gran parte» 

< Pañoles de timoneles á popa.— Desaparecieron por com- 
pleto. 

c Botes. — ^No quedó ninguno. Los pescantes de un bote 
cortados. 

« A popa.— Cuatro balazos que destruyeron otras tantas 
veces los guardines del timón. Estos mismos destrozaron 
completamente las cámaras del Comandante y Oficiales. 
Seis baos de la cámara del comandante, rotos. 

« Costado de estribor. — Uno que penetró en el departamento 
de la máquina, sin causar daño en ella, pero destrozando los 
camarotes de injenieros. 

€ En la cubierta. — Uno frente á la chimenea,*á estribor^ no 
penetró. Otro á babor, á proa de la torre, que hizo grandes 
estragos en el interior del buque. Otro á proa del palo 
mayor, no penetró. 

< Como so vé, fueron terribles los efectos causados por los 
proyectiles de nuestros blindados, y algunos prisioneros con*- 
fiesan que estaban muy lejos de figurarse tamaños destrozos. 
La granada Palliser, que fué la que esclusivamente emplea- 
ron nuestros buques, ha confirmado con esto su ya terrible 
reputación. 

t Los tiros mas notables por el efecto producido fueron : 



250 G0MD4TE DEL HUÁSCAR EN ANGAM08 

uno que cortó como á cincel en la caña un canon de á 12 
Armstrong del lado de babor ; el primero que dio en el re- 
ducto del comandante y que perforándolo por babor en todo 
su espesor de tres pulgadas de blindrije, cinco de madera y 
un forro interior en forma de almohada para amortiguar el 
ruido de los disparos, tuvo todavía fuerza suficiente para 
arrancar por completo el lienzo de pared del lado opuesto, y 
echarla sobre la cubierta á algunos metros de distancia; y 
por Un, uno de los dos que perforaron la torre de los cañones, 
el que tuvo aun poder para romper la guardera del cañón y 
para haber ido á estallar en el lado opuesto de la torre. 

«El «Blanco Encalada» disparó durante el combate 28 
tiros, todos con sus cañones de grueso calibre, y empleando 
granadas Palliserde acero enfriado. 

< El « Huáscar » alcanzó á hacer de 40 á 45 disparos con 
sus cañones de á 300, y unos cinco ó seis con los de cubierta ; 
fuera de los tiros de ametralladora y de rifle, cuyo número no 
se ha podido calcular. 

< El «Cochrane» tiró 45 cañonazos con sus piezas de grueso 
calibre, 12 con los de á 20 ; 16 con el de 7, y unos mil dis^ 
paros de rifle. 

« Uno de los primeros cuidados de los oficiales que aborda- 
ron el € Huáscar > fué el recojer y reunir los restos mutila- 
dos del valiente y caballeresco Comandante Grau. 

< Todo lo que pudo encontrarse después de mucha pesquisas 
fué el pié derecho con una parte de la pierna, algunos dientes, 
y una parte del cráneo, todo lo cual fué cuidadosamente 
embalsamado por el doctor del « Blanco », y después encer- 
rado en uua lona para ser enviado á su desventurada viuda. 

«Cuando se tomó posesión del « Huáscar» uno de los pri- 
meros cuidados de sus captores fué apagar los incendios que 
los proyectiles de los blindados habian causado en distintas 
partes, en cuya operación prestó inapreciables servicios la 
bomba llevada en el bote del « Blanco Encalada ». 

« La torre de combate del Comandante era una enorme 
hoguera que amenazaba comunicar el incendio al interior de 
la nave. La paja del colchón interior se habia incendiado 



COMBATE DISL HUÁSCAR BN áNOAMOS 251 

con li esplosion (lelos proyectiles y coiiaunicado el ^uégo al 
maderamen del blindaje y á los trozos dé madera esparcidos 
por 1 1 cubierta. Fué necesario, pues, atacar con vigor aquel 
nuevo enemigo, y tanto en esta faena como en las que deman- 
daron otros cuatro incendios en distintas partes del casco y 
que amenazaban tomar cuerpo, el Comandante Peña y su 
jen te hicieron prodijius de actividad y acierto. 

« Al fln, después de dos horas de rudo trabajo quedó el 
< Huáscar » libre de toda amenaza, y se pudo dedicar la aten- 
ción á otras faenas. 

« Las averias sufridas por el « Cochrane », que fué el que 
sostuvo lo mas recio y la mayor parte del combate, estuvieron 
muy lejos de estar ni relativamente á la altura de las que 
s^ifrió el «Huáscar». 

< Una de las balas dio á popa de la batería, en el blindaje, y 
rebotó sin hacer daño. 

< Otra se llevó el pescante de la gata de babor. 

< Una tercera penetró por la aleta de estribor después de 
rebotar en el blindaje del reducto á babor ; en su trayecto 
destruyó el cubichete de la cámara de oficiales, la botica, la 
camiseta del cubichete de la máquina, las mamparas y parte 
déla cantina del Comandante, y la puerta de la cámara de 
guardias marinas ; sin embargo, no hizo esplosion, y como 
una curiosidad se guarda vivita en el «Cochrane». 

t Otra, que produjo en el buque un daño mas serio que las 
anteriores, fué la que dio en el costado de estribor, en el cen- 
tro de la plancha superior del reducto. Dejó su forma estam- 
pada en ella y removió toda la plancha. 

« Otra bala dio mas arriba del blindaje, á proa á estribor, 
se llevó la cocina, rompió un estallador y cayó después sobre 
la cubierta, donde hirió á algunos hombres. 

« Un sexto proyectil dio en la jarcia mayor, cortando un 
obenque y un cabo de maniobras; un séptimo dio en la jarcia 
de mesana á babor, cortando parte de la maniobra. 

« Los tiros de rifle y de ametralladora perforaron algunos 
botes y el tubo de escape. La chimenea tiene 22 agujeros de 
rifle. 



252 COMBATE DEL HUÁSCAR BN ANaAMOS 

« El t Blanco Encalada > no recibió el mas leve rasguBo 
durante todo el combate. (*) 

i Volvamos ahora á la < Union >, que dejamos abandonada 
por el « Gochrane » al principio del combate y perseguida úni- 
camente por la < O'Higgins k 



(*) PARTC8 6nciALE8-*San Bernardo, Octubre 16 dé 1879.--Sefior 
Contra- Almirante Comandante General de laa baterías j fuerzas de 
la plaza de Arica.— S. O. G.— £1 30 del mes pasado á las 4 h. 50 m. 
a. m. zarpamos de ese puerto en el monitor « Huáscar », convoyando 
haita el de Iquique al trasporte (c Rimac » que conducía la división 
del mando del sefior General Bustamante. 

Encontramos durante el trayecto al vapor de la carrera frente al 
puerto de Mejillones, y fondeamos en Iquique á las 4 h. 20 m. p. m. 
Inmediatamente se procedió ai desembarque de la División, y terminado 
éste, zarpamos á las 4 h. a. m. del !<> del corriente en compañía del 
« Rimac » y de la « Union > que habia entrado al puerto en la tarde 
del dia anterior. Una hora después de acompañar al « Rimac » en su 
viaje al Norte, el « Huáscar i y la « Union > hicieron rumbo al O. y 
.después de separamos algunas millas de la costa, se dirigieron al Sur. 

Kl 4 del presente á las 9 h. a. m. avistamos un vapor que navegaba 
por el N. próximo á la costa ; fuimos á su reconocimiento y resultó ser 
el • Ohala * de la compañia inglesa. 

Terminado el reconocimiento, hicimos rumbo á Sarco? y llegamos á 
éste á las 10 h. 80 a. m. En dicha caleta se encontraba fondeado el 
bergantín- goleta < Coquimbo • con pabellón inglés, pero registrados sus 
papeles se vino en conocimiento de que anteriormente al estado actual 
de guerra, este buque enarbolaba ia bandera chilena y habia obtenido 
del Cónsul Británico en Coquimbo, con fecha posterior á la declaratoria 
de guerra, el certificado provisional de registro para enarbolar el pabellón 
inglés. 

Por estos motivos, y continuando el buque en el ejercicio del mismo 
tráfico que habia tenido antes del cambio de pabellón, fué remitido 
al Callao á cargo del Teniente !<> graduado don Arnaldo Larrea, con 
dos aspirantes y siete individuos de tripulación, á fin de que en ese 
puerto se le someta ai juicio de presa respectivo. 

£1 Capitán del buque y cuatro individuos de tripulación fueron 
trasbordados al « Huáscar • por vía de precaución. 

A las 8 h. 30 m. p. m , dejando al bergantín á la vela con rumbo á 
su destino, continuamos para el Sur. 

El 6 del presente á la 1 h 60 m. a. m. estuvimos en el fondeadero 
del puerto d^ Coquimbo y permanecimos en él una hora, sin que nuestra 



C0H3ATB DBL HUÁSCAR fiN ANaAMOS 253 

« A las 0-50 de la mañana, en circunstancias que el 
« Gochrane > estaba empeñado en lo mas recio del combate 
con el f Huáscar I, y cuando el «Blanco» no se hallaba ni 
aun en posición de tomar parte en esta refriega, la < Union » 



presencia fuese descubierta. Se haUaban allí fcmdeados, la fragata de 
guerra Norte- americana «Pensacola» y la corbeta de S. M. B. < Thetis ». 
Después de este reconocimiento, salimos del puerto y nos dirijimos al 
Sur, haciendo rumbo á Tongoy, donde encontramos y reconocimos al 
Yapor « Cotopaxi » de la Gompañia Inglesa, que pocos momentos 
después se dirijió al Sur. 

A las 12 h. 30 m. p. m., avistamos un vapor que atravesaba por 
la boca del puerto indicado y salimos á sü demanda. 

A la 1 h. 80 m. p, m. nos comunicamos con él, y resultó ser el 
vapor c lio » de la carrera que se dirijia al N. 

Después de este reconocimiento, permanecimos aguantados frente á 
la punta de Coquimbo con el objeto de hacer algunas reparaciones en 
la máquina del t Huáscar* y t-erminada dicha operación á las 3. h. p. m. 
navegamos algunas millas hacia el N. O. para separamos de la costa, 
y en seguida hicimos rumbo al N. 

A las 9. h. a. ra. del 7 del corriente detuvimos otra vez nuestra 
marcha para hacer nuevas reparaciones en la máquina del «Huáscar» 
y tomamos 300 sacos de carbón de la « Union » pues nos hallábamos 
ya escasos de combustible. Concluido el trasbordo á la 1 h 6 p. m. 
continuamos nuestra derrota al Norte. 

A las 10 p. m. del mismo dia se avistó una luz por la proa, nos aproxi- 
mamos á ella, y teniéndola al costado, media hora después, pudimos 
reconocer que era un vapor de la carrera que se dirigía al Sur. 

A las 12 h. del 8 del que rige divisamos las luces del puerto de An- 
tofagasta é hicimos rumbo sobre ellas. 

A la 1 h. a. m. arribamos al fondeadero y después de reconocerlo du- 
rante una hora, salimos de la bahia á reunimos con la «Union» que ha- 
bla quedado en la boca del puerto lo que conseguimos á las 8. 16 m. y 
nos poníamos á rumbo para el Norte cuando avistamos por la proa tres 
humos; nos acercamos lentamente á ellos para reconocerlos y compren- 
diendo que eran buques enemigos entre los cuales se cambiaban señales 
hicimos rumbo al S. O. para separarnos de la costa y de la dirección 
de ellos. 

Al amanecer pudimos reconocer perfectamente al « Blanco Encalada», 
la « Covadonga » y el « Matias Cousifio » del primero de los cuales nos 
separaba una distancia como de seis millas. £1 • Blanco» y la « Cova- 
donga » nos siguieron en caza habiéndose dirigido el c Matias Couai • 



254 COUBATE DEL HUÁSCAR BN ANDAMOS 

se encontraba ya á unas diez millas de los blindados y á unos 
6,000 metros de la « O'Higgins ». 

« En ese momento la corbeta chilena, al mismo tiempo que 
continuaba en su persecución hacia el Norte, disparaba un 



ño » para Antofagasta. Puestas las máquinas á toda fuerza, el 
< Huáscar » con un andar de 10 y 3i4 millas logró pronto hacer proa 
sucesivamente al O y al N. quedando con su derrota libre hacia este 
lado, pero siempre perseguido por loa dos buques mencionados. 

Asi continuábamos, cuando á las 7 h. 15 m. a. m. avistamos por el 
N. O. tres humos que pocos minutos después pudimos reconocer en 
ellos al < Gochrane», la • O'Higgins • y el cLoa* que hacían rumbo á 
cortar nuestra proa. Se mandó entonces forzar la máquina para evi- 
tarlo, ganando camino hacia el N. antes de ser cortados. La < Union » 
que venia por nuestra cuadra de babor pasó á la de estribor y merced á 
BU andar avanzó al í^orte. 

No sucedió asi con el « Huáscar » á pesar de los esfuerzos que se 
hicieron con tal objeto ; de suerte que á las 9 h. 40 m. siendo inevita- 
ble el encuentro, afianzamos nuestro pabellón, disparando los cañones 
de la torre sobre el « Cochrane» á 1,000 metros de distancia. El « Blan- 
co » y la u Covadonga » venian á seis millas por nuestra popa, la 
«O'Higgins» y el «Loa» se dirigieron á cortar el paso á la «Union». 
El «Cochrane» no contestó inmediatamente á nuestros disparos smó 
que estrechó la distancia merced á que traia mayor andar que noso- 
tros, de manera que solo cuando estuvo á 200 metros por babor hizo 
BUS primeros disparos. Uno de ellos perforó el blindaje del casco de 
la sección de la torre á un pié sobre la linea de agua y el proyectil 
estalló dentro de esta sección ; sacando doce hombres de combate ; 
otro de ellos cortó el guardin de babor de la rueda de combate y nos 
obligó á gobernar con aparejos. 

Como diez minutos después de haber recibido estas averias, sufrimos 
otra de mayor consideración : un proyectil chocó en la torre del coman- 
dante, la perforó y estallando dentro hizo volar al Contra- Almirante 
sefior Grau, que tenia el mando del buque, y dejó moribundo al tenien- 
te 1<* don Diego Ferré que le servia de ayudante. 

Tomó entonces el mando del buque el 2» Comandante capitán de 
corbeta don Elias Agoirre, y bajo sus órdenes se continuó el combate, 
cada vez mas tenaz y sostenido. 

Las dificultades del gobierno no permitían al «Huáscar» mantener 
una dirección constante; de manera que solo aprovechaba parte del 
andar que le producíala máquina : esto fué causa de que el «Blanco» 
y la « Covadonga » llegasen á estrechar su distancia hasta ponerse A 



G0MBAT2 DEL HUASCAS EN AN0AM08 255 

cañooazo de desafio á su enemiga ; pero ésta siguió al Norte. 

« El < Loa »y que se encontraba entonces á unas diez millas 

de la < O'Higgins > hacia el Sur^ calculando que ya era inútil 

su presencia en el lug ir del combate, puso también proa al 



200 metros por la aleta de estribor. En esta situación, no contando ya 
el « Huáscar » con la ventaja de su andar y encerrado entre los blin- 
dados, á la par que dirigió sus fuegos sobre el <( Blanco,», viró para 
embestirle con el espolón, - ataque que fué prontamente evadido y que 
dejaba al buque á merced de las buenas punterías de los blindados y 
aun de la « Covadonga ». 

En estas circunstancias el que suscribe, que se encontraba al costado 
del cafíon derecho de la torre, fué herido por los destellos de una 
bomba que penetró en la torre, y e» talló dentro de ella, é imposibilitado 
para continuar apreciando por si mismo las demás circunstancias del 
combate, fué conducido á la sección de la máquina donde se le prodi- 
garon las atenciones que su estado exigia. 

El parte adjunto del teniente !<> don Pedro Gárezon en quien recayó, 
por ordenanza, el mando del buque, á consecuencia de la muerte del 
20 Comandante Aguirre y del estado en que se encontraba el que sus- 
cribe, dará á U. S. los detalles de la manera como llegó á su fin este 
reñido y desigual combate. 

£1 « Huáscar » cayó en poder del enemigo, cuando no le fué posible 
ya continuar su resistencia, inutilizados sus cañones, roto el timón y 
diezmada su tripulación. 

Pero como último recurso se abrieron completamente las válvulas 
para sumergir el buque, y se hubiera conseguido este resultado si al 
llegar al costado del u Huáscar » las embarcaciones del enemigo, hubiera 
sido posible resistirlas de |algun modo. 

No siendo esto asi, sus tripulantes tomaron posesión del buque, detu. 
vieron su sumersión cuando ya tenia cuatro pies de agua en sus 
fondos ; extinguieron algunos incendios que aun se conservaban á proa 
y popa del buque; y ñnalmente lo condujeron á Mejillones, no sin algu- 
nas dificultades, favorecidos por la tranquilidad en que se encontraba 
la mar. Todos los tripulantes que, heridos en su mayor parte, sobre- 
vivían, fueron tomados prisioneros y trasbordados á los blindados, 
donde se les prodigó la mas esquisita consideración y asistencia. 

Antes de terminar, séame permitido espresar á US. el profundo sen- 
timiento que ha causado á los oficiales y demás tripulantes del monitor 
(( Huáscar » la irreparable muerte del valiente Contra- Almirante do^ 
Miguel ürau y de sus dignos subordinados el Capitán de corbeta don 
£liaa Aguirre» y los tenientes I» don Diego Ferré y don Meliton Ro- 



256 COMBATE DEL HUÁSCAR EN AMOAM06 

Norte siguiendo la estela de la t O'Higgins > y comenzó á 
forzar su máquina con la intención de alcanzar á la < Union > 
y obligarla á aceptar combate con la corbeta chilena. 

< Garcia y Garcia corría y corria á mas y mejor fingiendo 



dríguez, á qnioDee han tenido ocasión de ver desaparecer campliendo 
hasta el último con su deber ; y recomendar asi mismo á la consideración 
de US. el valor, entusiasmo y serenidnd que durante este desigual com- 
bate ha distinguido á los oficiales y demás tripulantes del « Huáscar >» — 
Adjunta encontrará TJS. la lista de presentes abordo durante el com- 
bate, igualmente que la de los muertos y heridos. 

£n el puerto de Mejillones quedaban el Teniente 2» don Enrique 
Palacios, el Cirujano mayor doctor don Santiago Távara y varios de 
los tripulantes que, por el estado de sus heridas, no ha sido posible 
trasladarlos á este lugar. — Los demás heridos se encuentran en 
Valparaiso, en Santiago y en esta población, conforme el estado de 
8u gravedad. 

Todo lo que tengo el honor de poner en conocimiento de US. á fin de 
que por su digno órgano llegue al del £xmo. Señor General Supremo 
Director de la Guerra.— Dios guarde á US.--S. C. G. ^Manuel Meltíon 
Carhajal, 



Abordo del vapor « Copiapó, » al ancla — Antofagasta, Octubre 10 
de 1879. — Sefior Comandante accidental del Monitor « Huáscar » — S. C. 
£n cumplimiento de mi deber tengo el honor de comunicar á US. todo 
lo ocurrido en el departamento de la máquina durante el combate con 
los blindados chilenos y la goleta « Covadonga » el 8 del presente. 

A las 4 h. a. m. recibí ó¿den de ir á toda fuerza con la máquina, 
porque algunos humos estaban á la vista, aumenté el andar á sesenta 
revoluciones, teniendo de veinte y cinco á veinte y seis líbicas de vapor. 
A las 5 h. 40 m. a. m. recibí orden del Contra- almirante Grau, para 
disminuir el ai;dar, desde esta hora hasta cerca de las 8 h. a. m. la 
máquina iba de cincuenta y dos á cincuenta revoluciones por minuto. 
£1 blindado « Cochrane » y dos buques mas se avistaron por el Norte, 
cerca de las 7 h. 80 minutos, pero á distancia que solo se veian los 
humos y no muy claros, por eso el sefior Contra*almirante Grau cre- 
yendo sin duda pasar claro sin aumentar el andar no me dio orden para 
ello. 

A las 8 h. 80 m. a. m., me llamó el sefior Contra- almirante y me 
ordenó que hiciera tres ó cuatro revoluciones mas ; después de dar las 
órdenes necesarias subí á la cubierta para ver la posición de los baques 
enemigos, y vi en efecto que el blindado c( Cochrane » nos ganaba nota- 



HUIDA DH LA CORBETA UNION 257 

no haber oído el cañonazo, apesar de que los blindados ya se 
habían perdido de vista y que, aun cuando se hubiesen desta- 
cado inmediatamente en su busca, no podian llegar hasta ella 
sino después de tres 6 cuatro horas de caza, tiempo demasiado 
para definir la contienda con la « 0*Higgins >. 



blemente, volví á la máquina y di órdenes para hacer todo el vapor 
posible teniendo ya bien segaras todas las válvulas de seguridad para 
dar la mayor presión, y entonces tuvimos de veinte y cinco á treinta 
libras de vapor, lo que con 26 á 27 pulgadas de vacio daba á la máqui- 
na de sesenta á sesenta v tres revoluciones : en estas circunstancias, si 
el buque no hubiera estado con sus fondos sucios hubiera andado doce 
ó mas millas en lugar de once que, en mi concepto, es lo mas que ha 
andado el buque. 

La primera bomba que tuvo efecto en el departamento de la máqui- 
na, fué por el costado de babor en mi camarote, rompiendo la lumbrera 
y echándola encima de los caballos; asi como también una porción de 
tornillos y pernos del blindaje, produciendo un incendio en dicho lugar. 
La segunda se llevó el cubichetede la máquina, arrojando encima de 
los caballos una lluvia de trozos de madera. 

La tercera vino de popa por la cámara de oficiales trayendo una gran 
cantidad de astillas y mamparos rotos de la máquina. 

La cuarta vino por el costado de estribor al centro del departamento, 
reventando dentro, rompiendo los camarutes de dicho lado y destru- 
yendo todo el departamento ; esta bomba dejó algunos muertos, é hirió 
á otros, entre los que se encontraban el doctor Távara y el señor Jhon 
Griffíthfl Capitán de la presa « Coquimbo » : en este momento la 
máquina estaba completamente cubierta con trozos de madera, fierro y 
camas, gracias á la Providencia no hubo ninguna averia en la máquina; 
durante este tiempo todo el departamento estaba lleno de humo, proce- 
dente del incendio ocasionado por las bombas. 

£n la sala de fuegos no hubo material averia ; pero por el número de 
bombas que hablan reventado en el interior de la chimenea estaba llena 
de humo y de oUin \ haciendo imposible ver los indicadores de vapor 
y de agua de las calderas. 

Como las cámaras estaban demolidas, fué necesario mandar abajo á 
loa heridos ; la mayor parte de ellos fueron puestos en la carbonera de 
proa, el Capitán de fragatti sefíor Carbajal, fué conducido con dos ó tres 
mas al pañol de la máqui. ;a. 

£n este estado, y viendo los oficiales que era imposible la salvación 
del buque, recibí orden personal y privada del alférez de fragata don 
Ucardo Herrera para abrir las válvulas y echar el buque á pique, cuya 



258 HQIDA DE LA CORBETA UNION 

< A las 2.23 de la tarde estaba el < Loa > á unos 4,000 
metros de distancia por la popa de la < Uniom la cO'Higgins», 
se habia quedado á nnas diez ó doce millas atrás. 

€ Entonces el < Loa >, para obligar á la c Union > á que le 
presentara combate, le hizo un disparo con el cañón de proa, 
cuyo proyectil cayó á poca distancia del costado de estribor 
de la corbeta enemiga. 

< Al ver este desafio, el buque peruano pareció sacar fuerza 
de flaqueza y continuó con mas desesperacion-«u fuga. 

< En ese momento el < Loa > viraba hacia babor para hacer 
fuego con su canon de á 150; pero notando el Comandante 
Molinas que para disparar con este canon se veia obligado á 
perder mucho camino, continuó haciendo fuego con el de proa. 



orden ejecuté en el acto con toda la actividad y deseo posibles, sacan- 
do los heridos de abajo ; después de esto tuve que parar la máquina 
para sacar las puertas de las condensadoras ; pero no tuve tiempo safi- 
ciente para concluir de sacarlas, pues fuimos abordados, y tomados 
prisioneros : en este momento el buque tenia tres ó cuatro pies de 
agua en la sentina inferior, y en pocos momentos mas iba á comenzar 
A entrar el agua por los agujeros de las bombas enemigas, y el buque 
se hubiera ido violentamente á pique. 

Yo y el segundo ingeniero fuimos amenazados con rewolvers al 
pecho, diciéndonos que moviésemos la máquina y sacásemos el agua ; 
nosotros rehusamos el hacerlo por ser prisioneros de guerra ; pero nos 
dijeron que los ingenieros del « Rimac » hablan sido forzados de entre- 
gar la máquina bien, y nosotros teníamos que hacerlo so pena de morir. 

No concluiré sin manifestarle que he tenido gran placer al ver el 
entusiasmo, valor y disciplina de mi gente ; todos han cumplido con 
BU deber, hasta el último momento, particularmente el segundo ingenie- 
ro sefior Tomás Hughs á quien habia encargado de todo el cuidado de 
las máquinas y de la gente de la parte de abajo, y no subió hasta que 
el agua estaba cerca de las hornillas. 

£b cuanto en verdad y justicia puedo decir para los fines consi- 
guientes. — Dios guarde á US. — Samuel Me. Mahon^ primer in- 
geniero. 



Pakts Oficial dbl Almirante G. Rivxros sobrb bl combatk db hot 
— A las 9 a m. se trabó un combate entre el « Cochrane » y el « Huás- 



HUIDA DE LA CORBETA UNION 259 

€ A las 2.30 y á las 2.40 disparó el c Loa » dos nuevos tiros. 

< A esa hora el Comandante Montt ; de la « O'Higgins », 
tenaeroso por la suerte del < Loa > al ver el arrojo del Coman- 
dante Molinas, hacia á este buque señales con banderas, y 
espejos^ á causa de la gran distancia, para que no comprome- 
tiera mas su buque y detuviese su marcha. 

€ En efecto, el buque peruano habria podido torcer rápida- 
mente hacia el Sur, hacer frente al « Loa > con sus catorce 
cañones, y echarlo á pique ó inutilizarlo en media hora de 
combate, quedándole aun tiempo suficiente para escapar de 
la < O'Higgins ». 

« Pero el « Loa » continuó avanzando siempre, y á las 
3.17 disparaba contra la < Union > un nuevo cañonazo. 



car ». A las 10 entró al combate el « Blanco » A las 10 h. 50 m. el « Huás- 
car » hecho pedazos se rindió. El Comandante Grau muerto ; igual- 
mente el 2" y el 3« Comandante. 

La tripulación del blindado peruano resistió tenaz y heroicamente. 

Por el estado en que ha quedado el buque creo que no podrá servir. 

En el « Blanco » y en el « Cochrane » ninguna desgacia. 

La « O'Higgins » desde el principio del combate persiguió á la 
« Union )) á toda máquina. El « Loa » siguió á la « O'Higgius » en esa 
caza. 

Ordené después del combate que el « Cochrane » marchara en la 
misma persecución. 

£1 combate tuvo lugar un poco al Norte de la bahía de Mejillones. 

El «Haáscar» y «Union» estaban á las 8 a. m. en la boca del 
puerto de Antofagasta. 

El « Blanco » los sorprendió y huyeron al Norte. 

El « Cochrane, ». la « O'Higgins » y el « Loa » cruzaban frente á 
Mejillones.. 

En la huida de los buques enemigos se encontraron cortados. 

La «Union» pudo escapar, merced á su rápido andar. 

El <f Huáscar » tuvo que presentar combate. 

Espero que la « O'Higgins » y el « Loa » hayan dado alcance á la 
« Union » y no dudo que la habrán vencido. 

Oficiales y tripulación de estos buques se han mostrado valientes y 
serenos. 

Voy á Mejillones para enterrar muertos del « Huáscar » y dejar allí 
los prisioneros — Felicito á V. E por esta victoria, — G. Rivero. 



260 REFLECCIONES SOBRE BL COMBATE 

< La c O'Higgins > se habia quedado tan atrás, que teme- 
roso el < Loa > de perderla de vista, al caer de la tarde, se 
decidió á esperarla, convencido de que la c Union > no baria 
frente. 

« Los buques chilenos habian llegado á la altura de Huani- 
IIos, y á las siete de la noche torcían su runnbo para el Sur, 
mientras la < Union » casi se perdia de vista por el Norte. 

c Cuentan los prisioneros algunos rasgos del Gomandantie 
Grau que hacen aun ntias lamentable su muerte y mas simpá- 
tica para nosotros su memoria. 

« Durante el combate de Antoíagasta, á cada instante reco- 
mendaba á sus artilleros que no hicieran daño á la población y 
que se limitasen únicamente á disparar contra los buques y 
los fuertes. 

c Fueron terrible los efectos de las ametralladoras chilenas. 
Con los 450 disparos que con esta arma hizo el « Cochrane >, 
barrió por completo la cubierta del c Huáscar > siendo tan 
terribles.sus efectos, que todos los tiradores de la cofa de este 
buque y los hombres que estaban á cargo de la ametralladora 
peruana fueron muertos por nuestros proyectiles. 

c Ha terminado, pues, de una manera gloriosa para Chile 
el primer combate entre blindados y artillería moderna que 
registran los anales de la historia contemporánea. 

< No hay duda que esta prueba es decisiva respecto del 
empleo de los proyectiles do cabeza acerada para romper 
planchas de blindsge, y una nueva recomendación en favor del 
canon Armstrong, que fué exclusivamente el empleado por los 
combatientes. 

« Esta clase de artillería ha confirmado todas las cualidades 
que se le atribulan como precisión, largo alcance y fuerza de 
penetración del proyectil, y sus terribles efectos podrán pronto 
apreciarse en Valparaíso por los especialistas, al ver los 
flancos del c Huáscar» y sobre todo su torreón perforados 
como á barreno. 

c Esta prueba ha dado también muy felices resultados para 
los buques de batería circular, como la de nuestros blin- 
dadoS| pues el « Cochrane » no se vio obligado un momento á 



FIRMEZA DEL PER^i EN SUS CONTRASTES •261 

desviarse del camino del « Huáscar », para perseguirlo, al 
mismo tiempo que le hacia continuado fuego con sus cañones 
de proa, mientras este buque se veia en la precisión dé pie- 
sentar su costado para hacer fuego, y perdía por lo tanto 
mucho camino. 

€ Ademas, examinando la colocación de los cañones de la 
torre del « Huáscar » se ve que sus artilleros necesitan ser 
solo una especie de máquina para apuntarlos, porque difícil- 
mente pueden mirar el objetivo, y se ven obligados á hacer 
uso del « director >, colocado, sobre la torre, de manera que 
se apunta como por carambola. 

« Pero debemos agregar que el aparato que mueve la torre, 
ha demostrado increible estabilidad, pue^? apesar de los terri- 
bles estragos que sufrió y de haberse desquiciado varias 
planchas, ésta gira aun con entera facilidad y se halla en 
situaciou de sostener un combate. 

« Sin embargo, las ventajas quedan siempre por nuestros 
blindados, cuyos cañones pueden apuntai* mejor (y mejor 
apuntaron en efecto), y disparar sin pérdida de tiempo en 
cuanto están cargadas las piezas, cosa que en el < Huáscar > 
no es posible hacer, porque hay que estar moviendo á cada 
instante la torre >. 

Así perdió el Perú al mismo tiempo la única nave que podia 
aun detener la marcha del enemigo sobre el territorio de la 
patria, y al hombre de mar que con tanta gloria como hidal- 
guía había sostenido la causa de su Nación, y los fueros de la 
humanidad. No obstante, este pueblo recojiéndose dentro de 
si mismo, y comprimiendo su hondo dolor, en vez de entregar- 
se á los furores de la desesperación, y de ofrecer el triste 
espectáculo de su desbordamiento^ como tan frecuentemente 
sucedía en Chile, sobrellevó su desgracia con aquella estoica 
resignación propia solo de los espíritus superiores, y con 
aquella imponente magostad que revela' la firmeza de las reso- 
luciones en los propios, á la vez que infunde el respeto en 
los estraños. 

El pueblo en todas sus clases, el Congreso y el Gobierno se 
disputaron á porfía el deber de manifestar su gratitud a 



262* DONATIVOS PARA OTRO HaASCAR 

héroe que entregó su vida en holocausto por salvar el honor 
del pabellón nacional. A la viuda del ilustre marino se le 
señaló una renta fija, sin perjuicio de obsequiarle una esplen- 
da casa que le produjera lo bastante para la educación de 
sus hijos, que algún dia imitarán el ejemplo que les legara 
su padre. 

En cuanto á la reposición del « Huáscar», la Municipalidad 
de Lima encabezó una suscricion popular : no quedó rico, 
pobre ni de mediana fortuna, hombre ni mujer, anciano, niño, 
empleado ni industrial, individuo ni corporación, que no 
entregara su óvolo para contribuir á la reposición de un 
nuevo « Huáscar * que llevara el nombre de su inmortal 
gefe el Contra-Almirante Grau ; en breves dias se reunió la 
enorme suma de doscientas mil libras esterlinas, y salió un 
comisionado á Europa para realizar el deseo de todo el pueblo 
del Perú. 

En vano pretendieron los diaristas y otra gente de Chile 
hacer creer que el « Huáscar » se rindió ; ¡ nó y mil veces 
nó ! El « Huáscar > no arrió su bandera, aun cuando ya no 
tenia gefes, y estiba sin timón, yéiniose á pique. El fué 
abordado y tomado á viva fuerza; el valiente Pedro Gárezon 
con revolver en mano se entregó prisionero haciendo notar 
que hasta en ese momento el pabellón peruano se ostentaba 
soberbio, aunque vencido, en su puesto de honor. (Apéndice 
número 18.) 

La pérdida del « Huáscar » cambió por completo las ope- 
raciones, de guerra, dejando al enemigo en toda libertad de 
trasladar su ejército al punto de la costa del Perú que mas le 
conviniera. 



CAPITULO IX 



Asuntos interiores del Perú 



Sumario : Se reúne el congreso peruano ; dá al Ejecutivo autorísacionea 
limitadas para las exijencias de la situación — £1 Cónsul de 
, Chile en Panamá promueve cuestiones para impedir el tránsito 
de armas — Piérola ofrece desde Chile sus servicios al Presi- 
dente del Ferú — Llpga al Callao, inspira recelos, pero se le 
permite desembarcar — Pide permiso para organizar un batallón, 
á su costa, y se le niega — Desmiente su Manifiesto publicado en 
Valparaíso el 31 de Marzo, y finje haber variado de propósito 
— El Vice-Presidente, General La Puerta organiza su Minis- 
terio—El General Mendibnru Presidente del Consejo y Ministro 
de Guerra — El Ministro de Hacienda Izcue — El Vice Presiden- 
te se opone á la nueva emisión de billetes ó papel* moneda — 
Crisis financiera y del Ministerio de Hacienda — Izcue renuncia 
el Ministerio y lo reemplaza el Doctor Solar — A los ocho dias 
deja Solar el Ministerio y lo reemplaza Don José María Quimper 
^ El Ministro Quimper se pone en pugna con la opinión y con 
el congreso r- Es censurado por el congreso, deja el Ministerio y 
lo reemplaza el Doctor Don Juan francisco Pazos — El Congreso 
concede al Ejecutivo amplias fecaltades en los asuntos de 
Hacienda — El Gobierno nombra comisionados fiscdies á Don 
Juan M. Goyeneche y al Doctor Don Francisco Hósas, con los 
plenos poderes que dio el congreso — El Ministro de Guerra, 
General Mendiburu, hace inevitable el cambio radical de todo 
el Ministerio. 



El deseo y la necesidad de dar á conocer de seguida, basta 

su término, las operaciones de la guerra esencialmente marí- 
tima, nos obligó á suspender la narración de los asuntos 
internos del Perú, desde que el Presidente Prado, resolvió su 



264 ASUNTOS INTERIORES DEL PRRÜ 

marcha al Sur á ponerse al frente del ejercito aliado. Es 
llegada la vez de hablar á cerca de esto. 

Antes de que el Presidente General Prado partiera al Sur, 
se había reunido el Congreso extraordinario (Abril 24) que 
convocó el 24 de Marzo. Este cuerpo se limitó á autorizar 
al Ejecutivo para elevar el ejército y la marina al pie de 
fuerza suficiente para la defensa de la nación (Mayo 10), y 
para contratar un empréstito nacional por valor de ocho 
millones (Mayo 20 ); pero esta autorización contenia tales 
limitaciones que hacian imposible conseguir ninguna canti- 
dad, en época en í]ue se necesitaba de las mas amplias para 
obtener millares de libras esterlinas on Europa, con que com- 
prar rifles, cañones, municiones, y sobre iodo buques capaces 
de luchar con ventaja contra los blindados chilenos. 

Los ocho mil rifles encargados á Norte América y Europa 
en Febrero, y los cañones pedidos por Bolivia, vinieron por la 
via de Panamá, lo que dio lugar á que el Cónsul chileno en 
este puerto elevara quejas al Gobierno de Colombia, supo- 
niendo falta de neutralidad ; olvidaba ó ignoraba ese ájente 
que el istmo se declaró de tránsito libre, desde que se cons- 
truyó el ferro-carril de Colon á Panamá, como lo es el 
Estrecho de Magallanes. 

El estado de la política interior no oírecia el menor peligro. 

Encontrábase en Valparaíso, de regreso de Europa (Marzo 
4) Don Nicolás de Piérola, resuelto á encender por tercera 
vez, la guerra civil en su patria. Tenia depositados anticipa- 
damente, en la aduana de Valparaíso, armas, vestuario y 
otros elementos de guerra ; mas al saber el estado alarmante 
de las relaciones del Perú y Bolivia con Chile, permaneció en 
la espectativa, hasta que se declaró la guerra ; entonces se 
entendió con el Plenipí>tenciario Lavalle, ofreciendo sus ser- 
vicios, á la vez que publicaba un insolente y necio Manifiesto 
dirigido á los pueblo» del Perú (Marzo 21.) En él em- 
pleaba el NOS cual un Napoleón al regresar de su victoriosa 
campaña de Ejipto, «se lamentaba por las abominables esce- 
nas que habian pasado en el Perú durante su ausencia en 
Europa ; estaba lleno de dolores é indignación ; pero en vista 



ASUNTOS INTBRtORBS DBL PBRÚ 265 

del conflicto internacional, toda queja, decia, debía ser ahoga- 
da, y aplazado el ejercicio de sus derechos domésticos concul- 
cados, para quitar al Gobierno todo cuidado, toda preocupa- 
ción interior; y aun cuando el silencio y el aplazamiento 
fueran costoso sacrificio, todo lo vencia por la salvación de 
la patria j por esto se habia apresurado á hacer saber al 
Gobierno del Perú, por medio de su plenipotenciario en 
Santiago, cual era, á su juicio, la h'nea de conducta que con- 
venia al Perú». Asi preparados los ánimos emprendió su 
viaje al Callao en compañia del Plenipotenciario Lavalle que 
regresaba después de terminada su misión, sirviéndole de 
padrino y protector. La llegada del vapor (Abril 16) con 
un huésped tan peligroso, produjo gran sensación en Lima; 
muchos opinaban porque se alejara al desenfrenado conspi- 
rador desde 1872, que audazmente decia que sus proyectos de 
trastornar el orden interior tan solo los aplazaba para mejor 
época; otros porque se le admitiera manifestando así que en 
el Perú ya no existían partidos ni divisiones internas, y que 
todos abrigaban un solo propósito, el de hacer la guerra á 
Chile. El General Prado, cuyo corazón se inclinaba siempre 
á no perseguir á nadie, convino en admitir al hombre que 
meses después lo vilipendiara y asaltara su puesto. El astu- 
to pretendiente, momentos después de llegar á Lima, pasó 
á casa del General Prado á manifestarle su agradecimiento 
y respeto á su autoridad como á gobernante lejítimo. 

La prensa que subvencionaba Piérola (La Patria) conocía 
el mal efecto del inconsulto Manifiesto, é intentó, primero, 
negar su autenticidad, y después disfrazar el espíritu de su 
contenido, asegurando que con la guerra exterior quedaban 
reconciliados todos los peruanos, y relegadas al olvido las 
pasadas discordias. 

El primer cuidado de Piérola fué reunir en un cuerpo á 
todos sus compañeros de antiguos trabajos. Aprovechando 
del entusiasmo de esos días en que muchos ciudadanos for- 
maban batallones de guardia nacional, Piérola solicitó igual 
permiso, ofreciendo armarlo y vestirlo á su costa. El inten- 
to era manifiesto, pero negarle un permiso concedido á otros 



266 ASUNTOS INTERIORES DEL PERÚ 

daba motivo á la censura de todo un partido ; el General 
Prado, creyó prudente aplazar la licencia. En este estado se 
ausentó de Lima, y dejó el mando al General Don Luis La 
Puerta, como Vice-Presidente llamado por la Constitución. 

Este organizó su ministerio, ratificando el nombramiento 
de las mismas personas que habian estado desempeñando las 
carteras de Hacienda, Relaciones Exteriores y Justicia, nom- 
brando para la de Guerra al General Don Manuel Mendiburu, 
y para la de Gobierno al Doctor Don Rafael Velarde, dando 
la Presidencia del consejo al General Mendiburu. 

Este General, muy competente sin duda, tanto por su 
erudición cuanto por su práctica según el antiguo sistema 
militar, pues habia servido en el ejército desde 1821, desem- 
peñando siempre con inteligencia y actividad cuantos cargos 
ó puestos se le confiaran, no era ya sin embargo el mas 
aparente en las difíciles circunstancias en que se encontraba 
el pais, que requerían, sobre todo, suma actividad, y aun 
nuevos conocimientos militares, para desempeñar el Ministe- 
rio de la Guerra, en el que estaban casi reconcentradas todas 
las atenciones del Gobierno. Su avanzada edad (72 años) 
los caprichos y nimiedades propias de ella, el apego carac- 
terístico de los ancianos á lo que están acostumbrados, y su 
consiguiente desconfianza ó repugnancia á toda innovación, 
contrapesaban sobradamente sus otras prendas ; á ^todo lo 
cual hay que agregar que tenia perdida, casi por completo 
la memoria, al extremo de olvidar á poco rato, lo que acaba- 
ba de acordarse en consejo de Ministros. 

El señor Rafael Izcue, hombre tranquilo y prudente, cono- 
cía su ramo como antiguo oficial Mayor del Ministerio.de 
Hacienda, y probó su habilidad proporcionando fondos para 
la compra de elementos con que se armó y equipó el ejército 
del Sur, aun cuando las arcas nacionales se encontraban 
exhautas, sin necesidad de levantar empréstitos, ni de cele- 
brar contratos leoninos, y apelando solo á los recursos que 
prestaba la hacienda. « Háganse los pedidos que yo bus- 
caré los fondoF » era su contestación cuando se trataba de 
adquirir armas y pertrechos j pero agotados los recursos con 



ASUNTOS INTGRtORBS DEL PBEÚ 267 

que pudo subvenir á las primeras necesidades, desde Febrero 
hasta Abril, debía recurrirse al arbitrio de la emisión de 
papel moneda ó billetes ñscales^ para lo cual ei Gobierno 
tenia autorización del Congreso hasta completar la suma de 
sesenta millones de soles. 

Habia llegado pues el momento de solucionar esta cuestión 
en los consejos de Gobierno, porque aunque ante la ley esta- 
ba terminada definitivamente con la autorización legislativa, 
el Vice-Presidente, por una de esas aberraciones, por des- 
gracia tan frecuentes en nuestra vida política, llevado de 
sus ideas propias, ó de las que le eran sujeridas por otros, 
creia que, aparte de poder buenamente dejar á un lado la ley 
sobre emisión de papel, podia proporcionarse fondos sufi- 
cientes y oportunos por otros medios ; y una vez que, ago- 
tados ya los recursos y sus combinaciones financieras, como 
lo hemos dicho, el Ministro de Hacienda le manifestó la 
ineludible necesidad de apelar á nuevos arbitrios, y que en 
su concepto no habia otro, fuera dé la emisión que satisfa- 
ciera las exijencias de la actualidad, le contestó por medio 
de una carta oficial, diciéndolo « que estaba resuelto á no 
« ocurrir á la emisión de papel, por muy graves y urjentes 
« que fueran las necesidades de la guerra » (Junio 8.) 

Esta carta publicada en los diarios de la capital produjo 
profunda sensación en todos los círculos políticos y comer- 
ciales. Depreciado oficialmente el ultimo medio circulante, 
subieron, por consiguiente, los precios de todas las mercade- 
rías, y se cerraron las arcas de los particulares que ya sabian 
el insignificante valor de los billetes fiscales. El Ministro 
de Hacienda recibió como un reto la carta y su publicación ; 
y si hasta entonces en fuerza del patriotismo, habia espuesto 
su salud, notoriamente quebrantada, al servicio de la nación, 
con tal incidente resolvió retirarse y dejar la cartera al 
hombre que en tales circunstancias pudiera hacer el milagro 
de conseguir fondos para satisfacer las apremiantes necesi- 
dades del ejército, que no permitían esperar, ni el tiempo 
indispensable para solicitar un empréstito en el extranjero. 
En vano se intentó convencer al Vice -Presidente La Puerta 



268 ASUNTOS INTERIORES DEL PER'^J 

de lá necesidad de ocurrir al único medio expedido para 
pulgar al ejército y hacer otros gastos urjentfsiinos ; á falta 
de razones un no era su respuesta. Entre tanto se buscaba 
un sucesor al Ministro Izcue, éste se limitó únicamente á 
dictar las medidas npcesarias para evitar males de graves 
y funestas consecuencias. En los pocos dias que mediaron 
(desde el 17 de Mayo basta el 25 de Junio), en que formuló 
su renuncia, se pidieron al extranjero - los elementos de mas 
urjente necesidad; algunos de ellos, á pesar de la mala 
voluntad del Ministro de Guerra. Reemplazó al Señor 
Izcue, en el Ministerio de Hacienda, el Doctor Don Emilio del 
Solar (Julio 5), hábil abogado, pero poco instruido en las 
finanzas de su patria ; participaba de las opiniones del Vice- 
presidente en la cuestión de emisión de papel-moneda; pero 
en las pocas horas que examinó el estado de los negocios, 
se convenció de lo utópico de ciertas teorías en momentos 
determinados, y dejó el Ministerio á los ocho dias; siendo 
reemplazado por Don José Maria Quimper, hombre audaz 
y vanidoso, amigo íntimo del Vice-Presidente, á quien 
sabia manejar á voluntad, y que tenia su misma opinión res- 
pecto de la inconveniencia de emitir mas papel-moneda ; sin 
embargo á los pocos dias ocurrió á este medio y por él 
consiguió fondos en billetes de los bancos, como antes lo 
había indicado el ex*Ministro Izcue ; y ¡ cosa admirable ! el 
Vice-Presidente y su Ministro de Hacienda creian que no 
emitían billetes fiscales, puesto que mantenían en circulación 
los que debían desaparecer de ella por la incineración^ lo 
cual dio lugar á una general censura de la prensa. 

Entre tanto se habia reunido el Congreso ordinario cuya 
mayoría no tardó en aprobar un voto de censura que derri- 
bó de su puesto al Ministro Quimper, y fué llamado en su 
lugar el Doctor Don Juan Francisco Pazos, abogado hábil, de 
carácter fogoso y activo, y que contaba con las símpatias del 
Congreso. Este propuso varios planes de Hacienda que 
aunque ilusorios, provocaron una discusión seria, que dio por 
resultado una amplia autorización al Ejecutivo para propor- 
cionarse los fondos suficientes para la compra de buques 



ASUNTOS INTERIORES DEL PBRÚ 269 

blindados y demás elementos. El ejército del Sur fué socor- 
rido, se pidió al extranjero armas y otros artículos, y final- 
mente se nombró al Doctor Don Francisco Rosas y á Don 
Juan M. Goyeneche, de ajentes financieros, con las facultades 
amplias concedidas por el Congreso, par i verificar las nego- 
ciaciones financieras que debian dar por resultado la adqui- 
sición de fondos bastantes para salvar el honor y los intereses 
de la nación. (*) 

El Ministro de la Guerra, Gener<il Mendiburu, organizaba 
las tropas que se remitían á Lima de los demás departa- 
mentos; pero su armamento ni su equipo correspondían á 
las exijencias del nuevo sistema de guerra, ni el Ministro se 
preocupaba en lo menor de mejorarlos, á pesar de las dis- 
posiciones acordadas en el Consejo con tal fin, y aun de las 
reiteradas increpaciones de sus colegas que observaban la 
punible desentendencia ú olvido en que incurría de las mas 
urjentes de estas providencias. El ejército de Arica apenas 
raerecia su atención con insignificantes remesas de artículos 
de guerra ; no se queria aumentar su número, aun cuando 
en la capital existían fuerzas bastantes para enviar un refuer- 
zo de tres ó cuatro mil hombres, sin mayor riesgo, desde que 
los veloces trasportes « Chalaco », « Limeña > y otros esta- 
ban ya acostumbrados á burlar y capear al enemigo; 
parecía que el golpe de Chile 8e dirigiera sobre Lima y no 
sobre Arica ó Tarapacá al ver que todos los esfuerzos y los 
pocos elementos de que se podia disponer se reconcentraban 
en elU. Este modo de ver las cosas, común solo entre el 
Vice-Presidente y su Ministro de Guerra, decidió á los otros 
Ministros á renunciar sus carteras; y aunque antes se abstu- 
vieron de hacerlo en vista del desconcierto que sobrevendría, 
y sobre todo por no dejar en completo abandono, en que 
quedarla, el ejército del Sur una vez que se separaran del 



(*) La naturaleza y objeto de esta Historia no permite ocuparse muy 
extensamente en estas cuestiones de hacienda y otras de la política 
interna del Peni. 



270 ASUNTOS INTERIORES DEL PERCJ 

Gobierno los únicos Ministros empeñados en socorrerlo pues 
conocian la invencible indolencia é imprevisión del Ministro 
de la Guerra, pero siendo ya imposible la enmienda dio al 
fin por resultado que sus colegas le inanifestaran, su ñrme 
resolución do dimitir sus carteras. Al saber tal acuerdo se 
adhirió á él, y asi la dimisión fué de todo el Gabinete 



CAPITULO X 



Intriiras de Chile 



Sumario : Sotoniayor y Santa Maria íórmalan bases para alacinar a 
Bolivia — Pormenores de esos proyectos — Conferencias del Mi- 
nistro Fierro con Rene Moreno y de este con Salinas Vega — 
Conferencias de Salinas Vega con Daza — Acuerdo é instruccio- 
nes de Daza á Salinas Vega — Bené Moreno acepta la comisión 
que antes rechazaba como infame é inicua — Propuestas del 
Ministro Santa Maria — Propósitos y vacilaciones de Daza — 
Descubre al General Prado las intrigas y propuestas de Chile — 
Chile escandaliza con sus intrigas — Daza continua inspirando 
recelos — Promesas de Emilio Sotomayor al General B. Canseco 
sobre el mismo objeto. 



Hasta los primeros dias de Octubre en que el « Huáscar » 
imponía respeto y embarazaba cualquier movimiento por mar, 
el Gobierno de Chile nada hizo para activar las operaciones 
de la guerra por tierra, aun cuando contaba con un ejército 
superior al de Perú en número y armamento; pero si en este 
sentido permaneció estacionario, no lo estuvo igualmente en 
el campo de las intrigas con Bolivia, en el cual trabajaba con 
empeño, creyendo seguro su triunfo, pues tenia como director 
de esa empresa al gran maquiavelo de Sud-América, al muy 
acreditado en esta escuela Don Domingo Santa Maria. 

Desde que Chile vio que nada conseguía de Bolivia por 
medio de las negociaciones diplomáticas, para arrebatarle su 
litoral, y que las proposiciones del Ministro de Hacienda de 
Bolivia Don Eulogio Soria Medina, quedaron sin efecto por el 
acto atentatorio del 14 de Febrero, desencadenó sus iris 



272 INTRIGAS DB CHILE 

contra esta República. El Gobierno y la prensa se disputaron 
la primacia en los dicterios que contra ella dirigían, tratan - 
dola como c al país nnas degradado de la tierra, constituido en 
una bacanal perpetua ; que sus mandatarios, inclusive Daza, 
gobernaban en medio de la orgia; que ese pueblo vegetaba en 
la mas vergonzosa abyección ». Pero cuando se publicó el 
tratado secreto de alianza con el Perú (Abril de 1879), varió 
súbitamente el lenguage soez de la prensa ; entonces Solivia 
era la víctima del Perú que ahogaba su comercio y se oponia 
á su progreso material ó intelectual ; que solo Chile podria 
librarla de la esclavitud á que estaria sujeta mientras no 
pertenecieran á Bolivia los puertos de Arica é I^uique, y los 
departamentos de Tacna y Tarapacá; que mas ventajas repor- 
taría aliándose con Chile. Elogiaban el valor y el mérito del 
soldado Boliviano deprimiendo al Peruano. 

A la vez se ponia en juego las intrigas de Santa Maria y 
otros políticos de Chile. Para abrir esta campana se valió de 
Don Justiniano Sotomayor, amigo personal del General Daza 
y antiguo vecino de Bolivia en el litoral, en donde trabajaba 
como minero. Este, apelando á esos recuerdos, escribió al 
General Daza, con fecha 8 de Abril, manifestándole su gran 
pesar por la ruptura de las hostilidades entre Bohvia y Chile, 
cuando esos paises debieran ser las dos naciones mas unidas 
de la América del Sur, por sus relaciones de comercio, de 
vecindad, y demás vínculos que las ligaban. < El Perú, le 
dice, es el peor enemigo de Bolivia ; es el que lo agovia 
bajo el peso de sus trabas aduaneras; es el cancervero de 
libertad comercial, industrial y hasta cierto punto de la 
política de Bolivia » .... y en una segunda carta (fecha 
1 del mismo Abril)^ insistiendo en su propósito, le dice, < que 
aun es tiempo de aceptar sus indicaciones, porque si se 
dejara correr los acontecimientos hasta que Chile se hiciese 
dueño del mar, que era lo mas seguro^ ésta obligaría al 
Perú á hacer la paz bajo las condiciones que quisiera impo- 
nerle, y entonces Bolivia quedaría imposibilitada para recu- 
perar su antiguo litoral, y aun para pensar en conquistar 
jamás Tacna, Arica, lio y Monquegua, que es y debe ser 



INTRIGAS DE CHILE 273 

« SU sueüo dorado de Nación > ; en prueba de la sinceridad 
de sus indicaciones le hace ver que Bolivia es su segunda 
patria hacia ocho años; y termina recordándole los ultrajes, 
la opresión comercial y la especie de tutela á que Bolivi* 
estaría, como ha estado, condenada á vivir respecto del Perú, 
si no aprovechaba la favorable ocasión que se le presentaba, 
y unia sus esfuerzos á los de Chile para asegurar su mas ven- 
turoso porvenir. 

