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Full text of "Nuestra patria, lectura para niños"

NUESTRA PATRIA 



POR EL 



LECTURA PARA: MJÑOS 
CORONEL DR. MATÍAS DUQUE 





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CUBA adelante: 

POR LA LIBERTAD— POR LA JUST'CIA 



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James S.ChiUers 

897,291 
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UNIVERSITY OF N.C. AT CHAPEL HILL 



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This BOOK may be kept out TWO WEEKS 
ONLY, and is subject to a fine of FIVE 
CENTS a day thereafter. It was taken out on 
the day indicated below: 



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NUESTRA PATRIA 

LECTURA PARA NIÑOS 



POR EL 



Dr. Matías Duque 



SEGUNDA EDICIÓN 



1' S 




HABANA 

Imprenta Montalvo, Cárdenas a Co. 

Avenida de Italia (Saliano) 103 

Telefono A-2003 

1925 

UNWERSí '- lvMOUNA 

ATGHArtÉlLHiU. 




ESCUELAS PUBLICAS DE CUBA 



Digitized by the Internet Archive 

in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hil 



http://archive.org/details/nuestrapatrialecOOduqu 



s~ STE libro, que, como digo en la introducción, 
ÍO dedico a los niños de mi Cuba, también está 
^"^ consagrado a la amorosa compañera de toda 
mi vida, Mercedes Cortés y Enrique. Ella merece 
este público testimonio 
de consideración y de 
cariño, de gratitud pro- 
funda, que le guardo 
por haber soportado con 
resignación sublime el 
abandono que le impuse 
al marcharme a la revo- 
lución, casi a su princi- 
pio; entonces, con pa- 
triotismo sin par, hizo 
frente a aquella situa- 
ción, aplaudiendo y es- 
timulando asi mi con- 
ducta de cubano; vivió 
orguUosa en su humilde 
condición de bordadora 
para un comercio de chi- 
nos de la Habana; y 
grande en su altivez de 
patriota que rogaba al 

cielo por el triunfo de sus armas, ayudó a la revolu- 
ción con los centavos que pudo economizar a costa de 
privaciones y estrecheces. Como otras patriotas, re- 
frenó sus lágrimas, no ocultó su cubanismo y contri- 
buyó así al triunfo de la República, que es también 
obra de nuestras mujeres, a quienes debemos en gran 
parte la dicha de ser libres. 




Mercedes Cortés de Duque 



^Atatías £Duqm 



Agosto 25-1923. 



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PROLOGO 



I -/á primera edición de esta obra meritísima del 
/ doctor Matías Duque vio la luz en 1923, hace 
poco más de un año, y entró en la circulación 
literaria sin presenta- 
ción extraña, sin más 
firmes sostenes que la 
fuerza incontrastable de 
dos amores, a los que el 
autor consagró su es- 
fuerzo: el de la patria, 
que debe inspirar al ciu- 
dadano el gran escenario 
de la vida pública, y el 
de la compañera del ho- 
gar, a quien toca com- 
partir las alegrías o las 
tristezas que embargan 
el espíritu del hombre en 
las alternativas del mun- 
do. Agotada esa edición 
en el corto tiempo trans- 
currido, la demanda ha 
movido al Dr. Duque a 
preparar la segunda, con 
las ampliaciones y reto- 
ques que ha considerado 
procedentes para perfeccionar su trabajo, en reía 
ción con la finalidad que persiguió al realizarlo. 




Dr. Enrique Hernández Cartaya 

Profesor titular de Derecho Administrativo 
y Rector de la Universidad Nacional. 



Me ha pedido la introducción, y no lie rehuido 
la amable solicitud, porque dentó sincera satisfac- 
ción en poder proclamar, por este medio, la gratísi- 
ma impresión que produjo en mi espirita la lectura 
de NUESTRA PATRIA. 

El Dr. Duque ha logrado reunir cu su libro un 
caudal de conocimientos útiles, y aunque con su pe- 
culiar modestia lo dedica a lectura para niños, es, 
sin dudas, un hermoso breviario de historia cubana 
para hombres. Esa obra, en la forma sencilla y ame- 
na que reviste, produce la visión, a través de sus pá- 
ginas, de una cadena misteriosa de aúllelos y heroís- 
mos, de sufrimientos y grandezas, eslabonados como 
aquélla en una sola línea de ideales: la consecución 
de la independencia, y en que cada uno de quienes la 
forjaron, ya el valiente guerrero, ya el ilustre pen- 
sador, ora el conspirador de las épocas revoluciona- 
rias, ora el patriota de la etapa republicana, no han 
podido ni debido tener otra finalidad que servir a, 
una comunidad propia, distinta, que como núcleo 
social tuviese siempre su individualidad, a Cuba, 
creando los vínculos peculiares de la nacionalidad, 
para gozar de todos los atributos de la soberanía. 

La obtención del ideal, sin embargo, obliga a 
mayores desvelos para conservar y perfeccionar la 
realidad apetecida. El espíritu nacional no destruye 
por destruir, sino como medio para surgir y forta- 
lecerse. Los precursores de nuestra independencia 
no combatieron para derribar un obstáculo; busca- 
ban algo más: la fundación de una patria. 

El cuarto de siglo que transcurre ha sido pe- 
ríodo constructivo de la incipiente nacionalidad, y 
algunos reveses y dificultades internas no pueden 
producir el pesimismo; que no lia sido Cuba la más 
castigada en esta etapa de fatalidades colectivas. 

Mas, después de esos primeros pasos de su vida 
nacional, necesita ir afianzando sus cimientos, depu- 
rando los procedimientos para la más segura conso- 

-10- 



Udación de su personalidad jurídica e internacional, 
para hacerla fuerte y respetada, no por el imperio 
de las anuas, sino por los medios únicos recomenda- 
bles en un régimen de paz y de justicia, por los del 
orden y moralidad en el interior y la celosa obser- 
vancia de su crédito en el exterior. 

Para esa honorable misión son las nuevas gene- 
raciones, las que han de labora)- con decisión inque- 
brantable, y en ese sentido, la lectura del libro del 
Dr, Duque por nuestros niños ha de prestarles el 
caudal espiritual que templará sus almas con la re- 
solución espartana de nuestras grandes figuras para 
luchai- por el éxito definitivo de la Fe pública; y así 
como aquéllos, por su tesón y por su fe, brindaron 
el amplio solar donde lian podido albergarse las ge- 
neraciones cubanas, bajo la bandera tricolor de li- 
bertad, éstas tienen sobre sí la responsabilidad y el 
deber de dejar construido el edificio soñado por los 
padres de la patria. 

El Dr. Duque podrá decir, con razón, que ha lo- 
grado realizar en la paz el complemento de su actua- 
do)) de patriota. Ayer, en sus años juveniles, fué el 
hombre de guerra que con el anua libertadora pre- 
paró el advenimiento de la nacionalidad; hoy, pen- 
sando en los niños, en la juventud siempre generosa, 
y en la que encuentra eco todo propósito sincero, es- 
cribe su libro, para que ellos puedan encontrar en 
los hombres que enaltece, o en los hechos que narra, 
los ejemplos que conduzcan sus voluntades a laborar 
por el engrandecimiento de la Be pública. 

Bien merece, por eso, fraileo éxito, esta segunda 
edición de NUESTBA PATBIA. 



Q>. >yiennández (3artai/i 



Habana, 2 de enero de 1925. 



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NOTAS BIOGRÁFICAS DEL DR. MATÍAS DUQUE 

POR EL DR. FEDERICO CASTAÑEDA 



Habana, 25 de junio de 1923. 

Señor Dr. Matías Duque. 

Presente. 
Mi querido amigo: 

He leído con mucha atención los originales de su libro "Nuestra Patria' ' 
y he podido apreciar la importancia y trascendencia que tendrá en la educación 
patriótica y nacionalista de nuestro pueblo en el futuro, al convertirse en un 
texto de lectura en nuestras escuelas 

públicas, como sin duda alguna lo . • • : 

habrán de declarar nuestros altos . . .-' j 

funcionarios pedagógicos. 

En el libro hay tan simpática emo- 
ción y un lenguaje tan sencillo y na- 
tural, que el cerebro infantil recogerá 
sin esfuerzo alguno la simiente que 
fructificará en no lejano día; y us- 
ted, casi sin darse cuenta, realiza la 
función política y educativa más 
oportuna y meritoria de un cubano 
en la hora actual de escepticismos 
vergonzantes. 

En el capítulo del libro que con- 
sagra a enaltecer a los hijos de Cuba 
que han sobresalido en los distintos 
órdenes de la actividad científica, 
patriótica y literaria, usted ha te- 
nido que omitir su nombre; y nada 
más justo, aunque lo repudie su 
modestia, que en una obra que ha 
de mover y elevar el sentimiento 
patriótico de las futuras generacio- 
nes, vean la luz algunos rasgos bio- 
gráficos de usted que pongan de 
relieve su vida de médico, de lu- 
chador y de patriota. 

Ese sería el mejor prólogo, a la 
cabeza de su libro, y sus lectores 

leerían con agrado el relato sumario de una vida al servicio de la patria y de 
los intereses colectivos. 

-13- 




Dr. Matías Duque 



Con auxilio de un compañero de profesión de usted y mediante mi inves" 
tigación particular, yo he redactado esas notas biográficas, que tienen pleno 
derecho a figurar en las primeras páginas de su libro. 

Espero que usted no desatienda este ruego de un amigo unido a usted por 
el más intenso afecto y por la más viva simpatía. 

Como siempre muy de usted, 

Federico Castañeda. 



Sr. Dr. Federico Castañeda, 
Mi querido amigo: 

Accedo a sus deseos expresados en su carta cariñosa y exagerada por 
demás. 

No creo que tengo títulos suficientes para hacer lo que Vd. me pide en su 
carta, pero no quiero negarme a sus ruegos escritos, y sobre todo, a sus argu- 
mentos amistosos a favor de la publicación de los datos biográficos; siempre me 
ha sido penoso negarme a amigos como Vd., y no oír sus consejos y razones 

Con las gracias más sinceras lo abraza su amigo, 

Matías Duque. 

* * * 

NOTAS BIOGRÁFICAS 

Nació en la provincia de la Habana, en San Antonio de los Baños, el 22 de agosto de 1869. 
8c graduó de bachiller en el colegio de Belén en 1880, y en el año 1891 obtuvo el titulo de médico 
cirujano en la Universidad de la Habana. Estudió parte de su carrera en Madrid; ejerció desde 
1892 a 1895 en la jurisdicción de Cárdenas, Lagunillas, donde además laboró por- la revolución 
cubana fundando clubs revolucionarios, ayudando por ese medio al ideal de Martí. En diciem- 
bre de ese mismo año ingresó en el Ejército Libertador de Cuba, sublevándose en su finca " Dos 
Hermanos" — Matanzas — prestando sus servicios en la brigada de Colón, pasando a cumplir 
órdenes superiores al 4". cuerpo del Ejército Libertador, "Villas", brigada de Sancti-Spíritus, 
donde ascendió a Jefe de Sanidad Militar de la primera división del cuarto cuerpo. La paz 
victoriosa alcanzada en 1898 lo encontró mandando la Sanidad de dicho cuarto cuerpo de 
ejército, con el grado de coronel, grado éste que obtuvo en el asalto e incendio del valle de Tri- 
nidad y del ingenio "Cañamabos". Fué por su comportamiento en dicha acción citado en la 
orden del día del cuartel del general José Miguel Gómez. 

En la paz, fué nombrado médico inspector del servicio de higiene especial, médico de visita 
del hospital de dicho servicio, director médico del servicio de higiene especial, Secretario de 
Sanidad y Beneficencia, bajo la presidencia del general José Miguel Gómez; director de los 
servicios sanitarios del municipio de la Habana y cirujano-jefe del hospital de Emergencias, 
hospital que fundó y reglamentó en 1909; director general de Beneficencia, y electo Represen- 
tante a la Cámara. 

Desde joven colaboró en los periódicos diarios más radicales de la ciudad de la Habana, 
habiendo sido activo redactor de "La Discusión" al fundarla Santos Villa en 1889, y después 
cuando Manuel María Coronado fué su director y editor. En la guerra fué redactor de los pe- 
riódicos "La Sanidad" y "La Nación"; también ha sido colaborador del "Heraldo de Cuba" y 
de "El Triunfo". 

Sus trabajos médicos originales son los siguientes: 

"Formas Clínicas de la lepra", 1901. 

"Cómo deben ser las leproserías". Conferencia pronunciada en Santa Clara, 1903. 

"Estudio de pato-higiene social", 1906. Sociedad de Estudios Clínicos. 

"Tratamiento de la fiebre puerperal por el agua oxigenada", "Revista Médica de la Ha- 
bana", 190 1. 

"Historia de la Lepra en Cuba", "Formas clínicas de la Lepra", "Tratamiento de la lepra 
por el Mangle Rojo", trabajo leído en el Congreso Médico Internacional Panamericano cele- 
brado en la Habana, 1901. 

—14— 



"Esporotricosis", Sociedad de Estudios Clínicos, 190S. 

"Traitement de la Lepre par Le Palétuvier du Manglier Rouge", 1905. 

"Tratamiento de la Lepra", Conferencia en el Hospital número Uno. 

Extirpación del recto", curación. Estudios Clínicos, 1909. 
"Fagedenismo terciario", 1908. 

"Paralelo pronóstico de las heridas penetrantes de \ientre producidas por proyectil de 
arma de fuego y por instrumentos pérloroeortantes", Congreso Médico Nacional, 1913. 
"La vivienda y la vida del guajiro", Congreso Médico Nacional, 1917. 
"Sanidad y Beneficencia" es una revista oficial que se publica todos los meses y se ocupa 
de materias de medicina, de higiene y beneficencia; es el órgano oficial de la Secretaría de Sani- 
dad y Beneficencia; dicha revista fué fundada por el biografiado, cuando ocupó la Secretaría de 
Sanidad y Beneficencia, 1909, donde laboró constantemente; fué citada por "The Times" y 
"The Lancet", de Londres. 

Publicó tres informes y memorias sobre el servicio de higiene especial, informes que pasan 
de 200 páginas. En 1904 envió al Congreso de Higiene de Montevideo trabajos de higiene de 
la prostitución y sobre lepra, que le valieron una mención y una medalla de plata. 

Sus informes sobre asuntos oficiales, entre ellos una sobre el matrimonio entre leprosos, 
han sido citados con encomio. 

En 1918 fundó un periódico científico titulado " Medicina Cubana' ', donde colabora afano- 
samente. 

Sus trabajos científicos citados por revistas y libros técnicos extranjeros son los siguientes: 
El "American Surgery and Gineeology", San Luis, 1903, número Holy Day, publicó su 
retrato y su trabajo sobre el tratamiento de la fiebre puerperal por el hidrozono. 

"Crónica Médica Mejicana — Méjico, 1903. — Reproduce y elogia un trabajo sobre "fiebre 
puerperal". 

La "Semaine Medical". — Octubre 1905. — París. Juzga su libro publicado en francés sobre 
lepra. 

"I! Policlinico' ', de Roma, 1906. — Estudia su libro en francés sobre la lepra. 
"Ginicologye Medícale", Revue Mensualle de Silencies Biclogiques, París, Abril 1913. — 
Peproduce y elogia juicios suyos sobre "micosis". 

Relación de autores que lo citan y comentan en sus libros: 

"Review Recent Advances in Tropical Medicine". En el suplemento de 1903, editado 
en Londres, se citan en la página 105 sus trabajos sobre "Lepra". 

Dayer, Profesor de New Orleans, en su libro publicado en 1906 sobre Medicina General, 
cita trabajos suyos sobre lepra. 

D. Beurmann Goucerot. — "Les Sporotricoses' ' Médico del Hospital San Luis, París, y 
Profesor agregado a la Facultad de Medicina de París, respectivamente, en un libro editado en 
París, en 1912, en la página 30, cita varias veces al Dr. Duque, profesor de la Habana. 

El libro de "Las Conferencias de la Lepra", II Lepra kinferez, Mitteilungen, und Der- 
baudlunger III Baucl celebradas en Noruega en 1909, en el segundo tomo y en su página 74, y 
en el tercer tomo, página 262. reproduce trabajos del Dr. Duque sobre la lepra, su historia, 
su clínica y su tratamiento por el mangle rojo. 

En 1905, a mediados de diciembre, recibió una postal del Profesor Lesser, de Dermatología 
y de Sifiliografía, de la Facultad de Medicina de Berlín, que dice así: 'Al Profesor Duque, de 
la Habana, por su libro y por el año." 

El libro del profesor Vidal, de París, editado el año pasado en París, se refiere a los tra- 
bajos del Dr. Duque sobre lepra y su tratamiento por el mangle rojo. 

En 1922 publicó un folleto titulado Profilaxis Venérea, y en el Congreso Médico Nacional 
verificado en ese mismo año, presentó un proyecto de ley sobre profilaxia venérea. Este pro- 
yecto de ley fué aprobado por el Congreso Médico mencionado y transferido al Congreso Na- 
cional de Cuba, manifestando que se tuviera en cuenta dicho proyecto de ley al redactar una 
legislación especial para la persecución de estas enfermedades. 

No quiero nombrar, por su índole especial, trabajos especiales que ha escrito sobre medi- 
cina, y que en número de once han sido elogiados por autores franceses, españolas y norte- 
americanos. 

El Dr. Duque ha combatido, en la paz y en la guerra, de modo intenso a favor de la libertad 
y la justicia; estudia y practica su profesión con amoi y trabaja en política de modo activo, con 
'mena fe y con patriotismo absoluto. 

-15- 



PREFACIO 



I H JE buscado un libro de lectura para los niños que 

h|yy de un modo sencillo les enseño a conocer el 
u™™ elevado concepto de la Patria, y no he encon- 
trado ninguno que satisfaga el juicio que tengo de esa 
clase de libros Por eso he escrito éste, creyendo que 
ha de educar el espíritu del niño de modo fácil, ha- 
ciendo brotar en su tierno corazón el noble sentimiento 
de amor a la Patria. 

Su literatura y redacción sencilla lo hacen didáctico, 
claro, pedagógico y, por lo tanto, muy comprensible 
al niño. 

Sé que ideas y conceptos están repetidos, pero ex 
profeso lo he hecho. Creo que la repetición, disfra- 
zada o no, es un gran bien para la enseñanza en cual- 
quier materia. La repetición hace fijar mejor en la 
mente lo que se desea enseñar. 

No he sido educador, pero sí estudiante, y he apren- 
dido más cuando un profesor me ha repetido; y he visto, 
cuando he observado, que cuanto más se ha repetido 
el estudio de cualquier materia, mejor se ha conocido; 
creo que cuanto más se repita, sin cansar ni fatigar, más 
y mejor aprenderá el niño. 



17 






INTRODUCCIÓN 



NUESTRA PATRIA 



I, ISTE libro lo inspira mi fe patriótica y lo dedico a 
püH los niños de mi Cuba, y aunque en este momento 
a - J mismo en que la pluma corre sobre el papel, a mi 
Patria amada la azota un vendaval político tremendo, 
tengo la'seguridad de que los patriotas de Cuba sabrán 
sacrificarse, y por eso soy optimista y se reafirma en mí 
la creencia de que Cuba saldrá de esta tremenda crisis, 
vigorosa y plena de entusiasmo, y la República vivirá 
y vivirá para siempre, mostrando al mundo la gloriosa 
bandera de Yara y Baire, en donde puñados de hom- 
bres buenos y patriotas desafiaron el poderío de España, 
asentando en su reto desigual los principios funda- 
mentales de la libertad y la independencia de Cuba. 
Había llegado el momento de poner término al opro- 
bioso régimen y al indigno proceder de las autoridades 
de la colonia; no inspiró a los patriotas cubanos, a] 
hacer la guerra, el odio a España ni a sus buenos hijos, 
que reconocieron las impurezas del sistema de los go- 
biernos que partidos políticos españoles llenos de am- 
bición sostenían en Cuba. 

Los niños de Cuba republicana enseñados a amar la 
tierra en que nacieron, en la que crecen y viven, serán 
grandes defensores de la Patria, de su bandera, y estarán 
alerta para destruir en el acto toda asechanza y toda 

—19- 



amenaza, y así la estrella solitaria que guió a las huestes 
revolucionarias en la guerra seguirá siempre refulgente 
iluminando a los cubanos de la paz el camino de la 
virtud, como iluminó, durante todo el tiempo de las 
revoluciones, el camino del deber, la senda del sacrificio. 

No hay duda alguna, los niños de ahora, educados 
por nosotros con el ejemplo, amarán a Cuba como la 
amaron los mambises; y llegado el caso, ellos la defende- 
rán como la defendieron los soldados de Céspedes, de 
Agramonte, de Máximo Gómez, de Maceo, de Martí y 
de tantos otros que ofrecieron a la Patria el sacrificio de 
su hacienda, de sus vidas, para poder alcanzar y con- 
quistar el ideal de la libertad, del decoro y del honor. 

Si nosotros no prostituimos con una mala conducta 
los tiernos corazones de los niños del momento, ense- 
ñándoles el mal en lugar de enseñarles el bien, ellos 
seguirán la ruta de sus mayores y engrandecerán cada 
vez más a Cuba, tierra de tremendos sacrificios y de 
inmensos heroísmos. 

El niño cubano es inteligente, es bueno, y cuando un 
ejemplo virtuoso y noble modela sus sentimientos, él se 
hace un hombre valiente y caballero y dedicado al estu- 
dio, sobresale entre los sabios, como lo ha reconocido el 
mundo entero varias veces. 

Múltiples ejemplos podemos mostrar: Carlos Ma- 
nuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, Antonio Maceo, 
que fueron sobresalientes en el arte de la guerra; José 
de la Luz y Caballero, filósofo y educador; José Martí, 
Manuel Sanguily, Enrique José Varona, en la literatura; 
José María Heredia, Gertrudis Gómez de Avellaneda, 
en la poesía; Joaquín Albarrán, médico, que fué profesor 
de medicina de la Universidad de París; Juan Guiteras, 
médico, profesor de la célebre Universidad de Pennsyl- 
vania; Carlos Finlay, médico y gran investigador; José 
White, notable músico, eximio y genial violinista, que 
fué profesor del Conservatorio de Música de París; 
Felipe Poey y Carlos de la Torre, naturalistas a la altura 
de los que más se hayan distinguido; José Raúl Capa- 
blanca, el más grande de los ajedrecistas de estos tiem- 

-20- 



pos. Otros muchos cubanos podrían citarse, pero éstos 
acabados de nombrar forman un conjunto de hombres 
conocidos en muchos centros científicos de gran civili- 
zación. 

La niña cubana es inteligente, muy noble, poseedora 
de todas las virtudes domésticas; apenas la guíen por 
el buen sendero, se convierte en el encanto del hogar 
cubano, siendo excelente hija, hermana cariñosa, fiel 
esposa, tierna y amante madre, hacendosa en su hogar, 
llena de orden, económica, pensadora del mañana, y por 
supuesto, con un amor patrio que corre paralelo con el 
amor que por la Patria han sentido sus grandes héroes 
y sus grandes mártires. 

La cubana probó durante todo el tiempo de las 
guerras emancipadoras su gran patriotismo; ella ayudó 
al soldado libertador con palabras de aliento; ella sirvió 
con bravura en los hospitales de sangre de la " manigua 
santa"; ella atendió y cuidó al enfermo y al herido y en 
la hora tremenda del asalto al hospital por el enemigo, 
ella hizo marchar a la vanguardia de la retirada al he- 
rido y al enfermo, quedando ella a retaguardia defen- 
diendo con su cuerpo, y a veces con su rifle, aquel con- 
voy de inválidos. 

Así procedió con sublime abnegación la mujer de la 
' 'manigua"; la de la ciudad, abnegada y valerosa tam- 
bién, ayudó a la guerra, envió trajes, envió insignias 
mambisás, mandó medicinas y mandó municiones, y 
escribió al soldado heroico cartas inspiradísimas de valor 
y de energía; madres, esposas, hijas y hermanas, rivali- 
zaron siempre en la escritura de estas cartas; todas ellas 
exigían a los suyos el triunfo o la muerte: jamás el 
baldón de una presentación al gobierno español. 

Me parece que hago bien en decir a los niños de mi 
Cuba que ninguna otra mujer del mundo es más traba- 
jadora y cuidadosa que la mujer cubana; que ninguna 
es más resuelta que ella en el momento de las grandes 
preocupaciones y ninguna más fuerte y animosa para 
arrostrar la desgracia. Cuando el infortunio toca a sus 
puertas, se le ve, con su Virgen de la Caridad al pecho, 
—21— 



ponerse heroica frente al porvenir rememorando a las 
más estoicas mujeres de la historia, y así andar alegre y 
segura por el camino de abrojos que el destino le ha 
preparado, sin protestas, sin quejas ni lamentos y sin 
perder jamás la esperanza de un seguro y definitivo 
triunfo. 

Y si nuestros hombres fueron Céspedes, Agramonte, 
Maceo, Martí y otros muchos, y si nuestras mujeres han 
sido heroicas en la " manigua' ', en la ciudad, en las 
cárceles, en los destierros, y bellísimas y puras en los 
salones del mundo; y si todos, hombres y mujeres, han 
marchado siempre conducidos por el valor, por la virtud 
y por el honor, y si siempre el patriotismo ha presidido 
esos valores morales, no hay que temer por el porvenir 
de la República de Cuba, porque los hombres de hoy no 
pueden desmentir a los hombres de ayer, ni los hombres 
del mañana podrán ser distintos a los hombres del pre- 
sente. 

Hombres de ahora, nada de temor; el temor es tan 
sólo producto de débiles espíritus que se acobardan ante 
las dificultades y ante el peligro. Si la fortaleza del 
espíritu nos acompaña, como seguramente nos acompa- 
ñará, el porvenir de Cuba será venturoso y nosotros 
seremos siempre felices; el valor no nos abandonará, y 
por eso todo lo venceremos y la bandera cubana tremo- 
lará por los siglos entre las demás insignias nacionales 
de la tierra. 

Nuestra bandera significará siempre valor y justi- 
cia, y la gratitud no faltará en nuestros corazones para 
todas las almas buenas que nos ayudaron en los rudos 
momentos del combate y para todos los espíritus nobles 
y generosos que nos prestan sus respetos y auxilios, para 
salir pronto y triunfadores de la crisis de este instante. 



-22- 






CAPITULO 



¿QUE ES LA PATRIA? 



I J"¡ JIJO. — Papá, ¿qué es la Patria? 
P^&yJ Siempre te oigo hablar de la Patria : tus amigos 
k 2 *"^ en sus visitas hablan de la Patria, voy al colegio y 
el maestro nos habla de la Patria, y al cura le oigo hablar 
de la Patria; el otro día fui a la iglesia con mamá, y ella 
y casi todas las señoras que oyeron al cura en su sermón, 
lloraron cuando él habló del amor que debíamos tener a 
la Patria, de los deberes que tenemos para con la Patria; 
recuerdo bien que las señoras se decían: u ¡qué bien ha 
hablado el Padre; sobre todo, conmovió intensamente 
a nuestros corazones cuando nos habló del amor a la 
Patria!"; y seguían las señoras deciendo: "Así, así es 
como se hace Patria, así es como se mantiene la 
vida de la Patria; así, enseñándole al niño en tono vi- 
brante lo que es la Patria y lo que el deber nos manda 
que hagamos por la Patria, es como la Patria se man- 
tiene digna, lozana y vigorosa; este Padre es un gran 
patriota, ensalza a la Patria y con decoro y con virtud 
la sirve". Conque dime, papá, ¿qué cosa es la Patria? 

Padre. — Querido hijo, la Patria es la tierra en que 
uno ha nacido, donde uno ha vivido, en donde uno pro- 
bablemente seguirá viviendo, en donde uno ha sufrido, 
ha gozado y ha amado, y en donde uno quiere morir y 

—23- 



ser enterrado, deseando que al convertirse en polvo 
nuestros huesos, se mezclen con la tierra que amamos, 
para que reciba nueva intensidad de vida, de grandeza y 
de virtud. La Patria es lo que más se quiere en el 
mundo; los hombres aman a la Patria sobre todas las 
cosas. 

La Patria representa el honor del hombre; la Patria 
representa la felicidad de los pueblos; ella garantiza 
nuestra vida, nuestra dignidad; ella nos permite vivir 
respetados por los extraños; ella da brillo al hogar, a 
la familia, y ella nos custodia y nos acompaña por el 
mundo cuando por el mundo andamos. 

Mira, niño, cuando un hombre no ama a la Patria, 
cuando un hombre es indiferente por la tierra donde 
nació, es un desgraciado, un indigno, y es calificado de 
mal hombre, odiado de sus paisanos y despreciado por 
los extraños. 

Para que un hombre sea respetado por los demás 
hombres tiene que amar a la Patria y estar siempre dis- 
puesto por ella al sacrificio, cualquiera que sea el sa- 
crificio. 

Los niños deben saber desde muy tempranito en su 
vida que sin Patria no hay honor, no hay familia ni 
hay felicidad. 

La Patria lo es todo y por ella y para ella debe ser 
todo; a la Patria no se le puede regatear nada; hay que 
ser con ella generoso y noble; no se le puede en ningún 
momento negar ni la vida, ni la familia, y menos la 
hacienda, el dinero. 

Todo es de ella y para ella. 

Cuando la Patria pide a sus hijos el valor, deben 
dar elo, muriendo por ella si es preciso; cuando la Pa- 
tria les pide la destrucción del hogar, porque para su 
salvación ella lo necesita, tienen que destruirlo ; cuando 
la Patria le pide su hacienda, su dinero, su bienestar, 
tienen que dárselo. 

El que así no proceda es un mal hombre, porque es 
un mal patriota; ese mal hombre, al no querer a la 

—24— 



Patria, no querrá a la familia, ni amará al hijo, ni reve- 
renciará a la madre; querrá sólo a su propia persona; 
su egoísmo indigno le hará odiar a la familia y su olvido, 
su indiferencia por la Patria, lo convertirán en un hom- 
bre despreciable que debiera morir, como castigo a su 
vergonzosa condición de mal patriota. 

Hijo. — Papá, ¿quiénes han sido los patriotas de 
Cuba? 

Padre. — Mi querido niño, los patriotas cubanos han 
sido y son muchos; pero antes de referir algunos nom- 
bres, debo hablarte de lo que se entiende por patrio- 
tismo. Yo sé que tú tienes noción de este sentimiento, 
pero quiero fijar bien en tu mente y en tu corazón lo que 
son los patriotas, esos grandes hijos de la patria que 
la enaltecen y la conducen a la gloria, preparándole así 
un lugar preferente en el libro de la historia. 

Los patriotas defienden a la Patria de males extra- 
ños y de males propios; los patriotas están siempre vigi- 
lando para descubrir y castigar a los enemigos de la 
Patria. 



—25— 



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CAPITULO II 

LOS ENEMIGOS DE LA PATRIA 

¡ HJlJO. — Papá, acabas de decirme que la Patria 
(¡BE! tiene enemigos, y yo quiero saber ahora cuáles 
*^ii£j son esos enemigos de la Patria. 

Padre. — Los enemigos de la Patria pueden ser hijos 
de la Patria misma o extranjeros ambiciosos que anhe- 
lan nuestra ruina y desean nuestro territorio y nuestras 
riquezas, conquistarnos y gobernarnos y suprimir la 
bandera de la Patria. 

Hijo. — Papá, ¿cómo los hijos de la Patria pueden 
ser enemigos de ella? 

Padre. — Mi querido hijo, los hijos de la Patria que 
no la aman desgraciadamente existen. Estos hijos reci- 
ben la denominación de traidores, de patricidas; ellos 
no sirven nada más que a su interés personal. Los 
malos hijos de la Patria son aquellos que la sirven mal; 
la Patria puede tener la desgracia de que algunos de 
sus hijos engañen a la conciencia popular y lleguen a 
escalar o asaltar el poder, y después que están en él, 
muestran sus verdaderos sentimientos siendo desleales 
a sus juramentos y traidores a la Constitución y a las 
leyes; gobernando sin virtud, sin honor y sin justicia; 
obscureciendo su porvenir y manchando su bandera. 

—27- 



Otros malos patriotas, hombres sin honor, sin dig- 
nidad y sin decoro, ofenden a la Patria con sus actos, 
la deprimen con su conducta y la deshonran con sus 
constantes críticas, encontrando todo lo extranjero 
mejor que lo propio, sin que se les vea hacer el más 
mínimo esfuerzo para modificar el defecto que la Patria 
pudiera tener. Al contrario, la complacencia de esos 
malos hijos es mostrar, de un modo muy insistente, los 
defectos de la Patria; ésos deberían ser excluidos de 
todo trato ; esos viles no deben tener el derecho de salu- 
darnos y menos de visitar nuestros hogares; todo des- 
precio será poco para castigar a esos hombres que des- 
acreditan a la Patria, que la deshonran con sus juicios 
mezquinos y con su comportamiento innoble. Esos 
hombres, con su conducta, preparan al pueblo para la 
traición, aflojan los lazos que unen al pueblo con la idea 
de la Patria, y fácilmente la entregan al deshonor, al 
vilipendio, empujando fácilmente a su país por el ca- 
mino de la traición, para que la Patria caiga en las ga- 
rras del extranjero. 



-28 



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CAPITULO III 

DE LOS PELIGROS EXTRAÑOS 
A LA PATRIA 

I 

jIJO. — Papá, me dijiste hace poco que la Patria 
tiene por enemigos a los extranjeros. Explíca- 
me eso. 

Padre. — La Patria puede tener por enemigos a los 
extranjeros. Múltiples causas provocan en el extran- 
jero, vecino o no, el deseo de hacer la guerra a otros 
pueblos, debido a que la riqueza propia o la si- 
tuación geográfica puede convenir a sus fines y a sus 
intereses. Entonces esos extranjeros hacen la guerra, 
y cuando son más fuertes y más poderosos, vencen en 
esa lucha desigual; entonces esclavizan y destruyen 
los hogares, roban el dinero, privan de las haciendas y 
maltratan moral y físicamente a los vencidos, haciéndo- 
les vivir una vida triste y dolorosa; la vida que impo- 
nen al vencido, es la triste vida del esclavo, ¡infeliz' 
sin patria y sin bandera, sin familia y sin derechos. 

El extranjero usurpador suprime todos los derechos, 
todos los afectos, todas las riquezas, y acumula sobre el 
pueblo conquistado tremendos e injustos deberes, con- 
virtiendo a los hombres en máquinas que caminan sólo 
por el impulso de la voluntad del déspota que gobierna 
a su capricho y para su exclusivo beneficio. 

-29- 



Los patriotas, con su valor y con su amor a la Patria, 
. impiden a veces esa desgracia, esas terribles humillacio- 
nes; ellos van a los combates, derrotan al invasor y des- 
pués del triunfo, los que han sobrevivido, recogen los res- 
tos de aquellos valientes que tuvieron la gloria de morir 
peleando por la Patria; los muestran al mundo, les dan 
honrosa sepultura, y para ensalzar su gloria, les erigen 
monumentos perdurables, los poetas les cantan, y en 
su prédica los filósofos recuerdan a los vivos el modo 
como aquellos patriotas cumplieron el deber contraído 
para con la Patria, y dicen y repiten constantemente: 
"Mirad cómo han cumplido esos gloriosos desapareci- 
dos; cumplid vosotros de igual manera cuando tengáis 
necesidad de defender a la Patria amada". 

Hijo. — Papá, me dices que los pueblos deben de es- 
tar alerta contra los extranjeros, porque ellos a menudo 
son enemigos de la Patria; y ¿cómo es eso, si tenemos 
aquí en Cuba tantos extranjeros que viven entre nos- 
otros, habiendo muchos de ellos que nos visitan, que son 
tus amigos, a quienes recibes con grande alegría, agasajo 
y honor; y dices que esos extranjeros tú los quieres 
mucho, que son buenos hombres y que le hacen gran 
bien a Cuba? ¿Cómo es eso? Explícamelo. 

Padre. — Hijo mío, ¡cuánto te quiero! ¡qué inteligente 
y que sagaz eres! observas muy bien y discurres admi- 
rablemente; se conoce que no olvidas ningún detalle de 
esta conversación que sostenemos, que te fijas mucho y 
quieres y deseas aclarar las dudas que te asaltan. 

Me alegro mucho de tu pregunta; así es, querido 
niño, como se estudia y como se llega a saber y a cono- 
cer el porqué de las cosas de la vida. 

El hombre debe de estudiar siempre, debe despejar 
todas las dudas que se le presentan; el hombre debe inte- 
rrogar al libro, y si éste no le satisface, no aclara sus 
dudas, debe de buscar a hombres capaces y preguntar- 
les una, dos, tres y más veces, las que fueren necesarias, 
hasta llegar a comprender bien lo que se le dice, lo que 
interroga y lo que estudia; por ningún motivo debe 

-30- 



callarse, si no ha entendido bien, a su entera satisfac- 
ción, el asunto debatido; nunca, ni por pena ni por 
bochorno, debe dejar de preguntar, de indagar sobre las 
dudas que puedan surgir en su espíritu estudioso y 
observador. Es una mala costumbre, de gran daño para 
el porvenir del niño, que no comprende, que no sabe, y 
que por temor no pregunta. Muchos perjuicios se hubie- 
ran podido evitar a la vida humana si no hubiera habido 
el temor de preguntar. 

Tú, mi querido niño, no dejes de preguntar, pre- 
gunta siempre; mientras ignores lo que quieras saber, 
debes de preguntar, a mí, al maestro, al libro y a todos 
los que tú creas capaces de explicarte lo que tú no sepas 
y no comprendas; exige que te hagan saber bien lo que 
tú no sabes; pregunta, pregunta siempre hasta que lo 
comprendas y lo sepas todo; de esa manera no sufrirás 
el ridículo y el bochorno de no saber una cosa debién- 
dola saber. 



II 



STOY contento de que tú me hagas aclarar las 
dudas y la confusión que sobre los extranjeros 
reina en tu espíritu, debido a que quizás fui de 
prisa al hacerte saber el peligro que para la Patria 
significa el extranjero. 

Los extranjeros que desean nuestra conquista, nues- 
tro dominio, los que quisieran suprimir egoístamente 
nuestra nación, suprimir nuestra bandera, tiranizar a 
nuestra familia, deshonrarnos y convertirnos en escla- 
vos, sin derecho, sin justicia, y tan sólo por la codicia que 
inspira y dicta la furia del enemigo conquistador que 
quiere explotar todo lo nuestro y hasta procura nuestro 
exterminio, son los extranjeros a quienes debemos com- 
batir como imperioso mandato de nuestra dignidad 
humillada, de nuestro honor mancillado, de nuestra 
bandera manchada, de nuestro hogar deshonrado, de 
nuestra familia enlutada. 

—31 — 



Debemos combatir mientras exista un hálito de vida 
y no dar reposo al brazo hasta que el último odioso 
extranjero no sea expulsado de nuestra tierra; y si por 
desgracia inmensa, si por un tremendo destino, si por 
una mala fortuna el número de extranjeros conquistado- 
res nos abrumara, no debemos rendirnos, debemos com- 
batir hasta morir, ya que la vida indignamente sufrida, 
ya que la vida arrastrando la cadena del esclavo no vale 
la pena, te repito, de vivirla, siendo la muerte siempre 
preferible a soportar esa abyecta vida. La muerte con 
dignidad afrontada nos glorifica: la vida miserable del 
esclavo nos deshonra. 

Ser patriota es ser digno, es tener derechos, es tener 
hogar, es tener familia; ser esclavo es ser infeliz, es no 
tener nada y soportar el látigo infamante del conquis- 
tador, que al restallarlo sobre la espalda del esclavo, 
grita: ¡Anda, miserable! 

Esos extranjeros son los malos, ésos son los que de- 
bemos combatir, ésos son los que deben de morir a 
mano del patriota valeroso y digno, que quiere que su 
bandera figure con brillo y dignidad en el concierto de 
las banderas de las naciones del mundo. 

Ahora bien, esos extranjeros que tú ves que me visi- 
tan, que son mis amigos, que tú a diario ves en mi casa, 
en la de los vecinos, que tú los ves en la calle, que los 
ves en todos nuestros círculos sociales disfrutando de la 
vida en medio de nosotros, ésos son buenos extranjeros, 
porque son hombres buenos que luchan por la vida de 
un modo noble, honrando con su respeto a nuestra tie- 
rra, a nuestra Patria, a nuestra bandera; ésos son los 
extranjeros dignos de nuestra amistad y de nuestra 
consideración. 

Esos extranjeros, con su trabajo, con su actividad, 
con su inteligencia, con su dinero, con su constancia, 
ayudan a la Patria, la enriquecen al acrecentar nuestras 
industrias, nuestro comercio, nuestra agricultura y 
hasta se casan muchas veces con compatriotas nuestras, 
quedándose entre nosotros, creando una familia, que 
como nuevos hijos de Cuba, serán nuevos patriotas; 

-32-^ 



esos extranjeros anhelan la ventura de nuestra exis- 
tencia y son como los hijos buenos, como los buenos 
patriotas; esos extranjeros deben y merecen bien de la 
Patria, porque ella recibe el beneficio de las actividades 
de esos buenos hombres; a esos extranjeros se les debe 
ayudar en todo y mirarlos como a iguales. 

Cuando extranjeros arriban a nuestros puertos, un 
deber sagrado'de hospitalidad nos obliga a auxiliarlos; 
después, cuando su comportamiento los haya hecho 
acreedores a nuestro miramiento, un deber de auxilio 
a nuestra Patria nos manda respetarlos; esos extran- 
jeros nos vienen a ayudar con su trabajo y con sus 
buenos actos, y siendo así, estamos en el deber de brin- 
darles amistad y protección decidida a todos sus empe- 
ños y a todos sus esfuerzos. 

Cuando algún extranjero mal nacido y egoísta no 
corresponda a nuestro respeto, a nuestros miramien- 
tos y a nuestras atenciones, y empieza a laborar en 
contra de nuestra Patria, de nuestra bandera, entonces 
debemos con valor y decisión expulsarlo en el acto del 
suelo de nuestra Patria ; él debe irse en seguida de nues- 
tro territorio nacional, ir con su pobre humanidad 
adonde Dios lo lleve. 

Para los extranjeros buenos, debemos ser buenos. 

Para los extranjeros malos, debemos no ser malos 
con ellos, debemos ser simplemente justos, aplicándoles 
toda la justicia que nuestro amor a la Patria nos dicta 
imperiosamente, porque bondad con bondad, es justicia, 
y maldad con castigo, es justicia. 



-33- 



r-sr -ar -sr* ■*• -sr *x * -ar -ar -ar -ar-ar *ar t 



CAPITULO IV 

LA BANDERA 

[HjIJO. — Papá, quiero saber qué cosa es la bandera 
[5ÍRB| de la Patria. 

Padre. — Mi querido hijo, la bandera de la Patria 
es el símbolo de la nación; en ella está vinculado todo el 
honor de la Patria, todo su decoro y toda su dignidad. 
Decir bandera es decir nación, es decir Patria; ella 
representa una cosa muy sagrada; cuando una bandera 
sufre deterioro por el uso, no se le tira como una cosa 
cualquiera, no; la bandera deteriorada se recoge y se 
guarda, o bien se le destruye por el fuego, para no des- 
honrar a la Patria al profanar la bandera con el aban- 
dono. 

La bandera, como ves, es el símbolo de la Patria, y 
tú sabes que a ésta hay que rendirle todos los respe- 
tos, homenajes y honores. 

Hijo. — Papá, ¿siempre existieron banderas en el 
mundo? 

Padre. — Desde la más remota antigüedad los hom- 
bres eligieron un símbolo y un emblema que permi- 
tiera alentarlos y reconocerlos en los combates al luchar 
por la idea de los intereses personales en épocas muy 
remotas, y por la Patria cuando se tuvo un concepto 
claro, una visión perfecta de ella. 

—35— 



Cada nación formó su bandera según sus costum- 
bres, según sus gustos, según sus venturas o sus mar- 
tirios. 

A medida que la civilización fué aumentando, los 
hombres modificaron sus banderas hasta que las lleva- 
ron a un grado de precisión que ciertas leyes regularon . 
Esas leyes son conocidas con el nombre de leyes he- 
ráldicas, que indican distinción, desigualdad, privilegio, 
y ellas establecen también los escudos de las familias 
que forman lo que se conoce con el nombre de aris- 
tocracia. 

Nuestra bandera es original, puesto que ella no obe- 
dece precisamente a dichas leyes. En nuestras gran- 
des luchas por la libertad de Cuba surgieron tres ban- 
deras: 

La primera es conocida con el nombre de la de "Los 
Soles de Bolívar". Era la bandera del Libertador 
Simón Bolívar, 

Cuando Narciso López vino a Cuba en el año 1850, 
trajo su bandera, que es la que hoy tenemos; y cuando 
Carlos Manuel de Céspedes, en el 10 de Octubre de 1868, 
se sublevó en armas, hizo su bandera; pero en una asam- 
blea de representantes del pueblo cubano en guerra 
contra España se discutió cuál de las banderas debía 
quedar definitivamente como símbolo de la nación 
cubana, donde se reflejara el patriotismo de los soldados 
libertadores. Aquella asamblea (Guáimaro) de cuba- 
nos se dividió en dos bandos : unos que querían la ban- 
dera de Céspedes y otros que deseaban la de Narciso 
López. Uno de los contrarios a esta bandera la acusó 
de no obedecer a las leyes de la heráldica, y entonces 
el mayor general Ignacio Agramonte, que formaba 
parte de aquella asamblea, dijo: "La bandera de 
Narciso López es la bandera que a nosotros nos con- 
viene. La razón de que ella no obedezca a las leyes de 
la heráldica no es un argumento en contra; al contrario, 
es una razón formidable a su favor, porque si nosotros 
somos hombres libres y demócratas, que peleamos con- 
tra una monarquía para hacer de nuestro país una 

-36- 




-¿dos* do/ej* c/o 
23 o/j y&^r 



OxtIos J^a^nuel de CeirpedecT 



tierra libre, debemos escoger la bandera de Narciso 
López, que rompe con la heráldica, que es ley de auto- 
cracia, de monarquía, de privilegios, de desigualdades y 
tiranías." 

El efecto de esas palabras de Agramonte fué mara- 
villoso, y sin más discusión la asamblea aceptó la ban- 
dera de Narciso López, y desde entonces ella fué paseada 
por los soldados libertadores de Cuba y fué testigo 
mudo de los sacrificios, martirios y venturas de los 
cubanos; ella inspiró a éstos en sus combates de la gue- 
rra de los diez años y en los de la de 1895, y acom- 
pañó a las huestes invasoras hasta el mismo extremo de 
la Provincia de Pinar del Río, como símbolo de gloria 
para los cubanos rebeldes. 

La bandera entusiasma al ciudadano, enardece alos 
soldados y exalta el ánimo a los pobres de espíritu. 

Tan excelsa es la significación de la bandera, que 
cuando los hombres viajan por el mundo, cuando sus 
buques atraviesan los mares, la bandera los acompaña, 
su comercio y demás negocios están amparados por ella, 
y los más grandes heroísmos y los más grandes sacrificios 
de vidas se han hecho para impedir que la enseña de la 
Patria, en combates desiguales, fuera a caer en poder del 
enemigo. "¡ Salvad la bandera!", dice el jefe y repite 
el soldado; la bandera era el honor, la gloria, el símbolo, 
lo más querido para esos combatientes. 

Según ley del Congreso de la República de Cuba 
de 1906, la bandera cubana es rectangular, de doble 
largo que ancho; se compone de cinCo listas horizon- 
tales de un mismo ancho, tres azules y dos blancas, dis- 
puestas alternativamente; junto al asta, hay un trián- 
gulo equilátero rojo, en cuyo centro aparece una estrella 
blanca de cinco puntas, una de las cuales mira hacia 
arriba. Uno de los lados del triángulo es vertical, 
ocupa toda la altura de la bandera y constituye el borde 
fijo de ésta. La estrella está inscrita en una circun- 
ferencia imaginaria, cuyo diámetro es igual al tercio de 
la latitud de la bandera. El color azul es turquí. 

-37- 



La bandera, según el lugar y ocasión en que se enal- 
bóle, deberá tener de largo las siguientes medidas : 

EN LAS FORTALEZAS 

De gala: diez metros noventa y siete centímetros 
De diario: seis metros nueve centímetros. 
De tempestad: dos metros cuarenta y cuatro cen- 
tímetros. 

EN LOS EDIFICIOS PÚBLICOS 

Seis metros nueve centímetros. 

EN LAS LEGACIONES Y CONSULADOS 
DE LA REPÚBLICA 

Tres metros cinco centímetros. 

El ancho de estas banderas será la mitad de su largo 



La poetisa Nieves Xenes cantó a nuestra bandera 
en estos vibrantes versos que demuestran inspiración 
y gran amor a la Patria. 

A LA BANDERA CUBANA 



E alzó con mano firme el heroísmo 
de patriótico amor enajenado, 
sobre un pueblo oprimido y humillado, 
como un rayo de luz sobre un abismo. 

El yugo del odioso despotismo, 
por crímenes sin cuento ensangrentado, 
rompió bajo tus pliegues, denodado, 
en desigual combate, el patriotismo. 

Tú que sólo ondulaste estremecida 
de la batalla al pavoroso estruendo 
sobre escenas de duelo, horror y muerte, 

Flota sobre la Patria redimida, 
cual talismán sagrado, protegiendo 
a un pueblo libre, venturoso y fuerte. 

—38— 



5 - - - - " 



CAPITULO V 

LA JURA Y EL SALUDO 
A LA BANDERA 



H 



IJO. — Papá, la jura de la bandera que los maes- 
tros nos obligan a hacer una vez al año, ¿qué 
significa? 

Padre. — Mi querido hijo, ese acto a que tú te refieres 
es muy solemne, porque ello significa la enseñanza al 
niño del deber en que está de respetar su bandera, de 
amarla, de defenderla y de servirla en todo. 

Hijo. — Papá, y si ese acto es tan grande como tú lo 
describes, ¿no crees que debía hacerse más a menudo, 
para acostumbrarnos más a él y encender en nosotros el 
fuego del patriotismo? 

