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Full text of "Notas clínicas sobre el lavado de la sangre en el tratamiento del cólera"

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AVADO DE LA SANGR 



TRATAMIENTO DEL CÓLE 



CmrériiMif par upoaiíaém r ptfr tmtnfmiuú á» t^iofo^M r cUmn 



— r-*f3^í<"- 



VALENCIA 

IMPRENTA DE JOSÉ ORTEGA 

Ouia da aunte, «lia, u 







NOTAS CLÍNICAS 



SOBRE £L 



LAVADO DE LA SANGRE 



EN EL 



TRATAMIENTO DEL CÓLERA 



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NOTAS CLÍNICAS 



SOBBE EL 



LAYADO DE LA SANGRE 



EN EL 



TRATAMIENTO DEL CÓLERA 



POR EL LCCTCR 



CMte^iUeo por opotkióa y por nnaaímidad do Pttologio y Clínico médico» 
FocntUd de Medicino do Voieneio. 



^--^^-^^'SÉypr — 



VALENCIA 

IMPRENTA DE JOSÉ ORTEGA 

Calle de Boxafa, nüm. 51 



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1 891 







bVA^VVVVVJ^^V^^íMÍ^V^Í^íí^^ 



PRÓLOGO 



iL lavado de la sangre es un remedio heroico 



i y eficaz en el tratamiento del cólera y de otras 
o^i muchas enfermedades. Estamos convencidos 
de que prosperará y arraigará en la Terapéutica, 
pues asi lo hacen esperar la Índole de sus efectos 
constantes y positivos, y el rango y calidad de la 
doctrina nosológica de que deriva. 

Tras del anatomismo y fisiologismo de princi- 
pios de siglo, vinieron como consecuencias necesa- 
rias la irritación y la sangría; y tras de la Microbio- 
logía y Química biológica de nuestros dias, vienen, 
:omo consecuencias necesarias también, las ptomai- 
las como clave nosológica de Ruchísimos procesos 



4-50 



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VI — 

morbosos y el lavado como remedio heroico, depu- 
rativo ó eliminador. Fisíologismo, irritación y san- 
gría; esos fueron los tres términos de la Medicina 
de nuestros padres. Microbiología, ptomainas y la- 
vado de la sangre; estos serán los tres términos de 
la Medicina actual. 

El lavado de la sangre prosperará. Lo creímos 
cuando hace un par de meses sistematizábamos su 
doctrina, y, ahora que hemos visto comprobados 
en la Clínica muchos de sus puntos,* lo afirmamos. 
Será el lavado de la sangre, dentro de poco, lo que 
en su tiempo fué la sangría, esto es, un remedio 
terapéutico que se impondrá por la eficacia y bri- 
llantez de sus efectos, pero con la doble ventaja, 
sobre aquélla, de ser más inofensivo y derivar de 
una doctrina menos sistemática. 

No ya sólo en el cólera, en el que hemos com- 
probado efectos admirables, sino en otras enferme- 
dades además, de la misma clase nosológica, le es- 
peran al lavado de la sangre positivas victorias. 

En el cólera lucha con dos obstáculos de primer 
orden: con la anuria, que le cierra al agua una de 
las puertas de salida y le quita al organismo un po- 
deroso resorte para establecer el paralelismo de la 



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— Víf — 

corriente, y con el colapso cardíaco, que, menguando 
Ids fuerzas del corazón, cercena y limita la cantidad 
de agua que se puede inyectar para los fines de la 
corriente eliminadora. En otras enfermedades, sin 
anuria y sin colapso, en las que no tendrá tantas 
limitaciones la corriente, podrán conseguirse con 
el lavado de la sangre efectos sorprendentes en el 
tétanos, en los puerperismos, en la eclampsia, en la 
fiebre amarilla, en la tifoidea, etc., etc, ¡Quién sabe! 
Tenemos mucha fe en el remedio, y los resul- 
tados obtenidos nos alientan y animan á continuar 
estudiándolo; pero convencidos de que el perteccio- 
nar y ultimar una doctrina que tiene tantos elemen- 
tos de estudio es demasiada labor para un hombre 
solo, acudimos a todas partes con estos primeros 
trabajos de propaganda, solicitando el apoyo y la 
fe que la doctrina necesita para perfeccionarse y 
crecer; á las Academias, al folleto, á la prensa perió- 
dica, ya que con el concurso de todos puede dar 
este remedio terapéutico, en no muy lejano plazo, 
opimos frutos. 

He aquí por qué nos apresuramos á publicar este 
folleto, segunda parle del que escribimos hace dos 
meses con el título de El cólera en d estado actual de 




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— THE — 

la cieñan f y de su Iratamientopor el laiHuio de ¡a^ satigí 
Prometíamos en aquél dar cuanto antes á cono< 
el resultado de las experiencias que íbamos á comí 
^ar, y cumplimos en éste la palabra. 

Valencia y Noviembre de 1890- 



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PRIMERA PARTE TEÓRICA 



RESUMEN DE LA DOCTRINA TERAPÉUTICA 



DEL 



LAYADO DE LA SAHGRE 



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CAPÍTULO PRIMERO 



Apoión terapéutica del layado.T^IndicaoioneB y contiaindioacionjSB. — 
Diferencias entre las inyecciones intravenosas de Eayem y el layado 
de la sangre. 

Acción terapéutica del lavado.— El lavado de la sangre/ tal 
cual lo hemos descrito (i),. consta de dos hechos esenciales, eí 
de la Inyección de agua en las venas y el d^ la salida ó elimi- 
nación del agua inyectada, cada uno de los cuales tiene una 
acción terapéutica especial y propia, que nos impona conocen 

La inyección intravenosa, aparte de los efectos, fisiológicos 
anteriormente estudiados, de los que se desprended natural- 
mente otros tantos efectos terapéuticos, tiene y debe tener en 
el cólera una principalísima acción terapéutica derivada de las ' 
especialisimas condiciones de la sangre en esta enfermedad; ya ' 
sabemos cuan compleja es lá dishemia colérica y cuan jpro- 
funda la alteración del medio interno en el periodo álgido. Da- 



( I ) Véase nuestro foUeto JDel cólera en el estado actual de la ciencia y de 
stá traietmientó far ti lavada de la sangre. 



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TERAPEOTICA DEL LAVADO 



das, pues» tan oumerosas y complejas lesiones hémicas, dos 
efectos son innegables y necesarios: i.°, la dilución de la subs- 
tancia tóxica en una mayor cantidad de masa, y 2.°, la lique- 
facci(ín de la masa de la sangre que ha de resultar más liquida 
y fluida en proporción i la cantidad de liquido que reciba. 
Estos efectos son inmediatos y como decimos necesarios; del 
orden quimico el uno, del orden físico el otro, ambos son de* 
bidos i la penetración del agua en las venas y su mezcla con 
la sangre del torrente circulatorio. Las consec;uencias de estos 
dos efectos son muchas y todas altamente beneficiosas para el 
enfermo. 

Desde luego, la sangre ha de poder circular mejor por to- 
dos los parénquimas en cuyos capilares se movia perezosamente 
por causa dé su espesitud y concentración, con lo cual lian de 
quedar corregidos, ó cuando menos notablemente mejorados 
todos aquellos trastornos que la fisiología patológica nos da 
como relacionados con aquellas dificultades de la circulación 
capilar. La anoxemia, la cianosis, la anirria, el estado aperga- 
minado de la piel, la espesitud de las lágrimas, la sequedad de 
las serosas, los calambres, la algidez, el anublamiento de la in- 
teligencia y de los sentidos, la afonia, y en general casi todos 
los fenómenos graves del tercer periodo, deben mejorar unos^ 
desaparecer otros, ya que en el determinismo generador de 
todos influye, cual sabemos, la espesitud de la sangre. Por eso 
los efectos inmediatos de toda inyección venosa son siempre 
de alivio y mejoramiento, aunque esté el paciente en los últi- 
mos momentos. 

La otra acción terapéutica que señalamos no deja de ser 
importante, aunque sus efectos cHnicos no se señalen con fe- 



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TERAPÉUTICA DEL LAVADO 



Dómenos tan apreciables y sorprendentes. Por ky general de 
toda acción química, por ley escrita para toda substancia tóxica, 
se sabe que el grado de toxicidad de una substancia está en re- 
lación con la cantidad ó concentración de la misma. Dada la 
cantidad de venenos específicos que penetra en la sangre del 
colérico, durante el fatal período evolutivo del mal, difun- 
diéndose por entre la sangre y los tejidos, es innegable, y no 
puede por menos esto de influir en la creciente agravación de 
los daños, que, i medida que la masa de sangre disminuye y 
la circulación languidece, la dosis relativa ha de ser mayor, 
aunque en absoluto no aumente; y como para los efectos, tanto 
equivale el aumento relativo como el real, claro es que los efec- 
tos han de ir aumentando en la proporción que disminuye la 
<:antidad de líquido en circulación. Como consecuencia de esto, 
la inyección de agua en las venas ha de disminuir la toxicidad 
de la sangre; la misma dosis de veneno ha de ser menos 
activa, ha de producir menos trastornos si está diluida en 6 
litros que si lo está en 3. 

Sin detenemos ahora en detallar todos los demás efectos 
terapéuticos secundarios, podemos comprenderlos todos reñ* 
riéndolos por medio de las leyes conocidas de la fisiología pa- 
tológica á estos dos principales que acabamos de mencionar y 
i los efectos fisiológicos que en otra parte hemos estudiado: 
recuperación de la presión normal intravascular, fluidez de la 
sangre y dilución de la substancia tóxica en mayor cantidad de 
liquido. Estos son los efectos inmediatos y cardinales de la in- 
yección intravenosa; de éstos se desprenden todos los demás 
secundarios que son múltiples, según nos demuestra la fisiolo- 
gía patológica de la enfermedad. 



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TERAPÉCTTCA DEL LAVADO 



En la patogenia ya explicamos de qué manera se estable- 
cen el círculo vicioso generador de la muerte del colérico y de 
qué isuerte la vacuidad del sistema vascular^ la espesitud de la 
sangré y el envenenamiento especifico^ explican los fenómenos 
gravea del tercer periodo. Si ahora ponemos en relación aque^ 
líos hechos y leyes de la patogenia con los que estamos estu- 
diando de la acccióa terapéutica de la inyección intravenosa» 
se comprenderán todas las utilidades y beneficios que de este 
remedio terapéutico podemos obtener. 

Pero en nuestro tratamiento, yá lo hemos dicho, además 
del hecho de k inyección^ figura el hecho de la salida del li- 
quida iiiyectado que á todo trance y pot todos los medios pro- 
curamos; y este hecho ó fenómeno de la evacuación ó salida 
del liquido inyectado tiene también su acción terapéutica esen* 
ciálisima, única por su naturaleza, pero capital para el fin que 
pretendemos conseguir. Ya lo dijimos y razonamos en lugar 
oportuno: la curación del cólera es en su esencia un fenómeno 
de depuración orgánica. Hasta ahora. la ciencia sólo ha sor- 
prendido su salida en las orinas, pero lógico es pensar que haya 
depuración por todas las vias; asi que cuando el agua que in- 
yectamos sale del organismo, ya en forma de cámaras, ya en 
forma de sudor, ya en forma de orinas, ya en forma de materia 
bi)iar segregada j^or el hígado, y sale después de haber estado 
un tiempo más ó menos largo mezclada con la sangre y em- 
papando los órganos, ha de llevarse principios tóxicos y ha de 
contribuir poderosamente á la depuración orgánica, favore- 
ciendo, nada más que favoreciendo, lo que la naturaleza tiene 
escrito en sus leyes y que muchas Veces consigue realizar con 
sólo sus propios y espontáneos esfuerzos. 



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TERAPÉUTICA DEL LAVADO 



Indioaciünes 7 óontralndioaciones.— De todo lo dicho se- 
deduce el momento en qae ha de estar indicado el lavado de 
la sangre. Nosotros creemos que la intoxicación hémica del 
colérico corre paralela con la evolución intestinal del vírgula. 
Desde los primeros momentos, y á la par que el virgula pro- 
duce los trastornos locales,- fabrica las ptomainas que inician 
la intoxicación; pero en la clínica se marcan dos fases muy dis- 
tintas en la evolución det mal: una primera en que predominan 
los fenómenos intestinales d e diarrea y de vómito, y otra se- 
gunda en que predominan los fenómenos generales de la dishe- 
mia y de la intoxicación. Las diferencias estriban en el predo- 
minio, esto es, intoxicación hay siempre; pero durante el primer 
período no ha llegado la dosis á ser máxima, y durante el se- 
gando se ha constituido lo que pudiéramos llamar acumulo de 
acción. Este segundo período de intoxicación confirmada tiene 
también sus tiempos, comprendidos entre los primeros mo- 
mentos en que manifiesta el organismo con la concentración 
del pulso y el principio de la algidez y de la cianosis, que ya 
la substancia tóxica se acumuló en cantidad suficiente para pro- 
ducir fenómenos generales, y los últimos instantes agónicos ya, 
en los que, habiéndose sumado á la dishemia primitiva por 
intoxicación específica los profundos trastornos hémicos de la 
anhematosis generalizada, sobreviene la muerte. 

En el primer período aun no hay indicación para el lavado; 
aun puede intentarse una medicación abortiva, aun podrá suce- 
der que no se acumule la substancia tóxica en cantidad bastante 
para que corra peligro la vida del enfermo. Hay que aguardar, 
pues, y esperar á que la intoxicación se confirme, toda vez que 
aun no sabemos, puesto que no hay realmente en la clínica 




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S TERAPÉUTICA DEL LAVADO 

signo seguro para juzgar si la intoxicación general sobreven- 
drá en gravedad suficiente para reclamar la intervención aaiva 
del lavado. Pero una vez la intoxicación confirmada, una vez 
en escena los primeros fenómenos déla concentración del pulso, 
disminución de las cámaras, afilamiento de las facciones, en- 
friamiento de los extremos; una vez en escena, decimos, estos 
primeros fenómenos, y á la puerta ya la algidez y el colapso, 
debemos obrar, y cuando más pronto mejor, que si aguarda- 
mos mucho, por minutos se van agravando las lesiones, hacién- 
dose más complejas las del medio interno, inutilizándose los 
filtros elhninadores y decayendo la acción del corazón, cuya 
energia nos es precisa para que soporte el liquido que vamos 
á inyectar, para que mueva la corriente de la sangre y para que 
haya lavado. 

£1 principio, pues, del periodo álgido es el momento pre- 
ciso en que con mayores seguridades de éxito podemos acudir 
á nuestro remedio terapéutico; á partir de este momento, las 
probabilidades de éxito irán disminuyendo en progresión cre- 
ciente hasta llegar á ser completamente ineficaz, y no solamente 
ineficaz, sino imposible, si el corazón está ya en mayor colapso 
y las puertas de salida están cerradas. 

Contraindicaciones realmente no hay ninguna. Demostrada 
como está la inocuidad del procedimiento, si éste se verifica 
como se debe; no siendo, como no.es, su acción perturbadora; no 
pudiendo engendrar, como no engendra, trastornos de nnayor 
cuantía; produciendo, como produce siempre, efectos inme- 
diatos de reparación y de alivio, claro está que jamás lo hemos 
de encontrar contraindicado. Podrá en unos casos desenvol- 
verse toda la acción terapéutica y en otros casos no; podrá ó 



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TERAPÉütlCA DEL LAVADO 



no llegar á tiempo; lo emplearemos con mayores ó menores 
probabilidades de éxito, pero racionalmente contraindicado no 
debe estarlo nunca. 

La graduación de su poder^ solamente la clínica nos la 
puede dar. Aguardaremos. 

Siferenolas entre las Injeoolones de Sajem j ú lavado. 
— Dadas las aparentes analogías entre las inyecciones intrave- 
nosas que Hayem empleó en el tratamiento del cólera-morbo 
y nuestro método del lavado, nos Interesa, al objeto de evitar 
confusiones injustas, marcar bien las diferencias entre el método 
de Hayem y el nuestro. 

Tienen de común ambos métodos una cosa, la inyección de 
agua en las venas; pero les separa completamente todo lo 
demás: las bases y los fines, la doctrina nosológica que los sus- 
tenta y la idea terapéutica que los inspira, los principios fisio- 
lógicos, la técnica, el liquido empleado, los aparatos ó medios 
necesarios para realizarla, y todo. 

La idea de inyectar en las venas del colérico el agua que 
en tan grande cantidad pierde la sangre es muy antigua, y 
desde las primeras epidemias ha venido inspirando á algunos 
clínicos que han acudido á la inyección intravenosa como re- 
medio supremo y último en el tratamiento del cólera. Desde 
Joenichen (de Moscou) y Latta, hasta Hayem inclusive, se re- 
gistran en la ciencia 287 inyecciones, sin contar las 26 que se 
hicieron en Tolón con resultados por cierto poco satisfacto- 
rios (i); y si con criterio imparcial se examinan las bases, las 
razones, la técnica de dichas inyecciones, no se puede menos 
de decir que han sido hechas de un modo muy empírico y sin 

(i) Dictionnaire des scienoes medicales, 3.* serie, tomo XVIII, pág. 25. 



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10 TERAPÉUTICA tíEL XAVABÜ 

bases verdaderamente científicns. Estas primeras inyecciones* 
ks de Hayem inclusive^ corresponden i la primera fase era pí- 
rica de la cuestión; qaien inyecta 2 onzas de líquido, quien se 
atreve á inyectar 800 gramos, quien en siete sesiones alcan2:;i 
la enorme cifra de 14 litros, quien imita con fórmulas complejas 
la composición del suero, quien inyecta agua destilada, quien 
emplea la leche ó el agua común sin preparación ninguna; 
bases fisiológicas sobre presión intravascular, velocidades de la 
corriente, distribución del líquido inyectado, poder regalador 
del organismo, y otros mil interesantísimos deuUes de fisiolo- 
gía experimental, no hay que pedirlos ni al mismo Hayem, 
que con saber tanto de otras cosas, ha hecho las inyecciones 
del modo más imperfecto y empírico que hombre de su talla 
pudiera hacer. Malo ha sido el resultado, ya que algunos cuen- 
tan las deñmciones por el número de inyecciones realizadas; 
mas al ver el modo como las han hecho, no es de extrañar que 
el resultado haya sido poco favorable; antes bien, lo que choca 
es qué no haya sido adverso en todas. 

Nuestro lavado, no por ser nuestro, sino por las bases en 
que descansa, las cuales ya se ha visto á quién se deben, cons- 
tituye un método fnás racional, más científico, mejor funda- 
mentado y más próximo á obtener en el terreno de la clínica 
la deseada victoria. Bien está que al de Hayem se llame método 
de las inyecciones intravenosas ó de la transfusión de suero; el 
nuestro debe llamiarse método del lavado: uno y otro tienen de 
común, como ya hemos dicho, la inyección de agua en las venas, 
pero se diferencian y se separan: i.° Por la base fisiológica. 
2.® Por la base nosológica. 3.** Por el fin que se proponen. 
Y 4.° Por los medios que se emplean. 



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TERAPÉUTICA BEL UVADD II 



¥.° Bases ñsiológicas. — Todo cnanto han hecho Distre y 
Loye en sus dos series de experimentos; todo cuanto ha hecho 
Sánqulrico y cuanto hemos repetido nosotros, lo ignoraba 
Hayem, y bien se habrá visto^ por lo qoe brevemente en otra 
parte (i) hemos apuntado, que en estos estudios experimentales 
de ñsiología está la ctave^ el fundaniento^ lo que le da sesgo 
científico y lógica razón y fundadas esperanzas al medio tera- 
péutico de k inyección intravenosa. S in estos estudios, hacer 
una inyección intravenosa es exponerse á riesgos sin cuento, 
cual se e^tpondría quien manejara el opio sin saber una pala- 
bra de su acción fisiológica. Hay que ver cómo oscila la pre- 
sión i ntra vascular, y cómo aumenta en determinados momería 
tos» si no se establecen las necesarias compensaciones, para 
comprender de qué manera, fiando al tacto la velocidad de la 
corriente, puede gravitar en u n momento sobre el corazón des- 
fallecido del colérico, un exceso de carga que le suma en una 
asíscolia instantánea y mortal; hay que ver con cuánta facilidad 
se impurifica el líquido inyectado, para comprender el riesgo 
que se corre de producir en el enfermo embolias gravísimas; 
hay que convenir, en fin, ahora que se conoce el campo que se 
pisa, que todas las inyecciones venosas qué se han hecho antes 
de esas bases fisiológicas que hoy se tienen, han sido imper- 
fectas y peligrosas, cuando no temerarias. 

Los bases fisiológicas, no solamente son distintas^ es que 
ahora se tienen y antes se ignoraban. 

2.' Bases nosológicaa.— Las bases nosológicas también son 
diferentes. Hayem admite como teoría patogénica, la órgano- 
pática de la iesión intestinal y de la deshidratación sanguínea; 



(j) V¿a»e nucitra folkto citada. 



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12 TESAPÉUnCA DEL LAVADO 



para él no hay venenos, ni intoxicación especifica; hay sólo un 
espesamiento de la sangre que puede neutralizarse con la adi- 
ción de agua, y de ahí la indicación terapéutica de la inyección 
intravenosa. En conformidad con la idea nosológica, esti 
siempre la idea terapéutica, y los que no admitan la intoxica- 
ción especifica de la sangre, los que interpreten los fenómenos 
morbosos del cólera á la manera como los interpretan las teo- 
rías organopáticaS) no pueden emplear la inyección intravenosa 
con otro fin que con el de fluidificar la sangre. En este sentido 
y para este objeto las emplea Hayem: para neutralizar un 
efecto, para combatir una lesión, para dar á la sangre la fluidez 
que ha perdido, lo cual, si bien es mucho y muy imponante, 
no es lo único que debe hacerse ni lo más esencial. 

Los estudios de Brieger sobre las ptomaínas coléricas^ los 
experimentos de Bouchard con la orina de los coléricos, aun 
no se habían hecho en los tiempos del 85, y la doctrina noso- 
lógica de la intoxicación colérica, posterior á las inyecciones 
de Hayem, doctrina que señala como hecho esencial, primor* 
dial y característico la presencia de substancias tóxicas en la 
sangre del colérico, substancias determinantes de todos los 
fenómenos graves del tercer período y de la muerte, establece 
una línea divisoria infranqueable y bien marcada entre las in- 
yecciones del 85 y las que nosotros proponemos. Hayem no 
puede comprender la idea terapéutica de la manera que nos- 
otros la comprendemos; él no sabe ni presume qiíe en los 
excreta de los coléricos esté la substancia tóxica que los mata; 
de donde se infiere, que al acudir á la inyección intravenosa, lo 
hace para alcanzar una cosa buena, pero desatendiendo la que 
es mejor. Bueno es, en efecto, que la sangre se fluidifique para 



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TEftAPÉÜTlCA DEL LAVADO 



T3 



que pueda circular, pero mejor es que además se purifique del 
: veneno que la inioxica. 

La base nosológica de la ¡nyeccíóa intravenosa es errónea, 
es falsa^ y ella sola bastaría á separar los dos métodos con se* 
paracioDes profundas^ si por otras razones y motivos no fueran 
los dos métodos en cuestión completamente distintos, 

3<*' Por ti flll qu$ S6 propesea*— Lo acabamos de decir; 
conforme con la idea nosológica, que es la premisa, está el fia 
^. terapéutico, que es la consecuencia. Los que admiten en la pa- 
- togeoia del cólera teorías organopiticas humorales de deshi- 
; -j dratación, los ^ue refieren todos los fenómenos graves al espe- 
^ Sarniento de la sangre, claro está que no han de proponerse 
otra cosa, no han de aspirar á otro fin que el de devolver á la 
ritt sangre la fluidez que ha perdido; por eso, y para eso, inyectan 
j^ el agua en las venas; y por esto Hayem, ante el peligro de que 
^ g el agua inyectada vuelva i extravasarse y á salir del organismo, 
,^ añade á la solución fuertes cantidades de sulfato de sosa que, 
^ como sal anexosmótíca, puede hacer menor aquella salida, 
jj ^ Nosotros, al contrario, buscamos en la salida del agua in- 
idíB y^ct^da el efecto más esencial y curativo; lejos de evitar este 
^p^ hecho lo procuramos^ lo favorecemos, bien sometiendo al 
^ colérico á la acción del baño^ bien, si esto no fuera bastante, 
acudiendo i la pilocarpina, y hasta si se quiere á los purgantes, 
manejados, desde luego, con todas las prudencias y requisitos 
que el caso reclama. 

Los fines, pues, de ambos métodos no pueden ser más 
opuestos. La inyección intravenosa que Hayem considera como 
u^ fio y como el todo, para nosotros es sólo el medio y la parte; 
^ en el método de la inyección queda todo hecho en cuanto el 



roí 




í^le 



14 TERAPÉOTICA DEL LAVADO 



agua ha penetrado en las venas, y en el método del lavado, 
después de la inyección es cuando comienzan las operaciones 
verdaderamente salvadoras. Hayem cree que la acción curativa 
está en la presencia dentro de los vasos del agua que inyecta; 
nosotros creemos que la acción terapéutica estriba en la co- 
rritnte de agua á través de los vasos y del organismo; allá la 
inyección es el fin, para nosotros el medio; por eso es justo que 
métodos que aspiran á fines un distintos, se les distinga con 
nombres diferentes, y si aquél tiene ya su nombre conocido, el 
nuestro debe llevar el que nosotros le damos, el que encarna 
con su esencia y se deriva de su fin: el de lavado > de la sangre. 

4.^ Por los medios que se emplean.— El liquido que nos- 
otros empleamos, la estufa y baño de vapor, los excitantes cardia- 
cos y los diaforéticos, medios necesarios todos para conseguir 
el lavado de la sangre, según el tnódus facitndi expuesto en 
nuestro folleto, esublecea también, entre nuestro método y 
el de Hayem, grandes diferendas. Mas, esto aparte y fijándonos 
sólo en las condiciones especiales del aparato inyector, encon- 
traremos materia sobrada para demostrar hasta la saciedad, que 
los dos métodos en cuestión son completamente distintos. 

, £1 aparato inyector de Hayem es lo más primitivo, elemen- 
tal é imperfecto que darse pueda; contemplándolo, sólo una 
idea se ocurre, idea que en parte, nos compensa á los médicos 
de aquende, de los desdenes con que i diario nos tratan los de 
allende los Pirineos, y esta idea es la de que también en París 
suelen hacerse las cosas imperfectas y mal. 

No necesitamos describir el aparato.de Hayem, todos lo co- 
nocen: es una bomba aspirante é impelente, esmeradamente 
construida, pero qué en la clinica resulta, d^das las premisas 



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TERAPÉUTICA DEL LAVADO 



15 



:iendñcas que hoy se conocen, no sólo imperfecta é insufi- 
ciente para cumplir las múltiples necesidades de la inyección, 
sino hasta temible y peligrosa. 

El aparato de Hayem, y con él todos los conocidos, tienen 
el defecto capital de no medir la velocidad, ni la presión, ni 
el tiempo, elementos estos esencialisimos para que la inyec- 
ción resulte sin riesgos ni peligros. ¿Qué cantidad se inyecta 
en un momento determinado? ¿Qué velocidad ha de tener la 
corriente? Si las exigencias del caso lo piden, ¿cómo se au- 
menta y disminuye? ¿Cuál es la presión á que se inyecta? ¿Qué 
oscilación sufre la intravascular? ¿Cómo mediremos las dife- 
rencias que en velocidad y cantidad han de tener las inyeccio- 
nes á un adulto de 100 kilos y las que se hagan á un niño de 
siete años? ¿Ha de ir esto á ojo de buen cubero? ¿Se han de 
ñar asuntos tan delicados y esenciales para el éxito de la ope- 
ración al tacto de la mano que comprime la bomba? No, de 
ningún modo; no debe ser esto así, y, hágalo quien lo haga, 
está mal hecho, asi sea el Hombre de Hayem el que vaya al 
pie de tales imperfecciones. 

Según hemos demostrado en otra pane (i), los aparatos 
que usamos llenan, entre otras varias, estas dos esencialisimas 
condiciones: la de asegurar la pureza del líquido, y la de me- 
dir en cada uno de los momentos de la operación la presión 
intravascular y la velocidad de la corriente. 

Tenemos, pues, que así por las bases nosológicas y fisioló- 
gicas, como por los fines y por los medios, resultan completa- 
mente distintos el método de Hayem y el que nosotros pro- 
ponemos. 



(i) Loe. cit., pág. 88. 





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TBUAPÉUTICA DEL LAl^ADO 



El método terapéutico del lavado de la sangre es más 
pleto que el de la simple inyección intravenosa, y apli< 
al cólera ha de tener efectos curativos más seguros y n* 
bles. Sobre e&te punto concreto, sobre la realidad de las di 
renctas que acabamos de sefialgr^ llamamos la atenciÓD de 
corporaciones científicas y del público médico en general, á 
de que constituyan estado tales diferencias y cesen de una 
confusiones injustas* 



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daylord Btüs. 




CAPÍTULO II 



BesTuneii general de la doctrina. — Definición y concepto. — Bases fisio- 
lógicas. — -Aparatos y líquidos. — ^Manual operatorio. — Beglas para 
el lavado. — ^Bases nosológioas. — ^Idem terapéuticas. — Efectos tenK 
péuticos. — Indicaciones y contraindicaciones. 

Bestixnen general de la doctrina.— i.^ El lavado de la san- 
gre es un remedio terapéutico que tiene por objeto hacer pasar 
por el sistema vascular y por los tejidos una corriente de agua 
con el objeto de disolver y llevar al exterior los principios 
tóxicos morbosos que dañan al organismo en algunas enferme- 
dades. 

2'^ Aunque creemos que este remedio terapéutico ha de 
ser eñcaz en muchas enfermedades, en este trabajo sólo lo apli- 
camos al tratamiento del cólera en el período de intoxicación 
confírmada. 

^^ Esta operación del lavado consta de dos actos esencia- 
les: la inyección de agua en las venas, hecha con arreglo á los 
principios científicos averiguados después del 85, y la acción 
de ciertos medios que procuran la inmediata salida del agua 
inyectada. 



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1S 



R£SUHEN GENERAL DE LA DOCTRINA. 



4.* Bases fisiológicas. — Los principios de fisiología experi- 
mental que regulan é informan b inyección intravenosa se de- 
ben á Dastre y Loye, para quienes reclamamos todo el mérito 
de las primicias; nosotros tan sólo hemos completado algunas 
experiencias en animales de grande talla para preparar las apli- 
caciones al hombre. Estos principios de fisiología experimental 
son los siguientes: 

5.* Para que la inyección sea inofensiva es preciso dar á 
la corriente una velocidad determinada en relación con la lalla 
y peso del organismo. 

6/ No hay* propiamente una cantidad tóxica, sino una ve- 
Ipcidad tóxica, que varia según las diferentes circunstancias 
(peso, talla y estado de la circulación). La velocidad inofen- 
siva es, según nuestros cálculos, para el colérico, la de i^^ por 
kilogramo y por minuto. 

7.* El agua inyectada se reparte del siguiente modo: una 
parte sale durante la inyección, y de la restante un 75 por 100 
va á los tejidos y un 25 queda en la sangre. 

El escalofrío que subsigue á la inyección es constante y 
debe tomarse como fenómeno propio de la inyección intra- 
venosa. 

8.^ \ Hay en ^1 organismo un poder regulador de la cantidad 
de liquido en circulación, el cual necesita para obrar una rela- 
tiva integridad de los centros nerviosos y del corazón. 

9.' Este poder regulador determina el paralelismo entre la 
entrada y salida. Si no hay paralelismo, la tensión intravasca- 
lar aumenta y puede irregularizarse el pulso, lo cual es indica- 
tivo de una asistolia inminente. 

10.* Si la inyección traspasa los límites fisiológicos de ve- 



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^af latú Bt«^ 




liSUMCH GEK^EAL D£ LA DOCTKIKA 



19 



loctdatl y tensión, sobrevienen accidentes y hasta !a muerte. 
Estos accidentes son unos naecánicos: aiiíisarcaj asístoliaj exof- 
talmía, derrames serosos; y otros químicos: la disolución de 
los glóbulos. 

II.* La cantidad absoluta de agua que puede inyectarse en 
cada sesión tiene como límite máximo la décima parte del peso 
del organismo. 

12/ Hay que tener en cuenta, para que la inyección resulte 
inofensiva, la velocidad micial y la cantidad absoluta; si se pa- 
san los límites asignados, se correrán todos los peligros de la 
inyección llamada brusca ó forzada* 

13/ Todos estos principios de Fisiología reclaman apara- 
tos que hasta hoy no se han tenido, esto es, inyectores que 
midan la velocidad y que puedan dar exactamente, en cada 
uno de los momentos de b operación, velocidades diferentes* 
14/ Apaiatoi 7 liquido.— Con arreglo á los principios 
fisiológicos expuestos^ hemos ideado unos aparatos inyectores de 
que carecía el arsenal terapéutico. Son de dos sistemas: el ma- 
nométrico ó de aire comprimido, que tiene la grande ventaja 
de obrar como hemodioaniómetroj y el de sifón, que además 
tiene la ventaja práctica de dar la corriente automicicamente. 
Uno y otro reúnen la no despreciable condición de hacer que 
pase el liquido, sin trasvasación alguna, desde el frasco que lo 
recibió directamente de los filtros de Chamberí and, i las venas 
del enfermo* 

15/ Nuestra cánula simplifica también mucho el primer 
tiempo de la operación. El trocar- cánula de Dieulafoye, que 
tatnbién cumple este objeto, es, sin embargo^ peligrosísimo 
desde el momento que la sangre penetra en la cánula al retirar 





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V 



20 RfiSUtCEN GENERAL DE LA DOCTRINA 

el punzón, y vuelve de nuevo, arrastrada por el líquido, al to- 
rrente circulatorio. Las condicionen de la cáqula y el hecho de 
dar una corriente matemáticamente medida, es lo que da ori- 
ginalidad á nuestros aparatos (i). 