Como el pensamiento de todo Chile, al principiar la guerra 
con el Perú fué arreglarse con Bolivia, proponiendo darle 
el litoral Peruano, de lio al Sur, en cambio del que queria 
apoderarse de Bolivia, el Gabinete de S mtiago acordó el mas 
pérfido de los planes de que se tenga noticia en la diplomacia. 
Con tal objeto el Ministro de Relaciones Exteriores, Don Ale- 
jandro Fierro, llamó á don Gabriel Rene, Moreno, Boliviano 
de nacimiento, educado y residente en S¿xntiago, hacia mas de 
24 años, y por consiguiente chileno de corazón; sin embozo le 
propuso (Abril 11) que pasara á Bolivia y le ofreciera al 
General Daza la alianza de Chile contra el Perú, sobre las 
bases ya indicadas, de recíproca cesión de territorios. Como 
en el corazón de Rene Moreno existian todavia sentimientos 
de probidad, se negó rotundamente á aceptar tal misión 
« calificando las proposiciones como inicuamente inmora^ 
les. y su forma alevosa contra el Perú. > A la sazón residia 
también en Santiago Don Luis Salinas Vega que, como Rene 
Moreno, se habla educado en Chile ; pero que carecia en lo 
absoluto de moralidad política, y no conocía mas principio que 
el utilitario. Parece evidente que antes que Fierro y Santa 
Maria hablaran á Rene Moreno, Altamirano habia ya hablado 
con Salinas Vega sobre el mismo asunto, pues ésto tenia ya 
preparado su viage para Bolivia, y en la visita de despedida 
que hizo á Rene Moreno hablando sobre la guerra, éste le 
declaró su conferencia con el Ministro Fierro. El inmoral 
Salinas Vega le ocultó sus conferencias y acuerdos con Alta- 
mirano, Fierro y Santa Maria; desaprobó á su amigo el no 
haber aceptado la comisión de servir á su país, aparentando 
ignorancia ; porque, ea su concepto « los principios de 

T. 4, 18 



274 INTRIGAS DB CHILE 

€ moral yjusticia que reglan la conducta de los hombres, no 
« son los mismos que deben í2:uiar á las pueblos en su desar- 
€ rollo ; y las mas grandes Naciones han obrado según su 
« conveniencia y no según los principios de la moral» 
(Bibl. 66). Suponia el mismo Salinas Vega que « Rene Moreno, 
€ tenia atormentada SU conciencia; porque si por una parte 
€ creia haber obrado bien, conforme á la moral y rectamente, 
€ por otra creia haber perjudicado á su patria y privádola de 
« las ventajas que hubiera podido obtener ; pero le encargó 
€ que pusiera en conocimiento del General Daza el contenido 
€ de la conferencia, asegurándole que todo Chile tenia la 
€ misma opinión. » (Bibl. 69) 

Salinas Vega se puso en marcha, á fines de Abril, encontró 
en Tacna al General Daza con su ejército ; éste lo mandó 
llamar, y se le presentó en la misma noche, acompañado del 
Coronel Granier. En el curso de la conversación, con Daza, 
conoció que ignoraba el poder y recursos de Chile ; que estaba 
muy disgustado con los aliados, por la frialdad con que se le 
habia recibido, porque la escuadra Peruana no estaba ya en 
Arica, como lo suponia, pues pensaba ir con ella á Antofa- 
gasta ; y sobre todo por los términos del tratado de subsidios, 
recientemente ajustado en Lima por su Plenipotenciario Don 
Serapio Reyes Ortiz. Las contest-^ciones de Salinas Vega se 
redujeron á manifestarle el gran poder de Chile, el ningún 
desafecto de ésta á Bolivia, y antes bien sus muchas simpa- 
tías, así como la profunda animadversión á los Peruanos, y la 
idea dominante, que se tenia allá, de que la guerra era contra 
el Perú y no contra Bolivia. Daza en corroboración de esos 
asertos le mostró la carta del chileno Sotomayor ; repitió sus 
quejas contra el Perú, por las dificultades que habia habido 
para que esta Nación cumpliera el tratado de alianza ; y por el 
tratado complementario, en que Bolivia se comprometía á 
pagar al Perú todos los gastos extraordinarios de guerra, 
hipotecando todas sus entradas, lo que, decia, causaría la 
ruina y miseria de Bolivia ; y concluyó diciendo « ma3 nos 
« convendría arreglarnos con Chile. » Salinas Vega apro- 
vechó de esta ocasión para hacerle s iber 1 1 conferencia de 



I^'TRIGAS DE CHILE 275 

Rene Moreno con fil Ministro Fierro, y las razones que le 
expuso Moreno para no habérselo escrito ; Daza reprobó tal 
conducta, diciendo (.ue él como Presidente de Bol¡via era el 
único que tenia derecho de juz^^^ar si las propuestas eran ó no 
convenientes. Con esto terminó la primera entre vista. 

En una segunda conferencia que tuvieron, Daza preguntó á 
Salinas Vega si se animari i á volver á Chile, y como le con- 
testara éste afirmativamente, le dijo que volviera á Chile á 
hablar con Reno Moreno, y le ordenase, á su nombre, que 
procurara, sin comprometer á Bolivia, que se le confiaran las 
proposiciones, y que una vez obtenidas se las llevara á Tacna. 
Daza se negó á dar por escrito la comisión, « porque el encargo 
dehia cumplirse verbalmente > ; y tanto Salinas Vega como 
Moreno, debian proceder de tal modo que no apareciera 
Bolivia solicitando, sino aceptando cualquiera propuestaj no 
debiendo quedar rastro alguno de lo que iban á ejecutar. 
Le explicó largamente, cómo debian proceder. 

Salinas Vega cree que Daza aceptó este plan, en vista de la 
carta de Sotomayor, y del tratado de subsidios celebrado en 
Lima; pero que después, por las dudas que manifestaba, 
por la inconstancia de sus opiniones y por la poca importan- 
cia que daba á la posesión de Tacna y Arica, le hacia suponer 
que no tenia un plan fijo, y que solo trataba de conocer las 
proposiciones de Chile para determinar en seguida' lo que 
debiera hacer. 

En los siete dias que Salinas Vega permaneció en Tacna, 
esperando el vapor para regresar á Chile, procuró convencer 
á Daza de las ventajas de un arreglo con esta Nación, des- 
vaneciendo las objeciones que le hacia j pues que según sus 
propias palabras, c siendo Boliviano, ante todo, no tenia 
€ por qué tomar en cuenta los intereses del Peni ». 

Salinas Vega regresó á Chile provisto de las instrucciones 
verbales de Daza, resuelto á ejecutarlas cumplidamente. 
Para ganar tiempo, al tocar en Caldera, envió un despacho 
telegráfico á Reno Moreno (Mayo 13) avisándole la acepta- 
ción de Daza de las proposiciones del Ministro Fierro, y en* 



276 INTRIGAS DE CHILE 

cargándole que no perdiera tiempo. A.1 llegar á Santiago, la 
primera persona á quien vio y habló, fué á Rene Moreno, 
pira darle cuenta detallada de sus conferencias, y de las 
instrucciones verbales que habia recibido; siendo las princi- 
pales que se procediera de modo que Bolivia apareciera 
solicitada por Chile; que Rene Moreno debia ser precisa- 
mente el conductor de las proposiciones escritas que hiciera 
Chile; que ésta cediera á Bolivia dos de los buques Perua- 
nos, y ademas cierta cantidad de dinero ; y sobre todo debia 
guardase la mas profunda reserva, y que en nada sonara el 
nombre de Daza. Rene Moreno al conocer las instrucciones 
por boca de Salinas, se negó al principio; vaciló después, y al 
fin cedió, logrando vencer su negativa, c Al ver Rene Moreno 
que el proyecto que poco antes calificó de inmoral, redundaba 
en beneficio de su Patria nativa, y de su adoptiva, desapare- 
cieron sus escrúpulos > y lo que con recto criterio estimó como 
injusto y pérfido, de parte de Bolivia respecto del Perú, le 
pareció ya bueno. Fácil le fué ponerse al habla con los 
hombres del Gobierno de Chile, con los cuales conservaba, 
desde largo tiempo, relaciones de amistad. Fierro babia 
renunciado el Ministerio, ocupando su lugar Don Domingo 
Santa María director principal de todas estas intrigas. Los 
dos ajentes de Daza desempeñaron su comisión tan satisfacto- 
riamente que, « consiguieron de Chile mas de lo que Daza y 
« Salinas Vega se prometieron en Tacna ; y no por amor á 
« Bolivia sino á impulsos del odio terrible de Chile contra el 
« Perú, cual no se espera ver otro mas profundo en pueblo 
« alguno. » El Ministro Santa María entregó á Rene Moreno 
las bases escritas, y éste, sin pérdida de tiempo, se embarcó 
para entregarlas á Diza en mano propia, «por ser el único 
€ portador á quien el Presidente de Bolivia recibiría con fé y 
€ entera confianza. » Rene Moreno se presentó en Tacna 
(Julio 10) á Daz I, ostensiblemente como intermediario esponta- 
neo, oficioso y privado, á fin de que Bolivia apareciera solici- 
tada por Chile, y le entregó un pliego cerrado. Después del 
saludo, aparentó sorpresa do verlo llegar ; abrió (Daza) el 
pliego, lo leyó en silei»cio, y no dijo mas palabra á Rene Mo- 



INTRIGAS DK CH LR 277 

reno, que esfaha bien ; éstp, petrifitadocon la iirliferenoia do 
D'dZii, sn poder comprendí r lo que pasaba, se retiró mollino, 
creyendo, sin duda, que habia sido engañado indignanaente 
por Salinas Vega. Su admiración y sus dudas crecieron al 
ver que continuaba el silencio de Daza ; aun se hallaba en esta 
perflejidad cuando, al torcer dia, recibió un oficio del Secre- 
tario General en que le comunicaba que S. E el Capitán 
General Daza lo nombraba de Secretario de la Legación de 
Bolivia en Francia, colocación que no apetecía, ni le convenia 
por su posición y otras circunsttncias. Comprendió entonces 
el verdadero papel que representaba ; á los pocos dias regre- 
só á Chile, y puso en conocimiento de Salinas Vega cuanto le 
habia pasado; éste, mas sorprendido que su compañero, se 
puso inmediatamente en camino á Tacna, para descubrir el 
misterio ; pronto conoció que consistía en que habia cambiado 
por completo el estado de las relaciones entre el Perú y 
Bolivia con la llegada del General Prado á Arica ; con el 
triunfo obtenido en íquique, el 21 de Mayo, y con la seguridad 
de que la convención sobre subsidios seria reformada, como 
lo deseaba Daza, poique éste habia recibido las armas remi- 
tidas de Lima. Salinas Vega, á su llegada á Tacna pasó 
en el acto á ver al General Daza, quien lo recibió con la mis- 
ma frialdad que á Rene Moreno, y no se dio por entendido, en 
lo menor, sobre la comisión que le hab a encarg^^do, ni sobre 
lo que habia pasado con Rene Moreno ; se retiró tan mohino 
como su cómplice. Dias después volvió á Ceisa del Presidente 
Daza ; encontró allí á su Secretario General Reyes Ortiz ; 
después de los saludos y conversación sobre asuntos indiferen- 
tes, le preguntó Daza si alguna vez habia llevado notas ó 
correspondencia para llené Moreno : de pronto no supo qué 
contestar, pero creyendo que el espíritu de la pregunta tendía 
á sincerar á Daza de cualquiera sospecha relativa á las 
negociaciones con Chile, que deseaba fueran profundamente 
secretas, contestó negativamente. Dif»s después, y encon- 
trándose solo con Daza, éste entró en explicaciones ; felicitán- 
dose de la venida de Moreno, y de las proposiciones que 
habia traído, las cuales habían servido para contener al Perú 



278 



INTRIGAS DE CH^LB 



en sus exrjencias, reformar el trataí^o ele subsidios é infun- 
dirle respeto por Boüvia. » (Bibl. 69 pá^. 42) 

El pliego entregado por Rene Moreno contenia lo si- 
guiente: 

República de Chile.— Miuieterío de Relaciones Exteriores— Santiago, 
Mayo 29 de 187Í)— Interesado el Gobierno de Chile en poner término 
á la guerra que sostiene contra Bolivia, mira con placer la buena 
disposición de U. (Gabriel Rene Moreno,) para coadyuvar á la conse- 
cución de ese deseo. 

En consecuencin, el Gobierno de Chile veria con satisfacción que U. 
se acercase al Exmo. Presidente de Bolivia y le signifique nuestros 
sentimientos á ese respecto. 

Mi Gobierno espera que el de Bolivia escuchará con benevolencia 
cuanto U. le exponga en este sentido, y en conformidad á lo que U. ha 
representado en nuestras conferencias verbales. La palabra de U. con- 
tará en su abono sus antecedentes personales y la presente nota. 

Dando á U. desde luego mis agradecimientos por el noble espíritu 
que lo anima, me ofrezco de U. atento y servidor.— (Firmado), Domingo 
Santa Maria. 



República de Chile.— Ministerio de Relaciones Exteriores -Bases.— 
1* Se reanudan las amistosas relaciones que siempre han existido entre 
Chile y Bolivia y que solo se han interrumpido desde Febrero del 
presente año. En consecuencia, cosa la guerra entre las dos Repú- 
blicas, y los ejércitos de ambos se considerarán en adelante, como 
aliados en la guerra contra el Perú. 

2* En testimonio de que desaparecen desde luego, todos los motivos 
de desavenencia entre Chile y Bolivia, se declara por esta última, que 
reconoce como de la exclusiva propiedad de Chile, todo el territorio 
comprendido entre los paralelos 23 y 24 que ha sido el que mutua- 
mente se han disputado. 

8" Como la República de Bolivia ha menester de una parte del 
territorio peruano para regularizar el suyo y proporcionarse una comu- 
nicación fácil con el Pacífico, de que carece al presente, sin quedar some- 
tida á las trabas que le ha impuesto siempre el Gobierno peruano ; 
Chile no embarazará la adquisición de esa parte de territorio, ni se 
opondrá á su ocupación definitiva por parte de Bolivia, sino que, por el 
contrario, le prestará al presente la mas eficaz ayuda. 

4« La ayuda de Chile á Bolivia consistirá mientras dure la guerra 
actual con el Perú, en proporcionarle armas, dinero y demás elementos 
necesarios para la mejor organización y servicio de su ejército. 

5" Vencido el Perú y llegado el momento de estipular la paz, no 
podrá ella efectuarse por parte de Chile mientras el Perú no la celebre 



INTRIGAS DE CHILE 279 

igualmente con Bolivia, en cuyo caso (Hnle respetará todas las concesio- 
nes territoriales que el Perú haga á Bolivia 6 que esta imponga á aquel. 
Tampoco podrá Bolivia celebrar la paz sin la anuencia é intervención 
de Chile 

6* Celebrada la paz, Chile dejará á Bolivia todo el armamento que 
estime necesario para el servicio de su ejército y para mantener en 
seguridad el territorio que se le haya cedido por el Perú ó que haya 
obtenido de éste por la ocupación, sin que le haga cargo alguno poi las 
cantidades de dinero que haya podido facilitarle durante la guerra, las 
que jamás excederán de seiscientos mil pesos. 

7* Queda desde ahora establecido que la indemnización de guerra que 
el Perú haya de pagar á Chile habrá de garantirse precisamenre, aten- 
dida la situación financiera del Perú y su informalidad en los compromi- 
sos, con la explotación de salitres del Departamento de Tarapacá y los 
guanos y demás sustancias que en el mismo puedan encontrarse. 

Una convención especial arreglará este asunto. 

Iguales convenciones se celebrarán sobre los demás puntos que sea 
necesario precisar, esclarecer y completar —Es copia. — J. E. de Chterra. 
— Gefe de Sección. 

Díflcil es calcular las impresiones interiores que sentiría 
Daza en los monoientos en que meditó sobre el camino que 
seguiría. Si cuando formuló verbalmente las propuestas, 
que ahora tenia entre sus manos, aceptadas ya por Chile, 
fué su verdadera intención desenmascarar á esta y presen- 
tarla al mundo como indigna y vil intrigante, estaba conse- 
guido su objeto con documentos intachables por su autenti- 
cidad ; pero ¿ cómo renunciar la facilidad que se le presen- 
taba para dar á su patria los puertos y el territorio que han 
sido siempre el sueño de sus aspiraciones, en cambio de un 
litoral casi perdido desde 1866? Es probable que no pensa- 
ba, ni por un instante, en que la conquista del territorio 
Peruano que Chile le garantizaba, tendría que convertirse en 
eterna guerra con el Perú, el cual podría sostenerla á poca 
costa, para esterilizar el tráfico de Arica á Bolivia ; en tanto 
que ésta se vería obligada á mantener en pie de guerra, cons- 
tantemente, un ejército numeroso; ni tampoco se Ajaría en que 
Chile no se comprometía á defender perpetuamente á Bolivia, 
como se vé en la base 4*, lo que mucho menos debía esperarse 
desde que quedaba en tranquila posesión de un territorio que 
aparecía cedido voluntariamente. Para el Capitán General 



28) INTRIGAS DE CHILE 

Daza cualquier camino que tomara lo conducía á la rerguenza ; 
felizmente siguió el de la honra para su patria. Haciendo 
ostentación de lealtad, que antes no tuvo, puso en manos del 
Presidente del Perú General Prado, todos los documentos 
originales que comprobaban la perfidia de Chile, y que se 
puede sintetizar en la siguiente frase — « dejad que os robe 
vuestro territorio^ que yo os ayudaré á robar el de vuestro 
aliado y amigo^ á cuya casa habéis ya entrado con éste 
fementido ropaje ;y^ envió copias autorizadas á los Gobiernos 
de Lima y de la República Argentina para que se conociera 
la política del enemigo de las dos Repúblicas aliadas. 

Escándalo é indignación causó en toda la América la infa- 
me propuesta de Chile. La prensa se levantó unánime para 
condenar con la energia que era menester la inmoral y 
rastrera política del Gabinete de Santiago, y para protestar, 
en nombre de la América, del nefando principio de conquista 
que con ella se trataba de implantar en el nuevo mundo. 
He aquí como un diario Venezolano, semi-oficial, se expre- 
saba, al tener conocimiento de la incidiosa perfidia de Chile. 
€ La neutralidad, dice, tiene sus límites racionales. Cuando 
con armas leales y atribuyéndose cada cual la justicia, se 
combaten dos pueblos en los campos de batalla, cumple á los 
que quieran y deban conservarse neutrales, respetar las 
razones que cada uno de ellos aduzca en favor de su propia 
causa. Pero cuando uno de los combatientes, arrojando la 
máscara con que ocultaba sus verdaderos fines, se presenta 
ante el mundo declarando descaradamente, que solo aspira al 
despojo y á la ruina del enemigo para convertirlo en su 
provecho, el equilibrio moral, que prescribe la neutralidad, 
queda roto, y el deber y el honor imponen á los hombres, 
y á los pueblos, la necesidad de protestar en nombre de la 
civilización y hasti del género humano, contra el que deesa 
manera conculca los sanos principios de justicia y equidad, 
que sirven de base en sus relaciones á los todos pueblos civili- 
zados. Guardar silencio, observar delicada neutralidad, es 
entóucea hacerse cómplice del atentado; solidario con el 
despojador, copartícipe de tanta inmoralidad. Y nosotros no 



INTRIGAS DE CHILE 281 

podeiT)os hacernos solidarios con los depojadores, ni aceptar 
su complicidad, ni participar de su deshonra. Hó aquí por- 
que rompemos hoy el silencio, para protestar, como lo hace- 
mos, del modo mas enérgico, contra la República de Chile, 
que al arrancar la máscara que cubría su rostro, olvidando 
todo principio moral, se ha presentado ante el mundo em- 
puñando la bandera de la conquista, y entronizando en la 
América la política corrompida á que solo apelan los pue- 
blos, cuando destituidos de justicia, invocan en su favor, la 
fuerza como única arma; el cohecho y la traición como 
únicos títulos. » 

La prueba de lealtad que daba el Presidente Daza, si bien 
manifestaba el propósito oficial de mantener firme la alianza, 
no podia alcanzar á disipar los recelos que inspiraba como 
iniciador del plan, y algunas personas de su mismo circulo, 
cuya opinión favorable á las propuestas de Chile, era conoci- 
da. El Perú por consiguiente no podia contar, desde entonces 
con el firme auxilio de todo el ejército Boliviano, lo que 
dificultó la ejecución de ciertos planes de campaña, entre ellos 
el de reforzar, el ejército de Iquique con mas batallones de 
Bolívia, pues nadie dudaba que la expedición que se preparaba 
en Antofagasta y que se activó desde la pérdida del « Huás- 
car, > viniera á desembarcar entre los puertos de Iquique á 
Pisngua, como sucedió en efecto. Hemos dicho que el General 
Daza se prestó con dificultad á ordenar la marcha de parte de 
su ejército, como se lo pidió mas de una vez el Director de la 
guerra y que el General Prado, toleró en silencio que aquel no 
obedeciera sus órdenes como estaba obligado á hacerlo en lo 
relativo á 1 1 guerra. Todo esto creaba una situación muy 
desventajosa á la alianza, pues es bien sabido, y la historia se 
ha encargado de comprobarlo con el elocuente testimonio de 
los hechos, que en vano puede esperar la victoria un ejército 
en que no se obclece ciegamente la voz del primer Jefe, cir- 
custancias que entonces, como después, han sido las principales 
causas de todos los desastres que ha sufrido el Perú en la 
actual guerra. 



CAPITULO IX 



Campana por tierra 



Sumario : — La división del General Campero — Excursiones de los 
Chilenos por Hnanclmca, Rio Grande y otros lugares vecinos. 

— Actividad en el ejército de Iquique — Descripción del territorio 
en que se hacia la guerra — La naturaleza del territorio presenta 
al invasor muchas ventajas — Dificultad de defender toda la 
costa del teatro de la guerra — El General Prado acumula víveres 
y otros elementos para el ejército del sur — Los aliados no varían 
de plan de campaña — El Jefe de Estado Mayor General, Coronel 
Belisario Suarez explora el territorio del teatro de la guerra 

— Las avanzadas enemigas en Quillagua lo persiguen ; encuentros 

— Distribución y número del ejército defensor de ese territorio 
en Iquique on Pisagua — Total de fuerzas en el Sur, — Facili- 
dad de atacar á Arica — Ataque y toma de Pisagua — Número 
del ejército Chileno que atacó la plaza — El General Buendia 
se retira — Gran mortandad — Ferocidad del ejército Chileno — 
Errores y desaciertos en el ataque. 



Desde los primeros días de ocupado el litoral de Bolivia, y 
el pueblo de Calama por las fuerzas Chilenas, el Gobierno de 
aquella República, como hemos dicho, mandó organizar, en 
los departamentos del Sur, una quinta división^ llamada de 
reserva, bajo las órdenes del General Don Narciso Campero. 
Este cuerpo de ejército estaba destinado á hostilizar al ene- 
migo é impedirle su marcha á los pueblos de Calama y otros 
situados en esa zona ; y en caso de que este avanzara sobre 
Iquique, acometerlo por retaguardi^i . Habian pasado mas de 
tres meses, y aunque se hablaba mucho, y se esperaba mas 



EXCURSIONES CHILENAS A HÜANCHACA 283 

de la división de Campero, nadie sabia con exactitud en donde 
estaba, ni los elementos de que disponia, lo cual hacia que en 
el c impamento de Iquique no se tuviese fó ni esperanza en el 
auxilio que pudiera prestar li tal 5' división ; en el resto del 
Perú ni aun se creia que existiera ; sin embargo en ese tiempo 
(Mayo) ya estaba organizada, y constaba de cuatro batallo- 
nes, un escuadrón, una pequeña columna de operaciones, en 
todo como dos mil hombres, casi todos sin armas. (*) Estas 
llegaron por la via de la República Argentina, á principios de 
Julio, á Cotagatia, cuartel general de la división, pero las 
municiones resultaron ser de calibre distinto al de los rifles, y 
de pésima calidad, en gran parte. Con estos elementos prin- 
cipió la marcha de esta división, cediendo á las exijencias del 
director de la guerra, que desde Arica decia al General Daza 
(Julio 31) entonces en Iquique, que hiciera un propio para 
que la división Campero viniera á marchas rápidas sobre 
Huatacondo, maniobrando de modo que el enemigo creyera 
que iba sobre Calama (Bibl. 188-pág. 210). Con grandes 
dificultades avanzó la división hasta San Cristóval, perdiendo 
alguna gente por el frío, y las enfermedades. En San Cris- 
tóval vio qu3 no podia continuar adelante por faltas de víveres 
y forrajes, y temiendo algún ataque del enemigo se retiró á 
Tomave, único punto favorable en aquella situación. 

Los Jefes Chilenos, por su parte, se ocuparon en reconocer 
y facilitar el acceso á los puntos minerales de Huanchaca y 
otros, (Julio), como que el objetivo de la guerra se limitaba, 
por entonces, á apoderarse de aquellos territorios, por las 
riquezas que contenian. Uno de esos exploradores, el Sar- 
gento Mayor José María Soto, acompañado del Teniente 
Ramón Varas, con unos cuantos soldados recorrió varios 
pueblecitos, desde Calama hasta Canchas Blancas, punto de 



{*) Batallón «Bastillo» 1« de Potosí 

ídem « Ayacucho > 2° 

ídem c Tarija » 1^ Granaderos de la Guardia 

ídem < Chorolque » 2° de Potosí .... 

Escuadrón < Franco Tiradores ♦ 



284 EXCURSIÓN A RIO ORANDB 

suma valia para los Chilenos, porque desde el « dominaban 
los mas ricos ingenios inetalifiíros de Bul.via, y los caminos á 
Oruro y á Potosí, lo cual los ponia en posición de privar á 
los aliados, tanto de los recursos pecuniarios que esos veneros 
suministraban á Solivia, cuanto de las provisiones que de la 
República Argentina podia venirle al ejército de Iquique, 
como ya se había establecido. Interceptó y se apoderó de 
una partida de 53 toros sáltenos destinado^ al Perú; de una 
recua de 189 muías tomadas en Chiuchiu ; asoló todas las 
postas, batió varios grupos de indios; destrosó carretas; 
quemó mil quintales de lona, se apoderó de algunos centena* 
res de llamas y carneros, y dejó asi bien arreglados esos 
lugares, en cuyos indefensos moradores sembraron la admira- 
ciorij el terror y el espanto semejantes hostilidades; ó mejor 
dicho latrocinios á mano armada, y en el desierto ; y todo á 
costa de la vida de uno de los de la cuadrilla, y de cinco de 
los infelices labriegos del lugar» (Bibl. 104-11. pág. 570). 
Estas obras de destrucción se ejecutaban casi al alcance de 
las tropas que formaban parte de la invisible división de 
Campero. 

Dias después (Setiembre 10) tuvo lugar otro incidente en 
Rio Grande, (quebrada inmediata á San Pedro de Atacama). 
Unos 30 Bolivianos al mando de Toribio Gómez y Jaime Ayo, 
al verse acometidos por una compañia Chilena de Cazadores 
de á caballo, sibieron ala cumbre de los cerros que dominan 
la quebrada ; se defendieron desprendiendo grandes peñascos 
que de pronto asustaron á los que intentaban subir á la 
cumbre; pero después de una inútil resistencia fueron desalo- 
jados de sus posiciones, quedando muertos en el campo 13 
Bolivianos, entre ellos el valiente Ayo, y por parte de los 
Chilenos 5 heridos. 

Igualmente se verificaron otras excursiones por algunos 
puntos que se suponian defendidos por la división Campero ; 
que por su poca significación omitimos describirlas. 

Por su parte el Estado Mayor Peruano, calculando que el 
enemigo intentara algún ataque por Quillagua, practicó un 
reconocimiento del terreno, con unos 32 hombres mandados 



RECONOCIMIBNTO HASTA QÜILLAGÜA C85 

por el Jefe de Estado Mayor General Cjronel Saarez, hasta el 
mismo Quülagua, de donde regresó (el 10 de Oitubre) perse- 
guido por el enemigo, que conUb » con mayor número de tropa 
descanzada. La tranquilidad con que efectuó la retirada, y la 
niebla, le dieron tiempo para avanzar nueve leguas, hasta 
llegar á la pampa del Tambillo en donde lo alcanzaron dos 
mit^ides de caballería Chilena. Para defenderse ordenó que 
sus 32 hombres se desplegaran en guerrilla, dejando sus 
caballos, demasiado cansados, y después de un Hiero tiroteo 
se retiró el enemigo, y los Peruanos continuaron su interrum- 
pida marcha, creyéndose ya completamente libres; pero 
viendo que llegabí un refuerzo á 'a caballería enemiga, vol- 
vieron A desplegarse en guerrilla, y á imponer respeto á 
aquella ; siguiendo su canjino : Al penetrar en un monte, 
fueron sorprendidos los í;\tigados ^32 hombres por un nutrido 
íuogo de fusilería do una partida del escuadrón Chileno, 
€ Exploradores del Desierto », formado de los trabajadores 
antiguos de las salitreras. El Coronel Suarez mandó desplegar 
imevamente á sus pocos soUlados ; penetraron en el monte, y 
después de un combato corto, logró dispersar al enemigo, 
tomándole nueve prisioneros, armas y caballos; en la espesu* 
ra del monte solo pudo encontrarse dos muertos. (*) 



(•) La Noria, Octubre 16 de 1879. — Benoniérito Seflof General de 
División y en Jefe del Ejército. — B. S. G. — Tengo el honor de dar á 
U. S. cuenta de los estudios realizados, de acuerdo con las institucio- 
nes de S. E. el Supremo Director do la Guerra y de las de U S. en el 
reconocimiento del Monte y Pozos de la Soledad que he logrado exten- 
der hasta Quillagua, á la vez que de los sucesos á que han dado lugar 
esos trabajos, por la existencia de fuerzas enemigas en los lugares 
objeto de ellos y sus inmediaciones. 

Destinada como está la primera parte de esta exposición á servir de 
guia á las posteriores disposiciones de la camp.iña, es y debe ser por 
ahora el secreto de los directores de ella, lo cual me obliga á consig- 
narla en parte separada, seguido de anexos importantes, como las 
declaraciones obtenidas de los prisioneros ; y otros datos igualmente 
útiles, como el itinerario exacto de las distancias y las facilidades du 
que son suceptibles los caminos del desierto Me lisonjea la espcra^/.a 



286 RECONOCIMIENTO HASTA QUILLAGÜA 

Esto pequeño encuentro, aunque de poca importancia, 
sirvió de lección para s'íber el modo como debia hacerse la 
campaña por aquellos desiertos, en donde apenas se encuentra 
escasos manantiales de Hgua^ y á grandes distancias unos de 
otros. 



de que encontrará U. S. en ello?», si no completa la resolución del gran 
problema de la campaña, gran camino avanzado, al mé.ios, para llegar 
á encontrarla. 

En este oficio me limito, pues, á narrar el viaje realizado y los 
incidentes de él que aún cuando no ofrecen sino el aspecto menos 
interesante de la comisión que he cumplido, servirán sin embargo para 
evidenciar mas, si cabe, la superioridad indisputable do nuestras tropas, 
y la posibilidad de batir en sus posiciones avanzadas á los que han 
emprendido su obra de usurpación bajo la garantía del desierto, que 
ya faltándoles á medida que vamos emprendiendo como lo permiten 
nuestras ventajosas condiciones militares. 

Desde que 8. £. y U. S. con los exactos datos que deben á su 
patriótica actividad é intelijente vijilancia, conocieron el plan del ene- 
migo sobre el sur de esta provincia, quedaron acertadamente resueltas 
la exploración, primero, y la ocupación, después, del Monte de Soledad, 
y se me hizo el honor de confiarme ambas operaciones, que por su 
importancia debian considerarse como esencialmente propias de las 
obligaciones de mi cargo ; pero fué necesario esperar la llegada de la 
división de exploración destinada al segundo de estos objetos, y la 
espedicion se postergó hasta la mañana del 4, en la cual marché á este 
cantón para situar provisionalmente las fuerzas recien llegadas 

El mismo 'dia me diriji á Pozo de Almonte donde se me unieron los 
50 Húzares nombrados de antemano para acompañarme en la comisión 
que se me tenia encomendada. 

Trascurrió el dia preparando los elementos indispensables para un 
viaje del todo aventurado, por los condiciones de la localidad y la 
vecindad del enemigo. 

Kl 5 emprendí marcha, pasando por este cantón hasta San Pablo, 
que está hasta tres leguas de él, y á 7 del punto de partida. 

Levanté el campo á la una de la mañana y dirijiéndome á las 5 á la 
Aguada de la Alianza donde principia verdaderamente el desierto. 

£n las mismas condiciones, y á las 4 y 10 minutos de la tarde llega 
mos á los Pozos déla Soledad, donde nos detuvimos un dia estudián- 
dolos y haciendo las observaciones que hallará V. S. en el informe 
reservado que acompaño á éste Mi comisión estaba terminada, pero 
compreudieudo la necesidad de examinar do cerca el campamento ene* 



DESCRIPCIÓN DEL TERRITORIO 287 

Antes de narrar los grandes sucesos de que eran precurso- 
res los incidentes que acabamos de anotiir, conviene dar una 
lijera idea del territorio en que tuvieron lugnr, y de la coloca- 
ción de las tropas del ejérc to Perú -Boliviano, y su verdadero 
número. 



migo de Quillagaa, di orden para marchar sobre este pauto con el 
objeto de reconocer sus alturas y el interior de la quebrada en ^nas do 
dos y media leguas. 

Penetramos en ellas por él camino de las < Remesas » que toma su 
nombre del tráfico del ganado argentino de que se provee esta provin- 
cia, y continuamos sin interrupción por la via de las «personas,» á orillas 
del rio, durante dos leguas. Como en este punto era posible dar agua 
á nuestra caballada, lo hicimos, y terminada esta operación y llenadas 
las cantinas de los soldados, proseguimos hasta el mismo pueblo, en- 
contrando á la media legua el campamento Chileno. 

Un centinela nos dio el alto, y habria sido tomado con gran utilidad 
para nuestras operaciones sin la imprudencia de uno de los nuestros 
que contestó el quién vwe con un tiro, que alarmando á las fuerzas « 
nos colocó entre dos quebradas inaccesibles al salir por la loma que 
está al frente del pueblo. 

Dominamos la primera, pero hubimos de conocer lo imposibilidad 
de hacer lo mismo con la segunda, y contramarchamos á la vista y 
bajo la persecución del enemigo, hasta tomar la ruta anterior. Prote- 
jidos por la niebla que lo envolvió todo, tomamos el camino real y lo 
seguimos 9 leguas hasta la pampa de « Tambillo », en la cual nos dio 
alcance á una media legua mas órnenos, una fuerza compuesta de dos 
mitades de caballería, una tras otra y que hablan venido en persecución 
nuestra. 

Como solo tenia 32 de los 50 buzares que tomé en Pozo Almonte, 
por haber dejado algunos resguardando los víveres de la Soledad, 
otros á cargo de la brigada y otros enfermos, ordené al Teniente Don 
José M. Peña, que con cuatro tiradores cubriera la retaguardia para 
impedir que se introdujera el desorden en nuestra tropa. 

El expresado oficial cumplió con particular acierto su comisión; y 
como desconociese, á causa déla misma niebla y del polvo que levan- 
tan los caballos, el número de las fuerzas contraria, adopté el partido 
de ocupar una loma, encadenar los caballos que por lo cansados no esta- 
ban en condiciones de combate y que abrigué en lo mas resguardado de 
la loma á cargo de dos hombres, desplegando en guerrilla los 30 res- 
tantes. A su vez, las dos mitades que nos perseguían so dividieroa 
tomando una la derecha y otra á la i/.quíerda. 



288 DESCRIPCIÓN DEL TERRITORIO 

El teatro de la guerra, por las tendencias con que la hacia 
Chile, por las posiciones en que est iba distribuido el ejército 
aliado, entre Arica ó Iquique, y por otras razones debia limi- 
tarse de pronto, á lo mas, al territorio comprendido entre el 
puerto de Islay y el Rio Loa, en la zoni inmediata al mar, en 



Cuando estavimosá tiro mandé hacer fuego, y se retiraron á los poco8 
disparos llevando al parecer algunos heridos. El Comandante de la 
mitad de la derecha mandó un ofícial á la izquierda y ambos se reple 
garoD tomando definitivamente la retirada. 

Ordené entonces montar, por encontrarse algo repuestos los caballos, 
y bajamos á la pampa, y al ponernos á distancia de clarín les hice 
oir el toque degenerarla como provocación, y se detuvieron en efecto, 
pero para continuar de nuevo la retirada. 

Cuando lo hacíase presentó un refuerzo enemigo en la altura, y volví 
á avanzar en la pampa y á desplegar en guerrilla, porque el entusiasmo 
en la tropa y el estado de los caballos lo hacían posible. Previendo esta 
actitud se retiraron nuevamente dejando á nuestra fuerza en sus 
posiciones hasta perderlos de vista, momento en que seguimos la marcha 
á la « Soledad », punto al cual llegamos entre dos y tres de la tarde. 

Al penetraren el monte fuimos sorprendidos por un nutrido fuego de 
fusilería de las partidas pertenecientes al escuadrón « Exploradores del 
Desierto » emboscado allí. 

Mandó desplegar la fuerza y penetrar al bosque, y después de com- 
batir algún tiempo conseguimos, á favor del denuedo de nuestros solda- 
dos y de la velocidad de nuestros caballos, dispersar al enemigo y tomar- 
les nueve prisioneros, cuyos nombres constan de la relación adjunta y 
uno de los cuales, el cabo Eugenio Cárdenas, tenia en su poder el 
nombramiento de su clase expedido por la Comandancia General de 
Armas del Loa, que también acompaño : 10 carabinas Remington, 
igual número de sables corvos y X 1 bestias. 

He distribuido las armas y equipos al escuadrón Castilla. 

No puedo apreciar, por lo difícil de hacerlo en el bosque, las pérdidas 
del enemigo, y eolo hemos encontrado dos muertos, uno de ellos el céle- 
bre merodeador Rojas, y un herido que actualmente medicinamos de la 
mejor manera posible. 

Por nuestra parte solo tenemos que lamentar la fractura de un braxo 
que sufrió el Alférez Moyano. Este valiente oficial cayó con su caballo 
en la impetuosidad de la carga. 

Faltos de forraje y agotados en general nuoRtros recursos, volvimos á 
Lagunas, donde pasamos la noche; do allí he ordenado que los hiV 
Bares pasen a Canchones á reparar sus caballos y he venido á e»to 



DESCRIPCIÓN DEL TERRITORIO 289 

donde Chile tenía la base de sus operaciones^ y el centro de 
sus recursos. Esta zona mide 360 millas de largo, en su 
mayor parte despoblada y desierta; pudiendo dividirse, para la 
explicación de su naturaleza, en tres porciones ; la 1* desde el 
Loa hasta el morro de Arica, ó sean 216 millas; la 2' desde 
éste punto hasta el puerto de lio, ó sean 81 millas; y la 
3* hasta el puerto de Islay, ó sean 63 millas. La primera de 
estas secciones es tan rica en productos minerales, como des- 
provista de vejetacion y de agua, desde la costa hasta muchas 
leguas al interior ; de tal suerte que para proveerse de este 



cantón para aguardar órdenes de U. S. á la vez que tomar las medidas 
del caso. 

Tal es el resultado del primer reconocimieuto sobre las posiciones 
enemigas, que la acertada combinación de S. E. y la dirección inteligente 
de*TJ. 8. prepararon, y que me tocó llevar á efecto como Jefe de Estado 
General. 

El verdadero y bastante ütil resultado estratégico de esta exploración 
lo hallará U. S en el informe reservado que completa éste, acerca 
del cual, como de sus anexos, me permito reclamar la atención de U. B. 

Si se tiene cuenta para apreciar la retirada al frente del enemigo, 
que en el pueblo de Quillagua existe, aparte de otras fuerzas, el regi- 
miento Santiago, fuerte de 1,350 plazas, creo cumplir un deber de justi- 
cia, al consignar aquí los nombres del Sargento Mayor Don José 
Antouieta, Teniente Don Teodomiro Puente Arnao y Alférez Don Domin- 
go Gómez Sánchez y Don N. Moyano del regimiento Húzares de Junin, 
Teniente Don José Mercedes Peña de este E. M. G., delegado de la 
Comisaria General Don Samuel Marques, pa|;ador del batallón Guardias 
de Arequipa Don Pedro Antonio Rodríguez y ciudadano Don Domingo 
Barreda, que han estado á la altura del patriotismo y del deber. 

Sírvase U. S. poner este oficio y lo de su referencia en conocimiento 
de 8. £• el supremo director de la guerra. — Dios guarde á U. S. 
— B. S. G. — Belisario Suarat. 



He aquí la relación de los prisioneros: — Sargento !• Norberto Muni- 
Ha. — Cabo 1° Ensebio Cordero (con nombramiento) — Cabo 1» José 8. 
Aliaga, id. Hilario Arrieta. — Cabo 2<) José del D. Avendafío. 

Soldad ti ^ Vicente Nufiez. -— Miguel Campo. —Gregorio Miranda. 
— Próspero Alvarez. — Eusebio Roja. — firmado — El Primet Ayudante. 
^^ Manuel Maria Seguin, 

T. i. 19 



290 DESCRIPCIÓN DEL TERRITORIO 

indispensable elemento es necesario destilar la del mar, ó 
llevarla de las caletas vecinas en embarcaciones menores ; y 
para los víveres llevarlos de Chile ó de otros puntos lejanos. 
A doce ó quince millas de la costa suele encontrarse nianan- 
tiales de agua salobre, y en muy poca cantidad. En esta 
zona existen las encinas que se han establecido para la 
elaboración del salitre ; separadas unas de otras por distan- 
cias mas ó menos largas; pero en cada oficina se encuentra 
las provisiones necesarias para su sostenimiento, llevadas de 
Iquique ó Pisagua. Estas dos poblaciones tomaron gran 
incremento, y han ido creciendo á medida que la industria 
salitrera se desarrollaba ; de suerte que su vida es como la de 
los grandes asientos minerales, que depende exclusivamente 
del movimiento que nace de la elaboración y exportación del 
salitre. En Iquique se establecieron grandes máquinas para 
destilaragua, sin perjuicio de los pequeños vapores acuarios 
que vivian de ese comercio. 

Los puertos de Huanillos y Pabellón de Pica, destinados 
exclusivamente al carguío del guano, también carecen de agua 
y de los demás elementos necesarios para la i/ida. 

La costa es accesible, y de fácil desembarco, excepto en 
Pisagua en donde los cerros que la dominan estrechan dema-* 
siado et espacio de la playa. 

Para facilitar la exportación del salitre, se construyeron los 
ferrocarriles de Iquique á Pozo Almonte, de 44 millas; el de 
Pisagua á Agua Santa, de 50 millas, quedando un espacio 
medio, de 21 millas, entre los extremos de ambas lineas, que 
fácilmente pudieron unirse ; y el de Patillos á Lagunas de 93 
millas. 

La segunda porción del territorio, desde Arica hasta lio, no 
tiene salitreras, pero en cambio se encuentra agua y vejeta- 
cion, en la mayor parte de las bahias ó puertos. A poca dis- 
tancia de la costa hay haciendas y pueblos ó aldeas que 
prestan algún socorro al viajero. Del puerto de Pacocha, 
que es contiguo al de lio, parte un ferrocarril, que va hasta 
la ciutlad de Moquegun, La costa de lio á Islay es semejante 
& la de Iquique; no faluiagua en algunos lugares inmediatos 



DESCRIPCIÓN DEL TERRITORIO 291 

á la costa. Es fácil desembarcar en ciertas caletas y bahias. 
Del puerto de Moliendo, que solo dista del de Islay 10 
millas, parte el célebre ferrocarril que pasa por Arequipa, 
llega hasta Puno, con una bifurcación que se dirijo al Cuzco ; 
esta bifurcación está inconclusa, solo llega hasta Santa Rosa 
distante 37 leguas del Cuzco. 

El territorio que debia ser el teatro déla guerra, presen- 
taba á los Peruanos mayores dificultades que á sus enemigos ; 
éstos dominaban en el mar. y tenian seguro y fácil camino 
para proveerse de víveres y de cuantos elementos necesitara 
su ejército; estaba á su arbitrio escojer el lugar mas con- 
veniente para su desembarco ; y en caso de peligro 6 de algún 
contraste podian reembarcarse con facilidad, contando con el 
seguro y poderoso apoyo de su escuadra. 

El Perú necesitaba comprometer sus trasportes para intro- 
ducir hombres, víveres, armas y demás elementos de guerra 
para su ejército; los auxilios que pudieran venir de los pue- 
blos del interior tardaban mucho, por las grandes distancias 
que se necesita atravesar por caminos desiertos, escabrosos y 
escasos de todo recurso. 

La extensa costa que el Perú tenia que defender de pronto, 
exijia ante todo una marina capaz de combatir con la del 
enemigo, y ademas un numeroso ejército distribuido en ciertos 
lugares inmediatos á la costa, y con elementos para su fácil 
reconcentración en el punto amenazado ; pero no tenia escua- 
dra, ni ese grande ejército ; ni podia acumular todos aquellos 
elementos por las dificultades de la naturalez¿i y de las cosas. 
Lo mas grave para la defensa provenia de la imposibilidad de 
saber el punto que el enemigo elejiria para atacar. Desde luego 
no podia presumirse que viniera por el Sur, desembarcando en 
la caleta de Patillos, ó en cualquiera otra, mas ó menos próxi- 
ma á Iquique, ó desde el Loa, cuya línea tenia ocupada hasta 
Quillagua con una fuerza de mas de 2000 hombres ; porque en 
todo caso habría tenido que atravesar penosísimos desiertos, 
y fatigar sus tropas antes de encontrar al enemigo que lo 
esperaría descansado en el punto que le pareciera mas venta- 
joso pan un comb ite. Sin embargo, para prevenir cualquier 



292 DISTRIBUCIÓN DEL EJÉRCITO 

sorpresa por ese lado, se distribuyeron 2774 hombres de 
ejército aliado y guardias nacionales, en diferentes lugares, de 
modo que pudieran reconcentrarse oportunamente en caso 
necesario, aunque los distintos lugares que ocupaba esta 
pequeña división abrazaba una línea de sesenta leguas, mas ó 
menos. (*) 

La actividad desplegada por el General Prado en Lima 
antes de marchir al Sur á ponerse al frente del ejército, fué 
prodijiosa ; aglomeró grandes cantidades de víveres en 
Iquique, Pisagua y Arica ; contrató la provisión de carne con 
empresarios que traian el gan ido desde la República Argen- 
tina. Aprovechando de la cañería de fierro establecida por 
una compañía salitrera, para conducir el algua salitros i hast i 
Iquique y condensarla allí, la puso en contacto con el manan- 
tial de agua inmediata ; de este modo Iquique no podia pe- 
recer de sed. Los Chilenos que de pronto ignoraban el gran 
ab istecimiento de Iquique, y la fticilidad con que el ejército 
Perú-Boliviano se proveía de agua, creyeron muy fácil rendir 
la población por hambre y sed ; por esto se empeñó su escua- 
dra en destruir las máquinas condensadoras, y en impedir la 
entrada de víveres por los puertos inmediatos j tarde cono- 



(♦) Loa lugares ocupados por los 2774 hombres, y la fuerza que 
los defendía, es la siguiente : 

En las inmediciones del rio Loa 42 

En Huatacondo — (bolivianos) 160 

En Pica, guardia nacional 165 

En Matilla id. id 110 

£n Canchones id. id 62 

£n Huanillos (bolivianos) 86 

En Pabellón de Pica id id 307 

En id. columna Tarapacá 184 

En Palillos — (bolivianos) 330 

En Chucumata (id.) 75 

En San Lorenzo (id ) 612 

En id. id. batallón Ayacucho ^*» i , . , . 842 



Ti tul ... 2,774 



FACILIDAD PARA ATACAR A ARICA 293 

cieron su error, y que mas provecho habrían reportado em- 
pleando sus naves en otro género de hostilidades. 

Desde que el poder marítimo del Perú quedo casi anonadado 
con el naufrajio de la « independencia > y la pérdida del 
« Huáscar*, debió combinarse un plan distinto de operacio- 
nes, que tuviera por fin aumentar la fuerza de su ejército de 
tierra, poniéndolo en estado de h-icer casi imposible la ocupa- 
ción del territorio, verdadero objeto de Chile en la guerra. 

El ejército aliado que ocupaba el Departamento de Tarapacá 
por su número, calidad de armamento, falta de artillería y 
caballería, y otros artículos de guerra, estab i muy lejos de 
asegurar tal fin: las operaciones militares debieron reducirse, 
después del 8 de Octubre, á hostilizar al enemigo de tal suerte 
que se le dificultara la tranquila posesión de las salitreras de 
Antofagasta y Tarapacá, destinando para tal empresa cuerpos 
escojidos, perfectamente armados y provistos de elementos 
de movilidad para retirarse en caso necesario, evitando todo 
choque decisivo, mientras que el grueso del ejército de Bolivia 
se disciplinaba y aumentaba su número en Oruro, y el del Perú 
entre Arica y Moquegua, mejoraba también su equipo y 
armamento. Con este plan se prolongaba la guerra, que á 
Chile le causaba mayores gastos y le traia mas peligros que á 
las Repúblicas aliadas; sin embargo no se hizo la menor 
variación en el plan de canipaña, porque faltaba un general 
entendido. 

Arica pudo y debió ser atacado de preferencia ; porque si 
caia en poder del enemigo, el ejército de Iquique tenia que 
rendirse ó dispersarse, desde que quedaba aislado en lo ab 'so- 
luto para recibir víveres y demás elementos de guerra ; por 
mar lo impedíala escuadra; solo le quedaba como punto de 
retirada Boüvia ; y para llegará pueblos que pudieran pres- 
tarle algún auxilio, necesitaba atravesar los desiertos de la 
costa, los páramos de la cordillera y caminos fragosos, lo que 
equivalía á la pérdida del ejército. 

Es cierto que en caso de un desembarco cerca de Arica, y 
mientras se pusieran en tierra los pesados elementos de guerra, 
y la caballería, necesitaban algunos dias para organizarse y 



29 1 FACILIDAD Para ATACAR A ARICA 

poder marchar al ataque de la plaza, lo cual daba tiempo para 
que el ejército aliado entre Pisagua é Iquique se moviera ea 
socorro de Arica ; pero esta operación presentaba dos graves 
dificultades y peligros; latravesia del desierto diezmaría la 
tropí, y el enemigo podia reembarcarse y apoderarse sin 
resistencia de Pisagua y los demás puertos del S\itj sin m'»s 
sacrificio que abandonar parte de los caballos y otros elemen- 
tos pesados, como gruesa artillería etc., que importaba poco en 
comparación del territorio de que se apoderaran. 

El puerto de Arica estaba defendido por algunos fuertes que 
tenían cañones de calibre desde 40 hasta trescientos, todos 
colocados ventajosamente para rechazar el ataquo por mar ; 
las baterías del Morro podían ofender á los buques que 
intentaran penetrar en la bahía, y en caso de que lograsen 
ponerse bajo sus fuegos, las baterías razantes, que estaban en 
la orilla, darían pronto y seguro fin con ellos. Ademas el 
« Manco Capac > poderosa fortaleza flotante, con sus dos caño- 
nes de á 500, imponia respeto á los mas poderosos buques 
enemigos. Pero en caso de querer atacar al ejército aliado 
podían hacerlo sin dificultad, desembarcando por Ite li otra 
caleta inmediata á Arica, como la de Sama, situándose entre 
Tacna y Arica ; el triunfo de los invasores habría sido enton- 
ces casi seguro, pues el ejército aliado entre Arica y Tacna 
apenas contaba con 4000 soldados entre Peruanos y Boli- 
vianos, en su mayor parte reclutas, mal armados, y escasos de 
municiones ; los mejores cuerpos se encontraban en Iquique, y 
no podían llegar á auxiliar á los de Arica antes de quince 
dias á marchas forzadas. 

El puerto de Iquique estaba defendido por 1610 liombres de 
guardias nacionales ó cívicos, y jendarmes, y por tres batallo- 
nes de línea, con un efectivo de 935 individuos, formando, en 
todo un total de 2545 hombres, que podían contener el desem- 
barco del enemigo, y dar tiempo á que acudieran 5000 hom- 
bres do refuerzo de los puntos inmediatos, como el Alto de 
Molle, San Juan, y la Noria, en la línea del ferrocarril. Con 
esto quedaba protejida la parte Sur, desde el Loa hasta Iquique- 

Las fuerzas destinadas á guardar la costa de Pisagua al 



DESCRIPCIÓN DB La COSTA DE PISAGUA 295 

Sur, se componían de los batallones Bolivianos Victoria de 
498 plazas, Independencia 397, Guardia Nacional de Pisagua, 
compuesta de 7 Jefes, 10 Oficiales y 240 de tropa, al mando del 
Coronel Isaac Recabarren : sobre la líneas del ferrocarril, en 
Jermania el batallón Boviliano Vengadores con 489 plazas 
y en Mejillones el batallón Aroma, también Boliviano, con 
cerca de 500 plazas. Esta división podia acudir al punto ata- 
cado ; el Aroma en cinco horas, á lo mas, y el Vengadores en 
hora y media, por ferro carril (Bibl. núm. 31); de suerte que 
en seis horas podia presentarse una división de mas de dos 
mil hombres para impedir, ó cuando monos dificultar y hacer 
costoso cualquier desembarco, á pesar de que no contaban con 
artillería de campaña ; y mientras se verificaba el desembarco 
de todo el ejército enemigo, y de su pesado tren de campaña, 
podia venir el resto del ejército aliado, bastante para obli- 
gar al enemigo á reembarcarse. 

El puerto de Pisagua estaba defendido por dos cañones de 
á 100, protejidos por débiles parapetos de sacos de arena ; el 
del Sur bien montado, pero en un punto elevado sobre el mar 
(como 138 pies) y expuesto á ser batido de á bordo ; el otro 
cañón no se pudo colocar sólidamente, se necesitaba terminar 
los trabajos para que sirviera de verdadera defensa del 
puerto. 

En el centro de la bahia hay dos pequeñas abras ó ensena- 
ditas de desembarco, pero dominadas por cerros de. peñas 
cortadas á pico. E! pueblo está situado en la misma playa y 
dominado por cerros elevados y llenos de peñoleria en anfitea- 
tro, que permiten parapetarse detras de ellas, como en fortifi- 
caciones defendidas por las mas altas ; el ferrocarril que parte 
del muelle va formando una continuación de zig-zag, mas ó 
menos prolongados para subir á la cumbre, con un cinco por 
ciento de gradiente continua, hasta llegará un punto llamado 
el Hospicio, situado á 1,125 pies sobre el nivel del mar en la 
cima de los cerros que dominan la bahia de Pisagua. 

Ocho millas al Sur está la caleta de Junin que tiene buen 
fondeadero y fácil desembarco ; por este lado se puede domi- 
nar una parte de las alturas que defienden á Pisagua. 



296 COMBATE DB PISAQUA 

Los Chilenos que ignoraban lo que pasaba en Arica, 
temieron atacar este puerto y por esto su escuadra se presentó 
al frente de Pisagua en la madrugada del 2 de Noviembre 
(1879) compuesta" de siete buques de guerra y 12 traspor- 
tes (*) todos armados con buena artillería. 

Tomaron su puesto de combate según la orden que recibieron 
la noche anterior, colocándose muy cerca de tierra. Rompie- 
ron sus fuegos, dirijiéndolos á las baterías del Norte y Sur^ á 
la vez que todos los buques arriaban sus botes y se embarcaba 
la tropa de desembarco en 44 lanchas, al mando del Capitán 
de Navio Enrique Simpson. 

El ejército de desembarco estaba dividido en cuatro divi- 
siones ; la primera debia atacar y desembarcar por la caleta 
deJunincon 2175 hombres y una batería de montaña, al 
mando del Coronel ürriola ; la segunda por el mismo puerto 
de Pisagua con 1940 hombres, y dos baterías de montaña, al 
mando del Comandante Ortiz; y la tercera y cuarta iban una 
tras de otra, como reservas de la segunda, con 2900 hombres, 
al mando del Coronel Amunategui, la tercera, y del Coman- 
dante Herrera la cuarta; ademas una división especial de 
400 hombres, con tres baterías, no tenian puesto fijo, y se 
destinaba como reserva. El ejército de desembarco constaba 
pues de 10,000 hombres apoyados por una escuadra para 
combatir con una plazi no fortificada y defendida por solo 
1135 hombres. 