Padre. — Tienes mucha razón; todas las escuelas 
públicas y privadas del territorio cubano deberían 
tener un lugar a propósito para izar la bandera, para que 
el niño la contemplara durante las horas de sus clases y 
para jurarla a diario, a la hora de retirarse los niños de 
la escuela; es decir, a la hora de la tarde, al abandonar 
la tarea escolar. Así, de ese modo, el niño llevaría a 
su hogar el recuerdo de la Patria, la recordaría siempre, 
para guardarle reverencia y defenderla con denuedo, 
con heroísmo, y tendría el convencimiento de que nin- 
guna otra cosa debe ser tan amada y tan bien servida 
como la Patria. 

-39- 



Además de la jura de la bandera, se celebra también 
todas las semanas, en las escuelas de la nación, otro acto 
de respeto a la bandera: me refiero al saludo a ella. 
Al terminarse el último día de clases de la semana 
escolar, es decir, en la última hora de cada viernes, 
todos los niños en cada escuela se congregan frente a 
la bandera de la Patria, y después de cantar el Himno 
Nacional, desfilan por frente a la insignia de la Pa- 
tria, se cuadran ante ella y llevan su brazo derecho so- 
bre el corazón. 



Elsa, seudónimo de otra poetisa inspirada, cantó 
a la jura de la bandera en el siguiente soneto, que prueba 
todo el amor a Cuba que siente la autora, Sra. Patria 
Tió de Sánchez Fuentes. 



LA JURA DE LA BANDERA 

A los niños cubanos. 



URA, niño, constante defenderla, 
con noble devoción, con alma fuerte; 
aprende a respetarla de tal suerte 
que no desmayes nunca al sostenerla! 

Siempre tu corazón palpite al verla, 
y en su presencia tu valor despierte; 
jura sin vacilar: " Venga la muerte, 
antes que sin honor pueda perderla". 

Si la amenazan, yérguete y avanza 

a contener con mano justiciera 

a quien osado, a herirla se avalanza! 

Abrázate, gallardo, a tu bandera, 
cifra en ella tu amor y tu esperanza, 
que es de todas las madres, la primera! 

-40- 



*r *a? -Mr -Mr -Mr -Mr -Mr «■ -Mr -Mr ^r -ar -Mr -ar -Mr -Mr -ar -Mr -Mr -Mr -Mr •*• « ^¡r -ar « -Mr -Mr ar -Mr ■ar arar-srarar 



CAPITULO VI 

EL ESCUDO 

I P I ADRE. — Mi querido hijo, la República de Cuba, 
¡¡1I|¡| como todas las naciones, tiene su escudo de ar- 
"™al ma g 7 y se utiliza para sellar los despachos y do- 
cumentos oficiales de todas clases, y sirve como orna- 
mento de edificios o locales cuyo decorado lo exija. La 
ley del 6 de enero de 1906 manda que "el escudo en 
uso tenga la forma de una adarga ojival y esté partido 
hasta los dos tercios de su altura, por donde lo divide 
una línea horizontal; en su campo superior representa 
un mar a cuyos lados derecho e izquierdo, correspon- 
dientes al Norte y al Sur, existen, frente uno de otro, 
dos cabos o puntas terrestres, entre los cuales, cerrando 
el estrecho que forman de izquierda a derecha y suspen- 
dida en el aire, se extiende una llave de oro con su pa- 
lanca hacia abajo, y a cuyo fondo, a que corresponde 
el Occidente, el disco solar, hundido en el horizonte 
hasta la mitad de su hemisferio superior, esparce sus ra- 
yos por todo el cielo del paisaje; el cuartel o espacio 
inferior de la derecha es bandeado con cinco listas de 
color turquí y blancas, azul la más alta, e inclinadas 
todas de izquierda a derecha; y el tercer espacio o cuar- 
tel figura un valle en medio del cual se alza una pal- 
mera, y detrás de ésta dos montañas; completan el bla- 
són ligeros celajes. Sírvele de soporte un haz de varas 
cuyo extremo inferior asoma por debajo del vértice de la 

—41— 



ojiva y el superior por la parte central del eje del escu- 
do, sosteniendo como corona del mismo un gorro frigio, 
vuelto hacia la derecha y con una estrella pentagonal de 
plata en su parte inferior. Una rama de encina y otra 
de laurel, cuyas puntas se inclinan hacia dentro sobre 
el eje, por los lados derecho e izquierdo, respectiva- 
mente, orlan el escudo." 

Como tú ves, mi querido niño, nuestro escudo refle- 
ja de un modo claro y preciso: 

Primero: nuestra situación geográfica: los dos ex- 
tremos de la tierra representan las costas de Florida, 
Norte América, y las de Yucatán, México. 

Segundo : el mar representa el Caribe, donde nues- 
tra Isla está enclavada. 

Tercero: la llave es la idea que se tiene formada de 
que nuestra Cuba es la llave del Golfo de México. 

Cuarto: las bandas azul y blanco son las fajas de 
nuestra bandera. 

Quinto : el valle, las montañas, con sus ligeros ce- 
lajes, representan a nuestra hermosa tierra con sus 
fértiles llanuras y con sus agrestes cordilleras o sierras. 

Sexto : La palmera representa el árbol más bello de 
nuestra tierra, por su esbeltez, lo erecto, largo y blanco 
de su tallo, y el gran penacho de hojas verdes y largas lo 
hacen uno de los más pintorescos de nuestra flora, que 
es admirado por todos y con asombro contemplado por 
el que por primera vez lo ve. 

Séptimo: el Sol representa el trópico, donde está 
situada nuestra tierra. 

Octavo: el haz de varas es el soporte, y en su 
parte superior está colocado un gorro frijio. 

Noveno: el cielo representa la bóveda celeste que 
nos cubre, y como ella, de color azul, que sin nubes ni 
celajes, brilla de modo intenso y bello, haciendo excla- 
mar a todo el que lo contempla: "¡Qué hermosura!" 

Décimo: el gorro frigio representa la idea de la 
libertad, de la democracia y de la igualdad. 

-42— 



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CAPITULO VII 



COMO SE FORMO LA PATRIA 
CUBANA 

I 



H 



IJO. — Papá, ¿y siempre existió la Patria del cu- 
bano? 

Padre. — No, niño; la Patria cubana hace poco 
que existe: Cuba era una 
colonia española, hasta 
que el valor y el esfuer- 
zo gigantesco de sus hijos 
la convirtió en Patria, lo 
más grande y sagrado, co- 
mo te he dicho, que tiene 
el hombre en la vida. 

Hijo. — Papá, ¿y cuándo 
los cubanos empezaron a 
hacer Patria? 

Padre. — Hijo, como tú 
sabes, España descubrió a 
Cuba y al continente ame- 
ricano; España conquistó a 
muchos países americanos 
y esclavizó a los habitan- 
tes de ellos, que recibieron 
el nombre de indios; des- 
pués los gobernantes espa- 
ñoles los tiranizaron y en Cuba los exterminaron; los 
españoles que de España vinieron más tarde no con- 

-43- 




Simón Bolívar 



sideraron como españoles a los hijos de los que les ha- 
bían precedido y que en' Cuba habían fundado familias, 
y empezaron por malquistarse con los hijos de Cuba de 
origen español, negándoles injustamente el derecho 
que los españoles tenían en España y en sus territorios. 
A medida que el tiempo avanzaba era mayor la injus- 
ticia y la inquina aumentaba y la idea de la separación 
de España empezó a surgir en la mente del cubano mal- 
tratado, que alentado por las luchas de las Américas es- 
pañola y sajona, a favor 
de sus libertades e inde- 
pendencia, abrigó el de- 
seo de la separación y 
pensó en la necesidad de 
la guerra. El Libertador 
Simón Bolívar concibió, 
a ruego de cubanos, la 
idea, en 1826, de libertar 
a Cuba. ¡Ah! esa idea de 
Bolívar no pudo llevarse 
a la práctica por cuestio- 
nes internacionales y Cu- 
ba continuó gimiendo en 
medio de su esclavitud; 
pero a pesar de ello, los 
ideales de la Patria no se 
borraron de la mente del 
cubano, y en el año 1850, 
en el mes de mayo y en su 
día 19, un venezolano ilus- 
tre, general del Ejército español, intenta dar la libertad 
a Cuba, y Joaquín de Agüero, bravo y rico camagüeyano, 
emprendió también la ímproba tarea de libertar a la 
colonia; pero fracasaron en su glorioso intento, segura- 
mente por falta de preparación. 

Narciso López desembarcó en Cárdenas con una 
gruesa expedición y permaneció allí pocas horas, al 
cabo de las cuales se retiró de la Isla. El 12 de agosto 
de 1851 vuelve a Cuba, y en Playitas, en la Provincia 

—44— 




Narciso López 



de Pinar del Río, al norte, y cerca del puerto de Bahía 
Honda desembarca, se bate con fuerzas enemigas supe- 
riores, que dispersaron a los suyos. Entregado por un 
cubano de apellido Castañeda, (aquí tienes un mal hijo 
de la Patria), cae a pocos días prisionero en poder de 
los españoles; traído a la Habana y juzgado Narciso 
López en consejo de guerra, fué condenado a muerte y 
agarrotado en el campo de la Punta (hoy Glorieta del 
Malecón), el día I o . de septiembre de 1851. Muchos 

compañeros de Narciso 

López fueron también fu- 
silados, y otros, debido 
a las reclamaciones del 
gobierno norteamericano, 
salvaron sus vidas. 

Joaquín de Agüero, que 
se había sublevado el 12 
de agosto de 1851 en el 
distrito de Camagüey, 
tampoco tuvo éxito, y pri- 
sionero de los españoles 
corrió la misma suerte que 
Narciso López. El mismo 
fin tuvo Isidoro Armen- 
teros en Trinidad. 




II 



Joaquín de Agüero 



H 



IJO. — Papá, a eso no pudo quedarse reducida la 
acción de los patriotas cubanos, puesto que so- 
mos libres. 

Padre. — Te impacientas mucho y te adelantas a los su- 
cesos; espera y escucha, ten calma y sabrás todo lo que hi- 
cieron los cubanos por lograr su libertad y hacer su Patria . 
Hijo. — Pero dímelo pronto, quiero saber en seguida 
todo lo que hicieron los cubanos para hacer la Patria 
cubana. 

—45— 



Padre. — Niño, los cubanos, después del fracaso déla 
acción de Joaquín de Agüero y de Narciso López, no 
desmayaron en su obra; su 
sueño fué hacer de Cuba una 
nación libre, independiente, 
soberana, en una palabra; los 
cubanos laboraron con enérgi- 
ca actividad en la obra de ha- 
cer la Patria, para que el hijo 
de Cuba pudiera llamarse ciu- 
dadano, tener su hogar, tener 
su familia y vivir con decoro, 
con dignidad, con honor, res- 
petado por todos los hombres 
de las tierras libres. Más tarde, 
allá por el año de 1852, y 
dirigido por Francisco de 
Frías, conde de Pozos Dulces, 
hubo un intento de otra revo- 




Conde de Pozos Dulces 



lución en Pinar del Río, 
en la que otros cubanos 
dieron su vida ; y todavía 
en el año 1855, un cata- 
lán, Ramón Pintó, repu- 
blicano español, intentó 
libertar a Cuba; pero de- 
nunciado al gobierno es- 
pañol, fué reducido a pri- 
sión y ejecutado el 21 de 
marzo de 1855 en el cam- 
po de la Punta (Habana), 
frente a un cuartel que 
tenían allí los españoles. 
Los cubanos, después de 
esos fracasos, se dedicaron 
con sigilo a preparar la 
revolución y hubo un 
hombre, José de la Luz y 
Caballero, que amó inten- 




Ramón Pintó 



-46- 



sámente la idea de la libertad sirviéndola con gran es- 
mero e infiltrándola en los discípulos del colegio que 
fundara con el nombre de "El Salvador". 

La sabiduría, el talento, la energía y su gran au- 
toridad moral, le crearon ante los cubanos y españoles 
una gran reputación; por eso prendió tan bien en el 
sentimiento cubano la idea de libertad, de decoro y de 
dignidad que él predicó; los cubanos comprendieron fá- 
cilmente que un colono tiranizado no podía ver realiza- 
_ i- ¡ ilia das las predicaciones de 

José de la Luz y Caballe- 
ro ; era preciso ser libre, ser 
ciudadano y ser patriota, 
para poder sentir las pre- 
dicaciones del gran filóso- 
fo, del gran educador de 
los cubanos. 

José de la Luz y Caba- 
llero hizo en su colegio 
hombres dignos, hombres 
patriotas, al mismo tiem- 
po que los hizo sabios y 
valientes; Luz y Caballe- 
ro hizo comprender a sus 
educandos y a su pueblo 
que era mejor morir que 
vivir sin derecho y sin 
respeto; aquel filósofo, 
aquel sabio, aquel patrio- 
ta, enseñó a este pueblo el alto significado de la palabra 
CIUDADANO; él fué el precursor de nuestras liber- 
tades patrias. 

Los cubanos más inteligentes, mi querido hijo, y los 
más ilustrados, se enamoraron de esas ideas de libertad 
y de decoro, y fueron a su conquista, y en el año 1868, 
el 10 de octubre, estalló la revolución que acaudilló 
Carlos Manuel de Céspedes en la jurisdicción de Yara, 
en su ingenio "La Demajagua"; este hombre era rico y 
de supremo valor, de gran corazón, de una ilustración 

-47- 




José de la Luz y Caballero 



poco común y lleno de intenso amor por su Patria. 
Nació en Bayamo el día 18 de abril de 1819. 

Su amor a Cuba fué tan grande, que abandonó su 
hogar, su riqueza, sus comodidades, su vida plácida y 
tranquila, y retó en combate sin igual a la poderosa Es- 
paña, y llevó a la pelea a sus esclavos, a quienes dio la 
libertad, y a los amigos y vecinos, diciéndoles éstas o 
parecidas palabras: " Ya que España no quiere oír las 
justas reclamaciones de Cuba, hagámosle la guerra para 
^g^M^^^ conquistar con las armas 

/' y con el sacrificio de la 

vida y el bienestar, la li- 
bertad y el decoro para 
esta hermosa tierra en 
que nacimos". Carlos 
Manuel de Céspedes des- 
de aquel día no tuvo otra 
aspiración ni otro ideal 
que no fuera la República 
de Cuba. Ofrendó día por 
día y de modo singular 
su propia vida, ya que 
nadie demostró más he- 
roísmo que él en el mo- 
mento supremo de la 
gran contienda y mu- 
riendo frente al enemi- 
go el 27 de febrero de 
1874, en la finca San Lo- 
renzo, situada en la Sierra Maestra. Guerrero y poeta 
fué Carlos Manuel de Céspedes; probó lo primero com- 
batiendo y lo segundo cantándole al majestuoso Cauto, 
que le inspiró el siguiente soneto: 

AL CAUTO 

Naces, ¡ oh Cauto ! en empinadas lomas, 
Bello desciendes por el valle ufano, 
Saltas y bulles juguetón, lozano, 
Peinando lirios y regando aromas; 




Carlos Manuel de Céspedes 




Incendio de Bayamo por los patriotas de Céspedes. 
11 de Enero de 1869. 



Luego el arranque fervoroso domas, 

Y hondo, lento, callado por el llano, 
Te vas a hundir en el inmenso Océano ; 
Tu nombre pierdes y sus aguas tomas. 

Así es el hombre; entre caricias nace, 
Risueño el mundo al goce le convida. 
Todo es amor y movimiento y vida; 

Mas el tiempo sus ímpetus deshace, 

Y grave, serio, silencioso, umbrío, 
Baja y se esconde en el sepulcro frío. 



III 



! P lADRE. — Niño, desde el día 10 de octubre me- 
llllll morable, la guerra se mantuvo en todo el terri- 
"™™ torio de Oriente y Camagüey. El lema de aque- 
llos patriotas fué: " Vencer o Morir", " Libres o 
Muertos". 

Los cubanos de aquellos días rivalizaban entre sí 
en actos de valor y patriotismo. El incendio de Baya- 
mo para evitar que cayera en manos de los españoles, 
demostró a éstos, con sus gigantes llamas, que parecían 
llegar al cielo en demanda de justicia, la decisión de los 
patriotas de morir o tener Patria. 

Así son los patriotas, mi querido niño ; a nada en ab- 
soluto se puede amar ni se puede venerar como a la 
Patria; fíjate en que constantemente te repito los con- 
ceptos, las ideas de libertad y deberes para con la Pa- 
tria, para que no olvides que son tuyos y que debes 
cumplirlos. 

Bayamo, quemado por sus hijos, dueños de aque- 
llos lugares, demuestra claramente lo que aquellos 
hombres, lo que aquellas mujeres, lo que aquellos niños 
amaron a la Patria. Todo Bayamo ardió. No hubo 
nada, por bueno y estimable que fuera, que se escapara 

-49- 



del incendio. "Humo y cenizas para el enemigo; que 
éste no toque con sus manos nuestros sagrados hogares, 
las reliquias de nuestro pasado; no queremos ninguna 
otra cosa que no sea nuestra bandera, nuestra Patria; 
de no ser todo eso, queremos tan sólo la muerte". Así 
debieron decir los hombres, las mujeres y los niños de 
Bayamo; en aquel momento histórico no hubo pobres 
ni hubo ricos, ni hubo blancos ni hubo negros; todos 
fueron iguales, todos daban a Cuba libre sus bienes y 

sus comodidades y todos 
se enfrentaron con el ene- 
migo y pusieron el pecho 
a las balas homicidas del 
opresor, y todos cantaron 
con el gran patriota, autor 
del Himno de Bayamo, 
combatiente en la jorna- 
da, Pedro (Perucho) Fi- 
gueredo, el himno cubano, 
el himno de Bayamo, la 
Bayamesa, tocada allí 
por primera vez como 
himno de guerra. 

Las notas de esa música 
se unieron en los aires, con 
el chirriar del incendio, 
con el tronar del fusil, con 
el ¡ay ! del moribundo, con 
Pedro Figueredo el grito del patriota de 

"¡Viva Cuba Libre!", y se 
consideró como un honor concedido por Dios mismo el 
recibir allí la muerte y regar con su sangre de hombre 
libre, de patriota, la tierra esclavizada, que sería sin dis- 
puta libertada por el esfuerzo y el valor del patriotismo 
cubano. 

Aquellas familias, mi querido niño, se fueron a los 
montes, dejándolo todo y arrostrándolo todo para luchar, 
junto con sus hombres, por Cuba libre. Los hombres 
peleaban y las mujeres curaban a los heridos y enseña- 

—50- 




ban a sus niños con el sacrificio y la abnegación, el deber 
que tenían que cumplir, cuando fueran grandes, con la 
tierra amada. 

Las familias de Bayamo fueron imitadas por las 
de Santiago y Camagüey. 

Las más ricas y las más pobres se fueron al campo 
de la revolución, ocuparon los montes, y en humildísi- 
mos bohíos y con una pobreza extrema vivían felices 
trabajando por Cuba, ayudando al hombre, siendo vir- 
tuosas y abnegadas enfer- 
meras y entusiastas ciu- 
dadanas que daban alien- 
to a los guerreros, que 
para poder pelear tenían 
que quitar las armas al 
enemigo, ya que la revo- 
lución no tenía fusiles pa- 
ra combatir. 

Así, hijo, con ese ejem- 
plo, la revolución se ex- 
tendió por el territorio de 
Camagüey y de Las Villas 
y hubo intento de inva- 
sión a las provincias oc- 
cidentales de Cuba, ha- 
viendo llegado las huestes 
revolucionarias cerca 
de la villa de Colón. La 
revolución fué servida y 
mantenida durante diez 
años por los cubanos de 
gran valor; ricos y pobres, sabios e ignorantes, blancos y 
negros, soportaron, en aquellos diez años que duró la 
guerra, una lucha tremenda y fatigosa. Ellos realiza- 
ron actos de heroísmo y de valor dignos de los más 
grandes hombres de la Historia, afrontaron los combates, 
sufrieron las más espantosas miserias y desnudeces; pero 
a pesar de eso, la revolución fracasó, los recursos se ter- 
minaron, sus hombres, desaparecidos en los combates o 

-51— 




Manuel de Quesada 

General en Jefe del ejército combatiente 
en 1868. 



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LETRA V MÚSICA 

DE 

PEDRO FIGUEREDO 



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DE 
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-53— 



en las epidemias, no tuvie- 
ron sustitutos; pero así y 
todo, aquella heroica revo- 
lución no fué vencida; ella 
pactó con el poder de Es- 
paña y consiguió por lo 
menos libertad para los es- 
clavos y ofrecimientos de 
derechos políticos para los 
cubanos; y aun en ese mo- 
mento mismo del pacto, 
hubo un hombre, general 
de la revolución, que en el 
punto conocido por los 
Mangos de Baraguá, alzó 
su voz y levantó su ma- 
chete para expresar al go- 
bierno español su protesta 



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14 



General Antonio Maceo 




Salvador Cisneros Betancourt 

Presidente del gobierno revolucionario (1873). 



de aquel pacto, de aque- 
lla paz, afirmando que él 
y los suyos no la acepta- 
ban, que seguirían com- 
batiendo por el decoro y 
la libertad cubana. El 
hombre, el "mambí", el 
patriota que mandaba y 
dirigió las fuerzas protes- 
tantes de Baraguá, fué el 
valiente entre los más va- 
lientes, el mayor general 
Antonio Maceo, quien 
más tarde, al poco tiempo, 
tuv,o que aceptar lo inútil 
que era combatir con ene- 
migo tan poderoso, y ren- 
dido a la evidencia, aban- 
donó el territorio cubano, 



-54 



sin otro compromiso que el de volver a Cuba en el mo- 
mento oportuno para morir por ella o darle la libertad. 
Los hombres más preclaros de aquella gran revolu- 
ción fueron Carlos Manuel de Céspedes, su iniciador; 
Francisco Vicente Aguilera, Manuel de Quesada, An- 
tonio Maceo, Ignacio Agramonte, Máximo Gómez, 

Julio Sanguily, Calixto 
García, Salvador Cisneros, 
Tomás Estrada Palma y 
muchísimos más; de los 
cuales se pudiera decir 
que ellos y todo aquel 
ejército fueron iguales en 
el valor, en el sufrimiento, 
en la abnegación, en el 
honor, en el amor a Cuba 
y en su excelso patrio- 
tismo. 



IV 

! J"f JIJO.— Papá, ¿cómo, 

Bill s * se P ercno la gue- 
g| '" '"* rra, somos libres? 

Padre. — Niño, ten pa- 
ciencia, que ya lo sabrás 
todo. 




Francisco Vicente Aguilera 

Hijo de Bayamo, hombre muy rico, de gran ta- 
lento, de vasta ilustración; abrazó la causa de 
la revolución y fué a prestarle sus servicios al 
extranjero (New York) ; fué electo Presidente 
del Gobierno de la Revolución en 1873, pero no 
pudo tomar posesión de dicho puesto por difi- 
cultades en el regreso a Cuba. 



Hijo. — Papá, es que 
me siento emocionado por 
el conocimiento que tú me haces tener de los patriotas 
cubanos, de esos magníficos hijos de Cuba, cuyo sacrifi- 
cio y cuyo valor los hacen tan grandes como aquellos 
espartanos que la historia nos cuenta; ya tengo deseos 
de saberlo todo de una vez, y desde luego te aseguro que 
si la Patria me necesita algún día, me tendrá con igual 
valor, con igual amor que el que tuvieron los cubanos 
de aquellos tiempos. Te lo juro. 

-55- 



Padre. — Niño, me alegro mucho de que esta conversa- 
ción te enseñe a amar, a adorar a la Patria, y te coloque 
en disposición de servirla y de amarla como la amaron 
y sirvieron aquellos hombres y aquellas mujeres, aque- 
llos viejos y aquellos niños, aquellos ricos y aquellos 
pobres, juntos con aquellos blancos y aquellos negros. 

Entre la población pa- 
cífica de Cuba de entonces 
hubo revolucionarios en 
cantidad inmensa que ayu- 
daban a la guerra en la 
forma que podían, prestán- 
dole grandes beneficios; 
entre ellos descolló como 
suprema figura el multimi- 
llonario cubano Miguel 
Aldama y Alfonso, cuya 
fortuna no era igualada por 
ninguna otra en Cuba en 
aquella época, y toda la 
ofreció a la revolución. Su 
patriotismo hizo que él ex- 
pusiera toda su riqueza y 
prefirió el destierro y la 
vida incierta a vivir seguro 
y rico en Cuba esclava; 
aquel hombre, que desde el día en que nació, vivió y 
creció como príncipe de rica casa, prefirió la pobreza a 
pactar con el déspota opresor. 

Niño, contempla el rostro de ese hombre que mues- 
tra ese retrato; de ese hombre que fué rico, que fué 
bueno, que fué patriota, que sirvió a la Patria dándole 
su dinero, dándole toda su fuerza moral y que aceptó 
por ella todas las desventuras; ese hombre debe ser 
recordado por los cubanos buenos y patriotas. 




Miguel Aldama y Alfonso 



-56 



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CAPITULO VIII 

ANÉCDOTAS DE LA GUERRA 
DE LOS DIEZ AÑOS 

i 



|"J I JO. — Papá, yo quisiera conocer algún relato de 
pg los hechos heroicos de los cubanos que, según 
a«SmP me h as (ii c ho, abundaron durante los diez años de 
guerra, es decir, desde el año de 1868 hasta el de 1878. 
Padre. — Con mucho gusto, hijo mío; me alegra tu 
deseo; te voy a contar algunos rasgos de valor y de 
heroísmo de que dieron muestra los cubanos en aquellos 
días gloriosos; todos debían ser conocidos, pero te con- 
taré algunos de ellos para que quieras más a la Patria, 
para que admires con toda la intensidad de tu corazón 
el comportamiento de aquellos cubanos que formaron 
aquel ejército que estuvo siempre desnudo y sin zapa- 
tos, con muy pocas armas y escasas municiones, enfer- 
mo, sin medicinas y sufriendo el hambre y todos los 
rigores de la intemperie; no tuvieron nada para luchar, 
lo único que tuvieron para combatir y soportar con 
decoro y con dignidad aquellos diez años de guerra, fué 
la firmeza del carácter, el amor a la libertad y el deseo 
de hacer a su Patria independiente. 

Oye bien, hijo mío; te voy a contar algunos de los 
muchos actos heroicos realizados por los cubanos en esa 
guerra . 

—57— 



Un día el comandante español Montaner, en ope- 
raciones por Camagüey, en el batey de un ingenio de 
aquel lugar hizo prisionero a los pacíficos del ingenio; 
antes, también había hecho prisionero en su recorrido al 
capitán mambí Edmundo Agüero y a su asistente, un 
joven que había sido su antiguo esclavo. 

Por la mañana el comandante Montaner formó en 
línea a los prisioneros y les dijo: "Los que se acojan a 
la bandera española, serán indultados y puestos en 
libertad; el que acepte esta proposición, que dé un paso 
hacia adelante' \ Todos los prisioneros pacíficos avan- 
zaron un paso; pero el capitán Edmundo Agüero y su 
asistente permanecieron firmes en sus puestos. 

El capitán Agüero le dijo a su noble asistente: 

— Acógete al indulto, muchacho. 

Aquel muchacho, un niño casi, le dijo al capitán: 

— No, capitán; su suerte es mi suerte; vamos a morir 
juntos gritando: "¡Viva Cuba Libre!" 

El comandante español preguntó: 

— ¿No aceptan ustedes? 

— Somos cubanos, replicó el capitán Edmundo 
Agüero. 

El leal asistente, el noble compañero, asintió a lo di- 
cho por el capitán Agüero, y una descarga de fusil hizo 
rodar los cadáveres de los dos héroes. 

Gregorio Benítez, cubano valeroso que ostentaba el 
grado de brigadier del ejército cubano, ordenó un día a 
sus fuerzas la toma del fuerte de Montejo, inmediato a 
la ciudad de Puerto Príncipe. 

El ordenanza Barretico, un joven, lanzó su caballo 
a todo correr, llegó al fuerte y tocando con su arma la 
puerta del fuerte, gritó: 

— ¡Ríndanse, españoles, se les perdona la vida! 

Los atacantes fueron derrotados y Barretico salvó 
su vida, a pesar de haber intimado la rendición a los 
españoles durante todo el tiempo que duró el ataque. 

¡Cuánto heroísmo! 

-58- 



II 



I j£ JN el Castillo del Príncipe, situado en la ciudad de 
bgd la Habana, fué ajusticiado en garrote vil uno de 
B3EI j os cubanos más ricos, valerosos y gran rebelde, 
que se llamó Domingo Goicouría. La mañana del 7 
de mayo de 1870, se le ordenó marchar hacia el pa- 
tíbulo, y sereno, con una 
altivez de dignidad supre- 
ma, caminó hacia él. Al 
llegar al lado del garrote 
Domingo Goicouría, con 
bello ademán de energía, 
miró a la multitud que lo 
contemplaba y quitándo- 
se el sombrero como me- 
dio de saludo, dijo: 

— Muere un hombre, 
pero nace un pueblo! 



En aquellos gloriosos 
días de la gran revolu- 
ción en que el cubano pa- 

Criota demandaba de Es- Domingo Goicouría 

paña la libertad de Cuba, 

dos jovencitos cubanos, hijos de Camagüey, fueron he- 
chos prisioneros, traídos a la Habana y sentenciados a 
morir en garrote vil en ese mismo Castillo del Príncipe. 

Gaspar Agüero y Diego Agüero, que así se llama- 
ban los protagonistas de este relato, sobrellevaron con 
gran valor y con gran heroísmo su desgracia. Sin em- 
bargo, Diego Agüero, que era el más joven de los dos, 
empezó a decaer visiblemente ante la máquina patibula- 
ria. Su hermano Gaspar, que observó ese estado de 
ánimo de Diego, lo arengó en la siguiente forma : 

-59— 




— ¡Fíjate en que estás delante de los españoles! 
En el acto aquel joven de alma de acero volvió en sí 
y arrostró la muerte con serenidad y valor inmenso. 



Tamayo León, hijo de Bayamo y general del ejér- 
cito manbí, fué sentenciado a muerte en la ciudad de 
Sancti-Spíritus. Al ser fusilado se dirigió a los soldados 
y curiosos que presenciaban aquel acto, diciéndoles: 

— ¡Torpes! ¡No veis que vuestro poder es pasajero 
y que sobre vuestra inevitable ruina y nuestra muerte 
se levantarán triunfantes la Libertad y la República ! 



Mateo Casanova, también general del ejército li- 
bertador de Cuba, fusilado en Sancti-Spíritus, con- 
testó al fiscal que preparaba el consejo de guerra que 
lo juzgó, de la siguiente manera: 

— ¡No me da la gana de contestar! Todo esto es 
vana forma, ya yo estoy juzgado y sé que debo morir 
No reconozco ni acato más consejo que el que me juz- 
gase por mandato del Presidente de la República de 
Cuba. 



José Inclán, general del ejército libertador, y su 
ayudante Tomás de Varona, hijo de Camagüey, fueron 
hechos prisioneros y juzgados en consejo de guerra en 
Puerto Príncipe. El general José Inclán hizo esfuerzos 
sobrehumanos por salvar la vida al joven Tomás de 
Varona, a lo que éste se opuso tenazmente, que que- 
ría—y lo consiguió— morir junto con su general. 

Fueron condenados a muerte, y antes de ser fusila- 
dos tuvieron la rareza de invitar a almorzar a varios 
oficiales españoles, los cuales no cesaron de alabar 
luego el valor, la serenidad y el amor a Cuba de que 
dieron prueba esos cubanos. Al ser fusilados cambia- 
ron los pañuelos azul y rojo que tenían atados al cuello, 

—60— 



los besaron, se abrazaron y una misma descarga los 
hizo caer al suelo sin vida 



III 



[^MARTÍNEZ Campos, general español y jefe del 
LJ^¿!J ejército en operaciones en Cuba, estaba tratando 
*— — ' con las exiguas fuerzas mambisas el pacto del 
Zanjón; es decir, la terminación de la guerra aquélla 
que había hecho sucumbir a miles de cubanos y sufrir 
a sus familias la más ingrata y triste de las suertes. 
Casi todo estaba terminado entre el general español y 
las huestes cubanas. Faltaba celebrar con el general 
Antonio Maceo una conferencia; ésta se verificó en el 
histórico lugar llamado "Los Mangos de Baraguá" 
(donde debía levantarse aunque fuera un montón de 
piedras que señalara el sitio en que el heroico Maceo, 
con sus valientes compañeros, declararé al mundo que 
jamás aceptaban la reconciliación con España, pues que 
eran cubanos que habían jurado ser libres o morir) y 
en ella Maceo expuso su inconformidad con los actos 
realizados por los otros jefes de la revolución. 

Antonio Maceo protestó del pacto y juró de nuevo 
su firme decisión de libertar a Cuba, de vencer a España 
o de morir. 

Antes te he mencionado ese hecho histórico, que por 
lo sublime te lo repito ahora, con más detalles, para que 
te fijes bien en las incomparables virtudes patrióticas 
de Maceo y sus bravos compañeros. 

Sin embargo, Maceo fracasó por grandes obstáculos 
que encontraron él y los suyos, y pensaron que era pre- 
ferible esperar días mejores y preparar una lucha más 
seria, más formal, con buena organización; y así fué en 
efecto, porque diez y siete años más tarde, los cubanos 
volvieron a la lucha y el gran Maceo, con denuedo in- 
menso, condujo desde Oriente hasta Occidente la ban- 
dera de la revolución, como más adelante te expondré, 
mi querido niño. 

—61 — 



Sr. Dr. Enrique Llansó y Simoni. 

Mi querido amigo: 

Nunca habrá palabras capaces de explicar una pena 
producida por el extravío de algo muy querido. El 
retrato y la carta que tú guardabas como reliquia 
sagrada de tu tío el coronel Horacio Simoni, me pro- 
duce la pena de que te hablo anteriormente. 

Yo no los extravié; deseando publicar en este libro 
el retrato del valerooso patriota Horacio Simoni y fijar 
en él los caracteres de su letra, llevé ambas cosas a una 
casa de fotograbado y ésta las perdió. 

Bien sé que estas líneas no podrán consolarte, por- 
que ese recuerdo guardado religiosamente por tí, era el 
producto de un amor nacido en el calor de la familia y 
en el valor de Horacio Simoni durante su vida de gue- 
rrero, aumentado ese valor, a la hora de la muerte, 
recibida de los españoles, como castigo a su gloriosa 
rebeldía. 

Pero, ¡qué voy a hacer! Te acompaño en tu dolor por 
la pérdida y digo a los niños de mi Cuba que Manuel 
Sanguily me dijo que Horacio Simoni era un hombre 
de honor, muy valiente, muy patriota, de tiernos senti- 
mientos, como lo demuestra la carta perdida y que en 
capilla escribió a su madre, en términos tales, que al 
leerla la emoción no podía evitarse. 

Amor para la madre y para Cuba, fué siempre su 
sentimiento. ¡Qué grandeza de alma! 

Con qué dulzura y con qué valor se despidió del 
mundo ! 

Perdona a tu inculpable amigo, que te quiere y 
abraza, 

M . Duque. 



62 






&&&&.&&&&&&& 



CAPITULO IX 



ALGUNOS COMBATES DE LA GUERRA 
DE LOS DIEZ ANOS 

I 

SADRÉ. — Te voy a hacer hoy, mi querido niño, 
el extracto de algunos combates del sublime pe- 
ríodo revoluciona- 
rio de los diez años. En el 
libro " Episodios de la Re- 
volución Cubana' ' escrito 
en la Habana en tiempos 
de la colonia, lo que indica 
un gran valor, por el pa- 
triota y literato Manuel 
de la Cruz, he encontrado 
la descripción de algunos 
combates dignos de que a 
diario se lean en las es- 
cuelas públicas y privadas 
de la nación. 

De ellos son los siguien- 
tes resúmenes que te hago 
para no cansar tu mente 
con su completa relación : 

A CABALLO ^ 

Manuel de la Cruz 

Un dia el coronel José 
Payan, famoso por su táctica y por su valor, acampó en 

—63- 




el potrero de Santa Teresa, enclavado en la jurisdic- 
ción de Sane ti-Spíri tus. Sus fuerzas eran de caballería 
y de infantería, todas perfectamente situadas, cuida- 
dosamente dispuestas en espera natural del enemigo. 

Como a la una del día se ordenó dar agua a la caba- 
llería en un río que había en las inmediaciones del cam- 
pamento. 

La sección de caballería, en número de cuarenta 
jinetes, había penetrado con sus caballos en el río y 
dejado en sus márgenes las monturas, las armas y la ro- 
pa, puesto que habían decidido bañarse juntos con sus 
corceles. 

De pronto se oyeron disparos de fusiles hacia el 
centro del potrero; profundo silencio entre los bañistas, 
que aguzaron el oído, y los caballos pararon las orejas. 
El jefe ordenó: "\A caballo!" 

De prisa, sin tiempo para más, tomaron sus rifles y 
se ciñeron los machetes, y desnudos y descalzos monta- 
ron sobre sus caballos, sin monturas y sin frenos. 

En un instante estuvieron a caballo y formados en 
correcta línea, aunque risueños, rebosando la zumba 
por aquel aspecto cómico de extraña indumentaria de 
guerreros. 

Inmediatamente el corneta tocó a degüello; los 
jinetes soltaron sus caballos y en desbocada carrera los 
desnudos caballeros, espantables en sus trajes y en su 
furia, cayeron sobre el enemigo como una tromba aso- 
1 adora. 

Sorprendidos los asaltantes por la visión que les pro- 
dujeron aquellos jinetes terribles en su bélico impudor, 
cargaban a fondo como el que quiere empezar pronto y 
acabar en seguida, y así fué, quedando sobre el campo 
29 cadáveres de enemigos. El clarín de órdenes de la 
infantería mambisa tocaba avance y la corneta de los 
jinetes de la carga ordenaba retirada: el combate había 
terminado. 

-64- 



II 



EL RESCATE DE UN HÉROE 



j I GNACIO Agramonte, hijo de familia ilustre de la 
*^ ciudad de Camagüey, abogado notable, hombre 
de talento, de gran valor y de un carácter enér- 
gico, dirigió la revolución 
en Camagüey en los mo- 
mentos más difíciles. Or- 
ganizó la caballería cama- 
güeyana y la hizo famosa 
y temible. 

El carácter de Ignacio 
Agramonte y su fuerza 
queda demostrada con la 
siguiente anécdota: 

En aquellos momentos 
de prueba para los hom- 
bres de la revolución, en 
que andaban dispersos y 
desarmados, el mayor 
general Ignacio Agra- 
monte emprendió la tarea 
de recoger a aquellos sol- 
dados y disciplinarlos, ta- 
rea que resultaba casi im- 
imposible. Un día uno 





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Mayor General Ignacio Agramonte 



de SUS 



ayudantes le dijo: 

—Mayor, por lo que se ve, todos sus soldados es- 
tán desarmados: ¿cómo y con qué armas vamos a ha- 
cer la guerra? 

Agramonte, con gesto sereno, pero firme, contestó: 

—¡Con la vergüenza! 

Esta frase basta para juzgar al hombre, al patriota 
y al soldado. 

-65^ 



Agramonte murió el 11 de mayo de 1873, en el po- 
trero de Jimaguayú (Camagüey), en furiosa carga de 
caballería contra el enemigo. Fué el cubano que más 
visiblemente se destaca como militar entre todos los de- 
más cubanos, y tuvo un día la oportunidad de brillar, 
no ya como una estrella, sino como un sol. 

Acampado en el potrero Consuegra, el 7 de octubre 
de 1871, acompañado de 70 jinetes, recibió el aviso de 
que el brigadier Julio Sanguily había caído prisionero 
de los españoles. 

Agramonte, pálido, con mirada de fuego, sin tomar 
ninguna otra noticia, ordenó al jefe de día que mandara 
ensillar su caballo de guerra Mambí y que en seguida 
dispusiera la marcha de los que tuvieran caballos en 
estado de empeñar una ruda acción. Los 70 hombres 
que acompañaban a Agramonte quisieron acudir al 
combate, pero Agramonte, eligiendo los caballos, no los 
hombres, porque todos eran valerosos, apartó 34 jinetes, 
que con él sumaban 35, y ordenó al comandante Reeve 
que mandara a la vanguardia y que caminara a marcha 
forzada, con orden de avisarle cuando divisara a los 
españoles, sin ser visto por éstos. 

El capitán Palomino se acercó en ese instante a 
Agramonte y le dijo: 

— Mayor, creo que se intenta empeñar acción para 
rescatar a mi jefe, el brigadier Sanguily; si esto es así, 
le ruego me señale un sitio en el lugar más peligroso. 

— Ya esperaba esa resolución de los subalternos 
del brigadier Sanguily; marche al lado del comandante 
Reeve. 

A poco andar, el enemigo se presentó a la vista; 
Agramonte desenvainó el machete, y con voz entera 
dijo: 

— Comandante Agüero, diga a sus soldados que su 
jefe, el brigadier Sanguily, está en poder de esos españo- 
les y que es preciso rescatarlo vivo o muerto o perecer 
todos en la demanda! 

-66- 




Volvió la vista hacia la izquierda, y con voz atrona- 
dora gritó: 

— ; Corneta, al degüello! 

El clarín cubano resonó glorioso y la caballería de 
Agramonte corrió veloz sobre la columna española, com- 
puesta de más de 120 hombres. 

El capitán Palomino, impetuoso, llegó primero a las 
filas españolas, abrió brecha en ellas, dio muerte a dos 
guerrilleros, y permitió el pase de los que le seguían 

más de cerca. 

El combate se entabló 
furioso y cuerpo a cuerpo; 
los españoles gritaban, in- 
dicando al brigadier San- 
guily: 

— ¡ Fuego a ese jefe ! 

Mientras, el combate 
continuaba de modo he- 
roico haciendo bajas cons- 
tantemente en la columna 
española. Hubo un mo- 
mento en que los españo- 
les, no pudiendo soportar 
por más tiempo la brutal 
carga mambisa, se des- 
compusieron un tanto, 
subdividiéndose en pe- 
queños grupos y haciendo 
más fácil y más fructuosa 

la obra devastadora del machete de los soldados de 

Agramonte. 

A poco, Julio Sanguily gritaba dentro de los suyos: 

— "¡Viva Cuba Libre!" y fué herido en una mano, 

Los españoles fueron derrotados y Julio Sanguily 
libertado. Las fuerzas de Agramonte reconocieron el 
campo de la acción y recogieron once muertos que 
los españoles habían dejado en el campo de batalla. 

—67- 



Mayor general Julio Sanguily 



Los cubanos tuvieron dos muertos y cinco heridos, 
siendo el primero el valeroso soldado de diez y siete 
años que al inicio de la furiosa carga gritaba con fre- 
nética alegría: " ¡Adelante, siempre adelante!" 

Este fué, mi querido hijo, uno de los combates más 
brillantes de aquellas legiones, que constantemente 
asombraban la historia por su valor, por su patriotismo 
y por su decidida firmeza en libertar a Cuba. 



Julio Sanguily permaneció en la guerra durante los 
diez años que duró ella, alcanzando el grado de Mayor 
General, brillando siempre como un héroe y como un 
militar salido de la mejor academia. Ayudó a la pre- 
paración de la guerra de 1895, y si no se le vio desde el 
principio erí ella, fué porque los españoles lo redujeron a 
prisión al iniciarse la rebelión y permaneció por espa- 
cio de dos años en la fortaleza de la Cabana; de allí salió 
al final de la guerra, y volvió a mostrar sus gallardías 
de héroe. Falleció en la Habana el 23 de marzo de 1906. 

Padre. — Después de las dos proezas que te he rela- 
tado, te voy a leer la narración relampagueante del ge- 
neral Manuel Sanguily, que hizo ante un taquígrafo 
que llevé a su presencia para no omitir ningún detalle 
de la brillante narración de uno de los combates más he- 
roicos de los cubanos en la guerra de los diez años. 

III 
EL COMBATE DEL NARANJO 

600 CONTRA 3,000 

I J^JENOVADO por el gobierno con el general 
Lrg-nj Máximo Gómez el antiguo propósito de invadir 
Bbbs » las Villas, aumentando así el área de la revolu- 
ción y sus recursos, se formó una columna de infan- 
tería con los mejores elementos de los batallones del 
departamento de Oriente, los cuales, haciendo marchas 

-68— 



difíciles, vinieron al Camagüey, donde quedaron a las 
órdenes del general Gómez, a la sazón acampado en el 
potrero del Naranjo. 

El general Gómez había asumido el mando del de- 
partamento de Camagüey desde julio de 1873, con 
ocasión de la lamentable muerte del mayor general Ig- 
nacio Agramonte y Loinaz. Tuvo la suerte de obtener 
varios triunfos resonantes que afirmaron la marcialidad 
de sus tropas, siendo la más temible de ellas la caba- 
llería, que por entonces alcanzó el apogeo de su vigor e 

impetuosidad. Allí, en Na- 
ranjo, estaba acampada 
una gran parte de ella, 
aunque en número que no 
llegaba a 400 hombres; y 
la infantería oriental, a su 
llegada a ese mismo cam- 
pamento, apenas si sumaba 
unos trescientos hombres. 
Al día siguiente, los espa- 
ñoles — una fuerte columna 
como de 3,000 hombres — 
estaban cerca. El número 
de cubanos prestos a la 
pelea era exactamente el 
de 600. Los exploradores 
desde la tarde anterior lo- 
calizaron al enemigo, y tem- 
prano, en la mañana si- 
guiente, ya estaba éste en 
marcha en busca de los 
cubanos, bien que fogueados continuamente por los dis- 
paros de nuestros exploradores al mando del vigilante y 
valeroso teniente Carlos Martell. El general Gómez pre- 
paró sus fuerzas frente al camino que traía el enemigo, 
y apoyándola en espeso bosque, situó toda la caballería, 
menos un pelotón que colocó a la entrada misma del 
potrero, cuya hierba llegaba a lo sumo a media vara de 
altura. La infantería oriental formaba un ángulo 

-69— 




General Máximo Gómez 

(En la guerra de los diez años.) 



obtuso con la línea de la caballería. Al frente de esos 
valerosos guerreros estaban sus mejores caudillos, los 
Crcmbet, Guillermo Moneada, Martínez Freyre, y como 
jefe superior, Antonio Maceo. 

Al frente de la caballería estaba el mayor general 
Julio Sanguily, formando un grupo con sus ayudantes y 
escoltas, frente por frente al camino que desembocaba 
en el potrero. Hacia el frente de éste y a la dere- 
cha, formando un grupo compacto, se había situado el 
general Máximo Gómez con su Estado Mayor. Incor- 
porados los exploradores al retén del frente, se rompió el 
fuego contra la cabeza de la columna española. Esta, 
según inmediata observación de un repórter del New 
York Herald, Mr. Dockray, que se encontraba por acaso 
entre los cubanos y asistió valerosamente al gran com- 
bate de aquel día, tenía de su parte y a su favor algunos 
barrancos, un bosque espeso, varios palmares y la casa 
de mampostería de la finca, mientras los cubanos esta- 
ban absolutamente a campo raso, con la desventaja 
además de sólo disponer de infantería y caballería, aun- 
que en número muy inferior a la de los españoles, que 
contaban con tres cañones. 

Por cierto que al frente de una de esas piezas estaba 
un oficial de apellido Moreno y Dios, que semanas antes 
había sido prisionero del general Sanguily y puesto 
por éste en libertad al día siguiente de su captura, y el 
cual daba a entender que era el más experto en su arma 
en el departamento de Camagüey, lo que no debió 
haber sido muy exacto, porque enfocó su pieza al grupo 
en que se hallaba cabalmente el general Sanguily, 
ametrallándole durante dos horas y media sin haber 
ocasionado ni un rasguño al grupo que rodeaba a aquel 
jefe cubano. Ese mismo fué el tiempo en que habiendo 
hecho mover la caballería el general Gómez hacia el 
frente derecho, chocó con la española, en número ésta 
de más de 5C0, que al fin fué rechazada hacia el centro 
de la columna enemiga. Intentaron entonces flanquear 
a nuestra caballería, lanzando en masa a sus jinetes, los 
cuales penetraron por primera y última vez casi hasta 

-70- 



el frente del potrero; pero durante el primer encuentro 
de ambas caballerías, una granada incendió la hierba 
seca del potrero, formando una espesa cortina de humo, 
tras la cual el general Gómez había retirado a su 
primera posición a nuestra caballería, por lo que, unida 
a la pequeña columna del general Sanguily, se lanzó 
contra la caballería enemiga, rechazándola, casi em- 
butiéndola entre los suyos en una terrible carga al 
machete. Momentos después el general Gómez dis- 
puso el avance, por nuestra izquierda, de la infantería 
oriental, yendo a su cabeza, como siempre acostum- 
braba hacerlo, el general Maceo. 

