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Full text of "Nuevas anotaciones al Ingenioso hidalgo D. Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra"

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IttítXJS <ttt0f(tCÍ0ttíS ^ 



Al-UiaMIOlO BIBAZ.»0 



D. QtlJOTE DE LA HASCHA 



Batctiona : 

UntENtA DE LA VIDDA E BOJOS IX GORCBS. 

^ coa LICBMCIA. . 



♦ 

• ti 






r • > 

ADVERTENCIA. 



Cuaado el bibliotecario Ds Juan Antonio Pellicer enriquecid 
la literatura con su edición del Quijote, hizo en ella ostentación 
y gala de los muchos materiales que tenía á mano, y de su 
vasta y selecta erudición. Con ella dejd entonces poco que 
desear á los apasionados de esta obra ingeniosa, original é 
inimitable, y mis nota» le aseguraron entre los literatos la 
reputación que justamentfi merecia. En los dos siglos que 
lian transcurrido desde la primera edición del Quijote , y 
en los anos que han mediado desde que escribió su anota- 
dor, las costuiQbres han variado, el lenguage ha sufrido alguna 
alteración, y los hechos históricos de aquella época á que 
, bace Cervantes oportunas alusiones no son naturalmente 
conocidos como entonces. Por lo mismo, leer el testo des* 
' nudo y sin esa preciosa luz que descubre y realza sus he* 
^ llezas, es lo mismo que quitarle gran parte de su gracia original 
Ó^ é inimitable , dejar oscuro su espíritu , y esponerle a equivo- 
i cadas interpretaciones, Ssta consideración fue la que nos puso 

* la pluma en la mano algunos años atrás para ilustrar en lo 

que pediéramos una obra , encanto y admiración de na» 
f^ cionales y estrangeros. No se gradué nuestra empresa de ofí<p 

« ciosidad ; el mismo Cervantes y el mismo Pellicer que escribie- 

' ran ahora las hallarían á faltar , y llenaran sin duda esta lagu* 

j na. Porque á la verdad ¿cuan pocos son los que conocen , y 

que no (leseen saber, por ejemplo, las ceremonias que se practi- 
Q caban al armar caballeros á aquellos hombres valerosos ó teme- 

rarios , cuyas acaloreadas cabezas estaban atestadas de una es- 
trana mezcla de ideas heroicas y comunes, tiernas y sanguina- 
rias? El magestuoso i imponente aparato de un torneo, la lujosa 
descripción de un carrosel ó de unas justas , en las cuales las 
damas y caballeros hapian alarde de su gentileza , de sus 
galas y de su pasión amorosa , y el bosquejo 4^ tantas otras 
cosas maravillosas y raras de aquellos tiempos , y de l^s cuales 6 
no tenemos idea ó es bastante equivocada, no nos son indíferen? 
tesen el dia ; ya porque este gusto vuelve i renacer, y ya tam* 
bien porque como nos h&Uamos mas distantes de la época en 
que se fueron anticuando, tenemos mas necesidad de renovarlas.- 
Por otra parte ¿ no fueron estas mismas ideas estrayagantes las 
, que díerou origen á la mas bella producción del ingenio huma- 
no? ¿Acaso el Quijote no es una crítica juiciosa y con un no in-? 
t^rriMQpido cbisjte de estas mismas usanzas caballerescas? 



Por esta razón en las anotaciones que publicamos amas á$ 
cuanto interesante es^íribieron Bowle^ PeMicer, Majans^ Ríos, 
^íavarrete y algunos otros anotadores de esta obra , damos un 
sucinto análisis de muchos de los libros de caballerías citados 
por Cervantes f J de las ediciones que de ellos se hicieron en 
tspaña y fuera de ella. Nos detenemos en espHcar las ceremo- 
nias con las cuales se conferia la orden de caballería ; las obli- 
jgaciones, usos y costumbres de los paladine»; los varios grados 
por los que solían pasar antes dé ser armados 4:aballeros etc. 
etc. Describimos igualmente el imponente aparato de las ba- 
tallas á todo trance, torneas, justas, carroseies, y demás pasa- 
tiempos de los caballeros^ Damos noticia del estraño código de 
jurisprudencia que se redactó en aquellos tiempos, y estuvo en 
vigor para régimen de las «< Cortes de Amor » y citamos algu- 
nos autos, sentencias 6 arrestos proferidos por aquellas^ con ar* 
reglo al nnsnio. Describimos la raajor parte de las piezas de la 
aruiudura antigua y t\ uso que tenían. Insinuamos el origen 
de donde tomó Cervantes la idea para arreglar muchas de las 
aViCnturas de sú D. Quijote; y últimamente exornamos con no-*> 
fas históricas y eruditas observaciones , todos aquellos otros pa- 
sages ó modismos, que á nuestro modo de ver lo exigían. En es- 
te ímprobo y poco lucido trabajo hemos tenido presente las 
reglas de una crítica juiciosa é imparcial, y procurado no fati-i- 
gar al lector con largas disertaciones, pocas veces gratas, y 
siempre pesadas cuando forman una parte secundaria de la 
obra. Novedad, claridad y precisión, he aquí lo que nos 
propusimos. Si lo hemos conseguido, el público es quien de* 
be juzgarlo; y bastante recompensados quedaremos de nuestro 
trabajo si podemos haber contribuido á ilustrar la obra clásica 
del inmortal Cervantes. 



NOTA. 

Aunque nuestra primera intención fue que estas anotaciones 
jormaran parte de, la esmerada edición del Quijote^ que iba d 
imprimir Gorchs en Barcelona^ calculamos después que seria 
mas útil publicarlas sueltas^ áfin de que los que tuviesen ya la 
obra , pudieran adquirir las notas sin necesidad de comprar 
otra edición w Escribiéronse^ es per dad y con arreglo d la d£ 
Gorchs y pero la división establecida de partes jr capítulosijr 
4:1 índice general de materias qae va al fin y facilita que pue^ 
da hacerse uso de estas noticias en cualquier otra ediciotí del 
Quijote* 




A LOt 



PRELIMINARBS PE LA OBRA. 



■ ■ " *i ^ ' > *■ ■ '■« ■■ I ■■ -w^mf 



ai tttuio tt tilú. 



(i) Ingenioso* Generalmente se cree que este adjetivúr te^ 
cae sobre el héroe de la historia por lo que se lee en los epí- 
grafes de los cap. II j XYI de la primera parte^ y por lo que se 
dice en la conclusión de la segunda, hablando del tin que tuvo et 
ingenioso hidalgo de la Mancha* Sin embargo^ el bibliotecario' 
D« Juan Antonio Pellicer opina que no es á D^ Quijote, sino al 
autor de ella, al que se reñere^ Porque al paso que nada tenia de 
ingenioso nuestro caballero andante, el autor de sus ayetituras 
manifestó ser de ingenio despierto y agudo, de cufa gracia se va* 
nagloriaba« Foresta razón el epíteto ingenioso debe referirse 
al autor, y en cierta manera también á la misma obra^ coma 
para indicar el gusto, crítica é mgenio conque está escrita. Te-* 
nemos ejemplos de esta aplicación en títulos de otras obras, co-' 
mo en el Asinus Áureas de Lucio Apulejro, en cuya fábula , que 
parece tuyo presente Cervantes en la composición de su román-' 
ce, el áureas no recae sobre el asinus titulo de la obra, sino so- 
bre el célebre filósofo j satírico Apulejo, autor de ella, para in-» 
dicar la perfección y estilo elegante, pulido, ó de oro, digámoslo 
asi, conqnela escribió. Podríamos decirlo mismo del Carmina 
áurea 6 «cversos dorados» con poca razón atribuidos á Pitá'gora^ 
por contener una parte de su doctrina y muchas de sus máxima? 
morales, y de otros libros tenidos en particular aprecio por lo» 
antiguos, á los cuales daban por esta razón, aunque tal vez no 
siempre con oporttuiidady títulos pomposo» y significativois. Por 
i* t 



\ 



(«) 

otra parte el uso de las voces ingenio é ingenioso eran en tiempo 
de Cervantes mas frecuentes de lo que son ahorai j tenían apli- 
caciones que no se les dan en el día. Las reuniones ó cooferen- 
cías délos literatos ó aficionados á las ciencias^ en las cuales se 
leiao y analizaban sus compoMciones, algunas de las cuales &e or- 
ganizaron después bajo el título de academias, y dieron orígen 
á muchas de las que haj en i¿spana, se llamaban entonces reu^ 
nion de los imgeniosos. Por la misma razón bajo el nombre de 
un ingenio de la corte ó de otra parte, se ocultaban á veces los 
autores y personajes mas caldcados al publicar fus produccio- 
nes, como lo hizo según se dice el mismo Felipe IV al dar á luz 
algunas de sus comedias; j se llamaba también ingenio al que su- 
minii»traba comedias al teatro i y que ahora llamamos poeta ó 
autor. 

(a) Hidalgo 6 hijo de algo. Clase media entre los caballeros 
y lo5 del estado llano, que gozan por su nobleza de ciertos pri- 
vilegios y exenciones de que no disfrutan los pecheros 6 filía- 
nos. Haj varias especies de ¡¿idaigos: los llamados de ejecuto, 
ría, de gotera^ de privilegio, de cuatro costados, de deteugar 
quinientos sueldos etc. Por lo que dice el mismo D. Quijote en ei 
cap XXI de la primera parte, vemos que nue stro Hidalgo lo 
era « desolar conocido^ de posesión y propiedad, y de devengar 
quinientos sueldos* » Llamábanse asi en primer lugar porque 
cuando alguno de estos hidcdgos recibia agravio de otro, en satis- 
facción de él devengaba ó tenia derecho Á exigir por sentencia 
juicial quinientos sueldos; al paso que en igual injuria el villano 
no podía devengar mas que doscientos; y en segundo lugarpor 
que era el acostamiento, estipendio ó sueldo que recibían de los 
reryes los hidalgos desangre cuando les servían en la guerra. 

(3) Don Quijote, Viendo Cervantes el abuso que se hacia ja 
en su tiempo de este título ó dictado, quiso ridiculizarlo, hacien' 
do que su héroe le tomara también. Siguiendo la misma idea> 
vemos en el cap. III de la primera parte, que después que aque* 
lias dos mugeres del partido llamadas la Tolosa y la Molinera 
hubieron ceñido la espada y calzado las espuelas i Don Qui jote^ 
este las pidid encarecidamente se llamaran de allí en adelante 
Doña Tolosa y DoAa Molinera. Este abuso, dice el señor Pelli- 
cer, refiriéndose al P. Guardiola contemporáneo de Cervantes, 
principid á introducirse en España en tiempo de Enrique IV ^ 
continuando en el de los reyes católicos; y añade que los ju- 
díos eran los que mas afectaban el donjy que ensu tiempo le usa* 



<») 

bá la gente baja j hasta las mugeres públicas^ especialmeate en 
Andalucía. Da á conocer Cervatites lo malque estaba con el abuso 
del don^ á mas de lo reTerido^ por el coloquio que pasó entre San- 
cho Panza y Don Quijote, hablando de lo que decían de él en 
el lugak*, como se lee en el cap. 1 1 de la segunda parte; por lo que 
hace decir á Teresa Panza en el cap. V de la misma ^ y últimah- 
inente pop el razonamiento de Sancho siendo ya gobernador de 
la ínsula Barataría, con sn mayordomo, y se lee eikel cap. XLV. 
de la referida segunda parte. 

^ Ux iítVKatoxia, 

Hablando Cristóbal de Musa de D. Alonso López de Zañiga 
j Sotomajor, Vil duque de fiéjar, descendiente de la casa real 
de Navarra, á quien dedicó Cervantes la primera parte de su Don 
Quijote, dice que fue tan gran poeta y valeroso soldado, que 
merecía ser el Mecenas de su edad y el Augusto de sn siglo. Sin 
embargo de esto, y de el buen acogimiento jr lionra que ei 
Duque hacia d toda suerte de libros , como dice el mismo Cer^ 
vantes en la dedicatoria, el señor D. Vicente de los Ríos, funda' 
do en una tradición poco sabida, supone que el Duque no quiso 
admitirla en un principio, pensando que D. Quijote era un ld>ro 
meramente caballeresco, y que padecería su opinión si su nonh- 
bre se leyese á su frente; pero que habiendo conseguido Cer- 
vantes leerle un capítulo de su obra, le pareció tan bien, que la 
admitió: infundada y vaga tradición que refuta vigorosamente 
Pellicer en la vida de Cervantes. Lo que parece mas probable es 
que informado el Duque de que la obra de Cervantes iba dirigi- 
da á dar un golpe mortal á la tan generalizada lectura de los li- 
bros de caballerías, no considerara prudente tomar parte en ua 
negocio del que sin duda creyera había de salirse mal; y que una 
vez admitida la dedicatoria « no le trató, como dice también el 
mismo Ríos, con la generosidad que correspondía á sn grandeza, 
y al mérito y necesidad de tan insigne escritor,» pues á pesar de 
lo agradecido que era Cervantes no volvió á hacer mención del 
Duque de Béjar, ni menos le dedicó la segunda parte de su Qui- 
jote, cuando en i6i5 la publicó, época en la cual vivía aun el 
Duque, pues no falleció hasta el año 1619. 



(4> 



^l pvólop. 



(i) Engendrado en una cárcel. (V. la nota primera á la 
obra.) ' 

(a) Al principio de lo» libros suelen ponerse* La cosíarabre 
de preceder los libros de sonetos, epigramas, cartas al autor j 
demás elogios^ j la de atestarlos con prolijas, pesadas é inopoT'^ 
tunas citas de fiutores que tal yez no se conocian , llegó á tal es- 
tremo, que en algunos abultaban mas que la misma obra, ha- 
ciéndola por confiig-uiente mueho mas eara. Y tanto por esto, ca-* 
mo por ser los mas de aquellos elogios una adulación baja de 
ciertos paniaguados del aijitor, <5 quizá jr seria lo mas cierto, ona 
producción del mismo elogiado, Cervantes criticó en su prólogo 
este abusoy /nala costumbre, que sin abandonarla la hizo ridi- 
cula, poniendo los elogios de su libro en boca de los raismoi» su- 
getos á quienes principalmente se propuse j consi^ió derribar» 



^ ia& poma». 



^ (t) Ur ganda la desconocida. Especie de maga, bruja ó en- 
cantadora j falsa profetisa de la que se habla en la historia de 
■ Ainadis de Gaula j en otros libros de caballerías. £sta encanta- 
dora reinaba en una isla desconocida, j Telaba sobre la suerte 
de Perion j de sus hijos, habiéndose constituido en cierta ma- 
nera su protectora. Gomo unas veces aparece en forma de yieja^ 
o Vas de joven, etc., y desaparece repentinamente, Cervantes la 
llama desconocida^ y por la misma razón la hace decir estos ver- 
sos por lo que tienen de oscuro y misterioso. En ellos hablan- 
do con su libro á imitación de la carta 20. del libro I de Hora- 
cio, en que anuncia al suyo la varía fortuna quehabia de correr 
con sus lectores^ y la diversidad de juicios que harían de él y de 
su autor, manifestó Cervantes que ni él era docto, ni su libra 
cientiñco; protestando que sus alusiones satíricas no se propo*- 
uian objeto determinado, por mas que algunos curiosos quieran 
interpretarlos. Nuestro Cervantes fue el inventor de estos versos 
cortados en los finales que después imitó, como dice Pellicer, el 
autor de la Pícara Justina (V. la nota 43 á la obra). 

(2) Fueres con letu^.lr con letura, andar con letura etc.,es lo 



(5) 
mismo c[ue ¡r con intención , acertar , atender 9 persuadir «le, 

(3) Un árbol real te ofre-. Alude al Duque de Béjar. (V. la 
nota á la dedicatoria). 

(4) Tío indiscretos hierogU-'* AI paso que un novel caballero 
iba dando fíná sushazañas, pintaba 6 hacia grabar en su escu-^ 
do que ha)3Ía recibido en blanco algunos geroglífícos que las re- 
cordasen; y á esto a}udeel autor cuando hablando con su libro 
le dice que no se prometa fama pública, pues en este juego de 
aplausos populares perderla^ porque embidabs con ñguras, cua^ 
les eranl). Quijote, Dulcinea, Sancho etc.; jesto cree el señor 
Fellicer, tal vez arbitrariamente, que se refiere al juego llamado 
de la primera^ muy común cuando escribía Cervantes. A conti- 
nuación aconseja igualmente al mismo libro, que no se engría, 
ni envanezca, temiendo los ataques de los sabios j las vicisitu- 
des de la fortuna; y para que escarmiente le cita los malos resulta, 
dos que tuvieron de su envanecimiento j propia satisfacción 
D, Alvaro de Luna, gran privado del rej D. Juan 11, que fue de- 
gollado en Valladolid el a de Junio de 1462; Anibal, célebre ge- 
neral cartaginés, cujras desgracias le llevaron al estremo de tomar 
un veneno enLibissa, capital de la Bitinia; y Francisco I rey de 
Francia, que hecho prisionero en la batalla dé Pavía en el año 
1 525, estuvo detenido en Madrid en casa de los Lujanes en la 
plazuela de la Villa i disposición de nuestro Carlos I j V de 
Alemania hasta que concertó su libertad» 

(5) El negro Juan Lati-, Cervantes quiso con esto criticar ei 
abuso tan común en su tiempo de ostentar erudición pedantesca 
á fuerza de hacinar autoridades j testos latinos en todas las obras 
que se publicaban. 

Juan Latino fue un negro natural de la Nuvia, que de muy 
tierna edad vino á España con sus padres, desde Etiopia « Fue es- 
clavo del Duque de Sesa, nieto de D. Gonzalo Fernandez de Cdr* 
doba, conocido mas comunmente con el nombre del Gran Capi- 
tán, con quien se crió y estudió. Adquirió luego la libertad, y 
llegó á ser tan buen gramático latino,que mereció mil distinciones 
y el sobrenombre ó apellido de Latino^ habiendo obtenido y des^ 
empeñado por mas de sesenta años la cátedra de Humanidades 
de Granada en donde murió á los 90 años de edad en 1573 ca- 
gado con Doña Antonia Carleval, de línage distinguido. Don Die- 
go Jiménez de Enciso compuso de él una comedia. 

(6) Jmodis de Gaula, (V. la nota 43 á la obra). 

(7) ^' gi^an ribazo de la peña Pqbre^ (V. la nota 43 á la 
obra)« 



N 



(6) 

(8) Tu sabio autor al mundo único jr solo» Cervantes no po- 
día creer que se llegase á cumplir tan á la letra su vaticinio, cuan- 
do por boca d« Amadisde Gaula dijo: que el autor del Quijote 
/seria único y solo* Sin embargo esto supone que reconocería 
va en su obra un mérito singular j peregrino. 
. (9) Belianisde Grecia, (V. la nota 6a á la obra). 

(10) La señora Oriana d Dulcinea del Toboso.(y. las notas 
laj 4^á la obra). 

(11)^ Mira/lores, «Pequeño pero delicioso castillo á dos le- 
guas de Lpndres y la mas saborosa morada que en toda aquella 
tierra había, según se lee en la misma historia de Amadis de Gau. 
la, en el que solía vivfrla señora Oriana después que el rej tu 
padre se lo hubo dado. » 

( I a) F gozara los gustos sin éscote.Como de las frecuentes vi- 
sitas que hizo Amadis á su solitaria y sin par Oriana resultase el 
deshonor de esta señora, envidia la suerte de Dulcinea, que 
nunca fue visitada de su comedido y platónico amante Don Qui- 
jote, 

( 1 3) Gandalin , escudero de Amadis\de Gaula . Gandalin era 
hijo de Gandales, caballero escoces que crió á Amadis; y amo 
y escudero se educaron juntos, como que en la crónica se llaman 
hermanos de leche. (V. la nota 43 á la obra). 

( 1 4) Q^*^ d solo tú nuestro español Ovidio. . Cervantes , se ca- 
lifica á sjí mismo de Ovidio Español, y á la verdad con mucha 
razón, según dice Pellicer, pues imitando al poeta latino en las 
trasformaciones de que hace mención ¡en los i5 libros en ¡que 
dividió sus Metamorfosis ó fábulas mitológicas , convierte nues- 
tro autor en gigantes i unos molinos de viento; en princesas á 
unas mugeres perdidas; en ejércitos Á unos rebaños de^arneros; 
en gobernador á un rústico; en dueñas á las lagunas de Ruide- 
ra, etc. 

(|5) Con buzcorona te hace rever encía, Diccion'compuesta 
de los sustantivos bu z y corona. Hacer el buz es lo mismo que ob- 
sequiar, reverenciar, festejar etc» En el Tesoro de la lengua caste« 
llana dice Covarrubias que el buz es el beso de reverencia y re- 
conocimiento que da uno á otro;jr añade que entre otras monea- 
rías que la mona hace, ^s el buz^ tomando la mano y besáodola 
con mucho tiento etc, y luego poniéndola sobre la cabeza ó co- 
ronilla de ella. De estas dos acciones se ibrmaria la palabra ^¿/s- 
coronn. Se llamaba también buzf:orona^ según el Diccionario de 
Oudin, un juego ó burla que se hacia dando a' besar la mano, 



(7) 
j descargando al mismo ttempo uo golpe sobre la cabexa j car- 
rillo inflado del que la besaba. Gandalin para ptatji^r el carácter 
ridículo de Sancho^ y hacer ver que es el primero y ánico escu- 
dero de un caballero andante que se presenta bajo un aspecto 
estra vagante f le dice que se le « hace reverencia coa buzcoro- 
oa.M 

( 1 6} Del donoso poeta entreveí ado^ El adjetivo entrei^erado 
se aplica á lo que tiene cosas interpoladas, varias y diferentes. 

(17) Que 4I tdcito Filladie,- Suponen algunos que el reftan 
« tomar las calzas de Villadiego » que se lee con frecuencia en la 
comedia La Celestina^ se introdujo por su autor, j se cree que 
es el primer libro en donde se lee este adagio, del que se formó 
el otro «c tomó las calzas de Villadiego^ j puso tierra en medio, m 
Resuelto Sancho á traer vida caballeresca j cortesana, determi- 
na salir de su lugar, ó tomar las de Villadiego, cuyo refrán fue 
para « su razón de estado n un Cornelio; Tácito, es decir , una 
autoridad respetable, como dice Pellicer. 

(18) Según siente Celesti-.lA Celestina ó tragicomedia de Ca- 
lixto j Melibedi es, según Pellicer y otros críticos uno de los bue- 
nos libros castellanos; pero materia de perpetuas tercerías, por 
cuya razón fue justamente prohibida,. £1 argumento de la Celes- 
lina es la seducción de Melibea por Calixto, valiéndose para esto 
de la vieja hechicera y alcahueta Celestina, cuyo drama finaliza 
arrojándose la despechada Melibea de una torre á vista de su pa** 
dre. Su objeto moral es precaver á la incauta juventud de las 
asechanzas, artificios y engaños de las malas mugeres. Empero^ 
como muy oportunamentedice CervanteS| la Celestina seria un 
libro divino si encubriera mas lo humano; es decir, si no presen- 
tara tan al vivo las escenas que realmente pasan en el miando, cu. 
ya naturalidad puede ser perjuicial á las costumbres de los lecto- 
res. Está escrita en elegante prosa, y consta de dos partes. Se ig- 
nora quien fuese^el autor de la, primera, si bien que Alonso de 
Villegas Sel vago, estudiante de Toledo, afirma que lo fue Rodri- 
go de Cota natural del mismo Toledo, que floreció á principios 
del siglo XV [• Esta noticia se lee en unos versos que preceden 
á una comedia que publicó é imprimió dicho Villegas en Toledo 
en 1&S4 titulada Sehagia. Leemos en las obras de Mora tin, pu- 
blicadas últimamente por la Real Academia de la Historia, que 
la primera edición de la (leles tina se hizo en Salamanca eu el uño 
i5oo, y que algún tiempo antes corria manuscrita entre los cu- 
riosos toda la parte que compone el primer acto, que unosatri- 



(8) 

fiVLjen á Juan de Men»^ j otros a\ citado Rodrigo de Gota. La se- 
jgunda parte la compuso el bachiller en lejres Fernando de Rojas, 
natural ^e la Puebla de Montalvan^ añadiendo veinte actos 6 tai 
vez escenas a' la primera parjte, 6 al que halló escntOf en lo cual, 
dice Moratln, ocupó quince días d^ vacaciones^ ccEsta novela dra<- 
mática, continua, escritja en escelente prosa castellana, concuna 
fábula regular, variada por piedio de situaciones verosímiles é 
interesantes, animada con la espresion de caracteres j afecto^, 
la fíel pintura de costumbres nacionales, y un diálogo abundante 
jdjB donaires cdmicos, fue objeto del estudio de cuantos en el siglo 
XVr pom pusieron para ej teatro , y á ella debió sus primeras forr- 
ólas la comedia- española. Tiene defectos que un hombre inteli- 
gente haría desaparecer sin añadir por su parte una sílaba al tes- 
jlo; y entonces conservando todas sus bellezas, pudiéramos con- 
siderarla como una de las obras mas clásicas que ha producido 
la literatura española, i» La última de las veinte y una ediciones 
de la Celestina citadas por Moratin se hizo en Madrid en 182a por 
D. León de Amanta. La segunda Celestina ó la resurrección de 
Celestina la escribió Feliciano de Silva, y se imprimió en Vene^ 
pia en x536 según dice D» Casiano Pellicer; y la tercera parte de 
esta tragicomedia la compuso Gaspar Gómez de Toledo y se ini- 
primió en esta ciudad en el año de iSSg. 

(19} Bisnieto del gran Babie", (Y. la nota 1 1 á la obra}. 

(20) ^l ciego le di la pa-. Con esto quiere indicarse que Rocif 
pante aunque flaco jr achacoso no se dejaba escaparla paja ni la 
cebada, á la manera que el lazarillo del ciego de Tormes tuvo in-r 
genio y habilidad para beberse el vino de su amo, teniendo este 
pl jarro en la mano, sorbiéndoselo por niedio de una paja de cep-r 
teño que introdujo en él. 

(ai) Orlando Furioso, (V. las notas 53 y 54 á la obra). 

(aa) Si no eres par. (V. la nota Sy á la obra). 

(a3) Por jángélicaf (V. las notas 80 y i5o á la obra). 

(a4) El caballero del Febo. (V. la nota 5a á la obra). 

(aS) De Claridiana. (V.la nota 5a á la obra). 

(a6) De Solisdan, Personage al parecer ideal y fantástico, in- 
ventado por Cervantes, en boca del que puso este elogio estram^r 
b.ótico de D. Quijote. Quizá tomó el nombra Solisdan del de Sol-- 
dan título faustuoso que se daba* á ciertos príncipes xiiahometa-- 
nos especialmente t;n Persia y en Egipto^ 




A LA OBRA. 



PARTE pmMERA< 



CcKpÜulo fnattxo. 



( I ) No quiero acordarme. En vista de Ip que dice el su» 
pücsto licenciado Alonso Fernandez de Avellaneda en la segunda 
parte de su D. Quijote, de la« oportunas y juiciosas observa-^ 
clones del señor Rios en el análisis del de Cervantes, de las del 
señor Pellicer, Navarrete, etc. , parece no tiene duda que este 
pueblo patria de D. Quijote era Argáma silla de Alba, pueblo del 
priorato de S. Juan en los confínes del canipo de Montiel en la 
Mancha. Cervantes tzo quiso acordarse ni nombrar dicho lugar, 
ó' por moderación , <5 n^as bien por enojo que le tenia y para 
vengarse del mal trato que en él le dieron estando desempeñando 
una comisión. Se cree que esta fue una ejecución contra los deu*' 
dores morosos de los diezmos pertenecientes á la dignidad del 
gran prior de 8, Juan. No solo consiguieron estos, como solian 
hacer con otros, que la justicia dejase de ausiliar al comisión 
nado , sino que se negase al curaplimientQ de aquella disposi- 
ción , j se escédiese hasta poner á aquel en la cárcel. Estando 
en ella fue cuando Cervantes concibió su D. Quijote , como se 
lee en el prólogo de la misn^a fábula , en la cual se desquitó, 
como dice el señor Rios, del mal hospedage de los manchegos, 
haciendo inmortal su nombre, y fijando para siempre su me?- 
moria en la de la posteridad^ 

■ (a) jistillero ^ adarga antigua j El astillero era una es* 
pecie de estante, llamado también lancera, de las lanzas y aSf 
tas , á manera de la armazón en que ahora se colocan los fusiles 
en los cuerpos de guardia , en el cual los hidalgos y otros no-r 
bles ponían las lanzas en el patio ó soportal de sus casas como 
una mueátra de- su nobleza r 



[.o] 

La adarga era un escudo introducido por los looros en Es- 
paña , si bien que otros suponen lo usaban ja los antiguos es- 
panoles. La antigüedad y mal estado de la adarga de O. Qui- 
jote contribuiría sin duda á que para su segunda salida pidiera 
prestada una rodela á un amigo sujo como se lee en el cap. Vil 
de esta primera parte. La rodela era redonda ó en forma de rueda 
de donde se deriva su nombre^j la adarga de figura oval* Esta 
solía ser de cuero ^ tenia dos asas ó abrazaderas interiores j era 
arma propia de la caballería^ al paso que la rodela era por lo co- 
mún de hierro ó de madera guarnecida de hierro f d de otro 
metal f J la usaba la inlántería. 

(3) Salpicón las mas noches^ duelos jr quebrantos •..••Sajro 
de velarte ^ ccdzas de t^eüudo para lasjiestas von sus panr 

tuflos de lo mismo •... i^ellori de lo mas Jtno^ En asta 

descripción se conoce que Cervantes quiso ridiculizar un tanto 
laeconomiaf mezquindad 6 estrechez en que vivian los hidalgos 
manchegos» El salpicón es un picadillo que se hace con carue^ 
cebolla^ tomate^ á manera de fiambre. Llamábase duelos y que-" 
brantos una especie de puchero que se hacia de los huesos que- 
brantados j de los estremos de las rese&y principalmente de aque- 
llas que pacie^do ó de^olráTñóanera se desgraciaban. De este me- 
noscabo j del quebrantamiento de los huesos se llamó esta co- 
middf como dice Pellicer, duelos jr quebrantos, Qeella se hacia 
particularmente uso los sábados en las dos Castillas; aunque en 
cumplimiento del voto, que se hizo por la célebre victoria de la^ 
Navas no estaba en uso comer carne en ellos hasta que la San-* 
tidad de Benedicto XIY levantó la prohibición. . 

Eí velarte ^ y también veíate y de que £). Quijote llevaba el 
sajo f era un paño fino muj de moda en tiempo de Cervantes» 
Se cree que el nombre velarte se le did de lo estimado qua 
er^a^ derivado del verbo latino volo^ vis^ vellere querer. 

£1 sajro era un vestido esterior de hombre^ asi como la saja 1q 
era de muger. Ambos nombres se derivan del iatin sagum vesüdp 
militar á manera de sobretodo que llevaban los soldados roma- 
nos. Por lo que dicen Plioio j Tácito se ve que el sagum romano 
era mas ancho que una túnica y y que no tenia mangas* Nues- 
tros primitivos españoles llevaban como los galos una especie de 
sagum del que tal vez será el sayo un resto. 

Las calzas eran una especie de calzón largo á manera d« 
nuestros pantalones , las cuales cubrían el muslo j la pierna. , 

£1 terciopelo se llainaba velludo sin duda por el vello que 
tiene. 



( II ) 

Los pantuflos era un calzado á manera de cklnelas para estar 
con comodidad en casa. Sin erobargo^ los que dice Cervantes 
usaba D. Quijote en las ñestas era otra especie de calzado de 
lujo como que era hecho de velludo. Venían á ser unos zapatos 
abotinados con un lazo abultado de la misma ropa j j con un 
tacón un poco elevado. 

£1 vellorí ó vellorín era un paño ordinario de color pardo 
ceniciento , 6 del mismo color de la lana ó vellón sin tenir^ del 
que tomd él nombre* 

( 4 ) Intricadas. Covarrubias en su diccionario 6 Tesoro de 
la lengua castellana , dice ^ que en su origen se escribia iniri-' 
car^ intricudoy siguiendo 9u verdadera etimología. Después el 
uso introdujo una n | j se escribió intrincar , intrincado | como 
ahora. 

( 5 ) Puestra grandeza. Los libros ^ en los cuales se leen 
las intrincadas razones que tanto agradaban y deseaba aclarar 
nuestro Héroe ^ son : « La Crónica de los muj valientes caba- 
lleros D. Florisel de Niquea j el fuerte Anaxartes^ hijos del 
escelente príncipe Amadis de Grecia, enmendada del estilo 
antiguo f según que la escribió Zirfea reina de Argines , por el 
noble caballero Feliciano de Silva, » dividida en varias partes : 
Lisboa ano de i566. Pellicer vio otra impresión de Zaragoza he* 
cha en i584 en fol. En i55i sehabia publicado ja en Sala- 
lama nca u La primera parte de la cuarta de la crónica del esce- 
lentísimo príncipe D. Florisel de Niquea, en la que ¿e dice fuees^ 
críta en griego por Galersis, y sacada en latin por Filastres Cam- 
paneoiM por Feliciano de Silva. Gn el mismo año jr en la propia 
ciudad se imprimió también el «Libro segundo déla cuarta parte 
del escelente príncipe O. Florisel de Pliquea , en que se trata 
principalmente , como se lee en su portada , de los amores del 
pHncipe D. Rogel y de la muy hermosa Archisidea» por el mis- 
mo Feliciano de Silva. Antes que Cervantes criticase y díesapíro- 
base el estilo hinchado j altisonante de estos libros, lo habia he- 
cho jra D. Diego Hurtado de Mendoza llamándole «estilo de al- 
ÜDfjas » en la apología que escribió , defendiendo irónicamente 
bajo el nombre Supuesto del Bachiller de Arcadia la historia de 
la <f Guerra de Alemania del capitán Pedro de Salazar. » Este 
Feliciano fue hijo de Tristan de Silva cronista de Carlos V y 
natural de Ciudad-Rodrigo; y fue también autor de la «Segunda 
comedia de la famosa Celestina, en la cual se trata de la resur- 
rección de la dicha Celestina, y de los amores de Felides y Po- 
landría. i» ( Véase la nota i8 á las poesías ). 



.( «a) 

(6) Se prometeXití efecto la historia cóndaye con estas pa- 
labras : «c Suplir JO con fiagimientos á historia tan estimada seo- 
ría agravio; y asi la dejaré en esta parte^ dando licencia tf caaU 
quiera , á cuyo poder viniere la otra parte, la ponga junto coa 
esta, porque yo quedo con harta pena y deseo de verla.» (V. la 
nota 6a. á la obra). 

(7) Graduado en Sigüenza, Cervantes con esta espresion 
irónica alude á la ligereza con que en su tiempo se procedia en 
las universidades menores á conferir los grados académicos. En 
apoyo de esto el señor Pellicer cita lo que dice en «El Pasagero» 
Crist<$b9l Suarez de Figueroa. «Luego para lo que es el gradof 
dice el maestro al discípulo, no te podrá £iltar alguna universi- 
dad silvestre, donde llevando los cursos probados y los puntos 
como bodoques en turquesa, digan unánimes y confoimes: ac'^ 
cipiamus pecuniam et mktamus asinum inpatriam suam, 

(8) Sü historiaf En la parte primera, cap. ¿fi del Espejo de 
caballerías, se lee: que reprendiendo y echando en cara Roldan 
á Reinaldos de Mbntalvan aquellos robos, este le contestó: « O 
bastardo , ó hijo de mala hembra ! mientes en todo lo que has 
dicho, que robar á los paganos de España no es robo, pues yo 
solo á pesar de cuarenta mil moros y mas , les quité un maho- 
met de oro, que ove menester para pagar mis soldados.» He aqui 
en este trozo dos de los despropósitos en que abundan los libros 
de caballerías, efecto de la ignorancia que dominaba en la época 
eü que principalmente se escribieron. Llámanse en primer lugar 
paganos á los moros, siendo asi que aquel nombre se aplicó á 
los gentiles idólatras cuando después át la exaltación del 
cristianismo, no pudiendo sacrificar ni dar culto público á sqs 
mentidas divinidades en las grandes poblaciones , tuvieron que 
retirarse á hacerlo en las aldeas: y del nombre latino pagustX'^ 
dea tomaron los idólatras el de paganos. Otro despropósito es 
hablar de ídolos entre los mahometanos, cuando se sabe que su 
£ilso profeta reprodujo la antigua disposición del legislador he- 
breo de no poder pintar ni representar imagen alguna. Asi es 
que ni en sus mezquitas, ni en sus casas, ni en la moneda que 
acuñan sus soberanos, se ve imagen, pintura , ni busto alguno, 
y los pocos príncipes que se han separado de esta disposición de 
su legislador son considerados como hereges entre los musulma- 
nes. Estos dicen que si pintaran ó entallaran una figura cnal- 
qtiiera de hombre ó de otro animal, estaría clamando sin cesar por 
una alma al cielo. Por esta razón dominan tanto entrd los ma^ 



( i3) 

hometanos las pinturas j adoraos llamadas de. ellos arabescos^ 
por constar solo de figuras caprichosas de vegetales. 

(9) Galalon, Se llama traidor á Galalon^ uno dé los decan- 
tados doce pares de Francia , porque su historia dice que entregó 
el ejército francés á los moros. (V.la nota 3.* déla. ° tomo). 

(10) Mas cuartos que un real. Con la palabra cuartos se de- 
be entender .aqui no una moneda , sino cierta enfermedad que 
da á los caballos y animales mulares en los cascos, que es o na 
raja que se les hace desde el pelo á la herradura. Cervantes 
quiso con este equívoco manifestar que el caballo 6 rocín de 
D. Quijote tenia mas achaques ó alifafes que cuartos un real. 

(ii) EtossafuU, Estas palabras latinas son tomadas de la 
escena 6**5 acto 3.® de la Aulularia del pOeta cómico latino M^ 
Accio Planto 1 que dio á Moliere la idea del Avaro 5 en la cual 
hablando de un cordero muj flaco dice : qiü ossa atque ptUis 
toUis esté 

Pedro Gonela, dueño del caballo al que aplica Cervantes es-« 
ta frase latina, fue un bufón del duque Borso de Ferrara, que 
ilorecia en el siglo XV. £ntre sus bufonadas se hace mención 
del salto, que desde el balcón hizo dar á su caballo , digno de 
compararse con Rocinante, con que ganó laapuesta que habia he- 
cho con su amo, sobref cual caballo sallarla mas, si el del Duque 
6 el suyo* 

Se dio el nombre de Bucéfalo esto es cabeza de buey al caba* 
Uo de Alejandro, porque su cabeza se parecía á la de nn buey, 
ó porque su marca era esta. Plutarco , Quinto Curcio y Piinio 
dicen que solo se dejaba montar por aquel príncipe, y aiíadian 
que doblaba las rodillas para que pudiese hacerlo con mas 
comodidad. Era tanto lo que le apreciaba Alejandro, que fundó 
una ciudad en la India sobre la ribera derecha del Hidaspo con 
el nombre de Bucefalia^ en memoria de haberle muerto el Bu^ 
céfalo en aquel sitio , batallando contra Poro« 

También se leen cosas originales en nuestros romances acerca 
el caballo del Cid. unos dicen que Rui Diaz lo ganó á los moros 
estando en Valencia, y otros que lo eligió siendo potro y que á 
pesar de su mala traza llegó á ser escelenley se sirvió de él en to- 
das sus campanas; y que aun después de la muerte del Cid con-* 
dujo su cadáver desde Valencia á Cárdena. 

(i a) Dulcinea, Covarrubias en el Tesoro de la lengua cas- 
tellana cree que este nombre se deriva de dolce 6 dulce^ y que 
añadiendo el articulo al se formó Aldonza. Parece que este nom- 



V 



( i4) 

bre equivale á hija de LorenzOf como en efecto lo era de Ijoren- 
zo Corchaelo, según se lee en el cap. XXV de esta misma parte. 
(V. la nota 340 

>^ ' Capítulo segundo. 



(i 3) Apenas» Cervantes qaiso imitar j ridiculizar con esta 
pomposa introducción las hinchadas y altisonantes descripcio- i 

nes de que tanto abundan los libros de caballerías que se pro- 
puso criticar* Sin embargo hemos visto citar este mismo trozo 
como un modelo de elocuencia* 

(i 4) Fermosura, Lo mismo que hermosura. Este pasage 
alude á otro de Amadis de Gaula , cuando por los infundados 
zelos que la señora Oriana tuvo de la princesa Bríolanja man- 
dó á su caballero no parecer ¡amas delante de ella. £1 sobres- 
crito de la carta 9 en que la señora Oriana mandaba á Amadis 
con riguroso afincamiento no presentarse ja mas en su presen- 
cia, decia asi : « Yo soy la doncella herida de punta de espada 
por el corazón, j vos sois el que me ferístes.n 

(í5) El mió non es de al. £s decir, mi talante 6 mi gusto no 
es mas que el de serviros, 6 no deseo otra cosa que complaceros; 
pues el adjetivo al se deriva del latino aliud^ que significa otra 
cosa. 

(16} Castellano. Se daba el nombre de déstellano no solo 
al natural de Castilla sino también como aqui se indica al en- 
cargado de la custodia y defensa dé alguna fortaleza ó castillo 
del que tomó el nombre. Los moros le dieron después el de a/- 
caide^ cuja voz se deriva de la árabe caid^ que según el P. Al- 
calá , equivale á capitanear ó regir. 

(17) Sanas de Castilla. En el dialecto 6 gerigonza usada 
por los gitanos , ladrones y rufianes para no ser entendidos sino 
de ellos mismos, llamado comunmente germauia, Sano de CaS" 
tilla es lo mismo que ladrón avispado y disimulado. 

(18) Maleante, Según la gerigonza citada en la nota ante- 
rior , equivale á burlador , chasqueador maligno , etc. , como 

solian serlo los pages , y ahora y en todos tiempos los estu- . 

diantes. 

» 

(19) Siempre pelar. Como el ventero oyó que D. Quijote 
principió la descripción de su vida caballeresca con aquellos 
versos del romance Mis arreos^ etc., siguió aquel contestándole 
con las palabras del mismo romance , tan sabido , que dice .- 



( «5) 

Mis arreos son las armas 9 

Mi descanso el pelear 9 

Mi cama las duras penas 9 

Mi dormir siempre velar. 

Las manidas (^) son escuras ^ 

Los caminos por usar. / 

(ao) Traídas y (levadas. Con estas palabras indica Cer- 
yante^, no solo el estado de abandono, digámoslo asi, de aque- 
llas mugeres mundanas , sino la costumbre demasiado común 
en todos tiempos , de bacerse llwar j traer de an logar á olro^ 
para ejercer su infame oíicio. 

Capítulo tncao. 

(at) Los percheles de Mdlaga, En este arrabal ó barrio 
que hajr en aquella ciudad bácia la marina ^ llamado asi de las 
perchas ó palos en que se colgaban los ceciales ó pescados para 
curarlos j secarlos al aire 9 fue donde el rentero aprendió sus 
habilidades. 

( aa ) Las islas de Riaran* Se llamaban asi unas casas que 
habia en Málaga hacia la puerta del mar , en el mismo sitio en 
que se edificó la aduana en 1 70^ , en las cuales habia muchos 
bodegones en donde pasaban la vida y cometian mil escesos loa 
vagabundos , tahúres y demás gente mal entretenida. Di<5se et 
nombre de islas ¿ aquellas casas ^ por estar separadas de las de- 
mas de la ciudad ; j el de Riaran por haber los reyes católicos 
dado aquel terreno en 149a á Garci López de Arriaran , caba* 
liero vizcaino capitán de la armada , en recompensa de los ser- 
vicios que les prestó en la conquista de aquella ciudad ; cuya 
noticia refiere Pellicer tomada de las «Conversaciones malague^ 
ñas» escritas por García de la Leña. 

( a3 ) Compás de Sevilla , azoguejo de Segouia^ la Olivera 
de yalencia^ Rondilla de Granada^ Playa de Sanlúcar , Po^ 
tro de Córdoba y yéntillas de Toledo, Sitios todos parecidos á 
los Percheles de Málaga y á las Islas de Riaran. 

( a4) En pago de su buen deseo. Seguramente que Cervan- 
tes con la apicarada descripción que hace de este ventero que 
D. Quijote consideraba como un caballero andante , no solo se 
propuso ridiculizar á toda la clase de estos en general , sino que 
tai vez aludiría en particular á la conducta algo conforme con 

(*) Lo mismo que moradas ó alojamienlos» 



N 



( i6) 
la de este ventero 9 de Arlistar, caballero andante ^ de quien se 
habla en el cap. II del lib. II de la Historia de D, Olivante de 
Laura ^ escrita por Ai^tonio de Torquemada. «Aunque dicho 
Arlistar era muy buen caballero ^ dice su historiador ^ como no 
tuviese otra cosa que su castillo de que mantenerse^ empleaba su 
bondad en aprovecharse de los caballeros andantes j otras per- 
sonas que por sus términos pasaban, haciendo que partiesen coa 
él de lo que tenían. » 

( aS) atendiendo. El yerbo atender se tomaba antiguamente 
por esperar ; y asi atendiendo es lo mismo que esperando. 

( 26 } üh gran golpe* Las ceremonias descritas en este ca- 
pítulo, son verdaderamente una imitación, aunque ridicula, de 
las que se practicaban al armar caballeros en tiempo de la caba- 
llería. Dichas ceremonias parece comenzaron á introducirse á 
principios del siglo XI cuando el latrocinio y la anarquía deso- 
laban la Europa en tiempo de la decadencia de la casa de Cario 
Magno. Aquellos escesos obligaron á que algunos señores se fue- 
sen reuniendo y asociando entre sí , primero para ponerse á cu- 
bierto y librarse ellos mismos de la devastación general , y des- 
pués, para hacer iguales servicios á otros mas débiles , quienes 
en agradecimiento les prestaron pleito homenage, y se constitu- 
yeron feudatarios suyo». Entonces fue cuando se establecieron 
determinadas ceremonias para la recepción de los nuevos caba- 
lleros quedeseaban pertenecer á estas virtuosas asociaciones. 
Rigurosos ayunos , noches pasadas en vela y oración en una ca- 
puja ó iglesia acompañado de sacerdotes y de padrinos que le 
instruian en las nuevas obligaciones que iba á contraer , baño^ 
que figuraban la pureza necesaria al estado de la caballería, ves- 
tidos blancos á imitación de los neófitos , una sincera confesión 
dé todas las faltas cometidas, eran los preliminares de la ceremo- 
nia. Llegada la mañana siguiente se presentaba el aspirante al 
caballero que habia de conferirle la drden , y arrodillado á sus 
pies le pedia se sirviera armarle caballero. Entonces el padrino 
le daba un golpe sobre el cuello , que se llamaba la pescozada^ 
y en seguida tres espaldarazos con su misma espada en nombre 
de Dios, de S. Miguel y de S. Jorge. Con estas ceremonias se 
advertia á los caballeros noveles que fuesen sufridos , que no se 
durmiesen en las cosas de la caballería , y que estuviesen siem- 
pre dispuestos á cumplir las nuevas obligaciones que acababan 
de contraer , á lo que se obligaban por medio de solemne jura-^ 
mentO) que prestaban en manos del mismo padrino. En seguida 



ftlgutias de las damas que asistiau i k eeremoñía^ ó Jos stigetm 
maü caliticados, le ceñían la espada^ le calzaban las espacias j le 
ajustaban la mayor parte de las piezas de la armadura^ acompa-*' 
ñando cada acción con un voto ó deseo Á fayor del nuevo caba-« 
llerOf comot « Dios le haga buen caballero^ » «Dios j el señor 
S. Jorge le dé ventara eu lides ^ etc<» 

Algunas veces se conferia también la drden de la caballería 
6Ín tantas ceremonias, y era cuando en medio de un asalto ó pe-*" 
lea^ un caballero se había distinguido particularmente, dando 
pruebas estraoiHÜnarías de valor, entonces en el mismo campo 
de batalla , sobre las almenas de un castillo , ó en la misma bre" 
cha de una torre, se arrodillaba el valeroso paladín á los pies del 
príncipe ó caudillo que había presenciado sus proezas, y dan-* 
dolé este la pescozada^ loa espaldarazos y la acolade 6 abrazo, le 
hacia caballero. 

(27) Sanchobienajra, Esta plaza tom<5 5 según $e cree, el 
nombre de Sancho Minaya , d de Sancho de fienhaya ó Ben 
Yahia, vecino de Toledo^ que vivía en tiempo de Alonso VIH' 

(a8) Doña Molinera, (Y. la nota 3<" al título de la obra}« 

(f opítuta cnatío. 

(ag) La del alba, O lo mismo que si dijéramos «ría hora del 
alba seria etc.» por referirse al sustantivo hora^ palabra cpu que 
ñnaliza el capítulo anterior^ é inmediata al artículo la con qu^ 
empieza este. No fuera menester esta advertencia si se le^eru se» 
guido como antiguamente se hacia sin división de capítulos^ los 
cuales se introdujeron para servir de descanso y comodidad al 
lector. (V. el principio del capítulo VI) < 

(3o) De buen talle* Como Cervantes se propuso principal-* 
mente por modelo en la composición de^u fábula las aventura» 
de Amadis de Gaula, es de creer que en esta quiso imitar ridi^ 
culízándola al mismo tiempo , la que se lee en el cap. 7a de 
aquella historia* En ella se dice que pasando cerca de un bosque 
Daraydo y Galtaziro, y oyendo voces lastimeras^ se internaron 
en él y vieron como dos damas estaban azotando con varas ver- 
des á un caballero que tenían desnudo y atado á un tronco de 
un árbol por amante desleal , que había dado palabra de casa- 
miento Jí entrambas á un mismo tiempo. Estos castigos se impo- 
nían muchas veces en virtud de sentencia formal proferida por 
unos tribunales llamados Cortes de amor ^ compuestos de ua 
determinado número de dan>as y caballeros. Los zelos de lo» 



( í8) 

amantes f j las desavenencias entre elloSf eran el objeto ordina- 
rio de las sentencias ó decisiones que profería la corte de amor* 
Para su régimen ó gobierno se compuso un oSdigo de jurispru- 
üencia, llamado Código de amor^ escrito en latin^ que cons-*» 
taba de 3 1 artículos. Seguramente que el castigo que aquellas 
damas aplicaban á su desleal caballero^ seria por haber iniriu- 
gido el artículo IUde dicho e^Sdigo, que dice: Nemo duplici po^ 
test amore ligar i, « Nadie puede amar á dos á un mismo tiem- 
po.» Marcial de Alvernia publicó una colección de autos profe- 
ridos con arreglo á este código titulada Arrestce amorum^ y so- 
bre ella hizo varios comentarios en latiu otro jurisconsulto ea 
1 533. 

(3 i) Pagarlo con las setenas. Frase alusiva con que se, es- 
plica el daño ó castigo que alguno ha padecido ó padecerá des- 
igual ó escesivo á la culpa que cometió. Se deriva de la pena que 
antiguamente se imponi^ á ciertos delitos, con la que se obliga- 
ba á pagar el siete duplo^ según espresion del Fuero Juzgo^ ó sea 
el siete tanto ó siete veces mas del daño que se habia causado* 

(32) La adarga al pecho, (V. la nota a.*). 

(33) Sí lodo el manilo no conjiesa. Entre los delirios de los 
caballeros andantes no era el menor querer sostener y empe- 
ñarse en que todo el mundo habia de confesar , que la señora 
á quien servian era la mas hermosa de todas cuantas existían. 
Tenemos muchos ejemplos de estas arrogancias, desvarios y te- 
meridades en casi todos los libros de caballerías. Los mas de 
los torneos, j muchas de las reyertas j combates entre aquellos 
verdaderos 6 supuestos campeones de que hablan sus libros, no 
solían tener mas objeto que defender la hermosura de sus da- 
mas. Amadis bajo el nombre del Caballero Griego , sostuvo en 
un gran torneo celebrado en presencia de toda la corte de Lon- 
dres, que Grasinda, princesa griega que bahía conocido en Mi- 
cenas , era la mas hermosa doncella de toda aquella corte. £1 
mismo Amadis combatió con Angriotey su hermano, que guar- 
daban un paso con el objeto de hacer confesar, ó hacer armas 
con toáo caballero que no afirmara que la señora á quien servía 
Angriote era la mas hermoia de todas. Brimartes, en un desafío 
después de haber derribado del caballo á sA contrario , le dijo : 
« muerto sois si no conocéis que vuestra señora no iguala á la 
hermosura de mi Onoria. >» En este pasage critica Cervantes y 
ridiculiza á mas no poder aquellos despropósitos , con las dono- 
Mis y satíricas razones que pasaron entre D. Quijote y el merca- 



( 19) 
¿er , quien teraaderamente acreditó con días ser nun poco bar* 
Ion j mujr mucho discreto. » 

(34) La sin par Dulcinea del Toboso» Cervantes^ remedando 
i Amadis de Gaula, quiso que la ridicula señora de su D. Quijote 
se llamara también isisin par ó la sin igual Dulcinea^ del mismo 
modo que aquel llamaba á la suja la sin par Oriana^ cuja cos- 
tumbre habi«n seguido igualmente otros caballeros posteriores 
á Amadis. (Y. las notas 12 y 4^)* 

(íopftuto qtttttt0* 

(35) El romance lo canta» Refíere que Carloto^ hijo de Car-« 
lo Magno, sacó con un engaño á la floresta Sinventura á Baldo^ 
vinos con ánimo de quitarle la vida, j de casarse con su viuda* 
Dióle en efecto veinte j dos heridas mortales y le dejó abandona- 
do. £n esto su tio el marques de Mantua, que andaba cazando 
por allí, oyó sus lamentos y le reconoció. Entonces fue cuando 
hizo aquel estraño juramento.de vengar la muerte de su sobrino^ 
de que habla D. Quijote, j puede verse en el cap. X de esta 
misma parte; j á fín de verificarlo envió una embajada al empe- 
rador, que residia en París con el conde Dirlos pisorrey de alien'" 
de el mar^ pidiendo justicia; y Cario Magno mandó ejecutar la 
sentencia de muerte en su hijo Carloto. A continuación pone- 
mos los versos de este romance, aunque interrumpidos, como 
los puso Pellicer en su edición, con los cuales D. Quijote se que- 
jaba de los palos que había recibido, como lo hacia Baldovinot 
herido de muerte hablando con su mugcr. 

O mi primo Montesinos ! 
O infante D« Merían! 



O esforzado D. Raynaldos! 
O buen paladín Rdldane! 

O noble marques de Mantua 
Mi señor tio carnale! 
Donde estáis, que no oís 
Mi doloroso quejare? 

Que Á mi llaman Baldovinos^ 
Que el franco solían llamare* 
Hijo soy del Rey de Dac¡a| 



(ao) 

Bíjo soy sayo c« rúale: 
Uno de los doce Pares 
Que á su mesa comea pane. 

« • • • r • • 

La linda infanta Sevilla 
, Es mi esposa sin dudare* 

Hame herido Carloto, 

Su hijo del emperanle. 

Porque requirió de amores 

A mi esposa con maldades 

De raí se fuera á veogare, 

Pensamdaque con mi muerter 

Con ella habia de casare etc. 
(36) Donde se escribe • Abindarraez era un moro del linaje 
distinguido de los Abeneerrages de Granada. Desterrado de ella 
se crid á la vista del alcaide de Cartíima y eu compañía de una 
&ija de este llamada Jarifa 6 Xarifa joven de singular hermosura. 
Enamoráronse mfutuamenle los dos jóvenes, y habiendo pasado 
el alcaide de Cártama á serlo de Coin por disposición del rey de 
Granada, quedando en la primera fortaleza Abindarraez^concer-^ 
táronse los dos amantes que Jarifa avisaria cuando hubiese oca-- 
sion de ir á verla para celebrar su deseado enlace. A poco de este 
eouvenio'tuvo el alcaide que ansentarsepara ir á Granada, y avi- 
sado Abindarraez , salió de noche para Coin y túvola desgra* 
cia de caer en una emboscada que tenia puesta Rodrigo de N«ir« 
^aez, a' quien el infante D. Fernando el Honesto dejó por alcaide 
de Antequera cuando la conquistó. La suma tristeza y los hondos 
suspiros que exalabu el cautivo llamaron la atención del castella- 
Bo, el cual informado del origen de su quebranto^y compadecido 
áe la añiccioB del inoro, le permitió segir su camino á Coin ba- 
jo palabra de presentársele dentro tercero día. Antes que este 
plazo acabara cumplió su palabra Abindarraez-, presentándose 
acompañado de Jariía que quiso seguir la suerte de su amante. 
Narvaez^ no menos generoso que su cautivo , y prendado del 
Boble y leal comportamiento de Abindarraez, completó la felici- 
dad de los dos esposos restituyéndoles la libertad y haciéndoles 
escoltar hasta que estuvieran en parage seguro. Aunque esjta sea 
en resóme» la sustancia del suceso de que nos ocupamos, Cer- 
Tantes le alteró algún tanto suponiendo que Narvaez se llevd 
cautivo al -moro eu su alcaidía, siendo asi que hemos visto que 
desdií el mismo lugar de la aprehensión le permitió continuar su 
(caiuinoáCoia. 



(ai ) 

'(Sy) Pares de Franela* No están acordes los autores acerca 
<et origen de los Pares de Francia. Unos atribuj^en su institu- 
ción á Cario Magno, si bien que Henaut cree que este origen es 
romancesco. Otros al rej Roberto, y algunos á Luis el Jóven« 
Los ha habido también que los han supuesto de creación de Hu- 
go Capeto. Sin embargo parece que el nombre Par es tan an- 
tiguo en Francia como su monarquía. Derívase del latín par 
igual, semejante; porque \os pares eran iguales en clase, en valor^ 
en dignidad y en valentía* Los mas nombrados de los doce pares 
fueron Roldan, Oliveros, Reinaldos de Montalvan, Ricarte de 
Normandía, Guido de Borgoña, j otros cuyos nombres se leen 
con alguna variedad en las historias y libres de caballerías. Del 
contenido de estos puede deducirse que la especie de orden que 
formaban los Doce Pares «e asemejaba Á la de los caballeros de 
la Tabla ó Mesa redonda. [Y. la nota 43 ]• 

En un principio se daba el nombre de par i todos los fran- 
ceses sin distinción, siempre que fuesen iguales entre sí, pues 
no era propio de ninguna dignidad. Después se aplicdá los jue- 
ces de ciertas poblaciones ; y mas adelante se did el título de 
par del reino á los grandes vasallos ó feudatarios de la corona^ 
los cuales componían un consejo ó tribunal presidido por el 
Rey , llamado la « Corte de Francia » ó la « Corte del Rey » y 
también la « Corte de (os doce pares de Francia >» por constar 
de seis pares eclesiásticos, y de seis laicos d seglares. La historia 
y hechoü Terdaderos d fabulosos de estos pares ^ ha ocupado 
muchas páginas de los libros y romances de caballerías. £n el 
año i5a5 se publicó en Sevilla uno con el título* aLibro del no* 
ble y esforzado caballero Reinaldos de Mohtalban , y de laa 
grandes proezas y estraños hechos en armas , que él y Roldan 
y todos los doce pares paladinos. hicieron. » i 

Los nueve caballeros de la Fama fueron tres judíos, tres gen- 
tiles y tres cristianos, á saber: Josué, David y Judas Macabeo: 
Alejandro , Héctor y Julio César : Artus , Cario Magno y Go- 
tlofre de Bullón. En el año de i53o se publicó en Lisboa un 
libro acerca estos caballeros titulado: «Crónica llamada el triunfo 
de los nueve preciados de la fama , en la cual se contienen las 
vidas de cada uno y los escelentes hechos en armas y grandes 
proezas que cada uno hizo en su vida , con la vida del muy fa- 
moso caballero Beltran de Guescltn, condestable que fue de 
Francia y duque de Molina , nuevamente traducida del lengua- 
ge frauceá en nuestro vulgar castellano» por el honorable varón 



Antonio Rodríguez Portugal , principal rey de armas del Rey 
nuestro seoor. Heimprimidáe este mismo libro eu Alcalá de He-;, 
nares en 1 585. 

( 38 ) Había muerto d cuatro gigantes, Aunc[ue nadie crea 
en la existencia de un pueblo de gigantes ni de enanos , pues 
parece que la naturaleza ha fijado la altura de los hombres á cin- 
co pies poco mas 6 menos , no obstante los libros de caballerías 
están tan llenos de aventuras , en las cuales íigurau\ estos mons- 
truos ó abortos de la naturaiezaf que cualquiera creeria que ver- 
daderamente eran comunísimos en aquellos tiempos. £n los li- 
bros de caballerías se suele dar á los gigantes el nombre de jay a- 
neSii y generalmente se les representa soberbios y descomedidos 
como dice O. Quijote en el cap. I. Los nombres de los gigantes 
Morgante, Alabastro^ Pasamonte, MandrocOf Argofeo, Balan, 
MatrocO) Trasilcon^ArgamontCf Briareoy otroSf son muy comu- 
nes en los libros referidos. 

Los enanos y las enauas^ mucho mas comunes que los gígan* 
tes 6 los hombres de una talla colosal, pasaron á ser después de 
moda^ y se introdujo la costumbre detener algunos en los pala- 
cios de los reyes y grandes señores para divertirse con ellos. Los 
enanos figuran mucho en las historias de los caballeros andantes. 
Solian ser los meosageros, ó de quienes las damas, príncipes 6 
reyes se valian para enviar ciertos recados importantes, como car^ 
teles* de desafíos, pésames etc. Se les ve por lo común en los car* 
róseles (i otras pompas caballerescas montados cerca sus amos 6 
dirigiendo á veces los mismos carros , <5 tocando instrumentos 
estraños y desoídos» Generalmente se pintan feos y de^ mala ca- 
ladura, y no solo en la edad media y tiempos posteriores se divir- 
tieron los grandes coa los enanos, sino que hallamos ya algo de 
esta costumbre entre los romanos. Los enanos fueron tambiea 
otro de los ornatos de la corte de muchos reyes. De Felipe^II sa- 
bemos que tenia uno llamado Estanislao, gran tirador de arcabuz* 
Felipe III poseiaotro tan pequeño, llamado Simón Bonamí, que 
Figueroa le llama «átomo de criatura, vislumbre de niño , prín-^ 
cipe de enanos, pensamiento visible, burla del seyo viril, melin- 
drillo de naturaleza:» y Felipe IV iba eu ciertas ocasiones acom* 
panado de otro enano. 

Una pasión éstremada por lo maravilloso hizo inventar á los 
autores de los romances de caballerías aquellos combates estraor« 
lunarios y sobrenaturales, eu cuyas exageradas descripciones te-* 
nemos un ejemplo de hasta donde pueden conducir á un bom* 
b«e los estravíos de la razón» 



(a3) 

(89) El sabio Esquife» Debe decir Alquífe^ nombre que tal 
yei estropeó la sobrina, y fue el sabio bi:>tor¡a(]oi' que escribió 
la <c Crónica del muy valiente Amadis de Grecia, llamado ei 
caballero de la ardiente espada » de la que ienemoi» una ediciou 
hecha en Sevilla en 1542. (V. la nota 4^0 

(4o) Jayanes» (V. la nota 38)« 

CaptUito scrto* 

(40 El cual. Esto es D. Quijote, última palabra del capítulo 
antecedente. (Y. la nota 29). 

(4a} Pidió las llm^es. Es decir el cura que se nombra en el 
título 6 epígrafe del capítulo. (V.la notaag). 

(43) Aniadis de Gaida» Entre los libros de caballerías na- 
die disputará seguramente su primacía al de Jímadis deGaula* 
£1 mismo Cervantes en el escrutinio que el cura< y el barbero 
hicieron en la librería de D. Quijote, dijo: que los cuatro libros 
de jámadis deGaula fue el primei-o de caballerías que se impri- 
mió en España , jr que todos los deinas lomaron principio j 
origen de este ; y los escrutadores , sin embargo de su rigidez, 
resolvieron otorgarle la vida , y librarle de pasar á las roanos 
de la ama , J de estas por la ventana al corral para dar pábulo 
á la hoguera «por ser el mejor de todos los libros que de este 
género se habian compuesto, y único en su arte. » D. Quijote 
~ se propuso imitar principalmente á Amadis de Gaula en sus 
aventuras y andanzas caballerescas, y el preferirle á la demás 
caterva de caballeros aventureros , procedería acaso de consi- 
derarle el mas amartelado de su dama , el roas tierno de cora- 
zón, el'mas lleno de pundonor, y especialmente de ser el mas 
famoso y como el fundador de la orden estrecha de la caballe- 
ría \ por cuya razón el cura le da el título de Dogmatizador de 
su secta. Sin embargo no por eso debe considerarse que el li- 
bro de Amadis de Gaula fuese el primero que se escribió y pu- 
blicó de caballerías; pues conviene advertir que hubo á lo me- 
nos dos clases ó sectas de caballeros andantes. Los unos llama- 
dos de la Tabla redonda, tenian relación con los principios del 
reino de Inglaterra, y la introducción del evangelio en él, mez- 
clado y confundido todo con cuentos y narraciones estraüas y 
estra vagantes. Otro linage de libros de caballerías habia, en 
los cuales se trataba del origen de los galos, primeros haH- 
tantes de las GaUas ó Francia , conocidos en tales historias con 



(a4) 
\n5 nombres de gaulos ó gauleses : j de estos el príinero que se 
imprimid ea Espaaa fae sia dada el de Amadis de Gaula, 

X^as mas de las naciones cultas de Europa ^ dice Pellicer , se 
disputan la gloria de ser autores de este libro. Los flamencos 
quieren que primero se escribiese en su lengua^ de donde dicea 
le tradujo i la española qn tal Acuerdo de Oliva sin ceñirse á 
las leyes de intérprete) sino usando de libertad, añadiendo niu« 
chas cosas ) y por esta traducción española hizo la suya fraa-* 
cesa Jacobo Correo» El Amadis en francés era tan estimado ea 
Francia , según dicen entre otros Vicente Placcio , que apenas 
babia familia donde no se bailase un ejemplar; porque se creia 
que sin él no se podia bablar ni escribir con perfección la leu- 
gua ; y Heurique [11 le apreciaba en tanta manera , que le te- 
nia colocado en su librería entre las obras de Aristóteles y Pla^^ 
ton, El mismo Placcio añade en el Teatro de los anónimos^ 
que es público y notorio que el autor del Amadis de Gaula 
es español 9 y que en lengua española fue escrita originalmente 
su bistoria 9 auuque no conste por quien. El que este béroe fa- 
buloso se íiuja francés, nada tampoco justifica : antes de esto^ 
como dice D. Nicolás Antonio, se puede deducir quenoloera^ 
porque era común entre los escritores de libros de caballerías^ 
suponer que sus béroes babian nacido en paises lejanos. 

Creyeron algunos franceses, pero sin razón ninguna, que el 
libro de Amadis de Caula fue escrito por la española Santa Te-;* 
resa de Jesús, fondados sin duda en que la Santa escribió uno 
de caballerías, como lo dice terminantemente $u confesor el P« 
]). Francisco de Ribera, ^ 

Lope de Vega atribuye el libro de Amadis á una dama por- 
tuguesa. El abale Llampilles, sin duda con mucho fundamento^ 
dice que el primer romance español titulado Amadis de Caula^ 
fue compuesto en el siglo XIV por el portuges Vasco Lobeyra, 
natural que era de Oporto y que asistió á la célebre batalla de 
Aljubarrota dada en el año i38S \ añadiendo que apenas se purr 
blicó, fue creido superior á cuantos babian salido basta entonces, 
y á cuantos se escribieron hasta el Quijote. El P« Sarmiento no 
quiere conceder este honor á los portugueses , atribuyendo con 
poca razón esta bistoria , unas vece^ á D. Alonso de Cartagona, 
obispo de Burgos , y otras á D. Pedro López de Áyala , his- 
toriador del rey D. Pedro , que murió en 1407 3 pero Pellicer 
casi justifica que no pudo ser autor de ella ni el uno ni el otro. 
Se iochoai como Llampilles, á que Amadis de Gaula se eicri<^ 



(aS) 

bíó en el siglo XIV ^ y no muy al principio ^ fundado en que 
el Dante ni el Petrarca no hicieron mención de éi en la inYec- 
tWa contra los libros de caballerías ; y añade que este libro 
es posterior al de los caballeros que tratan de la Tabla 're- 
donda. 

Este libro anónimo de jíniadis de Gaula , fue , como be-* 
mos insinuado , el primero que de caballerías se imprimió ea 
castellano en España ; pero igualmente se ignora en qué tiem- 
po« Se cree que el primero que lo publicó fue un tal Garci Or- 
doñez de Montalvo, regidor de Medina del Campo, después 
de concluida la conquista del reino de Granada. Este roman- 
ce debió mucbo á este editor , según cree Llampilles, por ha« 
ber corregido y retocado su estilo ; pero Pellicer no es de la 
misma opinión, pues aunque en el prólogo de la edición he- 
cha en Zaragoza en i5ax , la mas antigua que se conserva en 
la Biblioteca Real , advierte el mismo Ordoñez que a le corri- 
jgió de los antiguos originales quitando muchas palabras super- 
Huas ^ y poniendo otras de mas pulido y elegante estilo» añade 
que con esta inoportuna diligencia desfiguró el original. 

Ningún romance, en juicio de Quaario, citado por el mismo 
UampiUes en su Ensayo histórico^apologético de la literatura^ 
española , ha tenido jamas tanto aplauso 6omo el de Amadis^ 
y todavía le conserva después de tantos años. «Se ha de con-< 
fesar , añade, que es el mejor en el género de caballería, ei 
mas gustoso y el mas bien escrito.» El voto de Torcuato 
Tasso es mas decisivo. Hablando este poeta italiano en un dis- 
corso sobre el poema épico de este y otros romances españo<- 
les , dice : « Sea quien fuere el que nos describió á Amadis, 
amante de Oriana, merece mas aprecio que algunos de los es<" 
critores franceses , sin esceptuar de este número á Arnaldo Da-- 
uiel , que escribió el de Lanzarote, y por masVjue dijese Dante; 
Mime d' amor e prose di Romanzi 
Soverchib tutti^ e lasciar dir gl¿ stolti 
Che quel di Lemosi credon che áí^anzip 

Pero si hubiese leído a' Amadisde Gaula y otros, continua e^ 
Tasso, quizá hubiera niudado de concepto ; porque con mas no- 
bleza y mayor constancia pintan los amores los poetas españoles 
q u e los fra n ceses . » 

El mismo Garci Ordoñez , que corrigió el antiguo Amadis^ 
aumentó un quinto libro, al que tituló: «Las Sergas de Esplan- 
diauy ó Espiandianhijo de Ainadís» que es lo mjsmb que decir las 



( a6 ) 

proesa^ ^ hechos 6 hazañas de Esplandian, que publicó en 
Sevilla el año iSzSy y tanta aceptación tuvo el hi)o coma el pa- 
fire. Otras dos ediciones se hicieron^ uoa en Zíaragoza en iSSj^y 
otra en Alcalá en íbl. en i58d. En el principio de estas Sergas ó 
proezas se advierte que « fueron escripias en griego por la nia~ 
no del maestro Helisabad»» Mambrino Roseo las tradujo al ita- 
lianOf y en poco tiempo se hicieron cuatro ediciones. Pubiicdse 
también en£rances^ jr se imprimiQ en Paris en el año de i543. 
. Araadis^ continua nuestro Lllampilles, fue uoa fuente inagota^ 
)>1e de nuevos romances españoles, estimados y traducidos ápor^ 
lía por italianos, franceses, ingleses^ holandeses y alemanes, de 
modo que se hizo en Francia una colección de veinte j cuatro 
tomos, y tuvieron tanta ac|>ptacion y despacho, que se bicieroa 
hasta nueve ediciones de ella, y otra reimpresión se hizo en ale* 
vían que constaba de treinta tomos* 

. De nuestro Amadi& de Gaula publicd el conde de Tressan ea 
Paris,, como dice Julio Ferrario, un compendio en dos tomos en 
^779) ^S^ ^ reimprimió en 1787. El mismo romance sirvió de 
modelo á Bernardo Tasso para componer su poema, titulado 
también Amadis de Gaula. Los autores italianos del Diccionario 
histórico biográíico, en el tomo XIX de su obra,. dicen: «que Ber- 
nardo Tasso,, que nació en Bergamo en i493> padre que fue 
jiel célebre Torcuato, adquirió mucha reputacitín con sus obras 
poéticas,, de las cuales la mas célebre y la mas buscada es ei 
Atnadis de Gaula ,1 poema tomado de un romance españoL» El 
JTasso principió á escribirle por los años i545 en Sorrento, y le 
Aonclujró en iSSg» La Academia veneciana, de la cual era indi-> 
^iduo^, le instó para darle al páblico^ pero quiso hacer la edi-» 
«ion por si misnK) y á sus espensas, y le imprimió en iSfio en 
jin tomo en 4»^ Poco después se hizo otra edición con la vida del 
autor , en Bergamo, cuatro voldmenes en lo.^ 

Como Da. Quijote se propuso principalmente por modelo de 
ftus andanzas caballerescas el amartelado Amadis de Gaula, 
creemos oportuno dar una idea de la historia de este héroe,, con- 
siderado por D. Quijote como el dogmatizador y el fundador 
de la estrecha orden déla caballeria. 

Lisvarte , hermano de Falangris, rej de la Gran Bretaña, se 
hallaba en la corte del rey de Dinamarca casado con su biya Bri— 
sena, en ocasión que murió el rey su hermano. Llamado Lisvarte 
á suceder le , se embarcó con su esposa y sus dos bijas Leonoreta 
j Oriana; pero antes de pasar á s^s nuevos esta4os fue á visitar 
á Lau¿uin«s ^ rey de ^cocia» 



(»7) 

Algunos alborotos acaecidos ea la Gran Bretaña le reclamaroi^ 
á ella y y determinó partir ^ encomendando á la reina de E&co^ 
cía el cuidado de sa hija uriana ^ princesa en la flor de la ju- 
ventud y un portento de hermosura. La Reina creyó no poder 
hacerla mejor obsequio que darla para su »^~^.cio al Doncel del 
Mar, joven galán educado en su corte^ y ca'«j s^. la misma edad de 
Oriana. £1 corazón de la princesa sintió m»IJ luego una pasioa 
desconocida por su Doncel del Mar^ y este quedó locamente ena-; 
morado de su ¿//i/^or Oriana. Éntrelos varios incidentes de su3 
amores^ el Doncel eu un dia de campo se arrojó valerosamente 
sobre un león , que estaba próximo á devorar á la Princesa , j 
mató Á la ñera. Este importante servicio tributado al amor, acre- 
centó esta pasión^ y la gratitud aumentó el de Oriana. 

Otro dia y uno de los mas descomunales gigantes , seguido de 
cuatro malandrines, se arrojó sobre la Reina , sobre Oriana y so- 
bre su séquito, y el Doncel del Mar, aprovechando esta nueva 
coyuntura de dar pruebas de su valor, combatió con todos aque- 
llos follones, y quitó la vida al gigante y á sus secuaces. Por se- 
gunda vez Oriana le debió la vida, jr aun mas que la vida; porque 
aquel jajran era un corsario feroz venido de una ínsula de que era 
«eñor, situada entre la Gran Bretaña j la Irlanda, adonde queria 
llevar á Oriana y á sus compañeras para reunirías, con otras ciea 
Jóvetíes que habia robado, en una especie de serrallo que tenia pa« 
ra su recreo» Oriana jr la demás comitiva después de esta aventura 
se dirigían acompañadas de su vaUente libertador á la ciudad, ta 
ocasión que el dia declinaba ja; cuando he aqui que de repenta 
vea aparecer á alguna distancia cien antorchas encendidas que 
avanzaban hacia ellas, y una doncella agraciada y coitos, que se 
adelantó y propuso á la Reina y á la señora Qriana se sirvieran 
detenerse hasta el dia siguiente en su palacio, que no lejos de alU 
habia, en el cual les esperaba la encantadora Urganda. Para ma^ 
inclinarlas á que admitieran el ofrecimiento, las dijo que nada te- 
nían que temer, pues velaria en su defensa un rey de los mas 
ilustres y valerosos; y en el momento que acabó de nombrarle 
^legó el mismo rey , que era Perion, señor de las Gaulas, y pa- 
riente al mismo tiempo de la reina de Escocia , quien acompañó 
ú las damas á la morada de la encantadora. ^ 

Mientras la comitiva examinaba las varías salas de eUa, iluml'* 
nadas con infinidad de bujías, Oriana y el Doncel del Mar esta- 
ban cou los ojos fijos el uno al otro, pero sin hablarse. EL Don- 
cel por üu rompió el silencio; pero solo para suplicarla se djg- 



("a8) 
ndra kiterponer su mediación con el Rej para que le confiriera 
la orden de caballería, á fín de poder , armado ysi caballero \ ir 
por el mnndo á acometer las mas difíciles y atrevidas aventuras. 

£n esto se presenta Organda á recibir á sus huéspedes, y el 
Rej de Escocia, avisado por otra parte, llega también. Los dos re- 
yesy Urganda, eniT Sdos de las dos aventuras a' quediÓ cabo el 
Doncel del Mar, estaban haciendo el elogio merecido de su va« 
]or; y entonces fue cuando aprovechando Oriana tan buena co- 
yuntura, pidió á Perion le confiriera la (Srden de la caballería. El 
Rey accedió á su demanda, y le armó caballero. Terminada la ce-> 
remonia, Perion, que solo había pasado á Escocia á pedir al Rey 
5u cuñado ausilio contra el feroz Abies, rey de Irlanda y de las 
Oreadas, que había iuvadído sus estados con un ejército de bar-' 
baros, habiendo alcanzado lo que deseaba se preparó para partir* 
£1 novel caballero, inflamado de honor y amor, quiso acompa-» 
ñarle, y se dispuso también para seguirle. Tonn^ la rica espada 
que le dio Gandales, señor escoces que lo educó en sus primeros 
/ años, y otras cosas preciosas que había traído consigo en una ca- 
|íta. Elntre estas había un anillo el mas rico y una bola de cera « 
La señora Oriana tomó para sí y como uua memoria de su caba- 
llero la bola de cera, y el Doncel del Mar partió, Hevándose para 
escudero á Gandalíu, hijo de Gandales, que había sido educado 
con él desde la niñez, como que se llamaban hermanos de leche^ 
y deseaba correr el mundo en busca de aventuras. 

Siguiendo los pasos del rey Perion de Gaul a, topó el novel cat^ 
ballero con una dama y una doncella: la primera le presentó una 
lanza, dicíéndole que con aquella arma salvaria la casa real de 
donde descendía, y era Urganda la eUcantadora, pues iñmedia. 
lamente desapareció. La doncella era una danesa ó dinamarque- 
sa al servicio de la reina de la Gran Bretaña, á cuya corte volvía» 
pero antes de hacerlo manifestó al Doncel del Mar que permane- 
cería por algunos días cerca su persona á fín de ver como sabia 
hacer uso de aquella lanza. La primera vez que se sirvió de ella 
fue para librar al rey Perion, el cual por una asechanza, puesta 
por unos malandrines, se hallaba en muy inminente peligro de 
perder la vida. Los malvados fueron todos traspasados con sh 
lanza, ó despedazados con su espada^ y el Rey lleno de gratitud 
abrazó a su defensor, y se dirigió ya con seguridad á susjestados. 
El Doncel, ansioso de nuevas aventuras, emprendió otro camino 
difereute del que seguía Perion. La Doncella de Dinamarca, tes.. 
ligo ocular de sus empresas, y satisfecha de su valor, se despidió 



¿e\]6ven caballero^ y se dirigió á la corte de Escocia, ep dond« 
retiriólas grandes aventuras del Doncel del Mar, cujas nuevas 
alegraron el corazón de la sin par Oriana. Debiendo muj luego 
reunirse esta princesa con su padre, y no siéndole entonces tan 
fácil saber noticias de su caballero, determinó tomar por secreta- 
ria á la Doncella de Dinamarca j le confídiun secreto importante, 
á saber: que dentro de la bola de cera quejle dejó el Doncel del Mar, 
hallo un papel, j en ¿1 escrito su nombre, con la cualidad de 
ser hijo d e un Rej. Al mismo tiempo la suplicó que se le presenc- 
iase en su nombre con aquella contrasena para asegurarse de su 
constante afecto. 

Llegado el tiempo de marchar Oriana Á la Gran Bretaña, Ur- 
ganda la encantadora fue á buscarla en una nave magnífica,/ 
durante la travesía contó á la señora Oriana el nacimiento del 
joven Dopcel del Mar. Debia la vida al mismo rej Perion, que le 
armó caballero sin conocerle, y al que salvó la vida. Urganda le 
refirió que viajando el rey Perion en su juventud para adquirir 
gloria y honor, y habiéndose alojado de resultas de cierta avcn^ 
tura en el castillo del conde de Salandria, tuvo sec retameotede 
la hija de este un hijo, al que llamaron FJorestano. Dei^pues pa- 
só Perion á la Pequeña Bretaña ó Armórica, vio en ella las dos hi- 
jas del rey Garinter, llamadas la primera la muge r de la Guir- 
landa, y la otra Elisenda; y enamorado locamente de Elisenda, 
se casó con ella sin mas testigos que su doncella. De esta uniou 
tuvieron un hijo, que dio á luz secretamente la pr incesa j y para 
poner á salvo su honor, lo abandonó á las olas en un a cuna de 
ma dera de cedro, en la cual hizo poner la espada que le dejó Pe- 
rio n cuando partió, un anillo que él mismo le regaló, una bola 
de cera, y dentro de ella un papel con el nombre del niño y la 
condición del padre. Elisenda se unió después públicamente en 
matrimonio con Perion, y reinaba con él en las Gaulas; pero en- 
trambos, dijo la encantadora, están llorando la pérdida del pri- 
mer fruto de su amor. El dia que el niño fue abandonado á las 
olas, continuó Urganda, un caballero escoces, llamado Gandales, 
que por casaa lidad se paseaba por la playa, vio la cuna, procuró 
recogerla, la hizo llevar á su casa, y dio al niño el nombre de 
Doncel del Mar, con alusión á su hallazgo. Oriana no ignoraba lo 
restante d^ la historia, tjerminada la cual entró la nave en el puer- 
to de Vindilisora. 

Entre tanto el Doncel del Mar, después de varios encuentros y 
aventuras, cuya narración seria sin duda pe^adaí estrechado con 



<3o) 

íntima amistad con Agrages^ príncipe de Escoda, que capitaBea— 
ba la gente mandada por el vey Languines, que había ido en au-^ 
silio de Perion^se embarcaron y abordaron en Norroandía, j lue- 
go llegaron á la ciudad de Baldam en donde se hallaba encerrado 
Perion después de haber perdido varías batallas. Recibióles este 
rey con los brazos abiertos y con la major alegría. £1 ferox 
Abies se reunió con sus irlandeses, y presentóse delante de la 
ciudad para asaltarla. Perion, el Príncipe de Escocia y el Doncel 
del Mar se prepararon para salirle al encuentro y rechazarle; pe- 
ro cayeron en una celada. El Doncel se encontró con Abies, y lo 
desafío á singular batalla; estela aceptó, y fue vencido y muerto 
después de un largo, feroz y nunca oído combate. Mientras que 
el vencedor fue conducido en triunfo á la ciudad, y que el Rey j 
la Reina de las Gaulas reconocen deberle á él solo su salvación y 
la de su reino, la Doncella de Dinamarca, coníidenta de Oriana^ 
llegó, y le dio la embajada; y por conducto de ella supo el Don- 
cel del Mar su nombre y su origen real; pero le faltaba saber de 
qué rey había nacido* 

En aquel mismo día una casualidad hizo que el rey y la reina 
de las Gaulas observaran el anillo que el Doncel del Mar llevaba 
puesto ; y principiando á sospechar lo que pudiese ser , deter- 
minaron ir juntos los dos esposos por la noche al aposento del j^l 
ven héroe, que hallaron sepultado en un profundo^ sueno.El Rey 
descolgó la espada que tenia á su cabecera , y reconoció ser la 
misma que dejó en otro tiempo á Elisenda cuando se vio precisada 
á abandonarla. Esta espada y el anillo eran dos señales que uní* 
diis apenas les dejaban duda; y con la espresion de su alegría des- 
piertan al Doncel del Mar, y supieron de su boca que aquel mis^ 
mo día había sabido que no era hijo del buen Gandales que ló 
educó, como se creía, sino un joven desgraciado, aunque hijo de 
un rey , hallado por aquel caballero escoces en una cuna de ce- 
dro abandonada á la merced de las olas... Entonces todo quedó 
descubierto: Elisenda y Perion reconocieron á su hijo, y desde 
aquel día dejó el nombre de Doncel del Mar, y tomó el áe Anuí- 
ais de Gaula. Fue llamado también « el Caballero de la Verde 
espada » y principalmente en Alemania no le sabían otro nom- 
bre. La espada , por la cual se le dio este título , tenia la' vaina 
hecha de un hueso verde de cierto pescado muy raro , tan día* 
íano que se traslucía la hoja. El encanto de esta espada consistía 
en no poderse sacar de la vaina ; pero Amadis de Gaula la sac($ 
to una especie de justa ó aventura que se celebró para honrará 
la señora Oriana» 



t3. ) 

' LUni6ie ignalmenté el caballero de los Leones^ él caballero 
del Gaano v etc. ^ cuyos nombres tom<5 de varias aveDturas , se-^ 
guo costumbre de los caballeros andantes* 

Poco tiempo después de haber descubierto Amadís el secreto 
de su nacimiento ^ resolvió volver cerca de su sin par Oriana^ 
pero lo ocultó al Rey su padre bajo el pretesto de querer ir á ad- 
quirir gloria y honor buscando nuevas aventuras. Perion,á pe- 
sar de su ternura, no pudo oponerse á unos deseos y á un mo- 
tivo tan Justo; y « se adereza para se partir i buscar las aveuiu- 
ras por emendar é cobrar el tiempo que en tanto menoscabo de 
Sil honra alli estuvo» como se lee en su historia. Luego que Ama- 
dís ileg<$ á la Gran Bretaña-, las aventuras de este caballero se 
^cedieron sin intermisión* 

La reina EUsenda y el rey Perion , después que subieron at 
trono tuvieron otro hijo llamado Galaor, que fue robado por ua 
gigante, pero con buen fin, y fue para ponerlo en poder de Ur- 
ganda la desconocida, que velaba sobre la suerte de los dos her- 
manos, y queria dar al mas joven una educación conforme k sus 
designios. Esta fue la que le condujo á Amadispara hacerle dar 
la Orden de caballería. ^ 

* El amor constante de Amadisy de Ortana fue puesto en gran- 
des y largas pruebas, y se y\ó combatido de diferentes maneras; 
y el interés que tomaba por su hermano le espuso agrandes peli- 
gros. £1 carácter de este era del todo diferente del de Amadís* 
Galaor le igualaba en hermosura, y si se quiere también en va- 
lor, y como él era inclinado al amor; pero eran otros 5us senti- 
mientos. Amadis tenia uno solo en su corazón; la sin par Oriana 
lo era todo para él: diferente de Galaor que todo el sexo entero 
tenía derecho sobre su corazón, y puede decirse que se inflama- 
ba igualmente por todas cuantas mugeres veía. Los hechos de 
Amadis eran todos heroicos: en servir á las mugeres ; en arran- 
carlas del duro cautiverio en que las tenían gigantes que las ro- 
baron; en librarlas del dominio de caballeros desleales que las 
oprimían ; en socorrer á los huérfanos , amparar á las viudas , y 
deshacer toda suerte de tuertos y agravios, no se proponía otro 
objeto que cumolir con los deberes de la estrecha orden de la 
caballería; y todos sus pensamientos, todas sus acciones se di- 
rigían á su sin par Oriana, y en nombre de ella emprendía y á 
ella sola ofrecía su gloría y el fruto desús aventuras. Galaor en 
medio de sus buenas acciones no desdeñaba recibiré! premio de 
los beneficios qué hacia, y disfrutaba de cuantos placeres la 



( 3a ) 

ocasión le ofrecía ^ j como caballek'o menos avisado j despierto 

que su hermano caía en cuantos lazos le armaban, y de ello» 

siempre era Amadis el que le sacaba. Amadis era á un mismo 

tiempo el modelo de un amor á toda prueba, j el dechado de 

una perfecta amistad.. 

Urganda la desconocida velaba sobre los dos, j preparaba por 

medio de mil lances j aventuras peligrosas la unión tan desea-» 
da de Amadis y de la señora Oriana. Ambos amantes eran mujr 
felices con el solo placer de amarse: en sus mas secretas con ver- 
saciones, si su mutuo amor era igual, no lo era menos tampoco 
, su continencia; pero un día que algunos follones enviados por 
el encantador Archeloro, enemigo de Lisvarte j de su hija, ro" 
baban á la señora Oriana, Amadis corrió tras de ellos , los 
alcanzó en un bosque, cajó sobre ellos como el rayo , y por 
otra vez libró á su dama y señora de su corazón. La gratitud , 
el amor, el placer y la satisfacción de volverse á ver reunidos 
después de tales peligros, la noche, la soledad, el bosque, todo 
ayudó para conmover el corazón de la señora Oriana, y á ven- 
cer por primera vez la timidez de Amadis.. .• Pero corramos ua 
velo sobre esta escena, y pasemos á la corte de Vindilisora, en 
la que llevó poco después Amadis- a su señora , esperando pro^ 
longarsu felicidad casándose con su adorada Oriana. Pero esta 
se vio turbada de mil modos, y en particular por los zelos devo- 
radores. La hermosa y joven Briolaoja imploró el ausiHo del 
fuerte brazo de Amadis para vindicar la muerte del rey su pa. 
dre, que fue asesinado por un vil usurpador. Las leyes de la es-^ 
trecha orden de la caballería, y la magnanimidad de Amadis le 
mandaron^ socorrer á aquella ilustre princesa, y acometer aque^ 
Ha aventura^ pero otras circunstancias juntamente unidas con 
ella, hicieron creer á la señora Oriana que Briolanja había cau- 
tivado el corazón de su caballero; por lo que abandonada á to- 
dos los trasportes de los zelos, le escribió una carta llena de ra- 
biosas quejas por su creída inlidelídad, mandándole no compa- 
reciese mas en su presencia. El sobre escrito déla carta decía asi: 
«c Yo soy la doncella herida de punta de espada por el corazón , 
y vos sois el que me feriste; » cuya carta le envió por medio del 
doncel Burin^ Pero en qué momentos llegc5 á las manos de Ama- 
dis esta carta ? cuando acababa de conquistar la ínsula Firme; 
y colocad^ ya en el trono la princesa Briolanja , los habitantes 
déla corte de Sobradisa se preparaban para coronar al mas va- 
liente y leal caballero. Recibió Amadis la carta, la leyó, y princv* 



(33) , 

pí6 á desesperarse ^ prorumpíendo en fuertes gritos , y derra« 
maudo copiosas lágrimas. Llegó la noche, abandonó sus krentU'» 
ras 9 despidióse de su escudero GandaliUf al que sintió no poder 
hacer grandes mercedes, j que dejó por gobernador déla ínsula 
Firme, y solo y desarmado salió de ella, y se retiró á una selva 
Á hacer, penitencia bajo la dirección de un ermitaño llamado 
Andalod, T[ue vivia en una ermita internada siete leguas en la 
mar sobre una peña alta y estrecha llamada la peña Pobre. El 
desesperado Amadis le pidió que le mudase el nombre para no 
ser conocido; y atendida su belleza esterior y sus angu stias in- 
teriores, le puso el ermitaño el de Beltenebros , ó el de el Bello 
tenebroso; esto es, hermoso en el cuerpo, y triste, melancólico j 
opaco en el ánimo. Los ejercicio» de su penitencia se reducian á 
asistir á vísperas, á confesarse con el ermitaño, á oír su misa y 
rezar otras devociones; pero sobre todo á gemir, suspirar y ane- 
garse en lágrimas vivas, esperando con esta penitencia volver i 
la gracia de su señora Oiana. En medio de sus lágrimas com- 
ponía también Amadis algunas canciones que él mismo entona- 
ba y cantaba. 

Desengañada la señora Oriana de sus Infundados zelos, le en- 
vió otra carta, que le hizo entregar por la Doncella de Dinamar-' 
ca, y por medio de ella le sacó de la ermita, y le llevó al castillo 
de Miraflores cerca de Londres. Al llegar alli restableció en el 
trono á este rey, que se hallaba en un trance de los mas apu- 
rados en que se halló caballero andante, pues sostenia una des- 
igual batalla con Cildadano, rey de Irlanda, y con una manada 
de jayaníes, á los cuales acuchilló y venció Amadis* 

Célebres fueron también las otras aventuras que acometió' 
mientras permaneció cerca la corte del Jtey Lisvarte; hasta que' 
engañado este por envidiosos cortesanos, se vio precisado el buen 
caballero á abandonar la morada deliciosa del castillo de Mira- 
flores. 

Pasó después Amadis al oriente en busca de nuevas aventu** 
ras. Si quisiéramos entrar en todos los pormenores y referir los 
lances que en aquellos paises se le presentaron, seria nunca aca-« 
bar. Solo diremos que llegó á Constantinopla , en donde conti- 
nuó adquiriendo fama de muy valiente y cortés caballero* Al 
llegar á M iceuas fue recibido con mucha distinción por una her- 
mosa princesa llamada Grasinda, á la que se le puso en la ima« 
ginacion la mas estraña idea. Habiendo oído celebrar la hermo- 
sura de las damas de la corte de Inglaterra^ pidió á Amadis que 

I. 3 



(34) 
la llevase conmigo á Londres , y que en medio de la corte confia 
sase que no habla olra doncella en ella mas hermosa, que la prin. 
cesa Grasindd) j que hiciese armas con todos cuantos dijesen 
otra cosa, d se atreviesen á negarlo. Amadis se vio cortado en 
un principio, y no supo que contestar; pero luego occurriéu* 
dolé que no sq le exigía sino sostener que Grasinda era ia mas 
hermosa de todas las doncellas, no tuvo reparo en otorgarle la 
gracia que se le pedia, pues sabia que su Oriana estaba ya fu^- 
ra de aquel número. Preparáronse ambos para partir, y llegarpn 
á Jjondrei, en donde Aniiidis le cumplió la palabra, presentán- 
dose en un gran torneo que se celebró, bajo el nombre del Caba- 
llero Griego. En él y en presencia de toda la corte de la Grap 
Bretaña derribó á cuantos caballeros se atrevieron á confesar 
que habia otra doncella mas hermosa que Grasinda, la cual úl- 
timamente recibió del supuesto Caballero Griego en presencia de 
lodos los espectadores, la corona destinada para la mas hermo- 
sa. 

La señora Oriana se hallaba poco comprometida con esta vic- 
toria ganada sobre las doncellas bretonas, pues habia dado á luz 
secretamente un hijo, que fue célebre con el tiempo bajo el nom- 
bre de Esplaudiau. 

Entre tanto el emperador de Roma, ignorante de los amores 
de Amadis y de Oriana, la pidió por esposa. Lisvarte, que nada 
sabia tampoco, le concedió la mano de su liij/t, j se presentó una 
escuadra para conducirlas Roma. Amadis, retirado en su ínsula 
Firmo, sabedor de todo, mandó aprestar otra escuadra á toda pri- 
sa, y reuniendo pilotos y soldados se puso á la mar esperando á 
la escuadra romana. Preséntase esta á la vista de la isla , échase 
encima, y apoderándose de la señora Oriana se la lleva consiga 
á la isla. Entonces se declaró abiertamente la guerra entre Lis* 
varte y Amadis; y el dia de una gran batalla salvó otra vez el mis* 
mo Amadis la vida á Lisvarte, en el que veia siempre al padre 
de Oi-tana. Suspendiéronse las hostilidades, y durante la tregua, 
un buen ermitaño, que educó al joven Espiantan , consiguió 
calmar el furor de entrambos, y persuadir á Lisvarte que convi- 
niera en la unión de los dos amantes, descubriéndole el secreto 
de su familia, que ignoraba del todo. Otros lances que pusieron á 
este rey en nuevos peligros, de los cuales le sacó siempre Ama- 
dis, prepararon la paz que últimamente se íiinió. Lisvarte, que 
no tenia ningún hijo legítimo, dejó el reino- de Londres á Amadis^ 
j se celebraron las bodas de este coa la señora Oriana eu la íiw 



( ?h ) 
sula Firme que desencaiilada por la maga ^ pas(5 á ser ctesda 
entonces Ja morada feliz de Aaiadis de Gaula j de su sin par Or¡a« 
ña. 

(44) -^«^ Sergas de Esplandian* (V. la nota 43). 

(45) Del mismo linage de Amadis. El libro de Amadis de 
Grecia es el noveno de la colección de los de Amadis j de sus der>« 
cendientes, la cual constaba de :il^ libros, como dijimos en la no-^ 
ta 43i y todos ellos fueron condenados al fuego por el cura, Á 
escepciou de los cuatro libros primeros de Amadis de Gaula. Ha« 
blando Vicente Placcio de la colección de estos libros dice: que 
es una biblioteca perniciosísima compuesta por españoles, 
aunque aumentada principalmente por los franceses. El caballea 
ro Amadis de Grecia era hijo de Lisvarte de Grecia y de Onolo- 
ria, y este hijo de Amadis de Gaula, de modo que el de Grecia 
era nieto del de Gaula. Ln u Crónica del muy valiente y esforza-* 
do príncipe y caballero de la ardiente espada Amadis de Gre- 
cia, hijo de Lisvarte de Grecia , Emperador de Constantinopla 
y de Trapisonda y Rey de Rodas » consta de dos partes, y al 
principio de la segunda se advierte, que fue u sacada de griega 
en latin, y de latín en romance, según lo escribió el gran sabio 
Alquife en las mágicas » y la dedicd á Amadis rey de la Gran Bre-» 
taña. Se hizo de ella una edición en Burgos en i535, otra en 
Sevilla en 154^, y otra en Lisboa en 1696 en folio* 

(46) La reina Pintiquiniestra etc. Giganta de figura espantosa 
y ridicula, según dice Pellicer; pero creeraosque no sea del lodo 
fundada esta aserción; porque si entendía hablar de la Reina 
Pintiquiniestra , que lo era de las Amazonas, solo se dice de ella 
que era muy grande de cuerpo, y por esto tal vez la llamó Pelli- 
cer giganta; jpero en manera alguna está bien decir de ella 
que era de figura espantosa y ridicula, pues se dice en la misma 
historia que era hermosa y bien parecida, y hasta llega i coin^ 
pararse su belleza con la de un ángel. Tampoco es aplicable na- 
da de lo que dice Pellicer ú la otra Pintiquiniestra, reina que fue 
de Sobradisa, esposa de Períon y madre del doncel Bavartc, y 
son las dos únicas reinas de este nombre de que se habla en lo» 
libros de caballerías. 

El pastor Darinel, de (|u¡en se habla en Amadis de Gr«cía^ era un 
bello jdven natural de Tirel , cerca Alejandria de Egipto, y se 
dice que estaba locamente enamorado de Silvia hija de la princesa 
Onoloria, que se criaba desconocida apacentando el ganado de 
sus supuestos padres por las Orillas del Nilo. Eu obsequio de es* 



( 36 ) 
ta jóyen compuso Darínel sus endiabladas églogas, Gomo las 11»-' 
iua el cura 9 j sus enrevesadas cantigas y razones. 

(47) Disparatado y arrogante. Ki título del libro de Doa 
Olivante de Laura dice asi : « Historia del invencible caballero 
D. Olivante de Laura, Príncipe de Macedonia, que por sus ad- 
mirables hazañas vino á ser emperador de Gonstantinupla: agora 
nuevamente sacada á luz. Yajdirigida al Rejr N. S. (Felipe II}.» 
En Barcelona por Claudio Bornat, impresor j librero: al Águila 
fuerte i564» Con privilegio real por lo años: en folio. Se halla 
dividido en tres libros, cada uno de los cuales tiene su portada 
particular; pero sigúela numeración hasta la de 5o6 páginas, en 
cuyto final dice que se acabó de imprimir en lo de julio de i564» 
Compuso esta obra Antonio de Torquemada,secretario del conde 
de Benavente, después del año i520, j fue igualmente el autor* 
como lo dice el mismo cura, de otro libro titulado « Jardín de 
Flores » ambo» escritos por el gusto estrafalario de los demás de 
caballerías. 

(48) Morismarte de Hircania. Publicó esta historia Melchor 
de Ortega, caballero de Ubeda, con el título de «Primera parte de 
la historia del príncipe Felixmarte de Hircauia.» Un tomo en fo- 
lio: Valladolid año de 1 556, por Francisco Fernandez de Córdo- 
ba. En ella se supuso que fue traducida de leugua to^cana, y su 
autor la dedicó á Juan Vázquez de Molina, secretario del rej y 
del conse)o de estado. El estraño nacimiento del héroe de e6te 
romance \e cuenta en él del modo siguiente: Habiendo la prin- 
cesa Martediña, esposa delpríneipe Florarán de Misia, dadoá 
'uz en un monte un hijo en roanos de Belsagina, una muger sal- 
fage, pensó llamarle Florismarte, nombre compuesto, ó que par- 
ticipaba del de su padre j de su madre; sin embargo, pareciendo. 
le mas sonoro y significativo el de Felixmarte^ determinó llamar- 
le así, y por esta razón unas veces se le da este nombre otras el 
primitivo. 

(49) Eslr^íño nacimiento, (V. la nota 48)» 

(50) El caballero Platir, La historia de este caballero, que 
tiene por título « Crónica del muy valiente y esforzado caballe- 
ro Platir, hijo áel emperador Primaleon» consta de un tomo en 
iblio impresa en Valladolid en i533 por Nicolás Tierrí , y dedi- 
cado á los marqueses de Astorga D. Pedro Alvarez Osorioy 
Doña Maria Pimentel. Aunque es de autor anónimo, como lo son 
la mayor parte de los libros de caballerías, se cree no obstante 
^ue fue escrita en español) ea lo que conviene también Julio 



( 3? ) 
Ferrarío. Chapuysia tradujo en francés y se hicieron dos edício. 
nes en i6.^en Leen de Francia; una en i58o y otra en i6i8. 
£1 mismo romance babia sido traducido al italiano é impreso en 
Venecía en iSSg, en 8*® 

(5 i) El caballero de la cruz. Estelibro^ conocido también 
CQu el tftulo del caballero Lepolerao 6 Leopolemo^ hijo del empe- 
rador de Alemania, se divide en dos libros <5 tomos. El primero 
tiene el título de uLibro delinuencible cauallero Lepolemo, hijo 
del emperador de Alemania, y de los hechos que hizo llamándo- 
se el cauallero déla Cruz. *> £1 segundo « Leandro el Bel etc., se- 
gún le compuso el sabio Rej Artidoro en lengua griega, m Ambos 
se imprimieron enToiedo por Miguel Ferrer en fol., el primero en 
el año 1 54^9 J ^ segundo, según se lee en el mismo , i los 19 
días del mes de niayo de i543. También se hizo una edición del 
ij^ en Sevilla en casa Francisco Pérez, impresor de libros, pero 
no lleva ano de impresión; tal vez seria la qu^ cita Bowle j dice 
lo fue en i534* £1 primero se supone escrito en arábigo por man- 
dado del soldán Zuleraa por un moro llamado Xartoa , y tradu- 
cido en castellano por un cautivo de Túnez. De las dos dedicato- 
rias que tiene, la una va dirigida por el cautivo al conde de Sal- 
daña, y la otra del moro al Soldán. Al fin de la obra promete el 
supuesto Xarton el libro segundo, que se publicó como hemos 
dicho, y está dedicado á D. Juan Claros de Guzman, conde de 
Niebla, y en este ofrece la traducción de la tercera parte. Debe- 
mos á las investigaciones de Pellicer conocer al verdadero au- 
tor de estos dos libros, que fue Pedro de Lujan, el mismo que 
publicó los « Coloquios matrimoniales. >» De lo que dice el mis- 
ino Pedro de Lujan en los « Coloquios » venimos en conocimien- 
to también que el libro i •'' d el del caballero de la Cruz, por otro 
nombre Lepolemo, es el XII de los de Amadis; y el a.^ 6 Lean- 
dro el Bel el XIIL Estos libros fueron traducidos al francés y 
al italiano: esta última edición se hizo en Yenecia en i58o 
en 8.^ 

(5a) Espejo de cahallerias. Esta obra de caballerías consta 
de cinco partes. La primera, que es la que vid el barbero, y de 
la que habla el cura , la escribid Diego Ordoñez ú Ortañez de 
Calahorra, natural de Naxera, y la dedicó á Martin Cortés, hijo 
del célebre Hernán Cortés, conquistador de Méjico. 

Esta primera parte se halla dividida en dos libros, que se im- 
primieron en 1 562 en fol. Escribió la segunda parte Pedro de 
la Sierra y natural de Cariñena en Aragón, la cual consta igual- 



(38) 

mente de otros dos libros que publicd en Zaragoza en el ano 
de iS^o en fol» H)l licenciado Marcos Martínez, de Alcalá de Ue- 
liarcs^ compuso la tercera y cuarta parte, cada' una de la$ cuat- 
íes consta asimismo de otros dos libros , de los cuales se 
b¡%0 una edición en Zaragoza en el ano de i6a3 en fol, dedica- 
da i D. fiodrigo Sarmiento de Villandrando, duque de Uijar* 
l^H parte quinta del Espejo de caballerías ignoramos si se pu- 
blicó, y solo sabemos por lo que dice Pellicer, que en la Biblio- 
teca Eeal existia manuscrito y en fol. el libro primero de la parte 
quinta , que nosotros creemos fue escrita por Feliciano de 
tíilva» 

Bn 1 556 se publicó en Sevilla un libro de caballerías titulado 
. « Espejo de caballerías , en el cual se trata de los fecbos de D* 
Holdan y de Reinaldos. » En el de i58o se did á luz en Zara- 
goza otra con el título de <cEl espejo de* príncipes y caballeros» 
Parte primera dividida en tres libros, en los cuales se cuentan 
las inmortales proezas del caballero del £i*ebo y de su hermano 
llosicler, hijos del gran Trebacio, emperador de Constantiuo- 
pla , con las altas caballerías y amores de la hermosísima y es- 
tremada princesa Claridiana, y de otros grandes príncipes y ca* 
balleros , traducción del latín al romance por Diego Ordoñez de 
Calahorra, natural de la ciudad de Naxera. La a,* 3," y 4»' parle 
tratan de estos hijos de los caballeros andantes^j forman con la 
i,^ cuatro tomos en folio. En (58q se imprimid en Alcalá y en 
folio por Marco Martínez de Alcalá la uTercera parte del Espejo 
de príncipes y caballeros ; hechos de los hijos y nietos del 
emperador Trebacio. » 

(5^) El i^erdadero historiador Turpin, La historia que rae-t 
rece una particular mención por haber suministrado casi e^ 
primor argumento al Ariosto y á los otros épicos románticos que 
le precedieron y que le siguieron, tejiendo sus poemas con las era, 
prosas de Cario Magno y de sus paladiues, es la supuesta cró^ 
nica de la vida de Cario Magno y de Orlando atribuida á Juan 
Turpin 6 Tilpin, arzobispo q.ue fue do Heims y que murió en el 
año 8oo de la era vulgar* Ningún hombre ilustrauo tiene por 
genuina esta crónica que Cervantes irónicamente llama verda, 
dera, y son varíi^s l^s opiniones acerca el tiempo en que fue escri- 
ta y su verdadero autor. Unos creen, apoyados en un antiguo 
códice, que fue escrita por el monge GoflVedo, prior del monas-- 
torio (le S. Andrés de Yie na en el Delñnado, en el año 109a, en 
d prefaáo de} ciial se dice que dioba crónica fue traid» á Fra4 ** 



(3») 
fiía d« la B»pcria, esto es, de España. Otros suponen que verdá-* 
deramente uu tai Turpín^ arzobiivpe que fue de Keiins, arregló 
«sta crónica reuniendo ias varias cantigas ó romances que can-* 
¿aban los juglares, refiriendo Jas proezas y aventuras de Gark» 
Magno y de sus compañeros de armas, para escitar al pueblo 
á levantarse contra los sarracenos. La atribuyeron algunos ai 
monge Roberto, qne vivía en tiempo del concilio de Clermont ce- 
lebrado .durante la primera cruzada, cuja historia escribió tam- 
bién, y de la cual tornó los materiales Torcuato Tasso para com- 
poner la Jerusalen libertada. La primera «dicioade esta Cróni-* 
nica^ se cree fue la que se hizo en fiasilea en 1674 con el título: 
De vita Caroii Maguí etRolamUy en ia fiihlioteca Real de Tu* 
rin exibte uu 4sódioe con est€ título: Turpmi historia famosissi'' 
jtii CarolUMagni^ quctado Teüurem Uispanieam et Gaíetianam 
íi poCestate Sarrasenorum UbevapU* Aulerior á la edición del 
(esto latino se imprimió una tradiiccion francesa con el tíitulo: 
La cronique de Turpin^ Archeiféque de Reims , Vun des Pairs 
de Frunce^ corUenantles prouesses etfaits d^ armes advenusen 
son lems^ traduit du latin par Robert Gítguin, París par Chait» 
Aiiire* 1 537. Otra edición francesa se hizo en León en i583; j 
aun algunos supon^i que anteriormente á estas se había hecho 
otra en i5o5. La lectura de la crónica llamada de Turpín infla- 
mó la iaiaginacion de algunos escritores de los tiempos posterio- 
res, y dio origen á varias composiciones romancescas. £1 primer 
poema sacado de la supuesta crónica, fue la España Historia^ 
drt queden 4o cantos comprende la úlúma espedicion de Cario 
¡Magno hasta la batalla de Roncesvallcs. La misma historia sir- 
vió de modelo al conde Mateo María Bojardo para su «Orlando 
Enamorado » y para componer el Áriosto el « Orlando fuirioso. » 
En i5aS se imprimió en Sevilla el v Libro del noble y esforzar 
do caballero Reinaldos de Montalvan, y de las grandes proezas 
y extraños hechos en armas que él j Roldan y todos los doc« pa- 
res paladinos hiciet*on » y en i5a8 se publicó en la misma ciu- 
dad por Nicolás de Piamoute la hUtoria del emperador Cario 
Magno y dé los doce pares de Francia « 

(54) El cristiano poeta Ludovieo Ariosto, Este célebre poeta 
Italiano, que nació en Regio en 1 474 ^^ ^^^ distinguida familia^ 
compuso su n Orlando furioso » tovnando por modelo el « Orlan- 
do enamorado» de Boyardo, como hemos dicho en la nota 53* 
Queriendo disuadirle el cardenal Bembo que escribiera su poer* 
maea italiauoy i iostáiidoie á que lo hiciera en húsxy contestó. 



(4o) 

•1 Aríosto: « mas bien qaíero Mr el primer escritor entre los ita- 
lianos, que el segundo entre los latinos, ocupando Virgilio el 
primer lugar entre los últimos.» £1 Aríosto babia pensado prime-< 
ro escribir su poema en tercetos como el Dante, é bizo algnn en- 
sajro que se imprimí<$ con sus poesías J que empiexa: 
Ca/Uerd Varmi^ cantero gli affanni 
D^amor , cA' un cavalier sosíenne gravi 
Peregrinando in ierra e^n mar moW annu 
Sin embargo desistid después de esta idea y la escribió en octavas* 
Frincipid su poema en el año i5o5, y en el de i5i€ dio á Iuk 
en Ferrara 4o cantos, j sucesivamente se hicieron de él basta 
nueve ediciones, aun viviendo el Ariosto, quien corrigid, varid y 
aumentd la obra de seis cantos mas. Se conoce que Cervantes, 
por lo que hace decir al cura hablando con el barbero , babia 
formado una alta idea del « Orlando furioso » j que con razón 
le tenia por un poema escelente; sin embargo d ingles Jarvis 
en una nota á su traducción del Qui)ote no repara en decir que 
ic Cervantes no gustaba de las estr a vagancias del Ariosto » cuya- 
errada interpretación avisa á los comentadores, como dice Peüi- 
oer, de cuan espuestos están á hacer decir á los antores cosas que 
ni dijeron ni imaginaron; 6 por mejor decir, cosas contrarias á las 
que imaginaron y dijeron. 

Tradujo el Orlando furioso del italiano al español, el capitán 
D, Gerdnimo Jiménez de Urrea, natural de Epila en Aragón, 
y gobernador que fue de la Pulla en el reino de Ñapóles. Impri- 
midse su traducción métrica en i556 en León de Francia, y en 
1 558 en Amberes, retocada por su traductor. Otra edición se hi- 
zo en Bilbao en i585, y en Toledo en iS86, ambas en 4*^ Sin em- 
bargo del elogio que hace de este traductor el cronista Andrés, 
D« Diego de Mendoza le critica con bastante acrimonia; y el 
mismo Cervantes, por boca del cura, no le hace tampoco mu" 
cho favor, diciendo que <c le quitó mucho de su natural valor,»»^ 
El cura llama « ingenio cristiano » al Ariosto , porque la 
palabra ingenio tenia en tiempo de Cervantes mas aplicaciones 
que ahora, como dijimos en la nota i .* al título de la obra; y el 
adjetivo cristiano, porque, según Pellícer, era común dar este dio^ 
tado á los escritores que no se ocupaban en escribir obras obsce» 
ñas ni impías, como Pedro A.ret¡no ó de Arezo, que se deshonró 
con.un soneto que escribió ridiculizando las indulgencias, y con 
otros escritos y libelos no menos despreciables contra los sobera- 
nos, por los que se le llamó el « Azote de los príncipes, j». Por la 



misma raxon vemos que D. Francisco de Urbinftltema al iijímio 
Cervantes « ingenio cristiano» en el epitafio que se halia en el 
principio de Persiies y Segismonda. 

(55) Que vos le entendiéradef* Puede aludir esto i la triste 
idea que el cura habia formado del barbero^ 6 mas bien á que no 
conviniera que e:ite leyera y entendiera ciertos pasages 6 espre^ 
sienes que existen en el original^ y que desaparecieron 6 se modí« 
ficaron en la traducción. (V. la nota 54)* 

(56) Al señor capitán. Es dedr^ al traductor .ifV. t« Bota 54V 

(57) Bernardo del Carpió, Publicó este poema, escrito es 
octavas, Agustin Alonse, vecino de Salamanca, con el titulo? 
« Historia de las hazañas y hechos del inuencifole caaalkro Ber« 
nardo del Carpió » etc. , é imprimióse en Toledo en el ate 
i565 por Pedro López de Haro. 

Otro libro sepublicd algunos años después de la muerte de 
Cervantes, es decir en el ano de i6a4, titulado: £1 Bernardo, vic« 
toria de RoncesváHes,($ fiernardo del Carpió, poema heroico, pot« 
elQr. D. Bernardo de Valbuena, abad mayor de la iglesia deJa^ 
maica: Madrid por Diego Flamenco. 

(58) Roncesif alies, O lo mismo que decir « el verdadero su- 
ceso de la batalla de Roncesvalles m libro compuesto por Fran-« 
cisco Garrido de Villena, é impreso en Toledo en i £83 en 4-% tra« 
ductor que fue del « Orlando Enamorado » una de cuyas edicio^ 
nes se h¡£o en Alcalá en 1577 y otra en Toledo en i56i, las dos 
en 4«°Tambien podria referirse á la continuación del Orlando det 
Ariosto por el poeta valenciano Nicolás de Espinosa, poema etk 
35 cantos que con el título de « Segunda parte del Orlando, coa 
el verdadero suceso de la batalla de Roncesvalles, fin y muerte 
de los doce pares de Francia >» dedicó al conde de Oliva. Se hizo 
ana edición en Zaragoza en i555, otra en Amberesen i557, y. 
otra en Alcalá de Henares en 1579 todas en 4*^ Roncesvalles eS 
una llanura espaciosa y agradable de Navarra, rodeada de altátf' 
monta Eías, célebre por la batalla en que Cario Magno fue derro-« 
tado en el año 778, y en la que murieron Roldan y los doce pa^ 
res de Francia. Mucho se ha hablado en los libros de caballerías jr; 
en nuestros romances de esta derrota, de la que dice Carlos Egin-« 
hardo, sin embargo de ser historiador francés, que ni siquiera 
quedd uno vivo; conserto cum eis prrelio^ usque ad imum omnes 
int'erji^iuni» 

(59) No queden de ella las cenizas. La historia de este ro- 
mance dice que Pigmahon, rey de Macedoaiai Uamadú Floren- 



<4a) 

áoSy se JsnamottS de la infanta Griana^ hija denn emperador de 
ConstantÍDC^la. Esta^ para ocultar el fruto de sus amores^ hiio 
llevar á la montaña de las Olí vas,que estaba á una jornada peque* 
ña de la corte^ al. hijo que acababa de dar á luz^ el cual puesto en 
no canasto fue colgado de una palmera. Un labrador, llamado. 
Geraldo, que pasaba por allí, oyó los lloros del niño, y movido á 
compasión le descolgó jr se lo llevó á su casa y le puso el nom- 
bre de Palmerin de Oliva, coa alusión al del árbol y al de la mon- 
tana ea doade le encontró, y le did á eriar á su muger Marcela á 
qoien se le acababa de morir un hijo recien nacido. Griana fue 
entregada por esposa á Tarisio, rey usurpador de la Hungriai 
pero Florendos acometió á aquel rey, le mató, y recobró sus an^ 
ligaos derechos sobre su estimada Griana. 

Su hijo Palmerin, que desde los primeros aoos habia mostra- 
da UB valor estraordinario, y sabia ya que el labrador en cuya 
casa se había criado no era su padre, estaba ansioso de ir en bast- 
ea de aventuras. Estando en Macedonia consiguió que su mismo 
padre le con&riera la orden de la caballería sin conocerle, y el 
Bovel caballero se cubrió sucesivamente de honor y gloria, dan- 
do cabo á peligrosas y remotas espediciones y aventuras. Pero 
no siéndole permitido ú un caballero estar sin una dama á quiea. 
servir, eligió por señora de sus pensamientos á la hija del empe^ 
rador de Alemania, princesa de una hermosura peregrina y muy 
amable; pero que por desgracia no tenia un nombre poético: lla- 
mábase Polinarda. Para lograr su estimación hÍ£o cosas célebres 
' y -.emprendió guerras varias» E^ una de sus espediciones libertó 
á Griana y á Floreados déla prisión en que habían sido puestos, 
desde el instante en que hubo derribado destrono y muerto á 
sa rival; y de resultas de esta empresa vino en conocimiento de 
quienes eran sus padres, y estos reconocieron á su hijo. El Empe* 
rador de Constantinopla, habiendo últimamente consentido ea 
que sn hija Griana diera la mano á Florendos, el emperador de 
Alemania convino también ea dar su hija al valeroso Palmerin^ 
quiea después de otras varias aveaturas sucedió al padre y al 
suegro ea los tronos de Macedoaíay de Constantiaopla. La his- 
toria añade que fue uno de los mas célebres é ilustres empera- 
dores de la Grecia, 'sin embargo de no hacerse de él ninguna 
inencíon en la historia del bajo imperio. Palmerin tuvo dos hijos: 
uno de su esposa Griana, al que dieron el nombre de Primaieon, 
y otro de la reina de Tarsís, conocido cou el de Polendos. Prima- 
•eon no se distinguió menos que su padre en hechos estraordi- 



( 45 ) 

nanos. Et nombre de lá señora de sus pensamientos no fue mas 
armonioso que el de su madre; pero Gridonia, que asi se llamad 
ba^ era también como ella agraciada y hermosa. Todo lo hizo 
Prímaleon para ser amado; y habiendo alcanzado su mano gober- 
nó por mucho tiempo la Grecia á las órdenes de Palmerin; sos* 
tuvo el lustre y honor de su corona en guerras forraidables, que 
acabó ventajosamente; j por fín habiendo heredado su tronOf 
heiedó igualmente la gloria de su invencible padre* 

La historia de Palmerin de Oliva^ consta de dos volúmenes ea 
folio. £1 primerO) titulado: « Libro del famoso cauallero Palme- 
rin de Oliva, que por el mundo grandes hechos en armas hizo 
sin saber cayo hijo fuese » el cual se habia impreso ja en Ve* 
necia en i5a6 y en otras ciudades de España antes del ano 
1 58o que se hizo una en Toledo en casa de López de Haro. De-^ 
dicóse esta edición, que cousta de 176 cap, á D. Luis de Gócdova^ 
hijo del conde de Cabra. £1 segando volumen ó parte de esta hifi« 
toría tiene el título: « Libro segundo del emperador Palmeria- 
etc.« eu que se cuentan los hechos de Primaleon y Polendos^ 
sus hijos ; » impreso en i563 en Medina- del Campo. Eti 
1 5^8 se habia hecho otra edición de este romance con el titan- 
io: « Los tres libros del caballero Primaleon. j» D. Siicolas Anto« 
nio cita una edición del año i5i6,jr en 1S98 se hizo otra en Lis- 
boa y en folio que consta de 318 capítulos en casa de Simón Ló- 
pez con este epígrafe: « Libro que trata délos valerosos j esfor- 
zados hechos en armas de Primaleon, hijo del emperador Palme- 
rin y de su hermano Polendos : y de don D nardos, príncipe de 
Jngalaterra, y de otros preciados caballeros de la corte del Em- 
perador Palmerin. » El autor de esta crónica es una muger, que 
aunque los portugueses pretenden sea portuguesa, del contenido 
de una octava que se lee al fin del libro a^" déla edición de Me- 
dina del Campo de i563 resulta que esta muger ó dueña como 
se llama alli, era de Augustóbrrca ó Burgos, según opina Pellioer* 
Dice asi la octava: 

En este esmaltado hay muy rícodechadoy 
Van escnlpidas muy ricas labores 
De paz, y de guerra, y de castos amores 
Por mano de dueña prudente labrados* 
Está por ejemplo de todos notado 
Que lo verosímil veamos en flor: 
Es de Augustóbríca aquesta labor 
Que en Medina se ha agora estampado* 



(44) 

' ElítaliMHo Ludovíco Dolce compuso óo» romiinces épico» 
bre las «venturas de Palmerin de Oliva y de su hijoPrimaleon^ 
los cuales deben ser cousiderados como una coBtÍDuaciov de los^ 
Hbi'os deAmadis. (V. la nota siguiente). 

• (€o) • Entendimiento. Después que Cervantes espuso so opí- 
liion acerca el romance « Palmerin de logalaterra » solo nosial- 
liii hablar de su autor y de sus primeras ediciones. Aun no se sabe 
de fijo si se oom,paso en español ó en portugués, bien que parece 
babér raaoñes poderosas para creer que se escribid en el último 
idioma. Una edición de esta crónica se bizo en español en el ano 
JrS53. £1 editor de una reimpresión que se publica en Lisboa 
en ^1 año de 1786 en tres tomos en 4-^ con el titulo : Crániett- 
de Palmerin fie ínglaterra^ primera é segunda parte ^ intenta 
probar en el prólogo no soto que la obra se imprimió en portu* 
gues, sino que la escribió Francisco de Moraes, quien la publica 
en £vora en 1 567. Cerrantes dice que « es fama la compuso un 
discreto rey de Portugal » con lo que no reconoce ¿ Moraes por 
au autor, y pensanios que con justa razón. Manuel Faria de Soa- 
sa dice que algunos creyeron que este rey fuese D. Juan II , al 
paso que D. Nicolás Antonio la atribuye en parte al infitnte doo 
Luis de Portugal, bijo del rey O. Manuei,y padre de D. Antonio, 
prior de OcratoJ Tenemos á la vista una nota de una edición cas* 
tellana de la i .• y a.* parle. La i ,■ no tiene portada, y solo al fta 
dice que fue impresa en Toledo en casa de Fernando de Santa 
Catalina, difunto, y que se acabó á los 24 días del mes de julio de 
1567. La 2." parte tiene este título: « Libro a.** del muy esfor- 
zado caballero Palmerin de logalaterra, hijo del Rey don Doar- 
dos: en el cual prosiguen y han fin los muy dulces antores que 
thvo con la infanta Polinarda, dando cima ¡(muchas aventuras y 
ganando inmortal fama con sus grandes hechos: y de Ploriano 
del desierto, hermano, con algunas del principe Floreados, hijo ' 
d^Prímaleon.» Al fin dice: «fue impreso en la imperial ciudad de 
Toledo en casa Fernando de Santa Catalina, y acabóse á los 16 
dias del mes de julio de i568.w La tercera y cuarta parte de esta 
historia las escribió Diego Fernandez de Lisboa, y la quinta y 
sexta Baltasar González Lobato, ambos en portugués. 

Tan aficionado fue Alejandro Magno, Rey de Macedonia,i¡ la 
Iliada y Odisea de Homero que siempre las llevaba consigo; y se-» 
gun dice Plutarco solia tenerlas junto con su espada debajo déla 
cabecera de su cama. £1 mismo historiador y Plinio añaden que 
habiéndose encontrado entre los despojos del vey Dario una mu j 



~ T~ni" "^ • 



< 45 ) 

tica cajagaarnecídfl de perlas/ otras píiedra^í preGidsas, la déstínd 
6 diputó) como dice el cura, para custodiar en ella ias obras de 
Homero. 

(6 i) Término ultramarino'. El que se concede para la prae^ 
b») proporcionado á la distancia donde se ha de hacer^ á diferen-r 
cta del legal de ochenta dias. 

(63} El barbero. La historia de D. Belianis de Grecia se tita, 
la: «Libro primero del valeroso é inuencible Príncipe Üoii Belia- 
nis de Grecia, hijo del Emperador D. Belanio, y de la emperatriz 
Clarinda. Sacado de leo^ua griega, en la cual le escribidiel sabia 
Fristun, por un hijo del virtuoso varón Toribio Fernandez. » 
Está dividida en cuatro volúmenes 6 libros, y forma el XII de 
la colección de los de Amadis hecha por Quadrio. El hijo de To-. 
ribio Fernandez era el licenciado Gerónimo ^e^i^andez, ahogado 
de Madrid, como se ve por una nota puesta al fin del libro 6 par- 
ie cuarta, y del privii^io concedido para su impresión á Andrés' 
Fernandez, hermano del autor, vecino de Burgos, de donde pare- 
ce descendía esta familia. D. Nicolás Antonio cita uua edición de 
esta historia hecha en Esteila en el año i564 en fol. ) j en el> 
mismo año se hizo otra edición en Amberes j en igual tamaño. 
Fellicer habla de la exi:>teute en la Biblioteca Real hecha en Bur*. 
gos también en fol. en el año iSyg, la misma edición de que ha- 
ce mención Moratin. Otra se hizo en -Zaragoza en i58o 
en casa de Domingo Portonarys y Uríno, y lleva este título: «Li. 
bro primero del valeroso é invencible príncipe D. Belianis de 
Grecia, hijo del emperador D. Belanio de Grecia: en el cual se 
cuentan las estrañas y peligrosas aventuras que sucedieron, con 
los amores que tuvo con la princesa Floriabella, hija del Soldán 
de Babilonia: y como fue hallada la Princesa Policena hija del 
B.ej Priamo de Troya: sacado de lengua griega en la cual le es- 
cribid el sabio Friston, por un hijo del virtuoso varón Toribio Fer-. 
sandez.» Consta de dos tomos en fol. que comprenden cuatro li- 
bros. Al final del 4*^ de la edición de Burgos se lee esta nota : 
•üAqui se acaba la 3.^ y 4** parte de D. Belianis de Grecia, com- 
puesta por el licfenciado Gerduirao Fernandez, asimismo autor de 
la !•' y 2.' impresa en la muy noble y mny mas leal ciudad de 
Burgos, cabeza de Castilla, cámara de S. IVI. Por Pedro de San- 
tillana, impresor: año dé 1579.» 

Tradujo este romance del español al italiano Mambrino Roseo, 
j se imprimió ya en Francia en i586 en 8.° Gabriel Chapuys. 
1^ tradujo en francés, y fue impreso con los otros libros que for- 



(46) 

man la serie de los de Amadís^ en Leon^ en Parts j en Amberes 
en los años de 1S75 y de 1S77 en 12.^ 

(63) Detriante, Bpif le y Pellicer son de opinión que debe 
decir De Tirante^ y no Detriante^ como se lee en casi todas las 
ediciones ; y acaba de iustificarla lo que se lee en el cap. 
59 del libro 3.^ de la misma historia del famoso Tirante el blan^ 
co, en donde se hace mención déla batalla que el valiente de 77- 
rmtiie hizo con uno de los alanos del Príncipe. (V. la nota 66} • 
' (64) La íHuda Reposada* Nombre de ía dueña que había- 
criado á )• princesa Garmesina, esposa de Tirante el Blanco. 
(V. la nota €6); 

(65) Place^^mivida. Nombre poético de la doncella 6 
camarera de Carmesina^ y que favorecia á Tirante el Blanco en 
sus amores con ki princesa. (V. la nota 66). 
' (66) Asi será , respondió el barbero. El famoso romance:' 
Tirante el Blanco de Roca Salada, está divvlido en 4 libros, en I09 
cuales se f eneren las valerosas hazañas de este héroe , por ha 
cuales llegó á merecer la roano de la princesa Curmesina, hija del 
emperador de Constantinopla, haciéndose al propio tiempo mcn^ 
cion de otras proezas dignas de- eterna memoria. En el segundo 
libro de esta historia se cuenta la analogía de Tirante el Blanco 
de Roca Salada, y se manifiesta por qué tenia este nombre. He 
aqui en pocas palabras lo que dice el autor: Eran dos hermanos, 
uno llamado Uter Pandragon, padre del rey Artife y pariente del 
rey de Inglaterra; ignor&ndose el nombre del otro. Apoderaron-* 
se estos dos hermanos de un fuerte castillo edificado en la cresta 
de un monte ó roca de sal, y de aqui tomó el nombre de Roca 
Salada. Uter Pandragon, primer duque de Bretaña, que hal>ia 
conquistado y poseia este castillo, fue elegido para ser ycrivo 
del Rey de Francia; pero el hermano menor se casó con la priii-* 
cesa prometida, por medio de un engaño, y se la llevó al castillo 
de Roc^ Salada, en donde á poco después de su unión nació Ti- 
rante el Blanco, conviniendo Uter Pandragon en casarse con la 
hija bastarda del mismo Rey de Francia. Tomó el héroe de este 
romance el nombre de Tirante, porque su padre fue señor de la 
Marca deTirania, la cual por mar, dice el libro, confína con la 
Inglaterra; y el de Blanco de su madre, que se llamaba Blanca, 
hija del Duque de Bretaña. 

Este romance, escrito en castellano según opinan unos, en por- 
tugués como quieren otros, en ingles, bien que no es creíble, ó en 
leíaosin siguiendo la opinión de alguno» otros, se imprimió por 



( 47 ) 
primera vez en este dltímo idioma en el año 1490 ^n Valencia^ 
corno lo dicen Pellicer, Julio Ferrario , y otros ^ y no en el de 
14^0 como escribió D. INicolas^ Antonio j Jimeno. 

Esta obra de la que se dice no existe ó no se conoce mas ejem-* 
piar que uno que se baila en la biblioteca de la Sapiencia de Ro^ 
nía, principia por la tabla y dice asi ; ^ honor ^ laor de la inmen" 
sa é divina vondat de nostre senjror Deu Jesucrist; é de la Síu. 
cratissimamare suai comensen les rubriques delllibrede aquell 
admirable caualler Tirant lo Blanc, Después de este tabla q^« 
ocupa ocho boias empieza: A honor lahor i gloria de Nosü*e se-» 
ñor Deu Jesucrist é de la gloriosa sacratissima María mare sua 
senyora nostra. Comenta la lletra delpresent Ilibre ap/fellag 
Tirant lo Blanc^ dirigida per mossen Joanot Martorell^ t^at^aller 
del sereniSsim princep D, Fernando de Portugal-, Esta portada 
tiene por todo el alrededor una orla grabada. A) íin dice: Fou 
encabada de impremtar lapresent obra en la ciutat de Falencia 
¿i 20. dias del mes de Novembre del anyde la natmtat de nos-» 
ti^e senyor Deu Jesucristo '49^* Consta de un solo tomo en folia 
muj grueso sin foliación y contiene 487 capítulos. Otra edición 
se bizo de la misma bistoria en Barcelona en i497 ^egun dice el 
P. Méndez en su Tipografía Española. 

, En 1 5i I se bizo una edición castellana en Valladolidpor Die- 
go de Gudiel bajo el título de « El esforzado é invencible caba<* 
llero Tirante el Blanco dcRoca Salada, caballero de laGarroterat 
^1 cual por su alta caballería alcanzó a ser Príncipe y Cesar del 
imperio de Grecia. » 

Antonio Bastero en la Grusca Provensal dice que las tres pri-> 
i[ueras partes de este romance fueron compuestas por el caballe-* 
ro Juan MartorelU quien principió á escribirle en enero de 
14609 añadiendo que le condujo otro caballero llamado Juaft 
de Gualba, y que dicbo libro tenia tanta reputación en España 
como el Decameron del Bocacio en Italia. Pellicer dice que se 
escribid este libro eu lengua castellana, fundado en que asi lo su- 
pone la traducción lemosiua que bizo ,de ella mosen Juannot 
Martorell) y añade también que por quedar imperfecta por sut , 
muerte la concluvd mosen Martin Juan de Gualba á ruegos de 
la noble señora Doña Isabel de Loriz. Tradujo este romance del 
español al italiano el doctor LelioManfredi de Ferrara, y se 
imprimid por primera vez en Venecia eeLl53S,en 4»° » J *« 
hizo otra edición en tres tomos en 12.° en i566 con el título: 
Tirante il Bianco^opera iataruo alP ufflcio della caballería ecc* 



/■ 



(4») 

. Det castellano la Tertitf al francés el qonde de Gaílás y la pu- 
blicó en 1 74o| cttjo traductor no tnvo al parecer noticia de la 
edición lemosina. (V. la nota 68}. 

. (67) La Diana de Jorge Montemayor, Este romance pastoril, 
que se imprinijó en i545, es según el testimonio de Cervantes el 
pnmero de seme)antes libros, y ciertamente es el primero^ como 
dice Andrés, que ha obtenido la memoria de la posteridad. El 
autor de esta Diana, Jorge Montemajror, era portugués, másico 
de la capilla de Carlos V , j soldado yaleroso que perdió la vi** 
da en el Piamonte en el ano i56i. La dama que cantó en hvt 
romance no era ideal ó fingida como creyó Cervantes, j como 
«on las mas que celebran los poetas* Era esta señora natural de 
Valencia de D« Juan, junto á León j Ezla, como lo dice Lope de 
Vega en la Dorotea, y antes el padre Sepulreda hablando de lo9 
sucesos del año 160a. De ella dice que aunque entonces ya erar 
Yieja se echaba de ver que en su tiempo fue muy hermosa , y 
que á esto reunía el ser muy entendida y muy bien hablada , 
siendo la mas hacendada y rica de su pueblo. Al pasar por éf 
los reyes Felipe HE y su esposa volviendo de Portugal en i6oa, 
fueron á ver esta dama 4 por ser tan celebrada de Montemayor. 
El portugués Faria de Sonsa supone que esta dama se llamaba 
Ana, y que vivía en Valderas; pero sin duda es msís fundado lo 
que dicen los dos citados españoles, quienes estarían mas ente« 
rados de esto , en lo que conviene también Pellicer. 

