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Full text of "Student travel in America"

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EPISODIOS NAOIONilliES 



NARVAEZ 



£b propiedad. QiMda keoho 
el depdsito que maroa la ley. 
Serin furtiyos los ejempla- 
res que no lleyen el eello del 
antor. 






i 



B. PfiREZ GALDOS 
EPISODIOS NACIONALES 

CUARTA SERIE 



NARVAEZ 



15.000 




MADRID 
PHRLADO, pAeZ Y COMPANfA 

(Sncesores de Hernando) 
^renal, 11 

1006 



fiST. TIP. DE LA VIUDA fi HIJOS DE TELLO 

IMPBESOR OB GAmARA DB S. M. 
C. do San Franoisoc , 4 






.^^-^'■;56~ 



NAIWAEZ 



Atienza, Octubre. — ^Dirijo hacia ti mi ros- 
tro y mi pensamiento, consoladora P^steri- 
dad^ te llevo la ofrenda de mi vida~pre- 
sente para que la guardes en el area de la 
futura, donde renazca con toda la verdad 
■que pongo en mis Confesiones. No escribe 
^stas para los vivos, sino para los que ban d^ ^ 
nacer; me despojo de todo artiflcio, cierro 
los ojos d toda m'enQfaTTIas^anas im^e- 
nes del mundo que me rodea, y no veo ante 
mf mas que el luminoso concierto de otras 
vidas mejores, aleccionadas por nuestra ex- 
periencia y sabiamente instruldas en la so- 
cial doctrina que d nosotros nos falta; veo la 
regeneracidn humana levantada sobre las 
rulnas de nuestros engafios, construlda con 
los dolores que al presente padecemos y con 
«1 material de tantos yerros y equivocacio 
lies,.. Asdltame, no obstante, el temor de 
que la enmienda social no sea tan pronta 

272456 



V 



6 B. PteBz oald6s 

como ha soiiado nuestra desdicha, de que s^ 
perpetuen los errores aun despufe de cono- 
cidos, y de que al aparecer estas Memoriaa 
en edad distante, encuentren personas y co- 
sas en la propia hechura y calidad de lo que 
reflero; que si la Historia, mirada de hoy 
para lo pasado, nos presenta la continuidad 
monotona de los mismos. crimenes y tonte- 
rias, vista de hoy para lo futuro, no ha de 
ofrecernos mejoria visible de nuestro s6r» 
sino tan s61o alteraciones de forma en la. 
maldad y ridiculez de los hombres, como si 
^tos pusieran todo su empeiio en amenizar 
el Carnaval de la existencia con la variaci6n 
y novedad pintoresca de sus disfraces mora- 
les, literarios y polf ticos. 

Esto pienso, estotemo, esto discurro; mas^ 
no me arredro ante la sospecha de que lo& 
futures nada puedan 6 nada quieran apren-^ 
der de mf, por no sentirse peores que yo, 6 
estimarse incapaces de mejora; que en illti- 
mO case, no habrAn de negarme que mis 
defectos son el abolengo de los suyos, y mis 
faltas semilla de las que ellos estardn come- 
tiendo cuando me lean, muy satisfechos de 
ver que los predecesores no les Uevamos 
ventaja en la virtud, y de que en vanidades 
y simplezas allA se van los presentes con los. 
preterites. Sin meterme, pues, & discernirsi 
mis amigos de la Posteridad son mis tontos- 
que yo, 6 por el contrario mds despiertos,. 
sigo poniendo en el papel el traslado fllel de 
mis actos y de mis intenciones, historiador 
y critico anat6mico de mi mismo. Y lo prl- 



NABTAKZ I 

mero que tengo que hacer en esta nuera aa* 
lida de mi conciencia al campo de la ooufe- 
si6n, es explicar & la Posteridad el por qui 
de la gran laguna de mis apuntes, suspen- 
SOS desde el Ultimo Junio hasta los dfas de 
Octubre en aue renaeen 6 despiertan de un 
largo suefio. m vean en este par^ntesis una 
Yoluntad perezosa, sino mas bien atareada 
en demasia y solicitada de mil extemos inci- 
denies, y afiadan, para mi completa discul* 
pa, estorbos materiales de mi trabajo, como 
verdn por lo que sin p^rdida de tiempo voy i 
contarles. 

Es el case que los seiiores de Empar&n, 
hostigados sin duda por mi bendita hermana 
Sor Catalina de los Desposorios, querian 
apresurar los mios con Maria Ignacia, apre- 
t&ndoles & ello, 6 impaciencias de la nifia, 

Sue anhelaba la dulce coyunda, 6 el recelo 
e que yo me volviese atrds, ren^ando i 
deshora del eonsentimiento que di. Esta se- 
gunda hip6tesis, como explicaci6n de tales 
prisas, deoe atribuirse &la desconfiada mon« 
ja antes que & los Emparanes, cuya volun* 
tad habf a yo ganado con mis demostracionea 
de afecto. La verdadera raz6n del precipita* 
do acontecimiento no debi6 ser otra que un 
dictamen de los principales doctores dft 
Madrid acerca de los nerviosos achaquillos 
de mi futura, puas segtin of, opinaron uni* 
nimes que la nifia no entraria en caja mien<» 
tras no tomase la medicina aue Uamamot 
marido. Ved por qu^ m6viles larmac^uticoa 
me Uevaron una mafiana de fines de JuU# 



8 B. PBRKZ aALDOS 

al convento de la Encarnaci6n, en cuya sa- 
eristfa entramos libres Maria Ignacia y yo, 
y esclavos salimos el uno'del otro, enlaza- 
d©s por una moral cadena que en toda nues- 
tra vida no podiamos romper. No describirtf 
la ceremonia, poco aparatosaen verdad, con- 

) forme al gusto de mi nueva famllia, que era 

• tambi^n el mio: una vez que nos dimos el 
SI, y significamos con la uni6n de las manos 
el venturoso empalme de las existenclas, re- 
cibidas las bendiciones, oida la Epistola y 
cuanto quiso endilgarnos el curita que nos 
€as6, fuimos en coche a La Latina, d recir 
bir los pldcemes de mi hermana y de otras 
monjas muy reverendas, de quienes habla- 

, t6 en su dia. Alli se nos sirvl6 un cho- 
colate espl6ndido con boUos y bizcotelas en- 
tre jazmines, agua de lim6n en cristalinos 
Tasos, alternados con biicaros de claveles y 
rosas, todo ello tan delicioso que nos daba 
la falsa visi6n de un desayuno en la Corte 
Celestial. La vanagloria de mi hermana se 
traslucia en el rayo ardiente de sus ojos, que 
por lbs huequecillos de la doble reja nos ue* 
riiaban, y las otras monjas no parecian me- 
nos ufanas de la victoria que habian gana- 
do* ^'jAy, hermano mlo — me dijo Catalina, 

w embellecida por el jiibilo, — bendito sea el Se- 
fior, que me ha dejado ver este gran dla! No 
dejar6 de alabar su misericordia mientras la 
Tidamedure. jFeliz tii, feliz tu esposa, que 
parec^is nacidos y cortados para constituir 
iina santa pareja, y realizar en la tierra los 
Ines mis purosf Obra de Dies, no nuestra^ 



NAEYABS 9 

M este matrxmonio; como obra de Dios, sus 
frutos serdu divinamente huiuanos y huma- 
namente divinos.„ Oiraos atentos^y conmo- 
vidos esta corta homilla mi mujer y yo, y 
metimos mano por segunda vez 4 las bizco- 
telas y bollos, dejando las bandejas poco 
menos que limpias, y apuramos los vasos de 
lini6n, que con el calor de aquel dia y el 
sofoco de la ceremonia, nuestra sed no aca- 
baba de aplacarse. 

Del convento fuinios & casa, y 4 las doce 
se sirvi6 la comida, d la que asistieron como 
quince personas, los carlis tones amigos de 
la casa, Conde de Cleonard, Roa, Sureda; 
Dofla Genara representando la rama de Ba- 
raona, j por mi familiamis dos hermanos 
con sus respectivas esposas, las cuales de la 
infladura de la satisfacci6n no cabian dentro 
de si mismas. Tampoco referir6 pormenores 
de la comida, larga y agobiante por causa 
del x5alor, y abrevio mi relato para lie- 
gar al m^s importante suceso, que fu6 la 
libre partida, & primera hora de la noche, 
en viaje de novios, con el fin dcNllevar nues- 
tra luna de miel a la soleda d y frescura de 
Atienza. En silla particular de posta, adqui- 
rida espl6ndidamente por D. Peliciano, sali- 
mos con dos servidores, la doncella Calixta 
para cuidar de mi esposa, y el criado Fran- 
cisco, en calidad de mayor domo y asistente 
deambospara todo servicio de viaje y de 
casa, hombre excelente, de fidelidad y di- 
ligencia bien probadas. Magniflco era el co- 
che, los criados selectos, y para completar 



10 B. PBBBZ OAIDOS 

tan buen avfo llevaba yo nn bolso con snr- 
tido abundante de monedas de oro y plata, 
y Francisco un cinto con doscientas onzas^ 
como para hacer boca, pues la cartera de 
viaje contenia libramientos para cobrar en 
Guadalaiara 6 Zaragoza (en previsi6n de 
viaje mas eitenso) cuantas cantidades pu- 
di^ramos necesitar. 

No acabari> si d relatar me pusiera el 
trdmite sin fln de las despedidas y del besu- 

3ueo con que agobiaron & mi esposa su ma- 
re y la innumerable caterva de sus aman- 
tes tias, de la rama de Baraona y. de Em- 
pardn, y Genara y las demds amigas, y las 
criadas todas; si describiera el silencioso 
lagrimeo de D. Feliciano y los tiernos adio* 
ses de los intimos de la casa, y de los pa» 
rientes, eutre los cuales no eran mis her» 
manos y cuiiadas los menos hiperb61ico6 en 
las demostraciones. Cref que aquello no te^ 
nfa fin, pues terminada una ronda de besos 
que regtallaban en las mejillas de Maria Ig- 
nacia, empezaba otra ronda, y entre tantas 
babas, pucheros y suspires, se repetlan sin 
cesar las recomendaciones de que escribi^- 
ramos, de que nos cuiddramos, de que nos 
guarddsemos del relente al apuntar del 
alba, y los votes ardientes por nuestra feli- 
cidad... Tambi^n d mf me toc6 parte de 
aquellas efusion^s, y hasta sobras del aman- 
te besuqueo; sentf regado mi rostro por el 
Uanto de lassefioras mayores, y la impresidn 
de sus labios en mi frente y mejillas. Pu4 
precisa la autoridad de D. Feliciano para 



NARYABZ 11 

poner t^rmino & los adioses, y hubimos de 
arrancar a mi niujer de los brazos de Dofia 
Visita, que alli qued6 medio desmayada. A 
estrujones nos metieron en el carruale, y 
6ste arranc6 por la calle de Alcald en direc- 
ci6n de la Puerta del mismo nombre, cuyo 
. arco central franqueamos ya de noche; y 
i cuando nos vimos f uera, Ignacia y yo respi- 
ramos cual si nos sinti^ramos libres de un 
peso yligadurasoprimentes. En aquel pun- 
to fu6 comtin y acorde en los dos la primera 
sensaci6n de vivir el uno para el otro, para 
nosotros mismos y para nadie mds; por pri- 
mera vez advert! en mi esposa la satisiac- 
ci6n de hallarse en mi compaflla sin mis 
testigos que los criados, y bajo el yugo de 
mi exclusiva autoridad. Con la vaga ter- 
nura de sus miradas, mds que con sus bal- 
bucientes razones, me decia que para ella 
era yo toda su familia, y que el amor nues- 
tro reducia los demds afectos & secundaria 
condici6n. 

No habiamos Uegado & las Ventas del Es- 
pfritu Santo, cuando me pareci6 advertir 
que la memoria de los amados padres y tias 
se iba desvaneciendo & cada vuelta de las 
ruedas del coche, y que la pobre nifla entraba 
I en la vida nueva con ganas de gustarla, y 
de morar apaciblemente en el campo florido 
I del matrimonio, desligada ya de la protec- 
ci6n paterna, innecesaria. A mf convergian 
todos los estlmulosde su voluntad y los vue- 
los tfmidos de su imaginaci<5n juvenil: yo- 
era su centro de atraccito y de gravedad; 



}2 B. PERR2 GALDdS 

i mi volaba y en mf cafa, respondiendo i 
mis pensamientos con la snmision do los 
suyos .. La presencia de los criados lleg6 & 
sernos de una molestia intolerable, por lo 
cual resolvi que no en Guadalajara, slno en 
Alcald hici^ramos la primera paradita, que 
habia de ser etapa capital en la existencia 
de Ignacia, esposa mia desde aquel descan- 
so en calurosa noche... Habiamos pasado la 
divisoria que nos transportaba en alegre 
vuelo & valles muy dlstantes de aqu^l en 
que se mecio la inocencia de la seiiorita de 
Empardn, y aunque para mi los valles pa- 
«ados y los venideros no diferian grande- 
mente en ciertos (irdenes; no dej6 de notar 
-en mi s6r algo grande y bello, imponente 
armonia de satisfacciones y responsabili- 
4ades. 

El calor nos impedia mayor celeridad en 
nuestro viaje: caminabamos en las horas 
irescas de la madrugada y en las primeras 
4e la noche. Por mi gusto habria ordenado 
^ue anduviera nuestro vehiculo mds a pri- 
«a; pero mi mujer no mostraba deseos de 
Uegar pronto: haciala dichosa el vivir erran- 
te, y se encarifiaba con la repeticion de eta- 
pas y paraditas, aunque fuese en mesones 
incomodos 6 en poblachos miseros, como 
las que hicimos, per gusto de ella y al cabo 
tambi^n mio, en la VentA de Meco, en Hon- 
tanar, en Sopetrdn, y en un solitario y um- 
broso bosque junto d las Casas de Gaiindo, 
y d la vera del manso Henares. Debo decir 
tambi^n que cuando pemoctamos en AlcalA 



NARVAEZ 13 

y aun un poquito antes, Maria Ignacia di6. 
en mostrarme zonas desconocidas de su es- 
piritu, como si dormidas facultades fuesen 
con el nuevo estado despertando en ella. Era. 
como una planta mustia que siibitamente 
reverdece y echa flores, sin que antes se 
viera muestra de bo tones ni capuUos en sus|^ 
deslucidas ramas. Sorprendi6me mi mujer 
con rasgos de temura primero, de ingenio 
despu^s, que no cref pudieran brotar de su 
s6r imperiecto, 6 que tal me parecfa. Y lo 
m&s extraiio fu6 que sus propias facciones. 
sin encanto.lo adquirfan gradualmente, por 
virtud de la inesperada presencia de cier- 
tas donosuras del entendlmiento. Pu6 para 
ml criatura vuelta & criar, 6 mujer que en 
forma de mariposa salia del caparach6n del 
gusano. ^Seria duradera esta ilusi6n de un 
reci^n casado? Aiin no es tiempo de contes- 
tarme d la pregunta que entonces me hice. 
Siempre que nos halldbamos solos, ddba* 
me Ignacia muestras felices de aqu61 su re- 
nacimiento & la gracia, y tal poder tenia su 
mudanza espiritual, que hasta en su fea. 
boca se me anloj6 iniciada una metamorfo- 
sis, obra milagrosa del Arte y la Naturale- 
za. Era, sin duda, el momentdneo influja 
de la exaltaci6n matrimoiiesca en sus ver- 
dores iniciales, y debla yo temer de la seve- 
ra realidad la pronta remisi6n de las cosa& 
& su verdadero punto. Dfjome una noche 
Ignacia: "Cuando vean mis papds lo buena 
que estoy, no lo van A creer. Ya persaba yo 
meses hd que casdndome contigo no serfan 



14 B. PKR3Z 0\LDfl8 

menester mds medicinas. Pero aunque asl 
lo crefa, me daba vergtienza decirlo. Esto 
de la vergtienza fu6 mi mayor tormento 
desde que te conoci, Pepe mlo... Delante 
de ti estaba yo tan vergonzosa, que ni & mi- 
rarte d mi gusto me atrevia... jVaya una 
estupidez! Y cuando me quedaba sola, echd* 
bame las manos al pelo y me aranaba la 
cara, dici^ndome: "Por esta vergtienza mal- 
dita va d creer Pepe que soy una bestia...„ 
Y no lo soy, ya lo has visto... Aqui tienes 
la causa de los arrechuchos que me dabanr.. 
Todo era pensar en ti, y rabiar de verme 
tan mal formada, y por lo mal fomada, ver- 

fonzosa... Yo te queria, Pepe, y lepedld 
lios muchas veces que te murieras antes 
que casarte con otra.„ 

Y otra noche: "De tl me hablduna mafia- 
na Sor Catalina, y con lo que me dyo que- 
d6 tan enamorada, que sin haberte visto 
nunca, te conocfa ya y estuve pensando en 
tl todo aquel dfa. Por la noche nive un fuer- 
te ataque y pegu6 muchos gritos, y no po- 
dian sujetarme. No era mds que las ganas 
de verte y de tenerte i mi lado... Pues 
aunque nunca te habla visto, ni sabfa aue 
6xistieras hasta que Sor Catalina me hat)16 
de tf , ya ^ramos antiguos conocidos, Pepe, 

Eues yo me imaginaba que vendrf a un hom- 
re muy flno y muy gui po & ser mi marido; 
y que me haria muchas fiestas, y que yo me 
abrasaria de amor por ^1... A solas conml« 
go, no tenia yo vergtienza, y sin hablar, do- 
€la todo lo que se me antojaba-^ 



I 



NAftVABZ 15 

Y otra noche: "Cuando nos visitaste por 
primera vez, la impresi6n que recibl fu6 de 
que eras como un dngel con levita, corbata, 
y lo dem&s que vestis los hombres... Por la 
noche no hacia mds que Uorar, Uorar, y 4 na- 
die queria decir el motive de lo afligidfsima 
que estaba. Pero mi tia Josefa, que es la que 
me adivina cuanto pienso, se acost6 conmi- 
go, me aiTull6 como d un nino, y dandome 
golpecitos en la espalda, me decia: "No Uo- 
res, boba, que con 61 te casards, quiera 6 no 
quiera.„ Por lo visto tii no querfas, Pepe. 
Ya s6 la razto: tu delicadeza, tus escril- 
pulos de caballero por ser yo mis rica que 
tti. Bien me lo di6 & en tender la Madre Ua- 
talina una tarde, pintdndote como el decha- 
do de la caballerosidad, con lo que mi amor 
por ti fu6 ya locura. Una noche mordi las 
almohadas y las desgarr^ con mis dientes... 
Otra me tir6 al suelo, y descalza, d obscu- 
ras, anduve d gatas por mi alcoba buscando 
un bot6n de tu chaleco que se te cay(5 el dia 
de tu primera comida en casa. Yo lo habia 
recogido sin que nadie me viera, y lo puse 
debajo de mi almohada^ Con las vueltas que 
di, sin poder dormir, se me cay(3... Habias 
de verme como una cuadriipeda buscando 
el bot6n... Pues mira, lo encontr6: en un 
relicario lo guardo... Lo encontr^ hozando 
en el suelo como los cochinos... lo descu- 
bri por el olor, 6 no s6 por qu6... Ya ves 
cudnto te queria... Yo conflaba en las pro- 
mesas de tu hermana, que siempre me de- 
cfa: "Dies lo hard, Dios lo hard.„ Y acert6 



16 B. PJftRBZ 0ALD6S 

la santa senora, porque Dios lo hizo, y ahora 
te tengo bien cogidito... y ya no te me es- 
capas, Pepillo; ya no te me escapas, rat6a 
mfo... que tu gata tiene las ufias muy lis- 
tas y... aunque ju^ue contigo, no creas 
que te me vas, no... porque te cazo, te 
eojo, te aprieto, te como, te trago...». 



II 



El camino carretero por donde veniamos, 
que es el de Guadalajara d Soria por Alma- 
sain, aiin no concluido, se nos acab6 en Re- 
boUosa de Jadraque, y con 61 la comodidad 
del coche. Mandamos 6ste d Siguenza; de 
aqui salieron d nuestro ericuentro, preveni- 
dos del itinerario, mi padre y mi nermano 
ilam6n con buenas caballerfas, y en ellas 
continuamos el viaje hasta la gran Atienza, 
donde ya estaba instalada mi macr.*. con dos 
semanas de antelaci6n preparando el formi- 
dable avio de nuestro alojamiento. Triun- 
fal como entrada de reyes tai la nuestra 
en la muy noble y muy leal villa, en tiem- 
pos remotos tan despierta y gloriosa, ogaiio 
pobre, olvidada y dormilona. A distancia de 
mis de media legua por el camino de An- 
gon, salieron d recibirnos multitud de jine- 
tes en asnos, mulas y rocines, enjaezados 
con sobrej almas y pretales de borlones ro- 
jos, pt^edidos del tamborilero y dulzainero^ 



que oi^imian los lomos de anas poderosas 
buiras Uancas. En medio de la gallarda 
pnxxsi6n vi el estandarte de la Hermandad 
de los Beeueras^ j dl t^rniino de ella se me 
^laiecieion el que venia como Prio^ j 
otros do6 que hacian de secretario j seise^ 
a sa lado on com, que hacia el abad, de 
Inenga capa los paisanos, el cura con balan- 
drin, los cnalro caballeros en lucidos ala- 
zanes. Y apenas lleg6 cerca de nosotros la 
interesante cuadrilla, empez6 un griteiio de 
aclamaciones y pl&cemes carifiosos, mes- 
clados con vitores 6 simplemente berridos 
de jAbilo. Al punto comprendi que los ve- 
cinos de AUenza, en obsequlo mio y de mi 
esposa, reproducian la camayalesca y tra- 
dicional procesion llamada la Caballada, 
con que la Hermandad de los Recueros con- 
memora, el dia de Pentecost^, un hecho 
culminante de la historia de Atienza. A la 
de EspafLa tengo que recurrir para dar una 
ideadel origen de esta venerable fiesta que y a 
cuentasiete siglos y medio de antigtledad. 

Menor de edad el Infante D. Alfonso, que 
luego fu^ el VIII de su nombre, vencedor 
en las Navas, anduvo de mano en mano, 
cogido y soltado, entre guerras y alteracio- 
nes sangrientas, por los sefiores feudales 

Sue se disputaban su tutela. Ya le tenfa 
K Gutierre de Castro, 4 quien el Rey Don 
Sanoho habf a designado para la r^encia, ya 
los Laras y otros tales, hasta que su tfo Don 
Fernando, Rey de Le6n, entr6 por Castilla, 
y apoderdndose del chiquillo Rey, consiguid 

i 



18 B. PBRBZ GALBdS 

que las Cortes de Soria conftrmaran asu fa- 
vor la entrega de Alfonsito y de las rentas 
reales. Hecho esto, recluye al niiio en el Cas- 
tillo de San Esteban de Gormaz y se va para 
sareino. No contentos los senores de Casti- 
11a, 6 ricoS'Omes, que venian a ser algo seme- 

Tjantes, por el poder y la audacia, a nuestros 
fiQmbres publicos , sacaron al reyecito de 
donde estaba y lo depositaron en el castillo' 
de Atienza, que se tenia entonces por de lo& 
mas feeguros del reino... Pero luego vino 
otro bando de ricos-omes, y no conformes* 
Gon el encierro del Key nino, idearon ro- 
barlo y llevdrselo 4 Avila, empresa no 
facil, porque el Rey de Leon, sabedor de 
aquellas feudales disoordias, avanzaba con 
su aguerrido 6j6rcito, y ya venia tan cerca 
que casi se sentian los pasos de los honde- 
ros de su vanguardia. ^Qu6 hicieron los ri" 
Gos-omes? Pues conf abularse con los arrie- 
ros de la villa, recueros, 6 conductores de 
recuas, afamados por su robustez, ligereza 
y osadia, y organizar una caravana, en la 
cuar, clandestinamente, vestido de arrierito, 
fu6 bravamente conducido y salvado, pasari- 
do ante las barbas de las tropas leonesas, el 
nino que andando los anos habia de ser Don 

1^ Alfonso VIII, el de las Navas de Tolosa. 
Y en cuanto cogi6 el cetro, quiso premiar 
la bizarria y tes6n de los arrleros de Atienza 
concedi^ndoles el privilegio de llamarse ca- 
balleros, y el de cmstituirse en Herman- 
dad 6 Cofradfa para practicar entre si la 
•aridad y ayudarse en los trabajos d© la 



NAEVABZ , 19 

vida. Desgastada por el tiempo, llega esta 

Hefmandad a nuestros dias, y anualniente, 

^n el de PentecDst^s, celebra su hazafia con 

un como simulacro de ella, d la que se da 

el nombre de la Caballada, y empieza en 

procesi6n para concluir en jolgorio y comis- 

trajes al uso moderno. Con la idaa de obse- 

quiarnos a mi mujer y d mi (pienso que por 

sugestion de mi madre) organizaron la nue- 

va salida de la Caballada de este aiio, la 

cual ^orprendi6 y divirti6 grandemente d 

Maria Ignacia, Para que comprendiese la 

signiflcacion de aquel lindo espactaculo, le 

di la explicaci6n historica que aqui repro- 

duzco. Mas que por mi propio contento, 

por la sorpresa y alborozo de mi mujer 

agradeci la delicada invenci6n de agasajo 

tan pintoresco, y d las aclamaciones con que 

nos recibian contests con vivas d la Her- 

mandad, al glorioso pend6n y & todos los re- 

cueros presentes, herederos de la hidalguia 

de los pasados. 

En la falda oriental de un cerro coronado 
por gigantesco castillo en ruinas, el mis 
insolente guerrero de piedra que cabe ima- 
f^inar, estd edilicada la Muy Noble y Leal 
villa *realenga. Sus easas son feas y cadu- 
cas, rodeadas de un misterio vivo; si^s ca- 
lles irregulares invitan al sonambulisnio; en 
BUS ruinas se aposenta el alma de los tiem- 
pos muertx)s. Dos prdenesde murallas la car- 
can, quiero decir que la cercaban, porque 
de la exterior s61o quedan algunos Ijastiones 
y tos cubos. Y de las puertas que antaae 



20 B. PEREZ aALD6s 

daban paso desde el campo al primer recin- 
to y de 6ste al segundo, permanecen dos.en 
lo exterior y dentro no s6 cudntas, que no me- 
he parado & contarlas. Por la que IJaman de- 
Antequera hicimos nuestra entrada con ca- 
balgata y pend6n, y si buUicio hubo fuera,. 
mayor fu6 dentro, con la afiadidura de los I 
chiquillos de ambos sexos y de Ips mujeres 

aue por todas las ventanas y ventanuchos 
e lacarrera asomaban sus rostros, y lanza- 
baii exclamaciones de sorpresa y alegria. La 
comitiva recorrio toda la calle Real hasta la 
plaza del Mercado, y entrando luego por el 
arco de San Juan d la plaza donde estd la 
iglesia de este nombre y la casade mi madre, 
llegamos al t^rmino del viaje y de la ova- 
ci6n. El cura D. Juan de Taracena, que en 
la Caballada venfa como abad, y el Prioste 
D. Ventura Miedes, habfanse adelantado 
hasta mi casa para prevenir a mi madre. 
Apenas llegamos d la plaza, acudi6 el cura* 
i, tenerme el estribo, y antes que el compds^ 
de mis piernas se desembarazara de la silla^ 
• me cogi6 el hombre en sus atl^ticos brazos,. 
y con violento apret6n priv6me de resue- 
llo. Fu6 la primera vez en mi vida que me 
01 llamar Marqu6s, confundidos en familiar 
lenguaje la Uaneza y el cumplimiento. " Ven 
aqui, Pepillo, hijo mio... iQu6 guapo estds y 
qu6 caballerete! Bendiga Dios al Excelenti- 
simo Sr. Marques de Beramendi.„ 

Pas6 de unos brazos d otros. En aqueh 
v6rtigo, dando y recibiendo saludos, perdf 
de vista & mi mujer. Despu^s me cont6 que,. 



NARVAEZ 21 

.apenas bajada del caballo por mi hermano 
lfeim6n, Uegdronse d ella unas mujeres con 
blancos delantales, y cogi6ndola en brazos 
sin pronunciar palabra, la llevaron como en 
volandas adentro y por las escaleras arriba. 
Fu6 como un paso milagroso, de santo arre- 
batado al cielo por ^lanos de seraflnes. Como 
recibe Dios a los bienaventurados, asi la re- 
"Cibi6 mi mad,re, y puesta Ignacia en un c(3- 
modo sill6n, cual una imagen en sus an- 
-das, encargaronle que no se diera la moles- 
tia de ningun movimiento y le trajeron una 
taza de caldo. Tomdndolo estaba cuando yo 
subi por mi pie, seguido del cura, del Alcal- 
-de D. Manuel Salado y otras eximias perso- 
nalidades del pueblo, y mi madre me cogi6 
per su cuenta para besarme amorosa y de- 
<5irme tiernas palabras... El jiibilo de la 
santa sefiora me inspiraba cierta inquietud: 
la fuerza del con ten to & su cuerpo daba pas- 
mosa agilidad, a su rostro arrebatos de co- 
lor, d su mirada un centelleo vivo, d su boca 
una continua tentacion d la risa... Temien* 
<lo que diese con su alegria en los limites de 
.la locura, la incite al reposo; pero no me 
hacia caso. Alarmado la veia yo entrar y 
salir por 6s ta y la otra puerta con un verti- 
;ginoso trdfago de menesteres, (irdenes que 
4ar, necesidades d que atender, inconve- 
nientes que prevenir. Y era que en la erf tica 
ocasi6n de nuestra Uegada, habiamos de ob- 
:sequiar d los ilustres recueros organizadores 
de la cabalgata. Pelizmente abreviaron ellos 
la recepci6n, y repitiendo sus bienvenidas y 



22 B. PBRBZ GALDtiS 

ofrecimiehtos,. tocaron a retirada, despu(?s^ 
deponer en la ventana de mi casa el hist(3- 
rico perid6n de la Hermandad, en senal de 
que se me nombraba Prioste por todo el aiio 
corriente. 

Ya sola con nosotros, mi madre enseii6 a 
[gnacia los aposentos que habia de ocupar. 
Inauditos refinamientos de comodidad en 
nuestra alcoba y gabinete encontramos, con 
escrupuloso aseo y tal profusion de flnisimos 
lienzos de cama y tocador, tal brunido de 
caobasy nogales, tan ingeniosa precaucion 
contra moscas, mosquitos, hormigas y otros 
bicharracos, que maravillados nos recogi- 
mos en aquel rinc6n de un paraiso casero... 
Asi empez6 la vida ordinaria en mi casa, y 
asi transcurrieron pldcidos los dias y las se- 
manas, sin jiinglin cuidado por mi parte, 

Sues todos los ponia sobre si mi buena ma- 
re, disponiendo las suculentas comidas y 
la constante afiadidura de golosinas, de- 
dicadas singularmente a lisonjear el paladar 
de mi esposa. En esta veia mi madre un 
s6r bajado del Cielo y de sobrenatural deli- 
cadeza. "^Pero qu6 hija es ^sta tan divina 
que me has traido, Pepe?— me dijo una tar- 
de encontrandonos solos. — ^Ha existido ja- 
^ mSiS hermosura como la suya? ^D6nde se 
• ban visto ojos tan dulces, igualitos & los del 
Cordero Pascual que tenemos en el Sagrario 
de la Parroquia, ni piel mas flna, en cuya 
comparaci6n el raso pareceria estamefia, ni 
boca mds graciosa, ni cabellos mas lucidos, 
verdaderas hebritas de oro de Arabia? Cuan- 



NARVABZ 23 

do tu mujer se rie, par6ceme que todo 61 
delo se rasga dejando ver los. espacios de la 
bienaventuranza. ^Ha visto nadie encias 
mds encarnadas que las de Maria Ignacia? 
^Y qu6 me dices de aquel cuerpo tan gordi- 
to por arriba conio por abajo, que no parece 
sino una deesas nubes en forma de alnioha- ■ 
d6n que se ven en los cliadros de gloria, y 
en ellos juegan los acgelitos y dan vueltas 
de carnero?... Np, no hay otra mas bella en 
toda la redondez del mundo, liijo mio, y 
ahora comprendo que te enamorases de.ella 
como un bobo, asi me lo decia tu hermana, 
queddndote en los huesos de tan to penar y 
aiscurrir por si te la daban 6 no te la 
daban.„ 

Habl6me tambien aquel dfa y los siguien- 
tes de la urgencia de poner nuestros cinco 
sentidos, y aiin eran pocos, en el cuidado de 
la sucesi6n. Tan to tenia Ignacia de angel 
como de nina, y mirada por ambos aspeo- 
toi$, observabala mf madre jnguetona, gus- 
tosa de ingenuas travesuras, y de correr y 
brincar cuandor saliamos de paseo. No enca- 
jaba esto propiamente en la gravedad de una 
senora casada, segiin mi madre, la cual, 
mirando siempre al enigma interesante de 
la sucesion, intentaba sujetar a su nuera al 
martirio de una quietud solemne y expec- 
tante. "Hija de mTalraa — solia decide, — no 
pises tan fuerte... Anda con pausa, sentan- 
do bien el pie, y no cargues el cuerpo d un 
lado ni d otro, sino al centro„... "Angel, no 
ibras la puerta tan de golpe... ya ves: ako- 



24 B. vtwzz G\Ln6s 

ra, con el batiente te has dado en los pe- 
chos, y parecia que la Have se te clavaba en 
la boca del est6mago„ . . . "Oye, no te rias asi, 
desaforadamente, 6ino poquito 4 poco, evi- 
tando la carcajada, que te hace estremecer 
el hipocondrio, y podrla sobrevenir una re- 
lajaci6n. A Pepe le encargo que no diga co- 
sas de mucha gracia que te hagan romper en 
risotadas, sino soserias de mediano chiste, 
para que te rIas moderadamente, que de otro 
modo la risa podrla ser causa de un fracasi- 
to»... "Cr6eme, Ignacia, cada vez que te veo 
dar brinquitos, cuando vamos de paseo, se 
me sube toda la sangre 4 la cabeza„ . , . Tene- 
mos una huerta muy amena y lozana, a 
corta distancia de la villa, no lejos de la his- 
t6rica ermita de la Estrelia, y alli solemos 
merendar & la vuelta del paseo. A proposito 
de esto, decia ml niadre: "Si esta tarde to- 
mamos chocolate en la huerta, con D. Juan, 
D. Ventura y D. Manuel, no te pongas d 
correr como una chicu^a, ni & columpiarte 
en las ramas del nogal, que esos seiiores se 
asustan de verte tan voUtinera, me lo han 
dicho, y tambi^n temen que sobrevenga el 
fracaso... Yo te encargo mucho que al sen- 
tarte en el ruedo tomes una postura cir- 
cunspecta y de peso, derechita, aplomdndo- 
te bien sobre el asiento sin hacer contorsio- 
nes ni cargar sobre los vacios. Si sientes ca- 
lor, abanicate con pausa y compds lento, 
como se estila entre sefioras; si no, posas las 
manos una sobre otra y ambas sobre el vien- 
tre... IWgote esta advertencia, porque ayer 



NABYACZ 25 

te movias en la silla como si tuvieras azo- 

gxud en todo el cuerpo, y te abanicabas con 

furor, y hasta me parecid que te reias del 

pobre D. Buenaventura cuando nos contaba 

10 del oeltibero y lo del romano y lo d^ 

^ maldito agareno que armaban sus guerras 

»en esta villa. Mas que mil libros sabe el 

^liombre, y aunque le entendemos como si 

nos hablara en griego, no podemos n^arle 

nuestra veneraci6n. 

Previo el acordado signo de inteligencia 
con Ignacia, yo daba la raz<5n & mi madre 
en cuanto deci'a, para no turbar su sancta 
simplicitas, don del cielo que & mis ojos la 
elevaba sobre toda la miseria humana. Con- 
forme conmigo, & su su^ra tributaba mi 
mujer el homenaje de una filial obediencia, 
y asi vivfamos en admirable paz, gozosos, 
descansados, dejdndonos querer, y abdican- 
do toda nuestra voluntad en la de aquel s6r 
ang61ico y providente que no vivia m&s que 

Sara nuestro bien. Tales miramientos y cui- 
ados, que mds bien eran mimos, gastaba 
en el trato de su hija, que no permitia que se 
levantase para tomar el desayuno, y nabfa 
de servirselo en la cama ella misma, din- 
dole el chocolate sorbo & sorbo, y motion- 
dole en la boca el bizcocho mojado, como 
A los nifios, con rigurosa medida de los 
bocadillos y de las tomas; todo ello entre- 
verado de frasecillas tiernas, d media len- 
gua, como si mds que con la hija, hablas(* 
con el nieto que segun ella pronto habfa 
-de venir al mundo. Y d ml solla decirme 



26 B. pjsaBii aiLDt3s 

muy seria: "Ya empiezan los antojitos, y sf 
noestoy equivocada, tambi^n hay mareos'...^ 
^'jPero, mama — le contestaba yo, — si toda- 
via. . . „ Pero como no habia razones que de su 
infundado convencimiento la apeasen, tan- 
to Ignacia como yo dejabamos que su-alma 
se adormeciera en aquel dulce ensueiio. 

Por mi padre, no menos inocente que mi 
madre, si bifen eran de orden distinto sus 
eandideces, venian a mi noticias de Madrid 
y los dejos de aquel mundo tumultuoso asi 
en lo politico como en lo social. ModeradO' 
ac^rrftno, el buen seiior ponia sobre su ca- 
beza, despu^s de Narvaez, al gran Sartorius. 
que d todos nos protegfa, y suscrito al He- 
raldo se lo leia enterito desde el articulo de^ 
fondo hasta el pie de imprenta final, sin omi- 
tir los knuncios y el foUetin, que era en 
aquellos dias Las Memorias de im MedicOy 
j)or Alejandro Dumas-. Terminado eLgran 
atrac6n de lectura, extractaba mentalmento 
lo m4s interesante para ponerme al tanto 
^e los sucesos, y lo hacia por el metodo y 
plan de aquel famoso peri6dico, que dividia 
todo su material en secciones bajo la deno- 
minaci(3n de Partes: Parte Politica, Parto^ 
Oficial, Parte Religiosa, Parte Industrial, ' 
J por illtimo la gacerilla, noticias de orden 
privadQ, y cuchufletas, que eran la Parte 
Indiferente. 

• Dando d cada suceso su verdadero valor 
informativo, que con el tiempo debia ser 
hist6rico, mi padre me contaba las inciden* 
cias del grave pleito que teniamos con la. 



NARVAEZ 27 

Inglaterra, per haberse atrevido Narvdeziv^ 
dar los pasaportes al inquieto y entrometido 
Embajador Bullwer; y repetia trozos del Ti- 
mes (pronunciado como lo escribimos), y los 
discursos que sobre el caso oy6 laCamara de- 
los Comunes, de la propia boca de Lord Pal- 
merston y de Disraeli y del afamado Sir 
Roberto Peel (pronunciado tambi^n como se 
escribe). Tambito me daba cuenta del inau- 
dito chorreo de flrmas que diariamente se 
agregaban i la exposicion dirigida & Su Ma- 
jestad, pidi^ndole que siguiera Narvaez ati- 
zando palos d roso y velloso, unico medio 
de atajar la jevoluci6n que de las nacio- >» 
nes teuropeas queria met^rsenos aqui; luego 
me hacia un resumen de las criticas litera- 
rias de Caiiete y de Navarrete, sobre 6sta y 
la olra tunci6n dramatica, y por fin, conce- 
diendo un modesto lugar d la. Par^^ Indife- 
rente, me referia que hablan llegado Mister 
Price y su hijo al Circo de Paul, y que Ma- 
callister y su esposa maravillaban con sus 
artes diab61icas al publico de San Sebas- 
tian. Esta parte del peri6dico solia ser mas 
que ninguna otra del agrado de Ignacia, y 
yo mismo encontraba en ella noticias que 
referidas como cosa baladi resultaban d mis 
ojos como sucesos de inauditagravedad; por 
ejemplo: ley6 mi padre que en un pueblo de 
Soria se habia descubierto el estupendo caso 
de que todos los mozos utiles y robustos, de 
ocho alios acd, daban en la flor de cortarse 
la primera falange del dedo indice de la ma- 
no derecha con el santo fin de eludir el ser- 



■■:"^'- 



28 B. PBRBZ GALDOS 

•vicio militar. iQue cosa mas tremenda! j Bru- 
tal crimen contra la patria! ^Qu6pais era 6s te? 
^Quam rempublican habemus? ^In qua urbe 
vivimus? Sin qnererlo imitaba yo & Cice- 
r6n en la iracundia de mis anatemas con- 
tra, un pueblo que de tal modo delata su des- 
auiciamiento moral y politico. Donde asi se 
ebilita el sentimiento patrio, ^qu6 puede 
resultar mas que un engano de naci6n, un 
artificial organismo sin elicacia mds que para 
la intriga y los intereses bastardos? Esto de 
los intereses bastardos fu6 dicho por mi pa- 
-dre, que usaba para todo este modo de sena- 
lar el egoismo de nuestros pqliticos. Yo iba 
m^ all4, y con friase mds en6rgica marcaba 
la ineptitud de la raza para las ideas mo- 
dernas. 

Lo que no nos decia El Heraldo (que los 
papeles s61o nos dan la corteza y rara vez la 
miga del pan publico) lo sabiamos por car- 
tas que mi hermano Ram6n recibia de Agus- 
tin. Las discordias entre los moderados de 
mds viso no dejaban d Narvdez entregarse 
con desahogo al ejercicio de su dictadura pa- 
ternal, y por otra parte siempre estaba el 
hombre con la pulga en el oido, temiendo 
■que en Palacio le armaran la zancadilla. El 
Key no le quiere, la Reina Madre tampoco, 
y alrededor de Sus Majestades buUen ene- 
migos encubiertos del Espadon de Loja. Las i 
ultimas noticias de desavenencias entre los \ 
politicos eran que los acusadores de Sala- 
manca extremaban la guerra contra el sim- 
pdtico capitalista, y que Pidal y Escosura se 



NAEVAEZ 29 

tiraban los trastos a la cabeza. Deciase que 
Pidal trabajaba con O'Donnell para que vi- 
niese d ser la espada moderada, quitando de 
en medio d D. Ram6n por atrabiliario y un 
poquito populachero. Y como la inquietud 
de los demagogos y andrquicos era cada dia 
mayor, Narvdez no cesaba en los envios de 
deportados & Pilipinas, sistema expui^ato- 
rio que mi padre juzgaba de segura eflcacia. 
"No hay otro medio — nos decia con dogmd- 
tico acento. — Si el cuerpo humano no se lim- • 
pia de malos htimoies y de los elementos de 
toda indigesti6n mis que con las tomas de 
buenas piirgas que acarreen para fuera lo 
que sobra y perjudica, el cuerpo social no 
entra en caja de otra manera, hijos mios. Y 
el buen resultado de estos limpiones tan 
bien administrados por Sartorius y Narvdez. 
es doble, porque purgamos d Espaila, y d las 
islas Pilipinas las beneflciamos... pues.„ 



III 



Llamados por las obligaciones de su oflci- 
na regresaron padre y hermano d Sigiienza. 
La compailia de mi madre colmaba todos los 
anhelos de nuestro coraz6n, y como sociedad, 
bastante teniamos con los amigos que nos 
visitaban, descoUando en nuestro afecto el 
Sr. D. Buenaventura Miedes, erudite inves- 
tigador de las antigtiedades atenzanas. Por 
su extremada bondad, por la pureza de su 



30 B. PBREZ OALDdS 

alma candorosa, le perdondbamos la pesa- 
dez 6 inoportunidad de sus hist6ricas leccio- 
nes/y Uevabamos con paclencia las prolijas 
noticias que nos daba de la antigua lutia, 
capital de los afamados Thicios, Todo esto, 
asi como las guerras de Sertorio, la traici6n ' 
de Perpenna, la muerte alevosa que 6ste di6 
al arrogante tribuno militar, nos tenia sin 
cuidado. Una tarde entera de las de la huer- 
ta, nos tuvo con las ansias del fastidio con- 

. tdndonos la batalla que rineron el dicho Ser- 
torio y un tal Metelo en las inmediaciones 
de Siglienza. Luego nos habl6 del monte 11a- 
mado Alto Rey, y del hondo valle que al pie 
de esta eminencia y frente a nuestro Casti- 
llo se abre, desde la cuenca del Henares & la 
del Duero. "Esta angostura — nos dijo,-^es 
el paipadizo habitual de la Historia de Espa- 
na. Iberos y romanos, castellanT)s y agare- 

* nos ban entrado y salido por el en sus inva" 
siones y continuas guerras. Por alli pas6 
Almanzor cuando vino d ehcontrar la muer- 
te en Medinaceli; por alli paso el Cid cuan- 
do despedido del Rey emprendi6 la gloriosa 
campaiia que nos cuenta y canta el Romaii- 
cero; por alli todos los Alfonsos; por alli en 

. nuestro siglo el General Hugo; por alli el 
Empecinado; por alli Cabrera...,, 

S61o mi madre ponia en aquellas rancias 
historias una deferente atenci6n, que no por 
.manifestarse con la fijeza de los ojos y la 
ben^vola sonrisa era menos inconsciente. 
Oy^ndole otra tarda repetir el nombre de 
Sertorio, pregunt<3 mi madre si el caballero 



NABVABZ 31 

■Tomano de este nbmbre era 6 pudo ser ante-* 
<jesov de nuestro contempordneo D. Luis 
^ Sartorius, Conde de San Luis, pues la se- 
mejanza de ambos ^t6rminos hacia creer 
que fueran un solo aj)eIlido alterado por el 
tiempo. Acudl yo pronto a desvanecer ]p que 
juzgaba disparate; pero el eruditisinio Mie- 
des, que como buen caballero no queria que 
^Icorto^aber historico de mi madre quedase 
clesairado, tom6 la palabra y salio por este 
hdbil registro: "No dir6 yo que los Sartorius 
<ie Sevilla vengan del romano Quinto Serto- 
Tio; pero tampoco lo negare, pues sabido es 
^ue la larga permanencia de este en Espa- 
fta dej6 sin duda semiila en toda la region 
TTarraconense y aun . en. la Lusitana y B6- 
tica... No obstante, con permiso de mi se-. 
flora Dofia Lrbradau, me atrever^ a poner en 
<iuarentena toda etimologia romana de-ape- 
llidos espanoles, pues aun d la del mismo 
Diego Porcellos, poblador de Burgos, que se- 
gun el Cronic6n Emilianense era el apellido 
senorial mas antiguo, le ha negado la mo- 
4erna critica el abolengo romano, y demos- 
trado estd que no viene de procella, como 
^uien dice, tempestad; ni de porcelli, reu- 
ni6n 6 ayuntamiento -de animalitos de la 
vista baja, con perd6n; ni tampoco se debe 
buscar gu origen en el Monasterio de For- 
^llis, en territorio de Oca, como asientan - 
Sandoval y Berganza; ni en el senorio de 
PordleSj pertenedente 4 la mitra de Bur- 
gos,' scgtin el libi:o Becerro, resultando que 
.xti por uija parte ni por otra se puede probar 



32 B. PEREZ OALDiiS 

tjue fuera romano el tal Porcellos, cuyo ver- 
aadero nombre castellano fu6 Didacus Bo- 
dericiy que escomodecir Diego Rodriguez... 
Biisquese el origen de nuestros apellidos en 
los troncos g6ticos 6 germdnicos y sarrace- 
nos, por donde se ve que los Bustos de Lara 
vienen de los Oustioz, Gudestios <5 Gudes-^ 
teas; los Gonzdlez de Gundilsavos, los Sud- 
rez de Suero, y 6stos del ardbigo Azur...^ 
Aprovechamos mi mujer y yo la Uegada del 
correo para huir graciosamente de la desen- 
cadenada sabiduria del buen Miedes; pero- 
mi pobre madre, que en paciencia y bondad 
se deja tamanitos & todos los santos del Cie- 
lo, aguant6 sin pestailear el chubasco, que 
aiin dur6 media hora, mds bien mds que 
menos. 

En la dulce uniformidad de aquella exis- 
tencia, sucedi6ndose placenteras las horas^ 
s6lo un hecho me sorprendia y maravillaba^ 
y era el despertar de Ignacia, el paso de su 
timidez d las solturas de un nuevo cardcter,. 
y la resplandeciente aurora de su inteligew- 
cia, como un fiat lux pronunciado por el 
dios Himeneo. Mientras se trat6 de que nos 
^asdramos, en lo que, segiin dije, no hubo 
poca violencia de mi parte, ni la mds leve 
muestra vi del fruto que despu^s liabia de 
admirar en ella. j Y yo,en aquellos dias tris- 
tes, ufano de conocer el mundo y la huma- 
nidad, me equivocaba como un tonto, supo- 
niendo en mi prometida las cualidades nega- 
tivas de una bestia que d su fealdad unfa la 
supina estolidez! ^G6mo no percibi, c6mo no- 



NARVAEZ 33 

adivin6 las facultades de Ignacia, eseondi- 
das bajo tan desairadas apariencias? Era 
que la educaci6n encogida, con tanto mimo 
y tanto arrumaco dom^stico y religioso, 
habia guardado en envoltura de sobrepues- 
tas vitelas aquellos tesoros, poni^ndole se- 
llos tan firmes que no pudieraromperlos mas 
que el matrimonio,carino yconflanza de nia- 
rido. Arrancado el sello por un amor que a 
los demas amores se sobreponia, descubri6- 
ronse las escondidas joyas, y una tras otra 
iban saliendo del foirado y pegoteado es- 
tuche. 

La mujer que antes me habia parecidd 
despojada de todo Qncanto era la misma 
bonaad;,los chispazos de raz6n fueron biea 
pronto un luminoso rayo que todo lo en- 
cendia y alumbraba. Discurria sobre lo di- 
vine y lo humane con un sentido que era mi 
mayor gozo; y descubriendo cada dia nue- 
vas aptitudes, expresaba las ideas con do- 
naire, que el uso iba trocando en gracia ex- 
quisita. Pero lo mas admirable en ella, lo 
que mayormente me cautivaba era su tem- 
plada voluntad, procurando en todo caso 
acordarse con la mia y con la de mi madre, 
la ausencia completa de gazmonerias, im- 
pertinencias y salidas de tono, y el senti- 
do de correcci6n unido siempre d la ternu- 
ra conyugal y filial. Desgraciadamente, d la 
transformaci6n espiritual no podia corres- 
ponder la fisica, y Maria Ignacia en rostro 
y talle no podia desmentirse & si propia. 
Un poco habfa enflaquecido y el desaire de 



34 B. P^RBZ aALD6S 

«u cuerpo era menos notorio; en su rostro, 
losojos nabfan ganado en viveza, 6 al me- 
nos & mi me lo parecia; la boca no tenia 
^nmienda, por mas que yo, influido de la 
buena voluntad en contados momentos, la 
creyese menos desapacible. Dir6 tambi^n, 
completando el elogio de mi cara mi tad, que 
Ignacia tenia conciencia de su falta de en- 
cantos naturales, y que resignada y tran- 
quila sobre este punto, no pretendia con 
afeites 6 violentos artiflcios disimular sus 
defectos. Era una fea que no presumfa de 
guapa ni reclamaba los honores de tal; la 
sencillez y la naturalidad sin pretensiones 
dibanle un cierto encaijto que por memen- 
tos podia sustituir d los que el Cielo nO' 
quiso concederle. 

Adivino la pregunta que me hacen los 
que esto lean, y acudo d contestarla. Si: yo 
amaba a Ignacia, y mejor serd que hable en 
presente asegurando que le tengo amor, sin 
meterme en un prof undo analisis de este 
sentimiento, que podrfa resultarme esti- 
maci6n carinosa. Sea lo que quiera, mi con- 
sorte me inspira unentraftable afecto, que ha 
de crecer y arraigarse con el trato. La obra 
de Sor Catalina de los Desposorios ha re- 
sultado mds dichosa de lo que yo creia. ^^Sa- 
* b^is en qu6 conozco que amo d mi mujer? 
Pues en que ahora me sabe muy mal la su- 

g)sici6n de que se hubiera casado con otro. 
ste otro, que no existe, pero que bien pudo 
existir d poco que yo persistiera en mis es- 
criSpulos, es un ente de comparacidn, 6 una 



NARVAEZ ' 35 

'equis que me sirve para demostraf la reali-; 

-dad del bien que (usfruto. Y no entiendo 

por bienes exclusivamente las ^^ateriales 

Tiquezas, sino ella, mi'eSposa, eii quien veo 

' un apoyo moral, iuapreciable refugio del es- 

|piritu si el Destino me depara, como pre- 

tsumo y temo, grandes tribulaciones y nau- 

i'ragios. 

La templanza del estio en aquel clima 
conviddbanos d pasear por el campo, y 6ste 
era el mayor deleite de Maria Ignacia, q*ue 
isabia satisfaqer su gusto sin contra venir las ' 
prescripciones de mi madre en lo tocante & 
brincos y carreras. Largas caminatas hacia- 
mos por los contornos del pueblo, por las 
Tegas estrechas 6 las lomas de sembradu- 
ra y pastos, por las sierras calvas 6 arbo- 
lados montes. Mi madre nos acompaiiaba 
hasta donde le parecia, agaarddndonos con 
Ursula, su criada predilecta, erf cualquier 
paraje visible donde pudieramos reunir- 
nos facilmente. Solian ir con nosotros los 
<5hicos del Confitero (D. Casimiro Gutierrez 
del Amo), alguna vez Tomasita la del Piel 
•de Pechos, casi aiempre Calixta, la criada 
que trajimos de Madrid, y Rosarito Salado, 
la hya mayor del Alcalde, gran peatona, de 
extremada agilidad para escalar peiias y 
trep^r a los*arboles. Admirabamos la her- 
mosura del campo y montanas; platicdba- 
mos con toda persona que al encuentro nos 
«alia, mencjigos inclusive; visitabamos ca- 
«as, casitas y chozas; haciamos para(Jas en 
medio de los rebaflos, vadeabamos arroyos. 



36 * B. PiiRKZ GALOds 

saltabamos cercas;, tomabamos el tiento aj 
•la vida campesina, que es la vida madre de- 
todas las denids que componen la nacional 
existencia. jMundo harto diferente del de 
las ciudades, pero no menos instructivo! 
En ^1 recibimos ensenanzas mas profundas 
que las (jue nos of rece la sociedad formada; 
en 61 no's preparamos para el conocimiento 
sintetico de la humana vida. jEl campo, el 
monte, el rio, la cabana! No es s61o la 6glo- 
ga lo que en tan amplios t^rminos se en- 
cuentra, sino tambi^n el poema inmenso de- 
la lucha por el vivir con mayores esfuerzos 
aqui que en las ciudades, y el cuadro in- 
tegral de nuestra raza, mils enlazada con 
la Ilistoria que con la Civilizaci6n, enorme 
cantera de virtudes y de rutinas que com- 
ponen el s6v inmenso de esta nacionalidad. 
Divagando en faciles charlas, nos acomo- 
ddbamos a las cortas luces de los que iban 
en nuestra comgania, y si algo aprendian 
eilos de nosotros, yo no extraia poca subs- 
tancia de sus pintorescos relatos y de sus 
ingenuas observaciones. Monte arriba, 6 por 
tortuosos senderos faldeando las colinas,. 
habldbamos de animates, de cosechas, de 
brujas, de milagros, de pobres y ricos, de 
personas, anecdotas y chismajos del pueblo, 
6 de astronomfa popular, sacandole a relucir 
4 la luna y a las estrellas toda su historia se- 
cular y romantica. Una tarde que volvien- 
do del camino de Naharros, entrdbamos por 
junto ,al Salvador y la Corredera, nos para- 
mos d contemplar la mole del Castillo y sm 



narvIbz 37 

ingente pedestal de roca, inmensa hip^rbole 
del esfuerzo humano trabajando en audaz 
porfia con la Naturaleza. Rosarito Salado, 
-que siempre iba delantera, nos dijo que por 
la cuesta empedrada, mds arriba de la Tri- 
nidad, iba D. Ventura Miedes. Propuso la 
Rosarito que subi^ramos en su seguimiento^ ' 
pero Maria Ignacia se neg6 4 ello recordan- 
•do que mi madre nos tenia muy encomen^ 
dado que no fu6ramos nunca al Castillo, por- 
•que entrQ sus ruinas andan demonios mal6- 
ficos, 6 genios burlones, am^n de alimaflas 
terrestres de lo mds dafiino... Vimos al sa- 
bio; con la mirada le seguimos qu su mar- 
<;ha fatigosa, y por el Arco de Guerra toma- 
mos la direccion de nuestra casa. 

Era D. Ventura Miedes de alta estatura 

-que rara vez se veia derecha, sin ningun 

aire ni garbo; vestfa en invierno y verano 

un cumplido levit6n que le hacia mas enju- 

to, y en sus andares iba siempre tan desaplo- 

mado como si fuera movido del viento mds 

que de su propia voluntad. Sus pies grandi- 

-simos calzaba con zapatos de paflo, en que 

se marcaban tales protuberancias que pare- 

-cian dos sacos negros Uenos de avellanas y 

nueces. 

A la siguiente tarde, visitando las ruinas 
«4e San Ant<5n, tambi^n le vimos subir al 
Castillo. Como el viento fresco que venia de 
Monte Rey agitaba sus faldones, y las desi- 
'^ualdades del piso le obligaban a hacer ba- 
lancin de sus brazos, se me represent6 cual 
nan Arbol escueto, de la familia de los cho- 



33 B. PBRBZ GALD(3S 

pos, que descalzando del suele sus raices se^ 
lanzase i correr, perseguido de C^flro y 
Abrego burlones.'jPobre Miedes! Segtin mi 
madre, no habia hombre mds completo,. 
de coraz6n mas puro, de proeederes mds in- 
tachables. Poseedor, en mejores tiempos, de- 
Unas tierras de labor y prados, tuvo y goz6* 
el bienestar que da una mediania decorosa; 
pero la pasi6n de los libros, en que emplea- 
ba lo mas de su hacienda, llegando i vender 
una finca para compra^ papel impreso, su 
despego del trabajo agricola, y sobre tantos 
yerros la mala cabeza y devaneos de su mu- 
jer, ya difunta, y de su hijo linjeo, profesor 
de todos los vicios, le habian traido & la mi- 
seria mal tapada con sutilezas de la digni- 
dad y disimulos ingeniosos. Vivia solo con 
su biblioteca y unacriada viejisima, i quien 
llamab!an la Ranera, queguisaba para los doa 
y barria toda la casa menos la libreria, don-' 
de es fama que jamas entraron escobas. La. 
edad del erudito seiior andaba ya al ras de^ 
los setenta. Segiin of, se habia conservado^ 
con ^iles disposiciones liasta bien pasados 
los sesenta; pe?ro yaiba de capa caiday daba. 
tumbos con los pies y la cabeza, la cual, de 
tanto cavilar en romanosy celtiberos, per- 
dia notoriamente su aplomo y gravedad. 

Otra tarde que tambi6n le vimos (y era la 
tercera vcz) camino del Castillo, mi madre 
i|0 le. quit6 los ojos hasta que le vi6 perder- 
se entre los miiros, como el aguilucho qua 
penetra en su nido, y 4 poco nos dijo suspi- 
rando: "A mi, que le conozco bien, no me- 



NARVASZ 39 

hara creer D. Buenaventura que todas esa» 
visitas al Castillo, mananay tarde, son para 
deletrear los garabatos; en lengua romana & 
arabiga, de aquellas piedras mds viejas que 
el pecar. Todo lo que alli escribieron los an- 
tiguos, lo tiene el buen sefior bien sabido de 
memoria: Va sin duda por la querencia de 
alguna fotnilia de menesterosos que se ha 
refugiado entre las nrinas, porque hab^is de 
saber, hijos mios, que no ha naddo hombre 
mas cristiano ni mds caritativo que este se- 
fior de Miedes. En pobreza y falta de medios 
pocos le ganan, Pues ahi le teneis buscando 
miserables con quienes partir el pedazo de 
pan que Dios le concede. 

— Asi es sin duda — dijo Maria Ignacia. — 
Ayer me cont6 la Prisca que le vi6 subir 
muy de maiiana con un manojo de ceboUas 
y lamitad de un pan de cuatro libras. Po- 
bres habrd en el Castillo, y si usted nos da 
licencia, alld iremos Pepe y yo a conocerles 
y d Uevarles algo para que coman y vivan. 
Mala cosa es la necesidad, y no tiene perd(3n 
de Dibs el que conoci^ndola no acude i re* 
mediarla. 

IV 



— Andaos con pulso en esto, queridos hi* 
jos— dfjonos mi madre, — que si os inflama 
el espfritu de caridad, bien pod6is satisface- 
108 mandando vuestra limosna con persona 



40 B. pIkBZ QALDdS 

de casa. Pero do subais: yo no he subido 
nunca, que desde niiia me infundieron ir*ie- 
do al Castillo, y jamas, en mi larga vida, lo 
he podido dcsechar. ^Llamiis d esto siipers- 
tici6n? Dadle el nombre que gust^is: yo lo 
Uamo respeto d la costumbre, y persistencia 

; en los sentimientos que en mi niiiez me in- 
culcaron. Harto s6 que es pecado creer en 
brujas y en aparicionefe de duendes 6 txas- 
gos; pero no me negar^is que el Espiritu 
Maligno existe, y que hay Infierno, y por 
consiguiente diablo y diablillos que anaan 
siempre en el ministerio de tentarnos y ha- 
cernos todo el mal que pueden... Y no me 
digdis que lo que hace D. Buenaventura po- 
d6is hacerlo vosotros, pues con eso no estoy 
eonforme. Es el amigo Miedes muy descui- 
dado, no s61o en las ideas, sino en su perso- 
na y vestimenta, como hab^is vis to, y con 
tal de socorrer d una cuadrilla de vagabun- 
dos, no repara en que sean gitanos piojosos 
6 ladrones disfrazados de mendigos. (,Qu6 le 
importan d 61 las porquerias y el mal olor? 
Me ha contado la Ranera que una vez, vol- 
viendo de pasar la tarde entre unos hiinga- 
ros caldereros, trajo el buen seiior tal carga 
de miseria, que para limpiarle y mondarle el 

J- cuerpo fu6 menester ponerle en cueros vivos 
y sahumar toda la ropa. ^Pues quien os ase- 
gura que los tales inquilinos del Castillo 
no ison Una partida de bandoleros, que se 
haceii los pobrecicos para merodear durante 
la 'hoche y quizds para asesinar al que cojan 
descuidado? No, no; no subdis alld, que yo, 



NARVA EZ 41 

per de pronto, tratar6 dc sonsacar al sabio 
para que me cuente el motivo de tantas su- 
bidas y bajadas, Uevando provisiones debo- 
ca y trayendo... sabe Dios lo que traera.„ 
Interrogado al dia siguiente, Miedes nos 

'Contest6 con evasivas que aumentaron nues- 
tra curiosidad. Lo que mi madre principal- 
mente daba por averiguado era que el\erudi- 
to de Atlenza padecia miseria horrorosa, que 
ya no cabia dentro de los decorosos engaiios. 
Para remediarle sin ofensa y proveerle de 
viveres, mi madre se valia de mil artiflcios. 
Con pretextos mds 6 menos ingeniosos, alM 
iba el criado casi todas las mananas Uevan- 

•do ^1 anticuario, para que lo probase y diera 
su 6pini6n, bien la cesta de patatas nuevas, 
bien la ristra de ceboUas, el mont6n de ju- 
dias 6 la media docena de freseas lechugas, 
todo de nuestra feraz huerta. Con estx)s re* 
galitos y otros que en forma no menos deli- 
<^da le hacia el Cura, se apanaba el pobrey 
reparaba las faltas de su menguada des- 
pensa. 

Invitado a cenar con nosotros el Cura Don 
Juan Taracena, nos di6 explicacidn de las 
antiguas y de las nuevas candideces carita- 
tivas delSr/de Miedes, refiri^ndolo con risas 

; y comentarios humoristicos que revelaban 

J asi la compasi6n por el anticuario, como la 
•estima en que tenia sus buenos sentimien- 
tos. "Esun sabio tonto— nos dijo,— y un al- 
ma de-Dios, en la cual se juntan la erudici6n 
pasmosa y una simplicidad digna del Lim- 
Jbo. Desde que le conozco, y de ello hara trein- 



42 ' B. PEBBZ GALDds 

ta afios largos, le he visto dominar todas la^ 
ciencias hisl6ricas y prbteger & todos los 
perdidos. Su mujer le sali6 rana, y pez el 
hijo unico que tuvo, el cual desde temprana 
edad despunW por su vagancia y malos ins- 
tin tos. El dinero de Miedes, antes que suyo 
era del primero que lo habia menester, y 
con tanto descuido lo daba, que ^a como si 
se dejase pobar 6 si se estafara & si mismo. 
Regalaba hoy un punado de duros al primer 
farsante que pasaba por el pueblo, y niaiia- 
na le veiamos remendando sus propios za- 
patos. Delante de mi cambi6 una excelente 
mula por dos tomos del Gronicdn del OUs- 
po de luy. En cierta ocasi6n hipotec6 el 
prado de Hu6rmeces para socorrer ^unos pa- 
rientes pobres, que k los dos meses le pusie- 
ron ^leito; y cuando su mujer, q^e se habia 
fugado con Boceguillas, fu6 d parar abando* 
nada y enferma al hospital de Cogolludo, 
^qu6 hizo el hombre? Pues ir en su busca y 
socorrerla y traerla d casa. 
. — Eso es caridad — dijo prontamente.mi 
madre,— y con perd6n, no hay que vitupe- 
rarlo. 

—Caridad es, si sefiora, y soy el primeror 
en alabar el rasgo; pero fijense en una cosa: 
para todos los gastos del viaje t CogoUudo 
y retorno, y el costerift de medicos y medi- 
cinas, vendi6 el sabio por poco mds de un 
^ pedazo de pan sus tierras de Cincovillas. ^Y 
* todo para qu6? Para que la Bibiana Se pu* 
siese buena, Buena que estuvo la condena* 
da, le falt6 tiempo para fugarse con el bar* 



NABVABZ 43 

bero de Zorita de los Canes.,. ^Y Miedes? 
Pues emborronando una resma de papel 
para demostrar... all4 lo mand6 41a Acade- 
mia de la Historia... para demostrar que el 
llamado Garcia Eneco ,^ yerno de Isur 6 
SuerOy J muerto en la batalla de Albelda, 
no es Inigo Arista, primer caudillo de los 
navarros, sino...-que s6 yo, el demonio c'oro- 
nado. Para no cansar a ustedes, isaben de 
qu6 gentuza se nos apiadk hoy D. Ventura? 
jAy! estos'son otros Sueros, otros celtiberos 
6 de la familiS del propio Tubal, el primer 
vecino de Espafta. iSe acuerda tisted, Dofia 
Librada, de aquel Jer6nimo Ansiirez, que 
11^6 acd de la parte de Sacedon hara diez 6 ' 
m4s«a&os, •tom6 en renta las tierras delos 
Garcias del Amo en Alpedroches, y unas ^ 
voces per poca suerte y a^olaci(5n de seqwias 
y pedriscos, otras por mal arreglo, vino 4 la 
ruina, y anduvo en justicia, los hijos so 
le desmandaron, y uno de ellos di6 muerto 
al molinero de Palmaces? 

—J Ah! SI, ya me acuerdo... jAnsiirezf 
Llam4banle el alforjero, que fete es el mo- 
te 'que aquf daftios 4 los de Alpedroches... 
Ya recuerdo.. . Y el hombre tenia lo que Ua- 
, man ilustraci6n, 6 un atisbo de ella. Se 
expresaba con donaire, y daba gusto oirle. 

— Como que le criaron los benedictinos 
de Lupiana, y hasta su poco de latfn burdo 
sabla. ^Itecuerda la seftora que tuvimos que 
echar un guante los pudientes para reunir- 
le con qu6 salir de aqui? Pues esta calami* 
dad de familia fu^ 4 caer en el Burgo d^ 



46 B. 'PERBZ GALD()S » 

' Y 4 la mafiana siguiente muy teniprano, * 
-cuando yo no habla salido atin de mi cuarto, 
«eiitf discretes golpes de nudillos en la puer- 
ta, y d poco una voz comedida y grave que 
decfa: "Sr. D. Jos^, si la sefiora Marquesa 
estd con us ted en este camarin, no pretendo 
-enlrar, jDios me libre!; pero si esta usted 
solo en sus lavatories de caballero, le su- 
plico que aunque se halle en pafios menores 
me franquee el paso, que es muy.urgente, 
pero mucho, lo que tefigo que decirle.„ 

No conocl la voz de Miedes hasta la mitad 
de la oraci6n suplicante, v antes de que^so- 
naran los liltimos vocabFos abri la puerta, 
y doblandose penetr6 en mi cuarto la esti- 
rada flgura del sabio de Atienza. Con me- 
nos pureza de frase que la que comunmen- 
,te usaba, turbado y presuroso, me pidi6 
que interpusiese mi valimiento con el Al- 
calde D. Manuel Salado para que ^ste no 
arrojara del Castillo al inieliz padi'e y mfe 
infeiices hijos«que entre aquellos muros se. 
albeigaban, y que le quitase de la cabeza la 
cruel idea de mandarles d Guadalajara por 
etapas entre estos cuadrilleros a la mo- 
derna que Uamamos guardias civiles... Co- 
mo yo me mostrase muy dispuesto a secun- 
dar sus humanitarios prop6sitos, dijome con ; 
cierto temblor del habla que los tales no ! 
podian ser califlcados de malhechores ni ' 
tampoco de personas recomendables, y que 
su exacta califlcaci6n no sera fdcil mientras 
no se admita con carta de naturaleza re- 
gular la clase y matricula de delincvsntes 



N\RVAE/.« / 47 

honradoSy 6 sea de los que por designio de 
la Patalidad, 6 por impulso de las hondas 
necesidades no satisfechas, hambre y sed, 6 
por diversos ni6viles nacidos de las mismas 
ieyes que nos protegen, asi como de las que 
nos oprimen, se ven lanzados d una 6 m&s 
acciones... mal^flcas, 6 con apariencias de 
maldad, conservando en sus almas la buena 
intencWn y el principio fundamental de la 
virtud... 