Los españoles se habían corrido por su derecha y en 
número como de 400 estaban parapetados tras una cerca 
de mayas. Los orientales llegaron a ella bajo el fuego 
tremendo de sus contrarios. No sabemos si vacilaron 
unos segundos, pero es lo cierto que el general Maceo 
agarraba por el cuello y la cintura, como un coloso, a 
los soldados que estaban cerca, y los lanzaba como pro- 
yectiles contra la columna enemiga. Esta fué rota y 
rechazada, pero reforzada a cada momento, iba de 
palmar en palmar haciendo terrible resistencia, hasta 
que ya no volvió a intentar ninguna acometida. El 
general Gómez replegó sus fuerzas hacia el centro del 
potrero, siempre a bastante corta distancia de los espa- 
ñoles. Serían las tres de la tarde. En una pequeña 
elevación, casi al centro del potrero, trajeron un caldero 
de carnes y viandas ya frías, por supuesto, y alrededor 
de él, bajo tiros aislados de las guardias del enemigo, se 
sentaron sobre la hierba a hacer su almuerzo el general 
Gómez y algunos de sus compañeros de alta graduación, 
a los cuales se unió muy alegre y decidor el repórter 
americano. La tarde enfriaba bastante y los cubanos 
encendieron a lo largo de su campamento varias ho- 
gueras mientras el enemigo permanecía silencioso, 
tocando de cuando en cuando sus cornetas a la sordina. 
Durante la tarde y gran parte de la noche fueron hosti- 
lizados tenazmente por las guerrillas cubanas, que se 
iban sucediendo animosas y atrevidas. Antes de rom- 

-71 — 



per el día, ya el enemigo se había puesto sigilosamente 
en marcha. El general Gómez tomó por unos veri- 
cuetos con la caballería, con la mira de salirles al paso 
al desembocar el callejón de Moja-Casabe, dejando para 
que dificultara, en cuanto le fuera posible, la marcha 
de la columna al general Maceo, ya tras el sangriento 
combate de la víspera muy escaso de hombres y al cual 
se le agregó el general Sanguily. Maceo iba a pie. El 
general Sanguily estaba a caballo; le acompañaban 
sólo cinco hombres montados, porque casi todos sus 
ayudantes y el resto de su escolta estaban en el hos- 
pital de sangre. Los españoles hicieron una resistencia 
tenaz en el tortuoso y enmarañado camino del calle- 
jón. La retaguardia, constantemente relevada, iba 
defendiéndose rudamente de los cubanos. Hubo veces 
que al hacer una parada rompían cajas de municiones 
que demostraban que en aquellos momentos gastaban 
quince y veinte mil cartuchos. Cuando la cabeza de la 
columna salía del callejón, fué cargada por el general 
Gómez, pero con tan poca gente, que no pudo detener su 
marcha. La columna siguió sin más tropiezo, dejando 
en el potrero de Naranjo y en todos sus alrededores mu- 
cho más de cien cadáveres. Se dice que se dispararon 
más de cien cañonazos y medio millón de tiros. Sin em- 
bargo, los cubanos apenas tuvieron cien bajas entre 
muertos y heridos. Entre los primeros, desgraciada- 
mente estaban el teniente Carlos Martell y el coman- 
dante Martínez Freyre, y entre los segundos, Guillermo 
Moneada con un brazo roto y Flor Crombet herido de 
un balazo en el labio inferior. Por eso, desmedrada de 
tal manera la fuerza cubana, pudo escapar al fin la 
columna española. 

Próximamente un mes después, los dos brigadieres 
que la mandaban, Bascones y Armiñán, volvieron a 
juntarse en otra milagrosa retirada después de los cinco 
tremendos días de combate en Las Guásimas y Jima- 
guayú. Como nota triste, pero curiosa, diré que el úl- 
timo muerto durante la gran retirada de los españoles en 
aquella gran jornada fué un peninsular, el teniente co- 

--72- 



ronel Arnal, de las fuerzas de las Tunas, que desde muy 
al principio de la revolución cubana había estado 
siempre combatiendo en sus filas valerosamente. 

El combate de Naranjo fué una verdadera batalla y 
casi la más regular y armónica de la revolución. Otras 
fueron más duraderas o más sangrientas, o acaso de más 
trascendencia, pero ninguna fué más hermosa ni más 
heroica. Recuérdese, por lo relatado, que los españoles 
tenían como tres mil hombres. Los cubanos solamente 
seiscientos ; y que a más de disponer los primeros de las 
tres armas concertadas, tuvieron a su favor todos los 
elementos de la naturaleza para resguardarse y defen- 
derse. 



-73— 



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CAPITULO X 



NUEVA POLÍTICA CUBANA 



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IJO. — Papá, vamos, acaba de decirme cómo es 
que los cubanos, a pesar de haber perdido la 
guerra de los diez años, somos libres y tenemos 

Patria; quiero saberlo de 

una vez. 

Padre. — Mi querido ni- 
ño, todavía tienes que es- 
perar algo para que sepas 
cómo Cuba fué servida y 
libertada por sus hijos des- 
pués del fracaso de la 
gran revolución, que como 
te he dicho, duró diez años. 
Los cubanos, después de 
ese doloroso fracaso, fun- 
daron el Partido Liberal, 
que se llamó después Parti- 
do Autonomista. 

Muchos cubanos creye- 
ron que España, alecciona- 
da por los desastres de la 
guerra de los diez años, 
daría a Cuba libertades y 
derechos que además estaban consignados en el pacto 
-75- 




Mayor general Calixto Gí reía 



del Zanjón, que así se llamó la paz que puso fin a aque- 
lla guerra asoladora, que hizo del cubano un héroe y 
un patriota. 

Otros cubanos, más firmes en su patriotismo y en sus 
ideas de libertad, no creyeron en España y siguieron 
siendo libres, es decir, revolucionarios que laboraban 
constantemente por la independencia de Cuba, como 
el único camino que habían de tomar para dejar de ser 
r esclavos y colonos y al- 

canzar el título de ciuda- 
danos, de hombres libres. 
El sentimiento de estos 
cubanos dio lugar a que 
el último día de agosto 
de 1879, en Oriente y en 
Las Villas se volvieran a 
sublevar los cubanos con- 
tra España. El general 
Calixto García Iñiguez se 
puso en New York al 
frente de un comité revo- 
lucionario y dirigió desde 
allí a las huestes cubanas, 
que al mando de expertos 
veteranos de la guerra 
acabada de pasar hacían 
tronar el fusil libertador, 
demandando de España 
independencia y libertad. 
El general Limbano Sánchez, con otros jefes, se 
batía a diario en las tierras orientales, y el general 
Francisco Carrillo, junto con los generales Emilio Nú- 
ñez y Serafín Sánchez, peleaba en el territorio de Las 
Villas con abnegación y con arrojo. 

El 7 de mayo de 1880, Calixto García desembarcó en 
Las Playas de Aserradero, de la costa Sur de Santiago 
de Cuba, y empezó a combatir como lo hizo siempre, 
con bravura y con gran pericia militar. A propósito de 
este inmortal cubano, te voy a decir que en la guerra 

—76- 




Mayor general Francisco Carrillo 

en 1881 



de los diez años, en el año 1873, fué copado él y los 
suyos por una columna española; los cubanos pelearon 
con denuedo, murieron muchos y otros se rindieron, 
pero el jefe, Calixto García, mirando con desprecio y 
con desdén a los soldados españoles, empuñó su re- 
vólver y trató de suicidarse, disparándose un tiro 
por debajo de la barba, cuya bala salió en medio de su 
frente; no quiso en modo alguno que los españoles 

pusieran sobre su cuerpo 

sus manos de tiranos. Ca- 
lixto García cayó al suelo 
sin conocimiento, casi sin 
vida, y fué recogido allí por 
los combatientes españo- 
les, curado y después deste- 
rrado a España. Calixto 
García se salvó de un fusi- 
lamiento seguro, porque en 
esos momentos acababa de 
establecerse en España la 
República y otros hombres 
más liberales, más justos y 
de mejores sentimientos, 
gobernaban entonces a la 
nación española, que por 
medio de sus hijos republi- 
canos decían al mundo que 
estaban dispuestos a cam- 
biar de procedimientos, de 
métodos, y tomar otros que se aproximaran más a la 
civilización de nuestros días. 

Esa nueva guerra, que fué denominada "La Guerra 
Chiquita' ', no duró un año; la acción del capitán general 
de Cuba entonces, Ramón Blanco, fué al mismo tiempo 
militar y política, y ofreció a los cubanos en armas las 
libertades que Martínez Campos había pactado; y esa 
actitud y la poderosa acción pacificadora de los cu- 
cubanos autonomistas, debilitaron poco a poco el sen- 
timiento de rebeldía de los cubanos en armas, y la re- 
—77— 




Mayor general Emilio Núñez 



volución terminó y los cubanos no consiguieron tam- 
poco derechos ni libertades. 



II 



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ESPUES de la terminación desastrosa de la 
Guerra Chiquita, los cubanos, los que nunca 
transigieron con España, siguieron luchando por 
la libertad de Cuba, por su independencia; unos en el 

extranjero, ayudados por 
centenares en Cuba, pre- 
paraban la futura revolu- 
ción. Entre los cubanos 
que en Cuba luchaban por 
la santa idea de la liber- 
tad se distinguió asom- 
brosamente Manuel San- 
guily, el que siguió su 
inspiración innata de re- 
belde, de hombre libre 
y de patriota; él recibió 
su educación en el colegio 
aquel que fundó José de 
la Luz y Caballero, del 
cual salió adolescente pa- 
ra ingresar en la revolu- 
ción de los diez años, se 
mantuvo en ella todo ese 
tiempo y alcanzó el grado 
de coronel de caballería. 
Allí probó para siempre su patriotismo y su valor, 

Manuel Sanguily, eximio hombre, de gran talento, 
de gran cultura, de gran inspiración y de gran elocuen- 
cia, se dedicó durante los años de la paz a servir a la 
Patria, hablando y escribiendo contra el gobierno de 
la colonia y cantando las heroicidades de los cubanos 
durante la guerra, enardeciendo así el sentimiento de su 
pueblo, al que constantemente fustigaba llamándole es- 
clavo, porque soportaba tan mansamente la tiranía de la 

-78- 



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Mayor general Serafín Sánchez 



administración colonial. Tal era su doctrina contra 
la sumisión del cubano, sumido en hondo pesimismo 
por el porvenir de la Patria. No se explica cómo el 
gobierno español toleró la violenta predicación que 
insistentemente hacía Manuel Sanguily; sin embargo, 




MANUEL SANGUILY 



a mi modo de ver fué consentida porque la razón y la 
lógica de su elocuencia eran tan grandes, que hacía 
brillar de modo intenso la gran fuerza de la verdad, 
agregando a esto la severa pulcritud de ese caballero de 
fe y de honor. 



79 



Como quiero, mi querido niño, fijar en tu mente y 
en tus sentimientos, de una manera precisa y firme, el 
carácter de los grandes patriotas, te hablo así de ese 
ilustre cubano, que hizo temer al general Máximo Gó- 
mez, residente entonces en Santo Domingo, por la 
libertad y hasta por la vida de Sanguily, al extremo de 
que en uno de sus escritos decía: 

— No creo muy prudente que un viejo mambí se 
exprese de ese modo en plena Habana, pues debe temer 
una orden extemporánea de residencia en Ceuta o Fer- 
nando Poo. (Estos son crueles presidios españoles en el 
Norte de África). 

El patriota agradeció el generoso consejo del viejo 
caudillo, pero continuó cada vez más vibrante su cam- 
paña redentora. 

Nada en la vida, por grande que fuese su valer, nin- 
guna dádiva, ningún presente, por rico que hubiera 
podido ser, hubiera bastado para cambiar el sentimiento 
de Sanguily a favor de Cuba libre. La probidad y 
la severa moral de Sanguily no tuvieron paralelo; se- 
guramente hubiera recibido de los españoles todo lo 
que hubiera querido y deseado, honores y riquezas, con 
tal de que no hablara a los cubanos de revolución y de 
independencia. 

Manuel Sanguily, en sus discursos, en sus artículos 
de periódico, en sus folletos, en su revista " Hojas 
Literarias' ', en sus conversaciones públicas y privadas, 
fué el patriota batallador, constante y valeroso por 
Cuba libre ; fué el faro que iluminó siempre el sendero 
que el cubano, para honrar a la patria, debía seguir. 

Ese patriota fué firme, constante, abnegado, valien- 
te, de una virtud no superada a pesar de las tentaciones 
de los españoles. Fué el patriota inmaculado que no 
quiso nada más que la ventura de la Patria. 

Mi querido niño, no olvides jamás la conducta del 
patriota Manuel Sanguily; recordarlo siempre es un 
deber de todo cubano que ame a Cuba, que tenga de- 

-80— 



coro, que tenga dignidad y que aspire a la existencia 
eterna de la República de Cuba. 



III 



H IJO.— Papá, y mientras Manuel Sanguily se por- 

mm taba como patriota y como hombre de ese mo- 

™™ do tan bueno, ¿los 

otros cubanos que hacían? | 

Padre. — Niño, los otros 
cubanos patriotas, los que 
querían a Cuba libre y so- 
berana, laboraban aquí en 
Cuba en secreto; no podían 
significarlo de un modo os- 
tensible, porque en el acto, 
por la más ligera sospecha, 
eran encarcelados o lleva- 
dos a los presidios que Es- 
paña tenía en África, o 
bien eran fusilados. Ya 
comprenderás todo el va- 
lor y todo el patriotismo 
de Sanguily al poner en 
práctica una conducta ene- 
miga al gobierno colonial. 

Hijo. — Papá, ¿y cómo 
con esa conducta del Gobierno colonial pudieron los 
cubanos preparar la guerra? 

Padre. — Niño, los cubanos patriotas, inquebranta- 
bles en sus ansias de libertad, con purísima fe en sus 
corazones y con el ideal del patriota irreducible, labo- 
raban en silencio en la preparación de la santa revolu- 
ción, guiados por la protesta ingente de Manuel San- 
guily en Cuba y por la acción de multitud de cubanos 
que voluntariamente se habían expatriado a Key West, 

—81 — 




José Martí 



a Tampa, a New York y a las naciones de Centro 
América. 

En esos lugares residieron esos cubanos y sufrieron 
todas las miserias y todos los dolores, soñando con su 
bandera, no queriendo pisar tierra cubana mientras el 
sol de la libertad no la alumbrara y mientras no fuese 
la bandera de la estrella solitaria la que simbolizara a 
la nación cubana y diera a conocer al mundo la reden- 
ción de esta hermosa tierra que asombró a Colón por su 
belleza y hermosura. 

En la emigración en la tierra norteamericana, los 
cubanos, tolerados y alentados por los hijos de aquella 
nación, suspiraban por Cuba libre y parecía que por las 
desavenencias originadas por el funesto resultado de la 
guerra de los diez años, se había perdido la fe en el 
éxito de una nueva revolución, y ese pesimismo aumen- 
taba en ellos al recordar las incomprensibles rencillas 
entre los servidores de aquella revolución; pero a pesar 
de eso, el pensamiento de Cuba libre, como ya te he 
dicho, era constante en la conciencia del patriota que 
ansiaba romper las cadenas que ataban a la Patria. 

Hijo. — Papá, ¡que lástima que sucedieran esas cosas! 
¿Cómo pudo ponerse fin a las desavenencias y al pesi- 
mismo de aquellos cubanos? 

Padre. — Mira, hijo, en aquellos instantes en que la 
Patria gemía sus dolores y lanzaba al mundo sus angus- 
tias y se quejaba lastimera de su triste suerte, surgió 
un cubano de gran patriotismo, de gran virtud, de gran 
bondad, de gran nobleza, de gran valor, de gran sabi- 
duría y de una elocuencia inmensa, fulminadora y 
sugestiva, que empezó la ardua tarea de unir a los cu- 
banos que vivían en los Estados Unidos de Amé- 
rica, haciéndoles pensar en la esclavitud de Cuba, 
haciéndoles comprender que las quejas y los lamentos 
del esclavo no significaban nada si esos esclavos no 
tenían el valor de defenderse como hombres y pelear 
contra el amo hasta vencer o morir en la pelea y libertar 
a la tierra amada. 

—82— 



Ese patriota, ese hombre, ese gran cubano, ese ser 
extraordinario, fué José Martí. Su nombre, mi querido 
niño, debía estar escrito con caracteres indelebles y en 
principal lugar en todos los hogares cubanos, y su retra- 
to, su excelsa figura, debía adornarlos, para ser adorado 
y reverenciado por todos los hijos de esta tierra. 

José Martí fué un hombre pobre, y entre los pobres 
de Key West y Tampa fué donde empezó su obra. Los 
humildes tabaqueros de Key West y Tampa y los pobres 
cubanos de New York ayudaron desde el primer mo- 
mento a la labor de Martí. Esos cubanos fueron los 
primeros patriotas que creyeron en José Martí y fueron 
los primeros en contribuir con dinero para formar el 
fondo de la revolución que debía libertar a Cuba. 

La honradez y la probidad de José Martí eran insu- 
perables, la confianza que inspiraba era ilimitada y to- 
dos aquellos cubanos humildísimos que, sacrificando el 
hogar, entregaban a Martí continuamente cantidades 
de dinero para el tesoro de la revolución, no tuvieron 
dudas del justo y honesto empleo de aquel dinero. La 
nobleza de alma de José Martí y su conducta inmacu- 
lada hicieron creer en su palabra y en su ardiente amor 
a la libertad de Cuba. 

José Martí jamás dedicó un centavo de aquel dine- 
ro a ninguna otra cosa que no fueran medios para 
hacer la guerra libertadora, la guerra tremenda y asola- 
dora, la guerra que incendia y que destruye, pero la 
que haría surgir de los escombros de aquellas ruinas 
la bandera de la Patria envuelta en humo, manchada 
de sangre, llena de cenizas, pero gloriosa al marcar en 
la historia de la humanidad una nación más, hecha 
por el valor, por el amor y por el sacrificio de los 
cubanos. 

José Martí, un virtuoso, cuyo patriotismo ningún 
otro hombre superó y cuya honradez fué proclamada 
por sus mismos enemigos, hizo el milagro de unir a los 
cubanos fuera de Cuba y les dio fe en que algún día 
no lejano Cuba sería libre. 

José Martí recorrió parte de la Amérida Latina, co- 

—83— 



mo recorrió la Unión Americana, y habló y convenció a 
aquellos que lo oyeron del derecho de Cuba a ser libre, 
a ser independiente, y convenció también de la necesi- 
dad de hacer la guerra a España y de ganarla. 

José Martí, a la par que hizo adeptos, recogió más 
dinero, preparó la revolución, y el 24 de febrero de 1895 
la hizo estallar y organizó en los Estados Unidos la 
Delegación Cubana que dejó en manos de grandes pa- 
triotas que asumieron la dirección exterior de la guerra; 
decidió su viaje y vino a la revolución, porque él creyó 
que el que propagó la gue- 
rra durante tantos años, ! "'■'"".' 
debía ser el primero en 

dar el ejemplo, y vino a ¿ÉPNSÉ^ 

Cuba y murió en los cam- 
pos inmortales de Dos 
Ríos. 

José Martí dejó de su 
vida una estela tan bri- 
llante, que aún continúa 
iluminando a la concien- 
cia cubana. 

José Martí fué el pro- 
totipo del patriota, el que 
amó a su tierra por enci- 
ma de todas las cosas, el 
que ofreció y dio su vida 
excelsa por la gloria de 
la Patria, por la reden- 
ción de su Cuba. 

— Niño, ni tú, ni nin- 
gún cubano, pueden ni deben olvidar a Martí. Imitarlo 
es un deber y recordarlo siempre es una gloria. 

Hijo. — Papá, ¿otros cubanos secundaron activa- 
mente aquí, en Cuba, la propaganda por la revolución ? 

Padre. — Niño, muchos cubanos, ya te lo he dicho, 
contribuían con su actividad secreta a los trabajos pre- 
rrevolucionarios, pero si tú quieres conocer el nombre de 




■.■■'•. ■ ■ 



J 



Juan Gualberto Gómez 



■*> 



otos cubanos que con valor y energía de patriotas lu- 
charon en la tribuna por las libertades cubanas, te 
mencionaré a Juan Gualberto Gómez y a Enrique José 
Varona. 

IV 

UAN Gualberto Gómez, escritor, periodista de 
gran talento, valeroso y sumamente hábil en la 
polémica, demostró su amor a Cuba, su gran 
patriotismo, probando a los españoles el derecho que 

tenían los cubanos a ser 
libres y los incitaba cons- 
tantemente a que deman- 
daran de España, en cual- 
quier forma y de cualquier 
manera, la dignidad y el 
decoro de Cuba; es decir, 
su libertad y su indepen- 
dencia. 

Juan Gualberto Gómez 
merece bien de la Patria y 
el cariño y el respeto de 
los cubanos, ya que él, con 
su esfuerzo y con su ac- 
ción, se ha hecho acreedor 
\ „ j al recuerdo perdurable de 

S&l^ \ su patria, de su Cuba 

amada. 

Enrique José Varona, 
hijo de Camagüey, escritor 
insigne, filósofo de renom- 
bre, laboró durante el período que medió entre las dos 
guerras a favor de Cuba libre. 

Enrique José Varona merece también el respeto y el 
amor de los cubanos; jamás deben éstos olvidarlo; 
como tú sabes, mi querido niño, los hombres que res- 
petan su bandera, que son patriotas y que aman, por lo 
tanto, a la tierra en que nacieron, están obligados a re- 

-85— 




s ^l^te^ * 



Dr Enrique José Varona 



cordar por toda la vida a sus guías del patriotismo, 
mentores del pueblo y directores de la conciencia y la 
moral. 

Hijo. — Papá, ¿y mientras Martí en los Estados Uni- 
dos y Manuel Sanguily en Cuba, igual que Juan Gual- 
berto Gómez y Enrique 
José Varona, difundían los 
ideales revolucionarios, 
¿los demás cubanos acep- 
taban tales ideas? 

Padre. — Niño mío, 
Martí y Sanguily en pri- 
mera fila, con Gómez y 
Varona hacían con su pro- 
paganda revolucionaria 
que los cubanos fueran 
templando su espíritu, ad- 
mitiendo como posible la 
idea de una revolución que 
bien preparada y organi- 
zada pudiera triunfar. 

Los cubanos que for- 
maban el Partido Autono- 
mista hicieron, sin querer, 

propaganda revoluciona- Doctor Raimundo Cabrera 

ría, ya que ellos, al difun- "Todo lo que tiene de malo, y no es poco, 

(\\r mi q ÍrlP9<5 líhpra 1p<í 9P- eSta sociedad cubana tan calumniada, es 

Ull &U£> iUtJdt> íiueituea, &e lo que tiene de colonia española; y lo poco 

ñalaban al CUbanO todos ° casi nada ««e tiene de bueno, es lo que 

i j i ^ tti ~ espontáneamente se asimila del ambiente 

los derechos que España americano." 
le negaba y todos los ma- Del Ubro "cuba y sus jueces^-im. 
les que Cuba sufría al estar 

encadenada a una despótica administración, a un go- 
bierno injusto y tirano. 

Los cubanos autonomistas entendieron el patrio- 
tismo de distinta manera a como lo entendieron y sin- 
tieron los separatistas, los verdaderos' patriotas; sin 
embargo, los autonomistas, al hacer la oposición al 
gobierno dominante en Cuba, ayudaban, te repito, a la 
preparación de la revolución, pues cuando ellos, con sus 




grandes oradores y sus grandes escritores, hacían la 
crítica de aquellos gobernantes y de aquellos volunta- 
rios españoles, que no amaban a Cuba ni respetaban a 
España, que cegados por la ambición y teniendo por 
guía el deseo del oro a toda costa, cometían crímenes 
abominables, hicieron entonces al cubano autonomista 
menos español y más cubano, más criollo, más se- 
paratista. 

Entre esos autonomistas figuraba un hombre que 
acaba de morir, de gran valer intelectual, enérgico de 
carácter, abogado con bufete espléndido, publicista y 
político batallador, que censuró a los políticos españoles 
de Cuba de modo tremendo; sus discursos, sus artículos 
y sus libros eran verdaderos latigazos para los enemigos 
de Cuba libre, resultando Raimundo Cabrera, entonces, 
debido a su conducta, un cantor de las ideas de libertad. 

Raimundo Cabrera propagó dentro del autonomis- 
mo las ideas más radicales, aquellas que se acercaban 
más al separatismo ; por eso cuando la revolución estalló 
él marchó al extranjero y protestó de España de esa 
manera. 



-■87- 



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CAPITULO XI 

NUEVA SUBLEVACIÓN DE LOS 
PATRIOTAS CUBANOS 

EL GRITO DE BAIRE.— 24 DE FEBRERO DE 1895 



[H JIJO: — Papá, te he preguntado varias veces cómo 
hÉRI es ^ ue ^ os cu banos somos libres, y no acabas de 
»*«MaJ decírmelo; estoy impaciente por saber cómo los 
patriotas cubanos consiguieron la libertad de Cuba, 
cómo hicieron la Patria. 

Padre— No seas impaciente, mi querido niño; te 
voy contando poco a poco y por orden todas las cosas 
que hicieron los patriotas para tener Patria, de modo 
que comprendas bien todos los esfuerzos de los cubanos 
para que no los olvides jamás; todo hijo de una Patria 
que fué esclava debe de conocer con bastantes detalles 
todas las grandezas, todos los sufrimientos que su tierra 
experimentó para obtener su libertad, su bandera; por 
eso me he demorado en hacerte saber cómo y cuándo 
la Patria lució su bandera triunfadora y dijo al mundo 
que una nación más había nacido. 

Como ya te dije, Martí en los Estados Unidos y Ma- 
nuel Sanguily en Cuba, en connivencia con otros patrio- 
tas, levantaron el espíritu del cubano hasta hacerle jurar 
que moriría antes que seguir con las cadenas del escla- 
vo/del colono, y escogieron como momento oportuno 

-89- 



para declarar la guerra a España el día 24 de febrero de 
1895; en ese día, en varios lugares del territorio de Cu- 
ba, los patriotas retaron a los dominadores españoles, 
demandándoles la libertad o la muerte. Los patriotas 
gritaron: "¡Viva Cuba Libre, Independiente y Sobe- 
rana!" 

Los distintos brotes revolucionarios surgidos en la 
Isla en dicho día fueron debilitándose con gran rapidez 
hasta extinguirse; pero en la provincia de Oriente, en la 
zona de Manzanillo, en las 
inmediaciones del pueble- 
cito de Baire, un cubano 
de gran prestigio, de gran 
valor, general de la guerra 
de los diez años, logró reu- 
nir a su alrededor a un 
fuerte núcleo de patriotas, 
y en el lugar ya mencio- 
nado (Baire), en dicho día 
24 de febrero, hizo jurar 
a sus compañeros el deber 
de morir o de vencer en la 
idea de libertar a la patria. 
La revolución se mantuvo 
en aquel lugar con gran 
pujanza y la bandera de la 
estrella solitaria y los cla- 
rines guerreros del general 
Bartolomé Masó llamaban 
a la pelea a cubanos y a 

españoles, debiendo ocupar cada cual la línea de com- 
bate que sus ideas y sus sentimientos le marcaban-; y 
desde ese día, el tronar del fusil y el chirriar del incen- 
dio no cesaron un momento. 

Un suceso de extraordinaria importancia hizo tem- 
blar a las huestes españolas: la llegada a las playas 
cubanas de dos pequeñas expediciones conduciendo 
ambas a los más excelsos cubanos, a los grandes 
hijos de la Patria. Ambas expediciones llegaron con 

—90- 




Mayor general Bartolomé Masó 




General en Jefe del Ejército 



—91- 



intervalo de pocos días. La primera trajo al gran pres- 
tigio, al gran patriota, al héroe inmortal de la guerra 
de los diez años, al excelso general que se llamó Antonio 
Maceo, que con otros cubanos desembarcó el día pri- 
mero de abril de 1895 en la playa de Duaba, cerca de 
Baracoa, en la costa Norte de Santiago de Cuba, cla- 
mando: "¡La Patria libre o la muerte!" 

El arribo de Maceo inflamó los pechos de la inmensa 
mayoría de los cubanos y prendió en casi todos la 
hermosa idea de combatir 
por la Patria; valerosos 
y heroicos, tomaron el ca- 
mino del sacrificio ento- 
nando el himno que se can- 
tó por primera vez a los 
resplandores del incendio 
que rindió a Bayamo, y ju- 
raron sacar triunfante a 
"Cuba Libre", frase que 
repercutía como un eco en 
todos los hogares cubanos. 
"Cuba Libre' ' repetía tam- 
bién nuestra dulce brisa; 
todo en Cuba parecía go- 
zar inmensamente por la 
idea del sacrificio; "Cuba 
Libre" fué el grito santo, 
fué la oración sagrada del 
patriota, del cubano. 

La idea de la muerte 
por la bandera, por la patria, por la república, fué el 
gran ideal de los cubanos, que desde ese momento no 
midieron el gran poder de España; como tampoco 
se contó más el número de los enemigos, ni se contó 
tampoco el número de los que seguían al jefe a la hora 
del combate. El soldado mambí no tuvo más que una 
aspiración : la de vencer o morir. 

Los hombres, ancianos o no, igual que los jóvenes, 
las mujeres y los niños, se disputaron el honor de 

-92— 




General Antonio Maceo 



servir a la Patria, todos luchaban en las ciudades y en 
los campos, cada uno en su frente de combate, ya que 
todo era combatir, pues que todos en sus puestos de 
honor se jugaban la vida. La miseria y la muerte fué 
lo que amó el cubano de "Cuba Libre"; vida y riquezas 
se las ofrendó a la Patria. El incendio empezó su obra 
destructora: se quemaba lo propio y lo ajeno; y las ce- 
nizas de aquellas ruinas del patriotismo, al ser esparci- 
das por el viento, parece que contagiaban a las regiones 
no sublevadas aún, y cada nuevo día una enorme 
columna de humo anunciaba una comarca más puesta 
al servicio de la Patria. d 

El día 11 del mes de abril de 1895 llegó a Oriente 



Allegro 








~* 


I j 


■gr ■£- 




















Toque "¡Al machete!' 



la segunda expedición, en la que vinieron José Martí y 
Máximo Gómez, que al pisar tierra cubana exclamaron: 
"¡Viva la República de Cuba !' ' Ese fué el grito de gloria 
que de modo majestuoso ordenó a todos los cubanos 
marchar a los combates; y los clarines tocaban "Al 
machete!' ', canto de victoria del mambí, que no portaba 
casi otras armas que ese instrumento de filo que al ser le- 
vantado y dejado caer sobre las cabezas de los soldados 
enemigos, abría nuevos surcos en sus filas y afirmaba en 
el cubano la idea de independencia o muerte. 

Esos toques de clarín sonaron en los oídos del pa- 
triota de modo tan imperiosamente sugestivo, que los 
cubanos se sintieron en el deber de obedecerlo, y can- 
tando "Vencer o Morir" ocupaban sus puestos en la 

—93— 



línea de combate. El Partido Autonomista se quedó en 
cuadro, desertando de sus filas la casi totalidad de los 
cubanos a él afiliados. Estos se sintieron patriotas de 
"Cuba Libre" y abandonaron el credo que con gran 
elocuencia predicaban sus grandes oradores y sintieron 
en sus pechos el ideal de la manigua guerrera más 
que los cantos de sirena de sus jefes, que anunciaban 
libertades para Cuba diciendo que el general Martínez 
Campos las traería de España en el "próximo correo," 

Entonces se ofreció la 
magnífica visión del cubano 
caminando armado o desar- 
mado a los campos de bata- 
lla; el negro y el blanco co- 
mo iguales, es decir, como 
héroes, corrían por la senda 
del sacrificio a fin de llegar 
primero a la línea de comba- 
te para alcanzar, y pronto, 
la victoria ansiada. 

Gómez y Maceo en 
Oriente conducen sus hues- 
tes con admirable pericia y 
con sin igual valor, y a dia- 
rio la revolución obtiene 
gloriosos triunfos; las pro- 
vincias de Camagüey y San- 
ta Clara, secundando valerosamente el movimiento, 
adquieren fama en los combates; y dos jóvenes médicos, 
Osear Primelles en Camagüey y Juan Bruno Zayas en 
Santa Clara, empezaron a lucir como soles de gloria; 
la habilidad y el valor hacen de su milicia improvi- 
sada dos grandes generales, enseñando a sus imberbes 
compañeros el deber de pelear y el deber de morir por 
la patria esclavizada. 

José Martí, que ya se había mostrado como gran 
estadista, como gran pensador y como sublime creador 
del Partido Revolucionario, empezó en el acto a hacerse 
sentir en los procedimientos empleados para organizar 

-94- 




Coronel Osear Primelles y Cisneros 

Muerto en combate. 




JOSÉ MARTI 



-95- 



aquel enorme ejército de voluntarios que imperiosamen- 
te exigía la orden de marchar cuanto antes a la batalla. 

José Martí, valeroso como el que más, insistió en 
pelear él también personalmente, y el día 19 de mayo 
de 1895 desobedeció la súplica, la orden del General en 
Jefe de los cubanos, del gran Máximo Gómez, de reti- 
rarse, y cuando el jefe de los mambises ordenó la carga 
contra la columna española, vio asombrado que Martí 
cargaba también y con toda la fogosidad de su carácter, 
arrojando su caballo sobre los tremendos cuadros espa- 
ñoles, y allí murió. Los inmortales campos de Dos 
Ríos recogieron su sangre, que santificó aquella tierra, 
que tuvo la gloria de contemplar el valor y el patriotis- 
mo puesto desinteresadamente al servicio de la idea 
amada, de la República de Cuba. 

El noble sentimiento de Martí se refleja de un modo 
conmovedor en la siguiente carta, que como despedida 
le escribió a la autora de sus días al venir a la guerra : 

25 de marzo 1895. 
Madre mía: 

Hoy, 25 de marzo, en vísperas de un largo viaje, 
estoy pensando en usted. Yo sin cesar pienso en usted. 
Usted se duele, en la cólera de su amor, del sacrificio de 
mi vida; y ¿por qué nací de usted con una vida que 
ama el sacrificio? Palabras, no puedo. El deber de un 
hombre está allí donde es más útil. Pero conmigo va 
siempre, en mi creciente y necesaria agonía, el recuerdo 
de mi madre. 

Abrace a mis hermanas, y a sus compañeros. ¡Ojalá 
pueda algún día verlos a todos a mi alrededor, contentos 
de mí ! Y entonces sí que cuidaré yo de usted con mimo 
y con orgullo. Ahora, bendígame, y crea que jamás 
saldrá de mi corazón obra sin piedad y sin limpieza. La 
bendición. Su 

J. Martí. 
Tengo razón para ir más contento y seguro de lo que 
usted pudiera imaginarse. No son inútiles la verdad y 
la ternura. No padezca. — /. M. 

-96- 



II 



H UO- — Papá, y en las demás provincias, ¿qué ha- 
cían los patriotas? 

Padre. — ¡ Oh, niño querido ! En las demás provin- 
cias se moría por Cuba li- 
bre. Ya te he dicho que 
Camagüey surgió reme- 
morando sus grandes glo- 
rias del pasado, recibiendo 
a Máximo Gómez, que lo 
invadía para dar a la pa- 
tria cubana todo lo gran- 
de, lo noble y generoso 
que un pueblo puede an- 
helar en su corazón de pa- 
triota. Allí lo esperaba, 
sublevado, el venerable 
Salvador Cisneros, junto 
con Osear Primelles y mu- 
chos otros que anhelaban 
combatir por Cuba. 

Santa Clara, también 
heroico como lo fué en la 
guerra de los diez años, 
ofrecía a la Patria sus vi- 
das y sus haciendas, y un 
joven que te he mencionado antes, de gran valor, de 
gran intuición militar, asombraba a los españoles con 
su gran actividad, sus grandes combinaciones guerre- 
ras y con sus constantes peleas y asaltos a la tropa 
enemiga. 

Ese joven se llamó Juan Bruno Zayas y Alfonso. Su 
carácter y su patriotismo quedaron marcados con los 
destellos de un Grande, al contestar un día a uno de 
sus amigos que se sintió un tanto amilanado por la 
muerte de Martí: "Si Martí ha muerto, si es verdad 
esa desgracia, ahora es cuando tenemos los cubanos que 

-97— 




General Juan Bruno Zayas y Alfonso 

Muerto en combate el 31 de julio 
de 1896. 



pelear con más denuedo, porque es cuando Cuba más 
necesita de nosotros 7 '. Bello rasgo de heroísmo y de 
sentimientos que mostró al hombre y al patriota. 

En Matanzas trataron sus nobles hijos de hacer la 
guerra y por dos veces el rifle del cubano descargó 
valiente sobre las huestes españolas; pero la poca pericia 
militar hizo inútil el esforzado intento del pueblo de 
Ibarra y de Jagüey Grande el 24 de febrero de 1895; 
su segundo movimiento, en el mes de julio de 1895, lle- 
gó a aparecer más importante; pero la misma impericia 
lo hizo fracasar, pagando con su vida el joven patriota 
y jefe de tal intento, que se llamó Domingo Mujica. 
Fué hecho prisionero y fusilado en el castillo de San 
Severino; murió como lo que era: como un héroe. Tal 
fué su valor ante los fusiles españoles, que el gran poeta 
matancero Bonifacio Byrne le cantó vibrante en este 
bello soneto: 



MÁRTIR! 



[URIO de cara al mar, como un valiente, 
bañado por la luz de la alborada, 
noble, serena y firme la mirada, 
tranquilo el corazón, alta la frente. 

Cerca la muchedumbre indiferente, 
para ver aquel crimen, congregada . . . 
¡Mejor hubiera estado arrodillada, 
que es la actitud que cuadra al impotente ! 

Murió de cara al mar, ¡quién lo diría! 
¡Y no rugió de rabia el océano, 
ni en noche eterna convirtióse el día! 

Murió con el valor del espartano, 
mientras la libertad le sonreía, 
señalándole el cielo con la mano. 



Las provincias de la Habana y Pinar del Río tam- 
bién se sublevaron. El grito de " Independencia o 
Muerte" resonó en sus campos el 24 de febrero, o 
fué silenciado fácilmente por los españoles, como su- 
cedió en Matanzas; pero a pesar de ello, en esas tres 
provincias el sentimiento del patriota, del héroe, del 

vengador, 
no fué ex- 
tinguido; al 
contrario, 
cada día au- 
mentaba en 
los hijos de 
esas provin- 
cias el an- 
sia de mo- 
rir pelean- 
do por Cuba 
libre. 

Mientras 
estos cuba- 
nos occi- 
dentales su- 
frían por la 
desdicha de 
no poder 
dar a Cu- 
ba sus vi- 
das, sus ha- 
ciendas y el 
bienestar 
de sus fami- 
lias, los cubanos orientales, obedeciendo al plan de in- 
vasión que José Martí, Máximo Gómez y Antonio 
Maceo habían acordado, organizaban escuadrones y 
regimientos compuestos de lo más granado en jefes y 
en soldados, y el día 22 de octubre de 1895, Antonio 
Maceo, con mil jinetes y trescientos infantes, partió de 
los históricos Mangos de Baraguá para dirigirse a Ca- 

-99— 




GENERAL PEDRO BETANCOURT, jefe heroico de fuer- 
zas libertadoras en Matanzas, 1896-1898. 



maguey, donde Máximo Gómez había ya organizado 
las fuerzas mambisas que debían llevar al través de toda 
Cuba, hasta los mismos confines occidentales de Pi- 
nar del Río, la guerra libertadora. Máximo Gómez 
había seguido a Las Villas, y allí esperó a Maceo, a quien 
reforzó con contingentes de escogidos escuadrones vi- 
llareños. 

Aquella tropa invasora, llena de coraje por la sangre 
de Martí derramada, y frenética por el valor exaltado 
debido a las palabras de 
Máximo Gómez y de Ma- 
ceo, lanzó un grito de "¡A 
Occidente!' ' y a las vibran- 
tes notas del himno inva- 
sor, emprendieron la jorna- 
da. Desde entonces aque- 
llos cubanos marcharon 
con extremo valor y con 
rapidez pasmosa, y tanto, 
que el 22 de enero de 1896 
entraba en Mantua el gran 
capitán Antonio Maceo 
con sus aguerridas huestes 
y con la bandera de la es- 
trella solitaria llena de glo- 
ria, cubierta de humo y 
atravesada a balazos. Co- 
mo tú sabes, querido niño, 
Mantua está en Pinar del 
Río y es la ciudad más oc- 
cidental de la provincia. 

Allí, en medio de la alegría de los patriotas, que 
contrastaba con la tristeza inmensa de los amos, es 
decir, de los españoles, Maceo organizó en el mismo 
Casino Español un gran baile para celebrar el fausto 
acontecimiento de la victoria invasora, que marcaba de 
un modo seguro y cierto la próxima libertad de Cuba 
y la próxima ruina de la dominación española, que por 
tantos años fustigó y atropello a los hijos de esta tierra. 
-100- 




General Enrique Loynaz del Castillo 

Valiente soldarlo de la Patria; autor 
del Himno Invasor. 



En ese pequeño mapa de Cuba podrás ver, mi queri- 
do niño, la línea de marcha de la invasión que hizo famosa 
a Cuba, al contemplar el mundo con asombro la obra 
militar de Gómez y Maceo. El más generoso militar 
de España, Martínez Campos, general en jefe, entonces, 
del ejército español en Cuba, reconoció, y por varias 
veces, no tan sólo el valor de los cubanos, sino también 
la gran pericia militar de los dos jefes invasores. 

También quiero que conozcas dónde la invasión, 
día por día, hizo alto para descansar de las fatigas de 
marchas y combates y para comentar y celebrar entre 
alborozo y alegría los triunfos de la columna invasora. 

Los hijos de estas provincias occidentales combatie- 
ron no ya con valor, sino con sin igual bravura; quisieron 
probar, y lo probaron, a los hijos de las provincias 
orientales, que ellos serían más veteranos, pero no más 
valientes ni más patriotas; y se veía constantemente a 
enormes masas de cubanos armados sólo de machetes, 
muchos con bastones y muchos también sin nada en sus 
manos, cargar frenéticos contra los cuadros españoles 
al grito de: "¡Voy a buscar mis armas!" Muchos mo- 
rían en aquellas cargas tan valerosas y tan desiguales, 
pero muchos salían perfectamente equipados de armas 
y municiones. 

Una vez, en un combate, un joven soldado, vigoroso 
y fuerte, montado en magnífico corcel y absoluta- 
mente desarmado, se batió a puñetazos con los infantes 
españoles y salió de aquella carga armado con sus fu- 
siles y con muchas municiones. 

Cuando Maceo atacó al pueblo de Batabanó, en la 
provincia de la Habana, hubo un instante en que im- 
paciente por la demora de la toma del pueblo, mandó a 
su ayudante a preguntar a un jefe de los atacantes 
por qué no hacía fuego; entonces el jefe en persona vino 
a darle cuenta de por qué no seguía haciendo fuego, 
diciéndole: "Mayor, no tengo municiones;" y Maceo, 
lleno de ira heroica, contestó con gesto tremendo y 
señalando al pueblo con su mano derecha: "Ahí dentro 
—101— 



las hay". El jefe amonestado de esa manera volvió 
grupas y al instante ordenó la carga, y el pueblo fué 
tomado inmediatamente. 

En el gran combate del Mamey, en la provincia de 
Santa Clara, presencié (yo estuve en aquel combate) a 
un hijo de Oriente, ayudante del general Quintín Ban- 
deras, defenderse con los puños, de un soldado que le 
intimó la rendición, y derribarlo al suelo de un tre- 
mendo puñetazo en el rostro, y agachándose entonces 
el hijo de Oriente, que estaba completamente desarma- 
do, le quitó el fusil y las municiones y siguió peleando de 
un modo tan asombroso y con tanta certeza disparaba 
su arma, que él solo hizo retroceder a un numeroso 
pelotón de soldados españoles, que como cuña se había 
metido dentro de nuestras mismas líneas de combate. 

Hijo. — Papá, esos soldados que tú describes pare- 
cerían demonios en medio de aquellas gloriosas peleas. 

Padre. — No, mi querido niño: ésos eran hombrea 
que en furia apocalíptica, por el amor a la tierra suya, 
por el amor inmenso a su dignidad de hombres libres, 
peleaban con denuedo y entusiasmo; y por lo tanto, el que 
no moría luchaba con la cara resplandeciente de gozo 
y alegría, ofreciendo de modo espantable su vida; 
parecía que el morir los conducía rectamente a la gloria 
de Dios. 



-102- 



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«HIMNO INVASOR» 

Pi u- el General ,; 

Enrique Luinsa del Castillo. 



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108— 



III 



[ M| I querido hijo: andaba la revolución en su marcha 
jglgjjj heroica cuando un suceso tremendo conmovió de 
^~ — ' un mcdo intenso a los cubanos patriotas; ese 
hecho doloroso y triste fué la muerte de Maceo, reci- 
bida en combate con el enemigo el día 7 de diciembre 
de 1896, en los inmortales campos de San Pedro, pro- 
vincia de la Habana y término de Punta Brava. 

El dolor y la tristeza de los cubanos no tuvo límites; 
en el acto en que cada grupo se enteraba de la infausta 
nueva, el silencio más absoluto los envolvía; ese silencio 
se guardó por todos. 

El dolor era tremendo ; la mente se sintió de súbito 
paralizada; no se podía hablar, ni siquiera pensar; nadie 
Se miraba; casi no se sentía el aliento del uno al otro; 
aquellas fuerzas, aquellos campamentos y rancherías 
formados por veteranos de firmes caracteres, estaban 
transidos por el dolor; quedaron, se podía decir, inmó- 
viles, fijos en sus caballos, en sus hamacas o en el suelo; 
ciertamente, si algún indiferente a quella angustia, a 
aquel agobio, se hubiera acercado a ellos, hubiera pre- 
senciado el espectáculo más intenso de dolor que ima- 
ginarse pudiera: aquellos hombres valerosos parecían 
estatuas, debido a la palidez de sus rostros y a la inmo- 
vilidad de sus cuerpos; de vez en vez, una lágrima 
brotaba de sus entristecidos ojos. 

Después de ese estupor inmenso, después de aquel 
colapso, se pensaba: ¿cómo? Maceo el invicto, el 
traspasado por treinta y cuatro balas durante sus largos 
años de pelea, ¿ha muerto? ¿Será verdad? ¡Eso no 
puede ser, eso es desesperante, horrible! 

Pero a pesar del estruendo inmenso del doloroso 
derrumbe de Punta Brava, los cubanos no se amila- 
—111— 



naron, la revolución siguió su ruta hacia su objetivo 
único: Vencer o Morir; así lo habían jurado sus 
soldados en presencia de Maceo con su machete en alto, 
como fiel guardador de aquella fe jurada; tan cierto fué 
así, que al día siguiente de conocer el tremendo suceso, 
casi todas las fuerzas libertadoras buscaron al enemigo 
y lo obligaron a aceptar combate en honor de Maceo. 

: Ningún homenaje al héroe 

desaparecido hubiera sido; 
mejor que esos valerosos 
funerales; oí decir a un 
soldado, humilde campesi- 
no, después de terminar 
uno de esos combates, las 
siguientes frases: " Acaba- 
mos de sepultar a Maceo; 
ese combate ha sido nues- 




Capitán Francisco Gómez Toro 



tra misa de réquiem; la 
sangre derramada en este 
día es el agua bendita con 
que hemos regado la tumba 
de Maceo' ' 

¡Cuánto valor, cuánto 
amor, cuánto respeto en- 
cierra esa sublime idea de 
aquel sentimiento rústico, 
pero purísimo y de la ma- 
yor ternura! 

La confusión entre los que acompañaban a Maceo en 
el momento doloroso de la muerte fué, naturalmente, 
enorme. El espanto a la hora de la caída sobrevino y 
el cadáver de Maceo por breves minutos quedó abando- 
nado en el campo del combate. Un jovencito, ayudante 
suyo, Francisco Gómez Toro, hijo del Generalísimo de 
los mambises,pudo salvar su vida, pero no quiso abando- 
nar el cadáver de su jefe y murió a su lado por el filo del 
machete de un guerrillero cubano al servicio de España. 
Ese malvado es uno de esos hijos malos de la Patria, 
de los que ya te he hablado. ¡Traidor! ¡Patricida! 

—112- 




Monumento levantado en el lugar en que reposan los restos del general Antonio 
Maceo y de.su ayudante Francisco Gómez Toro, en el Cacahual. 



-115- 



que seguir combatiendo, 
después de la invasión, de 
modo constante y por mu- 
cho tiempo para alcanzar 
la libertad de Cuba? 

Padre— Sí, hijo mío, du- 
rante dos años más se peleó 
en Cuba por "Cuba Li- 
bre;" las ciudades y los 
cubanos de la emigración 
seguían mandando año 
tras año municiones y sol- 
dados al campo de la revo- 
lución, que iban llenando, 
aunque lentamente, los 
huecos de los soldados 





Pedro Pérez 

Guardador de la tumba 



Maceo. 



Sargento Clemente Diago, 

del regimiento de infantería "Serafín 
Sánchez", Villas, Sancti - Spíritus, en 
traje habitual de los mambises, sobre to- 
do al acabarse la guerra y especial- 
mente en las provincias de Santa Clara, 
Habana, Matanzas y Pinar del Río. 



muertos en las filas del ejér- 
cito revolucionario. El fusil 
mambí, minuto tras minuto, de 
día y de noche, retumbaba en 
los campos de "Cuba Libre". 
Allí apenas se dormía, se co- 
mía escasamente, y nuestro 
ejército, enfermo, desnudo y 
descalzo, peleaba casi siempre 
sin municiones, al grito de 
"Seremos libres;" y así fué: se 
sufrió intensamente, murieron 
por miles, se quemó todo, pero 
Cuba tuvo su bandera y sus 
hijos adquirieron la carta hon- 
rosa de ciudadanos que funda- 
ron la República con todos y 
para todos. 
116- 






CAPITULO XII 

ANTONIO MACEO 

rHJlJO de Santiago de Cuba, de humilde origen, de 

|¿j¿y familia revolucionaria, pues él y todos sus her- 
* £á ™' manos, en número de nueve, se fueron a la guerra 
de los diez años apenas iniciada. Antonio Maceo y su 
hermano José descollaron rápidamente como grandes 
figuras militares; pero Antonio se convirtió pronto en 
un gran jefe, intrépido, sagaz, táctico, estratégico, que 
asombró a sus compañeros de armas y asustó constan- 
temente al enemigo, derrotándolo en cientos de com- 
bates. Tanto en la guerra de los diez años como en 
la guerra de 1895 se cubrió de gloria. Sus temibles 
palabras de " Corneta, toque a degüello' ' hacían pensar 
a los cubanos en una victoria segura, y a los españoles 
les hacían sentir el terror de una tremenda derrota. 

