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^1 







'¿¿ii )j l ,wiit>^W'''' l '^'' , ''*'' l »i,'M»iMi i \ t'i.jf, 



OBRAS 

DE DON FRANCISCO 

DE QUEVEDO VILLEGAS, 
CABALLERO DEL HABITO 

DE SANTIAGO, SECRETARIO DE SU MAQESTAD, 

Y SEÑOR DE ZA VILLA DE LA TORRE 

DE JUAN ABAD. 



Tona IV. 




MADRID. MDCCXC. 
POR DON ANTONIO DE SANCHA. 

Se hallará en su Librería en la Aduana vieja. 
Con las licencias necesarias. 



PRIMERA PARTE 
ÚE LA INTRODUCCIÓN, 

EN LA QUAL SE CONTIENEN 
los avisos y exer cirios necesarios para conducir 
el Alma desde su primer deseo de vida de- 
vota , hasta una entera resolución 
de abrazarla. 



Q. 



"uerida Filotéa , siendo Christiana , bien sé 
que aspiras & la devoción, por ser esta una virtud 
en estremo agradable á la Magestad Divina; mas 
por quanto las faltas pequeñas en que se cae al 
principio de qualquier obra se refuerzan , y cre- 
cen en el progreso de ella , y son á la fin casi 
irreparables ; es necesario , ante todas cosas, se- 
pas lo que es esta virtud de devoción ; porque 
cerno no hay sino una verdadera , y gran can- 
tidad de falsas y vanas , si no conoces la cierta, 
y segura , podrías fácilmente engañarte , y se- 
guir alguna devoción impertinente , y supers- 
ticiosa. 

- Aurelio pintaba todas las caras de las imá- 
genes que hacia , á semejanza con el ayre de las 
mugeres que amaba , y cada uno pinta la devo- 
ción según su pasión , y fantasía. £1 que se di 

A* 



4 OBRAS DE D. FRANCISCO 

al ayuno se tendrá por muy devoto splo porque 
ayuna, aunque por otra parte tenga el corazón 
lleno de rencor , y malicia ; y sin os;r tocar su 
lengua á vino, ni agua por templanza , no se le 
dará nada de meterla, y cebarla en la sangre del 
próximo i fuerza de murmuración , y calum- 
nia. Otro se tendrá por muy devoto porque ca- 
da dia dice una gran multitud de oraciones , aun- 
que después de esto deshaga su lengua en pa- 
labras enojosas, arrogantes, é injuriosas, así con 
sus domésticos, como con sus vecinos. Otro sa- 
cará de buena gana limosna de la bolsa para dar 
á los pobres, y no podrá sacar del corazón dul- 
zura , y piedad para perdonar sus enemigos. Otro 
perdonará sus enemigos, y no querrá componer- 
se con sus deudores , sino á fuerza de justicia. 
Todos estos son tenidos vulgarmente por devo- 
tos : nombre que de ninguna manera merecen* 
Buscando la gente de Saúl á David en su casa, 
puso Michol en una cama una estatua cubierta, 
y adornada de los vestidos del mismo que busca- 
ban, con que hizo creer á la gente de Saúl, que 
el que al parecer dormia era David , que estaba 
enfermo. Así muchas personas se cubren de cier- 
tas acciones exteriores, aparentes á la santa devo- 
ción, con que el mundo las tiene por verdadera- 
mente devotas, y espirituales, no siendo en suma 



DE QUIVEDO. J 

sino estatuas , y fantasmas de devoción. - 
La verdadera, y viva devoción, ó Filotea, 
presupone amor de Dios, y antes no es otra co- 
sa sino un verdadero amor Divino ; y no amor 
como quiera , porque en quanto el amor Divi- 
no hermosea nuestra alma, se llama gracia, ha- 
ciéndonos agradables a su Divina Magestad: en 
quaato nos dá fuerza de bien hacer , se llama 
caridad , mas quando llega al grado de perfec- 
ción, en el qual no solamente nos hace bien ha« 
cer , sino obrar cuidadosa , freqüente , y pron- 
tamente, entonces se llama devoción. Los aves- 
truces no vuelan jamas : las gallinas vuelan po- 
co, aunque pesada, y raramente; mas las águi- 
las , palomas , y golondrinas vuelan á menudo, 
apriesa , y alto- Así los pecadores no vuelan en 
Dios ; antes hacen todos sitó cursos en la tierra, 
y para la tierra. La buena gente, que aun no ha 
llegado á la devoción, vuela en Dios pdr medió 
de sus buenas acciones ; pero rara , y pesada- 
mente. Las personas devotas vuelan en Dios'fre- 
qüentementc, pronta, y altamente. En fin la de- 
voción no es otra cosa sino una agilidad , y vi- 
vacidad espiritual, por medio de la qual la ca- 
ridad exercita sus acciones en nosotros , y noso- 
tros por ella obramos pronta , y aficionadamen- 
te ; y como pertenece á la caridad' el hacernos 



(> OBRAS DE P. FRANCISCO 

guardar los mandamientos de Dios, general , y 
umversalmente pertenece también á lá devoción 
el hacer que los guardemos pronta , y diligen- 
temente : causa porque el que no £u*rda todos 
los mandamientos de Dios, no puede ser tenido 
por bueno , ni devoto; porque para ser bueno 
es necesaria la caridad; y para ser devoto es ne- 
cesaria ( ademas de la caridad) una grande vi- 
vacidad, y prontitud en las acciones caritativas. 
Y como la devoción consiste en cierto gra- 
do de excelente caridad , no solamente nos ha- 
ce prontos , activos , y diligentes en la observa- 
ción de todos los mandamientos de Dios; sino 
que- fuera de esto nos provoca á hacer pronta , 
aficionadamente las mas de las buenas obras que 
podemos arinque las tales no sean de ninguna 
njanqra de presep^, sino solamente aconseja- 
dlas., ó inspiradas i porque de U misma manera 
que un hombre que acaba de sanar -de alguna 
enfermedad , camina aquello que le es necesa- 
rio, pero lenta, y pesadamente; así el pecador, 
habiendo sanado de su iniquidad, camina aque- 
llo que Dios le manda ; pero también lenta , y 
pesadamente , hasta que llega á alcanzar la de- 
voción : porque en.tónces, como un hombre bien 
sano, y dispuesto, no solamente camina, pero 
corre, y salta en el camino de los mandamientos 



j>i qüevedo. 7 

de T>lb$ y y de mejor en mejor vi corriendo en 
¿as sendas de los consejos , é inspiraciones celes- 
tiales. En fin la caridad, y la devoción no son 
mas diferentes la una de la otra , que la llama 
lo es del fuego , por quanto la caridad , siendo 
un fuego espiritual , quando está muy inflama- 
da se llama devoción ; de manera que la devo- 
ción no junta nada al fuego de la caridad , sino 
Ja llama , con la qjual se hace la caridad pronta, 
activa, y diligente, no solamente en la obser- 
vación de los .mandamientos de Dios, sino en el 
cxcrcicio de los consejos, é inspiraciones celestes. 

CAPITULO II 

Propiedades , y excelencias de la 
Devoción. 

¿os que desanimaban á los Israelitas el ir á la 
tierra de Promisión , decian que era una tierra 
que tragaba los que la habitaban : como decir 
que el ayre era tan maligno que no podían vi- 
vir mucho tiempo, y que los habitantes eran gi- 
gantes tan prodigiosos , que se comian los otros 
hombres como langostas. Así el mundo, mi que- 
rida Filotea , infama quanto puede la santa de- 
voción, pintando las personas devotas como eno- 

A4 . 



8 OBRAS DE D. FRANCISCO 

jadas , tristes , y macilentas ,' y publicando que 
la devoción causa humores melancólicos , é in* 
soportables. Mas como Josué , y Galeb asegu- 
raban que no solamente era buena , y hermosa 
la tierra prometida ; sino que* también la pose* 
sion seria dulce, y agradable; de lg misma ma- 
nera el Espíritu Santo por la boca de'todoa los 
Santos, y nuestro Señor por la suya misma, nos 
asegura, que la vida devota es una vida dulce, 
dichosa , y amigable. Ve el mundo que los de- 
Votos ayunan, rezan , y sufren las injurias: sir- 
ven a los enfermos, asisten á los pobres, velan, 
reprimen la cólera, detienen, y enfrenan las pa- 
siones, se privan de los placeres sensuales, y ha- 
cen tales , y otras suertes de acciones , las qua- 
les en ellas mismas , y de su propia substancia, 
y calidad son ásperas, y rigurosas; pero el mun- 
do no ve la devoción interior, y cordial, la qüal 
vuelve todas estas acciones agradables , dulces, 
y fáciles. Mira las abejas sobre el tomillo ¿ que 
chupando sacan un zumo muy amargo, con vir- 
tiéndoles después, por propiedad que tienen, en 
dulcísima miel. Las Almas , pues , devotas ( ó 
mundanas) es verdad que hallan mucha amar- 
gura en su exercicio de mortificación; mas con- 
tinuando en él , lo mas amargo vuelven dulce, 
y suave. Los fuegos , las llamas , las ruedas , y 



las aguda? espadas parecían á los Mártyres flo- 
res hermosas, y preciosos olores; y esto porque 
eran devotos. Pues si la devoción puede dar dul- 
zura á los mas crueles tormentos, y á la muer' 
te misma , ¿ quánto mas fácil la será el darla i 
las acciones de virtud? El azúcar hace dulces los 
mal maduros frutos, y corrige, y templa la *ru- 
deza de los que están muy maduros. Así la de- 
voción es la verdadera azúcar espiritual que qui- 
ta la amargura á las mortificaciones , y el daño 
á las consolaciones : quita la cuita í los pobres, 
la soberbia ¿los ricos, .al oprimido la ruina , la 
insolencia al .favorecido , la tristeza. al solitario, 
y la disolución al que está en compañía : sirve 
de fuego en invierno, y de roció en verano:, sa- 
be abundar, y sufrir pobreza: hace igualmente 
útil el honor , y el menosprecio ; recibe el pla- 
cer y el dolor con un corazón casi áe^pre seme- 
jante; y nos colma ¿1 espíritu de una maravillo- 
sa suavidad. 

Contempla la «escala de. Jacob;, porque «- 
ta es el verdadero retrato déla vida devota* Los 
dos lados; entre los quales se sube, y á los quaf- 
les los escalones se tienen, representan Uofacion, 
la qual alcanza el amor de Dios, y Jos Sacra- 
mentos que le confieren. Los escalones no son 
otra cosa sino los diversos grados de caridad , por 



XO OBRAS DÍD. FRANCISCO 

los quales se va de virtud en virtud , 6 baxan* 
do (por la acción) al socorro, y favor dd. pró- 
ximo, ó subiendo (por la contemplación) en la 
tinion amorosa de Dios. Mira ahora , te ruego, 
los que están sobre la escalera, y veris que son 
hombres Angélicos , ó Angeles que tienen cuer« 
pos humanos. No son mozos , pero parecen ser- 
lo, por quanto están llenos de vigor, y agilidad 
espiritual. Tienen alas para volar, y arrojarse á 
Dios por medio de la santa oración ; y también 
tienen pies para caminar con los hombres por 
medio de una santa', y amigable conversación. 
Sus caras son hermosas , y alegres , porque re- 
ciben todas las cosas con dulzura ., y suavidad. 
Tienen las piernas, brazos, y cabezas desnudas, 
porque $us pensamientos., intentos , y acciones 
no llevan otro designio , ni motivo, sino agrá* 
dar á Dios. Lo demasdel cuerpo tienen cubier- 
to, pero de una vestidura ligera, y hermosa; y 
esto porque usan del mundo, y cosas mundanas 
con corazón puro, y sincero , no tomando de to- 
do sino aquello que no escusan , según su con- 
dición , y manera. Tales son las personas.' devo- 
tas; Créeme, querida Filotea, que la devoción 
es la dulzura de las dulzuras, y la reyna de las 
Virtudes , por quanto es la perfección de la ca- 
ridad i sí la Caridad es una leche , la devoción 



DE QUEVSDO, . II 

es la nata : si es una planta , la devoción esla 
flor: si es una piedra preciosa, la devoción es su 
lustre, y claridad: si es un bálsamo precioso, la 
devoción es el suave olor que conforta los hom- 
bres , y alegra los Angeles. 

CAPITULO III. 

Que la devoción es necesaria d toda suerte de es? 
tados , y profesiones. 



M, 



ando Dios en la creación llevasen las plan- 
tas sus frutos , cada una según su genero : así 
manda también á los Christianos > que soa las 
yivas plantas de su Iglesia , produzcan frutos de 
devoción, cada uno según su calidad, y estado. 
Diferentemente han de exercer la devociop el 
hidalgo, y el labrador, el vasallo, y el Sobera- 
no ^ la viuda, y la doncella, la soltera, y la car 
sada ; y no solo esto , pero es necesario acomo- 
dar la práctica de la devoción á las fuerzas , á 
los negocios , y á las obligaciones de cada uno. 
Seria apropósito , dime Filotea , que el Obispo 
quisiese seguir la soledad del Cartujo ; que los 
casados no procurasen adquirir , ni juntar mas 
que los Capuchinos; que el labrador se estuyie- 
se todo el dia en la Iglesia como los Religiosos; 
y que el Religoso estuviese como el Obispo , 



I % OBRAS PE D. FRANCISCO 

siempre expuesto á qualquiera suerte <íe encuen- 
tro , por el servicio del próximo ? Esta devo- 
ción no seria ridicula , desreglada , é insoporta- 
ble ? Con todo esto vemos caer en esta falta muy 
de ordinario, y el mundo, que no discierne, ni 
quiere discernir entre la devoción, é indiscreción 
de aquellos que piensan ser devotos, murmura, 
y vitupera la devoción , la qual no por eso es 
causa de semejantes desórdenes. 

No, Filotea, la devoción ( quando es ver- 
dadera ) no corrompe nada , antes lo perficiona 
todo; pero quando es contraria al legítimo esta- 
do de cada particular, entonces sin duda es fal- 
sa. La abeja , dice Aristóteles , saca su miel de 
las flores , sin dexarlás ajadas, ni marchitas , si- 
no enteras, y frescas como antes. La verdadera 
devoción aun hace mas , porque no solamente 
j no daña ninguna suerte de estados, ni negocios, 
sino antes los adorna, y hermosea. Toda suerte 
de pedrería echada en la miel, sale mas relucien- 
te, y hermosa, cada una según su 'color; y qual- 
quiera se hace mas agradable en su estado. Jun- 
tándole á la devoción el cuidado de la familia, 
se hace apacible : el amor del marido, y muger 
mas sincero : el servicio del Príncipe , mas fiel; 
y toda suerte de ocupaciones , mas suaves , y 
amigables* 



DE QÜIVEBa ; . I3 

No solo es error , pero heregia , el querer 
desterrar la vida devota de la compañía de lo* 
Soldados > de la tienda de los Oficiales , de las 
Cortes de los Príncipes , y de la familia de los 
casados. Es verdad , Filotea , que purament^Ia 
devoción contemplativa , monástica , y religio- 
sa, no puede exercerse en estos estados; mas 
también (fuera de estas tres" suertes de devoción) 
hay otras muchas propias para perficionar los que 
viven en estado seglar. Abraham, Isaac, Jacob, 
David , Job, Tobías, Sara, Rebeca, y Judith, 
dan fe en el Viejo Testamento de esta verdad: 
y quanto al Nuevo S, Josef, Lydia, y S. Cris- 
pin fueron perfectamente devotos en sus tiendas. 
Santa Ana , Santa María , y Santa Priscilla, en 
sus familias. Cornelio, S. Sebestian, y S. Mau* 
ricio, en los Exérci tos. Constantino, Helena, S. 
Luis, y S. Eduardo, en sus Tronos Reales. 

También se ha visto que muchos han per* 
dido la perfección en la soledad , siendo esta tan 
deseada para llegar á una vida perfecta , y la 
conservaron antes en medio de la multitud, pa- 
reciendo esta tan poco favorable á la perfección* 
Loth , dice S. Gregorio , que fue tan casto en la 
Villa , no lo supo ser en la soledad. Donde quicf 
ra que estamos , podemos aspirar á la vida per- 
fecta. 



1 4 OBRA* PE ». FRANCISCO 

CAPITULO IV. 

De la necesidad de un Conductor para entrar 
y hacer progreso en la devoción. 



Ha 



-abiéndole mandado á Tobías el menor que 
fuese á Ragés , dixo: De ninguna manera sé el 
camino. Anda ( replicó el padre ) , y busca al- 
gún hombre que te encamine. De la misma ma- 
nera te digo yo , Filotea mia. Quieres con mas 
seguridad caminar á la devoción , busca , pues, 
algún hombre virtuoso que te adiestre , y guie. 

Aquí consiste el advertimiento de los ad- 
vertimientos. Aunque mas busques , dice el de- 
voto Avila , jamas hallarás tan seguramente la 
voluntad de Dios , como por el camino de esta 
humilde obediencia , practicada , y estimada en 
tanto de todos los antiguos devotos. La Bienaven- 
turada Madre Teresa , viendo que Doña Cata- 
lina de Córdoba hacia grandísima penitencia, de- 
seó mucho imitarla en esto contra el parecer de 
su Confesor , que se lo defendía , al qual estu- 
vo tentada á desobedecer en este particular ; y '. 
Dios la dixo: Hija mia, tú llevas un seguro, y 
buen camino ; y aunque miras i la peniteudi* 
que esotra hace, estimo en mas tu obediencia. 



DEQUIVJ2D0. 1$ 

Tanto amaba esta virtud, que fuera de la obe- 
diencia que debía á sus Superiores; hizo particu- 
lar voto de obedecer á un hombre excelente , y 
virtuoso , obligándose á seguir su dirección > y? 
consejo; de manera, que con esto quedó la bien- 
aventurada consolada en estremo; y así, antes, 
y después de ella, muchas almas devotas , para 
mejor sujetarse á Dios , han humillado sus vo- 
luntades á las de sus mismas criadas , y domés- 
ticos ; lo qual Santa Catalina de Sena alaba in- 
finitamente en sus Diálogos. La devota Prince- 
sa Santa Isabel con estrema humildad se puso 
debaxo de la obediencia del Doctor M. Conrado. 
Y aun me acuerdo de uno de los consejos que 
el gran S. Luis dio á su hijo antes de su muer- 
te. Díxole así: „ Confiésate á menudo, y elige 
„ un Confesor idóneo, que sea hombre pruden* 
i, te , y te pueda enseñar á hacer las cosas que te 
„ son necesarias." 

£1 amigo fiel , dice la Santa Escritura , es 
una fuerte protección; el que le ha hallado, ha 
hallado un tesoro. £1 amigo fiel es un medica* 
mentó de vida , é inmortalidad ; los que temen 
á Dios , le hallan. Estas divinas palabras miran 
principalmente á la inmortalidad, como ves, pa- 
ra la qual es necesario ante todas cosas tener es- 
te fiel amigo, que guie nuestras acciones con sus 



I 6 - OBRAS DI D. FRANCISCO 

avisos , y consejos , librándonos por este medio 
de las emboscadas , y engaños de nuestro ene* 
migo ; seranos como un tesoro de sapiencia en 
nuestras aflicciones, tristezas , y trabajos : serví* 
ranos de medicina para aliviar, y consolar nues- 
tros corazones en las indisposiciones espirituales: 
guardáronos del mal, y harános el bien mejor; y 
quando nos venga alguna enfermedad , estorva- 
rá que nos sea de muerte. 

Mas ¿ quién hallará este amigo ? El Sabio 
responde : Aquellos que temen á Dios : quiere 
decir , los humildes , que con veras desean la me- 
dra espiritual. Pues que te importa tanto ( ó Fi- 
lotea ! ) el caminar con una buena guia en este 
santo camino de la devoción , niega á Dios coa 
una grande instancia te dé una , que sea según 
su corazón: y no dudes , porque quando debie- 
ra enviarte un Ángel , como hizo al Joven To- 
bías , te enviará una fiel y buena. 

Siempre ha de ser esta para tí un Ángel; 
quiero decir , que quando la hayas hallado , no 
la has de considerar como un hombre simple; y 
esto sin confiarte en ella , ni en su humano sa- 
ber , sino en solo Dios > el qual te favorecerá 
y hablará por medio de este hombre , ponién- 
dole en la boca , y corazón aquello que fuere 
necesario para tu salud; y así le debes escuchar 



como á un Ángel, que basa del Cielo para guia* 
te á él: hits de tratar con él con abierto corazón, 
con toda sinceridad , y fidelidad, manifestando* 
le claramente. tu bien, y tu mal, sin fantasía, ni 
disimulación ; y por este medio , tu bien será exa- 
minado ; y mas seguro ,• y tu mal será corregi- 
do , y remediado : hallaráste aliviada , y morti- 
ficada en tus aflicciones ; moderada , y regalada 
en tus¡ consolaciones. 

Pondrás en él una grande confianza -, mez- 
clada de una sagrada reverencia, de suerte, que 
la reverencia , no disminuya la confianza,, y que 
Ja confianza no estorve la reverencia 1 confia en 
él con el respeto de una doncella para con sus pa- 
dres: respétale con la confianza de un hijo para 
con su madre. En fin esta amistad ha de ser fir- 
me, dulce, santa, sagrada , divina, y -espirituah 
A este propósito dice. Avila: I$scfiged uno entre 
fnil 1 y yó digo entre diez mil ; porque se ha- 
llan muchos menos qué pensamos , que sean ca- 
paces de este oficio. Ha de ser lleno de, caridad, 
de ciencia , y de prudencia'; y faltándole, una 
<le dstás tres partes ¿ será filiarle mucho. Pero 
también digo otra .vez , que le pidas a Dios; y 
habiéíulole hallado^, apearse veres con él, dando 
gracias á su Divina Magestad , y no buscando 
otras novedades j sino irse siempre por.el.cami- 

x TOJ*> IV. B 



tft OBRAS DE D. FRANCISCO 

no que tu guia te muestra , simple , humilde , y 
confidentemente ; y con esto harás un dichoso 
viage. 

CAPITULO V. 

Que es necesario comenzar por la purificación 
del Alma. 

as flores ( dice el Esposo ) se muestran ya en 
nuestra tierra ; y el tiempo de limpiar , y cor- 
tar ha llegado. Las flores de nuestros corazones, ó 
Filotea , son los buenps deseos ; y tan presto co- 
mo estas se muestran, debemos echar la mano á 
la hoz , para cortar de nuestra conciencia todas 
las obras muertas, y superfluas. La doncella ex- 
trangera para poderse desposar con el Israelita, 
habia de quitarse la ropa de captividad, y cor* 
tarse las uñas , y cabello. £1 alma que aspira á 
tanta honra, como es ser esposa del Hijo de Dios, 
también se ha de quitar las vestiduras viejas del 
pecado , y vestirse las de virtud : después ha de 
cortar toda suerte de embarazos, que puedan es- 
torvar el amor de Dios; porque el principio de 
nuestra salud es el purgarnos de nuestros humo* 
Tes pecantes. S Pablo en un momento quedó lim- 
pio con perfecta limpieza , como también Santa 
Catalina de Genes, Santa Magdalena, Santa Pe* 



DB QUÍVEDO. X9 

lagia ,. y otros ; pero esta suerte de {tarificación 
es milagrosa, y extraordinaria en la gracia, co- 
mo la resurrección de los muertos en la natura* 
leza : cosa que no dfhemos pretender. La lim- 
pieza , y salud ordinaria , sea de los cuerpos, ó 
ya de los espíritus , no se hace sino poco á po* 
¿o, por progreso de mejoría en mejoría, y está 
no .sin trabajo , y tiempo. 

Aunque los Angeles de la escala de Jacob 
tienen alas, no por eso vuelan'; antes suben, y 
baxan por orden, de escalón en escalón. £1 alma 
qué se, levanta del pecado á la devoción, es com-i 
parada al alba, la qual al levantarse no despidd 
en un mismo instante las tinieblas ,. smo poco 2 

pOOfc ' 

La cüfáu(' efíce cí afbrístílo) qué se hace con 
espado de tiempo , es siempre la mas segura. 
Las enfermedades de corazón , como lasdel cuer* 
po> vienen á caballo i y por la posta , y vanse 
£ jrie ,y á paso muy letíto. Menester es, puesi 
ser animosa , y sufrida \ ó Filosa, en esta em* 
presa. jQuánta lástima dan algunas almas, que 
viéndose sujetas á diferentes imperfecciones, des- 
pués de haberse exercitado algún tiempo en ía 
devoción, comienzan a inquietarse, y desanimar- 
se, dexándose llevar de la tentación tanto, que 
olvidándose de la virtud, vuelven á sus primer 



7 



a O OBRAS 3>K I>. FRANCISCO 

ras costumbres. También por otras partes tienen 
gran peligro las almas , las qualcs por una ten- 
tación contraria se persuaden que están purga- 
das de sus imperfecciones, quando apenas se han 
puesto á ello 9 teniéndose por perfectas, sin ser- 
lo , y arrojándose á volar sin alas. En gran pe- 
ligro están estas almas , ó Filotea , de tornar 4 
recaer , por haberse desmandado de presto , y 
apartado de las manos del -Médico. No te levan- 
tes , dice el Profeta , antes que haya llegado la 
luz : levántate después que hayas estado asen- 
tado. Y él mismo practicando esta lición, y ha- 
biéndose ya lavado , y limpiado , quiere lavar- 
se de nuevo. 

£1 exercicio de la purificación del alma no 
se puede , ni se debe acabar , sino con nuestra 
vida. No nos turben, pues, nuestras imperfec- 
ciones; porque nuestra perfección consiste en el 
combatirlas, y no las podremos combatir sin ver? 
las , ni vencerlas sin encontrarlas: Nuestra vic- 
toria no consiste en- sentirlas, sino en no con- 
sentirlas. 

No es, pues, consentirlas el recibir sus in- 
comodidades : y así es necesario que para el exer- 
cicio de nuestra humildad quedemos algunas ve- 
ces heridos en esta batalla espiritual ; pero nun- 
ca hq$ tenemos por vencidos, sino quando hemos 



DE QUEVÍDO. 21 

perdido , ó la vida , 6 el animo. Las imperfec- 
ciones, pues , y pecados veniales no nos pueden 
privar de la vida espiritual , porque esta no se 
pierde sino por el pecado mortal. Solo se ha de 
procurar que no perdamos el animo. Líbrame, 
Señor, decia David, de la cobardía, y desfalle* 
cimiento. Es, pues, una dichosa propiedad núes- 
tra en esta guerra espiritual, el hallarnos siempre 
vencedores, con que no huyamos nunca el com- 
bate. 

CAPITULO VI 

De la primera purificación, que es la de los 
pecados mortales. 

4Z primera purificación que se debe hacer, es 
la del pecado. £1 medio para hacerla es el San- 
to Sacramento de la Penitencia. Buscarás , pues, 
el mas digno Confesor que pudieres: sírvete de 
algún libro hecho á este propósito , que ayude 
á la conciencia á bien confesarse , como Grana* 
da , Bruno , Arias, Auger, y léelos bien, y no- 
ta de punto en punto en lo que hubieres ofen- 
dido á tu Dibs desde que tienes uso de razón, 
hasta la hora presente > y si no te fiares de la me- 
moria pon por escrito lo que hubieres notado ; y 
habiendo por este medio preparado , y juntado 

■» 



3 2 OBRAS BE J>. FRANCISCO 

los humores pecantes de tu conciencia , los' de- 
testarás, y abominarás mediante una contrición, 
y desplacer tan grande , quanto tu corazón pue- 
da sufrir , considerando estas quatro cosas : que 
por el pecado perdiste la gracia de Dios, y con 
ella el Paraíso : que recibiste las penas eternas 
del Infierno, y renunciaste la visión , y el amor 
eterno. 

Bien ves , Filotea , que hablo de una con* 
fesion general de toda la vida, la qual también 
te confieso no ser siempre absolutamente necesa- 
ria ; pero también considero que te será en es- 
tremo provechosa en este principio ; y así te la 
aconsejo con todas veras. Sucede muchas veces, 
que las confesiones ordinarias de los que viven 
en vida común, y vulgar, están llenas de gran- 
des faltas, porque de ordinario, ó no se prepa- 
ran, ó muy poco, ó no tienen la contrición ne- 
cesaria ; y así sucede muchas veces irse á con* 
fesar con una tácita voluntad de volver al peca- 
do , por quanto no quieren evitar la ocasión de 
volver á él , ni tomar los expedientes necesarios 
á la enmienda de la vida , y en todos estos ca- 
sos es la confesión general muy necesaria para 
asegurar el alma. Fuera de todo esto, la confe- 
sión general nos llama á conocimiento de noso- 
tros mismos : .nos convoca á una saludable con» 



fcsion para nuestra vida pasada: háccnos admi- 
rar de la misericordia de Dios que nos ha espe- 
rado tan largo tiempo : apacigua nuestros cora- 
zones, alegra nuestros espíritus, incítanos á bue- 
nos propósitos , dá sugeto á nuestro Confesor á 
que nos dé los avisos mas convenientes á nues- 
tra condición, y ábrenos el corazón para que con 
mas confianza nos declaremos en las confesiones 
siguientes. 

Hablando , pues , de un renuevo general 
de nuestro corazón , y de una conversión uni- 
versal de nuestra alma á Dios, por medio de la 
empresa de la vida devota , paréceme que no 
dexaré de tener razón , Filotea, en aconsejarte 
esta confesión general. 

CAPITULO VIL 

De la segunda purificación , que es la de las 
aficiones del pecado. 

odos los Israelitas salieron en efecto de la 
tierra de Egypto; mas no todos de buena gana; 
causa por que en el Desierto muchos de entre 
ellos echaban menos el carecer de las cebollas , y 
carnes de Egypto. Así también hay penitentes, 
que en efecto salen del pecado , sin que por eso 

»4 



1% OBRAS DE T>. FRANCISCO 

pierdan la afición que le tienen ; esto es, que pro- 
ponen de nunca mas pecar; pero con cierto sen- 
timiento que tienen de privarse , y abstenerse 
de los desventurados deleytes del pecado. £1 co- 
razón de estos renuncia el pecado , procurando 
apartarse de él ; mas no por eso dexa de volver- 
se de su bando , como hizo la muger de Loth 
hacia el lado de Sodoma. Abstiénense del peca- 
do, como los enfermos de los melones, los qua- 
les no comen , porque los Médicos los amenazan 
de muerte si los prueban ; mas no por eso dexan 
de sentir esta abstinencia : hablan en ellos , pre- 
guntan si seria posible el comerlos, quieren por 
lo menos olerlos , y tienen por dichosos á los que 
pueden gustarlos. Así también estos flacos, y dé- 
biles penitentes se abstienen por algún tiempo 
del pecado ; mas contra su propia voluntad quer- 
rian bien poder pecar sin ser condenados : hablan 
con sentimiento , y gusto del pecado, y tie- 
nen por satisfechos á los que le cometen. Un 
hombre resuelto á vengarse, mudará de volun- 
tad en la confesión, pero poco después le halla- 
ran entre sus amigos deleytándose en hablar de 
la pendencia pasada , diciendo que si no hubie- 
ra sido por Dios , hubiera hecho tal , y tal co- 
sa ; y que la Ley divina en este artículo es di- 
ücil de observar, y que pluguiese á Dios fuese 



DEQUEYIDO. 2$ 

permitida la venganza. ¿Quién, pues, no echa 
de ver, que aunque este pobre hombre está fue- 
ra de pecado , no por eso dexa la afición que le 
tiene ; y que hallándose en efecto fuera de Egyp- 
to apetece aun los ajos y cebollas que solia co- 
mer, como la otra muger, que habiendo dexa- 
do sus lascivos amores, no dexa por eso de re- 
crearse con los requiebros, y agasajos que le ha- 
cen ? Averiguadamente semejantes gentes están 
en no pequeño peligro. 

Así, Füotea mia , pues tú quieres empren- 
der la vida devota, no solo has de dexar el pe- 
cado , sino limpiar también tu corazón de toda 
afición qué él te pueda causar ; porque fuera del 
peligro que habría en la recaída , podrían estas 
miserables acciones desmayar perpetuamente tu 
espíritu , y agravarle , de manera , que no po- 
dría exercer las buenas obras , pronta , diligen- 
te , y freqiicntemente, que es en lo que consis- 
te la verdadera esencia de la devoción. Las al- 
mas que habiendo salido de las ataduras del pe- 
cado, tienen aun estas aficiones, y deseos, seme- 
jan , i mi parecer , á las doncellas opiladas , las 
guales no están enfermas , pero todos sus acha- 
ques son de enfermo : comen sin gusto, duermen 
sin reposo, ríen sin alegría, y antes querrían las 
arrastrasen, que caminar quatro pasos. De lá mis- 



2 6 OBRAS M I>. FRANCISCO 

ma manera estas almas, que he dicho, obran el 
bien con tanto cansancio espiritual , que hace 
perder la gracia á sus buenos excrcicios , pocos 
en numero , y pequeños en efectos. 

CAPITULO VI II. 

Del medio j>ara hacer esta segunda 
purificación. 



E 



1 medió , pues , y fundamento de esta según* 
da purificación , es la viva, y freqüente aprehen- 
sión del grave mal que el pecado nos ha causa- 
do, por cuyo medio nos disponemos á una pro* 
funda , y vehemente contrición ; porque de la 
misma manera que la contrición (con tal que sea 
verdadera), por pequeña que sea, y principal* 
mente juntándose á la virtud de los Sacramen- 
tos , nos purga bastantemente del pecado » así 
también, quando es grande, y vehemente, nos 
purga de todas las aficiones que penden del pe- 
cado. Un rencor, ó un aborrecimiento, flaco, y 
débil es causa de que veamos de mala gana , á 
aquel que aborrecemos, y nos hace huir su com- 
pañía; pero si es un rencor mortal, y violento, 
no solo aborrecemos á aquel á quien le tenemos, 
sino antes aborrecemos , y huimos la conversa- 



3>E QÜEVÉDO. %J 

clon de su parentela, y amigos, qttanto, y mas 
su trato, ni cosa que ie parezca. Así quando el 
penitente no aborrece el pecado, sino por una li- 
gera , aunque verdadera contrición , es verdad 
que se resuelve de no pecar mas ; pero quando 
le aborrece con una contrición grave, y riguro- 
sa , no solo abomina el pecado , sino antes > to- 
da la afición, y dependencia que de él procede. 
Esnos , pues , necesario , Filotea f procurar que 
nuestra contrición, y arrepentimiento sea la ma- 
yor que pudiéremos, para que así se estienda has- 
ta la mayor parte del pecado. De tal suerte per- 
dió la Magdalena en su conversión el gusto del 
pecado, y los vanos placeres que en él hallaba, 
que jamas volvió á pensar en ellos ; y David, 
protestaba, no solo aborrecer el pecado, sino 
también todas sus sendas, y caminos. En este 
punto , pues , consisto el renuevo del alma , 
que este mismo Profeta compara al renuevo del 
águila. 

Para venir , pues , á esta aprehensión , y 
contrición , es necesario que te ejercites con cui- 
dado en las meditaciones siguientes ; las quales, 
siendo bien practicadas, desarraygarán de tu co- 
razón ( mediante la gracia divina) el pecado, y 
las principales aficiones del pecado , para cuyo 
uso las he hecho yo expresamente. Karáslas la 



a 8 *OBKAS PE D. FRANCISCO 

una después de la otra, como yo las he señala- 
do , sin tomar mas de una para cada dia, la qual 
siendo posible , harás por la mañana, que es el 
tiempo mas N propio para todas las acciones del 
espíritu , y las volverás á meditar, y rumiar lo 
restante del dia ; y si no estuvieres hecha á la 
meditación', mira lo que se tratará de ella en la 
segunda parte. 

CAPITULO IX. 

Meditación I. De la Creación. 

PREPARACIÓN. 

i . Ponte en la presencia de Dios. 
2. Ruégale que te inspire. 



CONSIDERACIONES* 



i- V^c 



considera que ño há mas de tantos años 
-que tú no estabas en el mundo , y que tu ser era 
un verdadero nada. ¿ A dónde estábamos noso- 
tros, ó Alma mia, en aquel tiempo? Había ya 
tanto que el mundo duraba , y 4e nosotros no 
habia memoria alguna, 

2 Dios te ha hecho salir de esta nada , pa* 



DEQUEVEDO. 29 

ra hacerte lo que eres , sin que tuviese necesi- 
dad de tí , sino por sola su bondad/ 

3 Considera el ser que Dios te ha dado, 
porque es el primer ser del mundo visible f ca- 
paz de la vida eterna, y de unirse perfectamen- 
te con su Divina Magestad. 

Aficiones , / resoluciones. 

1 Humíllate ttray de veras delante de 
Dios , diciendo d$ corazón con el Psalmista: O 
Señor ! yo soy delante de tu divino acatamien- 
to un verdadero nada; y ¡cómo tú tuviste me- 
moria para criarme! Ay de míí riilalma, tu es- 
tabas anegada en ese antiguo nada, y aun al pie- 
senté lo estuvieras , si Dios no te hubiera sacar 
do de él : y qué harías tú en ese nada ? 

2 Dá gracias 4 Dios. ¡ O mi soberano buen 
Criador ( quán grande es la obligación que te 
tengo y pues has ido i buscarme dentro de mi 
nada , para hacerme por tu misericordia lo que 
soy ! ¿ Qué cosa podré jamas hacer para bende- 
cir tu santo Nombre , y agradecerte tu inmen- 
sa bondad ? 

3 Confúndete. Mas ay de mí, ¡mi Cria- 
dor ! en lugar de unirme contigo por amor , y 
férvido, toda contra tí me he vuelto, y revuel- 



3 O OBRAS DE D. FRANCISCO 

to por mis desregladas aficiones, apartándome, 
y alejándome de tí , para juntarme con el pe- 
cado , y la iniquidad , sin tener mas cuenta con 
honrar tu bondad t que si nó hubieras sido mr 
Criador. 

4 Abáxate delante de Dios. O mi alma! sa- 
be que el Señor es tu Dios; él es el que te ha 
hecho, que tu no te has hecho á tí misma. O 
Dios l yo soy la obra de tus manos. 

Ya de aquí adelante no quiero tomar mas 
complacencia en mí misma; que de mi parte no 
soy nada. ¿De qué te glorificas tü, ó polvo, y 
ceniza? Pero antes, ó; verdadero nada, ¿de qué 
te ensalzas tú? Y para humillarme quiero hacer 
tal , y tal cosa , sufrir tales , y tales menospre-r 
cíes : quiero mudar de vida > y seguir de aquí 
adelante á mi Criador * y honrarme con la con- 
dición del ser que me ha dado empleándola to- 
do enteramente en la obediencia de su voluntad) 
por los medios que; me fueron enseñados, ,4 lo) 
quales no haré falta para con mi padre espiritual, 

,. Conclusión. 

i Agradece á Dio?: Bendice, 6 alma mía, 
í tu Dios , y todas mis entrañas loen su santo 
nombre , porque su bondad me ha sacado do 



3>S QÜIVEDO. 31. 

nada , y su misericordia me ha criado. 

a Ofrécele. O mi Dios ! yo te ofrezco el 
ser que me has dado , de todo mi corazón. Yo 
te lo dedico , y consagro. 

Ruégale. O Dios ! fortifícame en estas afi- 
ciones , y resoluciones. O Santa Virgen ! enco- 
miéndalas á la misericordia de tu Hijo , con to- 
dos aquellos por quienes estoy obligada de ro- 
gar, Scc Pater noster, Ave María. 

Al salir de la oración, paseándote' un poco, 
junta un ramillete de devoción de las conside- 
raciones que hubieres hecho , cuyo olor te recree 
el sentido lo que resta del dia. 



3 % OBRAS DE D. FRANCISCO 

CAP;ITULO X. 

Meditación II. para eljin del qual samas 
criados. 

PREPARACIÓN 

i Ponte delante de Dios*. 
a Ruégale que te inspire- , 

CONSIDERACIONES. - ■ r ¿ 



,D¡ 



"ios no te ha puesto en este mundo por 
alguna necesidad que tuviese de tí, que le eres 
de todo inútil ; mas solamente para exercer en 
tí su bondad, dándote su gracia, y su gloria: y 
por esto te ha dado el entendimiento para que le 
conozcas, la voluntad para que le ames, la ima- 
ginación para representarte sus beneficios , los 
ojos para que veas maravillas de sus obras , la 
lengua para que le alabes ; y así de las demás 
facultades. 

a Siendo criada , y puesta en este mundo 
con esta intención , todas las acciones contrarias 
á ella se han de evitar ; y las que para este fin 



no son dé átgttn servicio , debed sef méüosprc* 
ciadas como vanas , y superfinas. 

3 Cotísidera la desdicha del mundo , qü$ 
no pí¿ftsá eil ello ; antes vive como sí creyese 
no haber sido criado sino para levantar casas, 
planfrar arbole*, juntar riquezas, decir donayreí, 
y truhanear. 

Aficiones , y rt soluciones. 

t Cohfundete reprehendiendo á tu alnt'á 
su misefia, que por lo pagado ha sido táñ gran- 
de , que no ha pensado efr todo ello poco , hf 
mucho.* Ay de mí t (dirás tu) ¿en qué ocupa- 
ba yó mi pensamiento, ó Dios ihio, quañdo nó 
pensaba en tí ? ¿De qué me acordaba yó quan¿ 
do á tí te ponia en olvidó? I Dónde se encami- 
naba mi amor quando no amaba a tí? Ay de mí ! 
y<5 detiá apaceñtafttte de la verdad , y rtie heií- 
diia de la vanidad, y seívia al mufído, que só* 
lo se hizo para séfvirme á tai. 

a Abomina la vida pasada. Yo os rériurt* 
ció , pensamientos vanos , é iMáginacióhes iflútí* 
les. Yo os abjuro , ó remembranzas detestable*, 
y frítfolaá. Yo ó* renunció, amistades infieles, y 
desleales , seryicios perdidos y ntiserables , gra- 
tificaciones íhgfatas, complacencias enfadosas. 

3 Conviértete á Dios. Y tu mi Dios , y 

tom. ir* Q 



34 OBRAS PE D. FRANCISCO 

mi Señor , tú serás de aquí adelante el solo obje- 
to de mis pensamientos: jamas aplicaré mi espíri- 
tu á imaginaciones que no te agraden. Mi memo- 
ria se llenará todos los dias de mi vida de la gran- 
deza de tu mansedumbre , usada con tanta dul- 
zura para conmigo. Tu serás el regocijo , y lo? 
deleytes de mi corazón , y la suavidad de mi$ 
aficiones. 

Tales , pues, y tales quimeras , y entrete- 
nimientos , á que yo me aplicaba : tales , y ta- 
les vanos exercicios, en que empleaba mis dias: 
tales aficiones, que empeñaban mi corazón, ten- 
dré de aquí adelante en aborrecimiento , y con 
esta intención me aprovecharé de tales , y ta- 
les remedios. 

Conclusión. 



,A< 



.Gradece á Dios qu* te ha hecho pa- 
ra un fin tan excelente. Tú me has hecho , ó 
Señor , para tí , para que goce eternamente 
la inmensidad de tu gloria. ¿ Quándo seré dig- 
na de ella , y quándo te bendeciré como de- 
bo ? 

a Ofrece. Yo te ofrezco , 6 mi amado 
Criador , todas estas mismas aficiones , y re- 
soluciones con toda mi alma , y todo mi co- 
razón. 



DJE QUÍVBBO. $j¡ 

3 Ruega. Yo te suplico , ó Dios, taigas 
por bien de aceptar mis deseos, y votos, y dar 
tu santa bendición á mi alma para que los pue- 
da cumplir, por el mérito de la sangre de tu Hi« 
jo , derramada en la Cruz , &c. 

Haz el ramillete de la devoción* 

CAPITULO XI 

Meditación 111* de los beneficios de Dios* 

ÍREPAKAGIOK. 

1 Ponte en la presencia de Dios* 

2 Ruégale que te inspire* 

GOÜSlDÍHAClOíífl 



i Vjonsíd 



idera las gracias corporales que Dio* 
te ha dado, qué cuerpo, qué comodidades para 
mantenerle, qué salud, qué consolaciones, qué 
asistencias ; pero considéralo con una compara* 
cion de tantas otras personas que Talen mas que 
tu , las quales carecen de estos beneficios. Los 
unos gastados de cuerpo, de salud, y miembros* 
los otros puestos á la merced de los oprobrios, 
del menosprecio , y de la deshonra : Ioj otros re* 

G2 



36 OBRAS DE B. FRANCISCO 

matados de la pobreza ; y Dios no ha querido 
que tu fueses -tan miserable. 

2 Considera los dones del espíritu: quan- 
tos hombres hay en el mundo torpes , rabiosos, 
insensatos , y por qué no eres tú del numero de 
ellos. Hate favorecido Dios. Quintos hay que 
han sido criados rústicamente , y en una estrema 
ignorancia , y la Divina Providencia te ha da- 
do una honrada y civil crianza. 

3 Considera las gracias espirituales, ó Fi- 
lotea. Tú eres de los hijos de la Iglesia : Dios 
te ha enseñado tu conocimiento desde tu juven- 
tud. ¡ Quántas veces te ha dado sus Sacramen- 
tos! ¡Quántas veces inspiraciones , luces interio- 
res , y reprehensiones para tu enmienda ! ¡ Quin- 
tas veces te ha perdonado tus faltas ! ¡ Quántas 
veces librádote de las ocasiones , á que en tu rui- 
na , y perdición -estabas expuesta ! ¡ Y los años 
pasados no han sido ellos un espacio , y como- 
didad para adelantarte en el bien de tu alma ! 
Mira un poco por lo menudo quán dulce , y 
propicio te ha sido Dios. 

Aficiones } y resoluciones. 

I Maravíllate de la bondad de Dios. ¡ O 
que mi Dios es bueno para conmigo ! ¡ O que 
es bueno 1*0 que tu corazón. Señor* es juco de 



DlQüíVfcbo. §? 

misericordia , y liberal con mansedumbre ! ¡ O 
mi alma ! contemos para siempre quántas gra- 
cias nos ha hecho. : * < 

a Maravíllate de tu ingratitud. ¿Pero qué 
cosa soy yo , Señor , que tú hayas tenido me- 
moria de mí? ¡O que mi indignidad es grande ! 
¡ Ay de mí , que yo he atropellado tus be- 
neficios ,- y he deshonrado tus gracias', convir- 
tiéndolas en un abuso , y menosprecio de tu 
soberana bondad ! Yo he opuesto el abismo de 
mi ingratitud al abismo de tu gracia, y favor. 

3 Despiértate en el reconocimiento. Ea, 
pues , ó mí corazón , no quieras ser mas infiel, 
ingrato , y desleal á este gran Bienhechor. ¡ Y 
cómo, alma mia, no serás tu desde hoy sujeta á 
Dios , que ha hecho tantas maravillas , y gra- 
cias en mí , y por mí ! 

Retira, pues, Filotea, tu cuerpo de tales, 
y tales voluntades: sujétale al servicio de Dios, 
que ha hecho tanto por él : aplica tu alma pa- 
ra conocerle , y reconocerle con tales , y tales 
exercicios , que para ello se requieren. Emplea, 
con mucho cuidado los medios' que la Iglesia 
tiene para salvarte. Yo amaré á Dios , sí : yo 
freqüentaré la oración , y los Sacramentos : yo 
oiré la santa palabra , yo practicaré las inspira* 
ciones , y los consejos. 

C3 • 



j 8 OBRAS DE D. FRANCISCO 

Conclusión» 

I Agradece á Dios el conocimiento que 
ahora te ha dado de tu deber , y de todos los 
beneficios que ya has recibido, 

a Ofrécele tu alma con todas tus resolu- 
ciones. 

3 Ruégale que te fortalezca {>ara practi- 
carlas, fielmente por el mérito de la muerte de 
sü Hijo : implora la intercesión de la Virgen, y 
de los Santos. Pater noster , Ave María. 
Haz tí ramillete espiritual . 



as quevedo. 39 

CAPITULO XII 

Meditación IV. de los pecados. 

PREPARACIÓN. 



i Ponte en la presencia de Dios. 
a Ruégale que te inspire. 



CONSIDERACIONES, 



,P ; 



iensa quánto ha que comenzaste á pecar, 
y mira quánto se han multiplicado los pecados 
en tu corazón desde ese primer principio, y co- 
mo todos los días los has ido acrecentando con- 
tra Dios , contra tí misma , contra tu próximo, 
por obra , por palabra , por deseo , y pensa- 
miento. 

2 Considera tus malas inclinaciones , y co- 
mo las has seguido ; y por esos dos puntos ve- 
rás que las culpas son en mayor número que los 
cabellos de tu cabeza , y aun el arena de la mar. 

3 Considera aparte el pecado de la ingra<- 
titud para con Dios, que es un pecado genera!, 
que se extiende, y dilata por todos los otros, y 
los hace mucho mas enormes. Mira , pues» quán* 

C4 



4<} OBRA$ pE p. FRANCISCO 

tos beneficios te ha hecho Dios , y que de to- 
dos ellos has abusado contra él > qu$ te los dio: 
particularmente quintas inspiraciones menospre- 
ciadas! qqáfttps buepos movimientos hechps inú- 
tiles , y sobre todo quántas veces has recibido los 
Sacramentos , y dónde están lo» frutos de ello. 
{ Qué se han hecho esas preciosas joyas, con que 
tu querido Esposo te había hermoseado ? Todq 
lo han cubierto tus iniquidades, ¿ Conque pre* 
paracion las has tü recibido? Revuelve esta in- 
gratitud ep {u pensamiento , que habiendo Dios 
corrido tanto tras tí para salvarte , siempre^le ha$ 
fruid*? el cuerpo para perderte, 

aficiones , y resoluciones. 

i Confúndete en tu miteria, O mi Dios l 
¿ cómo me atrevo á parecer delante de tus ojos? 
Ay de mí ! Y o no soy otra cosa que una poste- 
ma del mundo , y un remate de ingratitud , é 
iniquidad. Es posible que yo haya sido tan des- 
leal , que siquiera uno de mjs sentidos , ni una 
de las potencias de mi alma, no he dexado , que 
no haya gastado , violado, y ensuciado, y que 
no se ha pasado un solo efia que no hay* produ- 
cido tan depravados efectos ? JEs este el cam- 
bio con que yo debia pagar los beneficios de mi 
Criada > y M Sangre de mi Redentor ? 



/ PJC QUÍVED0. 41 

2 Pide perdón ; y arrójate á los pies del 
Señor como un hijo Pródigo , como una Mag- 
dalena , como una muger que con todas suertes 
de adulterios ha manchado el lecho de su ma- 
trimonio. O Señor ! misericordia sobre esta pe* 
cadpra* A y de mí. ¡ O vivo manantial de com- 
pasión ! ten piedad de esta miserable. 

3 . Propon de mejprar tu vida, O seoor! 
nunca mas , mediante tu gracia : no , no, nun- 
ca me arrobaré mas al pecado. Ay dt mí , que 
no he hecho otra cosa sino amarle demasiado ! 
Yo le abomino, y te abraco * ó Padrft $le mise- 
ricordia ! Yo quiero vivir , y morir en tí. 

4 Para borrar los pecados pasados me acu- 
saré animosamente de ellos , sin que quede al- 
guno que no despida., y lance de mu 

$ Yo pondré lo ultimo de mis fuerzas pa- 
ra dcsarj.aygar enférmente de mi corazón las 
plantas de pilos., particularmente de tales, y ía- 
les que mas me enfadan. 

€ Y para lo hacer , abrazaré con mucha 
constancia Jps medios que me fueren aconseja- 
dos, pareciéndome que jamas podré cumplir para 
reparar tap grandes faltas, 



42 OBRAS DE I>. FRANCISCO 

Conclusión. 

i Agradece á Dios que te ha esperado 
hasta la hora presente, y te ha dado estas bue- 
nas aficiones. 

a Hazle ofrenda de tu corazón para efec- 
tuarlas. 

3 Ruégale que te mortifique , &c. 

CAPITULO XIII. 

Meditación K. de la muerte. 



PREPARACIÓN. 



i Ponte en la presencia de Dios. 

2 Pídele su gracia. - 

$ Imagina que estás en la cama enferma ; y 

sin* esperüuza nihguna de escapar de Ia¡ 

muerte. ..: .: 

CONSIDERACIONES. 

I V^onsidera la incertidumbre del dia de tu 
muerte. O alma mía ! un dia has de salir de este 
cuerpo , quándo será ? i Será en invierno, ó en 
verano? ¿En la Villa, ó en la Aldea? ¿De dia, 



< 3>EQUEVEDO. 43. 

6 de noche ? ¿ Será de repente , 6 con aviso? 
¿ Será de enfermedad > u de accidente ? j Ten- 
drás tiempo para confesarte , ó no ? ¡ Asistiráte 
tu Confesor , y Padre espiritual ? ¡ Ay de nií, 
alma mía , que de todo esto no sabemos nada ! 
Solo es seguro que moriremos * y que siempre 
es mas .presto de lo que pensamos. 

a Considera qué entonces el mundo se aca- 
bará para contigo, que no tendrá mas para tí, que 
volverá lo de arriba abaxo detant^ de tus ojos; 
porque entonces los placeres,,, las vanidades , los; 
gustos mundanos, las aficiones vanas , se nos re- 
presentarán cómo nubes , y fantasmas. ¡Ah po- 
bre de. mí ! y por qué juguetes, y quimeras he 
ofendido á mi Dios /pues le he dexado por nada { 
Al contrario la devoción , y las buegas obras te 
parecerán entonces tan dulces, y dignas de de- 
searse. ¡ Ay'de mí , porque no he seguido este 
hermoso , y agradable, camino ! Entonces los 
pecados que parecían pequeños , te parecerán 
grandes como montañas , y pequeña tu devo- 
ción. 

3 Considera las grandes , y ansiosas despo- 
didas que hará, tu alma de este mundo : despe- 
diráse de las riquezas , y vanidades , de las va- 
nas compañías, de los placeres , y pasatiempos, 
de los amigos , y vecinos , de los parientes , y 



4 4 OBRAS DE D. FRANCISCO 

hijos , del marido , y de la muger , y de toda 
criatura , y al fin de su cuerpo , el qual dexa- 
rí amarillo, espantoso > deshonesto , feo, y he* 
diondo. 

■ 4 Considera los embarazos que habrá pa- 
ra levantar este cuerpo, y esconderle en tierra,' 
y que hecho esto, el mundo no pensará mas en 
tí, ni quedará mas memoria que la poca que tú 
también de. los otros hiciste. Dirán quando mu-' 
cho : Dios fe perdone * ¡ O muerte , y quán im- 
petuosa , y digna de consideración eres í 

y Considera que al salir del cuerpo el al-» 
ma , toma su camino , ó á la derecha , ó á la iz- 
quierda. Ay de mí ! dónde irá la mia ? qué ca- 
mino tendrá ? No otro , sino aquel que hubie- 
re merecido en este mundo. 

Aficiones, y resoluciones. 

i Ruégale á Dios , y échate entre sus bra- 
zos, Ay de mí Señor ! recíbeme en tu protec- 
ción en aquel -dia espantoso. Alcance yo aque- 
lla hora dichosa , y favorable , aunque todas las 
otras de mi vida me sean afligidas., y tristes. 

% Menosprecia el mundo. Pues no sé la ho- 
ra en la qual tengo de dexarte , ó mundo , no 
quiero abrazarme contigo: y vosotros, caros ami- 
gos, y amados parientes, permitidme que no os 



DE QUSVBDO* 45 

tenga mas afición, sino la de una santa amistad, 
la qual pueda durar eternamente ; porque ¿ de 
qué servirá unirme con vosotros de suerte que 
sea necesario deshacer , y romper la atadura ? 

3 Quiero prepararme desde ahora , y to- 
mar el cuidado importante para hacer este ca- 
mino dichosamente : quiero asegurar el estado 
de mi conciencia con todas veras , y poner or- 
den en tales , y tales falta*. 

Conclusión. 

Dá gracias á Dios por esta resolución que 
te ha dado : ofrécela 4 su Divina Magestad , y 
ruégale de nuevo te dé una dichosa muerte por 
el merecimiento de la de su precioso Hijo. Im- 
plora la ayuda de la Virgen , y de los Santos. 
Pattr nosUr , Aví María* 



4 6 OBRAS PE D. FR ANGISCO 

CAPITULO XIV. 
Meditación VI. del Juicio. 

PREPARACIÓN. 

i Ponte delante de Dios. 
% Suplícale que te inspire* 



CONSIDERACIONES. 



17 

i JLm 



fin , después del tiempo que Dios ha 
señalado al curso de este mundo , y después de 
una cantidad de señales , y presagios horribles, 
por los quales los hombres temblarán de miedo, 
y espanto ; y viniendo el fuego como un dilu- 
vio , quemará, y reduciri en ceniza toda la su- 
perficie de la tierra , sin reservar ninguna de las 
cosas que sobre ella había, 

2 Después de este diluvio de llamas , y ra- 
yos , todos los hombres resucitarán de la tier- 
ra (fuera de aquellos que han ya resucitado), y 
á la voz del Arcángel se juntarán en el valle de 
Josafat. Mas ay, y con quánta diferencia! por- 
que los unos estarán en cuerpos gloriosos , y res- 
plandecientes , y los otros en cuerpos hediondos, 
y horribles. 



DB QUEVED0. 47 

3 Considera la magestad con que se 'mos- 
trará el Soberano Juez, rodeado de todos los An- 
geles , y Santos, delante de sí la Cruz mas res- 
plandeciente que el mismo sol , cierta señal de 
gracia para los buenos , y de rigor para los ma- 
los. 

4 Este Soberano Juez (por su justo man- 
damiento , el qual seta luego executado) sepa- 
rara los buenos de los malos, poniendo los unos 
á su diestra , y los otros á su siniestra : separa* 
cion eterna , después de la qual nunca mas es- 
tas dos compañías tornarán á juntarse. 

5 Hecha esta separación , y abiertos los 
libros de las conciencias , se verá claramente la 
malicia de los malos , y el menosprecio de que 
han usado para con Dios. Asimismo se verá la 
penitencia de los buenos, y los efectos de la gra- 
cia de Dios , que han recibido, y ninguna cosa 
será escondida. O Dios! ¡qué confusión será pa- 
ra los unos , y qué consuelo para los otros ! 

6 Considera la última sentencia de los ma- 
los : Andad , malditos , al fuego eterno , apa- 
rejado f ara el demonio t y sus compañeros. Pien- 
sa éstas tan pesadas palabras : Andad dice , que 
es un mote de perpetuo desamparo , del qual 
usa Dios con tales desventurados , desterrándo- 
los para siempre de su cara. Llámalos malditos. 



48 OBEAS DÉ J>. ÍRAKCISCO 

O alma mía , qué maldición es esta ! Maldición 
general, que comprehehde todos los males: mal- 
dición irrevocable , <jue comprehende todos los 
tiempos , y la eternidad , Quitando con todo es- 
to el fuego eterno, Considera , pues , 6 corazón 
mió , esta eternidad inmensa. ¡ O perpetua eter- 
nidad , y quán espantosa eres í 

7 Considera la sentencia Contraria? dé lo* 
buenos : Venid , dice el Juez ( palabra agrada* 
ble , y de salud, por la qual Dios nos tira i $h 
y nos recibe en el seno de sú bondad } , bendi- 
tos de mi Padre ( ¡ o amada bendición , que coirt- 
prehertdc toda bendición l ) poseed el Reyno que 
os esta aparejado desde la constitución del mun- 
do. O Dios, y qué gracia ! porque este Reynó 
tío tendrá jamas fin. 

Aficiones , f resoluciones!. 

I Tiembla, ó alma mia, con esta riicmo'- 
ria. Dios mió , ¿ quién me* podrá asegurar para 
este dia, en el qual las columnas del Cielo tem~ 
blarán de espanto ? 

a Detesta , y abomíita tus pecados, pue* 
solos ellos pueden hacer te pierdas en éste espan- 
toso diaf. 

Quiera juzgarme á tai misma ,♦ porque fift 
iea juzgada: quiero cjduniftar mi conciencia, cod* 



*S Q'ÜIVI DO. 49 

desarme , acosarme , y corregirme , porque c\ 
Soberano Juez fio me condene en aquel dia terri- 
ble. Confesaréme , pues , 'y reciberé los avisos 
necesarios , &c. 

Conclusión* 

Dá gracias á Dios que te dio medio pa- 
ra asegurarte en este dia , y tiempo para hacer 
penitencia : ofrécele tü corazón para mejorxha- 
cerla t ruégale que te dé la gracia para bien cum- 
plirla. Pater noster, Ave Marta. 

CAPITULO XV. 

Meditación VIL del Infierna* 

PREPARACIÓN, 

i Ponte en la Presencia de Dios* 

a Humíllate , y pídele su favor. 

5 Imagina una villa tenebrosa , toda ardiendo 
en azufre y pez , hedionda , llena de ciuda- 
danos , que no puecíen salir de ella. 



CONSlDUAGIONESv 



i -Le 



ios condenados están en el abysmo infer- 
nal como en una desventurada villa , en la qual 
sufren tormentos indecibles engodos sus sentidos, 
tom. xy. & 



N- 



j O OBRAS J>X B. FRANCISCO 

y en todos sus miembros , por quanto así como 
han empleado todos sus sentidos , y sus miem- 
bros en el pecado , así sufrirán en todos sus miem- 
bros y en todos sus sentidos las debidas penas al 
pecado. Los ojos , por su falsa , y lasciva vista, 
sufrirán la horrible visión de los diablos, y del In- 
fierno. Las orejas, por haberse dcleytado con dis- 
cursos viciosos, no oirán jamas sino llantos, lamen* 
¿aciones , y desesperaciones , y así los demás. 

2 Fuera de todos estos tormentos, hay uno 
aun mas grande , que es la privación, y pérdi- 
da de la gloria de Dios, al qual están ciertos no 
verán jamas. 

Si Absalon halló que la privación de la ami- 
gable cara de su padre David era mas enojosa que 
su destierro ; ó Dios, y ¡ qué ansia será el ver- 
se para siempre privado de vuestra dulce , y sua- 
ve cara l 

3 Considera sobre todo la eternidad de estas 
penas, la qual sola consideración hace el Infier- 
no insoportable. Ay de nfi ! si una sola pulga 
en nuestra oreja : si la calor de una pequeña ca- 
lentura nos hace una corta noche larga , y en- 
fadosa, ¡quánto mas espantosa será la noche de 
la eternidad con tantos tormentos! De esta eter- 
nidad nace la desesperación eterna , la rabia , y 
blasfemias infinitas. 



PX QUIVEBa jl 

¿Aficiones , y resoluciones. 

Amedrenta tu almi con las palabras de Job. 

alma mia ! ¿ podrás tú vivir eternamente en es- 
tas llamas perdurables? y en medio de este fue- 
go eterno ¿ quieres tú desear á tu Dios para 
siempre ? 

Confiesa que le has merecido muchas ve- 
ces. De aquí adelante quiero tomar el contraria 
camino. ¿Para qué tengo yo de baxar á este es- 
pantoso abysmo ? 

Yo haré y pues , tal , y tal esfuerzo para 
evitar el pecado , el qual solo me puede dar es- 
ta muerte eterna. 

Da gracias , ofrecf , / ruega. 

CAPITULO XVI 
Meditación VIH. del Paráis*. 

PKEFAKACION. 

1 Ponte en la presencia de Dios. 
% Haz la invocación. 



CONSIDERACIONES, 



i V^c 



considera una hermosa, y serena noche , y 
quán agradable es ver el Cielo con tanta multi- 



£ % OBRAS PE D. FRANCISCO 

tud, y variedad de estrellas. Junta ahora esta 
hermosura con la de un hermoso dia , de suer- 
te , que la claridad del sol no te impida la vis* 
ta de las estrellas , ni de la luna , y después di 
seguramente que toda esta hermosura junta es 
nada en comparación de la excelencia del gran 
Paraíso: quán amigable, y digno de deseo es es- 
te lugar dichoso , y quan preciosa esta hermosa 
Ciudad. 

2 Considera la nobleza , la hermosura , y 
la multitud de los Ciudadanos, y habitantes de 
esta dichosa Ciudad : los millones de millones de 
Angeles , de Querubines, y Serafines : la com- 
pañía de Apóstoles , de Mártyres , Confesores, 
de Vírgenes , y Santas : la multitud es ¡nume- 
rable. Quán bienaventurada es esta dichosa com- 
pañía ! El menor de todos es mas hermoso á la 
vista que todo este mundo visible. ¡ Qué gusto 
será el verlos todos! ¡ O Dios mió , y quán di- 
chosos son ! Siempre cantan el dulce canto del 
amor eterno : siempre gozan de una constante 
alegría : los unos á los otros se causan mil con- 
tentos indecibles, y viven en el consuelo de una 
dichosa , é indisoluble compañía. 

3 Considera en fin el bien que tienen to- 
dos en gozar de Dios , el qual les gratifica pa- 
re siempre con su amigable vista , por la qual 



DE QUEVEDO. %$ 

detrama en sus corazones un abismo de regalos. 
¡ Qué bien tan grande es el estar para siempre 
unida á su principio ! Están allí como dichosos 
páxaros que vuelan, y cantan para siempre en el 
ayre de la Divinidad, el qual los ciñe por todas 
partes con increíbles placeres. Allí cada uno á 
porfía , y sin algún trabajo , canta las alabanzas 
del Criador : Bendito seas para siempre , ó So- 
berano, y dulce Criador nuestro, que tan bue- 
no eres para con nosotros , comunicándonos tan 
liberalmente tu gloria. Y recíprocamente bendi- 
ce Dios con una bendición perpetua todos sus 
Santos. Benditas seáis para siempre ( dice el Se- 
ñor ) mis caras criaturas , que me habéis servi- 
do, y que me alabaréis eternamente con eterno 
amor , y con eterno contento. 

Aficiones , y resoluciones. 

i Engrandece , y alaba esta Patria celes- 
te. ¡ O , y quán hermosa eres, mi amada Jera- 
salen , y quán bienaventurados los que te ha- 
bitan ! 

2 Reprehende á tu corazón el poco animo 
que ha tenido hasta ahora , como es el haberse 
apartado del camino de esta gloriosa morada. ¿Por 
qué me he apartado yo tanto de mi soberano 
bien ? ¡ Ah miserable de mí ^ que por estos lige- 

i>3 



54 OBRAS DE £. FRANCISCO 

ros placeres, sin placer he mil, y mil veces dc- 
Xado estos eternos, é infinitos regalos! ¿Qué en- 
tendimiento era el mió quando menospreciaba 
bienes tan dignos de desear, por deseos tan va- 
nos , caducos , y perecederos ? 

3 Aspira, después de esto, con un vehe- 
mente ardor á este tan regalado día. Pues has si- 
do servido, mi soberano > y buen Señor, de en- 
derezar mifc pasos en tu santo camino , jamas vol- 
veré atrás. Vamos , pues , ó alma mia , vamos 
á este eterno descanso : caminemos á esta bendi- 
ta tierra que nos está prometida. ¿ Qué es lo que 
hacemos en esta miserable Egypto? Yo me des- 
embarazaré, pues , de las cosas que me divier* 
ten, ó apartan de este camino. 

Haré tales, y tales cosas que puedaa guiar- 
me á él. . v . 

Da gracias, ofrece , ruega. 



7>M QUEVEDO. 55 

CAPITULO XVIL 

Meditación IX. a manera de elección 
del Paraíso. 

PREPARACIÓN. 

i Ponte en la presencia de Dios, 
i Humíllate, delante de él , rogándole que te 
inspire. 



CONSIDERACIONES. 



I 



magina que estás en una campaña sola con tu 
buen Ángel, como estaba el joven Tobias yen- 
do á Rages, y que te hace ver acá arriba el Pa- 
raíso abierto , con los placeres representados en 
la meditación que has hecho del Paraíso ; y des- 
pués por la parte inferior, que te hace ver el 
Infierno abierto , con todos los tormentos des* 
criptos en la meditación del Infierno. Figurán- 
dote todo esto por. imaginación, y puesta de ro- 
dillas delante de tu buen Ángel. 

i Considera que es verdaderísimo que es- 
tás en medip del Paraíso, y del Infierno, y que 
el uno » y x\ otro e$tan abiertos para recibir- 
te según la elección que hicieres. 

a Considera que la elección que del uno, 
P4 



5 6 OBRAS 3>2 D. FRANCISCO 

ó del otro sp hace $n este ijiundo, durará eter- 
namente en el otro. 

3 y ajinquc el uno, y el otro estén abier- 
tos para recibirte , seguí* tft eligieres ; por esa-. 
ésta Dios aparejado á darte , ó el uno por su jus- 
ticia , ó el otro por su misericordia. Desea , pues, 
con un entrañable deseo 9 que aciertes i escoger 
el Paraíso, y que tu buen Ángel jte ayude con 
todas sus fuerzas , ofreciéndote de la parte de 
Dios mil gracias , y mil socorros para animarte 

á tal subida. 

4 Desde lo mas alto del Cielo estará mi- 
trando Jesu-Christo con su acostumbrada man- 
sedumbre , y amorosamente te está convidando. 
Ven (ó amada alma mia ) al reposo eterno en- 
tre los brazos de mi bondad , que te ha preve- 
nido los inmortales regalos en la abundancia de 
su amor. Mira con los interiores ojos la Santa 
Virgen, que maternalmente te está convidando: 
Aliéntate , hija mia , no quieras despreciar los 
deseos de mi hijo , ni tantos suspiros , como vo 
doy por tí , inspirando juntamente con él tu éter- 
fia salud. Mira los Santos que te exhortan , y un 
millón de santas almas , que amigablemente te 
convidan , no deseando sino ver un dia tu cora- 
zón junto al suyo para alabar á Dios para siem- 
pre. También te aseguran que el catfuno dclCic- 



io ño es tan trabajoso como el mundo le hace; 
antes te dicen, amiga muy amada : Quien consi- 
dera bien el camino de la devoción , por el qual 
nosotros hemos subido á tanta dicha , verá que 
hemos venido á estos regalos por regalos sin com- 
paración mas suaves que los que el mundo vende 
por mas preciosos. 

Elección. 

i O Infierno ! yo te abomino ahora , y pa- 
ra siempre : abomino tus penas , y tormentos: 
abomino tu infortuna4a, y desventurada eterni- 
dad , y sobre todo aquellas eternas blasfemias, 
y maldiciones , que eternamente^fulminas con- 
tra mi Dios. Y volviendo mi corazón , y mi al- 
ma de tu lado, al Paraíso hermoso, gloria, eter- 
na , fekicidad perdurable , digo r que ahora , 
para, siempre, irrevocablemente escojo la mora- 
da , y asiento de tus sagrados , y hermosos Pa- 
lacios, y de tus santos, y apetecibles Taberná- 
culos. Yo bendigo \( ó Dios mió y tu misericor- 
dia, y acepto las ofrendas que gastas de hacer- 
me. O Jesús , Salvador mjoiyo acepto tai amor 
eterno , y consiento en la adquisición que has he- 
cho para mí de un Aligar ¿ y casa! en esta dichosa 
Jcmsalen , no tanto. por ninguna otra cosa, co- 
lino pqr .amarte , y: bendecirte para siempre. 



5 8 OBRAS DS P. FRANCISCO 

2 Recibe los favores que la Virgen , y los 
Santos te presentan : promételos que te enca- 
minarás á ellos : alarga la mano á tu buen Án- 
gel para que te guie : anima a tu alma á esta 
elección. 

CAPITULO XVIII. 

Meditación X. a manera de elección que el 
alma hace de la vida devota. 

PREPARACIÓN. 

i „ Ponte en la presencia de Dios. 
2 Humíllate delante su cara , / pídele su ayu- 
da. 

CONSIDERACIONES. 

T ...■-' 

i J-magma que estas otra vez en una campa- 
ña solo con tu buen Ángel > y que á tu mano 
izquierda ves el diablo asentado en. un grande, 
y elevado trono , con muchos espíritus inferna- 
les cerca: de sí , y al rededor de él una gran tro- 
pa de mundanos, todos los qualéslc reconocen, 
y hacen reverencia. Mira el ademan de todos los 
infortunados cortesanos.de este abominable Rey: 
mira unos furiosos de enojó , de envidia , y de 
cólera : otros que se matan : otros; tristes, pen- 
sativos , y embarazados en adquirir riquezas: 



BE QUEVBDQ. £f 

otros solo atentos á la vanidad , sin ninguna suer- 
te de placer que no sea inútil , y vana : otros per- 
didos , hediondos , podridos en sus brutales par 
«iones. ¿No ves como todos estos están sin repo- 
so , sin orden , y sin conciertp ? Mira cómo se 
menosprecian los ufios á los otros , y cómo no 
se aman sino con falsos semblantes. En fin verás 
una miserable República , tiranizada de este 
Hey maldito , y tal, que te hará no .poca com- 
pasión. 

2 Á tu lado derecho ves. ¿ Jqsu-Christo 
crucificado, que con uñ amof cordial rueg4 por 
estos pobres endemoniados , para que salgan de 
esta tiranía, llamándolos á sí. Mira una gran tro- 
pa de devotos , que están al rededov de é\ con 
sus Angeles: contempla la hermosura de este 
reyno de devoción : quán agradable es la vista 
de esta tropa de vírgenes , hombres , y mflge- 
res , mas blancos que la flor de lis : esta junta 
de viudas , llenas de una sagraba mortificación,, 
y humildad. Mira la compañía de muchas mnr 
geres casadas , que con tanta suavidad viven 
juntas con un espíritu fcecíprqco í y el qu*l no 
puede sin sejr pna grande carjcfod/Mira como $s- 
tas devotas almas mantienen el cuidado dp su ca- 
sa exterior, con cuidado de la interior, el amor 
del marido con aquel del Esposo celeste. Mira 



6 6 OBRAS BE D. FR AtffclSCÓ 

generalmente por todo, veráslos á todos en una 
Santa continencia , dulce , y amigable , y cómo 
están todos oyendo á nuestro Señor , deseando* 
le imprimir en medio de su corazón. 

Alégranse , pero con una alegría graciosa, 
caritativa, y bien reglada: amanse, pero coa tul 
amor sagrado , y purísimo. Los que tienen sus 
deseos en este pueblo devoto, no se atormentan 
mucho, ni pierden punto. En fin , mira los ojos 
del Salvador, que los consuela, y que todos jun- 
tos aspiran & ¿I. 

3 Si bien tú has dexado í Satanás con su 
triste y desventurada tropa , por medio de los 
buenos deseos que has cpncebido ; con todo eso 
no has aun llegado al Rey Jesús , ni juntado- 
te á su dichosa , y santa compañía de devotos; 
antes has siempre estado entre los unos , y los 
otros. 

4 La Santa Virgen con S. Josef , S. Fran- 
cisco , S. Luis , y otros mil que están en el es- 
quadron de los que han vivido en el mundo, te 
'convidan , y animan. 

§ El Crucificado Rey te llama por tu nom- 
bre propio : Ven , ó mi amada , ven para que 
yo to~ corone. 



DEQUXVEDO, $1 

Elección. 

i O mundo abominable ! nunca mas me verás 
seguir tu bandera. Ya he dexado para siempre 
tus vanidades , y locuras , ¡ o Rey de orgullo! 
Rey de desventura , espíritu infernal ! Yo te re- 
nuncio con todas tus vanas pompas : yo te de- 
texto con todas tus obras. 

2 Y con virtiéndome á tí, mi dulce Jesús, 
Rey de bienaventuranza, y de gloría eterna, yo 
te adoro de todo corazón , y te escojo ahora, y 
para siempre por mi Rey , y por mi único Prín- 
cipe, ofreciéndote mi inviolable fidelidad, y ha- 
ciéndote un homenage irrevocable. Sujétomqa 
Señor , á la obediencia cte tus sartas leyes, y 
preceptos. 

3 }0 Santa Virgen , amada , Señora mía ! 
yo te escojo por mi guia, me pongo debaxo de 
tu estandarte, ofreciéndote un particular respe- 
to , y una especial reverencia. 

O Ángel Santo! guíame á esta junta , y no 
me desampares hasta que llegue á esta dichosa 
compañia , con la qual digo , y diré para siem- 
pre en testimonio de mí elección : viva Jesús, 
viva Jesús. 



6 ti OBIt-AS PÉ D. FRANCISCO 

CAPITULO XIX. 

Como se ha de hacer la confesión general. 



v 

▼ e 



es ai, mi querida Filotca , las meditaciones 
importantes á nuestra intención. Quando las hu- 
bieres exercitado , ve luego animosamente , y 
con un espíritu humilde á hacer tu confesión ge- 
neral. Pero ruégote no te dcxes inquietar de nin- 
guna suerte de aprehensión. £1 escorpión quan- 
do nos pica es venenoso ; pero su mismo acey- 
te es una muy grande medicina contra su mis- 
ma picadura. £1 pecado no es vergonzoso sino 
quando le cometemos ; pero convirtiéndole en 
confesión , y penitencia , es honroso , y saluda- 
ble. La contrición , y confesión son tan hermo- 
sas , y de buen olor , que quitan la fealdad , y 
disipan la hediondez del pecado. Simón el Le- 
proso decia que la Magdalena era pecadora; pe- 
ro nuestro Señor dice que no: solo* habla de los 
perfumes que derramó , y de la grandeza de su 
caridad. Si es que somos humildes, Filotea, núes* 
tro pecado nos desagradará mucho , viendo que 
con él tenemos á Dios ofendido ; pero la acusa- 
cion de nuestro mismo pecado nos será dulce , y 
agradable , por quanto en ella nuestro Dios es 



DE QUEVIDO. 63 

honrado. No poco descansa es para el enfermo 
el informar bien al Médico del mal que le ator- 
menta. Quando habrás llegado delante de tu Pa- 
dre espiritual , imagina que estás en el Monte 
Calvario , debaxo de los pies de Chrhto cruci- 
ficado, cuya sangre preciosa, que por todas par- 
tes derrama, es para lavar, tus iniquidades; por- 
que aunque no sea esta la propia sangre del Sal* 
vador, es el merecimiento de esta sangre derra- 
mada la que rocía , y se derrama al rededor de 
los penitentes en los confesonarios por medio de 
la confesión. Abre , pues, bien tu corazón , pa- 
ra que mejor salgan tus pecados , porque á me- 
dida de como ellos salieren, los preciosos mere- 
cimientos de la Pasión divina entrarán á henchir- 
le de bendición. Di todo lo que te acusare , ño 
con rodeos , sino simple y desnudamente , con- 
tentando , y satisfaciendo á tu conciencia , que 
es á lo que te dispusiste. Hecho esto escucha los 
advertimientos , y todp aquello que te ordena 
el siervo de Dios , y di en tu corazón : Ha~ 
hlad y Señor, que vuestra sierva os escucha. Sí, 
Dios es, Filotea, el que escucha, pues dixo el 
Señor á sus Vicarios: Quien os oye y me oye. To- 
ma después entre manos la siguiente protesta- 
ción , la qual sirve de. conclusión á toda tu con- 
trición. Medítala , y considérala bien primero, 



6 4 OBRAS DE jy. FRANCISCO 

leyéndola -con el mayor sentimiento, y atención 
que sea posible* 

CAPITULO XX. 