No copio mas que lo esencial de la retahl- 
la que me endilgo el cuitado Miedes, acari- 
ciando los bo tones del levitfn que yo acababa 
de cefiirme, y afiado que la cabeza de mi 
amigo ilustre me parecio enteramente tras- 
tomada. Con todo ello se redobl6 mi curio- 
«idad. Mi mnjer, no menos interesada que 
yo en el asunto, visti6se prontamente en eJ 
<5uarto pr6ximo y sali6 a saludar al sabio; 
invitdmofele d desayuno; recogimos 4 Tara- 
cena, qufe en el comedor nos esperaba ya 
•charlando con mi madre; echonos 6s ta su 
bendicidn, y subimos a la Trinidad para em- 

P render de alii la marcha hacia el Castillo, 
tor el empinado sendero, explicaba D. Juan 
a mi mujer la importancia de aquella feudal 
lortaleza y atalaya, las ventajas de su em- 
plazamiento frente & la angostura 6 pasadi- 
zo que comunica las dos Castillas; y Don 
Ventura, que d cada paso que ddbamos me 
parecfa mds dislocado del cerebro, me anti- 
cipd la presentaci6n de las ilustres perso- 
nas que Ibamos d visitar: '*...Este Ansiirez, 
Jer6nimo en lenguaje cristiano, por distin- 



.48 B. PBRBZ QALDOS 

tos motes conocido: el alforjeroeiOL Alpedro^ 
ches, hidalgo en Bustares, bragado en Atien- 
za, respeno en Hiendelaencina, hombre aqui 
y aculld digno de estudio, ntf tiene, coma 
verd uste(^, nada de vulgar. Por algiin tiem- 
po le diput6 sucesor de aquel famoso Abo 
VAssur, 6 Al Ebn Asshaver, que de ambos 
modos lo designan las historias, senor de las 
ciudades de Ndjera y Viguera, en los confi- 
nes de Castilla y Navarra... pariente pr6xi- 
mo de Abo VAlondar (hijo del Victorioso)^ 
a quien se atribuye la destrucci6n de la an- 
tigua Ceiitdbriga que algunos llaman. Con- 
trebia...„ 

Por piadosa cortesia, que siempre debemos 
& los danados del juicio, le manifesto mi 
sorpresa de que se hallaran tan dejadas de^ 
la mano de Dios personas de altisimo abo- 
lengo; y 61 me contest6: "No presume este^ 
buen hombre de linajudo. La mvestigaci6n 
de su progenie es cosa mia... cosa entera-^ 
mente mia, Sr. D. Jos6...„ Y pardndome 
luego en lo peor de la cuesta, cuando ya 
Maria Ignacia y el cura se aproximaban a. 
las ingentes ruinas, el trastornado inves- 
tigador de la Historia bajo la voz para decir- 
' me con misterioso acento: "Dando vueltas 
i en el magin a esta picara idea, he venido a. 
rectificar mi primera opinion, y cayendo del 
burro de mis preocupaciones arabigas, opi- 
no y sustento que estos Ansiirez no tienen 
nada que ver con el caballero Abo Assur, 
ni con ningiln otro de casta c-garena, y qu^ 
«u abolengo es celtibero, pura y castizamen- 



naryIbz 49 

te celtibero, como lo acredita el nombre^ 
que derive del Zuria 6 Zuri, dlgamos Jatm 
Zuri (el senor bianco), tronco y fundamen- 
to de los afamados vascones.„ Di algunos 
pasos hacia arriba; pero Miedes me detuvo, 
clav6 en mis botones la crispada garra, y mi- 
rdndome con ojos centelleantes, acab6 su 
lecci6n en esta extrafta forma: "Es induda- 
blemente el Zuria celtibero, conservado al 
trav^s de los siglos en su pristino vigor de 
raza. Demuestro, como dos y tres son cin- 
co... sf, D. Jos6 querido, lo demuestro, y 
veamos si hay un guapo que me desmien- 
ta... demuestro, digo, y ello es tan claro 
como la luz del dia, que este Zuria viene 
de aquella rama 6 familia c61tica que del 
Monte Taurus 6 de la Paphlagonia nos man- 
d6 el Oriente y se estableci6 en esta regi6n, 
que andando los siglos vino & Uamarse AU 
garia, en labios del moderno vulgo Alcar 
rria. La tal rama c^ltica, que Strab6n y 
Appiano llaman Kimris, y Diodoro de Si- 
cilia CimmerianoSy era sin duda la m&s her- 
mosa, la mas inteligente; y no falta quien 
sostenga que estas tribus, & su paso por el 
Atica, engendraron & los Titanes y & los 
dioses Saturno, Rea y Jiipiter, de quienes 
' sali6 todo el paganismo; como tambi^n se 
' dice, y yo no he de negarlo, que de los mis- 
mos proceden los hebreos y caldeos... Que 
en el curso de tantos siglos y con tantas alte- 
raciones y mudanzas se mantiene pura esta 
soberank raza, la mis bella, Sr. D. Jos6, 
la mejor qpnstrufda en est^ticas proporcio- 

4 



50 B. pArbz gald6s 

aes, Sr. D. Jos6, la que mejor personifl- 
«a la dignidad humana, la ind6mita raza 
que no consiente yugo de tiranos, Sr. Don 
Jos^, Men a la vista estd; y usted podrd, 
jcarambo! apreciar por si mismo estas ver- 
dades, que no desmentir^... verdades^que 

r no consiento sean contradichas, porqu^ aquf 
estd Ventura Miedes para sostenerlas en todo 
terreno, Sr..D. Jos6... para imponerlas y ha- 
eerlas tragar a los incr6dulos y testarudos... 
Lo dice Ventura Miedes, y basta^ basta...„ 
Pens6 que me arrancaba los botones. Ya 
comenzaba d serme molesto el tal sabio, y 
hube de apartarle para seguir mi camino. 
En esto, mi mujer y el Cura, que hablan tras- 
pasado yia el arco de entrada al Castillo, sa- 
Meron, Ignacia de prisa y cefiuda, Tarace- 

^ na con calma y jovial. Adverti en mi espo- 
sa una palidez y expresi6n de susto que me 
alarmaron, y no dud6 que habia visto algo 
muy desagradable.- Antes que yo pudiera 
interrogarla, me dijo: "No entres, Pepe... 
Mamd tenia raz6n... Hay demonios,„ 



La franca risa con que «1 buen pdrroco 
acogi6 estas turbadas expresiones, me traa- 
'quiliz6. "No hagas caso, Pepito: la sefiora 
Marquesa se asusta de la majestad del lugar, 
ie la imponente elevaci6n dfe los mures. En 



NAUViEZ 51 

eaanto d los habitantes, nada tienen de te- 
rrorfficos. Entra y veris. 

— Pu6 la primera impresion — dijo Igna- 
<iia agarrdndome en)razo. — Entrar^ contigo 
si quieres; "pero mejor fuera no haber ve- 
nido. 

— jQu6 tonteria! Sean lo que quieran, ^nos 
van a comer? Entremos, y vaya por delante 
•de cicerone e\ Sr. de M|eaes.„ 

Salvamos-el boquete abierto en el adarve, 
pasamos junto al cubo, qui enhiesto y ame- 
nazador se mantiene, desaflando el cielo, su- 
binxos la»escalera que conduce al interior de 
la torre del Homenaje, de la fcual s61o queda 
un cascaron informe, y bajo una boyeda 
festoneada de hier bates, encaramos con la fa- 
milia errante, que alli tenia su aposento. 
Adeldntose d recibirnos el padre 6 cabeza de 
la pequena tribu, Jerdnimo Ansiirez, el cual 
cori cortesfa solemne, muy de caballero,,nos 
di6 los buenos dias. Era un viejo hermosisi- 
mo, de barba corta, como de quien* abando- 
na por muchog dias el cuidado de afeitarse, 
expresivo de ojos, aguileflo de nariz, la ca- 
beza gallardamente alzada spbre los hom- 
bros, el cuerpo airoso y gentil, fdcil en los 
jnovimientos, noble en las actitudes, vesti- 
<io de pafio pardo con no pocos remiendos, 
que parecian herdldicos dibujos. Qued^me 
absorto mirdndole, y .por estar tan fija en 61 
mi atenci<^n, tard6 en hacerme cargo de las 
otras flffuras. Eran sus hijos, tres en pie, dos 
tumbaaos. Al extender la vista por el circulo 
que formaban no lejos de su padre^ vi entre 



52 B. PSRBZ QALD^S 

ellos & una mujer, que subyugo mis ojosu 
Era la mujer mas hermosa que yo habia vis- 
to en mi vida. Ni en Italia ni en Espaila se^ 
me apareci6 jam^s hermosura que con aqu6- 
11a pudiera compararse... Perfeccion tal de 
rostro y formas no se hallara mds que en la.^^ 
Grecia de Fidias. Diria que me pareci6 carid- ^ 
tide; pero su temprana juventud no acusa- 
ba la necesaria robustez para sostener arqui- 
trabes con su linda cabeza... La vi arrimada 
a un trozo de muro, d la izquierda; era la. 
flgura mas distante de la de su padre. Apo- 
yaba el codo derecho en una piedra, en la 
mano la barbilla. Cruzados los pies desnu- 
dos, cargaba sobre el izquierdo el peso del 
cuerpo esbeltisimo, incomparable en todas- 
sus partes y lineas, de absoluta proporci6n* 
en todos sus bultos. 

•^Es mi hija Lucila, — dijo el padre sena- 
landola, y ella mirdndonos con curiosidad 
un tanto desdenpsa, no hizo ni un movi- 
mien to de cabeza, ni pronunci6 palabra al- 
guna. 

— Este es el hijo segundo — dijo Miedes de- 
signando d un muchachon fornido, guapo,. 
de tez tostada, que altanero nos contempla- 
ba.— Su nombre es Didaco 6 Yago, aunque- 
vulgarmente lo llaman Diego. Y este otrO' 
es Egidio, Gil que decimos ahora.^ 

El tal Egidio, jovenzuelo muy parecido di 
su hermana, se adelant6 d besarnos la ma^ " 
no. Junto d 61 vinios al que Miedes llam6» 
Buy, un chiquillo como de diez afios, lindi- 
simo, curtido del sol, medio desnudo, con> 



NABVAEZ 53 

^na piel cruzada en la cintura que le ase- 
inejaba al San Juan Bautista de la iconogra- 
fia corriente. Los dos restantes eran yacen- 
tes estatuas: el uno dormia, el otro acaba- 
ba de despertar y con sonolientos ojos nos 
jniraba. 

" Y a estos dos gandules — pregunt6 T^-ra- 
-cena riendo, — ^qu6 nombre les da el amigo 
Miedes? jAh! ya me puerdo: el tagarote 
.grande es Gundisalvo, y el otro Leguntio, 
Digame, Ansiirez: ^ese Leoncio ha cumpli- 
<do los catorce aftos? 

— Los cumplira dos dias despu6s de la 
Virgen de Septiembre. Es el que sigue a 
"Gil, y Gil sigue d Lucila, que ya cumpli6 
Jos diez y nueve. 

— ^Y cual es el que se cort6 el dedo para 
•€scaparse del servicio del Rey? 

— Es ese que duerme, mi tercer hijo, Gon- 
i^alo: al mayor, que se llama como yo, lo te- 
nemos en Ceuta, por un achaque,.. 

— ^Llama usted achaques & los crimenes? 

— Por una mala querencia, seiior. Accio- 
.nes hay malas que son nacidas del mucho 
»<juerer. 

—Como el querer de aquel galeote que se 

•enamoro de la cesta de ropa. Y digame: este 

Gundisalvo, 6 Gonzalo, ^es el que domesti- 

/ca Cuervos y les ensena el habia, igualan- 

dolos a los loros? 

— No lo tome & risa. Dos cuervos educo 
^n el Burgo, que hablaban griego y latin... 

— Vamos, que ayudarian a misa. 

— Major que muchos cristianos. Uno s6 



54 B. P^RBZ QALDOS 

• 

vendi6 y d PraAcia lo Uevaron: el otjro me- 
lo rob6 un sanguijuelero.^ 

Nos sentamos, y sacando cigarrillos, d to- 
dos les di, y fumaron el padre y los hijos ma- 
yores. Mi miijer, que de mi brazo se colg6 
pesdndome en algunos^momentos, no des- 

* plegaba los labios, y Miedes hablaba en voz. 
queda con la moza Lucila, cuyo timbre de 
voz hasta mi llegaba como dulce y Imna 
miisica. Interrogado Ansiirez por el Cura 
y por mi acerca de las desdichas que le ha- 
bian traido a tal pobreza y desamparoi se- 
sent6 en una piedra, y con gran sencillez. 
de lenguaje, ni jactancioso ni setvil, sino 
en un pun to de sincer\dad grave, nos dijo: 
"Yo, senores mios, soy un hombre de buen 
natural, ni de los que van para santos, ni de 
los que merecen»condenarse; bueno cuando 
me ponen en condici6n deserlo, mala cuan- 
do me obligan a volver por mi interns; mas 
no t^nto que puedan los mds tirarme la pie- 

M dra. El mundo es malo de por si, y 6sta nues- 

^ tra tierra de Espaiia tan sembrada y rodea- 
da estd de males, que no puede viyir en ella 
quien no se deje poner trabas en* manos y^ 
pies, dogales en el pescuezo, que al modo de 
cordeles son las tantisimas leyes con. que nos 

\ aprieta el maldito Gobierno, y lazos los arbi- 
trios en que nos cogen para comernos tantos 
sayones que llamamos jefe politico, alcalde^ 
obispo, escribano, procurador sindico, re- 

i)artidor de derramas, cura pdrroco, fiel'de 
echos, guardia civil, ejecutor y todala taifa 
que mangonea por afriba y por abajo, sii^ 



NARYABZ . 55 

queuno se pueda zafar... Yo, aqui donde 
me ven, no soy de los ni4s legos, que los be- 
iiitos de Lupiana me ensefiaron lectura y es- 
critura, y me apacentaron el entendimiento 
con libros queen mi dejaron alguna ciencia, 
aunque corta... Pero sin saber c6mo pas6 de , 
aquel vivir d ctro, y me meti & labrador, lo '' 
cual fu6, pueden cre^rmelo, como meterme 
en el laberinto de la perdici6n y en el infter- 
no de la miseria. Quien dice I'abranza dice 
pales, hambre, contribuci6n, apremios, mul- 
tas, papel sellado, embargo, pobreza y des- 
honra... Pues aunque labrador, digo que 
no soy lerdo, y que si no me falta pacien- 
cia, condici6n primera del que se pone i 
dar azadonazos en la tierra mirando siem- 
pre para el cielo, me sobra lo que Uamamos 
orgullo, 6 como sedice, apersonamiento, que 
es el hipo de no dejarse atropellar, ni per- 
mltir que d uno le popen y atosiguen. La- 
brar la tierra es cosa dura, jay!... jcon dos- 
cientosyel portero!... y por labrarlade la 
peor suerte, con trabajo propio en tierras 
ajenas, salta en cada memento la cuesti6& 
de las cuestiones, aqu^lla que ya trae re- 
vueltos & los hombres desde que los hijos de 
Ad^n, 6 susnietos ybiznietos, dieronen sem- 
brar la primera semilla: la cuesti6n del tuye 
y mio, 6 del averiguar si siendo mio el su- 
dor^ mfa, verbigracia, la idea, ymioslos mie- 
dos del dbrego y del pedrisco, han de ser 
tuyos los terrenes abiertos y la planta y el 
ifruto. . . Pues yo, que s6 trabajar como el pri- 
mero, que en el libro de la tierra y del cielt 



56 6. PBasz uald6s 

estrellado leo sin equivocarme, no he podi- 
do trabajar nunca sin que d cada vuelta me 
salieran la Partida tal, el Puero cudl, el flsco 
por este lado, la escribanfa por otro, las or- 
denanzas, los reglamentos, las premAticas, 
el amo de la tierra, el amo del agua, el amo 
del aire, el amo de la respiraci6n, y tantos 
amos del Inflerno, que no puede uno mover- 
se, pues de anadidura viene el sacerdote con 
sus condenaciones, y delante de todos el 
guardia civil, que se echa el fusil d la cara... 
y si uno chista, catate muerto. ^Qui6n vive 
asi? Yo he sido honrado, luego tentado & no 
serlo. Me han perseguido, mehan atropella- 
do, me han quitado lo mio y lo que tomaba 
para que los tomadores de -lo mio me paga- 
ran con lo suyo... me han metido en carce- 
les, me han puesto en escritura con papeles, 
y aqui estoy valiendo menos que la tinta que 
gastaron en contar mis desavlos; he perdido 
en una semana lo que en seis aiios gan^; he 
recibido palos y los he dado con mds gana 
de romper cabezas que de guardar la mia, y, 
por fin, Uego a la vejez cansado de la lucha 
y sin otro provecho que lasamarguras, rabie- 
tasy achuchones... 

„Yo he mirado siempre por mis hyos, y 
ellos, si bien me quieren, mal me asisten, 
porque han heredado mi orguUosa condi- 
ci6n, y son tales que no sufren duefio, de 
lo que resulta que descalabraron a mucha 
gente, y d mds de cuatro hicieron sangre, 
pues cada cual tiene su honor, que no de 
otra manera que con sangria debe lavarse 



NARVAEZ 57 

€i es manchado. Mis hijos son bravos, sufri- 

dos, y de mucho ingenio para todo; s61o que 

no ha nacido quien los meta en cintura, por- 

que yo que hacerlo podrfa, he olvidado el 

modo de ordenar & los demds, no sabiendo 

*ya c6mo & mi propio me ordene. Somos to- 

Wos ind6mitos, y aborrecemos leyes, y rene- 

•gamos del arreglo que han traido al mundo 

los reyes por un lado, los patriotas por otros, . 

<ion malditas constituciones que de nada sir- 

ven, y libertad que d nadie liberta, religi6n 

3ue & nadie redime, castigos que no enmien- 
an & nadie, civilizaci6n que no instruye, y 
libros que no se sabe lo que son, porque 
^ste los alaba y el otro los vitupera. ror en- 
€ima, un Dios que mira y calla y no suelta 
mosca, y por debajo un Diablo que si uno 
quiere venderse d ^1, no da ni para zapatos: 
tacafio el de arriba, tacano el de abajo, y los 
hombres que estdn en medio, mds tacaflos 
todavia... i si con lo dicho les basta, para 
conocerme, no se hable mds, y soc6rranme, 
librdndome de que la Guardia civil nos fu- 
sile, 6 de que un juez de manga estrecha nos 
meta en el pudridero de una cdrcel... El se- 
Hor Marqufe, que es poderoso, hable con el 
Alcalde para que nos d6 un salvoconducto 
con que podamos Uegar a Madrid, pueblo 
grande y revuelto, donde hallaremos algiin 
modo de vivir ni mis honrado ni mds des- 
honrado que los muchos que por alii hay. 
Oiganlo, sefiores, y scan compasivos, y no 
nos tengan por peores que los tantisimos que 
andan por campos y ciudades amparados da j 



58 ' B. PBRBZ OALDOS 

ieyes, vestidos de doctrinas, y con todos esos 
^talajes de honradez que han inventado los 
mucnos para comer d costa de los pocos, 6 
los pocos que supieron hacer su granjeria de 
la necedad de los muchos. « 

La primera impf esifin de este discursilla j 
fu6 que teniamos que haWmoslas con un 
pillete de flnfsimo sentido y trastienda. Ma- ' 
ria Ignacia le oy6 absorta, yo con el agrada 
que comunmente producen las bellezas del 
arte popular, Taracena con burlonas risas. 
Miedes, sentado d distancia, la cabeza entre 
las manos, parecia hondamente abstraido. 
Preguntado si era viudo, Ansurez nos dijo: 
"Viudo.tres veces. Mi primera mujer era. 
mauchega, aragonesa la segunda, las dos de 
muy buen ver... 

— ^^Y latercera? 

— Hermosa si las hubo... valenciana... 
Con 6sta no estuve casado por bendiciones^ 
sino por nuestro arrimo.y conveniencia na- 
tural. De Dies estdn gozando las tres... Mu- 
cha ley me tenfan, jcon doscientos y el por- 
tero! 

— ^^Y qui nos cuentael amigo Ansiirez de 
esta hija tan guapa, de esta Lucila— pre- 
gunt6 el Cura,— d quien el Sr. Miedes 11a- 
mard Lucinda, Lucania 6 Lucinelda? 

—Esta hijamia — replic6 Ansurez mirdn- 
dola carinoso, — ha venido a estas miserias 
por lo mucho que quiere d su padre; ^ver- 
dad, Lucihuela?„ 

Con miradas no mds contest6 la hermosa^ 
conservando su gravedad de estatua. Los 



NABTABZ . 59 

chistes, no de muy buen gusto, con que Ta- 
racena ponder6 el contraste entre tan admi- 
rable belleza y . la ruindad de su vestimenta 
(que .s6lo coiisistia en una vieja falda y en 
una envoltura de trapo para el cuerpo), lo 
merecieron de ella ni fugaz sonrisa. Pens^ 
que d todos nos.despreciaba profundamente. 
*Aqui dbnde la ven los senores, sabe ex- 
presarse como las personas finas; s61o que 
es muy vergonzosa, y su m^l pelaje le au- 
menta la cortedad. En una de las peores bo- 
rrascas que me ha traido mi mala suerte, la 
puse d servir. Hallandose e^n Molina de Ara- 
g6n, la vi6 una seflora de Zaragoza, y tanto 
gust6 de ella y de su buen moao, que se la 
llev6 colisigo, y en su casa la tuvo, tratada 
y vestida como una damisela, no sin que 
tambi6n le dieran la ensenanza de leer, es- 
' cribir y algo de Quentas, coser, bordar y 
otras flligranas... Pero como para mi gene- 
raci6n no hay manera de torcer el maldito 
sino con que todos venimos al mundo, la da- 
ma protectora de Lucila cerr6 la pestana) y 
los nerederos, que no gustaban-de intrusos, 

{)lantaron & mi niiia en la calle sin mds que 
puesto y ui)i cestito con vituallas para dos 
dias. Anduvo la pobre de puerta en puerta 
^n busca de acomodo, y ya porque lo halla- 
ra muy malo, ya porque el que hall6 pecaba 
de bueno en demasia, ello fu6 que mi hon- 
rada nifia corri6 por montes y laderas en 
busca de padre y hermanos, y despufe de 
andar todos tomando lenguas, ella por nos- 
.otros, nosotros por ella, nos juntamos en la 



.62 B. PBBBZ G4LD^S 

antigiiedad, cuando nosotras no usdbamos 
cors6, y ustedes los hombres no conocfan los 
pantalones, y anddbamos todos con trajes 
largos, ti^nicas 6 qu6 s^ yo qu6...?„ 

Al quedarnos solos, prosigui6 Marfa Igiia- 
cia de este modo: "Te aseguro que esa mu: 
jer me ha trastornado. \Qu6 quieres! eftipie- 
zo & creer en el mal de ojo. De veras te digo 
que me cambiaria por ella, comproineti6n- 
dome 4 estar desc^-l za toda la vida, mal cu- 
bierta de guiftapos indecentes, vagabunda, 
sincasani hogar... siempre que adoptaras 
tii la misma vida, dejdndote crecer las gue- ^ 
dejas y cambiando tu condicWn de sejQorio 
por el oflcio de vender burros 6 de compo- 
ner calderos. Con tal de tener la cara de esa 
mujer y su cuerpo preciofeo, yo diria la bue- 
naventura, y tii y yo nos'ejercitariamos en 
robar lo que pudi^ramos. Puedes creerme 
que es verdad lo*'que digo. Dios que ve.los 
corazones sabe que no miento, que no me 
hago laromdntica... Mujeryesposa, estimo 
la hermosura como el mayor de los bienes: 
todo lo demds no vale nada.„ 

* El tema era gracioso; pero aunque intents 
glosarlo con todo el ingenio de que yo po: 
dia disponer, no conseguf hacer reir & Maria 
Ignacia, ni sacarla de su tenebrosa melan- 
colia. Como habia comido poco y estaba ne: 
cesitada de alimento y distracci6n„ le propu- 
se que Ju6semos & dar un paseo por eicami- 
no de Riofrlo, llevdndonos una buena me- 
rienda. Aprolxi mi madre este plan, y antes 
de las cuatro ya teniamos preparada una ces- 



NABVABZ €3 

ta con diversidad de flambres y golosinas, la 
cual fu(6 pr delante, alternando en cargar- 
la los chicos del confitero y Calixta; luego 
salimoi? mi mujer y yo con Tomasa, y Rosa- 
rito Salado. La tarde se present6 calurosa, 
por lo que no anddbamos muy a prisa, y re- 
queriamos la sombra que las encinas y cas- 
tanos proyectaban sobre el sendero a la fal- 
da del Padr6n de Atienza. Media hora lie- ' 
Ydbamos de paseo, cuando advertf que de la 
parte de los altos de Barahona venia una 
nube parda con visos amarillos en sus re- 
bordes desgrenados; avanzaba como fiinebre 
cortina que s61o cubria parte del cielo, pues 
hacia el Oeste brillaba el sol. La nube pare- 
-ciOme de las que traen mala intenci6n, y esta 
«ospecha fu6 confirmada por el sonar lejano 
de truenos hacia el Este. Felizmente Uevd- 
bamos a prevenci6n paraguas y sombrillas, 
y no faltaban por alli casitas en que gua- 
recemos en caso de aguacero. "Me alegrar^ 
de que Uueva,,, dijo Maria Ignacia, que de 
«u mal humor se consolaba con las displi- 
•cencias de la atmdsfera, 6 en 6stas vi6 perfec- 
ta imagen del estado de su espiritu. Que la 
nube nos estropearia la tarde quittodonos el 
TCgocijo de la merienda, yano podiamos du- 
darlo viendo los goterones que nos manda- 
ba el cielo, y que calan estampando en el 
-camino redondeles como piezas de dos cuar- 
tos. No tard6 en deslumbrarnos un reldm- 
pago que de lo mte proximo de la nube ve- 
nfa, y con el triieno que & poco retumb6, 
^hfinos el cielo una rociada ae agua y vien- 



64 B. PEREZ eALD6s 

to que no nos di6 tiempo d busear abrigo, 
Ruidos en lo alto anunciaban estragos ma- 
yores; la Uuvia era como un sin fin de U- 
tigos que nos azotaban. Rosarito se anipar6 
tras una pena; guarecidos mi mujer y yo 
bajo una encina, vimos que empezaban d 
caer con las gotas confltes de hielo, que tal 
parecia el granizo,primero del tamano de ca- 
ilamones, luego coino garbanzos. Las exha- 
laciones, difundiendo en todo lo que alcan- 
zaba la vista repentina claridad livida, nos^ 
deslumbraban. "^Tienes miedo?,, pregunte 
& mi mujer; y ella me respondix): "Ninguno; 
que caigan las piedras como castanas es lo 
que deseo.,, 

Sobrevino una clara, y quise aprovecharla 
para Uegar hasta un caserio que velamos a 
tiro de fusil. Emprendida la marcha j Maria. 
Santisima!, y cuando no habiamos andado* 
un tercio del camino, estall6 sobre nuestra& 
cabezas formidable estruehdo, y fuimos azo- 
tados de Uuvia y piedra, que ya superaba el 
grandor de las avellanas. Apretamos el paso,. 
defendiendo nuestras cabezas de los coscorro- 
nes del cielo, y pudimos alcanzar la casa mas 
pr6xima en un memento verdaderamente- 
angustioso, pues al Uegar al amparo del edi- 
ficio, ya eran nueces lo que con estruendo y 
vibraci6n del aire caia... Ante nosotros co- 
m'an los cerdos, las cabras, dvidas de refu- 
gio; corria tambi^n Rosarito con las faldas 
por la cabeza; y cuando Uegamos jadeantes^ 
apedreados y hechos una sopa, vimos que 
bajo el ancho balcon de la casa unas veinte. 



NARVABZ . 65 

6 treinta mujeres; algunas con sus crios ea 
brazos, puestas de rodillas en actitud luctuo- 
sa, invocaban al cielo con lamentos desga- 
rradores, mezclados de oraciones, y con sfi- 
plicas que en algunas bocas se trocaban ea 
blasfemias. Nunca vf espectaculo mas lasti- 
moso, ni of voces que mis hondaniente me . 
sorprendieran y aterraran... Conio si el cie- 
lo, benigno en su flereza, hubiera esperado i 
que estuviesemos en salvo para descargar 
sobre la tierra toda su ira, la terrible lapi- 
daci6n tomo fuerza aterradora: las piedrasv 
cayendo en espesa lluvia, eran ya como hu€^ 
vos, y el suelo se vio pronto cubierto dt^ 
aquel blanquisimo material. Algunas, ^ 
mo proyectiles lanzados por furibunda ma- 
no, rebotaban al caer y salpicaban en peda- 
zos angulosos, estallando como rotos vidrio% 
V d la caida sonaban como un chasquido de 
huesos 6 de bolas de billur. Al compas de k 
furiosa pedrea crecia el gran vocerio de las 
mujeres, roncas ya de tan to pedir misericor- 
dia" A la Virgen invocaban unas creyendob 
mas compasiva, otras d San Roque, a San 
Antonio, 6 d la Santisima Trtnidad, que era 
lo itias seguro, y alguna Voz que empez6 re- 
asando el Padreraestro, lo aciababa dicien- 
do: "jSenor, Senor, queest6 una trabajando 
todo el afio para que venga una cochina nube 
de ese cochino cielo & quitarle a una lo ga- 
nado!„... Y por otra parte oiamos: "Santos, 
iqu6 jacedcs que esto consen tides? Mala pes- 
te con vos y con el cura que no echa la« 
aoenj oraciones „... "Virgen del Pilar, acude 



' 66 B. PBRBZ OALDdS 

pronto acd y lfbranos„ . . . ''San Roque, 34 d6n- 
de vos met^is, santico, que estos cielos de- 
jais alos demonios?„... **radrenuestro... to- 
do perdido, todo arrasado... venga & nos el 
tu reino... mi patatal que estaba como un 
verjel de Dios, y ahora... el pan nuestro... 
Perdici6n, Seilor, perdici6n y vengan ra- 
yos„... ** Jesils, Jesiis, ^a6nde estds metio, se- 
fior Jestis de la cruz & cuestas?„ . . . "Tiran co- 
<5es los Angeles, y aqui nos mandan los cascos 
del pavimento celestial^... "Vii^en, para, pa- 
ra; yanomds... que nosmoriinos„..."^Qui6n 
da patas en el cielo, y qui^n descuaja los 
afirmamentos y nos echa encima too este vri- 
dio?„... "jMalhaya quien trabm, malhaya 
quien trae criaturas al mundo! Santo Jesiis, 
^no diz que sodes Pastor? ^Por qu6 matas tu 
ganado? j Trocar te has en labraaor para que 
no mandes truenos, ni esta encandilacl6n de 
tufo de azufre, ni estos cantos de dos li- 
bras! „ . . . "^Qu6 pecado hicisteis, patatas mias; 
en qu6 habedes faltado, judias, tomates y le- 
chugas?„... "Ap6stoles y radrtires, ^qu6 en- 
fado tenuis? Semos pobres, trabajamos para 
vivir, y nos dejais en los huesos. Pelados nue- 
sos, ya no. tenuis sino hebras de carne, y es- 
tas hebras los perros de la contribuci6ji ven- 
drdn d quitdrnoslas. El nifto no saca de nues- 
tros pechos mas que amargura, y el mari- 
do, si no le dan vino, quiere que seamos hu- 
rras para el trabajo„... "i Malhaya el mundo, 
malhaya el trabajo, abranse las sepultu- 
ras!„... "jJusticia caiga sobre los males, no 
sobre los pobres, que meten su alma en la tie* 



narvIbz 67 

Tra!„... "Virgen pura, Madre nuestra, libra* 
nos de todo mal perverse, quftanos el rayo y 
la piedra, am6n, y guarece nuestros cam- 
pos, am^ii, arn^n, amfe.„ 
- En su consternaci6n, no faltaron d la cor- 
< tesia las espantadas mujeres, y nos.abrieron 
\ -paso. El amo de la casa nos di6 un buen 
.acogimiento en el lugar de m&s respeto, qfue \ 
-era la cocina. Mi mujer contemplaba, por 
un estrecho ventanucho, el tremendo caer 
-de piedra, y se divertia viendo & Rosarito y 
:a los chicos correr en busca de los mayores 
guijarros de hielo y traerlos para que les 
tomdramos el peso. Algunas mujeres se re- 
•cogieron junto d nosotros, enumerando con 
lebril palabra los estragos causados por el 
temporal en sus huertos y plantios. "^Pero 
•serd verdad que lo hab6is perdido todo?„ — 
les deciamos. "Si, sefior Marques y Mar- 
<iuesa, todo perdido, todo arrasado. Trabala- 
mos para la nube, que se come nuestro sudor 
-en tan in tan to que se rezaun credo. Lo mis- 
mo ta6 hace tres afios... La contribuci6n, 
-que nos la pidan i tiros, como el cielo nos 
afeita el campo d pedradas.„ Por disposici6n 
<le Ignacia, Tomasa y Rosarito repartieron 
•entre aquellos infelices el contenido de la 
<»sta, y fu^ muy interesante ver c6mo en 
breve tiempo las bocas de algunas mujeres 
■y de los chicos dieron cuenta del copioso 
repuesto. El generoso aldeano que nos al- 
bergaba mand6 recado d casa, a fin de que 
viniesen con socorro de vestidos para mu 
<iarnos. Despej6se el cielo d las seis, y sa- 



68 *:b. PiBBZ GALDOS 

lieron las lalSriadoras & buscar a sus bom- 
bres y d medir el aterrador destrozo de sus 
campos. 

Vino a poco el Alcalde con el secretario 
Zafrllla y gente de mi casa para conducirnos 
al pueblo, como si fu^semos naufragos 6 
aeronautas caidos de las nub^s, y aun- 
que en ello habia mds oflciosidad y adula- 
ci6n que justiflcado servicio, lo agradeci- 
mos. Mudados de ropa y puestos en cami- 
no, dijome Salado que, sabedor de^nuestros 
caritativos sentimientos en pro de los refu- 
giados en el Castillo, habia dispuesto quese 
les dejase salir libremente, dispensados de 
los honores de la Guardia civil, y socorridos 
por ouenta del Ayuntamiento hasta Guada- 
lajara. A esto dijo Maria Ignacia, reiterando 
su gratitud al Alcalde, que no bastaba per- 
mitirles la salida, sino obligarles a que sa- 
lieran, antes hoy que maftana, pues tal 
gente vaga y sin oficio conocido no era el 
mejor ejemplo para un pi^blo tan hour ado 
como Atienza. En ello convinimos todos, y 
^a este punto encontramos a Taracena pte- 
suroso, que tambi6n queria coadyurar a 
nuestro salvamento. Mi tnujer se adelan- 
to con el cura, y Zafrilla con Rosarito, lie* 
var^do de batidores a los expedicionarios de 
, menor cuantia, y Salado y yo, a retaguar- 
dia de la caravana, charl^^mos un poco so- 
.bre la calidad y circunstancias que creia- 
mos ver en los Ansurez. Segiin D. Manuel, 
ol padre es inteligentisimo en toda labor 
;igricola, y conocedor de cuanto hay en la 



NARVAEZ 69 

:Naturatezay hombre de bien, en el fondOy 
pero echado & perder por las desgracias, por 
1^u descuido y falta de orden, y mayormente 
por la indole perversa de sus liijos, que si 
•Tan males de suyp, la miseria los hacia 
]>eores. De Lucila no dijo mds sino lo que . 
ya sabiamos, que era una magniflca hem- 
bra. jL^stima que el padre no la vendiera! 
Venderianla quizds sus hermanos si pudie- 
sen, 6 esperarian unos y otro a llegar d Ma- 
drid, lugar de ricos compradores, que saben 
apreciar el ganado de calidad superior y no 
regatean su precio. "jVaya una res, compa- 
•dre!— decia un poquito encandilado de ojos, 
parandose ante mi en mitad del camlnc— , 
Y puedo dar fe de que si mucho le falta de 
ropa, o^tro tan to le sobra de orguUo. No he 
visto mayor recato, ni menos tela en lo que 
debe taparse. 

— Es que ahora vjaja en calidad de esta- 
tua, y como tal estatua no r^pugna el des- 
nudo, ni se deja querer. 

— Pues no es de mdrmol ni de talla, Don 
Jos6 Mo, que ayer le pude echar un pelliz- 
CO y... Por poco me pega... Cuando llegue4 
Madrid, si antes no la roban, tendrd que ver 

-esa ninfa despu^s de un buen lavatorip. 
— Yo me la figure lavada y bien vestida, 

y... meparece que pierde, quiero deeir que 

'Cstard menos bella. 
^ ^jNo, por Dios, D. Jos6...! Yo me la ima- 

:^in6 con ropa, y francamente... 

— Vamos, le gustaria 4 usted ponerle ropa. 
— Naturalmente, para quitdrsela.„ 



70 B. PBRBZ GAL06S 

No pudiraos seguir porque mi mujer re- 
trocedia con Rosarito,. llamdndome. fnquie- 
to corri hacia ella, entendiendo que se sen- 
tia mal. "^De qu6 habldbais?— me dijo col- 
gdndose de mi brazo.— ^Por qu6 se iban 
quedando atrds y d cada ratito se parabanf 
Alcalde, ^podrd decirme que cosas de tanti- 
simo interns le contaba usted al marido mio?" 

— Seilora — ^replic6Salado prontamente, — 
le hablaba de establecer en Atienza una fa- 
brica dejab6n. 

— I Jab6n! ^Y & qui^n quieren lavar? jVa- 
lientes pillos estan ustedes! Vayan por de- 
lante y no se aparten mucho. Que yo los. 
vea... Y cuidado con sefcretearse. Ya saben 
que por lejos que se pongan, yo todito la^ 
oigo... y nada se me escapa, jcuidaditol^ 



VII 



Es Salado un trucha de primera, si falto* 
de autoridad y luces para el gobierno de la. 
insula concejil, sobrado de marruUeras ha- 
bilidades para los enredos de campanaria 
y los empefios de su. ^oismo. Servicial j- 
deferente con los poderosos y con todo el 
que ayudarle pueda en su privanza politi- . 
ca, guarda sus rigores de ley y sus aspere- 
zas de cardcter para los humildes sometidos- 
a su vara, poj una punta mis dura que ro- 
ble, blanda por otra como junco. Nada teme 
de los de abajo, inMiz. rebafio de hombre* 



NABViBZ 71 

sencillos, mds embrutecidos por la miseria 
que por la Ignorancia, los cuales bajo el fal- 
se colorin de unaConstitucidn que proclama 
y ordena franquicias mentirosas, gimen en 
efectiva esclavitud. Nada teme tampoco de 
los de arriba, con tal que en la votada saque 
el candidate que se le designs, y se constitu- 
ya despu^s en agente 6 truchimdn del dipu- 
tado, del jefe politico y del ministro, cuafes- 
quiera que sean los caprichos contra la ley 6 
antojos contra la justicia que inspiren los 
mandates de estas insolentes voluntades. 
Puera de las infamias propias del oflcio, que 
pocos ven, porque los que trabajan y sufren 
estdn ciegos, insensibles, y los que tienen lu- 
ces y algiin dinero huyende los pueblos para 
refugiarse en Madrid, donde lo espacioso de 
la jaula garantiza relativamente la libertad 
y la dignidad cfvica; fuera de este, digo, 
Salado puede jBgurar entre los hombres co- 
rrientes, simpdticos, agradables, tan dis- 

Suestes para un fregado como para un barri- 
0. Casado y con hijos, es mejor padre que 
esposo, y meior Alcalde para si que padre 
para el pueblo que administra. 

Sigo contando. Cerca ya de la Puerta de 
Antequera, salio el sacristan de San Gil, 
apodado el Ne, a contarnos la md.s lasti- 
mosa ocurrencia entre las innumerables, 
cdmicas y tr^icas, que produjo el pedrisco. 
Pasando por alto las gallinas y polios aho- 
gados, el cerdo que perdi6 el uso de la pala- 
bra, quiere decirse del gruilido, la burra 
que en los mementos de panico se meti6 en 



72 B. PEnEi gald6s 

H iglesia y no par6 hasta la sacristia, la 
desaparici6n de calpras, cabrones y carne- 
ros; omitiendo asimismo la rotura del brazo 
de ia Tia Mortificay las descalabraduras de 
etras viejas, las caidas de ancianos y tulli- 
dos que por su calidad de pordioseros re- 

^ presentaban menos valor que los animales, 

' puso el narrador toda su labia en referir- 
nos el grave estropicio de D. Ventura Mie- 
des. Bajaba el ben^fico sabio de socorrer & 
los Ansiirez (y consta que les lleV6 tres 11- 
bras de peras y una botella de tostadilio), 
euando iu6 sorprendido del tempora-, y si 
i\ apresuraba el paso para evitar la Uuvia y 
los coseorrones, mds prisa se dieron las pie- 
dras en caer furiosas, creciendo de volumen 
i cada s^undo. Arrebatado de su cabeza el 
sombrero por una racha, fu6 & parar d . la 
veleta de la torre de la Trinidad. Halldbase 
el pobre D. Ventura en lo mds desamparado 
del cerro, sin ver en derredor suyo drbol ni 
eueva, ni pedazo de murd en que guarecer- 
se, y en esto las piedras como huevos de 
gallina, de los de dos yemas, le caian sobre 
el crdneo y las sienes, aporredndole sin nin- 
guna compasi6n. Una, mayor que las de- 
mfc, como huevo de pava, le di6 con fuerza 

^ y se rompi6 en cascos de hielo; vino luego 
^in canto que mas bien parecia ladrillo, y 
al tremendo golpe perdi6 elnsentido D. Ven- 
tora, y cay6 rodando por el suelo hasta dar 
^n un hoyo, donde aiin el cielo despiadaao 
3figui6 apedredndole como los gentiles & San 

* Esteban, 



NABVABZ 73 

Preseneiaron esto 4esde el p6rtico de San- 
ta Maria unos mendigos; mas no pudiendo 
«ocorrerle, dieron voces, que con el estr^pito 
de la granizada oir no pudo ningiin cristia- 
no. Pasado habia la tormenta y ya lucia el 
^rco iris, cuando fu^ descubierto el infeliz 
Miedes hecho un ovillo entre montones de 
granizo, y le recogieron medio helado y 
^asi ^ifunto, llevandole a su casa en una 
burra, a la manera de los sacos que van al 
molino, la cabeza cayendo por un lado, los 
pies por otro. Visto y examinado del medico 
D. Pascual Pareja, dijo 6ste, segAn nos re- 
flri6 el Ne, que las aboUaduras hechas en el 
casco por las piedras eran de cuidado; pero 
que la mayor gravedad estaba envlos propios 
sesos, de la conmoci<3n y el derramen. Gran- 
de fu6 nuestra pena por el accidente del an- 
ciano sin ventura. Ignacia me dijo: **Dia 
que empeSwi tan mal no habia de concluir 
«ino con esta sftrta de calamidades horro- 
rosas.„ 

Habriamos corrido d casa de Miedes si no 
^stuviese muy cerrada ya la noche y no* sin- 
ti^ramos tante prisa de vernos junto a mi 
madre. En casa, el fen6meno meteorol6gico 
no habfa causado ningiln desperfecto grave. 
Describiendo con pintoresco estilo la Uuvia 
de piedra, mi madre nos dijo que crey6 ver 
la espadaiia de San Juan volando por los ai- 
res y estrellandose sobre nuestro techo. Ce- 
'namos, y Maria Ignacia, rendida'del cansan- 
cio, se durmi6 con sueilo tranquilo. Por la 
mafiana despertd gozoza, posefdadeun ciex- 



74 B. PiRBZ GALDdS 

to ardor de beneflcencia, y me propuso soco* 
rrer & las victimas del temporal. "^Y de lo» 
del Castillo que se sabe?— medijorisueiia.— 
A esos no los parte un rayo. Si se van hoy, 
debemos favorecerles, y fuera de aqui arr6- 
glense para vivir con las mafias que usan; 
que llevando algiin dinero serin mafias me* 
nos malas.„ Pareci(5me esta observaci<3n la 
propia sensatez, y sobre lo mismo hablaba- 
mos despu^s del desayuno, cuando nos avi- 
saron que el Sr. Ansiirez, 4 punto de partir, 
queria despedirse de nosotros y darnos las 
gracias. No quisimos hacerle esperar, y en- 
contmrnos BlceUibero, secundum Miedes,con 
uno de sus hijos en la cocina, donde ya mi 
madre nos habia tomado la delantera, lle- 
vando dos hogazas, un manojo de ceboUas y 
un cesto de ciruelas, para obsequiar & la tras- 
humante familia. Por cierto que en aquella 
s^unda entrevista, hubo de parecerme atin 
mis gallarda que en la primera la flgura 
del viejo Ansiirez, y su rostro mds impr^-^ 
nado de exquisita nobleza. Sus elegantes ac- 
titudes no desmerecian con la pobre vesti- 
menta del coleto burdo, el remendado cal- 
ziJn y las abarcas de cuero. Su afable sonri- 
sa, su 4^pejada f rente, sus cabellos blancos, 
todo el conjunto de su vejez vigorosa me ha- 
cfan el efecto de ver reproducidos en 61 los 
caballeros de remotas edades, que segura- 
mente no irian mejor vestidos, ni hablarfan 
con mdsentonaday cortesgravedad. Su hijo 
Gonzalo, que en realidad veiamos por prime- 
ra vez, pues en nuestra visita de la mafiana 



NARYA.BZ 75 

anterior dormia, era una hermosa figura ju- 
venil, el rostro enriegrecido, losojos con lla- 
mas, la raano poderosa, el desplante galdn y 
altanero. 

"Queremos— d\jo el padre sin extremar la 
inclinaci6n del cuerpo,— despedirnos de Sus 
Excelencias y ofrecernos para cuanto hayan 
menester de nosotros en 6stas 6 quellotras 
tierras.;. Manden lo que gusten, que si por 
nuestra pobreza no podemos servirles en 
acordancia con lo que son Sus Mercedes^ 
valganos por lo chico del servicio lo grande 
de la voluntad.„ 

A mi pregunta de si pensaba la tribu tras- 
ladarse a Madrid, contests que 61 tratabade 
mantener a toda la familia en un haz y Ue- 
yarla por un solo rumbo; pero que esto no 
seria f^cil, y tendrian que dispersarse to- 
mando cada cual por los caminos d que le 
llevasen sus diferentes querencias. "A todos 
mis bijos — prosigui6, — ha puesto el Senor 
mucha sal en la moltera, tanto que del re- 
bosamiento de tanta sal han venido sus de- 
safueros y las maldades de algunos. Y con 
la sal abundante les puso el Sefior inclina- 
ciones fuertes, 6 cada cual para lo suyo. A 
Gonzalo, que esta presente, le tira la milicia, 
pero la milicia libre, que no hallard mieh- 
tras no salten otras guerras como las pasa- 
' das; a Diego le tira la mar, de quien se ena* 
mor6 en cuanto la vido en la salida del Ebro 
por los Alfaques, y tanto es su amor de las 
aguas, que en ellas se meteria dentro de un 
zapato para ver toda tierra descubierta 6 por 



16 B. vtKEz gald6s 

^ 

descubrir; d Gil le llama el mando, la gua- 
peza, y no es capitdn de bandoleros, por-' 
que eso no trae cuenta con tanta Guardia 
civica que tenemos ahora; d Leonclo le tira 
la cerrajeria^flna, 6 sea el amafi^r armas de 
fuego, y UavQS tan sutiles que Qon ellajs no 
pueda cerrar y abrir quien no tenga el se- 
crete; y si de Rodriguillo no dir6, por raz6n 
de su corta edad, que estdyabien'clarala 
inclinaci6n, pienso que le tira la musica, 6 
el arte de sacar coplas y de coinponer lo pro- 
saico con buena concordancia. Si unos iran 
con gusto d Madrid, otros quieren mds cam- 
po, m&s aire y espacios grandes. De mi digo 
que me tira Madrid, porque habiendo pade- 
cido trabajos y agonias debajo del trillo, que 
con esto compare al Gobierno y Fisco que 
nos aplastan, antes que ser la espiga que 
esta debajo, quiero ponerme donde va el tri- 
llador, y ayudarle d Uevar la mdquina, si 
me dejan. Cr^anme los seiiores Excelentisi- 
mos: mejor que ser la liebre guisada, es ser 
el cocinero que la guisa, ya que no sea uno 
el rico que se la come. Peo y mal mirado es 
el dflcio de verdugo; pero vale mds ser eje- 
cutor de lajusticia que ajusticiado. Labra- 
dor fui, y los mejores anos de mi vida me los 
entretuvo y gast6 el amor de la tierra; mas 
desengaftado ya y harto de fatigas sin fruto, ^ 
digo: "jAdios, tierra, con dosciento» y el 
portero!„... A mf me haii molido, me han za- . 
randeado, y me han quitado una y mil veces 
Jo que gan6 con mi sudor. D^jenme* ahora 
maldecir y renegar del diezmo, de la primi- 



NAKVABZ 71 

cia, del voto de Santiago, del apremio,, del 
^ montonero, del embargo, de la raano muer- 
t»,- de la mano viva. jArre allApor cepas! 
Mas vale saber que haber. Vdyanse al de- 
monio el alcalde, el jefe politico, el regidor 
decano, el sindico personero, el agente de. 
apremibs, el recaudador, -el flel de fechos, elf 
' escribano, el alguacil, el (fel iielato, el pon- 
tonero, y cuantos tienen autoridad del Mi- 
nistro para abajo. Pues ahora quiero yo ven- 
garme, 6 como se dice, ponerme encima, y 
ya que mis espaldas saben.d lo que sabten 
los golpes, sepa tambi^n \tii mano a que 
sabe tener el palo, y con el palo licencia 
para pegar de flrme. 

— Comprendido, Sr. Ansiirez— dijo mi 
madre risueiia: — lo que us ted quiere ahora 
esundestinito. Vaya, vaya: es tonto y pide 
para las animas. 

— Desiino tendra — aflrmo Maria Ignacia, 
que encontraba graciosas las cuitas y las 
ambiciones del buen Ansiirez.— Y si, como 
dicen, es usted leido y escribido, bieri podra 
entrar en una oflcina. 

— Mds que oficinante, me gustaria ser 
guarda de Sitios JReales, administrador de 
un posito... verbigracia, 6 almacenero de 
los tabacos de Su Majestad. 

— Vaya, vaya— dijo mi madre; -^aqui vie- 
ne bien lo de atln no etlsillades y ya cabal- 
gades, Pepe, ya puedes recomendarle...„ 

Preguntadosi tenia relaciones en la Corte, 
6 si en su larga vida habia hecbo conoci- 
miento con alguna persona de v\so, qyie 



78 B. PEREZ GAtDdS 

ahora le pudiera favorecer, contest6 que su 
estrechez y de$gracia no le han traido mds 
que conocimiento de gente miserable, pues 
por algo se dicec en carm angosta y en luen- 
tgo camino no hallards amigos. 

En este pun to de la sabrosa conversacion, 
precipit6se rai mujer con esta pregunta: " Ya 
sabemos que d uno de sus hijos le tira el 
mar, & este la milicia, al otro la miisica, & 
usted le tira Madrid; ^y & su hija Lucila, 
qu6 le tira? 

^— MI hija tira al raonte, quiero deeir, a las 

frandezas— nepRco el vicjo,— corao si de pa- 
re y madre ' coronados hubiera nacido esa 
criatura; y aunque Sus Mercedes la ven tan 
-extremada en el trajin pobr^, visti^ndosepor 
la moda de las imagenes, es que gusta de 
pintarlagrandeza con la rematada pobreza, 
por aquello de parezconada paraserlo todo... 
Tiene buen natural, eso si, y a compasiva no 
le gana ni Santa Leocadia. . . Pero yo quisiera 
que si vamos d Madrid, encontraramos para 
Lucila un buen recogimiento al lado de se- 
noras maduras y sentadas que la enseiiaran 
la gobernaci6n de casa humilde, y le quita- 
ran de la cabeza la idea de que vuelven al 
mundo las hembras guapafe de laidolatrfa... 
no s6 explicarme... 

— Lo entendemos muy bien — observ6 mi 
madre. — Esa niiia de usted, segiin me dicen, 
es como si viniera de gentiles, 6 nos quisiera 
traer la moda del tiempo en que eran vivas 
lasestatuas... jBuena p6cora serd la mucha- 
cha si no la curan de esa mania!... Pero mis 



NARVABZ 79 

liijos le daxan & usted cartas de recomenda- 
ci6n para que en Madrid halle donde colo- 
carla honestamente.„ 

Esta idea sugiri6 d mi mujer el prop6sita 
'de formular las recomendaciones inmedia- 
tamente, ansiosa de mirar por la errante 
familia. Sus nervios disparados no admi- 
tian espera, y que quieras que no, tir6 de 
mi y arriba me llev6 para que escribiera 
las cartas. "^Pero & qui6n he de escribir, 
mujer?... 

— A tu familia, a tus amigos, & Bufrasia, 
^ tu hermana Catalina. . . 

— Creo— le respond!,— que recomenddn- 
-dola a mi hermana no serd precise moles- 
tar a nadie. Lo que no haga Catalina no lo 
hard ni el propio Narvdez. „ 

Obediente al caprichoso estimulo de Marf a 
Ignacia, forma de un recelo que locamente 
la inquietaba, cogf la pluma y empec6 la 
carta. Mi mujer miraba por encima de mi 
hombro lo que yo escribia; y vi^ndome in- 
^eciso en los t^rminos de recomendaci6n, 
me apunt6 resoluciones y fines concretes. 
^Diles claramente, y encdrgales con gran in- 
terns, que la metan monja. 

— Pero, mujer, falta que tenga vocaci6n. 

— La vocaci6n se hace... iQu6 ton to eres! 
Monja', monja, que no hay como la discipli- 
na del claustro para domar d ^stas que dan 
•en la flor de vestirse por los figurines del 
Paraiso Terrenal. Asf evitard su perdici(5n 
y la de muchos hombres. Porilo, ponlo bien 
clajo... Que nos interesamos por esa joven; 



80 B. PJ^BBZ GALDOS 

oue deseamos su ingreso en un convenU^ 
ae regla muy estrecha. . . 

— jPero si no tiene dofce, y ya sabes que- 
sin dote es dif icil . . . ! 

— Yo la dotar6. Ponlo clarito: eso ha» 
mucha £uerza.„ 



VIII 



Pues Sejoor, escribi la carta conforme al 
deseo de mi mujer, y cuando bajamos j la 
dimos al interesado, Taracena, que a la t$a- 
z6n ll^a.ba, vaticln6 al viejo Ansureai y A 
su hijo dichas y grandes medros por nuestra 
proteccion. "No han tenido poca suerte en 
caer acd—les dijo,— y en lacoyuntura de ha- 
liar en Atienza & los senores Marqueses. Di- 
gan que les ha venido Dios a ver, porque de 
estas gangas caen pocas. 

— Ya lo sabemos, y yo doy gracias & Dios^ 
por esta bienandanza — replic6 Ansiirez;— 
quedespufe de tantasperrerias de la suerte, 
alguna vez habi'amos de pelechar. Y la dicha 
sera completa si Su Excelencia pone en la 
carta, a mas de lo tocante a la hija, alguna 
buena exhortacion para los senores que po- 
driancolocarme. 

— Pepe, hijo mfo— dijo mi gadre,— pues- 
to ya en eso del recomendar, escribele & Sar- 
torius, 6 al propio D. Ram6n Narvaez.„ 

A esto observ6 Maria Ignacia que si mi 
hermana tomaba bajo su santa protecoidii al 



naryAbz 81 

buen Ansiirez, no necesitaba 6ste de nadie, 
pues los mismos San Luis y Narvdez con 
todo su poder de relunibr6n quedan hoy 
muy por bajo de Sor Catalina y de las otras 
monjas sus compafieras, las cuales & la ca- 
lladita Uevan su influjo d todos los ramos, 

?r a la mlsmlsima Superintendencia.de Pa- 
acio y Sitios Reales. 

Oyo esto cqn viva satisfacci6n el padre de 
la tribu, y D. Juan Taracena, ddnaole una 
palmadita en la rodilla, le dijo: ^Alforjero te 
Ilaman, no porque las haces, sino porque las 
Uevas; bragadOy porque no hay quien te tosa; 
hidalgo^ porque lo pareces. Til te abrirds 
camino, y como las monjas interesen por ti d 
Narvdez, cu(^ntatecolocado.„ Yvolvi6ndose 
dnosotros, agregt^: **j Quito sabe si el Espa- 
d6n, con e?e ojo certero que tiene para descu- 
brir aptitudes, encontrard en este viejo ladi- 
no y f uerte el auxiliar de sus grandes ideas! 

— Seiior cl^rigo, no se burle de estos po- 
bres, — murmur6 Ansurezcon humildad que 
no debia ser muy sincera. 

— iQu6 idea tiene usted de Narvdez? — le 
pregunt6 yo. — ^^Cree que si se presenta al 
General cpn carta 6 recadito de mi herma- 
na, pidi6ndole un destino, le recibird bien, 
6 le dard un sofi6n, que bien podrla ser un 
'pardepalos? 

— Seflor— replic6 Jer6nimo prontamente, 
— creo que me dard los palos... y despu^s 
de los palos el destino que se le pida. 

— Vamos, que no le falta penetraci6n. 
iHa visto d Narvdez alguna vez? 



82 B. PRftKZ OAtDOS 

— :No, seiior; pero por lo qiie ol cohta? de 
ese sujeto, tocante 4 sus gnerras y A la po- 
litica, he venido a conocer que el hombre e& 
fnerte y bueno, ^e pega y favorece, 

— iSopla, sopla, que vivo.te lo doy? — dijo 
el Cura sacudi^ndose los dedos como quien 
l^e ha quemado. — Paes no afila poco el tic. . 
Basta de examen y d^mosle la borla de doc- 
tor in ihtroque, Vayase pronto ^ Madrid, al- 
iprjerOy que si nole falta alguna cualidad de 
las que son precisas para vivir entre gentes, 

Sronto encontrara su acomodo. . . Y coma los 
i)os salgan al papd, no es floja la plaga que 
ya a eaer sobre la Administraci6n Publica. 
— Y si con forme llega cansado y virio— 
ebserv6 mi madre, — llegara en la fior.de la 
edad, lo que es 6ste se nietia en el bolsillo k 
todo el Madrid pretendiente. * 

—No me hagan mofe, senora y caballerosr. 
No es sino que por luengos anos estudi^ en 
el mejor libro del mundo, que es la tierra. 
S^. c6mo viene elfruto, y c6mo sepierde; 
s6 que una cosa es sembrarlo y otra ccf- 
merlo, y de dtode salen las manos que co- 
gen lo que no sembraron. Pues con estasi 
lecciones y experieneias, y con la continua 
desgracia, que d los mas torpes nos haee 
^•abrir el ojo, acaba uno por saber m&s qiie 
Merlin.,, 

Como le echase mi madre un sermonciilo 

cariffoso, haci6ndole ver que no hallaria la 

fortuna fuera de los caminos de la virhid, 

de la honradear j del santo temor de Dios, 

|. el patriarca c^ltibero se sacudi6 las moi^ea^ 



^ • NARYABl 83 

^OB eista donosa frase: "Yo qniero ser hon- 
rado; siempre lo he querido; ^pero qui^n €6 
•el guapo... & ver, que saiga ese gu^tiK)... que 
aJBsta y aeorda el qnerer con el poder? Y yo 
^0 tambi^n & los sefiqres: el que de Vues- 
tras Excelencias, grande 6 chiCo, sepay pue^ 
•da vivir entre tantisimas leyes divinas y 
bumanas sin poner el dedo en la trampa de 
alguna de ellas para escaparse, que me tire 
todas las j)iedras que encuentre encima de 
la haz de la tierra, 

— ^Yo se las tiraria — dijo mi madre con 
profunda convicci6n, — si la doctrina cris- 
tiana que profeso, sin trampa, enti^ndalo, 
no me prohibiera descalabrar a mis seme- 
jantes.„' 

Reimos todos esta sincera y valiente sali- ' 
^-da; ri6se tambi^n Anstirez, y despidi^itdose 
muy 2^adecido del bien que le habfamos 
hecho (anadidos & la carta y hortalizas algu- 
nos dineros), sali6 de casa con su hijo. Se- 
:gtin mi criado Francisco, que acompafi6 & la 
tribu hasta la salida del pueblo, partieron 
todos antes de mediodia... Acabando nos- 
r€tros de comer, vino el Alcalde con el triste 
cuento de que el bonisimo Miedes iba de mal 
en peor, por lo cual el medico habia manda- 
•do que le sacramentaran. Si sobrevenia la 
muerte, cosa muy de t*mer en su edad y con 
aquel endiablado achaque cerebral, cogi^ra- 
le prevenido y bien aligerado para el final 
Tiaje. Pot deseo de ver y consolar al pobre 
sefior, y suponiendo ademas que careceria 
4e'lo mis necesario, resolvimos visitarle mi 



81 B. PERBZ OALD68 

mujer y yo. Mi madre, que es la mismia. 
previsidn y no pierde ripio para sus actos de? 
caridad, nos advirti6 que despacharfa por 
delante, y asf lo hizo, un buen codillo de ja- 
m6ii y obra de dos libras de carne, porque^ 
el puchero que tendria puesto la Banera ha- 
brfa dedar caldos de los que sirven para bau- 
tismo decri^tianos. 

Vivia el buen Miedes en el barrio mds po- 
bre, mds exct5ntrico y solitario de Atienza^ 
en antigua y fea casa del primer recinto,. 
apoyada en el muro de base eel libera, roma- 
na 6 agarena. La distanpia no larga que la, 
separaba de nuestra vivienda, nos pareci6 
enorme por la desigualdad de rasantes y el 
empedrado inicuo, reproducci6n exacta de- 
I los pavimentos del Purgatorio. En la sole-' 
dad liigubre de aquella parte de la villa, las^ 
casas son como tumbas abiertas, deshabita- 
das de muertos, y que se arriman unas a 
otras para no desplomarse. Preguntando a. 
unos ninos que pasaban comiendose el pan 
de la merienda, dimos con la morada del sa- 
bio. Unzagudnlargoy estrecho, de empedra- 
do piso con hoyos, conducia de la puerta d la* 
cocina, dando ingreso por izquierda y dere- 
cha & diferentes estancias, la cuadra con pe- 
sebre vacio, el camarin de la Jianera, y algo- 
mas que no vimos: una escal\ra de palo sin 

Sintar, de color sienoso, como teas que pi- 
en lumbre, y festoneada de telaraiias, con- 
ducia desde el zaguan al sal6n alto, que era 
en una pieza biblioteca y alcoba, separadas- 
hasta media pared por tabique de mal jun- 



NARVABZ -85 

*as tablas que nunca vieron pintura, y sf pa- 
peles pegados, suciedades de moscas y otros 
bichos. Imposible describir el desoraen de 
^quel local, 6raulo del Caos la vispera de la 
€reaci6n. Los libros debian de ser semovien- 
.tes, y en el silencio de la noche se pondrian 
todos en marcha, subi^ndose y bajdndose de 
•estantes & mesas y del techo al suelo, como 
ratones sabios 6 cucarachas eruditas que sa- 
lieran d pas tar polvo. Los grandes estaban 
«obre los chicos, y algunos abiertos yaclan 
hojas abajo sobre el suelo, mientras otros, 
tiojas arriba, aleteaban subidos d increibles 
^Ituras. No podfamos explicarnos c6mo an- 
•daba el tintero con sus plumas de ave, acom- 
panado de una pantufla, por los huecos de 
un estante vacio, mientras se arras traba por 
•el suelo el vel6n, ei\tre dos tomos de las Afi- 
tigiiedades de Berganza con las hojas man- 
<5hadas de aceite. 

El otro departamento, dormitorio del sa- 
bio, era como trastienda 6 sacristia de la bi- 
blioteca, llena tambi^n de libros, que aso- 
maban en montones desiguales por debajo 
-de la caraa, 6 Servian apilados para colocar 
objetos pertinentes al servicio de alcoba. 
Alli vimos, entre las polvorientas masas de 
papel, un cuadro de pintada talla que me 
.pareci6 pieza de m6rito, un monetario, algu- 
:nos trozos de cemento romano, y pedazos de 
mdrmol con inscripciones y garabatos ininte- 
ligibles, Y alll vimos tambi^n, como gusano 
•dentro de su capuUo, al gran D. Ventura, 
tendido en el lecho debajo de una colcha 



86 B. FiBftSZ 0a.ld6s 

que en su.juventud fu6 blanca rameada de- 
roio, la cabeza casi invisible de los vendajes- 
que la oprimian, los brazos fuera, vestidos de 
amarilienta lana, todo 41 con aspecto tan ffi- 
nebre, que al echarle la vista creimos que 
estaba ya muerto. Tras de nosotros entr6 la 
Ranera, se&ora de edad muy alia, con pa- 
fluelo negro liado d la cabeza, say a y jub6n 
de estamena, los pies e^ abarcas, la cara 
como pergamino, los ojos, pitanosos de su 
natural, en aquella ocasion ribeteados del 
grandisimo duelo por la inminente defun- 
ci6n de su amo; y despufe de mirar al de- 
macrado D. Ventura, que no remuzgabanise 
daba cuenta de nuestra visita, nos dijo sin 
recatarse'de bajar la voz, como es usual eti- 
queta ante moribundos: "Muy malo esta el 
prdbecico, y el ro^tril lo tiene ya como un 
terr6n de tierra. Dende que cay6, no se le- 
ban vuelto a encajar en su sitio los sesos,. 
que con los porretazos de la piedrase le des- 
engonzaron, y ni come ni duerme, ni habla 
cosa denguna con juicio. 

— ^Pero qu6 dice el M6dico, seilora Rane- 
ta; qu6 ha recetado? ^Y usted qu4 disponed 

— ^Qu4 ha de recetar D. Paiscual mds que 
traerle la Majestad? Y tocante a comida,. 
ipara qu6 encierido lumbre, siya no le-hace 
lalta mas que el pan del cielo, y 6ste lo trae 
el Cura?,Puesyo, que todo lo presupongo,. 
vengo ahora de comprarle la mortaja, y no 
encontr^ mas que upa en casa del Pocho; 
pero tan corta, que no le lizard ni taa 
siquiera al tobiilo, segiin es mi sefior de* 



NiiKYABr ST 

laiguirucho... A pegarle voy un pedasBo d« 
estamena que tengo, del mesmo color firan-> * 
ciscano, de una saya de midifuntaguela, y 
con ello quedara mi cadaver bien adeoenta* 
do depie y piema.^ 

En esto, y antes que pudi^ramos expresar ,^ 
i la maldita vieja el horror que nos produ- '' 
cia, desperto D. Ventura, 6 mas bien se re- 
cobrd un tanto de la somnolencia febril, y 
revolviendo en tornosus miradas, sin mover 
la cabeza, dijo con apagada voz de lo profua- 
do: "Llevo lo menos seis dias durmiendo, y 
ahora con tanto dormir no veo clapo; ni me 
ayuda el discurso. Dime, l^anera: ^qui^a 
son estasTenerables personas que han enn 
trado y me estan mirando? 

•7-Vilgale Dios; ^pero no conoce d los se- 
fiores Nfarqueses?... Y ahora en,tra el seiior 
Gura, que no podia venir en mejor'coyun- 
tura. Vea, senor, que no esta ya para mas 
visitas que la de D. Juan, ni para requilo- 
rios de coniistrajey golosinas. D^jese de va- 
nldades, y piense en lo que mas ie importa^ 
que es la salvaci6n. Apafiado esti si despide 
al Cora con cuatro bufidos, como esta ma? 
fiana...„ 

Sin atender a lo que la Ranera decia, S 
mas bien como si no lo escuchara, volvi6- ; 
se Miedes hacia el pdrroco, moviendo todo el 
cuerpo dentro de las sabanas como si inten- 
tara levantarse, y animandose de mirada y 
gesto, soito la voz a estas peregrinas razo- 
nes: "Curangano, ya te dije que iio teniag 
para qu^ venir aci. Soy celtibero: ^no sabec 



88 • B. PBRBZ eALD68 

que soy celtibero, de la familia de los Peieti'- 
dones ceUiberarum, que dijo el amigo Pli- 
nio, 6 mds bien de los Turdimogos, que vi- 
vian de la parte del valle de Valdivielso?.,. 
^Y no es sabido que por el lado matemo 
vengo del propio Cducaso,.. y que mi abue- 
la era de la familia de los Istolacios?... Soy 
Miedes, que es lo mi^mo que decir Cuerno. . . 
pero este cuerno no es otro que el simbolo 
de la inmortalidad... ^Qu6 vienes tii & bus- 
car aquf, curdngano de Atienza, que es 
como aecir Tutia? Yo nacf en Numanciay 
digo, en- Comphloenta,.. tampoco: digo, en 
Quintanilla de.Tres Barries, quees un pago 
de San Esteban de Gormazi.. Yo ho soy de 
tu Iglesia, pues soy coltibero... Vete... Que 
tevayas... Senores Marqueses, U^venselo, 
si* no quieren que le tire & la cabeza esta 
sagrada pantufla...„ 

Tratamos de sosegarle con cariflosas ex- 
presiones, y de traef & vias de raz6n su des- 
carriada entendimiento: todo iniHil. Con el 
Cura y con la Ranera no queria cuentas. 
Yo, d fuerza de perifrasis, logr6 de 6\ alt2:u- 
na docilidad de pensamiento haci^ndo'e 
comprender que no perdia nada con prepa- 
rarse, sin que ello significara peligro de 
muerte, y cogi^ndome la mano con la suya 
pegajosa y fria, me dijo: **D. Jo$6 mio: 
porque usted no se en fade, me confesar^; 
pero que me traigan un druida. porque si 
no me traen un druida, ya ve usted que no 
puede ser... Es mucho cuento. Yo digo que 
cada uno vive y muere al son de sus creen- 



NABVABZ 89 

<^ias... Yo adoro al Dios desconocido, y lo 
tributo mis homenajes en el plenilunio... 
Tti, Juanillo Taracena, & quien he conocido 
mocoso y descalzo, con el calzan agujereado 
por las rodillas, trayendo lefia y carb6n del 
monte, tii no eres druida, til no has cogido 
el mu6rdago... ^Qu6 tengo yo que ver con- 
tigo ni con tu negra hopalanda?^ 

Opin6 Taracena que no debiamos insistir. 
^Es un santo— nos dijo, — ^y si Dios le ha 
priyado de juicio en esta hora liltima, serd 
porque le tiene ya por suyo. Dej^mosle, y 
si del descanso sale un rati to liicido, le trae- 
r6 tecilmente a la raz6n.„ Para ver si Ue- 
vdndole el genio se le despejaba la cabeza, 
le asegur6 que 61, sacerdote cristiano, era 
tambi^n druida, y que practicaba elrito cel« 
ta en los plenilunios6vliestas de guardar. 
Despues le habl6 de sus amigos ^os vaga- 
bundos Ansiirez, lo que fu6 gran desprop(3- 
sito, porque con este recuerdo y encadena- 
miento de ideas nuevas con otras rancias y 
arraigadas en el meoUo del sabio, se dispar6 
mds y acab6 de quitar el freno & sus furi- 
bundos disparates. "Tii, pastor Taracena — 
dijo con gran desvario de miradas, traba- 
mien to de lengua y agitaci6n de manos, — 
me declaras la guerra, porque me has visto 
perdidamente enamdrado de la hermosa Illi* 
pulicia, hija del Key Zuria 6 Zuri, que & 
mi parecer es familia que ha venido de la 
Iroadej vulgarmente Troya, destruida por 
los griegos... leticro engendr6 & Iros^jlroa 
«ngendr6 & Ilo, fundador de aquel pueblo. 



iMt B. PJtoBZ OALDdS 

al que dW el nombre de Uium. De alii pro-r 
cede esta preciosa ni&a, quien de sus abue- 
las tomd el dulce nombre ddlttipulida, qu& 
es como decir Estreila del Eeino. A esa di- 
Tina estreila insultaste td, clerizonte, di- 
ci^ndonos que no se habk lavado desde que 
i, nado pa^ el no Scamandro para venlr 
aqui. Tu si que no te has lavado, sucio, des- 
de que te echai*on el agua del Bautismo.^. 
Pues el bellaco de nuestro alcalde te dijo: 
"j Juan, vaya una hembra! j Y es de la casta 
jBna de amas de eura!,, Tu te echast6 d reir 
como un sdtiro, y yo que oi estas infamias, 
Fesolvi amar d lUipulicia y hacerla dueila 
de mi albedno para defenderla contra vues- 
tras artes seductoras... Atreveos, disolutos; 
acercaos, viciosos. Rabiad, rabiad, que vues- 
tra no ha de ser, aunque vengais con todas 
las redes y anzuelos infernales... Los cuer- 
nos del dies Ibero la protegen,.. y el cuerno 
sacro soy yo, yo, Buenaventura Miedes. nil- 
puUcJa es la virginal sacerdotisa, la diosa 
casta, en quien estd representada el alma, 
ibera^ el alma espanola... Ella es mi dama, 
6 como quien dice, mi inspiracion, 6 lldme- 
se musa, y siendo ella el alma hispana y yo> 
el historiador, engendraremos la verdadera 
Historia, que a6n no ha salido d luz. Y co- 
mo la Historia es la figura y trazas del pue- 
blo, ved a Illipulicia en la forma de pueblo- 
mas gallarda... Sabed que todo pueblo es 
descali&o, y. que la Historia es mas bella 
cuanto mas desnuda, y cuanto menos eti- 
queta de ropas ponemos sobre su cuerpo.... 