Los dos fuertes contestaron en el acto, pero el cañón del 
Norte, apenas mal montado, se desmontó al primer tiro, á la 
vez que los certeros tiros de la «Cuvadonga> hicieron des- 
trozos en los pocos homrbres que defendian el fuerte ; los que 
salvaron se retiraron A la batería del Sur, que por su 
mala posición y la reconcentración de todos los fuegos de la 
escuadra sobre esa única piez i, dio por resultado la pérdida 



(*) « Cochrane >», « Abtao », u Magallanes >», « Covadonga », « Anga- 
mos », t( AinazoDaa », «Loa», «O'Higgins», « Matías Cousiño», « Itata », 
'f Copiapó », « Elvira », « Alvarez »>, « Limari », « La Mar >», « Santa 
Lucia )), « Tolten», « Huanay »>, << Paqnete de Maule », y « Toro ». 



COMBATES DE PISAGÜA 297 

de casi todos los artilleros. Sin embargo, despreciando el 
peligro, volvían á cargar ; pero al séptimo tiro ya no fué 
posible permanecer en ese sitio sin la seguridad de perecer, 
porque los buques que principiaron sus disparos á una dis- 
tancia de 1300 metros, la fueron acortando, al extremo que se 
pusieron á 400 de la pl'íya, y algunos casi á tiro de pistola, 
cuando vieron apagados los fuegos del cañón de tierra. 
Entonces suspendieron sus fuegos para dar tiempo á que las 
embarcaciones se acercaran á la playa; peroá la vez los pocos 
artilleros de tierra se colo(;aron en las alturas mas inmediatas, 
reforzados por algunas compañias de infantería Boliviana que 
bajaban del Hospicio y se desplegaron en guerrillas. Los 
botes estaban muy inmediatos á tierra, cuando los buques 
volvieron á romper sus fuegos de canon, de ametralladoras y 
fusilería, sobre la tropa parapetada en las alturas, y sobre la 
que bajaba, sin contestar un solo tiro, según se le había 
ordenado ; pero cuando la tropa de desembarco estuvo á me- 
nos de 800 metros, se rompió el fuego sobre ella con tan buenas 
punterías, que echaron á pique dos botes, dejaron sin un solo 
hombre á algunos, y á otros tan atestados de heridos, que los 
pocos que quedaron buenos apenas pudieron retirarse. En el 
acto vino en su auxilio la segunda división de botes, que tuvo 
el mismo mal éxito de la anterior; fué preciso que los Jefes dé 
los botes de la tercera división, con sable y revolver en mano, 
obligaran á los acobardados soldados de los botes, y á los 
mismos que remaban á que marcharan adelante ; algunos que 
se replegaron al costado de los buques, fueron rechazados á 
balazos desde á bordo. De esta tercera división de botes se 
dirijió (á las 12 a. m.) una parte á la playa del Norto de la 
batería desmontada, en donde pudieron desembarcar ; porque 
no era fócil ofenderlos desde los puntos que ocupaba la tropa 
Peruana; ésta aunque habia sufrido considerable número de 
bajas, se batia con toda brabura, sin abandonar su puesto 
cerca de la playa, durante 7 horas y media, aún cuando desde 
que se inició el combate soportaban una lluvia incesante de 
bombas, que ademas de sus mortíferos efectos, produjo el 
incendio de grandes cantidades de carbón y de salitre, cuyas 



208 COMBATE DE PISAGUA 

densas nubes de humo sufocaban y amenazaban la vida de los 
defensores, mas que los mismos proyectiles, y les impedia ver 
al enemigo ; llegó un momento en que fué imponible resistir 
mas, y los defensores se vieron obligados á abandonar el 
puesto y ocupar otros mas elevados junto con las guerrillas 
Bolivianas. 

Los enemigos aprovecharon de estos instantes para aumen- 
tar la fuerza de desembarco, á la vez que otra división 
que lo verificó sin resistencia en la vecina caleta de Junin, se 
acercaba por tierra y subia la cresta que corta la retirada á 
la cumbre. El General en Jefe del ejército Peruano, Don 
Juan Buendiri, queso encontraba en Pisagua desdóla tarde del 
dia anterior, por motivos que luego diremos, ordenó que la 
tropa se replegara á San Roberto, distante 16 millas de Pisa- 
gua; en este punto debió resistirse hasta esperar que llega- 
ran por ferrocarril los batallones de refuerzos que habia 
pedido, aunque á última hora, y que estaban en Jermaniay en 
Mejillones, y h división del Coronel Dávila cerca de la Noria, 
que si hubieran llegado á tiempo^ como pudieron, habria 
€ costado rios de sangre dominar la plaza ». Entre tanto ya 
el pueblo de Pisagua y las alturas inmediatas estaban ocupa- 
dos por mas de 4000 invasores. Estos no se atrevieron á 
avanzar, creyendo como debian creer, que en San Roberto ó 
Jaspampa escontrarian tropas de refresco, que los batiera con 
ventaja. 

Nada de esto pudo hacerse, porque los batallones Boli- 
vianps Victoria é Independencia, que pelearon con herois- 
mo, una vez desalojados de su puesto, abandonaron el campo 
y se retiraron en masa hasta Bolivia, casi todos, inclusive 
algunos Jefes y Oficiales, sin ser posible contenerlos. (Bibl. 
195, página 77). 

Con esta inesperada dispersión, el General Buendia des- 
confió de la lealtad de los otros batallones Bolivianos; entonces 
comprendió que las noticias que motivaron su viaje á Pisa- 
gua tenian fundamento; y desde ese instante solo pensó 
en retirarse á Agua Santa á buscar apoyo en el resto del 
ejército } Vuano, dejando órdenes de destruir en lo posible el 



COMBATE DE PISAGÜA 299 

ferrocarril y demás elementos que existían en la línea ; pero 
nadie cumplió las órdenes, ni se cuidó de que las cumplieran. (*) 



(*) Partb OFICIAL — Agaa Santa, Noviembre 4 de 1879— Al sefior 
secretario general del Exnio. señor General Director supremo de la 
guerra. — Acompaño á ÜS. para conocimiento del Exmo. señor Gene- 
ral Director supremo de la guerra, la nota que ha sido dirigida por el 
señor General de la segunda división del ejército de Solivia, acompa- 
ñándome el parte de su S. E. M. y el que me ha sido pasado por el 
Comandante Militar de la plaza, sobre el combate que ha tenido lugar 
en el puerto de Pisagua el dia 2 del corriente. 

Habia llegado á aquel puerto la víspera de los sucesos que motivan 
esta nota, á efecto de inspeccionar personalmente las fuerzas á quienes 
estaba confiada su defensa ; pero al amanecer del dia siguiente, cuando 
no habia dado principio á mi tarea, fui avisado de la presencia de la 
escuadra enemiga en aquel puerto, compuesta de veinte buques. 

Ordené inmediatamente las operaciones y medidas que se detallan 
en los partes adjuntos, y comenzó el enemigo sus hostilidades á las 
6 35 a. m., siendo contestadas por los dos únicos cañones de á 100, que 
se encontraban uno al Norte y el otro al Sur de la bahia. 

Nuestros soldados soportaron los fuegos de la escuadra sin hacer un 
disparo, como se les habia ordenado, hasta el momento que comenzó 
el desembarco, el que fué rechazado con el fuego de nuestra infante- 
ría. Esta constaba de los batallones « Victoria » ó « Independen- 
cia », cuyas plazas ascendían á 790, y algunos guardias nacionales deJ 
Peni. 990 hombres componían toda la resistencia, y asi mismo vimos 
retirarse al enemigo bajo el fuego de nuestra escasa fuerza. Reorgani- 
záronse bajo la protección de la escuadra que aumentaba por momentos 
nuestras pérdidas y reparaba las propias ocurridas en las 44 lanchas 
de /desembarco que habían intentado llegar á la costa. Este segundo, 
como el primer ataque, fué también rechazado con pérdidas ménofl 
considerables. 

Pero el tercer ataque fué ya decisivo ; el terreno que ocupaban nues- 
tras fuerzas era desventajoso : no mide mas de 200 metros entre el mar 
y el escarpado barranco que cierra aquel punto por el costado E. y 
cuyo camino, solo permite el tránsito de las fuerzas en desfile. Fué 
sobre aquel pedazo que la escuadra Chilena hizo funcionar, con prodi- 
jiosa rapidez, toda su artillería, sus ametralladoras y su fusilería; porque 
los buques se hallaban á tiro de revólver de la costa. Una nube densa 
producida por el fuego del enemigo, por el propio y por el incendio que 
devoraba ya la población y millares de sacos de salitre, envolvía el teatro 



300 CAUSA DEL VIAQEi A PISAGÜA DE BUBNDIA 

E! viaje del General Buendia á Pisagua tuvo por objeto 
instruirse personalmente del estado en que se encontraba el 



del combate en una atmósfera que nos ocultaba á los invasores, en 
tanto que continuaban los tiros dirijidos del mar. 

Fué en esta situación, después do las bajas extraordinarias que 
revelan los partes ; después de 7 horas de resistencia y de combate 
heroico, sostenido por las fuerzas del ejército Boliviano y por los na- 
cionales del Perú, que acordamos con el Señor General Villamil, retirar- 
nos con nuestras fuerzas, convencidos de que era inútil continuar la 
resistencia con menos de 900 hombres contra 4,000 que habían ya desem- 
barcado, sin contar con las poderosas reservas que mantenían los buques 
dispuestos siempre á reparar las pérdidas, y sin tener artillería ni ele • 
mentó alguno de los que nos oponia aquella numerosa escuadra. 

HÍZ0S6 la retirada con toda la disciplina y el orden que se hablan 
mantenido en el combate. La conducta bizarra del Señor General 
Villamil, de su Jefe de Estado Mayor General y los Jefes, Oficiales y 
soldados del ejército Boliviano, de los nacionales del Perú, del Jefe 
Militar del puerto y demás Oficiales y soldados de nuestro ejército, ha 
sido altamente abnegada, y es la misma abnegación y el general entu- 
siasmo manifestado en el combate por las fuerzas aliadas, lo que me 
impide entrar en recomendaciones especiales, que tendrían que ser 
injustas, ó comprender á todos los que se han batido en mi presencia. 

La ocupación de Pisagua por fuerzas enemigas, han infundido en el 
corazón del soldado el deseo de la reparación y la venganza. Las 
fuerzas aliadas solo aspiran á nuevos combates donde puedan brillar una 
vez mas su decidido entusiasmo y su abnegado heroismo. 

Grande es sin duda la diferencia de temple moral de nuestro ejército 
con el ejército Chileno : ha necesitado hacinar su poder marítimo y 
terrestre para batirse con 900 hombres que mantuvieron el fuego duran- 
te 7 horas, y les hicieron retroceder dos veces ; es nuestra fuerza moral 
robustecida por la justicia de la causa que defiende la alianza : es el 
brío y la serenidad de nuestros soldados, acreditados ya en numerosos 
combates, lo que hace indispensable nuestra victoria y seguro el tríunfo 
que en el primer encuentro sabremos arrancarle al enemigo. — Dios 
guarde á US. — Juan Buendia. 



Bepública Peruana. — Jefetura Militar y Política de la Plaza de 
Pisagua — Agua Santa, Noviembre 4 de 1879. — Al Benemérito Señor 
General en Jefe del Ejército del Sur. — S. G. — En cumplimiento de mi 
deber, paso á narrar en los términos mas precisos y acordes con la 



CAUSA PEL VIAOE Á PISAGUA DE BUENDIA 301 

ejército Boliviano, en sus ideas y planes políticos, pues habia 
recibido avisos de que trataba de abandonar el territorio y 



verdad histórica los sucosos en conjunto, conforme á la jornada que 
tuvo lugar el dia 2 del presente, en el pueito dePisagua. 

A las 5 a. m. de dicho dia, el Señor Capitán de navio j de dicho 
puerto, me hizo notar la presencia de dos vapores que navegaban hacia 
él y venian al Norte. 

Suponiendo que fueran buques enemigos y sin pérdida de tiempo 
puse esa circunstancia en conocimiento de U. S. quien desdé la víspera 
se encontraba en la playa. 

Trascurridos algunos minutos y con horizonte mas despejado, quedó 
confirmada mi sospecha de ser buques de la escuadra Chilena,' alcan- 
zando entonces el número de los que se divisaban hasta 18, todo lo 
cual hice notar á U. S. al mismo tiempo que solicité sus órdenes para 
proceder conforme á ellas en todas las emergencias que resultasen de la 
presencia de la escuadra enemiga, al frente de la playa. 

Entonces honrado con la absoluta confianza de U. S. y siendo las 6, 
h. a. m. procedí á distribuir entre las piezas de artillería, colocadas una 
al Norte y otra al Sur de la babia, las fuerzas recien organizadas bajo 
mi mando, compuestas en su totalidad de 245 hombres, inclusos los 
45 de la división Boliviana, en todos los puntos de la playa por donde 
pudiera efectuarse fácilmente un desembarco, que era claramente el 
objeto que se proponía el enemigo. 

En esta actitud esperé que el enemigo tomara la iniciativa para 
contestar sus fuegos, los que rompió á las 6 h. 56 m. a. m. el blindado 
« Cochrane » inmediatamente secundado por cuatro corbetas de guerra, 
cuyos nombres no puedo precisar, sobre el cañón del Sur, los cuales 
fueron inmediatamente contestados por él, continuando este desigual 
combate, en que muy poca parte le cupo tomar al cañón del Norte, por 
razón de la distancia en qae se encontraba hasta las 9 a. m. en que 
cesaron los fuegos por espacio de 50 minutos próximamente. 

£n este interregno el enemigo se ocupó en trasportar fuerzas de 
desembarco, en cuarenta embarcaciones menores que al efecto tenia 
preparadas. Concluida esta operación, comenzaron de nuevo á hacer 
disparos de artillería á la parte incendiada de la población, con el fin 
evidente de completar su destrucción. Con la tropa que ya se acercaba 
á las caletas y playas situadas entre la maestranza del ferrocarril y 
los baños, (puesto que se encontraba guarnecido por fuerzas de policía 
y de nacionales, respectivamente mandados por el Sargento Mayor 
Graduado Don Manuel Zeballos, el Capitán Don Ignacio Suarez y ol 
de igual clase de la Guardia Nacional Don José Vicente Rodrigue/ 



302 CAUSA DBL VIAGB Á PISAGUA DE BUBNDIA 

retirarse áBolivia, confirmando así una conversación que tuvo 
dias antes con Villegas. Tan grave noticia la puso en conocí- 



opusimos á los proyectos del enemigo, tan tenaz y vigorosa resisten- 
cia, que logramos rechazarlos, colocándolos en condición de no poder 
renovar el combate en tierra, hasta qne no se encontraron apoyados por 
considerable número de tropas que habían sido desembarcadas en la 
playa de Huata, una milla mas al Norte, trabándose entonces un recio 
combate que sostuvimos con buen continente, y sin perder nuestras 
posiciones, por espacio de mas de cuatro horas, á pesar de estar 
sufriendo un nutridísimo fuego que nos hacían las ametralladoras de los 
buques y de las lanchas, así como la artillería de los primeros, que no 
cesó de disparar por un solo instante. Desde poco después de princi- 
piado este segundo período, comenzaron a bajar sucesivamente varias 
compañías de la fuerza Boliviana situada en el Hospicio, tomando parte 
en el combate con caluroso entusiasmo y con notable arrojo. 

Como el enemigo pudiera disponer de numerosas fuerzas, tuvo oca- 
sión de renovar constantemente sus desembarcos, y logró la reunión de 
una masa próximamente de 4,000 hombres, con la cual alcanzó á dominar 
algunas posiciones ventajosas que duplicando su acción nos obligaron á 
cejar constantemente, aunque costándoles muy caro cada paso que 
avanzaban. Ocurría esto á la 1 h. p. m. en que también noté que se 
retiraban las fuerzas Bolivianas situadas en los cortes de la línea férrea, 
circunstancia que me obligó á disponer la retirada de los que se batían 
en la playa, efectuándola el que suscribe media hora después, y por la 
via de Junin, única que aún se encontraba expedita y que continué hasta 
dominarla pampa del Hospicio, de donde me dirijí ala estación de San 
Roberto para reunirme con U. S. 

Todas las fuerzas Peruanas y Bolivianas que bajo mi mando han 
tomado parte en este ruidosísimo combate, se han mostrado dignas de 
la santa causa que defiende, y por consiguiente, dignas de la superior 
consideración de U. S, ante quien cumplo el deber de hacer la reco-* 
mendacion que unas y otras merecen ; siendo digna de especial mención 
la conducta observada por los Señores Coroneles de la Guardia Nacional 
Don Nicanor González y Don Manuel Francisco Zavala, á quien en los 
momentos mas comprometidos del combate, le ordené acudir á la 
estación con un grupo de 10 hombres con quienes estaba en el cañón 
del Sur. Así mismo al Capitán de navio y del puerto que se mantuvo 
en su puesto al frente de una compañía de nacionales, el Capitán de 
fragata Don Manuel Bena vides y muy particularmente la del Alferex 
Don Ignacio del Mar y del Capitán de zapadores Don Pedro Pomi. 

La ciccanstancia de haber quedado la playa en poder del enemigo, 




CAUSA DEL VIAGE A PISAQÜA DE BÜBNDIA 303 

miento del General Prado, á la vez que, sin pérdida de tiempo, 
marchó á Pisagui pretextando que iba á presenciar el estreno 



no me permite apreciar el número de bajas, tanto del enemigo como de 
naestra fuensa, concretándome á participar á U. S. la sensible pérdida 
del Teniente de artillería Don Luis Tamayo de la dotación del Sur, y de 
la ignorada suerte ó condición que les haya cabido al Teniente Coronel 
de artillería Don Manuel Saavedra, al Capitán de la misma arma Don 
N. Espinosa que quedaron en la ambulancia ; del Coronel Don Manuel 
F. Zavala y del Capitán de la misma Don José Vicente Rodríguez, igno- 
rándose el paradero de todos. 

Encuentro conveniente dejar consignado en este parte, para el superior 
conocimiento de U. S., que en la estación del fen'ocarril quedó lista 
para partir á las 5 h. 30 m. a. m. de ese diala máquina que debia salir, 
por haber abandonado su puesto el maquinista que la manejaba, y por 
no haber tenido absolutamente con quien reemplazarlo. 

Las consecuencias del bombardeo han sido completar el incendio de la 
población, comprendiendo una existencia de 50,000 quintales de salitre 
poco mas ó menos, y exceptuando la estación del ferrocarril, los alma- 
cenes de la aduana y casi toda la casa de Outram y compañía. 

Es cuanto tengo que participar á U. S. — Dios guarde á U. S. 
— Isaac Becavarren. 



Estado Mayor de la segunda División Boliviana, Agua Santa, 
Noviembre 4 de 1879. — Al Señor General Do i Pedro Villamil, Coman- 
dante General de la 2» División Boliviana. — S. G. — Poco antes de las 
5 a. m* deldia2 del corriente, tuvo conocimiento el E. M. de la pre* 
sencia en la bahia de Pisagua, de algunos buques enemigos cuyo nú* 
mero esos momentos se hacia llegar á 14, contándose después hasta 20, 
3 de los cuales se decian neutrales. 

El enemigo se presentaba á aquel puerto en momentos en que estaba 
defendido solo por una compañía del batallón « Independencia » y 
algunas fuerzas de Guardias Nacionales que se hallaban situadas sobre 
la linea del feírocarril. 

Inmediatamente, en cumplimiento de las órdenes impartidas por 
usted, hice tocar generala en el campamento, y procedí á colocar dos 
compañías del mismo batallón « Independencia » y una del ♦ Victoria » 
en protección de la primera. 

Una hora después de la indicada (6 h. 35 a. m.) los buques Chilenos 
romp>0ron sus fuegos sobre los únicos cañones de á cien que hablan 
colocados, uno al Norte y otro al Sur de la bahiaj loa que contestaron vuü 



304 CAUSA DEL VIAGE Á PISAGÜA DE BÜENDIA 

de las baterías ; y aunque los informes que adquirió en el 
tránsito, y la espansiva franqueza que encontró en los Jefes 



algunos disparos, especialmente el segundo, que fué el que los hizo en 
mayor número hasta las 8 en que cesó el fuego de ambas partes. 

Como durante el cañoneo hubiese notado que el enemigo hacia 
apresuradamente sus preparativos de desembarco, reforcé las posicio- 
nes con el resto del batallón « Independencia » que constaba de tres 
compafíias, Ins que marcharon con el Jefe del cuerpo á la cabeza, Co- 
ronel Don Pedro V^argas. 

Las ocho y cuarto serian cuando la escuadra enemiga, colocando algu- 
no de sus buques á tiro de rewolver de la costa, por permitirlo así la 
profundidad especial de esta bahia, rompió sus fuegos no solo de canon, 
sino también de ametralladoras y fusilería ; todos ellos sobre la pobla- 
ción, y en particular sobre los puntos donde se encontraban nuestras 
tropas. 

Cumpliendo la consigna que se les había dado, los valientes soldados 
del «Victoria» y del «Independencia», se portaron heroica y tran- 
quilamente, sin contestar ese terrible y mortífero fuego, hasta que á las 
10 y media el enemigo inició su movimiento de desembarco con 44 lan- 
chas repletas de tropas, once de las cuales fueron tas primeras en 
aiTÍbar á la costa, dirijiéndose, gran número de las restantes á Huata. 

Fué en esos momentos que nuestros soldados, después de haber sopor- 
tado impasibles las hostilidades de la escuadra y manteniéndose aún 
bajo sus fuegos, dieron principio á una tenaz y denodada resistencia. 

En su primera y segunda tentativa de desembarco, el enemigo fué 
rechazado con numerosas pérdidas, viéndose obligado á retroceder 
hasta la escuadra, donde fué protejido por la corriente de proyectiles 
que ésta arrojaba sin cesar sobre nuestras fuerzas. 

Allí se reorganizó el enemigo y repuso sus pérdidas, emprendiendo en 
seguida su tercer ataque. 

Fué en esta situación que la artillería enemiga centuplicó sus disparos 
de cañón, y de ametralladoras y de fusilería ; nuestras tropas se hallaron 
entonces sufocadas por el incendio de la población y el de grandes depó- 
sitos de salitre que aumentaban el humo y el fuego del combate. 

£n tales circuntancias mandé allí el resto del batallón « Victoria », 
á las órdenes de su Coronel Juan Granier, en protección de sus valero- 
sos compañeros, quedando así comprometida toda la fuerza de que 
disponíamos, y que constaba de 790 hombres. 

Si bien el enemigo habia conseguido desembarcar un considerable 
número de trops^s, no se atrevía á abandonar las peñas de la playa que 
le servían de parapeto contra el nutrido é incesantes fuego que la 



CAUSA DEL VIAJES DE BÜENDIA A PISAGUA 305 

Bolivianos, amortiguaron sus sospechas, la precipitada fuga 
de los batallones < Independencia » y « Victoria > se las 
hicieron renacer con mas vehemencia. (*) 

El pueblo de Pisagua estaba reducido á cenizas y las faldas 
de los cerros que lo dominan, hasta cerca del Hospicio, sem- 
brada de cadáveres y de los pocos heridos, salvados por casua- 



cían DnestroB soldados, concentrándose en tres puntos sucesivos sobre la 
linea del ferrocarril ; en cambio por los de Junin y de Huata había 
conseguido avanzar un gran trecho. 

Después de siete horas y media de haber luchado con una energía y 
decisión que aumentaba en la misma proporción que disminuían nues- 
tras fuerzas, cuando el enemigo renovaba sus elementos de ataque con 
la reserva poderosa que conducían sus buques, recibí la orden de retira- 
da, practicándose ésta con la misma serenidad y disciplina que nuestros 
soldados supieron mantener en el momento del combate. 

Constado las relaciones adjuntas, las perdidas sufridas en los bata- 
llones « Victoria » é u Independencia », sin que sea posible determinar 
con precisión la relación que existe entre muertos y heridos ó prisione- 
ros, por las circunstancias que han caracterizado este combate. 

Inútil me parece Sefíor General, recomendar especialmente la con- 
ducta de los Jefes, Oficiales y soldados que han tomado parte en esta 
denodada resistencia, por cuanto ha sido testigo del esfuerzo y heroísmo 
con que han defendido la noble y generosa tierra Peruana, que regada 
hoy con la sangre de nuestros compatriotas y hermanos, enciende en 
nuestros corazones mas, si es posible, el deseo de la reparación y la 
venganza. 

Con sentimientos de alto respecto y consideración, me cabe la honra 
de repetirme de usted muy atento y seguro servido. — S. G. — Exequiel 
de la Peña. 

(•) Carta del General Buendia al General Prado.-— Octubre 29 Iquique. 
—*22«8Úmen. —Contesta las de 23, 25 y 28 ^cumplirá en silencio 
lo que le indica, — le dá cuenta de una larga conversación que tuvo 
con el General Boliviano Villegas; éste le habló muy mal del General 
Daza calificándolo de ladrón cobarde etc. etc., pero protestando de que 
■ería fiel á la Alianza del Perú — « en vista de los avisos del Coronel 
Masiaa acerca de las intenciones del ejército Boliviano, me he decidido 
ir al dia siguiente á Pisagua á ver oír y estudiar al General Villamil, á 
BOsJefesy Oficialei, conocer sus tropas y poder formar juicio de todo)^ 
temo que durante mi ausencia aparezca el enemigo en Iquique pero juzgo 
cofiremen^e, necesario^ urgéntiHmo vi9itar á eñon oaballerof. » 

T u 20 



I 



306 CRUELDADES DEL EJÉRCITO CHILENO 

lidad de la ferocidad del soldado Chileno, que se complacía en 
ultimarlos, c Esos soldados parecían leones hambrientos ; 
necesitaban dejar bien muertos á los enemigos que habian 
ocupado la ribera; porque podían hacerse los muertos» 
(Apéndice núm. 19). Los invasores tuvieron centenares de 
muertos, cuyo número fijo no pudo saberse, porque los cadá- 
veres fueron arrojados al mar, y no habiendo quedado en 
Pisagua ningún Peruano, es difícil calcularlo ; sin embargo 
uno de los Chilenos, actores en este combate, dice que pasa- 
ron de 500, lo mismo que aseguró un neutral, otros lo 
reducen á 330. 

La resistencia fué heroica por el corto número de los defen- 
sores de la plaza, que apenas llegaban á 1135 hombres; que 
no contaba con ninguna pieza de artillería de campaña, ni mas 
que una de álOO para la defensa del puerto. El fuerte del 
Sur presentaba el mas triste espectáculo ; su interior estaba 
obstruido con los cadáveres de sus artilleros; allí yacia 
el del Teniente Coronel Rivadeneira, el del Mayor La Torre 
Bueno y otros; lo cual acredita que esos valientes no abando- 
naron su puesto. 

Apesar de lo bien calculado del ataque, de las instrucciones 
dadas, y de los poderosos y superabundantes elementos de 
que disponían los invasores; en la ejecución todo fué desorden 
y desconcierto. Sin necesidad de sacrificar estérilmente tanta 
gente, desembarcando bajo el fuego de los defensores de la 
plaza, debieron hacer desde el principio, lo que seis horas des- 
pués, esto es desembarcar una fuerte división por la caleta de 
Junin y otra por la de Pisagua viejo, sin perjuicio de dirijir 
unas cuantas lanchas por el centro, desde que contaban « con 
49 lanchas disponibles y aparentes para desembarcar tro- 
pas, sin contar con las canoas de los Comandantes, los chin- 
chorros y otras embarcaciones pequeñas; con las lanchas 
planas construidas exprofeso para desembarco, ni con las 
comunes de carguío llevadas á remolque, con este objeto, 
por el « Huanay », el < La Mar » y el « Santa Lucia » • 
Los botes carecían de instrucciones para saber á qué buques, 
y por qué escala debian recibir la tropa». (Bibl. 101 U.pág« 



PALTAS BE LOS CHILENOS EN EL COMBATE 307 

717). El triunfo se debió no á la inteligencia ó pericia, sino 
al número de los que atacaron, pues aunque caian por cen- 
tenares, eran fácil y prontamente reemplazados por avalan- 
chas de soldados que iban á socorrer á sus defallecidos 
compañeros». «Los Chilenos elijieron entre los diversos 
planes de ataque, y como es casi genial al Chileno el proce- 
dimiento mas heroico y carniceros. (Bibl. 104pág. id.) «Si 
el humo producido por el incendio del salitre y del carbón 
acumulados en la población, no sufocara á sus defensores, 
de nada habria servido que las tropas de desembarco se 
multiplicaran, ó reemplazaran las pérdidas de los que alcan- 
zaran la playa; esa medida (la de incendiar) evitó á Chile 
un día de luto, porque sin la escuadra^ ningún heroísmo, ni 
el de los titanes habria valido contra el plomo, que no 
siempre ataja, pero siempre derriba, y al fin matando ven- 
ce. » (Bibl. id. pág. 725). Presenciaron este combate los 
buques de guerra de S. M. B. «Pelican», «Thetis», 
« Shannon » y « Turquoise » y de Francia la « Hugon ». 

Aunque en el combate se portaron con valor todos los Jefes 
y Oficiales de la plaz i, sobresalieron por su brabura, serenidad 
y destreza, en elejir los puestos de defensa, después de perdi- 
dos los dos cañones, el Coronel Don Isaac Recabaren y el Coro- 
nel de los nacionales Don Nicanor González. 



CAPITULO xn 



Campana cu el Deinlcrto 



Sdmário : Retirada del General Buendia — Las avanzadas Chilenas 
llegan á Dolores ; su encuentro con la del Teniente Coronel 
Sepúlveda; matanza inhumana — El ejército aliado se rccon- 
centi'a en Pozo Almontc — El General Daza sale de Arica con 
una división sobre el Sur ; — Estado moral y político de esa 
división — Llega á Camarones y regresa la división — Funes- 
tas consecuencias de esta contramarcha — El ejército Chileno 
ignora la retirada de la división de Daza y otros movimientos 
hasta que recibe avisos de un Chileno avecindado en esos 
lugares — Falsas y ridiculas en alarmas el ejército Chileno ; 
causas que la motivaron — El ejército Aliado emprende la 
marcha sobre el campo enemigo ; cuerpos que componen ese 
ejército — Dificultades en la marcha y razones del General 
Buendia para escojer ese camino — Daza con su retirada frus- 
tra la combinación del ataque — Mala impresión que produce — 
El General Villamil, Boliviano, manifiesta intención de reti- 
rarse hasta Bolivia con todo su ejército — El General en Jefe 
Buendia ordena avanzarlas primeras divisiones ; — El ejército 
Chileno; posiciones que ocupa — Se rompe el fuego y se com- 
promete un combate parcial — El ejército Boliviano abandona 
en masa el campo de batalla, se dispersa y sigue hasta Boli- 
via — El ejército Peruano acuerda retirarse ; lo verifica en 
orden, con penalidades y contratiempos — El General Chileno 
y sus Jefes no tuvieron conciencia de su triunfo hasta el tercer 
dia del contraste de San Francisco — El suceso de San Fran- 
cisco fué lógica consecuencia de los antecedentes. - 



La desconfianza que inspiraba la división Boliviana de Pí- 
sagua y sus cercanías, reanimada con la dispersión casi total 



RETIRADA Á POZO ALMONTE 300 

de los batallones « Independencia » y « Victoria », aconseja- 
ron al General Buendia no permanecer en Jaspampa, y acordó 
retirarse á Agua Santa ; sin embargo consultó al Director de 
la guerra lo que debería hacer; la contestación fué que «si no 
tenia seguridad . de sostener sus posiciones con buen éxito, 
era mejor que se reconcentrase al ejército, y diera la batalla 
con todas las fuerzas»; cuya orden la repitió al dia si- 
guiente 3 ». 

Verificada la retirada, y situado en Agua Santa, con las 
fuerzas salvadas de Pisagua, volvió á consultar si permace- 
ria en ese lugar ó á donde iria ; se le reiteró la orden del 3, de 
€ reconcentrar todo el ejército en la línea de Iquique, entre 
< Pozo Almonte y li Noria». Se hallaba en Agua Santa 
reuniendo los dispersos, cuando el Coronel Manuel Masias 
llegó fatigado, con la noticia de que el enemigo avanzaba; el 
General Buendia, sin esperar la ratificación del aviso, dio la 
orden de continuar la retirada á Pozo Almonte (distante 8 
leguas de Agua Santa) ordenando antes prender fuego á los 
almacenes de víveres, y destruir los estanques de agua y 
cuanto existia en Agua Santa, como si no pensara en volver 
jamas á tal punto. Sin embargo el ejército enemigo no pudo 
pasar del Hospicio, hasta el dia 5, h ibiéndose ocupado los 
anteriores en desembarcar su parque, artillería y demás ele- 
mentos de movilidad. 

La retirada sobre Agua Santa fué indispensable y salvado- 
ra. El General en Jefe Buendia vio comprobados sus recelos 
respecto á la división Boliviana, al pasar lista después del com- 
bate de Pisagua, pues encontró, que solo quedaban, formando 
filas 230 soldados y 45 entre Jefes y Oficiales, cuando el nú- 
mero de los primeros fué, antes, de 895, y de los segundos 69 ; 
las bajas del combate, entre muertos, heridos y prisioneros 
llegarían á lo mas á 200 ; en resumen, después del combate 
abandonó sus filas mas de la mitad de esa división, entre 
otros el Coronel Granier. Por esto el General en Jefe temió, 
muy fundadamente, que los batallones «Aroma» y «Ven- 
gadores» imitaran tan funesto ejemplo. La moral política 
de una parte del ejército Boliviano . sirvió siempre de 



L 



310 CRUELDAD DEL C. VERO ARA, CHILENO 

remora, y produjo el desconcierto en toda la campaña de 
Tarapacá. (*) 

El 6, un escuadrón Chileno de avanzada al mando del (Coro- 
nel J. Francisco Vergarn, llegó á Agua Santa y horas después 
le siguió á Dolores una pequeña división de infantería. El 
escuadrón se encontró con una avanzada de EO Bolivianos, y 
14 Peruanos, al mando del Teniente Coronel José Ventura 
Sepiilveda, la cual fué sorprendida y destrozada, por no haber 
atendido los avisos del C. Manuel Masias, quedando muertos 
en el campo Sepulvera, y 60 de su tropa, y 4 prisio- 
neros. «Excepto el Teniente Boliviano Emilio Gómez, á 
quien se le libró como trofeo de este pequeño triunfo, los 
demás OSciales sucumbieron todos bajo los sables afilados 
á molejón de los terribles Cazadores. Todo lo demás fué 
una matanza, desdichadamente no evitada por el encarne 
cimiento natural Je los soldados, y porque es dificil en 
una dispersión reunir uno á uno á los que se rinden. 
Por otra parte la caballería Chilena está avezada á la 
cruel guerra de Arauco, donde no se dá ni se recibe 



(*) Sub Prefectura de la Provincia Tarapacá. —La Angostura Noviem- 
bre 6 de 1879. — Al Benemérito Sefíor General de División y en Jefe 
del Ejército. — B. S. G. — Con la mira de contener las tropelías y 
atentados de toda clase que las crecidas paitidas de dispersos de Pisa- 
gua, pertenecientes al ejército Boliviano cometen en los pueblos y cáse- 
nos del tránsito de esta Provincia á la República Boliviana, he venido 
hasta este punto ; pero encontrando esa gente en la mayor desmora- 
lización, sin subordinación ni respeto á persona alguna, y careciendo en lo 
absoluto de fuerzas con que contenerlas y remitirlas á ese cuartel general, 
y economizar á este vecindario mayores males, pues en su desenfreno 
no guardan miramiento á la propiedad, sin haber dejado ni una bestia, 
por donde han pasado, llevándose cuanto han encontrado, y cometiendo 
atentados hasta con ultraje al pudor, tengo el honor de dirijirme á V. S. 
suplicándole se digne mandarme á la brevedad posible, treinta ó cuarenta 
hombres de caballería al mando de buenos Oñciales, para perseguir, y si 
es posil)le, aprehender y remitir á los que han pasado, ó por lo menos á 
los que vengan atrás, y evitar iroguen mayores quebrantos á estos 
pobres é indefensos habitantes, — Dios guardo á U. S. — B. S. G. — 
Lhí$ Felipe Rosas. 



"bkZk SALE CON Sü EJÉRCITO Á CAMARONES 311 

cuartel > (Bibl. 104. II. pág. 793.) Espantosa confesión de 
un Chileno que explica el por qué de la cruel matnnza 
que se hace de los prisioneros. Es dificil reunir uno á uno 
á los que se rinden». El número de muertos Chilenos no 
pasó de tres, y de 6 el de los heridos, contra sesenta y tantos 
muertos de los Peruanos, entre estos los Oficiales Puente 
Arnao, Mazo, y Loza ; es cierto que el Jeíe principal fué el 
inhumano J. Francisco Vergara, que después lo veremos 
repitir actos igualmente crueles. 

Lo anterior prueba que si el General Buendia no hubiera 
sido contrariado por el desbande de los batallones Bolivianos, 
y esperara en Jaspampa, habría tenido tiempo suficiente para 
reunir alli todo su ejército, y dar la batalla con probalidades de 
triunfo; mucho mas cuando desde que en Iquique se tuvo noticia 
de la toma de Pisagua, el Coronel Belisario Suarez, Jefe de 
Estado mayor del ejército, ordenó reconcentrar en Pozo Al- 
monte el ejércto situado en esa zo/a; pero faltaba la unidad 
de acción y de mando ; las medidas que se acordaban en Iqui- 
que, si al principio las aprobaba en Arica el Director de la 
guerra, horas después las revocaba ó reformaba; todo era 
vacilaciones ; no habia una sola idea fija. Las juntas de guer- 
ra se sucedian sin el menor resultadq. Los batallones estaban 
listos ó en marcha sobre Pozo Almonte, y momentos después 
se ordenaba que regresaran á sus cuarteles ; el telégrafo fun- 
cionabo á toda hora, aumentando la confusión por lo contra- 
dictorio de las órdenes que trasmitía ; no es posible dirijir 
campañas por telégrafo. Por fin el Coronel Suarez logró 
reconcentrar el ejército del Sur de Agua Santa, en Pozo 
Almonte, el dia 7 de Noviembre, dejando de guarnición en 
Iquique la Guardia Nacional, al mando del Coronel Don José 
M. Ríos. 

Al saberse en Arica la toma de Pisagua, se acordó por el 
General Prado, en una Junta de guerra, que el General Daza 
saliera al Sur con el ejército Boliviano acantonado en Tacna. 
La división de Daza debia avanzar hasta Jaspampa ó Tili viche, 
para cortar en su base de operaciones al enemigo que se encon- 
traba en Agua Santa, y obligarlo á desprender una fuerte 



312 DAZA CONTRAMARCHA CON Sü EJÉRCITO 

división para coDtenerlo 6 batirlo. En este caso Daza podía 
aceptar el combate si le convenia, ó dirijirse por las alturas á 
reunirse al grueso del ejército del Sur. Este movimiento tenia 
forzosamente que desconcertar los planes del enemigo ; pero 
causas, dudosas hoy, que el tiempo revelador de los secretos, 
comprobora quiza mas tarde, vinieron á contrariarlo, como 
luego lo diremos. 

El General Daza que conocía el desafecto de parte de su 
ejército á su persona, no quería moverse de Tacna ni encomen- 
dar á otro Jefe el mando de las tropas : también es de presu- 
mirse que deseara conservarlas para el caso de un revez en el 
ejército de Iquique, y contar con ese apoyo para regresar á 
Bolivia. Pero las exigencias del General Prado y la termi- 
nante opinión del Consejo de guerra, lo obligaron á ceder, y 
ponerse en marcha. 

Las 16 leguas de camino de Arica á Camarones, estaban 
anticipadamente bien provistas de agua, víveres y otros ele- 
mentos necesarios en las varias pascanas. Las jornadas podian 
hacerse fácilmente en dos días, caminando desde la cuatro de 
la tarde hasta las dos de la mañana^ descansando el resto del 
dia, sin la menor dificultad. Pero como algunos Jefes Bolivia- 
nos no deseaban moverse de Tacna, por intrigas, de partido y 
por celos entre ellos, fomentados en parte por el General Jofre, 
Jefe de Estado Mayor y por el mismo D¿iza, ponderaban las 
dificultades del camino, y lograron infundir en la tropa miedo 
no al enemigo, sino al desierto. Sin embargo, á las 9 de la 
mañana del 10 de Noviembre, con sol abrazador, salió de Arica 
el ejército Boliviano fuerte de 3000 plazas, con el General 
Daza. Fué el primer desacierto de esta infausta campaña ; 
mas de 200 soldados ñitigados por el calor quedaron despar- 
ramados en el desierto, perecieron algunos, otros desertaron ; 
sin embargo, al tercer dia llegaron á Camarones. (Noviem- 
bre 14). Probando así que el desierto es transitable. 

En el ejército Boliviano existia, como lo hemos dicho, una 
verdadera anarquia, desde que salió de Bolivia; y si cuando 
llegó á Tacna se acallaron sus manifestaciones externas, 
no por esto se dejaba de maquinar sordamente contra el 



RETIRADA DBL OBNBRAL DAZA 313 

Presidente Daza (BibU 128). En un círculo de los principales 
Jefes dominaba la idea de romper la alianza con el Perú, la 
mayoría solo deseaba la separación de Daza, sin peijuicio 
de seguir aliados la guerra. Tal era el estado en que se en- 
contraba ese ejército cuando llegó & Camiones. Aquí 
pricipiaron á hacerse ostensibles sus efectos. En la mañana 
del 15, en que descansaba el ejército para continuar su 
marcha al siguiente, según el plan acordado, se dijo á Daza 
que la tropa no quería seguir adelante, y que los Jefes y Ofi- 
ciales pensaban lo mismo. Daza mandó en el acto reunir á los 
priiicipalos Jefes para conocer su opinión ; la mayoría fué de 
parecer que se debia regresar inmediatamente, á ñn de salvar 
el ejército : el Coronel Ignacio Ceballos propuso el regresar 
hasta la Paz ; otros, entre ellos el Coronel Eleodoro Gamacho 
opinó por que antes se practicara un rec()nocimiento hasta 
Agua Santa por el General Daza, dos edecanes y el mismo 
Gamacho, y de alli se diría si se debia contramarchar ó seguir 
de frente. (Bibl. 128 § IX). Daza se dirijió á la oficina del 
telégrafo y sin decirlo á nadie comunicó al General Prado que 
el ejército no podia seguir adelante; pero que él (Daza) 
continuaba á ponerse al frente del ejército aliado acompañado 
de su escolta, del escuadrón de vanguardia, de cien rifleros, y 
de la columna de guerrilleros de Albarracin, en todo como 
450 hombres. Al saber esta resolución dice el mismo Daza 
que todos se llenaron de alegría ; Jefes y Oficiales, y soldados ; 
las bandas tocaron «diana; arrojaban sus Kepis al aire 
€ victoreando al Capitán General que acababa de salvar la 
€ dignidad y representación de Solivia. > 

Al saber el General Prado tan, indigna como inesperada 
contrariedad, y la resolución del General Daza de ir á ponerse 
al frente del ejército del Sur, temió quizá que pudiera llevar 
también la desmoraliz^icion á los cuerpos Bolivianos allí enro 
lados, y por toda cont^estacion fe dijo con la sequedad del 
telégrafo que « Viendo que no puede usted pasar adelante con 
< su ejército, el Consejo de guerra, que anoche convoqué, ha 
« resuelto que ei General Buendia ataque mañana (16) al 
« enemigo; siendo por tanto no ^lo peligrosa, sino ianeoe^aria 



314 DESCOKCIERTO EN EL EJÉRCITO 

« la marcha de usted al Sur. » Sin embargo Daza continuó 
adelante con su comitiva; el 18 descanzó dos horas en Chiza, y 
avanzó por la noche hacia Tana, pero su tropa no tenia muni- 
ciones, En este trayecto encontró al Comandante Fidel Guerra 
2** Jefe de la fuerza de Albarracin, á quien habia mandado con 
antelación á ocupar Tana, éste dio por noticia que Albarracin 
y su fuerza se hablan dispersado. Con tal nueva, Daza paralizó 
por de pronto su camino hasta que horas después, convencido 
de la falsedad del relato, prosiguió adelante hasta la mañana 
20, en que, á las alturas de Tana, supo el desastre de San 
Francisco, y regresó inmediatamente á Arica (*) dejando en 
angustiosa incei tidumbre al General Buendia que lo esperaba 
hora tras hora. (Bibl. números 15, 128 y 138). 

Desastrosos resultados debia traer, como en efecto trajo, tan 
inesperada como infundada contramarcha, que desbarataba 
por completo una acertada combinación militar y estratéjica. 
(B¡bl.l95,pág. 80á83). 

Gomo se vé, los auspicios bajo los cuales se iniciaba el pró- 
ximo encuentro de los ejércitos contendientes, no podian ser 
mas desfavorables para la causa de la alianza, y desde enton- 
ces no habría sido difícil para un observador atento é impar- 
cial, proveer el resultado. De un lado teniamos Jefes 
atolondrados ó profundamente desprestigiados ; de otro una 
dirección absurda é históricamente débil, y por último un 
ejército que, aparte de las poca condiciones satisfactorias en 
q'ue debía encontrarse respecto de su armamento, equipo y 



(*) A pesar de los Manifiestos que el General Daza y el Coronel 
Cainacho han pul)licado, y de las varias apreciaciones que sobre esta 
retirada se han hecho por lapreiisa, aventurado seria, aun, pronunciar 
un veredicto acertivo acerca de ella. Lo único que queda én claro es 
que tal determinación, aparte de lo malparado qne dejaba á Bolivia 
y á su ejército ante su alindo, y ante el mundo, causó un trastorno 
completo en las operaciones miliiares, en los momentos mas apre- 
miantes de la contienda; é influyó decisivamente, en el desastroso 
éxito de la jornada de San Francisco. Sin embargo es de creer que 
Daza lemió perder su ejército y con el la Presidencia de la República 
que le interesaba conservar ante todo. 



WDlCüLA ALARMA EN EL EJÉRCITO CHILENO 315 

organización, por consecuencia de los mismos defectos anota- 
dos, llevaba en su seno el germen de la infidencia y de la 
deslealtad. Pero no nos anticipemos á los sucesos, y volvamos 
á seguir las evoluciones militares que se operaban en uno y 

otro campamento. 

No era mucho mas ventajosa la situación del ejército Chi- 
lenos en esos instantes, bien que en todo caso la abonaba la 
circunstancia capital de operar en territorio enemigo. € Solo 
el 17 de Noviembre supo el Jefe Chileno, Sotomayor, acampado 
en Dolores, por un compatriota suyo, avencindado en la ran- 
cheria de Corza (*) que en Camarones existia una fuerza del 
ejército aliado, lo que causó gran sobresalto, y puso en movi- 
miento los campamentos de Dolores y del Hospicio, á donde 
aquel comunicó la noticia, y se destacaron partidas de explo- 
radores en dirección á Tana, por distintos caminos, con el 
objeto de encerrar entre dos fuegos á las fuerzas Peruanas 
que se suponían ya entre Tana, y Jaspampa. 

Las fuerzas destacadas del Hospicio llegaron ia misma tarde 
del 17 á Jaspampa, de donde el Jefe Vergara telegrafió al Hos- 
picio y á Dolores anunciando no haber, hasta este punto, nhigu- 
na novedad, y que al siguiente dia continuaría su exploración 
sobre Tana, dirijiéndose por Quiñua, que es el paso mas 
occidental de la quebrada de Tiliviche. En efecto el 18 siguió 
su derrota, y al subir el otro lado de la quebrada, divisó un 
grupo de objetos que se movían apresuradamente; era la 
caballería de Albarracin que se adelantaba de Tana hacia 
adelante, y desde ese instante empezaron las evoluciones mili- 
tares para atacar al enemigo, hasta las 11 del dia, en que los 
mismos Jefes Chilenos divisaron una polvadera que avanzaba 
por la pampa hacia el Oriente. Juzgando que podia ser aquella 
tropa la avanzada del ejército de Bolivia, anunciada desde la 
víspera, ó el ejército mismo (pues había anteojos que divisa- 



(*) En el curso de esta historia se verá que esos huéspedes, ingra- 
to» y peligrosos, fueron el mejor auxilio de sus compatriotas; se 
justificará mas, si fuese necesario, el decreto de expulsión dictado 
por el Gobierno Peruano. 



316 RIDICULA ALARMA EN EL EJÉRCITO CHILENO 

han hasta los cañones y los carros de la artillería), retrocedió 
Vergara á Tiliviche y en se^yuida dirijiose á Jaspampa y San 
Antonio, no sin haber anticipado el telegrama, que aunque 
aparece sin firma ni fecha, su contenido hace presumir el 
autor y la procedencia; «El ejército enemigo á la vista;» 
se ven carros, que creo sean de artillería. Estamos á dis- 
tancia de ocho leguas de Jaspampa, en dirección á Tana. 
Las avanzadas enemigas se pasean á cuatro cuadras de 
nosotros ; las hemos perseguido como dos leguas habiéndose 
reunido al grueso del ejército ; no era posible combatirlas 
por la mucha fuerza que se vio y además carros y carretas 
que tal vez, montarían artilleria. Y toda aquella multitud de 
visiones fantásticas reflejábanse en el Estado Mayor y en el 
Cuartel general chileno, mediante la serie de telegramas 
que al estilo del que acabamos de copiar, dirijia desde Dolores 
el Coronel Sotomayor anunciando cargas de los cazadores, 
fuego intenso, combate etc. ; de tal suerte que la tarde del 
18 de Noviembre, los campamentos del ejército chileno 
estaban llenos de ajitacion, de vacilaciones y de alarmas los 
jefes; repartidos los batallones, los rejimientos, los caño- 
nes; y hasta los caballos en Pisagua y en Dolores; fijos 
todos los ojos en Jaspampa y en la proximidad imaginaria del 
ejercito de Daza >. (Bibl. 104 II. pájs. 838 á 841.) 

Mientras tanto, ¿cual habia sido la verdadera causa de 
la precipitada fuga del Coronel Vergara, y lo que en su 
sobresalto ó miedo habia tomado por el ejército de Daza? — 
Era la otra partida de caballería que el Coronel Sotomayor 
destacó de Dolores, que habiéndose avanzado hasta cerca 
de Tana regresaba también sin haber hecho nada, y que 
cuando divisó la fuerza de Vergara, creyéndola igualmente 
enemiga, emprendió á su vez la fuga. De este modo las dos 
partidas de exploración habian pasado por todas las peripe- 
cias de un verdadero encuentro con el enemigo; habian 
fatigado su caballería en todas las escaramusas consiguien- 
tes á estos casos; habian introducido la confusión y la 
alarma en los campamentos ; y se habian disputado la palma 
de la fuga. * 



AVANZA BL BJÉRCITO ALIAÜO 317 

Todo esto hace ver que si el ejército de Daza se hubiera 
presentado realmenle por aquel lado, el desconcierto solo 
en que habría puesto al ejército chileno, hubiera tal vez 
bastado para determinar su derrota. 

Volvamos ahora á seguir al General Buendia, á quien 
dejamos por último, en Pozo Almonte, en donde se paró 
después de su retirada de Pisagua.' Aqui reconcentró la 
parte del ejército, que se hallaba distribuida en esa zona, 
á la vez que enviaba comisionados á los generales Daza y 
Campero, para fijar la combinación del ataque con el prime- 
ro, y hacer que el segundo se apresurase á reunirse al grueso 
del ejército. (*) Mas viendo que pasaban dias tras dias 
sin recibir contestación ni noticia alguna de los referidos 
Generales, á pesar de los repetidos comisionados que se les 
habia enviado, resolvió emprender su marcha sobre el ene- 
migo con solo la fuerza de que disponía en su campamento, 
confiando, acaso, por otra parte, como no era extraño y mas 
bien natural, que durante su travesía podria recibir la contes- 
tación y el refuerzo que esperaba. 

En tales circunstancias (el 12 de Noviembre) se puso en 
marcha con el ejército aliado cu}'0 número ascendía á 7,925 
hombres divididos en dos líneas de batalla, y una de reserva. 
La derecha compuesta de las divisiones Exploradoras y 
Vanguardia Peruanas y de la 1* división Boliviana á órdenes 
directas del General en Jefe General Buendia. La 2* com- 
puesta de la 2' división Boliviana y V Peruana, á órdenes 
del Jefe de E. M. G. Coronel Suarez. La reserva la formaban 



(*) Tomavé, 13 de Noviembre de 1879.— Al señor General en Jefe 
del ejército del Sur Juan Buendia — Agua Santa ó Iquique — Obli- 
gado por la necesidad vine á este punto, donde he recibido su esti- 
mable oficio 4 del corriente — Voy á hacer los últimos esfuerzos para 
acudir á la cita que U. me hace, en cumplimiento á, la orden que he 
recibido del Señor Capitán General del Ejército Boliviano y del 
Exmo. General Supremo Director de la guerra. Después de breveá 
dias de parada aquí, necesarios para reponer la tropa, me pondré en 
marcha, acelerando cuanto sea posible. — Saluda al señor General «u 
atento y S. S. — N, Campero, 



818 DESORDENADA MARCHA DEL EJÉRCITO 

la 2" y 3*^ dhision de nacionales. También se formaron dos 
columnas ligeras; la 1" con una compañía del «Illimani», 
Boliviana, y otra del Zepita ; la 2'' columna de una compania 
del € Dos de Mayo » y otra del « Olaneta », ambas columnas 
á las órdenes del Coronel Boliviano Lavadenz. En Ne- 
greiros se acordó en junta de guerra, no atacar al ene- 
migo, y que el ejército saliera esa misma noche á ocupar 
el cantón de Sal de Obispo, con el objeto de interponerse 
entre Pisagua y el ejército enemigo, que se le suponia 
en Santa Catalina, con lo que quedaba cortada su base de 
operaciones y su retirada» á la vez que se facilitaba la 
reunión de la división del General Daza, que se suponia 
llegaría ese dia, á mas tardar^ pues según lo acordado, y la 
carta recibida en dias anteriores debia veriñcarlo el dia 16 ó 17. 
La marcha en la tarde del 18, en dirección á los Canchones, 
se ejecutó por lo mas escabroso del camino que, como el 
de todas la salitreras ya muy explotadas, está lleno de hoyos 
mas ó menos profundos, á cuyos bordes se amontonan los 
escombros de las mismas excavaciones. La parte no exca- 
vada está cubierta de una corteza durísima, compuesta de 
la combinación de salitre con la tierra, y de guijarros que 
forman verdaderos conglomeratos erizados de puntas y filos 
agudos que destrozan el calzado y los cascos de las bestias. 
£1 ejército que debia atravesar este camino estaba casi des- 
calzo y desnudo; no babia renovado su vestuario durante toda 
la campana. Los que servían de guias á las divisiones eran 
en su mayor parte inexpertos ; no se adelantaron avanzadas 
ni gran guardia, como lo aconseja el arte de la guerra, y la 
misma ordenanza. Tantas faltas produjeron sus efectos ; las 
divisiones marchaban con mil dificultades y trabagos; loa 
soldados de infantería y las bestias que conduelan el parque 
y otros elementos, caian en los hoyos, y con gran dificultad 
ppdian salir; el camino estaba perdido y algunos cuerpos 
confundidos; de las diez á las once de esa misma noche se 
notaba en el ejército la mas espantosa confusión ; todas las 
divisiones equivocaron su itinerario ; las que marcharon á 
vanguardia resultaron & ret¿\guardia| y vice^versa. 