Protestación auténtica f ara grabaren el ¿tlrna 

la resolución de servir a Dios, y concluir 

los actos de penitencia. 

o afirmo, constituyo, y establezco en la pre- 
sencia de Dios Eterno , y de toda la Corte ce- 
lestial, habiendo considerado la inmensa miseri- 
cordia de su divina bondad para conmigo , in- 
digna , y apocada criatura , y que me ha cria- 
do de nada , conservado , sustentado, y librado 
de tantos peligros , y colmado de tantos bienes 
recibidos ; y sobre todo considero esta incompre- 
hensible dulzura , y clemencia , con la qual es- 
te buen Dios me ha sufrido en mis iniquidades, 
inspirándome tan á menudo , y tan amigable- 
mente, convidándome á la enmienda , esperán- 
dome con tanta paciencia á penitencia , y arre- 
pentimiento, hasta este presente año de mi edad, 
no obstante mi ingratitud r deslealtad , é infide- 
lidad y por las quales defiriendo mi conversión,, 
y menospreciando sus gracias , le he ofendido 
con tanta desenvoltura. Después de haber con- 
siderado que en el día de mi sagrado bautismo 



DÉ QÜIVIUO. 6£ 

fui tan dichosa , y santamente votada , y dedí* 
cada para ser su hija, y que contra la profesión 
que entonces fue hecha en mi nombre , he tan- 
tas , jy tantas veces tan desdichada , y de tes* 
tablemente profanado , y violado mi espíritu^ 
empleándole , y aplicándole contra la Ma gestad 
Divina : en fin volviendo ahora en mí , postra- 
da de corazón, y de espíritu ante el trono de 
h Justicia Divina , me conozco, tengo, y con* 
fieso por legítimamente convencida , y culpable 
de la Muerte,, y Pasión de Jesu Christo, yei- 
to por los pecados que he cometido f por los qna* 
les murió, y sufrió el tormento de la Cruz; do 
manera, que soy consecutivamente digna de per- 
dición , y condenación eterna, - 

Pero volviéndome hacia el trono de la in-* 
finita misericordia de este mismo P¡os eterno* 
después de haber detestado con mi corazón, y 
fuerzas las iniquidades de mi pasada vida invo-» 
co, y pido humiimente piedad, graci^ /y per* 
don, con entera absolución de mi crimen, /eu 
virtud de la Muerte , y Pasión , de este misma 
Salvador de mi alma , en la qual apoyándome^ 
como en el único fundamento de mi esperanza^ 
rehago, y renuevo la sacra profesión de la fidé* 
lidad, hecha de mi parte á mi Dios en mi bau* 
tismo, renunciando al diablo, mundo t y carne, 
tom. m 1 



V 

66 OBRAS DE D. FRANCISCO 

detestando sus desdichadas sugestiones, vanida- 
des, y concupiscencia por todo el tiempo de mi 
vida presente , y de toda la eternidad : y con- 
virtiéndome a mi buen Dios: deseo, propongo, 
delibero, y me detérmino irrevocablemente ser- 
virle, y amarle ahora, y para siempre, dándo- 
le á este fin , dedicándole , y consagrándole mi 
espíritu con todas sus facultades, mi alma con to- 
das sus potencias , mi corazón con todas sus afi- 
ciones , mi cuerpo con todos sus sentidos , pro- 
testando de nunca mas emplear parte ninguna 
de mi ser contra la voluntad divina , y sobera- 
na Magestad , la qual me sacrifico , y ofrezco 
en espíritu , para serle para siempre leal , obe- 
diente, y fiel criatura, sin que jamas quiera des- 
decirme , ni arrepentirme. Y si por sugestión del 
demonio, ó por alguna enfermedad humana, me 
sucediese contravenir en algo á esta mi resolu- 
ción , desde ahora protexto , y propongo , me- 
diante la gracia del Espíritu Santo, levantarme, 
y volver en mí , al punto que conozca mi fal- 
ta , convirtiéndpme de nuevo á la Misericordia 
divina, sin tardanza , ni dilación alguna. Esta es 
mi voluntad j mi intención, y mi resolución in- 
violable , é irrevocable , la qual consiento , y 
confirmo sin réplica , ni excepción, en la presen- 
cia divina de mi Dios , á la vista de la Iglesia 



Triunfante, y á la cara de la Iglesia Militante; 
mi. Madre , que entiende esta mi declaración en 
la persona de aquel que como artífice de ella me 
escucha en esta acción. Sírvete, pues , ó tal bueit 
Dios , Eterno , todo poderoso , y benigno , Pa- 
dre r Hijo , y Espíritu Santo ,• confirmar, en mí 
este resolución , y aceptar este mi sacrificio cor* 
dial , é interior en olor de Suavidad; y cómo ha? 
sido servido de darme la inspiración, y volun- 
tad de hacerle , dame también gracia , y fuer- 
zas necesarias para acabarle. Q Dios mió t tu 
eres mi Dios, Dios de mi corazón , Dios de mi 
alma , Dios de mi espíritu , y por tal te reconoz- 
co , y adero ahora, y para siempre. Viva Jesús.- 

GÁPÍTÜLÓ XXL 



Conclusión f ara esta primera purgación. 



el 



.echa esta 1 protestación , oye atenta con tri- 
do. tu corazón , y espíritu la palabra de tu ab- 
solución, la qual el Salvador mismo de tu alma/ 
sentado en el trono de su misericordia» pronun- 
ciará desde el tronó de su Magestad en el Cie- 
lo , delante de todos los Angeles , y Santos , al 
mismo tiempo que en su nombre acá abaxo te 
absuelve el Sacerdote ; y alegrándose toda esta 
compañía de Bienaventurados con tu bueña suer- 



<58 OBRAS M D. FRANCISCO 

te , cantará el canto espiritual con tina sin igual 
alegría , dando todos el beso de paz , y amis< 
tad á tu corazón , puesto ya en gracia , y san- 
tificado. 

¡O querida Filotea , y quán admirable es 
este contrato , por cuyo medio haces un trató 
dichoso con su Divina Magestad , pues dándo- 
te á ella , vienes i ganarla , y á ganarte , median- 
te la vida eterna! No falta, pues, otra cosa > si- 
no que tomando la pluma en la mano , firmes 
con tu corazón el acto de tu protesta , y que 
después vayas al altar donde Dios recíprocamen- 
te firmará, y sellará tu absolución, y la prome- 
sa que te hari de su santo Rey no, poniéndose él 
mismo por su Sacramento , con una nema , y se- 
llo sagrado , sobre ta renovado corazón. De es- 
ta mañera me parece , Filotea , que quedará tu 
alma purgada del pecado , y todas las aficiones 
que de él dependen- Mas por quanto estas'afim 
ciones renacen fácilmente en el alma por causa 
de nuestra fragilidad, y concupiscencia, la qual, 
aunque mortificada, no puede morir durante es-» 
ta mortal vida, te daré avisos, los quales, bien 
practicados , te preservarán de pecado mortal, 
para que nunca mas tenga lugar en tu corazón. 
Y por quanto los mismos avisos aun sirven pa- 
ira una purificación mas perfecta , quiero, antes 



DE QUEVEDO. 69 

de dártelos , decirte alguna cosa acerca de esta 
pureza , á la qual deseo conducirte. 

CAPITULO XXII. 

Que es menester purgarse de las opciones que 
se tienen d los pecados veniales. 



q. 



uanto mayor es la luz del dia , tanto mejor, 
y mas claramente vemos en el espejo los defec- 
tos , y manchas de nuestro rostro : de la misma 
manera quanto mayor es la luz interior del San- 
to Espíritu, con que alumbra nuestras concien* 
cias , tanto mas. clara , y distintamente vemos 
los pecados , inclinaciones , é imperfecciones , que 
nos pueden estorvar el conseguir la verdera de- 
voción: y la misma luz, que nos hace ver esta» 
faltas , nos anima al deseo , para purgarnos , y 
limpiarnos de ellas. 

Descubrirás, pues, amada Filotea, que fue- 
ra de los pecados mortales , y sus aficiones , de 
que te has purgado por los exercicios ya dichos, 
tienes aun en tu alma muchas inclinaciones , y 
aficiones a los pecados veniales. No digo yo que . 
descubra los pecados veniales, sino la inclinación, 
y afición que les tienes. £>o uno es bien diferen- 
te de lo otro ; porque realmente no podemos es- 
tar del todo limpios de pecados veniales, ó á la 

*3 



yo OBRAS DÉ D. FRANCISCO 

menos perseverar largo tiempo en esta pureza; 
mas podemos bien no tenerles ninguna afición. 
Una cosa es mentir una vez ♦ ú dos por alegría 
de corazón en cosas de poca importancia , y otra 
cosa es el deleytarse en mentir , y tener afición 
¿ esta suerte de pecado. 

Digo , pues, que es menester limpiar e! al- 
ma de toda la afición que tienes á los pecados ve- 
niales , esto es , que no se ha de preciar la vo- 
luntad de continuar , y perseverar en ninguna 
suerte de pecado venial ; porque también seria 
una gran floxedad el querer adrede guardar en 
nuestra conciencia una cosa' tan desagradable a 
Dios , como es la voluntad de quererle despla- 
cer. El pecado venial, por pequeño que sea, de r 
sagrada á Dios, aunque no tanto que por él quime- 
ra perdernos, ó condenarnos. Si el pecado venial 
le desplace, y la voluntad, y afición que se tie- 
ne al pecado venial , no es otra cosa sino una re- 
solución de querer desagradar á su Divina Ma- 
gestad, ¿será, pues, posible que una alma noble 
quiera , no solamente desagradar á su Dios , mas 
.deleytarse en desagradarle ? 

Estas aficiones , Filotea , son directamente 
contrarias á la devoción , como las aficiones que 
se tienen al pecado mortal son también contra- 
rias á la caridad; las primeras desmayan las fuer- 



3>E QUEVSDO. 71 

zas del espíritu , estorvan las consolaciones divi- 
nas, y a bren la puerta á las tentaciones; y aun- 
que es verdad que no matan el alma, con todo 
eso la enferman en estremo. Las moscas ( dice 
el Sabio) que mueren en el suave ungüento, 
echan á perder , y dañan su suavidad ; mas las 
que de paso comen de él , no dañan sino lo que 
toman; quedando lo demás libre de alguna ofen- 
sa. Así los pecados veniales , quando llegan á 
un alma devota , y no se detienen mucho tiem- 
po en ella , no la dañan mucho ; mas si estos mis- 
mos pecados hacen asiento en el alma, por la afi- 
ción que ella les tiene , harán perder sin duda, 
y dañarán la suavidad del ungüento: estoes, la 
santa devoción. 

Las arañas no matan las abejas ; mas si se 
detienen en los panales» dañan, y corrompen su 
miel , y enredan , y rompen los hilos de la tela 
que hacen , quedando las abejas sin poder con- 
tinuar en su obra. Así el pecado venial no ma- 
ta nuestra alma; pero pierde la devoción, y ocu- 
pa tanto las potencias del alma con malas costum- 
bres , é inclinaciones , que la impide el exerci- 
cio , y prontitud de la caridad, en la qual con- 
siste la devoción ; pero esto se entiende quando 
el pecado venial se junta en nuestra conciencia 
por la afición que le tenemos. No importa, Fi* 

E 4 



7$ OBRAS DI D. FRANCISCO 

lotea , el decir alguna pequeña mentira , desre* 
glarse un poéo en las palabras , en acciones, en 
vestidos , en alegrías , en juegos, en danzas, co- 
mo al mismo punto que estas arañas espirituales 
hayan entrado en nuestra conciencia, las recha- 
cemos , y despidamos de ella , como hacen las 
abejas con las arañas corporales. Mas si las per- 
mitimos se queden en nuestros corazones, y no 
solo esto , sino que nos inclinamos á detenerlas, 
y multiplicarlas , presto veremos nuestra miel 
perdida , y la colmena de nuestra conciencia in- 
fecta , y deshecha. Y así digo otra vez, ¿en qué 
razón cabe , que una alma noble se deleyte en 
desplacer á su Dios , y aficione á serle desagra- 
dable , y quiera intentar lo que sabe que le es 
enojoso ? 

CAPITULO XXIII. 

Que se ha de purgar de la afición que se tie- 
ne d las cosas inútiles , y peligrosas. 

*os juegos y los bayles, los festines, las pom- 
pas , Jas comedias , en sustancia, no son de nin- 
guna manera cosas malas , antes indiferentes, por 
quanto su exercicio puede ser bueno , y malo; 
con todo eso todas estas cosas son peligrosas , y 
el aficionarse á ellas aun mas peligroso. Digo, 



DE QUE VEDO, 73 

pttes , Filotca, que aunque se permita el jugar, 
danzar , adornarse, oir honestas comedias, ban- 
quetear , no por eso el tener afición á todo esto 
dexa de ser contra la devoción, y por estremo da- 
ñoso , y peligroso ; no es malo el hacerlo acaso, 
pero es malo el aficionarse a ello. Lástima es el 
sembrar en la tierra de nuestros corazones aficio- 
nes vanas , y locas : esto pcupa el lugar de las 
buenas impresiones , y estorva que nuestra alma 
no se emplee en buenas inclinaciones. Así los an- 
tiguos Nazarenos se abstenían , no solo de todo 
aquello que podía causarles embriaguez , sino 
también de la? uvas, y pámpanos; no porque la 
uva, y el pámpano emborrache, sino por el peli- 
gró que habia, comiendo el pámpano, de desper- 
tar el deseo de comer la uva , y comiendo la uva 
de provocar el apetito á beber el mosto, y el vino* 
Los Ciervos hallándose cargados , y reple- 
tos del demasiado pasto , se retiran , y esconden 
en sus guaridas , conociendo serles la gordura tan 
pesada , que no podrían usar de su veloz s curso, 
si acaso fuesen embestidos. Así el corazón del 
hombre , cargándose de estas aficiones inútiles, 
superfluas, y peligrosas, es cierto que no pue- 
de pronta, ligera, y fácilmente correr á su Dios, 
que es el verdadero punto de la devoción. Los 
niños pequeños se aficionan , y corren tras las 



74 OBRAS DE D. FRANCISCO 

mariposas: cosa que nadie tiene por mala vien- 
do que son niños ; pero es cosa ridicula , y aun 
lamentable , el ver á hombres ya hechos darse, 
y aficionarse á cosas tan indignas de madurez, 
como las cosas que he nombrado; lasquales fue- 
ra de su vileza, nos ponefi en peligro de desre- 
glarnos , y desordenarnos eñ su alcance. Por es- 
ta razón te digo , querida Filotea , que es ne- 
cesario purgarte de estas aficiones ; que aunque 
los actos no son siempre contrarios á la devo- 
ción , con todo eso las aficiones le son siempre 
dañosas. 

CAPITULO XXIV. 

Que se ha de purgar de las malas incli- 
naciones. 

-un tenemos , Filotea , ciertas inclinaciones 
naturales , las quales , por no haber tomado su 
origen de nuestros pecados particulares, no son 
propiamente pecados , ni mortales , ni veniales; 
mas llámanse imperfecciones, y sus actos defec- 
tos , y faltas. Por exemplo Santa Paulina, según 
recita San Gerónimo, tenia una grande inclina- 
ción á las tristezas , y melancolías; y en la muer- 
te de sus hijos , y marido fue tanta su tristeza, 
y sentimiento, que hubo de morir de pena. Es- 



dk QUivzno. 75 

ta era imperfección , y no pecado , por quanto 
obraba contra su voluntad. Hay algunos que de 
su natural son fáciles , otros tardíos , otros du- 
ros en recibir las opiniones agenas, otros inclina- 
dos á la indignación , otros a la cólera ; otros al 
amor; y en suma se hallan muy pocas personas, 
.en las quales no se pueda señalar alguna suerte 
de imperfecciones. Y aunque estas sean como 
propias , y naturales á cada una , si es que por 
.el cuidado, y afición contraria se pueden corre- 
gir, y moderar , también se podrán desechar, y 
despedir ; y aun es necesario ;*Filotca , que lo 
hagas. Si se ha hallado el modo de trocar los al- 
mendros amargos en almendros dulces, solo con 
agujerarles el pie , para que por allí salga el hu- 
mor ; i p©r qué no podemos nosotros hacer sa- 
lir nuestras inclinaciones perversas, para que así 
nos mejoremos? Np hay natural tan bueno, qu$ 
no pueda malearse con costumbres viciosas , ni 
hay tampoco natural t?n arisco , y malo , que 
por la gracia de Dios primeramente , y después 
por la industria , y diligencia, no pueda domar- 
se , y vencerse. Quiero comenzar, pues, á dar- 
te avisos , y proponerte exercicios , por cuyo 
inedio purgarás tu alma de la afición que á los 
pecados veniales tienes , de todas aficiones peli- 
grosas , y de las imperfecciones ; y así asegura- 



7 6 OBRAS DE D. FRANCISCO 

ras de mas en mas tu conciencia de pecado mor* 
tal. Déte Dios la gracia para bien practicarlos. 

SEGUNDA PARTE 
DE LA INTRODUCCIÓN, 

EN LA QUAL SE CONTIENEN 

diversos avisos para levantar el alma d Dios 
por la Oración y y Sacramentos. 

CAPITULO PRIMERO. 

Z> la necesidad de la Oración. 

¿a oración pone nuestro entendimiento en la 
claridad, y luz divina, y expone nuestra volun- 
tad al calor del amor celeste. No hay cosa que lim- 
pie tanto nuestro entendimiento de sus ignoran- 
cias , y nuestra voluntad de sus depravadas aficio- 
nes, como es el agua de bendición, que con su ro- 
cío hace reverdecer, y florecer las plantas de nues- 
tros buenos deseos , lava nuestra alma de sus im- 
perfecciones , y mata al corazón la sed de sus pa- 
siones. 

a Mas sobre todo te aconsejo la mental , y 
cordial , y particularmente la que se hace i la 
vida , y muerte de nuestro Señor. Mirándole 
amenudo por medio de la meditación > toda tu 



DE QUEVEDO. JJ 

alma se llenará de él; aprenderás de su doctrina, 
y formarás tus acciones al mpdelo de las suyas; 
y pues es la Luz del mundo, en él , con él, y 
por él hemos de recibir gracia, y luz. Es el ár- 
bol del deseo , á cuya sombra nos debemos alen- 
tar , y refrescar. Es la viva fuente de Jacob, 
donde «hemos de lavar todas nuestras manchas. 
En fin , los niños , á puro ©ir las madres, y gor» 
gear con ellas y aprenden á hablar su lengua; y 
así nosotras , morando con nuestro Salvador por 
la meditación, y observando jsus palabras, sus 
acciones, y sus aficiones, aprenderemos, median- 
te su gracia , 4 hablar , querer , y hacer ¿orno 
él. Esto es bien considere» y Pilotea , y créeme, 
que no podremos ir á Dios Padre ,. sino por es- 
ta puerta : porque de la misma manera que la 
luna de un espejo no podría detener nuestra vis- 
ta f si no estuyiesc por detrás cubierta de esta- 
ño * ó plomo ; asr- también la divinidad no po- 
dría ser bien contemplada de nosotros en este 
mundo? inferior, sino estuviera junta á la sagra- 
da Humanidad del Salvador, cuya vida, y muer- 
te son el objeto mas- proporcionado , saludable, 
regalado , y provechoso de quantos podemos es- 
coger* para nuestra meditación ordinaria. No jen 
valde se llama el Salvador Pan laxado del Cü* 
lo ; porque así como el pan se ha de cerner coa 



78 OBRAS DE D. FJtAKCISCO 

todas suertes de viandas , así el Salvador debe 
ser meditado , considerado, y requerido en to- 
das nuestras oraciones , y acciones; Su vida , y 
muerte está dispuesta , y distribuida en diversos 
puntos , ( para mejor servir á la meditación ) por 
diversos Autores. De los que te aconsejo que 
uses son Saa Buenaventura , Beüntano, Bruno , 
CapeHa, Granada , y Puente. 

3 Emplea cada dia una hora antes de co- 
mer, si pudieres, y esto luego que te levantes, 
porque entonces tendrás el espíritu menos em- 
barazado , y con mas sosiego , por seguir al re- 
poso de la soche. No emplees tampoco mas. de 
una hora , si tu padre espiritual expresamente 
no te lo mandare. • 

4 Si puedes hacer esf e exercicioen la Igle- 
sia, y hallas en ella bastante sosiego, te será un* 
cosa fácil , y cómoda; porque ni padre, ni ma- 
dre , ni muger , ni marido , ni otro- alguaq te 
podrá con justa razón estorvar el quedarte uñar 
hora ea el Templo de Dios; y escando á lasn* 
jeciou de alguno , por ventura ño podrás en tu 
casa alcanzar esta hora libre. 

J Comienza toda suerte de oraciones (sea 
mental, sea vocal) por la presencia de Dios ; y 
ten esta regla por sin excepción, y verás en poi- 
co tiempo quái* provechosa vendrá á serte. 



DS QUEVEDO. 79 

6 Si me crees , dirás cí Padre nuestro, el 
Ave María , y el Credo en latin ; pero enten-. 
diendo las palabras que contienen en tu vulgar; 
porque diciéndolas en la lengua común de la 
Iglesia , puedas tambiep saborear , y gustar del 
sentido admirable , y regalado de estas santas 
oraciones , las quales se han de decir fixando 
profundamente tu pensamiento, y excitando tu 
afición al sentido de ellas ; no dándote de ninguna 
ufanera priesa para decir muchas , sino procuran- 
do que las que dixeres sean de corazón; porque 
un solo Pater noster dicho con sentimiento , vale 
mas que muchos dichos apriesa , y tío sentidos. 

7 El Rosario es una muy mil manera de 
rezar, sabiéndole decir coma conviene ; y para 
esto tendrás algún librillo de los que enseñan á 
rezarle. También es bueno el decir las Letanías 
de nuestro Señor , de nuestra Señora , y de los 
Santos, y todas las otras oraciones vocales, que 
están en el Manual, y Horas aprobadas; y esto 
se entiende con condición , que, si gozas el don 
de la oración mental, la guardes siempre el prin- 
cipal lugar ; y esto de suerte, que si después de 
ella , ó por los muchos negocios , ó por alguna 
otra razón, no puedes usar de la oración vocal, 
no por eso tomes cuidado , contentándote con 
decir simplemente antes , ü después de la me- 



8o OBRAS M D. FRANCISCO 

ditacion, la Oración Dominical, la Salutación 
Angélica, y el Symbolo de los Apóstoles, 

8 Si haciendo la oración vocal , sientes tu 
corazón arrebatado, ó convidado á la oración in- 
terior , ó mental , no huyas el entrar en ella , si- 
no antes procura que tu espíritu execute lo que 
en esta parte desea , y no se te dé nada de no ha- 
ber acabado las oraciones vocales , que habías 
propuesto ; porque la mental , que en su lugar 
harás , es mas agradable á Dios , y mas útil a tu 
alma ; pero entiéndese haciendo excepción del 
Oficio eclesiástico , quando hay obligación de 
decirle , porque en este caso , antes se ha de 
cumplir con lo precwo* 

9 Si sucediere pasársete toda la mañana sin? 
este exercicio sagrado de la mental oración , & 
por los muchos negocios, ó por otra causa (pro- 
curando quanto te sea posible no ocupar este 
tiempo en otra Cosa ) , procurarás reparar esta 
falta después de comer en alguna hora la mas- 
apartada de la comida ; porque haciendo esta 
después de ella , antes que la digestión esté muy 
adelantada, te sobre vendría alguna debilidad ,1* 
qual interesaría tu salud. 

Y si en todo el día no pudieres hacer este 
exercicio , repararás esta pérdida multiplicando 
las oraciones oídúwrías, y leyendo en algún li- 



** 0VE**D0. 8í 

bro de devoción, con alguna penitencia, que su- 
pla esta falta ; y con esto resuelve el enmendan- 
te el dia siguiente , y continuar tu exercido» 
develo. 

CAPITULO 1 1. 

Breve métédo fdrá Id meditación , j en prhhéf 

lugar de la presencia de Dios. Primer f untó 

de la -preparación. 

uede Ser, qtíeridá Filóteá, qiie ño stfpa$ ca-' 
lito has de hacer lá oración mental , porque éí 
una cosa ,- la qual por nuestra desventura pocas 
personas saben en esta Era i causa porque te pro' 
sentó un siiíiplé, y brete método á este fin, es- 
perando que por la lectura de diferentes libros,^ 
Compuestos á este sugeto ,• y sobre todo por t\ 
uso puedas ma» seguramente quedar instruida.- 
Primeramente te pongo la preparación , la qual 
consiste etf dos puntos : el primero és el poner- 
se en la presencia de Dios ; y el segundo invo^ 
car su asistencia. Para ponerte en la presencia de 4 
Dios te propongo quatro principales medios , do- 
los quales te podrás servir en éste principió. 

El primero corísiisfé eil una viva, y atítfCta 
aprehensión de la verdadera presencia de Dios; 
esto es , que Dios está ea todo ,■ y por todo , y 

tom. ir. v 



8 2 OBRAS PE P. FRANCISCO 

que no hay lugar, ni cosa en este mundo, don- 
de no esté con una verdadera presencia ; y así 
como los páxaros, donde quiera que vuelan ha- 
llan siempre el ayre ; así nosotros , donde quie- 
ra que vamos , ó estemos , siempre hallamos á 
nuestro Dios presente, Qualquiera sabe esta ver- 
dad , mas no qualquiera la aprende con atención. 
Los ciegos y no viendo un Príncipe que tengan 
presente , no dexan de tenerle respeto 9 siendo 
advertidos de su presencia; pero á decir verdad, 
como no le ven , fácilmente se olvidan que es- 
té presente , y olvidados , con mas facilidad le 
pierden el respeta, y reverencia. ¡ Ay de mí , Fi- 
lotea, ! nosotros no vemos á Dios , aunque le 
tenemos presente ; y aunque la Fe nos advier- 
te de su presencia, como no lo vemos con nues- 
tros ojos , fácilmente nos olvidamos, y entonces 
hacemos como si Dios estuviese bien lejos de 
nosotros. 

Porque aunque sabemos bien quaestá pre- 
sente á todas las cosas, como no lo pensamos co- 
mo debríamos , es lo mismo que sí no lo supié- 
semos. Por esto debemos siempre antes de la ora- 
ción provocar nuestra alma á un atento pensa- 
miento, y consideración de esta presencia de Dios. 
Esta fue la aprensión de David , qqando decia: 
Si subo al Cielo , allí, Dios mió , te hallo ; si 



J>± QÜEVIDÓ. 83 

baxo d Id tierra ¡ allí iarribieH té halló. Debe- 
mos usar también de las palabras de Jacob , el 
quaí habiendo visto la escalera sagrada, dixo ¡O 
quan temoroso ei esté lugar ! verdaderamente 
Dios está dquí i y yo no sabia nada. Quiere de- 
cir que no pensaba éri ello, porqué yianto á lo 
demás,* no podiá ignorar que Dios estaba en to- 
do , y pói" todo. Viniendo ,» pues á la oración, 
6 Filotea, dirás de todo tu corazón , y á tu co- 
razón : O corazón mió! ó mi corazón ! Dios es- 
tá verdaderamente aquí. 

El segundo medió de ponerse en está sagra- 
da presencia ; es el pensar que no solamente 
Dios está en el lugar donde tú estás , sino qué 
particularmente! está en tu corazón, y en lo mas 
íntimo de tu espíritu ¿ al qual vivifica, y anima 
con su divina presencia, estando allí como cora* 
zoñ de tu corazón , y espíritu de tu espíritu ; por- 
que coíno el alma , estando extendida por todo él 
cuerpo y sé halla presente en todas sus partes ¿ y 
reside , no obstante esto , en el corazón con una 
especial residencia; así Dios, estando presente í 
todas las cosas, asiste especialmente á nuestro es- 
píritu ; y por ésto Uaníaba David i Dios, Dio* 
de su corazón ; y S. Pabló decía : que nosotros 
vivimos, nosotros nos movemos, y somos en Dios. 
En la consideración de esta verdad incitarás á : 



S4 OBUAS PI D. FRANCISCO 

una gran reverencia á tu corazón para con tu 
Dios , que íntimamente le está presente. 

£1 tercero medio es considerar en nuestro 
Salvador, el qual en su Humanidad mira desde 
el Cielo todas las personas del mundo , y par- 
ticularmente los Christianor, que son sus hijos, 
y mas especialmente á los que están en oración, 
de los quales nota las acciones , y consistencia. 
No es esto , Filotea , una simple imaginación, 
sino una verdadera verdad ; porque aunque no- 
sotros no le vemos, él desde lo mas alto del Cie- 
lo nos considera. Así le vio S. Estevan al tiem- 
po de su martyrio : de mañera , que podremos 
bien decir con la Esposa : Vele allí que está de- 
tras de la pared , viendo por las ventanas , 6 
mirando por las rejas. 

La quarta manera consiste eñ servirse de la 
simple imaginación , representándonos el Salva- 
. dor en su Sagrada Humanidad, como si estuvie- 
se junto á nosotros ; así como nos representamos 
á nuestros amigos, y á veces decimos; Yo ima- 
gino ver un tal, que hace tal, y tal cosa, y aun 
jnc parece que le veo ; ó cosa semejante. Mas 
si el Santo Sacramento del Altar estuviese pre- 
sente , entonces esta presencia seria real , y no 
puramente imaginada ; porque las especies , y 
.apariencia del, pan, seria como una vidriera, de- 



3>K 0UEVIDÓ. 8j 

tras de la qual nuestro Señor, estando realmen- 
te presente , nos ve , y considera , aunque no*, 
sotros no le vemos en su propia forma. Usaras, 
pues , Filotea , de uno de estos <fuatro medios 
para poner el alma en la presencia de Dios an- 
tes de la oración , no empleándolos todos jun- 
tos, sino uno cada vez, y esto breve, y simple- 
mente. 

CAPITULO III. 

De la invocación. Segundo punto de la 

. " ptepar ación. . 

JL^ta invocación se hace de esta manera: Sin- 
tiéndose tu alma en la presencia de Dios, se pos- 
trará con una extrema reverencia , conociéndo- 
se indignísima de hallarse delante de tan Sobe* 
rana Magestad ¿ pero sabiendo que esta misma 
Bondad lo quiere , le pedirás gracia para bien 
servirla* y adorarla en esta meditación. Y si quie- 
res i bien podrás usar de algunas palabras bre- 
ves , y fervorosas , como estas de David : No 
me desechéis , Señor 9 6 Dios mió ! de la presen- 
cia de vuestra cara , y no me neguéis el favor 
de vuestro Santo Espíritu. Aclarad vuestra 
cara sobre vuestra hija, y considerara vuestras 
Maravillas. Dadme entendimiento, , y miraré 

*3 



B6 OBRAS BE D. FKAK CISCO 

vuestra ley , y la guardaré con todo mi corazón. 
Yo soy vuestra sierva : dadme el espíritu ¡ y 
tales palabras semejantes á estas ser virante tam- 
bién de juntar la invocación dé tu buen Ángel, 
y de las sagradas personas que» retallaron al mys- 
terio que tú inéditas ; como en el de la Muer* 
te de nuesro Señor, podrás-invocar á nuestra Se- 
ñora, S. Juan, la Magdalena, el buen Ladrón, 
para que los sentimientos , y níoyimientos in- 
teriores , que recibieron , te sean comunicados; 
y en la meditación de tu muerte podrás ipvocar 
tu buen Ángel , el qual $e bailará presente pa- 
ra inspirarte las consideraciones convenientes \ y 
«sí harás en los otros mysterios. 

CAPITÜtO IV : 

De la proposición del mysterio. Ter&ro punto 

de la preparación "<• ' " '•' 



D« 



"espues de estos dos puntos ordinarios de íá 
meditación , hay otro tercero, que no es cbmlift 
á toda suerte de meditaciones: este es él qu©i<* 
unos llaman fábrica de lugar, y los otros lefccfoil 
inferior ; y no es otra cosa sinopioponer á la irha* 
ginacion el cuerpo del mysterio, que se quiere me- 
ditar , como si real , y verdaderamente U tuvié* 
sernos en nuestra presencia. Por exemplo\ si qui- 



M QUEVEDO. 87 

sieses meditar á nuestro Señor en la Cruz , ima- 
ginarás estar en el Monte Calvario , y que ves 
todo 1 lo que se hizo , y dixo el dia de la Pasión; 
6 si quieres ( porque todo es uno ) , imaginarás 
que en el mismo lugar donde estás crucificaron 
á nuestro Señor de lá manera que los Evange- 
listas lo escriben. Lo mismo te digo quando me- 
ditares-la muerte , así como ya he dicho en su 
meditación ^cotrio también en la del Infierno, y 
en todos los otros mysterios 'semejantes , donde 
se trata de cosas visibles , y sensibles ; porque 
quanto á los otros mysterios de la grandeza de 
Dios , de h excelencia de las virtudes , del fin 
para que somos criados, las quales todas son co- 
sas invisibles , no es necesario servirse de esta 
suerte de imaginación. Verdad es , que se pue- 
de emplear alguna similitud , y comparación pa- 
ra ayudar á la consideración ; mas aun esto es en 
alguna manera difícil, y no quiero tratar conti- 
go ,siíio muy simplemente , y de suerte que tu 
espíritu no se trabajé demasiado con tantas ima- 
ginaciones. Por medio de esta imaginación encer- 
ramos nuestro espíritu en el mysterio que quere- 
mos meditar , para que no ande corriendo á di- 
versas partes , ni mas , ni menos como quando 
encierran un páxaro en una jaula , ó como quan- 
do atan el halcón á las pihuelas, porque haga 

*4 



$$ OBfciS fe* 9. V&ANCtSCO 

asiento en el puño. Algunos te dirá? ( «o obs- 
tante esto ) que es mejor usar del simple pensar 
miento de la Fe , y de una .simple aprehensión 
mental , y espiritual en la representación de e* 
ios mysterios ; ó bien considerar , que estas co- 
sas se hacen en tu propio espíritu ; mas pqiq es- 
to es demasiado sutil para el principio ; y. hasr 
ta que Dios te Levante mas alta , yo, te ajcoa* 
se jo , Filotea , te detenga* ep jpste primer £$ca* 
Ion que te muestre?. 

CAPITULO V f 

. f)? las consideraciones. Segunda parte $e 
¡a tt}editaci<pt. 



D, 



"espues de lá acción de la imaginación se si- 
gue la acción del entendimiento , la qual llama : 
píos meditación ; y no es otra cosa sino una , ja 
muchas consideraciones hechas para. levantar el 
porazpn í Dios, y á las cosas divinas, cnk> qual 
$e diferencia la meditación del estudio , y de 
Otros pensamientos , y consideraciones, los qua- 
les no se us*n para adquirir la virtud, ó el amos 
de Dios , sino por otro .algún fin , é intención, 
como para hacerse docto, para escribir, ó dispcb t 
t¿r. H^biendp, pues, encerrado tu espíritu, co- 
gió h? dicho } en lo encerrado del sugeto que 



Ü>B QVEVÍDX); 89 

quieres meditarlo por la imaginación* 91 el sil- 
geto es sensible , ó por la simple proposición, 
si es insensible ; comenzarás á hacer sobre él can- 
sideraciones, para loqual hallarás exemplos for- 
piados en las meditaciones que ya te he dada 
-Y,si tu espíritu halla bastante gusto, luz, y fru- 
ta en alguna de las consideraciones , detendrás- 
te en ella, sin pasar adelante, hacienda como 
Jas abejas , qile áQ:d$gan la flor «hasta que ha* 
lian la sabrosa miel. Mas si no bailas ¡el fruto que 
dc&zb&m }¿ £m d? h& consideraciones , des- 
pués que hay^s 4 etenl ^ ote w poco, en ella, pa* 
safcká otra, yéfí$Gte poco á pdco i y simple*- 
me&& en, e$la obra , sin afligirte, pi congojarte; 

1 ; Cáfíí ülo vi; \'[ 

í>?jiaf aficiones , y resoluciones, Tercera farh 
.:•-♦ il* itweditawn, . & 

éz meditación causa buenos movimientos, en 
la voluntad , \yp^:l»^fijctiv*>dp' nuestra almaj 
tomo son el amor de Dios , y del próximo : eji 
deseo del Pazaiso, y de la Gloria : ej^elo de la 
sglud de las .almas-:: la imitación de la vida: de 
nuestro S$ñqr* la .compatÍQn,*li admiración, la 
¿Lígria i el tQmor de la desgracia de X>ios , del 
Juicio, y d^ Jflferáo : la confian» m la Jkak 



9 Ó OBRAS M í>. FRANCISCO 

dad, y Misericordia de Dios:, la confusión pc^ 
ra con nuestra vida pasada ; y. en estos deseos, 
y aficiones nuestro espíritu se debe extender, y 
derramar lomas que sea posible; y si quieres 
hallar ayuda para esto , lee el primer tomé de 
las Meditaciones do Don Andrés de Capilla , y 
vé su Prefación, porque en él -muestra el modo 
de dilatar estas aficiones, y deseos; aunque maft 
ampliamente lo hallarás en'el'Pádj? Arias en el 
tratado d¿ la Orfrpmi. /!.* .í-¡ •"**■• * ! 

■■■' No por $stó , 'Pilotea * ha* %!fe detenerte ts¿ 
toen éstas aficionen generales-,^ que no- las con? 
yiértas en resoluciones especiales , y partícula- 
xes , para tu corrección , y enmienda. Por exem- 
pío : la primera palabra que nuestro Señor dixo 
en la Cruz causará sin duda una buena afición 
delimitación en tu alma ; es: á saber , el deseo 
de perdonar tus enemigos , y amarlos. Dígote, 
pues , que aun esto es muy poco , sino juntas 
*ma/ resolución especial en está forma. Ahora pro- 
pongo, y digo, que no me picaré mas de tale* 
palabras enq josas >;que un vecino, ó vecina, mi 
domesticólo doméstica dicen de mí , ni de tal 
lienósprecic^que me hacen atguíías^pfersonas ; an- 
tfcs- diré , y haré 1 tal, y tal <o$¿ para apaciguar- 
los, y atraerlos- \ y por el consiguiente eá f¿ü 
denlas/ Por este^imedio , Filote» \ corregirás tú$ 



1>E QUEVEDO. 9I 

faltad en poco tiempo ; cosa que por la sola afi- 
cipn , sin resolucipn , po podrás , sino tarde , y 
con dificultad. 

.- CAPITULO VIL 

JDe la conclusión , y ramillete espiritual. 



HL 



.ase de concluir la meditación por tres ac- 
ciones , : las quales debtn hacerse con la mayor 
humildad ^ue sea posible : la primera es la ac- 
ción de las gracias, dándoselas á Dios dé las bue- 
nas aficiones , y resoluciones que nos ha dado, 
de su bondad , y misericordia ; la qual hemos 
descubierto en el mystérióde la meditacW. La 
segunda es la acción, y ofrenda ¿ poí laxjiial ofre- 
cemos á Dios su misma bondad, y misericordia, 
la muerte, la sangre , "las- Virtudes de su Hijo, 
y juntamente fon elías nuestras aficiones ', y re* 
soluciones, 

ILa terc¿ra acciona-aquella <le la suplica- 
ción , por la qual pedimos á Dios nos comuni- 
^iie Wgfacias, y virtúdei dé su Hij*>,*y déla 
bendición á nuestras aficiones ; s y resoluciones, 
para que así las podamos executar fielmente. Des- 
pués ide esto* rogamos* á Dios jSbfl* Iglesia, pof 
maestros Prelados , parientes , amigos 1 * y otros, 
poniendo para esté h intercesión de nuestra Se- 



9? OBRAS I>£ V. FRANCISCO 

ñora , de lo$ Angeles , y de los Santos , dicien- 
do á la fin el Pater noster , y el Ave María, 
que es la general , y necesaria Oración de todos 
los Fieles, 

Después de todo esto me ha parecido que 
será bisa coger un ramillete de. devoción; quiero 
decir , lo siguiente : Los que se han paseado en 
un hermoso jardín, no salen de él de buena ga- 
na sia coger quatro , ó cinco flores , en cuyo olor 
hallan todo aquel dia regalos. .Así nueitró espí- 
ritu, habiendo discurrido sobre algún mystxrio 
por la meditación , debe ¡escoger uno , dos , ó tres 
puntos, que hayan quadrado mas á nuestro en- 
tendimiento , para que estos queden en nuestra 
memoria tedo aquel dia , gozando espiriruálmen- 
te de ?u suave olor. Esto $e hace en el mismo 
lugar donde hemos meditado, entreteniéndonos, 
ó paseándonos con soledad algún tiempo des* 
pues. 

CAPITULO VJIJ. 

r * 

Algunes avisos muy frovtehosos sobre el sugeta 

de 1$ mfdit(UW}r 

Oobre todo es menester , Filotea , que al salir 
de la. meditación tengas en la memoria las reso- 
luciones, ; y deliberaciones que habrás temado, 



DE QUE VEDO. £$ 

para practicarlas cuidadosamente en aquel día. 
Este es el mayor fruto de la meditación, sin el 
qual es muchas veces no solo inútil , pero daño- 
sa ; porque las virtudes meditadas , y no prac- 
ticadas , hinchan , y desvanecen á veces el espí- 
ritu , y animo , paTeciéndonos que somos ya los 
misinos que habernos resuelto , y deliberado de 
ser : lo qual es sin duda verdadero , siendo las 
resoluciones vivas, y sólidas; pero no son tales, 
sino antes vanas , y peligrosas , no siendo prac- 
ticadas. Menester es, pues, de todas maneras 
procurar practicarlas; y para esto buscar las oca- 
siones grandes , ó pequeñas. Por excmplo :> Si 
yo he propuesto de atraer por amor el espíritu 
de los que me han ofendido, procuraré este di» 
encontrarlos , ó por lo menos decir bien de ellos, 
y rogar por ellos á Dio». 
, Al salir de esta oración cordial, tendrás cuen- 
ta de no inquietar tu corazón, porque seria per- 
der el bálsamo que has recibido por medio de 
la oración ; esto es , que has de guardar , si te 
fuere posible, un poco de silencio , y rumiar po- 
co á poco en tu corazón el pasado exereicio, te- 
niendo en la memoria, el mas tiempo que pue- 
das , el sentimiento , y las aficiones que hubie- 
res recibido. Un hombre que recibiese en un va* 
so de hermosa porcelana algua lieos de gran pre* 



94 OBRAS DE D. FRANCISCO 

ció, para llevarle á su casa, este tal iría poco á 
poco ,• no echando la vista á ninguna parte , si- 
no delante de sí , temiendo deslizar en alguna 
piedra , ó dar algún paso falso ' y mirando siem- 
pre lo que lleva , de miedo no se derramé. Lo 
mismo debes hacer tu al salir de la meditación. 
No te distraygas luego, sino mira simplemente 
tu camino > pero si encuentras alguno á quien 
estés obligado de oir , ó entretener, no hay re- 
medio: entonces es menester te acomodes al ca- 
so ; pero de suerte que mires tu corazón ,- por- 
que del licor de la santa oración no se derrame 
sino lo menos que sea posibles 

También es menester acostumbrarte á usar 
de la oracioh en toda suerte de acciones que tu 
vocación , ó profesión , justa , y legítimamente 
requieren, como el Abogado abogando, el Mer- 
cader en su trato , la muger casada en la obliga- 
ción de su matrimonio , y casería de su casa; y 
esto con tanta suavidad , y tranquilidad , que no 
por eso se turbe el espíritu ; que pues lo uno, 
y lo otro es según la voluntad de Dios, hase de 
hacer también paso de lo uno á lo otro en espí- 
ritu de humildad y y devoción. Sabrás también, 
que te sucederá algunas veces , luego que ha- 
yas hecho la preparación , moverse toda tu afi- 
ción en Dios. Entonces, Filotea , menester es 



dexarla la brida, sin querer seguir el método que 
te he dado. Porque aunque es verdad que or- 
dinariamente la corísideracion deba preceder á lx 
afición i y resolución f como el Espíritu Santo te 
dé antes la afición > que la. consideración, no de** 
bes buscar la consideración , viendo que ésta no 
se hace sino» para mover la afición. En fin, siem», 
pre que las aficiones se te representaren, has de 
recibirlas, y hacerlas lugar y sea que lleguen an- 
tes , ó después de las consideraciones. Y aunque 
yo haya puesto las aficiones después de todas las 
consideraciones i no¡ lo he hecho sino para me- 
jor distinguir las partes de la oración , porque 
en lo demás es tína regla gederal/.que jamas se 
han de detener las aficiones ; antes se les ha de 
dar lugar á que salgan quando se nos presentan. 
Y esto que digo, ño solo se entiende por las otras 
aficiones , sino también por la accioa de las gra* 
cías , el ofrecimiento y y rogativa , que se pue-* 
den hacer por medio de las consideraciones , dán- 
dolas también lugar como á las otras aficiones. 
Bien es verdad, que para la conclusión de la me* 
ditacion es menester mencionarlas, y repetirlas; 
mas quanto á las resoluciones , es menester ha- 
cerlas después de las aficiones , y al fin de toda 
la meditación , y antes de la conclusión ; pot 
quanto habiéndonos estas de representar objetos 



9 6 OBRAS DB *. FRANCESCO 

particulares , y fetíiiliares , si las hiciésemos eu 
medio de las aficionéis , nos pondrían en peligra 
de distraernos , y divertirnos. 

En medio de las aficiones , y resoluciones 
es bueno de usar do coloquio , y hablar ya con 
nuestro Señor i ya coa los Angeles , y con las 
demás personas representadas- ea el tal mysterio: 
con los Santos , consigo mismo, con su corazón,» 
con los pecadores , y aun también con las cria- 
turas insensibles , como se ve que David hacer 
en sus Psalmos, y los otros Santos en sus medí' 
t aciones, y oraciones* 

CAPITULÓ ÍJL 

Para los desabrimientos que sueeden en kí 
meditación. 

i3i te sucede, Fitotea, sentir desabrimiento/ 
y desconsuelo en la meditación , ruégotc no te 
inquietes , sino que antes abras lar puerta á las 
"palabras vocales , lamentándote tu- misma de tí 
misma á tu Dios. Confiesa tú indignidad , rué- 
gale que te ayude, besa su imagen, si la tuvie- 
res presente , y dile estas palabras de Jacob : Ni> 
te de x are , Señor , hasta que me des tu bendu 
emp ó acuellas de la Cananea : Sí , Señor , yo 



DE QU£VXDfe 97 

soy una perra ; mas los perros comen di las mi- 
gajas de la mesa de su Señor ¿ 

Otras veces toma 'un libro , y léele con. 
atención, hasta que despierte tu espíritu , y vuel- 
va en sí: hiere alguna vez tu corazón con algún 
movimiento de devoción exterior , humillándo- 
te en tierra, cruzando las manos sobre el pecho, 
abrazando un Crucifixo ( entiéndese esto si es- 
tás en algún lugar retirado). Y si después de to- 
do lo dicho no hallares consuelo y por grande quo 
sea el desabrimiento, no por eso te desasosiegue, 
sino antes continua en tener una humildad de- 
vota delante de tu Dios, ¡ Quáritos Cortesanos 
hay, que van cien veces á la Cámara de su Prín- 
cipe , sin esperanza de hablarle , sino solamente 
para mostrar que cumplen con sus obligaciones! 
Así debemos nosotros venir f mi querida Filo- 
tea , á la santa oración , pura , y simplemente, 
para cumplir con nuestra obligación y y atesti- 
guar nuestra fidelidad; que si es servida la Di- 
vina Magestad de hablarnos ¿ y entretenerse con 
nosotros por sus santas inspiraciones , y consue- 
los interiores /.seranos sin duda una gran honran 
y un placer itíuy regalado. Poro sino e$ servido 
de hacernos esta gracia y dexánfdonos allí sin ha* 
hlarnos , como si iío nos viera , ni estuviésemos 
ti* su presencia , no por eso debemo^sa&raos, 
tóM. ir. o 



9 8 OBRAS DE D. FRANCISCO 

sino antes quedarnos delante de esta soberana 
Bondad con un semblante devoto , y apacible, 
y así infaliblemente Te agradará nuestra pacien- 
cia , y notará nuestra continuación , y perseve- 
rancia, y otra vez quando vol viéremos á su pre- 
sencia , nos favorecerá, y se entretendrá con no- 
sotros por medio de sus consolaciones , hacién- 
donos ver la amenidad de la santa oración. Y 
quando no hiciese esto, contentémonos (Filotea) 
con que nos es una honra en estremo grande el 
estar cerca de él , y á su vista. 



CAPITULO X. 

Excrcüios jpara la mañana. 



F 



uera de esta oración mental entera , y for- 
mada, y las otras oraciones vocales que estás obli- 
gado á hacer cada dia , hay otras cinco suertes 
dé oraciones y que sirven como de adelantamien- 
to, y ayuda á la otra grande oración. Entre las 
quales la primera es la que se hace á la maña- 
na , como una preparación general para todas las 
horas del dia. Harás e, pues, de esta manera. 

I Dá gracias, y adora á Dios profunda- 
mente por la merced que te ha hecho en con- 
servarte la noche precedente ; y si en ella hu- 
bieres cometido algún pecado, pídele perdón. 



DE QUEVED0. 99 

2 Mira que el día presente se te ha dado 
para que en él puedas ganar el venidero dia de 
la eternidad 9 y harás un firme propósito de em- 
plear á este fin bien el día, - 

3 Prevén qué negocios , qué tratos , ó qaé 
ocasiones puedes encontrar en este dia para ser- 
vir á^Dios, y qué tentaciones te podrán sobre- 
venir para ofenderle y ó por cólera , ó por va- 
nidad , ó por otro desconcierto; y con una san- 
ta resolución prepárate para emplear bien los me- 
dios que se te ofrecieren para servir á Dios , y 
adelantar tu devoción. Y al contrario te dispon- 
drás a evitar , combatir f y vencer lo que se pre- 
sentare contra tu salud , y gloria de Dios. Y no 
basta el hacer esta resolución , sino que se han 
de preparar los medios para bíen executarla. Por 
excraplo , si yo preveo que he de tratar de al- 
gún negocio con alguna persona apasionada , y 
pronta á la cólera, no solo resolveré no ofender- 
la , sino antes prepararé palabras blandas para 
prevenirla , ó la asistencia de alguna persona que 
la pueda contener. Sí preveo que he de visitar 
un enfermo , dispondré la hora , las consolacio- 
nes , y socorro que tengo de darle ; y así en lo 
demás. 

4 Hecho esto, humíllate delante de Dios, 
reconociendo que de tí misma no podrías hacer 



10 OBRAS DE 3>. FRANCISCO 

nada de lo que has deliberado, sea para huir el 
mal, ó para executar el bien, y como si tuvie- 
ses tu corazón en tus manos , ofrécele con todos 
tus buenos designios á la Divina Magestad , su- 
plicándola le reciba en su protección , y le for- 
tifique, para que mejor se aplique á su santo ser- 
vicio , haciendo esto con tales, ó semejantes pa- 
labras interiores. O 9 Señor ! ves aquí este po- 
bre , y miserable corazón , que por tu bondad 
ha concebido muchos buenos deseos. ¡ Ay de mí, 
que de suyo es muy flaco, y débil para efectuar 
el bien que desea, si tú, Señor, no le repartes 
tu celeste bendición ; la qual a este fin te pido, 
ó Padre de mansedumbre, por los merecimien- 
tos de la Pasión de tu precioso Hijo , á cuyo ho- 
nor consagro este dia , y lo restante de mi vida ! 
Invoca á nuestra Señora , tu Ángel de la Guar- 
da, y los Santos, para que á este fin te ayuden. 

Todas estas aficiones espirituales se han de 
hacer breve , y vivamente , antes de salir del 
aposento , si fuere posible , para que por me- 
dio de este exercicio todo lo que hicieres en el 
espacio del dia sea participante de la bendición 
del Señor. Ruégote, Filotea, no faltes jamas en 
esto. 



DE QUEVEDO. lOl 

CAPITÜLOXL 

Del exercicio de la noche, y el examen de la 
conciencia. 

/orno antes del comer temporal haces tu co- 
mida espiritual por medio de la meditación, así 
antes del cenar has de hacer una pequeña cena, 
ó á lo menos una colación devota, y espiritual. 
Procura , pues , algún lugar un poco antes de 
la hora del cenar , y postrada delante de Dios, 
recogiendo tu espíritu en Christo crucificado (el 
qu?l te le representarás por una simple conside- 
ración , y vista interior ) vuelve á encender el 
fuego de tu meditación matutina en tu corazón 
con vivas aspiraciones , humildes > y muestras 
amorosas , que harás en honor de este Divino 
Salvador de tu alma ; ó bien repitiendo los pun- 
tos en que habrás hallado mas gusto en la me- 
ditación de la mañana , ó bien excitándote á otro 
sugeto nuevo, según mejor te pareciere. 

Quanto al examen de la conciencia , que 
se debe hacer siempre antes de acostarse , qual- 
quiera sabe cómo se ha de practicar. 

i Dase gracias á Dios por habernos guar- 
dado en el pasado dia. 

a Examínase cómo se ha gobernado en 

<*3 



10 2 OBRAS DE J>. FRANCISCO 

todas las horas del dia ; y para hacer esto mas 
fácilmente , se considera dónde , con quién , y 
en qué ocupaciones se ha estado, 

3 Si se halla haber hecho algún bien , dan- 
se á Dios las gracias ; si al contrario , se ha he- 
cho algún mal con pensamientos , palabras , ú 
obras, pídese perdón á su Divina Magestad, con 
resolución de confesarse en la primera ocasión, 
y de enmendarse cuidadosamente, 

4 Después de ssto se encomienda i la Pro- 
videncia Divina el cuerpo, el alma, la Iglesia, 
los parientes , los amigos. Rézase á nuestra Se- 
ñora , al Ángel de la Guarda , y á los Santos, 
para que nos amparen , y sean nuestros inter- 
cesores ; y con la bendición divina se va á go- 
zar del reposo no escusado á esta parte mor- 
tal. 

Este exercicio no debe jamas olvidarse , así 
como el de la mañana. Por el de la mañana abres 
las ventanas de tu alma al Sol de Justicia, y por 
el de la noche las cierras á las tinieblas del In- 
fierno» 



DE QUEVEDO. I03 

CAPITULO XII. 
Del retrete espiritual 

-quí es , querida Filotea , donde con aficio- 
nado deseo debes seguir mi consejo , porque en 
este artículo consiste uno de los mas seguros me* 
dios de' tu adelantamiento perpetuo. 

Llama á tu espíritu las mas veces que pu- 
dieres al dia á la presencia de Dios por uno 
de los quatro modos que ya te he dicho; y mi- 
ra lo que hace Dios , y lo que tú haces , verás 
sus ojos vueltos i tu lado, y perpetuamente fi- 
jos en tí con un amor incomparable. Dirás , pues: 
O Dios mió ! ¿ por qué no te miro yo siempre 
como tu siempre me miras ? ¿ Por qué piensas, 
Señor mío, en mí tan amenudo, y por qué pien- 
so yo en tí tan pocas veces ? ¿ Dónde estamos, 
pues , ó alma mia ? Nuestro verdadero lugar es 
Dios. Dónde , pues , nos hallamos? 

Como los paxaros hacen sus nidos sobre los 
árboles , donde quando han menester hallan su 
retirada ; y los ciervos tienen sus matas , y sus 
fuertes, en los quales rezelosos se encaminan, y 
cubren , gozando el fresco de la sombra en Ve- 
rano; así , Filotea, nuestros corazones deben to- 
mar, y escoger cada dia algún puesto, ó sobre 
04 



10 4 OBRAS DE D. FRANCISCO 

el Monte Calvario , ó en las Llagas de nuestro 
Señor , ó en otro lugar cerca de él , para ha- 
cer nuestras retiradas en qualquier suerte de oca- 
siones , y allí consolarnos , y recrearnos entre los 
negocios exteriores, estando allí como en un fuer- 
te, de donde se defenderá de las tentaciones. Di- 
chosa será el alma que podrá decir con verdad 
á nuestro Señor : Tú , Señor , eres mi casa de 
refugio , mi muralla segura , mi techo contra 
el agua , y mi sombra contra el calor. 

Acuérdate , pues, Filotea de retirarte mu- 
chas veces á la soledad de tu corazón, mientras 
que corporalmente estás en medio de las conver- 
saciones , y negocios ; que esta soledad mental 
de ninguna manera puede ser impedida por la 
muchedumbre de los que tienes presentes , por- 
que estos no están al rededor de tu corazón, si- 
go solo de tu cuerpo. Procurarás , pues , que 
tu corazón solo esté en la presencia de Dios so- 
Jo. Este era el exercicio que hacia el Rey David 
en medio de tantas ocupaciones como tenia, co- 
mo vemos en mil pasos de sus Psalmos. : "O Se- 
„ ñor ! siempre estoy contigo : yo siempre veo 
„ á mi Dios delante de mí : mis ojos he levan- 
„ tado á tí, ó Dios mió, que habitas en el Cié- 
„ lo : mis ojos están siempre en Dios. '* 

También las conversaciones no son de or- 



BE QUEVEDO. I©§ 

dinarío de tanta importancia , que no se pueda 
i tiempos retirar el corazón á esta divina sole- 
dad. 

£1 padre , y madre de Santa Catalina de 
Sena , habiéndola quitado todas las comodida- 
des , como lugar , y tiempo para rezar , y me- 
ditar , nuestro Señor la inspiró hiciese un inte- 
rior oratorio en su espíritu , dentro del qual re- 
tirándose mentalmente , ejercitaba en medio de 
los negocios exteriores esta santa , y cordial so- 
ledad. Y quando el mundo después la perseguía, 
6 tentaba , no por eso recibia ninguna incomo- 
didad ; y esto se decia que era porque en tales 
ocasiones se encerraba en el camarín interior de 
su entendimiento, donde se consolaba con su ce- 
leste Esposo. Y así desde entonces aconsejaba á 
$us hijos espirituales hiciesen un aposento en su 
corazón , donde pudiesen vivir seguros. 

Retira, pues , á veces tu espíritu á tu co- 
razón , donde separado de todos los hombres, 
puedas tratar cordialmente de tu alma con tu 
Dios , diciendo con David : " Yo he velado, y 
„ sido semejante al Pelícano de la soledad, y me 
,, he hecho como el Buho en el domicilio, y 
„ como el Páxaro solitario en el tejado." Las 
quales palabras, fuera de su sentido literal (que 
atestigua como este gran Rey reservaba algunas 



I O 6 OBRAS PE V. PRANCISCO 

horas a la soledad en la contemplación de las co- 
sasespirituales) nos muestran en su sentido mys- 
tico tres excelentísimas retiradas , y como tres 
Ermitas, en las quales podemos exercer nuestra 
soledad á la imitación de nuestro Salvador , el 
qual en el Monte Calvario "fue como Pelícano 
de la soledad , que con su sangre di vida i sus 
polluelos muertos ; en su Natividad en un pe- 
sebre desierto fue ¿romo el Buho en el domicilio, 
plañendo 9 y llorando nuestras faltas, y pecados: 
en el dia de su Ascensión fue como el páxaro so- 
litario , retirándose , y volando al Cielo, que es 
como techo del mundo ; y en todos estos lugares 
podemos hacer nuestras retiradas en medio de 
la confusión de los negocios. £1 bienaventurado 
Elizario, Conde de Arian en Pro venza, habien- 
do estado mucho tiempo ausente de su devota, 
y casta Delfina , ella le envió un correo para 
que la traxese nuevas ciertas de la salud de su 
esposo ; y él respondió : Yo estoy bueno , mi 
amada compañía, y si me quisiereis ver, buscad- 
me en la llaga del lado de nuestro dulce Jesús, 
porque allí es donde yo habito, y donde vos me 
hallareis; y en otra parte será buscarme en va- 
no. Con rázon se podia llamar á este Caballero 
Christiano. 



BE QUEVEDO. I Oj 

CAPITULO XIII. 

De las aspiraciones , oraciones jaculatorias, 
y buenos pensamientos. 



Re 



retírase á Dios por quanto se aspira á él, y 
aspírase para retirarse; de manera, que la aspi- 
ración en Dios, y la retirada espiritual, se con- 
servan la una i la otra, y entrambas provienen, 
y nacen de los buenos pensamientos. 

Aspira, pues, i menudo en Dios, Filotea, 
por cortas, pero ardientes salidas 4e tu corazón: 
«admira su hermosura: invoca su ayuda : écha- 
te en espíritu al píe de la Cruz : adora su bon- 
dad : pregúntale i menudo por tu salud : dale 
mil veces al <üa tu alma : fixa tus ojos interio- 
res en su ¿dulzura : alárgale la mano como un ni- 
ño á su padre , para que él te conduzga : pon- 
le sobre tu pecho, como un ramillete regalado: 
arbólale en tu alma, como un estandarte; y haz 
mil suertes He diversos movimientos en tu cora- 
zón , para darte á tí misma al amor de Dios, y 
exercitarte en una apasionada, y tierna dilección 
de este Divino Esposo. 

Así se hacen las oraciones jaculatorias que 
el gran San Agustín aconseja cuidadosamente á 
la devota alma. Prueba , Filotea , nuestro espí- 



I p8 OBRAS PE D. FRANCISCO 

ritu , sí se da al trato y privanza , familiaridad 
de su Dios , se perfumará todo de sus perfec- 
ciones y ; mirado bien , no es nada dificultoso es- 
te exercicio, porque se puede entrelazar en to- 
dos nuestros negocios , y ocupaciones , sin que 
por eso $e estorven, por quanto sea en el retre- 
te espiritual > ó sean en estos asaltos interiores, 
no se hacen , sino pequeños , y cortos diverti- 
mientos , los quales no estorvan de ninguna ma- 
nera ; antes sirven mucho al progreso de lo que 
hacemos. El Peregrino que "toma un poco de vi- 
no para alegrar el corazón , y refrescar la boca, 
aunque se detiene un poco , no por eso rompe 
el camino ; antes recibe fuerzas para acabarle mas 
presto , y mas fácilmente t no deteniéndose, si- 
no para mejor poder andar. 

Muchos han juntado diversas aspiraciones 
vocales, que verdaderamente son muy útiles; 
pero á mi parecer, Filotea, no te atarás á. nin- 
guna suerte de palabras ; antes pronunciarás, ú 
de boca , u de corazón , las que el amor te en- 
señare porque él te ¿Urá ks mejores. Verdad es, 
que hay ciertas palabras , que tienen particular 
fuerza para contentar el corazón en este particu- 
lar, como son los fervorosos asaltos, que tan á me- 
nudo hallarás en los Psalmos de David : las in- 
vocaciones diversas del Nombre de Jesús : los 



PE QÜEVEDO^' , I 09 

pasos de amor , que están impresos en el Can* 
tico de los Cánticos ; y las canciones espiritua- 
les sirven también al mismo efecto , cantándo- 
se con atención. 

En fin , como los que están enamorados de 
un amor humano , y natural , tienen casi todos 
los pensamientos en la cosa amada , lleno el co- 
razón de afición para con ella , la boca llena de 
sus alabanzas , no perdiendo en ausencia ocasión 
de mostrar por cartas su afición, ni hallando ár- 
bol , en cuya corteza no escriban el nombre de 
quien aman ; así los que aman á Dios no pue- 
den cesar de pensar en é\> respirar por él, aspi- 
rar á él f y hablar de él ; y quisieran , si fuese 
posible , grabar en el pecho de todas las perso- 
nas del mundo el santo, y sagrado Nombre de 
Jesús. 

A lo qual todas las coSaá los Convidan , y no 
hay criatura que no les anuncie la alabanza de 
su bien amado; y como dice San Agustín, des- 
pués de San Antonio , todo quanto hay en el 
mundo los habla con una lengua muda , pero 
muy inteligible , en favor de sü amor : todas las 
cosas los provocan á buenos pensamientos, de los 
quales nacen después muchas salidas , y aspira- 
ciones en Dios. Y N ves aquí algunos exemplos. 

San Gregorio, Obispo de Naziafizo (según 



IlO OBRAS DE D. FRANCISCO 

él mismo contaba á su pueblo ) , paseándose á 
las orillas del mar, consideraba como adelantán- 
dose las olas sobre la tierra, dexaban almejas, con- 
chuelas, caracolillos, tallos de yerbas , ostreci- 
llas pequeñas , y semejantes menudencias , que 
la mar desechaba, ó por manera de decir, escu- 
pía á las orillas ; y volviendo después con nue- 
vas olas, tornaba á recoger parte de lo que ha- 
bía dexado, mientras que las jocas de al rededor 
quedaban firmes , é inmobles » por mas que las 
combatía con la resaca furiosa continuada. Sobre 
esto fabricó este espiritual pensamiento : que los 
flacos como las almejas, conchuelas, y caracolillos, 
se dexan llevar, ya a la afición 9 y ya á la con- 
solación , puestos á la voluntad de las ondas , y 
olas de la fortuna ; pero que los grandes ánimos 
quedan firmes r é inmobles á qualquier suerte de 
borrasca : y de este pensamiento hizo nacer es* 
tos fervorosos afectos de David: "O Señor! sal* 
„ vame r porque las aguas han penetrado has- 
„ ta mi alma. O Señor ! líbrame del profun- 
„ do de las aguas , que me han llevado al pro- 
„ fundo de la mar , y la tempestad me ha su- 
„ mergido." Porque entonces se hallaba en gran- 
de aflicción, viendo que Máximo intentaba usur- 
par su Obispado- S. Fulgencio, Obispo de Rus- 
jpa , hallándose en una Junta general de la No- 



DE QUEVEDO. III 

bleza Romana , la qual hacia Teodorico , Rey 
Godo , y vienda el resplandor de tantos Seño- 
res que estaban en hilera , cada uno según su 
calidad, dixo : "¡O Dios mió , y quán hermosa 
„ debe de ser la Jerusalen celeste r pues aquí 
„ abaxo se ve tan pomposa Roma la terrestre ! 
„ Y si en este mundo alcanzan tanto resplandor 
„ los amadores de la vanidad , ¿qué gloría será 
„ la que en el otro mundo se reserva para los 
„ amadores de la verdad ? ir Dícese que S. An- 
selmo, Arzobispo de Cantorberí Q cuyo naci- 
miento han con extremo honrado nuestras Mon- 
tañas ) , era admirable en esta práctica de bue- 
nos pensamientos. Una liebre perseguida de los 
perros , fue á guarecerse debaxo del caballo de 
este santo Prelado (que por entonces hacia una 
jornada), como á un refugio que la sal varia del 
inminente peligro de la muerte; y lo» perros la- 
drando al rededor, no osaban acometer, ni vio- 
lar la inmunidad, á la qual la presa había enca- 
minado su curso ; espectáculo cierto extraordi- 
nario, y que hacia reir todos los asistentes, mien- 
tras , el gran Anselmo lloraba , y gemia. " Vo- 
„ sotros os reís (decia) ; mas la pobre bestia no 
„ se ríe : los enemigos del alma, perseguida, 
„ y mal guiada por diversos rodeos en mil suer- 
„ tes de pecados , espéranla al estrecho de la 



112 OBRAS PE D. FRANCISCO 

„ muerte , para arrebatarla , y tragársela ; y clk, 
„ espantosa , y medrosa, busca por todo socor- 
rí ro , y refugio , y si no le halla f sus enemi- 
„ gos se burlan, y ríen.,, Dicho esto prosiguió 
su camino gimiendo, y suspirando. Constantino 
el Magno escribió con mucha reverencia á San 
Antonio , de que los Religiosos que estaban al 
rededor de él se espantaron mucho; y él les dí~ 
xo : "Como os espantáis vosotros de que un Rey 
„ escriba 4 un hombre, espantaos antes de que 
„ Dios Eterno ha escrito su Ley á los mortales, 
„ habiéndoles boca á boca en la Persona de su 
„ Hijo.,, S. Francisco, viendo una sola oveja en 
medio de una tropa de cabras, dixo á su compa- 
ñero : n Mira , y quán mansa va la pobre ove* 
„ juela en medio de tantas cabras ! Así iba nue$- 
„ tro Señor manso , y humilde entre los Fari- 
„ seos. „V¡endo otra vez un pequeñuelo corderi- 
11o, que le conaia un puerco , dixo : " \0 po- 
„ bre corderillo , y quán al vivo representas la 
„ muerte de mi Salvador. „ 

Aquel gran Peísonage de nuestra edad Fran- 
cisco de Bprja , por entonces á un Duque de 
Gandía, yendo á caza, hacia mil devotas consi- 
deraciones. "-Coa razón debo admirarme (decia) 
„ de ver que los halcones vuelven á la mano, 
„ se dexaban cubrir los ojps , y atar á la percha» 



DÉ QUEVED0. II ^ 

*) y que los hombres se muestren tan ariscos a 
,, la voz de Dios. „ El gran S. Basilio dice, que 
la rosa entre las espinas da á entender á los 
hombres lo siguiente : " Lo que es mas ágra* 
„ dable en este mundo y 6 mortales , está mez- 
„ ciado de tristeza : no hay cosa pura : el pe- 
, y sar sigue siempre á la alegría , la viudez aí 
„ casamiento , el cuidado i la fertilidad , la ig- 
„ úominia , á la gloria , el gusto á la honra , eí 
„ disgusto á los regalos , y la enfermedad á la 
„ salud. És una hermosa flor ( dice el Santo ) la 
,, rosa ; pero caúsame una gran tristeza, advir-~ 
„ tiéndome de mi pecado , por el quaí la tierra 
f , ha sido condenada á traer espinas.,, Mirando' 
una alijia devota un arroyo , y viendo en él re- 
presentado el Cieío con sus estrellas en una no- 
che serena, dixo : "\ O í)ios mió ! estas mismas es* 
,, trellas estarán debaxo de mis pies , quando tú y 
,, Señor , mé alojes en tus santos Tabernáculos í 
„ y como las estrellas del Cielo son representadas- 
„ en la tierra , así los hombres de la tierra son 
yí representados en et Cielo en ía viva fuente 
„ de la caridad divina. " Viendo otro uft río on-> 
datf y levantar oías, dixo así: "Mi alma ño ten- 
„ drá jamas reposo, hasta que se vea anegada en 
„ el Mar de ía divinidad , que es su origen. " 
Y santa Francisca, considerando un agradable 
tom. ir. & 



I I 4 OBRAS DE J>. FRANCISCO 

arroyo , á cuya orilla estaba arrodillada para ha- 
cer oración , fue arrebatada en éxtasis , repitien- 
do muchas veces estas palabras en baxa voz: 
" La gracia de mi Dios camina , y se extiende 
„ con tanta dulzura como este pequeño arroyue* 
„ lo.„ Otro % viendo los árboles floridos, suspi- 
raba, diciendo: " ¿Por que yo solo estoy sin flor 
„ en el jardín de la Iglesia ? „ Otro, viendo unos 
pequeños polluelos abrigados de las alas de la 
madre : " ¡O Señor l (dixo) conservadnos debaxo 
„ de la sombra de vuestras alas.,, Otro, viendo 
el tornasol , dixo : '* ¡ Quándo será el tiempo Dios 
„ mió , que seguirá mi alma las atracciones de 
, f tu bondad ! „ Y viendo otro en un jardín la 
flor que llaman pensamientos , hermosa á la vis- 
ta, pero sin olor ninguno, rcpetia diciendo : "¡Ay 
„ de mí ! tales son mis pensamientos : hermosos 
„ para dichos i mas sin efecto , y producción. „ 
Ves aquí, Filotea, cómo se sacan los bue- 
nos pensamientos > y santas aspiraciones de aque- 
llo que se presenta en la variedad de esta vida 
mortal. Desventurados son aquellos que desvian 
las criaturas de su Criador par* allegarlas al pe- 
cado ; y dichosos aquellos que las atraen á la glo- 
ria de su Criador, y emplean su vanidad en hon- 
ra de la verdad. " Cierto (dice S. Gregorio Na- 
„ zianzeno ) yo he acostumbrado traer todas las 



3>E QUEVEDO. tlj 

,» cosas á mi provecho espiritual „ Lee el devo- 
ro epitafio que S. Gerónymo hizo á Santa Pau- 
la , porque es un gran consuelo ver quán sem- 
brado está, de aspiraciones , y contemplaciones 
sagradas ,• de las: quales usaba ella en qualquier 
suerte de ocasiones, 

En este exercicio del retrete espiritual , y; 
de las oraciones jaculatorias se funda la grande 
obra de la devoción , y puede suplir la falta de 
todas las otras oraciones ; pero la suya casi no 
puede ser reparada por ningún otra medio. Sin 
este exercicio no se puede usar bien de la vi- 
da contemplativa ; y aun no podría , sino mal, 
exercerse la vida activa. Sin éí el resposo no 
es sino ociosidad,, y el trabajo congojoso aprie- 
to. Por esto, pues, procuro persuadirte le abra- 
ces con todo tu corazón, sin que jamas te apar- 
tes de éL 

CAPITULO XIV. 

De la santísima Misa , y cómo se ha 
de oir. 

bun no te he hablada , mi Filotea > hasta 
ahora del Sol de los exercicios espirituales , que 
es el santísimo f sagrado , y soberano Sacrificio, 
y Sacramento de la Misa , centro de la Reli- 



t I 6 OBRAS M D. FRANCISCO 

gion Christiana , corazón de la devoción , alma 
de la piedad , misterio inefable , que compre* 
hende el abismo de la caridad divina , y por el 
qual Dios, aplicándose* realmente. á nosotros, nos 
comunica magníficamente sus gracias, y favores. 

a La oración , que se hace en la unión de 
este Divino Sacrificio, tiene una fuerza indeci- 
ble : de suerte , Filotea , que por él abunda el 
alma de celestes favores 9 como apoyada en su 
verdadero bien , el qual la hinche de manera 
de olor , y suavidad espiritual , que parece una 
columna de humo , de madera aromática , de 
myrra , de incienso , y de todos los polvos odo- 
ríferos, como sé dice en los Cánticos. 

3 Procura , pues , con todas veras hallar- 
te todos los dias en la santa Misa , para ofrecer, 
juntamente con el Sacerdote , tu Redentor á su 
Santo Padre, por tí, y por toda la Iglesia , ha- 
llándose siempre los Angeles presentes en gran 
número (como dice S. Juan Chysostomo) para 
honrar este santo Misterio ; y hallándonos noso- 
tros con ellos , y con una misma intención no po- 
demos dexar de recibir muchas influencias pro- 
picias por medio de tal compañía. Los corazo- 
nes de la Iglesia- Triunfante , y de la Iglesia 
Militante se vienen á atar , y juntar á nuestro 
Señor en esta divina acción , para que con él, 



DE QUEVBDO. H7 

en él, y por él arrebatemos el corazón de Dios 
Padre , haciendo su misericordia muy de nuestra 
parte. ¡ Qué dicha tiene una alma en contribuir 
devotamente sus aficiones , y deseos por un bien 
tan precioso , y digno de desear ! 

4 Si por alguna forzosa ocupación no pudie- 
res hallarte presente á la celebración de este so* 
berano Sacrificio, á lo menos será necesario asista 
tu corazón con una espiritual presencia. A qual- 
quier hora, pues, de la mañana irás en espíritu, si 
no pudieres de otra manera , á la Iglesia : uni- 
rás tu intención á la de todos los Christianos, 
y harás las mismas acciones interiores en el lu- 
gar donde estuvieres , que hicieras si estuvieras 
realmente presente al oficio de la santa Misa en 
alguna Iglesia. 

5 Para oir, 6 real, 6 mentalmente la santa 
Misa qomo conviene, 

i Desde el principio, hasta que el'Sacer- 
dote se haya llegado al altar , harás con él la 
preparación , la qüal consiste en ponerse en la 
presencia de Dios, conocer tu indignidad, y pe- 
dir perdón de tus faltas. 

2 Desde que el Sacerdote esté en el Altar, 
hasta el Evangelio , considera la venida , y vi- 
da de nuestro Señor en este mundo con una 
simple , y general consideración. 

#3 



I I 8 OBRAS DE D. FRANCISCO 

i 

3 / Después del Evangelio , hasta después 
del Credo , considera la predicación de nuestro 
Salvador : protesta de querer vivir, y morir en 
la Fe , y obediencia de la santa palabra , y en 
la unión de la Santa Iglesia Católica. 

4 Después del Credo, hasta el Pater nos- 
ter, aplica tu corazón á los Mysterios de la Muer- 
te , y Pasión de nuestro Redentor, que son ac- 
tual , y esencialmente representados en este san : 
to Sacrificio , el qual cotí el Sacerdote, y demás 
pueblo ofrecerás á Dios Padre , á honor suyo, 
y por tu salud. 

5 Después del Pater noster , hasta la Co- 
munión /procura levantar eii tu corazón mil de- 
seos, pidiendo en ellos el estar para siempre jun- 
ta, y unida á tu Salvador por amor eterno. 

6 Después de la Comunión, hasta el fin, 
dá gracias á su Divina Magestad por su Encar- 
nación , por su Vida , por su Muerte , por su 
Pasión , y por el amor que nos asegura fen este 
santo Sacrificio ; pidiéndole por él te sea siempre 
propicio á tus parientes, ¿ tus amigos , y á to- 
da la Iglesia ; y humillándote de todo tu cora- 
zón , recibirás devotamente la bendición divina, 
que nuestro Señor te dá por mano de su Sa- 
cerdote. > 

Pero si quieres durante la Misa hacer tu 



DE QUEVEDO. I I 9 

meditación sobre los Mysterios que vas conti? 
nuando de dia en dia , no será menester que te 
diviertas en estas particulares acciones ; antes 
bastará que al principio endereces tu intención 
á adorar , y ofrecer este santo Sacrificio por me- 
dio del exercicio de tu meditación , y oración; 
pues en toda meditación se hallan las acciones 
arriba dichas , ó expresa , ó tácitamente , ó en 
virtud. 

CAPITULO XV. 