NAETABZ 91 ' 

Con que, vedme aqui enamorado de ella, j 
rejuTCnecido con este amor. Rabiad, vejetes " 
caxlucos, de verme tornado d la mooedad 
fiorida... Soy un joven lozanoy fresco... ^ 

Por senas me indico Ignacia que no podia 
resistir mas Uempo ni aquella atmosfera 
nauseabanda, ni el espectaculo de tanta mi- 
seria unida a tan lastimosos extravios de la 
razon. Salimos a respirar aire puro, y pa- 
seamos por las calles visitando y admirando 
una vez mas las incomparables iglesias ro- 
manicas de la villa, reliquias espLSndidasy 
tristes que nos hablan portico lenguaje. Ya 
conociamos las bellezas de Santa Maria y la . 
Trinidad: empleamos la tarde en explorar 
los mutilados restos de San Bartolome y de 
San GO, no sin que amargara nuestros gor 
ces el melancoRco recuerdo de D. Ventu- 
ra, porque de ^l habiamos aprendido a en- 
tender y saborear el divino arte de aquellas 
piedras. 



IX 



Al pasar de nuevo por la casa de Miedes,^ 
?imos en la puerta & la tiai Batter a^ dentro 
de un circulo formado por otras vejanconas 
y unos arrapiezos de la vecindad. Con dili- 
gente afin cosia en la mortaja el pedazo de 
eetamefia que faltaba. "Esta igual 6 pior — 
nos dljo, — ^y tan disparado del caletre, que 
diflcurre lo mesmo que un moilno de Yiento . 



92 B« PER8Z aALDdS 

El mMico ha prenosticado.que si le repite el 
arrebato de pintarla de galdn, poni6ndose 
negro del golpe de sangre en la cabeza, en 61 
se quedard como si le retorcieran el pescue- 
•zo... Ya ven los seflores que me estoy dan- 
do priesa, y para tenerlo todo aparejado y 
que no digan, tambi^n he traldo las velas... 
jPobre senor! era el primer cristiano de la 
ijristiandad, mds bueno que San Jos6 bendi- 
to... jVaya por lo que le ha dado ahora, al 
cabo de los afios!... jPor enamorarse de la 

aue llama laprincesa Filipolida, que segiin 
icen es una puerca, y viste a la similitii de 
las gi tanas! Dios le lleve 4 su gloria, que 
bien se la merece, y perd6nele aguesta ven- 
tolera, por no ser pecado, sino locura. No: 
no peca un hombre para quien fu6 siempre 
mds amoroso el pergamino de los libros que 
•el pellejo flno de mujeres, y d la suya pro- 

{)ia, la Bibiana Conejo, que de Dios goza, no 
e decia ^amds cosa denguna, aunque era 
tan limpia que se lavaba las manos con 
jab6n de olor... asi le trascendian d clave- 
les... jY el que desprecid a la que tan bien 
golia, como que se mudaba los bajos cada 
semana, y de camisa siempre que bajaba & 
I'd villa, que entonces vivian en Bochones, 
ahora se trastorna por una que anda como 
la Madalena, hermana de unos tales vaga- 
mundos... que segun dicen, no se puede en- 
trar a ellos, porque el fetor de cuadra da en 
la nariz!... jLo que una vede, Seiior! Y era 
tan simple mi amo y tan arrebatado de su 
icaridad, que toda la despensa de casa, don- 



NARYAEZ 93 

' de siempre hubo de cuanto Dios crW, verbi- 
gracia ceboUas, pan y vinagre, iba d parar 
al Castillo, y aqui estan 6stas mis encias 
con telaranas para dar testimonio de la& 
. hambres que pas6... Pero, al fin, esos dia- 
blos de los innernos se ban ido ya, y mi Don 
Ventura subird esta noche al Cielo, donde 
le dardn su puesto entre la sinflnidd de ar- 
cangeles. Vdyanse ya tranquilos los senorea 
d su casa, y djganle & Dona Librada que mi 
amo es concluido. Ahora quedaba porfiando 
que ha de volverse mozo, y entre el alb^itar 

^.^y D. Juan el cura, no lo podian asujetar... 
^Luego entrard eh la agonia, y por mucho 
que tire no ha de pasar de las diez de la no- 
che. Vaya por 61 y su descanso este Padre- 
nuestro,,... "Padre nuestro...„ Rezaron to- 
dos, viejas y chiquillos, y mi mujer y yo 
DOS retiramos angustiados ante tan aferra- 
dor ejemplo de la miseria humana. A la 
mafiana siguiente, supimos que el buen 
Miedes habia espirado al fllo de media no- 
che. Fuimos a misa todos los de casa, y mi 
madre dispuso costearle el entierro y fu- 
neral. 

Dificil me sera explicar la pena que senti 
en los dias siguientes, no s6 qu6 vacio en mi 
alma, como si la desaparici6n del sabio me 
afectafa mds de lo que Wgicamente corres- 
pondia, un desconsuelo de lo pasado fugiti- 
ve, un temor de lo future inc6gnito. Mi mu- 
jer, restablecida en su equilibrio nervioso, 
ocupdbase con mi madre en formar lista y 
presupuesto de las limosnas que habiamos 



94 B. FtUS GALDOS 

4e repartir en el pueblo y sus arrabales, 
<^omo tributp reclamado & nuestra sobrahte 
riqneza por'Ia necesitada humanidad, con 
lo que satisfacian nuestros corazones un ge- 
neroso anhelo y sq cumplia la ley de nive- 
laddn econ6mica, 6 al menos ponfamos de 
, nuestra parte la intencl6n de cumplirla. In- 
tacta estaba el repuesto de onzas que habia- 
mps traido de Madrid, y ante tales tesoros 
lahzabase mi madre jcon grande espiritu & 
Ids mas atrevidos cdlculos de caridad, refle- 
jando en su rostro todos los esplendores de 
la Bienaventuranza. **Gracias doy & Dios — 
nos dijo una maiiana la santa senora, vien- 
do & mi mujer muy afanada en escribir los 
listines de limosnas, — ^por este faror inmen- 
so de yeros socorrer delante de mi tanta mi- 
seria, y os juro que no gozarfa mas si lo hi- 
€iera yo misma con mi hacienda propia. No 
hay vida mas ejemplar que la del que cul- 
*tiva los campos, porque toda ella es sacrifi- 
cio y paciencia, de que no teneis idea los ri- 
cos que vivls y triunfais en las ciudades'. 
,Mala es hoy la condicion del labrador rico, 
agobiado de contribuciones y gabelas, y ex- 
puesto & que se lo coman, al menor descui- 
do, los viles usureros; pero la del labrador 
pobre, que apenas saca para el sosten de su 
familia y animales, es mucho peer, come 
que vive de milagro; y nada quiero deciros 
de los que no poseyendo mds que sus cuer- 
pos'se atienen 4 un jornal, cuando lo hay, 
que ^tos son como esclavos propiamente,» 
La idea que expresd Maria Ignacia de so- 



IIAIVAKZ 95 

•correr & los quehabian perdido mis cosechas 

f>ar el pedrisco, entiisiasind & mi madre has- 
te el pun to desaltirselelaslagrimas. *'Ben- 
-dito sea tu coraz6n piadoso, hija mia, y el 
tino que tienes para todo — le dijo.— No po- 
dfas pensar cosa mis acertada... Poned, 
pues, en la lista a los infelices que en aque- 
11a calamidad perdieron su esquilmo; pero 
no debris olvidar & otros tan desrenturados 
•como aqu^Uos, 6 mas, si me apuran; que si 
male fu6 el pedrisco que presenciasteis y 
que quitd la vida & nuestro pobre D. Ven- 
tura, peer fu6 la horrible seca de este echo, 
la cual asold tanto, que muchos no pueden 
llevar a las eras mds que un punado de es- 
pigas. Yo que les conozco & todos os dir6 c6- 
mo hab^is de hacer la distribuci^n, para_que 
no queden desigualados en el beneflcio y sea 
«1 socorro conforme & necesidad. A los que 
perdieron sus patatales y el sembrado de* 
judias'y menudeneias, les asignar^is dobl6n 
-de a cuatro, 6 dobj6n de & 02ho, segun ten- 
.^an m&s 6 menos familia de hi]os y anima- 
les... De todo este contingente puedo yo 
daros raz^n... Y & los que no trillan, por 
<;ausa de la sequfa, rii un tercio de su co- 
•secha, les seiialareis A onza por barba. j Ay, 
liijos mfos, no conoc^is del campo mis que 
las galas con que se riste por estos me^ 
ises! Quedaos por ac4 y verbis la cara que 
pone cnando se desnuda de todas las ale- 
igrias rerdes y se rect^e para preparar las 
fatjgas del aflo proximo. Ya nab^is visto 
<[ue el inviemo asoma el hocico por los al- 



96 B» p^RBZ gald6s 

tos de Sierra Pela. Los hogares ya quieren 
lumbre, y los cuerpos echan mano de cual- 
quier trap^go para abrigarse. Pues imaginad 
qu6 dias esperan a esa pobre gente que no 
tienetrigo para pan, ni patatas, ni dinero 
con que proveerse de ello. Dios que no aban- 
dona d sus criaturae/ si mand6 sequia y 
granizo para probar la conformidad de estos 
pobres esclavos del terruiio, os mand6 lue- 
go d vosotroB, hijos mios, para traer el re- 
medio, y serais el uno el arco iris que apa- 
rece despu^s del Diluvio, la otxa la paloma 
que viene con el ramo de oliva en el pi- 
quito.,, 

Paloma y arco iris nos pusimos & formar 
la nueva estadistica con los datos que no& 
daba mi madre. Otra tardp nos dyo: **Tam- 
bi(5n en el pueblo tenuis d6nde emplear lo 
mucho que os queda, pues los telares estan 
parados, y los abarqueros y curtidores no 
saben de d6nde sacar una hogaza. La mi- 
seria proviene de estas modas malditas que 
traen ahora trastornados a los pueblos, y 
de las muchas telas que aqui llegan, fal- 
sas como Judas, tejidas como lelaraftas, pe- 
ro lucidas d la vista,*y baratas, eso si, con 
una baratura que desvanece d los ton tos 
y aburre d nuestros tejedores. jVaya unos 
lienzos indecentes que nos traen, y unases- 
tamenas y unos tartanes que mirados al tras- 
luz, parecen cedazos! Pues los montereros 
tambi^n andan de capa caida. Ahora salen 
estos brutos con la tecla de que las monte- 
ras de pellejo, para diario, no son elegantes. 



y algunos se cubren las diollas con esos bit- 
fiuelos de pafio que Tienen de las Proyiii- 
cias... Y babeis de yer a las chicas yistien- 
do ya por la moda de Madrid, con esas indift- 
nas de d dos reales la vara^ y esos pafiueloc 
de listas qne hasta parece que no visten, sino 
que desnudan...^ 

Como aUi nos sobraba el dinero, y no te- 
miamos ulteriores escaseces, pues mi provi- 
do suegro ya nos anunciaba nueva remesa, 
abrimoa gallardamente la mano, y fuimos 
como ben^fico rocio que derramo algun con- 
suelo sobre las entristecidas almas. Mas era 
tal el ardor que ponia mi buena madre em 
aquella* empresas de caridad, que mien- 
tras m^ dabamos, mayores larguezas nos 
pedia, como si el ejercicio del bien Uevase i 
su noble alma del entusiasmo a la embria- 
guez. " Ya podia tu padre — dijo & Maria Ig- 
nacia,— maridaros un par de niulas carga- 
das de onzas para que os decidiis a edificar 
aqui el conveftto de monjitas de que me ha- 
bl6 Catalin^^gffjBus cartas. Tan apagada esti 
la cristiandad en este pueblo, que nos hace 
falta un institute religiose que avive el fue- 
go de la fe. j Ay,*wk5 bien nos vendria un coft- 
vento paraja en^Qfinza de niiias, donde es- 
tuvieran desde los cinco anos hasta que sa- 
liesen para casarse, aprendiendo todas las la- 
bores, y bien guardaditas del melindi'o de 
novios, cartitas,' bailoteo y demas perdici6n'! 
Andanlasmuchachas aqui tan desenvuelt^e, 
ue esto parece un rincon de Madrid, y las 
[e buen palmito no piensan mte que en re- 

7 . 



\ 



I 



98 B. PBRKZ GALDds 

tratarse cuando recala per Atienza alguna 
de esos que traen maquinilla del garrotipo, 
eon las que sacan unos retratos que se mi- 
ran 6, contraluz para ver lo bianco negro y 
lo negro bianco. Y mocosas hay que has- 
ta Uegan & decir que les gusta el caf6, y lo 
toman si se lo dan. Otras... tti las conoces... 
han aprendido a ponerse el peinado de tira- 
buzones, que es una indecencia, con aque- 
Uos mechones colgando, y algunas... pongo 
por case, las de Cuadra y las de Aparicio... 
mandan traer de Madrid corses como el tuyo, 
de los que sacan el necho... cosa impropia 
de solteras. Este pueolo no es conocido. Me 
acuerdo de la villa de mi juventud, y me pa- 
rece que han pasado siglos, 6 que la huma- 
nidad se nos ha vuelto loca.^ 

Con estas cosas y la satisfacci6n de hacer 
el bien & tan to desvalido, Ibamos pasando los 
dias de Atienza, que ya comenzaban & ser 
un poquito enojosos. Espirante Septiembre, 
se descolgaba de la sierra, por las tardes, un 
vientecillo enteramente soriano; crecian las 
noches; descargaban 6. menudo copiosas Uu- 
vias que nos privaban del paseo, y pronto 
nos haria la nieve bus primeras visitas. Pre- 
parados estaban ya los hogares, limpias las 
chimeneas y apilada la lefia que pronto ha- 
brfamos de quemar si no buscdbamos me- 
jor otofio en tierra templada. La casa pa- 
trimonial, donde tan alegres habian trans* 
currido los dias y las semanas, ya se Uena-' 
ba de una vaga tristeza, que hacfa mis 
obscures sus anchos aposentos, mis bajaa 



NAUVABZ 99 

5as techumbres, que casi se ponfan d la 
caltura de nuestras cabezas, mds negro el 
maderamen de las pesadas puertas. Por los 
resquicios de las tuertas ventanas, avaras 
Ae luz, se colaba con insolencia el aire frio; 
i media tarde tenfamos que subir & tientas 
para no tropezar en la escalera; los cortina- 
jes nuevos con que mi madre habfa decorado 
nnestro aposento, se trocaban en fiinebres 
»colgaduras, y las imdgenes de Vlrgenes y 
Santos nos ponian el ceiio adusto, 6 se asom- 
braban de vernos alli. 

Hube de fijarme entonces en un accidente 
^e mi casa que en todo el verano no mereci6 
mi atenci6n, y era el ruido, 6 mds bien con- 
-cierlo de ruidos que hacian las diferentes 
puertas del vetusto ediflcio al ser abiertas 6 
'cerradas. Oada noche obseryaba yo un nue- 
vo rumor 6 musical concepto, ya como las- 
timero quejido, ya como frase de angustia 6 
«orpresa, y aplicando el oido y la imagina- 
•ci6n, concluf^ por dar un significado verbal 
a sones tan extraflos. Por entretenernos en 
algo en las lentas noches, comuniqu^ mis 
observaciones & Ignacia, y apoderada 6sta de 
lo que tanto era artiflcio de la mente como 
realidad sonante, oyd mds que yo, y compu- 
450 todo un poema con los ruidos de las vie- 
jisimas tablas de mi casa solariega. "La 
puerta del comedor, siempre que entra al- 
guien, dice: "jay, ay, ay! icv4ndo os can- 
^a/r4i8 de ahrirme?^,., y la de la despensa: 
"^Dejadme mori/r cerrada„... Pues fijate en 
los peldafios de la escalera cuando sube Ur- 



100 B. P^RBZ aALD6s 

sula, que es de libras... Dicen: "Muero por- 
que no muero„. Y cuando baja Prisca, que' 
corre como una rata, hablan en lenguaje fa- 
miliar. Yo lo oigo asi: Tues aqui venimos 
los frailes gilitos vendiendo cabriiitos„..^ 
Pon atencidn y oirds lo mismo que oigo yo... 

"Pepe, Pepe — me dijo Ignacia una noche 
cuando despert6 del primer^^ueiio, — fijate 
en ese ventan6n que han dejado abierto en 
el d^svdn. El yiento lo mueve, y al abrirse^ 
canta el primer verso de la jota... atiende y 
oirds: ""Hay en^ el mundo una Espaiia„... 
luego se cierra con un golpe, pum, al cual 
sigue un ruido muy suave, algo asi como 
el de las chupp^das de un nino cUando coge 
la teta.,, Puestos d oir,'oiamos verdaderas 
maravillas. La puerta del com'edor hablaba 
en griego y en latin, y decia cosas de la 
misa parit echarse despu^s dreir con alguna 
frase desgarrada, mas propia de boca de iha- 
nola que de una venerable puerta de casa 
ilustre; la que comunica el comedor don la 
pieza donde estdn los armarios de ropa de- 
cia: ""Madre unos ojuelos vi„, y los arma- 
rios remedaban rezos de monjas, ronqui- 
dos de durmientes, pregones como el ^De 
Jaramay vivos!„ que tanto habiamds ofdo- 
en Madrid... 

Iflegamos d componer el completo inven- 
tario de estos domesticos ruidos, con musi- 
ca y letra; y como alguna noche nos moles- 
tase Jtanta miisica, nos atrevimos a decir a 
mi madre que mandara untar de aceite los- 
mohosos goznes para que callasen, 6 fueran. 



NABVA15Z 101 

♦ 

mds silenciosas las parlantes y cantantes 
puertas. Pero ella, sonriendo con la dulce 
-severidad que empleaba siempre que se veia 
en el case de negarse & darnos gusto, nos 
dijo: "Pox Dios, hijos mios, no me pidais 
<iue suprima los ruidltofe de mi'casa, que si 
ella no me cantara con el son de sus puer- 
tas y el estribillo de sius.gonces, me pare- 
Kjeria que pasaba de casa viva d casa muert- 
ta. Con esos ruidos melanc6licos, que me 
•cuentan cosas del presente y del pasado, 
me cri6, y con ellos quisiera morirme. En 
-ellos oigo la voz de mis padres y de mis 
hermanos, la de mi tio Ai^selmo, corregidor 
que fu6 de Guadalajara. Amigo.intimo del 
(Bmpecinado y de D. Vicente Sardina, nos 
referia las palizas que 6stos daban al Gene- 
ral Hugo. Tambi6n me traen & la memoria 
^os murmuUos la voz de mi abuela, cuando 
^ mty 4 mi hermana nos contaba las fiestas 
»que dieron en el Retiro por el casorio de 
Dona Bdrbara con Fernando VI; la voz de 
mi padre jay! una tarde, cuando, seatadi- 
tas mi madre y yo en este mismo sitiQ des- 
granando judias, entr6 y muy afligido nos 
dijo que 1^ habian cortado la cabeza al Rey 
de Prancia. Esto fu6 el ano 93: la noticia de 
tal^trocidad lleg6 & nuestra villa el dia de 
.San Bias: ya veis^si tengo memoria... Con 
que, no mat^is los ruidos, y dejadme mi 
-casa como estd... No sedis, por Dios, tan 
jmodemos.„ 



••-^^^ 



102 B. PBRBZ OALD69 



El testamento de Miedes, otor^ado en Si- 
giienza veinte afios hd, cartcia de interns; 
por la desaparicWn de los bienes raices. Los. 
oonsistentes en panel impreso y escrito pa-^ 
saban d ser propiedad del Seminario de San 
Bartolom6 de Sigtienza, y el ajuar de casa, 
ropa y trebejos, que en buena tasaci6n no* 
valdrian arriba de oehenta reales, se adju- 
dicaba mtegrainente & la senora Laureana. 
de La Toba, conocida por la Banera. Ha- 
bi6ndome dicho tin dfa D. Juan Taracena^* 
testamentario con el confltero Gutierrez del 
Amo y D. Cosme Aparicio, que en el revol- 
tyo de la biblioteca se habia encontrado nn 
cajon de papeles escritos de puno y letra dei 
erudito atenzano, me pic6 el deseo de echar 
la vista sobre ellos, y accedi & la invitaci6n 
del seflor Cura para examinarlos juntos, y^ 
rebuscar algunos destellos de inteligencia. 
dentro de aquel caos. Y aqui viene & pelo la: 
explicaci6n ae que lleve la fecha de Octubre- 
esta parte de mis Confesiones, toda en unai 
pieza, despu6s del largo silencio de cuatro 
meses en que suspendida tuve mi comuni* 
caci6n con la Posteridad. Lo poco que escri- 
bf de'sde la petici6n de mano hasta el dia de^ 
mi casamiento, pareci6me tan falto de inte- 
rns y sobrado de fastidiosas declamaciones- 
tocantes d la dignidad hum^ana sacrificada 



NABVAtfZ 108 

en aras del positivismo, que lo rampf para 
no causar risa y tedio & mis futures lecto- 
res... Entr6 por el aro del matrimonio agen- 
ciado por mi hermana; nos viuimos d esta 
villa mi mujer y yo, y pronto advertl la im- 
posibilidad de escribir mis reservados pen- 
samientos, porque mi esposa y mi madre no 
me dejaron ni un instante en la soledad 
neces^ria para tal desahogo. Han pasado los 
meses en espera de una ocasiiJn dichosa, la 
cual no ha venido hasta que, sin recelo de 
Marfa Ignacia, he podido recluirme en la ca- 
verna del viejo Miedes con el pretexto muy 
razonable de la compulsa y escrutinio de 
sus descabalados papelotes. 

En tres mafianas de recogimiento y apli- 
*caci6n, he podido emborronar toda esta par* 
te de los dias de Atienza, que d mi parecer 
no serd de las que menos ilustren y amenl- 
cen la historia de mi vida, en contacto con 
la vida y alma espafiolas. Ni mi mujer ni 
mi maflre se sorprenden de que pase aqui ma^ 
lianas enteras, y aiin les parece poco cuan- 
do d la hora de comer les doy cuenta de 
los peregrines borrones en prosa y verso que 
D. Juan, revolviendo lo pasado, mientras yo 
escribe para lo future, ha podido descubrir 
en este maremagnum: un Discurso de tesis 
esceldstica (Alcald, 1801), una epistela en 
ripiosos tercetos Contra el vicio de hablar y 
vestir a la francesd (1823), un extenso ale- 
eato refutando las crfinicas que atribuyen la 
lundaciOn de Le6n al Rey egipcie Mercurio 
Irimegisto (muy sefior mio), y per fln una 



10 i B. PBRBZ GALDdS 

ferie de cartas que D. Ventura, por comezfin 
monomaniaca, escribia desde su spUtaria 
€ueva d todo personaje que descollaba en la 
celebridad militar y politica. Habia carta 6. 
Espartero, al Marques de Miraflores, d 016- 
zaga, & Martinez de' la Rosa, & Mendizdbal 

p y A Narvdez, y era particularidad de todas 
ellas que principiadas con gran esmero de 
letra y profusion de atrevidos pensamtentos, 
ninguna estaba concliiida y, por tanto, nin- 
guna habia ido d su .destino. Graciosisima 
entre todas era la que empez6 a escribir pa- 
?a Narvaez, con fecha reciente. Tanto gusto 
tuve de su lectura que Taracena me la re- 
gal6, y aqui transcribo un pdrrafo de ella 
Hiuy interesante: "En vos, Sefior, saludan . 
las presentes kalendas al esclarecido. defi- 
eendiente de aquellos Turdetanos que en el 
Sur de nuestra Peninsula renovaron la. cWn- 
6ia de los famosos Turdulos, companeros de 
nuestro comiin padre Tiibal. Lahistoria que 
de Vuecencia se ha de escribir notard la ^^n- 
eordancia del su cardcter con el etimoWgico 
sentido de la palabra Jilrdulo, que s© 'com- 
pdne de Thur (Buey) y de Duluth (exalta-, 
do). Reconociendo en Vuecencia el primer 
tdrdiUo del Reino, yo le proclamo Buey, que 

/ es lo mismo que decir fuerte, y ExaUado, 
que suena lo mismo que liberal, de donde 
sale la especiosa sfntesis de Vuecencia, 6 
sea el ayuntamiento y consorcio de los atri- 
Butos de Fuerza y Libertad. . . „ . 

La soledad de Atienza se alegr6 estos dfas 
«on la Uegada de los maranchoneros... So4 



<f 



nAuyabz 105 

^tos habitantes del no lejano pueblo de Ma* 
ranch6ii, que desde tiempo inmemorial vie* 
ne consagrado d la recrfa y trdflco de mulas. 
Ahora recuerdo que el gran Miedes vela en 
los maranchoneros una tribu cAntabra, de 
•caracter n6mada, que se lntern6 en el pais : 
de los Antrigones y Vardulios, y les ense- 
naba el comercio y la trashumaci6n de ga- 
nados. EUo es que recorren hoy ^.mbas Cas- 
tillas con su mular rebano, y por su conti- 
nua movilidad, por su hdbito'mercantil y su 
<M)nocimiento de tan distintas regiones, son 
una familia, por no decir raza, muy des- 
pierta, y tan agil de pensamiento como de 
niTisculos. Alegran a los pueblos y los sacan 
•de su somnolencia, soliviantan & las mu- 
-chachas, dan vida d los negocios y propa- 
gan las formulas del cr6dito: es costumbre 
-en ellos vender al fiado las mulas, sin mds 
requisito que un pagar^ cuya cobranza se 
hace despu^s en estipuladas fechas; traen 
las noticias antes que los^ ordinarios, y son 
los que difunden por Castilla los dichos y 
modismos nuevos de origen matritense 6 
^ndaluz. Su traje es airoso, con tendencias 
^1 empleo de colorines, y con carreras de 
moneditas de plata, por botones, en los cha- 
lecos; calzan borceguies; usan sombrero an- 
<5ho 6 montera de piel; adornan sus mulitas 
con rojos borlones en las cabezadas y pre- 
tales, y les cuelgan cascabeles para que al 
«ntrar en los pueblos anuncien y repique- 
teen bien la errante mercancla. 
Todo Atienza se ech(5 & la calle d la 11 ega- 



106 B. pfoBz galimSs 

da de los maranchoneros con ciento y plc(j^ 
de mulas preciosas, bravas, de limpio pelo- 
y flnisimos cabos, y mientras les daban 
pienso, empezaron los mds listos y charlata- 
nes & dar y toraar lenguas para colocar al- 
gunos pares. En mi casaestuvleron dos, so- 
brino y tfo, que & mi madre conocian; mas 
no iban por el negocio de mulas, sino por 
Uevarnos memorias v regalos de mi herma- 
na Librada y de su lamilia. (Si no lo he di-Nf 
cho antes, ahora digo que mi hermana ma- 
yor, casada en Atienza con un rico propie- 
tario, prinio nuestro, habla trasladado su 
residencia, en Abril de este afto, & Solas, y 
de aquf & Maranch6n, por el satisfactorio 
motivo de haber heredadx) mi primo tierras 
muy extensas en aquellos dos pueblos.) Ob- 
fifequiados los mensajeros con vino bianco 
y roscones, de que gustaban mucho, se en- 
redd la conversaci6n, y al referirnos porme- 
nores de su graiyeria y episodios de su* 
viajes, vino 4 resultar que inesperadamen* 
te, sin que precedlera curiosidad ni pr^un- 
ta nuestra, tuvimes noticia de la cuadrula 6- 
tribu de los Anstirez. 

' Entre otros cuentos 6 aventuras reftrieron 
los tales que en una venta cerca de Trijue- 
que habfan topado con los vagabundos, en- 
trando en pldticas y tratos con ellos, porqud 
el Jer6nimo les propuso comprarles una mu- 
la de las ancianas, no para comerciar, sino 
para andar en ella, no Ilegando & entender- 
se porque parecfa insegura la fianza. Vista 
y examinada la linda moza que los Anstlrex. 



NARVilSZ 107 

Jlevaban, propusieron los marchantes to- 
maFla d cambio, no de una mula, sino de 
dos, d escoger, y coii algun dinero encima 
8i asi fuese menester para igualar, y de esto 
vino una pendencia con palos reciprocos, te- 
niendo que salir mds que de prisa los agi- 
tanados para que no acabara en sangre la 
funci6n... Despu^s volvieron & encontrarse 
en Taracena, resultando quela moza se ha- 
bia comprado zapatos en Valdenoches, y al- 
giin trapo con que mds honestamente se ta- 
paba. Esquivaron los de Maranch6n nuevas 
disputas; poro la casualidad les hizo pre- 
senciar la que tuvieron los Ansiirez entre si\ 
unos hijos con otros y algunos con el padre^ 
saliendo de la reMega la hermanita con un 
chich6n en la frente; y i consecuencia de 
este gran cisco se separaron, tirando cada 
cual por su lado, como huyendo unos de 
otros, con intenci6n de no volver d juntarse 
nunca. Uno de los hijos tir6 hacia Brihuega^ 
otro se meti6 por el camino que conduce a 
Pastrana y al paso para Cuenca y Reino de 
Valencia; el tercero subi6 hacia el lugar de 
Talamanca, como para correrse d Segovia; 
el cuarto dijo que se quedaria en Guadalaja- 
rd, y el chiquitin con la h4ja guapa y el pa- 
jdre anciano dijeron que derechamente se 
;iban d Madrid. La dispersi6n de la tribu» 
' contada con tanta sencillez por los trafican- 
tes de mulas, me hacia el efecto de las emi- 
graciones de los hijos de algiin patriarca, tal 
como la fdbula 6 la Historia nos las transmi- 
ten, y la salida de cada cual para fundar 



108 B. PBRBZ aALDdS 

pueblos y .difundir ideas al Norte y al Sup, 
hacia donde nace 6 se pone el sol. Estaba sin 
duda mi cerebro bajo el influjo de las ideas ^ 
de Miedes, y en todo veia 6xodos de razas^ 
familias dispersas, y,viajes que |:raeii la ci- 
vilizaci6n 6 van en pos de ella. 

Y como persisto en no ooultar nada de la 
que siento, s6ame 6 no favorable, dir6 que 
desde que oi d los muleros, no se apart6 de 
mi pensamiento la imagen de la hija de An- 
sifirez. ^iQu.6 apuestas a que te adivino lo 
que estds pensando? — me dijo Ignacia por la 
noche, ya solos en nuestra alcoba. Y yo me 
ech6 d temblar, porque en efecto, mi mujer 
de algunos dias acd me adivina los pensa- 
mientos con s61o mirarme, y & veces sin este 
requisite, por pura inflltraci(5n del rayo de 
sus ojos al travfe de mi frente, 6 por miste- 
riosa lectura de signos que trazan sin que- 
rerlo mis manos, mis pasos, mi sombra so- 
bre las payedes 6.el suelo. Antes que acaba- 
xa de responderle con una donosa evasiva, 
me dijo: "jMentiroso! estas pensando enLu- 
cila, 6 digamos lilipulicia, como la Uamaba 
su enamorado caballero D. Ventura. „ Ne- 
gu6; di nuevo giro d nuestro coloquio; mas 
^ra verdad que en Lucila pensaba, llevando ^ 
muy & mal que descompusiese su escultural 
flgura imponiendoa sus libres pies el supli- ^ 
cio y la fealdad de estas horribles invencio- 
nes de los zapateros, Por mi gusto habrlale 
comprado en Guadalajara, en CogoUudo 6 
donde la encontjase, tiinica y man to de flni- 
sima franela blanca, con las cuales prendas 



NARVAE2 109 

y un delgadisimo camisolin de batista cu- 
briese y guardase honestamente toda su per- 
sona, sin anadidura de cors6, ni faja, ni cin- 
tur6n, ni canesii, ni medias, ni cosa alguna 
m^s que lo dicho, privdndola asimismo de 
todasuerte de alhajas 6 accesorios, que siem- 
, pre habian de interceptar alguna parte 6 pe- K 
' dacito de su soberana belleza, y de distraer 
los qjos que en contemplarla se embelesa- 
ban. S61o ensu cabeza consentirla un aro 
de metal, oro puro sin ornato ni piedras pre^ 
ciosas, que sujetase su espl6ndida cabellera^ 
recogida y arroUada en una solaonda. Guar- 
daba yo esta imagen en el mds rec6ndito es- 
pado de mi pensamiento, bien sujeta de mis 
disimul'os para que no se me escapase, y le 
tributaba culto espiritual, castisimo, haci^h- 
dome la cuenta, como el loco Miedes, de que 
en tal figura amo el alma de un pueblo y fa 
historia de las cosas vivas. 

El invierno nos arroja de Atienza. Ee^o 
muy de menos la sociedad, mis amigos, la 
politica, el fdcil y pronto conocimiento de 
cuanto pasa en el mundo. Ya resuenan IH- 
gubremente en los empedrados de la antigua 
Tutia las herraduras de las caballerias que 
suben y bajan por estas empinadas callesy 
carreras; ya se me hace f line ore como el Dies 
irce el ladrido de los perros en largas noches, 
y hasta el matutino canto de .us gallos me 
suena como una invitaci<3n & que tomemos 
el portante. Y de los ruidos del maderamen 
de la casa no digamos: ellos son de tal mo- 
do tristes, que harian regocijadas las iVo- 



lid B« P^REZ GALDdS 

<he8 de Young y de Cadalso... Ya me inspi- 
ran profunda antipatia los senores y damas 
del pueblo, que con su ap^ndice de ninas 
emperejiladas & estilo de Madrid, redoblan 
ahorasus fastidiosas visitas, sin dudapor- 
que no tienen & d6nde ir. No pued.b sopor- 
tar d las de Aparicio; las del Confltero me 
amargan, y las del M6dico me enferman. 
D. Lucas de la Cuadra se me ha sentado en 
la boca del esWmago, y D. Manuel Salado 
■en la coronilla... Ya los pdrticos romdnicos 
se desdicen de todas aquellas donosuras po6- 
ticas que nos habian cantado, y el alto Uas- 
tillo se reviste de una fiereza tal, que no nos 
atrevemos & mirarle cara & cara. Si al pron- 
to las nieves nos alegran la vista, no tarda*- 
mos en asustarnos de su blancura ir6nica, 
que deslie y absorbe los colores de la campi- 
fia, mata todo sonido y borra todo signo vi- 
tal. Vientos glaciales bajan del Alto Rey y 
Kjuieren barrernos. La vida se reconcentra 
•en las cocinas, como en el orden vegetal 
desciende & las rdices la savia, y junto al 
fuego se agrupa toda la bdrbara inocencia y 
la marruUera ignorancia de la humanidad 
•campestre. 

Madrid nos llama y Atienza nos despide, 
pues mi propia madre, que no se cansa de .' 
tenernos a su lado ni de prodigarnos su inex- [ 
tinguible carifto, reconoce que es hora de que ^ 
€lla torne a Sigtlenza y nosotros & la Villa y 
Corte, con tod9.s las precauciones imagina- 
bles ycien mis, y aiin es poco, porque... 
hace dfas anduvieron ella y Maria Ignacia en 



narvIbz 111 

•secreteos, y segAn parece, ya no hay dudas 
Tespecto a lo que m&s deseamos todos, espo- 
«o y padres... jAy, Dios mlo! El temor de un 
fracaso, que ahora no seria imaginario como 
€n los dias de nuestra Uegada, inspira & mi 
45enora madre las m4s audaces previsiones y 
los planes mds per^rinos respecto d viaie, 
m^todo y pausas con que debemos realizarlo, 
^structura y acomodos del coche, limpieza y 
monda de piedras en todos los caminos que 
bemos de recorrer... Pronto a partir, preci- 
sado me veo 4 poner fin a estas pfiginas tra- 
isadas al descuido y como & hurtadillas en la 
polvorosa madriguera del erudito atenzano. 
^Pluma de estas Confesiones, cuAndo volve- 
r6 & cogerte?. . . Adi6s, Atienza, ruina glorlo- 
sa, hospltalaria; adi6s, santa madre mia; 
adios, Noble Hermandad de los Recueros, que 
me hiclsteis vuestro Prioste; adi6s, amigos 
mlos, curas de San Juan, San Gil y la Tri- 
nidad; adi6s, Ursula, Prisca, Jos6, servido- 
res fieles; adi6s, Teresita Salado, Tomasa y 
•<^hiquillos que alegrdbais nuestras tardes; 
>adi6s, paz y recreo del campo, simplicidad de 
costumbres; adi6s, sombra del grande y mis- 1 
terioso Miedes, el de la locura graciosa y su- 1 
blime, el s ofiador celtfb gro, enamorado de la 
mis^ellaj^ 

aSlOsr^rteriffi^'gen^^feTare^ 
mentira de la realidad y verdad casi desnu- 
da que pasaste como un reUmpago de her- 
mosura entre el polvo de los desnechos terro. 
nes... adi6s, adi6s, adi^s... Ved aquf las til. 
4ima8 plumadaSi las lUtimas sin remedio^ 



112 B. rBKEZ aALD6s 

Sorque tengo que sellar y. empaquetar cui- 
adosamente estos papeles para llevarmeloa 
bien guardaditos... No m^, no mds... Hasta^ 
que Dios quiera. 

XI 



Madrid, 82 de Noviembre. — ^Me parece 
mentira que puedo consagrar un rato al des- 
ahogo de estas Confesiones, en lugar seguro^ 
lejos de la inspecci6n y vigilancia de mi mu- 
jer, de mis suegros y de toda la ilustre fa- 
. milia con quien vivo, tratado como prmcipe^ 
regalado basta el mimo, pero sin libertad. 
No debo quejarme, pues los bienes que Dios 
derrama generoso sobre mi aligeran la cade- 
na de oro que arras iro, reduci^ndola, fuera 
de contadas ocasiones, al peso y tensi6n de 
un cabello. No me quejo; voy muy & gusto 
en este gallardo machito: en mi casa me 
aman, y tienen de mf la mds alta idea; en 
sociedad me veo rodeado de consideraciones; 
el respeto me sigue, la admiraci6n me acom- 
pafia, y el dorado vulgo me rinde homenajes 
que en mi vida de c61ibe nunca nude sofiar. 
I A mi nombre va unida, con el namante ti- 
tulo que ostento, la idea de sensatez; .perte- 
nezco & las clases conservadoras; soy una 
faceta del inmenso diamante que resplande- 
ce en la cimera del Estado y que se llama 
principio de autoridad: en mi se unen feliz- 
mente dos naturalezas, pues soy elemento 



NARVABZ 118 

foverif que es cqmo decii* inteligencia, y ele- 
mento de orden, que es como decir riqueza, 

Soder, influjo. Vdyanse, pues, una^ liberta- 
es por jotms, que algo se puede sacriflcar de 
\ la dom6stica para gozar la publica, la que 
j nos autoriza para camparcon nuestracapri- 
chosa voluntad por encima de la cuitada 
ir\ultitud, & quien nunca falta Rey que la 
ahorque ni Papa que la excomulgue. • ^ 

Desde que r^resamos de Atienza, toda ten- 
tativa de confej^i6n escrita hallaba en la cu- 
riosidad de los raios insuperable obstdculo: 
^pues qu6 habia yo de escribir que ml mujer 
no atisbase, receloso fiscal de mis pensamien- 
tos? Ausente mi amigo Aransis, no tenia yo 

Suien me diese seguro asilo, que bien puedo 
amar confesonario; ahora' que vuelve Gui- 
Uermo & Madrid, & su casa me voy y en su 
cuarto me meto, y en su papel escribo... Se- 
pan los que en futura edad me leyeren que 
amo & Ignacia conpldcida ternura, y que es- 
toy muy contento de haberla hecho mi.espo- 
sa. El afecto que le doy d6bilmente corres- 
ponde, asf debo declararlo, al exaltado amor' 
que ella tienepor mi, y d la ofrendaque cons- 
tantemente me hace de su sinceridad, pues 
todo me lo revela y confia, aesde las cosas 
J mis importantes & las mds menudas, y no 
hay repliegue de su conciencia ni secreto de 
su mente que no ponga ante mi. Su inteli- 
gencia descubre y ostenta de dia en dia nue- 
vos tesoros. Con sus padres es la niiia en- 
cogi(te y vergonzosa desiempre, petriflca- 
da en las lioiierias tradicionales de la casa; 



114 B. PBRBZ GALDdS 

para mi es lamujer de libre pensamiento, la 
miijer de ideas propias que en el sagrario 
matrimonial rompe el cascar6n en que la 
criaron, y conservando hacia la familia las 
f6rmulas de un pasivo respeto, s61o en- el 
esposo pone su alma entera. 

T radre ser6 de los hijos que Ignacia quiera 
darme, y como es bueno que me ejercite en 
las paternales obligaciones, de la Patria 
quieren hacerme venturoso papd. Me ha 11a- 
mado Sartorius para decirme con cortesana 
franqueza que por mi posici6n independien- 
te y mis dotes intelectuales, estoy llamado a 
representar un distrito en el futuro Congre- 
so. jPaso & los hombres de arraigo; atrds los 
vividores! Este lema de regeneraci6n politi- 
ca me parece muy bello, y no vacilo en po- 
ner al servicio del pais todo mi arraigo, que 
espero ha de aumentarme Dios. Aunque las 
elecciones generales para nuevas Cortes no 
han de ser hasta el ano pr6ximo, el previsor 
Gonde me pregunta si llegado el caso podria 
yo disponer en Sigiienza de los necesarios 
elementos para el triunfo. Le contesto que 
no me faltan alii parentela y amigos; pero 
desconfio del ^xito si vuelve d presentarse, 
como presumo, el seiior Conde de Fabra- 

if quer. Por lo que me asegur6 el alcalde de 
Atienza D. Manuel Salado, con Fabraquer 
no sera posible la lucha, k menos que el Go- 
bierno no haga un verdadero desmoche y ta- 
bla rasa... Hablamos en seguida de Brihue- 
ga, donde ioda la fuerza es de D. Luis Maria 
Pastor; de Almazdn, donde probablemente 



NARVAEZ 115 

luchara, y no han de faltarle medios y bue- 
nas annas, el Sr. Ramirez de Arellano, fun- 
clonario de Gracia y Justicia; y por fin echa- 
mos una miradita d Molina de Arag6n, don- 
•de la desventaja de tener enfrente & un an- 
tagonista tan formidable como D. Fernando 
Urries, ee compensara con el apoyo que ha 
de darme mi cuftado y primo, gran propieta- 
rio en Selas y Maranch6n, y d poco que me 
^yude el Gobiemo... Pens6 en ello un ins- 
tante Sartorius, y despu^s me dijo: "Ya lo 
resolveremos de aqui d las elecciones gene- 
rales, que serAn el invierno pr6ximo. .. y por 
mi gusto no se convocarian nuevas Cortes 
hasta el 50... De todos modos tenemos tiem- 
po... Pero usted no debe estarocioso, amigo 
mio. Cada dia se nota mds en esas maldites 
'Cortes la falta de personas de arraigo... Las 
•complacencias de los Gobiernos con los que 
hacen de la politica un oflcio, van desmoro- 
nando el Regimen... Yo ver6 si le sacamos 
A usted en alguna elecci6n parcial . . . „ 

Volvi, por indicaci6n del amable Minis- 
tro, d los cuatro dias; pero nada de mi pre- 
sunta paternidad politica pudimos hablar, 
porque las graves noticias llegadas de Roma 
arrebataban la atencion de los hombres mas 
6menos arraigados, no deyando espacio para 
tratar de personales asuntillos. A pesar de 
esto, debo confesar ingenuamente que si en 
la concurrida recepci6n 6 tertulia de Sarto- 
rius, d horas altas de la noche, apareci aso- 
<;iado al general asombro y pena que ocasio- 
Jian los graves sucesos de Italia, sent! en 



116 B. PEREZ aALD6s ^ 

mi interior el hielo de la desafecci6n & todcr 
lo que no trajera ligamentos 6 enlace con mi:' 
propio bienestar. En verdad digo quelo ocu- 
rrido en Roma me inspira un cuidado muy 
relativo, y no ha de quitarme porci6n ningu- 
' na del aosiego de mis dias ni del sueiio de 
mis noches. Pero como todos me creen muy J 
entendedor de cosas y personas romanas, na 
c^saron aquella noche de interrogarme acer- 
ca de los antecedentes y m6viles de los ate- 
rradores acontecimientos; contests conforme 
4 mi conocimiento personal, y afladiendo 4 
lo que ignoro alguna ingeniosa g^la de mi 
fants^fa, satisflce la curiosidad y escuchado 
fnlcomoun ordculo. 

Acerca del Marques de Az^lio, propa- 
gandista de las ideas liberales Jbajo la ban- 
dera j)apal, y del partido llamado Joven Ita- 
lia, que proclamaba las dos grandes ideas^ 
Libertad y TJnidad; acerca del grande y aus- 
tero revolucionario Mazzini, que d su fin val 
sin reparar en los medios, hombre de jp- 
busta inteligencia, de formidable voluntad,. 
frio, despiadado, cerrado i todo sentimiento- 
que no sea el de un patriotismo fandtico, 4 lai 
romana, mezcla imponente de Cat6n y Sila,. 
les di prplijos informes que k mi parecer se 
aproximaban bastante 4 la verdad. Las con- 
cesiones de Pio IX a los revolucionarios, que- 
aparecian en las -calles de Roma ennegreci- 
dos* aiin con. el tizne de las logias, yo las ha- 
bia presenciado; y tambi^n vi que el Papa, 
otorgando al pueblo cuanto ^ste pedia, [\^6r 
al limite de la generosidad. El pueblo, desva- 



jsarvAbz 117 

nepido ^or las 'ideas de Balbo y Gioberti, y 
por la predicaci6n del Marqufe' de Azeglio, 
pedia mds cuanto mds obtenia. Mastai Pe- 
rretti concedi6i,el Ministerio laico, y Constl- 
tucion y Cdmaras. La moda .de las Consti- 
tuclones lleg6,d invadir la morada de la 
Inmutable Iglesia. Contra la Joven Italia 
J los revolucionarios alzaba fuerte aittemu- 
ral el Imperio austriaco, poseedor de las 
m&s bellas regiones del Norte de ItaHa; con- 
tra el Austria a^maba sns huestei? Carlos Al- 
berto, Rey de Cerdeiia. ^Ante cudl de estos 
^^os poderes se ^nclinaria San Pedro?... Diles 
Tina explicaci6Bi sucinta de las dos ideas fun- 
damentales que la Historia expresa con los 
t6rmino^ rutinarios de giielfos y gibelinos^ 
jr les refer! que en los postreros dias de 
nu estancia en Roma yo habla visto al Papa 
Indeciso (perdonad, yo le veia en la opi- 
:ni6n que me rodeaba, ddndome la perspec- 
tiva general de las cosas), y, por fin, in- 
clinado & no romper con el Imperio. Si Ju- 
Jio II grito "fuera los bdrbaros,^, Pio IX cre- 
j6 sin duda comprometer su tialra si los 
bdrbafos, enti^ndase austriacos, n^aban su 
.apoyo al d6bil Estado romano y A la Barca 
fdel Pescador. 

Incansable en organizar las demostracio- 
nes patrioteras, & la calle lanzaba MMBini 
;ias multitudes, con cuyo vocerfo halagaba y 
amedrentaba al Pontlflce, el.cual, harto de 
'vanos ruidos y*agobiado bajo la ©esadisima 
responsabilidad de la Iglesia que llevaba so- 
.bre sus hombros, grit6 un dia en el balc6n 



118 B. PBBBZ QiiL|.D6s 

del Quirinal: "No puedOj no debo, no quic*- 
ro.„ Con esto, y con la Enciclica en que des- 
minti6 el Pontifice su poll tica del 46 y 47, se 
deslig6 de la Joven Italict: dfeshecha como el 
humo la popularidad de Mastai Ferretti, el 
sentimiento popular leacus6 dedefecci6n ^la 
cfausa de la patria. Lanzado a la resistencia, 
Su Sintidad nombro Miiustro al Conde de 
Rossi. 

A una me interrogaron acerca de este des- 
graciado person aje, y aunque yo no le cono- 
cla mds que de verle en la calle cuando era 
Embajador de Francia, hice de ^1 pintura 
fisica y moral con los elementos de la opi- 
nion oida 6 sentida,, que casi siemnre han 
«ido los mds eficaces medios de la Historia. 
Rossi era un hombre pdlido y pensativo, po- 
Go' elegante y un tanto displicente, gran ju- 
risconsulto y expositor de ciencia juridica... 
Ministro papal (esto no lo alcanc(5 yo, pero 
habi^.de ello como silo hubiera visto), des- 
pl^eg<5 una energia que habia de ser insufi- 
ciente contra la hinchada onda de la revo-^ 
luci6n. 

"^Conoce usted el palacio de la Cancille- 
ria, en cuya escalera ha sido asesinado Ros- 
si? — me preguntan con el intenso interns 
trdgico que despierta el lugar de un crimen. 
' Y yo impdvido, Men asistido de mis lumi- 
nosos recuerdos, les describo todo el barrio, 
la via Pellegrini, el Campo di Fiori; encaro 
con la majestuosa fachada de la Cancillerfa, 
trazada por Bramante; traspaso el monu- 
tne.utal p6rtico, obra de Fontana; entro en el 



NARYAE2 119 

bello patio, y torciendo & mano izquierda, 
seflalo el arranque de la es^calera, en cuyos 

{^rimeros peldaftos ha perecido & manos de 
a demagogia desmandada el Ministro de 
Pio IX. Luego me lanzo de nuevo a la calle, 
y con mi ttcil vena descriptiva les guio ha- 
cia las construcciones heter6clitas entremez- 
cladas con los vestigios del Jeatro de Pom- 
peyo, jdonde fu6 asesinado Cfear!... y admi- 
ran la coincidencia, que no esta en las per- 
sonas, ni en la calidad 6 m(3viles del delita, 
quedando s61o reducida d la vecindad de 
lugares tr^icos. En pueblos tan plet6ricos 
de Historia como aqu^l, las tragedias se to- 
can, y juntas estdn las piedras en que su- 
cumbieron mdrtires 6 afllaron sus cuchillas 
los verdugoe. 

l."" de Diciembre. — Segiin las noticias de 
Roma que nos Uegan por los correos de Fran- 
cia, Rossi fu6 victima de su temeraria con- 
fianza 6 de su indomable valentia. Mas alta- 
nero que precavido, desprecio los avisos que 
se le dieron de que las logias habi'an decre- 
tado su muertfe. Entr6 solo, sin miedo ni 
precauci6n, en la Cancillena, rompiendo por 
entre una multitud enconada y bullangue- 
ra. Al poner el pie en el primer peldafio re- 
cibi6 un garrotazo en el costado derecho. 
Volvi6se, y en el mismo instante, por la iz- 
quierda, una furibunda mano armada de 
cuchillo le cort6 la yugular. Muerto el Mi- 
nistro, la autoridad temporal del Pontiflce 
era una vana sombra. Efl siguiente dia, 16 
de Noviembre, trajo el desenfreno delas mu- 



S' 



120 B. PEREZ a4LD08 

chedumbres, las gesticulaciones del patrio- 
tisitto epil^ptico f rente al Qulrinal, la ansie- 
dad de rio IX, el ir y venir-de comisiones pi- 
I diendo y negando. . . Las noticias de hoy con- 
N) firman que Su Santidad huy6 de Roma. ^En 
qu6 forma? ^Disfrazado de aldeano como 
Juan XXII escapando del Concilio de Cons- 
tanza, 6 de mercader como Clemente VII es- 
cj.bull(5ndose por entre las tropas espafiolas? 
3 de Diciembre. — Por referencias de nues- 
tra Embajada se sabc que Mastai Perretti 
sali6 del Q^irinal vestido'de simple cura, y 
en velocisima carrera de coche se plant6 en 
Albano. Alli le tom6 do su cuentael Minis- 
tro bAvaro, Conde de Spaur, que viajaba con 
susefiora y familia menuda. Con el cardcter 
de ayo de los ninos salv6 Pio IX felizmente 
la distancia entre Albano y la frontera de 
Ndpoles... Ya le tenemos en Gaeta, que ha 
venido & ser la provisional Sade y metr6po- 
li del mundo cat61ico. En Roma Imperan 
Mazzini, Sterbini, Cicerovacchio, el Princi- 

5e Canino, que es un Bonaparte encenaga- 
en la demagogia, y les sij^ue y hac« coro 
la ronca turba insaciable. Grandos aconteci- 
mientos se preparan en el mundo. Arde Ita- 
lia. El cabaileresco Carlos Alberto reiine la 
mds florida milicia lombarda y piamontesa 
para marchar contra el Austria... iQu6 pa- 
sard? ^En qu6 parardn estas colosales tri- 
fulcas, que comparadas con nuestras revo- 
luciones de campanario no nos parecen me- 
nos grandes que los combates de Dioses y 
Heroes en los cantos de Homero, 6 las pe- 



NARVAEZ 121 

leas de arcangeles en las estrofas de Mil- 
ton?... No los6, ni en verdad me importa 
mucho. Rueden los tronos; vacile, ya que ro- 
<iar no pueda, la inmortal tiara; sobre las 
monarqufas deshechas alcen su impecioefi- 
« nj^eras 6 vigprosas republicas. Nada deestcr^ 
1 alterard la paz *rftiioinbis^firbi)l, que ve re- h 
e«ueltos los problemas de su nutrici6n vege- 1 1 
tal, y siente bien asegurado el suelo entre 
sus hondas raices. Mi optimismo me asegu- 
ra que las tempestades europeas no se co- 
rrerdn d Espafia,,porque aqul tenemos la 
,Providencia de un D. Rara6n Maria Narvdez 
que con el ten con ten de su flereza y gra- 
cias andaluzas, tigre cuando se ofrece, gato 
^amero si es menester, maneja, gobierna 
y conduce d este dfscolo Reino, y en 61 ase- 
gura el bienestar de los que lo ban adqui- 
rido, 6 estdn en el trajln ae su adquisici6n; 
Vivame mil alios mi Espaddn de Loja, y 
* durmamos tranqtiilos los que juntamente 
somos usufructuarios y sostened.ores del or- 
<len social. 



XII 



16 de Marzo de 1849. — De tal modo ab- 
«orben mi espiritu el cuidado de mi cara mi- 
tad y el problema de la sucesi6n, que ha de 
resolver Maria Ignacia, segiin los cdlculos 
mds discretos, en lines de Mayo 6 principios 



122 B. PBRBZ aALD6s 

de Junio, que no hay espacio en mi pensa- 
miento para suceso alguno de orden distin- 
to, asi privado como publico. ^Qu6 me im^ 
portan las alteraciones de Prancia, de Roma 
6 de Hungria, ni las malandanzas del Es- 
tado espaiiol, ante este inmenso enigma del • 
embarazo, cuyo t^rmino y deeeni^ce feliz f 
esperamos con el alma en un hild? iQu6 N 
puede afectarme ese lejano enredo de la Re- 
publica Romana, ni las diabluras de los 
Mazzinis, Caninos y Garibaldis? ^Ni qu6 
atenci(5n puedo prestar & los entusiasmos de 
mi cufiada Sofia por Luis Napoleon, Pre$i- 
dente de la Repiiblica Prancesa, 6 por Ma- 
nin, desgraciado Dux de la de Venecia? Y 
cuando mi hermano Gregorio me da irre- 
sistibles matracas por el desconcierto de la. 
Hacienda espafiola, ^qu6 he de hacer mds 
que abrir la oreja derecha para que saiga lo 
que por la izquierda entr6? Ya comprende- 
reis que de la guerra intestina que arde en 
Cataluna hago tan to caso como de las nubes 
de antano, que lo mismo es para mi Cabrera 
que un monigote de papel, y que los movi- 
mientos de Pavia, de Concha 6 de Cordova, 
en persecuci(5n de los facciosos no mueven 
mi curiosidad. Entre 6 saiga Montemolm, lo 
mismo me da, por no decir que ahi me las 
den todas. 

No me cansar^ de aflrmar que son cada 
dia mds vivos y puros mis afectos hacia la 
compafiera de mi vida, y que 6sta ha llega- 
do d seducirme y enamorarme con s61o el ta- 
lismdn de sus animicas dotes. Dir6 tambi6a 



NARVAEZ 128 

que mis su^ros y toda la familia me quie- 
ren eAtrafiablemente, viendo y comproban- 
do con diarios ejemplos que hkgo feliz d la 
niila. Cuido mucho de no dar pretexto al 
menor disgusto de mis papds politicos, aten- 
to siempre & mi completa identificaci6n con 
ellos y 4 fundirme en las ideas y rutinas 
del mundo Empardnico, sin hipocresfa ni 
violencia. S6lo en los comienzos de mi asi 
milaci6n me causaron enojo las extrema- 
das santurronerias d que las seftoras mayo* 
res me sometieron, y se me hacia muy lai^o 
el tiempo consagrado, sobre la diaria misa, 
a Triduos, Cuarenta Horas, 6 visitas & las 
monjas del Sacramento, de la Latina y de 
Santo Domingo el Real; pero d ello me fui 
acostunibrando con graduales abdicacibnes 
del albedrio, hasta llegar d cierta somnolen- 
cia qtie se compadece con las materiales 
ventajas de mi posicion. Por el bienestar 
que me rodea y las comodidades que disfru- 
to, doy gracias d Dios y d mi hermana Ca- 
talina, sintiendo mucho no poder ddrselas 
mds que con el pensamiento, pues desde que 
, volvl de Atienza no he vistb d la bendita 
religiosa, que ahora estd rigiendo la comu- 
nidad Concepcionista Franciscana de Ta- 
lavera de la Reina. Ved aqui por qu6 no la 
he nombrado en esta parte de mis Confe- 
siones. De veras me ha dolido no encontrar- 
la en Madrid, no s61o porque estoy privado 
de sus consejos amorosos, sino porque su 
ausencia me tiene ignorante de si recibi6 y 
acogi6 d los Ansurez, recomendados por ml 



124 B. PBRBZ GALDdS 

carta. Nada se de esta gente, nada del noble 
patriarca de la tribu, nada de la sin par 
Lucila, y pienso que, desamparados aqul, 
se han corrido a tierras distantes. 

Volviendo d mi nueva familia y al fen(5- 
meno detmi adaptaci(5n social, dir6 que fu6 ' 

Sara mi un noquito duro, en los primeros 
las, el trato de las personas que frecuenta- 
ban mi cfcsa en las veladtis de irivierno. Poca 
substancia, 6 mas bien ninguna, sacaba yo, 
de la conversaci6n de los respetables seno- 
res carlinos 6 convenidos de Vergara, & los 

3 tie no creo ofender si digo de ellos que su 
esenfrenado absolutismo me daba de cara 
como un mal olor de boca. A los 'que ya he 
dado d conocer tendre que afisidir alguno, si 
Dioi^ me da salud y tiempo, que ostentando 
traje mtlitar 6 civil, trae olor de curas y tipo 
de la Boveda de San Ginfe. Pero con todos 
estos tufos y apariencias desagradables, yo 
voy apechugando con ellos, y ya no me cau- 
san la menor ijiolestia fti sus personas anti- 
auadas ni sus estrafalafios discursos. A to- . 
do se hace el hombre en las diferentes situa- 
ciones & que le lleva su Destino, y por algo 
dice la fllosofia popular: No con quien naces, 
sino con quien paces. En realidad yo pacla 
exclusivamente ^con mi mujer, y de este 
nuestro pastar reservado en el intimo cam- 
po conyugal, naci6 el que yo me adaptase . 
fdcilmente d la vida Emparfeiea, como se ' 
vera por lo que voy t referir -ahora. » 

Me lanzo k descubrir^y delataf lo nxfe s6- 
creto de nfls conversaciones con Maria Igna- 



NARVAEZ 125 

cia. Ya en los dias de Atienza, cuando nos 
quedAbamos solos, se irie quejaba de la pe- 
sadez insulsa del rosario que mi madre nos 

. hacla rezar con ella todas las noches. Claro 
es que estas opiniones eran s61o para mi, y 
ante mi madre nada decia. que pudiera dis- 
gustarla. En Madrid me manifesto las pro- 
pias ideas, y una nocheJleg6 & decirme: 
"El rosario me sirve & mi para pensar en 
mis cosas. No hay nada mds propio que esta 
tara villa para me terse una en si misma. Ya 
tengo yo mi Jenguabien acostumbrada & re- 

, zdrseld ella sola, y la dejo ir al compds de 
la cancamurria de los demas. Dentro de mi, 
yo solita pienso, y si viene & pelo le pido a 
Dios con palabras mfas lo que quiero pedir- 
le... jVaya, que si dijese yo estas cosas & 
mis tfas, creerfan que 'me he vuelto local 
Pues hace tiempo que pienso asi; pero ^ 
nadie lo he dicho, porque la verguenza me 
sellaba la boca. Como entre nosotrop no hay 
vei^iienza, todos mis pensamientos son 
tuyofe. 

Y en Ja noche de un dia consagrado & re- 
ligioso bureo, con misa solemne por la ma- 
fiana, por la tarde maniflesto y procesi6n, y 
como nn de fiesta, fastidiosa charla mistica 
del Sr. Sureda con nuestras reverend^ts tias, 
Maria Ignacia, cuando estuvimos donde na- 
die pudSera oirnos, me dijo: "Con muchos 
'dias como ^ste, pronto se hace una volteria- 
na, aunque yo, la verdad, no he leido i ese 
Voltaire ni falta que .me hace. Oye, Pepe: 
/.no te parece que sobre todas las estupide- 



126 B. PiRBZ QALOdS 

ces humanas est4 la de adorar 4 esos santos 
de palo, mds sacril^os aiin cuando los vis- 
ten ridiculament^? ^No crees que un pueblo 
que adora esas figuras y en ellas pone toda su . 
fe, no tiene verdadera religi6n, aunque los 
curas lo arreglen diciendo que es un simbolo 
lo que nos mandan adorar entre velas? Yo 
te aseguro que no siento devoci6n delante 
de ninguna imagen, como no sea la de Je- 
sucristo, y que si yo tuviera que arreglar el 
mundo, mi primer acto seria condenar al 
fuego 4 toda esa caterva de santos de bulto, 
empezando por los que Uevan ropa. 

— Lo mismo pienso — le respondi. — Pero 
nosotros, que tenemos nuestro entendimien- 
to limpio de esos desvarios, hemos de disi- 
mularlo, y hacer como que no discurrimos, 
ni vemos mds all4 de las narices del Sr. Su- 
reda, 6 de tu tia Josefa... Seamos cautos, 
mujer mia, que nada cuesta decir & todo 
am^n, y vivir en santa paz con la familia.„ 

Y una noche, recordando lo que desen- 
tonadamente se hablo en nuestra tertulia de 
la situaci6n del Papa, y de las tropas que 
mandaremos 4 Italia para restablecerle en 
su trono, mi mujer se dejo decir: "Ya ese 
bendito Conde de €leonard me tenia esto- 
magada con que la Iglesia debe ser maestra 
de la vida en todos los 6rdenes, cori que los 
liberales estan condenados, con que debe- 
mos traernos para acd al Papa, y hacerle 
cabeza de nuestra naci6n... Pues yo digo 
que si es Vicario de Jesucristo, ^para qu^ 
necesita fusiles y caflones? Jesucristo no 



KARVABZ 127 

tuvo artilleros, ni le hacian falta para na- 
^a. . . Y tambi^n digo que no tuvo emb^Qado- 
res/ni ministros de Hacienda, ni cobraba 
dinero porbulas 6 dispensas, ni gastaba esos 
lujos... como que nunca se puso zapatos. 
,^Lo entiendes tii, Pepe? Me dirds que no, y 
que tus dudas son iguales & las mfas... Pero 
tienes raz<5n, hijito: call^monos y hagdmo- 
nos los tontos, que asi nadie se mete con 
nosotros, y vivimos tan tranquilos.„ 

El escepticismo de mi cara esposa no se 
•estacionaba: era esencialmente progresivo, 
-como se verd por los conceptos lormulados 
hard unos veinte dias: "Esto de que hemes 
-de confesar y comulgar todos los meses me 
parece un abuse de nuestra paciencia, Pepe. 
^No crees lo mismo? Bueno que me hagan 
confesar a mi; pero til, que eres hombre, 
^por qu6 has de arrodillarte tan d menu- 
do delante de un sacerdote para contarle 
lo que bias hecho? jPues buena tendrias el 
^Inxa si d cada treinta dias te la.llenaras de 
nuevos pecados! Con confesar una vez al 
afio, 6 dos, vamos, bastaria, pienso yo. Cla- 
re es que salimos del paso muy lindamente. 
To de algiin tiempo acd no le digo al cura 
mds que lo que me parece. Ya te cont6 los 
disparates que me pregunt6 el de las Des- 
calzas. Desde V entonces hago mi composi- 
-ci6n y no me apuro por nada. ^Y tii c6mo te 
las arreglas con D. Sinforoso? ^Es pregun- 
t(5n; es de los que se pasan de listos y quieren 
saber, d mds de los pecados cometidos, los 
pecados probables, y se meten en lo que no 



128 B. PERBZ oald6s 

les importa?... Verdad que tii ya sabrds^ 
* desenvolverte. A buena parte van. Yo diga 
. que la mujer casada no debe confesarse rnds- 

que con su marido, si 6ste no es un pillete,. 

como hay muchos. A ti te digo yo todo lo 

Sue pienso; tii me dices d mi parte de lo que 
isQurres, porque un hombre, naturalmen- 
te, debe tener alguna mds libertad de pen- 

' sar, y asi somos felices, y nos entendemos i 

maravilla.„ ' 

30 de Marfeo.— Suspendo aquf ios desen-^ 

. fados de Maria Ignacia, para dar siticf al es- 
tiipendo noticiiSn de hoy. En No vara, gran 

. batalla entre piamonteses y austriacos, ven- 
cedores 6stos, vi6ndose» precisado Carlos Al- 
berto & salir de estampia, previa abdicaci<5n 
en su hijo Victor Manuel. No caben en si 
de contento Ios de mi tertulia Empardnica^ 
y mi hermano Agustin ya ve asegurada la 
paz del mundo y el orden social con este 
.triunfo del Imperio... .Ni ante la rota de No- 
vara, que ha sido el htimo en que se desva- 
necen las esperanzas unitarias de Ios ita- 
lianos, entran en raz6n Ios descamisados f 

, descalzonados de Roma, que siguen adoran- 
do a esa tarasca ebria de su Repiiblica. El 
Papa,, muy obsequiado del Rey Piisimo 
(Fernando II), continiia en Gaeta esperan- 
do que las tropas francesas y espaiiolas le 
devuelvan sus Estados, hoy en poder de 
todos Ios demonios. Estos no van con exor- 
cisrfios ni anatemas, y es menester gran can- 
tidad de p61vora y balas para conseguir arro- 
iarlos del santo cuerpo en que se han metido. 



NARYABZ 13t : 

*^No has reparado — me dijo anoche Ign*- 
cia, —que en casa no quieren & Narvdez? Ls 
habrds notado sin duda. Ello estd bien A bt 
vista. Siempre que hablas de 61, para elfl»- 
giarle, naturalmente, 6 callan 6 salen c« 
alguna cuchufleta... y que el Sureda las«&- 
ce del peor gusto. Luego papa y las tias wr j 
pierden ripio para ponerle faltas: que «ie* 
un cascarrabias, que si no guarda U reli- 
gi6n, que si no mira mds que por si, que si ; 
todo lo arregla con andaluzadas, que side- . 
bajo de la capa de moderado es un liboal < 
tremendo, que si ha dicho 6 no ha dicho W ; 
Nuncio una frase muy fea... y no pude e»* 
terarme, porqueentre si los hombres la p»- 
nunciaron muy en secreto, y unos se indig- 
naban, otros se reian... En fln, Pepe, qiut 
nole quieren en casa, desengaiiate.^Sabe« 
la que solt(3 esta noche D. Serafin Cleonawi? 
Pues que la Reina ha perdido el miedoi 
Narvdez; pero que le mantiene en el poder 
por meterle miedo d su marido D. Francis- 
co y tenerle siempre en jaque... Mi tia Jose- 
fa, que, como sabes, esta muy al tan to del# 
que pasa en el cuarto del Rey, se ech6 a reir 

Jr dijo: " Ya no le temen. ^Qu6 han de temdp- 
e, si el tigre va saliendo gato? Preparad* 
estd ya el cascabel que han de ponerle. 

— ^ Y no anadio qui^n es el guapo que se 
lo pondrd? 

— Se lo call6 la muy ladina. Si maftanj^ 
se les va la lengua un poquito mds... serf 
toda orejas, para grabarlo bien en mi m»- 
moria y poder contdrtelo. ^ 

9 



190 B. PBRBZ OALDdS 



XIII 



17 de Mayo.—^o me pregunt^is nada de 
cosas ptiblicas, ni aun de la expedici6n mi- 
litar que ha salido ya para Italia. Todo lo 
ignore, y lo que traen 4 mi of do derecho los 
amigos cuenteros y parlanchines, <5 el buUi- 
cio de las calles, no tardo en arrojarlo por 
el izquierdo hasta dejar mi caletre vacio de 
cuanto no pertenezca d mis personales inte- 
reses y cuidados. He tenido k mi mujer may 
malita. iQu6 dias, qu6 cinco semanas de mor- 
tal ansiedad! En mi sobresalto y tribulaci6n 
teml que no s61o perdi^ramos el fruto, sino 
el ^bol. Gracias d Dios, vimos felizmente 
resuelto el infarto de la garganta y cuello 
con alarmantes manifestaciones de erisipe- 
la... Dejadme que respire. Ya la tenemos 
completamente bien: el mundo recobra su 
alegria. Yo le digo a Maria Ignacia que Dios 
estd resueltamente de nuestra parte; ella se. 
rfe y me contesta, barajando la fe con el es- 
cepticismo: "Acd para entre los dos, Pepe, 
yo pienso que Dios me ha de conceder... ya 
^v^bes qu6... el tener felizmente d nuesfro 
hijo, pues ya q>iie me nego tantas cosas bue- 
nus que otras poseen, feta me la tiene que 
dar. Si no, no seria justo... Aunque... vete 
d saber si es justo. Yo voy creyendo que no 
lo es, y que su principal atributo es la injus- 
ticia, al menos lo que por tal tenemos de te- 



narvIkz 131 

jas abaJD, y que es quizes.. . la sublime esen- 

• -cia de la justicia. En fin, chico, lo que quie- 

ra Dios ha da ser, y, come dice tu madre, 

Yenga lo que viniere, siempre tendremos 

^•que dargracias.„ 

J Asf en la enfermedad como en la conva: 
ilecencia y franca mejoria, se redoblaron los 
* mimos que d Maria Ignacia prodigamos to- 
dos, y por mi parte, a mds de renovar ante 
•ella la declaraci6n y juramento de fldelidad 
que como esposo le debo, le someti y entre- 
:gu6 mi licita libertad, que tal fu6 el Qom- 
promiso de alejarme sistemdticamente de to- 
>do lugar donde piidiera presentdrseme oca- 
•8i<5n pecaminosa. Con ello no hago, en rea- 
lidad, gran sacriftcio, porque de tal modo 
^mbarga mi voluntad el indescifrado miste- 
rio de la sucesion, que al presente nada me 
«olicita fuera de mi casa, y me sorprendo 
de encontrarme desalentado y glacial ante 
personas que el ano anterior me sacaban fd- 
'Cilmente de quicio. Desde mi regreso de 
Atienza, he visto mas de una vez a Eufra- 
«ia, en su casa, en las ajenas, en el teatro, 
^n la calle. En nuefitras primeras entrevis- 
tas, encareci6 sin ironia mis virtudes, inci- 
t^dome & persistir en ellas. En Pebrerotil- 
timo, un casual incidente nos aproxim6 y 
•puso en soledad con tan tentadoras circuns- 
tancias, que el no desmandarme habria sido, 
m4s que honradez, santidad. Por fortuna, la 
presteza con que acudi6 la manchega a la co- 
rrecci6n de mi atrevimiento, nos salv(5 d los 
^os, acreditando su virtud mds que la mia. 



1S2 B. VEVLKZ GALD6s 

Desde entonces nos hemos visto poco y sinr 
ocasi6n de largas explicaderas. Me han dichoK. 
que en su casa, donde politiqiieaban el afio 
anterior los disidentes de la situaci6n mode- 
rada, cabildean ahora los enemigos mds obs- 
curos del regimen. No s6 qu6 hay de verdad 
en esto, ni me importa. 

