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Full text of "Obras completas de Diego Barros Arana .."

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OBRAS COMPLETAS 



DIEGO BARROS ARANA 



OBRAS COMPLETAS 



DIEGO BARROS ARANA 



OBRAS COMPLETAS 



DE 



DIEGO BABEOS ABANA 



TOMO IV 



HISTORIA LITERARIA 



""[^ísís; 



SASTIACio HE CUU.K 
IM3P3R3BNTA C3B3R-SrA.NTBS 

BANDKKA, 50 
1Q08 



184942 



ADVERTENCIA. 



La enseñanza de la historia literaria formó parte de 
n uestros planes de estudios desde 1848. Se empleó primero 
como texto elemental una traducción que corria manuscri- 
ta de un artículo de enciclopedia escrito por el célebre lite- 
rato francés M. Philaréte Chasles. Lo habia trazado para 
formar parte de un suplemento de la Encyclopédie moder- 
ne de Courtin, en que se publicaron diversas disertaciones 
jenerales sobre la historia de las ciencias, de las artes i de 
las letras. Ese artículo, notable por la elegancia del estilo 
i por la seguridad i elevación de los juicios literarios, no es 
mas que una mirada rápida i sumaria sobre la literatura, 
e n que apenas se detiene el autor en ciertos nombres para 
c onsagrarles ocho o quince líneas, i a veces menos, i que 
supone en el lector algunos estudios anteriores. Los mis- 
mos profesores que recomendaron la adopción de ese ar- 
tículo como libro elemental, reconocieron que la mayor 
parte de él era del todo inútil para el objeto; i por eso sólo 
tradujeron e hicieron estudiar lo que se refiere a las litera- 
turas orientales, a los hebreos, los griegos i los roma- 
nos ^. 



1 El artículo de M. Philakkte Chaslks ha sido reproducido 
por su autor con pequeñas modificaciories, i bsjo el título de Es- 
c¡ui'sse d'une histoire géuérale des influences Jittéraíres^ en un tomo 



NOCIONBS DB HISTORIA LITERARIA 



..V JBl señor don Andrés Bello, que había indicado i sosteni- 
• do la idea de introducir este estudio en nuestros colejios 
como complemento indispensable de toda educación lite- 
raria, fué el primero en declarar que el artículo de M. Phi- 
laréte Chasles no correspondía en manera alguna al objeto 
a que se le destinaba. Preparó entonces su Compendio de 
Ja historia de la literatura^ cuya primera parte dio á luz 
en 1850. Este libro es una simple compilación de noticias 
biográficas i literarias estractadas de las obras mas reco- 
mendables qiie se han escrito sobre la materia; pero es una 
compilación ejecutada por la mano maestra del que cono- 
cía perfectamente la importancia i el carácter de cada lite- 
ratura, de cada época i de cada escritor. Desgraciadamen- 
te, el señor Bello se dejó llevar mas allá de los límites 
asignados a un libro puramente elemental, dio un gran 
desarrollo al estudio de la literatura griega, i, convencido 
de este error, suspendió su trabajo cuando apenas estaba 
comenzado. 

A pesar de esto, el libro del señor Bello estuvo en uso en 
nuestros colejios durante algunos años. Comprendía sólo 
el examen de las literaturas orientales, de la hebrea i de la 
griega, por manera que la enseñanza de este ramo quedó 
reducida a esos solos puntos. No se enseñaba una sola pa- 
labra sobre las letras romanas ni sobre la de los pueblos 
modernos. Un estudio tan incompleto no podía subsistir 
por largo tiempo en el mismo estado; ¡ no pudiendo mejo- 
rarse convenientemente pbr falta de un libro elemental, se 
suprimió del todo dejando la enseñanza de la literatura 
reducido a la de los preceptos de la retórica i de la poé- 
tica. 

Restablecida la enseñanza de la historia literaria por la 
rcformadel plan de estudios secundarios acordadaen 1864, 
i debiendo cimentarla en el Instituto Nacional de una ma- 



piiblicado bajo la denominación de Etudes sur V Htitiquité (1847 )• 
Basta recorrer a la lijera ese corto artículo para convencerse de 
que no ha podido servir de texto elemental de historia literaria. 



ADVERTENCIA 



ñera mas completa, busqué con el mas afanoso empeño un 
libro que pudiera servir de texto a los alumnos. Como su- 
piese que no existia en la lengua castellana un tratado de 
esta naturaleza, pedí a Europa todos los que con el mis- 
mo objeto se hubiesen publicado en Francia i en Inglate- 
rra. Proponíame traducir uno de ellos, enganchando por 
medio de notas algunas partes, sobre todo la referente a 
la literatura española, mal conocida i poco estimada en 
jeneral en esos países. 

Luego me convencí de que este pensamiento era irrealiza- 
ble. Los libros elementales que pude reunir me probaron 
que ninguno de ellos satisfacía las necesidades de la ense- 
ñanza en Chile. Algunos limitaban el estudio de la litera- 
tura de un pais al análisis de unos pocos escritores, i ni 
siquiera nombraban a otros que han ejercido una grande 
influencia. Por el contrario, otros casi no contienen mas 
que listas de nombres i de fechas, como si sólo se hubiera 
querido fijar los puntos sobre los cuales deben recaer las 
esplicaciones del profes' r. En jeneral, todos ellos dan gran 
desarrollo a la literatura de su pais respectivo, i pasan de 
carrera sobre las de los otros pueblos. Como es fácil com- 
prender, ninguno de esos libros conviene a la enseñanza 
que se da en nuestros colejios. Para nosotros, las literatu- 
ras europeas, tanto antiguas como modernas, deben ser 
presentadas con un espíritu menos esclusivo, de manera 
que, aunque por las consideraciones de lenguas, de gustos 
i de sentimientos, unas llamen con preferencia la atención, 
los jóvenes conozcan que deben buscar los modelos litera- 
rios en todas partes, sin esclusion de escuelas ni de nacio- 
nalidades. Indudablemente, para nosotros tiene mas im- 
portancia la literatura española, que es la literatura de 
nuestra lengua, que la inglesa o la alemana; pero seria un 
absurdo sostener que en un curso de historia literaria no 
se ha de fijar la atención de los alumnos en los nombres de 
Shakespeare i de Mil ton, de Klopstock i de Goethe. 

Estas consideraciones me hicieron comprender que era 
indispensable formar un nuevo libro elemental, adaptado 



8 NOCIONES DE HISTOBIA LITERARIA 

a las necesidades de la enseñanza en Chile; i con una pro- 
funda desconfianza en mis propias fuerzas, acometí este 
trabajo avanzando poco a poco, i a medida que yo mismo 
iba estudiando con alguna prolijidad i detención las diver- 
sas fases de la historia literaria. Así se comprende que este 
libro me haya^ostado cerca de tres años de trabajo asiduo 
i casi constante. 

Siguiendo un plan que me ha parecido el mas metódico 
i el mas natural de un libro destinado a servir de texto de 
enseñanza, he dividido esta historia como se divide ordina- 
riamente la historia civil, en tres grandes períodos; i he 
subdividido cada uno de éstos en secciones que se refieren 
a las diferentes nacionalidades. Este orden me ha servido 
no sólo para simphficar el estudio haciendo mas clara la 
esposicion de los hechos, sino* también para esplicar las in- 
fluencias recíprocas que han ejercido unos pueblos sobre 
otros. En una historia de la literatura destinada a otros 
US03 que la instrucción elemental, estas divisiones i subdi" 
visiones habrian sido inútiles i tal vez embarazosas; pero 
en un libro de la naturaleza del presente, eran indispen- 
sables. 

Aparte de ciertas consideraciones, casi siempre mui cor- 
tas, sobre el oríjen de las lenguas modernas i el carácter de 
la literatura de un pueblo o de un período, i que no podían 
omitirse, he evitado cuidadosamente las divagaciones abs- 
tractas, las disertaciones jenerales que abundan en las his- 
torias literarias. Me he contraído casi esclusívamente a 
dar a conocer los principales escritores de cada pais, i a 
examinar sus obras por medio de rasgos que expliquen con 
claridad i precisión el talento especial i la importancia de 
cada uno. 

En algunas ocasiones, esos bocetos literarios son el re- 
sultado de mi observación personal; pero con frecuencia los 
he tomado de críticos eminentes, ya sea copiándolos por» 
entero, ya estractándolos i abreviándolos. He cuidado so- 
bre todo apartarme en estos juicios críticos de las tenden 
cias eschisivistas de una escuela determinada, porque creo 



ADVERTENCIA 9 



que el objeto principal de un libro de la naturaleza del pre- 
sente no es ensalzar una secta literaria sobre las otras, si- 
no el despertar en los jóvenes el amor por la lectura de los 
grandes escritores. 