De fos otros ejercicios públicos ¿ y comunes. 

uera de esto , Filotea , es menester hallar- 
se las Fiestas , y Domingos al Oficio de Horas, 
y Vísperas , mientras te dieren lugar tus obli- 
gaciones , porque estos dias son dedicados á Dios, 
y conviene en ellos mostrar mas acciones de vir- 
tud á honra, y gloria suya. Sentirás mil dulzu- 
ras de devoción por este medio , como decia S. 
Agustin , el qual nos muestra en sus Confesio- 
nes , que oyendo los Oficios divinos al principio 
.de su conversión, su corazon.se deshacía en sua- 
vidad , y sus ojos en lagrimas de piedad. Y es 
cierto* £ y esto quede dicho para adelante) que 
encierran siempre mayor bien , y consuelo los 

H4 



1 1 O OBRAS DE J>. FRANCISCO 

Oficios públicos de la Iglesia , que no las accio- 
nes particulares , por quánto ha Dios ordenado 
que la unión prefiera á toda suerte de particu- 
laridad. 

Entra de buena gana en las Cofradías del 
Lugar donde resides, y particularmente en aque- 
llas , cuyos ejercicios traen mas fruto } y edifi- 
cación , porque en esto mostrarás una suerte de 
obediencia muy agrabable á Dios , que aunque 
las Cofradías no sop expresamente mandadas, son 
con todo eso encomendadas por la Iglesia ; la 
• qu^l , para mostrar que desea que muchos en- 
tren en ellas , da Indulgencias , y otros privile- 
gios á los Cofrades. Fuera de esto es siempre una 
obra de mucha caridad $1 concurrir con muchos, 
y cooperar con ellos por sus buenos designios. 
Y aunque puede acaecer usar de taa buenos 
excrcicios retiradamente , como se usan en las 
Cofradías en común , y que podría ser se gus- 
tase m^s de usarlos en particular ; con todo eso 
Dio$ es mas glorificado en la unión , y contri- 
bución que le hacemos de nuestras buenas obras 
con nuestros hermanos , y próximos. 

Lo mismo digo de todas suertes de oracio- 
nes , y devociones publicas , á las quales debe- 
laos, "quanto nos sea posible, mostrar buen excm- 
plo pa*a la edificación del próximo, y particular 



DE QUEVIDO. / ,2fc I 

nuestro, encaminándolo codo á la gloria de Dios, 
é intención común. 

CAPITULO XVI. 

Que se han de honrar > é invocar los Santos. 

ues nos envia Dios tan amenudo las inspira-, 
ciones por sus Angeles, también debemos noso- 
tros y y por el mismo medio , enviar al Cielo 
nuestras aspiraciones. Las santas almas de los di- 
funtos , que están en el Paraíso con los. Angeles, 
y como dice nuestro Señor , iguales , y parejos 
á los Angeles , hacen también el mismo oficio de 
inspirar en nosotros; y aspirar por nosotros, me- 
diante sus santas oraciones. 

Filotea mia , juntemos , pues , nuestros co- 
razones á estos celestes espíritus, y dichosas al- 
mas ; porque así como los pequeños ruiseñores 
aprenden í cantar con los grandes ; así por el san- 
to comeício , que haremos con los Santos, sabre- 
mos mejor rezar, y cantar alabanzas divinas. "Yo 
„ diré el Psalmo (decia David) i h -vista de los 
„ Angeles. „ 

Honra , reverencia , y respeta con un espe* 
cial amor la sagrada , y gloriosa Virgen Maria; 
que pues es Madre de nuestro Soberano Padre, 
por consiguiente será nuestra abjiela. Valgámo- 



I 2 a OBRAS PE P. FRANCISCO 

nos , pues , de ella , y como hijos suyos , arro- 
jémonos en su regazo con una confianza perfec- 
ta : á qualquier hora , y en qualquier ocurrencia 
invoquemos esta dulce , y piadosa Madre : invo- 
quemos su amor maternal , y procuremos imitar 
sus virtudes : sea para con ella siempre nuestro 
corazón como el de n& hijo para con su madre. 
Hazte muy familiar con los Angeles : míralos 
amcnudo invisiblemente presentes á tu vista ; y 
sobre todo ama, y reverencia el de tu Obispado, 
al qual estás encomendada : también los de las 
personas con quien vives, y especialmente el tu- 
yo ; supücalos amenudo , alábalos de ordinario, 
y pídeles su ayuda , y socorro en todos tus ne- 
gocios espirituales, 6 temporales, para que coo- 
peren en tus santas intenciones. El gran Pedro 
Favro , primer Sacerdote , primer Predicador , 
primer Lector de Teología de h Compañia del 
Nombre de Jesús > y primer compañero del B. 
Ignacio , Fundador de ella , viniendo un dia de 
Alemania , donde habia hecho grandes servicios 
á honra , y gloria de nuestro Señor, pasando á 
este Obispado, lugar de su nacimiento f conta- 
ba , que habiendo pasado por muchos lugares 
de hereges , habia recibido mil consuelos , sa- 
ludando ( luego que llegaba á cada Parroquia) 
á los Angeles protectores de ellas, en los quales 



DI QUE VED O. I2J 

habia conocido sensiblemente haberle sida pro- 
picios, así para librarle de las emboscadas de los 
hereges , como para darle muchas almas Mana- 
das, y dóciles i recibir la saludable doctrina: y 
decia esto con tanto ¿espíritu , que una muger 
de calidad,» entóaces moza, habiéndolo oido de 
su misma boca , lo cantaba no há sino quatro 
años ( esto se entiende mas de sesenta años des* 
pues) son un estremo sentimiento. "El año pa- 
„ sado, dice , recibí no pequeño consuelo con- 
„ sagrando un Altar en el mismo lugar y pues- 
„ to donde fue Dios servido naciese este gran- 
„ de Varón, que fue en Villaret, Aldea peque- 
„ ña entre nuestras mas ásperas montañas. „ 

Escoge algunos Santos particulares , cuya 
vida puedas mejor gustar, é imkar, teniendo 
en su intercesión una particular confianza. El de 
tu nombre, y a se te señaló desde el bautismo. 

CAPITULO XVII. 

Cómo se ha de oir , / leer: la palabra ; 
de Dios. 

Oé devota de la palabra de Dios, ya escuchán- 
dola sin discursos familiares con tus amigos espi- 
rituales , ó bien oyéndola en el Sermón. Oyéb 
íiempre con atención, y reverencia: aprovecha- 



124 OBI AS M Dt FRANCISCO 

te bien de ella, y no permitas que se te cayga 
en tierra; antes la recibe como un precioso bál- 
samo dentro de tu corazón , á imitación de la 
Santísima Virgen, que conservaba en él cuida* 
dosamente todas las palabras que decía su pre- 
cioso Hijo ; y acuérdate que nuestro Señor re- 
coge las palabras que le decimos en nuestras ora- 
ciones , á medida de como recogemos las que él 
nos dice en la predicación. 

Ten siempre á mano algún buen libro de 
devoción , como son los de S. Buenaventura, de 
Gerson , de Dionysio Cartuxano > de Luis Blo- 
sio , de Fray Luis de Granada , de Stela , de 
Arias , de Pinelo , de Avila, el Combate Espi- 
ritual, las Confesiones de S. Agustín , las Epís- 
tolas de San Gerónymo, y otros semejantes; 
y lee cada dia un poco con grande devoción , co« 
mo si leyeras cartas misivas que los Santos te hu- 
bieran enviado del Cielo para mostrarte su ca- 
mino , y darte ánimo de ir aila. Lee también las 
historias de las vidas de los Santos , en las quales, 
como en un espejo., verás el retrato de la vida 
christiana , y acomoda sus acciones á tu prove- 
cho , según tu manera de vivir ; porque aun- 
que es verdad que muchas acciones de Santos 
no son absolutamente imitables para los que vi* 
ven en medio del mundo; con todo eso pueden 



»I QUBVXDO. It$ 

todas ser seguidas, u de cerca, ú de lejos. La so- 
ledad de S. Pablo , primer Ermitaño , es imita* 
da en tus retiradas espirituales , y reales , de las 
quales hablaremos , y habernos hablado ; la es- 
trema pobreza de S. Francisco por la práctica 
de la pobreza , de que adelante trataremos ; y 
así en lo demás. Es verdad que hay ciertas his- 
torias, que nos dan mas luz que otras para con* 
ducir nuestra vida, como la de la Bienaventura- 
da Madre Teresa , la qual es admirable á este 
fin ; las vidas de los primeros Jesuitas , la del 
Bienaventurado Cardenal Borromeo, de S. Luis, 
de S. Bernardo , las Crónicas de S. Francisco, y 
otras semejantes. Hay otras donde hay mas su* 
geto de admiración que de i miración , como la 
de Santa Maria Egypciaca f de S» Simón Stilites, 
de las dos Santas Catalina de Sena, y de Ge- 
nes , de Santa Angela , y otras tales , las qua- 
les no dexan por eso de darnos un grande , y 
general gusto del santo amor de Dios, 



CAPITULO XVIII. 
Cómo se han de recibir las inspiraciones. 



L 



lamamos inspiraciones todo» los atraimientos, 
movimientos , contradiciones, remordimientos in- 
teriore», luz y conocimiento, que Dios obués 



I l6 OBRAS DE D. FRANCISCO 

nosotros , previniendo nuestro corazón en su ben- 
dición por su santo , y paternal amor , para 
despertarnos , excitarnos , impelernos , y acer- 
carnos á las santas virtudes , al amor celeste , á 
las buenas resoluciones, y en suma á todo aque- 
llo que nos encamina á nuestro bien eterno. Es- 
to es lo que el Esposo llama tocar a la puerta, 
y hablar al corazón de su Esposa t despertarla 
quando duerme, gritarla, quando está ausente, 
convidarla á su dulzura , á coger manzanas , y 
flores en su jardín , y á cantar, y hacer resonar 
su dulce voz en sus orejas. 

Usaré de una similitud para mejor hacer- 
me entender. Para la entera resolución de un ca- 
samiento deben intervenir tres oraciones quanto 
á la muger qué quieren casar r porque' lo prime- 
ro la proponen la parte : lo segundo agradece la 
proposición : y lo tercero consiente. Así Dios, 
queriendo hacer en nosotros, por nosotros , ó con 
nosotros alguna acción de gran caridad ; lo pri- 
mero nos la propone por su inspiración : lo se- 
gundo la agradecemos ; y en fin , en tercer lu- 
gar consentimos. Porque así como para baxar al 
pecado hay tres gradas , la tentación , la delec- 
tación, el consentimiento ;; así hay también tres 
para subir á la virtud : la inspiración , que es 
contraria á la tentación: la delectación en la as* 



DE QUEVEDO. I27 

piracion, que es contraria á la delectación en la 
tentación ; y el consentimiento a la inspiración, 
que es contraria al consentimiento en la ten- 
tación* 

Quando la inspiración durase todo el tiem- 
po de nuestra vida, no por eso seriamos de nin- 
guna manera agradables á Dios > no tomando 
gusto en ella ; antes su Divina Magestad esta- 
ría ofendida , como la estuvo de los Israelitas, 
quando estuvo con ellos quarenta años ( como 
él mismo la dice) solicitándolos á convertirse , sin 
que jama* quisiesen entenderle: causa por que 
movida su ira: contra ellos , juró que jamas en- 
trarían en reposo. También el galán que hubie- 
se largo tiempo servido á una dan&* se halla- 
ría muy desobligado , si después de tantos ser- 
vicios no quisiese ella de ninguna, manera oir tra- 
tar de casamiento.. 

El gusto que se recibe en Tas inspiraciones, 
es una grat* guia a la gloria de Dios , comenzan- 
do ya con él á agradar á su Divina Magestad: 
porque aunque este deleyte no es aun un ente- 
ro consentimiento , es una cierta disposición , que 
camina á él ; y si es una buena' señal, y cosa muy 
útil el oir con gusto la palabra de Dios , que es 
como una inspiración exterior , también es bo- 
nísimo y agradable á Dios el recibir gusto en la 



1*8 OBRAS DE D. FRANCISCO 

inspiración interior. Este gusto , y placer es el 
del qual hablando la Esposa Sagrada, dice así: 
" Mi alma se ha deshecho de placer quando mi 
„ bien amado habló. „ 

También el galán está contento con la da- 
ma que sirve , y se siente favorecido , viendo 
que la son sus finezas agradables , y bien re- 
cibidas. Mas en fin el consentimiento es el que 
acaba elacto virtuoso : porque si siendo inspira- 
dos , y habiéndonos agradado la inspiración , no 
obstante esto rehusamos el consentimiento á Dios, 
somos por estremo desconocidos , y ofendemos 
grandemente 4 su Divina Magestad, porque par 
rece que en esto mostramos un grande menospre- 
cio. Esto fue lo que sucedió á la Esposa : por- 
que aunque la dulce voz de su bien amado la 
tocó el corazón con una santa alegría, no por eso 
ella le abría la puerta , sino antes se escusó cotí 
una escusa muy frivola r de lo „ qual el Esposo 
justamente indignado , pasó adelante ,> y la de- 
xó. También el galán , que después de haber 
mucho tiempo requerido la dama, y haberle mos- 
trado estima, y agradecimiento á sus servicios, y 
que al fin se viese despedido , y menospreciado,, 
con mas justa razón tendría sugeto de quejarse, 
que si sus servicios no hubieran sido agrabables, 
ni favorecidos. Resuélvete, pues, Filote* , de 



< DE QUEVEDOS . 1 29 

aceptar de corazón todas las inspiraciones que 
será Dios servido de hacerte.; y quando llega* 
ren , recíbelas como á Embaxadores del Rey Ce- 
lestial, que desea tratar contigo casamiento. Oye 
con apadbilidad sus proposiciones ; considera el 
amor 9 con el qual eres inspirada ; y estima , y 
acaricia la. santa inspiración. 

Consiente , pero con un consentimiento 
cumplido , amoroso 9 y constante la santa inspi- 
ración : porque de esta manera Dios , á quien 
no puedes obligar, se tendrá por muy obligado 
á tu afición ; pero antes de consentir en las ins- 
piradones de las cosas importantes, ó extraordi- 
narias , para no ser engañada , aconséjate siem- 
pre con tu Guia , y Padre espiritual , para que 
examine si la inspiración es verdadera , ó falsa, 
por quanto el enemigo, Tiendo un alma pronta 
í consentir en las inspiraciones, la propone mu- 
chas veces .las que son falsas , para engañarla; : 
lo qual np puede jamas hacer mientras que con 
una perfecta humildad obedecieres á su Con- 
ductor*/ 

1 Habiendo dado el consentimiento , es me* 
nester coa un gran cuidado procurar los efectos, 
y, venir á la execucion de la inspiración , que 
es el colmo de la verdadera virtud ; porque te- 
ner el consentimiento dentro dpi corazón, sin ve* 
tom. xr. i 



I JO OBRAS 1 DK *. FRANCISCO 

nir á su efecto, seria como plantar una viña, sin 
querer llevase fruto. 

A todo esto sirve maravillosamente el bien 
practicar el exercicio de la mañana, y las retiradas 
espirituales , de que ya se ha tratado ; porque por 
este medio nos preparamos á hacer el bien con 
una preparación, no solo general , sino también 
particular. 



K 



CAPITULO XIX 
De la santa Conftskn. 



I uestro Salvador ha dexado á su Iglesia el 
Sacramento de la Penitencia, y Confesión , pa- 
ra que en él nos lavemos de todas nuestras ini- 
quidades, todas, y quantas veces, nos halláre- 
mos sucios. No permitas , pues , Filotca , que 
tu corazón quede mucho tiempo infectado del 
pecado , pues tienes un remedio tan fácil. La 
leona, que se dexó, cubrir del leopardo , va cor- 
riendo a lavarse, y limpiarse del hedor, que 
después del acto siente; y esto, porque vinien- 
do después el león , no se irrite. £1 alma que 
lia consentido el pecado , debe tenerse asco dt . 
sí misma, y limpiarse lo mas presto que pueda, 
por el respeto que debe tener á los ojos de su ^ 
Diviaa Majestad , que la está mirando* ¿ Por 



DE QUEVIDO. IJÍ 

qué moriremos , pues, nosotros de niíi^rte ci- 
piritual , teniendo un remedio tan soberano ? 

Confiésate humilde , y devotamente cad* 
ocho dias, y siempre, si pudieres, quando co- 
mulgares , aunque no sientas en tu conciencia 
ningún rastro de pecado mortal ; porque por la 
Confesión no solo recibirás absolución de los pe- 
cados veniales que confesarás, sino también una 
gran fuerza para evitar los de adelante , una 
gran luz para bien discernirlos, y una gracia 
abundante para borrar toda la pérdida, y daño 
que te habían traído. Practicarás así la virtud de 
humildad, de obediencia, de simplicidad, y de 
caridad ; y en sola esta acción de confesión exer- 
eitarás mas virtud que en ninguna otra. 

Ten siempre un verdadero disgusto de los 
pecados que confesares, por pequeños que sean, 
con una firme resolución de corregirte adelante. 
Muchos confesándose por costumbre de los pe- 
cados veniales , ó como por manera de curiosi- 
dad , sin pensar de ninguna manera en corregir- 
se, se quedan toda su vida cargados, y por es- 
te cambo pierden muchos bienes, y provechos 
espirituales. Si te confesares , pues f de haber- 
mentido , aunque sin causar daño , ú dé haber 
dicho alguna palabra desreglada , ó de haber 
juzgado; arrepiíWtete, y ten firme propósito de 

1 2 



I 3 a OBRA* D£ P. FRANCISCO 

enmendarte: porque es manifiesto engaño el con* 
fesarse de qualquicr suerte de pecado, sea mor- 
tal, ó sea venial, siji querer purgarse de él ; pues 
la confesión no se instituyo sino a este ¿n. 

No te contentes con decir tus pecados venia- 
les quanto á la obra, sino acúsate del motivo que 
te ha inducido á cometerlos. Por exemplo: no te 
contentes con decir que has mentido sin ofender 
persona , sino también si ha sido , ó por vanaglo- 
ria, alabándote | ó excusándote, ó por yapa ale- 
gría, ó por obstinación. Si hubieres pecado en el 
juego r acúsate si ha sido por la codicia de la ga* 
nancia, ó por el placer de la conversión, y así en 
los otros. Di también si te has detenido mucho, 
en tu mal , por quanto con el largo espacio del 
tiempo crece mucho ordinariamente el pecado: 
porque hay mucha diferencia de una vanidad pa- 
sagera , que habrá ocupado nuestro espíritu un 
quarto de hora, á otra, en. la qjnal se haya deteni^ 
do nuestro corazón un dia, dos, ó tres, &c. Me- 
. nester es , pues ; decir la obra , el motivo , y el es- 
pacio de tiempo de nuestros pecados : porque 
aunque comunmente no haya obligación de tanta 
puntualidad en la declaración de los pecados ve- 
niales*, y. que.de la misma. manera no sea pre- 
ciso el confesarlos , con to^o eso los que quie- 
ren bien apurar, y limpiar sus alnup, para me- 



DE QUBVÍDO. I33 

jor alcanzar la santa devoción, debrian con mu* 
cho cuidado mostrar al Médico espiritual el mal, 
por pequeño que sea , del qual quieren ser sanos. 
No dexes de decir lo que se requiera para 
dar bien á entender la calidad de tu ofensa, co- 
mo el sugeto que has tenido de encolerizarte , u 
de sufrir á alguno ; en su vicio. Por exemplo: un 
hombre, el qual me desagrada, me dirá alguna pa- 
labra ligera, y de risa; yo lo tomaré á mala parte, 
y me irritaré a cólera. Y si otro, que me es agra- 
dable , me dice cosa mucho mas digna de eno- 
jo , no por eso lo siento , sino antes me causa 
risa. Entonces diré á mi Confesor : Yo me he 
arrojado á decir palabras enojosas a una persona, 
habiendo tomado a mala parte cierta cosa que 
me dixo ; y esto no por la calidad de las pala- 
bras; , sino por serme la tal persona enfadosa, y 
desagradable ; y si fuese menester particularizar 
las palabras para mejor declararte , pienso que 
seria bueno decirlas : porque acusándose de es- 
ta manera, simple y llanamente, no solo se des^ 
cubren los pecados hechos , pero también las 
malas inclinaciones, costumbres, hábitos, y otras 
raices del pecado; con lo qual el Confesor reci- 
be un mas entero conocimiento del corazón que 
trata , y de los remedios que le serán propios. 
Es menester después de esto no declarar nunca 

*3 



134 OBRAS M T>. 7&AKCISCO 

el tercero que habrá cooperado en tu pecado^ 
y esto quanto te sea posible. 

Repara en una cantidad de pecados , que 
viren y reynan muy á menudo en la concien- 
cia , para que te puedas limpiar de ellos ; y i 
éste efecto lee con atención al capítulo sexto, 
veinte y siete , veinte y" ocho», veinte y nue- 
ve , treinta y cinco , y treinta y seis de lá ter- 
cera parte , y el octavo de la quarta. No mu* 
des fácilmente de Confesor ; sino en escogiendo 
uno, continúes en darle cuenta de tu conciencia 
en los dias señalados para esto, diciéndole desnu- 
damente los pecados que hubieres cometido, y do 
tiempo , en tiempo , cómo digamos de mes á mes, 
6 de dos en dos meses. Dile también el estado 
de tus inclinaciones , aunque por ellas no hayas 
pecado , como si te hallas atormentado de tris- 
teza, de congoja: si te dexas llevar de la dema- 
siada alegría , y deseo de adquirir hacienda , y 
semejantes inclinaciones. 

CAPITULO XI 



Di 



De la frecuente Comunión. 



"icen que Mitidrates, Rey de Ponto, habien- 
do inventado el Mitridático , reforzó con él de 
manera su cuerpo, que procurando después con 



BZ QUE VEDO. 135 

muchas veras emponzoñarse (por no sujetarse 
al Romano yugo ) jamas le fue posible. 

£1 Salvador ha instituido el Sacramento de 
la Eucaristía , que contiene realmente su Carne, 
y sú Sangre, para que quien le come viva eter- 
namente. Por esto qualquiera que le usa á me- 
nudo , y con devoción , fortalece de manera la 
salud, y la vida de su alma , que es casi impo- 
sible sea emponzoñado de ninguna suerte de ma- 
la afición , ú depravado intento. No podemos 
ser sustentados de esta Carne de vida , y vivir 
de aficiones , y deseos de muerte. Así como los 
hombres , viviendo en el Paraíso terrestre , no 
podian morir, según el cuerpo por la fuerza de 
aquel fruto vital que Dios habia puesto en él; 
así pueden también no morir espiritualmenjre por 
la virtud de este Sacramento de vida: que si las 
frutas mas tiernas , y sujetas á corrupción , co- 
mo son las cerezas, los albaricoques, y las fresas, 
sé conservan fácilmente todo el año, estando en 
conserva de azúcar , ó miel; no es de maravillar 
si nuestros corazones , aunque frágiles , y débi- 
les , se preservan de la corrupción del pecado, 
estando en el dulce azúcar , y miel de la incor- 
ruptible Carne , y Sangre del Hijo de Dios. ¡ O 
Filotea , los Christianos que se condenarán , y 
se hallarán sin réplica quando el justo Juez les 

14 



1 $6 OBRAS DE T>. FRANCISCO 

mostrará quán sin razón murieron espiritualmen* 
te , siéndoles tan fácil el mantenerse en vida, y 
salud por el alimento de su Cuerpo, el qual les 
dexó á este fin ! Miserables ( dirá ) , ¿ por qué 
os habéis muerto , teniendo á vuestro mandado 
el fruto, y la vianda de vida ? 

El recibir la comunión de ía Eucaristía to- 
dos los dias , ni yo lo alabo , ni tampoco lo vi- 
tupero ; mas el comulgar todos los Domingos yo 
lo exhorto , y aconsejo á qualquiera ; y esto sé 
entiende llegando á tener el espíritu sin ningu*- 
na gana , y afición de pecar. Estas son las pro- 
pias palabras de S.' Agustin , con el qual ni vi* 
tupero , ni alabo absolutamente el comulgar ca- 
da dia , sino antes dexo esto á la discreccion del 
Padre Espiritual 9 del que se querrá resolver so- 
bre este punto : porque la disposición necesaria 
para una tan freqüente comunión , antes de ser 
muy exquisita , no es bien , ni se puede acon- 
sejar generalmente. Y por quanto esta disposi- 
ción > aunque exquisita, se puede hallar en mu- 
chas buenas almas , tampoco se puede divertir, 
ni disuadir en general, antes esto se debe tratar 
por la consideración del estado interior de cada 
%mo en particular. Imprudencia seria el aconse- 
jar indistintamente á todos este tan freqüente uso; 
pero también seria imprudencia el injuriar , por 



DE QUEVEDO. > I 37 

lisarle, á alguno, y tíias quando sigue el aviso, 
ó parecer de su Confesor. La respuesta de San- 
ta Catalina de Sena fue graciosa, quando dicién- 
dola ( por verla^comulgar tan amenudo ) que S. 
Agustín no alababa , ni vituperaba el comulgar 
todos los días, respondió : " Pues S. Agustín no 
f , lo vitupera , ruegoos no lo vituperéis vosotros 
„ tampoco f y con eso estaré contenta/' 

Hallarás con todo esto otros muchos legí- 
timos embarazos, no de tu parte, sino de aque- 
llos con quien tratas , y vives , que darán oca- 
sión á tu Confesor para que te diga no comul- 
gues tan á menudo. Por exemplo: si tú te hallas 
debaxo de alguna sujeción , y aquellos á quien 
debes la obediencia , y reverencia son tan mal 
instruidos , y sospechosos , que se inquietan , y 
alborotan en verte comulgar tan á menudo ; por 
ventura , considerado bien , será lo mejor con- 
descender con su gusto, y no comulgar sino de 
quince en quince dias , entendiendo esto en ca- 
so que no se pueda de ninguna manera vencer 
la dificultad. No se puede quitar esto en gene- 
ral ; solo se ha de hacer lo que el Confesor acon- 
sejare. Bien es verdad que puedo asegurar que 
la mayor distancia de las comuniones es la de 
mes á mes entre los que quieren servir á Diofr 
devotamente. Si fueres prudente, no hay ni pa- 



I38 OBRAS ME IV. FRANCISCO 

dre, ni madre que puedan cstorvarre eí comul- 
gar á menudo; y esto porque el dia de tu coma* 
nion no por eso te olvidas del cuidado ordinario 
de tus obligaciones según tu estado, mostrando- 
te antes mas apacible, y afable con tus padres, 
superiores, ó amos, no rehusándoles ninguna 
suerte de justa petición que te hagan ; con lo 
qual no hay apariencia de que quieran apartar- 
te de exercicio tan virtuoso, viendo que no les 
trae ninguna incomodidad , si no es que fuesen 
de un natural por extremo áspero, y poco llega* 
do á razón; y en este caso (como ya te he dicho) 
aconsejaráste siempre con tu Padre espiritual, to- 
mando tu resolución de la que él te diere. 

Habré de decir una palabra á los casados. 
Hallaba Dios, malo en la Ley vieja que los acree- 
dores pidiesen lo que se les debia en los días de 
fiesta ; pero no hallaba malo que los deudores 
pagasen , y volviesen lo que debían á sus acree- 
dores. Cosa es indecente ( aunque no gran pe* 
cado) el solicitar la paga de la deuda nupcial el 
dia que se comulga 9 pero no es cosa mal sonante, 
antes meritoria el cumplirla; y así por esto nin- 
guno debe dexár de comulgar, porque rinda la 
paga de la tal deuda , si la devoción le provo- 
ca á este justo deseo. En la primera Iglesia los 
Christianos comulgaban todos los días , aunque 



BSQUSVIBO. I39 

fuesen casados > y benditos de la generación de 
los hijos. Por esto , pues , he dicho que la fre- 
cuente comunión no traerá ninguna suerte de 
incomodidad ni á los padres , ni í las mugeres, 
ni á los maridos , con que el alma que comulga 
sea prudente , y discreta. Quanto á las enferme- 
dades corporales no hay ninguna que pueda estor- 
var legítimamente esta santa participación, sino 
es la qué muy de ordinario provoca al vómito. 
Para comulgar cada ocho dias conviene no 
tener , ni pecado mortal , ni ninguna afición al 
pecado venial, y tener un gran deseo de la co- 
munión ; mas para la continuación de cada dia 
es menester , ademas de esto , haber rendido la 
mayor parte de las malas inclinaciones , y que 
esto sea (como tengo dicho) por el aviso del Pa- 
dre Espiritual. 

CAPITULO XXI. 

Cómo se ha de Comulgar. 

comienza la noche precedente i prepararte 4 
la santa comunión por diversas aspiraciones , y 
salidas de amor , retirándote un poco mas tem- 
prano , para que así té puedas levantar mas de 
mañana ; y si despertares en la noche , hinche 
luego tu corazón , y tu boca de algunas pala* 



J 40 OBRAS DE D. FRANCISCO 

bras de adoración , por cuyo medio tu alma que- 
de perfumada para recibir el Esposo , el qual 9 
velando mientras tú duermes, se prepara á traer- 
te mil gracias , y favores , si es que de tu par* 
te estás dispuesta á recibirlos. Levántate á la ma- 
nana con grande alegria por la buena suerte que 
esperas; y habiéndote confesado, ve con grande 
confianza, y una grande humildad á recibir está , 
Vianda celeste, la qual te alimenta á la inmor- 
talidad. Y después que habrás dicho las pala- 
bras sagradas: Señor , no soy digna, no muevas 
mas tu cabeza , ni tus labios , sea para rezar, 
6 sea para suspirar; sino abriendo mansa, y me* 
diariamente tu boca » y levantando tu cabeza 
lo necesario para que el Sacerdote vea lo que 
hace , recibe llena de fe , esperanza , y caridad 
aquel , el qual , al qual , por el qual , y para 
el qual tu crees , esperas, y amas. ¡O Filotea ! 
como la abeja, habiendo recogido sobre las flo- 
res el rocío. del Cielo, y el zumo mas exquisi- 
to de la tierra, y habiéndolo reducido á miel, lo 
lleva á su colmena; asi el Sacerdote , habiendo 
recogido sobre el Altar al, Salvador del mundo, 
verdadero Hijo de Dios, que como un rocío des- 
cendió del Cielo , y verdadero Hijo de la Vir- 
gen, que como flor salió de la tierra de nuestra 
humanidad , lo vuelve en vianda de suavidad 



DE QUEVSDO. I4I 

dentro de tu boca ,, y dentro de tu cuerpo. Ha- 
biéndole , pues , recibido , excitarás tu corazón 
á que rinda las debidas graciada este Rey do 
salud , tratando con ¿1 de tus negocios interio- 
res. Considerarásle dentro de tí, donde se puso 
por tu buena suerte. Harásle en fin todo el me- 
jor acogimiento que te será posible , portando* 
te de suerte que se conozca en todas, tus accio- 
nes que Dios está contigo. 

Quando no pudieres gozar este bien de co- 
mulgar realmente en la S^nta Misa, comulga 
á lo menos de corazón, y de espíritu, uniéndo- 
te por un ardiente deseo á esta carne vivifican- 
te del Salvador. . ., 

Tu principal «intención en la comumpn de- 
be ser el adelantarte, fortificarte , y consolarte 
en el amor dé Dios , porque debes recibir por 
amor lo que el solo amor te hace dar. No pue- 
de el Salvador ser considerado en upa^accioij mas 
amorosa , ni mas tierna que esta , en la qual se 
aniquila (por manera de decir) y se reduce i 
vianda , p?ra penetrar nuestras almas Jr y unirse 
intimamente al corazón , y cuerpo de sus fieles. 

. Si los mundanos te preguntan por qué co- 
mulgas tan á menudo , respóndeles que es pot 
aprender á amar Dios, por purificarte de tus im- 
perfecciones , por librarte de tus miserias, por 



14* OBRAS DE D. FRANCISCO 

consolarte en tus aflicciones , y por fortificarte 
en tus flaquezas. Diles que dos suertes de gen- 
tes deben comulgar á menudo : los perfectos, 
porque hallándose bien dispuestos, harían muy 
mal de no llegarse al manantial, y fuente de per- 
fección : los imperfectos para poder juntamente 
pretender la perfección : los fuertes para que no 
se debiliten: los débiles para que se fortifiquen: 
los enfermos para que sanen ; y los sanos para 
que no enfermen; y que quanto á tí, como im- 
perfecta f débil, y enferma, has menester comu- 
nicar i menudo con quien es tu perfección , tu 
fuerza, y tu Médico. Diles que los que no tie- 
nen muchos negocios mundanos deben comulgar 
í menudo por quanto tienen comodidad , y los 
que tienen muchos negocios del mund», porque 
tienen necesidad ; y que aquel que trabaja mu- 
cho , y está cargado de penas, debe también co- 
mer viandas sólidas, y á menudo. Diles que re- 
cibes el Santísimo Sacramento para aprender i 
bien recibirle ; porque es casi imposible el ha- 
cer bien:: una acción , no habiéndola ejercitado' 
muchas veces. .'--•• 

Comulga á menudo , Filotea , y lo mas á 
menudo que pudieres , con el aviso , y parecer 
de tu Padre Espiritual; y créeme que las liebres 
en Invierno , y en medio de nuestras montaña* 



DE QUIVSDO. I45 

se vuelven blancas; y esto porque no beben, ni 
comen sino sola nieve. Y á fuerza de adorar, y 
comer la hermosura , la bondad , y la pureza 
misma en este divino Sacramento , tú también 
te volverás perfectamente hermosa , perfecta- 
mente buena , y perfectamente pura. 

TERCERA PARTE 

£>E LA INTRODUCCIÓN. 

EN LA QUAL SE CONTIENEN 

muchos avisos necesarios al exer cirio di 

las virtudes. 

CAPITULÓ PRIMERO. 

De la elección que se debe hacer quanto al excr* 
cirio de las virtudes. 



E 



1 rey de las abejas no se sienta en los campos, 
si no está rodeado de todo su pequeño pueblo; 
Así la caridad no entra jamas en un corazón, que' 
no aloje consigo todo el acompañamiento de las 
otras virtudes , exercitándolas , y poniéndolas en 
obra , como hace un Capitán á sus Soldados ; pe- \ 
ro no las exercita todas de una vez , ni igual- : 
mente , ni en todos tiempos , ni en todos luga» 
res. £1 justo es como el árbol que está planta- 



1 44 OBRAS DE D. FRANCISCO 

do sobre la corriente de las aguas, el qual da su 
fruto a su tiempo, por quanto la caridad, regan- 
do una alma , produce en ella las obras virtuo- 
sas , cada una en su sazón. La música ( aunque 
en sí tan agradable ) es importuna , y enfadosa, 
en un luto ,. ó entierro , dice $1 Proverbia Es. 
una gran falta en muchos , que aplicándose al 
exercicio de alguna virtud particular /porfían en 
qualquier tiempo , y ocasión que las acciones no 
salgan nada de aquello que desean, como aque- 
llos antiguos Filósofos, que siempre lloraban, ó 
siempre rftqij i y aun hacen peor quando menos- 
precian , y censuran á los que como ellos no 
czereitan siempre estas mismas virtudes. „ Es 
„ menester alegrarse con los alegres , y llorar 
„ con Iqs que Ilotas (dice el Apóstol), y laca-. 
„ ridad es paciente., benigna , .liberal , prudeu- 
f , te , y condescendiente." 

X>$, la ? mísma manera hay virtudes , cuyo, 
uso ha de. ser casi universal , : y quejno solamen* 
te deban. exercersp sus acciones aparte, sino an- 
tfs k tomar sus calidades , y acciones de todas las. 
ofras virtudes. No siempre se ofrece ocasión de 
practicar la fuerza : , la magn^imidid , la mag- 
nificencia ; t pero lar apacibüidad , la templanza > 
la honestidad , y h humildad son ciertas virtu- 
des, con las quales todas las. acciones de nuestra 



DE QUEVEDO. I45 

vida deben ir mezcladas. Virtudes hay mas ex- 
celentes ; mas no por eso su uso será tan nece- 
sario. £1 azúcar es mas excelente que la sal; mas 
la sal tiene mas freqüente, y general uso. Por eso 
se debe siempre tener buena, y pronta provisión 
de estas virtudes generales , pues se ha de servir 
de ellas casi de ordinario. 

Entre el exercicio de las virtudes defeemos 
preferir aquel que ,es mas conforme á nuestra 
obligación , y no á nuestro gusto. Era el gusto 
de Santa Paula el exercitarse en la aspereza de 
las' mortificaciones corporales , para gozar mas; 
fácilmente de los regalos espirituales ; mas no 
por eso dexaha de tener mas obligación á la obe- 
diencia de sus Superiores. Por esto San Geróny- 
mo la tenia por digna de reprehensión , viendo 
que contra el parecer de su Obispo se exercita- 
ba en inmoderadas abstinencias. Al contrario los 
Apóstoles, que tenian cargo de predicar el Evan- 
gelio , y distribuir á las almas el Pan celeste, 
juzgaban que era indecente el embarazarse pa- 
ra este santo exercicio , por practicar la virtud 
del cuidado de los pobres , aunque de sí es tan 
excelente. Cada estado ha menester practicar al- 
guna especial virtud. Unas son las virtudes de 
un Prelado , otras las de un Príncipe , otras las 
de un Soldado , otras las de una muger casada, 

TQM. IV* K 



I46 OBRAS DE D. FRANCISCO 

y otras las de una viuda ; y aunque todos estos 
deben tener todas las virtudes , no por eso deben 
todos practicarlas igualmente , sino que cada uno 
debe particularmente darse á las que se requie- 
ren al género de vida que pasa. 

Entre las virtudes que no miran á nuestra 
obligación particular debemos preferir las mas 
excelentes, y no las mas aparentes. Los come- 
tas parecen ordinariamente mas grandes que las 
estrellas , y ocupan mucho mas lugar en núes-, 
tra vista: mas no por eso deben compararse , ni 
en grandeza , ni en calidad á las estrellas. Ellos 
parecen grandes solo por quanto están cerca de> 
nosotros, y en un sugeto mas grosero en compa- 
ración de las estrellas. De la misma manera hay 
ciertas virtudes , las quales por estar cerca de 
nosotros , sensibles , ó por mejor decir materia- 
les, son en estremo estimadas, y preferidas siem- 
pre del vulgo. Así prefieren algunos comunmen- 
te la limosma corporal á la espiritual, el silicio al 
ayuno, la desnudez á la disciplina , y las mortifi- 
caciones del cuerpo á la dulzura, benignidad, mo- . 
destia, y otras mortificaciones del corazón. Esco- 
ge, pues, Filoteá, las mejores virtudes, y no las 
mas estimadas: las mas excelentes, y no las mas 
aparentes : las mejores, y no las mas bizarras. 

A qualquiera es muy provechoso el esco- 



DÉ QUEVED0. I47 

gcr un exercicio particular de alguna virtud , y 
esto no para dexar las otras, sino para mejor te- 
ner el espíritu exercitado , y ocupado. Una her- 
mosa , y joven doncella , mas reluciente que A 
Sol , vestida, y adornada realmente, y corona- 
da con una corona de oliva, apareció á S. Juan, 
Obispo de Alexandria , y le dixo : „ Yo soy la 
„ hija mayor del Rey : si tu me puedes alcan- 
„ zar por tu amiga, yo te llevaré delante su Ca- 
„ ra." Conoció que era la misericordia para con 
los pobres , la qual Dios le encomendaba : cau- 
sa porque después se dio de manera al exercicio 
de esta virtud , que era llamado de todos San 
Juan el Limosnero. Eulogio Alexándrino , de- 
seando hacer algún servicio particular á Dios, 
y no hallándose con bastante fuerza , ni para 
abrazar la vida solitaria , ni para ponerse deba- 
xo de la obediencia de otro, recogió consigo un 
pobre hombre , en estremo leproso , y llagado, 
para exercitar con él la caridad , y mortificación: 
y para que pudiese conseguir esto mejor , hizo 
voto de honrarle , tratarle , y servirle como un 
criado haría á su amo, ó señor. Consintieron des* 
pues, asi Eulogio como el Leproso , en una ten- 
tación , que era no apartarse el uno del otro, so- 
bre lo qual , aconsejándose con el gran San An- 
tonio , les dixo : ,> Guardaos bien , hijos mios, 

L % 



I48 OBRAS DE D. FRANCISCO 

„ de apartaros el uno del otro ; porque hallan- 
„ doos los dos cerca de vuestro fin , si el Ángel 
„ no os halla juntos , correréis gran peligro dq 
„ perder vuestras coronas/' 

El Rey San Luis visitaba los hospitales , y 
servia los enfermos con sus propias manos, Sao 
Francisco amaba sobre todo la pobreza, á la qual 
llamaba su señora : Santo Domingo la Predica- 
cion , de la qual su Orden ha tomado el nom- 
bre. San Gregorio el Magno se deleytaba en aca- 
riciar los peregrinos , á exemplo del gran Abra* 
han , y como él también en forma de peregri- 
no recibió al mismo Rey de gloria. Tobías se 
exercitaba en la caridad de amortajar los difun- 
tos. Santa Isabel , con ser tan grande Princesa, 
amaba sobre todo el menosprecio de sí misma. 
Santa Catalina de Genes, luego que enviudó, se 
dedicó al servicio de un hospital. Casiano cuen- 
ta , que una devota doncella , deseosa de excr- 
etarse en la virtud de la paciencia , acudió á. 
San Atanasio , el qual a petición suya la dio por 
compañera una pobre viuda , enojosa, colérica, 
enfadosa t é insufrible ; de cuya mala condición 
perseguida la devota doncella, tenia no peque- 
ña ocasión para practicar lá apacibilidad , y man- 
sedumbre. Así entre los Siervos de Dios los unos 
se dan á servir los enfermos , los otros á procu- 



DE QUEVÉDO. 149 

rsúr el adelantamiento de la Doctrina Christiana, : 
enseñándosela á los de tierna edad t los otros á } 
encaminar, é instruir las almas perdidas, y des-" 
carnadas : los otros a adornar los Templos, ó hon- 
rar los Santos; y los otros á procurar la paz , y 
concordia entre los hombres , en lo qual imirán" 
á los bordadores, que sobre diversos fondos po- 
nen con hermosa variedad las sedas , el oro , y 
la plata, para hacer todas suertes de flores: por* 
que de la misma manera las almas piadosas, que ' 
se emplean en algún particular exercicio de de- 
voción , se sirven de tal como de un fondo pá- ' 
ra su bordado espiritual, sobre el qual practican ' 
la variedad de todas las otras virtudes , tenien- 
do de está suerte sus acciones , y aficiones me- 1 
jor unidas ; y pareadas, y esto por la convehien- • 
cia que tienen con su principal exercicio ; con 
que pueden deci* que k su espíritu. 

En su vestido , de oro recamado, 

La aguja varias flores ha sembrado. . . . 

Quando nos sentimos combatido? dé algún 
vicio , nos conviene , «Juahto nos' sé^ posible," 
abrazar la práctica de la* virtud contraria, enca- 
minando á esta las demás ; porque por este me- ' 
dio venceremos nuestro enemigo, y- no d¿xare-< 
mós de adelantarnos en todas las virtudes. Si yo 

*3 



I 5 O OBRAS PE D. FRANCISCO 

me siento combatido de soberbia , ó de cólera* 
conviene que en toda cosa me incline , y vuel- 
va al lado de la humildad , y afabilidad , enca- 
minando á este fin los otros exercicios, como la 
oración, los Sacramentos, la prudencia, la cons- 
tancia , y la templanza ; porque como los java- 
lies para aguzar los colmillos los aprietan , y es- 
triegan con los otros dientes! los quales recípro- 
camente quedan afilados, y agudos; así el hom- 
bre virtuoso , habiendo emprendido el perficio- 
narse en la virtud, de quien tiene mas necesidad 
para su defensa , la debe limar , y afilar con el 
«xercicio de las otras virtudes; las quales afilan- 
do las otras , quedan todas mas excelentes , y 
mejor pulidas , como sucedió á Job , que exer- 
citándose particularmente en la paciencia contra 
tantas tentaciones como tuvo, se hizo perfecta- 
mente santo, y virtuoso, en toda suerte de vir- 
tudes ; y como dice San Gregorio Nazianzeno, 
que por una sola acción J dc alguna virtud, bien, 
y perfectamente éxercitáda , viene una persona 
4 4a cosj^i^bre de las demás virtudes, alegando 
a. este progosito-á Rahab ; la qual , habiendo con 
puntualidad exercitado $1 oficio de la hospitali- 
dad, llegó a upa gloria suprema. Entiéndese es- 
to quando la-t^l acción se crocita coa excelea» 
€¿a , y fervor _4* paridad. 



DI QUEVSDO. I J I 

CAPITULO II. 

Progreso del mismo discurso de la elección de 
las virtudes. 

Oan Agustín dice excelentemente que los que 
comienzan en la devoción , cometen ciertas fal- 
tas , las quales son dignas de reprehensión según 
el rigor de las leyeyde perfección ; y fuera de 
esto, son dignas de alabanza por el buen presa- 
gio que dan de una futura excelencia de piedad, 
á la qual asimismo sirven de disposición. El mie- 
do, que es el que engendra los excesivos escrú- 
pulos en las almas de los que nuevamente salen 
de las ligaduras del pecado , es una virtud im- 
portantísima en este principio , y presagio cier- 
to de una futura pureza de conciencia ; pero es- 
te mismo miedo seria digno de vituperio en los 
que están muy adelantados en la virtud, en cu- 
yo corazón debe reynar el amor , el qüal poco 
á poco desecha esta suerte de servil miedo. 

San Bernardo en sus principios era muy ri- 
guroso , y áspero con los que buscaban su doc- 
trina , á los quales la primera cosa que decia era, 
que para venir í él , dexasen el cuerpo , y vi- 
niesen en solo espíritu; y oyendo las confesiones, 
abomina con una extraordinaria severidad qual- 

K4 



I 5 2 OBRAS PE T>. FRANCISCO 

quier suerte de faltas, por pequeñas que fuesen; 
y procuraba de manera instruir en la devoción 
á estos pobres aprendices , que de puro apretar- 
los á este fin , antes los desviaba de su propósi- 
to , porque congojados desmayaban , viéndose 
apretar, y aguijar en una tan derecha, y áspe- 
ra subida. ¿No ves, Filotca, que era un zelo ar- 
dentísimo de una perfecta pureza el que procu- 
raba á este gran Santo á esta suerte de método : y 
que este zelo era una grande virtud, pero virtud 
con todo eso que no dexaba de ser reprehensible? 
También el mismo Dios por una sagrada apari- 
ción le corrigió derramando en su alma un espí- 
ritu dulce , suave, amigable, y tierno, por cu- 
yo medio , habiéndose vuelto otro , se acusaba 
después de haber sido tan exacto , y severo ; y 
se hizo de manera tratable , y apacible con qual- 
quiera , que se hizo á todo con todos para ga- 
narlos á todos. r San Gerónymo, habiendo conta- 
do que Santa Paula, su amada hija, se mostra- 
ba no solo excesiva, pero contumaz en el exer- 
cicio de las mortificaciones corporales, hasta lle- 
gar á no admitir el aviso contrario que San Epi- 
fanio su Obispo la habia dado á este fin ; y que 
fuera de esto se dexaba de manera llevar del sen- 
timiento de la muerte de los suyos, que casi 
siempre estaba en peligro de morir , concluye de 



DE QUE VEDO. x *5 3 

esta suerte: ,, Dirán sin duda que en lugar de 
„ escribir alabanzas de esta Santa , escribo acu- 
„ saciones , y vituperios. Hago testigo á Dios, 
*, al qu^l ella ha servido , y yo deseo servir/ 
„ que no miento , ni de una parte , ni de otra; 
„ antes digo llana y lisamente lo que ella es, co- 
„ rao Christiaíio , de una Christiana ; esto es 
„ que escribo la verdadera historia , y que sus 
„ vicios son las virtudes de otros." Quiere de- 
cir que las faltas de Santa Paula hubieran teni- 
do lugar de virtudes en un alma menos perfec- 
ta : coipo verdaderamente vemos que hay accio- 
nes que son tenidas por imperfecciones en los 
que son perfectos , las quales antes serian teni- 
das por grandes perfecciones en los que son im- 
perfectos. Es buena señal en un enfermo quando 
al salir de su enfermedad se le hinchan las pier- 
nas , porque lo tal arguye que la naturaleza ya 
reforzada despide los humores superfluos ; pero 
esta misma señal seria mala en uno que no está 
enfermo , porque denotaría no hallarse natura- 
leza con bastantes fuerzas para disipar, y resol- 
ver los humores. Filotea mia , mucho nos con- 
viene el tener buena opinión de aquellos á quie- 
nes vemos practicar las virtudes , aunque sea 
con imperfección , pues que los Santos mismos 
las han muchas veces practicado de esta suerte. 



154 OBKAS DB D. FRANCISCA 

Pera quinto i nosotros nos conviene el tener 
cuenta de excitarnos, no solo fiel, pero pruden- 
temente , y á este fin observar el aviso del Sa- 
bio de no aprobarnos en nuestra propia pruden- 
cia, sino en la de aquellos que Dios nos ha da- 
do por conductoras , y Padres espirituales. 

Hay ciertas cosas que muchos tienen por 
virtudes , y que de ninguna manera lo son , de 
las quales es necesario diga algo. Estos son los 
éxtasis , ó raptos , las insensibilidades , impasi- 
bilidades , uniones deíficas , elevaciones , trans- 
formaciones, y otras tales perfecciones ,. de las 
quales tratan ciertos libros , los quales prometen 
levantar el alma hasta la contemplación puía in- 
telectual , á la aplicación ensencial del espíritu, 
y vida supereminente. No ves tíi, Filotea y quo 
estas perfecciones no son virtudes, sino recom- 
pensas que Dios dá por las virtudes, ó ( por me- 
jor decir) vislumbres de las felicidades de la vida 
futura, las quales i veces se le figuran al hom- 
bre para hacerle desear los eternos bienes del Pa- 
raíso ? Mas con todo esto no se han de preten- 
der las tales gracias , pues no son de ninguna ma- 
ñera necesarias para el bien servir, y amar i Dios, 
lo qual debe ser nuestra única pretensión; y mu- 
chas veces también no son gracias que no pue- 
dan adquirirse por el trabajo, é industria, vicn- 



DE QUE VE DO. I$$ 

do que son antes pasiones que acciones , las qua* 
les podemos recibir , mas no hacer en nosotros. 
Añado á esto , que nosotros no hemos intenta* 
do hacernos sino gente de bien, gente de devo- 
ción , hombres piadosos , y mugeres piadosas: 
causa por que nos conviene emplearnos bien en 
esto, que si Dios es servido de levantarnos has- 
ta estas perfecciones angélicas, cambien seremos 
buenos Angeles ; pero mientras las esperamos* 
exercitémonos simple , humilde y devotamente 
en las pequeñas virtudes, cuya conquista nues- 
tro Señor ha puesto en nuestro cuidado, y tra- 
bajo , como la paciencia , la mansedumbre , la' 
mortificación de corazón , la humildad , la obe- 
diencia, la pobreza, la castidad, la blandura pa- 
ra con el próximo, el llevar con paciencia sus- 
ímperfecciones, la diligencia, y santo fervor. De* : 
xemos voluntariamente las sobreeminencias á las 
almas reelevadas ; que nosotros no merecemos* 
puesto tan alto en el servido de Dios. No poco 
dichosos seremos en servirle «n su cocina , en str 
panetería, en ser lacayos, y ganapanes, criados 
humildes ; que después le tocará ( si le parecie- 
re justo ) el hacernos de su Cámara , y Conse- 
jo privado. Esto es así, Filotea, porque esteTley 
de gloria no recompensa sus criados según la dig- 
nidad de los oficios que exercen , sino según el 



I 5 6. OBRAS DE T>¡ FRANCISCO 

amor , y humildad con que los exercitan. Saúl, 
buscando los jumentos de su padre, halló el Rey- 
no de Israel. Rebeca , abrevando, los Camellos 
de Abrahan, se hizo esposa de su hijo. Rut, es- 
pigando con los segadores de Booz, y echándo- 
se á sus pies , mereció ser su esposa. Y es cier- 
to que las pretensiones tan levantadas de las. co- 
sas extraordinarias , están por estremo sujetas á 
ilusiones, engaños, y falsedades: y sucede á ve- 
ces que los que piensan ser Angeles , no son ni 
aun buenos hombres; y que en sus hechos hay 
mas grandeza en las palabras, y términos de que 
usan , que en el sentimiento , y ; obra. Mas no 
por eso se ha de menospreciar , ni censurar te* 
merariamenté; nada ; sino que dando gracias i 
Dios de la eminencia de los otros , nos quede- 
mas humildes en nuestro camino, mas baxo, pe- 
ro tijas Seguró ; menos excelente , pero mas có- 
modo á nuestra insuficiencia , y pequenez ; en 
la qual si nos conservamos humilde y fielmente, 
Dios nos levantará á grandezas bien grandes. 



CAPITULO II L 
De la Paciencia. 



N. 



ecesaria os es la paciencia , para que ha- 
ciendo la voluntad de Dios , gouis la promesa ' 



DE QUEVBDO. I 57 

( dice el Apóstol ) ; porque como pronunció el 
Salvador : En vuestra paciencia poseeréis vues- 
tras almas. Suma felicidad del hombre, Filotea, 
es el poseer su alma , y quanto mayor es la per- 
fección de nuestra paciencia , tanto mas perfec- 
tamente poseemos nuestras almas. Menester he- 
mos, pues , perficionarnos en esta virtud. Acuér- 
date muy a menudo como nuestro Señor nos ha 
salvado padeciendo , y sufriendo ; y que de la 
misma manera debemos procurar nuestra salud 
con sufrimientos , y aflicciones , llevando las in- 
jurias , contradicciones , y desplaceres con la ma- 
yor mansedumbre que nos sea posible. 

No limites tu paciencia á tal, ó tal suerte, 
de injurias, y aflicciones; sino extiéndela umver- 
salmente a todas las que Dios te enviare, y per- 
mitiere. Hay unos que no quieren sufrir sino las 
tribulaciones honrosas : pongo por exemplo el 
ser heridos en la guerra , ser presos en la bata- 
lla , ser maltratados por la Religión , ó empo- 
brecer por alguna pendencia , ó desafio , en el 
qual hayan quedado vencedores; y estos no aman 
la tribulación , sino la honra, que ésta á su pa- 
recer les trae. El verdadero paciente, y siervo 
de Dios lleva igualmente las tribulaciones , así 
las que se juntan con la ignominia , como las hon- 
rosas. £1 ser menospreciado, reprehendido, y 



I 5 8 OBRAS DE D. FRANCISCO 

acusado de los malos , fácil le es de sufrir á un 
hombre animoso; pero el ser reprehendido, acu- 
sado, y maltratado de la gente de bien , de los 
amigos, y de los parientes, aquí es donde se co- 
noce el verdadero siervo de Dios. Es mas de es- 
timar la mansedumbre con que el Bienaventu- 
rado Cardenal Borromeo sufrió mucho tiempo 
las reprehensiones públicas que un gran Predi- 
cador contra él pronunciaba , que otras muchas 
molestias que de otros recibía; porque de la mis- 
ma manera que las picaduras de las abejas dan 
mas pesadumbre que las de las moscas , de la 
misma manera el mal que se recibe de los bue- 
nos, y sus contradiciones, son mucho mas inso- 
portables que las otras; y con todo esto sucede 
muchas veces que dos buenas intenciones sobre 
la diversidad de sus opiniones una á otra se per- 
siguen , y contradicen. 

Sé sufrida , no solo en lo principal de las 
aflicciones que te sobrevinieren , pero también 
en lo accesorio, y accidental que de ellas depen- 
diere. Muchos querrían tener trabajos , con con- 
dición que los tales no les traxesen incomodidad. 
No siento ( dice uno ) el haber empobrecido , si 
esto no me estorvára el servir , y regalar mis 
amigos , engrandecer mis hijos , y vivir honra- 
damente , como yo deseara. Otro dirá : Nada se 



DE QUE VEDO. I 59 

me daria , si no fuese por ver que el mundo pen- 
sará haberme sucedido esto por mi falta. Otro 
sufrirá con mucha paciencia la detracción del 
maldiciente , con condición que nadie dé crédi- 
to al que de él murmura. Otros hay que quer* 
rían tener alguna incomodidad de trabajos según 
su parecer , pero no por entero. No pierden la 
paciencia ( dicen los tales ) por verse enfermos, 
sino por verse sin dinero' para poder regalarse, 
6 por ver la importunidad de los que les sir- 
ven, ó acompañan. Dígotc, pues,Filptea, que 
conviene tener paciencia , no solo del estar en- 
fermos , pero del ser de la enfermedad que Dios 
quiere , y con las incomodidades que qitíere, y 
de la misma manera en las otras tribulaciones. 
Quando te viniere algún trabajo, oponle los re- 
medios posibles , lícitos, y justos, porque hacer 
otra cosa seria tentar á su Divina Magestad ; pe- 
ro hecho esto, esperarás con una entera resigna- 
ción el efecto que mas á Dios agradare. Si fue- 
re servido que los remedios venzan el trabajo, 
darásle gracias con humildad ; mas si fuere ser- 
vido que el mal pueda mas que los remedios, 
conviene bendecirle con paciencia. 

Sigue el parecer de San Gregorio. Quan- 
do justamente fueres acusado de alguna falta que 
bayas cometido, humíllate quanto puedas, con- 



I 6 O OBRAS DE D. FRANCISCO 

fesando mereces mas que la acusación que te han 
hecho ; y si la acusación fuere falsa , escusarás- 
te mansamente , negando el ser culpable , y es- 
to por quanto debes está reverencia á la ver- 
dad , y á la edificación del próximo; pero tam- 
bién si después de esta verdadera , y legítima 
escusa continúan en acusarte , de ninguna ma- 
nera te alborotes , ni te canses en procurar sea 
recibida tu escusa, porque después de haber da- 
do á la verdad lo que debes, debes también dar 
lo mismo á la humildad , y de esta suerte no 
ofenderás al cuidado que debes tener de tu fa- 
ma , ni á la afición que debes á la tranquilidad, 
y mansedumbre de corazón, y humildad. Qué- 
jate lo menos que pudieres de los agravios que 
hubieres recibido ; pues es cosa cierta que or- 
dinariamente quien se queja peca., por quanto 
el amor propio nos hace parecer las injurias ma- 
yores de lo que en sí son : y sobre todo te acon- 
sejo no des tus quejas á personas fáciles á la in- 
dignación , y malos pensamientos ; que si fue- 
re importante el quejarte á alguno , ó por re- 
mediar la ofensa , ó por quietar tu espíritu , 
será bien que esto sea á almas sosegadas, y de- 
votas ; porque de otra suerte , en lugar de ali- 
viar tu corazón , le provocarán á mayores in- 
quietudes, y en lugar de quitarte la espina que 



BE QUE VEDO. l6l 

te pica te la fizarán mas adentro del pie. 

Muchos hallándose enfermos , afligidos , y 
ofendidos de alguno , no se ocupan sino en que- 
jarse, y mostrar mucho melindre; y porque es- 
to á su parecer (y es verdad) denotaría una gran 
falta de fuerzas, y generosidad , desean por es- 
tremo, y procuran con muchos artificios que to- 
dos se duelan de ellos , y les tengan mucha com- 
pasión, y estimen por no solo afligidos, pero pa- 
cientes , y animosos. Esto verdaderamente es pa- 
ciencia, pero paciencia falsa, y que en efecto no 
es otra cosa sino una tácita, y fina ambición, y va- 
nidad. „ Estos tales reciben gloria (dice el Apos- 
„ tol) ; mas no para con- Dios.* El verdadero pa- 
ciente no llora su mal, ni desea que se le lloren: 
habla de él desnuda , verdadera, y simplemente, 
sin lamentarse, sin quejarse, y sin engrandecer- 
le : y si se le lloran , sufre con paciencia que se 
le \joren , mas no que le lloren mal que no tie- 
ne ; porque así declara modestamente , que no 
tiene el tal mal, y queda de esta suerte sosega- 
do entre la verdad 9 y la paciencia , confesando 
su mal , y no quejándose de él. 

En las* contradiciones que te sobrevinieren 
en el exercick) de la devoción (porque estas no 
te faltarán ) acuérdate de las palabras de nues- 
tro Señor : „ La xnuger mientras está de parto 
jro Jf . vi. " x. 



I $a OBRAS PE D. FRANCISCO 

„ tiene grandes congojas ; pero viendo su hi- 
» )9 y a nacido, las olvida , por quanto le ha ría- 
„ cido en el mundo un hombre. " 

Así tú has concebido en tu alma el mas dig- 
no Hijo del mundo, el qual es Jesu-Christo ; y 
quando éste, después de bien formado, esté pa- 
ra salir á luz , no escusaras el sentirte del traba- 
jo ¿pero ten buen ánimo, porque de estos do- 
lores pasados te quedará un eterno gozo , vien- 
do has sacado á la luz del mundo tal hombre. 
Habrásle , pues , de todo' sacado á luz para tí 
quando por entero le- hayas formado en tu co- 
razón , y eñ tus obras por imitación de su vida. 

Quando estuvieres enferma ofrece todos tus 
dolores , penas , y trabajo^ al seryició de nues- 
tro Señor , y suplícale los junte ajos torriien- 
tqs que recibió por tí. Obedece al Médico : to- 
ma la?, medicinas, viandas, y otros remedios por 
amor de Díosí , acordándote de la que él tomó 
por amor, de nosotros: ^esea sallar para servirle», 
no rehuses el .padecer ppr obedecerle , y dispon- 
te i morir , ,s¿ de esto fuere Servido, para que 
así puedas alabarle., .y >; merezcas go^r de su pre- 
sencia. Acuérdate qi^e las .abejas ¿Q,ti<tnpo que 
hacen la mfel^cprnen ,. y se su$t§btañ de un man- 
tenimiento. muy ; arosrgo, y que así nosotros no 
podemos hacer, actos de mayor mansedumbre, 



7>% QTTEVEDO. l6j 

y paciencia, ni componer la miel de excelentes 
virtudes, sino mientras comemos el pan de amar- 
gura , y vivimos en medio de las aflicciones; y 
como la miel que se hace de la flor del tomillo, 
yerba pequeña , y amarga , es la mejor de to- 
das, así la virtud que se exercita en la amargu- 
ra de las mas viles i baxas , y desechadas tribu* 
laciones > es la mis excelente de todas. 

Mira á menudo con los ojos interiores a Je- 
suChristo crucificado , desnudo , blasfemado, 
calumniado , baldonado , y en fin , perseguido 
de todas suertes de enojos , de tristezas , y tra* 
bajos , y considera que todos tus sufrimientos ni 
en cantidad , ni en calidad son de ninguna ma- 
nera de comparar con los suyos; y que jamas po- 
drás sufrir nada por él , comparado á lo que él 
ha sufrido por u. 

. : Considéralas penas que los Martyres sufrie- 
ron f y las que tantas personas sufren , mas pe- 
sadas sin ninguna comparación que las en que tu 
estás, y di: Ay de mí! mis trabajos son consue- 
los, y mis, espinas rosas , en comparación dé los 
<jue sin socorro sin asistencia , y sin alivio viven 
en una continua muerte, perseguidos de afliccio- 
nes infinitamente mayores. 



11 



164 OBRAS ME D. FRANCISCO 

CAPITULO IV. 
De la humildad fara lo interior. 



p> 



i de prestados (dice Elíseo á una pobre viu- 
da ) muchos vasos vados ^ y echa en ellos el olio. 
Para recibir la gracia de Dios en nuestros cora- 
zones menester es tenerlos vacíos de nuestra pro- 
pia gloria. £1 cernícalo gritando , y mirando los 
páxaros de rapiña, los espanta por una propie- 
dad , y virtud secreta, causa por que las palomas 
le aman mas que á todos los otros páxaros , vien- 
do viven seguras en su compañía. Así la humil- 
dad rechaza á Satanás , y conserva en nosotros 
las gracias , y dones del Espíritu Santo : y por 
esto todos los Santos, y particularmente el Rey 
de los Santos , y su Madre Santa, han siempre 
honrado , y amado esta santa virtud mas que 
otra ninguna entre las morales. + 

Llamamos vana la gloria que nos atribui- 
mos , ó por quanto no está en nosotros , ó por- 
que está en nosotros sin ser nuestra , ó porque 
está en nosotros , y es nuestra , sin que por ella 
debamos gloriarnos. La nobleza del linage , el 
favor de los Grandes , la honra popular , todas 
estas son cosas que no están en nosotros , sino en 
nuestros predecesores , ó en la estima de otros. 



DI QUE VID Ó. 165 

Hay algunos que se muestran fieros, y arrogan- 
tes porque se ven sobre un buen caballo , por- 
que tienen un gran penacho en el sombrero, y 
por verse vestidos suntuosamente ; ¿pero quién 
no ve esta locura ? Porque si en esto cabe algu- 
na gloria, la tal será del caballo, del páxaro, y 
del sastre. ¿ Pues qué flaqueza de ánimo es el ha- 
cer estimación de la que dá un caballo, una plu- 
ma, ó un vestido? Otros hacen caso, y aun se 
desvanecen , porque tienen el mostacho releva- 
do , por la barba peynada , por los cabellos cres- 
pos , por las manos blancas , porque saben dan- 
zar, tocar, y cantar; ¿pero no son estos tales ba- 
xos de pensamientos , pues quieren fundar su va- 
lor, y apoyar su reputación en cosas tan frivo- 
las, y locas? Otros por un poco de ciencia quie- 
ren ser honrados , y respetados del mundo , co- 
mo si todos hubiesen de ir á su escuela , y te- 
nerlos por Maestros. Otros se estiran , y ensan- 
chan en la consideración de su hermosura, cre- 
yendo con ella llevar tras sí los ojos del mundo. 
Todo es en extremo vano, loco, é impertinen- 
te , y la gloria que se toma de tan flacos suge- 
tos se llama vana , loca , y frivola. 

Conócese el verdadero bien como el verda- 
dero bálsamo. Hácese la prueba del bálsamo des- 
tilándole dentro del agua ; y si va al fondo , y 



I 66 OBRAS J>S D. FRANCISCO 

hace asiento en lo baxo , es tenido por muy fi- 
no , y precioso. Así para conocer si un hombre 
es verdaderamente sabio , entendido, generoso, 
y noble se ha de mirar si sus bienes miran á la hu- 
mildad , modestia , y sumisión , porque enton- 
ces seráh verdaderos bienes; pero si quieren mos- 
trarse , y andar siempre por lo alto , serán bie- 
nes tanto menos verdaderos quanto serán, mas 
aparentes. Las perlas que se congelan, y crian al 
viento , y ruido de los truenos, tienen lo exte- 
rior de perla , y lo interior vacio. Así las virtu- 
des , y hermosas calidades de los hombres que 
se crian , y viven en altivez, soberbia, y vani- 
dad , no tienen sino una simple apariencia de 
bien, sin xugo, sin médula, y sin solidez. 

Las honras, los puestos, las dignidades, son 
como el azafrán , que se mejora , y crece con 
mas abundancia quando le pisan con los pies. No 
es honra el ser hermosos quando desvanecidos 
nos miramos. La hermosura para tener buena 
gracia ha de ser menospreciada. La ciencia nos 
deshonra quando nos hincha, desvanece , y da 
en charlatanería. 

Si somos puntuosos por los puestos, por la* 
cortesías , ó por los títulos, fuera de que expo- 
nemos nuestras calidades al examen , á la inqui- 
sición, y á la contradicion, las volvemos viles, y 



3>E QÜEVÍDO. 167 

abatidas ; porque la honra , quando es recibida 
en don , es. por extremo hermosa ; pero hacese 
vil quando es buscada , y perdida. Quando el 
pavón para mirarse hace su rueda levantando 
sus hermosas plumas, lleva con ellas todas las de- 
más, hasta que muestra lo disforme, y feo. Las 
flores que plantadas en tierra son hermosas , se 
marchitan quando se manosean ; y como los que 
huelen la mandragora de lejos , y de paso , re- 
ciben mucha suavidad , y al contrario los que la 
huelen de cerca , y de asiento se adormecen , y 
desmayan ; así las honras traen un pequeño con* 
suelo al que goza de su olor desde lejos , y de 
paso , sin divertirse , ni embebecerse ; pero al 
que por extremo de ellas se aficiona, y con ex- 
tremo las procura , son por extremo reprehen- 
sibles f y vituperables. 

£1 seguimiento , y amor de la virtud co- 
mienza á hacernos virtuosos ; pero el seguimien- 
to, y amor de las honras comienza á hacernos dig- 
nos de menosprecio, y vituperio. Los ánimos no- 
bles no se embarazan en tan rateros pensamien- 
tos, como es reparar en los puestos, salutaciones, 
y otros puntillos, porque piensan en cosas mas só- 
lidas , y mayores; y así esto sólo toca á los ánimos 
mas apocados. Los que pueden alcanzar perlas, 
no se carguen de caracolilos, ni conchuelas; y los 

I* 4 



1 68 OBRAS PE ». FKAHCISCO 

que pretenden la virtud, no se desvelen por lai 
honras. Qualquiera puede ocupar su puesto , y 
mostrarse en él sin violar la humildad , con tal 
que esto sea sin que cueste inquietud, ni cuida- 
do , porque como los que vienen del Perú, fue* 
ra del oro, y plata que sacan, traen también xi- 
mids , y papagayos , tanto por el barato precio 
con que los compran, como por lo poco que les 
carga los baxeles ; así los que pretenden la vir- 
tud , no dexan de tomar los puestos , y honras 
que les son debidas^ pero no costándoles mucha 
atención, y cuidado, ni admitiendo ningún de- 
sasosiego , inquietud, disputa , ni contención. Y 
ecto no se entiende con aquellos, cuya dignidad 
mira el público, ni de ciertas ocasiones particu- 
lares que causarían una grande conseqüencia ; 
porque en tal caso conviene que cada uno con- 
serve lo que le toca , con tal prudencia , y dis- 
creción , que vaya acompañada de caridad , y 
cortesía. 

CAPITULO V. 

/ 

Dt la humildad mas wttrior. 



B 



ien sé , Filotea , que desearás te conduzca 
mas adelante en la humildad, porque lo que de 
tila hasta aquí he tratado > ames se puede llamar 



DXQUXVXDO. 169 

sabiduría que humildad. Ahora pues, quiero pa- 
sar adelante. Muchos no quieren , ni osan pen- 
sar , ni considerar las gracias que Dios les ha he- 
cho en particular, temerosos de desvanecerse, y 
vanagloriarse , en lo qual se engañan ; porque 
como dice el gran Doctor Angélico , el verda- 
dero modo de alcanzar el amor de Dios es la con- 
sideración de sus bienes recibidos, porque quan- 
to mas los conozcamos , tanto mas le amaremos; 
y como los beneficios particulares mueven mas 
que los comunes , así deben también ser consi- 
derados con mas atención. Es cierto que nada 
puede humillarnos tanto delante de la misericor- 
dia de Dios como la muchedumbre de sus bie- 
nes recibidos ; ni nada podrá humillarnos tanto 
delante de su justicia como la multitud de nues- 
tras maldades. Consideremos, pues, lo que él ha 
hecho por nosotros , y lo que nosotros habernos 
hecho contra él, y como consideráremos por me- 
nudo nuestros pecados, consideremos también por 
menudo sus gracias. Y no se ha de temer que 
el conocimiento de los bienes que ha puesto en 
nosotros ha de hincharnos , con condición que no* 
temos esta verdad ; y es, que lo que hay bueno en 
nosotros no es nuestro: si no, dime, ¿los mulos 
dexan de ser torpes, y hediondas bestias porque 
estén cargados de olores * y muebles precioso! 



I70 OBRAS DE I>. FRANCISCO 

del Príncipe? ¿Qué tenemos nosotros bueno, que 
no lo hayamos recibido ? y si lo hemos recibido, 
¿por qué nos queremos ensoberbecer? Al contra- 
rio la viva consideración de las gracias recibidas 
nos hace humildes, porque el conocimiento en- 
gendra el reconocimiento ; pero si viendo las gra- 
cias que Dios nos ha hecho , nos llegase á inquie- 
tar alguna suerte de vanidad , el remedio infa- 
lible será acogernos á la consideración de nues- 
tras ingratitudes, de nuestras imperfecciones, y 
de nuestras miserias. Si consideramos lo que ha- 
bernos hecho quando Dios no ha estado con no- 
sotros , conoceremos claro que lo que hacemos 
quando está con nosotros , no es de nuestra co- 
secha. Alegrarémonos , pues, y regocijarémonos 
en lá consideración de los bienes recibidos ; pe- 
ro daremos á solo Dios las gracias por quanto es 
el Autor. 

Así la Santa Virgen confiesa que Dios obró 
en ella cosas maravillosas ; pero no fue sino por 
humillarse, y engrandecer á Dios. Alma mia (di- 
ce), engrandece al Señor ¡por quanto ha hecho en 
mí cosas grandes. 

Decimos muchas veces que no somos nada, 
que somos la misma miseria, y la basura del mun- 
do; pero no poco sentiríamos que nos tomasen la 
palabra ,, y que nos publicasen tales quales nos 



DE QUEVEDO. 1J\ 

llamamos. Y al contrario fingimos escondernos, 
y huirnos para dar mejor lugar á que nos bus- 
quen , y pregunten por nosotros. Damos á en* 
tender que gustamos de ser los postreros , y asen- 
tarnos a los pies de la mesa , para que nos den 
la cabecera. La verdadera humildad no procura 
dar aparentes muestras de serlo , ni gasta muchas 
palabras de humildad ; porque esta no solo de- 
sea esconder las otras virtudes , pero también , y 
principalmente procura esconderse á sí misma; y 
si le fuese permitido mentir, fingir, ó escanda- 
lizar el próximo, produciría acciones de arrogan* 
cia , y fiereza , para debaxo de ellas mejor en- 
cubrirse. Este es mi parecer , Pilotea : ó no di- 
gamos palabras de humildad, ó digámoslas con 
un verdadero sentimiento interior , conforme á 
lo que exteriormente pronunciamos : no baxe- 
mos nunca los ojos , sino humillando nuestros co- 
razones : no demos á entender querer ser los pos- 
treros, si es que deseamos ser los primeros. Ten- 
go , pues esta regla por tan general , que no tiene 
alguna excepción : solo diré que la buena crian- 
za requiere que á veces ofrezcamos los mejores 
lugares a los que manifiestamente sabemos no 
han de tomarlos; lo qual no por esto es doblez, 
ni falsedad de humildad , porque en tal caso el 
solo ofrecimiento de ventaja es un principio de 



IJ% OBRAS M C. FJtAHCISCO 

honra ; y pues no se le puede dar por entero, 
no es mal hecho darle alguna parte» Lo mismo 
digo de algunas palabras de honra, ó de respe- 
to, que en rigor no parecen verdaderas; pero 
sonlo con todo esto bastantemente , con que el 
corazón del que las pronuncia tenga una ver- 
dadera intención de honrar , y respetar al que 
las dice : porque aunque las palabras significan 
con algún exceso aquello que decimos , no por 
eso hacemos mal en emplearlas quando el uso co- 
mún lo requiere. Verdad es que también quer- 
ría se juntasen las palabras á nuestros corazones 
lo mas que fuese posible , para seguir en todo, 
y por todo la simplicidad , y pureza cordial. £1 
hombre verdaderamente humilde querría mas 
que otro dixese de él que es un miserable, que 
es un nada, y que no vale nada, que no decir- 
lo él mismo : por lo menos, si sabe que lo dicen, 
no lo contradice , sino lo sufre de buena gana, 
porque creyendo firmemente lo tal , se huelga 
que sigan su opinión. Muchos dicen que dexan 
la oración mental para los perfectos, y que ellos 
no son dignos de hacerla. Otros protestan que no 
osan comulgar á menudo por no hallarse bastan- 
temente limpios. Otros temen de ofender á la de- 
voción si se meten con ella , por causa de su gran- 
de miseria , y fragilidad ; y otros rehusan emplear 



DE QUEVEDO. I73 

su talento en el servicio de Dios, y su próximo, 
por quanto (dicen los tales ) que conocen su fla- 
queza $ y que tienen miedo de ensoberbecerse si 
son instrumentos de algún bien, y que enseñan- 
do á los otros , ellos se pierden. Todo esto no es 
sino artificio, y una suerte de humildad , no so* 
lo falsa , pero maligna ; por lo qual quieren tá- 
cita y sutilmente despreciar las cosas divinas, y 
cubrir con un pretexto de humildad el amor pro- 
pio de su opinión, de su humor, y de su pereza. 
Pide á Dios una señal arriba en el Cielo, 
6 abaxo en el profundo -del mar> dice el Profe- 
ta al desventurado Achaz; y respondió: No, no 
la pediré , y no tentaré al Señor. Malignidad 
grande hace semblante de uga extremada reve- 
rencia para con Dios, y con cubierta de humil- 
dad se escusa de aspirar á la gracia á que su di- 
vina bondad le llama ; pero este tal no ve que 
quando Dios nos quiere gratificar , es arrogancia 
el no admitir. Que los dones de Dios nos obligan 
i recibirlos , y que es humildad el obedecer, y 
seguir sus deseos con la puntualidad posible. £1 
deseo de Dios es que seamos perfectos , unién- 
donos con él imitándole lo mas que podamos. El 
soberbio tiene bien ocasión de no osar intentar 
nada ; pero el humilde es tanto mas animoso, 
quanto se conoce mas incapaz} y quanto mas se 



174 OBRAS M D. FKANCISCO 

tiene por malo s tanto mas se hace atrevido, por 
quanto tiene toda su confianza en Dios , el qual 
ie sirve de engrandecer su poder en nuestra fla- 
queza , y levantar su misericordia sobre nues- 
tra miseria. Menester es, pues, humilde, y san- 
tamente osar todo aquello que es juzgado pro- 
pio á nuestro adelantamiento por aquellos que 
conducen nuestras almas. 

Pensar saber lo que.no se sabe -, es una ex- 
presa locura : querer hacer del sabio en aque* 
lio que se conoce no saberse , vanidad es inso- 
pprtable. Quanto á mí no querría hacer del sa- 
bio aun en aquello que sabria , ni tampoco del 
ignorante. Quando la caridad lo manda, menes- 
ter es comunicar llana , y apaciblemente con el 
próximo, no solo lo que le es necesario para su 
instrucción , pero también lo que le es provecho- 
so para su consuelo ; porque la humildad , que 
esconde , y cubre las virtudes para mejor con- 
servarlas, las hace no obstante parecer quando 
la caridad lo manda, para, aumentarlas , engran- 
decerlas , y perficionarlas ; en lo qual parece á 
aquel árbol de las Islas de Tilos, el qual de no- 
che encierra , y tiene como con llave sus her- 
mosas flores , sin que las abra sino al salir del 
Sol ; de suerte que los habitantes de aquella tier- 
ra dicen que estas flores duermen de noche. Así 



PE QUEVJBDO. I75 

la humildad cubre, y esconde todas nuestras vir- 
tudes , y perfecciones humanas , y no las dexa 
jamas mostrar sino por la caridad , la qual sien- 
do una virtud no. humana', sino celeste, no moral, 
sino divina, es el verdadero sol de las virtudes» 
íobre las quales debe siempre dominar; de suer- 
te que las humildades , que perjudican á la ca- 
ridad, son indubitablemente falsas. 