De Virginia y Valeria debo decir que cada 
una tiene de novio d un capitan... Por ex- 
traordinario efecto de reflexion de lo femeni- 
no 4 lo masculino, los dos novios me.pare- 
cen un capitdn solo. Ya no bromean conmi-^ 
go las dos chiquillas, ni yo, respetdndome y 
respetandolas, me permito jugar conellas i 
los amorcitos. S6 lo que debo a la sociedad, 
4 los amigos y a mi propio: siento en ml la 
saludable invasion animica de la sensatez; 
como arbol magnifieo que soy, plantado en 
el suelo de la patria, me duelen las raices 
al menor movimiento de mi tronco... Noto 
en mi un sentimiento nuevo', la alegria de 
la correcci6n, porque nac^ entre las vana- : 
glorias de una vida llena de ventajas y dul- 
zuras del orden material. En la ciispide de 
mi sensatez, piramide que tiene por base mi » 
solida posici6n, aflrmo de nuevo que la re- 
nuncia que hice a Maria Ignacia de mi asis- 
tencia a reuniones mundanas, no es en rea- 
lidad un sacriflcio muy meritorio, pues en 
muchos cases no i-ba yo a ciertas casas mas 
que & medir la longitud y latitud de mi 
aburrimiento. Tan solo echo de menos la 
tertulia de Maria Buschental, cendculo de^ 
hombres presidido por una mujer encanta- 



NARVABZ 133 

*dora, de siitil ingenio. Alii van mis mejo- 
Tes amigos; alli se habla de lo divino y lo 
humano con deliciosa liber tad, y se lleva 
pnntual cuenta y raz6n de las flaquezas cor- 
tesanas que ofrecen interns por andar en 
ellai^ los poderosos, pues las flaquezas de los 
pequenos & nadie interesan; alli se hace la 
exacta crftica de las cosas piiblicas, harto 
mas s^ncera que la de los peri^dicos*, porque 
las causas y moviles de los hechos, comun- 
raente resenados con falaz criterio per la 
Prensa, salen de las bocas vestidos y ar- 
mados de la refulgente verdad... Espero 
que en cuanto rebasemos la formidable li- 
nea de la sucesi6n, recabar6 de mi bendita 
«sposa que, & cambio de otras concesiones, 
me d6 de alta en el amenisimo conciliabulo 
de la calle del Principe. Por hoy, me resig- 
no a no tener mds sitio de esparcimiento y 
-charla que el Teatro de Oriente (convertido 
^n Congreso, mientras se concluye la nueva 
Cdmara de los Comunes), aunque alli, co- 
mo dice Salamanca, tiene uno la desdicha 
de encontrar siempre d todas las personas 
que le cargan. 

29 de Mayo.— Pongo en conocimiento de 
la Posteridad un importante suceso. Ayer 
estuvo en casa mi amigo Eduardo San Ro- 
mdn con esta comisi6n: "Vengo de parte 
del General Narvaez d Uevarte a su presen- 
'•cia,.. Noteasustes: desea conocerte.„ Sor- 

Sresa y confusidn: ^sta sube de punto cuan- 
o agrega el simpdtico emisario que no se 
^strata de concederme audiencia, por otra par- 



134 B. PBRBZ OALDliS 

te no solicitada^ ni de una entre vista cere- 
moniosa: serd una simple presentaci6n de- 
confianza, por la manana» cuando el Gene- 
ral, no vestido aiin, 6 d medio vestir y qui- 
zes tomando ehocolate, recibe d sus ami- 
gos m&s fnlimos. Prancamente, no enjraba 
en mi cabezaque con tan primitivas formas 
de Uaneza me llamase y recibiese D. Ram6n 
d mi, jJara 61 desconocido, 6 apenas connci- 
do de nombre. Llegu6 a creer que San Ro- 
mdn me daba una broma; pero con tal serie- 
dadinsisti6 en su mensaje, que hube de te-^ 
nerlo por veridico. Pensando que me halla-* 
ba en visperas de una singular emergencia,. 
me dije: **^Qu6 es esto? ^Para qu6 me que- 
rrd el dueno y arbitro de los destines de la 
Naci6n?... No puede ser para ofrecerme un 
acta en elecci6n parcial, que de esto se ecu- 
pa Sartorius... Pararenirme no ha de ser, 

Sorque en nada le ofendi, y no soy su subor- 
inado... ni para darme las gracias, porque- 
ningiin servicio me debe...„ En fin, prontO' 
saldria de confusiones. Convine con JBduar- 
do en que nos reuniriamos en casa, por hoy>, 
d la hora que 61 designara. 

Por la noche, mi mujer y yo apuramos^ 
hip6tesis y conjeturas para dar con el quid 
de tan extrana cita, y en el giro de nuestra. 
^harla, hablamos de mi presunto introductor 
San Roman, en (Juien reconozco d uno de m's^ 
mejores amigos. Soldado de pluma mas que 
de espada, sus notables escritos de Arte Mi- 
litar le han valido el entorchado de plata. 
Es quizds el brfgadier mas joven del ej6rci- 



NARVABZ 135 

to, y en politica no anda ciertamente d re** 
fa^uardia: D. Rani6n le ha hecho diputada 
por Loja, su pueblo, que es como hacerle de 
la familia... La tenaz adhesion de nuestro 
pensamiento 4 la persona del guerrero de 
Arlabdn, nos llev6 4 recordar*la carta in^- 
dita, inconcluida y sin curso del pobre Mie- 
des, que de Atienza trajimos y conservanxos 
como oro en pano en recuerdo de nuestro 
bondadoso y tras tornado amigo. 

"Mira tii — dije a Maria Ignacia,— que se- 
ria muy gracioso entrar yo i la presencia de 
Narv^ez saluddndple con el dictado de Btiey 
liberal, que segiin Miedes es ^ f6rmula sin- 
t6tica de su cardcter. 

— Gracioso seria, si... jLo que tardarfa el 
hombre en tirarte por las escaleras abajo! 

— Como no dispusiera que me agregaran 
a la primera cuerda que saiga para Filipi- 
nas...„ 

Bromas aparte, no llegu6 sin temor, esta 
mafiana, d la Inispeccion de Milicias, mora- 
da del General cuando es Ministro Presiden- 
te. La idea que todos los espanoles, con ra- 
z6n 6 sin ella, han formada de la flereza del 
personaje, justiflcaba mi vago recelo, que 
San Romdn cuid6 de disipar asegurdndome 

3ue no debf a temer ningun arranque iracun* 
0, porque el leon, no tan flero como se le 
pinta, s61o echa el zarpazo d los subaltemos 
que no cumplen su deber. Entramos, y en 
una estancia nada elegante, que mds bien 
parecfa cuerpo de guardia, vl que haclan an* 
tesala unas cinco <3 seis personas, algunat 



ISS B. PBan 0ald6s 

tfe las^males conocfa yo. Eran D. Juan Ga- 
jfa^ Adniinistrador de la Imprenta Nacional 

t Director de la Gaceta, ml jefe un afio ha, 
ly Diputado por la Seo de Urgel (jCielos, 
'jpiadaos del inocente Cuadrado, mi compa- 
l«ro de oflcina!); el eorpulentisimo D. Jos6 
1 1faria Mora, Diputado por un distrito de Ali- 
' «mte y oficial en GoDernaci6n, y el de te- 
actroso entrecejo y desapacible rostro Don 
Oaudio Moyano, Rector de la Universidad. 
Ademds VI d uno que me pareci6 periodista, 
«ya ctue coxioz6o mucho, mas el nombre se 
j»ha ido de la memoria... Mientras yo sa- 
lodaba d mi antiguo jefe en la Gaceta^ y le 
wf^ma. que trabajasemos juntos para traer 
m su destierro al sin ventura Cuadrado, 
iesaparecid Eduardo San Romdn. Al poco 
late le VI volver con.un ayudante, y am- 
kos me llevaron afuera, como quien desan- 
ia lo andado, y luego me condujeron por un 
f»illo con dobleces que no parecia sino un 
iwntpecabezas. Al t^rmino de esta camina- 
4at^«ntramos en un aposento grande, todo 
daridad, donde lo primero que vf iDios me 
Tifea!,. fue la propia persona del lUrdulo 
IKRiamon Narvdez en mangas de camisa. 
Eisirar yo por aquella puertet y salir 61 de 
^ «t3?a frontera, con vivo paso, mirar flero y 
jarranque impetuoso, que me di6 la imprc- 
fifcde un toro saliendo del toril, fu^ todo 
wno.Quedeme parado d pocos pasos de la 
jweria sin saber qu6 ha^er, ni d d<inde vol- 
fwme, ni a qui^n saludar. Por un momen- 
)& dude que fuera el Duque de Valencia 



muxfisz 1S7 

•iquien de tal modo m^recibia. Mis iairaduc- 
tores, no meaos perplejos que yo, se pararon 

: tarabi^n en firme junto A mi, & punto que el 

. General, en medio de la estancia, gritaba 

-como quien da la voz de mando en lo mis 

•comprometido de una batalla: "jBodegaaa! 
—Mi General— dijo el ayudante,— yo le ^ 

41amai^. 

—En el pasillo se cruz<5 con nosotros 

-ctfando entrdbamos,„ balbuci6 San Roman, 
sefialando al ayudante la direccifin que to- 

. mar debia. 

Narydea, gritando nue vamente ** \ Bodega! „ 
areforzaba su eiclamaci6n con el repique de 

. una campanula que cogi6 de la mesay agita- 
ba en su mano. Despu^s se volvi6 hacia mi, 

. y secamente, sin dar espacio al saludo que 
inici^, me dijo: "Dispense usted, pollo.^ Al 
poco rate, como si la presencia de un extra- 
flo calmase su furia, aplac6 los gritos, y no 

. hacia mas que sacudirlacampana, diciendo 

. por lo bajo: "Este Bodega me va d quitar & 
mi la vida-„ De pronto en tr6 el ayudante, y 

itras ^1 un criado como de cincuenta afios con 
un servicio de chocolate. Lo mismo fu6 verlo 

, Narvaez que le tir6 la campanilla con toda 
la fuerza de su brazo, diciendo: ** Ahora te io 
tomas tti, arras trado... qiie ya con tu cacha- 
iza me has quitado la gana... jSi me tienes 
podrida la paciencia!... Que te lo lleves, te 
•digo... jQue no lo tomo, ea, que no lo tomo\„ 
Cay6 la campanilla 4 los pies del criado, 

^1 cual, imperturbable, como si creyeraen 
conciencia que de $u enrabiscado seflor no 



i 



138 B. PEREZ GALD68 . 

debiera hacer mis caso que de un nifto, di<V 
con el pie al proyectil que fete le habfa Ian- 
zado, y siguid su camino rodeando la pieza 
hasta dejar el servicio en una mesa pr6ilma 
d la ventana. Yo habia oido hablar del famo- 
so Bodega, del viejo soldado, compafiero y 
servidor del General en la guerra, y ahora su 
ayuda de camara y mayordomo; pero no le- 
habia visto nunca. Encontr^le alguna seme- 
janza con el gran Miedes, la cual, si muy 
vaga en la flsonomfa, mds acentuada en la 
traza y estatura, salva la diferencia de edad, 
era exactisima en los pies, grandes, juane- 
tudos, como los del sabio celtibero, marcan- 
do bajo ei psfeio^ileTos^zap^ como- 

nueces. Pues el flel servidor, mudo y flema* 
tico, sin precipitarse en sus movimientos^^ 
lu^o que dej6 el chocolate en la mesa, co- 
gi6 el chaleco, y alzdndolo en ambas manos^ 
iiizo un movimiento semejante al del ban- 
derillero cuando cita al toro y le muestrarloa 
palillos que ha de clavarle. Narvdez arroj* 
sobre su asistente una mirada, de indigna- 
ci(5n, y Uegdndose d 6\ di6 media vuelta y 
se dej6 meter los brazos por los agujeros de^ 
aquella prenda. Luego se abroch6 de prisa, 
y antes que Bodega trayera la levita le ech6 
otra rociada: "Te digo que te Ueves ese me^- 
jurge. He dicho que no Id tomo ya. L16va- 
telo, 6 te lo tiro d la cabeza.„ Bodega, sin la 
menor alteraci6n en su rostro, que parecia 
de palo, puso d su amo la levita; el Gene- 
ral, volvi^ndole la espalda, se la ajust6 con 
un nervioso estir6n dt 1 pafio sobre la cintu-^ 



KAHVAKZ • 139 

ra; Inego palp6 y aseguW su peiuqnin/quft 
coilIos berrinches parecia desviarse nn po- 
co. Retir6se Bodega con la tranquilidad del 
justo, sin cuidarse de obedecer 4 su senor 
en lo*de Uevarse el desayuno, y el Duque, al 
verle salir, le flech6 de nuevo con una niira- 
da de odio; despu^s dirigi6 otra de desden 
al chocolate; por ultimo, volvi^ndose a mi, , 
me sefialo un sofd, a pun to ^que el tambi^n 
se sentaba, y me dijo: "Dispense,^© Wo, que 
le reciba con esta confianza... Voy d decirle 
con qu6 objeto me he tomado la libertad de 
llamarle... 



XIV 



— Mi General — le respond!, —pstoy siem- 
pre i sus 6rdenes. No podia us ted hacerme 
honor mds grande que tratarme con esta 
confianza... 

— Pues, verd... , 

— Tome usted su chocolate, mi General — 
le dije creyendo corresponder a su franque* 
^a.— Por mf no se prive...„ 

Me interrumpi6 con un gesto impaciente 
I que traduje de este modo: "No se ocupe,us- 
ted de lo- que no le importa. Yo tomar6 6 no 
I tomar6 el chocolate conforme & mi santa 
voluntad; usted oigaycalle.„ Asi lo hioe. 
No sin grande estupor of estas palabras, que 
reproduzco suprimiendo el ligero ceceo an- 
daiuz con que el Qictador las pronunciaba: 



140 ' B. PERBZ CIALD6s 

^Pues qiieria decir & usted lo siguiente: en 
•su casa, en la casa de los sefiores de Bmpa- 
ran se conspira de un modo descarado contra 
mi... No, no me lo niegue. Con listed no va 
nada. Tengo de usted la mejor idea: ya s6 
que es sensato, muy sensato, y que entre las 
ideas del Marques de Beramendi y las de su* 
suegro... hay un abismo... Lo que no quita 
que usted' aparente amoldarse... Natural- 
men te, es esposo de su hija... jSi me hago 
cargo!... Es posible tambien que delante del 
yerno no se permitan decir todo lo que sien- 
ten, ni dejar trasrueir sus intenciones. Yo lo 
s6 todo, y si no lo s6 todo, s6 mucho, lo bas- 
tantepara no dejarme sorprender. Miobjeto 
al llamarle no es pedirle que me cuente lo 
que se habla en su casa. Ni yo acostumbro 
apelar a esos medios, ni usted, que es un jo- 
ven pundonoroso, degran talento, segtin me 
dicen, se habia de prestar a uh espionaje de 
tal naturaleza... No, no: mi objeto es tan 
s(31o decirle que haga entender a su familia 
que Narvdez no esta ignorante de lo que se 
trama contra ^1, y que se halla dispuesto a 
meter mano a todo el que perturbe, sin dis- 
tinci6n de pobres y ricos. Es gran injusticia 
mandar a Pilipinas & tanto infeliz descami- . 
sado, y dejar aqui d los revoltosos de bucna 
posici6n, que pelean contra lo existente..,y 
con armas que no son el trabuco naranjero, 
y se hacen fuertesen barricadas... que no 
son las de las calles. Aqui donde usted me 
ve, soy yo mds liberal que nadie, y si me 
apuran, mds democrata que la Virgen De- 



vaayLez 141 

mocracia. Ni temo & los de abajo ni adnio a 
los de arriba... Si los que pin tan d diablo 
en la casa de Emparan son carlinos, enho- 
rabuena: que salgan al campo, que den la 
cara. Ya he visto de cerca las caras de Zu- 
raalacarr^ui, de Gonzalez Moreno, de Don 
Basilio, de otros muchos guerreros muy res- ^ 
' petables, y no me dan asco. Ellos luchahan 
en su campo, yo en el mio; ellos se mata- 
ban por su Rey, yo por mi Reina. Eramos ri- 
vales nobles. Ganamos nosotros la partida. 
Por zancas 6 barrancas, quedaron los faccio- 
SOS debajo; nosotros encima... Pues ahora 
los convenidos de Vergara, y los clerigos de 
capa corta que alli tuvieron su desengano, 
quieren suplantarnos y abolir el Regimen, y 
traernos el carlismo sin D. Carlos, 6 el abso- 
lutismo con Isabel, y esto no hemes de to- 
lerario, jcarape!... Como no hemos de con- 
aentir que los que tronaron contra la des- 
amortizaci6n, sean ahora los que quieran 
echar abajo lo existente,.. No serd tan nialo 
el drbol cuando a su sombra hicieron sus 
pacotillas estos ricachones que ahora se gas- 
tan el dinero en escapularios, y que me acii- 
san de que no miro por la Religion... Habie 
usted de esto con su senor papa politico, y 
con otros que en pocos anos se han llenado 
de millones. Si es tan malo el Rdgimen, que 
se lo cuenten a los que por ese mismo siste- 
ma politico, jahi duele! faeron Comisiona- 
dos del crMito publico, y se encargaron de 
recoger el papel-moneda de los conventos..* 
^Ddnde esta ese papel? Yo no digo nada: ha- 



142 B. PEREZ OALD^g 

Ue usted con los quQ dicen que se ha con- 
Tertido en ladrillos y 6stos en casas..:„ 

Aprovechando el primer descanso que to- 
m6 el orador, dije que si en mi casa se ha- 
blaba mal del Gobierno, comtin achaque de 
toda casa de Madrid, cualquiera que fuese la 
procedencia de sus ladrillos, no debia ello 
tomarse .como efectiva conjura, sine como 
desahogo natural de las almas espafiolas; & 
lo que me contest6 el Duque con un suspiro 
que de su pecho salia como avergonzado, 
por no ser aquel pecho de los que albergan 
la resignaci6n, 6 el sentimiento de una ra- 
dical impotencia contra fatales obstdculos. 
Despu6s mir6 lin instante al suelo,. y me 
dijo que aunque la intriga no tuviese su 
principal centre en mi casa, alU debla 61 dar 
un toque de atenci6n en esta forma: "Cuida- 
4o, caballeros, que tengo abierto el registro 
para Pilipinas...,, fin esto aparecio'denuevo 
Bod^a, y su amo le interpel6 en el tono 
mds suave: "Bodega, hijo, ^qu6 haces que 
no te llevas ese chocolate maldito? No lo 
tomo... Oye otra cosa: sfrvenos el almuerzo 
d las doce en, punto. Este sefior almuerza 
hoy corimigo.,, Cuando yo le daba las gra- 
-cias por tanta flneza, entr6 el ayudante, al 
cual pregunt6 su jefe si habia m4s personas 
en la antesala. "Acaba de entrar D. Pedro 
Egafia; hace un rate llegaron el Sr^ Sagasti 
y D. Pascual Madoz. 

— Que pasen & esa sala los que aguarda- 
ban y los recien venidos: los despachar6 & to- 
•dos de una estocada — dijo el Duque abrien- 



NAHVABZ 143 

-do la puerta que & la estahcia proxima con- 
^lucisi.— Bodega, no hay prisa para el al- 
muerzo, porque hoy no tengo que ir 4 Pala- 
cio: de aqui me ir6 al Senado.,, 

Y con severidad tutelar, Iranquilo y apa- 
cible, como quien ejerce palernalmente la 
autoridad do)a^stica, el ^ran B^odega recogid 
el servicio, diciendo: "Buena memoria nos 
d^ Dios. Si no va mi General & Palacio, bien 
sabe que le espera en su casa el Sr. D. Luis 
. Mayans. ^No quedaron en eso? 

— jOh! si: tienes razun... Almorzaremos 
a las doce en punto..„ 

Pasando el Duquc a la saJa de audjiencias, 
<](uedamos alii cl ayudanto y yo con San ilo- 
mdn, el cual, mientras hablamos Narvuez y 
yo lo que referido queda, habia pernianecido 
ten discrete apartamiento, leyendo no sf. si La 
JEspana 6 El Heraldo, & la ciaridad del baK 
<56n. Lu^o que estuvimos solos, vino Bduar- 
•do d mi para darme instrucciones acerca de 
la actitud que debo observar ante el Gene- 
ral en las incidencias probables de un largo 
•coloquio. "Si te trata con conflanza, guirda- 
te mucho de hacer lo mismo con 61; si te da 
alguna broma, agudntala sin que se te pase 
por el magin la idea de devolv^rsela, aun 
«iendo de las m4s inocentes. No tolera con- 
ftanzas de nadie, como no sea de Bodega, y 
«n cuanto & bromas, no ha nacido toaavfa 
quien se las d6. Es un hombre bonfsimo, 
pero de un amor propio que no le cabe en el 
alma. Admite que se le contradiga en ideas; 
pero no quiere oir cosa alguna por donde 4 



144 D. PBRBZ gald6s 

^1 se le figure que queda en ridiculo d su^ 
propios ajos. Nada de chistes, Pepe, alusivosi 
d lo que ha hecho, 6 pueda hacer y aconte- 
cer. Cuanto al General se refiera, sea dicho^ 
en el tono mas serio.,, 

Terci6 el simpatico ayudante en la con- 
versaci6n para anadir nuevas advertencias d 
las expresadas por San Roman, lo que yo 
agradeci mucho, porque con tales maestros- 
no habfa medio de desbarrar. -Pijese usted 
tambien en esto: de las caricaturas que le^ 
sacan en los peri6dicos callejeros, no tiene^ 
usled que hacer mencion ni aun pararepro- 
barlas, ni tampoco hablar de los papeles sa- 
tiricos, ni reirles las gracias. Los muiiecos. 
y las satiras mas 6 menos chistosas 6 inde- 
centes, le sacan de quicio... De la prensa en 
general, aun de la moderada, hable usted 
con poca esUma. 

— Es un gran coraz6n y una gran inteli- 
gencia— dijo San Roman;— perointeligencia. 
y coraz(5n no se maniflestan mds que con 
arranques, prontitudes, explosiones. Si man- 
tuviera sus facultades en un medio constan- 
te de potencia afectivay reflexiva, no habria. 
hombre de Estado que se le igualara. 

— Es todo inspiraci6n, todo inspiracidn. 

— Lanza el gran bufido, y cuanto mayor 
sea este, mas pronto vuelve el hombre al es- 
tado de calma y prudencia. Cr^elo: si d todos 
los que ha mandado fusilar, pudiera resuci- 
tarlos, lo haria de buena gana... Sies duro 
en los hechos, en la palabra suele ser muy 
inconveniente... pero su furor pasa pronto > 



NARVASZ 145 

— Le hemos visto pedir perd6n i muchos 
que leoyeron cosas terribles, ^idosde las 
solapas. 

—Las personas d quienes m&s ha prot^i- 

!do y protege, digo yo que son las hechuras 
del arrepentimiento. Recibieron algiin apa- 
. buUo, les salpic6 d la cara el espumaraio de 
la ira del ie<5n... Pero luego ha venido el 
le6n mismo d limpiarlo, concluyendo por 
colmar de beneflcios al ofendido. 

— La ^principal regla de conducta es no 
tomarse con 61 ni la mds ligera conflanza. 

— Una maiiana estuvo aqui un diputado 
andaluz, que es hombre graclosisimo. Fu6 
en las Cortes pasadas. De su nombre no me 
acuerdo; de su cara si: alto, moreno, con 
patillas de boca dejachUy dientes muy blan- 
cos, y un decir ameno, con chiste en cada 
frase, y los ademanes tan sueltos y desaho- 
gados que ellos bastaran para hacer reir. 
Narvdez se dlvirti6 oy indole con tar cosas de 
la tierra: aquel dia ceceaba como en su mo- 
cedad. El pobre granadino, viendo dsu pai- 
sano tan gozoso y bromista, se fu6 del se- 
guro y cometio la pifia de ponerle la mano 
en el hombro. Sentir la mano del andaluz en 
su hombro fu6 para D. Ram6n como sentir 
* la picadura de una vfbora. Volvi6se, cogi6 
'con violencia la insolente mano, y echan- 
' do lumbre por los ojos, le di6 un fuerte 
e$tir5n hacia abajo, aiclendo: '^jEsa mano 
en loscalzones!„ Qued6se el otro de una pie- 
9a. No volvi6 d sol tar chlstes, ni D. Ram6n 
se los hubiera reido aunque d chorros los 

10 



146 B. v±nz aALD6s 

«diara. Pasadd algun tiempo, el tal se troc6 
de amigo en furioso enemigo de Narvaez, y 
cscribi6 sus chirigotas en LaPostdata.., M 
fln se hizo progresista: ha estado en un tris 
que le mandemos & Pilipinas.^ 
Antes que San Roman concluyera, oimos 
J' la voz del General en la sala proxima. Renia 
con D. Pedro Egafta y con D. Pascual Ma- 
doz, que tambien es hombre de malas pul- 
gas. Luego supimos por el ayudante <ine 
los Sres. Gay a, Mora, Sagasti y Moyano se 
habian retirado despufe de oir alguna pala- 
bra, ni agria ni dulce, del Espaddn. Este to- 
feaba por lo fino & D. Pedro Egafia, que ve- 
nia con pretensiones vascongada^, y & Don 
Pascual Madoz, que solicitaba privil^ips 
para Catalufia. Era un case de incompatibi- 
lidad irreductible entre los interese^ catala- 
nes y los vascos. Llamado por el Duque/ 
pas6 el ayudante & la sala de audiencias 
y. para hacerse cargo de todo el papelorio qije 

l^ dejaban los dos pediguenos de gollerias, y 

^ al abrirse la puerta olmos d Narvdez que 

gritaba: "^Pero esto es Espana 6 la erniita 
de San Jarando que hay en mi tierra, don- 
de cada sacristdn no pide mas que para su 
santioo? Ea, caballeros, yo estoy aqu( p^jca 
r mirar por el Padre Eterno, que es la Naci6n, 
y no por los santos catalanes 6 vasconga- 
'dos...„ Les despidid con buenasombra, y si 
^afia parti6 cejijunto, conteniendo su en- 
fado dentro de la cortesfa, D. Pascual, quaes 
muy nervioso, chilWn, rudo, francote, como 
'^uarter6n de catal&n y aragon^s, y de ata- 



fc.' 



NABVABX 147 

:^onfe y navaaro, sali6 con la peluca berme- 
ja Tin tanto deiscompuesta y erizada, dicien- 
<io; "General, es usted atroz, y & este paso 
iremos... a donde no queremos ir,,^ 

Terniinadas las auaiencias, creimos.que 
nadie quedaba en la sala; pero el periodista 
que VI al entrar, y que segiin dicho del ayu- 
dante se habfa retirado, apareci6 &e nuevo 
*como un duende, no s6 si por secreta puer- 
tecilla 6 surgiendo de los pUegues de un 
cortln6n. Con forzada sonrisa y pruritos de 
ligereza que eran disimulo y atenuantes de 
su iftiedo, adelant6se en seguimiento del 
General que a nuestro lado volvia. Infeliz 
-esclavo de las duras necesidades de su ofl- 
clo, se arriesgaba, con peligro de la exifeten- 
cia, d quitarle motas 6 pulgas al Ie6n. Vol- 
viose fete con el movimiento rdpido que 4 
sus arranques de ira 6 de generosidad pre- 
cedia, y tocado por suerte de la segunda 
mas que da la primera, dijo al intruso en el 
tono con que imitaba la paciencia: "Pero, 
"condenado Santanita, ^ouindo concluira 
usted de frelrme la sangr^? 

— Mi G3neral — dijo con ceceo andaluz el 
Hamado Santana, tranquilizandos^, — es us- 
ted mis buenp que el pan y mas dadivoso 
que San Antonio bendito. ^Qa6 le cuesta 
decirme con palabra y media lo que estd pi- 
diendo con tjinta necesidad mi Carta auto- 
grafa de esta noche? 

— jSi no hay nada, si no tengo nada que 
"decirie! 

— Mi General, yo le voy conociendo ya. 



i 

iSO B. PteBS aALD6s 

t 

vaez, que tambi^n tiene buen ojo, le sor- 
prendi6 el movimiento y se tu6 & 6X como 
un ave de presa, y antes que pudiera esca- 
bullirse le agarr6 por las solapasy... yo no 
s6 lasperrerias que le dyo. El otyo daba sus 
excusas. . . Realmente, el agravk) era insigni- 

! flcante, de esos que se hacen un dia y otro 
dlos hombres polfticos, censurandoles con 
mas (J menos equidad sin lastimar su honra. 
S^uimos calle adelante, sin que yo me per- 
mitiese h'acerle ninguna observaeion sobre 
la aspereza de su genio, porque le vi s(|foca-^ 
disimo, y tardaba mds que de costumbre 
en recobrar la calma. Por la noche, aqul, le- 
not6 bastante aplanado,. taciturno, contes- 
tando pocb y mal & los hombres pollticos que 
vinieron a verle. Hasta con su mtimo attni- 

^go, el'granadino D. Miguel Roda, estuvo 
muy avinagrado. A la maiiana siguiente le 
ehcontr6 en la misma disposicion de espiri- 
tu; d Bodega tan pronto le Uenaba de im- 
properios como le llamaba hijo... Bien se^ 
veia que un pesar le agobiaba; pero como e& 
hombre de arranques, y los de sinceridad: 
son quizds los mds hermosos que tiene, asL 
como no se le pudre en el cuerpo ning6n 
resquemor por agravio recibido, tampoco se 

^ le quedan dentro las espinillas de los dispa- 
rates que hace. Soltando un terno volvi6se 
& mi de repente y me diio: "jQue* me trai- 
ffan & ese San tana!... Eauardito, hazme el 
mvor de tra^rmele. Ayer, ya lo viste, le 
atropelM estilpidamente... No habfa moti- 
To... Estuve muy dnro.-. jUn hombre que 



narvAbz 151 

seganala vida sin pedir a nadie mds que 
noticias!... Este le mete 4 uno los dedos eR 
laboca, jamfc en los bolsillos. Quiero hacer 
algo por 61, y demostrarl^ que Narvdez no 
es rencoroso . Dispondr6 que se suscriban i la • 
Cartaceutdgrafa todas las Direcciones Gehe- a 
rales, d mfc de los Ministerios... y se retx>- 1 
mendard la suscripci6n d todos los jefes^po- 
Iftlcos y d los.cuerpos del Ejercito„... Coft 
que ya ves si el hombre es de buen naturaL 
fisto pas6 tal como te lo cuento *„ Era en ver- 
dad un rasgo que |i<BSCubria la integjidad dd/ 
cardcter, unalinea que era'todalungtn^D: 

Durante el almuerzo, del que participaroR 
tambi6n San Roman y el Ayudante, naoa nos 
dijo el Duque digno de que yo lo mencio- 
ne. El hdbito del gobierno le habia curad^ 
de sus resabios expansivos, y comunmente, 
con\o alguna cuesti6n picante no excitara su 
nativa franqueza, nada decia que debiera 
reservarse. De I03 diversos asuntos politiooe 
6 intemacionales que estaban, como sud.e 
decirse, sbbre el tapete, apenas habl6; ocu- 

S6se mds de nosotros que de si mismo, pi- 
i6ndonos noticia de la sociedad que frecuen- 
tamos, y distingui6ndome d mi con isus fine- 
zas. No s6 si debo contar como tal la Insis- 
tencia en darme la denominaci6n de poU% • 
que me pareci6 de notoria impropiedadj'pugr^ 
aunque soy joven efectivo, por raz<5n de mi 
estado y circunstancias no pert^nezco d k 
juventud suelta y de casoos ligeros designa- 
da vulgarmente con aquel t^rmino gallina- 
oeo. Este se aplica hoy sin ton ni son, y sig^ 



152 B. PBRKZ OALOOS. 

nifica frivolidad, corbatas de colorines, pri- 
meros pasos en cualquier oarrera; significa 
infAti^abilidad en el baile, lanzdndose & la 
mode'rna polka con vertigo y furor, audacia 
en los amores, atrevi^ndose con las damas de 
alto copete, alegria decidora, jactancia de 
los triunfos cuando los hay, resignaci6n en 
las calabazas; significa el desprecio del ro- 
manticismo y la repugnancia de venenos y 
puftales. El lldhmv polios & los muchachoses 
uso modemo, y data del 46; lo invents, que 
invento es la novisima aplicaci6n de las co- 
sas^ asiyocabloscomo fiierzas naturales, una 
dama muy linda, en una reuni6n aristocrdtl- 
ca, no s6si en casade Montiifar 6 de Montijo, 
6 de Santa Cruz (averigiienlo los erudites). 
Oia esta senora las arrebatadas declaracio- 
nes de un jovenzuelo tan leiegante como 
atrevido, y aunque las oia con agrado, bubo 
de contestarlas con una negativa graciosa. 
El mancebo, que no era bastante lino para 
guardarse el no sin mds explicaciones, pidio 
a la dama raz6n de su desvio, y ella, to- 
mando el brazo' de un seiior maduro (cua- 
renta afios), le dyo: "^Por qu6? Porque es 
usted todavia demasiado polio, „ Lafrase fue 
de las que caen en terrene f^r til: hizo fbrtu- 
na, sin duda como flor nacida en tales la- 
bios, y no tard6 en extenderse rApidamente 
al lenguaje comiin. Bautizados por la her- 
mosa dama, noinbre de polios tuvieron.ya 
para in (Sternum todos los jovencitos bien 
vestidos y arrogantes que buscan dotes 6 
pretenden 16s favores de mujeres hechos, 



NAliVAKZ 158. 

ggj g 6 meilos casadas, bien 6 mal avenidas 
^coiTsus esposQS. HaTIegado d tener un use 
•constante y amaneradisimo la .palabreja: & 
mi me llamardn polio desde que vine de 
Italia hasta que me cas6. Despufe del cam- 
\ bio radical de mi posici6n, nadie me ha Ua- 
imado asl m&s que NarvAez, del cual me ha 
«<iicho San Romdn que aplica el mote a mu- 
chos queya gallean. Para 61 son todavia po- 
lios Cumbres Altas y Pepe Casasola. 

O.tro toqUe del General. A mitad del al-' 
muer?so not6 que no le parecia bastante bue- 
no el viiio que beblamos. "Trdenos el Bor- 
goiia del ailo 4„, dijo d Bodega que haciVfle 
maestresala, tapi imperturbable, met6dico y 

fiuntual en estas funciones como en todas 
as demds de su omnimodo servicio. Sin 

• mirar d.su amo, ni alterar riingiin rasgo de 

• sii fisonomfa, que era siempre de palo, Bo- 
dj^a oontest(3: "El Borgona se guarda para 
las comidas de etiqueta,„ Yo temble; no me 
atrevi d mirar al Duque, crei que ya vola- 

' ba uh plato desde la mano del anfltridn d la 
cabeza del criado; pero no cruz6 los aires 
m&s que esta frase con que el General nos 
explicaba su mansedumbre, despu6s de mi- 
rar compasivamente al gran Bodega: " A este 
bruto hay que matarlo 6 dejarlo.„ 
Servido el caf6, mand6 poner junto al bal- 

'€6n una mesita, y me hizo senas de que slli 
nos apartdramos para tomarlo juntos y so- 
los.. **Vaya— pens6 yo, — ahora me dird lo 
que resta, pues ya no tengo duda de que hay 
segunda parte. „ En efecto: no tard6elhom- 



154 B. PSRB2 aALD6s 

bre en explicarse. Ved aqut c6mo; "Pues 
hay conspM*aci6n, polio , por mds que usted 
no se entere^ bien de lo que se habla en su 
casa. ^No va usted por la de Socobio, Satur- 
nine? ^No frecuenta usted la de Socahipv Se-^ 
rafin, que hoy vive en las habitaciones altas ! 
de Palacio?„ Dfjele que muy rara vez voy yo f 
a esas casas, y siempre de visita, acompana- 
do de mi mujer, a lo que el replic6: **Pues 
en este mal negocio anda, como portadora de^ 
recaditos y de instrucciones, una seftora 
que... BO es otenssi, polio... una senora que. 
segtin ptiblicos rumores, ha tenido y tiene 
aifristades mtimas con usted. „ Al oir esto 
me turb6 un poco. Si se referia el General a 
Eufrasia, podia ser verdad que esta sefiora 
conspirase; mas no lo es que tenga conmi- 
go las concomitancias de hecho que el vulgo 
supone. 

."^Qu6 senora es esa, mi General? Gm> 
que a usted le han informado mal. 

— ^La de Terry, hijo..; jSi es mds conoci- 
da que la ruda! . . . ^Pero se hace usted el no- 
vicio, 6 cree que yo lo soy?. . . 

— Yo lejuro que... 

— ^^Pero es de veras?... Vamos, ahora que^ 
es usted hombre de arraigo no quiere poner- 
se d la altura de su reputaci6n . ^ 

Le cont6 ingenuamente el case, mi amor 
por Eufrasia, mis largas esperas, y por fin, 
mi retirada honesta al campo de la fidelidad 
conyugal. No me crefa. Kiendo me dyo: 
"jPamplinoso!... Pues quien lleva el alzau 
y baja de estos enredos me habia asegurado 



NARVABaS 156 

que no era usted solo... porque esa no esta 
nor exclusivismos, ^sabe usted?... Es de 
las de ancha base^ porno el Ministerio que 
quiere Pacheco, doiide entren todos... Otra: 
jkambi^n oi que se jacta de hiaber hecho la 
boda de usted. " , 

—No es cierto, mi General,— -respondi, 
molesto de tener que dar tales explicaciones. 

— Ahora resulta que este polU) cdndido 
y honesjo no se entera de nada. 3N0 sabe 
tampoco que Eufrasia y una tal Rafaelita, 
hya de uno que fu6 jefe politico en tiempo 
de Espartero, son los correos de gabinete 
que Uevan d la casa de Sooobio y al pala- 
cio de usted las 6rdenes de otra casa mds 
grande? 

—No lo sabia, mi General. 

— ^Y tambi^n ignora que 6sta y otras an- 
dan ahora continuamente entre curas? 

—He observado en esa, como en otras 
»m]j:as mias, un furor de moda religiosa, y 
demasiada querencia de los altares, sacris- 
tfas y confesonarios, 

— La manchega y su editor responsable, 
Socobio, conflesan ahora con el Padre Ful- 
gencio- 

— S6 que felescolapio es muy amigo de esa 
lunilia. 

— Pues siento mucho que no se haya usted 
arreglado Qon esa senora, pues de usted pen- 
8aba valerme para hacer entender, tanto a 
la Euirasia, como &.la Rafaela. .,„ 

Detiivose y lan26 un terno de los garrafa- 
les acompanado del destello iracundo 4^ sua 



166 B PB.IS! . '^AL 'OS 

ojos, y seguido de esta explosion: **Como 
.;me llamo Narvdez, que no quisiera mbrirme 
«in coger un barco viejo, de los m4s viejos 
que tenemos en los arsenales, y Uenarlo de 
estasbeatas... y mandarlo bien abarrotado 
, de ellas. . . ^Que Canarias ni qu6 Pilipinas?.. . 
id las islas Marianas!,, " 

Dando un golpetazo en la piesilla, levah- 
t6se repitiendp: "ja las Islas Marianas! „ Re^ 
corfid una y otra vez la estancila, corajudo, 
apretando las mandibulas y mascando el ci- 
garro, y sus labios escupian el nombre de 
aquel remoto archipi^lago: "Marianas.,. Is- 
las Marianas... „ 

Pasado.lo mds vivo del arrechucho, volvi6 
d mi lado y prosiguio asi: "^Tienen algo que 
echarme en cara como jefe de un Gobierno 
que estd obligado, como todos, d mirar por 
los intereses eclesiasticos? Hablo de intere- 
ses, porque de Pe y de Principios no hay que 
Iiablar, que catolicDs el que mas y el que me- 
nos^ samos todos aqui. ^No he mandado un 
ej6rcita a Italia para restaurar d Pio IX en 
sus Estados, que le birlaron los demagogos 
* de Roma? ^No estoy dispuesto, luego que el 
Papa recobre su Silla y en ellia este bien se- 
guro, d tratar con 61 del nuevo Concordato, 
cediendo en todo, y haci^ndolo d gusto de 
nuestras reverendas beatas, y de nuestros 
venerables obisp6s, y de nuestros conveni- 
dos de Vergara, y de nuestros apreciabilisi- 
mos Gompradores de bienes del Clero?... No 
me digan d mi que estos quieren el R^gi- 
men: en esa intriga no hay mds que Carlis- 



\ 



NARVABZ 157 

moj Montemolinismo... Parece que aqui to- 
dos estdn locos... locos los de abajo, locos los 
de arriba y los de mds arriba... Cr6alo usted: 
& veces, metldb yo en mi mismo, me pregun- 
to: ^Pero ser6 yo solo el cuerdo entre tanto 
tocado, y mi papel aqui es el de rector de un 
manicomio?... jEspaftay los espafioles! jVa- 
ya una tropa, compadre! Aqui, el Gobierno 
no halla dia s^uro; aqui es imposible acos- 
tarse sin pensar: ^qu^ absurdo, qu6 dispa- 
rate nos caera mafiana? Y se da usted & dis- 
currir cosas raras, y nunca acierta. Mil ve- 
ces me digo yo: ^tendrdn raz6n los andr- 
quicos? jPorque mire usted que tenemos co- 
sas, carape! El que invenW el Uamar cosas 
de Espana a todos los desatinos que da de sf 
esta Naci6n, ya supo toque decia... Y aqui 
no se puede gobernar porque nadie estd en 
su puesto, nadie en su obligacidn y en su 

SapeI,.sino todo el mundo en el papel delos 
em4s. Como que hay quien conspira con- 
tra si mismo, si, no lo dude usted, quien se 
entretieneen destruirsu propia casa... la- 
brada, Dios sabe c<5mo, con esiuerzos... que 
me rio yo...! jAy, polio! usted no es militar, 
usted no ha hecho la guerra, peleAndose con 
otxos espafioles por un siy.un no; usted no 
se ha metido hasta la cintura en rios de san- 
gre. .^Y todo para qu6? Para que & la vuelta 
de algunos afios de lucha y de otros tantos 
de celebrar la victoria con himnos y lumina- 
rias, nos encontremds como el primer dia... 
ni mds ni menos que el primer dia, creyen- 
do, como antevS se crey6, que puede venir el 



158 B. PBRSZ OALD68 

Zancarr6n, y que aqui no h^ pasado nada... 
Lo que digo: todos locos.. .„ 

Comprendi que el General, 6n esta fami- 
liar y quiz^ indiscreta expansi6n de su 
inimo, sdlo mostraba una minima parte de 
su pensamiento. Oy6ndole por primera vez 
en mi vida, pareciame ver en todo su desa- 
rrollo la procesi6n que le andaba por dentro. 
Aeord6me de un concepto enigmdtico de 
Miedes, quQ asi dice con enrevesado estilo; 
"Gobernais atado de pies y.manos, con liga- 
duras palatinas, y os estorba el paso y el 
gesto la polvorienta madeja de supersticio- 
nes, 6 de mfsticosescrilpulosque descienden 
de la altura como telaranas de los tiem- 
pes...,, Esta monserga del sabio atenzano, 
que copio de memoria sin responder de la 
exactitud de su fraseologia, ya no me pare- 
ce tan estrafalaria. , 

*Disp6nseme usted, ^oZZa, que le haya mo-* 
lestado — me dijo despu6s.— Y admitiendo 
que su dolninio sobre esa viborilla de la So- 
cobiono es como crei, bien podrd valerse de 
algdn medio, como su pretendiente y adora- 
dor que fu6, para persuadirla de que ella y 
su aniiga la Milagro corren el riesgo de salir 
^n dia codo con codo entre guardias civiles. . . 
No es broma, no. . . Yo soy capaz de eso. . . Que 
me busquen el genio y verdn... Las contem- 
^placiones tienen un limite. gobierno como 
se debe gobemar, <5 me voy 4 mi casa. Tener 
fama de duro y no serlo es- gran tonterla. 
Exigirme que Ueve & todoel mimdo derecho, 
ir yo mds derecho que nadie^ y que se me 



NARVABZ 159 

iueraan los que & todos deben darnos ejem- 
plo, es fnerte cosa...„ Algo mfe entre dien- 
tes dijo que no pude entender. Hdllase, sin 
duda, estos dias atormentado por la tenaz 
Aprensi6n de que no le permiten desplegar 
^guno de su^ capitales atributos. no le de- 
jan ser thur, que es como decir buey (fuerte), 
6 no le dejan ser duluth (liberal), 6 le estor- 
ban sistemdticamente para dar al mundo la 
feliz.combinaci6n de ambas cualidades. Saco 
de la entrevista la impresion de que es un 
hombre de tanta voluntad como inteligencia; 
pero le falta el resorte que hace mover con- 
•certadamente estas dos preciosas y funda- 
mentalefe ptezas del mecanismo animico. 
' ^Y c6mo puedo yo explicarnie que vi4n- 
dotne aqueldia D. Ram(3n por primera vez, 
-dejara traslucir ante mi una parte, siquier 
pequena, de sus amafguras politicas? Lo ex- 
pliooy razono por mi insigniftcancia, porque 
niattca fu6, segfln^ mil veces oi, tan hdbil en 
disimular sus agravios como expresivo en 
-arrojailos a la cara dfel primero que 16 sale. 
Trataiido conmigo de un negocio de espio- 
naje, sin quererlo, abandonandose & laslnce- 
ridad, se le fu6 un poco la mano, y coma el 
velo que tapaba el asunto privado estaba 
unido por invisible alfiler al velo del ptibli- 
<co asunto, vf mfc de lo que el General que- 
ria que viese... Si no hubiera nombrado al 
Padre Pulgencio, nuestra cpnversaci6n no 
habrfa salido de los t^rminos dela gacetilla; 
peso en un deseuido de su boca andaluza, 
movida siempre de la imaginaciiin y harto 



160 B. IBUBZ GALOds 

abundante en amai^a saliva, escupio al 
fraile (i quien sin duda no podia tragar), y 
desde aquel momento lo que s6lo habfa sidc^ 
gacetilia fu6 Historia... Historia no frfa y 
colada como la que pasa & los libros, sino 
viva y caliente como la sangre de nuestras 
venas. 



XVI 



31 de Mayo. — Asistido de mi excelente- 
memoria pude contarle 4 Maria Ignacia los 
varios incidentes y dichos de mi conferen- 
cia con Narvdez. No se contuvo mi mujer 
en el asombro que tan interesante visita de- 
bla de causarle, sino que se divirtid grande-^ 
mente oy^ndome jeferir los pasajes c6micos^ 
y se ri6 con ellos como en la representaci6n 
de un graoioso sainete. "Por lo que cuentas. 
—me dijo,— pienso, como tii, que le falta uu 
resorte, y es iastima que un hombre de tan 
buenas prendas no las tenga completas y 
bien ordenadas. Pero se me ocurre una cosa,. 
Pepe. Dios le neg6 A D. Ram6n el resorte 6 
clavija para concertar la voluntad con la in-^ 
teligencia; pero le ha concedido 4 Bodega^ 
c[ue viene d ser como clavija suplente, que 
nace las voces de la que falta. Me parece & 
mi que Espafia estarfa gobemada con per- 
fecci6n si el Duque fuera eiecutor de lo que 
pensara y dispusiese el Bodega... ^No crees. 
ttl lo mismo?j» 



naryIbz 161 

Hablamos aquella noche y al siguiente 
dia de lo que Narvdez Uamaba conspiraci^ft 
en casa de EmparAn, y convinimos en que 
si no formal conjura, hay un exceso de co- 
midUlas que pueden ocasionar algtin dis- 
gusto. Me aa dicho Ignacia que delante de 
ella suspenden la conversaci6n 6 varian de , 
tema. Como en mi presencia no se habla 
tampoco de Narvdez y sus Ministros, resul- 
tamos mi mujer y yo en una especie de ais- 
lamiento politico dentro de la familia. Don 
Feliciano, en puridad, parece curarse poc« 
de las hablillas de sus amigotes, 6 no les dt 
importancia real, como hombre que Uegado 
al colmo de sus ambiciones, bien cubierto el 
rin6n, vive persuadido de que con unos y 
con otros siempre ha de estar d flote. Que 
personalmente no patrocina ayenturas, biea 
a la vista estd. Es absolutista furibundo, ci- 
mentado en el pedernal de la religi6n, m4e 
que por la pura fe, por la tenaz creencia de 
que las artes de Gobierno se derivan del dog- 
ma, y de que la potestad civil y la divina son . 
dos brazos de un solo cuerpo. A pesar de esto 
no se lleva mal con lo existente, ni apetece 
variaciones que podrian traernos un estado 
por. Su gran riqueza es la consejera de su 
inestabilidad, y le inspira el prudente siste- 
ma de poner toda cuesti6n polltica en ma- 
nos de Dios. "A lo que el Senor disponga 
debemps atenernos— es su lema. — Ni se 
mueve la hoja en el drbol sin la voluntad 
celeste, ni los titulados gobernantes dispo- 
nen cosa alguna que no venga de lo alto.» 

44 



164 B. PBESl OikLD3s 

precauci6a que ponerse la mano en la boca^ 
en el momento de darlo 4 luz. Ni es tampoco 
viejo, sino asi, entre-joven; ni es sucio, Pe- 
pe; antes bien, me ha parecido que se rocia 
la sotana con aguas olorosas. . . Como lo oyes: 
no te rias. Su rostro es mds bien guapo que 
feo, dentro del tipo de guapeza propio de 
curas, que es muy distinto de la hermosura 
de hombres... ya me entiendes. Losojosson 
negros y listos, la tez bastante morena, y el 
habla... jay, Iiijo! el habla fu6 lo que mas 
me sorprendi6, pues nosotros nos lo figurd- 
bamos con una voz muy bronca, como de: 
castellano cerril 6 vizcainote medio salvaje, 
y resulta que es andaluz, que cecea un po- 
quite, ycon su miajita de gracia^aquel. 
No habl6 mas que de temas de religion pura, 
sin mezcla de politica, y de personas reli- 
giosas. jAIi!... se me olvidaba lo mejor: mis 
tias le preguntaron por tuhermana... Sabras 
que de Talavera tratan de mandarnosla otra 
vez aca, porque no le pruebaaquel clima, ni 
las franciscanas de Madrid se pueden pa- 
sar sin su dulce compafiera. Vuelven toaas^ 
las palomas dispersas a juntarse en su ni- 
do. . . i Ay ! si yo fuera Reina, si yo fuera Nar- 
vdez y Bodega reunidos, ^sabes lo que haria? 
Plantar en la calle d todas las monjas, y su- 
primir la vida de claustro. La que quiera 
dedicarse d rezar por los pecadores, que rece 
en su casa. jMira que Uamarlas esposas de 
Jesucristo! iQu6 indecencia! ^Cuando tuvo 
el Redentor esposas, ni ment6 para nada es- 
tos casorips? ^Ni qu6 falta le hacen & Dies 



narvAbz 165 

«stos coros de Vfi^enes flatulentas, aburri- 
<las y desaseadas?. . . ; Ay, si mis tfas me oye- 
ran! Creerian que me he vueltoloca... Pues 
^giin dia, cuando yo acabe de perder la 
•vergtlenza, pues hasta hoy no lane perdi- 
•do mds que para ti, les dir^ que el Seiior no 
puede estar conforme con tanta virginidad, ^ 
ni estimar & las doncellas mis que & las ca- " 
«adas. jA d6nde irfa & parar la Humanidad 
«i todas nos qued^emos para vestir imige- 
nes! pNacen 6 no nacen las criaturas? Pues 
•si nacfemos, claro es que tiene que haber 
madres, jy lo que es madres virgenes...! No 
«e sabe mds que de una, Maria Santisima... 
Oon que, sin mamds y papAs, ^c<5mo ha de 
liaber mundo y personas?. . . Pero dejemos es- 
to, y sigo contdndote que el Padre Fulgencio 
(tom6 chocolate, no sin hacer antes mucho's 
•repulgos con su boquita, los cuales no aca- 
baron hasta que entr6 mi tia Josefa con la ji- 
-cara y boUos, diciendo: "Hdgalo por peniten- 
^ia, radre, y si es exceso, carguelo d nuestra 
<;uenta.„ Bueno: pues ni Ig. mds ligera alu- 
si6n d las cosas de que hemos hablado nos- 
otros, hizo el escolapio, aereditdndose asi de 
hombre ladino. Si yo no hubiera estado pre- 
sente, jsabe Dios...! En resumidas cuentas, 
el D. Fulgencio no me result6antipatico. fil 
sera un peine, como dicen que dijo Narvaez 
en casa de la Generala C6raova; pero lo que 
es en visita, nadie vera en 61 mds que un po- 
bre gazndpiro correctito, bien criado, insig- 
niflcante. Sefu6 d las seis, repitiendo sus pld- 
cemesycucamonas al despedirse de ml.^, 



166 B. r^HEZ GALDlIt 

La visita del famoso escolapio s51o sim6^, 

' para que Maria Igaacia conociera tsu fecha, 

modos y habla dengosa. De lo interno n'ida. 

"Pu6— me dijo, expresando grdftcamente lo 

inconipleto de su observacidn, — como si me: 

{^resentaran un libro de Historia escrito en . 
engua desconocida y con Qstampas. No 
comprendf nada del texto. Content6me cou 
ver los monigotes.„ 

4 de Junio.—A mi viene ml minca bas^ 
tante ensalzado suegro, y me maniflesta qu& 
ser6 pronto diputado en elecci6n parcial. 
Aunque harto estaba yo- de saber lo que se^ 
urdfa, hfceme de nuevas^ para que' el seflor 
de Empardn pudiera darse el lustre de sa 
proteccWn y«de mi agradecimiento. Desde^ 
Abril venia mlhermano Asrugtfn trabajan- 
do d la calladita con el Conde de San Luis- 
este negocio, y elegida entre las dos vacan- 
teB la de Tolosa, no necesit6 mis el Gobier- 
no para ver en mf Una flnnfsima celumna* 
del R6gimen. A,flnes de Mayo, solo faltiba 
el exequatur de los cacicones, diputados por 
Vizcaya, Guipiizcoa y Alava, que poseedo- 
res de toda innuencia en las tres provincias, 
tienen hecho un pacto fraternal con vises 
de mas6nico, por el cual mandan ellos solos, 
dentro de aqdel pais, con cierta indepen- 
dencia del mangoneo ministerial. Para obi- 
tener el pase 6 conformidad de estos reye^ 
zufelos de taifa, solicit6 mi hermano la me- 
diaci6n de mi suegro, segiin 6ste me dijo ai 
referirme las diflcultades vencidas. Habl6^ 
pues, con D. Pedro Egafta y D. FjBanci8c<> 



NARYAfiZ 167 

Hormaeohe, con el medico Sdnchez Toca y 
D. Pormfn Lasala^que representan los dig* 
tritos de Vitoria, Guernica, VeiTgara y San 
Sebastito respectivamente, y si en los dos 
tiltimos hall6 excel en tes disposiciones en fa» 
vor mfo, los primeros se le pusieron de ufias, 
y hubo de sacar el Cristo de su amistad y de 
su arraigo en Guipiizcoa para que me tra- 
gasen y digiriesen. Debo advertir que tarito 
el Sr. Egafia como el Sr. Hormaeche son ca- 
bezas de pedernal, y tan extremadamentd 
celosos de la conveniencia y franquicias de 
aquellos pueblos, que 4 todo las anteponen, 
y s61o & la defensa de esta particulariaad es* 

Saflola se eonsagran. Por esto, m4s que de 
iputados tienen, segiln la gente dice, traza 
de embajadores, que como tales proceden, y 
como tales cobran. Mi buen padre politico 
cuida mucho de hacerme comprender que su 
noble pais me acepta, no por mi nombre, que 
allf nada significa, sino por el nombre ad- 
yecticio que me ha dado mi matrimonio, y 
por el sonoro titulo vasco de Beramendi. 

Mi mujer y yo, aue en las nociies pasadas 
divagamos acerca ae este asunto, ri^ndonos 
de las^Cortes, de los electores de Tolosa, y 
de los discursos que tengo que pronunciar 
defendiendo los fueros, acabamos de poner- 
! noa en solfa con esta metamorfosis de mi 
nombre en el pensamiento tolosano, pues 
no soy quien soy, sino un yerno, al que se 

Ega la etiqueta.de un marquesado. Nos 
ce muchfsima gracia lo que anoche mis- 
mo nos oont6 San Rom&n. Pr^untado Nar- 



168 B. PBBBZ OALDOS 

I^dc2 por el candidate nuevo, y no acordin* 
dose de mi apellido^ sali6 del paso asi: 
^^^Candidato por Tolosa? El polio ae Empa- 

, XVII 



6 de Jwmo.— Obligado & reflejar en estos 

Sapeles, con mis particnlares andanzas, algo 
e lo que anda 6 corre en torno mio, dir6 
que la expedici6n que hemos mandado & 
ftalia en socorro del Boberano Pontiflce con- 
tiniia moviendo la opini6n y dando mucha 
que hablar. Consid^rase afortuDMdo todo 
siquel madrilefio que puede mostrar una car- 
ta de Eeina, de Est^banez CaldertJn, de Ler- 
»undi 6 de Atteche, describiendo la marcia- 
Idad y gallardia de las tropas en el acto de 
yecibir la papal bendici6n, y manifestando 
las ganas que tienen de batirse y aca volrer 
oargaditos de laureles. Sobre este particu- 
iar, ml buena madre ha escrito & Maria Ig- 
nacia lo que 4 la letra copio, reflejo del popu- 
Jlir sentimiento: "Y de la Cruzada que ha- 
%4is mandado d Italia para reponer al Papa 
en su Silla, no te digo mis sino que me pa- 
s6 la tarde Uoriqueando; tal efecto me Uizo 
el relato que trae el peri6dico de la bendi- 
©i6n de Su Santidad d las tropas, cosa gran- 
ile, hija, cosa sublime, qu-e d todos losespa- 
ioles debe llenarnos de satisfacci6n y jti- 
^ilo. iQu6 mds podian ambicionar nuestios 



NARVABZ , 169 

Tnilitares? Me los figuro looos de alegri a, de« 
«eahdo que les den la voz de fuego y de ata- 
que, para no dejar tftere con cabeza, y dar 
•cuentia de toda esa caterva de andrquicos, 
infleles y repHblicos que le han usurpado al 
Pontfflce su bendito reino. Digo yo que si los 
soldados espaftoles hari sido y son de suyo ,^ 
valientes, como hijos, hermanos y sobrinos ^ 
•del Cid Campeador, y no han menester de 
bendiciones del Papa para veneer 4 todo el 
mundo, ahora que les cae tan de cerca y co- 
mo de primera mano el rocfo celestial, su 
-arranque y brios ser^n tales que no habri 
poder humano que les haga f rente. El car- 
tagin^s y el romaho, el celtfbero, el godo y 
•el sarraceiio de que nos haMaba el pobreci- 
to Miedes, que de Dios goce, serfan ahora 
nifios de teta delante de nuestra milieia. 
Pienso que cuando 6sta leas, querida hija, 
feabrdn llegadQ & Madrid noticias de alguna 
tremen'd'a batalla en que no queden ni los 
rabos de los Garibaldis y Mazzinis... Ya es- 
toy viendo al granPio entrando triunfalmen- 
te en Roma en brazos de los Cordovas y Ler- 
«undis, que ahora son los caballeros 6 paladi- 
nesdeDios... Hemes de consagrar, hijitadel 
alma, nuestro sufragio y nuestras oraciones & 
los pobrecitos que han de morir, pues muer- 
tes habrd, que ellas son inseparable calami- 
dad de las guerras. Y no es bien que nos me- 
tamos en averiguaciones del por qu6 permite 
Dios peleas sanguinarias entre los hombres, 
pudieudo arreglar las cosas con s6lo su que- 
rer. Trat^dose ahora de poner en su Silla al 



170 B* PRRBZ QALDdS 

que es Vicario del mismo Dios, parecfa nata* 
ral que Oios^ en este caso juez y parte, dispu-^ 
siese hacer polvo & los males sin sacriflcar la 
vida de los buenos. Pero jay! la semejanza 
de esta campafLa por la Fe con las comunes^ 

auerellas entre naciones, mds debe maravi* 
arnos que confundirnosj pues lo que hay 
es que Dios abandona su causa d los huma^ 
nos, y es grande orguUo que sea Espalia la 
que ahora pelea por El.., la estoy viendo^ 
hija mla, los beneflcios que van & llover so- 
bre nuestra Naci6n por esta Cruzada. En 
premio de haber salido d su defensa, el Se^ 
fior nos dard la paz en todo lo que resta de 
siglo, y si me apuras, por el que viene; y d 
nuestra Reina piadosa colmard de venturas^ 
y al Key muy plo otro tanto, y les concede- 
rd numerosa y masculina sucesi6n para di* 
cha del Beino; y entre todos los Ministros y 
magnates que hab6is dispuesto la Gruzada 
repartird feiicidades, buenas cosechas, suer* 
te en los h^ocios y demds cosas buenas. 

Hija muy amada, ya espero todos los dfa» 
la noticia de tu alumbramiento, y lo veo tan 
feliz que mds no puede ser. Dios y la Santf- 
sima Virgen te asistirdn. Y como Pepe m^ 
ha dicho qile me mandard la noticia por el 
tel^rafo del Gtobierno, no hago mds que mi- 
rar d la torre que tenemos en el alto de Bai- 
des d ver si hace alguna garatusa con las 
bolas... Yo no lo entiendo; pero como el te- 
legraflsta D. Le6n Preclado me ha promett* 
do que me comunicard la noticia tan pronto 
como llegue, en 6\ descanso, y no hago mdft 



I 



nabyXkz 171 

u© pedir A Dios que te d6 un buen cuarta 

ie hora. Supongo que eii estos dias estard$ 

muy molesta,.. Ll6valo con paciencia, nina 

. mfa, y no dudes de la completa felicidad del 
suceso. Ver4s pomo no me equivoco en lo que 
te anunci^, y para que no lo olvides y cobres 
animo, te lo ;:epito: Tendrds hijo var6n, tan 

I robusto y sanote que si te descuidas la era- 
prenderd coiftigo dbofetadas, & poqulto de 
nacer. Serd tan guapo que las taiuchachas^ 
en su ^a, se volverdn locas por 61, y sacari 
todo el talento de sut padre, y todita tu bon- 
dad, tu prudencia y tu gracia. Apiintalo, 
hija, para que veas que acierta y no be equi- 
voca.en un solo punto de estas adivinanzas 
vuestra araante madre— 2/f6ra(ia.„ 

12 de Junio. — Agustin y D. Felicianome 
notiflcan* que ya parieron los de Tolosa el 
embuchado de mi elecci6n. Me imagino los 
terribles incidentes del acto, tantas flrmas 
en el Ayuntamiento como colegios electo- 
rales componen el venturoso distrito, des- 
canso de las urnas, que no habrdn tenido 
que indigestarse de papeletas, algunos va- 
sitos de sagardua empinados a mi salud por 
los muflidores electorales de cada barrio, y 
luQgo un acta mds limpia que la cosa mas 
limpia del miindo, la cual es, segtin el gra- 
cioso Marques de Albaida, mi amigo, el bol- 

'sillo de los contribuyentes. Aunque tengo 
bien aprendida mi leccidij politica, me aS- 
vierte Agustin que estoy obligado & votar 
siempre con el Wobierno, salvo en alguna 
cuesti6n vascongada que pudiera surgir, j 



172 B. PBRBZ GALDdS 

-en caso de disidencia, votar con Sartorius, 
<5omo flel parroquiano de su iglesia. . . No pue- 
do seguir. Me llaman de mi casa. Ya me ngu- 
ro... Ahnndono mi con fesonario, labibliote- 
ca del Congreso... 

15 de Junio. — El dia 12, d las tres de la 
tarde, salid mi mujer de su cuidado con fe- 
licidad y presteza, que parecieron maravillo- 
sas al proplo Corral. Segiln 6ste, que presi- 
dio el acto en nombre de Esculapio, y mi 
suegra, que al mismo Uevaba su conocimien- 
to prdctico y el maternal carino, no se ha vis- 
to alumbraniiento mds fdcil y espontdneo, 
ni primeriza mds valiente, ni criatura mds 
desahogada que la que Dios me ha dado por 
hijo. Sus primeros berridos revelaron un ca- 
rdcter impetuoso, dominante, aue no admi- 
te objeciones d su potente albeario. Mi sue- 

fra observe que cuando lo fajaban despu6s 
e lavarlo, daba manotazos como un atleta 
del circo, y que su robustez es lo mismo que 
la de un aguador. Mi mujer dice que es muy 
pillo, y que le da unos tremendos estrujones 
con aquellas manazas. No necesito contarle 
d la Posteridad mi satisfacci6n, mi orgullo» 
mi gratitud d Dios, omnipotente y pr6vi- 
do; ni afirmar que se centuplica el carino . 
d mi mujer por los extraordinarios bienes 
que me ha traido, entre ellos la inefable di- ^ 
cha de ser padre, cabeza de familia, dicha 
que las redondea y resume todas, asi las 
espirituales como las del orden social, asi 
las que tienen su raiz en el coraz6n como 
las que extienden por todo el ancho cam- 



NARYAEZ 17S 

po de la vida sus lozanas ramiflcaciones. 

Tres dias he permanecido junto & Maria 
Ignacia^iin separarme de ella un instante, 
platicando del chiquillo y de lo bravo y ja- . 
carandoso que viene. Bien quisiera criarlo, y 
asegura que le sobra lozania para ello; pero^ 
los abuelos y yo entr^amos el heredero de r 
Empardn d la opulenta ubre de una de las 
dos amas alcarrenas enviadas por mi ma- 
dre. No debe exponerse mi esposa & los pe- 
ligros y pejigueras de la lactancia, ni ello 
estaria, como dice mi suegro, en armonia 
consuposicidn.,. 

Si hoy he tenido que abandonar mi grato 
puesto de honor y de alegria junto & Maria 
Ignacia, d^bese al enfadoso deber de jurar mi 
cargo en este maldito Teatro-Congreso. Tres 
df as ha, me estren6 de padre de familia; hoy Y 
me estreno de padre de la patria. Una vez; 
prestado, con la debida solemnidad, de ro- 
dillas, la mano sobre los Santos Evangelios^ 
el juramento que conflrmaba mi investidu- 
ra, pas6 4 sentarme en los escanos, prestan- 
do voluble atenci<5n al rezo perezoso con que 
aquellos sefiores, mis compadres de la pa- 
tria, en corto ntimero alll reunidos, exami- 
naban y discutian los Aranceles de Adua- 
nas; y fu6 tal mi embeleso ante tan entrete- 
nido asunto, que habria caido en profundo 
sopor si no escapara del saWn, buscando 
mayor amenidad en el de Conferencias, an- 
cho vestlbulo de lo que ha de ser teatro. Alli 
me encontr^ t mi caro amigo Federico Va- 
hey, diputado por V61ez-M61aga, el hombre 



174 B. PRltKZ galikSfi 

-de mejor sombra de este Congreso, el que 
<5on sus oportunidades y agudezas ameniza 
las sofiolientas pdginas del Diario de las Se- 
stones; y sentindome con 61 en un div4n 
exc^ntrico, pasamos revista al nutrido per- 
gonal de periodistas y diputados que allt , 
buUfa. Despu^s de apurar graciosos comen- 1 
tarios de aquelvano tumulto, y de trazar 
con fdcil palabra retratos breves de ^ste y el 
otro, dijome Vahey que Ueva una exacta es- 
tadfstica de los representantes del pafs que 
gastan peluca, los cuales no son menos de 
aiez y siete. Con disimulo me los designa 
en los grupos pr6xinios, sin cuidado en los 
distantes, para que yo aprecie la variedad de 
<;olor y estalo de aquellos capilares artefac- 
tos, que tapan calvas veneraoles. La prime- 
ra peluca que me hace notar es la de Pas- 
•cual Madoz, rubia y con ricitos, como las 
que las beatas suelen poner & San Rafael 6 
al Angel de la Guarda; veo y examino des- 
pu63 la del Sr. Maresch y Ros, diputado por 
Barcelona, excelente persona, de notoria 
honradez y trato muy afable, mas de un 
gusto marcadamente cataldn en la dis.posi- 
ci6n de sus pelos postizos. Muy bien hecha y 
ajustada, hasta parecer cabellera de verdad, 
es la falsa de Martfnez Davalillo, represen- 1 
tante de Santa Coloma de Farn6s; pero no 
puedo decir lo mismo de la del Sr. D. Joa- 
quin L6pez Mora, de un gris polvoroso, y con 
bucles que parecen serpientes; ni merece me- 
jor critlca la del Sr. Ruiz Cermefio, repre- 
«entante de Ar6yalo, que parece de bojas se* 



naevAbz 175 

eas. Pero despu^s de bien vistas y examina- 
4ias todas, asignamos el primer premio de 
iealdad & las que ostentan los dos nermanos 
Ainaty Funes, el uno diputado por Pego, el 
otro no s6 por d6nde, las cuales, sobre ser 
mayores que el natural, imita^ en su berme- 
pa color tirando d rucia, las greflas'del le6n 
viejo del Retiro. Ved aqul en lo que nos en- 
tretenlamos dos descuidados padres de la pa- 
tria, novel el uno, corrido y desengaflado el 
otro. 

No quise volverme & casa sin echar otra 
ojeada al Sal6n de Sesiones, por ver d qu6 
alturas andaba la divertidisima cuesti6n de 
Aranceles. Ante una docena de diputados 
sofiolientos, hablaba un'orador de alta esta- 
tura, ya viejo, de bella flsonomia y cabellos 
blancos naturales, vestido con luenga levita 
de corte ingl6s, muy elegante, la palabra tan 
pronto atropellada como premiosa, el gesto 
vivo, tendiendo con facilidad d descompo- 
nerse. Era MefadizdbaL 

En el momento de mi entrada en el Sal6n, 
decia: "Yo, sefiores, repitiendo lo que ayer 
tuve el. honor de manifestar al Sr. Infante, 
soy partidlario del libre comercio; pero no 
desconozco que en espera de tiempos mejores, 
hemes de conceder d nuestra industria una 
protecci6n prudente...„ Despufe semeti6en 
un laberinto de cifras, en el cual no pude 
seguirle. Entendl que hacfa estudio compa- 
rativo de la fabricaci6n algodonera en In- 
glaterra y en Catalufia. En el Banco N^ro» 
4 de los Minlstros, s61o estaba el Sr. Mon/ 



176 B. PiftBZ 6ALD6S 

con benevolo cansancio, mirando al oradofr 
y denegando alguna vez con signoB de cabe- 
za, 6 cop. un sonreir bonachdn. En el banco* 
de la Comisi6n, habfa dos individnos, el S6- 
fior Amblard y otro que no conozco (me pa- 
rece que era el Sr. Barzanallana, pero no* 
puedo asegurarlo), ambos de braces en el 
respaldo delantero, 6 sea el Ministerial, en 
actitud de hastlo:^ntre los diputados que 
escuchaban al oraror vf & Gonsalo Mor6n, 
que d todo atiende, de todo habla y en todo 
ha de lucir su ingenio fecundo; Sinchez Sil- 
va, que no pierde ripio en las cuestiones de- 
Hacienda; Madoz, que entr6 poco antes que 
yo, y D. Alejandro Olivan. Los demis, como 
el gotoso Sr, Alvaro, director de Aduanas, j 
el Sr. Canga Argiielles, que, segtin creo, es. 
director de Fincas del Estado, dormfan una 
siestecita 6 escribfan en sus pupitres. Dettl- 
veme un rato, atraido de la familiar senci- 
Uez de aquel cuadro que me parecid interc^ 
sante, y no pude menos de contemplar con 
tanta tristeza como admiraciiin al hombre de 
voluntad atl^tica, que expresaba su pensa- 
miento rodeado de un silencio tedioso y de 
una desatenci6n lijgubre, ante unas cuantas^ 
personas que representaban & la generaci6n 
J neredera de la suya... Por flu, oi decir i 
^ Mendizabal tras un leve suspiro: " Y no sigo, 
senores diputados, porque el Congreso estd 
fatigado, con raz6n fatigado de este intermi- 
nable debate... y yo tambi^n lo estoy.„ Re- 
cogiendo con ambas manos los largos faldo- 
nes de su levita, se dobli} despacio para sen^ 



NARYAdZ 177 

tBurse. Como entonces le velayoporprimera 
vez en mi vida, me parecW que buscaba el 
descanso como todo aqu61 que cree haber 
becho grandes cosas. 