Pero donde la gloria de Maceo se confundió con el in- 
finito fué en la campaña que durante todo el año 1896 
llevó a cabo en la provincia de Pinar del Río. Todo su 
territorio, todos los vericuetos de sus caminos, todas las 
llanuras, todas las crestas de las altas Sierras de los 
Órganos fueron testigos mudos de las grandes hazañas 
de Maceo. Las lomas de Cacarajícara, de Soroa, del 
Rubí, Ceja del Negro, son lugares donde Maceo hizo 
morder por más de una vez el polvo de la derrota, no 

—119— 



tan sólo a los soldados enemigos, sino también a su 
mismo jefe, general Valeriano Weyler, quien se creyó en 
el deber de ir en persona a derrotar a Maceo, ya que 
sus inmediatos subalternos no lograban hacerlo; pero 
tampoco Weyler pudo conseguir la derrota de ese in- 
victo cubano. Maceo, al principio de la guerra del 
1895, derrotó en los campos inmortales de Peralejo 
(Oriente) al general en jefe del ejército español, Ar- 
senio Martínez Campos, y en Pinar del Río derrotó 
a Weyler; es decir, a los dos príncipes de la milicia 
española. 

El estado mayor del ejército español construyó una 
trocha de mar a mar, partiendo ésta por el norte desde 
el pueblo del Mariel y terminando por el Sur en la ense- 
nada de Majana, cuya distancia es exactamente de 
siete leguas; en toda esa línea los españoles hicieron 
trincheras, cavaron fosos, pusieron alambradas y con- 
centraron más de quince mil hombres, mandados por sus 
más expertos generales, para evitar que Maceo saliese 
de la provincia de Pinar del Río; pero Antonio Maceo, 
hombre de valor y militar de grandes arrestos, pasó la 
trocha por el mar, atravesando la bahía del Mariel en 
la noche del 5 de diciembre de 1896, y avanzó hasta los 
campos de San Pedro (Punta Brava), donde murió en 
combate heroico con los españoles. 

El valor de Maceo, su exposición en los campos de 
batalla fueron tantos, que recibió durante su vida de 
guerrero treinta y seis balazos, dos de ellos el día 
de su muerte ; la primera de esas heridas la recibió en 
la boca, habiéndole salido la bala por la parte posterior 
del cuello, que fué seguramente la que le privó de la vida. 
La otra herida la recibió en la ingle derecha. 

Maceo, al mismo tiempo que hombre de guerra, fué 
un hombre de un corazón tierno y cariñoso, como se 
desprende de esta carta que te voy a leer, en que su 
amor de hijo se identifica con su inmenso patriotismo, 
al comparar el dolor por la muerte de su madre con el 
que le produjo el pacto del Zanjón: 

-120- 



San José de Costa Rica, 12 de enero de 1894. 

Señor José Martí. 

New York. 

Mi estimado amigo: 

Tres veces, en mi angustiada vida de revolucionario 
cubano, he sufrido las más fuertes y tempetuosas emo- 
ciones del dolor y la tristeza que produce la desapari- 
ción de seres tan amados como el que acabo de perder 
ahora en tierra extraña, sometiendo a prueba una vez 
más mi corazón de patriota, que es todo entero de su 
causa, y de hijo agradecido. Ella, la madre que-acabo 
de perder, me honra con su memoria de virtuosa ma- 
trona, y confirma y aumenta mi deber de combatir por 
el ideal que era el altar de su consagración divina en 
este mundo. 

¡Ah! qué tres cosas!: mi padre, el pacto del Zanjón 
y mi madre, que usted, por suerte mía, viene a calmar 
un tanto con su consoladora carta. Ojalá pueda usted 
con sus trabajos levantar mi cabeza y quitar de mi 
rostro la vergüenza de la expatriación de los cubanos y 
de su sumisión al gobierno colonial. La primera vez 
que sufrí, fué allá en los campos de nuestra Patria, con 
la muerte de mi padre lleno de amor por sus hijos y por 
el progreso de la independencia, que selló con su sangre. 
¡ Ay, amigo mío! para hablar de estas cosas con calma, 
debe haberse secado la fuente del sentimiento filial y 
del de la Patria. La segunda, en que tanto lloré de 
coraje y dolor, y que lamento aún por los males que ha 
causado a nuestro pueblo, fué cuando el pacto infeliz; 
me apesadumbraba el recuerdo de él y de sus deshonro- 
sas consecuencias, aumentando mi pesar el no tener en 
Cuba libre los restos de mi madre y de mi padre unidos 
a los de mis hermanos en un solo nicho. La tercera 
causa de pena, la conoció usted de cerca, cuando apenas 
podía oírsele hablar de las cosas de Cuba libre, como 
ella decía, de la Revolución, con la ternura de su alma 

—121— 





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MACEO 

MONUMENTO EN LA HABANA 



—122— 



y el encanto natural que produce lo que se amasó con 
tanta sangre generosa y nos obliga al cumplimiento de 
nuestros deberes políticos. A ella, pues, debo la con- 
sagración de este momento, y ojalá que no le enfade 
con este desahogo de pesar su agradecido amigo, 

A. Maceo. 



[MJl querido niño, admira a Maceo al través del 
|rclg¡| soneto que el teniente coronel del ejército liber- 
* " tador Armando Menocal escribió sobre ese sol- 
dado, gloria eterna del cubano: 

MACEO 

Antes que la vanguardia, se presenta 
el bravo paladín, nuevo Teseo, 
nimbado con las luces del trofeo 
y el afanar de su oblación sangrienta. 

De rostro hermoso, de palabra lenta 
y formidable corte, giganteo; 
venido de africano y europeo, 
de su tierra natal el aire ostenta. 

Resuelto de antemano a dar la vida, 
se precipita cual fulmíneo lampo 
para llevar a cabo su embestida. 

Y en medio de la pólvora que estalla, 
por todas partes del revuelto campo 
su sello impera. El sólo es la bataha. 

—123— 




-124- 



"^^-^-^rr^^^^^^^^rir^-yr^^-ar-ar^-ar-sr-aríir^-ar-aT 



CAPITULO XIII 

GENERAL MÁXIMO GÓMEZ 

I 

I fj I ULERO que conozcas algo de la historia del ge- 
l£3£üll nera ^ Máximo Gómez. 

P* Baa J Hijo de Santo Domingo, nació en Baní el día 
18 de noviembre de 1836, e ingresó en la revolución 
cubana en el año 1868, a poco de haberse alzado en 
armas Carlos Manuel de Céspedes; su valor, su astu- 
cia, su táctica, su pericia militar, le hicieron andar pron- 
to en el camino de los ascensos militares, y en el año 
de 1873, después de la muerte de Ignacio Agramonte, 
fué nombrado jefe de las fuerzas cubanas de Cama- 
güey. Máximo Gómez ilustró su hoja militar con com- 
bates como el de El Naranjo, Las Guásimas, Palo Seco 
y otros muchos en la guerra de los diez años. 

Llegada la paz del Zanjón, marchó al extranjero. 
Guardó su machete de guerra, y a pesar de sus sesenta 
años, como un joven lleno de alegría, de entusiasmo, 
de actividad, de resistencia física y moral, cuando en 
1895 Martí movió a los cubanos a la revolución, él 
volvió en seguida desde Santo Domingo, donde vivía, a 
los campos de Cuba Libre, siendo nombrado general en 
jefe del ejército mambí, y con su machete en alto, repitió 
las hazañas gloriosas de la guerra de los diez años y dio 
batallas que asombraron a sus mismos enemigos. Entre 
ellas podrían citarse la toma de Cascorro y de Pelayo, en 
—125— 



Camagüey. Mandó en jefe al ejército invasor y dirigió 
los combates de Iguará, Mal Tiempo, Coliseo, Calimete, 
Mi Kosa, Moralitos y otros muchos, pues la invasión se 
hizo bajo el constante fuego de los españoles, que dis- 
putaban a los cubanos los territorios occidentales, que 
a diario conquistaban con auxilio de sus machetes. 

Máximo Gómez dejó a su Lugarteniente en las pro- 
vincias occidentales y él recorrió las provincias centrales 
de Las Villas y Camagüey, donde dirige combates como 
el de la toma de la ciudad de Santa Clara y el de Sara- 
toga, en Camagüey. Después de su inspección al terri- 
torio oriental, vuelve a Santa Clara, a establecer su 
cuartel general en el potrero conocido por "La Refor- 
ma," y entre ese lugar y los potreros colindantes de 
"Santa Teresa" y "Majagua," permanece por más 
de un año y medio burlando unas veces a los espa^ 
ñoles, derrotándolos otras y dirigiendo con suprema 
energía, con gran habilidad y con visión de gran gue- 
rrero, las huestes revolucionarias de todo el territorio 
cubano. 

En esta conversación, mi querido niño, no se puede 
sintetizar fácilmente la vida de ese guerrero, todo acti- 
vidad, todo energía, todo constancia y todo valor, y 
que además de esas cualidades, mostró al terminarse la 
guerra sus grandes condiciones de estadista con los 
consejos que dio a los cubanos. 

La grandeza moral de Máximo Gómez se destaca 
en su desinterés; no ambicionó nada en la paz; en ella, 
como en la guerra, no quiso nada más que la felicidad 
de Cuba y un rincón donde pasar el resto de su vida, en 
medio del amor de los cubanos. 

Máximo Gómez falleció en la ciudad de la Habana 
el 17 de junio de 1905, dejando siete hijos que tuvo de 
su matrimonio con la señorita Bernarda Toro, hija 
de Santiago de Cuba, verificado en la guerra de los diez 
años, en plena revolución. 



-126- 



hombres, que principiaron siendo grandes y acabaron 
pequeños. 

No se debe olvidar nunca que así como la espada es la 
bienhechora para dirigir y gobernar bien las cosas de la 
guerra, no es muy buena para esos oficios en la paz, 
puesto que la palabra ley es la que debe decirse al 
pueblo, y el diapasón militar es demasiado rudo para 
interpretar con dulzura el espíritu de esa misma ley. 

Se tiene que dejar de oír el relato de pasadas haza- 
ñas. Todo eso cumple a la majestad de la historia; 
porque si no, se mortifica a los que, debiendo, no supie- 
ron ejecutarlas, y aparecería como un cargo que los 
irrita y predispone los espíritus a la desunión o la dis- 
cordia. 

Con todas estas precauciones de obreros abnegados 
que todo lo han dado a la patria, y ayudados por tres 
factores poderosísimos: el trabajo, la educación y las 
buenas costumbres, la mejor higiene para preservar el 
alma y el cuerpo de amargos dolores, Cuba será prós- 
pera y venturosa. 

Mientras tanto, si no caigo en lo que falta de la 
lucha, cuando me vea tranquilo en un rincón de mi 
patria, pediré siempre para Cuba la bendición del Cielo. 



-129- 



'##£«£! 



CAPITULO XIV 

ANÉCDOTAS PATRIÓTICAS 

GUERRA DE LA INDEPENDENCIA, 1895 



I 



E 



L Gobernador Militar de Cuba y General en Jefe 
del ejército español, Valeriano Weyler, hombre 
de pequeña estatura, pero de alma grande para el 
mal, dirigió la guerra de Cuba con dureza espantosa; 
tenía la idea de que la guerra debía de hacerse sin cuartel 
y sin piedad, no tan sólo contra los combatientes, que 
esto quizás hubiera sido tolerable, sino que él llevó esa 
idea luzbélica contra todos los cubanos, fueran o no 
combatientes; bastaba sólo ser cubano para que la sos- 
pecha existiera, y de la sospecha al castigo duro, tre- 
mendo, como lo entendió Weyler, no había nada más 
que un paso. 

Weyler creyó que la guerra de los cubanos estaba 
auxiliada por la población pacífica que vivía en los 
campos de Cuba, y ese hombre, que seguramente había 
olvidado las doctrinas de Cristo, ordenó a esa población 
pacífica del campo que se reconcentrara en las ciudades, 
sin prepararles previamente alojamiento a propósito 
para que aquellos hombres, con sus mujeres y sus niños, 
durmieran por lo menos, no que tuvieron por alojamien- 
to las calles, los parques y portales; tampoco se ocupó 
en ninguna forma del problema de la alimentación de 
aquellas pobres familias, que vieron morir a sus hijos, 

-131- 



día tras día, de hambre, y que ellas, más resistentes, 
morían después de enfermedades, que ayudadas por 
el hambre, devoraron en el territorio de Cuba, en poco 
más de un año, más de 200,000 personas. 

Cuentan los que presenciaron aquella horrible ma- 
tanza por el hambre, las escenas más tétricas y más dolo- 
rosas que hubiera podido imaginar la mente más exal- 
tada. 

Los cubanos, mi querido niño, no deben olvidar estos 
dolores que tuvieron que sufrir para hacer de Cuba una 

patria libre, no para cimen- 
tar sobre ellos el odio a 
m nadie, sino para mantener 

^^ vivo el amor inmenso a 

la patria formada por to- 
dos y para todos. 



f 



El general José Miró Ar- 
genter, hijo de Cataluña, 
republicano y demócrata, 
amó desde el primer mo- 
mento la causa de la li- 
bertad de Cuba, y en el 
año 1895, el 24 de febrero, 
se unió a la revolución que 
dio a Cuba su indepen- 
t— - ~ - -- — dencia. 

General de división José Miró Argenter El general Antonio Ma- 

ceo lo eligió entre todos los 
sublevados para su jefe de estado mayor. 

Como tu comprenderás, 'mi querido hijo, el general 
Miró debió haber presentado ante el general Maceo 
condiciones excepcionales de ilustración, carácter e in- 
tuición militar, para haber merecido tanto honor del 
héroe de los cubanos. 

El valor del general Miró y sus arrestos quedan de- 
mostrados al decirte que en el mes de junio de 1896 fué 

-132- 



arrestado por el general Maceo por sus imprudencias 
ante el enemigo. 

El general Maceo, al escribirle una carta para 
explicarle las causas del arresto, le dice estas palabras : 
"Aún estoy enfermo por sus imprudencias ante el 
enemigo.' ' 

Mi querido niño, ya tú ves todo el amor del general 
Miró por Cuba libre; y eso que no es hijo de esta tie- 
rra; pero sí lo es de la democracia y de la libertad, y 
por eso luchó en Cuba al lado de los cubanos y no en 
contra de España y de los 
españoles. Miró puso por 
encima de todo su amor a 
la libertad, a la justicia. 



A principios del año 
1896, un niño de diez y 
siete años se encontraba 
desterrado por causa po- 
lítica en isla de Pinos, pe- 
queña Isla situada al Sur 
de Batabanó; allí se enteró 
del triunfo de la invasión y 
en el acto reunió a diez 
hombres, también deste- 
rrados por desafectos a Es- 
paña, y les propuso asaltar 
Una de las goletas que es- 
taban amarradas a una de 
las costas de la Isla de Pinos, y posesionados de dicha 
goleta, poner proa a las costas pinareñas e incorporarse 
a la revolución en la provincia de Pinar del Río. 

Los allí congregados por dicho joven, que era Plá- 
cido Hernández, lo nombraron jefe de la expedición, 
y aquel jovencito desde ese instante estuvo al mando 
de nombres hechos y derechos, aceptando él toda la 
responsabilidad de dicha jefatura. 

—133- 




Capitán Plácido Hernández 



Sin esperar más tiempo ordenó salir en el acto en 
busca de la goleta. A los pocos instantes asaltó y 
aprehendió una, junto con sus tripulantes, que amarró 
en la bodega de dicho barco, y puñal en mano ordenó al 
patrón que pusiera proa al lugar más cercano de la 
costa de Pinar del Río, A las pocas horas la goleta 
atracaba en la costa pinareña, y a los dos días siguien- 
tes, aquel valiente joven se incorporaba junto con sus 
compañeros a las fuerzas que mandaba el invicto gene- 
ral Maceo. 

Mi querido niño, ¿no te 
parece hermoso ese rasgo 
de valor y patriotismo de 
aquel imberbe Plácido 
Hernández? Hoy es jefe 
de policía de esta ciudad. 



II 



PRINCIPIOS de 

septiembre del año 
1897, los rumores 
insistentes de que pronto 
España daría a Cuba la 
autonomía hicieron a los 
j ef es vigilar los campamen- 
tos mambises para sorpren- 
der a los osados enemi- 
gos de la revolución, que 
pudieran venir a dichos campamentos para hacer pro- 
paganda a favor de la paz, a base de autonomía. Al 
mismo tiempo, obedeciendo órdenes del general en jefe, 
los jefes de cuerpos y de brigadas empezaron a recoger 
a todos los hombres aptos para el servicio y que bien 
por deserción o por permisos especiales estaban rega- 
dos por montes y rancherías. 

Yo servía en el cuartel del general de división José 

-134- 




Mayor general José Miguel Gómez 

En plena guerra, 1898 



Miguel Gómez, como jefe de sanidad de la primera 
división del cuarto cuerpo del Ejército Libertador, y 
recibí de dicho general la orden de marchar hacia el 
extremo más occidental del territorio de Sancti-Spíri- 
tus, a un lugar conocido con el nombre de " Monte 
Abajo", limítrofe al territorio de Trinidad y Santa 
Clara, pues según noticias que había recibido dicho 
general, existían allí muchos majaes {1) y plateados {2) que 
perturbaban la tranquilidad de las familias de aquellos 
inmensos y casi impenetra- 
bles bosques. La orden re- 
cibida por mí fué la de re- 
coger todo hombre con sa- 
lud y sin familia a quien 
mantener, para incorporar- 
los después al regimiento 
de infantería " Serafín Sán- 
chez". Se puso a mi dis- 
posición una escolta de 
treinta hombres mandada 
por el teniente coronel 
Soris. 

Al día siguiente de reci- 
bir dicha orden, muy de 
mañana partía a cumplir 
la comisión a mí encomen- 
dada, y a los tres días había 
rendido la jornada de más 
de treinta leguas, atrave- 
sando zonas muy peligro- 
sas, por donde el enemigo operaba constantemente. 

" Monte Abajo" se había convertido en un lugar de 
amparo de fuerzas trinitarias y villaclareñas, todas 
hambrientas, todas enfermas de paludismo y disentería, 
y los soldados, casi todos, estaban sin municiones con 
que combatir al enemigo. 

(1) Majá es el nombre de una culebra que vive generalmente en los bosques y que la revo- 
lución dio a los hombres que se internaban en ellos y no combatían. 

(2) Plateados eran unos hombres que peleaban contra los cspañohs y contra les cubanos, ro» 
bando y matando; servían a Cuba, pero la deshonraban. 

—135— 




Coronel Dr. Matías Duque, 

Al terminar la guerra. 



La gran extensión de aquellos bosques, la distan- 
cia enorme que había entre ellos y los grandes cen- 
tros de operaciones españolas y la gran cantidad de 
maíz que los rancheros de aquel lugar habían cultivado, 
hicieron que " Monte Abajo" se convirtiera rápida- 
mente en una población entre bosques, rodeada por gran- 
des campamentos mambises. Debido a la carencia de 
higiene en ese gran núcleo de población hambrienta, la 
enfermedad se propagó de un modo extenso y grave. 

En el acto de mi llegada a ese lugar empecé a llamar 
a los jefes encargados de dicho distrito militar y civil y 
a tomar noticias sobre la gravedad de los males denun- 
ciados al general José Miguel Gómez; mi asombro fué 
inmenso y mi tristeza no tuvo límites cuando supe por 
aquellos jefes que lo que existía en dicho lugar era el 
hambre, la miseria, la enfermedad y la muerte, que a 
diario cegaba numerosas vidas de hombres, de mujeres 
y de niños; que realmente allí no había depredaciones 
ni crímenes, sino lo que era el natural asalto a la 
comida por los hambrientos y el justo temor de los 
jefes de las familias de aquellas rancherías, que ha- 
biendo sido precavidos, cultivaron grandes extensiones 
de tierra y las sembraron de maíz tan sólo, pues no 
encontraron otra clase de semilla que sembrar y cul- 
tivar; y temieron que esa enorme cantidad de nueva 
población, extraña a ellos, empujada hasta allí por los 
españoles, por el hambre y por la falta de municio- 
nes con que combatir, pusiera fin rápidamente al ali- 
mento de sus mujeres y de sus hijos, y denunciaban 
como hombres malos a aquellos pobres soldados enfer- 
mos y famélicos. 

El paludismo, la disentería y la enteritis, que llevaron 
consigo aquellas tropas, ganaron rápidamente el inte- 
rior de los bosques y las familias fueron contaminadas 
de modo violento. 

Invitado por uno de los prácticos, me interné en 
aquellas regiones y empecé a recorrer las rancherías 
para dar consuelo, para dar ánimo y para aconsejar el 
incendio de los ranchos contaminados y la reconstruc- 

—136- 



ción de ellos en otros lugares distintos, para dejar un 
poco de quinina y para recomendar que hirvieran las 
aguas que habían de tomar. De alimento, nada; que 
comieran maíz, que era lo único que había. Las jutías, 
las ratas y los reptiles (jubos y majaes) habían desapa- 
recido, devorados por aquellos infelices. 

En aquellos ranchos vi cuadros de la miseria más 
espantosa, pero en donde la vista pudo contemplar 
cuadros horribles, tétricos, horripilantes, indescripti- 




PAISAJE CUBANO 



bles, llenos del más intenso dolor, fué cuando llegué a 
algunos rodeados por aureros y por enjambres de mos- 
cas; un fuerte mal olor hacía casi imposible la entrada 
en ellos. 

Todos los ocupantes de esos ranchos habían muerto 
y permanecían insepultos. Como quiera que los com- 
ponentes de aquellas familias estaban todos grave- 
mente enfermos, no pudieron dar sepultura a los pri- 
meros que murieron, y allí quedaron sobre el suelo aque- 

-137- 



líos cadáveres que aumentaban la tristeza y el dolor a 
los afligidos familiares, que agonizaban y que con deses- 
peración clamaban por la muerte. 

Siete ranchos fueron destruidos por el incendio que 
ordené, pero realmente allí ardieron casas, conjunta- 
mente con el más rústico y miserable mueblaje y con 
los cuerpos putrefactos de aquellas pobres familias. 

Llegué a un rancho donde lo macabro llegó a su 
límite más extremo; estaba muy obscuro y tuve que 
entrar en él con una penca de guano encendida, y ¡oh 
Dios! mis ojos vieron un montón de cadáveres agrupa- 
dos. Parece que murió el primero y que el dolor y la 
desesperación y el amor hizo a los otros abrazar aquel 
cadáver, y allí, sobre él, ya moribundos, llorosos, no 
tuvieron fuerzas ni más vida para separarse de aquel 
ser adorado que murió primero, y sobre él, el resto de la 
familia, en número de seis. 

Horrorizado salí de aquel rancho y ordené el incen- 
dio. Al elevarse las llamas, junto con el humo y las ceni- 
zas, pareció como el cirio del templo donde los cubanos 
juraban y patentizaban una vez más el deseo de morir 
por Cuba, por la patria. 

Mi querido hijo, realmente el sacrificio de los cuba- 
nos, hombres, mujeres y niños, fué extremo, sin límites. 
No es necesario decir que el sacrificio de nuestros gua- 
jiros y de nuestros pobres fué tan grande como el sa- 
crificio de los ricos, que perdieron su fortuna y dieron 
su vida por libertar a Cuba. 

Esos sacrificios, esos heroísmos, mi querido niño, 
deben ser constantemente recordados con amor, con 
veneración y con respeto, para hacer de la República de 
Cuba una nación virtuosa, próspera y feliz; única ma- 
nera de que sea digna de aquellos grandes dolores, de 
aquellas tristezas y de aquellas muertes. 



— 138- 



III 



ENERAL Gerardo Machado, hijo de la ciudad 
de Santa Clara, de abolengo revolucionario. Su 
padre, Gerardo Machado, sirvió en la guerra de 
los 10 años y en la que empezó el 24 de febrero de 1895 
en los campos inmortales de Baire. Desde los co- 
mienzos de esa guerra li- 
bertadora el general Ge- 
rardo Machado se alzó en 
armas prometiendo ven- 
cer o morir en la deman- 
da; ya te he dicho que ése 
era el lema; mejor dicho, 
el juramento de todos los 
mambises. 

Cuando el general Ma- 
chado abrazó la causa de 
la revolución apenas tenía 
24 años de edad, alcanzó 
rápidamente y por accio- 
nes sucesivas de guerra 
las mayores graduaciones 
en aquel sufrido y he- 
roico ejército; tanto, que I 
el triunfo de la libertad lo 
encontró con el grado de 
general. 

Su ascenso a coronel fué debido a un combate que él 
dirigió el año 1897 en el que demostró sagacidad, estra- 
tegia y valor extraordinario. 

El entonces teniente coronel Gerardo Machado es- 
taba acampado en un lugar conocido con el nombre de 
Palo Prieto, cerca de la ciudad de Santa Clara. 

Las tropas españolas tuvieron conocimiento de la 
situación de esas fuerzas mambisas, y el jefe de dichas 

-139- 




1 



General Gerardo Machado y Morales 

En la guerra de 1S95. 



tropas españolas se propuso sorprender al campa- 
mento mencionado y batir a aquel núcleo de fuerzas 
cubanas. 

El general García Aldave, gobernador militar es- 
pañol de Las Villas, envió con ese objeto a los bata- 
llones de Soria y San Quintín; pero el jefe mambí no 
dormía; estaba siempre alerta, y en lugar de ser él 
sorprendido, él sorprendió, y después de un recio com- 
bate volvieron a Santa Clara los batallones españoles 
con un gran número de muertos y de heridos. El com- 
bate fué muy desigual: los mambises de Machado ape- 
nas llegaban a 400 y los soldados españoles sumaban 
cerca de 1,500. 

El jefe de los mambises, general Máximo Gómez, al 
felicitar al héroe y a la brigada revolucionaria de Las : 
Villas, interinamente mandada por Machado, le acom- 
pañó su ascenso a coronel con una carta en la cual se 
leía este párrafo: "Ojalá, coronel, que la Fortuna, co- 
queta y hermosa como ella es, se enamore de Ud. y lo 
elija su predilecto, hasta elevarlo a lo más alto; que yo, 
viejo y cansado, sólo anhelo la gloria de mis valientes, 
y la felicidad para mi idolatrada Cuba.' ' 

Ese párrafo, mi querido hijo, te dice elocuentemente 
lo que te he contado del jefe de los mambises: su desin- 
terés, su amor a Cuba y su espíritu de justicia palpitan 
allí como palpitaron siempre en toda la vida de ese viejo 
guerrero que se llamó Máximo Gómez. Y también 
dice todo lo grande que era entonces el coronel Ge- 
rardo Machado y todo lo que Máximo Gómez esperaba 
de él. 

No olvides ese párrafo de esa carta, que fué inspira- 
do por el valor del joven guerrero que se llama Gerardo 
Machado y Morales. 



-140— 



IV 




r^jDOLFO del Castillo, hijo de Sancti-Spíritus, se 
bjiid sublevó en la provincia de la Habana, siguiendo 
l «sqg?g j a j a i nvas i5 ní En los dos años que duró su vida 
guerrera, pues al cabo de 
ese tiempo murió en com- 
bate, adquirió fama de gran 
militar y de valiente; sus 
virtudes cívicas lo eleva- 
ron a la categoría de buen 
ciudadano. 

Adolfo del Castillo era 
casado y tenía una hija. 
Mujer e hija se fueron a 
vivir a Tampa; su miseria 
allí era extrema. Adolfo 
del Castillo escribió a su 
mujer que no pidiera nada 
a la Delegación de la Junta 
Revolucionaria; que vivie- 
ran ella y su hija de su 
propio trabajo, y que en 
caso muy terrible, acepta- 
ran de la Delegación lo es- 
taictamente preciso para 
evitar la muerte por hambre, 
ñor! — dijo. 

En otra carta escrita a su esposa le decía: "Si yo 
quisiera pedir a la Delegación, estoy seguro de que me 
daría lo que pidiera, pero soy jefe, y los jefes no pue- 
den pedir más que armas y municiones para derrotar 
al enemigo." 

Estas hermosas palabras de Castillo dicen bien claro 
que la nobleza de su alma era tan grande como el amor 

—141 — 



Mal 



General Adolfo Castillo, 

en bélica actitud 



¡Así lo manda el ho- 



que sentía por la Patria, como su valor y su pericia 
militar. 



Clotilde García, joven "guajirito", hijo de San José 
de los Ramos, Matanzas, de 24 años de edad, se sublevó 
cuando la invasión. Su prestigio y su valor personal 
lo hicieron en el acto rodearse de más de trescientos su- 
blevados; se incorporó a la columna de Maceo y mandó 
la retaguardia de aquella columna invasora. Marchan- 
do cerca del pueblo de Bolondrón, se dirigió al Cuartel 
General de Maceo y dijo a éste: " Mayor, las municiones 
se me han acabado y el enemigo pica mi retaguardia." 

La voz atronadora de Maceo le dijo: " ¡ Ah, cobardes ! 
Desde ayer los soldados de mi vanguardia no tienen 
municiones que disparar al enemigo; y, sin embargo, 
los españoles retroceden constantemente ante el filo 
del machete de mis bravos orientales. ¿Quieres que 
ellos sean los que vayan a libertar de los españoles 
a tu regimiento de matanceros?" Ambos jefes volvie- 
ron la espalda; Maceo siguió marchando y Clotilde 
García retrocedió hacia su puesto en la retaguardia, y 
dijo a sus compañeros: "El Mayor pergunta si somos 
cobardes; dice que si será necesario que los orien- 
tales de vanguardia pasen a retaguardia, para hacer re- 
troceder al enemigo, y eso no puede ser: ¡muchachos! 
más valientes que nosotros no hay nadie en el mundo, 
j A la carga!" Y cargó sobre el enemigo con tremenda 
furia; una, dos y tres veces repitió aquella hazaña hasta 
que los españoles retrocedieron, guareciéndose en el 
mismo pueblo de Bolondrón. 



Alfredo Bermúdez, muy joven, hombre casi gigante, 
con un valor también gigante, pertenecía a la escolta 
del general José Miguel Gómez ; con cinco o seis compa- 
ñeros más, fué sorprendido en las faldas de la Sierra de 
Banao (Sancti-Spíritus) por una numerosa caballería 
española. Todos se defendieron haciendo fuego en reti- 

—142- 



rada, y como las tierras colindantes eran extensas, llanas 
y limpias, los españoles ; al contemplar aquel exiguo 
número de enemigos, avivaron su carga e hicieron fuego 
al mismo tiempo. El valerosos Bermúdez tuvo la des- 
gracia desque una bala matara a su caballo. Erguido, 




PAISAJE CUBANO. - Niño pescador de Regla. 



lleno de ira, ordenó a los suyos que continuaran su reti- 
rada, y, rifle en mano, vació las cananas de sus muni- 
ciones al suelo, y tomando por trinchera su caballo 
muerto, continúo peleando. Al fin murió, y el parte 
oficial publicado por los periódicos al servicio del Go- 
bierno español declaraba: " Que habiendo perseguido 
y combatido a la numerosa partida de Bermúdez, logró 

-143- 



dar muerte a éste y a más de 40 de sus compañeros;" 
confesaron al mismo tiempo seis muertos españoles y 
catorce heridos. 

Los españoles aumentaron considerablemente el 
número de la partida de Bermúdez y el de sus bajas, 
para ocultar la vergüenza que les producía el furioso 
combate de este glorioso joven cubano. 



* 



Benítez, un niño de pantalones cortos y de medias 
largas todavía, se incorporó en la provincia de la Ha- 
bana a la Invasión. El General en Jefe, Máximo Gó- 
mez, le hizo volver al pueblo, porque su corta edad 
le impedía combatir. A los dos días siguientes, aquel 
niño impetuoso, enardecido por la fiebre del patrio- 
tismo, volvió a incorporarse a las filas revolucionarias; 
el General en Jefe lo regañó nuevamente, pero Benítez 
le contestó diciéndole: "General, déjeme aquí. Yo 
quiero morir por la Patria". El general Bernabé Boza, 
encantado del valor de aquel niño, pidió que lo dejasen 
incorporar a la escolta, diciendo que él lo cuidaría como 
a un hijo. 

Benítez quedó en la revolución, recibió balazos 
peleando frente al enemigo y alcanzó el grado de ca- 
pitán. 



* 
* * 



Luis Solano, joven espirituano, de 14 años de edad, 
se incorporó a la revolución en Sancti-Spíritus, y sirvió 
en el Estado Mayor del general José Miguel Gómez. 

Su valor y su pericia militar le habían inspirado gran 
confianza a este general. Por primera vez, un día dis- 
puso aquél que el alférez Luis Solano, con 10 hombres, 
fuese a combatir una columna que había cercana al 
campamento. y 



Luis Solano, lleno de orgullo y entusiasmo, formó 
sus hombres frente a la tienda del general José Miguel 
Gómez y les dijo: " Muchachos, acordaos que morir 
por la Patria es vivir' ' . Y partió, seguido por los suyos, 
a batir a la columna hasta quemar el último cartucho 
que llevaba. 






Un hecho ocurrido a mediados del año 1897 con- 
movió a las huestes revolucionarias que operaban 

con el General en Jefe cer- 
ca de la trocha de Júcaro 
a Morón. Las tropas del 
General en Jefe operaban 
del lado de acá de la tro- 
cha. El General en Jefe 
tenía vivos deseos de bus- 
car un camino al través 
de la trocha que permitie- 
ra la comunicación entre 
Camagüey y Santa Clara, 
con el principal objeto de 
pasar municiones, muy 
abundantes en Camagüey 
y muy escasas en Santa 
Clara. El intento de las 
fuerzas que obedecían las 
órdenes del General en Jefe 
no tuvo éxito; pero de re- 
pente un día los españoles 
fueron burlados y la trocha cruzada por los mambises, 
si bien este pase no obedecía a las órdenes del General 
en Jefe. 

Un joven italiano, junto con otro joven cubano, 
decidieron abandonar a Camagüey y venir a pelear a 
Santa Clara. Ambos consiguieron de los jefes de Ca- 
magüey el permiso para incorporarse a las fuerzas 
villaclareñas, y empezaron a indagar el sitio más favo- 

_^145-r- 




Luis Solano 




rabie, el lugar más accesible para pasar la trocha. Los 
prácticos informaron a estos dos jóvenes que por la isla 
de Turiguanó se podía pasar la Trocha, aunque no sin 
grandes peligros y demorando el cruce 15 o 20 días. El 
otro camino señalado por los prácticos era casi imposi- 
ble seguirlo; la trocha había que pasarla por dicha isla; 
de seguir el camino, había necesidad de atravesarla por 
entre los fuertes y trincheras enemigas, y eso significaba 
la muerte. 

El joven italiano, que era el hoy Dr. Orestes Ferrara, 
preguntó animoso: "¿qué 
tiempo tarda un hombre en 
atravesar la trocha?" El 
práctico contestó : "Tan sólo 
diez minutos." Y Ferrara le 
dijo a su compañero, el jo- 
ven cubano Aurelio Sonville: 
" chico, ¿quién no tiene diez 
minutos de peligro en su 
vida y mucho más en la gue- 
rra? Vamos para Santa Cla- 
ra atravesando la trocha". 
Aurelio Sonville, no menos 
animoso que su compañero, 
contestó : ' ' Vamos !' ' 

Tomaron del práctico las 
indicaciones necesarias para 
conocer cómo estaban situa- 
dos los fuertes, fortines y 
alambrada de la trocha, y en el acto marcharon so- 
bre ella, acompañados por el práctico, que los aban- 
donó a unos cuantos metros de la primera línea de 
la trocha. 

Aquellos dos jóvenes, con las monturas de sus caba- 
llos a cuestas, amparados tan sólo por la obscuridad de 
la noche y guiados por su valor, se introdujeron en el 
acto en aquel campo de la muerte, salvaron trincheras, 
salvaron alambradas y la trocha fué pasada por ellos, 

—146— 



Coronel Dr. Orestes Ferrara 



que informaron luego al General en Jefe cómo se podían 
traer de Camagüey a Santa Clara cantidades grandes 
de municiones. 

, El servicio que esos dos jóvenes prestaron a la pa- 
tria fué inmenso al hacer fácil la comunicación 
entre el General en Jefe y el Gobierno de la revolución, 
que radicaba en Camagüey, y además, hicieron posible 
el transporte de Camagüey a Santa Clara de grandes 
cantidades de municio- 
nes. ' . ■ '' 1 



- 



El mayor general Fran- 
cisco Carrillo, de quien te 
hablé anteriormente al 
mostrarte su retrato de M 

1881, cuando la Guerra 
Chiquita, es natural de 
Remedios, combatiente 
en las tres guerras de Cu- va 

ba, en la de los diez años, 
en la Guerra Chiquita y 
en la guerra del 1895. 

El general Carrillo pe- 
leó siempre como un bra- L __ ... . 

VO ; en la Guerra Chiquita comandante Aurelio SonvUle 

se distinguió tanto, que a 

aquélla se le conoce en las Villas con el nombre de la 

guerra de Carrillo. 

Ese cubano es un gran patriota; al terminarse la 
guerra de 1895, dijo a los cubanos: " Cambiemos el 
fusil por el arado y cultivemos la feraz tierra de Cuba 
hermosa, y cambiemos también el machete por el libro, 
cosa de hacer de nuestra Patria una tierra rica y culta". 
Bellas palabras de un soldado mambí que puso en 
práctica; al acabarse la guerra, él vistió el traje del "gua- 
jiro" y se le vio trabajar en su finca remediana. 

—147— 



El Dr. Domingo Méndez Capote, hijo de Lagunillas 
(Cárdenas), abrazó la causa de la revolución con empeño 
y con ardor. 

Hacía poco que había terminado sus estudios de 
abogado en la Universidad de la Habana; muy pron- 
to adquirió fama y prestigio como abogado ilus- 
tre y como hombre de ciencia; cuando el clarín de 
Maceo llamaba a los cubanos a la guerra, este joven en 
el acto abandonó su bufete 
de abogado y fué a la re- 
volución, donde prestó in- 
mensos servicios, sobre to- 
do en el campo de la juris- 
prudencia. El redactó el 
Código Civil, el Código Pe- 
nal y el Código Militar, es- 
tableciendo con esa labor 
la manera de fomentar y 
conservar una necesaria 
disciplina militar y civil 
en los campos de la revo- 
lución cubana. A pesar de 
sus funciones civiles, él no 
escudaba a su persona del 
alcance de las balas enemi- 
gas; cada vez que se le 
presentaba la ocasión de 
combatir, él combatía. Fué 
un bello ejemplo de pa- 
triotismo y de valor. Alcanzó el grado de general del 
ejército libertador y fué vicepresidente de la República 
en armas. 




General Domingo Méndez Capote 



El Dr. Ensebio Hernández, hijo de la provincia de 
Matanzas, estudió en París su carrera de médico; su la- 
bor de estudiante y su inteligencia nada común ]o hicie- 
ron sobresalir en la Universidad de aquella capital. Si 



-148- 



él hubiera querido tener un puesto prominente en la co- 
lonia, en Cuba esclava, él lo hubiera tenido fácilmente; 
pero hombre demócrata y de gran espíritu, amó más la 
libertad de Cuba que cualquiera otra cosa, y por eso 
se le ve figurar en la emigración al lado de Maceo y al 
lado de Martí, y cuando la revolución de 1895 llamó a 
los cubanos al combate, él acudió a los campos de la 
revolución, y allí luchó con afán por Cuba libre, 

alcanzando el grado de 



J¡Sr- 



general. 



Emilio Núñez, como 
ya te dije antes y te mos- 
tré su retrato, luchó en 
la guerra de los diez años 
y luego en la Guerra 
Chiquita como un hom- 
bre de gran valor, a pesar 
de ser entonces muy jo- 
ven; en la guerra de 1895 
se portó de tal modo, que 
su pasada gloria adquirió 
más proporción y más 
brillantez. 

La Delegación cubana 
en New York lo encargó 
de la dirección, organiza- 
ción y conducción de las 
expediciones que salían de las costas norteamericanas 
a las costas cubanas, él organizó y condujo con 
toda felicidad más de treinta expediciones que trajeron 
al soldado libertador armas y municiones con que com- 
batir y nuevos compañeros que con su presencia alen- 
taban el ánimo de los que a diario ofrecían sus pechos 
a las balas enemigas al desafiar la furia del ejército es- 
pañol, que combatía sin cesar. 




General Dr. Eusebio Hernández 



Armando Menocal, habanero, estudió su profesión 

— 149— 




de artista de la pintura en Madrid; allí, en aquella es- 
cuela, donde tuvo a glorias por maestros, Armando Me- 
Menocal adquirió renombre y fama de inspirado pintor 

y de artista genial. 

La revolución de 1895 
lo encontró en sus estu- 
dios, en medio de sus co- 
lores y pinceles; no me- 
ditó un momento para 
f| dejar su arte y abrazar la 

causa de la guerra que 
predicó Martí, junto con 
Manuel Sanguily; se lanza 
a la revolución y sirve a 
las órdenes del generalísi- 
mo Gómez y alcanza el 
grado de teniente co- 
ronel. 
i Armando Menocal 
acompañó al ejército in- 
vasor como ayudante de 
^ campo del general Máxi* 

Teniente coronel Armando Menocal HIO GÓmeZ ) ese honor de 

Menocal es tan grande, 
que obscurece su gloria de pintor. 

Como expresión del temparamento artístico de Ar- 
mando Menocal, admira este paisaje que produjo su pin- 
cel y ese soneto descriptivo de su cuadro que produjo su 
alma de poeta. 

PAISAJE 

Sobre cielo nuboso de verano 
resalta corpulento mamoncillo, 
más cerca un platanal junto a un portillo 
y ramaje de anón a diestra mano. 

El gallinero de tendal de guano 
deja ver al través el amarillo 
con que fulgura el Sol; tal es su brillo, 
que donde no ilumina es hondo arcano. 

—150- 




Patio de una finca cubana. 



Sinuoso bejucal se enseñorea 
de la estacada que al corral bordea, 
y cual follaje de vecina planta 

penetra en el innato señorío 
mientras, batiendo gotas de rocío, 
erguido un gallo, sus victorias canta. 

* * 

Ramón Leocadio Bonachea, hijo de la provincia de 
Santa Clara, vivió en los días de la guerra de los diez 
años y contribuyó con su acción de 
valiente a ella; él era un hombre de 
sólida posición económica, y todo lo 
dio a la revolución. 

Sus dotes militares lo elevaron 
rápidamente al rango de general. 

Bonachea fué siempre un rebelde; 
no pudo soportar la dominación es- 
pañola; protestó en las Villas del 
pacto del Zanjón, y se fué a vivir a 
los Estados Unidos; allí, impaciente, 
no supo esperar, y decidió venir a 
combatir de nuevo por Cuba libre, y 
el año de 1885, en el mes de Febrero, 
desembarcó en la costa de Santiago 
de Cuba, en Cabo Cruz, Punta del 
Inglés, y hace flotar la gloriosa ban- 
dera de la estrella solitaria; mas en- 
tregado a los españoles, fué reduci- 
do a prisión y sentenciado a muerte, 
y á los pocos días, fusilado en Santiago de Cuba, con 
algunos de sus compañeros. 




General Ramón Leoca- 
dio Bonachea 



Guillermo Moneada nació en Santiago de Cuba; 
fué desde edad temprana un decidido partidario de la 



151- 



independencia de su Patria; por eso se le ve abrazar con 
ardor y entusiasmo la revolución que inició Céspedes 
en Yara el día 10 de octubre de 1868. 

Moneada demostró extraordinario valor en los com- 
bates, astucia inmensa en la táctica mambisa y una 
estrategia especial de guerrillero que lo hizo distin- 
tinguirse en el acto entre los suyos y por sus enemigos. 

Él fué una figura militar 
desde el primer instante 
en que combatió. Los cu- 
banos lo admiraban y los 
españoles le temían. 

Guillermón, que así lo 
llamaban amigos y enemi- 
gos, sirvió a Cuba durante 
la guerra de los diez años; 
valeroso, concurre ala Gue- 
rra Chiquita y brilla como 
siempre, como un grande 
del valor; terminada ésta, 
vuelve de nuevo a su ho- 
gar, y allí se hizo respetar 
y temer por los españoles 
y querer por los cubanos; 
apenas éstos se sublevan 
el 24 de febrero de 1895, 
Guillermón figura en ella 
desde la víspera, produ- 
ciendo espanto en el ánimo de los enemigos y entusias- 
mo inmenso en los cubanos separatistas. 

En sus tremendas acometidas al enemigo, recibió 
varias heridas que aumentaron su prestigio y su gloria. 

El murió de fiebres, muy al principio de la guerra de 
1895; pero a pesar de esa rápida desaparición, sus glorias 
guerreras aumentaron, y si en la Guerra Chiquita él 
superó al general de la de 1868, en sus meses de gue- 
rrero en 1895 obscureció al bravo de la Guerra Chi- 
quita. 

-152- 




Mayor general Guillermo Moneada 



Caballero purísimo y militar mambí no mejorado 
por ninguno, fué este cubano a quien la inmortalidad 
envuelve para siempre. 



ERIA una ingratitud sin límites hablarte, mi que- 
rido niño, de todas las grandezas de los cubanos, 
de todos sus inmensos sacrificios y de todos sus he- 
roísmos, de todas sus virtudes, y no llamarte la atención 
de un modo especialísimo sobre el papel tan importante 
que desempeñó nuestro hombre de campo, nuestro gua- 
jiro, en las revoluciones cubanas; él demostró valor, en- 
tusiasmo, abnegación y fe inquebrantable en el triunfo; 
su alma de patriota no f laqueó jamás; si se dijera que 
el guajiro libertó a Cuba, no se diría nada hiperbólico; 
pero como no podemos olvidar a los otros elementos que 
ayudaron a la libertad de Cuba, no hago esa afirmación, 
pero sí te digo que sus grandes condiciones de comba- 
tiente valeroso, hábil, astuto y práctico para andar a 
rumbo por los campos cubanos, por él desconocidos, re- 
presenta más de la mitad del esfuerzo en la consecución 
del triunfo de las armas cubanas. 

El guajiro, en la guerra como en la paz, es un hom- 
bre muy inteligente, sereno, paciente hasta la indolen- 
cia casi, pero al mismo tiempo de una constante firmeza 
en sus convicciones y en sus deseos; es un valiente; nada 
le arredra, ningún temor lo acompaña ni ninguna impa- 
ciencia lo compromete cuando él decide ir adelante en 
cualquier asunto; por eso, cuando él decidió ingre- 
sar en la revolución y triunfar sobre España, se le vio 
proceder con paciencia, con propósito decidido y firme 
de morir o de vencer. 

En la guerra de Cuba, el guajiro produjo espanto en 
el adversario, en el momento de la acometida, de la 
carga; y asombró a Máximo Gómez, que lo admiró con 

—153— 



pasión y con vehemencia; al guajiro se le podía decir, 
como se le dijo constantemente: al de Occidente: "Vaya 
Vd. a Oriente y realice allí tal o cual cosa"; y él lo hizo; 
al de Oriente se le dijo: "Vaya Vd. a Pinar del Río y 
lleve el terror al ánimo de 
Weyler;"yélfué,y derrotó i * ' í7¡ 

a Weyler; al guajiro de los 
dos extremos de Cuba se le 
dijo: "Vaya Vd. a las lia- 
auras de Matanzas, aproxí- , ,g ~ ~>^ # 

mese a las trincheras de la ; f ;ar «•» 8 

ciudad de la Habana"; al 
que fué a las llanuras, se 
le ordenó: "Cargue Vd. a ;¡ ' 

los enemigos de Cuba y ele- j j^-J-, \ 
ve el caballo y el machete 
mambí a la altura de una 
religión, como lo hizo Ig- 
nacio Agramonte en el he- 
roico Camagüey en 1872;" 
al que se le ordenó la 
aproximación a las trinche- 
ras de la Habana, se le dijo : 
"Dispare sus fusiles sobre Coronel Dionisio Arencibla 

la misma ciudad y asuste 

a los "voluntarios del quinto batallón"; ambos cum- 
plieron como grandes del valor las órdenes recibidas; 
pero lo más grande de la acción de esos guajiros fué 
que nunca pidieron prácticos para esos recorridos, ni pi- 
dieron tampoco municiones ni armas de ninguna clase 
para realizar las asombrosas hazañas de sus proezas gue- 
rreras ; gigante del valor, se le ve arrollador, como en la 
asombrosa carga de Mal Tiempo, cuando la invasión, en 
diciembre de 1895, y seguir después su paseo triunfante 
durante la invasión, en medio de tremendos combates, y 
continuar así durante todo el tiempo de la guerra eman- 
cipadora. El guajiro no pidió médico, no pidió me- 
dicina, no pidió caballo, como no pidió armas ni mú- 
municiones. El guajiro sabía que todos los pertrechos 

-154- 





COSTUMBRES CUBANAS 

-155- 



de guerra y todos los otros medios que él necesitaba 
para hacer la guerra estaban en poder de los españoles, 
y que allí había que ir a buscarlos; y allí fué siempre a 
aprovisionarse de ellos. 

Examinando, mi querido niño, las listas del Ejército 
Libertador, encontramos que el 75 por ciento de sus 
componentes fueron guajiros. El guajiro, por lo tanto, 
tiene a su favor el 75 por ciento del honor que repre- 
senta la libertad de Cuba: se merece una estatua. 

Déjame, mi querido hijo, presentarte como tipo de 
guajiro cubano, gallardo, valeroso, fornido, inteligente 
y decidido en los combates y en todas las luchas por la 
vida, el retrato de mi amigo el coronel Dionisio Arenci- 
bia, hijo de Santiago de las Vegas, que peleó siempre 
como segundo, a las órdenes de Juan Delgado. El re- 
presenta la nobleza, la arrogancia y la virtud de nues- 
tros guajiros valerosos y patriotas. 



VI 



ADRE. — Quiero, hijo, que conozcas, aunque sea 
someramente, una de las acciones más impor- 
tantes de la guerra de la independencia, y cier- 
tamente no menos brillante que otra alguna; ella fué el 
último encuentro armado entre cubanos y españoles, y 
por ella un día el Sol alumbró la gloria de los cubanos 
de modo inmarcesible. Oye bien este relato. 

Declarada la guerra entre los Estados Unidos y 
España a consecuencia de la ingerencia de éstos últimos 
en los sucesos que se desarrollaban en Cuba desde el 
año 1895, en que estalló la revolución separatista, el go- 
bierno americano envió auxilios de todas clases a varios 
de nuestros puertos. 

Entre esos auxilios se encontraba la expedición que 
desembarcó en "Palo Alto," al Sur de la provincia de 
Camagüey. 