Como no pretendo vestirme con un ropaje que no es mío, 
he señalado por medio de comillas, i con el nombre del au- 
tor, los fragmentos que traslado textualmente; pero como 
era natural, he dejado de hacerlo cada vez que adaptando 
las ideas i el lenguaje de un escritor, introducia alguna in- 
novación, ya fuera abreviando, añadiendo algo o modifi- 
cando en parte su pensamiento. No debe, pues, estrañarse 
si en el curso de este libro se encuentran algunos pasajes en 
que al hacer el estracto de ciertos juicios críticos, se han de- 
jado correr mas o menos íntegras una o varias frases del 
autor consultado. **Este procedimiento, que parecería sin- 
gular en un libro orijinal i de primera mano, es lejítimo en 
un libro destinado a la enseñanza, dice M. Alfredo Blot, 
crítico francés contemporáneo. En el fondo, estas compi- 
laciones son impersonales. Lo que sepide al abreviador es 
que instruya. Cuando se alcanza este objeto, poco impor- 
ta que se haya escrito bajo el dictado de los maestros, o 
revestido con un estilo propiolas ideas de otro'\ Los auto- 
res de libros elementales, simples compiladores de los iilti- 
mos descubrimientos científicos, literarios o históricos, no 
son, pues, plajtarios, puesto que no se atribuyen la inven- 
ción de lo que han recojido después de estudios atentos i 
prolijos. El crimen de plajio en esta clase de trabajos, con- 
siste en formar un libro sin un plan ni un pensamiento pro- 
pio, con trozos estensos, con capítulos casi enteros, copia- 
dos textualmente de dos o tres autores, única fuente de 
estudio i de investigación. 

En jeneral, en el curso de este libro he suprimido las no- 
tas, o no las he puesto sino cuando era necesario agregar 
algún hecho que no cabia en el texto. Pero como es indis- 
pensable señalar las fuentes en que he recojido las noticias 
que consigno, he formado una lista casi completa de las 
obras que me han servido de guia. La publicación de esa 



10 NOCIONES I>B HISTORIA LITERARIA 

lista, que irá después de esta Advertencia^ indicará tam- 
bién a los jóvenes estudiantes los libros que pueden consul- 
tar si desean estender el caudal de sus conocimientos, ya 
que en un tratado elemental no pueden encontrar los he- 
chos con todo el desarrollo posible. 

Antes de terminar esta Advertencia, quiero prevenir una 
observación que talvez habrá de hacerse contra el empleo 
de este libro como texto de enseñanza. Se dirá quizá que es 
mui largo, i que los alumnos no podrán aprenderlo en un 
año. Esta objeción tendría algún valor si la historia litera- 
ria hubiera de estudiarse de memoria, como se han estudia- 
do antes de ahora tantas cosas entre nosotros; pero si se 
ha de aprender como se aprende la historia civil, evidente- 
mente es una ventaja para Ips alumnos el que el libro ele- 
mental se detenga en algunos puntos para darles toda la 
claridad apetecible. Los que han tenido que trabajar sobre 
esos libros en que las materias están condensadas como en 
un programa, saben cuánto afán imponen ellos a los estu- 
diantes para que comprendan su sentido. Me Hsonjeo con 
el pensamiento de que en esta obra hai mui pocos pasajes 
que necesitan ser leidos mas de una vez para que se les en- 
tienda bien. 

Diego Barros Arana 



bibliografía 



Albert (Paul).--í,íí pdes/e, 1 vol. en 12, París, 1868. 

— LaprosCf 1 vol. en 12, París, 1869. 

Estos dos volúmenes, formados por las lecciones dadas 
en la Sorbona a un auditorio de señoritas por este distin- 
guido profesor, contiene la historia sumaria de cada jéne- 
ro literario, estudiada con cuidado i escrita con un nota- 
ble talento. 

— Histoire de la ¡ittérature romaine, 2 vol. en 8*^, Pa- 
rís, 1871. 

Estaexcelentc historia de la literatura latina, que forma 
parte de una colección de historias litei arias en que se han 
publicado las obras de Baret, Burnouf i Perrcns (véanse 
estos nombres en el presente catálogo), tiene para los jó- 
venes la ventaja de contener algunos fragmentos mui es- 
cojidos de los escritores analizados. 

> 

— Ja littérature franqaise, des íes origines á la fin du 
XVl'' siécle. 1 vol. en 12, París, 1874. • 

— La littérature franqaiseau XVIP siéclef 1 vol. en 1 2, 
París, 1874. 

— La littérature frangaise au XVIIP siécle, 1 vol. en 
12, París. 187^. 



12 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

Estos tres interesantes volúmenes forman una historia 
completa de la literatura francesa escrita con verdadera 
ciencia, con excelente gusto i con mucho arte literario. Es 
una obra tan agradable i amena como instructiva. 

Amador de los Ríos (José).— ií/s tona crítrca de la litera- 
tura española, 7 vol en 4*=^, Madrid, 1861-1865. 

Est^ prolija historia déla literatura española, que quedó 
inconclusa, es notable por la grande investigación; pero 
es tan minuciosa que el sétimo volumen apenas llega a los 
principios de los tiempos modernos. 

Bachelet et Dezoitry. — Dictionnaire general de biogra- 
phie et d'histoire, de mythólogie atícienne et moder- 
ne, des antiquités, etc., 2 vols. en 8*^, a dos colum- 
nas, Parts, 1862. 

Los juicios críticos que en este diccionario siguen a la 
biografía de cada escritor, aunque jeneralmente sumarios, 
son de ordinario excelentes: i algunas veces los he seguido 
casi fielmente. 

— Dictionnaire general de lettres, des beavx-artSy etc., 
1 vol. en 8*^ a dos columnas, París, 1862. 

Este diccionario, formado como el anterior, con la cola- 
boración de muchos sabios i profesores, contiene buenos 
artículos sobre la literatura de cada pais, i ademas, en ar- 
tículos por separado, análisis detenidos de las obras mas 
notables de todas las literaturas, como las epopeyas, o^as 
novelas nías famosas, como el Quijote, la Clara Harlo- 
\ve, etc. 

Recomiendo particularmente a los jóvenes estas dos 
obras como libros de una utilidad indisputable. 

BaretíEügene). — Les Troubadours et letir inñuence sur la 
littérature du niidi de FEurope, avec des extraits, 
etc. 1 vol. en 8*?, París, 1867. 

— Ilistoire de la littérature espagnole depuis scs ori- 
gines jusqu' á nos jours, 1 vol. en 8^, París, 1863. 

Este libro no escomo podría suponerse, un simple estrac- 



bibliografía 13 



to de la famosa Historia déla literatura española deTick- 
ñor, sino una historia literaria basada en parte sobre esa 
obra, pero que supone también un estudio serio, i que con- 
tiene algunos juicios críticos verdaderamente orijinales. 

Barrrbra i Lbirado (Cayetano Alberto de la).— Caíá- 
logo biográfico del teatro antiguo español^ 1 vol. 
en 8"^, a dos columnas, Madrid, 1860. 

Esta obra, a pesar de su modesto titulo, es una de las 
obras mas eruditas que haya producido la España moder- 
na, i es indispensable para conocer la historia de su teatro. 

Bello (Andreís).— Compenrf/o de la historia de la literatu- 
ra, 1 vol. en 4"^, Santiago, 1850. 

No contiene mas que el examen de las literaturas orien- 
tales, de la hebrea i de la griega, pero ésta comprende 
también la literatura bizantina. 

— Opúsculos literarios i críticos^ 1 vol. en 4*^, San- 
tiago, 1850. 

Algunos de los artículos reunidos en esta colección son 
de un mérito sobresaliente, i resuelven cuestiones de gran- 
de importancia. 

— Estudios sobre la antigua literatura castellana a 
propósito de la Historia de la literatura española 
de Ticknory publicados en los Anales de la Universi- 
í/a<idel853, 54 i55. 

Estos estudios, obra de una erudición profunda, tienen 
una importancia capital para conocer ciertos puntos prin- 
cipales de la historia literaria de la edad media. 

BoüTERWERK.—íí/síoire de la littérature espagnole, tra- 
' duite de rallemand, 2 vol. en S'^, París, 1812. 

BuRETTE ET Charpentier.— CflA/ers d'histoire littéraire 
ancienne et moderne, en 8^, 1838. 