El Vicepresidente, Conde de Vistaherm^;- 
aa, & quien faltaba poco para descabezar un 
suefiecico, levant6 lasesidn. 

20 de Jwiio. — Ay ev volvi al Congreso 
porque era dia de Secciones y querian me- 
terme en una comision de importancia. Pue- 
ra de este motive, relacionado con mis altos 
deberes, vine por el gustillo de oir & 016za- 
ga, que habiaba por primera vez despu6s de 
su vuelta de la emigraci6n, y aunque el 
asunto en que habia de intervenir era la eno- 
josa y nunca terminada cuesti6n de Aran- 
celes, se crey6 que de esto toniarfa pie para 
un discurso politico de sensaci6n y buUan- 

Sa. Hubo, pues, plena entrada y concurso 
e gente polftica 6 de aflcidn, y las tribunas, 
que aqui son palco8» se habian llenado dos 
boras antes de la hora reglamentaria. Ya 
despute de las cinco enii»ez6 el c^lebre agi- 
tador progresista su discurso, que como re- 
t6rica parlameniaria me pareci6 admirable, 
oracidn capciosa en que los derechos de Adua- 
nas eran un p^rfido artificio combinado con 
arte sagaz para producir gran oLsnia y con* 
' fusi6n en la inquieta mayoria. Gracias que 
el Qobierno anduvo listo y acudi6 con reme- 
dios oportunos A^componer el cotarro. Ter- 
minado todo con menos rebuUicio de lo que 
se esperaba, no pude consagrar el restu de la 
tarde al recreo de mi confesi6n, porque sd 

41 



178 B. pian GALods 

«se a;traTes6 inopinadamente una eyentnali- 
ii4 ^ue no s€ si llamar feliz 6 adversa, y 
fne aebi6 de ser obra de un diablillp chan- 
cero, & juzgar por la extrafia mezcolanza de 

. aurpresa, sobresalto y alegrfa que ante ella 
KiitL No habia concluido D. Salustiano su 

ipcrorata, cuando un ngier me entreg6 un 
yapelito enviado desde las trlbunas. Era de 
Tmasenora que me suplicaba subiese & veria 

•«ies de que terminara la sesi6n. Leer la 
csquela, alzar la vista hacia el palco frontero 
y Tcr & Eufrasia, que en aquel instante me 
Buiaba risuefla, llevdndose & la mejilla su 
)rf)anico cerrado, fu6 todo uno. No habfa es- 
cape. ^C6mo eludir, sin pecado de groscrf a, 
vs reclamo tan halagtieno? Pens^ que algtn 
tfunto mds im porta nte para ella que para 
ni queria comunicarme la sefiora de Soco- 
IsjOr y con eteta idea tom6 la resoluci6n de 
«ceder d su ruego; asf, en cuanto 016zaga 
te sent6, levant^me yo, y al palco me fui de- 
jccho. Sali6 d mi encuentro la dania, y en 

. f] antepalco, que es de los mayores en este 

wliBrbio ediflcio teatral, ful recibido sin ce- 

rcmonia, ambos en pie porque no teniamos 

. iosde sentarnos. Como las demds seftoras no 

se habian movido de su sitio, atentas d la 

- wspuesla que daban & 01(5zaga los oradores 
ifela eomisi6n, pudimos hablar lo que flel- 
«eBte copio. 

^Ante todo/amigo mio, abrausted de par 

«2 par su alma para recibir mis enhorabue- 

mWf Abrala mucno, porque si no, no cabeB. 

. Ya es usted padre; asegurada estd la su^e- 



KARYA8Z 179 

«i(5n de su casa y familia... Cr6alo: he tenido 
un alegr6n muy grande. Ya s6 que la madre 
J el nino siguen muy bien: 61 como un ter- 
nero, ella como una excelente vaca. Ya tie- 
ne usted todo lo que^deseaba: un hogar feliz, 
una posici6n independiente... Con lo que no 
•estoy conforme, es con que me le hayan me- 
tido en politica, tray^ndole d esta far^a del 
<]!ongreso. Porque esto es una mascarada, y 
• si no sirve usted para dar bromas, vale mis 
. -que se largue de aqui . „ 

Dyele que yo tomaba la politica & benefl- 
•cio de inventario, 6 con un simple fin deco- 
- rativo; que mi hermano Agustin y Sarto- 
rius me liabian dado la investidura, propia- 
mente asi Uamada porque era como poner- 
.4se un vestido elegante, 6 un lucido uniforme 
social. A esto respondi6 congracia: 

"El traje ha de resultar molesto para 
•quien se lo pone sin la mira de hacer el pa- 
pel6n. Esto es muy bueno paralos quebus- 
'Can el negocio; pero los que ya lo tienen he- 
•cho no vienen aqui mis que & servir de com- 
parsas... Vamos, no me mire usted tanto: 
<;reer6 que estoy hecha una visi6n. 

— Es todo lo contrario. La encuentro d us- 
ted guapisima. 

— Un poquito flaca. 

— Propiamente flaca no: con tendencias a 

ia estabilidad de formas, y d no engordar... 

En el rostro no hallo variaci6n: solamente 

los ojos me parecen mds grandes, mds sofia- 

. 4ores. . . 6 softolientos. . . 

— Pens6 que iba usted d decir que estpy 



180 B. PBRE2 0ALD6s 

ojerosa. Eso no: duermo perfectamente, y 
no lloro nunca ni tengo por qa6.„ 

Repar6 en su traje elegantfsimo, de batis* 
ta de Escocia chaconada, con flno dibujo ver- 
de musgo sobre fondo bianco; el sombrera 
de psLJa grnesa de Tf m^a, con lazos y flores de ^ 
tafetdn de los mismos tonos. El ajustado^i 
cuerpo en forma de blusa marcaba su inve-I 
rosimil4;allegentil, uni6n de las abultadad^^ 
zonas del seno y caderas. 

" Ya habrd us ted comprendido— prosiguid^ 
—que no le he Uamado exclusivamente para 
darle mis parabienes. Tenemos que haolar 
un poquito... pero aquf no puede ser. Cuan- 
do se levante la sesi6n, v^ngase & dar con- 
m^o una vuelta por la Castellana. Mi coche 
est^ en esa calle por donde se sube d la pa- 
rroquia de Santiago. AUf.le espero... X 
ahora, no se entretenga mds. Ya suena la^ 
campana Uamando & votaci6n... Tambi6n' 
aquf tengo yo que ser su maestra, instru- 
y^ndole en las obligaciones parlamentarias, 
Ese cencerro convoca & todo el ganado de la 
mayorla para que vote lo que manda el Go- 
bierno. Vaya usted, corra, y lleve prepara- 
do el si 6 el no, segiin lo que sea... Con que^ 
^le espero en mi coche?„ 

Mirando cara & cara el peligro y sobresal- 
tado de la atracci6n que sobre mi sentfa^ 
contests que dariamos la vuelta en la Cas- 
tellana... una sola vuelta, todo lo mds dos... 
Media bora despu^s navegaba yo en el co- 
che, y por cierto que al entrar en 61 iba jm 
un poquito mareado. 



naryIbs Itl 



XVIII 



Sdpase ante todo que no fbrmos solos Eu- 
frasia y yo. Nos acompaftaba una vieja muy 
<5ompuesta, hermosura en ruinas, que tuvo 
J8U apogeo y esplendor en los aflos medios de 
Fernando VII, camarista que fu6 de la Rei- 
na Doiia Isabel de Braganza. Perteneciente 
A la aristocracia mercenaria^ de creaci6n pa- 'J 
latina, ostenta eldeslucido titulo de Conde- 
•«a 6 Baronesa (no estoy bien seguro) de San 
-Roque, de San Victor, 6 de no s6 qu6 san- 
to. En la duda, la designar6 provisionalmen- 
te por el primer bienaventurado que se me 
ocurra. Es mujer hist6rica y de historia, hoy 
mandada recoger por la subida cuenta de sus 
^fios, aunque tcdavia colea en la vida social. 
Enliendo que tiene un hijo y un yerno en la 
Regia servidumbre. 

**Ya 6^— me dijo Eufrasia en el ripido 
Avance del coche por la calle del Arena!,— 
<iue Rafaela y yo estamos ar '^nazadas de 
«alir, codo con codo, en la primera cuerda 
para Pilipinas.„ 

Soltaron ambas la risa, y yo agregu^, si- 
guiendo la broma: "A donde van usted y su 
4imiga eS A las islas Marianas... ^.Pero c6mo 
lo saben si yo & nadie lo he dicho? 

— Lo sabemos— replic6 la veterana bel- 
<[ad, — porque el fantasm6n no lo dijo & us- 



182 B. PKHKz oald6s 

tod salo, Por Pepe Villavieja me mand6 ui^ 
recado para que yo lo pusiera en conocimien- 
to de las interesadas... No hicimos caso: noS' 
reimos... 

— Tan bien le resulta d ese espantajo — ob- . 
serv6 Eufrasia, — el meter miedo a los hom- 
bres,.que cree poder amedrentar facilmente- 
a las muieres. j A buena parte viene! ... ^Pero 
qu6 ha de hacer 6\ mis que estar a la defen- 
siva, muy al cuidado de su pelleja? ^Con que 
a las islas Marianas nada menos? ^Esta 6\ 
bien seguro de que no le embarcardn parai 
alld con viento fresco? Si en aquellas islas 
hay caribes, jqu6 buen maestro se pierden 
para perfeccionarse en la barbaric! 

— ^Pero es verdad que conspiramos, ami-^ 
ga mia? Yo no lo cref . Pens6 que se trataba^ 
de una intrigtiela... no polftica. 

— Puede usted tranquilizar d su amigo^ 
asegurdndole que se han suspendido los tra- 
bajos, y que no hemos de volver d las anda- 
das hasta que no se sepa c6mo va el negocio* 
de Italia. 

— Hasta que no veamos— dijo la San Vic- 
tor, — si Fernandito pega 6 no pega. 

— Yo todo lo temo de esta gente y de su 
mala pafa— declar6 mi amiga. — Al refrdn 
^ que reza Por todas partes se va a Boma, 
debe anadirsele: meno$ por Oaeta, 

— Pero expliqueme, Eufrasia— dije yo» 
riendo de verla' tan oposicionista^ — iqu6 
motives, qu6 razones... porque alguna ra- 
z6n habrd... la han trafdo d la enemistad 
de Narvdez? Antes no pensaba usted asf..^ 



mabvJLbz IM 

pHa recibido D. Saturno algtin agravio dflli 
Presidente del Gonsejo?„ 

Mordisqueando el abanico, la moruna mi*. 
raba hacia la calle con evidente ira, mil 
bien rabia. Durante una pausa breve, la^ 
San Bias yyo n^s miramos, conoio in term- i 
gandonos sobre cual de los dos hablarla pri- I 
mero, y sobre lo que debiamos decir p&m 
poner airoso t^rniino a la pausa. Rompid par 
nn el silencio la marchita beldad con esta &t- 
miliar explicaci6n: "Usted, Sr. de Pcyardu; 
merece toda conflanza, y como estd en a Ate* 
cedentes... me consta por la misma Eufranir 
que estd en antecedentes... yo me permito ' 
responder por mi amiga, para que esta pobcs 
no se vea en la precisi6n de recordar.., cier-» 
tas infamias. Narvdez es hombre muy d(»- 
lenguado. No respeta ni categorias ni repa- 
taciones, y poni^ndose d soltar chascarrillos, 
no se detiene-ante ningiin reparo. Hablandtf 
de feta una noche en casa de Santa CDlomt» 
refirid no s6 qu6 incidentes, de esos que ha 
hombres poco delicados se confian uaa« i 
otros, escenas 6 casos de la vida que el to- 
no-de Terry hubo de relatarle viajande por 
el extranjero... cosas reserv^disimas qm 
contadas con descaro y mala intenci6n,- re- 
sultan... ^ 

— jMentiras, fdbulas absurdas! — dijd Ea- 
frasia pdlida y balbuciente y completanda 
la informaci6n de su amiga. — Cuando ma 
trajeron el' cuento, no sentia mds que lua 
cosa: no poder volverme hombre. 

— Pues hay mds, Sr. de Pajardo— pra*- 



184 B. PBasz eALD68 

fnii6 la otra.— Al Presidente del Coiisejo se 
16 podrdn perdomtr las botaratadas de len- 
guaje, que quien trata con politicos es natu- 
ral que alguna vez se desboque; pero al ca- 
ballero no se le perdona que sin venir al caso 
ridiculice d personas de arraigo, apartadas 
de estas miserias de la vida piiblica. Ya sabe 
usted que se trat<3 de conceder d Satumino 

•- un titulo de Castilla. Esta no queria; pen- 
saba que era subir demasiado pronto. Pero 
el pobre Saturno, que de algdn tiempo acd 
venla soiiando con el Marquesado, no era 
tan modesto en sus ambiciones. Bl asunto 
iba por buenos caminos. Arrazola estaba 
conforme; el Rey se interesaba en ello. Un 
dfa, en el mismfsimo Palacio Real, pregun- 
t6 d Narvdez el Daque de Gor qu6 tf tulo se 
pensaba dar d Saturnine, y el Espaddn, 
como si dijera una cosa muy seria, respon- 

\/ did: "Le haremos Marques d-e Capricornio.^ 
Ya ve usted qu6 grosero insulto. 

— Tanta groserfa y baieza— dijo Bufrasia, 
—me ban hecho raudar de parecer respecto d 
esa gracia y d su oportunidad. Ahora, vien- 
do en qu6 manos estd la Naci6n, lo que antes 
crel premature ya me parece tardio. Seremos 
Marqueses. Bsta Sociedad no merece la mo- 
destia. Donde ya no hay ninguna virtud, 
donde todo se ha pisoteado, y por si algo 
faltaba, ya pisotean de flrme, la mayor de 
las tonlerias es tener delicadeza y escrti- 

Sulos. Coronas que fueron de oro han veni- 
d ser de papel dorado, y las de papel se 
han hecho de oro. Respetar lo pasado, mirar- 



XiLRViiEZ 185 

lo macho, ya para amarlo, ya para temerlo, 
«8 cosa que ahora no se usa. Pues vivamos 
«n lopresente, y coloqu^monos donde sea 
mis facil pisotear que ser pisoteado.„ 

Causironme pena este pesimismo y el 

' nuevo s6r psicol6gico de mi amiga. Yo no 

'comprendia por qu6 rdpida eyolucWn, la 

'que nace un alio me daba pricticos consejos 

eel viyir manso, cauteloso y positivo, es- 

3uivarido las pasiones, se dejaba contaminar 
e las rads violentas. Sqbre esto dije algo, & 
lo que me responds imperturbable: **Las 

f^asiones vienen cuando tenemos arreglada 
a vida. Si por acaso llegan antes, se en- 
cuentran lapuertacerrada, porestar una en 
los afanes de dentro... Y como al encontrar 
cerrado se marchan-las pasiones, de aqui 
que pasen por virtuosos los que no lo son. 
va una muier tan tranquila, y a lo mejor 
algnien le da con ei pie; entonces se acuerda 
de que es vibora,de que puede serlo, y lo es.„ 
Admirando su ingenio, dijele que todo 
aquel reconcomio contra Narvdez podfa muy 
bien carecer de fundamento, como nacido de 
hablillas y dicharachos de los desocupados. 
iQuife le aseguraba que eran del propio 
Duque las malvadas referencias de Terry, y 
la groserla del titulo de Capricornio? 
"iAy!-»-exclam6 Eufrasia; — como si yo 
j misma lo hubiera escuchado, segura estoy 
; de que esas infamias salieron de aquella 
boca, manchada con tantas blasfemias y pa- 
labrotas de cuartel. Usted, por lo visto, se 
lu dejado deslumbrar por el brillo false do 



18G B. PBBBZ GALDdS 

ese soldadote, y ha creldo la leyendlta qu^ 

Sropalan los adulones que le rodean. jOh, . 
farydez, le6ii que lleva dentro un cordero! . 
^No es eso? Un hombre que en sus arran- . 
/ -ques instintivos de mal humor atropella sin 
V reparo al mds paciflco, y luego le pide per* ^ 
don y le hace favores, y le da chocolate de . 
Astorga. Ese es el tipo que quieren dar* 
nos en aleluyas, coraziin sensible que cuan- 
do se irrita ruge, y cuando se aplaca es lo 
mismo que un nifio... iNo es 6sta la leyen- . 
ia? ^Apostamos d que usted es de los que la^ 
ponen en circulacion y la reparten de ore] a 
en oreja para que corra?„ 

Respond! que la tal leyenda, bosquejo bio* 
^rMco del natural trazado por los contem- 
pordneos, me parecia lof mas proximo d lo 
verdad, y que por ella, pues no hay mejor 
modelo, fljardn los historiadores futures la 
figura de Narvaez. Euf rasia sonri6, recredn* . 
dose en la fuerza de los argumentos que en 
contra de la leyenda cree poseer, y recla- 
mada la atenci6n de su amiga y la mla 
nos dijo: "Pues aquf me Jiienen ustedes con 
voz y autoridad de Historia para echar aba- 
jo esa mentira novelesca. Lo que voy & con- 
tar, yo lo he sentido muy de cerca, y mi pa* 
dre, que vivo estd, y otres sefiores manche- 
gos muy respetables, pueden dar deello tes- 
timonio. El ano 38 pas6 este caballero por 
un pueblo de la Mancha que se llama Calza- 
da de Calatrava. . . Iba en persecuci6n del car- 
lista G6mez. . . ya sabe usted, la famosa expe- 
dici6n de G6mez... De aquel pueblo al mfo. 



naryAbz 187 

donde jo estaba con mis padres, no hay 
mis distancia que dos leguas 6 poco mds. 
Yo era entonces una mozuela: me acuerd( 
de aquellos sucedidos como si fueran di 
ayer, y la impresi6n de terror que dejaroii 
en mi no se borrard nunca; que si espanto 
causaban alli los facciosos con sus cruel- 
dades y saquecs, no daba menos que sentir 
este maldito que los perseguia en nombre de 
la Eeina, pues unos y otros Uegaban, asola 
ban y partian como una legi6n de dema 
nios. Era en el mes de Agosto; lleg6 Nar- 
vaez tal como ayer, y hoy mand6 fusilar, coi? 
juicio sum.arfsimo, al ijltimo Prior de la Or* 
den de Calatrava, D. Valeriano Torrubia, k 
un rico propi^tario de la misma ciudad y & 
una mujer. ^Creerdn ustedes que este hecho 
brutal era escarmiento de faccioscs porque 
las victimas habfan dado epoyo al cabecnla 
G(5mez? Pues esl^n muy equivccados, y si 
la Hisioria se escribe asi, maldita sea mil 
veces. El delito del pobre D. Valeriano era 
estar emparentado ccn la familia de Espar* 
tero,y ser, como ^ste, hijo de Grandtula, que 
i olo dista de la Calzada una hora de camino. 
Para condenarlo, asi como & sus compafle- 
ros, en la i^umaria hecha de mogolI6n sin 
mas objeto que cubrir el expediente, se ale- 
go ]a entrega de un fuerle, realizada siete 
meses antes, al paso de Cabrera, despufe de 
•una refiida acci(5n en que perecieron tres- 
cientos y pico de liberales. Oigan ustedes d 
mi padre. Mi madre, que era Torrubia y 
t enia parentesco con el Prior, dirfa, si vi- 



V 



188 B. PBasz oald6s 

Tiera, que ninguno de aquellos ihfelices 
era carli&ta ni tuvo arte ni parte en la en- 
tr^a del fuerte. Todo esto, si no lo he pre- 
senciadOy lo he sentido en derredor mfo, ex- 

Sresado con gritos de dolor que eran gritos 
e verdad. No son referencias lejanas desfi- I 
guradas por el tiempo y la distancia, sino 
hechos que palpitaban \ mi lado, entre mi 
&milia y mis convecinos, y que siguieron 
estampados en la memoria de todos los que 
entonces vivfamos en la Mancha. 

**Pues oigan mds. La tinica persona, en- 
tre las principales de la Calzada, que pudo 
intervenir en la entr^a del fuerte, fu6 un 
-cura llamado Vadillo. ^Por qu^, pregunto 
yo, este hombre de la leyenda, este cordero 
<5on garras de le6n no fusll6 d Vadillo y sf a 
los otros, que nunca se significaron como 
<5arlinos? ^Por qu6 no quiso escuchar, ni re- 
<5ibir siquiera, al hermano de Espartero, ca- 
n6nigQ de Ciudad Real, que acudid & pedir 
clemencia, y llevaba, segiin dicen, 6rdenes 
de que se suspendiera laejecuci6n? Porque, 
s^panlo ustedes y s^palo el mundo todo, lo 
que menos le importaba d este tfo era per- 
«eguir carlistas y alentar liberales; su pa- 
si6n dominanteera el odio d Espartero, y la 
envidia de los triunfos y de los increlbles I 
adelantos de mi paisano; su m6vil, la idea 
de ser cpmo 61, poderoso y popular; su fin, I 
destruir todo lo que signiflcase adhesi<3n 4* 
EsparterOi partido de Espartero, familia de 
Espartero. . . Esto, que aqul no se vio nunca, 
lo vimos claro todos los que alld Tivfamos: 



NABVAKZ 189 

yo respir^ estas ideas, y de su verdad no 
puedo dudar... Ahora viene la segunda par- 
te de mi cuento, y aunque para mi esta par- 
te es^tan verdadera como la que acabo de re- 
ferir, no me atrevo d darla como Historia. 
Vamos, que tambi^n triaigo yo mi poquitin 
de leyenda para colgdrsela al Espadoncito 
andaluz. La noche antes del fusilamiento, 
la pas6 D. Ram6n en compafLia de una gua- 
pisima mujer... La conoci: habfa sido mi 
amiguita; tenia tres anos mds que yo... Pu4 
piiblico y notorio que el cura Vadillo no era 
extraiio & las amistades de la buena moza 
con el General. Si un dfa entreg6 un fuerte 
d Cabrera^, otro dfa le entregaba otro fuerte 
i NarvSez; s61o que este C9.stillo, aunque^ 
muy bonito como mujer, no valia nada coma 
fortiflcaci6n... Cierto es lo que digo de esas 
amistades: lo que presento como leyenda, 
usted, Pepe, puede ponerlo en claro si so 
atreve d pr^untdrselo d Narvdez... 6 d Bo- 
dega, que debe saberlo lo mismo que su 
amo. Pregunte usted d cualquiera de los dos 
si es cierto que en la noche de marras vaci- 
laba el General entre el rigor y la clemencia^ 
y que Ruflna Campos le pidi6 que fusilara 
sin piedad, ofreciendo su cuerpo en pago de 
la orden; si es verdad que en su impaclen- 
cia por concluir aquel negocio de las muer- 
tes, le hizo coger la pluma y le llev6 la mano 
para que firmara... Este cs un punto que yo 
no me atrevo d sacar de la Pdbula para Ue- 
varlo d la Historia: lo cuento como me lo 
ccnUron, y no respondo de ello. 



190 B. PBRBZ QkWiB 

Lo que no tiene duda, amigo mio, ed que 
en Calzada de Calatrava habia por aquel 
tiempo una fuerte discordia entre dos ban- 
dos que se habian formado, y ardian en ren- 
cores con mds fu^o de pasioncillas locales 
que de ideas politicas, y que unp de estos 
oandos se vall6 del tremendo Narvdez para 
desbaratar al otrb. Pescaron al Espaddn 
echdndole por cebo la came fresca de Rufi- 
na Campos. Con que ahi tienen los sefiores 
Narvaistas una vela que encenderle A su 
Idola, el borrego con zarpa de le6n, que m^ 
yaldrfa decir de hiena, por la propiedad de 
las cosashist6ricas... 1 1 este hombre quiere 
que ahora nos dobl^uemos ante su Orden 
y ante su Prindpio de autoridad^ 61, que 
siempre^fu6 discolo y revolucionario, 61, que 
no hizo mis que pisotear su tan cacareado 
Prindpio! ^Cdmo se ha de respetar d quien 
nada respetb? ^C6mo ha de sofocar las cons- 
piraciones quien toda su vida se la pas6 
conspirando? Si los sublevados victoriosos 
del 40 llamaban insurrectos d los vencidos, 
y 6stos d su vez, triunfantes el 43, Uamaron 
rebeldes d los del 40, ^qu6 nombre hemos 
de dar d todos rads que el de bandidos? No 
se asombre usted, Pepe, ni me ponga la ca- 
rita burlona, que sus burlas y su estupefac- 
ci6n no son mds que una mdscara con que 
tapa un escepticismo tan negro como el 
mio. Yo no creo en estos hombres, Pepe, ni 
usted tampoco. La Historia de Espafia, 
mientras hubo guerra, es una Historia que 
pone los pelos ae punta; pero la que en la 



nauvAbz 191 

paz escriben ahora estos danzantes, no se 
pone lbs pelos de ningana manera, porque 
«3 una historiacalva, que gasta peluca. Yo, 
qu6 quiere us ted que le diga, entre una y 
otra preflero la prinaera... me repugnan los 
^lospQstizos.„ 

Bsta idea nos dW pie para reir, dajando 
incontestada la graclosa sitira contra los 
hombres pilblicos, y sin com3ntario el te- 
rrible cuento manchego. 



XIX 



Recorriendo la Castellana, cuandoyala 
tarde caia, deploraba yo que la presencia de 
la beldad vetusta me privase de hablar con 
Eufrasia libremente. Perd6neme mi cara 
esposa; yo me sentla de improviso arrastra- 
do fuera de la existencia regular, al influ- 
jo de aquella muier, que si fu6 mi teatado- 
ra en tiempos libres, cuando con piadosa 
mano hacia las paciflcas venturas materia- 
les me guiaba, ahora, por diverse estilo, me 
trastoma y enciende con los atrevimien- 
tos de su voluntad sin freno. Lo tinico de 
que yo hablarle podfa delante de la seflora 
mayor, era la conspiracidn de 6pera c6mica 
«n que ponfa todos los donaires y sutilezas 
de su entehdimiento, y sobre ello le pedi 
mis explicaciones, que s61o & medias quiso 
4arme. **Cont6ntese usted, por ahora, con lo 



J 



192 B. PBRBZ aALDds 

que le dije... y es que por el momentoliajr 
tregua... jPues no laltaria m6s sino que yo 
le revelara & un enemigo nuestros planes? 
Ba^tante har^, el dfa en que se den los pa- 
saportes al Ministerio Narvdez-Bodega, y se 
haga limpia general de hcmbres pUhlicos^' 
bastante nar6, digo, con librarle d usted de 
que le lieven d las Marianas, d tomar los 
aires que me recetarpn d ml... Est^, pues,. 
tranquilo... Y no le digo que se venga d^ 
conspirar d mi campo, porque con el Mar- 
ques de Beramendi no nay que contar ya 
para nada. Hombre acaudalado y padi^ de- 
ramilia, sus ambiciones deben limitarse d^ 
cuidar hijos, que Ics tendrd en gran ntime- 
ro, sin que pueda en ningiin caso dudar que 
son suyos. . . ^Le pareoe que es ^sta poca ven- 
taja en los tiempos que corren? 

— Es usted mala, Eufras^a, y pensando- 
bien por el lado mio, arroja por otros lado» 
su sdtira cruel. 

— ^Pero no le he dicho que soy vfbora, Pe- 
pe? Entre morder y ser mordida, con veneno,. 
^qu6 es preferible?... Y en resumidas cuen- 
tas, el ser satirica no es lo peor que puede 
ser una mujer... Porque yo muerda un poco^ 
no se escandalizard usted, Pepe. 

— Pero creer6 que no estd en cardcter, y 

Sue pierde parte de su encanto con esas mor- 
eduras. ^Recuerda usted lo que signiflcae» 
griego su bonito nombre? Eufrasia. 

— Ya me lo dijo usted en ©tra ocasi^n-. 
signiflca Alegria. 
— Pues eso ha de ser usted siempre: Ale- 



NARViBZ i9t 

gria^ la alegria del mundo, de la sociedaiL.. 

— i Ay, Pepifco, Pepitxr... i buenas horari.- 
En otro tiempo pude pensar que seria es«^ 
jPero hoy, despu^s de tantas pen as y d« J — 
toiuchar!... Ademas, mi condici6nal 
se ya saliendo de ml d medida que va< 
trando la hipocresfa. • 

— iHip6crita... tambi6n se declara liipl- 
crita! 

—Me declare prdctica, maestra en filoso&K 
marrullera, con arreglo d la 6poca y al paii 
en que vivimos. |Y usted me desconoce, y 
usted me niega, Pepe, usted que es mi m^or 
discipulo!...^ 

En esto, echdbas^ encima la noche, y lutt 
contingencia venturosa vino d conjurane^^ 
contra mi virtud y d favorecerme en h» 
desatinados estimulos de perdici6n, LaCo»-> 
desa 6 Baronesa de San Lucas, de San G3 
6 de no s6 qu6 santo, dijo 4 su amiga que;' 
ll^ada la hora de recogerse, diese orden ^ 
cochero de dejarla en su casa, Costanillade 
la Veterinaria... jCon cudnto gozo senti d 
traqueteo de las ruedas, corriendo presua»- 
saSy descontando los segundos que faltahni 
para que sola conmigo se quedase la im^o^ak-' 
nal El ansiado instante lleg6 al Hn, y etm 
^1 reverdecieron mis antiguas cualidadesde 
audacia y desparpajo. Mis primeros coricep- 
toSy reforzadoscon ademanes quecentuplicsi- 
ban. 8u expresi<3n» fueron para darle i en- 
tefnder que mi ciencia de hipocresfa era una 
vana formula, mientras no la justificara ca& 
f alias positivas y delitos cat^6ricoa que«^ 

•13 



194 B. PBRBZ OALDdS 

''jBh, eh! —me dijo m&s serena que yo.— 
jMuch^ cuidado, sefior polio... con espblo- 
nes! Est^se quieto, y no se me desmande 
tampoco de palabra. Tome ejempio de ml. Es 
hora de que yo vuelva d mi oasa, y usted 
forzosamente na de irse 6. la suya, oonde le 
esperan su muier y su hijo. A los disparates 
que me ha dicho contestar6 muy poco; pero 
ello ser& tal que habrd de agradec^rmelo. 
iQuiere usted que seamos amigos, que em- 

Eecemos otro ourso de amistad? Pues para 
ablar de eso, para discutir si puede ser 6 
no, si usted y yo merecemos el beneficio de 
esa amistad... q^izds no lo merezca usted» 
quiz&s sea yo quien no lo merece . . . pues di- 
go qu« para tratar de esto, es menester que 
nos veamos otro dia, 6 que nos escribamos. 
lQu6 preflere?/ 

— Las dos cosas. ^Va usted por las tardes 
al Casino de Embajadores? 

— jAy, qu6chiquillo!... Basta: yo escribi- 
ti & usted. 

— ^AlCongreso? 

— Al Congreso. Y nested tomard las pre- 
cauciones debidas para que no le lleven las 
cartas d su casa. 

— aV yo d d6nde contesto? 

— D6jeme que lo piense. 

— i Ay, qu6 pensadora se nos ha vuelto! 

—Hijo, me ilamo Alegria, no me Uamo 
Loctira. |Pues si yo no pensara, qu6 serla de 
mil Pensando, pensando, he U^ado & donde 
estoy. Si mucho he discurrido para subir, no 
tendr^ que discurrir menos para no caerme. « 



NARViBZ 195 

La extraordinaria donosura con que lo di- 
jo desat6 en ml con mayor fuerza los en 
mal hora resucitados Impetus amorosos 6 de 
^ ^ventureros amorios. . . Pero no me di5 tiem- 
* jM) la dama moruna para la debida manifes- 
!*aci6n, puramente verbal, delo que yo sen- 
Itia, y tirando del cord6n avis6 al cochero 
para que parase... Estdbamos en la calle del 
Arco de Santa Maria. ^Bajate prontito, y no 
•seas loco— me dijo endulzando con el tu- 
teo el amargor y crudeza de la expulsion. 
— Obed^ceme sin chistar, y te escribir6 al 
€ongreso.„ ^Qu6 habla de hacer yo mds que 
resignarme? Triste cosa era quedarme & pie 
•de un modo tan brusco, aunque mi desaira- 
<ia situaci6n fuese la mds conforme con los 
buenos principios... Pero lo mds singular 
de aquel paso^ no s6 si comienzo fin 6 em- 
palme de livianas empresas, fu6 que al des- 
aparecer de mi vista el coche de la moruna, 
se apag6 en mi pensamiento la ilusi6n que 
•con tan vivo centelleo me habia turbaao. 
Cierto que d una caida mds 6 menos1iip6crita 

auedaba no s6lo expuesto, sino comprometi- 
0, por ley caballeresca no muy ajustada a 
la eterna ley moral; pero en medio de los ve- 
lados des6raenes de un extravio de esta na- 
turaleza, no creo que deje de conservar in- 
tangible y puro el Men de mi casa, ni la paz 
•que allf me rodea. Si contemplando d Eu- 
frasia y oyeftdo su gracioso divagar de po- 
litica, nude repetir para mis adentros el ver- 
450 de Leopardi E il naufragar m' e dolce y 
in questo mare, caminito de mi casa, y acer- "^^ 



196 B. PBBKZ aALD6s 

c&ndome d este refagio bien templado, me* 
dije: "En ese mar.bonito y placentero, po- 
dr6 pasearme sin que nadie me vea; pero 
nunca naufragar6 . „ 

Pirme en estas ideas, y comprendiendo 
cudn penoso y desairado seria para mi que 
Maria Ignacia tuviese conocimiento de mi 
paseo con la Socobio, por soplo de algiin pa- 
seante que me hubiera visto, eche por la ca- 
He de en medio, y se lo cont6 yo con franque- 
za relativamente honrada. Claro es que no* 
le cont6 todo porque no era preciso; y cui- 
d.6 de advertir que nos acompan6 en todo et 
paseo la respetable senora Condesa 6 Baro^ 
nesa de San Juan Nepomuceno. Con gran 
sorpresa mia, no pareci6 mi mujer enojada. 
de aquel incidente. Tuve la suerte de coger- 
la en un momento en que las expansiones- 
de su grande alegria no daban d su alma, 
tiempo ni espacio para el recelo. Nuestro ni- 
iio revela una resoluci6n flrmislma de vi- 
vir, y aptitudes colosales para proveerse de 
medios dft vida. Mama^.de una manera in- 
solente, bdrbara, y se apodera de la teta 
con muy mala educaci6n. El ama es robus- 
ta, inago table, y ademds, de buen natural. 
Todas estas bienandanzas se reflejan en el 
alma de mi esposa, y ayudan d su resta- 
blecimiento, franco, rapido y seguro. No- 
quiere Maria Ignacia abrir en su espiritu^ 
ningiin hueco por donde entre'la tristeza; 
no quiere mfe que afianzarse en la posesi6n 
de sus felicidades, que estimabien ganadas^ 
Dins le cor.ccde lo que mcrecia. 



NARVABZ 197 

Vi^ndola tan bien dispuesta^ me permiti 
' ampliar un poquito las referencias de mi 
paseo romdntico, y ella con gran sentido 
me dijo: ''Proeura no. volver mds, y si otra 
vez te invitaj busca una manera delicada 
de zafarte sin caer engroseria... Liayerdad, . 
►esa intriganta me ha tenido por algun liem- ^ 
po en ascuas; pero esas ascuas ya no me 
-queman... ^En qu6 me fundo para sentirlo 
•asl? No lo s^; en algo que senos revela por ' 
el coraz6n,por las ideas y el cavilar de una 
misma. Yo no creo en angelitos que vienen 
<5on recados 4 la oreja, como es use y mania 
de monjas; pero si creo que Dios nos baraja 

• los pensamientos para que con ellos sepa- 
mos la verdad de las cosas nuestras, de lo 
•que nos llega a lo vivo, Pepe. Como te digo, 
las ascuas en que estuve por esa maldita 
manchega, ya no me queman... No viene el 
mal por ese lado. no habra mds ascuas, 6 
cree que vendrdn de otra parte. Pero de nin- 
^una parte vendrdn, ^verdad, marido mio?„ 

23 de Jimio. — Viendo crecer de dia en 
•dla la estimaci6n en que mi suegro y toda 
la familia me tienen, siento en mi la auto- 
Tidad; me lanzo d platicar con el Sr. D. Fe- 
liciano del delicado asunto de las habladu- . 
Tias de su tertulia, pues sin que yo vea en : 
'cUo, como Narvdez, el escdndalo de una 
>conspiraci6n, pienso que tales enredos no 
armonizan con la respetabilidad de la casa. 

• Presentada exquisitamente la cuesti6n, mi 
' ilustre padre politico concuerda conmigo, y 

^dabando mi prudencia y sensatez, se arran- 



198 B. PBEBZ aALi>66 

ca con estas sesudas consideraoiones: **Yo 
me encai^o de llaniar al orden & estos niis^ 
amigos, y de hacerles comprender que si vie- 
nen muoan^as hondas en la polftica, no quie- 
ro que salgan de mi casa... Tengamos en 
cuenta que eres diputado, y ministerial de- 
afiadidura, y que si algo ocurre y te ves en 
qL caso de tomar la palabra en el Congre- 
so para defender & la situacidn, no es Men 
que te acusen de jugar con dos cartas... 
ruedes decide al seilor Presidente del Con- 
s€go, si de esto vuelve & hablarte, que si al-^ 
gunos sujetos graves, y otros que no lo son,, 
le tienden algun lazo para que se enrede y 
caiga, los hilos no pasan por mi mano. Yo,. 
bien lo sabe 61, no soy partidario del Parla- 
mentarismo, ni creo en este R^imen de es- 
tira y afloja; pero respeto lo existente, por el 
hecho de ser existentey que no es poco. Tarn- 
bi6n nosotros tenemos nuestros hedws con- 
sumados, como ahora se dice, dignos de todo 
respeto. ^Qu6 serfa de la Sociedad si cada 
cual no permaneciera en los puestos adqui- 
ridos? El disputar los puestos es lo que da 
alas b\ funesto Sccialisnio, y lo que fomen- 
ta la Demagogia, ese virus^ Pepe, ese mal- 
dito vims que hace estragos en todo el m. un- 
do. Ya que la RepiiWica Romana, centro de= 
ladrones y asesinos, estd d punto de caer 
arrasada por nuestras tropas, vean ahora 
estos gobiernos de poner aqui un poco d^ 
orden, y de refrenar d tanto periodicucho, 
y de hacer entender d los del Progreso 
que se despidan del poder para siempre...^ 



NARVABZ 199 

Ck)Dforme con todo lo substancial de esta 
arenga me manifesto, anadiendo que las da- 
ses pudientes somos las Uamadas & conda* 
cir el rebailo social. Pero me recat6 de ex- 
presar la idea que al oir d mi suegro me 
andaba por el.magin, esto es: que todos los 

Sudientes, cudl mas, cudl menos, Uevamos 
entro el demagogo, y si me apuran, el so» 
cialista, que son dos clases de virus^ de 
donde resulta que no habrd orden verdadero 
hasta que no nos metan en cintura... 6 nos 
metamos nosotros mismos. 

Esto pensaba, y ansioso de distracci6n, di 
con mi cuerpo en el Congreso, donde me abu- 
rri soberanamente; por la noche, previo el 
asentimiento de Maria Ignacia, con quien yo 
consul taba siempre* mis visitas nocturnas, 
me fui & casa de Maria Buschental, donde 
encontr6 algunos amigos de mi 6poca de sol- 
tero, y otros con quienes habla hecho cono- 
cimiento en las Cortes: Escosura, Tassara, 
Borrego, Carriquiri. Departimos de cosas 
sociales y politicas con la libertad que es el 
fresco ambiente de aquella morada neutral 
de las opiniones, y si he de decir verdad, 
tambi^n alli, entre tan amenos narradores y 
comentaristas, me senti, como quien dice, & 
dos dedos del hastfo. Hall&bame en un esta* 
do particular de mi alma, sensacidn de an* 
siedad y de vacfo, dolencia que de tarde en 
tarde y sin ninguna inmediata raz6n ni cau- 
sa conocida suele acometerme, y que por lo 
comun lo mismo que viene se va, dej&ndo- 
me un leva rastro de trlsteza. Ni aun Maria 



.SOD B. p4bb2 galdos 

^Bterfiental, cuyo trato y gracias amables 
mm puntaditas maliciosas fueron y son 
■fempre el antidote de las murrias, logr6 

^ iesranecer las mfas. Por liltimo, confabula- 
4isellaymi amigo Escosura, aplicaron so- 
iqpiidamente & mi melancolia el tratamien- 

} to de las bromas, sin excusar las del g^nero 
mSs agresivo, y hube de oir sdtiras orueles 
en que no salia yo muy bien librado. 

S^^n Maria, yo penaba por la Socobio, 
■ra^r corrida y de mucha trastienda, maes- 
tra y grande erudita en todos los artes de 
amor. Segun Patricio, yo no he tenido con 
dla^n^s que triunfos pasajeros, regateados, 
jfelicidades suspendidas de improviso para 

Ccipitarme d la desesgeracion. . . Yo negu^, 
larando que no hay tales triunfos ni los 
tesolicitado. Reian d carcajadas, y sin duda 
iodo lo que dijeron lo creian como articu- 
lo^ fe. Asi es el mundo: en la cr6nica so- 
cial^ disfrutaba yo injustamente reputaci6n 
de glorias y fracases, como los falsos h^rofes 
foe con ap6crifas grandezas usurpan un lu- 
gar en la Historia. Asi lo dije & la dama y 
Ami maleante amigo, afiadiendo no s6 qu6 
fiirolidades para seguir la broma, y algiin 
diiste, que no me salid, francamente, pues 
• BO estaba yo para chistes. Por fin, agarrdn- 
dfome & la primera coyuntura que se me 
jresent6, me despedi cuando empezaban la 
a»imaci6n y el interns dramdtico en el gra- 
Gioso mentidero de Marfa Buschental. 
' Deseaha yo yerme en la calle y respirar 
-aire manos impure que el de un sal<3n. Sen- 



KAEYAVZ 901 

iia vivisimo anhelo de llegar A mi casa, de 
-ver & mi mujer y & mi hijo, y bnscar mi 
4Bolaz y recreo en la felicidad que nadie po- 
dia disputarme. Sinceramente y sin la me- 
nor afectacion me rei de la historia que mis 
amigos me colgaban, y ahondaiido con mi- 
radas atentas en todo mi s^r, por una parte 
y otra, adverti que la nioruna no me inte- 
resaba ni poco ni mucho, que la fascina- 
€i6n de sus gracias es pasajera. Mas no por- 
que observase todo esto, y de mi obsenracion 
6 descubrimiento me alegrase, se mitigaba 
. mi tristeza. **Es el picaro trastorno de ner- 
yios, 6 del cerebro, quizes desfallecimiento 
del espiritu— me dije,' — ese vacio, esa ex- 
;.pectaci<3n inexplicable... Voy corriendo d 
mi casa, y alli se me quitari.„ 

Seiiti detrds de mi una voz que me Uama- 
ba% y me estremeci cual si sonara un dis- 
paro en mis ofdos... Era mi amigo, el pin tor 
Genaro Villaamil, que al salir del caf6 de la 
.Iberia, me vi6 pasar, y corri6 en mi segui- 
miento. Algunas noches solemos retirarnos 

i'untos, pues somos casi vecinos. Vive en el 
^ostigo de San Martin. Habl6me de nos6 
.quj6... algo de la expedici(5n de Italia, de 
la Fuoco, de su peinado,,no menos famoso 
que sus pies... Yo le of a sin ninguna aten- 
: ci6n, y deseaba que me dejara solo, Parecia- 
me que tenienao que oirle y contestarle, 
por urbanidad, tardaria mds en llegar a mi 
casa. 

Ibamos por la calle delArenal, 61, mds 
corto de piernas que. yo, acelerando su an- 



208 B. PBRU GALDte 

dar para seguirme, cuando una mi\jer pas5 
frente & nosotros como & diez pasos de dis- 
tancia... Cruzaba de la acera de San Martin 
d la de San Gin^s, y nosotros Ibamos ya muy 
cerca de la iglesia de este nombre. La mu- 
jer que vimos se par6 un instante ante mi j 
me mir6 fljamente. Yo la vf & la claridad de 
la luna que inundabalacalle, lavf, lamir6 
y la reconoci... Era Lucila... Sigui6 la mo- 
zasu camino. jCielos! entraba en la iglesia. 
Atrayes6 el patio, y antes de ilegar d la 
puerta volvi6 d detenerse y & mirarme. An- 
tes dudara de mi existencia que dudar que 
aquella mujer era Lucila, la hermosura sal- 
vaje que descubri en el Castillo de Atienza, 
la sacerdotisa, la musa hist6rica del gran 
Miedes, la perfecSanermosura, laideal heln- 
bra, con quien ninguna de las de nuestra 
edad y raza puede ser comparada... Mi ami- 
go Villaamil, apretdndome el brazo, excla- 
m6 con entusiasmo de artista y de yar6n: 
^iQu6 mujer, Peoe! Nunca vlflguraigual.,^ 
Habfamos entraao en el patio; jo me aba^ 
lanc^ hacia la puerta de la iglesia, engafia- 
do por la ilusi^n de que Lucila me esperaba 
en aquella penumbra... Nada vl: la sobera- 
na imagen habiase apagado en la cavidad 
del templo, como luz devorada por el vacto. 



naryIbz SOS 



XX 



La impre6i6a que de aquella imagen que* 
dd en mi retiaa y en mi meate f ue tein viva, 
que puedo describirla como si atin la tuvie- 
ra delante. La que en su cuerpo y rostro es 
la perfecci6n misma, cifra y con junto de 
proporcionadas partes armdnicas, vestia co- 
mo las hi 



as del pueblo mis elegantes, eiv 
tre manola ysefiorita, la fald^ sin vuelos 



■;/ 



de medio paso, un paiiuelo por los hombros. 
No lleviBiba mantilla; el peinado, de lo mis 
sencillo, gracioso y coquet6n que puede 
imaginarse... Con ardiente curiosidad y an- 
helomeinetien laiglesia, Genaro detrds de 
mi, y apenas dimes algunos pasos hacia la 
capilla en que vefamos claridad, bultos, y 
oiamos murmuUo de rezos, la poca gente 
que allf habla sali6 perezosa, arras tran do los 
pies. El rosario, novena<i lo que fuese habia 
terminado. Las luces se apagaban: el sacris- 
tan pas6 junto 4 mf con un manojo de Ha- 
ves. En la vaga sombra, dificilmente se co- 
j nocian las personas que ibaii hacia las puer- 
,tas... Busqu6 iniitilmente entre ellas d la 
que, tan descuidada en su devoci6n, llegaba 
en las postrimerfas del piadoso acto... Pero 
pens^ que situdndome en la salida no po- 
cUa escapdrseme. A un tiempo, Villaamil 
y yo nos nicimos cargo de una grave diflcul* 



ft04 B. PBRBZ QALDiiS 

tad estrat^gica. San Gin^s tiene dos entra- 
das, y por consiguiente dos salidas. Yo hu- 
biera querido dividirme y vigilar ambas 
puertas. "Uated mire por la calle del Are- 
nal— me dijo el pintor con rdpida previsi6n 
militar; — yo mirar6 por la plazuela.v Asi 
lo hicimos. 

Vf salir & pocos hombres, en los que no 
me flj6, y mayor niimero de mujeres que ob- 
serve atentamente, cerciordndome de que 
todas eran viejas, y las que no lo eran, no 
daban lugar & confusion a causa de su os- 
tensible fealdad. Por ijii puesto de guardia, 
puedo jurarlo, no sali6 la mujer de las sobe- 
ranas proporciones. Cuando terminada la 
?equisa, y expulsado yo por el sacristdn, me 
^uni en la plazuela con mi amigo, fete me 
comunic(5 que por su puerta no habia salido 
la moza, podia jurarlo. Mi descon«uelo y 
unsiedad fueron tales que rro acerte con nin- 
^una explicacion del caso, y sin el testimo- 
nio del pintor habrfalo tenido por un ca^ 
de alucinacion. "Para mi, querido Pepe — me 
dijo Villaamil,— esa mujerno hasalido„. . 
•'^C^mo que no ha salido? ^Es acaso algu- 
^a eflgie que pernocta en los altares?„... "SI 
10 es eflgie sagrada, merece serlo. Ahora ^ 
me confirmo en que no fu6 engaiio lo que * 
crel ver. La moza, al entrar en la iglesia, \ 
avanz6 derechamente hacia la sacristfa.;, Un . 
rato estuvimos discutiendo este enrevesado " 
punto: ^Tiene la sacristfa comunicaci6n di- 
recta con la calle? Hicimos reconocimiento 
topogrdflco, dando la vuelta d la parroquia 



NARViSZ 205 

por el arco y pasadizo. Sos tenia Villaamil 
que por una puertecUla que hay en la pla- 
zuela, muy cerca del arco, habia visto salir 
varies bultos; pero la distancia y el sombrajo 
que alli hacen los muros le impidi6 di&tin- 
guir si eran cl^rigos 6 mujeres. Laporte- 
zuela por doncje se desvanecieron estos fan- > 
tasmas estaba cerrada d piedra y barro. El 
balc(5n estrecho y las desiguales ven tanas 
que & cierta allura vinios nos indicaban que 
hay alli una habitaci<5n aneja d la parroquia. 
^Sera la vivienda del pdrroco? Villaamil de- 
clare con firmeza que d la mafiana siguien- 
te lo averiguaria. Misdeseos eran averiguar- 
lo al punto. De pronto, como quien encuen- 
tra la soluci6n de un problema obscuro, Ge- 
naro me dijo: **Oiga usted, Pepe: ^se habrd 
metido en la b6veda, en la c61ebre b6veda 
de los disciplinantes?„.., "^Y d(5nde esld la 
b6veda?„... "Viene d caer aqui debajo, y su 
entrada es por la capilla del Cristo, donde 
estoban rezando cuando entramos„... *^Y 
esa bdveda tiene luego salida por alguna nar- 
te?„... **Dicen unos que sale d las Descalzas 
Reales, otros que d San Felipe el Real; pero 
esto me parece fabula^... 
Proptisome el pintor interrogar al sereno, 

Sero d ello me ncgu^, no por falla de ganas: 
eseaba emprender solo mis investigacio- 
nes. La intervencidn de Villaamil en un 
asunto que yo consideraba enteramente mlo 
me molestaba. Todo intruso que me dispu- 
tara mi absoluto derecho d descubrir d Luci- 
la eraya mi enemigc. Fingiendo un poc(^ 



206 B. pArbz aALi>68 

Ib hice creer que s61o un interns caprichoso - 
V pasajero me habia movido, y me le llev6 
hacia la calle del Arenal, para dejarleen su 
casa antes de entrar yo en la mfa. Por el ca- 
mino le habl6 de todo menos de aquel mis- 
terioso hallazgo y p^rdida de la muier bo- 
nita; pero 61, sin poder apartar de lo que 
vimos su potente imaginaci6n de artiste, 
exclamaba: "iQu6 cuadro! Es laprimera vez 
que veo en Madrid un asun to portico y una 
composici6n prodigiosa... La mujer furtiva 
es lo de menos... jPero la plazuela ilumina- 
da por la luna, el arco de San Ginfe, donde 
«e alcanza a ver el farolillo del sereno... luz 
rojiza... los desiguales edificios, la disposi- 
ci6n irr^ular de las casas y tejados...! Es 
un cuadro, Pepe, un soberbio cuadro„... No 
tuve yo tranquilidad al quedarme solo, y 
abrasado de celos precoces, no podfa des- 
€char el temor de que Villaamil se me anti- 
€ipara en la busca y rastreo de la mayor be- 
ileza del mundo. 

Entr6 en mi casa en una situaci6n de 
inimo que no permitia otro disimulo que el 
darme por enfermo y necesitedo de soledad 
y descanso. Ml mujer, con tierna solicitud, 
dispuso que me trajeran tecitas de tlla y de , 
t6. No podfa yo resistir su mirada penetran- \ 
te, y cerraba los ojos con afectaci6n de dolor ; 
de cabAza, que no terd6 en ser efectivo. Va- 
rias veces he preguntado & Marfa Ignacia si 
hablo yo en suefios, y me ha dicho que no, 
que ten s61o doy grandes suspiros. Esto me 
tranquiliza, pues tendria muy poca gracia 



NARvisz 207 

Sie duriniendo noiubrase yo & Lucila, 6 por 
la pr^untase d imaginarios guardianes... 
La nocne fu6 mallsima, y los rates de in- 
fiomnlo me atermentaban menos que los bi'e- 
ves Jetargos con angustiosa opresi6n y terro- 
res. Ni un momento dej6 de sentirla presen- 
<3ia vigilante y cariftosa de mi mujer. Su 
ternura me incomodaba; le mand6 que se re- 
cogiese, aflrmando que me sentfa bien y que 
mi desaz6n habia pasado. 

Otro dia de Junio. — Pienso que he perdi- 
do la raz6n, 6 que Uevo dentro de ml un s^r 
nuevo, invasor intruso que ha desalojado mi 
antiguo s6r. No me conozco. Dudo si la con- 
tinua presencia de Lucila en mi alma es un 
suplicio intelerable, 6 un bien necesario que 
me ocasionarla la muerte si desapareciese. 
Ningmna mujer se ha posesionado de mi pen- 
samifjnto y de mi volunte.d con tan absor- 
bente tirania. Soy suyo, y por mfa la tengo 
desde el principio al fln del mundo. Porque 
-desde su emergencia en el castillo, fu6 para 
mi la ideal mujer, laperfecci6n del tipo, y 
ante, ella no puede haber otra, ni la huto 
ni la habrd. ^Esto que escribo es locura? Asl 
lo J^ienso; pero una vez escrito no serd ta- 
-chado por mi mano. Quiero manifestarme 
cual soy en el momento presente, y si deliro 
^qu6 raz6n hay para que me obstine en apa- 
recer discrete y sesudx), tal y como mi sefior 
su^ro me ve, 6 quiere verme, represen tdndo- 
me d su imagen y semejanza? Salgan al papel 
mis desatinos, si lo son, en espera de que el 
tiempo los convierta en concertadas razones. 



S08 B. PARBZ aALD6s 

La intitilidad de las diligencias que hoy* 
|iQ practicado en San Gin6s y contomos, m# 
ha traido & un abatimiento Itigubre. Ni sa- 
cristanes y raonaguillos, ni el serene, ni el 
celador del barrio, ni los tenderos vecinos 
saben nada de semejante mujer... He rec(K 
, rrido las calles pr6ximas, he dado vuelta 1 
toda la manzana. Recordando que Lucila 
apareci6 por el lado de San Martin, he reco- 
nocido tambi6n las calles de Capellanes, Ta- 
honade las Descalzas y otras, con la esperan- 
za de encontrarme al patriarca Anstirez, 6 
al hermanito pequefio; pero ningtin rostra 
de la fainilia celtibera he topado en mi diva- 
gaci6n por este barrio. En casa logro com- 
poner mi pAlido semblante, para que ni aun 
mi mujercita, con su milagrosa perspicacia^ 
entre en el sagrado de mis pensamientos. 
Voy al Congreso, que es donde mis solo pue- 
do sentirme, y huyendo de los amigos que 
en el Sal6n de conferencias y pasillos me 
agobian con su enfadosa charla, busco un re- 
fugio en mi asiento de los escaiios rmos, j 
mesumerjo en las narc(5ticas aguas de la dis- 
cusi(5n de Aranceles. Me creo dentro de una^ 
redoma, y mi atenci(5n es como la del pece- 
, cillo Colorado que nada en redondo mirando 
I el cristal que lo aprisiona. Veo al cetrino 
Nicolas Rivero, al fornido Pidal, d Cantero- 
chiquitin, 4 Moreno L6pez elegante, & Ne- 
grete proceroso, y oyendo el run-run de un 
orador, para mi desconocido, clerro los p4r- 
pados; el suefio me rinde... Al volver en mf 
me siento demagogo, me descubro andrqui* 



NABViBZ 209 

CO; no encuentro palabras bastante ezpresi* 
vas para califlcar el horripilante desenfrena 
y audacia de las ideas que se congestionan 
en mi mente. Porque la somnolencia no aca- 
i be de aplanarme, nuyo del Teatro-Congreso, 
j y me voy de paseo por la calle Mayor y Ca- 
' rrera de San Jerdnimo sin parar hasta el Re- 
tiro, donde encuentro araigos, algunos dipu- 
tados; hablo con ellos; sigo, empalmo con 
otros; vuelvo d charlar, tomo y dejo, y lo mis- 
mo acompaftado que solo, contintio sintiendo 
en m( el tlamear ardiente de las fieras pasio- 
nes revolucionarias. Los sombreros de copa 
que cubren el crdneo de tanto sefior y seilo- 
rete me producen indecible antipatia, y nada 
seria para mi tan sabroso como emplear mi 
bast(3n en el apabullo de todos los tubes do 
felpa que me salgan al paso. ^Hay nada mis 
imb6cu que la ihvenci6n de esta ridicula ta- 
padera de nuestras cabezas?... En mi negro 
humor, hasta las sefioras se me hacen odio- 
sas y soberanamente grotescas, con sus mo- 
das de Paris y el artificio vano de su ex6tica 
flnura. 

Sf, sf, debo de estar enfermo: esta noche, 
de las cenizas de la hoguera en que prendf 
fu^o 4 toda la sociedad de mi clase, ha sur- . 
gido mi grande amor al pueblo. Todo lo que V 
* no sea pueblo no es mds que una comparse- 
rla indecente, flguras de un carnaval que & 
lo chocarrero llama el^ante, y d las pesadas 
bromas da el nombre de cultura, Los dfas 
del vivir actual, esto que con tanto 6nfasis 
Uamamos nuestro siglo, nuestra 4poca, ^qu^ 



210 B. PBRBZ OALD6s 

•s mds que un lapso de tiempo alquilado 
para jRestas? El plazo de alquiler & su fin se 
aproxima, y en ese momento del miitar de 
caretas, volveremos todos & ser pueblo, 6 no 
sei'emos nada... Amo & LucDa porque amo 
al pueblo: estes dos amores no son mds que 
fujio... Presumo que voyal mayor descon- 
•ierto de mi raz6n, y dejo la pluma... 

Vuelvo & tomarla, despu^s de una pausa 
de dos horas, y declaro que ver6 con gran- 
dfsimo gozo los disturbios y convulsiones 

}ue tan to temen nuestros hombrespHblicos. 
la tan maldeclda Reptiblica Romana tiene 
todas mis simpatfas, y los Mazzinis y Gari- 
laldis son mis f doles... Lleno estoy del con- 
./ denado virus que es la desesperaci(3n de mi 
' suegro ilustre, y con este veneno apaciento 
mis ideas, con 61 mis deseos de que nuestras 
tropas, impotentes para reponer & Pfo IX en 
»u eterna Sill a, tengan que tra^rsele para 
acd, de que hiingaros y austriacos hagan pol- 
T04 los Radecskys y Metterniches, de que to- 
dos los pueblos ardan y todas las artiflciales 
eat^orias sucumban, de que Francia sea 
inmensa barricada donde alcen su haraposa 
bandera los socialistas, comunistas y falans- 
terianos del mundo entero... Ya veis que 
? Toy de mal en peor... Me siento insufrible: 
vuelvo & dejar la pluma... Suspendo esta 
eonfesi6n; pero consto que soy demagogo, 
furiosamente demagogo... 

Otro dia de Junio.—Eoj, gracias & DioB, 
en mi alma turbada se van apagando los in- 
fendios revolucionarios. No obstante, oyen- 



NARVABZ 211 

4o al St. de Emparin, que me ha dado ma- 
traca horrible con la carta fllos6fica remltida 
por Donoso Cortes desde Berlin, y publicada 
estos dlas par El Heraldo, he sen tide en mi 
un vivo annelo de que lo maten^ no & Donoso 
Cortfe, sino d mi suegro (d los dos no fuera 
malo), de que Vengan al Gobierno las hordas 
socialistas y le arrebaten cuanto posee,. sus 
riquezas todas, rafces, valores piiblicos, etc^- 
tera^ no dejdndole mas que la camisa, y esto 
por el aquel de la decencia. 3Qu6?... ^qu6 
tenuis que dedrme? Ya entiendo: queEmpa- 
f an en la miseria seria yo miserable, redu- 
€ido d la extrema necesidad de pedir limos- 
iia. ^Y qu6? ^Pensdis que esto me arredra? 
Pues bien: sere mendigo, andar^ descalzo, 
gozando en la total ruina de los zapateros y 
dn el acabamiento de todo sastre. ^No iban 
iescalzos y muy ligeritos de ropa los ibe- 
Tos y celtas, y eran felices, y se gobernaban 
jtdmirablemente y vivianluengos aftos?... Si 
por algo, fljaos bien, rectiflco esta idea des- 
tructora, y dejo d la remotaPosteridad^l des- 
pojo y aniquilamiento de mi padre politico, 
es porque me aterra pensar que mi mujer y 
mi hijo anden\ambi6n descalzos y en pafios 
menores por esos mundos. No: sdlvense de 
la catdstrofe estos caros objetos, y si para 
•elloes indispensable el indulto del Sr. de 
Empardn, recojo todo mi virus, y perdonado 
queda en este rengl6n. Para quien no tendr6 
misericordia es para Donoso Cort6s, que en 
su famosa carta berlinesa me ha estomaga- 
do con sus flof5erias fllos6flco-ultramonta- 



212 B. PBRBZ GALD(3S 

nas. ^Hay elocuencia mds vacia ni reWrica 
mis insubstancial? Desde que he sabido que 
Narvdez le odia cordialmeiite y se jacta de- 
no haberle leldo nunca, se aviva y enciende 
mds mi cariflo al Espaddriy y voy creyendo* 
que es el linico grande hombre entre tanto* ' 
iiecio hablador y tan to acebuche barnizado. J 
Sostave esta tarde una viva disputa en el r 
Casino, defendiendo rabiosamente & Nar-\ 
vdez, y abominando de los que con desde- 
uoso humorismo llama la cdfila de aboga- 
dos... Entrame ardiente anhelo de ver al 
Duque, y de piaticar con 61 de los diversos 
i-jmas que hoy mueven las lenguas de nues- 
vcQS hombres piiblicos y de nuestras muje- 
res,,, privadas (guarda, Pablo). De mafiana 
]'0 paso sin queyo me encare con el bueif 
liberal, 6 en su defecto, con Bodega, que 
oa este memento de la Historia mia y de 
Espafia, tambi^n merece mi afectuoso res- 
poto. El es pueblo, como yo, pueblo que res- 
plandece en las alturas. 



XXI * 



Primer OS de Julio.— Ru\ pasado alguno«^ 
dfas, no se cudntos: Uevo mal ahora la cuen* 
la del tiempo... En este par6ntesis corto de 
mis Confesiones, mi pensamiento no ha esta- 
do libre de alternativas y mudanzas. Sufrf 
recrudescencias de mi rabia demag6gica, y 



i^abvIkz 21S 

be visto luego que esta formidable pasi6n 6 
-dolencia remitia, dejdndome volver d mi 
normal estado de sensatez. Convi^neme de- 
clarar que ni en mis delirios ni en mis se- 
daciones me ha faltado el carilio & mi mujer 
J 4 mi chiquillo, sentimiento de un oraen 
xeposado, compuesto de deber y amor, y quo 
ha Uegado & parecerme armonizable con mis 
^josueftos. Cuando disponga de mds reposo, 
6xplicar6 la filosofla que pongo en prdctica 
.para socorrerme con ese c6modo sincretis- 
mo... Lo mds urgente ahora es que traslade 
-al papel un suceso mfo, que no por mfo ^re- 
cisamente, sino por suceso en si propio im- 
portante, debe ser comunicado & la indaga- 
iora Posteridad. Ello es que al cabo quiso 
Eufrasia que se cumpUeran las profecias: 
asi Uamo d las promesas de ella, y.& las 
malignas suposiciones del vulgo. Una carta 
que al Congreso me escribi6, la respuesta 
jnla, una breve enlrevista despu^s en el pa- 
seo, determinaron lo que por lo visto deseaba 
^ella mds que yo en aquel dfa, no muy leja- 
no del presente. Cogi6me en tal estado es- 
pasm6aico y cerebral, que mi primer impul- 
-so fu6 no acudir al dulce reclamo. Despu(5s 
lo pens6 mejor, y entendi que el Acaso me 
/deparaba quizds un granae alivio de mis 
murrias; depardbame asimismo el gusto de 
^ar la raz6n al penseque mundano, y de con- 
Tertir el cronic6n ap6crifo en historia verldi- 
«ca, espejo de la vida real. Me molestaba la 
mentira \v era tan fdcil trocarla en verdad! 
Di6me la verdad mi amiga una tarde en 



/ 



2 4 • B. PRUKZ CiALDOS 

^ Casino de* Bmbaj adores... Perdonad qa^ 
me interrumpa para declros otrp. vez, y >an 
dos, que me cai^a Donoso Cortes, y que ya 
estoy ahito de la indigesta carta fllos6fica 
que nos enjareW desde Berlin. Inflnitas ve- 
ces se ha tragado su lectura mi papd politi- 
co, y algunos pdrrafos quedaron impresos en 
su memoria como el Padreniiestro. Creer6 
que lo aprendi6 en viernes. Esta manana 
lo repetia en tono triunfal: "Si se mepr^un- 
tara mi opinion particular sobre el eclecticis- 
mo, diria que es una rama seca y deshojada 
del drbol del mcionalismo. Del racionalis- 
mo h,a salido el spinozismo,.el ??)lterianismo^ 
erkantismo, eHiegelianismo y el cousinis- 
mo, doctrinas de perdicion... La sociedad 
europea se muere: sus extremidades estan 
frias, su coraz(3n lo estard dentro de poco. 
^Sab6is por qu6 se muere?,, A esta pregun- 
ta que mi suegro hacia con entonacion pro- 
pia, como si fuera de su cosecha, contestd- 
oamos al unisono mi mujer y yo: **No se- 
fior: no sabemos nada.„ Y 61, hinchdndos^ 
de vana elocuencia, como lo estaban sus bol- 
sillos de copiosos caudales, se contestaba: 
"Muere porque la sociedad habfa sido hecha. 
por Dios para alimentarse de la substancia 
j cat61ica, y medicos empfricos le han dado 
^por alimento la substancia racionalista...„ 
Pero lo aue mds d mi seilor suegro, re- 
yentando ae rico, seduce y entusiasma, es. 
aquel pasaje sentimental en que nuestro ru- 
ttlante orador nos revela que hemes venido 
al mundo p2«:a llorar y padecer. La cosa re- 









NABVABZ 215 

sulta clarisima y se demuestra con un ejeiti- 

{Ao. **La vida es una expiaci6n — decia D. Fe- , 
iciano con semblante ffinebre 9.I repetir um 1/ 
de los ttozos m6s enfaticos de la carta;— Ja 
tierra es un valle de Idgrimas. Si no quer^is 
alzar la vista d los Cielos, ponedla en la cuna | 
del niiio sin pecado... ^Qu6 hace el nifto * 
privado aiin de pensamiento, de raz6n y has- 
ta de voluntad? Pues llorar...„ Argumento 
incontestable: si el nino, que todavia es un 
dngel, llora, nosotros que estamos Uenos de 
pecados ^que fin y destino tenemos nids que 
nacer pucheros en todo el curso de nuestra 
vida? Observaba yo que mi ilustre suegro. 
con tanto reconiendar el llanto a las personas 
mayores, se abstenia personalmente de toda 
deniostraci6n de duelo, y nos decia, mas re- 
gail6n que dolorido: "Esta es la verdad, la 
doctrina pura. Aprended, aprended aquf.^, 
Perd6nenme la digresi6n. Sigo contanda 
Quedamos en que fui d la calle de Embaja- 
dores. Ya comprendereis que de tan delica- 
do asunto s6lo debo hablar lo precise ipafa 
establecer la debida coordinaci6n l(5gicaeh- 
tre las diversas partes de estas confldencias. • 
Me permito saltar de la primera d la segun- 
da entrevista con Eufrasia, que fu6 ayer, y 
ailado que las alegrias de estos reservados 
encuentros dejan en ml un sedimento amar- 
go, y que no han apagado, no, el volcan quia 
suscit6 en mi mente la fatal aparici6n de la 
salvaje Lucila. Os dir6 en conflanza que los 
halagos de la moruna, con ser en determi- 
nadas ocasiones de extraordinaria intensir 



/ 



216 B. FSaSZ OALD68 

dad sensitiva, me traen el hielo en inmedia- 
ta concatenaci6n con el fu^o, cual si fuesen 
eslabones que forman un tois6n de alterna- 
dos metales. Rn sus encantos, d poco de gus- 
tarlos, no me ha sido diffcil ver el desabri- 
miento de las cosas de serie, que traen de 
atrds su principio y continiian repiti^ndose 
en la igualdad de sus casos y consecuencias. 
Yo me sentia sucesor de alguien y predece- 
sor de otro il otros, y si mi herencia me pa- 
recfa triste, mds Idstima que envidia sentia 
de mis presuntos herederos. 

Otro dia de Julio.— K la tercera vez, con 
mds empeflo que en la primera y segunda, 
trato de indagar el m6vil y fin de aquella 
oonspiraci6n de zarzuela en que la moru- 
na entretiene sus ocios. La reciente intimi- 
dad no tiene bastante poder para quebrantar 
el secreto. Eufrasia elude las pr^untas, 
cambia de conversacidn, ni^a cuando se ve 
estrechada; acaba por afirmar que todo eon- 
cluy6, que fu6 una broma, chismorreo de 
damas locuaces, que no saben c6mo pasar 
el rato: Mis coloquios en tan cercana dis- 
posicidn me permiten observar que es rece- 
losa, sagaz y reservada, que las pasiones no 
ahogan jamds su discernimiento, que po- 
niendo en sus empresas toda la perseve- 
rancia del mundo, sabe esperar. Yo no me 
recato de confesarle mis simpatias por la de- 
magogia, sin descubrir el secreto psicol6gico 
de esta novedad, y ella me alienta, declardn- 
dose tambi^n un poquito revolucionaria, sin 
precisar ideas. 



NAETABZ 217 

Permitidme que en una nueva digresi6n 
afirme otra vez, y van ciento, que me enco- 
coran lo indecible el Sr. Donoso, Marques de 
Vsddegamas, y su ciencia relamida. Si me 
ofrec^is recibo lo tomar^, y sigo en mi can- 
\ Jtinela... Es que & diferentes horas, en las si- 
j tuaciones m6s diferentes, invade mi alma el 
I desd^n de estas ret6ricas vacias. Ese buen 
sefior que & mis contempordneos entusias- 
ma, & mi me revienta: no puedo remediar- 
lo... Y 4 prop6sito, para que no me acus^is 
de inoportunidad: Eufrasia, tomandopiede 
no s6 qu6 apreciaci<}n mfa, me ha dicho, 
mientras se arreglaba el desordenado cabe- 
llo: "^Verdad que es hermosa la carta de Do- 
noso Uortfe?^ Yo tron6 contra el idolo de las 
damas y de los grillos parlamentarios, y mi 
amiga lo defendi6 con grandes hip^rboles, 
repitiendo algunas de sus vaciedades mis 
rotundas: **Luzbel no es el rival, es el escla- 
vo del Altisimo.„ 

— Bueno, ^y que? Concedo que no es el 
rival, sino el esclavo... ^Y qud? 