EL EJÉRCITO ALIADO OCUPA SU PUESTO 319 

Siendo imposible seguir adelante se hizo alto hasta la 
madrugada, sin que por esto ei soldado pudiera recostarse 
en el suelo para descansar, porque los calíchales no se lo 
permitían. La tropa se encontraba casi examine, tanto por 
su fatigosa marcha de diez horas, cuanto porque desde veinte 
y cuatro horas antes no habia recibido mas ración que cuatro 
onzas de charqui y una muy escasa cantidad de agua por 
cabeza ; sin embargo, los sufridos soldados no perdieron su 
valor ni su firmeza. Rehechas las divisiones, se continuó la 
marcha con los primeros albores de la mañana, y con orden 
debido^ pero sin avanzadas- ni otras precauciones ; á este 
notable y punible descuido se debió el que no fuese destrozada 
una división enemiga, compuesta de un regimiento, un bata- 
llón y una batería de seis cañones de bronce y dos Krupp, 
que á las órdenes del Coronel Amunátegui se encontraba 
cerca de Santa Catalina, ignorando tener tan inmediato el 
grueso del ejército aliado-, hasta cerca de las doce de la 
noche en que oyó las voces del ¡alerta! de los centinelas, y 
hasta el ruido de las armas. Esta pequeña división á penas 
estaba separada de su enemigo como cien metros, y por las 
sinuosidades del terreno y la oscuridad no se veian. Adver- 
tido el jefe chileno del peligro, « ordenó la retirada, en direc- 
ción paralela á la que seguia el ejército aliado, y en tan 
profundo silencio, que solo se ola el paso de los soldados 
hasta que á las tres de la mañana llegaron á Dolores y 
tomaron las posiciones debidas. » Mientras tanto el ejér- 
cito Perú-Boliviano continuó tranquilamente su marcha sin 
saber ni haber sentido que andaban casi juntos con sus 
enemigos. Apenas empezó á despuntar la aurora se presentó 
en columnas cerradas cerca de la oficina de « El Porvenir », 
como á dos mil metros del punto en que estaba colocada 
la artillería de la división chilena. £1 ejército aliado se 
desplegó en batalla, con tal orden, pericia y prontitud que 
parecía que ejecutaba un movimiento comq si no tuvie 
ra al frente al enemigo; éste se sorprendió de manio- 
bras tan diestras que acreditaban la instrucción de esas 
ti'opas. 



320 



FUERZA DEL EJÉRCITO ALUDO 



Para que se conozca con toda exactitud el número del 
ejército Aliado que existia entre Iquique y Pisagua, desde el 
29 de Octubre hasta el 18 de Noviembre de 1879, hemos 
formado el siguiente cuadro, en vista de los partes diarios 
remitidos al Estado Mayor General Peruano : 



EJERCITO PERUANO 



infantería 



Batallón Ayacucho núm. 3 . . . 

— Provisional Lima núm. 3 

— Voluntarios de Pasco 

— Puno núm. 6 

— Lima núm. 8 

— Cazadores del Cuzco núm. 5 

— Ídem la Guardia núm. 7. 

— Regimiento Dos de Mayo 

— Zepita núm. 2 . , . . 

— Ayacucho núm. 2 . . . 

— Guardia de Arequipa. . 

— Iquique núm. 1. . . . 

— Loa Columna .... 

— Tarapacá, Cazadores. . 

— Tarapacá, Columna . . 



caballería 

Regimiento Guias núm. 3 . . . . 

Escuadrón Castilla 

Regimiento Húzares de Lima núm. 1 



ARTILLERÍA 

Columna Artillería de la Costa . . 
Brigada 

EJÉRCITO BOLIVIANO 

Batallón Illimani 

— Olañeta ....... 

— Paucarpata 

— * Dalence 

— Aroma 

'— Independencia . . . . » 

-- Vengadores 

— Victoria ..««... 



FUERZA 



EFECTIVA 



Soldados 




Gefes y 
Oficiales 

52 
31 
19 
29 
34 
51 
30 
40 



31 
34 

44 
23 
20 
26 



Dispo'ble 

eonOefes 

y Ojie. 



623 
325 
173 
432 
45 1 
441 
418 
444 
614 
321 
475 
399 
302 
175 
182 



5,976 


499 


5,778 


156 

71 

302 


20 
10 
40 


150 

71 

205 



529 


70 


355 


54 

182 


11 
18 


61 
188 



236 


29 


249 


500 


39 




450 


33 




420 


36 




495 


50 




500 


78 




400 


33 




489 


39 




498 


38 





8,752 



346 



FOBRZA DBL EJÉRCITO ALIADO 321 



Regimiento Bolívar lo de Húsares . 
Escuadrón Franco Tiradores . . . 



250 I 30 
127 18 



377 48 



En los ^20 dias que mediaron hasta el 19 de Noviembre el ejér- 
cito aliado que se presentó en San Francisco, tuvo las siguientes 
bajas : 

EL EJÉRCITO PERUANO 

Muertos en Pisagua — Desertores, ausentes en comisión 

y bajas naturales 1,174 

Escuadrón Castilla, en Comisión en otro lugar .... 71 
Batallones Iquique — Tarapacá — Loa y artilleros ^ue for- 
maban la 5» división que quedó guarneciendo Iquique 1 ,034 

Bajas hasta el 18 de Noviembre. . 2,279 



EL EJÉRCITO. BOLIVIANO (•) 
Bajas en Pisagua por muerte y deserción 665 



Total bajas 2,944 



Deduciendo estas bajas del total efectivo que existia en 
29 de Octubre, resulta que el 19 de Noviembre tuvo 
el Ejército Peruano en San Francisco 4,196 

Ejército Boliviano 3,859 



Total en San Francisco 7,925 



Adviértase que del Ejército de Bolivia no se descuentan mas 
bajas que las conocidas en Pisagua. 

El ejército chileno, que se tenia al frente, á tiro de 
cañón, como hemos dicho, estaba situado en una pequeña 
cadena de cerritos, el mas elevado de los cuales, llamado San 
Francisco, de mas de 300 metros de altura, domina todas las 
llanuras que le rodean y tiene á su pié las salitreras de Dolores 



(•) Se ignora la fuerza disponible del ejército de Bolivia, porque 
no daban razón de las bajas al E. M. G. del Perú« 

T. 1. 21 



322 DESCRIPCIÓN DEL CAMPO DE SAN FRANCISCO 

y otras. Este cerro, casi aislado, es muy empinado y de difi- 
cilísimo ascenso por la parte Sur, que es la que daba frente 
al ejercito aliado; mas por la parte opuesta el acceso es 
fácil, aunque está dividido por una quebradita llamada Enca- 
ñada, que corre de Este á Oeste. En la meseta de* su cúspi- 
de el enemigo colocó algunas piezas de artillería, defendidas 
por parapetos y zanjas. A poca distancia y por el lado 
Norte, se encuentra el pozo ó aguada de Dolores, inmediato á 
la línea férrea de Pisagua. Entre este pozo y el cerro de San 
Francisco hay una colina como de 200 metros de altura en 
donde se situaron algunos batallones del enemigo, para 
apoyar á los del cerro de San Francisco y defender la aguada 
de Dolores. 

Para que guiara el ejército de Daza que se suponia en las 
inmediaciones de Tiliviche, según el plan acordado se habia 
enviado de expreso y como práctico el patriota joven Prada 
(hijo del respetable Señor Prada, vecino de esa provin- 
cia) quien regresó el 19 en momentos (9. a. m.) en que 
el ejército aliado estaba ya colocado y descansando para 
tomar rancho y esperar la mañana del siguiente dia para 
atacar, y dio cuenta del regreso de la división de Daza 
desde Camarones á Arica, y que éste se negaba á enviar 
auxilio. 

Esta noticia produjo en él ejército boliviano el mismo 
efecto que si se le hubiera comunicado la destrucción com • 
pleta del ejército de Arica. El General Yillamil pasó donde 
el General en Jefe Buendia, y á presencia de varios jefes le 
dijo que el comprometer un combate en esas circunstancias 
era peligroso por el mal estado del ejército, y su corto núme- 
ro; pues la posición que ocupaba el enemigo exigia un tercio 
mas de gente; que además, aun en el caso de triunfo á nada 
conduciría, pues los chilenos regresarían á Pisagua á ocupar 
el puertO; y que el ejército aliado se vería en la necesidad 
de continuar en el desierto como los israelitas; y que como 
estaba convencido de que la victoria debia buscarse en el mar 
y no en tierra, habia resuelto retirarse á Bolivia con el 
ejército que le obedecía. 



EFECTOS DE LA RETIRADA DE CAMARONES 323 

De las ideas emitidas por el General Villamil partici- 
paba gran parte del ejército y del pueblo boliviano desde 
meses antes de la pérdida del «Huáscar»; después de 
este funesto suceso se acentuaron mas todavía, y lo que 
hemos visto de inexplicable ó encubierto en las filas bolivia- 
nas, asi en Tacna y Camarones como en Pisagua, y lo 
que en los momentos en que nos encontramos se iniciaba 
para consumarse en San Francisco tenia, á no dudarlo, 
su inmediata causa en este modo de pensar nada plau- 
sible. 

Sorprendido el General en Jefe con tan extraordinaria 
declaración, le manifestó los peligros y las desastrosas conse- 
cuencias que sobrevendrían al ejército peruano, si se le 
dejaba en esos instantes, al frente del ejército enemigo que 
lo tehian á tiro de cañón, y que aunque podría contener 
la retirada, no quería emplear sus armas contra su aliado. 

Terminada la conferencia el General en Jefe ordenó en 
persona al General Bustamante, Jefe de la división explora- 
dora, y por medio de sus ayudantes al Comandante General 
de Artillería, Coronel Castaüon, y á la división Vanguardia 
que avanzaran á ocupar ciertos puntos, á fin de no perder los 
pozos ó aguadas inmediatas. El General Bustamante y el 
Coronel Castañon, le manifestaron que se corria el peligro en 
esta operación, de comprometer el combate, y lo desventajoso 
que les seria éste; porque la tropa estaba estenuada de can- 
sancio y de sed, siendo la hora tan in^ipareute (12. m.) El 
General en Jefe pareció convencido de la inconveniencia de 
su medida, y se retiró ¡ en esta creencia la división del Gene- 
ral Bustamante formó pabellones, como las demás, y fué por 
grupos á beber agua á los pozos inmediatos ; pero no bien 
habia empezado esta diligencia, cu indo ambos jefes recibie- 
ron nueva orden de avanzar, sin perder momentos, y aun sin 
esperar la tropa que estaba bebiendo, la que podria reunírselea 
después. No comprendían el motivo que obligara á este 
movimiento tan precipitado, y en hora tan avanzada ; sin 
embargo se pusieron en marcha, junto coa la príraera divi- 
sión del ojército boliviano, cuyo moviraiouto debían seguir. 



324 SE COMPROMETE EL COMBATE 

El resto del ejército aliado permaneció descansando en los 
puestos que ocupó en la mañana. 

Conocida la naturaleza del terreno y la posición ocupada 
por el ejército Chileno, el plan de hostilidades debió redu- 
cirse, como se acordó, á cercarlo, apoderarse de las aguadas, 
y colocarse entre la fuerza que ocupaba los cerros y la que 
debia venir, sin duda, en su auxilio desde Pisagua por el 
ferrocarril; pero todo el plan se desbarató por el movimiento 
ejecutado por la primera división boliviana al mando del 
General Villegas, y la peruana Exploradora que por orden 
del General en Jefe avanzaron á vista del enemigo y desple- 
garon en guerrilla cuatro compañias, una del Illimani, otra 
del Olañeta, bolivianas, la tercera del Zepita y la cuarta del 
Ayacucho, peruanas; como se encontraban tan cerca del 
enemigo, éste rompió el fuego con ua cañonaso, á las 2 de la 
tarde Los jefes de esas divisiones que tuvieron orden de 
avanzar, mas no de comprometer el combate, aceptaron el 
reto ; mandaron romper el fuego, sin esperar orden expresa 
del General en Jefe, y comprometieron la batalla, cuando 
el grueso del ejército descanzaba á retaguardia, confiado en 
que no se verificaría hasta la mañana siguiente. Enardecidos 
tal vez de un entusiasmo imprudente, emprendieron el ataque 
con un arrojo temerario, pero tan sin orden ni concierto que 
los ifuegos de las compañias que quedaban á retaguardia 
iban á herir ó á matar por la espalda á los que escalaban el 
cerro ocupado por el enemigo. Estas, sin embargo, lograron 
apoderarse de una batería enemiga, que no pudieron conser- 
var mucho tiempo, porque no reoibieron refuerzo oportuno, 
mientras que las del enemigo lo fueron por batallones que 
llegaron sucesivamente. En tales circunstancias las compa- 
ñias peruanas y bolivianas se vieron obligadas á retroceder, 
y rehechas con otras compañias del Ayacucho, intentaron por 
dos veces mas forzar las posiciones enemigas, pero sus esfuer- 
zos fueron inútiles, nadie los auxiliaba, porque el combate 
se comprometía sin orden del General en Jefe ; y como éste 
comprendió lo imprudente de ir adelante, ordenó que cesara 



EL EJÉRCITO BOLIVIANO ABANDONA EL CAMPO 325 

el fbego^ y que las compañías de vanguardia regresaran á 
ocupar sus puestos. (*) 

El ejército boliviano, á excepción de las dos compañias que 
junto con las dos peruanas emprendieron el asalto de las 
posiciones enemigas, solo empleó sus armas, en los priineros 
momentos contra los que ascendían al cerro, para luego 
tomar la fuga, sin que nadie pudiera contenerlo; € no querían 
sacrificarse en favor del Pera; ya habian hecho demasia- 
do;» tales eran las contestaciones que daban los mismos 
jefes y oficiales bolivianos y á los peruanos que procuraban 
contenerlos en su Luida.» Sordos á la corneta, indóciles 
al ruego, á la amenaza, á la exhortación, y á todo, los solda- 
dos bolivianos, sin jefes, continuaban su obra con la preci- 
pitación y frenesí propios de quien no tiene otro objeto que 
hacer incontenible el desorden. (**) 



(•) El General Buendia escribió un Memorándum sobre la cam- 
paña del ejército aliado, y lo remitió á los Generales Bolivianos Peña 
y Villamil, con el objeto de que lo examinaran, y si lo encontraban 
conforme así lo testificaran: el General Exequiel Peña se lo devolvió 
fechado en Tacna, !<> de Enero de 1880 con la siguiente carta: 
«Le remito el espléndido Manifiesto de V., notable por la verdad 

con que lo ha redactado Mi amigo Julio Quevedo ha recibido 

como una alta honra el haberlo puesto en limpio » El General 

Villamil rectificó detalles sobre el movimiento de la tropa en Pisa- 
gua. Por consiguiente, este documento, inédito hasta hoy, merece 
crédito, y lo copiamos íntegro en el Apéndice núm. 20. 

(••) PARTE DE LA BATALLA DE SAN FRANCISCO — Sr. Coronel Secrctario 
General de S. E. el Supremo Director de la Guerra— Taparacá, 21 
de Noviembre de 1879 — S. C. S. G. — Con profundo sentimiento 
participo á US. para que lo haga saber á S. E. el Supremo Director 
de la Guerra, que en la tarde del 19 del presente ha sufrido el 
ejército de mi mando un duro golpe de adversidad en las Pampas 
de Santa Catalina, frente al cerro de San Francisco, en cuya cima 
guarnecida de artillería, se encontraba el enemigo. 

Con la tremenda noticia esparcida en el ejército por el joven 
Prada, uno de los ocho propios que dirijí de Pozo Almonte á S. E. el 
General Daza, desde que por nota de su Secretario General tuve 
aviso de encontrarse en Camarones, suplicándole precipitara su 
marcha, y por el referido propio se supo la contramarcha efectúa- 



3S6 RETIRADA DEL EJ¿RCIT0 PERUANO 

La 2^ y 3* división peruanas que durante el combate 
permanecieron firmes y tranquilas en sus puestos, probaron 
hasta donde llega el valor y sufrimiento del soldado peruano, 
cuando los jefes saben cumplir con su deber. Solo la caballería 
al mando del Coronel Rafael Ramírez estuvo muy lejos del 
camino del honor y del patriotismo ; antes de que cesaran los 
fuegoS; tomó el camino para Arica, desobedeciendo las 
repetidas órdenes del General Bustamante para regresar á 
reunir los dispersos, (Bibl. 130). Igual ejemplo siguieron varios 
Gefes de división. 

Eran las ocho de la noche^ hora en que se acordó en junta 
de oficiales (á la cual no concurrió el General en Jefe, que 
habia avanzado á Taparacá, á preparar recursos para el 
ejército) retirarse á Tiliviche, distante como ocho leguas, en 
donde podian librar un verdadero combate ó continuar la 
retirada hasta Arica; porque entre los muchos errores é 
imprevisiones de esta campaña, no se omitió ni el de no 
haber acordado el punto de reunión para un caso necesario. 



da á Arica por el Capitán General con las fuerzas de su mando, la 
desmoralización y violencia del ejército boliviano llegó á su colmo ; 
y en el momento de exploración» que yo ejecutaba en esa tarde, 
para reconocer las fuerzas y posiciones del enemigo, como los 
accidentes del terreno, y tener en la noche una junta de guerra 
con los comandantes generales y jefes de los cuerpos para acordar 
lo conveniente respecto á nuestros procedimientos; un sargento de 
guerrilla de los aliados (boliviano) que se encontraba á doce metros 
de mi, disparó su rifle, sin habérsele dado orden para ello, y sin 
que hubieran bastado los esfuerzos de todos, ni los toques de cor- 
nota para la cesación del fuego, que sin mandato, objeto, ni 
dirección se generalizó en los cuerpos dol aliado, desbandándose 
éstos, y retirándose del campo, dejando solas nuestras fuerzas. 
Deducidas las bajas sufridas en tan deplorable como criminal acon- 
tecimiento, el resto continua la marcha sobre esa, en donde daré 
cuenta de todo lo ocurrido, en el juicio á que espero ser sometido, 
y que desde luego pido, para probar en él que la desgracia sufrida 
el 19 ha sido consecuencia de la inesperada contramarcha de 
Camarones á Arica del Capitán General con las fuerzas que con 
tanta ancíedad habian si'io esperadas — Dios guarde á US. — Juan 
Buendia. 



RETIRADA DEL EJÉRCITO PERUANO 327 

En tales circunstancias y sin que la tropa restableciera sus 
fuerzas agotadas por el hambre, la sed, el cansancio y el 
insomnio, durante cuarenta y cebo horas consecutivas, se 
emprendió la marcha, confiados en guias inexpertos que 



Parte del Gefe E. M. — Estado Mayor General del ejército del 
Sur. — Tarapacá, Noviembre 23 de 1879.— Benemérito Señor General 
de división y en jefe del ejército. — B. S. G. — Mas que el parte 
de acción de armas que tuvo lugar en el cantón de Santa Catalina 
el dia 19 del presente, tengo que dar á U. S. cuenta de la situación 
de las fuerzas y de las diversas causas que la han creado, no obs- 
tante los esfuerzos de este E. M. G. para evitarla. 

Como lo que hoy acontece tiene en los primeros dias de la cam- 
paña y en la manera como se la ha dispuesto, una generación que 
debe buscarse para encontrar sentido á los sucesos últimos ; como 
este parte tiene que servir de base al juicio del ejército del Sur ante 
el pais y ante la historia, he creido de mi deber, y se ha de servir 
U. S. permitirme, abandonar hasta cierto punto la fórmula de esta 
clase de documentos, y dar á éste un carácter tan excepcional, como 
lo son los hechos que deben prestarle materia. 

La función de armas del 19 presentada aisladamente, seria algo 
de imposible esplicacion, que envolvería en una atmósfera de dudas 
y sospechas el crédito de la Nación y su ejército; pero ese mismo 
suceso colocado en su propio lugar, iluminado con el auxilio del 
cuadro entero de la situación á que ha servido de desgraciado pero 
natural é inevitable término, deja en su sitio, que venturosamente 
para el Perú, no es de los menos honrosos, el patriotismo, el valor 
y la honra de nuestros soldados, cruzados en su marcha de triunfo y 
extraviados en uno de los movimientos extratéjicos mas valientes y 
justos que puede ofrecer la memoria de las combinaciones militares. 

La toma de Pisagua, el 2 de Noviembre, cambió fundamental y 
violentamente la manera de ser del ejército que defendia Iquique; le 
trazó aritmética é i mprorogabl emente los dias, para perecer ^e 
hambre, para deber la subsistencia á la victoria ó para abrirse, al 
menos, paso en busca de una comunicación indispensable y por todas 
partes cerrada, con S. E. el Director de la guerra y el resto del pais, de 
que muy pronto iba á quedar aislado. Sin embargo de ser induda- 
blemente esa única la línea de conducta, ni U. S. ni el que suscribe, 
ni el ejército pensaron adoptarla en nombre de la necesidad ; muy al 
contrario, si se deliberó fué solo para buscar el camino á las filas 
contrarias ó el lugar mas conveniente para el sacrificio, que todos 
aceptaban con alegre resolución. Recuperar Pisagua en cuyo suelo 



328 RETIRADA DBL IB^ROiTO PERUANO 

perdieron í&cilmente el camino por la densa niebla que los 
envolvía, haciendo jirar al ejército seis veces en un mismo 
circulo, y atravesando otras tantas la linea férrea que va á 
Pisagua, muy inmediatos al enemigo. Asi pasaron seis horaS| 



se profanaba el de la patria, ó conservar Iquique ya por solo su títu- 
lo de cuartel general, éralo que debía decidirse : tanto US. como el 
que suscribe hicieron diferentes consultas á S. E. el Capitán Gene- 
ral de Bolivia y á su jefe de vanguardia, sin obtener contestación, 
sin ver llegar de esas filas, ni el aviso, ni la combinación, ni el plan 
que se esperaba. La marcha estaba mandada, y se emprendió sin 
recurso alguno, porque aun cuando el Gobierno tiene celebrado con 
los señores Puch Gómez y C*. un contrato de provisión de carne, en 
el cual se ha pasado sobre lo excesivo del precio en cambio de la 
seguridad del suministro, se ha visto del todo burlada esa previsión 
en el momento en que debió lograrse el fruto de ese sacrificio acep- 
tado solo á tal precio; y la provisión que fué regular mientras la 
residencia en los pueblos, la hizo innecesaria, se suspendió en los 
dias mismos en que debimos contar en esa seguridad que creiamos 
deber á la no pequeña retribución del fisco. Salió el ejército como 
A US. le consta, casi- desnudo, muy próximo á quedar descalzo, 
desabrigado y hambriento, á luchar. Antes que con el enemigo, con 
la intemperie y el cansancio durante la noche, para evitar en las 
Pampas el sol abrasador, y en una palabra con el equipo que al 
principio de la campaña era ya inaparente para emprenderla; porque 
ninguno de los pedidos que US. y este despacho han reiterado, fué 
satisfecho en los siete largos meses de estación en Iquique. 

Por fin, el 18, sin brigadas, sin elemento alguno de movilidad 
proporcionada al ejércitp, porque el Coronel Inspector de campo 
Don Manuel Masias se retiró, dejando como única huella de su 
actividad las cenizas de los almacenes de Agua Santa, emprendi- 
mos sobre el enemigo, después de probar en un lijero choque con 
la primera avanzada chilena que se nos presentó, la entusiasta 
decisión de los soldados. Al amanecer del dia 19 avistamos los 
parapetos de San Francisco, artillados y defendidos por lo mejor, 
sin duda, de las tropas contrarias, que habían hecho de ellos el 
centro de sus operaciones sobre las oficinas y la línea férrea. Con- 
sultando con US. las condiciones de nuestra fuerza, convinimos 
en estudiar la intención y posición de los enemigos, avanzando 
algunas divisiones y estableciendo la linea hasta dejar dentro de 
ella el agua, lo que conseguimos á poca costa, posicionándonos 
convenientemente y en situación de tomar con seguridad y calma 



RETIRADA DEL EJÉiiClTO PERUANO 339 

a) fin tuvieron que hacer alto hasta la madrugada, en la cual, 
encontrándose en el camino que conduce á Taparacá, se deci- 
dieron á seguirlo, abandonando el de Tiiiviche.. En la oscu- 
ridad de la noche y consiguiente confusión se perdieron las 



las medidas mas apropiadas, á medida que se desarrollaran los 
acontecimientos. — Este movimiento, ejecutado con una precisión 
y un orden admirables, puso de nuestra parte todas las ventajas, 
porque habíamos logrado elejir nuestro campamento, y la libertad de 
acción que permite adoptar y seguir un plan. 

En ese estado ordenó US. que se le enviara una división de infan- 
tería, un regimiento de caballería y seis piezas de artillería para 
unirlas á la división de Exploración y á la primera brigada de la 
primera división del ejército aliado, y que el que suscribe, con el 
cuerpo de ejército que quedaba á sus órdenes, atacara la posición 
por el naneo izquierdo, mientras lo verificaba US. por la derecha. 
Posteriormente, y á instancias mias se resolvió emplear lo que 
quedaba de la tarde en dar á la tropa el alimento debido y descanso 
necesarío para emprender un ataque con todas las probabilidades de 
éxito, y el que suscribe comunicó esta determinación á los jefes 
superiores, y habló á la tropa que estaba bajo sus inmediatas órde- 
nes, que lo recibió alborozada y entusiasta. 

La jornada habia concluido por ese día y me retiraba á dirijiry 
presenciar el reparto de las raciones, cuando los primeros tiros del 
cañón enemigo, y un vivísimo fuego de fusilería, me obligaron á. 
regresar á las posiciones avanzadas, en las cuales sin orden alguna, 
se habia comprometido un verdadero combate. Las columnas lije- 
ras de vanguardia, organizadas en días anteriores, escalaron el 
cerro fortificado, y no tardaron en seguirlas Jos cuerpos de la división 
Vanguardia, el batallón Ayacucho de la Exploración, y algunas 
otras fuerzas de la división primera. Ese ataque, visto solo como 
un esfuerzo del valor, como un fruto de la resolución mas decidida 
y heroica, honra el valor é ilustra las armas nacionales. Tres veces 
ganaron nuestros valientes la altura y desalojaron á los artilleros 
apoderándose de las piezas bajo el fuego do los Krupps, de las 
ametralladoras y de una infantería muy superior, defendida por 
zanjas y parapetos ; pero las fuerzas del ejército aliado en completa 
dispersión, sin orden, sin que nadie autorizara ese procedimiento, 
rompieron un fuego mortífero para nuestros soldados é inútil contra 
el enemigo. El campo se cubrió de esos soldados fuera de filas que 
disparaban desde largas distancias, avanzaban á capricho, ó esco- 
jian un lugar para continuar quemando sus municiones, sin dirección 



330 RETIRADA DEL EJÉRCITO PERUANO 

cargas del parque, los cañones y casi todos los demás ele- 
mentos que necesitaban acémilas ; pero la tropa continuó el 
camino. (Apéjidice 21.) 
La acción de armas de San Francisco (*) si fué desastrosa 



ni objeto; en cada sinuosidad del terreno, tras de cada montón de 
caliche y aun entre cada agujero abierto por el trabajo, habia un 
grupo que dirigía sus fuegos sin concierto, sin fruto, y produciendo 
un ruido que aturdia, y una confusión que no tardó en envolverlo 
todo. US. como yo, como todo el personal de nuestras inmediatas 
dependencias, tuvo que contraerse á contener ese desborde, y aun 
cuando yo intenté dirijir ala altura, el ataque en que estábamos em- 
peñados, ya sin plan con ejemplar denuedo, enseñaba al enemigo á 
respetar nuestra bandera, que se enseñoreaba de sus parapetos ; 
pero tuve que abandonar también ese empeño á ruego de los solda- 
dos heridos por la espalda mientras combatían denodadamente. 

Mientras tanto sordos á. .'la corneta, indóciles al ruego, á la ame- 
naza, á la exhortación y á todo, los soldados bolivianos, sin jefes, 
continuaban su obra con la precipitación y frenesí propios de quien 
no tiene otro objeto que hacer incontenible el desorden. 

La conducta de las divisiones bolivianas, que hicieron irreparable 
la primera imprudencia, que nos improvisaron un campo de batalla 
inesperado y mas digno de atención que el del enemigo, plan inicuo 
preparado desde la introducción en nuestras tropas de ciertos hom- 
bres que han necesitado infamar á su país para hacer surjir sus 
aspiraciones personales, en medio de la ofuscación que debe produ- 
cir en los espíritus, un desastre lejano, y cuyo colorido dependerá, de 
la intención con que se lo presenten sus mismos autores. Ambiciones 
que han llegado al paroxismo y que nada respetan, se dieron cita en 
el mismo campo de batalla, para exhibir ante su patria, como obra 
de la mala dirección del ilustre Presidente de la República aliada, 
lo que no ha sido sino su propia obra : el valor, el patriotismo mismo 
de esos soldados les han servido de elementos de seducción y, con- 
tando con ellos es que se ha preparado y consumado el descrédito 
de la propia patria y una infidencia sin nombre á la alianza que, 
con tan noble y abnegado celo representa y consolida con sus virtu- 
des cívicas el Capitán General de ese ejército, que hemos visto tan 
fuera de su centro é impulsado á la fuga en nombre de los intereses 
del país que tan alevosamente se han falsificado. 



(♦) Algunos escritores chilenos la llaman de Dolores ó de la 
Encañada, 



JUICIO SOBRE EL COMBATE DE SAN FRANCISCO 331 

para el Peni por sus efectos, no dio gloria alguna á Chile 
aunque si provecho. Una pequeñísima parte del ejército 
peruano se estrelló impávida contra un escarpado cerro, 
defendido por poderosa artillería, y por batallones descansa* 



Es triste consignar tan deplorable estravio; pero debe constar 
que no hemos emprendido una retirada ante las fuerzas chilenas, 
incapaces de abandonar sus parapetos y reducidas á la actitud mas 
estrictamente defensiva, sino que vimos surjir la desmoralización 
en nuestras fílas, y hemos sido victimas del golpe acertado por la 
perfidia contra dos naciones y contra un principio de trascenden- 
cia continental, á favor de la confianza de nuestros campamentos. 

Nuestra artilleria, que desde el principio se distinguió por su 
acierto, contuvo la tentativa de ataque de los chilenos en los últimos 
momentos. Cerró al fin la noche y el ejército Peruano, moral, 
unido y dispuesto con igual ardor á los combates, se encontró con el 
incalificable abandono de la división de la caballeria que se retiró 
en masa del campo de batalla, sin tener parte en la acción; sin que 
hasta ahora se conozca el lugar donde se ha dirigido, ni los motivos 
de esa fuga que mutiló un Ejército y favoreció la dispersión del 
otro, dando un funesto ejemplo á todas, y manchando el lustre de 
nuestras armas, que habian brillado imponentes sobre las fortifica- 



ciones enemigas. 



La postración propia de tan penosa jornada después de tres dias 
de sed, de vijilia, hambre, y mas que ella la perpectiva de la falta 
absoluta de recursos, porque hasta el agua exijiria encarnizados y 
estériles combates, nos obligaron á coordinar un cambio de posición, 
donde sin esos inconvenientes se preparara el verdadero combate, 
conforme al plan que cruzaron la desleal' ad y la impaciencia. Se 
acordó pues dirijir la marcha, á Tiliviche, satisfacer allí las nece- 
sidades de la tropa que todo aseguraba ; pero el guia general del 
ejercito José Cabero perdió su bestia, muerta en el combate, y aque- 
llos á quienes tuvimos que confiarnos y la densa niebla, nos extra- 
viaron haciéndonos jirar en un círculo vicioso que nos condujo seis 
veces al frente del campamento enemigo, sin ninguna hostilidad de 
parte de él ; 'teniendo por último que llegará esta capital, después de 
dos penosísimas marchas. Fué en la primera jomada donde tuvo lugar 
la pérdida de la artilleria y el Comandante General de esta arma la 
explica en estos términos: « Creyéndose abandonados los artilleros y 
expuestos á caer de un momento á otro en manos del enemigo, que 
podria llegar por la línea férrea, muy inmediatos de la cual estába- 
mos, resolvieron inutilizar el material clavando las piezas, destroS^an- 



J 



332 INCONCIENCIA DEL TRlüííFO 

dos y reforzados oportunamente por otros de refresco ; el 
resto conservó sus puestos en tan buen orden que el General 
chileno Escala, no tuvo ni sospechas de su triunfo, y por esto 
no se movió de su campo» Al dia siguiente (el 20,) como él 



do las ruedas y cajas de munición y retirando en fin las muías que 
pudieron quedar en pié después de dejar su carga : de todo esto solo 
tuve conocimiento horas después, en que reuniéndose á mi el Coman- 
danto de la brigada, Mayor Puente, me informó de lo ocunñdo ». 

En acápites anteriores decía el mismo Comandante General pre ve- 
yendo lo que sucedia mas tarde. « En este estado de indecisiones 
resolví volver á mi campo donde dispuse lo necesario para domir allí, 
y preveyendo algún asalto nocturno ordené al Mayor Comandante de 
la Brigada, hiciera alistar punzones y harponados para que en caso 
inevitable clavaran las piezas y continuara la defensa con los mos- 
quetones, parapetados en el carrizal mas inmediato á retaguardia ». 

La desaparacion total del Ejército Boliviano y la existencia del 
nuestro, sin mas que las perdidas del combate, honroroso testimonio 
de nuestro valor, y las muy pocas producidas por la fatiga, garantizan 
la moralidad y abnegación probada de nuestras tropas en el peligro. 

Los partes divisionarios que completan este, dará á U. S. mas deta- 
llado conocimiento délas operaciones de cada cuerpo, y las relaciones 
que les sirven de anexos perpetúan la conducta de los que faltaron á su 
deber, abandonando las filas y reclaman el castigo que merece esta 
traición, primero á la patria, después al Ejército de que forman 
parte. 

Sirvase U. S. dar á este oficio el jiro correspondiente : por mi parte 
solo debo agregar que con excepción de los anotados en la listas de 
faltos, los Señores Jefes y Oficiales de este E. M. G. del ejército, y 
la tropa del Perú han cumplido patrióticamente su deber, mereciendo 
especial mención el Jefe de la Sección de Estadistica Don Eulojio Se- 
guin, que sin pertenecer al ejército me ha servido de Ayudante, 
recorriendo la línea con notable valor, contribuyendo á los esfuerzos 
comunes para reorganizar la fuerza aliada que se desbordaba. U. S. 
ha podido apreciar por si mismo la conducta de las divisiones pero 
no puedo menos de hacer especial mención de la 2» y 3» del ejército, 
que nombradas de reserva mantuvieron ese puesto con ejemplar 
serenidad y disciplina verdaderamente militar en medio del fuego 
enemigo, sin ceder ni á la exaltación natural que produce el peligro 
y la efervencia del combate. 

Las relaciones de muertos y heridos son desde luego incompletas 
por el desorden de la ocasión y por las muchas causas á que puede 



INCONCIENCU DEL TRIUNFO 333 

mismo lo dice, « se preparaba á combatir la fuerza acamp^- 
€ da en el Porvenir, cuando recibió aviso de que el enemigo 
« se había dispersado durante la noche ; » y tres dias des- 
pués, en su parte oñcial mas extenso dice — « que su ejército 



atribuirse la desapa>»acion de algunos de los que aún no se incor- 
poran. 
Dios guarde á U. S,—BelÍ8ario Suareg. 



RviJLCioN DB HUERTOS Y HERIDOS. — BatcUlon « Lima » núm. 8 — Muer-^ 
tos — Sub-Teniente Don Mariano Araujo Pahna y ,46 individuos de 
tropa. — Heridos. — Sargento Mayor Graduado Don José V. Villarán, 
Teniente, Don Pedro J. Degaldo. — Soldados, Guillermo Reynoso, 
Rodolfo Gómez. — En la ambulancia, Teniente Don Eugenio 
Galindo. — Sargento 1«>, Valcntin Carteló. — Id. 2®, Ramón Morales 
Bermudez. — Soldados, Rafael de la Vega, Juan Ayulo y José M. 
Paredes. • 

Batallan núm. 6. — Muertos — Capitán Graduado, Don José Al faro. 
— Id. id. Don Manuel Prieto. — Sub-Teniente, Don Bernardo Godoy. 
— Heridos, Coronel Graduado, Don Rafael R. de Arellano. — Teni- 
ente Coronel Don Mariano Torre. — Sargento Mayor Graduada, Don 
José Flores. — Capitán Don Simón Medina. — Id. Graduado, Don 
Domingo Rivero. 



EL COMBATE DE SAN FRANCISCO. — Parte Oficial Chileno. — Santiago 
Noviembre, 22 de 1879. — Señor intendente : — El « Huanay » acaba 
de entrar. Salió de Pisagua poco después del «Angamos», trae el 
parte siguiente : 

Del General Escala al Señor Ministro Sotoraayor. — Señor Mi- 
nistro: Cuando nos preparábamos para combatir la que creíamos 
resto de la fuerza derrotada acampada en las casas del Porvenir 
recibí aviso del Señor Vergara diciéndome que el enemigo se habia 
dispersado durante la noche, y que solo se encontraba allí herido el 
General Villegas, Jefe de una división ; el Teniente Coronel Ramí- 
rez, los Sargentos Mayores Flores, y Cordovez, el Capitán Medina, 
el Teniente Galindo y el Sub-Teniente Rivera. 

En una ambulancia P^íruana fueron encontrados el Teniente Coro- 
nel Torres, el Capitán Riveros, el Teniente Meiidieta y 31 soldados. 

A todos se les ha capturado en carácter de prisioneros. Pienso 
remitirá su disposición á todos los prisioneros á Pisagua, y á loi 



334 INCONCIENCIA DEL TRIUNFO 

€ conservaba las mismas posisiones del dia anterior para 
€ rechazar un ataque que creía intentaba el enemigo. » Si 
temió ser atacado, es evidente que el General chileno no pensó 
que era vencedor ; el vencedor no teme ataque, ni conserva 
sus posiciones para defenderse ; el vencedor persigue al ven- 
cido, desde el instante que se cree tal vencedor. Sabiendo 
esto los periodistas de Chile dijeron : — « la batalla de la 
Encañada ó Dolores, no fué propiamente una batalla, pero 
sí la mas esplendida y barata de nuestras victorias; . . . 
fué una felicidad inesperada.» (Apéndice 21.) Asi cuatro 
dias después, la victoria se reveló por si sola, por el hallazco 
de los jefes heridos, la artilleria y el armamento. El Minis- 
tro de Guerra en campaña, y el Cuartel General Chileno 
ignoraban hasta el rumbo que habian tomado las huestes 
derrotadas en San Francisco ». ¿ Esto es honra para Chile ? — 
« No fué pues lo de San Francisco propiamente una batalla, 
pero tuvo la significación militar y el alcance político de un 
desenlace racional. Como hecho de armas fué, en la altura 
un cañoneo, y en la planicie una dispersión. » (Bibl. 104 II. 
páj. 943.) «Ese dia la caballeria chilena no dio un tajo, ni 
disparó un tiro, ni tomó un solo prisionero, quedándose 
gloriosamente agrupada y como escondida tras el cerro. » 
En cuanto á trofeos y presa casi no los hubo, como en 



heridos tan prcnto como su estado lo permita. Dígame si esto le pa^ 
rece conveniente. 

La derrota del enemigo ha sido completa y así lo reconoce el 
General Villegas. 

Se han encontrado en el campo treces piezas de artilleria, muchas 
municiones y armamento. 

En Santa Catalina se han tomado 32 carretones, 20 muías y acopio 
de víveres secos. 

He dicho á. Lira que mande á recibirse de ellos. 

El Estado Mayor se ocupa aún en su parte, y como le faltan datos, 
ni aun en globo puede darlo. Lo hará mañana, y después irá mi 
parte. —fi. Escala, —Dios guarde á U. S. — fi. Saíomayoi», — Jf. 1, 
Amunátegui. 



Causas de los desastres 335 

todos los hechos de armas de éstas campañas, sin prisioneros 

Los vencedores po se dieron por de pronto razón 

cabal ni aproximada de la magnitud de su triunfo* Era uni- 
versal en el campo chileno, la convicción de que la batalla 
verdadera se übraria al amanecer del dia 20 ». (Bibl. 104 pájs. 
940-944.) 

El número de muertos y heridos del ejército aliado, fué 
insignificante : las bajas que sufrió el ejército peruano, entre 
muertos, heridos, prisioneros y dispersos no pasó de 488; por 
parte de los chilenos, 6 oficiales y 55 soldados muertos, y 
heridos 12, entre jefes y oficiales, y 163 de tropa. 

El funesto desenlace de esta campaña no sorprendió á los 
que conocian el estado del ejército boliviano, pues no hubo 
error ni falta que no se cometiera por su Capitán General 
Daza, y por algunos de los jefes de si predilección, desdóla 
mas grave hasta los detalles. No hubo castigo en el ejército 
aliado para los que desde abierta la campaña, no cumplie- 
ron con su deber por ignorancia, cobardía ó descuido ; no se 
retempló la disciplina, separando del ejército los malos ele- 
mentos que corrompían la ciega obediencia debida al supe- 
rior ; el Director de la Guerra no se constituyó en el centro 
del ejército para que los jefes y soldados oyeran su voz, y 
no la del telégrafo ; y si el estado de su salud ó cualquiera 
otra causa personal le impedia tomar este partido necesario, 
debió dejar el puesto á otro que reuniera las condiciones físicas 
y morales que las circunstancias requerían. 

En el corto tiempo que medió desde el nefasto 8 de Octubre 
basta el 2 de Noviembre, el Perú sufrió rudísimos golpes en 
el mar y tierra, debidos casi exclisivamente á la mala direc-' 
cion de la guerra, pues los jefes de los buques, los de los 
cuerpos deljejército y los soldados acreditaron en toda 
ocasión valor hasta el heroísmo j sufrimiento y resignación 
asombrosa para resistir alegres y estoicamente, y aun pu- 
diera decirse con satisfacción la sed, el calor, el frió y la 
desnudez. Si Chile sufriera uno solo de estos reveces, de segu- 
ro que su pueblo se entregarla á los extravies del furon 
como lo experimentó con la insignificante pérdida del «Himac» 



336 RESIGNACIÓN DEL PERÚ 

y las excursiones del € Huáscar ; » pero el pueblo peruano se 
resignó con patriótico silencio y se contrajo á remediar 
sus pérdidas; el entusiasmo no desmayó un solo instante, 
aunque ya perdió la confianza en el Presidente, General 
Prado y en el Vice-Presidente La Puerta. 



CAPITULO XIII 



■íB retirada de Tarapaeá 



Sumario: « La Pilcoraayo » es apresad* por el blindado «Blanco» 
— Iquique es abandonado^ y los Chilenos lo ocupan — El ejér- 
cito salvado de San Francisco llega á Tarapacá ; se le reúne 
la tropa de Iquique y principia su retirada sobre Arica — La 
división Chilena ataca á la Peruana en Tarapacá— Descrip- 
ción del terreno que rodea á Tarapacá — Plan de ataque ; 
combate y derrota de la división Chilena — Furor en Chile al 
saber el descalabro de Tarapacá — El ejército Peruano conti- 
nua su retirada de Tarapacá á Arica — Detalles de esfa gloriosa 
y penosa retirada — Su llegada á Arica. 



Las desgracias siempre vienen acompañadas de otras, por 
la mismas causas que cuando cae un cuerpo sólido la falta de 
equilibrio que su caida produce en los cuerpos inmediatos, 
hace que éstos se vean arrastrados en pos del primero; el 
mundo moral sigue las mismas reglas que el mundo físico. El 
Director déla Guerra, avecindado en Arica, ordenó, el 17 de 
Noviembre, que la corbeta « Union », la cañonera « Pilco- 
mayo » y el trasporte « Chalaco », anclados entonces en 
Arica, se dirijiesen al Callao, uno en pos de otro, sin objeto 
determinado ; navegaban los tres buques en convoy hasta la 
altura de la punta de Goles, en donde avistaron un buque ene- 
migo que luego se reconoció ser el blindado «Blanco Enca- 
lada » que sin perder tiempo concretó su cnza á la « Pilco- 
mayo», desde las 12 del dia basta las 3 de la tarde, en 

T I. 22 



338 LA PILCOMAYO ES APRESADA 

que la tuvo al alcance de sus cañones: siendo imposible la 
huida ni la resistencia de la, cañonera, su Comandante Garlos 
Ferreiros, sin perjuicio de hacer fuego, aunque inútilmente, 
ordenó abrir las válvulas á la vez que prender fuego á la 
cámara y otras partes de la corbeta ; arrojó al mar los libros 
y demás papeles de la comunicación oficial; abocó sobre las 
escotillas de la cámara de oficiales los cañones de la sección de 
popa, disparándolos oblicuamente sobre los fondos. Guando 
las llamaradas sallan por la escotilla de la segunda cámara y 
las hornillas, arrió los botes para salvar su tripulación, lo que 
se hizo desde luego, manteniéndose á bordo el Comandante y 
su Oficialidad, y conservando en su puesto el pabellón Perua- 
no, á pesar del inminente riesgo de que el incendio, que crccia 
rápidamente, se comunicare de un momento á otro á la Santa 
Bárbara, ó al departamento de las bombas. A las 4 de la 
tarde, un bote del blindado abordó á la cañonera; tomó 
prisioneros á los tripulantes de los botes, y á la Oficialidad 
que aún permaneciaá bordo ; el Jefe Chileno arrió la bandera 
Peruana y colocó la Ghilena. (Bibl. 104 pág. 9j5.) (*) Los 



(•) LA TOMA DE LA « PILCOMAYO ». — Parte Oficial del Comandante 
Ferreyros. — Abordo del vapor «Loa», al ancla en Pisajua, No- 
viembre 22 de 1879. — Señor General Ministro en el Dv3spacho de 
Guerra y Marina. — Habiendo zarpado del puerto de Arica la corbeta 
u Union» ¿ las 10 p. m. del 17 del que cursa, me puse en movimiento 
con esta cañonera siguiendo sus aguas, perdiendo muy pronto de 
vista á la corbeta por la oscuridad de la noche, y navegar nosotros á 
media fuerza para dar tiempo á que el «Clialacj», que también 
debia zarpar, se reuniese al convoy, siguiendo asi con rumbo al N. 
70, O. hasta el amanecer, en que avistamos á este trasporte por nu- 
estra alela de estribor. 

A las 8 a. m. nos hallábamos á 25 millas al Noreste de Punta de 
Coles con rumbo á Moliendo, cuando el vijiaanjnció un humo por 
el Norte, el que una hora después reconocimos ser el de la «Union», 
avistáadosc en este mismo momenlo, por nuestra amura deescrüior, 
y hacia el lado de tierra, otro humo. 

A las 9. 5J a. m. la «Union», que habia puesto la proa hacia el 
Sure-ate, gobernando en nuestra demanda, hizo un tiro de cañón, 
izando señales que no fué posible distinguir por la distancia que nos 



LA PILCOMAYO BS APRESADA 339 

poderosos elementos del < Blanco Encalada ». y su numerosa 
tripulación se pusieron en gran actividad para salvar del 
incendio y de la inmersión á la cañonera^ que defendió el honor 
de su pabellón hasta el último trance. 



separaba. Comprendiendo que el vapor avistado hacia el Sur 
Sur-Oeste, era enemigo, hizo un disparo de alarma al «Chalaco», 
el que inmediatamente se dirijió hacia nosotros. 

A medida que se acercaba la «Union» pudimos distinguir sus 
señales que decian: « buque enemigo á la vista», y en seguida nue- 
vas señales anunciándonos que el buque enemigo era un blindado. 
Pocos momentos después lo vimos por nuestra popa en demanda 
del «Chalaco». 

Alas 10. 15 a.' m. la «Union» gobernaba h\cia fuera, cruzando 
nuevamente por nuestra popa & distancia de 500 yardas. El « Cha- 
laco» lo hacia al Sur, y nosotros teniamos la proa al Sur este un 
cuarto Sur, distando la costa veinte millas. El blindado que nos 
daba caza estaría de seis á siete millas de distancia. Navegamos 
asi ¿ toda fuerza de máquina, c m una velocidad máxima de diez 
millas, que era cuanto podíamos hacor, hasta las 12 M. en que 
psrdimos ala « Unio.i» por nuestra cuadra de estribor, quedando el 
«Chalaco» entonces^ por lia'ier variado su rumbo, muy pegado á la 
costa en dirección á Facocha. Üósde este momenio noié que la 
persecución del blindado era dedicada única y exclusivamente á la 
«Pilcomayo» á pesar de que el «Chalaco», cuya primera maniobra 
lo habia acercado al enemigo, ha }ía Ibgaio á estar mas inmediato 
á éste que á nosotros; notanJo adjinai, por medio de repetidas 
observaciones con el micró.netro, que el blindado nos ganaba en el 
andar á razón de mas de una milla por hora, siendo la distancia que 
nos separa ja en ese mjmento de cuatro ó cinco millas. 

En esta situación, en.re los dos re.cursos que meqjedaban, ó bien 
dirijirme á tierra, de la que distaba mas de ¿ó millas próximamente, 
con el ojjito de embarraiicar el buque, ó tomarla vuelta de afuera 
y aprovechando asi la brisa, que aunque tioja, se dejaba sentir^ tratar, 
si posible era, de ganar en velocidad al enemigo, opté por el segun- 
do, p^esá mas de ser grande la distancia que me separaba de la 
cos.a, abrigaba el fundado temor de que llevando al enemigo en la 
dirección en que el «Chalaco» ganaba la tierra, fueran dos los bu- 
ques que perdiera la Nación* Practicada esta maniobra en conse- 
cuencia, y orientadas las cuchillas, varió su rumbo el blindado, 
acercándose rápídameaieá nosotros, pero abjánioseddl « Chalaco m, 

A 1m 'éi p, m. ciimi 1a bri9a y teniendo la mardjada de prQa, 



340 IQÜIQUB ES ABANDONADO 

La guarnición que defendía la población de Iquique recibió 
orden de replegarse á la fuerza salvada de San Francisco, que 
se reconcentraba en Tarapacá, encargando la seguridad de los 



nuestro andar apenas se mantenia en las 10 millas á pesar de hacer 
todo esfuerzo en la máquina para aumentar su velocidad, no distando 
ya mucho el momento en que iba á encontrarse la cañonera á tiro de 
la poderosa bateria de su enemigo. Convencido pues, que la huida 
era imposible, reuní ¿ la ofícialidad en consejo y unánimemente 
manifestó ésta que el único recurso adoptable, atendido á lo crítico 
de nuestra posición, era el de inutilizar la nave sumerjiéndola é 
inutilizándola, batiéndose en retirada hasta conseguir practicar estas 
operaciones. 

A las 3 p. m. variando la distancia entre 3,500 y 4,000 yardas, 
rompimos los fuegos con el colisa de 40 de latoldilla, y ordené que 
un Ofícial se instalara en la sección de máquina y procediera á hacer 
abrir y destrozar las válvulas y grifos, mientras que otro lo hadacon 
los de la Santa Bárbara. Asimismo se hizo derramar en las cáma- 
ras y sollados todas las sustancias inflamables que poseiamos, y se 
les dio fuego. Los cañones de la sección de popa se abocaron sobre 
las escotillas de la cámara de ofíciales, disparándolos oblicuamente 
sobre los fondos, los que produjeron una perforación bajo la línea 
de agua y otra en la línea de flotación. Procedí en seguida á hacer 
botar libros de señales, correspondencia oficial y particular y demás 
documentos del buque. Se destruyeron las bombas y rompieron las 
lumbreras del costado. Mientras se verificaba todo esto, continuá- 
bamos haciendo fuego con el colisa de popa, logrando disparar en 
todo hasta 19 tiros con granadas, muchas de las que, tocando el 
costado del enemigo, hacían esplosion sin producir ningún efecto. 
Estos tiros fueron contestados con tres de á 250 y algunos de menor 

calibre, ocasionando los de 250 la rotura de la maniobra y pera del 
pico trinquete, y el corte de los amantillos de la botavara á una 

altura de diez pies sobre la toldilla. Los otros tiros cayeron á nu- 
estro costado, sin tocarnos. 

Conforme observé que el fuego de las cámaras se hallaba próximo 
á los pañoles en que estaban depositadas las bombas cargadas, 
saliendo las llamas «por la escotilla de la segunda cámara, parada la 
máquina á causa de que el agua que entraba en gran cantidad habia 
inundado las hornillas, y habiéndome manifestado los injenieros la 
imposibilidad de que pudieran los enemigos salvar el buque, ordené 
arriar las embarcaciones menores, y que se embarcara la dotación^ 
quedándome á bordo con la ofícialidad que no quiso abandonarlo. 



IQU1QU12 BS ABANDONADO 3il 

vecinos al cuerpo consular. Este puso en noticia del Jefe de la 
escuadra que la población estaba evacuada, y tomó posesión 
del pueblo, sin la menor resistencia (Noviembre 23). A pesar 



El « Blanco Encalada, » que reconocimos ser el blindado enemigo, 
por la insignia del Contra Almirante que enarbolaba en el palo de 
mesana, se hallaba á tiro de rifle por nuestro costado de babor, y 
observando que los pabellones no se arriaban, rompió el fuego con 
las ametralladoras y riñeras de sus cofas por espacio de diez 
minutos. 

La circunstancia de haber dejado ¿ mi salida de Arica la ametra- 
lladora y armas menores que hacian gran falta y que debian ser 
repuestas en el Callao, me imposibilitó para adoptar una resistencia 
que hubiera sido siempre estéril. 

A las 4.30 p. m. las embarcaciones del «Blanco» nos abordaban 
conservando nosotros nuestros pabellones al pico y topeSj que fue- 
ron arriados por los enemigos, los que inmediatamente se dirijieron 
á combatir el incendio é inundación obligando á. nuestros !• y 2« 
injenieros á que les enseñaran el lugar de las válvulas y las cerrasen 
provisionalmente. A esta hora las dos cámaras eran presa de las 
llamas y el agua alcanzaba á 10 pies en la sentina, estando la Santa 
Bárbara totalmente inundada. El fuego de proa, que no habia 
tomado tanto incremento, continuaba sin embargo. 

El Señor Teniente Goñi, que comandaba la gente que nos abordó, 
se acercó al puente donde me encontraba con toda la ofícialidad, 
y me notificó que iba á hacer regresar á toda nuestra gente á bordo, 
y que si no tratábamos de hacer apagar el incendio, nos iríamos á 
pique ó volaríamos todos, á lo que contesté que habíamos cumplido 
con nuestro deber y aceptábamos las consecuencias. 

A las 5p. m. próximamente fui trasladado al «Blanco» junto con 
la ofícialidad, habiendo sido ya trasbordada anteriormente, de las 
embarcaciones menores, toda nuestra tripulación. 

En el encuentro con el «Blanco» no hemos tenido felizmente nin- 
gún muerto, habiendo resultado heridos lijeramente el marinero Pedro 
Alvarez y el cabo !• de la guarnición Rufino Chuquihuanca con un 
balazo en la cara y otro en la muñeca derecha. 

Los esfuerzos hechos por la tripulación del «Blanco » para salvar á 
la «Pilcomayo» han sido grandes, trabajándose constantemente dia 
y noche, atracándola al costado del blindado para aplicarle las pode- 
rosas bombas á vapor de éste, habiendo estado á punto de ser aban- 
donada varias veces por la enorme cantidad de agua que hacia. 
Desgraciadamente el buen estado del tiempo y del mar favoreció 



342 EL gij:neral prado rs llamado 

de f^sto, )a soldidezca Chilena cometió desórdenes muy censu- 
rables de robo, y otros actos bestiales en plena calle. (*) 
Tan funestas noticias llegaron á Linn casi á la vez. El 
pueblo que presenció la apatía del Vice- Presidente de la 
República en los pocos meses de su administración, manifes- 
taba su descontento, y d^iseaba que volviera á su puesto el 
General Prado, considerándolo m'is apto para dirijir los asun- 
tos depura administración de la República, que sus ejércitos; 
le envió comisionados manifestándole la violenta situación 
de la Capital, y la necesidad de que al diminuto y olvidado 
ejército del Sur se le auxiliara con todos los elementos, que no 



estos esfuerzos, lográndose remolcarla navegando tan solo á razón de 
1 á 2 millas por hora, y aguantándose el blindado constantemente 
sobre su máquina, para evitar que se hundiera ésta en los pequeños 
balances que daba. 

El jueves 20 á las 10 a. m. fondeamos en este puerto de Pisagua y 
fuimos trasbordado^ inmediatamente, oficialidad y tripulación, ¿ 
bordo de este trasporte de guerra, donde p3rmanecemos hasta hoy. 