No querría yo ni hacer del loco , ni hacer 
del sabio ; porque si la humildad me estorva el 
hacer del sabio, la simplicidad, y llaneza me es- 
tor varán también el hacer del loco; y así la va- 
nidad es contraria á la humildad, el artificio, la 
afectación, y el fingimiento es contrario á la 11a- 
' ñeza; que si algunos grandes siervos de Dios han 
fingídose locos , para que mas así el mundo los 
despreciase, á e$tos tales debemos admirar, peto 
bo imitar, por quanto para esto tuvieron motivos 
tan particulares , y extraordinarios , que no de- 
be nadie para sí. sacar de lo tal ninguna conse- 
cuencia. Y en quanto a David, si danzó, y sal- 
tó un poco mas que la ordinaria decencia pedia 
delante del Arca , no era porque quisiese hacer 
del loco ; sino que simplemente , y &in artificio 
hacia estos movimientos exteriores , conforme á 
la extraordinaria, y sin medida ¿legria que sen- 
tía ea su córazoa. Verdad, es que quando Michol 



I76 OBRAS DE D. FRANCISCO 

su muger le reprehendió como de una locura, 
no por eso mostró sentimiento viéndose despre- 
ciado; antes, perseverando en la natural, y ver- 
dadera representación de su alegría, daba testi- 
monio de su contento en recibir por su Dios un 
poco de menosprecio. En seguimiento de lo qual 
te diré, que si por las acciones de una verdade- 
ra , y natural devoción te tuvieren por vil , aba- 
tida , y loca , la humildad hará te alegres con 
tan dichoso oprobrio , la causa del qual íio está 
en tí , sino en los que lo hacen. 

CAPITULO VI. 

Que la humildad nos hace amar nuestro propia 
desprecio* 

X asando , pues , mas adelante , te digo , Fi- 
lotea, que en todo , y por todo ames tu propio 
desprecio. Pero sin duda me preguntarás lo que 
quiere decir amar su propio desprecio. En latín 
desprecio quiere decir humildad ; y humildad 
quiere decir desprecio. Asi que quando nuestra 
Señora en su sagrado Cántico dice que por quan- 
to nuestro Señor ha visto la humildad de su sier* 
va, todas las generaciones la llamarán Bienaven- 
turada ; quiere decir que nuestro S^ñor ha mi- 
rado de buena ga#a su desprecio, vileza, y ba- 



1>E QUEVEBO. I77 

xeza, para colmarlas de gracias, y favores. Dfc 
ferencia hay con todo esto entre la virtud de la 
humildad , y el desprecio : porque el desprecio 
es la pequeñeza , y vileza que está en nosotros, 
sin que lo tal pensemos ; pero quanto á la vir- 
tud de la humildad , es el verdadero conocimien- 
to , y voluntario reconocimiento de nuestro des- 
precio. £1 principal punto» pues , de esta humil- 
dad consiste en no solo reconocer voluntariamen- 
te nuestro desprecio , sino en amarle , y esto no 
por falta de ánimo , y generosidad , sino por exal- 
tar tanto la Majestad Divina ¿ y estimar mucho 
mas al próximo que á nosotros mismos. Esto, 
pues, Filetea y te exhorto; y para que mejor 
lo entiendas , sabe que entre los males que su-r 
frimos , los unos son despreciados > y los otiost 
honrosos ; muchos $0 acomodan á los honrosos? 
pero casi ninguno se acomoda í los despreciados* 
Mira un devoto Ermitaño , roto , y friolento? 
que todos honran su hábito pobre , con compa- 
sión de su sufrimiento $ pero si un pobre oficial,- 
un pobre hidalgo, ó una pobre señora, padecen^ 
lo mismo? serán antes despreciados , y escarne- 
cidos. Ves aquí , pues , contó ¿u pobreza es desa- 
preciada. Un religioso recibe devotamente una* 
áspera censura de su Superior r ó un hijo de si* 
(adre á que llamarán todos mortificacion r obedieñr 
tqm. ir. u 



I 7$ OBRAS DE D. FRANCISCO 

cia, y sabiduría. Sufrirán también lo mismo de al- 
guno un caballero, y una dama; lo qual , si acaso 
sufren por amor de Dios, todos lo llamarán' cobar- 
día , y pusilanimidad. Ves aquí , pues otro mal 
despreciado. Una persona tiene un zaratán, ó cán- 
cer en un brazo : otra le tiene en la cara. El pri- 
mero no tiene sino el mal ; pero el segundo tie- 
ne con el mal el menosprecio, el desden, y la ab- 
yección. Digo, pues , ahora , que no solo se ha de 
•amar el mal (lo qual se hace por la virtud de la pa- 
ciencia) sino también la abyección, ó menospre- 
cio , lo qual se hace por la virtud de la hu- 
mildad. 

Hay también virtudes desechadas , y vir- 
tudes honrosas : la paciencia , la mansedumbre, 
la simplicidad , y la humildad son virtudes que 
los mundanos tienen por viles , y despreciadas; 
y al contrarío estiman mucho la prudencia , la 
valentía, y la liberalidad. También hay acciones 
de una misma virtud, y las vanas son menosprecia- 
das , y las otras honradas. Dar limosna , y per- 
donar las ofensas , son dos acciones de caridad : la 
primera es honrada de qualquiera, y la otra me- 
nospreciada á los ojos del mundo. Un mozo , ó 
una doncella , que rio se dexáre HeVar de la per- 
suasión de los que desregladamente se dan á las 
conversaciones , juegos , danzas , banquetes , y 



DE QUEVED0. 170 

yestidos suptfffluos ¿ será mormurada ,' y cejisu* 
rada de lbsLotros , y su modestia será llamada , ó 
hypocresia , ó afectación. Amar esto, «s amar su 
desprecio'. Daréie otro eientplo : pongamos ca*- 
so ^[ue vamos 4 visitar los enfermos : sí me en*- 
viart aí mas miserable, me será un desprecio se- 
gún el mundo, por lo qüal le amaré. Si me en- 
vían á los de mas calidad , seráme tanibien un 
desprecia seguri el espíritu y por quáüto rio hay 
tanta, virtud y y merecimiento ; y así amaré tam- 
bién: este desprecio. Cayendo eri íá calle f fuera 
del mal , se cae eri vergüenza :' este desprecio tam- 
bién debe amarse. Hay también Jaitas , en las 
quales no hay nitígutí maí ¿ sino U soía abyec- 
ción , ú despfecío , y la humildad ñd obstante 
rio periñite que expresamente sé fiaban ; pero 
mandándonos que no ríos inquietemos quando las 
hubiéremos cometido. Estas ion ciertas locuras,* 
descortesíasVéíiiadvertericia$; ías quaíe¿, así co- 
fiíp se han de procurar evitar antes que se ha- 
gan por obedecer la cdrtesísí i y prudencia ; asi 
debemos fátíibieri HeYáf córí paciencia i y amar 
la abyeccíotí que cometidas, de ellas restiltáre, pa- 
ra mejor seguir así U santa humildad. Diréte auní 
mas : Si acastf me he desreglado por cólera , ó 
disolución en palabras licenciosas , é indecentes, 
coi* las quales he ofendido á Dios , y aí próxi- 

m a 



I 8o OBRAS DE D. FRANCISCO 

mo, arrcpcntiréme vivamente, sintiendo en ex* 
tremo la ofensa , la qual procuraré reparar lo me- 
jor que me sea posible , pero no por eso debo 
aborrecer la abyección , y menosprecio que me 
resultare ; y si se pudiese separar lo uno de lo 
otro , yo desviarla de mí el pecado , y guarda- 
ría humilde la abyección. 

Pero aunque amamos la abyección que se 
sigue del mal , no por eso se ha de dexar de re-» 
mediar el mal que la ha causado, por medios pro- 
pios , y legítimos , y principalmente quando el 
mal es de conseqüencia. Si yo tengo en la cara 
alguna ocasión de desprecio , procuraré la cura; 
pero no el olvido del desprecio , el qual he re- 
cibido. Si hubiere hecho alguna locura que no 
ofenda á persona , no me escusaré de ella , por 
quanto aunque esta tal es una falta , visto que 
no es permanente , no será el escusarme sino por 
evitar la abyección que de ella me q\ieda : cosa 
que la humildad no puede permitir. Mas si por 
descuido , ó locura he ofendido , ó escandalizar 
do á alguno, repararé la ofensa con alguna ver- 
dadera escusa; y esto por quanto el mal es per- 
manente , y que la caridad me obliga á quitar- 
le. Sucede también algunas veces que la candad 
requiere que remediemos la abyección por el 
bien del próximo , al qual jes necesaria nuestra 



DE QUEVEDO. l8l 

reputación ; pero en tal caso , luego que quite- 
mos la abyección delante de los ojos del próximo, 
conviene que la cerremos , y escondamos dentro 
de nuestro corazón , para que se edifique. Pero 
querrás sin duda , Filotea , saber quáles son las 
mejores abyecciones. A que te digo , que las 
mas provechosas al -alma , y agradables á Dios, 
son las que nos vienen por accidentes , ó por el 
estado de nuestra vida ; esto por quanto no las 
habernos escogido, sino recibido tales quales Dios 
nos las ha enviado , cuya elección es siempre me- 
jor que la nuestra : que si fuese necesario esco- 
ger , las mayores son las mejores ; y aquellas son 
llamadas mayores , que son mas contrarias á nues- 
tras inclinaciones , como sean conformes á nues- 
tro estado; porque (acabando con esto) nuestra 
elección gasta , y disminuye casi todas nuestras 
virtudes. Quién nos dará gracia para decir con 
el gran Rey : Yo he escogido el ser menosprecia- 
do en la Casa de Dios , antes que el habitar en 
los tabernáculos de los pecadores. Nadie puede, 
querida Filotea , sino aquel que para exaltarnos 
vivió , y murió; de suerte, que fue el oprobio 
de los hombres, y la abyección del pueblo. Mu- 
chas cosas te he dicho , que considerándolas, te. 
parecerán ásperas ; pero créeme que practicán- 
dolas te serán mas que el azúcar } y miel dulces. 

*3 



I 8 3 OBRAS DE D. FRANCISCO 

CAPITULO VIL 

Cómo se ha de conservar la buena fama, prae- - 
tic ando la humildad. 

i* alabanza, la honra , y la gloria no se dan 
á los hombres por una simple virtud , sino por 
alguna virtud excelente; porque por la alaban- 
za procuramos persuadir á los otros la estima- 
ción de la exfeleijcia de algunos : por la honra 
protestamos estimarla nosotros mismos; y la glo- 
ria no es otra cosa ( á mi parecer) sino un cier- 
to hijo de la reputación , el qual nace d$l ayun- 
tamiento de muchas alabanzas y honras: de ma- 
nera que las honras y alabanzas son como pie- 
dras preciosas , de cuya junta se mqestra, y sa- 
le la gloria, como un esmalte. No pudiendo, pues, 
la humildad sufrir que tengamos alguna opinión 
de aventajar , o ser preferidos á los ofjros , no 
puede tampoco permitir qué busquemos, ni pro- 
curemos la alabanza , la honra, ni la gloria, las 
quales cosas son debidas a la sola excelencia. Es 
verdad con todo eso que nos consiente lo qye nos 
amonesta el Sabio, que es tener cuenta con nues- 
tra fania , por quanto la buena fama es la esti- 
mación, no de alguna excelencia, sino solamen- 
te una simple, y común integridad de vida; la 



DEQUEVEDO. I 8 3 

qual la humildad no estorva que reconozcamos 
en nosotros mismos, ni por conseqüente que de- 
seemos la reputación. Es verdad que la humil- 
dad menospreciaría la fama , si la caridad no la 
hubiese menester; mas por quanto es uno de los 
fundamentos de la comunicación humana, y que 
sin ella somos , no solo inútiles , pero dañosos 
al publico , por causa del escándalo que recibe, 
la caridad manda , y la humildad tiene por bien 
que la deseemos, y, conservemos precisamente. 

Fuera de esto , así como las hojas de los ár- 
boles, que de suyo no son de estima, sirven con 
todo esto de mucho, po solo para hermosear los f 
sino también. para conservar los frutos, mientras 
están tiernos ; así también la buena fama , que 
de sí misma no es cosa que con ahinco deba de- 
searse , no dexa por eso de ser muy útil , no so* 
lo para el adorno de nuestra- vida , pero también 
para la conseryacion de npestras virtudes, y prin- 
cipalmente de las virtudes tiernas, y débiles. La 
obligación de mantener nuestra reputación , y 
de ser tales qual es nos estiman, despierta un áni- 
mo generoso á una poderosa , y dulce violencia. 
Conservemos nuestras virtudes, querida Filotea, 
por quanto estas son agradables á Dios , princi- 
pal , y soberano objeto de todas nuestras accio- 
nes. Mas como los que quieren guardar los fru- 

M4 



184 OBRAS BE J>. FRANCISCO 

tos no se contentan con solo confitarlos , sino que 
los ponen en vasos propios a su conservación ; así 
también , aunque el amor divino sea el principal 
conservador de nuestras virtudes podemos tam- 
bién emplear la buena fama , como muy propia, 
y útil á este fin. 

No por esto debemos mostrarnos muy fo- 
gosos , exactos , y puntuosos en esta conserva- 
ción ; porque los que son tan delicados , y cos- 
quillosos por su reputación parecen á los que por 
qualquier suerte de achaque toman medicinas, 
los quaies , pensando conservar la salud , la es* 
tragan del todo. Así es que otros , queriendo 
mantener con tanta puntualidad su reputación, 
vienen enteramente ¿ perderla ; porque por es- 
ta delicadeza se hacen enojosos , aborrecibles , é 
insoportables , y provocan la malicia de los mal* 
dicientes. 

La disimulación , y menosprecio de la inju- 
ria , y calumnia , es de ordinario un remedio mas 
saludable que»el sentimiento, la porfía, y la ven- 
ganza. £1 menosprecio los hace desmayar ; mas 
si se recibe enojo , parece proceder del sentimien- 
to de injuria justa. Los cocodrilos no dañan sino 
á los que los temen ; ni tampoco la murmura- 
ración, sino á los que por ella se penan, y fatigan. 

£1 miedo excesivo de perder la fama mués- 



X>E QÜ8VEDO. I 8 § 

tra una grande desconfianza del fundamento de 
ella , que es la verdad de una buena vida. Las 
Villas que tienen puentes de madera, están ex- 
puestas á que qualquier suerte de avenidas las 
íompa , y lleve tras sí ; pero las que las tienen 
de piedra , viven seguras , y sin miedo, sino es 
de algunas extraordinarias crecientes. Así los que 
tienen un alma verdaderamente christiana, des- 
precian de ordinario' los rebatos, y ofensas de las 
lenguas injuriosas ; mas los que se sienten débi- 
les, y flacos, del menor chisme se inquietan, y 
alborotan. Créeme , Filotea , que quien quiere 
tener reputación con todos , la pierde con todos; 
y merece perder la honra aquel que quiere to- 
mar la de aquellos a quienes los vicios hacen ver- 
daderamente infames y y deshonrados. 

La reputación no es sino como una señal, 
la quai muestra dónde aloja la virtud. La vir- 
tud , pues', debe en todo , y por todo ser pre- 
ferida. Dirá á veces el maldiciente que eres un 
hypócrita , porque ve que te das á la devoción: 
y si el tal te tuviere por hombre de poco áni- 
mo porque perdonaste la injuria , búrlate de to- 
do esto; porque fuera de que tales juicios son 
siempre de necias , y locas gentes, quando se de- 
bería perder la fama, no se debfcria dexar la virtud, 
ni apartarse de su cambo , por quanto siempre 



I 86 OBRAS PE D. FRANCISCO 

se ha de preferir el fruto a las hojas ; esto es , el 
bien interior , y el espiritual á todos los bienes 
exteriores. Bien es que seamos zelosos, pero no 
idólatras de nuestra fama: y así como no se de- 
be ofender el ojo de los buenos, así también no 
se ha de querer contentar el de los malos. La 
barba le sirve ai hombre de adorno , y el cabe- 
llo á la muger. Si se desarrayg? , y arranca del 
todo el pelo de la barba , y el cabello de la ca- 
beza , fácilmente ppdria no volver jamas ; pero 
si solamente se corta , poco después saldrá con 
mas abundancia , mas fuerte , y espeso. De la 
misma manera , aunque la fama se vea mordi- 
da , y cercenada de la lengua de los gialdiden- 
tes , que es ( dice David ) tomo una navaja 
ajilada y no por esto debemos inquietarnos, por- 
que bien presto tornará á crecer , y á mostrarse, 
no solo tan hermosa como de antes , pero mas 
sólida , y maciza ; que si nuestros vicio*, nues- 
tra floxedad , y nuestra mala vida nos quita la 
reputación, será muy posible no volverla á co- 
brar jamas, por quanto queda arrancada la raiz. 
La raiz, pues, de la fama es la bondad, la qual 
mientras estuviere en nosotros f puede siempre 
producir la honra que le es debida, 

Hase, pues, de dexar la vana conversación, 
el uso inútil > la amistad frivola, el trato aloca- 



DE QUEVEDO. 187 

do , si es que .daña á la fama , porque la fama, 
vale masque toda suerte de vanos contentos. Mas 
si por el exercicio de piedad , por el adelanta- 
miento en la devoción , y buen pasage al bien 
eterno , murmuran , fisgan 6 calumnian , dexe- 
mos ladrar los mastines; porque si pueden sem- 
brar algujia mala opinión contra nuestra reputa- 
ción , y por este medio cortar, y arrestrar los ca- 
bellos , y la barba de nuestra fama , importará 
poco , porque bien presto tornará á renacer , y la 
navaja de la murmuración servirá á nuestra hon- 
ra como la podadera á 1? viña* que la hace abun- 
dar , y multiplicar en fruto. 

Tengamos siempre lps ojos puestos en Je- 
$u-Christo ^crucificado : caminemos en su servi- 
cio con cpnfianza , y simplicidad ; pero sabia y 
discretamente. El será el protector de nuestra fa- 
ma ; y si él permite que la perdamos , será pa- 
ra volvernos otra mejor, ó para hacernos apro- 
vechar en U santa humildad , de la qual una so- 
la onza vale mas que mil libras de honras. Si nos 
injuriaren injustamente , opongamos apacible- 
mente la verdad á la calumnia : y si persevera- 
ren , perseveraremos también nosotros en humi- 
llarnos; y poniendo de esta suerte nuestra repu- 
tación con nuestra alma en las manos de Dios, - 
no podremos asegurarla mejor. Sirvamos áDios 



I 88 OBRAS DE D. FRANCISCO 

por la buena 6 mala fama, á exemplode San Pa- 
blo, porque podamos decir con David : ¡0 Dios 
mió! por vos es que yo he sufrido el oprobrio , y 
que la confusión ha cubierto mi rostro. 

Con todo estaño de&e de hacer excepción de 
picrtas maldades tan atroces , é infames, que nin- 
guno debe sufrir la calumnia quando justamen- 
te puede rechazarla» ni ciertas personas , de cu- 
ya buena reputación depende la edificación de 
muchos; porque en semejantes casos se debe pre- 
tender la reputación contra el agravio recibido, 
siguiendo en esto el parecer de los Teólogos. 

CAPITULO VIII. 

De la mansedumbre para con el próximo, f 
remedio contra la ira. 



E 



él santo crisma , del qual por tradición Apos- 
tólica usan en la Iglesia de Dios para las con- 
firmaciones y bendiciones , es compuesto de olio 
de oliva , mezclado con bálsamo, que represen- 
tan entre otras cosas , las dos caras , y muy ama- 
das virtudes , que resplandecen en la Sagrada 
Persona de nuestro Señor , las quales nos ha sin- 
gularmente encomendado, como si por ellas nues- 
tro corazón debiera especialmente estar consagra* 



DE QUEVED0. I 8.9 

do á su servicio , y aplicado á su imitación. 
Aprended de mí ( dice ) que soy manso y y hu- 
milde de corazón. La humildad nos perficiona pa- 
ra con Dios, y la mansedumbre para con el pró- 
ximo. £1 bálsamo, que (como he dicho arriba) 
toma siempre el fondo entre todos los otros lico- 
res, representa la humildad ; y el olio de oliva, 
que toma lo alto, representa la apacibilidad , y 
mansedumbre , la qual excede todas las cosas, y 
sale entre las otras virtudes , como quien es la 
flor de la caridad ; la qual (según San Bernar- 
do) está en su perfección quando no solo es pa- 
ciente , sino quando fuera de esto es mansa , y 
apacible. Pero advierte , Pilotea, que este cris- 
ma mystico, compuesto de mansedumbre , y hu- 
mildad , esté dentro de tu corazón , porque es 
uno de los mayores artificios del enemigo el ha- 
cer que muchos se embaracen en las palabras, y 
apariencias exteriores de estas dos virtudes; y no 
examinando bien sus aficiones interiores , piensan 
ser humildes, y mansos , no siéndolo de ningu- 
na manera en efecto; lo qual se conoce por quan- 
to no obstante su ceremoniosa mansedumbre, y 
humildad y á la menor palabra que ligeramente 
les dicen , ít la menor injuria que reciben , se sa- 
cuden , y saltan con una arrogancia insufrible. 
Picea que los que han tomado el preservativo 



I90 OBRAS DE V. FRANCISCO 

que comunmente llaman el betón de San Pablo, 
no se hinchan estando mordidos , y picados de la 
víbora, con tal que el betún sea del fino. De la 
misma manera quando la humildad , y la man- 
sedumbre son buenas , y verdaderas nos defien- 
de de la hinchazón y y ardor que las injurias sue- 
len provocar en nuestros corazones^ Y si hallán- 
donos picados ^ y mordidos de lo? maldicientes* 
y enemigos , nos hinchamos , embravecemos, y 
amostazamos , es señal clara: que nuestra humil- 
dad , y mansedumbre no sos finas , y verdaderas, 
sino artificiosas, y aparentes. > 

Aquel santo, é ilustre Patriarca Joseph ,. en* 
viando sus hermanos de Egyptoá la casi de su 
padre f ' les ¿ió este solo aviso : No os enojéis en' 
el camine. La mismo te «digo yo ,> Filotea : esta 
miserable vida no es sino uri camino para la otra 
bienaventurada : no nos enojemos .* pues,, pn el 
camino los unos con los otros : caminemos con la 
tropa de nuestros hermanos, y compañeros,. dul~ 
ce , amigable y apaciblemente. Y nías te digo,' 
que de ninguna manera te enojes ¿sí fuere po- 
sible t ni abras la puerta de tu corazón* á ningún 
enojado pensamiento; porque dice Santiago: La 
ira del hombre nú obra la justicia de Dios. Ha- 
se de* resistir el mal, y reprimir los vicios de los 
que tenemos á cargo ,< constante y valientemeh- 



©E QÜEVEDO. I£I 

te ; pero suave y apaciblemente. Nada aplaca 
tanto al elefante airado como la vista de un cor- 
derillo; y nada rompe tan fácilmente la fuerza de 
la artillería como la lana. No se estima tanto la 
corrección que procede de pasión, aunque acom- 
pañada de razón, como la que no tiene oíro ori- 
gen , sino la razón sola ; porque el alma racional, 
estando naturalmente sujeta á la razón , no está 
sujeta á la pasión, sino portyranía, y así por es- 
to , quando la razotf está acompañada de pasión, 
se hace odiosa „ siendo su justa dominación apo- 
cada , y abatida por la compañía de la tyranía. 
Los Príncipes honran , y consuelan infinito los 
pueblos quando los visitan con séquito de' paz; 
pero quando traen estruendo de armas, aunque 
sea por el bien publicó, son siempre sus venidas 
desagradables, y dañosas, por quanto aunque ha* 
gan exactamente observar la disciplina militar 
entre los Soldados , no por eso pueden tanto, que 
no haya siempre algún desorden, elqua^lismi- 
nuye el buen nombré. Delamísma manera mien- 
tras la razón reyna , y apaciblemente exercíta los 
¿astigos, correcciones, y reprehensiones, aun- 
que esto sea rigurosa y exactamente , todos la 
aman , y la aprueban ; pero quando trae consi- 
go la ira , la cólera, y el enojo , que son ( dice 
San Agustín) sus soldados, se hace. mas espan- 



I 9 * OBRAS PE D. FRANCISCO 

tosa que amable , y su propio corazón queda 
ofendido , y maltratado. Mejor es (dice el mis- 
mo Santo escribiendo á Profuturo) el rehusar la 
entrada á la ira cabal y justa , que el recibirla, 
por pequeña que sea ; porque recibiéndola , es, 
trabajoso el despedirla , por quanto se entra co- 
mo un pequeño pimpollo , y en un instante se 
hincha , y engrosece * que si llega á ganar la no*. 
Che , y el sol se acuesta sobre ijuestra ira* (lo qual 
el Apóstol defiende) , convirtiéndose en odio, y 
rencor, apenas hay remedio de desecharla •, por> 
quanto se cria de mil falsas persuasiones ; y un 
hombre enojado no piensa nunca que su enojo t* 
injusto. Mejor es, pues, el procurar saber vivir 
sin cólera ., que el querer usar de ella moderada 
y sabiamente; y qüando por imperfección, ó fla- 
queza nos hallamos arrebatados de ella , es me- 
jor el rechazarla con presteza , que detenerla un 
solo punto en nuestro corazón ; porque por poca 
espackt que la den de asiento , se hace dueño del 
lugar > y hace como b serpiente r que tira fácil- 
mente todo su cuerpo donde puede poner la ca- 
beza. Pero cómo la rechazaré yo ? me dirás tú» 
Es menester , mi Filote*, que al primer toque 
suyo , que sientas e* tí , juntes prontamente ti» 
fuerzas f no áspera ni impetuosamente , sino sua- 
vemente y porque como vemos en las Audien- 



E>E QUE VEDO. I9 J 

cías de muchos Senados , y Parlamentos que los 
Ugieres gritando : Silencio , hacen mas ruido que 
aquellos á quien pretenden hacer callar; también 
sucede muchas veces que queriendo con ímpetu, 
reprimir nuestra cólera , levantamos mas alboroto 
en nuestro corazón , que ella pudiera haber he* 
cho ; y hallándose así el corazón alborotado, no 
puede mas ser dueño de sí mismo. 

Después de este suave esfuerzo practicarás 
el aviso que San Agustín , ya viejo , daba al jo- 
ven Obispo Ansilio. Haz (le dice) lo que un hom- 
bre debe hacer: que si te sucede lo que el hom- 
bre de Dios dice en el Psalmo: Mi ojo esta tur- 
bado de gran cólera , acude á Dios , diciendo: 
Ten misericordia de mí , Señor ; porque estien- 
da su diestra, y reprima tu enojo. Dígote, pues, 
que es menester invocar el socorro de Dios quan- 
do nos vemos asaltados de cólera, á imitación de 
los Apóstoles atormentados del viento , y boras- 
ca en medio de las aguas, porque él mandará á 
nuestras pasiones que cesen , y la tranquilidad 
estendiéndose traerá bonanza. Pero con todo es- 
to te advierto , que la oración que se hace con- 
tra la cólera presente , de quien te hallas oprimi- 
do , debe practicarse suave y mansamente , y no 
con violencia ; lo qual se ha de observar en to- 
dos los remedios que se practican contra este mal. 
TOM. ir. N 



194 OBRAS DE D. FRANCISCO 

Con esto, luego que percibas haber caldo en 
algún acto de colora, repara la falta con un ac- 
to de suavidad prontamente exercitada con la. 
/ persona con quien te encolerizaste : porque de • 
la misma manera que es un soberano remedio con- 
tra la mentira el desdecirse luego que se ha co-, 
metido ; así también es un buen remedio contra .. 
la cólera el repararla luego con un acto contra- 
rio de suavidad ; porque (como dicen) las llagas 
frescas son mas fáciles de remedio. 

Fuera de esto , quando te hallares con tran- 
quilidad , y sin ningún sugeto de cólera , haz 
grande provisión de suavidad , y mansedumbre, 
diciendo todas tus palabras, y haciendo todas tus 
acciones, pequeñas, ó grandes , en el mas apa- 
cible modo que te sea posible , acordándote que 
la Esposa en el Cántico de los Cánticos no solo . 
tiene la miel en sus labios > y en la punta de su 
lengua , sino que también la tienen debaxo de la 
lengua quiero , decir , dentro del pecho : y no 
solo hay miel, sino también leche, porque tam- 
bién no solo se ha de tener la palabra dulce pa- 
ra con el próximo, sino también todo el pecho; 
esto es, todo lo interior de nuestra alma ; y asi- 
mismo no solo se debe tener la dukura, y sua- 
vidad de la miel , que es aromática , y odorífe- 
ra (esto es , la suavidad de la conservación civil 



DJE QUEVEDO. I9 J 

con los extrangeros), sino también la dulzura de 
la leche entre los domésticos, y vecinos cercanos, 
en lo qual muchos yerran grandemente , pues en 
la calle parecen Angeles, y en casa demonios. 

CAPITULO IX. 

De la suavidad para con noso- 
tros mismos. 



u, 



na de las buenas practicas , que pocemos 
hacer de la suavidad , es aquella de la qual el 
sugeto está en nosotros no amohinándonos jamas 
contra nosotros mismos , ni contra nuestras imper- 
fecciones; porque aunque la razón quiere que quan- 
do caemos en faltas , nos mostremos pesarosos , y 
tristes, no por eso debemos admitir un pesar agrio, 
mohíno , enfadoso, y colérico ; en lo qual hacen 
una gran falta muchos , que hallándose coléri- 
cos, se enojan de haberse enojado, se amohinan 
de haberse amohinado , y tienen enfado de ha- 
berse enfadado, porque por este medio tieneíi su 
corazón embebido, y empapado en la cólera; y 
asimismo parece que la segunda cólera arruina 
la primera , f no obstante sirve de abertura, y 
paso para una nueva cólera en la primera oca? 
sion que se presente. Fuera de que aquella có- 
lera, y mohina que toman consigo mismos, pro- 

N a 



I 9 6 OBRAS DI I>¿ FRANCISCO 

cede de manifiesta soberbia , y no tiene origea 
sino del amor propio , el qual se alborota , é in- 
quieta viéndonos imperfectos. Menester es, pues, 
tener de nuestras faltas un pesar modesto , sose- 
gado, y firme, porque de la misma manera que 
un Juez castiga mucho mejor los malos dando 
sus sentencias por razón, y espíritu sosegado, 
que no quando las dá por ímpetu, y pasión (por 
quanto castigando con pasión , no castiga las fal- 
tas según ellas son sino según es él mismo) ; así 
nosotros castigamos mucho mejor nuestras fal- 
tas con arrepentimientos sosegados, y constantes, 
que con arrepentimientos agrios , apretados , y 
coléricos; porque estos arrepentimientos, hechos 
con ímpetu , no se hacen según la gravedad de 
nuestras faltas , sino según nuestras inclinaciones. 
Por cxemplo : aquel que ama la castidad , sen* 
tira con grandísimo extremo la menor falta que 
contra ella cometa ; y no hará sino reirse de la 
mayor mormuracion en que cayga. Al contrario, 
aquel que aborrece la mormuracion , se atormen- 
tará por haber caido en la menor detracción , y 
no hará caso de una gran falta contra la castidad; 
lo qual no sucede por otia causa sino porque los 
tales no hacen el juicio de su conciencia por ra- 
zón , sino por pasión. 

Créeme, Filotea, que de la misma manera 



que las amonestaciones de un padre, hechas sua- 
ve y cordulmentc, tienen mas fuerza para cor* 
regir un hijo , que la demasiada cólera , y eno- 
jo ; así quando nuestro corazón habrá hecho al- 
guna falta , si le reprehendemos con amonesta- 
ciones suaves , y sosegadas , teniendo mas com- 
pasión de él , que pasión contra él , animándole 
i la enmienda , el arrepentimiento que concebi- 
rá, tomará mas raizes , y le penetrará mejor que 
lo haria por un arrepentimiento, enojoso , arre- 
batado , y tempestuoso. 

Quanto á mí , si yo tuviese (por exemplo) 
gran deseo de no caer en el vicio de la vanidad, 
y que no obstante esto hubiese grandemente caí- 
do en él , no por eso querria reprehender mi co- 
razón de esta manera : ¿No eres tú , miserable, y 
abominable, quien después de tantas resolucio- 
nes te has dexado llevar de esta vanidad? Mue- 
re de vergüenza : no levantes mas los ojos al Cie- 
lo, ciego , imprudente , traidor, y desleal á tu 
Dios; sino antes querria corregirle por razón, y 
via de compasión, diciendole : Ahora bien , po- 
bre corazón mió , vesnos aquí caidos dentro dól 
foso , del qual tantas veces habiamos resuelto el 
escaparnos. Ah pobres de nosotros ! Levantémo- 
nos, y huyámosle el cuerpo para siempre : recla- 
memos la misericordia de Dios , y esperemos en 

*3 



I 9 S OBRAS DS X>. FRANCISCO 

ella nos ayudará para de aquí adelante ser mas 
firmes , y volvamos al camino de la humildad. 
Animo ,. pues , corazón mió : no seamos ya mas 
tan fáciles : Dios será servido de ayudarnos , con 
que no haremos poco, Y querría aují mas : fa- 
bricar sobre esta reprehensión una, sólida , y fir- 
me resolución de nunca mas caer en la falta, to- 
mando los medios importantes á este fin, y de la 
misma manera el aviso de mi Maestro. 

Y si no obstante ésto hallare alguno que su 
corazón no se mueve bastantemente para esta 
«uave corrección , podrá el taj emplear la contra- 
dicción, y una reprehensión áspera, y fuerte, pa- 
ra excitarle á una profunda confusión , con tal 
que después de haberle con dureza reprehendi- 
do, y enojado , dé fin con un consuelo , acaban- 
do toda su ansia , y enojo en una suave , y san* 
ta confianza en Dios, á imitación de aquel gran 
Penitente, el qual viendo su alma afligida, la 
consolaba de esta suerte : ¿Por qué estas tú tris- 
te f 6 alma mia , y por qué me alborotas? Esfe- 
ra en Dios , porque yo le bendeciré > aun como 
la salud de mi cara y y mi verdadero Dios. 

Levanta, pues, tu corazón quando cayere, 
con suavidad, humillándote grandemente delan- 
te de tu Dios por el conocimiento.de tu miseria, 
sin que de ninguna manera te espantes de tu 



toída i pues no es cosa de admiración ver que la 
enfermedad sea enferma , la flaqueza flaca y lá 
miseria apocada: Abomina fuera de esto con -to- 
das tus fuerzas la ofensa que Dios ha recibido de 
tí, y con un grande ánimo , y confianza en si* 
misericordia, vuélvete al camino de la virtud que 
habías abandonado*' " . r 

CAPÍTULO X. 

Que se ha de tratar de los ntgocios'*on cuenta t 
fero sin congoja , y cuidado* 

ra cuenta, y diligencia que debemos tener éii 
maestros negocios son cosas'bien diferentes de la so* 
licitud, cuidado, y congoja. Los Angeles tienen 
cucntadenuestrasalvacion, y la procuran con dili- 
gencia; mas no por eso tienen solicitud, cuidado, ni 
congoja: porque la cuenta, y diligencia pertenece 
á su caridad; pero la solicitud, cuidado , y congoja 
seria contrario á su felicidad. Así que la cuenta, y 
diligencia pueden estar acompañadas de la tran* 
quilidad, y paz de espíritu; pero no la solicitud^ 
y cuidado, y mucho menos la congoja. 

• ; Ten , pues , cuenta , y diligencia en todos 
los negocios que tuvieres á cargo , Filotea mia, 
jtorque Dios, habiéndotelos Confiado , quiere 
que tengas una gran cuenta con ellos ; pero si 

N 4 



2 00 OBRAS DE D. FRANCISCO 

fuere posible , no pongas .solicitud , ni cuidado; 
esto es, que no los empieces con inquietud , an- 
sia, ni ardor, ni te congojes en su alcance; por- 
que toda suerte de congoja turba la razón, y el 
juicio, y nos impide asimismo el acierto de la 
cosa que deseamos. 

Quando nuestro Señor reprehende á Santa 
Marta, dice: Marta, Marta, tú estas muy so- 
lícita , y te alborotas jpor^müchds cosas. ¿Ves tú 
fomo si ella se hubiera mostrado simplemente 
cuidadosa , no se hubiera alborotado? mas por 
quanto estaba demasiado cuidadosa , é inquieta, 
?e congojó, y alborotó , que .es de loque nues- 
tro Señor la reprehende. Los rios que mansamen- 
te corren por las llanuras , traen los grandes bá- 
seles , y ricas mercancías ; y las aguas , que 
caen poco í poco en la campiña, la fecundan de 
yerba, y de grano ; pero las corrientes , y rios 
que con gran furia corren sobre la tierra , arrui- 
nan su comarca , y son inútiles al comercio; y 
asimismo las aguas vehementes, y tempestuosas 
asuelan los campos, y las praderías. Jamas obra 
hecha con ímpetu , y congoja fue bien acabada. 
Las cosas se han de acabar poco á poco , como 
dice el antiguo proverbio ; y aquel que se da 
priesa (dice Salomón) corre peligro de tropezar, 
y resbalar de pies. Harto presto se hace la cosa 



DE QÜEVBDO. 201 

qüaódo se hace bien. Los zánganos hacen mu- 
cho mas. ruido y andan mucho mas embarazados 
que las abejas ; pero no hacen la miel , sino la 
¿era.. Así los que se congojan con un cuidado ex- 
traordinario, y una solicitud impertinente, no 
hacen jamas ni mucho , ni bien. 

Las moscas no nos inquietan por su forta- 
leza ; sino por la muchedumbre : así los< gran- 
des negpcios no nos desasosiegan tanto como 
lps pequeños » quando son muchos. Recibe, 
pues , los negocios que ,te vinieren con sosie- 
go » y procura despacharlos por orden uno des- 
pués de otro;, porque $i los quieres hacer to- 
dos juntos., y con desorden , será trabajo va- 
no , y cansarte has el espíritu , y será lo mas 
cierto el rendirte en su alcance, sin conseguir 
ningug huen efecto. :: 

En todos tus negocios arrímate siempre á 
la providencia de Dios , por la qual sola todos 
tus. designio? deben efectuarse. Procura animis- 
mo de tu parte cooperar con ella, y después cree 
que si hubieres confiado bien en Dios, será siem- 
pre el suceso que te viniere , el más provecho* 
so para tí , ya te parezca malo, ó bueno, según 
tu juicio particular. 

Haz como los niños , que de la una mano 
se tienen á sus padres , y con la otra cogen la 



a O 2 OBRAS DE D. FRANCISCO 

fresa, ú otras frutillas que se les ofrecen á los 
ojos. De la misma manera , juntando , y mane- 
jando los bienes de este mundo con la una de tus 
manos , tendrás con la otra la del Padre celestial» 
tornándote á veces á él , y viendo si le es agra- 
dable tu vida , y tus ocupaciones.* Y guáfdato 
sobre todas cosas de dexar su mano, y sü pro- 
tección, pensando juntar, y recoger aun mas; 
porque si te abandona , no darás paso sin dar- de 
ojos en tierra. Dígote aun mas Filotea, que quan ¿ 
do te vieres en medk> de los negocios ¿ ú ocupa- 
ciones comunes , que no requieren una atención 
tan grande , y cuidadosa Y mires mas á Dios que 
i los negocios. Y quando los negocios fueftfn de 
tanta importancia , que requieran toda tu aten- 
ción para acabarles bien, mires de quando en quan- 
do á Dios, como hacen los que navegan en el mar, 
los guales para ir 4 la tierra que desean , miran 
mas arriba , y al Cielo, que no abaxo donde na- 
vegan. Así Dios trabajará contigo, en tí, y por tí, 
y tu trabajo será lleno de consuelo. 

CAPÍ tül.o XI. 

• De la obediencia. ' 

bolamente la caridad nos pone en la perfección; 
pero la obediencia, la castidad, y la pobreza, son 



DE QUEVEDO. *C>3 

los tres grandes medios para adquirirla. La 06c* 
diencia consagra nuestro corazón : la castidad 
nuestro cuerpo ; y la pobreza nuestros medios al 
amor , y servicio de Dios. Estas son las tres ra* 
mas de la Cruz espiritual, todas tres fundadas so- 
bre la quarta , que es la humildad. No diré nada 
de estas tres virtudes, en quanto son solamente 
votadas , y no tocar esto sino á solos los Religio- 
sos ; ni tampoco en quanto son simplemente vo- 
tadas, por quanto, aunque el voto da siempre 
muchas gracias, y merecimientos á todas las vir* 
tudes , para lo que yo pretendo no es necesario 
que sean ó no votadas , con tal que se observen* 
porque aunque siendo votadas (y principalmente 
solemnemente) ponen al hombre en estado de 
perfección >■ basta no obstante esto que sean ob- 
servadas para perficionarle, habiendo, no obstante 
esto , no poca diferencia entre el estado de la per- 
fección, y la perfección, pues que todos los Obis- 
pos , y Religiosos ¿stan en el estado de la perfec- 
ción , y no por eso todos xstan en la perfección, 
tomóse ve mas de foque justo fuera.. Procuremos, 
l>ues, Filotea, practicar bien estas tres virtudes, 
cada uno según su estado: porque aunque ellas no 
•nos pongan en el estado de perfección , nos ctar- 
ran con todo esto la misma .perfección ; y tañí- 
bien estamos todos obligados á la práctica de estas 



a 04 OBRAS M D. FRANCISCO 

tres virtudes , aunque no í practicarlas todos de 
Una misma manera. 

Hay dos suertes de obediencias : la una ne- 
cesaria , y la otra voluntaria. Por la necesaria de- 
bes con humildad obedecer á tus superiores cele* 
siásticos , como al Papa , al Obispo, al Cura , y 
i aquellos que de su parte fueren puestos. De- 
bes obedecer a tus superiores políticos ; esto es, 
i tu Príncipe , y á los Magistrados , que el tal 
hubiere establecido en tu tierra. Debes también 
obedecer á tus superiores domésticos , como á tu 
padre , madre , amo, y ama: Llámase, pues, es* 
ta obediencia necesaria, por quanto ninguno pue- 
de negarla á tales Superiores, habiéndolos Dios 
dado la autoridad de mandar , y gobernar cada 
uno en aquello que le toca mandarnos. Haz, 
pues, lo que los tales te mandaren , pues esto es 
de necesidad; y si quieres perficionaríe , sigue 
aun sus consejos, y de la misma manera sus de- 
seos, é inclinaciones , con tal que la caridad , y 
prudencia te lo permita. Obedece quanto te man- 
daren cosa agradable, como comer, ó usar de al- 
guna recreación: porque aunque parece que no 
es grande virtud el obedecer en tal caso , seria 
también el desobedecer no pequeño vicio. Obe- 
dece en las cosas indiferentes, como traer tal, ó 
tai vestido , ir por un camino , ó por otro , can- 



DE QÜÉVEDO. 20J 

tar, 6 reír, y esta será una obediencia de no po- 
co merecimiento. Obedece en cosas dificultosas, 
ásperas , y rudas ; y la tal será una obediencia 
perfecta.* Obedece en fin suavemente sin réplica, 
prontamente sin tardanza, alegremente sin enfa- 
do , y sobre todo obedece amorosamente por 
amor de aquel que por amor de nosotros se hizo 
obediente hasta la muerte de la cruz , el qual 
(como dice San Bernardo) quiso mas perder la 
vida que la obediencia. 

Para aprehender fácilmente á obedecer á 
tus superiores , condesciende también fácilmen- 
te con la voluntad de tus semejantes , cediendo 
á sus opiniones en lo que no fuere malo , sin ser 
contencioso, ni porfiado. Acomódate de buena 
gana con los deseos de tus inferiores , quanto la 
razón lo permitiere, sin usar con ellos de ningu- 
na autoridad superior , mientras fueren buenos. 

Es manifiesto engaño el creer que si fuése- 
mos Religiosos, 6 Religiosas , obedeceríamos fá- 
cilmente , hallando dificultad en obedecer á los 
que Dios nos dio por superiores. 

Llamamos obediencia voluntaria aquella, i 
la qual no nos oblíganos por nuestra propia elec- 
ción , y la qual no nos es impuesta por ningún 
otro. No se escoge de ordinario el Principe , y 
el Obispo , el padre , y la madre , ni tampoco 



2 O <*■ OBRAS BE p. FRANCISCO 

muchas veces el marido; pero escógese bien el 
Confesor , el Maestro. Pongamos pues caso que 
escogiéndole se haga voto de obedecerle , como 
se ha dicho que la Madre Teresa , fuera de la 
obediencia solemnemente votada al Superior de 
su Orden , se obligó por un voto simple á obe- 
decer al Padre Gradan; ó que sin voto nos de- 
diquemos á la obediencia de alguno t siempre es- 
ta obediencia se llama voluntaria por la razón de 
su fundamento , que depende de nuestra volun- 
tad, y elección. 

Hase de obedecer á todos los superiores, a 
cada uno en aquello de que tiene cargo para con 
nosotros, como en loque toca á la policía, y co- 
sas publicas , se ha de obedecer á los Príncipes: 
á los Prelados en lo que toca á la policía ecle- 
siástica : en las cosas domésticas al padre, al amo, 
al marido ; y quanto á la dirección particular del 
alma, al Maestro, y Confesor particular. 

Haz que te ordene las acciones de piedad 
que debes observar, tu Padre espiritual, porque 
así serán mejores , y tendrán doblada gracia , y 
bondad : lo uno por sí mismas , por ser piadosas: 
y lo otro por la obediencia que las habrá orde- 
nado , en cuya virtud serán hechas. Dichosos los 
obedientes, porque Dios no permitirá nunca que 
se descaminen , ni pierdan. 



DE QUEVEDO. %0J 

CAPITULO XIL 

De la necesidad 4e la castidad. 

f a castidad es la flor de las virtudes : esta ha- 
ce á los hombres casi iguales á los Angeles, na-* 
da es hermoso , no acompañado de la limpieza: 
y la limpieza de los hombres es la Castidad. Llá- 
mase la castidad honestidad, y su profesión hon- 
ra. Llámase también integridad , y su contrario 
corrupción. Tiene, fuera de esto, su gloria sepa» 
rada , por ser la hermosa , y blanca virtud del 
alma , y del cuerpo. 

Jamas nos es permitido dar á nuestros cuer- 
pos ningún impúdico placer, de ninguna mane- 
ra que sea, sino en un legítimo matrimonio, del 
qual la santidad puede por una justa compensa* 
cion reparar la falta que causa la delectación. 
También en el matrimonio se ha de observar la 
honestidad de la intención } porque si hay algu- 
na malicia en el deleyte, no haya sino honesti- 
dad en la voluntad* 

El corazón casto es» como la madre-perla, 
que no puede recibir ni una gota de agua no vi- 
niendo del Cielo ; y así él no puede recibir nin- 
gún placer , sino el del matrimonio , el qual es 
ordenado del Cielo. Fuera de esto no le es per- 



a O 8 OBRAS DE D. FRANCISCO 

xnitido ningún pensamiento deshonesto , volun- 
tario , y entretenido. 

Quanto al primer grado de esta virtud, 
guárdate, Filotea , de admitir ninguna suerte de 
deleyte que sea prohibido , y defendido , como 
son aquellos que se reciben fuera del matrimonio: 
y de la misma manera los del matrimonio , quan- 
do se usan fuera de la regla del matrimonio. 

Quanto á lo segundo , te apartarás quanto' 
te sea posible de los deley tes inútiles f y super- 
ítaos , aunque lícitos , y permitidos. 

Quanto á lo tercero , no pondrás toda tu 
afición en los placeres deleytosos , que son man- 
dados , y ordenados; porque aunque se hayan de 
usar los deley tes necesarios; esto es, los que mi* 
ran al fin , é institución del santo matrimonio, 
no por eso debemos atar á ellos el corazón , y 
el espíritu. 

En lo demás todos tienen gran necesidad de 
esta virtud: los que están en viudez deben te- 
ner una animosa castidad , y que no solo menos- 
precien los objetos presentes , y futuros , pero 
que resistan á las imaginaciones que los placeres 
lícitamente recibidos en el matrimonio pueden 
producir en su espíritu ; los quales pof esto son 
mas fáciles á los atraimientos deshonestos. A es- 
te proposito San Agustin encarece la pureza de 



DE QUE VEDO. 2G£ 

su amado Alipio , el qual había totalmente olv*¿ 
düa , y menospreciado los deleites carnales , ha* 
biéndolos, no obstante esto , experimentado en 
su juventud: y es cierto que mientras los fhiK 
tos están enteros ¿ pueden conservarse , unos so- 
bre paja,- otros entre la arena , y otros en su pro- 
pío follage ; pero estando una vez decentados, 
es casi imposible el guardarlos , sino es en con- 
serva de miel , y azúcar. Así la castidad i que nof 
está aun tocada, ni. violada , puede guardarse de 
muchas maneras ; pero estando una vez sentida* 
ó decentada y nada la puede conservar; sino una 
excelente devoción, la qual ¿ como ya he dicho 
muchas veces , es la verdadera miel , y azucaí 
del espíritu. 

Las vírgenes han menester una castidad es- 
fremamente simple para despedir de su corazón 
toda suerte de curiosos pensamiento? , y menos- 
preciar cotí un absoluto menosprecio toda suer- 
te de placeres» inmundos f los quajes verdadera- 
mente no merecen ser deseados de los hombresy 
pues mas que los hombres, son capaces de ellos 
los jumentos 9 > y brutos. Guárdense , pues, estas 
almas puras de dudar quó h castidad no sea in- 
comparablemente mejor que todo aquello que la 
es incompatible ; poique (como dice el grári Sari 
Gerónymo) el enemigo aprieta violentamente las 
tqm. ir. o* 



2 I O OBRAS 1>B D. FRANCISCO 

vírgines, provocándolas al deseo de la prueba de 
los deleites, representándoselos infinitamente mas 
gustosos, y regalados de lo que ellos son, lo qual 
muchas veces las inquieta mucho , por quanto 
(dice este santo Padre) ellas tienen por mas dul- 
ce » Y gustoso aquello que ignorad. Porque co- 
mo la pequeña mariposa , viendo la llama va cu- 
riosamente volando al rededor de ella , por pro- 
bar si es tan dulce como hermosa, y apretada de 
esta fantasía , no cesa hasta que se pierde á la pri- 
mera prueba; así la gente moza muy de ordina- 
rio se deza de tal manera asaltar de la falsa , y lo- 
ca estimación que hacen del placer de las llamas 
lascivas , que después de muchos curiosos pensa- 
mientos, se van en fin á arruinar, y perder: mas 
locos en esto qué la mariposa, por quanto esta tie- 
ne alguna ocasión de pensar que el fuego sea rega- 
lado, pues es tan hermoso; y ellos , sabiendo que 
aquello que buscan es por estremo deshonesto, no 
dexan por tanto de preferir la loca, y brutal de* 
lectacion. 

Pero quanto á los casado*, es cierto (no obs- 
tante que el vulgo no lo siente así) que les es 
muy necesaria la castidad , por quanto esta en 
ellos no consiste en abstenerse absolutamente de 
los placeres carnales , sino en el contenerse en- 
tre los placeres. Así cómo este mandamiento: Eno< 



DE QUE VEDO. 211 

jaosj y no pequéis es á mi parecer mas difícil que 
este : Naos enojéis 9 y que es antes mas fácil el 
evitar la cólera, que el reglarla ; asi es también 
mas fácil el guardarse de todo punto de los de- 
leites carnales que el guardar en ellos la mode- 
ración: Verdad es que la santa licencia del ma- 
trimonio tiene una fuerza particular para apa- 
gar el fuego de la concupiscencia; mas la fla- 
queza de los que de él gozan , pasa fácilmente 
de la permisión á la disolución , y del uso al 
abuso ; y como se ve que muchos ricos hurtan, 
no por necesidad, sino por avaricia: así también 
se ve mucha gente casada desreglarse á los pía* 
cores ilícitos solo por intemperancia ¡ y lubrici- 
dad , no obstante el legítimo objeto , con el qual 
se deberiari , y podrían contentar ; siendo su con- 
cupiscencia como un' fuego ligero qué va que- 
mando á una parte , y á otra , sin asistir á nin- 
guna parte. Es siempre peligroso el tomar medi- 
camentos violentos , por quanto si se toman mas 
de lo necesario, ó que rio estén bien preparados, 
se recibe gran daño. El matrimonio ha sido orde- 
nado en parte- para et remedio de la concupiscen- 
cia , y es sin duda un bonísimo remedio pero vio- 
lento , y por el consiguiente peligroso , si no se 
usa con discreción. 

Añado á esto que la variedad de los nego- 

2 



3 1 1 OBRAS DE I>. FRANCISCO 

cios humanos , fuera de las grandes enfermeda- 
des de que suele ser causa, aparta muchas veces 
los maridos de coa sus mugeres. Por esto tienen 
los maridos necesidad de dos suertes de casti- 
dad : la una por la abstinencia absoluta que 
deben tener quando están separados en las oca- 
siones que he dicho : y la otra por la mode- 
ración que deben observar hallándose juntos. Es 
cierto que Santa Catalina de Sena vio entre lps 
condenados muchas almas en estremo atormen- 
tadas por haber violado la santidad del matrimo- 
' nio ; lo qual sucedió (decía la misma Santa) no 
por la grandeza del pecado , porque los homi* 
cidios, y las blasfemias son mas enormes; sino 
por quanto los que le cometen , no hacen caso 
de él, y por el consiguiente continúan en él lar- 
go espacio. 

Bien ves tú , pues , que la castidad es ne- 
cesaria a toda suerte de gentes : Seguid la paz 
£<m todos (dice el Apóstol), y la santidad sin la 
qual ninguno verá á Dios. Por la santidad , pues, 
se entiende la castidad , como San Gerónymo, 
y San Chrysóstomo lo han bien notado. No, Fi- 
lotea : ninguno verá á Dios sin la castidad : nin- 
guno habitará en su santo Tabernáculo, que no 
sea limpio de corazón ; y como dice el mismo 
• Salvador > los sucios , y deshonestos serán des- 



»E QUE VE ©O. «13 

terrados ; y bienaventurados los limpios de co- 
razón porque ellos verán á Dios. 



E, 



CAPITULO XIII. 

Aviso para conservar la castidad. 



rstarás siempre, Filotea, pronta , y apareja- 
da á apartarte de todos los caminos , alhagos , y 
cebos de la lubricidad ; porque este mal crece 
insensiblemente , y por pequeños principios ha- 
ce progreso á grandes accidentes. Mucho mas fá- 
cil es el huirle que el sanarle. 

Los cuerpos humanos parecen á los vidrios,' 
que no pueden traerse tocándose los unos con los 
otros , sin peligro de romperse ; y á los frutos, 
los quales, aunque enteros, y en su sazón , no 
dexan de recibir gran daño tocándose los unos 
con los otros. El agua también , por fresca que 
esté en un vaso , siendo tocada de algún animal 
terrestre , no puede conservar largo espacio su 
frescura. No permitas , pues, Filotea , qqe nin- 
guno te toque livianamente , ni por manera de 
burla , ni juego ; porque aunque puede ser con- 
servarse la castidad por estas acciones , antes li- 
vianas que maliciosas , no por eso dexa de reci- 
bir mengua , y detrimento la frescura % y flor de 

03 



a 14 OBRAS M D. FRANCISCO 

la castidad ; y quanto al dexarse tdeár deshones- 
tamente , es siempre la total ¿ruina de la cas- 
tidad, 

La castidad depende del corazón , como de 
su origen } pero mira al cuerpo como su mate- 
ria. Por esto , pues , se pierde por todos los sen- 
tidos exteriores del cuerpo, y por los pensamien- 
tos , y deseos del corazón. Impudicidad es el mi- 
rar ? pir ; hablar ? oler , y tocar cosas ¿Inhones- 
tas, quando el corazón se (detiene , y recibe e?i 
ella gusto ; y San Pablo dice , que no solo no 
se ha de pensar en la fornicación , pero ni aun 
mentarla. Las abejas no solo nó quierpn tocar Jos 
cuerpos muertos, sino que fruyen, y aborrecen 
con estremo toda suerte de hediondez , y mal 
olor. La Sagrada Esposa en el Cántico de los 
Cánticos tiene 'sus manos que destilan miera, li- 
cor preservativo de Ja corrupción ; sus lab jos son 
de rubí purpureo, señal déla vergüenza de pa- 
labras : sus ojos de paloma , por causa de su lim- 
pieza : sus orejas tienen zarcillos de pro , mues- 
tra de pureza ? su nariz semejante £ lps cedros de 
Líbano , madera incorruptible. Tal debe ser el 
alma casta, , limpia , y honesta de manos , de la- 
bios, de orejas, de ojos, y de todo su cuerpo. 

A este proposito quiero traerte lo que el an- 
ciano Padre Juan Casiano dice , como pxonun- 



DE QUE YEBO* 11$ 

ciado de la boca del gran San Basilio ; el qual 9 
hablando de sí mismo , dixo un día : Yo no sé lo 
que son tnugeres, y con todo eso no soy virgen. 
Verdaderamente la castidad se puede perder de 
tantas maneras como hay deshonestidades , y las- 
civias ; las quales según son grandes , ó peque- 
ñas, las unas la debilitan } las otras la hieren, y 
las otras de todo punto la matan. Hay otras pa- 
siones , no solo indiscretas , pero viciosas : no so- 
lo locas , pero deshonestas; no solo sensuales, pe- 
ro carnales ; y por estas la castidad queda por lo 
menos muy ofendida, y interesada. Dixeporlo 
menos , por quanto muere , y perece de todo 
punto quando las lascivias dan á la carne el ul- 
timo efecto de placer deleitoso ; porque enton- 
ces padece la castidad mas indigna y desventu- 
radamente que quando se pierde por la fornica- 
ción; y no solo por la fornicación, pero por el 
adulterio , y incesto ; porque estas últimas espe- 
cies de torpeza no son sino pecados; pero las otras, 
como dice Tertuliano en el libro de la Honesti- 
dad , son monstruos de iniquidad, y pecado. Ca- 
siano no cree» ni yo tampoco , que San Basilio 
tropezase en este desconcierto quando se acusa 
de no ser virgen ; y así pienso que no decia es- 
to sino por los. malos , y viciosos pensamientos, 
los quales aunque no hubiesen manchado sucuer- 

04 



J».J 6 OBRAS DE D. FRANCISCO 

po , habían no obstante contaminado su corazón, 
cuya castidad zelan en extremo las almas ge- 
nerosas. 

No converses de ninguna manera con las 
personas deshonestas, principalmente si son tam- 
bién escandalosas -(como lo son casi siempre) : por- 
que como los cabrones quando tocan con la len- 
gua los almendros dulces , los vuelven amargos; 
así estas almas hediondas , y corazones infecta- 
dos , no hablan á nadie , ni del uno ni otro ser 
xó , que no le hagan apartarse algo de la hones- 
tidad. Tienen los tales el veneno en los ojos , y 
en ¿1 aliento como los basiliscos. 

Tratarás, pues, las gentes castas, y virtuo- 
sas : pensarás , y leerás amenudo en las cosas sa- 
gradas , porque la palabra de Dios es casta , y 
hace a los que se deleitan en ella castos ; y así 
la compara David al topacio , piedra preciosa, 
la qual por su propiedad mitiga el ardor de h 
concupiscencia. 

Considérate siempre cerca de Jesu-Christo 
crucificado , espiritualmente por la meditación, 
y realmente por la santa Comunión ; porque de 
la misma manera que los que descansan sobre la 
yerba llamada Agnoeasto , se hacen castos , y ho- 
nestos , de la misma manera , reposando tu co- 
razón en nuestro Señor, que es ei verdadero Cor- 



DE QUE VEDO. 2 17 

clero casto, y sin mácula , verás quán presto tu 
alma , y tu corazón se hallarán purificados de to- 
da lubricidad , y torpeza. 

CAPITULO XIV. 

De la pobreza de espíritu , observada entre las 
riquezas. 



Bi 



1 ienaventurados los pobres de espíritu , por- 
que poseerán el Reyno de los Cielos. Desven- 
turados , pues, los ricos de espíritu , porque po- 
seerán la miseria del Infierno. Rico es de espíri- 
tu aquel que tiene sus riquezas en su espíritu, 
ó su espíritu en sus riquezas. Pobre es de espí- 
ritu aquel que no tiene ningunas riquezas en su 
espíritu , ni su espíritu en las riquezas. Los al* 
ciones hacen sus nidos cubiertos por todas par- 
tes , no dexando sino una pequeña abertura por 
arriba : hácenlos á la orilla de la mar , pero tan 
firmes , é impenetrables , que aunque los cojan 
las ondas , nunca puede entrarles el agua ; antes 
nadando siempre sobre ella, quedan en medio de 
la mar, sobre la mar , y dueños de la mar. Tu 
corazón , amada Filotea , debe ser de la misma 
manera , abierto solo al Cielo , é impenetrable á 
las riquezas, y cosa* caducas. Si de estas tuvie- 



2 I 8 OBRAS PE P. FRANCISCO 

res abundancia , ten tu corazón exento de la afi- 
ción de ellas ; de suerte que tengan siempre la 
parte superior > y que en medio 4e las riquezas 
esté sin riquezas , y se haga dueño , y no escla- 
vo de ellas. No pongas tu espíritu celeste en 
los bienes terrestres , sino sobre ellos , y no 
en ellos. 

Diferencia hay entre tener ponzoña, ó estar 
emponzoñado. Los Boticarios tienen casi todos 
veneno para servirse en ciertas ocurrencias ; mas 
no por eso están venenosos , porque no tienen 
el veneno pn pl cuerpo, sino en las Boticas. Así 
puedes tu también tener riquezas, si» estar em- 
ponzoñada de ellas ; esto será si l?s tuvieres en 
tu casa , ó pn tu bolsa, no en tu corazón. Ser 
rico en efecto, y pobre de afición , es la gran di- 
cLa del Christiano , por quanto por este medio 
tiene las comodidades de las riquezas para este 
mundo, y el merecimiento de la pobreza para 
el otro. 

Veipos, Filotea, que jamas pínguno quie- 
re confesar ser avaro : todos aborrecen esta ba- 
xeza , y vileza de corazón : escúsanse con que 
les obliga el cargo de los hijos ? y con que la sa- 
biduría manda que se establezcan en medio, y 
fuerzas. Jamas tienen demasiado : hállame siem- 
pre necesitados de tener aun mas ; y asimismo 



DE QUEVEDO. 21$ 

los mas avaros , no solo no confiesan serlo , mas 
ni aun piensan en sus conciencias que lo son; por- 
que la avaricia es una figura prodigiosa, la qual 
se hace tanto mas sensible, quanto es mas ¡ardien- 
te , y violenta. Moyses vio el fuego sagrado que 
quemaba una zarza , sin que de ningyna mane- 
ra la consumiese. Pero al contrario ? el fuego 
profano de la avaricia consume , y acaba los ava- 
rientos , $in que de ninguija manera les queme; 
ó por lo menos en mcdip de $u ardor , y calox 
mas excesivo les parece que su alteración insa- 
ciable es jiña spd jiatural , y suave. 

Si deseares largo espacio £on ?nsia, y inquie- 
tud los bienes que no tuvieres , aunque te pa- 
rezca que así no los deseas injustamente , no por 
eso dexarás de ser avaro. Aquel que desea con 
ansia mincho tieippo , y con inquietad el beber, 
aunque el tal no quiera beber sino agua , no de- 
xa por eso de dar muestras de tener accidente. 
No se, Filotea, si es jin deseo justo el de- 
sear tener justamente lo que otrp posee justamen* 
te ; porque parece que por este deseo nos que- 
remos acomodar por la incomodidad agena. ¿Aquel 
que posee fin bien justamente , no tiene mas ra- 
zón de guardarle justamente , que nosotros de 
- desearle justamente ? Por qué , pues , alargamos 
nuestro deseo á su comodidad para privarle de 



2 20 OBRAS DE D. FRANCISCO 

ella? Por lo menos , si este deseo es justo , no se- 
rá caritativo ; porque nosotros no querríamos do 
ninguna manera que ninguno desease (aunque 
justamente) lo que nosotros queremos guardar 
justamente. Este fue el pecado de Achab , que 
quiso tener justamente la viña de Naboth , el 
qual la quería aun más justamente guardar ; de- 
seóla con ansia mucho tiempo , y con inquietud, 
y por esto ofendió á Dios. 

Procura , Filotea , desear los bienes del pro* 
ximo quando comenzare á desear dexarlos ; por- 
que entonces su deseo hará el tuyo, no solo jus- 
to , pero caritativo ; que bien quiero procures 
acrecentar tus medios , y facultades , con tal que 
esto sea taansa y caritativamente. 

Si amas con extremo los bienes que tienes, 
y para esto andas siempre muy embarazada, po- 
niendo en ellos tu corazón, y asida á tus pensa- 
mientos , temiendo con un vivo miedo el per* 
dcrlos , créeme que tienes alguna suerte de ac- 
cidente ; porque los que le tienen beben el agua 
que les dan con una cierta ansia , con una suer- 
te de atención , y gusto , lo qual falta en los que 
están sanos. Es imposible agradarse mucho de 
una cosa sin tenerla mucha afición. 

Si te sucediere perder la hacienda , y cono- 
cieres que tu corazón se atormenta, y aflige mu- 



DE QUEVEDO. 221 

clnio , créeme , Filotéa, que la tenías mucha afi- 
ción , porque nada atestigua tanto la afición pa- 
ra con la cosa perdida como la aflicción de la 
pérdida. 

No desees , pues , con un deseo entero , y 
formado los bienes que no tienes. No arraigues 
tu corazón demasiado en los que tienes. No te 
aflijas por las pérdidas que te sobrevinieren * y 
así darás algún indicio de creer , que siendo ri- 
ca en efecto , no lo eres de afición ; sino que eres 
pobre de espíritu, y por consiguiente bienaven- 
turada, pues como á tal te pertenece el Rey no 
de los Cielos, 

CAPITULO XV. 

Cómo se ha de practicar la pobreza redi , q ue- 
dando con todo eso realmente ricos. 



E, 



\\ Pintor Parrasio pintaba el Pueblo Atenien- 
se por una invención muy ingeniosa, represen- 
tándole de un natural diverso , y variable , co- 
lérico , injusto , inconstante , cortés , clemente, 
misericordioso, altivo , glorioso , humilde, arro- 
gante , y fiero, y todo esto junto. Pero yo, ama- 
da Filotea , querria hacer aun mas, porque quer- 
lia poner en tu corazón la riqueza , y la pobre- 



2 2 2 OBRAS DE P. FRANCISCO 

za juntas , un grande cuidado, y un grande me- 
nosprecio de las cosas temporales. 

Ten mucho mas cuidado que los mundanos 
tienen, ert que tus riquezas sean mas útiles , y 
provechosas. Dime, los Jardineros de íos gran- 
des Príncipes no se muestran mas cuidadosos, y 
diligentes en eí cultivar , y hermosear los jardi- 
nes que tienen á cargo', que' si fueran suyos pro- 
pios? Y por qué hacen esto? Por quanto sin 
iluda consideran estos jardines como jardines de 
Reyes, y Príncipes',- á los quales desean agradar 
por tales servicios. Amada Filote* , las posesio- 
nes que tenemos no son nuestras : Dios nos las 
ha dado para que las cultivemos y y quiere que 
las hagamos fructuosas , y útiles, y por ésta ra- 
zón le agradamos en tener cuenta de ellas. 

Mas es necesario que este sea un cuidado 
mayor , y mas sólido que el que los mundanos 
tienen de sus bienes ; porque los tales no se em- 
barazan sino por amor de ellos mismos, y noso- 
tros debemos trabajar por amor de Dio¿. Como 
el amor , pues, de sí mismo es violento, inquie- 
to , y alborotado ; asi el cuidado, que de él re- 
sulta* está lleno de desasosiego, inquietud , y de* 
sabrimiento. Y como el amor de Dios es dulce, 
suave, y apacible , así el cuidado que procedo 
de él , aunque este sea por los bienes del mun- 



DE QUEVEDO. 223 

do , es amigable , dulce, y apacible. Tengamos, 
pues, este cuidado apacible de la conservación; 
esto es, del aumentof de nuestros bienes tempo- 
rales > quando se presentare una justa ocasión , y 
guando nuestro estadof lo requiera; porque Dios* 
quiere que háganlos tsto por él. 

Pero tendrás cuenta que eí amor propio no 
te engañe; porque á veces este contrahace tan 
bien el amor de Dios , que dirían que es eí mis- 
mo. Para dstorvar , pues , que no te engañe , y 
que este cuidado de los bienes temporales na se 
convierta erí avaricia ,- fuera de lo que he dicho 
en el capítulo precedente / es necesario practicar 
muy amenudó la pobreza real y efectuaí en me- 
dio de todas las facultades y riquezas que Dios 
nos ha dadoV 

Dexa , pues , siempre aíguná parte de tu 
hacienda ¿ dándola de buena gana á los pobres, 
y necesitados; porque dar lo que se tiene es em- 
pobrecerse de otro tanto ; y quárito mas darás, 
tanto mas empobrecerás. Verdad es que Dios te 
lo volverá , no solo en et otro mundo , pero en 
este con grande abundancia; porque no hay cosa 
que tanto haga prosperar temporalmente como 
la limosna ; y esperando que Dios nuestro Señor 
te lo vuelva , te habrás ya empobrecido de otro 
tanto como hubieres dado. {O quán santa , y rica- 



2 2 4 OBRAS PE D. FRANCISCO 

pobreza es la que viene de la limosna l 

Ama los pobres , y la, pobreza , porque por 
este amorte harás verdaderamente pobre;- pues 
como dice la Escritura : Nosotros somos hechos 
como las cosas que amamos. ' 

El amor iguala los amantes. iQuien esta eth 
fermo , con el qual no esté yo enferma? dice San 
Pablo. Podría decir : ¿Quién está pobre , con el 
qual no esté yo pobre ? Y esto por quanto e) 
amor le hacia semejante á los que amaba. Si ama- 
res , pues , los pobres , tu serás verdaderamente 
participante de su pobreza , y pobre como ellosv 

Si amas, pues , los pobres , trátalos á me- 
nudo * toma gusto en que te visiten , y en visi- 
tarlos : con versales de buena gana : huélgate de 
que se lleguen á tí en las Iglesias , en las calles*» 
en qualquier parte. Sé pobre de lengua con ellos, 
hablándoles como compañero ; pero sé rica de 
manos, repartiéndoles de tu hacienda, como ma» 
abundante de ella, 

¿Quieres hacer aun mas, querida Filote*? 
No te contentes con ser pobre como los pobresy 
sino que seas mas pobre que ellos. ¿Cómo , pues* 
podrá ser esto? El criado es menos que su amo: 
hazte , pues , criada de los pobres : vel9s á ser- 
vir en sus camas quando están enfermos ; y 
esto se entiende con. tus propias manos; se 



. 3>E V QUEVEDO. liaj 

su cocinera á tu propia costa. O Filotea mia, 
este servicio es digno de mas triunfo que el go- 
zar de un espacioso Reyno. No puedo acabar de 
maravillarme del fervor con que practicó este 
aviso uno de los mayores Reyes que ha descu- 
bierto el Sol : digo gran Rey en toda suerte de 
grandeza. Servia muy á menudo a la mesa de los 
pobres que él sustentaba , y hacia venir a la su- 
ya tres casi todos los dias , y muchas veces co- 
mía lo que les sobraba , con un amor increíble. 
Quando visitaba los Hospitales (lo qual hacia 
muy á menudo) se ponía á servir á los que tp- 
nian males mas horribles, como leprosos, y acan- 
cerados , y otros semejantes. Servíales descu- 
bierto , y de rodillas , respetando en su persona 
al Salvador del mundo, y acariciándolos con un 
amor tan tierno , como pudiera una madre á su 
hijo. Santa Isabel , hija del Rey de Ungria , con* 
versaba ordinariamente con los pobres ; y para 
- recrearse se vestía algunas veces de pobre mu- 
ger , acompañada de sus damas , diqiéndolas : Si 
yo fuera pobre , yo me vistiera así, ¡ O buen 
Pios , querida Filotea , y cómo este Príncipe , y 
esta Princesa eran pobres en sus riquezas , y ri- 
cos^en su pobreza ! 

, Dichosos son los que así son pobres, porque 
los pertenece el Reyno de los Cielos. Yo he U~ 
jou. iv. * 



2 2 6 OBRAS BE P. FRANCISCO 

nido hambre, tú me la has satisfecho : yo he te* 
nido frío , tú me has vestido : poseed el Reyno 
que os esta preparado desde la constitución del 
mundo, dirá el Rey de los pobres, y de los Re- 
yes el dia del juicio. 

No hay ninguno que en ocasiones no ten* 
ga alguna necesidad , y falca de comodidades. 
Sucede algunas veces venirnos un huésped , í 
quien querríamos, y deberíamos regalar, y aga- 
sajar : esnos por entonces imposible : tenemos 
nuestros vestidos , y galas en una parte , y ha- 
bríamoslas menester en otra , donde deseábamos 
lucirnos. Sucede que todos los vinos de la caba 
se malean, y enturbian , sin que queden sino los 
peores. Hallámonos en el campo en una bicoca, 
donde todo falta : no tenemos cama , ni aposen- 
to , mesa ni ropa blan¿a. En fin es cosa fácil el 
tener muchas veces necesidad de alguna cosa, 
por ricos que seamos. Esto es, pues , ser pobres 
en efecto de aquello que nos falta. No te pese, 
Filotea , de estos acaecimientos : recíbelos de 
buena gana , y súfrelos con alegría. 

Quando te sobreviniere algún infortunio, 
que te empobrezca poco, ó mucho , como sue- 
len hacer las tempestades , los fuegos , las gran- 
des avenidas, las esterilidades , los latrocinios , 6 
los pley tos , entonces es el verdadero tiempo <J« 



DE QÜEVJEPO. , %%J 

practicar la pobreza , sufriendo con mansedum- 
bre estos trabajas , y acomodándose paciente y 
constantemente á estas pérdidas. Esaú se presen- 
tó á su padre con las manos cubiertas de pelo, 
y Jacob hizo lo mismo; mas porque el pelo, que 
cubria las manos de Jacob , no estaba asido al 
pellejo , sino á sus guantes , fácilmente podrían 
quitársele sin ofenderle; y al contrario , por quan : 
to el pelo de las manos de Esaú estaba asido al 
pellejo, el qual de su natural tenia todo cubier- 
to de vello , quien se le hubiese querido arran- 
car , le hubiera causado no poco dolor : y asegu- 
ro que hubiera bien gritado, y opuéstose á la 
defensa. 

Quando nuestras haciendas ocupan nues- 
tros corazones , si la tempestad , si el ladrón , si 
el tramposo nos arrebata alguna parte de ellas 
qué llantos , qué aflicciones , que impaciencia 
tenemos! Mas quando nuestras riquezas no es- 
tan asidas sino al solo cuidado que Dios manda 
que tengamos, y no á nuestros corazones , si nos 
las roban , y menguan , no por eso perderemos 
el juicio , ni la tranquilidad. 

Esta es la diferencia de las bestias , y de los 
hombres quanto á sus vestidos ; porque los 
vestidos de las bestias están asidos á la carne, y 
los de los hombres solo aplicados al cuerpo , de 

p a 



2 2 8 OBRAS PE D. FRANCISCO 

suerte que se los puedan poner, y quitar quan- 
do quieran. 

CAPITULO XV I. 

Para practicar la pobreza de espíritu en me- 
dio de la pobreza real. 

O i fueres realmente pobre, querida Filotea , sc- 
lo también de espíritu. Haz de necesidad virtud, 
y aprovéchate de esta piedra preciosa de la po- 
breza, pues tiene no pequeño valor. Su lustre 
no es descubierto en este mundo ; mas no por 
eso dexa de ser en extremo hermoso , y rico. 

Ten paciencia , pues gozas de buena com- 
pama.. Nuestro Señor, nuestra Señora, los Após- 
toles , tantos Santos , y Santas han sido pobres; 
y pudiendo ser ricos, han menospreciado el ser* 
lo. ¡Quintos mundanos hay que con no pocas con- 
traducciones, ni menos cuidado han salido á bus- 
car la santa pobreza , así en los Monasterios , co- 
mo en los Hospitales , trabajando con todas ve- 
ras por hallarla! Dígalo San Alexo, Santa Pau- 
la, San Paulino, -Santa Angela, y otros muchos; 
y lo que mas (considerado) deberías estimar es, 
que la pobreza, tan buscada de tantos Santos, 
ella misma te viene á buscar , y á salir al camir 



DI QUIVEDO. SI9 

no, hallándola sin pena , ó trabajo alguno. Ama? 
Ja, pues , ¿orno amiga amada de Jesu-Christo, d 
qual nació , ¿vivió , y murió con ella , siendo su 
querida todo el tiempo que vivió. 

Tü pobreza , Filotea , tiene dos grandes 
privilegios , por cuyo medio puede traerte né 
poco merecimiento. El primero es el no tenerla 
por tu elección , sino por la sola voluntad de 
Dios , que te ha hecho pobre , sin que hayajha- 
bido alguna ocqurrencia de tu propia voluntad. 
Lo que recibimos , pues , puramente de la vo» 
luntad de DÍ09 , le es siempre muy agradable, 
con tal que. lo recibamos, de buena gana , y por 
amor de su santa voluntad. Donde hay menos 
nuestro , allí hay mas de Dios. La simple , y 
pura aceptación de la voluntad de Dios, hace al 
sufrimiento en extremo puro. 

£1 segundo privilegio de esta pobreza es el 
ser una$cihreza verdaderamente pobre. Una po- 
breza alabada, acariciada, estimada , socorrida , y 
asistida , está tal no dexa dé tener en sí alguna 
riqueza, ó jior lo menos no es del todo pobres 
pero una pobreza desechada > aborrecida , y bal* 
donada $ esta tal es verdaderamente pobreza. Tal 
es , pues ,. de ordinario U» pobreza 4c Jos segla- 
res ; porque como los tales no* son pobres por su 
elección , sino por necesidad , no hacen mucho 

*3 



3 3 O OBB.AS DE D. FRANCISCO 

caso de ellos ; y por quanto son desestimados , su 
pobreza es mas pobre que la de los. Religiosos. 
Bien es verdad , que esta tiene una jnuy gran- 
de excelencia , mucho mas digna de estimación, 
y esto por causa del voto , y de la intención , por 
la qual ha sido escogida. 