Esta obra escrita para servir de continuación a un curso 
de historia universal, puede distribuirse en siete tomos 



14 NOCIONES DB HISTORIA LTTEBARIA 

diferentes: 1^ literaturas orientaíe», 2^ Grecia, 3^ Roma. 
4' la edad media, 5^ tiempos modernos, 6^ i 7^ Francia. 
Aunque esta obra no es constantemente igual, algunas de 
sus partes, sobre todo las que ha escrito M. Burette, son 
notables por la elegancia i por la segundad de los juicios 
literarios. 

BuRNOiTF (Emile).— Hísto/re de la littérature grecque, 2 
vol. en 8^. París, 1869. 

Esta escelente historia comprende el análisis de todas las 
producciones del jenio griego desde los tiempos primitivos 
hasta el reinado de Justiniano. 

BuRON (L. L. )— /í/sío/re abrégée des principales littératu- 
res de PEurope ancienne et moderne, 1 vol. en 12*^, 
1867. 

Este libro casi no contiene mas que listas de escritores i 
de obras, acompañadas pocas veces de algunas noticias 
biográficas i de lijaros juicios literarios. 

Chassang (A). — Histoiredu román dans V antiquité grecque 
et ¡atine, 1 vol. en \2'\ 2' edición, París, 1862. 

C BASLES (PHiLARETE).—Étuí/es sur ¡'antiquité^ 1 vol. en 
12,1847. 

— Etudes sur VAUemagne, 1 vol. en 12. 

— Etudes sur V Anglaterre au XVIII^ siécle^ 2 vol. 
en 12. 

— Etudes sur F Angla terrean XIX*^ siécle, 1 vol. en 12. 

— Etudes sur le mayen age, 1 vol. en 12. 

Chauvin (Víctor).— Les Romanciers grecs et latins^ 1 vol. 
en 12, París, 1864. 

Demogeot i].)—Histoire de la littérature frangaise depuis 



BIBLI06BAFÍA 15 



ses origines jusqu* á nous jovrs^l vol. en 12, 2^ 
edición, París, 1855. 

Este libro, así como los dos volúmenes de Pierron, que 
mencionamos mas adelante, forma parte de la historia 
universal publicada en Francia bajo la dirección de M. 
Víctor Duruy, i constituye, como los libros referidos, un 
buen tratado de historia literaria. 

Drioüx (L'abbé).— H/sío/re de la littérature franqaise, 1 
vol. en 12, París. 

— Précis de tbistoire des litttératures étrangéres an- 
ciennes et modernes^ 1 vol. en 12, París. 

Esta última obra compuesta de simples extractos de dos 
o tres obras, limita el estudio de cada literatura a un lijero 
análisis de unos cuantos autores, i omite esas considera- 
ciones indispensables sobre las iiiiluencias literarias, el orí« 
jen de las lenguas, etc. 

Duran (Agustín). — Estudio crítico i bibUográñco sobre el 
romancero castellano^ introducción del tomo X de 
la Biblioteca de autores españoles, publicada por 
Rivadeneira. 

Egger (Emile).— Me/no/res de littérature ancicnife, 1 vol. 
en 8*^, París, 1862. 

— Mémoires d'histoire ancienne et de philologie, 1 
vol. en 8^, París, 1863. 

Estas obras contienen diversas disertaciones sobre va- 
rios puntos de historia i literatura antiguas, tratadas 
con una erudición verdaderamente notable. 

EiCHoFF (F. G.)—Tableau de la littérature du nord au 
moyen age en Allemagne et en Angleterre, en Sean- 
dinavie et en Slavonie, 1 vol. en 8^, París, 1857. 

— Poésie heroique des Indous, comparée á Vépopée 
grecque et roinaine, 1 vol. en 8*^, 1860. 



16 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 

Enault (Louis). —Histoire de la littérature des IndouSy 
1 Yol. en 4^, 1860. 

Feillet (Alphonse).— 7f/sío/re de la littérature grecque^ 
1 Yol. en 12, París, 1865. 

Este libro se limita a dar a conocer sólo a les mas gran- 
des escritores griegos, pero se detiene bastante en cada 
uno de ellos, analiza algunas de sus obras, i se hace leer 
con verdadero agrado. 

FosTER (Mrs. a. F.) — Italian literature, 1 yoI. en 8"^, Edim- 
burgo, 1853. 

Compendio de la historia literaria de Italia, bastante 
completo i que supone un estudio detenido. 

Gayángos (Pascual). — Los libros de caballerías en España, 
Estudio notable de crítica i de bibliografía, publica- 
do como introducción del tomo XL de la Biblioteca 
de autores españoles. 

— Estudio sobre los prosadores españoles anterio' 
res al siglo XV, introducción del tomo LI de la 
misma Biblioteca. 

m 

Geruzez (Eügéne). — Histoire de la littérature frangaise de- 
puis ses origines jusqu'á la révolution, 2 yoI. en 18, 
París, 1861. 

— Cours de littérature, 2 vol. en 12, París, 1865 (XIV 

edición) El 2^ tomo es un resumen compendiado, 

pero bien hecho, de las historías de las literaturas 
griega, latina i francesa. 

GiNGüENÉ (P. l,.y— Histoire littéraire de ritalie, 9 yoI. en 8*^, 
París, 1824. 

GosTiCK (JosEPH).--Ger/22a/2 littérature, 1 yoI. en 8"^, Edim- 
burgo, 1849. 

Compendio elemental, pero prolijo de la historía de la 
literatura alemana. 



BIBLIOORAPÍA 17 



Hallam (Henry).— H/sío/re de la littératvre de FEurope 
pendant les XV', XVP i XV IP siécles, traduit de 
Vanglais par Alphonse Borghers, 4? vo\. en 8^, Pa- 
rís, 1839-40. 

M. Henrí Martin, en su Histoirc de France, tomo Vil, 
páj. 163, hace de esta erudita obra el siguiente merecido 
elojio: "Es el primer ensayo de historia jeneral de la lite- 
ratura moderna acometidaen proporciones tan estensas/* 

VEurope au moyen age, traduit de Fanglais par 
Alph' Borghers, 4 vol, en 8*^, Bruxelles, 

Los últimos capítulos de esta importante obra son refe- 
rentes a la historia de la literatura déla edad media, i son 
mui útiles para conocer la formación de los idiomas mo- 
dernos. 

Herdhr. — Histoire de la pocsie des hchreux, traduit de 
V AUemand por Mme, la baronne A. de Carlowitz, 
1 vol. en 8*^, París, 1844. 

Este libro es mui notable por la elevación fílosóñca de * 
la crítica. 

History ofihe english language and literature, 1 vol. en 12. 
Edimburgo, 1851. 

Este libro, publicado sin nombre de autor, forma parte 
de una excelente colección de textos elementales ingleses. 

HoEFER. — Nouvelle biographie genérale, 4r6 vol. en 8*^ París. 

Esta compilación, en que han tomado parte muchos 
sabios, es inferior desde el punto de vista literario a la cé- 
lebre obra de Michaud; pero la he consultado muchas 
veces, i casi siempre he encontrado importantes indica- 
ciones. 

La Harpe.— Coi/r5 de littcraturc avcienne et moderne, 3 
vol. en 8*^ a dos columnas, París. 

Laveleye (E. VK).'—Étude sur la formatlon des cpopccs 
nationales, en 12, París, 1866. 

TOMO IV 3 



18 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

Introducción estensa i niui interesante de una traduc- 
ción francesa de las Edáas escandinavas. 

Lefranc íEmile). — Histoire eleméntaire et critique de la 
littérature, 5 vol. en 8^, Paris. 

Tres de estos volúmenes están consagrados a la litera- 
tura francesa, uno a las literaturas del norte i otro a las 
del mediodía de Europa. La obra está formada por una 
serie de biografías, agrupadas en orden cronolójico, i cada 
una de ellas contiene un juicio crítico. Como se encuentran 
noticias aun de escritores mui subalternos, la obra es 
bastante completa i aun útil para consultarse. Sin em- 
bargo, se puede asegurar que en toda ella bai mui pocas 
pajinas que sean de Lefranc: todo lo demás es copiado 
de aquí i de allá. A pesar de todo, los libros elementales 
de Buroii i de Drioux son casi en su totalidad extractados 
de Lefranc. 

Lbmoine (John).— J5t/ic?es critiques et hiographiques^ 1 vol. 
en 12, Paris, 1852. 

Levi Alvarez (D.) — Précis méthodique de Phistoire nn- 
cienne et moderne des littératures européennes et 
orientales, 1 vol. en 12, Paris, 1867. 