—Que el mal no es obra de Satanas: **el 

mal que el angel rebelde infunde 6 inspira, 

no lo inspira y no lo infunde sino permi- 

li^ndolo el Sefior, y el Senor no lo permite 

I sino para castigar & los impios, 6 para puri- 

, ficar a los justos con el hierro candente de 

J las tribulaciones„... Asi lo parla el maes- 

/ tro... 

— Eso va con nosotros: falta saber si so- 
mos impfos y merecemos azotes, 6 justos 
que seremos puriflcados. 



/ 



218 B. PBBB2 aALDtfB 

— No seas tonto. Eso lo dice por las rercK 
luciones... ^ 

— ^Qu6 m4s revoluci6n que nosotros? 

—No hables en plural: tti eres demagogo. 

— Y tii descamisada... 

— J Ay qu6 pillo!... El descamisado, el [ 
• sans culotte eres tu... Las palabras de Qui^ i 
' quiriqut sobre el Sr. de Luzbel no van con \ 
nosotros. Es que algunos ban dicho que la 
revolucidn de Febrero del ano- pasado en 
Francia, la que ech6 del trono d Luis Feli- 
pe, fu6 un castigo, y que despu6s vendria la 
misericordia de Dios. Pues no es eso: Dono- 
so Cortes, con ese talentazo que no le cabe 
en la cabeza, ve las cosas claras y dice que 
no habrd misericordia... "Los quevivan ve* 
rdn asombrados que la revoluci6n de Febre- 
ro no fu6 mds que una amepaza, y que aho* 
ra viene el castigo. . . „ 

— jYa escampa! Pongdmonos en salvo. 

— No te buries. Vendrd un cambiazo muy 
gordo que nos libre de tanto pillo. 

— Y en ese cambiazo trabajas tii y otras, i 
cencerros tapados... Destruir^is todo lo ac- 
tual, y pondr6is al f rente de la Administra* 
ci6n un Ministerio de nines Uorones presidi* 
do por Quiriquiqm.„ 

Solt6 al oir esto una risa franca, fresca, 
sonora, expresi6n de abandono y travesura, 
"D6jame que cierre asl la discusi6n — me 
dijo. — Mi nombre es Alegna„...Y acabd 
por confesarme que tambi^n d ella le revuel- 
ven el est6mago los sermones de Valdega- 
mas, y que si los celebra y repite es por se- 



NARVABZ 219 

guir la comente; que toda aquella hm 
chaz6n insubstancial no sirve para nada, n* 
traerd la mas pequefia miidanza de las co 
sas ptiblicas. Kl mundo, segua Eufrasia, se 
gobierna por pasiones, no por ideas, y 6sta& 
no influyen sino cuando son apasionadas. 
No echo yo en. saco roto esta sentencia, que 
me parece de un profundo sentido en los 
tiempos que corren. Tiene la moruna mu- 
cho talento. Asf lo declaro, y ella con cando^ 
rosoorgullo me dice: "^Puesqu6creeatu...? 
Si yo fuera Reina haria de Espaiia una gran 
Naci6n. Yo sabrfa ser mujer y soberana, sin 
que la soberana y la mujer se estorbasen la 
una d la otra. Yo poseeria y practicaria el 
arte rods dificil, que es el de escoger horn* 
bres mds 6 menos publicos, y en cada puesto 
estaria el sujeto apto para desempeilarlo... Yo 
los exarainaria bien, y hasta que no estuvie- 
ra bien segura de sus cualidades no les da- 
ria el rango. . . Cr6ete que yo haria una Reina 
adipirable, como Isabel de Inglaterra, 6 Ca- 
talina de Rusia; pero con la condici(5n de ser 
soberana absolutamente absoluta, porque 
de otro modo no responderia del acierto. jLi- 
bertad? No habria mds libertad que la mfa. 
iReligi6n? La mia, y que fuera yo mi pro- 
pio Papa. ^Ej6rcito? Yo Generalisima. ^Ma- 
rina? Yo Almirantisima. ^Gobierno? Yo 
Ministrisima... Verias tii qu6 bien andaba 
todo. Yo y el Pueblo, y entre 6ste y yo un 
cierto niimero de lacayos instruidos que sir- 
Tieran flelmente al Pueblo en mi nombre.„ 
Pi^untada por mi acerca del lugar que d 



/ 



220 B. PBBBZ GALDOS 

€U esposo daria en este absolutisimo gobier- 
no jnujeril, me contest6 que en su Reino de- 
cretaria el case de todos los maridos que no 
lueran padres, y que & D. Saturno, por gra- 
titud, le nombraria Inspector General de 
Matrimonios, para divorciar d los que no tu- 
viesen prole... Yo, como padre que soy bien 
acreditado, tendrfa un puesto de importan- 
cia en la Naci6n... 

Con ^slas y otras tonterias pasaniios el 
rato. El ingenio de esta muj^ me divier- 
te... pero el vacio de mi alma continiia sin 
Uenar. Termina la moruna dici^ndome que 
se va & la Granja, donde estd la Corte, y me 
incita d que vaya tambi6n yo con mi fami- 
lia... Si Marfa Ignacia y sus padres desean 
lo mismo, ^por qu6 no acabo de resolverme? 



3Qu6 interns 6 querencia me amarran d Ma- 
drid? Respondo que si, que no y qu6 s6 yo. 
Otro dia de Julio. — Hoy, despues de dos 



infructuosas tentativas, he logrado satisfa- 
feer mi vivo deseo de hablar con Narvdez, de 
quien tenia yo las mejores ausencias, pues 
supe no hd mucho que en casa del Duque 
de San Carlos me alab6 y encareci6 inftni- 
tamente mds de lo que yo merezco. Antes 
de pasar d la presencia del Espaddn toc6me 
un poco de antesala, la cual se me hizo cor- 
ta por la agradable compaafa de mi amigo y | 
compaflero de Congreso, Eusebio Calonge, 
el mds joven quizds de los Mariscales de i 
Campo. ^De qu6 habiamos de hablar sino de 
la expedici(3n d Italia, general comidilla en 
estos dfas? Marchitas las ilusiones de los que 



naryAbz 221 

vieron en el envlo de tropas d Gaeta un prin* 
cipio de hist6ricas hazafias militares, ^qu^ 
hacfan allf los espafioles? Recibir la bendi- 
cWn del Papa, ocupar d Terracina, y gas tar 
su ardlmiento en marchas y contramarchas. 
"El veto del General francfe, cerrdndonos 
el camino de Iloma — me dijo Calonge, — nos 
ha puesto en situacidn muy desairada. La 
expedici6n queda reducida 4 un aoto di- 

f)lomdtico, y tinicamente con ese caracter se 
a puede defender hasta cierto punto. Mi opi- 
ni6n es que los actos diplomdticos de un 
ej6rcito s61o son eflcaces despu6s de actos 
verdaderamente mill tares. La fuerza que pe- 
ga duro es la fuerza que puede negociar...,, 
Pareci6me de perlas esta observaci6n de ml 
amigo, que revelaba la viveza de su en ten- 
dimiento, y algo mds habriamos divagado 
sobrt aquel asunto, si no nos interrumpie- 
ra D. Juan Bravo Murillo, que salia de ha- 
blar con Narvdez. Tocaba su vez & Calon- 
ge, que segiin me dijo despacharia en cinco 
minutos. No llegaron d tantos los que em- . 
pleamos D. Juan y yo en recfprocas saluta- 
ciones. No he tenido ocasi6n de decir que el 
ilustre extremefio y hombre publico es anti- 
gua relaci6n de los Emparanes, y ha dirigi- 
do como letrado en ocasiones diversas, y en 
una muy reciente, los asuntos de la casa. 
D. Peliciano le estima como amigo, y le mi- 
ra como & un santo en la religi6n de la ju- 
risprudencia. Nada teme mi suegro del rigor 
de las leyes teniendo en sus al tares & San 
Juan Bravo Murillo. 



/ 



222 B. piREZ oalimSs 

"[Dichosos los ojos...!— exclam6 Narv4ez 
al recibirme;— y conste que ya no le llamo 
polio, Por muchas razones merece usted el 
€mpleo inmediato . . . „ 

Hablamos de todo, de Eufrasia, de mi fa- 
milia, de mi hijo, de los Emparanes, de los 
Socobios, de todo menos de la campafki de 
Italia, pun to delicadisimo que no me atrevi 
d tocar, sabedor de lo aburrido que anda mi 
hombre con este frustrado intento de inter- 
Tencidn gloriosa. En su tono, en su mirada, 
descubro la calma que ha sucedido d su re- 
celo de las conjuras, y siempre que la con- 
Tersaci6n recae en cosa referente d mi per- 
sona, sus elogios me colman degratitud, no 
inferior a mi confusi6n, pues ignoro en qu6 
funda el alto concepto que de mi ha forma- 
do. Hdblame de que desea utilizar mis do- 
tes, esas dotes que con increible benevolen- 
cia y engafio llama extraordinarias, y cuan- 
do pienso que su idea es ofrecerme un pues- 
to diplomdtico, sale porun regis tro que me 
causa tanta sorpresa como disgusto. ^Sab^is 
d qu6 quiere aplicar el Duque las facultades 
mias, que estima 6 pareceestimar'desmedi- 
damente? Pues d las funciones de un cargo 
palatino. La independencia que disfruto me 
permite tomar d risa la propuesta de mi jefe 
y amigo, y manifestarle que podrd hacer de 
ml lo que quiera, pero jamds hard un pala- 
ciego. El se rfe tambito; al despedirme me 
da palmaditas, repite en forma humoristica 
su pensamiento de vestirme de gentilhom- 
bre, sumiller de corps 6 cosa tal, y con toda 



narvIbz 223 

«oriedad me dice: "Yo miro este asunto por 
^1 lado mfo, por el lado de la conveniencia 
oficial, y sostengo que es necesidad imperio- 
«a del Estado tener en aquella (^a un per- 
sonal inteligente, instrufdo, que posea las 
touenas fomias y las ideas liberales... Ya ve 
usted si es dificil... digamos imposible. 
Adi6s; que vuelva usted pronto por aquf, y 
•aunque no quiera hablaremos de io mis- 
mo...,, Sail: la idea del General, descartan- 
, <io radicalmente de ella mi persona, pareci6- 
me idea luminosa y madura, de hombre de 
jnundo, de hombre de Estado. 

Al anochecer, camino de mi casa, no fal- 
i€ d la estacidn que dos veces al dia, una 
por lo menos, hago en San Gin^s, por la 
querencla misteriosa de los lugares donde, 
visto una vez el paso de la felicidad, creemos 
que alli nos estd esperando para pasar de 
nuevd. Es aqu^l mi sitio de peregrinaci6n, 
J & €1 acudo por devota costumbre, 6 por 
impensado rumbo de mis andares. No dir6 
4]ue hayan sido absolutamente infructuosas 
mis pesquisas en la parroquia y sus aleda- 
fios, porque si ningiin conocimiento positi- 
vo ha venido d saciar la sed que me devora, 
►creo haber descubierto hilos menudos que & 
otro m&s grande, y flnalmente al ovillo de 
-esta sin igual aventura pueden conducirme. 
Desengafiado de sacristanes y monagos, asf 
como de vecinos y porteras, me dediciu6 al 
trato de pobres de ambos sexos que piden en 
-i^quel santo Ingar. Repartiendo sin tasa cal- 
<Ierilla y algo de plata, he adquirido en tan 



224 B. PBRBZ aALD^S 

mfsera reptiblica relaciones muy li tiles... 
Pero anoche encontr^ la puerta cerrada; la 
turba mendicante se habfa retirado de sus> 
puestos, faltdndome hasta el mfis flel y con- 
secuente amigo, que esperarme suele & des- 
hora en la escalerilla del patio por la calle 
del Arenal. De los hilos tenues, impercepti- 
bles casi, que este hilandero de chismes ha 

Euesto en mi mano, no quiero ni debo ha- 
lar mientras no sepa si han de conducirma 
i la esperanza 6 d mayor desesperaci6n. 



xxir 



16 de Jwi/o.— Decididamente nos vamos 
t la Granja. Habria yo preferido pasar en 
Atienza los rigores del verano, por disfrutar 
de mayor sosiego y dar d mi madre el gus- 
tazo de tenernos en su compania. Estos eran 
tambi^n los deseos y planes de Maria Igna- 
cia; pero el unanime voto de todo el se&orio 
Emparanico en favor del Real Sitio de Sau 
Ildefonso se impone 4 nuestra voluntad. 
Pun to final en las discusiones, y comienzo 
de los festidiosos preparativos... Mi mujer^ 
6 ignora en absolute mi devaneo con Eufra- 
sia, 6 lo considera superficial y sin impor- 
tancia, aplicando al case una filosofia suya^ 
soberana, elevadisima, que en rigor no pue- 
de admitirse mds que estableciendo ley con- 
yugal distinta para cada sexo... Cuido d^ 



rodear mi MU de cuautas precauciones ptJbe* 
den preservarla del conocimiento y aun de 
la sospecha de esta lamilia; pero creo diJScil 
mantener la ignorancia m^ alii de los tenn 
porales limiles que enoierran todo humano 
artiflck). 

Deseaba yo una oca^^Sn de ver i Eu&asia > 
antes de su partida, y bablarle de estos it- 
mores, apelando & su buen discernimmto 
para que, mientras dure la Jornada ea el 
Real Bitlo, enoerremos en mayor tapujo 
nuestras intimidades, 5 las encubramoscoia 
la soberana bipocresia de suspenderlas efee- 
tivamente. De flio accederii, porque, oomo 
gran maestra de la vida, es cautelosa, ve y 
entiende toda realidad, y en sus programas, 
segiin me ha dicho mil veces, figura en pri- 
mer tSrmmo^ la conservaci6n de mi prestigio 
y buena fama en la tamilia. La ocasidn que 
yo buscaba se me ba presentado esta tarde. 
liabiendo ido con mi sefior su^^ i visi- 
tar & S)rayo Murillo (para consultarle un 
nleito Empardnico entablado en el Gonsejo 
Real), tuve el gusto de toparme allf con Don 
Saturno del Socobio y su morisca esposa, 
que se despedfan del extremefio, con quien 
estdn todos los Socobios del mundo en bue- 
na amistad social y juridica. 

Pero antes de que yo reftera esta visita y ' 
las entretenidas pldticas que en casa del in- 
signe letrado y ministro tuvimos, obligame 
el orden del relate & contar alguna medita- 
ci6n mia muy interesante; que las medita- 
^iones, y aun los volubles escarceos de la 

45 



A 



226 B. pisBZ gald6s 

mente, son materia 6 documentaci(5n utilf- 
sinia de la liistoria de un hombre, mis 6 me- 
nos sincero confesor de si mismo. Es, pues, 
el caso que al despertar esta tarde de la sies- 
tecilla con que suelo pagar mi tributo a los 
ardores veraniegos, senti en mi alma un 
bienestar hondo, cual si de ella, con la virtud 
de aquel descanso, se desprendiera un for- 
midable peso que la oprimfa. Sentiame no 
a aliviado, sino totalmente restablecido de 
que yo Uamaba el mal de Liicila, la mo- 
nomania, la horrenda pasi6n de Animo que 
encaden(3 mi pensamiento y todo mi s^r 
A la imagen mds softada que vista de aque- 
11a mujer. Y la siibita extinci6n de mi mal, 
habfamela traldo... ^A que no lo adivindis? 
Pues una idea, que al despertar anareci<5 
posesionada de mi mente, y encendiaa den- 
tro de ella como vivisima luz, semejante 
por su potencia & las que en los faros alum- 
bran el paso de las naves. La idea que me 
lluminaba, 6nica, despidiendo rayos en mi 
cerebro, era 6sta: La enfermedad que yo 
he padecido no es mas que una efusidii es- 
tetica. 

"Mujer— dije a la mia, que en el memen- 
to de mi despertar se me apareci6 con el chi- 
quillo en brazos, — ^no sabes que ahora caigo 
en que soy un artista sin arte... un hom- 
bre que crece, vive y toma puesto en la vida 
srcM fuera de su vocaci6n? En mf has de 
ver un artista inmenso, escultor, pintor, 
musico tal vez... quiero decir que yo he de- 
bido ser ese gran creador de arte, y por no 



karyAbz 227 

«erlo, me pongo malfsimo, y hasta parece 
^ue se me va el santo al Cielo.„ 

Ech6se d reir mi digna esposa, y sin dejar 
^e zarandear en sus brazos al crio, me con- 
"^ test6: "jPero, bobito, si eso que medieesno 
* ^s idea tuya!... jSi eso te lo dije yo anoche 
t €uando te acostabas! Y te lo repetf no s6 si 
' -dos 6 tres veces hasta que te quedaste dor- 
midito. ^Ya no te acuerdas? 

—Si: algo voy recordando. Me hablaste de 
^so; pero no dijiste el nombre del mal que 
tuve. El nombre de lo que padecemos es 
muy importante, y creo yo que el hecho solo 
'de saber ese nombre nos cura. Esto que pa- 
•decl se llama efusidn est4tica. 

—No me vengas 4 mi con terminachos. 
To no s6 mas sino que no te conviene estar 
ocioso. Tu mamd te conocfa Men cuando te 
recomendaba que escribieras la Historia del 
JPapado, y aun crefa la pobre que la estabas 
«scribiendo. Yo son6 noches pasadas que ha- 
'bias hecho una catedral tan magnfflca, que 
las de Toledo y Le6n parecian al lado de la 
tuya builuelos de piedra. . . Y otra noche pen- 
•s6, esto no fu6 suefio, que si llegas & dedi- 
isarte d la estatuaria, habrias hecho maravi- 
llas... De todo entiendes, y sobre cada cosa 
^iscurres con tan to tino que se queda una 
tonta oyfedote... Mds de una vez te dije que 
lias sido muy desgraciado, Pepe, porque pri- 
mero quisieron hacerte cl6rigo y te manda- 
ron d Koma, donde no te encaminaron por 
el lado del arte, sino por el de desempolvar 
fcibliotecas; luego viniste aqui, te dieron un 



2319 B. pittu aALD6s 

empleo; nadie se cuidd de ver para qu6 ser- 
vlas; te lanzaste al mundo; te hiciste seftori- 
to el^ante; y por fin^ sin que lucharas jtor 
la vida, ni por el arte,, ni per nada, te viste^ 
en buena posici^n y casado con unafea... 
jYa lo creo que estards enfermo, Pepe! Y 
has de ir de mal en peer como no busques^ 
ahora otro rumbo, y te ocupes en algo que 
sea boca de volcan por donde arrojes todo lo* 
que tienes dentro del alma.^ 

Respondile que cuanto me decia era exac- 
tfsinio, menos que yo me hubiese casado con 
una fea, y quien asi lo afirmara mentia be- 
llacamente. Vari6 con ripido giro Maria Ig- 
nacia la conversaci6n, dici^ndome que su 
padre me esperaba ya para ir i la visita del 
Sr. Bravo Murillo. Vestime de prisa y co- 
rriendo; d los veinte minutos ya estabamos- 
en la calle suegro y yerno. Por el camino* 
iba yo pensando en mi enfermedad, la cuaU 
al paso por San Ginfe, no me pareci6 radi* 
calmentecurada... ^^Podria creer al menos. 
en una mejoria profunda y franca, precur- 
sora del perfecto equilibrio? La idea que al 
despertar de mi siesta me trajo conciencia 
lumincsa de curaci6n, habia sufrido alguoa. 
mudanza, como el lento correr de una vele- 
ta, y observdndola me dije: "No era efusign 
estetica, sine efusion popular. „ Oyendo las 
campanudas m^'aderias que D. Feliciano 
me ech(3 por el camino, tocantes al Principio* 
de Autoridad y &, las medidas que debiain 
adoptarse contra el tremendo virus, me sen- 
ti otra vez daftado profundamente, y el sin- 



HV^TABZ S29 

toma dennnciador de mi recaida no era otro 
•que tin vivo afdn de qne reventara mi sne- 
igTOj 6 de que nn alzamiento de las turbas le 
hiciese total liqnidacidn de vlda y hacienda. 
En este morboso aiihelo mfo do entraba para 
nada la idea de herencia: mi furor revolu- 
■eionario contra el Sr. de EmparAn era esen» 
'Cialmente desinteresado y justiciero... 

Adelante. Antes de que yo tuviese el ho- 
nor de conocer d D. Juan Bravo Murillo, me 
•cont6 mi suegro que este grave sefior se des- 
iayuna con media docena do choriaos crudos 
y medio cuartillo de Valdepefias. Pensaba 
jro que quien con tan grosero y bdrbaro co- 
mistraje se prepara el cyerpo para los traba- 
jos matutinos, no podfa ser una inteligencia 
*util, de penetrantes destellos.. Mas luego^ 
Vi6ndole, oy^ndole y tratfindole, reconocl en 
'^l cualidades de hombre entero, sesudo, te- 
naz, de viril discernimiento sin fantasia, que 
me reconciliaron con aquel hdbito suyo de 
la ingesti6n de chorizos cuando los demds 
tomamos caf6 6 chocolate. La persona de 
D. Juan no puede ser mds extremefia: como 
politico es compacto, duro, consistente;como 
orador, macizo, aplastante, pesado^ de una 
•claridad pasmosa en los asuntos de ley es- ^ 
crita. Al jurisperito le tengo por excelente, 'i 
al politico por unode los mds vulffares, hom- 
'bre aferrado & ideas viejas, y hecho 4 las ru- 
•tinas como & los embutidos de su pais. La 
•Axtremefta virtud de la voluntadle sirve 
j!>ara enranciarse mas cada dia, y es lastima 
•que tal virtud se apliquei convertir en ac- 



't 



330 B. PBRBZ aALD^S 

tos el pensar retrograde y los sentimientx)* 
absolutistas. Meaos austero de lo que pare- 
ce, goza no obstante fama de honrado, y lo* 
es. Ha podido ser millonario, y su fortuna^. 
segiin dicen, no pasa de nioderada, en el 
sentido general. No escandaliza con su lujo, 
y su vanidad se reduce a vestir bien: usale- 
vitas de buen paiio de Sedan bien cortadas^ 
guantes amarillos, botas de charol, y fuma 
puros de a cuarta, del mejor habano. En so* 
ciedad es afable, muy distante de la zalame- 
rfa; en la Administraci6n todo lo severo que^ 
puede ser aqui un Ministro, tratante en fa- 
vor y credenciales. 

Encontramos la sala de D. Juan Uena der 
gente, y 4 61 recibiendo placemes por sji re- 
cobrada salud. Habia tenido un ataquillo da 
grippe, la enfermedad que ahora esta da 
moda, y restablecido ya, sus amigos politi- 
cos, sus clientes y una caterva de extreme- 
fios acudian d felicitarle. Diputados vf unos- 
doce, y al poco rato, con los que en pos da 
mi llegaron, la cifra pas(5 de veinte. Allf es- 
taba Candido Nocedal, que a mi parecer se- 
pasa de listo, de facil y seductora palabra^ 
progresista el 40, el 44 moderado de la frac- 
ci6n Puritana, en la cual permanece; alU 
tambi6n Carriquiri, hombre rico y por lo- 
tanto ameno, alegre y de afable trato; allt 
D* Cristobal Campoy, auditor de Guerra ea 
el ejOrcito de D. Carlos, hoy moderado d€^- 
los de peso, que andando se tambalea coma 
un santo que Uevan en procesion; allf Doa 
Felix Martin, el diputado labrador, el villa- 



NABVABZ 231 

no de niescas, como suelen llamarle, alto^ 
moreno, con gruesos anteojos, y un levit6n 
que debiera ser de pano pardo para que el 
hombre estuviese mds en cardcter; alli Don 
Santig^o N^rete, diputado por Llerena> 
corpulento, cetrino, de voz atronadora; alU 
los extremeftos Ayala y Perndndez Daza, 
6ste de flgura juvenil y semblante risuefio; 
alli, en ftn, D. Joaquin Compani, el ingenuo 
del Congreso, 6 hablando en francos, Ven* 
fant terrible J porque las verdades se le sa- 
len de la booa sin que pueda la dlscrecWn 
contenerlas, hombre de una franqueza su- 
blime, orador altisono y de voz cavernosa, 
que se ha I\echo c^lebre por haber soltado 
la bomba de que s61o hay en Espafla doa 
elementos de gobierno: el cansancio de los 
pueblos y la empleomania. Naturalmente, 
tal aflrmaci6n fu6 terror y escdndalo de los 
que viven dentro de la ftcci(5n y el conven- 
cionalismo; pero no se arredr6 el ingenuo, y 
sin pararse en pelillos hizo brava defensa de 
la empleomania, y sostuvo que es un he* 
cho contra el cual nada pueden los declama- 
dores, porque escaseando en Espafia los me- 
dios de vivir, hay que reconocer d los espa- 
fioles el derecho al presupuesto. 

Ofrecidos mis respetos a D. Juan, dej^le 
con D. Feliciano hablando del asunto con- j 
tencioso, y pas6 d saludar d mis amigos de 
la Cdmara. Entr6 en seguida D. Joaquin Ro- 
driguez Leal, diputado extremefio, indepen- 
diente, progresista, amigo particular de Bra- 
vo Murillo, y tras 61 el Marques de Torreor* 



S32 B. PRESS 6hALDd8 

gas, menguaditd de talla» de buen humor, 
contento de la Tida, como hombre adinera- 
4o. Este representante del pais no dejatrans- 
cttmr ninguna legislatara sin pre^ntary 
apoyar una proposici6n de ley declarando 
k absoluta incompatibilidad del cai^o de di- 
jatado con los empleos, honors y obvencio- 
ms. iQae si qnieres! Es nn sofiador, el horn'- 
bre de lo imposible, y D. Juan Bravo Muri- 
UOy segtua. euentan, ha sudado mis de una 
vez la gota gordacontestando 4 tales Utopias. 
Son am^os y palsanos, y no riften mds qne 
«i el Congreso. Llegaron lu^o otros extre- 
mefios desconocidos, dos de ellos con sus 
respectivas sefLoras, de la tierra de Hern4n 
Cort6s y Pizarro, y por fin hizo triunfal en- 
trada,el matrimonio Socobio, D. Satumori- 
suefio, claudicante, envejecido, Eufrasiaele- 
gantfsima, dominando desde el primer ins- 
tante con su desenvoltura graciosa toda la 
teunidn. No fueron pocas las alabanzas que 
D. Juan le tribuW por su hermosura, y los 
piropos con que le rindi6 pleitesia como due- 
So ae la casa y admirador respetuoso del 
bello sexo. Las extremefias damas alli pre- 
sentes, que atin vestian por la tiltima moda 
de Badajoz, 6 por las retrasadas de Madrid, 
BO quitaban los ojos de la vestimenta y ac- 
cesorios de la manchega, reparando todo lo 
i|ue llevaba. 

Iniciamos la conyersacidn por el tema ti 
cil de los insuf rlbles calores y de lo bien qu ) 
rfehta un yiajecito a la Granja en esta ca- 
Bicular estaei6n, y D. Juan saca uno de sub 



kaetAbz 286 

t6picos predilectos, que es traer aguas d 
Madrid. Asegura que el abastecernos de tan 

I)recioso elemento de mda se impone, cueste 
que costare, para que la capital de las Es- 
panas no sea un pueblo sediento y sucio. A 
rengl6n seguido se entabla una interesante 
porffa sobre la calidad de los cuatro viajes 
que surten esta capital, y se marcan banaos 
* partidos, pues si el uno defiende el sabor 
del Bajo AbroAigal 6 la Castellana, no falta 
quien pondere la delgadezdel Abroiligal Al- 
to y la Alcubilla. D. Juan, que ha esludia- 
do detenidamente el asunto, nos dice que 
Madrid se despoblari si contintia bebiendo 
por la primitiva medici6n de reales, que se 
dividen en cuartillos y fetos en pajas. La 
pobreza de aguas de la Corte se evidencia 
«on s61o decir que corren en ella, cuando 
corren, treinta y tres fuentes, en las cuales 
hay ochocientos y pico de aguadores que dis- 
tribuyen en todo el vecindario trescientos 
treinta y siete reales de liquido potable. Pe- 
fo D. Juan presentard d las Cortes un pro- 
yecto de ley para traer aca el Lozoya, sacdn- 
«olo enteriio de su lecho y derramdndolo por 
nuestras calles, plazas, paseos y jardines. 
Oyeron esto los presentes como un cuento 
-de hadas. La pintura que hizo Bravo Muri- 
Uo de los espl^ndidos chorros de agua que 
sti proyecto realizado habria de verter sobre 
Madrid, cautivd de tal modo al auditorio, 
que no s6lo se nos refrescaban las imagina- 
4sione6, sino tambi^n los cuerpos. 



284 B. P^EIZ GALDdS 

XXIII 



Pero el marruUero y pesadisimo D. Sa- 
turno, que anda de algtin tiempo acd media 
trastornado con la mania del antiparlamen- 
tarismo, y consagra sus estrechas lacultades 
y su holgado tiempo. a proveerse de razones^ 
dates y copiosas estadisticas que demuestren 
la inutllldad 6 mis bien el perjuicio de laa 
Uamadas Cortes, ora sean Uonstituyentes^ 
ora Ordinarlas, ech6 sobre el proyecto del 
Lozoya no dir6 un jarro de agua, sine cdn* 
tares de fuego, asegurando que de la Repre- 
sentaci6n Nacional no puede salir trafda de 
aguas ni de ninguna cosa buena, sine traida 
de barullo, confusion, corruptelas 6 inmora* 
lidad. 

**Y no lo tome 4 mala parte, D. Juan, que 
contra usted no voy, porque usted no ha in* 
ventado el Parlamentarismo, ni en 61... laa 
cosas Claras... se encuentra muy A gusto, 

Sor mds que lo calle, vamos, que no pueda 
ecirlo... jPero qu6 bien gobernariaraos sin 
Cortes, D. Juan, y qu6 derecho andaria to- 
do el mundo! 
— Eso habria que verlo... 
—Muy pronto se dice; pero en la pr4<x 
tica... 

—No estd el mal en las Cortes, sine en el 
maldito Reglamento. 



NAttVAEZ 235 

— Por mi parte que las supriiiian.„ 

Estas y otras observaciones que como gra- 
nizada caian sobre la opini6n de D. Satumo^ 
salieron de los grupos en que estaban Torre- 
orgaz, Negrete, Compani, Campoy, D. Pelir 
Martin y Camquiri. 

''Si me dejan meter baza, seilores — indic6 
1 la nwruna, — les dir6 que ml marido no con* 
rlena el Parlamentarismo en principio... 

— jOh, si! en principio, en principio y en 
fin. Es malo, malo per 5(?— vocifer6 Socobio^ 
-^y en ningtin caso puede ser bueno. No ha- 
gan ustedes caso de mi niujcr, que estd un 
poco tocada, y transige, transige con el mal, 
por aquella falsa teoria de que se puede con- 
sentir un mal relativo para evitar un mal 
absoluto. 

—Bueno— prosigui6 Eufrasia, sin hacer 
gran caso del orador:— reneguemos del Par- 
lamentarismo en principio y en postre, puea 
todo lo que conocemos de 61 es ruin y co- 
rrompido... Se puede demostrar que las Cor- 
tes actuales no son m^s que un Regimen 
de comedia, porque los procuradores de los 
pueblos 6 distritos no los representan m&s 
que en el nombre; todos salen elegidos por 
obra y gracia del Gobierno, que primerolos 
I trae y luego los paga... Sefiores, no hay que^ 
ofenderse... Cuando quieran se saca la cuen- 
ta parlamentaria, y se demuestra que de los 
trescientos y tantos sefiores que dicen si y 
/M>, los mis son funcionarios, y por tanto co- 
bran... Todo es engaftifa... No hay farsa mds 
repugnante que 6sta de las Camaras... 



^86 B. PARU OM.D68 

— jSefiora, por Dios. . . ? 

— [Seftora... por decirio usted, puede pa- 
sar... Pero... 

— jSefiora...! 

— jSi nadie tiene por qu^ ofenderse! jOidof 
— exclam6 D. Saturno, echdndose mano al 
boisillo de la levita.— Soy el litigante mono- 
maniaco, y digo como 61: "^Hablaba usted 
de ini pleito? Aquf traigo los papeles.„ Yo, 
sefiores, soy un nombre muy prdctico, y de 
mucha paciencia. Soy un hombre, sefiores, 
que cuando digo una cosa la pruebo, y.!- 
aqui traigo los papeles. Llevo ya algunos 
meses recogiendo aatos, y formando mi es- 
tadistica... Voy siempre prevenido, sefiores. 
Papel canta. Contra la realidad, contra los 
ntlmeros, no hay aquello de tal y qui aeyo,.. 
Bsto es indiscutible... Si el Sr. D. Juan me 
lo permite, y estos caballeros me honran con 
su atencidn, les leer6 mi cuadro sin6plico.„ 

Sac6 un doblado papelote, y mientras cori 
solemne pausa lo desplegaba, su mujer dijo: 
^No es necesario leerlo. Hartos estdn de sa- 
ber los sefiores del margen, que si se except 
ttian tres 6 cuatro pr6ceres, como Berwick, 
Bedmar y Vistahermosa, media docena de 
propietarios ricos, y otra media de fabrican- ^ 
tes, los cuales, entre par^nteais, vienen al J 
Congreso engafiados y para dar d la reuni&n [ 
algiin viso de independencia; exceptuando ^ 
esos poquitos, todos, todos cobran sueldo en 
una forma 6 en otra. 

— Sefiora, yo no s^ lo que es un sueldo, — 
dijo respetuoso el Villano de Mlescas. 



hartIbz 2S7 

— jSf . Martin, loliz garbanzo que no flgu- 
ra en esta olla! 

— jY yo, seftora?— pregunt6 risuello Ro- 
drfguez Leal, rico hacendado de Badajoz. 

— Tampoco usted C3bra... directamente; 
pero se le da su pariija... no se ofenda... en 
empleftos para repartir en easa. Que levan*} 
te el dedo el independiente que no lleva tras 
de SI una cdftla de primos, sobrinos 6 cufta- 
dos, que piden y tom m destino. 

— Seftora, ip^ro se ha de hilar tan delga- 
do que.,.? 

— Saturno — prosigui6 la dama, — para 
que se convenzan de que el Oongreso no es^ 
mis que uixalegWn asalariada, 16eles tu es- 
tadistica. 

—Que la lea, que la lea.„ 

Y D. Juan Bravo Murillo se volvi6 para 
mi, que a su lado esfcaba, dicl^ndome risue* 
fio: **iPara qu6 endilgarnos el mamotreto? 
Peor es meneallo. 

~Bn el trabajo que ha hecho mi marido 
con escrupuloso esmero y paclencia, se ve lo 
que todos cobran, y tambi^n... aunque sea 
mala comparacito ... el plato donde comen. „ 

Breve silencio. Entra pomposo y fisuefio 
en la sala D. Nicolds Hurtado, dtputado por 
Zafra, el cual, despu^s de saludar al seftor 
Ministro, se encara con Eufrasia y le dice gra- 
ciosamente: ** Amiga mia, ya estd usted coa 
la cantinela de si comemos 6 no comemos... 
Deje usted vivir & todo el mundo, criatura, 
que estando bien oomidos, mejor podremos 
admirar y festej ar & usted. . . 



238 B. PEREZ OALD68 

— Gracias, D. Nicol4s.,. Si6ntese & mi 
lado, y vote conmigo. 

— Si lo har^, Ya sabs usted que no cobro. 

— Asi consta ea el decreto de su nombra- 
miento... No podia ser de otro modo para po- 
der estar sujeto 4 reelecci6n... Pero en nues- 
tro delicioso pa(s para todo tenemos trampa; 
y asf, por bajo cuerda, mediante un solapa- 
do artiflcio, percibeusted... 

— Veinticuatro mil reales como OflcialPri- 
mero en la Seecidn de lo Contencioso del Mi- 
nisterio de Hacienda— dijo D. Saturno im- 
pdvido.— Y no hay que asustarse, Nicol4s, 
que aqui no nos ponemos colorados por es- 
/tascosas. 

— Explicar6 4 ustedes...„ rezong6 el sa- 
ilor Hurtado, Uev&ndose la mano i las gafas. 

For lo bajo le dijo la moruna no s6 qu6 con- 
<5eptos afables y donosos, que le redujeron 
d prudente mutismo, y sigui6 lo que podre- 
mos Uamar lnformaci6n alimenticio-parla- 
mentaria. El ingenuo Oompani, Venfant 
terrible del Oongreso, aftrm6 que por si no 
<5obraba; pero que entre parantela y ami- 
gos tiene como unos treinta chupones so- 
bre su conclencia, sin que por esto abomine 
del Parlamantarismo, porque la vida mo- 
derna requiere un nutrido presupuesto para 
<lar de comer d los que carecen de bienes de 
fortuna, y no son hdbiles para ninguna In- 
dustrial ni aun siquiera para la de Pesca- 
dores de caiia. 

**A114 voy, alld voy— dijo D. Saturno im- 
paciente. — En mi Cuadro Sin6ptico flguran 



nartAw5 239 

veintinuevesanguijniBlas parlamentaxias que 
chupan por Gfobernaci6n. 

— Hombre, me parecen muchos para un 
«olo Minis terio, — observ6 Carriquiri. 

— Papeles hablan, y numeritos cantan— 
-canW Socobio. — Y si hay un guapo que se 
atreva d rectiflcarme lo que tengo escrito, 
aqui le espero... Adelante. Por Gracia y 
Justicia cobran treinta y dos padres de la 
patria, comprendidos jueces, oidores y em- 
pleados del Ministerio. 

— No puede ser. 

— Se le ha ido d usted la majio en la estar 
-dlstica, amigo D. Saturno. 

-rPues yo aseguro que los de Goberna- 
ci<5n me parecen pocos— aflrmd la nioruna. 
— ^ A que me pongo yo & con tar y saco rrias? 

— iNo por Dios! 

— Veran... el Sr. D. Ricardo dcFederico, 
treinta mil reales; el Sr. Perndndez Espino, 
treinta mil; dncuenta mil el •Sr. Gaya, di- 
rector de la Gaceta; el Sr. D. Jos6 Juan Na- 
varro, cuarenta mil; el Sr. Ruiz Cermeiio> 
cuarenta,.. 

— Basta. 

— Collantes, dncuenta mil; D. Joaquin 
Cezar, cuarenta; Alvaro, Anduaga... Bue- 
no, seflores: me callo. Saturno, ^chanos los 
•de Gracia y Justicia. 

—Bastard decir que son treinta y dos. 

— JSe te ha olvidado agregar d D. Manuel 
Ortiz de Ziiftiga, que ahora se nutre. . . por la 
Comisi6n de C6digos. 

—No se olvida nada. Ahora van los de 



>iO B. ViOLEM «AXJ)6S 

Haeienda, qae son {ay! veinticuatro, 7 com 
cada sueldazo que da miedo. 

— Pero en esa lista estardn comprendi- 
dos los ex-ministras que disfrutan su cesan«* 
tfa,—mdic6 el Sr. Campoi. 

—No estdn incluldos— replie6 Socobio.— 
Eso6 componen otra serie de comilones. 
Constan tambi^n aquf los ex-ministros qn^ 
no perciben ces^mtfa, rara avis^ los sefiorea 
Mendis&bal, Cantero... 

— Ya que estoy en el oso de la palabrar— 
dijo el ex-carlista Campoi,— protesto de que 
se me haya metido entre los que mandu* 
can en Gobernaci6n. Yo no cobro mis que 
en el conoepto de Jefe polftioo cesante de 
Granada, 6 donde fui sacriflcando mi salud^ 
saeriflcando ml tranquilidad, y sacriflcando 
mis ideas. Si no tuviera que contender con 
una bella y distinguida seflora, yo sosten- 
drfa. .. Pero vale m^ que renuncie d la pala-- 
bray... Hedicho. 

•^ Sigamos. Adelante, D. Saturnine. 

— En Instrucci6n Publica tenemos quin- 
ce; en Guerra, veintid6s;en Marina, ocho; en 
el Consejo Real... tan los comoConsejeros... 
SeHores, esto da grima. ^Qu6 Parlamento e» 
fete, ni qu6 Representaci6nNacional, ni qu6 
nifio muerto? Pues vean m4s: Empleados 
en Palacio, seis; en Estado, nueve,„ 

Nocedal, Carriquiri, N^rete y el mismo 
D. Juan sonreian entre burlones y melan- 
c61ioos, como si juntamente vieran la exten 
si6n del mal y la imposibilidad de remediap- 
lo. Las damas extremeflas, del antiguo tipo 



nabvIbz 241 

de setioras, ^^alladitas y vergonjo^s, no ha- 

cian mds que sonreir, abanicarse con pausa- 

do ritmo, y apoyar las exclamaciones de los 

mils pr6sJmos con algiin tiSrmino de su cor- 

i tisimo vocabulario social, con u!i fentera- 

I mente!... iqu4 cosaL,. jes muy extrafio!... Si 

I antes admiraron y repararon el atavio de la 

bella manchega, caando la oyeron despotri- 

car con tan picante y hombruno desenfado, 

no volvfan de su asombro, y la diputaban 

mujer de pooo seso, contaminada de la cho- 

carrerfa francesa. 

Antes sft trocarfan en caudalosos rfos los 
viajes de Madrid, inundando las calles de la 
Villa y Corte; trocdranse los aguadores en 
marineros y los coches en gondolas; antes el 
calor africano que sentiamos, en celliscas y 
hielos de Dfciembre se convirtiera, que re- 
nunciar. D. Saturno d la cumplida explana- 
cion de rus estadisticas ante cada uno de los 
grupos en. particular, y luego persona por 
persona, mostrando las notas y comproban- 
tefi que sobre si Uevaba, y deteni^ndose a 
con veneer con mayor esfuerzo de razones k 
D. Juan Bravo Murillo, que ola, suspiraba, 
V moviendo la pesada cabeza decia que ha- 
bla que verlo, que una cosa es predicar y 
otra dar trigo... Opinaba lo ihismo Empa- 
' r4n, flel eco del eximio letrado y politico, y 
detrds repetia lo propio el coro de Carriqui- 
ri, Campoi, Negrete y otros. Torreorgaz 

Sretendia con veneer d D. Nicolds Hurtado 
e que si cuajara su Salvador proyecto de 
incompatibiliaad absoluta, el rarlamento 

46 



242 B. p^BBz oald6s 

lerfa lo que debe ser,.y D. Nicolas Hurtado 
fruncia el entrecejo, acabando por afirmar 
que con Parlamento libre iriamos d la Conr 
venci6n, sf^'eflor... /yd los horroresdel 93! 
El ingenuo Compani, d quien nadie hacfa 
caso, explicaba d la^ seiioras su plan de re- 
y glamentaci6n de la empleqmania, y Noce- 
dal, siempre ferviente devbto de las mujeres 
graciosas y bonitas, se fu6 derecho d Eufra- 
sia diciendo que d Saturno se le habia olvi- 
dado la estadistica mds interesante, la de los 
diputados maridos, la de los viudos con en- 
?eao, 6 solteros en estado de merecer. Al la- 
do de cada clfra de sueldo debe ponerse: 
*jQui6n es ella? 

—Cdndido— replied la moruna,— no tome 
usted d risa nuestro Cuadro Sindptico, que 
es un monumento de sinceridad. Hay que 
decir las cosas claras, para que pueblo y re- 
yes y hombres ptiblicos abran los ojos y 
rean. Y no me diga usted que algunos po- 
€0s, miichos si se quiere, no flguran en n6- 
mina. Esos que parecen estar curados de 
empleomfinla, padeceii de otro mal mayor, 
Jo que llama Sdnchez Toca la empleopesia, 
6 furor de apandar destines para fomentar la 
ragancia de provincias enteras. Hable usted 
de esto d los hidr6picos de credenciales, d 
los Mones y Pidales y Canga-Ai^ttelles, d 
D. Fernando Mufioz, d los CoUantes, d Sax* 
torius, al mismo D. Juan, d Benavides, con 
»er puritano, y verd usted que ei S^^afiii 
es una farsa, un engafia-bobos. 

— Crea usted, sefiora, que yo no deflenito 



NARViBZ 248 

•^1 R^imen, ni lo creo perfecto; pero tal 
<5omo es, con 61 hemos de seguir mientras no 
nos deseubran otro mejor. Esos que no 11a- 
niar6 lunares, sino verrugas y lamparones 
^ue afean el bello rostro del R^imen, son 
Inherentes d toda innovacWn, y se irdn co- 
trigiendo con el tiempo. Como decia D. Juan 
Nicasio, dentro de unos trescientos anos se 
*habr^ completado la^educacl6n del pals, y las 
espinas de hoy serdn entonces rosas y clave- 
les. No todas las cosas del mundo son como 
la mujer, que en el principio fu6 bella, y 
'bella y seductora es hoy;., como la muestra. 

— Gracias, Candidito. 

— Pero la mujer es obra de DioSj mientras 
•que el Parlamento es obra de los hombres: 
j)or eso es tan imperfecto... 

— ^Pues suprimirlo. 

— Mepr serd corregirlo. iCudnto mal no 
•45e ha dicho de las mujeres? Y buenas 6 ma- 
las, tuertas 6 derechas, sin ellas no podemos 
vivir. ^Qu6 defecto ve usted en el Parlamen- 
io? ^Que en 61 se habla demasiado? 

— Eso no es defecto, porque yo... ya ve 
'usted si hablo sin ton ni son, y digo rail dis- 
'parates... Apero eso qu6? Yo siempre estoy 
•dentro de la legalidad. Soy quizes demasia- 
•do rigorista en mis actos, aunque en la pa- 
labra parezca un poquito casquivana. 

— usted no parece m&s que una belleza 
superior, y por eso tiene algiln derecho a 
no ser tan rigorista... Asl como hay bulas 
para difuntos, haylas para las mujeres que 
mnen & la belleza el ingenio. 



244 B. piiRsz oald6s 

— ^Bula yo? No la quiero ni me hace fal- 
ta. La bula es dispensa de algo, y yo, cum- 
pliendo, como cumplo, mis deberes, no ne- 
cesito... 

—Quiero decir... ^No sabe us ted que el 
justo peca siete veces? 

— Yo ni siete ni mnguna, Cdndido; y per 
justame tengo.,, 



XXiV 



Desfilaban los visitantes; masD. Satumc 
embistio al Ministro y d mi suegro con su. 
salmodia de moseard6n, sin darles respiro, 
de lo que me alegr6 mucho, porque asi pu- 
dimos tener Eufrasia y yo algurios apartes/ 
y comunicarnos las rcspectivas instruccio- 
nes y consignas. Muy con ten ta de que fue- " 
se yo d la Granja con mi familia, me dijo: 
"Alii no hay que pensar en tonterias. Virtud 
& todo trance, y edificaci6n completa. D6ja- 
lo de mi cuidado, y verds qu6 bien me arre- 
glo para que tii en tu terrene y yo en el mlo 
edifiquemos con nuestra conducta intacha- 
}le. la nos veremos alld, en el teatro, en los 
^ ardines, y hablaremos... pero poquito y con 
.a mayor cautela. Hasta la Granja, Pepe,.. 
I Ay ! ^no ves? Mi Saturno se ceba en el pobre- 
D. Juan y en D. Peliciano.„ En efecto: mir6 
con disimulo las caras de las victimas, y vf 



NARVAEZ 245 

que a D. Juan lo habia volteado ya dos veces, 
recogi^ndolo paradespedirlo de nuevo. Rogu6 
A mi amigaque echase un capote, y asi lo 
hizo, librando de la cogida feroz a tan re^pe- 
tables senores. Poco despu^s de esto, niarido 
y mujersalieron, y queddndonos solos con 
U. Juan mi suegro y yo, escuchamos las ob- 
S3rvaciones que el extremefto nos hizo acer- 
-cx de la cosa ptlblica. No ve claro... El ve- 
rario, politicamente hablando, viene carga- 
do de nubarrones. Los grupos disidentes de 
Benavides, Gonzalez Brabo, Rios Rosas, ayu- 
dados de Gonzalo Mor6n y Bermtldez de Cas- 
tro, dan mucha guerra. La mayoria va sa- 
€ando los pies de las alforjas, y no hay ya 
-destinos con que amansarla y sostener en 
•ella esa satisfacci6n interior que es el nervio 
y alma de todo ej^rcito.:. Las actuales Cor- 
tes envejecen ya, y estan minadas por las 
malas pasiones. Hay que traer nuevas Cor- 
tes el ano proximo.. . ^Pero qui^n puede ha- 
<;er calculos para un ano mas, en este pais 
4e lo imprevisto? Teme que las tempestades 
que se anunciaron no M mucho estallen 
ogaiio,.. Los revolucionarios no desmayan; 
la sociedad, apenas curada de una flebre, se 
inflciona de otra... Y es-to ^qu6 es? Es, 4 su 
juicio, que el pueblo espaiiol no quiere cu- 
rarse desu principal defecto, la exageraci(5n. 
Oyendo esto, mi suegro echaba lumbre 
por los ojos, senal de la conformidad de sus 
ideas con las que expresaba D. Juan. El 
<!iual, vanaglorioso como si acabara de des- 
xjubrir un mundo, continu6 asi: "Si, amigos 



\y 



246 B. piBBZ GALDdS 

mios, la exageracWn es lo que nos pierde sb 
I'os espafloleS. Aquf el religiose eree que no- 
lo es si no le damos la Inquisici6n, y el jai6- 
sofo no ha de parar hasta la impiedad y el 
descreiniiento;el mill tar quiereguerras para, 
su medro personal, y. el civil revoluciones 
para desarmar al ej6rcito; el negociante no 
estd contento si no alcanza ganancias loca?. 
por la usura y el monopolio; el hombre pu- 
blico no pieusa mas que en acaparar toda 1 1 
influencia, dejando d los contrarios en seco . 
En tod6 la exageraci6n, el fanatismo... Si. 
Dios quisiera hacer de Bspaua ungran pue- 
blo, nos haria lo que no somos, sensatos... 
Pero blsquenme en esta Nacion la sensatez.. 
^D6nde esti? En ninguna parte. No veo sen- 
satez en los partidos; no la veo en la Pren- 
sa; no hay sensatez en el Gobierno... no hay 
sensatez, digamoslo aqui en confianza, ni en - 
la Panxilia Real... ^Y c6nio le decimos al 
pueblo bajo que sea sensato si los que anda- 
mos por las alturas no lo somos?^. En fin,, 
amigos mios, buenas tardes... Es un poca 
insensato tanto charlar... Ya saben que me- 
tienen siempre a sus 6rdenes.„ 

En la calle, oyendo repetir & Emparau 
la muletilla de la sensatez, con hip6rboles . 

' harto empalagosas, me senti repentinamen- 
te recaido en mi demag6gica dolencia, y se 
me represent6"como el mds gustoso espec- 
tdculo la ejecuci6n de mi suegro, en garrote 
vil, haciendo artistico juego con D. Juan,, 

\Jen dos lados'del mismo patibulo, y ambos^ 
whando un palmo de lengua con muchisi- 



NARVABZ 247 

ma sensatez... En casa, el mal me acometii 
X5on mayor furia, y del exterminio general 
no exceptuaba yo mis que d mi cara esposa 
y d mi hijo. Como no queria salir de Ma- 
drid sin despedirme de Narvdez, & quiea 
debo tantas atenciones, me fui d la rresi- 
dencia: no estaba. Dej6 recado d Bodega; 
vol VI mds de una vez, y al fin, d media no- 
che, antes de retirarse al descanso, el Gene- 
ral me hizo la distinci6n de recibirme d mi 
solo, entre tantos postulantes de audiepcia, 
y tuve el gusto de platicar con 61, vi6ndole 
en zapatillas, sin peluca, con holgado tra- 
je de nankin. 

"Yo tambi6n ir6 d la Granja — me dijo, — 
pero lo menos posible... AUi no va uno mds 

Sue d ver cosas desagradables... Hay que 
ecir d todo amen, repudri^ndose uno por 
dentro. Esta vida de Gobierno es muy perra. 
Aqul el gobernante esta siempre vendido^ 
porque cuando no hay revoluciones hay in- 
trigas, y 6stas salen de donde menos debie- 
ran salir; cuando no le atacan d uno de fren- 
te 6 por el costado, le minan el terrene... » 
Aqui se detuvo, creyendo sin duda que ha- 
bia dicho demasiado. Pareci(5me que se es- 
forzaba en desechar tristezas, y que buscaba 
temas susceptiblesde charla jovial. De pron- 
to me sorprendi6 con esta familiar salida: 
"Bien, polio y Men. ^Sabe us ted que ahora 
me dan ganas de volver d llamarlei^oMo?... 
No 86 si es porque le veo mds joven, 6 m© 
fiiento yo mds viejo... Antes que se me ol- 
vide: lo que me dijo usted hace dfas se ha 



i 



248 fi» PBABZ oaldOs. 

confirmado plenamenta. Ya no conspiran en 
casa de Emparan, ni tampoco en las de So- 
cobio. Toda esa gente arrimada d la cola es 
muy cuca: no quiere comprometersa. ^Sabe 
uste'd ddnde se reiinen ahora los zorros?En la 
Escuela Pia de San Ant6n. Green que cuan-- 
do toquen d escurrir el bulto los salvard el 
lugar sagrado. No me conocen. La suerte de 
ellos es que ya no les hago caso. Si, hijo: me 
les he metido en el bolsillo. Nada temo por 
ese lado. En Aranjuez hable con Su Majes- 
tad... Ella, naturalmente, me dio la raz6n, 
y con la razon la seguridad de que no ten- 
dremos un disgusto. La Reina es un dngel; 
pero... no esta averiguado que los dngeles 
sirvan para cenir la corona en una Monar- 
quia constitucional... Pero en fin, es buena, 
y como ella pueda hacer el bien, /crea usted 
que lo hace... No falta sino que pueda ha- 
cerlo, que la dejen... que no se atraviese 
alguna influencia mala... y vaya- usted a 
responder de que no habra malas influen- 
cias en ese maldlto Palacio donde entra y 
sale todo el que quiere... En fin, de esto no 
puedo decirle a usted mas.„ 

Charlamos un poco de politica, express mi 
recelo de que no pudlera gobernar mds tiem- 
po con las actuales Cortes, y ^1, expansivo y 
desdenoso, me contest6 que con 6stas y con ' 
otras es muy dificil el gobierno... Le infor- 
ms de la Estadistica de D. Saturno, y no le 
pareci6 mal; que las verdades suelen de- 
cirlas los nifios y los tontos. D3 lo que ha- 
blamos deduje su despreclo del Parlamento, 



^arvAez 249 

mecanismo que hacfe, f uncionar sin conocer 
bien su objeto, pues los que lo pusieron en 
sus manos no le habian demostrado para qu6 
«ervia, y los que hoy le ayudan d moverlo 
no estan de ello muy blen. enterados. jEl 
Parlamento! Puncionando por si, no permi- 
tiriagobernar; funcionando d fuerza de mer- 
cedes, no sirve para nada. Tal como tenenios 
hoy el R^imen, no es otra cosa que el abso- 
lutismo adornado de guirindolas liberales...- 
Asi lo manifeste al General, correspondien- 
do d la franqueza que me daba y pedia; y 61, 
despufe de una pausa en que su mente pa- 
recfa perderse en penosas vacilaciones, me 
dijo: ^'Yo quiero poner muy alto el Princi* 
pio de autoridad, porque sin eso, ya usted 
lo ve, no hay pais posible; paro al propio 
tiempo quiero ser liberal, muy libsral, rtids 
liberal que nadie.„ 

Iba yo d contestarle, viendo clara una 
gallardisima respuesta; pero a las primeras 
palabras se me fu6 el santo al cielo; se eva- 
poraron mis ideas y me llen6 de confusi6n. 
Yo no sabia como puede un gobernante ser 
liberal, muy liberal; yo ignoraba lo que es 
Liber tad... "^Pero qu6 es Liber tad, mi Ge- 
neral?— le pregunt^ por disimular mi tur- 
baci6n. Y 61 me respondi6: "Pues Liber- 
tad... Ello es, es... Yo lo siento, pero la de- 
flnici6n no me sale, no doy con ella. Df ga- 
me usted ahora qu6 entiende por Principle 
de autoridad„... "jAh! — repliqu6 yo mas 
confuse d cada instante. — Principio de auto- 
ridad es pura y simplemente el aforismo de 



250 B. PJ^aEZ QALDds 

quien manaa manda... Ahora el por qu6 del 
mando, el origen de la autoridad, yo no lo 
veo claro. Usted r^cibe la facultad de man- 
darnos d todos; la Reina, que hoy le da a 
usted el bast6n, ya sea garrote 6 junquillo,. 
maflana se lo quita. ^Por que?... ^Porque el 
Espiritu Santo inspira d los Reyes? No: no- 
creamos eso.^Es la Soberanala suma sabi- 
duria, como dicen los Mensajes d la Corona? 
No. A Su Majestad no la inspira el Espiri- 
tu Santo, sino la opini6n, que puede equi- 
vocarse. Y esa opini6n ^c6mo llega a Su Ma- 
jestad? Puede Uegar por boca de leales oon- 
sejeros; pero puede llegar, y llega tambi^n,. 

Eor boca de una monja hist^rica, 6 de un 
•aile, 6 de un criado de Palacio. En fin, que 
la autoridad viene... del aire, como la salud 
y las enfermedades, y usted es un continue 
enfermo que estd esperando siempre queun 
soplo lo mate 6 que otro lo resucite. 

— PollOy no se guasee usted ccnmigo — 
me dijo Narviez nada col^rico, antes Men 
inclinado d las bromas. — Quedamos en que 
usted sabe menos que yo del Principio de 
autoridad, y de quien lo trae y lo lleva. Bue- 
no: expliqueme ahora en qu6 consiste la Li- 
ber tad... porque yo soy liberal, quieroserlo. 

— Quiere serlo... adora la Libertad. Yo- 
tambi6n amo algo que no poseo... que nisi- 
auiera s6 d6nde esta. Precisamente eso nos^ 
distingue de los tontos d usted y d mi, Ge- 
neral: que amamos lo que no entendemos. 

—Con muchlsimo salero se estd burlando- 
de mf este dngel. Y digo que se burla, por- 



NARVABZ 251 

que... meHabian asegurado que tiene usted 
mucho talento; que desde su mas tierna in- 
foncia no hizo mds que tragar lihros y libro- 
tes, y que en Roma todas las bibliotecas eran 
pocas para usted. Eso me habian dicho y lo 
crei; pero ahora, d los que me trajeron la 
copla del niflo Beramendi, 6 Pajarao, ten- 
go que decirles que me devuelvan el dine- 
ro... porque resulta que usted sabe de estas 
cosas lo mlsmo que yo, total, nada; que en 
usted, como en mi, todo es un sentimiento^ 
un deseo, una sonaci6n y nada mis. ^Bas- 
tard con eso? Porque, oiga polio, aqui en 
confianza: yo he sondeado a Sartorius, 4 
Bravo Murillo, d todas las eminencias del 
moderantismo, para que me expliquen bien 
esto de la Libertad y de la Autoridad y del 
Regimen, y la verdad, camard, no me ban 
sacado de mis dudas. Dlgame: en estas co- 
sas ^habrd que decir lo de aquel sabio: sdlo 
s^ que no sSnada? 

— S), mi General, al menos por lo que k 
mi toca. Cierto que yo almacen^ infinidad 
de textos en mi caletre; pero aunque alga 
conservo de aquel farrago, no me sirve para 
responder a su pregunta. El punto que me 
consulta es de acci6n, y yo en cosas de ac- 
ci<5n estoy poco fuerte. Todos los problemas 
de la vida me los han dado resueltos. Ha- 
blando en plata, soy un hombre de inspira- 
ci6n que no tiene arte en que ejercitarla. Us- 
ted me lleva d mi gran ventaja, porque tie- 
ne inspiraci6n y arte, el arte de Gobierno. 

— Y s^tin eso, yo debo dejarme llevar de 



B. PBRBZ GALD68 

Ijl inspiraci6n, 6 hablando en oro, hacer mi 
santa voluntad. 

— La santa voluntad de un hombre de 
gran entendimiento, como el que me escu- 
<5ha, no puede ser otra que salvar al pais de 
un cataclismo... Si me lo permite, General, 
me atrever^ 4 preguntarle. . . , 

— Atr^vase: ya ve que soy muy llano. Me 
ha cogido en la hora delpavo, 

— ^Cree usted, como Bravo Murillo, que 
•esto se va poniendo mal, que por debilidades 
de todos, la politica ^c6mo dir6...? -funda- 
mental, lleva una direcci6n torcida? 

— Si senor, asi lo creo. 

— Y esta direccion torcida de la politica 
fundamental ^qui6n puede enmendarla, es- 
tableciendo la direccion derecha? 

— S61o hay en Espaiia un hombre capaz 
de hacer eso. 

— pQui6n es? ^se puede saber? 

—0 ese hombre no existe, 6 es Narvdez. 

— Pues conociendo usted, mi General, 
mejor que nadie, la torcedura de que hablo, 
jdnimoy dello!,, 

Se levant6 como por un resorte, y se 
lanz6 a dar paseos por la estancia marcando 
en6rgicamente el paso militar. Luego se 
paro ante mi, y tomando la actitud de gallo 
insolente, provocativo, de ind6mito coraje, ♦ 
me dijo: "jCarape, Pepito, que me estd us- 1 
ted buscando el genio!. ^Se atreve d dudar \ 
que puedo...? 

— jA ello, mi General! 

— ^^Va usted pronto & la Granja? 



NARVAEZ 253 

— Manana, si no me manda otra cosa. 

— ^Conoce usted de cerca la Corte? ^Not 
Pues es precise que la conozca— dijo reanu- 
dando el paseo casi & paso de carga.- Diga- 
me, nino del m4rito: ^no le convendria ser 
Gentilhombre de Su Majestad? . 

— Soy harto subversivo para servir en Pa- 
lacio. 

— Vamos, como yo. Tampoco servirla en 
la Corte por nada de este mundo. PrimerO' 
seria sereno del barrio, salvaguardia, rebus- 
cador de colillas. Veo que somos igualmen- 
te demagogos, 6 dem6cratas, hablando en 
oro con diam antes... Oiga usted j^oy^n (nue- 
va parada brusca ante mi con tiesura de 
gallo): yo har6 que le presenten d la Reina... 
i Vera usted qu6 agradable, qu6 simpdtica! ... 
jOh, si con un gran coraz6n se gobernara...! 

— Accedo a la presentaci6n... Y al Rey 
ipor qu6 no? Deseo conocerle. 

— Muy agradable tambidn... d primera 
vista, muy inteligente... Le cautivardd us- 
ted. Pero... ya sabe que ese buen senor y yo 
andamos algo esquinados. Por hoy, no pue- 
do decirle d usted m^s... Pues bien: cono- 
cerd usted la Corte de cerca, la verd por 
dentro y por debajo, y cuando haya leido 
ese libro al derecho y al rev^s, convendra 
conmigo en que dentro de lo humane no 
hay nada mds dificil que. . . 

— ^Q^^ q^6? 

— Basta. Pasemos d otro asunto— dijo con 
rdpido giro del pensamiento, volviendo d 
sentarse junto a ml.— Ahora me contestard 



254 B. PBRBZ oalikSs 

el simpdtico Beramendi d una pregunta un 
poquito escabcosa... Ya comprenderd que 
este cura no se asusta de nada. 

— Niyo. 

— Lo que hablemos no sale de aqui.„ 

Reiteradami disposici6n d la confianza, me 
interrog6 respecta dEufrasia. ^Insistia yo en 
negar mis amorosas relaciones con ella? 
^Desde mi Ultima negativa no habian ocu- 
rrido novedades que...? No le dej6 concluir. 
A un hombre que con tanta Uaneza me tra- 
taba, no podia yo negarle la verdad. Apenas 
se la di, me permiti agr^ar: "General, apro- 
vecho este momento de espontaneidad para 
pedir d usted un favor, una merced... No es 
para ml.,. 

— Ya lo adivino: me pide usted el titulo 
de Castilla para esa ave Irfa de Socobio. 
Bueno, polio. Yo hablar6 con la Reina y con 
Arrazola, y cuando volvamos d Madrid se 
hard... La raz6n de haber detenido ese asun- 
to es que... vamos; bastaba que fuera reco- 
mendaci6n de D. Francisco para que yo le 
diera carpetazo. Pero ahora, hijo mlo, me- 
diando usted... las cosas varfan... 

— En este case, seilor Duque, mds que en 
etro alguno, le conviene d usted ser gene- 
roso. 

— Y ya que hablamos de ese diablo de 
mujer— me dyo sonriendo con picardia,— 
de conflanza en conflanza Regard hasta pre- 
gnntarle d usted si es celoso. 

— No, mi General; no tengo ese defecto. 

— Vamos, que es usted de una pasta an- 



NARVABZ 255 

gelical. Tendr4 usted otro enredo que le in- 
terese mis. Bien, polio. El mundo es de los 
polios. 

— ^jY por qu5 me hace usted, mi General, 
^sa pregunta de los C3lo3? ^Paid) saberlo?^ 

Bien porque de impraviso terminase la 
hora delpavo; bien porque calculadanfiente 
•quisiera mostrarme el lado dspero de su 
cardcter, ello es que le vi cambiar de fisono- 
mia y de tono. El bueno y jovial amigo se 
retiraba dejando el puesto al hombre autori- 
tario y de inseguro genio. ^CAmard—me 
<iijo acudiendo d eager despachos y cartas 
<{ue le trafa Bod^.ga,— no tarde usted en irse 
4 la Qraiya... Es la una... Dascansar... Le 
<;onviene conocer de cerca la Corte... Serd 
listed presentado d la Reina... Vaya, con 
Dios.„ 



XXV 



San Ildefonso, Agosto.—El General Go- 
bernador del Real Sitio, permiti^ndome es- 
xn'ibir estas pdginas en su oflcina de la Casa 
4e Can6nigos, ha venido d ser el Mecenas 
-de mis Confesiones, y d su graciosa protec- 
ci6n deberd la Posteridad el conocimiento de 
mis singulares aventuras 6 desventuras (aue 
Hie todo hay) en esta verani^a Corte de las 
Espaflas; y sabrd lo que he pensado y visto, 
eltraiias ideas, excelsas personas. 



356 B. PBHEZ aALD(3s 

Sean las primeras lineas de esta crdnica 
para consignar que mi hijo continiia famosa 
vividor y inain6n iinpert6i;rito, anunciando 
con su precoz robustez los grander arrestos 
de una existencia fuerte y emprendedora. Su 
madre goza de perfecta salud; come con ape- 
tito, y se recrea en observar c6mo se nuW 
y vigoriza; no pierde ocasi6n de hacerme no- 
tar la dureza de sus carnes y el apretado 
tejido de sus mtisculos, dici^ndome mien- 
tras yo apruebo y admiro: "^Te parece, Pe- 

Sillo, que estoy bien dispuesta para mi oficio 
e madre? Ya sabes que mi gloria es tener 
muchos hijos y poder criarlos gordos y sa- 
nos, y educarlos despu^s para que sean hom- 
bres de m6rito, 6 mujeres de su casa. Es mi 
ambici6n y no tengo otra. Ahora, til ve- 
rds.:.„ No necesito decir cudnto me agradan 
estos proyectos de hacerme patriarca, y por 
mi parte, estoy decidido & no poner limita- 
ci6n d la numerosa tribu que mi esposa me 
anuncia. Aumenta mi gozo el ver que Ma- 
ria Ignacia no vigila mis actos, cual si no 
dudase de mi honradez conyugal, <3se viese 
plenamente compensada de cualquier dis- 
gusto con las garantias de no interrumpir la 
serie prolifica que ambiciona. Sin duda se 
dice: "Dame hijos y llamame tonta.„ Peroyo 
me guardo muy bien de llamarla torita. Su 
inteligencia es cada dia mds alta, y quizds 
por tanta elevaci6n y sutileza,' ha dejado de 
estar & mi alcance. Pi do & Dios que mi hijo se 
parezca mds & mi mujer que d mi. 
Pues sefior... d los cuatro dias justos de 



1(ABy1sz 257 

mi estancia en este Eeal Sitio fuf pcesenta- 
do al Eey, d la salida dela Colegiata, por^i 
Marqufe de Malpica. No hubo en lapresen- 
tacidn m4s que los cumplimientos de ritual; 
pero dentro de ellos supo D. Francisco bms- 
trarme excepcional afabilidad, seguro indi- 
cio de que mi persona no le era desconocida. i 
Al siguiente aia recibf la visita del GeU'til- 
hombre, D. Juan Quiroga, quien meisefial6 
hora para tener el honor de ser recibido par 
Su Majestad. A fin de que esto vaya con el 
mejor m^todo, debo empezar por oar cono- 
cimiento del Gentilhomlbre, hermano de la 
religiosa f rancisca Sor Maria de los Doloi^fi 
Rafaela Patrocinio, comunmente nombm- 
da Sor PatrociniOy quien con la oelebridad 
que adquiriendo va, par^ceme que llegarA.al 
future siglo antes que estas paginas en que 
or priniera vez escribe su nombre. No la 
e visto nunca; tan s6lo s6 de ella lo que la 
fama con el resonar de estupendos milagres 
nos cuenta un dia y otro; por lo cual no as 
ocasi6n todavia de que d mis Memorias la 
traiga, como hago ahora con su hermano, d 
quien tuve por persona noble, juzgdndole 
por fiu apogtura, tone y modales. 

No se conipadece la nobleza del aspecto 
con el origen y crianza del Sr. Qmroga, de 
quien se cuenta que tuvo niflez misera y 
juventud harto trabajosa, pues el hombrese 
iarm6 y educ6 en un modestisimo estableci- 
miento de bebidas del Paseo de la Virgen 
del Puerto, donde, para estimulo del despa- 
cho, habia el pasatiempo de juegos de envi- 

47 



£ 



258 B. piREZ qald6s 

te, como el can6 y el famoso de las tres car- 
tas para descubrir el as de ores; y tan bue- 
na organizaci6n tuvo la casa, segun dicen, 
en este enredillo, que los viandantes salian 
de alii muv ligeros de todo lo que llevaban. 
Pues ved de qu6 bajas capas ha salido este 
hombre, y admirad conmigo que haya sa- 
bido disimular y poner en olvido su rufn 
escuela, tomando aspecto, lenguaje y modos 
tan flnos que ello parece milagro. Sin duda 
lo es, si no de la virtud, de la ambici6n, anf- 
mica y social fuerza capaz no s61o de mover 
las montanas, sine de puriftcar las charcas 
cenagosas, y hacer de un Rinconete un Don 
Quijote. Este ha dado quince y raya, por la 
trayectoria de su transformaci6n, & los Go- 
doyes y Munoces, y si bien se eieva mucho 
menos, es su merito mayor, porque se ha 
elevado de mds bajo. Y hay m4s: si de los 
milagros de su bendita herraana dudan los 
incr6dulos, y aun algunos teologos, de los 
de &te nadie puede decirlo mismo. En fin,' 
que el hombre me agrad6 mucho, y sin es- 
fuerzo le ofreci mi amistad d cambio de la 
suya. 