No te quejes, pues , amada Filote* , de tu 
pobreza , porque nunca nos quejamos sino de 
aquello que nos desagrada ; y si te desagrada la 
pobreza , no serás pobre de espíritu , sino rica 
de afición. 

No te aflijas si no fueres tan bien socorrida 
como habias menester , porque en esto consiste 
la excelencia de la pobreza. Querer ser pobre, 
y no recibir ninguna incomodidad , antes es una 
muy grande ambición ; porque entonces es que- 
rer tener la honra de la pobreza , y la comodi- 
dad de las riquezas. 

No tengas vergüenza de ser pobre , ni de 
pedir la limosna por caridad : recibe la que te 
dieren con humildad, y acepta el rehusártela con 
mansedumbre. Acuérdate á menudo del camino 
que nuestra Señora hizo á Egypto , llevando á 
su amado Hijo , y quánto menosprecio , pobre- 
za , y miseria la convino sufrir. Si tú vivieres así, 
tú serás rica en tu pobreza. " 



DI QUEVEDO. S31 

CAPITULO XVII. 

De la amistad y y primeramente de la mala , / 
frivola. 



El 



f 1 amor tiene el primer lugar entre las pasio- 
nes del alma : este es el Rey de todos los movi- 
mientos del corazón , el qual convierte todo lo 
demás en sí , y nos hace tales qual es la cosa ama* 
da. Ten cuenta , pues , Filotea , de no tener 
ningún mal olor , porque á la misma hora serás 
tú también de todo punto mala. La amistad, 
. pues , es el mas peligroso amor de todos , por- 
que los otros amores pueden ser sin comunica- 
ción; pero como la amistad está totalmente fun- 
dada sobre ella , es casi imposible tenerla con una 
persona 9 sin participar de sus calidades. 

I Todo amor no es amistad , porque po- 
demos amar sin ser amados, y entonces hay amor, 
pero no amistad ; y esto por quanto la amistad 
es un amor recíproco ; y no siendo recíproco, ya 
no es amistad. 

a Y aun no basta que sea recíproco , sin 
que las partes que se aman sepan su recíproca 
afición ; porque si estas la ignoran , tendrán amor, 
mas no amistad. 

M 



%$2 0BJLA6 PE J>. FRANCISCO 

3 Es menester con esto que haya entre 
ellas alguna suerte de comunicación , que sea el 
fundamento de la amistad. 

Según la diversidad de las comunicaciones, 
la amistad también es diversa; y las comunicaciones 
son diferentes , según la diferencia de los bienes 
que se comunican. Si estos son bienes falsos , y 
vanos i la amistad es falsa , y vana : si son ver- 
daderos , la amistad será verdadera ; y quanto 
mas excelentes fueren los bienes tanto mas ex- 
celente será la amistad : porque así como la 
miel es mas excelente quando se coge de las 
floies mas exquisitas, así el amor fundado so- 
bre una mas exquisita comunicación , es el mas 
excelente ; y como hay miel en Heraclea del 
Ponto que es venenosa , y vuelve' locos á los que 
de ella comen , por quanto se coge sobre el acó- 
nito , de que es abundante esta Región ; así la 
amistad fundada sobre la comunicación de falsos, 
y viciosos bienes , es de todo puntó falsa y mala. 

La comunicación de los vicios carnales es 
una recíproca propensión , y cebo bruto, la qual 
no puede , ni debe tener nombre de amistad en- 
tre los hombres, mas que la de los jumentos, y 
caballos en semejantes efectos ; y si no hubiera 
ninguna otra . comunicación entre los casados, 
tampoco habría ninguna amistad ; mas por quan- 



DE QUEVEDO. 2 J3 

fo fuera de esta tienen la comunicación de la vi- 
da , de la industria, de los bienes, dé la afición, 
y de una indisoluble fidelidad , es la del matri- 
monio lina amistad verdadera , y santa. 

La amistad fundada en la comunicación de 
los placeres sensuales es de todo punto grosera, 
é indigna del nombre de amistad , como tam- 
bién la que se fonda en virtudes frivolas , y va- 
nas , por quanto estas virtudes dependen tam- 
bién de los sentidos. Llamo placeres sensuales los 
que están asidos inmediata y principalmente á 
los sentidos exteriores, como el placer de ver una 
hermosura , de oir una dulce voz , ó la de va- 
rios instrumentos, y otros semejantes. 

Virtudes frivolas llamo ciertas habilidades, 
y calidades vanas , á quien los juicios apocados 
llaman virtudes, y perfecciones. Si oyes hablar 
la mayor parte de las mugeres , y de la gente 
moza, ver᧠que dirán siempre: Fulano es muy 
virtuoso: tiene muchas perfecciones: danza bien, 
juega bien á todas suertes de juegos: vístese bien; 
canta bien , tiene buen talle ; y de esta manera 
tiene las mas veces á los charlatanes por los mas 
virtuosos 3 siendo estos unos bufones , y hombres 
juglares. Como todo esto* pues, mira á los sen- 
tidos, así también todas las amistades , que de 
aquí resultan , se llaman sensuales, vanas, y frí- 



a 34 OBRAS DE D. FRANCISCO 

volas , y merecen antes el nombre de locuras, 
que de amistades. Estas son de ordinario las amis- 
tades de la gente moza, fundada solo en el mos- 
tacho relevado, en el cabello crespo , en las mi- 
raduras lascivas , en los vestidos de gala, y en la 
charlatanería , y discursos vanos : amistades dig- 
nas de los amantes , que no tienen ninguna vir- 
tud sino en apariencia , ni ningún juicio riño en 
agraz. Tales amistades no son sino de paso ; y 
así se acaban , y deshacen como la nieve al Sol. 



CAPITULO XVIII. 
De los amores vanos. 



Q 



uando estas amistades locas se practican en- 
tre gente de diverso sexo, y sin pretensión de ma- 
trimonio , se llaman amores vano? *, porque no 
siendo sino ciertos abortos, ó fantasmas de amis- 
tad , no pueden tener el nombre de amistad , ni 
de amor verdadero , por su incomparable vani- 
dad , é imperfección. Por estas, pues , los cora- 
zones de los hombres, y de las mugeres quedan 
presos , empeñados, y entretexidos los unos con 
los otros, con una vana , y loca afición , funda- 
da sobre frivola comunicación , y errados entre- 
tenimientos , de los quales he hablado arriba. Y 



DE QUE VED 6. 23$ 

aunque estos amores locos paran de ordinario, y 
se abysman en carnalidades, y lascivias desho- 
nestas , no por eso .es este el primer designio de 
los que los exercen , porque entonces ya no se* 
rían vanos amores , sino deshonestidad , y forni- 
cación manifiesta. Asimismo se pasarán á veces 
muchos años sin que suceda entre los que son 
tocados de esta locura ninguna cosa que sea di- 
rectamente contraria á la castidad del cuerpo , no 
alargándose los tales á mas que comunicarse los 
corazones con deseos, suspiros, ternezas , y otras 
semejantes boberías, y vanidades, haciéndolo 
por diversas pretensiones. Los unos no tienen 
otro designio sino el satisfacer, y hartar sus co- 
sazones , enamorando , así los ágenos , como los 
propios, siguiendo en esto su amorosa inclina- 
ción. Estos no miran otra cosa en la elección dé 
sus amores- si no á su gusto , é instinto ; pues 
luego que se les ofrece algún sugeto agradable» 
sin examinar su interior , ni calidad , comienza 
esta comunicación de amor , metiéndose volun- 
tariamente en su miserable red , de la qual para 
salir después habrán de padecer no pequeño tra- 
bajo. Otros se dexan llevar de esta locura por va- 
nidad , pareciéndoles que no es pequeña gloria 
el prender , y ligar los corazones con amor ; y es- 
tos como hacen su elección por vanagloria, echan 



*$6 OBRAS DE D, FRANCISCO 

*u$ anzuelos , y tienden sus redes en lugares es- 
paciosos , raros , relevados , é ilustres. Otros se 
dexan llevar tanto por su inclinación amorosa, 
como por su vanidad , y juntan estas dos cosas; 
y así , aunque estos tengan el corazón inclinado 
,al amor, no por esa quieren emprenderle sin al- 
guna ventaja de gloria. Estas amistades son to- 
das jmalas , locas , y vanas. Malas por quanto á la 
fin $e terminan, y acaban én el pecado de la carne-, 
y que las tales roban clamor, y por consiguien- 
te el corazón á Dios, á la mugér, y al marido, 
v cn quienes .debia estar. Lpcas , por quanto no 
tienen fundamento^ ni razón. Vanas, porque no 
traen ningún provecho, honra» ni contento; an- 
tes por el contrario pierden el tiempo, y emba* 
<r$zan la honra, sin dar ningún gusto, sino el de 
tína- ansia de: pretender , y esperar , sin saber lo 
que se* quieren, qiJo que se pretendía -y porque 
les parece siempre á estos apocados, y flacos áni- 
mos , que hay un no sé qué digno de desear en 
las muestras que .le dan de recíproco amor, sin 
que sepan decir qué sea la razón de que su de* 
seo no se termine, jamas, sino que antes aumen- 
tándose, siempre los aprieta el corazón coa per- 
petua desconfianza, inquietud , y zelos. 

. San Gregorio Nazianzeno, escribiendo con- 
tra las mugeres vanas , habla maravillosamente 



PE QÜEVEDO. 237 

sobre este sugeto. Esta es una pequeña parre, y 
buena para entrambos sexos: „ Tu natural her- 
„ mosura basta para tu marido , que si esta es 
f , para muchos hombres , como una red tendi- 
„ da para una tropa de páxaros , tal verás que 
„ te agrade, á quien también agrade tu.hermosu* 
„ ra, y entonces pagarás una ojeada con otra , y 
„ un semblante con otro, siguiendo luego las risas, 
„ y dichos amorosos, arrojados al principio á hur* 
„ to ; pero domesticándose, bien presto se pasa- 
„ rá á manifestar desenvolturas. Guárdate bien, 
j, ó lengua mia parlera , de decir lo qi>e después 
i, sucederá : con^odo^so no dexaré de decir esta 
„ verdad. Ninguna cosa de quantas la gente mo- 
„ za dice y hace en estas juntas y locos discur* 
,; ,sos , está libre de agudos anzuelos, que tiran, 
„ y llaman á mil viciosos enredos? todafc las patra- 
M ña$ de estos, que se llaman enamorados , están 
„ eslabonadas la una con la otra ; y siguen ni mas 
,, ni menos que un hierro tocado de la piedra 
„ imin , que tira á sí consecutivamente otros 
„ muchos/' 

¡ O qué bien dice este gran Obispo ! ¿ Qué 
es lo que piensas hacer? ¿Dar amor? no. Mas na- 
die da de buena gana , que no tiene lo necesario. 
Quien gana , es ganado en juego. La yerba 
Aprpxis recibe , y concibe el fuego luego que le 



2 3 8 OBRAS D£ P. FRANCISCO 

Te : nuestros corazones son de la misma manera; 
porque luego que ven un alma inflamada de 
amor por ellos , al mismo punto se abrasan por 
ella. Diráme alguno , que bien querrá tomar, 
ó recibir amor » pero no mucho. ¡ Ah pobre de 
tí, y como te engañas ! que este fuego de amos 
es mas activo , y penetrante de lo que te pare- 
ce. Entenderás no recibir sino una centella; pe- 
ro espántate no poco de ver que en un momen* 
to se habrá apoderado de todo tu corazón , re- 
ducido en ceniza todas tus resoluciones , y en 
humo tu reputación. £1 Sabio se lamenta; ¿Quién 
tendrá compasión de un encantador picado de la 
serpiente? Y yo me lamento después de él : ¡O 
locos , y desatinados ! pensáis encantar al amor 
para poderle manejar á vuestro apetito? Queréis 
burlar con él? £1 os morderá, y picará hasta lo 
vivo. Sabes tu , pues, lo que dirán después? To- 
dos se burlarán de tí , y se reirán de que hayas 
querido encantar al amor , y de que debaxo de 
una falsa seguridad hayas alojado en tu seno una 
culebra tan peligrosa , la qual te ha echado á per- 
der , y destruido alma , y honra. 

O Dios, y qué ceguera es esta! querer ju- 
gar al fiado sobre prendas tan frivolas la princi- 
pal pieza de nuestra alma! Sí, Filotea : esto es 
así, porque Dios no quiere al hombre sino por 



DE QUEVEDO. 239 

el alma; ni al alma, sino por la voluntad , ni a 
la voluntad , sino por el amor. Fuera de esto no 
tenemos, ni con mucho, harto amor, según el 
que habíamos menester. Quiero decir , que nos 
falta amor en infinito para el que debíamos te- 
ner para amar á Dios , y no obstante esto le des- 
perdiciamos, y derramamos en cosas locas, va- 
nas, y frivolas , como si tuviéramos demasiado. 
Nuestro Dios , como quien se reservó para sí el 
solo amor de nuestras almas , en reconocimiento 
de su creación, conservación, y redención, nos 
pedirá cuenta bien v estrecha de estos nuestros lo- 
cos placeres; que si sabemos que ha de hacer un 
exacto examen aun de las palabras ociosas , ¿qué 
hará de las amistades ociosas , impertinentes, lo- 
cas, y perniciosas? 

£1 nogal daña grandemente las viñas , y 
campos donde está plantado , que como es tan 
grande, tira á sí toda la virtud de la tierra , la 
qual no puede después bastar al nutrimento de 
las demás plantas. Su hoja es tan espesa, que ha- 
ce una sombra grande y cerrada , tirando á sí los 
pasageros, los quales por coger de su fruto, da- 
ñan, y pisan su contorno. Estos amores vanos ha- 
cen los mismos daños al alma , porque la ocupan 
de manera , y tiran con tanta fuente sus movi- 
mientos , que queda después imposibilitada de 



240 OBRAS BE I>. FRANCISCO 

ninguna buena, obra. Sus hojas , esto es, sus en- 
tretenimientos, divertimientos, y traimientos, son 
tan frecuentes , que disipan , y pierden todo el 
tiempo ; y en fin , tiran á sí tantas tentaciones, 
distraimientos, sospechas, y otras conseqüencias, 
que tienen todo el corazón destruido, y daña* 
do. Y últimamente digo , que estos amores va* 
nos destierran, no solo al amor divino, mas tani- 
bien el temor de Dios, debilitan el espíritu, men- 
guan la reputación, y son en una palabra el ju- 
guete de los corazones; mas, son la peste de ellos. 



CAPITULO XIX 

De las verdaderas amistades. 



A, 



.marás á todos, Filotea mia, con un amor 
grande , y caritativo , pero no tendr* amistad 
sino con aquellos que puedan comunicar conti- 
go cosas virtuosas; y quanto mas exquisitas sean 
las virtudes que comunicares , tanto mas será tu 
amistad perfecta. Si comunicas las ciencias , tu. 
amistad será sin duda digna de alabanza, y mas si 
comunicas las virtudes, como la prudencia, dis- 
creción, fortaleza, y justicia, Pero si tu recípro- 
ca comunicación fuere de la caridad de la devo- 
ción , y de la perfección Christiana / ó buen. 



DE QUE VEDO. 2.4 l 

Dios , y quán preciosa será tu amistad ! Será ex- 
celente , porque vienede Dios : excelente apor- 
que mira á Dios : excelente t porque su atadura 
es Dios; y excelente, porque durará eternamen- 
te, en, Dios. ¡O quán bueno es amar en la tierra 
como se ama en el Cielo, y aprender á: querer- 
nos en este mundo como haremos eternamente 
en el otro! Y no trato del amor simple de cari- 
dad , porque este debemos tener á todos los hom- 
bres : solo hablo de la amistad espiritual , por la 
qual ^ dos ó tres , ó mas almas se comunican su 
devoción, sus deseos espirituales, y se hacen en- 
tre ellas de un solo espíritu. Con justa razón po- 
drán cantar, estas dichosas almas: \0 quán bueno, 
y quán agradable es el habitar los hermanos jun- 
tos l Sí, porque es el bálsamo regalado de la de- 
voción, destilado de uno en otro corazón. Por 
una continua participación se puede .decir que 
Dios. derrama sobre esta amistad su bendición, 
y la vida, hasta los siglos de los siglos. 

Paréceme que todas las otras amistades no 
son sino sombras comparadas con esta ; ni sus li- 
gaduras, sino cadenas de vidrio, , ó frágil barro, 
para con las ligaduras de la santa devoción, que 
son todas de oro. 

No hagas , pues , amistades de otra manera; 
quiero decir , de las amistades que tu hicieres: 
tom . TV. Q 



24 a OBRAS DE D. FRANCISCO 

porque no se deben por esto dexar,.ni menos- 
preciar las amistades que la naturaleza, y las pre- 
cedentes obligaciones te obligan á entretener, co- 
mo de los parientes , de los aliados, de los bien- 
hechores , de los vecinos y y otros : solo hablo de 
las que tü por elección escoges. 

Machos te dirán (podrá ser) que no se ha 
de tener ninguna suerte de particular afición , ni 
amistad ; por quanto estas ocupan el corazón, dis- 
traen el espíritu, y engendran las pesadumbres; 
mas engáñanse en su consejo , que como han vis- 
to en los escritos de muchos Santos , y devotos 
Autores, que las amistades particulares , y afi- 
ciones extraordinarias dañan infinito á los Reli- 
giosos , piensan que se entiende lo mismo con to- 
dos los demás del mundo ; pero la diferencia es 
grande; porque debaxo de que en un Monaste- 
rio bien reglado el designio común de todos 
mira á la devoción, no es necesario el hacer par* 
ticulares comunicaciones, de modo, que buscan- 
do en particular lo que es común, no se pase de 
las particularidades, á las parcialidades; pero quan- 
to á los que están entre los mundanos , y que 
abrazan la verdadera virtud , les es necesario el 
alentarse los unos é los otros con una santa , y 
Sacra amistad , porque por este medio se animan, 
se ayudan , y se encaminan al bien; y como los 



DI QUE VEDO. 243 

que caminan por lo llano no han menester darse 
la mano , sino los que se hallan en caminos áspe- 
ros , y escabrosos , porque entonces se asen , y 
ayudan los unos á los otros para caminar con mas 
seguridad ; así los que están en las Religiones no 
tienen necesidad cíe particulares amistades, sino 
los que están en el mundo, para ayudarse, y so* 
correrse los unos á los otros en el pasage de tan- 
tos peligrosos pasos. En el mundo no todos cons- 
piran á un mismo fin , ni todos tienen un mismo 
juicio. Menester es, pues, sin duda ponerse apara- 
te, y hacer amistades según nuestra pretensión; 
y esta particularidad hace una parcialidad , pero 
parcialidad santa; la qual no hace ninguna divi- 
sión, sino la del bien , y el mal , de las ovejas, 
y las cabras, y de las abejas, y los zánganos^ 
que es separación necesaria. 

No sé puede negar que nuestro Señor no 
amase con una mas dulce , y especial amistad á 
San Juan, Lázaro, Marta, y Magdalena, por- 
que la Escritura nos lo muestra. También- se sa- 
be que San Pedro amaba tiernamente á San* Mar- 
cos , y Santa Petronila ; como San Pablo tam- 
bién á su Timótheo, y Santa Tecla. San Gre- 
gorio Nazianzeno se preciaba cien veces de la sin 
igual amistad que tuvo con San Basilio el Mag- 
no , y le escribe de esta suerte : „ No parece si- 

Q a 



^4* OBRAS DE J>. FRANCIS' 

porque no se deben por esto dr > una &' 

preciar las amistades que la na* r i de & cCÍ 

cedentcs obligaciones te ob r / .• en t°°* 

mo de los parientes , de ¿ 5 da* c 

hechores , de los vecr * i v :n e 1 

las que tfi por elcr. ; ¿ f ^ a ' 



s 



Muchos te 
de tener íiiag t • 

amistad, pe *iendo 

traen el *■ *norin w San A¿ 

mas en ^ Ambrosio . amaba fini- 

to e r ^iónica por las raras virtudes 

A a ella , y que ella recíprocamente le 

* como á un Ángel de Dios. 

Mas no tengo razón de detenerme 9 y em- 
bebecerte en coja tan clara.JJafí Gerónymo, San 
Agustín, San Gregorio, San Bernardo , y todos 
los mayores Siervos de Dios , han tenido particu- 
lares amistades , sin daño de su perfección. Sa$ 
Pablo reprehendiendo el abuso dejos Gentiles, 
jos acusa de haber sido gentes sin afición ¡ $$& 
¿s,<que no tenían ninguna amistad. Y Saato 
Thomas , como todos los buenos Filósofos , coqr 
üesa que la amistad es virtud , habla de fo 
amistad particular , pues dice : „ La per- 
^, fecta amistad no puede estenderse á muchas 
* * personas. La perfección , pues, no consiste en 



„no tena ^j*W* «a » y^vorcsdcshoncs,- 
% santa , > \ • é lr *«^i*bnables de una cer* 

\ ^*«3. itfás la amistad san- 
C *> ' es , y vergonzosos; ni 

. . T ^; ni suspiros, sino 
^r ^ ?s , sino para con 

ido Dios no es 
nestidad. La 
*e$ > V ni amistad 

oo de quantos x -r^ los 

O oto. La miel de Heracles á bien 

rece á la otra que es saludable. ^ ti* 

.pues , se corre de tomar la una por la otra , 
tomarlas mezcladas ; porque la bondad de la una 
no impediría la malignidad de la otra. Menester 
es, pues, tener cuenta para que no te engañes 
en estas amistades , principalmente quando estas 
son entre personas de diverso sexo , debaxo de 
qualquier pretexto que sea ; porque en un mo- 
mento Satanás hace volver la casaca á los que 
aman. Comienzan por el amor virtuoso ; pero si 
no hay mucha prudencia , bien presto se mez- 
clará el amor frivolo , después el amor sensual, 
y después el amor carnal ; y aun de la misma 
manera hay peligro en el amor espiritual, si no 
se tiene buena cuenta , aunque en este sea mas 
difícil la mudanza , por quanto su pureza , y 

Q 3 



34¿ OBRAS M D. FRANCISCO 

blandura dan mejor á conocer las manchas con 
que Satanás procura amancillar las almas. Por es- 
to , pues , quandolo intenta es con tanta fineza, 
que procura hacer deslizar á las deshonestidades 
casi insensiblemente. 

Conocerás la amistad mundana entre la san- 
ta , y virtuosa , como se conoce la miel de He- 
raclea entre la otra. La miel de Heraclea es mas 
dulce á la boca que la ordinaria , por causa del 
acónito , que la da aun mayor dulzura; y la amis- 
tad mundana produce ordinariamente gran can- 
tidad de palabras azucaradas , con una junta de 
ciertos motes apasionados , y alabanzas fundadas 
en la hermosura , en la gracia , y en las calida- 
des sensuales. Pero la amistad santa tiene un len- 
guage simple , y noble , y no puede alabar sino 
la virtud , y gracia de Dios , único fundamen- 
to , sobre el qual se funda. La miel de Heraclea 
luego que se ha comido causa un desvanecimien- 
to de cabeza ; y la falsa amistad provoca á un 
desvanecimiento de espíritu , que hace titubear 
á la persona en la castidad , y devoción , trayén- 
dola á señas afectadas , tiernas , é inmoderadas; 
á caricias sensuales , á suspiros desordenados , á 
ciertas quejas de no ser amado , á pequeñas, 
pero buscadas , halagüeñas ceremonias, y galan- 
terías. Camina por aquí para. llegar á la licencia 



DE QUEVIDO. ¿47 

de los actos , familiaridades , y favores dpshones» 
tos: presagios ciertos, é indubitables de una cer- 
cana ruina de la honestidad. Más la amistad san- 
ta no tiene sino ojos simples , y vergonzosos; ni 
caricias , sino puras , y nobles ; ni suspiros, sino 
para el Cielo; ni familiaridades , sino para con 
el espírira ; ni quejas , sino quando Dios no es 
amado : señales infalibles de la honestidad. La 
miel de Heraclea turba la vista , y esta amistad 
mundana turba el juicio : de suerte , que los 
que son tocados de ella , piensan hacer bien 
en haciendo mal , y entienden que sus escu- 
sas , pretextos ,y palabras sean verdaderas ra* 
roñes : temen la luz , y aman las tinieblas. Fe* 
ro la amistad santa tiene los ojos claros., y no se 
esconde , sino antes parece de buena gana dejan» 
te de la gente virtuosa. En fin , la mipl de He* 
raclea da una grande amargura en la boca:. así 
las falsas amistades se convierten , y acaban en 
palabras, y demandas carnales , y hediondas ; ó 
en caso que estas no se admitan, en injurias, ca- 
lumnias, embustes, tristezas , confusiones, y ze- 
los , lo qual todo para bien presto en brutalida- 
des , y desatinos ; pero la casta amistad es siem- 
pre igualmente honesta , comedida ,' y aipigable, 
y jamas se convierte sino en una mas perfecta, 
y pura unión de espíritu :> imagen viva de la 

Q4 



3 4$ OBRAS M B. FRANCISCO 

amistad , y bien dichoso , que en el mismo Cié* 
lo se cxerce. 

San Gregorio Nazianzeno dice , que quan- 
do grita el pabon , luego que hace la rueda de 
sus plumas , excita en estremo á las hembras que 
le oyen a la lubricidad. Así quando vemos á un 
hombre galantear , componerse , y llegarse con 
alhagos, ternezas, y embustes á las orejas de una 
muger , sin pretensión de un justo matrimonio, 
sin duda que lo hace para provocarla á alguna 
deshonestidad. Entonces la muger , si es honra- 
da, cerrará las orejas por no oir el grito del pa- 
bon , y la voz del encantador , que la quiere en- 
cantar con finezas ; que si le oye , ó Dios > y qué 
mal agüero ! porque lo será sin duda de la futu- 
ra pérdida de su corazón. 

La gente moza , que hacen señas , finezas, 
y caricias, ó dicen palabras, en las quales no 
quérrian ser oidos de sus padres , madres , ma- 
ridos* mugeres , ó confesores, muestran que tra- 
tan de cosa agena del honor , y la conciencia. 
Nuestra Señora se turbó viendo un Ángel en 
forma humana, porque estaba sola , y que la de- 
cía estremas , aunque celestes alabanzas. ¡ O Sal- 
vador del Mundo! La pureza teme un Án- 
gel en forma humana? Por qué , pues , la in- 
mundicia no temerá un hombre , aunque cstu- 



' DE QÜETIDa . , 349 

viese en figura de Ángel, quando la alaba con 
alabanzas sensuales , y humanas? 

-\ 

CAPITULOXXL 

Aviso , y remedios contra las malas amistades. 

l^Jné remedio , pues , contra este género , y 
forma de locos amores, locuras, y deshonestidades? 
Al punto que vieres en tí las menores señales, vuél- 
vete luego del otro lado, y con una detestación abso- 
luta de esta vanidad corre á la Cruz del Salva- 
dor, y toma su corona de espinas para rodear tu 
corazón, porque estas raposillas no se te lleguen: 
guárdate de venir á ninguna suerte de trato con 
este enemigo; no digas : Oiréle t mas no haré na- 
da de lo que me dirá ; ni : Prestaréle la oreja, 
mas rehusaré el corazón. O ! no , Filotea : por 
amor de Dios te ruego seas rigurosa en tales oca* 
siones. El corazón , y las orejas se entretienen el 
uno al otro; y como es imposible el detener una 
corriente , que ha tomado su curso por la caida 
de una montaña, así es dificultoso el estorvar que 
el amor que ha caido en las orejas , no haga al 
mismo punto caida en el corazón. Verdad es que 
Aristóteles lo niega : no sé en que lo funda ; pe- 
xo bien sé que nuestro corazón alienta por la 



a 5 d 0B1AS DE 3. FRANCISCO 

oreja , y que como aspira , y exhala sus pensa- 
mientos por la lengua , respira también por la 
oreja, por la qual recibe los pensamientos age- 
nos. Guardemos, pues, con cuidado nuestras ore- 
jas del ayre de locas palabras ; porque de otra 
suerte nuestro corazón será al punto apestado. 
No oygas ninguna suerte de proposiciones sobre 
ningún pretexto que sea : en este solo caso no 
importa mostrarse descortés , y rústica. 

Acuérdate que has votado tu corazón á Dios, 
y que tu amor le está ya sacrificado. Sacrilegio, 
pues , seria el quitarle un solo bien : sacrifícale 
antes de nuevo con mil resoluciones , y protes- 
taciones ; y asegurándote entre ellas , como un 
ciervo en su guarida , reclama á Dios , y te so- 
correrá , y su amor tomará el tuyo en su pro- 
tección , para que viva únicamente por él ; y si 
estás ya cogida entre las redes de estos locos amo- 
res , ó Dios , y quánta dificultad habrá en el sa- 
carte de ellas! Ponte delante de su Divina Ma- 
gestad : conoce en su presencia la grandeza de 
tu miseria , tu flaqueza, y vanidad; después con 
el mayor esfuerzo de corazón que te sea posible 
abomina estos comenzados amores , detesta la va- 
na profesión que has hecho de ellos , renuncia 
todas las promesas recibidas , y con una grande, 
y absoluta voluntad resuelve en tu corazón de 



mmca mas entrar en estos juegos , y entreteni- 
mientos de amor. 

Si pudieres alejarte del objeto > aprobaré* 
lo infinito; porque como los que han sido mor* 
didós de las serpientes , no pueden con facilidad 
sanar en presencia de los que otra vez han sido 
heridos de la misma mordedura ; así la persona 
que está picada de amor , sanará con dificultad 
de esta pasión , mientras estuviere cerca de la 
otra que ha sido tocada de la misma picadura. 
La mudanza de lugar sirve en extremo para apa* 
ciguar los ardores , é inquietudes , sean de do* 
lor , ó amor. £1 mozo de quien habla San Am- 
brosio en el libro segundo de la Penitencia t ha* 
biendo hecho un largo camino , volvió de todo 
punto libre de unos locos amores que habia te- 
nido» y de tal manera trocado, que encontrán- 
dole su loca enamorada , y diciéndole : ¿ No me 
conoces por ventura? Mira que yo soy, yo mis- 
ma. Si serás (respondió el mozo) t mas yo no 
soy yo mismo. La ausencia le fue causa de esta 
dichosa mudanza. Y San Agustin dice que para 
aliviar el dolor que recibió en la muerte de su 
amigo, se salió de Tagaste» Lugar donde mu- 
rió , y se fue á Cartago. 

Pero quien no puede alejarse qué es lo que 
hará? Habrá menester dexar absolutamente to- 



2 $*' OBRAS M D/ FRANCISCO 

da conversación particular , todo entrcteflímieíi- 
to secreto , toda dulzura de ojos, todo semblan- 
te risueño , y generalmente toda suerte de co- 
municación , y cebo, que puede alimentar este 
fuego hediondo, y humoso. Y si di tal no es- 
cusáre hablar al cómplice , que sea para decla- 
rar entonces por una atrevida , corta , y severa 
protestación el divorcio eterno que ha propues- 
to , y jurado. Torno , pues , á decir en alta voz 
i qualquiera que hubiere caido en el lazo de es- 
tos vanos amores , que le corte , despedace , y 
rompa. No es bien detenerse en descoser estas lo- 
cas amistades ; rasgarlas es menester* No se han 
de desanudar las ligaduras; mejor es cortarlas, y 
romperlas : así como así sus cuerdas, y ataduras 
no valen nada. No es bien regatear el desasimos 
de un amor que es tan Contrario al amor de Dios. 
Pero después que habré de esta suerte rompi- 
do las cadenas de esta infame esclavitud , aún me 
quedará algún resentimiento ; y las señales , y 
forma de los hierros se -mostrarán aun impresas 
en mis pies ; esto es , mi afición : mas no que- 
darán , Fiiotea , como hayas abominado tu mal 
tanto como merece ; porque si esto hicieres , no 
verás en tí otro movimiento , sino un horror del 
vano amor pasado, y de todo aquello que de él 
depende , y quedarás para con el objeto ya de- 



xado libre de toda afición , y solo con aquella de 
una pinísima caridad para con Dios. Mas si por 
la imperfección de tu arrepentimiento te queda 
aun alguna mala inclinación , procura poner tu 
alma en una soledad mental , según te he mos- 
trado atrás , y retírate quanto puedas > y con mil 
retiradas; y asaltos de espíritu reconoce todas tus 
inclinaciones , abomínalas con todas tus fuerzas, 
lee los libros devotos mas que lo ordinario : con* 
fiésate , y comúlgate mas á menudo que sueles; 
confiere con humildad , y rectitud, todas las su* 
gestiones , y tentaciones > que acerca.de esto sin* 
ticres, con tu Maestro , si pudieres,, ó á lo me* 
nos con alguna alma fiel , y prudente ; y no du- 
des sino que Dios, te librará, de todas pasiones, 
como tíi continúes fielmente en estos exercicios. 
.Dkásme sin duda : Pues cómo? No será una 
grande ingratitud el romper una amistad con tan- 
ja vehemencia? ¡O qué dichosa es la ingratitud 
que nos hace agradables á Dios! No , Filotea, 
no será ingratitud ; antes será un gran beneficio 
que harás al amante , porque rompiendo tú tus 
ataduras , romperás también las suyas , pues es* 
tas os eran comunes ; y aunque por entonces no 
aperciba su buena dicha , él la conocerá poco des* 
pues sin duda , y cantará contigo por acción de 
gracias : {O Señor! tú has rompido mis atadu* 



2E 5 4 OBAAS DE D. FRANCISCO 

ras : yo sacrificaré la hostia de alabanza , é in- 
vocaré, tu santo nombre. 

CAPITULO XXII. 

Algunos otros avisos sobreesté sugeto de amistad. 

.un tengo un advertimiento de importancia 
cerca de este sugeto: la amistad requiere una gran - 
comunicación entre los amantes/ y sin ésta ni 
podría nacer, ni subsistir. Por esto sucede mu*» 
chas veces , que con la comunicación de la amis- 
tad nos deslizamos á otras muchas Comunicacio- 
nes , indignas á veces de una verdadera amistad» 
Sucede esto principalmente quando estimamos 
Cn extremo á aquel á quien amamos ; porque en- 
tonces abrimos de tal suerte el corazón á su 
amistad , que con ella se nos entran por entero, 
y con facilidad sus inclinaciones , é impresiones, 
ya sean malas, ó buenas. Vemos que las abejas 
que hacen la miel de Heraclea, no buscan sino 
la miel ; pero con ella chupan insensiblemente 
las calidades venenosas del acónito, sobre el qual 
hacen su cosecha. O Dios , Filotea l menester es 
practicar bien en este sugeto la palabra que el 
Salvador de nuestras almas solia decir , y con- 
forme nuestros pasados nos han enseñado : Sed 



DE QÜEVEDO. 2$$ 

buenas cambios , y monederos ; quiere decir : No 
recibáis la falsa moneda con la buena, niel oro 
baxo con el jmo\ apartad lo bueno de lo ma+ 
h. Sí , porque no hay casi ninguno que no tenga 
alguna imperfección. ¿Qué razón hay, pues, para 
recibir las faltas, é imperfecciones del amigo con su 
amistad? Justo es por cierto amarle, no obstante su 
imperfección; mas no por eso se ha de amar, ni re^ 
cibir su imperfección: porque la amistad requiere la 
comunicación del bien , pero no del mal Así co? 
mo los que codiciosos buscan entre las ricas cor* 
tientes del Tajo sus doradas arenas ,' que sepa- 
rando el oro; de -ellas para llevársele, dexan lo 
arenisco r y cenagoso á las orillas ; así los que go* 
zan de la comunicación de alguna buena amis* 
tad, deben separar la arena de las imperfeccio- 
nes , sin dexarla entrar en sus almas. San Grego- 
rio Nazianzeno dice, que amando , y admirando 
las virtudes de San Basilio , muchos le procura* 
ban imitar hasta en sus imperfecciones extcriói 
res, en su hablar lentamente y con un espííitú 
abstracto , y pensativo , en la forma de su baT- 
ba , y en ciertas retiradas que hacia quando an- 
dabal Y aun vemos hombres , mugeres , niños* 
y amigos , que haciendo grande estima de sufc 
amigos , padres, maridos , y mugeres, se les pe- 
gan mil malas, aunque pequeñas impropiedades, 



a 5 6 OBRAS DE D. FRANCISCO 

en el comercio de la amistad que practican. Es* 
to , pues > no se debe de ninguna manera hacer, 
porque no hay á quien no le basten sus malas in- 
clinaciones , sin cargarse de las de los otros : y 
no solo no quiere esto la buena amistad , sino an- 
tes obliga á ayudarnos uno á otro, para que así 
recíprocamente; nos podamos librar , y dexemos 
toda suerte de imperfección. Menester es sin du- 
da el sobrellevar al amigo mansamente en sus im- 
perfecciones ; pero no el llevarle á ellas , y mu* 
cho menos el traerlas á nosotros. 

Hablo, solo de las imperfecciones ; porque 
quanto á los pecados, ni se han de llevar , ni so- 
brellevar en el amigo. Amistad es, ó débil, ó ma- 
la, : el ver perecer al amigo, y no socorrerle: ver- 
le morir de una postema , y no osar llegarle la 
navaja de la corrección para salvarle. La verda- 
dera y viva amistad no puede durar entre los pe- 
cados. Dicen queja Salamandra mata el fuego 
sqbre que se echa; y el pecado arruina la amis- 
tad donde se ajoja. Si es un pecado pasagerp, la 
amistad le pondrá en huida por la corrección ; píe- 
jo si permanece, y se domestica , al mumo pun- 
to la amistad perece , porque esta no puede du- 
jar, y subsistir sino sobrie la verdadera virtud/ 
Quánto meno$ , pues , se debe pecar doijde hay 
amistad? £1 amigo es enepiigo quando nos quie- 



re conducir al pecado , y merece perder la amis- 
tad quando quiere perder y condenar al amigo* 
Así es una de las más seguras señales de falsa 
amistad el tenerla con persona viciosa , comuni- 
cando con ella qualquier suerte de pecado que 
sea. Si aquel á quien amamos es vicioso , sin 
duda que nuestra amistad es viciosa ; que pues 
esta no puede mirar la verdadera virtud , es 
fuerza que considere alguna virtud loca , y al- 
guna calidad sensual. 

La compañia que m hace entre los merca- 
deres por el provecho temporal , no tiene sino 
la imagen de la verdadera amistad ; porque es- 
ta se hace, no por el amor de las personas , sino 
por el amor de la ganancia. 

En fin , estas dos divinas palabras son dos 
grandes columnas para asegurar la vida Chris- 
tiana. La una es del Sabio : Quien teme d Dios 
tendrá por consiguiente una buena amistad. La 
otra es de Santiago : La amistad de este mun-> 
do es enemiga de Dios. 

CAPITULO XXIII. 

De los exercicios de la mortificación exterior. 

-Líos que tratan de las cosas rústicas , aseguran 
que si se escribe alguna palabra sobre una al- 
tom. ir. JL 



258 OBRAS D£ T>. FRANCISCO 

njendra entera , tomándola á mecer después en 
su cascara , doblándola , y cerrándola con curio- 
sidad, y plantándola de esta suerte , en toda la 
fruta del árbol , que saldrá después , se hallará 
escrito, y grabado lo mismo que antes se había 
escrito. Quanto á mí , Filotea , nunca he podi- 
do aprobar el método de los que para reformar 
al hombre comienzan por lo exterior, por las de- 
monstraciones , por los vestidos , y por los cabe- 
llos. Paréceme lo contrario , y que se debe co- 
menzar por lo interior. Convertios á mí (dice el 
Señor) de todo vuestro corazón. Hijo mió , da- 
me tu corazón. Porque siendo el corazón el ma- 
nantial y origen de las acciones , ellas son tales, 
qual él es. £1 Esposo Divino, convidando al al- 
ma , Ponme , dice , como un sello sobre tu cora- 
zón : como un sello sobre tu brazo. Sí, Filotea, 
porque quien tiene ájesu- Quisto en su corazón, 
bien presto le tendrá en todas sus acciones exte- 
riores. Por esto, pues, he querido ante todas co- 
sas grabar , y escribir sobre tu corazón Viva Je* 
sus y seguro de que después de esto tu vida , la 
qual procede de tu corazón , como un almendro 
de su pepita , ptoducirá á todas sus acciones, 
que son frutos , escritas , y grabadas del mismo 
nombre de salud; y que como este dulce nom- 
bre de Jesús vivirá dentro de tu corazón, vi vi- 



DE QUEVEDO. 2$A 

rá tafhbien en todas tus obras, y se mostrará ea 
tus ojos , en tu boca , en tus manos , y aun has- 
ta en tus cabellos , y podrás santamente decir á 
imitación de San Pablo : Yo 'vivo , feto no mas 
jo ; antes JesuChristo vive en mu En fin, quien 
ha ganado el corazón del hombre , ha ganado to- 
do el hombre ; pero este mismo corazón, por el 
qual queremos comenzar , pide queje instruyan, 
y enseñen cómo ha de portarse en sus costum- 
bres, y acciones exteriores. 

Si puedes llevar el ayuno , harás bien do 
ayunar algunas veces , sin que la Iglesia nos lo. 
mande ; porque fuera del efecto ordinario del 
ayuno , como levantar el espíritu , reprimir la 
carne, practicar la virtud, y adquirir mayor re- 
compensa en el Cielo , es un gran bien el ver 
que por su medio se destruye la misma gula, y 
se tiene el apetito sensual , y el cuerpo sujeto á la 
ley del espíritu. Y quando no se ayune mucho, el 
enemigo con todo eso nos teme mas quando sabe 
que sabemos ayunar. Los Miércoles , Viernes, y 
Sábados son los dias en que los antiguos Chris- 
tianos se exercitaban mas en la abstinencia. Es- 
coge , pues , de estos dias los que tu devoción, 
y la discreción de tu Confesor te aconsejaren. 

De buena gana diria yo como San Geró- 
nymo decía á la virtuosa Leta : Los largos , $ 

R % 



26o OBRAS VÍ T>. FRANCISCO 

inmoderados ayunos me desagradan mucho, prin- 
cipalmente en los que están en muy tierna edad. 

He aprendido por experiencia , que el pe- 
queño jumcntillo , hallándose cansado en el ca- 
mino , procura despedir de sí la pesada carga; es- 
to es y que la gente moza , cayendo en las en- 
fermedades por el exceso de los ayunos , se dan 
fácilmente á la delicadeza , y regalo. Los cier- 
vos corren mal en dos tiempos, quando están muy 
cargados de gordura, y quando muy flacos. Así 
nosotros estamos muy expuestos á las tentacio- 
nes quando nuestro cuerpo está muy repleto , 6 
muy flaco ; porque lo uno le hace insolente en 
su placer , y lo otro desesperado en su pesar. Y 
como no le podemos llevar quando está muy 
gordo , así no nos puede llevar quando está muy 
flaco. La falta de esta moderación en los ayunos, 
disciplinas, cilicios , y asperezas, hacen inútiles 
al servicio de la caridad los mas floridos años de 
muchos , como hizo también á S. Bernardo, que 
se arrepintió de haber usado de demasiada auste- 
ridad ; y quanto esta al principio le maltrató, le 
lisonjeó á la fin. ¿No hubiera sido mejor hacerle 
un tratamiento igual , y proporcionado á los ofi- 
cios , y trabajos , á que su condición le obligaba ? 

El ayuno , y trabajo amortiguan , y abaten 
la carne ; si el trabajo que hicieres fuere ne- 



DE QUEV2D0. 2ÓI 

cesarlo, 6 muy provechoso al servicio'de Dios, 
mas quiero que sufras la pena del trabajo que la 
del ayuno. Así lo siente la Iglesia , la qual por 
los trabajos útiles a^ servicio de Dios , y del pró- 
ximo , descarga á los que los exercen de los ayu- 
nos , aunque sean de precepto. Uno tiene traba* 
jo en ayunar* otro en servir los enfermos, visi- 
tar los presos , confesar , predicar , consolar los 
afligidos , rezar , y otros semejantes exerticios. 
Esta pena vale mas que estotra ; porque fuera 
de que causa igualmente mérito , tiene en sí fru- 
tos , y provechos mucho mas dignos de desear. 
Y hablando generalmente , mejor es conservar 
mas fuerzas de las que hemos menester , que 
arruinar las que hemos menester ; porque bien 
se pueden abatir quando se quiere , mas do se 
pueden reparar siempre que se quiere. 

Paréceme que debemos tener en grande re- 
verencia la palabra que nuestro Señor dice á sus 
Discípulos : Comed lo que fuere puesto delante de 
vosotros. Mejor virtud es, según yo entiendo, el 
comer sin elección lo que te presentan , y en la 
misma orden que te lo presentan , sea ó no á tu 
gusto , que el escoger siempre lo peor; porque 
aunque esta última manera de vivir pareos mas 
áspera, la otra tiene mas de resignación, porque 
por ella no solo se renuncia su gusto , pero tam- 

*3 



2 6 2 OBRAS DE J>. FRANCISCO 

bien su elección : y también no es poca aspere- 
za el hacer el gusto de qualquier otro, y tener- 
le sujeto á qualquier semejante ocasión , ó en- 
cuentro. Fuera de que esta suerte de mortifica- 
ción no se echa de ver, ni desacomoda la perso- 
na , y es únicamente propia para la vida civil. 
Retirar una viand^ para tomar otra , tocar , y 
pellizcar todos los platos , no hallar nunca en mas 
estima que San Bernardo bebiese acey te por agua, 
ó vino, que si bebiera agua de agenjos con aten- 
ción ; porque esto era señal que no pensaba en 
lo que bebia. En este descuido , pues, en lo que 
se come , ó bebe , consiste la perfección de la 
práctica de esta palabra sagrada. No dexo por 
esto de hacer excepción de las viandas contra- 
rias á la salud , ó que desacomodan el espíritu, 
como hacen á muchos las viandas calientes , es- 
pecias humosas , y ventosas , y ciertas ocasiones, 
en las quales la naturaleza tiene necesidad de al- 
guna recreación, y ayuda para poder continuar 
algún trabajo á la gloria de Dios. Una continua/ 
y moderada templanza es mejor que las abstinen- 
cias violentas , hechas á diversos tiempos , y en- 
treveradas de grandes excesos. 

La disciplina tiene una maravillosa virtud 
para despertar lá devoción , usándola con mode- 
ración. £1 cilicio amortigua en extremo el cucr- 



DE QUEVED0. 263 

po ; pero su uso no es de ordinario propio ni i 
la gente casada , ni á las delicadas complexiones, 
ni á los que tienen obligación de pasar por otras 
grandes penas, ó trabajos. Verdad es que en los 
dias mas señalados de la penitencia se puede 
traer , y esto con el parecer del Confesor. 

Ha de tomar de la noche para dormir ca-, 
da uno , según su complexión , tanto quanto le 
es neceserío para velar con utilidad el dia. Por- 
que la Escritura Santa en muchos lugares , el 
cxemplo de los Santos , y las razones naturales 
nos encomiendan grandemente las mañanas, co* 
mo las mejores, y mas fructuosas horas de nues- 
tros dias ; y que nuestro Señor mismo es llama- 
do Sol del Oriente , y nuestra Señora Alva del 
dia ; pienso que es un cuidado virtuoso tenerle 
en recogerse temprano luego que anochece , pa- 
ra poder despertar , y levantarse de mañana. Es 
ciertamente esté tiempo el mas gracioso,- el mas 
dulce , y el menos embarazado : en él hasta los 
mismos páxaros nos provocan i que recordemos, 
y demos gracias á nuestro Dios ; de suerte, que 
el levantarse de mañana sirve á la salud , y á la 
santidad. 

Baldan sobre su asna iba á buscar á Balac; 
mas por quanto no tenia recta intención, el Án- 
gel le esperó en el camino con una espada en la 

M 



164 OBRAS PE P. FRANCISCO 

mano para matarle. La asna, que ycia. al Ángel, 
se paró por tres diversas veces : Balaan la apa- 
leaba con crueldad , procurando hacerla pasar 
adelante» hasta que á la tercera vez , dexándo- 
se caer de largo á largo debaxo de Balaan , le ha- 
bló milagrosamente , y dixo: ¿Qué te hecho yo? 
¿Por qué me has apaleado ya por tres veces?- 
Foco después los ojos de Balaan fueron abiertos, 
y vio al Ángel , que le dixo : ¿ Por qué has apa» 
hado tu asna? Si ella no se hubiera apartado 
de delante de mí yo te hubiera muerto , y la hur 
hiera reservado. Entonces Balaan dixo al Ángel: 
Señor , yo he pecado , porque yo no sabia que tu 
te oponías contra mí en el carmino. Ves, Filotea, 
Balaan es la causa del mal , y tras eso maltrata, 
y apalea la pobre asna , que no tiene culpa. Es- 
to nos acaece muchas veces en nuestros negocios. 
Porque la otra muger ve a su marido, ó hijo en- 
fermos» luego corre al ayuno , al cilicio , ó á la 
disciplina , como hizo David por un semejante 
sugeto. ¡O, amiga mia! tú maltratas la pobre 
asna : tú afliges fu cuerpo , sin que tenga nin- 
guna culpa de tu mal , ni de que Dios haya de- 
senvaynado su espada para tí. Corrige tu cora- 
zón , que es idólatra de este marido, y que per- 
mitió mil vicios al hijo , y le destinó al orgullo, 
á la vanidad , y á la ambición. El otro hombre 



1>K QÜEVEDO. *6$ 

▼c que cae muy amenudo , y torpemente en el 
pecado de la luxuria , y que el remordimiento 
interior le acusa la conciencia , mostrándole una 
espada desnuda para herit le con santo miedo ; y 
luego el corazón , volviendo en sí : Ah , indó- 
mita carne! (dice al cuerpo desleal) tú me has 
hecho traición, y vendido; y executa luego gran- 
des castigos sobre esta carne , grandes , é inmo- 
derados ayunos , pesadas disciplinas , y cilicios 
insoportables. ¡ O , pobre alma ! si tu carne pu- 
diera hablar como la asna de Balaan * ella te di- 
ría : ¿ Porqué me maltratas miserable ? Contra 
tí, ó alma mia, Dios arma su venganza: tú eres 
la delinqüente. ¿ Por qué me llevas tú á las 
conversaciones ? ¿ Por qué aplicas mis ojos , mis 
manos , y mis labios á las lascivias ? ¿ Por qué 
me inquietas , y alborotas con malas imaginacio- 
nes? Ten buenos. pensamientos , y yo no tendré 
malos movimientos. Conversa la gente honesta, 
y yo no seré combatida de mi concupiscencia. 
¡Pobre de mí! Eres tú quien me arrojas en me- 
dio del fuego , y no quieres que me queme ? Tú 
me pones el vino a los ojos , y no quieres que se 
inflamen? Dios , sin duda , os dice en tales ca- 
sos: Maltratad, romped, herid , y despedazad 
vuestros corazones , principalmente porque con- 
tra ellos se ha mi enojo armado. Para sanar la co- 



*66 OBRAS DE D. FRANCISCO 

mczon no es tan necesario el lavarse, y bañarse, 
como el purificar la sangre , y refrescar el híga- 
do : así para curarnos de nuestros vicios bueno 
es el mortificar la carne; pero sobre todo es ne- 
cesario el purificar nuestras aficiones , y refrescar 
nuestros corazones. En fin, en todo, y por todo 
no se deben emprender las asperezas corporales, 
sino con el parecer de nuestro Maestro espiritual. 

CAPITULO XXIV. 

De las conversaciones , y de la soledad. 

t\ buscar las conversaciones , y el huirlas son 
dos extremos dignos de vituperar en la devoción 
civil , que es aquella de que te hablo. El huirlas 
tiénese á desden, y menosprecio del próximo, y 
el buscarlas huele á ociosidad inútil. Hase de 
amar al próximo como á sí mismo. Para mostrar 
que le amamos, no se ha de huir el estar con él; 
y para verificar que nos amamos á nosotros mis- 
mos, nos hemos de agradar quando estamos con 
nosotros mismos. Estamos , pues , con noso- 
tros mismos quando estamos solos. Piensa en 
tí mismo ( dice San Bernardo ) , y después en 
los otros. Si ninguna cosa te obliga ir á la con- 
versación , ó recibirla, quédate contigo misma, 
y entretente con tu corazón ; mas si la conver- 



Dí QÜETSDO. %6j 

sacion se te ofrece , ó algún justo motivo te con- 
vida á- ella , ve con Dios, Filotea, y mira á tu 
próximo con buen corazón, y buen ojo. 

Llámanse malas conversaciones las que se 
hacen por alguna mala intención , ó quandó los 
que intervienen en ella son viciosos, indiscretos, 
y disolutos ; y quanto á estas se les debe huir el 
cuerpo , como las abejas huyen de los zánganos, 
y moscones; porque como los que han sido mor- 
didos de perros rabiosos, tienen el sudor, el alien- 
to , y la saliya peligrosa , y principalmente pa- 
ra los niños y gente de delicada complexión; así 
estos viciosos, y desordenados no pueden ser fre- 
qüentados , sino con grande peligro , principal- 
mente de los que son de. devoción aún tierna, y 
delicada. 

Hay conversaciones inútiles á toda otra. co- 
sa sino á la sola recreación , las quales se hacen 
por ün simple divertimiento después de las ocu- 
paciones importantes ; y quanto á estas, como no 
debe totalmente darse á ellas , se les puede dar 
también lugar en el destinado a la recreación. 

Las otras conversaciones tienen por su fin la 
honestidad, como son las visitas recíprocas, y 
ciertas juntas que se hacen para honrar al pró- 
ximo. Y quanto á estas, como no se debe ser su- 
persticioso en el practicarlas , también no se ha 



168 OBU AS M !D. FRANCISCO 

de ser del todo descortés en el menospreciarlas! 
sino satisfacer con modestia á la obligación que se 
tiene , á fin de evitar igualmente la rusticidad, y 
la liviandad. 

Restan las conversaciones útiles , como son 
aquellas délas personas devotas, y virtuosas. ¡O 
Pilotea! estas , y su encuentro te causarán siem- 
pre un notable bien. La viña plantada entre los 
olivos trae la uba xugosa, y tiene un gusto que 
tira á la aceytuna. Un alma , que se halla ame- 
nudo entre la gente virtuosa , no puede dexar 
de participar de sus calidades. Los zánganos so- 
los no pueden hacer miel ; pero con las abejas se 
ayudan á hacerla. Es una gran ventaja para exer- 
dtarnos bien en la devoción el conversar con las 
almas devotas. 

En todas conversaciones la sinceridad , sim- 
plicidad , mansedumbre, y modestia , son siem- 
pre preferidas. Hay algunas personas, que no ha- 
cen ninguna suerte de acción , ni movimiento, 
sino con tanto artificio, y afectación , que no hay 
á quien no enfaden. Y como aquel que no quer- 
ría nunca pasearse sino contando sus pasos , ni 
hablar sino cantando , seria cansado á todos los 
demás hombres ; así los que tienen un ademan 
artificioso , y que no hacen nada sin afectación, 
importunan, y cansan en extremo la conversación, 



DE QUEVEDO. 269 

y en esta suerte de gente hay siempre alguna es- 
pecie de presunción. Bueno es que de ordinario 
mostremos en nuestras conversaciones una alegría 
moderada. San Romualdo, y San Antonio son en 
extremo alabados de que, no obstante todas sus 
asperezas , tenian siempre la cara , y las pala- 
bras llenas de alegría, regocijo , y afabilidad. 
Reid son los que ríen , y alegraos con los alegres. 
Dígote aun otra vez con el Apóstol; Estdsiem* 
jpre alegre , pero en nuestro Señor , y que tu mo- 
destia parezca á todos los hombres. 

Para alegrarte en nuestro Señor es menes- 
ter que el sugeto de tu alegría sea no solo líci-» 
to , pero honesto. Digo esto f porque hay co- 
sas lícitas , que no por eso son honestas ; y pa- 
ra que tu modestia se conozca , guardaráste d* 
insolencias » las quales sin duda son siempre 
reprehensibles. Hacer caer al uno, tiznar al otro, 
picar al tercero , hacer mal á un loco , las ta- 
les son risas , y alegrias locas , é insolentes. 

Fuera de la soledad mental , á la qual te 
puedes retirar en medio de las conversaciones, 
según se ha dicho atrás , debes amar la soledad 
local , y real : no se entiende para ir á los de- 
siertos , con Santa María Egypciaca , San Pa- 
blo , San Antonio , Arnesio , y los otros Padres 
solitarios y sino para estar algún rato en tu apo* 



& 7° OBRAS DE X>. FRANCISCO 

sentó , ó en tu jardín , ó donde mas á tu gusto 
puedas retirar* tu espíritu á tu corazón , y re- 
crear tu alma con buenas meditaciones , y san- 
tos pensamientos , ó con alguna buena letura, 
á exemplo de aquel gran Obispo Nazianzeno* 
que hablando de sí mismo dice : " Yo me pa- 
„ seaba , yo mismo con migo mismo sobre el 
„ sol del Oriente , y pasaba el tiempo sobre la 
„ costa del mar ; porque yo he acostumbrado 
„ usar de esta recreación para rehacerme, y sa- 
j, cudirme un poco de las pesadumbres ordina- 
j, rías/' Y luego discurre del buen pensamien- 
to que de aquí le nació , como he referido ; y 
á exemplo también de San Ambrosio , del qual 
hablando San Agustin, dice que muchas veces, 
habiendo entrado en su aposento ( por quanto 
lio rehusaban la entrada á ninguno ) le miraba 
leer ; y después de haber esperado algún tiem» 
po , temiendo desacomodarle , se tornaba siq 
hablar palabra , pareciéndole que aquel poco 
tiempo que sobraba á aquel gran Pastor para 
rehacer , y recrear su espíritu después de la ta- 
rea de tantos negocios , no se le debia quitar. 
También después de haber un dia los Aposto- 
les contado á nuestro Señor , como habían pre- 
dicado , y trabajado mucho , venid, les dixo, d 
la solidad , y reposad un foco* 



P£ QÜEVÍDO. %Jt 

CAPITULO XXV. 

De la decencia de los vestidos. 

r^an Pablo quiere que las mugeres devotas (lo 
mismo se ha de entender de los hombres ) se 
vistan con decencia , adornándose con vergüen- 
za , y templanza. La decencia , pues , de los 
vestidos , y otros adornos , depende de la ma- 
teria , de la forma , y de la limpieza. Quanto á 
la limpieza , debe casi siempre ser igual en nues- 
tros vestidos 9 sobre los quales quanto nos sea 
posible , nos hemos de guardar de que haya nin- 
guna mancha , ó suciedad. La limpieza exte- 
rior representa en alguna manera la interior ho- 
nestidad. Dios mismo encarga la honestidad cor- 
poral en los que andan cerca de sus Altares , y 
que tienen el principal cargo de la devoción. 
Quanto á la materia , y la forma de los vesti- 
dos , la decencia se considera por muchas cir- 
cunstancias ; del tiempo , de la edad , de las 
calidades , de las compañías , y de las ocasiones. 
Parece de ordinario mucho mejor el adorno en 
los dias de fiesta, según la grandeza del dia que 
se celebra. En tiempo de penitencia , como en 
Quaresma , no hay quien dude la honestidad; 



&7 2 OBRAS DE D. FRANCISCO 

y simpleza que se debe observar en el trage. 
En las bodas se traen los vestidos nupciales , y 
los de luto en las juntas fúnebres. Los que an- 
dan cerca de los Príncipes estiran las fuerzas, y 
con ellas las demás accióneselas quales deben mo- 
derar entre sus domésticos. La muger casada se 
puede , y debe adornar según el gusto de su 
marjdo , y quando él lo desea ; y si en su au- 
sencia hace lo mismo , preguntará sin duda que 
á qué ojos quiere agradar , ó favorecer con 
adorno tan particular. A las doncellas se les per- 
miten mas diges y galas, por quanto pueden lí- 
citamente desear agradar á muchos, aunque es- 
to no sea sino con fin de ganar á solo uno para 
un santo matrimonio. No se tiene ya por malo 
que las viudas se adornen en alguna manera, 
con tal que no den nota de liviandad , y locura; 
que como han sido ya madres de familia, y pa- 
sado por el sentimiento de la viudez , tienen el 
espíritu puro , maduro , y templado. Pero quan- 
to á las verdaderas viudas , que lo son , no solo 
del cuerpo, sino de corazón, ningún adorno les 
es conveniente , sino la humildad , la modestia, 
y la devoción ; porque si és que quieren ena- 
morar á los hombres, ya no son verdaderas viu- 
das ; y si no es esta su pretensión , ¿ para qué 
traen los instrumentos de ellas ? Quien no quie- 



DE QÜEVEDO. 273 

re recibir huéspedes , menester es que quite la 
insignia de su casa. No hay quien no se ria de 
la gente vieja quando quiere pulirse , y estirar- 
se demasiado , porque esta es una locura solo 
á los mozos sufrible. 

Andarás aseada, Filotea, de suerte que no 
haya nada sobre tí que arrastre, ni esté mal ali- 
ñado. Menosprecio es de aquellos con quien con- 
versamos el ir con ellos en hábito desagradable; 
pero guárdate de los adornos impertinentes, va- 
nidades , curiosidades , y locuras. Mantendráste 
siempre , quanto te sea posible , en la simplici- 
dad , y modestia , que es sin duda el mayor 
adorno de la hermosura , y la mejor escusa pa- 
ra la fealdad. San Pedro advierte , principalmen- 
te Has mugeres mozas, el no traer los cabellos 
crespos, rizos, y ensortijados. Los hombres que 
son tan apocados , que se dan á eftas acciones 
mugeriles, son estimados en todas partes como 
hermafroditas ; y las mugeres vanas son tenidas 
por de poca castidad, ó por lo menos, si la tie- 
nen , no es visible entre tantas buxerjas , y ba- 
gatelas. Dicen ellas que no piensan mal ; pero 
yo replico , como he hecho otras veces , que si 
ellas no , el diablo sí, y siempre. Quanto á mí, 
yo querría que mi devoto , y devota estuvieran 
siempre los mejor vestidos de la junta, pero los 
ron. ir. s 



2 74 OBRAS PE í>. FRANCISCO 

menos pomposos , y afectados ; y como se dice 
en los Proverbios , que se adornasen de gracia, 
decencia , y dignidad. San Luis dice en una 
palabra que nos debemos vestir según nuestro 
estado , de suerte que los sabios , y buenos no 
puedan decir : Tú haces demasiado ; ni la gen- 
te moza: Tú haces muy poco; pero en caso que 
los mozos no se quieran contentar con la decen* 
cia , nos debemos arrimar al parecer de los sa- 
bios. 

CAPITULO XXVI. 

Tkl hablar , y primeramente cómo hemos 
de hablar df Dios. 

os Médicos toman gran conocimiento de la 
salud , ó enfermedad de un hombre por la ins- 
pección de su lengua. Así nuestras palabras son 
verdaderos indicios de las calidades de nuestras 
almas. Por tus palabras , dice el Salvador , tú 
seras justificado ; y por tus palabras tú serás 
condenado. Vese que aplicamos luego la mano 
al dolor que tenemos , y la lengua á aquello á 
que nos aficionamos. 

Si fueres, pues, verdaderamente enamora- 
da de Dips , Filotea , tu hablarás siempre de 
Dios en los discursos familiares que hicieres con 



DE QÜIVEDO. JI75 

tus domésticos, amigos, y vecinos: sí» porque la 
boca del justo meditara la sabiduría 9 y su len- 
gua hablará el juicio. Y como las abejas no ha* 
cen otra cosa sino la miel con su pequeña bo- 
quilla ; así tu lengua estará siempre ocupada en 
la dulzura de Dios 9 y no tendrá mayor suavi- 
dad que el sentir deslizarse por entre tus labios 
alabanzas , y bendiciones de su santo nombre; 
como dicen de San Francisco , que pronuncian*/ 
do el santo nombre del Señor , chupaba , y mama* 
ba sus labios , como para sacar la mayor dulzu- 
ra del mundo. 

Hablarás, pues , siempre de Dios como de 
Dios; esto es , con reverencia , y devoción, no 
haciéndote docta , ni predicadora , sino con un 
espíritu de dulzura, caridad, y humildad , des- 
tilando quanto pudieres ( como se ha djeho de 
la Esposa en el Cántico de los Cánticos) la miel 
suave de la devoción , y de las cosas divinas go- 
ta á gota , ya en las orejas del uno, y ya en las 
del otro : rogando á Dios en lo secreto de tu al- 
ma sea servido de hacer pasar , y penetrar este 
santo rocío hasta lo íntimo del corazón de los que 
te oyen. 

Sobre todo se ha de hacer este oficio An? 
gélico blanda y suavemente , no por manera de 
corrección , sino por manera de inspiración; por- 

sa 



1/6 OBRAS DE J>> FRANCISCO 

que es de maravillar , quanto á la suavidad , y 
amigable proposición de alguna buena cosa, 
quán poderoso cebo es para atraer los corazones. 

No hables , pues , nunca de las cosas de 
Dios por manera de entretenimiento, sino siem- 
pre con atención, y devoción. Digo esto por li- 
brarte de una notable vanidad que se halla en 
muchos que hacen profesión de devoción; los 
quales á qualquier proposito dicen palabras san- 
tas , y fervorosas por cierta manera de mesura» 
da costumbre , sin que por eso sientan lo que 
dicen; y después les parece son tales, quales sus 
palabras muestran , lo qual es á veces muy al 
contrario. 

CAPITULO XXVII. 

De la honestidad de las palabras , y del 
respeto que se debe 4 las 
personas. 

Oi alguno peca de palabra (dice Santiago), el 
tal es hombre perfecto. Procura cuidadosa de no 
dexar se te escape ninguna palabra deshonesta; 
porque aunque tú no la digas con mala intención, 
los que la oyen pueden darla otro sentido. La 
palabrai deshonesta , cayendo en un corazón fla« 



db qvbvsbo. * 277 
co, se extiende , y dilata como una gota de acey- 
re sobre el paño , y á veces se apodera de suer- 
te del corazón , que le hinche de mil pensa- 
mientos, y tentaciones resbaladizas ; porque co* 
mo el veneno del cuerpo entra por la»boca, tam- 
bién el del corazón entra por la oreja ; y k len- 
gua que le produce es matadora : porque aun- 
que el veneno que haya arrojado no haga su 
efecto , por haber hallado los corazones de los 
oyentes apercibidos de algún contraveneno , no 
por $sq h? quedado por tu malicia el no haberlos 
muerto. Tampoco me diga nadie que no lo pen- 
saba; porque nuestro Señor, que conoce los pen- 
samientos , ha dicho que la boca habla de la 
abundancia del corazón. Y si nosotros no pensá- 
bamos mal , el demonio sí , y se sirve siem- 
píe dé estas malas palabras para penetrar, el co* 
razón de alguno. Dicen que los que han comi- 
do la yerba que llaman Angélica , tienen siem- 
pre el aliento dulce, y agradable ; y los que 
tienen en el corazón la honestidad , y castidad, 
que es la virtud Angélica , tienen siempre sus 
palabras limpias , comedidas , y vergonzosas. 
Quanto á las cosas indecentes, y locas, el Após- 
tol no quiere ni aun sólo que las nombren, ase- 
gurándonos que nada corrompe tanto las buenas 
costumbres como las malas conversaciones. 

«3 



*J$ OBRAS M D, FRANCISCO 

Si estas palabras se, dicen disimulada y en- 
cubiertamente , con cierta arte , y sutilezas , en- 
tonces son sin comparación mas venenosas;, por* 
que como un dardo quanto es mas agudo de pun- 
ta , tanto mas fácilmente entra en nuestros cuer- 
pos , así un dicho , quanto es mas agudo, tanto 
mas peqetra nuestros corazones. Y los que pien- 
san ser muy bizarros, y discretos, usando de ta- 
les dichos* con los que conversan , no saben pa- 
ra qué se hicieron las conversaciones, porque es- 
tás deben ser como enxambre de abejas , juntas 
para hacer la miel dé algún dulce y virtuoso 
entretenimiento; y no como junta de moscones, 
amontonados solo para lamer y chupar alguna 
hediondez. Si algún loco te dice palabras inde- 
centes , muéstrale que tus orejas se hallan ofen- 
didas, ó • volviéndole luego el rostro, u de otra 
manera , según tu prudencia te enseñare. . 

Una de las peores condiciones que uno pue- 
de tener es el ser fisgón. Dios aborrece en ex- 
tremo este vicio , y ha hecho por él en tiem- 
pos pasados extraños castigos. No hay cosa que 
sea tan contraria á la caridad , y mucho mas á 
la devoción, como el menosprecio del próximo. 
£1 escarríio , pues , y la burla no se hace jamas 
sin este menosprecio: causa porque es muy gran- 
de pecado ; y así los Doctores tienen razón de 



DE QUEYED0. ^ 279 

4ccir que el escarnio es la peor suerte de ofen- 
sa que se puede hacer al próximo , por quanto 
las otras ofensas se hacen con alguna estima del 
que es ofendido-, y esfa se hace solo con me* 
nosprecio. 

Quanto á los juegos de palabra , que se 
hacen los unos con los otros con modestia, re- 
gocijo , y alegría , estos pertenecen a la virtud 
llamada de los Griegos Eutrapelia , que noso- 
tros podemos llamar buena conversación. Por es- 
tos , pues , se goza, de una honesta y amigable 
¿recreación en las ocasiones frivolas que las im- 
perfecciones humanas nos traen. Hénionos de 
guardar de deslizamos de esta honesta alegría á 
las burlas. Las burlas, pues, provocan á reir, y 
esto por el menosprecio del próximo j pero el 
regocijo, y alegría provocan á reir por una sim* 
pie libertad , confianza , y familiaridad , junta- 
mente cpn la gentileza de algun^ palabra bien 
dicha. San Luis , quando los Religiosos le que- 
rían hablar de cosas relevadas después del co- 
mer , no es tiempo de llorar , decía , sino de 
alegrarse por medio de algún honesto entrete- 
nimiento : cada uno diga lo que ' * quisiere , como 
sea con honestidad ; lo qual decia por favorecer 
la nobleza que tenia al rededor de sí , y no. ex- 
trañarse con ella. Pero pasemos de manera el 

S4 



a 8 O OBRAS M D. FRANCISCO 

tiempo por la recreación , Filotea , que conser- 
vemos ía santa eternidad por devoción. 

CAPITULO XXVIII. 

De los juicios temerarios. 



N. 



o juzguéis , y no seréis juzgados (dice' el 
Salvador de nuestras almas ) : no condenéis , y 
no seréis condenados. No ( dice el Santo Após- 
tol) juzguéis antes de tiempo, hasta que el Se* 
ñor venga , que revelara el secreto de tas ti- 
nieblas , y manifestara el consejo de los corazo- 
nes. ¡ O , y quán desagradables son los juicios 
temerarios a Dios ! Los juicios de los hombres 
son temerarios , porque no son jueces los unos 
de los otros , juzgando ellos , usurpan el ofició 
de nuestro Señor. Son temerarios por quanto la 
principal malicia del pecado depende de la in- 
tención, y consejo del corazón, que es para no 4 - 
«otros el secreto de las tinieblas. 

Son temerarios porque cada uno tiene hartó 
que hacer en juzgarse á sí mismo , sin querelr 
juzgar á su próximo. Es cosa igualmente nece- 
saria para no ser juzgados, el no juzgar á los otros, 
y juzgarse á sí mismo; porque como nuestro Se- 
ñor nos enseña lo uno , el Apóstol nos ordena 



DB QÚIVEDO. *8t 

!o otro % diciendo : Si nosotros nos juzgamos d 
nosotros mismos , nosotros no seremos juzgados. 
Pero vemos por nuestros pecados qüán al con- 
trario hacemos , pues lo que nos es defendido 
hacemos, juzgando en qualquier ocasión a nues- 
tro próximo ; y lo que nos es mandado , que es 
el juzgarnos á nosotros mismos , no lo hacemos 
jamas: por lo qual , según las causas de los jui- 
cios temerarios , se les debe aplicar el remedio. 
Hay corazones agrios , amargos , y ásperos de N 
su naturaleza , que vuelven asimismo agrio, y 
amargo todo lo que reciben ; y convierten , co- 
mo dice el Apóstol, el juicio en absintio, no juz- 
gando jamás del próximo sino con todo rigor , y 
aspereza. Estos tales tienen gran necesidad de 
caer entre las manos de un buen Medicó espi- 
ritual ; porque siéndoles natural esta amargura 
de corazón , es dificultosa de vencer ; y aunque 
en sí no sea pecado , sino una imperfección , es 
con todo eso peligrosa, por quanto introduce, 
y hace reynar en el alma el juicio temerario , y 
la detracción. Algunos juzgan temerariamente, 
no por acedía de corazón, sino por soberbia, pa- 
reciéndóles que quanto nías abaten la honra age- 
na , tanto mas elevan la propia : juicios arrogan- 
tes, y locos , que se maravillan- de sí mismos, y 
se levantan tan altos en su propia estimación, 



2 8 % OBRAS PE T>. FRANCISCO 

que miran tq^o lo deipas como cosa pequera, J 
baxa. Yo no soy como los otros, hambres , decía el 
loco Fariseo;* Algunos no tienen otro orgullo ma- 
nifiesto , sino solo un- cierto,. y pequeño gusto en 
la consideración del mal ftgeno, para saborear, 
y hacer saborear mas dulcemente el bien contra- 
rio , de que se juzgan dotados ; y este agrado, 
ó complacencia es tan secreta , é imperceptible, 
que si no se tiene buena vista ,. no se podrá de 
ninguna manera descubrir ; y en sí mismos los 
que son tocados de él no le conocen si no se le 
muestran. Otros , por lisonjearse , y escusars? i 
sí mismos, y por templar los remordimientos de 
su conciencia , juzgan fácilmente , y de buena 
gana que los otros son viciosos, y en el vicio 
i quo ellos son dados , o en algún otro por lo 
menos tan grande, pareciéndoles que la muche- 
dumbre de reos hace su pecado menos reprehen- 
sible. Muchos se dan al juicio temerario por el 
solo gusto que reciben en filosofar , y adivinar 
las costumbres , y condiciones de las personas, 
por manera de exercicio de espíritu ; y si por 
suerte aciertan alguna vez con la verdad en sus 
juicios , el atrevimiento , y. deseo de continuar 
crece en ellos de manara, que no hay quien los 
aparte de este vicio. Otros juzgan por pasión, y 
piensan siempre bien de aquello que aman , y 



BE QUEVEDO, , 3$3 

siempre mal de aquello que aborrecen , sino es 
en un caso admirable , y no obstante verdadero, 
en el qual el exceso del amor provoca i hacer mal 
-juicio de lo que se ama : efecto mostruoso , co- 
mo en fin nacido de un amor impuro , impetr 
fecto, alborotado , y enfermo, que. son los ze* 
los ; los quales , como todos saben, por una so- 
la , y simple vista , 6 por la menor risa , ó cor- 
xespondencia , condena las personas de maldad» 
y. adulterio. En fin , el miedo , la ambición , y 
otras semejantes flaquezas de espíritu , son cau- 
¿a de ordinario de semejantes sospechas , y jui- 
cios temerarios. ¿Pero qué remedio para esto ? 
-Los<jue beben el zumo de la yerba, llamada Of- 
fiusa de Etiopia , por donde quiera que extien- 
den la vista, les parece que ven serpientes, y 
cosas espantosas ; y los que han alojado á la so- 
berbia , á la envidia , á la ambición , y al ren- 
cor , no ven xosa que no hallen mala , y dig- 
na de menosprecio. Aquellos para verse sanos 
debían tomar vino de palma;, y 1 lo. mismo digo 
para estos otros : bebed lo mas que podáis el 
vino sagrado de la caridad , que él os evacuará 
de estos malos humores , que os llevaban á ha- 
cer juicios errados. La caridad no solo no busca 
el mal, pero teme de encontrarle: quando le en- 
cuentra vuelve la cabeza , y disimula , y aun 



2 $4 OBRAS M 1>. FftAftCISCO 

cierra los ojos antes de verte a\ primer raido que 
apercibe ; y después cree por una santa simptó» 
cidad , que no era mal , sirio solo la sombra , 6 
alguna fantasma suya : y si- por fuerza recbno*- 
ce ser el mismo mal , al punto- procura despe- 
dir este pensamiento, y olvidar su figura. I¿a ca- 
ridad es el gran remedio para todos los males , y 
principalmente para este. Todas las cosas pare- 
cen amarillas á los ojos de los atericiados. Dicen 
que para sanarlos se les ha de poner debaxb de 
la planta.de los pies la Esclaríanóta. Así este pe- 
cada de juicio temerario es una tericia espiritual, 
que hace pareces todas las cosas malas á los ojos 
de los qué- están tocados de día; mas quien quie- 
re sanar , es menester que ponga; los remedios, 
!*o en los ojos , no en e£ entendimiento, sino en 
las aficiones , que son los pies del alma. Si tus 
aficiones son benignas, tu juicio sera benigno: si 
son caritativas, tu juicio será de la misma suer- 
te. Daréte tres exeniplos admirables. Isaac había 
'dicho que Rebeca era su hermana* Abimelech 
vio que jugaba con ella; esto es, que la acaricia- 
ba tiernamente ,y juzga luego que era su mu- 
gen Un ojo maligno hubiera antes juzgado que 
era su amiga , 6 si era su hermana , que era un 
incesto. Mas Abimelech sigue lamas caritativa 
opinión que en tal caso podia. tener. Menester 



DE QUEV£2>Ou 285 

es, pues, hacer siempre lo mismo, Filotea , juz- 
gando en favor del próximo quanto nos sea po- 
sible ; que sí una acción pudiera tener cien 
caras , deberíamos mirarla en la que fuese mas 
hermosa. Nuestra Señora estaba preñada : San 
Joseph lo veía claramente; mas como por otra par* 
te la consideraba enteramente santa , y entera* 
mente angélica, no pudo aun creer estuviese pre- 
ñada contra su deber; y dexándola, resolvió de 
dexar ef juicio á Dios ; y aunque el argumento 
fue violento para hacerle concebir mala opinión 
de la Virgen , no quiso con todo eso jamas juz- 
garle. Mas por qué ? Porque ( dice el Espíritu 
de Dios ) era justo. El hombre justo quando 
no puede escusar ni el hecho , ni la intención 
de aquel á quien ha conocido hombre de bien, 
aun no quiere juzgarle, sino antes procura deshe- 
char el tal pensamiento , dexando el juicio á so- 
lo Dios. Crucificado nuestro Salvador , no pu- 
diendo escusar por entero el pecado de los que 
le crucificaban , por lo menos disminuía la mali- 
cia , alegando su ignorancia. Quando no pode- 
mos escusar el pecado, hagámosle por lo menos 
digno de compasión , atribuyéndole á la causa 
mas soportable que podamos. 