1 6.* El líquido más inofensivo y que al propio tiempo ha 
de tener acciones antisépticas no despreciables, es la disolución 
al 6 por 1. 000 de cloruro de sodio, ó solución, dicha fisioló- 
gica. La pureza del líquido es condición esencialísima; la^al ha 
de ser químicamente pura, y la disolución perfectamente asép- 
tica) esterilizada por el calor y filtrada por el filtro Chamber- 
land. La temperatura de 38**. 

17.* ICanoal operatorio.— Las venas preferibles son las de 
mediano calibre de la flexura del brazo; se elegirá un trayecto 
de 2 ó 3 centímetros, recto y sin afluencias colaterales, y con 
uii tortor se procurará que se pongan prominentes. Limpia la 
región con una solución antiséptica se pincha la vena, poniendo 
la cánula en ángulo muy agudo, paralela casi al eje del vaso; 
en caso de estar poco prominente la vena, se hará una incisión 
paralela á su dirección y á un milímetro de su borde, que lle- 
gue hasta la facíes, y descubierto por un lado el vaso, sin ne- 
cesidad de disecarlo, se pincha su pared; la cánula ha de estar 
dando líquido en el momento de la puntura. 

iS.*" £1 otro acto, ó sea el de la salida del líquido inyec- 
tado, se procura sometiendo al enfermo á un baño de vapor, 
para lo cual hay que disponer una cámara apropiada sobre la 
misma cama, á cuya cámara aboca la ducha de la estufa; si esto 

(1) El mecanismo impulsor y la fuerza impulsiva que se empleen no soa 
esenciales. Puede ser la gravedad, el aire comprimido,, el vapor de agua, un 
aparato de relojería, etc. Además de los propuestos, tenemos eu proyecto 
Otros cuyo mecanismo impulsor es diferente. 



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^lofú l\t 



RESUMEN GEKERAL DE LA DOCTRINA 



2t 



no bastara y el esta Jo del corazón lo permitiera, podrá hacerse 
una inyección de pitocarplna. 

19/ Son precisos un ayudante para sostener ta cánula en 
1.^ posición adecuada- otro para el aparato, que vigila al propia 
tiempo la temperatura del agua; otro menos técnico para la 
ducha de vapor, y el operador, que es el que realmente hace el 
lavado, ha de estar atento, reloj en mano, examinando §1 pulso, 
dividiendo la operación en períodos, consultando el gasto real 
del aparato, y dirigiendo, con operaciones numéricas y aplica- 
ción de los principios fisiológicos conocidos^ [a operación* 

20/ Beglas para Ú laTado, — Lo esencial para que el !ava* 
do se realice, es que se constituya corriente en el liquido inyec- 
tado, mediante el necesario paralelismo entre la entrada y la 
salida; cuando son iguales la entrada y la salida, y no hay au* 
mentó de tensión, entonces hay corriente, y no la habrá cuando 
la tensión intravascular aumente. 

21/ La compensación necesaria para que se establezca la 
corriente del lavado, unas veces podrá realizarse en el acio de 
k inyección, otras veces después de ella y del escalofrío que 
la subsigue. Cuando no se establezca la corriente durante el 
tiempo de la inyección imravenosa, habrá qne suspenderla si 
d aumento de tensión intravascular amenaza con las irregula* 
ridades del pulso y la asistolia. 

22/ La operación se ha de dividir necesariamente en pe- 
nodos iguales, para poder establecer comparaciones que han 
de ser fas bases de los juicios directores de !a operación. Al 
principio de cada período, que puede ser de cinco minutos, se 
compararán: i,^, el número de pulsaciones; 2,°, el gasto real 
del aparatOj 3.^, el estado de las secreciones. 



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22 RESUMEN GEKERAL DE LA DOCTRINA 

23/ Hay aumento de tensión, y por lo tanto no hay salida 
de liquido inyectado, cuando el gasto real del aparato dismi- 
nuye y no ha habido ninguna evacuación. Hay corriente, y por 
lo tanto la tensión no aumenta, cuando el gasto real, en los 
períodos consecutivos, es ?gual ó mayor y cuando han habida 
evacuaciones. Entre estos dos signos, el primero es de más 
valía que el segundo, ya que puede haber extravasación de 
liquido (orina, diarrea) iln que se haga visible al exterior. 

24* La inyección puede continuar: i.**, cuando el pulso 
pierde su frecuencia y gana en amplitud; 2.^, cuando los latidos 
del corazón continúan con relativo vigor; 3.*», cuando hay abun- 
dantes evacuaciones; 4.®, cuando la cianosis disminuye y la res- 
piración se mantiene regular; 5.^ cuando el gasto real del apa- 
rato va siendo en cada uno de los períodos consecutivos igual 
ó mayor que el teórico. 

25.* La inyección se hará con velocidad inicial menor ó 
tendrá que suspenderse: i.% cuando el pulso se hace frecuente 
é irregular; 2.**, cuando desfallece la contracción cardíaca; 3.% 
cuando no hay evacuaciones; 4 % cuando vuelve la cianosis ó 
la respiración se acelera; 5.°, cuando el gasto real es notable- 
mente menor que el teórico. 

26.' Es, en fin, un principio general de la operación obte- 
ner el mayor lavado, esto es, la mayor corriente con el menor 
catisancio del corazón. La cafeína y las inhalaciones de oxígeno 
son ayudantes muy útiles para galvanizar ó excitar las fuerzas 
cardíacas necesarias para que el lavado se cumpla. 

27/ Los riesgos ó peligros de la operación no debemos ol- 
vidarlos nunca, y ellos son: i.°, la entrada del aire en las venas» 
lo cual se evita fácilmente con la elección del sitio y el esmero 



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RESUMEN GENERAL DE LA DOCTRINA 2$ 

necesario en la punción de la vena; 2.^ las embolias, lo cual se 
evita con la rigurosa pureza del líquido; y 3.°, la asistolia, la 
cual se evita ajustando la operación á los principios señalados 
sobre la velocidad, cantidad y tiempo de la inyección. 

28.' ÍBases nosológioas. — El cólera es una infección intes- 
tinal con fenómenos generales de intoxicación especíBca, y el 
periodo álgido es producido por el acumulo de acción de la 
substancia tóxica que acarrea una dishemia. 

29/ La dishemia del periodo álgido está constituida: i.% 
por la presencia de las ptomainas ó albúminotoxinas especí- 
ficas; 2.^ por la espesitud debida á la deshidratación; y 3.^, por 
la anhematosis generalizada. 

30."" El colérico muere por intoxicación y se salva por 
reacción. 

31.* La reacción colérica es un fenómeno complejo y ge- 
neral de depuración orgánica. 

' 32.* La presencia de substancias tóxicas en la orina, hecho 
demostrado por Bouchard, es un fenómeno de depuración. 
El sudor de la reacción debe tener también principios tóxicos. 
La plenitud y frecuencia de pulso es un medio indirecto de 
depuración. La fiebre ligera es otro fenómeno de depuración. 
Las evacuaciones biliosas son también depurativas. 

33.* Las teorías patogénicas organopáticas no pueden ex- 
plicar todo el síndrome fenomenal del cólera. Puestas en pa- 
rangón las lesiones intestinales y las hémicas, son más graves 
éstas que aquéllas y dominan la situación clínica desde el ins- 
tante que se inician. 

34.'' Bases terapéntioas.— El cólera es curable aun en el 
período de intoxicación confirmada, y lo cura espontáneamente 



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H 



lESUMEW GBNERAL DE LA DOCTRIHA 



la naturaleza algunas veces. El arte debe inspirarse en los m 
dios que h naturaleza emplea y seguir los caminos que e\ 
sigue. 

35/ *La intoxicación colérica sólo podrá ser curada, á p 
medio de un antídoto que neutralizase á su tiempo los efecti 
del veneno, ó por medio de la eliminación del mismo. 

36/ El antidoto no.se conoce; lo prevé la ciencia como m 
esperanza, del mismo modo que asegura que aun no se tien< 
No queda otro camino que el de la eliminación de la substan 
cia tóxica. 

37." Esta indicación terapéutica fundamental puede cum 
plirlá el lavado de la sangre: i.^, porque realmente es an medie 
de depuración, y 2.% porque pone al organismo en condicionen 
de que se pueda depurar. 

38.* Efectos terapéuticos del lavado.— Corresponden i 
cada uno de los dos actos de que consta el lavado, esto es, i h 
inyección ó entrada del agua y á la eliminación ó salida de la 
misma. 

39/ Corresponden á la inyección: i.*», la fluidificación de la 
sangre; 2.^, la dilución de las substancias tóxicas en una masa 
mayor; 3.®, el aumento de la tensión vascular y de la circula- 
ción del medio interno. 

40." Si la sangre por ser más fluida circula mejor, han de 
aliviarse ó desaparecer muchos fenómenos y síntomas; todos 
los imputables al éxtasis en los capilares, anoxemia, cianosis; 
concentración de pulso, estado de la piel, algidez, afonía, ca- 
lambres, etc., etc. 

41.* Si los principios tóxicos están más diluidos, sus efectos 
han de ser relativamente menores. 




Mftlitf» 



Sytici" 



e. N Y 



RBStFMfiH GBKEtAL DE LA DOCTRmiL 



^S 



42-* La inyección de agua tiene, pues, como efecto inme- 
diato el cortar aquel círculo vicioso que mata al colérico. Es 
un tiempo de espera^ una tregua que pone al organismo en 
mejores condiciones para reaccionar 

43/ Corresponden á la salida del líquido inyectado los 
efectos terapéuticos verdaderamente curativos y eliminadores. 
. 44.* La eliminación del líquido puede hacerse por el tubo 
digestivo (vómitos y diarrea), por el riflón y por la piet prin- 
cipalmente. El baño de vapor asegura cuando menos la diafo- 
resís. 

45.* Si el orgatiismo no responde y no hay salida del agua 
inyectada, la operación queda incompleta, no hay, lavado, y 
falta, por lo tanto, la acción curati%'a principal. 

46/ Los efectos terapéuticos de la inyección son paliativos 
y de tregua^ y los de la salida son definitivos y de curación. 

47.* La eliminación de! agua inyectada puede efectuarse 
dtirante la inyección ó después del escalofrío fisiológico que la 
subsigue; la falta de eliminación durante la operación, ó en las 
aos primeras horas siguientes, puede tomarse como signo pro- 
nóstico contrario al éxito. 

48.' Con los remedios conocidos de la terapéutica, se ha 
de procurar á todo trance la salida del líquido inyectado. 

49.^ Para otros muchos puntos, referentes á todos estos 
particulares terapéuticos, necesitamos de la experiencia clínica. 

JO/ Indicackoaa y oontraljidicacíoneB*— La operación del 
lavado no está indicada hasta que no se constituye el período 
de la intoxicación conSrnaada (i). 



(i) Formulamos así la indicacién, porque «tamos dentro de la primera 
fue experÍDtentsl del lavado. La raxón concibe, sin embargo, que, en este pe- 



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2$ 



R ESFUMEN GEN £1 AL DE LA DOGTKIKA 



51," Una vez en el período álgido, cuanto mis ¡ 
acuda á elk, tnás íntegras estarán las puertas de salid 
yores sersln las probabilidades de éxito. 

52/ Cuanto más nos acerquemos al periodo agónico, 
difícil será obtener la corriente de salida, necesaria para 
nuestro lavado no <]uede reducido á una simple in^^ección 
tra venosa, que, aunque aüvía siempre, es insuficiente para 
terminar la curación, 

55," El lavado redama ó exige una relativa integridad 
los centros nerviosos, presidentes de las secreciones, y 
lativa energía cardíaca, necesaria para que la sangre ciíí 
para que el corazón soporte la sobrecarga del agua my( 
El signo pronóstico mas grave contra el éxito del lavado^ es 
irregularidad y desigualdad del pulso. 

54.* Contraindicación no hay propiamente ninguna, 
vado no puede perjudicar nunca, y por lo tanto, aunque 
mayores ó menores probabilidades de éxito, jamás lo podrt 
ver, en el período ultimo de enfermedad tan mortífera, 
traindicado. No es un medio perturbador, no tiene ningún 
por donde pueda herir, va siempre en busca de lo que la 
turaleza hace, sigue sus propios caminos, la auxilia, la aj 



rfodo ha de h^vber ya ímpregnftcién profunda de los tejidos por el veneno^ tri" 
más pro fu o da cuanto más adelantada eité U inLOKÍcaciún, lo cuñt ha de 
mentar Isii dificultades de la depu radón que pe riegü irnos, 

S¡ demostrásemos que \m deyecciones y vómitoi son fenómeniM elimín ¡^ 
rcs^ hartamos el lav&do con valen tí a duranie el primer período del cókr» i: 
ve^ aprovechandti la corriente de salida de las evacuaciones. La naturatez^^ 
Sabta» pero a! mismo tiempo es ciega; s.\ la deyección es un fenónieiio el. 
taador que salva, es al propio tiempo un fenómeno perjudicial que mata 
el Agua que raba, y dando á la sangre el Agua que pierde, con seguí riamos 1 
dantos con lo bueno y corregir Ío malo, acudiendo al lavado cuando auti 
se hubiese realizado la ímpregnficián. 



•ogleij 



, RKSUMEK GENERAL DE LA DOCTRINA 27 

' r r—r 

alivia siempre, y cuando menos les da una tregua á las fuerzas 
naturales para que puedan obrai;. 



Esta es nuestra doctrina terapéutica del lavado de la san- 
gre. A nosotros nos parece racional y científica, y la llevamos 
d la clínica con mucha fe. Si sus fórmulas no mienten, si sus 
bases no son falsas, si el cálculo no nos engañó, debe encon- 
trar á la cabecera del enfermo comprobación y victorias. Si 
así fuera, y permítansenos estos optimismos en gracia á los 
alientos que necesitamos para arrostrar los trabajos y peligros 
que nos aguardan, si asi fuera, decimos, si en la clínica encon- 
trara nuestra doctrina comprobación y victorias, repártase la 
gloria entre los que verdaderamente la merecen. 

Una parte para Dastre y Loye, que dieron las bases fisio- 
lógicas; otra para Bouchard, que ha demostrado la presencia 
de los tóxicos específicos en la orina de los coléricos; y otra 
para Brieger, que aisló las ptomaínas y nos dijo que eran so- 
lubles. A nosotros sólo nos corresponde el haber hecho la 
síntesis y haberla llevado á la cabecera del enfermo. 

A la clínica vamos en demanda de la contraprueba experi- 
mental que nuestra doctrina necesita. En el hospital de coléri- 
cos lo tenemos todo dispuesto, gracias al apoyo que les hemos 
merecido al dignísimo alcalde de Valencia, Dr. Sanchis Pene- 
giSy y al no menos digno jefe de Sanidad, Dr. Torres Babí. 
Reciban ambos público testimonio de nuestro agradecimiento. 
De los resultados que obtengamos ya daremos cuenta en 
forma y ocasión oportunas. 

« 
« # 



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28 



RESUMEN GENERAL DE LA DOCTRINA 



Así terminábamos nuestro folleto publicado en Septiembrej 
y del cual hemos reproducido, según advertimos en el pró- 
logo^ las precedentes lecciones, porque contienen el resumen di 
nuestra doctrina sobre el lavado de la sangre. 

En la siguiente segunda pane se verán los resultados qa^ 
ha dado en la clínica dicha doctrina. 



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SEGUNDA PARTE PRÁCTICA 



HISTORIAS CLÍNICAS 



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% iiMMunnn iffffffffiffi mn ' n i Hn iii mn i 



1.^ Observación 



(Hoipitai d« 8m Jotft] 



Adulto de 35 años y buena constitución (i). Ingresado en 
la madrugada del lo de Septiembre. Invadido desde la mañana 
anterior^ con evacuaciones abundantísimas. 

Estado aotnal. — Grande postración, cianosis extrema, algi- 
dez de 35° en la axila, despulsado en la radial, pulso regular 
de 130 en la carótida. Inteligencia íntegra, afonía. Habían cesa- 
do las evacuaciones desde las 11 de la mañana. Pronóstico gra- 
vísimo. 

Operación. — Comenzó á la i'io de la tarde. Se graduó el 
aparato manométrico para que diera 70^^ al minuto, pues se 
calculó en 70 kilos el peso del enfermo. 

La operación se hizo, como todas, dividiéndola en períodos 
iguales de 5 minutos y anotando, conforme con los principios 
establecidos para la buena marcha y dirección de la misma, al 
final de cada período: i.*', las pulsaciones; 2,^, las respiraciones; 



(1) Número 103 del registro del hospital de San José. 



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1^ 



HISTORIAS CLÍKlCASr 



5.% el gasta real del aparato; 4.*', los heclios noubtes 
vados. 

Primer período.— Pulso 136, Respiración 30. Gasto JjCff. 

La cianosis comienza i desaparecer (i). 

Segrmclo pfTÍodo,— P. 126, R. 58, G. 340**, 

La cianosis continúa decreciendo y comienza á noiarse 
pulso en la radial. Se inicia la diaforesis. 

Tatcor p€iíodo,^ — P. 116* R. 24. G. 300^*. 

Se percibe bien ta radial y se aclara U vois. Pregumi49 
cómo se encaencra, dice el enfermo que mejor, ContioiU t 
diaforesis. 

Oaarto período,— P* joo* K. 24. G* 300". 

Se acentúa la mejoría de todos los síntomas. Sudor abüíi* 
dantfsimo. 

QuinUi período.— R 90- R. 24. C. 250'"'. 

Continua mejorando el enfermo; el pulso es ancho y fucrtt. 

Sexto período. — P. 96, R, 26. G.3O0'^ 

La voz es completamente normal y h cianosis lia desapa* 
recido del todo; continúa el sudor. El enfermo acusa biencstíEf. 

Séptimo períodot — P» 84. R. 22. G. 300'^ 

Continúa ei bienestar y el sudor. La operación terminó cfl 
este período á los 35 minutos de comenzada, y con resukaáo* 
completamente satisfactorios. Cantidad total de líquido inyc^ 
cado2.i40" (2). 



(1) Nunca jamás olvidaremos este mütnento. Esíábamoi pteoc upados íí 
muy íilencoí a ]^ marclm del aparata, y la jeía de sala» Sor Dülore*, íjue <•' ^ 
taba á los pies de Ja cama presencíandci la operacián, nos dijo: * Miren, mirW 
que color más sano je le va poniendo»; y ac|tielll£L voz de ln hermana, notici*» 
dura del primer efecto favorable de la operación, nos pareció la de un ftíigoi 
Cuino lal, rcEiiba por el éxito de la üperación. Dios se lo pague. 

^3) La lécnica o pera lona fué la que dejamos desctiía en la pág^ 9* 



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HlSTORrAS CLÍNICAS %^ 



Después de la operación» —A h media liora acusó un 
ligero escalofrió y se suspendió A sudor* P. loo. R. 24, T. j6^. m 

Ninguníi evacu;ición. Poción de cafeína á cucharadas. " 

A las 3.~P. no, R, 28. T. 56^, Ninguna evacuación. La 
piel se pone de nuevo sudorosa. El enfermo contÍDÚa bien. 

A las 4.— El mismo estado- f 

A las 5.— P* 120. R. 53. Ninguna evacuación; piel seca; 
alguna inquietud. Inyección de cafeína. 



nuestro ful leí o. La prácrtjoi. sin embargo ^ nos ha aíeccionado sobre algunos 

Se le deben quitar al colérico ]a& ropas interiores, dejándolo compIC' 
i,a,fTienie ulesnudo; tsto es más curioso, más limpio, mas higiénico y muy 
conveniente por muchísimos conceplc». Por el sudor y el vapor de agua con- 
de osa do se mojan las ropíis intfrtores, y, ó hay que cambiadas luego de ter- 
ininada. ]a operación, exponiendo al enícrtino á cnfriamientojc perjudiciales, 6 
dejarla» mnjflda* sobre las carnes» lt> cual aun es peor. Quitándolas se envudre 
después el colénco con bs mantas de lana, cuyo coniacto es de más abrigo 
y mantiene en la siiperlicié de la piel una excitación favorable j queda el cuerpo 
ináa libre pata \a aplicación de tupíeos (sinapiscnos^ fricciones, inyecciones 
hipodcrmicas, etc.), y se reduce grandemente el nQmero de pie^a^ contumaces 
y peligrosas, 

Subre el colchón (que también h*bia de icr de construcción especial) se 
pone una aábann de lela impermeable y en contacto direcio con eDa et cuerpo 
desnudo del colérico Unos aros de hierro, cuyo arco se eleva medjo metro 
sobre el nivel de la cama, circunscriben al ser cubierto* por una grande tela 
impermeable, una cavidad para el vapor de agua que ha de envolver al enfcr* 
mo durante y después de Ja operación^ según los casos; esta cubierta imper^ 
tocable cierra cumpleíaniente la cámara ó cavidad por los lados y por los pies, 
cayendo al nivel del cuello para dejar libre ó fuera de ella la cabeza. 

i^lientras lo^. enfermeros, dirigidos por un practicante, disponen de esta ma- 
nera desiCrita la cama del enfermo, otro ayudante se encarga de poner el frasco 
del agua que se ha de inyectar al baño de María para que tome la temperatura 
adecuada y de arreglar la estufa sistema Waher Lecuyer para que genere vapor. 
Estando codos instriiidos y bien organizado el servictOp apenas duran estas ope- 
raciones má^ allá de I 5 minutos. 

Cuando faltan dos ó tres gruidos para que el agua tome la temperatura de 
38,°, prepara el médico la regkón en que ha díí operar. Nosotros habíamos^ 
creído preferibles las venas de la garganta del p¡e (primeras atluencias á las 
safcrtasj, pero las ani^utosidades de la región que dificultan la punción con la 
einula y la frecuencia con que las hemos encontrado sin circulación» tíos han 
hecho aceptar como más propias las de las extremidades superiores. Entre 
<stas las mejores son las de la ñexura; pero una cosa se ha de tener presente 
y es« que ante la posUñlidad de tener que repetir dos y cuatro, y hasta cinco y 

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34 HISTORIAS clínicas 



A las 6.— P. 130, y pequeño; ninguna evacuación, piel seca, 
cianosis, algidez, empeoramiento general; dos inyecciones de 
éter. 

A las 7. — Estado gravísimo como antes de la primera ope- 
ración. El Rdo. P. Vicente le reza las últimas oraciones. 

Creimos indicada una segunda operación. 

2.* Operación, — Comenzó á las 7*30 con poquísimas espe 
tanzas de éxito en todos los presentes. 



más veces la inyección, conviene comenzar por las más pequeñas del dorso de 
la mano ó del antebrazo, á fín de que quede trayecto sano para las nue\'as r 
ulteriores punturas. 

Claro está que conforme con el calibre de la vena ha de estar la cánuL 
que se use, y cuando fuese la vena tan delgada que ni aun la cánula núme- 
ro I pudiese entrar (lo cual nos ha sucedido en tres ó cuatro casos), habr 
que emplear el procedimiento de aislar y abrir la vena tomándola coa una 
pinzas ñnas y haciendo un corte en forma de pico con las tijeras, para inirr> 
ducir la cánula sin la aguja por el orificio producido. 

El coágulo que se forma en la vena que se ha pinchado es muy grant^r 
llega y hasta rebasa el nivel de las colaterales inmediatas; de ahí que se inu: 
liza la vena pinchada para una segunda punción en un trayecto muy largo, 
por ende la necesidad de comenzar, como decimos, por las más pequeñ^^ 
para dejar campo ó trayectos sanos á las ulteriores operaciones. 

Las precauciones de la antisepsia son de rigor; cánula esterilizada y reg*. 
limpia con la disolución de bicloruro. No hemos tenido que lamentar nin^.i 
accidente de ñemón ni de flebitis; todas absolutamente, todas las heri¿¿> 
más de cuarenta, han cicatrizado por primera intención; sucediéndonos el c^' i 
de la observación 15.^, sefiora, á la cual le hicimos cinco lavados, cuyas hen ' 1 
,han cicatrizado de primera intención, y en cambio aun está martirizada p 1 
los múltiples flemones que se le han fraguado en cada una de las inyecctor 1 
hipodérmicas de éter y cafeína que se le hicieron. 

Un tubo de goma, que obra como tortor en la parte alta de la re^ór. 
lociones con la disolución caliente de bicloruro, procuran que la vena se po:i.| 
todo lo prominente que permite la circulación, siempre deficiente, del c-l 
rico. En los hombres bien constituidos de plano venoso desarrollado y el 
«i se opera en las de la flexura, puede pincharse de un solo golpe la vena < 1 
nuestra cánula, resultando breve y brillante este tiempo de la operación; \ 
•condiciones contrarias se incinde la piel á 2 milímetros del borde de 
vena, hasta la fascia; cortada ésta, la vena se pone mucho más prominen:^ 
por la cara descubierta se la pincha; cuando es muy pequefia y la circuU.: I 
lánguida la mantiene aplastada, hay que disecarla en un pequefto traje:! 
montarla sobre la cánula é incindirla como arriba dejamos dicho. 

Puesta ya la cánula en la vena, con el detalle esencial de introdu< 1 
alando líquido, un ayudante queda encargado de sostenerla en su xK>sic:' 3 



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HISTORIAS CLÍNICAS 35 



Primer período. — P. lao. R. 28. G. jéo'^S 

Ninguna novedad. 

Segundo período. — P¿ 118. R. 26. G. 350". 

Mejora la voz y la cianosis. 

Tercer período.— P. 1 10. R. 24. G. 340'^ 

Continúa la mejoría de todos los síntomas, comienza el 
sudor. 

Ouarto período. — P. 100. R. 24. G. 320". 

Sudor abundante. Voz natural. Desaparece la cianosis y se 
reparte el calor uniformemente. El enfermo acusa bienestar. 

de sujetar la región donde está. Se aplica á la cámara la ducha de vapor y co- 
tniensa el segundo tiempo de Ig operación, la parte esencialisíma del lavado. 
Entrando el agua en las venas en cantidad y velocidad apropiadas, según 
<:álculo hecho de antemano, resta lo más esencial, lo más médico é importante 
<ie la operación, esto es, la dirección de la misma. 

La operación la hace el que la dirige, el que reloj en mano divide el 
tiempo en períodos iguales y consulta, como dejamos dicho, al comenzar cada 
periodo, el número de pulsaciones, el gasto real del aparato, el aspecto del 
«nfermo y el estado de las secreciones ó corrientes de salida. Un peligro hay, 
peligro grave, sobre el cual llamamos la atención con tanta insistencia, como 
descuido y olvido completo de él hemos visto que tienen los autores que tratan 
-de las inyecciones, Hayem sobre lodo. Es la asístolia por exceso de carga, 
muy fácil, muy posible y muy fatal en el corazón siempre desfallecido del co- 
lérico (ya nos ocuparemos más adelante detenidamente de punto tan impor- 
tante); y para prevenir el tal peligro, para evitarlo, no hay otro remedio que 
sigilar con «I mayor esmero y cuidado la marcha de la operación conforme 
«on los principios que sobre este particular hemos razonado en nuestro folleto, 
y que, con satisfacción lo decimos, hemos visto total y plenamente confirmados 
4 la cabecera del enfermo. 

Ya se verá en el curso de las subsiguientes historias clínicas comprobada 
<:on hechos toda la doctrina, cuyo desarrollo no es pertinente á la presente nota. 

Para terminarla, debemos decir que, considerando muy esencial el cono- 
•cimíento de la cantidad de líquidos evacuados durante las veinticuatro horas 
en que se decide la curación del colérico por medio de los fenómenos depura- 
tivos, según la racional hipótesis que informa nuestro tratamiento, medimoa 
previamente la capacidad de los recipientes ó servicios para las cámaras y vó- 
mitos, á fin de tener» una idea bastante aproximada de la cantidad de estas 
materias evacuadas, y conforme estas valuaciones aproximadas está medida la 
-cantidad de dichas materias que figura en las historias clínicas. La orina ha 
sido medida rigurosamente por medio de probeta graduada; el sudor no tiene 
medida ninguna. Sólo los términos poco, mucho, abundantísimo en relacióa 
<pn su duración, pueden dar idea de su cantidad. 



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56 



HISTORIAS CtiNfCAS 



W: 



Quinto periodo. — P. ^6. R. 24. G, 340". 

Continúa el sudor j la mejoría. 

Sexto período.— P. jo. R. 24, G. 5 jo". 

Continúa el sujor. Acusa deseos de orinar; no lo hm 

Terminó h operación á ios 30 minutos con í^udor 
dantisimo, mejoría notable y cantidad total de 2,060^. 

lespuéa d© la eperacióü. — Coniinuó el sudor hasta hszit 
la madrugada. 

Díó á las 3 una evacuación abundante y biliosa en can: 
de 2 litros. 

Orinó á las 4 medio litro de orina^ 9 horas despoís 
segunda operación. Nueva micción á las 6 de Soo% y 
las 9 de 400". 

Se mantu%'0 el pulso i 120 durante las 12 primeras horiíj 
frecuencia que alcanzó en el ligero espeluzno que tuvo mcí 
hora después de la operación. 

E! estado general del enfermo siguió siendo de notabltj 
joría en las 24 horas siguientes á la operación; orinó dos 
más en la cantidad de 1.100, y dió una cámara biliosa de 
Sed poca; sólo ingirió 2,600 en las primeras 24 horas; 30 hot* 
después de operado le recetaba el Dr. Albiol, médico degtwf*, 
dia, ración de sopa y vino; tan satisfactorio era el estado M 
enfermo. A los tres días entraba en la convalecencia. ; 

Cantidad de agua en circulación. — El siguiente cuadro ¿t^ 
níiuestra la cantidad de agua que circuló en las primeras 
horas siguientes á !a operación: 

Agua inyectada. .,,...* 4.200" 
» ingerida 2.600" 

Tú! al Je af^ua ingerida. 6,800^^ 



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HISTORIAS clínicas 37 



AGUA ELIMINADA 

Por cámaras 2.600" 

» diuresis 2.800" 



Total de agua eliminada. 5.400" 
Además, el sudor abundantísimo. 

C¡rci|laron,pues, en este caso clínico sobre 6*5 litros de agua, 
y la corriente principal durante la operación fué la diaforesis; 
<iespués diaforesis, cámaras y poliuria. 

Sefleziones. — Las dos operaciones se hicieron sin acci- 
<lente. El aparato manométrico marchó con arreglo á su teoría. 
El lavado, esto es, la corriente de salida se estableció por dia- 
foresis, que fué general y abundante. El retroceso del enfermo 
■á su primitivo estado después del primer lavado, indica que éste 
no había sido suficiente para determinar la eliminación de toda 
la dosis tóxica; la mejoría definitiva, pronta y rápida después 
de la segunda operación, lo justifica. En las 12 horas siguientes 
al segundo lavado hubo poliuria eliminadora. 

Es notable el hecho de haber llegado á la convalecencia este 
enfermo sin el más leve movimiento febril. 



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38 HSITORIAS CLÍNICAS 



2.^ Observación 

Adulto robusto de 30 años (i). Ingresó el 1 1 de Septiembre 
por la mañana, habiendo sido invadido en la madrugada del tiia 
anterior. Cólera fulminante y asfíiico. El mis cianócíco que hi 
entrado en el hospital, según lescimonio de Sor Dolores, jefe 
de sala, y el P. Viñes. Estaba en el periodo agónico según hice 
constar, y convinieron en ello los Dres. Albíol y Moreno. Dijs 
que se hada la operación sin esperanza alguna de éxito, coa 
simple carácter experimental y sólo por estujiar los efectos íq- 
mediatos de la inyección en aquel gravísimo estado. 

Estido actual. — Cianótico, casi negro y envarado. Deli- 
rante con musitaciones ininteligibles. Sin sentidos ni palabra. 
Completamente afónico, y con la mirada fija, los ojos vidriosos 
y la pupila dilatada. Despulsado en la radial, carótida y femó* 
ral. Respiracióa superficial, irregular y entrecortada. AlgiJei 
extrema. 

Operaolón. — Comenzó á las 2' 15 de k tarde, y se gradué 
la corriente á 80" por minuto. 

Primer período. — P. No pudo apreciarse. R* 40* G. joo". 



(i) Ntlmero 1 1 1 del registro del Uoipital de Sbr Jo«é. 



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HISTORIAS CLÍNICAS J^ 



Ninguna novedad. 

Segimdo período.— P, 140 en U carótida. R. }6, G. 500^*^. 

Se caIhu b agitación y comienza á ptircibirse el cambio de 
olor. 

Tercer período.— P. 130. R. 34. G. 400". 

El enfermo recupera la inteligencia y la palabra con grande 
moción de todos los presentes. Dice que quiere orinar. No lo 
lace. La piel continúa seca, 

Ouarto período. — P. 100. R. 30. G. 340". 