Este libro es un compendio mui elemental, i reducido en 
parte a simples nomenclaturas, pero que puede ser consul- 
tado con provecho, á lo menos por sus clasificaciones. 

LoBECK (Dr. Justo Florian).— ///síor/Ve litterarum roma 
narum brevis enarratio, 1 vol. en 8*^, Santiago, 
1861. 

Esta obra es un compendio mui bien hecho de la lite- 
ratura latina, i que revela un gran conocimiento de la 
materia. 

LoiSE (Ferdinand). — Histoire déla pocsic espaj^nole, 1 vol. 
en 8*^, Bruxelles, 1868. 

Este libro no es un estudio verdaderamente t)rijinal sino 
por su forma literaria, que es casi siempre agradable e in- 
teresante. 



Bini.IOORAFfA 19 



Macaulay (Lord Thomas B.) — Critical and historícal 
essays, 2 vol. en 8"^, London, 1860. 

— Miscclaneous writings, 2 vol. en 8", London, 
1860. 

Estas dos obras contienen algunos estudios biográficos 
• i críticos del primer orden sobre varios escritores (Maqiiia- 
velo, Bacon, Johnson, Ooldsmitli, Dryden, etc.). 

Martha (B. C.)— Les Moralisies sous íErnpirc romain^ 1 
vol. en 8*?, París, 1860. 

— I^pocme de Liwrécc, 1 vol. en 8'^ París, 1869. 

Dos obras mni notables, en que el autor, saliendo de los 
límites que parecían haberle fijado los títulos desús libros, 
ha agrupado muchas noticias acerca de la historia de las 
letras latinas. * 

MÉziERES (Alfredo).— vSAa/respe/i re, ses oouvreset ses cri- 
tiques, 1 vol. en 8.", París, 1860. 

— Prédécéseurs et contemporains de Shakespeare, 1 
vol. en 18^, París, 1868. 

— Contemporains ct successcurs de Shakespeare, 1 
vol. en 18, París, 1864. 

Péirarque, 1 vol. en 18, París, 1868.. 

Estas cu.itro obras son, por su erudición i por el arte 
literario con que han sido escritas, tan instructivas como 
agradables 

MiCHAUD. — fíioí»raphie tmivcrscllc /mcienne ct moderne, 
45 vol. a dos col. F^aris (2'^ edición;. 

Esta vasta compilación en fpic han tr.ibajadocasi todos 
los escritores mas distinguidos de la F'rancia, forma au- 
toridad en materia de historia de las ciencias i de las le- 
tras. La he eonsultíxdo con muchíi frecuencia i siempre 
he encontrarlo mas de lo (|ue buscaba, i mas también de 
lo que se requería para un libro como el presente. 



20 NOCIONES I>K HISTORIA LITEIIAUIA 



MÜLLER (Otfried).— H/sto/re de la litiératvre grecquejus- 
qu'á Alexandre legrandy traduitepar K, Hilkbrandy 
3 vol. en 12 (2^ edic.) París, 1866. 

Esta obra, que puede considerarse mo«u mental por su 
erudición, es quizá lo mas notable que se haya publicado 
como historia jeneral de la literatura griega. 

NiSARD (D.) — Études sur les poetes latins de la décadence^ 

2 vol. 18^, 3"^ edición, Paris, 1867. 

Patín (H. J. G.) — Etvdes sur les tragiqucs grecs, oii Examen 
critique d'Eschyle, de Sophocle et d'Euripide, pre- 
cede d'une histoire genérale de la tragédie grecque. 

3 vol. en 8^=^, 1841—43. 

Esta es una una de las obras que hacen mas honor a la 
erudición i a la crítica francesas. 

— Études sur la poésie latine, 2 vol. en 18^, Paris 
1870. 

Perrens.— (F. T.)— Histoire de la littérature italienne, 1 
vol. en 8*^, Paris, 1867. 

Este compendio, escrito con verdadero conocimiento de 
causa, trae la historia de las letras italianas hasta los 
primeros treinta años de siglo XIX. 

PiERRON ( Ai.nxi9),— Histoire de íalittórnture greeque, Ivol. 
en 12, Paris, 1857. 

— Histoire de la littérature rowaine, 1 vol. en 12, 
Paris, 1852. 

PuiBUSQUE (A. L. dk). — Histoire eornparée des littératures 
espagnoie et fraiK^aise, 2 vol. en 8"^, Paris, 1844. 

Quintana (Manuel ]o<'K).— Historia de !a poesía castella- 
na, introducción ai Tesoro del parnaso español. 
Este estudio es uno de los mejores trozos de crítica que 



niHLIOClHAFÍA 21 



se hayan publicado en España. Es notable sobre todo por 
la ilustración, el buen gusto, la independencia de los jui- 
cios literarios i por la ausencia de toda idea de estrecho 
nacionalismo. 

Kenihk (Ch. a. L.j—Encvclopcclie moderne, 30 vol. en 8*^, 
Paris, 1845—1850, completada después con 12 vol. 
de suplemento. 

Esta enciclopedia, reimpresión mui correjida i mejorada 
de la de M. Courtin, contiene algunos artículos de crítica 
mui notables. Recordaré sólo los destinados a la litera- 
tura griega por M. Artaud, a la literatura francesa, por 
M. Saint Agnan Choler, a la historia por M. Barante. 
Estos, i otros que seria largo enumerar, me han sido de 
grande utilidad. 

RoBBRTSON {WiuhiAM).— Introducción a la Historia de Car- 
los V, Cuadro jeneral de los progresos de la civiliza- 
ción europea durante la edad media. 

Sacy (Silvestre dk).— Varietés littéraires, mora íes et his- 
toriques, 2 vol. en 8^, Paris, 1858. 

Sainte Beüve (Ch. A.)— Tablean historique et critique de 
la poésie frangaise, au XVI siéclcy 1 vol. en 8"^, 12, 
Paris, 1843. 

— Causeries du lundi, 11 vol. en 12, Paris, 1851- 
1857. 

— Les nouveaux lundis, 8 vol. en 12, Paris, 1861- 
1867. 

Salfi (Fran^ois) Resume de Fhistoire de la littérature 

italienne, 2 vol. en 12, Paris, 1826. 

Schlegel (Federico).— ///sí or/Vi de la literatura antigua 
i moderna, traducida al castellano, por P. C, 2 vol. 
en 8•^ Madrid, 1843. 



22 XOClOXRi DE HISTORIA LITERARIA 

ScHLEGEL 'Guillermo . — Cours de littératarcdramatique^ 
2 Yol. en 18^, París, 1865. 

De las obras de los dos hermanos Schlegel se habla en 
las áltimas pajinas de este libro. 

Schoell'Maximiliex FréderxcK— ///sto//r abrégée déla 
littératurc grecqae, depuis son orijiocjusqu a la pri- 
se de Constantinopk, 8 vol. en 8^, París, 1823-25. 

— Htstoire abrégée de la littérature romaine^ 4 vol. en 
8^ París, 1815. 

SiLYELA ^Maxoel ).— Obras postumas, 2 vol. en 8^, Madríd, 
1845. 

El primer tomo contiene una reseña históríca de la lite- 
ratura española, mui rápida i sumaría, pero escrita con 
verdadero conocimiento del asunto i con un espírítu críti» 
co bastante elevado. 

SiSMONDE DE SiSMONDi íJea.n Charlbs). — De la littérature 
du midide FEurope, 4 vol. en 8^, París, 1829. 

SouYESTRE (Emile). —Cawser/es historiques et littéraires, 3 
Yol. enl2. París, 1861. 

Esta obra contiene las lecciones públicas de historía de 
la literatura anticua que el autor habia dado en algunas 
ciudades de la Suiza francesa. 

StaKl (Madame de'.— />e la littérature considerée dans ses 
rapporís nvec les institutions sociales, 1 vol. en 18, 
París. 

— De r AUemagne, 1 vol. en 18, París. 

Estas dos obras son concebidas con un notable espíritu 
de crítica ñlosólica i elevada. 

Taixe(A. — f//sío/re de la littcratureanglaise, 4: yol, enl2'', 
2*^ edición, 1866. 
Esta obra mas que una historía completa de la literata- 



BIBLIOGRAFtA * 23 



ra inglesa, es una serie de estudios biográficos i críticos de 
un alto mérito sobre los principales autores ingleses. 

Talbot (Euoene).— Pr/nc/pa/es apoques de Fhistoire Hité- 
raire, 2 vol. en 12, París, 1864. 

Bs este un libro elemental recomendable por mas de un 
mérito. Kl 2^ tomo, consagrado casi todo él a la literatu- 
ra francesa, me ha sido de grande utilidad. 