Antes de terminar, creo de mi deber hacer presente á V. S. que 
tanto los Gefes como Oficiales y maquinistas, han perdido completa- 
mente sus equipajes á consecuencia del incendio dalas cámaras. 

Cábeme la satisfacción de mencionar á Y. S. que la dotación de la 
cañonera, durante todo el conflicto, cumplió con su deber, conserván- 
dose hasta el último momento inalterables el orden y la disciplina. 

Dios guarde á V. S, — Carlos Fetreyros. 

(*) De el Corresponsal de la «Patria» de Valparaíso, Diciembre 
17 de 1879. — «En Iquique se encuentra el General Villagran, cuya 
espada virjen no ha tenido todavia ocasión de cortar ni un cabello á 
los Peruanos. El Jefe de la reserva, cuyas miras de suplantar al 
General Escala no se escapan á las personas suspicaces, sin haber 
prestado servicio alguno al país, hasta la fecha, se ha hecho en cam- 
bio acreedor á censuras amargas que, dicho sea de paso, hallamos 
bastante justificadas ». 

« El dia de la ocupación de Iquique se cometieron desórdenes muy 
censurables, que fueron mirados con la mayor indiferencia por el 
General. Su complacencia para con la tropa espera tener en pago la 
popularidad, que hablando en plata no se consigue por ese medio, 
sino por dobles ejemplos de valor, disciplina é intelijenie actividad». 

«Se dice que hasta una señora recibió un ultraje en plena ralle y el 
bocho que ló impune ». 



EL OBNBRAL PRADO REGRBSA Á LIMA 343 

escaseaban en Lima, y con tropas, que tampoco fhltab'>n; pues 
diariamente aumentaban las altas con gonte de los departa- 
mentos dol Norte y del centro déla Rppública. 

Abrumado el General Prado con tantos y tan repetidos 
desastres, debió conocer que en gran parte eran obra suya, 
por no haber puesto remedio, en oportuno tiempo, como se lo 
aconsejaban sus amigos y l;i prensa diaria; se persuadió al fin 
de que su permanencia en Arica no tenia objeto, mientras que 
en Lima podia ser mas útil pnra formar nuevos ejércitos, 
equiparlos y prepararlos; y aun cuando deseaba continuaren 
Arica, cedió á las exi jencias de sus amigos políticos, á pesar de 
haber resistido ya varias veces á otros comisionados enviados 
con tal objeto desde Lima. Antes de emprender su marcha 
confió el mando en Jefe del ejército Peruano al Contra-Almi- 
rante Montero, nombrándolo ademas Jefe Superior Político y 
Militar de los departamentos del Sur; convocó á los Coman- 
dantes Generales del ejército, les hizo saber las razones que 
lo obligaban á ir á Lima, aunque no lo hacia con su voluntad, 
sino por fuerza de la circunstancias ; les recomendó la recí- 
proca armonía, confiando á la vez en que todos y cada uno de 
ellos sabría cumplir con su deber. Momentos después se em- 
barcó (Noviembre 25), aunque recelando que en Lima se le 
recibiera mal, como sucede por lo regular á todo General que 
regresa sin la victoria. 

Sin embargo, el prudente pueblo de Lima lo recibió (Noviem- 
bre 28) con respeto y consideración, y aunque las calles por 
donde pasó á pió desde la estación del ferro -carril hasta 
la casa de su familia, estaban llena de gente, y lo acompañaba 
gran número de personas notables, reinó profundo silencio ; 
porque aun cuando se conocian sus errores en la dirección de 
la guerra, nadie dudaba de su ardiente patriotismo. 

Entre tanto, el resto del ejército salvado del desastre de 
San Francisco, que segim lo acordado entre sus Jefes debia 
dirijirse á Tiliviche, se vio en la necesidad de ir á Tarapacá, 
como ya lo indicamos, por haberse extraviado en el camino la 
noche del 19, y aunque abrumado por el hambre y la sed, 
pudo llegar, en pequeños grupos, á Tarapará el 22 á las 4 p. m. 



344 



BL EJÉRCITO PERUANO EN TARAPACA 



Allí se dio orden para que la 5* división de cívicos, al mando 
del" Coronel Rios, que estaba en I.^uique, abandonara la 
población, y se replegara á Tarapacá, á donde llegó el 26 á las 
4. p. m. Esta división que el 5 de Noviembre constaba de 
1.182 hombres, inclusive Jefes y Oficiales, cuando llegó á Tara- 
pacá solo tuvo 813 plazas, por bajas sufridas en ese inter- 
. medio. 

Los cuatro primeros dias se pasaron en reorganizar los 
batallones, y en darles descanso para emprender su retirada 
por las faldas de la Cordillera. Bien se comprenderá el 
desfavorable estado de aquella tropa desnuda, malamente 
armada, escasa de municiones, sin un escuadrón de caballería, 
ni cañones ; sin víveres ni bestias para la movilidad del peque- 
ño parque y demás elementos de guerra que pudieron salvar- 
se. El 26 rompió la marcha, en retirada, la división 
Vanguardia y la 1* división, con dirección al pueblecito de 
Pachiza, distante 3 leguas de Tarapacá. Estas operaciones 
se hacian tranquilamente, porque el ejército Chileno que no 
tenia conciencia de su triunfo del 19, casi no se movió de su 
campameíito. Su inacción inexplicable, acreditaba temor, 
neglijencia, ó cobardia. 

€ Después de la batalla de Dolores, (San Francisco) que fué 
una verdadera sorpresa del enemigo á nuestras fuerzas, el 
ejército Chileno se durmió sobre sus laureles, y permaneció en 
sus posiciones, sin emprender ningún movimiento, á fin de 
picar la retaguardia del enemigo, ó cortar su retirada hacia el 
Norte. Todos suponían que el grueso de los dispersos habría 
emprendido la marcha en dirección á Tanipacá, que era el 
punto mas cercano, y el que por su posición estratégica se 
prestaba mejor á una defensa, ó á la reorganización de los 
batallones Perú-Bolivianos. Aun hubo algunos que propu- 
sieron al General en Jefe la medida de mandar allí una fuerte 
división ; pero una ciega confianza en la impotencia del ene- 
migo, hacia mirar estos avisos como una alarma infundada, y 
en las altas regiones se respiraba una atmósfera de tranqui- 
lidad y de calma que demostraba la convicción de estar ya del 
todo terminada la campaña en la .provincia de Tarapacá», 



FUERZA. CHILENA SOBRE TARAP ACÁ 345 

€ La rendición de Iquique, que debía demostrar la falta de 
enennigos en la Noria y Pozo Almonte, estaciones del ferro- 
carril de ese puerto, habría podido también decidir á los direc- 
tores de la guerra á activar la marcha de una fuerte división á 
Tarapacá, único punto que quedaba libre, entonces, á la 
guarnición de Iquique para retirarse al Norte. Pero esta 
misma circunstancia fué la que decidió al General á no efec- 
tuar el envió de la división á Tarapacá, como había habido 
veleidades de hacerlo, y la rendición de Iquique acabó de 
comj)letar la confianza y la inactividad de nuestro ejército. (El 
Chileno). El Ministro de la guerra, el General en Jefe, y el 
General Baquedano se vinieron por mar á Iquique. al mismo . 
tiempo que el Jefe de Estado Mayor salía por tierra para el 
puerto á la cabeza de 300 soldados del regimiento Cazadores 
i Caballo, ocupando sin resistencia á Iquique y como era natu- 
ral suponerlo, las estaciones de Pozo Almonte y la Noria ». 
(Bibl. núm. 54 del Mercurio). 

Lo tropa Chilena que salió del campamento de Santa Catalina 
el 24, y descansó en Dibujo ese mismo día, al siguiente conti- 
nuó su marcha sobre Tarapacá, sufriendo las penalidades 
consiguientes á la naturaleza de esos caminos, á las que se 
agregaban el hambre y la sed, por la ignorancia y descuido de 
los Jefes que nada preveyeron, confiados en q'ie llegarían al 
punto de su destino á solazarse; pero la mañana del 26 en las 
cercanías de Tarapacá (tres leguas antes) tuvieron la noticia 
de que su deseado Edén estaba ocupado por tropas Peruanas, 
cuyo número suponían no pasaba de mil hombres. El iluso 
Vergara conoció el peligro, hizo alto, y pidió refuerzos; en el 
acto el General en Jefe del ejército Chileno envió una división 
de 2.500 hombres de las tres armas, que se puso en marcha á 
las 3 de la tarde, henchida de alegría, creyendo, como los 
que pidieron el refuerzo, que iban á gozar en Tarapacá del 
agua fresca, y de la vista de la campiña desconocidas entre 
Písagua é Iquique. A las 2 de la mañana estaban reunid¿is 
las fuerzas que creian entrar en Tarapacá, encorralar al que 
suponían desorganizado ejército Peruano, y ocuparse tan solo 
en tomar prisioneros ó asesinarlos á mansalva, como en Pisa- 



I 



846 DESCRIPCIÓN DE TaRAPACÁ 

gua; una hora después se pusieron en movimiento sobre 
Tarapacá, 

Este pueblo está situado en el fondo de una quebrada de 
300 á 400 metros de ancho, 'lominada por elevados cerros, 
cortados casi á pico, que dificultan su entrada, no siendo 
por el lecho de la misma quebrada, f|ue corre de N. E. á S. O. ; 
pero sus descensos siempre son difíciles, y pueden ser defen- 
didos ventajosamente por los que dominen las alturas; de tal 
suerte que con peq'ieñas fuérzase puede impedir fácilmente 
la salida del pueblo. Al N. E., al principio de la quebrada, 
está \\ aldea de Quillahuasa, á dos millas de Ta-^apacá, y por 
el lado opuesto y á la misma distancia, otra aldea llamada 
Huarasiña; 

El ataque debia verificarse por tres puntos á la vez, con cuyo 
objeto Arteaga dividió su ejército en tres divisiones ; la 1* 
compuesta del regimiento 2 de linea, dos piezas de artillería 
de montaña, déla artillería de marina y 25 hombres de caba- 
llería al mando del Coronel E. Ramírez, debia atacar por 
Huarasiña; la 2° divisi9n,bajo el mando inmediato del Coro- 
nel Arteaga, compuesta de la brigada de artillería, con dos 
piezas krupp, batallón Guardias Nacionales movilizado, y 
batallón < Cbacabuco », debia atacar por la altura que domina 
á la ciudad; la 3*" división, comandada por el Comandante Ri- 
cardo Santa Cruz, compuesta del batillon Zapadores, dos com- 
pañías del 2'' de línea, cuatro cañones krupp, en dos secciones 
dé á dos, y un escuadrón de Granaderos á caballo, se colocó en 
Quillaguasa, á ñn de cortar la retirada hacia Arica. (*) En 
este orden marcharon las tres divisiones Chilenas, con la inti- 
ma convicción de que su tarea quedaría reducida á recojer 
prisioneros, rendidos á discreción, pues ni aun tenían cómo 
fugar, porque los caminos estaban cerrados. A las 8 y medía 
de la mañana ocupaban sus respectivos puestos las divisiones 



(*) Es indudable que la fuerza que atacó era mucho mayor que 
la mencionada en el parte oficial, pues de las mismas diverjencias de 
la prensa Chilena, así como de los resultados del combate, se deduce 
que pasó de 3.000 hombres. 



GOMBATB DB TARAPACA 347 

Chilenas, én momentos en que el ejército Peruano se prepa- 
raba en sus cuarteles para continuir su retirada á Pachica ; 
y fué tal el descuido y confianza con que los directores de ese 
desgraciado ejército lo conducían, que el primer anuncio que 
tenían del enemigo era su misma presencia en las alturas que 
dominaban en derredor el Ootrecho cajón en que se hallaban 
encerrados, y minutos después^ un aviso oñcíoso y casual, 
dado por tres arrieros que habiendo salido por la mañana á 
sus queiíaceres por los cerros del oriente, corrieron á dar la 
noticia de que el enemigo ocupaba no solo las alturas, sino que 
tambie.i acometía por otros lados de la quebrada. 

La defensa se improvisó con toda rapí lez; la 2^ división al 
mando del Coronel Andrés A. Cáceres, se atrevió á escalar los 
casi inaccesibles cerros, y aunque en su ascenso perdió una 
parto de su tropa y de sus Jefes y OQciales, logró, medíante 
el heroico valor de todos, llegará la cumbre; allí se trabó una 
lucha casi cuerpo á cuerpo, cuyo resultado fué la huida del 
enemigo, dejando en poder de esta división Peruana 4 cañones 
y mucho armamento de sus mismos muertos y heridos. Los 
soldados vencedores arrojaban sus malos rifles (Chassepot) y 
se armaban y municionaban con los de sus enemigos, y conti- 
nuaron la pelea ayudados con esas armas. Desalojados de su 
primera posición, los pocos enemigos que pudieron escapar 
con vida, se reunieron con otra fuerza, apoyada por su caba- 
llería. La ya diezmada división de Cáceres fué reforzada con 
otros tres batallones, y con ellos continuó atacando al enemigo 
que se había retirado mas de una legua de sus primeros pues* 
tos y poco después emprendió la fuga dejando dos cañones 
mas, y multitud de muertos en el campo ; los disparos hechos 
con los últimos cañones tomados, acabaron de dispersar esa 
división Chilena; eran las 4, 30. de la tarde y en esos momentos 
se presentó la división Peruana Vanguardiíi, que acababa de 
Hogar de Pachica, y desplegada en batalla hizo una descarga 
de puro lujo sobre los últimos restos del enemigo que huía, á 
fin de aumentar su desconcierto, á falta de caballería para 
perseguirlos. A la vez que esto pasaba en las alturas, la 
divisoin Chilena que atacó por la izquierda (Huarasiña) fué 



348 



COMBATE DE TARAPAGÁ 



acometida por la 3* división que mandaba el valiente Coronel 
Bolognesi y la columna de artillería, que por falta de cañones 
hacia las veces de infantería, y después de un largo y reñido 
combate fué igualmente desalojada de las alturas, y obligada 
á guarecerse en el monte y en las casuchas que en él existen, 
de donde aun hizo una porfiada resistencia. Careciendo de 
artillería y caballería el ejército Peruano, le fué preciso pren- 
der fuego al monte y por consiguiente, á las casas en donde 
perecieron muchos de los refugiados, asficiados ó quemados ; 
y otros mas felices que sus compañeros, lograron salvarse con 
la fuga, arrojando sus armas, de las que también se apodera- 
ron los Peruanos, así como de la bandera de su batallón 2 de 
línea ; entonces los Peruanos, mejor armados, continuaron la 
persecución, hasta loofrar no tener al ateance de sus nuevos 
rifles á los fugitivos. (*) 



(*) Vicuña Mackenna iniiclias voces se deja arrastrar, en su Histo- 
ria de la Campaña dr Tacna y de Aria, de un espíritu esencialmente 
Chileno para adulterar la verdad ó fomentar las falsedades de otros 
compatriotas suyos. Pretende dar crédito á la acusación vulgar de 
que en la batalla de Tarapacá los prisioneros y heridos Chilenos 
fueron quemados, siendo un hecho evidente y confesado en los 
partes oficiales y por los corresponsales de «El Mercurio» y otros 
diarios de Chile, que no teniendo en esa batalla los Peruanos caballe- 
riani artilleria, para desalojará sus enemigos, que se defendían en 
el monte y en las casuchas, fueron incendiadas, y que á conse- 
cuencia de esto, los que se obstinaron en permanecer alli refugiados 
y haciendo fuego, perecieron entre las llamas ó asficiados, habiendo 
fugado los mas. Según el autor citado, el Oficial Pedro Urriola 
murió de un balazo en el pecho, un bayonetazo en el ojo izquierdo y 
dos en la cabeza (Bibl. 101, g II, pág. 1074) por consiguiente este Oficial 
no murió quemado, sino en buena lid; pero su furibundo padre, el 
Comandante Martiniano Urriola, que quería vengarla muerte de su 
hijo, marchó al día siguiente sobre Tarapacá al mando de una divi- 
sión, en persecución dol ojíM'cito Peruano, y habiendo encontrado solo 
165 heridos, entre estos 40 oficiales, cegado por una venganza brutal, 
penetró en el local de la ambulancia y allí satisfizo su salvaje instinto, 
ultrajando de palabra y obra á estos hombres enfermos ó agonizante, 
(id. id. pág. 1.071). El valiente Coronel Peruano José Miguel Rios que 
falleció dias después, el 12 de Diciembre, al presenciar tan indigna 



C0M3ATE DE TARAPACÁ 349 

Después de dos horas y media de combate, en el cual se 
peleó con encarnizamiento y desesperación, el resto del ejér- 
cito Chileno se retiró en dispersión hast i dos leguas, dejando 
en el campo de batalla mas de mil hombres entre muertos y 
heridos, y solo se le tomaron 56 prisioneros, para llevarlos 
como trofeos, tanto porque, como ya lo hemos dicho, el ejér- 
cito vencedor carecía de caballería, cuanto porque en la 
retirada que debia emprender forzosamente sobre Arica, no 
habría sido prudente conducir gran número de ellos, ya fuese 
por las eventualidades militares que podrían sobrevenir, ya 
también por la segura escasez, cuando no falta completa, de 
víveres. (*). (Véase Apéndice núm. 22). 



acción, aunque herido inortalinente, afeó lacobardeconducLadeürriola. 

El mentís mas solemne á las falsas imputaciones de crueldad que 
atribuyen á los Peruanos en la acción de Tarapacá, lo dái el mismo 
Vicuña Makenna copiando la carta de uno de los prisioneros Chile- 
nos, el cabo Plata Barros, que presenciaba el hambre y la sed que 
sufrían desde el soldado hasta el General, y que aun en estas cir- 
cusiancias se revelaba el corazón siempre noble y compasivo, hasta 
la abnegación, del pecho Puruano; he aquí como se expresaba el 
aludido prisionero. « Llegamos á Mocha, á las seis de la tarde, se 
nos llevó á una casa estrecha. A las ocho se presentó el General 
Buendia, quien nos prometió darnos algún alivio, diciéndonos que 
él estaba en la misma situación que nosotros, y que en el mismo 
estado se encontraban sus tropas ; agregó que tuviésemos paciencia, 
que luego comeríamos algo. No habia trascurrido en efecto un 
cuarto de hora, cuando volvió el Señor General Buendia trayéndo- 
nos un cuarto de cordero y una cabeza de chancho, y ordenó á la 
guardia que nos llevase leña y un fondo para que condimentásemos 
nuestro alimento, orden á la que se dio cumplimiento en el acto. A 
las diez p. m. tuvimos el placer de comer carne, alimento que no 
probábamos desde el dia que salimos de Santa Catalina» (Bibl. 101,111, 
pág. 40); y refiriéndose á otro prisionero consigna su relato del que 
igualmente puede tomarse el siguiente trozo; dice así: — «Permaneci- 
mos en Codpa hasta el 14, y allí el General Buendia nos dio por su 
propia mano un pan por cabeza, pan que recibimos con el mayor 
placer como que no lo probábamos desde nuestra salidad de Pisa- 
gua» . . . También se nos dio carne en mucha mayor cantidad que 
las otras ocasiones (como una libra). 

(*) EL COMBATE DEL 27 DE NOVIEMBRE. — Parte del General en Jefe, 



> 



350 FUROR Y PENA EN CHILE POR LA DERROTA 

La noticia del contraste sufrido por la división chilena el 
27, produjo en Chile estupor é indignación universal contra 
los Generales que empeñaron el combate sin haber tomado, 
como pudieron, todas Ihs medidas para asegurar la victoria. 



— Al Señor Secretario General de S. E. el Señor General Supremo 
Director de la Guerra. — Tengo el honor de incluir á V. S. para 
conocimiento de S. E. el Señor General Supremo Director de la 
Guerra, el parte que me ha sido dirijido por el Señor Coronel Jefe de 
E. M. G., acompañándome los que le han elevado los S3ñores 
Comandantes Generales de división, con motivo del combate que ha 
tenido lugar el dia de ayer en las alturas de Tarapacá. 

Los partes mencionados informarán á S. E. de todos los detalles y 
condiciones del combate, sostenido de nuestra parte solo con infante- 
ría, contra un enemigo superior en número y elementos, puesto que 
nos combatían con fuerzas de las ti*cs armas. 

En diez horas de rudo y encarnizado comba'e, todos aquellos 
poderosos elementos facron destrozados por la intrepidez y denuedo 
de nuestros soldados ; la infantería y la ca'jallerí j. huyó en disper- 
sión; la artillería quedó en nuestro poder, como tambiun un estan- 
darte, algunas banderas y numerosos prisioneros entre los que se 
encuentran Jefes, Otíciales, tropa y vivanderas. 

Fué la primera en ocupar las alturas así qae se apercibió el enemi- 
go, la '¿^ división al mando del intr«3pido Coronal Coinaadante Gene- 
ral Don Andrés A. Cáceres: fué recioido con un fue^o njtrido de 
artillería, pero el arrojo de nuestros Jefes y Oficialas llevó á nuestros 
soldados hasta el pié de los enemigos que fueron tomados por una 
carga vigorosa ¿ la bayoneta; como consccuancia de tan ardoroso 
heroísmo deploramos en ésta división entre otras pérdidas la del 
Señor Coronel Don Manuel Saarez, primar Jefe del batallón Dos de 
Mayo, y Teniente Coronel Don Juan B. Zubia^a segundo Jefe del 
baialion Zepita. 

La división exploradora mandada por el Sañor Coronal Bedoya, 
Jefe de E. M. y G. General accidental de ella, tuvo también una 
parte eficacísima en el é.'uto alcanzado; el batallón provisional Lima 
nüm. 3, al mando del Temante Coronel Don Ramón Zavala y una frac- 
ción del batallón V de Ayacucho, dirijido por el Teniente Coronel 
Somocarcio, acompañaron noolemante á la 2* división en sus deno- 
dados es.uerzoi. 

Sentimos en e^ta división la pérdida del Sargento mayor Escobar 
pertenecióme al I* da Ayacucho, (}ue pjració en el coinoa^ej roswl- 



PÜROR Y PENA EN CHiLB POR LA. DERROTA 351 

Docian : « El ejército vencedor en Pisagua y en la Encañada 
(San Francisco) acaba de sufrir un golpe que trae tristes 
nuestros corazones. La decidia, la impericia, la ambición, 
la falta de inteligencia, nos han arrancado muchas vidas, y 



taado también herido el Teniente Coronel Flucker, 2« Jefe del Pro- 
vicional de Lima núm. 3. 

La tercera división al mando del Señor Coronel Comandante Gene- 
ral Don Francisco Bolognesi, tiene también gran parte en la victoria; 
9u Jefe que hasta el momento del Combate se encontraba enfermo y 
postrado en cama, olvidó sus padecimientos y marchó á la cabeza de 
su división acompañado del Jefe de E. M. Teniente Coronel Don 
Bruno Abril ; el comportamienio de esta división fué notable y el 
batallón Arequipa llegó hasta las fílas de los enemigos para arrancar 
como trofeo el estandarte del batallón 2 de línea. 

La división compuesta de la Guardia Nacional babia llegado la 
víspera del combate de Iquique á Tarapacá, mandada por el Señor 
Coronel Comandante General Don Miguel Rios y su Jefe de E. M. 
Coronel Don Baltazar Velarde; la componen el batallón Iquique 
núm. 1, mandado por el Coronel Ugarle, la columna de Navales por 
el Teniente Coronel Melendoz, la columna Loa por el Coronel Gonzá- 
lez Flor, la columna Tarapacá por el Coronel Aduvire y la gendar- 
meriá de Iquique mandada por sus respectivos Jefes. Esta división 
sin reparar las fatigas de su penosa marcha, subió á baurse con el 
mismo arrojó y decisión que el ejóreito de linea, como lo demuestran 
las numerosas bajas de Jetes, Oiiciales y tropa. 

Resultó herido su Comandante General el Señor Coronel Rios, que 
se mantuvo sin embargo en su puesto hasta recibir la 5» herida; el 
Señor Coronel ligarte, con una herida en la cabeza se negó á reti- 
rarse del campo y continuó aleiitan.lo á sus sol Jados; el Teniente 
Coronel Melendez que recibió en el costado derecho una herida de 
suma gravedad; y el Sargento Mayor Perla de la columna Tarapacá, 
que pei^ció en el combare. 

Las divisiones Vanguardia y !■ se en?ontraban á distancia de 4 
leguas en el punto deneniinaJo Pachica;'pero al comienzo del com- 
bate lea mandé orden de marchar al teatro de la acción y llegaron 
muy oportunamente; la 1* al mando accidental del Coronel Don 
Alejandro Herrera y la Vanguardia dirijida por su Comandante Ge- 
neral el Señor Coronel Dávila; aquella compuesta del Batallón 5<» de 
linea, al mando de su Jefe el Coronel Fajardo y el batallón núm. 7 al 
de su 2^ Jefj Coronel Bastama itd, tom6 la izquierda de la linaa de 
batalla para destruir al enemigo que seeacoau^aba en la quebrada; 



352 FUROR Y PENA EN CHILE POR LA DERROTA 

nuestras queridas y legitimas esperanzas. > {Patria de Val- 
paraíso.) < La victoria mas barata y mas honrosa que se 
propusieron alcanzar se perdió, porque esos Jefes ignoraban 
por completo las nociones de la táctica militar y hasta las 



la Vanguardia compuesta del Batallón núm. 6, mandado por el Te- 
niente Coronel Chamorro y el núm. 8 por el Teniente Coronel Morales 
Bermudez, tomó la derecha cayendo sobre el enemigo con tanla pre- 
cisión y con movimientos tan acertados, que consumó la victoria. 

La artilleria á las órdenes de su comandante General Coronel Don 
Emilio Castanon desprovista de su arma, se batió heróicament-e como 
infanteria, hasta el momento en que las propias piezas enemigas le 
sirvieron para hacer sus disparos sóbrela caballeria. 

La decisión de los artilleros puede medirse por el número de bajas 
que acreditan los partes, de los que resultan que entre diez y seis 
Jefes v Oficiales, resultaron nueve heridos. 

El batallón 5 de línea mandado por el Coronel Fajardo, en su 
movimiento sobre la izquierda, tomó la quebrada, destruyendo cuatro 
atrincheramientos, llegando hasta Huarasifia, y trayendo 20 prisio- 
neros y 18 heridos enemigos. 

Difícil me seria describir los rasgos de abnegación y de heroismo 
á cuyo favor se ha obtenido la victoria mas completa y gloriosa sobre 
el enemigo: pero debo sí recordar el valor, celo y previsión del Señor 
Coronel Jefe de E. M. G. Don Belisario Suarez, como asimismo la 
conducta de los Señores Jefes y Oficiales del E. M. y muy especial- 
mente la del Teniente Coronel Don Manuel M. Seguin, que alterna- 
tivamente acompañaba al Señor Coronel Suarez y al que suscribe. 

El Teniente Coronel Recabarren, Jefe do E. M. G. de la segunda 
división, fué herido en mi presencia, resistiéndose á abandonar el 
campo, y multiplicando sus esfuerzos para continuar en él los emi- 
nentes servicios que ha prestado durante la campaña. 

El Coronel Don Juan González que habia quedado en «Pozo Al- 
monte» á causa de la misma enfermedad que le impidió dirijir su 
rej ¡miento el dia 19, llegó convaleciente á Tarapacá, la víspera del 
combate; iniciado éste, hizo el esfuerzo de montar á caballo y se 
dirijió sobre el enemigo, donde recibió una herida doblemente grave 
por el estado desfalleciente de su salud. 

Durante la acción comisioné á mi ayudante. Sargento Mayor Don 
Emilio Coronado para trasladarse á «Pachica)> y hacer regresar las 
divisiones Vanguardia y 1" que hablan marchado á dicho punto el 
dia anterior: posteriormente el Señor Coronel Jefe de E. M. G, 
ignorando esta disposición envió á mi oti«o Ayudante Capitán Don 



FUROR Y PENA EN CHILE POR LA DERROTA 353 

del sentido común ; juzgaron que cazar peruanos era cazar 
Zorzales ó Diucas. El General Buendia nos ha obligado con 
sus batallones á retirarnos casi en desorden, dejando aban- 
donados é inútiles siete cañones, (fueron ocho.) (Correspon- 



Lorenzo Malarin con el mismo oSjeto, llenando ambos cumplidamente 
su comisión. 

En el momento de la batalla, encontrando sin Jefe la mitad de un 
batallón de Guardia Nacionales, coloqué á su frente á mi primer 
Ayudante Teniente Coronel Don Roque Saenz Peña quien lo condujo 
¿ la pelea con la mas valerosa decisión. 

Me quedaron, pues, como Ayudantes, los Tenientes Don Lorenzo 
Velasquez y Don Luis Darcoutt, quienes impaticron cumplidamente 
las órdenes que les trasmití; acompañándome también el valiente 
escritor Don Benito Neto, quien me prestó muy útiles servicios. 

Tales son los movimientos y las maniobras militares ejecutadas por 
el ejército de mi mando sobre el terreno que se describe en el parte 
del E. M. G. como también los rasgos culminantes de muchos Jefes, 
Oficiales y tropa que he querido hacer constar, siquiera sc^a concisa- 
mente, porque seria inacabable el detalle de todos los rasgos de 
hcroismo. 

Al principio del combate éramos escasamente 3,000 hombres de 
infanteria batiéndonos contra una fuerza de 5,000 dotada de las tres 
armas y provista de lodos los elementos de guerra, porque no sola- 
mente éramos inferiores en el numero y nos faltaba caballería y 
artillería, sino que nuestros mismos infantes se encontraron sin 
municiones en un momento dado, teniendo que recojer los rifles y 
cápsulas de los muertos, heridos y dispersos enemigos. 

En estas condiciones hemos alcanzado la victoria, poniendo al 
enemigo en vergonzosa fuga; pudiendo asegurarse que si hubiéra- 
mos contado con fuerzas de caballería, no hubiera escapado ese 
ejército disperso, y fatigado por un día entero de pelea. 

Sírvase U. S. hacer presente á S. E. los sentimiento- de satisfac- 
ción y regocijo con que este ejército ha saludado la victoria. Nues- 
tras armas vencedoras han comenzado la reparación que nos debe 
(¡¡hile por sus injustas agresiones; el triunfo acompafia á la justicia 
y el honor militar á nuestro ejército.— Dios guardo & U, S. — Juan 
Buendia, 



PARTB OFICIAL.— Estado Mayor General del Ejército del Sur— Ta- 
rapacá, Noviembre 27 de 1879. — Benemérito Señor General de 
División y en Jefo del Ejópcito;— Séame permitid > aites de describir 
T. I. 23 



354 FUROR Y PENA EN CHILE POR LA DERROTA 

sal de «La Patria.^) «Hemos sufrido un revóz, como 
califica el Comandante Velasquez el combate del 27, y este 
revéz pone de manifiesto nuestra falta absoluta de previsión 
y la mala organización de casi todos los ramos del servicio 



la batalla que con tanta honra nuestra ha cambiado la situación, 
hacer notar á U. S. que la sola ascensión hasta el nivel de los balu- 
artes contrarios es por sí misma un triunfo, 'porque la ciudad que nos 
servia de cuartel general está por todas partes dominada y solo á 
fuerza de un espíritu superior á. nuestra fatiga y á merced del atur- 
dimiento del enemigo que nos supone desconcertados y nos encontró 
poseídos del mas ferviente entusiasmo, ha podido realizarse esa 
subida á la luz del dia, y al través de dificultades que daban toda la 
ventaja á los enemigos que contaban por suyo el campamento. 

Teníamos que escalar un escarpado cerro; para conseguirlo nece- 
sitábamos entregarnos indefensos á tiro de los contrarios, y esto se 
hizo con la serenidad de los valientes. 

Llegados á la altura, la 2» división emprendió uno de esos ataques 
que todo lo arrollan y que tienen en su impetuosidad y arrojo la me- 
jor garantía del éxito. 

«Zcpita» tomó cuatro de los cañones enemigos, con sus municio- 
nes, mientras, digno émulo de su decisión y de su gloria, llevaba en 
trofeo el regimiento «Dos de Mayo» los dos que se encontraban á su 
frente. Estaba cumplida en los primeros momentos del combate 
una de las mas notables proezas de la infantería, y fué entonces 
cuando brilló el valor y cuando se revelaron en todo su mérito la 
perseverancia y talentos militares del Comandante General de la 2* 
división Señor Coronel Don Andrés Avelino Cácores, que tuvo el 
acierto, tan raro en el arte, de saber utilizar la victoria sin dejarse 
arrastrar ciegamente por ella; sin preocuparse solo del triunfo de 
nuestras armas, el Coronel Cáceres moderó el ardor de sus soldados, 
organizó el mismo entusiasmo, y no pedia sino fuerzas que recordaran 
su plan admirablemente combinado y que redujo á la impotencia á 
los contrarios. 

En esta jornada admirable sucumbió heroicamente el Señor Coro- 
nel primer Jefe del regimiento «Dos de Mayo» Don Manuel Suaraify 
se diezmó la Oficialidad de los cuerpos que llevaron á cabo ese es- 
fuerzo, que aseguró la victoria á simples columnas de infantes, contra 
un verdadero ejército cuidadosamente dispuesto y pertrechado con 
lodos los recursos de las tres armas. Este cuadro de la acción es el 
mas sublime de ella, ese triunfo que hizo fáciles los posteriores, que 
casi obligó al heroísmo al rv3áto de nuestras tropas: mjrocj tenerse 



^v 



FUROR Y PENA EN CHíLB POR LA DERROTA 355 

del ejército. Este fracaso confesado con franqueza debe 
servir de campanada de alarma á nuestros directores, y asi 
es inútil ocultar al pais que el enemigo se lleva como trofeo 
de victoria la bandera del heroico Regimiento 2 de línea, 



en cuenta, porque llevados por mí concurrieron al lugar donde se 
decidía así la suerte de dos Naciones, el batallón « Iquique núm. 1,» 
cuyo valiente Jefe el Señor Coronel Ugarte fué herido á bala en la 
cabeza y continuó no obstante alentando á su tropa con el ejemplo 
confirmado por su sangre, y la columna Naval que debia poner pocos 
momentos mas tarde el sello de heroísmo sobre la sangre de su 
primer Jefe el Comandante Melendez y el sacrificio de gran parte de 
su distinguida Oficialidad. 

La 3» división del ejército sino se hizo como la anterior, centro de 
las operaciones, porque no se lo permitió su puesto en la línea, escri- 
bió su nombre en la historia de esta jornada, de tal suerte, que están 
en su poder un estandarte enemigo, el del «2 de línea» tomado por el 
guardia de Arequipa Mariano Santos. Muchos de los prisioneros 
probaron el denuedo de la lucha y la generosidad después de la 
victoria. El Señor Comandante General Coronel Don Francisco 
Bolognesi estuvo á la altura de esos soldados que caracterizan á aque- 
llos cuya presencia en la filas enemigas hacían rendir banderas, y el 
batallón «Guardias de Arequipa» por sus certeras punterías, por su 
orden y serenidad. 

La 5* división constaba de cuerpos de la guardia nacional del 
departamento de la columna «Loa» compuesta de ciudadanos boli- 
vianos; había llegado la víspera al campamento después de una peno- 
sísima jornada, y su valiente Comandante General el Sr. Coronel 
D. José M. Ríos que abandonó Iquique solo por obediencia, sonrió 
al peligro y se precipitó en él con un júbilo, del que participaron sus 
fuerzas materiales después de la quinta herida, pero dejando su 
espíritu en todos sus subordinados. £s admirable el modo Iquique 
privado de su jefe y sus oficiales como Loa que parece haber en- 
carnado la lealtad y el valor tradicional de Bolivia como la fatal 
herida Bn su gefe y sus oficiales superiores dispersaron la caballería 
'enemiga trocando en fuga su insultante confianza y arrancando de 
las manos los sables prontos á caer sobre nuestras columnas sin 
protección. 

Los cuadros que esos cuerpos forman recuerdan la época de la 
lucha antigua; y el enemigo privado de su artilleria por «Zepita» y 
«Dos de Mayo» lo fué de su caballería por lo.ri nacional<$s de Iquique y 
)os representantos del honor Boliviano^ 




356 FUROR Y PENA EN CHILE POR LA DERROTA 

varios cañones y 54 prisioneros. Es inútil bautizar con el 
nombre de victoria un hecho de armas en que después de ser 
rechazados de nuestras primeras posiciones, emprendimos la 
retirada á Dibujo sin sospechar que el enemigo abandonaria 



La artillería sin cañones, peleó con sus armas menores hasta hacer 
excepcional en sus filas y en su Oficialidad la fortuna de salir ileso, 
y se dio tiempo para ofender al enemigo con sus propios cañones, 
dirijidos por el Sargento Mayor Graduado Carrera. 

La división de Exploración acudió á todos los lugares del peligro, 
desalojó á los enemigos parapetados en lugares casi inaccesibles y 
confirmó la brillante reputación de su Comandante General interino el 
Señor Coronel Bedoya. 

Cuando en toda la linea se rechazaba á la fuerza Chilena á pesar de 
sus posiciones y de su tenacidad, en 9 horas de combate, se presenta- 
r*on en el alto por el camino de «Pachica» donde se encontraban de 
estación, las divisiones «Vanguardia» y 1» del ejército. Su sola 
presencia completó la dispersión de los contrarios no sin que antes 
tuviera la segunda ocasión de tomar á vivo fuego en la lucha indes- 
criptibles otras de las posiciones elevosas de la fuerza Chilena y de 
distinguírsela primera por la activada y ejemplar serenidad con que 
su Comandante General el Señor Coronel Dávila la condujo armas á 
discreción sufriendo impasible el fuego del enemigo hasta dominar- 
lo, con solo su resuelta y táctica actitud. El Coronel Don Juan 
González primer Jefe del regimiento «Guias» que desdedía anterio- 
res se encontraba gravemente enfermo, se presentó en Tarapacá la 
víspera del combate y haciendo en él honor á su justa reputación, 
cayó en la fila enemiga tan gravemente herido que es casi imposible 
conservar su existencia. 
¡ El Teniente Coronel Don Isaac Recabarren; el defensor de Pisa- 
gua que habia vueLo á ocupar su puesto de Jefe de Estado Mayor de 
la 2« división, después de multiplicarse en todas partes, de llevar 
personalmente los cuerpos de esa división á los puestos preferentes 
de la lucha, fué herido en la mano sin que nada pudiera obligarle 
' á dejar el campo de batalla, en el cual, al lado de U. S. al mío y 
en todos los que le señalaban el honor y el riesgo, fué hasta el fin 
modelo de soldados y patriotas. 

Interminable seria este oficio si mencionara uno á uno los nom- 
bres de todos los que se han distinguido en esta batalla, que ofreció 
á nuestro deseo la errada presunción de los invasores; las listas de 
muertos y heridos tienen mayor elocuencia que cuanto pudiera darle 
el parte mas minucioso; ellas revelan que el puesto del peligro fué 



FUROR T PENA EN CHILE POR LX DERROTA 357 

el pueblo, continuando tranquilamente su ya iniciado movi- 
miento de retirada al Norte; é inútil, por último, cerrarlos 
ojos á la evidencia para negar la terrible desorganización 
y mala dirección de nuestras tropas, al considerar que hasta 
la fecha, disponiendo de un ejército brillante y numeroso, 
no se ha cortado al enemigo la retirad-^ por el Norte. » — 
(Corresponsal del ^Mercurio.)^ — Vicuña Mackenna dice (Bibl. 
104, II, páj. 1080). « Eran las doce del dia y la batalla de Tapa- 
racá, iluminada por un sol de fuego, estaba perdida. Zapadores, 
Chacabuco, y Artillería de Marina, habian sido rechazados 
en toda la línea, y ocho cañones quedaban en poder del 
enemigo. Con uno de éstos y con nuestros propios proyecti- 
les se hizo fuego á nuestras tropas .... La derrota de las 
dos primeras divisiones era por tanto completa en la altura 



el úniro disputado por los Jefos. Orgullo y dolor inspira ese cuadro 
de heroismo que U. S. y el Perú apreciarán debidamente. 

El enemigo ocupaba al principiar la acción un campamento de casi 
una legua entre el Alto de la cuesta de Arica y el de Visagras y al 
concluir liabia retrocedido basta el cerro de Minta, dos leguas mas 
allá do sus atrincberamientos. 

Los Cbilenos han combatido siempre á favor de sus parapetos 
construidos espresamente, é improvisados entre las casas y tras de 
los matorrales que presenta el bosque. 

Cuatro cañones Krupp, cuatro Obuses, un estandarte y varias ban- 
deras, 56 prisioneros fuera del sin número que hemos abandonado á 
los auxilios de las ambulancias, entre ellos una de las can tifiaras, 
dan testimonio de esta victoria superior á las esperanzas que racio-j 
nalmente podia ofrecer una sola arma puesta á prueba por las tres 
perfectamente organizadas. 

Nuestras tropas han bocho en este dia uso de la munición y de las 
armas tomadas al enemigo sobre su propio campo, y ha habido 
momento en que trabada la lucha cuerpo á cuerpo señaló la victoria 
la superioridad personal de nuestros soldados. 

Remito á U. S. las relaciones de nuestros heridos y prisioneros; 
le felicito por la ejemplar conducta de que lia sido testigo y admi- 
rador el ejército, y le ruego ponga este oficio y sus anexos en cono- 
cimiento de S. E. el Señor General Director Supremo de la Guerra 
para satisfacción del país y honra de sus armas. 

Dios guarde á U. S. — B. S. G. — Belisario Suarcz, 



m 



358 EXTRAVIO DE IDEAS EN CHILE 

llamada la Ouesta de Visajera. » Y en la pajina 1 134 agre- 
ga : « A las doííG del dia la derrota era completa en la altura 
y (Bn el bajo para los chilenos. Los pocos sobrevivientes de 
las compañías de Ramirez, Vivar y otros .... retrocedían 
. . . Apenas los pocos dispersos se reconcentraban en la 
salida de la quebrada, pan continuir de allí su retirada, 
cuando fueron alcanzados por las divisiones peruanas que 
llegaban de Pachica, y entonces, el pánico se apoderó de todos 
y la ladera de Huarasiña cubrióse de fugitivos. » (páj. 1870.) 
€ La derrota, la verdadera derrota, comenzaba asi para las 
armas de Chile, desde el ídndo de la quebrada. » (páj. 1172.) 
«Cabe á los peruanos la honra de una valerosa iniciativa, de 
la constancia para mantenerse, y de mucho ingenio para tejer 
de improviso la red de su defensa, que el que los geíes chi- 
lenos gastaron en agredirlos y en romperlos ; hicieron aque- 
llos, con oportunidad, todo lo que necesitaron para vencer, 
desde la primera arremetida de la división Cáceres, hasta el 
llamamiento y manera de entrar al fuego de sus reservas 
que los chilenos nunca tuvieron.» (páj. 1181.) 

El pueblo de Chile encontró no solo el consuelo sino la 
alegría del vencedor, al sxber que Taparacá fué abandonado 
por el vencedor que les había arrebatado por las ventajéis mo- 
mentáneas el país que habian venido á quitar al Perú por 
la razón 6 la fuerza. » (páj. 1 185. ) «Al ejército y armada 
de Chile se había confiado la conquista y la ocupación 
completa de Tara paca, y llenó por extenso su misión. » (1 180.) 
¡ Cuánto cinismo en tan pocas pilabras 1 

Sin embargo de ser un hecho no solo tanjible sino compro- 
bado por los partes oficiales del General Escala y los jefes 
que asistieron al combite del 27 y por la mismi prensa y 
Corresponsales de Chile, en los primeros días de recibida la 
noticia de su derrota; al saber que el ejército peruano conti- 
nua su retirada á Tacna, cantaron su contraste como una 
espléndida victoria, debida al heroico valor del soldado chile- 
no, como si el hecho de haber abandonado una plaza ocupada 
de tránsito por un ejército que se retira, fuese parte á juzgar 
del éxito de una acción empeñada con el enemigo que trata 



BL EJERCITO PERUANO CONTINUA SU RETIRADA 359. 

de destruirlo ; y como si en el caso actual no hubiesen me^ 
diado, según lo acabamos de ver, las circunstancias notorias, 
no solo de no haberse apoderado de Tarapacá á viva fuerza 
el ejército chileno, sino de no haber sido batido y rechazado 
hasta su inmediato punto de partida, de donde continuó en 
seguida su contramarcha hasta Dibujo, base de sus ope- 
raciones. 

En cuanto al ejército peruano, sabido es el estado y condi- 
ciones en que habia quedado después del desbarajuste de 
San Francisco, y con los 852 hombres perdidos en Tarapacá 
entre mjiertos, heridos y dispersos, necesidad tuvo de retirarse 
á Tacna. En su marcha, se interpuso una división chilena, 
la destrozó y continuó su camino, sin ocuparse en perseguir 
á los derrotados, que á pocas millas contaban con el apoyo 
de diez mil soldados descansados. Esperar en Tarapacá 
habria equivaUdo á perderse por completo, sin la mas leja- 
na esperanza de triunfo. Convencido dé esta necesidad el 
General Buendia y los principales gefes de la división, acor- 
daron dejar la ciudad de Tarapacá, y continuar la retirada 
interrumpida momentáneamente por el combate del 27. Por 
falta de acémilas quedaron enterrados los ocho cañones 
tomados al enemigo; algunos soldados pudieron hacerse del 
calzado y vestido do sus enemigos muertos, como lo habian 
hecho con su armamento. En la mañana del 28 continuó 
su retirada el ejército vencedor^ sin mas recursos que los 
que proporcionara la providencia, una vez que se agotaran 
los pocos sacos de harina y otros comestibles que aun les 
quedaba. 

El soldado llevaba la misma ropa que recibió ocho meses 
antes. La distancia entre Tarapacá y Tacna, por el camino 
mas corto, que es el de la costa, es de 62 leguas ; pero este no 
podia seguirse por estar ocupado por el enemigo; habia 
necesidad absoluta de alejarse de la costa todo lo posible, 
para evitar un encuentro que con toda seguridad habria sido 
fatal para el ejército peruano, pues no contaba con mas mu- 
niciones que diez tiros por plaza, sin tomar en consideración 
el cansancio y el hambre, enemigo mas terrible que las balas. 



960 LA RETIRADA SOBRB ARICA 

Se elijió pues el camino, ó mejor dicho, los senderos que lo 
condujeran á Tacna por las faldas de la Cordillera. La pri- 
mera jornada á Pachica fué fácil y cómoda ; pero las siguien- 
tes presentaron mas dificultades y sufrimientos; las pequeñas 
aldeas y pascanas del tránsito se encontraban desiertas, y sin 
el menor auxilio; sus habitantes las habian abandonado 
desde que supieron el contraste de San Francisco ; los boli- 
vianos que en su fuga de San Francisco tocaron en esos 
lugares, aniquilaron cuanto existia ; no agotaron el agua que 
se encuentra en algunos de esos parajes, porque no estuvo en 
su poder el hacerlo. Li\s distancias que por necesidad te- 
nían que vencer para llegar á un lugar de descanso, eran á 
veces de ocho ó mas leguas, sin agua ni sombra ; en el dia los 
ahogaba un calor abrasador, y en la noche los helaba el 
intenso frió de la Cordillera, y sin embargo había que vencer 
la jornada, pues pasar la noche en la intemperie habría sido 
para perecer helados. La carne de los fatigados caballos 
ó borricos se consideraba un manjar esquisiío. En Jaiña, á 
25 leguas de Tarapacá, recibieron los primeros y únicos 
auxilios que el General Prado envió de Arica antes de reti- 
rarse á Lima. El charqui, galleta y arroz fueron para jefes, 
oficiales y tropa como esquisitas viandas en un dia de gran 
convite. A pesar de tantos y tan largos sufrimientos, se 
conservó la disciplina del ejército, las marchas se verificaron 
con orden, sin mostrar desesperación, ni pensar mas que en 
llegar á reunirse con sus compañeros de armas en Tacna y 
Arica. (Apéndice núm. 1.) 

Después de veinte días de fatigas sin número, llegó por fin 
á Arica (Diciembre 18) el ejército vencedor en Tarapacá y 
vencedor de un desierto de 95 leguasque acababa de atrave- 
sar, probando mas valor y resignación que los que se nece- 
sitan en los combates ; de los 3,488 soldados que salieron de 
Tarapacá, tan solo se perdieron en la retirada 72, elocuente 
prueba de la disciplina de ese ejército. El Contra- Al mirante 
Montero hizo alarde de desprecio y altanería al recibir esos 
gloriosos restos salvados del ejército del Sur. Los prófu- 
gos y los extraviados del combate de San Francisco, que 



LA RETIRADA SOBRE ARICA 361 

descansaban tranquilos desde el 26 de Noviembre, aunque sin 
honra, en Arica, pervirtieron la opinión, respecto al triunfo 
de Tarapacá ; lo demás fué obra de la envidia ó de la enaula- 
cion; pero los 3,416 soldados que se presentaron en Arica 
después del combate de Taparacá y de la larga y penosa 
travesía que acababan de recorrer, acreditaban de un modo 
elocuente que á pesar de los andrajos con que cubrian sus 
carnes y de las dolorosas privaciones que habian pisado, 
hablan también sabido cumplir su deber corao soldados y como 
buenos hijos de su patria ; y que el desierto aun sin agua y sin 
recursos, es transitable para ejércitos dispuestos á sacrificarse 
por su pais. Esta célebre retirada que aun no ha sido bien 
apreciada ni bastante elogiada, lastimó el amor propio de Chile, 
porque esas tropas que mañana volverían á pelear en defensa 
del Perú, debi¿in únicamente su salvación á la indolencia de 
los chilenos para perseguirlas desde el desastre de Dolores, 
del cual salieron c¿isi intactas. 

El General en Jefe del ejército chileno comprobó su inepti- 
tud permitiendo que el exhausto ejército peruano se retirara 
por su flanco, cuando en el largo trayecto de 95 leguas, pudo 
cortarlo y destrozarlo en mas de una vez, y en particular, en 
su tránsito por Camina. (Bibl. 104.111. páj. 54.) 



CAPITULO XIV 



Efectos de los úemantre» del Mar en la política 

interior del Perú j Bollvla 



sumario: El General Prado sale de Arica para Lima, dejando el 
mando del ejército á Montero — Su recepción en Lima — He- 
roica resignación del Perú en sus contrastes — Se recela de la 
lealtad de Bolivia — Piérola no admite el Ministerio; pro- 
pone la dictadura — Prado conserva el Ministerio del Vice- 
presidente La Puerta — El General Prado se embarca en. el 
Callao y se dirijo á Europa — Sorpresa é indignación del 
pueblo — El descrédito del Gobierno del General La Puerta; 
precipita los sucesos — El Coronel Arguedas desobedece — 
Proclama á Piérola como Jefe Supremo — Este segunda la 
rebelión y se apodera del mando — Estado del Perú — Piérola 
destruye la organización civil y mili lar del Perú, y siembra 
el desorden y la confusión — El ejéi'cito de Bolivia en Tacna 
desconoce la autoridad del General Daza — En Bolivia, se le 
destituye de la Presidencia de la Repúl)lica y se le reemplaza 
con el General Campero — El Coronel Boliviano Silva se su- 
bleva con su división — La guarnición Chilena de Atacama 
es batida — Paralización de los movimientos del ejército Chi- 
leno — En Moqueguá y Arequipa se dan los primeros gritos 
de rebelión en favor de Piérola — Los Chilenos envian fuerza 
sobre Moqueguá, y lo ocupan. 



Los contrastes de Pisagua y San Francisco, ni la consi- 
guiente ocupación del Departamento de Tarapacá por el 



RECELOS BEL PERÚ 363 

enemigo, abatieron el áninio del Perú; lejos de eso; á la 
firme resolución que habia tomado desde el principio de la 
guerra de sostener su causa con las armas hasta que mate- 
rialmente fuera imposible manejarlas, vino á agregarse la mas 
firme convicción de su poder material sobre el enemigo; 
porque si en la batalla ó simulacro de San Francisco el resul- 
tado habia favorecido al enemigo, no por eso podia éste 
propiamente titularse vencedor; aquello no habia sido mas 
que un descomunal desbarajuste, ocasionado por la precipi- 
tación ó atolondramiento de algunos, y á no dudarlo por la 
falta del ejército boliviano; y además, la circunstancia de 
que el ejército, que habia disminuido muy poco podia en 
breve reorganizarse y prevenirse mejor para luchar por sí 
solo. 

En cuanto á la cooperación de Bolivia, lejos de ser útil, 
inspiraba en esos momentos desconfianzas; 'porque en el seno 
mismo de su ejército se pensaba mas en sus discordias intes- 
tinas que en prestar un eficaz apoyo al aliado, para expulsar 
al invasor. Algunos hombres de Estado de aquella República 
manifestaban desembozadamente su opinión en favor de una 
alianza con Chile, b:ijo la b¿ise de cederle la costa boliviana 
á trueque de la que aquella les ayudara á arrebatarle al Perú. 
El corifeo de esta inmoral doctrina, el Doctor Aniceto Arce, 
contaba con el apoyo de su cínico protejido, Luis S ilinas 
Vega y con otros pocos adeptos. La incalificable contramar- 
cha de Daza desde Camarones se consideraba como efecto 
de esas opiniones ; y afirmaba mas esta presunción el hecho 
de no enviar Bolivia ningún nuevo auxilio, ni hacer el menor 
esfuerzo por mejorarlas condiciones de su ejército acanto- 
nado en Tacna. La misteriosa división de Campero era 
otro motivo para no confiar mas en Bolivia; pero si los 
hombres que regian los destinos del Perú abrigaban recelos, 
cuidaron de no manifestarlos de modo qne pudieran lastimar 
el honor de Bolivia, ni de debilitar los vínculos de la alianza, 
mucho mas cuando una parte, no pequefn y muy distinguida 
de esa República, se manifestaba sinceramente fiel al pacto 
de la alianza. 

I 



364 EL GKNíR.VL PRADO 

Robustecer pues el ejército de Arica ; crear otros de reser- 
va en Lima y en Arequipa ó Puno, dándoles todos los ele- 
mentos y organización necesarios para asegurar el triunfo, 
prescindiendo de las responsabilidades á que dieran lugar 
los desastres sufridos, - era lo que habia que hacer urjente- 
raente en el Perú. La opinión á este respecto estaba 
uniforme, y la gran masa de la población sensata y sincera- 
mente patriota, no pensó m«s que en rodear y prestar su 
decidido apoyo al jefe de la nación. General Prado, para dar 
cima á este salvador propósito. Pero dos circunstancias 
fatales concurrían á impedir la rapidez y eficacia que habrían 
sido precisas á la acción del Gobierno, para llegar á este fin ; 
tales eran la falta de entereza en el General Prado, y la anti- 
patriótica ambición de Piérola. 

El General Prado, ya lo hemos dicho,' muy capaz sin duda 
de arrostrar con Serenidad el mayor sacrificio personal en 
aras de la patria, no estaba dotado, sin embargo, de aquella 
lucidez de inteligencia ni de aquella intrepidez y firmeza tan 
necesarias en el hombre de Estado para dominar cualquier 
situación dificil en un momento dado j y aferrado á su espíritu 
de conciliación, esperaba mas bien que los acontecimientos 
se desarrollaran y resolviesen por sí mismos antes que asumir 
una actitud decisiva para imprimirles un rumbo determinado, 
siempre que con ello hubiera de chocar con algunas ideas 
ó intereses políticos; ó lo que era peor, seguia su perniciosí- 
nio sistema de los términos medios, mas inaparente que 
nunca, cuando se atraviesan situaciones comprometidas como 
la en que se encontraba el Perú. A esta natural blandura 
venia á juntarse el profundo abatimiento en que habia caído 
su ánimo por consecuencia de los desastres sufridos en el 
Sur, y la desconfianza de sí mismo que se habia apoderado de 
su espíritu, ante el fantasn^a revolucionario encarnado en 
Don Nicolás de Piérola, quien, si bien se habia prestado á 
hacer el papel de sumiso ciudadano para recibir al Supremo 
Director de la Guerra á su llegada á Lima, era evidente que 
sus íntimos propósitos, aguzados con la coyuntura que le 
prestaban los últimos acontecimientos, distaban mucho de 

# 



DON NICOLÁS DE PIÉROLA 36o 

corresponder al homenaje que aparentaba rendir al legítimo 
mandatario. 