Continúa el mejoramiento rápido de todos los síntomas. El 
:olor casi es normal. En la radial son ya perceptibles los latidos* 

Quinto período. — P. 92. R. 38. G. 300'^ 

Continúa la extraordinaria mejoría. La piel ligeramente 
madorosa. 

Sexto período.— P. 88. R. 28. G. 300". 

Continúa el estado satisfactorio. Es notable la integridad y 
ucidez de su inteligencia; el enfermo conversa muy bien, con- 
ando todos los (letalles de su invasión, familia, domicilio, oñ- 
rio, etc. El P. Viñes pudo confesarle. 

La operación terminó sin accidente á los 30 minutos, con 
ma cantidad total de 2.340^^ 

Después de la operación.— El enfermo quedó en buen esta- 
lo. A los 15 minutos tuvo un ligero escalofrío y comenzó á 
lumentar poco á poco la frecuencia del pulso. Acusó por dos ó 
:res veces deseos de orinar; no lo hizo, y sondado no salió 
Drina. No tuvo ninguna evacuación. No sudó, y su estado se 
fué agravando hasta las 6*30 de la tarde en que murió con 
todos los fenómenos de la agonía del cólera en su forma 
asfítica. 



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40 



HISTORIAS CLÍ SICAS 



Se le dieron inhalíictones de oxígeno é itiyeccioties de éief 
y cafeína. Duélenos, á pesar de escar previsto tan claramcnie ei 
fin funesto, no haberle podido hacer, por no estar presente a 
las 4 de la tarde, otro segundo lavado. 

Oantidad de agua en oironlación. — En este caso no b 
habido circulación de agua; no ha habido lavado. Apenas se puso 
ligeramente madorosa la piel en el 5." período de la operación, 
y después de ella no hubo ninguna evacuación. Queda, pues, 
esta operación reducid^ á una simple inyección intravenosa de 
2.340''^ de agua, que en parte saldría, durante las 4 horas 
que vivió el enfermo, por la vía pulmonar (vapor de agua) j 
en parte por trasudación intestinal, que no llegó á constituL- 
cámara. 

Beflezlones. — Este caso, á pesar del fin funesto, es para U 
operación una relativa victoria. El recuperar la inteligencia el 
enfermo y la gran mejoría que experimentó durante la opera- 
ción, son hechos notables que, sobre estar ya previstos por la 
ciencia, no dejaron de causarnos admiración á todos los pre- 
sentes. 

Comparando este caso con el anterior, resultan las siguien- 
tes diferenciales: i.% la forma asfícica; 2.% el estado agónico; 
3.% la falta de circulación en las venas del pie. 

Por las condiciones que se encontraba el enfermo no hubo 
salida del líquido inyectado; hubo inyección, ma^ no lavado 
(véase proposición 45.', pág. 25). Esto lo veremos repetido er 
todas las observaciones en las que el fin ha sido funesto, y nos 
permitirá sacar al final una indicación pronostica de mucho 
valor práctico. 

Faltaron, por lo adelantado que esuba el ataque, las siner- 



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HISTORIAS clínicas 



41 



gias necesarias para las corrientes eliminadoras (véase propo- 
sición 53/, pág. 26); no habiendo eliminación, no podían 
sobrevenir efectos curativos (véase proposición 43.% pág. 25); 
la mejoría consecutiva á la operación debe atribuirse á la 
dilución del tóxico en el agua de la inyección (véase proposi- 
ción 41.% pág. 24). 



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42 



HISTQRÍAS CUNÍGA3 



3.^ Observación 



CHoipllil de Sm UU) 



Joven de i8 años. Delgado y de constitución linfática (i). 
Ingresó el 12 de Septiembre, habiendo sido invadido en el día 
anterior á las 12'j horas de la madrugada. 

Estado actual. — El enfermo estaba en el período de in- 
toxicación confirmada. Pulso de 140, filiforme y regular. R^- 
piraciones 36. Cianótico, afonía completa, estrabismo, desvia- 
ción conjugada de los ojos, hipo tenaz. Circulación en las venas 
del pie. Un vómito abundante momentos antes de la operación 
Gran dolor en la región lumbar, calambres en la pierna dere- 
cha. Pronóstico gravísimo. 

Operación.— Se hizo á las siete de la tarde del 12^ con et 
estado antes descrito y á razón de 60""^ por minuto. 

Primer período.— P. 130. R. 30. G. 300". 

Gran sudación. El sudor que se desliza por la frente se 
colecciona en la concha del pabellón auricular formando un. 
balsa. 

Segundo período. — P. 120. R. 28. G. 300". 



(i) Número Ii6 del registro diario. 



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HISTOSUS CLÍNICAS 



45 



Continúa el sudor. 

Tercer peiíodo.— P. 112, R. 24- G, 300", 

Continúa el sudor abundantísimo. El enfermo dice que esiá 
muy bienj y añade: «antes no me oía y ahora me oigo». 

Otiarto período. — P, 100. R. 24* G, 300^* 

Continúa el sudor y la mejoría- 
Quinto período. — P. 90. R. 24, G. 5 00*** 

Coatí núa el sudor y la mejoría. Acusa un poco de cefalal- 
gia y tiene tendencia al sueño. 

Serto período,—?, 80, R. 20. G. 3 00". 

Continúa el sudor y la mejoría de los síntomas coléricos. 
El sueño se hace soporoso. 

La operación terminó i los 50 minutos con 1*800". El en- 
fermo quedó tranquilo y muy bien. 

DespuéB de la operaoloE.— No tuvo escalofrío. Cuatro 
evacuaciones medianas (2 litros) y tres vómitos regulares 
(800"^^) durante las tres primeras horas. El hipo continuó 
hasta la mañana siguiente, calmándose á largos intervalos con 
perlas de éter. El pulso osciló entre las 90 y iio, mantenién- 
dose en esta frecuencia durante codo el día 13. Orinó á las 6 
de la mañana de este día, ti horas después de la operación y 
en cantidad de loo^^ A las ocho nueva micción de.300". 

Durante el día 14 decreció la frecuencia del pulso de un 
modo paulatino. Dió tres evacuaciones regulares y biliosas 
(j litro) hasta las 10 de la noche; durante estas primeras 24 
horas tuvo mucha sed y bebió 6 litros de líquido^ entrando en 
convalecencia 48 horas después de la operación. 

Cantidad de agua en cifoulación.— En las primeras 24 
horas circularon: ^i 




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44 



HISTORIAS cUíílCAS 

Agua inyeciada * . . 1.800" 

w íngerya.. 6.000" 

Total de agua ingerida, 7,800" 

AGUA ELIMINADA 

Por cámaras, .,,..... j,oqo<^ 

» vómito. 800" 

n^ diuresis.. ...,*-*, 400*^" 



Tútal de a^ua eliminada. 4*200* 



5obr« 



AJemáSj el sudor abuñdandsínio. Circularon, pues, 
unos 7^5 litros de agua en Las 24 horas de la curadótii y bi 
corrientes de salida fueron ^ durante la operación, sudar y éfík» 
pues las cámaras y poliuria. 

ReflexioieB,— Lo nouble de este caso fué la prondtttd t 
intensidad con que se estableció la diaforesis. 

El gasto real del aparato, manteniéndose igual en todos Idl 
períodos, nos indicó que había ecuación entre la entrada J 
la salida, esto es^ que había corriente. La corriente se estable* 
ció por diaforesis. 

El dolor lumbar desapareció con la primera emisión 4« 
orina* Los síntomas graves que nos hicieron sospechar xnú le* 
sultado fueron los nerviosos, de estrabismo, raquialgia é \á^ 

Suspendimos la operación por el sueño soporoso, qoe nos^ 
hizo temer un determinisnio congestivo del cerebro ó ed«i^ 
cerebral 



HISTORUS clínicas 



45 



A.^ Observación 



(En l« CapiUI) 



Adulto de 33 años. Bien constituido, enjuto de carnes y de 
temperamento nervioso. Operado el 14 de Septiembre, é inva- 
dido desde las últimas horas de ia noche anterior. Cólera ful- 
minante y asfítico según diagnóstico del médico de cabecera 
Dr. D. Valero Sanz. 

Estado aotnal.— Cianosis extrema, que, combinada con el 
color de la tez, daba el color prototipo del tifus azul. Calambres 
en el pecho y en las piernas desde las primeras cámaras. 
Evacuaciones escasas y pocos vómitos. Pulso filiforme de 160. 
Respiraciones 50. Afonía. Poca algidez; manos frías y lengua 
fresca. Inteligencia íntegra. Circulación en las venas del pie. 
Pronóstico gravísimo. 

Operación.— Comenzó á las 12*40 con una velocidad de 70". 

Primer período. — P. 140. R. 40. G. 400". 

Comienza á disminuir la cianosis y se calman los calambres. 

Segundo período.— P. 120. R. 40. G. 375". 

Se aclara la voz, y el enfermo, que nota el cambio, se ale- 
gra y se sonríe. Bienestar. 

Tercer período.— P. no. R, 36. G. 375". 



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HtSTOftlAS clínicas 



Continúa el bienestar j renace el color normaL 

Cuarto período. — P. lOO, R, 30. G. 350*^. 

Continúa el bienestar* Acusa deseos de orinar, lo ititeii 
y lio lo consigue. No hay ni sudor ni evacuación. El eníemn 
conversa alegremente, 

Qmnto período, — P. 90. R. 26. G. 350^^ 

Ninguna novedad. No hay evacuaciones ní sudor. 

Sexto periodo.— P. 120. R. 32. G. 150". 

El pulso se jrregulariza. No hay sudor ni evacuaciÓD. E 
enfermo se trastorna. Sacamos en el acto la cánula y temiiDÓ 
la operación á ¡a 1*10 con la agravación relativa del enfcrtno 
y un gasto real de 2.ooo'^ 

Después de la operación. — Inmediatamente tuvo un ^m- 
to acuoso escaso, pero tan repentino, que no dándonos tiempo 
á apartarnos nos salpicó á algunos de los presentes. GranJc 
inquietud, estado nauseoso. La cianosis, que había desaparead: 
del todo, retorna. Pulso irregular y á 140; respiración agioii 
y latidos del corazón débiles. Sudor frío en la frente. 

Esta agravación repentina la relacionamos con un esu^-. 
de asistolia. Temimos un desenlace funesto. Inyección de ¿1 
feina y poción estimulante difusiva. 

Media hora después continuaba el mismo estado alarmar: 
agravado por un escalofrío intenso. Delirio. La piel stu 
ninguna evacuación. Repetimos la inyección de cafeína, y ^v 
camos un enema concentrado de hojas de sen j sulfato 
sosa. 

A las 2 de la tarde dtó una grande evacua^ción de i j 
y se calmó la inquietud. Había cesado el escalofrió y el fé 
continuaba á 140, pero regular. . 



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HISTORIAS CLÍNICAS 47 



A las 3 comenzó el sudor. (La estufa no dejó de funcionar 
desde la operación). El enfermo mejora visiblemente. 

A las 4 sudor abundantísimo. Inteligencia despejada. Pulsó 
á 130 y regular. Color normal. Calor uniforme. Lengua calien- 
te. Continúan los excitantes cardíacos y la poción estimulante 
difusiva. 

El sudor abundantísimo y caliente continuó hasta las 3 de 
la madrugada. El enfermo tenía mucha sed y le dimos cuanta 
agua de Seltz y de café quiso beber. Ingirió sobre unos 7 litros 
en las 24 horas. 

A las 4 de la madrugada, 15 horas después de la operación, 
dio la primera emisión de orina abundante (joo*''). En las 6 ho- 
ras siguientes segregó sobre 4 litros de orina y dio 2 evacua- 
ciones biliosas medianas (i.ooo*'). 

Análisis de la orina.— Densidad normal; color claro, reac- 
:¡ón muy acida; muchos cloruros, poca albúmina, vestigios de 
3;lucosa y algún glóbulo rojo deformado. 

Inyectada en el mismo día á 3 conejillos (inyección peri- 
oneal) por el ¡lustrado bacteriólogo, Rdo. P. Vicent de S. J., en 
a cantidad de 10, 8 y 6" respectivamente, les ocasionó la muerte 
las 12, 16 y 20 horas, con fenómenos de algidez, de colapso 
' diarrea. La autopsia no demostró peritonitis, y el análisis 
licrográfico de la sangre no evidenció ninguna bactcrídea. 
Cultivada en el agar-agar resultó estéril. 
El enfermo continuó mejorando rápidamente. La frecuen- 
ta del pulso descendió de un modo paulatino y uniforme, y á 
;s 76 horas de la operación ya tuvimos el gusto de ver pu- 
icado en la prensa el espontáneo y para nosotros muy es- 
¡nable agradecimiento del enfermo. 



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4» 



HTSTOIUS CLÍNICAS 



Cantidad de agua m ciroulación.— Durante h operK 
no hubo corriente de salida, y de ahí la asistalia con sas iá 
signosj disminución notable del gasto real y aumento de i 
frecuencia del pulso; pero las corrientes eliminadoras se e$tt 
blecieron afortunadamente después del escalofrío, con Ii a 
mará de 1.500" que provocamos con el enema, y conrinuaroí 
por sudor y orina, como lo demuestra el siguiente cuadro: 

Agua inyectada 2.000^* 

» ingerida eH bebida 7.000" 

Total de agua ingerida. 9.000" 



AGUA ELIMINADA 



Por cámaras 2.500" 

» diuresis 4.500" 

Total de agua eliminada. 7.000"" 

Además, el sudor abundante. Circularon, pues, durante h 
24 horas siguientes á la operación sobre unos 9 litros de agu 

Befiezioiies. — En la marcha de esta operación hay una ei 
señanza de primer orden, comprobación de lo que tenemí 
dicho en nuestro folleto sobre la posible asistolia como peligí 
de las inyecciones intravenosas. 

La frecuencia del pulso fué disminuyendo hasta el quin 
periodo, pero no hubo salida del liquido inyectado; no se esi 
bleció paralelismo entre la entrada y salida, y, aumentando 
tensión intravascular, el gasto real del aparato que venia i 
minuyendo desde el tercer periodo, bajó en el sexto á la cÜ 
de 150^^ solamente. Con esto coincidió la frecuencia del pul^ 



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HISTORIAS CLÍNICAS 



49 



te de 90 subió de repente i 120, desenvolviéndose todo el 
adro grave de una asistoHa repentina. 

La situación fué comprometida, y la manera como fué ven- 
la, da una comprobación plena á nuestras ideas. 

No sudando el enfermo, 00 pudiendo nosotros acudir á 
ro remedio de acción más pronta (ia estufa no consiguió ha- 
de sudar, y la pilocarptna la vimos contraindicada por la 
regularidad del pulso)j administramos el purgante que, con k 
racuación abundante, descargando el sistema vascular, venció 
accidente cardiaco. Lo sucedido en este caso clínico nos de* 
uestra que las corrientes eliminadoras pueden acaecer después 
el escalofrío y realizarse el lavado después de terminada la 
peracíón. 



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HISTORIAS CLÍNICAS 



3.^ Observación 



Cen lA Capltil} 



Viejo de 64 años- lavadido en la madrugada del ij ct 
Septiembre y operado i las 2 de la tarde del mismo día. Us> 
tesis forüticulosa. Catarro gastrointestinal crónico^ bronqt^C 
cróriica y cardiopatia ligera consecutiva. Más viejo por !: 
achaques que por la edad. 

Estado actual. — Álgido. Pulso filiforme, irregular y í: 
igual. Afónico y cianótico. Inteligencia, aunque integra, pci 
zosa. Desfallecimiento físico y moral. Período de intoxicac 
de un ataque de cólera mortal j según juicio del médico de -i 
becera Dr. Donday. 

Fué presenciada la operación por los Dres. Magraner}*li 
chóu, como académicas de la comisión díctaminadora. N-l 
pareció el caso inoperable por lo adelantado del ataque, po: 1 
pésimas condiciones individuales y por la desigualdad del pLl 
indicante del colapso cardíaco. 

Puesto durante 15 minutos el tonor en el brazo, ti 
guno de los presentes pudo distinguir ni siquiera el irxyt: 
azulado de las venas de la flexura, y desistimos de hacer 



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HISTORIAS CUNICAS 5I 



operación en estas venas. En la pierna apenas se notaba el tra- 
yecto de la safena externa, la cual, incindida, nos apareció com- 
pletamente exangüe. Dijimos entonces á los señores de la comi- 
sión: «Esta operación ni puede ni debe hacerse»; á lo que nos 
contestó el Dr. Magraner: »Bien, pero ¿y cómo queda la fami- 
lia de desconsolada?» Por esta consideración social, más bien 
que científica, operamos. 

Operación. — Comenzó á las 2 y pusimos la cánula en la 
/ena, según el procedimiento de Hayem. La velocidad inicial 
le la corriente fué de 35". 

Primer período. — P. 104. R. 36. G. 300". 
Ninguna novedad. 

Segundo período. — P. 96. R. 30. G. 250", 
Disminuye la cianosis y comienza á aclararse la voz. Sale 
I pulso. Ni suda ni evacúa el enfermo. 
Tercer período. — ^P. 96. R. 30. G. 250*^. 
La voz más intensa; la cianosis muy disminuida. £1 enfer- 
o acusa bienestar. 
Ouarto período.— P. 92. R. 26. G. 225". 
Continúa la mejoría. El calor se reparte, disminuyendo la 
y'idez. Piel seca. 
Quinto período.— P. 88. R. 26. G. 225^^ 
Continúa la mejoría y la piel se pone ligeramente mado- 
»a. El enfermo dice: «Me encuentro como no me lo espe- 
ía». 

Sexto período. — ^P. 100. R. 30. G. 100". 
Se nota alguna inquietud, particularmente en la respiración, 
^ se hace más frecuente por momentos. 
Terminó la operación en este período, en vista de la fre- 



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5^ 



HÍSTOIUAS CI.h$tQl3 



caencía del pulso y el oouble descenso del gai 
rato. Cantidad total 1.350^'', 

Cantidad de agua en circtilaoi&n. — En es 
como eo la 2.* observación, no ha habido circí 
Faé- escasísimo el sudor; de modo que los 1.3; 
yectada no tuvieron salida» 

Después de la operacián.— El facultativo Si 
hijo del eaíermo, entusiasmado por el éxito inini 
ración, nos felicitó, concibiendo grandes esper 
y por estar además presentes los señores de b 
Academia, hubimos de razonar algunos juicios p 
la operación y sus resultados. Dijimos que concc 
mas esperanzas, porque no se había establecido 
lida, ni por sudor, ni por orina, ni por evacuacic 
depresumir, habiendo encontrado exangüe la s 
sin circulación las venas de ia flexura, indicante: 
del estado de colapso cardiaco. Dijimos tambiéi 
esperarse, 3'a que no por indicio racional, por 
que se estableciera la diaforesis después del e; 
nos habla ocurrido en el tercero de los o per 
eliminación no venía, no resultaría lavado, qti 
caso la operación reducida i una simple inyecci 
con todos los efectos paliativos y de mejoraniic 
bían observado, pero transitorios y fugaces; que 
que había disminuido el gasto del líquido y ha 
la frecuencia del pulso, merecían pronóstico mi 
para el éxito de la operación. 

La estufa continuó funcionando toda la tard 
al enfermo inyecciones de cafeína y éter, y po 



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HISTORIAS CLÍNICAS ^3 



terior. No hubo ninguna evacuaciánj y no empleamos la pílo- 
rpina, por las pocas garantías que nos ofrecía el aparato cir- 
latorio. 

En Jas dos primeras horas siguientes á la operación, se man- 
vo el pulso bastante regular y salido y con frecuencia de lOOi 

calor á 37". Poco á poco fué decayendo el estado general 
ú enfermo, hasta las 6*30 de la tarde en que murió* 

Reflexlonefl.'-Este caso clínico confirma y demuestra, que 
ñ una cierta relativa integridad del aparato circulatorio no 
lede haber curación, porque no puede haber lavado. Se obtiene 

efecto paliativo que á la inyección corresponde, mas falta el 
ecto curativo que la eliminación determina (véanse las pro- 
3siciones 41.* y 43.% pág. 24 y siguientes). 

Cuando no ayudan las fuerzas cardiacas, se limita oecesa- 
anaeme la cantidad de la inyección por el peligro de la asis- 
)lia por una parte, y por ocra^ falta la actividad circulatoria 
ecesaria para que las glándulas funcionen; esto aparte de que 
siando la intoxicación tan adelantada (período agótiko) faltan i 

is sinergias orgánicas y nerviosas que han de presidir el com* 
le jo proceso depurativo y eliminador (véanse las proposi- 
lones4S/y 53.^. 

El mal resultado estaba previsto desde que vimos la sa- 
ena externa completamente exangüe y encontramos el pulso 
rregular y desigual. Hicimos la operación por consideraciones 
ocíales y para que los señores de la comisión de la Academia 

¡eran los efectos inmediatos de la inyección^ la técnica ope- 
atoria y la manera de funcionar los aparatos. 



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54 



HISTOKUS CUMICAS 



6.^ Observaeiór 

(En la Oif llal] 



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Distinguida y bonísima señora de 4S año 
clcnque, débil y de gastada naturaleza por nu 
Invadida en la mañana del 28 de Septiembre 
madrugada del siguiente día. 

Estado aotttal* — Fué el ataque de cólera 
mantúvose durante el día 28 en una cierta cali 
tres ó cuatro evacuaciones y un par de vót 
cargar después, de manera fulminante, toda 
brevisimas horas. 

Cuando vimos á la enferma llamados en 
sobre las 9 de la noche, era tal su estado, que 
los Dres. Cantó, presidente y miembro de la 
minadora del Instituto, y Antón, médico de ca 
rarla; pues habiendo pasado dos horas sin eva 
y estando repartido el calor y bastante apn 
de no, y considerando que aquello fuese el | 
reacción franca, adoptamos la conducta de esp 
operaciónj en esta primera fase experimental, s 
al periodo álgido de int03w.icación confirmada. 

Estaba la enferma en una quinta de su j 




titilof^ ^^^•^ 



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K.V 



HISTORIAS CLÍHICAS 



55 



afueras de Valencia^ y por si las distancias podían hacernos per- 
der el momento oportuno, acordamos quedarnos todos aquella 
noche vigilando á la ení^rma. Una hora escasamente había 
franscurrido cuando la volvimos á ver; había tenido un vómito 
y dado una evacuación mediana^ y el estado general de la en- 
ferma cambió, por desgracia» en tan breve tiempo, de una ma- 
nera completa y casi increíble* EL pulso pequeño^ contraído, 
filiforme y con frecuencia de 130. La respiración agitadaj am- 
plia, pero superficial y de 44; comenzaba la algldez en las ma- 
nos^ nariz, lengua y en la cara; desazón, inquietud, afonía y 
cianosis. Nos decidimos á operar; pero, respetando los cristia- 
nos deseos de k pobre enferma, hubimos de esperar, per- 
diendo minutos preciosos, más de 2 horas, 

Operaclóa. — Comenzó A las 5 de la madrugada del 29 con 
una velocidad inicial de la corriente de 30" y grande anhela- 
ción en la enferma (50 respiraciones suspirosas al minuto). 
Primer período.— P. 130, R. 44, G* 200'^ 
Rebaja la cianosis y la afonía. 
Segimdo período.— P. 120. R. 40. G. 200"< 
Se dilata el pulso en la radial y la enferma dice notarse 
muy aliviada. 

Tercer pflríodo.—P. 11 o. R. 36* G. i8o^\ 
Continúa mejorando el pulso, la respiración, la afonía y la 
cianosis. La enferma nos da, de un modo muy bondadoso y 
expresivo, las gracias por el bienestar que siente. La piel se 
jone ligeramente madorosa. 

OuskitQ período.—?, loo, R, 30. G. 150^. 
Continúa el bienestar y el mejoramiento de todos los sín- 
onias, pero no hay corriente de salida. 



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KISTORtAS CUMICaS 



II 



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Quinto período. ^ — P. 90. R* 30. G. 150", 

Continúa el bienestar; la eoferma se felicita pe 
k voz más clara y respira mejor. No hay ev 
sudor. 

BéTto período. — P. 100, R, 54. G, 70^*. 

Continúa ei mismo estado; pero en vistn de 
¿uencia de pulso y el notable descenso del gast< 
rato manomécrico, suspendimos la operación e 
con una cantidad total de 950^". 

Después de la operacióa,— La enferma quet 
tuvimos el gusto de recibir de ella misma y de 
sentes felicitaciones por el éxito obtenido; empen 
estando del todo satisfechos por la poca toleran^ 
circulatorio, la escasa cantidad de líquido inyec 
de corriente de salida, habimos de decir que ínt 
ran la reacción y la diaforesis tras del escatofrí* 
i la inyección, no debían íundarse esperanzas de é 

Diciendo esto, y la enferma acusando c¡ prir 
El escalofrío fué intenso, violento, con casrañet( 
carne de gallina y temblor general; mas la estui 
y algunas cucharadas de poción difusiva lo vencie 
la enferma después de él tranquila y notablemí 

A !as 5 de la mañana, hora en que la dejan 
pulsaciones regulares y bastante manifiestas en 
respiraciones; temperatura normal; lengua calien 
una evacuación (500''); tenía la piel sudorosa, 
orinado. Quedaron á su cuidado los Dres. Cant< 

A k r de la tarde del mismo día volvimos 
seguido bien hasta las 1 1 de la matlana, en cuya 








HISTORIAS CLÍNICAS 57 



^ndiciones del pulso regular desenvuelto y de lOO en la ra- 
ía!^ la respiración tranquila, el calor uniforme, la piel sudorosa 
el relativo bienestar de la enferma, concibió el Dr. Antón, 
^gún nos dijo, grandes esperanzas de resultado feliz. Mas á 
irtir de esta hora, inicióse un estado nauseoso y de inquietud; 
t concentró el pulso; fué en crescendo la frecuencia respírato- 
la y trastornándose todo el estado general de tal manera, que 
1 examinarla nosotros á la i de la tarde la encontramos en un 
stado verdaderamente desesperado y alarmante^ Grande fre- 
uencia de pulso filiforme de 140; respiraciones 50, superficia- 
es y suspirosas; desazón, inquietud, algidez, cianosis. Vimos 
ndicada una 2.* operación, y como de igual manera pensaran 
luestros compañeros, la practicamos. 

Segunda operaolón.— Comenzó á la i' 10 de la tarde con 
la misma velocidad de la corriente que en la anterior. 

Primer período. — P. 130. R. 46. G. 270". 

Desaparece la cianosis, y la inquietud calma visiblemente. 

Segundo período. — P. 126. R. 40. G. 240". 

Continúa el alivio de todos los síntomas, y la enferma, con 
respiraciones más amplias- y profundas, nos dice satisfecha: 
«Moliner, aliviándome tanto la operación, por qué ha tardado 
tanto á repetirla». 

Tercer período.— P. 118. R. 36. G. 240". 

Continúa el bienestar. No hay evacuaciones. La enferma 
repite la frase anterior, asegurando que la operación es lo 
único que la alivia. 

Cuarto período. — P. 1 10. R. 32. G. 240"^. 

No hay ninguna evacuación; la piel ni siquiera se pone 
madorosa. 



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58 



HISTORUS CLÍNICAS 



Quinto período. — P. lOO. R. 28. G. 170". Ninguna nove 

Sexto período. — P. i20. R. 39. G. 100". 

Continúan cerradas todas las puertas de eUminación. 
enferma acusa sensación de frió, y la inyección se suspt: 
en este periodo con un gasto total de 1.250"^. 

Después de la operaci6xL — Esta segunda vez, tras del t 
lofrioy no vino la calma ni reacción ninguna. Continuó la 
cuencia de pulso, que fué aumentando y contrayéndose hi 
hacerse imperceptible en la radial; las manos se enfiriaron y 
la axila aumentó la temperatura á sS'j*». Nació el delirio, y 1 
los fenómenos de concentración de pulso (colapso cardiaco 
ataxia nerviosa, sobrevino la muerte á las 11*15 de la noi 
del mismo día. 

Sefleziones.— La depauperada naturaleza de la enfer 
habia de ser vencida, no ya por un ataque fulminante de cóh: 
sino hasta por una simple erisipela. El temperamento nervii 
hizo violento el escalofrío; y, la poca tolerancia del apar 
circulatorio, debida á la debilidad cardíaca, limitó la cantic 
de liquido hasta el punto de no haber podido llegar á i ü 
en la primera inyección, y sólo á 1.260 en la segunda. 

No hubo corriente de salida, y por lo tanto, en éste coi 
en el anterior caso clínico, no hubo lavado. Puso el arte 
medios que estaban en su mano; mas la naturaleza no resp< 
dio con las corrientes de salida. Aunque se intentó el lavaí 
sólo se consiguió la inyección intravenosa, con sus constanl 
y transitorios efectos paliativos. 




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HtSTORIAS CUtfiCAS 



59 



1.^ Observación 



rHoipIttl rii Sar Ja«i) 



Adulto de 36 años (i). Ingresado la noche del 27 de 
Septiembre, y operado en la madrugada del 28. Buenas con- 
diciones orgánicas. 

Estado aotual. — Este enfermo nos engañó; dijonos estar 
invadido desde el día anterior (27) por la mañana. Contestaba 
cuerdamente á las preguntas, si bien con alguna vivacidad en 
la palabra, y con mirada recelosa, que atribuimos á la mala im- 
presión y desconfianza que le produjera el local. 

Habia alguna discordancia entre los varios síntomas. A juz- 
gar por el pulso de 100 pulsaciones medianamente perceptibles 
en la radial, la poca algidez 56*8'* en la axila y la poca afonía, 
parecía estar al principio del periodo álgido; pero no se avenían 
realmente con este estado, ni la frecuencia respiratoria de 44, 
ni la cianosis rojiza á placas y punteada cual si hubiese pequeñas 
hemorragias dérmicas, que es la que se presenta en los colapsos 
consecutivos á reacciones abortadas (2). 

(i) Número 158 del registro clínico. 

(2) Hemos observado en los coléricos dos variedades de cianosis que im* 
plicao gravedad distinta, y que merecen por lo tanto pronóstico diferente. 
Una es, la cianosis francamente azulada por simple éxtasis venoso, perceptible 



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6o HISTORIAS clínicas 



Al operarle, aun creímos que era este lavado el que hacía- 
mos en mejores condiciones; pero en el mismo día supimos, por 
los antecedentes que nos suministraron los señores médicos de 
la posta que lo habían visitado, que este enfermo fué invadido 
en la mañana del 26, que estuvo álgido en la mañana del 27, 
y que al agravarse nuevamente en la tarde del mismo día, 
fué cuando ingresó en el hospital. De modo, que lo que creímos 
nosotros principio de la algidez, era fin de una reacción abor- 
tada consecutiva á una algidez grave tenida 26 horas antes de 
ser operado. 

Operación.— Comenzó á las 5 de la mañana del 28 con 
una corriente de 60" al minuto. 

Primer período. — P. 110. R. 44. G. 200*"^ 

Rebaja la cianosis y se aclara la voz. 

Segundo período. — P. 100. R. 40. G. 200". 

Continúa la mejoría de la cianosis y de la voz. Comienza 
el sudor. 

Tercer período.— P. 96. R. 36. G. 180". 

Continúa el sudor. 

(harto período.-— P. 96. R. 32. G. i8o*'S 

Sudor abundantísimo, bienestar. 

Qninto período. — P. 90. R. 30. G. 200^^ 

Continúa el sudor abundante. 



en las uñas, manos, labios, párpados, etc.,, de color obscuro y que deja la 
restante extensión de la piel de color normal; esta variedad se presenta en el 
periodo álgido durante las primeras horas. La otra variedad es de un color 
rojizo, presenta un aspecto punteado cual si fuera producida por pequefias he- 
morragias capilares; se difunde por toda la superficie del cuerpo, se hace más 
ó perceptible en la frente, piel del pecho y cara interna de los brazos, y es de 
pronóstico mucho más grave, porque se presenta en los colapsos consecutivos 
á reacciones abortadas. 



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HISTORIAS clínicas ¿I 



Sexto período.— P, 84. R, 28, G. 200^\ 

Continua el sudor; una evacuación biliosa. Acusa deseos de 
orinar. No lo hace* 

Séptimo período. — P. 84. R. 28. G. 200". 

Continúa el sudor. Se despeja completamente la inteligen- 
cia y renace en el enfermo la tranquilidad y la confianza. 

La operación terminó en este período por haberse acabado 
el liquido, con un gasto total de 1.360'% y un esudo muy sa- 
tisfactorio en el enfermo. 

Después de la operaolóxL — A las 6 continuaba el bienestar 
y el sudor. Pulso 100, y respiraciones 30. No orinó. 

A las 7 una evacuación y se suprime el sudor. Inyecciones 
de cafeína, y otra vez la acción de la estufa, que había sido 
suspendida media hora antes. 

Continúa el enfermo en un estado relativamente satisfac- 
torio, sin orinar ni evacuar basta las 12. 

A la I de la tarde reaparece la disnea de 40, y un ligero 
delirio. Enemas de almizcle y asafétida; inyecciones de cafeína; 
da otra evacuación biliosa, y se calma la agitación nerviosa y 
el delirio. 