Tastu (Madame Aimable).— Tai/e/iü de la littérature alie- 
mande^ 1 vol. París, 1844. 

— Tablean de la littératare itaHenne^ttc,, 1 vol. en 8*^, 
Tours, 1849. 

TiCKNOR (Jorje). —///stor/a cíe la literatura española, tra- 
ducida al castellano con adiciones i notas por don 
Pascual de Gayángos i don Enrique Vedia, 4 vol. en 
8^. Madrid, 1851-1856. 

ViLLEMAiN.— Tafe/eaii de la littérature au XVIII siécle, 4 
vol. en 12, Paris, 1852. 

— Tableau de Véloquence chrétienne au IV siécle, 1 
vol. en 12, Paris, 1851. 

— Tableau de la littérature au mayen age en France, 
en Italie, en Espagne et en Angleterre, 1 vol. en 12, 
Paris, 1851. 

— Etudes de littérature ancienne et étrangére, 1 vol. 
en 12, Paris, 1849. 

ViARDOT {Loví^}.— Etudes sur rhistoire des wstitutions et 
de la littérature en Espagne, 1 vol. en 8*^, Paris, 
1835. 

Weber {G.)—Histoire de la littérature allemande depuis 
son origine jusqu' a nos jours, ir admíQ de Talleinand 
par Fred. Lauth, 1 vol. en 12, Paris, 1867. 



24 NOCIONtíS Dto HISTORIA LITBUARIA 

A los jóvenes que deseen estudiar la historia de la literatura 
contemporánea de Europa, recomendamos una colección de libros 
de esta naturaleza que publícala librería Charpentier de París. Dos 
volúmenes de ella, el de M. Roux sobre la literatura italiana, i el 
de Barot sobre la literatura inglesa, son obras notables de estu- 
dio i de sana crítica. 



'RELIMINAHKS 



1. Definiciones de la historia literaria.— 2 Su oríjen. 
—3. Manera de estudiarla. 

1. — La historia literaria es la esposicion cronolójica i crí- 
tica de las producciones del pensamiento humano, sea en 
verso o en prosa, desde los tiempos antiguos hasta nues- 
tros días. Casi podría decirse que es la historia del espíritu 
humano. Enumera, clasificándolas, las obras detodojéne- 
ro que han aparecido en los diferentes pueblos, las juzga i 
fija su valor i su alcance. Como el tiempo en que cada escri- 
tor ha vivido ejerce una influencia incontestable sobre la es- 
presión de sus sentimientos i de sus ideas, i como a su vez 
influye sobre el espíritu i sobre el corazón de sus semejantes, 
la biografía de los escritores i el conocimiento jeneral de los 
sucesos del tiempo en que vivieron son una parte esencial 
de la historia literaria. Desde este punto de vista, la historia 
de la literatura se relaciona con la historia propiamente di- 
cha, de la cual no es mas que una rama particular. En efec- 
to, no se comprende bien el papel que ha desempeñado en 
el mundo una nación sino cuando se une al conomiento de 
sus actos políticos o militares el de las evoluciones intelec- 
tuales i morales que lia señalado su aparición en la escena 
del mundo (Talhotj. Nosotros no [jodemos apreciar debí- 



26 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

damente la influencia de la Grecia i de Roma si sólo conoce- 
mos sus revoluciones, sus guerras i sus conquistas e ignora- 
mos la historia de su desenvolvimiento intelectual. Aun po- 
íl ria decirse que a nosotros nos interesa mas saber quienes fuc- 
Platon, Virjilio, Dante, Shakespeare, Cervantes, Montes- 
quieu, que la historia de los soberanos que fueron contem- 
poráneos de esos jenios. 

El estudio de la historia literaria nos permite elevarnos 
a consideraciones masjenerales i mas vastas. Se ve que el 
espíritu humano sigue una marcha regular, i que a pesar de 
las vicisitudes porque ha pasado, nada interrumpe el desa- 
rrollo de la razón i de la actividad humana, esto es la civi- 
lización i el progreso. Sin embargo, causas diversas, debi- 
das al clima, a las costumbres sociales, a las ocupaciones 
constantes de cada pueblo, modifican de muchas maneras 
la serie continua de la educación de la humanidad. De aquí 
resulta en cada pais un espíritu jeneral, (|ue inspira a los 
que lo habitan una conformidad de sentimientos i de espre- 
tion, que determina en ellos un carácter propio, orijinal, in- 
dividual, pero que admite cambios nacidos de las modifica- 
ciones de las causas que influyen sobre el movimiento inte- 
lectual i literario. Por consiguiente, la literatura no es una, 
permanente, constante; tiene sus períodos de nacimiento, de 
desarrollo i de decadencia: nace, crece i muere para renacer, 
vivir i morir otra vez mas (Talbot). 

2 La historia de hi literatura es de oríjen moderno. En 

gran parte pertenece a una época casi reciente. De todo lo 
que los antiguos nos han dejado sólo se acerca a la hisforia 
literaria un capítulo de (¿uintiliano, el I del libro X, en que 
este autor pasa sumariamente en revista los poetas, los 
oradores i los historiadores de Grecia i de Roma. Los otros 
libros de la antigüedad en que se encuentran agrupados cu- 
riosos datos biográficos acerca de los poetas i de los filóso- 
fos, carecen del método i del alcance de una verdadera his- 
toria de la literatura o de la filosofía. 

En el siglo XVI, el gran número de publicaciones i el celo 
por \a ciencia surjieron la idea de una historia universal de 



PRELIMINARES 



Ja literatura. Con todo, los ensayos formados en esa época, 
aunque fruto de una inmensa erudición, no fueron mas que 
catálogos de autores i de obras, o índices razonados de to- 
dos los ramos del saber humano. Al principio del siglo si- 
miente, el gran filósofo ingles Francisco Bacon,en el segun- 
do libro De namentis scientiarum, decia con mucha razón 
que no existia una verdader¿i historia de las letras; i según 
él, la historia del mundo sin la historia literaria es como 
una ^estatua de Polifemo privado de su único ojo. Bacon 
traza la marcha que se debe seguir para llenar este vacío. 
El oríjen i las antigüedades de cada ciencia, los métodos 
que han servido para su enseñanza, las sectas i las contro- 
versias a que ha dado oríjen, los colejios i las academias en 
que ha sido cultivada, sus relaciones con el gobierno civil i 
con el movimientode la sociedad, las causas físicas otempo- 
rales que han podido influir sobre su estado, son, según su 
plan, elementos esenciales de una historia literaria (Ha- 
llam). Casi puede decirse que sólo en el siglo XIX se ha 
escrito la historia literaria según los sabios principios del 
filósofo ingles. 

3. — La historia literaria no puede reducirse a la historia 
del espíritu humano en siglos determinados como el de Fe- 
ríeles en Grecia i el de Augusto en Roma. Tampoco puede 
encerrarse en la biografía de los grandes escritores de todos 
los tiempos. Así como la historia civil estudia el desenvolvi- 
miento de los sucesos hu:n:inos dándose cuenta de la in- 
fluencia que han ejercido los unos sobre otros, la historia 
de la literatura obrera el desarrollo de la intelijencia, espli- 
cando la influencia de ciertas ideas en las revoluciones del 
espíritu, i las consecuencias de esas revoluciones. Un libro 
no es un hecho aislado en la historia de la intelijencia. For 
p jca importancia que tenga, ese libro ha tenido anteceden- 
tes que lo han preparado. Esa influencia no está limitada 
de ordinario a los compatriotas i a los contemporáneos de 
su autor; se estiende a los países vecinos i se trasmite de si- 
glo en siglo. La historia de la literatura, debe estudiar esos 



28 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 



antecedentes i esas consecuencias, a fin de comprender la 
verdadera marcha del espíritu humano. , 

Contemplando de esta manera el desenvolvimiento de las 
naciones, se descubre una arena sin límites, todo el desarro- 
llo del pensamiento en oriente i occidente. Pero, cuanta 
mas grandeza ofrece este cuadro, tanto mas difícil es divi- 
dirlo i clasificarlo para presentarlo con mayor sencillez. 
Todo parece oscuro cuando se quieren estudiar los oríjenes. 
No hai época ni pueblo civilizado, cu\'a literatura i cuyas 
artes no lleven el sello de una imitación o de una copia. 
Siempre algún pueblo anterior o vecino parece haber legado 
o comunicado sus creaciones o su jénio a sus descendientes, 
a sus aliados i aun a sus enemigos. La India ha ejercido su 
influencia sobre la Grecia, la Grecia sobre Roma i Roma so- 
bre el resto del mundo. Nuevas influencias han venido del 
norte i del mediodía a mezclarse con estas antiguas tradi- 
ciones; de modo que el jénero humano se ha desarrollado 
de una manera múltiple, con mil influencias combinadas o 
contrastantes. La edad moderna, hija de todas las edades 
i de todas las influencias que la preceden, es su complemen- 
to i su resultado (Philarete Chasles). 