(68) La honra de ser el primero en semejantes libros, Eai 
decir en España, porque fuera de ella escribió antes que Monte^ 
mayor Jacobo ^naasaro, recomendable poeta napolitano, consi- 
derado como el in'ventor moderno del genero bucólico mezclador 
de prosa y verso; y la primera obra de esta clase que escribió fue 
la Arcadia^ cuya traducción castellana hecha por ercanónigo 
de Toledo D. Diego JLopez de Ay ah se imprimió en i547« Se cree 
que la Arcadia de Sanazaro dio la idea á Montemayor para com- 
poner su Diana* 

(89) Pues la d€Í Salmantino. La Diana destinada por el cara 
ék acrecentar el námero de los libros condenados al corral, la es- 
cribió Alonso Pérez, médico de Salamanca, llamado por esta ra- 
zón Salmantino, quien la dividió en ocho libros y la publicó en 
Alcaltf en el año de i564* De esta Diana, dice también Andrés^ 
que no' logra la aprobación de los doctos, como la de Méntensa-* 
yor y la de Gil Polo- 
' (70) La de Gil Polo* &te recomendable poeta valeneiano 



(49) 
publica Qiilco libros taxi el título : n Oía^da énairiorada » et)nÍH 
naaildo los siete dé M ontemayórf y lú imprímii5 en Valeacia su 
patria dedicándola á D¿ Gerónimo de Castro^ Hici^rdnse otras 
ediciones de la misma en Amberesi Bruselas, París y Londres, jr 
Ültimamente en 1778 se hizo una en Madrid por D. Francisca 
Cerda con preciosas notas al canto del Turia que se halla en el 
lib. 3.® A mas dd los elogios que le tributa Cervantes^ el abate 
Andrés dice de ella: «harto mas digna dé alabanza nié parece la 
Diana ÉruuHorada dé Gil Polo en la invención y en él estilo ^ 
en él Terso y en la prosa^ Ordenada con variedad de accidentes 
naturales y espontáneos , sin encantamientos ni estrañezas , j 
escrita con estilo suavé^ elegante y culto, sin sutilezas ni afec-^ 
tacioiiés, aunque á veé^ es algo duro por algunas transposi- 
ciones <» Sin embargo de lo que dicen nuestros dos escritores , 
él caballero Florian no conviene en los elogios que se le Iribú- 
tan. 

(71) Púsote d parte con grahrílsimú gusto, Esíe libro 6 
üovéla [Pastoril que consú dé prosa y verso, de la que Cervan- 
tes habla dé un modo equívoco , publicóse en Barcelona en ú 
ano dé 1573 poí* Pedro Málo^ con él título: wLos diez libros dé 
Fortuna d^ amor étc¿ donde hallarán los honestos y apacibles 
amores del pastor Fréxáno y de la hermosa pastora Fortuna etc¿»' 
dedicada al conde de Quirra^ £1 pastor Fréxano es el roismO 
autor llamado Antonio de lo Fraso i y no LofrassO como se lee 
én la edición dé la Real Academia ^ que nos propusimos por 
testo. Antonio de loFráso^ que es lo mismo que si dijéramos del 
Frétno^ nacid en Llaguer, ciudad de la isla de Cerdeña ^ y fué 
soldado valiente, pero poeta inculto.- Su pastora^ llamada For- 
tuna i era igualmente que él natural dé la misma ciudad de 
tilaguér ; y dé ella ^ y de las vstrisfs fortunas y vicisitudes 
que sufrieron én sus eímores ^ tituló Su libro : «Fortuna dé 
amon >i^ Sin embargo del poco mérito de esta obra^ reimpii^ 
mióse en Londres por Pedro Pineda en 1740'» 

(7a) Et Pastor de tberim Escribióle D< Berüardó de la Vé* 
ga, y le dedieó al Dnqué de Oiuna^ é imprimióse en Sevilla eiK 
1 591 én 8é** 

(73) Ninfas (te HenáreSi Él verdadero título dé este libreo 
es: «Primera parlé dé las Ninphas y pastores de Henares divi- 
dida en seis libros^ Compuesta por Bernardo González dé Bof- 
Vadilla , estudiante en la insigne universidad de Salam|ipca,>v 
Imprimióse en Alcalá por Juan Gracian ^ ano de 1587 en 8^^ 

u 4 



( 5o ) 

Confiesa «1 autor en el prólogo de este rarísimo libro , que YÍ4 
Iriarte, según dice PelHcer, que era natural de las islas Cana- 
rias, j que sin embargo de habitar en las orillas del Tormes» 
escribía de las propiedades de las de Henares que nunca habia 

visto. 

(74) Desengaños de zelos. Aunque la Academia en sus va- 
tiantes, siguiendo las primeras ediciones ponga, como nosotros 
siguiéndola, Desengafios de zelos^ el verdadero título de este 
rarísimo libro es « Desengaño de celos. » Su autor Bartolomé 
López de Enciso, natural de Tendílla, le publica en Madrid el 
año de 1 586 en 8.% y le dedicó al conde de Melgar. Esta nove- 
la pastoril en prosa j verso á la manera de la Ga latea de Cer- 
vantes, está dividida en seis libros , y al fin de ella promete la 
€f segunda parte, que muy presto saldrá á luz.» En el prólogo 
se disculpa el autor de los errores que puede haber cometido r 
alegando ser su primera composición. 

(75) El Pastor de Fdida. Su autor Luis Calvez de Mon- 
talvo, criado de D. Hewique de Mendoza y Aragón , nieto de 
los duques del Infantado, le imprimió por primera vez en Ma- 
drid en 1 58a ,7 D. Juan Antonio Majaws le reimprimió ea 
Valencia en 179a. LOpe de Vega tenia por verdadera i Doro* 
tea , dHma de esta novela. 

(76) Tesoro de varias poesías. El autor de este libro, ami- 
go de Cervantes según dice el cura, fue D. Pedro Padilla, na- 
tural de Linares , quien siendo ya de edad avanzada tomó el 
hábito de carmelita calzado en Madrid. Por el mismo cura sa- 
l)emo»que entre sos grandezas tiene este libro algunas bajezas^ 
de la» cuales era preciso cscardarie y limpiarle; y que su autor 
lo era á mns ^e otras obras mas heroicas^ y levantadas , de la» 
que habla D.^Nicola» Antonio, 

(77) López Maldonado. Ebte poeta, natural según se creey 
de Tdledo , fue uno de los individuos de la « Academia de los 
Nocturnos» que se celebraba en Valencia por los años de iSgi, 
entre cuyos individuos tomó el nombre de Sincero , bien que 
después dejó de asistir á sus reunionesv La colección ¿irsixs 
poes/as, ó Cancionero dividido en dos libros , consta de sone- 
tos, declinas, octavas, sestinas, canciones cortas, y de dos églo- 
gas. Publicóse en Madrid por Guillermo Droy en i586 un to^ 
mo en 4.*» con el título «Cancionero de López Maldonado» dedi- 
cado i D.» Tomasa de Borja y Enriquez , señora de Grapr / 
Valverdc. 



(SO 

(78]^ La segunda pai*te que promeié, Sod mucbas las edí- 
£Íone$ que se han hecho de esta novelita desde la primera que' 
se hizo ea Madrid ed i584* Es la primera prodaccíoa del 'm^ 
fnortal Cei'yantes^ j la escrib¡(^ antes de casarse con D.* Cata- 
lina Palacios, dé la que se cree habla bajo el nombre dé Ga- 
laica i asi como de sí mismo con el de Elício. La muer-* 
^e impidió á Cervantes publicar la segunda parte de su Calatea^ 
como promete hacer én la primera y en el prólogo de Pers'iles 
j S^gismunda que escribid poco antes de morir. El caballero 
Florian publicó en Francia una nueva Calatea á imitación del 
la de Cervantes, de la que se han hecho también curiosas edi^ 
G iones en castellano. 

(79) ^ AraucMta^ la Austriaday él Monserrati A mtks 
del justo elogio que hace Cervantes de estas ccricas prendas de 
poesía,» reproduciremos lo que han dicho otros célebres escri- 
tores hablando del poema en que Ercilla cantó las proezas do 
los españoles y de los araucanos en la conquista de la provin- 
cia de ArauCO) de la que tomó el nombre su poema. Parece que! 
Ercilla, dice Andrés en el Origen de toda la literatura^ quiso 
imitar mas á Adosto , que á Homero y á Virgilio : no solo tomó 
de Ariosto el principio del poema, sino que aquel modo de co- 
menzar* cada canto con alguna moralidad , y concluirlo remi"> 
liándose á otro, y aquel pasar de hecho en hecho, diciendo es- 
presamente que deja el uno y pasa áll otro, todo manifiesta que 
Ercilla tenia por modelo de su Araucana al Orlando de Ariosto« 
Yoltaire concede á la Araucana calor y fuego en las batallas ^ 
^ celebra entre otros trozos de ella el elocuente razonamiento 
de Colocólo n ,que antepone al discurso que Homero puso en 
boca del elocuentísimo Néstor. Llampilles en la Apología de lá 
literatura española alaba también como escelente todo el pasa- 
ge de la elección del general , con el que se pueden comparar' 
pocos de la Enriada de Yoltaire. Andrés celebra las bellas j es- 
presivas pinturas del fuerte y valeroso Lincoja , y del incom-» 
jparable CaupolicaUé No le disgustan tampoco el valeroso ardi-' 
miento de Lautaro ^ la prisión de Valdivia , la esforzada y sin- 
gular defensa de los catorce españoles, el dolor del pueblo des-^ 
,Crito en rarias partes, y algunos otros pasages qué manifiestan 
fecundidad dé imaginación ^ y hacen ver el námen poético del 
célebre Ercilla. Digno de particular atención le parece también 
la junta celebrada por Caupolican para invadir á los españoles 
hasta en la misma España 9 los razonamientos del referido Co- 



(5a) 
locólo^ del fiero Tuca peí y del mago ^ y toda cnanto se refiere 
en e) VIII canto. Con menos elogio habla Andrés de ki Austria-^ 
da de Juan Rufo, cr<$ntca en verso de D. Juan de Auslria con la 
relación del levantamiento de los moriscos, y del M onserrate del 
capitán Crístdbai de Virues, que describe la culpa y penitencia 
de Garin y la fundación del monasterio de Mooserrate en el si- 
glo IX, cuya lectura dice no puede causar gran gusto después 
de haber leido el Goffiredo del Tasso. 

(do) ÍMS lágrimas de Angélica. Luis Barahona de Soto^ 
natural de Lucena, soldado y poeta que fue , y médico de Ar^ 
chídona, escribió este poema dividido en la cantos 9 J le pu- 
blicó en 1 586 bajo el título Primera parte de la Angélica. 
Grande es el elogio que hace Cervantes del autor de este libroy 
el mismo que introdujo en sn Galatea con el nombre del pastor 
La uso. Tai vez este poeta tomó la idea de su obra de otra que 
pubh'có en dos cantos Pedro de Aretino en iS36y también coa 
el título de JL« /oprime d^ Angélica*' 

Capítuta 0t^p(tma. 

(j8i) Torneo, Se diferenciaba el torneo de la justa en que ett 
el primero combatian los torneantes en escuadrones d pelotones 
unos contra otros, a( paso que en las justars el combate era sin- 
guiar, es decir , de uuo á otro.^ Menage ^ Duchat y Casaneuve 
derivan el nombre torneo del latin bárbaro tornare ftorneamen" 
tum^ porque estas corridas sehacian volviendo j revolviendo ^ 
-torneando y retorneandú unos contra otroSr Kn este sentido se 
halla la palabra tomeameníum en las obras de san Bernardo •- 
Algunos, dice Voltaire en el Ekisayo sóbralas costumbres de las 
naciones , suponen que los torneos tomaron el nombre de la 
ciudad de Tours Turs en Francia , pues en estos juegos na se 
daba vueltas en torno de la plaza ,. como se hacia con las cor^ 
ridas de carros entre los griegos y entre los romanos.^ Es ma« 
probable, continua, que el nombre torneo vino de la espad» 
llamada en la bajá latinidad ensis torneaticus^ especie de espada 
sin punta, por no estar permitido en estos juegos herir con of r» 
punta que con k de la lanza. Las armas de que comunmente 
se hacia uso eran bastones 6 cañas, lanzas sin hierro 6 con fa 
punta roma, y espadas sin corte, por cuja razón eran llamada» 
corteses 6 graciosas. Algunas veces no obstante se servían dte 
anzas con su puata aguijada) de hachas de armas^ y de todas ki& 



( 53 ) 

oU'as armas de batalla^ llamadas eatooces armas d todo, trance 
4 de muerte. 

No eaisji acordes los autores acerca el origen de los torneos ; 
pero los mas atribujreo su inveaeion á Geoffroif señor dePreviilif 
que murió en 1066, al paso que otros^^ y tal vez con mas razon^ 
han creído que solo redactó las le^es que en ellos debían ob- 
servarse. Quizá no hizo mas que introducir en* ellos ciertas 
revoluciones ^ ó perfeccionar las antiguas; y tal vez por esta ra- 
^on se le consideró como el autor de estos juegos militares. Ge^ 
neralizóse el uso de ellos por todas las naciones de Europa ^ y 
los moros y los españoles mostraron ser bastante aficionados á 
estos ejercicios* 

Los torneos fueron por largo tiempo la primera diversión de 
las cortes y ciudades populosas, y el espectáculo con que cele- 
braban las ocasiones mas señaladas de regocijo público. Coro- 
^cioues^ casamientos de rejes , nacimientos^ bautizos, bodas 
<^^/ucipes9 conquistas;, paces, alianzas, recibimientos de em«- 
hajlp^res y personages de gran yaUa , y aun otros sucesos de 
menos monta ofrecían á la nobleza, siempre propensa á lucir j 
ostentar su bizarría, frecuentes motivos para repetirlos y mul- 
tiplicarlos. Con el tiempo se solemnizaron también con ellas 
Jas festividades eclesiásticas, de lo eual haj un testimonio muy 
señalado en la Crónica de D« Pedro Niño, en la cual ponderando 
..enjcl capítulo XI de la primera parte la devoción j magniücen- 
£Ía del rey Di^ Henrique III , dice: «Cuando mandaba facer 
muy honradas fiestas j procesiones , mandaba facer justas 
y torneos y juegos de cañas, é daba armas y caballos, é ricas 
ropas é guarniciones á aquellos que estas cosas habían de fa- 
per.» Fínalmeate llegaron á celebrarse también por puro pasa- 
tiempo, y de una de estas fiestas , dispuesta en Valladolid por 
f\ condestable D* Alvaro de Luna , ala cual salió á justar de 
pventurero el señor D^ Juan 11 , da noticia muj individual la 
Crónica de aquel valido en el Ctipítulo III. 

Creciendo la afición á este regocijo, creció también el número 
de los combatientes que se presentaban en él. Hubo torneos de 
qiiince á quince, de treinta á treinta , y de cincuenta con cin- 
cuenta; y sí en el torneo de ciento ó mas, de que habla un or- 
denamiento del señor D^ Alonso el Onceno , se entiende según 
^l modo de contar que era comuu entonces, esto es , de ciento 
contra ciento, debemos creer que alguna vez se juntasen hasta 
^¿cientos y mas combatieates; tal era la aficioui y tal la pom- 



(S4) 

pa 4 que llegaron estos iBspect^culos. Debemos creer que aiini< 
que esta diversión era conocida en España en tiempo del rey 
D. Alonso el Sabio , no recibiese su forma hasta los tiempo^ 
posteriores; Las lej^es de partida hablan del torneo, ño soIq 
como de una evolución de la táctica en la guerra, sino tambieq 
como de un ejercicio de pasatiempo en la paz; pero al mismo 
tiempo que se prohibe en la lejr 67 tit. 5 de la parte i.* é I03 
prelados la asistencia á los juegos públicos , solo se mencionan 
jos de alanzar , bohordar y lidiar toros ; mas no la justa j el 
f orneo, argumeuto no despreciable á favor de puestra conjetura, 
gl gusto y las ideas caballerescas, que ja se habiaq apodera^ 
do de la nobleza, hicieron cac|a día mas y mas apreciables estas 
(iesta3; pero nada contribujd tanto á engrandecerlas, como el 
espíritu de galantería qc^e se if|ezc|6 en ellas : las matronas j 
(doncellas nobles eran copsultkdas para la adjudicación de los 
premioS) y eran también las que los entregaban por su m^no 4 
los combatientes. No h^ibia caballero entonces qqe no tuviese 
iiua dama á quien consagrar los triunfos; ni dama que no gra<» 
duase por el número de ellos el mérito de un caballero. 

Anunciábanse con mucha anticipación á fín de que los caba-s 
lleros de las otras provincias, y aun de los otros reinos tuvieraii 
tiempo para asistir á ellos, La víspera del torneo se repetian es-f 
tas proclamas por los heraldos y otros oficiales de armas, y los 
caballeros que habian (Je combatir pasaban á examinar el pa-» 
lenque destinado para el combate. Solemnizábase la víspera por 
una especie de justas llamadas ensayos, vísperas del torneo , j 
también esgrimas, en las cuales los escuderos se ensayaban loü 
unos contra los otros con armas mas ligeras y mHuejables que 
las de los caballeros , mas fáciles de romper , y menos peligroi^ 
^as para los que eran heridos con ellas, 

£1 horror de ver derramar la sangre alejo por mucho tiempo 
f las damas de los espectáculos de los torneos ; pero la curiosi-r 
dad fue muy luego superior á esta repugnancia natural, y acu" 
Rieron á porfía en ellos, y esta f\xé la época de la celebridad de 
estos ejercicios, 

Mientras se preparaba el sitio en donde debían celebrarse « 
^e esponian en los claustros de algún monasterio vecino los 
escudos de armas de los que deseaban entrar en la liza. Perma-r 
pecian en ellos por algunos días, durante los cuales eran minu-r 
piosamente examinados por las damas y por los señores, siendo 
ipdispcp^able para poder tomar parle en el torneo, que el esca^ 



(55) 

óo quedase íntactOi j fin tacha el cabaUero^ es decir , que no 
hubiese que tildar en ellos cosa alguua. 

£1 Lugar del combate era ua vasto circuito ó tela magnífica^ 
circunvalada con una pared ó con cuerdas cuhiertas.con tapices, 
ó, lo que era mas comuu con dos drdenes de barreras á seis 
palmos de distancia la una de la otra. Colocábanse á un lado 
los ministriles para tocar cíecisís fanfarrias ó tocatas marciales 
al llegar los torneantes; los criados ó pages de los caballeros se 
frituaban igualmente en ellos para retirar á sus amos cuando 
l^alan de caballo^ j los heraldos y reyes de armas para observar 
é los combatientes , mantener el orden | )uzgar de los golpes 
que se daban y recibian , dar ausilio^ avisar ó de otra manera 
jBsistir á los que tenian necesidad de ellos. Formábiüse una espe- 
cie de anfiteatro con varias gradas y divisiones para los rej^es, 
reinaSf princesas, damas, jueces del torneo, y para aquellos an- 
cianos caballeros que no estaban ja en disposición de combatí r* 
£1 pueblo ocupaba la parte esterior. £1 palenque solía tener 
dos entradas opuestas, las cuales solo se abrían en el momento 
de hacer en ¿1 la entrada los torneantes d justadpres. £n cada 
una de ellas se situaban dos heraldos ó reyes de armas acompa- 
ñados de algunas trompetas, y unos cuantos proseuantes 6 don* 
celes, y otras yeces también un piquete de tropa para recibir á 
los caballeros, y mantener el buen iórden* 

Detrás de cada una de estas entradas f á una distancia pro- 
porcionada , solían ponerse una 6 mas tiendas adornadas coa 
los colores adaptados ó favoritos de cada uno de los caballeros. 
5obre la puerta de cada una de las tiendas acostumbraba poner 
cada caballero su escudo custodiado por uno de sus escuderos, 
vestido y armado de todas piezas. Un^s de estas tiendas eran 
destinadas para los caballeros manteuedores, y las opuestas pa- 
ra los caballeros aventureros , ó sea combatieutes contra los 
mantenedores» Para el servicio de unosj otros se armaban 
lambien algunas otras tiendas, en donde había todo lo necesa- 
rio de refrescos, armas y demás que pudiera ofrecerse durante 
el torneo. 

lios clarines , timbales j anaüles ¿anunciaban I0 llegada de 
los caballeros rica y lujosamente engalanados, seguidos de sus 
escuderos á caballo. Algunas veces las mismas damas ó señori- 
tas conducían á sus caballeros atados con cadenas de oro , á 
manera de esclavos, que se las quitaban dentro del palenque 
üü^udí) estaban prontos á volar al combate. Soban también ellas 



(56) 

^arlQS lo que se llamaba favor, jojra ^ nobleza , iasigaia | y em 
pna blanda, i|n yelo, ua brazs^lete; en uaa palal^ra, una prendió 
pualquiersi de ^u yestido <$ de si| tocado ^ y i^lguns^s veces 1104 
obra (ejida ó bordad^ por sn$ manoSi coa la cual el caballejo fa- 
vorecido adorns^ba su jeln^o d su Iaqza| st^ e&cudpf fi|u coU de 
liripasy ú otra parte de su armadura. 

Deplorando Jorge Manrique la muerte de su tío el roaiestr^ dé 
^antiagO) recordaba el esplendor y la grandeza de la corte eq 
quf^ p. Rodrigo pasó su juventud con estas sentidas paila^r^^ ; 

I 

j Qué se hizo el rej D. Joan ? 

Los infantes de Aragón 

¿ Qué se hicieron ? 

j Qué fue de tanto galón ? ' 

^ Qué fue 4e ^nta inyei^cicm 

Gonio trujeroa? 

]Lias justas y los torneos , 

Pars^mientoSi bordad^ras^ 

Y cimeras , 

j Qué fueron sino devaneos ? 

i Qué fueron sino yerdqra^ 

pe las eras ? ' 

¿ Qué se hicieron las danoia^ 

$us tocados, sus vestidos 

Sus olores ? 

¿Qué se hicieron las llamas^ 

De Iqs fuegos encendidos. 

Pe amadores ? 

^ Qué se hizo aquel t^obar^ 

Las músicas acordadas 

Que tanian ? 

^ Qué se hizo aquel danzar ^ 

Aquellas ropas chapada^ 

Qi^e traían? 

fCn efecto , la época á que se refiere este inimitable poema, fue 
una de las en que mas brillaron el esfuerzo y la galantería cas-t 
tellana. D. Juan el II, á imitación de su tatarabuelo D. Alonso, 
fue muy dado i estas diversiones, presentándose muchas veces 
^ combatir en las justas y torneos. 
A^Ves qi^e Iqs torneantes eatrasen en el palenque , se tení^ 



(57) 
«ttidatli» d« examinar si estabaa atados en sus sillas, si sos armas 
eran arregladas i las leyes establecidas, ó escedian de la longi^ 
tud señalada. Las mazas de armas se examinaban la víspera del 
torneo por los jueces, y marcaban su mango con machísimo 
i:uidado para que no pudieran cambiarlas. Los ejercicios mas 
comunes de los torneos eran romper la lanza, arrojar el dardo, 6 
Combatir á caballo espada en mano. Dos eran al mismo tiempo 
los modos de combatir; el uno, e;n el cual ios torneantes dividi- 
dos en des pelotones , formados en una sola linea <$ en batalla 
finos frente de otros , se acometian en esta disposición , j pro- 
curaban romper la lanza del contrario sin perder la silla .* pero 
como los que eran botados de caballo corrían riesgo de ser atro*- 
pellados ó muertos por los mismos caballos ^ se discurrid en 
Francia hacer otra barrera «sn medió del palenque á lo brgo de 
lél, á fin de separar ambos combatientes, los cuales podían he- 
prirse con las lansas, pero sin podei^ avansar los unos ccmtra los 
otros^ El otro combate se llamaba combate en masa, en el que 
"^■hcria á diestro j á siniestfo^ En este nó se servían sino de la 
(espada ^ 4® Ja hacha de armas , ó de la maza <) clava* Dcvanle 
la rejería y en lo mas fuerte áú combate, los heraldos prorum- 
pian en las ordinarias aolamacioaes de « Amor á las darnaa:!» 
*iHionor á les generosos:» «gloría 4 los iFalieiit|BS«M ú otras iguales 
jS muj semejantes espresiones^ 

' Q<m el objeto de dar una idea de las regias que en estos com« 
t>ates se observaban , copiaremos on pi^sage de las ordenanzas 
fdel táirneo y justas, que hizo D. Alonso XI cuando ínstitujrd la 
i5rden de los caballeros de la Banda, como se hallan en la CnS- 
iiica del mismo príncipe, y en el Doctrinal de piballerosde doa 
Alonso de Cartagena, 

Este es el ordenamiento d^ torneo^ qué declara sobre qué co- 
sas se ka de tomar juramento d los eaballerosdel tovneo^y qué 
son las cosas que fum de hacer losjieles* «Lo primero es que los 
ñeles han de catar las espadas, que no las traigan agudas en el 
tajo ni en las pintas , sino que sean romas , y que no Iraigaví 
agudos los aros de las capellinas: i tomar juramento á todos que 
no den de pi^nta con ellas en ninguna guisa, ni de revés al ros*- 
tro: é qiie si alguno cayere en tierra que non le atropellen. En 
hanles de decir los fíeles que comiencen el torneo cuando tañe-r 
ren las trompetas é los atabales. £ cuando ojesen el añafíl que 
se tiren á fuera y se recoja cada uno á su parte. E si el torneo 
^ fuese grande de miy^hos cab$iUeros, en que hajra pendones de 



(58) 
cada parte é se hubieren de trabaj- los caballeros los anos de h^ 
otros para hacer derribar de los cabatloá, que los caballos de. los 
cabailerob que fueren ganados de la. una parte jr de la otra, ^ 
llevados á do estuvieren los peudooe») que no sean d^dos á los 
caballeras que ios perdieren hasta que el torneo sea pasado. £ 
desde que sea pasado el torneo hause de aj untar todos los fíeles: 
é con lo que ellos vieren^ y preguntaudo á caballeros j escude- 
ros , é doncellas de las que mejor lo pudiesen ver, escojan ua 
caballero de los de una parte, é otro caballero de otra, cuales W 
fueron inejor, é bebieren la mejoría del torneo, y aquellos' den 
el prez é la honra de ello; y en señal de esto, que lleven dos de 
los fíeles sendas jpjas de parte de las dueñas é doncellas que 
allí ^e bailaren, para estos dos caballero^ escogidos,, como dicho 
es. E,6i fuere ei torneo de treinta caballeros, hay uso que baja 
cuatro fíeles , dos de la una parte > y otix» dos fíeles de la otra^ 
K si fueren de cincuenta cal>ai]eros d dende arriba ^ que sean 
ocho fíeks de la una .parte, é otros, ocho de la otra; é si fuere el 
torneo de cien caiíaileros ó mas , que sean doce fíeles de la una 
liarte, y otros doce de la otra.» 

El oriienamiento de la justa áice : *»VrimwsíitkeoJí9 que fagan 
cuatro yenida» los que justaren é no mas; é si eo estas cuatro fe* 
nidas el caballera quebrase una asta en el otro caballero, y el otro 
no quebrase ninguna en él , que baja la raeJQria en el que |« 
quebrare. ¿)á quel^are el uno dos astas, y el olro no mas de uoa^ 
que haja la méjorí» el que quebrd las dos; pero si el que quebré 
se la una derribase el jelmo al otro caballero del golpe, qu^ )e 
di<$, que sea igualado con el que le quebró las dos astas: e otro^ 
«si un caballero quel>rase dos astas en algún caballero, y este ea 
quien fueren quebradas las astas derriba al caballero que las 
quebró enél, aunque no quiebre el asta, que sea igualado coa 
el que quebrd las dos astas, é aun que le den mas loor* E si uu 
caballero derribare á otro caballero é á su caballo, y el otro der- 
^bare a) otro caballero sin su caballo , que haya la mejpiii el 
eaballero que cajd del caballo con él, porque parece que fue la 
culpa del caballo, é non del caballero. ¥ el que cajd stn caer el 
cabadlo con él, fue la culpa del caballero, é non del caballo. Oti:o 
•sí, ninguna de las varas d. astas no sean juzgadas por quebradas 
-artravesadas, salvo quebrándolas* de encuentro de golpe. E si en 
estas cuatro venidas no se pudieren dar golpe, que juzguen que 
no tuvieron buen acaecimiento ; é^ si cayere la lanza á algunp 
jendo por la carrera antes de tos golpes y que el otro cahalloo 



(*9) 
^Ice U Tara, é Hoq le encuentre con dJla, ca non haría eaballe* 
ría fenr al que no lleva lanza. E para juzgar todo esto que haya 
dos fíeles, j estos preguntando á caballeros j escuderos, ¿ á sos 
dueñas é doncellas , que allí estuvieren, para mejor juzgar con 
)o qiie ellos vieron, é con lo que estos dijeron asi juzgarán estas 
cosas, como aquí está dicho.»» 

Los ejercicios de los torneos fueron en tanta manera prívil<^- 
gíados , que estaba prohibido presentarse en ellos loa aierYos J 
los esclavos. 

En los combates que había mediado reto 6 desafío, el caballo 
y las armas del vencido pertenecían por ley establecida al ven- 
iqedor, j algunas veces pasaba á ser el mismo vencido prisionero 
del vencedor , 6 quedaba á su disposición ; y fundado en esto 
quiere D. Quijote que sns vencidos v^jan á presentarse á su 
Pul<;inea del Toboso. 

Gomo estos combates eran la imagen 6 un simnlacro de la 
jguerra ^ las leyes que se observaban en ellos eran las mismas 
que se guardaban en los ejércitos. Servíanse particularments 
los torneantes de una especie de espada que llamaban ganapán^ 
pomhre que sin duda se le daría porque ella les valia los des- 
pojos y el rescate d^l vencidOf Solían terminar estas fiestas per 
algunas justas sin prez 6 premio señalado , y las cuales no le»- 
nian otro objeto que hacer alarde algunos bravos caballeros' de 
^n agilidad y destreza delante de sus damas, por cuya ra^n se 
Mamaba esta justa el golpe <( «la suerte de las damos.»» Concluido 
el torneo se pasaba á la distribución de los premios , lo cual se 
(lacia unas veces en el mismo palenque, y otras en los palacios 
de los principes 6 señores en medio de mil fiestas y regocijos. 

Con varías suertes continuaron estas diyei'siones hasta el si^ 
glo Xyil : las habían prohibido los concilios ^ privando de 
sepultura eclesiástica á los que morían en ellas , y aun los re- 
ares de Francia habían vedado los torneo«{ fuera de la corte; pera 
)a prohibición de los cánones , que no se halla en nuestra dis«- 
cipljna nacional « debe entenderse de aquellos torneos y justas 
que los franceses llamaban cífer morlu , ó punta afilada, pere- 
que en ellos el riesgo de muerte era pr<$xímo ; y aun la que se 
hizo en Francia es atribuida por el presidente Henault á polí- 
tica de sus reyes para atraer los nobles á la corte. 

Las desgracias que casi siempre se ocasionaban en estos ejer*> 
Cicios , y el haberse amortiguado el espíritu caballeresco , die- 
fon lugar á la abolicioa de esto^ espectáculos | el lU^mo deloi 



(6o) 

^ttále^ se celebró en Orleans en i56o en el que perecUS el prín- 
cipe Henrique de Borbon-Mootpeasier. Eotre nosotros corrie-* 
xon sin tropiezo ^ hasta que desterradas las ideas caballerescas 
por los libros de Cervantes , y mas por el abatimiento en que 
CAJO la nobleza á los fines de la dinastía austriaca ^ acabaron 
del todo estos espectáculos, perdiendo el pueblo uno de sus ma<- 
jrores entretenimientos, y la nobleza uno de los primeros est¿« 
mulos de su elevación y carácter. 

( 8a ) La Carolea* Poema llamado así porque trata de la$ 

victorias de Carlos V. Se conocen dos Caroleas : la primera, 

compuesta en verso por Gerónimo Seropere ó Santpere, consta 

. de dos partes, y se imprimió en Valencia en el año de i56o en 8.*^ 

•La otra Carolea , que se imprimió en i58S en fol* , que tiene 

también por título: « Inquiridtou de la vida y hechos del empe-r 

rador Carlos V ,» la escribió en «prosa Juan Ochoa de Lasaldo. 

•Alfaque Majans se inclina á que la censura del cura recae sobre 

•esta Carolea, Pelltcer cree que recae sobre la primera, calificada 

por D. Nicolás Antonio de estilo poco correcto f y no muy poé-r 

•tico* 

' (83) León de España. El título de eSte poema, que consta 
de 29 cantos en octavas , y del que dice PeUicer tiene pocas co-^ 
«as buenas, es: «.Primera y segunda parte de el León de España^ 
por Pedro de la Veoilla Castellanos ; dirigido á la mageslad del 
rey D» Phelipe N. S.» Salamanca jS86 en 8.° En él se encomian 
los valerosos hechos de los leoneses, y de los gloriosos mártires 
de aquel reinoi. ' 

' (84) D» Luis de Avila. De las oportunas y juiciosas obser* 
yaciones de PeUicer resulta que no es la obra de D. Luis de Avila 
4á de que se habla aqui, sino otra de D» Luis Zapata, titulada 
Cario famoso poema en 50 cantos i impreso en Valencia ea 
x566, y que fue un yerro manifiesto de imprenta, en que se in-r 
cnrrió desde las primeras ediciones del Quijote, el poner Doa 
Luis de Avila por D. Luis Zapata» 
, (85) Elprez. (S.Unouti). 
■ (86) Z>, Roldan, (V. las notas 35 y 3 7)* 
• (87) Reynaldos, (V. las notas 35 y 37.) 

, (88) Freston diría. El nombre propio de este sabio encanta-» 
dor es Friston, y no Freston, el mismo que, como dijimos en la 
nota 62, escribió la historia de D. Belianis de Grecia. 

(89) »hiana Gutiérrez. No podemos asegurar el verdadero 
aombrey apellido de la muger de Sancho, pues ri paso que C«r» 



( 6. ) 
vantesla llama aqai luaína Gutieirex, luego la da el nombré d« 
Mari GutierreZ) mas adelante la llama Juana Panza, j aun de»-» 
pues la da el nombre de Teresa Panza. El apellido de Panza le 
tom($ por seguir la costumbre observada en la Mancbaí y en otros 
parages de España^ como en Cataluña, en donde la muger tom^i 
el apellido del marido. Añade nuestro autor por boca de Sancho, 
queá no seguir esta costumbre se hubiera llamado Teresa Cas« 
jeap-, por ser este el apellido de su padre. Es preciso convenir, 
como dice Pellicer, que en esta parte ílaqued también la memo- 
ria á nuestro autor* 

(go) Mi oíslo. Esta palabra sustantivada « compuesta del 
verbo oír j del artículo lo , la cual supone por el marido 6 la 
muger ausente, equivale á mi muger <5 mi marido, según el que 
habla. - « 

(91) Adelantado» Antiguamente se daba este nombre 6 tí-»- 
tulo en España al gobernador de una provincia , cuyas fnncio^ 
nes venian á ser análogas á las que ahora ejercen los capitanes 
generales. En unión con algunos letrados formaba una espe- 
cie de tribunal , y juzgaba de las causas civiles y criminales, 
irfós primeros comandantes generales qué se enviaron á América 
para conttnaarsu conquista, fueron en calidad de adelantados; 
£n el día el título de adelantado ha quedado tan solo como una 
dignidad en algunas casas nobles. 

Capítulo artaüo, 

(ga) Con la lama en el ristre* El ristre era un hierro que 
en la armadura antigua estaba asegurado en la parte derecha 
del peto , casi debajo el sobaco , en el cual encajaba la manija 
de la lanza para afirmarla en él. Enristrar la lanza, con la lan- 
za en ristre etc. equivalía á prepararse para combatir, 6 para 
acometer 6 recibir al enemigo. 

(gS) Fargasjr Machuca. Este hecho no es fabuloso, y su- 
cedió cuando los españoles se apoderaron de Jerez , sobre el 
cual se compusieron algunos romances. 

(g4) Aunque se les salgan las tripas por ella. Tan estrecha 
era la orden de la caballería , que no era dado á los caballeros 
decir o// ni quejarse de las heridas que recibían, sino sufrirlas 
con valor lieroico: cuya estra vagante disposición ridiculiza Cer¿- 
vautes con lo que hace decir I Sancho. 

(95) Al gato llecas. El refrán «llevar el gato al agaa » es 



(fe) 

mas antiguo de lo que parece si hemos de jozgario por lo que 
dice Rodrigo Caro en sus « Dias Geniales ó Lád ricos;» pues su« 
pone que los griegos y romanos jugaban jra al juego que di<S 
origen á este refrán < Covarrubias en la palabra gatear dice lo 
siguiente: «Antiguamente debieron usar cierto juego ea la ribe- 
ra del rio con un gato ^ y ganaba el qae le inetia dentro de él ^ 
pero como se defienden con uñas y dientes era dificultoso y* 
peligroso.» 

. (96} Ahora lo veredes dijo Agi'ages. Era este un príncipe 
de Elscocia^ hijo del rey Languines ^ y muj amigo de Amadi» 
de Gaula ^ como hemos dicho en la nota 4^ 1 quien solia usar 
con frecuencia la espresion ahora lo ueredes ^ y D. Quijote por 
imitarle la usó igualmente. 

(97) '¿^e/ modo que se contar d en la segunda parte* En el 
original de Cervantes empezaba Ja a.* parte ^ de lafs cuatro en 
que dividió su obra^ en d capítulo IX« 

(98) Dos furibundos /endientes^ Lo mismo que decíf ^ Aoé 
tremendos golpes^ 6 dos fuertes ccrchiDadas dadas de arriba abaN^ 
|e<, cuyo lenguage es muy común en los libros de caballerías; asi 
leemos en ellos fénderle de arriba á bajo^ por decir abrirle d hen« 
derle de arriba á bajo: fendióle fasta la oreja, por abrióle bast» 
la oreja, etc. 

(99) Por mas escondidas que fuesen * Aludiendo Cervante» 
á la costumbre de suponer todos 6 los mas de los historiadores 
de libros de caballerías^ que los hechos y aventuras de sus hé- 
roes fueron escritos exacta y minuciosamente por algún sabio* 
encargado de eternizarlas , las mas de las veces encantador , y 
casi siempre de paises lejanos , quiso también quelasdeDonf 
Quijote lo fuesen por el célebre Cide Hamcte Ben Engeli, lüs- 
toriador arábigo^ ( V# las notas que hablan de vario» de los li-^ 
jbros de caballerías). 

(100) Platir* (V* la nota So).' 

(i 01) Palafrenes Por palafrén se entendía el cabaRtf 
manso en que solian montar las datnas en los regocijos púbUr 
eos , y también para la caza « y de él tomd* el criado que le lle- 
vaba ó conducía por el freno ^ el de palafrenero. En el dia* 
se da comunmente el nombre de palafrén al caballo que 
.monta el criado ó lacayo cuando acompaña á su amo. 



(63) 

(roa) f^ttano de hacha y capellina, Espresion' qqe*ca8Í 
equivalía á la de salteador de cainiaos, ó ladrón de camioo real* 
La hacha de armas era á manera de segur, la cual por uoa parte 
tenia la forma de una cuna , j por la otra la de nn martillo ó 
media luna ; y toda ella con su mango solia ser de hierro. Esta 
arma , que todavía estaba en uso el siglo pasado , y con la cual 
iban armados algunos soldados como nuestros gastadores, para 
rechazar los asaltos que los enemigos daban á las obras esterio- 
res j destacadas f d para romper puertas , puentes j demás es- 
torbos en algunas salidas, servían en tiempo de la caballeríai 
principalmente para desarmar al enemigo, rompiéndole las ar<p 
mas de hierro de que sotian ir revestidos* 

La capellina era una de las piezas de la armadura antigua^ 
que cubría la parte superior de la cabeza , á manera de capace- 
te : las habia de hierro fundido ^ <$ á golpe de martillo ^ j de 
malla. 

(io3) El Alcana* Una aalle de Toledo habitada por merca- 
deres de seda y mercería. 

(io4) Morisco aljamiado. La lengua corrompida que habla- 
ban los moros á moriscos de España, que era una mezcla de ara- 
\m j español, se llamaba aljamia^ y aljamiado el que la habla- 
ba, del mismo modo que al arábigo que hablaban los cristianos 
-se l6 llamaba algarabía y algarabiado al que se espHcaba coa 
«Ma gerigonza. El P. Tamarid, en su Compendio de los vocablos 
antiguos, dice que al/amia es lo mismo que junta ó reunión de 
muchas lenguas; y asi aljamiado equivale también á el que sabe 
i mas de su lengua alguna otra. 

(io5) Le hallara. Parece que Cervantes con esto quiere ¡n- 
'dicar, que sí se le hubiera ofrecido habría hallado también intér- 
prete « de otra mejor y mas antigua lengua » que la arábiga, la 
cual sin duda seria el hebreo; y le era fácil, porque entre los mo- 
riscos de España se ocultaban también algunos judíos ó hebreoSf 
particularmente en Toledo. 

(to6) Se refiere* Siguiéndola costumbre observada por los 
autores de los libros de caballerías de suponer que estos fueron 
escritos' por algún sabio 6 mago de estraño reino, como dijimos 
en las notas 5f y 99, indica Cervantes que el de esta historia lo 
fue Cide Hamete Ben Engeli, de cuyo original árabe, añade, la 
tradujo en nuestra lengua otro moro aljamiado (V. la nota io4). 
Sin necesidad de detenernos en hacer ver que el mismo autor de 
D. Quijote ftie Cervantes^ solo manifestaremos el ingenio coa 



(«4) 

qae^upo arabtzar sn nombre^ ocultáiidtíle en el dé Ben Eogelí^ 
que eiá arábigo quiere decir hijo del ciervo^ ó cerval^ ó cervateño^ 
todo con alusión al apellido de Cervantes. El señor Conde, stfitor 
de la Historia de los árabes en España^ y célebre orienlalistaf que 
fue el que descifró este secreto y lo comunicd á Pellker, añaden 
que en la pronunciación se desfigura algún tanto esta voa&: que 
ateudido su origen deberia escribirse Ben Iggeli'f porque íggeí 
ó Ejjel significa el ciervos Iggeli cosa de ciervo^ cerral^ 6 eerva* 
teño; del mismo modo que de geba!^ que significa monte^ se di- 
ce gebalí 6 jabalí COSA de monte^ el montesino, ó ei montaraz^ 
El nombre Ctíle no quiere decir en arábigo mas que señor; y 
asi el cid campeador es lo mismo que el señor capitán ó señor 
batallador; y el de Hamete es nombre eonnin entre moros. 

(i 07} La historia* Plaqueóle en esto también la memoria á 
nuestro antor^ pues sin embargo de que dice que c<m los dos so- 
brenombres de Panza y de Zancas le llama algunas veces la his^ 
loria^ en ninguna otra ocasión fuera de esta se le da á Sancho el 
sobrenombre de Zancas^ sino el de Panza< 

(108) Ser mentirosas* A la diferencia de religión de los ára^ 
bes 6 moroSf al haber invadido estos nuestra peniosula y teue#' 
que batallar con ellos por algunos siglos para reconquistar' 
nuestro suelo t basta echarlos á la otra parte del mar ^ debe' 
atribuirse el bajo y mal concepto que merecieron y con que sue* 
leu hablar de ellos los autores españoléis* Pero si estos hubie<« 
ran podido prescindir de estas razones, hab'rian tenido que con-' 
venir con nosotros en que los árabes ó moro» formaron durauK 
te su permanencia en Bspaña el pueblo mas caito y el mas ciri- 
lizadof y en cayo seno las ciencias y las artes florecieron. Cní 
|ustificacion de esto léase la España árabe de Masdeu, Va H^ito^ 
ria de este pueblo por Conde^ la Biblioteca escurialense de Casi* 
Tiy y otras obras, en las que tenemos testimonios irrecusables dc^ 
su delicado gusto, de su saber y de su vasta ilustración. 

(109) Del galgo de su autor ^ Del odio inveterado de los es-* 
pañoles 6 cristianos á los moros ó mahometanos,' vino el Ikinar*' 
les á estos perros ó galgos^ (V. la nota xo8), 

(i I o) Segunda parte* Conformándose Cet-vantes con la divi* 
sioTí observada en el libro de Amadis de Gaula, cujas aventuras* 
se propuso particularmente imitar,- dividi<^la historia de su Oonf 
Quijote en cuatro partes^ asi como aquella lo está en cuatro Ru- 
bros, sin interrumpir el orden nruraeral de los capítulos. Entoo^ 
ees la segunda parte comeoMba en el cap. IX.^ Cuando al^^uiM^fi^ 



(6S) 

aíío^ después ^tiblic<5 nuestro autor el a.^ tiuno^ akéró esta diVw 
ftion, iiixi\ñndo\e segunda pavte^ sin mas distinción que la délos 
Capítulos que comienzan de nuevo; y como al parecer la inten- 
ción dé Cervantes fue dividir su historia én dos partes^ sapri«< 
mieodola primera división de las cuatro en que repartid el tomo 
pHmérd, de aqui es que se adoptó la división en dos partes^ jr 
cada una'de estas én tornos^ capítulos^ etC4 

(i I i) Lá espada en las dos manos* En la edad media se usa- 
ron unas espadas muj pesadas y largas^ que manejaban ios ca- 
balleros con las dos manosj y con ellas daban aquellos mando- 
bles) crudos g^^pesj terribles Tendientes^ con que según leemos 
en los libros de caballerías^ cortaban una cabesa á cercen^ y 
abrian á un hoiübre de arriba á bajo« 

(i I a) Le cortaría la cabezai Cuando en un desafío ú otra 
rejerta particular uno de los caballeros hábia derribado á su 
ct>ntrarid^ y esté no estaba en disposición de hacer uso de sus ar- 
tiias, saltaba él vencedor dé su caballo 4 y sacando un puñal 
que soiian llevar ai lado isquierdof cortaba las correas 6 cintas 
del jelmo del caido, y poniéndole la punta en el cuello 6 en los 
ojos le intimaba que Sé diese por rendidoé Si este no Id confesa- 
ba y no pedia misericordia^ el otro lé daba él golpe que llalUa-i 
ban de gracia^ esdecii'^ lé mataba. De la misericordia qué 
solia implorar el «aido^ tomó el puñal el nombr« de miaericor^ 
duit 

fllopítuío ^kmii 

' (ti 3) La lorigai Piéia dé Ja drhiaddrá antígtta á jtiá' 
iiéra dé cofaea d cota de malla 4 que cubría el pecbo y las es*« 
()aldás. luciéronse primei'o dé telas acolchadas^ y también dé 
Éuet'O 4 d de correas éntrétegidas^ de dónde tomaron ségun paré'» 
¿e su nombren Después se fabricaron de pequeños anillos dé 
hierro enlazados d manera de malla ^ y también las hicieron d 
revistieron de pequeñas planchas de metal en forma de escamas^ 
Por lo común se llevaba la loriga interiormente y sdbre ella sé 
ética jabsí él peto y el espaldar dé la coraza.- Asi és que la falda 
6 halda de la loriga^ como que sOlia ser mas Iflirga ó abundante 
qué el arnés 5 pendía fuera de él hasta medio muslo. Besar la 
fetda de la loHga^ era una demoslraéion dé res|)etOy jr generaVf 
meüte dé rasállagei 



(66) 

Se lldmaba tainbiefi loriga la armadura con que revestían 6 
encubertaban al caballo para entrar en los combates. 

(i i4) Santa ffermanfLid, Tribuual muy antiguo de Espa- 
ña , que gozaba de muchos j grandes privilegios , los cuales 
fueron confirmados en 1220, por el rey S. Fernando» Tenia ju^ 
risdiccion plena para castigar los delitos cometidos en el campo 
ó despoblado^ sin apelación á otro tribunal. 

Este se componía de un cuadrillero major^ de sus tenientes^ 
y de otros cuadrilleros comisarios que había distribuidos por 
las ciudades, Jugares y ventas. El instituto de la SíUita Hermán^ 
fiad era perseguir á los ladrones y salteadores llamados goljínes 
antiguamente y que infestabad los montes y caminos, robandcr 
ganados y dinero ,. y vejando de otra manera á los viageros y 
á los que habitaban en casas soks y aisladas. Las mas célebres 
fueron las santas hermandades de Toledo , Ciudad Re»l.j Ta-» 
lavera, en donde las hábia vieja y nueva. La Santa Hermandad 
vieja ó antigua de Toledo se componía tan solo de caballeros j 
gente noble , y era condición que fuesen hacendados y poseye- 
sen colmenares en los montes de Toledo.^ 

Los individuos de estas hermandades d rondas iban en cua^ 
drillas^ de donde tomaron cada uno de ellos el nombre de cua- 
driilero, y usaban un uniforme particular*- Tenían sus constituí 
cioties y prontuarios de delitos, y en ellos se prevenía sumaria* 
mente la pena que debia imponerse á los delincuentes. irSaltea- 
miento:» de bienes^ fuerza de mugeres en despoblado (como no 
sean públicas rameras )-, muertes, heridas alevosamente inten- 
tadas,- aunque no llegasen á debido efecto , pena de muerte de 
saeta. Hurto de i5o maravedís, y de aquí abajo, destierro con 
azotes, pagando doblado á la parte , y mas el cuarto para gas- 
tos del tribunal. Si fuesen 5oo maravedís,, cortadas las orejas ^ 
y cien azotes} sí Sooa, cortada el pie , condenándole á que na 
pueda montar mas á caballo, pena de muerte, y escediendo de 
esta cantidad, muera por ello asaeteado en el campo con precisión 
de tirarle los cuadrilleros trece saetas etc.^> Elste castigo se solía 
ejecutar en Peralbítio, cerca Ciudad Aeal. Carlos V mandd qu« 
diesen muerte á los reos antes de asaetearlos*" 

(ii5) Sudar el hopo. Frase vulgar para indicar que una 
cosa es en sí muy dificultosa, ó que solo se puede conseguir coa 
mucho trabajo, aludiendo al que sufre la zorra cuando hujre de 
los |ierros que la persiguen, en cuj^o apurado lance es de creer 
le suda el hopo f nombre que se da á su larga y poblad» coku 



(67 ) 
(ii6) T0 tacaré de las manos fie los eaideos. Alude i lo 
que se lee eo Jeremías cuando los babilonios , llamados 
también caldeos^ se apoderaron de Jerusalen j de la Jadea , y 
llevándose á sus kabitaiites les hicieron sufrir un largo j pe- 
lioso cautiverio. 

(117) Fierabrás» Era este un gigante, pagano 6 sarraceno, 
rej de Alejandría , hijo del almirante Balan ^ conquistador de 
Roma y de Jerusalen, llamado Fierabrás 6 de los fuertes bra- 
£0b ^ por su estraordinaria robustez» Era grande enemigo de 
OlÍTcros^ de quien recibía mortales heridas ; pero quedaba de ' 
ellas al punto curado bebiendo un poco del balsamo que traía 
en dos pequeños barriles ^ que según se lee en la historia de 
Cario Magno por Nicolás de Piamonte^ á fuerza de armas ba- 
ldía ganado en Jerusalen , cujro bálsamo contenia parte del dé 
José de Arimatea* En laí misma historia se cuenta que solo des-^ 
pues que Oliveros hubo logrado sumergir én un caudaloso rio 
los barriles , pudo vencer al gigante Férabras^ quien recibien- 
do luego el bautismo' murid contertidow 

(118) jiunque de ellas no tne acuerdo. Las otras cosaf 
que prometió observar el viejo marques de Mantua hasta haber 
vengado la muerte de su sobrino Baldovinos , acaecida de la 
manera que díjImoS en la nota 35^ fueron las siguientes, seguu 
se leen en lors romances dé este marqués. Después que el dé 
Mantua hubo hallado en la floresta á su sobrino Baldovínos 
herido alevosa y mortalmenté por D. Carloto,- se l6 llevó a' una 
ermita con ajFuda del ermitaño que leausilid en su muerte,/ 

De que alltf hubieron llrgado 
Van el cuerpo desarmaré: 
Quince lanzadas tenia , 
Cada ona era mórtale ,' 
Que de la m^nor dé todas* 
P^inguno podía escapare. > 

Cuando asi lo víó el Marqués,^ 
Traspasóse de pesaré : 
A cabo de una gran pieza 
Un gran so'spíro fae tf daré. 
Entró dentro en la capilla. 
De rodillas se fue á hincare j 
Puso la mano en un ara 
' ' Que estaba sobré el aitaréy 



\ 



(68) 
A los píes de un cracifíjo 
Jurando empezó de hablare. 
Juro por Dios poderoso. 
Por Sauta María su madrea 

Y ai Santo Sacramento 
Que aquí suelen celebrare 
De nunca peinar mis canas, 
Ni las mis barbas^ocare, 
De no vestir otras ropas, 
^i renovar mi calzare , 

De no entrar en poblado, 
Ni las armas me quitare 
Si no fuere por una hora 
Para mi cuerpo alimpiare» 
De no comer en ínanteles 
Ni á mesa me asentare 
Hasta matar a' Carloto 
Por justicia, ó peleare; 
O morir en la demanda 
Manteniendo la verdade ; 

Y si justicia me niegan 
Sobre esta tan gran maldade. 
De con mi estado y persona 
Contra Francia guerreare, 

Y manteniendo la guerra 
Morir ó vencer sin pare. 

Y por este juramento 
Prometo de no enterrare 
£1 cuerpo de Baldovinos 
Hasta su muerte vengare. 
De que aquesto hubo jurado , 
Mostrd no sentir pesare. 

(119) Desaguisado, Adjetivo anticuado, que significa lo 
que se hace contra la lej ó la razón , y usado como sustantivo 
Yale lo mismo que agravio, denuesto, etc. 

(lao) Sobre Albraca. £n el lib. i.° del Orlando enamora- 
do , poema del conde Mateo Boyardo, se habla del mas fuerte 
castillo de dlhraca , situado en las regiones mas apartadas del 
Asia , en el imperio del Catai 6 de la China , donde mandaba 
(jalafirouy padre de Aogéjiica. Esta se eucerrd en el fuerte cas- 



(«9) 
tillo da JShraca y para apoderarse de su persona fue allá un 
ejercito de dos millones de soldados* 

(i ai) El reino de Dinamarca ó de Sobradisa, No Solo se 
tomaron [la libertad los autores de los libros de caballerías 
de fingir el nombre de sus héroes, j arreglar allá á su modo sus 
estrañas aventuras, sino que á fía de darlas major viso de es- 
trañeza suponían algunas veces la escena en países j reinos 
desconocidos, y que solo existían en su acalorada ó desarregla*- 
da imaginación p Tales son los reinos de Sobradisa , el de Sero- 
lojs, el de Trapisonda, la ínsula Firme y otros, de los cuales se 
habla en el libro de Amadis de Gaula y en los demás libros de 
esta naturaleza» La confídenta íntima de la señora CViana, se 
llamaba también la Doncella Dinamarca, y áe ella hemos dicho 
alguna cosa en el análisis del líbro^de Amadis. (V. la nota 43}- 

(laa) Cosas volátiles jr de mas sustancia» Aun que el ano- 
tador ingles Bowle encuentre cofUradictio in terminis^ como é\ 
dice , entre cosas volátiles y de sustancia , proviene esto de no 
distinguir, como manifíesta Pellicer, los dos sentidos del adjeti- 
vo volátil; pues las perdices, las gallinas, los palomos, son vo- 
látiles j al mismo tiempo de mocha sustancia p 

(ia3) Seca comida. Ciertos filósofos antiguos j algunos de 
los primeros cristianos no se alimentaban sino de cosas secas , 
absteniéndose no solo de carne y vino , sino también de frutas 
tiernas ó muy jugosas, cuyo método de vida se llamaba gero^ 
fngia. Otros solo observaban la homofagia | 6 abstinencia dfi 
toda cosa cocida, 

(Eopftulo untreVtmo. 

(ia4) La púrpura de Tiro* La ciudad de Tiro, una de las 
mas grandes y memorables de la antigüedad, capital de la Fe- 
nicia, y emporio del comercio de su tiempo, fue célebre también 
por creerse que en ella se descubrió el tan estimado color de púr« 
pura, con el cual ganó sumas inmensas, 

(laS) La ley del encaje. Es decir las sentencias arbitrarias 
6 caprichosas, formadas sin consultar las leyes escritas, ni auto, 
ridad alguna. 

(ia6) Solas y señeras. Aunque en las primeras ediciones , 
y en las otras que sucesivamente se hicieron , se decía señoras 
en lugar de señeras^ habiendo conocido Pellicer ser errata ma« 
niüesta de imprenta , lo corrigió coa mucha oportunidad en la 



i JO ) 

$uja. Seilero 6 sefíera e$ lo luiüino que solo» átiico, particular; y 
asi sol AS Y señeras equÍTale á solas ^ sia mas compaüía , 6 »ia 
que nadie las guardara. 

(127) A ios menesterosos. En el juramento que prestaba el 
caballero cuando se le conferia la orden de la caballería (V. la 
nota a6 ) se le hacia prometer eutre otras cosas 9 después del 
amor á Dios y á las damas^ la defensa de las doncellas, el am- 
paro de las viudas, y el socorro de los huérfanos j de los me- 
nesterosos, pQr lo que eran llamados «desfacedores de tuertos 
Y agravios.» Por los estati^tos de la órdeu de Malta vemos que 
«e preguntaba al que recibía la orden: «f¿Prometeis de favorecer 
y tener particular cuidado de las viudas, de los pupilos, de I04 
huéi'fuiosy de todas las personas afligidas y angustiadas? » Y 
el aspirante respondia: « Prometo de hacerlo con la ajuda de 
Uius.» Iguales 6 ipuy semejante^ pregi^titas se haciap á los que 
deseaban entrar en las órdenes de la Batida, del Temple, en la 
de Calatrava, de Alcántara, de Avis , de Moutesa, de Cristo, y 
en las otras órdenes militares y religiosas. 

^ia8) Ley natural. Aquella que dicta la recta razón, y presr 
cribe á los hombres lo que deben hacer ú omitir. Esta fue la 
qi;e di^ngid á los hombres hasta que hubo lej escrita. Para 
encarecer D. Quijote los servicios de los caballeros andantes, á 
puja drden quería pertenecer , supone que los homl^res todosK 
estaban obligado^ á favorecerles por |ejr natural» 
(129) Solaz. Lo mismo que placer. 

(i 3o) Rabel. lustruinento músico pastoril, de la hechura del 
lai4d, con tres cuerdas que se tocan con arco, y forman un sonin 
do m\xy alto y agudo. El violin es una especie de rabel perfecr 
pió na dq. 

(i 3i ) Señuelo. Para llamar y atraer los cazadores al haIcQii 
»e sirven de ^ii cojinillo de cuero con dos alas, imitándola $igu-f 
ra de alguna ave, y es lo que se llama señuelo. 

(i 3a) V al canto del gallo primo. O primero. Casi todas la^ 
Ilaciones de la antigüedad dividian la noche en cuatro partes ^ 
qi^e llamaban ve}as^ guardias 6 vigilias; cada una de las cuales 
duraba iinas tres ^oras, y esta división servia para el relevo de 
las guardias milits^re^, y de los pastores que guardaban los ga-« 
nados. La primera parte, que comenzaba lluego depuesto el sol/ 
se llamaba tarde, duraba hasta las nueve de la noche;^la segunr 
da , desde esta hora hasta las doce, era llamada media noche ; 
la tercerai 4^ las 4o&e l^iista las treS| era coaoci4a con ei i^oii^^ 



( 7« ) 
bre de el canto del gnllo; y la cuarta y última parte ^ que ile- 
gaba de Irs tres h^sta Us seis 6 salida del sol^ se llamaba maüa- 
na: de cuja antigua divisioa se conserva aun entre nosotros 
alguQ re2>to. 

(i 33) Un gimió. Lo mismo que simio, ximio ó monob 

(t34) Barragan/a, Lo mismo que amancebamiento. 

(i 35} De sirgo. Seda, nombre derivado del latín sericum 
que tomó esta materia de la Sérica país del Asia, ocupado por 
los antiguos saqueos, que Ptolomeo coloca al oriente de la £5- 
citia en donde se cree principió á hacerse uso de este producto 
anima!. 

(i 36) Gamella, Lo mismo que jugo, por ser la parte en que 
entra el cuello. 

Capítulo 'bw^hm^» 

(137) Los abades del pueblo. Es decir I05 caras dios sacer- 
dotes del pueblo, fcln Galicia se sigue dando todavía el nombre 
de Abad á los curas párrocos. 

(i 38) Guilla, Qovarrubias en el Tesoro de la lengua caste^ 
llana, dice que es voz árabe, y significa abundancia de frutos 
f verduras, 6 cosecha copiosa y abundante. 

(i 39) Autos, Los autos, llamados sacramentales porque {>rin'< 
cipalmente se representaban por la tiesta del Santísimo Sacra- 
mento 6 de Corpus, eran uno^dramns alegóricos á los misterio» 
de la religión. L6s comediantes iban á estas representaciones con 
carros triunfales, de donde salian las figuras alegóricas al tabla- 
do que se levantaba al descubierto en las calles y plazas; y por 
esto se indicaban estas representaciones con la espresiou técnico- 
dramática de «hacer los carroís.» Antes que Urbano IV en 
1264 mandara celebrar por toda la cristiandad la fiesta del San- 
tísimo Sacramento , en cuja ocasión se introdujeron los autos 
sacramentales, ja de tiempos mas antiguos se celebraban eo las 
iglesias j en el curso de las procesiones otras farsas ó piezas 
dramáticas, llamadas autos ó misterios* Estos eran tomados de 
4as vidas j milagros de los santos, j de ciertas moralidades re • 
ducidas á acción dramática, tales como los intitulados: uhiucar- 
pación j Nacimiento de N. S. Jesucrito:» «Misterio de la Pa- 
sión:» «íja Resurrección de Cristo:» «Misterio del caballero que 
dio su muger al diablo:» «Las actas de los apóstoles:» «La asun- 
ción de r^uestra Señora.» «Tragedia del uacimiento y creación 



<7») 
4e| rtiundof)) ietc« etc. Eitoi dramas, un los qne se H\^ una es-r 
paadalpsa ine^cl^ de sagrj|doy de profano^ pQ solo se represeu- 
tat^ao eo los teatros 6 cprrsiles « qiie asi sp llaipaba» aquellos i 
sino separadamente delante de los consejos y demás autoridades 
civiles j eclesii^sticífs, j aiin feíitrab^n Jos pomedjantes á rpprc-? 
sentarlos en las mismas iglesias de los ponveotoí^ dp monjas. Y 
como estos ai4tos iban acompañados de entremeses | cantares j 
bailes f no sien^pre decentes ^ de aquí tomaron ocasión algunq^ 
hombres zelosos para reprenderlos. U|io de Iqs priiperos que Iq 
hicieron fue el célebre P. Marianji en su obfa latina pe Specta^ 
culis; j el P. Filgqera dio un dictamen, probandp que era ilíci- 
to hacer los ^utos «acran^ent^l^ eu Ifis iglesias, ai4n viviendo 
Calderoo , célebre escritqr de est^ especie de druidas. Yéa^e 
entre otras cosas el Origen, épocas j progresos del teatro espauo( 
por Garciai Pellicer hijo, y Mor^üo. C)n$fe los desaciertos d^ 
f eatro no era menor, dice este autor en sus obras , últimamente 
publicadas ppr )a Rea( Academia española ^ 1<| fepresei>tacioi^ 
de los au^os SDcraqnen^les. El ángel Crabriel anunciaba 4 U Vlr- 

Í;en( papel que desempeñaba la célebre Mariquita Ladyenauljj 
a encarniicion del Verl^o-^ y a) responder, tradíucidas en buenos, 
versos qast^llanos , las palabras 4^1 E^vangelio ¿ Quomodoji^t 
istud , quoniam uirur^ non cognosco ? Iqs ap($s^rofes h^díoudq^ 
del ^atio j li|S barandillas , dirigidos» á la có.mica, interrun^píai^ 
^1 espectáculo con irreligiosa y sacrilega algazara y hacían corc 
QOcer ^ muchas madres cuaa mal habían hecho en (levaf cpn«- 
sigo á sus hijas honestas^ Una i^uger cqn 1^ cqstodí^ en lés^ 
manos^ acompañada de los coros, cantaba ep procesión el Tan" 
tum ergo. La primayera, el apetito, el alma, el cuerpo, la culpa^ 
|a gracia, el cedro, la rosa, el domiogo, el lunes jr el martes, .1^ 
jgentilídad^ el mui^do, el olfato y todos los sustantívqs del dícr 
cionario , eraq iqterlocutqres en aquellas fábulas. En pqa saliji 
8. Pablo cqn su montante , ensenando á esgrimir á la Magdar 
}ena : en otra se aconsejaba á S. Agustín que se fuese al hospi? 
tal de S. Juan de Dios. Asi estaba el teatro cuando vino de N^*. 
poles el Sr. D. Garlos IK , quien por un justísimo decreto dej| 
año 1 765 puso fin á los indicados escáudalos , prohihiepdo \^ 
represpnt^cjq^ teat|:s|l dfi autos sagrados^ 



(73) 

Capitulo Tíétvmtttm. 

(i 4o) Continuamente, Aiinque en la edición de la Redi Aca« 
idemia cuj^o testo seguimos se diga continuamente^ de la misina 
juanera coino se leía en las primeras ediciones del Quijote^ tal ves 
fi^e una errata de imprenta , y Cervantes quilas escribiría co- 
fminmente y no continuamente; pues en efecto ai rejr Arturo no 
)e ilaraamo/i continuamente , sino comunmente , rey Artús« 

(i4i) Cuervo algunOf Pn el cap, 99 de las Sergas de Es- 
platídiau (V« la nota 44) ^^ habla del encanto del rty Artas ., y 
de cuando volvería á reinar en la Gran firetaña , suponiendo 
«que la encantadora 6 maga Mdirgaina le tenia encantado. Si" 
guiendo siu 4nd9 est¿i fábula hemos leído que sobre el sepulcro 
de e!}te rejr se veía esta iqscripcion latina: 

ffh iacet Arturus^ rejí: quondam^ rexque futuvus* 
Aquí y^ce Artas, que f^e rejf y ba 4e volver á serlo* 
£1 señor Pellic^r ^ñade qi|e en la Historia de los reyes godos^ 
«scríta por Julián del Ca^tülo, se lee la vulgaridad de que cuan- 
do ¡B'elípe II c^sd con Doña Afarfaf heredera de aquel reinoi juró 
lyque si e) rey A^tús vÍ4Íese en algún tiempo , le dejaría ei reí- 
1^0. M Tal ve;^ que el temor del pueblo ingles de matar cuervos 
por no herir de muerte 4 su antiguo rey Art4s en alguno de ellos^ 
se origind de la fábula de la conversión de este rey en cuervo^ 
<(5 de un^ ley de Hoelio el BuenOf rey de Gales^ citada por Bovy^- 
le 9 promulgada en 998 , por la cual se prohibe matar águilas^ 
grullas y cuencos en heredad agena, imponiendo una multa al 
que lo hiciere, á favor del dueñp de la heredad en donde se hu-^ 
biese infringido. 

(l¿^^) Lgs cabqlleros d^ lo; Tabla redonda^ E)n la nota 4^9 
hablando del libro de Amadis de Gaula, dijimos que se conocían 
dos ó tres sectaSf por decirlo asi, de caballeros andantes. La mas 
antigua de todas parece ser la de los caballeros de la Tabla re- 
donda, cuyas aventuras están mezcladas y tienen relación coa 
el origen del reino de Inglaterra y Ja introducción del evange-r* 
lio en él, si bien que mezclada y confundida con muchas 
indeporos^s é inverosímiles narraciones , como la Demanr 
da del santo Grial , y la noyela del rey Artús , Triscan y 
Lanzarote del Lago , compuesta por un tal Galeoto , donde se 
cuentan las galanterías de Tristan y de la reina Iseo , y las de 
|jauzarple y de (a reina Ginebra. Geuerajmenle se cree que con 



( 74 ) 
el título d« Tabla redonda se etileridia una <5rden de caballería^ 
instituida por los aaos 5i6 por Arlús , primer rey de los breto- 
nes. Otros suponeu que la Tabla redonda era una especie de tor- 
neO) justa, ú otro «jercicio militar que se rtlcbraba en deternii- 
nadas épocas entre ua cierto námero de caballeros armados de 
lanzas, y que tomd el nombre de Tabla redonda^ porque termi- 
naba la tiesta coa una cepa , eo la cual los caballeros estaban 
sentados en una mesa <S tabla redonda, para evitar el ceremo- 
nial j las disputas que pudiera haber acerca el lugar preferente 
que cada uno habia de ocupar. También quieren suponer otros 
que el rejr Artas instituidla drden de la Tabla redonda en dicho 
ano de 5 16, después de la espulsion de los romanos de la Ingla- 
terra, para recompensar el valor gtierrero de algunos caballeros* 
Una de las principales ceremonias de la Orden era un gran ban- 
quete que daba el' Fundador en el día de Pentecostés á la ó á 
a4 cabaileroSf seutáhdose siu distinción ni etiqueta en una tabla 
redonda^ contando cada uno durante la comida sus aventuras j 
bacanas f en cuyo acto se recibían los nuevos candidatos que 
bo día habían de reemplazar á aquellos valientes caballeros. Su- 
ponen algunos autores que el número de estos era de 100 j 
y que en el banquete asistían igualmente 100 damas. Sin 
embargo de la poca ó ninguna certeza que hay acerca ía 
«existencia de esta órden^ algunos autores ingleses quieren que 
'la mesa 6 tabla en la. cual reunía Artds sus caballeros, es la mis- 
ma que se ve pegada al muro del antiguo castillo de Winchester 
en Inglaterra. Camden duda de la reali iad d certeza de e$t<i 
hecho, suponiendo que su fábrica es de fecha mucho mas mo- 
derna. Tomas de Walsingham dice que el rey guardo II I 9 
que ascendió al trono en 1042, mandd edificar en el castillo de 
Windsor una sala espaciosa, á la cual did el nombre de Tabla 
redonda por haber una muy grande, y que se sentaban sin dis- 
tinción en ella los caballeros ingleses, españoles^ franceses, ale- 
manes, italianos etc., después de haber asistido á una especie 
de justas que se celebraban todos los agos. D. Diego de Vera re- 
fiere, si bien que sin creerlo él mismo, que' se conservaba esta 
mesa d tabla en Hunscriste, cuando nuestro Felipe II casd en 
Londres con la reina Doña María, y que estaba partida en a5 
tablas d divisiones grabadas d pintadas de blanco y verde, las 
cuales se juntaban en punta en el centro, y se iban ensanchan- 
do en la circunferencia» y que en'^cada división estaba escrito 
el nombre del caballero que la ocupd y el del rey. 



C75) 
Flores pooe la inatitacion de la orden de la TaMa Redonda 
al año de laoo* 
(x43} Cuando de Bretaña t^ino, Y continua el romance: 
Que dueñas cuidaban déi| 
Doncellas de su rocioot 
^Isa dueña Quintañona^ 
Esa le escanciaba el vino: 
La linda reina Ginebra, etc. 
(i 44) f^i^do. Cervantes celebra en el caftto do Galíope a 
i^dau de Vivaldo, poeta de florido ingenio. 

^145) ]t^ algunos áubierottd aer emperadores * Como Don 
Reinaldos, que llegó i $er emperador de Trapisonda, cayo lai" 
perto reauuci(5 á favor de jí^plandian, con quien C'dsók su hija; 
JJ. Hügel que lo fue de Persia; Bernardo del Carpió que casa- 
do con Olimpia lle^^ á ser rejr de Irlanda; Palmerin de Oliva, 
4^ue pasó a ser emj[)erador de Constantiuopla; Tirante el Blanco, 
pesar del iiuperio de Grecia, y otros. 

(146) /encomendarse d Dios, Reconvenido 6 preguntado 
Ti^auLe el Blanco porqué en los trances apurados no in vocaba 
¡alguu santo junto oon el nombre de su señora Carrnesina, res- 
pondió: que m el que á muchos sirve no sirye á ninguno. » Í)e 
otra manera se conduela el infante P. Roserin, según leemos 
^nel £spejode caballerías, pues este c santiguándose j enco- 
tnendiodose ^ pios de todo corazón, -y llamando á su señora 
FJorimena, el caballo délas espuelas hiere» etc. 

(147) Damasefíajada, pe )a inconstancia de D. Galaor ha- 
})]amos en la nota 43; y del mismo pasage que cita Pellicer para 
probar que la princesa Briolanja fue su dama señalada se dedu- 
ce que no la tuvo y que tomd á esta señora que le presentó su 
mismo hermano Amadis, del mismo modo que baldía tomado 
ptras, aunque es verdad que no las amó como á esta, pues dice la 
Jiistoria que la tomó consigo sin ningún escrúpulo, cómo aquet 
que no se espantaba ni turbaba de ver mugeres. Para majror 
|ustilicacioa délo que acabamos de decir, ydase la nota siguien- 
te. 

(148) Cabailero^ La señora que D. Galaor había hecho 
4iieña de si^ voluntad , jr á la cual se encomendaba muj 
é menudo jr muj secretamente, era Aldeba, hermana de Grinda- 
)aja, que se crió en casa del duque Brislojra , como se lee ed U 
Upisma historia de Amadis de Gaula. 

JPqi* ^(artículo a^^de los estatutos que se observaban en las 



(7«) 
Caries dé jámor f de que hablamos ja en la nota So, se exrgía de 
los caballeros ser callados y discretos-* (fui non celat^ amare non 
potest, Y por el primero de los «utos 6 arrestos publicados en 
francés por Marcial de Auvernia y traducidos al castellano por 
Gracian, se ve que el Consejo de Cupido condenó Á un amante 
habladora i ndiscreto, entre otras cosas^ airen romería descalzo 
á la ermita de Amor* 

(149) Campos elíseas. Lugar de descanso <5 morada feliz á 
donde creían los gentiles iban las almas ó sombras de los justos 
después de.su muerte* £n ellos habia cuanto la exaltada y gala- 
na imaginación de los poetas babian visto é imaginado de mas 
delicioso y mas feliz. (V. la nota 391}» 

(x5o) Con Roldan d prueba. Fue tan grande el sentimiento 
que tuvo Roldan cuando supo las relaciones de Angélica con 
MedorOf que perdió el juicio y arrojó las armas. Cervino , hijo 
del rey de Escocia, que debia la libertad á Orlando, al hallarlas 
las recogió agradecido, y las colgó de un pino; y á íin de impe- 
dir que nadie se las vistiese puso al pie del trofeo que con ellas 
hizo esta inscripción: 

jír matura d? Orlando Paladinos 
Come yolesse dir^ nessun la muova 
Che star non possa con Orlando a prova • 
según se lee en el canto ^4 octava $7 del Orlando furioso del 
Arioáto. 

( 1 5 1 } Dura peña, Cervantes dispone que se entierre á Gri- 
sóstomo en el campo, y sin ceremonias algunas eclesiásticas, 
porque murió desesperado, como se lee en su misma canción: 
Ofreceré d los vientos cuerpo y alma^ 
Sin lauro ó palma ds futuros bienes* 
(tSa) Fenixp Esta ave de la que tanto se ha hablado es fa- 
I hulosa. Herodoto es el primer autor que hizo mención de ella, 
bien que ya añade que no la vio sino pintada. Los egipcios dis- 
puestos á tributar los honores divinos á toda especie de anima- 
les, no tardarían en divinizar una ave de la que se contaban co- 
sas tan estraordinarias. Decian que cuando veia próximo su fín^ 
es decir, después de haber vivido 5oo ó 600 años, formaba una 
ei»pecie de nido ó pira de maderas resinosas, y pegando fuego en 
ella se consumía deutro; añadiendo que de su tuétano ó cenias 
salía uu gusauo queso transformaba á poco etíOiroFenix^ 

(i 53) El di%fino Matituano dejó en su testamento numdadOw 
£i célebre poeta latino Virgilio 9 llamado el Mautuauo por ha- 



( 77 ) 
ber nacido en Andf» ^ pueblecito inmediato á Mantua , dispaso 
poco autes de morir , que con motivo de no haber dado la álti- 
raa mano á la £neida , se le trajesen sus borradores junto con 
los demás escritos sujos para quemarlos ; pero no habiendo po- 
dido cpuseguirio , dispuso en su testamento que lo fuesen des- 
pués de su muerte sobre su sepulcro. Sus legatarios no cumplie- 
ron dichosamente esta disposición ^ y con este motivo , como 
dijo uu poeta antiguo , Augusto César salvó segunda vez de las 
llamas su querida Trojra* 

Capitulo ¡renmoruatto* 

(r54) Canción de Grisóstomo. Pellicer dice que el artificio' 
de esta canción ^ que ¿1 llama admirable y singular) quizá sin 
bastante razón f consiste ea componerse cada estancia de i6 ver- 
sos , todos endecasílabos , que rimando entre sí de un modo 
nuevo , el pendltímo consuena con el hemistiquio del último. 
Añade que puede reputarse Cervantes como el inventor de este 
género de cauciones ; pues si bien es verdad que el Petrarca fue 
el primero que las escribid ^ esta es diferente de aquellas , y na- 
da compusieron por este estilo los demás poetas españoles y por- 
tugueses que habian precedido á nuestro autor. 

(i55} Baladro de algún monstruo. Lo mismo querugldo^ 
alaridof ahuilido 6 grito desentonado y espantoso de algún en- 
driago, vestiglo, ú otro monstruo de los que figuran en los li- 
bros de caballerías. De baladro se hizo el nombre baladrona 
que damos al hombre vocinglero y que tiene palabras y no ma- 
nos, como dice Covarrubias. 

(i 56) El agorero graznar de la corneja* Los antiguos mi-r 
raban la aparición y aun mas el canto de la corneja como de mal 
agüero, y á esto alude al verso 1 8 de la égloga I de Virgilio : 
Síspe Ministra cava predixU ab Hice cornix» 
Mil veces la corneja, con recelo 
Deste gran mal, cantó el siniestro hado, 
Por las encinas anunciando duelo. 

f^elasco. 
O como dijo Garcilaso: 

Bien claro con su voz me lo decía 
La siniestira corneja, prediciendo 
La desventura mia. 
(157} Del ya vencido toro. Cuando lo ha sido disputando 
coii otros toros el predominio sobre las vacas. 



(í58) Lapiuda fy>ytóliüa. Se dic« qoe etta ave^ muerta su 
primera pareja no ruelve á unirse con o(ro macho, de sentí- 
miento de la pérdida de su primer companero. Por esta razón 
era entre los antiguos j aun entre ios modernos el símbolo de 
la fidelidad y constancia conjrugal. 

(i 59) Envidiado^ En las primeras ediciones j en la de la 
Academia, cuyo testo seguimos, se dJio enpulindo^ que es como 
ha de decir^ y no enviudado como se puso en otras ; pues sin 
embargo de ser el buho una ate de mal agüero 6 funesta , tienen 
tan hermosos ojos, que se dice que las otras aves quieren sacár- 
selos de envidia. 

(t6o) Del padre Tajo. Alusión á la Profecía del Tajo al rey 
Dtf Rodrigo , oda de Fr. Luis de León; 

Folgafba el rej Rodrigo 
Con la hermosa Caba en la úhtrvt 
Del Tajo , sin testigo^ 
£1 rio sacó fuera 
£1 pecho , y le habló de esta manersr^ eleV 

(161) Betis las olivaá, £1 rio Guadalquivir , Betis en latiAV 
di(5 el nombre á la parte de España llamada Bélica ó And'aíucíar. 
Los árabes le tlaMaron Guadalquivir, <{ue'es lo mismo que si 
dijéramos gran rio ó rio grande. En todos tiempos han sido mujr 
celebrados los olivos de las márgenes del Betis , en tanto que se' 
dio por algunos á este rio el nombi*e de olivífero* 

(16a) El Niío llano* No solo podia Cervantes tomar la ide^ 
de Lucano acerca criarse sabandijas y otros animales yoraces jr 
dañinos en el Nilo' y sus^ Orillas, Nsino* de cuantos 6 los mas de' 
los geógrafos y naturalistas- han hablado de este rio y del país* 
que con sus aguas fecundiza. £1 adjetivo llano que le da Cer- 
vantes es muy propio , y no era tampoco preciso que reborda» 
se los versos del autor de la Farsalia para aplicárselo; pues si no^ 
corriera este rio por un país //ano, seguramente no teudrian lu- 
gar las anuales y periódicas inundaciones del Egipto , en cuy ai 
ocasión aparece como una inmensa llanura. El origen de este 
rio y las causas de sus inundaciones , fueron desconocidas »' 
los antiguos , y sobre las cuales se habia escrito bastante. En 
el dia se sabe que sus principales manantiales nacen al pie de' 
los montes de la Luna, y que el crecimiento de este rio se debe' 
ledo á las grandes lluvias ó aguaceros que durante algunos moi- 
sés caen en la Etiopia y en la Abtainia. 

(i63} Bados* doDerulmeote por hado se entiaade el dé^ 



C7»). 
tino^ fiu <S fibecza irreisistible > digáraoflio asi, que según la 
equivocada opiaiou de algunos , uos obliga á hacer d dejar de 
li<jcer ciertas y, deteriniuadas cosas* 

(i64) Tántalo con su sed. Aunque no están acordes los 
niildlogus acerca lo que dio motivo ai terrible suplicio que 
dice la fábula e^tá sufriendo Tántalo en los infiernos , couvie<^ 
nen no obstante en el castigo Homero , Ovidio ^ y Yirgiliio. 
Lüs oíAí» sin embargo vienen á decir que fue ^ njolivado 
porque teniendo este rey de Frigia hospedados en su casi á 
los dioses^ dudando de su divinidad les did á comer, pata reco- 
uocer si verdaderamente lo eran, á su propio hijo hecho pe- 
d«£Otf. Le figuran consumido de una ardiente sed ea medio de 
un estanque, cuya aguasiu cesar se escapa de sus desecados 
labios , y devorado por el hambre en medio de unos árboles 
llenos de frutos, que un viento terrible eleva hasta los cielos 
cada vez que alarga la mano para coger alguno. 
(i6S} « • « • • 4 « Sisifo venga 

Con en el peso terrible (le su canto* 
Los poetas fingieron que este óreido hijo de Eolo , á quien 
matd Teseo , fue condenado por sus ci ímeaes á hacer rodar 
continuamente en los infiernos una gran mole de piedra desde 
)o bajo á lo alto de una montana , de donde tolvia á caer ia- 
mediatamente* 

(i 66) Ticio traiga su buitre^ Ti ció fue un gigante de 
i}ua estatura monstruosa, según decian los poetas. Por haber 
perdido el respeto á La tona , fue muerto a flechazos por Apolo 
y Diana , y su cuerpo condenado al mismo suplicio que Pro- 
meteo; es decir, á que un buitre le fuera royendo y co- 
miendo el b/gado al paso que renacía* 

(167) Con su rueda Egion» Ixion, que es su oorabre pro- 
pío, fue condenado, por haber tenido la osadía de amar é in- 
tentado seducir á Juuo, á ser atado con serpientes yiras á una 
rueda que daba vueltas sin cesar, y cuyos reptiles le estaban 
atormentando continuamente. 

(168} iV? las hermanas que trabajan tanto* Las danaidas, 
llamadas asi por ser hijas de Danao. Estas cincuenta hermanas ca. 
saron con otros cincuenta primos hermanos, las cuales en 
castigo de haber degollado á sus esposos en la misma noche 
de sus bodas , fueron condenadas , según dice la fábula , á lle- 
nar continuamente de agua en los infiernos una tinaja aguje- 
reada; por cuya razón dice Cervantes que trabajan tanto. Ui- 
pet'menestra fue la única danaida que mItó á su marido. 



(8o) 

(169} Y él portero Infernal de los tres rostros, Els deeiVf 
el Caocerbejfo. La mitología dice que la puerta de los tnliemos 
y el palacio de Plutou era guardado por uu perro cfnorme coa 
tres cabezas y tresiauces^ cuyo monstruo 9 aüaden^ acaricxabaí 
Jas almas infelices que bajaban á los infernos f y devoraba é 
las que querían salir de elios^ 

(i yo) La causa do naciste 4 La misma Mai'cela que conviertef 
en propia felicidad la suerte del mal afortunada Grisóstomcr. 

(171) Fiero basilisco, Eki el SuplemetUo á nuestro diccio-^ 
nario Histórico Enciclopédico dijimos lo siguiente hablando det 
basilisco-. Este nombre) tomado del griego y que quiere decir real^ 
sirvió por mucho tiempo para indicar unr animal imaginarío) esto^ 
es, una especie dé dragón en pequeño ^ cuya mordedura era mor- 
tal, y cuyos ojos mas terribiefs todavía, cansaban la muerte cotí 
una sola mirada. Es verdad que efste último efecto^ anadian , nts 
tenia lugar sino cuando el basilisco había visto ad hombre an- 
tes de que este hubiera reparado con el reptil. La mirada del 
basilisco era tan terrible que podia matarse á si misino j si lie-' 
gaba á presentársele un eüspejo delante capaz de reñejarle sus 
miradas ; asi es que para matarle se valían de este medio f es 
decir ^ de presentarle un espejo. Añaden otros quef uiía mu- 
ger podia cogerle vivo y sin ningún peligro , y todos conve-* 
nian en que era un animal rarísimo f y la posesión de uno def 
dios se pagaba á atít precio muy alto ^ pue» servia pafa pre-» 
parar ciertos medicaimentos propios para curaf muchas enfer-^ 
medades. Todas estas hablillas en boca del público hu'bieraa 
sido disculpables : pero lo que verdaderafmente sorprende esy 
que las referidas y otras machas scf hallen continuadas en las 
obras de ciertos naturalistas , y que rarioss médico^ hayátn re- 
comendado en sus farmacopéias aquellas imaginarias v¿rCudes^ 
Para seguir adelante algunos charlatanes sas estafas ^ prepa^ 
raron por medio de una raya pequeña disecada ^ una especie 
de dragones, que vendían y venden á los iignofanle^ por' 
cuerpos disecados de verdaderos basiliscos, Cuvier da el vtom-» 
hre áe basilisco á un reptil de la Guayan a muy ifiocente^y 
que no tiene como se supone ninguna de aqufellas supuestas* 
é' inraginaria» virtudes. Véase en cokToboi^acion de lo que acá-' 
bamos de decir, lo qué escribió mas de cien años atrás acerca laf 
no existencia del basilisco^ nuestro ilustrado Feijóo.- 

(17a) Desapiadado Ñero, El emperador Neroa^ llamador 
Ñero Claudiut de su padre adoptivo > fue célebre como todo^ «I 



(8i ) 

mundo sabe por sus crueldades^ Una de sus mayorc^s ftt^dcida« 
des fue mandar pegar fuego á Roma por sus cuatro costados| 
para formarse una idea del incendio de Troja. Bien que 
otros quieren en cierta manera disculparle > suponiendo fue 
para mandar construir de nuevo j con mas regularidad la 
capital del orbe, á la manera que lo ha hecho recienmenti 
el doctor Francia en América con la ciudad de la Asenciou< 
Dur<5 el incendio nueve dias : diez cuarteles de la. ciudad y 
los mas preciosos monumentos de ella fueron reducidos á ceni-' 
zas. Los enemigos del cristianismo atribuyeron á los fíeles de 
Roma este desastre^ con cuyo falso pretesto pudieron saciar mas 
su venganza con estos* 

Este bárbaro espectáculo fue para su insensato autor de 
la mayor complacencia, en tanto , que para poderlo presenciar 
con mas comodidad y satisfacción le estuvo observando desde 
lo alto de la torre llamada de Mecenas^ 

( 1 7 3) Tar quino . Bowley Pellicer observaron y a que en luga r 
de Tarquino debía decir Servio Tulio, sexto rey que fue de 
Roma. En efecto , la ingrata y desnaturalizada hija deServio^ 
llamada Tulia, esposa de Tarquino el Soberbio^ fue la que hizo 
pasar su carro sobre el cadáver ensangrentado de su padre, 
de cuya bárbara acción queden á aquella calle el noinbre de 
P^ia scelerata* 

(i 74) ^' crueldad. Aunque Pellicer creyé que estepAsage 
estaba arreglado y que ni sobraban ni faltaban palabras y que la 
dificultad que algunos hallaban en su lectura dependia de la 
mala puntuación, la Real Academia opind «que 6 sobran las pa- 
labras eljin de ninguno dellos ó lo que es mas regular faltan 
para la buena sintaxis otras que se omitieron por descuido de 
los impresores.» 

(175) Dando aquijin la segunda pafte, .En el capítulo XV« 
ó siguiente comienza la tercera parte de las cuatro en que prí-» 
mero dividid Cervantes el primer tamo. (Y. lo que dijimos es 
la nota ixo}« 

(176) Tangüeses. Naturales del pueblo de Yanguaz en la 
provincia de Segovia. 

(177) Sinahafas y íiolandas. Telas muy finas, de las 
cuales se hacían camisas y aun sábanas para la gente muy 
prÍBcipal. 

i, « 



( 80 

(178) Patio. Cervantes se equivocíS en lo qué dice que Ar- 
caiaus di<$ mas de doscientos azotes á Ainadis de Gnula , pues 
si bíeu estuvo e¿>tc por dos veces en poder de su mortal eue- 
raigo el rey Arcalaus , su historia no hace mención de tales 
azotes. Solo se lee en ella que la uua vez le tuvo encarcelado,^ 
y la otra le dejó caer en una sima por medio de una trampa. 
Ilízole padecer sí^ ham))re y sed ^ y malos olores; pero aun en 
medio de su cuita fue socorrido por la doncella muda llamada 
Guinriid;^, Sobrina de su opresor, con una empanada de tocino jr 
dos barriles de vino y aguij que en un ccAto le dcscol^jó. 

(179) Mtlecinas de agua de nieve y arena. Lo mismo 
que ajuda ó clister. 

(180) La ley del duelo. Es decir, los principios 6 reglas 
éstalilccidas jr que se observaban en retos y desafíos cuando 
las \eyiis no los habían prohibido, y de los cuales tendremos 
lugar de hablar mas adelante. 

(181) Tizona. Corno una de las espadas del Cid se llamó 
Tizona , 6 mas bien Tizón , que según el parecer de Covarru- 
bias vale tanto como ardiente , derivado de tizón 6 loño encen- 
dido, de aquí quedó llamar en general tizona á toda espada. 
También podría derivarse el nombre tizona de una voz griega, 
que equivale á fortuna ^ y entonces tizona seria lo mismo que 
afortunada. La primera acepción parece mas fundada, en cuan- 
to á que sabemos que en tiempo de la caballería hubo caballe- 
ros que tomaron eltítulo de caballero de la ardiente espada, co- 
mo lo hizo Amadisde Grecia. Las dos espadas célebres del Cid 
fueron la Colada y la Tizona ó Tizón, la última de las cuales, que 
segufi el romance de este capitán ganó al rey moro Búcar, pare- 
Ce es la que se enseña en la armería real de Madrid, 

( 1 82) Sileno , ajo y pedagogo del alegre dios de la risa* 
La fábula dice que Sileno era un sátiro', que después de haber 
educado á Baco , llamado también el dios de la risa , le acom- 
pañó por todas partes en sus conquistas montado eu un asuo. 
Como teuia por costumbre embriagarse todos los días , hacia 
reír con sus gracias y ocurrencias á cuantos le miraban. 

(i 83) La ciudad de las cien puertas. Esta era Tebas del 
alto Egipto, llamado de ella Tebaida, y no la de Beocia patria se- 
gún algunos de Baco. La Tebas de las cien puertas ó Hecatompilos 
como la nombraban por esta razón, no se llamó asi porque preci- 
saínenle tuviese cien puertas, sino porque dentro de sus muros" 
se disliaguian cíen palacios magnílicos, á los cuales se les solía 



( 83 ) 

llamar puerta por antonomasia, por ser esté el lugar de la casd etl 
el que los principes j grandes bcriores solían administrar justi* 
cia, y ejercían otros actos de autoridad. De aqui quedd el nom- 
bre de Puerta 6 Sublime Puerta que damos todavía á la corté 
del gran señor 6 emperador de los turcos. 

(i84) Beltenebros, V. la nota 43. 

(i85) Peña pobre* V. la nota 43. 

(i 8o) La señora Uriana, V. la nota 43* ' 

Capítulo l¡íéámoux\a. 

(187) Llana de cogote. Es lo mismo que descogotada: Co- 
-yarrubias en la palabra cogote dice: uDescogotados, los que no 
tienen cogotes como los asturianos: m cuja proposición no cree- 
mos pueda aplicárseles con tanta generalidad. 

(188) Alar ¿tornes, Pellicer dice que no es fácil averiguar, si 
Cervantes inventó ó formó este nombre, como el de Marisanchaf 
Mariperez.etc. , ó le adoptó de la palabra francesa malitomen 
que en francés antiguo signifíca mala muger, j en el moderno^ 
torpe 6 desmanado. 

(189) Estrellado establo* Es decir^ camaranchón sin techo 
ó descubierto, desde el cual se veían las estrellase 

(190) AngeOi Cdvarrubías dice que esta tela de estopa ó li- 
tio basto sí no se llamó asi de algún lugar de Flande^ ó Francia 
como Anjou de donde se traia á España, tomaría tal vez el nom*^ 
bre de angeo de su anchura ; porque de todas las telas nin-^ 
guna , continua nuestro escritor , es mas ancha que esta. 

(191) Pariente suyo. UnR de las principales ocupaciones 
tnecáaicas en que se empleaban los moriscos antes de su espul- 
sion , era la conducción y acarreo de efectos de un pueblo á 
otro i ocupación tanto mas grata para ellos cuanto les propor- 
cionaba por la continua ausencia de sus pueblos dejar de cum- 
plir- sin ser notados con los deberes del cristianismo , que apa- 
rentaban seguir. Con este motivo, es decir, con la espulsion 
de los moriscos , dice Pellicer reñriéndose á un manuscrito de 
la Biblioteca Real , desaparecieron de España nada menos que 
cuatro ó cinco mil arrieros , los cuales, continua, porteaban las 
cosas con grande comodidad. 

(192) Dueña Quintañona. En lastres primeras ediciones 
del Quijote se decía con su dama Quintañona; pero como en 
otros pasages escribe siempre el autor dueña Quintañona la Real 
Academia crejó muy oportunamente debia leerse asi« 



(84) 

(f 93) Alhanega, Cofia i manera de red de forma redonda 
que las mugeres llevaban para recoger los cabellos. Su nombre 
es arábigo f y se deriva , según CovarrubiaS| del verbo uenegaj 
que equivale á recoger ó encoger; y según otros de la palabra 
arábiga baneca ^ que signifíca apretar 6 poner á la redonda. 

(194} Co/m^t. Lo mismo que meretriz 6 muger mundana. 

(195) Cuadrillero* V. la nota xi4* 

(196) La santa hermandad vieja de Toledo: V. la 
nota 1 1 4* 

(197) Otro candil. Sin duda Cervantes en este suceso quiso 
imitar, si bien que ridiculizando j con mucha mas decencia, 
ciertos lances demasiado obscenos , que se leen en los mas de 
los libros de caballerías. 

Capitulo Ir(fdmo£!¿pttmo. 

(198) Donde Cífí/We^e». Equivocóse D. Quijote en esto, 
pues si hubiese leido el Morcante Alagghre , poema es- 
crito en octavas por el poeta italiano Luis Pulci, habria vis- 
to en el canto ax el apuro en que se halló Orlando , y la pena 
que sintió al ver que porque no tenia dineros con ^e satisfa- 
cer á un ventero, pretendia este le dejase el caballo en prendas. 
Tal vez Cervantes quiso prescindir á olvidar este pasage para 
ridiculizar mas á su héroe, j con él á los que se proponía der- 
ribar. 

(199) Se alongó. Lo mismo que se alejó, del adverbio 
latino longe* 

(aoo) Cornado, Moneda antigua de vellón con liga de pla- 
ta, pero de baja ley, que mandaron batir los reyes de Castilla» 
Parece que hubo cornados ya en tiempo del rey D. Sancho IV; 
y O. Alonso Xí mandó batirlos en el de i33i , con motivo de 
una escesiva falta de dinero. Tomó el nombre de cornado de 
ana corona que tenia grabada. Tres cornados valian una blan- 
ca en el reinado de D. Alonso XI ; y en el de D. Henrique III 
un cornado valia una blanca. Un cornado correspondía á unos 
5 y Yg maravedis de vellón. Moreti dice que en el dia corre 
aun esta moneda en Navarra, y que vale algo menos de un ma- 
ravedí , pues nueve cornados hacen ocho maravedis de vellón. 
Del valor ínñmo de aquella moneda quedó la espresion no vale ni 
un cornado como si dijéramos ni un ardite , para indicar que 
una cosa es de un precio muy bajo ó insignificante* 



(85) 

(aoi) Como con perro por carnestolendas. Este onrfeteoí- 
mieatoóburlase usal)a ja entre los anliguos. Suetonlo, hablau- 
do del emperador Otón en Las vidas de los doce pripie- 
ros cesares^ dice que caando este salia por las noches á cor- 
rer las calles de Roma con sus compañeros^ si encontraba algún 
borracho le manteaba tendiéndole en el sago 6 manto: disiento 
sagulo impositum in sublime iactare. Marcial en el Epigrama 4>^ 
de 6u libro I hace igualmente mención del manteamiento» 

(202) De puro cansadosie dejaron. Sin duda Cervantes lo- 
mó la idea de este manteamiento de Sancho de la historia de 
D. Florendos de Inglaterra. En esta se lee, que jendo su escu- 
dero Fidelio un poco apartado de su amo 9 cuatro fantasmas le 
asieron y levantándole en el aire le atormentaron desgajándole 
las carnes por medio de tenazas incandecentes. A los ajes y la- 
mentos del infeliz escudero, volvió su amo las riendas al caba- 
llo, y sin embargo de ver el lastimoso y triste estado de Fide- 
lio dejd de socorrerle, escusándóse con que toda aquella real y 
muy pesada burla no era mas que una mera apariencia. 

(203) Gabán, Capote' cerrado con mangas j capilla, que 
principalmente usaban la gente del campo y los caminantes. 
Pueden verse en Covarrubias sus varias etimologías. 

(ao4) También me vengara yo. Dijo Sancho. 

(2o5} Andar de zeca en meca. Cumpliendo los moros ó 
mahometanos con uno de los preceptos mas recomendados por 
su lej, acostumbraban ir en peregrinación de la mezquita de 
la Meca, patria de Mahoma, á otra mezquita célebre y de gran 
veneración que tenian en Córdoba durante la dominación sar- 
racena, llamada zeca; y de estas romerías ó peregrinaciones su- 
ponen tuvo origen el refrán andar de zeca en meca para indi- 
car que uno va divagando de un lugar á otro. Andar de zoca en 
colodra ó de zocos en colodros significa salir ó evitar un peligro 
y dar con otro major. 

(206) El caballero de la ardiente espada. Sin duda que, 
como dice Pellicer , equivocó D. Quijote Amadis de Gaula con 
Amadis de Grecia. Este último fue el que se llamó r< el caballe- 
ro de la ardiente espada » por tener señalada en el pecho una 
« tan bermeja como una brasa;» y en su misma historia se lee 
que el « caballero de la ardiente espada se mudó el nombre , y 



( 86 ) 

Se llmMS Am^dis de Grecia.» El de Gaula, llamado Amadis por 
esceiciicia, uunca fue conocido con el nombre de caballero de 
la ardiente espada, sino déla verde espada, por haber usado una 
como dijimos en la nota 43, cuya vaina era de unos huesos ver- 
dos de cierto reptil, tan diáfanos, que se traslucía la hoja, j I 
sin embargo no podia sacarse de ella por razón de estar encan- 
tada, ha^ta que Amadis pudo desenvainarla en una aventura de 
leales amadores por la señora Oriana. Llamóse de la ardiente 
espada Amadis de Grecia porque nacid con una figura de espa- 
da eñ el cuerpo de color bermeja como una brasa, cuja punta 
iba á terminar en su corazón. De poco á'la verdad le hubiera 
servido esta espada pintada á D. Quijote; asi que no puede du- 
darse que Cervantes hablaba de la ^>erde ,de Amadis de Gaula, 
pues de esta espada material solamente y no de la ardiente del 
de Grecia podiu decirse que « cortaba como una navaja y no 
habia artnadura por fuerte y encantada que fuese que se le pa- 
rase delante.» 

(207) Que se los papen duelos. Es decir , que allá se las 
avengan, <5 que lo pasen como puedan. 

(208) La grande isla Trapobana, Tal vez diría Taprobana, 
grande isla del mar de las Indias al S. O. de la península de es- 
ta parte del Ganges, conocida en el dia con el nombre de isla 
de Ceiiau* Descubriéronla los griegos luego después de la espe- 
dicion de Alejandro en la India. Fueron tan exageradas las pri- 
meras noticias que se dieron de su estension , que por mucho 
tiempo se tuvo por el principio de otro continente ó mundo. En 
el dia es una isla muy conocida de unas 80 leguas de largo y 
3o de ancho. 

(209) Armas jaldes^ Lo mismo que armas amarillas, dora- 
das (5 de oro . " 

(210) Alfana, Yegua 6 caballo corpulento, fuerte y brioso. 
Venia á ser el llamado caballo de batalla entre los caballeros 
andantes y aventureros, y el que montaban los gigantes y otros 
hombres descomunales que figuran en los libros de caballerías. 

(2n) Escudo blanco y sin empresa. Por lo común cuando 
pe conferia la <5i den de caballería siguiendo las ceremonias que 
describimos en la nota 26, se daba al candidato 6 novel caballc- 
* ro un escudo en blanco y sin empresa ó geroglííico alguno, cor- 
mo que todavía no habia acometido ni dado íiná ningún hecho 
de armas. En el escudo se iban grabando ó pintando á cuaVtclcS 
t5 con ciertas divisiones los emblemas, Según iba dando cabo 4 



(8? ) 
las aventuras ó grawles hechos de armas; y aquellos por lo co- 
mún tenian relación y correspondencia con estos. Asi vemos por 
ejemplo , que las barras coloradas sobre campo de oro de los 
condes de Barcelona, y después de los vcyes de Aragón y de 
nuestros monarcas , son , según se lee en los historiadores, 
una representación de la señal que ei emperador 6 vey Carlos 
Calvo hizo con sus cuatro dedos mojados en la sangre de las he- 
ridas que habia recibido el conde Wifredo el Wiloso en defensa 
de aquel Monarca, en el escudo jalde ó de oro que u^aba el con- 
de, diciéudole: « estas serán vuestras armas. » 

(aia) Caballero novel, V- las notas a6 j ai i. 

(2 i 3) fieros azules. En la ciencia del blasón son unas 6gu- 
ras de copas ó vasos , representándose en las armerías en for- 
ma de campanitas pequeñas, las cuales son siempre de plata 6 
azul , es decir veros azules aa campo de plata 6 veros de plata 
en campo azul. 

(2 i 4) Fumoso Janto, Nace este rio en el monte Ida y atra- 
viesa la Troada desembocando en el mar reunido ya con el Si- 
mois junto al cabo Sigeo. Homero dice en la Iliada que este rio 
se llamaba Escamandro por los hombres , y Janto 6 Xanto 
por los dioses, por la virtud que tenian sus aguas de vol- 
ver rubio el cabello de las mugeres que se bañaban en 
él. Se cree que tomó el nombre de Escamandro de un hé- 
roe de este mismo nombre^ que habiendo perdido la razón se 
ahogó en sus aguas, testas eran en tanta manera veneradas, que 
las jóvenes troyanas le ofrecian y sacrihcaban su virginidad 
bañándose en ellas la víspera de sus bodas. 

(21 5) El claro Termocíonte, Pequeño río del Ponto, que 
naciendo á pocas millas de Sarmasa, desagua en el Ponto Euxi- 
no ó mar negro, después de haber atravesado las llanuras de 
Temiscira, habitadas según decian jjor las amazonas. 

(216) El dorado Pactólo. Rio déla Lidia, que naciendo en 
el monte Tmolusy bañando los muros de Sardes, mezclaba sus 
aguas con elllermus. Era célebre este río por las arenas' de oro 
que llevaba, por cuya razón le dieron el nombre de. Chrysor^ 
rtioas^ y por la misma D. Quijote le llamó dorado. Los mitólogos 
querían atribuir esl%i circunstancia á haberse bañado en sus 
aguas Midas para desprenderse de la facultad de transformar 
en oro todo cuanto tocaba. 

(217) No me acuerdo: Si no temiéramos rayar en prolijos 
daríamos una noticia circunstanciada de cada uno de ios pue- 



\ 



(8«) 
blo8 que con UqIo laconismo y acierto clasifica Cervantes por 
boca de sa siempre gracioso D. Quijote , en lo que acreditó j 
díd pruebas positivas de su vasta y esquisita erudición* 

(ai 8) m olíuffero Betis, V. Ja nota i6i. 

(a 1 9) £1 diuino Genih Este rio de la Bétíca ó Andalucía se 
llamó uor los romanos Singilis , y los árabes en su invasión le 
llamaron Genil ó Xenil, nombre que^ según Covarrubias^ es 
lo miüuio que rio de los Silingos , pueblos que dice entraron á 
poblar á Eispaña ^ ó semejante al Nilo. Admitiendo esta última 
acepción es como Cervantes le aplicó el dictado de Divino y lia» 
inó provechosas sus aguas^ pues asi como elNilo era considera- 
do como una divinidad, y como á tal veneraban sus aguas por 
ser las que fecundizaban aquel pais , asi el Genil fertiliza con 
las suyas la deliciosa vega de Granada. Tal vez Cervantes llamó 
divino al Genil por ser uno de los que fecundizan las Audaluaas^ 
encujo pais están acordes muchos historiadores fíjaron los an*» 
tiguos sus decantados y divinos campos elíseos. ( V* la no- 
ta sai ). Llama rico y dorado al Tajo, porque como se sabe 
lleva oro entre sus arenas, 

(aao) IjOS tartesios campos^ Pueden ser los campos inme«> 
diatos al Betjs , al cual los antiguos llamaron también TarlesO| 
3egun dice Estrabon , déla isla y ciudad que habia en su embo- 
cadura llamada Tarteso. Otros creen queCarteja, antigua clu-<- 
dad situada, como dice Florez, en el estrecho deGibr^ltar junto 
Á Calpe, se llamó Tartesio en un principio; lo que concuerda 
con lo que dice el misn^o Estrabon , Pomponío Mela « PltuiO| 
Pa usanias y Apiano, 

(aai) En los elídeos jerezanos prados^ los manche gQS ri- 
cos y coronados de rubias espigas^ El clima y situación deli-r 
ciosa de la Bélica, hizo que los antiguas colocai^eneq el|a lo$ ce~ 
lebrados cauípos eliseos (Y, la nota 149 }• «Sabiendo ademas 
Homero, dice Estrabon , que estas espedicioues ( las de los grie- 
gos) llegaron 4 lo último de España , y habiendo conocido por 
los fenicios la opulencia y demás bienes de estos sitios, fingió 
alli el asiento de los justos y el campo elíseo etc.» Ysiguiendp 
esta opinión , es como Cervantes llama eliseos los campos ó 
prados jerezanos. 

Acerca llamar á los manchegos rÍQOS y coronados de rubias 
espigas cita Pellícer un pasage de Pisa en su historia, en la que 
se lee que en tres cosas escede la Mancha y Priorato de S. Juan 
á las demás tierras de España, á saber: en pan, vino y carnes. 



(89) 

(aaa) Loi de hierro vestidos^ reliquias de la sangre goda. 
Llama á los vizcaiaos vestidos de hierro por sus ricas j abun- 
dantes minas, y por el mucho que benefician ; y reliquias de 
la sangre goda porque entre sus riscos se retiraron como entre 
los de Asturias los godos cuando la invasión sarracena. Y como 
algunos supongan que los moros no penetraron en aquellas pro- 
vincias , y que desde ellas comenzaron á reconquistar la inde- 
pendencia española , de aqui Cervantes creyó ^ j no sin razon^ 
que entre los cántabros era en donde podian conservarse reli- 
quias antiguas de la sangre goda. 

(:2a3) Silboso Pirineo. La elevación de estos montes y el su- 
surro que hacen sus árboles agitados por el vieuto, hizo que Cer- 
vantes llamase silboso al Pirineo. 

- (224) D^l levantado Apenino. Verdaderamente es levanta- 
da 6 elevada la cadena de montanas llamada Apenino que atra- 
viesa toda la Italia en su longitud de N. á S. 

(225) Cuantos toda la Europa contiene y encierra. En mu- 
chas partes de esta obra acreditó Cervantes su vasta erudición y 
delicado gusto , y en la enumeración de estos dos imaginarios 
ejércitos se propuso imitar según indican Ríos y Pellicer la ce- 
lebrada descripción que hace Homero en el libro 20 de la Iliada 
de los griegos y trojanos; y si los críticos la celebran tanto, di- 
ce Pellicer, no debe merecerles menos aprecio la de nuestro in- 
genioso autor, si paramos la atención en la suavidad de su esti-* 
lo, y en la propiedad de los peculiares atributos con que carac<* 
teriza cada uno de IqS pueblos, rios, etc. 

(226) El doctor Laguna^ Dioscórides, médico de Anazarbo 
en Cilicia, contemporáneo de Antonio y de Cleopatra segua 
unos, 6 de Nerón según otros, compuso sobre las plantas me- 
dicinales una obra considerada pomo, uno de los mas preciosos 
tesoros de la antigüedad para el estudio de esta parte de la hola'- 
nica.Nuestro Andrés Laguna, que nació en Segovia en 1499 y, 
murió en la misma en i56o, médico que fue de Carlos V^ y, 
muy distinguido de algunos papas, en particular de León X, 
hizo una traducción de las obras de Dioscórides del griego al 
español, que se imprimió en folio en Valencia el año de 1636^ 
y unas anotacioues á la misma obra en i654 ^^ ^^'^ 



(y») 
Capitulo d^ñmonono. 

(227) Aquél almete de Malandrino. Quiere decir el yelmo 
de Mambriuo. 

(228) Denostar á D* Quijote. Decir denuestos ó. injurias. El 
señor Navarrele en la vida que escribid de Cervantes opina que 
esta nocturna aventura tomó origen de la reservada y silencio- 
sa traslación que se hi£0 en el ano de i bt^Z^ hallándose Cervantes 
en Andalucía^ de los restos mortales de 5. Juan de la Cruz desde 
la ciudad de Ubeda^en donde estaba depositado^ á la de Segovia; 
cuyas minuciosas circunstancias y pormenores pueden verse en 
la vida citada. 

(22^) Loba» Vestidura talar á manera de sobretodo y pa- 
recida á un capote pasado de mangas^ que usan todavía algunos 
eclesiásticos. L:ís etimologías que trae Covarrubias de este nom- 
bre no nos parecen muy naturales. ' 

(23o) Que se rindiese, ( V. la nota i la }. 

(23 i) Bachiller. £1 nombre bachiller y bachillerato, en la- 
tín bacalaureus y bacalaureatuSy se deriva de las bayas y del 
laurel con que antiguamente eran coronados los que obtenían 
ese grado. Muy común era en tiempo de Cervantes firmarse 
algunos licenciados y aun doctores, no siendo mas que bachille- 
res 6 licenciados, cuyo abuso no ha acabado de desterrarse 
aun en el nuestro. 

(232) FiíUente cabedlero. Rodrigo 6 Riiiz Díaz deBivar, 
héroe español del siglo XI, descendiente del juez de Castilla Ñu- 
ño Rasura, fue llamado por los moros el seidóú Cid campea- 
dor, es decir, el señor batallador 6 vencedor, por sus no inter- 
rumpidos triunfos y hazañas , las cuales dieron sobradu mate- 
ria á nuestros romanceros para celebrarlas, si bien que mezcla- 
ron en ellas muchas fábulas ó historietas. Una. de ellas era esta 
que reíiere D. Quijote , la cual se lee estensa mente aunque coa 
alguna variedad en la Crónica del Cid y en el romance 21 
de aquel héroe castellano. En la primera se supone el hecho 
en Tolosa de Francia, al paso que en el segundo se cuenta acae- 
ció en Roma. Dice asi el romance: 

En la iglesia de S. Pedro 
D. Rodrigo habia entrado, 
Do vido las siete sillas 



(9' ) 
De siete rejes cristianos. 

Y vid la del rey de Francia 
Junto á la del Padre santo, 

Y la del rey su señor ' 
Un estado mas abajo. 
Fuese á la del rey de Francia, 
Con el pie la ha derfibado* 
La silla era de maríi}) 
Héchola há cuatro pedazos : 
y tonwí la de su rey , 

Y subidla en lo mas alto. 



£1 Papa cuando lo supo 
Al Cid ha descomulgado. 
Sabiéndolo el de Bivar 
Ante el Papa se ha postrado : ' 

Absolvediiie , dijo , Papa , 
Sino , seráos mal contado* 
£1 Papa , padre piadoso , 
Respondió muy mesurado : 
Yo te absuelvo de buen grado. 
Con que seas en mi corte 
Muy cortés y mesurado. 
(V. las notas 5, n y i8i). 

Capítulo oigc$íma. 

(233) Caballeros andantes. V. la nota 43. 

(a34) Montes de ¡a luna* Antes que los nuevos desculíri- 
mientos geográficos señalasen de un modo exacto el nacimiento 
del rio JNílo (V. la nota 162) se creia por lo que dijo Ptolomeo , 
que sus fuentes nacian en los montes de ía luna, cordillera ele- 
vada de la Etiopia, las cuales precipitándose de aquellas emi- 
nencias formaban algunas cascadas ; y al ruido estrepitoso que 
se Supone hacen estas, comparó D. Quijote el agua de los ba- 
tanes; tal fue el espanto que le causaron. 

(235) Mundo. Habiéndose Cervantes principalmente pro- 
puesto por modelo de su héroe las aventuras 6 desvarios de Araa- 
dis de Gaula, como dijimos en la nota 43, no dejaba pasar oca- 
sión de remedarle ridiculizando todas las que se le ofrecian. Asi 
es que en este pasa ge parece tuvo presente aquella eu que dis- 



(ga) 

poniéndose Amodis para k empresa de la altísima peña de la 
Doucella eucautada, dijo á Grasiudoi*: «imi buen señor, jo quie- 
ro subir en esta roca... é mucho vo;> rue^o, aunque alguua con- 
goja sintáis , que me aguardéis aquí hasta macana en la noche^ 
que JO podré venir, ó faceros señal desde arriba como me va; y 
si en este comedio 6 al tercero día no tornare , podréis creer 
que mi hacienda no va bien , é tomaréis el acuerdo que vos mas 
agradare.» Parecido á este es otro pasage de la misma historial 
ó la aventura del endriago. Era este un hombre monstruoso que 
tenia el diablo en el cuerpo y despoblada la ínsula del Diablo , 
llamada asi por hacer en ella su residencia; y entrando Amadis 
en un valle may peligroso, dijo á su escudero: « da voces, Gan- 
dalin , porque por ellas podrá ser que el endriago á nosotros 
acudirá; é ruégote mucho que si aqui muriere, procures de lle- 
var á mi señora Oriaua mi (corazón; é dile que se lo envió por 
no dar cuenta á Dios de como lo ageno llevaba conmigo. Cuan- 
do Gaudalin esto ojó, continua la historia , no solo did voces , 
mas mesando sus cabellos, llorando dio grandes gritos, desean- 
do su muerte antes que verla de aquel su señor, que tanto ama- 
ba. » 

(a36) Del brazo izquierdo. La constelación conocida por los 
astrónomos con el nombre ursa minor ú osa menor , y por el 
vulgo 6 por los pastores con el de Bocina ó Garro menor, cons- 
ta de siete estrellas, las cuales se hallan en derredor de la es- 
trella polar ó del norte, formando la figura de la bocina, del cuer- 
no 6 del colodrillo, como la llama Sancho. Observando la situa- 
ción respectiva de estas estrellas con relación á la polar, es como 
los pastores conocen en la noche la hora que es. 

(^37) y el mal para quien le fuese d buscar. La erudición 
de Sancho en este pasage, como observa oportunamente Pelli- 
cer, es á la verdad superior á su capacidad , quien como buen 
prevaricador de palabras llama á Catón el Censor 6 Censorino 
Zonzorino. No se equivocó sin embargo Cervantes en hacerle 
decir que el principio que los antiguos dieron á sus consejas no 
fue asi como quiera; pues vemos por lo que se lee en los Dios 
geniales^ que la gente ordinaria empezaba también sus cuentos 
con esta entradilla: «Erase lo que era : el mal que se vajra , el 
bien que se venga : el mal para los moros , el bien para noso- 
tros;» y añade su autor Rodrigo Caro, qoe en esto imitaban el 
dicho de Plutarco. 
Buliuwforaj^ intro diwUias el sanitalem. 



(93) 

El mal 7a ya fuera, y X^enga adentro 6 á nosotros la salud y el ' 
dinero* Y á Quinto Sereno Samónico : 

Sed fortuna potens^ ornen cohuertat in hostes. 

Pero la fortuna poderosa, convierta el mal agüero contra los 
enemigos. 

Catón el Censor, llamado también el Mayor para distinguirlo 
del He Utica, nació en el año a34 antes de J. C. en Tusculum, de 
una familia desconocida. La austeridad desús máximas y prin- 
cipios y la rigidez de sus costumbres pasó á proverbio ya entre 
los antiguos que se ha conservado entre nosotros y asi se decia 
y se dice, es un Catón, para indicar un varón grave, respetablcí 
constante é inflexible. Entre sus obras se enumera la de los 
Orígenes en la que trató á fondo la historia de Roma desde sa 
fundación hasta la espedicion de S. Galva á la Lusitania : Otra 
de re rustica y muchas cartas y varios escritos que contienen 
célebres máximas y sentencias. Obtuvo todos los grados de la 
milicia por su valor y llegó á merecer los honores del triunfo. En 
todas sus arengas al senado concluia con las palabras, delenda 
est Cartago: Este es mi parecer y que Cartago sea destruida. 
Murió á los 85 años de edad al ir á comenzar la 3*' guerra páni- 
ca ó contra Cartago. Los romanos le consagraron una estatua 
después de su muerte con esta inscripción: ji Catón por haber 
conservado la pureza de las costumbres, 

(238) Zahareña. Lo mismo que desdeñosa , esquiva ó in- 
tratable. 

(239) Añasca» Lo embrolla ó enmaraña. 

(240) Se volviese en homecillo. Es decir, en odio , en ene- 
mistad ó en mala voluntad , como lo dice también Sancho. Se 
cree que es una palabra corrompida derivada de homicidio^ tem- 
plada su primitiva significación. 

(240 Botecillo de mudas. El uso de los cosméticos ó afei- 
tes es antiquísimo, y ha sido general particularmente en las 
mugeres. Apenas ha habido pueblo desde el mas rástico ó sal- 
yage hasta el mas civilizado, en él cual las mugeres no hayan 
recurrido ú medios artifícialespara bien parecer, embadurnándo- 
se y untándose el rostro con diferentes colores, untos, aceites 
y otros mengurges. Este vicio no fue por consiguiente descono- 
cido de nuestras españolas , ni le han aun del todo abandonado 
ciertas mugeres que, ó por poco favorecidas de la naturaleza, 6 
por haber ya pasado los dias de su primavera , se empeñan en 
aparentar lo que no existe , ó desapareció. En el siglo ea 



(94) 
que escribió Cervantes era sin embargo roas común esta raala 
costumbre, como que apenas habia muger que no tuviera para 
su uso un botecillo demudas, que según Covarrubias era «cier» 
la untura que las mugeres se pouian en la cara para quitar de 
ella las manchas.» 

(243} Pasa ge de las cabras. Parece que Cervantes tomó 
la idea de este cuento, como dijo D.Juan fiowle, de otro que se 
lee en una colección de novelas italianas antiguas , en la cual 
pasan cerdos en lugar de cabrab. £1 supuesto licenciado Alonso 
Fernandez de Avellaneda trata de frió y necio el cuento de Cer- 
vantes j y en competencia cuenta otro por boca del mismo 
Sancho de una multitud de gansos que tardaron no menos que 
dos años en pasar un puente may angosto^ pero lo hace con tan 
poca gracia, y por aquel estilo trivial y desaliñado que le es pro- 
pio, que solo s'irye para que se conozca^ como éi mismo dice, la 
diferencia del uno alotro^ es decir del genio de Cervantes al de 
Avellaneda. 

(243) Sin darnos cordelejo. Es decir, sin usar de chanzas ó 
zumbas entre los dos, ó entre amo y escudero. 

(íapítulo DÍgeaimo ptimeto. 

(244) El yelmo de Mambrino,E[ yelmo era una parte de 
la armadura antigua , que en el dia solo sirve de ornato en los 
escudos de armas. Constaba de varias piezas por lo común de 
acero bruñido con sus muelles y goznes, destinado para defender 
la cabeza. El jelmo, arma propia de la caballería, se distinguía 
por la visera, del morrión , de la celada y del capacete que usa- 
ba la infantería. El célebre jelmo de Mambrino , nombre qoe 
tomc) del rey moro que le usaba , era encantado , y tenía la vir- 
tud de hacer invulnerable al que le llevaba, con>o se lee en el 
Orlando enamorado de Mateo Boyardo. En el mismo romance 
vemos que habiendo Reinaldos quitado este yelmo á Mambrino^ 
se hizo por su virtud invulnerable, y no pudo en ninguna ma^ 
nera matarle el rey moro Gradase. 

El fuerte Sarracino 

Con gran furia le dio un golpe de espada y 
E cae amortescido el Paladino , 
Que jamas recibió tan gran porrada : 
Por el yelmo encantado de Mambrina^ 
Tuvo e&ta vez la vida asegarada. 



(95) 

Boyardo para la fábula de la virtud del yelmo de Mam- 
bi'inp , tal vez tomaría lu idea del escudo ó armadura que Tétis 
dio á Aquiles antes de ir ni sitio de Troya, y queie hacia invuU 
ucrable ; y Cervantes para ridiculizar estas ideas estraordtna- 
rias, de las cuales seveia a atestados los libros de caballerías, 
cargó la mano en esta parte, y la glosd del modo mas gracioso y 
Hias bien sostenido, confundiendo ó tomando una bacía de 
barbero por el tan decantado yelmo del rey Mambrino. 

(245) El Pagfuio. Se da en general á los mahometanos los 
nombres de sarracenos , según se cree , de Savaca^ lugar de la 
Arabia cuna de estos pueblos; agarenos é ismaelitas de Agar é 
Ismael , concubina é hijo respectivos de Abrahan : moros de 
que cuando invadieron la España venían déla Mauritania; mu- 
sulmanes de profesar el islamismo \ mahometanos de su profeta 
M^^homa, y también se les da en general en los libros de caba- 
llerías el nombre de paganos , que es lo mismo que si dijéramos 
gentiles ó infieles. Los paganos propiameule hablando eran los 
que profesaban la religión de los falsos dioses antes de la venida 
de Jesucristo. Al paso que el cristianismo se fue estableciendo y 
generalizando , el culto de las divinidades falsas fue decayen- 
do, y como los que le profesaban no podían ya dedicarse ó ejer- 
cerle públicamente, solólo hacianen las poblaciones pequeñas ó 
reducidas y en las aldeas, /^jnrgu.f en latin-, de las cuales tomarou 
el nombre de paganos. ( V. la nota 8 ). 

(24^) Eí^eríegí/íWoé Antiguamente se creía en generííl que 
el castor , animal cuadrúpedo y anfibio , cuando se veía perse- 
guido de los cazadores , se arrancaba con los dientes unas bolsas 
é glándulas que tienen macho y hembra entre las piernas , j 
las soltaban; en las cuales se halla contenida aquella sustancia 
que se conoce principalmente en la medicina con el nombre de 
castóreo : y que esto io hacia por un ihstinto particular , es de* 
cir , como si conociese que por aquello era perseguido ; cuya 
particularidad niegan ^casi todos los naturalistas, 

(247) Almete. Especie de casco ligero de híeVro bastante 
ancho sin visera ni gola, que solían llevar de prevención anti- 
guamente los caballeros cuando iban á la guerra y en busca de 
aventuras, y del cual se servian para cubrirse la cabeza cuando 
no habían aun de entrar en acción , ó cuando al retirarse del 
combate se quitaban el yelmo. En la milicia antigua hubo un 
cuerpo que se llamó de los jálmetes , y almete cada soldado ea 
particular, por<^ue usaban esta ligera arma defensiva. 



(96) 

(348) Forjó el dios de Irs herrerías [para el dios de las ba^ 
tallas, Alguuos mitólogos dicen que VulcaDo, dios de las fra^goas 
y de las herrerías , trabajd un yelmo para Marte , dios ' de la 
guerra ó de las bataUas, pero es equivocado. Las armas fabrica- 
das por Vulcano sirvieron para Aquiles j para Melnnon y para 
Eneas. 

(249) ^^^ daño que el que hicieron los griegos por la ro-^ 
bada Elena» En este pasage imita Cervantes el lenguage pon- 
derativo que suele usarse en los libros de caballerías. Pocos soa 
los que ignoren que Elena, princesa de peregrina hermosura y 
esposa de MeuelaO| rey de Esparta, fue robada por Paris, prínci- 
pe troyano, quien llevándola á su patria atrajo sobre ella aque- 
lla guerra larga y cruel que conmovid toda la Grecia, y que for- 
ma el argumento de la Iliada. 

(25o} Cogió las de viUadiego. Es decir las caka». ( V. la 
nota 17 á las poesías ). 

(aSi) Despojaron. Es decir , de lo que á su modo de ver 
tan justamente había ganado en la original batalla que con. el 
barbero tuvo , de resultas de la cual quedaron por O. Quijote 
los despojos que el enemigo habia dejado en el real ó campo de 
batalla. 

(252) Se pusieron á caminar por donde la voluntad de Ro^ 
cíñante quiso» No fue D. Quijote el primer caballero andante 
que se abandonó , digámoslo asi , á la voluntud de su caballo , 
como i|ue en esto creian consistir los mas, la fuerza de las aven- 
turas; y sin duda sabría lo que se lee de Roldan «que se fue á 
mas andar por donde el caballo le llevaba>i lo que hizo el caba- 
llero del Eebo, quien dejd la rienda al caballo « para que guia- 
se á la parte que mas su voluntad quisiese» y lo del infante Fio- 
ramor al salir del castillo de Arcaico que «tomando el su camino 
sin llevar cabo cierto, se fue por do la ventura le quiso guiar.» 

(253) El caballero del Sol. Se habla de este caballero en 
un episodio de la historia de Palmerin de Oliva (V. la nota 59). 
Tomó el nombre de caballero del Sol, porque en el escudo te- 
nia figurado un sol con rayos resplandecientes, y por igual ra- 
zón se tituló también asi el caballero del Febo, uno de los nom- 
bres que los antiguos dieron al sol. 

(254) ^(^ l^ Serpiente, En las pnmeras ediciones del Quijo- 
te del ano i6o5 se habia puesto sierpe , que Cervantes cambió 
en serpiente en la de 1608. Palmerin de Oliva se llamó y era co- 
nocido GOBL el título de caballero de la Sierpe por la que mató ú 



(97) 
ir á buscar d agua de aquella fuente que guardaba uüa sierpe y 
con cuya agua debía recobrar la salud j la recobró su abuek» 
Frimaleon rfy de Macedonia. £1 caballero de la Sierpe no es 
otro que Esplandían de quien se lee en las sergas: «Hago sabei-^ 
dice Radian , á tí el caballero serpentino que la fusta de la 
gran serpiente mandas^ etc. » 

(255) Ea sus. Lo mismo que ea arriba^ tevantaos óleifdn-' 
tense. Es una interjección anticuada y desusada, y de ella dice 
Govarrubias « usamos cuando queremos dar á entender se aper-^ 
ciba la gente para caminar ó hacer otra cosa.» Puede derivarse 
^el verbo latino surgo levantarse^ ó del adverbio sursum arriba* 

(a56) Besándolo en el ro^roé En la historia de Ároadis de 
Qaula (V. la nota 43), vemos que el rey Lisuarte hizo lo mismo 
con el doncel Esplandian, a quien «tomó por la cabeza y llególe 
á sí j besóle en la faz » uso que observaban ja los griegos y los 
romanos con un guerrero ó con sus hijos cuando deseaban dar-» 
les una prueba singular de estimación, y es lo que solía llamarse 
en castellano dar paz en el rostro. 

(257) Cuita» Aflicción , trabajo ó necesidad estrema. 

(a58) Fablar, Yerbo anticuado que significa lo mismo. que 
hablar. 

(25g) Enfarseto* Lo mismo que en jubón 6 desarmado» Se 
diójel nombre italiano farseto á una especie de jubón colchado 
de algodón , quesolian vestirse antiguamente los soldados y ca-« 
balleros para llevar encima con mas comodidad la coraza, cota 
de malla ú otras armas, é impedir que estas hiciesen tanto daño 
ál cuerpo* 

(a6a) Enano» (V. la nota 83)* 

(261) Una doncella de quien la infanta mucha se fia* En 
todas sus delirios D< Quijote no hace mas que imitar lo que 
habia leido en sus menguados libros de caballerías* En efecto 
leemos en la historia de Amadis de Gaula, que este caballero ha- 
blaba á su sin par Oriana por medio de sii confídenta la don- 
cella Mabilia « por una ñniestra pequeña que tenia su redecilla 
de hierro» j en la del caballero de la Cruz, que este fue á ha- 
blar con la infanta Andriana « por las rejas de las ventanas del 
jardin, y por medio de Germana, su doncella, se prometieron 
los dos por marido y muger » cujrospasages y otros semejantes 
venian sin duda á la imaginación de nuestro andante caballe- 
ro, y á imitación de aquellos iba arreglando los' que creía 
habían por precisión de sucederle* 

»• 7 



(9») 
(a6a) Queda rey. Bq esto imitó lo que Lucrecia decía á 
Bernardo del Carpió: 

Pero muerto mi padre, jo de hecho * 
Soy reina en Lombardía coronada , 
Y puedo bien , señor , de aquí decirte 
Que ofrezco con el reino de servirte. 

(263) Duque muy principal^ Este sin duda es uno de los 
pasages mas encantadores de esta obra inimitable ; porque á la 
verdad no puede formarse un plan mas festivo ni mas desca- 
bellado) y al mismo tiempo mas ajustado á las maneras, costum* 
bres j aventuras que se leen en los libros de caballerías , c6mo 
ya lo notaron Peilicer y otros comentadores del Quijote. 

(264]^ A eso me atengo* Enfrascado el pobre Sancho con el 
razonamiento de D. Quijote y con las promesas de su amo , ol- 
vidan este y aquel que el bueno de Panza estaba ya casado en su 
tierra y con hijos % y sin reparar en pelillos propone el uno y 
admite -el otro casarse con la doncella noticia de la princesa 
que solo existia en la acalorada imaginación dé nuestro O. Qui- 
jote. 

(a65) Hijodalgo M V. la nota a.*^ al título de la obra. 

(266) A ser grandes seáores* Sin duda que á esto se redu« 
cen todos los linages del mundo, unos que fueron , como dice 
con mucha razón D. Quijote, y ya no son , y otros que son y 
sin duda no fueron* Tal vez que, como dice un célebre eicritor, 
el pobre arriero que en el dia vemos gana su reducida subsis- 
tencia acarreando efectos de un pueblo á otro , desciende por 
línea recta de alguno de aquellos hombres célebres y ricos, que 
merecieron los honores del triunfo y dieron á sus espensas fíes- 
tas y juegos el pueblo romano; y otro que en el dia figura sobre 
los dem^s, desciende quizá de algún esclavo, ó de alguna de 
aquellas familias que formaban la última y mas despreciable 
clase de la sociedad. 

(267) fíijo de un azocan. Lo mismo que hijo de un agua-* 
dor, que es lo que signifíca esta, voz en su origen- arábigo ^ 
y figuradamente de un cualquiera, 6 como solemos decir^ de un 
pobre diablo. 

(968) Que era muy grande. Peilicer parece se inclina por 
las senas que da Sancho , á que este señor era D. Pedro Girou, 
duque de Osuna[/virey que fue primero de Sicilia y después 
de Ñapóles. En efecto fue «un señor muy grande» por sus proe- 



(99) 
zas mitilfireSY j por la nobleza jr opaleacia de su casa, una de 
las mas distinguidas de España, y ai mismo tiempo <c un señor 
muy pequeño» porque la naturaleza le hizo pequeño de cuerpo. 
Di picciolo non hauea altro cke la tStatura , como se lee en el 
Teatro de los gobiernos de los vireyes de Ñapóles. 

(269) Era uso de grandes lleuar tras sí d los tales» En 
efecto los grandes llevaban tras de sí á sus caballerizos , como 
SP. lee en el Estilo de servir á príncipes de D. Miguel de Yelgo , 
cuja costumbre se va en el dia renovando , llevando detras 
cuando salen á caballo un criado montado en un palafrén* 

Capitulo ntgedimo acjjun^a* 

(ayo) Escopetas de rueda. Especie de arcabuz, que se dis- 
paraba con dua rodaja 6 máquina mas complicada que la (lave 
que tienen ahora generalmente las armas de fuego. Antes que 
las escopetas , se usaron la espin^ irda j el arcabuz. Estas dos 
especies de armas de fuego se disparaban por medio de una 
mecha que el soldado aplicaba al fogón, como se hace comun- 
mente con las piezas de artillería. Después se introdujo poner 
cerca el oido un pedernal con su eslabón que montado por 
medio de una rodaja y disparándose daba Jumbre j encendia 
el cebo : y estas armas eran las que se llamaban escopetas de 
rueda. Mas adelante se simplificó este mecanismo discurriendo 
el ingenioso y facilísimo de las llaves comunes que se ha apli- 
cado jra en algunos parages á la misma artillería. Últimamente se 
han substituido á las llaves con pedernal las de pistón , por 
los menores inconvenientes que presenta y por la major pron- 
titud en inflamarse la pdlvura. Parece que el nombre escopeta 
se deriva del latin scopum , asi como el de fusil del italiano /b- 
eile^ es decir eslabón. Dijimos en nuestro Diccionario Histórico 
Enciclopédico que las llaves de fusil fueron inventadas en I9u- 
remberg en iSiy. El fusil propiamente dicho, lo fue en Francia 
en i63o y comenzó á usarse como arma propia de los granade^ 
ros á razón de cuatro por compañía, en seguida de seis, y últi- 
mamente fue substituida á las picas y á los mosquetes, pasando 
ú ser en lyoS el arma general de la infantería. Sin embar- 
^o de lo dicho hay algunos que se empeñan en querer sos- 
tener que Guinigi, gefe de los guelíbs en la repáblica de Luca, fue 
el primero que en el siglo XV armd con fusiles ¿1 sus soldados:^ 
pero sin duda confunden el mosquete con el fusila Lias platina» 



( lOO ) 

n pistón fueron inventadas en Inglaterra por Manson en i8to 
y perfeccionadas en Francia por Lepage^ Henri y Pault. Los 
cartuchos para los fusiles no fueron conocidos hasta después 
del año 1690 y su nombre sfe deriva del iíAlinno. cartochio cucu- 
rucho. La bayoneta se inventó en Bayona de Francia de cujra 
ciudad conserva el nombre. 

(271) Dardos, Eran dna especie de lanzas peqaeñas j del- 
gadas que se arrojaban con la mano. 

(27a) Tormento* Casi hasta nuestros dias hemos visto 
[>ractícaren los tribunales la tortura para arrancar á los reos la 
confesión de Sus crímenes ^ ó descubrir los cómplices en ellos, 
íjiamdbase tormento, porque se iba atormentando al verdadero 
(> supuesto reo hasta que confesara; y cuestión, porque al paso 
que se le iba atormentando, el juez le estaba haciendo cuestiones 
ó preguntas, que se llamaban « cuestión de tormento >» para la 
averiguación, inquisición ó pesquiza de la verdad. El uso de la 
tortura es antiquísimo, y la practicaron casi todos los pueblos 
del oriente. Solo parece que no lo estaba entre los hebreos ; 
á lo menos nada dicen de ella las leyes de Moisés. En Atenas no 
había tormento preparatorio, solo los condenados ya, sufrian 
el tormento treinta dias después de la sentencia ; el cual no po- 
día aplicarse á ningún ciudadano sino en el caso de ser acusa- 
do de un crimen de estado. En Roma tenia lugar el tormento an- 
tes de la condenación; pero tampoco podia imponerse á ningún 
ciudadano, á no ser en el caso también de un delito de lesa raa- 
gestad. La clase de tormentos varió según el mayor ó menor 
grado de ilustración y de barbaridad de los pueblos ó de los 
tribunales que le usaban. 

(273) Su mano derecha . Perece que en tiempo de Cervantes 
se pensaba con mas libertad de la que correspondia acerca esta 
ocupación obscena é indecente, pues á mas de la apología que 
hnce de ella nuestro autor, Pellicer pone unos versos, que escri-* 
bió en elogio de la misma un poeta contemporáneo de Cervan- 
tes: 

Mq me engaña aíicion. Usar debiera 
Este ejercicio afable dignamente 
La gente en ciencia y calidad primera. 

Un examen discreto y diligente 
Se habia de hacer para otorgar el gradoy 
Y un colegio también para tal gente. 