A las 2 delirio alto, respiración agitadísima é irregular de 
SO al minuto. Pulso 140. Extremidades frías, y 38" en la axila. 
Salto de tendones. Cianosis rojiza. 

A las 4 continúa la agravación de los síntomas, y se decide 
una nueva operación. El estado del enfermo es gravísimo y 
.tKirmantei la respiración irregular, y con pausas tan largas, que 
parecen las últimas de la agonía. Ataxia confirmada. Inhala- 
ciones de oxígeno é inyecciones de éter mientras se preparaba 
el agua para el lavado. 



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^% HÍSTORIAS CLIÍÍÍCAS 



Segiada operación*— Comienza á las 5, en las mismas con- 
didones de velocidad que en la anterior. 

Primer período.— P. 140. R. 50. G. IJO". • 

Ninguna novedad. 

SegTiDdo período. — P. 150. R. 40. G. 200^*^. 

Rebaja la cianosis y se calma la agitación* 

Tercer período.— P. 120. R. 40* G. 250'^ 

Se calma el delirio* El enfermo contesta i las preguntas y 
dice que se encuentra bien. 

Outrto período. — P. 108. R. 52. G. 250". 

Una evacuación biKosa. Indica deseos de orinar. No lo 
hace. Sudor. 

Quinto período. — P. 100. R. 28. G. 250". 

Es notable, por lo tranquilo, el estado del enfermo. El calor 
casi normal. Se aprecia muy distinto un punteado rojizo en la 
frente y. brazos. 

Sexto período.— P. 96. R. 28. G. 300*=^ 

Continúa el sudor y la calma de todos los síntomas. 

La operación terminó en este periodo con un gasto total 
de 1.400". El enfermo quedó soñoliento. 

Dospnés de la operación. — ^A los 20 minutos tuvo un 
ligero escalofrío que trastornó la respiración y el pulso. Inyec- 
ciones de cafeína y perlas de éter le devolvieron la calma, y 
quedó el enfermo relativamente bien, sin delirio, pulso 120, 
respiraciones 36, temperatura 38", y dormitando á largos in- 
tervalos durante la noche. 

En la madrugada siguiente volvió á agravarse, acentúan- 
dose los fenómenos atixicos con delirio alto, salto de tendones, 
grande inquietud, respiración irregular y disneica, pulso de 



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HISTORIAS CliKfCAS 



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140, cemperatura de 39°, lengua seca y alguna convulsión 
clónica, murió á Us 11 de la mañana, 

Eeflfrionei»— Este caso clínico no es propiamente un co- 
léfícOj es un a nú rico. Las varias evacuaciones biliosas nos de- 
muestran que el hígado funcionaba, y que debemos descanar 
30r lo tanto la anhcmatosis hepática. La temperatura de 58** y 
f^** nos indica que el primer período de la intoxicación espe- 
cifica (algidez), había ya pasado. Para la reacción tífica pro- 
liamente dicha, faltó mayor hipercermia y síntomas tíficos. 

El cuadro sindrómico corresponde a la uremia; el enfermo 
o orinó, y esta anhematosis renal fué la cansa de su muerte. 

El lavado tuvo efectos paliativos innegables las dos veces; la 
arríente se estableció por diaforesis. 

Este caso debe descontarse de la estadística como colérico* 

Sentimos no haber podido repetir los lavados con mis 
ecuencia. 



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64 



HISTORIAS clínicas 



8.^ Observación 

(Hospital de San Jote) 

Joven de 24 años (i). Ingresada en la tarde del 29 de Sep- 
tiembre, é invadida el día anterior. Transeúnte y pordiosera, 
llevaba la infeliz un mes de camino viniendo á pie desde Ma- 
drid, cuando fué aucada en Torrente (á 2 leguas de Valencia), 
de cuyo punto la trajeron al hospital completamente álgida. 
Manchas sifilíticas en la cara, las huellas de haber parido en el 
vientre, y la demacración de las carnes acusaban miserias, pe- 
cados y desdichas en aquella pobre mujer, no del todo despo- 
seída de gracias naturales. 

Estado actual.— Jamás hemos tocado un cuerpo más ál- 
gido; ni en la axila ni en las ingles pudo llegar el termómetro 
á 34^. Circulación detenida en las venas del pie, y de la me- 
diana basílica salía la sangre babeando. Despulsada, cianótica y 
afónica en grado máximo. Inteligencia algo entorpecida; con- 
testa á las preguntas con lentitud. Mirada fija y pupila inmen- 
samente dilatada. 

En las 3 horas que llevaba en el hospital, no había dado 
ninguna evacuación. 

Pronóstico gravísimo, desesperado. 

(1) Número i6x del registro. 



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HISTORIAS CLÍNICAS 65 



Operadón.— Se la operó á las 9 de la noche del día de su 
ingreso, con una velocidad de 50", y con poquísimas esperan- 
zas de éxito. 

Primer período.— P. No pudo apreciarse. R. 50. G. 300". 

Ninguna novedad. 

Segando período.^?. 140 en la carótida. R. 40. G. 300". 

Renace la voz y se mejora la cianosis. 

Tercer período. — P. 120. R. 36. G. 250". 

La enferma acusa bienestar, se inicia el sudor y sale el pulso 
en la radial. 

Cuarto período. — ^P. 110. R. 30. G. 250". 

La enferma está más despejada, el calor sube á 36®. Los 
labios toman color normal. 

Quinto período.— P. 100. R. 30. G. 260". 

Continúa el bienestar. £1 sudor no aumenta. No hay nin- 
guna evacuación. La enferma dice sentirse mejor. 

Sexto período.— P. 96. R. 28. G. 260". 

Ninguna novedad, continúa el sudor mediano. 

Séptámo período.— P. no. R. 36. G. I40*^ 
Termina la operación en vista de la frecuencia del pulso y 
de la disminución del gasto real del líquido. Gasto total 1.760", 
Después de la operaci6n. — La enferma quedó tranquila con 
la inteligencia despejada, y temperatura de 37**. Dio una eva- 
:uación muy líquida, ni especíñca ni biliosa. Dijo que había 
crinado, pero no pudo recogerse la orina. 

Continuó bien las 4 primeras horas, hasta que á la madru- 
j[ada se concentró el pulso y bajó la temperatura á 36^ La 
estufa y dos inyecciones de cafeína y éter corrigieron el peque-; 
io colapso. 



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H1ST0RU5 CÜHÍCAS 



Cuando la vimos á las 7 de la mañana siguie 
piró su estado satisfactorias esperanzas. Pulso p 
bastante apreciable en la radial de iiO; respiracio 
peramra 36^ Inteligencia despejada. Había evacúa 
materia semilíquida y biliosa. 

A las 1 1 volvimos á verla y tenía las manos 
axila 40'*; subdeltrio, pulso i}o; respiraciones 4c 
lieote, temblorosa y seca; mirada fija y facies e; 
reacción tífica había surgido rápidamente. 

Dispusimos otro lavado, pero no pudo hacei 

agua que había disponible se inutilizó. Mándame 

por ella; no había preparada, y cuando la trajeror 

tardcj estaba ya la pobre enferma agonizando coi 

de una reacción tífica fulminante. Murió á las 3' 

Befleiion&B.— En una infeliz pordiosera y ti 

tiene el ataque en despoblado, y que sin remedio 

álgida ya en el hospital, el tubo digestivo, aparte 

neral deteriorado» debía de estar en las peores ce 

siquiera la antisepsia que se alcanza con los rem 

neralmente se dan al principio del ataque, cuanc 

no tiene la desgracia de ser invadido en las agn 

clones de abandono y miseria en que esta desgi 

Por eso la reacción tífica fué tan violenta. Nosí 

descuidamos este punto, porque dominando tos si 

rales de algidez y colapso, atendimos principaln 

administramos pociones estimulantes, pero ningt 

El primer lavado venció la intoxicación espi 

enferma se nos murió por la iatoxicación tíficí 

contra la cual nada pudimos hacer, ni en el seni 





S, V 



HISTORIAS CLÍmCAS 



«T 



nirla con la antisepsia intestinal , ni en el sentido de combatirk 
con otro lavado por no tener liquido para ello. 

Duélenos todo; duélenos no haber podido salvar una vida 
que ya casi creímos salvada á las 7 de la mañana, vida tanto 
mis digna de nuestras atenciones^ cuanto mis desdi cliada^ pero 
especialmente sentimos no haber podido valorar la acción del 
lavado en este caso concreto de reaccíóa tífica naciente. 



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HlSTOttlAS ClÍtnCAS> 



9.^ Otaservaeión 



(H«iplUI 4* 8tn Joié} 



Joven de i2 años (i). Procedente del hospital civil, en 
donde ingresó el 28 de Septiembre con una grave herida con- 
tusa en el pie derecho. Invadido en la madrugada del 50, cou 
síntomas de cólera grave, é ingresado el mismo día en S- José, 

Estado aotnalt — Cianosis, temperatura 37^ en la axila, 
manos frías, pulso 160 filiforme y apenas perceptible et\ U 
radial; respiraciones 36. Inteligencia íntegra, pero la visióo 
anublada. Afonía; no acusa molestia ni dolor en la parte herídx 
Una evacuación típica y abundantísima momentos antes de stt 
examinado. Pronóstico gravísimo. 

Operación.— Comentó d las lo'so de la mañana del 30, y 
con una velocidad de 60". Se empleó el aparato de sifóa- 

Primer período.— P. 144. R. 34. G. 350'^ 

Sudor. El enfermo dice sentirse mejor. Disminuye la afonía, 
pulso más perceptible en la radial. 

Segundo período.— P. 144. R. 28. G. 350". 

Continúa el sudor copiosísimo; limpiada la frente, una her* 
mana de la caridad se encarga de recoger en un tubo de ensa;^o 

(1) Numero 163 del registro. 



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HISTORIAS CLÍNICAS 69 



el sudor. El enfermo dice con alegría: «Antes no ine vela, y 
ahora ya veo las camas y le veo á usted». 
Tercer período.— P. 130. R. 30. G. 300". 
Continúa el sudor abundante; en la probeta hay ya 10 gra- 
mos de sudor. El enfermo se encuentra bien. 
Ouarto período.— P. 120. R. 28. G. 200". 
Continúa el sudor abundante y el bienestar del enfermo; la 
cianosis ha desaparecido del todo. Se suspende la operación en 
este periodo, porque ha aparecido una partícula en el liquido 
del frasco y algunas impurezas. Gasto total 1.200". 

Después de la operación.— No tuvo escalofrío y continuó 
bien hasta la i de la tarde, en que se suprimió el sudor y co- 
menzó á agitarse la respiración. 

A las 2. — Pulso 140; respiraciones 40; temperatura 36^ In- 
yecciones de cafeína y éter. 

A las 3. — ^Pulso 1 30; respiraciones 36; temperatura 36*5**. El 
enfermo acusa dolor en el pecho. 
A las 4. — El mismo estado. 

A las 5. — Aumenta la algidez, la cianosis y la disnea. 
A las 6. — Se agrava, presentando disnea de 44 respiracio- 
nes superficiales y suspirosas; pulso imperceptible de 130; 
temperatura 36^. Se decide una segunda operación. 

Segunda operación.— Comienza á las 7*22, con la misma 
corriente que en la anterior. 

Primer período. — P. 120. R. 30. G. 500^^ 

Ninguna novedad. 

Segundo período. — P. 96. R. 30. G. 400". 

Pulso más amplio. 

Tercer período. — P. 96. R. 28. G. 300". 



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70 



mSTORIAS CLfmC\S 



Empte:£a la djaíofesls. Evacuacióa diarreica al: 

Otiarío periodo.— P, 96. R. 28. G, 400*^, 

Sigue el sydor^ voz muy clara^ cara sonriente 
cuación diarreíca abundantísima. 

Quinto periodo, — P. 100. R, 24. G, fioo^*. 

llosiro placentero y dice el enfermo: oSí no 
por esto, yo ya estaría alli». 

La operación terminó á los 25 minutos con u 
de 2.200^^ 

Después d@ la operaoljn.— El enfermo qaedó 
mos ver lo que había evacuado; enorme cantidad í 
morenuzco inundaba materialmente la cama, reva! 
vicio y cayendo en el suelo; recogimos varias caí 
su análisis (1,500"), 

El enfermo no tuvo escalofrío; pasó tranqi 
primeras horas con 2 vómitos fáciles y medianos 
evacuaciones diarreicas escasas de un líquido igual 
eo el momento de la operación (i.ooo"), Conti 
toda la noche, consiguiendo un sueño tranquilo en 
horas del día i.^ de Octubre. Había bebido 2,500' 

A las to de la mañana de este día i.^: pulso 
dones 28. Estaba tranquilo, con temperatura 36*7 
mos de orina en el servicio, segregada toda de ur 
de la mañana. 

A las 12. — Pulso 124; respiraciones 2S; tempeí 
orinado 2 veces más (i.ooo^^)* acusa un poco de 

A las 5 de la tarde* — Pulso 120; respiraciones 
tura jy*'; ha orinado 2 v^cts más (Soo"); la pi 
aparecido. No ha dado ninguna evacuación. 1 




HISTORIAS CLÍNICAS 7 1 



ha continuado; ha ingerido en bebida cerca de 5 litros de 
líquido. 

Día 2. — Ha orinado 3 veces más durante la noche (1.200'^ y 
ha dado 2 evacuaciones fétidas, biliosas y abundantes (1.500^^). 
Temperatura 37**; pulso 100. Estado general satisfactorio. Se le 
prescribe dieta animal y leche aguada. 

Día 3. — A las 6 de la mañana temperatura 39**; pulso 120; 
respiraciones 26. Ha orinado 3 veces durante la noche y dado 
2 cámaras biliosas. En el pie traumatizado se inicia una erisi- 
pela flemonosa que explica la reacción febril. El enfermo no 
ofrece ningún síntoma de tifismo. Dieta vegetal, limonadas é 
irrigación continua con agua boricada en el pie herido. 

A las 12. — El mismo estado general y más acentuado el es- 
tado local. 

A las 10 de la noche. — El mismo estado general. Se ex- 
tiende el equimosis hasta la rodilla y aumenta la tumefacción 
en el pie. 

Día 4. — Dos evacuaciones biliosas, 3 micciones abundantísi- 
mas. Pulso 130; respiraciones 28; temperatura 29'5*'. Conti- 
núan las irrigaciones y la dieta vegetal. 

Día 5. — Una evacuación trabada y fecaloide, 3 micciones. 
Se le considera completamente curado del cólera; temperatura 
38® pulso loo; respiraciones 24; cura de Lister y dieta animal. 
Día 6. — Pulso 120; respiraciones 32; temperatura 39*». Se 
agrava el estado local. Al levantar el aposito aparecen grandes 
placas gangrenosas, supuraciones extensas y profundas, y grande 
tumefacción, que impide el reconocimiento del esqueleto. Se 
celebra consulta para decidir sobre la amputación del pie, y se 
desiste de ella porque el médico de sala del hospital civil dice 



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72 



HISTORIAS CUNICAS 



que no hay fractura de los huesos, y las buenas cq 
gánicas dd herido hacen esperar una eliniinacíór 
partes niortificadas. Se separan las piltrafas, se lim 
y se cura con antisepsia. 

El día 7, en que cerramos esta historia ch'nka, 
fermo bastante grave del traumatismo^ pero co 
curado del ataque colérico, como se habrá visto. 

Análisis del Sudor fecDgido durante el segnn 
Transparentej incoloro, muy ácido. Por el ácid< 
cristalizaciones de albuminoídes especificoSj de do 
diada y prismática, perfectamente apreciables al 

Inyectado en el peritoneo á un conejillo eo e 
del ilustrado P, Vicent, y en la cantidad de 5% raí 
jillo á las 16 horas, con diarrea abundantísima, al 
tación de la pupila. 

Análisis del líquido díarreico. —Reconocido c 
tas al siguiente día, 12 íioras después de recogido 
capas, una superior de iS centímetros de altura, 1 
ligeramente amarillenta, y un depósito escasísimo 
medio centímetro, formado por sulfuro de bismuto 

Recogida por decantación la parte transparentí 
albúmina, abundante en cloruros, neutra y de oloi 
No dio cultivo de vírgulas, ni pudieron apreciars 
minada directamente aí microscopio. Inyectado ei 
de 5^" á un conejillo, no dio accidente alguno. 

Cantidad de líquido es circulación.— Desde h 
ración que se hizo el 30 á las 6 de la tarde, hast 
evacuación biliosa^ median jé horas, durante las 
laron las siguientes cantidades de agua: 





i «4> Uiid S^M- 




HISTORIAS clínicas 73 



Agua inyectada 3.400 

» ingerida en bebida 7'500 

Total de agua ingerida. 10.900 



ce 



AGUA ELIMINADA 

En cámaras 4.000" 

» vómitos 500" 

» orina 3.400*=*" 

Total de agua eliminada. 7.900" 

Además, el sudor abundantísimo. Circularon, pues, sobre 
10 litros de agua durante las primeras horas de la reacción. 

Befleziones.— Es este uno de los casos tipos de curación 
del cólera por el lavado. En las dos inyecciones se estableció 
la corriente; en la primera por diaforesis y en la segunda por 
diarrea. Es notable en esta segunda la fidelidad con que el apa- 
rato de sifón acusó con el aumento del gasto después del tercer 
periodo, subiendo de 300" á 400 y 600" la disminución de la 
presión intra vascular, ocasionada por las abundantísimas eva- 
cuaciones. 

La intensa reacción inflamatoria franca en los primeros 
días de la convalecencia del cólera, y la resistencia que ofreció 
el organispio de este enfermo á los desastres del pie traumati- 
zado, indican que los lavados no alteran la crasis sanguínea, ni 
debilitan las fuerzas orgánicas. 



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74 



HISTORIAS CÜKÍCA» 



10." Observación 



(NaipLUI de Stn la*é) 



Adulto de 36 años, y dernacnido (i). Ingresó 
tubre. y fué operado el 4» i las 9 de la mañana. 

Estado actual,^ Había sido invadido en Ja m 
3 con abundantes evacuaciones que cedieron po 
que se reprodujeron en li madrugada del 4. A las 
fiana ofrecía: pulso de rjo, pequeño y contraído; ¡ 
36; temperatura 36^ en la axila. Cianosis, afonía, ii 
la ¡nteligeocia, hipo, y un vómito seroso median 
antes de la operación. 

Operacíén* — Comentó á !as 9 con una velocUa 
Primer período. — P. 130* R, 36. G, 150^^ 
Ninguna novedad. 

Segundo período,^ — P, 120. R. 32. G. 200". 
Se aclara la voz; ninguna evacuación. 
Tercer período. — P. loO. R. 28. G. 150", 
Mejora la voz y la cianosis. Ninguna evacuado 
Cuarto períodí>* — P. i 00. R. 28. G. ijo*^ 
Ninguna novedad. 



(1) X limero i6Ü dtl registro din ico. 



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HISTORIAS CLÍNICAS 75 



Quinto período.— P. 13a. R. 36. G. 50*=^ 

Ninguna evacuación. Se acentúa la cianosis. Inquietud. 

La operación terminó en este período por presentarse la 
asistolia con todos sus signos (disminución del gasto real^ fre- 
cuencia del pulso y aumento de la cianosis). El gasto total fué 
de 700^. 

SespnÓB de la operaoión.— Un violento escalofrío aumentó 
la gravedad de los accidentes que en el último, tiempo de la 
operación se habían presentado. Más cianosis, desigualdad en el 
pulso» y respiración anhelosa y disneica; colocaron al enfermo 
dorante 15 minutos en grave riesgo déla vida. Inyecciones de 
éter y de cafeína, inhalaciones de oxigeno y la vesicación rá- 
pida en la región precordial con el amoníaco, pudieron vencer 
la gravedad de la situación y colocar al enfermo en un estado 
relativamente tranquilo. 

Estaba el pulso á 110, la respiración á 30, la piel ligera- 
mente madorosa, y envuelto el enfermo con el baño de vapor 
cuando salimos del hospiul á las 11 de la mañana. 

íbamos á sentarnos á la mesa, á la i de la tarde, cuando 
recibimos parte telefónico de que el enfermo se había agravado; 
corrimos enseguida al hospital, y cuando llegamos había ya fa- 
llecido. £1 síndrome que presentó en la última hora de su vida 
correspondía exactamente al de una asistolia intensísima y 
mortal. 

Autopsia. — Las circunsuncías especiales de este caso clínico 
la hacían imprescindible. El examen de la cavidad del pecho era 
el más interesante, y por éste comenzamos. 

Al levantar la tabla esternal, hubimos de desgarrar grandes 
y extensas adherencias pleurales, y los pulmones aparecieron 



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76 



HlSTORfAS CLJKfCAS 



materialmente acribillados íle tubérculos y de caví 
lóbulo superior del pulmón izquierdo y superior 
derecho, ofrecían las miültíples y graves lesiones d 
losis pulmonar en el tercer período; allá donde se I 
rezumaba pus y aparecían cavidadeSj muchas de i 
como una nuez. 

Los bordes anteriores de los pulmones esta 
separados; el pericardio distendido mucho más c¡ 
de esperar en un coléri¿t>; a la si m pie inspección, 
legirse la causa de su distensión; era un gran derratí 
transparente, ligeramente citrino, sin albúmina y 
de unos 500 gramos. En la superficie de k ser 
lesión ninguna y en el corazón tampoco; sólo 
derecho nos pareció algo dilatado. 

Eeflezioiies* — A muchas se presta este caso cl 
marca y fija contraindicaciones que han de tem 
cuenta; él solo también nos demuestra que toda f 
poca tratándose de inyecciones intravasciilares, qui 
mente gravitan sobre e! corazón; él solo corroboi 
tra doctrina de la posibilidad de la nsistolia y los 
reconocerla, y nos dice cuan suelta va por dentro 
vascular el agua que se inyecta, ya que tan proi 
primera cavidad virtual que encuemraj al refluir ¡ 
un obstáculo. 

Inyectamos el agua por la vena mediana cefál 
derecho, subió hasta la subclavia, torció en buscí 
cayó en la aurícula derecha, pasó al ventrículoj de 
teria pulmonar; mas cuando había de atravesar 
pulmonares^ encontró las extensas y numerosas c 




HISTORIAS CLÍNIC4& 77 



qae le impidieron el paso. Por obstáculo á su curso en la xed 
pulmonar, refluye, remansa y aumenta la tensión en esta arte- 
ria y por ende en el ventrículo derecho, y por ende en la aurí- 
cula, y por ende en las venas coronarias, y aquí encuentra la 
cavidad virtual y en ella cae y se colecciona. Esta es la génesis 
de una hidropesía determinada por la inyección, y que nos avisa 
para que en lo sucesivo no se intenten inyecciones sin auscul- 
tar el pecho y persuadirnos de que no ha de ofrecer el paren- 
quima pulmonar serios obstáculos al agua que inyectamos. 

Por lo demacrado y decaído que el enfermo estaba y la 
pequenez del pulso, graduamos la velocidad de la corriente á la 
mitad de lo que le correspondía, según el peso y talla del en- 
fermo. Le calculamos un peso de 6o kilos y graduamos la 
velocidad á 30^; el aparato nos fué fiel, indicándonos con el 
gran descenso del gasto que dio en el úhimo período, la into- 
lerancia del corazón para mayor peso, y atentos nosotros á estas 
indicaciones, dejamos de inyectar al instante, con lo cual resukó 
la inyección más cona de todas las que hemos hecho. No nos 
cabe duda de que este enfermo se nos hubiera muerto entre 
las manos si hubiéramos insistido en la inyección. A Hayem 
se le murió una mujer en estas condiciones: ¿seria por la 
asistolia? 

Dedúzcase de este hecho la importancia que tienen para 
evitar los peligros de la asistoUa los aparatos que midiendo la 
velocidad de la corriente, indican en cada uno de los momentos 
de la inyección la presión intravascular, y siendo de fuerza 
constante y graduada, evitan los efectos inmediatos de la in- 
yección brusca y forzada. 

Las lesiones orgánicas del corazón y de los pulmones son» 



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78 



HISTORIAS CLftnCAS 



según su grado, contraindicaciones absolutas ó r< 
inyección intravenosa* 

En lo sucesivo, pücs, habremos de auscultar y 
reconocer el estado de los pulmones y del cora 
sean de extensas y graves las lesiones que, biea ( 
ó bien en los pulmones descubramos, desistir ei 
la inyección intravenosa ó graduarla de modo qu 
una velocidad, fracción de la que corresponde en 
nes ordinarias* 




^.\. 



HISTORIAS C1ÍKICA4 



79 



11.^ Observación 

(Hospital tfo San Jote) 

Adulto de 28 años (i). Robusto y bien constituido, fué in- 
vadido el 6 de Octubre por la noche é ingresó en el hospital 
el 7 por la mañana. 

Estado actual. — A las 10 de la noche, inonientos antes de 
ser operado, ofrecía el enfermo los siguientes síntomas: pulso 
130, contraído y pequeño; respiraciones 30; temperatura en la 
axila 35'8*'. Cianosis, afonía, malestar, ojos hundidos y un poco 
de cefalalgia. Desde las 5 de la tarde que no había tenido nin- 
guna evacuación, ni por cámaras ni por vómitos. 

Operación. — Se efectuó á las io'30 de la noche con una 
velocidad inicial de 60^^ al minuto y usando el aparato de sifón. 

Primer período.— -P. 130. R. 32. G. 300". 

Ninguna novedad. 

Segundo período.— -P. 120. R. 28. G. 300**. 

Se insinúa la diaforesis, se aclara la voz notablemente y 
mejora la cianosis. 

Tercer período.— P. 116. R. 28. G. 250". 



(i) Numero 175 del registro. 



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So 



HISTORIAS CLÍNICAS 



Continúa el mejoramiento de los síntomaSj pero k diafore- 
sls no aumenta; sólo está la piel ligeramente madorosa. 

Ottftrto período, — P. i tO, R. 26, G, 260^^ 

Ninguna novedad. Acusa el enfermo dolor en la región 
lumbar. 

Qidnto período. — P. 100. R. 24. G. 2J0''^. 

Existe el dolor lumbar; á pesar de él, se encuentra el en* 
fermo bíenj según dice. La cianosis ha desaparecido del todo. 
La voz es perfectamente normal. 

Sexto p6ríodo.^P. iio. R. 2S, G. 200^'', 

Continúa bien el enfermo, pero en visca de que no ha ha- 
bido corriente de salida y la frecuencia del pulso ha au menudo 
y el gasto real del aparato ha dísminuídoj se suspendió la ope- 
ración en este período con un gasto total de 1.560"^. 

Después de la operación, — A los 10 minutos tuvo el enfer- 
mo un violento escalofrío con castañeteo de dientes, carne de 
galtina y temblores que se comunicaban á la cama; cefalalgia 
intensa, pulso 120; respiraciones 30; cianosis, inquietud y ma- 
lestar. 

Dos inyecciones de éter, fricciones^ baño de vapor, poción 
estimulante. A los 15 minutos, en un momento de augustja ex* 
trema, tuvo un vómito abundantísimo de un líquido claro, casi 
iransparenre, ácido, y en la cantidad de unos 1,000". A partir 
de este momento se calmaron todos los síntomas, ba)ó el pulso 
á 100, quedó la calorificación á 37^, desapareció la cefalalgia 
y la inquietud, quedando el enfermo tranquilo y dormitando 
durante 2 horas, a 

A las 2 de la madrugada, unas 3 horas después de la ope- 
ración, dio la primera emisión de orina en cantidad de unos 100 



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HISTOtUS clínicas 8 1 



gramos. Tenía bastante sed, por lo demás esuba bien; le pres- 
cribimos infusión de café poco concentrada y fresca en abun- 
dancia. A las 6 de la mañana, otra emisión de orina mis abun- 
dante que la anterior (250^*=). A las 8 una evacuación biliosa 
abundante (1.500''*'). 

A las 12 de la mañana tenia 90 pulsaciones; 24 respiracio- 
nes; temperatura 37^ y sensación de bienestar. El mismo en- 
fermo se dio como curado; su estado era verdaderamente mu}^ 
satisfactorio. 

Orinó por la tarde 2 veces más; dio por la noche otra cá- 
mara biliosa, durmió tranquilo, y al siguiente día 9 de Octubre, 
36 horas después de la operación, estaba en pleno período de 
una convalecencia rápida y feliz. 

Beflexiones. — Es este enfermo el primero que ha orinado 
á la cuaru hora después déla operación; es en el que más pronto 
y fácilmente se ha vencido la anuria. Pero lo verdaderamente 
interesante en este caso clínico, es el accidente que se presentó 
inmediato á la operación; la causa de este accidenta, y el modo 
como quedó conjurado, todo lo cual confirma nuestra doctrina 
sobre la asistolia dependiente de la operación y la manera de 
vencerla. 

Es idéntico este caso al de la observación 4." No hubo co- 
rriente de ' salida durante la inyección, se acumuló el líquido, 
aumentó la frecuencia de pulso en el 6.° período, al mismo 
tiempo que disminuyó notablemente el gasto real del aparato. 
El violento escalofrío y agravación del estado general que 
vinieron después, fué consecuencia del aumento de presión 
según creemos. Lo tenemos observado; siempre y cuando hay 
abundante corriente de salida, el escalofrío ó no existe, ó queda 



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Hz 



HJSTDIIIAS CUKICAS 



reducido á cosa niüy leve; pero cuando la corriei 
acúoaulo de líquido^ como de manera notable si 
caso y en los de las observaciones 4/ y 6.% e 
violento. El modo de terminar el estado grave 
vómito abundantísimo (cornéate de salida)^ vien 
nuestra manera de ver. 

El caso en cuestión es nno de los más brillar 
la curación obren id a por modo tan rápido y con 
tan corta y tan feliz. En el dia de hoy 10 de Octt 
enfermo á ración y se ha levantado un rato. 

No creemos que esta curación tan rápida, sin 
depuración perfectísima, sea debida iinícamei 
medio de agua que inyectamos, no. El líquido d 
fué devuelto casi en su totalidad con el vómito, 
algo de veneno^ precisamente aquel algo que n 
algidez, en la frecuencia de pulso^ en la anuria, 
de muerte al organismo; y una vez eliminado 
pudo la naturaleza continuar la obra comenzad- 
en nn lavado natural que tiene como medios la 
absorción gástrica píira la entrada, y la poliuria 
La orden que dimos para que se le permitiers 
infusión de café pidiera^ inspirada en nuestra doctr 
sumioistró al organismo el agua necesaria para e 
lavado espontáneo ó natural. 







HISTORIAS clínicas 



S| 



12.^ Observación 



(Hospital da San José) 



Joven, de 20 años, alto, robusto y bien constituido (i). In- 
gresó á las 3 de la tarde del día 9 de Octubre, en un estado 
verdaderamente gravísimo y alarmante; tan grave fué condu- 
cido al Hospital, que su pobre madre al preguntar por él, media 
hora después de ingresado, suponiéndolo muerto, recibió con 
sorpresa y alegría la noticia de que aun vivía. 

Estado aotnal. — Había sido invadido en la tnadrugada del 
día anterior, 8, y llevaba 36 horas de ataque agudísimo de có- 
lera cuando mgresó en el hospital. En las primeras 12 horas 
fueron abundantísimas las cámaras y los vómitos, y quedó ál- 
gido muy pronto en la tarde del mismo día en que fué inva- 
dido, 24 horas antes de nuestra primera observación. 

Algidez extrema" de 34° en la axila; sudor frío en la frente, 
facciones contraídas, cianosis plomiza y acentuadísima en los 
párpados y labios; miradas inquietas y penetrantes de ojos ro- 
jizos y vidriosos, que daban, combinadas con los tintes cianóti- 
eos y la contracción de las facciones, por cierto muy correctas, 
un aspecto extraño y particular á su semblante. Aun tenía inte- 



(i) Kümero 178 del registro. 



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84 



HISTORIAS ciiincás 




Hgencia y contestaba cuerdamente á las preguntan 
nica y algo temblorosa; pero de tal modo meí 
contestaciones dóciles y cuerdas» palabras malsc 
jecciones de desesperación y de rabia, ayes de dol 
lambres y lamentos por la creencia de la proximi 
que fácilmence se deducía de aquella verdadera 
estado de excitacióti de sus facultades rayana en 

La radial daba 150 pulsaciones débiles, des 
imperceptibles; la respiración 60 movimientos i 
cortos cada minuto* Por la gravedad extraordina 
lomas respiratorios y del pulso» porque los latidc 
apenas se oían, sonando con ritmo desigual, dud 
rarle, juzgando fuera de tiempo y de eficacia la op 
saltamos con los Dres. Sanchis y Navarro ni 
en consulta breve y concretaj y nada resolvíam 
vino á dar su opinión persona extraña á la ciencia 
no al arte del pronóstico aprendido en larga y v¡ 
periencia. La jefe de sala, Sor Dolores, ángel de 
aquellas mansiones de tas tristezas y de la peste 
á la cual nunca pagaremos ni el apoyo moral qu< 
con su tácita y cariñosa aquiescencia, ni los e 
cuidados con que ha contribuido al éxito de las 
di joños: (f^Y qué pierden con operarle? Más malo 
lo que está no puede ponerse; es joven y todo 
der». El P. Viñas añadió: (cal menos se calmará < 
tan grande». Al instante nos resolvimos, y min 
a las 4 de la tarde en punio^ comenzó la operac 

Operación. — Empleamos el aparato de sifón 
la corriente á -¡o"^" por minuto* 






HISTORIAS CLÍNICAS 85 



Primer período.— P, 150, R. 50» G. 370^"=. 