La historia de la literatura, comprendida en su verdadera 
estension, debe estudiar esas influencias que han contribui- 
do al desarrollo del espíritu humano^al través de los siglos, 
modificando las opiniones i las doctrinas hasta dejarlas en 
el estado presente. 



PRIMERA PARTE. 

TIEMPOS ANTIGUOS. 

CAPITULO PRIMERO. 

liiteratnra» orientalem. 

1. Riqueza de la literatura indiana. — 2. Sus mas antiguos rnonu- 
mentos.— 3. El Mahahharata, — 4-. El Ramny^ina. —5. El Gita 
Goiinda, — 6. Teatro de los indios. — 7. Hl apólogo.— 8. Otros 

jéneros literarios 9. Influencia de la literatura i de la lengua 

sánscrita. — 10. El Ejipto; los asirios i los fenicios —11. El al- 
fabeto 12. La Persia; Zoroastro. — 13. Literatura de los 

chinos; su escritura.- -14 Confucio,— 15. Poesías, novelas i 
dramas — 16. Otras producciones literarias de los chinos. — 17. 
Antigua literatura de los árabes 

1.— Se ha designado con el nombre de antiguos a los 
griegos ¡ después de ellos a los romanos, pero no les con- 
viene esta denominación sino con relación a nosotros. Los 
verdaderos antiguos son los indios, los ejipcios, los asi- 
rlos, los persas, los chinos i los hebreos. 

Las producciones intelectuales que tienen el sello de la 
mas remota antigüedad, pertenecen al Indostan, cuya or- 
ganización teocrática ha subsivStido hasta nuestros días 



30 4 NOCIONES PR HISTORIA LITERARIA 



a pesar de las conquistas. La lengua sacerdotal, la lenguíi 
perfecta (tal es el sentido de la palabra sans-crit), no tiene 
igual, a juicio de los mas sabios orientalistas, en su com- 
posición, i en su vasta i fecunda flexibilidad. La mayor 
parte de los idiomas modernos proviene de ella, su común 
fuente i su primitivo tipo. 

Las obras que componen la literatura de la India no 
son producidas en un pequeño número de años ni aun de 
siglos. Sus mas antiguas poesías son anteriores a los mo- 
numentos literarios mas antiguos que conozcamos. Alioreí 
mismo no se puede decir que la literatura sánscrita esté 
terminada, puesto que si aquella lengua es una lengua 
muerta, se la considera todavía como un verdadero idio- 
ma literario, i en ella se componen obras notables. Así, 
pues, la literatura de la India es tan grande por su dura- 
ción como por la variedad de sus monumentos. 

Por desgracia, es poco lo que se conoce de la inmensa li- 
teratura indiana. Las traducciones que la reproducen pue- 
den ser infieles, i acaso hasta los orijinales pueden estar al- 
terados. Pero, cualquiera que sea la imperfección de estos 
documentos, infunden veneración al que los estudia. En los 
libros indostánicos se hallan todas las manifestaciones en 
que se revela la intelijencia humana, epopeya, fábula, dra- 
mas, himnos, metafísica, moral. Hn ellos se conocen todos 
los sistemas de filosofía, desde el mas completo materia- 
lismo hasta el espiritualismo mas exaltado en que se supo- 
ne que la aparición del universo es una ilusión, un sueño 
del dios Maya, i hasta el pantcismo absoluto que abisma 
todas las existencias en una eterna i misteriosa unidad. La 
poesía participa del mismo carácter. La epopeya es a un 
mismo tiempo drama, himno, elejía, visión, sistema, his- 
toria. 

El estudio de la historia íIc la literatura de la India es 
difícil por la ausencia de cronolojía, i por !a casi impovsibi- 
lidadde determinar las fechas de las principales obras sáns- 
critas. Muchas se escapan hasta ahora a toda clasifica- 
ción cronolójica: su fecha puede variar algunas veces en un 



LITERATURAS ORIENTALES 31 

intervalo de mas de mil años. El examen crítico i compa- 
rativo de las doctrinas que encierran otras obras ha per- 
mitido a algunos sabios indianistas fijar fechas relativa- 
mente precisas. 

2. — Los libros mas antiguos que existen en lengua sáns- 
crita, son los VedaSf colecciones de preces, himnos i man- 
damientos; los Puranas, laberinto inmenso de leyendas 
teolójicas i cosmogónicas; i el código de Manú^ tratado 
completo de moral, que contiene la doctrina poética de la 
divinidad, de la creación i de los espíritus. 

3. — Las dos epopeyas de mas fama son el Mahahharata 
atribuido a Vyasa i el Ramayana de Valmiki ^ . El Mahab- 
Aara ¿a celebra el combate jeneral que armó entre sí a los 
héroes, a los dioses, i a los jigantes. Este poema consta de 
200,000 versos, i parece que sólo la octava parte de él es 
la obra esclusiva de Vyasa. Pero cualquiera que sea la épo- 
ca en que ha recibido su forma actual, la base de la ficción 
es de una remota antigüedad. En él se confunden los jéne- 
ros lírico, narrativo i sentencioso. 

4,— El Ramayana canta a Rama, conquistador, según se 
cree de la parte rñeridional del Indostan, poblada entonces 
por habitantes salvajes, i de la isla de Ceilan. Rama es el 
héroe favorito de la naturaleza; se le representa toda la 
magnificencia del vigor, de la juventud, de la belleza, i del 
amor; pero casi siempre infeliz, luchando continuamente 
contra los peligros. El poema está lleno de sentencias de la 
sabiduría antigua; al lado de los combates de los héroes se 
ven descritas la vida interior de los santos solitarios, sus 
silenciosas meditaciones i sus piadosas pláticas. En sus 
descripciones resplandece una riqueza que deslumhra i fati- 
ga. Se cree que Valmiki era contemporáneo de su héroe. 

5. — Entre otras obras de la literatura indiana, figura un 
poema pastoral titulado Gita-Govinda, destinado a cantar 
a Krishna, cuando del mismo modo que el Apolo de los 



I Estos poetas vivían probalílemente entre los siglos XV i XVI 
ante? de J. C. 



32 NOCIONKS Í)K IIISTOUIA LITERARIA 



griegos, vagaba en la tierra como pastor, rodeado de nue- 
ve pastoras, Este poema, cjue sólo es conocido en Europa 
por extractos, ostenta riíjucza en las imájenes, i amor por 
la soledad, asi como falta de vigor i de interés. ' 

6. — Los indios hicieron también grandes progresos en el 
arte dramático. En sus dramas los detalles mas frivolos se 
entretejen con' los acontecimientos mas importantes. Hai 
en ellos una trama sumamente complicada, un gran núme- 
ro de personajes, un diálogo cuyo colorido i cuyo lenguaje 
varia a cada instante, una poesía elevada en una parte, 
luego conversaciones vulgares i soeces, una variedad en fin, 
de que ninguna otra nación ha dado ejemplo. El drama in- 
dio, se desenvuelve con gran rapidez i en medio de inciden- 
tes inesperados. El poeta dramático de la India de mas 
reputación en occidente es Kálidas,que vivia en el siglo an- 
terior a Jesucristo. Los autores ingleses, que lo han dado a 
conocer en Europa, lo comparan a Shakespeare. 

La literatura indiana no tiene trajedias. Habia en cam- 
bio piezas enteramente metafísicas en que los personajes 
eran ideas. Este hecho supone un público como no ha teni- 
do ningún teatro de Europa. 

En lo material el teatro indiano se parecia mucho al de 
los griegos: formaba, un vastv> recinto al aire libre; pero 
sus espectáculos no eran públicos, i la concurrencia se com- 
ponia de la corte i de los invitados. 

7 Entre las producciones de atjuclla variada literatura 

merece particular mención el apólogo o la fábula del jénero 
esópico, en que se hizo célebre el brahmán Bilpai o Pilpai, 
sobre cuya historia no se sabe nada de cierto, pero al cual 
se considera creador de este jénero literario. 

8. — Hai una peculiaridad que es especial a esta literatu- 
ra. Muchas de sus obras científicas, de derecho, de gramá- 
tica, de astronomía, de medicina i de arte militar sot? escri. 
tasen verso, cuyo ritmo parece haber consistido, como el 
de los griegos i romanos, en la alternación de sílabas lar- 
gas i breves. 