Pero si grato fu6 el emisario del Rey Fran- 
cisco, mayor encanto tuvo ^ste para mf, con- 
tribuyendo no poco d mi satisfacci^n la sor- 
presa, porque me habian hecho formar del 
esposo de Isabel idea muy distante y muy 
distinta de la realidad. Juzgando por los pa- 
receres del vulgo, que se forman sabe Dios 
c6mo, creia yo encontrarme con un sefior 
desabrido y chill6n, de escasa cultura, ideas 



NiRvAsz 259 

pobres y encogidas maneras, y no le vi con- 
forme al anticipado retrato, al menos en lo 
^sencial, pues si bien no suena su voz con el 
timbre mds robusto, en finura de trato, ex- 
tension de conocimientos comunes para po- 
* <ier hablar superficialmente con todo el mun- 
<lo, y arte Real de desplegar toda la amabili- 
<lad compatible con la etiqueta, creo que no 
hay en la familia quien pueda superarle. Me 
agrado la pureza de su' pronunciacion caste- 
liana; de rostro le encontr^ demasiado boni- 
to, coi^ perjuicio de la gravedad varonil; de 
cuerpo algo menguado en la mitad inferior. 
A la conciencia de estos defectillos atribuyo 
la timidez que en 61 he creido advertir: la 
veccerAcuando en la conciencia de su posi- 
<5i6n se afirme. jCuidado que estd fuerte el 
hombre en literatura italiana! Tengo por 
«ierto que bubo de prepararse para mi visi- 
ta, la cual creyo que debia constar de dos 
materias principales: mi manuscrito de Ro- 
ma, que ha leido, y algo de literatura y ar- 
tes de aquella tierra. Juicios muy atinados, 
del patr6n selecto, le oi sobre pintura y es- 
irultura, sobre los M^dicis, sobre Le6n X y 
Julio II; y espailolizando su erudici6ji me 
habl6 del Marqu6s de Pescara y Victoria 
Colonna, de la Campafla del Garellano, del 
grande Osuna, del pintor Ribera, y de otros 
^isuntos y personas en que los nombres de 
Italia y Espafia suenan juntos en dulce ar- 
monia. De la presente expedici6n en au- 
xilio del Pontince... se catl6 muy buenas 
c'osas... 



fSi B. PBRBZ GALDtfS 

ttrayendo d no pocos ancianos y polios de 
ii^stre nombre, mientras D. Saturna, infa- 
tigable en su proselitismo antiliberal y anti- .-..- 
prai'amentario, se infiltra en los corros aris- 
tocr4tieo&, y bnsca y halla cateciimenas para 
sii iglesia entre las matronas de Malpica 6 
' de Santa Colbma. 

Paso ratx)s entretenidos en estas tertulias 
au grand air, bajo los olmos y tilos de los in- 
comparables jaraines. Pero no pnedo arras- 
trar a mi mujer a que participe de mi dis- 
tracci6n; ha tornado el ndbito y el gusto del 
vivir obseuro y retraido, y no hay quien la 
saque de su estuche, 6 del capullo que hala- 
brado con las atenciones del niflo y su propia 
timidez. A mis instancias para que no se re- 
traiga en absoluto de la vida social, respon- 
de que no le hacen falta coiTos, ni le intere- 
sa saber c6mo se viste Fulanita 6 se peina 
Dofia Mengana: de lo que en los jardines se 
hable y se murmure se enterard cuando yo 
se lo cuente, D. Feliciano y su esposa si fre- 
cuentan la sociedad jardinesca, arrimdndo- 
se d la gente de sangre azul, entre la cual 
tienen no poca simpatia por la noble ran- 
ciedad de sus caracteres. A excepci(5n de 
Dona Josefa, inseparable de Maria Ignacia 
en sus caseras afecciones y menesteres, las 
damas maduras se han quedado en Madrid 
a las inmediatas (3rdenes de Genara Barac- 
na, consagradas al visiteo de monjas, vesti- 
dero de imagenes, y al trajin de hermanda- 
des caritativas 6 de pura devoci6n santu- 
rr(5nica. 



Tenemos en el teatro compania modesrta 
^ 6pera; en la Coli^ata fancionet? religro- 
sas oe gran Iticimiento. Pero las m&s diver- 
tidas fiestas de la Jornada son las caceriasen 
l^lbfrio, paseoB d Balsain, en eoche 6 d caba- 
llo, y las excnrsiones borricales d la Boca 
•del AsnOi Chorro Grande, Silla del Rey, y 
otaros a^restes y pintorescos lugares. En el 
descanso y merienda de una de estas cami- 
natas fui presentado d Su Majestad, que 
me agrcciQ con amables atenciones, rin^n- 
-dome blandiamente por no haber ido d visi- 
tarla. Excus^me como pude, y aunque la 
culpa no era mia, sino de ella, culpable 
me declare, y prometf enmendar pronto mi 
descuido. No he vis to mujer mas atractiva 
que Isabel II, ni que posea mds flnas redes 
para cautivar los dnimos. Pienso que una 
gran parte de sus encantos los debe d la con-" 
ciencia de su posici6n, al libreuso de lapa- 
labra para anticipar su pensamiento al de 
los demds, lo que ayuda ciertamente d la 
adquisicl6n de majestad 6 aire soberano. 
Pero no hay duda que ella ha sabido crearse 
una realeza suya, en perfecta armonia con 
sus azules ojos picarescos y con su nariz res- 
pingadai, realeza que toca por un extremo 
con la dignidad atdvica, y por otro con no s6 
qu6 desgaire plebeyo, todo gracejo y dono- 
sura. Es la smtesis del espanolismo, y el 
producto de las mas brillantes epocas hist6- 
ricas. Manos diferentes han contribufdo a 
formal? esta interesante majestad. No es di- 
ifcil ver en tal obra la mano de Pernan- 



266 B. PBRBX GALDds 

do III, de Felipe IV, quizds la de otros re- 
yes y princesas de la sucesiva y cruzada se- 
rie, manos austriacas y borb6nicas, y si hay 
manos de poetas castizos, digamos que la 
tiltima pasada se la di6 D. Ram6n de la Cruz. 
Pu6 tan extraflo, tan inaudito lo que me 
pas6 en las entrevistas 6 audiencias que se 
ha dignado concederme la Reina, que para 
contarlo con el debido respeto de la Historia 
general y de la de mi vida, necesito tomar 
resuello, y preparar bien mi esplritu para 

Sue no me falte la sinceridad, ni el adecua- 
lenguaje de esta virtud. 



XXVI 



La tarde de la merienda, & la vuelta de la 
Boca del Ai^no, Su Majestad, pasado un rato 
despu^s de los saludos de ceremonia, y 
cuando yo pens6 que no se acordaba ni del 
santo de mi nombre, se volvi6 de repente a 
mi y me dijo: **Pero tti, Beramend^ qua 
tan bien sabes escribir las cosasquepasan. . . 
y con tanta naturalidad, que parece que las 
estamos viendo, ^por qu6 no escribes esto 
que ahora ocurre con la Lola Montes?„ Por 
aquellos dfas tralan los peri6dicos el proce- 
so que & nuestra c61ebre compatriota le for- 
maban por bigamia. Afortunadamente, yo 
habia leido el caso, y pude contestar & Su 



NARVABZ 267 

Majestad con dominio del asunto. "Sefiora^ 
para escribir eso— le dije, — necesitaria co- 
nocerlo por mi mismo, y esto no es fdcil; 
la propia Montes no habria de contarme to- 
da la verdad. . . „ "Pues yo declaro~anadi6 la 
Reina,-^que me ha hecho gracia el desaho- 
go de esa mujer para casarse con el tenien- 
' te Heald, estando casada con otro. Vamos, 

Sue daria yo cualquier cosa por oir lo (Jue 
ice el tenlente, que, scgiin cuentan, es una 
criatura... jY qu6 monlsimo estard Uoran- 
do por su Lolita, que el otro le reclama! 
Lo que es mujer de talento, vaya si lo es. 
^ qu6 me dices de la que le arm6 al Rey de 
Baviera? Ello serd una barbaridad; pero a 
mi me agrada, no puedo remediarlo, que sea 
espaftola la que ha hecho tantas diabluras... 
Animate, animate 4 escribirlo, y desde ahor 
ra te as^uro que si lo imprimes lo leer6 con 
muchfsimo gustx).„ Respond! que si la sefto- 
ra tenia gran empeiio en que tal historia es- 
cribiese, la obedeceria; pero que yo, no s6 
si por mi suerte 6 mi desgracia, no me de- 
dico d las letras, ni paso de un simple afi- 
cionado sin pretensiones. Dfjome Su Majes- 
tad que no fuera tan modesto, y ya no se 
habl6 mas del asunto, porque quien variaba 
I la conversaci6n d su antojo, picando aquf y 
alld, se puso d bromear con la Marquesa de 
Sevilla la Nueva sobre la mayor 6 menor 
gallardia de los buches en que cabalgaban 
los seflorones de su cortesano acompafta- 
miento. La verdad, no estaba yo satisfecho 
de aquella mi primera conversaci6n con Isa- 



2x5S B. PBRBZ a4LD6s 

Ijel n, porque si su idea fue plantear un 
tenia literario, no habia ^stado muy atinada 
en la eleeci6n, y ademds, yo no habia sabi- 
do darte un airoso giro. 

Sigo contando. Ueg6 el deseado instank 
de ser recibido por Su Majestad, y al refe- 
rir la audiencia, tengo que condolerme otoa 
ve;z de mi mala suerte, porque si desgracia- 
do fuf en la presentaci6n, al aire libre, peor 
anduve en la visita entre paredes, Uegando 
al extremo de turbarme y no saber qu6 de- 
cir. Pues seilor: hice mi antesalita, no muy 
larga, y cuando el Gentilhombre me eondu- 
jo hasta la puerta de la c^mara, iba yo un 
tanto perplejo y sobresaltado. La Reina es- 
taba en pie. Junto d la mesa central hojeaba 
un dlbum que me pareci6 de paisajes de Ita- 
lia. A mi revierencia correspondi6 con una 
.sonrisa, dejando con desden el dlbum; sen- 
t6se, senaldndome una silla frontera, y me 
mir6. Crei que su mirada media mi talla, y 
que sus ojos penetraban en los mios. Vestia 
un traje bianco con motitas, muy ligero y 
elegante. Adverti sus formas llena», redon- 
das, contenidas dentro de la mds perfecta es- 
beltez. "^Qu6 te parece— me dijo,— la vida 
en el Real Sitio? ^Verdad que es un poco 
triste?... ^Sabes que han venido & invitarme 
para que vaya d Madrid & ver una lucha 
de fleras? ^La has visto tii?^ Contest^le que 
todo se reduce d echar a pelear un toro con 
un tigre, y d poner un rinoceronte gordo de- 
lante de un le6n flaco. Opinaba yo que Su 
Majestad no se divertirfa mucho en esle 



NiLRYAEZ 3ff9 

ejercicio. **No s^ si determinanne A ir d ver 
eso— prosigui6 en un tonillo de duMtacidn 
tediosa. — Mamd y el Key quieren ir... Ya 
les he dicho que vfiyan ellos... ^Y til estto 
con ten to aqui?... Lo dudo: jen Madrid os di- 
vertis tanto los j6venes! Madrid es mny bo- 
ntto, y d mf me gusta mucfao. iQ\i6 pocol 
vale la dpera qu-e acd tenemos! Anoche ml d 
oir el Macbeth, y francamente, me indign^ 
viendo la lacha con que entran los espectrw 
de Banquo y Duncan en el banquete. Yo re- 
cordaba los gigantones del Corpus... Y lue- 
go, lady Macbeth con su ronquera en el brin- 
dis y los tambaleos que hace para soltar la 
voz, me parecia que brindaba con Pele6n... 
Aqui es gran tonteria traer espectdculos... 
Paseos, excursiones, cacerias, son lo mds 
propio... Y.las cacerias no creas que me ha- 
cen d mi mucha gracia. No me gusta matar 
ni ver matar d un pobrecito conejo, que sale 
a buscarse la vida por el campo. . . 3 Te gusta 
a ti la cassa? Dicen que es imagen de la gue- 
rra. Una y otra me son antipdticas; y para 
que veas si tengo yo desgracia: desde muy 
nifia no 0^0 hablar mds que de guerras. 
jGuerras por mi, que es lo que mds me due- 
le!...y luego revoluciones y trapisondas.*.,, 
A este gracioso divagar de la Soberana 
conteste con generalidades 6 conceptos co- 
munes. Poco lucida era la conversaci6n, sin 
nada en que se revelara la grandeza de la 
persona con quien yo tenia el honor de ha- 
blar. En una de las transiciones que Su Ma- 
jestad hacia para variar los asuntof , not6 



270 B* FBBBZ 6A.U>d8 

mds viveza en el cambio de tonalidad; vf 
en su rostro una inflexion penosa; por un 
injstante vacil6, dejando una palabra para 
tomar otra. Sin duda queria Isabel hablar- 
me de algo cuya forma verbal no afluia fd- 
cilmente de sus labios como los anteriores 
temas, que venfan & ser gacetillas ennoble- 
cidas por la palabra Real. Por fin, poniendo 
cara compasiva, y agraciandome con una 
sonrisa bondadosa que d mi parecer & la de 
los dngeles igualaba, me dijo: "Mira, Bera- 
mendi, de tu asunto me ocupar6 con muchi- 
simo in teres. Hoy no puedo decirte nada 
coucreto, no puedo... vamos, que no puedo. 
Pero cree que no habrd para mi mayor gusto 
que complacerte. Quisiera contentar d todos, 
y que nadie tuviese en Espaiia ningiin. . . va- 
mos, ninguna pretensi6n que yo no pudiera 
satisfacer... jPero hay tantos, tantos que a 
mi vienen, y yo...! jPobre de mi! no puedo 
ser tan buena como quiero...„ 

Yo no sabla qu6 decir; no comprendia ni 
palabra. ^Qu6 asunto mio era aqu^l en que 
no podia complacerme? Por mi dei^racia no 
cai en la cuenta de que Su Majestad era 
victima de un error, y relacion6 sus mani- 
festaciones con el ridicule plan de mi sue- 
gro de obtener para mi un cai^o en Palacio. 
Algo de esto me habia dicho tambi^n Nar- 
vdez; yo no hice caso. La Reina, obcecada, 
remat6 mi confusi6n con estos conceptos, 
un poco menos obscures que los anteriores: 
"Narvdez me habl6; me habl6 Santa Coloma 
por encai^o de tu su^ro. A tf te digo lo 



kabyAbz 271 

-que d ellos dije... que lo har^ mas adelante, 
oiento un deseo vivisimo de cbmplacerte, 
como d todo el miindo... Ten un poco de 
paciencia,y aguardateun nies, dosnieses...„ 

A decirle iba que no tengo ningiin inte- 
rs en ocupar un puesto palatino; pero por 
no desautorizar a Narvaez ni a mi suegro me 
call6. Estas discreciones ridiculas, en la 
conversacWn con Reyes, le compiometen d 
uno tan to como las indiscreciones mas estu- 
pidas... Me limite a Indicar: **No se inquiele 
Yuestra Majestad por mi. jSi para mi es 
igual!...„ Y ella, gozosa de oirme tan poco 
impaciente, se levant(5 en son de despedida, 
J como quien pronuncia la ultima palabra 
de un asunto fastidioso, me dijo: "Bueno, 
Beramendi: qiieda de micuidado... Yo no 
lo olvido. Serd mi mayor gusto... Adios, 
Marques. . . Confia en tu Reina. . . „ 

Le bes6 la mano y sali aturdido, no sin 
los resquemores que nos ocasiona la sospe- 
dia de naber cometido falta grave de corte- 
sia, por mal entender de las cosas. Aquel 
confia en tu Reina quedo estampado en mi 
• mente con letras de fuego. No se apartaba 
de ml la idea de que entre la Reina y yo se 
cemia,.. no puedo expresarlo de otro mo- 
do... un error formidable, y de que fud gran 
torpeza mia no disiparlo sobre el terrene. 
Toaa la tarde estuve en esta ansiedad, dis- 
<5urriendo de qu6 mcdios valerme para salir 
de tan cruel incertidumbre. Pero d nadie 
osaba comunicar mi recelo, por la ridiculez 
que el caso entraflaba. Figiirese ahora el 



NarvIb^ 273 

lo... iPero qu^ habrds pensado de mf!... 
Puedes creer que es la primera vez en mi 
vida que esto me pasa... 

— Seflora— le dije,— no es para que Vues- 
tra Majestad se disguste... 

— Pero tii, tonto, ^por qu6 no me adver 
tiste... que estaba yo tocando el viol6n?j, 

La familiaridad de la frase me hizo reir... 
*No he tenido sosiego — prosigui6,— hasta 
que decidl mandarte llamar, para suplicar- 
te que me perdones... 

— jSeftora. . . perdonar! „ 

Indic&ndome que me sentara, se sentx} ella 
de trav6s en una silla, apoyando el codo en 
el respaldo de la misma. "Si, perdonarme, 
porque... jvaya, que estuve torpisimaj... 
jConfundir una persona con otra!... Nunca 
me habia pasado cosa semejante. Lo linico 
que como Reina me han ensefiado es el co- 
nocimiento de las personas, no confundir- 
las, no hacer trueques de nombres ni de flso- 
nomias. En este arte he sido siempre muy 
segura, jComo que no s6 otra cosa!... Pues 
hoy... ^Pero d6nde tenia yo mi cabeza, Se- 
fior?„ 

Decfa esto Su Majestad, flrme el brazo en 
la silla, c(^i6ndose con la mano derecha el 
pndiente de la oreja del mismo lado. Y 
luego, con soberana modestia de gran perso- 
na, prosigui6: "Te explicar6 en qu6 consis- 
ti6 el error. Pero antes has de perdonarme. 

— Seftara, por Dies, no tengo por qu6 per- 
donar ofensa que no ha existido. 

— iQue no? V as & verlo . . . Pues como reclbo 

48 



274 B. PBR8Z aALD6s 

i tanta gente, como me hablan de ^ste y el 
etro, como vienen 6 ml cada dia centenares 

, de recomendaciones, no es extra&o que al- 
guna vez confunda nombres... asuntos. Las 
caras no las he confundido nunca: por este 
me ha causado tan to enojo la torpeza de hoy. 

f'Vamos, que esta tarde, cuando me hicieron 
cortiprender mi equivocaci6n... me hubiera 
pegado... Porque es gran desatino eonfan- 
dir tu cara con la de... Disp^nsame que calle 
este nombre. El milagro puedes saber; el 
santo no hay para qu6. 

— Puede Vuestra Majestad callar tambi^n 
«1 milagro. Yo no necesito expllcaciones... 
^ —No, no estd mal que lo sepas. Pigtlra- 
te... Estoy asediada de peticiones... Natu- 
falmente, todo el que algo necesita, acude d 
ml. Soy la dispensadora de mercedes y gra- 
eias, soy la Reina que desea serlo, haciendo 
felices 4 todos los espanoles, lo que es un po- 
quito dificil... pero, en fin, se hace lo que s© 
puede... Y como yo, si en ml consistiera, 
i iiinguno de los que piden le dejarla ir 
•on las manos vaclas, resulta que... En una 
palabra, un hijo de un Grande de Espafia 
que va 4 contraer matrimonio, no el Gran- 
de de Espafia, sino el pequefio h^o del 

If. Grande, me hizo saber hace dlas que para 
sostener el lustre de su nombre lehace fal- 
te... una friolera... treinta mil duros... Ma- 
jores cantidades que esas he dado yo sin ton 
ai son... Por ahl corre un cuento accrca de 
ml... ^no lo has oldo tu? Pues tc lo voy 4 
•on tar; porque aunque pareoe ctiento, no lo 



KARVilfiZ 275 

^s; es Historia... s61o que estas cosas no pa- 
san 4 la Historia... Ai\n no era yo mayor 
de edad, cuando un desgraciado.caballero, ' 

hijo de un servidor muy leal de mi padre y ■ 

de mi madre, vino a decirme que se veia en 
grande aprieto, que le ejecutaban, le des- 
honraban y qu6 s6 yo qu6... Vamos, que le 
hacian falta veinte mil duros... El Uoraba 
pidi^.ndomelos, y yo lloraba tambic^n, mds 
•que de pena, de la alegria que me daba el po- 
der remedial tamana desgracia. . . iQ\i6 cree- ' ^ 

ras que hice? pues llamar a D. Martin de los 
Heros, que ora entonces mi Intendente, y de- \ | 

€irle con la mayor naturalidad del mundo: ' ) ■ 

''^ Heros, traeme ahora mismo veinte mil du- ^ \ 

ros„... El pobrecito D. Martin, que era mSs . '^ i 

bueno que San Jos6, me miraba y suspira- - 

ba, y no decia nada; no se atrevia... Como ^ t 

•que nadie se ha cuidado de advertirme las 
€osas, ni de instruirme, por lo cual yo igno- 
raba todo, y principalmente las cantidades. 
Tan to sabia yo lo que son veinte mil duros, 
como lo que son veinte mil moscas. D. Mar- 
tin ^qu6 hizo? Pues se fu6 & la Intendencia, y 
mientras yo estaba de paseo, hizo subir vein- 
te mil duros, en duros ^eh?, y me los puso 
sobre la mesa, asi, muy apiladitos. j Jesias 
de mi alma! jyo que vuelvo del paseo con mi 
hermana, y me veo aquel catafalco de dine- 
ro, aquello que parecia un monte de plata. . . ! 
lilamo y entra D. Martin, que me acechaba 
en la cdmara pr<5xima. **Intendente, ^qu^ 
es esto?„ Y ^1 muy serio: "Sefiora, esto es lo / 

que Vuestra Majestad me hTi pedido, veinte • 



276 B. PBRBZ gald6s 

mil pesos. „ |Ave Maria Purisima! jqu^ mie- 
do me entr6! . . . "^Pero es tan to? ^Pero veinte 
mil duros son tantisimos duros? No, no es 
esto lo que yo pedia. Es que no me han en- 
sefiado ni siquiera el mucho y poco de la» 
cosas. No> no, Martin: no hay que darle tan- 
to d ese perdido, que segun dicen, maltrat^i 
& su mujer„... ^Qu6 te parece? Pues aquella 
lecci6n se me ha quedado muy presente, y 
no fu6 lecci6n perdida. Por fin, el donativo- 
se redujQ a cinco mil duros, y aiin me pare- 
ce que me corn' demasiado. 

— La bondad de una Reina justo es que 
no est^ contenida dentro de la prudencia. 

— Pero todo tiene un limite. no convenia 
que me criaran en las Mil y una noches. 

—Por lo visto, ni con la lecci6n de Don 
Martin se ha curado Vuestra Majestad de su 
esplendidez... El caso de ahora... 

— El caso de ahora se inici6 con petici6n 
de Ireinta mil duros; pero yo los reduje 4 
quince... Lo tremendo es haber confundido 
al peticionario contigo, quid pro quo muy 
extrafio, pues no os parec^is mds que en el 
titulo; en las fisonomias, nada. El tIene cara 
de ton to, y tii de todo lo contrario. 

— Seflora, ^c6mo agradecer6 yo distinci6n. 
Ian grande? 

—Pues perdonando mi simpleza y no ha- 
blando con nadie de este asunto. jCuidado 
si estuve torpe y ciega! Y ello fu^ porque 
ayer me hablaron del otro, me anunciaron 
su visita para hoy, y yo me prepare de ra- 
zones para entretenerle. Al hablarte de ta 



NAftVASZ 277 

«uegro me referia... al que va d ser su^ro 
del otro, me entiendes? De ti ya s6 que eres 
•casado. i & prop6sito: trdeme a tu mujer; 
-deseo conocerla. Entiendo que es muy feliz 
<5ontigo. 

— Senora, si asi lo dijeron & Vuestra Ma- 
Jestad, serd cierto... pero yo no lo aseguro. 

— Pues yo no lo invents. Alguien me lo 
iia dicho. 

—Senora, no siempre se dice la verdad a 
los Reyes. 

— Segun eso, no es verdad que hagas fe- 
liz d tu mujer. Es muy buena. ^Tambi^n en 
eso me ban engaflado? 

— En esto si que ban dicbo d Vuestra Ma- 
jestad una verdad como un templo. Mi mu- 
jer es un dngel. „ 

— jUn dngel! Asi Uaman d todas las mu- 
jeres sufridas, que Uevan con paciencia las 
trastadas. de sus maridos... Yo concibo que 
la mujer modelo sea un demonio, Bera- 
mendi...„ 

Al decir esto, la Reina se levant6. Yo hi- 
-ce lo mismo, creyendo que se me daba seilal • 
'de retirada. "No, no— me dijo con la mayor 
delicia de su voz y toda la nobleza de su al- 
ma. — ^Qu^date un rate... Te invito d una pe- 
quena soiree... de provincias. Estamos so- 
las mi madre y yo, con el Rey y algunos 
^migos.,, 



278 B. PBRBZ QA.LD(5». 



XXVII 



La senora Posteridad se hard cargo de m J 
satisfacci6n y gratitud por tantas bondades. 
Retir6se Su Majestad, y & poco entraron eiu 
la sala donde yo estaba, el pianista Guel- 
benzn, amigomfo; ladamadeserviclo, Con- 
desa de Sevilla la Nueva, y Bravo Murillo^ 
Ministro de Jornada. Pasamos d un sal6u 
proximo, donde volvi a ver d Isabel II, acom- 

Eafiada del Rey y de la Reina Madre, con 
>. Fernando Mufioz y dos'6 tres figuras pa- 
latinas. Amabilidad ceremoniosa y fria me- 
reel del Rey, que algo me dijo, sonriendo,. 
del quid pro quo motive de mi presencia en 
Palacio. Doila Maria Cristina, d quien me^ 
present6 su hija, acogi6me con notoria se- 
quedad, y en su mirada recelosa lef fetos (p 
parecidos pensaihientos: "^Qui^n serd esttv 
•p^aro?... ^A qu6 vendrd 6ste aqui?...„ Don 
Fernando Mufioz me hizo varias pr^untas. 
con acorn pasada rigidez, propia de un exa- 
men, y luego me habl6 de Koma y sus mo- 
numentos, con erudici6n fresca, reciente,, 
aprendida de los cicerones. 

Mientras escuchaba yo al Duque, la Rei- 
na, no lejos de mf, hablaba con Guelbenzu 
de programas musicales. "Esta noche no* 
canto— le decia. — Tengo la voz tomada...„. 
La vf acercarse d un espejo Psiquls, arri- 



NABVAEZ 279 

mado al angulo delsaWn, y contemplarse ua 
ins tan te, componiendo con sutil mano los 
band6s que rodean sus orejas, y recogiendo 
un poco el escote que se abria demasiadOL 
Despu^s vino & mi; repar^ su andar ligero, 
los pies chicos con zapatitos blancos que sa- ,, 
cudian los bordes de estas faldas en forma de '^ 
campana que ahora se usan... Yo me condo- 
li de mi desgracia, pues desgracia era, y dc 
las mis grandes, que Su Maj€vStad no se dig- 
nara can tar aquella noche; y el la me dijo: 
"Pues mira, no pierdes nada con no oirme^ 

Sorque canto muy mal. Ademas, estoy pep- 
ida de la voz. En los jardines me enfrie esta 
tarde. Oiremos d Guelbenzu solo, y todos va- 
mos ganando.„ Bruscamenie, saltando dc 
un asunto a otro, como el pajaro que aletea 
de rama en rama, me diJo: "Beramendi, ^no 
tienes tii ninguna Gran Cruz?... ^,que no? 
Pues es preciso que tengas una, la que quie- 
ras...„ Me incline. D. Fernando Muiloz, que 
no se movia de mi lado, como si montaa 
una guardia, quiso introducir otro tenia de 
conversacion; pero no le resulto el juego, y 
la Reina, sin parar mientes en su padrastre 
moiganatico, continu6 a^i: "El 25 tengo 
Besamanos, por ser los dias de mi hermana. 
Vendra Narvdez, y le dir6 lo de tu Gran \ 
Cruz. Ya s6 que Narvdez es amigo tuyo.,. 
Pero di una cosa: ^,puedes tu aguantarle? 
Cuidado, que de Narvaez no puedo decir 
nada que no sea para colmarle de elogios, 
como militar valiente, como hombre de go- 
bierno; ipero qu^ genio, Sefior ! . . . En su cast 



280 B. PBBBZ OALDdS 

no le sufre m&s que Bodega, que debe de ser 
un santo. 

— El genio fuerte del General— dijo Mu- 
fioz, — tiene su raz6n de ser. Con blanduras 
no hay modo de gobernar d este nafs. 

— Ciertamente— indiqu^ yo. — ^V tambi^n 
puede asegurarse que el General no es todo 
asperezas. En mds de una ocasidn le he vis- 
to cariftoso, amabilisimo... 

— Esas ocasiones habran sido pocas para 
su mujer— aftrm6 la Reina.— La pobre Du- 
quesa de Valencia no gusta de vivir en Ma- 
drid. Su marido la trata peor que d los pro- 
gresistas. Pero, en fin, el hombre vale mu- 
cho, y se le pueden perdonar las rabietas por 
el talento que tiene, y aquella firmeza de 
cardcter... ror cierto que d tl te aprecia, te 
quiere: me lo dijo. Y d prop6sito, Beramen- 
di: ^es cierto que estas escribiendo la Histo- 
ria del Papado? A mi me lo han dicho. 

— Algo de esto oi yo tambi6n, — ^apunt6 
D. Fernando Munoz por no estar silencioso. 
' Respond! que en efecto habia pensado es- 
cribir esa Historia, pero que las diflcultades 
del asunto me habian hecho desistir... 

**Pues es Idstima, porque ahl tendrfas 
campo ancho donde lucirte. \Y que no harfas 
poco servicio d la Religi6n! Al Santo Padre 
le habla de gustar muchisimo que escribie- 
ras las Vidas de todos sus antecesores des- 
deSan Pedro. ;.„ 

El movimiento de las figuras que compo- 
nlan la reuni6n era determinado por la Rei- 
na, que pasaba de grupo en grupo. Dirigi^n- . 



NlRVABZ 281 

^ose 4 Bravo Murillo me libr6 de la guardia 
del Duque de Ridnsares, que alld se fu6 
tambi^n, y la raz6n de esto voy & declrla al 
instante. En estos dias ha corrido la voz de 
que abandona D. Alejandro Mon el Minis- 
terio de Hacienda, y que le sustituye Bravo 
* Murillo. Descontentlsimo del asturiano esta 
el Sr. Munoz, porque aqu^l se ha cansado de 
colocarle la interminable cdfila de parientes 
y demds indigenas de Taranc6n, y en cuan- 
to vi6 que la Reina hablaba con el Miiiistro 
delnstrucci6n y Comercio, acudio A olfatear 
«i es cierto lo del cambio ministerial. Cier- 
to debe de ser 4 juzgar por el interns del 
didloffo que en aquel grupo observe, me- 
dianao principalmente la Reina Madre. En 
uno de estos pases y renovacion de los corri- 
llos, vine 4 encontrarme junto d D. Francis- 
co y la Camarista. Dijome el Rey: "Es pre- 
ciso hacer tocar d Quelbenzu las sonatas de 
ese Beethoven... Oird usted la mejor miisica 
que se ha escrito en el mundo.„ Intervino 
la dama para revelarnos que como Los Puri- 
tanos no hay nada... Son6 el piano: no me 
flj6 en lo que toco el maestro, ni puedo apre- 
ciar el tiempo que dur6 la tocata. S61o s6 que 
un ratito estuve en pie junto d la Reina sen- 
tada, y que ella me dijo: "Es natural que no 
est^s alegre, d pesar de la buena miisica... 
Comprendo que tienes tu pensamiento lejos 
de aquf... No creas, por ello te aplaudo. Eres 
consecuente...„ Contests que nada echaba 
de menos, ni lamentaba ausencias; y ella 
prosigui6: "A prop6sito, Marqufe, 6 sin ve* 



282 B. PBfiBZ GALOdS 

nir d cuento, si quieres: esta tarda he visto 
d la moruna y he hablado coja ella. Es una 
mujer iiiteresantisima.» Me disciilp6, negu6: 
vano empeno mio. Levaiit6se Su Majestad, y 
dando'yo algunos pasos en pos de ella, pude 
recibir de sus labios esta donosa prueba de 
conflanza, que me encant6: "Los6 todo, como 
dicen en esa pieza de cuyo tltulo no me 
acuerdo; lo s6 todo, Marqufe; te alabo el 
gusto. „ No me di6 tiempo a contestarle, pues 
era como la mariposa, que apenas pica en 
una flor, en busca de otra vuela. 

Minutes despu6s, la Reina Madre me 
preguntaba si conocia yo Napoles, y Bravo 
Murillo se condoli6 de que yo hubiera desis- 
tido de escribir la Historia de toditos los Pa- 
pas, obra que seria, sin duda, de las mds 
ediflcantes. Ya me iba cargando d mi tanta 
insistencia sobre un prop6sito que nunca 
tuve; mas como no poaia contestar con una 
groseria, hube de aguantar la mecha y decir 
que Si, que no y qu6 s^ yo. Fdcilmente, las 
conversaciones con personas Reales le He- 
van d uno d las mayores hipocresias del pen- 
samiento, y d las mds chabacanas formas del 
lengugye. S61o la Reina con su libra inicia- 
tiva y su arte delicioso para revestir de gra- 
cia la etiqueta, rompia la entonada vulga- 
ridad del hablar palatine. Ya muy avanzada 
\a reunion, en pie los dos, me dijo que no se 
contenta con darme d mi la Gran Cruz, sino 
Que tambien dard d Maria Ignacia la banda 
oe Maria Luisa. Su deseo es recompensar d. 
Jas personas que lo merecen, y yo soy de los 



primeros, no s61o por mi adhesion d la Real 
familia, sino por mi inteligeneia de eseritor^ 
pues si no he podido escribir aiin ia Historia 
del Papado (jotra vez!), la escribir^J, que vie- 
ne d self lo mismo. "Tengo la convicci6n— 
anadi6,— de gue eres de los buenos, de los 
seguros, y la independencia que disfrutas 
garantiza tu leaUad. Me dijo Narvaez que tu 
suegro era partidario de mi primo Montemo- 
lin, y que til le has quitado de la cabeza esa 
debilidad, gandndole para mi causa. Te lo 
agradezco mucho. La verdad es que Dios 
me ha traido al mundo con bendici6n, puea 
bendici(5n es el sin numero de personas hon- 
radas que me han defendido, me deflenden y 
me deienderdn en lo que me quede de rei- 
nado. He sido muy dichosa... Tii calcula los. 
miles de hombres que se han dejado matar 
por mi, y los que aiin hardn lo mismo cuan- 
do llegue el caso, que ojald no Uegue... Por 
eso quiero yo tanto al pueblo espafiol, y, 
cr^elo, estoy siempre pensando en 61... jQu6 
pueblo tan bueno! 3 verdad? El me adora y 
yo le adoro d 61... Muchas voces, cuando es- 
toy solita, cierro los ojos y procuro borrar 
de mi memoria las caras que comunmente 
veo, toda esta gente de Palacio, y los Minis- 
trosy Generales... Pues lo hago para repre- 
sentarme el pueblo, de quien sale todo, los. 
pobrecitos espafioles esparcidos por tantas 
villas, aldeas, valles y montes. Ellos son los 
que sostienen este trono mio, y me amparan 
con sus haciendas y sus vidas. Y yo digo: 
••Por fuerza pensardn en mi, como yo pien* 



884 B. PBRBZ oald6b 

«o en ellos, y al nombrarme dirdn: nuestra 
Beina, como yo digo: mi Pueblo...^ 

A tan nobles palabras contests con las 
mis expresivas degratitud y amor que se 
me ocurrfan, y pens6 que Bu Majestad y 
yo no8 parecemos: padace la efusidn po- 
pular. 

"Por mi parte hago lo que puedo para que 
mi pueblo, sea feliz— declar6 Isabel contes- 
tando & un concepto mio. — jY cuidado si 
es dificil esto de la felicidad de un pueblo! 
Porque uno viene y te dice una cosa, y luego 
entra otro y te dice otra cosa, y por aqui sal- 
ta una capital gritando tal y qvs s4 yo, y por 
alld otra grita lo contrario. Ya ves que no es 
Mcil percibir la verdad en medio de esta gri- 
ilera. Nunca sabe una si acierta 6 no acier- 
ta. ^De qui^n hacer caso, & qui^n oir? Por- 
que esto no se estudia, y aunque yo me 
aprendiera de memoria cuanto dicen los li- 
bros sobre los modes de gobernar, no ade- 
lantaria nada. No queda mds que la inspira- 
ci6n, y pedir d Dios que me dirija, que me 
ponga las cosas bien claras, de mode que yo 
las pueda resolver. De Dios viene todo lo 
bueno... Dios, que ha permitido los sacri- 
flcios que este pueblo ha hecho por mf, me 
iluminard para que yo no resulte una in- 
grata. i 

— S^uramente, la inspiraci6n del Cielol 
debe guiar & todo Soberano— le dije permi-| 
ti^ndome aconsejarle sin lisonja. — Pero cui- 
de mucho Vuestra Majestad de ver de d6nde 
yiene, y qui^n se la trae. Porque entre mu- 



NARVisZ 285 

chas inspiraciones verdaderamente celestia- 
les, podria venir alguna que no lo fuese... 

— jOh, "no! ya tengo yo cuidado— replic6. 
— Las personas que traen la inspiraci6n de 
arriba, muy pronto seconocen... Mi sistema 
es ponerme en brazos de la Providencia. 
^Qui^n ha sacado adelante mi causa y este 
trono mfo mds que la Providencia? Pues 
Dios no abandona & Isabel II, Dios quiere i 
Isabel II. 

—Sin duda...„ 

Con mucho salercJ se ech6 & reir Su Ma- 
jestad, repitiendo la popular frase Fiate de 
la Virgen y no corras, y luego afiadi6: "No: 
yo no me entrego d una conflanza ciega, ni 
espero de Dios que vaya dici6ndome todo lo 
que tengo que hacer... Algo ha de discu- 
rrir una por si... yo cavilo tambi^n un po- 
quito.., Verdad que me canso pronto. fE^ 
tan fdcil y tan c6modo no pensar nada!... 
Pues SI, yo pienso... Y d donde no Uega la 
raz6n, llega el sentimiento: ^no opinas tti lo 
mismo? Sentimos una cosa... Pues aquello 
es lo mejor. 

— ^No siempre, sefiora. 

—Sentimos, y... Si, sintiendo acertamos. 

— Se corre el riesgo, por ese camino, de 
sentir y pensap^lgo que luego & Dios no le 
parece bien. Y Dios se vuelve y dice: ipero 
si no es eso lo que yo te inspire! . . . 

— |Ay! en lo que Dios inspira, no nos 
equivocamos... No hay gufa como nuestro 
coraz6n. 

— No es mala gufa; pero que vaya con 61 



286 B. PBRBZ QALDOS 

la raz6ii— le contest6 habldndole como & una 
nifia.— Asi lo quiere Dios, y si no lo hace- 
mos se incomoda y nos pega. 

— I Ah! ., . Dios es muy bueno. . . bueno con 
los buenos, se entiende, que no tienen ma- 
las entranas. Es soberanamente bondadoso, 
y se enfada;nenos de lo que dicen. Esas vo- 
ces de los enfados de Dios las hacen correr 
los malos, que temen el castigo. 

— Nadie como Vuestra^ Majestad puede 
asegurar que Dios es bueiio... Pero por lo 
raismo que ha sido tan pr6digo con la Rei- 
na de Espana, no debe la Reina de Espafta 
pedirle demasiado. 

— Vaya, explicame bien eso. ^Qu6 has 
querido decir? Te autorizo para que me ba- 
bies con la mayor franqueza. 

— Pues dir6 que Vuestra Majestad tiene 
un gran coraz6n, y en 61 inmensos tesoros 
de tondad, de generosidad y ternura qu6 no 
deben ser derrochados. Na olvide Isabel II 
la lecci6n de D. Martin de los Heros, y an- 
tes de regalar veinte mil dtiros de corazon, 
fijese bien en el bulto que hacen apilados 
estos veinte mil duros de corazon, y asiiste- 
se ahora, como se asust6 entonces, y rebaje, 
rebaje, y no d6 mds que cinco mil... y me- 
jor si los reduce d reales.-.. Sefiora, yo me 
permito abusar de la autorizaci6n de fran- 

Jueza que mi Reina me ha dado, y digo mil 
isparates, que Vuestra Majestad se digna- 
ra perdonarme. 

— No, no—dijo Isabel revistiendo de gra- 
vedad su picaresco rostro. — Has hablado 



NARVABZ 287 

como un libro, come hablard la Historja de 
los Papas cuando la escribas.„ 

Un nUevo movimiento de las flguras de 
lareuni6n pusoftn 6 este-sabroso dialogo. 
Volvi a encontrarme junto al Rey, mejor 
dicho, vino ^1 hacia mi, y me dijo: "^Y por 
qu6 no se decide listed a darnos una Histo 
riade Espafla verdad? Esta por escribir.. 
Todo It) que va de siglo es interesantisimo 
y pues no parece facil superar a Toreno en 
la guerra de la Independencia, el historia 
dor que tal emprenda debe empezar en el 14 
cuando mi tio yo\y\6 a Espafla... Una His 
toria imparcial, que se aparte del criterio ex< 
tremado de las facciones, una relaci6n ve 
ridica^, escrita con talento, revisada por per 
isonas peritas, y autorizada por la Iglesia, 
crea usted que seria una gran cosa. Y la 
publicaci6n de esa obra, no faltard quien la 
patrocine.^ Conteste reconociendo laimpor- 
tancia de un trabajo tan considerable, y la 
cortedad de mis fuerzas para realizarlo... 
Arrim6se d la saz<5n la Reina d los que de 
ello habMbamos, y 6ramos ya mas de dos, 
por inopinado crecimiento del grupo, y nos 
dijo: "3Hablan de escribir la Historia de Isa- 
bel 11? Si, Beramendi, si... Yo subyencio- 
no esa obra. 

— Es pronto— afirni6 el Rey con gran sen- 
tido:— no ha de ir el historiador por delante 
del Reinado, sino detrfe... 

— ^Y por qu6 no han de ir juntos, cogidi- 
tos de la mano? — indicd la Reina. 

— Porque la Historia verde sabe mal, como 



288 B. PBRBZ OALD(iS 

la fruta. Hay que dejarla madurar en el 
drbol. 

— ^De modo — dijo Su Majestad hacienda 
reir & todos con su dohosa ocurrencia,— que^ 
atin estamos verdes? Mds vale asi... Pues yo 
deseo que pronto hablen y escriban de mU 
por supuesto que escriban bien, elogidn do- 
me mucho y poni^ndomeen las nubes... Yo 
aspiro & que de mi Reinado se cuenten ma- 
ravillas. 

— Los pueblos mds felices— dyo Montes- 
quieu por boca del Rey,— son aqu611os cuya 
Historia es fastidiosa. 

— Pues yo no quiero — aflrm6 la Reina, — 
que al leer mi Reinado bostece lagente... 
i Historia fastidiosa! Eso ni deleita ni ensefla. 

—La de Espana — indic6 Maria Gristina^ 
melanc61ica, — es y serd siempre un folletin- 

—Mama, eso es toner mala idea de los es- 
pafioles. 

— Tengola queellos me han dado,— re- 
plied la ex-Gobernadora. 

— Los espaiioles son buenos, valientes, 
honrados, generosos, caballeros — declar6 
Isabel;— en general, se entiende, porque 
i tambi^n hay cada pillo . . . ! „ 

Encontrandonos de nuevo frente & frente, 
me dijo: "^No crees tu que la Cr6nica mia, 
la de mi Reinado serd bella? 

—Bella sera... ^.pero qui6n asegura que 
no serd tambi^n triste? 

— ^Por qu6?. . . Me asustas. . . Yo no ceso de 
pensar en mi Historia, y me la represents 
como una matrona gallardisima... 



NARViBZ 289 

- — Sf , con un laurel en la mano y un le6m 
dios pies. Esaesla Historia oficial, acacB- 
micay mentirosa. La que mereoe ser escri- 
ta es la del S^r Espanol, la del Alma Es- 
pa&ola, en la cual van confundidos pi:^bl« 
y corona, silbditos y reyes. . . 

— i Oh, si! . • . asl debe ser. 

— Y esa Historia me la represento yo cpmf 
una diosa, mujer real y al propio tiempo di- 
vina, de perfecta hermosura... 

— Vestidita por la moda gri^a, ^on tiini- 
ca muy cefiida, que marque Men las formas. 
Asi representa el Arte todo lo ideal, asi el 
s6t de las cosas, asi el almade los pueblos... 
Esa figura que til ves, como espaiiola casti- 
za, sera morena. 

— Tostada del sol, de este sol de Espaila, 
que no es un sol cualquiera. 

— Y la verds esbeltisima, con poca ropa, 
descalza... no dir6 que sucia, sino empolva- 
da,.. naturalmente, de andarpor estosca- 
minos y vericuetos del demonio, por tanta 
sierra, por tan to paramo... Pais grandioso d 
nuestro, pero empolvado... 

— iOh, qu6 bien lo expresa Vuestra Ma- 
jestad!„ 

Al decir yo esto, senti turbaci6n angus- 
tiosa. Hallabame solo, apartado en un dn- 
gulo de la sala. Me asalt6 la duda de que la 
Reina me hubiese ayudado, dialogando con- 
migo, d la descripci<3n de la bella figura que 
veo y siento. . . Pronto adquiri la certidumbre 
de que yo me lo habia pensado y dicho so- 
lo... Cuando dye & Su Majesiad que la Hi^ 

'l9 



290 B. PfiRBE GALDdS 

toria de su Reinado podria ser triste, ella 
no pronunci6 mis que estas palabras: **^Por 
qu^?... jMe asustas!„ y se alej6 de mi, soll- 
citada su atenci6n de los otros grupos. Lo 
demte que hahlamos, lo habW para mi, su- 
bitamente atacado del mal de Lucila^ de la 
efusidn que Uamo e^titica y popular. 

Lleg6 el iustante final. La Reina ydemds 
personas augustas nos hicieron reverencia y 
se retiraron. Los que no somos augustos nos 
fuimos ii la calle. En la escalera de Palacio, 
resplandeciente, en la obscuridad de los jat- 
dlnes, llevaba conmlgo la imagen de aque- 
Ua ideal princesa lUipulicia, sofiada por el 
celtlbero Miedes. Toda la noche me Ja pase 
en este delirio... Mi cerebro era una linter- 
na mdgica. Reproducia en sefie circular la 

Slataforma del Castillo de Atienza, el patio 
e San Ginfe, un cielo turbio, un suelo ari- 
do, una estancia del Alcdzar Real... Isabel, 
vestida de mahola, me decia que escribiese 
su Historia; Lucila callaba siempre, imj^en 
y representaci6n del inmenso enigma. 



XXVIII 



San Ildefonso, Septiembre.— El 25 de 
Agosto, dia de San Luis Rey de Prancia, d 
lospocos de mi doble entrevista con la Rei- 
na, i\i6 para mi memorable, por la aglome- 
raci6n y enracimado de sucesos que voy d 



NARVA I Z 291 

cnumerar. Asisti al Bes^manos; vi a Nar- 
v4ez y a Sartorius; vi d D. Saturno con un 
xesplandeciente uniforme n6 s6 de qu^, cu- 
bierto el pecho de cruces y cintajos de va- . 
• riados colorines; en los dorados salones tuve 
» -el honor de ser presentado al Nuncio de Su 
\ Santidad, Monsenor Brunelli, y al Embaja- 
•dor de Anistria, un caballero muy guapo 
vestido de magiar; y en fln, terminada la 
ceremonia palatina, baj^ al parque con toda 
la Corte, y corrieron las fuentes en presencia 
de Su Majestad, soberana pastora de aquella 
Arcadia de abanicos. Mi mujer taiiibi^n pa- 
se6j)or los jardines, y juntos disfru tamos de 
aquellindo espectdculo de las aguas amaes- 
tradas y sacadas a bailar sobre el verdor de 
ios parterres y arboledas. En el teatrp, don- 
<le cantaron Don Pasquale por despedida, 
VI d Euf rasia, que con misterio de 6pera C(3- 
mica me dijo que se hablaba sotto voce de 
mis frecuentes visititas a Palacio. Nt) le hice 
caso: yo no hstbia vuelto alld desde la soiree 
que he descrito. 

A Narvdez le vi al anochecer en la Casa 
de Can6nigos, y me dijo. . . ^,que me dijo? Ya 
no me acuerdo... No s6 como tengo mi cabe- 
za. De dos semanas aca, mi aturdimiento y 
mis distracciones graves suscitan alarmas 
de mi cara esposa, que inquieta por mi salud 
me somete d carifiosos interrogatories acer- 
ca de cuanto hago y dejo de hacer, de cuan- 
to hablo, pienso y sueno. "No es nada, mu- 
jer— le contesto yo, que d todo antepongo 
'«u tranquilidad; — no es mds que... eso que 



292 B. vtnEZ qald6s 

padezco, y que me ataca de vez en cuando^ 
la efusi&n... ^de qu^?, la efusidn de lo ideal, 
de lo desconocido, de lo que debiendo existir 
no existe. Volvemos & lo mismo: yo debf de- 
dicarme & un arte, y en 61 habrfa sldo maes- 
tro... Pero no tengo arte, y mis facultades. 
funcionan en el vacfo... No me hagas reir,. 
mujer. iQ\i6 dices, que el ser padre es un 
arte?... Apadre de muchos hijos...? Bueno,. 
mujer. Lo admito, si en ello te empeflas*... 
Pero ese arte, c5omo la historia de un reina- 
do que empieza, est6 todavia verde.„ 

Ahora me acuerdo de lo que me dijo Nar- 
vdez. Fu6 de lo mds insignincante, yen rea- 
lidad no merece ser transcrito: **Yo me- 
vuelvo & Madrid, y dentro de unos dias sal- 
dr6 para las aguas d3 PuertoUano...' Aqui 
nada tiene usted ya que hacer. Pronto se ir4 
la Corte. Se le van d usted la Marqtiesa de 
Gaprieomio, y los demds enredillos que tie- 
ne el polio aquf ... A mi regreso de la Man- 
cha espero encontrarle & usted en los Madri- 
les...„ En efecto, pasados algunosdlas, des- 
apareci6 la Corte; parti6 Eufrasia sin despe- 
dirse de mi, y el Real Sitio, drboles y flores> 
aguas transparentes y sutiles aires, se ador- 
mecfan lentamente en una soledad dulce y 
fresca. Gontenta de esta soledad, mi mujer 
desea permanecer hasta fin de Septiembre, 
y del mismo parecer son sus padres. Yo lo 
apruebo. Deseo eldescanso. 

Madrid, Octubre. — Ya estamos aqui. Es- 
cribo en el Congreso. Nada dil^o de mencidn 
nos ocurri(5 en la Granja despu^s de la par- 



NARVAIi2 293 

tida de la Corte, como no sea la tranquili- 
•dad' que disfrut^, la mtima vida que hice 
«con mi mujer, consagrindole yo todo» los 
instantes ^e mi vida, y las feroces mafias 
•que va sacando mi hijo, las cuales maniflesta 
tirdndome del bigote hasta hacerme Uorar. . . 

La traviesa, la diabdlica Eufrasia no ha 
^uelto & Uevarme d la isla de Paphos (Casi- 
no delaReina), La he visto poco y deprisa, 
-coincidiendo en visitas, 6 encontrdndonos 
en el Prado, y no he podido hablar conella 
detenidamente de cosa alguna. Sus ojos^ 
que ni en las ocasiones de mayor disimulo 
'Uejan de ser elocuentes, me dicen que se ha- 
11a en grave crisis de ambici<5n 6 de amor. 
El anuncio que le hice de la pronta conce- 
tsi6n dd titulo, no produjo en ella la grata ^ 
•sorpresa que yo esperaba. "^Y hemes de 
agradecerlo al Espaddn?-^me dijo.— Pues 
•que nos titulen Marqueses de la Ingra- 
:titiid.„ 

Y voy con el asunto que, & mi entender, 
'merece aqul preferente lugar, por el grande 
-espacio que ocupa en mi espiritu noche y 
dia. Ya aije que entre los pobres pedigtie- 
ftos de la parroquia de San Gin^s, bay uno 
'Con quien entabl6 relaciones policiacas, so- 
color de caridad, tocantes al descubrimiento 
♦de la hermosura celtlbera vista y evaporada 
>en la puerta de aquella saera mansi6n. Mi 
^migo, que me ha resultado tambi^n celti- 
4)ero de los Uamados Ilergetes, consagr6 su 
Tida al negocio de sanguijuelas en tierras de 
Teruel... Es hombre^uy corrido; pelefi p» 



294 B. psasz OALDOS 

D. Carlos en la partida del Serrador, y esta- 
blecido por fin en Madrid como herbolista, 
ha veniao por sucesivas desgracias comer- 
ciales y dom^sticas d la misera condici6n 
presente. Conserva el hombre agilidad de 
piernas y lucidez del entendinpiiento, lo que^ 
no es poca ventaja para el trabajo diplomd- 
tico que yo le encomend^; pero tales partes- 
pierden mucho de su energia por la deplo- 
rable ruina de otras: uno de los brazos, en- 
vuelto en amarillas bayetas, no funciona; 
el cuello se le tuerce del lado izquierdo, lo» 
ojos son como fuentes, y la lengua y boca 
suf ren de un paralis que desfigura su sin- 
taxis y su pronunciaci6n, pues por causa de^ 
tal dolencia compone los conceptos al re- 
v6s, y suele comerse las primeras silabas de 
laspalabras mds importantes. Con todos es^ 
tos inconvenientes, el pobre Gambito, que: 
tal es su nombre 6 su apodo, -me sirve bien^ 
afiadiendo & sus incompletas facultades una 
voluntad y una diligencia increibles. 

Antes de irme a la Granja, dijome que la 
hermosa mujer habia vuelto, sin hacer mda 
que llegarse a la sacristia con una carta... 
^Para qui^n? Para un capelldn, que habrla 
estado en la iglesia, sino estuviera en el ce- 
menterio: habia fallecido dos dias antes... 
Desconsolada se huS la moza llevandose la 
carta. ^De qui6n era 6sta? Gambito no lo sa- 
bia ni pudo averiguarlo entonces. A mi re- 
greso de la Granja, estimulado el hombre^ 
por mis donatives, y en espera de mayor re- 
compensa, me da cuenta de sus minuciosas 



N4RVABZ 295 

pesquisas en Agosto y Septiembre, y de 
ellas resulta unaluz desigual, que tan pron- 
to esclarece el asunto como lo rodea de ma- 
yores tinieblas. Con mi feliz memoria repro- 
duzco textualmente el informe, componien- 
do & mi jnodo la sintaxis, y supliendo las 
silabas comidas: **E1 Surez Jeromo entr6 
servicio de Colapios (los Escolapios) seflores 
Padres de lafe (Getafe), y la su hija, que la 
Wamsji Cigilela (Lucihuela), mor6 en una 
casa de Madras Colapias donde se arrecogen 
hyas de Padres, 6 hyas de cualsiquiera Ma- 
dres putativas...„ Para que vo descifrara lo 
restante de esla jerga hubo de repetirlo una 
y otra vez, y aun asl no pude llegar d la in- 
terpretaci(3n exacta. Toda la paciencia del 
mundo no basta para poner en claro los tra- 
^os de este borrado palirapsesto. Oreo haber 
sacado en limpio que Lucihuela estuvo unos 
dias en el convento de Jesiis, y que despute 

I)as6 al servicio de un sefior que Gambito 
lama 7a/a (ignore el verdadero nombre, al 
que creofalta'una silaba), administxador de 
los lavaderos del Pio Infante Don Cisco 
(traduzcb: lavaderos del Principe Pio, per- 
tenecientes al Infante Don Francisco)... 

D6bil luz, resplandor vago, ^d d6nde me 
Uevas? • ^ 

Madrid, 20 de Octubre.—Ayer reventd 
sobre Madrid una bomba. Pienso quesu es- 
truendo formidable es piiblico ruido de los 
que han de llegar & la Posteridad sin que yo 
los transmita; pero ahl van por mi cuent?i 
noticias de c6mo bx€ la explcsi(3n y de las 



296 B. PERRZ G^LDJS 

«6Ieras y nsas qne produjo, reftriendo des- 
pu6s el desarrollo de suceso tan extraordina- 
rio hasta su inaudita soluclon. Desdeel jue- 
yes por la noche empezaron & correr voces de 
erisis, suponiendo en 6sta los caracteres mis 
extraflos... Oilo yo en casa de Maria Bus- 
• diental; mas no le di cr^dito, y aun me per- 
mit! n^arlo autorizadamente. Por la tarde 
Habia yo visto al Duque de Valencia en su 
easa, y nada le oi que pudiera ser vaticinio 
de cambio de Gobiemo. Pero las aflrmacio- 
nes que hice no acallaban los rumores, que 
a cada instante veman mas densos y con 
m&H visos de verdad, de esa verdad invero- 
rfmil que aqui gastamos. "Hay crisis— dijo 
Carriquiri, entrando & media noche;— la cri- 
sis mis absurda y m4s... demag<igica que 
puede imaginarse... Nada: que d D. Ram6n; 
sin decirle oste ni moste, le ponen la cuen- 
ta en la mano y le seiialan la puerta.„ Lleg6 
laego Tassara y nos cont6 que la primera no- 
Ucia de este gatuperio la tuvo Mol/ns, Mi- 
nistro de Marina, el cual, comiendo en su 
«asa, reeibi6 un pliego de la Reina, inclu- 
y^ndole carta que le habia escrito su marl- 
Jo, en la cual ^.ste le decia en substancia: 
**Narvaez y compinches son unos tales y 
nnos cuales, y para que no acaben de perder 
i la Nacion, hay que sustituirles inmedia- 
tamente por estos caballeros muy dignos, 
tuyos nombres van en la adjunta iista.„ 

• -^Qui^nes son? 

• —No recuerdo mds que al Conde de Cleo- 
lard y al Sr. Cea Bermtidez, Conde de Co- 



I 



v-^«6*'* 



NABViBS 297 



lembi... La lista ha sido inspimua per per- 
sonas que traen recados del AlWsimo. 
— Esto es ignominioso. 

— Esto es simplemente c6mico y no puede 
prevalecer. ^Y el Duque? 

— Al ll^ar & su casa se encontr6 con una 
•comunicacion semejante & la que recibi6 
Roca de T(^ores.„ 

Puso fin & la confusi6n Andres Borr^o, 
reflriendo que aquella misma tarde (lo saWa 
de la mejor tinta), habiendo tenido Narvdez 
un soplo de lo que se tramaba, tni & Palacio 
y habl6 d la.Reina: "Sefiora, esto se ha di- 
cho, esto se susurra...^ Y la Reina le con- 
test riendo; **No hagas caso. Son patraflas 
que salen del cuarto de ese...^ Oyendo es- 
to, muchos negdbanios que pudiera ser ver- 
•dad; otros lo conflrmaban, algunos callaban, 
mordi^ndose las uiias. "Es forzoso — dijo no 
recuerdo qui6n, — abrirle d la opini6n unas 
tragaderas del tamafio de esta casa. S^tln 
se van poniendo las cosas, todo es posible, 
todo puede sueeder, y no hay bola, por dis- 
paratada que sea, que no entrafie la ver- 
dad„... Y otro: **La hlstoria de Espaiia se 
nos estd volviendo folletin.„ Y otro: "Eso no 
lo inventa usted. Es frase de Dofia Maria 
Oristina,,... "Pero la Reina Madre habl6 del 
foUetln sin califlcarlo, y ahora debemos de- 
<3ir folletin malo„.,. "No, folletin tonto,„ Y 
todos eoncluian por llevarse las manos & 
la cabeza, exclamando: "jSeiiores, e6mo es- 
tard Narvdez! Serd cosa de alquilar balco- 
nes...„ 



298 B. PBBBZ aALDds 

Participando de esta curiosidad, y con me- 
dios de satisfacerla, me fui d la Fresiden- 
cia. Al bajar presuroso per la calle de Alca- 
Id, meencontr6 d SanKomdn que Uevaba 
la misma direcci6n y objeto que yo, y ha- 
blando del suceso de la noche, entoamos en 
la grata de la flera, d quien suponiaiiios en 
el paroxismo del furor. Un ayudante nos- 
dijo en la puerta que el General estaba en el 

Salacio de la Reina Madre, y que le aguar- 
aban muchos seflores en el sal6n, dvidos de 
saber la verdad 6 mentira de una crisis que 
parece comedia. Subimos. Entre los que alh' 
esperaban el parto de la Fatalidad (asi ]o 
dijo uno de los presentes, creo que Bermtl- 
dez de Castro), vf d Sartorius y d D. Jos6 
Zaragoza, Jefe politico de Madrid, el cuai 
hacla rudo contraste con el Ministro, pues 
si 6ste es la propia distinci6n y delicadeza,. 
la sangre fria y comedimiento en todas la» 
ocasiones, el diputado por Ciudad Real, cen- 
cefio, rudo, de faz temerosa y mirada ful* 
gurante, parece cortado para la acci6n vehe- 
mente y repentina. Otros habia en la sala^ 
entre ellos mi hermano Agustin, comen tan- 
do lo que ignoraban 6 arrojando bills sobre 
lo que sabian; d cada instante entraban mds 
caras de estupejacci6n, de impaciencia, de 
ira... Por fin, como todo Uega en este mun- 
do, vimos que la mampara roja se abri6 con 
chirrido estridente, por la violencia del gol- 
pe que la empujara, y entr6 Narvdez con 
paso y tiesura de galio, y sin quitarse el 
sombrero ech6 una fulminea mirada en re- 



NAaVABZ 299 

dondo, diciendor ''Sefiore^, ya lo veil ustc-^ 
des: esto jio tiene nombre... Si, si; lo tiene: 
es una canallada... jNi entre gitanos, sefto- 
res; ni entre gitanos! 

— ^iQu^ dice la Reina Madre?— pr^unt6 
San Luis, que mds que anatemas y desver- 
gttenzas, deseaba hechos para soiheterlos d 

' un frlo examen. 

— Dofia Maria Cristina...— contests el de 
Loja, ya en el colmo de la flereza y de la 
amai^ra. — ^Pues nada, seflores: que todos 
son unos. La Reina Madre no sabe nada; di- 
ce que no tiene arte ni parte... y yo no s^si 
creerlo... no creo nada, 

— Yo pongo mi mano en el fuego— decla- 

r6 Sartorius con cierta solemnidad,— por la 

inocencia de la Reina Cristina en este asunto. 

Algo mds expres6 no s6 qui^n en defensa 

de la ex-Gobernadora. 

**Mi General— dyo con acentos de club el 
Jefe Politico, — bien claro estd que la volun- 
tad de Isabel II ha sido secuestrada. Esto es 
una intriga, y la primera victima de la in- 
triga es Su Majestad. no servimos para 
nada, 6 debemos echar el cuerpo adelante- 
para amparar & la Reina. 
— jSacar el cuerpo, yo! Lo lie sacado ya 

j mil y mil veces. |Si mi cuerpo jajo! es una 

I criba, de los balazos que ha recibido jajo! 

I defendlendo el trono liberal!... Y ya yen 
el pago... El Gobierno, seflores, ha presen- 
tado su dimisi6n. No podia hacer otra cosa 
sin faltar & la decencia... jy d la vergtten- 
za, jajo!... Ceder & esto es declarar que 



300 B. PBRtt^ QALI)6S 

*la vergtlenza se ha concluido en Espafia.^ 

Insisti6 Zaragoza en que esta crisis no es 

m&s que una infame celada. "Corramos & 

Palacio— grit6 con destemplada voz,— rom- 

Samos los lazos p^rfldos que opriman d Su 
lajestad. 

—El que tenga la cara endurecida para 
lo3 bofetones y quiera ir d Palacio, que vaya 
— dijo Narvdez sin mirar d nadie, pasedn- 
dose, la vista arrastrada por el suelo. — Yo 
no me expongo d que un mequetrefe con 
medias coloradas, 6 un fantasm6n cargado 
de veneras, me mande salir d la calle... Vd- 
monos d nuestras casas, y que se anreglen 
como puedan. 

— Mi General— le dijo enfdticamente Don 
Jos6 Maria Mora.— Usted tiene d su lado la 
mayoria de las Cortes; usted tiene el Ejer- 
cito... 

— Yo no soy ya jefe del Ej^rcito... Lo es 
el General Cleonard, que d estas horas ha- 
brd jurado en raanos de la Reina... ^Pero no 
se han enterado todavia, ajo?„ 

Soltd esta bomba gritando en medio de la 
sala con gesto de ira y menosprecio, y d sus 
palabras sucedi6 un silencio de constema- 
€i6n. Casi todos los presentes, hasta que^ 
oyeron aquella declaracidn fatidica, conser- 
vaban un resto de esperanza; algunos, cie- 
gos optimistas, creian que habria componen- 
da, bien porque Narvdez hubiese amedren- 
tado d Isabel, bien porque ^sta pudiera li- 
brarse d tiempo del encantamento que apri- 
sionaba su soberano albedrfo... La noticia. 



NARYASZ 801 

dada por el propio Espaddn, de que Cleo- 
nardjufaba, yera yasin duda Ptesidente 
y Ministro de la Guerra, abati6 grandemen- 
te los dnimos. 

"Pues si es asf— murmurd mi hermano- 
Agustfn, — digo que esa seiiora esti loca. 

— Encantada, seftores, 6 hechiaada comol 
ct Carlos 11. 

—El hechizado aqui' soy yo... y despu^s 
sacado d bailar— dija Narvdez pasando de la 
c<ilera al sarcasmo.— ^Pues no querian que 
refrendara yo los decretos? Todoa estdn lo- 
cos all4... jA fe que tengo yo cara de zurci- 
dor de estos... lios! Moims ha ido & Palacio 
& ejercer de escribano... 

—Mi General— declar6 el inipetuoso Don 
Jos6 Zaragoza avanzando al centro de la 
sala,— el Jefe Politico de Madrid sabe d6nde 
se ha tramado este niaquiavelisino. Ya no 
tengo por qu6 guardar secreto. En la Escue- 
la Pfa de San Ant6n se reunieron esta tarde 
los que serin compafteros del Sr. Cleonard 
en el flamante Ministerio, y los que han en- 
gaiiado & nuestra querida Soberana. Los co- 
nozco a todos; se cuanto alli paso y cuantos 
disparates alll se hablaron. Habia en la reu- 
nion hombres que quieren ser piiblicos, y 
mujeres que lo fueron. Al anochecer trasla- 
ddronse todos en coches al convento de Je- 
sus d recibir (3rdenes... Lo niismo se hizo 
hace ocho dias; pero la Monja que da la con- 
signa les dijo entonces: "Aiin es pronto, 
hijos mios. Esperad hasta que yo os avise. 
La Reina no cede. Yacederd...„ Hoy, laim- 



302 B. VtMSt OALDOS 

pofitora les ha dicho que totjo estaba heeho, 
y locos de contento se han ido al cuarto del 
Key, el cual los presents & su augusta espo- 
sa. La Reina... me consta, seiiores, y loase- 
guro como si lo hubiera visto.,. nuestra 
amada SiJberana habl6 con ellos un mom^n- 
to... les despidio diciendo d los nuevosgo- 
bernantes que maflana juraran, y luego 
rompi6 d Uorar... Pues bien, mi General: 
<x>nozco a todos los que andan en esta intri- 
:ga, y tengo notas bien claras de sus domi- 
cilios... Con media palabra que se me diga, 
Toy y los prendo a todos antes aue sea de 
41a, sin distincl6n de sexo, calidad ni estado, 
sin reparar en uniformes ni en faldas, nl 
^n hdbitos ni en sobrepellices, y manana, 
•es deeir, hoy, antes .de las ocho salen para 
Legan^s, y de Legan^s por la^ tarde para 
donde se disponga, sea Cddiz, sea Cartage- 
na, que no faltara un cachucho en un puer- 
to 6 en otro, que los lleve a tomar los aires 
de Filipinfis... Est3 har6, si el Jefe lo man- 
da, y respondo de que no es atropello, sino 
justicia.^ 

Pausa. El murmuUo que reson<3 en la sala 
demostraba cu4n feliz y oportuno pareci6 a 
todos los presentes este atrevido plan poli- 
<5iaco. 



NARVABZ 303 



XXIX 



No tarQ6 en Uegar Molins, pr6ximas ya 
las tres de la mjidrugada. Es 6ste un cabia- 
llero tan acompasado en la vida social como 
-en la politlca, como en la literaria. Sus 
actitudes son como sus versos; sus actos 
como sus ^iscursos, y su traje como toda 
su correcta y atildadlsima persona. Su es- 
tatura es aventajada, su talle esbelto, su 
rostro grave, abundante el cabello en cabe* 
za y barba, la dentadura perfecta, todo suyo 
y de intachable limpieza. En el trato cauti- 
va, en la oratoria instruye mis que arreba- 
ta, en la conversaci6n corriente se oye y se 
le oye con a^rado. Aunque allf le esperaban 
como agua de Mayo, ansiosos de conocer lo 
ocurrido en la refrendacion, el Ministro de 
Marina no se precipitft d narrar el acto: es 
hombi:e que en naaa se precipita. Venia de 
nniforme, el peinado sentadisimo, sin que 
iin solo pelo se desmandara; traia cara me- 
lanc61ica, como de quien sabe apreciar se- 
renamente el punto y ocasi6n en aue los 
sucesos particulares revisten la sunciente 
gravedad para convertirse en hisWricos. 
Ama con caballeresco ardor, de indole po- 
litica, & nuestra excelsa Soberana y al Prin- 
Kjipio que representa, y cree en la ficci6n 
Constitucional- Mondrquico - Parlamentaria , 



301 B. PBRSZ QALDdS 

como se cree en los Misterios dogmdticos^ 
sin entender ni jota de ellos. 

Con elegancia narrativa di6 cuenta Mg* 
lins de su cometido, y la serenidad y pul* 
critud de su palabra lueron como bdlsanio 
que aplacaba la irritaci6n de que los x)yen- 
tes estaban posefdos. El hacho que reflrid^ 
hiabrla carecido totalmentp de inters si el 
cuentadante no hubiera marcado muy bieii: 
en el relate la nota pat^tica, que acrecia su 
valor hist6rico. La Reina, en todo el tiem- 
po que duraron los trdmites, tw cesabade 
UoroTy y i la conclusion, su dolor parecfa no 
tener consuelo. 

Maravillados escucharon todos esta rela- 
ci6n, y la crftica del suceso adquirid un 
tinte compasivo. No quedaba duda de que 
circunstancias y resortes misteriosos, que 
los de fuera no podian penetrar, constreftian 
a Isabel II a cambiar de Gobierno. 

**ilia Reina estd secuestrada!— gritaroa 
algunos; y otros: — Salvemos & la Reina! „ 

Y Ruiz Cermeno, diputado por Ar^valo^ 
con calma y agudeza, como hombre que se 
precia de penetrar hasta el fondo de las co- 
sas, nos dijo a los que le rodedbamos: "Es!a 
es un golpe de Estado, un verdadero goipe 
t de Estado. „ Mi hermano Agustin, que tan 
hondamente se afana por el porvenir de esta 
Nacion, no dejaba de expresar sus temores: 
"jPero el Regimen, Senor...! ^A d6nde va a 
parar el Regimen con estas cosas?... Y aho- 
ra precisamente, cuando el Regimen iba 
como una seda...„ 



. NABVijBZ 305 

Lo que cont6 Molfns del Uanto amargo de 
Isabel fu6 desconsuelo y afliccidn de todos, 
menos de Narvdez, el cual, irgui^ndose mds 
bravo, echando por aquella boca terno sobre 
terno, hizo estas terribles manifestaciones: 
**Dejarla que Uore... Rlos de sangre ban co- 
rrido por causa de ella... Y ahora nos quiere 
pagar con Idgrimas... No queremos l%rl- 
mas, sine justicia, raz<5n y formalidad. Se 
reina con juiclo, no con lloriqueos... EUase 
ha metido en este pantano. . . rues vea c6nio 
sale. Que lasaquen los angelitos, 6 esa bea- 
ta de las Uagas asquerosas. . . Nosotros, sefio- 
res, d nuestras casas, a ver pasar la moji- 
ganga Cleonard-Colombi. (Risas.) Usted, 
amigo Zaragoza, ^qu6 ha dicho de prender y 
de encarcelar? De esose cuidard el que le 
suceda, que d estas horas estard ustea des- 
titufdo... y habrdn nombrado d un escola- 
pio, 6 al demandadero de las monjas. (Carca- 
jadas.) El que sea recibird 6rdenes de pren- 
der d todos los que estamos aquf, a mf el 
prlmero. . . En mi casa me encontrardn. (Bu- 
mores.) Con que, caballeros, d dimitir todo el 
que tenga posici6n paraello... Arrojarlelas 
posiciones. d la cara, para que vea lo que so- 
mos. Que el Gobierno encuentre vacantes la 
multitud de plazas que necesita para mona- 

Sos, cornudos y demds patulea... La orden 
el diaes feta: ivergttenza, dimisiones!„ 
Conticuere omnes, y empez6 el desflle. Vf 
salir cariacontecidos d Esteban CoUantes y 
d D. Jos6 Marfa Mqra, al corpulento D. Ra- 
in6n L6pez Vdzquez y al gracioso Vahey, 

to 



306 fi. PEREZ oald6s 

al narigudo Martinez Almagro y al elegante 
Lillo. Disponiame yo d partir con mi her- 
mano, cnando me indico San Romdn que 
me qnedara de los tltimos, pnes el General 
tenia que hablarme. No tuve necesidad de 
aguardar al dia, porque Narvaez me cogi6 

? por un brazo y llevandome aparte me dijo: 
"Vayaseusted, Beramendi, que es muy tar- 
de. Manana charlaremos. Si entre tanto ve 
listed d esa. . . (y lo solt6 redondo), digale qtie 
le cortar^ las orejas... cuando la coja, que 
algiin diaserd.„ 

Madrid, 22 de Ociulre,—E\. vlernes 19 
fu6 dia grande en Madrid por lo divertido y 
fecundo en sorpresas. Desde muy temprano 
se estacionafcan grupos frente al Principal, 
signo infalible de jarana 6 de expectaei6n, 
y de doce d una, ya los caffe hervfan de 
gente ociosa, que es la mds numerosa gente 
de esta capital. Desiertas, segtin oi, estaban 
las oficinas; un sentimiento de ansiosa in- 
terinidad lanzaba d los funcionarios d la ca- 
Ile y d todo sitio donde corrieran aut^nticas 
noticias, v aqui y alld los poseedores del 
presupues* encontraban la nube de fam6- 
licos cesantes. En el Uempo que llevamos 
de Regimen, el pdnico de unos y las espe- 

tranzas de otros, confundifedose, nan creado 
un mundo de necesi^ades que ha sido y es 
en Espafia la principal inspiraci6n de los 
poetas c6micos. Hay una rama de la litera- 
tura contempordnea consagrada exclusiva- 
mente al turron y d los hambrientos, sdtira 
en que se moteja d los que comen, y se ridi- 



NAHVABZ 307 

•culiza a los qlie piden pan, revelandose el 
poeta tan necesitado como los lambiones que 
•describe. 