Ninguna novedad en el pulso; se calma un poco la excita* 
ción; se inicia el sudor. 

Segundo período.— P. 120. R. 56, G, 36o*^S 

Continiía el sudor y son notables las modificaciones sobre- 
venidas en la amplitud y fuerza del pulso. 

Tercer período.— P, 108* R. ^32. G. 360"^. 

Continúa el bienestar, pero se suprime el sudor- 

Otiarto período. — P. 140. R. 36. G. 360'". 

El pulso se pierde por momentos. Aumenta la cianosis; con- 
centración; escalofrío. Se suspende en el acto^ i las 4'20, la 
inyección con un gasto real de i.200'''\ 

Deepttéa ¿a la operación.— EL escalofrío y la concentración 
fueron lomando cuerpo durante 20 minutos, colocando al eo- 
iermo en situación apuradísima. Se trastornaron las facultades 
intelectuales^ llegó d estar completamente despulsado en U 
radial. Era evidente la asistolia. Inyecciones de éter y de ca- 
lcina, inhalaciones de oxígeno, fricciones de mostaza, sorbos 
de cognac, y á las 5 un vómito abundantísimo (1.500"), claro 
y bilioso (i)s puso fin al accidentej renaciendo el pulso y que- 
dando más calmado y tranquilo el enfermo. 

A ¡as 5'jo continuaba la tranquilidad; la inteligencia des- 
pejada- pero el pulso pequeño y depresible era de 150 y las res- 
piraciones de 36. La temperatura de 36^ Ninguna evacuación 
ni sudor. 

A las 6 el mismo estado. Ninguna evacuación. 

A las é'50 el pulso era pequeño y casi inapreciable en la 



(i) Uno íle los analizados por el Dr. Peset (véase más adelante). 



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u 



HISTOHfAS CLÍNICAS 



radial; la temperatura la misma; las respiración 
ideación un poco trastornada. 

A las 7 se acentúa el delirio y queda el enfei 
mente despulsado en la radía!; en la carótida se 
1 60 pulsaciones, otra vez irregulares como antes d 

Estaba indicada una segunda operación, que 
el Dr. Sanchis, de guardia en aquella hora. 

Segunda operación. — Comenzó á las 7*10 í 
dad de 60 "\ 

Primer período, ^ — Pulso inapreciable en la ras 
carótida- R. 56. G. 330"^ 

Ninguna novedad. 

Segundo período. — ^P. 130, R. 40. G. 300^^ 

Sale el pulso en (a radial. Sudor abundante. 

Tercir período. — P- 120. R, 40. G. 300^\ 

Buen semblante; la cianosis ha desaparecido, 
tinúa saliendo y el sudor se acentúa. 

Onarto período.— P, iio. R. 36. G. 300", 

Continúa la mejoría. Renace Ja inteligenci 
habla sin afonía, cuerdamente y tranquilo. 

Quinto período. — P. 100* R, 30. G. 350'". 

Ninguna novedad; continúa la mejoría en 
tomas. 

Sexto período,— P, 120. R. 40, G. 150=^ 

El enfermo acusa bienestar; pero en vista d 
de pulso y la notable disminución del gasto re: 
se suspende la operación en este período con 
de 1. 600^*". 

Después de la operación. — Esta vez no huU 







HíSTOaiAS CLÍNICAS 87 



concentración de fuerzas; el enfermo quedó calmado y tran- 
quilo, con pulso de 120 y con un sudor abundante que duró 
casi toda la noche. No deliró, durmió á ratos, se le dieron al- 
gunas cucharadas de la poción excitante de cognac y cafeína; 
infusión de café y limonadas, en cantidad de 2*5 litros (había 
algo de polidipsia). Dio una cámara abundantísima y biliosa 
de 1.500*^. No orinó. 

En las primeras horas de la niañana siguiente ip, se supri-^ 
mió el sudor y comenzó una agravación, que á las 10, cuando 
le vimos, tenía el siguiente grado: algidez de 36* en la axila, 
lengua temblorosa y seca, cianosis, peirturbación intelectual, 
delirio. Pulso pequeño de 140 y respiraciones 32. 

Creímos indicada una tercera operación. 

Tercera operación. — Fué comenzada alas 10*50 del día 10 
siguiente al de su ingreso en el hospital, con la misma veloci- 
dad y el mismo aparato que la anterior. 

Primer período. — P. 140. R. 32. G. 250*^*^. * 

Ninguna novedad. 

Segundo período. — P. 120. R. 30. G. 260''''. 

G)m¡enza el sudor. 

Tercer período.— P. 108. R. 30. G. 270". 

Continúa el sudor y se aclara la inteligencia. 

Oiuurto período.— P. 104. R. 30. G. 300*^^ 

Continúa la mejoría. Pulso salido y duro. 

Quinto período. — P. 102. R. 32. G. 300^*^. 

Ninguna novedad. El sudor ha disminuido. 

Sexto período.— P. 116. R. 36. G. 300^^ 

Continúa tíen, pero nos llama la atención la frecuencia de 
pulso. / ' 



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14 

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88 HISTORIAS CLÍNICAS 

Séptmio período. — P. 130. R. 50. G, I8o*^^ 

Acusa el enfermo que está completamente cuer 
Clon de frío, y sacamos inmediatamente U cánula á 
habiendo inyectado un total de i.Séo". 

Después de la operación,— £1 escalofrío se gr 
el castañeteo de dientes; se acentuó la cianosis, y el 
traído y pequeño llegó hasta 140 al minuto; pero á 
'momentos vino un vómito abundantísimo como el 
mera operación, claro, bilioso y de 2.000^" que conjíü 
dente, pues poco á poco salió y se moderó el puls 
escalofrío y fué quedando el enfermo en un estado 
ble y tranquilo. En esto pasó la hermana Sor Dolo 
nos alentó d la operación y nos dijo: «¿Esperaba usté 
ayer tarde que el enfermo estuviera d estas horas tai 
y tan bien?i> «No lo esperaba, ciertamente^», la com 
por primera vez tuvimos la corazonada de que el t 
pudiera salvan Pero por desgracia, ea esto de h 
clínicas no vúcn hs corazonadas. 

El día lo pasó bien relativamente- sin delirio, sin 
sin calambres, sin afonía; coa un pulso dé 120 y u 
ción amplia y profunda, que osciló entre 24 y 32. 
sed el enfermo y escasamente bebería 1 litro de 
No dio ninguna evacuación. A las 7 de la tarde cu- 
mos á verle, era su estado muy satisfactorio, Imelií 
pe¡ada^ calor normal; pulso de 120 bastante perce| 
radial y regular, respiración con murmullo vesicula 
los ámbitos del pecho y con frecuencia moderada d 
camence nos inquietaba lo cerradas que habían estac 
puertas de salida, y sobre todo lo completamente a 



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HISTORIAS clínicas 



89 



IJ3 .taba el enfermo. Llevaba ya 64 horas sin orinar; le sonda- 
*J2¿:: os, y en la vejiga no había ni una sola gota de orina, y esto 
)s hacía formular muy mal pronóstico; empero como otros 
lléneos hemos visto curarse después de estar anúricos 80 
iras, aun podíamos permitirnos alguna esperanza. 

Las primeras horas de la noche las pasó bien. Le dimos 
1 ligero laxante que le hizo evacuar una cámara abundante 
: 1.500^% líquida y completamente biliosa. En la madrugada 
I siguiente día 12, se agravó. Delirio alto y fenómenos 
ixicos musculares que alternaban i ratos con un estado co- 
atoso. 

A las 1 1 de la mañana de dicho día 1 1 estaba gravísimo, 
ónico más bien. Inteligencia completamente perturbada; ma- 
nado por el delirio alto y furioso; ataxias típicas con salto de 
idones, temblor de los labios y de la lengua y blefarospasmo, 
emando con el coma; algunas convulsiones clónicas y tóni- 
I indistintamente, pupilas dilatadas; pulso de 140 y 60 respi- 
gones agitadísimas é irregulares. 

Decidimos, luchando hasta el último momento, la cuana 
eración, que efectuamos á las 11 '15. 

Cuarta operación. — Condiciones de velocidad y presión, 

mismas que las de la anterior. £1 enfermo estaba en fase 
jiatosa. 

Primer período. — P. 130. R. 50. G. 200". 

Sale el pulso en la radial. 

Segundo período. — P. 112. R. 40. G. 400". 

Se inicia un poco de sudor; el pulso continúa mejorando. 

Tercer período. — P. 100. R. 40. G. 400^^ 

Se despeja la inteligencia. El enfermo nos reconoce y se 



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HISTORIAS clínicas 



alegra al ver que le estamos operando, y nos < 
que rae hacen ustedes esto me pongo mejor». 
Cuarto periodo.— P. loo. R. 40. G. 400-. 
Continúa la mejoría Je todos los síntomas. El 
conversando muy cuerdamente. Únicamente se 
tada y suspirosa la respiración. 

Qniato período.— P. 100. R. 40. G. 400» . 
Continúa mejorando. Como estuviese el enf 
pejado, y conversara tan acorde, y fuese nuesti 
tenaz y persistente anuria, hubimos de preguntar 
cosas: «¿Tienes ganas de orinar?.,; i lo cual nos 
precisamente estoy haciendo.-. No io creímos, y 
cubiertas de la cama, quisimos ver s¡ era cicrt'a h 
l.osa nueva, y efectivamente la orina estaba salie, 
Todos nos alegramos de manera indecible, los L 
Albiol, Navarro, y creímos otra vez posible la 
enfermo; nos apresuramos á recogerla y aun pud 
sobre unos 200-, que cuidadosamente guárdame 
lisfs. 

Serio periodo,— P. uq. R. 40. G. 2oo« . 

Eí enfermo continuaba bien, pero en vista de 1, 
de asistolia (frecuencia de pulso y disminución del 
pendimos k operación en este período con un 
de 2.000'-. 

Después de la operaoión.-A los 10 minutos 
mito .ibündante de cerca de 2 litros, ig.ales á lo- 
i.qmdo y bilioso (verde). Quedó tranquilo el enfe 
pid madorosa, y un pulso de 110 dur.tnte una h 
mente. A las 12'so comenzó á trastornarse; nació e 




HISTORIAS CLÍNICAS 



9^ 



graduó la ataxia, se agitó la respiración hasta dar 70 movimien- 
tos al minuto, se hizo el pulso incontable, y murió el enfermo 
á las 3 de la tarde en medio de convulsiones clónicas y tónicas 
generales, como si fuera, y esta la frase del ¡lustrado Dr. San- 
chis que presenció su muene, una mujer eclámpsica. 

Análisis de los vómitos y de la orina.— Más adelante se 
verá el informe del Dr. Peset sobre todos los análisis practi- 
cados; por ahora nos interesa adelantar que, en el primer vó- 
mito encontró el o'j por mil de urea y reacciones evidentes 
y abundantes de ptomainas, y en la orina ninguna reacción 
ptomáinica y el 53 por mil de urea, indicios de albúminas y 
gran cantidad de glucosa. 

Cantidad da liquido en cironlaeión.— Entre el primer la- 
vado que se hizo á las 4 de la tarde del 9, y el cuarto que se 
hizo á las II de la mañana del 11, median 43 horas, du- 
rante las cuales circularon por el aparato vascular del enfermo, 
teniendo en cuenta el agua que se inyectó y la poca relativa- 
mente que tomó por ingesta, las siguientes cantidades: 

AGUA INYECTADA 

En la I. * operación 1.200*"^ 

En la 2/ . 1.600*=^ 

EnU3/. .1.860^^ 

En la 4.». 2.000^^ 

Agua ingerida 3.500'^'= 

Total de a^ua ingerida. 10.160*^^ 



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HISTORJAS CÜNICA5 



AGUA ELIMINADA 

Primer vómito. * . , . , . . í. 

Segundo vómito,. .,,.,. u 

Tercer vómico. .,....* 2j 

Uoica deyección.. t. 

Orina 

Toíai de agua iliminada, 7. 

Además el sudor, que fué abundante durante 
9 al 10. 

Beflerionea, — A muchas y muy importantes s 
caso clínico, que eSj sin duda alguna, uno de los 
sanies de nuestra estadística, Independientemeo 
sobre él digamos en la parte razonada de este trabí 
ahora exponer las siguientes consideraciones: 

Desde luego este enfermo debe ser consider 
fines de la valoración del poder terapéutico del.lí 
un amjríco j no como un colérico. Se le hizo la pri 
ción cuando llevaba ya 24 horas de algidez y cua 
tomas de excitación nerviosa indicaban los primerc 
la intoxicación urémica. Aun había ciertamente sír 
cíñeos, aun existía algidez y le atormentaban lo 
pero evolucionaban ya y se confundían estos síntc 
fieos con la frecuencia respiratoria y la excitación i 
raidos de la uremia por anhematosis renal. El ana 
mer vómito expelido después del lavado primer 
esta manera de ver; se encontraron reacciones ] 
últimas porciones del veneno especifico^ pero se er 





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BISTORIAS CUiíICAS 



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bien o'5 de urea, cuya urea ea bien demostrativa de que la 
dbhemia coQsecutiva (véase pág. 23, proposición 25.*) había 
comenzado- 

Los síntomas que en las siguientes horas fueron apare- 
ciendo confirman la uremia; el carácter bilioso de las eva* 
cuaciones del tubo digestivo (vómitos y timaras) también 
indica que el periodo específico de la evolución local del vir- 
gula había pasado» y por fin» los 53 por 1,000 de urea que en- 
contró el análisis cuantitativo de !a orina expelida tras del 
¿Ittmo lavado, da de la uremia demostración palmaria. 

Considerado como urémico el enfermo, no por eso decae el 
valor de esta historiaj que se hace demostrativa del poder tera- 
péutico del lavado de la sangre» en ese accidente dishémico que 
I tan frecueniemente nos arrebata vidas en la práctica. Es inne- 
gable la acción beneficiosa y curativa que ha tenido el lavado 
en este caso clínico, i pesar de haber muerto el enfermo. 

Los 2.800'^*' de agua que inyectamos en los dos primeros 
lavados consiguieron arrastrar parte de los venenos que altera- 
ban la sangre; el vómito primero tenía urea y ptomaínas, según 
el análisis, y esta cantidad de venenos que fueron eliminados, 
por causa de la inyección (12 horas estaba el enfermo sin eva- 
cuar nada antes del vómito que el primer lavado determinó), de 
menos en la sangre^ explica la mejoría de toda la noche. Csta 
la pasó sudando, verdad que no pudo recogerse el sudor y no 
hay análisis de él; pero de sobra sabe ya la ciencia que los 
sudores de los urémicos contienen urea, y bien podemos añadir 
nosotros, en vista de los hechos de la observación 9/, que el 
sudor que elimina el colérico contiene venenos específicos* No 
, se olvide que el enfermo bebió durante esta noche 2*5 litros 



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54 



HISTORIAS CLÍNICAS 




de agua, que la pasó sudando, que tuvo una cátnai 
K500 ^ lo cual nos autoriza á sacar las siguíeni 
2,800^^ de agua que inyectamos en los dos prime 
más 2^$ litros de agua que bebió (2.800" + 2.500^* 
de agua iDgenda; 1.500" de agua que expelió en e 
mito, mis 1.500" de' la cámara, más el sudor al 
toda la noche (1.500" -^ 1.500" + sudor) = los 
de agua que fueron eliminados. Circularon, pues, 
de k noche del 9 al 10, 5 litros de agua que, ( 
arrastrando principios tóxicos (ptomainas y urea) 
por el análisis^ explican la tranquilidad y mejoría 
durante esas horas. 

Pero claro es que persistiendo la caiisa; obstruíc 
el filtro renal, los venenos (generados por las oxi 
la vida durante aquellas horas de tranquilidad y i 
bían de acumularse, y acumulados en proporció 
habían de determinar la agravación en la mañana 
Sí momas, en la mañana de este día, eran ya exclus 
vamente urémicos. Se hizo el lavado; se inyectar 
agua; se devuelven por el vómito subsiguiente 2 oo^ 
por lo tanto, en este breve espacio de tiempo 2 Iki 
por el interior del sistema vascular, y consiguen 
limpieza, que explica la mejoría consecutiva. Pero 
rrado el riñon, persiste la causa, se acumulan nueva: 
y viene la agravación en la mañana del 11, Se ha 
vado, y ahora viene el fenómeno mas notable^ si 
y digno de atención. 

Estaba el enfernio en el profundo coma; dos ó tr 
vaba ya de alternativas y de bruscas oscilaciones s 




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HISTORIAS CLÍNICAS 95 



que, ó bien le sacaban del coma para obligarle á necesitar de las 
argollas maniatadoras, ó bien le sacaban de la ataxia^ furiosa para 
sumirle en el coma más profundo y soporoso. Y viene en esto, 
según decimos, el 4.** lavado, y vence este estado, y el en- 
fermo, con sorpresa y. admiración de todos, recupera la inte- 
gridad y lucidez de su inteligencia, hasta el punto de contes- 
tamos, á los 20 minutos de la inyección, de la manera más 
cuerda: «precisamente eso es lo que estoy haciendo»; y lo que 
hacía era orinar, orina de color de ámbar obscuro, orina que, 
según dijimos en aquel momento con transportes de alegría y 
entusiasmo, valía un mundo. Se eliminaron en esta sola micción, 
aparte otros principios no determinados, sobre unos 18 gramos 
de urea; de ahí la mejoría y la lucidez de la inteligencia tan 
sorprendentes y notables. 

Pero el restablecimiento de la diuresis llegó tarde; estaban 
ya infiltrados, totalmente impregnados los tejidos por los ve- 
nenos, y pasados que fueron los primeros efectos de la dilución 
de los mismos en el agua de la inyección, cpndensada de nue- 
vo la sangre por las pérdidas acuosas de la transpiración pul- 
monar y cutánea, se concentraron los venenos y sobrevino la 
muerte en medio de las tempestades eclámpsicas. 

Referentemente á la técnica de la operación y á los fenó- 
menos importantísimos de la asistolia, resulta también de mu- 
cha importancia esta historia clínica, que confirma cuantas leyes 
hemos formulado sobre la asistolia como peligro de las inyec- 
ciones, sobre los signos para reconocerla y los medios para 
conjurarla. En todos los cuatro lavados sobrevino la asistolia, 
que no permitió pasara la inyección en ninguna de ellos de 
2 litros; del 6.° al 7.° período volvió la frecuencia de pulso 



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9é 



HISTORIAS clínicas 



y descendió el gasto del aparato» según se puede v< 
gráficas correspondientes, lo cual indicaba que el cor; 
dinalmcnte desfallecido en este enfermo^ no toleraba 
carga del agua inyectada cuando ésta llegaba i cierta 
Las corrientes de salida se establecieron por vAmito en 
vado I.**, 3.^ y 4.*», y por sudor en el i,% y en tad< 
quedaron vencidos los accidentes de la sobrecarga, 
estas corrientes de salida* 

¿Y por qué murió el enfermo á pesar de los innej 
evidentes efectos terapéuticos del lavado? Honrada 
mente lo confesamos; en nuestro concepto, el enferi 
porque no pudimos asistirle bien, esto es, porque Ic 
lavados, porque se hicieron tardíamente, porque las corrici 
de 10 litros de agua que circularon en un intervalo de 43 b 
debieron haberse efectuado en un intervalo más cono_ 
7 horas, antes de que se infiltraran profundamente los, 
haciendo mis difícil é imposible su eliminación. Si k 
que consiguió el 4.^ lavado en la mañana del dia 1 1 se bo 
ra conseguido en la noche del 9, indudablemente este cQÍii 
se hubiera salvado. 

Que no caigan, á pesar de expresarnos así, respoai 
des sobre nadie; nosotros hemos dirigido todas las 
cias, y sobre nosotros debe recaer todo. Bien es vci 
aunque nos duele en el alma tener que confesar en 
otros casos clínicos defectos de asistencia, la conciencii 
remuerde, porque en todos hemos hecho cuanto hemos ( 
do, y hemos obrado con la más buena voluntad. Ahora ( 
prendemos que, en muchos casos, el presente entre ellas, 
obrado con poca valentía y no han estado nuestras di 



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HISTORIAS clínicas 



97 



s en armonía completa con nuescros predicstdos 
» es porque ya la experiencia nos ha demostrado 

'ación ij.*) que pueden impunemente circular en 
horas 9*5 litros de agua sin causar perjuicios, y 
onsta (véanse análisis químicos y mícrográficos) 
mtes intravasculares de agna no alteran en lo más 
6bulo rojo, pero el día 9 de Octubre aun no tenía - 
ta experiencia ni estos análisis; y eí natural temor 
, la cautela propia en quien experimenta in anima 
í debilitar en mucho nuestras valentías teóricas, 
a parte, las condiciones especiales en que hemos 
\o nos han hecho imposible muchas veces hacer 
naciones perfectas y conformes con nuestras ideas 
■n las primeras cuatro operaciones obtuvimos tres 
te se enteró, supo además que nuestros servicios 
í, la ciudad estaba epidemiada y todo contribuyó 
os solicitados de manera extraordinaria; y que- 
os acudir á todas partes solicitados á cada ínstan- 
libles instancias, nos fué imposible asistir a todos 
dad y perfección necesarias- Ya volveremos so- 
:o más adelante, detallando los casos clínicos en 

hecho el lavado conforme la razón y la teoría 
[ue no deja de tener importancia^ para valorar los 

una experimentación, el conocer las condiciones 
que la experimentacióo se ha hecho. 
a resumen, consignado por ahora, que el caso cli- 
ion, demuestra el poder terapéutico del lavado de 
las dishemias por anhematosis renal. Nos consta 
. Albiol, Sanchis» Navarro y Alegre, que pre- 



450 
cas sob 



á 

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98 



HISTOtrAS CLÍNICAS 



senciaron de cerca los fenómenos y detalles de este caso difií- 
co, emplearan con fe en el tratamiento de k uremia el lavado, 
y este convencimiento que tienen los doctores que presencia- 
ron bs hechos^ es el que deseamos que tengan los que br 
este relato^ expresión ñel y exacta de los mismos. 



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N/V. 



HlSTOaUS CUNJCAS 



• 



13.^ Observación 



(£• U Capital) 



Señora de 43 años que estaba criando á su hi)o de 13 meses 
indo fué invadida en la mañana del é de Octubre. De tetn- 
amento y constitución regulares. 

Estado actual,— Llevaba 24 horas de ataque confirmado 
ndo la vinnos, y tanto al Dr. Navarro, médico de cabecera, 
no al Dr. Vicjobueno, médico militar que vino á presenciar 
}peración, y á nosotros, nos pareció irregular y grave aquel 
o de cólera que, comenzando de un modo insidioso con li- 
a diarrea en el día anterior, presentaba eo el momento de 
observación (5 de la tarde) todos los caracteres del cólera 
tico« La cianosis era acentuadísima; la algidez muy media- 

56" en la axila; pero la irregularidad y pequenez del pulso 
mente graves y alarmantes. Poca afonía y respiración agi- 
i y suspirosa de 90 al minuto. La inteligencia íntegra, los 
[idos cabales y la secreción láctea suprimida por completo, 
or intenso en la región lumbar y en el pecho. Hicimos gra- 
mo el pronóstico y aconsejamos la preparación espiritual 
Operación.— Se comenzó á las 6 de la tarde (24 horas des- 






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100 



HISTORIAS CLÍNICAS 



pues de k invasión) con una velocidad íoicid < 
ciendo uso del aparato manométrico. 

Primer período.— P. 140. R. 50. G. 300^^ 
Ninguna novedad- 
Segundo período, — P, 120. R. 30. G. 300". 
Se aclara la voz y se inicia una moderada dh 
TeroeT periodo.^P. no, R* 30. C. 28o^\ 
Color casi normal; !a respiración menos agita 
Onarto periodo, — P. 100. R. 30. G. 270"* 
La enferma acusa bienestar; desaparece de! t^ 
sis. Siente tirantez en los pechos. 

Qdnto período.— P, 12O- R. 34. G- 1 5 O'". 
La enferma se encuentra bien; acusa deseoi 
una sensación en los pechos, cual si tuviera, see 
de la enferma, la venida de la leche. Calma el t 
pero en vista de la nueva frecuencia del pulso y 
clon del gasto, se suspende la operación en este 
una duración de 25 minutos y un gasto total de i 
Después de la operación,— Fueron verdade 
prendentes los efectos que ¡a inyección tuvo sob 
de las mamarias; al entrar en el tercer período de 
comenzó i acusar la enferma sensación de píen ¡ti 
en las mamas (no se olvide que estaba lactando 
y al terminar la operación era tanta la turgencia t 
y tan vivo el dolor que en ellos sentía, que no 
enferma le extrajésemos la leche, lo cual hicimos 
cilio sacaleche, consiguiendo en unos minutos se 
este humor, que convenieocemente envasado gua 
su análisis. 




HlSTOEtiAS CLríJlCAS 



101 



A los 15 minut05 de operada vino b concentración de 
Isa y el escalofrío, que fué ioteoso, con todas sus consecoen- 
s de agravación visible del estado general. Se venció este 
ado con una inyección de éter, y cuando nos retiramos, mc- 

liora después, la enferma estaba tranquila y mucho más 
'iada que antes de comenzar la operación. Su marido y ella 
¡ma nos dieron las gracias por k evidente y visible me- 
a. 

A las I T de la noche continuaba bien, pera no se había 
seguido ninguna evacuación, y la piel continuaba sin nota- 
transpiración sudorosa. El pulso estaba pequeño y frecuen- 
120), por lo que se le prescribió una poción de cafeína ¿ 
laradas. 

Siguió relativamente tranquila la enferma^ la última hora 
día 3 y tas 5 primeras del siguiente, durante las cuales con- 
ió el sueño y una quietud tan bonancible, que esperanzó 
marido en gran manera. El calor fué normal. La despertó 
lolor bastante vivo en el bajo vientre, en el hipogastrio, 
fué aumentando hasta ocasionarla concentración de fuer- 
angustia, inquietud, malestar grande, respiración agitada 
sobre las 6 de la mañana» hora en que el Dr. Navarro le 

la primera visita. El dotor lumbar también renació, y 
[ue acusaba vehementes deseos de orinar, ni miccionó en 

la noche ni se encontró en la vejiga una sola gota de ori- 
^a piel estaba seca, y las dos cámaras, algo biliosas, que 
t dado momentos antes de observarla, fueron tan escasas 
apenas llegarían i 40O^^ 

L las 7 de la mañana la situación era poco más ó menos la 
la que en la tarde del día anterior antes de operarla. Un 






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t02 



HTStOIlIAS CLÍMICAS 



fenómeno nuevo existía, sin embargo, el dolor en 

trio. Creímos indicada uq^ segunda operación, ; 

modo pensaron los Dres. Navarro, Viejobueno y 

SeglUlda oparaeión.— La hicimos en las mísrr 

nes de velocidad que la anterior, á las 9 de la ma£ 

Primer pcfíodo.—P. 150, R. jO* G. 300". 

Ninguna novedad. 

Segundo período,— P. 120, R, 40. G, 300*** 
Mejora la cianosis y la respiración no es tan si 
Tercer período, — P. i ro* R. 30. G. 250", 
Ligera diaíoresis. Acusa otra vez sensación de 
los pechos. 

Onarto periodo.— P. lOO. R. 30* G* 250'', 
Se acentúa el dolor de plenitud en los pechos, 
QTiinto período. ^P. 120. R. 36* G. IJO^^* 
Ligerísimo sudor. La enferma se fija mucho 
ción de plenitud que siente en los pechos; estin el 
y turgentes. La operación se suspendió en este t¡< 
frecuencia de pulso y disminución del gasto, con t 
de 25 minutos y un gasto total de 1,250". 

Después de la operación. — También esta vei 
sidad de extraerle la leche (150'") para calmarh 
sensación de plenitud j y á los 15 minutos tuvo un 
lofrío, no tan acentuado como el anterior. 

Siguió bien la enferma las tres primeras horas, 
pir ación tranquila y algo calmados los dolores lur 
gástrico. Dio una cámara escasa y biliosa (300"^*"). 
encontraba en un estado bastante satisfaciorio; s 
continuaba contraído y con una frecuencia de 120 



^ 



HISTORIAS CÜKICAS 



JOJ 



de la tarde comenzó á inquietarse por k intensi- 
laba el dolor del hipogastrio. D¡ó una cámara de 

bastante pura j en cantidad de unos 200^^ A par- 
lomento la ^igravación fué notable y continua. £1 
do calinarsej k inquietud y k desazón fueron ere- 
ütso se concentró cada vez máSj hasta quedar com- 
iespulsada en la radial; k algidez tomó cuerpo, lle- 

grado extremo. Se repitieron j por dos veces, ks 
s sanguíneas, si bien en menos proporción que eti 
rimertj y, completamente anürka, despulsada^ ál- 
mayor colapso cardiaco y con el síndrome de pro» 
dinamia, murió la enferma á las 3 de k noche del 
6 horas después de k primera cámara sanguínea, 
j áe la lechf. — Color blanco verdoso sucio poco 
eacción alcalina^ densidad 1*02488 (siendo la nor- 

i'o54)- El suero contenu cerca del 3 por 100 de 
go de urea. 

e elementos normales, concretábase al punto sobre 
tos del microscopio, apareciendo homogénea (iú- 
a sangre?). Experimentó rápidamente k fermenta- 
do de Se!m¡ proporcionó un capo de dudosa reac- 
inica. 

d de líq^uido en oircnlación,— En este caso ha ha» 
circulación terapéutica de líquido. Compleíameme 
mferma, con poca sed, con poco sudor, con 2 ó 
mes intestinales escasísimas, ha quedado sin kva- 
:asi no ha habido círcukción de liquido por su or- 



l| 



45g 




á 



104 



HISTORIA S CLtKfCAS 



Agua inyectada, - 2.5 

» ingerida.* ....*., i.c 



Total de agua ingerida. 3-j 



AGUA ELIMINADA 



Por cámaras. . . 
1) secreción láctea. 



■ ' i 

5 

Túfa¡ de agua eliminada, i»o 

Además el sudor, que fué escasísimo, y lo que 
por transpiración pulmonar- Comparando las cifrí 
dente cuadro con las que resultan en anteriores his 
demostrada la falta de circulación terapéutica ó d< 
el presente caso. Un hecho notabüísimo hay que 
embargo, hecho que no deja de tener importanc 
mostrativo de las tcudencias que tiene e! organism 
el agua que se le inyecta, y es la prontitud é int 
que se estableció la secreción láctea, completameni 
por el ataque colérico, en cada una de las dos ope 

BiflstionfiS,— La presencia de urea en la leche 
horas después de la invasión colérica, demuestra, <\ 
mia consecutiva por anhematosis renal, que compli 
na con la primiti%*a ó especificarse fragua bastante | 
que sus efectos no vengan á hacerse sensibles y prt 
en la mayoría de los casos hasta una fecha más 
Cuando operamos por primera vez á esta enferma 
zaban, pues, las lesiones hémicas consecutivas que 
la lesión principal de la fase urémíca en las reacc 
tadas. Se aplicó tarde el remedio, se hicieron poc; 



HISTORIAS CLÍNtCAS !0) 



oes y no se procuraron las corrientes de- salida con la necesa- 
ria decisión y valentía, todo lo cual nos explica la falta de 
éxito. 

Más pronto, esto es, más cerca de la invasión el primer 
lavado, más juntos y en mayor número los consecutivos y 
actuando con más decisión sobre la corriente de salida, bien 
por medio de la pilocarpina ó de los purgantes, hubiérase con- 
seguido depurar la sangre, en la medida necesaria, para alcanzar 
la curación. 

A pesar de esto, é independientemente de lo dicho, debe- 
mos declarar que, en nuestro concepto, esta enferma murió por 
causa de un accidente bastante insólito en el cólera, pero que 
en la epidemia actual se ha presentado con una cierta relativa 
frecuencia; la hemorragia intestinal. En la epidemia del 85 no 
se presentó ningún caso de hemorragia intestinal en tantos 
como fueron los coléricos asistidos en el hospital de San José, 
y en la de este año se ha presentado 4 veces aquel accidente 
entre los ingresados (120 escasamente) durante los meses de 
Agosto y Septiembre. 

£1 dolor persistente en el hipogastrio, las evacuaciones 
sanguíneas, la agravación y concentración crecientes á panir 
desde las 2 de la tarde, hora en que se presentó la primera en- 
terorragia, justifican nuestra apreciación. Ahora bien; el lavado 
de la sangre nada puede contra los accidentes locales del cóle- 
ra, y confesamos que éstos le quitarían grande valor como re- 
medio terapéutico, si fueran más frecuentes y más graves de lo 
que generalmente son; pero insistimos, á pesar de este hecho 
y de los 4 casos que de modo insólito se han presentado en 
San José, en las teorías patogénicas que en otra pane (véase 



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lOé 



HISTOlLtAS CUHICAS 



nuestro foUeíOi pág. 6o) tenemos expuestas, y cre< 
la inmensa mayoría de los casos las lesiones inu 
en el cólera lo de menos y la imoxicacióo hémi 
mjs. 