-15&- 




PAISAJE CUBANO 



Mandaba esa expedición el general Núñez, héroe sin 
par en estas jornadas expedicionarias, quien trajo a 
Cuba infinidad de expediciones en esta contienda, sal- 
vando así la suerte de la revolución. 

Al desembarcar esta expedición, llegaban a nuestros 
oídos noticias de la lucha que sostenían los americanos 
con las tropas españolas en Daiquirí, Santiago de Cuba. 
Entendió el general José Miguel Gómez, que mandaba 
el territorio donde desembarcó dicha expedición, que 
era indecoroso para el Ejército Libertador mantenerse 
sin combatir mientras un ejército, aunque amigo, ex- 
tranjero, derramaba su sangre por nuestra santa 
causa. 

Apenas el General en Jefe puso a su disposición los 
pertrechos de guerra traídos por la expedición, pensó 
en atacar a todos los pueblos que estuvieran a su alcan- 
ce. A fines del mes de junio de 1898 sitió y en pocas 
horas tomó el pueblo del Jíbaro, situado al sureste de 
Sancti-Spíritus; sitió con igual suerte el de Arroyo 

-157— 



Blanco, y marchaba ya sobre Sancti-Spíritus cuando 
le sorprendió la noticia de que habían sido suspendidas 
las hostilidades. 

Arroyo Blanco es un poblado pequeño, pero admira- 
blemente fortificado, que mantenía las comunicaciones 
heliográficas de la línea militar española conocida con 
el nombre de la Trocha militar de Júcaro a Morón y la 
ciudad de Sancti-Spíritus. 

Hacía poco más de un año que le había puesto sitio 
el general Máximo Gómez, y había tenido que levan- 
tarlo debido al socorro que le prestó una fuerte co- 
lumna que enviaron los españoles. 

Esta columna fortificó más al poblado, ocupó los pun- 
tos más estratégicos y construyó veinte fuertes, que 
defendidos por un batallón de infantería, hacían de 
Arroyo Blanco una plaza fuerte. 

En tales condiciones se encontraba este pueblo 
cuando el general José Miguel Gómez se decidió a 
atacarlo. 

Al comunicarle al General en Jefe sus propósitos hu- 
bo de manifestarle el temor de que en Arroyo Blanco se 
marchitasen los frescos laureles que habían conquistado 
en el Jíbaro y Cañamabo (valle de Trinidad). 

No se intimidó por esto el general José Miguel Gómez 
y marchó a atacar el pueblo dividiendo sus fuerzas en 
dos columnas que debían atacarlo simultáneamente en 
direcciones diametralmente opuestas. 

Ambas columnas contaban con piezas de artillería, 
cañones neumáticos, conocidos por "cañones de dina- 
mita," apoyadas por fuerzas de infantería. 

Mandaban las piezas de artillería los coroneles 
Francisco Agramonte, compañero de expedición del 
general Maceo, y el inolvidable "Pepe" D'Strampes. 
Las fuerzas de infantería estaban mandadas por los 
coroneles José López y Manuel Alonso, a las órdenes 
del brigadier Tello Sánchez. 

Mandaba el resto de la columna el brigadier Gon- 

—158— 



zález y comandaba todas las fuerzas el general José 
Miguel Gómez. 

^ Inició el ataque a las 8 a. m. de uno de los últimos 
días del mes de junio de 1898, una semana después de 
la toma del Jíbaro, la columna del coronel Alonso, quien 
aprovechando la artillería de Agramonte, lanzó las 
fuerzas de infantería sobre las trincheras varias veces, 
hasta que al fin tomó al asalto los reductos situados 
fuera de la ciudad, que estaban defendidos admirable- 
mente por los españoles. 

La columna que mandaba el coronel López no pudo 
entrar en fuego hasta las nueve de la mañana, por ha- 
bérselo impedido un extenso rodeo que tuvo que seguir 
para llegar al pueblo. A las doce m. ya había dispa- 
rado la pieza de artillería del coronel D'Strampes va- 
rias veces sobre un fuerte inmediato, aunque sin resul- 
tado alguno. 

En esos momentos se encontraba al lado de la pie- 
za de artillería el coronel Orestes Ferrara. A él hubo 
de dirigirse el coronel D'Strampes pidiéndole un ser- 
vicio que equivalía a una sentencia de muerte. 

De todos los fuertes próximos al lugar del ataque 
dirigían los españoles una lluvia de balas que troncha- 
ban las ramas de los árboles que rodeaban nuestra ar- 
tillería. Desde la copa de uno de estos árboles pidió 
D'Strampes a Ferrara que le indicara, sirviéndole de 
mirador, el punto donde caía el proyectil y el cambio 
que debía darle a la dirección del siguiente disparo, pues 
D'Strampes estaba desprovisto de telémetro y del más 
insignificante aparato que lo ayudase en su esfuerzo 
por conocer la distancia a que se encontraba del fuerte. 

El cálculo de Ferrara, hecho desde encima del árbol, 
fué acertadísimo : un proyectil cayó en medio del fuerte, 
haciendo estragos; las fuerzas de infantería no pudieron 
contenerse y se lanzaron todas al asalto; los españoles 
se defendían con bravura; de todos los fuertes lanza- 
ban una gran lluvia de proyectiles, pero el grito de 
¡Viva Cuba! enardeció a los cubanos, que continua- 

—159— 



ron el ataque con empuje irresistible, avanzando entre 
el plomo por las escabrosidades del terreno, y siempre 
entre un río de sangre, hasta tomar el fuerte. 

Ante ese arrojo se aterraron los españoles y enarbo- 
laron la bandera de la Cruz Roja; el capitán Antonio 

Duque, que mandaba la 
escolta de la artillería de 
D'Strampes, propuso al 
brigadier Sánchez enviar 
un parlamentario al co- 
mandante del pueblo ene- 
migo. 

Aceptó el brigadier Sán- 
chez a las reiteradas in- 
dicaciones del capitán 
Duque y dispuso que fue- 
ra él mismo a realizar esta 
delicada y peligrosa opera- 
ción, ya que los españoles 
consideraban a las fuerzas 
cubanas como a foragidos, 
indignos de merecer el de- 
recho de gente. 

Después de una larga 
discusión entre el capitán 
Duque y el jefe español 
acordaron las fuerzas de 
éste rendirse al general José Miguel Gómez, jefe de 
aquella gloriosa operación. 

Al siguiente día contemplaron los cubanos el sublime 
espectáculo de ver al batallón de Granada, que defendía 
a la población, rendir sus armas a las tropas cuba- 
nas, a cuyo frente marchaban los generales Máximo 
Gómez y Francisco Carrillo, que conocedores del triunfo, 
se aproximaron a la plaza rendida, llevando entre am- 
bos al héroe principal de la jornada, al general José Mi- 
guel Gómez, uno de los más brillantes soldados de la 
guerra de 1895. 




Capitán Antonio Duque 

en la guerra; ascendido a comandante en 
el sitio de Arroyo Blanco. 



-160- 



VII 




#:.- : : 



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Coronel Enrique Villuendas. 
Teniente coronel Jorge Villuendas. 

í H]lJOS del general español Villuendas, amaron la 
hmfd libertad de Cuba de tal modo, que no pudo con- 
vBUBm trarrestarlo el generalato de su padre, que vivía 
en los días de la guerra 
de 1895. 

"Son dos cosas distin- 
tas, decían ambos herma- 
nos, el amor y el respeto al 
padre bueno y cariñoso, 
como el nuestro, y el amor 
a la tierra en que se nace; 
y cuando esa tierra gime 
entre cadenas oprobiosas, 
no hay razón ni ley algu- 
na que obligue a un hom- 
bre que sienta el bochorno 
del yugo del esclavo, a so- 
portarlo; la alegría de vi- 
vir una vida encantada 
por un estado de concien- 
cia libre vale más que 
cualquiera otra satisfac- 
ción". 

Jorge Villuendas enfer- 
mó de disentería unos 
ocho meses antes de aca- 
barse la guerra; no quiso 
abandonar la vida de los 

campamentos; rechazó con energía las invitaciones que 
se le hicieron para que fuera a curarse a un hospital o 
a un rancho; allí, en los campamentos, tiraba de la vi- 
da, que iba perdiendo poco a poco. 

En esto llegó una expedición a Palo Alto, al Sur de 
Camagüey, y se le rogó por todos los medios que se em- 

— 161 — 



Coronel Dr. Enrique Villuendas 

Jefe de estado mayor de la primera divi- 
sión del Cuarto Cuerpo del Ejército Libertador, 
a las órdenes del general José Miguel Gómez, 
Abogado, Fiscal, Secretario de la Convención 
Constituyente, 1901. Político, orador de gran 
elocuencia y Representante a la Cámara. Mu- 
rió a los 28 años. 



barcarapara New York. Ofendido, contestó: " Ustedes 
se figuran que soy un cobarde o un egoísta; de aquí de 
estos gloriosos campos no me voy; de esta dulce vida 
llena de gloria y de honor no he de salir sino para la 
tumba o para la Habana, cuando esté libre de enemigos; 
basta, no más, y el que me hable de nuevo de ese asunto 
se bate conmigo en el acto. No tengo miedo a mo- 
rir en los diarios combates que con los españoles soste- 
nemos, y ¿voy a tener miedo a morir a causa de un 
microbio? ¡Qué tontería! Y además, no soy egoísta: 
si conmigo pudieran ser embarcados los miles de cuba- 
nos, de los cuales muchos son mis soldados, mis com- 
pañeros, y que padecen igual que yo, pudiera, quizás, 
considerar el ruego de ustedes; pero nunca dejar aquí 
a esos infelices, que quizás al despedirme podrían pen- 
sar que soy un cobarde o un egoísta; alguien expre- 
saría: — ¿No estamos peleando todos por la igualdad? 
y ¿dónde está esa igualdad, que ampara al poderoso 
— poderoso es el que puede — y abandona al infeliz, al 
que no puede?". No, cubanos; somos iguales, somos 
hombres que luchamos por la libertad y vamos todos 
en pos de ese ideal a toda costa." 

Ese sublime joven se quedó en Cuba y siguió pe- 
leando contra el soldado enemigo y contra la enferme- 
dad, y al fin moribundo llegó a la Habana, libre de ene- 
migos, para morir a los pocos días. 

Su hermano Enrique, mayor que él, salvó su vida 
de los combates españoles y también de la disentería 
más tremenda que he visto. Era un tipo de valor y 
de moral igual que el magnífico Jorge; más dichoso 
que éste, gozó, aunque poco, de la República, ya que 
la lucha de una política pasional y dolorosa lo inmoló 
en Cienfuegos el 23 de septiembre de 1905. 

¡Pobre Enrique! Siempre decía: "no hay nada en 
el mundo como mi bandera, ni nada que me produzca 
más honor y alegría que el recuerdo de mi azarosa y 
dura vida de mambí". 

Mira, querido niño, ese retrato es de Enrique; por la 
dedicatoria que me hace verás lo que me quería y lo 

— 162— 



tierno de sus sentimientos, y como te he dicho, lo que 
amó a Cuba. 

U A mi mejor y más querido amigo, el Dr. Ma- 
tías Duque ; a mi médico y compañero de armas, con la 
expresión de mi gratitud y afecto entrañable, con el 
recuerdo del cariño inmenso que le profesa el más ido- 
latrado de los hermanos: dedica este retrato, símbolo 
algún día de una época de nuestra vida, cruenta y 
azarosa, pero para mí la más grata y la más hermosa. 

Enrique Villuendas." 
Febrero 8 de 1899. 

* 

Félix Iznaga 

Como ejemplo de valor, resignación y estoicismo, 
oye la triste relación sobre el gran patriota Félix Iznaga. 

Nacido en Trinidad, emigró a los Estados Unidos, 
donde recibió esmerada educación. Como era hombre de 
trabajo, lo consiguió en New York; allí conoció a 
José Martí, de quien se hizo un devoto de sus ideas y 
sentimientos revolucionarios, llegando a ser secretario 
de él, puesto que desempeñó de modo gratuito. 

Vino a la revolución en la expedición del general 
Enrique Collazo, en 1896, que fué descubierta y ataca- 
da por las fuerzas españolas. Los expedicionarios se de- 
fendieron y los españoles no pudieron ocupar los pertre- 
chos de la expedición. 

Félix Iznaga, como todos los expedicionarios, fué 
puesto a las órdenes del general José Lacret, bravo 
general, que los llevó en seguida a un encuentro serio 
con los españoles; las fuerzas de Lacret fueron sorpren- 
didas por ataques diversos y simultáneos. 

Aquella fuerza se disgregó un tanto y algunos de los 
dispersos, entre ellos Iznaga, fueron a parar a la Ciénaga 
de Zapata, donde había una prefectura (especie de al- 
caldía mambí), de la que Iznaga fué nombrado secre- 
tario. Iznaga enfermó gravemente de paludismo y no 
quiso abandonar aquel infecto lugar, diciendo que allí 

—163— 



.*#• 



^ 



había sido destinado, y que allí estaba con sus demás 
compañeros enfermos; que ése era su puesto de honor y 
que allí moriría, si tal era su destino; no hubo razón sufi- 
ciente para hacer que Iznaga abandonara su residen- 
cia infestada por la disentería y el paludismo, que 
además tenía por suelo una capa constante de fango 
negro y nauseabundo, donde la comida escaseaba y 
el hambre se sentía por todos. 

Por fin un día Iznaga comprendió que su muerte 

estaba cercana y abrió el 
libro del registro civil y 
escribió en él su partida 
de defunción, dejando en 
blanco la fecha de la 
muerte. 

¡ Cuarenta y ocho horas 
después murió aquel hom- 
bre, todo valor y todo pa- 
sión por Cuba! 

Así fueron los mambi- 
ses, todos fueron iguales, 
mi querido niño, y por eso 
triunfaron y libertaron a 
Cuba. 

* * * 

Demetrio y Joaquín 
Castillo Duanny 

Nacidos en la ciudad 
de Santiago de Cuba, en 
esa región que por la bravura de sus hijos adquirió el 
noble título de heroica; cuando se dice, querido niño, 
" orientales", se dice, entre nosotros los cubanos, valor, 
dignidad, honor y patriotismo ; entre nosotros los cuba- 
nos, esas palabras significan la misma cosa. 

Esos dos hermanos pertenecían a familia rica y 
distinguida de la ciudad de Santiago. Ellos fueron 
esmeradamente educados, y como tenían talento, hom- 
bres ilustrados. 




General Demetrio Castillo Duanny 



-164- 



Joaquín fué un médico notable, y tanto, que en una 
expedición científica que preparó y realizó Norte 
América para explorar los misterios del Polo Norte, 
él figuró en la sección científica de dicha expedi- 
ción. 

Ambos hermanos abrazaron la causa de la revolu- 
ción y la sirvieron de modo ejemplar; Demetrio, pe- 
leando en el campo de batalla, alcanzó por su valor y 
por su instinto militar el grado de general, y Joaquín 
conduciendo felizmente 
desde los Estados Unidos 
expediciones a Cuba libre, 
también llegó a general 
de aquel ejército, no me- 
nos valiente que cual- • Wk ¡ 
quiera otro. 

Ambos hermanos eran " '*■*■+*& ■>,. 
hombres de gran correc- 
ción social; la cortesía de JaíL 
sus modales y de sus pa- 
labras los hacía aparecer 
siempre como tipos de la 
mayor educación ; y el va- ¿ggfi r ? y 
lor y el amor a Cuba, a su W / 
libertad, los presentaron I 
como hombres dignos de *, • 
llamarse héroes y pa- 
triotas. lI J - m fc 

Recuerda, niño, a estOS General Dr. Joaquín Castillo Duanny 

hermanos Castillo, para 

que los imites, y seas, como ellos, la perfección del 

valor y del patriotismo. 

Desde muy temprano en la vida, los niños deben 
conocer la obra de los hombres buenos, para seguirlos 
y ser luego, como ellos, respetables y respetados por 
todos. 



—165— 




-166— 



"Sf-*"*"*"*--*"*"*"*"*": 



CAPITULO XV 



LOS MÉDICOS 



T f OS jóvenes y hasta los viejos médicos cubanos 
aportaron un gran contingente a la revolución. 
Parecerá raro a alguien que el cuerpo médico 

dico cubano contribuyera, con ardor, con valentía, 

con arrojo y con elevado 
número a hacer la guerra a 
España; pero para mí, que- 
rido niño, esa contribución 
es consecuencia lógica del 
fusilamiento de los estu- 
diantes. En el 1871, el 27 
de noviembre, los volunta- 
rios españoles de la Ha- 
bana fusilaron a ocho estu- 
diantes de medicina. ¿Por 
qué los fusilaron? Pues por 
nada, ni aun siquiera por 
exceso de amor a España, 
porque el capitán español 
Federico Capdevila pidió 
en brillante defensa de esos 
pobres muchachos la liber- 
tad de ellos, precisamente 
basada en el amor a Es- 
paña. 

Esos estudiantes fueron fusilados, y sus compañeros, 

—167— 




General Dr. Hugo Roberts 



en número de cuarenta, condenados a trabajos forzados 
en las canteras de la Habana, porque los voluntarios 
fueron azuzados contra ellos por el entonces gober- 
nador de la Habana, Sr. Roberts, con el fin avieso de 
obtener dinero de sus ricos padres; y a punto estuvo 
de lograr su fin, si no hubiera sido que ese . . hombre, 
en su sórdido deseo, excitó demasiado a los volunta- 
rios, los embriagó con alcohol y con el amor a España, 
y esos hombres, ya sin juicio y llenos de frenesí por amor 
a su bandera, cometieron el horrendo crimen de asesinar 
a infelices inocentes, como los mismos españoles decla- 
raron más tarde, honrando a España, que esos niños 
no atentaron contra tumba alguna ni contra nadie, que 
fueron inmolados y que eran inocentes. 

Ese hecho no fué, no pudo ser olvidado por los estu- 
diantes todos; pero menos por los de medicina; durante 
años, en silencio, ocultos entre los muros del exconvento 
de Santo Domingo, conocían por sus más antiguos com- 
pañeros de aulas el terrible suceso, el crimen que man- 
chó la historia de la Universidad de la Habana y sem- 
bró para siempre en el corazón de los nuevos estudiantes 
el deseo de vengar algún día a los inmolados, sin bene- 
ficio para España y menos para el gobernador Roberts; 
y por eso cuando Martí, Maceo y Gómez anunciaron 
que la "hora" había llegado, los médicos, aquellos que 
entre lágrimas y rabia conocieron la historia del 27 de 
noviembre, se aprestaron a la lucha, y al grito de ¡ven- 
ganza!, salieron por cientos a la guerra, y abandonaban 
hogar, familia, clientela, bienes de fortuna y todo lo 
que abandonar pudieran; de médicos, se hicieron solda- 
dos, y muchos de soldados se hicieron generales. Ya te 
he mostrado el retrato de algunos de ellos; mira ahora 
el retrato del doctor Hugo Roberts, médico de Maceo, 
que lo acompañó en toda la invasión y que hizo después 
toda la guerra en Pinar del Río, y que, enfermo y heri- 
do, tuvo que sancochar el cuero y la suela de sus zapatos 
para no morir de hambre. 

Estaba cerca de los españoles, podía presentarse a 
ellos; pero su valor, su dignidad y su amor a Cuba le 

—168— 






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169- 



hacían clamar con famélica soberbia: "muero de hambre, 
pero no me deshonro". ¡Bello! ¿No es verdad, queri- 
do niño? 

Siento no tener a mano las fotografías de otros 
compañeros, cubanos dignos y hombres valerosos; pero 
no quiero dejar de nombrarte a un hombre, médico, que 
fué un estudiante eminente, a quien el porvenir le son- 
reía y se fué a la guerra buscando el sudario de la gloria 
al morir peleando por Cuba. Me refiero al general doc- 
tor Eugenio Molinet, que vive aún laborando por el 
bienestar de Cuba. 

El doctor y general Eugenio Sánchez Agramonte 
fué otro médico que cumplió con Cuba y su apellido 
ilustre. 

De los médicos de la guerra murieron diez y nue- 
ve en acción de guerra; el promedio es alto; eso de- 
muestra todo el amor con que luchaban por Cuba 
libre. No puedo olvidar a mi compañero de curso, a 
Ceulino y Madrazo, muerto en un hospital de sangre 
defendiendo a sus heridos. Igual gloria le cupo a mi 
otro compañero de curso el doctor Francisco Hernán- 
dez Ramos. 

Gloria a su memoria. No olvides, hijo, a esos pala- 
dines del deber y de la Patria. 



—170- 




¡INOCENTES! 

Monumento erigido en el Cementerio de la Habana a los 
estudiantes fusilados en 1871. 



-171 




-172- 



####^########^#l£### ^.^.^.^^^^.^ ^.^.^.^^^^.^.^ 



CAPITULO XVI 

PATRIOTAS CUBANAS 



H 



IJO. — Papá, tú me has hablado del patriotismo, 
del desinterés de los hombres y de los niños cu- 
banos, al contarme anécdotas de esos grandes 
hijos de la Patria, y me dijiste al principio que las 
mujeres cubanas también se habían distinguido por su 
abnegación y por su valor; yo quisiera que me con- 
taras algo de nuestras heroínas; me agradaría saber 
algo de ellas. 

Padre. — Hijo, con mucho gusto te voy a dar a cono- 
cer lo que por la Patria han hecho nuestras valentísimas 
y virtuosas mujeres; ellas consumaron una labor tan 
grande, que muchas de las cosas que los hombres reali- 
zaron en los campos de batalla fueron inspiradas por 
ellas ; en la guerra, es decir, en la manigua, en el monte, 
en la revolución, en las ciudades de Cuba y en la emi- 
gración, ellas trabajaron con pasión intensa a favor de 
Cuba Libre; ellas no midieron el peligro en la obra em- 
peñada; al contrario, mostraron más vehemencia y 
más deseo en realizar los actos en que el peligro era 
mayor. 

En la misma guerra, formando en línea de fuego, 
hubo algunas mujeres que disparaban sus rifles contra 
el enemigo con el mismo valor que los soldados cubanos, 

-173- 



y a la hora de la tremenda carga de caballería, ellas 
a rienda suelta cargaban de modo bravísimo, y casi 
siempre, cuando esto ocurría, ellas eran unas de las pri- 
meras en batir al enemigo, bajo el filo de sus cortantes 
machetes. 

La esposa del jefe de los mambises, general Máximo 
Gómez, nacida en la provincia de Oriente, se casó a la 
edad de 16 años, y se mantuvo en la manigua durante 
todo el tiempo de la guerra de los diez años, mostrando 

valor y dando constante- 
mente ánimo a los cubanos 
en armas. Acabada la 
guerra de los diez años, fué 
a vivir a Santo Domingo, 
acompañando al general 
Máximo Gómez, y educó a 
todos sus hijos en el santo 
amor a la Patria, formán- 
doles el carácter con su 
plena virtud, con su gran 
abnegación y con su no- 
ble espíritu. 

En la guerra de 1895, el 
gran cubano Tomás Estra- 
da Palma, Presidente de la 
Junta Revolucionaria de 
New York, escribió a esa 
señora excelsa, demandan- 
do de ella el presupuesto 
mensual que necesitaba 
para cubrir sus gastos y mantener con decoro su vida 
en Santo Domingo, mientras su esposo, Máximo Gó- 
mez, luchaba en Cuba contra los españoles; esa virtuosa 
mujer contestó con una noble carta que patentiza las 
virtudes de aquella purísima patriota. 

Te voy a leer la carta de esa matrona que se llamó 
Bernarda Toro de Gómez, y que por desgracia ya no 
existe, para que admires ese ejemplo de sublimidad 
moral. Esa carta fué escrita a principios del año 

-174— 




i. Bernarda Toro de Gómez 



1896; y debía estar guardada con veneración por to- 
dos los cubanos, para que sirviera como oración sa- 
grada en contra de las ambiciones malsanas, en contra 
de la concupiscencia y en contra del deshonor de la 
Patria. Oye bien la carta que te voy a leer; no la 
olvides jamás: 



" Monte Christi, República Dominicana, julio de 1896. 

Señor Presidente de la 

Junta Revolucionaria Cubana. 

New York. 

Muy señor mío: 

Mucho me ha entristecido la comunicación de usted 
en que me notifica que esa Junta ha acordado soco- 
rrerme con una cantidad mensual para atender a mis 
necesidades. 

Las que hemos dado todo a la Patria, padre, esposo, 
hijos, . . . apenas si tenemos tiempo para ocuparnos de 
las necesidades materiales de la existencia. 

Aún me queda mi hijo Maximito, de 17 años, que 
labrando la tierra, me trae pan, bastante blando y bas- 
tante blanco, con que satisfacer las exigencias de la 
vida; aún nos queda con qué contribuir mensualmente 
a la Revolución de la Patria, y no debe gastarse en pan 
lo que hace falta para pólvora. 

Le saluda respetuosamente, 

Bernarda Toro de Gómez." 






Muchas, muchísimas damas cubanas, tanto en la 
guerra de 1868 como en la de 1895, contribuyeron, co- 
mo te he dicho antes y te repito ahora, a la exaltación 
del patriotismo y al triunfo de la revolución. 

—175- 



Mercedes y Juana Mora dieron ejemplo excelso de 
gran valor, de gran patriotismo. 

Mercedes Mora, casada con el caballero Melchor 
Loret de Mola, juró acompañarlo a los campos de la 
revolución para auxiliar a los cubanos y para protestar 
ella también contra el rigor de la tiranía. Su her- 
mana Juana, casada también con el coronel Alejandro 
Loret de Mola, acompañó a Mercedes en su peregrina- 
ción a los campos de la libertad. 

Las hermanas Mora intentaron salir de la ciudad de 
Camagüey a principios del año 1869, acompañadas de 
sus hijos; ellas, al poner en práctica tal resolución, 
abandonaron comodidades y riquezas y optaron por el 
peligro y la miseria del campo de la revolución, por ser- 
vir a Cuba. En su primer intento de salida de la ciudad 
de Camagüey, fueron detenidas por las autoridades es- 
pañolas y encarceladas en el viejo convento de las Mer- 
cedes, de donde salieron debido a influencias puestas 
en juego por sus amigos y familiares. En el acto esas 
mujeres de alma grande intentaron de nuevo la salida 
y obtuvieron éxito completo en esa nueva intentona. 
Mercedes llevó consigo a sus pequeños hijos Alberto, 
Adriana, Melchor y Manuel ; pero su corazón iba hecho 
pedazos, ya que dejaban en el pueblo de Camagüey a su 
anciana madre y a su penúltimo hijo. 

La muerte en combate del coronel Alejandro Loret 
de Mola, esposo de Juana, desmoralizó un poco el dis- 
trito de Caonao, y los españoles, aprovechando esa des- 
composición de las fuerzas mambisas, empezaron a 
registrar los montes y a hacer prisioneras a muchas 
familias. Las hermanas Mora emprendieron una ho- 
rrible peregrinación y anduvieron por fincas y montes, 
seguidas por sus antiguos esclavos, que convertidos en 
amigos leales, las ayudaban a conducir a sus hijos, 
descalzos y sin comida casi, haciendo más horrible la 
tristeza de Mercedes y de Juana Mora. Acamparon en 
los montes de Lázaro, y el día seis de enero de 1871 fué 
asaltado su mísero bohío por las tropas españolas. A 
media noche recibieron la orden de abrir, y como se de- 

—176- 



moraron un poco en hacerlo, sus perseguidores echaron 
abajo los débiles tabiques de yagua que cubrían la entra- 
da del bohío. 

Aquellas mujeres y aquellos niños, con unas cuantas 
de sus antiguas esclavas, vivían sin auxilio de hombres, 
porque los suyos combatían en las líneas de fuego y no 
pudieron defenderse de aquella tropa. Mercedes, vale- 
rosa, le preguntó con voz entera: — "¿Qué queréis?" A 
lo que contestaron: — "Las prendas y el dinero". — "Aquí 
están!" — "Esto es poco, 
queremos más". — "No te- 
nemos más que dar." 

El jefe entonces dispuso 
el registro y agarró por el 
hombro a Mercedes. Su 
hijo mayor, Alberto, de 
catorce años de edad, se 
arrojó sobre aquel atrevido 
que puso la mano sobre el 
hombro de su santa ma- 
dre, y fué muerto en el 
acto de un tremendo ma- 
chetazo en la cabeza. 
Mercedes Mora, con ru- 
gido de leona, increpó a 
sus perseguidores, y recibió 
inmediatamente un tre- 
mendo tajo de machete 
que la privó de la vida. 
Aquella escena avivó los malos sentimientos de los asal- 
tantes y empezó rápido el saqueo del bohío, matando a 
un niño, hijo de Mercedes, que empezaba a hablar. 

En la busca de prendas y dinero el bohío fué incen- 
diado; propagóse rápidamente el fuego que destruyó 
la vida del resto de la familia de Mercedes ; sólo escapó 
de aquel incendio un niño que, herido y loco por 
el terror, pudo salvarse para que fuera testigo ante el 
mundo de aquel crimen, de aquel horror. 

El esposo de Mercedes, al encontrar las ruinas de 

—177— 




Sra. Mercedes Mora de Loret de Mola 



su hogar y los cadáveres carbonizados de su amada fa- 
milia, cayó desplomado y murió días después. 

Aquel niño salvado entre las llamas se llamó Mel- 
chor. El milagro lo siguió protegiendo; vivió a pesar 
de la furia de aquella época y en el año 1895 fué de los 
primeros en acudir a los campos de batalla batiéndose 
con todo el ardor de un patriota y de un ofendido ; al- 
canzó al lado de Máximo Gómez, con quien combatió 
siempre, el grado de coronel. 

El valor de esa familia, mi querido hijo; su patriotis- 
mo y su abnegación fueron imitadas, como te dije antes, 
por todas las familias ricas y pobres de Camagüey y 
Oriente. ¡Oh, mi querido niño! para hacer feliz a Cu- 
ba es preciso que los hijos de ahora sean tan abnega- 
dos, tan virtuosos y tan patriotas como lo fueron los 
hombres y las mujeres de las guerras aquéllas, libres de 
egoísmo y de ambición y llenos de patriotismo inmenso, 
dispuestos a dar sus intereses, sus hogares y sus vidas 
mismas, en beneficio de la Patria. 



* * 



Eva Adán y Betancourt de Rodríguez 

SADRÉ. — Mi querido niño, te voy a hablar ahora 
de una de las patriotas más interesantes, más re- 
beldes, de gran posición social, de esmerada cul- 
tura, que tuvo la revolución cubana y que viviendo 
aún, enaltece a Cuba con ejemplar conducta. 

Esa patriota es Eva Adán. Nació en la ciudad de 
Camagüey y casó después con uno de los cubanos que 
lucharon en la guerra de los diez años y en la guerra de 
1895, pues él volvió a ocupar en el acto supuesto de ho- 
nor, alcanzando el grado de general; ese caballero se lla- 
mó Alejandro Rodríguez y fué siempre persona promi- 
nente en todos los asuntos que se relacionaron con Cuba 
Libre. La señora Eva Adán fué reducida a prisión 
y encarcelada en Camagüey, junta con dos señoras 

—178— 




de la mayor distinción, y como ella, grandemente patrio- 
tas. Esas dos señoras fueron Gabriela de Varona y 
Concepción Agramonte. 

La señora Eva Adán, por su inteligencia, por su 
valor, por su cultura y por su bondadoso corazón, 
figuró en los días de la gran contienda como directora 
espiritual de ese gran sacrificio, de esa gran guerra que 
libertó a Cuba. Junta con sus dos amigas fué tras- 
ladada a la cárcel de mujeres de la Habana, y por 
último fueron deportadas ^ 

al extranjero. 

El gobierno de la revo- 
lución nombró a esta se- 
ñora delegada en las ciu- 
dades de Cuba, dándole 
amplias facultades para 
que procediera con com- 
pleta y absoluta libertad, 
autorizándola también pa- 
ra que recaudara toda cla- 
se de recursos con que 
auxiliar a la revolución. 

Para que tú veas, mi 
querido niño, cuál era el 
carácter y el valor de esa 
señora, te voy a contar, 
aunque brevemente, cómo 
fué su conducta al ser lla- 
mada por el Comandante 
Militar español de la ciudad de Camagüey, general 
Mella. 

Este general quiso conferenciar con ella y por seis 
veces le mandó recado para que fuera a visitarlo a la Co- 
mandancia Militar; ella se negó siempre y por fin le 
contestó :_ ' ' Sólo iré a su presencia llamada oficialmente 
o conducida, ya que no es decoroso para mí, dadas las 
circunstancias especiales que me rodean, presentarme 
en la Casa de Gobierno sin motivo justificado". Por 

—179- 




Sra. Eva Adán y Betancourt 
de Rodríguez 



fin fué llamada oficialmente, y ella concurrió en el acto. 
Dicho comandante la recibió con aspereza por su nega- 
tiva de concurrrir a su llamamiento, y ella le contestó: 
' 'Señor, mi marido se encuentra en el campo, en armas 
contra el Gobierno, y yo no quiero que se comente mi 
presencia en palacio en tan delicadas circunstancias." 

Querido niño, esadama fué en la revolución una auxi- 
liar valiosísima; en la paz, antes de la revolución, 
trabajó laboriosamente en la preparación de la guerra, 
y hoy, en los salones de la 
República, ilustra con su 
palabra y su presencia. 

Ella es un ejemplo dig- 
no de imitar y su recuerdo 
enseña a amar a la Patria. 

I- íi 







Sra. Gabriela de Varona 



Gabriela de Varona 

Hija de Camagüey, ar- 
dorosa patriota, llena de 
fe, con un corazón bonda- 
doso y con un carácter de 
suprema energía, abrazó la 
causa de la revolución de 
1868 y desde entonces no 
descansó trabajando siem- 
pre a favor de Cuba Libre. 
Sufrió persecuciones, su- 
frió cárcel, sufrió destierro, fué amenazada de muerte, 
pero su boca no calló sus sentimientos, pues siempre 
dijo a sus verdugos con franqueza y con sinceridad 
cuáles eran sus sentimientos a favor de Cuba libre. 

Su amiga y su compañera de trabajo a favor de la 
revolución, y de sufrimientos, la señora Eva Adán, dice 
hablando de ella lo siguiente : 

"Su juventud, su vida entera, fué consagrada a tra- 
bajar y a sufrir por Cuba. Perdidos sus seres queridos 
— 18C— 



y sus bienes de fortuna durante la guerra de los diez 
años, sin aspiración, sin exigencias, vegeta en su pueblo 
natal, en ese Camagüey, cuna de tantas glorias, que no 
eclipsan la suya." 



Concepción Agramonte de Sánchez 

Esta señora, hija de Camagüey y de una de las prin- 
cipales familias de ese lugar, abrazó, como todo su pue- 
blo camagüeyano, la causa 
de la revolución de los diez 
años. Sirvió desde enton- 
ces al ideal cubano; su ca- 
rácter, su inteligencia y su 
ilustración, la elevaron 
pronto a la dirección y 
ayuda de la revolución, go- 
zando de la preeminencia 
de su apellido ilustre, que 
enalteció una vez más las 
páginas de la guerra, con 
valor y con talento. 

Sufrió prisión, destierro 
y amenazas, no se doblegó, 
siguió luchando, educó a 
sus hijos en el santo amor 
a la Patria y los mandó a 
la guerra. 

Ahí tienes, mi querido 
hijo, otra patriota, otra 
excelsa mujer, virtuosa y de gran carácter, que falleció 
en esta ciudad, hace menos de un año. 




Sra. Concepción Agramonte 
de Sánchez 



Blanca Téllez de Castillo 

Hija de Bayamo, asistió al glorioso incendio de la 
inmortal ciudad. Ella ayudó con sus propias manos a la 
destrucción de su rico hogar. Jovencita, abrazó con 

—181— 



entusiasmo la causa de Carlos Manuel de Céspedes, que 
era la causa de los cubanos dignos; ella acompañó a los 
hombres de su casa a los campos de la revolución y 
sufrió miserias con abnegación sublime; fué hecha 
prisionera y desterrada a Jamaica. 

Cuando la bandera de Yara fué plegada en el Zanjón, 
ella siguió laborando por la futura guerra que había de 

-^^^^^^^P- -, libertar a Cuba, y cuando el 

<¿ grito de Baire llamaba a 
.. los cubanos al servicio de 
la Patria, se la vio en pri- 
mera línea, trabajando con 
m a¿W¡ denuedo y con valor. Ayu- 

dó a los cubanos, sirvió a 
la revolución y le decía a 
todo cubano que pudiera 
coger un fusil : 

"¿Qué hace usted aquí? 
Sus hermanos están en la 
guerra, éste no es su pues- 
to, su puesto está allá, al 
lado de los que en línea 
de fuego luchan por la Pa- 
tria y ansian su libertad." 
Esta patriota casó con. 
el Sr. Rogelio Castillo, que 
sirvió en el ejército cubano, 
en el que alcanzó el grado de general, y fué jefe de Es- 
tado Mayor del General en Jefe. 




Sra. Blanca Téllez 



Clemencia Arango y Solar 

El joven Raúl Arango, hermano de ella, muy joven 
marchó a la manigua, donde alcanzó prestigios y ho- 
nores que lo hicieron conocer pronto en todo el campo 
de la guerra; ella, casi niña, abrazó también la causa 
de la revolución ; amándola con pasión de niña ena- 
morada y sirviéndola con valor y con inteligencia suma. 

—182— 




Clemencia Arango 



Para ella, durante los tres años y medio que duró la 
revolución del 1895, a pesar de sus quince años enton- 
ces, no hubo más que la guerra; la única estrella que la 
guiaba en todos sus actos, 
era la estrella que en nuestra 
bandera guiaba a los cubanos 
de la guerra. Su amor fué su 
Patria, su Cuba Libre. 

El Delegado de la revolu- 
ción de Cuba en New York, 
Tomás Estrada Palma, dijo de 
ella: a Mi mejor confidente 
en la Habana, la más inteli- 
gente, la más valiente y la más 
segura' \ Ella tuvo de la De- 
legación todas las facultades y 
toda libertad para actuar y 
proceder. La guerra de Cuba encontró en su pasión un 
auxilio muy efectivo, y los revolucionarios de la pro- 
vincia de la Habana una 
compañera, una hermana f M % . 

que sin desmayo y con 
energía les prestó muy se- 
ñalados servicios. 

Clemencia Arango nunca 
conoció el miedo; ella en- 
traba y salía de las ciuda- 
des, iba al campo de la 
guerra, daba a los cubanos 
aviso de los movimientos 
del enemigo y llevaba mu- 
niciones, medicinas y ro- 
pas. 

Mi querido hijo, sirve de 
aliento pensar que aquella 
niña dedicó todas sus ener- 
gías para servir a la causa 
de la revolución cubana. 




Coronel Raúl Arango 



183- 



Sus fiestas, sus bailes, sus distracciones, fueron servir 
a su Patria. 

El patriotismo sentido hondo y con valor, hizo he- 
roína a aquella niña. No olvides este ejemplo de ab- 
negación y de virtud de esa niña, cuyo único ideal fué 
su Cuba, y su alegría, su hermano, el coronel Raúl, que 
acrecentó por su valor y pericia militar su gloria de 
guerrero. 



* * 



Mariana Gra jales de Maceo 

IJA de Oriente, madre de los Maceo, amó a Cu- 
ba tanto como la que más; madre sin par, adoró 
a sus hijos con locu- mm ^^m^a^^amt 
ra; pero cubana de tempera- 
mento, ella misma preparó íSjf - 
los trajes, las hamacas y las f¡Hk ^ 
armas de su esposo y de to- i Z 
dos sus hijos, que fueron ,, w : 
nueve, todos valientes, y los x lfe /* 
mandó a la guerra de los 
diez años, diciéndoles: "Va- 
yan a la guerra y no vuel- 
van a la ciudad sino dignos, 
es decir, libres, ciudadanos." 

Sublime rasgo de patriota 
y de madre heroica. 

Esta señora fué un noble 
ejemplo de virtud y de gran 
corazón; emigró a la hora * 
de la paz del Zanjón y fué ¡b?4 

a Vivir a Jamaica, en donde Sra . Mariana Grajales de Maceo 

murió; al expirar, sus últi- 
mas palabras fueron dedicadas a su Cuba amada 
pidiendo a todos los que la rodeaban en aquel supremo 
instante que cumplieran con Cuba libertándola, hacién- 
dola soberana, dueña de sus destinos. 

—184— 






i 



María Gabrales de Maceo 








m 



Hija de Oriente, unió sus destinos al mayor general 
Antonio Maceo en la guerra de los diez años. María 
Cabrales, de espíritu rebelde, de un valor que igualaba 
al de su compañero, aban- 
donó las comodidades y el 
bienestar de su hogar y 
abrazó la causa de la re- 
volución acompañando a 
su marido y a las huestes 
que él mandaba, emulan- 
do a los patriotas con ejem- 
plos de abnegación y de 
virtud. Una vez el general 
Maceo estaba gravemente 
herido, postrado en cami- 
lla; su hermano José lo 
defendía con una docena 
de hombres de un tremen- 
do asalto del enemigo; 
María se encontraba al la- 
do del general y ni un mo- 
mento inclinó su cuerpo 
para ocultarse de las des- 
cargas enemigas. En aquel 
trance fiero ella vio llegar con una escolta al jefe del 
regimiento "Santiago," coronel José María Rodríguez, y 
con voz de mando y con gesto heroico lo arengó di- 
ciéndole : 

— A salvar al general, o a morir con él. 

María Cabrales acompañó a Maceo en su titánica 
lucha de los diez años, y cuando aquél protestó en 
los campos inmortales de "Los Mangos de Baraguá" se 
encontraba María al lado del general y de sus gloriosos 
compañeros inspirando fe y confianza con su arrogante 
figura y con su gran valor. 

Cuando estalló la guerra de 1895 ella volvió a inspi- 
rar con sus actos de patriotismo la fe en los pechos Cuba- 
bas— 



Sra. María Cabrales de Maceo 



nos. La señora Eva Adán de Rodríguez dice de María 
Cabrales que estando en la emigración en Cayo Hueso, 
falta de recursos monetarios, llamó a un vendedor de 
prendas y le dijo: " Véndame esa sortija, pero no diga 
que es mía, porque si los cubanos se enteran de que esa 
joya me pertenece, van a dar por ella más de lo que 
vale y yo no quiero más dinero por ella que el que real- 
mente representa." 

¡Cuánta delicadeza de sentimiento y de honor! 

María Cabrales sufrió con estoicismo y abnegación 
sublime la dolorosa muerte 
de Antonio Maceo, y si f 
una vez gritó a los cubanos ;/ 
"a salvar al general o a | 
morir con él," a su muerte j 
gritó: "cubanos, libertar a ■ 
Cuba o morir, como murió j 
Maceo". 

Ella murió en Santiago 
de Cuba, en Cuba Libre. 




Emilia Górdova 



y 



vjV 



Hija de familia revolu- 
cionaria, amó a la Patria 
con igual intensidad que los 
suyos, sirvió a la revolu- 
ción como patriota valero- 
sa y firme. Fué admirada, * 
y sobre todo, tuvo un sen- Sra . EmiUa córdova 

timiento de piedad inmen- 
sa a favor de los desgraciados sentenciados a muerte; 
no faltó jamás a la capilla del condenado que cerca de 
ella iba a morir y sus lágrimas siempre regaron el cami- 
no del que marchó al patíbulo. Consoló y ayudó al cu- 
bano enfermo y pidió constantemente para los cubanos 
desgraciados e infelices. Siempre imploró por el bien 
de Cuba y jamás pidió nada para ella; ella no fué nada 
para ella; no tuvo más cariño ni más amor que su Patria. 

—186— 



América Arias de Gómez 



Hija de Sancti-Spíritus, de familia ilustre y rica, 
amante de la libertad de Cuba, casó a muy temprana 
edad con el joven José Miguel Gómez, quien a pesar 
de sus pocos años, ostentaba el grado de comandante del 
ejército cubano que había peleado diez años contra 
España. 

La señora América Arias siguió las inspiraciones de 
cubana que su familia había 
hecho nacer en sus senti- 
mientos y que luego su es- 
poso acrecentó intensamen- 
te, durante los años que 
transcurrieron desde el Zan- 
jón hasta el 24 de febrero 
de 1895. Llegado este mo- 
mento, su esposo, José Mi- 
guel, llevó a cabo su alza- 
miento ingresando en la re- 
volución que acababa de 
estallar, y convirtióse ella 
en auxiliar poderoso de la 
revolución, como confidente 
de su esposo y de los demás 
cubanos en armas, prestan- 
do valiosos servicios a la 
causa de los patriotas. 

Esta señora de sentimien- 
tos muy piadosos no sólo 
prestó auxilio a la revolución, sino que guardó estrechas 
relaciones con las familias pobres de Sancti-Spíritus 
que tenían, como ella, a sus hombres en la guerra, y las 
auxiliaba facilitándoles medios de mantener su vida de 
un modo más fácil, evitándoles, en lo posible, la miseria. 
Ella ha sido una patriota excelente y de una bondad 
extrema, que los años de la paz no han desmentido, ni 
en sus días de gloria, cuando acompañaba a su esposo 
en la presidencia de la República, ni en sus infortunios, 

—187— 




Sra. América Arias de Gómez 



cuando la política nubló la buena estrella de su amante 
compañero. 



* 
* * 



La familia del coronel Federico Sánchez 

En "Cayo Hueso," tierra americana del Sur, donde la 
emigración cubana era numerosa y compuesta por ele- 
mentos revolucionarios, vivió un hijo del histórico 
Camagüey. Este cubano 
perteneció al ejército liber- 
tador de Cuba que luchó 
durante los diez años de 
aquella guerra heroica, 
alcanzando el grado de co- 
ronel al lado de Ignacio 
Agramonte. Terminada 
ésta, unió sus destinos a 
los de la señorita Luisa 
Ramírez. 

El coronel Sánchez que- 
dó rebelde al gobierno es- 
pañol y por eso creó su 
hogar en el libre cayo 
norteamericano. El y su 
esposa se pusieron al ser- 
vicio de Cuba Libre y du- 
rante los diez y siete años 
de emigración, día por día, 
laboraban a favor de la 
nueva guerra. Martí encontró en ellos grandes auxilia- 
res de la sublime idea. 

Ese matrimonio tuvo cuatro hijas que, educadas 
en aquel sentimiento de amor y de ternura hacia la 
Patria, a medida que fueron creciendo, se convirtieron 
desde muy niñas en agentes y auxiliares de la revolu- 
ción futura. Esas cuatro criaturas se llamaron Fredes- 
vinda, María Luisa, Lillie y Haydee. 

Las dos mayores, Fredesvinda y María Luisa tuvie- 

—188— 




Sra. Fredesvinda Sánchez de Aguirre 



ron edad suficiente para 
dedicarse a la propaganda 
revolucionaria y después 
convertirse en auxiliares 
poderosos de la revolución 
de 1895. 

Su padre, el coronel Sán- 
chez, junto con su esposa 
Luisa> organizaba fiestas 
donde se recogía dinero 
para aumentar los fondos 
de la propaganda y de la 
revolución, en las cuales 
participaron activamente 
sus hijas mayores ya nom- 
bradas. De esas dos seño- 
ritas dicen los emigrados 
que constituían por sí so- 
las la alegría de las fiestas 
y el éxito de ellas. La cor- 





I f:v 



Sra Lillie Sánchez de la Torre 



Sra. María Luisa Sánchez de Ferrara 

ta edad de Lillie y Haydee 
les impidió figurar de mo- 
do activo en dichas tareas; 
pero así y todo, entusias- 
maban con su ingenuidad 
de niñas cubanísimas. 

Fredesvinda contrajo, al 
acabarse la guerra, matri- 
monio con el coronel Car- 
los Aguirre; María Luisa, 
con el coronel Dr. Orestes 
Ferrara, y Lillie con el doc- 
tor Julio de la Torre. Hay- 
dee, casada cod el Sr. Mon- 
toto, falleció hace un año. 

Esa familia, mi querido 
hijo, como ya te he dicho, 
luchó luego en la ciudad de 
Tampa de un modo deci- 



-189- 



dido por la formación del partido revolucionario, ayu- 
dando a Martí con entusiasmo firme y decidido; para 
la familia del coronel Sánchez, lo mismo que para 
él, la Patria fué una religión, y buscar la manera de 
servirla, ayudarla y atenderla fueron sus propósitos más 
firmes; su predicación fué un deber que cumplieron con 
pasión y con ilusión de enamorados. 

La pasión de la familia Sánchez fué la libertad de su 
Cuba amada; ella rememoró las glorias de los grandes 
patriotas de 1868; Martí, el apóstol de las libertades de 
Cuba, tuvo una confianza ilimitada en su acción y fe 
absoluta en la obra libertadora de la familia del coro- 
nel Sánchez. 




Rosario Sigarroa 

Hija de la Habana, de excelente familia, muy joven 
abrazó la causa de la revolución cubana y la sirvió con 
valor, con decisión y con energía de mujer valiente. 

De ella se puede decir lo 
que te he dicho de las 
otras patriotas cubanas. 
Su pasión fué la guerra, 
su ideal la libertad de 
Cuba. 

Esas señoras que te 
menciono suman poco de 
entre las muchas patrio- 
tas que ayudaron a Cuba. 
Recordar a aquellas va- 
lientes, a aquellas dulces 
mujeres, amar su memoria 
con veneración, es el de- 
ber de los cubanos para 
con esas patriotas que 
ayudaron a la libertad de 
la Patria y enseñaron y 
enseñan con su conducta 
cómo se cumple con el 
deber de defender la tierra en que se nace y se vive. 

—190— 




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■191- 



Marta Abreu de Estévez 

Hija de la ciudad de Santa Clara, ilustrada, valerosa, 
humanitaria y de gran virtud; patriota que amó a 
Cuba, a su libertad, a su progreso y a su cultura 
con frenética pasión. Como fué muy rica, pudo po- 
ner en práctica sus sen- 
' timientos, ayudó a larga 

mano a los pobres, a las 
ciencias, al arte y a la 
revolución. Nunca fué re- 
misa en el auxilio a toda 
obra noble y justa. 