En grupos y corrillos se habla del nuevo 
Ministerio con desprecio y asombro, y me- 
nudean las preguntas maleantes: "^Pero ese 
Armesto qui^n es?„... "^Pueden ustedes de- 
•clrme qui^n es ese Manresa?,, Entre miles 
-que no saben responder & estas preguntas, 
sale alguno que tiene vagaa noticias de los . 
improvisados hombres pHUicos. "Pues ese 
D. Vicente Armesto es empleado supernu- 
merario en el Tribunal de Cuentas, con el 
sueldo de veinte mil reales,.. 

— jVaya una carrerita, seflores!... ^T es 
por Ventura yerno, sobrino, hermano de le- 
<*he de J alguno de Palacio, 6 tiene que ver 
<;on monjas? 

— Es cuflado del General Cleonard... 6 
<5oncuiiado, que para el caso es lo mismo... 
Vaya, sefiores; yo convido a caf6 y copas al 
que me diga qui^n es Colombi. 

— Y yo obsequio con un almuerzo al que 
nie demuestrecon datos... lia de ser con da- 
i:os... que Manresa es alguien. 

— Hombre, no hay que confundir a Oo- 
lombi con Manresa, pues de 6ste no se ha 
podido averiguar sino que no le oonoce ni 
su familia, mientras que Colombi es nues- 
tro embajador en Lisboa, y alparecer her- 
mano del Sr. Cea Bermiidez, de reaccionaria 
memoria... He oldo, no respondo de ello, que 
•ese Sr. Colombi es persona respetable y que 
310 aceptard el cargo... En cuanto d Manro- 



303 B. pifeRBz gald6s 

sa, por aqiif andaba uno que asegur6 cona- 
cerle. Es mureiano, auditor de Guerra dela. 
categoiia de capitdn... y estd procesado par- 
que de palabra falt6 al tribunal, se ignora 
como y cuando.,, 

Las voces mas absurdas y los dicharacho^ 
mds irrespetuosos animaban los corrillos de- 
la Carrera de San Jer6ninio y calle de Sevi- 
Ua. "Por mas que me digan, yo sostengo que- 
ese Padre Fulgencio es un mito. No creo en? 
Padres nl Madres que quitan y ponen Minis- 
tros„... "Existe un Pae Pulgencio; perohay 
quien dice que es el Pae Cirilo, que se ha 
cambiado el nombre,,... "Todo esto, cr6an- 
me, es obra de un tal Isidrito, que fu6 cere- 
ro y hoy la persona de mayor metimiento en 
la Concepci6n Prancisca. Todos los dias to- 
ma caf6 con ese Maiiresa en los Dos Amigos^ 
y por las nochas lleva los cirios benditos a 
Palacio, para encender d la Virgeh del 01- 
Vido que tiene el Key en su camara„... "No 
hay que tomar d broma lo de las Uagas, que 
quien las ha visto de cerca me asegura que 
son de ley, y que la monja tiene pasadas de 
parte a parte las palmas de las nianos. Las 
enseiia poni^ndose en uh escabel con los bra- 
zos en cruz; pero la del costado, por donde 
se le ve el coraz(3n, la ensena echdndose boca 
arriba y queddndose en extasis,,... "Dicen^ 
que el primer decreto de Manresa serd para 
nombrar Obispo al Pae P\ilgencio, ddndole 
la mitra de Aunque os pese, didcesis de la 
calle de la Justa„... "Hombre, no: es calle 
de las Beatas.„ 



NABVisZ . 809 

Por la tsif de, no se hablaba mas que de las 
ilimisiones que todo el personal de algtin 
viso arrqjaba d la cabeza de los nuevos Con- 
«ejeros. Dimitia el Capitan General de Ma- 
drid, Conde de Mirasol; el Gobernador Mili- 
tar, el Jefe politico, el Alcalde corr^idor y 
las Secretarias en masa de Gobernaci6n y 
Oracia y Justicia. Al anochecer, decian los 
.guasones que Amies to no admitia la carte- 
ra de Hacienda, y que en su lugar se nom- 
braba d un bollero ambulante de la Plaza de 
Toros, llamado Maza. Corri6 el rumor de 
^ue el Tribunal Supremo en peso dimitia; 

3ue serd nombrado Capitdn General de Ma- 
ridel General Villarreal, convenido de Ver- 
gara, y Jefe politico el Sr. Perreira Caama- 
110. A este senor le conozco: es diputado & 
€ortes por un distrito de Galicia, y habla 
<5on gran violencia dando manotazos. Ha 
sido juez de primera instancia, jefe politico, 
y hoy estd furioso porque el Gobierno no es 
bastante reaccionario... A costa del Sr. Bal- 
boa, d quien Uaman Dmi Trinidad^ corren y 
^irculan enormes chirigotas. Su Excelencia, 
^1 tomar posesi6n, dijo a los pocos emplea- 
4os que concurrieron,. que 61 es muy liberal 
y que respetard todas las libertades, menos 
la de imprenta, y luego pregunt6 c6mo se 
extendian los realesdecretos. Cierralanoche 
<x)n una atm6sfera tan densa contra el nuevo 
Gabinete, del cual hacen descarada burla 
hasta los chicos de las calles, que hay ya 
quien profetiza la vuelta de Narvdez antes 
*de veinticuatro horas. 



310 B. PBRSZ aALi>6s 

Al entrar en mi casa encuentro un bille- 
te de Eufrasia, escrito con todo el ingenioso 
disimuio que acostumbra, fingida letra y fir- 
ma varonil, dici^ndome que tiene que ha- 
blarme y que me espera en Gobemaci6n 4 
las nueve de la noche. Segiin la antigua 
clave de nuestra criminal correspondencia, 
artiflcio vigente en el verano ultimo, Gober- 
naci^n quiere decir la iglesia de San Jos^,. 
CO mo Gracia y Justicia es San Sebastian, y 
Hacienda San Ginfe. Las iglesias que no 
tienen mds que una puerta se designan con 
nombres de Direcciones Generales; por ejem- 
plo: Adtianas es el Oratorio del Olivar^ 
Rentas Estancadas las Nifias de Leganes... 
La hora que se indica de noche se entiende- 
siempre ae la manana... Fuf y espere su sa- 
lida por la calle de las Torres, sitio muy del 
caso para flgurar un encuentro fortuito, y 
conferenciar brevemente sobre cualquier 
asunto, 6 ponernos de acuerdo parafljardfa 
y hora de bajar al Casino, Generalmente no 
eran largos mU plantones, porque & tantas 
cualidades de tacto y agudeza, Eufrasia afla- 
dia la preciosa puntualidad. Extraii6ma an- 
teayer su tardanza, y ya me cansaba de dar 
vueltas arriba y abajo, cuando me veo venir 
presurosa por la calle de la Reina con rum- 
bo hacia mi, d Rafaela Milagro, vestida del 
trapillo de andar por iglesias, armada de ri,- 
dfculo y de un par de libros devotes. Requi- 
ri^ndome con mirada expresiva para que 1 
su encuentro avanzara, nos pusimos al ha- 
bla en la citada calle, despu^s en la de San 



Joi^6, donde de sus labios of lo que d la letra 
copio,- previa la advertencia de que Rafaela 
y Eufrasia se comunican y guardan reaipro- 
cam^nte sus secretos con escrupulosa fldeli- 
dad: "Puei^no puede Venir, Peps, y por eso 
vengoyo... Me mandaque venga... para de-', 
cirle que no la espere y contarle lo que ha "* 
pasado... jAy, hijo! una zaragata horroro- 
sa. . . que si nos descuidamos saldrd en los pa- 
peles, y aumentard el escdndalo de'esta mal- 
dita erisis... Esos senores han faltado, Pepe; 
se han portado cochinamente, pues harto le^ 
consta que si no es por Eufrasia no cogen el 
Gobierno... Han sido unos puercos... Aguar- 
de que le cuente. Era cosa convenida... si 
antes no lo supo, s^palo us ted ahora... que 
Saturno serfa Ministro de Gracia y Justicia. 
iQu6 mds natural! jCon lo que 61 sabe de co- 
sas de clero y curia! Y de que asi f u6 tratade 
solemnemente, pueden dar testinionio el se- 
nor Cleonard, Quiroguilla, Rod6n, y otros 
que no nombro. Pues dan la lista & la Reing^ 
y nos encontramos de Ministro de Gracia y 
Justicia a ese Manresa. Para mi fue come 
un escopeta2jo. Eufrasia se vol6... Habia que 
oirla. Nos echamos la mantilla, corrimos al 
convento de Jesiis... "Hija, no se ha podide 
evitar— le dijeron. — El Sr. Manresa lia side 
Lmpuesto por quien puede... Su nombra- 
miento vino de arriba,,. . . Y Eufrasia contes- 
t6 con salero: "Por eso parece un pdjaro que 
se ha cafdo del nido... rues del nido no me 
caigo yo, y 6sta me la pagan„... "Hija, ten- 
ga paciencia, otra vez serd^. 



312 B. PBRBZ oald6s 

„SaUmos de alli mAs furiosas que entra- 
mos. Eufrasia mand6 recado al Padre Pul- 
gencio llamandole & su casa, y al mediodia. . . 
pirn... el Padre... Venfa temblando, y entr6 
haciendo mil zalamerias... Que lo sentia 
tan to, que era resoluci6n superior... que al 
Sr. Manresa no se le podian negar condicio- 
nes... en fin, que 61 lo arreglaria esta mis- 
ma tarde, pues como gran amigo y capelldn 
de Saturno, contaba con 61 para el Ministe- 
rio... El arreglo, Pepe, vea usted lo que era. 
Parece que ayer el Sr. Armesto le hacia fu 
& la cartera de Haoienda, abroncado por las 
perrerias que le dicen los peri(3dicos. rues si 
en efecto no aceptaba. Hacienda seria para 
Saturno. Eufrasia, hinchadas las narices, y 
con ese imperio que tiene, le dice: ^'Vayase 
usted ahora mismo, y antes de k noche me 
lo trae arr^lado en esa forma. Si asf no lo 
hace, usted y los demds que nos han dado 
este bofet6n, se acordardn de mi.„ jAy, Dios 
mio, qu6 cosas pasan! Pues llega el escolapio 
al anochecer, sudando como un polio, y con 
el resuello tan cor to como el que se esta aho- 
gando... 

— ^Y no traia el arreglo? 

— iQu6 arreglo ni qu6 ocho cuartos! Lo 
que trafa era un miedo fenoinenal. VerA us- 
ted. . . Que lo sentia muchfslmo; que habia te- 
nido un gran disgusto; que desde luego con- 
tara Saturno con la cartera en la primera 
crisis parcial; pero que hoy por hoy no po- 
dia ser... porque los de arriba... siempre los 
de arriba, habian dispuesto que en caso de 



NARVABX 813 

no admitir el Sr. Armesto, fuera Ministro 
el Sr. Maza. 

— ^^Maza? Por eso anoche se hablaba de un 
boUero... 

— No s6 si es 6 no bollero; lo indudable es 
qiife d Satumo le ban dado el pastel de gato. 
^Verdad que ban sido unos grandfsimos 
puercos?.Pues considere usted ahora c6mo 
se pondria nuestra amiga... usted que la co- 
noce... cuando el Padre vino con aquellas 
tintinimarras. Tormenta mayor no he vis to 
nunca. Primero, se qued6 livida... yo pett- 
ed que le daba algo... despufe solt6 la risa, 
una risa sarcdstica, como esas de las c6mi- 
cas en el teatro, cuando flngen que se vuel- 
ven locas... yo crei que enloqiiecfa de ver- 
dad... despu^s se encar6 con el escolapio... 
Cristeta, que tambi^n estaba presente, y yo 
creimos que le pegaba... A dos dedos estu- 
vieron sus manos de la cara del pobre se- 
flor... Y dispardndose en gritos, jDios niio, 
Dios mio, qu6 cosas salieron por aquella 
boca! . . . Cristeta y yo aterradas, Satumo gri- 
tandole que callase, y el la, mientras mds la 
amonestaba el marido, m^ descompuesta y 
furiosa... 

-3Y el Padre? 

— De todos colores, mirando por d6nde 
podria escabullirse... Querido Pepe,'no me 
atrevo & repetir los horrores que oimos, y 
que el desventurado D. Pulgencio soporW 
con humildad evang61ica. . . Pero lo mds gra- 
cioso fu6 la escena final... Sali6 escapado el 
escolapio corri6ndose del gabinete d la sala; 



314 B. FBRBZ OALD(}S 

pero con el azoramiento de la hufda se le oU 
vid6 el sombrero de teja; volvfa por ^1... 
^Qu6 hizo Eufrasia? Agarr6 el sombrero que 
estaba en una silla, lo tir6 en el suelo, y 
bail6 sobre 61 un zapateado, dejdndolo como 
usted puede suponer. Despu^s lo arroj6 a 
los pies del cl^rigo, dici^ndole: "V4yase us- 
ted pronto de ml casa, mal caballero y peor 
sacerdote, y no se le ocurra volver & poner 
las patas en ella„... 

— Y ustedes acudirian d calmarla... 

— Calle usted, hijo; tuvimos que acudir d 
Saturno, que nos di6 el gran susto. j Vayaun 
soponcio! A fuerza de re&egones, logramos 
volverle en si; pero lu^o se nos puso gra- 
vemente enfermo, y d media noche tuvo un 
v6mito de sangre... El pobrecito me parece 
que no la cuenta... jLo que usted oye!... La 
leona, que de otra manera no puedo Uamar- 
la, estd consternadisima. Me aiio: "Rafaela, 
vete d San Jos6 por la calle de las Torres, y 
ent6rale de la situaci6n„... Esta maflana Sa- 
turno ha pedido confesarse. 

— ^Pero tan grave estd? 

— Y no es para menos, Pepe. A cualquie- 
ra le doy yo este desengafto. jPues no estaba 
poco consentido en que serfa Ministro! Y 
sobre el disgusto, el escdndalo... El pobre- 
cito ha pedido los Sacramentos... Y aqui me 
tiene usted con el encargo de buscarle con- 
fesor... porque no hemos de llevarle el suyo, 
que era el dichoso Fulgencio... Ahora, una 
vez informado usted de estas trapisondas^ 
entrar6 en San Jos6, y si no encuentro al 



NARviJBZ S15 

Padre Morales, ir^ d Monserrat en busca del 
Padre Claret... V^iya, Pepe, adi6s. Le dir^ 
que le he visto d usted tan bueno y tangua- 
po. Digame: ^cree que este maldito Ministe- 
rio durard mucho? 

— Muchisimo: segiin mis informes, tendrd 
una vida muy larga... lo menos de veinti- 
cuatro boras. 

— ^Es de verdad? jOh, qu6noticialelleva 
d la pobre Eufrasia! Auilque resulte falsa^ 
seconsolard con ella... Adi6s, hijo, adi6s.,^ 



XXX 



Pagina historica me pareci(5 el verfdico 
cuento traldo por Rafaela, y pensando en 61 
y en la profunda leccion que entrana, me 
fui d correr por Madrid en busca de las no- 
vedades que diera de si el dia, las cuales se 
me antojo que habian de ser gordas y bue- 
nas. No me equivoque. Menudeaban las di- 
misiones; los valores piiblicos, que el viernes 
eoadyuvaron no poeo d la rechifla del nuevo 
Gabinete, bdjdndose dos enteros, seguirian 
descendiendo el sdbado, segtin opinion de 
todos los agentes y bolsistas que encontre 
por las calles, Engrosaban los grupos. Con- 
tdronme los empleados de la Secretaria de 
Grobernaci<5n que D. Trinidad no resolvia 
nada, y asombrado de recibir dimisiones, se 
pasaba el tiempo enterdndose, con infantiles 



316 B. pArbz galdos 

Sreguntas, de las funeiones m4s elemen tales 
e su cargo. En Hacienda, supe que habia 
tornado la cartera el Sp. Armesto, vencidos 
8US escriipulos, y 6n Guerra funclonaba ya 
el Sr. Cleonard, determinando... que no po- 
dia nl sabia resolver nada. Por la tarde, cru- 
zando Narvdez A pie la Puerta del Sol, fu6 
aclamado por la multitud. Asi se cont6 en 
la redacci6n de Et Heraldo, No presenci6 
yo el case; mis noticias fueron que no hubo 
aclamacidn, sino un respetuoso saludar del 
publico y frases de simpatia. Me lo figuro 
con su andar de gallo arrogante, por entre el 
gentio, recibiendo las deaiostraciones afee- 
tuosas, y contestandolas no m4s que con un 
ligero movimiento de cabeza, tieso y avina- 
grado, que asi es Narvdez ante las tropas y 
ante eV pueblo. 

Por la tardQ no faltg d su casa, en la calle 
de Isabel la Cat61ica 6 de la Inquisici(5n, 
Entr6 y sali, con fetos 6 los otros amigos. 
Se acentuaban los rumores de que volvia El 
Espadon. ^Pero cudndo? Los mds impacien- 
tesconcedian al nuevo Ministerio ocno dfas 
de existencia. La generalidad opinaba que 
se le dejaria vivir un mes, siquiera por de- 
coro de la Prerrogativa regia, pues 6sta que- 
dard muy mal parada si los Gobiernos que 
nombra no hacen mds que jurar y dimitir. 
Podrd Su Majestad hacer un desatino, mas 
no es bien que lo confiese, y todo mondrqui- 
co fiel debe ayudar d la Reina al disimulo de 
sus torpezas politicas. Esto se decia, esto se 
pensaba. A las cuatro de la tarde supimos 



nartIbz S17 

unos cuantos & ciencia cierta, 6 poco menbs,. 
que se planteaba la contra-crisis aquella 
misma noche del sdbado... A las cinco, re- 
percutian los destemplados acordes de una 
murga en la calle de Valverde, donde vive 
el Sr. Armesto, y una vez que los felicitan- 
tes atronaron bien la calle, retlrdndose mus- 
tios y sin blanca, porque el seflor Ministra 
no se hallaba en su domicilio, corri6ronse 
con las propias intenciones concertlstas & la 
calle Ancha de Peligros, donde reside, en 
humilde casa de hu^spedes, el Sr. Manresa^ 
y hasta el obscurecer escucharon los veci- 
hos el horrible estr6pitode clarinetes y trom- 
pas. Mientras el Ministerio recibiaestas de- 
mostraciones harto equivocas del entusias- 
mo populai;, corria de mano en mano por 
Madrid un soneto de pie forzado, creaci6n 
repentina de un ingenio muy chusco. S61o 
recuerdo ahora, mientras esto escribo, el pri- 
mer cuartetx), que dice asi: 

Temo que el cetro se eonvierla en bdcuio, 
Y el Estado, hoy caduco, muera iiico^ 
Si otro escolapio en ademdn ascSlieo 
Logra ser del Ritj conyuge el ordculo,.. 

No recuerdo bien lo demds. Me procurar^ 
copia de los catorce versos. 

A las siete, todo Madrid sabia ya que el 
Ministerio Cleonard-Manresa, 6 Fulgencio- 
Patrocinio, que de las dos maneras se decf a, 
apenas nacido estaba dando las boqueadas. . . 
Es muy tarde: yo me duermo. 

Madrid, 33 de Octubre. —Contin^o el re- 



318 B. 'PBBEZ GALDds 

lato ftel de estos ihauditos sucesos, reflri^n- 
dome d la tarde del 21, con lo cual pego la 
hebra en el mis mo pun to en que la rompf- 
Pues serian las siete cuando determine visi- 
tar a Eufrasia, compadecidp del desdichado 
D. Saturno, y anhelando saber si era su en- 
fermedad tan grave como burlesca fu6 la so- 
foquina que la motiv(5. Llegu^me, pues, & la 
calle de Puencarral, frente a la capillita del 
Arco de Santa Maria, y subi al principal de 
la hist6rica morada que perteneci6 al Duque 
de Montellano. Al abrirme la puerta, un 
criado puso en mi conocimiento que el se- 
nor se habia tranquilizado despues de la con- 
fesi6n, que hizo con grandisima piedad & las 
once de la mafiana... Al mediodia se le di6 
un sopicaldo, que no devolvi(5 como se te- 
mia, y en aquel momento acababa de coger 
•el sueiio. La senora y Dona Cristeta estaban 
en la sala con la Condesa y otras visitas... 
Ya me disponia yo a retirarme, informadc; de 
lo que quise saber, cuando apareci6 Cristeta, 
que atisbando desde el pasillo habia conoci- 
do mi voz. "Pase, pase, Pepe— me dijo.— 
Viene usted que ni bajado del Cielo para sa- 
carnos de estas dudas. ^Pero es cierto lo que 
nos cuenta el amigo Campoi?^que corren ru- 
mores... vamos, que todo se deshace como 
la sal en el agua?„ 

En la sala encontr(5 d Eufrasia, arrebuja- 
da en un luengo manto, p61ida y echando 
lumbre de sus negros ojos; d la veterana 
beldad, su amiga, cuyo tftulo de Condesa 6 
Baronesa de no s6 qu6 santo no quiere al- 



NARVABZ 319 

l)ergarse en mi mejnoria; al respetable audi- 
tor que fu6 del ej^rcito carlino y hoy dipu- 
tado oor Vera, D. Cristobal Campoi, acom- 
paflaao de su seiiora, y & otra pareja de dama 
y caballero que no conocf . Brevemente sa- 
tisfice la curiosidad de todos dando cuenta 
^e lo que sabfa, y extendiendo la papeleta 
de defuncion del enteco y llagado Ministerio 
•Cleonard-Patrocinio-Fulgencio. 

"^De mode— dijo Eufrasia sin reir, mas 
blen liigubre, como enfermo de fiebre que 
se ve obligado d romper el silencio,— de 
modo que ha sido como un reldmpago?... 
Bien se le puede llamar El Ministerio Re- 
Idmpago,^ Ved aqui el origen de una deno- 
minacion que aquella noche y al siguiente 
4Ia Qundi6 con asombrosa rapidez, y de ella 
se apoderaron todas las bocas de Madrid. 
Renegando de una criatura, en cuyo engen- 
dro habfa tenido eflcaz participaci6n, Eu- 
frasia le administr<3 el agua de socorro, ddn- 
4ole apropiado nombre, y diciendo al verle 
espiiar: **Es un fen6meno. No podia vivir. 
Rddmpagos^l Cielo.,, Celebraron los visi- 
tantes la ocurrencia del nombre, y halldn- 
dose & medio despejar la sala, llev6me la 
moriina al gabinete proximo, donde & solas 
piidimos hablar un instante. La puls^: su 
piel abrasaba, Di6me rdpida notieia de su 
aolenda: sentiase febril en grado sumo; mas 
«* desasosiego nervioso no le consentfa per- 
manecer acostada. Todo su anhelo era ver 
gente, oir noticias, enterarse del espantoso 
xidieulo de los Minlstros nuevos, y^ s6\o asl 



320 B. PERBZ OALD68 

se calmaba la sed de su espfritu, dvido de 
venganza. "Si^ntate un rato, y cu^ntame^ 
cu^ntame... Ante todo: ^conoces el soneto? 
Esta tarde me lo trajo Navarrete. Es gracio- 
sisimo... I Ah! entre las burbujas del chiste 
palpltan verdades hist6ricas que andando el 
tiempo dardn mucho que hablar. Se me ha 
grabado en el pensamiento el segundo cuar- 
teto, que dice: 

Venero d DioSf venero al taberndcula; 
Mas no a hipocrita Sor^ que con em^tieo 
Llagas remeda, d cuyo humor herpiiico 
Fue quizd el torpe view receptdculo. 

— Sigue, acaba... he olvldado los tercetos. 

— Yo tambi6n. Lo recordaba todo; pero... 
no s6... la flebre me ha borrado de la memo- 
ria el final... Dejemos el soneto. Cu6ntame, 
cu^ntame...^ 

Lo que yo pudiera contarle, al dominio pu- 
blico pertenecia ya. Mayor interns habia de 
tener 10 que ella, como participe mds 6 me- 
nosesencial en la conspiraci6n, podfa traer 
al acervo de la Historia, 6 d los archives 
anecd6ticos que guardan quizfe la mis in- 
teresante documentaci6n de los pueblos. A 
esto me dijo: ''Desengaflada y herida, me 
revuelvo como mujer contra los que me han 
traido & esta ridicula situaci(5n... EUos, con 
apariencia de hombres, se asemejan & nos- 
otras por la viveza de sus odios ocultos, per 
el delirio de sus ambiciones disimuladas, y 
por el arte de fraguar en la obscuridad k^ 
intrigas... Todos somos tmas.,. La amargu- 



NAUVABZ 321 

ra de mi desengafio se niQ ha derramado por 
todo el cuerpo y el alma, y no me consuele 
mds que con la idea de abandonar lo que f ii^ 
mi partido, y pasarme con armas y bagajes 
al que quise combatir. Esto es de mujer, y 
yo soy mujer entera, sin mezcla, de una pie- 
za en mis odios como en mis carinos. No s6 ' 
si cuando vengan las represalias de Narvie74, 
que las gasta pesadas, me tocara alguna chi- 
na. Si asi fuere, m^ pongo en tus manos 
para que me evites cualquier molestia...„ 

Sin temor de prometer lo que no podrfa 
cumplir, la tranquilic6 sobre este punto, 
ddndole seguridades categ6ricas de que s\j 
nombre no flgurard para nada, en caso de 
formaci6n de procesos. Y ella prosiguio: 
"Asf lo hards, Pepe, y yo te lo agradecer^ 
en^el alma... Ahora no estoy para largas 
conversaciones, porque el hablar mucho y 
vivo me pone los nervios como cuerdas dc 
violin. Ni podemos entretenernos demasia- 
do, porque vendrdn mds visitas, y yo tenge 

Sue recibirlas 6 retirarme. Una sola cosa ti 
ir6 esta noche para que los vencedores la 
tengan en cuenta y es .. que me gustarfa 
ver que sentaban la mano de flrme. 
— La sentardn... y dure; todo lo que se 

{meda sin herir en las partes mds vivas de 
a Naci<5n, naturalmente. 

— jAy, ay, ay! Pepe. No hardn nada, uq 
perseguirdn d nadie. 

— ^Lo crees til?. .. Asi serd, cuando lo ase- 
gura la que podria ser historiadora de esta 
intriga, si quisiera. 

t\ 



322 B. PBRBZ GALDdS 

— jHistoriadora yo!— dijo tristemente, sin 
poder atajar su locuacidad.— jQui^n pudie- 
ra serlo! Si piensas que yo conozco la cons- 

giraci6a y sus resortes, estds equivocado. 
onozcD algo; pero los moviles hondos, que 
determinan iieehos positivos, han sido y son 
un misterio para m(... Y vas d ver el miste- 
rio mds impenetrable, Pepe. Pon toda tu 
^tenci6n en esto: la Reina se resistW una 
vez y otra al cambio de Ministerio que le 
proponia el Rey. No tragaba & Cleonard r 
sus cofradas ni aun envueltos en la con- 
fltura raligiosa. Y era tal su resistencia que 
perdimos toda esperanza. ^G6mo es que de 
la noche d la mafiana consiente la nina en 
despedir d Narvdez de mala manera?... Pi- 
jateen esto, Pepe... ^Y c6mo es que d su 
consentimiento acompanan Uoros y suspi- 
ros? 
— L'^s lloriqueos pareeen indicar que no 
I estd cop^tenta de lo que hace. 
. — que forzada se ve d determinar lo que 
^ no quier*^ Yo, que algo entiendo de cosas 
palatinas, no me explico este cambio mds 
que pop el miedo. ^Y c6mo han logrado in- 
fundirle ese oanico qu3 la pone atadita de 
pies y manos 'i merced de los intrigantes? 
Voyddeeirtelo. . y perdtSneme Dios esta sos- 
pecha, esta... ins.;;^iraci6n. Para mi, se apo- 
deraron de un sed^^to de la Reina, y con 
ese seereto, cogido cc^mo un punal, la han 
amenazado, le han dit^o: "6 eres nuestra 6 
mueres.„ 
— iCreerds que entre lo. inflnitos dispa- 



NARVABZ 823 

rates que eorren en bocas de la gente no ha 
faltado ese? 

— Y vosotros, los sensatos, los que todo lo 

veisrecorfciado y medidito, habr6LS creido que 

^esos disparates son obra de imaginaciones 

.'locas, y un plagio de los melodramas^ treme- 

bundos, traaacidos del francos. 

— Yo ni afirmo ni niego... En eso como 
^n todo, el misterio existe; ^pero qui6n es el 
guapo que lo descifra? 

—El guapo, la guapa serfa yo, si me de- 
jaran, si me dieran medios de indagaci6n. 

— Aun con tales medios no te lanzarias & 
poner tu mano en lo mis dalicado dal asunto. 

— Ya... td eres de los que creen que esos 
.misterios son C3mo los del dogmi... Seles 
mira de lejos, se les aiora, y es locura in- 
tentar comprenderlos y des3ntra?Larlos.„ 

Tan exaltada la vi, que para sosegarla hu- 
bedeemplearesterazonaiiiento: "Pero dime 
una cosa, Enfrasia, y apelo & tu conciencia: 
^antes de que esos picaros le birlaran & tu 
marido la cartera proin3tlda, pensabas eso 
mismo? 

— No: entonces no pensaba nada malo de 
los que eran mis amigos. Todo m3 parecla 
bien. Te abro mi conciencia: estos horrores 
ios he pensado despu^s, cuando he sido 
chasqueada vilmente. 

— rio estas serena. ^C6m3 has de juzgar 
la maldad d3 otros, no estando til libre de 
maldad?... Pero sea lo que quiera, y dejando 
d un lado tu conciencia, respSndeme: la cap- 
taci6n infame del secreto, ^S qui^n la atribu- 



324 B. P^LiEZ GALD(5S 

yes? Tu 16gica infernal... seguimos en el me- 
lodrama... lu l(3gica, como agnja iniantada 
por los demon ios, ^senaJa un pun to ftjo? ^Es 
Fulgencio, es la Monja? 

— No: no puedo fljarme en^nadie, y ahora 
que teiigo ccnciencia, menos. La inlciativa 
puede haber sido de esos, no lo s^: la eje- 
cuci6n ha sido de otros. ^Qui^n... qui^nes? 
Cualquiera lo sabe. Cristeta, que ha vivido 
largo ticmpo en Palacio, dice que aquello es. 
un mundo, un mar, un convento... jYa vcs. 
si sera dificil...! En flu, Pepe, tu que tan en 
gracia le has caido d Narvaez, puedes decii'- 
le que no se entrcteuga en cazar moscas,. 
esto cs, en prender Manresas, Armestos y 
Balloap, pobres tfteres que no valen el hilo 
que los mueve...„ 

Con arrogante vcz y adem^n, en pie, ac- 
tuando de ideal dictadora, comp]et6 asi su 
pensamiento: '^Que prendan a Fulgencio y 
leregistren bien la eel da... que prendan a 
la Monja y la registren.,. sin respetar ni 
eel da, ni ropas, ni relicarios, nialtaritos, ni 
llagas... 

— Con todo eso, amiga mia, mds fdcil serd 
encontrar una aguja en un pajar que la ver- 
dad en un monasterio. 

—Que prendan a Rod6n, Secretario del 
Rey... 

— ^No sera mas culpable su Gentilhoni- 
bre, el hermano de la Monja? 

— Quiroga, que no tiene masambici6n que- 
la de las cruces y cintajos, no es hombre de 
travesura... Pero nada se pierde con ponerlo 



NARVAKZ 325 

a la sombra... El primero & quien deben" , 
echar mano es un seftor Taj a, adminlstra- 
•dor de las huertas y lavaderos del Principe 
Pio, posesi6n Real cedida en usufructo al 
Infante D. Francisco... 

— ^Has dicho Taj a? ^No faltara d ese ape- 
llido la priniera silaba? ^No es Re-Taja, i 
Mor-taja? ' " 

—No... Taja no mas. Y para que la reda- 

<la sea completa, caigan tambi^n el herma- 

' no de ese senor y su mujer, ujier 61, si no 

estoy <jquivocada, azafata ella: viven en los 

ixltos de Palacio. 

— Esos nombres, esos Tajas masculinosy ' 
femeninos— dije yo redoblando la ^atenci(3n 
que en la dictadora ponia,— no son descono- 
•cidos para mi: en mi mente estan dias hd, 
relacionados con otro asunto, que no perte- 
iiece & la Historia de Espana; aunque si, 
puede que sea de lo mds nacional, de lo mds 
"historico. . . Dime: ^no es criado, 6 subalter- 
no de ese Taja que sirve al Infante, un viejo 
llamado Ansurez, de aspecto noble...? 

— No s6 su nombre; pero he visto al an^ 
ciano gallardo, de barba blanca y flgura se- 
iioril. Dos veces me ha traido cartas del Taja, 
y por conducto de/61 be mandado la contes- 
taci6n. 

— ^Y tii sabes... haz memoria, rebana 
bien en tus recuerdos... sabes algo de una 
hija de ese viejo noble, guapisima, de ex- 
traordinaria belleza? 

— Algo de una moza muy linda oi... ^d 
qui^n?... & Pulgencio... quizas al propio Ta- 



326 B. PKRE4 oald6s; 

ja... pero no puedo assgararlo. Novicia fa^ 
segdn creo, antes de servir d los Tajas... 6 
me engaflo macho, 6 algo ni3 dijeron de que 
por seganda vez volvi6 al convento... ^Sabes. 
qui6n pueda darte noticia de esa familia de^ 
padres nobles barbudos y de hijas como es- 
tatuas? Paes tu hermana Catalina. 

— 3 Y dinde esta mi liermana Catalina? 

—No s&: si estuviese en Madrid, ella se- 
ria, y no te ofendas, una de las primeras 
que yo senalaria i los corchetes del Sr. Za- 
ragoza... 

— jEstds loca?... jMi hermana! 

— Si, sf: no me vnelvo atrds de lo dicho..- 
Si te asustas de oirm3, culpa d mi calentu- 
ra, que con el mucho hablar se me enciende 
mds y acaba por trasiomarme. 

— Y 4 mi. M3 ha^ pegado tu flebre. 

— Paes vete... Yo estoy atroz... los dos de- 
liraraos. Empiezo i ver visiones. 

— Yo tambien... Veo la historia interna, 
de los pueblos, la historia verdad, represen- 
tada en una majer vestida de ninfa, de dio- 
sa... no dir6 que sacia, sino empolvada, de 
andar por estos camlnos de la vida espanola,. 
secos, tortuosos, dsperos... 

— Pepe mio, si has de ponerte malito, vete- 
& tu casa, que bastantes enferraos tengo yo 
en la mia. 

—Si, me voy... Adi6s... duerme... 

— Adi6s... No olvides mi encargo. Pren- 
der, registrar bien...„ 

Sail: hasta que pude respirar el aire fres- 
co, calle adelante, no me senti sereno, ea 



NABVABZ 327 

disposici6n de apreeiar las cosas en su senti- 
do y.aspecto real. "Taja, Taja, Taja...„ Esto 
repetia yo, y las dos sllabas pronunciadas 
pormi boca, ms soiiaban como un idioma de 
salvajes... Ya veia mis claro en el asanto 
que perWdicamente ma enfernaaba con peno- 
sisimas efasiones... Yala fagitiva imagen 
de Illipnlicia nobarlaba mi perseoncidn; ni 
le valdrian sus disfraces, manola gallarda 
6 franciscana monja, para parderse en las ti- 
nleblas. Cerca venia ya, y oon ella se Junta- 
ba, sinconfandirse, otra ideal flgiira, la ma- 
jestuosay gentil Rdina, provida ds todos sus 
tesoros, *enamarada del bien y de su pue- 
blo... Las dos andaban hacia mi, sin que yo 
pudiera decir cual venia delante y cu4l de- 
trds, cudl de las dos gaiaba y cudl se dejaba 
conducir. 

Delir6 aquella noche... asi me lo dijo mO 
mujer... Pero antes que os hable de mi delw 
rioi dejadme que acabe el cuento hist(5rico.\ 



XXXI 



Si recibi6 la vida el Gabinete Beldmpago 
en la Cdmara del Rey, el golpe de muerte se 
lo di6 Maria Cristina en su propio palacio, 
donde tuvo con Isabel II una la^a ence- 
rrona. ^Qu6 le diria? Lo adivino. El meoUo 
del extenso serm6n de la Reina Madre no 
pudo ser mds que 6ste: "Hija querida, sd 



828 B. P2HBZ gald6s 

puede hacer todo... todo preeisamente no, 
pero bastante si; se puede hacer mucho. Lo 
que no puede de ningiin modo hacerse es lo 
que has hecho.„ Grabadas en mi mente la 
mirada y la sonrisa, el rostro hechicero de 
Su Majestad; grabado tambi^n en mf su 
' pensamiento per la honda estampacWn de 
sus facciones; metido su cardcter dentro de 
mi s^r, y sintiendo lo que ella siente, ex- 
presar6 la idea de que Isabel II, sin conoci- 
miento del Regimen, que nadie le ha enseiia- 
do; sin conocimiento del pueblo que rige, 
mds que por las vagas inipresiones que lle- 
gan hasta ella, hizo lo que hizo movida del 
miedo y sabiendo que hacia un disparate. La 
calidad, la intensidad de aquel miedo es lo 
que no llego & penetrar todavfa; pero he de 
poder poco, 6 yo conocer6 ese estimulo de 
las regias acciones... Lamadre ha debido 
decirle: "^Por qu6 antes de cometer esa bar- 
baridad no hablaste conmigo y con el mis- 
mo Narvdez? Entre los dos habriamos halla- 
do un medio de sacarte del conflicto.,, Segu- 
ramente, Isabel, mds fuerte en el sentir que 
en el razonar, no responde d su madre, y 
eon infantil silencio, los qjos bajos, da den- 
tender que reconoce su error y espera un 
buen consejo para enmendarlo. La madre 
(hablo como si lo oyera) le dice: "Hija mia, 
a grandes males, grandes remedios. Paltas 
nacidas de inmensas tontcrias son mas di- 
ficiles de corregir que las que nacen de un 
error del entendiniiento. Pei'o hay que hacer ^ 
frente d ellas, y corregirlas sin reparar en 



narvIbz S29 

sacriflclos del amor propio y aun de la mis- 
ma dignidad. Hasta la dignidad debe poner- 
se & un ladito para componer estas rotu- 
ras... Puera miedo: vete pronto d Palacio; 
llamas & Narvdez'y le encargas de formar el 
Ministerio lo mismo que estaba, 6 como 61 
quiera. Por hacer un poco de papelon, 6\ se 
negara... se pondrd unos monos de este ta- 
mafio... Te dird que el poder le fatiga... jy 
sin el poder no puede vivir!; te dird que 11a- 
mes d otros hombres; que 61 no tiene incon- 
veniente en apoyar d esos hombres por ser- 
virte... iy lo que hard es rabiar como un 
perro si llamas d otros! No; por hoy no hay 
t^^qui m&s hombres que 61 y su cuadrilla... 
Mds adelante se verd... Tii no hagas caso de 
los escriipulos que ha de sacar: son fingidos 
y mentirosos... Hard la comedia de despr6- 
ciar lo que mds desea. Tii te aguantas, in- 
sistes, haGi6ndole creer que le tienes por ne- 
cesario... y nada. Veras como Narvaez te 
desenreda esta gran madeja que has enre- 
dado tii... Animo, hija mia, y a Palacio... 
Yo ir6 contigo y estar6 al cuidado de ti, no 
sea que desbarres otra vez...„ 

Los que agazapados en la Mayordomia 
Mayor vimos d Narvdez entrar en Palacio, 
no dudabamos de que saldria Presidente del 
Consejo, por mds que la conferencia con 
Isabel, larga como la Cuaresma, pudo des- 
pertar en los mds impacientes algiin recelo. 
A las diez lleg6 Sartorius, Uamado para el 
refrendo, Uevando de secretario particular d 
mi hermano Agustin, y poco d^spu6s vimos 



332 B. PBREZ aALD6s 

debi6 faltarle. Puesto d referir, le inform6 
del arrepentimiento de la moruna, del ardor 
vengativo con que viene a nuestro partido, 
j.de sus opiniones acerca del obscuro resor- 
te empleado para veneer y anonadar la en- 
tereza de la Reina. Si todo lo oy6 Narvdez 
con regocijo, esta ultima referencia le movi6 
a fruncir el ceno y d soltar de sus ojos una 
centella de ira, que me hizo temblar. Sobre 
cuanto dije hizo observaciones muy vivas; 
mas sobre aquello puso la losa de su silen- 
cio, y^ sobre la losa trazo un rayo... 

"Amigo Zaragoza — dijo Narvdez transmi- 
tiendo al Jefe Politico las ideas que le suge- 
ri tocantes d prisiones. — Agregue usted d la 
lista esos Tajas... el que administra la po- 
sesi6n del Principe Pio... 

— Ya esta— replied Zaragoza;— pero se 
trata de otros Tajas, de un matrimonio que 
vive en Palacio... £,No es eso? 

— Justamente... Y no estard de mds, Don 
Jos6— indiqu6 yo, — que seabuscado, cogido, 
interrogado, un tal Jerdnimo Ansiirez, vie- 
jo de aspecto noble, que tiene una hija muy 
guapa... 

— EstepoWo— dijo D. Ram6ncon salero,— 
quiere que la policia se ponga al servicio de 
sus galanteos, y que le haga una leva de to- 
das las mozas de buen trapio.„ > 

Apuiitados los Tajas y los Ansurez por la 
mano del Jefe Politico, que rasgaba el del- 
gado papel afiadiendo nombres d la preciosa 
lista, volvi6 el General al recuerdo de Eu- 
f rasla y de su furibundo rompimiento con los 



NAUVAEZ 333 

del Reldmpago, "Esa diabla no serd moles- 
tada en lo mds mmimo — me di}0.— No me 
pesa teneria por aliada, pues es mas viva 
que la p61vora. . . Y del titulo ^que?. . . Por mi 
parte, pasado algiin tiempo, no habrd incon- 
ven ien te en conced^rselo . „ \ 

A mi casa me fui cavil oso y con fiebre,r 
que sin duda me habia comunicado la mo- 
risca, y mi mnjer me encontr6 ma], tan mal 
como en la famosa noche del encuentro de 
Lucila en San Gin6s. Dormi con frecuentes 
intervalos de insomnio angustioso, y no s6 
si deliraba mas dormido que despierto. Res- 

f)etando mi turbaci6n en los ratos de desve- 
0, Maria Ignacia no me interrogaba; pero 
vi^ndola yo, al apuntar el dia, dar vueltas 
junto & mi con maternal cariiio, mds atento 
dmi sosiego que al suyo, la llam6 & milada 
y le dije: "No es nada, chiquilla: es eso quo 
padezco, la efusi6n de lo ideal... y todo pro- 
viene de que hay un arte que yo debi culti- 
vary no cultivo... 

— El arte que echas de menos serd el es- 
tudio de lenguas antiguas 6 salvajes, por- 
que toda la noche has estado conjugando los 
verbos caribes, que dicen: 7aja, taja, taja, 

— No, mujer. No pienso yo en lenguas sa- 
bias; ni el arte mio perdido es la escultura,. 
ni la miisica, ni la poesia: es la Historia in- 
terna y viva de los pueblos... Esa Historia 
no puedo escribirla... Para conocer*sus elo 
mentos necesito vivirla, ^entiendes? vivirla 
en el paeblo y junto al trono mismo. ^Y 
C(5mo he de estudiar yo la palpitaci6n na- 



334 B. rsnBZ oald<3s 

clonal en esos dos extremes que abarcan 

toda la vida de una raza...? ^No ves que es 

imposible? El ideal de esa Historia me fas- 

cina, me atrae... ^pero c6mo apoderarme de 

^1? Por eso estoy enfermo: mi mal es la per- 

fecta conciencia de una misi6n, lldmala ap- 

titud, que no puedo cumplir„... Tuve b^- 

tante tino para contenerme y callar en el 

momento de sentir el chispazo de una idea 

que podria lastimarla. La idea era 6sta: ^'El 

/liombre que no luciiapor un ideal, el hom- 

\bre a quien le dan toao hecho, en la flor de 

Jlos anos, y que se encuentra en plena pose- 

] si6n de los goces materiales sin haberlos con- 

{ quistado por si, es hombre perdido, es hom- 

i bre muerto, ini:itil para todo flngrande.^ Ca- 

\116. Ignacia me dijo: 

"Pues todo eso de la Historia interna, de 
arriba y de abajo, lo vamos conociendo sin 
andar a vueltas con ideales y fantasias. Nos 
basta con tener oidos y ojos. 

— ^Que has de ver ni oir tth pobrecilla, ni 
yo, ni nadie?... i*El vivir del pueblo, el vi- 
vir de los reyes! ^Qui6n lo ha podido pene- 
trar y menos escribir? 

— Pues bien al tanto estamos de lo que 
pasa estos dias. ^Qu6 ha sido ello? Que nues- 
tra simpdtica Reina, engaiiada por esos se- 
fiores que venian & casa, y por otros, quiso 
cambiar de Gobierno. Luego lleg6 la Madre 
y le dijo: "Isabel, eso estd mal hecho. „ La 
pobrecita no sabe todavla el oficio; pero ya lo 
ird aprendiendo... En fin, que ello ha teni- 
do un buen arreglo, como en las comedias. 



NAUViBZ 335 

— Me conflrmo en que s61o conoces la su- 
perficial apariencia, la vestidara de las CO* 
sas. Debajo estd el ser vivo, que ni tii rii yo 
conocemos. Es lo hList6rico in^dito, que de- 
jaria de serlo si yo pudiera cultivar mi arte. 

— lQ\i6 ton to! No hay mis que lo que se 
ve. ^Qu6 hablas ahi del fondo de las cosas, 
y de seres vivos que se ocultan? Todo se re- 
duce d. que esos caballeros querian mandar, 
disponer de los destines piiblicos para sus 
paniaguados, y no pudieron valerse de otro 
resorte que el que les did la influencia del . 
JRey. 

—Si lo sucedido fuese tan vulgar no vaU 
dria la pena de contarlo. Hay algo m&s. 

-r-Hay, ya lo s6, que estos tales son los^ 
carlistas derrotados, el eterno Pretendiente i 
absolutista, que no ceja. Lo desarman en \ 
los campos de batalla, y acd se viene y trata -^ 
<le inflltrarse.... Lo que no consigui6 con la 
guerra lo intenta con el milagro. Ya ves: ha 
ompezado por procurarse una monja con 11a* 
gas... jVaya una porqueria! 

— ^Y por qu6 tiene poder esa monja? 

— Porque es una embaucadora lijsta,-y ha- 
ce creer d muchos, mentira parece, que esli 
inspirada por Dios. 

— ^Si hace creer eso no es una mujer ado- 
cenada. 

— Tienes raz6n: vulgar no es. Talento 

mny sutU se necesita, y un gran saber de 

cosas mfsticas, para enga£Lar con su falsa 

' santidad al Key y a la Reina... Y yo digo: 

^me eBgafiaria tambi^n & mf si se lo propo- 



336 B. PEREZ GALDdS 

siera? Me da miedo pensarlo... No, no, d mf 
no me enganaba. Aunque parezco tonta, na 
lo soy: ^verdad, Pepe? En esta cabeza mia 
no entran tales paparruchas. jAy, Virgen 
del Carmen, si me oyeran mis padres y misr 
tias.,.!. 

— Tus tias y , tus padres viven de flcciones; 
tti, si no posees la verdad, la vislumbras^ 
ves el camino por donde & ella se va... 

— Veo que los caminos de esa gente codi- 
ciosa y milagrera no son los de Dios.„ 

Al oir estas palabras de mi mujer, vinie- 
ron d mi memoria (joh misterioso contacto 
de las ideas en nuestra mente!) los dos ter- 
cetos del soneto que coma por Madrid, y 
con cierto jubilo hube de recitarlos* 

iCuesiion de religion lo que es de clinicaf 
iY darnos leyes desde el torno? tCdscaras! 
^slo no se tolera ni en el Bosforo, ^ 

Mas si la farsa demasiado ciniea 
>e repiie, caerdn todas las mdacaras, 
/ arderd Espana eniera como un f6sforo, 

— Calmate, Pepe, ysuprimeporahorajos 
versos— me dijo Maria Ignacia arropdndome 
carinosa.— Tienes fiebre. 



XXXII 



24 de Octubre. — Muy tarde me levante 
el 21, y antes de salir de casa, me informa- 
ron de que el Gobierno funcionaba con per* 



NARVilBZ 337 

fecta regularidad, y de que se habfan efec- 
tuado las prisiones. A Balboa le mandaban 
& Ceuta, en posta; al Secretario del Rey le 
despachaban para Oviedo; d Quiroga para 

IRonda. El effmero Presidente del Consejo, 
no habia sido preso, pero si separado de la 
. Direcci6n del uoleglo Superior Militar. Los 
cuitados Manresa y Armesto, padecieron tan 
s61o el suslillo de una detenci6n, despu^s de 
la cual se les mand6 d casa. . . Del Padre Pul- 
gencio supe que se le habia Uevado al Go- 
bierno civil, mientras la policia le registra- 
ba minuciosamente la celda. Luego me en- 
ter6 de que se le encontr6 un cajoncito con 
bastante dinero en oro y billetes del Banco, 
y un retrato suyo vestido mismamente de 
Obispo, con biculo, mitra y pectoral, en ac- 
titud de dar la bendici6n. El revoltoso cl6- 
rigo se daba el solitario gusto de anticipar, 
por medio de una mala pintura, su elevaci6n 
al episcopado, aue era el ensueno de su vi- 
da y la meta ae sus ambiciones. Se decla 
que le mandaban 4 la casa que los Escola- 
pios tienen en Archidona. 

Si en estos escarmientos iban de prisa las 
autoridades, aiin no habfan podido poner 
la mano sobre la venerada y llagada Mon- 
■' ja, por estar metida en clausura. Narvdez, 
que tan valiente parece, y realmente lo es 
frente d demagogos, progresistas radicales 
y consplradores del estado Idico, anda con 
pies de plomo alii donde puede tropezar con 
el ftiero de la Iglesia. Su famoso Princi- 
ple de autoridad, fulminante espada coa- 
ts 



388 B. PiBKZ OALDds 

tea los perturbadores del orden en las calles 
6 en la tribuna, se convlerte en cafia frente 
i la obscura faccWn fortificada en conven- 

tos, sacristias 6 beaterios Mds fdcil era, 

rnes, totnar las formidables alturas de Arla- 
hisi que.forzar los enmohecidos cerrojos del 

Tclanstro de Jesiis. Puedo darfe, por haberlo 
presenciado, de la confusi6n y rabia de D. Jo- 
s^ Zaragoza, one por temperamento habria 
cumplimentaao en un santiam^n las<irdenes 
de apoderarse de la Monja, y por disciplina 
no podia salirse del estrecho camino-dela le- 
galidad eclesidstica. El hombrebufaba...era 
nn gato, d quien se ordenaba que se pusiese 
gnantes para cazar el rat6n... Sartorius, atin 
mas que Narvdez, queria que, tratdndose de 
contener y escarmentar d personas religio- 
ns, se procediera con la correcci<5n mds ex- 
quisita. Los que en todas sus campafias por 
el Orden eran incorrectos, autoritarios, y 
10 reconocian obstdculo ni miramiento, en 
aquella empresa contra sus mayores enemi- 
gos procedian con tanta parsimonia como 
delicadeza, de lo que resultaba que el gran 
rrincipio era burlado y escarnecido por los 
delincuentes, y 6stos d la postre resultaban 
los verdaderos poseedores de la Autoridad. 

^ Acordadoel destierro de Patrocinio, no 
«ra dable Uegar hasta ella sin que el Ordinal 
rioperihitiera la violaci6n de clattsura, y el 
Ordinario no podfa disponerlo sin previo 
oonsentimiento del Vicario de la Orden. Ha 
aqui, pues, d mi Jefe Politico, niordi^do 
\m guantes que aprisionaban sus rapantes 



kabyIsz 389 

wfias, y oorriendo d contarle sus cuitas Sl 
D. Ram6n, que soltaba todos losregistros de 
«u c61era blasfemante, sin resolverse d em- 
bestir oomo de ordinario suele. Ante la ma- 
jestad religiosa, la de la ley se achicaba y 
sucumbfa. Desesperado y reconociendo su 
impotencia, el Espaddn ciamaba: "Trdigan- 
me todos los ej6rcitos carlistas, y me batir6 
•con ellos; pero no me pongan frente d nion- 
jas, protegidas por vicarios.„ En suma, no 
•era ni Bu£y ni Liberal, y por no determi- 
narse d ser ambas cosas, 6 siquiera nna, ha 
dejado tan incomplete y deslucido su papel 
hist6rico. 

Mientras esto se resolvfa, en el transcur- 
so de las horas del 21, me fui en busca de 
mi buen Gambito, el pobre de San Ginfe, y 
le encontr^, sf, pero' con tal turbaci6n en la 
descompuesta mdquina de sus nervios, y tan 
lavanzaao en su tartamudez, que me vi negro 
para comprender lo que decirme querla: 
^Nor, CigUela... vento... sw5... llagas.„Me 
•determine d traducir que Lucila estd en el 
<5onvento de Jestis; pero no s6 si debo creer 
•que tambi^n tiene Uagas, 6 que simplemen- 
•te estd donde las hay para eaificacidn de los 
•creyentes. Gambito vuelve d tomar la pala- 
bra, 6 el tartamudeo, y continiia esclare- 
•ciendo mis dudas, 6 aumentando mi tur- 
ibacx6n: ^'Santismas Uagas, flor... GUela 
iconvento... Sot y Sores... laja preso...^ Si 
•de esta horrible jei]ga sale una verdad, la 
presencia de Illipulicia en el claustro de Je- 
fiAs, no he perdido el tiempo, nl es tan Itn- 



340, R. P^REZ OALDOS 

perfecto el 6rgano de inforniaci6n que &ot 
mi provecho explora lo desconocido... 

Por la tarde, nabW con Zaragoza, que ya 
parecfa loco, de la contrariedad que le cau- 
saba su infructuosa caceria monjil . Narvdez^ 
a quien vi despu^s, ponia el grito en el Cie- 
lo descargando su verbosidad injuriosa so- J 
bre toda la Corte celestial. Avanzada ya la ; 
noche, se obtuvo el consentiniiento del Vi- 
cario; pero... A cadapaso por tan escabrosa 
senda, tropezaban los aburridos gobernan- 
tes con una nueva dificultad. Exigfa el Vi- 
cario que se le presentase una orden del 
Nuncio... Ved al pobre Zaragoza camino de 
la Nunciatura, con medio palmo de lengua 
fuera. Ya Narvdez, en el paroxismo de la 
rabia, hablaba de f usilar al primer magnate 
religiose que se le pusiera por delante, Bien 
sabian ellos que el Espaddn no haria nada, . . 
Dejaria de ser poder si lo hiciese... Por fln, 
trajo Zaragoza el consentimiento del Nun- 
cio; pero... 

Pero no haria. nada mientras el seiior Mi- 
nistro de Gracia y Justicia no le dirigiese 
una comunicaci6n exponiendo los motives 
en que se fundaba el Gobierno para que- 
bran tar la clausura... Narvaez alcanz6 el te* 
cho con las manos, y se desahog() en sucias. 
imprecaciones, no s61o contra el Nuncio,, 
sine contra la madre de tan venerable se- 
flor, contra el padre, los abuelos y toda la 
familia... Ya iba comprendiendo quesuau- 
toridad en aquel case era irrisoria, y que 
las limitaciones del poder que representa- 



NAUVAEZ 341 

ha, ponian & 6ste Ijpjo las sandalias de pode- 
.res mas altos. No hubo mas remedlo que co- 
rrer al domicilio de Arrazola, sacarle del le- 
cho, y hacerle extender de prisa y corriendo 
la comunicacWn que habia de ser Have de 
lavoluntad de Monseaor Brundli, para que 
^ste abriese la del Vicario, y el Vicario la 
del Ordinario, y 6ste descorriera sin vio- 
lencia los claustrales cerrojos. 

A la madrugada del 22, toda la tramita- 
cWn juridico-eclesidstica parecia termlnada, 
J Zaragoza fue al convento decidido & rom- 
per las puertas si se le oponian nuevos obs- 
tdculos. Pedile permiso para acompafiarle, 
-disf razado de corchete, en la interesantisima 
diligencia que & efectuar iba, y me dijo que 
no necesitaoa ningun disf raz ni disimulo de 
mi persona; que bien podia ir en su compa- 
fiia como empleado de la Jefatura, y que si 
«ra mi deseo sacar del convento monja 6 no- 
vicia, podia sin temor hacerlo, pues ya le te- 
nian tan frita la sangre las sefioras francis- 
canas, que se permitiria la vengauzia de no 
mirar por ellas si tocaban a violar, 6 si al- 
guien promovia la desbandada del mistico 
rebafko. En la plazuela de Jesus habia gran 
^entio esperando la funci6n sabrosa y gra- 
tuita: bombres de ideas exaltadas, restos de 
los disueltos clubs, manolas y mozos criioSj 
•el piiblico de* las ejecuciones de pena de 
muerte y de todo espectdculo callejero. Su- 
pimos que antes de Uegar el Jefe Politico, 
no faltii quien propusiera quemar el monas- 
ierio: corria entre la multitud el notici6n de 



I 



342 B. PERBZ aALD68 

^Tie Patrocinio habia intentado envenenar k 
la Reina con unas rosquillas, y en 6ste y d 
oixo grupo se repetian los versos 

iCuestion de religion lo que es de cliuica, 
f damoi leyee desde ei t^rno^ iCdscarael,*. 

Media hora larga transcurrid antes de qu& 
se nos franqueara la puerta mayor del con- 
vento de Jestis. Un cl6rigo casi enano en- 
traba y salia, y habria estado saliendo y en- 
trando hasta el amanecer si Zaragoza no 
pronunciara, como pronunci6, y con toda 
energia, la illtima palabra de la tran)itaci6n 
y de los pretextos y largas para ganar tiem- 
po. Penetramos al fin, Zaragoza bnfando, yo 
con una emoci6n que fu6 de las mds intensas: 
que he sentido en mi vida.., Pasamos d un 
ancho recinto donde estaba el tomo. A la. 
▼oz de trueno del Jefe Politico abri6se otra 
puerta cuyosgoznes gimieron; & lo largo de 
un obscure pasadizo llegamos al claustro^ 
donde vimos & toda la comunidad en flla» 
aiumbrada por faroles que tenian unas mon- 
jas, por cirios en manos de otras. Era un her- 
moso cuadro de 6pera seria, extremadamen- 
te seria. No faltaba m6s que el canto. Dijo- 
la primera palabra Zaragoza con voz que 
empez6 un tanto brusca y acab6 por ser co- 
medida... Sigui6 un corto silencio, durante 
el cual busqu6 con ansiosa mirada la ima- 
gen de Lucila entre los fantasmeus de azul 
y bianco que componian el coro. No la vi; 
volvl & recorrer de un extremo & otro la 



HABViSZ 34$ 

flla.i. Mas no habfa claridad suftdente pans 
el examen de tantos rostros, y algono de&- 
tos, situado en filiimo t6rmino, ocultaba rat 
fikcciones en la penumbra. La que claramoft- 
te vf , por ser la qne mis desooUaba; bui la 
Jhmosa Patrocinio, cuyo semblante iluiii- 
naban los cirios pr6ximo8. Era de extraordi* 5 
naria blancura, y afectaba 6 tenfa serenidad 
grande. En yerdad que la Monja de las Ua- 
gas me pareci6 hermosa, y su grave eonti- 
nente, su mirar penetrante y la tenue son- 
risa pidcida con que aoentuaba la miradj* 
eran el exterior emblema de un soberano po- 
der politico y social. Sus manos can guan- 
tes blanquisimos paredan de mdrmol: em. 
ellas sostenfa una imagen peauefia, la Vir- 
gen del OMdo, como ofreci6naola en adora^ 
ci6n & los que profondbamos la santa cast. 
Of la Toz de Zaragoza, dirigi6ndose a La 
Stor con gran mesura; mas sin atender i, i# 
que decfa, edi^ mis ojos d lo largo de la flla 
buscando lo que mds me interesaba, y en este 
yf al extreme izquierdo unos ojos negio^ 
que me turbaron y estremecieron. No m^ 
miraban d mf, sino d la Uagada Monja en 
supremo interns fraternal. Era mi bermtaa 
Catalina... En conteslaci6n d lo que Zarago- 
za le dijo, la de las llagas pronunci6 alguna \ 
frase mfstica que no entendi: tanta uncite 
y misterio quiso poner en ella. Si en efecto 
era una embaucadora, prodigioso arte d»- 
.pl^aba para el dominio de los que caiaii 
Dajo su mano milagrera... Busqu6 de nue- 
yo d mi hermana, y la yi andar con tento 



344 B. PiaHZ GALD^S 

paso hacia el centro de lo que Uamo coro, 
por delante de la priihera flla de religiosas. 
Sor Patrocinio, que 4 cada instante descoUa- 
ba mds por su estupenda blancura, por su 
serenidad y el perfecto histrionismo de sus 
actitudes hierdticas, dl6 un paso hacia mi 
herm^na dici^ndole: "Hija mia, salgamos.^ 
Acudieron 4 besarle las enguantadas ma- 
nos todas las monjas, y en este desfile pude 
examinarlas d gusto, rostro por rostro, sin 
que ninguno se me escapara. No vi d Luci- 
la: alguna vi que podia ser ell a desfigura- 
da de cara y talle por el hdbito y la toca; 
mas no era fdcil comprobarlo. . . Mir6 de nue- 
vo... No la vi; no estaba: casi, casi tenia de 
ello completa certidumbre. Mi hermana pasd 
muy cerca de ml sin verme: no concedia el 
don de su mirada d ninguno de los que pre- 
sencidbamos el acto. Salieron las dos, y Za- 
ragoza, que iba detrds, me cogi6 de un bra- 
ze para Uevarme consigo, lo que sentl mu- 
cho, porque me habria gustado quedarme un 
poco mds, apurando mi examen de monjiles 
rostros. Salimos. VI que Patrocinio y mi 
hermana entraron en un coche de posta que 
aguardaba en la calle; que tras ellas entraba 
tambi^n un cl^rigo, al cual yo no habla visto , 
hasta aquel instante, y tras el cl^rigo un se- ' 

flar, que era, sin duda, delegado de policla. 
11 coche parti6 por la calle del Fticar. Luego 
supe que las dos monjas con su Virgen del 
Olvido iban camino de Badajoz. 

Entre la satisfaccidn y el desconsuelo se 
compartla mi alma. Si habla yo visto un 



NARVA BZ 345 

hermoso cuadro de la vida espaiiola, faltd- 
bame ver el coraz6ii y la interna fibra de 
^quel extraiio asunto. **jY pensar— me dijo 
Zaragoza sombrio, cuando nos retirdbamos, 
— pensar que ni con estos rigores ni con to- 
^os los de la Inquisici6n, si los empleara- 
mos, Uegariamos d conocer la verdad...! 

3uiero decir, el resorte principal, el nervio 
eeste negocio.„ 

Call6 meditabundo. Sin saber de d6nde 
Tenian, yo sentia esperanzas que aleteaban 
cerca de mi. La verdad estaba pr6xima: yo 
la descubriria pronto, yo encontraria la re- 
presentaci6n viva del alma espaiiola. Lucila 
se acercaba. "No ceso de pensar en esa ver- 
dad que se nos oculta,„ me dijo Zaragoza; 
y yo 4 61: "Pienso en lo mismo, Don Jos6... 
y espero llegar & ella, descubriria, dominar- 
la, poseerla„... Amanecia. 



FIN DE NARViEZ 



Santaoder (San Qaintin), Julio-Agosto de 1902. 



MGIONES ESPANOLAS 

rUBUCADAS EN lAGLAIERRA ¥ KIM OSUtt 



Por concesidu especial del aalor se ban hecho 
eslas ediciouesy para uso de los escolares ingle* 
ae$ eu las caledras de lengua espauola. Al lexlo> 
espauol, escrupulosamenle reproducido, sigueu 
copiosas nolas en ingles, que aclaran iodos \o& 
punlos gramaticalQS obscuros, asi como los mo* 
disinos y locuciones provinciales. 

Trafolgar« edited wilh uoles and lulroduc- 
liou, by F. A. Kirkpalrick. UniversUy Pressr 
Cambridge, 1905. 

Marianela, wilb Inlroduclion, uoles and vo- 
cabulary, by */. Geddes: Boslon, 1905. 

Dofia Perfeota, wilb lulroduclion and no- 
tes, by Al R. Marsh: Boston aud London, 6ini> 
and CO, 19U0. 

Electra, edited with notes and vocabulary^ 
by Oli$ Gridley BuniM. American Brook Com^ 
vany: New- York, 1902. 

M Abuelo (en prensa): New-Yoik. 



TRADUGGIONES 



En ingUs: 

Doria Perfecta, a tale of modern Spain. 
Traduccidn de D. P. N.— London, Sa« 
uiuel Tiusley, 1886. 

Idetn. Clara' Bell. New-York, Gotteber- 
ger, 1883. 

Idem. New- York, 1884. 

Idem. Traduccion de D. P. W. New- 
York, George Muiiro, Publisher, 17 & 
27, Vaiidewaler wSlreel, 1885. 

Gloria. Traduccion de Clara Bell. New- 
York, William S. GolXsberger, Publis- 
her, 11, Murray Street, 1882. 

Idem. Traduccion de Nathan Wetherell. 
Loudon, Remington and Co, 5, Arun- 
del Street, Strand, W. C, 1879. 

Ledn Boch. Traducci6N de Clara Bell. 
New- York, William S. Gottsberger, 
Publisher, 11, Murray Street, 1888. 

Marianda. Traduccion de Clara Bell. 
New- York, William S. Gottsberger, 
Publisher, 11 Murray Street, 1883. 

Idem. Traduccion de Helen W. Lester. 
Chicago, A. G. Mac-Clurg and Com- 
pany, 1892. 

Trafalgar. Traducci6a de Clara' BelL 
New-York, William S. Gottsberger, 
Publisher, 1884. 



Zaragoza. Trciduccidn de Minna Caroli- 
ne Sniilb. Boston, Lillle, Brown and 
Company, 1899. 

La batalla de los Arapiles. TradiiccWn 
de Rollo Ogden. Filadelfia, J. B. Lip- 
pincotl Company, 1895. 

En franofe: 

Dona Perfecta. Traduccidn de L. Lugol. 

Paris, Giraud, 1885. 
Idem id. id. Paris, Hacbelte. 
La campana del Maeslrazgo (Le Roman 

de. Soeur Marcela). Trad4icci6n de L. 

de L***. Paris, Calmann-Levy, Edi- 

leurs, 5, rue Auber. 
Marianela. Traduccidn de Jiilien Lugol. 

Paris, Librairie des publications k 50 

cenMuies, 34, rue de la Monlagne- 

Sainle- Genevieve. 
Idem. Traduccion de A. Geruiond de La- 

vigne. Paris, Librairie Hachetle el C>«, 

79, Boulevard SainUGermain, 1884. 
El amigo Manso. Traduccion de Julien 

Lugol. Paris, Librairie Hacbelte et C^% 

79^ Boulevard Sainl-Gerniain, 1888. 
Misericordia. Traduccion de Maurice Bi- 

xio. Paris, Librairie Hacbelte, 1900. 

En alem&n: 
Dana Perfecta. Dot lomog, Iradaeci6fi 



de J. Reichell. Dresde y Leipsich, 

Pierson's Berlag, 1886. 
Bleclra. TraducciAn de Rudolf Beer. 

Wiener Verljig, 1901. 
Idem. Traduccidu de Rodolfo Beer, arre- 

glada para la escena alemana por Ri- 

cardo Felliier. Berlin, 1901. 
Gloria. Tradiiccion del Dr. Augus- 

lo Harlmann. Berlin, Verlag von L. 

Schleiermaclier, 1880. 
El amigo Manso (Frennd iManso). Tra- 
. duccion de E. von Buddenbi-ock. Ber- 
lin, Verlag von Karl Siegesnmnd, 

1894. 
Trafalgar. Traducci6n de Hans Parlow. 

Dresfle y Leipzig, Verlag von Carl 

Reilzner, 1896. 
Marianda. Traducci6n de E. PlQcber. 

Breslau, Auterhallungsblalt, 1888. 

En sueco: 

Dona Perfecta, Traduccidn de K. A. Hag- 
berg. S\ockhoin], Skoglunuds Fdrlag. 

Ledn Roch. TradncclAn de A. P. de la 
Cruz FrOlicb. KjOpenhaun (Copenba- 
gue). Forlag. Andr. Scbous, 1881. 

Torquemada en la htguera (Torqnemada 
paa baalel). TraducciAn de Jobanne 
Allen. Crisliaoia y Gopenhague^ For- 
lag A. Cbrisliaoseng, 1898. 



..-*^ 



En italiano: 

Nazarin (Sicul-CIiristus). Traduccidn 

de Guide ftubelli y Jose Leon Pagano. 

Fireiize, G. Nerbini. 
Gloiia. Traducci6i] de halo Argenli. Fi- 

renze, R. Bemporad & Figlio, i901« 
Marianela. Traduccion de G. Dcaiiclie- 

lis. Bologna, Tipografia Ponl. Mareg- 

giani, via Volturno, 3, 1880. 
La Fonlana de Oro. Traducci6n de De- 

nuchelis.Mil5n, Fralelli Treves, 1890. 
Doiia Perfecla, Traduccion de Cunes. 

Milan, Fralelli Treves, 1897. 

Eq holandda: 

Doha Perfecia. Traduecidn de M. A. de 

Goeje. Leiden, Brill, 1883. 
Eleclra. Leiden, A. H. Adriani, 1901. 



En portugues: 

Eleclra. Traducci6u de Ramalho Orli- 
gao. Oporto, iibreria Chardroo, de 
Leilo & Irmao, edilores, 1901. 

Endinamarqute: 

Fru Perfecia. Traduccido de Gigas. Go- 
penhague, Priors, 1895. 



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