Persuadido el General Prado de esta verdad, y creyendo 
conjurar la tormenta que amenazaba, llamando á este caudillo 
á lomar parte en el Gobierno, le ofreció una de las carteras, 
y la Presidencia del Consejo de Ministros, después de mil 
vacilaciones para organizar su ministerio; pero, ¿ cuál fué la 
contestación de Piérola;? increible pareceri-i por su mons- 
truosidad, en cualquier pais en que las revuoltas políticas, 
y las mas necias pretensiones de caudiliejos, sin otro mérito 
que su impavidez, no se hubiesen erijido en sistema, y aun en 
doctrina política como en el Perú; é increible además, si no 
hubieran mediado como interlocutores, en esta tristemente 
memorable conferencia. Prado y l*iéroly, ó en otros términos, 
la humildad y paciencia de un lado, y la arrogancia y auda- 
cia de otro. Contmdo pues, sin duda, mas que con cualquier 
otro apoyo, con el carácter y manera de ver del General 
Prado, Piérola no tuvo reparo en manifestarle abiertamente 
su opinión en pro de una dictadura, como único recurso de 
salvación j y no contento con haber expresado su pensamiento 
de una manera privada, lo hizo saber al pueblo en una carta 
que publicó en su periódico « La Patria » y que ésta se encar- 
gó de analizar y sostener frente á frente de un Gobierno 
constitucional. (La Fatria^ Diciembre 4 y 5.) A pesar de tan 
audaz franqueza, y de que ya en otra ocasión habia desechado, 
por escrito, en términos altaneros el Ministro de Hacienda 
(en Octubre 20) porque no se accedía á la condición que 
cxijió entonces, de organizar á su antojo todo el personal del 
Ministerio, encargándose él de la Presidencia del Consejo y 
de la cartera de Guerra y Marina ; y de que se conocían per- 
fectamente sus trabajos y sus planes revolucionarios, á pesar 
de todo esto decimos, no solo no se tomó providencia alguna 
para reprimir tales avances, como era del caso, sino que se le 
dejó, tranquila y libremente, á la cabeza del batallón de 
Guardias Nacionales organizado por él y perfectamente 
armado, como si de propósito se hubiera querido alentarlo y 
facilitarle los medios que necesit iba para Hogar á su fin. 



366 EL GEKERAL PRADO SE AUSENTA DEL PERÚ 

En tales circustancias el General Prado no encontró otro 
recurso, para salir del apuro, que dejar las cosas como estaban, 
conservando el personal del antipático Ministerio del Vice- 
presidente La Puerta, con lo cual no hacia masque renovar el 
descontento y las desconfianzas que habían hecho necesario 
su regreso á Lima. Sin embargo, contribuyeron mucho á 
contrabalancear esta mala impresiQn, 1 1 organización de una 
Junta patriótica (Diciembre 9) encargada de indicar al Go- 
bierno los seotimientos y la oponion sensata del pueblo de 
Lima en los negocios de la guerra, y el envió de auxilios 
(Diciembre 17) para el ejíjrcito de Arica en la corbeta 
« Union », que burlando la vigilancia de los buques enemigos, 
desembarcó en Moliendo (Diciembre 20) para que de alli fue- 
ran llevados por tierra á Arica 1,500 rifles, un millón y medio 
de tiros, lona pira vestuario, zapatos, herrajes y otros elemen- 
tos de guerra. Pero un nuevo é inesperado acontecimiento 
debía cambiar por completo la faz de la política inter- 
na; y con ella la suerte del abandonado ejército de Arica, 
único baluarte que habría podido impedir que el Perú 
cayera en las sangrientas garras de su hambriento y rapiz 
enemigo. 

Así las cosas, y cuando esta solicitud por el ejército del Sur, 
y cierta actividad en el Gobierno, comenzaban á hacer renacer 
la confianza, y avivar el entusiasmo, vino á sorprender á 
todos la noticia de la ida del General Prado á Europa (Diciem- 
bre 18). Tan absurdo é inverosímil parecía el hecho, que por 
de pronto nadie quiso dar crédito á lo que racionalmente solo 
podía tomarse por un embuste de muy mal tono en quien lo 
había inventado; pero como á medida que trascurrían las 
horas, lejos de desmentirse los primeros rumores, iban gene- 
ralizándose y tomando consistencia con los comentarios y 
detalles que se agregaban, la inquietud fué creciendo, y de la 
inquietud se pasó á la alarma y á la indignación cuando los 
periódicos publicaron la noticia dándola como cierta é incre- 
pando en términos muy duros semejante conducta. El pueblo 
se reunió en la plaza de ^rmas, y dio gritos de abajo el traidor ; 
viva Piérola; y gracias á la sagacid d y tranquilo valor cou 



EFECTOS DEL VIAGB DEL GENERAL PRADO 387 

que procedió el Ministro de la Guerra La Gotera, pudo 
calmarse la excitación del pueblo sin derramarse una sola gota 
de sangre. 

En la proclama que el General Prado dejó al pueblo y al 
ejército, y en el decreto por el cual trasmitía el poder al Vice- 
presidente General La Puerta, decia el General Prado que 
— « Asuntos muy importantes y urjentes demandaban su pre- 
sencia en el extr.mjero, y que era su deber y su deseo hacer 
cuanto pudiera en favor del pais ». En carta circular á sus 
amigos, dirijida de Guayaquil (üiciembre 22) explicaba las 
razones que lo hablan obligado á s ilir del país, exponiéndose á 
comentarios desfavorables ; decia qué « por competencias y 
rivalidades de los varios comisionados del Gobierno en Europa, 
no se habia podido conseguir buques de guerra, y que como 
este elemento era el mas urjente en la actualidad, creía nece- 
saria su presencia allá para allanar las dificultades que hasta 
el presente hablan impedido su adquisición ; que habia salido 
ocultamente para evitar, tanto que el enemigo, que zurcíiba 
las aguas del Norte, lo supiera, cuanto las discuciones que 
habrían podido contrariar su marcha ». No puede dudarse 
del patriótico finqúese propuso el General Prado; pero el 
modo y tiempo en que lo verificó han echado sobre su nombre 
un denso velo que difícilmente se lo quitará; así se pierden, 
por errores, muchos grandes hombres, y arrastran en su des- 
gracia á los pueblos que gobiernan. 

La inesperada ausencia del Presidente de la República ; la 
ninguna confianza que el pueblo tenia en la capacidad física y 
moral del Vice-Presidente, y el desafecto al personal del 
Gabinete, sirvieron de poderosos elementos á Don Nicolás de 
Piérola para dar el golpe que tenia preparado desde tantos 
años atrás. 

El Gobierno del Vice-Presidente La Puerta habia llegado á 
su completo despresügio. En los últímos meses, desde Ojtubre, 
el ejército del Sur no habia sido atendido sino con pequeños 
auxilios, que en nada aumentaban su fuerza, ni mejoraban su 
armamento. Los numerosos pedidos de rifles y municiono^, y 
la aglomeración de fondos de Europa para la compra de blin- 



»^C8 ÜFtCTOS DKL VIAGE Dí:L GKNERAL PRADO 

dados, se hicieron tan en secreto, que el pueblo, ignorándolo 
en lo absoluto, no tomaba esto en cuenta para sus juicios sobre 
la administración. Es cierto r|ue durante esta administración 
logró formarse un respetable ejército de mas de 17,000 hom- 
bres, la mayor parte de los cuales estaban armados con rifles 
traidos de Europa en los cuatro primeros meses de declarada 
la guerra; pero en Lima no se necesitaba tanto ejército, 
mientras que en el Sur, teatro de la guerra, era urjentemente 
necesario un refuerzo, cuando menos, de ocho mil hombres, 
para asegurar la YÍctori?i, y no se hizo así, porque parece que 
solo se pensaba en defender Lima, como si de la suerte del 
ojército del Sur no dependiera rigorosamente la de Lima y la 
del Perú todo. 

Ademas, á la vez que de esta manera labraba su desprestigio 
ose Gobierno, inourria en otros graves errores que precipita- 
ban su no inesperada eaida. Entre estos no fué el menor el de 
lu'iber d¿ido colocación en el ejército que se organizaba en 
Lima á muchos Jefes de antecedentes poco honrosos y muy 
adictos á la persona de Piérola. 

Uno de éstos, el Coronel Don Pablo Arguedas, que desde 
veinte anos estaba separado del ejército por haber disuelto 
la Convención, mr.ndaba uno de los batallones, y de acuerdo 
con Piérola desobedeció las órdenes del Ministro de Guerra 
(Diciembre 21;) y cuando se le quiso contener, se levantó 
con su batallón, proclamando como Jefe Supremo' á Don 
Nicolás de Piérola; éste secundó, naturalmenle, el movimiento 
con el suyo, y de este modo el Peni ofrecia el triste espectác ilo 
de la mas escandalosa de sus revueltas, estando al frente de 
un enemigo extranjero que ya dominaba una parta de su 
territorio. 

Habría bastado la presencia de las fuerzas fieles al Gobier- 
no para someter á los dos b itallones sublevados, á no mediar 
las gravísimas circunstancias por que atravesaba el país; 
así es que cuando después de un ataque desacertado al 
batallón de Arguedas, parapetado en su cuartel, y de x)tro 
igualmente ímprobo, que el de Piérola emprendió contra la 
íuerza que guarnecía el palacio, se quiso perseguir 4 éstos, 



PIÉROLA. SE Dj3SCLARA DICTADOR 369 

que se habian retirado al Callao, los jefes de los demás 
batallones se negaron á batirlo, alegando que no era dable 
derraaiar entre peruanos la sangre que debia emplearse 
contra el enemigo exterior. Igual consideración pesaba en 
el ánimo de los qiie guarnecian la plaza del Callao ; el pueblo' 
sensato aconsejaba también evitar una lucha en la cual, 
triunfante ó nó la Constitución, habría de ser á costa de 
centenares de víctimas, que en todo caso importaban sacri- 
ficios dolorosos , y una ventaja positiva para el enemigo ; 
y no hay duda que en este modo de ver influia mucho la 
poca ó ninguna confianza que inspiraba el personal que 
representaba la legalidad ; todo se sacrificó ante la defensa 
de la patria. En menos de 24 horas, Don Nicolás de Piérola 
fué reconocido como Jefe Supremo de la República. (Diciem- 
bre 24.) Unos cuantos individuos, en su mayor parte 
gente desconocida, formularon una acta de adhesión á los 
votos del ejército. Asi subió al poder Supremo Don Nicolás 
de Piérola, revistiéndose la túnica de la dictadura empapada 
en sangre peruana, en presencia de una guerra nacional, y 
cuando ya el enemigo ocupaba el departamento de Ta- 
rapacá. 

El Perú dio una prueba de patriotismo resignándose á 
aceptar el imperio de un dictador que no traía en favor 
de su causa ni de su persona, sino recuerdos poco gratos; 
pero ame la necesidad de reconcentrar todo el poder en 
uaa sola mano todo calló, y el ejército de Arica recono- 
ció igualmente al nuevo Jefe Supremo. 

El día en que Piérola asaltó lo silla presidencial contaba 
el Perú con elementos militares suficientes para rechazar 
la invasión. En Lima existía un ejército de catorce á 
quince mil hombres, de los cuales algunos batallones eran 
veteranos, y lus demás reclutas que se instruían á la sazón, 
(Bibl. 137. pág. 62.) 

El ejército Perú-boliviano de Tacna de mas de 6,000 
soldados veteranos mandados por los mejores jeíes, soio 
necesitaba (jUG no se le relegara al olvido, que se le 
auxiliara con los elementos necesarios para su sc steniíníen- 



870 ELEMENTOS DE GUERRA EN 1880 

to y acción, y que se le reforzara con algunos batallones 
mas, que fácilmente podian sacarse de los que formaban 
la división organizada ya en Arequipa y que pasaba de 
3,000 hombres, ó de Lima. 

En los arsenales del Callao y en el parque de Santa 
Catalina en Lima abundaban municiones ; de un dia á otro 
debia llegar una partida de rifles y ametralladoras, pedidas 
dos meses antes, pagadas en su mayor parte. 

En Europa se habían depositado fondos que aunque insu- 
ficientes para el pago total de la compra ó construcción de 
buques capaces de combatir con los blindados chilenos, 
podian sí servir de bastante garantía para celebrar contratos 
sobre el particular, estipulando un corto plazo para cance- 
lar el saldo. (Bibl. 137.). Las arcas nacionales estaban 
exhaustas, pero intactos los recursos del huano ó salitre, 
que con las negociaciones que en esos dias se hacían en 
Francia por los ajentes fiscales Rosas y Goyeneche, pronto 
facilitarían dinero suficiente para las necesidades de la 
guerra según la amplia autorización legislativa. 

Sin admitir las exajeraciones del vanidoso ex-Ministro de 
Hacienda Quimper, se vé, pues, que el Perú en el dia aciago 
del 21 de Diciembre de 1879, contaba con elementos sufi- 
cientes para rechazar la invasión chilena, con bastantes 
probabilidades de triunfo ; y que en el desgraciado caso de 
un revéz en el ejército de Tacna, estaba otro formándose en 
Arequipa, y un tercero mas fuerte en Lima, sin perjuicio de 
los cuerpos aislados que se formaban en los demás departa- 
mentos de la República. (*) 

Todos esperaban que el nuevo Jefe Supremo contrajera su 
atención al principal y único objeto que entonces preocupaba 
al Perú: la guerra; y que dejando aun lado arreglos inte- 
riores, y olvidando odios y afectos, principiara á satisfacer 
las necesidades del ejército del Sur, aumentando su número, 



(*) En el diario «La Situacion>i número 31, se publicaron varios 
documentos que acreditan que entonces (Diciembre) existían fondea 
para armas y algo para comprar buques. 



PIÉROLA DESORGANIZA TODO RÉGIMEN 371 

llamando al servicio á generales y jefes veteranos para per- 
feccionar la instrucción del soldado y á poner en todo su vigor 
y severidad las ordenanzas y táctica militar tan relajada en 
la época, como cuerdamente lo hacia el ejército chileno, 
sin entrar en peligrosas innovaciones en los momentos en 
que el enemigo estaba al frente. Desgraciadamente para 
el Perú, no lo hizo asi, sino que por el contrario derribó, 
desde sus cimientos, cuanto existia. Constitución, leyes, 
reglamentos, ordenanzas, tácticas, todo vino por los suelos, 
para dar lugar al flamante espíritu regenerador que habia 
precedido á todos los movimientos revolucionarios anteriores 
de Don Nicolás de Piérola, y que aun dadas las condiciones 
especiales en que al presente se encontraba el pais, no podia 
abdicar su principio generador sin correr el inminente peligro 
de perecer ahogado en el mismo instante de su advenimiento 
al poder, bajo el inmenso peso de sus propias responsabili- 
dades y compromisos; pero como no tuvo' inteligencia ni 
tiempo para dejar establecido el sistema de gobierno que, 
según habia imaginado, haría la ventura del pais, al acer- 
carse el ejército chileno á Lima no habia sino escombros 
del edificio gubernativo, puniblemente destruido por el vani- 
doso dictador. En el ejército no habi.'i unidad de mando ni 
de táctica ; la hacienda pública y privada se habia conver- 
tido en papel de valor imaginario ; nada existia en su sitio. 
Las obras de defensa se hallaban inconclusas hasta los dias 
de las grandes batallas de Chorrillos y Miraflores: en una 
palabra, la administración, tanto política como militar, repre- 
sentaba el caos. 

El régimen político cambió por completo. El Estatuto 
provisorio dictado por el Jefe Supremo reducia la República 
á la voluntad de un Dictador sin el lustre de antecedentes 
que le dieran el crédito que necesitara un hombre que susti- 
tuyese á la ley y no reconociera mas freno que su propio 
juicio. En los primeros meses de la dictadura todos los 
decretos y arreglos se dirigían á variar, desde su base, el 
sistema de hacienda, de gobierno y de guerra, como si reinara 
la mas completa paz. El ejército del Sur quedó relegado al 



372 PIÉROLA DESORGANIZA TODO RÉGIMEN 

olvido, pues con motivo de este cambio político, ni aun pudo 
aprovechar sino muy poco, del pequeño auxilio que, á costa 
de tanto riesgo, pudo mandarle el General Prado en vísperas 
de su partida; y cuantas órdenes se dictaban por el mismo 
Jefe Supremo, en lo relativo á guerra, íenian por principal 
objeto asegurar la lealtad del ejército al nuevo régimen, á 
pesar de la buena fó, aunque sin voluntad, con que éste fué 
aceptado por los jefes del ejército de Lima y por el Contra- 
Almirante Montero en Arica. 

La nueva organización del ejército, sin entrar en el examen 
de si era ó nó acertada, introdujo tal desorden y confusión 
en todo^el servicio de guerra, que ninguno de los antigueos 
jefes la entendia ni podia ejecutarla, lo que dio por resultado 
que en nada hubiese orden alguno. 

El Dictador, educado en un Seminario, salió de él para 
ocuparse ^n el comercio por menor en pobrísima escala ; 
después compró una imprenta y se convirtió en redactor de uí) 
periódico esencialmente ultramontano. Esto le sirvió para 
alcanzar el puesto de Ministro de Hacienda en 1868, en 
el cual se hizo notable, y adquirió relaciones comerciales 
que le hablan de servir de mucho para sus propósi- 
tos, con motivo del gran contrato Dreyffuz, funestamente 
célebre en la historia de las finanzas del Perú. Su Secretario 
de Guerra Don Miguel Iglesias, que llevaba el título de Coronel 
de cívicos, merced á las revueltas que encabezaba en la pro- 
vincia de su nacimiento, sin haber sido jamas ni siquiera 
cadete de ejército, carecía en lo absoluto, como el Jefe Supre- 
mo, de los conocimientos mas indispensables para emprender 
las reformas que acometieron. Ambos se entregaron en manos 
de un imberbe oficial que con la vanidad propia de los jóvenes 
se creia capaz de hacerlo todo y bien. 

Empezando por la táctica, que desde luego se adoptaron 
dos, una para el ejército de línea y otra para el de reserva ó 
de Guardias Nacionales, y concluyendo por las mas insignifi- 
cantes reglamentaciones, todo quedó tan variado y desconocido, 
que ningún individuo del ejército entendia lo que mandaba, ni 
sabia lo que obedecía. Tamaños desaciertos marciban indu- 



DAZA ES DEPUESTO POR SU EJÉRCITO 373 

dablemente la época de la regeneración^ á cuyo fin tendi/in 
aquellas disposiciones. El nnando de los mejores cuerpos del 
ejército se entregó á ciudadnnos que jamas conocieron ni la 
posición del recluta, relegando al olvido á Jefes veteranos y 
valientes. El arreglo que el General Montero hizo en el ejér- 
cito de su mando fué modificado en lo sustancial. Las atribu - 
clones del General en Jefe de todo ejército, que se basan en la 
unidad de mando, se dividieron y sub-dividieron de tal modo, 
que el General en Jefe nada sabia ni dirijia. Los Jefes y 
Oficiales de los distintos cuerpos se cambiaban todos los di.is ; 
aquello era ua continuo ñujo y reflujo imposible de sujetar ¿í 
una regla fija, y por consiguiente, de hacerle dar un solo paso 
adelate. (*) 

Veamos lo que pasaba en el Sur. El General Daza al saber 
la ra- rcha del General Prado á Europa y el nuevo cambio 
político operado en Lima, pensó retirarse á JJolivia con su 
ejército, y romper el pacto de la alianza. Después desistió de 
su pensamiento, y aparentaba combinar en Arica con el Gene- 
ral Montero el nuevo plan de la campaña, aunque en el fondo 
insistia en su primer propósito, (Bibl. 89); entonces recibió aviso 
de que el ejército Boliviano acantonado en Tacna, habia des- 
conocido su autoridad (Diciembre 27) encabezando el movi - 
miento el (^'oronel Eliodoro Camacho, Comandante en Jefe de 
ese ejército, de acuerdo con los Jefes de los cuerpos, y sin la 
menor resistencia, á lo que contribuyó mucho, sin duda, la 
retirada de Camarones que acabó de desconceptuar al General 
Daza entre sus mismos amigos. Este ejército constaba 
entonces de tres mil hombres. 

El Coronel Camacho y sus compañeros de armas manifes- 
taron su firme voluntad de mantener la alianza con el Perú y de 
continu'^r la guerra; (Bibl. 128). EnBolivia fué aplaudida 
y segundada la revolución operada en Tacna, el mismo di¿i 27, 
según acuerdos anteriores; al siguiente se creó una Junta 



(*) Véaí^c el oficio del veterano é inteligente General Don Fermín 
Castillo, publicado en «El Orden», núm. 15 Marzo 3 de 1881. 



374 CONTRASTE DB UNA DIVI&ION CHILENA 

Gubernativa, se nombró General en Jefe del ejército de Bolivia 
en el Perú al General Canopero, quien, días después, fué pro- 
clamado, por los pueblos, Jefe Supremo Provisorio de la 
República (Enero 4). 

Tan luego como el General Campero tomó posesión del 
mando, concretó sus esfuerzos á aumentar y organizar el 
ejército para reemplazar al perdido en San Francisco; sirvióle 
de base la 5* división, hasta entonces poco conocida. Con tal 
objeto la retiró de la provincia de Lipes, hacia los departamen- 
tos del Norte, dejando una pequeña fuerza. 

Una de las nuevas divisiones, compuesta de cuatro batallo- 
nes, € Victoria » € Nuevo Oruro*, «Bustillo> y t Murillo 
Nuevo >, al mando del General Boliviano Silva se defeccionó 
en momentos de emprender su marcha de Viacha sobre Tacna 
(Marzo 12); y mientras se sofocaba tan infame motin, alistó 
otra división al mando del General Acosta que dias después 
salió, é hizo su entrada en Tacna (Abril 17) llenando de alegría 
al ejército aliado, tanto por el aumento de su número, cuanto 
porque ello probaba la solidez de la alianza. 

Los directores de Chile ignoraban lo que pasaba en la 5* 
división Boliviana, llamada no sin razón la invisible^ y como 
quien dirijo de lejos operaciones de guerra está siempre 
expuesto á cometer graves errores, éstos incurrieron en el de 
ordenar que el Comandante Ambrosio Letelier, bajo la supe- 
rior autoridad del Coronel Marco Aurelio Arriagada, Gober- 
nador militar del territorio de Antoíagasta y con una 
pequeña división Boliviana, emprendiera su marcha sobre 
Huanchaca, á fin de distraer la atención de la división Campero 
que la suponian en esas inmediaciones, é impedir que se uniera 
al ejército que se hallaba en las cercanias de Tacna. La 
expedición se puso en marcha á principios de Mayo, saliendo 
de Calama; llegó á Santa Bárbara con bastantes dificultades, á 
causa del terreno y del clima ; pero al avanzar de este último 
punto « aquello fué mas bien una marcha en derrota que un 
movimiento estratégico, porque el frió y el viento llegaron á tal 
extremo que el Comandante Letelier se vio obligado á contra- 



BN TAMBILLO BS BATIDA LA FÜBHZA CHILBNA 975 

marchar, perdiendo hombres y animales por el hielo, el can- 
sancio y el hambre ». (Bibl. 104, III. pág. 657). 

El General Daza que se habia retirado á Arequipa (4 de 
Enero) después de su destitución, pensaba ir á Bolivia espe- 
ranzado en que allí no se secundaria el movimiento revolucio- 
nario de su ejército; mas, al recibir la noticia de que en vez de 
sostener su autoridad se le habia declarado «indigno de 
merecer la confianza de la Nación », se dirijió al puerto de 
Moliendo y tomó el vapor que lo condujo á Panamá para pasar 
en seguida á Europa, á gozar tranquilo de lo que en la época 
de su tumultuosa administración habia lucrado. 

Mientras en Lima, en Tacna y en La Paz ocurrían los tras- 
tornos que hemos referido, una pequeña tropa de nacionales 
de Bolivia, al mando del Coronel Rufino Carrasco, que mandaba 
el escuadrón de Franco Tiradores de la vanguardia de la 5* 
división del ejército de Campero, atacó á la guarnición Chilena 
de San Pedro de Atacama, en Tambillo, como cinco legua al 
Sur de Atacama, y la dispersó completamente (Diciembre 6) 
matándole doce hombres, hiriéndole cuatro, y tomándole II 
prisioneros. En su precipitada fuga dejaron los Chilenos 13 
rifles Winchester, 11 espadas y 16 caballos. Solo pudieron 
escapar un Oficial y algunos soldados. (Bibl. 129 pág. 5). (*) 



(*) PARTE OFICIAL DETALLADO DEL COMBATE DE ATACAMA — EsCUadrOH 

Franco- tiradores, Vanguardia de la 5* División. — Toconao, Diciem- 
bre de 1879. — Al Señor Jefe Superior Militar de las fuerzas residen- 
tes en la provincia de Lipez. — Señor: — Consecuente con el tenor de 
mi úUiíno oficio dirijido á U. S. del punto del Tropichal, continué mi 
marcha el 27 del próximo pasado, habiendo llegado al pueblo de 
Chiuchiu el 3 del presente á las 5 de la mañana sin ser sentido por el 
enemigo, para sorprender las fuerzas que creí se encontraban en 
ese pueblo, como era de suponer. Mas, una vez posesionado de la 
plaza, tomé presos á todos los Chilenos ajenies de las fuerzas de 
Calama, dictando las medidas mas convenientes al caso para no ser 
sentidos por los invasores que se encontraban fortificados en aquel 
pueblo, y con la resolución firme de darles un asalto. Su número 
pasaba de 600 hombres, con las ametralladoras y piezas de artillería, 
aparte del rotaje, á quien se le hizo un llamamiento general para que 



376 LOS CHILENOS RECUPERAN ATACAMA 

Tan luego como llegó la noticia de la completa destrucción 
de la trop^ que guarnecía S¿in Pedro de Atacama al cuartel 
general Chileno, se envió fuerza suficiente para recuperarla, 
lo que consiguieron sin la menor dificultad, aunque también 
sin gloria. (Diciembre). 



tomara las armas. Entre los varios Chilenos que venian de Ga- 
lanía, tres debían caer en nuestro poder, lo mismo que los demás, 
éstos inmediatamente de ver á los nuestros, se pusieron en fuga. 
Peráe'^uidos, fué tomado uno, olro muerto y el último escapó. 
Aquel fué quien dio aviso que habian fuerzas Bolivianas en Chiuchiu. 
En el momento se dispusieron los enemigos de Calama, para atacar- 
nos apoyados en el número triple de fuerzas con que contaban ; este 
acontecimiento hizo variar mi plan de campaña. 

El 4, á 2 p. m. salí con el cuerpo de mi mando, con dirección á la 
capital de Atacama, para atacar la fuerza enemiga que se encontraba 
guarneciendo esa plaza. Marché, pues, trasnochando hasta llegar 
al establecimiento de San Bartolo, donde llegué á las 11 a. m. del 
dia 5, después de una marcha forzada; pero de Calama habian dado 
aviso de ese movimiento y nos esperaban listos para presentar 
(íombate. Resolví entonces que descansara la tropa y hacer algunos 
arreglos. 

A las 12 p. m. emprendí mi marcha en son de combate, para no ser 
sorprendido en el trayecto, por alguna emboscada enemiga. Eran 
las 5 a. m. y me encontraba en el punto de Tambillo, legua y media del 
pueblo; dia antes el enemigo habia tomado posesiones muy venta- 
josas, y tan luego como descubrieron la vanguardia nuestra que iba 
delante, hicieron una descarga sobi*e ésta. Inmediatamente dispuse 
el plan de ataque y que entraran en combate las fuerzas que coman- 
daban los Tenientes Coroneles Moscoso y Patino. El primero tomó 
la izquierda y el segundo cargó de frente rompiendo sus fuegos 
á paso de vencedores hasta desalojar de sus parapetos á los 
«Cazadores del Desierto» que este es el nombre á que pertenccian. 
Un cuarto de hora fué suficiente para nuestros bizarros Jefes y Rifle- 
ros, que atacamn arrollándolos y poniéndolos en ompleta derrota; 
quedanJo en nuestro poder 11 prisioneros y varios heridos. Los 
demás escaparon por estar bien montados. En el acto ordené se 
reunieran todos los pertrechos de guerra tomados al enemigo que con- 
sisten en 18 rifles Winchester con alguna dotación, 14 espadas, 16 
caballos, monturas y correajes. Terminado este arreglo, que se hizo 
con la rapidez de las circunstancias, seguí mi marcha al pueblo. 
Inmediatamente me ocupé de establecer las autoridades y disponer 



DESACUERDO EN EL EJÉRCITO CHILENO 377 

El ejército Chileno permanecía desparramado é inactivo en 
toda la provincia de Tarapacá; reinaba en él la discordia y la 
desorganización; no habi i acuerdo entre el General en Jefe y 
su Asesor el Ministro de la Guerra en campaña (Bibl. 104, 
III. pág. 281). La escuadra se ocupaba en recorrer el litoral, 



mi fuerza para resistir á cualquier ataque de las fuerzas que se decia 
vefíian de Calama y Caracolea. 

De nuestra parte tengo que deplorar la muerte de los valientes 
Teniente primero Don Decidorio Alfaro, del sargento primero Juan de 
la Cruz Calera, quienes fueron muertos por una descarga al haber 
avanzado sobre un grupo de los enemigos. El primero tenia cuatro 
balazos y el segundo tres : un herido, el Sub-Teniente Ernesto 
Carranza. 

Empleando el cálculo militar y la estrategia para burlar al enemigo, 
salí á la una p. m. con dirección á este punto, para atraer al enemigo 
que debia llegar á Atacama, de los puntos anteriormente indicados, 
y atacarlo tomando posiciones ventajosas. 

Hasta este momento que escribo, que son las 4 p. m., no tengo 
aviso alguno del movimiento enemigo ; pero me encuentro siempre 
dispuesto para cualquiera momento y librar combate, siempre que 
las fuerzas enemigas no sean en número muy superior. 

Tengo que recomendar en generai á los Jefes y Oficiales de franco 
tiradores, su abnegación, patriotismo y perseverancia en la cruda y 
rigurosa campaña en que nos encontramos. 

Seria largo referir á usted minuciosamente las privaciones y pena- 
lidades, y estar á cada momento con rifle en mano. Me es suma- 
mente estrafio que el Señor General Campero y usted, después do 
haberme encomendado una expedición tan difícil, lanzándome solo 
con 70 hombres hasta ponerme hasta las ocho leguas, donde se en- 
cuentran fuerzas enemigas considerables, no hayan remitido refuer- 
zo para apoyarnos. Nosotros resueltos á sacrificarnos por la patria, 
no omitimos medio alguno de hacerlo ; pero de cualquiera fracazo que 
hubiera en lo sucesivo, ustedes, y solo ustedes serán responsables 
ame el pueblo Boliviano. Algo mas, no he recibido ni herrajes 
ni recursos de ninguna clase hasta hoy, ni un oficio en que se me haga 
conocer los movimientos de la quinta división. Usted debe comuni- 
carme sus órdenes y mandarme recuses por la viade Quetena, por- 
que en último caso por ahí será mi retirada. Con 200 hombres mas 
que usted mande, pero que vengan á marchas redobladas, puedo 
contestar á usted de la toma de Caracoles y últimamente de Calama, 
y de este modo estar siempre en posesión de la importante provincia 



37á motín en moqüegüá y arequipa 

y en establecer el bloqueo en algunos puertos; en una palabra, 
la acción progresiva del enemigo quedó como paralizada por 
entonces, lo que correspondía á su prudente táctica de dejar 
en ocasiones, á los acontecimientos el cuidado de resolver por 
8i mismos los problemas, ó por lo menos el de despejar el 
horizonte, para proceder convenientemente. Creía pues, y no 
sin razón, que la marcha del General Prado de Arica á Lima y 
en seguida á Europa, así como la destitución del General Daza 
por su ejército y por el pueblo de Bolivia, barian variar las 
faz de los negocios de la guerra. 

En tal situación, y como para justificar exprofeso los cálcu- 
los del enemigo, sobrevino el punible motín de Moqueguá, 
encabezado por el Coronel Julio César Ghocano, y la destítucion 
del Prefecto de Arequipa, Coronel Vidal Garcia y Garcia, 
ejecutada por el pueblo. Estos fueron los actos precursores, 
y los primeros síntomas externos de los trabajos revoluciona- 
rios del empecinado caudillo Piérola. 

Al saber la marcha del General Prado de Arica á Lima, el 
ya acreditado montonero José Manuel Jimenes (alias Huacu- 
llani) que á la cabeza déla columna de cívicos «Huáscar», 
guarnecía el puerto de Pacocha, abandonó su puesto, el 20 de 
Noviembre, se fué por tren á Moqueguá, con su columna, y de 
acuerdo con Don Samuel Barrios, formularon una acta, á nom- 
bre del pueblo, desconociendo la autoridad del Director de la 
Guerra; apresaron al Prefecto Don Abel Méndez y pusieron en 



de Atacama, y haber hecho que respiren nuestros hermanos que esta- 
ban bajo la presión brutal y estúpida de los invasores. Seria pues 
muy sensible y doloroso hacer una retirada para que volvieran á ocu- 
parla nuestros enemigos y entonces ejercer las venganzas mas salva- 
jes; y tal vez reducirán á cenizas estos pueblos indefensos. Usted 
debe comprender, que estando nosotros en posesión de ellos, hemos 
cortado toda clase de recurso al enemigo. 

Con respecto á forraje, entre Chiuchiu y Macama, pueden mantener 
500 bestias perfectamente. 

Con este motivo, tengo el agrado de ofrecer á usted mis considera- 
ciones de respeto.-— Dios guarde á usted. — Rufino Carrasco. 



motín en moqueoüa 370 

su lugar á Barrios (Noviembre 27) ; mas como éste no tuviese 
la inteligencia ni el valor necesario para sostenerse, el Coronel 
Chocano, antiguo y decidido partidario de Piérola, y el Pre- 
sidente del Concejo departaraent il, Don J. Benigno Pomadera, 
enemigos ambos del nuevo Prefecto, movieron al pueblo, 
apoyados en un batallón de Guardia Nacional, se negaron á 
obedecerle, nombrando á su vez de Prefecto á Chocano. El 
Contra-Almirante Montero, al tener conocimiento de lo que 
pasaba en Moquegua, por los telegramas de Chocano, acordó 
que Pomareda, como Presidente del Concejo departamental, se 
hiciera cargo de la Prefectura, mientras el Gobierno resolviera 
lo conveniente. Jimenes quedó y Barrios huyó á Tacna. 

El movimiento ejecutado por Jimenes y Barrios se atribuyó 
por algunos á un plan combinado en Tacna con el objeto de 
proclamar Dictador á Don Carlos Zapata, Prefecto de aquel 
departamento, y según otrps el plan de Chocano fué combinado 
en Lima á favor de Piérola, presunción que se afirmaba con el 
hecho de que Pomareda y los suyos proclamaban á Piérola 
como á Jefe Supremo; pero sea de ello lo que fuere, y aunque 
la revolución de Piérola viniese á poco á descorrer el velo de 
estos misterios, y á precisar las responsabilidades, lo positivo 
es que, á consecuencia de estos desórdenes, el Departamento 
quedó en un estado de verdadera acefalia, que permitió una 
vez mas al enemigo ejercer sus hostilidades acostumbradas con 
la mayor tranquilidad y aun comodidad, merced á la acción 
coadyuvante, podemos decirlo así, de las mismas autoridades 
Peruanas como vamos á verlo en seguida. 

En efecto, el 8 de Diciembre se presentaron en Pacocha las 
corbetas enemigas « Chacabuco » y « Magallanes », y echaron 
á pique, sin la menor resistencia, las lanchas que encontraron* 
El bloqueo de lio y Pacocha quedó establecido, y sostenido por 
las corbetas < Chacabuco » y « O'Higgins » desde ese dia. 
El 26 tuvo conocimiento el Jefe 'de esa escuadrilla, Viel, de que 
el puerto estaba completamente abandonado, como asi era en 
realidad, porque hasta los únicos 50 hombres con que habia . 
quedado el Capitán de puerto (después que fueron disueltas las 
dos columnas de Guardia Nacional que lo guarnecian, con 



o80 UNA DIVISIÓN CHILENA ENTRA EN MOQUEGÜA 

motivo de las cuestiones entre Barrios y Chocano) estaban 
ocupados en l;i reparación de la línea telegráfica de Uo al 
Norte, destrozada dias antes por el enemigo; y deque en 
Moquegua reinaba la mayor anarquía, á consecuencia de los 
repetidos motines encabezados por el Coronel Chocano, suble- 
vado ya en favor de Piérola. (Corresponsal de « El Mercu- 
rio »). El momento no podia ser mas oportuno para un golpe 
de mano ; en el acto zarpó la « Chacabuco » á poner en cono- 
cimiento del Ministro de Guerra en campaña, que se encontra- 
ba en Pisagua á bordo del « Abtao », lo que pasaba en 
Moquegua, y sin pérdida de tiempo, horas después, salia el 29 
de Diciembre, á bordo del « Copiapó » convoyado por la 
« Chacabuco », el regimiento Lautaro de 1 50 plazas, al mando 
del Teniente Coronel Aristides Martínez, y llegaba á lio al 
siguiente dia, en cuya noche todo fué movimiento y actividad 
para desembarcar en la madrugada del 31. Mientras tanto el 
Capitán de puerto, Rómulo Tizón, á quien nada le inquietaba, 
ni habia comunicado tampoco á Moquegua la sospechosa 
ausencia de la « Chacabuco » y su regreso con un trasporte, 
dormia muy tranquilo y sosegado en Pacocha, y así no fué 
extraño que él y los vecinos del puerto solo despertaran al 
ruido imprudente de sus nuevos custodios. (Corresponsal de 
«El Mercurio»). 

El enemigo desembarcó en las primeras horas del 31 
simultáneamente, en dos fracciones, por el Norte y por el Sur 
de lio, y avanzando en silencio profundo, toda la fuerza 
entraba á la población sin ser sentida ni por los centinelas, 
y tomaba pacífica posesión de lio y Pacocha, en donde encon- 
tró las locomotoras y carros expeditos, como si se les esperara 
con todo preparado para que emprendiera su viaje á Moque- 
gua, evitándole toda molestia. Lo primero que hizo la expe- 
dición fué cortar las líneas telegráficas, y en seguida emprendió 
por tren, pacíficamente, su marcha á Moquegua, sin mas 
retardo que e! necesario en la estación del Hospicio, para cortar 
.el telégrafo entre Moquegua y Tacna. A las cinco horas del 
mas tranquilo y cómodo viaje llegaba (7. p. m.) á la estación 
del Alto de la Villa, la mas próxima á la ciudad de Moquegua. 



UNA DIVISIÓN CHILENA ENTRA EN MCQÜEGÜA 381 

El Prefecto Coronel Chocano, menos preocupado todavía de 
estos asuntos que lo habia estado el Capitán de puerto Tizón, 
(puesto que en esos momentos no se ocupaba mas que de 
Piérolay de sí mismo) no habia parado mientes en la interrup- 
ción del telégrafo durante todo ese dia, y solo tuvo conoci- 
miento de tal agresión cuando recibió la nota de intimación del 
Jefe Chileno, estacionado ya, como lo acabamos de decir, en el 
Alto de la Villa, y no supo dar otra contestación que la de su 
ignominiosa y precipitada tuga con una fuerza de 450 hombres 
(que, aunque reclutas, pudieron muy bien salvar la honra de la 
Nación) hasta las inmediatas alturas de los Anjeles, de donde 
presenció tranquilo la entrada del enemigo en la ciudad y su 
permanencia en ella hasta las cuatro de la tarde del siguiente 
dia (P de Enero) sin ser hostilizado en lo menor por este ni 
por ese pueblo tantas veces valeroso en guerra civil. Si 
damos crédito á la narración de un vecino de Moquegua, la 
culpa del Coronel Chocano reviste un carácter mucho mas 
grave, porque, según se dicej se le avisó á tiempo el desem- 
barque del enemigo en Pacocha, y se le dijo que fuera á 
batirlo ; pero dudó hacerlo, manifestando que eran fuerzas del 
Prefecto de Tacna que iban á sofocar el movimiento que aca- 
baba de hacer. El pueblo creyendo también al principio, al 
ver la llegada del tren con tropa, que ésta seria un refuerzo 
Peruano que se esperaba, y amilanado después con el ejemplo 
del Coronel Prefecto, se vio constreñido á sufrir pacíficamente 
la homillacioa y los ultrajes de sus huéspedes. 

Los expedicionarios permaneci(3ron en la ciudad solo algu- 
nas horas, y después de hacerse proveer un buen rancho, y de 
perpetrar algunas de sus acostumbradadas tropelias, volvie- 
ron á tomar el tren para el puerto. En su trayecto 
no sufrieron mas contrariedad que la de una interrupción de 
la via, cerca de San José, por algunos rieles que se habian 
quitado, hecho que les sirvió de pretexto para fusilar á catorce 
hombres que encontraron en las inmediaciones. Antes de 
reembarcarse, saquearon las casas que encontraron en el 
camino, y las pequeñas é indefensas poblaciones de Pacocha é 
Iloj destruyeron ó inutilizaron las locomotoras y cuanto tu- 



382 CULPABILIDAD DEL CORONEL CHOCANO 

vieron á su alcance. (Corresponsal de « El Mercurio » y 
«Patriado Valparaiso >.) 

El Prefecto Chocano que no tuvo la precaución de hacer 
retirar las locomotoras y carros de Pacocha é lio ; que fué el 
causante de la falta de guarnición en estos puertos; que ala 
vista del enemigo se retiró, teniendo fuerza casi igual en n# 
mero, que auxiliada por el pueblo habría bastado para batirlo, 
y que desde las 7 de la noche del 31 hasta las 5 de la tarde del 
siguiente dia no se movió de sus posiciones, no tuvo pudor 
para ordenar, 6 dias después, que se levantara una sumaria 
información judicial para descubrir y esclarecer, en juicio, 
€ quienes eran los cómplices, quienes los culpables, para casti- 
gar á esos culpables por traición á la patria, por espionaje en 
fevor del enemigo, ó por omisiones que protejieron la invasión 
del enemigo». Desgraciadamente ese juicio, como otros 
varios de la época, quedó solo decretado, que á seguirse^ se 
habría probado que el principal autor de todas esas faltas, el 
que dio al enemigo los elementos y facilidades para la invasión 
era el que por asaltar la silla prefectoral, no pensó mas que 
en asegurar su puesto. 

Este golpe verdaderamente audaz, tal vez el único que bien 
merece este calicativo, de los muchos decantados por los 
Chilenos durante toda la campana, les dio aliento y confianza 
para sus futuras excursiones. 



CAPITULO XV 



liA Campaiía en el Departamento de Moqueiraa 

Sumario : Vacilaciones en el Gobierno de Chile sobre el punto que 
debería ser atacado por su ejército — Facilidad para atacar ¿ 
Lima — La escuadra Chilena emprende expediciones de devas- 
tación de puertos indefensos — En Ite rechazan desembarco, — 
El ejército Chileno sale de Pisa^^ua y se embarca en Pacocha 
con destino áMoquegua — Combate en el puerto de Arica~Ex- 
pedicion Chilena á, Moliendo y desembarco — Saqueo, incendio 
y destrucción de Moliendo é Islay — Encuentro de avanzadas en 
Tambo — Continúa la devastación de Moliendo — Las atrocida- 
des cometidas en Moliendo las conñesan los mismos Chilenos 
— La corbeta «Union» rompe el bloqueo de Arica, desembarca 
un cargamento y sale á la vista de la escuadra Chilena — Des- 
consuelo é indignación de Chile por la muerte de Thompson y 
la burla de la «Union» — El ejército Chileno en el Hospicio 
practica varios reconocimientos sobre Moquegua — Perniciosa 
política del Jefe Supremo Piérola — La división del Coronel A. 
Gamarra en Moquegua — El Coronel Gamarra es nombrado 
Comandante General de la 1* división del 2^ ejército del Sur 
— Desacuerdo entre Gamarra y el Coronel Velarde; sus cau- 
sas — Calidad y número de la división del Coronel Gamarra 
— La división Gamarra ocupa las alturas de los Anjeles — Error 
sobre lo inespugnable de estas posiciones — Combate de los 
Anjeles — Robo y saqueo en Moquegua — Encuentro en Locumba 
entre el guerrillero Albarracin y la tropa de Dublé Almeida— 
Encuentro de la caballería Chilena y los guerrilleros de Albar- 
racin — El Coronel Vergara fusila prisioneros y comete otros 
actos de barbarie. 



Después que el ejército Peruano dejó la provincia de Tara- 
pacá, y miectrasel Chileno í^e rehacía del contraste sufrido eu 



384 ' FACILIDAD PARA ENTRAR EN LIMA 

la batalla de éste nombre, el Gobierno de Chile y los Directores 
de la guerra estaban en completo desacuerdo sobre el plan de 
campaña que debían seguir. Algunos eran de parecer que el 
ejército que ocupaba aquella provincia, reforzado con las nue- 
vas tropas reunidas y disciplinadas en Antofagasta, empren- 
diera un serio ataque á Lima, en donde suponían reinaba la 
desorganización consiguiente á la revolución hecha por Piérola 
y la falta de un General inteligente que pudiera oponérseles ; 
otros creian imprudente todo movimiento sobre, Lima sin 
destruir antes el ejército de Arica, tanto porque emprendiendo 
sobre Lima temian ser rechizados en su desembarco, cuanto 
porque dej indo á retaguardia el ejército de Arica, podían muy 
bien recuperar la provincia de Tarapacá; ademas se apoyaban 
en la creencia de que una vez derrotado el ejército de Tacna 
habría en Lima un cambio de Gobierno y se pediría la paz. 

Gracias á e?tas divergencias y á la firme oposición que el 
círculo de los Salitreros Chilenos hizo al plan de expedicionar 
de preferencia sobre Lima, porque mas que nada lo que á estos 
interesaba era principiar á recojer el fruto de sus intrigas, 
asegurando . la ocupación de ese territorio para exportar el 
salitre ya elaborado, que pudo por algún tiempo todavía verse 
la capital del Perú libre desús enemigos, pues es evidente que 
el golpe sobre ella, en esa lecha, habria sido de la mas fácil y 
segura ejecución ; porque entonces (en los meses de Enero y 
Febrero de 1880), el ejército de Lima, por consecuencia de la 
revolución de Piérola,Jse componía á lo mas de 12000 hombres, 
en su mayor parte reclutas y sin armas, y lo que e3 peor, 
pervertidos ya, y relajados con la reciente revolución, que 
aparte del pernicioso ejemplo que envolvía, trajo consigo el 
no menos funesto mal de introducir en las filas, en cahdad de 
Jefes y Oficiales, una falanje de hombres completamente 
extraños á la carrerra militar, y que el que menos no sabia 
cumplir con sus deberes, íjomo ya lo hemos dicho. El ejército 
de reserva, que tan inmortales servicios habia de prestar mas 
tirde, aun no estaba organizado, y cuanto habia hecho en este 
orden la Dictadura no respondía á otro fm que al de asegurar 
su .'iutoridad ; asi pues, no croemos equivocarnos al afirmar 



BOMBARDEO DE PUERTOS INDEFENSOS 385 

que un ataque del enemigo entonces pudo obtener el mas 
completo buen éxito para él. 

Mas al cabo el Gobierno de Chile hubo de salir de sus vaci- 
laciones, adoptando el partido de dirijir sus legiones sobre 
Tacna y Arica, en cuyo plan entraba, como base principal, la 
de interponerse entre estas poblaciones y la de Arequipa, 
fuente inmediata desús recursos. Con tal objeto se emprendió 
la tarea de alistar las provisiones, parque, agua y los elemen- 
tos de mobilidad, que la experiencia de la campana de Tara- 
pacA les hizo conocer como fundamentales 

Mientras en Pisagua y otros puertos del Sur se hacian estos 
aprestos, algunos buques enemigos debian recorrer las costa 
del Perú, alejándose de los puertos en los cuales temian ser 
rechazados, y llevar solo á los indefensos sus bárbaras hostili- 
dades. 

Conforme á esta consigna el « Blanco Encalada » y « El 
Amazonas» se presentaron el 28 de Enero de 1880 en Bahia 
de la Independencia, desembarcaron una fuerza armada con 
hachas y materias inflamables; incendiaron muelles, pescan- 
tes y cuantos elementos existian para el carguío de guano, y 
las pocas barracas de madera en que se guarecian los traba- 
jadores; y después de siele horas de esta salvaje y estéril 
destrucción, que en nada perjudicaba al Perú, puesto que esos 
objetos no eran de propiedad fiscal, sino de la compañía 
extranjera encargada del carguío, se retiraron los dos buques 
á continuar por otra parte su tarea de devastación. 

La € Magallanes » se presentó el 3 de Enero en la caleta de 
Ite, en donde estaba de guarnición el batallón Arequipa; 
rompió sus fuegos sobre la tropa (4. p. m.) y pocos minutos 
después desprendió dos lanchas cargadas de gente de desem- 
barco, que fueron rechazadas con solo fuegos de fusilería, 
pues no habia en tierra ninguna pieza de artilleria ; frustrado 
su intento, se retiraron las lanchas, y la nave continuó haciendo 
fuego de canon hasta las 6 y 30 de la tarde, hora en que 
abandonó la bahia, sin haber causado sino insignificantes 
daños materiales, y ninguno personal, con los 73 proyectiles 
que arrojó durante las dos horas y media que duró su salvaje 

TI. 25 



386 



BOMBARDEO DE PUERTOS INDEFENSOS 



diversión. Este buque tuvo por principal objeto, al parecer, 
inspeccionar esa costa, y saber si por allí existian tropas y 
elementos con que pudiera ser rechazado un desembarco. (*) 



(*) BOMBARiEos DE CL'MBA Y SAMA. — El Comaudaiite general de 
do Marina ha pasado al Ministerio del ramo la siguiente nota, tras- 
cribiéndole otra del Comandante de la «Chacabuco» señor Viel: 

« Valparaiso, Enero 26 de 1880. — El Sr. Comandante en Gefe de 
la Escuadra, en oficio fechado en Pisagua el 11 del actual, me dice lo 
que copio: 

«<E1 Gefe de la división bloqueadora de lio, con fecha? del presente, 
me pasa el parte siguiente: 

«Con motivo de ordenes del Sr. Ministro de Guerra ert campaña, 
me fué necesario convoyar al trasporte «Copiapó» hasta Arica, de 
cuyo punto regresé recorriendo la costa comprendida entre ese 
punto y el puerto de lio, que bloqueo en unión de la «O'Higgins». 

«Al montar la caleta do Sama divisé una embarcación entre las 
rompientes del punto denominado Cumba: acerquéme á ella y pude 
entóneos notar que un cuerpo del ejército enemigo, compuesto de 
caballeria é infanteria, se estacionaba ahí, el cual vi en movimiento 
o<^asionado, sin duda, al avistar el buque en esa dirección. 

((Apenas pude aprovechar poco tiempo para cañonearlo, pues se 
alejaban de la playa con rapidez, y la tarde caia; pero sí pude notar 
«[ue el campamento no parecía pasagero, y por el contrario debía ser 
ocupado desde algún tiempo atrás, de lo que pude convencerme pos- 
teriormente. 

» Ese reconocimiento tenia lugar, el día 3, y deseoso de sorprender 
al enemigo, en la noche del 4 zarpé de ¡lo, calculando el andar para 
llegar el amanecer del dia 5; y efectivamente, asi sucedió. Apenas 
la bruma de la mañana se disipaba, me encontraba frente á él, y rom- 
piendo el cañoneo, las tropas ahi acantonadas comenzaron á disiparse, 
procurando ponerse fuera del alcance de los cañones, lo que lograron 
en parte, pues otras estuvieron obligadas á quedarse en él, como 
pude notarlo mas tarde. 

«Habiendo mandado dos botes para reconocer mas de cerca el 
lugar, fueron recibidos por fuego de artillería, lo que, en cumpli- 
miento de mis órdenes, les obligó á retirarse. Con ese motivo pude 
convencerme que todo ese lugar estaba foseado y que en ellos se 
ocultaba la tropa que no se había retirado. Durante el día me ocupé 
en disparar sobre los grupos que se veían de vez en cuando, como 
también sobre el campamento, el cual no logré incendiar, merced á 
lo frs'igil del nnlerial de su construcción. No es posible fijar las 



I 

I 

i 



LA ESCUADRA CHILENA EN PISAGUA 387 

Entre tanto, la expedición preparada en Pisagua estuvo 
lista (se embarcó en los dias 17 al 24 de Febrero) y zarpó el 
convoy en la misma tarde del 24, compuesta de 18 buques 



bajas que haya causado en los enemigos ; pero no deben haber esca- 
seado, atendido el número de proyectiles lanzados y los destructores 
«afectos de ellos. 

«A las cuatro de la tarde me dirigí á la caleta de Sama que par^^cia 
desierta, y habiendo enviado á tierra á un oficial con bandera de 
parlamento, al acercarse á la playa fuó recibido por una descarga de 
fusileria, fuego que continuó graneado hasCa que el bote pudo ponerse 
fuera del alcance de los tiros. Ese procedimiento desconocido en la 
guerra de naciones civilizadas, no costó afortunadamente mas que un 
hombre herido leve; pero el hecho que omito comentar podrá V. S. 
apreciarlo en su jusfo valor, contentándose con ponerlo en cono- 
cimieaio de V. S. para los efectos á que haya lugar, el cual en 
contrará V. S. detallado en el parte del oficial cuyo original remito 
á V. S. 

«Como V. S. puede suponer, al alevoso procedimiento contes'é con 
certeros disparos de artillería, pero la^ pocas como destruidas casas 
que ahí existen, no pudieron ser incendiadas por el misn;o motivo 
que he expuesto acerca de las del campamento de rio Cumba. 

«El reconocimiento practicado me ha proporcionado conocer que 
existe en la playa del rio Cumba un cuerpo de ejército que no creo 
exagerado haeer llegar á 2,003 homf«res, pues pude ver tres escua- 
drones de caballería y un gran número de infantería, tropas destina- 
das sin duda á impedir un desembarco, pues tienen foseado todo el 
espacio de playa accesible, y la casa que sirve de cuartel parec(^ 
espaciosa. 

«Ademas pude notar cantidad de animales vacunos destinados á 
darles alimento. 

«La caleta de Sama está igualmente foseada en la parte accesible 
del desembarcadero, pero no me es posible ni aun aproximativa- 
mente determinar la tropa que ahí existia, la que tal vez es reducida, 
si se debe dar crédito á la noticia que he tenido y comunicado al 
cuartel general de encontrarse minada esa localidad. 

«A las inmediaciones del rio Cumba existe un establecimiento 
llamado Sole^lad, el cual parece bien cultivado, y tiene agua en abun- 
dancia, por un canal que, sacado del río ya nombrado, viene á 
vaciarse en la playa, y tan en grande cantidad que desde á bordo se 
vé precipitarse en una pintoresca cascada. 