El jénero literario menos cultivado entre los indios fué 



F.ITElJATt'IJ AS OKIKNTALKS o3 



la historia, puesto que los tiempos pasados se recordaban 
sólo por tradiciones poéticas mas o menos estravagantes. 

9.— El Ejipto, la Eersia, la Fenicia, la Grecia, todo el 
oriente antiguo bebió en las fuentes de las tradiciones i de 
la poesía indianas. En ellas se encuentra el primer jérmen 
de las teorías filosóficas que mas tarde conmovieron todo 
el occidente. Los cuentos, que hasta ahora son la delicia 
de la Arabia i que la Europa ha recojido, son fruto de la 
imajinacion indiana. Muchos principios consignados hoi 
en la moral universal, eran conocidos en la India antigua. 
Los sabios modernos ha encontrado las raices de la 
antigua lengua del Lacio en la lengua sagrada de los bra- 
hamas. 

Del sánscrito proceden las lenguas griega, pérsica, etrus- 
ca i teutónica. La construcción, las formas gramaticales, 
las raices primitivas del griego son sánscritas. Esto sólo 
probaria las relaciones que hubo entre estas dos naciones. 
Por consiguiente, la India, tan abatida i atrasada hoi, ha 
sido la cuna de la civilización i de la literatura de los pue- 
blos occidentales. 

10.— El Ejipto fué el primer pais iluminado por la luz que 
arrojaba la India. La mitolojía de ambos paises i hasta la 
división de la sociedad en castas que trasmitian de padres 
a hijos las mismas costumbres i profesiones, asemejan mu- 
cho al Ejipto con la India. Sin embargo, el jenio brillante 
de este último pueblo no se comunicó al Ejipto. La ciencia 
estaba aquí concentrada en los sacerdotes, los cuales la 
ocultaban cuidadosamente al pueblo. Este estaba conde- 
nado a emplear sus brazos en construcciones jigantescas 
que maldecia. De la civilización ejipcia no quedan mas que 
los monumentos que recuerdan la grandeza de una nación 
i la esclavitud de sus hijos. Los pocos libros ejipcios de que 
se conserva algún recuerdo, fueron destruidos después que 
aquel célebre pueblo perdió su independencia. 

La Caldea, la Asiria i la Babilonia siguieron el mismo ca- 
mino. Las artes industriales fueron cultivadas con buen éxi- 
to en estos paises; pero su historia intelectual no puede se- 

•JOMO IV H 



M NOniONIOS MB HISTORIA LITERARIA 



tialar ninguna obra de imajinacíon, o si esas obras existie- 
ron, ellas no han llegado hasta nosotros. 

Con todo, esas naciones han contribuido también al pro- 
greso del jénero humano. La ciencia moral de los ejipcios, 
la astronomía de los caldeos, la industria de los babilonios 
i el comercio de la Fenicia han dejado vestí jios indelebles en 
la historia. El alfabeto fenicio, derivado de los jeroglíficos 
que lo han precedido, ha hecho la conquista del mundo. 

11. — Pero ¿la escritura moderna es verdaderamente de 
oríjen fenicio? Los ejipcios, los asirios, los caldeos se dispu- 
tan el honor de haber creado el alfabeto. Platón creia que 
la invención de la escritora es superior a la intelijencia de 
los hombres, i que éstos no han tenido conocimiento deella 
sino por el intermedio de alguna divinidad. Se puede asegu- 
rar que la escritura no ha sido el producto ni de una inspi- 
ración sobrenatural, ni de una creación espontánea, sino 
que se formó por una serie de ensayos i de modificaciones, 
cuyo recuerdo no ha podido conservar la historia. De la re- 
presentación fiel de los objetos, primer sistema de escritura 
de todos los pueblos, se pasó sin duda a la escritura ideólo- 
jica o simbólica, en que una parte de los signos, arrancados 
de su sentido natural, adquirió un valor emblemático ya 
sea para abreviar el dibujo, ya para representar ideas que 
no podian ser reproducidas fielmente. Así fué como se usó 
un círculo para representar un año, dos flechas para signi- 
ficar una batalla, un pié para espresar una marcha. 

La escritura fonética, que es la que usamos nosotros, en 
que los signos representan sonidos, i se combinan artificio- 
samente para formar las palabras, es indudablemente mui 
posterior. Su primer oríjen se encuentra en los ejipcios. cu- 
yos jeroglíficos, que son figuras de animales, de hombres, de 
plantas i de objetos diversos, sirvieron para pintar, como 
por medio de verdaderas letras, los sonidos de una lengua. 
Así, una águila represéntala vocal a, sonido inicial del nom- 
bre de esta ave en lengua ejipcia; i una mano la consonante 
t por una razón análoga. Pero ¿por qué serie de simplifica- 
ciones llegaron los hombres a constituir la escritura verda- 



1.1THEATITHA8 ORIKNTALKS 85 

defámente fonética? ¿Cuántos siglos debieron trascurrir pa. 
ra consumar esta revolución? La historia no puede deter- 
minarlo de una manera precisa; pero se atribuyen jeneral- 
mente a los fenicios los mas notables perfeccionamientos de 
la escritura, o a lo menos la introducción del alfabeto en la 
Grecia, i por consecuencia en todo el mundo civilizado. 

12.— La literatura persa ha dejado monumentos escritos 
de una grande antigüedad. Zoroastro, lejislador i profeta, 
autor o reformador de la relijion de los magos, i del cual só- 
lo se tienen noticias oscuras i confusas, es considerado au- 
tor del Zená-Avesta, libro sagrado de los persas. Se ha di- 
c ho que Zoroastro existió algunos millares de años antes 
del sitio de Troya: algunos lo hacen contemporáneo de Ni- 
n o; otros de Darío, rei dePersia; pero jeneralmente los críti- 
cos están conformes en atribuirle el gran libro sagrado. Zo- 
roastro enseñó que el sol era la obra i el símbolo de la divi- 
nidad i nó la divinidad misma; predicó la fraternidad, la 
beneficencia, la pureza del corazón i prescribió la monoga- 
mia. El libro que se le atribuye, es una compilación de doc- 
trinas, parecida a los libros sagrados de los hebreos, sobre 
la omnipotencia del creador, i sobre otros puntos del dogma 
i de la moral. La antigua fe de los persas aparece con mas 
claridad en el Desatir, libro sagrado que se supone anterior 
al Zend'Avesta. Ambos fueron escritos en zend. lengua sa- 
grada, muerta ahora, i que sólo fué hablada en las provin- 
cias del norte del im|)erio persa. La moral que respira el li- 
bro de Zoroastro es justamente admirada por los filósofos 
que han hecho de ella un prolijo estudio. El Desaí/r es uno de 
los mas curiosos monumentos de la antigüedad oriental. 
Los dos libros farsas son una cadena intermediaria entreel 
arte del Fndostan i el de los hebreos. 

13. — La civilización de la China presen taun carácter espe- 
cialísimo. Aunque contemporánea déla civilización indiana, 
no ha ejercido influencia alguna en el mundo, por el aisla- 
miento sistemático en que los chinos han vivido siempre. 

Los eruditos europeos, que en los últimos años han hecho 
nn estudio detenido de la lengua, de la literatura i de las 



NOCIOXKS ÜE IIISTOFÍÍA LITEUARIA 



ciencias fie los chinos, han quedado sorprendidos de las nu- 
merosas riquezas que contienen. En su entusiasmo, han lle- 
gado hasta el punto de atenuar las dificultades que presen- 
ta la escritura de los chinos. Espresada ésta por caracteres 
de los cuales cada uno simboliza una palabra, exije un estu- 
dio de muchos años para entender el pensamiento escrito. 
Se dice que la escritura de los chinos emplea hasta 80,000 
caracteres. En otro tiempo se exijia a las personas que pre- 
tendian el empleo de historiógrafos, el conocimiento de 9,000 
caracteres. En nuestros dias, un sabio francés, M. Julien, 
sostiene que le ha bastado conocer 2,400 para leer con niui 
poco trabajo los libros de filosofía, de historia i de jeografia 
de la China. Aun así la dificultad parece insuperable para 
los que estamos acostumbrados a la sencillez de nuestro al- 
fabeto. Agregúese a esto que los caracteres chinos han su- 
frido grandes modificaciones, de tai manera que represen- 
tando en su oríjen la forma esterna del objeto a que se refie- 
ren, han llegado a formar en nuestros dias un singular agru- 
pamiento de líneas i de rasgos. 