Luego ¿no podemos nunca juzgar al pró- 
ximo ? No por cierto , jamas : el mismo Dios, 



3 86 OBRAS DE D. FRANCISCO 

Filotca, es el que juzga í los reos en la justicia. 
Verdad es que se sirve de la voz de los Magis- 
trados para hacerse inteligible á nuestras orejas. 
Estos son sus Ministros, é Intérpretes; y no pue- 
den pronunciar cosa fuera de lo que han apren* 
dido de él, como en fin oráculos suyos. Y si ha- 
cen otra cosa , siguiendo sus propias pasiones, 
entonces serán sin duda ellos los que juzguen, 
y los que por consiguiente serán juzgados ; por- 
que es prohibido á los hombres , en calidad de 
hombres , el juzgar á los otros. 

£1 ver , ó conocer una cosa , no es juzgar* 
la; porque el juicio (según la frasis de la Escri- 
tura) presupone alguna pequeña, ó grande, ver* 
dadera , ó aparente dificultad , la qual sea ne» 
cesario resolver. Por esto dice , que los que no 
creen son ya juzgados , por quanto no hay du- 
da en su condenación. ¿No será, pues, mal he- 
cho el dudar del próximo ? No , porque no es 
defendido el dudar , sino el juzgar ; pero tam- 
poco es permitido ni el dudar , ni el sospechar, 
sino solo aquello que las razones y argumentos 
nos fuercen á dudar : de otr¿ suerte las dudas, 
y sospechas serian temerarias. Si algún ojo ma- 
ligno hubiera visto á Jacob quando besaba á Ra- 
quel junto al pozo, ó á Rebeca quando aceptó 
los brazaletes , y zarcillos de Eliezer , hombre 



pe qü£Vedo. 287 

desconocido en aquella tierra , sin duda que el 
tal hubiera pensado mal de estos dos exemplos 
de castidad, pero sin razón; porque quando una 
acción es de sí misma indeferente, es una sospe- 
cha temeraria el sacar de ella una mala consc- 
qüencia , sino es que otras muchas circunstan- 
cias den fuerza al argumento. Es también juicio 
temerario el sacar conseqüencia de un acto pa- 
ra injuriar la persona. Diré luego esto mas cla- 
ramente. 

En fin , los que tienen buena cuenta con 
sus conciencias , pocas veces se hallan sujetos al 
juicio temerario ; porque como las 1 abejas , vien- 
do revuelto el ayre en el tiempo nubloso, se re- 
tiran á sus colmenas á mirar por su miel; así los 
pensamientos de las buenas almas no salen , ni 
se muestran sobre los objetos revueltos , ni en- 
tre las acciones lóbregas, y nublosas de los pró- 
ximos; antes para escusar el encontrarlas, se en- 
cierran en sus propios corazones , para imaginar 
las buenas resoluciones de su propia enmienda. 

Es muy de una alma inútil el embarazarse 
con el examen de las vidas agenas. Hago excep- 
ción de los que tienen cargo de otros , así en la 
familia , como en la República; porque una bue- 
na parte de la conciencia de estos consiste en el 
velar , y mirar por la d# los otros. Hagan, pues, 



2 8 8 OBRAS DE D. FRANCISCO' 

los tales su deber con amor , y después de esto 
retírense en sí mismos para mirar por sí mis- 
mos, 

CAPITULO XXIX. 



De la murmuración* 



E 



il juicio temerario produce la inquietud , el 
menosprecio del próximo , la soberbia , y la sa- 
tisfacción , y agrado de sí mismo , y otros mu* 
chos. efectos perniciosísimos, entre los quales la 
mormuración tiene uno de los primeros lugares» 
como la verdadera peste de las conversaciones. 
I O quien tuviera una de las brasas del santo al- 
tar, para tocar los labios de los hombres, y que 
r así quedasen limpios de iniquidad , y pecado, 
á imitación del Serafín <jue purificó la boca de 
Isaias ! Quien quitase la mormuración del mun- 
do, quitaría una gran parte de los pecados, é 
iniquidades. Qualquiera que quita injustamente 
la buena fama á su próximo t fuera del pecado 
que comete , está obligado á hacer la reparación, 
aunque diversamente, según la diversidad de las 
mormuraciones , porque ninguno puede entrar 
en el Cielo con el bien de otro ; y entre todos 
los bienes exteriores la buena fama es el mejor. 
La «íormuracion es una especie de homicidio; 



DE QVÍVZVO. 389 

porque así como nosotros tenemos tres vidas, o 
á saber , la espiritual , que consiste en la gracia 
de Dios , la corporal en el gima , y la civil en 
lar buena fama ; el pecado nos quita la primera, 
la muerte la segunda, y la mormuracion la ter- 
cera. £1 maldiciente por un solo golpe de su len- 
gua hace ordinariamente tres homicidios : mata 
su alma, y la del que le escucha con un homi- 
cidio espiritual, y quita la vida civil á aquel de 
quien mormura , ó maldice ; porque ( como di- 
ce San Bernardo) „ aquel que detracta, y aquel 
„ que oye tal maldiciente , todos dos tienen el 
„ diablo sobre sí* sino que el uno le tiene en la 
y » lengua , y el otro en la oreja." David, hablando 
de los jri^ldicientes, dice: „ Afilado han sus len- 
„ gu#s ComQ uqa serpiente/' La serpiente, pim, 
tiene la lengua hendida, y con dos puntas , como 
dice Aristóteles, y tal « la lengua del maldicien- 
te , la,qual con un solo golpe pica r y emponzoña 
la oreja del oyente , y la reputación de aquel 4 
quien habla. Ruégote, pues, amada Filotea, no 
mormures j?m?s de persona, directa, ni indirec- 
tamente 1 guárdate de imponer falsas culpas , y 
pecados. al próximo , de descubrir los que son 
secretos. ,' de engrandecer los qUe son manifies- 
tos , de interpretar en mala la buena, obra , de 
negar, el bipn que sabcs : cabe en alguno , de di* 

TOAt. IV. T 



29O OBRAS PE D. FRANCISCO 

simularle maliciosamente, y disminuirle con pa- 
labras; porque de todas estas juaneras ofenderás 
i Dios en extremo, y sobre todo acusando fal- 
samente ,' y negando h verdad. en perjuicio del 
próximo , porque es doblada pseado .el mentir, 
y ofender juntamente al próximo, 

Los que para mormurarlo maldecir haceu 
ciertos prefacios de honor , y entreveran ciertas 
pequeñas gentilezas , y habilidades de los que 
mormuran, son los mas finos, y venenosos mal- 
dicientes. Yo aseguro ( dicen los tales ) que le 
amo, y que en lo demás es una buena persona; 
mas no obstante esto , si es que se ha de decir 
Verdad,. no tuvo razoflLeoJhacer tal, y tal bella- 
quería. Es una doncella, muy. virtuosa, pero de- 
jóse engañar; y á este tono según su mala inten- 
ción les dicta. No ves t6/Filotea , este artificio? 
El que quiere tirar -clareo,, tira:* quanto puede^ 
la flecha a sí; mas esto no es sino para arrojarla 
con mas fuerza. Parece que aquellos retiran Ja 
mormuracion i sí ; mas no es sino para lanzarla 
con mas firmeza, para que así penetre mas aden- 
tro en el corazón de los oyentes. La mormura* 
cion dicha en forma de* regodeo es aun la mas 
cruel de todas,. La cicuta de su: natural no es un 
veneno muy fuerte ¿moajxte^floxo, y lento, 
y que fácilmente puede remediarse; pero toma- 



X>S QUEVED0. 29I 

da en vino > es irremediable. Así la mormura- 
cion , que de sí fácilmente se entraría por una 
oreja, y se saldría por la otra (Conió dicen vul- 
garmente ) queda mas firme en la memoria de 
los oyentes quando se dá dentro de algún con- 
cepto, ó dicho sutil, : y alegre, Tunen los tales, 
dice David , et venenó del áspid debaxo de sus 
labios. El áspid hace sil picadura , que casi no 
se percibe, y luego su veneno causa una come- 
zón gustosa i por cuyo medio el corazón , y las 
entrañas se dilatan , y reciben el veneno , con- 
tra el quaí después no hay ningún reni<?dió<. 

No digas nunca : Fulano etf ün borracho, 
aunque le hayas visto borracfio; ni es adúltero,, 
por haberle yi$tq eq. este pecado; ni es incestuo- 
so , por haberle hallado en esta desventura j por* 
que un solo acto no dá el nombre á la¡ ¿ossf, £1 
Sol se paró una vez en favor de la' victoria de 
Josué , y se obscureció otra en fifvor de la del 
Salvador del Mundo ; mas no poí eso dirá nin- 
guno que sea inmobil , ú obsduro. Noé se em- 
borrachó una vez , y Lo? otra : y aun mas hi- 
zo este , que cometió un gran incesto ; mas no 
por esto fueronf borrachos ni el uno , ni el otro, 
ni Lot incestuoso , ni San Pedro sanguinolento 
porque' derramó una vez sangre ; ni blasfemo 
porque blasfemó una vez. Para tomar el nom- 

t 2 



292 OBRAS DE D. FRANCISCO 

brc de algun vicio , y de alguna virtud , me- 
nester es que hayan hecho algun progreso , y 
hábito. Engaño es, pues, el decir que un hom- 
bre ^s colérico > ó ladrón , por haberle visto eno- 
jar , ó hurtar una vez. 

Aunque un hombre haya sido vicioso mu- 
cho tiempo , aun hay peligro de mentir quando 
le llaman vicioso, Simón el leproso llamaba á la 
Magdalena pecadora , porque poco antes lo ha- 
bía sido ; pero mentía con todo eso /porque ya 
nó lo era , ^sino una Santa penitente ; y también 
nuestro Señor tomó en su protección su causa. 
El otro loco -Fariseo tenia al públicano por 
gran pecador , y aun podria«er por injusto , adúl- 
tero, y gran ladrón; pero engañábase en extra- 
mo , porque al mismo instante quedó justifica- 
do. Ay de mí-í Pues la bondad de Dios es tan 
grande , que un solo momento basta para alcan- 
zar , y recibir su gracia , ¿ qué seguridad pode- 
mos nosotros tener de que un hombre que fue 
ayer pecador, lo sea hoy? El dia precedente no 
debe juzgar el presente, ni el presente debe tam* 
poco juzgar el precedente : solo el último es el 
que los juzga ledos. 

Jamas, pues, podemos decir que un hom- 
bre es malo sin peligro de mentir. Lo que po- 
demos decir en caso que nos sea necesario el ha- 



DE QUEVEDO. 293 

blar , es que hizo un tal acto malo , que vivió 
mal en tal tiempo , ó que hace mal al presente; 
pero no se puede sacar ninguna conseqüencia de 
ayer á hoy , ni de hoy al di a. de ayer , ni me- 
nos al dia de mañana. 

Aunque nos es necesario ser muy mirado» 
en no decir mal del próximo , debemos asimis- 
mo guardarnos de un extremo , en que algunos 
caen , los quales por evitar la mormuracion loan, 
y dicen bien del vicio. Si se halla una persona 
conocidamente maldiciente , no digas por escu* 
sarla que es libre , y franca : una persona maní- . 
testamente vana no digas que es generosa» y 
particular ; y las familiaridades peligrosas no las 
llamas simplicidades , ó bondades. No afectes la 
desobediencia con el nombre de zelo, ni la arro* 
gancia con nombre de libertad , ni la lascivia con 
nombre de amistad. No querida , Filotea : no 
es bien , pensando huir del vicio de la mormu- 
racion, favorecer, lisonjear, y mantener los pe- 
ligros ; antes se ha de decir clara y libremente 
mal del mal, y afear las cosas feas: y haciendo es- 
to glorificamos á Dios , con que esto sea con las 
condiciones siguientes. 

Para afear los vicios de ptro con justa cau- 
sa , es menester que la utilidad de aquel de quien 
se habla r y de aquellos á quien se habla , lo re- 

T3 



2 94 OBRAS M V. FRANCISCO 

quiera. Veo que cuentan delante de algunas don* 
celias las familiaridades secretas de tales, y tales, 
y que son manifiestamente ¡peligrosas ; ó la di- 
solución {le un tal , ó un* tal , en palabras , ó 
acciones ,- que son mapijiesumentc lubricas. Si 
yp np áf?o libremente este inal f sino antes le 
pretendo éscusar , tomarán ocásjoíj las que oyen* 
y podrá fácilmente imprimirse fcri sus? tfernas eda- 
des el deseo de seguir alguna de estas cosas ; y así 
su utilidad requiere que libremente afee tales ac- 
ciones , y al mismo instante , si no es que pue* 
da reservar el hacer este buen oficio mas apropov 
sito , y coiji menQs daño de aquellos de quien $<f 
hsbl¿, $n otfa ocasión; 

fuera dé esto m¿ tocará hablar de este siíf 
geto quáñdó ¿ea de los primeros de la conver- 
sación ; porque si entonces no hablo , parecer! 
que aprüf jbp el vicio : que si soy de los me- 
nores t np debo ijiteptar hacer está censura , si- 
no mostrarme cabal en mis palabras , de manera, 
que rio diga una sola demasiada, Cómo por exem- 
pío : Si yo vitupero la altiVejjf d$ aquel mozo , y 
de aquella doncella , por quarito es muy indiscre- 
ta, y peligrosa} menester es, jilotea, que tenga 
la balanza b¡en ju§ta para no engrandecer la cosa 
ni un pelo , sino hay ü no una flaca apariencia. 
No pasaré de aquí si no hay sino una simple im- 



DE QUKVÍDO. 29$ 

prudencia. Tampoco diré mas de esto, sino hay 
ni imprudencia, ni verdadera apariencia del mal, 
sino solo un no sé qué , que en algún espíytu 
malicioso puede tomar achaque de mormuracion. 
No diré ninguna cosa, ni saldrá de la verdad mi 
lengua , mientras juzgo al próximo , está en mí 
boca , como una' navaja en la- mano del Ciruja- 
rtó >- que quiere cortar entre los nervios , y ter- 
nillas; Es menester que el golpe que diere. sea 
tan justo, que no diga ni mas , ni menos de 
ío que fuere conveniente. En fin , es menester 
observar sobre todo , quafldo se reprehende el 
vicio , el perdonar quantor sea posible la per- 
sona en quien está. 

VerdadT es, que de los pecadores infames» 
públicos , y manifiestos r se puede hablar libre- 
mente , con tal que esto sea: con espíritu de ca- 
ridad , y compasión, y no con arrogancia, ni pre- 
sunción 1 ñ¡ por holgarse del mal ageno , porque 
esto ultimo es muy de corazón vil, y abatido. Ha- 
go" ejtcepcíon entre todos de los enemigos decla- 
rados de Dios , y de su Iglesia , porque á es- 
tos tales se les. ha de infamar quanto se pueda, 
como son las sectas de los hereges , y cismáti- 
cos , y las cabezas de ellas. Caridad es gritar 
al lobo quanto está entre las ovejas , ó en otra 
qualquier parte. 

T4 



Z$6 OBRAS DE J>. FRANCISCO 

No hay quien no se tome ki licenoia de juz- 
gar , y censurar los Príncipes , y de mormurar 
de h$ Naciones en general, según la diversidad 
de aficiones que tienen en su particular. No cay- 
gas , Filotea , te ruego en esta falta , porque fue- 
ra de la ofensa -que se hace á Dios, podría cau- 
sarte mil suertes de pendencias. 

Quando oyeres mormurar , haz dudosa la 
acusación , si es que lo puedes hacer justamen- 
te ; y si no pudieres , escusarás ía intención del 
acusado ; y si aun esto no pudiere ser , mostra- 
rás tenerle compasión , procurando mudar de pro- 
pósito, acordándote', y haciendo acordar á los 
demás , que los que no caen en falta , deben dar 
toda la gracia á Dios: Procura reportar al mal- 
diciente por algún apacible modo, y di algunos 
bienes ( si los supieres ) de la persona ofendida. 



CAPITULO XXX. 

Algunos otros avisos tocantes al hablar. 



D« 



r ebe ser nuestro lenguage dulce , agradable, 
sincero, hatural, y verdadero. Guárdate, pues, 
de los dobleces, artificios , y fingimientos ; por* 
que aunque no sea bueno el decir siempre to- 
da suerte de verdades, tampoco es permitido el 



DE QUKVSIÍO. * ¿9? 

ir contra it verdad. Acostumbre i nunca men- 
. tir adrede -, ni por escusa , ni de otra manera, 
acordándote que Dios es el Dios de la verdad. 
Si ves que mentiste por descuido , y puedes en- 
mendar la falta ai punto con alguna explicácion> 
ó reparación , enmiéndala. Una escusa verdade- 
ra tiene mas gracia , y fuerza para escusar, que 
la mentira. 

Bien es verdad que alguna vez se puede 
con discreción , y prudencia arrebozar, y cubrir 
la verdad por algún artificio de palabra ; mas no 
por eso se ha de practicar esto sino en cosa de 
importancia , quando la gloria , y servicio de 
Dios manifiestamente lo requieren. Fuera de es- 
to \<% artificios son peligrosos , porque como di- % 
ce la Sagrada Palabra: El Santo Espíritu no ha* 
bita en un espíritu fingido , y doblado. 

No hay ninguna fineza tan buena, y digna 
de desear como la simplicidad. Las prudencias 
mundanas y artificios carnales pertenecen a los hi- 
jos del siglo; mas los hijos de Dios caminan sin ro- 
deo, y tienen el corazón sin dobleces. Quien ca- 
mina simplemente ( dice el Sabio ) , camina con 
seguridad : la mentira , el doblez , y el fingi- 
miento son siempre de un espíritu flaco , y agudo. 

San Agustín habia dicho en el quarto libro 
de sus Confesiones, que su alma, y la de su kmi- 



a 9 8 OBK AS de jy FRANCISCO 

go no eran sino una sola, y que esta vida le era 
aborrecible desjfües de la muerte de su amigo, 
por quanto no~ quería vivir á medias; y que asi- 
misfnoyy por este respeto temi^; también el mo- 
rir f pófqüe muriendo él f no- fliü)rie$$**ir amigo 
de todo ptfijrQ; Estas palabras le parecieroí^des- 
pues muy artificiosas , y afectadas, y' así ík'fb* 
yoca $tf el libro de sus Retractaciones, y las lla- 
ma una inepcia, que es lo mismo que una nece- 
dad. Ves tu, amada Filotea, esta alma santa; y 
hermosa quán 1 tierna se muestra en el sentjmicín- 
tó' de íi afectación^ de las palabra?' Cierto # un 
gran ornato de la vida christiána la fidelidad, lla- 
neza , y sinceridad de leriguage : Ya fie dicho- 
que tendré cuenta conmis caminos para nó pecar 
en mi lengua. O Señor ! ponme guardas en mi bo- 
ca ,■ y uña puerta que cierre mis- labios , dc-~ 
cia J)áviX 

Á Viso es del Rey San Luis el no desmen- 
tir £ #acji$ i nq habiendo pecado * 6 gran dañó' 
en ío* cotítVq¡fi0V Y ^to P° r evitar todas corftíétt- 
das, y cfcjftifes, Quando importa,* pueí, el ¿óñ- 
tradecir i áígíftlg> y opófler su opinión a ía' del 
otro, menester es usar de grande mansedumbre 
y destreza , sin querer violentar el espíritu del 
otro, porque así como así no se gana nunca na- 
da tomando las cosas con aspereza. 



DE QÜEVEDO. I99 

El hablar poco , tan encomendado por los 
Sabios antiguos, no se entiende porque sea me- 
nester decir pocas palabras , sino no decir mu* 
chas inútiles ; porque en materia de hablar no 
se mira la cantidad i sino la calidad * y me pa- 
rece que sé deben huir dos exíréttips ¡ porque 
hacer del demasiado pnfcfidido* y se tero ^ j-ehu- 
sando el Contribuí^ en los discjíifsos faiñili^tfés^ que 
se hicóú én las conversaciones , parece qué es, 
6 falta dé confianza, ó alguna suerte de desdén. 
£1 hablar también siempre ¡ sin dar ni lugar ni 
tiempo á los otros para qué hablen á su gusto, 
también es señal de desvanecimiento , y livian- 

San Luis no hallaba bueíio jjijjj estando en 
compañía se hablase en secreto, y e# consejo, y 
particularmente á la iqesá , por quitar la sospe- 
cha que se podría engendrar en tales secretos, da 
que se hablaba mal de los otros : Aquel ( decia 
el buen Rey) que está d íd mesa en buena com* 
fama , y que tiene que decir alguna cosa alegre 9 
y de gusto » debe decirla que todo el mundo la en- 
tienda ; si es cosa de importancia, se debe callar 
sin decirla. 



3 DO OBRAS D£ D. FRANCISCO 

CAPITULO XX XC 

De los pasatiempos , / r ser e aciones , j primera- 
mente de los lícitos, y loables. 



F, 



uerza es el dar algunas veces i nuestro es- 
píritu , y á nuestro cuerpo alguna suerte de re- 
creación. San Juan Evangelista ( como dice el 
bien afortunado Casiano) fue un dia hallado en 
el campo por un Cazador con una perdiz sobre 
el puño, á la qual acariciaba por manera de re- 
creación. Preguntóle el Calador , que ¿ por qué 
siendo hombre de tal calidad , pasaba el tiempo 
en cosa tan baxa , y vil ? Y San Juan le dixo: 
i Por qué tu no traes siempre tu arco tendido ? 
De mfedp ( respondió el Cazador ) que tenién- 
dole siempre curvo , no pierda la fuerza por 
el demasiado estirarse, y le falte quando me ha- 
ya menester servir de él. No te espantes , pues 
(replicó el Apóstol ), si yo me aparto algunos 
ratos del rigor , y atención de mi espíritu , pa- 
ra tomar un poco de recreación , pues no es si- 
no para poder después emplearme mejor, y mas 
vivamente á la contemplación. Vicio es s?n du- 
da el ser tan rigurosos, agrestes, y salvages, que 
no quieran tomar para sí, ni permitir á los otros 
ninenna suerte de recreación. 



'pe qüevedo. 301 

Tomar el ayre , pasearse , entretenerse coa 
discursos alegrds t y amigables , tocar el laúd , y 
otros instrumentos, cantar música, ir á caza: to- 
das estas son recreaciones tan honestas, que pa- 
ra: usar bien de ellas no hay necesidad sino de la 
común prudencia , que es la que da á todas las 
cosas orden , tiempo , lugar , y medida. 

Los juegos en que la ganancia sirve de pre* 
ció , y recompensa á la habilidad , é industria 
del cuerpo , 6 espíritu , como los juegos de pe- 
lota , balofi f mallo , el correr la sortija , el axc- 
drez , las tablas , todas ellas son recreaciones de 
sí buenas, y lícitas: solo se ha de guardar del ex- 
ceso , sea en el tiempo que se emplea , ó en d 
precio que se pone; porque si se emplea mucho 
tiempo, ya no es recreación, sino ocupación; y 
así no se alivia ni el espíritu, ni el cuerpo 'i an- 
tes al contrarióse desvanece, y oprimtí. Habien- 
do jugado cinco , 6 seis horafs al axedréz , al le- 
vantarse se halla el espíritu floxo, y cansado. Ju- 
gar mucho tiempo á la pelota , ya no es recrear 
el cuerpo, sino molerle. -Si el precio (esto es, lo 
que se juega ) es niuy grande , las aficiones de 
los jugadores se desreglan ; y fuera de osto no 
es justo el poner tan grandes precios á habilida- 
des , é industrias de tan poca importancia, y tan 
inútiles, como son las habilidades de los juegos. 



30 2 0B&AS I>S D. FRANCISCO 

Mas sobre todo tendrás cuenta , Filotea , de no 
poner tu afición en todo esto ; porque por ho- 
nesta que sea una recreación ¿ e$ yícíq el poner 
en ella su corazón , y sij aficioii Ncjr diga yq 
que no se haya de tomar gusto en el juego mien- 
tras se juega , porqucí de otra suerte uc¡ recrea* 
ría ; pero digo que na se ha de poner en él I3 
afición para desearle , para embebecerse , y psn 
ra embarazarse coi) éí 3 

CAPlTÜtO XXXIÍ. 

£)f íos b ajíes , y pasatiempos lícitos j¡ 
pero peligrosos i 

¿as danzas , y f>ayíe¿ sorf cosas indiferente^ 
de su naturaleza ; pero según el ordinario modo 
con que este exercicio se hace , es jnuy inclina- 
do 4 y pendiente á la parte del mal, y por con- 
siguiente lleno de riesgo , y peligro, (*) Háce- 
$p de nótfie, y en medio de las tinieblas, y obs- 
curidad, y así e$ fácil el deslizarse á muchos ac- 
cidentes tenebrosos^ y viciosos en un sugeto, que 
de sí mismo es muy susceptible del mal. Tras- 
nóchase demasiado, y después se pierden las ma- 

(*) Las danzas , y bayles se entienden por los 
festines que se usan en Francia, y Flandes 9 los qua* 
ffs son siempre de noche. 



Í>E QUEVEDO. ' 303 

ñañas del d¡a siguiente y por consiguiente el me* 
dio de servir i Dios en ellas, Y xn una palabra 
digo, que es locura el trocar<¿Ldia.con la noche, la 
luz con las tinieblas, las buenaüobras con las lo* 
cufas.Ue.vaií.todos.á los bayleív^ílidad á porfiad 
y h .Vanidad cs.nna tan grande, ycjert* xtisposi* 
ciorf paraitó. malas aficiones, y. amores géBgfro* 
sos, y reprehensibles,; tjpg facUnteate s<L engendra 
todo esto en las danzas. 

Dígote , pues , Pilotea , de las. da&zas¿lo qutf 
Íes Médicos. dicen, de las setas y hongos.^Dicen, 
pues , que los mejores- no valen, nada , y así tanv- 
bien te digo, que lo& mejores baylesnosoájnray 
buenos ; pero^cóo.todQ eso y.si hubieré$\-de ^o* 
mer setas ,- procura, qp£ csttnt bíetf jActtibdéi 
iJi por alguna, ocasión , de * la quáliiuenamcnírt 
no pudieres, escus arte , hubieres ,<íc ir al festín* 
ó bayle, procura que 1 tu jfonzaeisté bien apare- 
jada. 1 Cómo: ¿pues*, ha de 1 , estar aparejada? Dé 
modestia , devdijpklad , y de búefca fóteiícíork 
Comed pocos ¿7* pocaf?\*tíée^(dicítf los Médicos 
hablando de loshorf^Oí 5 pof(jutfpor íxien apare- 
jados qu^vCstcn>íqrcantídaíflW^rve devi^ 
nov ííarfzar poctf > y pocas veces , Fifotea ; por- 
que sí lo íiaces de otra suerte y correrás peligró 
de aficionarte i esta vanidad, ya tropezar tu 
las que de ella dependen. [ 



J04 OBRAS DE D. FRANCISCO ' 

. Los hongos ( según Plinio ) como son esponjo- 
sos , y porosos , tiran fácilmente toda la infección, 
y corrupción que tienen al rededor de sí ; y asi 
estando cerca de las serpiente* , reciben su vc- 
neno. Los baylesj las danzas, y semejantes jun- 
tas, tenebrosas tiran de ordinario los vicios, y pe- 
cados que reynan en el lugar % las pendencias, 
las epvidias , las burlas , y los amores locos ; y 
como estos exercicios abren los. poros del cuerpo 
á los que los, usan 9 así también abren los poros 
dpí corazón > después de lo qual si alguna ser- 
piente viene i. soplar á las orejas alguna palabra 
lasciva , alguna terneza engañosa t algún requie» 
Itfp Vano f ó algún basilisco arrpja miraduras des- 
Jioniestas, y ojeos amorosos ,£ quién duda que 
entonces el corazón; esti mu,y. aparejado, á dex^r- 
tfiifá\t¡ff ^rendir , y emponzoñar ? 
. , O M\ote¡k) £$tfá impertinentes recreaciones 
«o;p ck o*dUwio, pciligtosss : disipan ,. y pierden? 
el. espíritu dedsvodon, debilitan las fuerzas, res- 
tan la caríd^dj y despiertan en el alrpa mil suer- 
í^,de má)a^ afirioq^. Por esto, piíes, se deben 
u$a$£Ofi ug* gr ai) prudencia. 
- , Per# sobre |od9 se, dice f que después (le los 
bfwigos sc*d^bo l?tber vino precioso $ y yodigp 
. que después ¿Ic/Up; danzas se debe usar de algu- 
nas santas, y. buenas <;onsid$raC}ojtf$§, queestof- 



DE QUEVE1TO; £0 $ 

ven las peligrosas impresiones que el taño pla- 
cer que se ha recibido podría causar en nuestros 
espíritus, i Pero qué consideraciones ? 
. i Al mismo tiempo que tú estabas en los 
bayles, muchas almas ardían en el fuego del In- 
fierno por los pecados cometidos en la danza , ó 
por causa de la danza. 

2 Muchos Religiosos , y gente de devoción? 
estaban á la misma hora delante de Dios :• can- 
taban sus alabanzas f y contemplaban su bondad, 
¡ 0^ y cómo su tiempo ba sido mucho mas di- 
chosamente empleado que el tuyo i 

3 Mientras tu danzaste , muchas aliñas se 
despidieron dé esía tidá ctítíi mil ansias, y con- 
gojas: mil millares de hombres, y mugeres han 
sufrida grandes trabajos en áus camas f eii \oí hos- 
pitales , y en las calles : la gota , la piedra , la» 
recias calenturas. \ Pobres de ellos , que no han 
tenido ninguno reposo ! £ Na- tienes tú ¿ pues,* 
compasión de ellos ?• ¿ Piensas tú que un dia na 
gemirás como ellos mientras otros dancen , ca<< 
xno tú has hecho ?• 

4 Nuestro Scñof , nuestra Señora, los An- 
geles, y los Santos te han visto en el bayle: sin» 
duda que te han tenido lástima , vienda tu co- 
razón embebecido en tal desatina y y atento 4 
semejante necedadv 

tom. m y 



306 OBRAS PE T>. FRANCISCO 

5 ¡ Pobre de mí , que mientras tu estabas 
allí , el tiempo se pasó , y la muerte se coro* 
no ! i No ves cómo ésta se burla de tí r y que 
te llama á su danza , en la qual los gemidos de 
to corazón servirán de violones, y donde no ha- 
rás sino una sola mudanza de la vida á la muer- 
te ? Esta danza es el verdadero pasatiempo de 
los mortales , pues pasan en un momento de tiem- 
po á la eternidad de gloria , ü de pena. Hete 
puesto estas pequeñas consideraciones ; pero Dios 
( si es que vive en tí su temor ) te traerá otras 
al mismo sugeto. 

CAPITULO XXXIIL 

Qudndo se pmJU jugar , / danzar. 

ara jugar , y cfcmzar lícitamente es menes- 
ter que sea por recreación , y no por afición, 
por poco tiempo, y no hasta cansarse, y desva- 
necerse, y que esto sea raramente; porque sien- 
do esto de ordinario , ya es hacer de la recrea- 
ción ocupación. ¿ En qué ocasiones , pues , se 
puede jugar, y danzar? Las justas ocasiones de 
la danza r y del juego indiferente son mas fie- 
qüentes: las de los juegos prohibidos son mas 
raras f como también tales juegos son mucho 



' DI QUEVE DO. 307 

mas reprehensibles , y peligrosos. Mas en tina 
palabra te digo , danza , y juega según las con- 
diciones que te be apuntado , quando por con- 
descender, y agradar á ía honesta conversación, 
en que estuvieres , la prudencia , y discreción 
te ío aconsejaren ; porque la condescendencia , co- 
ma pimpollo de la caridad , hace las cesas indi- 
ferentes buenas, y Tas * peligrosas permitidas, y 
asimismo quita la malicia á las que son en alga- 
lia manera malas. Por esto , pues, los juegos d¿ 
azar, que de otra suerte serían reprehensibles, 
no lo son , si alguna vez la justa condescenden- 
cia nos lleva á ellos. Hame consolado el haber 
teido en la vida del Bienaventurado Carlos Bor- 
romco r que condescendía con los Es^uízaros en 
ciertas cosa* , en las quales por otra parte era 
muy severo : y qué el Bienaventurado Ignacio 
de Loybla , estando convidado á j&gar, lo acep* 
tó. Quanto k Santa Isabel Reyna de Ungria, tam- 
bién á veces jugaba , y se hallaba en las juntas 
de pasatiempo , sin perjuicio de ía devoción, la 
qual tenia tan bien árraygada en su alma ; qite 
como las rocas que están al rededor 7 del lago de 
Rieta crecen siendo combatidas de las ondas, así 
la devoción crecia en medió de las pompas , y 
Vanidades & que su grandeza la exponía. Estos 
son los grandes fuegos que se inflama» f y cre- 

v a 



3 O 8 OBRAS DE D. FRANCISCO 

cen al viento ; mas los pequeños se apagan, no 
llevándolos cubiertos. 

CAPITULO XXXIV. 

Que es necesaria la fidelidad en las grandes 

y pequeñas ocasiones. , 



E 



A Esposo Sagrado en el Cántico de los Cán- 
ticos dice que su Esposa le. ha arrebatado su co- 
razón con uno de sus ojos , y uno de sus cabe- 
llos. Entre todas las partes exteriores del cuer- 
po humano no hay ninguna mas noble, sea por 
el artificio , ó sea por, la actividad , que el ojo, 
ni mas vil que los cabellos. Por esto, pujes,, el 
Divino Esposo quiere hacer entender , que no 
solo le son agradables las grandes obras de las per- 
sonas devotas , pero también las menores, y mas 
baxas ; y que para servirle a su gusto se debe 
tener gran cuidado de servir bien en las cpsas 
grandes , y altas , y en las cosas pequeñas*, y 
humildes; pues podemos igualmente por las unas, 
y por las otras robarle el .corazón por amor. , 

Aparéjate , pues, Filotea, á recibir muchas, 
y grandes aflicciones por puestro Señor, y asi- 
mismo el martyrio. Resuélvete de darle todo lo 
que tuvieres por mas precioso, si seagradasede 



' DE QTJfcVEDO. 309 

tomarlo : padre, madre, hermano, marido, mu- 
ger, Hijos, tus ojos mismos > y tu vida, porque 
á todo esto debes aparejar tu corazón. Mas mien- 
tras : la Divina Providencia ño te envia afliccio- 
nes tan sensibles , y grandes , y que no quiere 
dtf tí tus ojos , dale por lo menos tus cabellos. 
Diréte cómo íleves con paciencia las pequeñas 
injurias , ; las pequeñas incomodidades , las pér- 
didas de poca importancia , que te son quotidia- 
nas ; porque por media de estas pequeñas ocasio- 
nes, empleadas con amor, y dilección, ganarás 
enteramente su corazón , y le harás todo tuyo. 
Estos pequeños sufrimientos quotidianos , el mal 
de cabeza , el de dientes , la defluxion , el bra- 
vear del marido, y de la muger, el romperse un 
vidrio , el menosprecio , ó ceño , la pérdida de 
unos guantes, de una sortija, de un pañuelo, la 
pequeña incomodidad que recibimos en irnos á 
acostaf temprano, y levantarnos de mañana pa- 
ra rezar , para comulgar : la pequeña vergüen- 
za que se tiene haciendo ciertas acciones de de- 
voción publicamente 1 en fin todos estos peque- 
ños sufrimientos, tomados, y abrazados con amor, 
contentan en extremo á la Bondad Divina, la 
qual por vtn solo vaso de agua ha prometido la 
mar de toda* felicidades á sus fieles; y porque 
estas ocasiones se presentan á cada paso , es un 



3 I O OBRAS M D. FRANCISCO 

gran medio para juntar muchas riquezas espiri- 
tuales el emplearlas bien. * 

Quando vi en la vida de Santa Catalina de 
Sena tantos raptos, y elevaciones de espíritu/tan- 
tas palabras de sabiduría , y asimismo <Je predi- 
caciones hechas por ella , no dudé que con este 
ojo de contemplación hubiese robado el corazón 
de su Esposo Celeste ; pero igualmente me con* 
solo quando la vi en la cocina de su padre en- 
tender humilmente en el asador , atizar el fue- 
go , aparejar la vianda, amasar el pan, y hacer 
todos los mas bazos oficios de la casa," con ijn áni- 
mo lleno de amo*, y dilección para con su Dios, 
Y no estimaba en menos la pequera , y baxa 
meditación que hacía á vuelta de estos oficios vi- 
les , y abatidos , que los éxtasis , y raptos que 
tan i menudo tenia , los quales puede ser no la 
fuesen dados sino en recompensa de esta humil- 
dad, y desprecio. Su meditación, pues, era tal: 
Imaginábase que aderezando la comida para su 
padre ; la aderezaba para nuestro Señor , como 
otra Santa Marta : que su madre tenia el lugar 
de nuestra Señora , y sus dos hermanos el lugar 
de los Apóstoles, exercitándose de -esta suerte 
en; servir en espíritu á Coda la Corte Celeste, 
empleándose en estos servicios humildes con una 
grande suavidad , y mansedumbre , por quanto 



DS QUE VEDO. 3II 

sabia la voluntad de Dios. Hete dicho estos exem- 
plos, Pilotea , para que sepas quánto importa 
enderezar bien todas nuestras acciones , por vi- 
les que sean , al servicio de su Divina Magestad. 
Por esto te aconsejo, quanto puedo, imites 
esta muger fuerte, i quien el gran Salomón tan- 
to alaba : la qual ¿ como él mismo dice , ponia 
la mano en cosas fuertes , generosas y relevadas; 
y no obstante no dexaba de hilar: Puso la ma- 
no en cosa fuerte y y sus dedos tomaron el huso» 
Pon la mano en cosa fuerte , exercitándote en 
la oración , y meditación , en el uso de los Sa- 
cramentos, en dar amor de Dios a las almas, en 
derramar buenas inspiraciones en los corazones; 
y en fin en hacer obras grandes , y de impor- 
tancia, según tu vocación; mas no olvides tam- 
poco tu huso , y tu rueca ; esto es que prac* 
tiques aquellas pequeñas 9 y humildes virtudes, 
las quales como flores crecen al pie de la Cruz: 
el servicio de los pobres , la visitación de los en- 
fermos , el cuidado de la familia , con las obras 
que de él dependen , y la diligencia útil , la qual 
nunca te dexará ociosa; y á vuelta de todas es- 
tas cosas aplicarás palabras , y consideraciones se- 
mejantes a las que te he dicho de Santa Catalina. 
Las grandes ocasiones de servir á Dios se 
presentan raramente ; mas las pequeñas son or- 

V4 



3 11 OBI AS Dfi D. FRANCISCO 

diñarías. Quien fuere , />«*x ,^W *« & /«/a ( di- 
ce el Salvador mismo) le estableceré en lo mucho. 
Haz, pues , todas tus cosas á honor de Dios, y 
todas las cosas serán bien hechas, sea que comas, 
sea que bebas, sea que duermas , sea que te re- 
crees , sea que des vueltas al asador , con tal que 
sepas aprovechar tus negocios. Adelantarte has 
mucho delante de Dios, haciendo todas estas co- 
sas , porque Dios asimismo gusta de que las h?- 

CAPITULO XXXV. 

Qw fi^Jia de tener el espíritu justo , 
y racional 

Cromos hombres solo por la razón , y por esto 
es cosa rara el hallar hombres verderamente ra- 
cionales , por quanto el amor propio nos aparta 
de ordinario de la razón , trayéndonos insensible- 
mente á mil suertes de pequeñas, pero peligro- 
: sas injusticias , é iniquidades , las quales como las 
pequeñas raposillas (de quien se habla en el Cán- 
tico de los Cánticos) pierden las viñas, porque 
como son pequeñas , no se repara en ellas , y co- 
mo son en cantidad , no dexan de hacer mucho 
daño. Dime : ¿ las que te diré ahora no son ini- 
quidades , y sinrazones ? 



DE QUEVEDO. 3 I 3 

Acusamos por poco al próximo , y escusa- 
monos á nosotros en mucho : queremos vender 
muy caro , y comprar muy barato : queremos 
que se haga justicia en la casa agena , y que en 
la nuestra haya misericordia : queremos que to- 
men á buena parte nuestras palabras , y somos 
cosquillosos , y delicados con las que nos dicen: 
^querríamos que el próximo nos dexase su ha- 
cienda pagándosela, siendo mas justo que la guar- 
de él , dexándonos nuestro dinero : enojámonos 
con él porque no nos quiere acomodar , como 
si no fuera mas razón enojarse él porque le que* 
jemos desacomodar. 

* Si nos aficionamos á un exercicio , menos- . 
preciamos todo lo demás , y contradecimos to- 
do lo que no es á nuestro gusto. Si hay alguno 
dé nuestros inferiores que no tenga buena gra- 
cia , ó á quien alguna vez hayamos reprehen- 
dido , qualqnier otra cosa que haga nos parece 
mal y sin que dexemos nunca de molestarle , y 
gruñirle por las causas mas leves. Al contrario , si 
alguno nos es agradable por alguna gracia sensual, 
no cae en cosa mala que no la escusemos. Hijos 
hay también virtuosos , á quien los padres , y 
madres no pueden casi ver por alguna imperfec- 
ción corporal. Otros hay viciosos que son los favo- 
recidos por alguna gracia corporal. En todo, y por 



3 1 4 OBRAS DE X>. FRANCISCO 

todo preferimos los ricos á los pobres , aunque no 
sean, ni de mejor sangre, ni de mas virtud. Asi- 
mismo preferimos ios mejores vestidos: queremos 
nuestros derechos exactamente, y por entero, y 
que los otros usen de cortesía en la cobranza do 
los suyos : guardamos nuestros puestos puntuosa- 
mente, y queremos que los otros sean humildes, y 
condescendientes: quejámonos fácilmente del pró- 
ximo , y no queremos que nadie se queje de no- 
sotros. Lo que hacemos por otro, nos parece siem- 
pre mucho; y lo que él hace por nosotros , nos 
parece siempre nada. Somos en fin como las per- 
dices de Pafiagonia , que tienen dos corazones» 
porque tenemos un corazón dulce , gracioso , y 
cortés para con nosotros, y un corazón duro, se* 
vero , y riguroso para con el próximo. Tenemos 
dos pesas , la una para pesar nuestras comodida- 
des con la mayor ventaja que eos es posible % y 
la otra para pesar las del próximo con la menos 
que podemos. Y como dice la Escritura : Los 
labios engañosos hablan en un corazón ; y decir 
un corazón , quiere decir que tienen dos í y el 
tener dos pesas , la una pesada para recibir , y 
la otra ligera para dar , es cosa abominable de- 
lante de Dios. 

Sé pues , Filotea , igual , y justa en tus ac- 
ciones : ponte siempre en el lugar de tu próxi* 



3>E QUEV2D0, 3x5 

mo, y á él ponle en el tuyo, y así juzgarás bien* 
Haz cuenta que vendes quando compras ,y que 
compras quando -vendes* y así comprarás, y ven- 
derás justamente.. Jodias estas injusticias son pe- 
queñas, por quanto no obligan á restitución , si- 
no solo uos quedamos en los términos del rigor 
paralo quenas ^esiavorablc; mas no por eso nos 
dexan de obligar ¿la enmienda* por ser en efec- 
to grandes faltas de razón , y caridad. Y asimis- 
mo no se pieíde nada en vivir generosa , noble y 
cortamente , y con un corazón real , igual , y 
racionall. Acuérdate * Filotea mia ,'• de examinar 
á ixienudotu^ «corazón, si es tal pararon el pró- 
ximo, como querrías que el suyo fuese para con* 
tigo , «i estuvieras eti. su lugar, porque este es 
el punto de la verdadera razón. Trajano siendo 
censurado de sus confidentes , porque ( á su pa- 
recer) familiarizaba demasiado la Magestad Im- 
perial con los particulares respondió; Así es ver- 
dad ; mas debo yo ser tal- Emperador para con 
los particulares , qual desearía yo encontrar un 
Emperador , .si yo mismo fuera un particular. 



3 I 6 OBRAS D£ D. FfcANCÍSCO 

v 

CAPI-TÜIO XXX VL 
Dí lo* deseos. 



N. 



' o hay quien no sepa <jue nos debemos guar- 
dar del deseo de las cosas viciosas, porque el de- 
seo del mal nos hace malos. Y aun te diga mas, 
Filotea , que no desees las cosas que son peligro- 
sas al alma , como son los bayles , los juegos, y 
semejantes pasatiempos , ni las honras , ni car- 
gos , ni las visiones , y -éxtasis; porque hay gran 
peligro de vanidad , y daño en tales cosas. No 
desees las cosas muy apartadas, como son las que 
no pueden sucede* en mucho tiempo. Esto ha- 
cen muchos , y por este medio cansan , y disi- 
pan sus corazones inútilmente , y se ponen en 
peligro de grande inquietud. Si un mozo desea 
con mucha ansia el ser proveído en algún oficio 
arates de tiempo , de qué le sirve este deseo? Si 
una muger casada desea ser Religiosa , á qué pro* 
pósito l Si yo deseo comprar la hacienda de mi 
vecino , antes que él se determine á venderla, 
claro es que pierdo el tiempo en tal deseo. Si es- 
tando malo deseo predicar , 6 celebrar la Santa 
Misa , visitar los otros enfermos , y hacer los exer- 
cicios de los que están con salud; estos deseos no 



J>I QVEVEDO. 3I7 

son vanos, pues ea tal tiempo no e&tá en mi ma- 
no en efectuarlos ? Entretanto también estos de- 
seos inútiles ocupan el lugar de otros , que de* 
bfia tener, como el ser bien sufrido, bien acon- 
dicionado , bien mortificado , bien obediente , y 
bien manso en mis trabajos, que es lo que Dios 
quiere que yo practique por entonces ; pero no- 
sotros engendramos de ordinario deseos de mu- 
geres preñadas que quieren cerezas , y fresa» 
en el Otoño , y uvas frescas en la Primavera, 

De ninguna manera apruebo que una per- 
sona asida á alguna deuda , ó vocación , se em- 
barace en desear otra, suerte de vida,,, fuera dé 
la que le es conveniente 4 su deber > ni exerci- 
cips incompatibles á su condición presente; por-' 
que esto disipa el corazón ,• y le aparta de los 
exercicios necesarios. Si yo deseo la. soledad de 
los Cartuxos, perderé el tiempp , y este deseo 
ocupará el lugar del que debria tener de emplear*» 
me bien en mi oficio presente. Asimismo no quer- 
ría que se desease tener me|or iqgejiio , ni me- 
jor juicio; porque estos deseos son frivolos, y va- 
nos , y ocupan el lugar del que cada uno debía 
tener de cultivar ¡el *uyo, tal qual fuere; ni que 
se deseasen para servir á Dios los medios que no 
se tienen , sino que se empleen fielmente los quQ 
se poseen. Encádese esto , pues , qi*a*u ó á los 



3 I 8 OBRAS PE J>. FRANCISCO 

deseos que embebecen, y ocupan el coraron; 
porque quatrto á los simples deseos, no hacen nin- 
gún daño , con tal que no sean freqüentes» 

No desees las cruces, sino á medida de co- 
mo hubieres llevado fas que tuvieres presentes; 
porque es manifiesto engaño el desear el marty- 
rio , y no tener ánimo para sufrir una injuria. £1 
enemigo nos procura muchas veces traer gran- 
des deseos-, da objetos ausentes, y que no se pre- 
sentará» jamas, para divertir nuestro espíritu de 
los objetos presentes, en los quates, por peque* 
ños quer sean, nos podíamos aprovechar mucho. 
Queremos combatir los monstruos de África per 
imaginación , y nos dexamos matar en efecto de 
las menores serpientes que están en nuestro ca- 
mino por falta de atención. 

No desees las tentaciones, porque seria te- 
meridad ; sino emplea tu corazón para esperar- 
las animosamente , y defenderte quando se te 
ofrecieren. 

La variedad de viandas, principalmente si 
la cantidad es grande, carga siempre el estóma- 
go ; y si este es flaco le arruina. No hinchas tu 
alma de muchos deseos mundanos , porque es- 
tos te la dañarán de todo punto; ni tampoco es- 
pirituales , porque te embarazarán. 

Quando nuestra alma está purgada sintién- 



DEQUEVEDO. 315 

dose descargada de los malos humores, tiene un 
gran apetito de las cosas espirituales; y como 
hambrienta , no hace sino desear mil suertes de 
exercicios de piedad , de mortificación , de pe- 
nitencia , dé humildad , de caridad , y de ora- 
ción. Es buena señal , Fijotea mia, el tener tan 
vivo el apetito ; pero mirarás si podrás bien di- 
geiir todo loqué pretendes comer. 

Escoge, pues, con el aviso de tu padre es- 
piritual entre tantos deseos los que pudieres prac- 
ticar, y executar al presente; y en los tales pro- 
cura aprovecharte bien. Hecho esto , Dios te 
enviará otros , los quales también practicarás á 
su tiempo ; y de esta suerte no perderás ningu- 
no con deseos inútiles. No digo yo que se ha- 
ya de perder ninguna suerte de buenos deseos, 
sino que se deben executar por orden ; y los 
que no puedan efectuarse al presente , que se 
encierren en aígun rincón del corazón , hasta 
que se les llegue el tiempo, y entretanto efectuar 
los que estuvieren maduros , y en su sazón ; lo 
qual no digo solo por los deseos espirituales, si- 
no también por los mundanos, sin lo qual no po- 
dríamos vivir sino con inquietud , y embarazo. 



£20 OBRAS DE D. FRANCISCO 

CAPITULO XXXVII. 

Aviso jp ara los casados. 



E 



é\ matrimonio es gratr Sacramento : digo en 
Jesu-Christo, y en su Iglesia: es honroso á to- 
dos, en todos, y en todo; esto es, e» todas par- 
tes. A todos, porque las vírgenes mismas le de- 
ben honrar con humildad. En todos -, porque es 
igualmente santo, ?sí entre los pobres, como en- 
tre los ricos. En todo, porque su origen, su finy 
sus utilidades , su forma , y su materia son san- 
tas. Es el seminario del Christianismo, que hin- 
che la tierra de fieles para campllr cu el Cielo- 
el número de los escogidos. Así que la conserva- 
ción del bien del matrimonio es en extremo im- 
portante á la República , porque es lar raíz , y 
manantial de todas sus corrientes. 

Pluguiese á Dios que sfü amado Hijo ftiese* 
llamador en todas las bodas , como lo fue en las 
de Cana , pues no faltaría jamas el vino de' las* 
consolaciones, y bendiciones ; y el faltar este en 
ellas de ordinario , pues n© hay sino un peque- 
ño bien a los principios, es porque en lugar de 
nuestro Señor hacen venir á Adonis , y Venus 
ea lugar de nuestra Señora. Quien quiere tener 



eorderiHos hermosos, y manchados como Jactíby 
menester ha como él * quando las ovejas se po- 
tan a aparearse , ponerlas á los ojos las varillas 
hermosas , y de diversos colores: y quien quie- 
re tener un dichoso suceso en el matrimonio, de- 
berá en sus bodas ponerse í los ojos de la con- 
sideración k santidad , y dignidad de este santo 
Sacramento» pero en lugar de esto suceden mil 
desconciertos en pasatiempos > en festine» , y en 
palabras; y así no es de maravillar si los efectos 
son desreglados.» 

Sobre todo exhorto í íos casados el amor re- 
cíproco que el Espíritu Santo les encomienda tan* 
to en ta Escritura. Y no por eso se entiende que 
sea bastante el amarse el uno al otro con un amoí 
natural , porque las tórtolas aun hacen esto : ni 
el amarse coa un amor humano, porque los pa> 
ganos han usado lo mismo ; sino que hagáis como 
dice el gran Apóstol : Maridos y amad vuestr as 
mugir es tamo JesuChristo ama d su Iglesia. 
MugereSy amad vuestros maridos como la Igle* 
sia- santa ama a su Salvador. Dios nuestro 
Señor fue quieto llevó á Eva á. nuestro prime* 
Padre Adán , dándosela por muger. Dios tam- 
bién es f amigos hííos, quien con su mano invi- 
sible ha hecho el nudo de la sagrada atadura de 
v.úe&re matrimonio/y «l ; que os ha dado los unos 

TOM . IV* X 



3 % % OBR AS M J>. FJt ANCISCO 

i los otros. ¿Por qué, pues, no os acariciáis con 
un amor enteramente santo, enteramente sagra- 
do , y enteramente divino ? 

£1 primer efecto de este amor es la unión 
indivisible de vuestros corazones. Si se pegan dos 
pedazos de pino juntos , como sea el betún fino, 
la unión será tan fuerte y que faltarán antes los 
pedazos por las otras partes , que por la de la 
conjunción, ó ligadura. Dios, pues, junta el ma- 
rido á la muger en su propia sangre , y por es- 
to esta unión es tan fuerte , que antes se debe 
separar el alma del cuerpo del uno, y del otro, 
que el marido de la muger : y no se entiende 
esta unión principalmente del cuerpo , sino del 
corazón > de la afición f y del amor. 

£1 segundo efecto de este amor debe ser la 
fidelidad inviolable del uno para con el otro. An- 
tiguamente los anillos que traían en los dedos es- 
taban sellados, como también la Escritura santa 
nos los muestra. Este , pues > es el secreto de la 
ceremonia que. se hace en las bodas : la Iglesia 
por la mano del Sacerdote bendice una sortija, 
y dándola primero al hombre > dá á entender co- 
mo sella su corazón por este Sacramenta, para 
que jamas; después , ni el hombre , ni el amor» 
de otra ninguna: muger pueda entrar en él mien- 
tras viviere la que le lía sido dada por propia. 



DE QUEVEDO. 3^3 

Después el esposo vuelve a poner el anillo en 
la mano de la Esposa , para que recíprocamen- 
te sepa , que jamas su corazón; debe aficionarse 
de otro ningún hombre mientras viviere el que 
nuestra Señor acaba de darle- 

El tercer fruto del matrimonia es la pro- 
ducción, y legítima crianza de los hijos* Con ra- 
zón debéis estimar „ ó casados, el ver que Dios, 
queriendo multiplicar las almas „ para que eter- 
namente puedan bendecirle * os ha hecho coo- 
perantes de una tan digna obra por la produc- 
ción de los cuerpos, dentro de los quales derra- 
ma como rocío celestial las almas» criándolas co- 
mo las cria , y 'las infunde en los cuerpos. 

Conservad y pues > 6 maridos „ un tierno,, 
constante , y cordial amor para con vuestras mu- 
geres. Por esto la muger fue sacada de la costilla 
mas cercana al corazón del primer hombre, pa- 
ra que fuese amada de él cordial „ y tiernamen- 
te. Las flaquezas y enfermedades y sean del cuer- 
po f u del espíritu de vuestras mugeres > no os 
deben provocar á ninguna suerte de desden , si- 
no antes á una dulce, y amorosa compasión ; pues 
Dios las ha criado- tales „ para que dependiendo 
de vosotros 9 recibáis mas honra > y respeto, Te- 
nedlaSy pues, por compañeras;, pero de tal suer- 
te > que no dexeis por eso de ser los maridos 



3I4 OBRAS DE D. FRANCISCO 

superiores. Y vosotras, 6 mugeres, amad tier* 
na , y cordialmente , y con ufl amor lleno de res- 
peto , y reverencia los maricos que Dios os ha 
dado; porque verdaderamente Dios por esto los 
ha criado de un sexo mas vigoroso , y predomi- 
nante , y quiso que la muger fuese una depen- 
dencia del hombre , un hueso de sus huesos , y 
una carne de su carne , y que fuese producida 
de una costilla suya , sacada de debaxo del bra- 
zo , para 'postrar que debe estar debaxo de la 
mano, y guia del parido. Toda la Escritura san- 
ta os encomienda estrechamente esta sujeción, la 
qual no obstante , la misma Escritura os hace dul* 
ce , queriendo no solo que la llevéis con amor, 
pero ordenando a los maridos que la exerciten con 
grande dilección , terneza , y suavidad. Mari- 
dos , (dice S. Pedro ) llevaos discretamente con 
vuestras muger es 9 cm;t/con un vaso mas frá- 
gil , respetándolas con amor. 

Pero mientras os exhorto en el agradecer 
de mas en mas este reciproco amor que os de- 
béis , mirad que no se convierta en alguna suer- 
te de zelos ; porque sucede muchas veces , que 
así como el gusano se engendra de la manzana 
mas delicada, y madura, así los zelos nacen del 
amor mas ardiente , y vivo de los casados ; los 
quales , no obstante, dañan, y corrompen la sus- 



1VB QUEVSBO. 3aj 

tanda , y poco á poco engendran las riñas , di* 
sensiones , y divorcios. Es cierto que los zelos 
nunca se arriman í la amistad que recíprocamen- 
te está fundada sobre la verdadera virtud ; por 
esto, pues, son una indubitable señal de un amor 
en alguna manera sensual , y grosero ; y así se 
llegan siempre á lugares donde encuentran una 
virtud manca , inconstante , y sujeta á descon- 
fianza. Es , pues , una loca jactancia de^amistad 
el quererla exaltar por los zelos, porque los ze- 
los son una cierta señal de la grandeza , y gro- 
seza de la amistad ; mas no de su bondad , pu- 
reza , y perfección , porque la perfección de la 
amistad presupone la seguridad de la virtud de 
la cosa amada , y los zelos presuponen la incer • 
tidumbre. 

Si queréis, 6 maridos, que vuestras' muge- 
res sean fieles, enseñadlas esta lición con vues- 
tro exemplo. ¿Con qué cara (dice San Gregorio 
Nazianzeno) queréis fedir la honestidad á vues- 
tras mugeres , si vosotros mismos vivis en des- 
honestidades ? ¿ Cómo las pedis vosotros lo que 
no las dais a ellas ? ¿ Queréis que sean castas? 
Pues llevaos castamente con ellas. Y San Pablo 
dice : Cada uno sepa poseer su vaso en santifi- 
cación ; que si al contrario vosotros mismos las- 
enseñáis las glotonerías , no es de maravillar 

x 3 



3*6 OBRAS DE T>. FRANCISCO 

que recibáis deshonra *n su pérdida, Pero voso- 
tras ., 6 mugeres , cuya honra esta inseparable- 
mente junta ton la vergüenza , y honestidad, 
conservad celosamente ¿vuestra gloria , y no per- 
mitáis que ninguna suerte de disolución man- 
che la blancura de vuestra reputación. 

Temed toda suerte de ocasiones , por peque- 
ñas que sean : no deis lugar nunca á ninguna suer- 
te de requiebros. Qualquiera que os alabe vues- 
tra hermosura , y vuestra gracia , os debe ser sos- 
pechoso ; porque qualquiera «que alaba una mer- 
cancía que no puede comprar ^ de ordinario está 
tentado en extremo de hurtarla. Y si á alguna de 
vuestras alabanzas junta el menosprecio de vues- 
tro marido ., será ofenderos infinito ; y es claro 
que no solo el tal os quiere perder , pero que 
os tiene ya por medio perdidas; porque es cier- 
to que está va hecho la mitad del precio con el 
segundo Mercader, quando nos disgustamos con 
el primero. ■ 

Las damas , así antiguas , -¡como modernas, 
han usado el ponerse á las orejas perlas en nú- 
mero , por el gusto (dice Plinio) que tienen en 
pir la harmonía que hacen unas con otras juntán- 
dose. Pero en quanto á mí, que seque el gran* 
de amigo de Dios Isaac envió unos zarcillos ala 
casta RebeGa por las primeras arras de sus amores, 



DE QUE VE DO. 3*7 

cjreo que este ornato mystico significa la primera 
parce que, un marido debe tener ¿c una muger,. 
y la que la muger le debe fielmente guardar. Es- 
ta es la; ore ja,. 4 ;fin <lq que ningun.lenguage , ni 
ruido pueda entrar en ella , sino el dulce, y ami- 
gable son de tas palabra* casta*, y honestas, que 
son las perlas orientales del Evangelio ; por lo 
que nos debeqios siempre acordar (|u£ se empon- 
zoñan las almas por la oreja , Coma los .cuerpos 
por la. boca. - ^v. . 

El amor r y íickltdad juntos engendran siem- 
pre la familiaridad > y. .confianza. Por esto , pues, 
los Santos, y Santas han usado de muchas recí- 
procas, caricias en. s^matri^ttonio : caricias yerda* 
deramente amorosas,, pero castas j tiernas , pero 
sinceras. Así Isaac , y Rebeca , <el mas casto par 
de casados del anciano tiempo, fueron vistos por 
una ventana acariciándose de tal suerte , que aun- 
que sin ninguna muestra deshonesta * conoció, 
bien Abimel^c'que tío podían ser sino marido,? 
y muger. EL .gran San : Luis , igualmente rigu- • 
roso para (fon su carne, y tierno para con el amor' 
de su muger , .fue casi reprehendido en ser abun - < 
dante de tales caricias. Es verdad que , bien mi- 
rado , antes merecía alabanza , pues sabia tem~; 
piar su espíritu marcial , y animoso con estas me- 
nudencias lícitas á la conservación del amor, con- 



32$ OBRAS M ©. FRANCISCO 

yugal ; porque aunque estas pequeñas maestras- 
de pura, y honesta amistad no ligan los corazo- 
nes, con todo esto los acercan, y, juntan, y sir- 
ven de un entretenimiento agradable i la recí- 
proca conversación. 

Santa Móaica , estando preñada del gran 
San Agustín , le dedicó por medio de muchas 
ofrendas á la Religión Ghristiana , y al servicio 
de la gloría de Dios, según él piismo nos mues- 
tra , diciendo : Que ya él habia gustado la sal\ 
de J)ioi dentro del miféft^ ds suitiadre. 

Es una grande ¿nse&ri&a'para las mugeres 
Ghristianas el ofrecer á la Divina Magestad los 
frutos de sus vientres, aun antes que hayan lá^; 
lido á luz; porque Dios que -acepta la» oblacio- 
nes de un corazón, humilde \ y voluntario, fe- 
crunda de ordinario en tal tiealpo las buenas afi- 
ciones de las madres, testigos Samuel, Santo Tilo- 
mas de Aquino , San Andrés de Fiesola , y otros • 
muchos. La madre de San Bernardo , madre dxg^ 
na 4c tal hijo , tomaba sus hijos en sus bratfb*; 
luego ijxie habían nacido, y los ofrecia á Je<* 
su-Christo, y ddsde entonces los amaba con res- 
peto , como á cosa sagrada y y que Dios ¿e los 
habla confiado y lo qual la sucedió tan dichosa»- 
mente , que^n fin fueron todos siete muy Saa* 
tos» JLuego que los hijos -comienzan á ser y use de* 



' B« «ITEVEDO. 329 

la tazón , los padres , y las madres beberían te- 
ner un gran cuidado dé imprimirles en el corazón 
el temor de Dios. La buena Reyna Blánca.hlzo 
fervorosamente este oficio con su hijo el Rey S. 
Ltífe perqué le decia itíuy amenudo : Mucho 
maé querría y amado hijo mió, verte morir dmis 
djés\ que el verte comete? un solo pecado mortal. 
lo qual quedó de suerte grabado en el alma de 
csite Santo hijo , que , £00» él mismo -contaba > no 
habia diá en que no se le acordase , trabajando 
quanto le era posible en bien guardar esta di-» 
Vina doctrina. Las razas , y generaciones son lla- 
madas en nuestra \cngux<asas ; y asimismo los 
Hebreos llaman á la generación de los hijos edi- 
Jic ación de casa ; porque en este sentido es en 
<á que -se ha dicho que Dios edííco casasyá las 
satóarmugeres de Egyjíta. Esto es , pues , pa- 
ra mostrar que no es hacer una buena casa el 
abastecerla de muchos bienes mundanos ,' «¿no 
el bien industriar ios hijos 1 en *i tenjor derDios, 
y virtud* • •./'".'"* 

<-E tf esto , pues , lio -se d¿be rehusar níngu- 
ria suerte de pena , y trabajos; pues los hijos son 
lá corona «de los paárés. Así Santa Mónica «com- 
batió con tanto fervor, y constancia las malas in- 
clinaciones de San Agustín, que habiéndole se- 
guido por mar, y por- tierra, le hizo mas dicho- 



3 3 * OBRAS DE I>. TK ANCISCO 

s amentc hijo de sus lágrimas por la conversión 
de su alma , <jue no habia sido hijo de su san- 
gre por la generación de su ¡cuerpo. 

San Pablo dexa i cargo de las anugeres el 
cuidado de la casa. Por esto muchos tienen e$ta 
verdadera opinión de que su devoción <e$ rqai 
fructuosa i la familia ,, «que Ja de <suá maridos ; 
los quales¿ como no jixeen .una ordinaria residen- 
cia entre «us domésticos , no pueden por corp¿- 
guiertte guiarlos tan fácilmente i J4 virtud. A 
esta consideración Salomón oii sus Proverbios ha- 
ce derivar la buena dicha de toda la casa del 
cuidado , é industria de aquella muger fuerte 
que escribe.: , .; 

k - Yernos *n el Génesis 4 -que.Isaac tyieudo. 4, 
su mugerRebcca estéril, Togó al Se fk)J" pos .ellas 
6 ( spgun los Hebréor} rogó al Señor Ji£BtC:á 
frente de ella ; porque ^1 uno rezaba del un la* 
do del Oratorio , y iel otro del otro. También la 
oración. 'del marido vjJtticha ¿en .esta forma , fue 
oida. Es la mayor , y mas fructuosa unión del 
marido , y dé la mbger la que ~se liace en la 
santa devoción , i la qúal se deberían llevar uno 
a otro. Hay frutas como ¿1 ínembrilló, «jue por 
la aspereza de su zumo/no -son muy agradables 
sino en conserva. Hay otras, qué por su ternu- 
ra ,; y delicadeza no pueden durar sino se po- 



»-B QüEVEDO, . 33I 

uen también en conserva, como son las cerezas, 
y albaricoques. Así las mugeres «deben desear que 
sus maridos estén confitados en el azúcar ¡de la 
devoción; poique -el hombre -sin la devoción es 
lía animal severo., áspero, y rudo: y los ma- 
djioSf deben desear <jue sus mugeres s&n devo- 
ta? ; porque sin la devoción la muger es en ex> 
tremo fragil : , y sujeta a .caerse, y apartarse de 
la yirtud^Saa I^blo dice que el hombre infiel 
■eái «santificado, por la muger fiel, y la muger in* 
$$l por el hombre fiel; porque <en esta estrecha 
alianza del matrimonio puede el uno fácilmente 
llevar al otro ala virtud. 5 Mas <jué bendición es 
quandoiel homfcrS , y la muger íefes se santi- 
fican el uno al otro en un verdadero temor de 

En lo demás deben sobrellevarse recíproca- 
mente el uno al otro , y con tanto cuidado , y 
ampr que i>o lleguen jamas los dos i enojarse 
juntos, á un mi$n?o -tiempo , y. de repente , para, 
que así entre <ejk>s ¿10. se vea ninguna disensión, 
ni riña. Xas .abejas no pueden residir en lugares 
donde se oyen los .ecos, y zumbidos , y lasre^ 
peticiones ¿leyóos ; ni tampoco el, Espíritu Saa- 
to en una casa , en la qual hay discordias /ré- 
plicas , y alborotos de gritos,. y altercaciones. 

San Gregorio 'Nazianzeno dice .que en su 



O 



3 5 1 OBRAS M D. FRANCISCO 

tiempo hacían fiesta los casados en el día aniver- 
sario de sus bodas. En verdad que yo aprobaría 
que esta costumbre se introduxese, con tal que 
t\ó fuese con aparejos de recreaciones mundanas/ 
y sensuales; sino que confesados, y comulgadi» 
los maridos, y las mugeres tn tal día, eneomen» 
dasen á Dios, con mas fervor que de ordinario, 
el progreso de su matrimonió, renovando los bué~ 
nos propósitos de santificarle de mas en mas por 
una recíproca amistad, y fidelidad^ tomando* ama- 
nto en nuestro Señor para llevar , y cumplir con 
las obligaciones de su estado. 

CAPITULO XXXVIII, 

De la honestidad de la cama nupcial. 



/a cama nupcial debe ser inmaculada , como 
el Apóstol la llama ; esto e$y ementa de deshones- 
tidades , y otras 'manchas profanas. También el 
santo matrimonio fue primeramente instituido 
dentro del Paraíso terrestre , donde nunca hasta 
entonces habíahabido ninguna desorden de con- 
cupiscencia i rA cosa deshonesta. • ' 

No dexa tic haber alguna semejanza entre 
Ib* deley tes -Vergonzosos, y los del comer, por- 



DE QUE VEDO. 333 

que entrambos á dos miran á la carne. Bien es 
verdad que los primeros, á razog de la vehemen- 
cia brutal , 9e llaman simplemente carnales. Ex- 
plicaré , pues, lo que no puedo decir de los unos, 
por lo que diré de los otros. 

I £1 comer es ordenado para conservar Jas 
personas. Como el comer , pues , simplemente 
para mantener , y conservar la persona, es cosa 
buena , santa , y mandada ; también lo que se 
requiere en el matrimonio para la producción de 
los hijos , y multiplicación de las personas , es 
una cosa buena, y muy santa , por quanto este 
es el fin principal del casamiento. 

a El comer, no por conservar la vida, 
sino por conservar la recíproca conversación 
y descendencia que nos debemos los unos á los 
otros , es cosa muy justa , y honesta : y de la 
misma manera la recíproca , y legítima satisfac- 
ción de las partes en el santo matrimonio es lla- 
mada por S. Pablo deber, y aun deber tan gran- 
de, que no quiere que la una de las partes pue- 
da eximirse de él , sin el libre, y voluntario con- 
sentimiento de la otra ; ni aun asimismo por los 
exercicios de \z devoción, según tengo dicho en 
una palabra en el capitulo de la santa Comu» 
nion cerca de este sugeto. ¡Quinto menos, pues, 
se podrán eximir por, las caprichosas pretcnsio* 



334 OBRAS DE D. FRANCISCO 

nes de virtud, ó por las cóleras ,. y desdenes! 

3 Como los. que comen por el deber de la 
recíproca conservación, debea comer libremente, 
y no coma por fuerza , sino antes dando muestras 
de tener apetito; también el deber nupcial debe 
cumplirse fiel y francamente > y de la misma ma- 
nera que si fuese con esperanza de la producción 
de los hijos , aunque por alguna ocasión se ca- 
rezca de tal esperanza. 

4 Comer ,, no por las dos primeras razones» 
sino simplemente por contentar el apetito y es co- 
sa soportable „ mas no digna de alabanza v por- 
que el simple placer del apetito* sensual no pue- 
de ser objeta suficiente í hacer una accioa loa- 
ble ; basta , pues , que sea. soportable. 

5 Comer , na por simple apetito „ sino por 
exceso , y desorden,, es cosa mas d menos vitu- 
perable y según es el excesa grande 6 pequeño. 

6 EL exceso , pues , de comer na consiste 
solo en la demasiada cantidad r sina también: en 
el modo , y manera de comer. Na es poco de 
notar , amada Filotea , el ver que la miel sien- 
do tan propia, y saludable á las abejas , las pue- 
da , no obstante , ser dañosa , y tanto , que á 
veces las enferma , como quando comen dema- 
siado en la Primavera , porque entonces las dá 
un fluxo de vientre , y algunas veces las hace 



í>k quevei>o* 335 

morir sin remedio r coma quando tienen enme- 
lada la cabeza , y alas. Es cierto que el comer- 
cio nupcial,, que es tan santo, tan justo, tan dig- 
no de recomendación , y tan útil ala República, 
es no obstante en ciertos casos peligrosa ít los que 
le practican ; porque a veces los enferma en ex* 
trema las almas de pecado venial , coma sucede 
por los simples excesos, y í veces las hace mo- 
rir por el pecado mortal , como sucede luego que 
la orden establecida por la producción de los hi- 
jos es violada, y pervertida; en clqual caso, se- 
gún se apartan mas y ó menos de esta orden , los 
pecados se hallan mas,, ó menos execrables , pe- 
ro siempre mortales ; porque como la procreación 
de los hijos es el primero r y principal fin del ma- 
trimonio, jamas se puede lícitamente apartar de 
la orden: que esta requiere > aunque por algún 
otro accidente no pueda la tal por entonces ser 
efectuada , coma sucede quando la esterilidad, 
ó preñez estorvan la producción, y generación, 
porque en estas ocurrencias el comercio corporal 
no dexa de ser justo y santo, con tal que las reglas 
de la generación sean observadas; y esto porque 
ningún accidente puede jamas perjudicar la ley 
que el fin principal del matrimonio ha impues- 
to. Por cierto la infame, y execrable acción que 
Onan hizo en su casamiento , era abominable de- 



336 OBRAS Pfi J>. FRANCISCO 

lante de Dios r scgua dice el Sagrado Texto en 
el capítulo 3 8 del Génesis. Y aunque algunos 
Hereges de nuestro tiempo , cien veces mas re- 
prehensibles que les Cyaicos (de quienes habla 
Sao Gerónimo en la Epístola á los Efesios ) ha- 
yan querido decir que era la perversa intención 
de este mal hombre la que desagradaba á Dios; 
la Escritura nos muestra al contrario, y asegura 
en particular , que la cosa misma era detestable, 
y abominable delante de Dios. 

7 Es una verdadera señal de un espíritu per- 
dido , villano , abatido , é infame , el pensar ea 
las viandas, y manjares ante* del tiempo de co- 
mer; y aun mas quando después de él se divier- 
ten con el gusto que han recibido en fc comida, 
entreteniéndose con palabras, y pensamientos , y 
revolviendo sp espíritu por la memoria del de~ 
leyte que han recibido af comer de los bocados, 
como hacen los que antes del comer tienen el 
pensamiento en el asador , y después en los pía* 
tos : gentes dignas de servir en la cocina, los qua- 
lcs hacen ( como dice S. Pablo ) un Dios de su 
vientre. La gente de honra ne piensa en la me- 
sa, sino quando se sienta á cHa ; y después de 
la comida se lavan las manos , y la boca , para 
que no les quede ni el gusto , ni el olor de lo 
que han comido* El elefante no es sino una bes- 



6a -gnmriiS pero* la m» diga*, d* alabanza de 
guantas viven ,, y' qué rierteannresentidoi Quic!- 
xo decirte uri poc? acep^jde sti honestidad, 
(¿cianto á lo primero no mpefo; nanea. 4e hen*- 
hra , y ama tier «¡amento ;la <jue una tez ha en- 
cogido v coa la quaU jto oblante , ao se- junfa 
¡¿uto de t*es. en _fte$ woi í y : £qrs<$los ciato dias; 
^y esto cm**«tte secreto* ¿uta wnea e$ vistosa 
el acto } pero esiyrtto. el. jcííp . fcUá , eix el qual 
.ante todas oosfe w y* derecho á alguna ribera, 
donde fe Jsí*2 ^$rameífte:ípdo el «uorpa, sin 
(<juerer.de/uinguna suerte volver á la tropa ,' há*- 
ta haberío ppmíro. limpiado^ y purificada- ¿ N© 
ion , dhnf , -h* de este., jroájna}. * herrftQsas y ho- 
nestas propiedades ? Por ellas: .muestra á ios caí- 
sadosi np quedarse empeñad©* de afición, en las 
sensualidades, í y deleytes.jí*|ao según su voca- 
ción hufóef en ejercitado ¿ siaof(quc pasados es- 
tos ) áevlavenrci corazón , y Ja^fidon , y se purt- 
fiqucnifjQtotftítPíw j par^que después con toda 
libertad de espíritu puedan practicar las otras ac- 
ciones mas puras , y relevadas: En este aviso con- 
srste la perfecta práctica de la excelente doctri- 
na qué San Pablo di í los Gorin thios : El tiem- 
jpo es corto ( dice ]f : menester es que los que tie- 
nen mtiger sean cerno sino la tuviesen ; porque, 
según San Gregorio > aquel tiene una rau¿er co- 
jo** ir. v 



3 §8 OBRAS DE 1>. FRANCISCO 

Aio sino la tuviese , que goza de tal suerte de 
los consuelos corporales con ella, que no por e$o 
se aparte de las pretensiones espirituales. Lo que 
se dice, pues , del marido, se entiende recípró* 
camente de la mngtx'xQutlos que Usan del mundo 
( dice el mismo Apóstol) sean como sitióle usa* 
sen. Que todos r pues ,- use» del mundo , cada 
uno según su estados pero de tal- manera , que 
no empeñando la afídorr > se hallen libres* y pron- 
tos al servicio de Dios > como si na usasen de 
él. Es el mayor mal del hombre £dice$. Agus- 
tín) el querer gozar de las cosa* > de que solo 
debería usar, y el querer usar de aquellas de que 
debería solo gozar. Debemos ,. pues > gozar de 
las coisas espirituales ,. y solo usar de las corpo- 
rales , de las quales?, quando el uso es conver- 
tido en gozo , niícstraralma racional se convier- 
te también en alma brutalVy bestiaL Pienso ha- 
ber dicho todo lo que quería deC\f?>y fiecho en- 
tender, sin decirlo , Jo qué no-quería decir. 



. j>i ^uavedo.- '3^39 

CAPITULO XXXIX. 

Avisó para las viudas. 