HISTORUS CLÍNICAS 



107 



14.^ Observación 



(En la Capital) 



Joven agraciada y simpática de 18 años, algo anémica y de 
contextura poco robusta. Fué invadida en la mañana del 14 
de Oaubre con los fenómenos clásicos del cólera grave, asistida 
por su hermano, apreciado discípulo nuestro, y por el doctor 
Garin desde el primer momento, y reconocida por nosotros 
para operarla en la madrugada del siguiente día. 

Estado aotnal. — Los fenómenos propios del periodo álgido 
confirmado. Pulso filiforme de 140; respiraciones 36; algidez 
de 35** en la axila; cianosis acentuada y tan grande afonía, que 
apenas podía oirse lo que hablaba. Inteligencia despejada; cir- 
culación en las venas del pie y decaimiento físico y moral 
muy acentuado. 

Oporaolón. — Comenzó á las 3 de la madrugada con una 
velocidad de 50^ y usando el aparato de sifón . 
Primer período.— P. 140. R. 36. G. 270". 
Ninguna novedad. 

Segando período. — P. 130. R. 30. G. 250". 
Comienza á aclararse la voz y mejora mucho el color de la 
:ianos¡s. 



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loS 



HISTORIAS CLISICaS 



!■!' 



Teroer período. — P, lio. R. 24. G. 2jo^^ 

Continúa la mejoría de la voz y de la ciar 
sudor; el pulso es más perceptible. 

Ouarto período.^P. 100. R, 24. G. 300*^^. 

Durante este periodo ha tenido una evacué 
el sudor ha aumentado. ^ 

Qmnto perfodo.— P, 70. R, 24. G. 250*=^ 

Continúa mejorando, la voz es complétame 
enferma acusa bienestar, dándonos con grande 
cías por lo bien que respira y habla. 

Seito período, — P. 120. R* 30. G. rjo^^ 

AI terminar este período hubimos de sac; 
presteza, por la rapidez é intensidad con que 
violento escalofrío con castañeteo de dientes, i 
pulso, cianosis y malestar. La temperatura del 
yección estaba á 42^ 

Después de la operación,— El escalofrío d 
j fué cediendo paulatinamente, entrando en rea 
con pulso desplegado, sudor abundante y bii 
Cuando nos retiramos i las j de la mañana er 
satisfactorio. Pulso lOO; respiraciones 24; sud' 
peratura 37**. 

En este estado bonancible y tranquilo pasó 
dando 2 cámaras serosas decoloradas, de un 
las 5 de la tarde, 12 horas después de la operac 
que guardamos para su análisis. 

La tarde de este día continuó en el misr 
factorioj á excepción hecha de una sensación r 
ñas arcadas que la molestaron bastante. Se ac 




mSTORliIS CLÍ!41CAS IQ^ 



I vomitó 3 veces una cantidad igual próximamente al liquido 
que había bebido (1.000^"^); la materia vomitada era serosa^ casi 
transparente, algo acida y sin color ninguno. 

A las 12 de la noche el estado de la enferma no era tan 
satisfactorio, pues el pulso se había debilitado y subido á 120; 
la respiración continuaba tranquila á 24, y aunque la enferma 
acusaba algún malestar, como fuese normal su voz y su tem- 
peratura de 37% y el pulso aunque pequeño latiese de modo 
igual y regular, no agravamos el pronóstico, conservándolo con 
los optimismos que nos hizo concebir el hecho de haber ori. 
nado regular cantidad de orina y haber pasado el día en estado 
tan satisfactorio y tranquilo. 

Sin cámara ninguna, dio á las 4 de la maftana otra micción 
igual en cantidad á la primera, que también se guardó para su 
análisis. 

A las 8 de la mañana del 15 continuaba bien, en el mismo 
estado que á las 12 de la noche del día anterior; pero como 
nos chocara la falta completa y absoluta de evacuaciones in- 
testinales y se acentuara un poco el estado angustioso, no titu- 
beamos en administrarla, deliberada la indicación en consulta 
con los Dres. Garín, Navarro y Moreno, un ligero laxante co- 
lagogo. Conviene advertir que la segunda orina tenia un color 
irerdoso obscuro que nos llamó la atención. 

El laxante hizo su efecto; cuatro horas después de adminis- 
rado determinó una cámara mediana de 500""% serosa, casi 
ransparente, no riciforme, y completamente decolorada. 

En la visita de por la tarde nos disgustó en gran manera 
ncontrarla en un estado que nos obligaba á sospechar peli- 
ros y á temer torcidas vueltas en la marcha de un caso cli- 



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10 



HfSTOalAS CÜKICAS 



níco que habíanlos anotado ya, al registrar ent 
clínicas la primera micción, como fuera de pelign 

Estado angustioso; cefalalgia, sordera^ enibc 
los sentidos, inteligencia tarda, palabra lenta y 
Pulso pequeño y ligero sudor frío por la frente- ^ 
cu ación; con las arcadas devolvía los sorbos de 
tomaba. Por el decúbito, por la facieSj por el 2 
general del pulso y de todas las fancioneSj era el 
tado adináoiicOj y por lo cerradas que persistían a 
ya las fuentes de eliminación y depuración orgánic 
darle á dicha adinamia inmensa gravedad. 

Se hizo cuanto se pudo para excitar aquellas fi 
das, para abrir aquellas puertas tan cerradas, y 
galvanizándolo, aquel organismo que se movía let 
grandes ataxias ni protestas^ sin gcandes trastor 
mientos, poco á poco, por creciente exhaustaciój 
como una lu^ que se apaga por falta de combostibl 
y las inyecciones de ¿cer; la cafeína por todas lai 
ñac y el vino de Jerez; los extractos de carne y l< 
dérmicos y difusos; rodos los niedicamentos, en fi 
péutica clasica fueron empleados con la fe y el 1 
hermano médico; mas nada valió para sacar á la p 
enferma de aquel estado adinámico y el colapsc 
que, graduándose sin parar, la mató en la madru 
cuarto de la invasión. 

Un síntoma es de importancia para la valoraci< 
las causas de la muerte, y es la lentitud relaír 
(70 pulsaciones al minuto) que presentó durante h 
che de la víspera de la muerte; este síntoma, y la 




U.JX.Ú1I. . 



HIST0R[JL5 CLfHICAS 



irz 



estado profundamente adinámico, y el estado nauseoso y 
lusencia completa de color btlbso en tas evacuacioQes y en 

vómitos, autorizan á creer que la causa principal de la ter* 
lacTÓn funesta en este caso clínico ha sido k acolia^ esto es» 
inhematosis hepática. 

AnáÜBli di la primera orina*— Era negruzca, turbia, con 
imento blanquecino sucio, muy acida, con bastante albümi- 

mucha urea (}^ gramos por litro)* 

Se pudieron reconocer, por el proGediraiento de Selmi, las 
es orgánicas, aunque no diferenciarlas entre sí. Los precipi- 
os obtenidos cotí varios reactivos de alcaloides (véase mis 
ríante análisis de los productos coléricos) eran claros; y lo 

también la reducción del ácido yódico y el vivo color ama- 
o por el ácido nítrico, imposible de confundir con la colo- 
ión propia del ácido xantoproteico. 

Análisis de la segunda orina,— También obscura y en pe- 
ino volumen, turbia, con sedimento, muy acida, no precipitó 
' el ácido nítrico (ausencia de albúmina en la filtrada) y eran 
lorísimas las reacciones de alcaloide. 

Cantidad de llíjuldo en clrQnlaelón,— Ha sido escasa en este 
o clínico. Se inyectaron 1470''*' de agua y tomaría eo bebida 
ante las primeras 24 horas, escasamente, 1.500^*', lo cual da 
total de agua ingerida de 2,570"^ Se eliminaron, durante el 
smo intervalo, en vómito, i,ooo*'j en cámaras, 1.200^^, y en 
na, 200", ó sean 2,400" como total de agua eliminada, y 
ímás el sudor. Pasadas las primeras 24 horas, como devol- 
ra en continuas arcadas el agua que ingería, no se pueden 
:ar los cálculos, ni siquiera aproximados, sobre la cantidad de 
ja que pudo circular por el interior del sistema circulatorio. 



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112 



HISTORIAS CUKICAS 



Vi 



Eeflezioaes.— Sobresale eo este caso clínico^ c 
anterior, el hecho de que no ha sido tratado caal la 
del lavado exigen y demandan. La buena marcha qi 
enfermedad en las primeras horas siguientes á la 
tiene en gran parte la culpa de que no insistiéramc 
esas horas, encontrándose bien la enferma y habiend 
en repetir la operación. Cuando se agravó de nueve 
ción de causas influyeron para determinar nuestra it 
una parte, presentibanse fenómenos de grande colap 
torio y vital; y de otra, no teníamos d nuestra dis| 
aparato; de otra, nos pareció la familia poco inclinat 
repitiera la operación^ y de otra, por fin, no tenJamc 
aquella plenitud de decisión y de fe que se necesitan 
rar en circunstancias tan extraordinarias y tan grave; 
mos una y mil veces: si ahora^ después de la m editan 
estudio sosegado que estamos haciendo de ladoctrtn 
resultados, volviésemos i experimentar, cual están' 
mente dispuestos á hacerlo si por desgracia se ofrece 
de una nueva epidemia, obraríamos con más decisiór 
valentía, con mas entereza, para que no se repitie 
como ¿ste, en el que no ha sido aplicado el lavado de 
de conformidad con lo que su propia naturaleza y de 
claman. 

Aun admitiendo que ha sido, cual anteriormen 
dicho, la acolia por anhemaiosis renal la principa! ca 
la muerte, no se puede por menos de creer que esta 
tosis es producto ó resuhado de la acción compleja ( 
nenos específicos sobre los centros nerviosos y sobre 
Si fué la acolia por trombosis de la porta y consecut 



^i^ 



HISTORrAS CLÍNICAS 



113 



úcz., cual nos inclinamos á pensar, los venenos espe- 
t la causa originaria de Ja ¡nopexia y de la trombosis; 
a se relaciona, desechando la trombosis de la cava, 
rastoroo de la inervación secretoria, los venenos 
; figuran también como causantes de esta perversión 

análoga á la que engendra la algidez colérica y el 
rdiaco; y en uno y otro caso, siempre el veneno como 
iim movens de todos los accidentes. 
:rca de la invasión el prinracr lavado; insisüendo en 
]i para que fuese mayor ]a cantidad de agua que cir- 

el sistema vascular y mayor por ende la depuración 
re, es muy posible que el resultado hubiera sido muy 
/éase la historia que siguen si parecen estos juicios 
i demasiado optimistas. 





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114 



HISTORIAS clínicas 



15-^ Observación 



La ultima» y la más notable sin duda alguna, e 
dintca que vamos i detallar. Se refiere i k madre 
nuestros discípulos más sobresalientes y queridos, 
vadida en la madrugada del 15 de Octubre y S€ 
asfixia á las 11 del mismo día, liora en que la víi: 
mera vez, • 

Es este caso clínico el prototipo de los lavados ; 
manera más evidente y palmaria demuestra la acc 
tica del remedio. Un ataque de cólera fulminante 
señora de 43 años, anémica, glucosúrica y menorri 
día ser curado y vencido sino por las grandes a 
agua (9*5 litros) que el arte hizo circular por di 
venas. Los remedios ordinarios de la terapéutica el 
resultado impotentes cuando la enferma, álgida, 
cianótica, con nubes en la vista y arrollada por 
cruentos calambres pectorales, respiraba de manera 
anhelosa sin lograr que el aire se difundiera pa 
sólo en la parte alta y anterior del peclio se oia ■ 
vesicular amortiguado. 








nii« 



HISTORIAS CUNIGAS 



US 



^^éase h historia de los hechos más notables^ contada por 
¡o de la enferma, hoy médico laureado, nuestro distíngui- 
iscípulo D. José Juan Dómine, á quien encargamos desde el 
er momento tomara las nocas clínicas^ persuadidos de que 
quel día DOS había de ser á nosotros materialmente impo- 
bacerlo. Aunque por esta circunstancia se aparte algo el 
5 expositivo del método que hemos seguido en las demás 
rías clínicas, no pierde por esto valor é importancia, ya 
ísii hecho por mano perita y es fiel y exacta expresión de 
iccdido. Dice el Sr. Juan y Dómine: 
Fué invadida uii madre en la madrugada del 15 de Oc- 
f, con todos los síntomas y signos de un ataque de cólera 
tnante y asfícico. A las lo de la mañana había tomado 
jerpo é intensidad el ataque, que creí el caso desesperado 
dido, y huelga que diga cuál hubo de ser mi situación en 
lias terribles horas, cuyo recuerdo aun hace brotar ligrí- 
en mis ojos. Llamé á mis compañeros, acudí á todos los 
dios de la terapéutica clásica^ y resultando inútiles, fuime 
Lisca de la última esperanza que me quedaba, de mi queri- 
taestro el Dr. Moliner, 

[atado actmal*— Cuando éste llegó á las 11, la situación 
mponente y grave; 48 respiraciones, 140 pulsaciones fili- 
es y desiguales, 35° de calor en la axila, ojos hundidos en 
rbitas, extimos ya y vidriosos; labios más cárdenos que 
Sj eran los síntomas que, con los calambres intensos y la 
da compleca de los sentidos y de la inteligencia, venían á 
r un cuadro por demás trisusimo y angustioso. 
Wmera operaciÓE.— Pídeme urgentemeiue el Dr. Moüner 
arato para proceder inmediatamente á la operación; unas 



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HISTORIAS CLÍNlCitS 



cuantas horas hacía que yo me había desprendido i 
rar á otro enfermo. En el acto dispuso fuesen en 
como el tiempo apremiaba y el pulso por punto 
y el color, á caJa momento más amoratado, ( 
asfixia y no había momentos que perder, hubo d< 
tor Moliner, para hacer cuanto antes la operació 
provisional, aprovechando un frasco lavador de c 
él se hizo la primera inyección de 2.150", en 
desesperada para la enferma, que, unánimes todc 
tivos presentes, creyeron se habría llegado tard< 
inmediaros fueron como siempre son, prodigio 
habían transcurrido diez minutos, ya pudieron o 
con sorpresa, y yo con alegría indecible, que la n 
jaba, recobrando la voz su timbre normal, cesan( 
brcs, haciéndose el pulso más salido y vigoroso ; 
h piel el color sonrosado propio de la circulaci 
y normal Y como recuperase mi madre la visiói 
gencía perdidas, hízonos entrar á todos los he 
decirnos con acentos que nos partían el alma: « 
hijos míos, y estoy contenta aunque me muera, 
que ya no os volvería á ver más». 

Creímos en parte ganada la batalla, pues la 
salida se había anunciado por abundantes cámara 
pero la intoxicación era intensa é insuficiente el i 
da para arrastrar todo el veneno, y de ahí que 
operada reapareciesen de nuevo los síntomas d< 
terior. 

Segunda operación.— Como lo dejara dicho 
neij en cuanto se presentaron los síntomas alarn 





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HISTORIAS clínicas II7 



de la tarde, le hizo el Dr. Escolano el segundo lavado de 
.000"; las corrientes de salida también se establecieron esta 
ez por cámaras y vómit os. Repitense los mismos fenómenos 
e alivio para volver á decaer 2 horas después, presentándose 
I primitivo estado de gravedad. 

Tercera operación.— Con un valor temerario, propio de 
li ciega fe en la doctrina y de la desesperación del caso, me 
ispuse á intentar un tercer lavado, que hubiese practicado por 
i mismo á no haber venido mi querido profesor, que lo hizo 
las 6 de la tarde, inyectándole 2.000^* en un intervalo de tiem- 
) de 35 minutos. En este tercer lavado se acentuó la corriente 
i salida por medio de 2 centigramos de pilocarpipa, que pro- 
ijeron diaforesis y sialorrea. Se consigue el alivio de todos 
s síntomas y una especie de equilibrio inestable, en el que la 
acción quiere vencer, mas no puede, porque el veneno es 
ucho, y deficiente aun el lavado conseguido; asi que á las 
horas de incesante lucha, para mi cruel y tristísima, vuelve 

nuevo á retroceder, perdiendo el camino que se había ga- 
do. 

Cuarta operación. — Otra vez llamo á mis compañeros, y 
ciendo un esfuerzo supremo, sólo posible dentro de mi fe 
r la doctrina y el cariño hacia mi madre, les aliento para 
e no desmayen y me auxilien á practicar una cuarta opera- 
>n. Dispongo el aparato, y con mano temblorosa descubro y 
lo la vena. Comenzó la operación á las 11 de la noche y 
repitieron todos los fenómenos favorables observados en la 
mera, si cabe con mayor intensidad, hasta el punto de decir- 
! mi madre: «Hijo, ya estoy buena; no tengo angustia; oigo 
reo con claridad». Duró la operación 40 minutos, y se le in- 



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ii8 



HISTORIAS CLÍmCAS 



yectaron 2,200", estableciéndose la corriente 
maras y sudor. 

Quinta operacloB,— A las 2 de la madruj 

un estado nauseoso que terminó con un vt 
simo, y á partir de él comenzó i retroceder 
á su primitiva gravedad, Al ver esto, ya no 
dispuse una quinta operación, que practiqu 
madrugada^ y al tener inyectado i.ioo", tí 
suspenderla por temor a que ganase en intí 
de aststolia^ que comenzaba á iniciarse sin dut 
berse interrumpido [a corriente de saüda- pen 
por medio del baño de vapor, pude con al 
comprobar los indicios de una reacción fra 
júbilo se apresuró á manifestarme mi querid 
pañero el Dr, Escolano, Continuó la di afores 
mañana dio una pequeña cantidad de orina, 
la misma proporción hasta 4 veces duranti 
estas micciones, con la cámara biliosa que 
y la poliuria eliminadora que se inició al slgí 
?eoc¡do el ataque de cólera y conseguida la 
convalecencia^). 

Después de la operación.— Quedó tranqii 
te mejorada la enferma, sin calambres» con ví 
raciones y 112 pulsaciones, consiguiendo orí 
na¿ las 7 de la mañana, 4 horas después de 
Clon. Se repitieron 4 veces tas micciones dui 
á !as $ de la noche del mismo día dio ur 
de 1,000'". 

El 17 se inició una verdadera poliuria. 




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C. \\ 



HISTORIAS CUHICAS 



iríj 



litros de orina transparente y decolorada* La polidipsia 
é al mismo tiempo exagerada; ingirió en bebida^ durante las 
imeras 24 hoi^^^» cerca de 6 litros de agua; por lo demás, 
enferma se encontraba bien, presentando todos los caracte* 
s de la reacción franca. 

Continuaron la poliuria y polidipsia durante todo el día 18, 
ibiendo verdadero equilibrio entre la cantidad de agua ínge- 
ia (6.000^') y la orina eliminada (5.400"), La respiración y 
pulso bien, y el estado general satisfactorio. 

£1 19 tuvo el flujo cacamenial, que fué, como todos los su- 
)s, abundantísimo (menorragia), y en su consecuencia quedó 
go decaída la enferma, con pulso más depresible y soplo 
biico en la región precordial. A pesar de ello, las funciones 
gánicas generales no se alteraron ni sobrevino ningún retro - 
so en la marcha de la convalecencia. 

El 20 nos llamó la atención la persistencia de la poliuria y 
alizamos la orina, encontrando en ella las reacciones de la 
jcosa. Esta glucosuriano nos alarmó: i.°, porque hemos en- 
nirado glucosa en la orina de todos los coléricos; y 2,'', por- 
e supimos que la enferma era ya algo glucosúrica antes del 

que, y conceptuamos su glucosuria, no como nueva y 

jendiente del ataque ó de los lavados, sino como simple exa- 
'■ bación de un fenómeno que ya existía. El régimen apfopia- 

(supresiónde azúcares y feculentos) ha bastado para conse- 

r la disminución de la cantidad de glucosa y de la poliuria 
^ grado tal, que nos hace esperar el pronto y cabal restable- 
i ciento (i). 



) La convakcencia ha sido larga, pero han contribuido circunstancias 
pcionaies: I, "5, Isi iii«nornigifl, que ínt abundanlísima Mgún hábito; i;^, una 



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I20 



msTORiAS clínicas 



Cantidad de liquido en cironladón. — Es este 
co en el que mayor cantidad de líquido terapéütio 
do. La enferma devolvía en forma de cámaras y 
liquido que en cada myección penetraba en sus ven 
pues en las primeras 24 horas siguientes al ataqu 
y grande polidipstaj por lo que resulta el §iguieiit 

Cantidad de agua inyectada. , , . 9. 
^) >» n ingerida en bebida. 6.1 

Total de agua ingerida, ij. 

AGUA ELIMINADA 



En cámaras y vómitos, 
» orina 






Toíal de agua eliminada, 1 4.1 

Además, las cantidades indeterminadas de sm 
transpiración pulmonar. 

Bifteiioaes. — De nuevo le dejamos la palab 
discípulo, transcribiendo literalmente las reflexiona 
en el escrito que publicó, á raíz de los sucesos, t 
gracias: 

ctEs el caso clínico de mi madre el liltimo de 1; 
pero el primero en cuanto á valor demostrativo y 
díciones, que le hacen el prototipo de los lavados 
en el tratamiento del cólera. Para llegar á hacer 



porcídn de llemones fjiie se han fraguatlo en cnda uno ríe los f 
pusieron Jas inyeccmives hipodérmicas (ias heridas de las vena 
y S'"* ^^ glucosiiríii, que ha cantríbuído á que ias heridas de I 
ya El cicE.t|-izq.do con mucha lenütud. 




HISTORIAS clínicas 



121 



madre se ha hecho, han sido necesarias todas las observa- 
rles precedentes^ que nuDca es poca toda prudencia y cautela 
indo se experimenta in anima villi. 

Ha sido preciso recurrir primero á medios Inofensivos, cual 
baño de vapor, para llegar más tarde á las indicaciones va* 
ntes de los purganies y de la pilocarpina; preciso comenzar 
r corrientes relativamente moderadas de 2 y 4 litros, antes 

llegar á la cifra enorme y arriesgada de 9.500% que ha 
3o la corriente necesaria para conseguir el lavado de la sangre 
i el hecho clínico que tan de cerca me toca. 

¿Quién no ve, en los hechos relatados, que son expresión 
acta y fiel ét lo sucedido, una prueba palmaria y evidente del 
der curativo del lavado de la sangre? Adelantar y retroceder; 
nir á la escena los síntomas graves que amenazaban con la 
aerte, y acudir con las corrientes de agua por 5 veces á neutra- 
ar los efectos tóxicos de los venenos que, siendo arrastrados 
íxterior, producían alivio, hasta conseguir el lavado comple- 
mediante la circulación intravascular de 9 litros y medio 
agua en unas cuantas horas, hechos son que llevan eleon- 
Lcimiento á todos cuantos de cerca los presenciaron, del po- 

realmente curativo del lavado de la sangre en el tratamiento 

cólera. 

Pero si alguna duda quedara, un hecho irrefutable la desva- 
le. Con las debidas precauciones fueron llevados al laborato- 
del Dr. Peset los humores que se obtenían después de cada 
ado, y en ellos encontró este distinguido químico las reac- 
nes características de las toxialbiiminas* Variando los proce- 
nientoSj haciendo uso de casi todos los reactivos señalados 
t la ciencia, unas veces como Selmi, otras como Stas, otras 



re 



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I ai 



HISTCniíAS CLimCAS 




como Gouiier, otras com0Bneger, en concienzudo 
informe, ha señalado el Dr. Peset la presencia de h 
especiBcos en los humores analizados. 

Si, pues, las corrientes alivian, y en los produc 
de ellas se eliminan, la química encuentra las substa 
que, segim las nuevas doctrinas de la ciencia, son i 
la intoxicación colérica^ ¿quién podrá negar ante i 
el poder curativo del lavado que por manera ui 
evidente depura la sangre? Et hecho de hacer pasar 
cías tóxicas de las venas del colérico, en donde le 
á las probetas del químico, siempre será un triunfo ; 
para la doctrina y para la ciencia. Por eso espero 
alegría de un discípulo que quiere i su maestro, ( 
una doctrina que, como dije al principio, ha de he 
de poco á la escuela valenciana, donde ha nacido. 

Réstame ahora, para terminar, hacer constar ! 
justo agradecimiento i los Dres. Romero, Escolan 
LUsterrí, Adam, Tenes, Martén, Domingo, I?-qu 
líente, que con sus conocimientos y servicios ayu 
aquellos apuradísimos trances y contribuyeron al és 
tanto me alegra. Doilas también, con toda el alma, : 
maestro el Dr. Moliner, i deador de la doctrina, h 
mi fe y salvador de mi madre. 

Gracias mil, mi querido maestro y compañen 
este público testimonio que os doy de raí eterno 
agradecimiento. 

Villanueva del Grao 6 Noviembre del 90.— J- 

MINE», 

Por muchos otros conceptos, aparte de los qi 





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HISTORIAS clínicas 



J2| 



r, Juan y Dómine, es importante el hecho dinico que acaba* 
IOS de historiar; no sólo el poder terapéutico del lavado, sino 
tnos particulares relativos i su acción fisiológica y curativa 
isültan demostrados, como tendremos ocasión de señalar en 
tercera parte razonada de este libro. 




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^.v. 










ANÁLISIS QDÍHICO DE DIVERSOS PRODUCTOS COLÉRICOS 

POR 

D. VICENTE PESET 

Doctoren Ciencias y en Medicina, ex Director del Laboratorio judicial 

de Madrid, etc. 



Con motivo de los curiosos experimentos que está prac- 
ticando el Dr. Moliner sobre el lavado de la sangre en esta 
epidemia colérica que aflige á Valencia hace más de tres me- 
ses, me ha cabido la honra de ser designado por tan ilustre 
catedrático para verificar el análisis químico de varias materias 
procedentes de los enfermos coléricos, análisis cuyo punto de 
vista principal se refiere á la eliminación de substancias alca- 
lóidicas (leucomainas y ptomaínas) por las distintas vías. 

He aquí los resultados conseguidos con la posible escrupu- 
losidad: 

ORINAS 

Llevo analizadas hasta la fecha cuatro orinas procedentes 
de coléricos; el día 3 recibí la de un enfermo reaccionado, 
cama núm. 8 del hospital de San José, recogida á las 12 ho- 



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lié 



kHkuMs auíifioo 



ras de praciicarse dicha operación, siendo h primei 

el día II otra del enfermo José Maní del niísmo h 
pulsada tras del cuarto lavado; el i6 dos más de 
MorcnOj luego del primer lavado, yna expelida á 1; 
de éste y la otra á las 24. Indico á continuación lo 
expuestos por el mismo orden. 

Orina nim* 1.— Amarilla, con copos blancos a 
y regular cantidad de sedimento, de reacción ác; 
con bástante albúmina^ indicios de glucosa y excesi 
de cloruros. 

Como sólo recibí 56", se prescindió de ciertas 
Clones cuaniitativasj y traté en primer término de 
alcaloides aplicando el conocido método de Selmi, 
Stas algo modJñcado, consiguiendo, merced al éter, 
tos extractivos solubles en los ácidos débiles, que ( 
reacciones propias de las bases orgánicas; 

El ácido pícricoun precipitado, relativamente ab: 
color amarillo claro; 

El tanino otro blanco muy esponjoso; 
. El cloruro platínico lo dio de color sucio, al i 
cristalino en agujas amarillentas; •• 

El yoduro potásico yodado uno ligerísímo en 
renos; 

El yoduro doble de potasio y de bismuto^ preci 
parecido al anterior; 

El fosfomolibdato sódico otro amarillento* 

Inútil es advertir que se utilizó una gota parí 
ción, colocada en vidrio de reloj puesto sobre p; 
para apreciar bien las coloraciones. 




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ANÁLISIS aOÍMTCO 



tn 



carbonato sódico se obtuvo un precipitado blanco 
ble. 

imo, se intencaroa las dos siguientes reacciones 
s— no ia del prusiato rojo, que carece de todo va- 

probándose la presencia de alcaloides anímales^ 

o yódico se redujo á calor suave; y 

lo sulfúrico algo diluido proporcionó un matiz rojo 

e se sabe cuan difícil es obtener las ptomaínas puras 
i y otros principios inmediatos animales, capaces de 
dichas reacciones, resulta mi estudio bastante com- 
; interés, porque en el estado actual de ía química 
es indispensable concluir de aquellos resultados la 
de alcaloides en esta orina. Sin embargo^ no se pier- 
i que la orina normal los contiene á veces, y casi 
patológica. Falca un método seguro para aislar las ^ 
tomainas— muchas de las cuales no se conocen aún, 
en el presente caso no hubiera podido aplicarse por 
cantidad de orina recibida. 

DÚm. 2,-- Amarillo sucia, opalino intensa, muy áci- 
¡o claros indicios de albúmina y abundantes substan- 
toras de tas que disuelven el óxido rojo de cobre. 
QÍa un grande exceso de urea, que, determinada con 
oximación por medio de la disolución volumétrica de 
mercurio, resultó en cantidad de 53 gramos por litro 
normal contiene unos 26 gramos), 
ida una parte al método analiiico de Selnii no se 
materia alguna alcalóídica, por lo cual otra, en volu- 
grande, se trató según aconseja Brieger, lográndose 




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A>iAi.isjs auiwTco 



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al fin dudosas reacciones con el ácido picrico y el < 
linico. 

Orina aám. 3.— Era negruzcaj turbíaj con sedín 
queeino sucio, muy acida, con bastante albúmina, i 
{^^ gramos por litro). 

Pude reconocer, siguiendo á Selrai, las bases 
aunque no diferenciarlas entre si. Los precipitados 
con varios reactivos de alcaloides, de esos que se 
eran claros; y lo fué también la reducción del ácid 
el vivo color amarillo por el ácido nítrico, imposib 
fundir con la coloración propia del acido xantoproD 

Orina núm, 4. — También obscura y en pequeñj 
turbia, con sedimento, muy acida, no precipitó pe 
nítrico (ausencia de albúmina en la filtrada) y erar 
mas las reacciones de alcaloide. 



DEYECCtONES 




Sólo be tenido ocasión de analizar una el día ^ 
vos, procedente del enfermo núm. 170 del regisiro, 
hospital de San José, recogida á las 3 de la madrug 
me dijeron. 

Habían iz""" de un líquido claro y opalino, de reí 
alcalina y olor amoniacal, con trazas de materia alb 
y grande abundancia de los principios de la orina 
litro ^ i'7 gramos). 

Sometidos 10" al mencionado método del prof< 
no, se lograron análogas reacciones, imputables 
ellas á los principios básicos, á pesar de la obsc 




AKÁLIÍIS QUÍMICO 



13 



I 



ina en esta materia y de la escasa proporción que pude so- 
íter al análisis. 



VÓMITOS 



Dos se han analizado. Uno recibido el día ii^ del citado 
érico José Maní, que se presentó tras de la primera inyec- 
n; y otro del día i6, de D.' Filomena Dómine, de Villa- 
;va del Grao, madre de mi discípulo el estudioso médico 
Juan y Dómine, cuyo vómito tuvo lugar luego del tercer 
ado. 

Vómito nim. 1.— Era claro, con menudos copos verdes en 
pensión que le daban este matiz á simple vista y abundan- 
en el fondo del irasco, de i'oio densidad y reacción muy 
la. Carecía de albúmina (tan común, se dice, en esta clase 
cómicos), daba reacción de materias biliares, de sulfatos en 
ndancia é indicios de glucosa. 

Acusó por litro 1*092 gramos de cloro, equivalente i 1*8015 
:Ioruro sódico. 
De urea, 0^5 gramo. 

Contenia 10' de ácido normal libre por litro (esto es, del 
lado por un equivalente de ácido disuelto en i.ooo" de 
i^^ que calculados como de clórído hídrico anhidro resuU 
en cantidad de 0*3646 gramo por üiro. Sin embargo, b 
tz dependía de una mezcla de ácidos clorhídrico y acético? 
i o probable que existiesen también otros. 
^or tener materia en cantidad relativamente abundante se 
y ó el método de Gautier, fundado en el empleo del acido 
¡co, filtración, destilación y neutralización sucesivas, etc.. 



:|' l| 



130 



ANÁLISIS QülwiCO 



para disolver en alcohol concentrado los sulfatos 
que se purifican luego, sin olvidar las bases fijas qi 
cen en la retorta. Asi logré fuertes trazas de subsi 
linas, las volátiles muy reductoras para el ácido yod 
fija dando color rojo violáceo por el ácido sulfúricí 
disueltas en ctórido hídrtco débü^ precipitaban net 
los yoduros dobles, los cloruros de platino y de on 
pícrico^ tánico, fosfonfiolíbdico j fosfowalfrimico, 
negable la presencia de alcaloides animales en 1 
porción* 

Y á propósito, es de notar en éste y en cuanto 
practicado sobre productos coléricos, la relativa í 
que logré dichas reacciones alcalóídicas^ hecho qi 
exagerada abundancia de tales bases en esta enfe 
que se necesitan grandes cantidades de materia pa 
las de ordinario* Recuérdese la cifra cuantítativ 
Maas, la más alta sin duda de los prácticos que tra 
asunto, y se echará de ver que estas bases suelen 
en mínimas proporciones. 

Además se cultivó i" del vómito en placas de 3 
tritiva y esterilizada, según el método de Koch, no 
el espirilo colerígeno buscado durante varios días, { 
pocas colonias vulgares. 

Vómito núm, 2,— De color amarillo, con copití 
de reacción ligeramente acida, sin albúmina disi 
trazas de urea. 