( loi ) 

Varios hombres timoratos conocieron lo perjuicial de esta 
doctrina y decKimarou contra ellafCn particular el P. Fr. Juan 
de la Gerda^ contemporáneo de Cervantes, cujo religioso ha- 
blando de estas tercerías dice : « anda en este tiempo recibida 
de algunos la opinión de que no es bajeza el usar de tal ofício 
no haciéndole por interés ; como si por esto no fuesen dignas 
del nombre de alcahuetas, etc.» Derívase la palabra alcahuete 
de la voz arábiga caquit , que significa atizador 6 inflamador 
precedida del artículo al* 

(274) y l& pienso quitar. Lo mismo que desempeñar. 

(276) Lazarillo de Tormes. Es decir, mis aventuras 6 los 
hechos de mi vida son tales que superan de mucho á los que 
se cuentan 4el Lazarillo de Tormes. Escribió la vida de e^te 
pordiosero D. Diego Hurtado de Mendoza. Tradgjose al italiano 
por fiarezo fiarezi con el título del Picarillo Castellano y se 
hicieron dos ediciones en Venecia. Otras dos se hicieron en 
París, una en i65i y otra en i653. 

(276) ya sé d que sabe el bizcocho y el corbacho* El bizco- 
cho es una especie de pan para abastecer las embarcaciones, 
llamado asi porque se cuece dos veces á fín de que se conserve 
por mas tiempo. El corbacho es el látigo llamado también re- 
benque , con que el cómitre de las galeras castiga á los forzados 
6 condenados á ellas. 

(277) Podéis ir donde quisiéredes día buena \>éntiira. En 
esta aventura no se separd tampoco Cervantes de lo que habian 
practicado los caballeros andantes, y cujeas locuras deseRba 
imitar. En efecto una de las muchas estravagancias que se pro- 
ponian aquellos, era poner en libertada los presos, como 1q hi- 
zo entre otros Amadis de Gaula, En la! historia de este se lee , 
que habiendo vencido al gigante Madarque, le hizo merced de 
la vida con la condición de que habia de hacerse cristiano con to- 
dos sus vasallos : que habia de fundar en sus estados iglesias y 
monasterios como hacian entonces los mas de los señores en es- 
piacion de sus faltas ; y que á mas habia de poner en liberta<(l 
todos los presos que tenia encarcelados que eran en número de 
ciento. A todo convino el pagano ; y cuando los presos agrade^ 
cidos llegaron á besar la mano á su libertador , entre los que 
habia treinta caballeros y cuarenta entre dueñas y doncella:> ^ 
Amadis les dijo que fuesen á presentarse á la reina Brisena , y 
le dijestni como los enviaba su caballero el de la ínsula Firme , 
y que le besasen las manos por éU 



/ 



( íoa ) 

(ayS) VdͥQr ahora d las ollas de Egipto* Alude , si bien 
queeo sentido contrarío, á lo que se lee en el cap. XVI de los 
I^úníieroSf cuando murmurando los hijos de (srael contra Moisés 
por que les había traído al desierto^ se acordaban de cuando 
estaban en Egipto sentados junto á las calderas á ollas llenas de 
carne. 

(279) Quitáronle una ropilla^ etc. La ropilla era una espe- 
cie de sobrevesta <5 vestidura corta con mangas cortas también 
y sueltas , que solían llevar los caballeros sobre sus armas para 
conservar el lustre de estas. La ropilla fue parte del uniforme de 
los archeros, antigua guardia de nuestros rejes que trajo á Es- 
paña Carlos V. Las grebas eran unas piezas de la armadura an- 
tigua. Venian a' ser una especie de botas 6 botines de hierro^ 
acero ú otro metal, que cubrían j defendían la parte anterior 
de las piernas desde la rodilla hasta la garganta del pie. Las ha- 
bía también de malla 6 alambre á manera de medias. El uso de 
las grebas es antiquísimo, como que sabemos las usaban jra 
loft griegos j los romanos j después nuestros hombres de armas. 
Ei grebon se diferenciaba de la greba en ser mas pesado* 

(260} Gabán, Y. la nota 2to3«. 

Capitulo m^mmo tticeto* 

(281) Sus saetas. Y* la nota 11 4* La saeta es tma de las 
armas antiguas que se usaban antes de inventarse j generalizar- 
se las de fuego. Consistía en una asta delgada de unos dos pal- 
mos con una punta de hierro en el estrenio anterior y una len- 
güeta, y en la parte posterior unas plumas cortas para que fue- 
se derecha al dispararla con el arco. 

(282) Los siete mancebos. Aunque Pellicer observa con ma-^ 
cha oportunidad que tal vez se equivocó 6 tomó al imprimirse 
la palabra mancebos por la de Macabeos, no la varió, y la de- 
jó como se lee en las primeras ediciones del Quijote, y lo mis- 
mo hizo la Real Academia en las suyas ; pero no se tuvo esta 
delicadeza en la edición de Londres de 1738 en la cual se puso 
Macabeos por mancebos. 

(288) Acordó de hurtar él asno d Sancho Panza, En el 
cap. IV de la 2.* parte se esplica el modo y manera como Gi- 
nes de Pasamonte veriñcó el hurto. 

(a84) Con veinte y seis maravedís. Como eñ tiempo ae San- 
cho hacía poco que se estaban esplotando las ricas minas de 



( io3) 
Améi*ícaf la moneda no era tan abundante, y los cofMstiMes jr 
dernas efectos valían por Ja misma razón mas baratos, como se 
Ye en escrituras antiguas de arrendamientos , ventas, dotes etc. 
PeHicer cita en justificación de esto un pasagedela Dorotea dp 
Lope de Vega, del cual resulta que la libra de carnero valia so- 
lo á i4 maravedís , la de vaca á 12, el vino á la mará ve- 
dis el azumbre y asi de lo demás. Es verdad también que mas 
adietante por lósanos de 16149 época en que nuestro autor es- 
cribía lu 2." parte , valia el pan en la corte á real ^ y la libra de 
carnero á cinco cuartoi , si hemos de atenernos á lo que dice la 
misma Teresa Panza en .su carta á la Duquesa. Se ve también 
lo barato que estaban lus cosas en aquellos tiempos en la evalora- 
ción de los efectos que D.* Catalina de Palacios y Salazar trajo 
en dote á nuestro autor cuando casd con él. Vemos que tres 
sábanas de estopa se justipreciaron en 18 reales. Una mesa de 
cuatro pies en 5 reales. Una artesa grande en 4 reales. Una cu- 
na en 6 reales. Dos calderos en t5 reales. Un badil de hierro en 
medio real, etc. etc. El maravedí es una moneda imaginaría, 
que según dice Covarrubías no se ha batido jamas, á manera de 
las libras. La mas antigua mención que se hace del maravedí y 
del contar por él en crónicas y en escrituras , es del tiempo del 
rey D. Alonso VIH , por cuya razón se llaman algunas veces 
marauedis Atfonsis. El valor de esta moneda ha sido diferente 
asi como también las especies de maru vedis. En un tratado que 
hizo De Monetis el P. Mariana , puede verse la reducción que 
hace de los varios maravedís á los de su tiempo ; lo mismo que 
en otra que escribió con el mismo título el presidente D. Diego 
dü Covarrubías. Moreti habla de diez y siete especies de marave- 
dís, cuyo valor describe. Se cree que los moros introdujeron es- 
ta moneda eu España, cuyo nombre es igualmente árabe. 

(285) Y á Je que debe ser razonable poeta ^ ó yo sé poco 
del arte* De este pasage y de algún otro de sus obras , se ve 
que Cervantes se tenia á sí mismo por un razonable poeta. Re- 
piíió también este soneto, como había hecho igualmente con al- 
guna otra poesía, en su comedia « La Casa de los zelos.y Sel- 
vas de Ardenia, » con la sola diferencia que en D. Quijote se ha- 
bla con Filis, y en la comedia con Angélica: 

Si digo que es Angélica no acierto» 

(286} Trabadores. Lo mismo que poetas. Mas adelante es^ 
plicarémos con detención el origen de este nombre y las ocupa- 
ciones de los antiguos trobadores ^ quienes iban de castillo en 



( io4 ) 

easUno cantando las aventaras de lus oaballeros jr las sentencias 
ó arrestos que daban las cortes ó tribunales de Amor. 

(287) Las capias de los pasados caballeros tienen mas de 
espirita que de primor. A. la yerdad no se equivocó Cervantes, 
•pues como era naciente la moderna poesía , no sabían ni podían 
espresar aun las grandes ideas , ^ino con un estilo incorrecto y 
desaliñado. Pellicer para probar que sus canciones eran no me- 
nos faltas de prioior que de espíritu f cita la que se lee en Ama- 
di» de Qaula; 

Leoqoreta sin roseta 
Planea sobre toda flor; 
3in roseta no me meta 
£n tal c)üpa vuestro amor; etc. 
De mas ingenio es sin duda la siguiente poesía de nuestro 
célebre JMasíi^, si se considera que es aqterior aun al autor del 
. Amadis de Gaula, pues yivid á últimos del siglo XIV j princi- 
pios del XV. Proponiendo el poeta á su querida la trágica muer^ 
^ de {*(sircÍ40^ la aconseja no se espQuga á tap fatal peligro* 

Engannaron sotilmente 
Con imaginación loca 
Fern^osura f é edat poca 
^1 niño bien pareciente, 
Estrella resplandeciente 
Ilirad bien estas dos vías , 
Pues beldad , j pocos días 
Cada cual en vos se siente« 

Prados, verduras é flores 
Otorgo, que las miredeS| 
Otrosí , que escuchedes 
Dulces cantigas de amores* 
Mas por sol, ni por calores 
Tal cobdicia non vos ciegue. 
Vuestra vista siempre siegue, 
Las fuentes j ^us dulzores* 

(a98) Casi delante^ Palabras que sobran ep el testo <S que 
nada significan. Pellicer propope que este lugar defectuoso en 
las primeras edicioqes , Icaria sentido añadiendo estas pala- 
bras: <f de aquí adelanten d bien ests^s otras: <í á quien tene- 
mos casi delante; v pero ni él ^ ai después la Keal Academi^f 
hicieron yari<|CÍon algun^i en sus ediciones* 



(io5) 

Capitulo rngfám cwttto, 

» 

(289) Escuchaba al astroso* Lo (nismo que desastroso ^ in*- 
felíz 6 desgraciado, ú hombre sin estrella, 6 al cual no favorecen 
6 han abandonado los astros , de cuyo nombre se deriva el de 
astroso, 

(390) Tisbe, La fábula dice que enamorado Píramo de Tis- 
be, y viendo los dos amantes que sus padi*es no aprobaban sus 
amores, se citaron á un parage determinado para abandonar su 
patria y huir juntos. Tisbe fue la primera que Uegd al lugar de la 
cita , y habiendo visto una leona con la boca ensangrentada^ 
echó á huir , j con la precipitación dejó caer el velo , que la 
leona despedazó y tiñÓ con su sangre. A poco Uegd Píramo, jr 
al hallar en el sitio aplazado no mas que el velo de su querida 
manchado en sangre., ere jrd que Tisbe había sido devorada 
por alguna Sera , y desesperado se atravesd con su espada. 
Yol vid luego Tisbe jjencontrd i Píramo espirando , y cono- 
ciendo el error, se atravesó también con la misma espada* 
£n las metamdrfosis de Ovidio puede verse la moralidad de 
este suceso, 

(291) D, Rugel de Qrecia, Este caballero de la raza de 
Amadis de Gaula , era hijo de D, Florisel de Niquea j de la 
princesa Elena , hija del rey de Apolonia , uno de los reinos 
imaginarios , de los cuales se hace menciou en los libros de ca- 
ballerías* Gasd D, Hugel con Arquesidea, emperatriz de Orien- 
te , hija del gran Can Aquüidon , y tuvieron un hijo llamado 
Esferamundo , último vastago de la familia de los héroes de 
Gaula. En la colección de estos romances forma parte del li- 
bro IX. Daraida era el principe AgesUao, hijo de D. Falanges 
j Alastra ja rea, y Garaja D« Arltinges, príncipe de España. Am- 
bos se enamoraron 4? la princesa Diana é hicieron mil travesu- 
ras para poder hablarla que se leen en la tercera parte de la 
crónica de D. Florisel de Niquea, escrita como dijimos en su la^ 
gar por Feliciano* de Silva (V^la iioUS). Acerca el pastor 
Darinel véase la nota 4^« 

Capitulo Dig^simo quinto* 

(293) Que IjIíq^ cqhon4a^ -E^specie de maldición : lo mismo 
que Dios pudra^ 



(io6) 

^agS) Efkirlagas* En los libros de caballerías se usa ma- 
chas veces esta palabra para indicar un animal horroroso , si 
bien que su propio sigaificado es el de dragón, derivada della- 
lin draco» 

(^94) Un prado tan t^erde y vicioso. Es decir , aujra vege- 
tación era vigorosa ó lozana. 

(agS) Rústicos dioses. Las divinidades que los paganos ha- 
bian imaginado presidian á los bosques, á tos árboles, á los ríos, 
á las fuentes etc. (V. las notas 396, agy, y 298). 

(296) Napeas jr Dríadas , Las Napeas eran las ninfas que , 
según la mitología, presidian á los prados j á los bosques; y las 
Driadas eran igualmente las ninfas tutelares de los bosques y 
de las selvas. De estas había también unas llamadas Querque^ 
tulanSj es decir, conservadoras de las encinas, quercus en latin: 
otras que tenian el nombre de Hamadriadas , las cuales naciaii 
y morian con los árboles que estaban á su cuidado. 

(397) Sátiros. Eran unos monstruos que fingieron los poe- 
tas de medio arriba hombres jr de medio abajo cabras, con cuer- 
nos las mas veces en la cabeza. Solían habitar eu los montes y 
bosques, é iban siempre en persecución de las ninfas, á las que 
procuraban sorprender para abusar de ellas. 

(298) No os canséis de odia. Sin duda que Cervantes tuvo 
presente en este pasage la ¿gloga IC de Garcilaso, en donde el 
desesperado Albanio dice á su pastora: 

Heme entregado, heme aqui rendido 

he aqui que vences, toma los despojos... • 
Yo pondré fin del todo á tus enojos. 
Ya no te ofenderá mi rostro triste. ... 
Luego sigue la misma invocación. 

¡ O dioses si allá juntos de consuno 
~ de los amantes el cui'dado os toca!... 
I O Najrades, de aquesta mi ribera 
corriente moradoras ! \ O Napeas 
guarda del verde bosque verdadera!.. 
;0 hermosas Oreades, que teniendo 
el gobierno de selvas y montañas, 
á caza andáis por ellas discurriendo!. •• 
] O Driadas, de amor hermoso nido, 
dulces y graciosísimas doncellas !... 
parad mientes un rato A mis querellas* 
Y conduje: 



í 107 ) 
Estas palabras tales en díciendQ 
en pie me alzé etc. 
(agg) La escribiésemos como hadan Io$ antiguos en hojas 
fie árboles^ ó en unas tablitas de cera. Parece que las primeras 
escritúrasele ios hombres se hicieroa en hojas de árboles, priii- 
cipalmeute de palmera* Las tablas de piedra j de bronce y las 
tablitas enceradas se usaron comunmente entre los pueblos jra 
mas civilizados como los griegos y los romanos, y se escribia en 
las últimas por medio de unas puntas de hierro 6 de hueso lla- 
madas estilos. Escribióse también en tablas cerusadas, es decir, 
que tenían una capa de cerusa, y se hacia con tinta, con una es- 
pecie de cañas 6 juncos. Descubrióse después el papiro en Egip- 
to, que se formaba por medio de la unión y trabazón de las varias 
capas 6 telillas del papiro, planta muj abundante en las már- 
genes del Nilo, y de la cual tomó después su nombre el papel 
que usamos en el día, cuya moderna invención se atribuye por 
unos á ios moros, y por otros á los chinos. La preparación 
del pergamino se conoció después que estaba jra muy en uso el 
papiro; y como esta invención se hizo , según se cree, por un 
rey de Pergamo, tomó de esta ciudad el nombre de pergamino. 
En algunos de los artículos de nuestro Diccionario Histórico En- 
ciclopédico dimos con mayor estension noticias relativas á los 
, varios usos é invenciones de cada uno de estos objetos. 

(3oo) Mis amores y los suyos han sido siempre platónicos» 
Amores platónicos son' aquellos amores puros sin sombra de 
ínteres ni sensualidad; y tomaron el nombre del célebre filóso- 
fo griego que opinaba podían existir y que verdaderamente los 
había. Platónicos fueron á la verdad los amores de D. Quijote 
con su sin par Dulcinea, en lo que no imitó seguramente á los 
caballeros que le precedieron, en comprobación de lo cual léa- 
se el soneto que antecede á la obra, de «la señora Oriaua á Dul- 
cinea del Toboso» y la nota que en él hemos puesto. 

(3o i) Tira también una barra. El juego de la barra es uno 
de los mas antiguos , al que se dedicaron los hombres pa- 
ra entretenerse y para desarrollar las fuerzas corporales. Era 
uno de los juegos gimnásticos de los griegos. No se sabe si el 
juego de la barra dio origen al del disco, ó este á aquel. De to-* 
dos modos uno y otro tenian por objeto arrojar á la mayor dis- 
tancia posible una barra, un disco ó una bola de hierro, plomo 
úotro metal con arreglo á ciertas reglas establecidas. ^El juego 
de la barra es todavía muy común en algunas de nuestras pro<^ 
vincias. 



\ 



( io8) 

(3oa} Mejo, Es decir^ qué robustez ó qué fuerza tiene. En 
las coplas de Miogo Rebulgo se lee : 

Andas esta madrugada 
La cabeza desgreñada : 
No te hallas de buen rejo. 

(3o3) alcanzólo á saber su mayor. Puede entenderse que 
lo supo el majroral 6 capataz del mozo^ <5 el hermano mayor de 
la viuda. 

(do4) Fulano* Supdnese que la palabra fulano se deri- 
va del dios Fahulino , divinidad A quien invocaban los antiguos 
paganos cuando los niños empezaban i hablar, y la de zutano de 
otro numen llamado Estalanoj que era el que presidia á los pri- 
meros pasos que daban los niños, ó cuando comenzaban á andaí:. 
Llamábase también esta áltiroa divinidad Estatilino ; y habia 
á mas una diosa á la que invocaban para el Tnísmo objeto lla- 
mada Estatina. De ambas divinidades, es decir de unos seres de 
los cuales no se sabia mas sino que andaban jr hablaban 6 pro- 
tejian el desarrollo de estas dos facultades, supone Rodrigo Ca- 
ro en sus Dias geniales, se ói]0 fulano y zutano, Covarrubias 
dice que el nombre fulano es hebreo, y que se deriva* de la pa- 
labra feloni , que corresponde á la latina talis^ quídam ; pero 
añade que nosotros le tomamos inmediatamente del arábigo, en 
cuja lengua, phultn equivale á quídam, 

(3o5) Las mas se lasjingen, A la verdad fingidas son algu- 
nas de las damas celebradas por los poetas; pero al misino tiem- 
po es preciso confesar que otras de aquellas fueron reales y 
verdaderas, como la Laura del Petrarca, la Diana de Jorge de 
Montemajor, y tal vez la misma Gaiatea de Cervantes. 

(3o6} Para darle algwi hábito. Es decir, para darle el há- 
bito de alguna de las órdenes distinguidas , en las cuales no 
puede entrarse sin haber hecho antes información de nobleza. 

(307) Ni la llega Elena y ni la alcanza Lucrecia, V. la noj 
ta a49« Lucrecia fue una célebre y hermosa matrona romana^ 
hija de Lucrecio Tricipitino y esposa de Colaliuo. Enaniorado 
locamente de ella Sexto Tarquino, hijo de Tarquino el Soberbio, 
rey de Roma, no paró ha$ta haber gozado de ella ', valiéndose 
de los medios itias bárbaros é infames. El dia siguiente á sn 
deshonor, Lucrecia llamé á su padre y á su marido , y en pre' 
sencia de ellos y de dos de sus amigos, P. Valerio y Bruto, con 
tó ^u desgracia í y suplicándoles tomasen veu||aii¿a de aquel 



( í09 ) 
atentadof se atravesó por sí misma el pecho con un pOfial y ma- 
rió. Este escandaloso hecho fue causa de la espulsion de losTar- 
quinos de Roma, j que al gobierno monárquico substituyesen 
el republicano. 

(3o8) Si tus desdenes son en mi afincamiento, ( V. la nota 
309). 

(Sog) Magrier que yo sea asaz de sufrido* Frase usada en 
los libros de caballearías, y vale tanto como si tú me estás estre- 
chando ó Vejando con tus desdenes, aunque jro sea bastante 6 
muj sufrido, mal podré etc. 

(3 10} Del hilo del laberinto de Teseo. La mitología dice 
que enamorada Ariadna, hija de Minos, rey de Creta, del buen 
parecer de Teseo, héroe valeroso de aquellos tiempos, que había 
de ser pasto del Minotauro , le dio la princesa un ovillo 
por medio del cual salid del intrincado laberinto después de 
haber vencido y muerto á aquel monstruo que solo se mante- 
nia de carne humana. 

£1 encargo que D. Quijote hace á Sancho de cortar las ra- 
mas éjirlas poniendo de trecho en trecho, no fue tampoco inven- 
ción suya; seguia sin duda lo que habria leido en el romance 
del Marques de Mantua, quien se valió de la misma traza para 
no perderse en el bosque, dentro del cual había oído las voces 
lastimeras que daba su sobrino Baldovinos, asesinado cobarde- 
mente por Garloto , hijo del emperante ó emperador Garlo Mag- 
no. 

Apartado del camino 

Por el monte fuera á entrare, 

Acia do sintió la voz 

Empieza de caminare; 

Las ramas iba cortando 

Para la vuelta acertare, etc. 

Capítulo vxQ¿$xmú sttíú, 

(3 1 i) Agr amante • Parece que Cerrantes se equivocó en es- 
te pasage, suponiendo que Medoro, amante de Angélica , fue 
page de Agramante. El « morillo de cabellos enrizados » como 
le llama D. Quijote, fue page y amigo del moro Dardínel ó Dar- 
dinelo , á quien sirvió con singular fidelidad y amor según se 
lee en el Orlando del Ariosto, y á este buen comportamiento y 
á su buen parecer debió tan solo que Angélica le prefiriese á 



( '«« ) 

tantos otrof ríoM j valientes caballeros que aspiraban 4 sa amor* 
(3 1 a) Le había cometido desaguisado. Le había hecho ua 
agravio (Y. la nota iig). 

(SiS) £'/t5u mismo Irage. Después que los rejes Fernando é 
Isabel hubieron tomado á Granada ^ último asilo de los moros 
en España, se les permitid por algún tiempo el ejercicio de su 
falsa religión j el uso de su trage propio. Luego con motivo de 
haber suscitado algunas inquietudes 6 conn^ociones, se les pu- 
so en la alternativa de abrazar el cristianismo ó abandonar la 
España. Muchos se bautizaron , pero otros antes que dejar la 
creencia de sus padres prefirieron abandonar su patria f j se 
dice que en esta ocasión pasaron de ciento y setenta mil las 
familias que salieron de España. Los descendientes de los mo- 
riscos ó moros , que mas adictos á su patria que á su religión 
se hicieron cristianos , amagaron alguna vez querer recobrar su 
antiguo dominio é independencia , para lo cual se dice estaban 
ya de acuerdo con los moros que habian repasado el mar ; j 
tanto por esto , como para que se conservara pura la fe , man- 
dó Felipe III en i6io que saliesen de la Península todos los 
moriscos. Ka cumplimiento de esta disposición , aseguran algu- 
nos autores , abandonaron la España cerca de un millón de 
perenes , de cuja estraordinaria espulsiou se resintió muchí- 
simo la monarquía. 

£1 decir D. Quijote que osaría jurar que su Dulcinea no ha- 
bía visto en todos los dias de su vida moro alguno asi como él es 
en su mismo trage ^ alude á que en su tiempo ja se habia verifica- 
do la espulsion de los moros, j de consiguiente solo habría en tal 
caso visto en el Toboso á los moríscos , que se avecindaron en 
éi cuando los expulsaron de las Alpujarras ; los cuales sin em- 
bargo de ser acusados y tenidos muchos por mahometanos en 
su interior , hablaban el idioma del país , y vestían el trage es- 
pañol como los mismos cristianos viejos. 

(3 1 4) Murió por acometéllas. Pellicer supone que es una 
alusión á la aventura de Faetonte , quien mal aconsejado quiso 
regir los caballos de Febo 6 del Sol su padre , y fue víctima de 
su poca esperiencia. 

(3 1 5) De que hizo un diez. Como lo que did origen i la ca« 
ballería fueron las cruzadas ó conquista de los lugares santos de 
la Palestina y la defensa de las damas , huérfanos y menestero- 
sos ( V. la nota a6 }, por esto en'^todas las aventuras que leemos 
en loa mas de los libros de caballerías se observa esta mezcla 



\' 



(III ) 

de ejerdciofi j prácticas religiosas j pre&iiat. Exk la nota 4^^ 
pueilen sers^ las ocupaciones de Amadis de^Gaula ea la peña Po^ 
bre ; j eo el romaoce del Conde Dirlos 6 de Irlos se lee que des- 
pués de haber partido en partes iguales entre sus caballeros los 
despojos de la victoria que habian alcanzado sobre el rey moro 
Aliardci soldán que era de Persia| 

Solo él se retraia 

Sin querer algo tomare^ 

Armado de armas blancas 

Y cuentas para~ rezare , 

Y tan triste vida hacia 
Que no se puede contare. 

(3 1 6) La dólorosa y fyimida Eco. La ninfa Eco fue 
condenada por la diosa Juno, según la fábula , a' no repetir 
mas que la última palabra ó sílaba de lo que la pregunta- 
vb'in f en castigo de haber favorecido en parte los amores de 
Júpiter con otras ninfas. Enamorada Eco después de Narci- 
so , j viéndose despreciada de él , se retird á las grutas ^ 
por cuja razón D. Quijote la llama húmeda^ j fue conver* 
tida en peñasco. 

(3x7) No le conociera la madre que lo parió. En esta 
aventura imitd D. Quijote mas que en otra alguna tf su maestro 
Amadis de Gaula en la célebre de la peña Pobre , como pue- 
de verseen el resúmeu que hemos dado de su historia en la 
nota 43* 

(3 1 8) Ó sobre eso morena. O de lo contrario ya á haber 
aqui una marimorena 6 una riña* 

(3 1 9) Arzobispos andantes. Como lo fue el tan celebrado 
arzobispo Turpin, D. Opas, el de la batalla de Covadonga, j en 
otros mas modernos el arzobispo de Burdeos , que mandaba la 
armada naval de Luis XIÍI de Francia 9 j en cierta manera 
también el cardenal Cisneros, arzobispo de Toledo , que ca- 
pitaneaba el ejército que tomó 4 Mazalquivir , Oran etc. 

(320) Su antifaz. Antiguamente era en España mas común 
que ahora llevar las señoras cubierto el rostro con un velod 
antifaz. Hasta los hombres jendo de camino llevaban algunas 
veces una especie de antifaces para no ser tan molestados del 
sol j del polvo. 

(3a i) Herreruelo. Lo mismo que ferreruelo^ j es una espe- 
cie de capa algo larga con solo cuello sin capilla. Suponen que 



(na) 

lom6 el nombre de ciertos pueblos de Alemania^ que faeron los 
qae principiaron á usarlo, j de donde lo trajeron á España 
cuando principió á reinar en ella la casa de Austria; 

(3aa) Tan sin pensamiento mió. Lo mismo que tan ágenos 
de pensar en raí, ó tan distantes de pensar en mí ó descuidados. 

(3a3) Sin osar como otro Lot. Cuando Lot salid de Sodo- 
ma para librarse del castigo que iba á sufrir esta ciudad, se le 
previno que no se volviera para ver el incendio que iba á con- 
sumir su patria. Sn muger, que tuvo la curiosidad de bacerlo ^ 
fue convertida en estatua de sal, como se lee en el Génesis. 



AL TOMO SEGUNDO. 



IPARVE PRIMERA 

Capítulo DiQÜxmo ortaoo. 



( I ) Los cuentos y episodios de ella no son menos agrada'^ 
Mes y artificiosos y verdaderos que la misma historia. En la 
primera parte itigirió Gervaotes sílganos cuentos y episodioSf 
qae sin embargo de su mayor ó menor artifício han sido con- 
siderados por algunos de sus censores como una especie de lu- 
nares al D. Quijote, y como un pobre recurso á que tuvo que 
apelar su autor para amenizar su historijt. No asi en la segunda 
parte , pues , como dice el mismo Cervantes , se habia ceñido 
mas á los principales personages de ella; y á esto quieren al- 
gunos atribuiir el tastyor mérito que suponen tener la segunda 
parte sobre la primera. 

( a ) Polainas. Medias calzas de labradores, como dice Co* 
varrubias , sin soletas , qde caen encima del zapato sobre el 
empeine cuasi podainas^ derivado del gri^o podosj el pie. Pa* 
r«ce que las calzas es como si dijéramos los calzoncillos, y las 
polainas una especie de sobrecalzas que se lleyan encima de 
aquellos* 

( 3 ) De ios traiciones de Fellido^ jr délos embustes de Ga* 
lalonh Estando sitiando el rey O. Sancho II de León y I de 
Castilla á su hermana Doña Urraca eil la ciudad de Zaitiora, 
salid de la plaza un caballero llamado Vellido Delfos, fingiendo 
salir fugitivo de ella, y pidiendo una audiencia secreta con el 
rey, le dijo que le enseSUiria un parage por donde podria tomar 
la plaza con &cilidad. El rey, deseoso de apoderarse de ella, 
salid i caballo acompañado tan solo de Vellido para exami- 
narlo por sí mismo, y teniendo necesidad de apearse y habiéii 



doM apartado un p©co , Vellido le díd traldoramente de p«- 
naladast 6 loa» bien le alMvesó con as venablo, j montando 
eael míírao caballo del pe/ bayd dentro de la ciudad , sin 
que el Cid , que vid esta traición é infamia , pudiese alcan- 
zarle por mas que corrid tras del asesino* Este desgraciado 
seceso acaecid el 7 de octubre de 107a. En cuanto á Galaloa 
V. la nota 9 del primer tomo. 

( 4 ) De su hacienda. Lo mismo que de su historia 6 de 
sus sucesos. En castellano antiguo tenia la palabra hacienda el 
mismo signíQcado que negocios, asuntos á oosas. 

( 5 ) Puso en bando mis esperanzas. Es decir, no m^ aban- 
donaron del todo mis esperanzas, 6 roe pareció traslucir uia 
rayo confuso de esperanza. 

(Eapítub ú%iAim nono. 

(6) (V^la rariaolea/). 

( 7 ) üémr enUnces la libertad que me concede el ier ca-^ 
baUerOif y poder con justo título desa/taüe. El uso de los át^ 
ftafíos ea de la major antigüedad* Veraoa en Homero qae la 
guerra de Troya comenzó por an desafío entre Menelao y Pa- 
rís, es decir, entre el esposo jr el robador de Elena. Oiro de* 
safio entre loa hermanos Horacios y Curiacios decidid la sner^ 
te de Alba y 40 Roma* Valeyo Patércalo nos dice que estaba 
también en uso entre los germanos. Sin embargo en ningún 
tiefhpo fueron tan comnnes como durante Ja edad media, ed 
la cual los^ desafíos .no tenían por objeto el servicio de la pa« 
tria,siao satisfacer la venganza particular de los combatien*. 
tes. Generalmante se cree que los desafíos ó combates singu- 
lares tuvieron origen entre loa poeblos bárbaros del norte; de 
ellos se coinunicó á los alemanes ; quienes los generalizaron 
pof el resto de Europa* Todos los códigos de leyes antiguas 
qne tenemos de aquellos tiempos de ignorancia y de barbarie, 
ños justifican que estaban autorizados los desafíos por los go- 
biernos. Bl mas antiguo monumento de los duelos ordenado» 
por ua soberano, parece ser la ley de Gondebardo, aquel nsor>* 
pader que se apoderó de la Borgona. Las^raugere0 y los eclC'- 
aitfstioes tenían que admitir un desafio, según lo dispuesto 
^r algunaa de estas leyes inhumanas; encargando la defeo'* 
•a de fu oansa á hombrea asalariados llamados eampeones, qu^ 



iiMtaa diUeía de batirse por aquel que les pagaba 9 síii cui- 
darse de averiguar h ratota d causa del obieto. £0 machas 
de estás ocasiooes era ^suaado las caballeros tomaban á su car- 
go la defensa de las dsoias ó de oíros meneséeríDSos^ acusados ú 
oprimidos^ constituyéndose sus volunlarios campeones^ y de 
esto tuvo origen la institución de la andante caballería, eomO 
dice el mismo D; Quijotew Muy cOmuñ era entonces que un ca» 
ballero ofreciera su brazo y su espada ai que se ^Í9st en una 
cuUa 6 en ún tren|endo trance^ y á volar en defensa del opri^ 
mido de cualquier modo qué lo fuese, desafiando al iD|>k<esor 6 
al que habiá hecho el agravio, dé lo que tenemos ejemplos en 
los libros dé caballerías y en esta misma histoi^ia y ú mas del 
que ha dado lugar á esta anoiáciom 

Aunque tan géneraKzadbs entonces los desafíos, parece qué 
en España tardó n^as en conocerse este uso bárbaro. Las lejres 
de los godos , bien que sin inzon tenidas por crueles y bárba^ 
»as por aquellos que sin haber hecho ün estudio de ellas, co-^ 
mo dice no célebre jurisconsulto, han querido dksact«ditarlas 
para apojrarks fanfarronadas caballerescas j la tiranía feudal^ 
no autorizaron mas que los juicios llamados de Dios; á sabér^ 
la prueba del hierro encendido , del agua calleóle, eic^ bo- 
mo lo demuestra nuestro erudito Masdeu. Tan generalisadoi 
estaban los duelos ó desafíos éu aquellos desgraciados Uempós, 
que un duqne francés propuso um combate á todo trance dhaa- 
ta morir «cpara entretener la ociosidad, como decia el Cartel, y 
en honor de las damas. ^ No menos original fue el desafío de 
otro caballero flamenco, quien hizo íijar carteles por todaS las 
cortes diciendo en ellos qué se batiria con seis caballeros, uno 
después de otro , á iodo trance, con espada, lanza y rtiaaa de 
armas «rinediante la^ayuda de Dios, de la Virgen, de S. Jor- 
ge y de la señora de sus pensamientos* n Este combate no se 
Veriíicd por no haberse presentado adversarios, y entonces hi- 
Bo el no inenos estravagante voto de correr toda Francia* y Es- 
paña armado de punta en blanco en busca de aventuc^s, des- 
pués de cuya andanza fue ¿visitar y oGeteer uu bordoa de pe- 
regrino á Santiago de Galicia • 

Hasta áltimos del siglo XI no se halla memoria de haber es- 
tado en práctica en nuestro suelo la batalla privada* Con las 
alianzas y enlaces de nuestros príncipes con las dinastías firati-» 
cesas, se introdujo entre nosotros «1 uso de los desaíkxs, tan ge- 
neraliáadios jr comunes en aquel reino. Por el fuero de LeoH 



(4) . 

resalta que ya eil el año toio tenia aquel remo leyes que aa- 
tomobaii el dtísafío, y ¿e Í08 Usatges de Barcelona que en 
el de 106B estaba permitido^ en Cataluña. Desde entonces te- 
nemos en España muchos ejemplos de desafíos autorizados, no 
solo por los magistrados civiles , sino por los mismos prela- 
dos eclesíáslieos. En una sentencia dada en i i3i por S. Ole- 
gario, obispo de Barcelona y arzobispo de Tarragona , acerca 
ciertas desavenencias que entre sí tenían el conde de Barcelona, 
D. Berenguer, y su Veguer, Ramón de Caslellel, resolvió aquel 
santo prelada que algunos puntos importantes se decidiesen 
por medio de un desafío, como se lee en la historia de los Ccm- 
des de Barcelona escriu por el P. Diago. Mariana , Florez y 
otros hi¿toriadores retiereu el tan sabido como ruidoso desa- 
fío que hubo en tiempo de D. Alonso VI para saber y deci- 
dir cuál de los dos rezos mozárabe ó romano debería prevale- 
cer en los reinos de Castilla y León. 

En los códigos que se publicaban autorizando los desañ'oSy 
se prevenia el ceremonial ó formalidades que en ellos habían 
de observarse. El rey Felipe IV de Francia, llamado el Her- 
moso, publicó un gran código acerca de los duelos. Por él, co- 
mo dijimos en nuestro Diccionario Histórico Enciclopédico^ 
las dos partes ó campeones habian delcomparecer en eldia se- 
ñalado al campo ó liza señalada. Esta era una especie de pa- 
lenque de ochenta pasos de largo y cuarenta de ancho guar- 
dada por gente armada. Llegaban los combatientes á caballo, 
visera calada, embrazado el escudó, lanza en mano, y ceñi- 
das las espadas y las dagas. Como las supersticiones estaban 
entonces tan entronizadas, se proveian los mas de los comba- 
tientes de ciertos creídos talismanes, que solían llevar debajo 
de sus armas, junto muchas veces con la imagen del santo de 
su devoción. 

En estos espectáculos no se permitía á los espectadores 
estar ¿caballo, y el que faltab»áesta disposición era cas- 
tigado con la pérdida de la montura, si era noble , ó cortán- 
dole una oreja, sí plebeyo. Los jueces del campo hacían ju- 
rar á cada uno de los combatientes que creían tener derecho 
para combatir y la razón de so parte, y que sus armas no eran 
encantadas; lomando por testigo de la verdad de este estraño 
inramento á S» Jorge , y renunciando el paraíso si mentían* 
Después de esta ceremonia uno de los heraldos ó reyes de ar- 
mas partía el campo y el sol^ como se llamaba, es decir, se* 



(5) 

Salaba á los combatientes terreno jr luz igual para que pudiesen 
pelear sin desventaja. En seguida uno de- los jueces del cuar- 
tel echaba un guante 6 una especie áe cetro <5 vat-á en la arena, 
y principiaba el desafío, quedando á favor del vencedor las ar- 
mas del v^icido. También solían algunas veces comenzar ei'de^ 
safio desmintiéndose los dos campeón«»ai lieg«r »1 skio apla- 
zado; y después de haberse dado los- golpes señalados de an- 
temano en el cartel ,el juez del €ami>aecbiaba sa vata en el 
palenque, y cesaba el* combate. Si este quedaba indeciso antes 
de la nocbe, se consideraba culpable el acüSado, y se le aplica- 
ba la pena establecida ya por los mismos códigos. 

En algunos puntos de Alemanii^ se daba á cjidaí combatiente 
un padrino jr un confesor, y al estremo de la 4iza se colocaba 
un féretro con hachas encendidas partr el vencido, cantando 
mientras tanto el pueblo el lihei-a de k>s difuntos. 

l'ara enterarse de las costumbres y práctíoas^ ceremoniales 
usadas en los desafíos en los^ reinos de Castilla y León, puede 
verse la obra no muy ^comun iiivA^iá^ Doctrinal de CübalU" 
ros del señor D» Alonso de Cartagena, obíBpo de' burgos; y en 
muchas otras, como en la de PedfH>' AH^rt en los Usatges de 
Barcelona^ .en los Fueros de Y^lcnciii etow, las que se obiserva* 
ban en las provincias que formaban el reino' de Aragón. Una de 
las memorias mas curiosas en esta materia, es sin duda el ce- 
reroouial que escribid en díaléeto lemosi» por los anos^ ^4?^ 
Pedro Juan B^errer, caballero valencianos con el título Sumar ¿ 
de Batalla d Ultransa^ esio es, ritual de retds y descfíos á todo 
trance, y que consta de 25 cántalo»] 'Esté raro é inédito ma*^ 
nuscrito que poseemos y que seutimoif no poder continuar por 
ser demasiado largo y en uu idioma profincial, le vi¿4árobieu 
en la biblioteca del Escoriálel tenor Péi^z Bayer, según dice 
en una de sos notas á-la biblioteca de D.'Mcotas Antonio. 

Los desafíos y otros- desórdenes, '^ue solo la ign«raiiGÍa y la 
barbarie de ■ aquellos lieartposipodia iol^^ar, fu^roo luego com* 
batidos por la autoridad de» k'<i|fi-e5ÍB i -<Erlpia|ia -Celestino III 
prohibió los desafíos e a 1295^ íuslamcale.en laépoca'en que 
mas en uso y eu> cierta- manera aAtorizadbs' eeitabai»« Muohos ca- 
tfOnisias y teólogos comenzaron bifabieQ á declamar entonces 
contra esie abaso. Sin envlwirgo -iremofs qae á áltimos del siglo 
XIII, cuando Gárloade Aajoa^icou motivo de la soberanía de 
la isla de Sicilia^ desáíió'a Pedi^IH' de^ Aragón, este monar- 
ca admitió inmediatamente el desalío; con cuyo raoiúvo m pOr 



(6) 
demos aneóos de hacer nptar que aunque el príocipe franjee 
fue el que le promavici y juró no fritar al campo de Burdeos^ 
que era el sitio aplazado ^ tuvo el sentlmiecUo nuestro monar- 
ca de lio haber hallado eu él á su competidor y beber faltado 
á su palabra^ de lo que hizo levantar páblico testimonio. Y lo 
mismOf si bien que con alguna diferencia, sucedió mas adelan- 
te & nuestro Garlos [« jr V de Alemania, con su enemigo j pri- 
sionero Francisco L^ de Francia^ poco después dé haberle da- 
do la Uberled. Observamos también que á principios del siglo 
XlVf es decir en i333, el rey O. Alonso VI de Aragón au- 
torizó j presidió en Barbastro un desafil(p^ entre dos hermanos 
llamados Liopezt parientes que eren j vasallos del mismo t^jx 
como lo refiere Zurita en los Anales de aquel reino* Bien sabi* 
do es igualmenie el estraprdinario desafío llamado del pa$0' 
honroso de Suero de QuiooneSf quien con nueve compañeros 
se propuso en el año i4?4 dssafiar á lodo el que pasare por el 
puente de Orbiio y sus alrededores f cuyas raras particulari- 
dades espondrémos en otra anotación» Últimamente vemos aun 
mucho tiempo después permitidos por algunos, gobiernos loa 
desafíos como pruebas fudiciales» Parece que la Francia auto- 
rizó el último en el año de i547 1 hi Inglaterra en los años de 
iSjit <(>3i y i638y y la España el que ordenó el empera- 
dor Carlos V en i5aa , oomo se lee en k historia de este mo- 
narca por Robertsott* Desde entonces la progresión de las lu- 
ces y la mayor ilustración de los pueblos fue desterrando la 
inhnnana costumbre ,de los desafíos ; pero como por efecto de 
un resto de la barbarie de aquellos siglos y de una idea equi- 
vocada del honor continuasen alguna vez estos actos, los mas 
degradantes de U especie humana, la autoridad eclesiástica en 
unión Gonja civil han publicado dscretos los mas terribles con- 
tra este abuso, £1 ConcÜin de Trento fulminó todo el rigor de 
las penas eclesiásticas contra los desafiíos ; y nuestros monar- 
cas, desde Felipe V, impusieron la nota de infamia y otros eaSr 
tigos á los que femasen parte en ellos. 

No deja de ser curiosa la contestación que dio Gustavo Adol- 
fo á dos de sus generales que le pidieron permiso para un de* 
safio, «r Batios, les dijo aquel monarca; pero venga al mismo 
tiempo un verdugo para cortar inmediatamente la cabeza al 
que quede vencedor ó habrá muerto al otro» » 

(f^^Ia nota 33 dM ptJmer tomo y la 8 aoerom. los torn^os^ 
Ímta$^€tc4* 



(7) 

( S ) -Digno de su gracia. No solo quería ímílar D, Quijote 
Jas locuras át los andantes caballeros que ie habían precedicto, 
sino que aun se esmeraba en producirse y KabUr d mismo 
lenguage que babia leído en los menguados libros de caballo* 
rías, cujas frases retumbantes j enfáticas tan bien parecían i 
nnestro amartelado caballero. 

( 9 ) Del gran reina de Micfmticon, Sátira contra los reinos, 
también imaginarios, de los cuales se habla en los libros de ca^ 
ballerías, como el de Trapisonda, el de Sobradisa j otros. 

(10) De Guinea^ Para dar mas visos de novedad j de es- 
trañeza á las aventuras caballerescas, se suponía ¿omunipenle 
que sus héroes habían nacid o 6 venían de tierras y países leja- 
nos y remotos. 

(11) Hideputa. En tiempo de Cervantes no tenia esta es- 
presíon el mal sentido que ahora, y aun la nsaban en ciertas 
ocasiones la gente de educación mas fina que la de üaneho» 

( la ) Dio del azote d su palafrén. Es lo mismo que decir 
pegó un latigazo á su caballo ó palafrén, ó como sí dijéramos 
le did de las espuelas 6 le apretdel acicate. (A^ ta nota 10 1 del 
tomo I.*). 

( 1 3 ) Le fabló en esta guisa . Lo mismo que le habló de 
esta manera. La aventura de la princesa Micomicona es una de 
las mas naturales y oportunamente introducidas eo esta histo- 
ria; Solo acudiendo una princesa desgraciada á implorar el so* 
corro del fuerte brazo de D. Quijote podía sacársete de aquel 
lastimoso estado , pues siguiendo el ejemplo que de los otros 
caballeros había leido y se proponía imitar , no podía en ma-*- 
ñera algui^ negarse de acorrer á tan gran señora. Tal vez se 
propuso Cervantes imitar en la demanda de Dorotea , entre 
otras aventuras semejantes que se hallan en los libros de caba- 
llerías, la de aquella otra doncella, que entrando eti el palada 
del Emperador de Constan tioopla, gomóse lee en el Caballe-^ 
ro de la Cruz^ j pidiendo por el eaballero de Cupido, se poso 
de hinojos ante él, y sin quererse levantar del snelo por roas 
instancias que se la hicieron, le pidid un don que como dice 
D. Quijote le otorga. 

(14) Tiene la Uaue» E0 esta aventura principalmente se 
ve el genio é índole de las mas que se leen en los libros de 
cabaltei<ías. Como el instítttto principal qne se propusieron 
aquellos verdaderos 6 fingidos cabal lero»' fuera acorrer ks cnf-» 
tas en que fmdieroa hallarse las damaa y MCBesterosoS| uno» 



<«) 

y otros por esta razón acndian á ellps cuando tenían neeesi^ 
dad de su ausílio, en jastifícacion de lo cual pudiéramos citar 
varios pasages de diversos libros de caballerías. Mas cuerdo 
anduvo O. Quijote en el otorgamiento del don que se le pedia^ 
de lo que anduvieron otros caballeros andantes en lances se- 
mejantes, no queriendo esponerse con una precipitada conce* 
aion á comprometer los intereses j obligaciones que le ligaban 
con su rejr y patria, y con aquella que de su corazón y liber- 
tad tenia la llave. 

( i5 > y ton la diligencia que. Es decir « jr la diligencia 
coa que D. Quijote etc. » como observ<5 Pelliccr» 

( i6 ) P^Í¥Ír descansado todos los dios de mi vida* ¿Sis* 
propondría nuestro autor con este razonamiento que pone ea 
boca de Sancho echar en cara la inhumanidad y barbarie con 
que algunos hombres se han. hecho ricos con el comercio de 
negros, y con cuyo producto han adquirido el titulo li oficio 
ú ios medios con que i^ivir descansados los dios de su vida ? 
Sin duda alude á este vergonzoso tráfico cuando dice que 
por negros que fuesen sus vasallos él los haria volver blancos 
ó amarillos , es decir , que vendiéndolos los cambiaría por 
plata á oro. 

( 17 } Herreruelo* Capa algo larga con solo cuello sin ca- 
pilla, muy parecido á lo que llamamos ahora manteoi Débasele 
lambien el nombre de^rr^rue/o.Cpvarrubias supone que to- 
mó el nombre de unos pueblos de Alemania que comenzaron á 
usarla , como otros trages tomaron el de chambergos, bohe- 
mios, etc. 

( 18 } Calzas f jubón* (V. las notas 3 y aSg del primer 
tomo), 

(19) El caballo Pegaío. Monstruo de figura de caballo 
alado que la fábula dice nació de la sangre de Medusa cuando 
Perseo cortó la cabeza á aquella Gorgona. Este caballo fue el 
que de una coz hizo brotar en el monte Helicón la fuente &'- 
pocrene ó fuente del caballo, como índica su nombre griego^ 
Se lee en la mitología que el mismo Perso fue á Egipto mon- 
tado en él para libertar á Andrómeda del monstruo que iba 
k devorarla; y Belerofonte le cabalgó para pelear contra la Chi- 
mera , otro monstruo que asolaba los campos de la Licia* 
l^rasladado el Pegaso al cielo fue convertido en la constela- 
ción que.Ueva su nombre. 

( ao, } La cebi^m ó alfana* ( En cuanto á la allana Y* la no- 



(9) 
U ftfo del primer. tomo). La Cehrn^ equus zebra Lioé^ es se* 

guramente de todos los animales cuadrúpedos el mes bien for- 
mado y el que tiene la piel mas hermosa* A la figtira y gracia 
del caballo reúne la ligereza del ciervo*Su piel rajfida de lis- 
tas negras y blancas dispuestas alternatiyaraentef están marca* 
das con mucha regularidad j simetría. Estas tiras blancas 7 
negras en tanto son preciosas en cuanto soa estrechas , para^ 
lelas y exactamente separadas la« unas de las otras , y que 
de otra parte se estienden no solamente por el cuerpo , sino 
también por la cabesa ^ muslos , piernas y hasta por las ore- 
jas y cola. £a la hembra, estas listas son. aUer nativamente ne- 
gras y blancas; en el macho negras y amariUaSy pero siempre 
de un matiz vivo y brillante sobce un pelo corto , lino y es- 
peso > cuyo lustre aumenta todavía la belleza y hermosura de 
los colores» 

La cebra por lo común es roas pequeña que el caballo y 
majror que el asno ; y aunque se la hajra comparado mujr 
amenudo con estos dos animales/ se-haja por lo mismo^ lla- 
mado Cabídlo sahage y Asno rayado ^ no es la copia del 
uno ni del otro. 

La cebra es una especie particular jr dnica en su género^ 
pues no se une ni con el caballo ai con el asno^ No es tampoco 
el animal conocido *por los antigaos con el nombre de Onagro 
6 asno silvestre y montaraz. 

Habita en las partes mas orientales y meridionales del Áfri- 
ca desde U Etiopia hasta el cabo de Buena Esperanza , jr de 
este hasta Gongo. No se encuentra en Europa, Asia, América, 
ai en las partes septentrionales del África, á no ser que U 
hajran transportado. Regularmente las que vemos en Europa 
vienen del cabo de fiuena^Esperaaaa. Esta punta del África es^ 
digámoslo asi, su verdadero clima y en doáde abundan, cu/ as 
hembras paren todos los anos. Los holaadeses han trabajado 
mucho para domarlas y domesticarlas; pero hasta ahora haa 
sido mujr poco satisfactorios todos sus ensayos. 

La cebra tiene el casco muy duro, y el pie proba blenien^ 
te mas firme que el caballo: su carrera es ligera y muy ve- 
loz, en tanto que ha pasado á proverbio entre nosotros de- 
cir, mas ligero que una cebra , considerándola por lo mismo 
como el símbolo de la velocidad y de la ligereza. 

Tiene la boca dura y las orejas muy sensibles. Su alimen- 
to es regularmente igual al del caballo. 



Siempre es difícil de coger^ pero mocho mas coando ¡dren^ 
por su estremada ligereza. Auoqae á primera vista parezcan 
mansas no pttede uno fiarse de ellas, pues en lieg^ndose á ir- 
ritar , lo que es muy fácil , se desahogan á coces y á mor- 
discooes, dando ai propio tiempo unos gritos muj ásperos y 
desagradables f en nada parecidos a los relinchos del caballo 
ni á los rebuznos del asno* 

Andan las cebras por lo regular á bandadas ^ y huyen en 
viendo á alguna persona. 

A pesar del gran número de ellas está prohibido en el cabo 
de Buena Esperanza matar ninguna bajo una multa crecida. 

mNo falta quien asegure ^ dice Pellicer, que en España er« 
conocido y frecuente este tan hermoso y apreciable cuadrúpe- 
do; que de su nombre se llamd Cebrero un monte de Galiciaj^ 
y que en Madrid habia antiguamente en su carnicería tabla de 
carne de ce^ra^ como consta de su Enero dado á principios del 
siglo 1 3 ó ano de iao8 por D* Alonso VIII. Pero lo que resul-^ 
ta de este fuero es que las tablas en que entonces se vendía 
carnet en la carnicería de Madrid* eran de carnero^ áe cabra 
bona^ de oveia bona^ oveia veia 9 de cutral á cebón ^ de cenHi: 
y de cabra vcia ; mas no habia tabla de carne áe cebra sino 
de cieruo. En el fuero de Placencia^ dado también á principios 
del siglo i3 por el mismo Rej D. Alonso, se hace igualmente 
memoria de gamos,, de ciervos y de aoevras ó cerras; Mas es<^ 
tas eran las hembras de los ciervos, y el monte Cerrero se 
llamd sin duda asi por los ciervos queen él se criaban. 

( at ) Meótides, La laguna Meotisó Méotida^ llamada tam- 
bién mar de Azof ó de Azabache, es un brazo de mar termi« 
nado al S. por el Büsibro Ciméríco, estrecho de Caffa dde Aza« 
bache que la une con el Punto Euxino ú mar negro, y al N« 
por una punta por la que desemboca el Tanis 6 rio Don. To- 
mó este mar el nombre que lleva del pueblo Meota que habi- 
taba sus orillaSk Estaba antiguamente 'tan cargado de limo, que 
Aristóteles asegura que apenas podian navegar por él embar- 
caciones de alguna capacidad. Los masagetas adoraban esta 
laguna como ana 4ivi>^idad. 



(m) 



t^opftulo táQÍ$mo. 



( aa) Miémbresele* Lo niisniQ que haga memoria á acuér- 
dese y. del don que me tieae prometido. Derívase del latió 
memorare^ acordarse* 

( a3 } Sefíal de ser homjbrejuertem Péllicer 9 sio negar á 
Cervantes la invención de la idead^l cas.o del lunar f dice que 
quizá la tom<5 de la Historia de la pérdida de Ü^paoBt escrita 
por el licenciado Miguel d^ (iuna, natui^al de Grapada é hijo 
de padres moriscos. En esta historia 9 que maníÉ^esta haberla 
traducido al castellano del arábigo ei% que supone (a escribid 
Abulcacin* que se encontró en ella , dice qvie hallándose en 
Tarifa el capitán Tftríf con el Conde D. JultaHf prendieron los 
moros á una muger espaoipla j la llevaron á su presencia y la 
pqal dijo que se llamaba la Cabeiuda ; que siendo niña oyd 
leer á su padre un pronóstico, en que %^ decia que se había de 
perder este reino y le habían de ganar los moros ; que el ca*- 
pitan que le habia de conquistar habia de ser valeroso jr fuer(e; 
y que por se&a h^bia de iener un lunar peloso ían grand(fi 
como un garuamo sobre el hombro de la mano derecha; que- 
oído esto se desni|dd Tarif en presencia de todos, y habiendo 
mirado con cuidado, hallaron el, lunar que la muger habia di* 
^ho% En los libros de caballerías se lv»ce varias, veces m^a^ioa 
de caballeros y aun de damas que tenia n ciertos lunares por 
los cuales eran co9ocidos« y é ^uja presencia atribuian mu-* 
chas veces el valor y la fortuna de los que habian nacido coo 
ellos. Cervantes sin duda se propaso ridiculisar esta supersti* 
qion, que no se halla del todo desterrada en algunos pueblos 
de Francia sin embarga de la ilostracion de aquel reino. 

( a4 } Fénix* (V. la nota 1 5a del tomo primero). 

(aS) Faquín^ Esta palabra, tomada del italiano yaccA/zio^ 
admitida ja en el idioma castellano, equivale á ganapán, moaa 
de cordel, hombre que se emplea en llevar 6 trasportar fardos. 
i cuestas. 

( a6) Belitre» Voz de la Germania, de origen francés, y %ík 
aquella gerigonza tiene la misma fuerza que picaro, ruin hom- 
bre de viles y bajos procederes. 

( a7 ) Agudo ingmio* Snestc pasage se gradúa iambiea cir 



mismo Cervantes de ingenio agudo como aulor de esta inimi* 
table obra* ( V. lo que dijimos en la nota primera de la por^ 
toda )• 

Capítulo ttt0<f9tmo pñmcto. 

( a8) Bordando alguna empresa con oro de cañutillo» Lo 
mismo que oro hilado^ j se llama asi porque se pone eti ca-^ 
Autillos para luego emplearle tejiendo ó bordando con él. £1 
npmbre empresa enlenguage heráldico era un adorno ^ gero- 
glífíco 6 divisa que llevaban los caballeros, cómo un recuerdo 
ó memoria de la acción ó hecho de armas que iban á acometer 
ó emprender^ y de aqui tomó el nombre de empresa aquella 
fígura alegórica. La cruz^ por ejemplo, en los cruzados, era su 
empresa^ j que les recordaba el objeto de sus espediciones á 
Ja Tierra santa. Todas las órdenes militares y las religiosas tam- 
bién suelen tener su empresa 6 divisa, que recuerda á sus in- 
dividuos el objeto de cada una de aquellas asociaciones. Los 
caballeros tomaban muchas veces de las figuras de las empre- 
sas de sus escudos los sobrenombres con que eran co nocidos* 
Asi vemos que uno se llamaba el caballero de los Basiliscos^ 
otro del Ave Fénix, este de la Blanca Luna, aquel- de la CruZ| 
etc., por ser las empresas de sus escudos; j por la misma razón 
D. Quijole'queria, según se lee en el cap. ig, hacer pintar en 
el suyo uncb^mujr triste ligara , para indicar que tal caballero 
era, según le habia calificado el socarrón de Sancho: En los 
libros de caballerías las empresas de los caballeros suelen ser 
objetos amorosos bordados ¿ de otra manera trabajados por 
las damas , de cujas mauos muchas veces las recibían para 
recordarles su amor y su constancia al emprender un largo 
y dilatado viage , en el acto de celebrarse un torneo , unas 
justas, ó en otras circunstancias particulares. Con estas empre» 
sas^ que á veces iban acompañadas de un mote é inscripcioa 
para hacer mas claro su objeto, se presentaban los favorecidos 
en público y hacían alarde de ellas en las fiestas y pasatiem- 
pos caballerescos. El menoscabo ó la pérdida de una de estas 
joyas daba muchas veces lugar entre los caballeros á reñidos 
y fieros combates. 

( ag } ¿ Besóla ? ¿ pásasela sobre la cabeza ? Ceremonias 
alegóricas con que en casi todos los países, y principalmente 
entre los árabes y demás pueblos orientales, se manifiesta el 



(«3> 

apreció) respeto 6 yeneracion en qae se tiene á la persona qu^ 

envía el escrito 6 ei mensage* 

(3o) De la cintura< arriba* Aunque al fin del cap. ^5 j 
principio del a6 se supone que D. Quijote quedaba desnado de 
medio cuerpo abajo, en este se lee que lo estaba de la cintu- 
ta arriba: contradicción que tal vez escaparía á Cervantes, y 
. nada estraña con la precipitación con que escribia^ ó tal vez 
incurrid voluntariamente en ella por la decencia debida á Dul- 
cinea ^ y que á Sancho no le costaba mas sino añadir una 
mentira, como dice Pellicer , Á las machas que habia ja en- 
sartado. 

( 3i ) Buenas son mangas después de pascua* Es decir, 
nunca es tarde para recibir albricias 6 regalos. Mangas voz 
castellanizada del italiano manda , que según el Diccionario 
de la Crusca significa el regalo que se solía hacer por pascua 
de navidad y año nuevo, y en otras fiestas solemnes y ocasiones 
de grandes regocijos, cujas dádivas llamamos albricias, estre- 
nas, aguinaldos etc* ¥ de esta- costumbre y de aquel nombre se 
formd el refrán buenas son mangas después de pascua , para 
indicar que aunque no^se hubiesen hecho aquellos regalos en 
el tiempo oportuno, en todo tiempo eran bien recibidos. 

(3a) jaquel sabio nigromante* (i)l nombre nigromancia, 
negromantia en latín, es compuesto de dos voces griegas, que 
equivalen á muerte y adivinación ; es decir, adivinación por 
medio de la evocación de los muertos : es lo que se Uamd 
después magia negra* Los griegos, y particularmente los 
tesalienses, eraa los que mas se dedicaban a' este arte ridículo 
y supersticioso. Homero en la Odisea y Lucano en la Pbar- 
salia describen las ceremonias y ritos que se observaban 
en la evocación. En los tiempos de ignorancia durante la 
edad media , practicaron la pigromancia á la manera que la 
alquimia , hombres de aquellos que se creian sabios y eran 
tenidos por tales. Por medio de ciertas reglas pensaban conocer 
y descubrir las cosas ocultas, las que se hallaban en parages 
oscuros y tenebrosos, como subterráneos , minas, cavernas, 
etc. Solian principalmente practicar sus operaciones los ni- 
grománticos por la noche , en parages oscuros y por medio 
de ridiculas y algunas veces sacrilegas acciones. En los libros 
de caballerías se hace repetidas veces mención de ellos , co- 
mo qne muchos de tales libros se suponen escritos por sabios 
nigromdnticos.X D. Quijote atribuje la prontitud con que San* 



dio fue j T<rff id de kl entrañas de Sierra Morena al Toboso al 
Sabio nigromante que tenia cuenta con tos cosas y era sa amt* 
go; porgue^ añade Cervantes por boca de nuestro hidalga tí- 
dicuiiui«do aquella costumbre, por fuerza le hay y le hade 
haber so pena 4fue no seria buen caballero andante. 

( 33 ) Endriago, ( Y. la nota agB del primer tomo)* 

( 34 ) Prestigio. Especie de serpiente monstruosa y á veces 
alada, por medio de la cual se suponía que los caballeros eran 
llevados en algunos trances apurados de uU país á otro con la 
velocidad del rajro. De estas cosas estraordinarias é inauditas 
se leen muchas eq los libros de caballerías, j á la novedad sin 
duda de ellas debe atribuirse aquel placeír que se hallaba en su 
lectura. 

( 35 ) Fó sacaré de adahala* Es dedi*, haré una especula, 
cion 6 me manejaré de modo que, etc* Antiguamente se decía 
adahaJa y ahora adehala • Viene del itaheade halelj que sig- 
nifica lícita especulación. Se aplica este ndmbre, como diiímos 
también en el suplemento de nuestro Diccionario bistdricd en- 
ciclopédico, á lo que se did voluntariamente ó de gracia sobre 
el precio principal , y también á lo que se agrega de gages ó 
emolumentos al sueldo de alguna comisión ó empleo. 

( 36 ) Va he diclio. En tanta nianera estaba encalabrinado 
el bueno y codicioso de Sancho con las promesas de D. Quíjo-^ 
te, que cree haber dichd lo que solo había pasado allá en su ca- 
beza. ( V. la nota 16) « 

( 37 } En toda mi mda* ( V« la noto 3o del primer tomo). 



Copüub \á%mm sej^un^or» 

( 38 ) Acabóse ta buena coñuda. Pellicer cree que tal ve¿ 
en el. original diria breve comida^ pues en efecto con poca ra- 
sou podía caAíficacse de buena, i no ser que Cervantes lo 'hicíe- 
se irónicamente «. 

( 39 ) Z>. Cirottgilio de Tracia. Este libro lleva el siguiente 
titulo;: los cuatro libros del t^aleroso caballero D. Cirongüiú 
de Trocla^ hijo del noble Rey Elesfifon de Maeedonia^ según 
lo escribió Nauarco en griego rPromusis en latin. Sevilla, por 
Jacobo Cromberger año i545 en folio. El autor de estos libros, 
fiarnardp de Vargas, los dedicd al marques de Villena, y en eUos 



(iS) 
|»r6m6te tegundaparU. Secree que el iuísom^ Bernardo de V«r» 

gas escribid lo6 Hechos del principe Chrisocálo» 

( 4o ) Jdelix Marte de Ir cania y y el otro la Historia ^ del 
i^ran Capitán Gonzalo Hernández de Córdoba^ con Im wda de 
Diego de Paredes» (V« la noU 4^ del primer tQ«ao), Loa he- 
chos de Gonzalo Hernández de Córdoba^ el cual^ como dic«, 
el cura, porJus muchas y graudes hazañas mereció ser lia'* 
mado de todo el mundo el Gran Capitán^ renombre famoso 
y claro jr del solo merecido ^ ocaparon la piuma de algunos 
escritores. Uno de ellos fue Hernán Pérez del Pulgar ^ conocí'^ 
do por el de las hazañas^ por las que ejecutó en la guerra y 
conquista de Granada 9 y quepublicden Sevilla en iSay.Otra 
historia ó crónica del Gran Capitán con los hechos ilustres de 
D. Diego de Mendoza, D» Hugo de Cardona, el conde Pedro 
Navarro jr otros caballeros j Capitanea' de aquel tiempo eon 
la vida del famoso caballero Diego García de Paredes escribió 
an autor anónimo j que le imprimió en Alcalá de Henares en 
i564» Pueden verse los principales hechos de estos caballeros 
en los correspondientes artículos de algunas biografías* 

( 4 O Q^^ ^^ pasase por ella* « Diego García de Paredes, 
dice la Breve suma de sos asaüas^ según se lee al fin de la Cró- 
nica anónima del Gran Capitán hablando de este hecho, to-* 
mó una espada de dos manos en el hombro^ es decir nn mon** 
taote ^ y t% metió por la puente del Garellaao, que los fran« 
ceses habían echado poco antes; y peleando contra ellos em-» 
pezó de- hacer toles pruebas de su .persona, que nunca las hi* 
cieron majorca en $«i tiempo, Héctor y Julio César, Alejandro 
Magno,, ni otros antiguos valerosos capitanes, pareciendo ver-* 
daderamente otro Horacio en su denuedo y animovidadé» 

(4a ) Poco le falta d nuestro huésped para hacer ¡a Je- 
gunda parte de D* Quijote» Es decir, este hombre cojea del 
mismo pie que D. Quijote^ ó ha dado en k misma manía que 
aquel caballero andante 9 jr de consiguiente en la comedia en 
que figura D. Quijote como á primer galán, bien puede desem- 
peñar el ventero el de segundo* 

( 43 } ^o le hardn creer otra cosa frailes descalzos* Lo 
mismo que decir: nadie le hará variar de opinión, ó no será 
bastante para hacerle pensar de otra manera» Esta firase tuvo 
origen de la gran reputación en que el público .tenia en tiem- 
po de Cervantes á los religiosos descalzos ó de mas eslrech» 
observenciay la defitrenoia que se tenia á sos consejos y amo** 



nvstacioiies y la entera fe cou que se les oía en el púlphoF 
y en el confesonario. En Cerrantes es mas natnriil esta fra* 
se por cuanto casi en aquel mismo tiempo se hicieron las refor- 
mas de ios descalzos, y de consiguiente estaría en todo su fer- 
vor el espíritu religioso que las promovió. La reforma del Car- 
men se hizo en el año 1S689 la de los Agustinos en i595f la de 
los Trinitarios en 1600, y la de la Merced en i6o3* 

( 44 ) Q^^ quitan el juicio. El mismo cora espone en segui- 
da las razones por que se toleraba la impresión de los tales li« 
bros de caballerías* 

(Sopitulo táQttmo tmm. 

( 43 ) ¿ Pensabas^ amigo Loiario ? Es decir: ¿pensarás etc. •• 

(46) y sobre a/ que me hizo. Parece no admite duda que 
debe decir como en la edición de Londres de 1738: V sobre to- 
do al bien que me hizo^ y por consiguiente no debe admitirse 
la observación de Peliicer* 

( 4? ) No sé de qué dias^ <$ no s^ de cuántos dias. 

(48 ) De quien el sabio dice que quién lo hallara. El Sa-^ 
bio^ esto es Salomón, autor de los proverbios 6 parábolas, pri- 
mer libro de la escritura sagrada de los llamados copauámente 
Sapienciales^ por tratar de la ciencia mas importante, que son 
las buenas costumbres, dice en el cap. 3i : Médierem fortem 
¿ quis ini^enieí? Procul et de (inibus térras potium ejus. 

Del testo resulta pues que ^el final debiera concluir con tn-^ 
terrogante, es decir, una muger dé estas circunstancias, ¿^luéin 
la hallard f 

(.49) Usque ad aras* Plutarco, que es el que habla de estoy 
no lo atribuye á un poeta sino á Pericles, célebre orador y ge* 
ner/il ateniense. Instado por un amigo para que jurara en fal- 
so á su favor, conlesldle que como amigo le serviría en todo^ 
pero que la amistad no debía esceder tampoco los límites de la 
obligación sagrada que nos impone el deber y la religión. 

( 49 ) *^' ^'^" otro no ve que cielo jr tierra, 

Sb BBN no 'l vede ALTRO che cielo E TERRA. 

Como dice el original. Luis Tansilo, poeta natural de Ñola 
en el reino de Capoles, escribió este poema en reparación del 
mal que pudo haber hecho con otro licencioso y obsceno de 160 
octovas que compuso cuando joven, titulado el Fendemnúato^ 



C«7) 
rSf el Vendimiador. Oleen que Tansilo ocnpd mas de veiole 

j cuatro anos en la composición de las Lagrimas de San Pe^ 
dro , cuyo poema np se pubiicd hasta después de su muerte^ 
acaecida por los años de iSyo. Imprimióse la primera vez en 
1585, y en 1587 se publicó ja traducido al casteilano por 
Luis Galvez Montalvo, autor del Pastor de Filida (f^* la nO' 
ta 75 del primer tomo)* Pellicer dice que el licenciado Gregorio 
Hernández de Yelasco, capellan.del hospital de S. Juan Bautis- 
ta de Toledo y traductor de Virgilio^ tradujo asimismo parte 
de él á instaneias del maestro Alvar Gómez de Castro, como 
eonsta de las cartas latinas de entrambos que se leen al princi- 
pio de la traducción que inédita se conserva en la Biblioteca 
Real de Madrid. Para que puedan cotejarse ambas traduccio- 
nes ponemos la siguiente octava: 

Creció el dolor de Pedro, y juntamente 

Creció la afrenta con la luz del dia; 

Y bien que alli no haj nadie que le afrenle| 

£1 mesmo de sí mesmo se corria: 

Que un rostro noble^ sin tener presente 

Testigo de su error ó cobardía, 

Se llena de vergüenza cuando jerra^ 

Aunque no le vea mas que úúo y tierra* 
En la Biblioteca de D. Nicolás AntoniX) se hace mención de 
«tras cuatro traducciones. Una de Juan Sedeño, gobernador de 
Alejandría de Italia, otra de D. Martin Abarca de Bolea, ba- 
rón de la Clamosa, otra de Luis Martínez de la Plaza, presbí- 
tero de Antequera, y otra de Gerónimo de Heredia, caballero 
catalán natural de Tortosa* Otra traducción se hizo posterior- 
mente de este poema por el dominico Fr¿ Damián Alvarez en 
octavas castellanas, é imprimió, en Ñapóles en 161 3, reducien- 
do á i3 los i5 libros en que se escribió. Esta traducción es- 
tá dedicada al conde de Lemos, protector de Cervantes. En 
i653 D. Jacinto de S. Francisco, fraile de Santiago, publicó co- 
mo obra original suja este mismo poema en octavas, reducién- 
dolo á solo ocho librosi 

( 5o ) Entendidos é imitados. £1 poeta de quien habla es el 
Ariosto ^ quien en su Orlando finge qUe un caballero dueño 
de un hermoso palacio á orillas del Po cerca Mantua, convidó 
i comer i Reinaldos, y mandó sacar á la mesa un vaso de oro 
guarnecido de piedras jr lleno dé un vino ésquisitoque tenia la 
propiedad de revelar á loa itiarídos si sus mugeres les eran in* 
11. > 



/ 



fiélefl. Los <jat no tenían ésta desgracia bebíao sin verter unat 
sola gota de vino, mas los «que se vieran aquejado» coa esUfa-^ 
talídadf cuando creian tenerle en la booi se les derramaba to« 
do por el pedio sin entrar ana sola gota en el estomago. 
Cbí la ntoglie ha pndfca, bee con quetlo: 
Ma uon vi pu6 gik ber chi 1' ha paltana ^ 
Che '1 vin qaando lo cñBde in boca porre^ 
Ttttto sí sparget e faor uel petU» scorre. 
Reinaldos no obstante proveyendo lo espuef to de la prndui 
y la ninguna necesidad de averignar lo que podía serle^caro^ 
no qaiso beber del vaso^ contentándose con la bien sentada 
opinión qne le merecía 9u esposa. Entonces fue cuando el hués- 
ped, deshaciéndose en un rio de Ügrimas^ oont^ á fleinaldos co* 
mo él se había casado con la hija de un rico j docto anciano^ 
honesta, hermosa y discreta, con quien habia vivido conten- 
to y satisfecho por algunos anos, hasta que una mnger llama-* 
/ da lüelisa, con pertersa intención, aconsejóle que para probar 
la virtud de su esposa le diese libertad y ocasieves de abusar 
\ de ella fingiendo el marido ausentarse, y que por medio del 
vaso averiguaria después si habia sido constante/ fiel. Consin- 
tió el mal aconsejado marido, y fue víctima de su imprudencia 
é impertinente curiosidad. 

No tiene duda que de este y otro cuento semejante del Aríos^ 
to en el Orlando, tomó Cervantes el argument9 P^ra el arreglo 
y composición de la novM El curioso iniftertínerUe. 

( 5 1 ) y mas si lo pusieses por obra. Pellicer manifestó ya 
que sería menos oscuro este lugar si dijese ¿ y seria mas jus- 
to si lo pusieses por obra? Y auii creemos quedaría el sentido 
mas claro diciendo ¿si injusto fuera desearlo^ «# fuera todaiAa 
mas injusto ponerlo en Obra ? 

( 5a ) La estima en más que la libertad y la yida^ El ar^ 
miáo^ como ahora se llama, fue considerado como untaton por 
los griegos y por los latinos, según dijimos en el suplemento 
ú nuesti^o Diccionarío Histórico Enciclopédico* Wagner y Rar 
son los primeros autores que le han colocado ente las coma- 
drejas. La piel de este animal , al cual Piinio y Eliano atri- 
buyen muchas própiedudés supersticiosas, es de an blanco bri- 
llante, y la estremidad de la cola de un negro hermosísimo. Ea 
todos tiempos »e han destinado estas pieles para adorno de los 
príncipes. En uÉ principio se contentabái con cosería reunir 
muchas pieles y dejar colgando sus colas que formaban eo 



IÑroporcioDadas y imifonnes distanciad unas manebas n«gras« 
Despuas qaíUronse las colas para hacer estos aforros mas uni- 
dos ) y se cosieron de cierta en ciert* distancia unos copos 
de lana negra de cordero para imitar las prímitÍTas colas del 
armiño, y hacer resaltar más la blanciira del mismo. El nom-^ 
bre de este animal y de su piel se deriva del de Armenia, pais 
en que abunda, y de cuyas pieles usaban mucho sus natura- 
les, de donde los griegos le llamaron ratoo de Armenia, Elia- 
no j Plinio ratón del Ponto, denominacionea adoptadas por 
Agrícola^ quien no obstante aftade que en su tiempo era co- 
nocido también con el de hermelat. Consideramos inútil déte* 
nemos en demostrar que loque dice Cervantes del ardid para 
cogerle es otra de las muchas fábulas que ise leen en varios au*- 
toies antiguos de historia natural. 

( 53 ) Que si hay Ddñúes en el murido 
" Hay plu fiéis dé oro también. 

Dánae, personage mitológico, hija de Acrisio^ rey de Ai^oa y 
»é Enrídice. Habiendo revelado el oráculo á su padre que su 
nieto le arrebataría la corona jr la vida^ encerrd á su hija en 
una torre de bronce para impedir que llegara á ser madre, Pe- 
ro Júpiter, enamorado de su hermosura, se introdujo en la torre 
bajo la forma de una lluvia de oro. De esta entrevista nacúS 
Perseo, y Acrisio furioso mandd poner madre é hijo en un co- 
fre j los abandonó á lasólas dei mar. Felizmente llegaron alas 
playas de la isla de Seriphe, en donde unos pescadores loa re- 
cogieron y presentaron al rey Polideoto, quien los acogió £ivo« 
rablemente. Mas adelante Dánae fue conducida por su hipa su 
patria Argos^ en donde terminó sus días. Algunos autores han 
dicho que el amante que se introdujo á fuerza de oro en la tor- 
re no fue otro que Preto^ hermano de Acrisio* Virgilio supo* 
ne que Dánae pasó á Italia con algunos fugitivos de Argos, 
y fundó Árdea. Como es bien conocida la moralidad de esta 
fábula, no creemos necesario deternernos etf ella^ pues por des- 
gracia se sabe que el ero es la llave maestra con que se abren 
todas las puertas* 

Capítulo trigésimo cuarto. 

( 54 } Soneto. Enamorado estaria Cervantes de este sonetO| 
pues le repitió en el principio de la jornada segunda de su co- 



«e<lía ÍjA éisa de los tel&s¡i otra de las qae imprimid en i6t5* 
( 55 ) Líis cuatro SS, que dicen que han de tener los bue^ 
nos enamorados. Las indajró Luis de Baoona en este verso: 

Sabio^ solo^ solicito y secreto : 
j su esplicacíon en estos otros cuatro. 

Sabio en servir y nunca descuidado, 
Solo en amar y á otra alma no sujeto. 
Solicito en bascar sus desengaños, 
Secreto en sus favores y en sus daños. 
( 56 } A /toras tan ijiusitadas. Lo mismo que tan intempes* 
tivas. 

( 57 } Penélope* Personage histórico, pero qae mas comun- 
mente pudiera decirse pertenece á la mitología. Esta dice que 
era hija de Icario y de Peribea, y esposa de Ulises. Para eva-* 
dirse de la importunidad de los que querian seducirla mientras 
su marido estaba en el sitio dé Troja, prometid casarse con 
aquel de entre sus amantes que tendiese el arco que Ulises ma- 
nejaba , mas ninguno pudo conseguirlo. Estrechada siempre 
mas, dióles palabra que se declararía por uno de ellos tan luen- 
go como hubiese acabado una pieza de lienzo que estaba tejien- 
do; pero ella i fin de que no llegara este caso dicen que des- 
hacia de noche lo que babia adelantado de dia. De esta mane- 
ra los fue entreteniendo con diversos ardides, hasta que es- 
tuvo de vuelta su marido, quien los destruyó á todos. Por una 
conducta semejante es considerada como la muger mas hones- 
ta de la antigüedad fabulosa. 

( 53 ) Sin haber muerto primero d quien tuvo la culpa de 
su desgracia* (Y. la nota doy del primer tomo). 

(59) jáqui venganzas* Pellicer creyó que en d original di- 
ría: venid aqui venganzas, 

( 60 } Rufián. Nadie como Cervantes sabia sin duda lo que 
era un rufián. Según la descripción que de ellos da en su céle- 
bre novela Rinconetey Cortadillo^ y en la comedia del Rufián 
dichoso^ era no solo alcahuete el rufián^ sino también ladrón 
y encubridor de ladrones, espadachín de profesión y asesino 
de carrera. 

( 6 f } Una segunda Porcia. Hija de Catón de ütica: casó de 
primeras nupcias con Bibulo y en seguida con Bruto, j fue cé- 
lebre por su espíritu varonil. Un dia se hizo una profunda he- 
rida en el muslo , y preguntándole su esposo la razón : pa- 
ra demostrarte, le dijo, la serenidad con que me daría la muer- 



(at) 

le 81 tuviese la desgracia de perderte.» Ena morado Bruto áé 
una contestacioa semejante, la confió el secreto de la conjura- 
ción que había tramado contra César. Habiendo muerto poco 
después Bruto no quiso ella sobrevivirle. Sus parientes y ami- 
gos quisieron impedirlo, y la quitaron todas las armas y demás 
instrumentos con que poderse dar la niuerte ; pero ella tomó 
una porción de ascuas encendidas y se las tragó, de cujas re- 
sultas murió por h>s anos 4;? antes de Jesucristo. Hay muchos^ 
sin embargo délo dicho, qué niegan este último hecho, supo^ 
siendo que Porcis^ murió, antes q^ae Bruto. 

Capitulo tújiismo q^iMo. 

C 6ft > ( V'. hi varuBute a3 > 

( GS ) Malandrín j Follón» Oehí pakbra italiana matandri^ 
rfo.se hia»o la nuestra malandrín que tiene la misma fuerza que* 
ladrón, salteador de- caminos, etc» /^ú//o/^e« sinónimo de hom<« 
bre insensato, llena de vanidad^ó de viento^ como-que se deri- 
va de> fudle^ E^st^a, voces se. leen, con firecu^acia ea les. libros de 
caballerías*. 

(64) Ci/n<¿arra«. Govarrttbias.ei^ su> Tesoro de- la lengua 
castellana, dice que ci/w¿a/»ra es lo mismo que alfange^ arma 
propia y que soeleo uaarlo&turcoSv Xieoe la^ figura de hoz^ coa 
eir corte ó fila hacia dentro.. 

( 65^} Soy quita ds la palabra que os dk £s^ lo mismo que 
decir me haUo libre ,^ esto^ desq^uiiajclo der la pconiesa que 
hice, etc. 

£1 final déla clílíusula que dice- también la he cumplido j. á^^ 
^iera decin palabra que tan bien la he cumplido» 

(66 ) já pedir de boca,^ Antes que Lucio Apuleyose con* 
virtiera en. asno, dice Pelücer^ fue convidado, tf cenar por Bir- 
cena , su tia, en Hippata , ciudad de las famosas de l*esalia 
por la multitud de sus hechiceras, y al volverse á recoger á las 
tres de la nocheá casa Milon.su huésped,, vio. que tres* hom<- 
bres estaban desquiciando la puerta, pugnando, por entrar: tié- 
nelos por ladrones jr los. mata á cuchilladas: préndenle aliotro 
dia: lléyanle ai tribunal: colocaa también en él los tres cadi« 
veres, cubiertos con upa sábana, como el cuerpo del deli«* 
lo: levántase un viejo, y acusa públicamente al reo de hoinír 
^¡¿i(yi dcüéadcse este^ pero entra de refieáco una vieja Uor^ik^ 



(a») 
do aiuargameote como madre que deci*ser de aquellps tresdw 
f untos: acúsala de ouevo, y para mover á los jueeeft á majror 
Úidígoacion contra el iiomicida^ pide que se descubraju los ca- 
dáveres: mandan los jueces que los descubra el reo por su ma- 
nOf el cual levantando la sabana queda atónito y espantado al 
Ter que ios muertos eran tres odres, cueros <$ pellejos para lie» 
var vino, abiertos con diversas cuchiUadas por las partes y lu- 
gares por donde ¿I había hevido á los ladrones la noche ante- 
cedente. Prorumpe el auditorio en una risa universal , por- 
que esta invención se había dispuesto en obsequio del dios de 
la risa 6 del dios Baco, cuyas fiestas celebraban aquellos genti- 
les anualmente. Desea saber Apulejo el misterio de aquel en- 
cantamiento, y se lo revela una moza llamada Fotide, criada 
de Panfila, una de las mayores magas de Tesalia y muger de 
Miion, diciendo: que en lugar de los cabellos rubios de un j(5- 
ven de Beocia que su ama pedia , le Uevd los tres cueros 6 
pellejos de macho de cabrío que vitf trasquilará un botero; y 
haciendo Panfila sobre ellos un fuerte conjuro, en, virtud, de él 
se vivificaron los cueros, y echando 4 andar se encaminaroo^ 
a-casa de Miloa en busca de Panfila su niuger, y esforzándose 
por entrar llegd á la sazón Lucio Apuleyo , que pensando 
eran ladrones les dio de cuchiUadas. Por esta aventura que se 
refiere por estenso en el libro ¡[ y III del jésno de oro^ se vie« 
ne en conocimiento de que Cervantes parece la tuvo presente 
para su imitación en la quimérica batalla de D. Quijote con los 
cueros de vino, y se comprueba en parte que en esta historia se 
propuso imitar ú Apuleyo, como á Heliodoro en la de PersHeUm 

€apftulo UxQimao séptimo* 

( 67 ) Iban en fmmo las esperanzas de su diUtdo* O lo mh^ 
mo que si dijéramos «viendo Sancho desaparecer cuanto se pro» 
metía del desenlace de aquella aventura.» DUado es lo mismo 
que dictado^ título de dignidad ó señorío. 

(68) Qtte ponga sal en la mullera. Es decir que cscar* 
miente, que haga mas juiciosos, discretos 6 cuerdos á los de- 
mas escuderos. Porque asi como la sal sazona los manjares, asi 
el juieío, la discreción y la cordura ponen en su puntólas pa^ 
^bras y las acciones délos hombres. 

( %} Barce^ies datilados. Oescrípcioa del tra ge ordinario 



<a3) 
de les (caiiúvios en las €9St4^ 4^ ^friqa* Borceguíes datilados e$ 
lo. mismo que decirle |>i^ d«l color de los dátiles. 
(70 ) JIfange mofi^QQp (.V. la nota 64 de e»tc tóiao ). 
(71} Almalafa* Especie 4e albornoz 6 alcacel. 
' (7a) Mora. (V. las natas 89 io4i ip5, j[o8, 1099 191 y ^Ifi^ 
d«i pr&aier ipmo )• 

(73 ) lí^A larga masíi^ eomp de tíñelo. Llámase tinelo el 
e^medor en donde se eeHJien los fa miliares ó criados len las ca- 
sas en que abundan, para c€»ier junios j^ á manera de una co- 
munidad religiosa. 

(74) Su a^c^dador. Antiguamente t^ni» e) mismo signi- 
ficado aguardador que guardador. Con la primera palabra in* 
dicamos abora el que espera 6 aguarda^ y qon la segunda el 
que guarda ^ custodia* 

( 75 ) Como si fuese su 4/ercicio oficio de ganapanes ó mo" 
z»d$ cordel • 

(76} P'Or estas sirtes y por estas escitas y carihdis, £1 
nombre sii'les era común á dos grandes bancos de arena y á los 
dos golfos en que están situado^ en las costas de África en el 
Medíterr¿n«09«l uno llafliado por ios antiguos s/'rtis majpr^ gol- 
fo de Sidna entre liept» y Girenef el airo syrtis nUnor^ golfo de 
Gabes «i^tre los promontorios^ Aspis y el de Cartago. Como 
estos IkhIíCos 4:ambiabaa de lagar y no siempre tenían igiual pro- 
fundidad^eraa tenidos como unos escollos muy peligrosos y mu- 
chas naves naufragaban en ellos, por cuya rason s» did el nom- 
bre de !S<We^ i todois Iqsjpnnios de navegaciot» peligrosa* 

Capitulo iti%hmo ortooo. 

(77} ,^e trata del curioso dispar so que hizo D. Quijote 
de las armas y las letras. Con muqha razón indicó ya Pelli- 
cer que diWa mejor, en que se prosigue el curioso disc^rso^ etc* 
AntiQS y después de Ceryantes se ha escrito acerca el mismo 
•sunto 6 .contienda entre las armas y las letras. Bowle en su 
..edición habla de) discurso del italiano Bpcchi sopra la lite del' 
le Armi et d^le lettercp 

(78) Coleto acuchillado* El coleto, especie de jubón de ante 
xon mangas y una co^a como faldas. Cn tiempo de Cervantes 
era muy común ea España, y aun en el día no está desterra- 
do del todo de algunas provincias. Lsr gente de guerra solía Ue? 



<a4) 
var el coleto debajo de la armadura para que esta se ajutaiH 

con mas comodidad. Co/eto acuchillado éebe entenderse aquí 

lo mismo que rotdf y no con píexas 6 cuchillos que á Veces se 

ponen en la ropa para major holgara* 

( 79 ) Estando de posta ó guarda en algún rebeüin ó ca^ 
tallero . Estar de posta era lo mismo que estar de guardad cea- 
tinela en el lenguage antiguo^ j á reces se daba el nombre de 
posta al mismo centinela. El rebellín^ obra de la forttficacioa eft^ 
teríor de una plaza que cubre j defiende la cortina. J(X caballea 
ro^ que á veces se llama también machoy pertenece á la obra 
interior de una fortaleza y sobre cuyo terraplén se eleva y la. 
domina. 

( 8o ) Projundos senos de Neptuno, Lo mismo que en lo 
mas hondo del mar, en donde la fábula supone que Neptuno^ 
dios de las aguas, habitaba un palacio de cristal. 

( 8i ) Arcabucería, Lo mismo que fusilería, porque entoQr 
cés se usaban arcabuces en lugar de fusiles que todavía no se- 
habían inventado, como dijimos en la nota 370 del primer to^ 
mo (VO* Del antiguo uso del ar^o^us solemos decir arcaba-* 
cear por fusilar, al acto de pasar á uno por las armas. 

(8a) Artillería. Todos los instrumentos d máquinas para, 
disparar ó arrojar se llamaban antiguamente {>ig6n/of j artille* 
iriaj por necesitarse de cierto conocimiento, arte 6 ingenio pa-* 
ra fabricarlas jr manejarlas. Unos atribuyen la invención de la 
artillería á un fraile alemán, célebre alquimista, llamado Bar- 
toldo ó Bartolomé Schwarts por los años 1434. Otros creen 
que los venecianos ya hicieron uso déla pdlvora y piezas de ar- 
tillería en 1 366 en el ataque de Claudía-fossa , mientras que 
los hay que'suponen que los ingleses se sirvieron de ellas en la 
batalla de Grecidada en i346. Sin embargo de cuanto dicen los 
estrangeros, en España se conoció el uso de la pdlvora y de la 
artillería antes que en ninguna otra nación , merced á la ilus- 
tración de los árabes, según lo demostramos en otra nota. 

(83 ) Su negra X pizmienta caballería. Lo mismo que si' 
dijéramos su funesta, triste y malhadada caballería. Pellicer dijo 
ya que el adjetivo pizmienta viene del sustantivo latino pix^^eíy 
y verdaderamente significa cosa negra, atezada, etc. y en senti- 
do figurado cosa fatal y desgraciada. Parece que mas antigua- 
mente se usabR pecementOf pecementa^ por pizmiento^ pizmien'» 
fa^ atezado^ atezada. 



(.5) 

( 84 ) Alejandro* Monarca poderoso- j célebre- conquiatfti* 
dor, hijo de Fhilípo^ rey de Macedooia, j de Olimpias* 

( 85 } Iglesia ó mar ó casa real. Cervantes repitió este ad»^ 
gto en la novela de la Gitanilla, Lope de Vega trae este refrán 
con alguna niajor cstension en su comedia La Dorotea^ y de 
.una manera que <|uizá fuera mas propia en el caso á que se in- 
fiere. Tres cosas dice hacen al /lombre medrar j ciencia y 
mar y casa reaU 

' ( 86 ) Irse d las Indias. Lo mismo que irse á América <S 4 
las Am^ricas. Los primeros descubridores de aquella región la 
dieron el nombra de Indias por la semejanza que creyeron ha- 
llar entre el clima jr producciones de la una con los de la otra* 
La India propiamente tal tomó' el nombre del Indo^ caudaio* 
«a rio que baña esta región 9 asi como la' Amórica el suyo de 
Américo^fes^xxQxo^ uno de los que acompañaron^ á Cristóbal 
Colon en su segundo viage, y por haber sido el primero que pu* 
blicó el mapa de sus descubrimientos , principalmente de la 
tierra firme ó continente americano. Esla superchería^ privó á 
Colon de la gloria que le correspondía de que llevaran aquellas 
regiones el nombre de sa descubridor, llamándose no América^ 
sino Colombia, falta que en parte se ha salvado dándolo á pnioi 
de aquellos nuevos y nacientes estados. . 

{ 8^ ) Diego de Urbina,Esie capitán, que en la batalla de 
Lepanto mandaba una de las compañías del tercio de O. Mi-» 
guelde Moneada, en laque sirvió Cervantes, era natuval de 
Gruadalajara* Pellicer , citando la historia de Guadalajara del 
P. Fernando de Pecha que existia en la Biblioteca Real, dice 
que Ürbína se halló en la batalla de Lepqnto: mató quinientos 
turcos de la capitana de Alejandría y á su capitán, y tomó el 
estandarte real de Egipto. 

Las fiibricas de armas de Milán eran famosas ya de tiempo 
antiguo, como que generalmente se recurría á ellas ó á las de Bre«? 
sa cuando se deseaba tener armas de buen temple. Son pocos 
los que ignoran lo que se cuenta sucedió á S. Francisco de 
Borjá siendo virey de Cataluña. E^ncargó á su secretario que 
escribiera á Milán para que le fabricaran una porción de aln-^ 
bardas para su guardia , y el bueno del secretario puso en la 
carta álbardas por alabardas j lo que dio lugar á que estrañao. 



do un encargo semejante , consultara el comisionado antes d« 
disponer la fabrÍGftQÍQu de Us Mardas» Y' que entonces dijo 
el virejr á su secretario: bueno será que traigan esas albardas* 
la mitad para yqs por haber pedido albard)»» i Milaa guando 
tan buenas Jas hae^neo esta, y la otra mitad para mí por ha- 
ber firmado la carta sin leerla. 

• AiejanidffU de la Palla, pUia f uerte fundada casi i últimos de^ 
siglo Xll por los güelfof duraftte sus tertihies dksa venencias 
con los gibeliaos. Los güelfoS) como partidarios de los papas^.la 
dieron el nombre ác Alejandría en obsequio á Alejandro IHf y 
Sus enemigos por desprecio le añadieron el epíteto de Ja Ptdla 
6 de la Paja. Eata pla^ situada sobre el rio Tanaro pertenecía 
tú lo antiguo al estado, de Mílaoi j ahora al neino de Cerdesa* 

£1 gran duque de Alba de qaiea se habla «n el tesUi, fue 
D. Fernando Al vare» de Toledo^ uno de los masi celebres «api- 
taittes de aquel siglo, eayas principales peoesas ^eo&t^ ea Ita« 
lia, Flandes, Hungria y Alemania. A este valeroso duque de- 
bid Espafía la unión del reino de Portugal i la corona de Caa- 
tilla, asi como i nnb de sus aseead^entet la úicprporacioa del 
de Navarra « . 

Los pondes de ^uemont j de Hornos, j el príncipe de Qraa- 
ge, fueron considerados qomm los principales motores de las con- 
mociones de FUñdespara sacudir el dominio espa&ol.El deOran« 
ge pudo escapar de las pesquisas que pasd á practicar en aque- 
llos países el duque de Alba por dispoáeian de Felipe II; pe- 
ro los de EguemoAt y de Ilornoa fueron presos j degollados en 
Bruselas el día 5 de junio de i56S, siguiente a) que fue firma-; 
da su sentencia* 

( 68 } Testos mal heridos» « Envistió «1 Ochalí i ^ta capi- 
tana con siete galecas suyas, dice Pellicer copiando á Arroyo 
en la relación de la Sapta Liga, y no pudo' ser socorrida de las 
nvie.^tras por hahersie salido adelante de la ordenfnsa h puesto 
dellas por señalarse aquel di a: de los tres caballeros heridos el 
uno era fray Pedro Justiníao^i prior de Mecina y general de 
Malta, el otro un español , y el otro un sicilianos á estos ha<« 
Harón vivos, enterrados entre los muchos muertos. » Entre las 
varias noticias que debemos al P« Haedp para la ilustración 
de esta hittovia, sabemos que el Uchalí ú Ochalí nació en el 
año i5o8 en LicasteÚi, de pphres padres* Habiéndole cautivan- 
do los moros en su juventud , anduvo ;mucbos años remando, 
-en las gileras, hasta que aburrido de nqueHa vida renegó., ^ 



de esto se le llaiqd dluch Ali ó Elche Ali^ que en turco qaie^ 
re decir renegado k\iy por coriupcioo Uchaliú Úchah'- Oís** 
tiiigaidse desde eotonciss ea defensa de fin nueva religión , j 
en recompensa de sus singulares serTÍcios Uegó á ser nom-» 
brado re/ de Trípoli , luego promovido al trono, de Argel 9 jr 
después se apoderó del de TiSaez. En la batalla de Lepanto^ Ua« 
mada por los contemporáneos y poír antonomasia la Batalla 
fiáUfolj mand<5 con inteligencia j valor el ala izquierda de la^ 
fuerzas otomanas , y aprovechando una cojr untura favQra})Ut 
abordó y «a volvió la capitana de ^alta mandada ^omo beqiq^. 
dicho por el prior de Meoina^ en la <|9e al parecer solo trc^ 
hombf«s quedaron vivos» Despu^ de estas y otras proe^a^ ^r^ 
lebradas en los romances de aquella edadf pasóUqbalí i ^ivic 
cerca Constantinopla^ en donde fabricó un sunti^so palacio^ 
é inmediato á él Mua mezquita, en la que fue enterrado poco 
^eapues del ano i5o9« 

(89) jácudióla capHema de Jiáan Andrea 4 socorrerlas 
jBéritardiBO Gscalante en su diálogo del arte milita 1: 4^ bfiblau-, 
do de este suceso: « El Ochalí lleraba ja atada á s«popa la ca- 
pitana de Malta; pero la recuperó el capitán Ofeda, abordán- 
dola con la galera Guanana de Ñapóles, matando todos V^ 
turcos que de ella se habían apoderado, y la religión en re* 
compensa deste servicio que h hizo', le da en cada un año 
cierto premio de por vida. » 

(90 ) El estandarte de la religión de Moka, El autor ci- 
tado ea la nota anterior dice que esta (ue la vez primera que 
el estandarte de aquella valerosa órde^^ militar, que tan terri? 
bl0 üíB para los turcos, ca jó en manos de sus enemigos* 

La orden militar de los caballeros de S« Juan de Jerusalen^ 
llamados primeramente de Rodas f hoy caballeros de Maka^ 
debe su origen á la orden de S* Benito. 

Algunos comerciantes de Amaifi que se hallaban en la Si- 
ría obtuvieron, como dijimos en otra parte, del califa de Egipto 
Bomeasor Montenseaf el permiso en el año io58 para fundar e% 
Jerusalen un monasterio del rito latino, en el cual se establer 
cievon unos benedictinos que fueron de Italia* Al lado de esta 
monasterio , llamado Santa Marfa de la Latina; se fabricó «n 
C119 para los pobres peregrino^ j enfermos un hospital, cuya 
iglesia fue dedicada en un principio á S. Juan Limosnero, y 
desp^es á S. Juan Bautista. Del título de la iglesia se derivó 
el nombre de hospitalarios de S. Juan de Jerusalen* En tu 



(a8> 
Or^ea no eran estos hospitalarios mas qae oblatos 6 hermattOft 
legos empleados por los religiosos para el servicio del hospital'* 
El- hábito que les distinguía de los religiosos benedictinos j que- 
les did Godofredo de Bullón luego de haber tomado á Jerusa- 
leOf era un manteo ó cepa negra llamada apunta^ porque k te- 
nia en efecto , con- na a cvoz- blanca de ocho puntas. AJguo» 
tiempo después el^ abad se vid precisada á armar aquellos hos^ 
pitalarios paca proteger y deíbnder tf los peregrinos qae iban á 
la ciudad santa , y se veian atacados todos loa días por los. 
árabes que infestaban los caminos. Transformados en Qnlitares^ 
tuvieron que elegirse elk>s mismos un caudillo que los gober* 
nara^ é insensiblemente j á medida que el hospital seiiie en- 
riqueciendo con los donativos de 1^. peregrinos, no quisieroa 
ja reconocer otro ^efe, dentro ni fuera del hospital, hasta qae 
últinumente sacudieron del todo la autoridad die los moB|^«. 
£ntonces principiaron i formar i^i cuerpo arparte; y dejando^ 
la regla de S. Benito, tomaron la de S. Agustín; habiendo sidou 
estos , según dice Mabillon jr' otros, escritores , los principios, 
de esta ilustre dréen. 

En el ano de 1 1 f 9 eligieron á Gerardo de Provenxa por su. 
primer gran maestre; y en el de i-iao conñrmd esta orden el. 
papa Calisto II. 

El celo por la religión y cierto entusiasmo por las armas^ 
unidos entre sí, dieron i esta congregación religiosa. j. guerre*' 
ra numerosos prosélitos. Después, que en el ^no M87 se perdió 
Jerasaien, se retiraron los individuos de esta drden á Margat jr 
después á Tolemaida 6 san Juan de Acre, que defendieron va-* 
lerosamente en el año lago. Siguieron luego á Juan de Lusi- 
ñau, el cual les did en so reiao de Chipre el pueblo de Lini- 
son, donde permanecieron hasta el año x3io en que tomaron á 
RodaSy cuya isla pasó á ser desde entonces su residencia ordi- 
naria^ y de ella les vino el nombre de caballeros de Radas* 

Habiéndose apoderado de esta isla, en el año i5aa^ Solimaa 
II, sultán de los turcos , los caballeros que le habian opuesto 
una ob&tinada defensa se retirai'on á Candia, luego á Sicilia y 
últimamente á Yiterbo, que el papa les cedió, hasta que el emt 
perador y rey Garlos V ea>el de i5a5 fes dio á Malta^ nombra 
que tomaron luego y conservan todavía. 

Esta isla no era mas que un escollo estéril; pero luego fue 
muy floreciente, merced á los infatigables desvelos de la orden. 
Después que el gran maestre YUliters del Isle Ad an se estable- 



iÁó en ella con sas caballeros^ el mismo Solimán qué los Jb^bia 
echado de Roda^ quiso arrojarlos y apoderarse también de. 
Malta; por lo que en el año i566 se presentó delante de esta . 
plaza con 3o mil soldados, la cual se hallaba defendida por so- 
los 700 caballeros y 8000 soldados ó peones. £1 gran maes- 
tre de La Vállete sostuvo cuatro meses el. sitio ; de modo que 
los infieles , viéndose siempre rechazados , se retiraron llenos 
de rabia y de indignax:ion: desde cuya época esta pequeña is- 
la, perdida digámoslo asi en medio de los mares^ no temi<$ el 
poder otomano* 

Después que Bonapa rte en a4 horas se hubo apoderado de 
ella «n 179^ 1 permaneció esta isla , como hemos dicho en el 
articulo Malta ^ en poder de la Francia hasta el año 1800 en 
que se entregó como en depósito á los in^gleses. 

Después de estos sucesos la Orden^ aunque al parecer estin- 
i;uida, siguió del mismo modo, en tanto que el emperador Pau- 
lo I se dignó aceptar la suprema dignidad de gran maestre. 
Gustavo ly ofreció á ios caballeros la isla de Gotland , j la 
Dinamarca subsidios» El mismo Bonaparte estipuló en el |rata- 
do de Amiens que, se restituyera á los caballeros la isla de Mal- 
ta : y .últimamente la Sicilia acogió los restos venerables déla 
mas memorable asociación que se ha formado jamas; y Gata- 
nea fue el asilo donde el gobierno de la Orden se ha perpetua^ 
do hasta el dia , y donde espera en una inacción forzada que 
los restauradores>de las monarquías^ devolviéndole su existen- 
cia) le permitan comenzar de nuevo la carrera de gloria que la 
ha ilustrado por espacio de seis siglos. 

Esta orden se divide en tres clases: caballeros, frei- 
res y sirvientes. Los primeros se distinguen con una cruz de 
oro de pcho puntas, coropada y esmaltacjU de blanco, angula** 
da de lises de oro, que llevan en el ojal de la casaca pendiente 
de una cinta negra. La divisa de los freires es la misma; pero 
á mas otra cruz igual.de lienzo blanco sobre el manteo ó ves* . 
tido.al lado izquierdo, cuyo distintivo llevan también los ca« 
balleros profesos. Los sirvientes llevan una oraz de solos tres 
brazos de esmalte ó de lienzo^ según su «stado» 

Su trage militar era una sobrevesta roja en iprnHi de dalmá* 
tica, adornada dé una cruz blanca sin p^nta• 

Esta distinguida orden estaba antiguamente dividida en ocho 
lenguas hS naciones , á saber : Pro venza, Auvernía, Francia, 
ItaUa 9 Aragón , Alemania, Castilla é Inglalerpa; pero después 



í3o) 
fiel cambio Áe if ligion de esta úUíma se redujeron ú siete. La 
hias dístingaida de todas estas leoguss , dicea^ era la de Pro- 
venza ) por la sola razón de que Gerardo 9 sa primar gran 
maestre, fue dle esta provincia. 

( gr ) Genharos* Cuerpo de tropas, el primero y mas an- 
tiguo de todos los que se orgaoiEaron en Europa después de la 
destrucción del imperio romano , y aun el mas nombrado por 
sus varias fortunas. Amorates I, que fe instituyó coa la mira 
de formar soldados duros ^ aguerridos y leales, alistó primero 
seis mil jóvenes de entre los esclavos cristianos, á quienes á\é 
el nombre de geniczeris 6 soldados nuevos. Después se acre- 
centó lüttcho su número y se destinaron para genizaras los 
muchachos que i modo de tributo se quintaban en las provin- 
cias conquistadas « La dui^za de su educación, el desprecio de 
todo riesgo ^ y la sangre fria Con que miraban ó cometían los 
mayores horrores, llegaron il agradar tanto á Amurates, quena 
dia cortándose con su cimitarra una manga de su túnica ó cami- 
sa de muselina , la ciñó por la cabeza á uno de los genizaros. 
De esta acción tuvo origen el uso de un pedazo de muselina que 
los gemzaros llevaban como un distintivo en el turbante. Otros 
dicen que el cuerpo de tos genízaros no fue creado hasta 13721 
por el sultán Amurates II, hijo de Orean, después de sus con- 
quistas en la Tracia y la Macedonia; y que le formó de los jó- 
venes cristianos que habia hecho prisioneros. Algunos quieren 
suponer que Otoman I, que dio el nombre de otomanos á los 
turcos, fue el que creó esta milicia i principios del año i3o0 
de Jesucristo. 

Haya de esto lo que se quiera , lo cierto es que este cuerpo 
llegó á ser tan respetable, que el gran señor se decía y era d 
primer gentzaro 6 soldado raso de ellos con plaza viva. No sin 
razón se atribuia parte de su orgullo i la imprudencia de algu- 
nos soberanos que gratificaban con mano generosa é los geni*' 
zaros siempre que les abrían paso al trono con la deposición ó 
cabeza de su antecesor. Por la historia sabemos que este cner- 
po fue el que se atrevió á deponer en <5ia & Bayaseto II, pre- 
cipitó en iSgS la muerte de Amorates III, y amenazó destro*^ 
nar á Mahometo III. Osman II que faabia jurado la destruc- 
ción de los genízaros^ habiéndose desgraciadamente trasluci- 
do su designio , fue arrastrado con la mayor ignominia des- 
de el Serrallo hasta el (bastillo de las siete Torres, en donde fue 
ahogado en iGaa* M ustafá^ sucesor de Oimaa, fue destronado 



f30 

«1 c«bo dé dos meses por los rntsmosic^le Ittbiatt Inetto tts^ 
cender á la sttpHema dignidad; j esta : nutHciii iBMknté fae k 
que hizo morir en 1649 al saltan Ibnihíflit avcebatd lA cetro li 
sa hijo M«llometo I V^ para darlo á sa 'herñíano Solimán' III, 
el cual fiíeá poco tiempo destronado; j últtméiaente en 1 780 
no contentos esto» bárbaros con babeo obtenido, qiie ídniolft'* 
sen á sa oepricbo kl Gran Visir, al Biéis: Efifendi j al capitán 
Bajá, derriba ron del tróno á Aefamaf III ^ le encerraron ea 
la prisión en que estuvo detenido Mahometo, hijo de Mustaüa 11, 
y proclamaron otro en su lugar. 

Este cuerpo cíonstaba últimamente de ciento noventa y seis 
oftas ó compa&ías, y cada una de doscientos setenta y un bom* 
bres, las cuales juntas componían cerca de cincuenta y cuatro 
mil genharos. Anteriormente no eran mas que cuarenta milf 
de lo que les quedd un- nombre turco que equivale á los cuor- 
renta mil esclapos. El gefe de ellos era el agá 6 general de los 
genizarostf y el Kulqui agá el segundo comandante, teniendo á 
mas cada compañía varios oficiales subalt ernos. £1 prest 6 ra* 
cion de los genfzaros no era igual: variaba según los servicio» 
de cada uno* El mas corto era de siete aspros 6 medio real; y 
el major de noventa y nueve aspros, que hacen siete reales* 
A mas se les daba cuando seguían las marmitús^ frase que en- 
tre la milicia turca equivale Á la nuestra de ssguir las bande^ 
tas'^ el regimiento, una ración de pan y otra de pelaf, que se 
compone de arrot cotído con manteca, de mocho gasto para el 
soldado turco. 

En cuanto al uniforme, á escepcion de las chinelas encarna-* 
das, los calzones y el turbante, que eran de ordenanza, cada 
genitaro vestía como mejor le parecía» SnS armas en tiempo 
de guerra eran un fusil muj largo jr pesado, un «abk, un par 
de pañales y una 6 Áb% pistolas. 

Su destino en tiempo de paz era guarnecer las ciudades im- 
periales de Consta ntioopla, Basa, Andrtndpoli, eto»; y entonces 
no solian llevar por dentro de las poblaciones masque un palo 
en la mano» Desempeñaban al mismo tiempo varías comisiones 
por el gobierno, tales como el llevar el cordón k los bajaes 4 
otros empleados á los cuales el gran señor enviaba á buscar s«b 
cabeza , y servían asimismo para los particalares; pues cual-» 
quiera p«dia pedir, y se le concedían con facilidad uno 6 mas 
genizaros para que le acompañaran 6 sirvieran de reagoardo 
en sas ^ages, etc., dándc4es aquella retribución que estaba ja 



s 



(3a) 
Üéteranínada* En la oapíul caidaban á mas de las bombas pa- 
ra atajar loa ínceiidios^ las caales se hallaban distribuidas por 
los cdarCeles ó cuerpos de guardia. 

Bste poderoso é insubordinado cuerpo, que por tantos anos 
fue el terror del imperio otomano , de cuyo trono disponían 
C0B90 bemos visto á su antojo, ha dejado de existir por un gol- 
pe tremendo, j que nadie se habia atrevido á dar sino el ac- 
tual sultán Mahamut II, cuyo solo hecho eternizará su me-^ 

moría. 

( oa ) Verdugos que nos castiguen* Arrojo en la Relación 
de la Santa Liga copiado por Pellicér , atrrbuye la desgracia 
de Navarino, contra el parecer del mismo Cervantes, á la impe- 
ricia de los marinos. «Caminó D. Juan de Austria toda la no- 
che del día i6 de setiembre de 15721 para amanecer sobre el 
pueblo de Navarino , donde estaba toda la armada turquesa^ 
como habían avisado los capitanes Luis de Acosta y Pedro Par- 
do de Villamarín ; pero el cdmitré real y los pilotos se enga- 
ñaron en la ampolleta ( reloj de arena ) y fueron á amanecer á 
una isla llamada Prodano, distante nnas tres leguas de Nava- 
rino, y asi tuvo tiempo el Ochalí para sacar del puerto la escua* 
dra, y ponerla bajo el canon de la fortaleza de IVfodon. » 

Cervantes cometió la equivocación de llamar isla á Modoof 
la antigua Methone del Pcloponeso , que como se sabe es una* 
plaza marítima de la Morea. Quizá en las primeras ediciones 
del Quijote se incurrió en el error de poner isla por plaza & 
fuerte^ porque se hace difícil creer que Cervantes lo ignorase 
habiendo navegado por aquellos mares. 

( 93 ) Un hijo de aquel famoso corsario Barba Rojai Era 
hijo de un alfarero de Metelin, otra de las islas del Archipiélago. 
Hariadeno ó Cheredin Barbaroja, de desconocido corsario Uegd 
ú ser por su valor y proezas, general de la armada otomana y 
por muchos anos fue el terror de los mares y de las costas de 
Italia. Siendo rey de Argel se apoderó del de Túnez, del que pasó 
k arrojarlo el mismo emperador Carlos V en i535. Fue pa-^ 
dre de Asan Bajá, rey de Argel, y este de Mahamet b%y^ capitán 
de la galera que por haber sido tomada por los cristianos se lla- 
mó desde entonces la Presa. Era Mahamet como se ve por el 
testo el hombre mas feroz y cruel que haya existido. 

( 94 ) ^' ^^^ ^^^ ^^^ ^ tenian» ( V. la nota anterior ). 

( q5 ) Mulex Hamda , el moro mas cruel y mas (^aliente 
aue tu90 e/ mundon Moley Hamida y Muley Hamet ó Aiehamety 



(«) 

jRiftl^oñ hijos d^ Muléj Hacan, rey de Tttiiez^ eomb dice Pélii'* 
Cer. Hamida hizo cegar á su padre labacilándole los ojos con 
una bacía de azófar ardiendo ^ y le despojó del reino* ilaníieti» 
huyeüdo de I» crueldad de su herin aoo^ se retiró á Siciiía , j 
vivia en Palermo. Los turcos por medro del Ochali quitaron 
á Hamida el reinó de Tunes que se había hecho fuerte en Ja 
goleta coa esperanza de volver á reinar, D. Juan de Aus- 
tria echd Á los turcos de Tunes 9 y llamando á Hamet de Paler* 
mo le hiz9 gobernador de aquel reino , y remitios al cruel Ha- 
mida á poder de B* Garlos de Aragón^ duqu^ de Sesn y de Ter** 
ranova ^ virejr de Sicilia. En la carta donde dice que se 2^ 
enviaba hay esta posdata die su puño : «Ponga V, S. mucho 
cuidado en regalar cuanto pueda á ese afligido rey , asi cotí 
buenas palabras y consuelos como cion los efectos que posible 
le fueren ; pues es justo por el estado en que está. » Dcspue* 
fue conducido Hamida á la ciudad de ^íápoles, donde un hijo 
suyo se convirtió á nuestra santa fe 9 y siendo sus padrinos el 
mismo D. Juan de Austria y Doña Violante de Moscoso ^ se lla^^ 
mó D* Carlos de Austria^ y de la pesadumbre de la con ver** 
gion del hijo murió después el padrea Del nuevo r^ ó gober'» 
Bador de Túnez intitulado el infante Muley ^ se conserva to« 
davía una carta original en que da noticia á D. Juan de Aus" 
tria del estado ep que había encontrado aquella ciudad 9 y le 
pide socorros para mantenerla. Su fócha ; Túnez y octubre 3o 
de iSyS. La carta est<i escrita en castellano , pero la ñrma está' 
ün árabe y es original del infante : en nuestra lengua sueii^ 
asu « Del siervo de f^^ Mteza ^ el siendo Mahamet ; esto es • 
Carta escrita del siervo ó por el siervo Mahamet, siervo de 
V. A. M A este nuevo gobierno se siguió no mucho después la 
pérdida de la goleta y de U ciudad de Túnez que reüere Cer- 
vantes* 

(96} Goleth, Fortaleza á la eittrada'del puerto de Tunez^ 
que por estar^construida en una angostuna 6 gola se Uamó go^ 
lela* 

(97) El Señor D, Juan* Esto es^ D. Juan de Austria , hijo 
natural de Carlos V y de una señora alemana de Ilatibboiia, 
j los españoles solían llamarle coa el 40I0 título de Señor D. 
Juan, por el respeto y veneración con que miraban á su per*» 
gona y á todo lo que tenia relación con el emperador. El fuei le 
de que habla Cervantet» le mandó construir el Señor D. Juan 
de Austria estramuroade la ciudad, junto aja isla delata ñoi 
bajo la dirección del ingeniero Gabrio de Cervellon, tf quien uoui. 
II. 3 



/ 



(34) 

bró general de ^1. Pellicer dice qae te construjó este fueH« 
contra las orcSenanzai de Feüpe II» que habta mandado demo- 
ler tf Tunet ; pero IJsongeado D. Juan de Austria de coronarse 
rej de Túnez, / adulado de sus secretarios Juan de Soto y 
Juan de Escobedo, se empeñó en conservar aquella ciudad. 
Quizá fue esta una de ias causas por que Antonio Pérez man- 
dó después matar á Escobedo por óiden superior, según ase- 
guran lo confesó en el tormento , y lo fue sin duda de sus 
desgracias junto con la aversión de sus émulos, especialmente 
de Mateo Vázquez de Leca, canónigo de Sevilla, secretario de 
estado del rejr D. Felipe lí. 

(98) Moros y Alárabes* (V. la notaao3dcl primer to- 
mo) . 

(99) FUerta que no es socorrida. Según la crónica escrita 
por Gerónimo Torres de Aguilera , que sirvió en esta guer- 
ra y en ella qued<5 cautivo , resulta que el cardenal de Gran- 
vela, virey de Ñapóles, y el duque de Sesa, virey de bicilia, 
solicitados por D. Juan de Austria, no quisieron enviar so- 
corros á la goleta ni á Túnez , escusándose con que necesitaba 
toda» sus tropas y galeras para rechazar las empresas del Ocha- 
lí 9 y 4"^ cuando el Se5or D. Juan pudo enviarlos no se 
lo permitieron las tormentas y la actividad con que los tur- 
cos dispusieron y ejecutaron el año siguiente de 1574 el sitio 
y recobro de Túnez. 

(lOo)' Gomia • Derívase del latín gumía que signiSca la per- 
sona que traga ó engulle con ansia, y Cervantes da este nom- 
bre á Argel, porque era la ciudad ó puerto en que iban é parar 
ó engullía todas las presas que hacian los moros en las aguas 
y costas del Mediterráneo. 

(loi) Caballero valenciano y famoso soldado, D. Joan de. 
Zinoguera, ó según otros Sanoguera , que asistió en la toma 
del Peñón de Velez él año de t5t>4 , y en la primera campa« 
ña marítima que en 1 568 hizo D. Juan de Austria, estaba 
encargado de la defensa de esta torre, guarnecida con algunas 
piezas de artillería y setenta soldados. Después de haberse 
perdido la goleta, Sinan Bajá, comandante del ejercito de tierra, 
le intimó lalt'endícion, y prometiéndole la libertad á él ya 
todos los suyos le entregó. Mas el vencedor solamente la con- 
cedió á cincuenta soldados ; y reconvenido Sinan con su pa- 
labra , mostró indignado á 2janoguera la cabeza de Pagan 
Doria ^ dándole á entender con esto | como diee el cronista 



(35) 
l^ilera ) íjae haría coil ¿I lo mismo sí no te con&nnaba cúa 
lo por ¿1 últimamente dispuesto. 

(toa) Selleí>aban cautitfO. O. Pedro Puerto-Carrero^ nom-« 
brado gobernador de la goleta por D. Juan de Austria, se por-* 
ló con mucho valor en su defensa , j la conservó hasta que 
la tomaron por asalto los turcos , quedando cautivo con los 
pocos que sobrevivieron á aquella desgracia. Supusiéronle al. 
gunos no tener la inteligencia suficiente para la conservación 
y defensa de una plaza ^ mas en manera alguna que hubiese 
faltado á las lej^es del honor. Y se asegura que su muerte, 
acaecida cerca el cabo de Maina eu la Morea eu la travesía de 
Túnez á Constantinopla, fue ocasionada por el sentimiento de 
haber perdido la plaza que tenia encargada. 

(io3) Falentisimo soldado» Gabriel, ó mas bien como se 
llamaba entonces , Gabrio Cervellon, era un caballero milanés 
de origen catalán, de la orden militar d^ San Juan, en la que fue 
prior de Hungría , general de la artillería de la armada j ejér^ 
cito español, y á mas célebre ingeniero. Después que D. Juan 
de Austria le hubo encargado la construcción del fuerte del 
Estaño , le nombró gobernador y capitán general de Túnez. 
Perdida la ciudady la goleta, defendió valerosamente el fuer- 
te hasta quedar cautivo. El P. Haedo en la historia ele Argel 
dice que en su cautiverio, antes de ser conducido á Coustanti- 
Dopla, fue tratado ignominiosamente por Sinan Bajá , quien le 
dio un bofetón Á pesar de sus venerables canas, y le llevó 
á pie desde Túnez hasta la marina de la goleta delante de su 
caballo. Consiguió sin embargo la libertad por el cange que 
se hizo de él y de otros ilustres españoles é italianos cautivados 
en la goleta y en Túnez con.otros turcos principales que ha. 
bia en Roma apresados en Lepanto, y que D. Juan de Austria 
había enviado al papa como parte de los despojos de aquella 
célebre batalla. Cervellon pasó después á Flandes como inge- 
niero, y después á Milán en donde murió en i58o, 

(io4) 7rage de arnaute. Según el P. Haedo en su «Epíto- 
me de los reyes de Argel» arnaute ó arnauta era lo mismo que 
Albanes. 

(io5) Con un griego espía* Inoportuna parece la variación 
que hizo en su edición el señor Pellicer poniendo espay eu lu- 
gar de espía que se había leido en todas las anteriores. Con es- 
te motivo dice, tomándolo del Pé Haedo[, que los espais eran 
un género de soldados á manera de nuestras milicias, que 



(36) 

esta1)Éici en ans casas colifrMiclo una ligara |^aga , f siendo sdf 
principal institución la defensa de la ciudad , y saliendo á chri- 
paua no mas que eu easos estrnordinarios. Del mismo testo se 
deduce que era mas natural fuese una ^spfa que no un espnyi 
el. que acompañase en su fuga & D% Pedro de A-guilar» 

€afit\Ao tnaiitaQhm0. 

( lot ) téé CañlhÓ el OthaVí^ y le quiso táfúo qtie fue linO 
de los mas regatarlos garzones suyos. Llamábase este rene- 
gado veneciano Alan , y antes dé renegar Andreta. Lleg^ á set 
dos veces tty de Argel ^ después pasd á Tripoli, fue prómo- 
vido á capitán bajá ó gran almirante | y dltimamente murió 
envenenadlo. 

El nombre Uchali 6 Oe:hali es corrupción de Aluch Al¡, co^ 
mo dijimos én la nota| <pie quiere decir el nufeyo moro ó el re- 
negado Ali. 

Garzón , fpalabrft Áe origen arábigo según unos , 6 árabe se» 
gun otros , y los hay también que suponen se tom($ de la baja, 
latinidad. Sa vei'dadero significado es el de mancebo hermoso; 
bien que en el caso pr^esente parece la usó 'Cervantes bajo un 
significado que tiene l*'elacion con las costumbres libres y poco 
lionestas que se suponen á los berberiscos» 

( lof ) Que los turóos Uagiían baño* £1 deposito de los 
)BSclavos se llamaba boMo^ que éfx arábigo significa <c edificio ¿ 
obra de yeso a de en ja ráit se derivan las palabras albatiil^ 
lilba&ilerfaf etc. Dos eran los depósitos i baños que pot aquel 
tiempo había en Argel ^ según dice el P. Haedo en su l'opogra* 
^a de Af gél. El uno era üii edificio de setenta pies de largo 
y cuarenta de ancho, con piso alto jr bajo. Tenia en medio una 
cisterna , y á nn lado el oratorio donde decían misas ^ y para 
enyo servició llegd 6 haber mas de cuarenta sacerdotes de en- 
tre los caóticos. £1 otro ^aiio^ llamado de la fiastarda^ seria maS 
reducido por cuanto íaet&n siempre mucho menos los escla- 
vos que había en él pfesos. u Los baños de los cautivos cris- 
tianos f dice Pellicer copiando un manuscrito de la Bibliote- 
ca Real, son nnos como corrales grandes, con algunos a po^ 
sentillos y chozas al derredor, y en estos baños encierran 
de noche los moros 6 los cautivos, que andan sueltos, que los 
presos esuin en las maunorras atormentados en diferentes géae- 



ro&de prisicmes.» La &tíerte geunral de los eflciavos crutíanof 
oo era á la verdad tao cruel como generalmente ie cree. 
Ka estos baños 9 según relación de cautivos rescatados. 
Labia cuatro iglesias donde decían misa todos loi días 
doce sacerdotes : se celebraban los oficios divinos con deeen-* 
cia, y se cantaban misas con mdsica de voces é instrumentos: 
$»e pQuia el monumento el >ueves S'Hito i so predicaba : se ha- 
cían procesiones ; hubia siete cofradías con sus uiajordoinos, 
y el año de |665 hasta su celebró un jubileo con tanta deyo> 
cion y libertad como pudiera hacerse en España mismo. La 
cera , ornamentos y demás gastos se costeaban de las limos^ 
ñas que se recogían^ entre los cautivos, El cónsul de Francia 
tenia en su ca$a pila bautismal i» en donde se bautitaban los 
hijos de los cautivos ^ y en la misma so custodiaban lo&san-% 
to& óleos para la estrema unción etc. Vermitíaseles también 
eutreteuerse cu varios juegos , y solían representar comedias, 
especialmente en la noche de navidad , como dice el mismo 
Cervantes en su comedia de los Baños dt/ Argel. 

( io{5) Empalaban Suplicio lM>rroroso miij antiguo, como 
que estaba ya en uso en Homa en tiempo de Nerón , y que 
principalmente se ba conservado entre ios turcos. Consistia 
en introducir la punta de una estaca d palo tijo en tierra por 
el fino del reo ó condenado á e*te suplicio, y haciéndola sa- 
lir por el sobaco, dejarle colgado en esta posición. Con este y 
otros suplicios ó especies de tormentos solían algunos moros, 
y con mas frecuencia los renegados, castigar á sus cautivos. 
Otras veces los despedazaban vivos entre cuatro caballos <S 
galeotas , otras los entapiaban , suplicio que consistía en en- 
terrar vivo ai reo b;«sta la cal>eza, apisonando mucho el suelo 
de su alrededor. Quemaban á algunos é fuego lento , descaí'* 
vahan á otros , es decir les arrancaban la piel del cráneo ti- 
rando del cabello , pistaban á algunos , especie de suplicio 
horrendo como la rueda , y también enganchaban á otros, 
es decir que levantaban al reo con una cuerda y le dejaban 
caer , dando sobre una arpia 6 gattc/io , del que solían de-* 
jarlo colgado ha$ta qye moría* 

( 109 ) Homicida del género Jmmano. « Este tirano, el mas 
cruel de cuantos han t^ído reyes de Argel,»» como dice el P« 
Haedo, es el mismo Ochali, de quien hablamos en la nota io6. 

(lio) Coa el cuento de mi historia. Admirables fueron 
á la verdad los becbos y proe^a^ de nuestro Cervantes i!>aa-> 



(38) 
yedra dorante so eeotívcrío «n Argd , como poede terst en 
au tída, eaeríta por el aeñor NaTarretc , j por lo mismo de- 
jamos de recapitularlos en este lugar. 

, ( f 1 1 ) Mits eran agujeros que no vemianas , jr aun este» 
se cubrían con celosías muy espesas y apretadas, Al carácter 
reservado y celoso de los mahometanos se atribuye la coslum- 
bre tan generalizada entre ellos de las calles tortuosas j es«- 
trechas , reducidas yentanas, con rejas las roas ycces j espesas 
celosías, según obaeryamos aun en algunos de nuestros pueblos 
antiguos, y principalmente en aquellos que m as estuyieron ba- 
jo la dominación morisca. El nombre celosía nos recuerda aun 
]a pasión de los zelos^ que creen algunos hizo inyentarlas. 

(na) FUelyen d Berbería d ser lo que antes eran. La con- 
ducta de los renegados cristianos era tal como aqui la describe 
Ceryantes. El nombre de renegado no solo se daba á los cristia- 
nos que abjuraban su fe, sino á cualquiera de otra creencia qoe 
hiciera lo mismo con la su ja. El número de los renegado^ que 
yivian en Argel era considerable, como que el P. Haedo dice 
que de las doce mil casas que tenia esta ciudad, las seis mil y 
mas estaban habitadas j ocupadas por renegados. 

( 1 1 3 ) Una esclava^ la cual en mi lengua me mostró la zalá 
eristianesca. El mismo Cervantes en la comedia u Los baños de 
ArgeU dice terminantemente que esta esclava que crid á Zo* 
raída se llamaba Juana de Rentería , y añade que 
Ella fue una gran matrona 
Archivo de cristiandad , 
De los cautivos cqrona. 
La tala cnstianesca es lo mismo que decir la oración de los 
cristianos, porque con la palabra mía indican los mahometa- 
nos la oración que el Alcorán les manda hacer en cinco horas 
diferentes del día. 

(i 1 4) Son todos marfuces. Estoes, son astutos, falsos <S 
pérfidos , que todos estos significados tiene la palabra árabe 
Marfuz, Peliicer cita las antiguas poesías castellanas de San* 
chez, en las que llama D.* Marfusa ala rappsa por sus astucias^ 
y otro ejemplo del Archípreste de Hita , en que Uamd á F^r* 
«nand García traidor , falso , marfús. 

(i 1 5) Lella Marien* Es decir, la Virgen María. Lella en 
dialecto morisco es lo mismo que señora ó doña , y por lo mis* 
mo Lella Marien en rigor significa señora Marta 6 doña María* 
Coa mucha oportunidad dice Peliicer que antes que la esclava 



(39) 
diese noticia á 2^aida de ia virgen María , es de creer la ten- 
dría ya de ella; porque eu efecto en el capsulo ó mra 19 dei 
Alcorán se trata enteramente de María Santí:»¡ma j de Jesús* 
Dícese eu éi que did i luz su divino hijo conservando la virgi- 
nidad , que su concepción fue sobrenatural 9 con «ucbas otras 
alabauzaSf bien que mezcladas con los despropdAitos de que 
abunda aquel libro. Esto no parecerá esirano ti se tiene en 
consideración que Batirás j otros hertges jacobitas ajrudarou 
á Mabotna en la composición del Alcorán. Honorífica mención 
se hace eu ^1 también de S. Juan ^ del ángel Gabriel/ de otros 
personages y hechos de que se habla eá nuestros libros sagra- 
dos. 

(116) jtíd, Alha f Alia ó Alhelat son nombres que dan á 
Dios los árabes y mahometanos. Derívase del hebreo heloim y 
corresponde al Adouai. Prondncianio con ti uua mente al encon- 
trarse ^ al despedirse f etc. Todas sus oraciones comienzan jr 
couclujeu con e»ta palabra Sobrada ^^ es también su grito ó 
apellido de guerra* 

Capftttln ruabKog/aiuto ptimeto* 

(117) Sargal. Luis del Mármol en la «c Descripción gene- 
ral de África» dice que Sargel es una grande y antigua ciñdad 
edificada por los romanos , la cual se llamó antiguameute Ca- 
nuchi según Tolomeo ; aunque algunos quieren que sea la que 
los antiguos llamaron Carcena 9 Colonia etc. Está quince le- 
nguas á levante de Túnez, 7 quince á poniente de Argel por 

mar, y por tierra no hay mas de diez.» Sin embargo la ver- 
dadera distancia directa de Argel á Sargel es de cincuenta y 
cuatro millas. Se cree que este pueblo está situado solirc las 
ruinas de una antigua y célebre ciudad romana llamada Julia 
Cesárea* Y del nombre Cesárea corrompido se formd el de Al- 
gezair, y por un islote que tenia á la entrada del puerto. Este 
era cómodo y circular, defendido de los vientos del norte por 
el mismo peñasco. Cuando Barbaroja se apoderó de Argel en 
i5i6, el pueblo deSargel constaba no masque do 5oo vecinos- 
Este célebre corsario le fortifícd y mejotd un tanto; mas 
]uego vino á menos , como que quedó casi desierto. A fines de 
aquel siglo, época de que habla Cervantes , los moriscos que 
de Granada, Aragón y Valencia pasaron al Africat la repobla* 



<4o\ 

retí por la amenidad del sitio y fedílidad de tus campos^ úo^ 
mo que lUgcS á haber mas de mil ca&as de ellos, y ea i6i4 era^ 
ué^nii un derrotero^ majror que Cartagena , jr en su puerto po-« 
üiau estar resguardadas hasta veinte galeras. En lySS, de resuL 
tas de un terremoto, quedd este punto enteramente cenagado» 
Cervantes dice que sus habitantes hacian mucho comercio de 
higos 9 y Haedo de buenas maderas de coastraccion. En el dta 
los habitantes deteste pueblo, conocido con el nombre da Cer*' 
celi , se ocupan principalmente en la alfarería. 

(118) Tagarinos llaman en Berbería d los moros de Ara-* 
gon ^jr dios de Granada mudejares ^ y en el remo de Fez lla^* 
jman d los mudejares elches. Se conoce que Cervantes estaba 
bien enterado de las cosas de aquel pais, cujas noticias coa«- 
cuerdan perfectamente con las quedan Mármol j el P. Haedo* 
Este añade que los moros dan el nombre de elches á loa rene-» 
•gados, como también á los descendientes de estos $. y el P* 
Marcos de Guadalajara que con el de muda jares ó mudejares 
eran conocidos aun en España no solo loa moros y niorisces 
de Granada , sino también los del reino de Murcia , especial- 
mente los del valle de IVicote, que por estar muy emparen- 
tados y unidos con los cristianos viejos fueron esceptuados ea 
lo s primeros bandos de la espulsiou ; pero fueron compreadr 
dos finalmente en el de 19 de octubre de x6i3^ 

(139) Ballesta* La invención de este instrumento bélico 
con el que pueden arrojarse^ílechas, dardos j balas, se atribuye 
á los fenicios , bien que Yegecio asegura que fueron los mallor- 
quioes sus inventores. A los eclesiásticos les estaba prohibido 
tirar con ballesta y arco. Por uno de los cánones del concilio 
de Lelran del año 1189 se dispuso que los cristianos no pin* 
diesen ejercer el oúóo áeballeater os contra los cristianos; maS 
coiijo dice Fleuri en su hii>toria eclesiástica , este canon no fue 
nunca observado* 

( lao} A hacer el Zald^ ^Dijimos que es lo mismo qae 
la oración ó preces que dirigen al Altísimo los mahometanos^ 
El Zald^ salath 6 namaz es la oración que constituye todo 
el oücío de los turcos. La tienen por de precepto divino re- 
velada á los patriarcas antiguos , y repetida á Mahoma en su 
(ingido arrebato á los cielos. La oración requiere cuatro con- 
diciones en los mahometanos paraliacerla dignamente; primera^ 
esla<io de perfecta purcj^?, sin mancha grave ni leve. E)¿ite es^ 
el principio de los bañoi y ublusiones, que han pasado á e^r^ 



(40 

tilo civil entre los taróos: segunda^ sumo cuidado de cubrir to« 
do lo que el pudor mauda: tercera, postura del cuerpo, mu 
raudo á lá Meca*, cuarta, íutencioude cumplir con el precepto. 
Esta oración se divide en cinco partes ú horas. Tres de estas, 
miradas con respecto al curso diurno del sol son en un todo las 
mismas en todas las estaciones del año , porque van arregla-* 
das al movimiento periódico de aquel astro. La primera ora- 
ción de la autora siempre empieza 4^ minutos antes de salir 
el sol : la segunda ó de mediodía 4o minutos después de ha- 
ber pasado por el meridiano ;j la cuarta del anochecer ao mi- 
nutos después que el sol se ha puesto. En cuanto ála tercera 
y á la quinta, una desde el mediodía al anochecer, y otra desde 
el anochecer á la madrugada , empiezan mas temprano ó mas 
larde , según la duración de los dias. Estos cinco tiempos tie. 
nen por nombre ewcnth salalh^ horas destinadas al culto de 
Dios. Hajr también otras tres que son prohibidas para orar, 
á :iaber : los 4» minutos después de salir el sol , y antes de po- 
ne r.'^e i y ios 4^ minutos antes y después de pasar el sol por 
el meridiano. 

h''\ práctica de la oración es uniforme en todas las estaciones 
del ano y en todas las mezquitas del imperio. Es asimismo 
uua propia en todos las horas; y solo se diferencifi en el nú- 
mero de ncathes que la le^ prescribe para cada una de ellas 
en los capítulos del Alcorán que en ellas se leen. Entiéndese 
por ricath el drden preciso de humillaciones y postraciones, 
cuyo conjunto se repite varias veces mientras se ora. Los cin- 
co namaces de un dia constan de ag ricalhes : los 17 de pre- 
cepto legal : los I a restantes de obligación piadosa; pero el que 
se tiene por devoto hace muchos mas ricathes todavía. Por lo 
que hace á los capítulos del Alcorán , siempre son á gusto del 
imán , cuando la oración es en común y á la de cada persona 
cuando cumple separadamente ó á solas. En las mezquitas el 
imán entona solo Jas oraciones , el pueblo las repite en voz ba- 
ja , y atiende con silencio á los capítulos del Alcorán que se 
recitan. A eseepcion del amen el pueblo nada articula en voz 
alta , porque nadie mas que el imán y los muecines 6 anun- 
ciadores pueden salmodiar. 