Ese ejemplo de mujer 
debe ser seguido, para 
que, imitándola, se pueda 
lograr el más hermoso 
triunfo en la vida : la con- 
sagración que el cariño 
de un pueblo rinde a los 
que, como ella, amaron la 
virtud y la practicaron en 
grado sumo. 

Murió en París y los 
cubanos no la olvidan,* la 
reverencian con su recuer- 
do; y los hospicios, tea- 
tros y escuelas que fundó en beneficio del pobre reviven 
el amor a que ella fué acreedora. 

La patria cubana guarda su pasado en las gloriosas 
páginas de su historia, donde constan las acciones de 
las valerosas hijas que la ayudaron en los días sublimes 
de su lucha heroica por su independencia y libertad. 




.„*■- 



Sra. Marta Abreu de Estévez 



Ana María Sotolongo de Fernández de Lara 

Nació en la ciudad de la Habana, de familia noble 
y rica, de abolengo muy cubano, ya que su ilustre ape- 

—192— 



llido figura como uno de los primeros que vinieron a 
Cuba poco después de los conquistadores. 

Amó a Cuba y luchó por ella con denuedo no supe- 
rado por nadie; su valor la hizo heroína en la tragedia 
cubana; fué presa, encarcelada, y sufrió su desventura 
con resignación valiente; no doblegó su carácter de cu- 
banísima mujer, ya que 
desde la prisión alentaba 
a los patriotas exigién- 
doles el triunfo de la cau- 
sa libertadora, o la muer- 
te, con la destrucción de 
todo lo cubano. 

El día de su prisión, la 
policía al servicio de Es- 
paña encontró en su casa 
un arsenal de guerra; di- 
namita, municiones, rifles, 
material médico y pro- 
clamas revolucionarias 
era lo que guardaba aque- 
lla santa casa : esos artícu- 
los de guerra, ella los 
hacía salir al campo de 
batalla, burlando con pas- 
mosa habilidad la severa 
vigilancia española. 

¡Cuánto valor y qué pasión tan grande! 

Recuerda, querido niño, a esa cubana digna, virtuosa 
y patriota, que muerta hace cerca de treinta años, vive 
patente en el amor de Cuba y en el cariño de sus her- 
manos los cubanos. Cumplir, como ella cumplió con 
la Patria, es un deber que imperiosamente impone el 
patriotismo. 




Sra. Ana María Sotolongo de Fernán- 
dez de Lara. 



-193- 




-194— 



/ 




AMAZONA CUBANA A LA USANZA ANTIGUA 



-196— 



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CAPITULO XVII 



PATRIOTAS NO COMBATIENTES 
I 



J~f I JO. — Papá, ¿únicamente son patriotas los que 
defienden a la Patria en los campos de batalla? 
Padre. — No, hijo mío: patriotas son todos los 
que aman a la Patria, to- 
dos los que la enaltecen, 
todos los que la sirven 
con amor y con abnega- 
ción ; lo mismo se le sirve 
con el servicio militar que 
con otro de cualquier or- 
den que sea. Cualquier 
acto que realice un hom- 
bre por el que la Patria 
adquiere solidez en sus 
instituciones, prestigio y 
gloria ante el mundo, es 
un rasgo de patriotismo. 
Anteriormente, al princi- 
pio de este libro, te he 
dado nombres de patrio- 
tas que no fueron com- 
batientes; ahora te voy 

a dar algunos más para Dr. Juan cimeras 

que tú sepas cómo se es 

patriota sin ir a los campos de batalla. Juan Guiteras, 
hijo de Matanzas, amante siempre de la libertad de 

—197— 




Cuba, elevó a gran altura su nombre como profesor de 
la Universidad de Pennsylvania. 

Carlos Finlay, hijo de la Habana, médico, sabio 
investigador, descubrió el modo de transmitirse por 
medio del mosquito la terrible enfermedad conocida 
con el nombre de fiebre amarilla. Ese descubrimiento 
ha prestado a Cuba el más grande de los beneficios; an- 
tes Cuba era tenida por un país naturalmente enfermizo; 
la fiebre amarilla mataba al año una enorme población 

de inmigrantes y una can- 
tidad bien crecida de ni- 
ños cubanos; después del 
descubrimiento de Fin- 
lay, Cuba se ha converti- 
do en un país sano y ya 
no mueren de fiebre ama- 
rilla ni los inmigrantes ni 
los hijos de Cuba. Tal 
descubrimiento hizo que 
el nombre de Cuba se re- 
pitiera en todas partes 
del mundo, y al recibir 
Finlay aplausos y home- 
najes, los recibía Cuba, 
por ser ésta su Patria. 




Dr. Carlos J. Finlay 



Luis Octavio Divinó 

Cuando cumplía veinti- 
dós años, se graduaba en 
la Universidad Central de Madrid, y en su tesis de doc- 
torado, que leyó ante un tribunal de cinco profesores 
de dicha Universidad, sostuvo con valor el derecho de 
Cuba a ser libre, a ser independiente, a separarse de 
España. 

Atónitos los profesores oyeron todo aquel discurso, 
que estaba basado en razones de equidad y de justicia; 
con tanta gentileza sostuvo sus conclusiones, que aque- 
llos cinco maestros, haciendo honor a su conciencia de 

—198— 



juristas y de hombres sabios, aprobaron la tesis del 
Dr. Divinó calificándola de sobresaliente. 

El referido acto del Dr. Divinó provocó revuelos 
ruidosos en la prensa de la colonia española en Cuba y 
fué defendido por toda la prensa liberal y republicana 
de España. ¡Qué lástima que los españoles de Cuba 
no hubieran sentido y pensado como los españoles ilustres 
de la península ibérica! ¡Cuántos sufrimientos y cuán- 
tas muertes se hubieran evitado! ¡Qué diferencia! 

El discurso del doctor 
Luis Octavio Divinó pro- I 
dujo entusiasmo entre los 
cubanos separatistas, y 
José Martí publicó en el 
periódico " Patria," que 
se editaba en New York, 
un editorial, con el título 
de ''Sangre Nueva," don- 
de elogió con fruición 
al joven abogado por su 
patriotismo, por su valor 
y por su inteligencia, ase- 
gurando que ese joven 
era una promesa para 
el futuro de su Cuba; 
y así ha sido. Divinó sir- 
vió a Cuba durante los 
años de la guerra con la 
misma devoción y con la 
misma bravura con que 

la sirvió en la Universidad Central de Madrid. Tanto 
fué el entusiasmo de Divinó durante los días de la 
guerra, que cuando el enviado especial de España a 
Cuba, el señor don José Canalejas, llegó a la Ha- 
bana, escribió a éste una sólida exposición de hechos y 
de derechos, en la que sostenía que era mejor para Es- 
paña pactar con los cubanos en armas, a base de la in- 
dependencia para Cuba, que continuar la guerra, 
que perdería indefectiblemente, porque no había 

—199— 




Dr. Luis Octavio Divinó 



poder humano que cambiase el sentimiento y el valor 
de los cubanos, que demandaban independencia o 
muerte. 

Los cubanos jóvenes deben estudiar la conducta del 
Dr. Divinó, para que, imitándola, presten a su patria 
servicios tan importantes 
como él le prestó en la gue- 
rra contra España. 



Néstor Ponce de León 

Cubano que laboró cons- 
tantemente por las liber- 
tades de Cuba antes de la 
guerra de 1868, y que al es- 
tallar ésta, tuvo que au- 
sentarse de la Isla, porque 
el vendaval de la revolu- 
ción lo envolvió en sus glo- 
riosas ráfagas de furia con- 
tra la dominación espa- 
ñola. 

New York fué la ciudad 
elegida por él para pasar 
su amargo destierro, y des- 
de allí prestó a la causa de la guerra todo su valor y 
toda su influencia; allí desempeñó el puesto de secreta- 
rio general de la junta revolucionaria cubana, y cuando 
la bandera de los cubanos se plegó en el pacto del 
Zanjón, él la dejó ondear en su domicilio en New York: 
para él no hubo pacto; Cuba fué siempre libre, como 
libre fué su conciencia de hombre que amó la justicia, 
que amparó al desgraciado y puso por encima de todo 
el amor a la tierra cubana que meció su cuna entre mi- 
mos y riquezas. ¡16] 

Siguió siendo rebelde, ayudó a Martí y contribuyó 
con su dinero y con sus grandes relaciones sociales y 
oficiales a la preparación de la guerra. 

—200— 




Néstor Ponce de León 



Gonzalo de Quesada 



Hijo de la Habana, de 
familia ilustre y revolucio- 
naria, fué educado en New 
York, y allí sirvió a Cuba 
con firmeza, con desinte- 
rés y con abnegación. 

Los sufrimientos de los 
suyos durante la guerra de 
los diez años le sirvió para 
exaltar su patriotismo y 
ayudar a Martí en sus la- 
bores prerrevolucionarias ; 
y después, durante la revo- 
lución, cumplió con todos 
los deberes de los grandes 
patriotas. 




Dr. Gonzalo de Quesádá 




Dr. Juan Mencía 



Juan Mencía 

Nació en Sancti-Spíri- 
tus ; quedó huérfano a tem- 
prana edad, al morir su 
padre en la guerra de 
1868, peleando a favor de 
la libertad de Cuba. 

El Dr. Juan Mencía 
consagró a la memoria de 
su padre el más grande y 
tierno de los recuerdos ; y 
naturalmente, fué siempre 
un cubano netamente se- 
paratista; al estallar la re- 
volución de 1895, prestó 
servicios desde las ciuda- 
des a la revolución que re- 



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dimió a Cuba. Fueron tan intensos sus trabajos a fa- 
vor de la causa separatista, que al fin se vio forzado a 
emigrar al extranjero, des- 
de donde siguió su labor a | 
favor de Cuba libre. 

Fué y es un patriota y | 
un ciudadano modelo dig- 
no de imitar. 



Gerardo Fernández 
Abreu 

Este hijo de la provincia 
de la Habana, mi querido 
niño, ayudó a la revolu- 
ción, primero preparándola, 
y después, sirviéndola con 
valor y con amor. Fué 
miembro de la junta revo- 
lucionaria de la Habana, 
donde desplegó actividad 
y acierto asombrosos. 

Mientras ayudaba a la 
guerra libertadora estudia- 
ba y sostenía a su madre, que no contaba con más auxi- 
lio que el modesto trabajo de su hijo idolatrado, causa 
que impidió al Dr. Fernández Abreu servir en los cam- 
pos de la guerra, pero no ayudar a las libertades de Cuba 
en su actuación de delegado de la guerra en la ciudad; es 
decir, frente a un enemigo suspicaz, armado, duro y 
cruel al aplicar el castigo que merecían, según ese ene- 
migo, los que amaban la libertad de Cuba. 




Dr. Gerardo Fernández Abreu 

Farmacéutico, doctor en ciencias y profesor 
de química de nuestra Universidad. 



José R. Montalvo 

Nacido en la ciudad de la Habana, de familia rica e 
ilustre, se graduó de médico en Europa (Madrid y 
París) y vino luego a ejercer su profesión a la Habana. 

De sano espíritu, de recia moral y de una gran bon- 
—202— 



dad, amó a los niños con ternura y a ellos dedicó to- 
da la solicitud de su inteligencia y de su sabiduría de 
médico notable. -, 

El doctor Montalvo, mi 
querido niño, no olvidó por 
su ciencia médica, que lo 
elevó a la altura de un gran 
clínico y de un gran maes- 
tro, a su tierra cubana, a 
su Patria, y la ayudó en 
sus anhelos de independen- 
cia y libertad ; en su ayuda 
a la revolución se exhibió 
tanto en sus arrestos de 
patriota auxiliando a la 
guerra, que ya hacía arder 
a todos los campos de Cu- 
ba a manera de purifica- 
ción del ambiente, que fué 
arrestado y conducido a 
Chafarinas, donde tuvo 
que soportar todas las he- 
regías de esos inhumanos 

presidios españoles. Al marchar a la deportación, dijo : 
" Bueno, yo voy a Chafarinas, pero mis hijos quedan 
en la guerra." 




Dr. José K. Montalvo 



Joaquín Albarrán 

Nació en Sagua la Grande. Desde niño fué a vivir 
a Barcelona; hizo sus estudios de médico en dicha ciudad 
y en Madrid. Graduado en este lugar, marchó a 
París, donde continuo con intensidad el estudio de su 
profesión amada. 

Joaquín Albarrán alcanzó en la capital de Francia 
gloria inmensa no concedida a ningún otro hijo de na- 
ción extraña. 

—203— 



La Francia reconoció los talentos y sabiduría del 
hijo del trópico y lo elevó al cargo honroso de pro- 
fesor de la Escuela de Medicina de París. 

Mucho fué su valer cuando se le concedió tan 
grande honor. 

A pesar de eso, Joaquín Albarrán, de mirada ardiente 
como el sol que lo alumbró al nacer, no olvidó el cielo 
de Sagua, ni a su adorada isla; aunque salió muy 
joven de Cuba, fué siempre un cubano que amó a su 

tierra nativa; siempre la 
ensalzó y siempre trató de 
cubrir con su gloria a esta 
bella isla en donde dio 
los primeros pasos de su 
vida, en medio de nuestra 
suave brisa y de nuestro 
sol de fuego. 

El, siempre ufano de 
sus grandes triunfos, de 
sus grandes fiestas de glo- 
ria, se presentaba como 
cubano y como cubano lu- 
chaba, declinando para 
su Patria los honores que 
recibía. 

Cuando la revolución de 
1895 estalló estaba Joa- 
quín Albarrán en la ple- 
nitud de su talento y en el 
apogeo de su gloria, y en 
el acto puso al servicio de la patria esclava su gran- 
deza, su prestigio y su fama; da su dinero; pide en 
París a favor de Cuba, y unido con el gran Betances, 
hijo de Puerto Rico, labora en Europa, convence a los 
que no creen que Cuba debía ser libre, y da la segu- 
ridad de que la guerra sería ganada por los cubanos y 
que Cuba alcanzaría su independiencia y su libertad 
ansiada. 

Yo no voy, mi querido niño, a hacer una biografía 

—204— 




Dr. Joaquín Albarrán 



de Joaquín Albarrán, que al ponerse al servicio de Cu- 
ba libre dio prueba de ser un patriota que aunque no 
combatió con la espada, combatió con su espíritu y por 
medio de su labor a favor de la justicia demandada por 
los cubanos en armas; por eso él decía: "Tan pa- 
triota se es luchando en los campos de la guerra como 
luchando en cualquier otro escenario, siempre que esa 
lucha se haga por y para el nombre de la tierra en que se 
haya nacido.' ' Siempre aseguró que él no era francés, 
sino cubano, dispuesto a 
todo por su Cuba, por su 
felicidad. 

Joaquín Albarrán fué un 
grande de la ciencia que la 
Francia ilustre glorificó, y 
fué un grande del patrio- 
tismo que los cubanos de- Ita^lp 
ben glorificar no olvidan- . ¿, 
dolo, y presentarlo al mun- 
do como modelo de hom- 
bre, de sabio y de patriota. 




Martín Morúa Delgado 

Hijo mío, este cubano 
tuvo especial gusto por ¡j 
la literatura, y en sus em- - 
peños alcanzó nombre en- 
tre nosotros con la publi- 
cación de cuentos y novelas. 
Martí preparaba la guerra, él 

al estallar la revolución se retiró de aquel partido, 
emigró a los Estados Unidos, y de allí vino a la guerra 
cuando ésta finalizaba; aquel nombre de la ciudad acep- 
tó con gran estoicismo la dureza de la vida mambisa y 
con valor los combates que a diario libró la revolución 
contra sus enemigos. 

Martín Morúa Delgado amó a Cuba con intensidad y 

—205— 



Martín Morúa Delgado 

Durante los días en que 
fué autonomista; pero 



luchó por sus libertades con valor y energía, tanto 
cuando exigía derechos para Cuba desde el campo auto- 
nomista como cuando desde los campos de batalla de- 
mandaba, ofrendando su vida, la absoluta indepen- 
dencia. 



Felipe Poey 

Fué un cubano realmente ilustre, un verdadero 
sabio que asombró al mundo científico con sus trabajos 
sobre historia natural; cul- 
minó su gloria en los es- ?J* 
tudios que hizo sobre pe- || 
ees de nuestros mares y 
de nuestros ríos. 

Mi querido niño, lo ad- 
mirable en este nombre 
estudioso, en este sabio, fué 
su labor a favor de la Pa- 
tria; cada vez que tuvo 
oportunidad de honrar a 
Cuba y defenderla de la 
brutalidad de sus gober- 
nantes, él lo hizo; puso su 
fama de sabio y su presti- 
gio de investigador glorioso 
al servicio de su Cuba ama- 
da, de su Cuba esclava, 
que quería hacerla libre. 

Sabio y patriota, mag- 
níficas condiciones que de- 
ben de ser imitadas por todos los hombres, ya que amar 
el estudio ennoblece el sentimiento humano ; y enaltecer 
a la Patria es un deber que todos debemos cumplir. 




Dr. Felipe Poey 



José Raúl Gapablanca 

Este cubano nació en la Habana hace apenas treinta 
años, y hace más de quince que asombra al mundo por 

—206— 



su prodigiosa facultad de vencer siempre en el noble 
juego de ajedrez a todos los maestros de la tierra. 

Maravillosamente ha hecho de ese noble juego una 
cosa no interesante, al no tener con quien jugar, ya 
que todos los maestros son por él derrotados con fa- 
cilidad pasmosa. 

José Raúl Capablanca ha extendido los límites de 
Cuba al hablarse de ella, cuando lo ven jugar, porque 
lo hace siempre amparado por el pabellón cubano. Un 
alto empleado de nuestra secretaría de Estado me decía, 

hace poco, que en los días 
de los célebres torneos de 
ajedrez en que ese cuba- 
no derrotaba a todos los 
maestros, se recibían en 
dicha secretaría cables y 
más cables, en los que se 
pedía información para la 
compra de mapas cubanos, 
porque querían conocer 
bien el lugar de la tierra 
que produjo a Capablanca, 
a ese compatriota, a ese 
hijo de Cuba que la honra 
en grado extremo. 



Garlos de la Torre 

Matancero, estudioso, 
que heredó de su maestro 
el Dr. Felipe Poey sus 
condiciones de investigador naturalista, que ha llena- 
do y llena con su nombre de sabio las páginas más 
brillantes de la civilización, fué un patriota que siem- 
pre soñó con Cuba, con su libertad, con su indepen- 
dencia; hizo cuanto pudo para constituir la República, 
y hace lo preciso para que ésta viva siempre mante- 
nida por el amor de los cubanos y por las virtudes pú- 
blicas y privadas de ellos. 

—207— 




Dr. Carlos de la Torre 



II 






I P JADRE. — Mi querido hijo, aquí en la Habana, 

h§¡|g| como en todas las ciudades de la Isla, se for- 
«■Hw marón juntas revolucionarias que auxiliaban 
poderosamente a la revolución, y los componentes de 
ellas arriesgaban su libertad y su vida a diario, mi- 
nuto tras minuto, sirviendo a Cuba con ejemplar pa- 
triotismo. 

Te voy a dar los nombres 
y te voy a enseñar los re- 
tratos de algunos de esos 
hombres. 

Perfecto Lacoste, hom- 
bre rico, cultísimo, mostró 
su amor a Cuba sirvién- 
dola con su talento, con 
desinterés y con generosi- 
dad sin límite. 

El fué el Presidente de la 
Junta Revolucionaria de la 
provincia de la Habana y 
su actividad en ella fué 
tal, que asombró a todos 
los que la conocieron. 

Su valor, su pericia, su 
habilidad y su prudencia 
de hábil diplomático le per- 
mitían engañar a las auto- 
ridades españolas y prestar a la causa cubana grandes 
servicios. 

Lacoste fué el confidente de las fuerzas de la pro- 
vincia de la Habana, y especialmente de Maceo. Su 
amor a la libertad de Cuba le hizo servirla con verdadera 
bravura; nunca le intimidaron las amenazas más o menos 
encubiertas de los españoles; no dejó de visitar su inge- 
nio, al norte de esta provincia y cerca de la Habana; allí 

—208— 




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Perfecto Lacoste 



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lo visitaban comisiones mambisas, recibía la correspon- 
dencia para los Estados Unidos y distribuía la que le 
enviaban para los lugares de Occidente y para New 
York. Él, en sus recorridos por el campo mambí, en- 
contró a Maceo acabando de pasar la trocha del Mariel, 
y después de abrazarlo con emoción, salió resuelto 
para la ciudad de la Habana a cumplimentar las órde- 
nes del General, que preparaba ya la toma del pueblo 
de Marianao y la entrada en la ciudad de la Habana 
hasta el lugar conocido por 
la Esquina de Tejas. 



Agustín García Osuna 

Agustín García Osuna 
fué también Delegado de 
la Junta Revolucionaria; 
allí prestó inmensos bene- 
ficios a la revolución y a 
la Patria. 

Fué un hombre decidido ; 
día por día arrostraba con 
valor la muerte, porque de 
sorprenderlo los españoles 
en sus actividades revolu- 
cionarias, es seguro que no 
habría salvado la vida, a 
menos que grandes influen- 
cias hubieran logrado con- 
mutar la pena de muerte por el destierro en Chafarinas. 




Agustín García Osuna 



José Antonio González Lanuza 

Cubano ilustre, abogado y profesor de la Universi- 
dad de la Habana, gran orador, fué miembro de la De- 
legación revolucionaria de la Habana; sus trabajos en 
pro de la revolución fueron tan grandes y atrevidos, 
que culminaron en su prisión y destierro a Ceuta. 

—209— 



José Antonio González Lanuza fué un patriota, fué 
un sabio; en derecho penal, pocos llegaban a su sabi- 
duría. Cuando murió, en 1917, yo escribí sobre él y 
dije, entre otras cosas, lo siguiente: 

"Lanuza fué más que hombre. Los hombres son a 
veces pesados y molestos por su impertinencia, o repug- 
nantes por exceso de dulzura, manifestada y quizás no 
sentida. Lanuza nunca fué molesto, nunca importunó 

con su presencia, nunca 
empalagó con su dulzura 
ingenua; siempre agradó 
por su sincera sencillez, 
en la que envolvía su gran- 
dísimo valer; y por eso 
siempre fué querido, bus- 
cado y aplaudido. Era un 
ser encantador. Según el 
mito bíblico, sólo los án- 
geles encantan siempre: 
¡Lanuza fué un ángel! 

Los antiguos germanos 
tenían entre sus dioses uno 
que llamaban Balder. Ese 
dios era sabio, justo, de 
buen carácter y presidía 
las asambleas de todos los 
demás. He ahí al doctor 
José Antonio González La- 
nuza. 

¡González Lanuza ha muerto! Y ha muerto en la 
plenitud de su talento. Srhl 

González Lanuza fué siempre un hombre sereno, 
de un espíritu inalterable; jamás vaciló; fué siempre 
firme en sus manifestaciones. 

Lanuza, joven y muy pobre, luchó en las aulas 
universitarias: premios y honores le fueron concedidos; 
cariño de maestros y amor de compañeros fueron derra- 
mados a raudales sobre tanta simpatía, tanta gracia, 
—210- 




Dr. José A. González Lanuza 

Al ser conducido a Chafarinas, 18! 



■w ; 



tanto saber y tanta bondad. Lanuza fué compañero 
de todos los estudiantes. 

Lanuza, de hombre, luchó por la dignidad y la liber- 
tad del cubano ; ayudó a la revolución y se puso a su ser- 
vicio. Por su amor a la libertad y a la dignidad de Cuba, 
fué huésped de los presidios españoles de allende y 
aquende los mares. En ellos demostró un valor sereno 
y tranquilo, propio de los hombres convencidos, propio 
de los hombres superiores que no necesitan hacer alar- 
de ni ponerse en eviden- 
cia para hacerse matar ni 
tampoco para fortalecer su 
espíritu creyente. Con la 
misma tranquilidad y dul- | 
zura con que hablaba fa- 
miliarmente habló en la 
tribuna política y en la tri- 
buna de la revolución, y 
con esa misma tranquilidad 
y esa misma dulzura desa- 
fió al poderoso hispano, y 
con su peculiar sonrisa con- 
templó cara a cara a la 

muerte." 

* * * 

Alfredo Zayas y Alfonso 

Este cubano, como sus L ~- - J 

apellidos indican, pertene- Dr. AUredo zayas y Alfonso 

ce a familia cubana rica A1 ser conduci ¿ e ° ¿j£ Y 8 ¡f di °* españole3 
de dinero y de talento, 

y también muy rica en tesoros de amor por la Patria y 
sus libertades. 

El Dr. Alfredo Zayas tenía al estallar la guerra un 
buen nombre de abogado, y aunque muy joven, un por- 
venir brillante le esperaba apenas hubiera abandonado 
su credo revolucionario ; pero no quiso y se le vio ir des- 
terrado a los presidios de África por figurar en la jun- 
ta revolucionaria de la Habana, ayudando a la guerra, 

—211— 




a la que su hermano Juan Bruno había servido con valor 
y talento llenando de gloria el ilustre apellido de los 
Zayas, que ya habían elevado por sus talentos el nom- 
bre de Cuba. 



Los obreros cubanos que en la emigración ayudaron 
a Martí desde el primer instante en que éste empezó su 
obra libertadora son grandes patriotas: esos humildes 

..., „_ _ _ hijos del trabajo, al dar al 

apóstol su dinero, realizaban 
| una obra hermosa de in- 
I menso patriotismo; se pue- 
de decir de ellos que su hu- 
mildad se elevó a una altura 
excelsa al servir a la Patria 
aumentando las estrecheces 
de su hogar, puesto que el 
dinero que dieron a Martí 
no era un sobrante de sus 
presupuestos domésticos, si- 
no un sacrificio que se im- 
ponían a costa de la familia. 
La contribución voluntaria 
de aquellos cubanos no fué 
por un día, ni por un año, 
sino por todo el tiempo que 
duró la gloriosa contienda. 
Se puede afirmar que to- 
dos aquellos tabaqueros de 
Tampa y Key West fueron 
los que cimentaron sobre 
sólida base la revolución y 
exagerar el decir eso: es 




Eduardo Hidalgo Gato 

Emigró a Cayo Hueso; de oficio tabaque- 
ro, empezó pobre a trabajar por su fami- 
lia y por Cuba; se hizo millonario; ayu- 
dó a la Revolución al lado de Martí y 
prodigó su auxilio a todos los cubanos 
emigrados en el Cayo. 



No es 



el triunfo de ella 
hacer justicia. 

La prensa periódica, enseñando, educando y dirigien- 
do la opinión pública, la conciencia popular, por el 
camino del amor a la tierra en que se nace, hace obra 
grande, nacional; y por eso es una entidad patriótica, 

—212— 



y los que la dirigen y en ella escriben son grandes hijos 
de la Patria, son patriotas. 

Un literato, un filósofo, un historiador que con su 
ciencia labora constantemente y predica buenas ideas, 
sana moral, buenas costumbres; que enseña un buen 
comportamiento y que educa a su pueblo, sirve a la 
Patria, es un patriota. Un obrero inteligente, hábil, 
eficiente en cualquier arte u oficio, engrandece a la Patria 
con su trabajo, y por lo tanto, es un buen patriota. 
* * * 

Horacio Rubens 

Hijo déla ciudad de New York, 
se graduó de abogado en los pri- 
meros días del año 1894. 

Cuando la expedición de Martí 
fracasó en Fernandina, hizo falta 
un abogado, y Gonzalo de Quesa- 
da presentó a Martí a este joven 
para que defendiera la causa cu- 
bana ante los tribunales ameri- 
canos. 

Horacio Rubens sintió por la 
libertad de Cuba igual devoción 
que casi todos los hijos de Norte 
América tienen por la justicia, 
por la libertad y por la indepen- 
da de los pueblos. 

Horacio Rubens, desde aquellos 
instantes defendió siempre a Cu- 
ba como si fuera cubano, y jamás aceptó remuneración 
alguna por sus trabajos de abogado. Siempre amó a 
Cuba y tuvo fe en sus destinos. 




Dr. Horacio Rubens 



Domingo Figarola Caneda 

Cubano que ha amado y ama a su tierra, siempre 
puso a disposición de la libertad y la independencia de 
Cuba todo cuanto él poseía, y auxilió a su único hijo, 

—213— 



Herminio, para que fuera 
a los campos de la revolu- 
ción. 

Figarola Caneda es un 
hombre que además de su 
acción en la guerra, ha ser- 
vido y sirve a Cuba estu- 
diando su historia, escru- 
diñando entre libros las 
páginas del pasado para 
conocer todo cuanto puede 
interesar a los cubanos y a 
la historia de la humani- 
dad. 

Es un viejo que por su 



\Jk 




Domingo Figarola Caneda 

Vicepresidente de la Academia de la Historia. 




Capitán Herminio Figarola Caneda 



amor a Cuba, por su labor en 
pro de la felicidad de esta tie- 
rra, donde se meció su cuna, 
y por su severa moral, merece 
el amor y el respeto de sus pai- 
sanos. 

Entre los puntos históricos 
que él trata con gran compe- 
tencia está la muerte de Igna- 
cio Agramonte. 

Tú sabes, querido hijo, que 
Ignacio Agramonte murió al 
cargar temerariamente, con 
unos pocos que le acompaña- 
ban, a una fuerte columna es- 
pañola; su cadáver quedó 
abandonado en el campo, de- 
bido a que las malezas del po- 

-214— 



trero impidieron que fuese visto por los suyos. El ca- 
dáver de Ignacio Agramonte fué recogido por los espa- 
ñoles y traído a la ciudad de Camagüey, donde fué 
quemado y sus cenizas aventadas al aire. 

Semejante conducta con un cadáver no se explica; 
es incomprensible cómo caballeros oficiales cometieron 
el gran delito de profanar a un cadáver, y más al cadá- 
ver, de un enemigo valien- 
te, noble y generoso. 

El Capitán General de 
Cuba en aquellos días luc- 
tuosos lo era el Sr. Cándi- 
do Pieltain, y dijo que él 

no supo lo de la cremación ■ 

sino hasta después que fué 
ejecutada, y trata de dis- 
culpar al general Fajardo, 
entonces gobernador mili- 
tar de Camagüey, diciendo 
que si ese general permitió 
semejante acto fué porque 
temió que la llegada del 
cadáver a Camagüey pu- 
diera traer grave altera- 
ción del orden público con 
funestas y horribles conse- 
cuencias para los cubanos 
de aquella región. 

¡Valiente disculpa! No se puede en esta conversa- 
ción, mi querido niño, hacer un comentario adecuado. 




Dr. Antonio González de Mendoza 



Antonio González de Mendoza 

También son patriotas aquellos hombres que con su 
talento, con su trabajo, con su moral, elevan su nom- 
bre, su apellido, a altura envidiable y fundan una fa- 
milia que se extiende y brilla, y al brillar ilumina a la 
Patria, guiándola por el sendero de la dignidad, del 
decoro, aumentando su prestigio ante los extraños y 

—215— 



proporcionándole una vida vigorosa llena de gloria. 
Mira esta fotografía : contempla la venerable figura del 
Dr. Antonio González de Mendoza, abogado ilustre, de 
quien puede decirse que fué un hombre modelo, noble, 
fundador de una familia que aumenta el prestigio de 
la Patria, que la ennoblece y que la hace más grande y 
más querida. 



Gaspar Betancourt Cisneros 

Camagüeyano ilustre, uno de los precursores de la 
República de Cuba; fundador de familia purísima; 
patriota esforzado y lucha- 
dor por los derechos de Cu- 
ba y por la dignidad de 
los cubanos. Amó pro- 
fundamente la enseñanza 
de los niños, a quienes con- 
consideró muy justamente 
como futuros hombres de 
bien y de virtud. Hizo así 
patria y formó patriotas 
que luego retaron al tirano 
a la guerra, demandando 
la libertad de su tierra. 

Gaspar Betancourt, co- 
mo otros camagüeyanos 
ilustres, preparó el alma 
del hijo de Camagüey, la 
fundió en el crisol del deber y la templó en la fragua 
del patriotismo : por eso Agramonte encontró a aque- 
llos hombres que a su voz cargaron contra las hues- 
tes españolas, las derrotaron en cien combates y lle- 
naron de gloria los campos camagüeyanos. 




Gaspar Betancourt Cisneros 



Esos hombres, mi querido hijo, como muchos más 
compañeros suyos, fueron patriotas, ayudaron a Cuba 
libre tanto como los hombres que manejaron el rifle y 
el machete en los combates. 



-216- 



En suma, son patriotas todos los que se afanan y 
luchan por engrandecer a la Patria, ya por el trabajo, ya 
por el estudio, porque al engrandecerse ellos y brillar au- 
mentan la lozanía y el vigor de ella; un médico, evitando 
enfermedades y la muerte por medio de su ciencia y de 
sus grandes estudios, sirve a la Patria, es un patriota; 
un abogado resolviendo problemas de derecho; un co- 
merciante mejorando los medios comerciales; un inge- 
niero estudiando para mejorar las obras públicas, las 
industrias ; un profesor enseñando y preparando de una 
manera eficiente a los niños, a los jóvenes, que serán los 
hombres del mañana, sirven a la Patria, son patriotas. 

Los maestros, sobre todo los de las escuelas pri- 
marias, son patriotas cuando cumplen el deber enco- 
mendado a ellos de preparar el sentimiento y el corazón 
del niño, para que éste sea en el mañana un hombre 
digno, un buen ciudadano, un buen patriota. Los maes- 
tros de escuela, al enseñar a leer y escribir a los niños, 
los preparan para estudios mayores; pero esa enseñanza 
no es la única encomendada a los maestros, otros estu- 
dios superiores, morales y sociales están encomendados 
a ellos, puesto que estando en contacto durante muchas 
horas con los niños, pueden observar las inclinaciones y 
el carácter de ellos, y es obligación de esos maestros 
corregir por medio de la educación los defectos que 
encuentran en sus educandos. La corrección de gestos 
y modales, la compostura de sus vestidos, la enseñanza 
del sentimiento piadoso, junto con el respeto a los ma- 
yores y el amor a la Patria, constituyen esencialísimo 
deber de los maestros; cuando éstos realizan la labor 
de preparar, de educar y de enseñar al niño en esa 
forma, ellos son buenos patriotas. 



-217- 




1 « 
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—218— 



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CAPITULO XVIII 

ENSEÑANZA PUBLICA 



H 



IJO. — Papá, ¿la enseñanza tiene mucha impor- 
tancia? Te pregunto esto porque el maestro de 
mi escuela siempre nos dice a los niños que a ella 
concurrimos, "que lo más importante que tiene una 
nación son las escuelas públicas, porque en ella se en- 
seña a la población infantil pobre que no puede pagar 
maestros ni colegios privados, y porque la escuela pú- 
blica viene siendo así como el templo donde se da sabi- 
duría a los niños, preparando en ellos a los hombres del 
mañana que han de dirigir a su pueblo." 

El maestro nos sigue diciendo: "Niños, apliqúense, 
estudien mucho para que aprendan, sepan y conozcan 
todo lo más que sea posible. La enseñanza pública es 
el mayor bien que un gobierno puede hacer a su pueblo; 
ningún otro servicio público redunda tanto en benefi- 
cios como la enseñanza pública, porque ella impulsa a 
un país por el camino de la civilización; lo engrandece, 
lo eleva y lo hace respetable y es admirado por los otros 
pueblos de la tierra. " 

Te pregunto nuevamente si es cierto todo eso que 
nos dice el maestro, y tú mismo acabas ahora de decir 
bellas cosas sobre los maestros y la institución. 

Padre. — Sí, querido niño; todo eso es verdad; la 
enseñanza pública es el acto más bello que un gobierno 
puede realizar; todo gobierno que se respeta y que res- 

—219— 



peta al país que dirige y administra, está en el deber 
de instruir a su pueblo; de hacer que sepa, por lo menos, 
leer y escribir con corrección; que conozca bien los ele- 
mentos de la aritmética y que adquiera otros conoci- 
mientos generales de su pueblo y de la naturaleza; pero 
la enseñanza que debe ser primordial, imprescindible, 
imperiosamente impuesta, es la que enseña al niño a 
leer bien y a escribir bien; sabiendo leer y escribir bien, 
se da cuenta de lo que lee y escribe y su espíritu goza 
en grado sumo y se siente atraído al libro que lee, o a 
las páginas que escribe. 

Los niños que leen bien, los que son capaces de darse 
cuenta de lo que leen o escriben, se sentirán natural- 
mente atraídos al estudio, y serán en el mañana hom- 
bres ilustrados que beneficiarán con su talento a su país, 
a su familia y a su propia persona. 

Los que leen bien, es decir, los que comprenden lo 
que leen, sienten con la lectura un goce espiritual 
inefable; ese goce obliga al buen lector a buscar cons- 
tantemente libros nuevos que leer, y en esos libros y 
esas lecturas, el buen lector encuentra derroteros que, 
siguiéndolos, harán la felicidad propia y muchas veces 
la felicidad ajena. 

Sí, querido hijo, tu maestro tiene razón: la ense- 
ñanza es una cosa muy buena, muy laudable, magnífica, 
sublime; los pueblos que saben mucho, son más huma- 
nos y más civilizados y gozan de la vida mejor que los 
pueblos menos civilizados, y por supuesto, el goce de los 
pueblos superiores está en razón inversa del goce de los 
pueblos salvajes, ya que éstos no representan nada más 
que un dolor humano. 

Saber leer y escribir bien representa una fortuna, 
un capital inmenso, cuyo interés es inapreciable, no 
calculable, porque los goces de los hombres cultos que 
forman los pueblos civilizados no tienen guarismo en 
cuanto se refiere a la felicidad del espíritu y los bienes 
que de esa civilización se desprenden en beneficio ma- 
terial para los hombres. 

—221— 




—222- 




-223— 



El que sabe leer y escribir lo puede hacer todo; él 
solo se basta a sí mismo para todo : él escribe sus cartas 
a sus padres, a sus hermanos, a sus amigos; él lleva sus 
apuntes, sus notas, sus cuentas, él puede reservar sus 
secretos y acrecentar su felicidad al gozar con el estu- 
dio, que le hace adquirir nuevos y mayores conoci- 
mientos. 

Sí, mi querido hijo, respeta a la escuela, respeta y 
quiere a tu maestro; acude constantemente a la escuela, 
aprende todo lo que el maestro te enseña, sé respetuoso 
con toda persona que sea capaz de enseñarte nuevos 
conocimientos. 

La escuela te enseña a leer, te enseña a escribir, te 
enseña a contar, te proporciona conocimientos de la 
naturaleza, de la vida cósmica y humana; te enseña ur- 
banidad, educación; es decir, comportamiento correcto 
y decente en la vida pública y privada; cosas, éstas, muy 
esenciales, porque el observar bien las reglas de una bue- 







Grupo de profesoras de la Anexa de la Normal de 

-224- 




Grupo de alumnos de la Escuela Normal de Maestras. 



na educación le da a uno buenas amistades, y al dar- 
le a uno tanto bien, le proporciona ventajas en la lucha 
por la vida. 

Quiero que sepas, querido niño, que nuestra Cuba, 
nuestra República, ha progresado mucho por el camino 
de la enseñanza pública. Ella ha formado buenos 
maestros que enseñan al niño con amor y con altura, 
afanándose por mejorar ellos sus conocimientos para 
mejorar después la enseñanza, para que el niño reciba 
la mayor cantidad posible de conocimientos, y es de 
esperarse que ella, la República, continúe avanzando 
por el camino del progreso para elevar la instrucción 
pública a un grado eficiente, para que los cubanos pue- 
dan aprender artes y oficios sin costo alguno, devol- 
viendo ellos en bienes a la Patria los sacrificios que 
ella realiza en favor de su pueblo. 

Mira, contempla estas fotografías de escuelas pú- 
blicas, con sus aulas llenas de niños, dirigidas por sus 

—225— 




-226- 



maestros, y éstas otras que representan la Escuela 
Normal, donde la juventud cubana recibe conocimien- 
tos suficiente para convertirse en buenos maestros del 
porvenir. 




Garlitos AguirrO^Sánchez 

Quiero ahora, mi querido niño, mostrarte el retrato 
de Carlitos Aguirre y Sánchez, de rica cuna, modelo de 
hijo, de joven, de caballeros y de estudiantes; muy in- 
teligente; amó el estudio, y tanto, que todos los premios 
que la Universidad da a los buenos, a los aplicados, a 
los sobresalientes, los obtuvo él en sus carreras de De- 
recho Público y Derecho Civil, y cuando su familia y 
su Cuba, c[ue amó con pasión de buen cubano, esperaban 
de él todo lo que su carácter, su bondad y su talento 
prometía, falleció trágica e inesperadamente en el 
extranjero. 

Este joven de 20 años, merece ser conocido por los 
niños estudiosos, para que recordándolo traten de imi- 
tarlo, fíjate en su rostro pleno de bondad e inteligencia. 



-227— 



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^^.^.^^. 



CAPITULO XIX 

LA PO LITICA 

[ H JUO- — Papá, la política, ¿qué cosa es la política? 
Pllljl El maestro nos anuncia para dentro de poco unas 
I mm M lecciones sobre política; dice que la política es 
una cosa muy importante en la vida de los pueblos; 
que todos los buenos ciudadanos deben saber de polí- 
tica y deben practicarla. Cuando yo leo algún perió- 
dico, veo que también éstos se ocupan de la política y 
hablan de política, y tus mismos amigos, cuando con- 
versan contigo en nuestra casa, hablan de política, y 
yo por eso quisiera saber bien qué cosa es la política y 
qué importancia tiene ella en la vida de los pueblos y en 
la vida individual de los ciudadanos. 

Padre. — La política, mi querido hijo, tiene mucha 
importancia; la política es el arte de gobernar a un 
pueblo, a una nación. La política se practica según el 
sistema o forma de gobernar a un pueblo. Esa forma o 
sistema se denomina régimen político. 

Los regímenes políticos han variado durante el 
transcurso de la humanidad; existieron primero los 
regímenes absolutos; es decir, donde los hombres eran 
gobernados por otros hombres según su lógica, su razón 
y su capricho, sin más derechos, sin más ley que los 
deseos de su dictador, de su amo, de su déspota, que 
mandaba e imperaba porque una fuerza lo apoyaba y lo 
hacía omnipotente. 

—229— 



Después vinieron regímenes políticos más liberales, 
hereditarios o no, donde el pueblo era dirigido por hom- 
bres que tenían que obedecer preceptos de leyes que 
el pueblo, por medio de organismos especiales, dictaba. 
A esos se les llamaban imperios o monarquías constitu- 
cionales; y por último, vinieron los regímenes democrá- 
ticos, en que una política liberal plena de derechos y de 
deberes gobierna a los pueblos y permite a éstos elegir, 
por medio del sufragio electoral, es decir, del voto, a 
sus gobernantes y a sus legisladores. 

El régimen democrático autoriza al pueblo a elegir 
sus jueces, sus concejales, sus alcaldes, sus gobernado- 
res, su congreso y su ejecutivo nacional. 

Por medio de leyes se establecen las épocas de las 
elecciones populares para elegir a los hombres que han 
de regir las funciones de la gobernación de un pueblo. 

La política, en los países donde impera el absolutis- 
mo, nada importa practicarla, porque como no hay 
libertad, la política siempre será el deseo manifiesto del 
déspota, del tirano, que manda, que impera sin sujeción 
a ningún precepto legal. En las monarquías constitu- 
cionales es más obligatorio el deber de hacer política 
por el ciudadano, porque aunque los derechos de éste 
están un tanto limitados por ciertos preceptos legales 
a favor de los que gobiernan, una buena acción política 
del ciudadano obliga, a los que mandan, a vivir dentro 
de las leyes que los sostienen. 

En las democracias, en que el pueblo es el que go- 
bierna, en que el voto del ciudadano es el que forma los 
gobiernos y el que forma las cámaras legislativas, el que 
forma los ayuntamientos y el que forma, en una pala- 
bra, todos los instrumentos de gobierno y de adminis- 
tración pública de una nación, deben los ciudadanos 
todos, sin excepción de ninguna clase, hacer política, 
interesarse de algún modo en la política de su país, para 
que conozca y se dé cuenta exacta de las necesidades 
de su pueblo, para votar en consonancia con los progra- 
mas de los partidos políticos que parezcan más prove- 

—230— 



chosos, más capaces de remediar los males de su pueblo. 
El voto es un deber que ningún ciudadano debe eludir; 
el que no ejercite su derecho de votar no es un buen ciu- 
dadano, no es un buen patriota; porque no le interesa 
ni el presente, ni el futuro de su patria. 

Los ciudadanos que no hacen política, los ciudada- 
nos que no votan, que no depositan en la urna electoral 
el día de los sufragios electorales su voto, son seres que 
en realidad no merecen el respeto de los que aman con 

sinceridad y con elevación 
de corazón, la bandera de 
su patria. 

El voto ha sido definido 
por la niña Olga del Bus- 
to, alumna de la Anexa 
para Maestras, de la si- 
guiente manera: 

El Voto 

El voto es el derecho 
sagrado que tiene el hom- 
bre para elegir al ciuda- 
dano que, según sus opi- 
i niones e ideas, sea el más 

digno de ocupar un cargo. 
El ciudadano, al depo- 
sitar su voto en la urna 
oiga dei Busto del colegio electoral que 

le corresponda, debe ha- 
cerlo con el deseo de que su Patria tenga gobernantes 
dignos que la impulsen por el camino del progreso, ha- 
ciendo de ella una nación digna, de la que los habitan- 
tes de los demás puntos de la tierra puedan decir : 

"Es una nación adelantada y progresista, y sobre 

todo, una nación honrada, una nación digna que ha 

adelantado por el solo camino del deber y del honor." 

El ciudadano que por una circunstancia cualquiera 

—231— 




venda su voto, o lo compre a otro, comete una acción 
villana, una acción indigna y deshonrosa. 

Las elecciones son el acontecimiento que cada cua- 
tro años se celebra en Cuba, en distintos períodos en 
otros países, y consisten en que todo ciudadano que 
ame a la Patria, como debe de hacerlo, tiene la obliga- 
ción de votar y depositar su voto en la urna, como buen 
ciudadano que es y debe ser. 

Yo opino que como la mujer es apta para desem- 
peñar sus deberes en el hogar y con sus hijos, también 
es apta para ser electa, para tener y depositar su voto 
y para ejercer cargos públicos, para saber desempeñar- 
los y conocer tanto como el hombre lo que se necesita 
para el bienestar y engradecimiento de la Patria. 

La mujer debe de influir en su hogar con la familia, 
para que sea elegido el candidato que crea más digno y 
honrado y más bueno y más patriota. 

Olga del Busto. 

Está tan admirablemente descrito lo que significa 
el voto y el deber de emitirlo, que realmente causa jú- 
bilo contemplar a una niña cubana, normalista, de ca- 
torce años, aspirante a maestra, con capacidad tan 
grande, que promete ser una futura preparadora de 
buenos ciudadanos para nuestra República. 



-232- 



¡- • . ; ; ■ .!-.., . - w * * * 



CAPITULO XX 

LA INTERVENCIÓN AMERICANA EN LA 
GUERRA DE CUBA 

I 



J~J I JO. — Papá, ¿qué participación tuvo la nación 
norteamericana en nuestra contienda liberta- 
dora? He oído hablar mucho de aquella inter- 
vención y deseo saber qué hicieron ellos por nos- 
otros. 

Padre. — Hijo mío, lo que el pueblo americano hizo 
en auxilio nuestro es realmente una obra grande y 
generosa. Desde la guerra de los diez años, el suelo 
norteamericano fué para el cubano rebelde un lugar 
de amparo y protección. Su Gobierno fué tolerante con 
nuestros emigrados, al extremo de que el cubano era 
mirado con respeto y con cariño; allí se preparó la 
revolución de 1895 y de sus costas y puertos salían las 
expediciones que venían a ayudar a los que peleaban 
en la manigua cubana, conduciendo hombres, armas 
y municiones. De modo intermitente, pero constan- 
te, el gobierno americano hacía recomendaciones al go- 
bierno español, en las que amparaba a los cubanos 
hostiles a España; muchos cubanos salvaron la vida 
debido a las reclamaciones norteamericanas. 

En aquellos días tristes que transcurrieron desde la 
paz del Zanjón hasta el grito de Baire, las ciudades de 
las costas de la Florida, como Tampa y Jacksonville, 

—233— 



como el histórico Key West, dieron abrigo y trabajo a los 
cubanos desterrados y perseguidos por los españoles. 
La ciudad de New York abrigó también a muchos 
cubanos, y el gobierno de ese estado permitió a José 
Martí hacer campaña revolucionaria. Martí celebró 
reuniones y asambleas en esa ciudad y en otras muchas, 
y en las ya mencionadas de la Florida; así obtuvo el 
auxilio monetario para la revolución. Cada hijo de Cu- 
ba que allí vivía y trabajaba daba mensualmente 
dinero para aumentar los 
recursos de la revolución. 
Aquellos patriotas organi- 
zaban fiestas y bazares, 
donde se recogía dinero 
que entregaban a Martí, 
como ya te he dicho, y que 
éste guardaba con honra- 
dez y con honor purísimo 
para invertirlo en la revo- 
lución. Todo eso lo tole- 
raba el gobierno de la na- 
ción norteamericana y 
sus hijos cooperaban en 
esa obra santa de los cu- 
banos. 

Estalló la guerra el 24 de 
febrero de 1895 y el pue- 
blo americano simpatizó 
de un modo extremo con 
la lucha de los cubanos, 
tanto, que redoblaron su 
ayuda y toleraron la más intensa propaganda a favor de 
la revolución y el arreglo y salida de sus costas de 
cuarenta y siete expediciones. En el mes de febrero 
de 1898, el día 15, el "Maine", buque de guerra 
americano anclado en la bahía de la Habana y que ha- 
bía venido a Cuba a amparar a ciudadanos indefensos en 
peligro, fué hecho estallar, según versión oficial del 
gobierno americano, por los voluntarios españoles de 

—234— 




Mr. William Me Kinley 

Presidente de los Estados Unidos i 
América, 1898. 




—235— 



la Habana. Allí se hundió aquel magnífico acorazado, 
y murieron a consecuencia de la explosión 260 hombres 
entre soldados y oficiales de la armada americana. 