Ensayóse el método dialisico de G. Pouchet (c< 
de formar juicio comparativo)^ mediante el cual se 
disoluciones que precipitaban por alguno de los rea 





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ANÁLISIS QUÍMICO tft 



Clonados j especialmente por el ácido pie rico y el sublimado 
corrosivo* 

SALIVA 

Nada más una se analizó, procedente de la mencionada se- 
ñora Dómine, tras del tercer lavado recogida, y que se recibió 
en mi laboratorio el dia i6. Debe advertirse que la enferma se 
hallaba sometida á la acción de la pilocarpina. 

Líquido incoloro, opalino, ligerisimamente ácido, dio por 
el calor un precipiudo soluble en ácido nítrico que se regene- 
raba de nuevo, amarillo, por el molibdeno (fosfatos), carecía 
del sulfocianuro de la saliva normal y no pudo reconocerse la 
diastasa fisiológica (ptialina). 

A pesar del escaso volumen de saliva recibida pudieron 
reconocerse trazas de alcaloide (¿pilocarpina?) y algo que pu- 
liera ser reducción ptomáinica del ácido yódico, aunque no es 
)rudente asegurarlo. 

LECHE 

Recogida de una colérica el día 7, al terminar el lavado de 
u sangre; vivía en la calle de Zapateros, núm 12, y criaba á 
i hijo 13 meses hacía. 

De color blanco verdoso sucio poco graduado, reacción 
calina, densidad 1*02488 (siéndola normal de i'ó28 á i'o34). 
I suero contenía cerca del 3 por 100 de cloruro y algo de 
ea. 

Pobre de elementos normales, concretábase al punto sobre 
portaobjetos del microscopio, apareciendo homogénea (¿al- 



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ÜNÁLISIS QüÍ3h«lC0 



búmina de la sangre?). Expcrimencó rápidamente U í 

ción liaica. 

El método de Selmi proporcionó un copo de dudí 

ción ptomdíníca, 

Ni en la leche, ni en los demás humores men 

pudo caracterizarse la materia colorante de la sangre 

diera indicar la destrucción profunda del glóbulo rojo- 
Valencia 20 Octubre de 1890. 

Dr. Vicexte Pesei 



T-^^fe7^ 



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n.v. 




ANÁLISIS MICROGfiÁFICOS Y MICROQUIMICOS 



rH4CTiC4t)OS 



POK EL ILUSTRADÚ BACTERIÓLOGO 

eí Reverendo Padre Antonio Vieení 



Orina, — Procedente del colérico D. N, N* (i), recogida 15 
horas después del lavado. Densidad normal, color claro, reac- 
ción muy acida, muchos cloruros, poca albúmina y alguno que 
otro glóbulo rojo deformado. 

Inyectada en el mismo día á 3 conejillos (inyección peri- 
toneal) en la proporción de 10, 8 y í'% les ocasionó la muer- 
te á las ii, 16 y 24 horas respectivamente con fenómenos de 
algidez, colapso y diarrea. La autopsia no demostró peritoni- 
tis^ ni el análisis micrograSco de la sangre evidenció ninguna 
bacteridea. 

Cultivada en el agar-agar resultó estéril 

Sudor. — Procedente del colérico Miguel Tomás (2) del 

(1) Obaervitcidn 4,*. 
¿a) Ídem 9,^. 



II 



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AHAlISTS MÍCKOGaiFICOS V KICROauiHlCOS 

hospital Je San José, recogido durante el prime 
Transparente, incoloro y muy ácido. 

Por el ácido pícrico dio crístalizacioties de albumi 
dos formas; radiada y prismática, perfectamente apr 
microscopio. 

Inyectado en el peritoneo á un conejillo en la c 
5", determinó á las 16 horas su muerte con diarrea 
sima^ algide^ y dilatación de k pupila. 

Biyecciones.— Reconocido el liquido diaireico 
después de su evacuación (i), formaba en la probeta 
una superior, de 18 centímetros de altura, transpare 
ramente amarillenta, y un depósito escaso^ de medí 
tro de altura, de color negruzco, formado por el 
bismuto. 

Recogida por decantación la parte superior líqui 
sin albúmina^ abundante en cloruros, neutra y de oh 
tído* No dio cultivo de vírgulas ni pudieron recono 
por el examen directo. Inyectada en la cantidad c 
peritoneo de un conejillo, no determinó ningún acc 
table. 

Ni en el sudor ni en las deyecciones pudieroi 
pesar de haberlos buscado con esmero y paclencí; 
TOJOS normales ó deformados; sólo al reconocer la c 
alguno (muy pocos) en el carapo del microscopio. 

(i) ProcwJiít del eníermo de la observación 7'^. 

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TERCERA PARTE RAZONADA 



DEDUCCIONES 



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^^^Msfiéñ^A¿^A\ñr^i^fs^i^jr^ 




CAPÍTULO PRIMERO 



icia terapéutica dd laTado de la sangre^^ — Coe el larado se con- 
gnen comentes de salida. — £1 agua de la corriente de salida con- 
íue los principios tóxicos cnja eliminacida se desea. 



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Sñcacia terapéutica del lavado de la sangre. — No puede 
irse; la Clínica y la Química de consuno comprueban que, 
el lavado de la sangre, tal cual lo hemos ideado y se com- 
de en nuestra doctrina, se consiguen evidentemente co- 
tes de salida eliminadoras de los tóxicos patológicos. 
ira esto de presumir, liabida consideración de lo que en 
genera! dicen las leyes de la fisiología normal y patológt* 
fesde el momento que, tanto en el estado de salud como en 
enfermedad, el organismo se descarta mediante las se- 
jnes de gran parte de los principios inútiles, perjudiciales 
ranos que normal ó accidentalmente puede contener; des- 
momento que en las secreciones existen los productos 
nutrición inútiles para la vida y perjudiciales, y este hecho 



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EHCAQA TERAFECnCA DEL LATIDO 




de la deparaciÓQ constante por la yú de la eliminadán t» wbi 
ley permanente de la físiología nonnal; desde el cooiiiaui qac 
esumos acositiiiibrados á ver de qué suerte el orgaoisBXi tSr 
mina ó expele, por virtud de esa ley fisiológica geocfal Je li 
depuración orgánica, todo principio extraño, ora sea medio- 
mento, ora sea tóxico, que no haya quedado reducido por la- 
solubilidad ó 6jo á los tejidos por combinacióo qittmk^ 
manente; desde el momento que en la saliva, en e! s^i. 
la bilis, en la orina, están las sales de mercurio, ó la ^u¡&¿a«, v 
la urea, ó el yoduro potásico, ó los fosfatos ó los solfiíros, et:^ 
etcétera, principios que el organismo elimina en cantidades va- 
riables y en tiempos diferentes según las varias dramstanciis 
que en el hecho influyen, pero con inalterable constanda deri- 
vada de lo fijo de la ley, era de presumir, decimos, que aquellci 
tóxicos morbosos determinantes del auque agndo de cólera, 
pudieran tener por esu vía de la eliminación secretoria salle: 
ó escape. 

La terapéutica experimenul, la toxicologia, las leyes coco- 
cidas de la fisiología patológica imperantes en mochas enic 
medades, las experiencias de Sanquirico y la misma fis^- 
logia normal, nos daban la hipótesis terapéutica del lav^ 
como muy racional y científica. 

Razonando como clínicos, también la veíamos posibk. 1. 
la marcha, en la evolución, en el encadenamiento ñndrócri: 
en las particularidades de las terminaciones, ¿ivorables ó :• 
versas, de las enfermedades infecciosas, encontrihamos ir.~^. 
vos suficientes para admitir un principio que por so exisrr. 
engendra los daños y por su eliminación las crisis ó can^ 
nes, con cuyo principio relacionábamos, con las reLaor- 



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EÍICACU TBRAPÉUTICA DEL LAVADO 



159 



e unen las consecuencias á sus premisas, la posibilidad lera- 
stica del lavado de la sangre. 

En un trabajo sobre esta tesis (lavado de la sangre) (i), 
:rito dos años ha, decíamos, después de discurrir sobre U 
stencía de lo que entonces aun era hipotético, esto es, de las 
:rasias ó dishemias especificas, lo siguiente: «Hay enferme* 
I, porque la sangre está químicamente alterada por la pre- 
cia de un principio extraño (tóxico) segregado por el mi* 
bio. Este principio tóxico tiene propiedades diversas que 
ducen acciones varias en los diferentes tejidos y órganos, 
sangre lo difunde por todo el organismo, actúa el veneno 
re los elementos vivos, y nacen las lesiones y los síntomas. 
o el veneno es soluble y el agua la disuelve. El agua puede 
rar en el organismo y salir de él en la cantidad que quera- 
i; puede entrar, disolver y diluir el veneno; puede salir 
ándolo en disolución y extraerlo del organismo, y, una vez 
a la materia pecante, la curación se habrá realizado y el 
;anísmo de esta curación, pensadlo bien, no habrá sido otro 

el lavado de la sangre». 

En los dos años transcurridos, U ciencia en general, y en 
icular la Microbiología con su derivada la Química bioló* 
, han adelantado mucho, lo suficiente para que sean he- 
; comprobados en muchas enfermedades por Bouchard, 
ger, Villiers, Pouchet y otros, lo que entonces sólo se 
i con respecto al cólera de las gallinas, esto es, la existen- 
le principios tóxicos ptomáioicos ó albumíootoxinas qae» 
el alcaloide narcótico de Pasteur, determinan, al pasar i la 

Discurso sobre MI ¡enfada de la iangre^ Iddo en k Real AcademÍA de 
ina de Valencia el 15 de Marzo de 1888. 



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I4t* 



EFICACIA TgftAPÉOTICA. DEL LAVADO 



sangre, muchos de los trastornos morbosos que se 
en las enfermedades infecciosas. 

Y concretándonos al cólera, los notables expeí 
Bouchard sobre la intoxicación colérica^ el hecho ii 
mo de producir esta intoxicación con k orina de 1< 
tos estudios de Brie^er sobre las ptomaínas del vírj 
grande impulso i nuestras ideas, y sanción á las di; 
más bien especulativas que prácticas^ que en nue 
trabajo sobre el lavado de la sangre consignaba r 
tales nuevos impulsos y sanciones, discurrimos en < 
con ocasión de la epidemia colérica que nos am 
doctrina del lavado de la sangre qut en nuestro íol 
desarrollado }' discutido. 

En dicho folleto están consignadas todas las r 
nos daban como racional y posible la ¡dea terapéut 
dir con grandes corrientes de agua intravasculares, 
disolver y arrastrar al exterior los tóxicos que, segí 
Nosología j determinan y engendran los trastorno 
ves de la intoxicación colérica. 

La idea en principio resultaba científica^ y posi! 
por todos los lados. Razones de patogenia nos ha 
tír la existencia en la sangre de los coléricos d< 
tóxicos susceptibles de ser eliminados; razones de 
nos hacían presumir que la curación del cólera f 
á una eliminación de los tóxicos específicos; hech 
logia experimental (los de Bouchard especialmente^ 
como segura esa eliminación por la vía renal, y 1 
de Brieger sobre las ptomaínas virgulares completa 
trina- 



Y, 




ETICACIA TERAPÉUTICA DEL LAVADO 



141 



trabajo aludido están todas las razones que ahora no 
iso repciir; aquellas razones, delineando la doctrina^ 
Dn las experiencias, y ahora^ como que las experiencias 
in hecho, lo que nos importa es consignar su fallo. Y 
,c las experiencias realizadas es afirinativo y favorable 
riña; la experiencia clínica dice que el lavado de la 
al cual nosotros lo hemos hecho, tiene eficacia teta- 
alcanza el fin que se propone: i.**, porque realmente se 
n corrientes de salida; y 2.*, porque en eí agua de estas 
s están los principios tóxicos cuya eliminación se 




■on A lavado se coniignen eonientea de salida,— 
hechos lo comprueban y evidencian. Comenzamos á 
r manera innegable^ y con nosotros todos los que pre- 
1 eí hecho (Dres* Torres, Malboysón, Albiol, Sanchis» 
íavarrOj Villanueva, Moreno), en el caso clínico de 
■ación j," (véase pág. 42). Estaba la piel fría, seca y 
¡nada, como suele estar siempre en el período álgido 
:oxícación confirmada; comienza la operación^ van 5 
de inyección y de baño de vapor, y rompe el enfermo 
1 penas iranscurrido el primer tiempo, de manera tan 
intensa, que los chorros que se deslizan por la frente 
£11 el pabellón auricular, algo doblado por la posición de 
, forman una balsa de sudor. No se recogió, porque no 
is cosas dispuestas para ello; pero fué tan general, tan 
durante todos los tiempos de la inyección, que bien 
asegurar que salía por diaforesis toda el agua que ind- 
ios. La marcha del aparato lo comprueba. Ya veremos 
inte, cuando nos ocupemos de este pumo, que, cuan- 



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EFtCACIA TBKAPftUTECiL DEL LAVADO 



D bajando-de 500'^'= á 400 y i 300, y cuando al comen- 
período acusa el enfermo deseos de evacuar y suelta 
ís cámaras, rebajando por ellas la tensión, vuelve el 
in fidelidad matemática á dar mayor gasto real so* 
300'^ a 500 y 600. De modo que el enfermo, des- 
liar toda la tarde sin tener ninguna cámara, da, al 
:! tercer período de la operación, dos evacuaciones 
imas^ las cuales^ modificando la presión intravascu- 
íejan en el aparato^ determinando en él un mayor 
poner eo comunicación, mediante la abertura de la 
cavidad del sistema vascular con la del aparato, una 
hidriulica impera para que mutuamente se modifi- 
uencieii las presiones de los líquidos contenidos en 
ad. El imperio de esta ley, expresado por hechos, 
>or manera más evidente demuestra la íntima rela- 
igica entre la corriente de entrada (inyección), el 
e la presión vascular y la disminución del gasto real 
( por una parte, y por otra, entre el aumento de ten- 
lar^ las evacuaciones abundantísimas (corriente de 
disminución de la tensión vascular, y, como conse- 
mayor gasto real del aparato, 
I de la observación 13.* es también elocuentísimo, 
erica que ya está 24 horas sin dar de mamar i su 
e no tiene leche en los pechos. La grande dcshidra- 
la sangre y de los tejidos en el cólera explica este 
ún se sabe, como explica la anuria y la espesitud de 
is y la sequedad de las mucc^as, y el aspecto aper- 
de la piel, etc., etc. Pues bien; al terminar cada una 
operaciones, una sensación de plenitud en los pechos 




45 

Í^ATM Di 



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144 



EFICACIA TERAPÉUTICA DEL LAVADO 




que se gradúa en pocos minutos hasta Uegar al 
obligará la enferma a quejarse y á nosotros i estrai 
para rebajar la distensión de las mamas antes flácid 
¿Podrá alegarse hecho más elocuente en pro de ! 
estamos susEentando? 

En ia observación 15,* también pudieron pers 
muchos" doctores que presenciaron los ¡leclios, de I 
y constancia con que ta inyección intravenosa pro^ 
diatameme corrientes de salida, O bien por cánij 
por vómito, devoKna la enferma el agua que se 1 
en cuatro de los cinco lavados que se le hicieron; 
en el tercero, y esto demuestra que tiene el ai 
poder para imprimir dirección á las corrientes^ por 
yectado o'o2 gramo de pilocarpina se obtuvo la ce 
diafore sis. 

Y, por fin, bien examinadas todas las obsen 
hecho de que el agua inyectada viene al exterior o 
y pronranientej queda demostrado, pues ha sido la ; 
ral* Podrá haber variado la puerta de salida de las 
siendo en unas la diaforesis, en otras el vómito» en c 
maras, y la glándula mamaria en la 13.*; podrán ha 
también algo en el tiempo ó momento en que se I: 
zado, consiguiéndose unas veces durante la opera 
"veces al terminar y otras media hora después (ob; 
4/ y 11/); pero las corrientes han existido en caí 
casos, siendo, como decimos, su realización la ley y 
excepción, pues sólo han faltado en las observación 
6.' y 10/, por causas y razones que han quedado ex| 
las historias respectivas. 




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EFICACIA TERAPfeUTÍGA DEL LAVADO 



145 



que haya corrientes Je salida, para que haya secre- 
;e necesita que el organismo conserve aptos aun para 
in á los órganos eliminadores^ un cierto grado de ener- 

y de integridad de los centros nerviosos, sin lo cual 
lente que no han de ser posibles los complejos actos 
)s y ner%'losos que toda secreción reclama; y al exa- 
e cerca los casos en que no se han obtenido corrientes 
a^ se ve que en las observaciones 2.' y 5.* (píigs. 3S y 
estado agónico la hacía imposible; en la 6^ (pág. 54)^ 

naturaleza de (a enferma quedó muy pronto desban- 
r el ataque de cólera gravísimo, irregular y traidor, y 
íservación 10/ (pág. 79), las lesiones graves de una 
moiiaren el tercer periodo, explican con razón^ más que 
e^ la desviación de la corriente que se liÍ2ü patológica 
» en el pericardio. 

otra pane, esto ya se sabia; todos los que han lieclio 
snes intravenosas á ios coléricos, consignan la facilidad 
ocia con que se establecen los vómitos y las cámaras^ 
n el cual se funda Hayem para añadir, al objeta de e vi- 
enes cantidades de sulfato de sosa á título de sal ane- 
ca* Y si fuésemos aficionados i citar textos antiguos, 
Lariamos la observación de aquel enfermo operado en 
1, allá por el año 35, apenas nacidas las inyecciones in- 
íasj que le decía á su medico el licenciado Juan Pachín: 
[tío me introduce usted agua por la vena me va saliendo 
stómago» (i). Cuando una cosa es verdad, á todos los 
, se evidencia, y esta observación de un enfermo pro- 

bstrYactünes sobre la fiih¿*f¡i}a y i¡ triihimicnii* dú¡ iMiut-tfi^i hii //» 
íf fíí/ff/Jt',— Valencia 1S35, ()ág, 27. 



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II 






r^ 



14É 



EFICACtA TERAPÉUTICA DEL LAVADO 



fano, hecha tantos años ha, no es más que !a noción 
de k ley que nosotros iraumos de formular y Jeme 
este capítulo- 
La inyecdón intravenosa determina corrientes de 
agua inyectada va muy suelta, aunque mezclada con 1 
por el interior del aparato vascular, y con facilidad 
por el más leve motivo; recuérdese la génesis del i 
cardias de la observacíóa iD,' (pág. 76), y se verá c 
do esto que decimos. La dirección de la corriente Vi 
veces hemos conseguido la corriente por diaforesis 
dones i/, 2.% 3,*, 7.*, 9.*), otras veces por cámaras, 
vómitos. £1 tiempo de su presentación también hí 
aunque menos; por lo regular ha sido durante la < 
sólo en Jos casos (observaciones 4.' y 11/) se ha \ 
media hora después. 

En suma: la corriente de salida existe, y el lavad 
nosotros lo hacemos, la determina por ley genera 
falca en contadas y determinadas condiciones de g 
nergia vital y deterioro orgánico. Por esta parte, el 
salido victorioso; uno de sus elementos escncialeSj 
del líquido inyectado, se consigue. Veamos si se lis 
también el otro factor, ó sea el arrascre ó ehminac 
principios tóxicos. 

2.^ El agua de la corriente de salida contiene 1 
píos tóxicos cuja elimmacióii %% de&ea.— La Qutmi 
perímentación biológica tienen !a palabra. Para demc 
para saber si hay ó no hay en los humores segregs 
rias extrañas ó nocivas no valen palabras, ni silogisi 
sólo los hechos que en las probetas se analicen ó I 





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EFICACIA. TERAPÉUTICA DEL LAVADO I47 

süken de los análisis mícroquímicos y de los experitneatos 
biológicos. 

Véanse estos análisis: los del Dr. Peset, pág, iljí 7 los del 
P* Vicent, pdg. 135; unos y otros se completan para afirmar, 
con el lenguaje lacónico y escueto, pero convincente y positi- 
vo de los hechoSj que en los humores segregados por nuestros 
coléricos después del lavado, existen los principios tóxicos espe- 
cíficos causantes de la intoxicación colérica. 

Cierto que en los análisis del Dr. Peset, cualitativos gené- 
ricos, si se nos permite la frascj no están determinadas las es- 
pecies ptomáinicas de modo particular y concreto; pero esto 
seria loca pretensión exigirlo en el estado actual de la Quími- 
ca microbiana. Bueno que Gautier ó Brieger puedan determi- 
nar en el laboratorio, actuando sobre grandes cantidades de 
fiuteria, la ptomaína A ó la ptomaina 6; dada la cantidad de 
humores que el clínico recoge, no puede hacerse eso, y menos 
ahora que aun no están bien determinadas por la Química las 
diferentes reacciones. Basta con lo que el Dr. Peset ha hecho, 
ya que en el estado actual de la ciencia no puede pedirse más; 
) basta con que resulten comprobadas las reacciones ptomáini- 
cas del modo como lo están^ y basta á nuestro objeto que el 
I Dr, Peset diga que las ha encontrado en gran abundancia y 
' claridad. 

I Los análisis micrograficos del P. Vicenc corroborarán los 

I datos del análisis químico, y los experimentos en el cone- 
jillo los complementan demostrando la calidad especifica de 
aquella substancia que daba en las probetas las reacciones pto- 
máinicas. Coa el sudor del enfermo de la observación j."" y con 
k orina del colérico de la obserwción 4.% se determinó la 



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14» 



EHCACU TBRAPÉOnCá DCL UtVADO 



moene i 4 conejillos que murieran con los síntofnis 
eos de la intoxicación colérica. 

El análisis de las orinas parece que sea algo contr 
pues de las 4 orinas analizadas, 2 ofrecen reacciones j 
cas evidentes^ y las otras 2 no. 

No hay, sin embargo, según creemos, tal con ti 
antes bien, descubrimos en ese hecho una ley de relati 
tancia para la interpretación patogénica del cólera* V 
hechos: 

OrinM. tt,* t, *egr.* ts horu «teipués del aiau]oe. Con reacciones f 
- 2, » 43 9 » <le la aludes* Sin * 

5, • to • • del ataque. Con • 

» » 4, > 24 -^ • » > Stn » 

Ahora bien; la orina núm. 1 es del enfermo de la 
ción 9.% del cual procedía el sudor que determinó I 
al conejillo con síntomas específicos. La orina núm* : 
ponde al enfermo de la observación 12/, el cual dio, 
lavado l.^ el vómito analizado con el núm, i, qu 
abundantísimas reacciones ptomáinicas. Las orinas ni 
4 son de la misma enferma. Estos hechos parecen 
esta es la ley á que antes nos referíamos, que las p 
especificas generadoras del ataque agudo de cólera & 
se transforman ó se eliminan rápidamente antes d 
horas, y que, desde luego^ los venenos que producei 
dez no son ios mismos que los que determinan los a 
consecutivos propios de las reacciones abortadas. 

La Quimica y la experimentación biológica dicer 
sumen^ que, en los humores de los coléricos obtenídc 
bvado^ existen los principios tóxicos causantes del mi 




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Goosl 



EFICACÍA TEftAPÉÜTÍGA DEL LAVADO 



149 



paes, comprobados los dos puntos esenciales, los dos efectos 
<jue acreditan al lavado de la sangre como remedio terapéuci- 
tico eficaz y positivo: i .% que el lavado provoca corríeotes de 
salida; y 2.% que en los líquidos de estas corrientes están los 
tóxicos específicos cuya clímitiación se desea. 



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u i y i üiLUU^CoQQ^fe 



CAPÍTULO II 



Jantidad de líquido necesaria para el layado. — Las oorrieEfces intrii- 
Tasculares no peijadican al glóbulo rojo, 



Cantidaá dd Ilíquido necesaria para el lavado* -Esta es 
ina cuestión esencial, pero de resolución difícil, ínterin no se 
nukipliquen las experiencias necesarias en el sentido en que 
losotros las hemos comenzado. Cuanto digamos hoy sobre 
:ste particular, no puede dejar de tener un valor limitado en 
elación con el escaso número de experiencias realizadas. 

La razón concibe, que según sea la cantidad x de prin ci- 
lios que se han de eliminar, así ha de ser la cantidad de agua 
leccsaria para su eliminación. También concibe la razón, que 
a gravedad del ataque ha de estar en relación con la cantidad 
ariable x de principios tóxicos; y que, los efectos son, en 
urna, producto de dos variables: de la cantidad variable x de 
irincipios tóxicos, y de la cantidad, también variable, de resis- 
encía orgánica. 



f^ \S\\ 



Cantidad d« Hqotdl ií«mm»íii « t J U>uá¿ ti¡ kuííííiíL. }í.íj 



caatii«á i» n^iéu tmm» 

caá a>eKj<>n «*«:'.'■>*. •<" 



¡aotmifétm^ 4fi0^ 



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1)2 



LÍciüír>o NEcesARto pasa el lavado 



Difícil ha de ser y más bien que difícil imposibl 
nar á priorij en el estado actual de la ciencia, la rc! 
un problema en el que figuran tantas variables y ta 
oitas; pero la observación clínica puede abrirse pa 
de las tupidas sombras del problema, para resolverlo 
de la experiencia. 

Examinando de un modo superficial los 6 casos « 
que figuran en nuestra estadística, se ve que la c 
agua que ha sido necesaria para determinar la cura 
en términos muy amplios; desde 1*9 litros como 
hasta 9*5 litros como máximum. Las diferencias, c 
son tan grandes; un examen mas detenido y exacto, 
que, la cantidad de agua en circulación que ha sid 
para vencer el ataque, es más igual en todos los cas 

Hay que ver en estos 6 casos de curación la can 
de liquido que ha circulado por el organismo dura 
meras 24 horas de la reacción favorable, y anotar, 
agua que se ha inyectado, sino la que el enfermo ha 
esas horas en que, iniciada la crisis y calmados los ^ 
regularizan las funciones intestinales hasta que a 
primeras evacuaciones biliosas, pues para el hecho 
ción del cólera por el lavado, tanto da que la circ 
debida a! agua que el arte inyecta, como i la que 
lezase procura con la sed insaciable que obliga á be 
absorción gastrointestinal que la mete en los vasos 
secreciones naturales (sudores, cámaras, orinas) qu 
san al exterior. 

Ha sucedido en estos 6 casos de curación qu 
(observaciones 9." y 15."), la corriente ha sido prodi 




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N.Y, 



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LÍatflDO NBCBSáRIO PARA EL LAVADO 



151 



Tte por k ioyección, y en los otros 4 h comenzó el 
continuó y ultimó la naturaleza por medio de lo que 
le llamarse lavado espontáDeo ó natural, 
imiendo los cuadros demostrativos de h cantidad de 
a circulación que detallamos en cada una de las co- 
entes historias, resultan las siguientes cifras: 



Agiid inferid «« 

no tiene dalos. 



AgUA eliniiii»d«. 



y.ooocc^f, » t -I-Sudor. 

7.900^^-1- * • -I-Sudor. 



13.000*' 



ntidad de agua necesaria para alcanzar la curación del 
ave de cólera en el adulto puede calcularse, según los 
s anteceden, en un mínimum de 7*000'^ y un niixi- 
14.000". 

ípirientes intrayasculares no perjudican al glóbtüd 
i facilidad con que se altera el glóbulo rojo con el coa- 
las materias extrañas y hasta del agua destilada, las 
5^ persistentes hematunas que hemos tenido ocasión 
Mr en tres transfusiones de sangre que hemos hecho, 
n temer un peligro que por fortuna no hemos visto 

Presumíamos, y no dejó de influir esto mucho en el 
1 que hemos hecho las primeras inyecciones intrave- 
e las grandes corrientes que para el lavado de la 

necesitan, pudiesen alterar la constitución del glóbu- 



45- 



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IS4 



li^Omo NECeSAKlO PARA EL LAVADO 



Pero nada de esto ha sucedí Jo; antes bien, todo: 
de nuestra experiencia clínica confirman la comp 
dad que para el glóbulo rojo tienen las inyeccioü 
nosas del líquido que hemos empleado (solucióo 
i 38*). La crasis sanguínea no se modifica, ni el f 
se altera en lo más mínimo, según demuestran lo 
hechos. 

El colérico de nuesira observación i." quedó ce 
á las 50 horas del periodo álgido, ¿ pesar de los 
agua que por el incerior de sus vasos circularon, ; 
leve soplo, ni el más ligero edema pudieron aprec 
la observación 4.' aumentó de peso algunos kilos 
meros 15 días. El de la observación 5.* tuvo u 
Inflamatoria intensísima y de índole esténica, por cau 
matismo, tres días después de operado con un lavadc 
Y sobre todos, es notabilísimo el caso de la obsen 
señora linfática y anémica por temperamento y glua 
á las 70 horas de operada con un lavado de 9*5 litr 
flujo catamenial abundantísimo, y que á pesar de to¿ 
valecencia regular la lleva hasta la salud á los ] 
¿Hubiera podido suceder esto?; ; hubiera podido el 
anémico resistir la metrorragia y las grandes corrie 
litros, si éstas alterasen la constitución del glóbul 
níngiin modo. 

Ademisj tenemos los resultados concluy entes 
eos de los análisis. Dice el Dr. Peset (véase pág, 13 
la leche, ni en los demás humores mencionados, pu 
rizarse la materia colorante de la sangre, que pudi 
la destrucción profunda del glóbulo rojo». 



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.!• 



LÍQUIDO NECE5ARÍO PARA EL LAVADO 



I5Í 



Dice el Reverendo P. Vicent (véase pág. 154): «Ni en el 
Jor ni en las deyecciones pudieron verse, á pesar de haberlos 
scado con esmero y paciencia, glóbulos rojos normales ó dc- 
mados;sólo al reconocer la orina se vió alguno (muy pocos) 
el campo del microscopio». 

Tanto, pues, como influyó en nuestro ánimo para inspirar- 
i lemor la creencia de que una gran corriente intravascular 
liese alterar profundamente la composición de la sangre, 
uye ahora, para inspirarnos decisión y valentía, la convicción 
que, llenando las reglas necesarias^ procurando que la tem- 
atura del líquido que se inyecta sea de 38', y asegurando 
■ todos los medios su pureza, resulta la inyección intravenosa 
il y absolutamente inofensiva* 



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CAPITULO III 



icnltades para conseguir el lavado de la sangre en el c<ílera. — Signos 
de la a«ÍBtolia y manera de vencerla. 



Dificultades para conseguir el lavado de la sangre en el 
era. — En los coléricos tropieza el lavado de la sangre con 
í grandes escollos, que son: la anuria y el colapso cardíaco. 
r causa de la anuda se le cierra ai líquido que inyectamos 
\ puerta de salida» y pierde el .organismo uno de los medios 
s poderosos para establecer el necesario paralelismo entre la 
rada y salida del liquido, lo cual, como sabemos, es indis- 
isable para que haya corriente y para que haya lavado. 
Por el colapso cardíaco queda muy limitada ia cantidad de 
ido que se puede in^'ectar en cada sesión, toda vez que 
lallecido el corazón por los cardinales efectos paralizantes 
sobre su inervación ejercen los venenos específicos, no 
e energía suficiente para soportar la sobrecarga del líquido 
retado, y con facilidad pasmosa se hace inminente la asís* 
I. 



158 



DIFICULTADES TARA CONSEGUIR EL LAVADO 



Estos dos hechos, anurla y colapso, conducen al i 
sultado; se unen para cercenar en gran manera la es 
h'quido que puede inyectarse sin riesgo ni peligro. I 
lapso no puede entrar el liquido en la cantidad sufici* 
que los peligros de la asistolia la limitan; por la anuria 
salir en la cantidad necesaria, y el acumulo del líqui< 
secutivo aumento de tensión intravascular predisp 
asistolia* Es un círculo vicioso que con facilidad con 
gran peligro y que hace del colérico el peor de los c 
lógicos para conseguir el lavado; está limitada la en 
la asistolia, está dificultada la salida por la anuria, 1 
organismo elementos para establecer el necesario p¡ 
entre la entrada y la salida; no puede establecerse la 
en muchos casos, y faltando la corriente, falta la cin 
falta el lavado. 

El examen de las gráficas hará ver la facilidad c 
fragua la asistolia por causa de k inyección. Son a: 
ficas y hay asistolia en 13. 