Aunque no es de obligación hacer* el namaz en la mezquita 
misma , la mayor parte de la gcute van á ella , en especial 
para las oraciones diurnas. No bien se oye la voz del mueciu, 
cuando hombres y mageres , ricos y pobres, grandes y peque- 



ñoB , todof lo dejan todo para acudir á la oración. Caando no 
van á la mezquita ^ la hacen en cualquiera parte en que les co- 
ge. A cada paso se ve^ los magnates y ministros soltar la plu- 
ma ) suspendiendo los negocios mas serios ^ para pasar al ta- 
pete j ponerse á orar en la misma pieza en medio de un sin- 
námero de gentes. Cuando el amo de casa ha concluido su 
oración ^ cede por lo común su lugar a las personas mas dis- 
tinguidas que van orando consecutivamente. Los dependientes 
y los sugetos de menos respeto se retiran a' otra pieza é cum- 
plir con este precepto. Por lo regular la oración se hace eu 
común ; y cuando los señores no pueden ir á las mezquitas, 
oran con sus sirvientes ; y cuando están en sus oficinas , se 
juntan también los oficiales j todos Ips que alli se hallan á la 
sazón. Para este fin en las casas públicas y de los grandes se- 
ñores se mantienen unos imanes y muecines particulares, dis. 
tintos de los ministros públicos , con título de limosneros. Es- 
tos anuncian el ezan 6 convocatoria en lo alto de la escalera ó 
á la puerta de la pieza en que se ha de orar. Puestos después 
en una de las dos filas de la gente, y recitado el segundo anun- 
cio , el ¡man empieza la oración como el rito previene. Los sul- 
tanes oran amenudo en la capilla del serrallo en comunidad 
con sus gentiles-hombres. 

Los turcos dan el nombre de Keblah , Kebleh ó Ribleh ^ 
la parte del mundo htfcia donde se vuelven para hacer su ora- 
ción ; y también llaman Rebleh á cierto altar. Con el objeto 
de hacer exactamente la oración hacia el parage que su reli- 
gión les previene « suelen llevar consigo muchos turcos una 
pequeña brújula que llaman Kebleh-numa 6 cheble-noma. 

Los musulmanes dan el nombre de Kotbuh 6 Cotbuh á la 
rogativa ú oración , que hace el imán todos los viernes después 
del mediodía en la mezquita por la salud y prosperidad de su 
soberano. Esta oración es tenida por los príncipes mahometa- 
nos como una prerogativa de la soberanía , de la que son muy 
celosos. 

( 131 ) El primer uiernes» El ciernes es entre los maho- 
metanos lo mismo que el sábadp entre los hebreos y judíos, 
y el domingo entre los cristianos. Celébranlo haciendo por 
]a mañana la oración de ella un poco mas larga que los otros 
dias y en la mezquita , en lugar de que los otros dias la acos- 
tumbran á hacer en casa. Por lo demás apenas se abstienen 
de ningún trabajo servil , en lo que no son menos escrúpulo- 



(43) 
sos en los otros días do fiesta. En caanto i la tostitaoíon del 
YÍérnes , unos la atribajren á, la entrada de Mahoma á Medina 
en semejante día ; los otros , y parece lo mas probable f su- 
ponen qae antiguamente este día estaba consagrado entre los 
árabes para sus reuniones solemnes , j que Maboma no quiso 
hacer en esto ninguna variación. Según otros Se deriva de que 
los árabes adoraban particularmente á Venus ^ á cuja divini- 
dad estaba particularmente consagrado este día. 

( laa ) arrútate MamL Hemos dicho en otra notada este 
tomo que se daba el nombre de Arnaute i los habitantes 6 
naturales de la Albania ^ j por consiguiente que era lo mismo 
que albanes. El arnaute ó albanes Mand es el corsario que es* 
cribió á Cervantes j á su hermano Rodrigo cuando volvían de 
Ñapóles á España en la galera española llamada el Sol. El P. 
Haedo en la Topografía de Argel dice que este corsario era 
«tan cruel bestia que tenia su casa y bajeles llenos de orejas j 
narices cortadas á pobres cautivos cristianos por liger/simas 
faltas. » Nuestro autor hizo mención varias veces en su obra 
de este renegado* 

( ia3 ) Zoltanls, Derívase esta palabra de Sultán 6 soldán 
que equivale á príncipe 6 rey , asi como de Mey decimos reor' 
les en español y reis en portugués* Al parecer había varias 
especies de zoltanis 6 zoUanes entre los turcos %y ^^ diferente 
valor f é la manera que entre nosotros hubo reales de valores 
-varios. Los había iguales á nuestros pesos fuertes f y también 
que escedian del valor de un peso y medio. 

( 134) Ouald, Formulado un juramento árabe que equi- 
vale á nuestro vive Dios , por Dios | y aun con mas evaclitud 
á por Aldm 

(ia5) Como mas ladino. Derívase la palabra ladino de 
latino f que era como se llamaba al moro y también al negro 
que á mas de su lengua hablaban el castellano. ( V. la nota 
io4 del primer tomo,) Eran tenidos por mas 6 menos ladinos 
según lo hablaban con mas 6 menos propiedad « es decir ^ á 
proporción que mostraban majror 6 menor inteligencia en esplí* 
carse en nuestro idioma , que esto es lo que significa en el 
caso presente. Y metafóricamente llamamos /a<¿mo al que mueSr- 
tra inteligencia y conocimiento particular en alguna cosa. 

(ia6) Juma* Nombre que los árabes dan al viernes. (V. 
la no^a i^i de este lomo ) . 

(127) iKforosi^ag<irMOS. Es deciri moros marineros d gente 



¿e mar , que c«mo dice el P» Haedo ganAbaa su vid» b&gami^ 
ó remando f y se distiugaian de los otro» remeros cautivos ó- 
que lo ItaCKku eo castigo <de sus íkltas , comuumeate lliaai&áes 
ferzados á gateóles. 

(128) Tetuan» Aotigua ciudad de África en el reino de 
Fez, sobre el rio Cust á una legua certa del mar y á siete d» 
Ceuta f situada en una deliciosa y fértil llanura» 

(aag) Oran. Ciudad de la costa de África en el reino de 
Fez á una legua de Mazalqu¡?ir y á ao de Tremecen. 

( 1 3o ) Alnudaja. ( V* /a nota ji de éste tomo^ ) 

( k3» > Bien armados non siis mrcabuees y cuerdas encera 
di das * En la nota 270 del |>ri>ner lomo divinos ja el órdeo 
progresivo con que se habian ido perfeccionando el arcabuz^ 
)a espingarda, la escopeta, el fusil, etc. En un principio el 
arcabucero llevaba una cuerda ó mecha encendida , con la que 
daba fuego al arcabuz ; porque como dice Covarrubias eu su 
Tesoro de la lengua castellana, se tenia por mas cierto el resul- 
tado que con el pedernaL 

( 1 3a ) La misma Lella Marien que la hahin habiado* EÜa 
Retiene buen entendimiento etc. Necesario era ala verdad que 
tuviese Zoraida un entendímieuto claro y despejado para conar- 
preoder la doctrina de la iglesia acerca las imágenes , porque 
los mahometanos son iconoclastas ó enemigos de las imágenes 
que les prohibe representen el Alcorán* £1 legislador hebreo 
babia prohibido antes también hacer ninguna imagen, figura 6 
estatua , y tributarla adoración a%una por la propensión quie 
los judíos tenian ala idolatría; hasta que habiendo desapareci- 
do esta causa pudo dej[ar de observarse la prohibición. Sin 
embargo los)udíos no tienen imágenes en sus sinagogas, ui en 
los otros parages en que se reúnen para ejercer algún acto de 
religión, ¿igual prohibición observan los mahometanos. Es~ 
tos últimos están en la creencia de que si representaran una 
figura de hombre ó animal cualquiera no cesaría de clamar al 
Criador por un alma. 

{ 1 33 ) Me ha quitado de la hngud* Este episodio ha sido 
considerado por algunos j con fundada razón como un lunar del 
Quijote muy parecido al del Curioso impertinente. Pellicer 
hablando de la historia de Zoraida dice que no fue este suceso 
singular ,)r añade que el P. Sepulveda el Tuerto, que escribia 
en el Escorial lo que pasaba en su tiempo , cuenta que en el 
ano de 4695 se vino á España una señora alemana ^ mugcjr del 



liey 6 atútdtiA de Atgel^ cautivada desdejaiña, ^alídddoeé de ttA 
^ligioso mercenario que era uoó de sus cautivos. Envióle con 
cartas para Felipe II y la infanta Dona Isabel Clara Eugenia ^ 
«B que comunicaba sus íoienios. Entregadas estas volvióse «I 
religioso á Argek V'idxó ella permiso al Bejr para pa«ar unos 
dia« en un jardín ó casa de recreo quetenia fuera de la ciudad 
liácia Ja marinaii Hacíanse ahumadas para que se entendiese 
donde se hallaba , según se había convenido. Mandó S« M« ai 
m^nrqiiesde Deaia> virejr de Valencia entonces ^ jr después 
tkique de Lesma y valido de Felipe IIL, que envíase una barca á 
Arj^el. « Y la Sultana ^ dice el mismo Sepulveda ^ con lo mejor 
y mas rico que tenia y las mejores jojas^ entré en ella y meli<$ 
veinte personas que con «Ha estaban, j danse luego á la vela. 
Una mora de aqoíelkis t|ue se embarcaron con ella , como vi¿ 
^ue la barca venia para España empeeó á dar voces que las 
ponia en el cielo : liie forzoso el matarla. Luego á jas voces se 
altera la tierra : salieron mil bajeles tras la barca ; pero traian 
buen rato de delantera ^ jr asi no permitió Dios que la alcanza-^ 
sen ; llegó tínakneate la Sultana á Valencia <| y fue ai;asajada 
ide la ciudad y del virejr y que la paseó en un coche por toda 
eJ4a. Vino á la corte ^ fue mujr bien admitida del Rey y demás 
personas reales , y dejando a' su eleceion el pueblo donde qui- 
siese vivir , escogió á Valencia , donde pasaba la vida coa u<u 
pensión que la señaló ^. M. • 

(i 34) Sí tsgue SH merced dal ^eñor Oidor. Aun note* 
tiian el tratamiento de Señorfa^ Parece que entonces andaban 
siempre los magistrados con el tragede ceremonia. Covarru- 
bias describe la toga ó garnacha de los consejeros ú oidores en 
estos téi minosi Era, dice, una vestidura antigua de personas 
muy graves con vuelta á las espaldas y una manga con rocade- 
ro. Felipe II, continua , ordend que todos los de sus consejos^ 
asi el supremo como los demás y los oidores de las chancille- 
- rías y fiscales, [trajesen estas ropas dichas garnachas, por que 
anduviesen Hifcrcnciados de loé demás í cosa, concluye', muy 
acertada, y con que cesaron mil inconvenientes» 

( 1 35 ) u^díiUd. Voz que se deriva de la árabe delid que sig- 
íwhca moUrador , guiador , porque enseña ó mutetra el ca* 



(4«) 

mino 9 J ie Aaba en lo antigao acierta clase de oficiales milita^ 
res f cujas calidades y f aaciones se describen minuciosamente 
en la parte a.* tít. aa del rey D. Alonso el Sabio* 

Antiguamente era la segunda persona del ejército en España^ 
pues no tenia otro superior que el caudillo. El modo como se 
elegía el adalid era particular : se juntaban doce adalides j' y 
en falta de alguno de estos , otros oficiales de graduación ; y ju- 
raban en manos del rey , que el candidato tenia las circunstan- 
cias necesarias para el desempeño de este empico. Hecho ei 
juramento , el rejr ú otro en su nombre le daba una espada , y 
un rico'home se la cenia. Entonces se pouia de pies sobre un 
escudo, el rej 6 su representante le desenvainaba la espada y 
se la ponia en la mano; los adalides le levantaban en alto co- 
locándole de cara al oriente fj el electo dando un tajo al aire 
j un revés con la espada , hacia la forma de la cruz , y decia : 
m Yo N. desafío en el nombre de Dios á todos los enemigos de 
la fe , é de mi Señor el Rejr é de su tierra » ejecutando lo mis- 
mo hacia los otros tres puntos cardinales de la tierra. Conclui- 
da esta ceremonia envainaba su espada ^ y e\ rey le decia i 
« Otorgóte que seas adalid de aqui adelante.» 

( i36) Ciertos consejos mejores que los de Catón, (Fila 
nota:i3'¡ del primer tomo), 

(137) Maestre de campo. Grado de la milicia antigua 
española que al parecer correspondia al de brigadier en el si- 
glo XVII) y mandaba un tercio, cuerpo de infantería compues- 
to de doce compañías. Posteriormente se dio este nombre al 
gefe de un regimiento , en cuyo lugar se ha sustituido el de 
coronel. 

( 1 38 } Batalla de Lepanto, En el día 7 de octubre de i Sy i 
se di<5 esta célebre batalla en el golfo de Lepanto, ciudad si- 
tuada cerca del istmo de Corinlo , de la cual tomó el nombre y 
entre la escuadra de la liga cristiana, compuesta de las fuersas 
navales de la república de Venecia , de las del pa^a san Pió Y 
y de España , contra los turcos. La primera mandada por don 
Juan de Austria , hijo natural de Carlos V y hermano de Feli- 
pe II , y D. Juan de Requesens, constaba de mas de aoo gale- 
ras bien equipadas , y de mas de 80 buques de todos tamaños; 
y la de los turcos se componia de pasado de aoo naves de va- 
rias dimensiones, mandada por Ali. Elstejcombate naval^ uno 
de los mas sangrientos y horrorosos de que tal vez hace men- 
ción la historia t duró por espacio de tres horas , y él resultado 



(4?) 

de ¿I fae : h derrofo completa de la escttsdrá oComána 9 de la 
cual murieron treinta y cinco mil hombres ^ entre ellos el ge* 
neral de ellos Ali ; quedaron una infinidad de heridos ^ se hi- 
cieron diez mil prisioneros ^ y se libertaron quince mil escla- 
vos cristianos que llevaban los turcos al remo. Se tomaron á 
roas 1 3o galeras, se quemaron a5 j se echaron 3o á pique* Por' 
parte de los cristianos murieron en el combate seis mil hom- 
bres ) y después tres mil de resultas de las heridas. En memo- 
ria de una batalla tan célebre j decisiva , por la cual se puso 
un dique á los rápidos progresos de la Puerta otomana , se ins- 
tituyó la festividad del Rosario , que se celebra en el primer 
domingo de octubre* 

En esta memorable batalla fue donde perdid la mano nues- 
tro célebre Cervantes y de cuja honrosa herida hace justo 
alarde. 

( a3g ) Goleta • (^. la nota 96 y siguientes, ) 

(140) Consiantinopla y llamada por los tarcos Estambul» 
Antigua , célebre jr populosa ciudad de Europa ; en la estremi- 
dad de la Romanía ó Romelia en el bdsforo de Tracia, en una 
situación la mas cdmoda y deliciosa , capital del imperio oto- 
mano. 

Esla*ctudad*, llamada antiguamente Bizancio^ fue fundada 
en el año 658 antes de Jesucristo por una colonia de atenien- 
ses, cujro nombre mudó en el de Constantinopla cuando Cons- 
tantino por los anos 3a4 d 334 ^^ Jesucristo trasladó á ella la 
silla imperial de Roma. Desde entonces fue por largo tiempo 
la corte de los emperadores de oriente , quienes la embelle-. 
cieron con obras magníficas. 

En ella se celebraron varios concilios , fue sede patriarcal , 
y la religión cristiana estuvo entronizada hasta el cisma de 
Oriente. 

En la cuarta cruzada se apoderaron de esta ciudad los lati- 
nos el dia ao de julio de 120a ; y Baldunio, conde de Flan- 
des , fue elegido emperador por los cruzados , quienes se re- 
partieron los restos del imperio griego en Europa. Pero el de 
los cruzados en Constantinopla no fue duradero , pues en el 
ano laSg, reinando Baldunio II , quinto dé los emperadores 
latinos , se apoderd del trono Miguel Paleogolo , y restableció 
el antiguo imperio de Oriente. Este subsistid hasta el tiempo 
de Constantino, en que los turcos, capitaneados por Mahome- 
to II, tomaron por asalto á Constantinopla en d8 de mayo de 



t433 despads de ona vigorosa vcsiiCencía ^ c&ú \ó qué ier-> 
loioó el imperio de Oriente ^ j pasó á ser desde entonces 
Constaptinopla la corte del imperio otomano. 

Se cuentan en Constan ti nopla diea arrabales i los mas con^ 
•iderables son Galata j Pera ; en este áltimo es en donde 
comunmente viven los francos, y en el que tienen sus pa- 
lacios los embajadores de las potencias amigas de la Puerta. 

La población total de Constantinopla pasa de seiscieotas mil 
almas. Sus obras mas célebres son algunas mezquitas , como 
la de Santa Sofia, el serrallo 6 palacio del gran Señor y de Ba-» 
jaceto, algunas bibliotecas antiguas y preciosas^ dos soberbios 
acueductos ) el castillo de las siete Torres, etc. etc« 

(140 Afi menor hermano está en el Perú i Esta rica re- 
gión de la América fue descubierta por Pérez' de la Rúa en 
i5i5. Francisco Pizarro se presentó en ella como amigo del inca 
Atbahalipa en iSai, j concluyó su conquista eü i53f. 

Según la tradición que se conservaba entre los habitantes 
del Pera, cuando los españoles llegaron á sus costas, sus ante» 
pasados salvages en un principio fuerotí civilizados por un 
hombre y por una muger que llegaron á una isla situada en un 
gran lago al suddel Pera. Manco-Capac les enseñó á cultivar la 
tierra, á sembrar los granos^ y á constrtiirhabitacíoneSé Mama 
Oello, su compañera ó esposa, instruyó á las indianas á hilar 
y ¿ tejer el algodón y la lana* El primero después de haber 
reunido en sociedad é aquellos hombres dispersos , fundó una 
ciudad que pasó á ser la capital. A la manera que el célebre 
Odni, dios y pont/ñce de los escandioavios , les dio en un 
mismo tiempo y en nombre del cielo instituciones civiles y 
religiosas. Los peruanos recibieron con agradecimiento, y apren- 
dieron las leyes de su regenerador, el cual sin ninguna pre<» 
vención ni motivo conocido desapareció de entre ellos.Esta espe- 
ció de hegira ó huida acaeció á principios del siglo Xll, ó á 
principios del XIII de la era común. Cuando los españoles 
conquistaron el Perú se contaban catorce reinados de incas ó 
rc^es. La raza de Manco-Capac era considerada como sagrada. 
Todos los descendientes de ella tenían el título de hijos del 
Sol , y casaban con sus mismas hermanas. 

El legislador del Perú mandó adorar las principales mara- 
villas de la naturaleza : el Sol , como el padre de la luz y 
el manantial de la felicidad , recibía el primer homenage : la 
luna y las estrellas eran también objetos de su adoracioa^ 



(4») 

Offedan al Sol mna parte de Jas prodacciones de la tierra^ V 
algunos «mínales ; pero jamas mancharon los altares de sus 
divinidades con sangre humana) como sucedió en Méjico j en 
otros puntos de América. 

Las tierras de labranza estaban divididas en tres partes: la 
primera consi^rada al Sol servia para eostear los gastos del 
culto páblico: la segunda era del patrimonio del inca soberano 
y señor del pais ^ j con ella se cubrían los gastos del esta- 
•do: últiiuaniente se reservaba la iercera , que era la mas consí* 
de rabie ^ para la subsistencia del pueblo* Cada familia poseía 
«na porción de terreno ^ pero todos los habitantes cultivaban 
en común las tierras del Sol 9 las de los huérfiínos ^ las de los 
enfermos y las de los viejos* 

La distinción de las castas ^ establecida de tiempo inmemo* 
rial entre los indianos , existia en el Perú antes de la llegada 
de los españoles. Sus naturales conocian ja varias artes de 
industria -^ sabían purificar la plata que recogían entre la 
arena de los ríos , estraian los metales de las minas^ j sabían 
fundirles. El bisloríador <iarcilaso de la Vega llamado el Inca^ 
hijo de un español compañero de Pizarro, y de una moger de 
la sangre real de los incas 6 soberanos del Perú ^ es el que 
nos ha dejado noticias preciosas j detalladas dé este pueblo ea 
sus « Comentarios reales. » 

Capitulo «aodtag/stmo tmrta; 

( i4a ) Las mientes* Es decir| la mente, 6 te acoidarás de 
tu cautivo caballero. 

( x43 ) O luminaria de las tres caras! El amartelado 
D. Quijote llama á la luna luminaria de las tres caras con 
alusión á aquel verso de Virgilio: 

Tergeminamque Hecatem^ tria uirginis ora Diance. 

También puede llamársela de las tres caras por los tres es- 
tados de llena, creciente y menguante, 6 sea redonda, semicir- 
cular y puntiaguda. La mitología 6 creencia pagana le daba 
asimismo tres nombres: Luna ó Febe en el cielo, Diana en 
la tierra, y Hecate en los infiernos. 

( x44 ) Tendré mas zelos de tí que tú los tuviste de aque- 

lia ligera ingrata que tanto te hizo sudar y correr por los 

llanos de Tesalia. Hace alusión aquí Cervantes é la fébufa 

de Apolo y Dafne. Enamorado Apolo 6 el Sol de Dafne 9 hija 

11. 4 



(5o) 
éel río Peoeo, corrió eo tuno tra» de tila por los €tm|Ml6 de 
Tesiiiía sin poder tene«r á aqoella hermosa iogcata, la qae 
últiioamente consiguió ser coQTertida en laurel por el rio Peneo 
paru ponerse i cubierto^ j acabar de burlar á su perseguidor* 
De la sucinta relación de esta fábula se ve que no andovo 
acertado D. Quijote en decir qae tendria mas mIos que Apolo, 
pues malamente podía tenerlos no habiendo tenido tampoco 
rival. 

Los llanos de Tesalia 6 las riberas del Peneo ea lo mía» 
mOf porque este rio corre por aquellos llanos* 

( 145 ) Peneo ( K la nota anterior» ) Plioio en su His* 
toria natural dice que es el major rio de Tesalia* 

( 146 ) Corriste entonces zeloso enamorado ( K la nota 

144. ) 
( 147 ) Una guedeja de los cabellos de Medusa» La 

fábula dice que Medusa ^ una de las tres gorgonas, seducida 
por Neptuno, profanó el templo de Minerva; j que irritada 
esla diosa convirtió sus hermosos cabellos en serpientes; con* 
cediendo á su cabeza la funesta yirtud de trasformar en piedras 
á cuantos la mirasen. Habiéndose puesto Perseo los talares 
de Mercurio cortó la cabeza á Medusa TaUéndose del bru* 
nido escudo de Palas donde podia mirarla como en un espejo 
sin ningún riesgo. ( ^« la nota 19* ) 

( 149 ) Con poco mas que se estiren llegar dn al suelo* 
Pellicer habla de dos casos semejuntes á este, qoe quizá Cer- 
vantes tuvo presente, el uno fingido como el de D^ Quijote, 
j otro verdadero. Sucedió el fingido á Virgilio^ de quien se 
dice sin razón alguna que era dado al estudio de la roagiaf 
j que una muger con quien quiso disputar en Roma j á quien 
tenia afición le engañó j por medio de un encanto mas po* 
deroso le hizo bajar por una torre metido en una cesta, 
dejándole colgado á la mitad de ella á vista del pueblo ro- 
mano. Cl caso veniadero sucedió á mosen Bernat ó O. Ber- 
nardo de Cabrera, gran privado del rey D. Pedro de Aragón, 
que estando preso dispusieron hacerle una afrentosa burla 
por medio de una muger con quien tenia amistfeid, j con 
acuerdo de la justicia j del carcelero permitieron que se 
descolgara de la prisión, y cuando estuvo en medio de la 
torre quedó preso en una red que habia preparada al in- 
tento, en la que le dejaron suspenso hasta otro dia Á fin 
de que todo el muhdo le viera j se mofara de ¿L 



|Si) 

' AfUMjiie m fer<kd que queda tbfioltttamaote prohibida 
para siempre el btfrbaro oso de la cttestíon de tormento que 
se abotid por real cédula de a5 de ^io de i8i4t quizá aU 
ganos desearán conocer la práctica de tan inhumano proce- 
dimiento ^ y por esta razón vamos á dar una noticia dr- 
cunslanciada de ella* Varias son Jas obras que hablan del 
tormento ^ j entre ellas son noiables la memoria que es- 
cribió declamando contra el uso de la tortura y proponiendo 
su abolición D. Aiouso Acevedo en 1770 jr la reiu^cioa de 
tila que pUblicd en 1778 D. Pedro de Castro* 

A lo que dijimos en la nota ^73 del primer tomo imadirámoa 
que el m Tormento es manera de pena ^ dice la ley 1 •^ ÚU 
iiXXX part. Y££.« que fallaron los que fueron amadores de la 
i»)usticia para escodrinar et saber la verdal por el de los malos 
•»fechos que se facenjencubiertamente que non pueden seer sabi« 
»dos nin probadoa por otra manera : et tiene muy grant pro 
•para cumplirse la justicia; ca por los tormentos saben ios 
•judgadores muchas veces la verdat de los malos lechos en<« 
•cubiertos, que non se podrian saber dotca guisa.» 

Aunque el tormento se daba de varias maneras , continua 
el mismo legislador , son dos las principales , una con hert« 
das de azotes; y otra colgando al reo de loa brazos, y cateán- 
dole las espaldas y piefnas con alguna oosa pesada. Ko debía 
darse sin mandato del juez ordinario^ y hasta que resultasen 
presuittiones dsospecbas ciertas contra el reo acosado, ni al me- 
nor de 1 4 aftos, caballero, maestro de lejes 6 de otra ciencia; 
ni al consejero del rey 6 del común del pueblo y sus hijos de 
buena fama; ni á la muger preñada; pero si el conséjete hubiese 
sido antes escribano, y se le hubiese acusado de haber hecho 
carta (alsa , podía ser atormentado habiendo contra él iwspe- 
cha« Al hombre de mala fama . d vil se le podía dar tormento 
habiendo fama cmnon de que comejid el delito ó probándose 
por vfí^ testigo fidedigno, y habia de hacerse por el ejecutor 
de la justicia ante el juez por sí mismo, si sabia alguna cosa 
del delito ; maa nó si le cometió él ú otro nombrados, pues tal 
pregunta se temía pudiera ser causa de mentira. Recibida la 
declaración del atormentado debia restituirse á la prisión : ^i 
hubiese confissado el delito habia de preguntarle nuevamente 
el juez en el día inmediato, libre del tormento; y ratificándose 
pasaba á sentenciarlo con arreglo á deiecbo. Pero si antes de 
pronunciar la sentencia resultaba iivcierto lo confesado y rali" 



eso 

fiewlo por mMú j despecho ^ locara d oirá das» «empátete 
debía absolverlo^ Si el dra siguiente al tormento negare lo cooT 
fesado , estaba dispoesto que se diese otra ves ; j hasta dos 
Teces en dos días, siendo el delito de traición^ moneda falsat 
hurlo d robo; y si no lo confesaba era absoelto^ porque nada 
talia la coolesion en el tormento no ratificándola fuera de éí* 
¥ si el iuez lo daba á algano de otro modo del que mandaban 
las lejes d 'maliciosamíente por enemistad ^ don ^ precio á otra 
causa^ j de resaltas moría <S perdia miembro el atormentado 
debia recibir otra tal pena ó majror con respecto ¿las persona^ 
de ambos* Caando se había de dar el tormento á muchos 
debia principiarse por el menor en edad 6 por el criado con 
mas vicio, y continuar por los otros separados , de modo qae 
niogano ojese ni entendiese lo que dijera el atormectado ^ y 
con tai moderación que lasherídas le obligasen á decir verdad^ 
pero no le matasen ni lisiasen: sus declaraciooes debían escribir- 
se sin cambiar cota alguna de ellas. No podía darse tormento 
al siervo ó liberto para que declarase contra su señor ó 
señora aun despnes de Yendido, sino en Jos casos siguientesr 
r.^ Sobre acusación de adulterio hecho por ella 6 por 4Í con 
muger casada. a*« Sobre fraude cometidoen rentas reales por 
el almoxarife , cogedor 4 de otro modo recaudador de ellas: 3«* 
Sobre traición ^ conato de ella ^ contra la persona d señorío 
real : 4*^ Sobre muerte dada por marido á mu^r d por esta i 
éU 5.® Cuando uno de dos señores comunes del siervo procurase 
la muerte del otro: 6.^ ^obre la muerte de aquel á quien de- 
bía heredar el acusado. En estos casos y aoen otros, resultando 
indicios ciertos contra los señores , podían ser atormentados 
sus siervos para que declarasen y mas lo qjat dijesen en el tor- 
mento necesitaba de posterior confirmación fuera de él* Si el 
señor de la casa ó su muger é hijos resultaban muertos vio- 
lentamente enjella , de día d de noche, dehia darse tormento á 
sus siervos y sirvientes que con él moraban al tiempo del 
delito para averiguar sus autores; pero siendo menores de i4 
a&os se les debia íntímidar con amenazas ó ligeros golpes de 
correas para saber la verdad de ellos. Si el juez entendía que 
el testigo presentado para deponer de algún hecho variaba en 
sus dichos maliciosamente por decir mentira , podía luego po- 
nerlo á tormento para que declarase la verdad, salvo sí era • 
persona de las prohibidas de atormentar. 

No podiendo los parientes hasta el cuarto grado ser apre* • 
miados para deponer como testigos contra el acusado en pleito 



(53) 
de que le resultase maerte 6 perdtmíéoto de miembro, menos 
debían ser paestos á tonaeeto para declarar contra tal pariente; 
asi eSf conduje el sabio autor de las Partidas , que ni la ma« 
ger podía serlo contra el marido ni este contra ella, n» los 
suegros jr suegras, padrastos j madrastas , yernos-, nueras f 
entenados unos contra otros; ni- los libertos contra sus patro- 
nos, rougeres y padres; ni ios patronos contra ellos j sus hijos. 

No podia aplicársela tortura cuando el delito resultaba ya le- 
gitima y perfectamente probado; y tan solo se bacía cuando no 
estaba mas que semiplenamente justificado el delito , 6 cuando 
con algún indicio únicamente venia probado : por la razón de 
que la tortura fue inventada para suplir, y en defecto de no 
resultar evidentemente probada la verdad. Por otra parte absie- 
manse de hacerlo una vez legítimamente probado el delito; 
porque si sujetado el reo á la tortura declaraba eu contrario, 
perdía mucho de su fuerza la probanza. 

Después de haber es puesto el acusador ó la parte los 
delitos de que se creía autor el reo, se concluía en muchos 
tribunales pidiendo la aplicación de la tortura en estos tér- 
minos : « Por ende á V* pido conden>ne al dicho adverso di- 
}i>fínit¡vamente á la pena que pedido tengo; ycaso no confesado^ 
«que no haga para ello bastante probanza, V. mande poner 
»y ponga al dicho adverso á rigurosa cuestión de tormento 
» reiterándosela tantas veces, hasta que contie&e el dicho delito 
My se ratifique en su confesión y le hagan las preguntas con- 
uforme al interrogatorio por mí presentado y ks demás que V. 
j» viere ser necesarias, y para ello etc.» 

El reo solía alegar muchas veces que no había lugar de 
derecho al tormento, ya porque la calidad de la causa no lo 
requería, ya porque no había bastante indicio para ello ó 
porque aun no resultando confesado el delito no podía ser 
puesto á cueUíou de tormento por ser caballero, hijodalgo 
de solar conocido , de vengar los quinientos sueldos , ó por 
ser menor de i4 anos etc. etc. 

La tortura no se decretaba en cualquiera causa criminal, 
sino en aquellas atroces y graves y después de haber indicio 
bastante, como hemos dicho, y estar suticientemente probado 
el delito. Estaban libres de poder ser atormentados, según mani- 
festamos, muchas personascomo los noblesy constituidos en dig- 
nidad, los niños y los viejos decrépitos, los militares ó capitanesi 
los doctores, Jas mugeros durante su embarazo, lactancia, etc. 



(S4) 

LotgénArot d« lonMntosque roasMOMbaa eiiEi{NiBa6rMi: 
I •* el ilamtdo da agua y cordeles , a*^ da garrucha^ 3.** dd 
MelEOy 4*^ de ladrillo^ 5.* de tablillas» 

Solía pronancíar el juet la sentencia de tormenlo de affim r 
cordeles en esta forma: 

nYisto etc. fallo, atentos los indicios que de él resnlUn qxmtn 
Nm que le debo condenar j condeno á cuestión de tormenlP 
de agua Y ioca^ cordel y . garrole : en esU fomna: que sea 
puesto j atado de pies y manos en el potro del tormento, j 
le sean dados en cada pierna^dos garrotes, uno en el muslo j otro 
en la caña de la pierna de la rodiUa aba}o, j otros dos gar~ 
roles en cada brazo , el uno en el morcillo del braxo, j éL otro 
del codo abajo; por manera que sean ocho garrotes; y le sean 
echados siete cuartillos de agua por Ja boca sobre una loca 
delgada, la cual esté algo metida en la boca ; de suerte que el 
agua pueda entrar en ella* Y reserTO en mi otra cualquier ma- 
nera de tormento que mas necesaria sea darle en su tiempo j 
lugar, quedando en su fuerza j vigor las probanzas 6 indicios de 
este proceso. Asi lo pronuncio y mando por esta mi sentencia. » 
La; sentencia de garrucha se acostumbraba estender en esta 
formal 

«Visto etc., fallo j condeno á cuestión de tarmento; j aten- 
diendo á que el . delito es grave y atroz , y el dicho ^i. eS 
hombre fuerte y robusto , mando le sen dado y ejecutado en 
esta manera t que de la techumbre mas alta de la cárcel donde 
está preso sea puesta y colgada una gruesa soga de cánamo 
6 de esparto doblada por medio, que esté asida auna polea d 
garrucha y viga de la dicha techumbre; de manera que pueda 
currer, j el dicho N. sea atado por las muñecas de los brazos 
que vuelvan á las espaldas, y asi atado de esta forma, sean 
atados los pies ambos juntos, y de las gargantas de ellos 
sean puestas y colgadas cien libras de hierro 6 piedra poco 
mas 6 menos i y ansi puesto y atado, tiren fuertemente por la 
dicha soga ; de manera que levanten el susodicho de la tierra 
un estado de hombre poco mas 6 menos; y levantado, estando 
ansi colgado con el peso del dicho hierro^ le preguntep si es 
verdad de lo que es acusado , y sea tornado á bajar negando; 
de manera que no asienten las pesas en el suelo y ansi esté 
colgado todo, tirados los brazos por las espaldas, atados los 
pies , como está dicho, y le sean dadas doce^estrapadas mas 6 
menos de la manera susodicha. Y reservo ep mí otra cualquier 
forma de tormento etCtn 



(55) 
La sentencia de tormento de ladrillo jr sudto ai estílo español 
sedaba en esta forma: 

«En tal pueblo á lautos días de tal mes y a3o estando en la 
cárcel pdblica de ella el dicho señor jueC| auto mí di dichj 
Escribano j testigos di|o i que por cuanto ^1 había reservado 
en sí en la sentencia de tonneiito de garrucha que había dado 
al dicho N. de lo reiterar y darle otros mas eti su tiempo y lu- 
gar; que usando de lo suM)dicho, demás y alleade que habiuñ 
parecido nuevos indicios que eran indubitados / que atento qtie 
el dicho N« no había dicho ni couíesado nadaí que niaudaba 
y mandd que le íue^e dado otro segundo tormento 9 el cumÍ 
mandaba y mandd que le fuese dado en esta forma: que en la 
cárcel donde e&tá preso de una viga de ella sea atada una soga 
con la cual sean atados ambos brazos, enhiesto el cuerpo arri- 
ba , los bracos pueblos á las espaldas y atada á la dicha viga y 
tenga los pies juutos y descalzos encima de un ladrillo friO| y 
esté de esta manera veinte/ cuatro horas y le estén guardando 
de manera que no le dejen dormir ; y ansí dijo el dicho señor 
juez que mandaba j maiidd que pasadas las dichas a4 horas, 
se le diese fuego con el dicho ladrillo algo encendido al dicho 
N. por las plantas de los pies : y dijo que «Hsservaba y reservd 
la forma de dar ei dicho tormento/ otra cualquiera forma que 
mas necesaria fuese, etc.» 

Habia otra clase de tormento también del íueáú llamado i. 
la italiana f acerca el cual dice uno de nuestros jurisconsultos 
lo siguiente: «til tormento del sueño que se acostumbra á la 
usanza de Italia es m\xy mejor y por muy mejor estilo que 
el español y es ansí; que tieue hecha la justicia cierto inge- 
nio á manera de un reloj de arena, de estatura de un hom- 
bre poco roas, que tiene noeye 6 diez vergicas, todo redondo 
y por iodo éí sembrados muchos clavos, las puntas para den* 
tro, del largo de un geme j las puntas muy agudas, y al 
que han de atormentar le desnudan en carnes, salvo unos 
panos menores , jr le meten dentro.del dicho tormento , el 
cual es tan angosto que no cabe mas de solo el atormentado, 
y viene tan justo con las puntas de los clavos, que tocan al« 
gun tanto oon las carnes y tiene atadas ks manos atrás; y 
son tantos los clavos qne el artiücio tiene, que puede haber 
de uno a otro cuatra 6 cinco dedos, y de esta manera le tie- 
nen allí metido el tiempo que el juez le parece; y como está 
en pie que no se puede sentar ni arrimar de una p^rte i otra, 



(S6) 
rio meterse tos ctaYos por elcuerpof j ^ jueai le est4 pregan- 
taado de rato en rato si quiere decir verdad j eo BÍnguiui 
manera no puede dormir; sino antes da voces j gritos per- 
qué es tormento bravo y may cruel.» 

EU mismo escritor hablando del tormento de tMillms se es- 
plica de esta manera: 

ttY en cuanto al tormento de tablülas es de esta manera^ 
que los juezes los 4an raras veces; y es la manera del tor^ 
mentó como de agua y cordeles-, porque pone el >uez al 
que ha de atormentar en ^I potro de tormento^ y habiéndole 
dado los garrotes que por su sentencia mandil no confiesa el 
delito^ toma cuatro tablillas pequeñas cuadradas del tamaño 
de un palmo cada una poco mas ó menos, y en ellas cíbco 
agujeros que pasan de una parte á otra, taii angostos que no 
cabe mas de un dedo en cada uno, por los cuales agujeroe 
meten los dedos de las manos y de los pies al dicho atormen- 
tado; y para darle grave dolor meten una cuna entre , cada 
dedo y agujeros de pies y manos, y van apretando poco á 
poco con un martillo, cada uno por sí; y es tan bravo y grave 
tormento que ¿e le ponen al atormentado los dedos tan del' 
gados que quedan desemejados que no parecen dedos, y es 
tan peuetrativo el dolor de este tormento que raras veces 
los jueces acaban de apretar las cuñas; porque algunos des- 
mayan y otros confiesan luego el detito.» 

Otras veces se proferia la sentencia de tormente sin decla« 
rar el género de él eu esta furnia: 

«Visto este proceso etc., fallo que debo condenar y conde- 
no á cuestión de tormento, el cual se le dé en la forma y ma- 
nera que é mí bien visto me sea, y reservo en mí el género 
de tormento y la cantidad de él y la forma en que se le ha 
de dar etc«» 

De esta clase de sentencias usaban mas los jueces pesqui- 
sidores que los ordinarios, la cual se intimaba al reo d á su 
.curador si era de menor edad, y podian de ella apelar si se 
creian gravados con ella. No admitida la apelación y confir- 
mada la sentencia de tortura por el juez superior, mandábase 
conducir al supuesto reo al lugar destinado para la tortura^ 
en el que habia el juez, el escribano y los verdugos. 

En algunas naciones era práctica dar el tormento en un lugar 
público, mas en España se hacia en un lugar secreto y ni 
aun se perniitia asistir al procurador ni al abogado del reo* 



Presente el reo ya, se estendia la eeotencia de tormento ed 
esta forma: 

«En tal pueblo á tantos dias de tal mes y año el Iltre« 
Sr.N. teniente de corregidor de esta ciudad, estando den- 
tro de la cárcel páblica de ella hizo parecer ante sí á N. a¿u« 
sado, preso en ella, j le dijo que él quería ejecutar en él 
la sentencia de tormento contra él dada, que sin que le díeso 
tormento le rogaba dijese la verdad; cémo habia pasado la 
muerte ó herida que le dieron i fulano, que lo declarase tou. 
do, que él le prometia que se habria bien cpn él y no la 
haría sin justicia. Y el dicho N. dijo que no sabia nada, qa« 
lo que sabia ^a lo tenia dicho y declarado en su confesión* 
Y luego el dicho Sr. juez le mandó meter donde estaba el 
potro del tormento y le dijo: Veis aqui el potro, hermano^ 
decid verdad, bino, asienta escribano que le requiero una^ 
dofj tres jr mas veces que digif la i*erdaáj donde no que pro» 
testo que si alguna pierna ó brazo se le quebrantare ó algún 
ojo se le Saltare ó lesión de algún miembro le uiniere ó 
muriese efi el tbrmento^ sea d su culpa y^cargo^ y no dloí 
mia. A los cuales dichos requerimientos el dicho N« siempre 
respondió y dijo que no sabia nada* 

M Y visto por el dicho Sr. teniente que no quería decir ni 
confesar nada le mandd desnudar en carnes, escepto unof 
panos menores con que quedasen tapadas sus vergüenzas, y 
asi desnudo le mandd poner y atar en el dicho potro, y 
le mandd echar los garrotes en su sentencia contenidos, y 
mandó al verdugo los apretase, y asi apretados preguntó al 
dicbo N. si sabia quién hubiese cometido aquel delito que lo 
dijese y declarase que le haría quitar del potro , y el dicho 
rf. dijo etc. » 

Y tanto si confesaba como si .negaba el delito en todo ó en 
parte, el escribano lo anotaba á continuación y la forma y 
manera que el juez tuvo en darle el dicho tormento y los 
cuartillos de agua que le echaron, y cuántos garrotes le die- 
ron, y cómo le pusieron la toca en la boca etc. etc. conforme 
Á la sentencia del tormento. Y si confesaba el delito y habia 
otros delincuentes que en sus confesiones lo negaron, enton- 
ces el juez hacia carearlos con el atormentado que confesó y 
procedía contra ellos, y el escríbano lo anotaba todo en el 
proceso después de dado el tormento al que confesó, firman- 
do el juez la dicha confesión « y dando el escribano fe de 



(M) 

Ul ejecncioo del dicho tortaiento / dt lo que ea él pasó. 

Después de veinte y coatro horas por lo menos de la toiT 
tara había de rNtificarse la confesión arrancada en ella en 
presencia del curador si el reo era meuor de veinte j cinco 
araos de edad, y se hacia en esta forma! 

«En la ciudad de tal á tantos días de tal mes y año el 
dicho Sr. teniente estando en la cárcel pública hizo parecer 
ante sí tf N. preso <en ella^ é hito llamar á N. su curador , y 
estando presente mandd á mi el dicho escribano leyese la 
dicha confesión de verbo ad verbum^ y habiéndosela leido y 
el dicho N. j su carador entendídola, el dicho Sr. teuiente 
le dijo: ¿Es verdad esto que díjiitet en el tormento? Pasó asi? 
Y si el atormentado respondía que sí, el juez volvía á decirle: 
afirmáis os y raiceáis os en ello y volveisío d decir de 
nuevo? Entonces el atormeirtado respondía t sé seáor , que 
me afirmo y ratifico en eilo^ y necesario si&tdo^ lo vuel" 
vo d decir de nuevo* Cu/a certificación firmaba con su curador, 
el juez y el escribano.» 

Estaba prevenido que la ratificación oo se hiciera en donde 
•e había dado el tormento, para evitar que con su vista no 
confesara por temor lo que no hizo. 

Si en la ratificación negaba el delito y no perseveraba ea 
#a confesión podía reiterársele el tormento como dijimos. 

Llamábase estrapada cada vuelta de cuerda con que se ator- 
mentaba al creído reo, y trampaza la última y mas aflictiva. 

En el principado de Cataluña se solían enviar los niños á quíe* 
nes por su corta edad no se les podía dar tormento al hos-* 
pital 6 casa llamada de la Misericordia en donde se les casti- 
gaba haciéndoles trabajar mucho, dándoles poco de comer y 
algunos azotes. 

A las mugeres embarazadas no se les daba tormento durante 
iu embarazo, y solo hasta después de pasados cuarenta días, 
consideraciones que se observaban también durante la lactan- 
cia. 

Se procuraba que los reos stuviesen en ayunas al darles 
tormento d ¿ lo menos que hubiesen pasado ocho 6 diez 
horas siu comer, para evitar que durante la tortura no arrojasen 
lo que hubiesen comido. Ké aquí la fórmula 6 auto de ejecu» 
cion del tormento en Cataluña. 

Die Xf^l aprilis MDCiij ^Barcinone. Essent personalment 
constiluiis los. magnifichs nússer N. JV^ endrels Doctor^ Jat^ 



(59) 
ge de la Regin Cortjr Reatar de la present ^ausa ^ mosscí 

N* N. caualler Alguatúr ordinari de sa Magestat en Barna. 
popúlate mossen N» N. procurador fiscal de la Regia Cort^ 
mossen JV« JV. Cfíirurgiá^ junlamant ab mlN* 2V. escriiiá de 
la present causa y naUtri publich ciutadá de Bñrna* y los 
misaiges de la cort del Feguer , en lo terral deis carcers 
Reals de la presetft ciutat ajiy ejecte de fer la tortura en 
la persona de N.^ lo cual de manament de dit magnjfich Jittge 
y relator fanch manat d les guardes de. dit^ carcers aportar 
ab una cadena al coll^ lo cual aportaty assegut en un banchf 
en lo cual terral havia pa^ pi y llum y altres coses neces^ 
sariasd óbs y pera dita tortura per lo ditmagni/ich alguat^ 
zir fonch exortat desta manera, y os N. sa Excellencia y 
real consell t^ist tfostron proces en merits de aquell^ vos han 
condemnat en que siau atormentat. 

En seguida ei jaez exortabt «I creido reo & q6e dijese ki 
Terdad de lo que supiese^ taoto por lo relatÍTO á su pei*8ona 
como á tus cdmplicesen ei dejito de que se trataba, si iMi 
quería q|ie su persona fuese atornientada. Después de cu ja 
exortacioD, que solia repetirse uoa, dos y mas veces si conp- 
tinuaba negando^ se le ponia de la manera dicba en la tortora; 
j antes de comenzar á aplicarle el tormento le amonestaba 
de nuevo el juez para qu^ dijese la verdad. Permaneciendo 
negativo mandaba el juez al verdugo que aplicara el tormén* 
to. Mientras duraba este, el relator no cesaba de ezortarle á 
que dijese verdad j evitase q^e su cuerpo fuese macerado^ 
y al mismo tiempo el eseribano anotaba con mucha exacti- 
tud y con toda la velocidad posible las palabras del relator 
y todas cuantas proferia el reo, continuando en el acta basta 
los suspiros, los gritos y voces que daba^ y los intervalos que 
mediaban de unas á otras. Si el reo manifestaba deseos de 
declarar, mandaba el juez cesar inmediatamente el tormento 
y se le oia la declaración. Mas si permanecia negativo se 
continuaba por un rato á juicio del mismo juez y luego ce- 
saba y era exortado de nuevo ¿ decir verdad y revelar lo 
que supiese. Después de esta nueva amonestación, no produ- 
ciendo el efecto esperado^ mandaba el juez repetir la misma es- 
pecie de tortura -ú, otra mas cruel ha&ta arrancar del infeliz 
la confesión deseada. 



Capftttbr f ttd^ras^dtmo rucnto; 

C '49 ) ^ ''<'^<' J!* desafio d singular batalla. ( ^. Tos 
muftas ibo del ffrimer U)mo^ y 7 dd a.® ) 

Copitttlo^ íua2rtag6tiiia ifitinto; 

( i5o ) P«ro ii^iíá f'A» leyes*.*^ El refiran a^¿£ vais leyes áe 
épiieren Jtstyes es antiguo y tavo origen cuando Alfonso VI rey 
de Castilla, contra la voluntad del pueblo y por el influ}o de sa 
nug^r y suprimid en casi todas las iglesias* del rcioO' el rezo 
toledano mozárabe t ¿ introdujo el galicano ó romano. DumS* 
en toda £spana el oficia gdiico ó mozárabe basta el siglo XI» 
£1 papa Juan X eu el año 9^10 después de haber hecho ezami^ 
aar todos los líbeos sagrados del rito mozárabe , y hallados 
mu^ conformes á la fe catdlica 9. aprobd j confirma en ua coiv- 
cilio el oficio de la ig^sia de £spaña.^ y solo- dispuso* que laa 
•raciones secretas de la misa se celebrasen seguu el estilo de 
la. iglesia apostólica, ó fuese 1» de Saniiago, como parece mas 
verosímil ^ según dice Masdeu. Mas adelaate t en el año 1064 
el papa Alejandro It se empeñó en prohibir el oficio muzárabe^ 
pero desistió de su ioiento, atendiendo á las oportunas y justas- 
reflexiones de algunos prelados españoles <|ue para esl» pasa*» 
ron comisionados á Roma. Sin embargo la corte no desistid del 
empeño de q,ue España adoptase sus libros eclesiásticos, como 
lo habia hecho la Francia desde los tiempos de Garlo Magno> 
é antes. Por otra parte algunas princesas de Francia y casadas 
con los soberaaos de España, y los eclesiásticos, franceses, que 
por este medio se colocaban en nuestro pais , procuraban con 
gran empeño introducirnos su rezo y misa como los demás 
estilos y máximas. Y de esta manera los soberanos y los obis* 
pos de España fueroa cediendo y admitiendo el nuevo oficio 
galicano romano, al cual á veces Uamaban ley romana, á veces 
oficio galicano. 

En marzo del año 1071 el cardenal H(^o Gindido, monge de 
Cluni, que algunos años atrás no se habia atrevido á prohibir 
el oficio mozárabe , cuando con esta comisión vino á España^ 
lo verificó por primet-a vez eo S. Juan de la Peña con aprof* 
bacion del Rey D. Sancho de Aragón, casado con la francesa 
D.* Felicia. £1q el mes siguiente del mismo año pasó el cardenal 



á BtroeUma «y protegido por im pátsada y lAvorebeAolra' ditmfc) 
AlmodíSf muger del conde D. Ramón Bereúgaer ^ logrd qucr 
setavieM un aíoodo ea aqoella ciudad ^ y se prohibiese el 
ofício español ó mozárabe en el prioeipado de Caialuna* 

£1 papa san Gregorio VI (^ <|ue desde el ano loyS gobernaba 
ím iglesia^ tomó con ardor la uniformidad de los sagrados ritos 
en todas partes, y junta'ndose á los deseos del Pontífice la per« 
suasion de la r«iña D^"* Inés ^ príKiera muger ctel rey D« Al- 
fonso VI* f y no de dona Constanza ^ coma irulgam^nte dicen! 
los autores , convino el Rey eá que se dejase el T-ito gdtio* 
é mozára^ por ef romano^^ 

Los españoles tenian mucha repugnancia en la novedad^ nó 
solo por la fuerza de «na oostufubre antigua^ sino por la ca» 
lidad de la materia^ que como era sagrada iafundi», oomo dice 
Floree , mayor tenacidad en sus ánimos. Ni unos ni otros qnie-^ 
rían desistir; por lo que acudieron al tribunal frecuente de. 
aquellos tiempos que era el daelo« Verificóse este el domingo 
de ramos del ano 1077 ; y aunque el caballero que defendió 
el rito moeárabei llamado Juan Ruiz^ del linage de los Ma* 
tanzaSi veneid al que defendía el oficio romano, el Rey no quiso 
darse por vencido, j desde el ano siguiente se introdujo ea 
los reinos de Castilla y León el oficio romano. 

Habiendo mas adelante en el año 108S conquistado el mismo 
monarca la ciudad de Toledo^ quiso desterrar de ella también^ 
á instancias de su segunda mugar doña Coastanza y del nuevo 
arzobispo de aquella ciudad que también era francés , el anti* 
guo rito mozárabe, como había hecho pocos años hacia en lo' 
restante de sus reines. Los toledanos, infiamados con el zelo 
de sus santos prelados, se resistieron mucho á admitir aquella, 
innovación* Resolvióse pues echar alluego ambos oficios^ si*- 
guiendo las costumbres estrañas de aquellos tiempos, y qme' 
prevaleciese el que no se quemase. I£l toledano ó mozárabe 
dicen qued6 intacto; al paso que el rito nuevo ó romano se 
quemó; peroá pesar de esto y de lo convenido, como en Ca^ 
tilla después del desafío referido, el Rey habia logrado su deseo;' 
asi también consiguiójintroducir en Toledo el rito nuevo , sin. 
embargo de haber sido vencido por el fuego; y con esta 
ocasión se dijo y tuvo origen el refrán: «Allá van leyes donde 
quieren reyes.» 

No obstante en tiempo del arzobispo D. Rodríguez, que ÜOm, 
recio en el siglo Xiil| se observaíba todavia^ segua diceFlorez^^ 



di ofició M«diBoe0o la IfMlackm del Piftlletloi ta m«¿hucii« 
tedrales jr monasteríos de España. 

Dicho rito se eomsenra en seis parroqaias de las nesaDlígoas 
de Toledo j en ciertos días en la catedral de Salamanca. 
- En el tomo III de la España sagrada puede verse una diser- 
lacion mujr erudita del P« Flores sobre el oficio mozárabe / 
parte de su liturgia. 

( i 5 1 ) Los cuadrilleros que no entmdián el frasism Es decir, 
k irase^ (jae es como ahora se dice. (^ la nota 114 delpri-' 
mer tomo,) 

(i 5 i) jaquel viüano mtdandrin. La palabra nudandrin^ es 
italiana j equivale i¡ ladrón ^ salteador de caminps etc« t jrse 
ve con frecuencia osada en los libros de caballerías* 

Los malandrines eran una especie de gente armada que desde 
el tiempo de Luis VIII hasta Carlos V de Francia infestaron 
aquel reino. La majror parte de sus individuos^ llamados tam- 
bién aventureros j tarde venidos^ eran soldados licenciados 
6 gente que no estaba acostumbrada á trabaiar^ los cuales 
vivían del robo j cometiendo mil otras maldades en los pueblos 
j caminos. Esta clase de bandidos solían elegir por gefes á 
aquellas personas de distinción que por algún lancedaventu. 
ra particular se hallaban proscritas ó en desgracia con el so- 
berano. Los malandrines se hicieron temibles por sus escesos 
en Francia^ después pasaron á Italia, y últimamente fieltran 
de Guesclin logrd libertar á su patria de una gente tan mal- 
vada, conduciéndolos á España so protesto de la guerra contra 
los moros. 

(i 53) ¿Qué eabaüero andante pagó pecho^aktéala^ 
chapia de la reina^ moneda forera , ffOrtazgo ni barca ? 
Con el nombre pecho he entiende en general toda clase de tri- 
butos, y de aquí se llamd pechar al pagar contribuciones, j 
peclieros á los que pegan, y sé distinguían de los exentos 6 
libres de pechos. La alcabala es una contribución conocida 
ja entre los romanos. En el ano de i34a el rej D. Alfonso el 
XI pidid al reino, junto en la corte de Burgos, un subsidio 
para la guerra que hacia al rey moro de Algeciras, y para in-* 
dicar á sus va&allos que tenia necesidad de un socorro gran- 
de, les dijo dadme al que vola» De esta espresion, que en cas- 
tellano del día equivale á dadme algo que valga la pena ó bas- 
tante, tomó el nombre de alcabala el tributo concedido para 
el fin insiauado, qne en no p'imMpio consistid en nn «o, y 



(«3) 

de»p«eBeiifii>t«^ per ido de caaoto lé fmddN Tal ce crieé 

es el origen del nombre alcabala^ sin embargo de lo que dice 

Govarrobias en sn « Tesoro do la lengua castellftna.» Pedro 

López de Ájala en la er^ica del rej D. Pedro, hablando de los 

pitvilegíos de los mozárabes de Toledo , dice de este tributo 

lo siguiente: <rGl rej D. Alfonso que vencid la báuHa do 

Tarifa.... echó en el reino un pecho que deci»n Sisa, que eran 

dos meajas al marajedí. £1 cual pecho no habia^ en el reina 

hasta el su tiempo, j ahora le dicen alcabala: hubo gran por- 

íjía sobre ello porque decían los de Toledo que no debiao 

pagarloi j elRey decia quesi, porque esteera un pecho tal que 

no lo echaban á las peirsonas, mas á. ciertas viandas j mere** 

durías; y que él mismo, que era Roj, y la Reina su muger^ y, 

les prelados y ricos hombres, todos los Injertados de ese reino 

asi lo pechaban. Y aun que si el Papa 6 Rej estra&o Ttníese 

en su reino asi lo pecharian*» 

El chapín de la JReina era una especie de contribución 6 
servicio que antiguamente se pagaba en ocasión del casamiento 
de los reyes para gastos de la cámara de las reinas. La mone- 
da forera era una contribución que de muj antiguo solia 
pagarse á los re jes de siete en $iete anos en reconocimiento 
de su señorío; j portazgo lo que se pagaba con motivo del 
tránsito^ que permitían por sus tierras algunos señores, lo que 
se satisfacía al pasar un puente, barca, etc. 

( 1 54 } Cuatrocienios cuadrilleros que se pongan delaniel 
Fanfarronada propia de D. Quijote, fior j. nata de la andan*> 
te caballería, j el mas acérrimo defensor de todos sus des¿« 
varios. ( K la nota 1 14 del primer tomo* ) 

( i55 ) La discordia del campo de jágramante,»* . la paz 
y quietud del tiempo de Otatno» Descríbese con mucha de- 
tención la discordia del campo del rej Agrandante en el cantó 
17*'* del Orlando Furioso delAriosto, j las diligencias que hi* 
xo aquel rej valiéndose de su autoridad j de los consejos 
del rej Sobrino para apaciguar aquel desorden. 

La paz Octauiana es la paz universal que había cuando na. 
cid Jesucristo el año 4^9 d según la opinión mas común 4a 
del reinado d^ emperador Cajo Octavio á Octaviano que 
después se Uamd Augusto^ j de esta paa vino h yói prover- 



t64) - . 

hiú de ^az Óéü^'mná con que se espre» «H p« solemne 

y uoiversal. 
( i56 ) Say mas mal end aldegüela que se suena. Otroí 

dicen: En OriUuela hay mas mal que él que suena. 

( i57 ) Fer delante de sí tan estraños uisages. Pellícer 
dice que tiene analogía con este suceso la cuadrilla 6 brigada 
de paganos que prendi<$ y ató á Orlando ésUndo durmien* 
do en la cama j cuando mas ageno estaba de tal acontecimien* 
lo, j Bowle añade ia prisión deRugero por Uogiardo de que 
habla el Ariosto» 

( i58 ) .yí al plasmador del mundo le place. Es decir si 
al hacedor 6 criador del mundo le acomoda » 
' { iSg ) J donde yo me sé^ Otro pronóstico tf profecía se- 
tne)ante á esta se lee en cap. i3o de Amadis de Gaula, á la 
qae sin duda aludid Cervantes , como dice Pellícer. «Sale este 
famoso caballero andante de la ínsula de la Torre Bermeja 
^n busca de la aventura de la Pena de la Doncella encanta- 
dora, bija del sabio y nigromante Finetor, j al subir de la 
Pena por un peligroso camino abierto en ella misma, encuen*- 
Ira á la mitad de él una como ermita, donde habia una imá* 
^ea á manera de ídolo de metal , que tenia sobre el pedio 
una lámina con una inscripción en griego; pero su interpreta- 
ción era (¡ícil j llana para el sabio Amadis, porque ademas 
de ser músico y poeta era también anticuario y sabia latin j 
el lenguag£ griego^ que parte habia aprendido viajando por 
Grecia, y parte le habia ensenado navegando por el mar el 
maestro Elisabat , su cirujano y capellán» Supo pues por 
la inscripción que la aventura no estaba guardada para él 
sino para Esplandian hijo suyo y de la hermosa Oríana, 
al cual crid una leona. Esta aventura consistía en sacar un 
tesoro encantado de una c6mara 6 cuarto, puesto en la cum- 
bre de la Peña, construido de una sola piedra y cerrado con 
dos ajustadísimas puertas, por cuya juntura sin embargo es- 
taba metida una espada fasta la empuñ4idura de estraño ar- 
tificio. El que sacase esta espada ganaba 6 acababa la aven- 
tura y se hacia dueño del tesoro. La inscripción decia 
asi: En el tiempo que la gran Insola florescerá y será se-- 
ñoreada del poderoso rey y ella señora de otros muchos 
reinos y caballeros por el mundo famosos^ serán juntos en 
uno la alteza de las armas y la flor de la Jiermosura^ que 
^ su tiempo par no teman f y de ellos saldrá aquel que 



(65) 
Éocard la espáéta ^ con que la orden de su caballer/a cunt'- 
plida será y las fuertes puertas de piedra serdn abiertas 
que en si encierra el gran tesoro. 



Capítulo cvttúnnaíihmo a/pthno* 



( i6o ) O ya sobre aígun hipógrifo ó otra bestia se-^ 
mejante» £}einplos de estos y oíros modos raros de andar ios 
caballeros se hallan en los libros que de sus historias tratan, 
y D, Quijote que tanto se alampaba por leerlas.se ve que no 
los habia echado en olvido. 

£1 Hipógrifo era un naonstruo ó animal fabuloso hijo de 
grito y ^egua, jr. por consiguiente compuesto de caballo y de 
grifo con cuerpo pi^s y garras de león , alas y pico de águila. 
£1 Ariosto le describe en el Orlando furioso. 

( i6i ) A pesar de toda la nigromancia que supo su pri- 
mer inuentor Zoroastes* Arte fabuloso y ridículo de conocer 
las cosas ocultas dentro de tierra, y colocadas en sitios y 
lugares tenebrosos, como tesoros , minas, metales, petrifica- 
ciones, etc. Los que se dedicaban á estearte supersticioso invoca, 
bao los demonios, y les mandaban llevar ciertas cos%s á paises 
.distantes ó traer de ellos lo que se les ofrecia. Solian por lo 
común hacer sus farsas 6 invocaciones d^ noche, porque los 
espíritus malignos lutjen de la luz, y son amigos de la os- 
.curidad y de las tinieblas. 

La palabra R/gro/nnncia es compuesta de dos voces griegas, 
muerto y adivinación, es decir, adivinación por medio de la 
evocación de los maertos para consultarlos acerca el porve- 
nir. 

2joroastes 6 Zoroa&to se cree, que fue tin fíldsofo célebre 
que se supone vivía en tiempo de. Nino, rejr de Asiría, unos 
cuflftrocientos años antes de la guerra de Troja. Los oríen- 
tales modernos hati escrito su vida, su doctrina y su moral 
con minuciosa detención, ignorando de ddnde tomarían los ma- 
teriales, pues que los antiguos tenían mi;^/ pocas noticias de 
este personage. Reducíanse á qué Zoroasles nacid en Persía, j 
qne era consumado en la astrología. Viajó por la India , en 
la que tuvo ocasión de conferenciar con los bracniaQes,y de 
retorno á la Persia fue el fundador y gefe 6 mas bien el re- 
&rmador de la secta de fíUsofos per&a» llamados Magos que 
II. ' " 5 



(«6) 
«doraba» á Dt^s bajo la fig<\ra del fu«go. Su doctrina (íin- 

damental consistía en reconocer dos priociptos: el uno Orowazoy 
causa do todo ^ bieoí, y el otro Arimao, origen del mal. £1 pri- 
mero era representado segnn su creencia con k luz, j el se* 
gundo con las tinieblas. Algunos bacen reinar á Zoroastro en 
la Bactrianai opinión adoptada por los sabio» modernos. Por 
lo demás es tan confuso lo que se sabe de este personage 
que algunos distinguen dos, tres y mas legisladores de este 
nombre. Gomo ú reformador de la religión de los Magos fue 
teoidO| según jra dice Plinio^ comoel fundador de la magiai 
j por esto sin duda le llama asi D. Quijote* 

(i 6a} La novela del Curioso impertinente» (^« el €ap, 
33 j' siguientes de la i.* parle^ ) 

( i63 ) Novela de Riaconete y Cortadillo. Publicd Cer- 
vantes ^ta graciosísima novela ea el año i6x3« 

( i64 ) Sé mas de libros de caballerías que de las sumu" 
las de Fiüalpando* Escribidlas el célebre teólogo Gaspar Gai^ 
dillo de Villalpando, que se did á conocer ventalpsamente en 
el conciKo de Trento. Publicd su obra con el título de Suma 
de las Súmulas^ y la dedicd á iá universidad de Általa, que 
la adoptó para la enseñanza de la dialéctica. 

( i65 ) De cuantos magos crié Persia^ bracmanes la In- 
dia^ ginosqfistas la Etiopia. Se cree que esta pretendida j 
arbsurda ciencia tuvo origen entre los caldeos y babilonios. 
Estos bombres, diilicados al estadio de los astros ^ cultivaron 
la magia separadamente de la astrología ¡udiciaria^ por medio 
de la cual creian poder conocer lo futuro y las cosas ocultas, 
previniendo los males que les amenazaban, y proporcionando 
al mismo tiempo toda especie de dicbas j felicidades» 

El primitivo nombre de magos se dio en Oriente á unos bom- 
bf es estudiosos y sabios que se ocupaban en observar la natu- 
raleza j en adquirir muchos conocimientos en todas las ciencias 
físicas y morales ; los cuales ^ como preveían y pronosticaban 
algunos sucesos futuros, y conocian las virtudes de las plantas 
y de los minerales^ solían por consiguiente remediar muchos 
males, ya físicos ja morales ; de donde adquirieron la grande 
autoridad en que eran tenidos , j la veneración que gozaban 
principalmente entre el plieblo, el cual creía generalmente que 
tenían trato y relaciones con los espíritus, genios ó demonios. 
Machas veces estos magos eran unos grandes señores, como los 
que fueron á adorar á Jesucristo, tf quienes se consultaba- en 
todos ios tasos arduos, j cuyas respuestas se recibían como 



)orácalo6« Eotre los persas, que era donde t>rinoípaIiiiente fíga- 
raroa los magos j no solo se les confiaba la educación de los 
príncipes, sino que el mismo rey antes de ascender á ia supre- 
ma autoridad , tenia que sujetarse á una espede de examen 
delante de estos filósofos, como dice Suidas, los cuales machas 
veces abusaban de su poder hasta el estremo de hacerse temi»- 
bles á los mismos soberanos » De este mal aso de sus conoci- 
mientos, de los cuales se valieron también para dañar á sus 
enemigos, 6 adquirir por medios tortuosos la consecución de 
sus fines particulares, viene á tomarse en mal sentido la pala- 
bra mago y la de magia* 

. Estos sabios se reilnteron después y formaron una catego- 
ría distinguida entre los sacerdotes persas, caja secta reco- 
socia por su maestro á Zoroastes. 

Los magos adoraban al fuego, y se cree que fueron los 
primeros que reconocieron los dos principios del bien y del 
mal. Oecian entre sus desvarios que las almas habian de pasar 
por siete puertas antes de llegar al sol , morada que creían 
ellos de las almas dichosas; cuyo tránsito se hacia durante 
muchos millones de años. Cada puerta era formada de ua 
metal diferente, y Dios la había puesto en el planeta que 
presidia á aquel metal. I^a primera se hallaba en Saturno, j 
la última en Venas. Estos sectarios no tenian templos ni al-* 
tares, y hacian sus sacrificios y demás actos religiosos sobre 
las montañas mas elevadas. Esta especje de religión era la de 
los güebros, de la cual existen todavía algunos restos en ei 
Asia* 

El vulgo estaba en la persuasión de que los magw ejercían 
9a imperio en el cielo, en la tierra y en los infiernos; que 
podían á su antojo hacer caer la piedra ^ el rayo y el trae«- 
no; escitar las tempestades; ir á cualqaíer parte por los 
ftires; hacer bajar la luna sobre la tierra, y transportar los 
firulQS y las cosechas de un lugar á otro. Dos eran las dívi^ 
nidades á las cuales pensaban podían recurrir k>s magos, unas 
benéficas y otras malvadas. Esta diferencia constituía dos es^ 
pecios de magia : la un% op contenía sino operaciones reli- 
«giosas; y la otra prestigios que se atribuían al artificio de 
los malos espíritus. 

La magia religiosa fue considerada como arte divino. Era 
preciso que los que se dedicaban á ella y la ejercían fuesen 
irreprensibles en SM costumbres; qoe- todos áqnellos que 
intervioíesea ea soa operaciones íaesea paros; que bo hor 



(««) 

bieSen comido nada que tuviese vida ; y en esta especie de 
magia no se invocaban stoo divinidades benéficas para atracr 
algttuo» bienes sobre ios bombres y conducirles por la «enda 
de la virtud. 

El aparato de las ceremonias que practicaban los que se 
ocupaban de la segunda magia ó bechiceriaf aumentaban to- 
davía el terror en que esta era mirada. Los lugares subter- 
ráneos , luS cementerios, la oscuridad de la noche, víctimas 
'ueji^ras, huesos de muerto á cadáveres entero:», eran cosas 
todas de las cuales ellos se valían, y propias de la , negrura de 
su arte» 

Los magos 6 hechiceros solian tener una figura de cera^ 
de la cual habla Virgilio, en la Égloga Vii£; y todo cuanto 
hacían ¿ este simulacro creían que había de suceder á la 
persona que representaba. Empleaban en sus operacio- 
nes ciertas palabras , echando mano de la virtud de algunas 
plantas íÜinebres y tristes. En tiempo de los sacrificios, los 
días, las^ noches, el aspecto de ios astros, el número, el 
color de las víctima?, todo era para ellos esencial , todo mis- 
terioso* Los hechiceros de Roma se reunían ordinariamente 
en los esquilios con ntotivo de los huesos j de las tumbas j 
sepulcros de qae aquel lugar estaba Heno. Algunas veces llega- 
ron á sacrificar niños para buscar eñ las entrañas palpitantes 
de aquellas inocentes víctimas el conocimiento de las cosas fu- 
turas. Otras veces se servían del corazón j del hígado para com- 
|>Qner filtros y bebida^, con las cuales, creían llevar á cabo sus 
malvadas intenciones. 

Los llamados' niagos.de Capadocia- faeron unos hereges que 

se levantaron entre. los antiguos persas j corrompieron la pu* 

reza de su cultoJ El homenage qne los persas tributaban al 

fuego era puramente religioso. Estos covistrujeron en iionor 

del fu^o unos templos llamados piréoií, ,y hacían unas im¿f 

genes que representaban este elemento, el cual llevaban ea 

procesión y le ofrecían sacrificios. Los píreos no eran mas que 

un vasto cerco, en medio del cual había una especie de altar 

■b de hogar en donde loe sacerdotüB ó los magos alimentaban 

nn fuego continuo* Delante de éler^ donde recitaban sus pie* 

garias y practicaban los demás ejercicios de su religión. Los 

'magos solían ir con la cabeza cabieita de una mitra cuyos 

ilargos cordones les tapaluin parte de la boca, casi toda la cara, 

y 'llevaban en la mano un manojo de. varas. «Estos magoa^ 

-eotíUm U cos( umbrp de los^ persas, enterraban sus-muertos* 



Lo6 Bracmanes er^n udos antiguos íiMsoíbs de la India* 
Aquellos que aspiraban á ser adiuttídos entre ellos^ debían, como 
los discípulos de Pitágoras, observadun profundo silencio, míen' 
tras que se les instruia; so siéndoles absolutamente permi- 
tido ni aun el toser , escupir, ni est'^rnudar* Por el espacio 
de 37 años su vida era un no interrumpido martirio: lasjer- 
bas y las raices eran su único alimento; se vestían solamente 
de pieles; no tenían donde ponerse á cubierto del aire ; a ju- 
ntaban y hacían oración continuamente. Pero cuando el término 
señalado había prescrito, se recompensaban todos estos pade- 
cimientos con el goce de toda especie de placeres y satisÍMCcio- 
iies, muchas de ellas impropias de estos célebres üldsofos. 

La metempsícosis era uno de sus principales dogmas: de aqui 
es que se abstenían de comer la carne de los animales. Reco- 
nocían que el mundo habia sido criado por una suprema 
Inteligencia, cuya provideu£Ía lo conserva y gobierna: que el 
alma no muere nunca, y que pasa de un cuerpo á otro, y 
que últimamente recibe en otra vida las penas i5 recompensas 
que merece. Consideraban al agua como el mas esceleutc. de 
los elementos después del cielo y los astros que miraban como, 
otros cleineníos. Enseñaban que el universo estaba sujeto á 
corromperse y ser destruido. Decían que la vida es un estado 
de concepción, y la muerte el verdadero nacirpiento* Dormían 
sobre la tierra: se sostenían sobre un píe horas enteras cou 
los brazos levantados , y observando si veían en la puuta de 
su nariz una pequeña llama azul, que decían ser una señal 
de predilección. Algunas veces cuando estaban cansados de 
vivir preparaban una hoguera j se echaban en ella. 

Los bracmanes se habian adquirido la mas alta reputación. 
Los fíiósofos^antiguos acostumbraban ir á consultir estos gim- 
nosofistas ; J se cree que Piiágoras sacó de ellos la o|)¡uion 
de la metempsícusi¿« 

Sucedía muy a menudo que las mugerejs estando embaraza- 
das hacían ya voto de consagrar á Dios en el drden de lus 
bracmanes el fruto de sus entrañas si era varón. Entonces .\ 
algunos de estos fíldsofos no perdían jamas de vista á la ma- 
dre; y para santificar anticipadamente á aquel niño deátiuado 
á una continencia de 87 años, exortaban vivamente á la madre 
ú guardar castidad, k lo roenoá durante el tiempo que faltaba 
d^ su preñez. 

Fjlüstrato dice que Apolonio de Tíana observo' que los brac- 
manes tenieudo que andar sobre la yerba, lo hacían con inu- 



(70) 
cha precaucioa y tan ligeramente como lc§ era posíblef 

por atribuirla nna cierta vida qae temian destruir pis&a- 
doia. 

Clitarco, autor muy antiguo ^ distinguid tres especies ele 
bracmanes. Los primeros estaban retirados en las montañas-y 
en los desiertos, se cubrían de pieles de animales^ y se dedi- 
caban á buscar plantas ¿ proposito para curar las enfermedades 
mezclando con estos i uoceo tes entretenimientos la magia , coa 
la que pretendian saber lo futuro. Los segundos eran cínicos 
descarados^ que no se avergonzaban de nada. Andaban absoluta** 
mente desnudos; y lo que era mas escandaloso^ algunas ma- 
geres abrazaban esta infame secta. Los terceros finalmente He* 
vaban una vida mas decente^ y habitaban en los pueblos y; 
ciudades* 
• Los Gimnosqfistas eran unos filósofos indianos ^ que vivían 
muy retirados, haciendo profesión de renunciar toda suerte 
de placeres para entregarse enteramente á la contemplación de 
las maravillas de la naturaleza. La mayor parte del tiempo 
andaban medio desnudos, tal vez con motivo del escesivo ca- 
lor del clima» De esta costumbre tomaron el nombre de gim- 
nosofistas, nombre compuesto de dos voces griegas,- que sig- 
nifican filósofo y desnudo. Se distinguían dos clases príncipaíes 
de gímnosofistas: los mas rígidos huian de todo comercio hu- 
mano, los otros, cubiertos de cortezas de árboles, permitían 
alguna vez que se llegase á consultarles, y se dedicaban á la 
medicina, y algún tanto á la astronomía. A mas habia otra 
tercera especie mas social todavía, que no se desdeñaban al- 
guna vez de entrar en las poblaciones cuando su presencia 
podia ser útil en ellas. Los gímnosofistas creían en la inmor^ 
talidad del alma y en la metempsícosis, y se jactaban de dar con- 
8e}os importantes y con el mayor desínteres á los príncipes^ 
é los magistrados y á todos cuantos iban á consultarlos. Guan- 
do llegaban á ser viejos y enfermos solían echarse en una hogue- 
ra, considerando que era ignominioso dejarse consumir por 
las enfermedades y por los años. Uno de ellos llamado Galano 
se quemó de este modo on presencia de Alejandro. 

A mas de los gímnosofistas de la India, los habia en África 
sobre una montaña dé la Gltiopia muy cerca del Nilo, los cua- 
les vivían como verdaderos solitarios. Estos eran rivaleá de los 
primeros, en tanto que Apolonio de Tiana fue muy mal re- 
cibido de ellos porque les dijo que iba á visitarlos prevenido ya 
por los gímnosofistas indianos, 



El nombre de gínmesofistas ^ que en un prñiüipio se Aiá 
solameote á eslos fíldsoíbs, llegd á ser coman con el tiempo á 
todos los sabios de la India. 

(166} Adóbame esos candiles» Lo mismo que decir al^« 
jame esos pairos ú otra espresion semejante que indica qae 
lo que se acaba de decir es un adefesios á despropósito* 

(167} En mal punto os empreñastes de sus promesas. 
Mujr diferente era el senlido que tenia antiguamente está pa- 
labra de lo qtM tiene abora, bien que ya en el de Cervantes 
comenzaba á ser poco decente^ según puede deducirse de la 
contestación que da Sancho. 

( i68 } Las J'dbulas que llaman mílesias* Llamdselas asi 
de la ciudad de Mileto en la - Jonia 9 en donde comeauroa á 
conocerse. 

(16^) En tierras del preste Juan de las Indias ó eu 
otras que ni las describió Tóíomeo ni las viá Marco Polo» 
Parece que este nombre de preste ó presbítero le adopta en 
el siglo X el primer rejr de Tangut 6 Thibet, reino del Asia 
en la Tartaria china que abrazó el cristianismo, j que con- 
servaron sus sucesores» A uno de estos escribid el papa Ale" 
jandro lU 9 suponiéndole cristiasOf j deseoso de instruirse 
me}or en la doctrina católica» Después cuando el famoso Gen- 
ghiscan conquistó gran parle de la Asia^ el reino de los pres- 
tejuanes quedd tributario jr reducido á muy estrechos límites. 
Algunos han dado este nombre á un rey de la Etiopia ó Abi- 
sinia en la África, llamado David hi)0 de Nah¿, á quien su-^ 
cedió en el- trono en el ano 1S07, el mismo que ganó muchas 
victorias sobre sus enemigos, y euTÍó una embajada á Manuel 
rey de Portugal y al papa Clemente VII. Se cree comunmente 
que este principe, de quien se ha hablado y escrito tanto, 
era de la secta nestortana. 

Otros han querido suponer que se aplicó el nombre de 

preste Juan al sumo sacerdote del dios La, por el abuso ó 

corrupción de la palabra persa djean , que quiere d^cir el 

mundo, de modo que Dalai«Lama óDelay-Lama equivale á el 

-dios mundo ó el mundo dios. 

£1 célebre geógrafo, astrdnomo y cronólogo Tolomeo flo- 
reció bajo el imperio de Adriano y Marco Aurelio. Nació en 
Alejandría ó en Pelusa y fue llamado por los griegos muy 
sabio y divino» Insinuado en los secretos mas profundos de 
las ciencias matemáticas, y apasionado por la astronomía, pasó 
cuarenta aüos en un templo de Serapis situado en una emi* 



(7») 
tén¿ti cerca de CovopO) observando j calculando las revo- 

luciones de los asiros y planetas* De estas meditaciones cons« 
tanles resaltó el sistema de astronomía conocido con el nombre 
de Sistema de Tolomeo j una multitud de obras preciosas 
para las ciencias. Una de ellas es su geografía , obra indispen- 
sable para el conocimiento de la antigüedad, y recomendable 
principalmente por la indicación <]ue hace en sus tablas de 
las longitudes j latitudes» En ella se hallan también los 
primeros principios de la projeccion de las cartas geográfi- 
cas. 

£1 veneciano Marco Polo viajd en el sijglo lili por el Orien- 
te, y estuvo según ^1 mismo cuenta veinte y seis anos en la 
gran Tartaria* Publicó á su vuelta en Europa sus viages en 
italiano, que después fueron trasladados al latin, y sucesiva- 
mente al catalán y al castellano. Fueron tenidos en un prin^ 
cipio estos viages ó la relación de lo que él había visto como 
cosas fabulosas , hasta que los viages que posieriormente se 
hicieron á aquellos paisas justificaron muchas de aquellas 
narraciones* 

(170) Qubmgra, Monstruo, que según la fábula, tenia la 
cabeza de león , el cuerpo de cabra y la cola de dragón j vo- 
mitaba llamas* Asoló por largo tiempo la Licia, hasta que Be» 
lerofonte le mató. 

£1 origen de esta fábula viene de una montaña del Asia 
menor en la Inicia, á la que Ovidio da el nombre de Chimeri- 
fera, y que lo mismo que el Etna y el Vesubio arrojaba llamas* 
Como en los alrededores de este volcan se criaban muchos leo- 
nes j á la falda de la montaña pacian algunas veces cabras^ 
de aqui el origen de la formación de este monstruo* Belerofon- 
te fue el primero que persiguiendo estos animales hizo aquél 
lugar habitable, de donde nació la fábula del combate de Be-» 
lerofonte con la Chimera ó Quimera. 

Otros quieren suponer que la Chimera era una nave de pti» 
ratas, en cuya proa habia aquella figura* 

(170 En prosa ó en verso. Mas adelante con motivo del 
ffelémaco de Fenelon volvióse á suscitar esta misma cuestión 
á pesar del juicioso fallo dado por Cervantes /¡por otros sabios 
contemporáneos sojros* 

Capttttb ruaírrag/dimo ortaoo, 

(i 7a) Por (fue qsi l^s (fuiere ef vulgo y ng ífo otra man^rtn 



(73) 
Lope de Vega en el ArU nuevo de hacer comedias en este 

tiempo^ dedicado á la uácademia de Madrid^ qae ¡mpriniíó en 

1602^ dijo ya entre otras cosas t 

Verdad es que jo he escrito algunas veces 

Siguiendo el arte que conocen pocos ; 

Mas luego que salir por otra parte 

Veo los monstruos de apariencias llenos^ 

A donde acude el vulgo y las mugeres 

Que este triste ejercicio canonizan^ 

A aquel hábito bárbaro me vuelvo: 

Y cuando he de escribir una comedia 
Encierro los preceptos con seis Ha ves ^ 
Saco á Terencio y Pía uto de miestudiOf 
Para que voces no me den ; que suele 
Dar gritos la verdad en libros mudos; 

Y escribo por el arte que inventaron 
Los que el vulgar aplauso pretendieron: 
Porque como las paga el vulgo ^ es justo 
Hablarle en necio para darle gusto. 

(173) La Isabela, la Filis jr la Alejandra* Estas tres 
tragedias son del aragonés Lupercio Leonardo de Argén sola^ 
secretario que fue de la emperatriz D,* María de Austria^ her- 
mana de Felipe I£, que siendo viuda se retiró al convento de 
las Descalzas reales de Madrid. También fue después secretario 
del vireinato de Ñapóles en donde murió en x6i4- De estas 
tres tragedias solo tenemos las dos primeras que publicó por 
primera vez D. Juan López Sedaño en el Parnaso españoU 
Sin embargo de los pomposos elogios con que Cervantes habla 
de estas tres composiciones son muchos los defectos que tienen^ 
por lo menos las dos que conocemos. 

( 1 74 ) La ingratitud vengada. Comedia de Lope de Vega^ 
de la que Pellicer dice que su estilo es propio, el diálogo vivo 
y natural, pero añade también que no carece de defectos. Los 
interlocutores son una confusa mezcla de príncipes, marqueses^ 
hidalgos, pages, lacayos, valentones, damas, rameras y alca- 
huetas. Y con decir que la acción dura unmesvendráse en 
conocimiento de la exactitud con que se observan las reglas del 
arte. 

( 175 ) La Numancia* Esta comedia ó tragedia si se quiere 
es del mismo Cervantes^ £1 plan de ella es muy defectuoso, 
pero tiene versos que los inteligentes consideran como los me< 
jores que compuso nuestro autor* 



(74> 

(176) E¡ mercader amíinU!» Compuso esta coinedia al 
TaleociaBO D. Gaspar de Aguilar. Quizá es una de las menos 
malas que se escribieron en aquellos tiempos por lo que baca 
á las unidades j á la nfeol'alidad. 

( 177 ) La enemiga faiH>rétMe. Comedia de Francisco Tar- 
raga^ caudaigo valenciano, de quien se babla ventajosa mente 
«n el Fíage tntreteuido de Agustín de Ro|aSy quien le llama 
El gran canónigo Tarraga. 

En medio de la observancia de las principales reglas del arte 
se notan algunos de los defectos en que solían incurrir los 
poetas de aquellos tiempos. 

(178) Según le parece d Tulio espejo de la wda hii'^ 
[mana. Es decir Marco Tulio Cicerón, quien dice que la come- 
dia: esi imitatio vitae^ speculum consuetudinis^ imago iperitas. 

(179) Salir un niño en mantillas en ia pritnera escena 
del primer acto ^ y en la segunda salir jra hec/u) fiambre harba^ 
do* Despropésitos'de esta clase no fueron esclusivosde'i«lgunas 
comedias de aquellos tiempos: el señor Scribe y otros drama'" 
turgos modernos hacen alarde de cometerlos en sus intermina- 
bles producciones. 

( iBo ) Pues (pié si i^enimos d las comedias d ivinas ? ¡ Qué 
de milagros fingen en ellas ! Llamábanse comedias divinas 
las de vidas de santos y sucesos devotos. Eran entonces tan 
comunes que no habia autor que no hubiese compuesto al- 
guna, y eran mujr comunes en ellas los despropósitos, las inve- 
rosimilitudes, las chocarrerías y basta las beregías. 

(181) U/i felicísimo^ ingenio. Lope de Vega. El número 
de sus composiciones dramáticas raja en k> inverosímil. En 
el año de i6oa había escrito 483 comedias; 800 en el de 1618; 
1070 en el de i6a5, y 1700 en el de 1639. A jraas escribid 
un sinnúmero de autos sacramentales, loas, entremeses, que 
en todo bien puede decirse, como aseguran varios, que pasaron 
de aooo sus composiciones teatrales. Por otra parte escribió vein* 
te tomos de otra clase de asuntos, todo lo cual le hace muj, 
acreedora que Cervantes le llamara felicísima ingenio • 

( i8a } El ahorro del cuidado de castigarlos. Cervantes 
deseaba que se estableciera la previa censura de las comedias 
que hubiesen de representase en el reino, cómese hizo después, 
á^iu de impedir 1:^ representación de pie¿as indecorosas , y; 
prevenir los inconvenientes que podían resultarles á los mismos 
actores* 

( 183 } Embaído y tonto. Engañado y alelado* 



(75) 
( i84 ) La. soga de Teseo* Lo rnísnil» que decir el Mo déi 

uíriana^ que esta d¡d á su amado Teseo^ según dice la fábula^ 

para que atándolo á la entrada del laberinto de Creta dondo 

liabia de ser devorado por el MinotaurO) pudiese con seguridad 

solver á salir de él j salvarse de aquel monstruo* 

Capitulo £tta2rta0(f9tiii0 [turna. 

( 1 85 ) Admirar d los mas altos ingenios que los leyeren* Vh 
ríato, célebre por sus conocimientos militares y por la guerra á 
muerte que hizo á los romanos. De pastor que era , pasd á 
gefe de bandidos y á general famoso. Ün César .Roma ^ es 
decir ^ Sexto Julio ^ el primero que Jlevd el nombre de Cé- 
sar , pretor que fue en el año 544 de Roma. Desde este hasta 
INei'on, el nombre de César quedd como un distintivo de la 
familia Julia, por haber nacido ei primero de ella caso matris 
útero ^ es decir^ que para salir á luz fue menester abrir el 
costado de su madre. Otros quieren que este nombre venga 
de haber nacido el primero de ellos con una larga cabellera^ 
en latiu ccesarieSm 

Después que ei Senado mandd por un decreto que el sobre^ 
nombre de César que tuvo Cayo Julio, primer emperador de 
Roma, como descendiente de la familia Julia fuese propio del 
heredero del imperio , pasó á ser un título de honor. Pero 
bajo los sucesores de Cayo JuUo César, cuando el nombre de 
Augusto era peculiar á los emperadores, el de César se con fe- 
ria á la segunda persona del imperio , 6 al heredero presun- 
tivo, sin que por eso dejase el emperador de llevarlo tam- 
bién. Desde Marco Aurelio hasta el emperador Valen te nin- 
guno fue creado Augusto sin que antes hubiese sido llamado 
César. Un Aníbal Cartago: Dícese que aun niño jurd guerra 
sin tregua é los romanos en una de las islas Baleares, de la 
que le suponen natural algunos, ün Alejandro Grecia^ esto 
es Alejandro, llamado Magno por sus brillantes hechos y ac- 
ciones. Un conde Fernán González^ considerado como el que 
puso los primeros cimientos de la independencia castellana 
en el siglo X. Un Cid Falencia. No fue Valencia sino Bur- 
gos 6 sus inmediaciones la patria de Rui Diaz del Vivar. Cer- 
vantes sabia bien que el Cid no hizo sino conquistar i Valencia* 
ün Gonzalo Fernandez Andaluciaj conocido con el dictado 
de el Gran capitán, natural que era de Montilla. Uh Itíego 



\ 



(76), 
Úafda de Paredes Estremadura. D¡stínga¡<5se por hazañas 

casi ¡Qcreibles, j era natural de Trujülo. Un Garci Pérez de 
porgas Jerez» Valeroso y esforzado caballero natural de To- 
ledo f según dice Maríaina. Un Garcilaso Toledo» Este no es 
el poeta , como crej<5 Bowle , sino otro esforzado y vállenle 
que figuró en el asedio y torna de Granada. Entre sus varios 
hechos milita reSf Pellicer copia de Gines de Hita el siguiente: 

«Siendo muy mozo salió contra un moro de estraordinario va- 
lor que desafió á los capitanes del rej D. Fernando y al mis- 
mo rejf y que por befa traia prendida á la cola del caballo 
el Aue Marta ; y el joven Garcilaso le vendó, le cortó la ca- 
beza, colgóla del arzón , y arrancó el Jve María de la cola 
del caballo; y por esta razón los Lasos traen en su escudo es« 
tas palabras de la salutación angélica. » 

( i86) La infanta Fíoripes y Gui de Bprgoña, Floripes, 
hija del almirante Balan y hermana de Fierabrás, {se enamoró 
de Gui ó Guido de Borgoña, sobrino de Cario Magno y primo 
de Roldan, y casó con é\ después de haber recibido el bautis- 
ittO. La historia dice que esta princesa dio acogida á su aman- 
te y demás pares de Francia en una torre en la que se man- 
tuvieron contra todo el poder del almirante , ó como si dijé- 
ramos general de los moros , hasta que fueron socorridos por 
Garlo Magno. Los dos esposos fueron con el tiempo rejes allá 
en su tierra , como dice la historia de los doce Pares. 

( 187 ) Lo de Fierabrás con la puente de Mantilhe que su- 
cedió en tiempo de Cario Magno» (/^. la nota 1 17 del i. tomo.) 
JSl puente fie Manlilbe era muy fuerte y muy grande^ como 
dice la historia de Garlo Magno , de treinta arcos de marmol 
jr en [ella hay dos torres cuadradas de mármol blanco muy 
bien labradas^ y cada una de ellas estd una puente levadiza 
con cuatro muy gruesas cadenas de hierro» V es guardada 
esta puente de un gigante muy grande y espantable que siem- 
pre esta armado de todas armas y una gruesa hacha dear-' 
mas en las manos y tiene cien turcos ( hubo de decir moros ) 
en su compañía en ayuda de guardar la torre» El tributo 
que en él se pagaba según la misma historia era de treinta pa» 
res de perros de caza^ cien doncellas vírgenes^ cien halcones 
mudados y cien caballos con sus jaezes^y por cada pie de ca^^ 
bailo un\marco de oro fino: este tributo^ continua la histo- 
ria, /la de pagar} cualquier cristiano que pasará por ella^ 
y si no lo puede pagar ha de dejar la cabeza en las almenas 



(77) 
fhl puente. Sin embargo áe todo estOf los romances franceses 

<:uentaa que Cario Magno gaoó este puente con ajudá del 

gigante b'ierabras. 

( 1 88 } Se esperan en su reino por momentos* ( /^« las no-* 
tas 37) 669 i4i y 1 4^ ^^l primer tomo.) 

(189) La historia de Guarino Mezquino* Escribídse al 
parecer primero en italiano, dividida en siete libros por el maes- 
tro Andrés Florentino en el siglo XII [9 y se tradujo al cas^ 
tellano y se publicd por Alonso Hernández Alemán con el tí- 
tulo de Coronica del noble caballero Guarino Mezquino^ 6 
Prohesas en armas de Guarino ó Guerino Mezquino, 

( 190 } ^Demanda del Santo Grial, Didseel nombre de San* 
to Grial ú un plato catino ó escodilla de esmeralda^ que se supo- 
nía babia servidora Jesucristo en la última cena, 6 k Josef de 
Ari matea para recoger la sangre del Señor 6 lavar sus heridas, 
cuando eu unión con Nícodemus le descendieron áe¡ la crac 
para darle sepultura. Demanda del santo Grial es lo mismo 
que decir conquista del santo Grial. £1 santo Grial que el autor 
supone llevd consigo Josef de Arimatea al pasar á loglaterra^y 
no se sabe por qué paraba en poder de los moros de Almeria^ 
según se cuenta en la historia de Alfonso VII de Castilla ^ y cuan« 
do este rey conquistó y rescató aquella ciudad con el ausilio 
!de la escuadra genovesa y con los socorros de D. Ramón Be- 
reoguer Conde de Barceloaa, se dice que hizo tres partes de 
los despojos. Una la ciudad que tomó para siy otra los tesoros 
que se dieron al Conde, y la otra el santo catino^ ó como dice 
Uifia historia antigua citada por Sandoval la Escodilla de esme^ 
rolda que se dio á los genoveses* De esté plato ó Catino ó San» 
to Grial trata tambieo, como dice Pellicer, el lapidario catalán 
Jaime Ferrer de Blaues en la obra que escribió eñ su idioma 
bajo el título: Exposición de algunas sen tencias< del DantCf y 
tratado de las piedras preciosas que hay en varias ciudades 
del mundo; un tomo en 8.** impreso en iSJ^^* 

£1 título de este libro es La demanda del santo Grial» cotí 
los maravillosos hechos de íanzarote de Balaz su lujo, zz 
Al fío dice asi: «Aquí se acaba el a.® y postrero libro de la 
demanda del santo Grial con el baladro del famosísimo profeta 
y negromante Merlin con sus profesias. Hay por consiguiente 
.todo el libro de la Demanda del santo Grial, en el cual se 
contienen el principio y fín de la Tabla redonda y acabamiento 
y vidas de ciento cincuenta caballeros compañeros dé ella; el 
•cual fue impresa 6n la impenai ciudad de ¡Toledo por Jua« 



(7«) 

iVillagnn^ impresof .dte libros.- acabdse Él to dias deí mes áe 
octubre de i5i5*» La parte a.* tiene suportada grabada y dice 
«si: « De ia historia del santo Grial con las altas pfofesias 
de Merlina» Tenemos entendido que ekístia una tercera parle 
de esta bistoria, bien que creemos que no llegó á imprimirse» 
TTambien se titula la obra no mas que Josef Abarimatea^ 6 
•historia de Josef Abarimatea y del santo Grial. Escribióse 
en latin, francés, italiano j castellano. Su autor se propuso 
atribuir la introducción del Evangelio en Inglaterra á Josef 
de Arimatea, y con este motivo añade iSesta mil otras fábulas» 

( jgi } Son apócrifos los amores de ¿>. Tristan y la 
reina Iseo^ como los de Ginebra y Lamarote» Tristan de 
-Leonis fue otro de los caballeros de la Tabla redonda ^ lo mis- 
ano que Lanzarote^ amante el primero de Iseo 9 J el segundo 
de Ginebra, cujos'respectivos amores forman la parte principal 
.de estos antiguos libros de caballerías. 

( 19a ) La due/ia Quintañona que fue la mejor escancia' 
dora de uaio% Medianera en los amores de Langarote y la prin- 
cesa Ginebra. La escanciadora era la que tenia el encargo de 
servir la copa en un banquete* 

( 1 93 ) Quién podrá, negar no ser verdadera la historia 
de Fierres y la linda Magalana? Parece que se escribió á 
últimos del siglo XII, por un canónigo de Maguelona perca 
Mompeller llamado Bernardo Treviez. Tradájola al ca'stellano 
Felipe Camas y se publicó en Toledo en i5a6 con este título: 
«Historia de la linda Magalona, bija del Rey de Ntfpoles, y 
de Pierres, bijo del conde de Pro venza,» A mas de esta se h¡- 
jcieron mucbas otras ediciones, y tradájose también al catatan. 

(194) El cuerno de Roldan tamaño como una uiga. Varias 
particularidades se refieren de este famoso cuerno en los poemas 
úe Orlando y Morgante. Era de un diente entero de elefante, 
.y se oyó algunas veces á dos leguas de distancia de donde se 

tocaba, y en una ocasión lo hizo Roldan con tanto esfuerzo y 
pujanza que rebentó por medio y al dueño se le rompieron las 
(venas y los nervios del cuello. 

(195) lleno de honrosa fama. Juan de Merlo no fue 
portugués ó lusitano como le llama Cervantes, sino castellano, 
bien que era oriundo de Portugal. Fue mayordomo de D. Al- 
.^aro de Luna, y sirvió de Guarda mayor al rey D. Juan el II* 
Hizo armas á caballo, como dice Pellicer, en la ciudad de Ras con 
Pedro de Breoemonte, señor de Charni, en presencia de Felipe 
jloquede BorgoEa| y 1m que hizo en Baálea ftteron á pie» Juan 



(79) 
de Mena dioe qae Us hiso en la cíadad áe Hala cdti Ilenri<|ilé 

Ravisteia* Fae uno de los conquistadores ó aventureros que 
corrió y rompid laucas eo el Paso Honroso de Suero de Quiño- 
nes el año 1434* Fuealcatdede Alcalá la Real ó de los Donceles^ 
j siguiendo su genio soldadesco y caballeresco bizo algunas 
tropelías de que se quejaron al Rej los regidores^ y por las 
que fue preso y privado de la alcaidía» Fue muy estimado 
de D. Juan II que le did la alcaidía con la siguiente ocasión: 
disputábase, en Escalona villa de de O* Alvaro de Luna ea 
presencia del Rey entre algunos valientes caballeros sobre 
quién había sido mas valeroso, Aqoiles ó Héctor. Acaloráronse 
tanto las partes en la defensa de su opinión^ que vinieroa 
algunas veces á las manos^ aunque el Rejr los apaciguaba 
metiéndose por medioi Viendo estas porfiadas contiendas D* 
Enrique de Aragón, marqués de Villena, llamado el astrólogo^ 
gran defensor de Héctor, dijo: yo quitro que venga aquí 
Hedor: t^eamos si los Aquilhtas tienen tanto ánimo para 
defenderse como lengua para parlar \ y aun np las hubo 
acabado de decir, cuando vieron entrar por la sala una fan«> 
tasma echando bocanadas de fuego, que con voz alterada j 
ronca dijo: ^quién de vosotros osa decir que ser más fuerte 
Aquiles que Héctor? y los que m^s se habiaa esforzado en 
decirlo y defenderlo fueron los primeros que huyeron* Que* 
dosé el Rey en su silla, y Juan de Merlo echd mano i su espada 
y arre vol vid al brazo su manto para defender al Rey, por lo 
cual dicen lo hizo guarda mayor de su casa y alcaide de Alcalá 
de los Donceles. Asi cuenta este caso del marques dé Villena^ 
parecido á otras hablillas que corren de él, el P* Gerónimo 
Román de la Higuera, remitiéndose al tratado que de sulinage 
escribid el mismo Merlo. 

( 1 96 ) Venciendo d los hijos del conde de San Polo, En la 
crónica del señor rey D. Juan el II de Castilla se lee lo siguien- 
te, hablando d^ lo que dice Cervantes." En este tiempo, dice^ 
salieron deste reino dos caballeros, el uno llamado Gutierre 
Quejada, señor de Villagarcía, y el otro Pero Barba; los cua- 
les llevaban cierta empresa, los capítulos de la cual enviaron 
á la corte del duque Felipe de Borgoua, señaladamente requi- 
riendo á dos caballeros muy famosos, hijos bastardos del conde 
San Polo, el uno llamado Micer Fierres, señor de Haburdin, 
y el otro Micer Jacques , los cuales recibieron »u requesta, é 
fue asignado término para cumplir las armas de lo cual die- 
ron wsieUos.. Y en lanCo qae aquel lérioino ll^ab» .Gutierre 



(8o) 
Quejada é Pero Bftrba tomaroo su camino para Jerasalen, eoe 
el cual se desacordaroa é Pero Barba se volvió ea Castilla. 
£ Gutierre Quejada cumplid su romería é volvió en fiorgona 
al tiempo asiguado para hacer las armas. £ plugo á Dios que 
Gutierre Quejada vino sano á la villa de Saact Omer en Bor* 
goña^ donde el duque Felipe mandó hacer las lizas muj ho- 
norablementC) donde habian de combatir Gutierre Quejada é 
Micer Pierres , bastardo de San Polo» E porque en los capí- 
tulos de Gutierre Quejada se contenia que había un tiro de 
lanza arrojadiza, é Gutierre Quejada era mujr gran bracero^ 
húbose tan gran miedo del tiro de su lanza, que la condesa de 
Nev^rs, paríenta del Bastardo, envió rogar á Gutierre Queja- 
da que dejase el tiro de la lanza é le daría un diamante de 
precio quinientas coronas. E por ningún ruego Gutierre Que- 
jada no quiso dejar el tiro de la lanza. E metidos los caballe- 
ros en la liza, cuando se llegaron cuanto quince pasos Gutier- 
re Quejada tiró su lanza, é pasó por encima del hombro del Bas- 
tardo, ¿fincó en el suelo de tal manera, que á gran trabajo se 
pudo sacar: é la lanza del Bastardo no llegó á Gutierre Queja- 
da. E pasado el tiro de las lanzas, ambos á dos se fueron com- 
batir de las hachas, é se dieron asaz valientes golpes el uno 
con el otro, é como quiera que el Bastardo era tan valiente 
de cuerpo ó por aventura mas que Gutierre Quejada, trabajó 
de entrar al estrecho con él, é púsole un torno, é dio con él 
«n el suelo; é luego se puso sobre ¿1, la hacha levantada en 
las manos; y es cierto que si las armas fueran necesarias lo 
pudiera bteu matar. E luego el duque echó el bastón, ¿ cuatro 
cabítileros levantaron al Bastardo é lleváronlo á su pabellón* 
1^ Gutierre Quejada, puesta la rodilla en el suelo , dijo al du- 
que ^ que bien sabia su señoría como Pero Barba, su primo, 
habia dejado su sello á Mícer Jacques, bastardo de San Polo, 
certificándole de ser en aquel día a cumplir con él ciertas ar- 
mas: el cual habia adolescido y estaba en Castilla, é que 
pues él estaba allí, placiendo á Micer Jacques, quel satisfaría 
por su primo, é baria luego con él las armas: é donde esto 
ño le pluguiese, que le requeria é rogaba le diese el sello que 
de Pero Barba tenia. El Duque mandó luego llamar á Mioer 

Jacques, é le dijo que viese si quería cumplir las armas EL 

Bastardo respondió que le desplacía mucho de la enfermedad 
de Pero Barba ; pero pues ¿1 estaba en tal disposición, era 
contento de darle su sello é asi se le dio, de k> cual el duquQ 
hubo grande enojo porque paresció. cobardía del.BasUrdot Ei 



C80 
bnqile dlfo día después de las armas « hi«ó comer consigo á 
los dicboscabaileros» teniendo á la parte derecha á Gutierre 
Qoeiada; ¿ después de comer el tiuque le envió una ropa cha* 
pada, en que había qias de cuarenta marcos de Orfeberia do* 
i«da, forrada de sebellhias^ Y hechas asi la« armas de Gutier- 
re Quejada dos genlile» hombres parientes suyos, llamados 
uno Rodrigo Quejada j el otro Pedro de Villagarcía, se acor* 
daron de hacer ciertas armas á caballo con otros dos gentiles 
hombres de ia casa del Duque, y las hicieron honorablemen- 
te en .presencia del Duque: el cual hechas las armas les envió 
sendas vajiUas en que había treinta marcos de plata en cada 
una. E asi Gutierre Quejada se partió de k corle del Duque 
«k Borgona con macha honra, etc^. etc^ » 

( «97 ) ^« ^« <:asa del Duque de Cusiría. En este tiempo, 
dice la misma crónica citada en la noU anterior, partió deste 
reino (CaslillaJ un caballero llamado D. Fernando de Gueva ra , 
doncel é. vas^lo del Rej, el cual con su Ucencia é ayuda llevó 
una empresa en Alemana é fueJe tocada por un caballero muy 
valiente llamado Micer George Vourapag, de la casa del Duque 
Alberto de Austerriohe, que después fue Rey de üngria é de 
Bohemia jr Emperador de los romanos. E hizo armas en la cib- 
dad de Vícna en presencia deste Duque. Las armas fueron á 
píe: é como quiera el caballero alemán era sin comparaoíoa 
rancho mas valiente que D, Fennando de Guevara, D. Feman<- 
dose hubo tan bien ó Un vjalientemente, que lo firió de la hacha 
en ambas á dos las manos en tal manera quel alemán se iba retra- 
yendo, aunque sabiamente, como caballero que sabia bien lo 
que hacía. El Duque en esto echó el bastón, é sacólos de las 
lizaS:, é hizo muy grande honra á D. Fernando de Guevara y 
envióle un joyel que podía valer quinientas coronas é dos tro- 
tones muy especiales. £ asi D. Fernando se volvió en Castilla 
y estuvo en ella algún tiempo: é después acordó de se ¡r a Ñapo 
para el Rey D. Alonso de Aragón, el cual lo rescibió muy 
bien, etc.» 

( 1 98 ) . Digan que fueron burla las justas de Suero de Qui- 
ñones del Paso, Suero de Quiñones, el del Paso honroso, era 
Uü caballero leonés que en el ano de i434 celebró junto al puen- 
te del rio Orbigo unas solemnes y nunca visfas justas que du- 
raron treinta dias. Nueve eran los defensores ó mantenedores 
contra los aventureros que concurriesen, los cuales llegaron á 
sesenta y ocho, no solo de los varios reinos en que se hallaba 



«ilttmcés dividida Españai» sino umbien de Portugal^ AlenMiiMf 
BrcUña é Italia^ citados antes por carteles públicos de desafío 
como lo espresa el mismo f>. ISuero en la arenga que pronun* 
cid en presencia del rey D. Juan lí: m Deseo ¡usto é razonable^ 
dijO) es los cativos o en presión deienutos^ desear Uhertad: ¿ 
como y q^ ifosalioé natural vuestro^ sea en presión de una, se^ 
ñora de tiempo grande acdy en seáal de lo cual todos los Jueves 
trafgo d mi cuello este fiero 6 collar^ segund ya es notorio 
en intesira magnifica corte^ é rejnos^ é Juera dellos por los 
Ikarálttes que la semejante presión con mis armas an levadoi 
agorq^ poderoso señor^ en nombre del apóstol Santiago jro 
he concertado mi rescate^ el cual es trescienlae lanzas rompió 
das por el asta de mí é destos caballeros que aqui son en ar^ 
nes de guerra^ contando la que fesiere sangre por rompida,. m 
en el derecho camino par donde la mas gente suele pasar para 
nquella cibdat donde su santa sepultura esidy certificando d 
todos los esírangeros que alli fallarán arneses ¿ cobaltos 
é langas tales^ que qualquier buen caballero ose dar con ellas^ 
fiin tener de las quebrar con pequeño golpe. E notorio sea d. 
tOfías las señoras de honor que qualquiera que pasara por 
aquel lugar^ d dp yo s,eréf que si non lieva caballero ó gen-^ 
tUhombre que faga armas por ella^ que dejard el guante de 
hi mano derecha. Coacluyendo con esta caballerosa frase. A 
ttulas las señoras del mundo éea manifiesto que si la señora^ 
e'iyo yo se^pasnre por aquel lugar ^ donde yo con los caba^ 
Ihtros det Paso estaré^ que su mano derecha ira segura de 
perder -aíl guante^ é ningún caballero nin gentilhombre podra 
/acer itrmas por eUa^ salvo yo^ pues en el mundo non hay 
9fuÍ4m tan verdaderamente por ella las pueda faser. En estas 
célebres justas murid el caballero aragonés Alberto de Clara- 
monte, y hubo once justadores heridos i mas de otras ligeras 
desgracias. El último día del Paso 6 de las Justas no quedaba 
ya mas que uno de los mantenedores en estado de hacer armas. 
Puede Terse la minuciosa descripción de cuanto pasd en estas 
singulares justas^ «n el compendio que Fr. Juan de Pineda 
compuso co« el título de Libro del Paso ffonrroso^ que anda 
mcho y se reimprimid al fía de la Crdnica de D. Alvaro de 
Xiuna* ' 



(tó) 

• « 

( rgg) El tal cabañero hizo ó caballeros hicieron» Críttct 
rasonada jr fuerte contra la ligereza con que se andaba ea la cen* 
Mira, aprobación j licencia para la impresión de tales libros. 

(aoo) Voésíirle una camisa de cendal delgadísimo^ etc. 
Descripción imitando las ceremonias con que solían ser recibí" 
dos X agasajados miichas veces los caballeros andantes^ según 
86 lee en los libros de caballereas. 

•(aoi ) Silla de marfil. Detesta materia eran las sillas lla^ 
madas curules de los magistrados romanos» Se llamaba asi un^ 
aíUa de marfil con los pies curvos y nías altos que los regulareS| 
I9 cualose colocaba sobre algunas gradas j era- semejante á un 
trono. Era uno de los símbolos de la suprema autoridad» 

Había magistraturas en Roma llamadas curules, por el usQ 
que podían hacer- de estas sillas^ no solo en sus casas sino 
también en los tribunales, en las asambleas y en todas las otras 
funciones páblicas, haciéndose llevar con ellas td bien mandan- 
do conducirlas detras de s/. Usaban en general de la silla 
curul los dictadores, los cónsules, el gran sacerdote de Jápíter^ 
los procónsules^ los pretoreS| los censores, algunos ediles, j 
á mas aquellos que. habían hecho servicios eminentes á iavor 
de la patria y en recompensa de le cual se les concedía este 

honor. 

Acostumbraban también poner la silla curul en el carro de 

los triunfadores, y la enviaban los romanos como un honor 

particular á los reyes sus aliados, como vemos por Tito Livio 

hablando de £umenO| rej de Pérgamo. Las vestales gozaban 

de igual distinción. 

Algunas veces las sillas cumies eran^no mas que cubiertas 
de láminas de marfil, y otras fueron también de bronce. 

Se cree que los romanos tomaron de los etruscos el uso de 
las sillas cui'ules durante el reinado de Tarquino el Antiguo» 
Sin embargo vemos jra que Numa concedió el nso de una 
silla curul al flamen Dial como un distintivo de su dignidad* ' 

(aoa) No son malas Jilosofias esas y como tú dices^ Sancho. 
Para que el sentido sea claro falta i continuación, como lo 
notaron ja fiowle y Pellicer, dijo el canónigo ó el cura^ unir 
eos á quienes puede atribuirse el razonamiento. 
. (ao3) Hizo d su escudero conde, de la Ínsula Jirme. La. 



)i¡:iloi ía de Ámaclis de Gaiila no dice qne Me tabaUero hiciese 
á (laudaliti conde, sino señor de la ínsula finfte. 

(sro^) Haciendo mesa de una altiombra* Lo mismo que 
alfofnbra. ^ 

( aoS ) Nú as atütiéis. £1 yerbo aotícaado acuciarse t% \o 
mismo que iiCóago)artfB> arpurarse « apesadambrarse « acai-^ 
tarse, ctc* 

•( 206) Carne momias Se Haman momias los cadáveres «ni-> 
halsaniados que se hallan en £gipto, de donde los llevas 4 
Europa muy bien conservados. Casi todos los autores atribuí 
yen á un priucípio religioso J á la naturalexa del país los mo- 
tivos que obligaban á los egipcios i embalsamar j á conservar 
en lo posible ios cuerpos de los hombres jr de ciertos animales» 
Este uso era entre «Uos de una antigüedad prodigiosa^ y enran 
varios los métodos 4 procedimientos que observaban fiara x»a» 
seguirlo. 

A todos los 'cuerpos sean desecados 6 embalsamados se les da 
tt\ nomlire de mnmife^ momias. Este nombre^ que no «s de 
origen gi'i«go ni latino^ no puede tampoco derivarse de la 
lengua egipci^f cormo dice MiHin ; poes san Agustín dice qne 
K>s egipcios daban el nombre de gabbaras á sus cuerpos em- 
bnUnmados <S desecados. Algunos autores derivan la palabra 
momia miimia^ de la espresiou árabe muat^ que significa cera. 
Dtros con Escaligero, y quisa con mas razón , q<uieren que 
venga de amomus^ amoinos, planta de que hacian los pueblos 
antiguos rtiucbo liso para la conservación y embalsamamiento 
délos cadáveres* 

lia llanura de Siccnrh, cerca de la antigua MámfiS) es el 
lugar de donde h»sta ahora se han sacado las momias ; pero 
pocéis nos llegan intactas 6 enteras por la rapacidad de los ára- 
bes y turcos, lost^uales tío las venden á los estrangeros sino 
después de h^l^Crlas despojado, para apoderarse de algunos pe- 
queños idolillos de oro 6 plata que algunas veces- las ponían 
entre las vetadas, ó para arrancarles el dbolo 6 la moneda que 
las ineliau debajo la lengua para pagar á Carente. E.sta llanura 
de Saccara es una especie de peñasco bastante llano, de unas 
vlos 6 tres leguas de diámetro á cinco ó Seis pies debajo de la 
arena. En di se hallnn varias cuevAS con nichos, en donde «c 
depositaban las momias rn pie dentro de las cajas d nlaude.^. 

E:>tos eran unas veces de madera común, y ótrast de ciprt^s 
de Crien ti*, ó bien de ^ic<5nl0l'0, y casi si«>mpre tieuco la mihma 



(K) 
forma y figara que la momia. En loi alta sobre, Ut tapa del 
aU^ttdse ve ordlaariatneute una car^ de eseultiira y pUitada ; 
y se ha querido suponer si era un retrato del difunto; pero la 
mucha semejanza que se observa entre unos y Qtro& hace 
creer que no es mas que un adorno^ Otros han pensado y y 
tal ves con mas fundaii^iito^ que sobre las momias de los hom- 
bres pintarian la tigi^ra de Oiiris, y la de Isis sobre la de las 
mugeres* liln algunas momias se ha observado tener pintada 
una cara sobre las mismas tiras 6 vendas de tela que cubren 
su misma cara, y en los pies figuradas también sus sandalias. 
Se encuentran momias cou las uli»s tenidas de amarillo. En lo 
interior de las momias se les han hallado algunas veces peque- 
ños ídolos amuletos^ nilometros, etc. También se han encon- 
trado algunas con ojos postiakQS hechos de tela de algodón 
endurecida con pe%y resina. Bouillet dice que habia ataúdes 
en los que la figura pintada en ellos tenia ojos de vidrip, 
por donde podría verse la momia 6 cadáyer sin ^brir la caja 
qiie la encerraba. 

Eoi la misma llanura de Saccara ^ en donde se hallan prin- 
cipalmente depositadas las momias humanas^ se encuentran 
también en unos sepulcros 6 galerías subterráneas un gran 
DÜimero de animales sagrados^ Oenon en su viage en el alto 
EgiptO) entrd en algunas de estas cuevas, en una de las cuales 
habia mas de fioo momias de Ibis. Los vasos que las sirven de 
•arcdfagos son de tierra colorada y común de i4 á i8 pulga- 
das de elevación , y tan bien conservados, que casi obligan á 
dudar de su antigüedad. En general estas momias están en- 
vneltas con vendas 6 tiras entrelazadas con mucho cuidado y 
artificio: la cabeza y los pies se hallan escondidos debajo las 
alasy y el todo presenta upa figura cóu¿ca, IMo obstante hay 
algunas que no están dentro de urnas, pero si envueltas 6 fa- 
|adas con el mismo cuidado ; á escepcion de la cabeza y pico 
que quedan prominentes^ y de estar preparadas como una mo* 
mia humana, y que parece pueden tenerse en pie. 

Al hablar de las momias no creemos disguste ver lo que di- 
ce acerca de ellas el célebre Champolion Figeac, cuyos últi- 
mos viages por el Egipto tanto han ilustrado la historia de 
aquel pais, EIl uso, 6 tal vez la falta de terreno donde cons- 
truir cementelrios, dice este viagero , y al n:ismo tiempo las es- 
oavaciones hechas en las montanas para la estraccion de los 
materiales empleados en la construcción de los inmensos mo- 



1 



(86) 
tiunientos de Egipto^ fae U causa qae tode& SttS moertos p»« 
Mron á ser otras tantas momias ó momificados. El estado y 
posibilidades del difunto determinaba el modo cómo habi« 
de ser entbalsamado* Los cadáveres de los pobres eran dese- 
cados solamente en el mismo suelo en que se les enterraba ó 
en el natrón^ envueltos con telas ordinaria s, y depositados de 
este modo en los sepulcrosé Los cuerpos de las personas de dis« 
tinción se embalsamaban siguiendo unos imétodos largos j di»* 
pendiosos< Solían crespa ríes 6 trenzarles lo& cabellos. En al- 
gunas momias se b« encontrado un escarabajo en la oreja de- 
recha. Algunas veces les reeraplaadban \os ojos naturales con 
otroi de esmalte y en ciertas ocasiones doraban toda la fígura. 
Envolvían en seguida con vendas 6 telas mas ó menos finas 
cada uno de los dedos de los pies y los de las manos, despue& 
de haber dorado las uñas; habiéndose bailado moipias cujoa 
dedos estaban metidos cada uno en un estuche de oro. 
Poníanlas á algunas ríeos anillos y collares. Cubrían luego 
con las vendas cada uno de los miembros en particular) y 
últimamente el cuerpo entero, y por medio~de lienzos, titoi;- 
cas y otras ropas procuraban dar tf las raomi<is sus formas na- 
turales y proporcionadas. La cabeza era el principal objeto de 
sus cuidados. Este vingcro hallo sobre la cara de una momia 
muchos dobleces de museliua muy ñna pegados unos sobre 
otros, y encima de todo una capa de jezro dorada que con-» 
servaba todas las prominencias de la fígura, teniendo los ojos 
pintados. Esta especie de máscaras se hallan algunas veces so« 
bre las mismas vendas 6 ligaduras y abrazan toda la cabeza 
ha&ta el pecho. A continuación suele haber un collar for-* 
mado de granos y cilindros y otras bujerías de diferentes 
colores, entremezcladas de figuras de divinidades de tierra 
cocida ó esmaltada. Debajo de este collar acostumbra á ha-» 
ber por la parte de delante una túuica de la misma materia^ 
cujos colores variados forman figuras de escarabajos, de ibis^ 
de globos alados, de figuras de varias divinidades, etc; y una 
descripciou geroglífica perpendicular. La variedad y gusto que 
se observa en el modo con que están colocadas las momias es 
infinito» En lugar del collar y de la tüinica de esmalte se en- 
cuentra mas ordinariamente un cartón que envuelve toda la 
momia en forma de estuche. Este es de una especie de papel 
6 tela, y es muy sdlido, cubierto de una capa de jreso ó estu-« 
co, y adornado de varias pinturas J dorados^ Unas y otra^ 



(«7) 
úeaea relación áias obligacíooes del alútn, á Su&viftUas h diferen^ 

le^divinidadeSf y la inscripción geroglííica perpendicular que se 
baila en medio contiene el nombre del muerto ^ y alguna^ 
veceit el de sus padres y sus títulos y calidades. Oirás veces 
esla especie de estuche envuelve toda la momia entera y está 
asegurado por la espalda por medio de un lazo ó cordón co- 
jnu una cotilla. Preparadas de este modo era como se ponian 
jen el aUud* 

£stos por lo común son de sicdroorOf de cedro y algunas ve- 
rses también de una especie de cartón. Suelen ser de una sola 
piezaf y tanto por dentro como por fuera se hallan cubiertos 
de pinturas que representan escenas funerarias y muy repe- 
lido el nombre del difunto. Se ve figurada el alma haciendo 
«US ofrendas á cada divinidad; y con este n>otiva se ven re- 
presentadas muchas otras particularidades curiosas. La tapa 
«leí ataúd, también de una sola pieza , está igualmente cubier- 
ta de pinturas análogas , muchas veces por dentro y por fuera, 
y sobre su parte superior suele comunmente estar la cara en 
relieve pintada , y otras veces dorada. Una barba trenaada in- 
dica que la momia et» de hombre, y la falta de ella es s^al . 
•que es de muger. Un gran collar de geroglíficos cubren el 
pecho , y en el medio sigue la inscripción perpendicular acom- 
pañada por los lados de escenas fduebres. £ste ataúd se halla 
algunas veces encentado dentro de otro, y este dentro de un 
tercero de muy gnindes dimensiones, todos cubiertos de pin- 
turas, inscripciones, etc. Dispuestos de esta manera eran de<- 
positados estos ataúdes en los mismos subterráneos 6 sepultu- 
ras, de donde ahora se estraeu. 

Junto cou las mismas suelen hallarse diversas ofrendas, y 
algunas veces simulacros ó instrumentos de la profesión del di- 
funto« Cerca de su ataúd se encuentran también otras . veces 
unos vasos que los anticuarios llaman canopos, y estos sue- 
len ser en ntí&mero de cuatro, de materias mas á menos precio- 
•as, según la calidad «leí difunto. Los hay de arcilla común 
y de alabastro el mas precioso. Estos cuatro vasos forman una 
, colección completa y. en ellos eran depositadas las entrañas 
del diíUnlo, envueltas primero en un lienzo, y luego sumergi- 
das en bálsamos. Los canopos tienen una figura de un cono 
al revés, y los cuatro de cada difunto son enteramente igua- 
les; á escepcion no obsUnte de sus tapaderas que son todas 
diferentes. La del uno figura la cabeza de una muger, la del 



Í88) 
Otro la de an gavilán^ k tercera k cabec» do na sehakat, j; 
la cuairta la de un ciaoc¿£«lo. Una targeta cuadrada en medí» 
•on muchas coluaas perpendiculares de geroglíficoa cootteneft 
la súplica del difunto á cada una de las cuatro divinidades^ 
cuyos símbolos adornan el remate d tapadera dolos yasos j el 
nombre del muerto (|ue se la dirige. Una inscripción hecb^ á 
pincel reemplaza algunas veces una inscripción grabad». Ea 
muy raro hallar completos los cuatro vasos de la misaM serie 
d colección. 

Con las momias suelen también bailarse ciertas figurillas^ 
que vienen á ser una especie de ofrendas hechas á los muer« 
t03« Estas son de madera pintada, de piedra ó tierra cocida coa 
varias inscripciones grabadas. Sobre casi todas las de ana 
misma sepultura so halla el nombre del difunto, y suekn ha- 
llarse en el suelo por el alrededor del ataúd. Algunas veces 
estas figurillas están depositadas en cajas con varias subdivi*^ 
sienes^ en donde se encuentran amontonadas. Estas cajas, que 
Ston pintadas, suelen ser de unos dos pies de ancho j uno de 
alto con la tapa corredera. 

Se hallan también muchas veces entre las momias algunos 
manuscritos sobre papiro de dimensiones varias. La de- 
voción de los muertos nos ha trasmitido estos restos precio* 
sos de la literatura egipcia. Estos rollos se hallan en los 
ataades ó debajo de las vendas 6 ligaduras de las mismas mo« 
mi as , entre sus muslos, sobre el pecho ó sobre sus brazos* 
Los hay que estaban puestos ya antes de embalsamar la mo^ 
mía; y otros que fueron embalsamados por separado, y pues* 
%o8 y encerrados en una especie de estuches ciU'ndricos , que 
es preciso romper para sacar el papiro. En el museo de Tu- 
rin se conserva uno de estos manuscritos^qut tiene 66 pies de 
lBi*g09 y ®Q oi <le Paris otro de aa. El hallazgo de un manus* 
erito dentro de una momia, concluye Champolion, le da ya una 
cierta importancia, y supone que no era un persona ge común. 

Los cadáveres de aquellos que morían en alta mar y erau 
arrojados en las costas de la Libia , y quedaban disecados per 
el estremo calor que reina en ellas; y aquellos otros infelices 
que á veces en carabanas se hallan sorprendidos por los hura- 
canes muj frecuentes en los desiertos de 2^ra, y quedan en- 
vueltos y sepultados bajo aquellas montañas de arena movible 
y ardiente, se llaman también momias | y mas comunmenle 
momias blancas* 



(«9 
• Seda teraliteti el nombre tie momia» á tinos cadáveres maj 

l)íeu conservados hallados^ en algunas cuevas subterráneas d^ 

.las islas Canarias, j que pertenecen á los antiguos GuancheSn 

primeros habitadores de aquéllas islas. ^ 

Halláronse igualmente en Auyerniá algunos cuerpos diseca-^ 

doS) á los cuales se les did el nombre de momias^ que se cre« 

<aott de los antiguos galos. Se hallan envueltas con varias tiras 

4]e lienzo; no obstante no se conoce en ellas ninguna prepara^ 

cion balsámica^ j tal Tez su conservación se debe únlca<i 

mente á la naturaleza del suelo. 

Las momias han tenido algún tiempo ciertos usos en la me^ 

dicina, que se dice introdujo un médico indio; en el dia se 

hallan desterradas del todo* £n la pintura se emplean para luH 

-eer un color oscuro. 

Los árabes se sirven principalmente de las momias artifíciaU 

les como de antorchas 6 teas , encendiendo uñ brazo ó una 

pierna, y también para hacer encender el fuego, pues como se 

hallan impregnadas de sustancias resinosas | arden sus míem^ 

bros con mucha íaciiidad. 

/ 

d^Qpftuto qutnfuajgi^dtmo {irtmcto* 

( aoy ) McLS de veinte plumas. En las primeras ediciones 
decia plumages, mas se ye que ha de decir plumas. Muy de 
moda eran estas entre los españoles y llevábanlas en las gor- 
ras ó sombreros. También eran de moda entre los franceses^ 
pero con la 4iferenoia que estos la llevaban á la izquierda^ 
j nosotros á la derecha. 

( 2to8 ) En la pastonal Arcadia* Región de la Grecia en 
el Peloponeso, situada entre la Mesenia, la Acaia, la Elida j 
la Argolida. Tomó su nombre de Arcas d Arcade^ su tercer 
rey hijo de Calista y esta de Llcaon su primer rey. Este 
pais de la Grecia erü el mas famoso en Chulas. Fue inhes- 
tado hasta qae Pelasgo^ hijo de la tierra, según la mttotogíay 
se estableció con sus hijos que en breve la poblaron. 

Loa árcades eran los últimos pueblos del Peloponeso que 
no teuian ni puertos ni naves. Estaban situados en medto de 
otras provincias, y separados de la costa marítima. De «qoi 
fis que cuando se embarcaron para el sitio de Troya partie«- 
ron en las naves que les dio Agamenón» 



■» 



La Arcadia te Uamtf prtmaro Drimotk 9 ponfiié «suba c»» 
bierU de eocinas: después torod el de Pelasgia y el de XÁ:ao- 
Ría de Licaon hiío de Pelas|^. Sus principales ciudades eraa 
Maatíaea, Megalopolis, Tage», Stioüüo^ etc.^ que tomaron el 
nombre de sus fundadores* 

£n sus montanas pacían una infinidad de ganados á causa 
de su mucha fertilidad. Habia printipaln^nte un námero con» 
siderable de asnos de una fuerza y estatura estraordinaria. 

Los ¿rcades fueron célebres por su pasión .á la música j á 
k poesía, por lo que dijo Virgilio en ana de aus Églogas: 

Soli cantar0 perUi 

^ La Arcadia era la morada principal del dios Pan , el que 
vivía en el monte Liseo y Ménalo* Los ¿rcades fueron sin 
,dbpota los pueblos mas antiguos de la Grecia; pero estaban 
tan envanecidos de su antigüedadi que los poetas fingieron 
que eran anteriores á Júpiter 9 y aun á la creación del Sol 
.y de la Luna. 

En el año i6go se establecid una sociedad literaria en Ro« 
ma con el título de los jár cades para el progreso .de las 
letras y de la poesía italiana, tomando cada uno de sus iu- 
dividuos 6 árcades el nombre de un pastor de la antigua Ar* 
cadia. 

■ ( aog ) LúS aposentos de la cabeza > Tauto Bowle como 
Pellicer creyeron que este pasage era una imitación de D* 
Olivante de Laura cuando la sabia Ipermea decia á aquel ca- 
ballero su protegido: f^os seréis luz de todos los caballeros 
andantes^ espejo de toda bonrlad^faiH)r de los necesitados^ amr 
paro de las piadas^ defensa de las dor^cellas^ desfacedor de 
Jos agratfios^ destruidor de los malhechores^ aumeniador de 
lafs de Jesucristo^ etc* 

( aio ) Los dos aporreantes que se carpians es decir, que 
combaten 6 se pelean* . 

( a 1 1 ) Disciplinantes. Se llamaban asi aquellos que iban en 
las procesiones de semana santa y otras penitencias, desnudo^ 
de medio arriba, dándose azotes d disciplinándose por las calles, 
haciendo brotar sangre de sus espaldas. Este acto de penitencia 
decUn<5 con el tiempo, á otro de vanidad | por lo que «n lea ti* 



lulos II y 19 dd Hbrol de la Novínmii rteo^don delMl«j«i 
de Bspana'se mandd que no se lolerasen disof^íiialites^ empa- 
lados, ni otros espeetácuios semejantes en lasprooesionesjolraa 
funciones reJigio5as% Et origen 6 costumbre de los diseípliáan* 
tes le atribulen algunos á las predicaeíones de S* Antonio de 
Padua á príucipíos del siglo XIIL Mochos abuaoa se introdo* 
]eron en esta práctica religiosa 6 de penitencia, como^ue algo* 
nos hombres piadosos se vieron precisados á decía mar -contm 
día, j S. Vicente Ferrer dispuso que los disdplinanleftluibíc 
sen de llevar tánica blanca j cubierto el rostro* 

(ata) Arremetió á las andanas. Es una acríminacioii in-^ 
juriosa Á la buena memoria de Cervantes atribuir este pasaga 
i una sátira contra las imágenes, como lo supone Jarvis en mam 
nota á su traducción inglesa, j no es menester detenerse en ia&- 
f uta ría al que baya leido h vida de nuestro autor* 

( ai3 ) Será gran prudencia dejar pasar el mal inffufo 
de fas estrellas que ahora corre» En todo procuraba D. Qu^ 

I ote acomodarse á las ideas y marcha que habian observí^ 
os caballeros andantes, cujas historias por su mal había leído* 
( ai4 ) ¿ Qué saboyana ine traéis d mi? Gala de muger 
llamada asi porque la moda vino de Saboja. 

( a 1 5 } Porque se usa en la Mancha tomar las mugeres él 
mpcUido de-sus maridoSé {Fm la nota 89* del primer tomo,') 
( a 1 6 ) No te acucies. (^* la nota ao5.) 
( 217 ) Se halló en unas famosas justas que en aquélla 
ciudad se lucieron. De las notas de Pellicer hablando de es- 
tas ¡ustas, resulta que eran unas de las tres que tenian obliga- 
ción de celebrar todos los años los caballeros zaragozanos de 
la cofradía de S. Jorge en memoria de su santo patrón, j sa 
llamaban las justas del arnés. Sin embargo de lo insinuado^ 
D* Quijote no asistid á estas justas sin duda para separarse Cer- 
vantes del indígf^to Avellaneda* ' 
( ai8 ) El calif atrueno. El de cabeaa atronada, vocinglero 
j hablador, alocado j vacío de cascos, según Covarrubias* 

( a 1 9 ) Jason de Creta, No fue Jason de Creta sino de Tesa* 
lia* Este personage mitológico se hizo celebre por sus amores 
con Medea, j por haber sido el que capitaned á los Argonau« 
^as, cuando la conquista del vellocino 6 toisón de or^. 

( aao ) Del Catay ¡tasta Gaeta. Catay, antiguo nombre de 
la parte septentrional de la China* Gaeta^ ciudad del reino de 
I^ápoles en la tierra de Labor* 



(m) A^ jMoTM.IKot&dekgMmHbenMiMitf onap»^ 
fiert de Mtite^ oajo otrro preparaba; El nombre de Bekina 
creen te derive de bMun gaerra. Otros dicen que del griego 
•gaje, porque fue le primera que U invenid^ Piálenla desgren** 
da^ llena de sangre^ con los ojo& enoendidoSf jr con una pica 4 
hos en nna niámif y ana anlorcba 6 un escudo ^ azote en la 
otm^ j coa morrión j cora». Desde el momento en que se 
dedaraba la guerra por los romanosi un heraldo arrojaba una 
lanza oootia ana ooluna que había delante del templo de esta cUa; 

SB» 

(ata) Bayarda. Célebre j heroico caballero francés que 
florecid entre el siglo XV j XVI f llamado por su nunca de^- 
■sentido yalor jr por sos relevantes virtudeSi el caballero sin 
mdedojr sin tacha^ 

(aa3 ) .Forsi aUro eanieri con miglior plectro^ Pellicer notáS 
ya que aunque este verso era tomado de Orlando f uriosof 
ao estaba copiado exactamente tal como lo pone el AríostOi 
lo que sin duda debe atribuirse á £Uta de imprenta* Gil origi«» 
nal dice: 

E come a rítomara in soa contrada 
Trovasse e buon naviglio e mígltor tempo^ 
E de 1' India á Medor desse lo scettro* 
'Forfe ahri cantera con nüglior fUelirQn 




AL TOMO TERCERO. 



» M ^■♦ flS ' H <«» 



PARTE SEGUNDA, 



!X la }D(í>uat(ma. 



El Quijote no fue la daíca obra que Cervantes dedicó al grari* 
de conde de Lentos como é\ le llama, según resulta de la misma 
dedicatoria. A mas de ]as comedias y esta a.* parte del Quijote^ 
dedicóle también los Tndfajos de Persilesy Sigismunda^ obra 
con poca razón tenida por el mismo Cervantes como la mejor 
de sus composiciones, cuja dedicatoria escribió después de 
haber recibido ja la estremauncion. £1 no haber dedicado 
Cervantes, el hombre mas agradecido, la segunda parte de su 
inimitable obra al Duque defiéjar, justifica hasta cierto punto 
lo que dijimos en la nota á la dedicatoria de la primera parte 
( V. ) que el Duque « do le tmatd, como manifestó RÍ0S5 con U 
generosidad que correspondia á sn grandesta, j al mérito j; 
necesidad de tan insigne escritor. » 

Del contenido de esta dedicatoria se ve claramente la situa- 
ción desgraciada del digno de mejor suerte Cervantes* Ademas 
que sobre estar enfermo^ dice en tono festivo al supuesto prO" 
pió de la China, estoy muy sin dineros* La milésima parte de 
lo que han valido las ediciones qu« sucesivamente se han ha- 
cho del Quijote, era mas que súficienü para proporcionar á 
su pobre autor una fortuna superior á sus mismos deseos: sin 
embargo no debemos estranarlo si tenemos en consideración 
que esta es la suerte común de todos loe grandes hombres. Üa 
cuadro por el que ahora se ofrecen con empeño muchos mile 
de daros, no le valió quizá á su autor SM» <fiie algiHMW cen« 
tenares de reales* 

El conde de Lemos , marqoes de Sirria « & qnten con «nn-^ 
tila justicia (lamo PelUcer « el Meamas de su sigl» * dispensó 



•1 po^ iforlanado GertanUs unti protección que si no fue oor« 
respoitdieate al mérito del protegido, puso á«ste á Jo menos en 
lituacioD menos desgraciada, como que le sustentaba, le ampa- 
raba j le bacía mas merced en el lengua ge reconocido de Cer» 
Tantes, al qiie ¿1 mismo acertaba á desear. 