«Como esta noticia viene á completar las que tengo da -^1 as al señor 



388 COMBATE NAVAL EN ARICA 

sin contar una balsa y varias lanchas-torpedos con dirección 
al inmediato puerto de Pacocha. A pesar délas órdenes que 
recibió cada Comandante de buque, en la corta distancia que 
media entre ambos puertos, se desconcertó el onvoy á tal 
extremo que en la mañana siguiente (25) no se reunieron en 
el punto designado sino cinco buques de vapor, habiendo 
abandonado los demás el convoy; mas como de antemano 
sabian que el puerto estaba indefenso, los cinco buques que 
llegaron primero echaron anclas y esperaron todo el dia que 
se les reunieran los extraviados, que fueron llegando suce- 
sivamente. El desembarco se efectuó tranquilamente y sin 
resistencia, pues no existia en tierra ni un solo hombre 
armado. Parte de los vapores regresaron á traer el resto 
del ejército, que en su totalidad se componía de 14,800 
hombres de las tres armas, con 16 piezas de artillería y 
ametralladoras. (Bibl. 104. páj. 311.) 

Convenia al enemigo distraer la atención del ejército de 
Arica: con tal fin el «Huáscar» y la «Magallanes,» que 
bloqueaban el puerto, emprendieron, el 27 de Febrero, un 
ataque sobre la plaza ; pero lo ejecutaron como siempre, á tal 
distancia, que se hallaban fuera del alcance de la artilleria del 
« Manco Capac, » y aun de las baterías de tierra. Al cabo de 
una hora de este simulacro, se retiraron los buques (11.a. m.) 
á dar de comer á su gente. En este intervalo llegaba el tren 
de Tacna con pasajeros; en el acto la «Magallanes» y el 
«Huáscar» hicieron sobre él diez disparos, que felizmente no 
causaron ningup daño, á pesar de estallar muy cerca de los 



Coronel en Jefe del E. M. del ejército, ruego á U. S. se sirva comu- 
nicarla al cuartel general. 

(c Me propongo ínter tanto no recibir órdenes contrarias, seguir 
hostilizando, bien sea con este buque ó con otro de la división, las 
trop:is acantonadas en el puerto á que dejo hecho referencia, y 
espero conseguir que desalojen la posición que hoy ocupan, pues 
tendrán de otra manera que aceptar numerosas bajas. 
«« Lo (jue transcribo á U. S. para su conocimiento. » 
«Y yo á U. S. para los mismos ofoctos. — Dios guardo á 11. S. — 
José A. Gf'ñis. 



COMBATE NAVAL EN ARICA 389 

carros. Al ver semejante alevosía, el « Manco Capac », que 
ya habia caldeado, salió de su fondeadero, avanzó sobre los 
buques enemigos, á la vez que los fuertes de tierra rompían 
también sus fuegos, y se renovó el combate. El «Manco 
Capac » logró acertar al « Huáscar » varios tiros ; uno de ellos, 
penetrando por la cantina de los Oficiales y el camarote del 
primer ingeniero, mató á 7 ó hirió á 9 individuos; á otro le 
inutilizó el palo trinquete, ademas de varios daños que lo obli- 
garon á retirarse, y á suspender el combate; entonces volvió 
sobre los dos buques enemigos ; el « Huáscar », seguido á 
competente distancia de la « Magallanes », le salió al frente, 
y cuando estuvo casi á tiro de pistola descargó sus cañones 
sobre él ; la casuliadad de haberse atracado dentro de uno de 
los cañorres del « Manco Capac » la lanada, impidió que éste 
contestara en el roas propicio momento el ataque de su adver- 
sario ; pero salvado el tropiezo disparó sobre él y le acertó un 
proyectil de á 500, que le destrozó el palo mesana, volando á 
la vez al Comandante Thomson que, alcoholizado en esos 
momentos, emprendía locamente un ataque al espolón sobre el 
«Manco Capac», disparando á la vez sus dos cañones de 300. (*) 



(*) Comandancia del Monitor «Manco Capac». — Al ancla Arica, 
Febr^fro 27 de 1880. — Benemérito Señor Contra-Almirante en Jefe 
del primer ejército del Sur. — B. S. C. A. — Me es honroso poner en 
conocimiento de U. S. los aciontecimientos realizados el dia de hov 
á bordo de este Monitor, con ocasión del combate empeñado er^tre 
las baterias de la plaza y el «Huáscar» y la «Magallanes» que 
bloquean el puerto. 

A 7 li. horas a. m. se me dio parle por el Oficial de guardia, de 
que el «Huáscar» en son de combate avanzaba lentamente por el 
O., en demanda, al parecer, de fondea iero; y dispuse que en el 
acto, se alistase el Monitor para prevenir cualquier eventualidad, 
porque personalmente observé que eran sospechosos los movimi- 
entos del enemigo. 

En efecto, á las 8 horas 15 minutos encontrándose el «Huáscar» 
al alcance de los cañones del «Morro» rompió sus fuegos esta bate- 
ria, cuando aquel se hallaba situado á una distancia de cuatro mil 
metros de este Mointor, muy superior al alcance máximum de nuestra 
artilleria, razón por la cual me vi obligado á esperar que el ene- 



390 COMBATE NAVAL EN ARICA 

La M Magallanes » al ver que el « Huáscar » retrocedía sin 
hacer señales, pues el libro de estas había sido destrozado, 
comprendió que habia algo de muy grave ; se preparaba en 
consecuencia á acercarse al blindado, cuando recibió tres 



migo en sus evoluciones, se aproximase para ofenderlo, desde el 
fondeadero en que yo estaba obligado á permanecer por el mal 
estado de una de sus calderas, en cuya compostura se trabajaba 
activamente. 

A 8 h. 40 m. después de apreciar la distancia que nos separaba, 
rompió sus fuegos este Monitor sobre el « Huáscar « continuándolos 
hasta las 9 h. 50 m. que este se alejó gobernando al N. E. 

Mientras ta ito, la corbeta «Magallanes», que desde muy temprano 
estaba fondeada por el N. del puerto, á seis millas, próximamente, 
á los primeros disparos se puso en movimiento y lejos del alcance de 
los cañones de las baterías hizo algunos tiros sobre la población, uno 
de los cuales cayó bastante cerca de la popa de éste Monitor; pero 
se retiró con el «Huáscar» cuando suspendió ésto sus fuegos. 

A 11 h. a. m. los dos buques -situados al N. del puerto, descarga- 
ron varios tiros de su artilleria sobre el tren de pasajeros que venia 
de Tacna, é inmediatamente preparé el Monitor para salir á batir 
el enemigo dando orden de activar la reparación de la caldera de 
estribor, que como U. S. tiene conocimiento, se encontraba en mal 
estado desde dias anteriores ; y cumplo con el deber de recomendar 
á U. S. la actividad y el interés desplegado por el primer maquinista 
Don Tomás^ Colguhoun para dejar expedita, en el menor tiempo, la 
compostura de esa caldera, obra que á no ser por esta circunstan- 
cia habria demorado un tiempo mas dilatado para su terminación. 

A 1 h. 15 m. (P. M.) dejé el fondedearo go'jernando sobre el ene- 
migo que se conservaba á una distancia de cinco miUas, mas ó 
menos, emprendiendo la marcha hasta tres millas fuera del puerto; y 
una hora después, estando á tres mil quinientas yardas el «Huás- 
car», descargó su artilleria de la torre y sucesivamente hizo varios 
dispaix)s hasta que encontrándome á dos mil yardas hice romper 
los fuegos de este Monitor, á las 2 hs. 10 ms. Se trabó entonces 
el combate que, por parte del enemigo era sostenido por el «Huás- 
car», que acortaba la distancia, y por la corbeta «Magallanes» que 
se conservó al mayor alcance de sus cañones; continué pues avan- 
zando hasta estrechar la distancia haciendo siempre fuego sobre el 
blindado enemigo. 

Hubo un momento desgraciado en que se entorpeció uno de los 
cañones de la torre, por haberse quedado dentro de él la primera 



COMBATE NAVAL EN ARICA 391 

balazos de las baterías de tierra, que le mataron un marinero, 
hirieron algunos y dañaron su casco al extremo de principiar á 
hacer agua, lo que la obligó á retroceder, con toda la prontitud 
posible, hasta ponerse fuera de tiro ; eran las 3 y ^ déla tarde. 



sección déla lanada; y fué entóneos cuando el «Huáscar» nos ponia 
su proa, aproximándose rápidamente. En tal situación, goberné 
sobre dicho buque, que llegó á pasar por nuestro costado de babor á 
la distancia de cicuentas yardas, empeñándose un pequeño tiroteo 
do ametralladoras y fusileria del enemigo, el que era sostenido desde 
abordo por la gente que me acompañaba sobre la torre. 

Subsanado con actividad, el inconveniente de que acabo de hacer 
mención, descargué sobre el «Huáscar» que estaba ya por la aleta 
de babor, una délas piezas de la torre, cuyo proyectil fué á herir la 
popa de ese buque, echándole abajo la asta en que sostcnia su 
pabellón. 

A 3 h. 30 m. hice suspenderlos fuegos, porque el «Huáscar» apro- 
vechando de su andar se puso fuera de los tiros de este Monitor 
gobernando hacia afuera, lo mismo que la «Magallanes». 

Once tiro-i se hicieron con las piezas de la torre, de los cuales dos 
lian ocasionado averias al enemigo; de los disparos de éste y la 
corbeta, que pasan de cincuenta, entre los que cayeron sobre noso- 
tros, solo causaron lijeras averias, llevándose parte del pasamanos 
alto y uno de los candeleros de la torre; hemos tenido también 
despedazada una de nuestras falúas. 

A las 4 h. 30 m. volví á ocupar con el buque de mi mando su anti- 
guo fondearo. 

Antes de terminar, permítame U. S. hacerle presente que el digno 
Capitán de Navio Don Juan G. More, se me presentó voluntario á 
bordo en el momento de la salida del Monitor, solicitando cualquier 
puesto; y que tanto él como Leoncio Prado, cuya salud se encuen- 
tra notablemente quebrantada, el Alférez de Fragata Don Francisco 
Forcelledo, Ayudante de U. S. y el Sub-Teniente de artilleria Don 
Eduardo Lecca, han permanecido, durante este corto combate, sobre la 
torre al lado del que suscribe. Lo que participo á U. S. conforme á 
ordenanza. — Dios guarde á U. S. — B. S. C. A. — José Sánchez Lago- 
marsino. 



(*) PARTE OFICIAL SOBRE EL COMBATE DE ARICA. — Ilo, Febrero 28 de 
1880. — Señor Ministro; — Habiendo llegado á Pisagua el Monitor 
«Huáscar» el 21 del presente, de regreso de su comisión al Sur, de 
acuerdo con el Señor Ministro de Guerra en campaña, se le comi- 



392 COMBATE NAVAL EN ARICA 

Asi terminó el primero y único ataque serio que durante los 
onces meses de guerra que iban corridos, y á pesar de la 
inmensa superioridad de su marina, se atrevió á emprender el 
enemigo sobre la plaza de Arica. 



sionó para relevar al «Cochrane» en el bloqueo de Arica, á fin de 
que este buque pudiera convoyar al resto del ejército que habia 
quedado en Pisagua, y que debia marchar á lio próximamente. 

El 24 se encontraba el citado monitor bloqueando la plaza de 
Arica, y el 27, por las causas que especifica el parte que á continua- 
ción trascribo á V. S., se vio obligado á trabar combate acompañado 
de la «Magallanes» con los fuertes de la plaza y monitor «Manco 
Capac ». 

El combate se continuó durante casi todo el dia, teniendo por 
nuestra parte que lamentar la muerte del valeroso Comandante del 
«Huáscar», Capitán de fragata Don Manuel T. Thompson y del 
aspirante Don Eulogio Goicoléa y demás de tripulación que sj 
determinan en la relación de muertos y heridos. 

El parte del Comandante déla «Magallanes», Capitán de fragata 
Don Carlos Condell, dice lo siguiente: 

«Hoy 27 de Febrero, á las 7, 30 a. m., habiéndose acercado el 
monitor «Huáscar» con el objeto de reconocer los fuertes que existen 
en el morro de Arica, fué provocado por estas fortalezas de la pobla- 
ción y monitor «Manco Capac», por lo cual el monitor «Huáscar»» 
se vio en la imprescindible necesidad de contestar debidamente, 
acompañándolo en seguida la cañonera «Magallanes». 

Este ataque duró próximamente cincuenta minutos y solo el 
«Huáscar» recibió un balazo en su blindaje que removió una de sus 
planchas, retirándose en seguida á conveniente distancia. 

A las 11 a. m., habiéndose acercado el «Huáscar» y «Magalla- 
nes» á detener el tren del ferrocarril que venia de Tacna á Arica 
conduciendo tropas, y al hacerle ambos buques algunos disparos, se 
trabó nuevamente el combate, atacando los fuertes de la plaza y 
monitor «Manco Capac», resultando en este encuentro siete muertos 
y nueve heridos del monitor «Huáscar». 

Entre los muertos se encuentra el aspirante Señor Don Eulogio 
Goicoléa, y entre los heridos el segundo Comandante Teniente l^ 
Señor Don Emilio Valverde v Teniente 2° Señor Don Tomas Pei'ez,. 
habiéndose retirado ambos buques á tomar su fondeadero. 

Estando fondeados y la gente en las faenas del buque, se vio al 
«Manco Capac» dirijirse afuera do la bahia. 

El Comandante Tfiompson ordenó levar y atacar al Monitor. 




COMBATE NAVAL EN ARICA 393 

Los daños causados en tierra fueron insignificantes; cuatro 
ó seis casas ligeramente averiadas ; tres soldados, y cinco 
paisanos muertos y trece heridos, entre ellos cuatro soldados ; 
en cambio los del enemigo consistian en igual número de bajas. 



Dirijiéndose el «Huáscar» sobro el hasta aproximarse á una dis- 
tancia de 200 metros, descargó (oda su arlilleria, cuando una de las 
granadas del monitor, llevándose el palo de mesana, hizo morir 
instantáneamente al distinguido y valiente Comandante Thompson. 

Esto sucedió á las 2. 30 p. in. En el acto el segundo Comandante 
Teniente 1° Señor Don Emilio Valverde, tomó el mando del buque y 
continuó atacando fuertes, población, y monitor bástalas 3. 30 p. m. 
hora en que logró juntarse con la «Magallanes» que- á la par que el 
«Huáscar» hacia un vivísimo fuego por la parte Sur de la población. 
Esta cañonera recibió tres balazos en su casco v tuvo un herido de 
gravedad. 

Detalles y pormenores del combate, como así mismo las averias 
sufridas por el «Huáscar» los dará personalmente, por la premura 
del tiempo, el Teniente primero Señor Don Juan Tomas Rogers. 

El parte detallado del combate lo pasaré tan pronto como pueda 
hacerlo el Teniente primero Don Emilio Valverde, que sucedió en el 
mando al Comandante Thompson. 

Por lo que hace á la cañonera «Magallanes» tan pronto como 
pueda el que suscribe pasará el parte detallado. 

De acuerdo con el Señor Ministro de la Guerra en campaña he 
dispuesto trasladar á Iquique el cadáver del Comandante Thompson. 

También de acuerdo con el Ministro he nombrado Comandante del 
•«Huáscar» al Capitán de fragata Señor Don Carlos Condell, y de 
la «Magallanes» al de corbeta graduado Don Miguel Gaona. 

Oportunamente remitiré á V. S. los partes á í|ue hace referencia 
el Capitán Condell. 

Hoy me dirijo á Arica con el buque de la insignia, el crucero 
«Angamos» y la lancha torpedo, por si es posible llevar á acabo 
alguna opei-acion contra esa plaza. — Dios guarde á V. S. — (hdvarina 
Riveros. — Al Señor Minis.tro de Marina. 



PARTE OFICIAL. — Pormcnorcs.— Arica, Febrero 27 de 1880. — S. P. 
— Señor Prefecto del Departamento de Tacna. — Aunque U. S. cono- 
ce por los diversos telegramas (jue he tenido el honor de dirijirle, 
los principales incidentes del combate que ha tenido lugar entre las 
fortitícaciories de este puerto y el «Huáscar» y la «Magallanes», 



394 



COMBATE NAVAL EN ARICA 



entre las cuales se contaba el Contiandante y un Oficial del 
« Huáscar », y las serias averias que sacaron sus dos naves. 
(Apéndice núm. 24.) - 
El Almirante Riveros que se hallaba en Pacocha, al saber el 



fi-eo riocosariü pasas á U. S., romo lo hago, el (•onvspondiente parto 
detallado de (al hecho. 

A las 8 y tros cuartos a. m. mas ó menos, estando el « Huáscar »> 
muy próximo á la Isla del «Alacrán», rompió contra él sus fuegos la 
hatería del Morro, que fueron contestados poco después por el moni- 
tor atacado, trabándose en seguida el combate entre este buque y la 
'«Magallanes» y las fortificaciones de tierra y el monitor ««Manco 
Capac». 

Dejando al benemérito Señor General en Jefe la tarea de apreciar 
el combate de hoy bajo el punto de vista militar, me limitaré en 
este pnrte, á dar á conocer á U. S. las averias que han causado en 
la población los proyectiles enemigos. 

La primera bomba lanzada por el «Huáscar» estalló en el depó- 
sito de carbón produciendo un lijiM'o incendio, que fué apagado 
inmediatamente, penetrando uno de los fragmentos en la fonda del 
asiático Manuel Chipoco, situada cuarenta metros de dicho depósito, 
que causó líjeros destrozos en el edificio y la muerte de este 
individuo. 

Otra bomba de áIK)Oest:illó en la casa del Señor Don Eduardo R. 
Pineto, destrozando las habita(!¡ones interiores y maltratando lijera- 
niente la casa inmediata del Señor J. W. Davolsber. 

La aíxencia de los Señores Carlos Mackehense v C* ha -sido dc»s- 
ti-ozadaen parte, como así mismo, la del Señor Comandante Don 
(iabriel Vigueras, caballero que ha salvado de la muerte de una 
manera verdaderamente providencial, lo mismo que el Señor P. 
Orona que lo acompañaba. Están lijeramente averiadas las casas de 
los Señores Abraham Cornejo, Don Manuel Lozano,. Don Lauro 
íirimaldos, Don Juan M. Oviedo v el Club de la Union. 

La «Magallanes», primero y jmco después el «Huáscar» dispfi- 
raron 8 ó W bombas sobir el tren que lleyó (ie Tacna sin causar, poi* 
fortuna, ninguna desgracia personal. El tren tuvo por este motivo 
que regresar á Tacna desde el punto denominado «Las Carpas >». 
acompaño áU. S. la relación nominal de los muertos y heridos que 
son en número reducido, si se considera la multitud de bombas 
arrojadas. 

El entusiasmo en el pueblo y en las fuerzas ha sido'indescriptible: 
el Benemérito Señor General Montero, acompañado de sus ayudante> 



BOMBARDEO DE ARICA 395 

fracaso del combate de Arica, se dirijió en el acto con el 
«Blanco», el «Anejamos» y «Cochrane» y una lancha tor- 
pedo á Arica, y desde que llegó al puerto (29) principió á bom- 
bardear la plaza á distancia de 5,000 á 6,00;) metros, mucho 
mayor que el alcance de los cañones de tierra, y dispuso « que 
€ todos los dias se hiciera fuego sobre !a población, tres veces 
« por dia, hasta concluir con pueblo, fuertes y buques; pudién- 
« do emplear en esta operación los di-is que se creyeran mas 
« necesarios ». Continuó el bombordeo hasta el 4 de Marzo 
inclusive, en esta inútil hostilidad, que solo acreditaba el ins- 
tinto feroz y cobarde de los enemigos, pues el vecindario vien- 



y de su Secretario, el Senoi* Manzanares, recorrió á caballo las 
baterías y el campamento del Ejército. 

El combate con las fortificaciones so suspendió á las once, para 
continuar á la una y media con el monitor «Manco Capac»> que so 
situó como á dos mil vardas de su ac ual fondeadero, terminando á 
las tres, próximamente, con la huida de los enemigos que á esa hora 
abandonaron el campo, signo seguro de nuestro triunfo. 

Recomendando de un modo especial á la consideración de U. S. al 
Gobernador Don Domingo Manzanares y á mis ayud mtos el Teniente 
Don Mariano Valdivia y al Alférez Don Juan R. Vargas que han 
cumplido fielmente cuantas disposiciones les imparti para la conser- 
vación del ór.len público, para proveer do agua á las baterías y para 
la traslación délas personas indefensas á lugares seguros proveyén- 
dolas de agua. 

Grato me es decir á U. S. que el orden público ha permanecido 
inalterable. — Dios guardo á U. S. — Fidel Federico Sosa. 



RELACIÓN DE LOS MUERTOS Y HERmOS Á CONSECUENCIA DEL COMBATE 

DE AYER. — Paisanos Muertos. — Aml)rosio Oré — Julián Osques — Mel- 
chor A. Brisefio — Andrian Roseto íde 8 años), — Manuel Chifu 
(asiático). 

Heridos: — Fermín Pacheco— Julián Aragen — Pedro Rojas — José 
M. Zajis — Luis Callo — Mauricio Céspedes — Manuel Contreras — 
Úrsula Cas ro — Señora Contreras y dos hijos. 

Militares: — Muertos del batallón «Cazadores Prados» dos y un 
herido, soldados; y un Capitán herido. — Un muerto: Arequipa guar- 
dia; dos heridos.— Arica, P'ebrero 28 de 1880.— Sosa. 



396 EXPEDICIÓN SOBRE MOLLENDO 

(lo que los proyectiles enemigos no causaban casi daños, se 
acostumbró k mirar con indiferencia el bombardeo. 

Después de acaloradas disputas entre el General en Jefe del 
ejército y el Ministro de Guerra en campaña, Sotomayor, éste 
acordó en Pacocha, enviar sobre Moliendo una división de 2,125 
hombres, compuesta del batallón Navales, el Regimiento 3 de 
línea, 450 Zapadores y 25 hombres de caballería, al mando en 
Jefe del Coronel Orozimbo Barboza, y del Coronel Baldomero 
Dublé Almeida com.o Jefe de Estado Mayor. La expedición 
tenia por objeto distraer la atención de las tuerzas de Are- 
quipa, evitando que engrosaran las de Moquegua y Arica. El 
proyecto era descabellado, desde que para conseguir su propó- 
sito necesitaban internarse hasta cerca de Arequipa para 
interceptarla comunicación, operación peligrosa por el corto 
número de tropa y las dificultades de 1 1 marcha. Venciendo 
dificultades y la resistencia del General en Gefe que se oponia 
á esta empresa, (Bibl. 34, pág. 51) y embarcada la tropa en 
Pacocha salió el 8 de Marzo á la mañana. Esta expedición que 
debia después servir de eterno baldón y rubor á Chile, arribó á 
la costa de Islay en la madrugada del 9; y aunque con las dificul- 
tades consiguientes á la hora, y perdiendo una de sus embar- 
caciones con quince tripulantes, efectuó su desembarco 
l)acíficamente y sin ser sentida, por dos puntos ala vez, MoUen- 
dito é Islay, de tal suerte, que á las diez de la mañana toda 
la división estaba en tiem, sin haber disparado un solo tiro. 

Sin pérdida de tiempo se puso en marcha para Moliendo, á 
Ja vez que la flota conductora hacia rumbo en la misma direc- 
ción, para protejerla desde el mar en caso necesario; y después 
(le algunas horas de una marcha tranquila, aunque un tauto 
Ihtigosa por la naturaleza del c imino, llegó y entró en Molien- 
do sin encontréir resistencia alguna, pues los mal armados 
Guardias Nacionales, que en número de 200 guarneciaa el 
puerto, se hablan retirado al inmediato pueblo de Tambo, y 
los cañones de grueso calibre que se llevaron meses antes, 
habian sido trasportados hacia tiempo á Areí^uipa. (Bibl. 104, 
lll. pág. 421). 

Era de esperarse que no habiendo encontrcido los invasores 



SAQUEO É INCENDIO DE MOLLENDO 397 

resistencia alguna en el pueblo ocupado, limitasen sus hostili- 
dades á lo que las leyes, de la guerra pernriiten en semejantes 
casos, y durante las primeras horas de su permanecía se pudo 
aun abrigar esta presunción, al ver que se ocupaban tan solo 
en alojarse lo mas cómodamentequepodian, y en posesionarse 
de lo que era de propiedad fiscal; pero esta ilusión duró poco. 

Una vez que c^da cuerpo tomó su cuartel y arregló su ser- 
vicio respectivo, á eso de las 6 de la tarde < se dio puertí 
€ franca á los soldados para que fuesen á conocer la ciudad y 
« tener un rato de espansion y descanso », (Corresponsal de 
4C El Mercurio ») y con esto, naturalmente, cambió por completo 
la escena ; porque ese permiso, á tales horas, y á tropa Chile- 
na, no importaba otra cosa que entregar la población á merced 
de sus acusados instintos y de sus premeditados fines ; así 
pues, no tardó en sentirse por distintas parles del pueblo el 
efecto de las espansiones del soldado Chileno. 

Con la mayor naturalidad del mundo empezaron á penetrar 
en las casas, por las paredes posteriores ó de frente, y á apro- 
piarse de cuanto encontraban á mano, principalmente de los 
licores ; y como quiera que algunos de los neutrales resistiesen 
estas tropehas ó tomasen sus precauciones para evitarlas, 
quejándose á los Jefes, resultó de aquí que varios de éstos se 
vieron en inminente peligro de perder la vida al defenderse de 
los ataques á mano armada del soldado, ó tuvieron que aban- 
donar sus intereses á su cínica rapacidad. 

Del robo se pasó á la impudicicia brutal contra las raugeres; 
y las patrullas que en fuerza de las múltiples quejas de los 
neutrales, mandaban los Jefes paia contenor estos bárbaros 
abusos, ó no hacian nada, ó, lo que era peor, aparentaban 
reprimirlos, llevándose á algunos de sus autores para soltarlos 
en seguida, con lo cual no hacian mas que alentarlos á la pror 
secucion de su pillaje y desenfreno. En esta infame tarea se 
ocuparon, casi sin interrupción, y con manifiesta y pérfida 
complicidad de J^fes y Oficiains, durante la noche del 9 y el 
siguiente dia ; y como para dar un asidero á sus disculpas 
posteriores, ordenaron que el Regimiento 3, de linea, que era 
el que mas se habia distinguido en tales faenas, regresara á 



398 



SAQUEO É INCENDIO DE MOLLENDO 



Islay ese mismo dia, es decir el 10. En efecto á las 6 de la 
tarde se ponía en marcha dicho cuerpo.; pero la hora en que la 
emprendía, la naturaleza del camino que debia recorrer, la 
distancia que mediaba al punto de parada, el profundo disgus- 
to por esta contrariedad que se notaba de soldado á Jefe, el 
completo desorden en que iba la última compañía, y la perma- 
necía en el pueblo dé mas de 5'J individuos pertenecientes al 
mismo cuerpo, quo á esas horas vagaban por las calles 
entregados á la embriaguez, en vez de inspirar alguna confi- 
anza á los amedrentados moradores, les hicieron presentir los 
nuevos horrores de que en breve habían de ser víctimas. 

No bien habían hecho el aparato de salir en dirección á 
Islay cuando empezaron á regresar libremente por pelotones. 
A la entrada del pueblo encendí iron dos fogatas junto á las 
casuchas del otro lado de la quebrada, y á la luz de las llamas 
principiaron nuevamente su interrumpida tarea, en esos mise- 
rables bogares. Al extinguirse esas fogatas era ya del todo 
entrada la noche entonces prendieron fuego á una casa gran- 
de (la de Don Tomas Pino) ; de esta no tardó en comunicarse 
á las inmediatas, y así sucesivamente, hasta enlazarse con los 
demás puntos que simultáneamente incendiaban á distancias, 
y producir el ignominioso espectáculo que en su salvaje envi- 
dia anhelaban estos bandoleros militares ; una aunque enemi- 
ga, indefensa población convertida en inmensa pira, en que á la 
vez que se consumía el abundante fruto de un trabajo honrado, 
y las mejores obras de la industria, se estampaba un eterno 
baldón para los invasores. ¡Qué escenas tuvieron lugar 
entonces en medio de este campo de horror y esterminio ! A 
favor de los resplandores de las llamas, solo se veía de lejos la 
sombra de los asaltantes al través de las puertas y ventanas 
destrozadas, entregados á la ^aena mas digna que podían 
buscar los civilizados de la Araucania, siendo de advertir que 
con tino digno de ellos ponian fuego á la parte de sotavento 
para tener tiempo de ejercer el pillaje con toda comodidad. 
En pocas horas Moliendo ya no existia en su mayor parte, y lo 
que no había caído en las garras de sus invasores, era presa de 
las llamas, sin que de tan siniestro destino fuese dado librarse 



SAQUEO K INCENDIO DE MULLENDO 399 

DL la casa de Dios, que fué igualmente saqueada é incendiada 
como cualquier otra, y sin que la sacrilega mano que la des- 
pojaba se detuviese ni ante el sacratísimo misterio de la 
Eucaristía. 

Sigamos lo que acerca de estos sucesos escribía uno de los 
capellanes del ejército Chileno, y otros; dice el primero; (el 
capellán J. Eduardo Fabres, publicado en «El Estandarte 
Católico» Santiago Marzo 1879) « Serian como las doce de la 
noche del dia 10 de Marzo, cuando desembcirquó en el muelle, 
y me dirijí inmediatamente á mi alojamiento, en donde encon- 
tré á la gente muy tranquila, pues no habia habido nada de lo 
que se habia dicho del enemigo. El incendio estaba en su 
mayor fuerza, la iglesia ardia completamente. Yo no me 
atreví á ir á ver el fuego de cerca, pues se sentían tiros á cada 
momento, y los Oficíales me dijeron que les habían hecho á 
ellos algunos dispiros, y que era peligroso el ir. Esa noche 
me acosté ve>tido, y como á las tres de la mañana. Al dia 
siguiente me levanté temprano, y ensillé mí caballo. Apenas 
salí de la casa, lo primero que me 11 imó la atención fueron los 
santos que habían hecho colocar en la plaza y al lado de nues- 
tra casa. Sobre una mesa vi una cosa medio tapada con un 
paño, voy á ver qué era, y me encuentro con el sol de un 
custodia y aun con el Santísimo en ella. Inmediatamente la 
envolví en el mismo paño, y la llevé á mí pieza en don Je la 
guardé para evitar profanaciones. Volví en seguida á la calle 
para hacer guardar lodos los santos y demás objetos de la 
Iglesia que habían sacado y estaban en el medio de la calle. 
El incendio aun no se habia extinguido del todo, pues varias 
casas aun ardían. Varias familias todas ellas de pobres, se 
habían refugiado en la plaza, en donde lloraban y pedían mise- 
ricordia, pues creían que todo el pueblo iba A ser quemado, y 
que á ellas las iban á matar. Trabajo inmenso me costaba 
sosegarlas, asegurándoles que nada les iba á suceder. En lo 
mejor de mi perorata, un tremendo estallido que rompió los 
vidrios de la casa delante de la cual estábamos, haciéndola 
conmoverse como en un terremoto, aumentó espantosamente 
la gritería. Todas me pedían que les echara la absolución, 



400 SAQUEO É INCENDIO DE MOLLENDO 

íjue ya no les quedaba otro consuelo, pedían de rodillas que no 
las mataran, que las dejaran irse á refugiarse á los cerros. Al 
lin, después de mucho batallar conseguimos sosegarlas. El 
(estallido habia sido causado por unos 60 barriles de pólvora, 
(|ue se incendiaron sin saber como, y que no causaron gran 
(laño, gracias á que estaban al aire libre, que si no quién sabe 
á donde habriamos ido á parar todos. Ese dia anduvo por el 
pueblo á caballo. La mayor parte de las casas ha bian sido 
saqueadas por los soldados del 3" de línea y varios paisanos 
italianos y soldados de los otros cuerpos. Es de advertir que 
al 3° de línea se le dio orden de volver á Islay al dia siguiente 
(le nuestra llegada, para ser ahí reembarcado. Estos salieron 
(le Moliendo el Martes en la tarde (es sin duda una equivoca- 
ción la del Presbítero haber dicho Martes en vez de Miércoles, 
que fué el dia siguiente al de la llegada de la expedición) y 
i.omo era natural, iban furiosos, porque los hacian volverse por 
tierra, haciendo una marcha bastante penosa. De éstos, mu- 
chos se volvieron al pueblo, se emborracharon y principiaron 
<ü incendio y el saqueo. Mucho temimos al principio que se 
liubieran quemado algunos que yacian completamente borra- 
chos en las casas que se quemaron, pero después hemos visto 
([ue no ha faltado ninguno á la lista que se hizo mas tarde. El 
Jueves y Viernes (U y 12 de Marzo) el incendio continuó y 
también la destrucción de la estación. En ésta el Gobierno 
Peruano ha perdido de cinco á seis millones de pesos, pues era 
una magnifica estación, muy superior á la de Santiago y Val- 
])araiso. El Viernes se permitió saquear la parte de la Aduana 
que estaba sobre el muelle, y que debia ser quemada, y que 
contenia muchísimas mercaderías y licores >. (Apéndice 25.) 
El historiador Vicuña Makenna después de narrar los mis- 
mos acontecimientos dice « Tal era el horrendo espectáculo 
que ofrecía la población, convertida en devoradora pira, á los 

que á esas horas se hallaban en tierra > « mas ó menos, 

todos los cuerpos de la expedición, se mancharon en aquella 
orgia, iluminada por las llamas de una universal destrucción, 
porque la dinamita habia hecho saltar la magnífica estación de 
Moliendo, y todos los edificios públicos, al paso que su material 



SAQUEO ¿ INCBNDIO DB MOLLBNDO 401 

de explotación, saturado de petróleo, ardían en inextinguibles 
piras, atizado el fuego por soldados de Chile conforme á 
érdenes saperiores y á Instruecioneü exáetas > • • • 

« por fin ... . logró reembarcarse la expedición á la vista del 
amedrentado enennigo, y sin mas fruto que aquella vergonzosa 
y tan horrible y mal aconsejada devastación. Tres ó cuatro 
millones destruidos, funestas escenas de inmoralidad para el 
soldado, y la carga de un camello de reclamaciones diplomá- 
ticas, be allí en conjunto el fruto de la fatal expedición A 
Moliendo, que no habia tenido sino una compensación ; la de 
alumbrar con la riqueza acumulada de un pueblo los densos 
horizontes de una noche de horror. Lindísimo espectáculo 
dicen que representaba en la noche del i O al 11, una área de 
terreno conu) de 18 leguds cuadradas, iluminando l^s cerros y 
las ondas del océano el incendio que á la vez consumía á Mo« 
llendo, Mejia é Islay ». . . . 

« Los extranjeros (al decir de una correspondencia publicada 
en € Los Tiempos » del 29 de Enero de 1880) agrega el histo- 
riador, avalúan las pérdidas sufridas por los Peruanos en la 
destrucción de Moliendo, Islay y Mejia, muelles, estaciones 
etc. en ocho millones de pesos ». • . . Y concluye asi ; « Nó : 
La historia pjira ser tal, para merecer su nombre y servir de 
enseñanza á los pueblos, tiene que ser inexorable en su exposi* 
cion, como en sus fallos. Y concebida así la expedición de 
Moliendo no fué solo un grave error militar sino una vergüenza 
para nuestras armas. Fué un Tarapacá moral, la noche 
triste de tantas y tan gloriosas campanas antiguas y venido* 
ras. (BibU 104, lU. pág. 421 á 435.) 

El Coronel Dublé Alnaeida, quizá sinceramente impresionado 
por tan horrorosas escenas, se disculpó* ante varios vecinos 
-extranjeros, que fueron á pedirle protección para sus personas 
y bienes, entre ellos algunos cónsules, diciéndoles que «con- 
« fesaba que se habían cometido muchos escándalos en la 
< población, y que se avergonzaba de ellos; pero que habia 
•« sido imposible contener á la tropa embriagada con los lico* 
« res que (^contró en la Aduana. » 

Mientras Moliendo era presa dei desenfreno y del incendio, 



402 SAQUBO é INCENDIO DE MOLLBNDO 

el coronel Barboza, que desde las 3 de la mañana del 10 había 
salido á proseguir su reconocimiento al interior con el piquete 
de caballería y la columna de zapadores, avanzó hasta la 
Ensenada (estación del ferrocarril entre Mejia y Tambo) sin 
hallar ninguna fuerza enemiga; mas en esas inmediaciones le 
salió al encuentro la pequeña guarnición que se babia retirado 
de Moliendo, y trabó un ligero combate con la caballería chi- 
lena que iba en descubierta, obligándola á replegarse al grueso 
de la columna de los 400 zapadores que formaban su base. 
El entusiasmo imprudente de algunos de la guarnición perua- 
na, que avanzaron aisladamente al principio del combate, los 
hizo caer en manos del enemigo, quien los condujo como un 
taofeo de victoria en su mismo retroceso. 

Pasado este incidente, las fuerzas contendientes permane- 
cieron á la vista sin atreverse ninguna á embestir, hasta 
entrada la noche, á cuyo f ivor la chilena emprendió precipita- 
damente su retirada á Moliendo, á donde llegó la mañana del 
11, después de haber caminado toda la noche, y de dejar tras 
sí su consiguiente huella de incendio y devastación en las 
estaciones que se encontraban á su paso. 

En Arequipa existía una división de 2,500 hombres, mas ó 
menos, de gente allegadiza y mal armada. El Prefecto don 
Carlos González Orbegoso, joven recien salido á la política, y 
mas afecto á los pasatiempos de pompas aristocráticas, y á 
las tertulias de salón, que á las rudas tareas y peligros de la 
guerra, no se movió con esa fuerza sino en la mañana del 10, 
no obstante haber sabido por telegrama, desde la una de la 
tarde del 9, el desembarco del enemigo en Islay; y aun 
cuando dio el primer paso en el camino del deber, hizo 
el resto de su marcha con tales nimiedades y desaciertos, so 
color de precauciones, como el de dejar los 10 mejores batallo- 
nes á retaguardia, que es seguro que nadie podría tomarlas por 
prudencia, sino por miedo. De esta manera no solo dio tiempo 
al invasor de ejercer con toda tranquilidad sus horrorosas 
depredaciones en los puertos de Islay y Moliendo, sino de 
que las extendiese hasta el último punto de su avance al 
interior, y se retirase á su vista impunemente ] siendo casi 



SAQUEO é INCENDIO DE MULLENDO 403 

seguro que el solo anuncio de su marcha oportuna habria 
bastado para que se embarcara inmediatamente y se evitaran, 
sino todos, gran parte de los crímenes y de la devastación 
que perpetró en esa costa, como vino á probarlo el hecho de 
que tan luogo como supo que esa fuerza se aproximaba, 
abandonó el campo y se replegó precipitadamente al puerto. 
Tan luego como el Coronel Barbosa sospechó que iba á ser 
agredido con fuerzas superiores, esa misma noche (del 10) se 
replegó sobre Moliendo, como hemos dicho, incendiando á su 
paso las estancias y material rodante de la línea, á la vez que 
el Prefecto de Arequipa seguíale receloso los pasos contem- 
plando en todas partes la cruel, inútil y contraproducente 
destrucción de todos los medios de vida y de progreso de que 
han hecho conquista los pueblos modernos. Caminando 
toda la noche en carros que la misma tropa empujaba en 
fantástica procesión, llegó á Moliendo en la mañana del 11. 
(Bibl. núm. 104. III pág. 427.) 

« Al llegar el Coronel Barbosa á Moliendo se le presentó un 
espectáculo de horror; la orgia de un ejército desbandado 
entre las llamas de un incendio. > (Id. id.) (") 

Concluido lo que por lo ostensible pudiera considerarse 
como obra solo de la soldadezca, ó en otros términos, el robo 
y el incendio por acción popular, los dias Jl y 12 se emplea- 
ron en llevar á cabo el robo, la destrucción y el incendio de 
carácter oficial Cuanto pertenecía al Gobierno, á la Empre- 
sa del ferrocarril y á Mr. Speedy empresario de la navega- 
ción del Titicaca, y condómino de la factoría del Gobierno ; 
esto es, muelle, pescantes, estaciones del ferro-carril^ rieles, 



(•) Al leer esto y observar que el hiátonador citado no vuelve 
á tomar el hilo de su narración sino para contar el regreso de la 
expedición á lio, sin decir nada de los horrorosos hecho* que acae- 
cieron desde esa mañana del 11 hasta la tarde del 12, en que se 
reembarcó, el lector creeria que ese ultimo período de su perma- 
nencia en Moliendo, bajo la autoridad inmediata do su primer Jefe, 
seria de orden y circunspección ; que lo hecho había bastado para 
contener la mano del soldado y la del Jefe ; pero desgraciadamente 
y para mayor mengua de Chile no fué a^íí, como lo llevamos narrado. 



404 LA CORBETA UNION EN ARICA 

alm/)cenes de la Aduana, maquinaria de la factoría^ en fin 
todo lo que no pudo ser embarcado en la flota expedicionaria, 
fué destruido por el hacha ó la dinamita, ó consumido por las 
llamas, en un incendio preparado de ante mano con cohetes y 
camisas incendiarias, dinamita y agua ras, llevados de abordo. 

«A las dos y media de la tarde (del 11) comenzó el resto 
de la expedición, pues ya el 2° de linea habia marchado á 
Islay, á desalojar sus cuarteles para incendiarlos, lo mismo 
que los demás ediñcios públicos del pueblo. Fuera de los 
edificios destrozados é incendiados se quemaron también unos 
cien carros del ferro carril y se destrozó la via férrea, y parto 
del sólido muelle de flerro del puerto que á causa de la 
premura del tiempo, y de la perfección del trabajo solo pudo 
ser destruido en muy pequeña parte. Durante toda la tarde 
y la noche del dia 11 se ocuparon las tropas en la obra de 
destrucción. » 

Terminada su obra de barbarie en Moliendo y los puntos 
adyacentes, la hueste expedicionaria se reembarcó el 12 y 
zarpó, á Is 6 de la tarde, con rumbo á Pacocha á donde llegó 
á las 12 del siguiente dia, y fué recibida en triunfo al toque de 
las bandas de los cuerpos que estaban allí acampados. » 

Increibles ó cuando menos exajeradas parecerían las iniqui- 
dades cometidas en Moliendo, si ellas no fueran referidas por 
los mismos chilenos que presenciaron esos actos de salvajismo. 
(Apéndice 23.) 

Cuatro dias después del regreso á Pacocha de aquella 
tristemente memorable expedición, la Marina peruana lleva- 
ba á cabo una de sus mas atrevidas empresas. La corbeta 
€ Union » al mando del Comandante Villavicencio, despacha- 
da del Callao el 12 de Marzo con un cargamento para el 
Ejército del Sur, que desgraciadamente no correspondía en 
nada ni á la magnitud del peligro, ni á las necesidades que 
hubiera debido satisfacer, después de una travesía feliz, se 
presentaba el 17 á las 4 a. m. y tomaba fondo á las 5, en la 
Bahía de Arica, burlando la vigilancia del « Huáscar » y el 
« Matías Goursiño, » que á la sazón bloqueaban el puerto. Al 
volver éstos por la mañana, (6. a. m.) al montar la guardiai 



tA COHBETA üfílON EN ARICA 4'5 

que durante la noche habían abandonado, coníio de costumbre, 
fueron sorprendí' los a! ver que el « Manco Capac» abrigaba 
i su costado un companero, Ralido como por encanto á la 
superñcie de las aguas^ y que éste era ni mas ni menos que 
la intrépida «Union.» Inmediatamente el «Matias Cou- 
siño » siguió su rumbo al Norte, á participar á lio tan miste- 
riosa aparición, quedando el « Huáscar » de guardia. A las 
7-30. a. m. se avistaron por el Sur dos buques mas, el 
n Cocbrane » y el « Amazonas, > y á las 8 50. el « Huáscar » 
rompió sus fuegos sobre la « Union » que se ocupaba en des- 
cargar lo que habia llevado del Callao, y sobre el « Manco 
Capac, » á distancias variables, entre 6,000 y 4,000 metros ; 
los fuertes del Morro y la « Union » contestaron con solo 
cuatro tiros 4 causa de la gran distancia en que éste se man- 
tenia; no obstante el buque enemigo continuó en su inútil 
tarea liasta las 9. 20. en cuyo tiempo hizo ocho disparos. A las 
10. 20. repitió tres tiros, que no fueron contestados por la 
misma razón. A esta hora ftié llamado por el « Cochrane, » y 
después de acordar entre sus respectivos j^fes un nuevo 
ataque, los dos buques se colocaron el uno al Sur, y el otro al 
Norte, rompieron sus fuegos (á las 12. 20. p. m.) sobre la cor- 
beta y el monitor « Manco Capac > que estaba aguantado 
sobre su máquina ; éstos y lis baterias de tierra contestaron 
inmediatéimente, y desde ese instante el combate se hizo 
general, y se sostuvo hasta las 2. 30. p. m, en que los buques 
enemigos se pusieron fuera de tiro. 

Terminado el combate se situaron los enemigos en disposi- 
ción de hacer casi imposible la salida á la mar de la corbeta 
peruana; pero á las 5. 15. p. m. habiéndose reconcentrado 
aquellos hacia el Oeste y á una distancia de seis millas del 
fondeadero, con el objeto de acordar un nuevo ataque en la 
noche, la corbeta largó sus amarras, y zarpó á toda fuerza, 
con rumbo al Sur, barajando muy de cerca las isla del Ala- 
crán, en medio de los / hurras! atronadores que se escapaban 
de mil pechos henchidos de entusiasmo y satisfechos del feliz 
resultido de sus esfuerzos. Cojidos por esta nueva sorpresa 
los Comandantes chilenos, que en esos momentos se hallaban 



406 LA CORBETA UNION BN ARICA 

á bordo del « Cochrane, » volaron á sus buques, y emprendie • 
ron la caza de "la atrevida corbeta, que una vez oías burlaba 
su inmensa superioridad, al alcance de sus cañones y á la luz 
del dia, como para que desde tierra y en el mar, amigos y 
enemigos, presenciaran y testiguaran su grandiosa hazaña. 



ComandaiiíM'a General de las Baterías de osla Plaza. — Arica, Mar- 
zo 17 de 1880.— Soñor Coronel Jefe de E. M. G. del primer Ejército 
del Sur. — S. C. — Tengo el honor de poner en conocimiento de U.S. 
que hoy á las 4 h. 40. m. de la mañana se avistó un vapor háciji el 
Sur de la caleta de «Lirera» bastante próximo á tierra para hacer 
comprender que intentaba practicar algún movimiento sóbrela costa. 
Poco después dicho buque mostraba hacia las baíerias un farol rojo 
y el distintivo de la corbeta «Union», la cual enU^ al fondeadero á 
las 5 h. 30 m. cuando no habia ningún buque enemigo á la vista. 
A las6h. a. m. se avistaron dos de estos, que eran el «Huáscar» y 
trasporte «Cousiño» el cual después de haber reconocido sin duda 
en el fondeadero á la corbeta «Union» salió con rumbo al Norte. 

A las 7 h. 30 m. se avistaron por el Sur uno de los buques blin- 
dados y un trasporte enemigo; á las 8 h. 50 m. el monitor «Huáscar», 
que se habia colocado á 6,00() metros de distancia del morro, rompió 
sus fuegos sobre la corbeta «Union» y monitor «Manco Capac» y 
continuó así hasta las 9 h. 20 m. habiendo hecho ocho disparos á 
distancias variables entre 4,000 y 6,000 metros, que fueron contes- 
tados por dos tiros del Morro y dos de la corbeta «Union». 

A las 10 h. 20 m. el «Huáscar» hizo tres tiros que por la mucha 
distancia á que fueron disparados no se contestaron sino con un 
tiro de la corbeta «Union». 

Desde las 12 del diase notaron movimientos en los buques enemi- 
gos que manifestaban la intención de un ataque decisivo. En efecto 
á las 12 h. 20 m. colocándose el «Huáscar» á barlovento del puerto 
y el blindado «Blanco Encalada» hacia el Oeste junto con el tras- 
porte «Amazonas», rompió sus fuegos el primero sobre la corbeta 
«Union» y el monitor «Manco Capac» que estaba aguantado sobre 
su máquina. Poco después el blindado haciendo rumbo sobre tierra 
principió á aproximarse hacia el fondeadero por la parte de sotavento 
y cuando se encx)ntró á 4,200 metras de distancia hice romper los 
fuegos del Morro sobre él, empleando los cañones Parrott de á 100, 
haciéndose general el combate desde este instante, que fué sostenido 
por nuestra parte por las baterias del Morro y del Norte, la corbet a 
«Union» y monitor «Manco Capac» y de parle del enemigo por el 




LA CORBETA UNION EN ARICA 407 

Era la 5* vez q ue el valiente y entendido Connandante Don 
Manuel Villavicencio se burlaba de sus enemigos, haciéndolos 
caer en ridículo ante propios y extraños. 

Pocos é insignificantes fueron los daños causados á la 
« Union, » á pesar de haberle caido dos balas ; solo tuvo un 



monitor «Huáscar» y el blindado «Blanco Encalada» hasta 2 h. 2í3 
in. p. m. en que los buques enemigos se colocaron fuera de tiro. 

La batería del Morro ha disparado 92 tiros, la del Norte 21, el 
monitor «Manco Capac» 4 y la corbeta «Union» 18 á 20 mas ó 
menos, mientras que los enemigos han disparado^84 tiros dirijidos 
en su mayor parte á la corbeta «Union». 

Me es satisfactorio anunciar á U. S. que las baterías del' Morro y 
del Norte han rivalizado en la precisión de sus punterías, pues he 
notado que varios proyectiles han caido en uno y otro de los buques 
enemigos, sin que me haya sido posible apreciar sus efectos, y que 
por nuestra parte no ha habido mas desgracia que la rotura de un 
canon «Veruz» de á 70 en la batería del Morro, y que la «Union» 
ha recibido dos proyectiles en la caja de humo y en la parte de proa, 
en la cubierta, que ha ocasionado la muerte de un individuo y nueve 
heridos. 

Terminado el combate se situaron los buques enemigos en disposi- 
ción de hacer casi imposible la salida á la mar de la corbeta « Union » 
pero á las 5 h. 15 m. p. m. habiéndose reconcentrado aquellos hacia 
el Oeste y á una distancia de 6 millas del fondeadero, la corbeta 
largó sus amarras y zarpó á toda fuerza con rumbo al Sur en medio 
de los burras de nuestros artilleros, que veían con entusiasmo coro- 
nados sus esfuerzos durante el día. Los tres buques enemigos 
emprendieron entonces la persecución de la corbeta á distancia de 
ocho millas hasta las 6 h. 40 m. p. m. en que la oscuridad de la noche 
no me ha permitido apreciar resultado alguno. A las 7 h. p. m. se 
notó un cohete de señales y un cañonazo en el fondeadero de los bu- 
ques enemigos, lo que me ha heého suponer que seria señal de 
reunión. 

Los Jefes, Oficiales é individuos de tropa de las baterías han lle- 
nado sus deberes de una manera tan satisfactoria que me complazco 
en reconocer y recomendar á la consideración de U. S. después de 
haberlo publicado en la orden del día. 

Los Señores General de División Don Juan Buendia, Capitán de 
Navio Don Juan Guillermo More, los Coroneles Don Manuel Velardo 
y Don Arnaldo Panizo, el Teniente Coronel Don Eduardo Cornejo, el 
de las baterías del Este y el Teniente de artillería Don Eduardo del 



408 FUROR Y DBSBSPBRACION BN CHILB 

muerto, el Sargento 2^ Luis Hidalgo, y ocho heridos, entre 
los cuales se contaba uno de los lancheros que se hallaba á 
bordo durante el connbate. 

El mal éxito del combate del 27 de Febrero, que ocasionó 
la muerte del Comandante Thompson y de algunos oAciales é 



Castillo, me han ayudado con sus esfuerzos en el desempeño de mis 
deberes. 

Sírvase U. S. dar cuenta de este parte al Señor Con ira- Al miran te 
General en Jefe di»l primer ejército del Sur, junto con la lista de pre- 
sentes de las baterías que encontrará U. S. adjunta. — Dios guarde á 
U.S. — (Firmado). — Ca/wiío N. Carrillo. 



PARTE OFICIAL DEL COMANDANTE DE LA « UNION «. — Al Ancla, CallaO 

Marzo 20 de 1880.— Benemérito Señor Capitán de Navio Comandante 
General de Marina.— S. C. G.— Tengo el honor de elevar al despacho 
de U. S. el presente parte referente á la comisión que he desem- 
peñado en el buque de mi mando, y que U. S. el Jefe Supremo tuvo á 
bien confiarme. 

El 12 del préseme zarpé de este puerto á las 11 h. 30 m. a. m. no 
habiéndolo hecho mas temprano por la circunstancia que U. S. cono- 
ce perfectamente. El 15 por la tarde llegué al puerto de Quilca por 
convenir asi al objeto de mis instrucciones y, alli tuve conocimiento 
de la ocupación de Islay y Moliendo por las fuerzas Chilenas. En 
la noche del 15 zarpé del referido puerto haciendo rumbo Sur y des- 
pués de dos horas de navegación se avistó un vapor al parecer ene- 
™ígOf y aunque desvié el rumbo, permaneció ala vista hasta las 3 
de la mañana, á cuya hora volví k tomar la dirección conveniente, 
aumentando el andar para recuperar el tiempo perdido en la noche, y 
llegar á Arica en hora oportuna, para forzar el puerto con buen éxito. 

Con todas las precauciones convenientes, y habiendo hecho una 
perfecta recalada, me coloqué cerca del puerto á las 4 de la mañana 
del 17; de allí destaqué un bote ligero á cargo del Alférez de fragata 
Don Carlos L. Rodríguez para que advirtiese á las autoridades de 
tierra la presencia de la «Union», media hora después me dirijí á 
toda fuerza al fondeadero donde llegué y fondeé sin novedad. Poco 
tiempo antes de llegar á la bahía avi^«té luces al Norte y Sur; las 
primeras eran de buques de guerra neutrales, y la segunda probable- 
mente del monitor «Huáscar» y de un trasporte, pues media hora 
después de fondeado se colocaron al frente del puerto. 

Inmediatamente que quedó el buque amarrado conven ien temen te. 




FUROR Y DBS£6PBRACI0N EN CHILE! 409 

individuos de la tripulacioo del c Huáscar; » aparte de las 
averias de los buques, había ya contristado mucho, conao de 
costumbre, al pueblo chileno; y así predispuestos los ánimos, 
la escapada de la < Union > produjo el estallido de la vanidad 
contrariada; y del descontento contra el Gobierno; encar- 



desembarqué la carga que conduje, y entregué la lancha 6. los Oficia- 
les encargados de ella; al mismo tiempo coraenzé á embarcar car- 
bón y nos hallábamos en dichas operaciones cuando aparecieron 
también por el Sur, el blindado «Blanco» y otros trasportes» 
asi es que dos horas después de haber fondeado nos hallábamos con 
el puerto cerrado por los referidos buques, excepto uno de los tras- 
portes que se dirijió al Norte, seguramente en busca de mas refuerzos 
para atacar y destruirá la «Uuion». 

A las 8 h. cuando aún nos hallábamos ocupados en la carga y des- 
carga que he indicado, los blindados se pusieron en movimiento, el 
«Huáscar» primeramente y el «Blanco» después, rompieron sus fue- 
gos exclusivamente sobre la corbeta; inmediatamente y sin parar el 
trabajo se contestaron de á bordo, y desde entonces se trabó un serio 
combate durante 7 horas con algunos intervalos de cuyos detalles dai'é 
cuenta á U. S. por separado. 

A pesar de los esfuerzos hechos por la escuadra enemiga con su 
poderosa artillería, habiéndonos lanzado ciento cincuenta proyectiles 
mas ó menos entre bombas y balas de diferentes calibres y sistema, 
y con perfcta dirección para echar á pique la corbeta, ella resistió 
valerosamente tan formidable ataque y sufriendo tan solo lijeras ave- 
rias y en su personal la muerte del sargento 2« Luis Hidalgo y ocho 
heridos, de los cuales siete son de tripulación y el otro un lanchero 
que se hallaba abordo durante el combate. De los proyectiles lanza- 
dos por el enemigo, dos bombas reventaron abordo, cinco en el aire, 
cayendo abordo sus fragmentos, y varias en las inmediaciones, causan- 
do con ellas los daños que he mencionado que ciertamente son pocos 
relativamen'e al número de proyectiles lanzados y á su ventajosa 
anilleria. También por nuestra parte creemos haber hecho algunos 
daños ai «Huáscar» con varios proyectiles de Arsmstrong y Whi- 
tivorth que cayeron en dicho buque según pudo juzgarse desde aboi'do. 