Ese suceso hizo brotar la indignación del pueblo 
americano, que reclamó de sus Cámaras y de su Gobierno 
que pusieran fin, aun con la guerra misma, a la guerra de 
Cuba contra España, ya que ésta la hacía sin mira- 
mientos y sin respeto a la propiedad y a las leyes de la 
guerra. Por fin llegó un nuevo día de gloria para el 

pueblo americano, y su 
I 1 !] Gobierno exigió al de Es- 
paña el abandono y la 
entrega de Cuba a los cu- 
banos, o de lo contrario, 
la guerra sería declarada, 
y así fué: el día 19 de 
abril de 1898, el Congreso 
americano, en resolución 
conjunta de sus dos 
Cámaras, acordó lo si- 
guiente : 

" Primero: Que el pue- 
blo de la Isla de Cuba es 
de derecho y debe ser, li- 
bre e independiente. 




Coronel Teodoro Roosevelt 

Presidente de los Estados Unidos, 1900. 
Grande y generoso amigo de Cuba Libre, que 
peleó en Santiago al frente de los Rough Riders 



Segundo: Que es de- 
ber de los Estados Unidos 
exigir, y el Gobierno de 
los Estados Unidos por este medio exige, que el Go- 
bierno de España renuncie inmediatamente a su auto- 
ridad y gobierno en la Isla de Cuba y retire sus fuerzas 
terrestres y navales de Cuba y de las aguas de Cuba. 

Tercero : Que se dé orden y autoridad al Presidente 
de los Estados Unidos, y así se hace por la presente, para 
que utilice en su totalidad las fuerzas terrestres y 
navales de los Estados Unidos y para llamar al servicio 
activo de los Estados Unidos a las milicias de los dife- 

—236— 




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-237- 



rentes Estados, hasta donde sea necesario, para llevar 
a efecto esas resoluciones." 

En la misma sesión, el senador Teller propuso, para 
borrar toda suspicacia, a pesar de lo claro y terminante 
de la resolución anterior, agregar el siguiente inciso: 

"Que los Estados Unidos, por la presente resolución 
conjunta, niegan toda intención de ejercer soberanía, 

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Tropas americanas en la batalla de "Las Guásimas." 



jurisdicción y dominio sobre dicha Isla, excepto para 
su pacificación, y afirman su determinación, cuando ésta 
se haya verificado, de dejar el Gobierno y dominio a su 
pueblo." 

II 

BOR la resolución anterior comprenderás, mi que- 
rido niño, toda la grandeza de alma del pueblo 
americano y todo el bien que nos hizo con su 
ayuda en aquellos días de sobresalto y angustia, en que 
las municiones, las armas y los hombres nos faltaban, 
y en la mayor parte del territorio cubano, la escasez de 
comida hacía difícil sostenerse a las diezmadas fuer- 
zas mambisas, porque las enfermedades, sobre todo el 

—238— 



paludismo, habían agotado sus fuerzas físicas, haciéndo- 
las casi inútiles para la ruda labor de la guerra. No 
es posible explicarse cómo aquellos hombres hambrien- 
tos, enfermos y casi desarmados, podían sostenerse en 
pie frente al enemigo en las provincias de Pinar del 
Río, Habana y Matanzas y en más de la mitad del te- 
rritorio de las Villas. 



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Asalto por las tropas americanas a la loma de San Juan. 



Aquellos hombres se mantenían en sus puestos por 
la energía moral, por su valor, por su heroísmo, por su 
honor y por su inmenso amor a Cuba. 

El Presidente de los Estados Unidos, Mr. William 
Me Kinley, cumplió la resolución del Congreso ameri- 
cano con rapidez suma, y el 20 de Junio, dos meses des- 
pués de la resolución, desembarcó el general Shaffter 
en la Playa de Daiquirí, Oriente, con todo un cuerpo de 
ejército que se llenó de gloria en los combates de Las 
Guásimas, del Caney y de la Loma de San Juan, tras 
de los cuales tomó por fin a la ciudad de Santiago de 
Cuba el día 16 de julio de 1898. 

Antes de estos combates, una poderosa escuadra 
americana hundía a la española, el día tres de julio 
de 1898; cumpliendo órdenes, los barcos españoles aban- 

—239— 



donaron el puerto de Santiago, a pesar de tener enfren- 
te a la escuadra de Sampson, superior a ella; natural- 
mente, la escuadra española encontró allí mismo, en su 
salida, en el acto, su hundimiento, en un combate na- 
val que dirigió en persona el almirante Cervera. 

Los cubanos de Oriente y de las Villas rivalizaron en 
valor, igual que las demás fuerzas mambisas; todas eran 
patriotas y valientes, pero aquellos que peleaban unidos 
al ejército americano quisieron mostrarse ante sus 
aliados como los hombres más valerosos y heroicos de 
la tierra, y debido a ello y por estar mandados por la 
pericia del general Calixto García, fué más fácil la victo- 
ria de los soldados de Shaffter. 

Con el hundimiento de la escuadra española en San- 
tiago, con la rendición de esa ciudad, conjuntamente 
con la toma de los pueblos del Jíbaro y de Arroyo Blan- 
co, en Santa Clara, que verificó el insigne y glorioso ge- 
neral José Miguel Gómez, dio fin España a su guerra 
contra los cubanos; y la bandera de la Patria flotó en 
todas partes y el Himno de Bayamo se tocó y se 
cantó en las calles y en los teatros, y la alegría cubana 
no tuvo límites. 

Ya Cuba era libre; ya no se llamó colonia; no 
era más española; ya eran sus hijos ciudadanos libres 
de una tierra que los patriotas libertaron y llenaron de 
gloria. Ya las patriotas tuvieron sus hogares respeta- 
dos y honrados por las insignias y por las armas cu- 
banas que trajeron los libertadores de los campos de 
batalla. 

III 

I H 1 1 JO. — Papá, ¿y desde ese momento los cubanos 
k^gffln pusieron su bandera en las fortalezas y tuvieron 
* ía ™' su Presidente y su Gobierno propio? 

Padre. — No, mi querido niño: el Gobierno america- 
no, pretextando responsabilidades contraídas con las 
demás naciones del mundo en el Tratado de París, que 
fué el Tratado de Paz entre España y los Estados Uni- 

—240— 





Reunión de generales para acordar la rendición de Santiago de Cuba, 
fotografía se ve a los generales Shaffter y Wfceeler, americanos, y ¡ 
general Toral, del ejército español. 

—241 — 



dos, se hizo cargo del gobierno del territorio de Cuba 
con intención de ser ellos los que mantuvieran el orden 
y el cumplimiento de las leyes durante los primeros años 
de libertad de Cuba. También argüyeron que para 
evitar los naturales conflictos que habían de surgir 
entre la población mambisa y la población española que 
residía en Cuba, debían de dirigir, gobernar y adminis- 
trar el territorio cubano. 

Hijo. — Papá, ¡ qué desconsuelo tan grande debió de 
haber sido para los patriotas cubanos esa resolución de 
Norte América! Y ¿qué tiempo duró esa Intervención 
norteamericana en Cuba? 

Padre. — Mi querido niño, el día primero de enero de 
1899, el general español Jiménez Castellanos entregaba 
al honorable general norteamericano John R. Brooke, la 
posesión del territorio cubano, y en ese instante la ban- 
dera española, que durante 400 años flotó en el asta de 
las fortalezas, bajó entre la delirante emoción del pueblo 
cubano, y ascendió la bandera amiga del pueblo norte- 
americano, ovacionada con gran estruendo por vítores 
y aplausos de la multitud cubana, que aunque se hubiera 
alegrado más si la bandera cubana hubiera sido la as- 
cendida en aquellos instantes, tuvo confianza y fe en 
que el pueblo americano cumpliría sus compromisos y 
diera a Cuba su completa libertad, para que la bandera 
cubana, en su día, luciera, como en efecto ocurrió des- 
pués, en todos los centros oficiales del territorio cubano. 

Hijo. — Papá, ¿y el gobierno de Norte América cum- 
plió sin demora y de buena volntad la promesa a los 
cubanos? 

Padre. — Oh! sí, mi querido hijo: el Gobierno de 
Norte América, después de tres años de intervención 
militar en Cuba, entregó a los cubanos el gobierno del 
país, proclamó la República, y a las 12 del día 20 de 
mayo de 1902, la bandera gloriosa de Norte América 
descendía de los lugares oficiales en el territorio de Cu- 
ba, y la bandera que iluminó a los cubanos, la que alentó 

-242- 




,-_ 



mMimí 



¡W^f :% 



Los comisionados a las conferencias de la paz hispanoamericana, reunidos por úl- 
tima vez (París, 1898). 



Mr. Day, Presidente de la Delegación 

americana. 
Mr. Davis, Secretario. 



Sr. Montero RÍOS, Presidente de la Dele- 
gación española. 
Sr. Ojeda, Secretario. 



-243- 



todos los heroísmos, todos los martirios y todos los 
sacrificios de varias generaciones cubanas, ascendió en 
dicho día y en dicha hora, gallarda, hermosa, llena de 
gloria, y flotó en los hogares y en los edificios públicos 
de toda Cuba. Los cubanos aplaudían a la bandera que 
representaba la virtud y el honor del pueblo norte- 
americano, a la cual mostraban gratitud inmensa por 
los favores recibidos, y llenos de gozo inmenso, gritaban: 
"¡Viva Cuba Libre!" " ¡Viva la República!" "¡Ya Cu- 
ba tiene su Gobierno y su 
Presidente cubano: al fin 
ya es independiente, libre y 
soberana!" 

Hijo..— Papá, ¿y el go- 
bierno de los americanos en 
Cuba fué beneficioso para 
los cubanos? 

Padre. — Mi querido ni- 
ño, si hemos de ser justos, 
y tenemos que serlo, por- 
que la justicia es el senti- 
miento más noble que pue- 
de tener un hombre, te diré 
que el gobierno norteame- 
ricano en Cuba fué de lo 
más equitativo para los cu- 
banos y honroso para el 
General Leonardo wood, pueblo que representaba en 

Gobernador Militar de Cuba, 1900-1902. £, , 1 

Cuba. 
El general Brooke, que fué el primer Gobernador 
Militar de Cuba, mostró una gran virtud y una auste- 
ra honradez; gobernó a Cuba con mesura, procurando 
su bien y siempre de acuerdo con los cubanos; al año 
siguiente, el Gobierno norteamericano transfirió el poder 
de Cuba, a otro militar, y los cubanos tuvieron de gober- 
nador militar de Cuba al.general Leonardo Wood. No 
quiero alargar esta relación, pero te aseguro que hace 
20 años que el general Wood dejó el gobierno de Cuba 

—244— 





Cubana alegre paseando las venturas de la Patria. 
20 de Mayo de 1902. 




EVACUACIÓN DE LA HABANA. - Despedida de oficiales españoles y americanos, 
en el antiguo Palacio, a las 12 m. del día 1° de enero de 1899. 



-245 



para entregárselo a los cubanos, y aún persiste, como si 
fuera ayer, el cariño y el agradecimiento de los cubanos 
a tan honrado gobernante; su cultura, su capacidad 
administrativa, sus dotes de gobierno y su respeto por 
todo lo que fuera amado por los cubanos, ha hecho que 
éstos no lo olviden, que lo amen y lo respeten. 

El general Wood honró las glorias de la revolución 
de Cuba erigiendo pequeños monumentos a algunos de 
nuestros héroes; saneó el territorio cubano, infectado por 
terribles epidemias; construyó caminos, carreteras y se 
ocupó de la enseñanza pública, desde la primaria en 
campos y ciudades, hasta la superior en los Institu- 
tos y en la Universidad ; atendió la beneficencia pública, 
y, en fin, administró a Cuba con propósitos de hombre 
bueno y con una rectitud que hace inmortal su me- 
moria. 



-246— 



Poesía escrita por la Sra. Aurelia Castillo de 
González en la fecha gloriosa del 20 de mayo 
de 1902. 

EN PALACIO Y EN EL MORRO 

Estaba el pueblo especiante. 
— ¡Menos treinta!. . . ¡Veintidós!. . . 
— ¡Que lentitud!. . . — ¡Menos dos!. . . 
— ¡Las doce! ¡Llegó el instante! 
¡Qué majestuosa y gigante 
Cuando, al descender despacio, 
Abandonaba el espacio 
La bandera americana! 
¡ Qué bella y que soberana 
En el Morro y en Palacio ! 

Aprieta los corazones 
Un tormento de alegría. 
¡Mueren siglos de agonía! 
¡Hoy encarnan ilusiones! 
Truenan fieros los cañones. 
Anhelante hacia el mar corro, 

Y veo, cuando lo recorro, 
Que un ser de cien manos tira 
De grueso cable y . . . delira . . . 
¡La Bandera está en el Morro! 

Ya no hay hombres ni mujeres! 
Sus lazos soltó el amor 

Y se estrechan con ardor, 

Y confundidos los seres. 
No hay distintos pareceres. 
El vítor llena el espacio. 
Llora el ojo más renació. . . 
Pero, llegado un momento, 
Se suspende el sentimiento. 
¡La Bandera está en Palacio! 

—247— 



Una página de historia 
Queda escrita en este instante. 
Fué su buril el diamante 
Y la decoró la Gloria. 
Dice el Pueblo : " En mi memoria 
El pasado cierro y borro, 
Al futuro ardiente corro 
Con alma altiva y entera, 
¡ Que está mi santa Bandera 
En Palacio y en el Morro! 



El 



SONETO 
Por la Sra. Aurelia Castillo de González 



¡VICTORIOSA! 

¡La Bandera en el Morro! ¿No es un sueño? 
La Bandera en Palacio! ¿No es delirio? 
¿Cesó del corazón el cruel martirio? 
¿Realizóse por fin el arduo empeño? 

¡Muestra tu rostro juvenil risueño, 
Enciende ¡oh Cuba! de tu Pascua el cirio, 
Que surge tu bandera como un lirio, 
Único en los colores y el diseño! 

Sus anchos pliegues al espacio libran 
Los mástiles que altivos la levantan; 
Los niños la conocen y la adoran. 

¡Y sólo al verla nuestros cuerpos vibran! 
¡Y sólo al verla nuestros labios cantan ! 
¡Y sólo al verla nuestros ojos lloran! 

—248— 



IV 
LA ENMIENDA PLATT 

¡~J |IJO. — Papá, yo oigo hablar, y con tristeza a mu- 
chos, de que la Enmienda Platt limita nuestra 
soberanía. ¿Qué cosa es la Enmienda Platt, y 
por qué ella limita nuestra soberanía? 

Padre. — Mi querido niño, es cierto que la Enmienda 
Platt limita un tanto nuestro poder independiente y 
soberano. La Enmienda Platt es una ley de la nación 
americana, y ella fué aceptada por los cubanos y figura 
como apéndice de nuestra Constitución. El texto de la 
Enmienda Platt es el siguiente: 

APÉNDICE CONSTITUCIONAL 

(ENMIENDA PLATT) 

Art. 1 : El Gobierno de Cuba nunca celebrará con 
ningún Poder o Poderes extranjeros ningún tratado u 
otro pacto que menoscabe o tienda a menoscabar la 
independencia de Cuba, ni en manera alguna autorice o 
permita a ningún Poder o Poderes extranjeros, obtener 
para colonización o para depósitos militares o navales o 
de otra manera, asiento en o jurisdicción sobre ninguna 
porción de dicha Isla. 

Art. 2: Dicho Gobierno no asumirá o contraerá 
ninguna deuda pública para el pago de cuyos intereses 
y amortización definitiva, después de cubiertos los 
gastos corrientes del Gobierno, resulten inadecuados los 
ingresos ordinarios. 

Art. 3: El Gobierno de Cuba consiente que los 
Estados Unidos puedan ejercer el derecho de intervenir 

—249— 



para la preservación de la independencia y el sosteni- 
miento de un Gobierno adecuado a la protección de la 
vida, la propiedad y la libertad individual, y al cumpli- 
miento de las obligaciones con respecto a Cuba, impues- 
tas a los Estados Unidos por el Tratado de París, y que 
deben ahora ser asumidas y cumplidas por el Gobierno 
de Cuba. 

Art. 4: Todos los actos realizados por Estados 
Unidos en Cuba durante su ocupación militar serán 



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ANTIGUA IGLESIA DEL CANEY. - Refugiados de Santiago de Cuba, 1898. 

ratificados y tenidos por válidos, y todos los derechos 
legalmente adquiridos a virtud de aquéllos, serán man- 
tenidos y protegidos. 

Art. 5: El Gobierno de Cuba ejecutará y hasta 
donde fuere necesario ampliará los planes ya proyecta- 
dos u otros que mutuamente se convengan para el sa- 
neamiento de las poblaciones de la Isla, con el fin de 
evitar la recurrencia de enfermedades epidémicas e 
infecciosas, protegiendo así al pueblo y al comercio de 

—250— 



CIUDAD DE LA HABANA 
Teatro Martí 











"i- ■ -pv"? : ■ -■"."'■■'"■■ -:-";-•■■■ 






Convención Constituyente. Sesión inaugural. — 5 de noviembre de 1900. 

Al centro: Mayor General Leonardo Wood, Gobernador General de 
Cuba, abriendo el acto. 

Dr. Pedro González Llórente, tomando posesión de la Presidencia, 
por edad. 

Convencionales: Domingo Méndez Capote, Presidente. — Juan Ríus 
Rivera, primer Vice-Presidente. — José Miguel Gómez. — Eudaldo Tarna- 
yo. — José B. Alemán. — José J. Monteagudo. — Martín Morúa Delgado.— 
José Luis Robau. — Luis Fortún. — Manuel R. Silva. — Pedro Betancourt.— 
Elíseo Giberga. — Joaquín Quílez. — Gonzalo de Quesada. — Diego Tamayo. — 
Manuel Sanguily. — Alejandro Rodríguez. — Miguel Gener. — Emilio Nú- 
ñez. — Leopoldo Berriel. — José Lacret. — Rafael Portuondo. — José Fernán- 
dez de Castro. — Antonio Bravo Correoso. — José N. Ferrer. — Juan Gual- 
berto Gómez. — -Rafael Manduley. — Alfredo Zayas, Secretario. — Enrique 
Villuendas, Secretario. 



-251- 



Cuba, lo mismo que al comercio y al pueblo de los Esta- 
dos Unidos. 

Art. 6: La Isla de Pinos queda omitida de los lí- 
mites de Cuba propuestos por la Constitución, dejándose 
para un futuro Tratado la fijación de su pertenencia. 

Art. 7: Para poner en condiciones a los Estados 
Unidos de mantener la independa de Cuba y proteger al 
pueblo de la misma, así como para su propia defensa, el 
Gobierno de Cuba venderá o arrendará a los Estados 
Unidos las tierras necesarias para Carboneras o Esta- 
ciones Navales en ciertos puntos determinados que se 
convendrán con el Presidente de los Estados Unidos. 

Art. 8: El Gobierno de Cuba insertará- las anterio- 
res disposiciones en un Tratado permanente con los 
Estados Unidos. 

Salón de Sesiones, Junio 12 de 1901. 

La Convención. 



El Gobierno norteamericano creyó necesario, para 
salvar sus responsabilidades internacionales contraídas, 
como te dije antes, en el Tratado de París, imponernos 
esa ley, por la cual, como has podido ver en el texto, 
Cuba debía aceptar que el gobierno americano pudiera 
intervenir en sus asuntos para garantizar de ese modo la 
existencia de la República; para defendernos de cualquier 
agresión de otro pueblo ; para hacer que nuestra paz no 
fuera alterada por revoluciones o guerras civiles; para 
que nuestra República no llegara a tener una hacienda 
averiada, quebrada y sin prestigio; y para que nuestra 
sanidad estuviera siempre a salvo de toda crítica; para 
que nuestra higiene pública fuera, por lo tanto, lo más 
perfecta posible. 

Los patriotas cubanos se resignaron a tal imposición 
y la Enmienda Platt, si no nos quita prestigio, nos coloca 

—252— 



20 DE MAYO DE 1902 
Palacio Presidencial 




Entrega del gobierno de Cuba a los cubanos. Tomás Estrada Palma 
como primer presidenta de la Kepública, lo recibe a nombre de Cuba, 
y el mayor general Leonardo Wood lo entrega a nombre de los Estados 
Unidos. 

La concurrencia es grande; se destacan las figuras de los generales 
Wood y Máximo Gómez y la del señor Cruz Pérez, presidente del Tri- 
bunal Supremo de Justicia, que toma juramento a Tomás Estrada Palma, . 
que está a su derecha. 



253- 



en situación de disminución, como nación independiente 
y soberana. 

Hijo. — Papá, ¿y no sería posible convencer al pueblo 
americano de que la Enmienda Platt fuera suprimida, 
para gozar nosotros de la gloria de ser ciudadanos de 
una nación completamente independiente? 

Padre. — Mi querido niño, por ahora es inútil cuanto 
esfuerzo se haga para suprimir la Enmienda, que es 
una ley nuestra y del gobierno norteamericano; y no 
podemos, por lo tanto, suprimirla. 

Sin embargo, los patriotas cubanos podrían hacer 
inútil la Enmienda Platt. Podrían suprimirla de hecho, 
aunque no de derecho; ello sería fácil, si los cubanos 
amaran intensamente a la Patria y cumplieran los de- 
beres del patriota. 

Los patriotas cubanos, administrando bien a Cuba, 
podrían hacer innecesaria la Enmienda Platt. 

Los patriotas cubanos, tratando de cumplir, por su 
conveniencia misma, la ley Platt, la harían perfecta- 
mente inútil; digo por su conveniencia misma, porque 
después de todo, una buena salud pública, una hacienda 
solvente y paz interior y exterior, son cosas que a todo 
pueblo conviene y beneficia. 

Llenando los patriotas cubanos sus deberes para con 
la Patria, el Gobierno de Norte América no tendría 
por qué inmiscuirse en nuestros asuntos privados. 
La Enmienda Platt, con un buen comportamiento de 
los patriotas cubanos, sería borrada totalmente de la 
práctica y quedaría solamente para estudio de los espe- 
cialistas en derecho internacional. 



-254— 




Soldado Manuel Leiva Teruel, veterano de las tres guerras por la indepen- 
dencia, en su bohío del poblado San Jerónimo. Tiene ahora 
más de ochenta años de edad. 

Este veterano parece exclamar, el 20 de ese Mayo glo- 
rioso: ¡Al fin llego a ella, al fin veo mi República con 

MI BANDERA 

como le cantó Bonifacio Byrne. 



En los campos que hoy son un osario 
vio a los bravos batiéndose juntos, 
y ella ha sido el honroso sudario 
de los pobres guerreros difuntos. 

Orgullosa lució en la pelea, 
sin pueril y romántico alarde; 
¡ al cubano que en ella no crea 
se le debe azotar por cobarde! 

Si deshecha en menudos pedazos 
llega a ser mi bandera algún día . . . 
¡nuestros muertos, alzando los brazos 
la sabrán defender todavía!. . . 

—255— 



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CAPITULO XXI 

LAS INDUSTRIAS DE LA PATRIA 

í H JIJO. — Papá, por todo lo que tú me has dicho de 
I^BI Patria y de los patriotas, deduzco que tam- 
u¿&ud bien es obra de patriotas conocer cuáles son las 
grandes industrias, los grandes comercios de la Patria, 
y que ayudarlos y favorecerlos es un deber del patrio- 
tismo, ¿no es verdad? Yo deseo que me digas, aun- 
que sea brevemente, cuáles son esos comercios y esas 
industrias de Cuba. 

Podre. — Mi querido hijo, tienes mucha razón: los 
patriotas deben conocer, para interesarse por ellos vi- 
vamente, las industrias y los comercios de la nación; 
esos comercios, esas industrias, forman parte de la vida 
de la nación; un pueblo laborioso e industrioso hace 
rica a su Patria, evitando la miseria y auxiliando al 
progreso y a la civilización de su tierra; es un deber del 
patriota, por lo tanto, ayudar en todo a las industrias y 
al comercio, igual que a su agricultura, facilitándoles 
medios que los haga progresar. 

No es que la riqueza constituya por sí sola la felici- 
dad de un pueblo; pero siendo el dinero necesario para 
auxiliar los medios de la vida, es preciso que preocupe a 
los patriotas el mejoramiento de su agricultura, de su 
comercio, de su insdustria, de su enseñanza pública, 
para hacer feliz a la Patria amada. 

-257— 



Nuestra principal industria es el azúcar; el azúcar, 
como tú sabes, se obtiene de la caña, planta que contiene 
mucha cantidad de ese dulce; tanta, que cien arrobas 
de caña contienen entre un diez y seis y un diez y ocho 
por ciento de azúcar; los ingenios — fábricas de azúcar — 
toman de esa proporción de un once a un doce y medio 
por ciento. Su cultivo es fácil, su vida en la tierra es 



«Sf* 






*T 







Campos de caña 



larga, pues ella con un buen cultivo vive hasta siete, 
ocho y más años. 

Estudiar y trabajar para hacer progresar esa clase 
de agricultura y para mejorar también la industria de la 
fabricación del azúcar, es un deber del patriota. 

La caña fué traída a Cuba por los españoles; esa 
planta es originaria de la India. 

El clima nuestro, la situación geográfica de Cuba, 
sus torrenciales aguaceros en la primavera, en el verano 
y en parte del otoño, favorecen el crecimiento de la 
caña, y después, nuestro suave invierno la hace madurar 

—258— 




ÉSÜIK 
K.'ir; i" 




sr?. fe - • 



Batey de un ingenio de 




..-. 



de pií 

-259- 



de modo rápido, haciéndola rica en dulce, en un grado 
superior a la de otros países. 

Seguramente nuestra tierra contiene potasa y 
sales fosfóricas en cantidad suficiente para el perfec- 
to desarrollo de la caña, y dan a ésta medios exce- 
lentes de vida. 

El cultivo del tabaco es la segunda industria de 
Cuba. El tabaco es planta originaria de Cuba: cuando 
Colón descubrió la isla, encontró a los pacíficos sibone- 




Cantpos de tabaco. 



yes fumando el tabaco que ellos cultivaban para su pro- 
vecho. Nuestro tabaco ha adquirido una fama univer- 
sal; en el extranjero se le conoce con el nombre de Ta- 
baco Habano. Hay multitud de especies de tabaco; pe- 
ro el nuestro, el mismo que cultivaban los indios, es 
un tabaco especial; su hoja es fina, delgada, suave, ter- 
sa, de sabor agradable cuando se fuma o se masca. 

Nuestro tabaco tiene menos cantidad de nicotina 
que las otras especies de la planta La nicotina es el pro- 

-260- 



ducto químico que contiene el tabaco; tal producto es 
venenoso: daña a los tejidos humanos; pero el sistema 
nervioso es el que más sufre ; muchas veces los fumadores 
tienen que abandonar el uso del tabaco porque su cons- 
titución es muy susceptible a ese veneno. Realmente 
no debía fumarse, porque el tabaco es más dañino que 
beneficioso al hombre; pero cuando se adquiere ese 
vicio se encuentra en él cierto placer y cierta distracción 
que es superior al daño físico que uno pueda recibir. 




Obrador de una fábrica de tabacos. 



Esas dos clases de agricultura, esas dos industrias y 
esos dos comercios producen a Cuba, al año, centenares 
de millones de pesos. De ellas depende la prosperidad 
de Cuba, su riqueza, su bienestar: de ellas vive la pobla- 
ción cubana. 

Existen otros comercios y otras clases de agricultura 
de menos cuantía, que auxilian en algo a la vida del 
pueblo cubano. El cultivo de la pina, del café, del 
cacao, que algunos industriales cubanos exportan al 

—261 — 



extranjero, son las industrias que te acabo de men- 
cionar. 

La industria ganadera no ha adquirido entre nos- 
otros un buen desarrollo; ella sólo se fomenta para el 
consumo del país. 

Mi querido niño, fomentar el desarrollo de estas in- 
dustrias es un deber del patriota y del hombre de 
Estado. 

Es muy sensible que a nuestros paisanos no les agra- 
de el comercio, y que abandonen este venero de rique- 
za a manos extrañas, que fácilmente se enriquecen y se 




Puerto Tarafa (19221. 



convierten en poderosas influencias que no siempre apo- 
yan los intereses patrios de la nación cubana. 

Mi querido hijo, mi patriotismo se sentiría más 
tranquilo si yo viera al cubano dedicado con más amor 
al comercio y con mejor disposición para hacer de Cuba 
un país más dedicado al desarrollo de otras industrias. 

Ayudar a los medios de transporte, haciendo posible 
y fácil las comunicaciones entre campos, pueblos y ciu- 
dades, es una obra buena, patriótica, porque ayuda a la 
prosperidad de la Patria. Causa gran contento en el 
ánimo del que ama a su país ver a hombres luchar por 

-262— 



engrandecer su fortuna, 
engrandeciendo así la ri- 
queza de la Patria. 

Existen hombres, viejos 
y jóvenes, ricos, de gran 
fortuna, que en lugar de 
echarse a descansar, pa- 
seando, divirtiéndose, con- 
vertidos en.... nada, siguen 
luchando y aumentan sus 
riquezas personales, y por 
lo tanto, las de su nación, 
haciendo gran beneficio a 
extensas zonas de tierra, 
donde surgen, por su ac- 
ción, industrias, comercios, 
líneas férreas y puertos, 

wmsmsüámwm 








José Miguel Tarafa 

Coronel del Ejército Libertador. 
En la guerra luchó por Cuba. 
En la paz lucha por Cuba, engrandeciendo 
sus medios de vida. 



"<m... 




Dr. Carlos Miguel de Céspedes 

Joven descendiente de Carlos Manuel de Cés- 
pedes, que a pesar de sus cuantiosos bienes de 
fortuna, trabaja y engrandece a su Patria. 



dando así vida próspera a 
multitud de familias, que 
al mejorar de posición, 
dan mayor esplendor a la 
Patria. Esos trabajadores 
son patriotas, ellos mere- 
cen bien de la Patria y 
el aplauso de todos los que 
no sienten envidia por el 
bien ajeno. 

En fin, mi querido hijo, 
laborar por todo lo que sea 
noble, por todo aquello 
que eleve el sentimiento de 
lo justo, que dignifique el 
espíritu humano, es hacer 
buena obra, es servir a la 

-263- 




-264- 






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Patria. Los trabajadores son patriotas; los sabios son 
patriotas, y los piadosos, los que luchan en beneficio del 
desvalido realizan también obra patriótica, porque ellos 
alivian los dolores de infelices y evitan a la Patria las 
tristezas de espectáculos que, de existir, relajan el sen- 
timiento humano, porque lo apartan de las dulces má- 
ximas del Mártir del Gólgota, que fundó con su mar- 
tirio la gran obra de amor y de perdón. 

Oye esta poesía que produjo la musa inspirada del 
gran poeta de Nicaragua, de esa Nicaragua madre de 
tantos hombres buenos y grandes: 



CARI DAD 



Dad al pobre, 

Dad al pobre 

Paz, consuelo, alivio, pan. 

Que recobre 

La esperanza y la alegría 

Con la ayuda que le dan. 



Dad limosna al que se agita 
En cruel miseria opreso. 
A la triste viejecita 
Dadle un beso. 



Damas bellas y apreciables 
Que vivís entre esplendores. 
A las niñas miserables 
Dadles pan 
Y dadles flores. 



Bondadosas y discretas, 
Dad un beso al pobre niño. 
Dios bendiga, 
Dios bendiga 

Las violetas que se arrancan del 
(corpino- 
Para dar a la mendiga. 



A las manos bondadosas 
Desde el cielo Dios envía 
El perfume de las rosas 
De la eterna Alejandría. 



Si a los tristes dais consuelo, 
Sensitivos corazones, 
Tendréis alas en el cielo 
Y en la tierra bendiciones. 

Rubén DARÍO. 



En esos versos están expresados sentimientos gene- 
rosos y bellos, mi querido niño; ellos evocan el talen- 
to y la bondad de aquella alma de poeta, de aquel 
corazón hermoso. 



-266— 




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CAPITULO XXI 1 



MÚSICA, BAILES Y CANTOS POPULARES 

I 



H 

I 



IJO. — Papá, ¿qué significación patriótica tienen 
la música, los bailes y los cantos populares? 
Padre. — Querido hijo, la música, el baile y el canto 
del pueblo tienen una sig- 
nificación patriótica ele- 
vadísima. Cada pueblo, 
cada nación, tiene su can- 
to, baile y música, deriva- 
da de sus costumbres y de 
sus sentimientos: por eso 
la música, baile y canto de 
los pueblos representan el 
espíritu de la nación. 

El pueblo cubano tiene 
su canto y su música es- 
pecialísima; seguramente 
no es una música original, 
sino mezcla de cantos fla- 
mencos con cantos indios 
y africanos, amoldada al 
sentimiento que experi- 
mentó al evolucionar, y de 
modo rápido, ante el tó- 
rrido calor de nuestro 
país, que hizo al cubano más quieto, más tranquilo y 
más pasional. 

-269— 




Jorge Anckermann 

otable músico cubano. 



A mi querido amigo Enrique Soler 

ZAPATEO CUBANO 



arreglado por RAMÓN MORENO. 



Tiempo de Zapateo. 



PIAVO. 




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La bandurria fué uno de los instrumentos que trajeron 
aquí los españoles, y ese instrumento musical fué el que 
los cubanos eligieron para sus alegrías y esparcimientos. 
El tiple fué otro instrumento que los cubanos del pueblo 
combinaron con la bandurria, para componer sus can- 
tos, que eran también asociados con ese rústico instru- 
mento sencillo y hecho por ellos mismos que se conoce 




ZAPATEO, BAILE CUBANO 



con el nombre de güiro, fruto especial de Cuba, de cue- 
llo encorvado y con un cuerpo largo y ancho que, ra- 
yado de un modo especial por su cara convexa, se 
presta fácilmente a componer con la guitarra, con el 
tiple o con ambos a la vez. 

Los bailes típicos del guajiro y del pueblo cubano son 
el zapateo y la danza. El zapateo es un baile en que la 

—273— 



pareja no está entrelazada, sino que cada uno baila solo, 
haciendo mover los pies de un modo especial, en que 
unas veces la punta de ellos es la que danza y otras 
veces son los tacones de los zapatos los que se hacen 
sentir contra el suelo. La pareja bailadora se mueve 
hacía adelante, hacia atrás y hacia los lados; hay 
un momento del baile en que la pareja casi se junta, 
y luego vuelve a separarse para continuar su baile 
aisladamente. 

La danza, igual que el danzón y el vals tropical, es 
baile genuino de nuestro pueblo; todas nuestras pasa- 

DANZÓN 

POR JORGE ANCKERMANN 



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das generaciones se han divertido y han gozado al com- 
pás de la música de esos bailes; ellos, por su tradición, 
forman y representan algo de nuestra Cuba. 

Son bailes de compases suaves: la pareja se mue- 
ve unida al son de una música ligera, alegre y ca- 
denciosa. 



-275- 



DANZA 

POR JORGE ANCKERMANN 



DANZA 




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VALS TROPICAL 

Vais TVop/caf. 
Tiempo de Vals Modesto. 




ii 



|STOS cantos populares expresan bien la melan- 
cólica vida de nuestro pueblo y sus sentimientos 
nobles y generosos. 
El siguiente soneto es de la inspirada musa del 
tierno poeta cubano Manuel Serafín Pichardo, y co- 

—277— 




mo tú verás, mi querido niño, es de mucho vigor 
o muestra el puro patriotismo de su autor; al mis- 
ma tiempo es de una dulzura y de una tristeza pro- 
ypi de nosotros: 



SOY CUBANO 

Visto calzón de dril y chamarreta, 
que cor, ¿1 cinto del machete entallo; 
en la guerra volaba mi caballo 
al sentir mi zapato de vaqueta. 

De entonces guardo un "Colt' ' y una escopeta, 
por si otra causa de esgrimirlos hallo; 
es mi gozo, en la paz, lidiar un gallo; 
mi orgullo, improvisar una cuarteta. 

Tengo en el monte una vivienda pobre 
que abrasa el sol y que refresca el río ; 
una divina Caridad del Cobre 
que me resguarda de dolor y murria; 
una guajira alegre en el bohío 
y una guajira triste en la bandurria. 



Otro artista cubano, impresionado por la belleza 
del soneto, se inspiró y le puso una música típica 
cubana, para que corriera pareja con la letra. 

Ese artista se llama Luis Casas Romero y es uno 
de nuestros populares músicos; él compuso, como ya te 
he dicho, para ese soneto, la siguiente música: 



—278- 



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Soy Cubano 



Versos de GUAJIRA- CRIOLLA 

Manuel serafín pichabdo 

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Mu sica de 
LUIS CASAS ROMERA 




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V¿»Aj calzón de dril y chamarreta 
que con -el cinco del machete entallo j 
bnlaauerra volaba mi carvallo 
al sentir mi zapato de vaauela. 

¡De entonces guardo un Coltyuna escopeta, 
por- si otra causar de esgrimirlos hallo ; 
es rnicoxo en la paz adiar unya/to; 
mioryu/lo, improvisar unacuartela. 

xenyo en el monte una vivienda poltra- 
aue al/rasa elsoluaue refresca 3/ rio ; 
una Divina Ccfriaocldel Cobre 
aue me resauardarde dolor u murria; 
unaorua/ira aleare en el ¿ionio ; 
y una "jrua/inx^ triste en la bandurria. 

Jnunue/ Smcfli, ¿ichardo, 

-282- 



Ahora, mi querido niño, oye la música y canto de 
un aire popular cubano, melodías de la mitad del siglo 
pasado. Se les ha denominado guajiras; eran muy popu- 
lares y las cantaban entonces casi todos los cubanos. 

Esas décimas alegraron, como otras alegran hoy, 
las faenas y los trabajos del guajiro en los campos, 
del obrero en los talleres y de multitud de indus- 
triosas mujeres, en el hogar o en otros trabajos. 



"DE CUBA PARA LA HABANA' 

PUNTO CUBANO 



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Mira este otro punto cubano: es muy bello; su au- 
tor, el inspirado Anckermann, lo compuso en el verso 
y en la música y lo llamó "La Flor de Mantua". 



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'LA FLOR DE MANTUA" 

PUNTO CUBANO 



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La diversidad de cantos populares cubanos es gran- 
de; todos son cantados a diario por nuestro pueblo con 
gusto e intención. Entre esos cantos hay uno que ha 
recibido el nombre de Bolero; oye éste, que es tierno 
y agradable. 



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III 



JP L espíritu artístico de Eduardo Agramonte pro- 
dujo, en los primeros días de la revolución de 
1868, una música que debía despertar en cada 
aurora a los cubanos en armas contra España. 

Eduardo Agramonte, 
hombre varonil, entusias- 
ta, ideó una música alegre, 
ardorosa, al mismo tiempo 
inspiradora de valor; pare- 
ce que quiso que el mambí, 
al despertar y al sacudir de 
sus pobres vestiduras el ro- 
cío de la noche pasada a 
la intemperie, oyera una 
música que lo mantuviera, 
durante el día, alegre en su 
condición de soldado, sin 
medios para hacer la gue- 
rra, pero animoso para 
combatir al taimado ene- 
migo en cualquier mo- 
mento. 

Pocas músicas son tan 
marciales como la diana de Eduardo^ Agramonte; in- 
tensamente alegre, valiente, muy espiritual, con todos 
los encantos de una marcha que suena a triunfo, enar- 
deció el sentimiento del mambí que gritaba en cada ma- 
drugada y al terminar el corneta la alegre diana, la 
oración sagrada del patriota: ¡Viva Cuba Libre! 

Yo quiero, mi querido niño, al hablarte de nuestra 
Cuba, despertar tu corazón de patriota en la alborada 
de tu vida y en la aurora de nuestra patria con la 

—290— 




General Eduardo Agramonte y Pina 



diana que despertó a los cubanos que lucharon por la 
independencia de Cuba, por su libertad y por la constitu- 
ción de la República. Yo espero, ansio y pido a Dios 
que esa ardiente música inspire en ti y en los demás 

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jóvenes cubanos el sentimiento de hidalguía que inspiró 
a los soldados libertadores, para que la alegría man- 
tenga el optimismo y la fe en el triunfo definitivo de 
la República de Cuba, como mantuvo en aquellos hé- 

—291 — 



roes la abnegación y la seguridad de que ellos, sol- 
dados de la patria, triunfarían sobre los soldados es- 
pañoles, que representaban en Cuba la opresión y 
la tiranía. 

Mira el retrato de Eduardo Agramonte y Pina, 
hijo de Camagüey, que alcanzó el grado de general y 
murió en los campos de la revolución cubana, en acción 
de guerra, en 1872. 



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* * 



I P I EDRO Figueredo había compuesto una marcha, 
fe¡|¡|¡j días autos do haber estallado la revolución do 
*™™^ 1868, y le dio el nombre de "La Bayamesa." 
Al estallar la revolución de Yara y pedir los jefes de 
ella una música que fuera el himno de aquella guerra, 
que reflejara el entusiasmo y valor de sus componentes, 
Pedro Figueredo puso letra a la música de su marcha 
"La Bayamesa' ' y la dio como grito de guerra de los cu- 
banos alzados en armas contra España. Desde entonces 
recibió el nombre de " Himno de Bayamo", que fué 
cantado y tocado en todas las fiestas y victorias del 
cubano combatiente. 

La tradición alteró las notas, los compases y la 
letra del himno auténtico; pero lo más grande no es 
eso, querido hijo, sino que la música y la letra au- 
téntica de aquella marcha fueron arregladas por ar- 
tistas de la paz, y el gobierno cubano, indebidamen- 
te, aceptó esas modificaciones, y el " Himno Na- 
cional" no es hoy "La Bayamesa", sino una música 
que no vibró al tronar el fusil, que no oyó el bravo 
soldado, herido o moribundo; que no se escuchó a 
los fulgores de los cañones combatientes ni a los re- 
lámpagos apocalípticos del machete libertador; nues- 
tro himno de ahora sólo muestra las alegrías de la 
paz; él debía ser rectificado, y yo te pido que en un 
día ayudes a esa rectificación. • 

—292— 







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—293- 



Te muestro el glorioso, el verdadero " Himno de 
Bayamo," con su música y su letra auténtica, que 
escribió Figueredo a las puertas de Bayamo al ser 
asaltado y tomado por los soldados de Céspedes. 

También quiero que conozcas el arreglo que para 
piano hizo, por encargo mío, nuestro notable y festivo 
músico señor Jorge Ankermann, del himno de Pedro 
Figueredo, himno que — quiero repetir ahora — fué! el 
que se cantó al tomar Carlos Manuel de Céspedes a 
la ciudad de Bavamo. 



HIMNO DE BAYAMO 



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IV 



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ICOLAS Ruiz Espadero fué un cubano, genial 
artista, que elevó el nombre de Cuba, que lo llevó 
a todos los ricos y elegantes salones del mundo 
civilizado, y a todos los centros de la democracia cuan- 
do en ellos aplaudían el "Canto del Esclavo". 



-295- 



El " Canto del Esclavo," (música que describe el infortu- 
nio del encadenado), así 
como sus otras produccio- 
nes, le dieron gloria, y al 
aplaudir a Espadero, se 
decía: "ese cubano, ese 
hijo de Cuba, es un ver- 
dadero genio de la mú- 
sica; sus paisanos deben 
de estar contentos de su 
gran músico." 

Cuba recibe esos aplau- 
sos y por ellos parece como 
que sus límites se dilatan 
por todos los centros de 
civilización. 

Ya ves, mi querido hijo, 
cómo los hombres, al lu- 
char para sí, luchan tam- 
bién para su patria, y sus 
compatriotas gozan del 
beneficio de la fama que 
ellos adquieren, y también gozan espiritualmente cuan- 
do extranjeros aplauden y alaban al grande, al glori- 
ficado. 




Nicolás Ruiz Espadero 



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-296— 






Padre. — Querido niño, te he mostrado el retrato 
de ese cubano, legítima gloria de la música, de ese 

sublime arte que calma, 
consuela, alivia y cura a 
nuestro espíritu; de ese 
arte que alegra, que exci- 
ta, que enardece, que en- 
tusiasma con vehemencia, 
que provoca risa y que 
produce llanto; de ese 
arte que representa lo in- 
finitamente bello. Aho- 
ra, te quiero mostrar el 
retrato de la niña Mar- 
garita de Blanck, hija 
de familia ilustre y de 
artistas ilustres. Ella es 
una gala esplendorosa y 
un futuro de gloria. Na- 
ció en la Habana en 1903, 
y a los dos años empezó 
a estudiar música, y a 
tocar con arte el difícil 
piano, y a los nueve años compuso su primera música. 
Óyela: ¿qué bonita? ¿Verdad? 




Margarita de Blanck, a los nueve años. 




Margarita es una paisana nuestra que con sólo 
veinte años de edad, asombra a los artistas musicales de 
Norte America, que la aplauden con locura, encanta- 
dos, en sus fiestas de arte; que le ruegan una repetición 



-297- 



de su prodigiosa ejecución 
en su gran arte, y que 
en la Habana, la salu- 
dan con entusiasmo y fre- 
nesí; la. aclaman cuando 
ella muestra su mara- 
villosa condición de ge- 
nial artista. 

Este modelo de artis- 
ta debe ser admirado por 
ti y por todos los ni- 
ños de Cuba, para que la 
amen como cubana que 
ilustra las páginas de la 
historia de Cuba y para 
que la imiten, en su arte 
cuando sea posible, y siem- 
pre en sus esfuerzos de 
abnegada y trabajadora 




Margarita de Blanck 



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artista, así como en su dul- 
ce modestia y en su gran 
virtud. 



José White, este hijo de 
Cuba, ilustró con su gloria 
las páginas históricas de su 
Patria. En la capital fran- 
cesa adquirió fama y re- 
nombre y tuvo el honor de 
ser nombrado profesor de 
música del Conservatorio 
de París. 

White con su violín imi- 
tó a la naturaleza en sus 
tiernos arrullos de madre 
amorosa; con su violín 
semejó a los pájaros can- 

-298— 



tores y a los angeles del cielo; describió los puros 
amores de enamoradas vírgenes y hasta dibujó la 
ingenua sonrisa del niño alegre y juguetón. White fué 

un cubano, un grande de la 

Patria. 



Eduardo Sánchez de Fuen- 
tes es autor de las operas "El 
Náufrago", "Yumurí", "Do- 
reya", "Dolorosa" y "El Ca- 
minante" y de un sinnúmero 
de obras para canto y piano, 
zarzuelas y operetas. 




El canto popular es lo que 
más ha cultivado. 



Eduardo Sánchez de Fuentes 



Es también autor de la ha- 
banera "Tú," que ha dado la 
vuelta al mundo y se ha cantado en todos los idiomas. 
Este cubano, mi querido hijo, ha ilustrado los ana- 
les de Cuba; dondequiera que su música se aplauda, 
dondequiera que sus versos sean coreados, donde- 
quiera que él obtenga aplausos y gloria, él glorifica a 
Cuba, él la honra, él la la eleva al respeto y a la 
consideración de extraños. 



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CAPITULO XXIII 

POESÍA 

[ H 1 1 JO- — Papá, me acabas de decir que el canto, el 

raffil baile y la música representan el carácter délos 
kíEsml pueblos, y yo quiero saber si la poesía también 
es atributo especial de ellos. 

Padre. — Mi querido niño, la poesía en sí misma es 
igual en todos los pueblos de la tierra; pero los poetas 
cantan a su Patria, a la belleza de ella, a su cielo, a 
sus bosques, a sus ríos y sus mares, y también a sus 
héroes y a sus mártires, a sus grandes del saber. 

Entonces la poesía se convierte en acción patrióti- 
ca y forma parte importante del carácter nacional. 

Mi querido hijo, te voy a leer algunas poesías que 
describen la sencilla vida del pueblo cubano y otras 
en donde nuestros grandes poetas han cantado a la 
Patria, a sus héroes, a sus mártires y a sus paisajes. 
Oye este vigoroso y vibrante 

HIMNO A LA BANDERA 

Bandera de amores; bandera divina; 
Bandera de nieve, de cielo y de luz . . . 
El alma del pueblo ferviente te adora; 
Tu historia es su culto; su dios eres tú. 

-301— 



En lóbregas noches de tiempos pasados, 
Con férreas cadenas, a un déspota cruel 
Atada la Patria muriente vivía . . . 
Esclavos sus hijos; dormida la fe. 

Mas surgen las notas de roncos clarines; 
Los campos retiemblan de bélico afán; 
Y heroicos, blandiendo la mágica enseña, 
Conquista el cubano su ansiado ideal. 

Ya luces, soberbia, tus bellos colores; 
Ya brindas, gallarda, tu estrella gentil; 
Ya todos podemos rendirte homenaje; 
Ya todos juramos morir fiel a ti. 



Bandera preciosa; bandera sublime; 
Bandera de armiño, de sangre y zafir; 
Bandera de atletas; bandera de estoicos; 
Bandera que cubres al grande Martí . . . 

Por siempre tus franjas consérvennos dignos; 
Por siempre tu estrella mantenga la unión . . . 
Yo juro al Eterno vivir por tu Gloria! 
Yo juro al Eterno morir por tu Honor! 

Gastón A. de la Vega. 

B 

El soneto "Mi Propósito," de Miguel Teurbe Tolom, 
es de un ardimiento y de una fe patriótica emocionan- 
tes, así como la contestación a su señora madre, cuando 
ésta le rogaba volviera a Cuba mediante una gracia 
del capitán general español, jefe de esta colonia; oye 
bien, para que tiemples tu alma de cubano y tu espíri- 
tu de patriota en esos valientes y férvidos versos, que 
a continuación te muestro: 

—302— 



MI PROPOSITO 

Primero el corazón en que se anida 
mi inmenso amor a Cuba, haré pedazos! 
Primero romperé mil y mil lazos, 
no importa si son dulces, de mi vida; 
primero del dolor la copa henchida 
apuraré hasta el fin en breves plazos; 
primero, como Scévola, mis brazos 
pondré sobre la pira enrojecida; 
primero gota a gota, lentamente, 
proscripto, errante, el suelo americano 
regará sin cesar mi lloro ardiente; 
primero mi verdugo sea mi mano 
que merecer de un déspota insolente 
el perdón de ser libre y ser cubano! 