Cuando nuestro autor escribid esta dedicatoria estaba ya 
impresa toda la a.* parte, según resulta de la tasa que se 
despacbó en Madrid á los ai de octubre de i€i5, j de la cer- 
tificación del corrector general dada en el mismo dia| mes j 
«no* 

tUsentido j con raaoa se muestra Cervantes en este prólogo 
contra el impertinente continuador de su obra. Se cree que 
este fue un fraile dominico aragonés que se ocultd bajo el nom- 
bre de^el licenciado Alonso Fernandez de Avellaneda, natural se- 
gnn él misnaose decia de Tordesiilas, quien diótf luz su Quijote 
«n Tarragona el año t6i4^ nneve despaes de haber publicado 
Cervantes la primera parte» Comprometida en gran manera 
la reputación de este con la segunda parte del Quijote ofrecida 
desde tBoJ^^ anunciada cenao próxima á publicarse en i6i3y 
y en vísperas de cumplir la palabra que tenia empeñada, habia 
por precisión de incomodarse al ver que otro autor desconocido 
metia la koz en mies agenaé intentaba de un modo indecoroso 
y brusco eclipsar su mérito. Sin embargo, este incidente mas 
que otra cosa contribuyd para que acelerara Cervantes sus 
trabajos^ y concluyese luego su obra,» como que á principios 
de i6i5 la presentó i»olicitando el permiso para su impresión, 
bien que no pudo conseguirlo hasta últimos de octubre del 
mismo ano. 

Triste fue la idea y bajo el concepto que formó Cervantes 
desde el momento del trabajo de su inoportuno antagonista; 
pero sin embargo procedió con generosidad poco común , y 
por lo mismo mas digna de encomiarse. A los necios ultrages 
é insolentes calumnias de su rival , como dice el Sr. Navar- 
rete, opuso la templanza y urbanidad de su prólogo, que puede 
^er modelo de contestaciones literarias, y las ingeniosas y fes- 
ti vas invectivas que eutretegid con las aventuras de su héroe 
alusivas á la flamante historia del disfrazado aragonés. Lo qua 
al parecer no pudo dejar de ^entir nuestro autor fue que le 
llamara f a rival viejo y parlieularmeate manco | á cayo prl* 



llier Oirgo conteste oon nna reñexioa roajr fundada j sencilla^ 
y' al segundo con aquel noble orgullo que siempre supo res- 
pirar en medio de la pobreza j quebrantos en que se vi(S 
sumido* 

Taoto en la dedicatoria como en el prólogo brilla el puro 
agradecimiento de Cervantes á sus favorecedores , j no es 
posible espresarse con mas interés^ afectuosidad j reconoció 
mieoto de loque lo hace al hablar en la dedicatoria del conde 
deLemos, y en el prdl6go del ilustrísimo de Toledo D« Bernar- 
do de Sandoval y Rojas, ambos sus mecenas j protectores. 

Capitulo pnmcto. 

( I ) Con un bonete colorado toledano^ y estaba tan seco 
y amojamado que no parecía sino hecho de carne momia* 
En Toledo sefabricabau en aquel entonces los mas hermosos 
bonetes de lana con aguja que entonces se estilaban, jr su 
moda no solo* era común eá la península, sino que se haciaa 
. grandes remesas de ellos para el estrangero. Antes que comen- 
sarán á usarse los bonetes para cubrirse la cabeza, solian las 
gentes llevar una especie de capillas mas ó menos parecidas 
á las que llevan los franciscanos ó dominicos* A mediados del 
siglo XV comenzó el uso de llevar caída la capilla sobre las 
espaldas, y entonces se introdujeron los bonetes. Estos tenian 
en un principio como dos picos, observándose la costumbre 
de ponérselos con el uno y quitárselos con el otro. «Estos bo- 
netes eran entonces comunes á toda clase de gentes de ;letraS 
y de alguna distinción, lo mismo seculares que eclesiásticos* 
Introdujérottse sucesivamente los gorros d sombreros á la es* 
pañola,sin plumas en un principio y con ellas may luego* ( /^« 
loque dijimos en la nota 207* del a*^ tomo }• Los franceses ' 
asaron por este mismo tiempo, principalmente U gente mas 
distinguida, otra clase de adorno de cabeza que llamaron mor-' 
tiers^ porque á la verdad parecian unos morteretes puestos 
boca abajo en la cabeza , adorno que tampoco fue descono- 
cido en España , como puede aun verse en ciertas pinturas 
y bajos relieves antiguos* Solía diferenciarse el mortier 6 
niorterele del bonete en que el primero era por lo común de 
terciopelo, y llevaba generalmente unos -galoncitos de plata ú 
oro, por cuya razón solo acostumbraban usarlo la gente de 
gran valía. El bonete como mucho mas sencillo era ya entonces 



<4) 

d trage propio de la clase media j soccsifaiáieilte éA ptieMi» 
bajOf sapooietido algunos que en los bonetes que usa el derp 
tenerhos una forma' que i escepcíon del color se aserae)a mtt« 
choil la primitiva de los bonetes antiguos^jr em las monteras 
tina degeneración 6 rastro desfigurado de los mismos. 

Amojamado ^Á lo mismo que estraordinariamente enjato^ ser 
tú 6 descarnado^ derivándose de mojama, que es el atún aceci- 
nado^ enjuto^ falto de humedad. (Féase en la nota ao6 del 
&.* ioww lo que dijimos hablando de la» momias^') 

(«a ) ün Licurga moderno ó un Soionfiamante^ Licurgo, cél^ 
bre legislador de Lacedemonia de la raza real de los príncipes de 
Esparta. Habiendo muerto prematuramente sa hermano Poli- 
dectopor los años 898 antes de Jesucristp, su viuda que estaba 
én cinta ofiredd la corona á Licurgo y sacrificar «1 fruto de soa 
entrañas sí resol via casarse con ella; pero Licurgo deaechd con 
indignación tan criminales ofredmientos. Satisfecho con ser el 
iutor de su sobrino Charilao entrególe el gobierno desdo ef 
momento en qjoe Itegd ^ ma jor edad, y á pesar de su genero» 
si dad fue acusado de aspirar á la soberanía. La integridad dé 
sus costumbres j la severidad de sa gobierno le habia atraído 
mochos enemigos; perp Licurgo en lugar de piensar en la ven» 
ganzii síolo se ocupd de la felicidad de su patria. Con este obr* 
}eto «mpteodíd varios viages á fia -áñ conocer por sí mismo la 
legisUcLon y las costumbres de los pueblos. Gomenad sus via<* 
"ges por la isU de Creta, célebre por las léjes de Minos; c^ aquí 
^asó al Asia j en seguida al Egipto, verdadera cuna de la ilaa. 
tracion j del saber, y de vuelta á su patria fue cuando dio 
•una legislación á sus conciudadanos. Dificultades ínmíensas tuvo 
que vencer para poder cimentar las bases de su gobierno, y 
«quizá no hubiera podido conseguirlo 4 no recurrir' al oráculo 
-de Uélfos y haber merecido su favorable asentimiento. « Amí* 
go de los dioses, contestó el oráculo, Apolo ka oido vuestra 
'Suplica, id 4 echar los cimientos de vuestra república, que el 
mamen promete será la mas floreciente que hajra existido.» 
A la voz del cielo se apaciguaron los partidos, fueron cesandp 
ps disensi<mes, y después de ligeros contratiempos tuvo la gra- 
ta satisCeiccion de ver establecidas, adoptadas y observadas sus 
leyes en Esparta por los años 884 antes de Jesucristo. De- 
seando .Licurgo por la gloria de Laoedemonia que jamas d«- 
jasen de observarse sus lejes, supuso que le faltaba aun coo*- 
sttlur alguna oosa importama^l oráculo; f«ro antas da partir 



(«) 

cxigiii qué lioS refes^ los magiaurados y ú pueblo le obliga- 
sen por un juramento solemne á observar religiosanieoie has- 
ta su Tuetta, las leyes <que les había dado. Llegado k Oélfos 
Volvid la Pitonisa á asegurarle que su código era una obra maes- 
tra de legislación ^ y que seria feliz el pueblo que le observa- 
ra. Después de esta contestaciou) y acordándose del compro- 
'tníso que habian contraído sus conciudadanos de observar suf 
leyes hasta su regreso ^ resolvió no Volver jamas 4 su patria* 
«Unos dicen que murió voluntariamente en Oélfos dejando de 
'tomar alimento: algunos otros que se retiró á la isla de Creta 
en donde pasó el re:>to de sus días en un voluntario des- 
tierro , y que á su muerte dispuso que sus huesos fuesea 
arrojados al mar, á 6n de prevenir que los lacedemoníos lle- 
vándoselos á Esparta no se creyeran relevados de su juramento* 
El mejor testimonio á favor^de sus leyes^ que sentimos no po- 
der estractar en estas anotaciones ^ está en la constante obser* 
rancia de ellas por mas de quinientos años* Solo comeo^roo 
é decaer de su origen, y por consiguiente fueron dejando d^ 
observarse, cuando la corrupción general de los pueblos vec^ 
nos hubo mancillado el antiguo vigor de la Grecia* Agís la^ 
re^iibleció por algún tiempo; pero Philopemon, á fin de «cabaí* 
de enervar á Lacedemonia, las abolió formalmente unos ^ri^S^ños 
antes de Jesucristo, y en vano después los romanos ensay<i(OR 
hacerlas renacer. 

Solón fue también otro célebre legislador griego que organir 
•xÓ las leyes de Atenas, y uno de los siete sabios de la Grecia^ 
que nació en la isla de Salamina por los años 63g^aote&de Je- 
sucristo. Dedicóse con un gusto y afición particular al estudia 
de la filosofía y de la política, y después de perfeccionada e^ 
ellos con algunos viages volvió á Atenas para ser el ornanien- 
to y el salvador de su patria. Estaba esta opinmída y dilace- 
rada con las disensiones civiles, y sus compatriotas á fio de 
dar cabo á ellas pusieron los ojos en Solón , y le nombraroa 
Árcente y soberano legislador. Ofreciéronle también en varias 
ocasiones el trono, pero siempre lo rehusó. Re vestido^ de su nue- 
ve dignidad ocupóse en reformar el gobierno dd estado. Sii# 
primeros cuidados se dirigieron á apaciguar y eontenter ios po«- 
bres, que eran los que principalmente proinoviao las conmo- 
eiones. Absolvió una parte de las deudas, y prohibió que na- 
die pudíe&e alentar centra la libertad de los deudores insolventes* 
Anu'ó lódaslaji leyes sauguinarias de Dracon, á eseepcion de laP 



(O 

que trataban contra los asesinos^ y pablicdde noeras que sen* 
timos no tener oportanidad de continuar. Nitiguna disposición 
U»iM<5 contra el sacrilegio y contra el parricidio «porque el pri- 
mero de e»to8 delitos 9 decia, ha sido desconocido hasta ahora 
en Atenas, y porque el segundo es en sí tan horrible que no 
creo pueda eometerse.j» , 

Sus lejres fueron grabadas sobre tablas y puestas en vcrsoá 

fin de que se tijasen con mas facilidad en la memoria. Esta* 

vieron en vigor por mas de cuatrocientos años, y Cicerón que 

aun alcanzó á ver sus felices efectos en Atenas, llena de elogios 

é su ilustre autor. 

Solón después de haber obligado ¿ los atenienses por roe« 
dio de un juramento á seguir sus lejes por cien ano&sin va* 
riar nada en ellas , abdicd las funciones de legislador t y se 
alejó de su patria. Fue al Egipto , j en seguida á la corte de 
Creso, rey de Lidia , quien deseando deslumhrarle presenta 
'delante de él todos sus tesoros , y luego le preguntó si habia 
conocido un hombre mas feliz. ''Sí , respondió Soion^ 
jí, un simple ciudadano de Atenas llamado Tello, que des« 
pues, de haber visto su patria siempre rica y floreciente y apre» 
ciados sus hijos, murió combatiendo por ella.'' zz, "¿Y des- 
pués de Tello quién es el mas feliz ? = Cleobis y Biton , dos 
hermanos que después de haber conducido al templo el carro 
en que iba su madre, murieron el uno y el otro estando dur« 
miendo,''=: ¿Es decir pues que tú no me cuentas, repuso Gre« 
so, en el ndmero de los felices? s: Rey de Lidia , contestó So- 
Ion con voz fuerte , solo es feliz aquel que lo ha sido hasta el 
fin de su vida, y el premio de la victoria no se concede al atle- 
ta mientras aun está corriendo por el estadio.^ Trece anos des- 
pués, unos 548 antes de Jesucristo, habiendo Ciro conquista* 
do el reino de Creso y habiéndole condenado é perecer eu una 
hoguera, este desgraciado principe en el momento de ir á mo- 
rir se acordó de las palabras de aquel sabio, y esclamó muchas 
veces; "oh Solón! oh Solón!" Ciro preguntó entonces por el 
significado de aquellas esclamacíones, y habiéndolo sabido, y 
reflexionando él mismo sobre la inconstancia y vicisitudes de 
ia fortuna, perdonó á Creso. 

Después de una ausencia de diez años volvió Solón i Ate* 
nas , y encontró la ciudad entregada á sus antiguas disen- 
siones. Pisistrato se habia apoderado del gobierno, y mandaba 
mas bien oomo> soberano absoluto qisp como un gefe de uü piM« 



(7) 

blo4ibre« Para no. Mr testigo de unoa desórdenes qne ja no 

estaba en su maDO prevenir ^ retiróse á la isla de Chipre ea 
donde murió á loa So años de su vida unos 558 antes de Je- 
sucristo* 

Plutarco supone qne Solón se reconcilid con Pisi&trato; pe- 
ro su destierro voiuutario y constante demuestra que se equi- 
vocó este autor. 

( 3 ) Que ffl turco bajaba;*»*y su magesíad había hecho 
proveer las costas de Ndpoles , Sicilia y la isla de Multa* 
Muy frecuentes erao las alarmas producidas en aquellos tiem- 
pos por los amagos de los turcos de abordar é invadir algu* 
nas costas ó islas pertenecientes á los reinos cristianos. Por es- 
to á cada aviso de que la armada turca se preparaba á bajar 
como entonces se decia, del foodo del Mediterráneo hscia nues^ 
tras costas, ocasionaba una alarma, y se activaban los prepara- 
tivos de defensa; y como entonces JNápoles^ Sicilia y Malta^ 
eran posesiones españolas y puntos mas avanzados , por esta 
Tazón eran de los primeros que se fortificaban , y nuestro mo* 
narca era el que disponia se pusiesen aquellas en estado de re- 
peler al enemigo.. ( f". /a nota 90 dei n.° lomo }• 

( 4 ) Todos ó los mas arbitrios que se dan á S* M*ó son 
imposibles ó disparatados ó en doAo del Rey ó del reino* 
JNunca han escaseado los proyectistas y amigos de hacer casti- 
llos en el aire, en especial cuando se trata de negocios ágenos 
.6 del estado ; mas parece que en el tiempo de Cervantes abun- 
daba sobre manera esta clase impertinente de oficiosos consa- 
jeros* Quevedo á mas de otros escritores se burló á su sabor de 
ellos , y no fue esta la ítuica oca:>ion en que Cervantes les pu- 
ao en ridículo* En la novela de los perros Cipion y Berganzat 
un célebre proyectista propone el siguiente a rbitrio para po- 
ner en buen estado el erario. «Uase de pedir en Cortes, dice el 
proyectista, que todos los vasallos de S. M. desde edad de i4 
á 60 años y sean obligados á ayunar una vea al mes á pan y 
Agua , y que todo el gasto que en otros condumios de írutat 
carne y pescado, vino, huevos y l^umbres que se han de gas- 
tar en aquel dia, se reduzca á dinero, y se dé á S. M. sin de 
fraudarle un ardite, so cargo de juramento* Y con esto en veiui- 
teaños queda libre y desempeñado* Porque si se hace la cuen- 
ta, como yo la tengo hecha, bien hay en España mas de tres 
millones de personas de la dicha edad, y ninguno de estos de- 
jará de gastar cada día real y medio, y yo quiero que no 



mas ñe on re»! , qne do puede ser meóos ttmqne come alhol*^ 
Tas. Pues i pnréceles á vuesas mercedes qae sería barro tener 
cada mes tres millones de reales como ahuchados? Yestoao— 
tes sería provecho que daño a los ayunantes* porque con el a yer- 
no agradarían al cielo y servirían á su rey; y tal podría ayu- 
nar que le fuese conveniente para su salud. Este es el arbitri» 
limpio de polvo y paja , etc.'' 

( 5 } O fueran hec/tos de alfeñique ? Esta salida de D« 
Quijote es de lo mas oportuno y salado que puede rene aten- 
diendo á la alta y estr»ord¡naria idea que tenía formada de los 
CHÍ>allero5 andantes. Alfeñique es lo mismo que delicado^ <$ be^ 
chg de la pasta dulce y fina que lleva este nombre. 

( 6 ) Det modo que he delineado d jámadis pudiera d wd 
parecer pintar y describir etc, (^. la nota 43 det primer ta^ 
mo.) Desde la primera edición que se hizo del Quijote baste 
"ia que publicó Pellicw en 1798 se había puesto equivocada- 
mente pintar y descubrir^ y débese á este diligente anotadór ia 
oportuna corrección de variar el Yerbodescubrir por 4^cribir** 

( 7 ) Muchas veces dormía debajo de techado, (f^. la no^ 
ia 38 del primer tomo.) En esto al parecer hay alguna equi 
Tocación por parte de D. Quí jote^ pues en la historia donde 
se hace mención particular desús hazañas^ que es el poema ita- 
liano de Luis Pulci, traducido por el valenciano Gerónimo An- 
Der é impreso en Sevilla el primer libro por Juan Canalla en 
t55o en foliof y el a.*=> en i55a, dice este que el gigante Mor- 
gante tenia como una gran choza ó cabana hecha de pinos y 
cubierta de ramaje y tierra^ en la cual descansaba cuando té* 
nía necesidad tle hacerlo. 

( 8 ) Barbitaheño. Lo mismo qne barbirabio^ porque ta^ 
heno es lo mismo que rubio. Otros suponen que había de decir 
barbitaheño , y entonces equivaldría á barba desaliñada ) tfs- 
pera y ertxada. 

( 9 ) El morillo barbiponiente.^.^, y andusH) discreta dé 
adamar^ etc. Se Harija barbi¡H)ñiente y también barbilucio al 
jdven á quien apunta e! bozo y empieza á echar barbas. 

Adamar^ Voz anticuada y sin uso. Vale tanto como amar 
con pasión^ con mucho ínteres. 

( 10 ) ÍM amistad que guardó d su amigo. El gran cantor 
etc. Antes que Pellícer varíara la puntacion de este pasageera 
confuso é ininteligible. Sin el punto final que puso este dili- 
l^ente anotadór después de la palabra amigo, resultaba que el 



(9) 
fügecSlo barbilucio Meiioro fue amigo del Ariosio cantor 

de la belleza de Angélica^ lo que no es menester detenernos en 
rebatir. La amistad singular j constante que guardd Medoroy 
fue Á otro moro j ref llamado Dardinel de Almonte. 
( 1 1 ) y como del Catájr recibió #/ cetro^ 
Quizá otro cantará co» mejor pletro^ 
{Fila nota 2^ del a.^ tomo. ) 

ComenziS 4 contar las aventuras de Angélica el poeta Bojar* 
do en el Orlofido enamorado^ y las continuó el Ariosto en el 
Ociando furioso hasta después de haber dado noticia del en*- 
cuentro de Angélica y Medoro coa aquel loco paladín, concluí 
yendo con los siguientes versos las aventuras de Angélica SÍ91 
volver á hablar mas de ellas en lo restante del poema* 
. . Quanto^ Signore ^ ad Angélica accada 

Dapoi ch? utcl íU man del pazzo a tempo^ 
E come a ritomare in $ua centrada 
Trpvasse e buon naviglio e miglior tempOf 
E deW India a Medor desse lo scettro 
Forse altri cantera, con miglior pleUrOm 
El famoso poeta andaluz ^ cómo le llama Cervantes y que 
lloró y cantó las liSgrimas de Agéiica fue Luis Barahona de 
Soto, prosiguiendo el argumento que dejd sin concluir el Ario»» 
to, de cujro continuador hablamos en la nota 80 del tomo* i** 
£1 otro , calificado por muestro autor de famoso y curioso 
poeta castellano que cantó la Hermosura de Angélica, fue Lope 
de Vega, continuando también el argumento del poeta italiano 
en un poema de ao cantos, del {que se hizo una edición ea 
Barcelona en 1604* 

(i a) Sácripante ó Roldan,*% Jmbieran jabonado.,, damas 

Jingidas ó nojingidas. Cree D. Quijote, y quizá no sin razon^ 

que Sácripante y Roldan é ser poetas hubieran jabonado, es de<* 

cir, puesto en ridículo 6 satirizado á Angélica, resentidos de la 

fiílta de correspondencia y desden con que los trató* 

Parece que por damas fíngidaa deben entenderse las que los 
poetas toman como objeto de sus composiciones , y damas no 
fingidas aquellas con las que^ pueden estar en directa y ver-' 
dadera relación» 



fio) 

Capüub «eigmúML 

( i3 } Ljsforjarom d ios dos en unamsma Éunfuesa* Tan 
parecidos el uao al otro como ú hubiesen sido vaciados en un 
iDÍsmo molde. Didse el nombra df Hérguesa k iin molde de 
brpnce ea el que se vaciaban 6 con el que se construían los 
bodoques^ especie de balas ó bolas de barro endurecidas al airo 
del tamaño de una bala de mosquete^ y que se arro}aban con 
las ballestas llamadas bodoques. Con la turquesa se funden 
vhora balas de varios calibres^ desde el número dos, hasta el 
veinte j uno. 

( i4 ) Dicen que los cahaUeros».,.. htdnfgos esatderiteSm 
( A^ las notas ^6 jr ai i del primer tomo^ y la 9 de la porta" 
da. ) Supone el P. Guardiola en el Tratado de los tüulos 
que los hidalgos escuderiles se llamaban asi porque peleaban 
á pie j con escudos en blanco; es decir^ sin empresa niiigunaf 
hasta que después de algún hecho de armas célebre se gra- 
baba 6 pintaba en él. 

' ( i5) Dan humo d los zapatos m En logar del lustre, que 
entonces no se conocía^ se daba á los zapatos con humo de im* 
prenta desleído en un poco de agua, aceite 6 clara de huevo. 

( i6} Hércules el de los muchos trabajos.*,. D. Galaor..,m 
fue mas que demasiadamente rijoso. El nombre de Hércules 
fue común t muchos héroes de la antigüedad, célebres todos por 
su valor. Sin embargo el Hércules mas conocido fue el que 
veneraban los griegos j romanos. La mitología le hace hijo 
de Júpiter y de Alcmene. La noche en que fue concebido, di^ 
cen durd el espacio de tres noches regulares ; j su nacimiento 
fue acompañado de muchos fenómenos que anunciaban la gloria 
del hijo de Júpiter. Guando aun estaba en la cuna destrozó 
eon sus manos dos serpientes que Juno habia enviado para qu^ 
le devorasen. Hércules tuvo varios maestros de muchas ciencias* 
A los pocos años era ja de una talla aventajada, de una fuerza 
|>art¡cular, j un corredor estraordinario. Siendo ja grande se 
presenté á Euristeo , bajo las órdenes del cual debia empren* 
der sus combates j sus trabajos, á los cuales estaba destinado 
desdejsu nacimiento. Algunos mitólogos pretenden que después 
no quiso sujetarse á Euristeo, j que Juno para castigar su 
desobediencia le hizo apoderar de un delirio tal, que mató á 
sus propios hijos sin conocerlos, crejendo matar los de Euriir 



Ico* Vuelto á la raxon se afligió de¡tal manera qae renancid por 
algún tiempo la sociedad de los hombres* En seguida coa«- 
sultó á Apolo, el cual le mandó se sometiese por doce años se* 
goidos á las órdenes de EUiristeo, conforme á la orden de Júpi<- 
ter, y le anunció al mismo tiempo que seria colocado al rango 
de los dioses luego que habría dado fin á las gloriosas empresas 
á que estaba destinado. EuHsteo , escitado por JunOf le man-* 
dó las cosas mas duras j mas difícilesy que son las que se 
llaman los doce trabajos ó hazañas de Hércules. 

£1 1.* de ellos fue el combate contra el Jeon Ñemeo, que ahogtf 
entre sus brazos, y cuja piel fue el mas hermoso adorno de 
Hércules en todo el resto de Su vida» a.® el combate j muerte 
de la hidra de Lerna, que tenia siete cabezas. En el 3.^ cogió 
el jabalí de Erimanto. En el 5.^ alcanzó corriendo j mató 
una cierva que tenia cuernos de oro y píes de bronce. En el 
5.° mató á flechazos y libró la Arcadia de los pájaros del lago 
Estimpalo. En el 6.^ domó el toro de la isla de Greta enviado 
porNeptuYjo contra Minos. En el 7.^ robó los caballos de Dio* 
medes, y le castigó porque los alimentaba con carne humana. 
En el 8.® venció las Amazonas y se llevó su reina. En el g.^ 
limpió los establos de Augias. En el lo.® combatió con'Gerioui 
y le robó sus buejres. En el 1 1.* se llevó las manzanas de oro 
del jardin de las Hespérides , después de haber muerto al dra* 
gonquelas guardaba; y en el la.^ últimamente sacóá Theseo 
de los infiernos encadenando antes al Cervero, A mas de estas 
se le atribuyen otras acciones memorables. Cada país y casi 
todos los pueblos de la Grecia se hacían el honor de haber sido 
el teatro de algún hecho maravilloso de este héroe. Tales fue« 
ron la célebre victoría que suponen ganó en los juegos olím« 
pícos, la separación délas dos montañas de Avila y Galpe, para 
poaer|eo|comunicacion el Océano con el Mediterráneo, llamadas 
<:olamnas de Hércules, hecho que algunos remontan al añe 
laoo antes de Jesucristo; y mil otras, que seria nunca acabar 
si tuviesen que referírse todas. 

Rijoso es lo mismo que pendenciero, quimerista , 6 amigo 
de disputas, lo que á la verdad no nos parece bien aplicado á 
D* Galaor. {^. la nota \Z del primer tomo ). 



Capftulo terceto* 

(17) Grandílocua. Lo mísnio qae en estilo elevado $ pomo 
poso ó altisonaote* 

( iS ) Se me trasluce que no ha de haber nachn ni lem^ 
gua donde i^ se traduzca. No todas las profecías se camplío- 
TOD tan exactamente como la del bacbiller Carrasco. Quizis 
no haj idioma en el que e8ta.origiaa| producción de Cervantes 
no se baile traducida. Las repetidas ediciones que de ella se han 
hecko en donde quiera se hajra llegado á conocer, son una 
prueba convincente ¿incontestable de su sobresaliente .mérito» 
Desde que se publicd por primera vez la primera parte del 
Quijote en Madrid por Juan de la Cuesta en i6o5 j la segunda 
por el mismo iuipresor en 161 S i quién es capaz de enumerar 
Jas repetidas ediciones que luego se hicieron en los varios 
puntos de la monarquía? Enefecto, publicóse en seguida en 
Valencia, Barcelona, Amberes 6 Bruselas, Alilan, Lbboa etc.^ 
jr en el dia serán bien pocas las ciudades en donde no se bajan 
hecho repetidas ediciones de esta obra clásica, d mejor, ánica 
é inimitable en su género. 

£1 señor Navarrete en la «Noticia bibliográfica de algunaa 
ediciones j traducciones del Quijote '^ hace mención de 

Ocho ediciones de la i** parte* 

Cinco Ídem de la a.* 

Cuarenta y tres de toda la obra. 

rCueve traducciones francesas* 

Once Ídem inglesas. 

Varias italianas, holandesas, alemanas^ portuguesas, 
una en latín, otra en lengua danesa, y algunas en .sueco y ruso. 
(19) JPmnca he oída llamar con Doa* ( V la nota 3.* de la 
portada, y la aS del primer tomo. ) 

(ao) Los dos gigantes benitos. No acabamos de decidirnos 
si es del todo probable la observación que hizo Pellicer de que 
cu logar de gigantes benitos^ decía en el original monges be^ 
nitos. De esta manera parece mas corriente ; pero tampoco es 
inconexo que dijera gigantes, pues D. Quijote mas bien por 
gigantes ó encantadores los tuvo que por monges. 

( ai ) Pedir cotufas en el golfo. Lo mismo que pedir cosas 
imposibles, porque á la verdad lo fuera pedir en alta mar co- 
tufas ó chufas que es lo mismo. 



03) 
(ai) No fue Um piadoso Bmoí eóiúo FirgUio le pinta^ 
mtam, prudente ÜUses como le describe Homero. Observa ja 
PeUioer que CervaQle¿ aludió ea esto á lo que dice el Ariosto 
en el canto tercero del Orlando furioso. 

ISÍon s\ pietosc^ Enea ne jorle jichUle 

FU comee fama ne si Mero EUore»*»» 
Non fu si sanio ne benigno Augusto 

Come la tuba di Firgilio suona» 
No tan piadoso Eneas^ no Aquiles faerte^ 

FuCí como es fama; ni Héctor asi fiero.,.* 

No fue asi sancto ni benigno Augusto 

Cofoo la trompa de Virgilio suena. 
. ( a3 ) Con letras góticas. Pellicer dice que á pesar de qa^ 
en la i«* edición y en todas las demás se decía con letras gdti- 
cas^, fue sin duda por una errata manifiesta de imprenta. Fuá- 
dóae en que un letrero gdtico , cuyo carácter dejó de usarse en 
el reinado de D, Alonso VI conquistador de Toledo, puestQ 
jen un cuadro de los tiempos de Cervantes para aclarar la sig- 
nificación de sus figuras, hubiese sido para el público de ma- 
cha mas difícil inteligencia que los mismos mamarrachos de 
Orbaoeja. En vista de esto, continua, parece debiera escribir- 
se letras grandes por letras góticas. Sin embargo la Real Aca« 
demia no consideró de bastante peso las rabones de Pellicer, j; 
creyó que no había necesidad de aquella sustitución*- 

La escritura llamada gótica se cree La inventó por los anoe 
373 Ülfilas, obispo godo, el cual se sirvió de ella para traducir 
la Escritura sagrada* 

La escritura gótica se diferencia principalmente de la roma- 
nía en tener mas ángulos y tortuosidades , en especial al prin-* 
cipio y fin de las piernas de cada letra. Llámase también escri- 
tura alemana , porque los alemanes fueron los que tardaroa 
mas en desterrarla; é igualmente chancelleresca , porque s^ 
hacia uso de ella en las chancillerías* 

Cinco Hnages de letra son las que principalmente se conocíe-^ 
ron en España. El primero la letra llamada bastardilla y tam- 
bién it4Uea porque se inventó en Italia , ó se usó mas que ea 
otras regiones, y de ella pasó á nosotros* Esta era la mas reco- 
mendada, según la Paleografía española, para escribir y para 
leer. El segundo línage era de ío^ra redonda^ bien formada^ 
en que se escribían las cosas de mas importancia, y se parecit 
jnucbo á U de imprenta coiaua* El tercero era de letra cortesa* 



(i4) 

Mf apretada 9 menuda j enredada con rasgón jr ligncion dé 
nnos caracteres con otros^ lo que la hace en el día de difitcít lee*' 
cion* En esta letra se escribían las cartas j despachos de las se* 
cretarías de los reyes^ de sn consejo y chancilJeríaSf j en ella 
se mandd á los escribanos del reino que formasen sus escrituras 
poniendo en cada plana 35 renglones, j i5 partes 6 voca- 
blos en cada renglón (i). £1 cuarto linage de letra que se llamd 
procesada 9 venia á ser una corrupción desarreglada del ante- 
cedente y j consistia en desfigurar la traza j figura de' todos 
los caracteres por escribir sin división de letras, ni dicciones^ 
formando lineas- enteras en una encadenada algarabía sin le- 
vantar la pluma del papel. Este modo de escribir desordena- 
do j sin regla fue fácilmente adoptado por los que se ocupa-*' 
ban de escribir , porque con pocas palabras de esta infame le** 
tra se llenaba mucho papel. A este linage de letra puede redu- 
cirse el modo con que escríbian cartas j otros papeles todos 
aquellos que escríbian mal. El quinto era de letra que vulgar- 
mente se llama gótica , j que con mas propiedad debiera lla- 
marse alemana^ estrecha j erízada de ángulos y puntas, muy 
regular en su formación , pero difícil de leer, porque muchos 
Caracteres tienen casi una misma figura y no muy agraciada, 
por faltarle la proporción de gruesos y delgados, sin lineas mix- 
tas para suavizar el paso de unos á otros. En la forma mayús- 
cula de esta letra se grabaron casi todas las inscripciones de 
España mientras estuvo en uso y en las imprentas, cuyo arte 
como nacido en Alemania, trajo consigo la letra usada en aquel 
país. 

(a4) De paja y de heno etc. El refrán dice "De paja 6 he- 
no el vientre lleno.'^ El mismo Cervantes conoció la inoportuni- 
dad de haber abultado su obra con cuentos y novelas, que co- 
mo dijimos en otra anotación no dejan de ser pegotes por mé- 

r — — 

( 1 ) La reina D.* Isabel en una Carta de Arancel de los^^escríbanos de 
consejo fecha en Alcalá á 3 de marzo de 1503, en otro Arancel de ios 
escríbanos del reino fecba también en Alcalá á 7 de junio del mismo ano 
y por otra ordenanza para los mismos de la misma fecha , manda que se 
pague á diez maravedis cada hoja de pliego entero, escrita fielmente, 
de buena letra cortesana^ y apretada é no procesada^ de manera que las 

£ lanas sean llenas, no dejando grandes márgenes, é que en cada plana 
aya á lo menos treinta é cinco renglones , é quince partes en cada ren- 
glón. E si la escritura fuere de mas d menos letra, que Heve al resH 
fieto etc. 



{•5) 
rito qilie eDü tengan; j eritícáiidose á sí miwd f ricKenllza coin 
GMsrta gracia é iogenio por boca de D» Quijotef la mala costaur 
bre de tuertos autores de llenar sus composiciones con invero- 
fímiles episodios j aditamentos impertinentes* 

( aS ) Lits obras del Tostado. Constaa las de este sabio y¡ 
célebre escritor español de a4 lomos volumínosoSf 4 mas de 
ot^as composiciones sueltas que escribid sobre varias materia^ 
eoQ admiración universal en el corto período de su vida. Don 
Alonso TostadOf 6 de Madrigal, por haber nacido en este pueblo 
en 1 4i4i 1^*^ ^"' brillantes estudios en Salamanca, y fue teni« 
do por el hombre mas docto y el escritor mas laborioso de sa 
aiglo. Asistid al concilio general de Basilea, y poco después fue 
promovido al obispado de Avila , en donde prematurameoto 
murió el ano de i4&4* Sobre su sepulcro se puso la siguiente 
ínscripcioa, que en pocas palabras hace su mas completa apo-* 
logia: 

Hic stupor est mundi\ qui sepile discutU omne. 

( a6 ) Que se lo hurtaron* Desmemoriado anduvo el bachi-^ 
llcr jen esto, pues se dijo en la primera parte que el robador 
del asno fue Gines 6 Ginesillo de Pasamonte. Esta es otra prue« 
ba de que, como hemos dicho ja, Cervantes escribía cálamo^ 
cúrrente su D. Quijote, sin ocuparse de volver 4 leerlo que una 
vez bahía escrito* 

( 37 ) Mi oíslo. Lo mismo que mi mager* ( V« lo que diji<« 
nos en la nota 90 del tomo 1 •'^ ) 

Capitulo ritatto. 

( aS ) Aquel famoso ladrón llamado Brúñelo* IM aquí cd« 
mo el Ariosto describe en el Orlando el modo cómo quitaron 4 
Sacripanle, re/ de Circasia, el caballo de entre las piernas* 
// Re chiede al Circasso che ragione 
Ha nel ea^follo e come glifu tolto; 
B quel di parte in parte il tutto espone^ 
Ed esp<mendo s* arrossisce in uolto, 
Quando gli narra che H solU ladrone 
Che in un alto'pensier P aueva coito f 
La sella su quatro aste gli utffolse 
E di sotto il destrier malo gli tolse» ^* 
La sutileza del moro y ladrón Brúñelo llegó al estremo, como 
d^ Boyardo en sa Orlando Enamorado^ de quitar el antUo de 



iMo áADgéKoa siB leotírlo, á Marfisala mlj^aiñ é» la iiianoJ¡ 
ti cuerno de maril j la espada 6*iisarda iOrlando etc. 

( ag ) Barbar» Lo mismo qne hacer la oosa con precipita^ 
cica ó menos tiempo del necesario para que salga coal dbrres^ 
.|ionde« 

(3o) ji la ciudad de Zaragata ^ adonde de alli á pocos 
tUas se hablan de hacer unas solemnísimas justas* En la nota %v 
del primer tomo describimos con cierta prolijídadJa manera eom# 
se celebraban en lo antiguo las justas j los tornees^ y la dife- 
lencia que habia entre unas j otros. Las justas á que alude Di 
Quijote se llamaban del Ames^ j se celebraron en Zaragoza 
hasta cuasi nuestros dias por la noble cofradía de 3* Jorge 
fundada en aquella ciudad en honor del Santo, con motivo de 
atribuir á su intercesión haber ganado el rey D. Pedro de Ara** 
gon la célebre batalla de Alcoraz sobre los moros en 1096. De 
resultas de esta brillante acción obtenida por las armas cristia- 
nas á las inmediaciones de Huesca se rindió esta plazas y des- 
de entonces S. Jorge fue el patrón j el mote 6 apellido de guer- 
ra de la milicia jr nobleza aragonesa* Los caballerosde la co- 
fradía de S. Jorge tenian la obligación de justar tres veces al 
anOf j tornear otras tantas en honor j gloria del santo. 

(3i ) Media docena de badeas. Dulces 6 alfeñiques. 

(3a ) Sétntiagojr cierra España. Grito ó apellido de guer- 
ra con que los españoles se incitaban á pelear. Todo^ios pueblos 
ban solido tener una voz favorita para escitar á sus combatien« 
tes & entrar en la pelea: costumbre antiquísima de que tenemos 
ejemplo ya en el libro, de los Jueces, en cuyo cap. Vil. v. 18 
vemos que al ir á atacar Gedeon con sus tropas á los madianitas, 
les dijot « Cuando sonare la trompeta que tengo en mi mano, 
fonad Mtmbien vosotros las vuestras al rededor del campamento, 
y gritad todos & una: Domino et Gedeoni^ al Senory a'JGedeon 
(Victoria. '* 

m 

Entre los españoles el grito mas común al pelear contra los 
moros era el de Santiago cierra Españat entre los franceses 
ti de Mont'Jojre Saint Denys¡ y entre los árabes y mabome^ 
taños el de Mm 6 Alia. 

A veces en un mismo ejército habia dos apellidos 6 gritog 
de guerra, cuando este se hallaba compuesto de dos diferen-o 
tes naciones: asi en U batalla dada entre Henrique de Trai- 
ttbnara y IPedro d OcuiA eo 1969, los españoles del partido 



fi7) 
de Enrique grllaron \ Castilla , al rey Enrique^ y los f ran* 
ceses ausiliares mandados por BertMin de Guesclio; Nuestra 
Señora y Giiesclin, 

Estos gritos se daban por todos los soldados al momento de 
principiar la batalla, y durante ella se repetían en los lances 
decisivos para implorar la asistencia del cielo, y para animar- 
se mutuamente á la pelea. Los gritos particulares que daba á 
veces cada uno de los gefes, y á los que contestaban los solda- 
dos ó vasallos servian para reunirles en derredor de sus ban- 
deras y para conocerse en medio de la acción. 

En los torneos loá heraldos eran los que daban los gritos de 
guerra en el momento en que los caballeros iban á entrar en 
la liza. 

(33) P^illatios malandrines de hacha y. capellina* (V. la 

nota 102 del primer tomo). ^ 

(34) Ij)s oficios mudan ro^/í/m¿»re^. Refrán antiquísimo y 
ciorto: Honores miUant mores* 

(35) En el principio de cada uerso había de poner una 
letra de su nombre, i, .Los famosos poetas que habia eaEs^ 
paña que decian que no eran sino tres y medio,.. Llaman dé" 
cimas. Los versos que D. Quijote pidió al bachiller son de los 
que se llaman acrósticos^ cujos primeros cosajr'os suponen al- 
gunos se hicieron á principios del siglo IV pbr el poeta latino 
Porfirio Optaciano. En el código de las siete partidas tenemos 
quizá el primer ejemplo de este linaje de composiciones en Es* 
pana. Las primeras letras reunidas de cada una de las siete par- 
tidas son las siete que componen el nombre de Alfonso, que ei 
el de su augusto autor. Los poetas proveníales son por algur 
nos considerados como los primeros que se dedicaron á este ge- 
ñero de composiciones, y de ellos al parecer lo aprendieron los 
poetas castellanos. 

Los tres y medio poetas de que habla el bachiller, opinó el 
Sr. Mayans en la vida que escribió de Cervantes, eran Erci' 
lia autor de la araucana^ Juan Rufo.de la Áustriada^ y. Vi- 
rues del Monseri'ate^ creyendo que con el dictado de medio poe- 
ta se quiso Cervantes señalar á sí mismo. , 

Los verso^ llamados décimas fueron inventados por el céle- 
bre poeta español Vicente £'^/;me/quei|acióen Ronda en i544* 
Del nombre de su inventor se les llamó también espinelas* 



Jii. 



Íi8) 

Capitulo quinto* 

( 36 ) Que maguer tonta. Lo mismo que aunque tonta. 
( 3; ) A tener dares y tomares con gigantes j con endriu' 
gosy con vestiglos. Darcs y tomares lo mismo que riñas j pen- 
dencias 6 contiendas. ( r. las notas 38, jr agS del tomo prime- 
ro). Vestiglo' se deriva según algunos de uesligiúm 6 rastro, 
y se aplicó á las serpientes monstruosas por su modo de an- 
dar y por jJ. rastro que dejan. 

(38) A^oir silbos, rujidoSj bramidos jr baladras; y aun 
todo esto fuera flores de cantueso, etc. El silbar es propio de 
culebras, el ruj ir de los leones, el bramar de los toros, y se 
llama baladrar cierto sonido que á lo estraordinario reúne lo 
pavoroso, y tís capaz de causar espanto al menos medroso. El 
baladro que se deriva de latrO, se aplicaba en los libros de 
caballerías á los gigantes y á las bestias feroces y monstruosas* 
( V. las aplicaciones en la nota i55 del primer tomo). 

Flores de cantueso, lo mismo que decir cosas de poca mon- 
ta ó insiguificanles comparadas coñete. Equivale ala expresión 
*'lorlas y pan pintado.*' 

( 39 ) Si de los zuecos la sacáis d cluipines, y de saya par'- 
da de catorceno d Oerdugado y saboyanas de seda. 

El sueco es un calzado de madera usado por la gente pobre en 
países fríos y de nieves, y en ellos creen ver algunoü un rastro 
del coturno griego. Los chapines por el contrario era un calza- 
do fíno, que principalmente usaban las señoras que para au- 
mentar su talla solían armar con suelas de corcho. 

El catorceno era un paño muy basto y común parp la gente 
ordinaria, al paso que el velarte solo le usaba la clase fina. (^ 
la nota Z.^ del primer tomo). 

Él verdugado era una saya Á manera de campana , llama« 
da también por sn figura pollera. La saboyana era otro ador- 
no ó trage mugeril que solian llevar ceñido al cuerpo las seño- 
ras de distinción, y cuyo nombre nos recuerda que su moda vi- 
no de Saboya á España. 

(4o) Villana. Villanos durante la edad media eran los que 
cultivaban las tierras, del latín villani porque vivían en los 
campos in villis. Por la misma razón llamábanse tierras villa- 
nas ó de villano \o> bienes que no^ran de la nobleza. Los sier- 
vos y plebeyos ó pecheros eiaa villanos, y como tales inhábi- 



(«9) 
,les para gozar de ninguna claáe de pnvü^iosy y de aquí pasiS 
á ser despreciable e) nombre vUlano^ que solo se aplica aho- 
ra á un hombre no solo ordinario, sino de bajos y desprecia- 
bles procederes. 

('4 1 } jilcatifa^.é^j arambeles* Alcatifa es lo mismo que al- 
fombra, j arambeles colgaduras ó tapices* 

( 42 ) Allá uan reyes do quieren lejres. Equivocó Teresa 
Panza el refrán, como puede verse, lo mismo que su origen, en 
la nota 1 5o del a.® tomo. 

(43) Algún familiar. Es decir algún espíritu ó demonio, 
con cujoausílio creia el vulgo, principalmente en la edad rfier 
día, que ciertas personas hacían cosa» eslraordinarias superio- 
res al alcance y conocimiento de los demás hombres. El fami- 
liar 6 demonio mas célebre ha sido el de Sócrates, genio que su* 
ponian tener este filósofo, el cual decia que le apartaba délas 
empresas que meditaba cuando habían de serle perjudiciales, 
siu inclinarle nunca á otro proyecto. Cicerón dice esse diuinuni 
quoddam quod Sócrates dcemonium appellat^ cui semper ipse 
paruerir^ nunquam impellenti^ saspe reuocanti» 

Del tratado escrito por Plutarco sobre el genio de Sócrates, 
en el que se refieren las varias opiniones de los antiguos acer* 
ca su existencia y naturaleza, parece deducirse que el demo» 
nio de Sócrates^ no era otra cosa , coino dice el célebre Ro- 
Uin, que la precisión y viveza de su mismo genio; el cuál con- 
ducido por la prudencia y con el ausilio de una larga esperien. 
cía y de meditadas reflexiones, le hacia prever el resultado 
que habían de tener los negocios sobre que era consultado ó 
sobre los que deliberaba por sí mismo. 

A eslo debe añadirse que, conociendo Sócrates el carácter 
de los atenienses, y siguiendo el mismo ardid ó estratagema de 
que se valieron otros hombres sabios, antes y después de él, 
tendría un íu teres en sostener la idea de que verdaderamente 
era un genio ó demonio el que le dictaba aquellas respuestas 
para que fuesen recibida^ con respeto y seguidas con mas con- 
fianza. 

(44) Como se quiso ir la infanta 77.* Urraca. Alude al 
despecho de D.* Urraca cuando supo, según cuentan nuestros 
romances castellanos, que su padre D. Fernando I de Castilla 
al repartir sus estados entre sus hijos no le dejaba nada áella* 

Morir, os queredes, padre, 
Sani Miguel os haya el alma: 



(ao) 
Mandasles las vuestras tierras 
A quien bien se os antojara: 
A D. Sancho k Castilla^ 
Castilla la bien nombrada: 
A D. Alfonso á León, 

Y iS D. García á Vixcajra: 
A mí) porque soy muger 
Dejaisme desheredada. 
Irme he por esas tierras 
Como una muger errada^ 

Y este mi cuerpo daria 

A quien bien se me anlojaraf 
A los moros por dinero, 

Y á los cristianos de gracia, etc. 

( 45 ) Te la chanto. De la voz familiar anticuada cAan/ar, que 
vale tanto como poner, plantar 6 clavar. 

( 46 ) Poner en toldo y en peana. Lo mismo que elevarla 
jr ponerla en un lugar distinguido j de autoridad. 

( 47 ) Almohadas de velludo* O cogines de pelfa d terciope- 
lo. En España los estrados se adornaron por mucho tiempo ¿ 
la morisca, esto es, cubierto el suelo con ricas alfombras 6 al- 
catifas y por su alrededor mullidos almohadones 6 cogines de 
seda, felpa, terciopelo 6 velludo de diversos colores. Luego in- 
ventáronse los taburetes , que no fueron mas en un principio 
que los cogines puestos sobre una especie de banquillos, y úl- 
timamente los franceses' introdujeron las sillas. 

( 48 ) Los Almohades de Marruecos. En 1 149 Tomrut, ge- 
fe de sectarios rebeldes de África, después de muchos comba- 
tes se apoderó de los reinos de Fez y Marruecos; y estermina- 
dos los vencidos , fundó una nueva dinastía con el ilombre de 
Almohades. Asegurados estos en el trono, pensaron reconquis 
tar la España; y en poco tiempo dos reyes de esta familia, lla- 
mados Jacob 6 Jucef pasaron el mar con ejércitos poderosos: 
el primero fue derrotado por los portugueses , y murió de tris- 
teza: el segundo venció á los castellanos , obligándoles á hacer 
ukia tregua, y reinó en Córdoba. El último de esta dinastía fue 
Aben-Hut, contra quien marchó el santo rey D. Fernando III 
de Castilla con un poderoso ejército, le obligó á huir, y con- 
quistó la ciudad y reino de Córdoba en el año ia36, dando 
fin á la raza de los Almohades^ la que en tiempo de su an- 
tecesor Mahomet*el-Naser llamado el Ferde^ de resultas de la 



(ai) 
memornble batalla de las Navas de Tolosa, ibabia perdido .jra eí 
trono de Marraecos. A ben^Hut refugiado á Almería fue aho- 
gado «ía el baño por el gobernador 'de aquella ciudad. 

( 49 ) Dfjo el padre. Ea la primera edición y en todas las 
demás, dice PelUcer, se leía dejo^ cuyo yerro de imprenta, jun» 
to con el haber puesto una coma en unas ediciones 6 un pa- 
réntesis en otras, después de la palabra prosperidad, babia he* 
cho ininteligible estepasage. La Real Academia española, bieo 
penetrada de la oportunidad de esta enmienda, la adoptó co- 
mo era justo en sus ediciones. 

( 5o ) Sancho voluió d ver d D. Quijote para dar órde» 
ea su partida* Ya observó Pellicer que este diálogo 6 disputa 
de Sancho con su muger sobre el casamiento de su hija, la imi- 
tó el célebre dramático francés Moliere en su comedia Le Bur^ 
geois gentUhome, £sta imitación de Moliere advirtióla ja Cailbá- 
va en su obra de De P Art de ¡a comedie^ añadiendo que 
el teatro fraucei debe al español la primera tragedia de mé* 
rito , asi como la primera comedia de carácter que CorneilU 
compuso tomando 1(^ mas esencial del Cid de ú^ Guillen de 
Castro y del Mentiroso de Lope de Vega. 

Capítulo «crío» 

(5i } O algún engaño encubierto. A mas de lo que diji- 
mos en otras anotaciones, y particularmente en la 8i del pri- 
mer tomo, añadiremos que el uso de terminar por uu comba- 
te singular las querellas particulares fue desconocido de los an- 
tiguos; y si hallamos en la historia griega y romana algunos 
ejemplares de combates singulares, siempre tuvieron por objeto 
el servicio de la patria. Se cree que esta costumbre l)¿rbara vi- 
no déla Escandínavia, parte de Europa que comprendía la Di- 
namarca, la Suecia y la Noruega , de donde se comunicó á la 
Alemania , y de aqui pasó á los mas de los países de Europa; 
la cual fue algunas veces autorizada por los príncipes y apro- 
bada por la iglesia. 

Vemos por Plutarco que Augusto jamas quiso aceptar el com* 
bate singular que Antonio le hizo proponer, diciendo que ha* 
bia otros modos de morir á mas de aquel. 

Dos capitanes ilustres, Scipion el Africano y Mételo, no qui- 
sieron tampoco batirse uno á uno. Un oficial debe morir co- 
mo capitán y no como soldado, dice Teoi'rasto. 



(«o 

refiere én sus comeotarios que dos de sus ceoiuríooeSf 
•ienpre celosos y siempre enemigos el uoo del-otro, remitie* 
ron la decisión de su enemistad á un desafio; pero este desa-* 
tío fue mostrando cuál de los dos haría mas proejas en una 
batalla; el unof después de haber hecho un gran destrocó de 
enemigos fue herido y derribado en el ataque^ y al momento 
eu rival vold en su socorro; tales eran los duelas de los roma* 
nos, dice un célebre historiador. 

No deben confundirse con los duelos los combates singula- 
res entre los gefes de dos ejércitos 6 entre los caballeros de dos 
partidos opuestos : estos combates son hechos de armas^ pro- 
pios de todos los tiempos y de todas las naciones. 

Parece que el mas antiguo monumento de los duelos orde- 
nados por los reyes fue la lejr de Gondebardo^ aquel usurpa- 
dor que se apoderó de la fiorgoña. 

Por estas lejres bárbaras, dice un sabio, un hombre acusado 
de un homicidio estaba autorízado para cometer dos. Se deci- 
día may amenudo de un asunto civil por este sanguinario pro- 
eedimiento. Un patrimonio, cuya propiedad era disputada, se ase- 
guraba á aquel que se batía mejor; y las diferencias de los par. 
ticulares se juzgaban por la fuerza, como las délas naciones. 

Las mugeres y los eclesiásticos tenia n que admitir un desa« 
fio, encargando la justicia de su causa é un campeón. 

Du Cange y otnos escrítores dicen que el vencido era unas 
veces ahorcado, y otras veces mutilado ó decapitado* 

Felipe el Hermoso publicó un código acerca los duelos. En 
él se ven los juramentos y demás ceremonias que tenían que 
practicarse para batirse. Las dos partes enemistadas ó sus cam- 
peones comparecían el día señalado en uoa liza de ochenta pa- 
sos de largo y cuarenta de ancho, guardada por gente armada. 
Los combatientes, llegaban á caballo, visera calada, escudo al 
lado, lanza en mano y ceñida la espada y la daga. Algunos 
de ellos llevaban á mas debajo sus armas la imagen del santo 
de su protección* Los heraldos de armas hacían colocar á todos 
los espectadores á píe al rededor del palenque. Estaba prohibi- 
do estar á caballo en dicho espectáculo , bajo la pena de per- 
der $a montura el noble , y una oreja el plebeyo. 

El juez del campo^ acompañado de un sacerdote, hacia ju* 
rar é los combatientes sobre un crucifijo que cada uno creía te- 
ner dSrecho y la razón de su parte, y que no tenían armas en* 
cantadas, tomando por testigo de la verdad de su juramenta 



a3J 
i sao Jorget J renunciando al paraíso st mentían* Cooduída 
esta ceremonia echaba el juez^del campo un guante en la are« 
na^ y los dos campeones ^se acometían ^ quedando á favor de 
aquel las armas del Tencido. 

Otms veces 9 llegados los dos campeones al lugar señalado 
para el duelof se desmentían el uno al otro ¿ fín de escitarse ai 
combate. Entonces principiaba este; j luego que se habían da- 
do los golpes señalados en el cartelf el )uez que presidia el doe. 
lo echaba su vara en altot j el combate cesaba. Sí quedaba in* 
deciso hasta la noche^ el acusado era reputado vencedor, jr la 
pena del vencido era aquella que hubiera merecido su ad- 
versario. 

Las mismas ceremonias con poca diferencia se practicaban 
en casi todas las otras naciones* Ea algunos círculos de Ale* 
manía se daban á cada combatiente un padrino jr un confesor: 
el pueblo cantaba el Libera^ y se colocaba en un estremo de la 
liza un féretro rodeado de hachas encendidas para el vencido. 

Se llamaba partir el campo y el sol eu los retos y desafíos 
el señalar sí los combatientes terreno y luz igual para que pe- 
leasen sin ventaja. 

Los duelos se hallaban tan generalizados en la edad medias 
que un duque de Borbon propuso uu combate á todo trance 6 
á muertei como decía el cartel^ para entretener la ociosidad^ y 
en honor de las damas. 

Uno de los mas famosos carteles de desafío deque hace men- 
ción la historia, es el de Juan de Verchin, caballero flamenco 
de gran nombradía. Este proponía é hizo fijar en todas las 
ciudades priocipales de Europa | que él se batiría con seis ca« 
balleroSf uno después de otro, á todo trance 6 hasta morir, con 
la espada, la lauza y la maza de armas, "mediante la ajuda 
de Dios, de la virgen santísima, de san Jorge y de la señora 
de sus pensamientos; " cojo combate debía verificarse en una 
población de Flandes: pero 00 habiéndose presentado nin* 
guno á batirse con ese valeroso flamenco, hizo voto de correr 
toda la Francia y España en busca de aventuras^ armado dé 
punta en blanco; después de cuja andanza fue á ofrecer un 
bordón á Santiago de Galicia. 

Cuando Carlos de Anjou, con motivo de la soberanía de la is* 
la de Sicilia; desafió á Pedro de Aragón, este monarca admitid in« 
mediatamente el desafío, siguiéndola costumbre que dominaba en 

aquellos tiempos; y sin embargo de que ambos príncipes juraron 



(a4) 

no íalUr al campo de Burdeos^ r[ae era el sitio a^axadof lavo 
el sentimieiito el monarca español de no haber hallado á su 
Ct^mpetidor^ de lo que hi^d levantac público testimonio para 
ju$liíicar el cumplimiento de su real palabra, á pesar de no ha- 
berle querido asegurar el campo , ^ de los grandes]peligros k 
que se espnso , j^ de la falta de Carlos de Anjou que le había 
provocado. 

Lo mismo sucedió con poca diferencia en el duelo propues- 
to por Eduardo III de Inglaterra á Felipe de Yaiois. 

La enemistad de Francisco I de Francia j de Garlos I de 
Espaaa y V de Alemania, llegó til estremo de desafiar el mo- 
narca francés al emperador. Carlos, que liabia dado pruebas 
positivas de su valor, le admitid al momento; señalóse el cam- 
po, j se hicieron los demás preparativos necesarios: pero lue- 
go el rejr de Francia, no sabemos si por prudencia ó por otro 
motivo, se escusó, sin embargo de haber sido el agresor. 
• Lo que contribuyó mucho á la abolieion de estas costum- 
bres bárbaras fue, después de la ilustración de ellas por la 
propagación de las luces, el descubrimiento de las armas de 
fuego. Desde entonces sirvió de muy poco la fuerza del cuer- 
po: el hombre mas cobarde, como decia Bayardo, puede ven- 
cer al mas valiente. 

Dos generales suplicaron á Gustavo Adolfo les permitiese 
aclarar su querella por medio de la espada. El rej aparentó 
convenir en ello, é hizo llamar al verdugo: ''batios, les dijo^ 
j al momento que el uno habrá muerto al otro, este cortará 
la cabeza del vencedor: *' con lo que desistieron de una pre- 
tensión tan injusta y bárbara. 

Todas las naciones han ido sucesivamente señalando penas 
laS mas rigurosas contra los duelos, rastro de la barbarie de 
aquellos desgraciados tiempos de ignorancia y de superstición. 
Por las leyes de España el que desafiare á otro, el que admita 
el desafío y los que intervengan ó tomen parte en él, quedan 
por solo este hecho declarados infames, y pierden todos sus 
bienes; y el que saliere al campo ó parage citado, aunque no 
tenga lugar el desafío, incurre en pena de muerte; de cuyo 
castigo no seesceptuun los militares. A mas está prevenido que 
los que vieren reñir en desafío, y pudiendo no lo impidieren, 
ó no dieren -prontamente cuenta á la' autoridad competente^ 
deben ser castigados con seis meses de prisión y una multa 
igual á la tercia: parte del valor de sus bieneS| cuyo rigor se 



(a5) 
estiende contra los jueces omisos en castigar estos delitos etc. 
La iglesia ha fulminado en algunos concilios varios castigos 
contra los duelos, y en ,^1 de Trento maldice y escomulga no 
solo á los lidiadores y sus padrinos , sino también á los seno- 
res que dieren campo para batirse, y á los que incitaren, per- 
suadieren ó presenciaren el desafío^ privando de sepultura sa- 
grada á los que murieren en éU 

En el dia, aunque los duelos se hallan justamente prohibi- 
dos por lejes severas, un falso pundonor ha perpetuado algu- 
nas veces su uio bárbaro. 

( 5a ) Partir y hacer tajadas el sol. (V. la nota anterior}. 
(53) Porras ferradas con puntas etc. Porras 6 clavas 
es lo mismo, y se reduce á un palo de unos cuatro 6 cinco pal. 
roos de largo, que desde la empuñadura va engrosando y ter- 
mina en una especie de cabeza llena de eminencias 6 puntas. 
Ha sido quizás una dé las primeras armas osadas por los hom- 
bres. 

La clava es el símbolo ordinario de Hércules; con ella hizo 
sus principales proezas, y la consagró ét Mercurio después del 
combate con los gigantes. Dicen que era de olivo silveslrct y 
que echó raices llegando á ffu'mar un árbol muj grande. 

( 54 ) Se le echase un sanhe/iUo, Nom bre de un vestido 6 
saco de penitencia, que se ponia á los reos condenados por bi 
inquisición. Era una especie de escapulario de lana amarilla 
con la cruz de san Andrés, llamas de fuego y otros gerogU* 
fíeos. Parece que el sanbenito era una imitación del saco de 
penitencia 6 cilicio que se ponian para llorar sus culpas los pe- 
nitentes en la primitiva iglesia. Como esta especie de escapu- 
lario 6 saco se bendecia antes de ponerlo al penitente, de 
aquí tomó el nombre de saco bendito^ de donde se llamó des- 
pués San^benito. 

( 55 ) EstH en la cumbre que la vemos. La casa otomana 
Ainddla Otman á Otoman que de simple pastor , <5 bandolero 
según otros, llegó á ser por los años i3oo el caudillo jr empera- 
dor del imperio que de él tomó el nombre de otomano. Llá- 
mase también este imperio Puerta Otomana. El origen viene 
de que entre los orientales se acostumbraba llamar puerta á 
los palacios, por ser las puertas las que ellos se esmeraban en 
adornar con todo el lujo posible, pues en estas y sus. vestíbu- 
los era en donde se recibian los pasageros, daban las audiencias 
los magistrados^ ^e ejercia la hospitalidad 9 de lo que tenemos 



^émplos en machos lugares , y en particular en el libro de 
Esther. Las decantadas cien puertas de /Tébas no eran mas • 
que cíen palacios magníficos* 

Desde el tiempo de los patriarcas eran las puertas de las ciu- 
dades el para ge d sitio destinado para tratar los negocios pd- 
kiicos y. particulares. Abrahan compró el sepulcro de Sara en 
presencia de lodos los que entraban por la puerta de Hebron, 
y cuando Hemor y su hijo Siqueo, que robd á Dina, propusie- 
ron hacer alianza con los isracÜtas, hablaron al pueblo acerca 
de este asunto junto á la puerta de la ciudad. 

El nombre de Puerta Otomana ó Sublime Puerta que se 
da á la corte del gran Señor, remonta al tiempo deMos- 
tadhem , dlttmo califa de los abasidas que reinaba en 
el siglo XIll. Este príncipe hizo poner en el umbral de 
la principal puerta de su palacio de Bagdad un pedazo de 
la famosa piedra negra del templo de la Meca, A mas, de lo 
alto de ella colgó una especie de cortina de terciopelo negro^ 
que llegaba casi hasta tierra, & la cual todos los cortesanos 
tributaban, lo mismo que á la piedra negra, honores eslraordi- 
nat'ios, frotando los ojos sobre la una y la otra, y basándolas 
con el m is profundo respeto. De ;4quí vino el llamar, á la pieza 
de terciopelo la manga del califi , y á la puerta la puerta del 
califa, y la puerta por escelencia; nombre que luego se aplt- > 

c<5 ala corte y residencia del príncipe. Este uso fue canoniza- 
do por los sultanes turcos siguientes que se apoderaron del 
trono de los califas, y les sucedieron en su autoridad espiritual 
y temporal. En la actualidad no son los emperadores turcos 
los únicos que siguen dando d su corle el nombre de puerta;, 
pues los monarcas de Persia se sirven todavía de este término 
en la misma significación. 1 

El nombre de imperio turco , con el que es también cono- 
cido, le tomó de una rama de aventureros venidos de la Tar- 
taria y que servian al príncipe que mejor Jes pagaba. Hicié- 
ronsc estos formidables, y apoderándose de la Persia por los 
años 1043, y en io65, tomaron de los sarracenos á Jerusalen. 
El nombre de turcos le tomaron del Tarkestan frontera de la 
Tartaria. Mahometo lí fue el primero de los emperadores oto- ^ 

manos, al que los cristianos calificaron con el faustuoso títu- 
lo de Gran turco por lo mucho que habia estendidu su im- 
perio, y por oposición al sultán de Capadocia su contcmpo- 
ráuep) al que llamaban algunos pequeño turco. 



(^7) 
( 56 ) Los Faraones y Tolomeos de ^¡giptQ^ los Césares de 

Roma. El nombre Faraón era común á muchos de los rcjcs d« 
Egipto, igual ai de César entre los romanos. Algunos quieren 
que el nombre Faraón se derive del áral/e pharaho, que sig- 
nifica estar sobre los otros, y que por consiguiente era sinó- 
nimo de rey: otros que no fue mas que el nombre del gefcde 
una dinastía de este nombre, que después fueron tomando sus 
sucesores en el trono de Egipto. Bocbart dice que Faraón es un 
nombre egipcio que significa cocodrilo^ animal que adoraban 
como una divinidad aquellos naturales. 

Uno de los generales de Alejandro Magno se llamó Toloraeo, 
j después de la muerte de su caudillo apoderóse del Egipto en 
donde reinaron sus descendientes ha^a la célebre Cleopatra, 
en cuya época apoderándose los romanos de esta región pasó 
ú ser una provincia romana. Conservaron casi todos el nom- 
bre de Tolomeo unido á su sobrenombre particular. Tolomea 
Filadelfo, uno de ellos, fue el fundador de la preciosa bibliote- 
ca de Alejandría. 

El nombre de césai-es de Roma se dio á los doce empera- 
dores que después de la destrucción de la república goberna- 
ron el imperio desde Julio César hasta la muerte de Domicia-^ 
no , cuyas vidas escribid Suetonio. Acerca la etimología del 
nombre de César, véaselo que dijimos en la nota i85 del se> 
gundo tomo. 

( S7 } A campana herida da limosna. Esto alude á un pa^ 
sage del cap. Vil del evangelio de S. Mateo, en donde Jesu« 
cristo dirigiéndose á los hipócritas les manda que no den li- 
mosna , tocando una trompeta delante de sí, sino que lu hag»n 
sin aparato y sin que nadie lo entienda. El evangelio habla de 
trompeta y no de campana, porque eotonces no eran couoci- 
das del pueblo judío, el cual era convocado á los actos y ce- 
remonias religiosas por medio de una trompeta que tocaban 
los sacerdotes. 

En la misma doctrina está fundado el adagio antiguo cas- 
tellano: 

Haz buena fariña é no toques la bocina, 

( 58 } La influencia del planeta Marte. Su distancia me- 
dia del sol es de5a,35o.a4o leguas. Hace su revolución pe-« 
riddica en i año 3a t dias a3 horas-y Sg minutos. En 1 666 re- 
cooocid Cassini la rotación de este planeta ; y Ilerschell ea 
1784 examind su aplastameuto. 



(a8) 

Los antiguos creían en la influencia de los astros sobre la 
suerte ó inclinaciones de las personas f y este examen dio lu- 
gar Á una ciencia <^ estudio ridículo y 8U|>erstic¡oso que se lla- 
mó astrología juiciaria. Este arte quimérico ^ por el que pre- 
tendían conocer el porvenir de las cosas y adivinar las pasa- 
das por medio de la observación del aspecto^ posición é influen- 
cia de los planetas , tuvo su origen entre los caldeos. Después 
se fue propagando entre los egipcios, g^'iegos, romanos, y de 
estos a' los demás pueblos. £t emperador Tiberio desterró de 
Roma á todos los astrólogos juiciario^, á los que después se les 
permitió volver, con la condición de no poder practicar sus adi- 
vinaciones. 

A pesar de la nulidad de este pretendido arte, no ha muchos 
ano9 que aun tenia entre nosotros ciertos panegiristas. 

( Ó9 ) El groa poeta castellano nuestro» Calificación pom- 
posa y justa con que indica á Garcilaso de la Vega principe de 
la poesía castellana. Léense los versos que copia en la elegía 
que dirigió al gran duque de Alba D. Fernando en la muerte 
de su hermano D« Bernardioo de Toledo. 

(ttapttulo d^pttmo. 

( 60 ) Téngame aderezado de almorzar alguna cosa ca^' 
líente. Nuestro almuerzo corresponde al acratismo de los grie- 
gos. Derívase el nombre almuerzo del latin morsus^ que en la 
baja latinidad significaba bocado ó corta comida; y asi se dijo 
en castellano primero muerzo y mueso^ hasta que después se 
le añadió el artículo árabe ó morisco a/, y se hizo el sustantivo 
almuerzo, y de este el verbo almorzar, que significa tomar ua 
bocado ó un ligero alimento. 

( 61 ) Kel ama. Bn las primeras ediciones ÍMlta esta pala- 
bra , que se añadió porque del contesto se ve que con Carras- 
co y la sobrina entró el ama: y también se varió el deseosos 
por deseosas* 

(6a) Trastulo. Voz italiana, como dice Pellicer, que sig« 
nifica entretenimiento, pasatiempo, recreo, etc., bien que ad- 
mitido en nuestra lengua significó un personage cómico ó tea- 
tral. Poco después que se inventaron nuestras comedias fueron 
á Madrid compañías de comediantes, italianos. 1^1 director de 
la primera fue uu autor de ellas que en la comedia se llamó Ar^ 
leqnino, cuja compañía solia divertir á Felipe 11 eu los prm- 



(«9) 
cípios de su reinados A este sucedió Juan Ganasat que sin em-* 
bargo de que representaba en lengua estrangera tuvo mucho 
aplauso y gand mucho dinero. En estas representaciones cómi- 
cas había siempre un persouage jocoso que hacia los papeles de 
el doctor^ el pant€tIone^ el payaso^ el arlequinOj y del mismo 
linage de estos era el Trastulo', á imitación del cual se cree que 
Lope de Vega inventó el papel de gracioso 6 Isíjigura del do^ 
naire^ que introdujo por primera vez en su comedia de la Fran^ 
cesilla^ según lo asegura en su dedicatoria al Dr. Don Juan Pé- 
rez de Montalvan. El mismo Lope de Vega hizo mención de Ga- 
nasa y de Trastulo en la epístola IV de su Filomena, diciendo: 
Con esto yo tal t^ez (no sé si es treta ) 
Donaires de Ganasn y de Trastulo 
Les digo que me trajo la estafeta ^ 
' Las sales de Marcial y de Catulo^ etc. 

Con la espresion los donaires traidos por la estafeta^ cu« 
ja última voz es italiana , parece aludió á los cómicos italia* 
nos. 

El Trastulo no solo movia á risa con agudezas, sino con ves- 
tidos ridículos jr estrafalarios. Ponderando Vicente Espinel de 
grandes y desaforadas unas narices, las llamó trastuladas. 

( 63 ) Al modo de las endechaderas* Mugeres que se alqui- 
laban para llorar en los entierros, y que cubiertas con unos 
grandes velos ó mantos y desgreñadas iban llorando y dando 
á veces fuertes alaridos detras del difunto al llevarle á enterrar* 
Se hace mención de estas mugeres desde la mas remota anti- 
güedad. Para espresar de un modo mas enérgico la desolación 
que debia causar al pueblo judío la devastación de la Judea, el 
profeta Jeremias dice que el Dios de Lsrael mandó á su pueblo 
hacer venir lloronas^ que él designa bajo el nombre de lamen^ 
tairfces. Este uso del pueblo hebreo pasó á otras naciones, y 
sobre todos se conservó entre los griegos y entre los romanos. 
Estos últimos daban el nombre de prcejica á la principal de ca- 
da comitiva de lloronas , porque era ella la que presidia á las 
lamentaciones, y la que daba á sus companeras el tono de tris- 
teza que convenia según la clase del difunto. Las lloronas iban 
cubiertas con un velo, y llevaban un vaso en que recogían las 
lágrimas que derramaban. Estos vasos llamados lacrimatorios^ 
se encerraban con mucho cuidado dentro de la urna donde se 
depositaban las cenizas del difunto. Como no se alquilaban 
lloronas sino para los entierros de los ricos, por esto no se me- 



(3o) 
tíftii estos vasos lacrimatorios ea las unías de los pobre^^ para 
demostrar á la posteridad que niogutia persona habia llorado 
stt muerte en sus funerales. 

Esta costumbre se conserva todavía en algunos pueblos del 
oortef al paso que en otros se va suprimiendo un úso^ que no 
produce otra cosa que escenas ridiculas j estra vagantes. 

Capitulo ortooo» 

.( 64 ) Bendito sea el poderoso Alá» Nombre que dan á Oíos 
lossrabesjmabometanos. Se deriva del hebreo 9 heloimqtxe cor- 
responde al ádonaU Ellos le pronuncian continuamente alencon- 
trarse^ al despedirse, etc* Todas sus oraciones empiezan y con- 
cluyen con esta palabra sagrada* Es también su grito de guerra* 
( 65 ) «S'e holgara rió haber salido de casa* En otra aoota- 
cion hemos manifestado ja lo ridículo de la pretendida ciencia 
llamada astrología judiciaria. 

( 66 ) Todas eran de oro^ sirgo jr perlas contextas jr teji^^ 
das. El poeta á que se refiere es Garcilaso^ quiep en la égloga 
3.* describiendo las labores de las ninfas del Tajo dice: 
Oe cuatro ninfas, que del Tajo amado 
Salieron juntas, á cantar me ofrezco*.* 
£1 agua clara, con lascivo ¡uego 
Nadando dividieron j cortaron^ 
Hasta que el blanco pie tocd mojado. 
Saliendo de la arena, el verde prado. 
Poniendo ja en lo enjuto sus pisadas 

Escurrieron del agua sus cabellos 

Luego sacando telas delicadas, 

Que en delgadeza competían con ellos, 

En lo mas escondido se metieron 

Y á su labor atentas se pusieron. 
Las telas eran hechas y tejidas 

Del oro que el felice Tajo envia... 

Y de las verdes hojas reducidas 
En estambre sotil, cual con venia 
Para seguir el delicado estilo 
Del oro ya lirado en rico hilo* 

Garcilaso no habló de perlas , sino de oro j de estambre so* 
tU nacido de verdes hojas* Que el Tajo lleva pajuelas de oro 
entre sus arenas ha sido la opinión general de los antiguos y 



(3i) 
nodémos* El estambre sotU es sin dada la seda, iramada sirge^ 
anligaamente) derivado del latín sericum de Sérica pais del 
Asia f de donde se cree que son oriundos los gusanos que la 
crian; los cuales ciomo que se alimentan con las hojas verdes del 
moral se dijo 

Y de las verdes hojas reducidas 
En estambre sotil, etc* 

( 67 ) Aqupl pastor que puso Juego y abrasó el templo f amo' 
so de Diana* En tanta manera lo era que [fue considerado como 
unade las siete maravillas del mundo. Se hizo este célebre mo- 
numento trazado por el célebre Estesifon^ á espensas de toda el 
Asia menor; jr se trabajó en él por espacio de 220 anos. Su Ion. 
gitüd era de 4^5 pies sobre aaode latitud, y todas sus puertas 
eran de maderas preciosas. Plinio observa que el uso de poner 
las coluaas sobre un pedestal y de adornarlas de un capitel j 
basé, principió en este templo. Otros diceu que en él se hizo 
uso por primera vez del orden jduico. Había en dicho templo 
lay colunas de 60 pies de elevación cubiertas de bajos relieves 
costeadas por otros tantos re jes. 

Este templo encerraba riquezas iamensasi y cada dia todot 
los principes y todos los pueblos enviaban nuevas ofrendas. 
Sus sacerdotes estaban muy bien dotados, y el culto de Diana 
se celebraba con una pompa y magnificencia estraordinaria, 
habiendo durado por mas de dos siglos y con todo enlusiasmo 
por toda el Asia. 

La estatua primitiva de Diana era de ébano según PHnio, de 
madera de cedro si damos crédito á Vitrubio, y de oro si aten- 
demos á Xeuofonte. Otros quieren suponer que era de marfil, y 
algunos que era hecha de una vid d cepa. 

Los plateros de Efeso ganaban mucho dinero haciendo de 
plata pequeñas figuras de esta Diosa, que vendían al sinnú- 
mero de gentes que iban á visitar el templo de Diana. 

Se celebraban en honor de ella las fiestas ef estas é efesinas 
en que solo reinaba el desorden, la confusión y el vicio. 

Ün fanático llamado Erostrato incendió este templo, con el 
objeto de hacer su nombre inmortal, en la misma noche en 
que nació Alejandro el Grande en el ano 336 antes de Jesucris- 
to. Los de Efeso para castigarle mandaron que nadie pudiese 
nombrarle en la relación de este suceso; pero Teopompo lo hi- 
zo en sus relaciones, y de este modo fue como pasó á la poste- 
'rídad el nombre de estf incendiario* La noticia de que Ero9- 



(3a) 
trato fué pastor, como dice Cervantes^ no se halla en Éstrabon^ 
Valerio Máximo ui.Solinoy úoicos qaenos^han conservado U 
historia de este atentado* 

( 68 ) Famoso temf/h de la Roíunda. Llamdse^rimitiva* 
mente Panteón^ nombre compuesto de pan todo, y teos dios, 
es decir , reunión de todos los dioses, que se did á uno de los 
edificios mas soberbios, y mas célebres de Roma. Mandd cons- 
truirle Agripa, yerno de Augusto, en el campo de Marte des- 
pués de la batalla de Accio, y lo consagró ¿ Júpiter vengador 
y á todos los dioses; por coya razón se le did el nombre depon* 
tehon* Es un edificio circular cubierto de una gran bóveda, en 
medio de la cual tiene una gran abertura por don'de^ toma la 
luz* Delante del templo hay un^órtico imponente sostenido 
por diez y seis colunas corintias de granito dejcuarenta pies de 
elevación y de una sola pieza. La cúpula d media naranja for- 
ma un hemisferio de iSy pies. Antiguamente se hallaba ador- 
nado de preciosos bajos relieves, que desaparecieron en los tierna 
pos de barbarie é ignorancia. El esterior se hallaba revestido 
de losas de mármol, la mayor parte de las cuales han desapa- 
recido también* Habiendo sido este edificio destruido por un 
rayo que cayd en él, y en parte por el tiempo, fue restaurado 
por Adriano, subsistiendo en el día tal como quedd. 

Mandó construir Agripa el panteón en figura circular para 
escitar, como dice Luciano , toda especie de preferencia entre 
los dioses, 6 como supone Plinio, porque la convexidad de su 
bóveda representase la del cielo* 

El papa Bonifacio IV, que ascendió al trono pontificio por 
los años 607, fue el que limpió el panteón de la multitud de 
ídolos que habia en él, y lo consagró al verdadero Dios bajo 
la invocación de María Santísima y de todos los santos, y en 
el dia se conoce con el nombre de nuestra Señora de la Rotun- 
da ó sencillamente por la Rotunda. 

( 69 ) Una gran merced. El hecho que refiere Cervantes 
acaecido al emperador Carlos V en i536, lo refiere su histo- 
riador D* Prudencio Sandoval. Anduvo el emperador disfra- 
zado por Roma, dice el cronista, y para mejor poder mirar su 
antigua grandeza ¿ubió encima de la Redonda, maravillado de 
tan suntuoso edificio* Sábese á la cúpula por una escalera de 
190 escalones* 

( 70 } En la profundad del Tibre ? Defendiendo Hora- 
cio el puente Sublicio de Roma contra d ejército de Porsena^ 



' (43) 

rej d¿ £traria resolvieron cortarle como dice l^ito Liyio^ y po- 
co antes de desplomarse hizo retirar i todos sus compañeros 
quedándose él hasta el momento crítico en que se hundió, que 
entonces se arrojó con sus armas al rio^ y á nado lo pasó reu- 
niéndose con los suyos. 

( 7 ' ) ¿ Q^i^^ abrasó el brazo y- la mano á Macio ? Si- 
guiendo Porsena según hemos dicho en la nota anterior el em- 
peño de apoderarse de Roma, un joven romano llamado Gayo 
Macio salió de la ciudad con-anuencia del Senado y con ánimo 
resuelto de matar al príncipe sitiador. Preséntase en el campo 
cnemigOf acércase á donde estaba Porsena, y creyendo tal uno 
de sus oticiales, saca un puñal que llevaba oculto, le acomete 
y le mata. Presentado ante el rey, lejos de acobardarse, le anun- 
cia nuevos y mayores peligros. Y viendo que no queria reve- 
larlos, manda acercar un brasero y ie amenaza con los mayo- 
res tormentos ; pero Mucio lejos de intimidarse, tiende su bra- 
zo derecho, y poniendo la mano sóbrelas brasas*. <« Observa, le 
»dice, cuan poco les importa el cuerpo á los que aman la glo- 
ria.» A cuya acción, asombrado el principe, manda apartarle del 
brasero, y le daá mas la libertad. Mucio entonces como para 
darle una prueba de agradecimiento le revela que en Roma ha- 
bía trescientos jóvenes que como él habian jurado matarle, y 
que á éi le habia tocado el primero la suerte de ensayarlo. Es- 
to fue lo que obligó á Porsena á pensar en retirarse de su em- 
presa, y enviando embajadores á Roma se ajustó la paz. A Ca- 
yo Mucio se le añadió después de su acción heroica, el apellido 
de Escevola^ 6 sea manco ó zurdo. 

( 7a ) Apareció en la mitad de Roma ? Este hecho es tam- 
bién de la historia romana y acaeció en el siglo IV de la repú- 
blica. Abrióse instantáneamente en medio del foro de Roraa^ 
una profunda sima que en vano intentaron cegar. Consultados 
los augures respondieron que habia de consagrarse alli ó los 
dioses lo mas esceiente que tuviera Roma. Entonces fue cuan- 
do Marco Curcio, ¡oven patriota y valiente, viendo á todos du- 
dosos acerca lo que habia de hacerse, esclamó: lo mas escelen- 
te que Roma tiene es el valor y las armas; y vistiéndose inme- 
diatamente'; las suyas, y montando en un brioso y lujosamente 
enjaezado caballo, se precipitó en la sima. Tito Livio anade^ 
bien que con cierta duda, que se convirtió luego aquél báratro 
en un lago, que por el nombre de aquel héroe se llamó Curcio* 

( 73 ) Pasar el Rubicán d César ^ £1 Rabicon, 11 amado aho- 

III. ^ 



ra Fiuniesino ó RugonCy es un pequeño rio que servia de Iknites 
álaGalia Cisalpiaajr á la Italia propiameate dicha. Estaba 
prohibido á todo general romaao el pasarle sin espreso coa- 
sentimiento del Senado, bajo ía pena de ser tratado como ene- 
migo de la patria. César, de vuelta de las Galias, y después de 
haber visto que se le reusd el consulado y la prorogacion de 
su gobierno, estuvo indeciso por mucho tiempo acerca si pa- 
saría ó noel Rubicon, hasta que al fin se decidid á hacerlo, y 
desde entonces fue considerado como enemigo de Roma, y dio 
origen á la guerra civil. Plutarco, que refiere este hecho en la 
vida de César, no dice que los agüeros le fuesen contrarios; to« 
do al contrario, como que después de su larga indecisión sq 
resolvió á pasar el rio, esclamando: "La suerte está echada jra. 
Sigamos adelante hacia donde nos Uaraaii las señales de los 
dioses y la iniquidad de los enemigos." 

( 74 ) Cortés en el Nuevo Mundo. Son bien pocos los que 
ignoran la estraordinaria resolución del célebre Hernán Cortés, 
conquistador de Méjico, en los primeros pasos de su espedicion. 
Viendo á sus compañeros irresolutos y titubeando por el éxito 
de la desmesurada empresa que iban á acometer j resolvió á fía 
de comprometerles é no pensar en otra cosa que en la victoria, 
echar á pique las embarcaciones que de la isla de Cuba les ha- 
bían conducido á Mueva España. 

( yS ) En, este fjresejite y acaüable siglo. Lo mismo que 
terminable , y á mas aquí equivale á perecedero, dele&nable 6 
poco duradero siglo, comparado con la gloria de las regiones 
etéreas y celestes de que acababa de hablar D. Quijote. 

( 76 ) uá la lujuria y lascivia. Pellicer fue el primero que 
corrigid muy oportunamente este pasage , que en las edicio- 
nes anteriores á la saja se leia siempre impropiamente in- 
curia y lascivia, por lujuria y lascivia, 

( 77 ) Los sepulcros de los gentiles fueron por la mayor 
parte suntuosos templos* En esto no anduvo del todo acertado 
Cervantes, como que entre los gentiles hubieran creido profa- 
nar un templo enterrando 6 depositando en ellos las cenizas de 
los muertos. No asi entre los cristianos, que celebraron desde 
un principio sus misterios sobre las tumbas de los mártires, y 
erigieron en su honor los mas soberbios monumentos 6 basili* 
cas. Los templos de los gentiles por otra parte no solian ser de 
mucha estension , ni era menester que lo fuesen, porque solo 
entraban en Afanum 6 interior de ellos los sacerdotes ójossa- 



(35) 
erificadores y victimarios , quedando ea los pórticos Ó en los 
alrededores el pueblo ó los profanos, llamados asi por la mis- 
ma razón de que quedaban fuera del fanum 6 santuario de los 
templos. Véanse las tres notas siguientes. 

( 78 ) jiguja de San Pedro. También es equivocada esta no* 
ticia. La llamada Aguja de San Pedro es un obelisco egipcio de 
que habla Plinio y que mandó traer de Egipto el emperador 
Ga lígula en una embarcación estraordioaria que para el efecto 
se construyó , y le colocó en el foro romano* Sixto V en i586 
encargó al célebre arquitecto Domingo Fontana le colocara en 
medio de la plaza elíptica que precede á la Basílica de S. Pedro 
del Vaticano. Este obelisco , y no pirámide como le llama D* 
Quijote, es de granito oriental, y tiene 189 palmos dealjtura, con 
el. pedestal y la cruz de bronce con que termina. 

( 79 ) Castillo de Santángel. El primitivo destino de este 
célebre» monumento fue para servir de mausoleo al emperador 
Adriano que se hizo construir, y al que por esta razón y por su 
mole inmensa se llamó Moles Hadriani, Con motivo de su opor. 
tuna situación y solidez, el papa Bonifacio IX le transformó er¡ 
una fortaleza para la defensa de Roma, que llamaron castillo de 
S. Angelo por unp que colocaron en el punto mas dominante. 
En esta fortaleza se refugió Clemente VII cuando en el año 
iSay las tropas españolas capitaneadas por el condestable de 
fiorbon tomaron por asalto á Roma. 

( 80 ) Una de las siete maravillas del mundo. Se da este 
nombre á siete obras célebres de la antigüedad, las cuales so- 
brepujaron á las demás eu^ hermosura y magnificencia» Estas 
son los jardines suspendidos de Serairamis, los muros de Babi- 
lonia, las pirámides de Egipto, la estatua de Júpiter Olímpico, 
el coloso de Rodas, el templo de Diana de Efeso, y el sepulcro 
de Mausolo. 

Algunos autores reúnen en una sola maravilla los jardines 
de Semiramis y los muros de Babilonia, y colocan en el núme- 
ro délas maravillas el templo de Jerusalen ó el Faro de Alejan* 
dría. Otros con el nombre de octava ii»aravilla del mundo cuen- 
tan .a estatua de Esculapio de Ep¡dauro,.la Minerva de Atenas, 
el Apolo deDélfos, el palacio de Ciro, cuyas paredes se dice es- 
taban cimentadas con oró, el Capitolio de Roma ó el templo 
de Adriano en Gyzica. Hemos visto algunos que dan el nombre 
de octava maravilla del mundo al oélebre y magnífico monas* 
terio del EscoriaL 



(36) 
El Mausoleo era an magoífíco panteón que Artemisa, rei- 
na de Creta 9 mandó edificar para depositar en él las ceni- 
zas de Mausolo su hermano j su esposo á un mismo tiem- 
po. Este edificio, considerado como una de las maravillas del 
mundo, era el ornamento de la ciudad de Alicarnaso, capital 
del reino, y estaba entre el palacio real y el templo de Venus. 
Su figura era cuadrilonga, y se hallaba decorado en su alre- 
dedor con treinta y seis colunas y varias obras de escultura. 
Plinio dice que tenia cuatrocientos y once pies de circunferen- 
cia, y su total elevación i4o pies. Sobr^ la construcción cua» 
drada que formaba, como si dijéramos el subasamento , se ele- 
vaba otro cuerpo piramidal que tenia a^ gradas, y en su remate 
sehabia colocado un carro con una cuadriga de mármol. Los 
mejores artistas de su tiempo fueron ocupados por Artemisa pa- 
ra trabajar en él* Satjrro y Pjrthjrco fueron los arquitectos, ó los 
que hicieron el macizo. Scopas, Briaxes, Thimoteo y Leocha- 
res se encargaron de las obras de escultura, cada uno de uno de 
sus cuatro costados: el i .^ del oriente; el a.® del septentrión; 
el 3.^ del mediodía, y el 4*** del poniente. Pitis se encargó del 
carro j déla cuadriga. Según Vitrubio, Praxiteles trabajó tam- 
bién en el monumento funerario de Mausolo. 

Este príncipe murió 353 años antes de la era vulgar. Arte- 
misa no hizo sino principiar este^monumento; pues no sobrevivió 
mas que tres años á su esposo, y el edificio fue concluido des- 
pués de su muerte., Costó sumas inmensas, lo que obligó á de* 
cir al filósofo Anaxágoras cuando le vio: "H¿ aqui mucho oro 
transformado en piedra." 

La posteridad ha puesto á la cabeza de las víctimas del amor 
conjugal á Artemisa, la cual dicen que no solo no pudo sobre- 
vivir ú la muerte de su marido, sino que añaden algunos que 
su fanatismo la condujo al estremo de mezclar diariamente con 
su alimento una porción de las cenizas de Mausolo, á fin de 
darle sepultura en su mismo cuerpo. 

£1 sepulcro de Mausolo llamó de tal manera la admiración 
de los romanos, que consagraron el nombre Mausoleo para in- 
dicar todos los sepulcros que se distinguian por su magnificen- 
cia, cuja significación se conserva todavía entre nosotros. 

( 81 } lieuan los reyes sobre sus hombros. Como habia su^ 
cedido en el año de i565 con las reliquias de S. Eugenio que 
llegaron á Toledo procedentes de la abadía de S. Dionisio de 
París, y en 1587 con las de S.* Leocadia, patrona de Toledo, 



(37) 
que Irajeroa á España del moaasterío de S.- Guíslatn en Flau- 
des y fueron introducidas en Toledo llevando en hombros las 
arcas el rej D. Felipe II y los príncipes reales. 

hos dos frailecitos descalzos^ de cuja beatificación d cano- 
nización se habla á continuación, seria el uno S« Diego de Al** 
cala'i lego de S. Francisco, natural déla provincia de Sevilla, en 
cuja ciudad habia muerto en i463 j fue canonizado en i588 
por el papa Sixto V; j el otro S. Pedro de Alcántara que mu- 
riden i56a. 

(ffapítulo nono. 

( 8a ) Media noche era por Jilo. Verso tomado del roman- 
ce viejo del conde Claros de Moutalvan 
Media noche era por filo, 
Los gallos quieren cantar, 
Conde Claros con amores 
No podia reposar. 
Media noche era por Jilo equivale á decir era la media noche 
cabal 6 en punto ñjo, como cuando e\Jiel ó filo de la balanza 
está exactamente vertical sin inclinarse á la una ni á la otra parte. 
( 83 ) Alcázar. Mo solo se entiende por alcázar un castillo, 
fortaleza ó casa fuerte, sino también otros edificios magníficos 
que aunque no fortificados solian habitar los rejes. 

( 84 ) Ea esa de Roncesvalles. Ya Pellicer indicó que es- 
tos versos no estaban cual se leen en el cancionero de Amberes, 
en* donde se lee de esta manera: 
Mala la ho vistes, franceses, 
La caza de Roncesvalles: 
Don Carlos perdió la honra. 
Murieron los doce Pares : 
Cautivaron á Guarinos 
Almirante de los mares, etc. 
La Real Academia conoció también la oportunidad ó funda- 
mento de la observación í que acaba de justificarse con la ter- 
minante contestación de Sancho # 

( 85 ) El romance de Calaínos, Hállase este romance en el 
cancionero de Amt)eres. El moro Calainos es uno de los perso- 
nages ideales de nuestros antiguos romances. Supóneseen ellos 
señor de los montes Claros j de Constantina la Llana amante 
de la infanta Sevilla hija de Almanzor rey de Sansueña ó Za-« 



(3S) 
ragoxBf á quien 8Írví<5 cinco anos. Ella para corresponder á sn» 
amores le exijitf qae le trajese tres cabezas de los doce Pares de 
Francia. Pasó á ella el amartelado jdven , desafió á Olive- 
ros, Roldan j Reinaldos de Montalvan; pero en último resal- 
tado Roldan le cortó ú él la cabeza. 

El romance ó decantadas coplas de Calaínos, con caja espre- 
sion denotamos un escrito insubstancial ó inoportuno, comien* 
zan en el momento en que nuestro valentón parte para Francia* 
Ya cabalga Calaínos 
A la sombra de una oliva; 
El pie pone en el estribo, etc. 
( 86 ) Ostugo» Es decir, no dejaré de ver y mirar con aten- 
ción si hallo pista, traza ó vestigio de este alcázar. 

Capitulo ír/cima. 

(87 ) Almohada * (V. las notas 47 J 4^ de este tomo). 

( 88 ) Oxte^ pulo^ allá darás rayo. Las dos primeras pa- 
labras son un |dagío para apartar ó echar con resolución le- 
jos de sí alguna cosa. Las áltimas forman un adagio imprecato- 
rio, que entero dice 

Allá darás rajo 
En cas de Tama jo. 
( V la nota 1 1 del 2.° tomo}. 

( 89 ) ¿ Podré señalar este día con piedra blanca ó negra? 
*Los romanos distinguían los días con nombres varios. Llama- 
ban dies agquales á aquellos que nosotros conocemos con el de 
equinocciales. Los días atri^ nefastos^ ó posteros eran los fa- 
neslos ó melancólicos, los cuales se señalaban con carbón, al 
paso que los días felices se marcaban de blanco ó con creta . 
Por días compítales entendían aquellos en que se podían tra-^ 
tar los asuntos de estado j estaban marcados en el calendario 
de Numa con una C. 

Llamaban dies cognitionaJes y .dies decreti á los destinados 
para la instrucción de un proceso, j en los que el pretor se en- 
teraba de los asuntos. Con el nombre de dies comparendini se 
indicaban aquellos destinados para comparecer un sugeto cita- 
do. En los días llamados fasti el pretor solía oir á las partes j 
administraba justicia pronunciando las tres palabras do^ dico ó 
addico. Los di^s festi eran los consagrados á los dioses, duran^ 
te los cuales se hacia major número de sacrificios, y se pasa- 



(3») 
batí en juegos y banquetes celebrados en honor su^o. Duran- 
te los días fatales ó de mal agüero^ llamados nefastiy no se po- 
día emprender nada de importabcia, en especial de negocios 
páblicos. Daban el nombre de diesjusti álos Socábales que se- 
gún una lej de las doce tablas se concedían á un reo para pagar 
una deuda 6 para cumplir otra sentencia proferida por el juez. 

Todos los pueblos célebres han dividido los días en faustos 
é infaustos, ó felices é infelices; fundados en la superstición de 
que en tale;» días sucedieron ciertos sucesos memorables. 

Los reyes de Egipto se abstenían de despachar los asuntos 
mas urgentes el dia del nacimiento de Tifón, qué era el terce- 
ro de la semana. 

£u Atenáa no se tenían jamas las asambleas en jueves, ni se 
emprendía nada de importancia en este dia; por ser conside- 
rado entre ellos como iufaustO| á la manera que entre los tur- 
cos y nosotros el martes. 

£atrelos romanos los dtas faustos estaban seiíalados de blan- 
co, y los infaustos de negro. 

Los judíos consideraban el día 8 de setiembre como ||(al, 
porque en este dia fue quemado el templo de Salomón por los 
babilonios, y porque en el mismo dia lo fue por segunda vez 
por Tito al tomar á Jerusalen. 

Sixto Y apreciaba mas el miércoles que los otros dias por<- 
que era el dia de su nacimiento^ de su promoción al cardena- 
lato, de Stt elevación al solio pontificio, y de su solemne co« 
ronacion. 

Henrique YH de Inglaterra estaba apasionado por el sábado, 
porque en igual dia mató al usurpador Ricardo tercero, se hi- 
zo proclamar rey de la Gran Bretaña, y se casó con Elisabet, 
hija de Eduardo lY, por cu^o enlace reunid en su persona los 
derechos de la casa de Lancaster y de Yorck. 

( go } TehíS de brocado de mas de diez altos» El brocado 
es una tela preciosa de seda sobrelabrada con plata ú oro. No 
creemos que haya brocado de mas de tres altos; el primero que 
lo forma, el fondo de la tela, se llaraa/o/i¿/o/t; al segundo, otra 
labor por lo común también de seda, se le ll»md la labor ^ y el 
tercero, el realce d relieve que se forma con el oro ó la plata, es 
el escarchado. Díjose esa tela brocado^ de las brocas 6 roda-» 
jas en que los bordadores tienen cogidos los hilos 6 torzales, 
de la misma manera que se llama oro di; canutillo por guar- 
darle en unos canutos 6 rodajas. 



( 91 } En albricias: lo mismo que en agradecimiento. Majr 
coman era en los tiempos de la caballería^ y aun no se halla 
del todo desterrado en algunos pueblos, hacer un regalo al 
portador de una buena noticia que siempre era proporcionada 
á la iqiporkancia de esta. 

( 9a ) En el prado consejil. Es decir, en la dehesa ó cor- 
ral que en algunos pueblos crian en común los bueyes, ye- 
guas etc. de los vecinos. 

( 93 ) El asendereado. Equivale á fatigado y molido de tan- 
to zarandear ó andar de una á otra parle por sendas y cami- 
nos. ; 

( 94 } Nora en tal* Lo mismo que noramala. 

( 95 } Jo que te estregó. Refrán antiquísimo español que 
se lee en la Celestina ó comedia de Calisto y Melibea , que 
equivale á estáte quieta bestia que te estoy estregando ó ras- 
cando; bien que en este lugar y en boca de la labriega es iró- 
nico, y le usa para indicarla inoportunidad de aquellos cum» 
plimientos y gerigonza. 

(96) La fortuna de mi mal no harta. Verso de Garcilaso 
en la égloga 3." en donde dice 

Mas la fortuna^ de-mi mal no harla^ 
Me aflige y de un trabajo en otro lleva. 

( 97 ) ^«^^ ligera que un alcotán % Lo mismo que esmerejón , 
pequeña a ve de rapiña. 

(98) Subir á la gineta. Montar á la gineta es una escuela 
particular de equitación, en la que se llevan los estribos cor* 
tos y las piernas dobladas y abrigando con ellas la barriga del 
caballo. En España antiguamente se usó mpntar á la gineta, 
particularmente para las fiestas y torneos; pero hoy apenas se 
usa mas que en las corridas de toros. En donde se monta to- 
davía mucho á la gineta es en Nueva España. 

Esta escuela de equitación conserva todavía el nombre de 
los gineles, ó mas bien cenetes^ que entre los africanos fueron 
los que solían montar de esta manera. 

( 99 ) . Hacer correr la kacanea como una cebra. Las haca- 
neas, que el graciosísimo Sancho llama canaueas, son unas ha- 
quitas ó jacas preciosas en las que solian cabalgar las prince- 
sas y damas mas calificadas. 

El rey de Ñapóles paga á la santa Sede, de unos tres siglos 
áesta parte, un derecho de naturaleza singular, y consiste en 
un hacanea blanca que envía todos los anos al Papa, cuya 



<4i) 

tributo es en reconocimiento de la gracia que Sixto IV hizo al 
rejr Fernando de un ceuso anual que pagaba á la Sede roma- 
na. (V* la nota ao del a.^ tomo). 

(ico) Entre ámbares y entre flores. Los naturalistas dis- 
tinguen varias especies de «ímbar, las que solo dependen de las 
difereotes sustancias estrañas con que se halla mezclado. El 
ámbar gris es una sustancia mole j tenaz como la cera, de un 
color gpiSf señalada con manchas amarillas 6 negras de un olor 
suavef j fuerte cuando se frota ó calienta. Se presenta el ám- 
bar gris en trozos irregulares mas ó menos grandes, algunas ve- 
ces redondeados, formados por capas de distinta naturaleza se- 
gún se han ido sobreponiendo. Esta sustanciaba sido manifies- 
tamente líquida j ha envuelto varias materias estrañas que se 
encuentran en ellas como son espinas de peces, escamas, etc. £l 
ámbar gris se halla fluctuante sobre las aguas del mar en las in- 
mediaciones de las islas Molucas,*de Madagascar, Sumatra, so- 
bre las costas del Brasil, de la China, Japón j en algunas ca- 
vernas. Acerca el origen de esta sustancia han estado mujr di- 
vididos los naturalistas. Unos han pensado que era una espe- 
cie de petróleo manado de las rocas j espesado por la acción 
del sol y de la agua salada ; otros que era un betún y como 
Á tal le colocaban entre las sustancias minerales; pero nuevas 
j reiteradas observaciones han demostrado que esta sustancia 
se forma en el conducto alimenticio del Phisceter macrocepha' 
lus de Linneo, especie de ballena de donde se saca el Esperma^ 
ceti 6 blanco de ballena, j que arroja con los escrementos. £1 
ámbar gris ha dado pur el análisis los mismos principios que el 
succino, motivo porque le colocaron también en el reiuo mi-* 
neral. En elaguasedisuelve con mucha dificultada la que comu- 
nica un olor agradable, y de él se sirven los perfumadores para 
hacer varias pomadas y aguas olorosas, y á fin de suavizar el 
pen'etrante olor del almizcle. 

( 101 ) Ensartadas por i as a gallas como sardinas en 1er cha» 
Pellicer creyd que habia de leerse en lugar de lercha^ percha^ 
que es en donde íie cuelgan los pescados para ponerlos á secar; 
nías la Academia española demostró no ser fundada esta varia- 
ción: porque lerdm en la Mancha y en algunas otras parte» 
es aquella pluma ó junquillo con que los cazadores ensartan 
por las narices las aves muertas, y los pescadores los peces por 
las agallas. La diferencia es notable: conlas lerchas se ensartan 
las aves y los peces, y de laa perchas se cuelgan. 



i 



(4») 

( toa ) Mucho sabéis^ mucho podéis^ mucho mas hacéis. 
A primera vista se coaoce la oportunidad coo que Pellicer sus- 
tituyó el mucho mas por mucho mal^ porque á nadie le es po- 
sible iiacer mas de lo que puede. 

( I o3 ) Suelen hacerse* ( V. lo que dijimos en la nota 3o de 
este tomOf jr ai 7 del a.^). 

Capitulo míiféámo. 

( io4) Barca de Carón, Una de las divinidades inferna- 
les, hijo, según la mitología, del Erebo j de la Noche j cujo 
nombre significa cólera, y según otros equivale en lengua egip- 
cia á barquero. Era su o^cio el trasportar á la otra parte de la 
Stigia j del Aqueronte las sombras dé los muertos. Carón era 
viejo y avaro, j noadmitia en su barca sii^o á las sombras de 
aquellos que habian recibido sepultura j que pagaban elpaSa« 
ge. Este era de un óbolo ó dunace para los mas pobres, y de 
tres para los mas ricos; de donde provenia que los gentiles po- 
nían en la boca de los muertos debajo de la lengua una mone- 
da de cobre, de plata* ú oro, según la clase del difunto, para 
pagar su pasage. Los ermonios eran los únicos que pretendían 
ser exentos, porque su piíis confinaba con el infierno. Las som. 
bras de aquellos que habian sido privados de se pultura anda- 
ban errantes cien años por las riberas de la Stigia, 

La mayor parte de los autores consideran á Carente como 
un príncipe poderoso que dio sabias leyes á Egipto, y que fue 
el primero que impuso un derecho sobre las sepulturas. 

Los sacerdotes egipcios reusaban el pasage del lago á aque- 
llos que habian muerto sin pagar sus deudas; y los parientes 
estaban obligados á tener cerca de sí el cadáver basta que las 
hubiesen satisfecho de los bienes del difunto ó de los suyos 
propios. La moneda puesta en la boca del difunto, denotaba 
que todos sus acreedores estaban pagados, como que todavía 
le quedaba una moneda para satisfacer su pasage. 

(io5) La compañia de Ángulo el malo. ''Llamado asi, 
según dijo el mismo Cervantes en el Coloquio de los perros, por 
distinguirse de otro Ángulo no autor sino representante, el 
m.ts gracioso que entonces tuvieron y ahOra tiene n las come- 
dias." Fue natural de Toledo, y habla de él también Agustin 
de Hojas en su Viage entretenido , diciendo que ftie autor de 
compañías cómicas y de composiciones dramáticas. 



(43) 

( io6 ) Que represeniamos. Pobre j miserable era en aqael 
entoaces el aparato escéoicOf j en jasUfícacion no hay masque 
leer lo que dice el mismo Cervantes en el prólogo á sus come- 
dias, "fin el tiempo de este célebre español (habla de Lope de 
Rueda) todos los aparatos de un autor de comedias se encerra- 
ban en un costal^ y se cifraban en cuatro pelicos blancos guar- 
necidos de guadamoci dorado^ y en cuatro barbas y cabelleras 
y cuatro cayados poco mas 6 menos. Las comedias eran unos ^ 
coloquios como églogas entre dos dtres pastores y una pastora* 
Aderezábanlas y dilatábanlas con dos 6 tres entremeses^ ya de 
negra, ya de rufián, ya de bobo, y ya de vizcaino: que todas 
cuatro figuras y otras muchas hacia el tal Lope con la mayor 
escelencia y propiedad que pudiera imaginarse. No había en 
aquel tiempo tramoyas ni desafíos de moros y cristianos á pie 
y á caballo ; no había figura que saliese ó pareciese salir del 
centro de la tierra por lo hueco del teatro, el cual componían 
cuatro bancos en cuadro, y cuatro ó seis tablas encima, conque 
se levantaba del suelo cuatro palmos ; ni menos bajaban del 
cielo nubes con ángeles 6 con almas. £1 adorno del teatro era 
una manta vieja tirada con dos cordeles de una parte Á otra, 
que hacia lo que llamaban vestuario, detras de la cual estaban 
los músicos cantando sin guitarra algún romance antiguo. J^u- 
rió Lope de Rueda, y por hombre escelente y famoso le enter- 
raron en la iglesia- mayor de Córdoba, donde murió, eutre los 
dos coros , donde también está enterrado aquel famoso loco 
Luis López. Sucedió á Lope de Rueda, Naharro, natural de To*^ 
ledo, el cual fue famoso en hacer la figura de un rufián cobar- 
de. Este levantó algún tanto mas el adorno de las comedias, y 
mudó el costal de vestidos en cofres y en baúles: sacó la má-* 
sica, que antes cantaba detras de la manta, al teatro público, 
quitó las barbas de los farsantes, que hasta entonces ninguno 
representaba sin barba postiza, é hizo que todos representa- 
sen á cureña rasa, sino eran los que habían de representar los 
viejos ú otras figuras que pidieseu mudanza de rostro: inven- 
tó tramoyas, nubes, truenos, relámpagos, desafíos y bata- 
llas etc. » 

( 107 ) Desde mochachofui aficionado d la carátula^ y en 
mi mocedad se me iban los ojos tras lafardndtda. Mucha era 
la afición que había en España ya por aquéllos iíempos^á este 
linage de espectáculos, y su representación se hacía no solo en 
los te,atros, patios ó corrales públicos, sino en los palacios de 



(44) 

nuestros reyes, ea las pasas de los tribunales 6 consejoSf y en 
^os misinos conventos é iglesias. 

Gonzalo García de Santa Maríay cronista del rey de Aragón 
D. Fernando el Honesto ^ refiere como se representó en Zara- 
goza á los re jes una comedia qoe compuso el famoso D. En* 
rique de Villena, en la cual hacían su papel personalizadas la 
justicia^ la verdad) la paz y la misericordia; y de aqui se cono- 
ce, como dice el citado García de Villanueva, se equivocó Ger* 
vantes creyendo que él habia sido el primero que personalizó 
en el teatro las cosas espirituales y las pasiones. 

En el Gancionero de las obras de Juan de la Encina se 
encuentran diferentes representaciones compuestas por él, y 
representadas en las noches de Navidad, carnestolendas y 
pascuas en casa del duque de Alba, y alguna vez en presen- 
cia del príncipe D. Juan. Estas representaciones ó diálogos eran 
de pastores y asuntos amorosos, y también de cosas sagradas, de 
la pasión, del viage de Jerusaleny de otros asuntos familiares. 

Antonio de Nebríja en ^ compendio de la retórica, hablando 
de la fuerza que la pronunciación y el gesto dan á la ot*acion 
prosigue: 'apruébase esto con el ejemplo de los mismos repre- 
sentantes, que apaden tanta gracia y donaire á los raejoreS'poe- 
tas, que es infinitamente mas lo que sus versos nos deleitan 
cuando los olmos, que cuando los leemos; y de tal suerte se 
hacen escuchar aun de los mas necios, que estos mismos que 
jamas se ven en las bibliotecas se encuentran frecuentemente 
en los teatros.'^ 

En aquel entonces habia una compañía de actores que se Ua' 
maha de la carátula porque representaban con mascarilla, co« 
mo en un principio lo hicieron los griegos y romanos. 

( io8) Festido de bogiganga. Habia entonces una compa- 
ñía que se llamaba bogiganga, sin dud<i porque todos sus 
actores iban con trage^ ridículos y estrambóticos para hacer 
reír á los espectadores. En otras de aquellas compañías ambu- 
lantes, como la en que topó D. Quijote, el que ahora llama- 
ríamos gracioso iba vestido de una manera estrafalaria, y á es- 
to era á lo que se llamaba vestido de bogiganga. 

(109) Parecen unos principes. Refiérese esta protección 
¿ los actores y la introducción de este lujo, bien que las mas 
veces inoportuno, á tiempos posteriores, y cuando la repr(*sen- 
tacion dramática estaba en España mas adelantada. (/^. las 
notas anteriores). 



(4S) 

(cío) Sopada arroyo y tentebonete. Metafórica jr vul- 
garniente hablando es lo mismo qtíe gaijarros^ piedras ó can- 
tos rodados de aquellos lisos j llanos que suelen hallarse en los 
rierales. Tajnbien parece que se les llamaba lágrimas de Moi- 
sen, n 

Capítulo Tfnoiiécxmo. 

( 1 1 1 ) Contparadas en la amistad d Niso y Eurialoy Pi' 
lades y Orestes. Niso, natural del monte ida en la Frigia, si 
guid á Cneas á Italia, y Virgilio celebr<$ en los libros S° j g«® 
de la Eneida su íntima amistad con Enríalo. Habiendo los dos 
penetrado en el campo enemigo durante la noche hicieron en 
él mucho estrago. Sin embargo los rútulos que los observaron 
cuando se retiraban, atacaron á Enríalo y le hirieron. Niso pe- 
reció en el instante que acudid á la defensa de'su amigo, que por 
un efecto de su misma amistad , atrajo ^obre sí la venganza 
de los rútulos. Antes de morir mató á Volsceos, matador de 
Euríalo. La muerte de estos dos valerosos guerreros ocasionó 
el major dolor á los trojranos. 

No cesando las furias de atormentar lí Orestes por la muerte 
que dio á su madre, fue á consultar el oráculo de Apolo, y se le 
reveló que para quedar tranquilo era menester que pasase á la 
Taurida á robar la estatua de Uiana , y salvar á su hermana . 
Ifígenia. Dirigióse allá con su primo ¿ inseparable amigo Pila- 
des , y habiendo sido hechos prisioneros al saltar á la pia^a, 
iba á ser uno de ellos inmolado á la diosa siguiendo un& bár- 
bara costumbre. Pílades quería morir por él, sosteniendo que él 
era Orestes, al paso que este lo desmeniia ; hasta que recono- 
cido Orestes por su hermana Ifígenia, quedó aclarada la ver- 
dad, y por medio de un ardid de esta escaparon ambos herma- 
nos y el amigo. 

La amistad de estos héroes pasó después á proverbio, y fue- 
ron considerados como un dechado de esta virtud, en cu^o ca- 
tálogo pudieran continuarse la amistad que unió á Theseo con 
Firitoo> la de Aquiles con Patroclo, Epaminondas Con Pelopi- 
das, Daroon con Pitias, ele. etc. 

(lia) - Las cantas se vuehen lanzas. Versos tomados de un 
romance de Gínes Pérez de Hita, en el que con el título de HiS' 
fpriade los bandos y guerras civiles de Granada^ se describen 
los festejos que se hicieron para celebrar la amistad de los Aben- 



(46) 

cerrages y Zegríes^ dos familÍÉs rivales; pero cajo resoltado 
fue muy diferente del qoe esperaba el rej moro cons^uir cuan- 
do los dispuso. 

Aparta, aparta, aparta. 

Que entra el valeroso Muza 

Cuadrillero de unas cañas. 
Treinta lleva en su cuadrilla, 

Abencerrages de fania...¡. 
Los caballeros Zegries 

También entran en la plaza 

Al son de los a&afíles 

Traban el juego de canas, 

El cual anda muj revuelto; 

Parece una gran batalla. 
No hay amigo para amigo. 

Las cañas se vuelven lanzas; 

Bial herido fue Alabez 

Y un Zegrí muerto quedaba*.. 
( ii3 ) De amigo á amigo la chinche» Refrán antiguo es-« 
pañol, que también se dice de amigo á amigo j chinc/ie en el 
ojo» Covarrubias indica que sirve para espresar que un ami*- 
go que se vende por amigo de otro no procede como tal. 

(114) De las cigüeñas el cristel. Se cree por lo que dice 
Uerodoto que los egipcios fueron los primeros pueblos que hi-* 
cieron uso de Ism lavativas ó clisters. Galeno y Plinio suponen 
que aprendieron el uso de ellas, del ibis 6 tántalo; al paso que 
otros creen que la cigüeña fue la que lo enseñó á los egipcios, 
los cuales observaron que después de haberse hecho esta ave 
algunas inyecciones con el pico por el ano solia descargar en se- 
guida el vientre. 

( 1 15 } Délos perros el vómito y el agradecimiento. Estas 
dus noticias que las repitió Cervantes en el Coloquio de los per* 
ros, las tomó sin duda de lo que dijo Plinio en su Historia na«> 
tural. 

(116) Délas grullas la vigilancia. Los naturalistas dicen 
que cuando las grullas llegan ¿ un lugar, ponen una grulla en 
acecho, la cual para no dejarse rendir del sueño, se sostiene so« 
lamente sobre un pie, y con el otro tiene una piedra para que 
su caída la despierte. Por esta razón los antiguos consideraban 
¿ esta ave como un símbolo de la prudencia y de la vigilancia* 
Era asimismo la grulla un ave de favorable agüero. 



<47) 
(117) De las hormigas la prot^idencia. La hormiga era un 

atributo de C^res, j otro de los auíniales que observaban los 
augures. Es asimismo este insecto el símbolo del trabajo y de 
la previsión. De ellas, dice Salomón en el capítulo VI de los 
Proverbios, debemos aprender á ser industriosos, aplicados y sa- 
gaces, desterrando de nosotros la pereza, f^ade adformicam o 
piger et considera pías ejus^ éi disce sapientiam* 

( 1 18 } De los elefantes la honestidad* Esta noticia la to- 
maría igualmente Cervantes de Plinio en su Historia natural. 

(119) La lealtad del caballo. También da Plinio esta no. 
ticia en la obra citada en la nota anterior, j todos los días Be 
nos ofrecen ejemplos de la lealtad del caballo. Quizá á esto de* 
be atribuirse la locura que por ellos han tenido algunos. 

La pasión de ciertos emperadores romanos por los caballos 
inspiró á algunos las locuras mas estrañas. L. Veso habia he. 
cho vaciar en oro una imagen de su caballo, j la llevaba siem. 
pre consigo; y después de la muerte de aquel le hizo elevar un 
sepulcro en el Vaticano. Esta última estravagancia fue imitada 
por Adriano. Augusto, á ejemplo dé Alejandro, habia también 
erigido un monumento á su caballo que Germánico habia can- 
tado en sus versos. Galígula, distinguiéndose en este género de 
locura, se dice habia pensado crear cónsul á su caballo. Se ha- 
llan en Grutero y Muratori un gran ndmero de inscripciones 
esculpidas en honor de caballos célebres por sus victorias en el 
circo, algunas de las cuales están acompañadas de coronas y 
palmas, y con el nombre de su país y hasta espresando el co- 
lor de su pelo. 

( 120) Un laúd ó viltuela. El laúd se parece mucho á la 
bandola ó bandolino^ y se toca punteando con los dedos ó con 
una pluma. 

Capítulo Wítmotrwia. 

( lai ) O hideputa puta^ y qué rejo debe de tener la bella" 
ca, ( V. la nota 3oa del tomo i.° y la 11 del a."). 

(19a) Conejo albar* Lo mismo que conejo blanco, como 
suelen serlo los caseros ó domésticos. 

( ia3 ) Escudero de agua y /a/ia • Espresion común para 
indicar un hombre de poca importancia ó de ningún valor. 

( ia4 } Bocados de nudos de suelta* Es decir, tan grandes 
como suelen ser los nudos de la suelta; pedazo de soga ó cordel 



N. 



^ 



(4«) 

con qae suelen atar lag cabaUerías^ que como hechos con una 
materia basta á ordinaria han de ser gruesos j abultados. 

( ia5 ) De ancianUiad. Cervantes hizo también mención de 
este vino de Ciudad-Aeal llamado católico por sus buenas cua- 
lidades, en la Novela del licenciado Vidriera y refiriendo al mis» 
mo tiempo los nombres de otros vinos dice: ^^Se ofreció el húes^ 
ped de hacer parecer alU á Madrigal, Coca, Alaexos y á la im- 
perial mas que, real ciudad, recaman^ del dios de la risa: ofre- 
ció Esquivias, á Alanis, A Cazalla, Guadalcanal y la Membri- 
Ua sin^que se olvidase de Ribadaviay de Descarga María.'' Ade- 
mas de los vinos nombrados por Cervantes hizo reseña de otros 
según dice Pellicer el Dr. Lobera de Avila, médico del empera- 
Carlos V., en su "Vergel de sanidad 6 banquete de caballeros" 
hablando con elogio délos vinos ya tintos, ya blancos, ya alo- 
ques, de Pelayos, S. Martin de Valdeiglesias, Yepes, Simancas, 
Medina del campo, Villafranca, Toro, Murvíedro, Orense, Mar- 
tos, de las lomas de Madrid, de la Alcarria, Arenas, Escalona, 
Cigales, lUana, Ubeda, Valdepeñas, el Porzuelo etc. 

( ia6 ) Pendiente de una correa de cordobán. Este mismo 
cuento^lo refirió Cervantes en uno de sus entremeses que lleva 
el título de Elección ¿% los alcaldes de Daganzo, Hablase de 
un catavinos^ y para ponderar su conocimiento ó inteligencia 
en su oficio, dice uno de los interlocutores: 

En mi casa probó los dias pasados 

Una tinaja, y dijo que sabia 

£1 claro vino á palo, á cuero y hierro: 

Acabóla tinaja su camino, 

Y hallóse en el asiento de ella un palo 
Pequeño, y de é\ prendida una correa 
De cordobán, y una pequeña llave. 

( 137 ) Triste figura. Pellicer pone en este lugar un sone- 
to que dice se halla en la Biblioteca Real, y añade que los dos 
mojoues ó catavinos bien pudiertin rivalizar ó emparejarse con 
los dos ascendientes paternos de Sancho. 
A beber vino blanco sin cimiento 
Apostaron Camacho y Juan de Suna; 
Camacho , bebedor desde la cuna. 
Moderno Luna, mas de mas aliento. 
Tomó Camacho nn átomo del viento 

Y Luna el corazón de Una aceituna; 

Y entrambos sin rendirse vez ninguna 



(49) 
Bebieron de á cuartillo medio cíenla. 

Picáronse los dos, y concedieron 
De veces otro diez; pero Caniaclio 
Pardf porque sus pipas se hinchieron; 

Llegó la tercer vez hasta el mostacho, 
Y él jr la taza en tierra se rindieron, 
Quedando Luna en pie, pero borracho. 

Capitulo Hftámúcnaxio. 

( 128) Madrina. D. Juan Antonio Pellícer y la Real Aca- 
demia observaron ya que es una palabra italiana que equivale 
■á la española madrastra. El caballero de la Selva alude á lo 
que cuenta la fhbula de Júpiter, que habiendo tenido á Hércu- 
les de Alcmena, hija de Anfitrión, enojada jr zelesa Juno, verda>- 
dera esposa de Júpiter, aborreció cu^l madrastra á Hércules, 
y le preparó los tan decantados trabajos ó peligros, de los que 
habiendo pálido vencedori mereció ser colocado entre los hé- 
roes ó semidioses. 

( 129 ) y sin mudarse de un lugar es la mas movible y vol- 
iaria muger del mundo. Este postizo caballero andante, siguien- 
do ó imitando los delirios de sus modelos, caliíica de giganta á 
una estatua de bronce que representa según unos la victoria, 
y según otros la fe, y termina la torre de la catedral de Sevi- 
lla y que sirve de veleta ; por cuya razón sin duda diósele el 
tiombre de giralda de estar girando 6 dando yueltas al iropul- 
.so del viento. Tiene i4 pies de alto, y dicen que pesa unos 
treinta quintales. £n su roano izquierda tiene una palma, y en 
la derecha tin pendón ó lábaro con el que señala el viento; y 
el nombre de giralda dado en un principio tan solo á la esta- 
tua, se aplico después á la torre misma. Era esta uno de los 
observatorios astronómicos que tenian I0& árabes en España, 
y fue fabricada, según dicen D. Diego Ortiz de Zuñiga^ D. Ni- 
colás Antonio y la tradición universal, por el astrónomo Mo- 
bamad Geber. Esta torre, vecina á la catedral, tiene de eleva- 
ción 364 pi^^t es <^e figura cuadrada y de 43 pies por costado 
€Qn diversos órdenes de ventanas j otros adornos con colunas de 
mármol terminada ahora por la estatua de bronce alegórica de 
la fe, construida por Bartolomé Moret. Se sube á ella en lugar 
de escalera por una rampa muy ancha y suave. 

£1 reloj de campana que se colocó en esta torre en 1396 á pre- 
iii. 4 



(5o) 
stntih del rey D. Enrique lll, era considerado, según lo ase- 
guró Idariana, como el primero que se vio en España, bien que 
el P. Saei supone que lo hubo ya en Cuellar en Castilla en 
' 1 395, Sin embargo antes que en Sevilla y en Cuellar lo habia en 
Barcelona. En uno de los apéndices del célebre Camproanjr á 
sus memorias históricas sobre la marina, comercio y artes de 
la antigua ciudad de Barc elona, dice que entre las antiguas apun- 
taciones del archivo municipal de la ciudad se halla, que en el 
año iSyS, á espensas del ayuntamiento, se fundió la gran cam- 
pana para el reloj, y que en aquel mismo año se subió á la tor- 
re» que cae sobre la.puerta de sanU Eulajia, conocida con el norti- 
bre vulgar de senj- de íes hores^ destinada sin duda para las ho- 
ras, como lo indica la delicada estructura del último cuerpo de 
campanas. De esto, continua nuestro Carapraany, se infiere la 
época anterior de tres años del reloj público de Barcelona al de 
la catedral de Sevilla , que hasta entonces se habia ponderado 
entre muchos historiadores como el primero de torre que se 
habia conocido en España, cuja colocación presenció como co- 
sa maravillosa el rey de Castilla Enrique lil en iSgG» 

( i3o ) Uegué^ vila y vendía. Alude á un pasage de la his- 
toria romana que refiere Plutarco. Al recibir César la noticia 
de que Farnaces hijo de Milridates habia batido á las legiones 
romanas, salió precipitadamente de Roma, dirigióse al Asia, y 
en una batalla campal venció al enemigo que antes habia sido 
vencedor, cuya pronta y decisiva victoria notició ^ Roma, con 
estas tres solas palabras: veni^ vidi^ uich llegué, vi y vencí. 

( i3i ) De ¡Sandalia. La provincia de Andalucía, hermosa 
parte de España en la que pone Fenelon los campos eliseos, se 
llamó antiguamente Hética, del rio Betis ó Guadalquivir que la 
baña. Después se llamó Wandalucia por haberse establecido 
allí los vándalos, nación del norte; de lo que le ha quedado el 
de Andaiucia que tihora tiene. Los trabes ó moros llamaban k 
toda España , Andalucía , haciendo general á la península el 
nombre de I a primera provincia que ocuparon. 

Andalucía, en el dia la provincia mayor de España, confina 
al N. con Castilla la Nueva y Estremadura; al E^. con «I reino 
de Murcia; al S. con el Mediterráneo, estrecho de Gibraltar, y 
con parte del mar Atlántico; y al O. con Portugal. Se subdivi- 
4e en cuatro provincias que todas tienen el título de reinos; 
Córdoba y Jaén al N. y Sevilla y Granada al S. Su población 
pasa de 1,990.000 habitantes, en poco mas de aa8o leguas cus- 



(Si) 
liradas. El clima es cálido, aunque templado con las muchas 
montanas y los aires deí mar. Sus producciones- consisten en 
granos, vinos delicados, aceite, azúcar, algodón, sedas, ele. etc. 
Abundan sus montes en minas de diferentes clases, y hermosas 
canteras de mármoles, jaspes, etc. Sus caballos son Jos mas her- 
moso$}y gallardos de Europa» 

( i3a ) Murías cebollinas. Sancho tenia carta blanca pa- 
ra estropear los nombres , por esto nada tiene de estraño que 
Wikm^st cebollinas á Jas martas cebellinas. Pieles de las martas, 
animaiitos parecidos á las fuinas. 

( i33 ) Mas sueño ^ue un lirón. Animal semejante á una 
rata, que pasa la mayor parte del tiempo durmiendo, como que 
ha llegado á proverbio 'Mormir como un lirón." 

( 134 ) Sobre las armas trata una sobrevesta. Servia esta 
«n un principio para que las armas no se deslucieran, y el lujo 
Uegd i tal estremo que se llevaron de ks telas mas ricas y pre- 
ciosas, y en honor á la caballería se hizo una escepcion á las le- 
yes suntuarias que no permitian el uso de ropas de teía de oro. 
( i35 ) Pasagonzalo* Juego antiquísimo, que consiste en 
dar un papirote en la nariz soltando con cierta fuerza el dedo 
de enmedio puesto debajo del pulgar. 

( i36) Ación* Llámase asi la correa en la que va puesto, 
y de la que cuelga el estribo. 

( 137 ) Diá sedales de que estaba muerto. Remedo bur- 
lesco y gracioso de loque sucedía en los combates entre los ca- 
balleros andantes ideales y verdaderos, de q[ue están llenos los 
libros de caballerías. 

Capitulo Ucmoqninto. 

{ 1 38 ) Oh algebrista con quien se curó, ün cirujano 6 me- 
jor un curandero conocedor de la álgebra, parte de la cirujía 
que enseña á poner en su lugar los huesos dislocados. 

Cqpítiilo HfiámostKto. 

(139) La lastamos mi señor y yo con las setenas. D. To- - 
mas de Covarrubiasdice que el verbo lastar es lo mismo que pa- 
gar, derivado del latin lucre. ( p^. la nota 3i del primer tomo). 

( 1 4o ) Hombre de chapa. Hombre formal 6 chapado como 
también suele decirse. 



(5») 
( i4t } Treinta mil volúmenes se han impreso»^ etc. ( V* lo 
que dijimos en la nota i8 de este tomo }« 

( j 4^ } Caballero de capa y espada^ Es aquel que no se ha 
dedicado á la carrera de las letras, y por esta razón se llaman 
corregidores jr también consejeros de capa y espada á aque- 
llos que por su distinguida cuna 6 en premio de servicios mili-*, 
tares han obtenido alguno de estos destinos^ jr los cuales co- 
mo á jueces legos solo fallan j deciden por sí en asuntos mera« 
mente gubernativos, teniendo que oir á su asesor letrado en 
los negocios juiciales* 

( 143 ) Las garnachas d los peritos jurisconsultos. La gar- 
nacha es un trage talar antiquísimo con mangas mujr cumpli- 
das, propio un tiempo de hombres y mugeres, y destinado lue- 
go tan solo para los jueces, como que con el nombre garuacha 
se les suele comutimente llamar. 

( 144 } ^^ destierren a las islas del Ponto, Como á Ovi- 
dio; bien que este poeta no fue desterrado á las islas sino á las 
costas del Ponto ó mar Negro. 

( i4S ) Del árbol á quien no ofend e el rayo. Los antiguos 
estaban en la creencia de que el laurel era un árbol sagrado que 
el rayo respetaba; por esto sin duda el emperador Tiberio ^ 
quien amedrentaban mucho estaba siempre cou la corona de lau. 
reí puesta en la cabeza durante Us tempestades, á fin c|e librar- 
se de los rajos* 

Capitula W¿tmo6^ttma. 

( i46j Donde se declara^ ó manifiesta. 

( 147 ) Bergante. Derívase este nombre de una especie de 
nave ligera, como dice Campmanj, empezada a conocer en el 
siglo XIV* Como esta embarcación fue usada desde su princi- 
pio por los piratas y otros malhechores, á causa de ser muy ve-^ 
lera; recibió la denominación de los brigancios 6 bergantes^ 
tropas colectivas é irregulares de Francia, Italia y otras partes, 
al modo de los migueletes de los tiempos modernos. Asi es que 
el nombre de aquella gente indisciplinada, temida por sus es- 
ccsos, pasó á ser sinónimo de ladrón 6 salteador ; que es lo que 
aun hoy significa la voz brigand ó bergante. 

( 1 48 ) ^on animo de tomarme. Lo raí^no que de medirme 
6 de habérin€la6 con el mismo Satanás en persona. ^ 

( 149 ) D. Manuel de Leon^ que fue gloria y honra de lo$ 



(53) 
españoles caballeros. Cuéntase de D. Man uel Poncede Léon^ 
célebre espadachín del tiempo de los re^es católicos, que es- 
tando unas damas mirando desde un coriedor unos leones que 
de África enviaban al rej, á una de ellas á quien servia D. Ma- 
nuel se le caj(Í) dpor descuido 6 con cuidado, un guante den~ 
tro de la leonera, y que entonces el amartelado j valiente ca- 
ballero, sin curarse del peligro abrióla puerta de la leonera 
sacó el guante y lo presentó á su señora. Esta bazaña la cantó 
Gines de Hita en sus guerras de Granada diciendo: 
O el bravo D. Manuel 
Poncede León llamado, 
Aquel que sacara el guante. 
Que por ii^dustria fue cebado 
Donde estaban los leones, 
Y él lo sacó muy osado. 
( i5o) De las del perrillo. Estas espadas se llamaban asi 
porque su marca era un perro pequeño grabado en la canal d® 
su boja. El fabricante de estas espadas ancbas y cortas era Ju- 
lián del Rey, morisco según algunos que trabajó no solo en To~ 
ledo, sino también en Zaragoza. El curioso D. Francisco de 
Santiago y Palomares babla de ellas en la noticia ó Nómina que 
publicó de los últimos y mas famosos armeros de Toledo, que 
labraron espadas basta la en(rada del presente siglo XYIII en 
que acabó esta fábrica. Habló detenidamente de las célebres es~ 
padas de Toledo Bowles en su introducción á la historia natu- 
ral, diciendo que las de Toledo, las del perrillo de Zaragoza, lo 
mismo que muchas otras dé muy buena calidad que se ha- 
cían en otra^ ciudades de España eran de la mina de hierro 
barnizado 6 helado que produce acero natural que hay una le- 
gua de Moudragon en Guipúzcoa. Añadiendo que por tradición 
se sabe que las espadas tan celebradas por su tenople que re- 
galóla infanta D.* Catalina, hija de los reyes católicos, á su es" 
poso Enrique VIH de Inglaterra, y de las que añade se con- 
servan todavía algunas en Escocia, eran fabricadas del hierro de 
esta mina. 

La antigua fabricación de las célebres espadas de Toledo fue 
decayendo y se perdió haeta cierto punto el secreto ó práctica 
de su inimitable temple cuando cesó la es^da de formar parte 
del trage español, y se reemplazó esta por los espadines que in" 
trodujeron los estrangeros. En tiempo de Carlos III restable- 
cióáe en Toledo la fabricación de armas blancas para proveec 



(54) 

alejérdtoi j entonces vohi<Sá remontarse algan tanto cata ma- 
nafactura. 

(iSi) En su punto. Pellícer dijo que quizá en el origi» 
n^l diría en este punto^ mas no vemos necesidad de rariar 
la locución de como está, ni tampoco la creyó la Real Acade- 
mia. 

( i5a ) Habiendo fisto el leonero. ( Y. la variante 34 de la 
Real Academia). 

( i53 ) Les venia d cuento* Larga fuer^ la lista si hubiera-' 
mos de enumerar los caballeros andantes que tomahm nom- 
bres sonoro Sf retumbantes y signi6cat¡vos que recordaban soa 
mas célebres aventuras referidas en los libros de caballerías, 6 
que les variaban según les placia. Asi es que leemos en ellas 
el caballero de los Basiliscos, de la Muerte, de las dos espadas^ 
déla gran serpiente,, del Enano, del corazón partido, j también 
de los Leones que llevó ya el mismo Amadís de Gaula. 

( i54) Pasar la tela en alegres justas. (Y. la nota 8i de^ 
primer tomo). 

(i 55) ¿/^rea5. M rllin dice que antiguamente los reyes j 
príncipes solian hacer algunos regalos en ciertos dias del año,, 
como por Pascua, Navidad, etc., á sus criados ó pages y demaa 
personas allegadas; cuyos presentes consistian principalmente^ 
en ropas, vestidos etc., á los cua«es se les daba el nombre de lir 
brea del verbo librar 6 entregar , voz que se ha conservado 
|)|ra indicar el vestido que los nobles hacen llevar ásus criados* 

Otros dan diferente origen á la librea y atribuyen su inven* 
cion al uso establecido en los torneos, en donde cada partido se 
presentaba adornado con colores diferentes. Se ha creido asi- 
mismo que esto d¡<5 la idea de los uniformes militares. 

Capitulo Tiftcmoctaw. 

( i56) Encima de la puerta de la calle. Prerogativa délo» 
nobles y que en aquellos tiempos pocos dejaban de usar. 

( i57 ) Toboso. Fabricábanse en efecto y^ se fabrican aun eir 
el dia tinajas en el Toboso, siendo la principal industria de es- 
te pueblo de la Mancha, patria de la, sin par Dulcinea. 

( i5B) Cuando Dios quería. Primeros versos del dulcísir 
mo y décimo soneto de Garcilaso que dice: 

O dulces prendas por mi mal halladas, 
Dulces y alegres cuando Dios queria I 



(55) 
Juntas estáis en la memoria. mía 
Y con ella en mi muerte conjuradas: 

£1 célebre Herrera en sus comentarios á las poesías de Gar- 
cilaso demostró cfue el poeta imitd en este soneto aquel yerso 
conque Virgilio hizoesclamar á la abandonada Dido, próxima 
4 la muerte y á vista de las armas y prendas de Eneas. 

Dulces exuuiíB^ dum fala^ Deusque sinebant. 

( |59 }^ Quedó en calones. Lo mismo que con la ropa 6 tra- 
ga interior que también se llamaba enfarselo, (y, la nota aSg 
del primer tonto'), f^alones es lo mismo que calzones anchos^ 
llamados asi porque su moda nos vino de Flandes, cujas pro- 
vincias á mas de llamarse Paises-Bajos, eran conocidas tambiea 
con el nombre de Falonasy de f^alones sus habitantes. Aun 
en el alto Aragón hemos oido llamar valones á los calzones 
anchos. {K la nota a del a.^ tomo ). 