C/an Pablo instruye toaos: los Prelados en la 
persona de su Timotheo , diciendo ¿ Honra las 
muías f .que son verdaderamente viudas. Para 
ser f pues i verdaderamente viuda f son necesa- 
rias estas cosas : 

Que la viuda no sea solo viuda de cuerpo 
sino de ¿órazort; esto es , que ha de vivir con 
una resolución inviolable de conservarse en el 
estado de una casta viudez i porque las viudas, 
-que no lo son sino mientras esperan h ocasión, 
de tornarse á casar: , no están separada* de los 
hombres sino según el deleyte del cuerpo ; pe* 
ío están juntad cort ellos según la voluntad del 
corazón. Que si la verdadera viuda i pafa con- 
: servarse en el estado de viudez f quiere ofrecer 
á Dios etí voto stí cuerpo?, y su castidad , jun- 
tará sin duda un gran atavío á stí viudez, y pos- 
ará en gran seguridad sil resolución i porqtje 
riendo que después del voto no esr¿ mas en su 
; mano el dexar: la castidad ¡ útí dexar el Pa- 
. raiso , vivirá tan zelosa de su promesa , que no 
dará lugar ai un solo momento en su corazón^ 

ya 



34° OBKASDfcD. ÍRAtfClSCO 

Jos mas simples pensamientos de casamiento : por- 
que el voto sagrado pondrá úná fuerte barrera 
entre su alma , y toda suerte de trazas contra- 
rias á su resolución. San Agustín aconseja extre- 
mamente este voto á la viuda christiana: y el an- 
tiguo, y docto Orígenes pasa aun mas adelan- 
te , porque aconseja á las mugere? casadas ha* 
gan voto, y se destinen á la castidad viudal (en 
caso que sus maridos viniesen i morir antes que 
ellas) 'para que entre los placeres sensuales, que 
podrían tener en su matrimonio, puedan- no obs- 
tarte gozar del merecimiento de una casta viu- 
dez por medio de esta anticipada promesa. £1 vo- 
to hace las obras hechas en sir seguimiento, mas 
agradables i Dios , fortifica ei ánimo paira ha- 
cerlas , y no solo di á Dios las obra* ( que son 
como los frutos de nuestra buena voluntad) ; pc- 
Íq le dedicar aun la voluntad misnft, que es co» 
lito el árbol de nuestras acciones. Por la simple 
.castidad prestamos nuestro cuerpo á Dios, no 
dexando per eso <Jc quedarnos la libertad de en- 
tregarle otra vez á los placeres sensuales ; mas 
por el voto de castidad le hacemos un don abso- 
luto , é irrevocable de «1 , sin qtic nos reserve- 
mos ningún: poder de desdecirnos ; haciéndonos 
por este medio dichosamente esclavos de aquel, 
aiy& servidumbre es mejor que ^el mayor Rey- 



no. Así ¿orno apruebo infinito los avisos de es- 
tos dos grandes varones, así desearía también que 
las almas que fueren tan dichosas , que quieran 
seguirlos , sea prudente t santa y sólidamente/ 
habiendo examinado sus fuerzas, invocado la ins- 
piración .celeste , y tomado el consejo de algún 
sabio , y devoto Maestro 5 porque de esta suer- 
te todo se hará mas fructuosamente. 

2 Fuera de esto, es necesario que esta re- 
nunciación de segundas bodas se haga pura y 
simplemente , para que con mas pureza pueda 
poner toda su, afición en Dios , y juntar por to- 
das partes su corazón con el de su Divina Ma- 
gestad; porque si el deseo de dexar los hijos ri- 
cos , ó alguna otra suerte de pretensión munda- 
na , hace quedar la viuda en viudez > seguirá - 
sele ( podrá ser ) alabanza , pero no delante de 
Dios } porque delante de Dios nada puede te- 
ner verdadera alabanza, sino lo que sé hace por 
Dios. 

3 35s menester aun mas, que la viuda, pa- 
ra ser verdaderamente viuda , esté separada. , y 
voluntariamente destituida de los contentos pro- 
fanos. La viuda que vive en placeres ( dice S. 
Pablo ) esta muerta en vid#. Querer ser viuda, 
y gustar 4 no obstante esto, de que la enamore n> 
y acaricien-: querer hallarse $&<krt bayles, dan» 

*3 



34* OBRAS M P. FRANCISCO 

za* , y festines ; querer andar perfumada , afey- 
tada , y muy «compuesta; esto es ser una viuda 
viva quanto al cuerpo , pero muerta quanto al 
alma ¿ Qué importa ( dime por fu vida ) que 1¿ 
insignia de la casa de Adopis, y del amor profa- 
no este hecha de garzotas blancas , puesto á ma- 
nera de penacho , 6 de un velólo negro, exten- 
dido i manera de redes } y al rededor de la ca- 
ra y si las mas veces lo negro se pone con mas 
yanidad sobre ¿1 blanco , para mejor relevar la 
color ? JLa viuda , como ha hecho prueba del 
modo con que las mugeres pueden agradar á 
los hombres , ¿abe ponerlos en sus almas <ceboj 
jrnas peligrosos, 

JLa viuda , pues , que vive jen estos locos 
placeres , en vida está muerta ; y po es, hablan- 
do con propiedad , «ino un ídolo de viudez. 

JEl tiempo de cortar ha venido : la voz de 
la tórtola ha sido pida ¿n nuestra fierra , dice 
el Cántico. El cortar las superfluidades munda- 
nas es jnecesario i qualquiera que quiere vivir 
piadosamente > y principalmente á la verdade- 
ra viuda ; la qual> como una casta íórtola , no 
acaba de llorar , y gemir , y lamentar la pérdi- 
da de su marido* Quaxidp Noemi volvió de Moab 
á Belén , las mugeres de la Villa , que la ha- 
bían conocido al principio de su casamiento, de- 



, xx qusvkdo. 343 

dan unas á otras : No es esta Noemi? A que res- 
pondió ella : No me llaméis Noemi os ruego 
( porque Noemi quiere decir graciosa , y hermo- 
sa): llamadme antes Mará» porque el x Señor ha 
henchido mi alma ¿c amargura ; lo qual decía 
por quanto su marido eraxpuerto. Así qué la 
viuda devota no quiere jarnos $er llamada f y es- 
timada ni por hermosa , ni por graciosa, antes 
se contenta con ser lo que Dios quiere que sea; 
esto es , humilde, y mortificada á sus ojos. 

Las lamparas 4jue tienen el olio aromático, 
despiden de *í un muy suave olor quando las 
apagan la luz. Así las viudas , cu jo .amor ha si* 
do puro en su casamiento, derr,anw\ un precio- 
so , y aromático olor de virtud d,e castidad , quan~ - 
do su luz , esto es , *u marido , <es apagada por 
la muerte. Amar al marido, ^iiea tras vive , cosa 
es no dificultosa entre las jnujgerps ; mas amar-» 
le aun después de su muerte, jno puede desear- 
se mas : grado ¿s de amor , que solo pertenece 
á las verdaderas yiudas. JEsperar en Dios mien- . 
tras el marido .sirve de apoyo ¿ no es cosa tan 
rara; mas esperar ¿n pios, quedando sin el arri- 
mo , cosa es dign¿ de gran alabanza. Por esto, 
pues , se conoce ¡mas fácilmente en la viudez la 
perfección de las virtudes que se han tenido en 
el casamiento. 

*4 



344 . OgXA* ''*>* *>• FRAN¿I¿CO 

La.víucfa que queda con hijos, 'que tiene* 
necesidad de su enseñanza, y guia , y prtntipal- 
mente en lo que mira al alma ; y establecimiento 
de íu vid^, no puede, ni debe abandonarlos; 
porque d Apóstbl'Sán Pablo dree claramente 
que -son obligadas á este cuidado ,- pof qué así paV 
guen el mismo qufc'$us padres - 9 ^Shadres tuvie- 
ron ; y también* porqueí'si-algtíno h& tíeñé cuen- 
ta de los suyos., y* prmcipalmefite de aquellos 
de su familia , es peor que infiel.- Mas si los hi- 
jos se hallan 'én estado que no tengan necesidad 
de la educación de-Stre maridos, entonces la viu- 
da debe poner toda su afición, y pensamiento 
qp aplicarlos mas puramente á su adelantamiento 
4P el amor de Dios. 

Si alguna fuerza forzosa so obligar la con- 
ciencia de la verdadera viuda í los embarazo; 
exteriores , .como son 'los plejttos , yo la aconse- 
jo se apártele ellos de todo punto , y siga el 
njétodo en el conducir sus negocios, aue sea mas 
sosegado, y modesto, aunque parezca no ser el 
mas fructuosas porque seria necesario que los 
provechos de semejantes diferencias fuesen muy 
grandes para ser comparados con el bien de una 
santa tranquilidad ; dexando aparte que los pley- 
tos , y otras tales marañas disipan el corazón , y 
abren muchas veces la puerta á los enemigos de 



lá castidad, mientras que per agraciará aquellos, 
de cuyo favo* tienen necesidad , usan de accidttes, 
y ademanes indevotos , y desagradables á Dios. 

La oración sea el continué ejercicio de la 
viuda»; porque como no debe tener mas amor si* 
no para con su Dios, así también no dlebeTencr 
cm mas palabras sino para con su Dios % yco» v 
mo el hierro , que impedido de seguir la atrac- 
ción del imán por causa de la presencia del dia- 
mante, se arroja al mismo imán luego que el dia- 
mante se <le aparta ; así el corazón de la viuda, 
que buenamente mo pódia del todo arrojarse á 
su -Díqs , ni seguir los atraimientos de su <iivi-^ 
no amor durante la vida4e.su marido, debe lue- 
go después de so muerte cotarer con ardor, y di~~ 
ligencia al olor de los perfumes edestes, dicien- 
de como á imitación de la Sagrada Espdtei : O, 
Señor ! ahora que soy toda mia , recibidme to- 
da por vuestra ;♦ llegadme 'cerca de vos , corre- 
mos , Señor al olor de vuestros ungüentos. 

£1 exerekio de las virtudes propias á la san- 
ta viuda son la perfecta modestia , la renuncia- - 
cion de las honras, de los puestos /de las jun- 
tas , de los título's , y de todas sumes de vani- 
dades : el servicio de los pobres ,< y enfermos, la 
consolación, de los afligidos , la introducción de 
las doncellas á la vida devota, el hacerse ún ver- 



3 4 6 OBRAS ?ft !K FRANCISCO 

dadero ¿xemplo de todas Jas virtudes para con 
las mozas casadas. La limpieza, y la simplicidad 
son los dos .atavíos 4* ¿us vestidos; la humildad, 
y Ja &tid?4 Jos dos «atavíos ¿fe sus acciones : la 
honestidad* y mansedumbre, los dos atavíos de 
su Jenguage; Ja modestia, y honestidad, el ata* 
vio de sus ojos ; y Jesu-£hristo crucificado , el 
único jamoi de su corazón 

En fin, la v^rda^ra jriuda en la Iglesia ct 
una. pequeña violeta de Marzo , que ¿despide una . 
s¡n igual ¿suavidad con el olor de su devoción, 
guardándose casi siempre escondida debaxo las 
anchas hojas de su mismo .menosprecio , y por 
su color menos viva verifica la cnordjkacion : pro- 
cura siempre hallarse /en Jos lugares quietos , y 
solos , por no ser combatidla de la conversación 
dp los «mundanos, y conservar mejor la frescura 
de¿u corazón contra todos los ardores que el de* 
seo.de los bienes , de las honras , y asimismo de 
los amores , la podrían ^carrear. Sera la tal ¡nena' 
venturada ( dice el Apóstol ) si persevera de 
esta suerte. 

Podría decir x>tras muchas ¿osas acerca de 
este sugeto ; mas habrélo dicho todo quando ha- 
bré dicho que la viuda zebsa de Ja honra de su 
estado lea con ¿tención las doctas epístolas que 
el gran San Gcrónymo escribe á Furia, y Salvia^ 



DE QtTEVEDO; 347 

y i todas aquellas otras damas que fueron tan 
dichosas 9 que merecieron ser hijas espirituales 
de un tan gran Padre; porque jno se puede aña» 
.dir tosa 4 lo que él dice, sino este advertimien- 
to, que la verdadera viuda no debe jamas ¿i me- 
nospreciar^ ni censurar i las que pasan 4 segun- 
das, ó asimismo á terceras, ni quartas bodas, por- 
que en ciertos casos Dios lo dispone así para ma- 
yor gloria $uya ¿ y deben tener delante los ojos 
esta doctrina de los antiguos , que ni la viudez, 
ni la virginidad tiene puesto en el Cielo , sino 
¿quel que le es señalado por la humildad. 



N. 



CAPITULO XI. 
JJna j>alabr& a las roírgems. 



I p tengo , 6 vírgenes , que deciros sino so- 
las estas tres palabras , porque por ellas podréis 
percibir lo demás. Si pretendes él casamiento 
temporal * guardarás gelosa tu primer amor pa- 
ra tu primer marido. Pienso que <cs un gran en- 
gaño el presentar en lugar de un corazón en- 
tero , y encero , un corazón jasado , trasegado , 
y contamipadp de amor. Pero si tu buena di* 
cha te llama á las castas , y virginales bodas es- 
pirituales, y que quieres para siempre conservar 



34& ¿ftftA* «E D. FRANCISCO 

tn virginidad , conservarás tu amor mas delica- 
damente que puedas para este Esposo Divino, 
que como es h pureza misma no ama cosa tan- 
te cono la purera , y á quien Jas primicias de 
tedas las cosas son debidas , y principalmente 
las del amor. Las Epístolas de San Geróny- 
mo te abundarán de todos los avisos que te son 
necesarios. Y pues que tu estado te obliga á la 
obediencia , escogerás una guia espiritual , de- 
haxo de cuya educación puedas mas santa- 
mente dedicar tu corazón , y cuerpo á su J>v 
vina MagestadL 

QÜARTA PARTE 

DE LA INTRODUCCIÓN, 

EN LA QUAL SE CONTIENEN 

Jos aviso/ necesarios contra las tentaciones 

mas, ordinarias. 

CAPITULO PRIMERO. 

Que no nos debemos embebecer con las palabras 
de los hijos del mundo. 

JLruego que los mundanos conozcan que quie- 
res seguir la yida devota , mostrarán contra tí 



D* QUSVBDO. 349 

itoil efectos de su maldiciente lengua : los m& 
malignos calumniarán tu mudanza , diciendo que 
es hypocresia , superstición, y artificio : dirán que 
el mundo te ha mostrado mala cara , y que pe* 
no quererte él te acoges í Dios : tu» amigar pro*- 
curarán con todas* veras hacerte inünita^ amonet- 
taciones muy prudentes , y caritativa^ i stí pa>- 
recer . Vos . vendréis á dar , dirá» otros ,-en algún 
humor melancólicas peroldrds el crédita con el 
mundo , hanéiso? insufrible , envejeceréis antes 
de tiempo, padecerán vuestro* negocios >domés^ 
tices;. Afemster es vivir e» ^l r mundo eomo en 
el mundo; -Salvarnos podemos muy biinsip tan- 
tos mysterios r y *>tras mil sofisterías ¿este tono. * 
. :Fildtea mia, todo- esto no es sino una loca, 
y van^ charlatanería > tales personas . nbvtitoen 
ningún cuidado f ni de tu salud \ nixte tuV ne- 
gocios. Si tú fuerasvki mundo ( dice el Salva- 
dor ), ti mundo amarra fo que es mj*V*ndsfor 
qnanto no trts del mundo , fot esioiu abvrrut. 
Vemos muchas veces hombres, y nmgeres par- 
ticulares pasar la noche entera , y aun muchas 
noches continuadas > enjugar alaxeére2,:y*ií Jas 
jiaypes. ¿Hay por ventura atención mas em- 
brida , melancólica y y triste ; x}ue esta 5 *N<¿ ^ mas 
no obstante esto, los aiuxadauo* no lo reprobarán, 
ni los amigos V afearán. Ypcr la medkaiciejj íie 



35° OBRAS PE D. FRANCISCO 

una hora». 6 por vernos levantar un poco mas do 
.mañana 1 que la ordinario paira prepararnos á la 
tcpnuinionv todos correrán al médico para sanarnos 
del humor; melancólico',, y de la terícia. Pasarán 
trebU' noches ei* ios hay les, y danzas y y no habrá 
quien^ se que|e ; y por solo haber velado la noche 
¿c Navidad y no habrá quien no tosa:, y se queje 
de todeteí cuerpo aí día siguiente; ¿ Quién dexa- 
rá de verjque todo cí mundo es un Juez iníquo, 
gracioso» y favorable' pars sus hijos, y áspero, y 
rigurosa par* coalofchijpsidje Dios T .. 

No- poetemos , pues; estar bien con el mundo, 
sino perdichdonos con él j ni es seguro ponernos 
á contender con eív porque tiene demasiado de 
bizarro.* Juan ef .venida (^dicc el Salvádbr) na 
cuntiendo r ni beldando^ y tu dices que está ende - 
montador el ' JFiifrdefJwmbr? ha venid* emienda? 
y bebiendo % y tú dices que es. Samar if/tt&.Vcxilwí 
es , Filotea, que si nos dexamos lie var por condes* 
cpndeitaia tf la risa , al 'juegoVy ¿ vla«íanza con 
el inundo, que el tal: sí escandalizará ¿sí.no lo 
hacemos , nos acusará; dírhypocreaig , 4 nielan- 
cóKax sirios componernos ,. ó ataviamos?* lo in- 
terpretará i algún malicioso designio ; si anda- 
mos, hunfüdcs, y sin ningnn*adorno , lo atribui- 
rá á poqueviad; > y vileza jde corazón. Nuestros 
jegocijos serán? DAmados.de él disoluciones , y 



DE QVJVIDO, 35I 

nuestras mortificaciones tristezas; y mirándonos 
de esta suerte de mal ojo* jamadle podremos ser 
agradables. Engrandece nuestras imperfecciones, 
y las publica por pecados t de nuestros:, pecados 
de enfermedad los; convierte ta pecados de ma- 
licia. En lugar, como dioe San Pablo : La cd» 
< ridad es benigna, al contrarió ft mundo es mar 
ligno. La caridad nunca piensa mal, y aí contra- 
rio el mundo siempre piensa mal; y quaodo na 
'puede acusar nuestras acciones, acusa nuestras 
intenciones. Ya tengan los carneros cuernos , ó 
'no ; ya sea» blancos f ó negros, no j>oir eso eUq- 
bo dexará de comerlos , si pueden 

En qualquiera cosa que hagamos, siempre 
el mundo nos hará la guerra : si nos tardamos 
mucho delante el Confesor , admirara la tardan- 
za , y dirá qué es lo que podemos, decir tanto 
tiempo. Si nos tardamos poca , dirá que no rios 
acusamos por entero : espíari todos nuestros mo- 
vimientos t y por la menor paíabta.de cólera afir- 
mará que son insufribles : el cuidado de nuestros 
negocios le parecerá avaricia i y nuestra manse- 
dumbre necedad* Y quanto á los hijos del. Alin- 
do, su cólera será generosidad ;> su [avaricia ca- 
sería , su* demasiadas familiaridades entreteni- 
mientos honrados. Las arañas ofenden siempre» 
y dañan la obra de las abeja*/ 



3 $ 2 OBRAS PEI>. FRANCISCO 

Dekomos. este ciego , Filotca : grite quan- 
to quisiere , como: la Jcchuza para inquietar lbs 
.páxaros del diá :' seamos firmes ea nuestros de- 
signios, constantes* ei* nuestras resokidoncs : la 
perseverancia }iara bien ver si ts ; cierto , y ver- 
dadero el habernos sacrificado i Píos, y dedica- 
de? ala vida-devota. Los Cometas g y Planetas 
soc*casi igualmente luminosos en apariencia ; j^As 
los Cometas se desaparecen en poootifjnpp, por 
quanto no son sino ciertos fuegos pastgerás ,/ y 
los Planetas tienen una claridad continua, y psf- 
petua, Así |a hypocreaa, y la verdadera yijti&d 
tiene entre sí , jquasto á lor^xte/ior , grande 
semejanza j/mas diferenciase iacilmente la una de 
la otra f y esto pottjoe la hypoCresia , como pa- 
ción prestada^ rio. puede ¿wíarJargo tiempo &n 
ser conocida ,- y así se pierda r y disipa come 
el humo ? inste Ja verdadera virtw4 es siempic 
firme , y consta Bth.- No nos. w pequen coro$~ 
efidad parxhracjíffííajegwrar el principio de nye«~ 
tradcvocion>el recibir oprobio, y calumnia, por- 
que por este mecjio evitárnoste peligro d$,vaj>¡ - 
dad?, y.sa^ttflMai/.qnosop &mQ^J&wtei%s : üc 
-£gyptov¿las?quak8 eL Faraoft >ii)f$fMl mando 
matasen? todbsÜoi, hijos varorics-d^ Israel el mis- 
.mq diá. (fekuátaoimienro. Somw^riucifica^^n 
el mundo f y ct mtí»do ; dobfcvsern^ crua&fftdp; 



PE QUEVEDQ. 353 

él nos tiene por locos ; tengámosle por desatina 
do. 

CAPITULO II. 

Que debemos tener buen ánimo. 

'a luz, aunque hermosa, y deseada de nues- 
tros ojos , los encandila , y deslumhra después 
que han estado largo espacio en alguna grande 
obscuridad ; y antes que nos familiaricemos coa 
los habitantes de alguna extraña tierra, por cor- 
teses , y apacibles que los tales sean , no dex^- 
rémos de hallarnos por algún tiempo algo extra- 
ños. No dudo, querida Filotea, sino que en es* 
ta mudanza de vida sentirás muchos asaltos , y 
contradiciones en tu interior ; y que aquella gran- 
de , y general despedida, que has hecho de las 
locura^ ,• y boberias del mundo , te causará ^al- 
gún resabio.de tristeza, y cobardía. Si esto te 
sucediere, ten un poco de paciencia, que no se- 
rá nada , ni otra cosa ,- sino un poco de espanto 
que la novedad acarrea: pasado esto , tendrás cien 
mil consuelos. Enfadaráte (puede ser al instan- 
te el dexar la gloria que los locos , y burladores 
te daban en tus vanidades. Mas, ó Pios ! ¿querrás 
tú perder la eterna , y verdadera que Dios te 
dará? Los vanos embebecimientos , y pasatiem- 

TQM. IV. Z 



3 5 4 OBRAS DS D. FRANCISCO 

pos en que empicaste los años pasados , se repre- 
sentarán aun á tu corazón , para cebarle, y ha- 
cerle volver de su banda. ¿Pero tendrías tú áni- 
mo de renunciar esta dichosa eternidad por tan 
engañosas liviandades ? Créeme y Filotea , que 
si perseveras , no tardarás ea recibir mil dulzu- 
ras cordiales , tan regaladas , y agradables , que 
confesarás que el mundo no tiene sino hiél en 
comparación de esta miel ; y que un solo día de 
devoción vale mas que mil años de vida munda- 
na. Mas bien ves que la montaña de la perfec- 
ción christíana es en extremo alta ; pues , pobre 
de mí! (dirás) ¿ cotilo podré subir á ella? Ani- 
mo , Filotea. Quando las pequeñas mosquillas 
de las abejas comienzan á tomar forma , no sa- 
ben volar sobre las flores > ni montes , ni sobre 
'las colinas vecinas, para juntar la miel ; pero po- 
co á poco y criándose de la misma miel que sus 
madres las preparan vienen i criar alas , y for- 
tificarse de manera , que después vuelan á Bus- 
carla por todo el país. Verdad es que nosotros, 
siendo pequeñas abejas en la devoción , no po- 
dríamos subir según nuestro intento , que no es 
menor que de llegar á la cima de la perfección 
christíana ; mas sí comenzamos í tomar forma 
por nuestros deseos, y resoluciones, las alas nos 
comenzarán á salir. Menester ,. es pues , esperar 



DE QUEVEDO. 3<jj 

que algún día aeremos abejas espirituales , y 
podremos volar en la perfección. Criémonos en 
este inter de la miel de tantos saludables con* 
sejos , y santa doctrina , como los antiguos de- 
votos nos han dexado, y roguemos á Dios que él 
nos dé plumas como de paloma, para que no so* 
lo podamos volar durante el tiempo de la vh 
da presente > ,peró también reposar en la eter- 
nidad de la futura. 

CAPITULO III. 

&e la naturaleza de las tentaciones , y de la 

diferencia que hay entre el sentir la ten* 

t ación , y consentir en ella. 

JLmagina , Filotea , una jó veri Princesa , ama* 
da en extremo de su esposo , y que algún m^í 
intencionado , para perderla y y manchar su ca- 
tea nupqial > la envía algún infame mensagero de 
amor , persuadido á que trate con ella su daña- 
do intento» Lo primero el tal mensagero propo- 
ne á esta Princesa la intención de su amo. Lo se- 
gundo y la Princesa agradece , ú desagradece la 
proposición, y la embaxada.En tercero lugar, o 
ella consiente; ó ella rehusa. Así Satanás , el mun- 
do, y la carne, viendo una alma desposada con 

z'% 



3 $ 6 OBRAS DE D. FRANCISCO 

el Hijo de Dios , la envían tentaciones , y su- 
gestiones , por las quales : 

i El pecado le es propuesto. 

2 Y sobre esto ella se agrada , ó se desa- 
grada. 

3 Y en fin ella consiente , ó rehusa , que 
son las tres gradas para baxar á la iniquidad, la 
tentación , la delectación , y el consentimiento. 
Y aunque estas tres acciones no se conocen tan 
manifiestamente en (odas otras suertes de peca- 
do , no por eso dexan de conocerse palpablemen- 
te en los grandes, y enormes pecados. 

Quando la tentación , de qualquier pecado 
que sea, durase toda nuestra vida, no podría la 
tal hacernos desagradables a la Magestad Divi- 
na , con tal que ella no nos agrade , y que no 
la consintamos. JLa razón es , por quanto en la 
tentación nosotros no hacemos , sino, sufrimos ; y 
pues no recibimos placer , no podemos tampoco 
tener ninguna suerte de culpa. San Pablo sufrió 
mucho tiempo las tentaciones de la carne, y no 
solo por eso no fue desagradable á Dios , sino 
antes fue Dios glorificado por tal medio. La bien- 
aventurada Angela de Foligni sentía tan crueles 
tentaciones carnales, que pone lástima quando las 
cuenta. Grandes fueron también las tentaciones 
que sufrió S, Francisco, y S. Benito, quando el 



»E QUEVEDO. 357 

uno se arrojó en medio de las espinas, y el otro 
dentro de la nieve, para mitigarlas, y no por eso 
perdieron en nada la gracia de Dios; antes la au- 
mentaron en mucho. 

Menester es, pues, Filotea, mostrarte muy 
animosa en medio de las tentaciones , y no dar* 
te jamas por vencida , mientras las tales te de* 
sagradaren , observando^ bien esta diferencia que 
hay entre sentir , y consentir ; esto es , que las 
podemos bien sentir, aunque las tales nos desa- 
graden ; mas no las podemos consentir sin que 
nos sean primero agradables , porque el placer 
sirve de ordinario de escalón para llegar al con- 
sentimiento. Póngannos, pues, Jos enemigos del 
alma quantos cebos quisieren , ó quédense siem- 
pre á la puerta de nuestro corazón, procurando 
entrarse en él , ó ya nos hagan quantas propo- 
siciones quieran , que mientras tuviéremos reso- 
lución de no agradarnos de ninguna de sus pro- 
posiciones , y halagos , no es posible que ofen-i 
damos á Dios i así como el Príncipe , esposo de 
la Princesa que he representado , no puede con 
razón tomar á mala parte el mensage que la fue 
propuesto , con tal que con él no recibiese nin- 
guna suerte de placer , ó gusto. Hay con todo 
esto esta diferencia entre el alma, y esta Prince- 
sa , tocante á este sugeto ; que la Princesa, ba- 

Z3 



358 OBRAS PE D. MAtfCISCO 

biendo oido la proposición deshonesta , puede 
{si quiere} despedir el mensagero , y no oirle mas; 
pero no está siempre en el poder del alma el no 
sentir la tentación , aunque esté siempre en su 
poder el no consentirla. Por esto, pues, aunque 
la tentación dure , y persevere mucho tiempo, 
no nos puede dañar mientras la tainos fuere de- 
sagradable. 

Mas quanto al deleyte que puede seguir i 
la tentación , por quanto tenemos dos partes en 
nosotros, la una inferior, y la otra superior, y 
que la inferior no sigue siempre la superior, si- 
no que antes hace su hecho aparte ; sucede mu* 
chas veces que la parte inferior se deleyta en 
la tentación , sin el consentimiento de la supe- 
rior , y contra su voluntad. Esta es la disputa, 
y guerra que el Apóstol S. Pablo describe quan- 
do dice que su carne pelea contra su espíritu , y 
que hay una ley de los miembros , y una ley 
del espíritu , y semejantes cosas. 

¿ No has visto nunca , Filotea , un gran bra- 
sero de fuego cubierto de ceniza , que quando 
vienen diez , ú doce horas después á buscar lum- 
bre , no hallan sino una poca en medio de ella, 
y aun esa no sin trabajo ; mas no por eso dexa- 
ba de haberla , pues se halló , pudiendo con ella 
después encender los otros carbones ya muertos? 



DE QUEVEEO. 3$9 

De la misma manera es la caridad, que es núes* 
tra vida espiritual , en medio de las grandes y 
violentas tentaciones. Porque la tentación , co- 
mo pone su delectación en la parte inferior, cu- 
bre , al parece^ toda el alma <de ceniza, y trac 
el amor de Dios á gran mengua , sin que este 
se muestre en ninguna parte, sino en medio del 
corazón , en el fondo del espíritu , y aun pare- 
ce que no está allí, y así con trabajo viene á ha- 
llarse ; pero en fin está allí * porque aunque to- 
do esté alborotado en nuestra alma , y en núes* 
tro cuerpo» tenemos la resolución de no consen- 
tir en el pecado , ni en la tentación : porque el 
deleyte que agrada á nuestra alma en lo exterior» 
desagrada en lo interior ; y aunque esté al re- 
dedor de la voluntad , no por eso está dentro de 
ella ; en que se ve que tal deleyte es involun- 
tario , y siendo tal , no puede ser pecado. 

CAPITULO IV. 

Dos exemplos importantes arca de este 
sugeto. 

JLmpórtate tanto entender bien esto, que no di- 
ficultaré el alargarme en su explicación. El mo- 
zo , de quien habla San Gerónymo , qi}e acos- 

Z4 



360 OBRAS DE J>. FRANCISCO 

tado , y atado con bandas de tafetán bastante- 
mente fuerte sobre una cama bien mullida , se 
veía provocado con toda suerte de inmundos to- 
camientos , y atraimientos de una insolente mu- 
ger , la qual se había acostado con él , soto por 
hacer titubear su constancia , j quién duda sino 
que el tal sentina extraños movimientos carnales? 
Estarían sus sentidos asaltados - 9 sin duda-, del de- 
leyte, y la imaginación en extremo ocupada de 
la presencia de los . objetos deky tosos. Pues no 
obstante esto , en medio de tantos alborotos , y 
en medio de una terrible borrasca de tentaciones, 
muestra claro que su corazón no está vencido, y 
que su voluntad, la qual se siente rodeada de tan- 
tos deleytes, no consiente en ellos de ninguna ma- 
nera ; porque su espíritu, viéndolo todo rebela- 
de contra él , sin que tenga ninguna parte de 
su cuerpo sujeta á si , sino la lengua , se la cor- 
tó con los dientes , y la escupió sobre la cara de 
esta alma deshonesta , la qual atormentaba la su- 
ya por medio del deleyte , mas cruelmente que 
hubiera podido el mas fiero verdugo con los mas 
rigurosos tormentos. También el tirano , que pen- 
saba vencerle por medio de los dolores , pensó 
sujetarle por medio de estos placeres. 

La Historia del combate de Santa Catalina 
de Sena , en un semejante Mjgeto # es en extre- 



1>E QUEVEDO. 3<5l 

mo admirable : esta es, pues, la suma. El espí- 
ritu maligno tuvo licencia del Señor para asal- 
tar la honestidad de esta santa virgen con la ma- 
yor furia que pudiese , con tal que de ninguna 
manera la tocase. Sembró , pues , toda suerte de 
lascivas sugestiones en su corazón , y para mo- 
Terle con mas vehemencia, viniendo con sus com- 
pañeros en forma de hombres , y de mugeres, 
hacían- mil, y mil suertes de carnalidades, y lu- 
bricidades á su vista, juntando con esto palabras, 
y llamamientos deshonestísimos. Y aunque to- 
das estas cosas fuesen exteriores , no obstante por 
medio de los sentidos penetraban no poco den- 
tro del corazón de la virgen , el qual ( como con- 
fesaba ella misma) estaba tan ocupado , que no 
la quedaba mas que la fina , y pura voluntad su- 
perior , la qual no fue movida de esta tempes- 
tad de sucio deleyte carnal : lo qual todo duró 
mucho tiempo , hasta que un dia nuestro Señor 
se le apareció ; y ella dixo : ¿ Dónde estabades, 
mi dulce Señor , quando mi corazón estaba lle- 
no de tantas tinieblas , y suciedades ? A lo qual 
respondió : Yo estaba dentro de tu corazón, hija 
mia. i Y cómo ( replicó la virgen) habitáis vos 
dentro de mi corazón, dentro del qual habia tan- 
tas inmundicias? ¿Habitáis vos,jpues,por ventura 
en lugares tan deshonestos ? A lo qual la" dixo 



$6% OBI AS M J>. M ANCISCO 

nuestro Señor : Dime , ¿ estos sucios pensamiento* 
de tu corazón te daban placer, ó tristeza , amar- 
gura , u deleyte? Extrema amargura, y tristeza, 
respondió h virgen ¿Quién era el que puso esta 
amargura y tristeza en tu corazón {replicó el Se- 
ñor) ano yo, que estaba escondido dentro de tu 
alma? Cree, hija mía, que si yo no hubiera estado 
presente , aquellos pensamientos que rodeaban tu 
voluntad, no pudiéndola rendir, la hubieran sin 
duda vencido, entrándose dentro, y siendo recibi- 
dos con placer Jcl libre üvedrio, por este medio 
hubieran dado la muerte i tu alma. Mas por quan- 
to estaba yo dentro de ella, poma este desplacer, 
y resistencia en ta corazón , por cuyo medio re* 
husaba quanto podia la tentación ; y no podien- 
do tanto quanto -quería , mentía en -sí un mayor 
desplacer , y -aun mayor aborrecimiento contra 
ella , y contra sí mismo ; y así estas penas eran 
de un gran merecimiento, y una gran ganancia 
para lí, y de un gran crecimiento de tu virtud, 
y fuerza* 

No ves tú, Filo tea, ¿cómo aquel niego es- 
taba cubierto de ceniza , y que la tentación , y 
deleyte habían asimismo entrado ¿entro del co- 
razón , habiendo rodeado la voluntad , la qual 
solo asistida de su Salvador, resistía con amarga* 
ras , desplaceres, y detestaciones del mal que la 



PE QUEVEDO. 363 

había combatido , rehusando perpetuamente el 
mostrar , ni tener contento en el pecado que la 
rodeaba ? 

O Dios , y quántá tristeza tiene un alma 
que ama á Dios , en no saber si le tiene en sí , ó 
no, y si e\ amor «divino, por el qual tila pelea, 
está de todo punto muerto o no en ella ! Pero 
es la fina flor de la perfección -del amor celeste 
el hacer sufrir, y pelear el amante por el ajnor, 
sin saber si tiene el amor , para el qual , y por 
el qual pelea. 

CAPITULO V. 

Dase animo , y esfuerzo al alma que se halla 
£n las tentaciones. 

flotea mía, estos grandes asaltos , y estas ten- 
taciones tan poderosas , nunca son permitidas de 
Dios , sino con las almas que quiere levantar á su 
puro , y excelente amor; mas no por eso se sigue 
que después de esto puedan <juedar aseguradas 
de llegar á él ; porque ha sucedido muchas ve- 
ces que los que habian sido constantes en se- 
mejantes, y violentos asaltos, no correspondien- 
do después fielmente con el favor Divino, se han 
hallado vencidos en bien pequeñas tentaciones. 
Todo lo qual digo, para que si te sucedic^ 



3 6 4 OBRAS DS D. FRANCISCO 

re hallarte afligida de alguna grande tentación, 
sepas que Dios te favorece con un favor extraor- 
dinario , por el qual muestra que te quiere en- 
grandecer delante su presencia ; mas que con to- 
do eso te muestres siempre humilde , y temero- 
sa , no asegurándote de poder vencer las peque- 
ñas tentaciones, después de haber señoreado las 
grandes , sino es por medio de una continua fi- 
delidad para con la Magestad Divina. 

Qüalesquíer tentaciones , pues , que te su- 
cedan , y qualquier deleyte que á las tales siga, 
mientras tu voluntad rehusare el contento , no 
solo á la tentación , sino también al deleyte, no 
tienes de ninguna manera que turbarte, porgue 
en esto aun no tienes á Dios ofendido. Quando 
un hombre está pasmado, y que no da casi nin- 
guna muestra de vida , pónenle la mano sobre 
el corazón, y por poco que se sienta en él el mo- 
vimiento , se juzga que tiene vida } y que por 
medio de alguna agua preciosa, ó alguna pícti- 
ma, le podrán liacer volver en su primera fuer- 
za, y sentido. Así sucede algunas veces que por 
la violencia de las tentaciones parece que nues- 
tra alma ha caído en semejante desfallecimiento 
de sus fuerzas; mas si quisiéremos conocer lo que 
esto es, pongamos la mano sobré el corazón: con- 
sideremos si él, y la voluntad tienen aun su mo- 



DE QUEVEDO. 365 

vimiento espiritual ; esto es , si hacen su deber 
en rehusar el consentir , y seguir la tentación, 
y deleyte : porque mientras el movimiento de 
la contradicion está en nuestro corazón , seguros 
estamos que la caridad, vida de nuestra alma, es- 
tá en nosotros, y que Jesu-Christo nuestro Sal- 
vador se halla dentro de nuestra alma , aunque 
escondido, y cubierto. Asi que mediante el exer- 
cicio continuo deja oración,, de los Sacramentos, 
y de la confianza en Dios , cobraremos nuestras 
primeras fuerzas , y. vi viremos una vida cabal, 
y apacible* V 

C A PITÜLOVt . 

Cómo, Ja tentación , t y deleyte fue den ser 
pecado* 

/a Princesa, de quien atrás hemos hablado, no 
fue culpada de la proposición deshonesta que la 
fue hecha;. pues que, como hemos presupuesto, 
Ja sucedió contra su agrado ; mas si al .contrario 
hubiese por medio de algunos atraimientos, y al- 
bugos dado motivo al alcance, intentando sembrar 
amor en el pecho del que la solicitaba-, indubi- 
tablemente ella seria culpada aun en el haberla 
solicitado; y aunque se disimulase d? melindro- 



366 OBRAS DE D. FRANCISCO 

sa , no dexaria por eso de ser digna de reprehen- 
sión , y castigo. Así sucede muchas veces que la 
sola tentación nos pone en pecado, por quanto 
somos causa, de ella. Exemplo : Si yo sé que ju- 
gando , fácilmente juro y blasfemo , y que el jue- 
go me sirve para ello de tentación y yo peco to- 
das, y quantas veces jugare^ y soy culpado en 
todas las tentaciones que me sucedieren en el 
juego. De la misma manera, si yo sé que algu- 
na^ conversación me trae tentación, y es cau- 
sa de que cayga en alguna falta % y voluntaria- 
mente la» busco , indubitablemente seré culpado 
de todas las tentaciones que en ella recibiere. 

Quando el áeleyte que procede de la ten- 
tación puede evitarse, será siempre pecado el re- 
cibirle , según el placer que -se toma , y el con- 
sentimiento que se dá fuere grande, 6 pequeño, 
ó por largo , 6 breve espacio. Nodexará de ser 
cosa reprehensible para la joveí* Princesa , de 
quien hemos hablado > que- no soló ora la propo- 
sición sucia , y deshonesta que la fue hecha ; sí- 
too que también después de haberla oído tome 
gusto en ella , y entretenga con él su- corazón; 
porque aunque no quiera consentir' á la execu- 
cion real de lo que la fue propuesto , consiente 
no obstante en la aplicación espiritual de su co- 
razón por medio del contento, que recibe ; y es. 



DE QUEVEBO. 3^7 

siempre cosa deshonesta el aplicar, 6 el corazón, 
6 el cuerpo á cosa deshonesta: y antes la desho- 
nestidad consiste de manera en la aplicación del 
corazón, que sin ésta la aplicación del cuerpo no 
puede ser pecado- 

Quando fueres y pues, tentada de algún per 
cado , considera si voluntariamente diste causa 
á ser tentada v porque en tal casa la tentación 
misma te pone en estada de pecada por et pe* 
ligro , al qual voluntariamente te arrojaste ; y 
esto se entiende habiendo tu podido cómodamen- 
te evitar la ocasión, y habíenda tu antevisto, ó 
debido antever la llegada de la tentación ; mas 
si no hubieres dada ningún motivo á la tenta- 
ción , na podrí de ninguna manera ser imputa- 
da á pecado. 

Quando el deleyte que sigue á la tentación, 
ha podida ser evitado , y que na obstante no se 
ha evitado, habrá siempre alguna suerte de pe- 
cado , según lo poco, ó mucho que en él se hu- 
bieren detenido, y según la causa del placer que 
hubiéremos tomado. Una muger,. la qual no ha- 
biendo dado ocasión de ser festejada, recibe gusto 
no obstante esto en serlo » no dexa de ser repre- 
hensible, si el gusto que recibe na tiene otra cau- 
sa sino el solo festejo. Exemplo : Si el galán que 
la festeja , y enamora , tañese por extremo ún 



368 OBRAS DE D. FR ANCIgCO 

laúd , y que ella recibiese gusto , no con las fi- 
nezas y amor del que las solicita, sino con la dul- 
zura > y armonia del instrumento, en esto na ha* 
bria pecado : bien es verdad que no debia con- 
tinuar por mucho tiempo en este gusto, temien- 
do no pasar de él al dele y te de ser solicitada. De 
la misma manera si alguno me propusiese algu- 
na estratagema llena de invención , y artificio^ 
y esto para vengarme de mi enemigo , y que 
yo no tomase gusto , ni diese ningún consenti- 
miento á la venganza propuesta > sino solo á la 
sutileza de la invención del artífice, sin duda que 
yo no pecaría. Bien es verdad que no es acerta- 
do el embebecerme mucho en tal gusto» de mie- 
do que poco á poco no me lleve al deleyte de 
la venganza misma. 

Sucede .á veces ser asaltados de algún leve 
resentimiento de deleyte, el qual inmediatamen- 
te sigue á la tentación antes que buenamente se 
haya podido percibir ; y esto no puede ser sino 
un ligero pecado venial , el qual se hace mayor, 
si después que se ha percibido el mal en que se 
ha caido , se queda por negligencia algún tiem- 
po como regateando con el mismo deleyte si se 
debe , ó no aceptar ; y aun mayor , si en per- 
cibiéndole , se detiene en él algún tiempo por 
verdadera negligencia,, sin ninguna suerte de ia- 



. J)E QlíEVEDO. 369 

tetíto' áe rechazarle ; porque luego que volun- 
tariari(iérite $ y coh propositó deliberado nos re- 
solvemos en agradarnos con tales deleytes , este 
propósito mismo deliberado es. un gran pecado, 
si el objeto por el qual recibimos el deley te, fue- 
re notablemente malo. Es un gran vició en una, 
muger el querer entretener malos , y lascivos 
amores * aunque realmente no quiera jamas aban- 
donarse al enamorado. 

CAPITULÓ VII. 

Remedios para las grandes tentaciones. 

'uego que sientas en tf .algunas tentaciones, 
haz como los niños quando ven el lobo i, ó el 
oso en la campaña, que al mismo punto corren 
. i guarecerse entre los brazos de. su padre y y ma- 
dre ) ó por lo menos los llaman á su ayuda , y 
socorro-. Acude de la misma manera á Dfos , é in- 
voca su misericordia , y socorro. Este es el reme- 
dio que nuestro Señor enseña: Orad, porque no 
entréis en tentación. 

Si vieres que no obstante esto la tentación 
persevera, ó qué se aumenta, correrás en espí- 
ritu á abrazar la santa cruz, como si deWte de 
tí tierás á Jesu-Cfrristo crucificado. Protestarás 
tou. ir. Aa 



37° OBRAS M J>. FftANCISCO 

allí que no consentirás en la tentación: pedirásli 
socorro contra ella , y continuarás siempre eñ la 
"protestación de no querer consentir mientras la 
tentación durare. 

Mas haciendo estas protestaciones de no dar 
lugar al consentimiento , advierte que no mires 
la cara á la tentación , sino solo mirarás á nues- 
tro Señor ; porque si miráies la tentación, prin- 
cipalmente quando es poderosa, podría ser te 
hiciese desmayar el ánimo. 

Divertirás tu espíritu por medio de algu- 
nas ocupaciones buenas , y loables ; porque es- 
tas- ocupaciones , entrando en tu corazón, y to- 
mando en él lugar rechazarán las tentaciones, y 
sugestiones malignas. 

£1 principal remedio contra todas tentado* 
nes , grandes , ó pequeñas , es el desplegar el 
corazón , y comunicar con el Maestro, y Padre 
espiritual nuestras sugestiones , sentimientos, y 
aficiones; porque la primera condición, que el es- 
píritu maligno pone con el alma que pretende 
engañarles la del silencio , como hacen los que 
quieren engañar á las mugeres , y á las donce- 
llas, que al primer embite las defienden no di- 
gan nada , ni comuniquen sus proposiciones á los 
padres, ni á los maridos; pero al contrario , Dios 
en sus inspiraciones pide sobre todas cosas las 



I>E QUEVIDO 37X 

comuniquemos con nuestros Superiores, y Con* 
fcsores. ; s ; * - i .-• . 

Y si después de todo esto la tentación per- 
severa, en inquietarnos , y perseguirnos t no de- 
bemos hacer otra cosa sino perseverar también 
de nuestra parte en la protestación de no querer 
consentir; porque como las doncellas no pueden 
ser casadas mientras dicen de no , así el alma, 
aunque alborotada , no puede jama* ser ofendí- 
¿da mientras también dixere de no. 

No disputes con tu enemigo , ni le digas ja- 
mas una sola palabra , sino solo la que nuestro 
Señor le respondió , cotí la qual quedó confun- 
dido : Vete lejos de mí t Satanás : tú adoraras 
al Señor tu Dios , y a él solo servirás. Y co- 
mo, la muger casta no debe responder , ni una 
.sola palabra , ni aun mirar la cara del atrevido 
que la solicita ,> y propone alguna deshonestidad, 
sino antes volviéndole las espaldas, al mismo pun- 
to debe volver su corazob hacia su esposo , y 
ratificar la fidelidad que le ha prometido, sin em- 
. bebecerse en otra cosa; así la devota alma , vién- 
, dose asaltada de alguna tentación , de ninguna 
manera debe embebecerse en disputar , ni res- 
. ponder ; sino simplemente volverse hacia Jesu- 
Á Christo su Esposo , protestándole de nuevo su 
L fidelidad, y el ser para siempre toda suya. 

Aa 2 



37* OBRAS DE P. FRANCISCO 

* ■ • • • . t 

CAPITULO VIII. 

Que se Jebe resistir a las jptqueñas 
tentaciones. 

aunque sfc deben combatir las' grandes tenta- 
ciones con uri ánimo invencible, y que la victoria 
que de esto conseguimos, nos es en extremo útil; 
podría ser por ventura que consiguiésemos aun 
mas provecho en bien combatir , y rechazar las 
pequeñas tentaciones ; porque como las grandes 
aventajan en calidad á las pequeñas, también las 
pequeñas aventajan en tanto extremo eñ núme- 
ro alas grandes, que su victoria puede ser com- 
parada á la de las mayores. Los lobos, y los osos 
son sin duda mas peligrosos que las moscas; ma* 
con todo eso no nos causan tanta importunidad, 
ni pesadumbre , ni prueban tanto nuestra pacien- 
cia. Cosa es fácil el apartarse del homicidio; pe- 
ro será dificultoso el evitar las pequeñas cóleras, 
de Jas quales las ocasiones se presentan á cada 
paso. Fácil es á un casado, y á una casada el no 
caer en adulterio ; mas no seria tan fácil el no 
caer en ciertas señas cuidadosas , en procurar sem- 
brar afición , 6 recibirla , en intentar grangear 
voluntades , en alcanzar pequeños favores , y en 



D5 qüivedo. 375 

drcir, y oir palabras tiernas , y enamoradas. No 
es dificultoso el no dar compañero de cama al ma- 
rido , ni compañera á la muger , quattto al cuer- 
po ; mas no será tan fácil el no darle quanto al co- 
razón. Facilidad tiene el no manchar la cama ma- 
trimonial, mas no la tendrá el no menoscabar el 
amor matrimonial. No es dificultoso el no hurtar 
los bienes ágenos; pero serálo el no desearlos. Fá- 
cil c$ el no levantar en juicio falso testimonio ; pe- 
ro difícil será el no mentir en conversación : con 
facilidad escusaremos la embriaguez ; pero con 
dificultad usaremos de la sobriedad, 

Facilidad tiene el no desear la muerte de 
otro ; pero dificultad el no desearle su incomo- 
didad ; fácil es el no disfamarle; mas difícil el no 
menospreciarle. En fin , estas pequeñas tentacio- 
nes de cólera , de sospechas , de zelos , de en- 
vidia, de amores vanos , de locuras, de vanida- 
des , de duplicidades , de adornos superfluos , de 
artificios , de pensamientos deshonestos ; estos son 
los continuos ejercicios de los que asimismo son 
mas devotos, y resueltos. Por esto, pues, amada 
Filotea , es necesario que con gran cuidado, y 
diligencia f nos preparemos á este combate ; y , 
asegúrate que tantas victorias quantas ganáremos 
contra estos pequeños enemigos,, tantas piedras 
preciosas serán puestas en la corona de gloria que 
ai 3 



374 OBRAS DE T>. FRANCISCO 

Dios nos prepara en su sanco Reyno. Por esfo¿ 
pues , digo , que esperando combatir con ánimo; 
y valentía las grandes tentaciones , quando aca- 
so nos vengan , nos es necesario con diligencia , y 
cuidado defendernos de las pequeñas , y meno- 
res. 

CAPITULO 1%. 



Como se han de remediar las PffKtffef 
fer¡tacionef x 



a 



uanto á estas pequeñas tentaciones de va* 
«¡dad , de sospecha , de congoja, de envidia, da 
amores vanos, y semejantes cosas, que como mos- 
cas , ó mosquitos pasan por delante de nuestros 
ojos , picándonos ya en el carrillo, y ya en la na- 
riz f por quanto es imposible yernps de todo pün- 
to libres de su importunidad ; la mejor r$$istcn ; 
cia que se les puede hacer es pl np ^tormentar- 
nos; porque fpdo estp no puede ofendernos, aun- 
que en rigor pueda ofender , £pn tal que tenga* 
irnos firme resolución de querer $crvir á Dios, 

Menosprecia , pues , estjs pequeñas tenta* 
clones , y no te embebezcas solo eq pensar lo que 
las tales quieren decir ; sino dexarlas jntes volar 
al rededor de tus orejas > tanto quanto quieran, 
y que corran al rededor de tí , como las moscas 



DE QUIVEDO. ^75 

hacen, con tal que quando vengan 4 picarte, y 
las veas que en alguna manera se detienen en tu 
corazón, no hagas otra cosa sino simplemente qui- 
tarlas de tí í no combatiendo con ellas , ni respon- 
diendo , sino haciendo acciones contrarias, qua* 
lesquiera que sean, principalmente del amor de 
Dios: porque si quieres creerme, será mejor que* 
no porfíes en querer oponer la Virtud contraria 
á la tentación que sintieres , porque esto seria ca- 
si querer disputar con ella; sino que después da 
haber hecho una acción de la virtud derechamen- 
te contraria , si es que has tenido tiempo de re- 
conocer la calidad de la tentación, vuelvas sim- 
plemente tu corazón hacia Jesu-Christo cruci- 
ficado, y por una acción de amor para con él be-, 
ses sus sagrados pies. Este es el mejor medio de 
vencer el enemigo , tanto en las pequeñas , co- 
mo en las grandes tentaciones ; porque el amor 
de Dios , como contiene en sí todas las perfec- 
ciones de todas las virtudes, y mas excelentemen* 
te que las virtudes mismas , es también un so- 
berano remedio contra todos los vicios ; y tu es* 
píritu , acostumbrándose en todas tentaciones á 
esta acción general, no estará obligado i mirar, 
y examinar quáles tentaciones le inquietan; sino 
simplemente, hallándose congojado, acudirá á es- 
te grande # y soberano remedio, el qual fuera de 

Aa4 



$?Ó OBRAS DS D. FltAtf CISCO 

¿tro es tan espantoso al espíritu maligno , que 
qüando vé que sus tentaciones nos provocan á 
éste divino amor i cesa de tentarnos. 

Esto es quanto á las pequeñas , y freqüen- 
tcs tentaciones , con las quales quien se quisiere 
detener por menudo, se causaría, y no haría n*~ 
da. 

CAPITULO 3£, 

Cómo debemos fortificar nuestro corazón contra 
¡as tentaciones, 

Considera de tiempo en tiempo qué pasiones 
dominan mas de ordinario en tu alma; y habién- 
dolas descubierto , escogerás una manera de vi- 
vir , que las sea de todo punto contraria en pen- 
samientos , en palabras , y en obras. Pongo pos 
exemplo : Si te sintieses inclinada á la pasión de 
la vanidad , pensarás á menudo en la miseria de 
esta vida humana : quinto sus vanidades serán 
enojosas á la conciencia el día de la muerte : quáu 
indignas son de un corazón generoso , pues sola 
son disparates , y embebecimientos de criaturas 
simples ; y semejantes cosas, Hablaras á menudo 
contra la vanidad , aunque te parezca que esto 
sea contra tu corazón , y no dexar^s de menos- 
preciarla , p9rquc por cít$ nifdJQ ganarás repu- 



Pí QPEVJSPP. WJ 

tacíon con la parto contraria. Y á fuerza de de- 
cir contra alguna cosa , nos movemos á ahorre* 
cerla , aunque á los principios mostremos tener- 
la afición. Haz obras de desprecio , y humildad 
la* mas veces que pudieres , aunque te parezca 
ser contra tu gusto ; porque por este medio te 
kabituarás á la humildad , y disminuirás tu va- 
nidad de suerte , que quando venga la tentación, 
tu inclinación no la podrá del todo favorecer, y 
tendrás mas fuerza para combatirla. Si eres incli- 
nada i la avaricia, pensarás á menudo la locura de 
este pecado, que nos hace esclavos de lo que no 
es criado sino para servirnos; y que al fin, quan- 
do llegue la muerte , será necesario soltarlo to* 
do y y dexarlo en manos de quien podrá ser que 
lo sepa muy bien desperdiciar, ó sea causa de su 
ruina, y condenación; y semejantes pensamien- 
tos. Hablarás á menudo contra la avaricia, y ala- 
barás mucho el meqosprecio del mundo : harás 
limosnas , y coa ellas obras caritativas ; y excu- 
sarás algunas ocasiones de adquirir. 

Si estuvieres sujeta á enamorar, 6 ser ena- 
morada, pensarás i menudo quinto este embebe- 
cimiento es peligreso , tanto para tí, como para 
los otros : quán indigna cosa e$ el profanar , y 
emplear en pasatiempos la mas noble afición que 
hay en nuestra alma ; quán sujeto está esto al 



$7 8 OBRAS M 1>. FKANCISCO 

menosprecio de una extrema liviandad de espí- 
ritu. Hablarás siempre en favor de la pureza, y 
simplicidad de corazón , y usarás lo mas que te 
sea posible de acciones confprmes á esto, evitan- 
do todas afectaciones , y palabras enamoradas. 

En fin, en el tiempo de paz, esto es» quan- 
do las tentaciones del pecado , á que te hallares 
sujeta , no te apretaren , usarás entonces de ac- 
ciones de la virtud contraria » y si las ocasiones 
no se te presentaren, escusarás buscarlas > porque 
por este medio fortificarás tu corazón contra la 
tentación futura. 

CAPITULO XI. 

De la inquietud. 

JLfa inquietud no es una simple tentación , si- 
no un origen , del qual, y por el quál proceden 
muchas tentaciones. Diré, pues , algo acerca de 
esto. La tristeza no es otra cosa sino el dolor de 
espíritu que tenemos del mal que está en noso- 
tros contra nuestro gusto, ya sea el mal exterior, 
como pobreza, enfermedad, ó menosprecio; ya 
interior, como ignorancia, sequedad, repugnan* 
cia , ó tentación. Quando el alma conoce, pues, 
que tiene algún mal, siéntelo, y de aquí le nace 



BK QUIVÍDO. 379 

la tristeza, deseando al mismo punto librarse del 
mal , y procurando los medios para defenderse 
de él. Y hasta aquí tiene razón; porque natural- 
mente cada uno desea el bien , y huye lo que 
piensa estarle mal. 

Si c} alma busca los medios para librarse de 
su mal por el amor de Dios, buscaráltís entonces 
con paciencia, mansedumbre, humildad, y tran- 
quilidad, esperando su libertad mas de la bon- 
dad , y providencia de Dios, que de su pena, in- 
dustria , ó diligencia. Si busca su libertad por el 
amor propio, se congojará , y fatigará en bus- 
car los medios , como si este bien dependiese mas 
de eíla que de Dios. Y no digo yo que ella pien- 
se esto; mas digo que se congojará como si lo 
pensase. 

Si no halla luego lo que desea , cae en gran- 
de inquietud, é impaciencia ; lo quál, no quitan- 
do el mal precedente , antes aumentándole por 
el contrario * entra el alma en una congoja , y 
tristeza increíble , con un fallecimiento de áni« 
mo , y fuerzas , que Je parece ya su mal no te- 
ner mas remedio. Bien ves, pues, que la triste- 
za (la qual al principio es justa) engendra la in- 
quietud, y la inquietud engendra después un cre- 
cimiento de tristeza , que es en extremo peli- 
grosa. 



380 OBRAS DE D. FRANCISCO 

Lá inquietud es el mayor mal que puede 
venir al alma , excepto el pecado ; porque co- 
mo las sediciones , y alborotos interiores de una 
República » la arruinan totalmente , y la estor- 
van que no pueda resistir al extraño ; así nues- 
tro corazón , estando alborotado , é inquieto en 
sí mismo, pierde las fuerzas de mantener las vir- 
tudes que habia adquirido, y asimismo el medio 
de resistir á las tentaciones del enemig<n el qual 
entonces procura con todas sus fuerzas pescar, 
como dicen , en agua turbia. 

La inquietud procede de un deseo desorde- 
nado de librarnos del mal que sentimos , u de con- 
seguir el bien que nos deseamos* Y po obstan- 
te esto , no hay cosa que empeore mas el mal, 
y qué aleje mas el bien que la inquietud , y 
congoja. 

Los pitaros quedan presos en las redes , y 
lazos , porque hallándose ya empeñados en ellos, 
trabajan , y forcejean quanto pueden para esca- 
parse ; con lo qual tanto mas se enredan , y en- 
lazan. Quando tuvieres, pues , deseo de librar- 
te de algún mal, ú de llegar á algún bien, pon- 
drás ante todas cosas tu espíritu en reposo , y 
tranquilidad , y asentarás el juicio , y la volun- 
tad , y después con blandura, y dulzura procu* 
raras el fin de tu deseo , tomando por orden los 



DÉ QUIVJEDO. 3g| 

medios que serán convenibles. Y qüando digo 
con blandura no quiero decir con negligencia, si- 
no sin congoja , alboroto , ni inquietud ; que de 
otra Suerte , en lugar de conseguir el efecto de 
tu deseo, lo echarás á perder todo> y te emba- 
razarás mas cada instante. 

Mi alma está Hempre en mis tnanof i 6Señot t 
y yú Hú he olvidado tu Ley , decia David. Exa- 
mina mas de tina vez al dia , ó á lo menos a la 
noche j y i la mañana, si tienes tu alma en tus 
manos *, ó si alguna pasión , é inquietud te la ha 
arrebatado. Considera si tienes tu corazón á tu 
mandado , ó si se te ha escapado de las manos, 
para empeñarse en alguna afición desreglada de 
amor , de odio , de envidia, de codicia, de mié* 
do , de enojo , ú de alegría ; y si se ha escapa* 
do , le buscarás ante todas cosas , y llevarás po- 
co á poco á la presencia de Dios, remitiendo to- 
das tus aficiones, y deseos debaxo de la obedien- 
cia, y orden de su divina voluntad; porque co- 
mo aquellos que temen perder alguna cosa pre- 
ciosa , la tienen biert cerrada en su mano ; así á 
la imitación de aquel gran Rey debemos siem- 
pre decir: O Dios mió ! mi alma está puesta en 
gran peligro : y así por esto , Señor , la tray go 
siempre en mis manos , y de esta suerte no he 
olvidado tu santa Ley. 



382 OBR AS DE J>. FRANCISCO 

No permitas á tus deseos, por pequeños que 
sean, y de pequeña importancia i que te inquie- 
ten j porque después de los pequeños los gran- 
des, y mas importantes hallarán tu corazón mas 
-dispuesto ál alboroto , y desasosiego. Quando sin- 
tieres acercarse la inquietud , encomiéndate á 
Dios, y resuélvete en no hacer nada de todo 
qúanto tu deseo te pidiere ; y esto se entiende 
no habiéndose pasado del todo la inquietud, por- 
que entonces no se puede diferir. Luego, pues, 
es menester con un suave, y sosegado esfuerzo de- 
tener la corriente de tu deseo , templándola , y 
moderándola quanto te fuere posible ; y después 
de esto obrar no según tu deseo, sino según la 
razón. 

Si puedes descubrir tu inquietud al que con- 
duce tu alma ; esto es , á tu Confesor , ó á lo 
menos á algún confidente, y devoto amigo» no 
dudes sipo que al mismo punto serás apacigua- 
do ; porque la comunicación de los dolores de co- 
razón hace el mismo efecto en el alma , que la 
sangría en el cuerpo del que está con calentura 
continua. Este es en fin el remedio de los reme- 
dios. También el Rey San Luis dio este aviso á 
su hijo : Si tuvieres en tu corazón algún descon- 
tento ,,dile al mismo punto á tu Confesor, ó á al- 
guna buena persona; y así podrás llevar tu mal 



DE QUE VE DO. 383 

fácilmente , mediante el consuelo que se te dará, 

CAPITULO XII. 

De la tristeza. 

i 'a tristeza , que es según Dios ( dice S. Pa- 
blo) obra la penitencia para la salud : la triste* 
za del mundo obra la muerte. La tristeza, pues, 
puede ser Buena , y mala , según las diversas pro- 
ducciones que causa en nosotros. Verdad es- que 
causa mas malas que buenas, porque mirado bien, 
no causa más de dos buenas: estas son miseri- 
cordia , y penitencia. Para estas hay seis malas; 
y son congoja , pereza , indignación, zelos, en- 
vidia, é impaciencia; lo qual hizo decir al Sa- 
bio : La tristeza arruina ¿ muchos , y no cau- 
sa ninguri provecho; porque para dos buenas cor- 
rientes, que proceden de su origen, hay seis bien 

• malas, como está dicho. 

£1 enemigo se sirve de la tristeza para usar 
ele sus tentaciones con los buenos : porque así co- 
mo procura se alegren los malos en su pecado, 
así procura entristecer los buenos en sus buenas 
obras : y como no puede procurar el mal r sino 

(haciéndole parecer agradable ; así también no 
puede hacer apartar del bien , sino haciéndole 



384 OBRAS DS D, FRAKCISCÓ 

parecer desagradable. El espíritu maligno sé de- 
leyta en la tristeza , y melancolía , por quanto 
él * triste , y melancólico, y será eternamente, 
causa por que querría que todos le imitasen. 

La mala tristeza alborota fcl alma , ponda 
en inquietud , causa temores extraños , quita el 
gusto de la oración , adormece» y oprime el Ce- 
lebro , prita el alma de consejo , de resolución* 
de juicio , y de ánimo , y abate las fuerzas : es 
en fin como un áspero invierno , que priva á la 
tierra de toda su hermosura , y entorpece todos 
los animales» quita toda la suavidad del alma, y 
la hace casi imposibilitada, é incapaz en todas sus 

.facultades. . 

Si por ventura, Fiiotea, te sucediere caer en 
esta mala tristeza', practicarás los remedios siguien- 
tes. Si alguno está triste, dice Santiago que ore. 
La oración es un soberano remedio , porque le- 
vanta el espíritu en Dios , que es nuestra única 
alegría , y consuelo. Encaminarás en tu oración 
las palabras con que rezares ,- sean interiores , 6 
exteriores , á la confianza,- y amor de Dios, co- 
mo si dixeras: O. Dios de misericordia! mi bu*n 
Dios , mi Salvador , rhanso , y benigno , Dios 
de mi corazón , mi alegría , mi esperanza , mi 
amado Esposo , el bien querido de sbí alma ; y 

..semejantes palabras. 



DE QUEVIDO. 385 

Procura con cuidado mostrarte contraria á 
lo que te inclina tu tristeza; y aunque te parez- 
ca que lo que haces'cn tal tiempo es con frial- 
dad , desabrimiento , y cansancio , no dexes por 
esto de hacerlo ; porque el enemigo , que pre- 
tende entibiarnos en las buenas obras por medio 
de la tristeza , viendo que no por eso dexamos 
de hacerlas , y que hechas estas con resistencia, 
son de mas mérito, cesa entonces de afligirnos 
mas. 

Canta cánticos espirituales, porque el ene* 
migo por este medio ha muchas veces cesado en 
sus operaciones. Dígalo el espíritu que poseia í 
Saúl , cuya violencia reprimía , y templaba la 
música de David. 

Es muy bueno el emplearse en obras exte- 
riores, y el diferenciarlas, quanto mas se pueda, 
para divertir el alma del objeto triste , purificar, 
y calentar los espíritus, por quanto la tristeza es 
de complexión fria , y seca. 

Usarás de acciones exteriores fervorosas, 
aunque las tales sean sin gusto , abrazando la ima- 
gen de un crucifíxo , llegándotele al pecho , be- 
sándole los pies , y manos , levantando tus ojos, 
y tus manos al Cielo , arrojando tu voz á Dios 
con palabras de amor y confianza como las que 
se siguen : Mi bien amado es mió , y yo suya: 

TOM. XV. fib 



3 86 OBRAS DE D. FRANCISCO 

mi bien amado es para mí un ramillete de myrto, 
el qual guardaré entre mis pechos. Mis ojos se 
deshacen en tí , 6 Dios mió! diciendo: ¿Qudndo 
me consolareis vos ? Jesús , sed mi Jesús : viva 
Jesús , y mi alma vivirá. ¿ Quién me separará 
del amor de mi Dios ? 

La disciplina moderada es buena contra la 
tristeza , por quanto esta voluntaria afición ex* 
terior alcanza el consuelo interior; y el alma, sin- 
tiéndose de los dolores externos ; se divierte de 
los que son internos. La freqüentacion de la san- 
ta Comunión es excelente, porque este Pan ce* 
leste fortifica el corazón, y alegra el espíritu. 

Descubrirás todos los resabios f aficiones 9 y 
sugestiones que resultaren de tu tristeza , á tu 
Maestro , ó Padre espiritual con humildad , y 
fidelidad. Buscarás las conversaciones de perso- 
nas espirituales, tratándolas lo mas que pudieres. 
Pondráste en fin en las manos de Dios , resol* 
viéndote de sufrir qualquier género de tristeza 
pacientemente , como justo castigo de tus vanas 
.alegrías ; y no dudes de ninguna manera , que 
Dios , habiéndote por este medio probado , te 
dexará libre de tal mal. 



DE QUEVÍDO. 387 

CAPITULO XIII. 

De los consuelos espirituales , y sensibles , y eó* 
mo debemos gobernarnos en ellos. 

'ontinúa Dios el ser de este gran mundo en 
una perpetua mudanza , por la qual el dia se 
trueca en noche , la Primavera en Verano, el 
Verano en Otoño , el Otoño en Invierno , y el 
Invierno en Primavera , y cada uno de los dias 
no parece jamas en todo al otro. Vemos unos nu- 
blados , otros aqüosos , otros secos , y otros ven- 
tosos : variedad que trae al universo una admi- 
rable hermosura. Lo mismo es del hombre , el 
qual es , según sentencia antigua , un compen- 
dio del mundo. Vemos esto , por quanto nunca 
está en un mismo estado , cuya vida se extien- 
de , y dilata por la tierra como las aguas , cor- 
riendo, y ondeando con una perpetua variedad 
de movimientos , los quales ya le levantan a gran- 
des esperanzas , ya le abaxan por el temor , ya 
le inclinan á lo justo por el consuelo , ya á lo 
injusto por la aflicción , sin que jamas sea uno so- 
lo de sus dias, ni aun de sus horas, parecida por 
entero á la otra. Este es , pues , un grande , é 
importante aviso. Por esto nos conviene el pro- 
Bb 2 



388 OBAAS DE D. FRANCISCO 

curar tener una continua , é inviolable igualdad 
de corazón en una tan grande desigualdad de ac- 
cidentes. Y aunque todas las cosas se truequen, 
y varíen diversamente para con nosotros, nos es 
necesario mostrarnos constantes , é inmóviles en 
la sola mira del servicio de nuestro Dios. Tome 
el navio lá derrota que quisiere , que corra al Po- 
niente, ó Levante, 4 Mediodía, ó al Setentrion, 
ó ya se vea azotado del mas furioso , y contrario 
viento, no por eso su aguja de marear mirará sino 
la hermosa estrella del Polo. Ya se revuelva todo 
lo de abaxo arriba, y no solo digo en lo exterior, 
sino en nosotros mismos; esto es, que nuestra al- 
ma se vea triste, ó alegre, consolada, ó sin con- 
suelo, pacífica, ó atribulada, en claridad , ó en 
tinieblas, en tentación, ó en reposo, en gusto, ó 
disgusto, con desabrimiento, ó terneza: que el 
Sol la queme, el roció la refresque, siempre he- 
mos de procurar que la punta de nuestro corazón, 
nuestro espíritu, nuestra voluntad superior, que 
es nuestra aguja , mire sin cesar , y se extienda 
perpetuamente al amor de Dios, su Criador, su 
Salvador , su único, y Soberano Bien. que noso- 
tros muramos , 6 que nosotros vivamos (dice el 
Apóstol ) si es que somos de Dios , ¿ quién nos 
separará del amor , y caridad de Dios ? No, 
jamas nos podrá apartar cosa de este amor, ni la 



DE QUIVEDO. 389 

tribulación , ni la congoja , ni la muerte , ni la 
▼ida , ni el dolor presente , ni el temor de los 
accidentes futuros , ni los artificios de los espíri- 
tus malignos > ni la grandeza de los consuelos, ni 
la profundidad de las aflicciones, ni la tristeza, 
ni el desabrimiento no nos podrán jamas separar 
de esta santa caridad fundada en Jesu-Christo. 
Esta tan absoluta resolución de jamas aban- 
donar á Dios 9 ni dexar su dulce amor, sirve de 
contrapeso á nuestras almas para tenerlas en la 
santa igualdad en medio de la desigualdad de los 
diversos movimientos que la condición de esta 
▼ida la acarrea ; porque así como las abejas vién- 
dose sobresaltadas del viento en la campaña , se 
abrazan de las pedreiuplas que pueden, para po- 
der así abalanzarse al ayre , sin verse tan fácil- 
mente expuestas al rigor de los vientos; así nues- 
tra alma , habiendo con vivas veras , y entera 
resolución abrazado el precioso amor de Dios, 
queda constante en medio de la inconstancia, y 
mudanza de los consuelos, y aflicciones, así es* 
pirituales , como temporales , exteriores , como 
interiores. 

Fuera de esta general doctrina nos son ne- 
cesarios algunos documentos particulares. 

1 Digo, pues, que la devoción no consis- 
te en la dulzura , suavidad , consuelo , y sensi- 
Bb 3 



39* OBUAS DE B. FRANCISCO 

ble terneza de corazón , lo qual nos provoca i 
lágrimas , y suspiros , y nos da una cierta satis- 
facción dulce, y agradable en el uso de algunos 
exercicios espirituales. No , amada Filotea : la 
devoción y éste no es una misma cosa ; porque 
hay muchas almas que tienen e$tas ternezas , y 
consuelos > y no obstante no dexan de ser muy 
viciosas, sin que tengan por consiguiente ningún 
verdadero amor de Dios , y mucho menos nin- 
guna verdadera devoción. Saúl siguió á David 
para darle muerte , el qual huyendo de su per- 
secución por los desiertos de Engadi , se entró 
con los suyos en una cueva para mejor esconder- 
se, donde Saúl descuidado entró solo; y aunque 
pudiera entonces David matarle, no solo-no qui- 
so hacerlo, ni aun amedrentarle, sino antes, ha- 
biéndole dexado salir á su salvo , le llama des- 
pués para mostrarlo su inocencia , y hacerle co- 
nocer como habia estado entré sus manos. ¿ Qué 
es lo que hizo, pues, después de esto Saúl, pa- 
ra mostrar como su corazón se habia enternecido 
para con David ? Nombróle por su hijo, y pú- 
sose á derramar gran cantidad de lágrimas , ala- 
bándole , y confesando su benignidad , rogaba 
á Dios por él, y por su futura grandeza , y enco- 
mendando su posteridad para después de sus días. 
¡ Qué mayor dulzura , y terneza de corazón po- 



DI QUEVEDO. 39I 

día mostrar ! Y con todo eso jamas trocó su al- 
ma , ni dexó de continuar su persecución contra 
David con la misma crueldad que antes. Así se 
hallan personas, que considerando la bondad de 
Dios , y la Pasión del Salvador , sienten grandes 
ternezas de corazón , haciéndoles éstas arrojar lá- 
grimas , suspiros , y oraciones , con acciones de 
gracias muy sensibles, y de manera que dirían 
que las tales tienen el corazón asaltado de una 
bien grande devoción ; pero viniendo á la prue- 
ba , se halla que como las lluvias pasageras de 
un ardiente Verano , que cayendo groseras go- 
tas sobre la tierra, no la penetran, ni sirven si- 
no á la producción de los hongos , setas , y se- 
mejantes menudencias; así estas lágrimas tiernas, 
cayendo sobre un corazón vicioso, y no penetran- 
dolé, le son de todo punto inútiles ; y así vemos 
que los tales no por eso dexarán ui* solo mara- 
vedí de la hacienda mal adquirida que poseen, 
ni renunciarán una sola de sus perversas aficio- 
nes , ni querrán haber tomado la menor incomo- 
didad del mundo por el servicio del Salvador, á 
quien habian encomendado sus lágrimas. De 
suerte que los buenos movimientos , que tuvie- 
ron , no son sino ciertos hongos espirituales, los 
quales no solo no son la verdadera devoción, sino 
manifiestos engaños del enemigo, que engañan- 
Bb4 



39* OBRAS DI D. FJtANCISCO 

do las almas con estos pequeños consocios* las ha- 
ce contentarse , y satisfacerse de esto, para que 
así no busquen la verdadera devoción , la qual 
consiste en una voluntad constante , resucita, 
pronta > y activa en él execütar todo aquello que 
supieren ser voluntad de Dios, 

Llorari tiernamente un niño quando san- 
grando á su madre, ve que la rompe la vena el 
Barbero; pero si al mismo tiempo su madre, por 
quien lloraba tanto, le pide una manzana, ó un 
papelejo de gragea, el qual tenia en la mano , de 
ninguna manera querrá dársele. Así son la ma- 
yor parte de nuestras tiernas devociones. Vien- 
do dar un golpe de lanza, que traspasa el cora* 
zon de Jesu Christo crucificado , lloramos tier- 
namente. ¡ Ab pobre de mí, Filotea ! Bueno es 
el llorar en la consideración de esta Muerte , y 
Pasión dolorosa de nuestro Padre , y Redentor; 
l mas por qué no le damos nosotros muy de grado 
la manzana que tenemos en nuestras manos » la 
qu?l nos pide con tantas veras ; esto es, nuestro 
corazDn , única manzana de amor ? ¿ Por qué no 
le resignamos nuestros menores deseos, deleytes, 
y complacimientos, lo qual nos quiere quitar de 
las manos , y no puede , por quanto es nuestra 
gragea, de la qual somos mas aficionados, y go- 
losos, que deseosos de su celeste gracia ? 



J>K QÜBVEDO. 393 

A pobre de mí ! Todas estas son amistades 
de niños : tiernas , pero flacas : fantásticas , pe* 
ro sin efecto. La devoción, pues, no consiste en 
estas ternezas > y sensibles aficiones , las quales 
muchas veces proceden de una naturaleza en sí 
blanda» y susceptible de la impresión que la quie- 
ren dar ; y algunas* veces vienen del enemigo, 
que para engañarnos en esto > excita nuestra ima- 
ginación á la aprehensión propia á (ales afectos» 

a Estas ternezas , y afectuosas dulzuras son 
con todo esto á las veces muy buenas, y útiles, 
por quanto mueven el apetito del alma, confor- 
tan el espíritu, y juntan á la prontitud de la de- 
voción un santo regocijo, y alegría; lo qual hace 
nuestras acciones hermosas, y agradables, aun en 
lo exterior. Este es aquel gusto que sé tiene en las 
cosas divinas, del qual David decia : O, Señor , y 
jqudn dulces son tus palabras a mi paladar ! 
Son mas dulces que la miel d mi boca. Y es cierto 
que el menor consuelo de devoción, que recibi- 
mos, vale de qualquiera manera mas que las mas 
excelentes , y mayores recreaciones del mundo. 
Los pecados , y la leche; esto es, los favores del 
Esposo Divino, son mejores al alma que el humo 
mas precioso de los placeres de la tierra. El que 
ha gustado de ellos tiene todos los demás con- 
suelos por hiél , y agenjos. Y como los que tie- 



394 OB*AS DE D. FJLANCISCO 

ncn la yerba Scitica en la boca f reciben una gran- 
de dulzura, que no sienten ni 'hambre , ni sed; 
así aquellos á quien Dios ha dado este maná ce- 
leste de suavidades , y consuelos interiores , no 
pueden desear, ni recibir los consuelos del mundo 
para lo que es tomar gasto , y embebecerse en 
ellos. Son estos principios de suavidades inmorta- 
les, que dá Dios á las almas que le buscan : son 
granos azucarados, que dá á sus hijos para cebar- 
los : son aguas cordiales, que les presenta para con- 
fortarlos ; y son también á veces las arras de recom- 
pensas eternas. Dicen que Alexandro Magno, na- 
vegando en alta mar , descubrió primeramente 
la dichosa Arabia por medio de los suaves olores 
que el viento le sacudía , con que tomó ánimo, 
y se le dio á todos sus compañeros. Así nosotros 
recibimos muchas veces dulzuras , y suavidades 
en este mar de la vida mortal, las quales sin du- 
da nos hacen antes gustar los regalos de aquella 
patria dichosa, y celeste, á la qual aspiramos. 