Febrero de 1851. 

* * * 

A MI MADRE, 

que me llama a Cuba con motivo de la amnistía dada por la 
Reina de España en abril de 1854. 



"Ven otra vez a mis brazos' ' 
me dices con tierno anhelo; 
"dale a mi alma este consuelo, 
que la tengo hecha pedazos! 
Muévante las ansias mías, 
mi gemir y mi llorar, 
y consuelo venme a dar, 
hijo, en mis últimos días; 
porque es terrible aflicción 
pensar que en mi hora postrera 
no pueda verte siquiera 
y echarte mi bendición!" 

— Ay, triste! y con qué agonía, 
y con qué dolor tan hondo, 
a tu súplica respondo 

—303- 



que no puedo, madre mía! 
Que no puedo, que no quiero, 
porque entre deber y amor, 
me enseñaste que el honor 
ha de ser siempre primero; 
y yo sé que mal cayera 
tu bendición sobre mí 
si al decirte "Veme aquí," 
sin honor te lo dijera. 

II 

Pisar mi cubano suelo 
y oír susurrar sus brisas, 
que son ecos de las risas 
de los ángeles del cielo; 
alredor de la ciudad 
ver los grupos de palmares 
cual falanges militares 
de la patria libertad; 
ver desde la loma el río, 
sierpe de plata en el valle, 
y entrar por la alegre calle 
donde estaba el hogar mío; 
pasar el umbral, y luego . . . 
no encuentro frase que cuadre . . . 
echarme en tus brazos, madre, 
loco de placer y ciego! 
Volver a tus brazos ... ay! 
para pintar gozo tanto, 
ni pincel, ni arpa, ni canto, 
ni nada pienso que hay! 
Porque hasta en mis sueños siento 
tan inmenso ese placer, 
que al fin me llega a poner 
el corazón en tormento; 
y si expresártelo a ti 
fuerza fuera, madre mía, 
solamente Dios podría 
decir lo que pasa en mí. 

—304- 




: 




-305- 



III 

Pero ¡ay, madre! que apenas 
oiga tu voz que bendice, 
oiré otra voz que maldice . . . 
la voz de Cuba en cadenas! 
Dolorosa voz de trueno 
que gritará sin cesar : 
" ¡Cobarde! ven a brindar 
con la sangre de mi seno!' ' 

Y al ir a estrechar la mano 
del hombre que en otro día 
me respetaba y oía 

como patriota y hermano, 
sentiré aquel tacto frío 
de la suya, que me dice 
que su corazón maldice 
la debilidad del mío ; 
y cualquier dedo, el más vil, 
contra mí alzarse podrá 
y con razón me dirá: 
" ¡Bienvenido a tu redil!' ' 
Al verme en vergüenza tanta, 
pobre apóstata cubano, 
querrá el soberbio tirano 
que vaya a besar su planta ; 
y ¿qué le responderé 
cuando insolente me llame? 
Menester será que exclame 
" ¡Pequé, mi señor, pequé!" 

Y dirá el vulgo grosero, 
con carcajada insultante, 
al pasar yo por delante : 

" ¡Va ahí un ex filibustero!' ' 

Y habré de bajar la frente 
sin poderle replicar, 
porque tendré que tragar 
su sarcasmo humildemente. 
Esto no lo quieres, no: 

-306- 



lo sé bien, no lo querrías, 
y tú misma me odiarías 
a ser tan menguado yo. 



Mas pronto lucirá el sol 
de mi Cuba independiente, 
hundiéndose obscuramente 
el despotismo español; 
y apenas raye ese día, 
con amor y honor iré 
y "aquí estoy ya!" te diré: 
" ¡bendíceme, madre mía!" 

El 

La poetisa Dulce María Borrero de Lujan se ins- 
piró patrióticamente, al contemplar las esbeltas pal- 
mas del siguiente modo : 

LA CANCIÓN DE LAS PALMAS 

Esmeraldas rumorosas, 
porciones del patrio suelo 
que os lavantáis orgullosas 
para besar amorosas 
el gran zafiro del cielo; 

Vosotros las que mirasteis 
caer el postrer soldado ; 
que, piadosas, lo arrullasteis, 
y en pie, soberbias, quedasteis 
sobre el campo ensangrentado; 

En lenguaje misterioso, 
ya que tan alto subisteis, 
contadle al azul radioso 
el secreto doloroso 
de la canción que aprendisteis. 

—307— 



Decidle cuánta amargura 
vuestro suave arrullo encierra 
en su infinita dulzura, 
y repetid en la altura 
lo que oísteis en la tierra. 

¡Que en el viento confundido, 
llegó a vosotras un día 
del primer cubano herido 
el lamento dolorido 
que repetís todavía!. . . 

□ 

El soneto que sigue, descriptivo y emocionante, por lo 
que vibra en patriotismo y en valor, fué producido por 
Gabriel de la Concepción Valdés, Plácido, poeta de 
inspiración y fecundidad inagotables, que fué agarro- 
tado en Matanzas en el año 1844, acusado por los es- 
pañoles de traidor a España. Este soneto figuró en los 
pliegos del sumario como elemento de prueba en con- 
tra de él. 

EL JURAMENTO 

A la sombra de un árbol empinado 
Que está de un ancho valle a la salida, 
Hay una fuente que a beber convida 
De su líquido puro y argentado. 

Allí fui yo por mi deber llamado, 

Y haciendo altar la tierra endurecida, 
Ante el sagrado código de vida, 
Extendidas mis manos, he jurado: 

Ser enemigo eterno del tirano, 
Manchar, si me es posible, mis vestidos 
Con su execrable sangre, por mi mano; 

Derramarla con golpes repetidos, 

Y morir a las manos de un verdugo, 
Si es necesario, por romper el yugo. 

-308— 




1 



AVENIDA DE PALMAS 
-309- 



EN UNA FINCA] 



Narciso Foxá cantó a la naturaleza de Cuba en 
bella forma y en geniales versos; óyelos: 

CANTO A LA 
NATURALEZA DE CUBA 



Bajo este cielo azul, limpio y sereno, 
Do brilla siempre el sol, do nunca el frío 
Roba de primavera los encantos, 
Contemplemos la ceiba majestuosa, 
Reina del bosque, de verdor cubierta; 
La ceiba secular, que acaso ha visto 
Generaciones ciento sucederse, 
Innoble siempre, cual padrón eterno, 
De virtudes y crímenes testigo. 
La palma sin igual, cuya apostura 
El dórico cincel envidiaría, 
Y competir pudiera en gentileza 
Con las un tiempo célebres columnas 
Que Menfis y Palmira levantaron. 

Mas descendamos de la cumbre al valle. 
Ancho sendero de alterosas palmas, 
Sembrado de silvestres maravillas, 
De lirios y aguinaldos, blanda ofrece 
Mullida alfombra de menuda grama. 
Ya se alcanzan a ver allá a lo lejos, 
Cual cintas de coral sobre verdura, 
Las anchas y derechas guardarrayas 
Que dividen en cuadros armoniosos 
Los cafetos riquísimos, cubiertos 
De blanca flor y de purpúreos granos. 

Más allá contemplad la egregia pina 
Con su diadema espléndida aclamada 
Reina feliz del vegetal imperio. 
Ella de nuestras playas conducida 

-310- 




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-311 



Es a la culta Europa, y cual regalo 
De alta estima y valor, adorna luego 
Las mesas de los príncipes y reyes. 
No lejos crece, en multitud profusa, 
El algodón blanquísimo, que ostenta 
En broches de oro sus nevados copos. 

Pero alcanzo a mirar en lontananza 
Las amarillas cañas, cuyo seno 
De pura miel, al labrador ofrece 
En aparente mármol convertida, 
Pródiga recompensa, y por el mundo 
De Cuba el nombre y la riqueza extiende. 
Allí nace el cocuyo de esmeralda, 
Viviente antorcha de la noche umbría, 
Que alumbra al campesino en la espesura 
Y al africano triste en su cabana. 



El tabaco! Su aroma delicioso 
Encanta al sabio y enloquece al necio, 
Al que prueba el amargo desengaño, 
Al que de un pueblo los destino rige, 
Al poderoso a quien abruma el tiempo 
Que no sabe emplear; al que lamenta 
La pérdida del ser que más amara; 
Al infeliz que doliente llora 
Ausencia triste o desamor; a todos 
Consuela y calma, y en placer suspende; 
Y hasta el mísero esclavo su amargura 
Con él disipa y la esperanza alienta. 
Don especial a Cuba concedido, 
Planta preciosa que jamás lograra 
En ninguna región, en ningún clima, 
La tierra producir; mas, envidiada 
Doquier y apetecida, el orbe entero 
En mil naves de reinos diferentes 
Cual tributario corre a estas arenas 
En pos del fruto de mayor valía. 

—312— 




José María Heredia. 



Estas poesías que te he 
leído, y estas otras que te 
voy a leer, dicen bien cla- 
ro lo que la poesía repre- 
senta para el alma del na- 
tivo y lo que tiene de amor 
a la Patria. 

Mira, José María Here- 
dia, uno de los más gran- 
des poetas de la Améri- 
ca, cantó sus dolores de 
desterrado en los siguien- 
tes versos: 



HIMNO DEL DESTERRADO 

¡Cuba, Cuba, que vida me diste, 
Dulce tierra de luz y hermosura! 
¡Cuánto sueño de gloria y ventura 
Tengo unido a tu sueño feliz ! 

¡Y te vuelvo a mirar!. . . ¡Cuan severo, 
Hoy me oprime el rigor de mi suerte ! 
La opresión me amenaza con muerte 
En los campos do al mundo nací. 

¡Dulce Cuba! en tu seno se miran 
En el grado más alto y profundo, 
Las bellezas del físico mundo, 
Los horrores del mundo moral. 
Te hizo el cielo la flor de la tierra; 
Mas tu fuerza y destinos ignoras, 

Y de España en el déspota adoras 
Al demonio sangriento del mal. 

Al poder el aliento se oponga, 

Y a la muerte contraste la muerte. 

—313— 



La constancia encadena la suerte, 
Siempre vence el que sabe morir. 
Enlacemos un nombre glorioso 
De los siglos al rápido vuelo: 
Elevemos los ojos al cielo, 

Y a los años que están por venir. 

Vale más a la espada enemiga 
Presentar el impávido pecho, 
Que yacer de dolor en un lecho, 

Y mil muertes muriendo sufrir. 
Que en la gloria en las lides anima 
El ardor del patriota constante, 

Y circunda con halo brillante 
De su muerte el momento feliz. 

¡ Cuba ! al fin te verás libre y pura 
Como el aire de luz que respiras, 
Cual las ondas hirvientes que miras 
De tus playas la arena besar. 

Aunque viles traidores le sirvan, 
Del tirano es inútil la saña, 
Que no en vano entre Cuba y España 
Tiende inmenso sus olas el mar. 



En su oda Al Niágara no olvidó a su Cuba, y 
cantó así: 



Mas ¿qué en ti busca mi anhelante vista 
Con inútil afán? ¿Por qué no miro 
Alrededor de tu caverna inmensa 
Las palmas ¡ay ! las palmas deliciosas 
Que en las llanuras de mi ardiente patria 
Nacen del sol a la sonrisa, y crecen, 
Y al soplo de la brisa del océano, 
Bajo un cielo purísimo se mecen? 

-314— 




—315- 



Heredia, en el álbum de su hermana la Sra. Ignacia 
Heredia de Ángulo, escribió los siguientes versos al te- 
ner que abandonar a Cuba: 

Dulce Ignacia, diciendo tu nombre 
Hallo siempre a mis penas consuelo, 
Tú eres puro y perfecto modelo 
Del amor y piedad fraternal. 

Oh! Consuela a mi madre afligida 
Y suavice tu amor su tormento, 
Mientras llega a lucirme el momento 
O de gloria o de ruina final. 



Gertrudis Gómez de Avellaneda, hija de Camagüey, 
una de las más grandes poetisas del habla española, 
cantó a Cuba el siguiente soneto : 

AL PARTIR 

¡Perla del mar! ¡Estrella de Occidente! 
¡Hermosa Cuba! Tu brillante cielo 
La noche cubre con su opaco velo, 
Como cubre el dolor mi triste frente. 

¡Voy a partir! La chusma diligente, 
para arrancarme del nativo suelo, 
las velas iza, y pronto a su desvelo 
la brisa acude de tu zona ardiente. 

¡Adiós, patria feliz, edén querido! 
¡ Doquier que el hado en su furor me impela, 
tu dulce nombre halagará mi vida! 

¡Adiós!. . . Ya cruje la turgente vela. . . 
el ancla se alza ... el buque, estremecido, 
las olas corta y silencioso vuela! 

—316— 




-317- 



La dulce e inspirada poetisa Luisa Pérez de Zam- 
brana en estos versos dijo a Cuba: 

A CUBA 



¡Oh! Cuba, si en mi pecho se apagara 
Tan sagrada ternura, y olvidara 
Esta historia de amor, 
Yo hasta el don de sentir me negaría, 
Pues quien no ama a la patria ¡oh Cuba mía! 
No tiene corazón. 



Enrique Loynaz del Castillo, que es un patriota, 
que peleó como un bravo, que cantó en su himno inva- 
sor la heroicidad del cubano, cantó luego a la Patria 
en este brillante soneto. 

PATRIA 

No consientas, ¡oh Patria! más cadenas; 
Con estrépito rotas por tu mano, 
enseña las del último tirano 
Y clava tu estandarte en las almenas! 

No sufrirás de sierva las faenas 
mientras cruce tus montes un cubano, 
mientras haya corceles en el llano, 
mientras circule sangre en nuestras venas. 

Jamás el criollo corazón midiera 
a enemiga pujanza. Fué al combate 
a morir o triunfar por tu bandera. 

Su fe no amengua, su valor no abate; 
Patria, ¡que por tu bien aun hay quien muera! 
Que por tu libertad aun hay quien mate! 

—318— 




-319- 



Lola R. de Tió fué una poetisa nacida en Puerto 
Rico, pero que vivió por casi toda su vida entre nosotros 
y amó a Cuba de modo intenso y siempre cantó a sus 
libertades. 

Oye estos versos dedicados a Gómez y a Maceo: 

HIMNO A CUBA 

1 

Alzad la frente, cubanos, 
la patria en ira se inflama, 
y en son de guerra nos llama 
a confundir los tiranos. 
2 

Oíd! el grito de Oriente 
el aire rasga y atruena; 
por todas partes resuena: 
¡ Viva Cuba independiente ! 
3 

Viva! claman las guerrillas 
avanzando al Camagüey; 
y Cuba libre, por ley 
proclaman las Cinco Villas. 
4 

Libertad ! gritan los bravos ! 
los esforzados patriotas; 
rueden las cadenas rotas! 
No más déspotas ni esclavos! 
5 

A las armas! a las armas! 
fieros van los paladines, 
al eco de los clarines 
que repiten las alarmas. 
6 

Fieros van! y en la carrera 
que los lleva a la victoria! 
conquistar quieren la gloria 
de tener una bandera. 

-320- 




-321- 



7 

Con el hierro o la plegaria 
no hay un solo corazón 
que no aclame al pabellón 
de la estrella solitaria. 



Oíd! el grito de Oriente 
en todos los pechos vibre: 
¡Viva Cuba siempre libre! 
¡Viva Cuba independiente! 



El 

Ya te dije al principio de esta conversación qué co- 
sa representa Enrique José Varona entre nosotros: él 
es el filósofo, el patriota y el poeta; oye qué versos tan 
ideales y tan instructivos : 

¡MAS LUZ! 

(FRAGMENTO) 

— ¿Quieras paz, Pueblo? — Levanta 

no el cadalso, no; la escuela, 

para que surja la luz 

y el mal ignoto no asombre 

ni el justo muera en la cruz 

ni el hombre abomine al hombre. 

Levanta la escuela, el templo, 

de redención el altar, 

para sembrar el ejemplo 

y verlo fructificar. 

Para ver nuestros hermanos, 

al rico y al indigente, 

sin cadenas en las manos, 

con luz del cielo en la frente. 

—322— 






-323- 



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Capitán José Manuel Carbonell. 



José Manuel Carbonell 

Es un poeta y un pa- 
triota; cantó a Cuba y la 
sirvió en la guerra, a pesar 
de sus pocos años enton- 
ces, y ahora la sirve traba- 
jando, estudiando y predi- 
cando por y para la Patria. 

Ninguna mancha empa- 
ña su toga de abogado, de 
ciudadano y de patriota. 
Oye estos bonitos e inspi- 
rados versos que compuso, 
dedicados a la expedición 
que lo trajo a la guerra 
de Cuba: 



AÑORANZA 

Fué una hermosa tarde de mis quince abriles 
cuando en la cubierta del buque mambí, 
sobre el ronco abismo color de esperanza 
la emoción más honda de patria sentí. 

De padres y hermanos volaba el recuerdo 
a posar sus alas en mi corazón, 
y de Cuba heroica, con su lanza en ristre, 
la estrella alumbraba mi tenaz visión. 



-324- 



Entre mar y cielo diez eternos días, 
bajo la influencia de la voluntad, 
iba entrelazando ternuras y aceros, 
peregrino imberbe de la libertad. 

Ya en la playa libre de la isla sonora, 
en una mañana de serena luz, 
me apreté la vena filial del recuerdo, 
me ceñí las armas, y juré la cruz . . . 

Han pasado raudos diez y nueve años; 
la experiencia nada dice a mi razón; 
como antaño, ahora la bandera flota 
desplegada al mástil de mi corazón. 



1916. 



—325— 



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CAPITULO XXIV 

DESCRIPCIÓN DE CUBA 

I 

geografía física 

I P JADRE.— Tú conoces, mi querido niño, porque la 
bjijifjl has estudiado en cursos anteriores,^ la geografía 
Bffl» de Cuba; pero quiero 
terminar esta conversación 
haciéndote un ligero recor- 
datorio de nuestra geo- 
grafía. 

La isla de Cuba es la 
más grande y más occiden- 
tal de las Antillas y su po- 
blación es mayor que la de 
ninguna otra. 

La isla de Cuba está 
situada entre la América 
del Norte y la América del 
Sur, en la entrada del Gol- 
fo de México, entre los 19 
grados 40 minutos y 23 
grados 30 segundos, lati- 
tud norte, y los 74 grados 
y 85 grados longitud al 
oeste del meridiano de 
Greenwich. 

La figura de Cuba es 
larga y estrecha, tiene la 
forma de un arco de círculo 



General Néstor Aranguren 

Joven de 24 años, mandó fuerzas en la pro- 
vincia de la Habana, asombró al enemigo 
y le hizo morder el polvo de la derrota 
por cientos de veces. ¡Victorioso siempre! 
Su valor temerario lo hizo aceptar comba- 
tes tan sólo con un compañero. Murió pe- 
leando en 1898. 



-327- 



que se extiende de este a 
oeste. La parte convexa 
mira al norte y termina en 
dos cabos o puntas; el del 
este se llama punta de Mai- 
sí; el del oeste, cabo de San 
Antonio. 

La isla de Cuba está 
limitada al norte por el 
Golfo de México y el es- 
trecho de la Florida. Su 
costa norte dista de Flori- 
da, es decir, de Cayo Hueso, 
unos 160 kilómetros, y la 
parte más oriental la limi- 
ta el Canal Viejo de Baha- 
mas. Al este la limita el 





Dr. Octavio Giberga 

Coronel del ejército mambí, abogado y 
gistrado ilustre. Murió en 1923. 



Coronel de caballería Carlos Guas 



Sirvió en la provincia de la Habana y co- 
mo un bravo luchó en la guerra. 



estrecho de Maisí o Paso 
de los Vientos, a una dis- 
tancia de 80 kilómetros de 
la Isla de Haití y Santo 
Domingo. Al sur la limita 
el Estrecho de Colón, dis- 
tante 135 kilómetros de 
la isla de Jamaica. Tam- 
bién la baña el mar de las 
Antillas, y al oeste, la li- 
mita el estrecho de Yuca- 
tán, a una distancia de 200 
kilómetros de la península 
de Yucatán, situada ésta 
en la República de México. 

De este a oeste, es de- 
cir, desde la Punta de Mai- 



-328— 




-329— 



sí al cabo de San Antonio, mide 1,200 kilómetros. Su 
ancho varía de un máximum de 200 kilómetros, que 
es la distancia que existe desde Punta de Prácticos, si- 
tuada en la entrada de la bahía de Nuevitas, en la costa 
norte, provincia de Camagüey, al pequeño puerto de 
Mota en la costa sur, correspondiente a la provincia de 
Oriente; su mínimum de 
ancho es de 40 kilómetros, 
que mide desde la ensena- 
da de Majana, al sur, al 
puerto del Mariel al norte, 
situados ambos puntos en 
los límites de las provincias 
de la Habana y Pinar del 
Río. 

El área de Cuba, in- 
cluyendo los islotes y los 
cayos que la rodean, es de 
114,524 kilómetros cuadra- 
dos, de los cuales, pertene- 
cen a Cuba propiamente 
dicho, 107,924 kilómetros 
cuadrados. 




General Armando Sánchez Agramóme 

Jefe del regimiento de bravos camagiieya- 
nos que escoltó al cuartel general del gene- 
ral Máximo Gómez durante toda la cam- 
paña de 1897 y 1898. De los trescientos 
hombres que formaban el regimiento dicho, 
cuando se acabó la guerra quedaban tan só- 
lo unos cien. 



TOPOGRAFÍA 

Cuba, por su figura lar- 
ga y estrecha, tiene una 
gran extensión de costas, 
calculada entre 3,500 kiló- 
metros, de los cuales, 1,700 
pertenecen a la costa norte y 1,800 a la sur. 

Las principales bahías de la costa norte son: Ba- 
hía Honda, la Habana, la Isabela de Sagua, Nuevi- 
tas, la inmensa y hermosa de Ñipe y la de Baracoa. Al 
sur tenemos las de Guantánamo, Santiago de Cuba, 
Manzanillo, Cienfuegos y Batabanó. 

La costa norte es alta y escarpada; la del sur, baja 
y pantanosa. 

—330— 




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HABANA. - CARRETERA DE GÜINES 



—331 — 



Cuba tiene una superficie quebrada e irregular. 
Sus montañas no son elevadas; las más altas crestas 
están en la parte occidental, en la costa norte, y en la 
costa sur en la parte oriental, siendo éstas más altas 
que las de occidente. El terreno de Cuba es quebrado, 
con lomas de pequeña elevación; pero hay terrenos en la 
Isla que son llanos, formando extensos y pintorescos 
valles, muy fértiles y de gran valor. En toda la Isla 

existen montes espléndi- 
1 dos, con buenas maderas, 
que representan una ri- 
queza muy apreciable. 



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OROGRAFÍA 

Las montañas de la Is- 
la de Cuba están forma- 
das por tres grandes gru- 
pos, separados por dos 
llanuras extensas y que- 
bradas. El grupo occi- 
dental se extiende desde 
el cabo de San Antonio 
hasta las lomas de Ca- 
marioca, cerca de Cárde- 
nas, provincia de Matan- 
zas, y está formado por 
cadenas de montañas pa- 
ralelas a la costa norte. 
Estas montañas forman 
en la provincia de Pinar 
del Río la sierra de los 
Órganos o de Guaniguanico, que desciende sensible- 
mente al entrar en la provincia de la Habana por el 
oeste de ésta. 

El punto más alto de esta cordillera es el Pan de 
Guajaibón, cerca de Bahía Honda, que mide 760 me- 
tros de altura. 

El grupo central de estas montañas no forma cor- 

^332— 




General Carlos González Clavel 

Primer ayudante de Maceo desde que éste 
llego a Cuba, en 1895, hasta su paso de la 
Trocha del Mariel. Por haber recibido en 
una pierna un balazo días antes del cruce 
de la Trocha, no se encontró en dicho acto. 





-333- 



dillera continua; ella está formada por tres series de lo- 
mas, unas al sur de la provincia de la Habana, que for- 
man la sierra de Bejucal, las lomas de Managua y las de 
Candela; éstas se ramifican hacia el norte penetrando en 
la provincia de Matanzas; allí se destaca una eminencia 
conocida con el nombre de Pan de Matanzas. Al sur, 
en la provincia de Santa Clara, perteneciendo al mismo 
grupo central, están las sierras que circundan por el 

este a la ciudad de Cien- 
fuegos, y por el norte a la 
ciudad de Trinidad, y que 
se conocen con el nombre 
de sierra de Escambray. 
El punto más alto de esta 
región es el Pico de Po- 
trerillo, con 950 metros 
de altura. 

Al norte de esta pro- 
vincia existen las lomas 
de Sierra Morena, al oes- 
te de Sagua la Grande; la 
de Banburanao y Mata 
Hambre, al sur de Ya- 
guajay. La provincia de 
Camagüey es bastante 
llana y sus lomas de poca 
altura; al norte de dicha 
provincia está situada la 
sierra de Cubitas, y al 
sur, la de Najasa. 

La parte más monta- 
ñosa y más elevada de la 
isla es la cordillera que se extiende en muchas direccio- 
nes formando una serie de estribaciones que la unen a 
la cordillera denominada Sierra Maestra, en Oriente, 
que va por el sur, formando línea paralela con la costa, 
desde el Cabo Cruz hasta el límite oriental de la Isla. 
En esta región existe la sierra del Cobre; el Yunque, 
con 850 metros de altura; el Ojo del Toro, con 1,000 

—334— 



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^iisSilíl 



José Domingo Vélez 



Coronel de caballería del ejército que peleó 
diez años contra España. No se sometió 
cuando el Zanjón; emigró a Panamá, y allí 
ansiaba por el nuevo día del cubano; pero 
la muerte le sorprendió en tierra extraña 
soñando y amando a Cuba. 




—335- 



metros; la Gran Piedra, con 1,500 metros, y el Pico de 
Turquino, la cresta rnás alta de las montañas cubanas, 
que mide 2,400 metros de altura. 

HIDROGRAFÍA 



Los ríos de Cuba son numerosos, pero estrechos, de 
corta extensión y poca profundidad. Los ríos más nota- 
bles son: el Sagú a la 
Grande, con 150 kilóme- 
tros de largo, de los cuales 
treinta son navegables, 
situado al norte de la 
provincia de Santa Clara, 
y el Cauto, el más cau- 
daloso de la Isla, con dos- 
cientos cincuenta kilóme- 
tros de largo, de los cuales 
noventa son navegables, 
situado en la provincia 
de Oriente, y desemboca 
al norte de Manzanillo. 



II 



GEOLOGÍA 




Daniel Tafeares 

Hijo de Jovellanos, se sublevó en Sagua la 
Grande en junio de 1895; ingresó de solda- 
do, acompañó a Maceo en la invasión, al- 
canzó el grado de coronel y se cubrió de 
gloria en los campos de batalla de occidente. 
Murió en 1922. 



C UBA está sentada 

535 en rocas anteriores 

— * al período tercia- 
rio. En ella encuentran minas de hierro, de cobre, de 
plata, de oro y otros metales; se ha buscado el petróleo, 
pero parece que no existe en abundancia. 

LORA 

La vegetación de Cuba es perenne en todas las estacio- 
nes, ya que aquí, bien definidas, sólo hay dos estaciones, 

—336— 




-337— 



la de lluvias y la de sequía. La época de las lluvias 
empieza en abril y termina en octubre. La sequía em- 
pieza en noviembre y termina en marzo, aunque du- 
rante este período de seca caen fuertes aguaceros y es 
muy abundante la niebla en este tiempo; esa niebla sir- 
ve de rocío, que da vitalidad a las plantas y las man- 
tiene en un estado de verdor eterno. 

La flora cubana es muy abundante: los grandes 

árboles, como la palma, el 
cedro, la caoba, la ceiba, 
los pinos y multitud de 
otros gigantescos árboles, 
cubren el suelo cubano. 
Esos árboles prestan gran 
beneficio al agricultor cu- 
bano, sobre todo la palma, 
de la que se aprovecha su 
guano para cobijar las 
casas, la yagua para hacer 
envases de multitud de 
cosas, y tabiques de las 
casas humildes; el palmi- 
che para alimento de los 
cerdos; la madera para 
tabiques y pisos de casas; 
la caoba, el cedro, el pi- 
no y otros árboles, se 
utilizan para la fabrica- 
ción de finos muebles, de 
los cuales se exportan mu- 
chos al extranjero. 
Al lado de estos gigantescos árboles se encuentran 
ricos y nutritivos pastos que sirven de alimento a los 
animales. 

FAUNA 

La fauna cubana también es variada : el ciervo, aun- 
que no es oriundo de Cuba, se ha multiplicado grande- 
mente; también abundan el conejo y el cerdo jíbaro. 

—338— 




Dr. Manuel Coroalles 

Médico cubano que emigró a Panamá, porque 

su rebeldía le obligó a salir de Cuba; allí fué el 

jefe de la delegación de la revolución cubana. 

Murió en 1906. 




Trepador de palmas para desmochar palmiche. 




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339- 



Las aves silvestres son abundantes y variadas. 
Los patos, las palomas, las codornices, abundan extre- 
madamente y son muy ricas al paladar. A más de estos 
animales, existen unas doscientas especies de pájaros 
indígenas de bello plumaje. Entre ellos están el sin- 
sonte y el ruiseñor, muy bonitos y que cantan admira- 
blemente. 

En los lugares pantanosos viven los cocodrilos y 
los caimanes, que llegan a adquirir un tamaño enorme, 
dos, tres y cuatro metros de largo; pero no son feroces. 
Hay muchas variedades de reptiles e insectos, pero nin- 
guno venenoso. El reptil más grande es el majá, que 
adquiere algunas veces hasta quince pies de longitud. 

Entre los animales útiles que tienen mucha fama 
está la jutía. 

La jutía, mamífero indígena, es un animal muy 
abundante en los bosques de Cuba. Tiene el aspecto 
de una rata muy grande. Es muy buscada por el cam- 
pesino cubano, a quien le sirve de alimento. 

Oye, querido niño, esta poesía festiva y gráfica, 
sobre ella, que, como antes digo, es un roedor de tamaño 
grande que sirve de alimento a nuestros hombres de cam- 
po, y que a los mambises los ayudó a vivir, pues para 
muchos fué su alimento único. 

Esa poesía la conserva inédita nuestro amigo Figa- 
rola Caneda, de quien ya te he hablado anteriormente, y 
fué escrita por el ayudante del mayor general Ignacio 
Agramonte, coronel Ramón Roa. 

LA JUTIA 

¡Oh trópico iracundo do se encierra, 

formando cataratas, 

la lluvia torrencial que cubre el suelo, 

y manda al extranjero en esta tierra 

— si viene con bravatas — 

que el viaje emprenda chapuzando al cielo! 

-340— 



Presta a mi voz la fuerza prepotente 
del huracán que ruge entre los mares, 
y así la escuche atónita la gente 
del Polo al Mediodía, 
porque quiero entonar desde mis lares 
un canto de loor a la jutía! 

No la veis?. . . Ahí está!. . . Árbol coposo 
que el ángulo delínea de una Y griega, 
es su albergue dichoso 
do el jíbaro famélico no llega 
con ansias de clavar agudo el diente; 
por eso ella sonríe, 
ajena de congojas, 
aspirando a sus anchas el ambiente, 
y deja al padre Sol que allí le envíe 
sus tibios rayos entre verdes hojas. 
Su amante compañera, 
dueña y señora del cupey vecino, 
frenética la llama, 
y al responder vivaz y zalamera, 
sin contar los abrojos del camino, 
pasa de rama en rama, 
hasta adormirse en plática amorosa, 
olvidando que a veces la fortuna, 
voltaria y caprichosa, 
si presto no se advierte, 
con la envidia malévola se aduna, 
y al que tiene más vida le da muerte ! 

Ya llega el cazador infatigable, 
que el árbol trepa de arrogancia lleno ; 
ya corren, saltan, rugen y se agitan 
desafiando la suerte ineluctable; 
mas todo en vano, que el follaje ameno 
impídeles la fuga; al fin se irritan 
cual fieras acosadas, 
y al volverse sin tino, amenazando 
matarle a dentelladas, 
el rudo cazador, con gran destreza, 

-341— 



las va en tierra sin vida derribando 
al golpe de machete en la cabeza; 
mientras que abajo el gozo jutíero, 
sin vanos artificios, 
se escrespa y gruñe como tigre fiero, 
celoso de alcanzar los desperdicios. 

Mas no mueras, jutía! Porque entonces 
nace tu eterna fama, 
la fama voladora, 

más firme que los mármoles y bronces, 
con que el tenaz cubano te proclama 
de Cuba salvadora ! . . . 

Contestadme de hinojos, desgraciados, 
que pizca no tenéis de sentimiento, 
¿qué fuera de estos ínclitos soldados, 
en ancho valle, en espesura ignota, 
si a faltarles llegara el alimento 
que les diera vigor en la batalla? 

¿Ni quién subyuga al férvido patriota 
que en el bosque mil veces centenario 
encuentra su vitualla, 
sin costos ni dispendios al Erario, 
al par que su enemigo el altanero, 
para nutrir las filas de su tropa, 
en busca de dinero 
revuelve los mercados de la Europa? 

Por falta de calzado, 
en las breñas que erizan el camino, 
¿cuánto pie delicado 
no privara a su dueño del divino 
laurel que simboliza la victoria, 
si artesano afanoso 
la piel de la jutía no curtiera 
y zapatos le diera 
para salir avante en la jornada? 
Del gastado armamento, ¿qué sería, 
si no fuera en sus piezas restregada 
la reluciente grasa de jutía? 

-342— 



A prueba de ciclones, 
para en salvo llevar las municiones, 
la curtida canana, ¿a quién se debe? 

Un pigmeo ha de ser, mísero idiota, 
no de estirpe cubana, 

quien no sabe encumbrarte, o no se atreve, 
¡oh jutía! que ofreces al patriota 
alimento y calzado, arma y canana! 

Yo admiro ese taller donde se curte 
tu codiciada piel con la corteza 
de que amable nos surte 
la próvida y feraz Naturaleza; 
las rústicas canoas, el adobo, 
y el curtidor paciente 
que se reclina a ratos indolente 
bajo el verde dosel de un algarrobo. 

Bien recuerdo, de goces extasiado, 
que al ángel bello de mi amor bendito, 
por haberse en la danza columpiado, 
le vi, por dicha mía, 
el breve pie, minúsculo y bonito, 
calzado con chapines de jutía. 

Y la guitarra, en fin, cubana orquesta, 
el alma de la fiesta, 
que poblaba los aires de armonía, 
muda hubiera yacido y silenciosa, 
si mano generosa 
no la armara con cuerdas de jutía. 

¡Oh, jutía inmortal! Al mismo Homero 
el genio no bastara, 
discantando tu gloria, 
para soñar siquiera cuan preclara 
por siempre habrás de ser ante la Historia ! 

Yo sólo sé que cuando triunfe Cuba 
y su bandera a las almenas suba 
— porque palma y laurel orlen su frente — , 
la amada patria mía 

pondrá sobre su escudo: — "¡Independiente 
por la gracia de Dios y la jutía!" 

—343- 



CLIMA 

El clima de Cuba es cálido y húmedo ; el predominio 
de los vientos alisios y la estrechez del territorio hacen 
que no se sienta un calor excesivo. 

El frío es poco intenso, lo que permite tener un 
invierno agradable durante los meses de noviembre, 
diciembre, enero y febrero. El verano, que es cuando 
se experimenta la temperatura más alta, empieza en 
junio y termina en septiembre. 

La temperatura media anual es de 25 grados cen- 
tígrados. El mes de julio es el más caluroso y la tem- 
peratura media es de 27.1 grados centígrados. El mes 
más fresco del año es enero, cuya temperatura media 
es de 21 grados centígrados. 

La temperatura más alta en Cuba ha sido observada 
en Cayo Mambí, Sagua de Tánamo (Oriente) en 1917 
y fué de 42 grados centígrados. La temperatura más 
baja se observó en Quintana en 1917yl919, en que 
bajó el termómetro a 2 y medio grados centígrados. 

El lugar más frío de la isla es la Habana; su tempe- 
ratura media es de diez grados centígrados. 

• 

Como se ve, el territorio de Cuba, mi querido niño, 
es excelente, y después que la obra de saneamiento eli- 
minó la fiebre amarilla y otras enfermedades infecto- 
contagiosas, ocupa un lugar preferente para la vida 
del hombre, y tanto, que el promedio de mortalidad anual 
no pasa de 18 por mil. 

POBLACIÓN 

La población actual de Cuba es de 2.889,004 habi- 
tantes. 

—344— 



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T. Cocodrilos V 






ISLA a 

MAPA DE ISLA DE PINOS 



PINOS í 




-346— 



Las ciudades más pobladas de Cuba son las si- 
guientes : 

Habana 363,506 

Santiago 62,083 

Camagüey 41,909 

Matanzas 41,574 

Cienfuegos 37,241 

Marianao 30,701 

Cárdenas 27,477 

El territorio cubano podría sostener perfectamente, 
sin gran aglomeración, de 12 a 14 millones de habitan- 
tes. A ese ideal hay que elevar el esfuerzo de los hijos 
de Cuba, para hacer de su patria un pueblo próspero y 
feliz, digno de la civilización y de los heroísmos y sa- 
crificios de los cubanos patriotas. 

ISLA DE PINOS Y CAYOS ADYACENTES 

Esa isla está situada al Sur de la provincia de la 
Habana y a unas ocho horas de distancia por vapor; 
partiendo de la bahía de Batabanó. 

La superficie de ella es de 3,100 kilómetros cua- 
drados y su población es de 4,228 habitantes; los islo- 
tes y cayos adyacentes a ella tienen una superficie de 
1,350 kilómetros cuadrados. 

Esa isla pertenece, en la administración pública, al 
gobierno provincial de la Habana, y está regida por el 
régimen municipal; todos los islotes y cayos están bajo 
la administración de aquel municipio. 

Sus riquezas naturales son maderas, minerales, 
mármoles y aguas mineromedicinales de gran valor. 

Su clima es igual al de Cuba y sus tierras producen 
magníficos frutos de las variedades cítricas. 

Los mares que la circundan tienen abundantes y 
variados peces, crustáceos y moluscos, que han dado un 
gran desarrollo a la industria pesquera. 

—347— 




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EL MORRO DE LA HABANA 



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CAPITULO XXV 

PENSAMIENTOS SOBRE LA PATRIA 

E es patriota prefiriendo el idioma nacional a 
cualquiera otro idioma ele la tierra. El idioma es 
la representación genuina de una nación. 
Querer hablar en su Patria misma otro idioma, con 
preferencia al idioma nacional, es ofender a los pa- 
triotas. 

Todos los títulos, todos los nombres de industrias y 
de negocios deben de estar escritos en el idioma nacional. 

Creer que cualquier industria, cualquier comercio, 
cualquier negocio, será mejor, será más próspero porque 
sus rótulos sean escritos en otro idioma distinto al idio- 
ma nacional, es deprimirse a sí mismo y deprimir a su 
comercio, su negocio o su industria. 

La observación de tal procedimiento es una decla- 
ratoria completa de inferioridad que ofende al mismo 
que la practica y que disminuye el buen nombre de la 
Patria. Toda persona debe buscar la superioridad y no 
tolerar que nadie sospeche que pueda ser inferior, por- 
que la inferioridad en tal caso nos degrada. 
* * * 

Si el producto nacional es inferior en calidad, debe 
trabajarse y afanarse por mejorarlo hasta conseguir 
que llegue a la altura del producto extranjero, para no 
tener necesidad de usar el extranjero. 

-349— 



Todos los hombres que se respetan a sí mismos deben 
hacer un esfuerzo gigantesco y constante para que todo 
lo de su nación sea apreciado por el mundo como bueno, 
elevando así el prestigio de la Patria y aumentando las 

riquezas de ésta. 

* * * 

Sólo los buenos, los virtuosos, los honestos, los honra- 
dos, los puros, los valientes y los esforzados de espíritu 
saben conservar la Patria. 

* * * 

La Patria es enaltecida y glorificada por los que siem- 
pre luchan a favor de ella; y se lucha por la Patria en la 
guerra, en su gobierno y en su progreso científico, co- 
mercial, industrial, económico y político. 

* * * 

Los buenos patriotas aman la justicia por encima de 
todo. 

Los pueblos justos tendrán siempre la existencia 
feliz. 

Los pueblos justos y valientes harán respetar siem- 
pre la bandera de la Patria. 

Los pueblos honrados y virtuosos tendrán siempre 
la admiración extraña. 

* * * 

Los pueblos trabajadores aumentarán la riqueza 
nacional y le darán brillo en la constelación de las nacio- 
nes del mundo. 

* * * 

Los pueblos estudiosos darán gloria a la Patria al 
aumentar los conocimientos humanos, impulsando el 
progreso por caminos rápidos, cosa de llegar pronto a la 
mayor civilización. 

Los pueblos piadosos gozarán intensamente al 
producir el bien al infeliz, al desgraciado que está falto 

de todo. 

* * * 

La paz de los pueblos es el supremo bien que pueden 
gozar. 

—350— 



La paz sólo se conserva por medio de la justicia. 
La paz, como bien supremo, debe conservarse a todo 
trance. 

* * * 

El valor mantendrá, por medio de la guerra, la ban- 
dera de la Patria, si ésta fuese atacada, y restaurará la 
justicia, la democracia y la libertad, si malos hijos la 
obscurecen y la degradan. 

El terrible mal de la guerra será un bien para la 
Patria cuando se vea compelida a hacerla. 

Los pueblos acosados por propios o extraños debe- 
rán hacer la guerra para conservar su propia vida; no 
hacer la guerra entonces es una cobardía que hará 
infeliz a la Patria; sus hijos perderán honor y bienestar; 
la bandera misma rodará por el suelo con enorme es- 
trépito, y el edificio de la nación caerá en los abismos 
de la indignidad. 



Los pueblos grandes, las grandes naciones, se hacen 
respetar por la fuerza de sus cañones. 

Los pueblos pequeños, las pequeñas naciones, se 
hacen respetar tan sólo por sus virtudes públicas y pri- 
vadas. 

* * * 

La honradez es el primer deber y el timbre más glo- 
rioso de los gobernantes y el más seguro de los medios 
para engrandecer a la Patria. 

La enseñanza pública es la vitalidad de las naciones; 
el pueblo culto será admirado y feliz. 



Un buen ejército de maestros hará tanto por la 
Patria como un ejército valiente en los días de peligro 
para la nación. Los maestros hacen al hombre y pre- 
paran, por lo tanto, al soldado del mañana, al patriota 
convencido de que debe morir en defensa de la Patria. 

—351- 



CAPITULO XXVI 

LA REPÚBLICA DE CUBA 

! j~f JIJO. — Papá, yo quisiera conocer también la vida 
Hra de nuestra República: ¿cómo se ha desarrollado 
' h < t ' " * y cómo vive? 

Padre. — Mi querido hijo, más adelante yo te contaré 
mucho de nuestra vida republicana; pero esta conversa- 
ción te debe haber fatigado ; yo lo esto}^ ya y necesito 
el descanso. 

Sólo te diré hoy que. nuestra vida republicana ha 
sido un tanto azarosa, ha habido errores que han com- 
prometido a veces la salud de la República; pero los cu- 
banos, recordando la historia gloriosa de sus guerras, 
han enmendado sus errores y han puesto el alma otra 
vez al servicio de la Patria. 

Los que hicieron la Patria van pasando; la acción 
del tiempo mató a unos y envejece a otros, y el porvenir 
de ella ya está casi encomendado a los jóvenes cubanos, 
de los cuales tengo la seguridad de que serán buenos 
patriotas, y de que por dar vigor y honor a la Pa- 
tria sabrán sacrificarse e imitar a sus grandes héroes y 
a sus grandes mártires. 

Los jóvenes cubanos, y tú entre ellos, mi querido 
hijo, representan la promesa del mañana, para el bien 
de la Patria. Yo así lo espero. 

Mi querido hijo, tengo a mano los retratos de los 
cinco Presidentes que ha tenido la República de Cuba 
y te los muestro para que los conozcas; y basta por hoy. 

—353— 




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TOMAS ESTRADA PALMA 

Presidente de la República en armas en 1877; delegado de la Revolución en New 

York de 1895 a 1898; primer Presidente de la República, del 20 de mayo de 1902 

al 28 de septiembre de 1906. 

Murió en Santiago de Cuba el 4 de noviembre de 1908. 



-355— 




MAYOR GENERAL JOSÉ MIGUEL GÓMEZ 

Segundo Presidente de la República (28 de enero de 1909 a 20 de mayo de 1913;. 
Murió en New York el 13 de junio de 1921. 



-357- 



fp *^ 




MAYOR GENERAL MARIO GARCÍA MENOCAL 
Tercer Presidente de la República (20 de mayo de 1913 a 20 de mayo de 1921). 



-359- 




DR. ALFREDO ZAYAS Y ALFONSO 
Cuarto Presidente de la República (20 de mayo de 1921 a 20 de mayo de 1925^ 



-361 




GENERAL GERARDO MACHADO Y MORALES 
Quinto Presidente de la República (20 de mayo de 1925 a 20 de mayo de 1929). 



-363- 



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ÍNDICE 



Pág. 



Dedicatoria 7 

Prólogo, por el Dr. E. Hernández Cartaya 9 

Notas biográficas del Di*. Matías Duque, por el Dr. Federico 

Castañeda 13 

Prefacio 17 

Introducción. — Nuestra Patria 19 

CAPITULO I. — ¿Qué es la Patria? 23 

CAPITULO II.— Los enemigos de la Patria 27 

CAPITULO III. —De los peligros extraños a la Patria. 29 

CAPITULO IV.— La Bandera . 35 

CAPITULO V. — La jura y el saludo a la bandera . . 39 

CAPITULO VI.— El Escudo 41 

CAPITULO VIL —Cómo se formó la pati'ia cubana . . 43 

Himno Nacional cubano 52 

CAPITULO VIII. — Anécdotas de la guerra de los Diez Años 57 
CAPITULO IX. — Algunos combates de la guerra de los 

Diez Años 63 

I.— A caballo 63 

II. — El rescate de un héroe .... 65 
III.— El combate del Naranjo. — 600 

contra 3,000 68 

CAPITULO X. —Nueva política cubana 75 

CAPITULO XI. — Nueva sublevación de los patriotas cu- 
banos 89 

El grito de Baire. — 24 de Febrero, 1895 89 

Himno Invasor 103 

CAPITULO XII. —Antonio Maceo 119 



Pág. 

CAPITULO XIII.— General Máximo Gómez 125 

Consejos del general Máximo Gómez a 

los cubanos cuando terminó la guerra. 128 

CAPITULO XIV.— Anécdotas patrióticas. — Guerra de In- 
dependencia, 1895 131 

Coronel Enrique Villuendas. — Teniente 

Coronel Jorge Villuendas .... 161 

Félix Iznaga 163 

Demetrio y Joaquín Castillo Duany . 165 

CAPITULO XV.— Los Médicos 167 

CAPITULO XVI.— Patriotas cubanas 173 

Eva Adán y Betancourt de Rodríguez . 178 

Gabriela de Varona 180 

Concepción Agramonte de Sánchez . 181 

Blanca Téllez de Castillo 181 

Clemencia Arango y Solar 182 

Mariana Grajales de Maceo .... 184 

María Cabrales de Maceo. . . 185 

Emilia Córdova 186 

América Arias de Gómez . . . . . 187 

La familia del coronel Federico Sánchez 188 

Rosario Sigarroa 190 

Marta Abreu de Estévez 192 

Ana María Sotolongo de Fernández de 

Lara 192 

CAPITULO XVII.— Patriotas no combatientes 197 

Luis Octavio Divinó 198 

Néstor Ponce de León 200 

Gonzalo de Quesada 201 

Juan Mencía 201 

Gerardo Fernández Abreu 202 

José R. Montalvo 202 

Joaquín Albarrán 203 

Martín Morúa Delgado 205 

Felipe Poey 206 

José Raúl Capablanca 206 

Carlos de la Torre 207 

Agustín García Osuna 209 

José Antonio González Lanuza . 209 



Pág. 

Alfredo Zayas y Alfonso 211 

Horacio Rubens 213 

Domingo Figarola Caneda 213 

Antonio González de Mendoza . . 215 

Gaspar Betancourt Cisneros .... 216 

CAPITULO XVIII.— Enseñanza pública 219 

CAPITULO XIX. —La Política 229 

CAPITULO XX.— La intervención americana en Cuba. . 233 

"En Palacio y en el Morro", poesía por 

la Sra. Aurelia Castillo de González . 247 
"¡Victoriosa!", soneto por la Sra. Aure- 
lia Castillo de González 248 

La Enmienda Platt 249 

CAPITULO XXI. —Las industrias de la patria .... 257 

CAPITULO XXII. —Música, bailes y cantos populares. . 269 

Zapateo cubano 270 

Danzón, por Jorge Anckermann. . 274 

Vals tropical 277 

"Soy cubano" 278 

"De Cuba para la Habana" 283 

"La Flor de Mantua" 285 

"Una Ilusión", bolero 287 

"La Bayamesa" 293 

Himno de Bayamo 294 

CAPITULO XXIII. — Poesía 301 

Himno a la Bandera 301 

Mi propósito 303 

A mi madre 303 

La Canción de las Palmas 307 

El Juramento 308 

Canto a la Naturaleza de Cuba . . . 310 

Himno del Desterrado 313 

Al partir 316 

A Cuba 318 

Patria 318 

Himno a Cuba 320 

¡Más luz! (Fragmento) 322 

Añoranza 324 



Pág. 

CAPITULO XXIV.— Descripción de Cuba 327 

I. — Geografía física 327 

Topografía 330 

Orografía 332 

Hidrografía 336 

II.— Geología 336 

Flora 336 

Fauna . 338 

Clima 344 

Población 344 

Isla de Pinos y cayos adyacentes . 347 

CAPITULO XXV. —Pensamientos sobre la Patria ... 349 

CAPITULO XXVI.— La República de Cuba 353 



i Fotograbado Dibujo y Fotografía 

TRICROMÍAS t tf\ f*^ -.BICOLORES 

I TRABAJOS^ I I ^1 * COMERCIALES 
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UNIVERSITY OF N.C AT CHAPEL HILL 




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