( i6o) En jubón de carnuza. (Y. la nota anterior). 

(i6i) Los borceguíes eran datilados y encerados los 
zapatos, {fT, la nota 69 del a.* tomo )• . 

De pocos años á esta parte se conoce la clase de lustre que 
generalmente ahora se usa. Se servian antiguamente para dar 
un color igual á los zapatos, pues las botas no se llevaban sino 
en tiempos lluviosos y para viajar , de un poco de tocino los 
unos, de agua y aceite los otros, y de clara de huevo y negro 
de imprenta Ids mas petimetres. El lustre de ahora lo inventaron 
ségun se cree los alemanes, bien que los ingleses se apoderaron 
de aqu^ secreto, y hubieran seguido con aquel monopolio si 
los franceses^nohubiesen]inventado una multitud de recetas pa- 
ra hacer toda clase de lustre. 

(16a) Enfermo de los riñones. Parece por lo que dice 
Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana, que algunos 
de nueslros españoles que padecían de los rinones le adoptaron 
para colgar de él las espadas, como hacen los turcos con ^ui 
alfanges por hacerles daño la pretina en que se llevaban gene- 
ralmente. ( f^. la nota 1 7 del a.<> tomo ). 

(i 63) f/jdéye ÍV1C0//10. Llamóse comunmente Pesse-Cola 
ó Pez-Nicolas. Mexander ab Alexandro en sus Dias Genia- 
les con referencia á lo que le contó Joviano Pontano dice 
que era siciliano, natural de Catania , donde vivia á fines del 
siglo XV. Dícese que se acostumbró tanto á vivir en el agua 
desde pequeño, que habitaba mas en ella que en tierra, j que 
á guisa de bestia marina cortaba U^ ^olas del mar en medio 



(5^) 
de las tormentas. Sucedía que^ yendo las naves á vehs ten*- 

didas en mar alta, soHan los marineros encontrarse con Pesce- 
Cola^ que los llamaba por sus nombres: recibíanle en los navios; 
preguntábanle de dónde venia, addnde iba, j cuánto mar ha- 
bía' navegado; y satisfaciendo á |todo , después de comer corr 
ellos, y de recibir varios encargos y recados para sus parientes 
y conocidos, se volvía á arrojar al agua, y aportaba á las cos- 
tas de Na'poles y Sicilia, frecuentando especialmente su patria 
Catania. Asi vivid, hasta que Federico, rey de Ñapóles y de Si- 
cilia, en presencia de inmenso gentío arrojó en el Faro de Me- 
cína una taza de oro para probar la destreza de los nadadores; 
y el Peje -Nicolás, fiado en ella , y estimulado de ia codicía^^ 
bajó por la taza , y se quedó sepultado entre las , cavernas 
y peñascos de aquellos famosos escollos, devorado, por decir- 
lo asi, de alguno de los perros marinos, Scyla, ó Caribdísque 
ungieron los poetas vivían allí causando naufragios con sus 
horribles ladridos. El P. Feijóo trae la historia de otro nadador, 
parecido á Pesce-Cola, natural de Lierganes, lugar de las mon- 
tañas de Santander que por la partida de bautismo que existe 
en su parroquia,' consta que nació en 1660, y se llamó Fraa-> 
cisco de la Vega Casar. 

Pellicer añade que sí constase con certidumbre que alguo 
pez se hubiese tragado á Peje-Nicolao , se le pudiera comparar 
con otro famoso nadador y náutico perito español, que tuvo* 
este paradero fatal. Este fue D. Iñigo de Mendoza que nave- 
gando en una galera con poco lastre, al pasar por la boca de 
un río, una gran gru/>ada de viento, volvió la galera de arriba 
ahajo, y uuos y otros se ahogaron, incluso el mismo coman- 
dante, que aunque diestro nadador no pareció tampoco , ''ni 
>ise supo de él mas, dice D. Luis Zapata , que dende á pocos 
»dias se tomó en Córcega un pescado; que se halló en el cuer- 
npo un hombre en calzas y en jubón, y diez escudos en unaes- 
Mcarcela que decían que D. Iñigo, estando en calzas y en jubea 
»en la galera, llevaba; y asi fue del honrado caballero la patria 
»el mar, la galera casa, y unpece la sepultura. Del ahogarse se 
»hizo gran sentimiento del por todo el mundo: mas de no enter- 
»rarse ninguno ; que Virgilio dijo : facUis iactura sepulcri,^*^ 
' (164) Ginasíos. Aquí es lo mismo que colegios, liceos 6 
universidades. Los ginasios ó gimnasios como ahora se llaman, 
eran unos edificios públicos en donde la juventud griega y ra- 
mana recibía la mayor parte de su educación. 



(57) 
La gimnasia y propiamente hablando , es el arte de los dí<* 

versos ejercicios del cuerpo. Como este arte tiene por objeto 
la seguridad personal, la salud, el placer ó la diversión, es de 
creer que su origen es tan antiguo como el mundo. Parece que 
en un principio los ejercicios gimnásticos se reducian á simples 
juegos^ en los que se disputaba solamente la victoria j una co- 
rona; pero con el tiempo formaron parte del culto divino, y de 
los honores fánebres tributados á los manes de los héroes. 
Pasaron no obstante muchos años, antes que este arte estuviese 
sujeto á reglas y leyes; de la reunión de las cuales se formó 
un cuerpo de doctrina , á la cual se dio el nombre de gimnás- 
tica. Tomó este nombre de la voz griega gymnos desnudo, por- 
que enseñaba todo lo concerniente á los ejercicios del cuerpo 
desnudo. Hallamos vestigios de este arte antes de la guerra de 
Troya. Basta leer, para convencerse de esio^ la descripción de 
los juegos celebrados en los funerales de Acaste. Por lo que 
dice Homero hablando de los diferentes ejercicios que se ejecu- 
taron en los juegos celebrados en los funerales de Patroclo, 
vemos que poco tenia que añadirse ala gimnástica para que 
mereciese el nombre de arte. Gsta soiia distinguirse en tres 
clases : la gimnástica militar, producida por la necesidad de 
defenderse en caso de verse atacado; la gimnástica médica 6 
medicinal, originada del cuidado que está uno obligado á tener 
para la conservación de su salud; y áltimamentela gimnástica 
atlética, la mas famosa de todas, que debe su origen al amor 
del placer, junto al deseo de dar pruebas públicas de fuerza y 
agilidad, llevándose al mismo tiempo el premio propuesto. La 
primera consistid en el ejercicio del pujilato , del salto, de la 
lucha , de la corrida de los carros , de la corrida á pie , del 
ejercicio del disco, del arco, de la lanza ó pica, en una palabra, 
de todo aquello que podia contribuir á la defensa del cuerpo y 
de las ciudades. La segunda á algunos de los ejercicios preceden- 
tes anadia la equitación ó carrera á caballo, el juego de pelota, 
la bomba ó pelota grande, el baile, los baños ó el nadar, las un- 
ciones y el paseo: esta principió mas tarde que la gimnástica mi- 
litar. Id cual según dice Platón fue introducida en la medicina 
poco antes de Hipócrates por el médico Heródico de León tino. 
La tercera, ó gimnástica atlética, estaba consagrada á instruir en 
todos los ejercicios que componian los juegos públicos á aque- 
llos que se dedicaban á la profesión denlos atletas. Esta se desig- 
naba por diferentes nombres: sellamaba atlética porquese batian, 



(58) 
gimnisUca porqae se presentaban desnudos^, goaistica porque 
su priaci pal objeto eran loa juegos públicos. 

Eaumerd D. Quijote en este lugar las calidades j virtudes 
que debían adornar á los caballeros andantes 9 que son una 
reseña de las que verdaderamente habían de distinguir á los que 
se dedicaban á la profesión caballeresca. A mas de lo que 
bemos dicho relativo lí ella en varias anotaciones , particular- 
mente en las 26, 30f 4^ ^^^* ^^^ primer tomo, creemos que no 
disgustará leer el código de amor , con arreglo al cual fallaban 
las Cortes de Amor, 

Se llamaron asi unas sociedades que tuvieron origen en Pro- 
venza á dltimos del siglo XI 6 principios del XII. Se componiji 
cada corte de damas j caballeros, j estaba organizada á ma- 
nera de tribuoal , en el que se ventilaban j juzgaban las cues- 
tiones suscitadas entre los caballeros y trobadores en los tiem- 
pos de la caballería. Estas cuestiones, contenidas en los poemas 
llamados tensonsátX Xaíiu. conientio^ disputa, versaban siempre 
sobre materias amorosas 6 en que el amor tenia una parte, j 
estaban contenidas de modo que daban lugar á mil ingeniosas 
respuestas. Algunos quieren suponer que los árabes dieron la 
primera idea de los tensones; pero nosotros sin contradecirlo, sa- 
lo dirámosque en ellos se ve un cierto carácter de originalidad. 

Las desavenencias, los zelos de los amantes eran el objeto or- 
'dinario de las sentencias 6 decisiones que proferia la corte de 
amor. Para el régimen de ella se hizo un código de jurispru- 
dencia llamado código de amor; j las damas y caballeros que 
componian las cories amorosas mandaron á todos los amantes 
observarlo estrechamente. Contenia dicho código, escrito en 
latin , 3 1 artículos, que copiamos de una obra preciosa de 
caballería. 

I. Causa conjugii ab amore non est excusatio recta. 

II. Qui non ceiat amare non potest. 

III. Nemo duplici potest amore ligari. 

IV* Semper amorem minui vel crescere constat. 

V. Non est sapidum quod amans ab invitio sumit amante. 

VI. Masculus non solet nisi in plena pubertate amare. 
VIL Biennalis viduitas pro amante defuncto superstiti 

prsscribitur amanti. 

VIH. Nemo, sine rationis excessu, suo debet amore privari. 

IX. Amare nemo potest, nisi qui amoris suasione compel* 
litur. 



(«9) 

X. Amor semper ab avaritiae consuevit domiciins exulare* 

XI. Non decet amare quarum pudor est naptías aíFectare. 

XII. Veras amaos alterius nisi suae coamantis ex afifectu non 
cupit amplexus. 

XIII. Amor raro con8aevi( durare ^rulgatos. 

XIV. Facítis perceplto contemptibilem reddit amorem^ difi«> 
cilis eum carum facit haberi. 

XV. Omnis consuevit aromos in coamantis aspectupallescere. 

XVI. In repentina coamantis visione, cor tremiscit amantis^ 

XVII. Novus amor veterem compellit abire. 

XVIII. Provitas sola quenrcumque digoum facit amore. 

XIX. Si amor minuatur, cito déficit, et raro convaiescit. 

XX. Amorosus semper est timorosus. 

XXI. Ex vera zelotypia afectus semper Crescit amandi* 

XXII. De coamante suspitione percepta zelus interea et affec 
tus crescit amandi. 

XXIH. Minus dormit etedit quemamoris cogitatio veaU' 

XXIV. Quilibet amantis actus in coamantis cogitalione fí- 
nitur. 

XXV. Veras amans nihil beatum credit, nisi quod cogitat 
amantí placeré. 

XXVr. Amor nihil potest aipori denegare. 

XXVII. Amans coamantis solatiis satiari non pptest. 

XXVIII. Módica praesumptio cogitamantem de coamante sus- 
picari sinistra. 

XXIX. Non solet amare quem nimia vojuptatis abundantia 
vexat. 

XX$. Verus amans assidua, sine inlermissione^ coamantis 
immagine detinetur. 

XXXI. ünam feminam nihiJ prohibet k duobus amarif et k 
duabus mulieribus unum. 

Marcial de Auvernia publicó una colección de autos proferi- 
dos con arreglo á este Código, titulada Arresta amorum y so- 
bre la que después en i533 hizo varios comentarios Lecourt. 

( i65 } O fuerza de la adulación. Yo sé bien que tú mien- 
tes, dice Terencío, pero no importa, continua mintiendo por- 
que á pesar de esto me das un gran placer. 

Shakespeare decia: no hay quien sea enteramente inaccesible 
á la adulación, porque el hombre mismo que manifiesta abor- 
recer la aduiacioOf en alabarle de esto, es adulado con placer 
sujro. 



( 6o^ 
( 1 66 ) Piramo y Tisbe, ( V. la nota ago del primer tomo ). 

Capítulo tfécmimoxto. 

( 167 } Zapatillas: ó botones que suelen ponerse á la punta de 
los floretes ó espadas de aprender á tirar , á fin de no tomar daño. 

(168) Gerigonza, Es lo mismo que germania: lenguage 
convencional y solo inteligible entre gitanos y gente de mal vi* 
yir, del que que usan entre sí para no spr entendidos de los de- 
mas. Por esto hablar en gerigonza^ ó en gerga que es lo mis- 
mO) equivale á decir en lenguage ininteligible. 

(169) Maheridas danzas asi de espadas. La Heal Aca- 
demia dice que ia voz maheridas es de origen arábigo^ y signifi- 
ca adiestrada, hecha con maestría. 

La danza de espadas, según dice Mateo Alemán en suGuz- 
man de Alfarachc, está en uso en el reino de Toledo, y danzan- 
la en camisa y eo gregiiescos de lienzo, con unos tocadores en 
la cabeza, y traen espadas blancas , y hacen con ellas grandes 
vueltas y revueltas, y una mudanza que llaman la degollada:^ 
porque cercan el cuello del que los guia con las espadas , y 
cuaudo parece que se la van á corlar por todas partes, se les 
escurre de entre ellas. Es un remedo de la antigua daoza píri- 
ca de los griegos, muy en uso entre los antiguos españoles. 

( 1 70 ) De cascabel menudo* No solo estaba en uso en tiempo 
de Covarrubias, según refiere en su Tesoro de la lengua caste- 
llana, el ponerse sartales de cascabeles en las piernas y mover- 
los al compás de la música en ciertos bailes, sino que aun lo está 
en muchos pueblos de Cataluña, particularmente para bailar 
el paloteo. 

( 171 ) Juega una espada como el mas pintado. Es decir, 
tira de ella y la maneja con la major agilidad y destreza en las 
danzas de que hemos hablado en la nota 169 de este tomo. 

( 17a ) Deihar atado espadachin. El que hacia alarde j te- 
nia como por oficio promover y sostener pendencias y desafíos. 

(173) Nudo gordiano. Combatidos los frigios por los ban- 
dos y partidos que dilaceraban su patria, consultaron al orá- 
culo el modo como dar cabo ¿ aquellos males; y la contestación 
fue, que las desgracias no cesarían mientras no eligiesen un rey. 
Preguntaron de nuevo, á quién había de e1eg¡r|; y el oráculo 
les contestó, que al primero que encontrasen que se dirigiese 
al templo de Júpiter montado en un cano. Apenas salieron del 



(6i) 
templo, cuando cncontrarcm ua labrador llamado Cor/f/i/í , y 
enelioátantele proclamaron véy\ j Gordius 6 Gordiano^ en 
memoria de este suceso consagró á Júpiter el carro en que iba 
montado. El nudo con que iba atado el yugo á la lanza es- 
taba becho con tal artificio, que no se podia descaíbrir ninguno 
de los dos cabos ; y este es el célebre nudo conocido en la an- 
tigüedad con el nombre de nudo gordiano. Se cuenta que mas 
adelante el ora'culo declaró, que aquel que lo desatase tendria 
el imperio del Asia. Pasando Alejandro por la ciudad de Gor- 
dium, antigua residencia del rey Midas, bijo de Gordiano, qui- 
so ver el carro célebre por el nudo^ creyendp que se reserva- 
ba para él la promesa del oráculo. Examinóle detenidamente, 
y después de haber intentado en vano desatarlo como los de- 
mas que anteriormente lo babian tanteado , temiendo que sus 
soldados no sacasen de esto algún mal agüero: "no importa, di- 
jo, si no le desato, le corlaré; " y tirando de su espada le cor- 
tó por el medio, con lo que se eludió ó cumplió en parle el orá- 
culo. 
( 1 74) Sayaguesa Entre Zamora y Ciudad -Rodrigo^ cerca 

de Ledesma, hay un territorio llamado Sayago, que se compo- 
ne de mas de sesenta pueblos. En el siglo pasado no solo se lla- 
maba tierra de Sayago, sino de fayago^ y sus naturales se lla- 
maban también fayagueses, como dice D. Manuel de Herrera 
Galinato. Eran sus habitantes, insinúa, tan toscos en el vestir, 
como en el hablar. Su lenguage era una especie de dialecto, 
escaso de palabras, que se compouia de algunas latinas corrom. 
pidas , 4Íe otras castellanas, asi antiguas como modernas, y de 
otras desconocidas, acaso inventadas por los mismos naturales, 
desfigurando por otra parte muchas de ellas con su rústica pro. 
nuuciacion. Estas noticias son del citado Galinato, que las re- 
fiere en el certamen que se celebró en Salamanca el año de 
i63o,CQU motivo de las fiestas que hizo su universidad al naci- 
miento del príncipe D. Baltasar Carlos. Y en un romance, que 
él mismo compuso en lengua natural sayaguesa, se leen laS/Te- 
dondillas siguientes: 

Señor Rí , Dius vos mantieuga 

Y i ñues;a reina ademas. 

Pues que tal fíyo ños das. 

Que sigros de vida tienga. 
Ño ha quedadp, ño par Dius 

En Fayago faj agües. 



(6a) 

Que ño TOS faga entremas 

Porque vos llu guarde Dios. 
La ñobre ñiveraidá 

Della vuesa Salamanca 

Ño vos anda endebre y manca^ 

Que par Díus valiente está. 
Els el vivo Barrabas 

La niversida, tos fabrOf 

Fecho ha fechos del diabró^ 

On mas que Fajago, mas. 
(i 7$) Que se acompaña con el uso. Abundaba ja en las mis* 
mas ideas el célebre médico Villalobos^ quien en uno de sus 
problemas sin declararse tanto en favor de la propiedad y pu- 
reza del lenguage culto de los toledanos dice: "Yo trabajaré aqut 
»en declarar y allanar esta materia por el mas claro lengoage 
>»castellano que yo pueda, y no será el de Toledo, aunque allí 
«presumen que su habla es el dechado de Gastillaí y tieoen 
Mmucha ocasión de pensarlo asi, por la gran nobleza de caba- 
«lleros y damas que alli vive ; mas deben considerar que en 
Mtodas las naciones del mundo la habla de la corte es mejor de 
«todas; y en Castilla los curiales no dicen haden por hacían 
muí comien por comían y asi en todos los otros verbos que son 
i»de esta conjugación: ni dice albaceha^ ni almutacen^ mMay- 
vfórico^ ni otras palabras moriscas con que los toledanos en- 
«sucían y ofuscan la polideza y claridad de- la lengua caste- 
>»liaoa." 

(176) Replicó el diestro» Es decir , el que es hábil en la 
esgrima 6 en el manejo ó uso délas armas. 

Ctipítulo ot9^0imo. 

( 177 ) %l Jugar de la negra. Es decir, la espada 6 florete 
con UQ botón en la punta de que usaban los diestros para no 
hacerse daño al aprender á tirar arradS blancas, espadas de 
las que sin ningún preservativo se hacia uio cuando se der 
seaba herir y se iba espuesto á ser herido. 

(178) El conde Oírlos. Uno de. los personages que mas 
figuran en los romances de caballería, hermano de Durandarte. 
(179 ) La hora del yantar: 6 del comer. 

(180) Palmilla verde. Las mejores fabricas eran las de 
Cuenca. » 



(63) 

( i8i ) CHra danza de artificio y délas que llaman ha-- 
bladas. Su descripción se lee en seguida. Esta especie de pan« 
toinima ó danza venia á ser lo que nosotros llamamos nno- 
giganga. 

( j83) Báratro, Lo mismo que sima ó precipicio. Era una 
abertura subterránea ó un ^olfo que babia en las inmediaciones 
de Atenas, en la que ecbaban á los delincuentes. 

£1 frigio Ati fue precipitado en él, porque anunció que Céres 
venia á buscar á su bija Proserpina, y esta diosa irritada cas- 
tigó aquel atentado volviendo el país estéril. Los atenienses 
creyeron aplacarla llenando el báratro de víctimas. 

£n el báratro se^dice que ecbaban en un principio los niños 
que nacían imperfectos ó enfermizos, con el objeto de no tener 
sino ciudadanos bien formados jr robustos. 

Los autores latinos usan la palabra baratrum para indi- 
car toda especie de golfo, abismo ó inQerno. 

(i83) Quebraba en él alcancías doradas. El juego de 
las alcancías era una ñesta ó diversión parecida al juego délas 
cañas, con la diferencia de que asi como en este se arrojaban 
los caballeros recíprocamente las cañas, en el de las alcancías 
se tiraban unas vasijas redondas y> huecas de barro muy de- 
licado, á maüera de las huchas ó alcancías donde guardan el 
dinero los niños, de las que tomd el nombre. Estas , que eran 
del tamaño de una naranja, se llenaban de ceniza 6 de harina 
por un agujero, y al romperse empolvaba el vestido del caba- 
llero á quien se arrojaba, si no paraba el golpe con la adarga. 
Dicho juego, lo mismo que el de las cañas, tuvo su origen de 
los combates antiguos en que se arrojaban unos 4 otros dardos, 
lanzas de mano y ollas de materias bituminosas inflamadas. 

(i84) Un beneficiado. Antiguamente acostumbraban los 
clérigos recibir mensu&lmente 6 de cierta en cierta época el es- 
tipendio necesario para Su manutención; pero después los obis- 
pos concedieron á algunos de los m^is beneméritos, por su 
vida, ciertas fincas 6 posesiones de la iglesia ; á los que por 
esta razón se les llamó beneficiados, 

( 1 85) El rey es mi gallo. Rodrigo Caro en sus Días Geniales 
dice: «Guando dos contienden sobre una cosa todavía decimos 
fulano es mi gallo , por aquel que tenemos por mas valiente 
ó que entendemos que saldrá con la victoria : espresion que 
quedó del juego en que reñían dos gallos, conocido entre grie- 
i;o8 y romanos: y que en España se usó antiguamente tanto 



(«4) 

como, ahora en Inglaterra.'' Y Govarrubias en fiu Tesoro de la 
lengua castellana viene á decir lo mismo en el artículo gallo. 

( i86 } Al de tener se atenía. De los codiciosos que lleva- 
ban la opinión de la abuela de Sancho^ dice Pellicer ^ se quej<$ 
antes el P. Guardiola en su Tratado de la nobleza: «hay gentes^ 
»dice f-que se desvergüenzan á decir que na se hallan mas de 
»dos linajes en el mundo^ que son tener ^ y no tener^ y que 
Mharto es de buen linaje el que es rico; aunque todas las riquezas 
»las bajan hurtado con usuras y tratos prohibidos." Atribuye 
este dicho á uno de los Felipes de España^ Antonio de Villas- 
boas en su NobUiarchia portuguesa que cita también el adagio 
^^ortu^aes'. quem dinkeirotiwer ter a cuando quizer^ tomado de 
aquel lugar de Horacio en que , diciendo que todo obedece al 
dinerO) la virtud, la fama, la hermosura , y que aquel que te 
tuviese, será noble, valiente, justo, sabio, y aun rey también, 
añade que será todo lo que quisiere; et quidquid volel, Petronio 
Acbilro ponderó asimismo este universal poderío del dinero 
en uuoá versos, que tradujo D. Francisco de Quevedo en su 
Anacreon castellano con par aphr asi jr comentarios en estos 
otros: 

El que tiene dinero, con buen viento 

Navega, porque compra la bonanza 

Y á su albedrío templa la fortuna. 

El arcipreste de Hita trae una descripción del^dinero, de sus 
virludíes y propiedades, tan individual, tan estensa y tan pi- 
cante que merece leerse, cuyos dos primeros versos alejan- 
drinos son 

Yo vi en cort de Roma, do es la Santidat 

Que todos al dinero fasianle oroildat. 
El portugués Antonio Henriquez Gom ez perifraseó en verso 
el sentir en prosa de la abuela de Sancho Panza, diciendo : 

El mundo tiene dos linages solos 

En entrambos dos polos : 

Tener está en Oriente, 

Y no tener asiste en Occidente. 

( 187 ) Aguachirle. Aquella especie de licor vinoso que 
resulta echando agua en el orujo de la uva después de esprimi- 
da. También se Il.ima así el vino que se hace con el zumo ó chir- 
le de uvas silvestres. Como es una bebida ó licor de muy poco 
valor, se llama aguachirle ó aguapié á una cosa fútil , ligera 
6 de poca importancia. 



(€5) 
1 1 88 ) Tienes de hablar en tu uida. En la obra titulad^ 
JSpUaphia ■joco-'seria jca que Francisco Swertio reunid. ciiauto» 
dé aquella nalumleza llegaron á su noticia, se lee el siguieutei 
que se puso á una señora muy liabladora: 
Aqui jace sepultada 
Da mas que noble señora, 
Que en su vida punto ni hora 
Tuvo la boca cerrada: 

Y es tanto lo que habla, 
Que aunque mas no ha de hablar^ 
^unca llegará el callar 
A donde el hablar llegó* 

Capítulo Dtgedtmi) prima* 

( 189 ) Por los bancos de Mandes, Estos bancos son unas 
montañas ó ribazos submarinos que ciñen las costas de Flandes; 
y como con el embate ó corriente de las aguas se acrecientan 
ó disminuyen de un momento á otro, es de la major dificultad 
y muy espuesto el navegar por ellos, j^ de aqui es que era para 
pocos y tenido como cosa de mucho mérito el navegar por 
ellos ;iin encallar ó esperimentar otra clase de avería. 

(190) Funesto ciprés, Uos griegos conservaron el uso que 
pueblos mas antiguos habiaa hecho de él, poniéndolo en los 
ttepulcrosy monumentos fúnebres. Sus hojas oscuras y lúgu- 
bres, y su figura piramidal y monótona, escitaron siempre la 
melatncolía y la trjsteza. 

No fue Pluton el solo dios á quien estaba consagrado este ár<* 
bol, pues Esculapio tenia un templo cercano á Siciona circuido 
enteramente de ellos* 

Los latinos daban al ciprés , lo mismo que á Pluton, el so-> 
brenombre de feralis^ fúnebre, y los etruscos, los habitantes 
de Veronaetc. adornaban con sus hojas las lámparas funerales» 

Varón cree que este árbol fue llamado fúnebre áeJuniiSy con 
motivo de su color que se creia propio para corregir el hedor 
de los cadáveres. Entre los mismos pueblos se adornaban con 
ramas de ciprés los altares de los dioses infernales , y los se- 
pulcros de los grandes hombres. Tal fue en Roma el de Au- 
gusto colocado en el campo de Marte. 

Se cubrían también con ellas los umbrales de las casas de Jos 
infelices y de los culpables para indicar su luto ó desespera* 
111. 5 



(66) 
cion. Finalmente, aquellos que se consagraban á Plutotí ibati 
coronados de ciprés, y los sacerdotes en los sacrificios cslable- 
cidos en honor de este dios, llevaban siempre los vestidos cu- 
biertos con hojas de este ávbol. 

( 191 ) El tálamo^ ó lecho nupcial. 

( 19a ) Rasilio no tiene mas de esta oi^eja á los que Dios 

junta no podrá separar el hombre. La primera parte se refiere 
Á la parábola que el profeta Nalan dirigida David por mándalo 
del Señor por el modo criminal con que.se habia apoderado de 
la mugcr 6 de la oveja que tenia Ürias, y que se lee en el 
cap. XII. del libro a.° de los Rejes. La segunda acerca la in- 
disolubilidad del matrimonio, es con relación á loque se lee en 
el cap. XIX del evangelio de S. Maleo: quos Deus conjunxit 
homo non separet: lo que I>ios juntó, el hombre no lo separe. 
( 193) Por habérsela dado. En la edición de Pellicer se lee 
un caso que califica de verdadero, semejante al aqui inventado, 
y que refiere D. Luis Zapata en estos términos: 

'* A este propósito me contó el licenciado Salguero Menas 
Albas que pasó un pleito en Valladoiid. Estaban dos de Burgos 
concertados de secreto de casarse: pártese el rnaacebo á Flan- 
des, y en su ausencia trátansele á la moza muchos casamien- 
tos' ella unas veces por unas dolencias, y otras por otros 
achaques entretiene la obediencia, que á sus viejos padres 
debia, por ocho meses, que fue el tiempo que entre ambos por 
cartas se puso : el ausente enamorado que no pudo venir al 
plazo, dejadas todas las cosas de allá, dende á poco tiempo vino: 
pregunta -por su amada señora luego en llegando á Burgos, 
y dícele un tal Mesa que casaron contra su voluntad á la desdi- 
chada, y de descontento murió, y la enterraron á la mal logra- 
da. El mozo, que esto oyó, de dolor estuvo para perder el jui- 
cio* va á donde estaba enterrada, hinche la iglesia de gritos y 
gemidos , da al sacristán , porque se la deje ver después de 
muerta, cuatro escudos, abre la tumba, que estaba en una bó- 
veda, hállala viva: ya podéis ver cuánta alegría, mientras me- 
nos lo esperaba, tendria, del felice suceso recibida : túvola en 
la iglesia dos ó tres dias: llévala á su casa: á poco tiempo conó- 
cenla los padres^ y el falsamente viudo primer marido pídela por 
losticia: anda el pleito: sentencia el corregidor, amparando en 
su posesión al que la tenia, y la volvió de la muerte á la vida: 
fue el pleito por apelación á Valladoiid: en que paró no lo sé; sí- 
no que este caso estraordinario fue á toda Europa notorísimo.'' 



(67) 
^ 1 94 } Los* de su mesnada^ Lo mismo que los de sa bando^ 
partido 6 por él capitaneados. Llamábase mesnadero el que 
mandaba uoa -compañía de gente reunida, pagada, j que mili- 
taba bajo SUS' órdenes, la cual se llamaba mesnada* 

(195) Las ollas de Egipto, (V. la nota ayS del primer 
tomo). 

Capítulo mQ¿9mo $e$un>a. 

(196) Eí de las libreas etc. El color en el blasón es la 
materia y ornato de las armerías, y dicen que su uso viene de 
la costumbre que tenian los griegos y troj^anos de variar de ves- 
tido según el día en que se hallaban, pintando los escudos del 
mismo color que vestian. Otros quieren que su origen venga 
de las cruzadas y de ios torneos, porque con los colores se dis- 
tinguian los torneantes d caballeros. Esta costumbre la tomaron 
de los juegos del circo, en los que habia las cuatro facciones 4$ 
cuadrillas alba^ rosea^ pénela y praciáa^ á saber: blanca, ro- 
ía, azul y verde; añadiendo luego Domiciano la áurea y pur-» 
púrea^ é introduciéndose el color negro para los que lievabaa 
luto, como usabau jra los soldados romanos para espresar 
algún sentimiento* 

Los torneantes y justadores se servian del color de sus armas 
para demostrar su pasión 6 sentimiento á la señora de sus pensa- 
mientos y á la que servian. Con el color blanco se manifestaba la 
pureza^ la sinceridad, la inocencia, etc. del caballero enamora- 
do. (£1 negro significaba la tristeza, la desesperación, la constan- 
cia etc. El verde servia para espresar la esperanza, la alegría, la 
juventud, etc. Asi es que en la Jerusalen del Tasso leemos 

Verde é fiar di speme; 
y el Ariosto celebrando la fiestas de la corte de Alcina repre- 
senta á las señoritas vestidas de verde y coronadas de hojas 
tiernas 

Tuite vestite eran di ver di gonne 
E corónate di frondi novelle, 
•Después con la mezcla y combinación de los mismos colores 
se espresaban mil otras pasiones y sentimientos* 

( '97 ) Fuentes de Leganitos y Laifapies en Madrid, El 
campo de Leganitos estaba donde ahora la calle de este nom- 
bre. En tiempo de Felipe [II y IV se llamaba bari*io de Loi^a^ 
pies el que ahora se nombra del Jvapies, 



(68) 

( 19^ ) Del piojo. Peilicer dice que estaba en el Prado jan" 
to á la puerta de Recoletos. 

( 1 99 ) Del caño dorarlo. Estaba en medio del mismo Prados 

( aoo ) De la priora. Otra fuente célebre en lo antiguo ea 
Madrid que al parecer estaba dentro de los jardines de Palacio 
ó buerta de la Priora de Sto. Domingo^ á cujo convento per-* 
teneció. 

(aoi ) Ha de ser útil el tal libro á todo el mundo. Sin 
e.mbargo de esta crítica ^ un Suplemento á Polidoro Virgilio 
quizá fuera útil, como dice Peilicer, aunque las cosas que con- 
tuviese no fuesen de gran sustancia^ como por íroníd dice núes* 
tro autor. Tal es entre muchas otras la averiguación del primero 
que contrajo el mal gálico, que como insinúa maestre Rodrigo 
Dias de Isla, cirujano de Baeza^ fue Vicente Pinzón Yañez {ó á lo 
menos fue de los primeros que le contrajeron, y á quienes él. 
curd en Barcelona } piloto de Cristóbal Colon, en cuja ar- 
mada vino á Europa esta sucia j dolorosa mercadería: pues sin 
embargo de las opiniones de algunos eruditos modernos, siem- 
pre será un argumento de mucha fuerza á favor de la nueva 
introducción de este mal el silencio de los médicos de la anti-^ 
güedad; el de los poetas latinos, que tratan de amores lascivos 
y de reprensiones de costumbres, como Juvenal, Percio, Ho«^ 
racio, Ovidio, Marcial; el de los nuestros, como el arcipreste de 
Hita, que floreció en el siglo XÍV, el arcipreste de Talavera, 
Alonso Martinez de Toledo, que florecía á mediados del XV, y 
que en su Coruacho ó tratado de los yicios de las malas mu^ 
gercs^ pinta individualmente los daños y enfermedades, que 
causa la pasión furiosa del amor; el de los cirujanos antiguos, 
como Mateo Visconti, milanés, que escribia en el siglo XIII; 
el de maestre Diego del Covo , médico y cirujano que el año 
de i4ta escribió en verso de arte major un 1 ralada de apos^ 
temas\ el del doctor Francisco López de Villalobos , que pu- 
blicó el año 149B la suma de Medicina^ donde espresameute 
le supone descubierto cuando volvió Colon la primera vez de 
América. A que se añádela colección de los tratados de Morbo 
Gálico^ impresa en Venecia el año de i566, en dos volúmenes 
folio, cuyos autores son en número hasta cincuenta y uno, y 
lóelos escribieron después del primer yiage y venida del men- 
cionado Colon á España el año de 1492* 

Sin que obste á la introducción de este nuevo mal la carta de 
Pedro Mártir de Angleria , escrita á Arias Barbosa , catedrático 



(69) 
tie griego en la universidad de Salamanca, el año de i488. '^Es- 
»críbesme, le dice, que has caído ea la eaÜermedad peculiar d^ 
M nuestro tiempo, que en español se llama Bubas ^ jr en italiano 
uMal Gálico. (En peculiar em te nostrae tempestatis morbum 
>*qui appellatione hispana bubarum dicitur , ab italis Mor bus 
nGalicus.,, incidice...scr¡b¡s. Lib, i epist. LXVIII)." Perond» 
tese que ángleria calit^ca este mal de nuevo y privativo de aque- 
llos en sus tiempos, de cuja relación se infiere que la fecha de 
la carta está errada, pues le falla una decena, debiendo decir, 
1493, porque sabido es que la lúe venérea, ó el mal gálico se 
desarrolló en Ñapóles cuando algunos délos soldados de Colon 
fueron contra Carlos VIH rey de Francia, que pasó á la conqais. 
ta de aquel reino, con que los italianos no tuvieron noticia da 
esta nueva enfermedad hasta los años de 149^ en que los fcan.-< 
ceses pasaron á aquellas regiones, conque se colige claramente 
que la carta de Angleria á Barbosa, se escribid el año de 1498, 
y no el de 1488 en que no era todavía conocido este mal en Eu.-^ 
ropa. Sin que obste tampoco contra esta época la historieta, 
que sobre su introducción en tiempo de D. Alonso el Sabio, 
rey de Aragón y de Ñapóles, inventó Leonardo de Flora vanti,, 
j adoptó Andrés de Alcázar en sus seis libros latinos de círujía^, 
irapresosen Salamanca iSyS. 

La especie del piloto Pinzón no se halla en la obra impresa, 
de Isla, sino en la manuscrita, que de su Tratado del fruto d^. 
todos los Santos contra el mal de la Isla Española hay en la 
Real Biblioteca (est. P. cod. 4^); asi'como falta igualmente en, 
el impreso el método que los indios de aquella isla, aunque bo- 
zales por otra parte, observaban desde tiempo inmemorial, eu, 
la curación de esta enfermedad. 

Eu una de nuestras obras dijimos que este mal se comunicó,., 
según se cree generalmente], de la América á Europa por los 
años 149^1 poco después del descubrimiento del Nuevo Mundo 
por Cristóbal Colon. Se llamó mal napolitano, porque se des- 
cubrió la primera vez en aquel reino. Mal francés ó gálico, por- 
que se dice fueron sus primeras víctimas los soldados franceses 
que guerreaban en dicho pais.Mal español por habérselo co-t 
municado los españoles que militaban contra ellos e^ Italia ba-^i 
)0 la conducta del Gran Capitán en i494* Los persas le llaman 
badefrangiy que equivale á mal francés. Sin embargo de lo A\^ 
cho algunos suponen que el venéreo era conocido ja en nc^es- 
tro cpDtinente antes del descubrimiento de la Américaí biea qu< 



C7») 
tal vez bajo otros nombreS) 6 no habría hecho los «stragosqse^ 

hÍ20 durante la guerra de Ñipóles, Algunos escritores enapo^ 
JO de esto mismo han dicho que Moisés habla ja deestemai «5 
de la gonorrea en sus libros sagrados acerca el cual dictd cierta» 
medidas de higiene pública. Según Herodoto los escitas que vio- 
laron el templo de Vén us Urania en la ciudad de A&calona se 
vieron atacados de la enjermedad de mugeres en castigo dei 
crimen cometido. Hipócrates j Galeno hacen mención en va- 
rios parages de sus escritos de úlceras malignas, las cuales se-. 
rtan probablemente sifí líticas 6 venéieas; j otros médicos é his- 
toriadores antiguos hablan en sus obras de ciertos síntomas^ 
que sin indicar la enfermedad se puede creer que seria de la» 
venéreas. 

( aoa ) P7no volteando hasta los abismos. Esto es con refe* 
rencia á la creación, rebeldía j castigo que sufrieron losange-" 
les malos. Al príncipe de estos llama Isaias Lucifer, nombre 
que equivale á porlaluz. 

( ao3 ) Tras formación es. Lo mismo que metamorfosis, pa- 
labra compuesta de dos voces griegas que sigoiGcan cambio de 
forma: cambio muj frecuente en la mitología. En ella se distin* 
guen dos especies de metamorfosis, las unas aparentes, coma 
aquellas de los dioses que no conservaban las formas que toma, 
han sino por ún tiempo, como la de Júpiter en toro, la de Mi^ 
nerva en vieja, etc; j las otras reales, como la de Licaon en lo- 
bo, de Goronis en cometa etc. j que pérmanecian en su nuev» 
forma. 

Ovidio composo sobre este asunto j bajo el título de Meta« 
mtfrfosis un poema muj dilatado , por el cual mereció ser colo- 
cado entre los primeros poetas de la antigüedad. Este poema^ 
compuesto de i5 cantoso libros, contiene a43 Cábulas, j es un» 
historia copipleta de mitología, que principia por el Chaos, j 
sigue hasta la muerte de César. El principal mérito del poema 
consiste en haber sabido atar j unir en un mismo cuerpo de- 
obra tan gran número de fábulas, las cuales no tenían entre sf 
otras relaciones que aquellas que el poeta supo hallar en la fer- 
tilidad de su imaginación. Su estilo es variado j propio según 
los asuntos que trata el poeta; j remontándose algunas veces> 
basta lo sublime de la elocuencia oratoria desciende tal cual ve» 
gradualmente j con mucha naturalidad al estilo pastoril j jocoso. 

(ao4) En un lugar semejante. Eran de mal agüero entre 
los gentiles estas aves, j sa aparición mas que suGciente par^ 



<7') 
que desistiera cualquiera de ellos de eolrar ea UO sitio tal co» 
mo la cueva de que salieron. 

( ao5 ). %a perla de Francia, ., la trinidad de Gaeia. A priu- 
cipios del siglo XV ua francés llamado Simún Yella descubrid 
una imagen de N." S." en una altísima montaña llamada Peüa 
de Francia que hay entre Salamanca y Ciudad*Rodrigo, j 
en honor de ella se edificó en el mismo sitio primero una er- 
mita, y luego para mejor venerarla un convento de domiuicoS| 
en el que se daba hospitalidad á la multitud de peregrinos que 
iban de todas partes á visitarla. 

La Trinidad de Gaeta es un monasterio que fundó Fernando 
de Anjou en Gaeta, ciudad de las costas de Na'poles bajo la in- 
vocación de la Santísima Trinidad, frecuentemente visitado por 
loa marinos que navegaban por aquellos mares. 

Capítulo ÚQilÁxm taraco* 

( ao6 ) y comenzó en el modo siguiente. Hablando el señor 
Ríos en su análisis del Quijote de la aventumi de la cueva de 
Montesinos, dice: ''que si se considera la delicada unión de lo 
Mcstraordinario, lo ridiculo, j lo verisímil de él, se conocerá el 
»ingen¡o, el arle j la fecundidad prodigiosa de su autor." Está 
bien dicbo, continua Pellicer, j se pudiera añadir mucho mas 
para ipayor inteligencia de esta aventura, según consta de al- 
gunas verdades y de muchas fíccíones, inventadas por el estilo 
de los libros de caballerías. 

El conde Teobaldo, hijo del conde Grimaldo y sobrino de 
Carlos Martel, siendo desterrado de Francia, se vino á España, 
donde fundó el lugar de Fuente-Gri maído cerca de Ciudad- Ro* 
Hrigo, y por vivir en la montaña de Castañar y ser amigo déla 
caza le llamaron Montesinos» Volvió después á Francia en tiem- 
po de Cario Magno, donde fue admitido en el número de los 
doce Pares , y por recobrar sus estados , y satisfacerse de sus 
émulos, se halló en varios desafíos, y tuvo varias aventuras 
amorosas, hasta que volviendo á España murió en ella, dejan- 
do descendencia en Andalucía, Murcia y Castilla. Asi lo cuen.- 
tan los libros de genealogías y algunos historiadores, entre ellos 
Ambrosio de Morales. Este fundamento tienen los romances 
antiguos que se fingieron sobre este caballero, como es aquel 
que empieza: , 

Cata Fr^Dcisf MoQtesijooftf. 



(70 

Cata París h ciudad. 

Cata las aguas del Duero, 

Do va á dar en la mar, etc. 
Este MoDtesioos fue también amigo y pariente de Durandar-* 
te, otro de los doce Pares, que tenia por señora á Belerroa, el 
cual muriendo en la batalla de Ronces valles, rogó á Montesi- 
nos le sacase el corazón y \o llevase á Belerma, como se refiere 
en el romance de Durandarte* 

Ai mismo tiempo habia en España en la provincia de la Man- 
cha, una doncella llamada Rosa Florida, señora de un castillo 
que se decra Rocha fr ida , situado en el término de k, Osa de 
Montiel. Fue esta doncella demandada en casamiento por ma- 
chos caballeros principales; pero enamorándose de Montesinos 
por la fama desús hazañas se casó con. él, y vivieron juntos en 
el mencionado castillo, donde se enterraron ^ como refiere su 
romance. 

En Castilla está un castillo, 

Que se llama Rocafrida; 

Al castillo llaman Roca, 

Y á la fuente llaman Frida..... 

Dentro estaba una doncella. 

Que llaman Rosa florida: 

Siete condes la demandan. 

Tres duques de Lombardía, 

A todos los desdeñaba : 

Tanta es su lozanía : 

Enamoróse de Montesinos 

De oidas, que no de vista, etc« 
Casó Rosa Florida con Montesinos, y vivieron y murieron et^ 
$u castillo, funto al cual estaba la cueva llamada de Montesi- 
nos. Estos rumores populares se conservaban toda vf a en la 
Mancha en el siglo XVI, pues en las Relaciones que por órdeu 
de Felipe II dieron los pueblos el año iSyS , dijo el de la Osa. 
de Montiel á las preguntas 33 y 36 de la Instrucción d. interro- 
gatorio: ''que en el término de aquella villa una legua de ella, 
en la dehesa hay un castillo que se dice de Rochafrida^ el cual 
es de unas paredes de cal y canto, de siete pies de ancho, y las 
paredes están caidas.... está en un cerrillo, y al rededor del to- 
do de agua cercado, que es de la agua de Guadiana.... hay una 
i^rmita que se dice S* Pedro de Sahelices, que es una legua desL*. 
ta villa en la ribera de Guadiana may f ntiquísimaf la cual es-^ 



(73) 
iá labrada la ermita en craz, y mas arriba della bay ana cue^ 

va, la cual se dice qua era la cueva de Montesinos, que pasa ua 
rio grande por ella*,., bay al pie del edificio (qne tienen dicbo 
que se dice el castillo Rochafrida ) una fuente la cual está á po- 
niente, y se dice la Fontefrida, ^^ Y la villa de la Solana res- 
pondió á la pregunta ao: «que á la parte de levante del|bereda-f 
miento deRuidera en una laguna, que se dice que no tiene mu* 
cba agua, y que en agosto se suele apocar y enjugar, y que no 
quedan sino aguachares, bay una fortaleza en medio de la díf 
cha laguna, arruinado el edificio della, que comunmente le lla- 
man en esta tierra el castillo de Bochafrida^ donde dicen que 
antiguamente estuvo una doncella que llamaron Rosa Florida, 
rouj hermosa; y siendo señora de aquel castillo la demandaron 
en casamiento duques y condes de Lombardía y otras partes 
estrañas, y ú todos despreció; é oyendo decir nuevas de Mon-r 
tesinos, se enamoró dól,y lo envió á buscar por muchas partes 
estrañas, y lo trujo, y se casó con él, y que era un hombre de 
notable estatura de grande, y que en aquel castillo vivieron jun- 
tos , basta que allí murieron; y cerca del dicbo castillo para en-r 
trar á él suele haber una puente de madera para pasar al dicbo 
castillo, porque como dice un romance: 
Por agua tiene la entrada, 
Y por agua la salida: 
y cerca del dicbo castillo está una cueva, que llaman común-- 
mente La cuei^a de Montesinos^ por de dentro de la cua( dicen 
que pasa mucha aguadulce, siendo la del dicho rio de Guadia* 
na mas basta, y que los pastores, que andan en aquella ribera 
con ganados, sacan agna déla dicha cueva para beber y guisar 
la comida" etc. 

Las credulidades de los pueblos, conservadas en los romances 
autiguos , suelen tener alguna correspondencia y fundamento 
en la historia; y es muy verosímil, según dice Pellicer, que alr 
gun caballero, descendiente de los Montesinos del reino de Tof 
ledo, fuese señor de la tierra y del castillo de Rochafrida, y quq 
diese nombre á la cueva que estaba tan inmediata á él. En cuan- 
to á la doncella Rosa Florida es de presumir que sea mero fin- 
gimiento, fundado en la organización etimológica del nombre 
del castillo. Este consta de dos palabras: Roca que quiere de- 
cir castillo , ó fuerte á manera de roca , ó castillo roquero ; y 
Frida^ que es la fuente que estaba al pie de él con alusión á la 
^«•"iCura de sus aguas ; pero el vulgo cunviir^i^^ 1^ Roca en un^ 



(74) 
doncella llamáadola Rosa^ y el adjetivo Frida de la faente 

el de Florida^ que le pareció propio de aquella flor. 

Uno de los singulares feaómeuos^ que merecieron particular 
atención á Plinio fue el rio Guadiana. Sobre su nacimiento cor-* 
rían varias opiniones. Unos le colocaban en las mismas lagunas 
de Ruidera^ 6 por mejor decir en la primera, pues de ella se co- 
munican las aguas á las demás; otros, con menos fundamento, 
en la cascada ó derrumbadero de las aguas, que al fin de la la- 
guna, llamada del rey, ó la real, se precipitan desde la altura 
de raa» de cincuenta pies; otros en los ojos, llamados de Guadia- 
na, entre Oay miel jr Villarrubia: otros en dos fuentes que liajr, 
ia una en las Mesas, y la otra mas al mediodía sobre Yiliauue- 
va de los infantes; y otros en aquella parte donde dividen tér- 
minos Alcázar y Montiel, en unos grandes llanos, prados y ma-* 
nantiales, que el rejr I). Pedi'o llamó Camponones^ cuya opi-« 
uiou es la segura. Después de haber salido el rio de las lagunas, 
corre por aquellos llanos, y pasa recogido por el cauce que man» 
dó hacer el príucipe Filiberto, Gran Prior de S. Juan, y hacia 
el castillo de Cervera se hunde, según se cree comunmente; pe, 
ro no tanto, que no quede alguna agua, que mas abajo de He- 
rencia se mezcla con el rio Zancara, que nace cerca de la Par-* 
rilla , j á no mucha distancia entra también en el rio de Xi- 
güela, que nace entre Uclés y Valdecolraenas ; y como la tierra 
es tan llana , y forma unos tablares de agua tan esCendidos y 
superficiales por una parte, y tan abundantes por otra de es- 
padañas y otros herbajes, no se echa de ver su corriente. Du- 
ra este crecido hundimiento y curso subterráneo por espacio de 
siete ú ocho leguas, hasta que entre las referidas villas de Day- 
^^iel y Villarrubia se descubren dos grandes lagunas, no lejos 
la una de la otra, que son los Ojos de Guadiana , llamados el 
uno de Mari Perez^ y el otro el Ojo de la fuente de la higuera * 
De estos ojos vuelve á nacer el Guadiana, y á poca distancia de 
Su nuevo curso recibe en su seno á los rios de Zancara y Xi- 
gíiela, que le restituyen el corto caudal que le habían usurpa- 
do, y sin perder ya el pombre entra pomposo y grande en 
PortugaL £1 referido Plinio, que sin duda vio y reconoció el 
estraño nacimiento de este rio, le describe diciendo: nace en 
el campo Laminitano (ó de Montiel) de la citerior España; 
unas veces se derrama en lagunas ( como al principio y des-^ 
pues en los Ojos); otras se recoje y adelgaza su corriente; 
Otras, se oculta y sume totalmente en un ladran^ ó cavermk 



(7*) 
( como b^cia Cervera );y complaciéndose en nacer muchas ve-^ 

ees (soepius nasci gaudens } desagua en el mar Atlántico. {His» 

toria natural^ Ub* 3« cap. 3 ). 

Sin embaí^ de la variedad de opintoaes sobre el origen de 
este rio, Cervantes siguió la de suponer que nacia en la cueva 
de Montesinos, que é\ tuvo por verdadera, por la tradición po- 
pular de que pasaba un rio grande por ella suponiendo 
que de ¿1 reciben el agua las lagunas. Esto quiso decir 
D. Quijote cuando asegura que el sabio Merlin tenia en- 
cantados quinientos años babia en lo interior de la cueva á Mon- 
tesinos , á Durandarte y á su escudero Guadiana, á la dueña 
Ruidera, y ásus hijas y sobrinas, y que solo faltaban estas por 
haberlas convertido en lagunas el mencionado encantador. De 
este modo cumplid el deseo de saber é inquirir el nacimiento 
y verdaderos manantiales de las siete lagunas llamadas d^e 
Ruidera; y asimismo del rio Guadiana^ hasta ahora ignora^ 
do de las gentes. 

D. Juan de Villanueva, arquitecto mayor de S. M., fue á la 
Mancha por drden del infante D. Gabriel, y no solo reconoció 
las lagunas de Ruidera, sino que bajó en compañía de otras per- 
sonas á la cueva de Montesinos, de que formó un plan y una 
relación de la que resulta que tiene la cueva sesenta varas de 
fondo, y como cuarenta de ancho: á la entrada hay grandes pe- 
ñascos y malezas que la hacen difícil y penosa: al bajar se ob^ 
serva á la mano derecha un rellano bastante espacioso que sir- 
ve de refugio á los pastores, según lo indican el humo y los 
asientos de peñas colocadas al rededor de un montón de ceni-p 
Z9a: el suelo es muy irregular formando una especie de barran 
co, que se halla lleno de agua, sin mas estension que la de tres 
ó cuatro pies, la cual proviene por la mayor parte de las filtra* 
cienes de las piedras; y este es el fundamento del gran noque 
suponen los naturales corre por alli. La formación de esta cue-<f 
va acaso provino de haberse macizado alguna caverna ínteriort 
ó alguna mina beneficiada en lo antiguo. 

Las mencionadas lagunas llamadas de Ruidera, dice Cervan^. 
tes que son nueve. Personifica lassieteprimerasdiciepdo que eran 
hijas de la dueña Ruidera, y las dos segundas diciendo que eran 
sobrinas de la misma dueña* La jRuideraerB. un logar que perte* 
necia á la orden de Santiago; ahora un despoblado, reducido tal 
vez ú lo que se llama el Heredamiento de Ruidera^ que se com- 
pone de ttno$ molinos. Acaso de este lugar antiguo s^ dijeroi^ 



/ 



(7«) 
y llamaron las Lagunas de Ruidera. Por las relaciones que die* 

ron el ano de iSjS los vecinos de Argamasiiia de Alba y ]os de 
la OáA de Montiel se viene en conocimiento que ks lagunas era a 
once. D. Juan de Villanueva manifiesta con evidencia que son 
trecei y refiere sus nombres, su profundidad, so es tensión y 
situación. Ocupan el terreno de mas de legua y media. La Col- 
gada^ que es una de ellas, tiene de estension ó de largo unas 
3400 varas, de ancho mas de 3oo, de hondura 6 profundidad^ 
ya 16, ya ao ya aa brazas por todo su centro; y por las orillas 
ya 6, ya 8 brazas. Dentro de esta laguna y en un cerrillo cer- 
cado todo de agua, como dijeron los vecinos de la Oía, estaba 
el castillo de Rochafrida^ con su puente. 

En efecto dice D. Juan de Villanueva en su carta ó discurso 
que *'á la mitad de la estension desta laguna, avanzándose una 
«punta de bancales de piedra la obliga á formar una contorsión 
»6 ángulo; y una pequeña isla de cien varas de largo y ciocuen- 
Mta de ancho, donde se advierten ruinas de un pequeño edi' 
oficio.» 

( ao7 } Este alaízar solapa* lo mismo que encierra á con- 
tiene. 

( aoS } Merlín, jViontesinos se equivocó en decir que Merlin 
era francés. Ambrosio Merlin nació en el país de Gales en In- 
glaterra á últimos del siglo XV, y por su saber fue tenido por 
mago y encantador entre el vulgo. Por esto se creyd, como di- 
ce el mismo Montesinos, que era hijo del diablo; bien que el 
monge Galfredo, antiguo historiador de la Gran*Bretaña, dice 
que fue hijo de una doncella y de un demonio íncabo. 

Lo mas creible es que Merlin fue hombre de ingenio agudo, 
y de una instrucción y conocimientos superiores á los eoiou- 
ees comuaes, por cuya razón descollando sobre todos los de- 
mas fue tambieu la admiración y el asombro de Ja multitud. ^'Sá- 
bete, ó príncipe griego, dice el mismo Merlin en D. Belianis, 
que yo soy el mas maldito hombre que en el mundo hubo; yo 
soy hijo del diablo , y en saber sobrepujo á todos los nacidos: 
solíanme llamar en tiempo del rey Artas el sabio Merlin. '' 

Pellicer habla de un libro muy raro que dice evistia en la bi- 
blioteca Real con el título de B!l baladro del sabio Merlin con sus 
profecías. (Burgos año 'de 149B fol. ). Supdnese escrito por el 
mismo Merlin, que refiere sus profecías y aventuras con los re«t- 
yes de la Gran-Bretaña, Pedragon, Üter, y Artús. Los prin»e^ 
iros capítulos se suponen escritos por otra mano, y en ellos s^ 



(77) 
lee su diabólico i^ acimiento, y otras sandeces y cosas no muy 

honestas. Gítanie en esta obra Yincencio BellovaciBnse y San 

Antonino de Florencia, que hablan también de sus profecías y 

de su padre Satanás.. Fabricio alega igualmente á estos dos au. 

tores en su Biblioteca latina. En la referida de S. M. se halla 

asimismo un códice que contiene un comentario latino del abad 

Joaquin sobre las profecías de Merlin y de la Sibila Eritrea. 

( 209 ) Cómo si estuviese wvo? Esta admiración 6 pregunta 
no es de Montesinos, sino de D. Quijote. 

(^210 ) Burdos y desabridos. Aunque Pellicer cita á Pedro 
de Medina en contradicción de lo que dice Cervantes, suponen 
otros , entre ellos Covarrubias, que verdaderamente la pesca 
del Guadiana es desabrida, y quizá mal sana. 

(2n ) Paciencia y barajar. Espresion común con que se 
consuela á los poco afortunados en el juego de naipes. 

( 212 ) Carne momia. ( V. la nota 206 del 2.** tomo ). 

(^ai3) Una jara. Especie de saeta muy en uso éntrelos 
indios, formada de un palo tostado y con punta muy delgada y 

sutil. 

( 2i4 ) Quisiera ser wh Fúcar. Lo mismo que quisiera ser 
un millonario, un hombre rico, opulento y poderoso. 

Los Fúcares fueron unos comerciantes muy conocidos en el 
mundo, especialmente en España. 

La familia de los Fueres, 6 Fuggers, y Fdcares entre noso- 
tros, es originaria de .Constanza, dice Pellicer, y la estableció en 
Ausbourg Jacobo Fugger, llamado el viejo, cuj^o fundador fue 
un artista rico que vivia en el siglo XIV. Aunque el renombre 
con que se ha celebrado siempre este Ifiage, es el de rico y opu. 
lento, pues su riqueza se convirtió en proverbio, han florecido 
sin embargo en él muchos, que no solo cultivaron las letras, si- 
no que protegieron á los literatos, especialmente Antonio Fúcar, 
Juan Jacobo Fúcar, y Raimundo Fúcar , consejero de Carlos 
Y, el cual consumió grandes caudales en pinturas, en antigüe- 
dades y en plantas y yerbas raras para los jardines de su pa- 
lacio propio. A él dedicó las Inscriptiones SacrosanícE Felusta^ 
tis Pedro Apiano el ano de i5349 donde le alaba de erudito, 
de favorecedor de los sabios, de gratifícador de los poetas, aun 
de los malos, y particularmente de Mecenas de Erasmo. En 
Madrid, donde todavía se conserva la calle del Fúcar, dedicó 
también al conde Alberto Fúcar, el capitán Diego de Xaramillo 
sus Sueños^ y D. Bernardo de Yargas Machuca sus Ejercicios 



C78) 
^e la Úinéta el afio de t6oo. Pero tto debe callarse qne los Fá-* 
eares adquirieron la raaj^or parte de sus caudales á costa de 
España; como ha sucedido á muchos de nuestros actuales ca- 
pitalistas. 

Deseando Felipe II establecer uo plan fijo y económico pa- 
ra ia buena administración del real erario^ encargó á uno de 
¡>us consejeros que discurriese un arbitrio con que desempeñar 
la Real Hacienda, j cumplir sus obligaciones ordinarias j es— 
traordinarias. Diósele con efecto aplicable á muchos casos ; y 
quejándose del desarreglo que padecía la Hacienda en tiempo 
de la dominación austriaca, dice: ^^La insuficiencia de los mi— 
itnistros de hacienda, que no la han sabido gobernar y admi— 
nnistrar con providencia ha sido la destrucción délla, y ocasión 
>»de que se haja entregado á los Verceres, Affetalís, Fúcares y 
»>G¡noveses para que la hayan desperdiciado y dado en ella, co» 
»mo en real de enemigos, y puéstola en ei estado en que está* 
»>Es cosa cierta y sabida que «los alemanes no han traido á Es- 
>»paña un real, ni han respondido con otro en Flandes, Alema* 
»uia, ni otra parte, sino de lo que han ganado, cogido y lleva- 
ndo de las rentas y tratos que han tenido en España, y que los 
»Ginoveses no han traido un real á España, ni respondido en 
»>Ilalia ni en Besanzon , sino de lo ganado en los asientos, lo- 
»gros, cambios y recambios hechos sobre la Hacienda Real. » 

Entre los varios asientos que tenian los Fúcares en España, 
se contaban el de las minas de Guadalcanal y ei de la Mesa 
Maestral de las órdenes militares, y con el factor que adminis- 
traba la de Calatrava en Almagro, sucedió un caso, que por ha- 
ber sido verdadero, y el origen de otros que por su «stilo se 
cuentan vulgarmente, y copió el autor del Gil Blas de Santilla- 
na, se referirá aqui. ^ 

^Como los Fúcares ( dice D. Luis Zapata: Miscelánea: Biblio- 
teca Real: est. 11. cod. i34« 1^'- ^^)f nobles alemanes (cuya 
casa pasaron el emperador y el rey en Alemania } tienen tratos 
en España y en todo el mundo, sus ministros manejan mucho 
dinero; y asi ei que tienen en la corte, como ei que tienen en 
Almagro y en Llerena, tienen fama de muy ricos. A este acu^ 
tlió en Almagro un ladrón muy sotil y atrevidísimo» Hácese 
alguacil de la Inquisición, llama á dos familiares del Santo Ofi- 
cio, después de haberles pedido para una prisión muy grande 
favor y ayuda , va á casa de Juan Xelder, un autorizadísimo 
ministro de los Fúcares, y en llegando le dice: que sea preso 



(79) 
^or el santo Oficio. Eociérranle en una cámara al inocente muy 

turbado, y asimismo toda su casa^ y échaole la llave eucima. 
Manda llamar un escribano público, secuéstrale todos sus bie- 
nes, muéstrase majr pío j mujr dolorido á lo» llantos j la'grimas 
de su familia, promételes buen suceso, poníéodóles delante la 
usada misericordia del santo Oficio: manda traer un carro en 
que le lleven, y á los familiares que se aparejen ha&ta el primer 
lugar camino de Toledo; no deja que le hable nadie, j á él se 
le manda asi. ¥ olvidábaseme ahora lo que al ladrón no se le 
olvidó, que fue tomar un zurrón que halló mas á mano, ates- 
tado de escudos, suspirando por los reales que dejaba á mas no 
poder de llevar, diciendo, aunque le daban mes, que no lie* 
yaba sino dos mil escudos para el gasto del preso. En otro lu* 
gar cercano despide al carretero y los familiares; y págales.. •» 
Dice que va á Toledo á dar cuenta de lo hecho, déjale en casa 
de un honrado familiar y rico , encárgale qtie le tratase muy 
bien, sin comunicación ninguna y á buen recado, hasta que se 
le mande lo que ha de hacer del que quedaba alli; y él trasto- 
cando caipiuos, y mudándose hábito, liu jd con su dinero cuan« 
lo pudo. *^ 

''En tanto los que tenían á cargo á Juan Xeldcr, pasados dos, 
cuatro, seis, doce dias, hartos de tan estraordinario cuidado, 
in forma nSe del caso de raiz , entiéndese la verdad, dan al que 
estaba libre por libre con gran conteuto de todo el inundo d>e 
ver sin pena al qae estaba sin culpa; acuden con gran prieta 
para darla á quien la tenia, hállanle no lejos, como tiene tantas 
manos la justicia, tráenle á Toledo con gran regocijo de toda 
la ciudad, métenle por ella en un macho lleno de campauillas, 
entréganle á la Inquisición con casi todo el dinero que did bue- 
na cuenta con pago (que había gastado poquísimo} y por no 
remitirle á la justicia seglar , la Santa Inquisición por ser ma- 
yor tribunal el sujo conoce de su delito.*... Condénale á mu- 
chos azotes, y ciertos años de galeras. Había dado el dinero á 
un banco para que se le diese en Aragón; llega una posta pri- 
mero que él, espéranle a) lazo en Zaragoza, donde él y el dine- 
ro juntamente fueron tomados. '' 

( ai5 ) Hasta desencantarla. Gómez de Santisteban escri- 
bid esta historia, suponiendo que fue uno de los que anduvie- 
ron las Siete Partidas del mundo en compañía del infante Don 
Pedro de Portugal. 



(86) 

(Eopftttb nigcstmo icuatto. 

( 3i6 ) No dijera él una mentira si le asaetaran. Era có-* 
muQ entonces condenar á uno á ser asaeudoó á morir tra&pa- 
Mdo por saetas que le disparaban con arcos ó ballestas. ( V. 
las ñolas 1 14 j^ a8i tiel primer tomo). 

( 317 ) El Ovidio español que traigo entre manos ^ ( V. la 
nota 201 de este tomo* 

( a 1 8 ) Paciencia y barajar* Generalmente se dice que se in* 
ventaron los naipesen Francia en el ano iSgi paraladiversioadeL 
rev Carlos VI de resultas de hallarse atacado de una melancolía 
fatal; pero no tiene duda que su antigüedad es mucho major^ 
sin embargo de lo que dicen los PP, Meneslier y Daniel, ios au- 
tores de la Enciclopedia, el conde de Tressan y muchos otros 
autores. Los alemanes suponen que esta invención es macho 
m:iS antigua entre ellos; j Tiraboschi dice que se conociaa ya 
en Italia por los años lagg. De esto resultaría, como dice Mi- 
Ilin, que los italianos hubiesen conocido los naipes antes que 
otra nación alguna; y si ellos al mismo tiempo dieron ocasión^ 
como creen algunos, para el descubrimiento del grabado sobre 
madera, debe atribuirse igualmente á los italianos esta inven- 
ción. El citado Millin dice no obstante ^ que los naipes mas 
antiguos flo fueron ni grabados ni impresos, sino dibujados coa 
la pluma y pintados en miuatura. La primera indicación qae 
hallamos á lo meaos en Italia de los naipes, d cartas de jugar 
impresas, es en un decreto espedido por el senado de Venecia 
en i44ít en el cual se dice que habiendo decaido mucho la 
fabricación de las cartas y de las figuras impresas con moti- 
vo del gran número de las que se introducían de afuera, se pro- 
hibe la introducción de ellas* De esto parece resultar, que la 
invención y arte de fabricar los naipes debeser mujf anterior 
lal año i44*í P"®* y^ entonces este arte después de haber flo- 
recido se hallaba en un estado decadente* 

Las cartas del principio del siglo XV, algunas de las cuales 
se conservan todavía en un gabinete de Venecia, son mas gran- 
des que las ordinarias y de un cartón mas grueso parecido al 
papel de algodón de los manuscritos antigux>s. Las figuras es- 
tán impresas en campo de oro; jr se ven en ellas tres rcijed, 
dos mugeres , dos sotas , una de ellas á caballo, y cada fi<* 
gura lleva un bastón ó una espada, 6 bien una moneda. 



(80 
Xios colores parece están aplicados por medio de unos contra- 
moldes» 

£n el Memoria] portátil ó manual de cronología etc. leemos 
que el grabado sobre madera para los naipes estuvo en uso en 
la China desde el año de i lao^ y que las cartas son conocidas 
en £uropa desde mucho tiempo. Una ordenanza del rey san Luis 
de ia54 priva ja jugar á Jos dados y á los naipes. Otra del rey 
Cirios y de iSSg prohibía igualmente las cartas en Francia jun- 
to con otros muchos juegos. Aunque parece de esto que en Fran- 
cia estuvieron en uso los naipes antes de este príncipe; pero so« 
lo hasta el tiempo de Carlos VI principiaron á hacerse graba- 
dos y pintados. 

En Alemania se conocieron desde el principio del siglo XI V^ 
y los fabricantes de cartas formaban en ella varias corporacio- 
nes 8o años antes del descubrimiento de la imprenta. 

En España se conocieron también de muy antiguo, pues en 
los estatutos de la orden de caballería de Ja Banda fundada en 
i33i por D. Alfonso XI de Castilla, se prohibe á los caballeros 
de ella jugar á los naipes. Juan I de Castilla prohibid iguaU 
mente el juego de naipes y de dados en sus estados en iSB/. 

En el gran diccionario español de la Academia, se lee que las 
cartas de jugar ó naipes fueron inventadas por JNicolas Pepin, 
y que la palabra naipes se formó de las dos letras N.y P. ini- 
ciales del nombre y apellido de su inventor, y de la conjun- 
ción^. 

Otros autores suponen á los naipes una antigüedad mayor de 
tres siglos á la época en que comunmente se fíja su invención, 
haciendo derivar su nombre de mapa. 

En las eruditas notas con que ilustró Pellicer la historia de 
•O. Quijote, dice que entre los jugadores de Andalucía corria 
una especie de tradicioB, que suponia que lo&naipes fueron in- 
ventados por un tal Villan, acerca el cual andaban tres opinio- 
nes. Unos decían que era francés, porque los primeros naipes 
-vinieron de Francia i España: otros que era ñamenco, funda- 
dos acaso en que las damas de aquella provincia inventaron el 
juego de los cientos: y otros que era natural de Madrid, y con 
«ste motivo contaban la vida y hechos de este supuesto padre é 
inventor de los naipes, según las apócrifas memorias de los ta- 
húres. 

El mismo anotador dice que la palabra baraja es voz antigua 
castellana, que antes se decia baraia y barata^ que quiere de^ 
111. 6 



(8ay 
cir riña, conlicnda, disputa, confusión, des<5rden; j asi com^ 
se dice aliora "iibro de las cuarenta hojas*' se llamaba en el si- 
glo XVI <etatem mafiométicam^ latín tan fácil y admitido que 
lodos lo enteadiaa, j se llamaba con alusión á los 4^ años que 
dicen vivió Mahoma, j con efecto, inclusos los ochos y nueves, 
consta la baraja de 4^ naipes. 

En algunas barajas antiguas se pintaban mugeres en lugar 
de hombres sobre los caballos d palafrenes; y en algunas de An-» 
dalucía se pintaban cuatro cartas en figura de muchachos des- 
nudos, que eran el as de espadas, el as y el dos de bastos, j el 

as d< copas. 

En i54i, Enrique VIH de Inglaterra prohibid entre varios 

juegos el de cartas. 

En el Japón se prohibieron igualmente de muy antiguo. 
La baraja japonesa consta de 5a cartas, y son mas largas j 
estrechas que las nuestras. Las cartas usadas por los chinos son 
también en mayor námero que las nuestras y algo mayores^ 
cuyo juego se halla igualmente prohibido á los jóvenes y estu- 
diantes como una cosa inútil según dice el decreto. 

( aig ) Invención de las antigüedades, ( V* la nota aoi de 

este tomo). 

( aao ) En mas de cuatrocientos generosos pechoSé Todo 
induce á creer que el príncipe á quien alude es el conde de Le- 
ños, á quien dedicó esta segunda parle. {T, su dediado^ 

ria^, 

■ ( aa i ) Vestian de hojas de palma , jr comían raices de la 
tierra. Como S. Pablo, primer ermitaño, S. Antonio, S. Pa- 
comio y otros anacoretas de la Tebaida de Egipto. 

( aaa ) El público pecador. La profesión de ermitaño era 
en lo antiguo mas común y mas libre que lo es ahora, como 
que por eso dijo F. Melchor de Huela mo describiendo la vida 
de los gitanos "y aun no están muy desospechados desta vivien- 
da los ermitaños , que andan sobre su palabra, sin tomarles 
nadie residencia ni cuenta de su vida , sin jamas ganar indul- 
gencias ni jubileos, contentándose solameute con publicar los 
de sus ermitas para tener mas ocasión de dar entre ceja y ceja 
cofL la bacinilla ó platillo. En lo cual se habia de advertir con 
mucho cuidado, pues no es razón que con las espaldas y som- 
bra de las imágenes portátiles que traen compuestas para sus 
grangerías vivan una vida tan libertada y sin regla. '' 

En el siguiente soneto que copió Pellicer de la Biblioteca Real 



(83) 
«e ve la verdadera descrípcioo de otro ermitaoo picaresco tal 
€omo entonces se usaban: 

Maestro era de esgrima Campuzano 
De espada j daga diestro á maravilla, 
Rebanaba narices en Castilla, 

Y siempre le quedaba el brazo sano. 
Quiso pasarse á Indias un verano, 

Y riñó con Montalvo el de Sevilla : 
Cojo quedó de un pie de la rencilla. 
Tuerto de un ojo, j manco de una mano* 

Vínose á recoger á aquesta ermita 

Con un palo en la mano, y un rosario, 

Y su ballesta de matar pardales; 
Y con su Madaleaa, que le quita 

Mil canas, está hecho un San Hilario: 
Ved como nacen bienes de los males. 

( aa3 ) Contaré maravillas , ó cosas que por lo nuevo, es- 
traño ó admirable os maravillarán. 

( aa4 ) Encaminó el rucio 4 ella. La Real Academia en- 
mendó este pasage, poniendo llegasen d la erniita , en lugar 
de llegar á ella^ como decia en las ediciones anteriores. 

( aaS ) Pidiéndole de lo caro, (V. la nota a3a del tomo 4.*). 

(aa6) Gregiiescos y herreruelo. (^V. las notas 3 j 389 
del primer tohio, j la 17 del a.** ). 

( aay ) Zapatos cuadrados d uso de corte. Es decir, romos 
ó sin punta. 

( a38 ) Alguna ventaja. Llamábase ventaja entonces la 
pensión, sueldo ó asistencias que á mas del pre se daba á alga- 
nos jóvenes de mérito que entraban al servicio de las armas, 
los cuales por esta razón se llamaban soldados aventajados. Y 
de este nombre queda en nuestra, milicia lo que se llama escu- 
do ó premio de ventaja. Los soldados de ventaja venian á ser 
unos soldados distinguido's , ó como si dijéramos cadetes, que 
entonces ¡no se conocian. 

( aag ) Del tinelo. Es decir, del servicio de los grandes. (Y. 
la nota 73 del tomo a. ^}. 

( a3o ) Entretenimiento, Lo mismo que pensión, sueldo 6 

asistencias para pas&rlo mejor. 

( a3 1 } Catar iberas. Supone Pellicer que se daba est e nombre 

burlesco á los pretendientes de varas dealcaldes mayores cuja vi* 

da solicita^ afanada j escasa tal vez pinta con incomparable grar 



(«4) 

cia D. Diego de Mendoza ea uoa carta ms.^ que coa otras se 
guarda eo la Real Biblioteca. Csta voz catariberas se compo- 
ne del yerbó antiguo calar , que sigoíGica mirar , reconocer, y 
del sustantivo riberas} y significa propiamente el ojeador, re- 
conocedor ó esplorador de las aves que suelen hacer asiento en 
las riberas y lagunas y otros lugares pantanosos, como son los 
ánades, patos, chochas. Esta caza se llamaba cetrería, ó vola- 
tería, y era no menos usada de los reyes y señores que la de 
montería. Entre los oficios de la Casa Real habia el de caz¿idor 
mayor de volatería , y ademas de otros subalternos, habia ea 
tiempo de Felipe III diez catariberas^ non quince mil mará-» 
vedis de sueldo cada un año» Estos, como se ha dicho, anda- 
ban de ribera en ribera ojeando las aves; y por esta alusión lla- 
maban catariberas á los referidos pretendientes, por andar de 
lugar en lugar ejerciendo sus oficios. También era espresioa 
venatoria, ó perteneciente á la cetrería, la de volar la ribera^ 
que significaba salir á buscar las aves de ribera en ribera; y de 
ella usó el cura para decir que D. Quijote no permanecería ea su 
casa, sino que se desgarraría y saldría á buscar las aventuras. 
« Vos veréis, compadre, dijo al barbero , como cuando menos 
»lo pensemos nuestro hidalgo sale otra vez á volar la ribera.» 

( a3a ) Ración y quitación. La ración era la porción, parte 
6 pitanza que se daba al criado diariamente para su alimento, 
y la quitación el sueldo ó salario que se le pagaba para ía de- 
mas subsistencia. 

( a33 ) Librea. ( V. la nota i55 de este tomo ). 

( a34 ) Espilorcheria» Lo mismo que miseria, mezquindad. 

( a35 ) Dijo D, Quijote. Considerábase entonces como una 
cosa muy mezquina lo que ahora está admitido de quitar á los 
criados la librea cuando se les despedía, y era común una vez 
puestas acabarlas de romper los criados aunque dejasen deser- 
vir á los amos de quienes eran aquellas. El doctor Suarez de 
Figueroa reprendía en El Pasagero esta costumbre solo ob- 
servada por algunos señores miserables diciendo: "Miren pri- 
mero á quien dan las libreas; mas una vez dadas, tengan ani- 
mo para que las rompan los que se las pusieron , vayanse, 6 
quédense. Jamas los grandes señores reparan en esto; y así es 
propio de pelones, de ruines, de apocados." 

( a36) 'Emperador romano. El título de emperador no es 
sÍD(5nimo en este lugar de soberano 6 mooacca, sino de capitán 
ú (^ttdiUo. 



(85) 

El título de emperador^ imperator^ se deriva del latín im^e* 
rare^ mandar. Era un título de honor que recibía por aclama- 
ción de sus soldados un general romano después de la toma de 
una ciudad considerable ó de haber alcanzado una victoria cé- 
lebre^ en la que ios enemigos hubiesen perdido diez mil hom- 
bres: el senado confirmaba este título, y el general no lo deja- 
ba sino después da su triunfo. 'Cuantas victorias conseguian, 
tantas veces eran aclamados emperadores, j lo ponian en sus 
títulos. Augusto le recibió veinte veces por otras tantas victo- 
rias. £1 ejército de Tito le acordd dicho título después de la to- 
ma de Jerusalen; y este uso se conservaba aun en el reinado de 
Trajano. 

Bajo el imperio el nombre áe emperador pasd á ser sindni- 
mo de soberano, por la sagacidad que tuvo Aug|isto de reunir 
perpetuamente los poderes consular , dictatorial y tribunicio. 
Los que le obtenían eran llamados, imperatores^ tantas ve- 
ces como victorias conseguian sus ejércitos, aunque mandados 
por otros; por que se atribuian siempre á aquel bajo cuyos aus- 
picios se hacia la guerra. 

La dignidad de emperador fue hereditaria bajo los tres prime- 
ros sucesores de Julio César, á saber. Octavio AugustOf Tibe- 
rio y Calígula; pero después de la muerte de este último pasdá 
ser electiva. Claudio fue proclamado emperador por los solda- 
dos de la guardia pretoriana, y después de este tiempo las le- 
giones se arrogaron el derecho de darse el soberano, de modo 
que un simple soldado fue muchas veces honrado con su elec- 
ción, y elevado á la suprema dignidad. 

( a37 ) Verendo. Célebre poeta cómico latinOf de quien nos 
quedan seis comedias. 

(a38} Mejor le está oler d pólvora que d algalia. Para 
manifestar cuan mal están los afeites y la afeminación al sóida* 
do. Llámase algalia un perfume ó sustancia de un olor muy 
fuerte algo parecido al almizcle que lleva el gato de algalia, y 
de la que se sirven .los perfumadores para preparar aguas, pol- 
vos y pomadas. 

(aSg) El primo y Sancho, En las ediciones antiguas de- 
cía el sobrino y Sancho^ y conocida la equivocación por Pellicer 
y la Real Academia se puso como ahora está. 



(«6) 

Capítulo msieím qumío. 

( Q^o .} Dadme albricias» ( V » la nota 9 1 de este tomo ). 

( a4i ) La gracia del otro en el rebuznar. Empeñado Pe*. 
Ilicer ea que Cervantes tuvo presente y se propuso imitar ef. 
Asno de oro de Apulejro en la composición del Qnijotey indi- 
ca que este cuento se parece y le tomaria de otro que Apulejo 
refiere en el lib. VIH. Ciertos mozos de una aldea, á quienes^. 
habian hurtado un asno andaban buscándole con suma dili- 
gencia, cuando ojerou un rebuzno, y era este del mismo Apu- 
\eyOf convertido en aquel animal, que estaba sirviendo en un» 
casa donde unos falsos sacerdotes de la diosa Sjria cometiai». 
varias obscenidades, y queriendo dar parte, se esforzó á decir: 
Oh, romanos; mas no pudiendo pronunciar esta pialabra, pro», 
rumpid en el rebuzno atronador de O. O^ Creyendo los mo« 
zos que era el de su asno perdido, entran impetuosamente cu- 
ta casa, donde sorprendieron ínfraganti ú los delincuentes. 

( 2^2 ) Todo vestido de carnuza, LéO mismo que de gamuza.. 
Especie de cabra montes de cuyas pieles adobadas se bacian 
y aun se hacen calzas, jubones, etc. Es el diminutivo de gamo, 
como dice Covarrubias. 

( atf 3 } La libertad de Melisendra dada por el famo$o D.. 
Gaiferos, Desde la edición de Pellicer se añadió en esta cláu-. 
suia la palabra libertad en algunas, y en otras se ha puesto la 
libertada^ etc. 

( a44 } ^on compaño. ( Y. la nota i47 del 4*^ tomo ). 

( a45 ) f^oto arrus. Este juramento seria tal vez á Rus, señor 
de un castillo que hubo en la Mancha, y todavía se conserva ea 
la misma provincia un pueblo y un arroyo de este mismo nombre. 

( a46 ) Levantadores, Llama el vulgo levantadores á. los que- 
ejercen el supersticioso y ridículo arte de la astrología judicia-. 
ria para saber y adivinar las cosas futuras por la observación 
de los astros. Y esta superstición casi del todo abandonada aun 
del bajo pueblo, fue ejercida y practicada por personas distiu"' 
guidas y de instrucción mas que mediana. Gerónimo Cardano)^ 
célebre médico, escribió en Italia un grueso volumen De nati" 
vítatibuSy y en España juntó otro médico llamado Plaza una coi* 
lección en latin de sucesos trágicos acaecidos en fuerza del as-i 
pecto de los astros desde el año de 1664* 

( 9^7 ) Lfí hacían vistQSO y resplandeciente* $6 llamaba^» 



($7) 
reiMos de las marapíüas por las cosas qoe en ellos se mostra- 
bao 6 por las que se referian, j resplandecíeates porque se ador* 
naban con una multitud de candelillas 6 luces para mejor alu- 
cinar á los espectadores. Y no solo se llevaban por los pueblos 
sino que se sacaban en los teatros y corrales en donde se repre- 
sentaban las coniediaSf como refiere el mismo Cervantes en el 
entremés del Retablo de las maravillas. ^'Yo^ señores^ diceChan* 
falla , soj Montiel el que trae el Retablo de las maravillas^ han* 
me enviado á llamar de la corte los señores cofrades de los hos- 
pitales, y con mi ida se remediará todo.!' De estos titereros decia el 
licenciado Vidriera que era gente vagamunda, y que trataba con 
indecencia de. las cosas divinas, porque con las figuras que mos* 
traban en sus retablosvolvian la devoción en rísa^ j que les acón* 
tecia embasar en un costal todas 6 las mas figuras del Testamenta 
yiejo y nuevo, y sentarse sobre él ¿ comer y beber en los bo<«* 
degones y tabernas.^' 

( a48 } Trujamán , 6 tur giman , que es como llaman lo4 
árabes y persas al intérpí ete, que nosotros por corrupción de-« 
nominamos trujamán^ y mas comunmente dragomán* 

( a49 } Callaron todos Tirios jr TrojranoSx 

Conticuere omnes^ intentique ora tenebanlm 
Imitación festiva , 6 mejor traducción del primer verso del 
|¡b«^ a.® de la Eneida. 

( aSo ) Jugando está á las tablas D. Gaiferos 
Que ja de Melisendra está olvidado. 
Cuando el famoso Carlos y Oliveros 
A ver el juego juntos han entrado^ 
Con otros valerosos caballeros 
De aquellos de los doce, que á su lada 
Jugaban, y á su mesa los ponía. 
Porque esto su valor lo merecía. 
Siguen á esta octava otras seis refiriendo la libertad de MeK'-« 
sendra cautiva del rey Marsilio en la Al jaferia de Zaragoza, etc^ 
(aSi) Harto os ¡10 dichoj miriuUo* 
La copla entera de este romance compuesto por Miguel San-» 
cbez, poeta cómico que por sn mérito fue llamado el Divino^ 
dice asi: 

Melisendra está en Sansueña, 



(88) 
'Vos en París descuidados 
Vos amante, ella muger: 
Harto os he dichOf miradlo. 

(aSa ) Su espada durindana. En las anotaciones 39, l^Z^ 
45, iiif iSifj 206 del primer tomo hemos hecho mención de 
algunas espadas celebres. De la Durindana , dice cl cele** 
bre historiador Turpin ( V. la nota 53 del primer tomo) que 
era de hermosísima bechura, de un filo incomparable, y de una 
fortaleza inflexible. Se la daría quizíS el nombre de Durenduj. 
que es como él la^ llama, por su dureza ó fortaleza. 

Algunos franceses llamáronla la durandnl^ y los italianos du- 
rindana^ que es como mas comunmente la denominan nues- 
tros romanceros. En la historia de Garlo Magno se lee que el fa- 
bricante de esta decantada espada se llanaba Munificans. Curio- 
80 es también el lance de cuando Oliveros habiendo perdido su 
espada en combate singular con el gigante Fierabrás, se apo- 
deró luego de otra de su enemigo llamado Baptizo. 

( i53 ) Pero el valeroso enojado. Supone Pellicer que dc- 
beria escribirse valeroso Enojado^ porque Enviado es un ad-» 
jetivo sustantivado, que supone por Gaiferos, como la misma 
voz Enojado^ supone por el valiente Repolido en aquella copla 
que le cantó la Cariharta en la novela de Rinconete j Cortadillo:. 
Detente, Enojado, 
No me azotes mas. 
Que, sí bien lo miras, 
A tus carnes das. 

En algunas ediciones se han tenido estas dos voces por do'- 

adjetivos, y se ha acentuado el artículo él, para que supusiese 

como pronombre por Gaiferos, leyendo: pero el valeroso eno~ 

jado no le quiere aceptar; con lo que se destruye la gramática. 

( a54 ) y envaramiento detras» Es decir coi> el pregone- 
ro ó trompetero delante que publica ó chilla la sentencia , y 
con los alguaciles que con sus varas suelen ir detras. 

( a55 ) Como entre nosotros. Con mas estén sion refiere el 
mismo Cervantes este modo de procesar de los moros, en la 
novela del Amante liberal. Despachó, dice, las causas el cadí 
sin dar traslado á la parte, sin autos, demandas, ni respues- 
tas: que todas las causas, sino son las matrimoniales, se des- 
pachan en pie y en un punto, mas á juicio de buen varón, que 
por lej alguna. Y entre aquellos bárbaros, si lo son en esto , el 
adl es el juez competente en tod«s las causas, que las abrevia 



(89) 
en la uña) j las sentencia en un soplo, sin qne ha já apelación 

dé su sentencia para otro tribunal.'' 

( a56 ) Capa gascona* Govarrubias e n su tesoro de la len - 
gua castellana, artículo Gabán, dice que era una capa con ca- 
pilla puntiaguda propia de aldeanos, pastores j viajantes, j se- 
fia seguramente como las que usan aun nuestros pastores y. al- 
gunos arrieros. 

( aSy ) Es la mesm a de Z>. Gaiferos á quien su esposa es- 
peraba etc. Todos los sucesos de Gaiferos j libertad de Meli- 
sendra están conformes, como ja lo observóla Academia, con 
los romances caballerescos del Cancionero de Amberes y la Sil- 
va de Romances. Pellicer y luego la Academia conocieron que 
faltaban en esta cláusula el tiempo de verbo esperaba y la par- 
tícula conjuntiva j", que añadieron para que no quedara Irunc»' 
do el sentido. 

( a58 ) Caballero, si á Francia ides 

Por Gaiferos preguntad, 

Decilde que la su esposa 

Se le envía á encomendar: 

Decilde que si es ya tiempo 

De me venir á sacar 

Desta prisión tan esquiva, 

Do vivo con soledad. 

(aSg) Semejantes caballerías* 

Góngora escribid un romance burlesco á este, pasage , cujas 

primeras coplas dicen: 

Desde Sansuena á Paris, 

Dijo un medidor de tierra. 

Que nohabia un paso mas 

Que de Paris á Sansuena. 

Mas hablando ja en juicio, 
Con haber quinientas leguas 
Las anduvo en treinta días 
La señora Melisendra. 

A las ancas de un polaco 
Como Dios hizo una bestia: 
De la cincha allá frison 
De la cincha acá litera. 

Llevábala D. Gaiferos 
De quien habia sido ella 
Psira (o de Dios esposa, 



(90) 
Pan lo d« amor cadena. 

GoDtemple coalqníer crístiana 

Caal Uevaría la francesa 

Lo qae el griego llama nalgaá^ 

Y el francés asentaderas. 
Caminaban en veraoo, 

Y pasábanlo en las mentas 
LfOS dos nietos de Pipíno 
Con su abuelo jr agua fresca. 

( a6o } Los de Nestos. Es decir los anos de Néstor. Era 
te hijo de Neleo j rey de Pilos ciudad de la Arcadia en el Pelo- 
poneso. Después de haberse salvado de las manos de Hércules^ 
en las que perecieron todos sus hermanos^ hizo la guerra á los 
Epeos, llamados después Eleos. En las bodas de Piritoo com- 
batió con los centauros que querían arrebatar á Ipodamia. Su 
edad avanzada no le impidió salir para la guerra de Troja jun- 
to con los otros príncipes griegos^ á quienes fue mujr útil por la 
sabiduría de sus consejos; en tanta manera como que Agame- 
nón decia que con tal que hubiese diez Néstores en el campo se 
apoderaría de Ilion en inuj poco tiempo. Su elocuencia era tan 
dulce y persuasiva que Homero dice que cuando hablaba de &ua 
labios manaba miel. Había casado con Eoridiche) hija de Cli- 
mene, de la que tuvo siete hijos y una hija según lo escribid Ci- 
cerón á Ático. Homero dice también que vivió tres siglos, y por 
eso los años de Néstor pasaron á proverbio de una granda 
fincianidad ó larga vida. 

( a6i } Átomos el sol, fista crítica oportunísima en tiem- 
po de Cervantes no ha dejado de serlo todavía en nuestros tiem- 
poSf y sino díganlo los que frecuentan nuestro teatro y asisten. 
A la representación de ciertas composiciones dramáticas , mode- 
lo de mal gusto, escuela de nueva moral, y recopilación de des^ 
propósitos é inverosimilitudes. 

Lope de Vega había dicho en su arten^evo de hacer come-^ 
días: 

Como las paga el vulgo, es justo 
Hablarle en necio para darle gusto: 
cuja máxima tienen muy presente muchos de los nuevos com-. 
positores de este género. ( ^. la nota 1 7a del a.^ tomo ). 

( a6a ) ^e le haga superchería. Es decir, no permitiré que 
siendo él solo le acometan muchos á un ticnip<^ mismo, que es» 
\o que se llam^ 8U|».ercher(8. 



(90 

C a63 } Que es mia». El romaace de cdmo perdió á Espa na 

el rej D. Rodrigo , del que entresacó D. Quijote los versos 
que cref ó hacían para el casoy esplica este suceso con mas es- 
^nsiou: 

Llorando de Los sus ojos 

Desta manera decía: 

Ajrer era rej de España^. ' 

O y no lo soy de una villa: 

Ajrer villas y castillos, 

O y ninguna poseía: 

Ajer tenia criados 
• Y gente qne me servia, 

Oy no tengo una almena 

Que pueda decir que es mía* 

dTapftulo xit0^i9tmo séptimo. 

( a64 } Como se ha contado, (V. el cap. 3 de la a.* parte)., 

( 265 ) y llenaba sus escueros. Llamábanse asi unas bol- 
sas que se llevaban en lo antiguo colgadas al costado, y que. 
usaban hombres y mugeres. Los primeros solían llevar en ellas, 
la piedra y yesca, la navaja y también el dinero, y las mugeres 
las llaves de la casa, el alfiletero, y otros avíos raugeriles. Lia-, 
mábanse entonces estas bolsas Escarcelas^ y de ellas tomaron^ 
el uso de los llamados ridículos ó bolsas que llevan nuestras, 
mugeres. 

La escarcela fue también entonces una parte de la armad u**. 
va militar y consistía en una bolsa de cuero que colgaba de la. 
cintura, en la que llevaban los caballeros el dinero, los avíos, 
de encender, ciertos papeles, etc; de la que ha quedado todavía, 
entre nosotros el uso del porta pliegos que llevan los edecanei^ 
de los generales etc. 

a66 ) Al principio pensó. que algún tercio de soldados,.,, 
armados de diferentes suertes de armas como si dijésemos lan*^ 
zoneSy ballestas^ partesanas^ alabardas j- picas^y algunos ar-^ 
cabuces y muchas rodelas. El tercio era un cuerpo de tropas 
en que se hallaba dividido el ejército español en el siglo XVL 
La fuerza del tercio tuvo varías alteraciones; pero á principios 
del siglo Xyil se fijó tf doce compañías, y cada una de ellas de. 
doscientos cincuenta infantes, inclusa la plana mayor que se 
^PAiponia de un capitán, un page, un alférez, un abanderado i^ 



(90 

an capellán) ua sargentOf dos tambores^ un barbero ^ y doscien- 
tas cuarenta / una plazas. Los tercios que se formaban faera 
de España tenian quince compañías de doscientos hombres tía— 
da una. El tercio le mandaba un maestre de campo y un sar- 
gento mayor, y ú falta de estos el capitán mas antiguo. £1 ter- 
cio equivalía á un regimiento. 

El iauzon era una lanza corta y gruesa con un rejón de hier- 
ro anchoyjargo. Con la ballesta podían arrojarse balas, fle- 
chas / dardos. ( K la nota lag del a.° tomo ). Las partesanas 
eran una especie de alabardas de dos varas de largo con el hier- 
ro en forma de cuchilla de dos cortes, y en el estremo una co- 
mo raedi-i luna. Era la insignia délos cabos de escuadra de in- 
fantería. En el día se usa todavía en Ceuta por las ordenanzas 
de losgefesdela plaza para llevar jr comunicar las órdenes^ sia 
cujro distintivo no son obedecidasí paralo que se conservan al- 
gunas en los cuerpos de guardia. Las alabardas eran de unos 
seis á siete pies de largo con un hierro de dos palmos en su es- 
trem?, ancho de unos dos dedos que va terminando en punta. 
Hállase atravesado este hierro por otro en forma de cruz, ter- 
minado por una punta aguda por una parte, y con la de una 
media luna por la otra. En algunas naciones es todavía la in- 
signia de los sargentos, y en España el arma privativa de una. 
guardia de palacio de nuestros reyes llamada por esto de ala- 
barderas. L^ pica , larga como la alabarda, terminaba en un 
hierro sencillo de unas diez y ocho pulgadas de largo con tres 
filos ó cortes, y solia usarla la infantería, principalmente para 
resistir al ímpetu de los escuadrones de caballería. Acerca los 
arcabuces V. lo que dijimos en la nota 270 del primer tomo. 
Las rodelas eran unos escudos que por ser enteramente redon^ 
dos se llamaron rodelas, y solian ser muy ligeros. 

( 267 ) Uk asno como un pequeño sardesco, Llá manse sar- 
descos los asnos muy pequeños, como suelen serlo los de Cer^ 
deña, de la que tomaron el nombre. 

( a68 ) Un alcalde como un regidor, Parécese esta pullat 
como lo notó ya Pellicer, á la que se lee en el Persiles y Se- 
gismunda, que enviando un alcalde al pregonero por dos asnos 
para pasear en ellos y dar azotes á unos vagabondos, yolvió 
con esta respuesta: "Señor alcalde, yo no he topado en la. plaza 
»asnos ningunos, sino á los dos regidores Berrueco y Crespo, 
»qne andan en ella paseándose.Por asnos os envié yoj majadero, 
}»que no por regidores; pero volved, y traedlos acá por sí ó por 



(93) 
»DOf que se hallen presentes al pronunciar de esta sentencia) 
»que ha de ser sin embargo, j no ha de quedar por falla de as- 
anos, que gracias sean dadas al cielo, hartos haj en este lugar.^' 
( 369 } No tiene la lengua padre^ ayo ni freno que la cor-^ 
rija» Lo que did lugar á este célebre desafío puede verseen la 
nota 3.* del a.® tomo. 

En un romance antiguo sacado de la crónica del Cid se hace 
prolija mención de las circunstancias 6 fórmula de este caballe- 
resco reto ó desafío. 

Ya cabalga Diego Ordoñez, 

Del real se había salido 

De dobles piezas armado 

En un caballo morzillo. 

Ya á reptar los zamoranos 

Por la muerte de su primo, 

Que matd Bellido Dolfos, 

Hijo deDplfos Bellido. 

Yo os repto, los zamoranos, 

Poi( traidores fementidos: 

Repto á todos los muertos, 

Y con ellos á los vivos: 
Repto hombres y mugeres, , 
Los por nacer y nacidos: 
Repto á todos los grandes, 

A los grandes y los chicos, 
A las carnes y pescados, 

Y á las aguas de los ríos, etc. 

(ayo } Cazoleros , ó cazalleros : apodo que el vulgo daba 
Á los de Yalladolid por Agustin de CazaJla natural de aquel 
pueblo que fue ajusticiado en él. 

(371) Berengeneros, Covarrubias en el artículo Reren- 
gena de su Tesoro de la lengua castellana, dice que se aplicaba 
á los toledanos. 

( aya } Ballenatos, Los madrileños. 

( ayS } Jaboneros, Créese que eran los de Getafe. 

( 274 ) El cumplirla. Esta proposición, si bien muj cató- 
lica es contraria á la que escribid después el célebre Ipre, obispo 
de Leoo. 

(ayS) Jlongcído atendióle. Alongado lo mismo que 

alejado, y atendióle igual á esperóle ó aguardóle. (^. la nota a5 
del primer tomo ). 



(94) 
( 37^ ) ^ trofeo* Derívase del latió (ropkoeum^ cuja raiz 
griega equivale á poner en fuga 6 ahojentar. Los trofeos en 
su origen no eran más que troncos de encina revestidos de los 
despojos 6 de las armas de los vencidos, es decir, de una cora- 
za, de un casco y de un escudo. £1 trofeo se erígia inmediata- 
mente después de la victoria en el campo de iMtalla. Esta cos- 
tumbre pasó de los griegos á los romanoSf y se cree que fue 
introducida entre ios últimos por Rdmulo.' Después se pensó^en 
hacer llevar ios trofeos delante del carro del triunfador. A fin de 
hacer mas duradera la gloria del vencedor , se discurrid luego 
erigir estos trofeos ó monumentos de piedra, de marmol ó de 
otra materia sólida. El primer monumento ó trofeo de que 
hace mención la historia romana, es el que erigió C. Flaminio 
en el año 53o de Roma. Era de oro, y se colocó en el Capi- 
tolio. Pero los mascélebre8/ro/eo5que hubo en Roma, fueroa 
los dos que Mario erigió en memoria de sus dos victorias, la una 
alcanzada sobre Yugurta, y la otra sobre los cimbrios y los 
teutones. Eran de mármol, y fueron colocados en la quinta re- 
gión de Roma llamada Esquilina» Las columnas Trajana j An- 
tonina y la major parte de los arcos y otros monumentos erigi- 
dos por ios antiguos son unos verdaderos trofeos. 

dtapüttlo oigedimo ortaoo* 

( 377.) Superchería. (Y. la nota a6a de este tomo )• 

( 278 ) Per signum crucis^ con un alfange: es decir, ha- 
<cerle un corte en la cara ó partírsela de un sablazo. (A^. la nota 
%¿^del 2.*^ tomo). 

( 279 } Tomé Carrasco, En el cap. 2 de esta misma parte 
:se le llamó Baitolomé Carrasco. La Real Academia observó ja 
'que esta variedad podrá provenir ó de la falta de memoria de 
Ss^ncho, ó de la costumbre que se observa en muchos pueblos 
de nombrar á algunos por la última terminación ó sonsonete 
Áe su nombre. 

( 280) Malandrín^ follón^ vestiglo. (V. las notas 34) 63, jr 
i5i, del 2.° tomo). 

( 281 } Mamonas selladas en mi rostro. Vulgarmente se 
toma por una postura como dice Covarrubias de los cinco dedos 
de la mano en el rostro de otro y por menosprecio solemos decir 
ie hizo la mamona. Y. en el mismo su etimología. 

( 28a } Del famoso Ebro. Este caudaloso río de España 



(95) 
Hace en los montes de Castilla, junto á los de Asturias cerca el 
pueblo de Fontibre ; nombre corrompido que significa fuente 
del Ebro; y[despues de pasar por Navarra, Aragón, Cataluña, y 
de baber recibido otros mucbos ríos, algunos de ellos bastan- 
te considerables , desagua en el Mediterráneo mas abajo de 
Tortosa. £1 Ebro Iberas en latiu , que corre una distancia de 
cerca i lo leguas, dio el nombre de Iberia á la España. ' 

Capitulo otgtétmo nona. 

( a83 ) Este es el estilo de las historias caballerescas* Como 
por ejemplo, estando un día Araadis cazando en las faldas de 
un monte cerca de la marina, y teniendo por la trailla un muy 
hermoso can quél mucho amaba ^ miró 'contra la mar^ y uió 
de lueñe venir un batel la uia donde él estaba. Es verdad que 
no venia solo, porque venia en él Garioleta , gobernadora de 
la pequeña Bretaña, á pedirle que la hiciese vengada del gi- 
gante Balan, señor de la insola de la Torre Bermeja, que le 
habia muerto á un hijo« Va Amadis á esta aventura, y vence^ 
aunque con gran peligro de su vida, á Balan, el gigante mas 
brauo y mas fuerte de todas las insolas, 

( 284 ) Adonde es menester su ayuda. Muchas son las 
aventuras de barcos encantados que se leen en las historias ca- 
ballerescas, y Pellicer cree que tal vez jpudo aludir D. Qui- 
jote á la de aquella doncella andante que fue en busca de D. 
Olivante de Laura y Darisio, y caminando juntos ^'no mujr 
lejos de sí vieron estar un barco, que con ^na cadena de un 
árbol en la ribera estaba atado, y apeándose la doncella de su 
palafrén volviéndose á D. Olivante le dijo; caballero, es menes- 
ter que ^n este barco os metáis. Olivante apeándose de su ca- 
ballo, y asimismo Darisio, se metieron dentro^' etc. 

( a85 } Si me lo pidiesen frailes descalzos, (V. la nota 43 
del a.*' (orno). 

( a86 ) Se pescan las mejores sabogas. Pescado mujr rico 
parecido al Sábalo del que quizá se deriva su nombre. 

( 287 ) Montañas rifeas, Coldcanlas algunos al N. de la 
Escitia , al paso que otros creen que solo han existido en la 
imaginación de los poetas. Suponíase que en ellas vivían las 
gdrgonas. Llámanse también montes hiuperbdreos. 

( 2188 ) Astrolabio, El astrolabio de mar es un instrumen- 
to de que se sirven en los viages marítimos {^ara tomar la altura 



(9«) 
del polo ó de ios astros. Alguaos atribuyen la intención del 

astrolabio á los médicos judíos llamados Roterico j Jusáe, 
establecidos eu Lisboa, y protegidos por el rey Juan I[. Pero 
como entonces los judíos tenian las relaciones mas estrechas 
con los moros , los que se cree hacia n ya uso del astrolctbio^ 
único instrumento que aun eu el dia los sirve en sus navega- 
ciones, es probable que estos médicos le hubiesen conocido ó 
recibido de los moros, los que habían tomado de los griegos el 
nombre y el uso de este instrumento. 

( aSo ) La linea eqiiinocial que divide y corta los dos con" 
trapuestos polos en igual distancia. Se llama ecuador 6 linea 
equinoccial el grande círculo del globo terrácueo equidistante de 
los dos polos, por que divide^^la esfera en dos partes ó emisferios 
<$ porque cuando el sol se halla en este círculo los dias y las 
noches son iguales ó de una misma duración. 

(ffopítulo tn5e6Ím0. 

(390) Cazadores de altanería^ lo mismo que con aves 
de presa ó de rapiña, de cuyo noble ejercicio, que se llama 
cetrería, hemos tenido ocasión de hablar en otras anotacio* 

nes. 

( 291 ) jizor. Ave de presa del mismo género que el gavilán. 
(292) El Jiguro sea el de los leones. Este confuso pasage 
en la edición original se deja asimismo , queriendo mas re- 
putarle , como hizo Pellicer , por una patochada de Sancho, 
que parece juega con las voces Jiguro y Jiguron^ que enmen- 
darle del modo que se ha hecho en otras ediciones, donde se apli- 
can estas palabras al Duque, debiendo aplicarse á Sancho 
Panza, pues aquel no vuelve á hablar hasta que, adoptando la 
corrección de este, dice Cervantes que prosiguió^ esto es, la 
oración que dejó pendiente de: uenga el caballero déla triste 
figura) y por eso en la primera edición precede un punto final 
al verbo Prosiguió^ 

( 293 ) y tal escudero andado. Los Duques, de quienes 
se trata en este capítulo y en los siguientes, son fingidos en la 
opinión de Cervantes , d á lo metios anónimos pues en este 
mismo capítulo se dice de la duquesa: cuyo titido aun no se 
sabe ; y en el cap. LII se lee que el sobrescrito de la carta 
que escribió Teresa Panza, decía : Carta para mi señora Id 
duquesa tal , de no sé donde.. 



^97) 

5iii embargo de esto^ cree Pellicer qae las lejes de la geogra- 
fía y cronología seguidas en esta ¿istoriaf obligan^ reputar por 
verdaderos j efectivos á estos señores. Consta que e^tas aven- 
turas de |Dop{Qu¡jote sucedieron en el reino de Aragón. Dios 
toado (decia O.* Rodriguez^^la dueña de la duquesa} mí a/ma 
me tengo en las carnes ^jr todos mis dientes jr muelas en la boca 
amen de unos pocos^ que me han usurpado unos catarros que 
en esta tierra de Aragón son tan ordinarios. Mas adelante se 
lee : aunque uuesa merced me ve sentada en esta silla ^ y en 
la mitad del reino de Aragón^ y luego dice la misma dueña: 
mi señora la duquesa que estd recien casada con el duque mi 
señor quiso traerme consigo d este reino de Aragón. Pasaban 
pues estos sucesos en Aragón^ y en el año de i6i 4» según consta 
de la carta que el gobernador Sancho Panza escribid á la go«- 
bernadora su muger. Deste castillo ( dice la fecha } á veinte de 
julio de x6e4* De modo que aunque la intención del autor 
hubiese sido otra-, ñjó los tiempos y los Jugares con tal pun- 
tualidad, que la relación de estos sucesos debe aplicarse preci- 
samente á 4inos señores, que viviesen en el reino de Aragón ó 
principios del siglo XVII. 

Habia entonces en a^uel reino los duques de Luna que lo 
eran también de Villa-hermosa , y condes al mismo tiempo de 
Ribagorza : todo lo cual lo eran muchos años habia ja. En 
cuanta al duque de Hijar que desasó su antiguo título de du- 
que, dice Berni, que el señor />• Felipe III erijió segunda uez 
en ducado la villa de Hijar en mayo del año de i6i4* Por 
otra parte las escenas de las aventuras de D. Quijote convienen 
mejor á los duques de Villa-hermosa. 

Todas estas aventuras le sucedieron á -nuestro andante man* 
chego jendo desde Castilla á Zaragoza con intención de hallarse 
en las justas del Arnés , y por consiguiente antes de llegar á 
aquella ciudad. Llega en'efecto á la orilla occidental del Ebro, 
Te un barco que estaba atado en ella al tronco de otro ; y se 
embarca en él para socorrer á la princesa, á quien creía tenian 
oprimida en las aceñas los malandrines y follones de los moli- 
neros. Acabada esta aventura, vuelven D. Quijote y Sancho á 
donde hablan dejado atadas las caballerías, y se retiraron del 
famoso rio , esto eSf se retiraron tierra adentro, 6 caminaron 
por los lugares situados en la misma orilla occidental del Ebro, 
donde al salir de una selva encontró D. Quijote unos cazadores 
At cetrería : estos eran los duques que le llevaron á una casa 
111. 7 



(9») 
de placer que alli tenían. Esta casa constaba de un castillo ó 
palacio^ de jardín y de bosque para la diversión de la cata, y 
es natural que no lejos de alii eiluviese el lugar de la residencia 
ordinaria de los duques., Todo esto, repito , estaba antes de pa* 
sar el £brO| porque, aun después de concluidas todas las aven- 
turas del castillo, y de despedido D. Quijote de sus buéspedes, 
dice la bistoria que enderezó su camino d Zaragoza* 

£n esta situación está puntualmente la villa de Pedrola, resi- 
dencia ordinaria de los duques de Viila-bermosa ; y cerca de 
ella labró una casa de placer^ con un bosque ^ jardines y es^ 
tanques de mucho recreo D. Juan de Aragón, duque de Luna, 
y de Villa*bermosa, conde de Ribagorza, virej de Ñapóles. Gl 
duque D. Alonso, su bijo y sucesor, edificó en este palacio ua 
colegio 6 convictorio para retiro y recogimiento de doncellas 
nobles, y le llamó el palacio de N.* S/ de Buenavia ó del Buea 
Camino, acaso por pasar por alli el de fiorja, Tarazona y Na^^ 
yarra. En este xsolegio, que se estinguió después , se retirarou 
cinco bijas de las once que tuvo el duque D. Alonso. Una de es- 
tas se llamó Adriana , cayo nombre le impuso el papa Adriano 
yi que la bautizó con ocasión de haberle bospedado su padre 
en Pedrola al tiempo que nació, y con estos dos tan plausibles 
motivos celebró el duque unas suntuosa s fiestas. Otra de estas 
hijas fue D.* Marina de Aragón , dama de la emperatriz D,* 
Isabel, aquella tan celebrada de hermosa por D. Diego de Men- 
doza en sus poesías, que habiendo enfermado, se retiró de pa- 
lacio Á Pedrola, donde murió en la flor de su edad, desposada 
por poderes con el duque de Alcalá. 

Los duques que hospedaron D. Quijote , Se debe suponer 
por consiguiente que fueron D. Carlos de Borja , conde de 
Ficallo , y D.* María de Aragón, séptima duquesa de Villa- 
hermosa, con quien casó. Esta señora fue bija del duque Don 
Fernando, y de una nobilísima señora alemana, llamada D.* 
Juana Übernstein, y vulgarmente Pernestan. Vino D.* María 
en compañía de su madre de Zaragoza á Madrid por los años 
de I Sga de resultas de los sucesos del secretario Antonio Pérez. 
Entró en palacio á servir de Menina á la reina, y el canónigo 
Argensola escribió un soneto, ponderando su hermosura, cuan^ 
tío saliendo de Menina se calzó chapines^ y aunque por lo 
común vivieron en Castilla, basta que estos duques hubiesea 
pasado algún verano en Pedrola y en la CMSa de placer de Bue- 
navia parala.yerosimil¡tud de las aventuras de D. Quijote. 



(99) 

Sopitub txi%iéxmo ptímero. 

X ^94) ^'^ reverenda dueña* Por lo eomuD las dueñas d« 
las casas de ios grandes eran YÍudasrespelableSf de alguna edad^ 
-encargadas de la dirección y vigilaucia de Ufl criadas ó cama- 
reras jóvenes, y otras veces era la dueña el aya 6 directora de 
las señoritas de la casa. Su trage era serio^ con tocas y manió 
parecido al que' suelen vestir á N.* S.* de los Dolores en algo- 
nos pueblos. En palacio habia varías clases de dueñas encar- 
gadas de atribuciones particulares, á sabec, las dueñas de honor^ 
que eran las que ahora llamamos camaristas de la reina; dueñai 
de retrete, las que cuidaban particularmente de las cosas del rejr¿ 
dueñas de medias tocas, que eran de clase mas inferior, etc. 

(agS } Zahorim Persona á la que se la supone la imaginaría 
virtud de descubrir todo lo que está oculto y aun escondido 
•debajo tierra. 

( 296} Juglar** Los griegos y romanos tenian sus juglares 
encargados de divertir al pueblo con sus monadas y retrueca- 
aos en diversas funciones públicas. 

£n el triunfo de .Scipion el Africano los reyes y generales 
vencidos caminaban delante de «u carro cargados de cade- 
aas, y con la cabeza raida en señal de su esclavitud , y dos 
ó ires' juglares igualmente encadenados y vestidos de mag- 
níficas ropas remedaban con sus mitnos y gestos á estos des- 
graciados cautivos para divertir al pueblo , lo que demuicstray 
como dice un sabio, que estos decantados romanos tenian unos 
sentimientos indignos de los hombres. 

Desde el principio del siglo IX se introdujeron los juglares 

«en las cortes de los reyes para divertirles €on sus dichos y agu* 

dezas. Theoíiio, emperador de Oriente, estaba prendado de Dan- 

lery por sus graciosidades, las que á poco mas hubieran sido 

funestas á la emperatriz Teodora. 

Después de las cruzadas ih moda de iener juglares se generali- 
zó por todas las naciones de £uropa, y en Francia pasó á ser ua 
titulo de oficio , estando obligada la ciudad de Troyes á pro- 
veer de ellos á la corte, cuya moda duró hasta el reinado de 
Luis XIV. 

En Alemania se desterró mas tarde, lo misrao que en Rusia, 
en laque dnrante el imperio del czar Pedro el Grande habia 
irnos juglares diferentes de . los de las demás naciones. Muchas 



C-ióo) 
de aquellas personas distinguidas, que eran condenadas por aús 
verdaderos 6 iapuestoi crímenes, estaban destinadas á pasar gú 
vida siendo la irrisión de los viles corleianos j el oprobio de U 
humanidad. 

( ^97 ) ^(/^ ^ puta, ( V. la nota 1 1 del a.* lomo ), 
( aoS ) Algún echa cuervos ó algún caballero de moha^ 
ira. Es decir , algún hombre de poca valía , 6 caballero 
que hace tratos usurarios ó de mohatra, y por consiguiente 

despreciable. 

/ 299 ) Doce pages con el maestresala. Los grandes de 
España hacian ostentación en el siglo pasado de multitud de 
criados; y de los pages los habia de dos clases, unos se llama- 
ban pages de sala, y otros pages de cámara. Los pages de sala 
no entraban en la cámara cuando el señor se desnudaba ó ves- 
tía, y si comia en ella, llevaban la comida hasta la puerta, y 
alli la entregaban á los otros pages, volviéndose otra vez, á la 
sala, que era su ordinaria residencia. Los de la cámara asistiaa 
á su amo cuando se desnudaba, vesiia ó coinia en ella, y en la 
cámara le hacian la guardia, pero ni unos ni otros traían daga 
ni espada, ni, si el señor estaba en la casa, traian en ella capa 

ni sombrero. 

El maestresala era uno de los oficios mas principales de las 
casas de los grandes, y era el gefe y maestro de los pages , á 
quienes enseñaba el modo de servir, el ceremonial de las frecuen- 
tes reverencias y genuflexiones, las reglas de la buena crian- 
za y la del bien hablar, ejerciendo sobre ellos un absoluto do- 
minio, hasta azotarlos si el caso lo requeria. Entre otras obli- 
gaciones tenia la de trinchar en la mesa, y asi era muy perito en el 
arte del cuchillo^ como llamd áeste «jercicio el marques de Vi- 
llena* y con él se escusaban los convidados ó los dueños de la 
casa de hacer el embarazoso oficio de trinchar, según es de ver 
en D. Miguel Yelgo en su Estilo de seruir d príncipes. 

(3oo) Les hacen ser miserables, Qaizá este grave ecle- 
siástico fue el canónigo Bartolomé Leonardo y Argensola, que 
con su hermano Lupercio no solo influia en el gobierno de la 
casa de los duques de Villa-hermosa , sino también en la del 
conde de Lemos y virey de Ñapóles D. Pedro Fernandez de 
Castro* y pudieran dar á esto algún fundamento las quejas que 
de ellos tenia Cervantes , como se dice en su Vida, y las que 
tenia Cristóbal de Mesa de ciertos poetas, cnados muy validos 
del conde, que en Madrid antes de pasar al víreinato parece 



s. 



(lOl) 

zelaban fu persona, j estaacaban sus favores; los cuales pudiera 
maliciarse fueron los dos referidos hermanos, según lo entre- 
gado que estaba á ellos el virej. 

La misma queja parece tenia el doctor Suarez de Figueroa; 
que se queja espresamente de un eclesiástico^ familiar del con* 
de en El Pasagero. Pero ademas del benéñco carácter de los 
Argensolas, dice Pellícer, j de que estos criados pudieran ser 
otros, se opondria la sutileza de estas conjeturas á la declara- 
ción repetida, con que en los versos de Urganda protesta Cer- 
vantes que en sus 'alusiones satíricas no miró á persona parti- 
cular ni tird, como se dice, á ventana conocida; y lo confirma 
en el f^tage al Parnaso^ donde dice: 

JSunca voló la humilde pluma mia 

Por la región satírica: bajeza, 

Que á infames premios, y desgracias guia. 

Práctica común del tiempo de Cervantes era tener los gran- 
des,los ministros, los embajadores, y los virejes confesores pú- 
blicos y señalados; y estos eran por lo regular religiosos, y no 
sacerdotes seculares, de los que pudiera hacerse aqui un largo 
catálogo. Validos pues de la autoridad que los penitentes con' 
cedian á sus directores, solian mezclarse estos mas de lo que. 
convenia á su ministerio en el gobierno de sus haciendas y ca- 
sa, y como criados en la estrechez de un claustro, limitaban 
con tanta economía y apocamiento los gastos j liberalidades 
que deben esperarse de los poderosos, que los hacian parecer 
miserables con desdoro de su grandeza. Esta mezquina é ino- 
portuna intervención de los religiosos en el gobierno económi- 
co de las casas de los señores es el que reprende Cervantes con 
motivo del que gobernaba la casa del duque^ huésped de D. 
Quijote. Oe aqui debe conjeturarse que ni esta sátira es perso- 
nal, sino general é indeterminada; ni el satirizado es sacerdo- 
te secular sino regular 6 religioso; bien que para no declarar 
espresamente que era fraile, deslumhra nuestro autor á los lec- 
tores llamándole ya eclesiástico^ ya grave eclesiástico y a graue 
religioso^ ya bendito religioso^ ya venerable varón* D. Vicea» 
te de los Rios opina de otro modo sobre la aplicación de esta 
Stítira en la vida de Cervantes. 

( 3oi } Z>. Alonso de Marañon, Uno de los muchos sol- 
dados y personas principales que se ahogaron en la isla de la 
Herradura, costa del reino de Granada, en la escuadra que com- 
puesta dt ad galeras, y mandadas por el genera) D. Juan de 



( i02 y 

Méndoiaf tnrió Felipe II el aao de iSSst para sacorrer tf Oraiv 
y MazalquÍTir, litíados por Hazan Agtf, rejr de Argel, é hijo dc^ 
Barbaroja. Salió la escuadra de Málaga, pero levantándose vieu* 
tos contrarios, ''efiderez<Kdice D. Pedro de Salazar, Guerras eo^ 
tre cristianos é infieles desde el año de i546 hasta el de i565),. 
nal puerto de la Herradura por estar allí hasta que el tiempa 
«abonase, y arribando alli á las 8 ^e una mañana, mandd dar 
afondo al armada^ quedó alli surta; pero como á unos tres cuar- 
»tos de hora después se levantó un fuerte vendaval, y la mar 
«creció tanto con la fuerza del furioso viento, no se pudiendo- 
« valer, ni socorrer, ni alzar áncoras, ni ayudarse de los reroos^. 
«vinieron á dar unas galeras contra otras,- j unas zabordaron 
«en tierra y se hicieron pedazos, y otras se ahogaron en la mar, 
«donde se ahogaron entre sofdados.^ muge res, mozos y reme- 
«ros como cinco mil personas poco mas ó menos.... Se ahogd 
»el mismo O. Juan viniendo nadando á tierra^ dándole un remo 
MÓ postisa de la galera en la cabeza tan gran golpe , que se la 
«rompió y aturdió, y fue causa que se ahogase: perdióse toda 
«la provisión I y quedaron solas tres galeras de provecho: la S^ 
«Juan, la Mendoza y la Isabela: alguna gente se salvó en la is- 
«la, que pudo salir k nado, en especial de la chusma, por ser 
«mas diestra en nadar, de U cual alguna.se huyó: de los reme- 
«ros eran muchos de los condenados á muerte que había man- 
«dado Felipe II se los trajesen de Flandes. « 

( 3oa ) Tú das tantos testigos, Sanc/w^ dijo D. Qui- 
jote. 

( 3cy3 ) Tembleifue. Tembleque esa la verdad tierra de tan- 
ta mies y de tanto pan, que necesitaba de segadores forasteros^ 
Con alusión á esta abundancia dicen que Tembleque es io mis- 
mo que Bethlehem, que quiere decir casa de pan, (sin embar- 
go de que en instrumentos del siglo XII se decía Tremblec ), y 
que á imitación y en correspondencia de Jerusalen y de los lu«- 
gares de su comarca, fundaron los judíos (qpe dicen vinieron* 
»* España con Nabucodonosor, y se quedaron por dueños y se- 
ñores de ella) á Toledo, la Guardia, Tembleque, Yepes, Ma- 
queda y otros. El doctor Benito Arias Montano y otros creyeron 
buenamente la fundación y derivación hebraica de estos mismos- 
pueblos, noticia inventada por los mismos judíos para engrande- 
cerse vanamente. Alaba á Tembleque el licenciado Sebastian de 
H^teva Calvo, poeta manchego, en la estancia que empieza: 
Tú^ Tembleque f dlchqpa patria miay tXc, 






1 



(io3) 
j es la 4 ^6 la canción que en elogio de la Guardia te lee en su 

XfUío inocente* 

( 3o4 } Por vida nuestra^ hijo* Dijo el religioso. 

( 3o¿> ) Follones. Lo mismo que hombres vanosy soberbiost 
(V. la nota 63 del a.® tomo). 

( 3o6 } Malandrines, Voz italiana, introducida en lo media 
d ínfima latinidad: significa ladrón, salteador de caminos, pira 
ta. (^ la nota 63 del 2.® tomo), 

( 3o7 ) En donde ñora tal. Lo mismo que decir, en qué ma 
la hora habéis etc. 



Copítub tÚQhmo HQnvüio. 

C 3o8 } No soy de los enamoradlos viciosos sino de los pía-" 
iónicos continentes. En otra anotación hablamos con alguna es- 
tensión del amor platónico de D. Quijote, que á la verdad pue- 
de citarse como dechado de esta^aerea pasión. 

( 3o9 ) Por el hábito que tengo. Como religioso que era. 

( 3io ) En la m/a.-Es decir en mi convento j en mi celda. 

( 3i f } Jabón napolitano. £ra mas bien una especie de pas- 
ta fina para suavisMir las manos que un jabón para limpiarlas. 
En su composición, dice Pellicer^ entraba jabón de Valencia 
ó de Chipre, salbado de trigo muy blanco, agua de cisterna en 
la que se cocia, y otros higredientes. 

( 3 1 a } Creyó, En las primeras ediciones se decía creyendo^ 
que como se ve seria por equivocación, á no ser que se quitara 
el y asi^ de mas adelante. 

^ 3i3 ) Con haberle á él jabonado. En esta burla quizá se 
propuso imitar Cervantes la que sin duda conoceria y acaeció 
(casi en un todo igual como lo cuenta de D. Quijote) á un hidal- 
go ó embajador portugués en la casa ó palacio del conde de fie- 
na vente. 

( 3i4 ) I^s pinceles de Par r asió. Pintor célebre natural de 
Efeso, hijo y discípulo de Evenor, contemporáneo y rival de Xeu- 
xis que vivia unos 44^ anos antes de Jesucristo. Sobresalia par- 
ticularmente en el arte de espresar con verdad y energía las pa- 
siones. La mas célebre de sus obras fue el cuadro alegórico Ei 
pueblo de Atenas. Disputó la preeminencia en la pintura con 
Xeuxis. Este habia pintado unas uvas con tanta naturalidad que 
se dice que los pájaros se engañaban bajando á picarlas, y Par- 
rasio pintó nnk cortina con tanta perfección, que Xeuxis dijo 



(io4) 

■Werla: ''Corra Y. esa eortinaf veamos el cuadro que cobre»'' 
£Dloacea reconocióse vencido, diciendo: Xeuxisba engañado # 
ios pájarosi pero Parrasio al niisnio Xeuxis. (^. la nota siguieur- 

( 3i 5 } Timafites, Otro pintor ciSIebre de la antigüedad, ven- 
cedor qae fue en su arte de Parrasio.- ( f^» la nota anterior }• Era 
natural de Siciona dde Cintos, otra de las ¡:;ias cicladas, y vi- 
vía en el reinado de Philipo, padrede Alejandro. Sobresalía par* 
ticularmente en la invención. 

(3i6) Apeles. Célebre pintor griego, hijo de Pitio, nata^. 
ral según unos de Cos 6 de Colofonia, y según otros de Ef eso. 
Dedicábase con tanto zelo á la pintura, qjue no dejaba pasar dia 
alguno sin piutar, lo que dio lugar al proverbio nullus dies sine 
linea* Merced á tanta aplicación hizo progresos esUraordiuarios 
en su arte, y llegd á superar luego á PamSlo su maestro y 4 
todos los demás pintores griegos. A fin de perfeccionarse mas]jr. 
mas en su arte, acostumbraba espouer al páhlico sus pinturas,. 
y escondido detras escuchaba para aprovecharse , las críticas 
que de ellas se hacían. Un día manifestando un zapatero que 
faltaba algún requisito á la sandalia, se aprovechó de aquella 
observación, y al siguiente presentó ya su cuadro con la en- 
mienda indicada^ pero el zapatero, envanecido por el resul- 
tado de su observación , quiso pasar á criticar otras partes del 
cuadro; pero saliendo Apeles de detras de él le dijo: ne sutor . 
uUra crepidam: zapatero á tu zapato; que ha pasado á prover- 
bio para indicar qu€ cada uno debe atenerse á hablar solo de 
su arte, sin ascender i cosas superiores agenas del suyo. Ale- 
jandro tenia tan alta idea de la habilidad de Apeles , que no 
quiso ser pintado ó retratado' por otro pintor. 

( 3i7 } Los buriles de Lisipo, Recomendable estatuario, na- 
tural de Siciona, contemporáneo de Alejandro, quien asi como 
habia prohibida que nadie sino Apeles pudiese retratarle, dis- 
puso que solo á Lisipo le fuera permitido hacer su estatua. Quin- 
tíliano dice que ningún escultor de la antigüedad habia llegado 
B imitar con tanta verdad á la naturaleza. 

( 3i8 ) Los dos mayores retóricos del mundo. A la verdad 
Demóstenes es considerado con justicia como el mas escelente 
de los oradores griegos, y Cicerón como el primero entre los 
oradores romanos. 

(319} fallona de Sayago. ( V. la nota 174 de este to-- 

O' 



(io5) 
( 3ao} De quien se canse ^ La necesidad de tener da roa ^ 
según los estatutos de la caballería andante (P^. la nota 164 
de este tomo ) era tan indispensable, que hasta los caballeros 
efectivos y verdaderoSf eomo eran los de la banda, tenían por 
canon y 'Vegia de no estar en la corte sin tener alguna dama, 
Mno para deshonrarla , sino para la cortejar 6 casarse con ella;, 
ny cuando ella saliere fuera, ha de acompañarla como ella qui- 
>»siere á pie ó á caballo, llevando quitada la gorra, y hacienda 
Msu mesura con la rodilla. » Marques y Micheli Tesoro de ca^ 
balleria^ regla 3i. La observancia de esta constitución, que 
en la práctica-no carecía de inconvenientes, producía en los ca- 
balleros, esfuerzos, valor y aun temeridad para las empresas mi-^ 
litares, y aumentaría en las damas el entono, la autoridad y el 
predominio sobre los hombres. 

( 3a4 ) Con general aplauso de las gentes* La duquesa se 
refiere á la p. I. de esta historia que no hacía pocos días que se. 
había impreso, pues ya contaba de fecha cerca de diez años. 
( 3aa ) Las Orianas, ( V. la nota 43 del primer tomo ). 
( 3a3 ) Las Alastrajareas. Otra de las damas caballeres- 
cas. La infanta Alastrajarea era hija de Amadis de Grecia y dé- 
la reina Zahura. 

( 3a4 ) Las Madasimas. Del mismo línage que las anterio- 
res, en cuyos libros se lee queJViadasima era la señora de Gan- 
tasí i hija del Jamongomadan el jayán del lago Ferviente. 

( 3a5 ) En mas se ha de estimar y tener un humilde virtuo- 
so que un vicioso levantado* Máxima de eterna verdad, de cu- 
yo liaage se leen algunas en las obras de Cervantes, y que ha« 
ce formar la mas bella idea del recto modo de pensar de este 
virtuoso y poco afortunado escritor. 

( 3a6 ) La muerte que dio Hércules d Anteon. La mitolo- 
gía dice que el famoso gigante Anteon , hijo de Neptuno y de 
la Tierra, vivía en un desierto de la Libia, en donde asesinaba 
cuantos caminantes tenían la desgracia de caer en sus roaoos^ 
á fin de cumplir el voto que había hecho de construir un tem- 
plo con cráneos humanos. Hércules peled con él, y le derríbd 
tres veces, pero siempre en vano, porque la Tierra su madre le^ 
daba nuevas fuerzas así que la tocaba. Entonces fue cuando- 
Hércules le tomó en brazos, le levantó en el aire, y le ahogó.. 
( 3¿7 ) En.su prístino estado. Lo mismo que en su ante- 
)rior, primitivo 6 antiguo estado. 
( 3a8 > Troya por Elena y Espc^áa por la Cava^ ( V. U 



io6) 
nota a49 ^^^ primer totno )• Algunos historiadores sapooen qse 
el conde D. Juliao fue el que facilitd i los moros la invasión ée 
España á principios del siglo VIII para vengarse del ultrage 
que suponen hizo D. Rodrigo á su hija Cava^ nombre que do 
significa mas que mala muger ; cujro hecho según los mejores 
críticos no merece el crédito que se le ha querido dar. 

( Sag ) Hay por ahí ciento que apenas saben leer y go^ 
hiernan como unos girifaltes* Crítica que no solo seria oportu- 
na en tiempo de Cervantes y sino que también viene mu^ á 
cuento y tiene varias aplicaciones en el nuestro. 

( 33o } Agua de ándeles* Sin comparación estaban mas en 
uso en tiempo de (Cervantes que ahora ios perfumes j olores^ 
como ja lo hemos dicho en otra anotación ^ cuyo gusto intro- 
dujeron los árabes entre nosotros.' En la composición del agua 
de los ángeles entraban rosas coloradas^ rosas blancas^ trébol^ 
espliego ) madreselva, azahar, azucena, tomillo, clavellinas jr 
naranjas. Al parecer el agua de ángeles estaba tan en uso en- 
tre ellos como el agua de Colonia entre nosotros, j al parecer 
habia mucha analogía entre una j otra, como puede verse com- 
parando ámbss cor/iposiciones. La ciudad de Colonia disfrutó 
por muchos anos del privilegio esclusivo de fabricar j vender 
esta agua á la que dio su nombre, y merecíd una celebridad eu- 
ropea. Sus inventores lehabian atribuido grandes jr maravillo-^ 
sas propiedades , bien que todas sus decantadas virtudes que- 
dan reducidas á las de otras aguas aromáticas espirituosas, j 
en el dia apenas es usada en la medicina. Su aplicación parti- 
cular ha quedado reducida para el tocador, para lavarse la cara^ 
cuello, manos etc. Existen un sinnúmero de recetas para pre- 
pararla, pretendiendo cada uno que la suya es la verdadera. 
Nosotros vamos á dar una que tenemos alguna probabilidad 
para creer que es la verdadera de Fariña. 

Tdmese: Salvia \ . De cada cosa S adarmes. 

Tomillo. . . . -. I 

Melisa 6 toronjil seco. 1 . d^ ^ada cosa la onzas. 

Menta • | 

Cálamo aromático. . 4 adarmes. 

Raiz de angélica. . • a ídem. 

Alcanfor» i idem. 

Pétalos de rosas. * • ) n j / 

T , . . , > • « De cada cosa 4 onza». 

Id. dt violetas, ; . f ^ 



(107) 

Flor de espliego a íden^. 

Id.dcDaranjftódeazahar 4 adarmes, 

Ajenjo. . » o**"" 

Nuez moscada. 

Clavos de espede. . {^ . Década cosa 4 adarmes* 

Casia lígnea. 

Macis. 



1. • • • 



• . 



Dos limones j dos naranias cortadas á pedazos. Todo esto 
se deja en infusión poc a4 ñoras en lao azumbres de^guar- 
dientCf j luego se destila en baño de María hasta sacar 80 azum.- 
bres de agua. A esta se añade 

Esencia de limón. . 

Id. toroni«d. zamboa. I ^ ^ i on*a v 4 adarm». 
Demelisa ^toronjil. . 
De espliego. • • . 

De azahar \ 4a<^^'^'ii®^ 

Id. dejazmin i onza. 

Id. de bergamota ó cidra la onzas. 

Se filtra, j se guarda para hacer uso de ella. 

( 33i } Ola, En los torneos y aun en las batallas de la edad 
media los heraldos hacían cesar el combate gritando Ola^ de 
parte del rey, del señor ó caudillo bajo cuja bandera milita-- 
han, j de aqui esta aspiración q^uedd como voz de mando, de- 
atencion j respeto, que usaban los señores cuando querían ha- 
blar con sus criados. 

( 33a ) Esas artesillas son ^jara él estrechas y penantes- 
búcaros. Con esto quería indicar nuestro caballero andante* 
que su escudero Sancho no era un pelacañas <5 dfistripaterro* 
nes, sino persona tan principal que bien merecía lavarse en la 
fuente de plata en que á él j al duque habian lavadb, j que- 
de ningún modo merecía ser lavado en artesillas con agua de- 
fregar, por cujra razón le veuian estrechas, y se le encajaban^ 
mal j con dificultad , como la que sentían los que bebían por 
búcaros ¡Htnantes ó penados ; porque , como dice Pellícer, s» 
usaban entonces ciertas vasijas 6 vasos que daban el agua coa> 
trabajo y peua, y por eso se llamaban penantes^ ó por mejor 
decir penados. Hablando el doctor Céspedes del regalo que hi- 
zo Eurípides á Aristamo, dice ''que habiéndole presentado una^ 
Mcopa de oro de las que llaman ^e/ia¿^a5, le advertía y avisaba 
j»de cdmo había de beber en ella para no causarse, etc. " 

Como el siglo de D. Quijote era tan aficionado á olores, se- 



(io8) 
gaa (Í¡¡ irnos en otras anotacioues, se usaba mucho el barro de 
búcaro por su fragancia, confeccionado no solo para formar 
vasos para beber, sino para hacer otros muebles é instrumen- 
tos. En ai de agosto de i6a3 se corrieron toros y parejas en la 
plaza mayor de Madrid para obsequiar al principe de Gales, j 
Felipe IV que las corrió con el conde-duque de Olivares, fue á 
vestirse á casa de la condesa de Miranda, vireina viuda de N¿- 
poles, que vivia en la calle de Relatores, y dice la relación de 
e»ta9 ñestas que las salas estaban lavadas con polvos de búca* 
ro amasados con agua de ámbar ^ y que se sirvieron muchos 
guantes y pañuelos doblados en salvillas de cristal de roca guar* 
necidas de oro , pastillas de boca en cajas de lo mismo , y po- 
millos de agua de olor. En el convite que el año de 1627 didea 
su casa en la calle del caballero de Gracia de Madrid, D. Juan 
de Espina, sumiller de cortina de Felipe IV. , famoso por sa 
estudio en la magia llamada vulgarmente blanca, y por las co- 
medias que suelen representarse todavía en nuestros teatros, cu- 
yo héroe es el mismo O. Juan ya en Madrid, ya en Milán , se 
dice: 

Era el número de platos 

De dulces y frutas cerca 

De trescientos , y las luces 

Sobre búcaros cuarenta. 
Don Vincencio Juan de Lastanosa poseia en Huesca su patria 
una casa tan llena de curiosidades, que se decia por proverbio; 
quien va 4 Huesca y no ve la cas'a de Lastanosa^ no ve cosa* 
Constaba de una selecta librería , de un precioso monetario, 
de una rara armería, de antiguas y apreciables estatuas, de leo- 
nera, donde había leones, osos y otros animales estraños , de 
jardines con flores tan desconocidas, que se pedían sus cebollas 
ó simiente para los del Buen retiro, de laberintos, de estanques 
con barcos de pescar y pasearse, y de cuartos y piezas tan pre* 
ciosa y variamente alhajados , que fue dos veces á verla Felipe 
IV y estuvo hospedado en ella un mes el duque de Olivares. 
Di cese puesi en su Descripción^ que poseia manuscrita Pellicer, 
que entre los bustos de hombres sabios que adornaban la libre- 
ría había á sus lados dos jarras de búcaro seis palmos de al^ 
tas coii flores artificiales. 