Las baterías del «Morro» y «San José» perfectamente servidas, 
como también el « Manco Capac», protejian con acierto á esta corbe- 
ta cada vez que el enemigo intentaba acercarse, y mediante tan eficaz 
y oportuno auxilio, la corbeta no sufrió los daños que eran consiguiente 
en tan desigual combate, y puedo asegurar que ambos blindados á 
pesar de estar en constante movimiento, han recibido algunos pro* 



410 FUROR Y DESESPERACIÓN EN CHILE 

gándose de manifestarlo la prensa de dentro y fuera de Chile. 
— «Las noticias que el telégrafo ha trasnnitido, decia « Las 
Novedades, » son desconsoladoras. La « Union > ha burlado 

« 

la vigilancia de nuestros buques de bloqueo, y ha logrado 
salir de Arica á la luz del día, á la vista de tres de nuestras 



yectiles lanzados por nuestros recomendados artilleros de las 
baterías. 

A pesar de los inconvenientes que teníamos para zarpar, tanto por 
las pequeñas averias que sufrimos en la chimenea y tubos de vapor, 
cuanto por las posiciones de los buques enemigos, pei*o contando con 
la intrepidez de todos mis valerosos y decididos subordinados para 
hacer en la mar la defensa del buque á costa de todo sacrificio, des- 
pués de hechas las necesarias reparaciones, largué el ancla á las 
cinco de la tarde, dejó el fondeadero precipitadamente, y barajando 
muy de cerca la isla del «Alacrán» hice rumbo al Sur, aún sin contar 
con toda laespansion del vapor. Pocos instantes después todos los 
buques enemigos se pusieron en movimiento y emprendieron á toda 
fuerza y en distintas direcciones su caza sobre la corbeta, que burlaba 
á sus poderosas naves, en medio de los vivas y aclamaciones entu- 
siastas de la multitud de gente que coronaba el morro y demás 
lugares cercanos, á cuyas inmediaciones necesité pasar, al dejar el 
puerto. 

Poco tiempo después y en los momentos mas críticos de la perse- 
cución se declaró incendio sobre una de las calderas, ocasionado 
por las llamas de la chimenea que amagaban también el palo mayor; 
pero atendido y cortado oportunamente, fué extinguido un momento 
después sin manifestar la tripulación por este accidente el menor 
desconcierto. 

Cumple á mí deber, haciendo merecixla justicia, recomendar á S. 
E. el Jefe Supremo el decido empeño y el noble patriotismo de los 
Señores Jefes, Oficiales de Guerra y Mayores é 'Ingenieros que se 
hallaban bajo mis órdenes, para llevará buen término la difícil comi- 
sión con que se nos ha honrado, asi como su valeroso comporla- 
miento durante el combate y en las difíciles circustancias en que ha 
estado el buque. No es menos recomendable el comportamiento de 
todos los demás individuos do la brava dotación que, Uena de entu- 
siasmo y estimulados con el ojeinplo de superiores, cumplían abne- 
gadamente con sus deberes. 

Debo también hacer presente á U. S. que los Señores Jefes de las 
baterías del E. M. O, del ejercito y demás autoridades ofrecieron 
constantemente los auxilios que el buque necesitaba, como también 



FUROR Y DESESPERACIÓN EN CHILE 411 

naves. La opinión pública ha recibido la noticia con pro- 
funda sorpresa. Es menester confesar que el chasco es 
mortificante para nuestro amor propio. > ... El c Mercurio» 
también esclamaba : — « Con la escapada de la « Union, » es 
fuerza confesar que hemos andado con desgracia, y que ésta es 
mas sensible por ser La Torre y Condolí, los dos mimados de 
la fortuna, los que han errado el golpe. > « El Pueblo Chileno » 
de Antofagasta, se resistía á dar crédito á las primeras noti- 
cias que le llegaron, pero ya en posesión de datos que no 
dejaban lugar á duda, continuaba su clamoreo: «doloroso 
es decirlo, mejor nos habría estado no convencernos. Seamos 
francos, aunque la franqueza nos lastime nuestro amor propio. 
La aventura realizada por la < Union, » es un hecho que debe 
avergonzarnos; no vemos como puedan justificar su conducta 
los marinos que tomaron parte en él. Que estando cojida en 
la boca del león, es decir, dentro de Arica, cuya salida guar- 
daban tres de nuestros buques, haya podido salir Ubre, á la 
luz del dia, y burlando á sus bloqueadores, esto es inaudito ; 
esto no necesita comentarios; para nosotros la aventurado 
la € Union > es peor que un desastre real y efectivo. > — El 
«Ferrocarril de Santiago» y otros participaban de la misma 
opinión general. 

En el Perú, naturalmente, las impresiones fueron por de 
pronto diametralmente contrarias; para la generalidad se 
presentaban dos hechos, á cual mas satisfactorios y halaga- 



la ambulancia de la cruz «Roja» que se hizo cargo inmediatamente 
de los heridos, para medicinarlos en tierra, después de habérseles he- 
cho las primeras curaciones por los cirujanos del buque. 

En la navegación de rsgreso no ha ocurrido ninguna novedad, 
habiendo funcionado la máquina con regularidad, y he fondeado en 
este puerto á las 12 h. p. m. 

Sírvase U. S. pasar lo expuesto al despacho del Benemérito Capitán 
de Navio, Secretario de Marina, para que llegue á conocimiento del 
Jefe Supremo de la República; y séame permitido manifestar mi sen- 
timiento por no haberme sido posible llenar mi cometido á la altura 
de mi patriotismo.— Dios guarde k U. S.— S. C. G.—Manuel A. Villa- 
vicencio. 



i\2 RtSCONOClMIISNTOS MIUTAH^S 

dores; la brillante hazaña marinera de la corbeta, y la pro- 
visión de artículos indispensables al Ejército del Sur, en los 
momentos mas premio.so8 ; porque aunque la aspiración de 
Ja gente sensata, era por que de preferencia se reforzara 
aquel ejército con algunos batallones de los de Lima, y éstos 
no marchaban, se habia encontrado medio de calmarla con la 
anunciada salida de la división Leiva de Arequipa al cuartel 
de Tacna, U cual debia satisfacer esta ansiedad ; por con- 
siguiente los trasportes de entusiasmo y de contento embar- 
garon todos los corazones. Pero ¡ cuan poco debia durar esta 
agradable ilusión! no tardó mucho en saberse que el tan 
cacareado cargamento que habia lanzado á la «Union > á una 
suerte tan peligrosa, se reducia á unas cuantas gruesas de 
zapatos, algunos fardos de género para vestido, una pequeña 
cantidad de municiones de riñe, un cajón de medicamentos, 
una lancbita torpedo y dos ametralladoras, mientras que lo 
m-is necesario y urjente, como rifles, millares de tiros y vesti- 
dos hechos, se reservaba para el ejórcito que el Dictador 
organizaba en Lima con el objeto de asegurar su autoridad ; 
de suerte que el viaje de la < Union » no tuvo mas objeto que 
engañar á la Nación haciéndola ci eer que habia llevado 
grandes auxilios al desnudo y necesitado ejército de Tacna. 

Mientras en los puertos de Arica y Moliendo tenían lugar 
los sucesos que acabamos de referir, el Jefe del ejército 
invasor, acampado en el Hospicio, á 18 millas de Pacocha, 
mandaba practicar por la costa y al interior varios reconoci- 
mientos, oper.Jcion preliminar indispensable para emprender 
la campaña directa sobre Tacna. El resultado de esas excur- 
siones fué que todos esos parajes est iban completamente libres, 
pudiendo en consecuencia avanzar el ejército sin mas obstá- 
culos que los que la naturaleza habia puesto en su camino. 

Mediaba sin embargo una cin^.unstancia que debia llamar 
mas seriamente la atención de los invasores. En esos momen- 
tos existia en Moquegua una división peruana de 1,200 
hombres al mando del antiguo Coronel Andrés Gamarra, que 
aunque formada de gente allegadiza (Véase en el Apéndice 
núm. 1 1 el total de esta fuer/a) podia caer en ocasión op<^tuna 



SEGUNDA tíXPÍSDiClON A MOQUEGUA 413 

sobfé el flanco ó retaguardia del enemigo, y era de impeirios^t 
prudencia para éste, no dejar tal amenaza á sus espaldas; se 
acordó en el campamento chileno atic irla previamente. Con 
tal objeto, se destacó, el 12 de Marzo, uní división fuerte de 
4,000 hombres con 18 cañones, cuatro ametralladoras y dos 
escuadrones de Granaderos y Cazadores á Caballo, al mando 
del General Baquedano. Esta división, aunque con graves 
dificultades, provenientes de la imprevisión ó knala disposición 
de sus conductores, ocupó á Moquegua el 20, sin mas resis* 
tencia en su marcha que la de un lijero tiroteo de avanzadas, 
el 17, y acampó el mismo dia 20, en el Alto de la Villa, frente 
á los Anjeles, posiciones en (¡ue las trop is peruanas se habían 
situado. 

Hemos visto al narrar la primera expedición chilena sobre 
Moquegua (pág. 379) que la principal causa de su fácil 
desembarco en el puerto, y de su cómodo acceso hasta esa 
internada ciudad, se debió á la eterna gangrena de las disen^ 
sienes de partido, que desde tanto tiempo ha venido corro- 
yendo las entrañas del Perú ; y ¡ cosa inverosímil ! ningún 
contraste, ningún golpe, por rudo que fuera, bastó para 
hacer abandonar tan funesto camino á los hombres que 
teiían en sus manos la suerte de la patria. Asi vamos á ver 
nuevamente reproducidos en Marzo, en el mismo terreno y 
bajo idénticas condiciones, las mismas escenas que tuvie^ 
ron lugar desde el 31 deDÍ3Íeinbre al 2 de Enero próximo 
pasado. 

Uno de los asuntos que mas inmediatamente tomó en consi^ 
üeracion el Dictador Piérola, como lo hemos dicho, fué el 
arreglo del ejército, combinándolo de manera que correspon*- 
diese á sus intentos. Al tomar el mando Supremo encontró 
de Jefe superior. Político y Militar de los Departamentos del 
Sur al Contra-Almirante Montero, cuyo color político, á pesar 
tle su adhesión al Gobierno Dictatorial, le inspiraba recelos ; 
y ya que un conjunto de circunstancias le impedian zanjar de 
una plumada, como sin duda lo deseaba, las dificultades que 
la autoridad de Montero pudiera presentarle, optó por uno de 
esos términos medios que no hacen mas que empeorar la^ 



414 PIÉROLA Y MONTERO 

situaciones ; tal fué la suspicaz medida de organizar de nuevo 
todas las fuerzas de la República en cuatro ejércitos ; dos 
denominados 1** y 2* del Sur, uno del Centro y otro del Norte. 
La sub-diviáion del ejército del Sur en dos, no teniA mas objeto 
que servir de pretexto para cercenar la autoridad de Montero 
en primer término, y en segundo, el de precaverse contra su 
posible preponderancia en caso de que la suerte favoreciera 
sus armas en la próxima jornada contra el ejército invasor. (^) 

Eq consonancia con este plan, el Dictador dejó á Montero 
con solo el título de General en Jefe, al mando del ejército de 
Tacna, denominado primer Ejército del Spr ; y de las demás 
tropas esparcidas en esos departamentos. De Moquegua al 
Norte formó el 2* ejército dePSur, cuyo mando encomendó 
sucesivamente al General Beingolea y después al Coronel 
Leiva^ ambos adictos á su persona. 

El Contra-Almirante Montero que desde el principio de la 
guerra babia dado relevantes pruebas de patriotismo, resig- 
nándose á aceptar colocaciones ajenas á su elevada clase^ 
y después dejándose despojar paulatinamente por el nuevo 
Jefe Supremo de toda la autoridad que ejercía cuando éste 
asaltó el mando, no pudo sufrir en silencio, ni ser ciego 
instrumento de la destrucción del único verdadero ejéi^to 
que tenia el Perú para defender su honor y su territorio ; la 
nueva organización que el Dictador quería dar á ese ejército 
no significaba otta, cosa, y Montero con firme pulso escribió 
el siguiente oficio de 24 de Febrero en el que se vé el dolor, el 
patriotismo y la previsión. 

«General en Jefe del primer ejército del Sur. — Arica, Fe- 
brero 24 de 1880. — Señor Secretario del Estado en el Des- 
pacho de Guerra. — Solo el dia de ayer ha llegado á mis 
manos el apreciable oficio de U. S. fecha 31 del próximo pasado 
mes; por el cual se sirve transcribirme la suprema resolución 
de la misma fecha, organizando el primer Ejército del Sur, 



(*) Las in^truccioues dadas al Coronel Gamarra pueden vePí*c en 
el tomo 3* pág. 4^)9 de la liistoi-iá do Vi<-ufia Mackenna citada en 

Bíbl, lai. 



PIÉROLA Y MONTERO 415 

cuyo mando se me ha confiado. Sin que sea mi ánimo negar- 
me á cumplir las supremas disposiciones, á las que debo , 
atribuir el mas detenido y concienzudo estudio; voy, sin 
embargo, á manifestar á U. S. mi opinión sobre la naturaleza 
de la reforma que se intenta llevar á efecto, comprometiendo 
gravemente la estabilidad del primer Ejército del Sur, y el 
porvenir de una situación tanto mas excepcional, cuanto 
mayores han sido las vicisitudes porque viene pasando la 
República y los obstáculos casi iasuperables que hemos tenido 
que vencer para construir este principal baluarte de la defen- 
sa nacional .... 

« El decreto de organiz icion que U. S. me trancribe es tan 
funestamente peligroso llevarlo hoy á cumplido efecto, que 
á la verdad agradeceria á S. E. el Jefe Supremo que en 
atención á mi desprendimiento militar, al interés patriótico 
que me domina, y á los servicios que vengo prestando con 
escasa resignación desde que se declaró la guerra, se me 
librase de una responsabilidad tan inmensa ante el pais y la 
posteridad, que no serian bastantes las posteriores glorias y 
la vida inmaculada del hombre que las adquiriese, para 
reparar los males que sobrevendrían á la Kepública y á 
la alianza si se reorganizase el ejército de vanguardia alte- 
rando su personal, en momentos en que ya se encuentra al 
frente del enemigo. 

« Hay aun otra alta consideración que en conclusión haré 
valer ante el Supremo Gobierno para que reconsidere el 
decreto de fecha 31 de Enero. 

« Muchos de los Jefes que comandan cuerpos y divisiones» 
ó que se hallan en otras colocaciones de mas ó menos impor- 
tancia, han adquirido lejítima y denodadamente esos puestos, 
unos en los campos de batalla, y otros en medio de los sinsa- 
bores y privaciones del servicio de campaña. ¿ Seria justo 
premio para esos dignos servidores de la nación y noble ejem- 
plo para el ejército, que ahora se les relevase de los man- 
dos? .... 

«¿Puede ser lejítimamente admisible que batallones quo 

han conquistado su nombre en gloriosas accionas do anu.usí 



416 PIÉROLA Y MOMTBRO 

y ya como premio ó ya como estímulo se hi perpetuado el 
recuerdo dé la victoria^ dándoles el nombre del lugar donde 
la obtuvieron, para ser refundidoá en cuerpos nuevamente 
creadis y sin tradición? Pues bien, Señor Secretario, esto 
sucederá con el nuevo plan de reorganización, porque fnucbos 
de los cuerpos existentes perderán su nombre en la refundi- 
ción que se intenta efectuar. 

« Y si á este cúmulo de circunstancias á cual mas atendible 
y seria se agrega la confusión que vá á producir la variedad 
de armamentos que resultará en los nuevos cuerpos, al for- 
mar uno, de dos ó tres que tienen distinto sistema de rifle y 
su peculiar enseñanza, Si á todo ésto, por último, se agrega 
las consiguientes diñcultides con que se tropezará indudable- 
mente para que el soldado conozca á sus nuevos Jefes y éstos 
á sus nuevos subordinados, ó lo que es lo mismo, para armo- 
nizar las costumbres, los caracteres y los lazos de unión y 
respetuosa conQanza que debe reinar entre unos y otros. 
Entonces, Señor Secretario, el desquiciamiento general del 
ejército no podrá evitarlo poder ni influencia alguna, por mas 
que las ventajas de la reorganización hayan alhagado las 
esperanzas del Supremo Gobierno . , . 

« En guardia, pues, del porvenir, de la situación del ejérci- 
to de vanguardia, y de mi responsabilidad ante el país y el 
Supremo Gobierno, reitero á U. S. el convencimiento de cuanto 
dejo expuesto, esperando que en mis observaciones no se vea 
otra cosa que el justo pedido de la reconsideración de un 
decreto que entrañi la mas tremenda responsabilidad, así 
para quien lo dicta como para quien por desgracia llegara á 
ejecutarlo.» — L. Montero. 

Como las diminutas y novicias tropas de Arequipa, Puno y 
Cuzco, que sirvieron de base para el 2** fgército del Sur, no 
merecían propiamente tal nombre, el Jefe Supremo retardó el 
nombramiento del Gefe que debia mandarlo y se limitó á nom- 
brar Comandante General al Coronel Don Andrés Gamarra, 
encargándole el mando de algunos cuerpos de ese naciente 
ejército, y dándole la comisión de expediciouar al Sur, cou 
instrucciones adecuadas á su doble plan. 



CUESTIONES SOBRE MANDO 417 

Según SUS instrucciones, el Coronel Gamarra debia organi- 
zar la división de su mando con los cuerpos. que formaban la 
división Cuzco, organizada en el departamento de su nombro, 
por influjo y esfuerzos del Coronel Don Francisco Luna, quien 
se hallaba mandándolo en Arequipa, y del batallón Grau, 
situado en Moquegua, á las órdenes del Coronel Chocano. La 
división debia acantonarse en Moquegua, con el fin de soste- 
ner, á todo trance, la línea de comunicación del primer ejército 
del Sur con los departamentos de Moquegua y Arequipa, 
vigilar en el puerto de Pacocha las operaciones del enemigo^ 
y permanecer en Moquegua á las órdenes directas del Supre- 
mo Gobierno. 

4 

En conformidad son su nombramiento y con sus instruccio- 
nes, el Coronel Gamarra partió de Lima, en los últimos dias 
de Enero, y llegó á \requipa el 6 de Febrero ; se hizo cargo 
de los batallones alli existentes, asignados á su división, y 
continuó su marcha á Moquegua á donde llegó el 12. En esta 
ciudad estaban de guarnición los batallones Grau y Grana- 
deros del Cuzco, de los cuales el Contra-Almirante Montero 
habia formado por su parle la lü' división de su ejército, 
colocando á su cabeza al Coronel Don Manuel Velarde. Estos 
batallones debian también formar parte de la división del 
Coronel Gamarra; pero ni el Coronel Velarde ni el Contra- 
Almirante Montero, bajo cuya autoridad operaba esa división, 
hablan recibido orden alguna del Gobierno para poner esa 
fuerza y ese territorio á las órdenes de Gamarra ; á esto se 
agrega el profundo antagonismo político que dividia á los dos 
Comandantes Generales, con lo que sobraba para que se 
envolvieran en las consabidas cuestiones de competencia 
sobre el mando de esa fuerza, y dejaran mientras tanto el 
paso libre al ejército invasor que en esos momentos precisa- 
mente efectuaba su desembarco en Pacocha y se aseguraba 
el dominio de la linea férrea que conduce á Moquegua hasta 
seis leguas antes de esta ciudad. Esto explica porqué el 
ejército chileno acampaba el 20 de Marzo en el Altode la 
Villa, donde lo acabamos de dejar, sin haber encontrado en su 
marcha, desde el puerto, mas dificultades que las que la natu^ 



418 ESTA.DO DE LA DIVISIÓN DEL CORONEL QAMARRA 



raleza le oponía, las cuales, debidamente aprovechadas por 
las fuerzas de Moquegua, le habrían causado gravísimos y 
y trascendentales quebrantos. 

Al cabo terminaron las disputas de los Comandantes Gene- 
rales, el 27 de Febrero, poniendo el Coronel Velarde la fuerza 
de su mando á las órdenes del Coronel Gamarra ; pero ni los 
elementos constitutivos, ni el armamento y equipo, ni el Jefe 
de esta división eran á propósito pira llenar la importante 
misión á que estaba destinada. 

La división Cuzco, el núcleo de la nueva de Gamarra, habia 
sido formada, como ya lo dijimos, por el Coronel Don Fran- 
cisco Luna, natural de Cuzco y militar prestigioso ; influía 
poderosamente en sus soldados, y en cierto modo servia como 
de complemento necesario para el vigor de esa fuerza ; pero 
éste fué separado de su puesto exabrupto, y sin mas motivo 
que no ser de la comunión política del Dictador, enjendrando 
así el desaliento, la desconfianza y los recelos en todos los 
ánimos. 

Desde antes que surjiera la dictadura, todas e?as fuerzas 
habían estado mal atendidas, ya por las dificultades de 
las distancias, ya por la escasez de los recursos ; pero desde 
que se eríjió el nuevo réjimen, la desentendencia fué completa; 
porque el Dictador solc se preocupaba de organizar y equipar 
un poderoso ejército en Lima, haciendo total abstracción de 
lo del Sur ; así no era de estrañar que esas tropas estuviesen 
vestidas de andrajos que no bastaban ni á cubrir sus carnes, 
y careciesen hasta de rancho muchos días, habiéndose ya como 
acostumbrado á tomarlo una sola vez cada 24 horas. 

El armamento era de tal modo variado que no habia un 
solo batallón que lo tuviese uniforme; aquello parecia mas 
bien una colección de muestras de los diversos sistemas que 
se habian inventado desde el Minié hasta el Remington ; y 
cosa semejante ocurría en cuanto á las demás prendas del 
soldado, si es que una gran parte no careciese de ellas. 

Por último el Coronel Gamarra, aunque Jefe de valor acre- 
ditado, no podía ser aparente para la comisión que se le habia 
dado por su avanzada edad, ( 70 años, poco mas ó monos) sua 



LAS POSICIONES DE LOS AnJELES 419 

hábitos antimilitares, adquiridos en mas de 20 años que se 
hallaba retirado á la vida privada, y sobre todo, su falta de 
práctica para dirijir una campana, pues nunca habia manda- 
do en Jefe ninguna división. 

Tales eran las condiciones de las tropas peruanas que 
ocupaban Moquegua, al desembarcar el ejército invasor en 
el vecino puerto de Pacocha el 25 de Febrero, y las que 
posicionadas en los Anjeles desde el 19 de Marzo, á conse- 
cuencia de la aproximación de la división Baquedano, debian 
librar combate con ésta, tres dias después. 

En tan desventajosas condiciones no se podia resistir á una 
fuerza cuadrupla, perfectamente armada y equipada, y apo- 
yada por 18 piezas de artillería. La prudencia aconsejaba 
retirarse sin comprometer un combate, limitándose á escara- 
muzas para debilitar al enemigo en lo material y relajar su 
disciplina con sorpresas ú otras hostilidades semejantes, á lo 
cual se prestaba el terreno. Pero el Coronel Gamarra vio de 
distinto modo, y confiando en la importancia de los elevados 
cerros, que existen al Norte de Moquegua y forman un conjun- 
to de cumbres que sucesivamente van dominándose, á partir 
de Moquegua, se retiró á la mas inmediata, llamada los 
Anjeles, en donde resolvió esperar al enemigo. 

Generalmente se ha creido que esta altura constituia una 
posición militar inexpugnable, en toda la extensión de la 
palabra; y de esta falsa nombradia se han aprovechado los 
chilenos para quemar mas incienso del necesario al valor de 
sus soldados, por la toma de aí^uella posición. Pero aparte 
de que eso de inexpugnable carece en el dia de significación, 
desde que los cañones tienen largoalcance y seguras punte- 
rías, pues todo depende de la relación de los elementos de los 
contendientes, la dicha renombrada altura puede ser flan- 
queada, por derecha é izquierda, á cost i de un pequeño rodeo 
por caminos, aunque un tanto difíciles, practicables, y domi- 
nada ventajosamente por las cimas laterales de Kstuquiña y 
Quilinquile. Es verdad que debidamente guardados los 
pasos (|ue dan acceso á éstas, la posición se hace formidable 
por un extenso semi -círculo, poro si no h 7 suficiente númoro 



420 COMBATE EN LOS ÁNJBLES 

de tropas para defenderlo, ó descuidado cualquiera de ellos, 
como sucedió precisamente en el combate de los Anjeles, 
la situación de los ejércitos combatientes queda completa- 
mente invertida. 

El General chileno tenia perfecto conocimiento del terreno 
que ocupaba la división peruana ; porgue en Chile se cuidó 
desde años atrás de reunir planos y datos topográficos del 
territorio del Perú, y ademas el mismo General Baquedano 
acompañado de sus ingenieros, practicó prolijos reconoci- 
mientos (el 21) de los alrededores que ocupaba, y envió á dos 
soldados del Atacama, la no 'he del 20, para que exploraran 
el camino de la cuchilla denominada Estuquiña; éstos lo veri- 
ficaron, adquiriendo la personal convicción de la facilidad de 
atacar por ese punto la cumbre de los Anjeles. Con estos 
seguros datos, el General chileno resolvió ejecutar el ataque 
en la noche del 21 al 22; al efecto, dividió su ejército en tres 
cuerpos que debian atacar simultáneamente, por los flancos, 
por el centro y por el frente. 

El Coronel Gamarra dividió su tropa, colocando el Batallón 
Grau en la cumbre de los Anjeles, puesto que su Jefe el Coro- 
nel Chocano, solicitó con afán, «por ser hijo de Moquegua y 
haber peleado otra vez defendiendo esa posición,» Granaderos 
del Cuzco á la izquierda, en Quilinquile, y los otros batallones 
Canas y Canchis, á retaguardia, en la pampa del Arrastrado. 

En la noche del 21 el batallón chileno Atacama, guiado 
por los soldados que ya conocían el camino, emprendió su 
marcha por la quebrada de Estuquiña que corre al pié de los 
Anjeles, y principió á subir el cerro del mismo nombre que, 
como hemos dicho, domina por la derecha al de los Anjeles. 
Esta subida fué completamente descuidada por el Coronel 
Chocano, encargado de custodiar toda esa parte de la posición 
según lo habia solicitado con instancia, como muy conocedor 
de las entradas y salidas de esos cerros^ y solo cuando al 
amanecer el 22, estando ya el enemigo posicionado de la 
cumbre, rompió sus fuegos sobre el flanco derecho del bata- 
llón Grau, conoció el siempre incauto Coronel Chocano que 
estaba flanqueado por ese 1 ido, y piiió auxilio al Coronel 



COMBATE EN LOS ÁNJBLBS 421 

Gamarra que se encontraba en la Pampa del Arrastrado. Al 
inisrao tiempo se presentaba por la izquierda la otra división 
chilena que la misma noche anterior se habia puesto en 
marcha por Samegua, y posicionada en una altura rompía 
sus fuegos sobre dos compañías de Granaderos del Cuzco y 
Canchis que defendían ese paso; pero aunque éstas rechaza- 
ron por el momento, con notable arrojo, el ataque de fuerzas 
inmensamente superiores, se vieron obligadas á dejar el cam- 
po por la circunstancia ya mencianada de haber quedado en 
descubierto su flanco derecho. A la vez, las piezas de artille- 
ría chilena, colocadas en una altura cerca del Alto de la Villa, 
rompieron sus fuegos sobre los Anjeles, lo que contribuyó 
á completar el desorden del batallón Grau. Este, y los demás 
cuerpos de Quilínquile y el Arrastrado, se retiraron al pueblo 
de Yacango, y de allí, tocando en Torata, continuaron la 
retirada, en bastante orden, hasta Ilubaya, en donde se reu- 
nieron los dispersos, y esperó el Coronel Gamarra al enemigo 
creyendo que tendría lugar un segundo ataíjue ; pero éste se 
detuvo en Torata. (*) 



(*) COMANDANCIA GENERAL DE LA PRLMERA DIVISIÓN DEL SEGUNDO 

EJÉRCITO DEL SUR.— Omate, Abril 4 de 1880.— Señor General en Jefe 
del segundo ejercito del Sur.— S. G. — Cumpliendo con lo que ofrecí á 
U. S. en oficio fecha 23 del mes pasado, tengo el honor de manifes- 
tarle: que el 17 del indicado mes me retiré con la división de mi 
mando sobre el pumo denominado « Tambolombo » á consecuencia 
de que las avanzadas Chilenas ocupaban Moquegua. En la madru- 
gada del 29 tome posesión de Alto de los Angeles é inmediatamente 
procedí á reconocer esta posesión de mi flanco derecho y frente, como 
también mi izquierda, desde Quilinquile á Houeros; habiendo acam- 
pado con aquella en el sitio del «Arrastrado». 

« En la tarde del mismo dia, por orden general de esta fecha, se 
dispuso que dos batallones entrasen de servicio, ocupando los 
Angeles uno y el otro Quilinquile, los mismos que debian ser rele- 
vados cada 24 horas, y que los Jefes que estuviesen de servicio se 
denominasen Jefes de la línea y que á ellos estaba encomendada la 
seguridad y defensa del puesto que se les confiaban. Así mismo 
dispuse que la mitad de la infantería con sus respectivos Oficiales y 
al mando del Sargento Mayor Don Julio Ascana, ocupase el cerro 



422 COMBATE EN LOS AnJELES 

Este encuentro, que no puede 3alifl<'arse de otro modo, fué 
insignificante por sí mismo. Las pérdidas de la división Ga- 
niarra entre muertos, heridos, dispersos y prisioneros no 
Herraron á cien hombros; hs de los chilenos, si se dá crédito 



prrande de Quilinquile que dominaba Saneara, Yunguyo y la Calera. 
El 21, dia que dobian ser relevados «Grau» de los Angeles y «Grana- 
deros» en Quilinquile, me manifestó el Coronel Chocano primero de 
palabra y por escrito después, que siendo su cuerpo formado en la 
provincia y él conocedor personal del lugar, le permiti(ise no ser rele- 
vado y que quedaba encargado de la defensa de esta posición. 

En la misma tarde fueron tomados 4 soldados v un Oficial Chilenos, 
los que remití á Torata: y en la noche el Coronel de «Grau» hizo 
descender de los Angeles con mi conocimiento, 20 cazadores de su 
cuerpo, á sorprender la avanzada Chilena de caballería que se halla- 
ba en la cuesta de Tambolombo, cuyo resultado fué tomarles 4 
caballos, 4 carabinas de Winchester, y ocasionarles varios muertos y 
heridos. A la una de la mañana del 22 fui avisado de que el ene- 
migo se movía con dirección á Samegua. Inmediatamente ordené 
bajase la 6° compañía de «Granaderos» al mando de su Comandante 
Teniente Don Nicolás Roncal y del Sargento Mayor 2° Jefe del c lerpo 
Dcm Francisco García, con orden de contener cualquier tenlativa que 
el enemigo se propusiese efectuar por Quilinquile; habiendo hecho 
reemplazaren este sitio á dicha compañía con la 1* de «Canchis» 
como también que la otra mitad de la referida columna fuese á 
reforzar el sitio que ocupaba aquella. 

A las 4 y m »dia de la mañana por previsión mandé poner sobre 
las armas á todos los cuerpos, y permanecí en este estado hasta las 
5 que se oyeron los primei*os tiros en Molleros: entonces comprendí 
que los enemigos me atacaban por mi derecha é izquierda y acto 
continuo hice desceuder á la 1> de «Canchis» que estaba en Quilin- 
quile al mando de su Capitán y á cargo del Teniente Coronel 
Graduado Don José M. Vizcarra, k reforzará la de «Granaderos», 
v ordené al Jefe del E. M. Teniente Coronel Don Simón Barrionuevo, 
situase de la manera mas conveniente á estas dos compañías, y des- 
cendí ha'^ta colocarme á tiro de los enemigos, para reconocer el 
terreno que ocupaban «á la vez que las fuerzas que emprendían el 
ataque. Bien aclarado el día, noté que en el sitio llamado la Calera se 
encontraban ya rompiendo los fuegos 6 piezas de artillería, 3 ame- 
tralladoras, un regimiento de infantería de 800 á 1000 plazas, vestido 
de chaqueta azul y pantalón gransa, y k la izquierda do esta linea 




COMBATE EN LOS ÁNJELES 42 í 

á SUS partes oficiales, fueron de 9 muertos y 41 heridos. 
(Bib. 104. III. páj. 539.) 

Por mas que en Chile se hiciera gran aparato, y se enco- 
miara extraordinariamente el valor de sus soldados con motivo 



el resto de su infantería y una gran masa como de 600 á 800 de 
caballería. 

Por consiguiente, perfectamente situada^ como quedaban nuestras 
dos compañías en los Pulpitos, rompiendo los fuegos con bastante 
precisión, y á la gendarmes colocada en Quilinquile que hacia lo 
mismo, interrumpiendo la marcha del enemigo que no pudo avanzar 
un palmo mas del terreno que ocupaba, á pesar de la superioridad 
de sus tuerzas, conociendo que las municiones debían bien pronto 
escasear, ordené al oficial primero adjunto al E. M. Eduardo Luna, 
remitiesen un cajón ademas de-dos cargas que llevaban los arrieros. 
Ya para entóneos atacaba el enemigóla posision délos Angeles con 
artillería é infantería. Comprendiendo que debía reforzar las com- 
pañías que estaban en la quebrada situadas en el cerro los Pulpitos, 
me dirijí rápidamente al Arrastrado para tomar el batallón «Grana- 
deros» con el objeto ya indicado. 

Al descender me encontré con que los batallones que había dejado 
formados en columna cerrada, estaban desplegados en batalla y 
rompían sus fuegos sobre el enemigo, cuando hasta ese momento 
creía que los cazadores que estaban á mi vista y descendían sobre 
los Angeles haciendo fuego por el cerro de Estupíña, eran los del 
ha allon «Grau»: mas este error fué cosa de un momento, pues vi que 
los soldados del referido cuerpo venían en completa derrota y que 
aquellos que suponía de «Grau» eran del batallón «Atacama» 
perteneciente al ejército de Chile, que en la noclie, por la quebrada 
de Huaneros, habían tomado el de Estupiña, fiaqueando esta posición 
y dominando los Angeles, y que á pesar de los esfuerzos que hacía 
el Coronel á quien estaba confiada la defensa de esta, no pudo 
recobrarla, no consiguiendo otro objeto en el corto recinto de los 
Angeles, que el que fuese diezmada su tropa y puesta en completa 
dispersión. Esto sucedía cuando yo venía de Quilinquile, como 
he dicho antes, á tomar un cuerpo y reforzar las compañías que ha- 
bían en los Pulpitos. 

Flanqueado, pues, por los Angeles y recibiendo un fuego mortífero 
que hacían los enemigos del cerro de Estuquiña sobre la división, 
ya no me quedaba otra cosa que salvar ésta de ser cortada comple- 
tamente, batida y destruida ; por cuya razón ordené al Jefe de 
•«Canchis» desfilara á tomar Yacango, y poco después les siguió 



424 COMBATE £N LOS ÁNJEILBS 

■ 

del casual desenlace de los Angeles, estimándolo como un 
result ido maravilloso del empuje del soldado chileno, el hecho 
no pasó de una sorpresa, injustificable sin duda por parte del 
Coronel Chocano, quien debió ser sometido ajuicio y escar- 



« Canas» y «Granaderos.» Cuando éstos cuerpos desocupaban e 
Arrastrado, tomé personalmente el mando de la primera de ésie 
último y me situé en la lomañita en cual concluye el Arrastrado, á 
protejer la retirada de la fuerza; permaneciendo todo el tiempo que 
fué necesario, y después de haber perdido cinco hombres y cuando 
noté que las fuerzas del enemigo aumentaban en número, continué 
mi marcha hasta colocarme á la altura del cerro Baúl, de donde 
ordené al Sargento Mayor graduado Don Andrés A. Pugazon, que 
descendiese á Turailaca á protejer la retirada de las compañías que 
aun se batian; habiendo solo conseguido que se reunieran algunos 
Cazadores de su cuerpo, los mismos que se incorporaron en Torata 
á la división. La corapañia del «Canchis» que quiso tomar el cami- 
no de Quilinquilen al Arrastrado, fué cortada por la caballeria y 
tomó diferentes caminos habiéndose solo presentado el Sargento 1®. 

La columna de Gendarmes, después de haber consumido sus 
municiones, pues no tenia de repuesta, tomó diferentes cami nos y 
la mayor parte se encuentra reunida. Una vez llegado con la divi- 
sión á Yacango, continué mi marcha sobre Torata, habiéndome 
parecido mas conveniente tomar la posición de Ilubaya que el camino 
que va á Otora. Los cuerpos chilenos que me seguian solo llegaron 
á Yacango, por lo que me mantuve en la posición de Ilabaya espe- 
rando un segundo ataque, del cual habria sacado mayores ventajas ; 
pero alas 4 de la tarde, viendo que este punto estaba invadido por 
todas las familias que emigraban de Torata, Yacango y las haciendas 
vecinas, habria sido una imprudencia cualquier choque, me puse en 
marcha sobre Chuculay, donde acampé y tomó rancho la tropa, 
habiéndose reunido, á las 11 de la noche, el Jefe de E. M., que cubría 
la retaguardia con la primera de «Granaderos ; » al siguiente día 
continué mi marcha hasta Chiligua, y de aquí á Caramas, en donde 
permanecí cinco días, y de donde participé á U. S. mi retirada des- 
pués del combate del 22. 

No se puede llamar mas á U. S. la atención, sobre el combate de 
unos pocos soMados de la división, contra la mayor parte del ejér- 
cito de Chile, ó la retirada que emprendió ésta del centro del ene- 
migo sobre sus fuegos, conservando su moral y disciplina hasta mas 
allá de lo posible. 

Las compañías 6« de «Granaderos, » y 1« de «Canchis» y columna 



COMBATE EN LOS ÁNJELES 425 

mentado como autor principal de -las dos invasiones á 
Moquegua ; pero este imperioso castigo se redujo á un simple 
decreto en que se mandaba abrir un juicio sobre el asunto, 
que como de costumbre, solo quedó escrito para aumentar la 



Gendarmes, se han batido haciendo ostentación de su valor y del 
poco número do que se coinponian. Sin la desgracia de los Angeles, 
y habiéndolas reforzado, como tuve el honor de hacerlo, los chilenos 
no habrían pasado de la Calera, y se les habria ocasionado una 
gran pérdida en su infantería y caballería, que anti-militarmente la 
tenían acumulada en la quebrada. Sin embargo, según datos que 
he adquirido, pasan de2W muertos, fuera de los heridos los que ha 
tenido el ejército enemigo. 

Por mi parle, aun no puedo apreciar debidamente las bajas que he 
tenido en las dos compañías, porque se vienen presentando algunos 
Oficíales é individuos de tropa, y á pesar del contraste sufrido en el 
batalllon «Grau,» se acercan á 200 hombres los que tiene el día 
de hov. 

También incluyo por separado, la relación de los Jefes y Oficiales 
que hayan mjerto, ó estén heridos ó prisioneros. 

Concluiré U. S.. recomendando á la consideración del Supremo 
Gobierno á los Jefes, Oficiales é individuos de tropa de las compa- 
ñías que se han batido, y que mas de una vez hicieron retroceder al 
enemigo. Así mismo al resto de la división, por la retirada que han 
hecho, conservando su moral n disciplina. 

Coniinúa mi marcha á Paucarpata, á donde estaré el 8 del pre- 
sente y donde espero recibir sus órdenes. 

Dios guarde á U. S. muchos años. — A. Gamarra. — Es copia. 



Marzo 21 de 1880. — Mí querido Coronel — Deseo preparar para 
esta noche un asalto sobre la fuerza enemiga que se ha destacado á 
Tambolombo, y necesito la autorización de U. 

Si U. lo tiene á bien, mi cuerpo puede quedar permanentemente 
encargado de la defensa de esta posición. Así podrá, efectuar 
siempre que convenga asaltos so'jre las avanzadas enemigas, que 
solo pueden ejecutarse con gente que conozca el terreno. 

Contésteme con el Ayudante por escrito — Su amigo : J, (7. Choeano. 

República Peruana. — Estado Mayor de la 1« División de! 2® 
ejército del Sur. — Órnate, Abril 4 de 1880. — Señor Coronel Coman- 
dante General de División. — Tengo el honor de elevar á manos de 
U. S. los partes de los Jefes de cuerpos, relativos á los sucesos á^\ 
22 del próximo pasado, con excepción del Señor Coronel Don Julio 



426 ROBOS EN MOQÜÜGUA 

impunidad de los que no cuniplen con su deber, por ignoran- 
cia ó cobardía; ejemplo funesto y causa principal de las 
desgracias que sufrió el Peni en esta guerra. 
La división chilena regresó á Moquegua ; allí la soldadezca 



César Chorano, Comandante del batallón «Grau,» quien ha ivniitido 
el que le corresponde, directamente á esa Comandancia General. 

Al verificar esa elevación, cumplo ci¥i el deber de poner en cono- 
cimiento de U. S. la ])arte que me cupo en aquella memorable 
jornada. 

El dia 19 dejamos el campamento del Alto de la Villa, en el orden 
siguiente: á la derecha, batallón «Canas,» fuerte de 32G plazas 
y armado á Renington, Minié y Chasspot francés. A continuación: 
«Canchis,» fuerte de 350 plazas y con armas de Remington, Chass- 
pot francés y peruano; y á la izquierda «Granaderos del Cuzco» 
de cerca de 3(X) plazas, armado de Remington. 

En la madrugada del dia 20 desfiló la división al punto del Arras- 
trado, que está á la retaguardia de los Angeles. 

Estacionada la división en este punto, entraron de servicio por 
48 horas, el batallón «Granaderos del Cuzco» á la izquierda de la 
linea Quilinquilen; y ala derecha los Angeles. El batallón «Grau » 
habiéndole comunicado U. S. al Gefe de este cuerpo, personal y 
directamente, las instrucciones que creyó conveniente y dispuesto 
que cada uno de los Comandantes de estos cuerpos, fuese Gefe de 
la línea en su respectivo costado, y que la vigilancia del Gefe de 
Dia se circunscribiera solo al punto de la reserva, que era el Arras- 
trado, donde quedaron los batallones «Canchis» y «Canas, » sobre 
lo que se dictó la orden general de esa fecha. 

El 21, exploramos con U. S. los puntos adyacentes á Quilinquilen, 
acordando por ese costado los sitios de avanzada. 

Constituidos una vez en el campamento, y al acordar el servicio 
del dia siguiente, U. S. me prohibió relevar el batallón «Grau» de 
íIí; los Angeles, significándome que la defensa de ese lugar la habia 
concedido y encomendado al Jefe de aquel cuerpo. Señor Coronel 
Cliocano, por haberlo pedido él de palabra y por escrito, y porque 
como hijo de ese lugar y haberse batido otra vez en esas posiciones, 
conocia sus entradas y salidHs para defenderlo con ventaja. En 
virtud de estas textuales pal¡il)ras, se nombró en el servicio, solo 
el relevo de «Granaderos » con «Canchis,» pero no el «Grau.» 

A mas de las dos, de la mañana del 22, tuve aviso de que la caba- 
llería enemiga desfilaba al frente de nuestra linca, por lo que ordené 
al Gefe de Dia, Sargento Mayoj' Don Francisí^o Salazar, tercero de 



ROBOS EN MOQÜEGÜA 427 

se entregó, como de costumbre, al robo y al saqueo, estimula • 
da por la embriaguez. Las bodegas de la ciudad y de las 
haciendas vecinas, en las cuales existían grandes vasijas 
llenas de vino, fueron vaciadas, y el vino corría como agua. 



«Canchis» quo la división se pusiera sobre las armas, lo que se 
verificó; y US. me ordenó que la ses' a de «Granaderos,» avanzada 
de Quilinquilin, descendiera al rio de Tumilaca al mando del Sar- 
gento Mayor Don Francisco Garcia, y que aquel sitio lo llenara la 
primera de «Cancliis,» al mando del Teniente Coronel Don José 
Maria Vizcarra, á lo que personalmente le di cumplimien o. 

Durante este intervalo nada supe de los sucesos de la derecha, por- 
que el Jefe de esta linea, Señor Coronel Chocano, se entendia direc- 
tamente con U. S. 

Al rayar la aurora del 22, el enemigo rompió sus fuegos de arti- 
lleria y fusileria sobre toda nuestralinea y especialmente sobre la 
izquierda, donde estaba la sesta de Granaderos, y luego se sintió un 
fuego nutrido, lo que nos hizo comprender que los nuestros contes- 
toban los fuegos enemigos; entonces me ordenó U.S. que aquella 
compañia fuera á reforzarla con la primera de «Canchis, » concre- 
tándome á poner ambas compañias en buenas posiciones, lo que lo 
verifiqué, hal)iendo encontrado gravemente herido al Sargento Ma- 
yor Garcia, y desalojado al enemigo de todo ese costado. 

Al pié del cerro del Pulpito, frente á frente de Quilinquilin, esta- 
cioné las indicadas compañias, y las entregué conforme á la or le- 
ñado por U. S. al Teniente Coronel Vizcarra, con orden de que 
dominando la cumbre atacara al enemigo, lo que se verificaba en 
los momentos de mi vuelta al Arrastrado. 

El modo y forma como esas compañias correspondieron á su 
cometido, está en la conciencia de todos lo> que tuvieron la oportu- 
nidad de presenciar ese combate. Arrollaron al enemigo y lo desa- 
lojaron de una parte de sus posiciones. Entre tanto, toqué al 
Arrastrado, y en lugar de la división, me encontré con fuerzas 
chilenas, las que habian tomado los Angeles. Una vez que com- 
prendí la situación, pude regresar por el mismo camino que llevé, 
hasta la trinchera de Quilinquilin, y después, por caminos extra- 
viados me incorporé á la división, que en un órdén admirable se 
retiraba á Torata. El batallón «Canchis» marchaba á la cabeza, 
á continuación «Canas,» y el último «Granaderos del Cuzco», á cuya 
izquiorda iba U. S. y todos los Gefes y Oficiales, sin excepción de 
uno solo en sus respectivos puestos. 

U. S. me dio orden para recibir la división en Yacango v Torata 



428 



KOBOS EN MOQUBOUA 



(Bibl. 104. III. páj. 539.) Los jefes dijeron que habían torna- 
do esa medida para evitar la ennbriaguez de sus soldados á 
quienes no podían contener; ridicula disculpa, porque el día 
20, dosdias antes del combate de los Anjeles, hubo Uii Consejo 
de Guerra formado por el Ministro Sotomayor, el General Es- 
cala, el General Baquedano, el Coronel Martínez y el Coman- 
dante Stuvens, para discutir io que convendría hacer con la 
población; el último cuyo instinto es de destrucción, fué 
de opinión de hacerla volar, idea que algunos recha- 
zaron con indignación, y prevaleció la de alojar la tropa 



en su tránsito á Iluhaya, á la i|ue también le di cumplimiento, habién- 
dome dado U. S. alcance en el segundo punto de los indicados, con el 
batallón «Granaderos» con cuya primera compañia, que quedó á 
retaguardia, Don Andrés Avelino Pujasen, protejió U. S. la retirada 
de la división. 

En la plaza de Torata tuvimos aviso de que la caballería enemiga, 
A una milla de distancia, avanzaba sobre nosoti'os, por lo que salí á 
detenerla con la cuarta de «(iranaderos», mandada por su Capitán 
Don Mariano Lino Cárdenas ; mas como no pareciese y la división 
salvó el mal paso de la compañia de Torata, me uni á U. S. en Ilubaya^ 
donde formamos la línea y nos aprestamos para un nuevo combate: 
pero como el enemigo no se dejó ver, y el punto fuese cada momen- 
to mas invadido por infinidad de emigrados, U. S. á las cuatro do la 
tarde emprendió la marcha á Chuculay con la división, y yo por su 
orden me quedé á protejor la retirada de ésta, con la primera de 
«Granaderos,» que en eso momento se nos unió. A las 11 déla 
noche me reincorporé á la división, sin novedad ninguna. 

Tal es. Señor Coronel Comandante General, la parte que he tenidci 
\'n aquella jornada, deplorable por lia))erse perdido las posesiones do 
los Angeles; pero de gra*o recuerdo por el denuedo con que se batie- 
ron nuestros soldados de las indicadas compañías, y mas que todo, 
j)or la retirada que hizo la división en un orden y disciplina dignas áv 
encomio; no obstante de halier estado un ralo considerable bajo los 
fuegos de los enemigos, (juienes si l'u ron felices penetrando nues- 
tras trincheras, por un roslado no cuidado, ni defendido, fuei'on 
harto desgraciados en no haber podido tomai con nueve mil nombres, 
eon una fuerte caballería y con todos los elementos de guerra, una 
división que en esos últimos momentos no constaba sino de nueve- 
eientos infantes escasos y desprovistos de toda dase de recursos. 

Dios guarde á U. S. S. C. C. G. — Simón Btirrionnevo, 



CRUELDAD DE VBRGARA Y SU TROPA 429 

SUS viñedos y depósitos de vinos, dejando á los soldados en 
las haciendas ; y corao la riqueza de esa ciudad estaba en 
libertad, ellos se encargarían de la ruina y destrucción. 
(Corresponsal de « El Mercurio. » Apéndice núo]. 29.) 

A la vez que la división chilena, después de su triunfo en 
los Anjeles situada en el Hospicio, como Cuartel, general se 
preparaba para otras operaciones, se envió, el 28, al inmedia- 
to valle de Locumba un piquete de 30 hombres de caballeria 
á reconocer esas localidades, al mando del Teniente Coronel 
Diego Dublé Almeida, Gefe de Estado Mayor de la tercera 
división. Una vez en el pueblo de Locumba (T de Abril) fué 
sorprendido, en la plaza, por la partida de guerrilleros que 
existia en esos lugares á las órdenes del Coronel Don Gregorio 
Albarracin. De la fuerza chilena solo escaparon Dublé 
Almeida y ocho Granaderos ; cayeron prisioneros 17 solda- 
dos, un Capitán, dos Tenientes, y 3 soldados muertos. (*) 

Para reparar esta pérdida y limpiar el camino de fuerza 
peruana salió el Coronel José Francisco Vergara (Abril 7) con 
un regimiento de 500 ginetes ; recorrió el valle de Locumba, 
y pasó al de Sama, sin encontr£vr ninguna resistencia. Aquí 
tuvo noticia de que el guerrillero Albarracin se encontraba 
en observación con una pequeña fuerza cívica en el pueblo de 
Buenavista; marchó sobre él habiéndolo encontrado en el 
mencionado lugar, lo atacó y obligó á replegarse sobre Tacna 
(Abril 18) perdiendo unos cuantos hombres. (Doc. núm. 65.) 
que á juzgar por el parte de Vergara fueron sableados impu- 
nemente. El mismo Vergara mandó fusilar á uno de los 
prisioneros para regularizar la guerra. 

Mas que salvaje fué inhumano lo que la columna de 

Vergara ejecutó en ese reconocimiento; no queremos referir 

esos atentados, preferimos oir á uno de los mas prolijos narrá- 



is) No fué éste el único acto de barbarie ejecutado por Vergara 
en esa exploración. En los pueblos de Mirave é Ilubaya dejó mas 
de un recuerdo de su inhumanidad. La hacienda de Pachana (llamada 
en el Perú Estancia) fué destruida en castigo. del patriotismo de 
Daniel Higinio Chírí. (Bibl. 101 III p. 6J1.) 



.430 CRUELDAD DE VERGARA Y SU TROPA 

dores de Chile en vista de los docu nentos que posee : — 
« Dispersada la caballería peruana, quedaban únicamente 
los desventurados infantes abandonados en Buenavista, 
y aunque habría sido íácil rodearlos y rodearlos, se pre- 
firió el ataque conforme á la ¡ndole chilena. Encerrados por 
el Sur, y con su retirada cortada por el Comandante Yavar 
que coronaba la ladera que conduela á Tacna, avanzó de frente 
la retaguardia del Comandante Echeverría, y así el cerco fué 
completo. Hecho ésto comenzó el destrozo á sable, de los 
infortunados peruanos, hijos del valle. Defendiéronse éstos 
tan mal, que exceptuando al Cabo de G'izadores Domingo 
Zúñiga, á quien mató un paisano traidoramente desde aden- 
tro de una casa, y un carabinero que cayó en la loma, no sacó 
la columna chilena un solo rasguño. En cambio fueron acu- 
chillados en los pajonales donde se metieron á la desesperada 
no menos de 40 ó 50 cívicos ó cultivadores de algodón .... 
Distinguióse en este tiroteo de encrucijada el Alférez Balde- 
vino que con diez granaderos se metió entre las totoras, sin 
dar cuartel^ y aun contóse en aquel tiempo que para obligar 
á salir de los matorrales del pantano á los infantes^ un solda- 
do chileno arrojó sus calzoncillos encendidos^ en los matorra- 
les ya maduros j y cuaudo por la sofocación del fuego y del 
humo salían- sin conmiseración los mataban. 

€ De la columna de Sama recojiérose de esa cruel manera 
solo 35 prisioneros; de éstos 7 heridos, agregándose un 
paisano, que fué fusilado inmediatamente por encontrársele 
el cinto lleno de cápsulas de rifle, y otro que fué despachado á 
Tacna como aviso irregular y desautorizado de aquel fulmi- 
nante escarmiento.» (Bibl. 104. III. páj. 607.) (*) 



(•) Miiiistcno de Guerra y Marina on Campaña. — Pisagua, Enero 
28 de 1880. — Con esta fecha digo al General en Jefe lo siguienlo : 

«Documentos oficiales emanados de autoridades peruanas y noti- 
cias que reputo dignas de fé, me hacen crer que el enemigo se 
propone hacernos en el departamento de Tarapacá la guerra de 
montoneras. 

Hasta hoy nuestras hostilidades se han distinguido porauleni' 



CRUELDAD DE VERQARA Y SU TROPA 431 

El fusilar á un prisionero sin mas delito que el de haber 
defendido su patria y su hogar, será una eterna mancha de 
crueldad salvaje del Coronel Don José Francisco Vergara ; y 
si todo un Coronel, que á poco fué elevado á la alta clase de 



dad tal vez excesiva. Hemos tra'ado al enemigo como lo oxíjen las 
leyes de la civilización y la huniauidad, procurando de este modo 
atenuaren lo posible los males delagu3rra. Hemos sido humanos 
ron los prisioneros y generosos con los vencidos. 

No creo que el pais tenga que arropenurse nunca de esta noble 
conducta de su ejército. Sin embargo, la lenidad tiene sus limites, 
y se encarga de trazarlos la conducta misma del enemigo. Si éste 
sale de las vias autorizadas por el derecho de la guerra para hostí- 
zarnos, resucitando los odiosos procedimientos de tiempos mas 
atrasados, debemos por nuestra parte, y como lejítima represalia, 
hacerle sentir la dureza de crueldad de la guerra en su mayor 
amplitud. 

Asi, pues, si es cierto que v«i á hacernos la guerra de montoneros 
y encrucijadas, donde nuestros .-oldados pueden perecer indefensos, 
será necesario notificarle que estamos dispuestos á reprimir esos 
excesos con la mayor severidad posible; que el paisa'io, á quien se 
sorprenda con las armas en la mano, será inmediatamente pasado 
por las armas; y que igual suerte correrán los individuos enrolados 
en cuerpos no sometidos en todoá la disciplina militar. 

U. S. si piensa á este respecto como yo, podrá hacer á los Jefes 
enemigos esa notificación del modo que juzgue mas conveniente, sin 
purjuicio de pro(?cder, desde luego, con la severidad autorizada por 
el derecho de