En otras enfermedades sin anuria ni colapso, en I 
tendrá tantas limitaciones la corriente, podrá cons< 
lavado de la sangre con más facilidad y con menos ri 

Signos de la asistolia 7 manera ds vencerla 
prevista en nuestra doctrina (véanse proposiciones 10 
comprendíamos su posibilidad; por ella y para preven 
mos los aparatos especiales que hemos usado, y sin 
confesamos que es uno de los hechos que más hai 
nuestra atención, á pesar de estar previsto por todo 
culos, esta facilidad con que se nos ha presentado la i 
los graves y apurados aprietos en que nos ha puest< 




niniíiirdhiírrOnfflf 



IfOl 



DTFICÜLTADES PAKA COKSEGUIR EL LAVADO 



159 



la observación 4/^ (véase pdg. 45), en la 11.* (véase 
en el primer lavado de la observación 12/ (véase 
en la lO.* (véase pág. 74), la situación fué verJíide- 
jurada y peligrosa, y aunque no hemos tenido que 
ninguna desgracia^ ya que la muerte acaecida en el 
:o de la observación lo.-* bien justificada cjueda con 
lesiones pulmonares que k autopsia nos evidenció, 
) debemos dejar de señalar los peligros de este acci- 
i que se tenga siempre, al hacer una inyección imra- 
imo posible, y se trate de evitar. Cuando los clásicos 
las inyecciones intravenosas apenas lo mencionan^ y 
itre ellos; señalan como peligros la entrada del aire 
las, las embolias, las fiebicís, dejando en el olvido ó 
35 este accidente tan serio, y que por lo que atañe á 
os casi se presenta como regla general, 
os fuera permitida una alabanza, nos determinaríamos 
e nuestros aparatos inyectores, de fuerza constante y 
Jando una velocidad conocida medida y uniforme, 
la asistolia, la hacen imposible, siendo por este solo 
eribles á todos los inyectores conocidos, y acreedores 
o sucesivo sean los iinicos que se usen para las inyec* 
ravenosas en el hombre. 

delídad matemática, como que es derivada de una ley 
j dan nuestros aparatos, tanto el manom ¿trico como 
1^ un signo seguro par.i conocer la inminencia de la 
isí como dan al mismo tiempo indicantes seguras y 
|ue la inyección puede continuar sin peligro alguno, 
ncilla diferencial estriba todo; de ella deriva, ó bien 
le que la asistolia es inminente, ó bien la indicante 



i6o 



DIFICULTADES PARA CONSÉGÜlH EL LAVADO 



de que la operación puede continuarse sin riesgo alguno. Coi 
súUense en cada uno de los períodos en que, según i^enn 
aconsejado, se tiene que dividir la marcha de la operación, 
gasto real del aparato (para lo cual está la graduación del frasí 
receptor), y véanse las diferencias entre este gasto real y 
teórico. Si el gasto real es igual ó mayor que el gasto teóric 
la operación puede continuarse; si el gasto realj por el co 
irario, disminuye en proporción notable, la asistolia es inn; 
nente. 

Ya hemos explicado el por qué de esto en otra parte (vea 
pág, 55); siendo constante la fuerza impulsora, siendo el niisii 
el orificio de salida, necesariamente ha de ser siempre igual 
gasto del líquido; pero si este gasto disminuye, será porque 
presión en el agujero de salida (el de la cánula que está dent 
de la vena) aumenta; y este aumento de !a tensión intraveno 
ya es un fenómeno de la asistolia, ya es el éxtasis, el estañe 
miento, el acumulo de sangre en la laguna venosa, que 
efectiia cuando las funciones de la bomba central comienzan 
ser insuficientes por íalta de energía. 

Coincidiendo con la disminución real del aparato, se 
presentado siempre la frecuencia del pulso, confornie se pod 
ver en todas las gráficas de las inyecciones que han dctern 
nado asistolia. 

Los dos signos, pues, que según nuestras observaciones 
han presentado primero, y que tienen, por lo tanto, más va 
clínica para reconocer la asistolia, son; el notable descenso 
el gasto real del aparato y la nueva frecuencia que adquiere 
pulso después de haber bajado por causa de la inyección. Aii 
más de esto, claro es que se presentan, y en ellos no insistim 



rrn]^ Qr^n^^l 



OÍFÍCÜtTADES PARA CONSEGUIR EL LAVABO 



l6l 



:onocim¡ento no es ninguoa novedad, y son siempre 
, dadas las leyes generales de la fisiología paioló- 
avación de todos los síntomas, h mayor disnea, la 
irregularidad del pulso, y iodos los demás tras- 
heraos visto en las historias respectivas* 
1er inmediatamente la inyecciónj avivar las fuerzas 
on los excitantes, y descargar el sistema vascular 
de aquellos evacuantes que, según las condiciones 
□icoj obren más pronto y con menos perjuicios, es 
I hacerse y lo que nosotros hemos hecho, según se 
en los casos clínicos que preceden. 



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CAPÍTULO IV 



üideraciones sobre las baaes MoMgicaa del lavado. ^ — O&ntidad j 
velocidad inofensiva». — Sobre el escalofrío y poder regulador del 




Consideraciones solare las bases ¿slológicas del lavado. 
Varaos á echar una rápida ojeada sobre las bases fisiológi* 
del lavado, con el objeto de consignar imparciat y sincera- 
nrc algunas de las principales enseñanzas que nos ha dado 
zímica sobre ellas. Lo mismo haremos con los demás pun- 
de nuestra doctrina, pues nos parece éste el mejor método 
a exponer, del modo más breve, los múltiples resultados de 
fstras experiencias. 

Cantidad y velocidad inofensivas,— Decimos en la pro- 
ición j.% que la velocidad de la inyección ha de relacio- 
se con el peso y talla del organismo, y nada tenemos que 
tificar sobre este punto. La experiencia clínica confirma la 
>resc¡ndible necesidad de atenernos i esa ley, s¡ la inyec- 



i64 



COSSIDERACíÜNES SOBRE EL LAVADO 



don ha tic ser inofensiva y no ha de canvertirse en 
temerario y peligroso. Tojos los cálculos empíricos 
regiameíitado las inyecciones intravenosas hasta Hayc 
sive; ks experiencias InsuBcienEes en que las Im bas^ 
amor; los aparatos usados que no miden ni gradúan 
cidad y no tienen una foerza constante en todos los 
tos de la inyección; la manera de hacerlas, sujetánd 
frase vaga de ífcorapriniir la bomba dulce y suavemen 
dice Hayem al explicar el modus fúdendi; todo esto ííij 
insuficiente^ empírico, debe postergarse, para ftindar la 
de la inyección sobre bases más perfectas, más cíentific 
exactas. 

En el liombre enfermo, no sólo hay que atender a 
y talla para graduar la velocidad, sino d las condición 
cíales en que se encuentre, habida consideración del pe 
la enfermedad, de los síntomas predominantes, y sobre i 
estado del corazón. Recuérdese lo que hicimos en la s< 
la observación 6/ y en el hombre de la io.% que gr 
la velocidad á la mitad de lo que les correspondía por 
y talla^ y aun así no pudo e virarse la asis[ol¡a; lo hicií 
que, tanto en uno como en otro caso, la irreguhtridac 
dura del pulso nos indicaban asinergias cardíacas que c 
respetar y temer* Si no hubiéramos obrado de este i 
hubiéramos hecho la inyección con la velocidad ordi¡ 
nos cabe duda que hubiéramos tenido que lamentai 
desgracia por asistolia. 

Las lesiones pulmonares (tisis, bronquitis, enfisemí 
y las cardíacas (aneurismas^ lesiones óricas, degene 
etcétera), son^ según su grado j contraindicaciones : 



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CX)!4StOB^ACf034es SOBRE EL LAVADO 



i^y 



i rdaiivas, pero desde luego obligan á reducir en gran mane- 
1 la velocidad de la corriente. Como regla práctica de suma 
mportancia, recomendamos que no se haga ninguna inyec- 
ión sin reconocer detenidamente el estado de los órganos 
leí pecho y el grado de energía de las contracciones del co- 

La unidad por nosotros recomendada en la proposición 6.% 
s la de 1^"' por kilogramo y por minuto. En los coléricos ha 
esüUado inofensiva, pero se ha de tener en cuenta la gran- 
e vacuidad del sistema vascular en el período álgido en que 
emos hecho todas las inj^ecciones. Teniendo en cuenta que 
i tal medida no ha pecado por defecto; teniendo en cuen- 
ta además, que para obtener bs cantidades terapéuticas ne- 
esarias en cada sesión, no puede resultar ésta muy larga, 
iinque sea menor la velocidad inicial; teniendo en cuenta lo 
rnsible que es el corazón á la sobrecarga del agua que se 
lyecta; nos parece que será conveniente tomar aquella unidad 
jmo máximum, y hacer las inyecciones, en general, con una 
ílocidad que varíe entre ©'jo*^' como mínimum, y i'^'^ como 
iximum. 

Sobre el escalofrío, — Decimos en la proposición 7/, que el 
calofrío que subsigue á la inyección es constante» y que debe 
marse como fenómeno propio de la inyección intravenosa, 
i términos tan absolutos no resulta exacta esta projvjsición. 
cmos observado que el escalofrío presenta intensidades muy 
TÍables según los casos; que algunas veces falta, y que otras 
¡rece rigores tales, que hace imposible continuar la operación. 
M de las veces en que se presentó con más violencia, había 
bido por descuido la temperatura del agua á 42% y lo atrí- 




1 66 



COKSlD£RAaON£S SOBRE EL LAVADO 



buimos á esta alta temperatura del agua inyectada; er 
más casos hemos podido relacionar siempre la inten 
escalofrío con estas dos condiciones: ó con la debilida 
pcramento nervioso del enfermo, ó con la falta de c 
de salida. En un estado regular de fuerzas, y cuandt 
rrientes de salida se han conseguido fácil y abundantet 
escalofrío ó no ha existido ó ha quedado reducido á 
cante y pasajero espeluzno* 

Creemos que en su génesis influyen poderosar 
temperatura del agua y el aumento de tensión intra 
Cuando se ha presentado durante la operación, no no 
determinado á continuarla. 

Sobre el poder regulador del organismo*— Tod< 
decimos sobre este particular en las proposiciones desi 
á la 13,% resulta comprobado. El organismo regula la 
de liquido en circulación, como regula el calor y otras 
fnnciones a un tipo determinado; se vale para esta tcj 
de múhiples medios que procuran la salida ó escape 
diferentes secreciones del líquido inyectado. He aquí 
meno fisiológico sobre que descansa la posibilidad ter 
del lavado. El líquido que inyectamos tiene tendencia 
dencia pasmosa por lo fácil, i salir. Ha de estar el or| 
muy resentido; han de estar las sinergias orgánicas mu 
tiguadas; ha de estar el organismo en el estado agóníc 
en las observaciones 2.* y 5**, para que esto no suceda 
Ha ley de la regularización no se cumpla. 

Creemos que una de las cosas que influyen en la f 
con que el líquido de la inyección se escapa (véase lo c 
arriba decimos sobre esto), es lo suelta que va, y perm: 



í^Ü#^íIéi 



COMSIDERACIONES SOBRE EL LAVADO 



1Ó7 



»U frase, el agua que se inyecta por el interior de los vasos; 
:iundo se absorbe por una superficie absorbente (mucosa gás- 
rica, tejido celular)^ entra poco á poco, aumenta la tensión por 
^ados insensibles, se combina con los elementos de la sangre 
ais mtimamenie, y su salida ó escape debe ser por todo esto 
ais normal sin duda, pero también más lenta. £1 agua que de 
nanera forzada inyectamos en las venas entra más de golpe, 
e combina menos, modifica en mayor grado la tensión intra- 
^cular, conmueve más pronto el engranaje encargado de eli- 
aioarla, y sale con más facilidad y abundancia. Por esta razón 
1 método del lavado, según Shali (inyecciones en el tejido 
clular) (i), nunca podrá igualar al nuestro en cuanto á eondi- 
ioncs de eficacia, actividad y energía* 

Si la inyección traspasa los límites fisiológicos de velocidad, 
obrevienen accidentes y hasta la muerte, según decimos en la 
roposición lo.*. Aunque de estos accidentes la asistolia se nos 
a presentado con bastante frecuencia, ha podido ser vencida 
icmpre con facilidad, porque realmente nuestro modus facUn- 
i y el esmero con que hemos atendido á los primeros indi- 
mtes de la misma, nos han permitido reconocerla en sus 
rincipíos; sólo una vez en la observación lo,^ hemos tenido 
ue lamentar un hidropericardias cuyas causas y condiciones 
enéticas quedan señaladas en la historia. Después de todo» 
íie hecho debe considerarse completamente accidental y for- 
lito. 

Los 15 litros de agua que circularon en la observación i j.» 



I 



(1) Se hii pubUcado csie méiodo. con bftslante posleñoridad á nuestros 
s en uno de los n\imeros de la Simaiñé Midicale, correspondiente h 
de Octubre. 



léS CONSIDERAGÍOKES SOIÍRE EL LAVitDO 

nos demuestran que el límite máximum que en la 
Clon it.* consignamos como cantidad absoluta de a 
puede inyectarse, y que es la décima parte del peso del 
mo, aun puede subir á una cantidad mayor; la señora 
hace referencia esta observación 15,% apenas pesará 75 



''^?^í'^ 






Ba&UUii¿>ki&ii1iUi^küVÍ'¿iVA'íV¿'¿!¿'iy!V¿'¿-¿w¿í^ttíUiHHiimUU 



CAPÍTULO V* 



Aparatos y líqmdo. — Manual operatorío.^Hegla» para el lavado. 



á 



Aparatos 7 liquido. — Los aparatos que hemos empleado, 
lio el manométrico como el de sifón, funcionan con arreglo 
u teoría y cumplen fielmente los fines para que han sido 
ados. Miden la velocidad de la corriente, funcionan á la ma- 
^ de hemodinamómetros, indicando con las diferenciales de 
gasto, en cada uno de los momentos de la operación, el es- 
o de la tensión intravascular, y por modo directo, mediante 
oscilaciones del gasto, indican la inminencia de la asistolia. 
inyección intravenosa hecha con estos aparatos resulta na- 
almemc inofensiva. 

La cánula que hemos ideado transforma en un tiempo fácil 
irittante el acto de introducir la cánula en la venst, acto que, 
ún el procedimiento de Hayem, resulta siempre más largo 
ilgunas \'Qcts imposible, aparte de que el traumatismo de 
venas es con nuestra cánula muchísimo menor. 



I 



170 



APARATOS, MAKÜAL Y REGLAS PARA EL LAVADC 




Todo lo que decimos en la proposición 16/ sob 
didones que ha detener el líquido para que resulte i 
queda comprobado. 

Manual operatorio*— Aunque presentao las mejc 
dones las venas de la flexura del brazo para la operai 
mendamos que, como regla general, se haga la prim 
ción en las venas del antebrazo, de la mano ó del p 
como puede haber necesidad de repetir dos, cuatro» : 
veces las inyecciones, conviene dejar campo para el 
se debe repetir una inyección por debajo del punto 
haya hecho otra, y caso de que se haya de pinchar 
vena por arriba, ha de hacerse en un punto muy dista 
la primera puntura, 

En la proposición iS.* indicamos la manera de 1 
corriente de salida por medio del baño de vapor, y 
bastara y el estado del corazón lo permitiera, aña 
baño de vapor una inyección de pÜocarpina. Corno 
visto en las historias, no podemos estar arrepentidos 
empleado este medio, porque el organismo ha n 
muchas veces á él dándonos una abundante díafor 
debemos confesar que hemos obrado en esto de excii 
irientes eliminadoras con mucha parsimonia y sobra 
día; sólo una vez en la observación r j/ hemos hecl 
la pilocarpjna, bien que el estado del corazón de los 
siempre asistólico ó cuando menos desfallecido, j 
nuestro temor de emplear un medicamento que tan 
las fuerzas del corazón. 

Hoy obraríamos ya con más decisión y valentía; 
momento que los análisis químicos nos han denio 



r.^jlntí! Iff^»*- 



APARATOS, MAKÜAL Y REGLAS PARA EL LAVADO 



171 



lantidad de ptomaínas que coRtienen los vómitos 7 dia* 
le los coléricos^ y la observación diaica nos ha demos- 
la frecuencia con que reaparecen estos síntomas tras de 
ícción y la facilidad con que se establecen estas corrientes 
da, nos creemos autorizados á aprovechar estas corrien- 
ra los fines del lavado. 

en su consecuencia recomendamos: !.°, que se comien- 
i lavados antes de que se supriman la diarrea y los vó- 
y 2.% que se exciten estas evacuaciones con los agentes 
idos^ bien por la vía gastrointestinal (no son tan malos 
'gantes como generalmente se cree), ó bien por la vía 
rmica si se temen tas acciones tópicas irritantes* 
,n purgante con lavado, esta es la fórmula: el- purgante, 
nvar la secreción intestinal y ejercer al propio tiempo 
antisépticos por medio de un arrastre de vírgulas y 
ñas virgulares, y la inyección intravenosa, para oponer- 
a espesitud de la sangre por deshidratación. El lavado 
mgre resultará por la acción metódicamente combinada 
Ls dos intervenciones terapéuticas: de la inyección ín* 
»sa que da la corriente de entrada, y de la acción del 
te que favorece y aviva la corriente de salida. El caiome- 
n manos de Houston y Ayre ha dado excelentes resul- 
^ nosotros creemos que sabiamente combinados el plan 
te con la inyección intravenosa, aun los ha de dar me- 

!a tenemos que rectificar de la proposición 19/. El que 
la operación es quien la hace; dividirla en períodos 
, consultar en cada período el número de pulsaciones, el 
eal del aparato y el esudo de las secreciones^ es una 




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172 



APARATOS, MANUAL Y REGLAS PARA EL LAVAl 



cosa esencial, porque de los resultados comparati 
los juicios directores de ia operación. Una advertem 
hacer, y ella es, que el aiédico ha de quedar de gi 
lando al colérico por lo menos durante 12 horas, i 
las 24 en que generalmente se decide la curación i 
Y las razones de esto se comprenden, teniendo en 
las indicaciones para nuevos y sucesivos lavados pu 
á cada instante, y la evolución de la enfermedad 
pida, que por minutos, no por horas, puede pasa 

Beglas para el lavado.— La experiencia clin 
gado como buenas todas las que hemos consign 
mos confesar sinceramente que no esperábamos ( 
necesidad de repetir tantas veces la operación pan 
un lavado regular. La anuria por una parte y el c 
diaco por otra, son las causas, según en otra parte 
razonado, que explican la intolerancia del coléri 
inyección intravenosa. O bien la asistolia, ó biec 
frió violento, nos han obligado muchas veces á s 
operación cuando la cantidad x3e líquido inyectad 
todas luces insuficiente para poder esperar de ella e 
péuticos. 

Claro es que si la inyección resulta escasa hay 
tirla, á fin de obtener en varias sesiones, que habrán 
naturalmente lo más aproximadas posible, la caní 
saria, y que inyectada de una vez podría ocasión 
muerte. No se olvide que no es tóxica la cantidad, 
locidad. Los j'j litros que se inyectaron en cinco 
observación i j/, indudablemente hubieran producid* 



APARATOS» MANUAL \ REGLAS PARA EL LAVADO 



í7; 



r asísíolia si hubiéramos pretendido inyectarlos en una hora, 
ly que obtener, pues, con et tiempo, y repitiendo las inyec- 
mes, la cantidad cer^apéutica que no pueda obtenerse de una 
z por las diferentes causas que ya conocemos. 



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ti*t±±t±±±t±t±±t±±±±±±±t±*.±±±±t±tít,tt±í( 



CAPÍTULO VI 



w terapéutiooa del lavado.— Análisia de los efectos inmediatos.— 
ectos cuiativoi. — Análíais de la estadística, — Ocasio precseps. 



Ifectos terapéuticos del lavado.— Los efectos terapéuticos 
diatos luin sido constaniemenie de alivio en todos los 
. No lia habido ni un solo enfermo que no haya mejo- 
Cuanto más graves son los síntomas, más notable, sorpren- 
ry prodigioso es el cambio. La cianosis y la afonía son 
ntomas que más pronto ceden. Sienten los enfermos sen- 
tí de bienestar; ninguno se ha quejado, antes bien todos 
lemosirado, de una manera ó de otra, agradecimiento por 
eración. 

'enemos comparado este remedio terapéutico, por su cfi- 
¡nniediata y por el alivio positivo que constantemen- 
termina, a la morfina para calmar el dolor, ó á la sangría 
vencer b opresión y la disnea de una congestión pul* 
I, 



I 




i7é 



i'LECTOS TERAPÉL'TICOS DEL LAVADO 



Ya lo dice H.iyem y lo repiten todos los autores 
empleado este remedio, llamado por Parktn en é año 
dio milagroso (la inyección intravenosa); mas nosotros 
de tenerlo leído y sabido, hubimos de impresionaro 
mente en las primeras veces, bien cuando viraos tram 
el color cianótico en color normal i los lo minutos d 
mera inyección, bien cuando en el segundo enferm 
renacer la inteligencia cuerda y normal de entre los í 
y las sombras de un delirio alto y completo. 

Análisis de los efectos lumediatoa.— En todos 1 
hemos podido observar: 

I.*» Que rebajan la frecuencia del pulso en propor 
uniforme en todos los casos (véanse todas las gráfica 

2,° Que en !a misma proporción con que rebaja la 
cia, aumenta su tensión y su amplitud. 

5*"* Que disminuye también la frecuencia respíratc 

4^ Que aumenta el calor y se reparte uniformem 

5.** Que en casi todos los casos sobreviene diafc 
mayor ó menor grado, 

6," Que se calma el delirio; y si el enfermo estaba s 
renace la inteligencia y sobreviene una especie de 
cerebral que se traduce por locuacidad y alegría. 

y,'^ Que casi todos los enfermos acusan deseos de 

S>^ Que se restablece la sensibilidad y los sentido: 
las observaciones 3.% 9.* y 15.''). 

9.° Que se calman los calambres, 

10.^ Que aumentan las secreciones intestinales, s 
hay al hacer la inyección, ó bien reaparecen si se h 
suprimido. 



N* Y 



EFECTOS TERAPÉUTICOS DEL- LAVAtX) 



177 



' La herida que resulta exangüe, cual sí la incisión se 
i en los tejidos del cadáver, rezuma sangre aun antes de 
lar la operación. 

En los casos de estado comatoso por uremia, el lavado 
ido, sobre la función de los centros nerviosos, iguales 
I paliativos que en los coléricos, 

cil cosa nos seria explicar detalladamente el por qué de 
ístos efectos terapéuticos refiriéndolos á estos dos hechos: 
a fluidiBcación de la sangre por el agua de la inyeccióni 
i la dilución de las substancias tóxicas en una cantidad de 
I mayor. La fisiología patológica de todos los fenómenos 
mas del cólera, da la clave para comprender y explicar 
enómenos terapéuticos inmediatos* 
ictoa CTiratiTos.^Los efectos curativos no corresponden 
j^ecctón ó penetración del agua, sino á la salida ó escape 
lisma. Los efectos inmediatos ponen a! organismo en 
iones de que pueda realizar los efectos curati%^os. La 
de la sangre, el mayor vigor que adquieren las contrac- 
cardíacas, el mejoramiento de todos los síntomas, la 
d con que k sangre menos espesa puede circular por 
os órganos, constituyen desde luego un cambio favora - 
e es un tiempo de espera, una primera batalla que se 
: que es indispensable y al propio tiempo preparatoria 
definitiva victoria, 

E venenos específicos diluidos en una masa mayor de 
han de ejercer necesariamente sobre los elemenros 
acciones más débiles; y si todo el conjunto orgánico 
la mejor, y tiene el medio interno menos dosis relativa 
enoj claro está que las sinergias curativas, las funciones 



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EFECTOS -TERAPÉÜTÍCOS DEL LAVADO 



oxidantes y eliminadoras, se han de poder realizar con más 
libertad y perfección. Pero la curación no es posible, y esto es 
consecuencia lógica de la índole del mal, ínterin no se elimine, 
ó en su totalidad ó en parte, la materia pecante. 

Dijimos y demostramos en páginas anteriores, que el lavado 
de !a sangre, tal como nosotros lo hacemos, es una operacióa 
que realmente determina corrientes de salida, y que en el agua 
de estas corrientes hay realmente, demostrados por k quí- 
mica, principios tóxicos; á esas corrientes eliminadoras de prin- 
cipios tóxicos, que da la naturaleza auxiliada por el arte, se debe 
la curación. Esto es lo que dice la teoría; veamos ahora lo que 
ios hechos dicen- 

Análisis de la estadística.— La estadística tiene ó no tiene 
grande valor eu medicina, según como se la estudie y com- 
prenda. Cuando los números se refieren í hechos exactamente 
iguales, la resultante de los números es la verdad, la ñel ex- 
presión de la ley que se persigue ó del conocimiento que se 
busca; pero si los hechos no son iguales, resulta tan vana la 
pretensión de encontrar con ella la resultante qiie se busca^ 
como pretender la suma de cantidades heterogéneas. 

La estadística que presentamos comprende hechos hetero- 
géneos y diversos, hechos distintos que han de ser previamente 
analizados, si queremos que el cálculo que sobre ellos hagamos 
resulte expresión fiel de la realidad. 

El cólera tiene una hz nosológica muy distinta en cada uno 
de los períodos de su evolución. Es en un principio una in- 
fección local susceptible de ser subyugada por la medicación 
abortiva. 

Es luego una intoxicación general especifica que puede 



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EFECTOS TERAPÉUTICOS DEL LAVADO 



«79 



icerse algunas veces por los remedios de la terapéutica clá- 
i, y sin remedio alguno otras, por ios solos esfuerzos de 
naturaleza. 

Se complica luego la dishemia específica por la propia 
ole de los trastornos funcionales y químicos que engendra, 
i otras alteraciones hémicas consecutivas (dishemia por an- 
iiatosis í^eneralizada), hasta el punto de ser una de las más 
nplejas, agudas y mortales de la patología humoral, 

Y evoUíciortando todo esto en breves horas con ciclo por 
nás fulminante y rápido, sucede que, aunque el enfermo es 
érico desde la primera evacuación hasta el ultimo aliento, 
ra los fines concretos, para la valoración de un remedio tera- 
utico, precisa distinguir estas tres fases de su ciclo evolutivo 
1 car*linalmente distintas. 

La teoría del lavado exige que se distingan entre aquellas 
íes cuando menos dos: el ataque agudo y las consecuencias. 
ataque agudo comprende desde el principio hasta el apogeo 
1 período álgido. Una vez en el periodo álgido el colérico, 
bien muere en breves horas sin salir de él, ó bien reacciona 
cura, ó bien muere después de haber intentado la naturaleza 
la reacción incompleta ó abortada. Los análisis químicos que 
:mos hecho de los humores, demostrándonos lo pronto que 
saparecen las reacciones ptomáinicas (antes de las 24 horas) 
stiiuídas por una gran cantidad de urea en todos los humo- 
s (leche, vómitos, diarrea, saliva, sudor, orina), nos dan la 
lea divisoria entre el ataque agudo y sus consecuencias; está 
ataque agudo determinado por la plena acción patógena de 
s ptomaínas específicas, y termina en el período álgido. Es 
u dishemia específica, y si el colérico no muere dentro de 



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l8o EFECTOS TERAPÉÜTICXW DEL LAVADO 

las primeras 24 horas de la algidez, n! cura, entoi 
dentro de la dishemia consecutiva por anhematosis { 
zada, cuya lesión dominante es la uremia. 

Desde el principio hasta la algidez, más 24 horas 
dez> constituye el ataque agudo; después de las 24 hoi 
algideZi hayase iniciado ó no la reacción^ como que yj 
reacciones especificas en [os humores, debe considerarse 
rico dentro de la segunda fase, ó sea la de las consec 
A los coléricos operados durante esta fase, para dísti 
de los otros y por abreviar, les llamamos aoúricos, toda 
la anuria ha sido el síntoma dominante. 

Véase ahora la clasíñcación que hacemos de los caí 
rados: 

Coléricos operados ij 

En el período álgido,. ..,..., ic 

Anúricos , . . j 

Agónicos 2 

Curaciones 6 

Los coléricos agónicos son los de las observaciones ; 

Los anúricos son los de las observaciones 7/, 12.' 

Quedan, pues, como coléricos graves en periodo 
confirmado 10, en los cuales se han obtenido 6 curacii 

En justicia debe descontarse el de la observación lo; 
culoso en el tercer periodo en grado tan adelantado c 
que constituye un caso excepcional. 

Los otros tres fallecidos son; el de la observación 6 
que solamente nos fué posible hacer dos operaciones er 
tervalo de 20 horas. 



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3e la observación 8,% en et que solamente se pudo hacer 

eración por faltarnos líquido* 

de la observación 14.% en el que tan sólo se hizo uo 

por las causas señaladas en Ja correspondiente historia, 

I 2 agónicos experimentaron notabilísima y prodigiosa 

;, si bien transitoria. 

los 3 aniíricos, al primero se le hicieron 2 operacío- 

un intervalo de 10 horas, 

segundo 4, en un intervalo de 43, 

ercero 2, en un intervalo de 12. 

todos los 3 ha sido el tratamiento deficiente (i), segúa 

razonado en las correspondientes historias. 

ios hechos consignados se desprende la siguiente con- 

En cuantos coléricos se ha podido obtener un lavado^ 
la corriente intravascular de más de 6 litros de agua 

las primeras 12 horas del período álgido^ se ha obte- 
curación. 

do precaepB^^Decimos en la proposición 50.'; uLa ope- 
el ¡avado no está indicada hasta que no se constituye 

« drciiíislancías especialísimasen que hemos liécho las experiencias, 
mpedidrj prestar á imesiros coléricij* «perados la asistencia debida. 
>l ¡diados por el vecindario cuii tnusludits i instancias, queríamos d^ 
uniad acudirá todas panes, y dejamos en más líe una ucnsiún siw la 
stencisi. aJgüno de nuestros operados, pgffjuc nu5 fué inaierJalirienLc; 
evadirnos de los Cüuipromisos é insianeías de oirus. No se olvide 
cotivenien temen te á un colérico por medio del lavado, es cuestióiif 
ulra parle decimcis^^ de la horas de aiislencia cuando menos» y coin- 
pje en una ciudad epidemífldíi, siendo el tínico para aplicar el reme- 
te, nos Iiabiu de ser imposible multiplicar nuestras aciivtriades en 
cierne para poder prestar a todus los coléricoa que lo petiian los 
mos cuidados que el tratamiento del lavado reclama* Muchísimas 
nos prepósitos de no 'sa.lir del hospital, porque sólo allí tiüs era po- 
ir el remedio de la debida manera, y otras tantas, obedeciendo á 
i ¡nslancias y compromisos, hubimos de acudir á los coléricos de la 




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IFECTOS TERAPÉUTICOS DEL LA% ADO 



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el período de la intoxicación confirmada». Esta pi 
debemos modificarla de un modo cardinal. Si se qu 
ner de este remedio terapéutico la mayor utilidad y 
eficacia, ha de adelantarse sq aplicación corriéndolí 
primer período del cólera para aprovechar las corriei 
rales de los vómitos y la diarrea- El lavado debe hací 
una vez reconocido el ataque grave de cólera, muy 
pío ó antes de que comiencen los fenómenos genen 
intoxicación liémica y de la algidez. 

Obrando de esta suerte, evitaremos la espesítud i 
gre con todas sus fatales consecuencias^ y entre éstas, 
concentración de los venenos por causa de esa mísn; 
tud; encontraremos más íntegras las sinergias orgánií 
abiertas las puertas de salida, y más normales los filti 
nadores; y no estando la intoxicación tan adelantada, 
rán tan impregnados los tejidos por los venenos, y 
fácil, posible y completa la eliminación de los mismc 



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Índice 



COLOCO- 



V 



PRIMERA PARTE TEURICA 



IfiSCMEH DB LA DOCTRINA TERAPEtJTtCA ÜEL LAVADO DE LA 5AKGR£ 

IPÍTULO PRIMERO,— Acción terapéutica del lavado,— 
aciones y coniraindkaciooes, — Diferencias entre las 
jcionev íiitr.ivenosas de Hayem y el lavado de la 

• ' 3 

tri i LLU IL — Kesumen general de la doctrina. — Defini- 
ción y concepto. -Bases fisiológicas. — Aparatos y líqui- 
Jos. — Manual operatorio. — Reglas para el lavado. — ^Bases 
losológicas. — ídem terapéuticas.— Efectos terapéuticos. 
—Indicaciones y contraindicaciones. ,.....- 17 

SEGUNDA PARTE PRÁCTICA 

HISTORIAS CUÍKiCAS 

^ Observación (hospital de San José) fi 

^ Observación (hospital de San José).. 38 

* O bscr\*ación (hospital de San José) 42 




t84 



íkdlce 



4-" Observación (en la capital). 

5.* Observación (en la capitat) 

$,^ Observación (en la capital) 

7*" Observación (hospilal de San Joséj. 

6/ Observación (hospital de San Josc) . 

9.* Observación (hospital de San JoséL 
10.* Observación (hospital de San Josc). . , 
II." Observación (hospital de San José). 
11.*^ Observación (hospital de San José), 
13. ** Observación (en la capital), . . , 
14,'^ Observación (en la capitat). . . 
15.* Observación (en la población). 
Análisis químico de diversos productos coIcdcús por U. V^ 

ccnte Peset 

Análisis micrográficos y raicroquímicos practicados por < 

ilustrado bacteriólogo el Reverendo Padre Antonio V 
cent de la Compañía de Jesús. 



TERCERA PARTE RAZONADA 



D&DUCCIOKES 

CAPÍTULO PRIMERO.^Eficacifl terapéutica del lavado d 
la sangre. — Con el lavado se consiguen corrientes de sa 
lida. — El agua de la corriente de salida contiene los prin 
cipios tóxicos cuya eliminación se desea , 

CAPITULO li. — ^Caniidad de líquido necesaria para el la 
vado, — Las corrientes intra vasculares no perjudican a 
glóbulo rojo 

CAPÍTULO IIL — Dificultades para conseguir el lavado d 
la sangre. — Signos de la asistolia y manera de vencerla. 

CAPITULO IV\ — Consideraciones sobre las bases fisíológi 
cas del lavado.— Cantidad y velocidad inofensivas,— Sobn 



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