( 333 } Almohdzenme estas barbas. Lo mismo que decir 
peínenme ó estríUenrae con la almohaza 6 estriUo como á la^ 
cuballerías. 



(109) 

Copitttlo turismo tttctto* 

( 334 ) El cid Kui Dia» Campeador, (V. Jas anotaciones 
106, 181 y aSa). ^ 

( 335 } Es imposible que nos pueda apartar otro suceso 
que el de la pala jr azadón* £s decir la muerte, con alusión á 
la pala y azadón con que se suele abrir la sepultura . 

( 336 ) Por su mal le nacieron alas á la hormiga. Alude 
ú que cuando este insectillo se siente con ellas se remonta por 
el aire, y entonces suelen comérsela los pájaros, de cujo peli- 
gro estaba mas á cubierto cuando careciendo de ellas se veia 
precisada á yivir escondida bajo tierra. 

( 337 } JJmiste de Segot^ia, Paño de Segoyia de primera 
calidad. 

( 338 ) De entre los bueyes^ arados y coyundas sacaron 
al labrador TKamba para ser rey de España. El rey Wam- 
ba d Bamba, de clase humilde, fue ascendido á la primeía dig- 
nidad del estado , jr se (e obligó á la fuerza á admitir el ce- 
tro* 

( 339 ) Si es que las trobas de los romances antiguos no 
mienten. Trobar en nuestra antigua lengua castellana signiti- 
caba hacer coplas, poetizar f y de aqui ó los poetas se les llamó 
trobadores* 

( 340 } Hahia. En el romance de la penitencia del rejr Don 
Rodrigo se finge que después de la batalla de Guada lete, andan- 
do por un desierto encontró á un ermitaño, que le impuso U 
penitencia que se le inspiró de arriba, y fue: 
Que le meta en una tumbí^ 
Con una culebra viva, 
Y esto tome en penitencia 
Por el mal que hecho habia.... 

£i rejr desto muj gozoso 
Luego en obra lo ponia: 
Métese como Dios manda 
Para alli acabar la vida.... 

JDespues vuelve el ermitaño 
A ver ja si muerto habia.... 
Pregúntale como estaba..*. 
Respondió el buen rej Rodrigo: 
La culebra me comia^ 



<I£0) 

Cdmeine ja por la parte, 
Que todo lo merecia, etc. 

Este romance del Cancionero de Án veres se cantaría de «a 
tnodo, y se imprímiria de otro, de donde procederían las va- 
riantes. 

( 341 ) Feráfi maravillas. ( V« la nota aa3 de este tomo }• 

( 34a ) Flor entibas occidit annis, Miguel Ver ¡no, célebre 
autor de una obra que tituló De puerorum moribus Disticha^ 
ó sea dísticos sobre la educación de los niños. J^eilicer añade 
que el vizcaíno Martin de Ibarra, escelente filólogo y buen poe- 
ta, aunque diga D. Nicolás Antonio, hablando de él, quela poe^ 
aía es prenda rara en la gente vascongada rarunt in gente de" 
cus^ ilustró con apreciables notas estos dísticos, que se impri- 
mieron el año de i5a5 en Zaragoza, juntamente con otros dís- 
ticos latinos, no menos elegantes, de Juan Sobrarías Segundo, 
,médico y poeta laureado, natural de Alcañiz, comentados asi-* 
mismo por Juan Sánchez su sobrino. Estos dísticos se leían an- 
tiguamente en las aulas de gramática, y se leerían en el estudio 
público de Madrid, regentado por Juan López de Hoyos, maes- 
tro de Miguel de Cervantes , y este leería en ellos el epiU&o 
que les precede, compuesto por Angelo Policiano, que empie- 
za así: 

Michael Verinus florentibus occidit annis 
Moribus am'bíguum major an ingenio etc. 
Esto es: Aquí jace Miguel Veríno, que murió en la flor de sus 
años, dejando en duda sí fue mas admirable en sus costumbres 
•ó en su ingenio etc. 

£1 P. Pocciantio en el Chatalogtts Scriptorum Ftoreatino^ 
rum^ y después Gerardo Juan Vossío De Historiéis latinis^ ha- 
cen florenlin á este joven poeta, sin mas pruebas que las de su- 
poner que su padre Ügolíno , no menos poeta, era también 
natural de Florencia, porque fue discípulo de Cristóbal Landí- 
no, y maestro de Pedro Crinito; y á estos autores sigue tam- 
bién O. Nic. Antonio. Pero el referido Ibarra, que ya enseña- 
ba humanidades en Barcelona por los años iSsa, y que alcanzó 
á Ugolino, que murió á principios del siglo XVI, como refiere 
•el citada Vossio, dice en la f^tda de su hijo Miguel, que según 
le habían informado este no era italiano sino español, mallor- 
>quín Ó natural de la isla de Menorca, y que en ella existía la 
familia ilustre de los V^is ó Verinos; y en efecto habla de ella 
^ jr de sus varones ilustres Vicente Mai en su Historia de Mallor^ 



■lili 1 1 I 



("1) 

€a^ que de muy niño fue llevado á Roma por su padre que so« 
lia frecuentar aquella capital del mundo; que le puso en la es* 
cuela del célebre retórico Paulo Saxia Roncillone ; y que allí 
murió de iSaños^-Con queno se descubre repugnancia en que 
ügolino el padre hubiese tenido también maestros y discípulos 
en Italia^ siendo mallorquin^ ni en que lo fuese su bijo; y ea 
efecto el Ghilini en su Teatro (P uomini letlerati hace á IMiguel 
Verino natural de Meporca. 

La duquesa de Villa-hermosa^ que cita el hemistiquio alegado 
por nuestro autor, sabia latió, como le sabian las condesas de 
£ril y de Guimrá, que por aquel tiempo formaron los estatu- 
tos de la Academi» doméstica de Buenas letras. 

( 34a } Fea ó vieja. Son en efecto los dos vituperios deque 
mas se ofeuden las mugeres, según aquellos versos del Ariosto 
«n su Orlando, canto ao. oct. lao. 

Ch^ a donna non si fa maggior dispetto 

Che quando o vecchia o brutta le vien delto* 
Los cuales tradujo asi el capitán Urrea: 

Quéá dueña el caso mas que le desplace 

Es decille que vieja 6 fea se hace . 

Capítulo ttig^stmo ruatto. 

( 343 ) Que da cuenta* En todas la,s ediciones se decia: Que 
cuenta de la noticia etc. Crejd la Academia con razón ser ou 
olvido de la primera edición que en todos se cometió, por cu- 
ja razón aumentó la palabra da para la perfecta inteligencia 
y verdadera locución. 

( 344 } Tomó la rienda de su palafrén. (V. la nota 101 
del primer tomo). Elsta cortesía en obsequio de las señoras era 
raújr propia de los caballeros andantes, y aun de los que no lo 
eraii. Un emperador en Amadis de Gaula lleva la rienda dal 
palafrén de la reina; y en Amadis de Grecia vemos que el em- 
perador de Trapisonda llevaba á la reina Oriana por la rienda. 
£1 P. Mariana en el cap. i.° del lib. XXIV de la Historia de 
España dice que cuando la infanta f).* Isabel salió a pasear 
por las calles de la ciudad de Segovia en un palafrén el año de 
1474) su hermano el rej D. Enrique IV le tomó de las riendas 
para mas honrarla. 

( 345 } Vendo á caza de montería le comió un oso. En efec* 
tOf este rej godo fue D* Favila hijo de D. Pelajro: Habiendo le- 



Yantado sus monteros uno de estos temibles animaleSf j Hson- 
geándose de matarle j^ rendirle por sí solo^ mas confiado en sa 
Talor j esfuerzo que lo que fuera justOf pereció entre sus gar- 
ras por los años 789 de Jesucristo* 

( 346 ) Gobernaré mejor que un girifalte» (V. la nota 339 
de este tomo }• 

( 347 ) Los del comendador griego. Su nombre era Fer- 
nán JNuñez de Guzman, como dice Peüicer, de la nobilísima ca- 
sa de lüsGuzmanes: era también conocido por el Pinciano pov 
haber nacido en Valladolid , que algunos tienen por la Pincia 
de los romanos. Fue caballero del hábito de Santiago^ y ante- 
poniendo el estudio á toda otra profesión, enseñó griego, latia 
j retórica en la universidad de Salamanca, y por esto era aun 
mas conocido por el dictado de el Comendador griego. Fue 
en su tiempo uno de los majrores filólogos de Europa. Era de 
genio festivo y sazonado; y en su vejez se dedicó á juntar mu- 
chos refranes ó adagios; pero impidiéndoselo la muerte en el año 
de i553 ios publicó otro, no con la mayor elección. Muchos de 
ellos csplicó en su FUosoJia vulgar Juan de Mallora, sevillano, 
docto maestro de humanidades en su patria. D. JNicolas Anto- 
nio que trae el catálogo de sus obras no tuvo' presente una iné- 
dita que se halla eu la Real Biblioteca de S. M. y es un Callo- 
quio erUre Philiatro y Comendador^ ó un gracioso diálogo con- 
tra los médicos entre un amigo de ellos y el mismo comendador. 
( Zifi ) Luego se oyeron infinitos lelilies. Grito de guerra 
que solian dar los moros al entrar en combate ó al acometer, 
como el urra de los rusos. 

( 349 } Pifaros, Los suizos fueron los que introdujeron ea 
Francia este instrumento militar en tiempo de Luis XI, de don- 
de se fue generalizando entre algunas otras naciones. 

Añaden que los suizos habian introducido este instrumento 
«n su mdsica militar después de la batalla de Marignan por los 
años i5i5, jr que el nombre pifano que se le da se deriva del 
<:oroqel Pfifer^ en cuyo regimiento se usó primero. 

( 35o ) BocacL Tela falsa, dice Covarrubias, de lienzo te- 
ñido de diversos colores y bruñido. Añade que tomó el nom- 
bre del lugar donde se inventó, ó se dijo hocaci de bocado, 
porque puesta debajo de paño acuchillado en jubones ó calzas 
se sacan bocados de ella por las cuchilladas. Por otro nombre 
se llama Socaron y Olandilla lo fino. 



("3) 

€apfto(o trígedímo quinto. 

( 3Si ) Un carro de los que llaman triunfales. Los carros 
triunfales teuíafl una forma redonda: el triunfador estaba en 
f>ie derecho, y conducía él mismo los caballos. Estos mismos 
«ervian también para otras ceremonias: en ellos se llevaban las 
imágenes de los dioses en los dias de suplicación ó roga- 
tivas: en ellos se ponían las estatuas de aquellos á quienes se 
hacían los honores de la apoteosis; y los mismos servían tam- 
bién para las familias ilustres que asistían á la fiesta. Los cón- 
sules al encargarse del mando eran igualmente conducidos en 
«stos carros tirados de dos caballos. En tiempo de los cónsules 
los carros eran dorados: bajo los emperadores fueron de marfil, 
y también de oro: se bañaban algunas veces con sangre para 
darles un cierto «iré marcial. 

( 35a ) Ciencia zoroástrica% Lo mismo que magia^ de ca*- 
ya ciencia es considerado Zoroastró como su inventor ^ según 
hemos tenido ocasión de decirlo en otra anotación. 

( 353 ) De. las cavernas lóbregas de Dite, Lo mismo que 
Pintón, dios de los infiernos. Dábase también en algunas oca- 
siones el nombre de Díte á Júpiter. 

( .354 ) Saca de harón. Lo mismo que deja de ser perezo-^ 
so, anímate, avívale, apresúrate. Harón, dice D. Sebastian de 
Covarrubias en su Tesoro de.la lengua castellana, se llama ai 
tardo y perezoso. Bestia harona es la que camina muj despa^- 
cio y con flema. En la obra citada pueden verse sus varias eti-» 
mologías. 

( 355 ) Bebe con guindas. Es decir, no solo bebe sino be* 
be una cosa desagradable ó agria como es el licor que se saca 
de las guindas, llamadas por esto en griego ac/io/i cerasion^ ce« 
resa agria. 

( 356 ) Cacique. En lengua mejicana equivalía á señor de 
vasallos, y después del descubrimiento del nuevo mundo, se 
usó como sinónimo de caudillo, príncipe, etc. 

( 357 } Montesinos se está en su cueva atendiendo» Lo mis- 
mo que esperando. (/^. la notaaS del primer tomo). En al- 
gunas de las primeras ediciones se había coinetido la equivo* 
cacion de poner entendiendo por atendiendo^ que es como de- 
be decir. 

Fin. 

ni. ^ 



\ 



1^1 



AL CUARTO TOMO. 

PARTE SEGUB¡DA« 

( I } La dueña. ( V. la nota ag4 ^^^ tercer torno). 

( 2 ) Torio otro andar es andar d gatas. Sin duda se pro- 
puso Cervantes en este pasage criticar el gran número, de co- 
ches que por aquel entonces se habían introducido en £spaña« 
£1 hijo de Carlos V., D. Juan de Austria, ios trajo de FJandes 
á £spaña; y fue tanto lo que se generalízaroD, que tuvieron 
que prohibirlos por una pragmática en 1577. 

D. Luis Brochero en un discurso que escribió acerca el use 
de los coches, citado por Pellicer, dice que las mugeres cele^- 
braron esta moda oen mas gusto, la aplaudieron con mas fuer* 
za, jr Ja siguieron con mas ahinco: moda desconocida en Es- 
paña, hasta que se introdujo, como hemos dicho, en tiempo de 
Carlos V., debiéndose el nombre y la invención á la Alemania^ 
como dice Sandoval. Dicho historiador añade que habiendo ve- 
nido en tiempo del mismo emperador un coche á estos reinos 
saiian las ciudades enteras á verle , admirándose como de un 
centauro 6 monstruo. Fue recibida esta nueva introducción con 
tanta ansia, que para reformar y contener los abusos se publi- 
<:aren seis pragmáticas desde el año de 1677 hasta el de i6a6. 
Por unas consta la esce&iva multitud de coches que rodaban en 
la corte, pues las mugeres de baja suerte presumían de com- 
petir con IftS señoras principales: y asi se prohibieron hasta los 
llamados birrotones 6 coches de dos ruedas, inventados en frau- 
de de las pragmáticas» no permitiéndose siuo los de cuatro ca« 

IV. * 



(a) 

ballosi y i los labradores y gente del estado llano los de ma- 
las. Creyóse que la dificultad del gasto contendría á machos; 
pero pronto se advirtió el mismo esceso á costa de mayores deu- 
das y empeños; aunque no faltaron quienes miraban como 
un ahorro y una economía el gasto del coche, pues antes 
mantenian los señores gran número de criados y criadas que 
acompañaban á los amos y á las amas cuando salian de casa, 
y como dice Brochero: con este estilo 6 moda de los coches a Aor* 
ran algunos de ejército de criados^ í^anguardia de lacayos^ 
y retaguardia de pages; por cuya cuenta en medio de tantos 
cocheros y lacayos como vemos ahora, se escusa mayor núme- 
ro de criados según los aranceles de la usanza antigua. Como 
quiera, por otras pragmáticas se dio licencia para que todos pu- 
diesen traer coche de dos ó cuatro caballos, como mejor les pa- 
reciese, con tal que los coches, ui las literas qo fuesen borda- 
dos de oro, ni de plata, ni de sedas, ni con trencillas, ni guar- 
niciones de lo mismo; ui que los dueños los pudiesen prestar 
á nadie, ni llevar en ellos sino á sus criados, é hijos que no 
pasasen de diez años; porque se juzgaba que los coches solo 
convenían para niños y mugeres, y que los hombres se afemi- 
naban y degradaban de su gravedad yendo sentados en al- 
mohadas 6 cojines de terciopelo, que eran asientos propios de 
mugeres , de que formaban sus estrados. Y por eso decía Fr. 
Tomas Ramón en el año i635 en su Reformación contraías 
abusos de los afeites^ calzado^ guedejas^ guar dainf antes ^ len^ 
guaje critico^ moños^ trajes^ y escesos en el uso del tabaco. 
"£so de coches quédese para ellas, y aun no para todas, sino 
»para las accidentadas ó llenas ( embarazadas ); pero hombres 
»con barbas y que ciñen espada , si no están* accidentados, es 
»muy grande mengua, y merecen les pongan sendas ruecas al 
»]ado: pues no es de hombres esforzados andar como en capo- 
nera encerrados, sino al aire. " 

Había también otra costumbre, que era la de andar los co- 
ches despacio y poco á poco, afectando sus dueños grandeza y 
gravedad. 

( 3 ) Como la de marras. Lo mismo que como la de antes. 
La voz árabe marras corresponde al adverbio latino o/Zm, eu 
otro tiempo 6 en tiempo de entonces. 

( 4 ) En la limosna que piden. ( V. la nota 1 3* de este tomo). 

( 5 ) Y no querría que orégano fuese^ Es decir, y no qui- 
siera que á fuerza de quererlo abarcar todo no lo perdiese todo 



. . . f3> 

'también. El proverbio ó dicho coman plegué d Diasque bré^ 
ganosea^ se suele decir cuando se sospecha dtcme de Ja inten- 
ción de alguno otra cosa diferente, y por ló común contraria de 
lo que espresan ó manifiestan sus paiabra-í. Ejemplo de esto le 
tenemos en Góngora, que cita también Pellicer. 

Hermosa rouger tenéis, 

Sois pobre y de bajo estado, 

D. Belianis empeñado 

Q> pide que le mandéis: 

Pagárselo no podéis, 

Y él en pediros se emplea; * 

riegue á Dios que orégano sea, 
( 6 ) El son tristísimo de un pffaro. (V. la nota 349 del 
tomo 3.**). 

( 7 ) Tambor. Este instrumento de percusión era llamado 
por los griegos tjrmpanor 6 typnon^ y tympanum por Jos ro- 
manos. Vosio deriva este nombre del hebreo to/7/1 en plural tu- 
pívn tambor. Suidas con mas razón quiere que su etimología 
venga del griego tjrpteni^ herir, percutir, Homero nada dice 
del tambor^ ni en la Iliada ni en la Odisea. En ¡as Bacantes de 
Euripedes, Baco encarga á sus secuaces toKmar los tambores^ de 
los cuales acostumbran servirse los frigios: estos tambores, aña- 
de, inventados por mí y por Rhea, 6 la gran madre de losdio^ 
ses Cibeles. En otro parage dice que los Coribantes le inven- 
taron para él. Entre los griegos se creia que los frigios fueron 
los inventores del tambor^ al paso que los romanos pensaban 
que habían sido los sirios.. Lo mas probable parece que los grie- 
gos tomarian el uso de los tambores de los asiáticos, y que de 
ellos pasaria á los romanos. 

Servíanse para Jos tambores de la piel de buey, pero mas 
comunmente de Ja de asno , con cujro motivo Phedro escribid 
la primera fábula del cuarto libro. 

El tambor consistia en un círculo de madera 6 de metal cu- 
bierto de una piel lo que le daba la figura de una criba. Tocá-o 
base el tambor algunas veces con baquetas 6 con el tirso; pero 
lo roas comuti era con la mano, y del mismo modo como se to« 
ca entre nosotros el pandero, con cu jo instrumento se pare- 
cia muchísimo el tambor de los antiguos. Pouian en él para 
producir un sonido roas estrepitoso algunas planchas de metal, 
y también campanillas y cascabeles. 

El tympanum paso 4 ^or el sj/nholo de la afeminación, por- 



C4) 

qae priacipalmeale hacían uso de él los ÍLombres consagrado» 
á Cibeles. Asi es que las tocadoras del iímpanu fueroo después 
enumeradas eulre las inugeres de malas costumbres. Una délas 
cosas que S. Justino deseaba desterrar de los bauquetes eraa 
las tocadoras del crótolo y del tambor. \ÍD. niuguu monumen- 
to antiguo se ve un tambor con dos pieles; si bien que hablan 
de ellos ja los autores del bajo imperio* Isidoro uos dice que la 
sinfonra es un instrumento que se hiere ó toca alternativa- 
mente ó á un mismo tiempo por los dos costados, y que la mez- 
cla de los tonos graves j agudos forma una armonía muy agra- 
dable. Prudencio quiere que con la sinfonía se did ja la señal 
de ataque en la batalla de Accio. Oe esto j de la etimología del 
nombre parece que el conocimiento 6 uso de este tambor es 
mas antiguo de lo que geuerahnente se cree, es decir, déla ápO' 
ca de las guerras de los sarracenos ó moros con nuestros ascen- 
dientes. Sin embargo es preciso confesar que los moros fueron 
los primeros que usaron en los ejércitos estos instrumentos, que 
ellos llamaban Al-tambor^ del que nosotros hicimos el nombre 
tambor. Las timbalas^ instrumento propio de la caballería, es 
igualmente de invención árabe. 

Suponen algunos historiadores que los chinos hacen uso d«i 
tambor de tiempo inmemorial; j un iustruinenlo parecido al- 
gún tanto á este usan los pueblos del interior del África j los 
salvages de América. 

( 8 ) yestidos de ¡uto. Se cree que en la autigüedad las mu- 
geres griegas, j también al principio las romanas, llevaban el 
luto con trages negros; modo que existia y a en tiempo de Ho- 
mero, pues DOS dice que sumergida Thetis en la tristeza por la 
muerte de Patroclo, tomd el mas negro á oscuro de sus vesti- 
dos. Los griegos, j durante el tienipode la república los roma- 
nos, llevaban en el duelo vestidos negros, 6 tal vez de un color 
pardo oscuro; pues es muj probable que el color enteramente 
negro no fue conocido ni empleado en la tintura de los anti- 
guos. En tiempo de los emperadores el trage de luto de las da- 
mas romanas era blanco, despojándose de toda joja ó aderezo. 
Los hombres al contrario conservaron siempre en el duelo el uso 
de los vestidos oscuros: dejábanse crecer sus cabellos j su bar- 
ba, j se quitaban al mismo tiempo los anillos de oro j los dis- 
tintivos de su dignidad ; al paso que entre los griegos era una 
señal de luto cortarse los cabellos j la barba. En los duelos 6 
lutos se cerraban en liorna el furo j los lugares públicos, j esta 



(5) 
•ra la rsaon porque muchas veces se solía acortar el tiempo del 

luto. FestosupoDe que las causas de esto eran la dedicacioade un 
cedes 6 templo, la conclusión 6 fin de un lustro, el cumplim¡en« 
to de un voto público etc. Los duelos particulares 6 de familia 
cesaban si sobrevenid el nacimiento de un niño, por la conce- 
sión de ciertos honores á la familia, por el retorno de la cauti* 
vidad de un padre, de un esposo, de un hijo; con motivo de un 
matrimonio, del nacimiento.de un pariente mas próximo que 
aquel por el cual se llevaba el luto: cesaban también en la ce- 
lebración de los misterios de Céres, de las saturnales d otros 
juegos solemnes. 

En los funerales de los magistrados romanos el duelo se in- 
dicaba, entre otras cosas, llevando los lictores las fasces ó lan- 
za al revés, es decir, con la punta hacia abajo: uso observado 
también por los griegos. 

£n tiempo del feudalismo los señores solian hacer poner en 
señal de luto por todo el alrededor de las capillas de sus cas-* 
tillos en su parte interior una cenefa negra, en la cual se veían 
de distancia en distancia las armas del señor difunto. 

Los flequillos <S deshilados con que suelen guarnecerse las 
fuettas y pañuelos en señal de luto, son un resto déla antigua 
costumbre de rasgar los vestidos á la muerte de los parien- 
tes, para espresar el dolor que se esperimentaba en su pér- 
dida. 

Los chinos usan el color blanco en el luto, los turcos el^azoL 
6 violado , los egipcios el amarillo, j los etiopes el pardo. En 
Europa el color mas común en el dia es el negro; aunque los 
rejes de Francia suelen usar el violado. 

Antiguamente para el luto se solía usar en España un trage 
particular; pero en el dia está reducido al mismo que comun- 
mente se lleva, sin mas diferencia que ser negro 9 j omitirse al- 
gunos adornos. Se cree que los primeros lutos de España fue- 
ron de jerga blanca, j que la última vez que se pusieron así fue 
en la muerte del príncipe D. Juan en el año x497* 

( 9 ) Loba. (Y. la nota aag del tomo i.^.). 

(10) Ancho tahiilL (Y. la nota 16a del tomo 3.*}. 

(11) A mi nie llaman Trifaldin. Nombre ríd/culo toma- 
do ú imitación de las costumbres caballerescas del de su señora 
la condesa Trifaldi. 

( la ) El reino de Candaya» Otro de los reinos imaginarios 
de que se hace mención en Ips libros de caballerías. 



(6) 
( t3 ) De lueáes y apartadas tierras. Lo mismo qu« de 
luengas 6 lejanas tierras. 
( i4 ) Dromedarios. Especie de camellos. 

(íapftttlo vA%hmo séptimo. 

( i5 ) Allá van leyes do quieren reyes. ( V. la uóta i5o 
del lomo a«® >• 

Capitula tttj)e9tmo oictooo. 

16} unas tocas blancas de delgado cemequL Una espe- 
cie de lienzo fino que estaba mas en uso antes que se generali-> 
zara el percal y batista. 

( 17 } Bigotes. Algunos autores pretenden que los «¡rabes 
fueron los primeros pueblos que los usaron. Plutarco dice que 
fueron los abantes^ pueblo de la isla de Cubea hoy dia Negro^ 
ponto. 

Entre nosotros todavía no bace doscientos años que la moda 
ha pasadO) y que lo usaban hasta los eclesiásticos. 

( i^) ÍM gran Trapobana. ( V» la nota ao8 del primer 
tomo ). 

( 19 ) Cabo Comorln. Forma la estremídad meridional del 
Indostan. Está circuido de rocas^ siendo muy peligroso para loa 
navegantes. Es el Parnaso de los indios, quienes ponen en ál á 
Kichena 6 sea á su Apolo, y á las nueve Gopis ó ñausas. 

( ao ) Los hados erundiosos y las Parcas,, Propiamente ha- 
blando, el hado es, siguiendo lo que dice santo Tomas, la dispo- 
sición de las estrellas en el momento en que alguno es concebido 
ó ha nacido. Algunas veces por hado se entiende indebidamen- 
te la providencia de Dios, ó aquella fuerza irresistible que creen 
algunos nos obliga á hacer esta ó la otra cosa* 

La doctrina del hado fatal fue impugnada por los padres de 
la iglesia, habiendo particularmente defendido la verdad de 
nuestro libre albedrío san Justino, san Ireneo, Clemente de Ale- 
jandría , Tertuliano, Orígenes y san Cipriano. 

Las parcas son divinidades infernales, hij-as del Erebo 
y de la Noche. Algunos autores las suppnen hijas del Mar 
6 de la Necesidad, y del Destino. Presidian al nacimiento y 
á la vida de los hombres, y eran tres, á saber, Clptho, La- 
chesis y Átropos. ClothOf la mas ^ven de las tres, presidia al 



(7) 
momento che nacer el hombre, j tenia una rueca en la raano« 

Lachesis hilábalos días y ios sucesos de la vida; y Átropos^ la 
mayor de las tres hermanas, cortaba con las tijeras el hilo de 
la vida* 

Cloto colum retinet^ Lachesis nety Átropos occaU 
El poder de las parcas era grande, según la equivocada creen- 
cia de ios paganos, diciendo algunos que todos los dioses, á es- 
cepcion de Júpiter, y otros que hasta el mismo Júpiter estaba 
sujeto á ellas. 

Las parcas txwDL las tfrbití*as de la vida y de la muerte, y dis- 
pensaban á los hombres los bienes y los males, cuyas senten- 
cias eran irrevocables* Unos autores suponian que eran los mi- 
nistros de los dioses infernales, y las representaban sentadas so- 
bre un trono brillante en medio de esferas, vestidas con un tra- 
ge sembrado de estrellas y teniendo coronas en las manos. 

( ai } f^eduño. La casta de las cepas, según Covarrubias, 
del nombre vUis por la vid. 

( aa ) Alcaide, ''Es el castellano de un castillo ó fuerza, di- 
ce Covarrubias, con gente de guarnición, y con el gobierno del 
lugar vecino, que está debajo déla protección del castillo, y en 
caso que haya de salir en campana hace oficio de capitán. Al- 
gunos dicen valer tanto como al y zaide^ que es lo mismo que 
cid, esto es el señor,*' El antiguo refrán castellano Barba de 
alcaide se decia por lo larga y venerable que solían usarla pa- 
ra inspirar el respeto en que debia tenérseles* Ün romance vie- 
jo comienza: 

Moro alcaide, moro alcaide. 

El de la vellida barba. 

El rey os manda prender 

Por la pérdida de Alhama etc. 
( a3 } Que se sienta jr no se diga* Traducción de otra copla 
italiana de Serafíno Aquilano que dice: 

Déla dolce mia nimica 

Nasce un duol chesser non suole\ 

E per piu tormento uole 

Che se senta^ e non se dica* 
( a4 ) f^en muerte^ tan escondida. Esta redondilla es origi- 
nal del comendador Escriba, quien la escribió de esta manera: 

Ven muerte, tan escondida. 

Que no te sienta conmigo; 

Porque el gozo de contigo 



(8) 
No me torne á dar la vida. 
( a5 ) Estrambotes, Versos ó coplas añadidas al final de luia 
poesídf y mas particularmeote despees de nn soneto. 

( a6 ) Las islas de los lagartos. País seguramente imagina- 
riof y que aqui solo indica una isla desierta y despoblada. 

( ay ) La buena dueáa que debia»Y9i dijimos en la nota 294 
del tercer tomo las principales ocupaciones y encargos de las 
dueñas, uno de lo^ cuales era guardar y vigilar la conducta de 
las señoritas de las casas en que vivían. Con este motivo Pelli- 
cer pone una seguidilla de eco de las inventadas en tiempo de 
Cervantes, y que supone cantaban las niñas para incomodar á 
sus argos: 

Como somos niñas , 
Somos traviesas; 
Y por eso nos guardan, ardan> 
Tanto las dueñas* 

flapüttlo tÚQismo nono. 

( a8 ) Temperet a lacrymis. 

Este pasage del lib. a.® de Virgilio dice asi: 

• Quis talia fctndo 

Mjrrmidonum, Dalopumve, aut duri miles Üljrssis, 

Temperet á lacrymis ? 
Que tradujo D. Tomas de Iriarte 

Pues qué soldado habrá del duro Ulises 
Qué mirmidón, ó dólope, que pueda, 
Al recordarlas, contener el llanto ? 

( ag ) Primo Cormano* Lo mismo que primo hermano. 

( 3o } Hizo finta. Es un italianismo que equivale á araagd, 
aparentó querer, etc. 

( 3i } Segarme la gola. Otro italianismo. Lo mismo que 
la garganta, 

( 3a } Pues aun cuando. Aunque en las primeras ediciones 
estaba de esta manera, Pellicer cree que estaria mejor si dijese: 
pues si^ aun cuando. 

( 33 ) Menjurges y mudas. ( V. la nota ^i del primer to- 
mo }• 



(9) 

(íapftttlo (uat^todcdimo. 

( 34 ) Uevó el valeroso Fierres robada á la linda Maga^ 
lona. Sott tan coaocidas las aventuras caballerescas de estos dos 
amantes, que fuera por demás detenernos en hablar de ellas. 
( /^. la nota siguiente y la igS del tomo 3.® ). 

( 35 ) Andar caballera en él. El ingles Bowle en sus ano- 
taciones dice que el célebre poeta G. Chaucer habla de otro ca- 
ballo semejante al Clavileño , solo que era de bronce. Era de 
Cambuscan, rey de Tartaria. Volaba como el Clavileño por los 
aires, como una águila, llevaba á Cambuscan adonde queria, y 
le volvia á su casa sin daño alguno gobernándose solo por una 
clavija que tenia en la oreja. Añade el señor Bowle que puede 
inferirse que asi Chaucer como Cervantes bebieron esta patra. 
ña en una misma fuente, j que acaso la hallaron en alguna his- 
toria arábiga. Pero prescindiendo de si la del poeta ingles es 
invención propia ó agena, la de Cervantes, según opinión de 
Pellicer, está adoptada seguramente de la Historia de la linda 
Magalona^ luja del rey de Ñapóles^ y de Fierres^ hijo del 
conde de Prouenza. Lo que solo se infiere es la semejanza que 
se advierte entre estos dos caballos; asi como pudiera también 
inferirse la que según la hablilla aiitigua tenia con Clavileño 
en no comer ni dormir la muía de Iñigo Ezquerrá, ó el Zurdo, 
á quien procred su padre en un espíritu malo en figura de una 
muger bien parecida^ como se lee en nuestros genealogístas. 

( 36 ) Pero por la tierra yo le cutiré. Lo mismo que yole 
domaré. Cutir es golpear una cosa con otra, y también comba.^ 
tir, pelear ó contender con otro. 
( 37 ) Pegaso. ( V. la nota 19 del a." tomo). 
( 38 ) Bucéfalo. (V. la nota 11 del primer tomo). 
( 39 ) Ni Peritoa. (Y. lo que dice la Real Academia en la* 
variante n.° !•*')• 

( 40 ) En la batalla donde perdió la i^ida y el reino. En; 
algunos de nuestros romances antiguos se supone que D. Ro- 
drigo no murió en la batalla, y sí que huyó con su caballo Ore- 
lia, hasta que cayendo este muerto de cansancio, siguid el rey 
su fuga á pie por montañas y países desconocidos. 

( 4" ) -ZVb dejaran de echarnos un vos. Como si dijéramos 
UD usted. Nuestro ceremonial del tiempo de la casa de Austria era 
mas entonado y mucho menos llano que ahora. Cosa lastimosa 



(lO) 

es^ decía D. Sebastian de CovarrubiaSf en su. Tesoro de la leo* 
gua castellana, que señores^ y aun los que no lo son^ tengan 
delante de si sus capellanes en pie y desbonetados^ y los Ua^ 
men de vos^ ó los rodeen la merced^ y les pudran con llamar- 
les padre acd padre acullá* " Cuando trujeren la copa al se— 
ñor, dice O. Manuel Yelgo, en su Estilo de sertfir d principes 
queriendo beber, harán una reverencia todos los criados que 
estuvieren presentes muy baja, j la tendrán hecha hasta que 
acaba de beber*. •• cuando traigan la cena, venga con dos ha- 
chas delante encendidas.... cuando cene el señor, j pidiere de 
beber, alce un page una vela y otro gentil-hombre otra, j las 
tendrán en el aire mientras bebe; y en acabando de beber ha- 
rán una reverencia, y levantarán las velas un poquito hacia ar- 
riba, y las asentarán en la mesa haciendo una reverencia al com- 
pás del bajarlas*. .cuando el señor llamare á un page, en en- 
trando por el aposento donde estuviere, hará una reverencia, y 
en medio del aposento otra.,... j en llegando á que el señor le 
dé el recado otra; y en acabándole de dar el recado, se pondrá 
derecho, y hará otra reverencia, y se volverá haciendo otra, j 
se irá donde le envia* " 

( 4^ ) Guay de nuestra ventura. Lo mismo que ay. Guaj- 
es voz de origen italiano, según dice Covarrubias. 

Capitulo £ua¡riag6'tma ptirno* 

( 4*^ ) Q"^ tuviere animo para ello. ( V. la variante a.* de 
la Real Academia). 

(44) Mayor cantia. Lo mismo que cuantía. 

( 45 } Cual muy, cual menos. Tan públicos eran por aquel 
tiempo estos cohechos que como se insinúa aquí los sabían los 
grandes y no íes ígnor.iban los pequeños, como eran el duque 
y Sancho. Informado Felipe III de que se pretendían con dá- 
divas y por otros medios iiicítos asi las prelacias j dignidades 
eclesiásticas, como los gobiernos y oficios de administración de 
justicia, hizo una pragmática publicada en 1*9 de marzo de 16141 
imponiendo graves penas tantoálospretendiente^, comoálosque 
prometían su valimiento y otros medios para facilitar el logro; y 
mandando que todas las dignidades, oñcios j mercedes se prove- 
yesen en personas dignas sin intervención de ninguna especie 
de cohecho. Sin embargo siguieron estos abusos, jpordesgracia 
noshallamos distantes de verlos desterradosen nuestros tiempos-^ 



t^ 4^ ) Ló que Clavileño trae en su estéfnago^ El cabcillo de 
^Vojra era de madera de uoa desmesurada grandeza que cons- 
trujreron los griegos delante de esta ciudad^ y presentaron co- 
mo un voto hecho á Minerva, á la que suponían haber ofendi- 
do con el robo del Paladión. Los troyanos^ demasiado crédulos, 
DO tuvieron inconveniente en introducir esta máquina en su 
ciudad, y la colocaron en la cindadela donde estaba el templo 
de aquella diosa. Los griegos que habian fingido reembarcarse 
para su patria, encerraron en este caballo la flor de sus héroes; 
ios que aprovechando la ocasión salieron de su encierro, y faci^ 
litaron por medio de este ardid que pudiesen apoderarse de una 
ciudad que en vano habian sitiado por diez años consecutivos. 
Suponen algunos que Epéo, hijo de Endiraion, fue el que 
construyó e^ta máquina enorme; la que se movia por medio de 
ruedas que colocó en sus pies* 

(47 ) La linda Magalona* (Y. la nota 34 de este tomo). 
(43) Saleroso Fierres. (V. la nota 34 de este tomo). 
(49) Peralvillo. (Léanse las notas ii4 J ^^i del primer 
tomo). Nuestro Pedro de Medina en sus Grandezas de Espa-» 
ña^ dice en confirmación de lo que espu^imos en las referidas 
notas: ''.... saliendo yo de Ciudad-Real para Toledo vi en el ca- 
mino por ciertas partes muchos hombres asaetados, especial- 
mente en un logar llamado Peralvillo, y mas adelante en un 
cerro alio, donde está el arca, que es un edificio donde se echan 
los huesos de los asaetados después que se caen de los palos.'' 
Sobre esta arca levantó el vulgo muchas historietas estupendas 
y temerosas. 

( 5o ) Quiso regir el carro del sol su padre. Este fue Fae« 
ton, quien pidió al sol su padre le dejase gobernar su carro du- 
rante un día. Apolo ó el Sol hizo eo vano cuanto pudo para di- 
suadirle de aquel intento ; hasta que finalmente le confió su 
carro , bien que con mucha repugnancia, después de haberle 
dado las insirucciones necesarias. Al instante que estuvo sobre 
el horizonte, no conociendo los caballos la mano de aquel nue- 
vo conductor , se desbocaron de manera que acercándose de- 
masiado á la tierra todo se abrasaba por el ardor del sol, y ale- 
jándose mucho de ella todo perecia de frió. No halló otro me- 
dio Jápiter de remediar aquel desorden que arrojar un ra^oá 
Faetón quien caj^ó en un rio de Italia, ai cual dejó su nombre de 
Eridano que hoy se llama ei Po« 

( 5i ) Se engendran en la tercera región. Los conocimiea- 



(«a) 

tos fiísicos en la época de Cervantes estdbati muj atrasados, asi 
que nada estrano es que D. Quijote hablara de dichos fenóme- 
nos en los términos aue lo hace. 

( 5a ) Por no desvanecerse* Hé aquí lo que resolta del pro- 
ceso del licenciado Torralva, que sin embargo de ser tan sabido 
en tiempo de CervanleSi apenas lo es en el nuestro, por cuja 
razón reproducimos las noticias que estractd Pellicer. 

" £1 doctor Eugenio de Torralva, médico de profesión^ salió 
de su patria, que es un pueblo del obispado de Cuenca, á k>s 
i5 anos de su edad* Fuese á Italia, y residió en Roma lo anos 
estudiando medicina con nuestro Cipion, y con Juan de Ma-> 
quera, que le imbuyeron al mismo tiempo en algunos erro- 
res. Restituido á España, yivió aJgun tiempo en la corte del rejr 
católico y del emperador Carlos Y. Fue dado al vano estudio 
de la quiromancia, y fue hombre de una curiosidad escesiya, 
preciándose de grande estadista, y de adivino de futuros suce- 
sos políticos y de guerras. Siendo jra de edad avanzada fue pre- 
so el año de iSaS por mandado de cierto tribunal. Confesó lo 
sobredicho y también que un amigo sujo en Roma por los años 
de i5o8, le hizo traspaso, por decirlo asi^ de un espíritu ó fa- 
miliar que él tenia llamado Cequiel, para que le acompañase y 
le revelase las cosas venideras; y asimismo que apareciéndose 
en Roma una fantasma en casa de una muger española llamada 
la Rosales, le reveló que era lio difunto que habia sido muerto 
en ella á puñaladas, y que habia en ella un tesoro escondido, 
pero que le guardaban dos espíritus encantados por moros, y 
que para sacarle era preciso valerse de otro espíritu mas po- 
deroso que los ahuyentase. » 

Esto prueba no solo la descompuesta y vehemente imagina- 
<cion del doctor Torralva, sino la necesidad que habia de un D. 
Quijote para desterrar Jas estravagaucias de los encantos mo- 
riscos jr caballerescos. 

ítem. Confesó que hablando en Madrid con el cardenal Cis- 
aeros y el Gran-Capilan les dijo, mucho antes que llegase el 
<:orreo, la pérdida y derrota de D. García de Toledo y de su 
ejército en los Gelves. Acusóle un testigo de que traía la iigura 
úel familiar en la piedra de su anillo; y otro de que habia di* 
cho que iba y venia á Roma en una noche, caballero -en una 
caña. Como este es el caso fabuloso referido. por Cervantes, se 
pondrá aquí su declaración, aunque algo compendiada, que 
dice asi: 



C>3) 

^'Preguntado ti el dicho espirita Cequiel le habia traspoirlá^ 
do corporalmente en alguna parte^ y de la mapera que le lle- 
va^ dijo que estando en Yalladolid el mes de tnajo próximo pa- 
sado (del aüo de 15^7 ) habiéndole visto y dicho el dicho Ce- 
quiel, de como aquella hora era entrada Roma y saqueada, se 
h> dijo, jr él se lo dijo i algunas personas, y k> supo el Empera- 
dor^ pero él mismo no lo creyó; y la noche siguiente, viendo 
que no queria creer nada, le persuadió que fuese con él, y que 
él lo llevaría é Roma y lo volvería la misma noche. Y asi fue, 
que los dos salieron á las cuatro horas de la noche, paseéndo* 
se hasta fuera de la villa de ValladoHd, y estando fuera le dijo 
el dicho espíritu: no haber paiira , Jidate Ae me; que yo te 
prometo tfue no tendrás ningún desplacer; per tanto piglia 
aquesto in mano; y k él le pareció que cuando lo lomó en la 
mano era un leño ñudoso; y díjole el espíritu: cierra occhi, Y 
cuando los abrió le pareció ser tan cerca de la mar, que con 
hi mano la podría tomar, y después le pareció cuando abrió los 
ojos ver una grande oscuridad á manera de nube, y después un 
resplandor; donde hubo un gran miedo y temor, y d dicho es* 
píritu le dijo: noli timere^ bestiajieroy y asi lo hizo él; y cuan- 
do se acordó^ por espacio de media hora se halló en Roma en el 
suelo. Y le demandó el espíritu: doue pensate che state adesso? 
Y él le dijo: que estaba en Torre de Nona , y alli Oyó que dio 
el reloj del castillo de Sant Ángel las cinco horas de la noche; 
y asi se fueron los do^ paseando y hablando hasta Torre Sant 
Ginian, donde vivía el obispo Copis, tudesco ó alemán, y vido 
saquear muchas casas, y vido y sintió todo lo que en Roma pa- 
saba 9 y de alli se tornó de la manera que dicho tiene por es- 
pacio de hora y media hasta Yalladolid, que le tornó á su po- 
sada, que es cerca del monasterio de San Benito etc." 

De aqui se colige que Cervantes en la relación de este cuen- 
to (al cual poi; ironía llama verdadero ) siguió la fama que cor- 
ría de él en el vulgo, y que no vio el proceso, de donde resul- 
ta que este licenciado embaidor no volvió de Roma á Madrid, 
sino á Yalladolid, de donde habia salido; que no tardó en el via- 
ge doce horas, como dice Cervantes, y que cuando abrió los 
ojos no se vio cerca del cuerpo de la luna^ sino tan cerca de la 
naar, que la podía tomar con la mano. 

Una copia del proceso de este reo, sentenciado por iluso y 
por imbuido en algunos errores en 6 de mayo de 1 53 1, se coil*^ 
serva en la Real Biblioteca. 

IV. a 



(14) 

Confirma también los embelecamientos del reoTorralva Luis 
Pinedo, diciendo que estando aquel en Madrid en casa del U* 
cenciado Vargas, á petición de un galán que deseaba ver á Sa- 
tanás, le hizo salir de entre unas jerbas, y que luego desapa- 
reció^ y si el susodicho galán y el licenciado Vargas creye- 
ron esta aparición, no estaban mas en su acuerdo que el licen- 
ciado Torralva. 

( 53 } Girifaltes* En la gerigonza ó germania de los gita"^ 
nos es sinónimo á veces de ladrón, porque es también $1 nom- 
bre de una ave de presa. 

( 54 } Ninguno pasaba de los cuernos de la luna. En el 
canto 34 del Orlando Furioso cuenta el Ariosto otro viage qui* 
mérico y estravagante parecido al que refiere Sancho. 

Capítulo ruaírtojo^tmo $tffm}f9. 

( 55 } Estd^ ó hijo^ atento d este tu Catón* Es decir , á tu. 
mentor, que trata de ilustrarte y dirigirte, (f^. la nota s<-> 
guíente )• 

( 56 } Un golfo profundo de confusiones * £1 Catón que s« 
propone imitr.r O. Quijote, es Dionisio Catón, como ja lo no- 
\6 Pellicer, autor de unos dísticos latinos morales que escribios 
y dirigió á su hijo con este título: Dionjsií Catonis Disticka^ 
de Moribus ad Filium. Ignórase quién fuese ese Dionisio y ea 
qué tiempo floreció, aunque se sabe que es posterior á Lucano^ 
á quien cita^ y asi no pueden estos versos atribuirse sin error 
ni á Catón el Censor, ni al Uticense. Visto pues que no menos 
se ignora el nombre que el tiempo del autor, y el crédito que 
tiene Catón el Censor de tan gran maestro de preceptos mora- 
les, conjetura Gerardo Juan Vosio que se intitularon estos dís- 
ticos Qon el nombre de Catón no tanto por el autor, como por 
la materia moral de que tratan, al modo del Catón cristiano 
del P. Rosales. Estos dísticos son en todos CXLVI; divídense 
en IV libros, y son tan escelentes por su latinidad y morali- 
dad que han merecido ser comentados por unos de los princi* 
pales sabios de la república literaria, como son Erasmo y Josef 
Escalígero. Máximo Planudes los tradujo á la lengua griega^ 
correspondiendo un dístico latino á otro griego. Enseñábanse; 
en las aulas de latinidad, y en Anvejres los imprimió Juan Stel- 
sio el ano de i563 en iñy con una traducción gramatical ea 
castellano. Acaso los esplicaba en el estudio público de Madrid 



(i5) 
su preceptor Jaan López de Hojosi maestro de Cervantes. Es- 
te sin embargo en el prólogo de la P. I. cita equivocada- 
mente el dístico* 

( 57 ) Siendo sabio no podras errar en nada. El versículo 
10 del salmo CXI dice: Initium sapientias timar Domini, Intel" 
lectusbonus ómnibus facienlibus eum: laudatio ejus manet In sof* 
culum soecuU. Principio de la sabiduría es el temor del Señor* 
Todos los que se ejercitan en éJ, tienen buen entendimiento: su 
alabanza permanece por siglo de siglo, Scio* 

( 58 ) La ruefia de tu locura. Creíase antiguamente que 
cuando el pavo real hace major ostentación del matiz de sus 
plumas, si acertaba á mirarse los pies, que como se sabe los tie- 
ne muy feos, la recogia avergonzado. Y & este propósito dijo ya 
nuestro Fr. Luis de Granada en su Manual de meditaciones ^'mi- 
n raudo como el pavón la cosa mas fea que en tí tienes, luego 
^desharás la rueda de tu vanidad. " 

( $9 } Principes jr señores. Es decir, á los que tienen 6 cuen- 
tan por ascendientes y parientes príncipes y señores. 

( 60 } Del no quiero de tu capilla. Alude esto al antiguo 
refrán español: ^'Mo quiero, no quiero, mas echádmelo á laca- 
pilla^' que se dice, según refiere Covarrubias, de los que tienen 
empacho de recibir alguna cosa, aunque la deseen; y como los 
religiosos, unos por voto, otros por decencia, no deben tocar ni 
manosear el dinero , cuando no lo quieren tocar , presumen 
que dicen entre sí: «no quiero, no quiero, mas echádmelo en 
la capilla. '' 

Usábanse entonces comunmente unas capas sin capilla pare- 
cidas á los manteos de los clérigos que llamaban herreruelo, del 
que hemos hablado en una anotación del tomo i .^, y otra espe- 
cie de capas con capilla, y estas al parecer eran propias de la 
gente de mas valía, como jueces, médicos etc. Pellicer añade 
que en tiempo de Cervantes debía ya usarse admitir dádivas 
ios jueces por segunda mano, citando ei^ comprobación un pa- 
sage del célebre predicador Fr. Alonso de Cabrera. "Yo no quie- 
ro llevar cohechos, dice el juez, ni en mi vida los llevé; pero 
ahi están mi muger y mis hijas, que son damas, y como tales 
pueden recibir. " 

( 61 ) La ley del encaje. (V. la nota laS del primer to« 
mo ), 






**, 



{6a ) Puerco y estraordinaria abuso, Mujr variable ha si*» 
do en esta parte la moda. No solo lo ha sido dejar largas U9 
uñaSf sino que á mas se han teñido de aiuarillof de color de ro« 
sa, etc*9 creyendo que de esta manera resaltaba mas la blancura 
de las manos. Los antiguos practicaban una desús adivinación 
lies supersticiosas p<ír medio de las uñas^ examinándolas coa 
detención y practicando ceremonias ridiculas y absurdas pa- 
ra deducir presagios^ cuya adivinación se llamaba ouycoman" 
da, 

( 63 -) Como se juzgó en la de Julio César* En efecto Sue- 
tonio dice queera algo afeminado en el vestir, y particularmen- 
te que iba ceñido flojamente, distintivo entre los romanos de 
costumbres muelles y poco varoniles. Mas vidse después que 
usaba de esta afectación para que le tuviesen por hombre de 
poco, disimulando su valor y talento. Como que preguntando 
Cicerón porqué mas bien siguid el bando de Pómpelo que el de 
César, respondió «que lehabia engañado César con el modo 
de ceñirse la toga '' es decir las aparentes señales de afemina- 
ción que Cervantes califica de socarronería. 

( 64 ) No les eslan bien ni d los caballeros^ ni d los gober- 
nadores. Descripción del Irage usado en tiempo de Cervantes. 
En varias anotaciones hemos tenido ocasión de describir cada 
una de las partes de esta vestimenta, por cuja razón no lo re- 
petimos^. 

( 65 ) Oka de haber entre ellos comunidades. Hé aqui un 
minucioso resumen del origen é historia de las comunidades ó 
comuneros. 

Descontentos algunos pueblos de Castilla, suponiendo que el 
emperador y rey Carlos V de Alemania y I de España prote- 
gia masa los flamencos que á los españoles, confiriendo áaque. 
líos la mayor parte de los empleos y dignidades, acabaron de 
exasperarse por haber convocado el rey las Cortes de Castilla 
en Santiago de Galicia. Esto , junto con la voz que se esparcid 
de que dispuesto S. M. tf pasar á Alemania á tomar posesión de. 
la corona imperial se llevaba la reina, conmovió de tal mane- 
ra al pueblo de Valladolid, donde Carlos no quiso dar audien- 
cia á los diputados de Salamanca y de Toledo, que de resultas 
se vid precisado á salir de aquella ciudad con mucho peligro. 



(«7) 
Los representantes de Toledo se oponían en tas Cdrtes á lat 
pretensiones del rej^ el caal les desterró trasladando aquellas 
í la Coruña en donde se celebraron , y consigaid un subsidio 
de doscientos millones de maravedises. Las ciudades de Madrid, 
Toledo, Salamanca, Córdoba, Toro, Murcia, León, Segovia, 
fiúrgos y algunos otros pueblos, protestaron contra este dona-* 
tivo gratuito: 

En esto marchóse el rey, dejando de regente de los reinos 
de Castilla y de León al cardenal Adriano con el consejo de 1^ 
chancillería de Valladolid, de regente de Aragón á D. Juaa La- 
nuza, y de Valencia al conde Melito O» Diego de Mendoza; mas 
apenas se ausenta del suelo español , cuando Toledo y todas 
las demás ciudades nombradas se levantaron en masa ea i5ao, 
y bajo la deuominacion de comunidades formaron una Uga ter- 
rible y ruidosa para oponerse al gobierna de S., M« A la fren- 
te de ellas se pusieron D. Fernando Dávalos y D. Juan de 
Padilla, joven de un genio fogoso y yivo, casado con D.* Ma-^ 
ría Pacheco, hija del conde de Tendilla. Provistos lo&camu- 
neros de armas y dinero, que les facilitaban los pueblos des- 
contentos y que negaban al ejército del rey, formaron en poca 
tiempo un poderoso ejército, del que Padilla fue nombrado ge- 
neralísimo, y el cual venció al alcalde del Ronquillo, que fu» 
enviado contra ellos por los realistas. 

Padilla, sabiendo que la reina se hallaba en TordesillaSfpre-r- 
sentóse á ella; y con un lenguage artificioso y seductor supo 
presentar de tal manera los quebrantos y desórdenes que aque^ 
jaban á la nación, que logró le confirmase el título que los co- 
muneros le habian conferido decapitan general, y que á mas le 
encargase el restablecimiento de ist paz y de la tranquilidad pá- 
blíca. Pero bien distante de verificarse asi se alteraba cada dia 
mas y mas, estendiéndose el fuego de la rebelión hasta Galicia 
y Andalucía. Los gefes de los mal contentos, haciéndose cada 
yez mas audaces, se apoderaron de la reina; y por todas partes 
no se veian sino escenas horrorosas y víctimas sacrificadas á un 
fíiror bárbaro y frenético. 

Trasladáronse los regentes á Burgos, y en medio del trastor- 
no general conservaron la mayor serenidad y mucha firmeza,- 
y ausiliados por el rey de Portugal que les adelantó cincuenta 
mil ducados, juntaron un ejército numeroso que pusieron i 
las órdenes del conde de Haro. 

P délos comuneroSf á cuya frente iba d obispo de lamort^f 



(i8) 
D. Aoloaio ó Pedro de Acuaa, salió en busca del realista qu«^ 
se hallaba en Rioseco; pero fue vencido por esle, haciéndole 
al mismo tiempo muchos prisioneros. Después en a3 de abril de 
i5ai acabaron de ser derrotadas las comunidades por el ejérci- 
to real en la memorable batalla que se dio en los campos de Vi* 
Halar, quedando en ella prisioneros sus gefes Juan de Padilla, 
Juan Bravo, y Francisco y Pedro Maldonado, todos los cuales 
perecieron en uu cadalso al dia siguiente, concediéndose al mis- 
mo tiempo una amnistía general, menos á las cabezas de la re- 
belión. 

Con esta victoria y castigo volvieron á la obediencia de S. M. 
las ciudades sublevadas, esceptuando Toledo, en la que se ha- 
llaban entonces el obispo de Zamora y D." María Pacheco, via- 
da de Padilla, obstinándose en defenderse, y lo hizo por algún 
tiempo con encarnizamiento, hasta que el 3 de febrero de i Sa^ 
habiendo embestido las tropas reales con espada en mano la 
fortaleza del Alcázar, se apoderaron de ella. 

La viuda de Padilla y un hijo suyo se salvaron huyendo 
vestidos de aldeanos, y se refugiaron en Portugal, donde aca- 
baron con mucha infelicidad el resto de sus dias. Al obispo de 
Zamora le confinaron en la fortaleza de Simancas donde ha- 
biendo cometido un nuevo delito fue ahorcado de una almena. 
De este modo acabaron las memorables comunidades de Cas- 
tilla que tanta sangre y lágrimas costaron á la patna. 

Capitulo íucúrtag^tmo ruatto. 

( 66 ) JVb se trocara con el emperador de Alemafía, Lo 
mismo que emperador de Alemania , que por los tratados de 
i8i4, pasó á llamarse de Austria. 

( 67 ) Gran poeta cordobés. Este es Juan de Mena, muy 
estimado del rey D. Juan el Segundo. Créese nacid en i4( i, y 
murió en i456. Su obra mas famosa es El Laberinto escrito en 
3oo octavas de arte mayor. En la copla 227, reproduciendo un 
.pensamiento espresado por Hesiodo en su poema de Las obras 
y los dias, que llamó á la pobreza '^ dádi\ a de los dioses in- 
mortales" dijo nuestro poeta: 

O vida segura, la mansa pobreza I 
O dádiva sancta, desagradecida ! 

( 68 ) Uno de sus mayores . santos. El apóstol Sao Pa- 
blo. 



(19) 

í (69) ^«* ^"« con la otra geníe. Én la comedia de I« 

it GraD sultana había dicho Cervantes: 

i Hidalgo pero no rico: 

K. Maldición del siglo nuestro^ 

' Que parece q ue ei ser pobre 

[ Al ser hidalgo está anejo. 

^ ( 70 } ^^ff nuevo Eneas» Es decir, lié aquí un caballero 

que se conduce conmigo como con la desgraciada Didose portó 
Eneas. 

La mitología dice que este príncipe trojano era hijo de An- 
quises y de Venus. Durante los primeros años de &u infancia 
i'ue puesto al cuidado de una ninfa hasta la edad de cinco en 
que fue llevado á Troya* Algún tiempo después le condujeron 
8 Tesalia, en donde fue educado por el sabio Chiroo, que for- 
rad todos los héroes de su tiempo. De retorno á Troya casd con 
Creusa, hija de Priaroo, de la cual tuvo un hijo llamado As* 
canio. 

Después del robo de Elena por Páris, proveyendo Eneas los 
tristes resultados de esta violación de la hospitalidad , quiso 
que se devolviese esta princesa á Meuelao; y no obstante de 
que su consejo fue desestimado, combatió con mucho valor du- 
rante el sitio de aquella ciudad. Digno compañero de Héctor, 
\ y el mas valiente de los troyanos después de este héroe, se atre- 
vió á medir sus armas con Aquilesy Diomedes en combates sin- 
gulares^ pues aunque inferior á ellos en fuerzas, podia igualar- 
les con la protección de Venus y de Apolo. 

En' la tremenda noche en que los griegos se apoderaron de 
Troya , Eneas á la cabeza de un puñado de valientes disputó 
por largo tiempo la posesión de ella é inmold gran número de 
enemigos; pero demasiado débil para resistir á la multitud de 
griegos, se escapó conduciendo sobre sus espaldas á su padre 
Anquisescon sus dioses penates, llevando por lama no ásu hijo 
Ascanio y seguido de Creusa su esposa, que perdió muy luego 
sin haberse sabido jamas de ella. 

Retirado al monte Ida, vecino á Ilion, reuniólos troyanos 
que se habian salvado de ia espada de los griegos, y construyó 
asa flota de veinte bajeles, con la cual se dirigió ai Chersoneso 
de Tracia en <]oiide reinaba Polymnestor, uno de sus aliados. 
Pasó en seguida á Délos, visitó las Estrofadas y ia islii de Creta, 
en donde esperaba hallar el imperio prometido por los orácu- 
Um* De allí fue ai Epiro, en donde el «divino Ueleao le vat.ici- 



(ao> 
u6 8tt dettíaoE. Fue ev segaida á Dépana en Sicilúrf en la <jm& 
mandaba el anciano Acestes. Después de haber dado sepultar»- 
en esta ciudad á su padre Anquises, se embarcó para Italia; pero 
habiéndole arrojado una violenta tempestad sobre las costas de^ 
Afrka, abordó en Cartago, eu donde DidO| que según quiso su- 
poner Virgilio reinftbaen esta época, le acogió favorableiuetite* 
Bien luego^ enamorada de su valor y desús grandes cualidades^ 
concibió por él un amor el mas estremado, y quiso cftsarse conr 
él. Pero el héroe tro/ano^ después de hab«r estado algún tiem- 
po en la corte de esta princesa , se olvidó de su encanto y se ale- 
jó de ella por disposición de los dioses. 

Habiéndole forzado los vientos 4;ontrario5 ú retornar á Sici- 
lia, celebró con este motivo unos juegos íáuebres en honor de 
su padre,, cujas cenizas reposaban en ella. Desembarcado » 
Cumas en Italia, lo primero que hizo fue ir á encontrar á la Si- 
bila, la que le enseñó el camino de los infiernos, á donde bajó 
después de haber encontrado el ramo de oro que ella le habia 
indicado para regalar á Proserpina. En los campos eliseos vid 
á los mas de los héroes troy auos y asa padre^ de los qae supo 
el destino que le esperaba á él j á sus hijos. 

Después de una navegación de siete años llegó á las plajas 
del Tiber, en donde Cibeles trasfbrraó sus naves en ninfas. La- 
tino, rey de este pais« le recibió amistosamente, y le prometió la 
mano de su hija Savinia. Pero al llegar esta noticia á oidos de 
Turno^rey délos rútulos, á quien la reina Amata^ esposa de La- 
tino le Labia medio prometido darle á Lavioia por esposa, to^ 
mó las armas y arrastró muchos pueblos para que formasen 
parte en su querella. Esta se sostuvo por algún tiempo, hasta 
que después de muchas acciones sangrientas terminó la guerra 
por un combate singular entre los dos rivales, en el que Turna 
perdió la vida. 

£1 héroe trojrano, después de haber casado con Lavinia, «di'- 
ficó la ciudad de Lavínium en honor suyo, y reinó eo el Lacio 
luego después de la muerte de su suegro. 

Habiéndole roas adelante declarado la guerra los etruscospor 
su advenimiento al trono, marchó Eneas contra ellos paoa so- 
juzgarlos; pero en medio del combate desapareció repeoAiaa- 
mente á los treinta y ocho años de edad. Los latinas no sa- 
biendo qué habia sucedido á su rey, creyeron que los áia^ 
8es lo habian arrebatado al cielo, y le tributaron honores 
divinos. Después fue adorado por los romanos bajo el nom-. 



(ai) 
bre de Jépiter lodlgetas^ y coo&íderadcr contó elfüiMiador des« 
imperio. 

Algunos escritores cueutande otra inaDera la muerte de EoeaS| 
diciendo que este principis pereció en un combate contra loft 
etruscoSf y que su cuerpo fue echado al rio INímico en donda 
fue hallado poco después, y en honor del cual elevaron los ro-» 
manos un monumento en sus inmediaciones. 

Virgilio hizo de Eneas el héroe de un poema conocido de to- 
do el mundo con el nombre de Eneida. Estrabon, Dionisio, de 
Halicarhaso y Dares de Frigia están lejos de representar á Eneas 
como un héroe. Al contrario le acusan de haber entregado su 
patria á los griegos, fuese por zelos ó para conservar sus rique- 
zas; y Homero dice en el lib. XI [£ de la Iliada, que habiéndole 
concedido Priamo las consideraciones que creia merecer Eneas, 
quiso vengarse de aquel príncipe por una perfidia, y que reinó 
sobre la ciudad de Trojra después de haberla reedificado. 

Algunos pretenden que después de la toma de Troja, Eneas 
lo mismo que Andróm&ca fue prisionero ó esclavo de Nepole- 
no, el cual se lo llevó á Tesalia, de donde escapó y llegó á Ita- 
lia. Otros que de Italia volvió á Troja después de haber colo- 
cado á su hijo Ascanío en el trono del Lacio; pero Virgilio y 
los escritores latinos, para adular á Augusto y darle un origen 
heroico, admitieron la primera opinión. 

Suponen algunos que Eneas ni siquiera se hallaba en Troja 
cuando se apoderaron de ella los griegos, diciendo que estaba 
en Italia donde Priamo le habia enviado con algunas tropas. 
Otros creen finalmente que se halló en el sitio de esta ciudad, 
j que los griegos, respetando su piedad al ver que iba car- 
gado con su padre j con sus dioses, le permitieron el escapar- 
se etc. 

El célebre poema épico, en el cual Virgilio cantó el esta- 
blecimiento de Eneas en Italia es, después de la Iliada, 
el mas bello monumento que nos queda de la antigüedad. 
Se halla dividido en doce libros: los seis primeros contienen 
las correrías j navegaciones de Eneas , del mismo modo con 
que Homero canta en la Odisea los de Ulises; j en los seis res- 
tantes el poema romano describe varios combates, á imitación 
de Homero en la Iliada. 

La Eneida abraza un período de siete años; j esta esteusion 
es ano de los principales defectos del plan de éste poema, se-, 
gaa la opinión de algunos sabios. Menos fecundo en medios, ó 



menos atrevida que el cantor de Troja^ temi<S Virgilio do po^ 
der llenar los doce cantos, si no ingería una multitud de suce^ 
SOS; pero estos hacen desaparecer á olvidar raujr amenudo el 
interés priucipal de la obra. Lo que constitujre verdaderamen- 
te la fábula del poema está concitetwlo en el espacio de algunos 
meses. Esta grande acción principia á mediados del séptimQ 
año de los viages de Eneas, y termina antes de su muerte. To« 
do lo que precede es referido como simples episodios, tales co- 
mo las desgracias délos tróvanos, causadas por la cdlera de Ju- 
no, la historia de la destrucción de Troja, y los amores de Dido 
y de Eneas» 

En el primer libro que empieza con el séptimo año de la es- 
pedición, Eneas navega por el Mediterráneo y naufraga sobre 
Jas costas de África, en donde la reina Dido le acoge fayora-: 
blemente* En el segundóla solicitud de la princesa, hace la 
relación de la caída de Troya y de su huida al monte Ida. Con* 
tinua el tercero haciendo una sucinta relación de los países que 
ha corrido, y termina con la descripción de la tempestad que 
sirve de introducción á este poema. En el cuarto nos pinta en 
un cuadro político el nacimiento, el desarrollo y el resul- 
tado de la pasión de Dido por Eneas, el despido 6 mar- 
cha precipitada de los tróvanos, y el furor y la muerte de 
la desgraciada princesa. En el quinto Eneas llega á Sicilia, de 
donde se hace á la vela para Italia después de haber celebrado 
con juegos fúnebres el aniversario de la mnerte de su padre An- 
quises. En el sexto visita los campos elíseos, en los que su pa- 
dre le anuncia su destino y el de los romanos Bus descendien-> 
tes. La escena cambia en el séptimo: Eneas llega al Lacio y ha» 
ce un tratado de alianza con el rey Latino, el cual le promete la 
roano de su hija Lavinía; pero Turno, amante de esta princesa^ 
toma las armas y se dirige contra su rival. En el octavo libro 
Eneas es socorrido por Evandro, y recibe de Venus un escal- 
do forjado por Vulcano , sobre el cual estaban representadas 
sus espediciones , y la futura gloria de los romanos. El nono 
contiene la relación de los sangrientos combates que hubo en- 
tre las tropas de ambos partidos y el interesante episodio de 
liiso y de Enríalo. En el décimo na habiendo podido Júpiter 
reconciliar á Venus y Juno que protegían á las dos naciones 
rivales, se prosigue de nuevo la guerra con mayor furor, y Pa- 
las, hijo de Evandro , sucumbe á los golpes de Turno^ al que 
JuAO salva en seguida de la vooganxa de Eneas*- En el undé-» 



(»3) 
cimo el poeta describe los funerales de Palas y las tentativ,as de 
reconciliación entre Eneas y Latino^ que hace inútiles la im- 
prevista llegada del ejército de Turno. Ul I i mamen te, en el duo- 
décimo Eneas y Turno convienen en batirse en un combate 
singular; y ^ pesar de los obstáculos que opuso Juno para que 
no se verifícase, los dos rivales llegan á las manos en pre- 
sencia de los dos ejércitos, y la muerte de. Turno puso fín á la 
guerra. 

La Eneida atrajo á Virgilio la admiración de Roma entera» 
Propercio puso á este poema sobretodo cuanto habían produ- 
cido los griegos y los latinos. 

En lo tocante á la ejecución de su invención, su disposición 
fue muy premeditada y sumamente natural, y cuando convt-* 
no artiliciosa. Su estilo es maravilloso y acomodado á las per- 
sonas que introduce y á las cosas de que habla. Escogia cou tan* 
to tino las palabras, como que aun eu las letras de que se com* 
ponen ponia la atención y cuidado. Entre otros pasages cita- 
remos el lib. IX verso 5o3, en el que para espresar el terrible 
sonido de la trompeta que tocaba al arma, escogió palabras que 
tuviesen erres: 

M tuba terribiUm sonitum procul cere canoro 
IncrepuU Sequilar clamor coelumque remigit. 

Se asegura que Virgilio emprendió la Eneida á solicitud de 
Augusto, con el objeto de que los romanos tomasen afición ala 
monarquía , y que «dio á Eneas el carácter dulce y amable del 
nuevo emperador. 

Macrobio refiere que Augusto le escribia con mucha frecuen- 
cia preguntándole de su Eneas, del que creia descender por la 
-familia Julia, en la que él por adopción se ingirió, y la cual 
derivaba de Julio Ascauio, hijo de Eneas; y que Virgilio le res- 
pondió que tendria un placer en enviarle la Eneida si la con- 
sideraba digna de sus oidos; pero que no lo' había verificado, 
porque para perfeccionarla, necesitaba todavía mucho estudio. 
Cuando mas adelante la tuvo en mejor estado, recitó al empe- 
rador algunos de sus libros; el tercero y cuarto, según la opi- 
nión de Servio; ó el segundo, el cuarto y el sexto, siguiendo á 
Donato. Se dice que al llegar en dicho sexto libro á aquellos 
versos donde trata de Marcelo, sobrino de Augusto, hijo de Oc- 
tavio, á quien él había adoptado por hijo , y después casado 
con su hija Julia, el cual murió muj joven, oyendo su madre 
aquellas palabras: TU Marcellus eris etCt, causaron tal efecto 



(=•4) ' 

en su alma y fue tanto su dolor j sentimiento^ que se desmajó^ 
pero luego de yuelta en sí mandó dar á Virgilio diez sesterctos 
por cada verso recitado, cantidad que ascendió á unos ciento y 
treinta rail reales. 

Empezd Virgilio i escribir su inimitable poema en el ano ' 

7^4 de la fundación de Roma, siendo cónsules Caj^o César Oc- 
tavio por cuarta vez, y M. Licinio Craso; y lo conclujró a los 
once ó doce años , en el de 786, durante el consulado de Gn. 
Sencio Saturnino y Q. Lucrecio Vespillon, 

Sin embargo de que Virgilio habia acabado la Eneida por lo 
que hace á la invención general del asunto de ella, no habia 
podido corregirla y darla la última mano^ dejando sin concluir 
cincuenta y cinco versos. 

Escribió parte de la Eneida en Sicilia y otra parte en Cam- 
pania, y con ánimo después de perfeccionarla pasó á Grecia; 
pero habiendo encontrado en Atenas al emperador Augusto^ 
retornó á Roma , y acometido de una enfermedad murió ea 
Brindis el dia 37 de setiembre del año 73S de la fundación de 
Roma, ú los 5o años once meses y siete dias de edad. 

Aulo Gelio dice en sus Noches áticas que estando Virgilio pa- 
ra morir pidió á sus amigos que por cuanto no pudo dar la úl- 
tima mano á su Eneida se la trajesen, junto con todos los demás 
escritos, para hacerlos quemar delante de sí; y que viendo que 
no querian acceder á su demanda , dispuso en su testamento 
que lo fuesen después sobre su sepulcro, lo que se halla con> 
firmado por Pünio el major. Pero sus amigos Tuca y Varo, 
poetas contemporáneos suyos, le manifestaron que Augusto no 
permitiria el cumplimiento de su voluntad, y entonces fue cuan- 
do les legó todos sus escritos con la precisa condición de que 
no habían de añadir á ellos una sola palabra, dejando sin con- 
cluir los versos comenzados. 

Con motivo de haber Augusto preservado de las llamas 
una obra tan preciosa, conservamos unos versos que con 
poco fundamento se supone compuso el emperador á este ob- 
jeto: 

Ergone supremis potuit pox improba verhis 
Tam dirum mandare nefas; ergo ibit in ignes^ 
Magnaque doctiloqui morietur musa Maronis! 

(71) Las solas fueron llamadas. Hé aqui lo que dice Pe- 
llicer: Con la exageración del tamaño de estas perlas, llama- 
das irónicamente las solas , acaso aludió Cervantes i la. perla 



(aS) 
Uamada la Peregrina^ la Huérfana ó la Sola por do tener Com- 
pañera, que tenían los re^es de España vinculada en la coró* 
na. Se pescd el año de i5i5 en la mar del Sur en el Darien en 
la isla de Cerarequi: compróla el señor Pedrarias de quien des- 
cienden los condes de PuñonroStro: por su muerte pard en po- 
der de D.* Isabel de Bobadilla, de la casa de los coudes de 
Chinchón, después en el de la emperatriz D.* Isabel, y des- 
de entonces permaneció en el de nuestros rejes, hasta que en 
el incendio del palacio de Madrid se consumid con otras alha- 
jas preciosas el año de 17 34* £ra tan estimada por su magni- 
tud, por su buen oriente, por su mucho lustre, blancura jr dia- 
fanidad. Tenia la figura desuna cermeña ó perilla: ancha por 
la parte inferior , j mujr angosta por la superior. Descríbela 
Manuel Mayus, platero de Carlos II que, haciendo también de 
etimologista, dice que la palabra castellana pería se deriva de 
la latina pirula^ que significa la cermeña ó la perilla, de cuya 
fígura son por lo común las perlas , aunque las hay también 
redondas. Pesaba la Peregrina cincuenta y cinco quilates fe- 
bles, cuyo valor {tasado cada grano de peso ó de medida de 
perla redonda ó de perilla^ como dice Majus^ d cinco reales 
de piala } importó 44^9^10 reales vellón. Con esta tasa corrige 
este artífice al cronista Antonio de Herrera y á D. Juan de So- 
lorzano, que hablan de esta perla á quienes cita. {Década IV. 
lib* 6 cap. 12, Política Indiana, lib. 6 cap. 4 fol* qSo). Dejó 
de ser sola la Peregrina ó la Huérfana , porque en el año 
de 1691 (dice el referido platero) se sacó eu el mismo parage 
del Üarien otra perla tan grande como ella con poca diferencia, 
de que no podía tener noticia Cervantes. La cual vino á poder 
de D. Pedro de Aponte, conde de Palmar, natural de las Ca- 
narias, que viniendo á España, se la regaló á Carlos II, que en 
recompensa le hizo algunas mercedes. Era también de la he- 
chura de una cermeña ó perilla, pero no de tanto oriente, blan- 
cura, ni diafanidad: pesaba cuarenta y nueve quilates fuer- 
tes: llamábanla la compañera de la Peregrina. Cuando estaba 
sola la Peregrina se servían de ella los reyes en ocasiones de 
gala y de regocijos públicos ; después se guarnecieron ambas 
para que sirviesen de arracadas á las reinas. 

( 7a } No mires de tu Tarpeya. Alude á lo que se cuenta 
de Néron que después de haber puesto fuego á Roma para for- 
marse una idea del incendio de Troya, se complacía en su obra 
mirando el incendio desde una colina llamada la roca Tarpeja.' 



(a6) 
Desde lo alto de ella precipitaban anligaatnente los romanos 

los crínoinales condenados á muerte. (/^. la nota siguiente'). 

( 73 ) Nt le cn»ives con la sangre. Un romance antiguo de- 
cía: 

Mira Ñero de Tarpeja 

A Roma como se ardía: 

Gritos dan uinos y viejoSf 

Y él de nada se dolía. 

Capitulo cíxtíbxai^hmo quinto* 

( 74 ) Los antipodas* Didgenes Laercio dice que Platón fue 
el primero que llamó antipodas á los habitantes opuestos de iñ 
tierra, j Pitágoras el primero que sostuvo su existencia; cu^a 
opinión combatieron muchos ñlusofos, dudando no solamente 
que hubiese antipodas sino sosteniendo aun que no podía ha<- 
berlos, de cujo parecer eran Piinio, Lucrecio, S. Agustín, etc; 
hasta que después se ha manifestado su posibilidad y existencia. 
( 7$ ) Meneo dulce de las cantimploras* Con el calor del 
sol, dice Pellicer, se escita la sed, que para satisfacerla obliga 
á refrescar el agua con la nieve que se derrite con el meneo dul' 
ce de Ins cantimploras. 

( 76 ) Nunca te pones, Al parecer imitó Cervantes á Hora- 
cio que hablando del sol dice: 

jilme Sol^ curra nítido diem qui 

PromiS et celas ^ aliusque et idem^ 

Nasceris, Carm. Saeculare. 
Esto es: 

. • • . • . Sauto sol 

Que sacas el día en tu carro 

Resplandeciente, y te encubres, 

Y te vas otro mostrando 
Siendo el misfno. 

Ponerse el sof^ que parece significa ponerse delante ó ma- 
nifestarse á nuestra vista, quiere decir en castellano ocultárse- 
nos de ellaf desapareciendo de nuestro horizonte; y por eso di- 
jo D. Antonio de Solis: 

Díme, inventor de frasi tao maldita, 
Cómo se pone el sol cuando se quita ? 
Nuestros antiguos poetas, como lo notó Pellicer, decían con 
propiedad trasponerse el sol por quitarse 6 esconderse. 



'-^W 



{ 77 ) ^ regimiento del pueblo» Con esto puede etitejider<* 
se QO solo la fuerza armada ó especie de milicia que antigua* 
mente había en muchos pueblos á manera de guarnición, sino 
también el ayuntamiento d cabildo que gobierna 6 rige el pue- 
blo de donde tomaron el nomnre de regidores y también el de 
regimiento. 

La ínsula Barataria, si hemos de creer á Cervantes, estaba 
situada cerca del castillo del Duque, como consta de varios lu- 
gares de los cap. XLY y LI. Sábese tambieu no solo que era 
sobre maneraférül y abundante^ sino que era uno de los me- 
jares lugares que el duque tenia, ( cap. XLII y XLV). 

£a Alcalá de £bro, lu|;ar de los duques de Villa-hermosa, 
supuso acaso nuestro autor la ínsula Barataría, fingida en la 
realidad, pero verdadera y efectiva en el concepto de Sancho. 
Panza; aunque él nunca se puso á averiguar si era ínsula^ ciu" 
dad^ villa ó lugar lo que gobernaba» Lo cierto es que en Alcalá 
de Ebro se veriñcan las circunstancias á^ fertilidad ^ abun^ 
danciay cercanía del castillo de los duques, que atribuiré Cer- 
vantes á la referida ínsula, pues en efecto es uno de los mejo- 
res de aquella escele ntísima casa, y está cerca del palacio de 
Buenavia.» Concurre también en este pueblo la circunstancia 
de estar situado casi en forma de isla, pues de Ul modo le cir- 
cula el Ebro, que solo viene á quedar una lengua de tierra por 
donde se comunica el palacio del Duque con la villa.. En la com- 
binación de todos estos requisitos se fundada un anciano sa« 
eerdote muy erudito, natural j beneficiado de Pedrola, j 
muy aficionado á la lectura de la historia de D. Quijote, para 
vivir persuadido y esparcir la voz de que Cervantes habia si- 
tuadu en Alcalá de Ebro la ínsula Barataría. 

Cervantes dice que se llamaba la ínsula Barataría^ ó ya 
por que el lugar se llamaba Saratano , ó ya por el barato 
que se le habia dado el gobierno, 

( 78 ) Debe enfadar como los mosquitos. Gil González de 
Avila, citado por el P. Luciano Saez, dice que: ^'el título de don 
solamente se daba á los reyes, infantes, prelados, maestres de 
árdenes militares y á los grandes señores, que entonces se 11»* 
maban ricos-hombres, y que fuera de estos se daba en pre- 
mio de señaladas hazañas que se hacian en servicio de Dios j 
de los reyes, ganando reinos, descubriendo nuevos mundos, y 
poniendo en cadenas rejres bárbaros: que el rey católico pre- 
mid co« el títolode don al conde de Cabra, alcaide délos den-> 



(a8) 
iréleSf por haber puesto en prisioa al rey Chico de Granada: 
que á Colon se le dieron por haber descubierto el nuevo mun- 
do: que en Castilla fueron tan observantes, que mientras noUe- 
gabán á ser maestres, dignidades 6 ricos-hombres, no se aprove- 
chaban de tal título; y que esta es la causa por que unas veces 
nombra la historia á Ruiz López Dávalos sin él, y oirás con 
él, y lo mismo á otros grandes señores, y que el que asi no era, 
aunque fuese hermano de maestre, no se alargaba á tal cosa." 
Sin embargo de la opinión de este escritor que confuta Saez 
añade: *'ni en los tiempos de D. Henrique I ni de D. Juan ü, ni 
en los anteriores ni posteriores, se halla cosafíja tocante al uso 
del don, porque desde el siglo VII hasta el XI se estiló mucho 
dársele á los santos, como se ve en los privilegios y donaciones 
que empiezan: Domnis Sanctis uidelicei atque gloriosis etc. post 
Deitm nohts jortissimis Patronis^ ó poniendo Dominis en lu- 
gar de Domnis; y en el siglo Xlll se le did el poeta D. Gonzalo 
Berceo á Jesucristo: 

"£•« el nombre de Dios qiiejizo toda cosa^ 
nE de don Jesucristo, yi/o<^e la gloriosa 
»£* del Espíritu Santo que egual de ellos posa 
nDe un confesor santo quiero fer una prosa. " ^ 
A los reyes se les daba también algunas veces, y otros los de 
gloriosísimos , dominisimos ^ firmísimos , serenísimos , ilus-^ 
trisinws etc: y otros no les dan dictado alguno, sino Eigo Ra-^ 
nimirus vel ego Ordonius Rex etc. Con los grandes <5 ricos- 
hombres practicaban lo mismo , desnudándoles á veces de los 
dictados honoríficos, y adornándoles otras con los de Óptima' 
t€S^ Séniores^ Magnates^ Potestates , Nobdes , Domni 6 Do-- 
mini y otros* A los obispos les daban también don á veces, y á 
veces los titulaban Séniores , f^enerabilesy f^enerandi^ y con 
estos mismos títulos honraban también á los abades, y con los 
de Palerj Pater noster^ Pater spiritualis^ y otros no les dan 
título alguno. 

Escrituras antiguas hay en que el rey tenia don , y la reina 
no. Muchas que dan don á la reina, y se le callan al rey: algu- 
nas en que ni al rey ni reina se le dan, y sí á los infantes: otras 
que 00 á todos los infantes^ sino á algunos de ellos: otras que 
& las infantas, y no á los infantes: algunas que no á todas las 
infantas, y si á una ^ dos: muchas que á ninguna persona real, 
y sí al obispo: algunas que á un obispo 6 dos, y no á los otros: 
otras que á ningún obispo y á los abades sí, 6 á alguno de ellos* 



Esta misma Tariedad se encueotrá respecto de los r¡cos»hom- 
bres, pues kay escrituras que á BÍnguDO llaman don: eo otras 
suscriben con éi uno ó dos, y los demás sin dictado alguno* 
Por último se hallan escrituras <[ue no dando don al rej^ reina, 
infantes é infantas, ricos-hombres, obispos y abades, se le dan 
á algún testigo 4 confirmante ó al notario que autorizó el ins- 
trumento. 

¥ para mayor comprobación de qne lo que dice Gil Gonzá- 
lez del uso del don no era tan exacto como él supone, vemos en 
las crónicas y archivos, que se da á cada paso don á los moros 
y judíos Don Abrahen, Don Le vi, etc. con ser Don Abra- 
hen y Don Leví no reyes, infantes, prelados, ricos-hombrea 
etc. etc., sino unos pobres caipinteros, sastres, módicos ó ar- 
rendadores de los derechos reales, que no habian emprendido 
otras hazañas señaladas, ni acabado mas acciones gloriosas que 
(a de haber puesto en cadenas no á reyes bárbaros, sino á los 
infelices cristianos que no les satisfacían los empréstitos usura- 
rios, ó débitos de alcabalas ó de otros pechos que tenian arren- 
dados. 

Asi que, concluye el erudito Saez, nada hay cierto tocante 
a! aso de los dones en los tiempos mas remotos, con lo que de- 
ben despreocuparse aquellos que creen que el don ha sido siem- 
pi*e distintivo peculiar de la nobheza. 

- Mas adelante el uso del dot fue propagándose estraordinaria- 
mente, en prueba de lo cual véase el testo que ha dado lugar á 
esta anotación, y lo que dijimos en la 3.* nota á la portada, en la 
a8 del mismo primer tomo y en otros lugares de la obra. Otro 
autor declaró los inconvenientes de la muchedumbre de éstos 
dones diciendo: '^También es causa de haber muchos holgaza- 
nes y machos facinerosos la licencia abierta que hay para que 
cada cual se pueda llamar don, pues apenas se halla ya hijo de 
oficial mecánico que no aspire por este camino á ennoblecerse, 
de que resalta que impedidos por esta falsa nobleza no se pue* 
dan acomodar á oficios, ni ocupaciones incompatibles é Índigo 
nas de quien se llama don; y sí este género de gente, sin ha- 
cienda para sustentar la persona, es el que emprende enormes 
delitos, de que se tiene suficiente esperiencia en esta corte. " 

( 79 ) ^^^ caballero en su dañada intención» Es decir, sin 
qaerer ni poder desprenderse ó apearse de sa dafiada intención. 

( 6o ) y no haya mas» ( Y. la variante n.^ 8 ). 

< 8f ) f^isto lo cual por Sancho, Como en algunas edicio- 
IV. 3 



(3o) 
ntf decía visto lo cual Sancho ^ se anadió la preposición por^ 
omitida sin duda en la impresión, para el mejor y mas claro sen- 
tido de esta cUosnla. 

( 8a ) Por tonto ó por discreto. Tomó este coeoto Cervan- 
tes de la Leyenda áurea de !*>. Jacobo de Vorágine en la vida 
de S. Nicolás de fiarif con las variaciones que podrán conocer- 
se comparándolo con el original que traducido insertamos. 

^Un jud^o prestó acierto homlire una cantidad de dinero, j 
no teniendo otro fiador, juró sobre el ahar de S. Nicolás que «e 
le voiveria cuanto antes. Pero retardando la paga el judióse la 
pidió, y é\. le dijo que ja se la faabia vuelto. Cítale ante el juez, 
pide este juramento al deudor, el cual afectando necesitar de bá~ 
culo para sostenerse, trata uno hueco, y lleno de monedillas de 
oro. Cuando pasó i hacer el juramento, alargó al judío el báculo 
para que se lo guardase mientras tanto. Juró con efecto que ha- 
bía vuelto á su acreedor aun mas de lo que le debía. Hecho el ju- 
ramento, pidió su báculo al judío, que ignorante del ardid se le 
volvió. Sale del tribunal el engañador, y jrendo por una encru* 
cijada, vencido del sueño, tiéndese en tierra: pasa por alli un 
carro, atropella al dormido, y quebrando el báculo, sale de él 
el oro de que estaba Heno. Sabido esto por el judío, acode á la 
encrucijada apresurado, y viendo el engaño, y persuadiándo* 
le muchos de que se entregase de su dinero, no quiso hacerlo de 
ninguna manera, á tto ser que el muerto resucitara por los mé- 
litos de S. Nicolás, asegurando que si asi sucediese, él recibiría 
ei bautismo, y se baria cristiano. Resucitó con eSeclo el crislia- 
Bo, y el judio se bautizó.^' 

(^ 83 } Alc4ibala$. En el año de i 34a el rej O. Alonso el X[ 
pidió al reino junto en las Cortes de Burgos un subsidio para 
ta guerra que hacia al rej moro de Algeeiras; y para indicar 
á sus vasallos que tenia necesidad de un socorro grande les di- 
jo: dadme al que valal Oe esta espresion, que en castellano del 
dia equivale á dadme algo que valga la pena ó bastante, lomó 
b1 nombre de Jlcabalael tríbulo concedido para el fin insinua- 
tlo, que en un principio consistió en un x o )>or loo de cuanto 
•e vendia. Tal se cree es el origen del nombre alcabala; sin 
embargo de lo que dice Covarrubia$ en su " Tesoro de la len- 
gua oastdlana. " Pedro López de Ayala en la crónica del rej O. 
Fedro, hablando de los privilegios de los mozárabes de Tole* 
do, dice de este tríbulo lo siguiente. ^^£1 rey D. . Alfonso, que 
venció hi batalla de Tarifa , echó en el reino un pecho que de- 



í 



(3t) 

dan Sisa, que eraa dos meajas al mkrsLTtáu £1 cual pecho no 
iiabia en el reino hasta olau tiempo^ j agora le dicen alcabala: 
había gran porfía sobre ellOf porque decían los de Toledo que 
no debían pagarla, y el rey decía que sí, porque este era un pe- 
cho tal que no lo echaban á l»s personas, mas que á ciertas vian« 
^fts j mercadurías, y que él mismo que era rej, y la reina su 
muger, y les prelados y ricos-hombres todos los libertados de 
su reino asi lopechaban« Y aun que si el papa 6 rey estrañe vi-- 
níese.Qn su reino asi lo pecharía», 
>{ 84 ) Socaliñas* En este lugar equiíFale á derechos» 

( 85 } Churrillera» Lo mismo que ladrona. 

( 86 ) Los juicios jr sentencias de un nuevo gobernador. En 
el Norte de los Estados de Fr. Francisco de Osuna se lee un 
caso parecido á este y sobre el que quizá arregkS Cervantes 
el suyo* Presentase ante el tribunal uaa doncella quejándose 
de un joven que la forzd. £1 juez dispuso que la die^e cincuenta 
ducados para su dote, con la condición que si se loa dejaba 10- 
bar, los perdiere; y al tnanceho dijo en secreto que la saliese al 
encuentro y si se los quitaba serian so jos. Encuéntrase en efec** 
lo con la forzada al volverse á ^xx casa, intenta por todos los me 
dios posibles quitarla los dineros; pero no pudo, porque ella los 
defendió d bocados^ á puñados^ a gritos jr d voces» Sábelo el 
juez, manda comparecer á las partes en su presencia^ y dijo á 
la valerosa doncella: como defendiste eloro^ pudieras defender 
ta integridad^ que estaba en rincón mas secreto : empero pues 
la perdiste^ señal es que no fuisjíe forzada^ ni te quisiste ds" 
fender^ jT asi dale su dinero* 

Capitula tncütaQtímú Hxto. 

( 87 ) Dando. Parece que debería deeir andando^ y tín du- 
da que Cerrantes asi lo escrifoiría. 



(3a) 

Copüulo itXQ^tmésimo sétimo. 

(88) Como juego de MaesecoraL Ü, Seba»tiaa de Co- 
varrubias en la palabra Coral de su Tesoro de la lengua caste- 
llaua dice: "Juego de Maestrecoralf el juego de manos que di- 
cen de pasa^ pasa* Diéroule este uorabre porque los charlata- 
nes y embusteros que hacen estos juegos^se desnudan de capa 
y sayo^ y quedan en unas jaquetas 6 almillas coloradas que pa- 
recen troncos de coral." Y luego continua: " díjose corA acor' 
de^ porque tiene el color y el lustre del corazón etc. 
Que vedo en su Thalia dijo: 

Di ea pasa pasa.de bolsas 
Y en masicoral de muebles. 
( 89 ) Toda harlazga es malaj pero la de perdices mali^ 
sima. No dijo tal Hipócrates, y solo el humor festivo de Cer- 
vantes le hizo sin duda tergiversar el aforismo que en su origi- 
nal dice: Omnis saturatio mala^ pañis autem pessima» 

( 90 ) Por vida del gobernador. Pellicer crejrd que había 
de decir por vida del gobierno para tener relación con lo que 
luego dice, y asi Dios me lo deje gozar. Pero la Ueal Acade- 
mia creyó que todo se corregía cambiando el pronombre le coa 
el de la por cuanto se refiere á la vida. 

( 91 ) Le ayuden d la digestión. En el libro de las Etique- 
tas de Carlos, duque de fiorgoña, citado por Pellicer, que des- 
puesfueron introducidas y adoptadas en el palacio de los reyes de 
España de la casa de Austria, se lee la siguiente, según dice Olí- 
vier de la Marcha , autor del libro: " El duque tiene seis docto- 
Mres en medicina, y sirven de visitar la persona y el estado de 
wla salud del príncipe, y cuando el duque está á la mesa, los 
«mismos están delante de él y miran qué viandas y platos se 
Nsirven al duque, y le aconsejan según á su parecer qué vían- 
»das le son mas provechosas " etc. El mismo Olivier refiere un 
caso que sucedió al duque Felipe con uno de estos médicos, que 
como á nuestro Gobernador le prohibía (;omer los mejores pla- 
tos y bocados para comérselos él después. Por medio del doc- 
tor Pedro Recio intentó reprender Cervantes la miserable su- 
jeción que algunos señores prestaban á los médicos impruden- . 
tes de aquella época. 

(9a) El grado de doctor por la universidad de Osuna. 
( V. la nota 7 del primer tomo). 



( 



(33) 
( gS ) Quiso hacer tirteajuera de la sata* Cervantes jue- 
ga aquí con la palabra tirteajuera^ parecida á tírate afuera ó re- 
hírate. Tirteafuera es, como se ha visto por lo que dice ei mis- 
mo Sancho , nombre propio de uo Jugar de la Mancha Baja* 
Hizo meucion de ¿1 en el siglo XIV el rey D. Alonso X[ en el £f- 
hro de la montería^ donde hablando de los montes que hajr ha- 
cia Calatrava, dice; La sierra de Tirateafuera é el valí de ^an 
Pérez es todo un monte. Usa Cervantes de la palabra Tirteafue' 
ra, como hemos dichof para denotar que amedrentado el médic<^ 
con las amenazas del gobernador Sancho Panza^ quiso salirse 6 re- 
tirarse de la sala, que esto significa tirteafuera ó tirateafuera^ 
como dijo Pedro Simón Abril traduciendo el lugar del Eunuco 
de Tereucio en que la criada Phjtias dice al mancebo Chérea: 

En buena fe que ni jro osaria 

Darte á guardar nada^ ni menos guardarte 

Yo* Tirateafuera* 

( Ñeque pol seruandum tibí 

Quidquam daré ausim^ ñeque te servare, Apage te* 

Act. V. escen. £1 ). 
( 94 ) Secretario del mismo emperador. Pellicer dice que 
lo fue en efecto del emperador Cá ríos Y Martin de Gaztelúf y^ 
lo fueron igualmente otros en tiempo de Cervantes, promovidos 
por el valimiento de O. Juan Idiaquez, secretario y consejero 
de estado de Felipe II y III* Hace mención de ellos Fr. Jaime 
defileda en. la ^fida de S, Isidro» A instancia ( viene á decir en 
el Trat* a. pdg. a66} de D. Juan Idiaquez, hijo de Madrid, 
aunque su desceudeucia es de Guipúzcoa, hizo Felipe III mér, 
ced á D. Martiu y O. Francisco de Idiaquez, sus deudos, de 
las plazas de las secretarías de estado, y después á Antonio de 
Aroztegoi, que se crió cerca de su persona] y para secretario de. 
Consejo de Guerra nombró el rey á su hermano Martin de Arozl 
tegui; y fueron también secretarios Lorenzo de Águirre, Juan 
de Mancicidor, y Juan de Insausti, y otros ministros que fue- 
ron hechuras del mismo D. Juan de Idiaquez. 

El carácter que atribuye aqui Cervantes á los naturales de 
Vizcaya, parece exagerado, pues muchos juntaban, como dice 
Pellicer, coa la habilidad de escribir bien, mucha capacidad y 
espedicion eu los negocios. 

( gS ) De la mañana, ¿Si seria el mismo día y hora en que 
Cervantes escribió esta carta? 

( g6 ) Escribirla* Sin duda que debiera decir servirla, por- 
que sino no tiene sentido* 



(34) 

( 97 ) Ninfa del dorado Tajo tejiendo telas de oro sirgo* 
( y. la nota 66 del tomo 3.* )• 

( 98 ) Eneas gozó d la hermosa y piadora Dido» ( V. I» 
ROta 70 de este tomo )• 

( 99 ) Almalafa, { V. la DOta 71 del 2.* tomo). 

(100) Alcalde* Término Herí vatio déla voz árabe cadij 
qae ftignifíca jaez 6 goberuador, con la adición del articulo aL 

£1 embarazoso eeremoaiai de cortesías y cumplimientos no- 
lado aqui por CerraateSf recibió particular aumento en España^ 
co^o lo advirtió Pellicer y desde que entrd á reinar la casa de 
Borgoña ó de Austria, como lo prueba tste caso y el siguiente^ 
que se lee en las Noticias de Madrid del año i63o. ^ D. Alvaro 
de Oca, oidor de la cbancillería de Granada, íba en litera por 
la ciudad con D. García de Salazar, otro oidor. Pasó junto á un 
corrillo de gente, en donde había un clérigo principal, presbí- 
tero, j le quitó el sombrero sin bacet* mucba sumisión. Pare- 
ciéndole al oidor que le habia hecho poca cortesía, le dijo que 
bajase mas el sombrero. A lo cual le respondió el clérigo: que 
para cortesía bastaba. El oidor le dijo: que era nn des vergon<^ 
jsado. £1 clérigo respondió: que él lo era. Hizo ademan de ar^ 
ro jarse de la litera. Detúvole el companero. Prendió el provisor 
al clérigo. £1 oidor no contento con esto compuso un Übríco 
en que hablaba licenciosamente del estado eclesiástico, y decia 
mal déla calidad del clérigo. El oidor fue castigado, habiendo*- 
se primero recogido el libro por edicto del Supremo Consejo 
de la Santa Inquisición.^^ 

( lot ) Que en ella estaba. Era esta puerta una de las fa^ 
tnosas de Madrid, de la cual se hace mención en su F'uero, en 
el año de laoa. Llamóse de Guadalajara, porque por ella se 
salía á aquella ciudad. Estaba situada, según dice Pellicer, en 
la calle major, como en frente de la entrada ó embocadura de 
la calle de los Milaneses y de Santiago, como lo acreditaron los 
cimientos descubiertos con ocasión del empedrado. Era magní- 
fica, jr trae de ella una estampa Colmenares en su Historia de 
Segouia. Habia en ella un reloj que se trasladó á la torre de S.* 
Cruz. Quemóse el día a de setiembre del año 1 58a con motivo 
de la multitud de luces con que la mandó iluminar el señor cor- 
regidor D. Luis de Gajtan para solemnizar la nueva conquista 



(35) 
del reino de Portugal, á cujo incendio compaso un dístico ero- 
nográfíco Henríque Coquo, poeta flamenco y residente en Ma- 
dridy y poco después acabaron de derribarla enteramente. 

Fellicer trasUda algunas noticias relativas alas novedades que 
por aquel tiempo se hicieron en Madrid; y con este motivo dice 
que habiéndose ausentado un vecino, jr vuelto en i586escribia 
á un amigo sujo diciéndole que vi(^ "ti palacio remendado, la 
puerta de Guadalajara derrocada, la plaza cuadrada, la man- 
cebía hecha monasterio etc. " todo lo que fue efecto de haber 
establecido Felipe II la corte en Madrid en i56i. A propósito 
de la Mancebía pública de Madrid, continuaremos algunas noti- 
cias curiosas á mas de las que se leen en Pellicer. 

Las casas públicas de mugeres mundanas 6 lupanares, eran 
comunes en las ciudades y lugares de alguna considerable po- 
blación en £i»paña, como lo son en Francia, Inglaterra etc. las 
cuales sin duda se toleraban para evitar mayores inconvenien- 
tes. A fin de poner alguu orden al vicio mismo sujetándole á 
ciertas reglas, estableció Felipe II algunas leyes hechas en Ma' 
drid en los anos de 1571 y iSyS. Tradúcelas eti Uiia el P. Ma- 
riana en su tratado De speclaculis: cuya traducción hecha al 
castellano, 6 por mejor decir á su lengua original dice asi: ''El 
arrendador de la casa pública (el padre á el Tayta de las hie-» 
nos brutas^ conoto dijo Quevedo}, se presentará al corregidor 
ó ayuntamiento del pueblo, y siendo hombre á propósito para 
el caso, jurará observar ¡Us leyes siguiente^: i •* que no admi- 
tirá ninguna muger casada, ni hija alguna del pueblo, ni de ue* 
gro ó negra; a.* que las admitidas entrarán sin deudas: 3.* qu^^ 
se proveerán de comestibles de la plaza; pero que si las pro- 
vee el arrendador, no las llevará por estos mas de la tasa 6 pos- 
turas: 4** que de ocho en ocho dias entrará un médico ó ciru- 
jano á reconocer su limpieza, y que á este reconocimiento se 
sujetará la novicia 6 la nueva inquilina: 5.* que si estuviesen, 
infectas 6 padeciesen cualquier otra enfermedad, ninguna se cu- 
rará en la casa, sino que sea conducida sin dilación al hospital: 
6«* que cada una dará todos los dias al arrendador un real de 
plata por el hospedaje, cama y otros muebles necesarios: 7.* 
que en la semana santa no ejercerán, y si alguna incurriese sea 
azotada por las plazas públicas con el arrendador si lo habia 
consentido: 8.' que no usarán vestidos talares, ni sombrerillos, 
ni gaastes, ni chapines ; sino una mantilla por los hombros, 
G^rta y encarnada: 9.* que no llevarán hábitos de ninguna <$r« 



(36) 
den religiosa, ni almohadas, ni tapete á los templos^ nr saMrá» 
con pages , ni tendrán criada que baje de cuarenta años: la.* 
que escritas estas le^es en una tabla estanSn patentes en la man* 
cebía para noticia de todos; y últimamente qne para celar su 
observaucra se nombrarán dos regidores, cuja comisión dura- 
rá solo cuatro meses.'' 

Parece al mismo tiempo qne habia la costumbre de Ucvar á 
estas mugeres perdidas á oir sermones en la cuaresma, queso- 
lian predicarse en la casa ó con Tentó de las Arrepentidas. 

Asi siguió la cosa hasta que Tiendo el gobierno que con est» 
tolerancia del vicio público no solo no se evitaban los incon- 
venientes previstos, sino que eran ocasión de majores y mas^ 
estraordinarios: aconsejado Felipe IV de los tedlogos, mandó 
ctTtíktXoi bárdeles d casas públicas por una pragmática, per- 
mitiendo que sus inquilinas viviesen diseminadas j esparcidas 
promiscuamente por las vecindades de las casas sin sujetarse á 
privaciones ni limpieza. 

EH siguiente documento, que aunque impreso en las ordenan- 
zas de Granada, ha llegado á ser muy raro, es tan curioso por 
su antigüedad, y puede de tal suerte contribuir á formar una 
¡dea exacta de la organización social de nuestro pais en el sigla 
Xyif que no dejará de ofrecer algún mteres á nuestros lectores.. 
Por esta ordenanza se puede calcular que no estaba en aquella 
época la España tan atrasada , pues en él se ven consignadas 
medidas que muj posteriormente y en las naciones mas cul- 
tas se han interpretado conK> señales indudables de adelantoa 
jr de libertad civtl. 

ORDENANZA DBL PADRE DE LA MANCEBÍA. 

TU. 124. 

D» Garlos, por la divina clemencia, emperador semper Au- 
gusto, rey de Alemana: D.* Juana su madre, y el mismo Don 
Carlos, por la gracia de Dios, reyes die Castilla, de León, de las 
Dos Sicilias etc. Por cuanto por parte del consejo, justicia^ y 
Teinte y cuatro caballeros, escuderos y oficíales y hombres bue- 
nos de la ciudad de Granada, nos fue fecha relación diciendo: 
Que vista la desorden que se tenia en la mancebía de esta dicha 
ciudad, por la persona cuyo cargo era, asi en el mal tratamien- 
to que se hacia á las mugeres públicas que allí están, y eran i 



(37) 
su cargoy como por los escesivos precios que se les Hevau por 
los maDtenimieotos y cosas que les daban, como cosas de co- 
iner, posadas, camisas y otras cosas; y para remedio de lo cual 
habiades hecho ciertas ordeoauzas útiles y necesarias, y nos 
suplicastes las mandásemos aprobar y confirmar para que de 
aquí adelante fuesen cumplidas y ejecutadas, y sobre ello pro- 
veyésemos como la nuestra nierced fuese; lo cual visto por los 
del nuestro consejo y las dichas ordenanzas, su tenor de las cua** 
les es este que se sigue: 

En la muj noble y nombrada ciudad de Granada, en dosdias 
del mes de noviembre de mil y quinientos y treinta y ocho, los 
muy magníficos señores. Granada estando en su cabildojr ayun. 
tamiento^ según que lo ha de uso, y de costumbre de juntar, 
dijeron que son informados de la desorden que ha tenido el 
padre que ahora es dé la ninncebía de esta ciudad, asi en las 
malas viandas que da á comer á las mugeres que estau y vivea 
en la dicha mancebía, como ecelsivo precio que les ha llevado 
y lleva por la comida y posada que les da, y en otras cosas que 
el dicho padre hace con las mugeres de dicha mancebía, en de- 
servicio de Dios nuestro señor y en daño y perjuicio de las di- 
chas mugeres, y platicado sobre ello para lo proveer y reme-* 
diar, acordaron y mandaron que el padre que ahora es, y de 
aqui adelante fuere de la dicha mancebía, tenga y guarde las 
ordenanzas siguientes. 

Primeramente, ordenaron y mandaron que de aqui adelante 
el padre que es 6 fuere de la mancebia, dé á cada una de las 
mugeres que allí residieren una botica con su cama, conviene á 
saber, dos bancos y un zarzo, y un hergon de paja, y un col' 
chon de lana, y dos sábanas, una manta y uua almohada, y 
un paramento de lienzo para delante la cama, y una síIIh y 
llave para la botica, y una vela cada noche de a' dos maravedÍ5> 
por todo lo cual quede llevar y lleve veinte maravedis cada 
día, y no mas, y es obligado de ocho á ocho dias de les dar sá« 
bañas limpias y almohadas, y no lo haciendo y cumpliendo asit 
caiga é incurra en pena dedos mil maravedis por cada vez que 
lo contrario hiciere, aplicados en esta manera:|la tercia parte pa- 
ra el que lo denunciare 6 acusare, y la otra tercia parte para el 
juez que lo sentenciare, y la otra tercia parte para los propio^ 
de esta ciudad, esto por la primera vez, y por la segunda la pe- 
na doblada aplicada en la manera susodicha, y á mas de pena 
de cien azotes^ y que no pueda tener mas el dicho oficio. 



(as) 

Otro sí: d¡)€ronf que por cuanto Uenen reiacioa j son infor. 
mallos que <i padre de la naancebía da de comer á las dichas 
mugereSf malas viandas en ecelsi vos precios, en causa de lo cual 
adolecen* Ordenaron y mandaron, que ahora y de aqui ade« 
lante sea obligado en cada un dia de les dar á cada una dos li- 
bras de pan , j una libreta de carne, la mitad camero, j la 
otra mitad vaca á puerco, y medio cuartillo de vino á cada co* 
raid», y según la calidad del tiempo, asi de berzas como de na* 
bos 6 berengenas, lo que sea necesario, y les dé su fruta at\ prin- 
cipio del comer, y su ensalada al cenar, y un rábano, y cuan- 
do no los hubiere cardo: todo lo cual Jes dé aderezado y guisa- 
do por precio de veinte y cinco maravedís cada un dia, so pena 
de dos mil maravedis , aplicados según y como está dicho, y 
por la segunda, la pena doblada. 

Otro sí: ordenaron y mandaron, que si las dichas mugeres ca- 
da una de ellas , allende de la comida y cena quisieren tener 
para comer ave, 6 cabrito ú otra carne , que ellas lo puedan 
traer, <5 enviar por ello á quien quisieren y por bien tuvieren; 
y si quisieren que el dicho padre se lo traiga, no las pueda lle- 
var por se lo traer y guisarlo, mas de la quinta parte de lo que 
costare; con tanto que no esceda la quinta parte de dos mil ar- 
riba, so la dicha pena. 

ítem: ordenaron y mandaron , que los días de pesicado les 
dé y les haya de dar seis maravedís de pescado 6 huevos, con 
su fruta y ensalada, según la calidad del tiempo, so la dicha 
pena. 

Otro sí: ordenaron y mandaron, que de aqui adelante el pa. 
dre ni la madre no puedan alquilar ni vender á ninguna délas 
dichas mugeres ninguna ropa de paño ni de lienzo, so la di- 
cha pena, y mas que si lo vendiese ó alquilare , que lo haya 
perdido. 

ítem: ordenaron y mandaron que por cuanto son informa- 
dos que las dichas mugeres por razón de dac á sus rufianes 6 á 
otras personas se empeñan, y obligan á algunas deudas al di- 
cho padre y madre, ora por empréstito, 6 por empeño, 6 por 
otra manera, que no se les pueda obligar ni obligue, ni le sean 
obligadas é pagar mas de hasta cantidad de cinco reales, y si 
se Jes emprestare 6 fuere según dicho es en mas cantidad, in- 
curra en la dicha pena de suso contenida , y haya perdido y 
pierda lo que asi dieron si no fuere para se curar de alguna en- 
fermedad, y dada información de ellos con dos testigos. 



(3c,) 

Otro sít ordenaron y Itiandaraní que dé a€|ai adelante el dí- 
clio padre y madre no Jleve dineros ningunos á las dichas mu- 
geres para el mozo que tiene cuidado de abrir jr cerrar las di- 
chas puertas, y si él quisiere tener mozos que los pague de sus 
dineros. 

Otro sí: ordenaron y mandaron, que el dicho padre j madre 
obran la puerta de la dicha mancebía cuando saliere el sol, y 
la cierren cuando se cerrase la de Vivarambla. 

Otro sí: mandaron y ordenaron, que las dichas mugeres , y 
cada una de ellas libremente , y sin por ello dar ni pagar al 
padre de la dicha mancebía , pueda lavar sus camisas y otra, 
cualquier ropa blanca ó dallo á lavar fuera á quien quisieren^ 
y por bien tuvieren, y si quisieren que el padre ó la madre la 
laven 6 hagan lavari, que no les lleven ni puedan mas por una 
oamisa colándola ó eujubonándola de cuatro maravedís, y un 
panisuelo y una cofia ua maravedís , y una gorguera y unas 
tona jas so la dicha pena. 

Otro SI : ordenaron y mandaron , que de aqui adelante el 
padre y madre que son ó fueren de la casa de la dicha manee» 
bía 4 no sean osados de recibir ni aeojan en la dicha mancebía 
ninguna muger de las que á ella vinieren á ganar, sin que pri-» 
meramente lo haga saber á la justicia j diputados de esta dicha 
dudad, para que manden al médico que la ciudad tuviere, que 
la vea siesta tocada de bnba, y si las tiene ó haya tenido, coa 
juramento que sobre ello haga el tal médico , para que si se 
hallare que está tocada de las dichas bubas, ó las tiene ó hajra 
tenido no se le consienta estar ni ganar en la dicha mancebía 
sopeña que si el dicho padre ó madre recibieren la tal mu- 
ger ó la dejare ganar , sin lo hacer saber á la dicha justicia y 
diputados , según dicho es, que pague por la primera vez qui- 
nientos maravedís de pena, y por la segunda la pena doblada, 
y que esté treinta días en la cárcel , y por la tercera la dicha 
pena, y que sea desterrado de esta ciudad por tiempo de un año • 

Otro sí; ordenaron y mandaron , que de cualquier de las 
mugeres que vinieren á ganar á la dicha mancebía que el médico, 
viere si está sana, no le pueda llevar ni lleve mas de doce mara- 
vedís, jr el escribano cuatro maravedís, y que de la visitación que 
la justicia y diputados hicieren á las dichas mugeres de las que 
estuvieren estantes en la dicha mancebía , no íes lleve el mé-> 
dico mas de seis maravedís, y el escribano cuatro maravedís* 

Miguel Ruis* 



(4o) 

Fue acordado que las debíamos coofírmar por el tiempo que 
fuesen nuestra voluntad, con tanto que las penas en cada una 
dellas contenidaS| solamente sean quinientos maravedis, y no 
otra pena de azotes, cárcel , ni destierro , ni otra cosa alguna 
de lo en ellas contenido, y con tanto que los maravedís, que 
por la dltima ordenanza se manda que se lleven á las dichas 
mugeres por el médico y escribano que las visitare cuando 
vinieren á la mancebía , j de la visitación que la justicia y 
diputaciones les hiciere , no se pida ni lleve cosa alguna por 
razón de lo susodicho á las dichas mugeres, y se pague el di- 
cho médico y escribano de los propios de la dicha ciudad lo 
que justo fuere, y que debiamos mandar dar esta nuestra carta 
en la dicha razón , y nos tuvimos lo por bien, por lo cual por 
el tiempo que nuestra merced y voluntad fuere, confirmamos 
y aprobamos las dichas ordenanzas , que de suso van encor<- 
poradas para que lo en ellas contenido se guarde, y cumpla, y 
ejecute cou las moderaciones de penas y aditamento que de suso 
va declarado) y mandamos á los del nuestro consejo, presiden- 
te y oidores de las nuestras audiencias, alcaldes de nuestra casa 
y corte y chancillerías y á otros jueces y justicias cualquier^ 
asi de la ciudad de Granada , como de las otras ciudades, tí*. 
lias y lugares de los nuestros reinos y señoríos , J á cada y 
cualquier de ellos ensus lugaresy jurisdicciones, que guarden y 
cumplan y ejecuten, y hagan guardar y cumplir y ejecutar esta' 
nuestra carta , j lo en ella contenido , y contra el tenor y 
fuerza de ello, no va jan, ni pasen, ni consientan ir ni pasar en 
panera alguna, de lo cual mandamos dar esta nuestra carta y 
sellada con nuestro sello. 

Dada en la villa de Madrid dos dias del mes de agosto, año del 
Senur de mil quinientos treinta jr nueve años.— Doctor Vivara, 
Doctor del Corral, Doctor Escudero , Licenciado Mercado de 
Peñalosa, Licenciado Alderete, Licenciado Brizeño. Yo Rodrigo 
de Medina, escribano de cámara desús cesáreas y católicas mages- 
tades, la fice escribir por su mandado, con acuerdo de los del su 
consejo; registrada, Martin de Bergara. Martin Ortiz, por chan- 
ciller. 

PREGÓN. 

En la ciudad de Granada, en la plaza de Vivarambla á doce 
dias del mes de agosto de mil y quinientos y treinta y nueve 
años, por voz de Pedro Vázquez pregonero público, se prego- 
nó esta provisión desús magestadeS| de esta otra parte contení'- 



(4«) 

da^ siendo testigos Alfonso de Carríon Fie), y Juan RlcidrigueZ| 
y Pedro Mejia, y otra mucha gente que alli estaba, vecinos de 
Granada j forasteros. 

Y después de lo sucedido en el dicho dia, y mes y año suso- 
dicho, á la puerta de la madcebia, que es estramuros de esta 
dicha ciudad , por voz de Martin de Páramo , pregonero pú** 
blico, se pregonó la dicha provisión de sus magestades, estan- 
do presentes Martin Sánchez y su muger, padre y madre de la 
dicha mancebía, siendo testigos Llórente de Espejo, y Juan de 
Yodar, y Morales Alvañir, y otra gente mucha que allí estaba. 
Pasaron ante mí, Diego Pérez de Avila, escribano de sus ma-« 
gestades, los dichos pregones. 

( loa) Cómala espuma de la mar. Los antiguos decían 
que Venus hahia nacido de la es{>uma del mar , que por eso 
la llamaban Anadioniene,y Augusto la consagró bajo este título 
un cuadro pintado por Apeles. 

( io3 } Ya mi hija ni mas ni menos* Esta señora que llevó 
consigo é Aragón á D*. Rodríguez, era duquesa verdadera, se- 
gún la opinión de Peilicer, y donde dice mi señora la du-^ 
qtiesa está mal dicho, porque esta era D.' Casilda, la primera 
ama de la dueña y de su marido el montañés , j no consta 
que fuese duquesa. 

( io4 } Danza como el pensamiento^ bada como una per^ 
dida. Algún tiempo se diferenció mas que ahora la danza del 
baile. Las danzas venían á ser lo que nosotros llamamos ahora 
bailes de escuela , y entre estos parece estaban en boga en 
tiempo de Cervantes las llamadas el turdion^ la pavtma^ mada^ 
ma Orliens ú Orleans , el pedelgibaoy el rejr D» Alfonso el 
Bueno^ el Caballero^ etc.; y en clase de bailes , que eran digá- 
moslo asi, los populares ó que solo bailaban la gente baja, eran 
la zarabanda^ la chacona , las gambetas^ el rastrojo , el pé~ 
same de ello jr m^ts , la gorrona^ la pipironda^ el villano^ el 
polloyci quineo^ con algunos otros que también refiere Peilicer. 
Este añade que los nombres de las danzas y bailes eran toma- 
dos de las canciones que e^ ellos se cantaban* Asi que en el 
del rejr D. Alfonso se decía: 

El rey V* Alfonso el Bueno^ 
Gloria de la antigüedad» 

£o el del caballero: 

Esta noche le mataron al caballero 

fin el del villano : 



(4^) 

Al vÚlano h dan de etc. 

Era la pavana ao baile muy aotigaOf cayo nombre se deriva ^ 
seguD algunos del italiano pauana abreviado de paduatuí^ por 
suponer que se inventó en Padna* 

Nuestro PelHcer jr Millin ereeb , y seguramente con mas 
funda mentO) que tomó este baile el nombre á^pciuiína^ porque 
los que le bailaban figuraban una especie de rueda, é iban can- 
toneándose á manera de una pava real, mirándose uno á otro. 

La zarabanda era un cantar y baile de los mas provocativos 
que se introdujeron en España en tiempo de Felipe II. Pellicer 
en el "Tratado histórico de la comedia y del histrionismo" dice 
que fue inventado el pesífero baile de la zarabanda canción ó to- 
cata y poesía acomodada á su canto ó baile por los años de t588 
y le inventó alguna histrionisa según lo insinúa elP. Mariana 
en su lib. deSpectacuUs» "Entre otros, dice este sabio escritpr, 
ha salido estos años un baile j cantar tan lascivo en las palabras, 
tan feo en los meneos, que basta para pegar fuego á las personas 
mas honestas. Llámase zarabanda^ y dado que dan díferen* 
tes causas y derivaciones de este nombre, ninguna se tiene por 
averiguada y cierta. Lo que se sabe es que se ha inventado en 
España. ** Generalmente se cree que el nombre zarabanda le 
tomó de la rauger que le inventó en Sevilla ó según otros ea 
las Indias. "El baile de la zarabanda^ fue la fuente y el origen 
de otros muchos, no menos picarescos que el tronco de donde 
procedian, los cuales recopiló un poeta en el testamento que 
hizo su madre común, cuando parece prohibió el Consejo bajo 
graves penas que nadie cantase ni bailase la zarabanda ; de 
cujra pesadumbre Supone el poeta que murió. Sin embargo^ 
continua, quedó tan mal muerta á principios del siglo XVII, 
que aun vivía y pirueteaba en los corrales de Madrid ea el año 
4e 1640. 

X loS ) Cosa importante para la salud, Al parecer si nos 
llenemos á lo que dice Pellicer, las fuentes y los sedales ep bra- 
cos, muslos , piernas , y hasta en el colodrillo, si bien fueron 
usados en tiempos de Cervantes , lo fueron ann mas en los 
^ños siguientes. Unas se hacian á veces para ourar enfermeda- 
des existentes, otras también para preservarse de ellas, y otras 
viciosamente solo por entrar en el uso ó moda^ como escribid 
Matias de Lera, cirujano de Pdipe iy,enfitt '^Práctica de fuentes 
y sus utilidades." 



(43) 
Capitulo cmiftcí%¿úmo tmiú. 

(106) Maguera tonto. Sin duda debería áecirmagüer 
tra torUo^ esto es, sin embargo de que era tonto. 

(107 } y el socarrón que es mas ladrón que Caco, Famoso 
ladrón de que habla la fábuiaf hijo de Vulcano, que habitaba 
en las cercanías del monte Aven tino* Robó á Hércules unos 
buejres , y á fin de que no pudiese encontrarlos, siguiendo las 
huellas, los hizo entrar en bu caverna andando hacia atráSf 
Pero habiendo uno de ellos empezado á mugir cuando pasó 
delante de ella la vacada, Hércules derribó la piedra que ata** 
jaba la entrada de la caverna^ y á golpes mató á Caco. 

( lod ) Fo sé que hay nmcho que decir en eso» Las no- 
ticias que en esta anotación puso Pellicer son originales, por 
cuja razón reproduciremos las mas curiosas. Las casas de juego 
tenían varios nombres. Llamábanse el tahlage^ tablageria^ 
casas de conversación^ leonera^ mandraclu)^ «nci<;rrojpue$ los 
tahúres usaban de uo lenguage estranoj; privativo, de que 
pudiera hacerse un pequeño vocabulario, al modo del que de 
las voces de la Germania compuso Juan Hidalgo. Al establecí-* 
miento de estas liafuaban abrir tienda: asentir conversación 
de tablage* Tenianlas toda especie de gentes, desde los gran- 
des persojftages , como dice Cervantes , hasta la mas ínfíma« 
Los dueños de ellas se decian coyuneros^ mandracheros* Otros 
se llamaban gariteros-i con alusión á unos ^posentillos de las . 
galer as llamadas la garita; y otros los del chiviiU^ con alusioa 
$i las chocillas en que los pastores defendían del frió á lo 
phivatillos; y estos eran los tablageros mas bajos y viles* El 
barato era aquella cantidad que se estipulaba se habia de dar 
al huésped ó dueño de- la casa, por el uso de ella, y por pK>«« 
yeer de lüces y barajas: U cual era mayor ó menor según se 
jugaba mas 6 meaos recio; á esto llamaban sacar el barata^ 
sacar sus derechos ó aranceles. La ganancia que sacaba el 
tablagero cuando es su casa se jugaba día y noche, se decia 
gotera en payicu Baraja fs voz antigua castellana que antes 
se decía iraraia y barata j que quiere decir^ riña, contienda, 
disputa, confusión, desorden; y asi como ahora se dice el libro 
de las cuarenta horas^ se llamaba en el siglo pasado astatem 
Mahometicam\ h^tin tan iacíl y admitido que todos lo enten* 
dián* Llamábase así «oii alnsíoii á los ¡^ años que vivió Ma- 



(44) 

boma, y con efecto inclusos los ochos y nueves, consta la ba-* 
raya de 4^ naipes. En algunas barajas antiguas se pintaba mu- 
geres en lugar de hombres sobre los caballos 6 palafrenes ; y 
en algunas de Andaluc/a se pintaban cuatro cartas en figura de 
muchachoi desnudos, que eran el as de espadas, el as y el dos 
de bastos, y el as de copas. Dejos jugadores unos se llamaban 
tahúres 6 lafures , como se dice en el Ordenamiento de las 
Tqfireras^ quejito é ordenó maestre Roldan en el año de 
1276. ( Biblioteca realest. D. cod. ¿fi fol. ago. ) Otros se Ha-* 
maban fulleros^ otros sages^ y otros sages dobles por su ma- 
yor sagacidad. Estas sagacidades y cautelas, de que usaban los 
fulleros, se llamaban tretas^ Jlores^ puntiiios^ que son sinh" 
mos de trampas, engaños, burtos. Estas tretas se hacían de di- 
versos modos, y tenian diversos nombres. Una se llamaba es- 
pejo de Claramonte y oonsistia en ver las cartas del contrario^ 
poniéndose en parte desde donde se trasluciesen ó clareasen: 
otra fullería de lamedor , que consistia en dejarse ganar al 
principio para cebar al tahúr, y pelarle después: otra , dar 
eon la ley^ que constistia en contraminar al fullero, burlán- 
dole su flor 6 treta con otra mas cierta y sátil; y á esta suti- 
leEa llamaban descornar la flor: otras se llamaban dar ftas'- 
tUlazo^ la berruquüla; hacer la teja^ la ballestilla^ boca de 
lobo* Como estas casas de juego eran una especie de tráfico, 
donde unos á otros se robaban el dinero , ademas de los ju- 
gadores, concurrían otros vagamundos, gente sin oficio ni bene- 
ficio, que se valias de este peligroso arbitrio para ganarse la 
vida. Estos tenian vanos empleos y nombres. Habia diputa^ 
dos , que regulaban el barato 6 la ganancia que se habia de 
dar al dueño de la casa por consentir en ella á los jugadores, 
como se ha dicho, y por el importe de barajas, gasto de luces, 
trabajo de despavilBr,en cayo concierto interesaban «stos me* 
diadores: habia apuntadores^ que de acuerdo con el fullero, 
poniéndose al lado del contrario, y vendiéndose por amigo, le 
avisaba de su juego con señas muy puntuales que le hacia 
con dedos, boca, ojos y cejas. A los que se ocupaban en hacer 
gente , y en buscar y enganchar jugadores^ daban también 
diversos nombres: á unos llamaban muáidores , con alusión 
á los de las cofradías que avisan á los hermanos: á otros , en- 
cerr adores con la de los que encerraban las reses en el ma- 
tadero: á otros, perros ventores^ con la de que asi como estos 
levantaban la caza para que muera á manos de los cazadores^ 



(45) 

«Al condaciaa á los tallares al tablage para que pececie&esu caá* 
dal á manos de los fulleros: á otros, abrazadores^ coa alusión 
á los hombres que los roperos de Sevilla tenían asalariados en 
la plaza de S. Francisco 9 los cuales llamaban á los forasteros 
y aldeanos para que les comprasen vestidos , asiéndolos 
de las capas f ,y traiéndolos muchas veces casi en peso ó 
en brazos. Concurrian asimismo otros , llamados mirones 
que resultaban por lo común de lo» tahúres que se ha- 
bían perdido al juego. Estos se dividían en pedagogos ó gan- 
sos^ que enseñaban á jugar á los tahúres inespertos, y en don^ 
cayres^ q»ie en el juego se ponían al lado del tahúr, y le diri- 
gían las cartas, j de todo sacaban ganancia, d como ellos decían, 
tocaban ó mor diíín dinero. Otros mirones servían de juzgai: las 
suertes dudosas, como era el que eucpntrd Sanclio Panza acu- 
chillándose con sus contrarios \ y otros mordían dinero con 
otros arbitrios, como el que cuenta D. Antonio de Liñan Ver- 
dugo ( Guia jr avisos de forasteros» ). Llamábase este el 
señor Milano, y no teniendo cosa propia sobre que. Dios Uo- 
yiese, al cabo de algunos años casó una hija dándole dos mil 
ducados en dote, quedándose él con otros tantos; y todos los 
ganó con la industria siguiente. Ibase las noches de invierno 
á l^s casas de juego largo, y llevábase dehajo.de la capa un ori- 
nal nuevo, y cuando alguno de los jugadores se levantaba á 
hacer aguas, llegaba y sacaba el orinal de la vasera, y decíale: 
señor D. N. arrímese vuesa merced á esle rincón, que aquí hay 
donde orinar, pues de salir de esta pieza, tan abrigada con los 
tapices y gente, á otra fría, se engendran los catarros, las jaque- 
cas, el asma y otras enfermedades semejantes. Muchas gracias, 
señor Milano, respondía el caballero, que volviéndose á sentar 
á jugar, poníasele el Milano á su lado, y cuando veía que ha- 
cia alguna buena suerte, ó mano de mucha cantidad, tirábale 
de la capa. Volvía la cabeza el caballero, y decía: qué manda, 
señor Milano. Señor, respondía este, el orinal, suplico á vuesa 
merced. De muy buena gana, decíale el jugador; y diciendo y 
haciendo sacaba y le daba un escudo ó un doblón, ó un real 
de á ocho según era la mano. 

Los que cogían d un desdichado de media noche abajo y le 
desollaban viuo^ como decía el escribano, se llamaban los nuh» 
dorros^ que habían estado en los tablages como, dormitando, 
hasta que los tahúres, picados ya en el juego y ciegos con la 
aficioDf en nada reparaban, pasando por todo, sin atender ¿ 
iv. A 



(4i) 

trtUB ni floMÉ. Hmmoéi el&lfábati dé téttékóé tMi ióUtíAto-^ 
ne»áXiÉcer tft 6<Mmiba, <{M« eft ftu lengbvgé 6 gérigoio^ft Hafíiar-í 
han quedarse d la espigué Asi lo dice espct^ésaltíettié é} licen- 
ciado Fraocitoé d« Lci^Ué Fájái^o éti su /^t^/ déseHgtí/Uf cdh-^ 
tra U ociosidad y losfutgtíéi ** tálei áón' uítos liáióados 
«los dt la modorra^ 6 iifodofi'ds, y ttúdé balde (d siü 6áu~ 
»aai) respecto de qti« agaardánf tf héttt súá rtiboA d fullerías i/e 
nmédiA fiothe áhajo^ ((aedáttdas« étt laá ca^ái de juego coffii<y 
naúaaof aan^tte muy der acuerdo, t>árá dar foácfo tf los pícAíos¿ 
«acudida, qite habicttdo perdido eñ él discuriso de lá ádéftey 
«deaeatt jugar edil él Mismo détüotíio ((ue séa'. ^ 

Léease-lttá doticias de ésta nota én él referido Kbró del mén.. 
cidilikdii-L*({«e'Fajárdo.| qué pondera yivaiüeote las mentiras, 
lo» ttibeOf hs estafes, las Maldichynéá, (a^ bláAfétóiáá y otroH 
piMUdott qué s<f cometían ett eátas CáSáS dé ju'^ó taá ¿óniüúés é 
iftirodiicída» ett su (lempo (qoe era el átCétikúi^) sid éttl- 
bargH de taMat leyes y pragdrtittcas éh que se' prohibían. Al 
prsac^io' 86lk> jngabafr á los naipéS los bombresi; pero yá éé 
qiMjabK el referido lioeftcíado Fa/ardto dé qacf algunas mugéfés 
eM péa w brtná jugar éJois naipe», y con efecto se bnUabán ya ttt» 
tnreilas' tiA bneu» fdléras como entre élldtf;'y á ñiiée del siglo 
p«sfldd dijo y» Fr. Antonio Ezcaray; ''q^ie aafi coniío lov boM^ 
Játeá les kan hurtado á las mugeres los afeites y compostura^,* 
»Im mngétroaleshail hartado Ibs rntipes y otra» éosas qtté, aluii. 
»q«ie ouApáMsfrí itíñ mas propias de loái hoittbre*; y edto cdn 
«tanto doMatfd^qiie'jiaégait jnntos hombres f mujeres éd mta 
vflNM^ d» qM Bd flilgttéii la» pcdatoiM^ diéba^t cdn álifla, y grtli*' 
»«iarm«B cndptfiy síéndodé h» mekfortis darse ha tít^úai f tdoar- 
j»i« \m pies. '* ^de^ ^ Mor. 

( 109} 0/«. (V< Unot*33t dd tomo 9.''). 

tfa|i{«nb 9i)ftimytt^6h»oi 

( ifo ) Potasa. Bu lis pHmerirs edieiditéá ee áeíAá TetHk 
ámchd^ y «mo m> fkme duda fsee utta eqttivotíitidú, lo d^^ 
gid como ahora está. 

(lis) Qtdefi. tt dítel hueso no te qw/^rriaver rhüefta. £s- 
ttf«fi«tiSü0lddiM3Íi«eiimibieft: Hóte<iuiere mai quien tedúun 
imsú. tt muwdador griego le dta dr dtr^ nattÉttMi quiéA te 
dkwí> /tusmno te que f Ha ver muerto» 

C f y») jiwíwlabtadúrti, RaQrabii éta| rídícilld él apárate ctftt 



que ibap 1^8 kt(ilalgft3 á U igliesi^- Uqq de ellps erii lleror 4 9Íla 
alqup^^cliis p{^r« sentarse jr dUtipgvirpie de ia gente ccMvmQ. SL 
mismo Cervantes en la corqedia La pntr^ei^idfi ( jornada Ul 
p. xgOn afivierfe lo ^iguiei^te* " Va(i ((( misa á la parroquiít de 
3»S. Sebastian) Marcela y Dorotea con mantos, y detrás Qui*" 
«ñones (el page) con una almohada de tercíopelO| y Muñoz 
( escudero) Ueva ^ Hw^^h 4^ la wapo.'* 

( zi3} Adunia, Parece corrupción de ad omniai es decir, 
en abundfincjia. 

( I ;4 } A ym^ aecifia suya, PeUiaep dice qva Mta dígnaqíon 
^ ipdecoros^ 4® !a Puquesa» y otras £UqHe»a4 q»e rr^ficre Cer 
ya^-tjeíf dal D^c|ae, d«gra4ai?i j e»vile<:w ^1 ílogiq q^e Ww Se 
sus buenas prend^§, y dap ^ e9te^der qv^ ua 96 propMP p^rip' 
^as 4etermii^a4a,9í au9qv(e « 3t «s|a fi^e si^ i^tanoion^ bp se le 
^VHUpiií, ( r, ía 1^^^ ;^9a ííeZ tamo |.* )t 

(11$) «Si^/'it^ SífficUica'. MaulQaata «ra k «qnivQaacip» que 

^p )^bJL9 coin?ti4o 6» alg^IW ^icipipi/^ «^ pp9«V 4;(riftf ppr l«« 

( n g ) ái era 4e. v^r 4 m padr^ oqh f^^4ifrr^pai9* Era» b» 
pü^Pfr^raa cjf^rta maijifra de pabas ^ calzonea propias, sffgwn dt-^ 
ce Ar^))rQaio 4f 3a|jiz^r, pura (uJIiM^ 4 caballo, ^m^ U^maffQik c«/* 
f<r^ qtffcqd^fiy Y por mal nfímhpe pedqi?FeraS;i pQt»qiHi ePan r#f 

dofí4^jcm^y qMa4as,. Uaaa^l^anaa teiobiea lof/QUadot. 
^^^butíanlos da muflios af^rrps» y tai va^ d« muchos lit^i; 
2f a^adp el re^ridp Sala^r dps po^s maa: la mía f qua ii<» tp- 
« m^^^9 W Uí49lgP qj^P ift)tcQ4^pir en loa ^uyo» puM e«bH«qiif|« 
PSrfp^» |o* IÍí^pW dp i?alvadpi y ariiíndpaele pl clf^w 4p««a »^ 
Ha, e^taA49 ^9^4o «i» visiU 4e iHvas damaai 4a ta rPf aQtarpypf 

hI;isp4>^ poip Ifi hpri4a pa^tíd^d 4pI ivanvdo aforjpo, «o 9ía mfa 

de los circunstantei; U ptra* qu/s #P pr.Qbil>ierpi| por pragi94ti- 
^1, y €ffL^ i^áq4Q|PA sítUL pp^prgo un espndero, veeon^ni4<^por 
4 W^ 4fi W. 4fi9Pl?p4iiWPÍib re^pq4i4 qpe lo» traía pov 9P t#- 
x&<^ Qtrp bai^ 4 ^r^Aa^io 4onde giMitdar $u^ tM&taa; y ppQ pftpio 
^mpp^ ^ ^PV' 4p pUPa «<» peinador , ^^a camisa % hh par 4* 
y^flÜHp^f.^.t 4pf sevHÜleifaf y W^ sábana de cama» 

( V»7 ) ^^ fiQm^ré m} uerdugado redondo* "Saya i m<4o 
4p Oaropaw i ?<WP 4ice Cpy^rrubia^, tpda de arriba < l»¡o 
g\:^^|i^4A C^9 H^W nbPtaa qpp pp»^ ^er vedoindos pomp loa var 
4hSP9>4pI <irbpl J P^K^ T^^ra dp polpr veáde, díeroi^nombre 
^l,i5Pr4M5*4¡»f '^ Wf^«»A^ tawfeicp ppr m U^m» a polkr^f j ai- 



\ 



(48) 

( 1 18 ) f^óse el perro en bragas de cerro y lo demás. Pa-*- 
rfice que el refrán decía de esta manera: Fióse el villano en bra- 
gas de cerro^ y él fiero que fiero, 

(tig) Cofnpatrioto. Lo raiseno que compatriota, tomado 
del italiano. 