Pero dirásme, sin duda, que pues hay con- 
suelos sensibles , que son buenos , y vienen de 
Dios, y no obstante hay otros inútiles, peligro- 
sos, y aun perniciosos, que proceden, ó de na- 
turaleza , ó asimismo del enemigo ; ¿ cómo podrás 
discernir los unos de los otros, y conocer los ma- 
los , ó inútiles entre los buenos? Sea, pues, una 



DE QUEVED0. 395 

general doctrina , querida Filotqa , quaqto á los 
deseos, y pasiones de nuestras almas, que las de» 
bemos conocer por sus frutos. Aquel corazón es 
bueno , que tiene buenos deseos ; y los deseos, 
y pasiones son buenas, quando producen en no- 
sotros buenos efectos , y santas acciones. Si las 
dulzuras , ternezas , y consuelos nos hacen mas 
humildes, pacientes, tratables, caritativos, y com- 
pasivos para con el próximo: mas fervorosos en 
mortificar nuestra concupiscencia, y malas incli- 
naciones : mas constantes en nuestros exercicios: 
mas manejables , y obedientes para con los que 
debemos obediencia : mas simples en nuestra vi- 
da : sin duda , Filotea , que los tales consuelos, 
y ternezas serán Dios. Mas si estas dulzuras no 
tienen dulzuras sino para nosotros , y nos hacen 
curiosos, agrios, puntillosos, impacientes, por- 
fiados , fieros , presuntuosos , duros para con el 
próximo, y que pensando ser ya pequeños san* 
tos , no queremos sujetarnos mas á la dirección, 
ni á la corrección ; indubitablemente estos tales 
serán consuelos falsos , y perniciosos. Un buen 
árbol no produce sino buenos frutos. 

Quando sintiéremos estas dulzuras, y con- 
suelos, menester hemos humillarnos mucho de- 
lante de Dios. Guardémonos , pues , de decir 
quando estas dulzuras nos arriben : Yo soy sin 



39¿ OBRAS J>% T>. FRANCISCO 

duda bueno. No, Filotca; estos son bienes que 
no nos hacen mejores ; porque , como tengo di* 
eho no consiste en esto la devoción. Digamos an- 
tes : ¡ O, y quán bueno es Dios con los que espe- 
ran en él , y con las almas que lo buscan ! 

i £1 que tiene el azúcar en la boca , no 
puede decir que su boca sea dulce ; mas podrí 
decir que el azúcar es dulce. Así , aunque esta 
dulzura espiritual es muy buena , y Dios que 
nos la dá es bonísimo , no por eso se sigue que 
aquel que la recibe sea bueno. 

2 Conozcamos ser aun pequeños niños, que 
tenemos necesidad de leche , y que estas gran- 
des dulzuras nos son dadas por quanto aun tene- 
mos el espíritu tierno , y delicado , y que tiene 
necesidad de tales cebos , y mantenimientos pa- 
ra ser tirado al amor de Dios. 

3 Mas después de esto (hablando general- 
mente , y por lo ordinario ) recibamos con hu- 
mildad estas gracias , y favores , y tengámoslas 
por en extremo grandes , no por quanto lo son 
en sí mismas, como porque es la mano de Dios 
quien nos las pone en el corazón , como haria 
una madre 9 que por regalar á sü hijo , ella misma 
le metiese los granos de gragea en la boca uno 
á uno ; porque si el tal niño tuviese algún juicio, 
mas estimaria la dulzura del agasajo , y caricia 



pE QUEVEDO. 397 

de la madre , que la dulzura de la gragea mis- 
ma. Así ^ue , Filotea , no es poco el tener se - 
me jantes dulzuras; pero es la dulzura de las dul- 
zuras el considerar que Dios con su mano amo- 
rosa , y maternal nos la pone en la boca , en el 
corazón , en el alma , y en el espíritu. 

4 Habiéndolas recibido con esta humildad, 
empleémoslas cuidadosamente según la intención 
del que nos las dá. ¿ Por qué pensamos , pues, 
que Dios nos dá estas dulzuras ? Para hacernos 
dulces, y mansos para con todos, y enamorados 
para con él. Dá la madre la gragea al niño por- 
que la bese. Besemos , pues , también nosotros 
á nuestro Salvador, ppes nos acaricia por medio 
de estos consuelos. Besar, pues, al Salvador, es 
el obedecerle , el guardar sus Mandamientos , el 
hacer su voluntad , el seguir sus deseos ; y en 
fin el abrazarle tiernamente con obediencia , y 
fidelidad. Quando hubiéremos , pues , recibido 
algún consuelo espiritual , menester es aquel dia 
mostrarnos diligentes en el hacer bien , y en el 
humillamos. 

5 Es menester , ademas de todo esto , re- 
nunciar de quando en quando tales dulzuras de 
consuelos , y ternezas , separando nuestro cora- 
zón de ellas , y protestando , que aunque las reci- 
bamos humildemente, y las amemos, por quan- 



39$ OBRAS DE P. FRANCISCO 

to Dios nos las envía , y que nos provocan á su 
santo amor, no por eso son las tales las que busca- 
mos, sino Dios, y su santo amor: no el consue- 
lo , sino el Consolador : no la dulzura , sino el 
dulce Salvador : no la terneza , sino aquel que 
es suavidad del Cielo, y de la tierra; y en esta 
afición y deseo, debemos resolvernos, y quedar 
firmes en el santo amor de Dios, aunque en to- 
da nuestra vida no recibiésemos ningún consue- 
lo; y así diremos igualmente sobre el Monte Cal- 
vario , como sobre el Tabor : j O Señor * y quán 
bien me está el estar con vos , ya estéis en cruz, 
ó ya en gloria ! 

6 Finalmente te advierto, que si te vinie- 
se alguna notable abundancia de tales consuelos, 
ternezas , lágrimas , y dulzuras , ó alguna cosa 
de extraordinario en ellas, las confieras, y comu- 
niques con fidelidad con tu Confesor , para que 
así aprendas cómo te has de moderar , y com- 
portar en ellas; porque está escrito: Has halla- 
do la miel : come la que te basta. 



DE QUEVIDO. 399 

CAPITULO XIV. 

De las sequedades , y esterilidades 
espirituales. 



H, 



.aras, pues, como te acabo de decir ? querida 
Filótea , quando tuvieres semejantes consuelos. 
Pero este tiempo hermoso y tan agradable , no 
durará siempre : antes te sucederá hallarte á ve- 
ces tan privada de la devoción , que te parece- 
rá ser tu alma una tierra desierta , infructuosa, 
y estéril , en la qual no hay ni senda , ni cami- 
no para hallar á Dios , ni ninguna agua de gra- 
cia que la pueda rociar , por ser su sequedad tan 
grande, que parece quererla volver de todo pun- 
to estéril. ¡ Ah pobre de mí ,. y quán digna de 
compasión es el alma que se ve en este estado, 
y principalmente quando este mal es vehemen- 
te ! porque entonces , á imitación de David se 
sustenta de lágrimas noche y dia , mientras el 
enemigo, por hacerla desesperar, se burla de ella, 
diciéndola : ¡ Áh pobre de tí ! ¿ dónde está tu 
Dios ? 1 Por qué camino le podrás tú hallar ? 
I Quién te podrá volver ya mas la alegria de su 
santa gracia ? 

i Qué es lo que harás tú en tal tiempo, Fi- 



400 OBRAS PE P. FRANCISCO 

lotea ? ¿ Tendrás , pues , cuenta de dónde te vie- 
ne el mal ? Nosotros mismos somos muchas ve* 
ees causa de nuestras esterilidades , y sequeda- 
*des. 

i Como una madre rehusa el azúcar á su 
hijo , viéndole sujeto á las lombrices ; así Dios 
nos quita los consuelos quando en ellos recibimos 
algún vano complacimiento > y nos ve sujetos al 
gusano de la soberbia , y presunción. Saludable 
me es , ó Dios mió , que v<$ me humilléis , y 
eso sin duda porque antes que vos me hubiera- 
des humillado , yo os habia ofendido. 

a Quando nos mostramos negligentes en 
recoger las suavidades , y regalos del amor de 
Dios a su tiempo, entonces nos los quita en cas- 
tigo de nuestra pereza. £1 Israelita que no co- 
gía el maná muy de mañana , después no po- 
día habiéndose mostrado el Spl > porque enton- 
ces se deshacía todo» , 

3 Vémonos á veces echados en una cama 
de contentos sensuales , y consuelos perecederos, 
como se veia en la Esposa Sagrada en los Cán- 
ticos* £1 Esposo de nuestras almas llama á la puer- 
ta de nuestro corazón : inspíranos que nos vol- 
vamos a nuestros exercicíos espirituales; pero no- 
sotros regateamos esto con él , por quanto sen* 
timos el dexar estos vanos embebecimientos , y 



1>E QUEVEPO, 401 

el apartarnos de estos falsas contentos. Por es- 
to , pues > fusa adelante , y nos detfa atollados; 
después , guando Le queremos buscar ^ tenemos 
no poco trabajo en hallarle ; fiero habérnoslo bien 
merecido , pues nos mostramos tan infieles , y 
desleales á su amor , que rehusamos el ejerci- 
cio espiritual por seguir el de las cosas del muni- 
do. Mas quien se sustenta de la harina de Egyp- 
to no es bien participe del maná del Cielo. Las 
tibejás aborrecen todos los olore9 artificiales ; y 
las suavidades del Espíritu Santo son incompati- 
bles con los regalos artificiosos del mundo, 

4/ La duplicidad , y disimulación de inge- 
nio , ejercitado en las confesiones , y comuni- 
caciones espirituales , que se hacen con el Con- 
fesor, causa las sequedades, y esterilidades s 
que pues tu mientes al Espíritu Santo , no es 
de maravillar si él te rehusa su consuelo ; 
pues tú no quieres ser simple , y sin doblez 
como un niño, tampoco tendrás la gragea de los 
niños, * v 

5 Tú te hallas muy bien sola con los con- 
tentos mundanos ; y así no es mucho si los re« 
galos espirituales se te dan escasamente. Las pa- 
lomas y a solas (dice el antiguo proverbio) hallan 
amargas las cerezas. Hinchado ha de bienes (di- 
ce nuestra Sefipra) á los hambrientos , y á los ri* 

tqm. ir. ce 



40 2 OBRAS J)X I>. FRANCISCO 

eos ha dexado vacíos. Los que son ricos de pla- 
ceres mundanos , no son capaces de los espiri- 
tuales, 

6 Si hubieres conservado bien los frutos 
de los consuelos recibidos, sin duda que tendrás 
otros nuevos , porque á aquel que los tiene se 
le darán aún mas, y aquel que no tiene los que 
se le han dado; mas á quien los ha perdido por 
su culpa, se le quitarán aun los que no tiene; esto 
es» que le privarán de las gracias que le estaban 
preparadas. Vemos que la lluvia vivifica las plan- 
tas ya verdes ; mas á las que no lo están , antes 
las quita la vida que aun no tienen , porque al 
mismo punto las podrece , y daña. Por muchas, 
y semejantes causas perdemos los consuelos de* 
votos, y caemos en sequedad, y esterilidad dp 
espíritu. 

Examinemos, pues , nuestras conciencias , y 
yeamos si hallamos en nosotros semejantes faltas. 
Mas notarás, Filotea, que no se debe hacer es- 
te examen con inquietud , ni demasiada curio- 
sidad ; antes , después de haber con fidelidad con- 
siderado cerca de esto nuestras acciones. , si es 
que hallamos en nosotros la causa del mal , da- 
remos gracias á Dios , porque el mal se tiene 
por medio sano quando se ha descubierto la cau- 
sa de él. Si , al contrario 1 no vieres nada en par- 



DE QVEVEDO. 403 

ticular qac te parezca haber causado esta seque* 
dad, no te embebezcas, ni detengas en buscar 
con mas curiosidad la causa ; sino con toda sim- 
plicidad , sin mas examinar ninguna curiosidad, 
haz lo que te diré. 

1 Humíllate quanto puedas delante de 
Dios, conociendo tu poquedad, y miseria. ¡Ay 
de mí ! ¡Qué es lo que soy yo, quando en mí 
misma no soy otra cosa, ó Señor, sino una tier- 
ra seca , la qual abierta por todas partes mues- 
tra la sed que tiene de las aguas del Cielo , y 
es el mal que entretanto el viento la disipa , y 
vuelve en polvo \ 

% Invoca á Dios, y pídele su alegría : VoU 
ved, ó Señor, la alegría de vuestra salud: Va- 
dre mió y si es posible , traspasad este cáliz de 
raí , ¡Quítateme de delante , ó vicio infructuoso, 
causa de la sequedad de mi alma! ¡y ven tú, 6 
gracioso viento dé los desconsuelos , y sopla en 
jni jardín , y así sus buenas aficiones , y deseos 
derramarán olor de suavidad I * 

3 Acude á tu Confesor, ábrele~bien tu co* 
razón , hazle ver todos los dobleces de tu alma, 
y toma los avisos que te diere, con gran simpli- 
cidad , y humildad ; porque Dios , que ama in- 
finito la obediencia , hace muchas veces útiles 
los consuelos ágenos , y en particular los de los 

ce a 



404 OBRAS PJE D. FRANCISCO 

Confesores, aunque por entonces no haya grande 
apariencia, como hizo provechosas á Naaman 
las aguas del Jordán , de las quales Elíseo , sin 
pinguna apariencia de razón humana, le mandó 
usara. 

4 Mas después de todo esto nada hay tan 
provechoso, nada tan fructuoso en semejantes 
sequedades , y esterilidades t como el no aficio- 
narse, 111 .desvelarse en. el deseo de librarse de 
ellas. No digo yo que simplemente no procure* 
mo$ el huirlas; pero digo'oue no debemos procu- 
rarlo con porfía ; sino antes dexarloi la sola vo- 
luntad , y especial providencia de Dios, para que 
él se sirva de nosotros quanto fuere servido en 
medio de semejantes espinas , y trabajos. . Di* 
gamos , pues , á Dios en tal tiempo: O Padre! 
fi es posible , pasad de mí este cáliz. Mas jun- 
temos también palabras de grande ánimo. : Con 
todo esto , no mi voluntad , sirio la vuestra-, sea 
hecha. Y quedémonos en esto con el .mayor rer 
poso que nos sea posible ; porque. Dios , Yién* 
«fonos en esta santa indiferencia , nos consola- 
rá «con mas gracias , y favores, como quando v¡6 
4¡ Abrahan resuelto de privarle del su hijo Isaac, 
que se contentó viéndole indiferente en e§ta pu* 
ara resignación , consolándole por una visión , y 
iu dulce bendición. Debemos ■> pues , ea toda 



raerte áe aflicciones , así corporales, eomo espi- 
rituales , sucediéndonos semejantes distracciones, 
6 substracciones en la devoción , decir de todo 
nuestro corazón , y con una profunda sumisión: 
JE/ Señor me ha dado consuelos , el Señor me los 
ha quitado: sea ¡¡endito su santo Ndmbrefipoi* 
que perseverando en esta humildad , sin duda 
nos dará sus regalados favores, como hizo á Job, 
que constantemente \isaba de semejantes pala- 
bras en todos sus trabajos. * 

5 Finalmente, Filotea, entre todas nues- 
tras sequedades, y esterilidades nunca perdamos 
A ánimo; sino antes esperando con paciencia los 
consuelos, sigamos siempre nuestra derrota. No 
dexemos por esto ningún exercicio de devoción; 
antes , siendo posible > multiplicaremos nuestras 
buenas obras ; y no pudiendo presentar á nues- 
tro caro Esposo las confituras líquidas , presen* 
tlmosle las secas , porque lo uno , y lo otro se* 
rá lo m¡smj> , con tai que el corazón que sé las 
ofrece esté perfectamente resuelto en el querer 
amarle. Quando la primavera es hermosa hacen 
las abejas mas miel , y crian menos , porque al 
favor del buen tiempo se embebecen , y ocupan 
tanto en hacer sü cosecha sobre la* flores; que 
se olvidan de su producción. Mas quando la pri* 
mavera es áspera , y nublosa , entonces hacen 

ce 3 



40 6 OBRAS 2>E D. FRANCISCO 

iiias abcjoclas , y meóos miel; porque como no 
pueden salir á hacer su cosecha , se emplean en- 
tonces en su multiplicación. Sucede muchas ve* 
ees , querida Filote* » que Viéndose el alma en 
la hermosa primavera de los consuelos espiritua- 
les , se embebece tanto en el juntarlos, y gus- 
tarlos , que con la abundancia de estos dulces 
regalos hace muchas menos obras buenas i y al 
contrario , hallándose én las asperezas , y este* 
rilidades espirituales , multiplica tanto mas las 
obras sólidas , y virtuosas, quanto Se Ve priva- 
da de los sentimientos agradables de devoción, 
abundando en la generación interior de las ver- 
daderas virtudes d$ paciencia , humildad , ab- 
yección de sí misma> resignación > y abnegación 
de su amor propio. 

Es un grande abuso de ínüchos , y princi- 
palmente de las mugeres* el creer que el servi- 
cio que hacemos 4 £>iós 'sin gusto , sin terneza 
de corazón, y sin sentimiento, sea menos agra- 
dable á la Magestad divina , pues al contrario 
nuestras acciones son como las rosas, las quales, 
aunque es verdad que estando frescas tienen mas 
gracia , con todo eso quando secas tienen mas 
olor , y fuerza , y de la misma manera aunque 
nuestras obras hechas con terneza de corazón , 
no son agradables (digo á nosotros, por quanto 



DE QÜEVBDO. 40/ 

no miramos sino á nuestro propio deléyte); con 
todo eso las que hacemos con sequedad , y este- 
rilidad tienen mas olor , y valor delante de Dios. 
Sí , Filotea *. en tiempo de sequedad , y desabri- 
miento nuestra voluntad nos Heva al servicio de 
Dios como por fuerza : por consiguiente ha de 
ser de necesidad mas rigurosa , y constante que 
en tiempo de terneza. No es mucho servir á un 
Príncipe en la dulzura de ün tiempo próspero, 
y apacible , y en medio de los regalos de la Cor- 
te ; pero servirle en la aspereza de la guerra, y 
eir medio de las revueltas, y persecuciones, se- 
rá sin duda una verdadera señal de constancia, 
y fidelidad. La Beata Angela de Foligno dice 
que la oración mas agradable á Dios es la que 
se hace por fuerza, y contrición: esta es aque- 
lla , á la qual nos ponemos , no por algún gus- 
to que tengamos , ni por inclinación , sino sola- 
mente por agradar á Dios , á lo qual nuestra vo- 
luntad nos lleva como constreñidos , forzando, 
y repugnando las sequedades , y repugnancias 
que se le oponen. Lo mismo digo de toda suer- 
te de buenas obras; porque quántas mas contra- 
dicciones tuviéremos en el hacerlas , sean exte- 
riores, ó interiores, tanto mas estimadas, y pre- 
ciadas son delante de Dios ; y quanto menos par- 
ticular interés hubiere en el seguimiento de las 
ce 4 



40S OBUL* 31 1>. FRANCISCO 

Virtudes , tanto mas la purera del amor Divina 
lucirá en nosotros. £1 niño besa fácilmente a su 
madre quando le dá azúcar; pero será señal cía* 
ra de amarla en extremo si la besa después de ha- 
berla dado amargos agenjos. 

CAPITULO XV. 

Confirmación , y aclaración ¿U lo que se ha düfo f 
for un txemplo notable. 

ara darte esta instrucción mas evidente, qute* 
ro ponerte aquí un excelente pedazo de histo- 
ria de San Bernardo, como lo he hallado cií 
este docto , y entendido Autor, Dice , pues así: 
Es cosa ordinaria casi á todos k>s que comienzan 
á servir á Dios , y que no están aun experimen- 
tados'en las substracciones de la gracia , ni en 
h& mudanzas espirituales , que viniéndoles á fal- 
tar este gusto de la devoción sensible , y esta 
agradable luz que los convida á darse priesa en 
el camino de la devoción , pierden al mismo pun- 
to el ánimo , y caen en pusilanimidad, y triste- 
za de corazón. La gente bien entendida dá esta 
razón : que la naturaleza racional no puede por 
largo tiempo durar hambrienta , y sin algún de- 
ley te , ó celeste , ó terrestre. Como las almas. 



JMles, relevadas sobre sí mismas /ton la prueba 
de los placeres superiores, renuncian fácilmente 
los objetos visibles; así también quando por la 
disposición Divina les es quitada la alegria es* 
piritual, hallándose también entonces privadas 
de los consuelos corporales , y no estando auií 
acostumbradas i esperar con paciencia la vuelta 
del verdadero Sol , les párete que éstan ni en 
el Cielo, ni en la tierra, y que han de quedar- 
se sepultadas en una noche eterna ; y como ni- 
ños pequeñuelos , que se airan quando les qui- 
tan la teca, así también se quejan , lloran, y se 
muestran importunas, y enojosas, principalmente 
consigo mismas. Esto, pues , aconteció en el via- 
ge , del qual hay qüestioü , á uno de la tropa, 
llamado Godofredo de Perona, nuevamente de- 
dicado al servicio de Dios. Este , pues , hallán- 
dose de improviso con una cierta sequedad , y 
falta de consuelo, y ocupada el alma de mil ti- 
nieblas lóbregas , é interiores , comenzó á vol- 
ver á la memoria sus amigos mundanos, sus pa- 
rientes , los exercicios , y vanidades , que poco 
,antes habia dexado; por cuyo medio fue asaltado 
de una tan áspera tentación, que no pudiéndo- 
la encubrir en el semblante , se lo conoció uno 
de sus mas confidentes , y amigos : el qual lle- 
gándosele con disimulación , y dulces palabras, 



4 IO OBRAS 1>S 9. F1ANCISCO 

le dixo en secrete : ¿ Qué es esto , Godofredo? 
I Cómo e$tás tan pensativo , y pesaroso , cosa 
tan fuera de tu costumbre? Entonces Godofrc- 
do , con un profundo suspiro del alma , respon- 
dió así : Hermano mió, sabrás que ya en mi 
vida podré estar alegre; con cuyas palabras mo- 
vido el amigo i piedad , se fue luego con un 
zelo fraterno i contarlo al común Padre San 
Bernardo ; el qual , viendo el peligro , se entró 
en la primera Iglesia , donde rogó á Dios por 
él. Godofredo 9 durante esto , combatido de la 
tristeza , y apoyando la cabeza sobre una pie- 
dra , se quedó dormido ; pero después de pe* 
queño rato se levantaron entrambos, el uno de 
la oración con la gracia ya alcanzada , y el otro 
del sueño con la cara risueña , y serena» Alara* 
v ¡liándose de esto su amigo f viendo en él tan 
arrebatada mudanza , no pudo dexar de repre- 
henderle amigablemente lo que poco antes le 
había respondido. Godofredo le replicó : Si *n- 
tes te dixe que Jamas yo me vena contento, 
ahora te aseguro que jamas me veré triste* 

Tal fue el suceso de la tentación de cstz 
devota persona. Notarás > pues , en lo que se te 
ha contado , Filotea: 

i Que Dios dá de ordinario algún anticipa- * 
do gusto de los regalas celestes á los que entran 



DX QÜIVEDO. 411 

en su servido * para retirarlos por este medio de 
los deley tes terrenos > y animarlos en el segui- 
miento del amor Divino » como tina madre que 
para tirar y cebar su hijuelo á la teta > le pone 
la miel én el pezón, 

a Es también este buen Dios quien i ve- 
ces (según su sabia disposición) nos quita la le- 
che , y la miel de los consuelos , para que por 
este medio aprendamos i comer el pan seco, y 
sólido de una devoción vigorosa > ejercitada á 
la prueba de disgustos , y tentaciones. 

3 Que á veces de las sequedades * y es- 
terilidades de espíritu se levantan muy grandes 
tentaciones , y que entonces es necesario com- 
batirlas animosamente , porque las tales no son 
de Dios ; pero debemos sufrir las sequedades, 
pues Dios las ha ordenado para nuestro exer* 
cicio. 

4 Que no debemos jamas perder el áni- 
mo entre los enojos interiores , ni decir como 
el buen Godofredo : Jamas yo me veré alegre; 
porque en medio de la noche debemos esperar 
la luz , y recíprocamente en el mas hermoso 
tiempo espiritual , que podemos tener •, no de- 
bemos tampoco decir : Jamas me veré triste ; 
porque (como dice el Sabio) en los dias dicho- 
sos debemos acordarnos de la desdicha. Hase de 



4*.» OBRAS D* D. F1AHCISCO 

esperar entre los trabajos, y temer entre las pros- 
peridades; y tanto en una como en otea ocasión 
debemos humillarnos. 

$ Que es un soberano remedio el deseo* 
brir su mal á algún amigo espiritual , que nos 
pueda dar consuelo. 

En fin, para conclusión de este advertimien- 
to tan necesario, noto que en todas las cosas, y 
asimismo en estas , nuestro buen Dios, y núes* 
tro enemigo tienen también contrarias preten- 
siones ; porque Dios por ellas nos quiere condu- 
cir i una gran pureza de corazón , á una pro- 
pia renunciación de nuestro propio interés en lo 
que es de su servicio , y á una perfecta desnu- 
dez de nosotros mismos; pero el enemigo nues- 
tro procura emplear sus fuerzas para hacernos 
perder el ánimo, y hacernos volver del lado de 
los placeres sensuales , haciéndonos enojosos pa- 
ra con nosotros mismos , y los otros , para afear, 
y disfamar la santa devoción ; pero si observas 
los documentos que te he dado , verás como au- 
mentas en extremo tu perfección en el ejerci- 
cio que usares entre las aflicciones interiores; de 
las quales no quiero acabar el propósito sin de- 
cirte aun una palabra. Algunas veces los disgus- 
tos, las esterilidades , y sequedades proceden de 
la indisposición del cuerpo, como quando por el 



DI QU1VID0. 4I3 

exceso de las vigilias, de los trabajos, y ayunos, 
nos hallamos combatidos del cansancio , adorme- 
cidos y pesados , y con otras tales enfermedad 
des j Jas qualec , aunque proceden del cuerpo, 
no dexan de incomodar el espíritu ', por la es- 
trec tu atadura que hay entre ellos. En tales 
ocasiones, pues, debemos acordarnos siempre dt 
hacer mas actos de virtud con nuestro espíritu, 
y voluntad superior ; porque aunque parezca 
«star toda nuestra alma dormida, y acabada del 
cansancio , y desabrimiento , no por eso las ac- 
ciones de nuestro espíritu dexan de ser muy 
agradables i Dios ; y podemos decir-e» tal tiem*- 
po como la esposa Sagrada : Yo duermo; p$r* 
mi corazón vela. Y como he dicho atrás , si 
hay menos gusto en el trabajar de esta suerte, 
no por eso dex* de haber mas merecimiento, y 
virtud. 

Mas el remedio en esta ocurrencia es el alen- 
tar el cuerpo con alguna suerte de legítima re- 
creación , y entretenimiento. Así San Francis- 
co ordenaba á sus Religiosos que fuesen de tal 
manera moderados en sus trabajos , que no des- 
truyesen el fervor del espíritu. 

Y 2 propósito de esto este Glorioso Padre 
lina vez se vio contristado, y perseguido de una 
tan profunda melancolía de espíritu, qu$ no po- 



414 OBRAS DE D, FJt AKGISGO 

día dexar de mostrarla en sus movimientos; por- 
que si quería, conversar con sus Religiosos, no 
podía : si se apartaba de ellos % se bailaba peor. 
La abstinencia, y mortificación de la carne le 
afligían f y la oración no le aliviaba nada. Vid- 
se dómanos de esta suerte * y de manera > que 
parecía estar de todo punto abandonada de Dios; 
mas en fin* después de haber con humildad su- 
frido esta áspera tempestad , el Sqñór le ¿lio en 
un momento una dichosa tranquilidad. Esto es 
pajra darte á entender que los mayores Siervos 
de Dios están sujetos já tales sequedades; y que 
lo* maraes no deben espantarse si .se hallan en 
alguna». . .*. : &.\.. v . '• 



n 



'u'J: » : ". ■.. 



DI QUJEVEI>0. íflj 

QUINTA PARTE 
DE LAÍNTRQDUCCION f , 

JEN LA QUAL S$ CONTIENEN 

los exercicios , y avisos* necesarios para re- 
novar el alma 9 y confirmarla en la 
; devoción, 

CAPITULO PRIMERO. .";'.:, 

.Que debemos cada año .renovar ¡Jos buenos - ; 
M fr opósitos j>x>r hs exercicios 

siguientes. , , . , ., 

ir ■ .' ' •.-. ■•'■■■ : 

JujI principal punto de estos exercicios consis- 
te en conocer bien su importancia. Nuestra hu* 
piaña naturaleza se aparta fácilmente de sus bue, 
pos propósitos por la fragilidad :y mala inclina* 
cion de nuestra carne t la <jual agrava nuestra 
alma, y la procura tirar , é inclinar hacia aba- 
xo , si amenudo no se levanta hacia , arriba 4 
viva fuerza de resolución. Así como los páxaro* 
tornan amenudo á caer en tierra , no continúan» 
.do en romper el ayre para mantenerse por c$-, 
te jmedip en $u vu^loj au tamj?iea ¿amada Fif 



4 1 6 OBRAS T>p D. FRANCISCO 

lotea , tienes tu necesidad de reiterar , y repe- 
tir muy amenudo los buenos propósitos que hu- 
bieres hecho de servir á Dios, temiendo que no 
haciendo esta , no v caigas en ttf primer estado , 
ó en otro , por ventura mucho peor ; porque 
las caídas espirituales tienen est* propiedad, que 
nos ponen siempre en mas baxo estado que aquel 
en que nos hallábamos quando subimos á lo al- 
to de la devoción. No hay relox , por bueno 
que sea , que no sea menester subirle la cuer- 
da dos Veces al día , a la mañana , y á la no- 
che; y después de esto es menester también des- 
armarle, ]por lo menos una vefc al año, para lim- 
piarle de todas $us piezas , enderezar las torci- 
das , y reparar las que $stán usadas. Así tam- 
bién el que tiene un verdadero cuidado de su 
amado corazón, debe remontarle á Dios á las 
rtoches, y á la$ nfcñánas por medio d¿ los exer- 
¿icios *^a dkKos; y fuera de esto debe conside» 
rar amenudo sü* ¡estado , enmendándole, y aco- 
modándole quantó pueda al servicio de Dios; y 
efe fin , pbi: ío nienbá una vez al año debe des- 
armarle , y mirar' todas sus piezas una á una ; 
esto es., todos sus «déseos , aficionas, r y pasiones, 
partí que asi pueda reparar todas sus faltas; Y 
eomd el «ádltóró tinta todas-las- ruedas , los trat- 
veses, y el mw\k CQh algún acey te deUcado para 



/ Í>E QUEVEpOt 41/ 

que sus movimientos sean mas mansos , y segu- 
ros, y que esté menos sujefo ál órin, y herrum- 
bre; así la persona devota, después de haber 
desmontado, o desarmado sp corazón par^ pe- 
jor rehacerle / y renovarle, le debe usar por me- 
dio de los Sacramentos de la Confesión , y de la 
Eucaristía. Este exercicio reparará tus fuerzas » 
debilitadas del tiempo , confortará tu corazón, 
hará reverdecer tus buenos propósitos, y reflo-» 
recer las virtudes 4c tu espíritu. 
' Los antiguos Christianos practicaban estp con 
mucho cuidado efi el dia aniversario del Bautis- 
mo de nuestro Señc>r > en el qual, como 4i?e San 
Gregorio Obispo de Nazianzo , renovaban la 
profesión , y las protestaciones que se hacen eti 
este Sacramento. Hagamos lo mismo, querida Fi- 
lotea , disponiéndonos , y empleándonos en estp 
con muchas veras, y alegría. 

Habiendo! pues, escogido el tiempo conve- 
niente , según el parecer de tu Confesor, y ha~ 
biéndote retirado algo mas á la spledad real , y 
espiritual que lo ordinario , harás una , dos , q 
tres meditaciones sobre los 'puntos siguientes, 
según el método que te he dado en la Segunda 
Parte. ~ 



TQM. ir. J>d 



4 I 8 OBRAS PE D. FRANCISCO 

CAPITULO II. 

Consideración sobre el beneficio que Dios nos 

hace , llamándonos d su servicio , según la 

protestación arriba dicha* 



i V^lc 



Jonsidera los puntos de tu protesta* 
don. £1 primero es el haber dexado, desecha- 
do , detestado, y renunciado para siempre todo 
pecado mortal £1 segundo es el haber dedicado, 
y consagrado tu alma, tu corazón, y tu cuer- 
po , con todo aquello que de esto depende, al 
amor, y servicio de Dios. El tercero es , que 
si te sucediese caer en alguna mala acción > te 
levantarás al mismo punto , mediante la gracia 
de Dios. ¡¡ No son , pues , dime , estas hermo- 
sas , justas , dignas , y generosas resoluciones ? 
Piensa bien en tu alma quán santa, justa, y ra- 
zonable es esta protestación. 

% Considera á quien has hecho esta pro* 
testación , que es á Dios. Si las palabras de ra- 
zón dadas á los hombres nos obligan estrecha- 
mente, ¿quánto mas obligarán las que damos á 
Dios ? ¡ Ah Señor ! (decia David) a Vos es a 
quien mi corazón lo ha dicho : mi corazón ha 



PE QVEVEDO. 419 

trazado esta buena palabra : jamas la dvi* 
daré. • 

3 Considera en presencia de quién , y que 
ha sido á la vista de toda la Corte celeste. La 
Virgen , San Josef , tu buen Ángel , San Luis, 
toda esta celeste compañía te miraba , y apro- 
baba tu protestación, mirándote con ojos de un 
amor indecible , postrando tu corazón á los pies ' 
del Salvador, consagrándole á su servicio; por 
lo qual hicieron una general alegría por toda la 

, celeste Jerusalen, y aun harán ahora la conme- 
moración , si con entero corazón, renuevas tus 
buenos propósitos , y resoluciones. 

4 Considera por qué mpdios hiciste tu pro- 
testación. ¡ Ay de mí , y quán manso , y dul- 
ce se te mostró Dios en este tiempo ! Dime , 
pues , por tu vida, ¿no te viste convidada co(n 
mil dulces alhagos del Espíritu Santo? Las cuer- 
das con que tiró Dios tu pequeña barquilla á 
este puerto de salud, no te parece que fueron 

.de amor , y caridad ? Mira cómo te fue ceban- 
do con su divino azúcar, por los Sacramentos, 
por la lectura , y por la oración. ¡ Ay de mí, 
amada Filotea ! tu dormías, y Dios te velaba, 
poniendo en tu corazón pensamientos de paz , 
y meditando por tí meditaciones de amor. 
5 Considera en qué tiempo Dios te tiró á 



4*0 OBRAS PE D. FRANCISCO 

estas grandes resoluciones; porque si fue en la 
flor de tu edad ,° fue , Filotea , no pequeña di* 
cha el aprender tan presto lo que no podemos 
saber sino muy tarde. San Agustín , habiendo 
sido tirado de Dios de edad de treinta años, de- 
cía : ¡O antigua hermosura ! ¿cómo te he cono- 
cido yo tan tarde ? ¡Ay de mí, que te veta ,y 
no te conocía ! Y tú también podrás decir: ¡O 
dulzura antigua ! ¿por qué no te he yo antes 
gustado ? ¡ Ay de mí , que no obstante esto, no 
la conocías tú entonces ! y por esto t recono* 
ciendo quánta gracia te ha hecho Dios de ti* 
rarte asi en tu juventud , di con David : ¡ O 
Dios mío! tú me has alumbrado , y tocado des* 
de mi juventud , y para siempre yo invocaré tu 
misericordia. Y si ha sido en tu vejez , halla- 
rás , Filotea ; haberte Dios hecho no pequeña 
gracia en que después de haber tan mal per- 
dido tantos años precedentes , al fin Dios te ha 
llamado antes de la muerte , parando el curso 
de tu miseria en tiempo, donde si hubieras con- 
tinuado , quedaras miserable para siempre. 

Considera los efectos de esta vocación, y ha- 
llarás en tí , según entiendo , una dichosa mu- 
danza, comparando lo que eres, con lo que fuis- 
te. ¿No tienes tú , dime, por gran felicidad el 
saber hablar á Dios por medio de la Oración ? 



DI QUKVEDO. 4a I 

¿JE1 tener deseo de quererle amar? ¿El haber 
evitado muchos pecados, y embarazos de con- 
ciencia ? Y en fin, el haber comulgado tan ame-* 
nudo , cosa en que antes ponías tanto de$Guido> 
uniéndote á este %anto Manantial de gracias eter- 
nas? ¡Ah, Filotea, y quán grandes son estas 
gracias 1 $ Menester d , pues , Fildtea mia-, pe- 
sarlas erí el í peso del Santuario. La mano dere- 
cha de-Dk* et la que ha obrado todo esto. La 
buena Wtitno de Dios (dice David) ha hecho vir- 
tud : 'su-' diestra me ha relevado* Ni~*fioriféf 
pues í^ifiO'wviti , y cantaré de corazon*/de bo« 
$a , / iwobrdsias maravillas de su íondad, 
Desp^es^detodas'estas consideraciones , las 
quájes : , cjoiííó^es , nos colman de buenos de- 
seos , debemos concluir simplemente por una; 
atcíotf-'dd g*a¿ia$, y Hila oración encaminada al' 
apróVecharrtlentb de lo dicha , retirándote con 
humildad, y con gran confianza en Dios ; tío 
haciendo el fin de estas resoluciones hasta des* 1 
pues áet sé¿undo punta de este exercicio. 



Dd 3 



4 * 1 OBRAS PE P. FRANCISCO 

CAPITULO II L 

Peí examen de nuestra alma ¿obrf ti ajelan* 
. t amiento en Ja vida devota. 



E 



js%c, segu&do punto del ejercicio ei un poco 
largo ; y así quantfc á $u práctica te digo que no 
es necesario le hagas todo de una vez, sino en 
diversas, .veces > como si tomases lo que mira 
4 tus acciones para con Dios, y esto por una 
ve* ; lotque mira á tí mismo otra xczih que 
toca.al próximo otlai.y h CoAslifor4ciw.dc las 
pasiones la qüarta Vez. No sor4, tampoco ne- 
cesario que estés, de rodillas > sino ^.principio, 
y á la fin, con que se'aprenden Jas aficiones. Los 
Qtroí puntos. del examen )qs ppdxás h^cer con 
utilidad paseándote ; y aun mejor en la cama , 
si por ventura puedes estar, en ¿¡Ha por algún 
tiempo sin desabrimiento, ni gana de 4orttk< Pa- 
ra hacer > pues, *sto>. es fteqe$arjo haberlos an- 
tes leido* No obstante esto , es necesario el ha- 
cer todo este segundo punto en tres días, y dos 
noches quando mas , tomando de cada dia , y 
de cada noche alguna hora , digo algún tiem- 
po , sea el que pudieres ; porque si este exerci- 
ció no se hiciese sino en tiempos muy distantes 



DE QUEVEDO. 4¿) 

el uno del otro, perdería su fuerza » y causaría 
impresiones muy floxas. Después de cada pun- 
to del elámfcn notarás en lo que hayas faltado, 
y en' ló Ijue tientfs falta , y los principales dis- 
traimientos que! has sentido , para declararte , y 
tomar consejo , resolución , y alivio espiritual; 
y r auíiquc : en tales días que hicieres este exer- 
cieioy y los otros , íio sea necesario el retirarte 1 
absolutamente de las conversaciones , con todo 
esó rió se escusa el retirarte un poco \ particu¿ 
tormente hacia la noche , pata que así puedas 
acostarte más temprano ,' reposando el cuerpo, 
y el espíritu, necesarios á la Consideración. Y 
entre día habrás también de hacer freqüentes 
aspiraciones i Dios, á nuestra Señora , á los 
Angeles , y totfa la Jerusalen celeste; y es tam- 
bién necesario que todo esto se haga con un co- 
razón enamorado para con Dios , y la perfec- 
ción de tu alma» Para comenzar, pues , bien este 
eximen* 

i Ponte primeramente en la presencia de 
Dios. 

2 Invoca el Santo Espíritu , pidiéndole 
luz , y claridad para que puedas bien conocer- 
te , como San Agustín , que se lamentaba de 
Dios en espíritu de humildad / diciendo : ¡ O 
Señor l haced que os conozca , / que me conoz* 

pd 4 



4*4 0BRA3, PB p. FRANCISCO 

t$\ y Sao F/aoci$co, que píígy^ba i I);psi t 
¿Quién sois vos, y quien soy jo ?.P¿ottttará$jux 
notar tu ^deUntamiento p^f lo ; que tt jegcsnci-. 
jarte en tfcmisrta ,. sino para alegrarte es.piosf 
ni para glorificarte* sino para glorificar al $?§pr¿ 
y darle gracia^ . -*. '*, ....-: ^ 

Protestarás también > c|ue &í> coiqo-ta pi|3il? r 
sas , descubres el haber aprovechádotcj ppcq¿ ¡ST 
bien atrasádote , que no por eso, te. entibiarás^ 
ni refrescarás con ftirtguna. Sü^tt? $t miedo, ni 
flaqueza de corazón, sino que al contrario. pro- 
curarás animarte mas,' humillarte, y remediar las 
falcas mediante la gracia divina. .. 

Hecho, esto i considerarás ipansa-» y sosega-' 
dairiente de qué manera hasta la fcora presente, 
te has llevado para con Dios , para con el pró- 
ximo y y para contigo misma* 



..,,_ »B QXriTÉDO, 4».$ 

CAPÍTULO IV. 



Examen del estado demuestra alma JL&ra,fM f 

. i ,, V^onsidera guipes tu cori^n^cQntra: 
el gef ado mortalj y si . tienes una resolución fir* 
me de nunexmas cometerle jgorningun caso quCj 
pueda venirte , y si esta resolución ha[ ducado, 
desdé l^uprotestacipn hasta él presente. >En ^sta 
resolución consiste, jcl fundamento dp la yid^ $s- , 
pttimal \ ,. . , ... .. . , ; , t ./ 

a -Considerarás quál es tu corazón, para 

con ,1qs mandamientos de Dios > y si los hallas 

, buenos^ dulces , y agradabas- Quien- tiene, hl- .. 

ja mi* - 9 el gusto en buena disposición [ 9 y. sano ; 

cJ[;pstóín^gQ., pLtai^agetpc^ ]& buenas yi¿4das¿ t 

y deséchalas malas.,., .. .,,. 

3 ; Con^iderarásquáles tu corazón paracon, 
los pecados veniales. Mal podríamos guardarnos r 
de f f ca§í cu aJguno,po£ f uQ pinino r .Ó I »pQr.$t?o; 
mas notarás si hay alguno á que tco^s panicu- . 
lar afición , y íambien (que aun esto sería . peor) 
si hay algunp á que tengas, afición-, y amor. 

■4., . Considerarás quál,^ tu cqrazon p*ra 
con I9S exercicios espirituales : ¿ si los amas, si te 



4¿6 OBEAS DE D.FEANCISCO 

enfadan , si te disgustan , y i quál de ellos tie- 
nes tú mas, ó menos inclinación. El oir la pala- 
bra de Dios , el leerla , discurrir en ella , me- 
dítarV aspirar en Dios , confesarte, refcibír lo&- 
avisos espirituales , aparejarte á la Comunión, 
enfrenar tus aficiones % mirarás quál def esto ha* 
Mas repugna tu corazón : y si hallas alguna to- 
sa á que tu corazón tenga menos Inclinación/ 
examina de dónde le procede este disgusto , y 
<Júé és la Causa/ 

1 ¿ ■Considerarás qüál es tu corazón para 
con Dios mismo ; si se alegra' en acordarse de 
él , y si siente en esto una agradable dulzura. 
Dice David : Yo me he acordad*' de í)ios f y 
me he deteytádo. Mirarás Vi siente tu corazón una 
cierta felicidad en amarle, y un gusto ^ particu- 
lar eá sabotearse toii fcste amor. Notarás srtii co^ 
riz»ü se recíea en pensar en la inmensidad de' 
Dios , en su bondad , en su suavidad ; si «esta 
memerria de Dios reviene en medio de las ocu- 
paciones del mundo, y sus vanidaáts; si se ha- 
ce hacer lugar , si harta tu corazon/ii te pa- 
rece que tti corazón sé vuelve de su lado, y si 
en creita manera vá tomo marchando adelante. 
Es cieVío ÍJiíe 'hay almas de esta manera. 

1 *6> ¡ ' Si vuelve ün* casado de alguna jornada 
lar¿á/aT mismo puntó que su muger le oye; y 



wenté mVo2 ,«un<3[ue poj; $ntónce$ $e halld 
embarazada , y embebecida con algún* violen-* 
ta consideración, con todo eso lio dexará de ol- 
vidar todos lo$ qtros pensamientos, por pensar 
en su recien venida, y amada marido. De la mis- 
ma manera sucede á muchas almas amadoras de 
Dios; que aunque se hallen mas embebecidas, 
y embarazadas de negocios, luego que les toca 
el corazón la memoria de Dios; no, hay cosa que- 
ijo olviden ," ni de que no se deshagan , por no 
perder esta dulce , y bien venida memoria. Se* 
ñú . etf extremo, buena* 

7 Considerarás quál és tu t oraron; para 
con Jesu-Christo Dios , y Hombre > y si reci- 
bes gusto con .31. Las abejas gustan mucho de 
andar cerca de su miel , y los moscones de an- 
dar .ceíca : de la hediondas , y porquerías :,a$Ua? 
buenas almas tienen su gusto cerca de Jesu- 
Christo, y sienten una extrema terneza de amor 
para con él* ftias las malas solo $é. alegran* en 
medio de las vanidades. ; 

. ; 8 Considerarás quál es tu corazón para con . 
nuestra Señpra, eos los Santos* con k tu Ángel; i 
si los aáias jmucho, si tienes una especial con--, 
fianza en su benevolencia ;-j» sus imágenes ¿¡su* 
vidas, y sus alabanzas fe son agradables.; ... 
9 Quaiuai tu lengua, KH&icfefluri* Qpmou 



4"*$ OBRAS Dfe I>. *K ATASCO 

hablas de Dios , si te agradas en decir bien de 
él , seguft tti coftdttioh j y fuellas , y si te dc- 
leytas en cantar los cánticos. 

i o Quanto á las obras pensarás si tienes en 
el corazón la gloria exterior de Dios , y si ha- 
ces alguna Cosa asa honra ; porque los; que aman 
¿Dios, ama» coft David el ornato de su casa. 

í i Notarás si te has apartado de alguna 
afición mala ¿i y ú has renunciado alguna cosa por 
Dios; porqué es una buena señal de amor el 
privarse de ílgunl co^a en favor de aquel que 
se ama. ¿Qué es lo que has tu , pues , dexado 
por el amor de* Dios ? 

- CAPITULO V. 

ExJmtn d¿ nuestro tstad* para con *osotrat 
• Misviés. > 

ir JLvüLíra» cómo te 1 amas i ti misma, y si 
te amas demasiado para este mundo ; porque si 
ti así , desearán qübdarte $iempfe en él, y ten* 
días un extremo cuidado en arraigarte en la tier- 
ra s pero si* te amas pafa el Cielé , desearás , 6 
pótf lo menos te quitarás faciluiente en el tiempo 
de la partida de este siglo, quando llegue la ho- 
ra que nuestro Señor fuere servido de dart& 



DE QUEVEBO. 429 

% Mira si tienes buena orden en el amor 
de tí misma ; porque el mayor enemigo que te- 
nemos es el amor de nosotros propios. El amor, 
pues , ordenado quiere que amemos mas el al* 
ma que el cuerpo : que tengamos mas cuidado 
en adquirir las virtudes que otra ninguna cosa: 
que tengamos mas cuenta con la honra divina 
que con la baxa , y caduca. El corazón bien or- 
denado muchas veces dirá en sí mismo : ¿ Qué 
dirán los Angeles si yo pienso en tal cosa? Y no; 
¿Que dirán los hombres ? 

3 Mirarás qué tal es el amor que tienes á 
tu corazón, y si te enfadas de servirle en sus 
achaques, y enfermedades. No es pequeño ) Fi- 
lotea , el cuidado que debes tener en socorrer- 
le, y hacerle socorrer quando sus pasiones le ator- 
mentan, dexando por esto todo lo demás. 

4 Notarás quál te estimas -tu delante de 
Dios. Será en nada sin nada; mas advierte que 
no es grande humildad que una mosca no se es- 
time en nada en comparación de un gran mon- 
te ; ni que una gota de agua se tenga por na- 
da en comparación del mar; ni que una sola cen- 
tella de fuego se conozca por nada en compara- 
ción del sol. La verdadera humildad consiste en 
no estimarnos mas que los otros , ni querer ser 
estimados de los otros ea mas que ello*. 



430 OBRAS BE D. FRANCISCO 

' 5 Quanto á la lengua mirarás si te alabas 
de una suerte , y de otra , y si te adulas , y ala- 
bas á tí propia , hablando de tí misma. 

6 Quanto á las obras notarás si recibes al- 
gún placer contrario á tu salud i quiero decir , 
placer vano, inútil, demasiado, desvelado , y sin 
sugeto ; y semejantes* 

CAPITULO VI. 

Examen del estado de nuestra alma j>art con 
nuestro próximo. 



M. 



Lenester es amarse mucho el marido , y la 
muger , y esto con un amor dulce , sosegado, 
firme, y continuo. Debe s pues , hacerse esto en 
primer lugar, por quanto Dios lo ordena así; lo 
mismo digo de los hijos , y parientes cercanos, 
y también de los amigos , cada uno según su 
puesto, 

Mas para hablar en general , mirarás quál es 
tu corazón para con tu próximo , y si le amas 
cordialmente , y por amor de Dios. Para bien 
discernir esto habrás menester representarte cier- 
tas personas envidiosas , y desagradables ; por- 
que en estas es donde se exercita pl amor de 
Dios para con el próximo» y mucho mejor 



t DE QUJBVBD0., 43I 

con los que no* hacen algún mal de efecto , y 
de palabra. Examina si tu corazón es franco eq 
su particular , y si sientes gran contradicion en el 
amarlo. 

Mira si te hallas pronta en el hablar del pró- 
ximo murmurando , y en particular de aquello* 
que no te aman : si haces mal al próximo, ó dU 
recta , ó indirectamente. Por poca razón , y dis- 
curso que uses , conocerás todo esto. 

CAPITULO VIL 

Examen sobre las aficiones de nuestra 
alma. 



He 



.eme extendido en los puntos dichos , por- 
que en su examen comiste el conocimiento del 
adelantamiento espiritual que se ha hecho; por* 
que quanto al examen de los pecados , es solo 
para las confesiones de los que no piensan ade- 
lantarse. . 

No es , pues , necesario el trabajarse sobre, 
cada uno de estos artículos, sino con suavidad, 
considerando el estado en que nuestro corazón 
se ha hallado tocante á ellos desde nuestra re- 
solución , y qué faltas notables son las que hu- 
biéremos cometido. 



43* OBRAS DE D. FRANCISCO 

Y para abreviar todo esto es menester redu- 
cir el examen al conocimiento de nuestras pa- 
siones ; y si nos enfada en considerar tan por 
menudo (como se ha dicho) quáles habernos si- 
do , podremos examinar en esta forma quales 
habernos sido , y de qué suerte nos hemos com- 
portado : 

En nuestro amor , para con Dios , para con 
el próximo, y para con nosotros mismos. 

En nuestro aborrecimiento , para con el pe- 
cado que se halla en nosotros , y para el peca- 
do que se halla en los otros ; porque es cierto 
que debemos desear el fin del uno , y del otro. 
En nuestros deseos , tocante á los haberes , to- 
cante á los placeres , y tocante á las honras. 

En el temor de los peligros de pecar , y de 
las pérdidas de las posesiones de este mundo; 
porque de ordinario se (eme demasiado lo uno, 
y muy poco lo otro. 

En la esperanza puesta en el mundo , y en 
las criaturas , y muy poca en Dios , y en las 
posas eternas. 

En la tristez? , si es muy excesiva por cosas 
vanas. 

En la alegría , si es : muy excesiva , y por 
cosas indignas. 

Miraremos en fin qué aficiones tiene núes- 



DJB QUE VEDO. . 43J. 

tro corazón ocupado , qué pasiones le poseen, 
y en lo que principalmente $p hubiere dis- 
traído., 1 1> 

Porque por las pasiones del alma conocemos 
qnál es su estado, tocándolas una ,despues, de 
la otra ; porque así como #n músico de kud to- 
cando las cuerdas , las que halla disonantes las , 
viene, á templar, sea baxán^olas, ó ya subjén-. 
dolas; así después de haber tocado ,,y reconoció 
do él amor % el odio , el deseo , el temor, la es- 
peranza , la tristeza , y t ]z alegría de nuestra al- 
ma , si es que hallamos todo esto ma| sonante 
al fopo.qjié, queremos toc^r, yie es la. gloria 
de Dios , podrémoslo acordar muy bien , me- 
díante m ; gracia* y $l.cqn$ejo de,riuestr9 Con* 
fesor. r , 

_t, CAPITULO VIII, 

• • ■• •: i ''i ■ ■ ■■ 

Aficiones que debemos tener después del 
examen. 



n 



"espues de haber con blandura considerado 
cada punto del examen , y voto en que está , 
darás lugar á las aficiones siguientes. 

Darás gracias á Dios por la enmienda quq 
hubieres hallado en tu vida después de tu reso- 

xom. ir. se 



434 OBRAS DE D. FRANCISCO 

lucion, y reconoce que ha sido su misericordia 
sola la que ha obrado en tí , y por tí. 

Humíllate quanto puedas delante de Dios , 
«conociendo que si no te ha adelantado mas , 
ha sido por tu falta , y por no haber con 
fidelidad animosa y constantemente correspon- 
dido á las inspiraciones ; claridades , y movi- 
mientos que te ha dado en la oración ; y en- 
tonces. ^ 

promete alabarle para siempte por las gra- 
cias recibidas ; y así te retirarás de tus inclina- 
ciones , y llegarás á la enmienda. Pídele perdón 
por la infidelidad, y deslealtad con que has cor* 
respondido. 

Ofrécele tu corazón para que se haga de to- 
do punto Señor de él. 

Suplícale te haga fiel de todo punto. 

Invoca á' los Santos , la Virgen , tu Ángel , 
tu Patrón t Saq Joseph 9 y otros. 



DE QÜEVIDO. 435 

CAPITULO IX. 

Consideraciones propias para renovar nuestros 
« buenos propósitos. 



D« 



^espues de bien hecho el examen, y haber 
bien conferido con algún digno conductor las fal- 
tas, y su enmienda , tomarás las consideraciones 
siguientes, haciendo una cada dia por manera de 
meditación , y empleando el tiempo de tu ora-* 
eion; y estoque sea siempre con el mismo mé- 
todo quchas usado en ks meditaciones de la 
primera parte , poniéndote ante todas cosas en 
la presencia de Dios, implorando su gracia, pa* 
ra que por su medio puedas establecerte en su 
santo amor , y servicio. 

CAPITULO X. ■ 

Consideración primera. 2> la excelencia de 
i.r . nuestras almas. 

Considerarás la nobleza , y excelencia de tu 
alma, que tiene un entendimiento , el qüal co- 
noce no sólo todo este mundo visible , mas co- 
noce aun que hay Angeles, y un Paraiso : co- 
se 2 



43 6 OBRAS DE D. FRANCISCO 

noce que hay un Dios soberanísimo , bonísimo, 
é inefable ; conoce que hay una eternidad; y 
conoce mas lo que es propio para vivir en este 
mundo visible, y para juntarse con los .Ange- 
les en el Paraiso ^ y gozar de Dios para siem- 
pre. , ::. 
-* .Tiene mas tu alma , y es uña voluntad cá- 
todo noble , la qual puede amar í Dios , y no 
le puede aborrecer en sí misma. Mira .tu cora* 
zon , y verás quán generoso es , y. que así co- 
mo no puede nada detener las abejas en ningu* 
na cosa corrompida , antes solo se. detienen so- 
bre las flores; así tu corazón no puede tener repor 
so sino solo en Dios , sin que ninguna criatura 
pueda satisfacerle , ni hartarle '¿ si no, piensa en 
los mas amados , y divertidos embebecimientos; 
en que otras veces has ocupado tu corazón, y 
dime la verdad , si los tales no estaban llenos de 
inquietud , y molestia , de pensamientos carco- 
midos , y cuidados importunos , en medio de los 
quales tu pobre corazón- se veia miserable. . \ 
Va tu corazón corriendo para las criaturas 
con grandes ansias , pensando poder contentar 
sus deseos ; pero tan prestó como ha executado 
quanto imaginaba, echa de^ ver la vanidad;:. de 
su intento, pues nada le puede satisfacer.,, ni 
contentar. No quiere Dios \ Filetea , que nue*- 



DE QUEV1D0. 4jjr 

tro corazón halle ningún lugar donde pueda re- 
posar , de la misma manera que la paloma sali- 
da del Arca de Noe , para que así se vuelva á 
su Dios,* del qual ha salido. ¡Ah, y quánta her- 
mosura de naturaleza hay en nuestro corazón! 
¿ Por qué , pues , le tendremos nosotros contra- 
su voluntad en el servicio de las criaturas ? 

¡ O alma mia ! (dirás tú) tu puedes oír , y 
querer áDios. ¿Por qué, pues, te embebece- 
ras tú en cosa menor? ¿Si tú puedes pretender 
la eternidad, qué hay que detenerte en los mo- 
mentos! Esta fue una de las quejas del hijo Pro* 
digo , que habiendo podido vivir regaladamen- 
te á la mesa de su padre , comia suciamente á 
la de las bestias. ¡ O alma mia ! tú eres capaz 
de Dios. Desventurada de tí si te contentas con 
menos que Dios. Levanta mucho tu alma en 
esta consideración: muéstrala como es eterna, y 
digna de la eternidad: llénala de ánimo acerca 
de este sugeto. 



** 3 



4 3 & OBRAS M D. FRANCISCO 

CAPITULO XI. 

Segunda consideración. De la excelencia de las 
virtudes. 

Considera , que las virtudes , y la devoción 
pueden solas contentar tu alma en este mundo. 
Mira , pues , quán hermosas son i haz compa- 
ración de las virtudes , y vicios que les son con- 
trarios: la suavidad que hay en la paciencia, 
comparada á la venganza : en la mansedumbre, 
comparada á la ira , y enojo: en la humildad , 
comparada á la arrogancia , y ambición : en la 
liberalidad , comparada á la avaricia : en la ca- 
ridad, comparada á la envidia; y en la templan- 
za , comparada á los desórdenes. Las virtudes 
tienen esto admirable, que deleytan el alma con 
una dulzura, y suavidad incomparable, después 
que se han exercitado ; y al contrario , los vi- 
cios la cansan infinito , la descarrian , y pierden. 
¿Por qué, pues , no procuraremos nosotros ad- 
quirir estas suavidades ? 

De los vicios vemos que quien tiene pocos 
no está contento ; y quien tiene muchos , me- 
nos. Mas de las virtudes el que tiene bien po- 
cas , alcanza aun contento ; y quien muchas 



,. DE QUEVEDO. 439 

mucho mas. ¡ O vida devota , y quán hermosa 
eres , quán dulce, agradable y suave ! Tú mi- 
tigas las tribulaciones , y haces suaves las coi*» 
sedaciones. Sin tí -el bien es mal, y Jos placeros 
llenos de inquietudes , alborotos , y desvaneci- 
mientos. Ay de mí, que quien te conociera, pu- 
diera bien decir con la Samaritana: Domine, da 
mihi hanc aqpam : Señor , dame esta agua!. as» 
piracion muy freqüente á la Beata Madre Te- 
resa , y á Santa Catalina de Sena , aunque, por 
diferentes sugetos. 

CAPITULO XII 

Tercera consideración sobre el exemplo de los 
Santos. 

Considera el exemplo de toda suerte de San- 
tos: qué es lo que ellos no hicieron para amar 
á Dios , y ser sus devotos. Mira los Mártires , 
invencibles en sus resoluciones , qué tormentos 
dexaron de padecer para mantenerlas. Mira sobre 
todo tantas hermosas doncellas, mas blancas que 
la azucena* en pureza, y mas encarnadas que la 
rosa en caridad , que las unas á doce , las otras 
á trece , quince , veinte, y veinte y cinco años, 
sufrieron mil suertes de martirios , antes que 

Ee 4 



44 O OBRAS BE D. FEANCISCO 

apartarse un punto de su resolución 5 y no solo 
en lo que tocaba á la protestación de la Fe, si- 
no en lo que tocaba á la protestación de la de- 
voción: las unas muriendo antes que abando- 
nar su virginidad : las otras antes que dexar de 
servir á los afligidos, consolar los atormentados, 
y amortajar los muertos. ¡ O buen Dios , y Se- 
ñor , y quánta constancia ha mostrado este se- 
xo frágil en semejantes concurrencias ! 

Mira tantos Santos Confesores con qué valor 
han menospreciado el mundo , y como se han 
hecho invencibles en sus resoluciones. Nada les 
pudo hacer prevaricar , pues las abrazaron tan 
animosamente, y las mantuvieron sin excepción; 
que es lo que dice San Agustín de Mónica , con 
quánta firmeza seguía su empresa de servir á 
Dios , en su matrimonio , y en su viudez ; y 
San Gerónimo de su amada hija Paula en medio 
de tantos traveses, y en medio de tanta varie- 
dad de accidentes. ¿Qué es lo que nosotros de 
buena razón dexaremos de hacer con tan bue- 
nos Patrones ? Todos estos eran lo mismo que 
nosotros: hacian lo que hacian por el mismo Dios, 
y por las mismas virtudes. ¿ Por qué no hare- 
mos , pues , nosotros otro tanto , según nuestra 
vocación , y estado , por medio de nuestra re- 
solución , y santa protestación ? 



dé Qtrsvs&ot 441 

CAPITULO XIII. 

Quarta consideración. Del amor que Jesu* 
Christo nuestro Señor nos tiene. 

Considera el amor con que Jesu* Christo nues- 
tro Señor ha sufrido tanto en este mundo , y 
particularmente en el jardín de Olivet, y Mon- 
te Calvario, Este amor te miraba , y por medio 
de estas penas , y trabajos alcanzaba del Padre 
Eterno buenas resoluciones, y protestaciones pa± 
ra tu corazón , y por el mismo medio alcanzaba 
también todo lo que te es necesario para mante- 
ner , alimentar , fortificar , y consumar estas re- 
soluciones. ¡ O santa resolución , y quan precio- 
sa eres ! hija en fin de tal madre como la Pasión 
de nuestro Salvador! ¡ O quanto te debe amar 
mi alma , pues fuiste tan amada de mi buen Je* 
sus ! ¡ O Salvador mió ! Vos moristeis para ad- 
quirirme estas buenas resoluciones : dadme , 
pues , Señor , la gracia que yo muera antes de 
perderlas. 

No ves tíi , Filotea mia , ¿cómo el corazón 
de nuestro amado Jesús veia el tuyo desde el 
árbol de la Cruz , y le amaba , por cuyo amor 
te alcanzaba todos los bienes de que gozas , y 



j 



44* OBRAS DE P. FRANCISCO 

gozarás , y , entre otras , nuestras buenas reso- 
luciones? Sí, amada Filotea , bien podemos to- 
dos decir como Jeremías: ¡0 Señor V antes que 
yo fuera , vos me mir abades, y me llamabades 
for mi nombre. Y esto porque verdaderamente 
su divina bondad prepara en su divino amor, y 
misericordia todos los medios generales , y par- 
ticulares para nuestra salvación , y por consi- 
guiente nuestras resoluciones. «Asi como una mu- 
ger preñada apareja la cuna, los pañales, y man- 
tillas, y asimismo una ama para la criatura que 
espera , aunque la tal aún no esté en el mundo: 
así también nuestro Señor , habiéndote conce- 
bido en su bondad f y pretendiendo sacarte 4 la 
luz del mundo para tu salvación , y hacerte hi- 
ja suya , prepara sobre el árbol de la Cruz to- 
do lo que era necesario para tu buena dicha. 
Estos son todos los medios , todos los atraimien- 
tos , y todas las gracias , con las quales induce 
tu alma, y la quiere guiar á la perfección. Núes* 
tro Señor , pues , según esto , estaba en esta- 
do de preñez quando estaba en el árbol de la 
Cruz. 

¡ Ah , buen Dios , y con quintas veras de- 
briamos arraigar esto en nuestra memoria ! Es 
posible que haya yo sido amada , y amada con 
tal dulzura de mi Salvador , que se pusiese i 



PE QUEVEDO. 443 

pensar en mí, en mi particular, y en todas aque- 
llas pequeñas ocurrencias, por las quales me 
ha tirado á sí ! Con razón, debemos , pues , es- 
timar, y amar todo esto, y emplearlo á nues- 
tra utilidad. Nota esta consideración. Aquel co- 
razón amigable de mi Dios pensaba en Filotea, 
la amaba , y la procuraba mil medios para su 
salvación, tanto como si no hubiera habido otra 
alma en el mundo en quien hubiese pensado. Así 
como el Sol alumbrando una parte de la tierra, 
no la alumbra menos que si no alumbrase otra 
parte mas que aquella sola; de la misma mane- 
ra nuestro Señor pensaba , y cuidaba por todos 
sus amados hijos > y de suerte pensaba en cada 
uno de nosotros , como si no pensara en todos 
los demás. El me ama , dice San Pablo, y se diá 
for mí; como si dixese? Por mí solo, de la mis- 
ma manera que si no hubiera hecho nada por 
los demás. Esto, pues, Filotea, debe estar 
grabado en tu alma para mejor conservar , y 
mantener tu resolución , la qual ha sido tan es- 
timada en el corazón de tu Salvador. 



444 OBRAS M D. FRANCISCO 

CAPITULO XIV. 

Quinta consideración del amor eterno de Dios 
para con nosotros. 

Considera el amor eterno que Dios te ha te- 
nido ; porque antes que nuestro Señor Jesu- 
Christo, siendo hombre, padeciese en la Cruz 
por tí , su Divina Magestad te tenia en su so- 
berana bondad, y te amaba en extremo. ¿Pe- 
ro quándo comenzó Dios á amarte ? Comenzó, 
pues , quando comenzó á ser Dios. ¿ Y quándo 
comenzó á ser Dios ? Nunca , porque siempre 
lo fué sin principio, ni fin ; y así también te ha 
amado desde ab eterno. Por esto ,. pues, te pre- 
paraba las gracias , y favores que te ha hecho; 
y él mismo lo dice por el Profeta : Yo te- amo 
(contigo habla de la misma manera que con otro) 
con una caridad perpetua , y por esto te he ti- 
rado teniéndote piedad. Pensado ha , pues , en- 
tre otras cosas en hacerte tomar resolución de 
servirle. ¡O, buen Dios, quáles resoluciones soa 
estas ! Pues Dios las ha pensado, meditado , y 
trazado desde su eternidad , ¡ quán caras y pre- 
ciosas nos deben ser las tales ! ¿ Qué es lo que 
nosotros debríamos sufrir antes que perder la mí- 



BE QUEVEDO. 445 

nima parte de ellas ? Antes que hacerlo' debría- 
mos ver perecer todo el mundo , porgue tam- 
bién sabemos que todo elmundo junto no vale 
Jo que un alma, y un alma no vale nada sin núes» 
tras buenas resoluciones* 

CAPITULO XV. /, .:, 

Aficiones genitales sobre las consideraciones * 
precedentes , y conclusión del 
. excrcüto. 

"O" : 

¡ Vx amadas resoluciones mías! vosotras stíisjél 
.hermoso ¡árbol de vida, que mi Dios ka planta* 
do por su propia mano ea medio de tai xorazon, 
el qual quiere asimismo mi Salvador regar eco 
sursangre para hacerle .que. Heve fruto-. Antes 
pásate, mil muertes que dar lugar i que ningún 
viento une le desarraigue. Ni la vanidad , ni los 
regalos , ni la* riquezas , ni lgs trib'ulacLoncs>6e> 
rán bastantes i ello. Mas , ó Señor .mjo,> que 
bien sé ser. vos mismo quien: ha plantado:» y en 
vuestro seria paterno guardado eternamente es- 
te árbol hermoso para mi jardín. } Quáatas al- 
mas habrá que no han. sido favorecidas át esta 
suerte! ¿Cómo, pues, podré yo jamas, humillarme 
bastantemente delante de vuestra misericordia? 



44 6 OBRAS DE D. FRANCISCO 

¡ O hermosas y santas resoluciones ! si yo os 
conservo , vosotras me conservareis. Si vosotras 
vivís en mi alma, mi alma vivirá en vosotras. 
Vivid, pues, para siempre, ó resoluciones mias, 
eternas en la misericordia dé Dios. Estad, y vi* 
vid eternamente en mí, para que nunca os aban- 
done. 

Después de estas resoluciones , es menester 
que particularices los medios importantes para 
mantener estas amadas resoluciones; y que pro- 
testes el querer siempre aprovecharte de ellas 
con fidelidad , y de la freqüencia de la ottcipn, 
de los Sacramentos , de las. buenas obras, la en- 
mienda <fe las faltas reconocidas en d segundo 
punto, y el seguimiento «de los avisos que t<? se- 
rán dados á este fin.: Lo qual hecho , como con- 
secutivamente protestarás 'mil veces que conti» 
nuarás en tus resoluciones ; y como si tuvieras 
tu corazón , tu alma, y tu voluntad en tus ma- 
nos , la dedicarás , consagrarás, y -sacrificarás á 
Dios , protestando no. volverlas á tomar mas, si- 
no dexarlas en las manos de su divina Magestad, 
para seguir en todo, y por todo sus Mandamien- 
tos. Ruega á Dios ^e renueve de todo punto , 
que bendiga tu renuevo de protestación, y que 
lar favorezca: Invoca á la Virgen, tu Arigel, los 
Santos, y San Luis. . v 



DE QUE VEDO. 447 

Irás con este movimiento de corazón á los 
, pies de tu Padre espiritual. Acusaráste de las 
faltas principales que hubieres notado haber co- 
metido. Después de tu confesión general recibe 
la absolución de la misma manera que hiciste la 
primera vez ; pronunciarás delante la protesta* 
cion, y confirmárosla; y en fin irás i unir tu co* 
. razón renovado á su principio , y Salvador ; es- 
to es , al Santísimo Sacramento de la Euca- 
ristía. 

CAPITULO XVI. 

De los sentimientos que se deben tener después 
de este exéntete. 

A dia que hubieres hecho este renuevo , y 
los siguientes , repetirás muy amenüdo de co- 
razón , y de boca aquellas fervorosas palabras de 
San Pablo, de San Agustín , de Santa Catalina 
de Sena , y otros; 

" No , yo no soy mas mia, O que yo viva , 
,, 6 que yo muera , yo soy dé mi Salvador. Yo 
,> úq tengo mas de mí , ni mió ; mi mió es Je- 
», sus , y mi mió es el ser suya. " ¡ Q mundo ( 
tk eres siempre tu mismo , y yo siempre he si- 
do yo misma. Mas de aquí adelante yo no seré 



44 8 OBRAS DE P. FRANCISCO 

más yo misma. No, nosotros ya na seremos. no* 
sotros mismos» porque tendremos el corazón tro- 
cado ; y el mundo qnh nos ha tanto engañado, 
será engañado en nosotros , porque no aperci- 
biendo nuestra mudanza , por ser poco á poco, 
pensará que somos siempre de los de Esaú , y 
seremos de los de Jacob. 

Será menester que todos estos excrcicios re- 
posen dentro del corazón , y que apartándonos 
de su consideración , y meditación , entremos 
con tiento en los negocios , y conversaciones, 
temiendo qiie el licor de nuestras resoluciones 
no se derrame , y pierda , porque es menester 
qi¡es¿ d^sh^ga, y penetre bie$_to4as las partes 
del alma ; y que no obstante se¿ todo esto sin 
forzar el espíritu , ni el cuerpo. 

• '" ' . v ': . '. '" i ; 'i' 4 * '. ' 

CAPITULO XVII. 

Respuesta d 4os .objeciones^ que pueden ponerse 
sobre esta introducción. f 



'iráteel muedo, Filotea mia^ que estos exerr 
cidos, y avisos son $ti tan grande numero, que 
quien los quiera observar no podrá atender á otra 
cosa. ¡ Ay de mí, amada Filotca! Quando noso- 
tros no : hiciéramos otra cosa; haríamQs harto bietí, 



DE QUEVBDO, 449 

pues haríamos lo que debríamos hacer en este 
mundo. Verdad ef que si fuese necesario hacer 
todos estos exercicios todos los dias , no nos da- 
rían lugar á otra cosa ; mas no es necesario ha- 
cerlos sino á su tiempo , y lugar, y cada uno 
según la ocurrencia. ¿Quántas leyes hay civiles, 
las quales deben ser observadas? mas se entien- 
de según la ocurrencia , y no que sea necesario 
practicarlas todas cada dia. Quanto á lo demás, 
David Rey , cargado de negocios dificultosísi- 
mos , usaba de mas exercicios que yo te he pues* 
to aquí. San Luis , Rey admirable , así en la 
guerra , como en la paz, el qual con un cuida- 
do sin igual administraba la justicia , y maneja- 
ba los negocios mas graves, ora dos Misas cada 
día, decia Vísperas, y Completas con su Cape- 
llán: hacía su meditación , visitaba los hospita- 
les , confesábase todos los viernes , disciplinán- 
dose : oia los sermones muy amenudo, y hacía 
muchas veces conferencias espirituales ; y con 
Codo esto no perdia una sola ocasión del bien pú- 
blico, que ñola ejecutase diligentemente, sien- 
do entonces su Corte mas lucida , y festejada, 
que en tiempo de sus predecesores. Usa , pues, 
sin temor de estos exercicios , según te he en- 
señado, y Dios te dará bastante lugar , y fuer- 
za para acudir á los demás negocios , aunque 

T02Í. IV. FÍ 



4 $ O OBRAS DE D. FRANCISCO 

para ello debiese hacer parar el Sol , como hi- 
zo en el tiempo de Josué. No es poco lo que 
hacemos quando Dios trabaja con nosotros* 

Dirá el mundo que llevo yo la mira á que 
mi Filotea tenga el don de la oración mental, 
y que , no obstante esto , no todos le pueden 
tener , y que así esta introducción no servirá 
para todos. Es verdad , y sin duda he llevado 
siempre este fin ; y es también verdad que to- 
dos no tienen el don de la oración mental ; pe- 
ro también lo es que casi todos le pueden tener, 
y aun hasta los mas groseros , con tal que ten* 
gan buenos Confesores , y que ellos quieran tra- 
bajar para adquirirle tanto quanto él lo merece. 
Y si se halla faltar este don en alguna suerte de 
grado (lo qual pienso no poder acaecer sino muy 
raramente), el prudente Confesor hará fácilmen- 
te suplir esta falta por la atención que enseña- 
rán tener en leer , ó en oir las mismas consi* 
deraciones que están puestas en las Medita- 
ciones, 



DE QÜEVBDO. 45 I 

CAPITULO XVIÍÍ. 
Tres ultimas y frincipales avisos para esta 

intrfi/ltir/?iñit 



introducción. 



H, 



.aras todos los primeros días del mes la pro- 
testación que está en la primera parte, después 
de la meditación; y todos los momentos que pue- 
das protestarás el quererla observar , diciendo 
con David : Nunca jamas olvidaré tus justifi- 
caciones f i Dios mió, porque en ellas f Señor ; 
me has vivificado. Y quando sintieres algún dis- 
traimiento en tu alma , tomarás tu protestación 
en tus manos , y postrada en espíritu de humil- 
dad, la pronunciarás de, todo tu corazón ; y asi 
hallarás un gran alivio , y consuelo. 

Harás profesión abierta de querer ser devo* 
ta ; y no digo de ser devota , sino de querer 
serlo 5 y no tengas vergüenza de las acciones 
comunes, é importantes que nos guian, y con- 
ducen al amor de Dios. Procura siempre ensa- 
yarte en la meditación , cómo en querer tam- 
bién antes morir que pecar mortalmente. Pro- 
testarás también que has de freqüentar amenu- 
do los Sacramentos, y seguir los consejos de tu 
Director (aunque muchas veces no sea jiecesa- 

FÍ 2 



45 > ' OBRAS t>t X>. VftAHCISCO 

rio el nombrarle por muchas razones) ; porque 
esta libertad de confesar que. queremos servir á 
Dios , y que nos hemos consagrado á su amor 
con una especial afición , es muy agradable ¿ 
su Divina Magestad , que no quiere que ten» 
gamos vergüenza de él , ni de su Cruz ; pues 
vemos que ésta antes corta el camino á muchos 
enredos , que el mundo á cada paso desea po- 
nernos , y nos obliga á su seguimiento. 

Los Filósofos se publicaban por Filósofos 
porque los dexasen vivir filosóficamente : y no- 
sotros debemos hacernos conocer por deseosos de 
la devoción porque nos dexen vivir devotamen- 
te; que si alguno te dixere que se puede vivir 
devotamente sin la práctica -de estos avisos , j 
exercicios , no por eso lo niegues; pero respon- 
derásle amigablemente , que tu flaqueza es tan 
grande, que ha menester mas ayuda, y socorro 
que los otros. 

En fin , amada Filotea mia , yo te conjuro 
por quanto hay sagrado en el Cielo , y en la 
tierra : por el Bautismo que has recibido , por 
los pechos que Jesu-Christo mamó, por el co- 
razón caritativo con que te ama , y por las en- 
trañas de la misericordia en que esperas, que 
continúes, y perseveres en esta dichosa empre- 
sa de la vida devota; Nuestros Mas st pasan, 



1>E QUE VEDO. 45 3 

la muerte esta S ¡a puerta ', Ja trompeta (dice 
San Gregorio Nacianceno) toca d la retirada:^ 
toda uñó ¿e prepare , porque eljtíício se acer- 
ca. La madre de Saü Sinforianó , viendo qué le 
llevaban al martirio, le gritaba cerca de sus ore- 
jas; Hijo mió > hijo mió.* acuérdate de la vida 
eterna : mira al Gielo , y considera quien rcyna 
en él. El fin cercano terminará bien presto el: 
breve curso de esta vida. Lo mismo , pues, Fi- 
lotea mia , puedo yo decirte. Mira al Cielo , y 
no le pierdas por la tierra; mira al infierno, no 
te eches en él por los qué son solos momentos. 
Mira á Jesu-Christo : no le niegues por el mun- 
do ; y quando la pena de la vida devota te pa- 
reciere dura , cantarás con San Francisco : Los 
mayores trabajos me parecen pasatiempos , con* 
siderando los bienes que después de ellos espero. 
Viva Jesús, á quien con el Padre, y el Es- 
píritu Santo sea honra , y gloria ahora , y para 
siempre , y en los siglos de los siglos. Amen. 



Pag. 



ERRATAS. 
Lin. Dice Léase 



su tu 

Mitidrates Mitridatts 

Í>ios ¿Dios 

viittrde* «virtudes 

¿v no apartarse de apartar** 



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