( lao ) El Licurgo. (V. la nota d del tomd 3.** )• 

( 1 2 r ) Del estiércol sabe levantar los pobres. Tomado del 
líb. I.® de los rejres, cap. a.** vers. 8. Suscrtat de pulvere ege- 
num et de stercore elevat pauperem etc. '' Del polvo levanta al 
mendigo, j del estiércol ensalza al pobre etc. 

( na ) Pragmáticas, ''La ley que se promulga, dice Co- 
yarrubias en el Tesoro de la lengua castellana, en razón de Us 
nuevas ocasiones qué se ofrecen en la república para remediar 
escesos y daños, del nombre griego pragma, res, causa, negó- 
tiura,etc. Pero propiamente coresponde pragmática al número 
plural pragmata^ id est politia^ ipsa reipublica; administratio* 

( ia3 ) Se subieron sobre ella. Conforme es en un todo esta 
máxima 6 consejo al aviso que había dado antes Felipe II, y 
que menciona Pellicer, á D. Diego de Covarrubias, obispo de 
Segovia, á quién andando en la visita de su diócesis envío á 1 1 
de octubre de iSya el nombramiento de Presidente de Castilla^ 
y entre las instrucciones que lé dirigió para su gobierno, hay ia 
siguiente: ''Para la buena ejecución déla justicia y leyes, y ór- 
denes que están dadas, importa poco sean muchas y buenas si 
no se guardan: i mí me parece qué en esto hay flojedad.... Y 
pbr mucho menos inconveniente tendría que no hubiese leyes, 
que no que habiéndolas se dejen de guardar. " 

( ia4) Por la misma razón. Está como debe, dice Pellicer, 
asi en esta impresión como en la primera, el contesto que se con- 
tiene entre estos dos puntos finales, pues en los yerbos consue. 
la y eSj que son terceras personas del presente indicativo, el 
supuesto es la presencia del gobernador. Sin embargo en al- 
gunas ediciones modernas, con el intento de enmendar este lu- 
gar sano , se observa invertida enteramente la gramática en 
tiempos y personas, por haber convertido en presente de impt- 
ratiyo el indicativo, y la tercera persona en segunda con cuya 
alteración se supone que D. Quijote continua hablando con d 
nuevo gobernador de este modo: consuela^ ó Sancho, a los pre- 



<49) 
ios de la cdrcel.*.. sé coco á ios carnieeros^.ij sé espaniajó 

á las placeras, 

( 1^5 ) Amicus Plato* Aquí está en su yerdadero signifíca'- 
do el nombre Plato por el doble sentido que encierra; mas no 
asi en el dicho del doctor Villalobos. Gsel caso qne padieciea* 
do S. Francisco de Borja, siendo marques de Lombay, unas 
cuartanas^ apostó un plato de plata sobre si estaría ó no libre 
de calentura cierto dia en que le tocaba darle. Llegó este^ y 
aunque la fiebre era casi imperceptible, conoció aquel docto y 
festivo médico que habia todavitf^en el pulso algunas cenizas ca- 
lientes, y en obsequio de la verdad lo confesó, y confesándolo 
perdió la apuesta del plato diciendo: amicus Plato^ sed magis 
árnica iperitas, 

( ia6 ) De haldas ó de mangas, Est^s^alabras, como lo hi- 
zo ya notar Pellicer, tienen dos sentidos, pues ademas de sig*- 
nifícar las partes ó piezas de una armadura ó vestidura, las hal' 
das 6 faldas , significan aqui los derechos que Sancho debía 
percibir como gobernador. La halda era una especie de fiílde- 
Ilin usado por los Soldados romanos parecido al que llevan los 
soldados escoceses, el cual descendía desde la cintura hasta las 
rodillas. Unas veces la halda era formada por una continuación 
de Ja cota de malla , cortada á tiras sueltas para poder andar 
con mas facilidad; y otras, que era lo mas común, era hecha 
de cuero ó lienzo fuerte ricamente bordada ó cubierta con es- 
camas de metal. Las mangas es voz italiana castellanizada, de- 
rivada de la palabra Maneta^ y signiñca el regalo que se hacia 
en las pascuas y fiestas solemnes, especialmente en las de Navi- 
dad y año nuevo, y en las ocasiones de grandes regocijos, cu- 
yas dádivas se llaman comunmente aguinaldo^ estrenas^ albri" 
cias. Quiere pues decir Sancho que él regalaría á su amo Don 
Quijote con lo que le valiesen los derechos del gobierno^ que 
eran las haldas^ ó con lo que á él le regalasen, que eran las 
mangas. En este mismo sentido dijo Cervantes que Jos letrados 
ó abogados , aunque no reciban regalos , ganan de comer con 
los derechos ó estipendios de su profesión; porque de faldas^ 
dice, que no quiero decir de mangas^ todos tienen en que 
entretenerse, ( P. I. cap. XXVIII )• Y con ésta misma es- 
pHcacion sie entiende fácilmente el adagio castellano: bue" 
ñas son mangas después de pascuas^ que alega D. Quijote en 
el cap. 3 1 de la i.* parte, para significar que, aunque no seha- 
yia dado la dádiva, ni hecho el regalo en la pascua, qae era la 



Cjfiíiioi^ ofMnuiim m íñM liriffpp es t^ien recj^^p* iF^ f^ na.^ 
ta 3i del tomo a^.'' ) 

( 1^7 y Ifr^h r^fiV'Wt Pí M*»» Jp que dje^ PclUccr acei^ 
cii|o»esQmf <I9® ^$A^9Mo 4^9ea|>^ co^rxegir. Cerc^ <)« sieis ci^a- 

pecM II ivor^toiciQ^; jr ^js ^íglosmo hs^a b^sudo parf 4t^ 
tísmc 0^9 «IWMP* Cju|¡ ^1 ip^a^^ tiefl^po qi^e u^p^imíi C/erf a|i-' 
JU» 9R Z?* Quijqífi^ f^cribM (í 4gctor Crisitdbid Siiarfi de ¥*i- 
S|ieKD9 9» Pa90g^.Q^ jriea ^ MipioVlvp^ext \o qi^^ pa^b^ en 
la plaza majror de Madrid | por donde se ?e tambieo cuáalo t^ 
W qw r^fifV^wr- ^%^ rcpáblicíi, dice, de U pU*a n^jpr es 
jipílimA 4lB P»4^Hie>r f^cf^c^cin^ieato; m^^ por g^^ar e§tá su 
g0Dt« qií^ 1# 4e ARgpl«v« PQ s? P^e4e imílgíiíai; p^áa i s« s^to 
dQUa« los iffg^^p^ ^u diflcfp dp.4 í5 tre* v^ceS| ^^puestp q^e 
^p bajr dipü^rp qi^^ t^ tf cf^cbet^ se oii^exp^y coiqo el de porte 
dp Wt|^ jr P9Jía»0PW?JÍ>bte9v pofltrfi csto;^ %p aprpri^b^n 
PPff\|ijr|Sf i^i 4iligí5qfsi|^ de fielf^.... elloi? s^oa Igg (Joméstipojí co- 
«rW 4^ W >WÍ^H/?a» lp.9 q»? chup^i^ poco 4 popo ^u ^^ogre, 
WtelP4fl 99^ ff IJV*4iVÍ «9 ^l PW f^Mo* «» í« ?P3Í!* n>eíi¡d<|...»* 
¥994«W K ^íft^pr'í'sí^ J (ícfiv^rpieii?^ d§ Ifis pi^9f r^s , pjijo 
U?ÍP f«W WJÍ» vtT4?s Cpa ip^pga ia^\í^, y §pn^brW«4e í^a 
S CRPI gr»R4n* N9 9,q|»\te b^s fr%uílc§ de ^4^ílc^%r \^ b^^ti^j^^- 
Wli StíM«\49 ^¡H* fiP «I viap y ca el a.ce¡l<í polvop d^ gwb|»- 
IW í PW awfr^M4pí gH¡jW cu Us^ legu^bx^^ ^t^., ^i 9>llf^q<|e 

|9f i^<;í^rq^ df ÍPíi w^a jadore? j s^por^, Iqs, p?tAtclero5 j bp- 

4«89A29^(I9 4W9W^a'» ^ P^»<l J pu^siíos pífrH^Q* <í^ a^W, icf- 
li^W. J piB^dp». freficos pi^a y^ndeip Ip ^obr^ipte 4 Si|9 con^- 
<Í4V P^r dpbh4p pjrecip. Hq M(^ pjt^o reoiediiot pura qnp los 
kPFtoí^^ft Wf^f q^e quiye^tar el pjJuiWW de «(^ínÍAtroíi q^e 
frtPRi J If» XÍ|^lw ri? dp lo« regidojres, de qweil^ r^qiere q^e 
^W^P^tf^,^ ap^ííei ewq, cefcofiflt, rU trigo, pe^ra a^u^finíqr Sfi 
%^V5»4l| c(W Uigofl^w^ia^y <p^e yok <pj£ sotf, q^ifí^ v^ld^^f^ 
4€^^'<^ ^oA^ f^r admitidos honores ben^miéritpsy tfimero^qs 
4ff ^(ffiír^fyi^l¥i ^^ngrcf de celo cristiqno^ piado/sou preyjB- 
f^tj^ ^^g^f^^lSj /|P s^get^li;^ v^f.fidies <?<c. Ea Tqrquía pbser- 
Vq^l^s YenA^W (9Í^ ^«nbfiíígQ de profesar el Alcorán) mij- 
9fc%fidfi^'4wi W ^ Jf^9i B^S»0 y calidad de Ips ^oi^estibii^ 

Jm4 rigfv^im V^ mm^Í9^l99i M;9o$grf;«pr(^ fP^^' 



(5i) 

Horacio : 

Qte p6t A tettirof d¿t paié 
tié^n áe pttttt tí nnrlo. ' 

( lafS) Cifn etathauntiai Discuipabni aAgaiMS esle «tet- 
86 con él ptécM flttbkb deí t^ttny de hM deriiam cómettíblef f j 
áé lo^ «IquHéf ef dé tá# éaáas; ftto fia autor de entomet diee 
qué útí éfá eMa kt ceuM ''pues' valiende eñoe etaráe e» Se^Dtiá: 
a^cft triga é pésb^ de iirc'^ f h» ctfsas per d^ cielo, y áMnamé 
»'éb ótf de órudaéés, ttfKa tflv pet de aaptfteB de doá auehiB trét 
nfréúéit^ y étílÉt bóiié tmittajy airofrá (éutíemp» (fue escribí* 
»€érii(¿téd} f/iééú áiéle réiriles^,- y desoartfdenieiité no quíerev 
tt^iíiéá^^ qué séiflf jr itiédiof y ptí^ nhni eluíiaelear oelfDy que pese 
x/ééípáiAcf péiMM éft ^aéi há de ^añ^er ésto v ^' 

( í ig' ) De/ ifüéme. fnb ófiádás, vtlídee dé qoé' mg denneor- 
lAúdáttdbíSé faksri<ebogiéA por in difiero M ^iM ttaikttiMtf pétiirét 
f madrea dé ttmás de ¿éf'Mio'f étttít mm pecA^f 4 y fíééUnt 
lAáü ¿v^ríai (fvLé éiotkí P^eginülafbMte énteuéév «tes dé mao* 
lAddéi^e étí ttti^ oaMV segutt díte eir saJmparo de pé^es el 
doclfot' eriitdbttl Péi'eáí déHérréfar^ prdleiliédtocídeF^pcriBf 
céélüheó de ¿¡éfvatitésV g^rtfn proMfovedor dé los^ Hlbeiyuef á 
lióaípícíoSy* y del héSpiÚl piñtM de h éoflTy si litff éll' \á émU 
mñós pequeñas.. ..d hey escaleras' y po)¿Of y si é!^ l^tfd^^ / tí 
Utañ^ y ihráteei éh caséy y sv tteñéti plélo9 de peltre' ^ MK* 
piafr....pfdto iiii áíé§etiadt& éá h^ séih)iú« pÉi^ar acddtf é* stt»' 
Itbé^tédé^.o^séiikfbfiMikksi hay séfiorl^y pctf<^ l^/tf áleAe# 
que te guaii^detaf, iHauded^y óéUpéH'." 

( I3a} £lt péfpricití dé Mi^é^d^déíWi tí mtíábMÍ» 
Herrera eft 1^ éí6ea éúteriói^ lWbiiíysPbec&6 j^iWMMTém dél^k 
drdétré>FéKpé IL '^Peréeé iét áédessfriof dhúéy sé rétíSták f 
ataje hr mstévá dé stfcér dkfért>'déülloft<cíé^(y éCédS'^Ué'Kr 
fitfgéir [^ TtfeUttthi') cftté se ^ttétf ea kts platalí y <^éé' ^- 
cíj^lei'dé bá lttga¥e» g^attdés dé éstos ttíitío» tf cittitktK oM ¿Hita, 
tarrffit y otrbi itMdñttfhefttM* cépléir íift^féMIs y v^ildélliV dT 
sttéésO^ ap<»crifiMy siilr otbgiitta atatdfSdtid, y aChf dl|;cttníy téMP 
eÉJatadehfSbs.wiéiMh^lfélldb' to |^t¥lliátSi¿fta^d^ V. BP. ib#ili- 
(fc'éSAch'es quie siA HéAiété éiptéOty eÉMeááé (MMsíñb M^ 
p^rtiiilé^ett Mla^déAaSyy éittñdttt'qtMndsé tí&difíéiíté sffptfíÜlt 
dé ótrós réhies^ éte^i lái'^Ytdááa éñ él...iy téitibiMrátf ^ 
dHI i%illféc&ir Hi ittánéni dt pedir y átfteaf áhhéifif» de Ids c(ttr 
trifléti óoti ébiálMkii y éU'oé iktóthnhétttdái', y iMAéil ñlit id^W- 



(5a) 
cionef con unos pemilos que saltan por arcos, •••con que se* 
desacredita j desautoriza la limosDa." 

( i3i ) La salud borracha. El mismo doctor Herrera ea 
el mencionado Amparo de pobres^ de que hemos hablado en 
las notas anteriores^ refiere muchos ejemplares, según dice Pe- 
llicer, que vio en la corte y en otros lugares de España , de 
pobres mancos j tullidos fingidos : ^^ de pobres que llenos de 
vicios víyian como gentiles 9 sin confesarse, sin comulgar 
ni oír misa: de otros que se hacian Hagas postilas , y co— 
mian cosas dañosas á la salud para ponerse descoloridos : de 
otros, que á sus hijos de tierna edad les torciau los pies <S las 
manos, 6 se las cortaban 6 los cegaban, pasándoles por junto á 
los ojos un hierro ardiendo : de otros , que alquilaban niños 
ágenos para pedir , dando un tanto por el alquiler. Y refiere 
especialmente el caso de un pobre que se hizo el muerto en la 
calle de Atocha cerca del colegio de Loreto, donde estaba ten- 
dido, traspillado, deteniendo el aliento para finjir mejor: traen- 
le una vela, pdnensela en la mano para la agonía, tráenle tam- 
bién una bula para absolverle por ella; pasa por alliel dpctor 
Segovia; tómale el pulso ( oyendo que los circunstantes grita- 
ban : ya espiró^ Dios le' haya perdonado ) y se le halla mujr 
igual y vigoroso: llega en esto un religioso de S. Juan de Dios, 
y conociéndoleí le did de cordonazos, diciendo: embustero ^ que 
tantas veces os habéis muerto ! levántale } y él empezó á gri- 
tar diciendo : no quiero levantarme ; pero temiendo á la jus- 
ticia, huyó con otros compañeros, que andaban puliendo limos- 
na con unos platillos para enterrarle. Trata también larga?- 
mente de las ficciones de los mendigos pordioseros D. Pedro 
Josef Ordoñez en el Monumento Triunfal de la piedad católica 
erijido por la imperial ciudad de Zaragoza^ en la erección 
de su insigne hospital de nuestra Señora de la Misericordia.'' 

( i3a) Sancho Panuí» Mientras este famoso j rústico le- 
gislador, como dice Pellicer, se ocupaba en hacer Constitucio- 
nes para el buen gobierno de su ínsula, algunos autores escri- 
bían varios avisos y documentos para el de la villa de Madrid; 
y uno de los que daban y aun ponderaban de muy importante, 
era el de vaciar ó desocupar la corte de gente vagamunda y 
perdida, porque en ella mas que en otro pueblo, tanto por te- 
mores políticos de inobediencias, como por otros santos fínes^ 
con venia, observar la ley de los egipcios , que obligaba á los 
ciudadanos á matricularse ante los magistrados, manifestando^ 



(53) 
la renta 6 ejercicio deqae vivían; y sí mentían en esto^ 6 averi- 
guaban que se mantenían con artes y medios ilícitos , eran 
castigados con el áitimo suplicio. Regia esta mismo ley en 
Atenas^ para cujra observancia se nombraban ciertos celado* 
res 6 custodes que inqairian el modo de vivir de cada uno : sí 
vivía pródigamente ^ y gastaba de lo suyo, permitía nselo ; si el 
gasto escedia á la renta, le amonestaban que se reformase, sí no 
obedecía le multaban; y sí, no teniendo cosa propia sobre que 
Dios lloviese^ continuaba vistiendo y comiendo pomposa y opí- 
paramente, le entregaban por páblico estafador en manos del 
oficial de la justicia. De este vaciar ó desocupar nuestra corte 
de gente ociosa tratd particularmente el cronista Don Bartolomé 
Leonardo jr Argensola en el Discurso que escribió /lor mandado 
de S, M. Y del Consejo de Estado^ y por donde se tiene noti- 
cia de qae á principios del siglo XVII había ja en la corte 
jlintasde caridad j diputación, pues dice; ''en la parroquia de 
S. Martin de Madrid, repartida en cinco cuarteles , se sabe en 
la junta déla Hermandad delia cdmo vive cada uno, y se han 
remediado graves incpnvenientes por el orden que se guarda, 
durando el administrador un año, dos diputados de cada cuar- 
tel un mes, otros dos para el servicio de enfermos una semana." 
Habló también de estas materias Lope Deza, insigne escritor de 
agricultura y hacendado labrador de Hortaleza, en su libro so- 
bre las calidades que han de concurrir en un pueblo para esta- 
blecer la corte en él, y sobre que estas se hallaban en Madrid. 
Tampoco las olvidó un anónimo que, tratando de los lugares, 
ocasionada en parte de la multitud de gente ociosa que S|b re- 
cogía en la corte, y con que se aumentaban los vicios y los 
gastos escesivos, dice: ''conviene espelerla con firme resolucion^v 
porque de no hacerlo se sigue la carestía general de todas las 
cosas y mas las de comer que como son de acarreo vienen á los 
portes, y estos crecen con sola una causa, que es el gasto de la 
cebada, y esta fiílta por sustentarse gran multitud de caballos 
y muías que se ocupan en los coches que acarrean tantos vicios*'' 
Y escribiendo otro autor no solo déla superfluidad de la gen- 
te haragana, sino de que no se emplease en ciertos oficios la 
robusta y sana, dice: "Aguadores solo se consientan los que la 
llevan en cabalgaduras, y no los que andan con cántaros; y estos 
aguadores sean ó cojos ó mancos ó defectuosos de algunos miem« 
bros, ó ja que pasen de 5o anos, j lo mismo se baga con los 
, cspoftilleros; pero hombres que estén sanos de sus miembros^ 
IV. 5 



(54) 
qae vayan á cultivar la tierra^ que tanta falu faaj en Castilla^ 
de mozos para esta, qae anles todos se vienen á la libertad de 
la corte; j no hajra de sillas, ni laca jos que se alquilen.'' Este 
es un fragmento de otro tratado mas difuso que escribió d miS' 
mo autor^ intitulado: Adpertencia parm et remedio de muchos 
desórdenes que hajr en eHa corte que remediar ^y-frara que 
en los mantenimientos como parte tan necesaria de ella ^ no 
haya dolo ni engaño^ donde trata con efecto de los fraudes etk 
ios precios, pesos, medidas j calidad , y de procurar la aban«^ 
dancia de trigo, carnes, ave», pescados, fruta, vino, aceite, car- 
bón etc. (Todos estos papeles se hallaban en la real Biblioteca 
cnando escribia Pellicer )• 

€ap{tato qtttYUiia0mmo de^unlro. 

( td^) llegaban. En algaiuis ediciones se ha sustituido es* 
' tabón por üegaban, 

( i34 ) Pensaba ganar el ornes* (V. la nota 3o del tomo 4«°>* 

( i3S) Ligeras de prometer y muy pesadas de cumplir^ 
Consejos propios de un caballero andante. Una de sus primerea 
y mas principales obligaciones era amparar al desvalido, socor-* 
rer al menesteroso, etc. etc. según hemos tenido ocasión de ma« 
nifestar en varias anotaciones. 

( 1 36 ) Aquellos pr^cipes que dan campo franco á los que 
combaten en los términos de sus señoríos, (Para la inteh'gencía 
de csle pasage léase la nota 7 del tomo a.° y la siguiente). 

( iSy ) Sin engaña, superchería ó superstición alguna, exa" 
n^inadasy visHaspor los jueces del compás (V. la nota 7. del 
lomo a.* y la a6a del 3.'*). 

( 138) Asi mátala aiegría súbita como ef dohr gfandem 
A pesor de ser la alegría generaliReate un bien que todos ape^ 
tecemos, ba prodvicicbo en ciertas ocasiones los mismos esfra-^ 
gos que el mayor de lo» reales. Cbilon en Laeedemonia murió 
de repente abracando á subijo que acababa de ganar* el premia 
en tos juegos otímpicos. Diágoras y Sófocles murieron de un 
eece^die alegría. Dos iiva«roaae i-omanas al ver á sus hijos de* 
vueka de las batallas de Tra^nven» y de Cannas , murieron 
ittskatitáneamenbe de goao. Marco Juvendo Thana al saber que 
le habían decretado los honores dei triunfo por la conquista de 
k isla de Córcega, cayó muerto de alegría delante del altaren 
que sacrificaba en acción de gracias. El famoso Fouquet murí^' 



/ 



(55) 
al decirle que.Lais XIV le había vuelto la libertad. La sobrina 
de Leibnitz al encontrar sesenta mil ducados bajo de la cama, 
de su tio que acababa de espirar, quedó yerta en el mismo sitio. 
( 13^ ) SáSta inerte arrendador ó alcabalero* £1 eucargado 
de cobrar las alcabalas. Ea el ano de 1 34^ el rey Don Alíboso 
el XI piditS al reino junto en las cortes de fiúrgos «tn subsidio 
para la guerra que hacia al rejr moro de Algeciras^y para in- 
dicar á sus va^lloB que tenia necesidad de un socorro grande 
les di jo: dadme al que vola* De esta «spresibn, que eo Caste- 
Uano dei dia equirale á dadme algo que valga la pena á bastan* 
te^ tomó el nombre de alcabala el tributo concedido para el 
fin indicado, que en un principio Goo^istió en nn ao j después 
6Q nn i a por ciento de cuanto se vendía. Tal se cree es el orí- 
gen del nombre alcabala , sin embargo de lo que dice Cavara- 
rubias eñ su ^'Tesoro de la lengua castellana.^' Pedro López de 
Ájala en la crónica del rey D. Pedro, hablando de los privi* 
kgios de los mnsárabes de Toledo, dice de este tribato lo si- 
guiente." El rey D. Alfooso que veoció la batalla de Tarifa... 
echó en el reino un pecho que decían Sisa, que eran dos mea- 
jae de marevedí. El eual pecho ek> había en el reino hasta el 
su tiempo, y egora le dicen aloáb^da-. había gran porfía sobre 
ello, porque decían los de Toledo que no debían pagarla : y el 
rey decía qne sí, porque este era un pecho tal que no lo echa- 
ban á las personas, m»% á ciertas viandas y mercadurías, y 
que ól mismo que era rey y la reina su rauger y los prelados y 
ricos hombres, todos los libertades de su reino así lo pechaban. 
Y aunque si el Papa ó rey estreno viniesen en su reiúo asi lo 
pecharían.'' 

( i4o} Le trujeron dos pat^eses* Lo mismo que escudos 6 
broqueles grandes. 
( 141 ) Alcancías. (Y. la nota t83 del tomo 3.**) 
( z4a) Martas cebollinas^ ( Y. la nota 1 3a del tomo^.^ )^ 
C x43 ) Zapatos picados de cordobán. Usábanlos en tiem- 
po de Cervantes la gente de alguna distinción, hasta qne des- 
pués quedaron para Im mugeres, y aun los hemos visto noso- 
tros ttsar en algunos pueblos del alto Aragón y Cataluña. 



(56) 

Capitulo i|iithtcu.a]ge0tsno cmtíú. 

( i44 ) Levantando las voces todos Junios. Las peregrioa- 
ciones son de la roas remota antigüedad. Los judíos se reanian 
<5 iban en peregrinación al lugar donde se hallaba el Taberna- 
culo. Desde el tercer siglo de nuestra era los cristianos princi- 
piaron á ir en romería^ y visitar los sepulcros de los mártires. 
La tierra Santa fue por mucho tiempo el objeto piadoso de estos 
yiages, los cuales dieron sin duda origen á las cruzadas. Nues- 
tra señora de Loreto y Santiago de Galicia fueron los santua- 
rios principalmente visitados por los romeros^ peregrinos ó pal- 
meroSf los cuales dejaron en ellos testimonios auténticos de su 
piedad. 

La peregrinación que hacen los turcos á la Meca, Medina y 
Jerusalen, se llama entre ellos Agí* Todo musulmán está obli- 
gado á cumplir con este deber una vez á la vida. Aquellos que 
han hecho esta peregrinación repetidas veces son tenidos ea 
mucha estimación entre los verdaderos creyentes. £1 viage se 
hace por medio de caravanas numerosísimas escoltadas por mu- 
cha gente armada, con el objeto de que los árabes del desierto 
no les roben. 

Por la descripción que luego hace Ricote á Sancho de la vi- 
da de los romeros, se puede venir en conocimiento de lo per- 
judicial que había de ser esta profesión ó vida holgazana y va-* 
gabunda. ( Y; /a nota 149 de este tomo). 

( 145 ) Güelle. Esta palabra se deriva del nombre tudesco 
6 alemán ghelt^ que significa dinero. 

( 146 } Todo lo miraba Sandio y de ninguna cosa se do^ 
lia. Alude á aquel antiguo romance: 
Mira INero de Tarpeya 
A Homa como se ardía; 
Gritos dan niños y viejos 
F" él de nada se dolia^ 

( 147 } Bon compaño. Esta espresion italiana fue introdu- 
cida en nuestro idioma para espresar un hombre condescen- 
diente y amigo de comer y beber con sus amigos y camaradas. 

(143) Contra los de mi nación* Peregrinas son las noti- 
cias que refiere Pellicer en esta anotación, y por lo mismo ya<» 
mos á continuar las mas interesantes. 

La espulsion de los moriscos de España se verificó desde el 



i 



(57) 
año de 1609 hasta el de 16 14» Caando los moros conquistaroa 
estos reinos permitían que los cristianos permaneciesen en los 
pueblos con el libre ejercicio de nuestra religión pagando cier- 
» tas gabelas. [Cuando se recuperaban de su poder estos pué- 

i blos , se permitia asimismo permaneciesen en ellos los moros, 

í en barrios separados ó aljamas, pagando igualmente á nuestros 

^ rejres varios tributos: asi como los pagaban los judíos, según 

consta de sus encabezamientos. £1 año de 1S2S mandó Carlos 
y« á todos los moros de España que 6 se determinasen de ha- 
cerse cristianos, ó saliesen de ella pena de la vida. Salieron 
muchos , pero muchos se quedaron y recibieron el bautismo, 
aunque no todos con igual sinceridad; j para apartarlos del 
mahometismo se les prohibid el uso de la lengua arábiga, ó la 
algarabía, el trage, las zambras, los cantares, las comidas, y el 
celebrar las bodas á la usanza de los moros. Como estos lo aca^ 
babao de ser, y eran descendientes y sucesores de ios que en- 
traron en España, para diferenciarlos de los viejos fueron llama- 
dos moriscos ó nuevos convertidos. En unos lugares vivian sepa- 
rados de aquellos, en barrios , aljamas ó morerías; y en otros 
todos los vecinos eian moriscos, á escepcion del 4:ura párroco, 
de la partera 6 comadre, que servia al mismo tiempo de ma- 
drina en los bautismos, y de un ^miliar del Santo Oficio que 
zelabaparaque vivieran cristianamente. Eran gente rústica, cer- 
ril, bárbara en el lenguage , ridicula en el trage, sus gregües- 
eos ó calzoncillos de lienzo ordinario, sus chupas ó ropillas 
cortas, su gorro ó bonete colorado. Ocupábanse en el cultivo 
de la tierra, y en el ejercicio de ios oficios mecánicos. Eran 
también arrieros y tenderos de aceite y yinagre. "Por maravi- 
lla se hallará entre tantos, decia el mismo Cervantes en el Co' 
loquió de los perros , uno que crea derechamente en la sagra- 
da le/ cristiana : todo su intento es apiñar y guardar dinero 
acuñado, y para conseguirlo trabajan y no comen; en entran- 
do el real en su poder, como no sea sencillo, le condenan á cár- 
cel perpetua y á escuridad eterna; de modo que ganando liem- 
pi'c J gastando nunca, llegan á amontonar la mayor cantidad 
áé dinero que hay en España; ellos son su hucha, su polilla, 
sus picazas y sus comadrejas; todo lo allegan, todo lo escondan* 
y todo lo tragan: considérese que ellos son muchos, y que ca- 
da día ganan y esconden poco ó mucho, y que una calentura 
lenta acaba la vida, como la de un tabardillo, y que como van 
creciendo se van aumentando los escondederos, que crecen y 



(58) 
haa de crecer en infiaito^ como I^l experiencia I9 maestra: en- 
tre qUo» no hay c«6tidadf ai entren en religioi\ ellos ni ellae; 
todos fie easaa, todos multiplicant porque el vivir sobriemc». 
te aumenta las cauws de la generación; no los consume la guer* 
raf ni ejercicio que demasiadamente los trabaje; rdbannosápie 
quedo; y con lots frutos de nuestras heredades^ que nos reven- 
dep) se hacen ricos; no tienen criados , porque todos lo son de 
si miscnos; no gastan con suj» hijos en loa estudios* porque su 
eieneia no es otra qiae la del robarnos.^' Averigudaeies una con» 
)aracion tramada con el turco y algunas regencies de Berb«ríft 
para entregarlas la Espaoa; enviaban sus embajadoreSf celebra- 
ban sus conventíeuloSf echaban entre sí tri batos para reaUzar el 
proyecto: tenían señalados rejrezuelos para toda la España^ y 
aun muchos para cada reÍQO,á quienes reverenciaban y acataban 
ya como á tales* £1 referido Asnar^ que trató largamente de la 
eapulsion de los de Aragón su patria, y ce«uinicd con machoa 
de elloSf dice: ^'que ademas de los destinados para Zaragoza y 
üuescaiy estaba señalada para reina de Ribagoraa la hija de Lo- 
pe Alejandcet vecino de JBarbastro, llamada Isabel Alqandr«t 
moaa muy hermosa; y que entre otros apereibioúentos costo^ 
soaftenia ya hecha la camisa, de tanto coste y tan rica, que in^ 
dttbitablemeale se vendid en Graus por precio de cuarenta H«> 
bras (eacudoa) y la compiraron losefa Gil, viuda, ó iieoiiot 
PoK^elojí y la Baauya, mugev de umal Ezmir. " 

Infofvnado el gobierno de acmejaates ¿oSenlos, mandó oele-« 
brar varías guatas de prelados y ministrois para traaar de sa 
remedio. Hubo diversos pareceres para su esp«lsion ó perma«* 
nencia, y ^da parlado fundaba y estendia el suyo en sendos 
adagioa oasteUanos* Dttoian loa unos víjuania» ma& maros mus 
ganancia. Y los otsos: déla enemigos los, menos* Hubo un vo« 
to «úa^ular^ segua refiere D* Juan de Vega MuríUn tn su Kis^ 
toriay aniigüedade>s de Caira» Este fiíe el del duqi^e de Cesat 
Luis Fernandez da Córdoba, liamada.el Libcpal, fgctm Mecenas 
da Lope de Vc^a, que aludiendo á la tan lamosa sima de la s«l 
villa da Cabpa, dícea que dijo k Felipe UI que él tema en sm 
estada um aposento donde cabían todos los moriscos: «1 ám^a* 
ta del sekx, st no es dí^reto, suele sugerir arrojados pemiamiett* 
tos* Frev^lecíd el déla espulsíop general. Publicáronse varioa 
bandos para que ^liesien de España^ á esoepcmn de los ainas jr 
ninas de ocho años abajo, saeandolas alhajas^ loemuebks, j 
el dinero do lost vendidas, y todo lo habÍMt de registrar en lot 



(5S) 
puertOSé Mandds« cdQ peña de la vida que do escondiesen te*" 
soroS) ni nadie oeuhase moriseo algono^ ni ningutio volviese á 
España, aunque no faltó quien lo qitebcantase. En caáa del 
morísoo Alatar , dice Gaspar de EsoolanO) por el ruido que ha- 
cia una muía en la caballeriaa, pateando en hueco, defloubrie* 
ron debajo de ana losa Muchas tinajas de trigo, ropa^ alhajas 
de plata jr una arquilla de oro. Muchos de l»s que pasaron ala 
Berbería fueron rauerte« por loa nsoros de ella , eodiciosos de 
su dinero, jojas, hijas, j mugeres de buen parecer. Híeefse la 
eapulsien con general quietad* Solo los moriscos de las sierras 
de Cortes jr Aguaren el reino de Valencia se rebelaron é hicie- 
ron fuertes por aigan tiempo con su reyezuelo Vicente Turf jí^ 
que fue después atenazado y descuartizado vivo^* '?Tenian por 
fe jr tradición infalible, ditíe el mencionado Aznar, que eües^ 
ta ocasión había de salir á defenderlos y matar á los cristianos 
el moro Alfatimi con su caballo verde, que se hundió en la siét- 
ra de Aguar peleando eti siglos pasados th el é]értñtf del rejr 
D. Jaime, y por eso creían que estaba aquella sierra hetrdida.'^ 
Cotí tan memorable espulsion quedd libre España de la sier- 
pe que criaba ea su seno, como dice Cervantes^ pero deterio- 
rada eu parte por la falta de g^flte y de industria ^ asi como 
por el contrario se enriquecieron y poblaron mas algunas ciu- 
dades de Berbería, como Argely Trípoli^ Túnez, cojos piratas, 
instraido^ de los moriscos prácticos en las costas de España, 
cautivaban después mayor número de ci'ístianos. El lugar de 
Argamasilla , patria de D. Quijote, era una villa en que dos 
años antes do la espnfsión pasabaii de ochocientos soíá vecinos 
( dice Fr. Pedro de S, Cecilio Anales de los PP. Mercenarioi 
descalzos)^ y estaba tan opulenta y rica en c'omciúy en paprtieu- 
lar qúeordünariamente la llamaban Rio de plata , por la níucha 
que había üh eHa: hoy está cotí tanta diitiitruercítí, que aun hc( 
, llega i\x vecindad^ la mitad que entonces.. .. CortteaTíó el lugar 
á descaecer cuandfa la espulsion dé los moriscos, gente aplica-' 
da, continua en el trabajo, enemiga do ociosidad y qiíe' ^n da- 
ño ageno buscaba sn provecho... con ^U efeitípio obligaban i 
trabajar á los oristiatros viejos, ccrltivaí' sixs hefédad^ , labraf 
sus tierras; con que todo manaba en riqueza lícitarttfeote ad- 
quirida. Faltaron eH'os y ios demás comenzaron á desiViayár en 
sus labores y oficios, y consiguientemente á sujetarle ú la pe- 
nuria poco á pelero. '^1 estado poco floreciente, en qite ^e ha- 
llaba ^ teino por los años de ifiíS se manifiesta* en la sólida 



y animosa representación que dirigió el consejo de Castilla al 
tey Felipe III^ y en qne fundó su Conservación de monarquías 
el canónigo O. Pedro Fernandez de Nayarrete. 

El ndmero de los moriscos espelidos U^ó á seiscientos mil, 
asi como el de los judíos espulsos en tiempo de los rejres cató- 
licos á cuatrocientos mil, según calculan algunos. Por estas dos 
espulsiones , de que tanto bien y proTecho resultó á nuestra 
Santa Fe, aunque tan considerables atrasos al comercio, in« 
dustria y población , dijo que se habia convertido la España 
de ArMa feliz en Arabia Desieríay el judío Tomas Pinedo^ 
natural del Trancoso en Portugal, que estudió y vivió muchos 
'años en Madrid, estimado por su erudición de D. José Pelli- 
cer, D. Nicolás Antonio, D. Juan Lucas Cortés, y el marques 
de Mondéjar, y que^ averiguado su oculto judaismo, fue preso 
por el Santo Oficio, de cujas cárceles hujó á Amsterdam, don- 
de murió* 

Sin embargo de esto, el referido licenciado Aznar lleno de 
buenos deseos, y fundado en profecías, en pronósticos de a$^ 
trólogos cristianos y mahometanos, y especialmente en un li- 
bro que se encontró en la ciudad de Damieta cuando fue entra- 
da por las cruzadas, vaticinaba jr afirmaba el ano de i6ia: que 
á esta espulsíon de los moriscos se habia de seguir la estin- 
cion del mahometismo, la conquista de la Tierra Santa, y de- 
mas provincias que posee el Turco, todo por el valor de los es- 
pañoles; y que lo uno habia de verificarse el año i6ao, y lo 
otro el año de x66o« Pero no sucedió asi; antes puntualmente 
el año de x66o habiamos perdido el Portugal, la Holanda^ 
y el Rosellon. ^ 

( i49 ) Los puertos y puestos donde se registran. Hablan- 
do Cristóbal de Herrera en el Amparo de pobres de corregir 
estos desórdenes, dice entre otras cosas : ''y escusarse han los 
franceses y alemanes que pasan por estos reinos cantando en 
cuadrillas, sacándonos el dinero, pues nos le llevan todas las 
gentes deste jaiez y hábito, y se dice que prometen en Francia 
á las hijas en dote lo que juntaren en su viageé Santiago de ida 
y vuelta, como si fuesen á las Indias, viniendo á España con 



invenciones." 



( iSo ) No tocaron d mi encierro. Quizá diria en el origi- 
nal fierro. 

( i5i ) Sagitario. El noveno de los signos del Zodiaco. 
( i5a ) D* Pedro Gregorio* Ya habia notado Pellicer que 



(6i) 
i este caballero se !e llama D. Gaspar ea los capítulos LXIIT r 
LXIV. 

Capitulo ifmmuogmma quinto. 

( i53) y su jumento le escuchaba sin responderle pala' 
bra alguna, Eu el Orlando Enamorado vemos también que 
encontrando Orlando al caballo Bajrardo sin Reinaldos deMon- 
tal van, le preguntó: 

Aj buen caballo! donde esti Reinaldo? 
Díme do esta'. No me lo estés callando* 
Asi el conde al caballo preguntaba, 
Y no le respondió, porque no hablaba. 

( i54 ) Todos los duelos con pan son buenos. El refrán con- 
duje diciendo son menos , j el mismo Cervantes asi lo dice 
otras veces. 

( i55) jénoche caí en esta sima^ donde yapfo y el rucio 
conmigo. Atestigua Sancho con su asno la verdad de lo que 
dice, aludiendo á la fórmula forense, en el que los que defíen- 
dea causas atestiguan la verdad de los hechos que sientan, j 
de que se ha hecho relación al juez diciendo por ejemplo: el 
escribano conmigo etc. En algunas ediciones se ha enmendado 
este lugar, sin embargo de estar bien en la primera, diciendo: 
donde yago y el rucio conmigo. Con lo que se defrauda tf Cer- 
vantes de esta alusión forense, y se le hace incurrir en una 
insípida repetición, pues siyacia el rucio con Sancho^ no había 
necesidad qu& volviese á decir inmediatamente que estaba con 
él. 

(i5S) Sacaron al rucio y d Sancho Panza de áquéllai 
tinieblas á la luz del soL Ninguna noticia tenemos de esta 
tenebrosa cueva, en la que Cervantes supone cajd Sancho y 
el rucio, j Pellicer se inclina á que en la descripción de ella 
tuvo nuestro autor presente, 6 se propuso quizá hablar de las 
cuevas que hay en la Mancha. 

£a el campo de Criptana en la Mancha (que quiere decir la- 
gar de cuevas 6 de subterráneos } había dos cuevas, dice Pe- 
Uicer, que ibaa á parar al castillo de la villa, largas de roas de 
diarto de legua, y parece se comunicaban; porque los antiguos 
decían que se habían echado gansos por una parte, y habían 
salido por la otra, como lo depusieron sus vecinos el año de 

iSyS* En U misma Mancba, entre Belroonte y si) aldea, la Osa 
IV. 6 



(6a) 
de la Vega, haj también uoas concavidades de qae hablan dos 
autores. Ki uno es Diego de la Mota, que el año de 1699 <^ccia 
''en Belraonte, cabeza del marquesado de Villena, haj un labe- 
rinto llamado de las Horadadas, bajo de tierra, de tantas calles 
que nadie le ha hallado cabo." El otro es Fr. Cristóbal de los 
¿>antos, que el ano de 1695 decia: ''á corta distancia de U Osa 
de la Vega haj ana mediana eminencia que llaman la Horadada^ 
en cujro distrito hay diferentes bocas de unas cuevas donde 
entrando por ellas se encuentran ediñcios subterráneos ^ coq 
diferentes salas, con asientos jr sillas labradas délas raesmas 
piedras: todos vestigios demostrativos de haber vivido en ellas, 
mucha gente,' ó ja de gentiles, <d yst de sarracenos.'' 

( iSy) Que es lo mesmo hnceHas (fue no hacerlas. Ya 
hizo presente la real Academia que no habia por que apelar á 
la falta de memoria en Sancho para salvarla apareóte contra- 
dicción que en alguna edición se supuso con las palabras que 
se dijeron en el. capitulo LI: Ordenó cos^s tan buenas ífue to- 
dapta se guardaban en la Ínsula^ y se nombrabim las Consté*^ 
tuciones del gran gobernador Sancho Panza. 

€apftttlo eiúxícnw¡mmo $extfi. 

( 1S8) Ordenó que se quitasen los hierros alas lanzas* El 
combate de la lanza corriendo á caballo, era muy común en 
tiempo delat;abállería,y en este ejercicio era donde «ianifes-> 
taban sn fuerza y agilidad. De aquí salieron tantas expresiones 
comunes en los libros de caballería; de un bote de ^Maa , roM. 
■per lanzas^ bajar la lanza^ quebrar lanzas^ enristrar la/onsai^ 
lí punta de lanza^ medir lanzas^ y otras semejantes. 

En tiempo de la caballería íes lanzas se hacían también de 
una madera ligera y flexible, tai como el fresno, el elmo, etc. 
y se introdujo afiadh* en ellas una banderola, que en sn origen ' 
no fue mas que nna cinta é velo qne las damas regéla^n á los 
caballeros antes de partir á la guerra, ó de entrar en no loriieo 
para que les sirviese de divisa, y al mismo tiempo oomo una 
recompensa de sn amor y valor. 

(159} El decreto del santo concilio que prohibe'tahs de- 
safios, CV. la nota 7 del a.** tomo). 

(160) Mío que dijo la hija de la Rodriguez. La academia 
creyó conveniente añadir el artículo la tydieMUk en la {>riraera 
edición á fin de que quedase mas determinado ei sentido. . 



(63) 

(161 ) Parecíale que había de dar cuenta estrecha al 
cíelo de aquella ociosidad y encerramiento, Empapado unes* 
tro O. Quijote en ias ideas caballeresca», creía como fius mode- 
los que era perdido el tiempo que pasaba sin andar corriendo 
el mundo en busca de aventuras. ''Asi acaeció que estaba Ama- 
dis en Gaula, como se lee en su historia^ aderesiodose para se 
partir á buscar las aventuras por emendar é cobrar el tiempo^ 
que ea tanto menoscabo de subonra alli estuvo»" 

( i6a ) Mira falso que no huyes* En la primera edición de- 
cía huyaSj y la Academia varid rauj oportunamente ua modo 
por otro para mayor e»erg¿a de la «spresion^ j para quecoinci*^ 
diese oon Í6 t^ue sigue. 

( i63 } Cruel J^reno^ fugitivo Eneas^ Barrabas ie acom^ 
pañe^ müd te at^enga». Bireno de qaueii fe J^abla «n q1 canto 
X dei -Orlando de ArioetOi) era el amante de «Otirnpía ; maf 
prendado de otra k deja dormida en una isla^ j él ae «nd^aoca. 
Diflpierta Olimpiai y viéndose sola empieza á maldecir y á la- 
mentarse y á reqegar del cruel Bireno, y con poca diferencia 
hÍEo lo mismo la reina Dido quejáifdose de su íbgitivo Eneas 
cuando este la abandoniS, y se embarcd para Italia. Cervantes 
fingiendo i Altiaídora desdeñada de D. Quijoteii hízo^pie ími* 
tara en sus quejas los despechos de Dido y de Olimpia. 

En el Cancionero ^Flores se leen unas coplas sobre este 
despecho de Olimpia, cuyo eatriviUoies Traidor tirano: 
Subida len tina alta «oca 9 
Donde bateel «nar ¿nsanof 
Del engañador «Bireno 
Olimpia ee queja en vano. 
Traidor tirano. 
( 164 ) Que «a/ mármol puro* Aunque asi se lee en la pri- 
mera edioien, opinan algunos que debiera decir marmol paro 
ó paria con referencia al hermoso mármol de la isla de Paros. 
( i65 ) En lisas blancas y negras. En todas las ediciones 
seleeasif mas pareceque Ja contradicción es manifiesta, y que 
debiera decir hablándose de piernas blancas y tersas. 



(«4) 
(Capitulo 0utnctta9e0imo octma. 

( 166 ) Uamáse D. San Jorge. El llamar Don á los $aatof 
no es nuevo en D. Quijote* En el siglo XIII el poeta D« Gon- 
zalo fierceo se lo did á Jesucristo. 

En el nombre de Dios que fijo toda cosa 
E de Don Jesucristo, fíjo de la gloriosa etc. 

( 167 ) Está partiendo la capa con el pobre y le da lÁ 
mitad. Este hecho le practicó San Martin aun sirviendo en 
las oanderas del emperador Justiniano j no habiendo todavía 
abrasado la fe de Cristo. 

(168) Don San Diego Matamoros. (Y. la nota 166 de 
este tomo }• Santiago es considerado como el patrón de Espa- 
ña, porque como se lee en el rezo de su traslación '' dicho glo- 
rioso apóstol dejándose ver claramente en combates muy peli- 
grosos, ayudó admirablemente á los españoles que peleaban 
contra tos infieles. " Y si bien en esta parte no están entre sí 
muy acordes nuestros historiadores, no por esto dejaron de in— 
irocarle, y de ser el apellido ó grito de guerra de los españolea: 
Santiago cierra España* 

( 169 ) El mayor defensor suyo que tendrá Jamas» En 
efecto, S. Pablo, de acérrimo enemigo de la naciente religión 
de Cristo, pasó á ser su mas esclarecido apóstol y el mas infa- 
tigable defensor de ella. 

( 170 ) Dan señales de las venideras desgracias con cosas 
tan de poco momento como las referidas. Eran todavía muy 
comunes en el siglo de Cervantes los agüeros y supersticiones 
en España no solo en la gente baja y vulgar, sino en otros per- 
sonages como sucede todavía en Francia é ftalia sin embargo 
de su decantada ilustración , y por eso los reprende algunas 
veces Cervantes: unos eran generales, como el no salir de ca- 
sa en martes á negocio, cuyo éxito se deseaba favorable, ni 
empezar camino ó emprender jornada sin echar primero de- 
lante el pie derecho: otros eran peculiares de ciertas profesio- 
nes de gentes. Fajardo en su Fiel desengaño contra la ociosi-' 
dad y los juegos juntó algunos de los agüeros y casos aciagos 
que observaban los tahúres y fulleros, y eran: si el dinero se 
caia en el suelo: si las cruces de la moneda estaban htfcia aba- 
jo; si perdian en lunes, teniendo este dia por mas aciago que 
el martes; si cuando sacaban luces ó velas, volvian las puntas 



(65) 
ée las despavíladeras b^cia alguno de ellos^ sí el que les mira- 
ba el juego ponía la mano en la mejilla: sí ocupaban la esqui- 
na ó cabecera de la mesa; j asi andaban inquietos de una par- 
te en otra^ de donde nació el proverbio: qué haces hijo ? nudar 
hitos: si ganaban la suerte primera, de donde provino el refrene 
ni primera mano^ ni buey blancoi si tropezaban en el umbral 
de la puerta^, estera Y 6 silla: si al tiempo de barajar, les tem- 
blaba la mano: si otro tocaba su dinero: si alzaban las cartas 
coil la mano izquierda; j asi gritaban: todo hombre alce con 
la mano que se santigua y tOma agua bendita: si bacian tor- 
recillas con el dinero: si perdían la primera , segunda, tercera 
mano, creían que siempre habían de perder aquellas suertes, 
j á esta vana creencia llamaban: creer en la errada^ errona^ 
6 gabacha* En cuanto ¿ los juegos también creían que perde- 
rían á unos, y que ganarían á otros; y asi los unos preferían 
la gana pierde^ otros la polla 6 maribulla^ otros los cientos^ 
otros la primer a j otros el tres^ dos y as^ otros las quínolas; 
pero el mas usado era el parar, 

( 171 ) No te me podrás huir , uájrica , porque te tengo 
asida y entre mis brazoSf Algunos autores suponen apócrifa 
esta aventura» 

(172) En las verdaderas historias españolas se cuentan. 
( V« la noUi 168 de este tomo }• 

( 173 ) El zeloso dios de los herreros enredó á Féftus y 
á Marte» Los griegos ^atestaron la historia de su Marte con to- 
das las aventaras que se contaban de los otros , de los cuales 
habían oído hablar. Las principales eran: 1.* el juicio ó sen- 
tencia de Marte en el consejo de los doce dioses por la muer- 
te de Hall jrobio hijo de Neptuno, y en el cual se defendió tan 
bien que quedó absuelto ; la a.* la muerte de su hijo Asea- 
lapho en el sitio de Troja, cuja pérdida queria vengar el mis* 
mo Marte, pero Minerva se lo impidió; 3.* su herida por Dio- 
medes , cuja lanza dirigió la misma Diosa , el grito terrible 
que dio en esta ocasión 9 J la facilidad con que curó de aque- 
lla: y 4** '^ amores de Marte j yén4is cantados en la Odisea 
y por Ovidio, y descubiertos por el dios del dia, las redes in- 
visibles tendidas por Vulcano, etc. En esta ocasión fue cuando 
Marte cambió en gallo á su amigo Alectrjon, en castigo de no 
haberle avisado de la próxima llegada del sol; y Venus se ven* 
gó persiguiendo los hijos de Apolo. A estas cuatro principales 
aventuras debe añadirse la derrota en la guerra de Jápiter y 



(66) 
de los TítMies, en la caal Marte fue hecho príftionero por Ota» 
y BphialtCf j puesto ea libertad por Mereurio después de quin- 
ce meses de cautividad. 

( 174 ) Riquísimos falddlmes de tahi dé ero. El tabl es 
una especie de tafetán de mucho cuerpo que por lo coman ha- 
ce cambiantes. El tabí de oro estaba tramado de seda y urdí* 
do con hilo de oro. 

( t/S } Vhn nueua y pcLseórü Arcadia, ( Y. la nota ao8 del 
tomo d.®). 

( 1 76 ) El famoso poeta Onrcílaso, El príncipe dé los poe. 
tas españoles, Garcilaso de la Vega, fue natural de Toledo de 
familia xaay distinguida. Cridse en esta ciudad hasta «fue taro 
edad conveniente para servir al emperador y andar en su cor- 
te 'Monde, como dice Herrera, por la noticia que tenia de las 
buenas letras, y por la escelencia de su ingeinio y tiobleza y 
elegancia de s^s versos , y por el trato sujo con lafs damas, j 
por todas las demás cosas que pertenecen á un caballero para 
ser acabado cortesano, de que é\ estuvo tan rico, que nitoguna 
le fahó; tuvo en su tiempo mucha estimación entre las damas 
y galaües. '^ A hi edad de a4 años casd en el palacio de k reina 
de Francia con O.* Elena de Zuñiga, dama de honor, de la que 
tuvo dos hijos y una hija. Después de casado contmud sirvien- 
do constantemente al Emperador hasta 'el a'fio i53€ , que'for'- 
mafndo el Emperador, como dice el historiador teferido, cam- 
po aci el Piamonte, etíttó 'por la Prov^nza hasta Marsella, y en 
esta )6rfiada mandó qae Garcilaso fe sirviese l^e^viaíndo 'á su car- 
go quince banderas de infantería, retirándose el ejercito sin 
efócto á la Vuelta de Italia en un lugar del tSrden di S. Juan 
iitiatro 'milk's de Fregra^, jendodeponieJtate para levafnte, en 
vítik toi'^é'qtte allí estaba ocupada de 5o villanos franceses 'los 
ffitts de ellos arcabuceros que no se quisieron rendir jyn^andd el 
eñipefaddr c(ae la batiese alguna infantería 'espafidla, y abier- 
ta ti^k b6ca «n 'lo alto le arrimaron algunas 'escalas : entonces 
Garcilaso, tnir&tiddó el emperador, subid el primero de todos 
*pOr *bhk áe ellas; 'mas antes'de llegar* arriba letiraron una gran 
/piédrtí , y dándole en la cabera, vino por la escalera abajocon 
iiiíti thoital 'herida. Indignado de esto el emperador, núkndó 
ahorcar tf todos los «paisanos que hallaron 'en 'la torre. Gareila. 
116 fiíb HeviKio á !Pfisa, donde murid á los 34 anosde edad, el 
^Ira^i áe su herida. Fue depositado su cuerpo en Sto. Domin- 
ga, jr «raido el «rfio de i538 á Toledo.^Ea todas íhis campanas 



(«7) 
jamas áeyó el estadio de las letras, tomando ora la espada, ora 

la pluma, oomo escribid en una de sus églogas, " (f^ la nota 

59 del tercer tomo ). 

( 177 } Otra del escelerUísimo Camoes, Luis Camoes nació 
en Lisboa en i5i7 de una familia noble. Abrazd la carrera de 
las armas , j perdid un ojo combatiendo contra los moros* En 
1 553 pasó á la India, en donde con su talento -por la poesía 
adquirid relaciones de mucho interés, pero tuYO la desgracia 
de ofender al virej con una de sus sAiras, y fue desterrado 
de Goa para Macae. En aquella travesía habiendo naufragado 
tuvo la presencia de espíritu para salvar su inimitable poema 
La Luisiada^ de llevarlo en su mano izquierda , mientras que 
con la derecha iba nadando. Después de algún tiempo voivi^ á 
Goa j se embarcó para Portugal. Llegó a Lisboa en 1 566 en 
donde concluyó sus dias en la mayor miseria en i57^ á la edad 
de 6a anos. El objeto de la Luisiada es lá conquista de la 1^- 
dia oriental becha por los portugueses ba|o la conducta de 
Vasco de Gama, por cuya ra^on es el héroe del poema. 

( 178 ) He quedado atónito en uer vuestra belleza* Habien- 
do sorprendido Acteoa, y no Anteon , )i\\q de Aristeo y nieto 
de Cadmo, en una de sus cacerías á Diana en el baño, se ofen- 
dió de tal manera la diosa, que según la fábula le convirtió en 
ciervo, y sus mismos perros le devotraron. 

Capünlo qmtticuagedtmo tumo» 

( 179 ) No abrió la suya. La Real Academia hizo ya pre- 
sente que en alguna edición 3e habia quitado la <partícula ne- 
gativa , considerando ser yerro de imprenta* Pero no-abrir la 
boca en este pasage no esté en-el sentido recto, sino en el meta- 
fórico, siendo la significación de esta frase no fiabló, 

( 180 ) Naci para ifluir muriendo^ y tú, para morir co^ 
miendo. £1 otro proverbio dice : Edere ad uit»endum , et non 
vivere ad edendum : comer para vivir, y no vivir para comer. 

( 181 } Pinta d £>• Quijote ya desenamorado de Dulcinea 
del Toboso, ¥ en «fecto el supuesto licenciado Avellaneda pin- 
ta a su D. Quijote desenamorado de Dulcinea en los cap. 4* ^* 
1$. I a. y 1 3. Concluyó^ dice, D. Quijote la plática con Sancho 
con de'cir qutria partir á Zaragoza á las justas^ y quepen^- 
suba olvidar d la ingrata infanta Dulcinea del Toboso^ y 
buscar otra dama» 



(68) 

( 1 8a ) Quien en esta parte tan principal yerra. Escribí en<« 
do Cervantes este capítulo llegó casualmente á sus manos U 
a«* parte del Quijote del licenciado Alonso Fernandez de Ave- 
llaneda vecino de Tordesillas, fingiendo el nombre j la patria 
como dice Pellicer; jr asi continua en el capítulo 6i llamando á 
esta bistoria recien impresa^ y en el 70 libro nueuo^ flamante* 
Indignóle ^ j no sin razón , que este disfrazado autor bubiese 
introducido la boz en su mies; y aunque llevando á D. Quijo- 
te á Zjaragoza siguió la fama que Cervantes dijo al fin de la pri- 
mera parte se conservaba en las Memorias de la Mancba, y que 
él mismo siguió basta este punto; cou todo eso por no coincidir 
•on ei plan de su émulo ja descubierto, le mudó, y condujo 
á su béroe á Barcelona sin entrar en Zaragoza. Aun le enfadó 
mas el estilo frió, insípido y vulgar , y tal vez la tontería, la 
indecencia, y aun el cinismo de esta Continuación; y asi no la 
deja de la mano basta concluir su Historia, descargando sobre 
ella críticos varapalos* Desagradáronle, como era justo, las pa- 
labras malignas que coutenia el prólogo de manco y em^idiosa 
y soldado sin brios^ injuriosas á su persona, y á las que con- 
testó en el de su segunda parte con la nobleza y generosidad 
propias de su carácter. Le disgustó el lenguage vulgar, inculto 
y chabacano de su continuador, y cuando se aparta del plan 
de la bistoria de la parte primera, censura luego la oscuridad 
y torpeza de varios sucesos referidos por Avellaneda. Califica 
el lenguage de aragonés, por que tal vez escribía sin artículos^ 
y pudiera baber alegudo otras pruebas, no menos convincen- 
tes que copiosas , como son: en salir de la cárcel^ por en sa- 
liendo ó babiendo salido, 4 la que vohió la cabeza^ por ha- 
biendo vuelto la cabeza ; escupe y le pegaré^ por le castigaré^ 
hincar carteles^ por fijar ó pegar ; poner la escudilla en las 
brasas^ por poner la taza sobre las ascuas; el señal^ por la se- 
ñal ; menudo^ por mondongo; malagana , por congoja, des- 
mayo ó vaguido, y aquel tratarse las personas de impersonal^ 
como mira^ oiga^ perdone. 

No es a' la verdad tan feliz Cervantes en la crítica que ha- 
ce á Avellaneda sobre haber llamado á la muger de Sancho Pan- 
za Mari Gutiérrez^ como lo notó también la Real Academia, 
pues él la suele llamar también asi: y al fin del cap. Vil de la 
primera parte con diferencia de pocéis líneas, no solo la llama 
Mari Gutiérrez ^ sino Juana Gutiérrez, En lugar de esto pu- 
diera haberle reprendido justamente que llamase á D. Quijote 
Martin Quijada^ Uamtfndose Alonso. 



(«9) 
( i83 ) De las cosas obscenas y torpes los pensamientos 

se kan de apartar^ cuanto mas los ojos» En )usti6cac¡on de 
lo que dice nuestro autor acerca la obscenidad j torpeza del li- 
cenciado Avellaneda, léase de su indigesto D. Quijote desde el 
capítulo i5 hasta el 19 inclusive. 

( 184 ) Las justas del arnés que en aquella ciudad suelen 
hacerse todos los años.{ V. la nota 217 del tomo ^.^ j la 3o 
del tomo 3«^ )• 

Capítulo seiíagedtmo* 

( i85 ) Nudo gordiano* (V. la nota lyS. del ton^o 
3.» ). 

( 186 } Soy mi señor. Palabras casi i($ualés á las que dijo 
Beltriin Claquin, ó Bertrand du Guesclin , cuando rineudo en 
el campo de Montiel el rejr D. Pedro con su hermano D. En- 
riquef y leaiéndoie debajo, Glaquin ayudó á D« Enrique pa- 
ra ponerse encima de O. Pedro: j Sancho se las aplica á si mis- 
mo, cuando por medio de la sancadilla did con su señor en el 
suelo boca arriba. Este coai)estable francés jurd en una oca- 
sión de no comer sino tres sopas en obsequio de la Santísima 
Trinidad hasta vengarse de un enemigo suyo; tal era la mez- 
cla de las ideas caíbaÜerescas jr piadosas que reinaba en aque- 
llos tiempos. 

( 187 ) jiqui morirás^ traidor^ 

Enemigo de £>oña Sancha, 

Siguiendo Sancho las ideas caballerescas de su amo , contesta 
con los últimos versos del romance antiguo de O. Rodrigo de 
Lara 6 Rui Velazquez, con cuja hermana D.* Sancha casd con 
Gonzalo Bustos, que fueron padres de ios siete infantes de La- 
ra. Por ciertas enemistades , que no son del momento, trató 
Rui Vdazquez con el rey moro deCdrdoba que matase á los 
infiíntes sus sobrino»; como ea efecto se veriñcd, y que pren- 
diese á su cuñado Gonzalo Bustos. Este sin embargo logró la 
libertad ; roas, con^ de él, y de una mora, hermana del rey, 
hubiese nacido en Córdoba Mudarra Gonzalo, pasando este á 
Castilla, fue adoptado por hijo por D.** Sancha, á quien quiso 
vengar de la muerte de sus hijos y de sus hermanos. En efecto 
salid an dia á caza D. Rodrigo, encuéntrase en el monte con 
Mudarra, pero viéndose D. Rodrigo siu armas pide espera has- 
ta ir por ellas: niégasela Mudarra, y le mata* 
/V. 7 



(70) 

Iré á tomar la« mis «rinatt 
Ui' espera que t&'disie 
A i«« íttfftBles de Lara; 

j4qui morirdSy trítidor^ 
^ Enemigo de Dañiv Sunchar 

f 1 88 ) áiir anumeoer tuzaron I09 . o/«ur. £0 algnoaa edí«ío>- 
«es se había puesto al parecer equívocadamepte* 

( 189 ) Mas de cuarenta bandoleros. De ir á bandadas sa 
llamaron baadoleroft» 

( 190 ) Féntrera. Llámase, asi una faja co» la que se cine- 
el vientre. 

( L91 ) Con cuatro pistoletes que en aquella tierra seüar 
man p^dreikdes^ Venían á ser ona espeeie deereabades peque- 
AoS) y Ws seiiaa usar los ^ura^dfts. Govarimbiasi dftoe que se 
-llainaban pedreñales ponqué no se lea daba fueg» coomecba 
eoKuo i los«reabaoest sino oon pedeniai, 6 a«a.coa iijia lia.vw^^o»' 
ea^da fusil. D. Franoisco Giiabeft4ice qois «stn ciasede anni# 
eren muf oeauínes bq el Principados qUe se aeostambiab^a 4i 
•a manejo deedie mnosi, como quepa^ra corlsr este abaso ^er 
pciblioiS una pra^áiica en tiempo de üoqae GHiof^ri. 

('«9a) P^etttera* (V* i a nota 190. )« 

( «98 )• Orti/el Opiris* La fábula ie faaoei -hi^ -de^eptuao 
y de Libia. £ra un tirano cruel de Egipto que saorifiGaba é 
Júpiter todos los estrangeros que Jilegaban á sus estados, ffue 
muerto, justamente con su hijo y tadoA su| sucesores por Hér- 
eorleSfá quien preparaba la misma soerte* Créese que ftieiria 
es lo mismo qne Osirts^ á quien loe- egipcios sacrificaban W»*- 
tímas humanas; y que la bárbana aupecalioion de este puebl# 
ibe la qne dié lugar é esta fiíbula* 

(194) Roque GukMTU i^f^. la moUíiq^). . . .. 

( 19S) Defender k su padre de los pttrient^.* La BÜcai 
Aendemifi anadié^ de B« Vicente^ pena^ifeelisentido'esUmef» 
mas' clbro» 
* (196) i£/atfíref^. üUi «etarlan/lo>mismo<qae ladiDueSt 

( 197 } ^ntes ie puüó perdón del ágrawa que le haéiá 
^eeffXK =Bq algunas «ediciones se habin olvidado Ja última' vo^ 
heoho. 

( 19^} Porque pmeda decir bien de esta atfentutki. Ai pe* 
reoer por aquel mismo tiempo se descubrieron en Andalucía 
en la sierra de Cabrilla otros setteadoras que afectaban serta» 



Í70 
«qaitativos como Roque. 6'iiíoart , f aua-U»d»Vía teas escru-' 

pulosos. En 5a tráge pareotMb genbe btiiena jr reformada, y roba- 
ban á los pasageros solo la mitad del dinero sin hacerles otro 
daño alguno. Sucedida oomo cuentael licenciado Francisco 
Lruque y Fajardo en su Fiel desengaño contra la ociosidad y los 
faegoSf ^e mn pobre* labrador llevaba no «as(|ne quince rea- 
les^ jcecbada la eaentm cabías á siete j medio, y no hallándole 
traeque de un real, et labrador les rogaba encarecidavitfettleqiie 
tomasen ocho reales^ que é\ se coatentoba goq sw^Oé-De ningu- 
na manera ( respondieron ellos ) con lo que es^mteséto nos ha- 
ga Dios merced. Por razón del tragejr dei lugar d^ de se re- 
cojian eran llamados estoS^ledr^nes $o»b&íáos dé Cabrilla, 

'( &9^ ) ^Wtti*é ert Barcelona y la dié d quie» U>au Cnmo- 

MS son las ii<o«ída6 *qae reunid Pal lieer aceron fior handos y 

baadoleres' de- Catalana , |K^r euya r^sota reproduetréa»os lo 

tñt» e90i!tekit4e ella$ir^Los>baniáos<y' bandoleras de Catataná^ 

dtee, (íran aotí^osi^ e^nno lo re^re el mismo Cervevlés eil la 

é?ála¿0nyrrtipt'e8ael'atede'»5^« Laoeiies,<aegi>B refierst fae 

q^y i4a iendó' l^imbrio^ eb mípando po r el reiilo de > -Ga taiiia«f 

¡[\^ saifdá' de Perpi&ai» diermí eoo iX une eanlidad detbenM 

<lolevosv'los caa4e» tenisn por señor y cabeza á un valeroso 

oabaüer^ catalBO^ que por ciertas enemistades andaba en U 

oam)pe»a«y cemo es j^a* antiguo uso deaqtiel reino cuaadolos 

enemitsítadot son persenasv de oneaia ,, salirse á ella^ y hacerse 

táyáiü'^'flikl que pueden no -solamettle eolae^ vidas, pel^oeit las 

Üaeiendae* Tal vez Uegaooa estos band<>leros á- desafían dudar 

de» eateras^ el modo queel aotigttO'0iago Ordonea iietdáZa-v 

ittorft* Dicele* especsamente Ok J«iai» VíteÍMi. ^'' En^ GaAaliiñk 

Astoaie Eoc», el MÍAobv el Gadelif el Guiñarte, se-etüefeiesoii 

átdt9Afiiai« 6 ciudades tan prti»oipabes,^oomo Barcelona, Gironftt' 

Léiráda ^ /ccNnanzandei eonua «blo oompañero y luego de dos 

faaron dosckilliM per» ejecutar. sm désftfíoicen innuraerathles 

i^feoS)' iosdllos y maldad^. '^ (Memeriae de Felipe de Comi«* 

iMa')4 LoY' bandos p«es que andaban' en tiempo deOk Qv^ote 

eiwv de ios- Marl1eft^, d Nierros y Cadellesv Uoo de \ú% que ee^* 

gukn'^: bando- de lo» £(iaitros> era Roque &utBa>rt, como lella* 

asr-'Gervra«le8iy »aiiqiieicoii»«nftténle le lliFmebanr<Gttiilart,-4$ 

Giit2b«rSiey'9egiin>'Se'Ceaiprtt«ba'Con elequívoco de q«ra,>ala»^ 

díendo )rfestoRoqne^«i8¿'D. Juan Návavro de CasAqate-eon'i 

tm *Bwqwe ' ile*Ftgueroa s - celebra* comedian^ del stgib pawdof 

ott'0il»co{4á rídícilia: 



\Mmeaa9*^***élá9^moá 4 Igualada coa Itrftoiitía en> ta. hbcaV 
teoiaofiaaviso do: aquí vBiiilo»bandoidros:.alli üe^o: alíanos 
agttardiui»««*»£n'el c«kiiiiode.fiaraldn&.halla4lMs.iivioho6 baa^ 
4idofii|(paserfudose par nudiodcilasliigiiresv^j'atificpieafialvajap* 
^Sf ^laaeftida aciiuraijr'tabaites<| dé quien oor tjuvirabs. peao» 
anales.^' Ett estaa^eacaadna» <$.oii»dnllaaf.dicaDi FeaneÍBCO 
GUmb^t^ <|tta Éiabia madaos fcunoeacs^ aspecialmeQie gaacaaos* 
por la vecindad de la tíerv^ jr fiíoilidad dé yokjreci^iÁ ella.«(Di»r 
onrao.soboe el prnieifNKl»dfrGa4a4uaa)w . 

I¿a mediotdeeflttii vida taii> facinerosa. ob ac rtah o tRocpMiGti»* 
oaatoMir ioaraujRQ» la'iaslíeia> díjrtiributi^af jr naaba eon loa de** 
mas de compasión |. como -dke*€ef rali Ues f y laesperiiuantéO*. 
QuiioteCttando oájiá aotausiiteadoa el año s fti^ aocqoe-cscaüiia 
ttiies4f o autoc su Sagaoda> paatef ooaio se cnüja okramenio dn 
la» feoba dé la carta de Saoobo. k sumuger Teresa. BanaaiesoritH 
aoiel oasáillodel- OMque á ao.d« julio de v6a4«'(fra/'w 36* )• 
. Peno acaso foe prefo pocf^ deapueael famoso IVoquay poeqae 
dlceFdMi eof sof Anales c Uun, lili p^itg, nd&y que. a» io> de 
deciembrede i6i6 se publicó el jubileo pléníeÍMio «oncedido^ 
por Fani|o'V«á{ie|]eion>da'liaaidiput«dbaá «odadoprovisvcia, 
y^ea desagraw de las olelisaa'y desdr^anes ejecutadoa «n -eéla 
pav lo» baikéeléOos y paretatldadea dé* los- - £<arros y- GndeleSy 
(^nietadns por elscak) |f groode aplicación deldMqiia de Aibnr-» 
querqnCf e^totuias Tfrey^diel'fViiMipadovBQndfjose'la pravinoiss 
biei^ranse procosione^i é imploróse el favoi* y nwiserkordia d«t 
Sonochen -elidiscurso^de' las^doS' semanas qboikir^el jubileo^ 
para que>uaaao de piedad con^ la prOTitiata. f'«£ite«léptÍHiO'dtt^ 
quede-AÜlurquerque, Mamado- Di Francisco Feítnimdesde la- 
GucTA, eotróeti Barcelona rf, <^í«er' su eargo* d% tirey de* Ca«« 
taluila^ en el'mesdomarso'de r6i6^ eomo sodka^eo^el BkstMr- 
S9'f0bf^'ia»<:tiié^s eoníuHes? de las eiadstdes qu'«ie'lfee^en< i» 

óbvitilAdadeGílabere. >> . 

' fil" eeindode Gataluna y las costumbres de siis<»at4Jtfiies^'se^ 
glitlliiS' de^mbe en ei siglo pasado Pedto Davi«y (tom..LV. 
pafg* f 66'} daban 1 ogar ^^teslo» públicos' desórdeúoa «qoe se «op-^ 
riígiemndespíSiea'eDn el'destvervode cieArt»s'pi«e«cii{iaCMMies4 coa- 
et^&KimMto de 1« peblireiou, delfts artes^ de-la Hgciotfltura) xM> 
loomeitia! y^^lM IkboríMidiid que unto floreceu' fcihtH^;' 

.« ii. í ' . .i> • . . ' . ' . .■ ...•;••.].••.' 



(75) 

.( 4top ) Soplan lú¡f cu&rdag de lofi arcabuces. Lo mmmo 
que lasmechsis.pon las-qoe beles pegaba fuego* (V^ la ú«ta 
j^yo del toi^Q U*' }« 

( j90i ) ^prnia^i qpat'ta» Hepeticioa de paíabras para ila- 
jna^v i^ Aleocioa del oQiicursp y coosegnir Juego despejar el 
lugar^ £l,«KiÍ6mD Ceryapte^ea ei-^iaga tú Parnaso 
O^ósp. ^a esto fa\ Aoa ,de uua eorneia^ 
Y ua trapaif trapa^ ap»rta^ afaera, afuera. 
¥ G^iigo^a ¡dijo tanjbiea eu ujijroraattce burlesco: 
Hace Muza su^ buou&Jo^, 
Dice el otro: aparta, apairta^ 
Que eatra el .vacler^>so MuKa 
Cjuadrillero de. uoas .cañas. 
$s)tos dois Tersos dlt«ixM>s lesUo ioeíados d* «IB nomance de, 
^ioes de Hita: Guerras ,de Arranada* 
^ C aoa ) Que con. un rostno mayor* > La Keal Academí a.coD* 
^dl^r^ necesario 4^ñadir ia proposición coit para elnejor jjnas 
<^aro sentido de Ja orajpíoa • 

. ,(í9q3) JS» efifp llegaroa aomiendo com gfUaylililies^ ( V* 
\^ Win 34^ del tomp 3*° )« 

((^94') ^^ guardáis en el s»no para el. otro dUif £3to 
Sfs reGpre.^ lo que se .)ee en el. cap. i9* d^el D» Quijote del snr 
pUASia licenci^dp Av^laneda eu donde se dice que D. Carlos 
ofreció 4 ¿^Qchp .4<^s*docenas de albondignilJiís jr seis pellas 
<i& manjar blaaco. .Qoniióie las albondiguillas y de las p^a^ 
CAMtro, n»etí^i|do&e las do& sobrantes .en el seno para guardarlas 
paralajfkañana si^uientiO. . . 

. (.ao5,) fíiscipul^ delJamosoEfi^atUlo^ de jQt^en tantas mc^ 
ramillas ^s^cueataur J^a.e^e£scato.ó £sa>tillo italiano* natu- 
ral de Parmaf y vivia en Flandes entiempe de. Alejandro Far** 
neftiobijode D.* Mangarjia de Austria, el cu^l mandaba los 
•)¿rcUos de 1 su tío Celipell, en aquellas provincias* £rM Esco» 
tillo aplicado «1 estudio de la» .mátenla ticas* j especialn^entf 
aL de la rastrología judiciaria* ,y n^i era tenido {^or encantador 
^.nigramant*,. €oiktáhiiDse. con efeclQ deüíeoM»^ «narayjlU^nis 



y estupendas^ como era la de que solía convidar á algunos ami- 
gos á conoier, ^ ;iiegaáfdo la hora ná tiarbia'et menor aparato, ni 
prevención^ ni aun lumbre en la cocina; y sin embargo , ea 
¿neniándose éi á ia mesa, a parecían 'en eiia varios y.esquiiitos 
manjares traídos por i| ríe de eoeantamiento» Al' -verlos de- 
cia Escütiilo: este plato viene de la cocina del rey de Fran- 
•cia , este otro de la del rej de' ^nglafórra ,, aquel de la 
del rey de España. D, Luis Zapata ien su Miscelánea 
(Biblioteca Real) tratft largamente dé>él,y dice qiie st algu- 
no lio creyese los casos raros iE|tte reñerede^ ^1^ no tendria 
razón, porque él los supo de caMleros m'ij^ t^erdaderos y 
muy principales* Pero estos Caballeros^ ao obstante su buena 
fe y calidad, eran de losque creían en duendes y en familiares. 
Añade pues Zapata que 'un dia quiso comprar Escotilio un 
rocín de un caballero, y dtdle por él treinta escudos; didselos 
en doblones , mételos el otro ea la bolsa, sácalos en su casa 
muy«oateiitoiooti'Surmaigerv,y baüa<|iie son unas tat jas; vuelve 
confusísimo esperando donde £scotilio con mucha gente le 
espenaba: dice que 'Otieirte^ • que él doblones le ^ dié , como se 
verá^tdmaikos á s^cap >dé>ía-bo(sa,.y halla <que decía verdad. 
Torna á hallarse sus tarjas: vuelve Uorarido mucho mas y echa 
la moneda, que eran <iobloné5, delirnte ; y aunque asi los. vid 
dijo qué los daba al diablo que malquería su dabalko: tómale^ 
y súbese en él, y vase santiguando del caso ; y yendo por la 
calle vid crecerle al rocín los cuernos, y tornarse una hermosa 
vaca. " Tratando el P. Martin del Rio de lo aparente y fan- 
tiístico de los mabjarés que presentaban los nigroniantes, dice: 
«'tales eran los que años jasados ofrecía Escotillo á sus con- 
vidados ; fine á su parecer salían de lo4 banquetes hartos- j 
satisfechos, é inmediatamente esperimentában'uoa hambrereal 
y verdadera." De la vana ciencia del maestro puede inferirse la 
del polaco Su discípulo, fabricador de la cabesa encantada que 
poseía D. Antonio Moreno. De otro nigromante llamado Miguel 
Escoto , que florecía en el siglo XIÍI, y de quien se cuentan 
cosas semejantes á las del Pármesano, hacen mención Martia 
Coccayo y Gabriel Naudeo. 

( ao6 ) Mas d satisfacción de />. Quijote que de Sancho. 
El vulgo ignorante y por consiguiente supersticioso está siempre 
dispuesto á considerar como sobrenatural todo lo que está m»s 
allá de sus limiiadoi» conocimientos. Por esto nada estraño se 
hace qae á estas cabexas, estatuas 6 simulacros parlantes que 



\ 



(77) 
se fabricaron por personas y en épocas diferentes se las tuviere 
vulgarmente como obra de la magia. Alberto Magno fue de los 
que fabricaron una, y otra el marques de Villena D. Enrique de 
Aragón. El Tostado, citadoypor Pellicer, habla de una cabeza 
de metal que vaticinaba en la villa de Tabara, y cuyo oficio 
principal era avisar si habia algún judío en el lugar, diciendo: 
judceus adest^ judio hay en el lugar , jr no cesaba de gritar 
hasta que el judióse salia de él. De ella hace también mención 
Fr. Rodrigo de Yepes en la Historia del niño de la Guardia, 
De la de Tabara, añade el To:»tado , que la ignorancia de los 
vecinos la hizo pedazos, y su anotador dice á la margen, que 
la malicia de los judíos. Pero en estas cabezas no intervenia por 
cierto arte ninguna mágica, sino el mero artificio humano, aun- 
que el vulgo creyese otra cosa y algunos embelecadores quisie- 
sen acreditar con estas ficciones la astrología judiciar^a , que 
andaba tan valida todavía en tiempo det^ervantes, el cual, coa 
esta invención de la cabeza encantada de la casa de D. Antonio 
Moreno, quiso ridiculizar á los que prestaban asenso á sus 
quiméricos pronósticos. Gerónimo Cardano, que murió por 
lósanos de iSyS, citado por D. Juan de Caramuel en su Toco 
seria Nnturat et Artis dice que Audres Albio, médico de Bo- 
lonia, quiso atemorizar á un mancebo prendado de una donce- 
lla, dándole á entender que el mismodemonio trataba y hablaba 
de sus amores. Para esto mandd colocar en el estremo de una 
mesa una calavera, y al rededor de ella algunas velas encendidas. 
La mesa descansaba sobre cuatro colunas , que le servian de 
pies, y estaba agujereada por donde se púsola calavera ; pero 
-cubierta toda con un tapete muy delgado para que no se descu* 
briese el agujero. La coluna 6 pie, que correspondia á este, 
estaba hueco, y tenia introducido un tubo 6 canon que pasaba 
ú penetraba á otra pieza 6 cuarto bajo, porque el suelo del de 
arriba estaba agujereado, por donde estribaba el pie déla mesa^ 
de modo que aplicando el oído el que estaba debajo á la boca 
del canon. (5 cerbatana oia fácilmente á los que hablaban desde 
arriba, los cuales hicieron varias preguntas á la calavera, por 
cuya boca respondia el de abajo al caso y oportunamente, por- 
que se habian convenido de antemano en lo que se habia de 
preguntar y responder. Algunos de los circunstantes, que sa- 
bían el secreto, estaban muy divertidos y regocijados; bien al 
contrario de los que le ignoraban, que oían á la calavera espe- 
luzados de miedo los cabellos creyendo que algún espirita in- 
IV. tt 



(7») 
ftinai hablaba en ella) especialmente e\ eDamonido, ^fue ya le 

parecía se le llevaba por los aires. De este cuento adoptó Cer- 
Tantes sin duda el suyo, pero Tariándole, y exoroa'ndole con 
tal novedad, que le did cierto aire y visos de original. El P. 
Kirker tenia en su museo, añade el referido Caramuel, la figu- 
ra ó imigeu de una santa, que daba varías respuestas sin usar 
de mas artificio que del de un canoncito puesto con disimulo 
en cierto lugar distante, el cual terminaba en la boca de Ja ima- 
gen, donde aplicando el oído el preguntante, oia las respuestas 
quedaba el que hablaba por el otro estremo del canon. 

( ao7 ) Correr sortija» ( V, la nota 8i del primer la- 
mo). 

( 3o8 )' Llegó en otras. Quizá debiera decir f/egó entre 
otros d uno y aunque de aquella manera se lee en la primera 
edición. 

( aog ) Esas son sus propias correspondencias. Pellicer 
creé que en este traductor del italiano quiso reprender Cervan- 
tes la ocupación común de algunos literatos de su tiempo, que 
se empleaban en estas versiones del toscauo, como ahora suce- 
de con las del francés , con mala elección tal vez de las obra» 
originales y con el lenguuge descuidado con que adulteran la 
lengua castellana; y aun las traducciones que se haciau á ella 
de los autores clásicos, griegos ó latinos , las adoptaban de las 
italianas, sin embargo de sonar hechas de loS originales, como 
lo reprende tahibien Lope de Vega en su Dorotea, el cual 
en confirmación del dictamen de nuestro autor añade: *' ple- 
gué á Dios que llegue á tanta desdicha por necesidad, que tra- 
duzca los libras de italiano en castellana, que para mi consi- 
deración es mas delito que pasar caballos á Francia. " 

( aio ) Las lenguas griega y latina* Lope de Vega en la 
comedia '^ Santiago el verde'' da poca importancia al conoci- 
niiento de las lenguas, no solo de las vulgares, sino también 
á las reinas de ellas la griega y la latina , diciendo en uno de 
sus diálogos. ' 

D* Garda. Sabes leer? 

Pedro. Bueno está eso; 

Y aun sé latín. 
/>• García* Si sabrás: 

Por que yo nunca he tenido 
El saber latín ni griego 
Por hazaña , pues quo es 



C7d) 
Lo mismo saber francés^ 

Y lo 9abe cualquier lego. 

( ai I ) y tez de la haz. El primero que usd de esta com- 
paración tan propia parece fue , según el parecer de PeUicer, 
D. Diego de Mendoza, citado por D. Esteban Manuel de Ville-¿ 
gas eo el prólogo de su traducción de Boecio: después de D. 
Diego lo usó D. Luis Zapata en el de su traducción del Arte 
poética de Horacio impresa año de i ¿91, donde dice que ''son. 
los libros traducidos tapicería del revés, que está alli la tra- 
ma, la materia, y las formas, colores y figuras , como madera 
y piedras por labrar, faltas de lustre y de. pulimento;" y en 
que añade "que las obras* traducidas son como los foragidos 
que se pasan á otros reinos, que raro bace afortuna*" ' 

( aia ) Pastor Fíelo, Imprimióse su traducción con este tí-> 
tulo: El Pastor Fido: tragicomedia pastoral de Juan Bau^' 
tisttt Guarini. Valencia 1609. ^* doctor Cristóbal de Eigue- 
roa, que era natural de Valladolid jr fue auditor de nuestras* 
tropas en Italia, hablando del empeño de algunos de escribir 
prólogos y dedicatorias , dijo en el Pasagero lo siguiente: du^ 
ra estajlaqueza en no pocos hasta la muerte^ haciendo pro-- 
iogos y dedicatorias^ hasta él punto de espirar* Con caja» 
palabras aludió sin duda al prólogo y dedicatoria que á lo át» 
timo de su vida, y después de recibida la Estrema -Unción hi- 
zo Cervantes el año antecedente á los Trabajos de Persiles. 
Mala correspondencia de este traductor al juicio favora- 
ble que h<ice aqui el autor de D. Quijote de su versión caste- 
llana. ^ 

(ai3) ^/itin/a. D. Juan de Jáuregtti fue un caballero se- 
villano no menos poeta que pintor insigne, cu jo arte profesa- 
ba por afición, y de que se servia para retratar ú sus amigps, 
y á otros, como lo hizo con Miguel de Cervantes, según dice 
este en el prólogo de las Novelas. Su traducción se titula asi: El 
Aminla: comedia pastoril de Torcuato Taso, Sevilla 161 8. 

( ai4 ) y (lun piensa que me hace merced en dármelos ? 
De los libreros decia también el mismo Cervantes en la nove- 
la del licenciado Vidriera que no le contentaba una falta que 
tenian, y era: "los melindres que hacen cuando compran uit 
privilegio de un libro, y la burla que hacen á un autor, si aca- 
so la imprime á su costa , pues en lugar de mil y quinientos 
imprimen tres mil libros, y cuando el autor piensa que se ven- 
den los SUJOS, se despachan los ágenos." ¿Y qué hubiera dichd 



(8o) 
Cervantes de algunos 6 de los mas de los libreros de ahora 
si hubiera vivido en nuestros días? 

( ai5 ) Uá cuatrín. Pequeña moneda de cobre de dos mrs. 

( 9i6 ) Luz del alma. El autor de este libro fue Fr. Feli- 
pe de Mcneses, natural de Trujillo, de la orden de Sto. Do- 
jningo, catedra'tico de Alcalá. El título de la obra es: ímz del 
alma cristiana contra la ceguedad jr ignorancia: Es una es^ 
plicacion de la doctrina cristiana. Salamanca i556. 

( ai7 ) Cuatralbo. ( V. la nota siguiente ). 

€ap{tul0 %t%(ii%hme Xttctxo. 

( ai8 ) Era un principal caballero valenciano. Parece que 
este general llamado Cuatralvo^ porque era gefe 6 mandaba 
cuatro galeras, era O. Luis, 6 según otros D. Francisco Colo- 
tna, conde de Elda. Este caballero fue uno' de los encargados 
de la espulsion de los moriscos, habiéndose juntado con sus 
galeras , que se llamaban la escuadra de Portugal, con D. Pe- 
dro de Toledo, general de las de España, como dice Gaspar 
de Escolano. La escuadra del conde de Elda se hallaba á la 
sazón en Barcelona cuando llegó á ella D. Quijote que fue el 
año de 1614 después de la espulsion de los moriscos. 

( aip } Espaldar. Por equivocación sin duda se puso e^-r 
paldar en la primera edición del Quijote. El espalder era el 
remero que servia en la popa.de la galera, y habia dos, uno á 
la derecha y otro á la izquierda, los cuales se llamaban asi por- 
que hacían espaldas á los demás, j los gobernaban y dirigiaa 
para que remasen con uniformidad. 

( aao } Monjui. Montaña inmediata á Barcelona, en cujra 
eminencia hay un soberbio castillo, desde cuya torre se avisan 
las embarcaciones que se divisan en alta mar. El nombre Mon* 
iuí parece se deriva según unos de Mons Jovis^ por haber esta- 
do antiguamente dedicado i Jápiter, 6 de Mons judaicus de 
haber sido cementerio de los judíos. 

( aai ) Se le escapó por debajo de la palamenta. El con- 
junto de los remos de una galera, galeota etc., se llama en 
términos de marina palamenta y también palazon. 

( aaa } El virey de la ciudad. Entonces lo era D. Francis- 
co Huerta de Mendoza, marques de Almazan, soldado de gran 
valor, á quien alaba de elocuente y de poeta Cristóbal de Me- 
sa diciendo: 



(80 
Ingenio dignó de inmortal corona , 

Que vais de Cataluña ai principado 
Por vírejr de la rica Barcelona. 
Con efecto el año de i6ia ja estaba en Barcelona este virev* 
pues dice Feliu de la Peña en sus jínales de Cataluña que hu- 
bo en ella una competencia por no haber dado asiento d la 
ífireina , duquesa ( debe decir marquesa ) de Almazan . En la 
Helacion de las Jiestas celebradas á la beatificación de Sta. 
Teresa en la misma ciudad el año de 16149 (^° cuyo tiempo 
se hallaba en ella , como se ha dicho , D. Quijote ) hay una 
redondilla que Á\6 el marques para que se glosase,, la cual con 
a^lusion á la festividad del Corpus dice asi: 

Con el amor que nos tiene 

Hace Dios franca su mesa; 

Y por convidada viene 

Hoy nuestra madre Teresa. 
En la misma ^relación se lee una mi^a compuesta en latin por 
el mismo virey en honor de la santa , para cuando S. S. dis-> 
pusiese se la dijese propia, cuya misa presenta al pie del altar, 
en el ofertorio, el marques al padre prior del convento de S. 
José, en cuya iglesia se celebraron las fiestas. De modo que lo 
poeta y lo valiente, como dice Pellicer, no solian quitar en- 
tonces lo devoto. 

( aa3 } El mancebo decir quería. En algunas ediciones se 
han añadido en este pasage palabras , de las cuales al parecer 
no habia ninguna necesidad. 

( 324 ) Un mancebo caballero llamado Z>. Gaspar, En 
el cap. LIV Sancho le llama D. Pedro. 

( 2a5 ) En el serrallo. Es una equivocación muy común 
entre los europeos llamar serrallo al domicilio 6 habitación 
que ocupan las mugeres entre los turcos, confundiéndole cou 
el harem* Este es una parte del serrallo^ cuyo nombre pro- 
piamente significa palacio. Es un error atribuir á cada turco 
un serrallo 6 palacio, siendo asi que el gran visir no lo tiene 
propio, pues es de su soberano. Esta es una pre^ogativa del 
sultán, de los príncipes de su familia, y de los embajadores 6 
ministroá estrangeros ; al paso que cualquier musulmán tiene 
harem cuando puede mantener mugeres. Los turcos pronun- 
cian sarai^ de cuyo nombre hicieron los italianos el de ser-^ 
raglio^ y nosotros el de serrallo, 

( aafi ) Un caballero armado asimismo de punta en blan* - 
go. Lo mismo que armado de pies á cabeza. 



(8») 
( aa? ) Fencido sois , caballero i y '"'^ muerto^ si no con^ 
fesais las condiciones de nuestro desafio. ( Y. la nota 7 del 
tomo a.** ). 

Capitulo Btimlwm qiitnto. 

( aa8 } . Un caballero de los Espejos. ( V. el cap* II • de la 
I.* parle ). 

( 2^9 ) Folver cuerdo al mas gracioso loco que hay en éh 
La misma queja^ j con.razon^ como dice Pellicer, pudiera te- 
ner D. Quijote del bachiller Sansón Carrasco por haberle prh- 
vadof venciéndole, del contenió con que vivía imaginándose ca* 
ballero andante, porque el géuero de locura que padecía Don 
Quijote era parecido al de aquel dtro hidalgo de Argos en el 
Peloponeao, cujra parcial demencia consistía en saber que oía 
sumamlate complacido representar admirables tragedias en 
nn teatrOf donde no había otro espectador ,^ ni otro que aplau- 
diese 4 los actores , que él solo; en todo lo demás era cuerdo», 
buen vecino , baen marido, huésped amable. Compadecidos 
sus parientes intentaron curarle, y con efecto lo consiguieron 
á fuerza de heleboro. Vuelto á su juicio el loco : Dios os lo 
perdone , dijo , amigos , que me habéis muerto^ no sanadoj 
arrancándome el deleite que sentia^ y priudndome con violen^ 
cia de nú locura gustosísima. 

Poi me occidistis , amid^ 

Non servaseis^ aitj cui sic extorta uoluptas , 
Et demtus per vim mentís gralissimus error. 
{Horacio Epistol, I ib. //. epist. a uers, ia8). 

Asi D. Quijote < que solo deliraba como se sabe, en asun- 
tos de la caballería, siendo en lo demás hombre de buena ra- 
sen), quedó con el vencimiento del bachiller privado de sus 
agradables fantasías caballerescas y reducido a' una vida tris- 
te V melancólica. En este triunfo del caballero de la Blanca 
Luua se puede decir que se verifica el desenlace de la fábula 
de D. Quijote de la Mancha. 

( a3o ) D. Bernardina de Felasco. No fue este caballero 
el único encargado de la espulsion de los moriscos. ( f^, la no^ 
ta i¿fi de este íomo); pero aquí no se habla mas que del que 
la ejecuto en la Mancha, y fue en efecto el citado D. Bernar- 
dino de Velasco y Aragón, conde de Salazar, comendador de 
YiUamajror j Veas ^ del consejo de gaerra 9 comisario gene- 



(63) 
ral de la infantería de Castilla. Era caballero de grandes preik- 
daSf pero mal agestado y lo era todavía peor su muger, cuja 
inoceote defecto no perdonó el satírico conde de Villamedia- 
na y que dijo de entrambos:' 

Al de Sa lazar ajrer 

Mirarse á un espejo víf 

Perdiéndose el miedo á sí| 

Para ver á su muger. 
En medio del celo, integridad y sagacidad de los encargados 
principales de esta impolítica espulsion, se verificó algo del po-. 
der de las dádivas^ que insinúa D. Autonío Moreno, por la 
poca fidelidad de los subalternos* En una carta que eu octu- 
bre de 16:1a escribió D. Rodrigo Calderón, poco antes de mo- 
rir en la plaza majror de Madrid^ á Felipe IV, dice entre otras 
cosas: ''Los que fueron comisarios en la espul&ion de lo:» mo- 
riscos aplicaron para sí tanta suma y cantidad, qu^ son deu- 
dores á V. M. de muchos millares de ducados. Demás de es- 
to, con favor de dádivas y buena arte y mana que ti^vieron^ 
se quedaron y volvieron desde la embarcacioa muchedumbre 
de moriscos, los cuales, como tenian lengua y noticia de lo que 
dejaron enterrado sus compañeros y k donde, lo sacaron y es- 
tán hoy mas ricos y poderosos, que ningún natural; y como 
están poderosos no trabajan ni cultivan los campos, como los 
que salieron, antes bien andan en trage de caballeros con se- 
da y oro, etc»'' A este número se agregarian los que liabia ea 
Sevilla por los años 1 6a3, pues en una representación hecha 
por la ciudad á Felipe IV se dice que de varias informaciones 
hechas en los de 161 g^ ao, y a3 ante los asistentes conde de Pe- 
ñaranda, conde de la Fuente del Sabuco, y D. Fernando Ra« 
mirez Fariñas, del consejo y cámara de Castilla " consta que 
es grandísimo el número que hay en esta ciudad de moros y 
moras, por haberse venido de todas las costas y lugares marí- 
timos , donde por leyes de estos reinos no pueden asistir etc." 

Capitulo sef og^tmo sttto. 

( a3i ) Con Roldan d prueba. ( Y. la nota i5o del tomo 

( a3a ) De lo caro. Esto es, del vino caro, ó del mejor vi- . 
no, porque había, en muchos pueblos, una taberna 6 casn (como 
it dice aqui } donde le vendía vino de joe|or calidad | y p«r 



C«4) 

consiguiente valia á precio mas alto ó caro que el común. En 
Madrid, como dice Pellicer, estaba esta casa el ano de i63i 
hacia el lienzo de la plaza mayor donde caen las carnicerías; 
porque "nn lunes 7 de julio, de dicho anOf á las dos de la no* 
che se quemó , se dice en una Relación que hay en la Real 
Biblioteca de S. M., toda la acera de casas de la plaza mayor 
desde la calle de Toledo, 6 desde el arco hasta el pasadizo, 
que dividía los especieros y un pastelero; y la casa donde se 
ven(iia el vino caroJ^ 

( a33 ) La discreción de su criado^ que por tal juzgaron 
á Sancho. Cervantes amenizó este caso, que se lee ^n Alciato, 
quien tratando de que la desigualdad de las personas podia 
ser causa justa para no admitir el reto ó desafío, propone al- 
gunos casos dudosos, como si desafiando un cojo, ó un tuer- 
to , á otro que no lo fuese, este se habia de encojar, ó sacar 
uu ojo, para igualarse con su contrario ; y en cuanto al tuer- 
to opiuaban algunos soldados prácticos que no bastaba que su 
contrario se cubriese un ojo con un parche á otra cosa , sino 
que se le habia de sacar efectivamente, porque si el tuerto 
perdia el único que tenia, quedaba sin ninguno, y á su enemi- 
go aunque perdiese uno , le quedaba otro todavía. Pero esta 
opioiun, añade aquel jurisconsulto , es ridicula por demasia- 
do sutil, como lo fue también la sentencia que s^ dio en el ca- 
so de ^'un gordo y ventrudo que apostó con un flaco y ligero 
de pies á que correría mas que él , con tal que corriesen con 
pesos iguales. Pedia el gordo que se le atase al flaco el peso 
equivalente á su gordura en que le escedia. Replicaba el flaco 
que antes convendría matar de hambre al gordo para que en- 
flaqueciendo algún tanto , pudiese correr con é\ sin pesar mas 
ni menos«'^ ( De singulari certamine), 

Capítulo stxa¿t9xmo séptimo. 

( a34 ) Y todas las demás cosas que al pastoral ejercicio 
son necesarias. Este pasage es imitación de lo que se refiere 
del príncipe D. Floriscl de Niquea en la 2.^ parte del libro de 
Ámadís de Grecia. "El príncipe D. Florisel de Niquea entre 
sus muchos cuidados acordó de tomar hábito de pastor y vi- 
vir en una aldea; y como lo acordó, luego se fue y descubrió 
á un buen hombre , é hízolc que le comprase ciertas ovejas 
para salir con elks , haciéndole unos hábito» de pastor.'' El 



(85) 
temor de que D. Quijote se hiciese pastor jra lo manifesté la 
sobrina en la primera parte de esta obra. 
• ( 235 ) El barbero Nicolás se podrá llamar Nicitloso. 
Sin duda fue equivocación de imprenta haber puesto Miculoso 
en la primera edición. 

(a36) Como ya el antiguo Boscan se llamó Nemoroso* 
INo puede determinarse á punto fíjo, dice el conde O. Juan 
Bautista Conti^ el año del nacimiento de Juan Boscan Almo- 
gaver, ni tampoco el de su muerte; pero se sabe que nació en 
Barcelona, patria de sus nobles ascendientes ^ a' fines del siglo 
XV. Siguió en su juventud la carrera de las armas, j viajó 
por muchos paises. Fue inclinadísimo al estudio de las letras 
humanas, y dotado de cuantas prendas corporales y del áni- 
mo se pueden desear en un cortesano. Las singulares virtudes 
del gran duque de Alba D. Fernando fueron fruto de La 
educación que recibió de Boscan, como insinúa Garcilaso 
en la Égloga segunda. Unióse en matrimonio con D.* 
Ana Girón de Rebolledo , señora muy noble y virtuo- 
sa , de quien tuvo sucesión , y de este consorcio habla 
él mismo larga y elegantemente en la Epístola dirigida á 
D. Diego Hurtado de Mendoza. 

' Pasó después lo restante de su vida en Barcelona con decentes 
facultades, como se infiere de la misma Epístola , siguiendo al- 
guna vez la corte del emperador CárJos V., de quien era no 
menos estimado , que de toda clase de personas en estos rei- 
nos. Pero la principal gloria de Boscan consiste en haber sido 
el primer poeta de España que dio á conocer la hermosura 
del verso endecasílabo, de que nació la verdadera gracia y ele- 
vación de la poesía castellana. Cómo se determinó á esta em- 
presa^ lo dice él propio en la Dedicatoria á la duquesa de So- 
na, que precede á la segunda parte de Sus poesías. 

^'Porque estando un día en Granada con el Navajero, emba- 
jador de la república de Venecia, al cual por haber sido va- 
ron tan celebrado en nuestros dias, he querido aqui nombrarle 
á vuestra señoría , tratando con él en cosas de ingenio y de 
letras, y especialmente en las variedades de muchas lenguas, 
me dijo ¿por qué no probaba en lengua castellana sonetos y 
otras artes dé trovas usadas por los buenos autores de Italia? 
y no solamente meio dijo asi liviau/araente , mas aun me rogó 
que lo hiciese. Partíme pocos dias después para mi casa ; y con 
la largueza y soledad del camiup^ discurriendo por diversas 



(86) 
casa$9 fui á dar muchas veces en lo que el Navajero me habí» 
dicho. Y asi -comencé á tentar este género de verso. En el 
cual al principio bailé alguna dificultad por ser muy artifício- 
tio y tener muchas particularidades diferentes del nuestro. Pe* 
ro después pareciénddmef quizá con el amor de las cosas pro* 
piaSf que esto comenzaba á sucederme bien, fui poco á poco 
metiéndome] con calor en ello. Mas esto no bastara á hacerme 
pasar muy adelante^ si Garcilaso con su juicio , el cual no so- 
lamente en su opinión, mas en la de todo el mundo^ ha sido 
tenido por regla cierta, no roe confirmara en esta su deman- 
da. Y asi, alabándome muchas veces este mí propósito , y acá* 
bandomele de aprobar con su ejemplo , porque quiso él tam- 
bién llevar este camino, al cabo me hizo ocupar mis ratos 
ociosos en esto mas funda dameu te.'' ' 

Esta nueva tentativa de Boscan escitd contra él dos clases 
de adversarios. Unos le tachaban de novador y de corruptor 
déla harmonía poética nacional; otros le disputaban el mé- 
rito de primer introductor del verso endecasílabo en España. 
Obraba en los primeros una inconsiderada preocupación á 
favor de los usos de su «pais, obstáculo siempre fatal á los pro- 
gresos de una nación eU las artes y en las ciencias. 

Por lo que toca á la otra especie de émulos, que disputaron 
á Boscan el lauro de primer introductor del endecasílabo en 
España , puede decirse , que en la citada Dedicatoria in- 
dica él mismo haber sido usado aquel verso por los provenza- 
ies, y entre ellos por el célebre Auaias March, catalán, 6 como 
otros quieren valenciano; por lo cual no se alabxS de ser su 
primer introductor en España , sino en la lengua castellana. 
Los que ni aun esto le concedeu ppr haber hallado algún pro^ 
verbio antiguo espresado en dicho género de verso , tal cual 
endecasílabo del infante D. Manuel y del marques de Santi- 
llana, se equivocan mauifíestamente, porque no merece el nom- 
bre de introductor, quien le ha usado alguna vez por pasatiem- 
po y capricho , y sin dar á su nación uu verdadero modelo 
que imitar , sino el que dedicó todo su cuidado á conocer las 
propiedades de él , y que escribió muchas poesías en aquel 
verso y en sus principales combinaciones métricas, logrando 
que á su ejemplo ie adoptase la nación con universal cousenti- 
ii^iento, como lo hizo justamente Boscan. Dividió sus rimas 
en tres libros: el primero comprende las poesías que anterior- 
jfúeute había escrito en redondillas ; en los otros dos emplea 



(«7) 
siempre el endecasílabo^ probando ú usar sps principales com- 
brinacÍGCnes; en cuyo ejercicio no le sirvió de guia ningún poe- 
ta español, sino los italianos. Escribió cauciones^ sonetos^ ter- 
cetos, octavas j versos sueltos. En los sonetos y canciones si- 
guió al Petrarca; en los]tercetos , á este jr ai Dante; en las 
octavas , á Policiano , al ^riosto, y principalmente ai Bembo, 
porque las octavas que empiezan: 

En el ¡umbroso jr fértil 'oriente 
están sacadas, aun en lo que toca á la materia, de las del Bem- 
bo, que empiezan: 

NelV odor ato e lucido oriente* 
£n los versos sueltos sobre Leandro y Ero, poesía tomada de , 
Museo, antiguo poeta griego, siguió ai Trisino y acaso aun 
mas á Bernardo Tasso, padre del gran Torcualo, el cual escri- 
bió un poema sobre el mismo asunto; y no es de estrauar que 
no llegase á perfeccionar el manejo harmónico de dicho verso 
en la lengua castellana , si se considera la suma dificultad de 
la empresa. El mismo pide al lector reflexione que en todas las 
artes los primeros hacen harto en empezar; y los otros que 
después vienen, quedan obligados á mejorarle. 

Oícese que habia concluido la versión de una tragedia de 
Eurípides , pero se ignora su paradero. Lo que sí existe y se 
aprecia mucho, hablando de obras en prosa, es su traducción 
castellana del escelente libro de Baltasar Castillon , titulado 
El Cortesano ; de manera que debe mirarse Boscán como el 
primero que mostró á los españoles el uso elegante de su len- 
gua no solo en verso, sino también en prosa. 

Boscan se llamó Nemoroso, como dice Cervantes, á pesar de 
que Hernando de Herrera supone que el Nemoroso de las Églo- 
gas de Garcilaso fue D. Antonio de Fonseca, marido de la Eli- 
sa ó Isabel ^ celebrada en ellas, cuya novedad contradice Don 
Lilis Zapata en su Misceldnea^ diciendo que D. Antonio Fon- 
seca en su pida hizo copla^ ^^ff^^ de la compañía de Garcila' 
so^ como Boscan^ ni tut^o ramo de donde saliese j- se dedujese^ 
como de Boscan nemus. Nemoroso. De Juan Boscan cuenta 
el referido Zapata la siguiente anécdota. ^'Paseábanse juntos 
una vez en Barcelona Boscan^... que era muj oscuro de rostro 
^ muy moreno, y Juan Desa, hijo de un rey de la India, que 
Je dio el rey" de Portugal el {hábito de Santiago y D. Juan de 
Mendoza les hizo la copla siguiente: 
''Con Juan Desa se pasea 



(M) 
Boscan , j aun acierta en esiOf 
Por qoe alguna vex su gesloy 
Mejor que el del otro sea. - 
Lo que desto me parece 
Es que tengáis entendido 
Que en él un gesto anochece, 
Y en el otro ha anochecido. '' 
Como Juan Desa llevaba el hábito de Santiago, cujra enco- 
mienda es encarnada, y era pequeño de cuerpo, mal tallado y 
negro, como se ha dicho, dijo uno de él que era costal de car' 
bon con remiendo colorado, 

( a37 ) ¿ Pues qué si entre estas diferencias de músicas rC" 
suena la de los albogues? Todas las ediciones dicen: ¿ pues 
, qué si destas diferencias de música resuenan los albogues? Pe- 
ro por no hacer sentido la Academia puso entre estas en lugar 
destas* 

( a38 ) Almorzar* Alguacil. Es lo mismo que el acraíisma 
de los griegos. Derívase el nombre almuerzo del latino mor^ 
sus^ que en la baja latinidad significaba bocado ó corta comi- 
da; y asi se dijo en castellano primero muerzo y mueso^ hasta 
que después se le añadi<$ el artículo árabe ó morisco a/, y se 
hizo el sustantivo almuerzo, y de este el verbo almorzar, que 
significa tomar un bocado ó un ligero alimento. 
En el poema de Alejandro se lee: 

Diol por medio la boca al parlero lozano: 
Que non tragó peor muerso nin judio nin pagano. 
Nombre compuesto de la palabra árabe ghsil ngier ó porte- 
ro, y del artículo a/. El padre Guadix citado por Covarru - 
bias en su ''Tesoro de la lengua castellana'' dice que es for- 
mado el nombre alguacil del artículo al^ y de la palabra ára- 
be guacir que significa ministro de justicia. 

(239) ykanos de ayudar mucho d poner en perfección 
este ejercicio el ser yo algún tanto poeta. Todas las ediciones 
dicen hanos de ayudar mucho al parecer en perfección este 
ejercicio el ser yo algún tanto poeta. Pero de esta suerte no 
hace sentido, por lo que la Academia cprrigió este pasage ea 
la forma que se ha dicho. 

( 24^ ) Porque todos. Es decir los barberos como erisi 
ipaese Nicolás. 



(«9) 

(Kapüulo ^nofiéimo ortooo. 



{ a40 ^ señora Diana se va d pasear á los antipodas» 
Didgeaes Laercio dice que Piaton fue el primero que llamó 
antípodas á los habitaotes opuestos de la tierra^ y Pitágoras el 
primero que sostuvo su existencia ^ cuya opinión combatieron 
muchos filósofos, dudando no solamente que hubiese antipO" 
das^ sino sosteniendo aun que no podía haberlos, de cujro pa- 
recer eran Pliuio , Lucrecio , san Agustín etc.; hasta que des- 
pués se ha manifestado su posibilidad y existencia. 

Capítulo stx^hmo nono. 

( a4a ) Hará parar las aguas del olvido. Esta octava es 
copia literal de la octava segunda de la égloga III de G«rci-^ 
laso. 

( 243 } ñadamanto. Rey de Licia, é hijo de Júpiter y de 
Europa. Administró la justicia con tanta imparcialidad y ri- 
gor que luego que murió la suerte le escogió para ser juez de 
los inüernos junto con Eaco y Minos* 

( ^44} DUe. Divinidad infernal, lo mismo que Pluton. 
( a4^ ) Minos. La fábula ó mitología le supone hijo de Jú-* 
piter y de Europa, y juez de los infiernos. 

( 246 } Como ahora se usa. Curioso fuera tener una des-* 
cripcion exacta de las modas que sucesivamente han domina-* 
do en cada uno de los países , y fuera sin duda el mas exacto 
monumento de la volubilidad humana. 

En tiempo de los rejres católicos fundaban las damas parte 
de la hermosura en las uñas, pintándolas de diversos colores. 
Dícelo el traductor y adicionador castellano del Carro de las 
donas^ escrito en lemosip por el patriarca fray Francisco Ji-* 
inenez, natural de Gerona; cuyo fragmento copia Pellicer pa- 
ra que se vea que la vanidad y el deseo de complacer y com* 
placerse las mugeres siempre ha sido uno , aunque manifes- 
tado de diversos modos. ''Las doncellas ( dice este traductor 
en el cap. 28, fol. 25. b. ) traen gorras como hombres con 
medallas, é plumas, é coronas, é diademas. .... y las cas&das 
de tal manera traen los velos, que se les parecen los pechos.. • 
traen los tocados, é cofias, é velos ligados con unas agujas y 
alfileres de plata con las cabezas doradas»*..* usan el trage á 



(JO) 

los pechos ancho, por que les puedan ver gran parte del cuer-* 
po, j en el medio á la cintura «strecho tanto que es maravi- 
lla como la estrechura no las quebranta y ahoga , é las haée 
reventar , é después traen por las orillas unos pliegues con ar- 
miños é martas que no les sirve sino para les estorvar el an- 
dar.... llevan también las faldas muy luengas, j arrastrando 
por tierra el paño y seda , de que un pobre necesitado podría 
ser vestido.... traen cabellos prestados en las cabezas, é por 
ventura son de mugeres muertas... todo esto hacen é sufren 
por parecer hermosas... hinchen los dedos de anillos doblados 
muj preciosos é curiosamente puestos.... aféitanse la cara, al- 
coli(5ianse los ojos , trabajando por que parezcan mejores en 
hermosura de lo que Dios las crid, alargando con piuturas y 
colores la ceja, y haciendo que parezca mas sutil de lo que 
es. Después aunque los guantes fueron inventados para de- 
fender las manos del frió del invierno, ellas los traen con el 
mayor calor del verano por tener las manos mas delicadas con 
aquellos sebillos é adobos de gran suciedad: usan diversos cor- 
tes en las uñas de las manos ^ procurando que tengan en di'^ 

ífersas partes diverso color traen las servillas jr calzados 

acuchilladi)s, con cintas en los Chapines de diversos colore» 
para se pulir y señalar: hablan con especiales maneras , coa 
hablas muy polidas, con delgada voz, cou gestos é meneos de 
cabeza y boca, que estudian para se mas afeminar , remirán- 
dose al espejo con el cual se requiebran hablando como coa 
varón: procuran verse ai espejo lo mas que pueden desde los 
pies hasta la cabeza , abriendo la boca por ver que tanto eS 
lo que muestran los dientes, y cual parece mejor. Y en estas 
tacañerías y liviandades consumen la 'vida." 

Fácil »er¡a también referir las diversas modas que se intro^ 
^ujeron en tiempo de nuestros reyes de la Casa de Austria^ 
estractando varios autores que trataq de la variedad de trages 
de £spaña como son Alonso de Carranza , en su Rogación al 
rey />. Felipe If^* , en detestación. de los grandes abusos en, 
los trages y adorfiQS nuevamente introducidos en España: Aa» 
ionio de León Pínelo en sus Píelos antiguos y modernos en los 

rostros de las mugeres ilustración déla Real Pragmática 

fie las Tapadas: Bartolomé Giménez Platón en su Discurso 
4b los tufos^ copetes^ y calvas: Fr. Tomas Ramón en su Aue-^ 
ya Pragmática de Reformación contra los abusos de los ajei^ 
fes^ calzado^ guedejas^ guardainf antes ^ lenguage crüico^mo^ 



(9«) 

ños ^ írages^ y esceso en el uso del tabaco: impreso en Zara» 

gosa i635. Pero no omiliré, continua PelliceP) hacer mención 
de algunas modas ^ usadas asi en estos reinos, como en los de 
IndiaS) y con qtie cerró el siglo pasado, entrando á reinar la 
Augusta casa de Borbou, en cujo tiempo se introdujeron otras 
nuevas. Tráelas y repréndelas Fr. Antonio de Ezcaray en sa 

libro intitulado f^oces del Dotar etc impreso en Sevilla ano 

1691 • Después de haber declamado contra algunas modas de 
los hombres, entre ellas la de los currutacos de entpnces ( que 
tratan unos calzones tan ajustados que en la misma estrechez 
manifestaban la forma del muslo y algo mas^ que por decena 
cia callaba^ y que parecían una pieza el hombre y los cal^ 
zones) pasa á contar y á combatir las de las mugeres. Habla del 
agarrotamiento y estrecheza de sus cinturas, y de la pomposi- 
dad desussajras, que sobrecargaban con dos ó tres paños mas 
de los necesario»; ^ aun para enhuequecerlas roas usaban del 
Sacristán^ género de vestido que se armaba con aros de hierro; 
asi con una docena de estas abultadas mugeres se llenaba la 
iglesia, á donde llevaban tapete y cojin para sentarse^ arro- 
dillarse , y donde entraban tan entonadas y tan pavoneándo- 
se , que era de agradecer que no pidiesen que se les pusiese 
Jaula ^ como a. las ui reinas para oir misa. Habla también de 
sus mantos, llamados de gloria , humo ó cristal^ y de sus 
puntas de d vara^ ó encajes de ojo de perdiz^ por donde des- 
cubrian el pelo rizado y tal vez postizo, y peinado en mele- 
na, con un 'diluvio de cintas, y el escotado 6 degollado^ esto 
es, la desnudez de espaldas y pechos. No calla sus zapatos de 
ponleví , aferrados en tafetán , cosidos con hilo de oro y se- 
da, de una sola oreja como los de los hombres, con virillas 
de plata sobre las suelas, y atadas en lugar de cintas con un 
botón y rosa dé diamantes. No se olvida del chiqueador^ que 
era un pedazo de lienzo que se ponían en la frente , bordado 
de oro, seda y lentejuelas; ni de unos velos que llevaban en el 
cuello, que eran una red de hilo de oro, de seda y plata, ó de hilo, 
con muchos deshilados, por donde $e clareaba y trasparenlabi^ 
todo lo que cubria. Unas le llamaban volantes ó espumillas; 
otras la cachaza ó la pena; y otras sacrilegamente el a'mito. 
Ni omite los guismeles y guaypites^ que era cierto vestido, usa- 
do comunmente en las Indias, de donde vino á España, no. 
menos provocativo que vistoso , por la variedad de colores y 
tintes de la pluma de que se componia, qae eran las de lo^ 



(9^) 
pechos de los patos^ aforrado con raso ó con damasco^ y guar- 
necido con hilo de oro^ lentejuelas j perlas. En punto á las 
aguas de olores y afeites para la cara y los labios, dice que 
fuibia en la calle mayor de Madrid tienda destinada para so-^ 
¡imanes^ albayaldes^ aguas de rostro y resplandor* La rela- 
ción de estas modas acredita que se han usado, que se 
usan ahora, que se usarán en adelante, y que tal vez se re- 
nuevaa y resucitan de cuando en cuando; y solo se diferencian 
por la diversidad de los nombres, de la forma^ y de la figura, 
con que los hombres y mugeres esplican el recíproco y natu* 
ral deseo de agradarse unos á otros. 

( a47 ) Argado, Lo mismo que enredo. 

dTopitulo 0q)tttopgMma. 

* 

( a49 ) Car rióla* Un lecho bajo á manera de una tarima 
puesta sobre uoos rodillos 6 ruedas para moverlo con facili- 
dad. 

( 349 ) Despiertas. No creemos precisa la variación 
adoptada por algunos de poner despiertos por despíer- 
tas* 

( a5o } Como del esíremo. Este ablativo ^ como observó 
ya Pellicer, se rige de los tiempos se rió y admiró el Bachiller ^ 
y asi está en la primera edición. Cn otras ( reputándolo acaso 
por yerro de imprenta) se ha sustituido el caso de acusativo 
diciendo el estremo^ con que se da á entender que se rige del 
participio considerando; y esto es contra el sentido. 

( a5 1 ) Dos dias ha que por la consideración ^ etc. Todo es- 
to es un remedo exacto y chistoso de los amoríos que se leen 
en los libros de caballerías. 

( aSa ) I O mas duro que mármol d mis quejas ! Primer 
verso de Sal icio de la Égloga primera de Garcilaso. 

( 253 ) Por que pareciesen las manos mas largas. (V. la 
nota ^4^ ^^ ^^^^ tomo }• 

( a54 ) Mi oislo, (Y*. la nota 90 del primer tomo). 

(255) El tesoro de f^enecia. Considerable era el que 
acaudalado tenia el senado de Venecia en los sdtanos del pa]a<^ 
cío de San Marcos durante los dias de su pujanza y domi- 
nación. 

( a56 ) Minas del Potosí, El descubrimiento de estas ricas 
minas del Pera se debió á una casualidad. Un indio llamado 



(93) 
Haalpa estando cazando por aquellos contornos descubrid un 
pedazo de oro nativo. Coo(i<5 este secreto á un vecino suyo, 
quien lo comunicó á otro, hasta que llegó á oídos de Francisco 
PizarrOf el que mandó esplotar la mina , y fundó una pobla-* 
ciou en [545* 

( 267 ) Corbacho. Lo mismo que rebenque , látigo 6 
azote. 

( a58} jantes de mucho tiempo no ha de haber bodegón. 
Voz general según el ventero Juan Fernandez en el Pasagero 
del doctor Suarezde Figueroa, que decia: mi muger es gran 
guisandera y por estremo limpia , requisitos que la alentaron 
para elegir lo que en Sevilla llaman gula^ en Madrid estador^ 
j en todo el mundo bodegón, 

( aSg) Este es gallo ^ por que no pensasen que erazor^ 
ra. De la suma impericia de este pintor, quiso tomar acaso 
Cervantes, como lo opina Pellicer, ocasión de indicar la de- 
cadencia que pádecia en su tiempo la pintura, que era tai, que 
obligó á los profesores de ella á presentar el año de 161 9 á Fe- 
lipe III un memorial, pidiendo que vista la temeraria iguoran- 
cia, introducida en España, de que pinten tantos sin saber los 
principios primitivos del arte , atendiendo solo á una vil ga- 
nancia , se dignase S. M. de establecer en la corte una acade- 
mia de pintura, como la habia de matemáticas, de donde entre 
otras ventajas resultaría la de '^escusar S. M. de enviar á rei- 
nos estraños por artífices, como se hizo para el Escorial, á mu- 
cha costa é incomodidad y no mucha autoridad del reino." Im" 
primióse este memorial , y se halla entre los mss. de la Real 
Biblioteca. Contiene los estatutos : nómbrase un protector ó 
presidente: señálanse oñcios: juntas particulares y otras gene^ 
rales para examinar los progresos de los discípulos; pero este 
establecimiento parece no tuvo efecto entonces. Por otra parte 
los buenos modelos y escelentes originales que podian contri- 
buir para remediar esta ignorancia, se sacaban de España. £1 
año de i6a3 se restituyó á Londres el príncipe de Gales '<qi|e 
habia ido á Madrid á tratar su casamiento con la infanta 
D.* María, hija de Felipe IV. , y después reinó en Inglaterra 
poco felizmente con el nombre de Carlos I. } jr en una carta 
que se imprimió entonces sobre este y otros sucesos públicos 
se dice: "Entre los regalos que le ha hecho el rejr, son las pin- 
turas de la Venus del Ticiano y de Ntra. S.* de Correggio; por* 
que Su Alteza es gran estimador de este arte , y asi no dejó ni 
IV. 9 



(í>4> 

eo la almoBéAa «kioonde de VilUmediana^ ni en la corte cosa 
de eftlima que qO la llevase." 

( a6o ) La iústoria deste nuéifO D» Quijote que ha salido^ 
La qae pabltcd el supue&to licenciado Alonso Fernandez de 
Avellaneda, j de la que hemos tenido ocasión de hablar en va- 
rias anotacioaei. 

( a6i ) De donde diere* Habid también Cervantes de este 
poeta y de su ridicula traducción en la novela 6 Coloquio de 
los Perros: responderé (dijo fierganza ) lo que respondió Mau^ 
leonj poeta tonto y académico de burla dé la academia de tos 
imitadores d uno que le preguntó qué quería decir: Deum de 
Deo, y respondió que : de donde diere* De esta academia de 
los imitadores 6 imitatoria ( llamada asi por imitación á las de 
Italia } dice Joan Rufo-en sus Apotegmas que se fundd en Ma- 
drid por los anos de i586, según se puede conjeturar^ en casa 
de un caballero, gran poeta, y que acudian. á ella los primeros 
ingenios de la corte'* Acaso asistid á ella Cervantes. 

( aS2 ) Le quitó de que le palmease las espaldas el ver^ 
dugo por ser demasiadametUe atrevido • Todo esto se lee en 
loe cap« ^v 9 y ^^ ^^^ Quijote de Avellaneda, j en el 34 aña- 
de el mismo U. Alvaro que tenia escrúpulo de haber sido cau^ 
sa de que ( D. Quijote) saliese de Ar^amasilla para Zara^ 
goza por liaberle datla parte lie lasjpstas que allí se hacían^ 
y haberle dejado las armas* 

( 263 ) Et matador de las doncellas • Esto es, el que las 
mata enamorándose ellas de él j no correspondiéndolas. 

Capitulo Hftmjiémio tetcoo. 

( 364 ) Ala entrada del cruel. Refiérese este relativo i la 
palabra pueblo con que linaliza el eapítulo anterior» 

( ^5 ) Liebre hujre^ galgos la siguen^ Dulcinea no pare^ 
ce. Estaba muy generalizada aun en tiempo de Cervantes 1« 
supersticiosa creencia de calcular por los encuentros natura- 
les el resultado de lo que se esperaba d iba á emprenderse; su- 
perstición que sigue todavía demasiado arraigada entre algu- 
nos pueblos que por otra parle se consideran muj ilustrados. 

( ^66 } PasloroiúO tú que vas. Si bien este pasage ofrece 
un sei>^^'^^^*'<^ ^ inteligible en la. primera edición, fuese al- 
terando en tanta manera en las sucesivas , que apenas pudo 
eomprendeise* 



(95) 

Capítulo septuog^dimo cmM0. 

( 267 J Mal año para cuantas Sunazaro había compuesto. 
Este célebre poeta latino é italiano 9 cooocidd tainbkn con el 
sobrenombre de Acüo Sincero , nació en Ñápeles el año de 
1458. Descoll<5 en las églogas bucólicas, y es considerado co- 
mo el iuyentor de las piscatorias. Cn tiempo de Cervantes, en 
el que vivía Sanazaro en su patria, frecuentaba este la socie- 
dad del sabio de aquella época Juan Pontano, y asociado con 
los mas esclarecidos inj;enios^ formd en Ñapóles una especie 
de academia literaria. Propasóse que para pertenecer á ella, 
debieran los socios cambiar sus nombres ton otros tomados de 
1» antigüedad. Para darles ejemplo el mismo Pontano se inti- 
tttuld Jomano* Esta moda, que algunos timoratos criticaron, 
fue seguida también por Antonio de Nebrija, adoptando el de 
Elio, Sanazaro se llamó jáctio , con alusión á que fue el pri- 
mero que introdujo á los pescadores por interlocutores de las 
églogas; y Sincero^ aludiendo á la sinceridad de su ánimo é 
ingenuidad de su condición. Sanazaro fue tan apasionado de 
Virgilio que celebraba todos los años el día de su nacimiento 
con un convite reunido con sus amigos ; pero lo era raucbo 
mas de M»ría Santísima, á quien coa el título de Pesebre en- 
]\6 un templo en su amena casa de campo, llamada la MergU 
Hiña cerca de Ñapóles, y en cujro obsequio compuso el famoso 
poema de Parla flrginis^ que estuvo liinaudo por espacio d0 
ao años. De él publicó una elegante traducción castellana Gre- 
gorio Hernández de Velasco, traductor de Virgilio. Sanazaro 
murió en su patria en i53o de 7a de edad; y aun que no fue 
casado, se lamenta en sus epigramas de la muerte de un Lijo. 
Escribió la vida de este poeta Juan Antonio Volpe, que con 
sus poesías latinas se imprimió en Amsterdam el año de 1728. 
( a68 ) Tate, tate, folloncicos. 

De ningu^no sea tocada, 

Por que esta empresa, buen rej. 

Para mí estaba guardada. 
Sin duda que el romance de donde tomó Cervantes estos ver- 
sos los habia visto también Gines de Hita, quien en las Guer«> 
ras de Granada pone en boca de D. Alonso de Aguitar, ofre^* 
ciéndose este caballero á poner el pendón en la Alpujarra loS 
mismos ó mu^ parecidos versos: 



Aquesta empresa, Señor, 

Para mí estaba guardada. 
^ ( 369 } Con pluma de avestruz' grosera y mal adeliñada. 
Ultima y bien merecida carga que da Cervantes al supuesto 
licenciado Avellaneda* 

( ayo } En los estraños reinos. Muchos de nuestros lecto- 
res que habrán visto el Quijote de Avellaneda , tendrán pre- 
sente que este entrometido y poco feliz escritor concluye su 
#egunda parte encerrando á O. Quijote en el J^I unció ó casa de 
locos de Toledo para que le curasen de su enfermedad. Por 
antiquísimas tradiciones, añade^ se supo que una vez curado 
salió del hospital, y sin olvidar su tema favorito pasd por Ma- 
drid en donde vid de huevo á Sancho, ^ entrando á Castilla 
la Vieja sucediéronle nuevas y estupendas aventuras , y solo 
para contradecirle, reprueba ytk Cervantes esta nueva salida 
que amagaba escribir su menguado antagonista. 

Cotulusion* 

Nuestra academia y los mas eminentes literatos españoles y 
estraogeros habian escudriñado la inmortal obra del Qu'jote y 
la biografía de su autor, represeotáadouos á Miguel de Cer\ an- 
tes como el ingenio mas insigne de su siglo, y á su historia 
como uno de los libros mas preciosos y acaso como el mayor 
esfuerzo del genio, de la pureza castellana, de la hlosofía y del 
saber humano. Quien habia descubierto en D, Quijote de la. 
Mancha la mano de un profundo pensador, de un sinpar hablis- 
ta, de un historiador discretísimo, de un político sagaz: quien 
nos habia presentado al escritor alcalaino como un hombre 
eminente en el conocimiento del corazón humano y de las cos- 
tumbres de su época; como un literato versado en la buena lec- 
tura nacional y estrangera, /como un humanista completo, co- 
mo un talento, en íia, adornado de generalidad, de conocimien- 
tos eu las bellas y nobles artes, en las ciencias exactas, mora- 
les y políticas, y como un portento de saber, de elegancia y de 
encantos. Pero hasta ahora, á nadie le había ocurrido represen- 
tarnos al inmortal Cervantes Saavedra como conocedor pro- 
fundo de la medicina , como honra de esta facultad. 

(ilste pensamiento original y agudo le vemos desempeñado 
lindamente en el opdsculo del doctor D. Antonio Hernández 
Morejon, cuya muerte llora la ciencia de curar, y al que iapre- 
ciar^ mas y mas el público , á medida que se vayan dando á 
luz sus obras postumas, entre las que se cuenta h que tene- 
mos á la vista, titulada: Bellezas de la medicina practica des^ 
cubiertas en el ingenioso caballero D. Quijote de la Mancha, 

£1 Sr« Morejon prueba en su opúsculo que Cervantes en U 



(97) 
obra del Quijote ha contraído un mérito singular describieú-- 
do la locura ó monomanía de su héroe ; marcando con tanta 
precisión y claridad como pudieran hacerlo Hipócrates y Bo- 
erhaavCf el órgano, asíenlo, el agente próximo y el carácter mo- 
ral de la dolencia, aventajando á Pinel en la aplicación del tra- 
tamiento moral para las enagenaciones del alma , adelantán- 
dose mas de dos siglos al moderno sectario Hanneman en los re- 
medios homeopáticos; y mo'strando á los profesores médicos su 
habilidad en describir las enagenaciones del alma, y la singu- 
lar destreza en describir los intervalos de la enfermedad, su se- 
rie y su terminación. Copiaremos algunos trozos del señor Mo- 
rejón, para que sirvan de muestra* 

Hablando de la manera con que esplicó Cervantes las pre- 
disposiciones y causas del enfermo, dice: 

«Disponen á contraer la locura: i.'' Los temperamentos bi- 
lioso y melancólico. D. Quijote «cera alto, de complexión recia, 
seco de carnes, enjuto de rostro, velloso de cuerpo».— 2.° Las 
edades , viril y consistente. D. Quijote « frisaba con los cin- 
cuenta años». — 3.° La agudeza y cultura del entendimiento* 
D. Quijote era ingenioso, de feliz memoria y tan erudito, que 
poseia todas las ciencias de un caballero andante: teología, le- 
yes, medicina, botánica, astronomía, matemáticas, historia y 
otras. (Parte a»' tom. HI, página i5a). — 4*° ^^ orgullo de 
familia y nobleza. D. Quijote era hidalgo y manchego, deseen- 
diente por linea recta de varón de la alcurnia de Gutierre Qui- 
jada, vencedor de los hijos del conde de ¿>an Polo. — 5. °£1 ejer- 
cicio violento. D« Quijote era cazador, y de liebres. — 6.^ El 
cambio de la vida activa al ocio. D. Quijote wolvidó casi de 
todo punto el ejercicio de la caza y aun la administración de su 
hacienda». — f.^ Los alimentos cálidos, viscosos y de mal nu- 
trimento. D. Quijote cenaba « salpicón las mas noches, comia 
lentejas los viernes, duelos y quebrantos los sábados, y algún 
palomino de añadidura los domingos». — 8.° Las estaciones de 
verano y otoño. D. Quijote esperimentó los mayores raptos 
de locura el 28 de julio, el 17 de agosto y el 3 de octubre. — 9.*^ 
Las pasiones amorosas. D. Quijote fue muy enamorado. — 10.^ 
£1 esceso de lectura. D. Quijote «vendió muchas hanegas de 
tierra de sembradura para comprar libros de caballerías», y 

Eoesías amorosas. — 11.^ La mucna vigilia* D. Quijote «pasa- 
a las noches leyendo de claro en claro , y los dias de turbio 
en turbio; y asi en fin del mucho leer y poco dormir, con todo 
lo dicho , se le secó el cerebro, de manera que vino á perder el 



JUICIO " 



Esplicando después la sintomatologíá del loco D. Quijote co- 
mo la describe Cervantes, añade: 

«Como la voz locura es genérica, y encierra en sí varias 
especies y aun variedades, los síntomas son siempre proporcio- 
nados á la diversidad de causas que la producen. Rematado el 
juicio de D. Quijote, v creyendo ser cierto cuanto habia leido 
en ló5 libros de caballerías y poesías amorosas , llenósele la 



fanUBÍJi de p<Mldencia$, batallas, desafíoí, heridas, requiebros^ 
attioresy tormentas y disparates imposibles. Y se le agentó de 
tal modo en la iniaginacioa que era verdad toda aquella ma- 
quiua de soñadas ioveaciones que leia, qu^ para éi no Labia 
otra historia mas cierta ; y asi concibió el designio de hacerse 
caballero andante, j salirse por el mundo ¿ buscar aventuras* 
Este es el carácter específico de esta singular jr estraña locura: 
el conjunto de estas aventuras constituiré lo que llaman los mé- 
dicos el Síndrome sintamatoldgico» Asi que la forma y sínto- 
mas de la dolencia de O» Quijote la constituir en la serie sucesi- 
va de raptos d accesos de arrogancia, orgullo, valentía, furor y 
audacia que se sucedieron unoá á otros en todo el discurso de su 
eufermedad encada uno de sus períodos. £n todos ellos se ve, 
que los objetos estemos que se ponían en contacto con los sen- 
tidos del enfermo, lejos de producir sensaciones é imágenes re- 
gulares, ocasionaban desvaríoseo su juicio, y se pintaban y re- 
producian en su imaginación conforme á la disposición iáterna 
de su cerebro j fantasía.» 

Y por áltimo , al hablar del plan curativo 6 del tratamiento 
moral del enfermo , dice entre otras cosas lo siguiente: 

»Para dirigir el tratamiento moral de la melancolía y de la 
locura se necesita ün profundo estudio del corasen y del enten- 
dimiento en general , y del particular del enfermo á quien se 
aplica. Cervantes poseia uno y otro: conocia tanto á O. Quijote 
como á un hijo suyo ; y nadie podia inventar mejor que él los 
medios para ausiliarle. 

»Seis personas figuran en su apoldgo, interesadas en la cura- 
ción con encargo distinto para llenar los dos estremos del epí- 
grafe de Boerhaave: el cura, hombre docto; Maese Nicolás; San- 
són Carrasco para segundar su falsa imaginación; el canónigo 
de Toledo; el ama y la sobrina para combatirla directamente y 
con firmeza. 

»£1 primer paso que dio para su curación fue apartarle de la 
causa que había producido su mal; el escrutinio y quema de sus 
libros de caballerías y amores, tabicando hasta la puerta de la 
pieza donde estaban; y la persuasión de haberse ejecutado por 
encanto, era el paso mas sensato que podia darse en la materia. 
El sabio encantador IVIuñaton viene sobre una nube cabalgado 
en una serpiente y saliéndose volando por el tejado deja lá casa 
llena de humo. 

« Este es el precepto general, que debe aplicarse á todas las 
enfermedades; pues es una especie de milagro que se cure nin- 
guna, si se permanece bajo el influjo y causas que la engen- 
dran. 

u No surtió sin embargo la primera vez el efecto que sedesea*- 
ba, por dos razones; la una por el artificio del apólogo, cuya ac- 
ción hubiera finalizado friamente con la desaparición del mal; 
la segunda , y mas importante con respecto al punto que tra- 
tamos , por un ligero descuido de la sobrina en equivocar el 
nombre de Freston coa el de Munatoa ó Tritón; púas esta! 



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