La imprenta, usada en la China quizá desde mucho antes 
que la conocieran los europeos, da a las producciones litera- 
rias una activa circulación. Sus escritos forman líneas per- 
pendiculares que se suceden de derecha a izquierda. Emplean 
un papel delgado, pero sólido; i para escribir usan un pinc*el 
en lugar de pluma. 

14.— Es estraordinaria la riqueza de la literatura de la 
China en moralistas admirables por la pureza de la doctri- 
na. Sobre todos se distingue Confucio, que existió cinco si- 
glos antes de la era cristiana. Ninguno de los emperadores 
de la China goza de una memoria mas venerada. Su moral 
es sencilla i natural; traza los deberes del hombre sin exaje- 
rarlos i reduciéndolos a un corto número de principios. 

15.— La bella literatura se comprende en la China de un 
modo mui diferente que en los pueblos occidentales. Su len- 
gua repudia la flexibilidad, el movimiento i el cqlorido: sus 
escritos se distinguen por la estremada menudencia de los 
pormenores, por la pintura de prolijos incidentes, pero en 



1 ITWKATl'HA.S OKIKNTAI>BS 



ellos no se descubren los caracteres de la poesía tal como la 
comprende nuestra civilización. Los chinos tienen gran nú- 
mero de novelas i de dramas, en que se pueden estudiar las 
costumbres íntimas del imperio: el enredo es injenioso, los 
caracteres están pintados al natural; pero falta en esas obras 
el sentimiento poético. Los dramas no son mascjue novelas 
dialogadas, en que abundan las indecencias. 

En la poesía de los chinos raras veces los sentimientos 
tiernos inspiran acentos patéticos. Está llena de alusiones 
que nosotros no podemos comprender. Parece, sin embar- 
go, que en las primeras edades la poesía tuvo un carácter 
mas elevado. En los Kin<y, vestijios de anti(|uísima literatu- 
ra, restaurados por Confucio, se encuentran discursos de 
piedad i de moral, escritos con elocuencia, himnos, sátiras, 
epitalamios, odas morales, poesía de costumbres, llena de 
bellas imájenes, a un tiempo candorosa i sublime. 

1*^. — Los chinos han cultivado la historia con mucho es- 
mero; pero sus obras históricas son regularmente trabajos 
a que ha concurrido cierto número de literatos, i que se re- 
comiendan por la prolijidad de los detalles. Los chinos tie- 
nen ademas muchos libros de derecho publico, de lejislacion 
i de relijion; pero han cultivado también la jeografía i algu- 
nas ciencias exactas i naturales. Se han distinguido también 
por los estudios filolójicos, entre los cuales se notan algunos 
diccionarios i millares de volúmenes sobre el oríjen i las va- 
riaciones de su escritura. Su elocuencia es jeneralmente so- 
bria: se dice que los chinos no emplean en sus discursos mo- 
vimientos súbitos ni arranques apasionados: desconocen la 
acción i hasta la, entonación que suelen usarse en los dis- 
cursos. 

17. — El aislamiento tuvo mui distintos efectos entre las 
tribus nómades de la Arabia. La poesía del árabe en el de- 
sierto, es decir toda su literatura, tiene cierta grandiosidad; 
pero esta grandiosidad es imiforme. Sus cantnsestán llenos 
de pinturas animadas d^ |a vida pastoral. El amor a la li- 
l)ertad, el orgullo, la célebre venganza, las querellas de sus 
tribus, estallan en sus cantos con acentos rápidos, atroces 



.'H NOCIONKS DH IIINTOUIA I.ITEUAKIA 

i sublimes. El jenio de la primitiva literatura arábiga es te- 
merario i fogoso, como resultado de unaimajinacion ardien- 
te i excitada por la vista de una naturaleza ruda i salvaje. 

La poesía arábiga comenzó a desarrollarse mas conside- 
rablemente en el siglo anterior a Malioma. Se celebraban 
certámenes poéticos; i las composiciones premiadas, escritas 
con letras de oro, se colgaban en la Kaaba, santuario inte- 
rior del templo de la Meca. Pinturas de tempestades i de 
los combates, la descripción minuciosa de un camello, de un 
caballo o de una gacela, el retrato de una bella, el elojio de 
un sable o de una lanza, son otras tantas ideas que se en- 
cuentran casi constantemente en estos poemas. Algunos eru- 
ditos tributan a esas poesías las mayores alabanzas. Hasta 
nosotros han llegado las obras i los nombres de siete de esos 
poetas. 

La verdadera edad de oro de la literatura arábiga es pos- 
terior a la predicación de Mahoma. Las letras i las ciencias 
alcanzaron entonces a un alto grado de riqueza i de es- 
plendor. 



CAPITULO 11, 

liiterfttiira hebrea. 

1. Importancia de la literatura hebrea.— 2. Antigüedad de la li- 
teratura hebrea; sus diversos períodos. — 3. Clasificación jenc- 
ral de los libros de la BibHa.—4. Libros históricos.— 5. Libros 
poéticos.— 6. Libros morales o didácticos.— 7. Libros proféti- 

cos.— 8. Traducciones de la Biblia — 9 Libros apócrifos 

lo Carácter jeneral de la literatura hebrea. 

1. — La historia completa del pueblo hebreo, sus institu- 
ciones, sus costumbres, su literatura están contenidas en 
un solo libro llamado la Biblia. Este libro, que encierra 
los documentos relijiosose históricos del primer pueblo mo- 
uoteista, ha ejercido una acción poderosa sobre la civiliza- 
ción del mundo; i por este solo título seria de grande inte- 
rés, si no se recomendase ademas por su mérito literario. 
Ninguna escuela literaria ha impreso a su estilo un carácter 
mas eminentemente pintoresco, i ninguna ha estado mas 
exenta de toda influencia estranjera. Así, al lado de la in- 
fluencia que han ejercido sobre los destinos morales de la 
humanidad, los escritos bíblicos han ejercido otra (jue se ha 
hecho sentir sobre todas las literaturas cristianas. 

2. — ¿De que época datan los primeros libros de la Biblia? 
Algunos críticos pretenden que los mas antiguos, en la for- 
ma en que han llegado hasta nosotros, no pueden remon- 



40 NOriOXKS UV, HISTORIA IJTKKAlilA 



tar mas allá de los tiempos de Salomón o de David. La 
iglesia cree que el Pentateuco, o los cinco libros de Moisés, 
fué escrito por éste mismo, esto es, mas de mil años antes 
del uso de la escritura en Grecia. Según esto, la mayor par- 
te de los libros bíblicos es anterior a Heródoto, el padre de 
la historia en el occidente; i la literatura hebrea ha tenido 
una duración mui larga. 

íín la historia de la literatura de los hebreos se distin- 
guen dos períodos. El primero, que se llama su edad de oro, 
se cierra en la época del cautiverio de Babilonia: el segun- 
do, que se ha comparado a la edad de plata, se estiende 
hasta la estincion de la lengua hebrea pura. A la primera, 
íjue se hace notar por un estilo nnis atrevido i compacto, 
pertenecen, entre los escritos históricos, el Pentateuco, los 
libros de los Jueces i de los Reyes: a la segunda, cuyo estilo 
es en jeneral mas fácil i mas corrido, i)ertenecen los libros 
de lísJraSy ác Joñas, de Daniel, etc. 

3. — Los libros bíblicos nos ofrecen diversos jéneros de escri- 
tos. Unos son históricos, como los libros de Moisés, de Josué, 
etc., otros son poéticos, otros son morales i otros por fin 
proféticos. Algunos de los libros históricos contienen sólo 
episodios referidos en forma de idilios, como los libros de 
Ruth i de Tobías; pero la división anterior, corresponde a 
la variedad de asuntos tfatados en la Biblia. 

4. — El Pentateuco, voz griega con que se designan los 
cinco libros de Moisés, i que los judíos llamaban Thorah, o 
enseñanza, forman la base de la doctrina teogónica, cos- 
mogónica i social de los hebreos. Esos libros son q\ Jénesis, 
historia de la creación i de los primeros hombres hasta 
Moisés; el Éxodo, (jue comprende la historia del pueblo de 
Dios desde su salida de Ejipto hasta la dedicación del ta- 
bernáculo en el desierto; el Levítico, que regla los detalles 
relativos a las funciones de los levitas, ministros del culto; 
los Números que contiene el rejistro matriz de los judíos, la 
mansión de éstos en el desierto durante cuarenta años, i 
los principios de la concjuista de la tierra de Canaan; el 
Dcutcronomio, en (jue Moisés desenvuelve i comenta la lei, 



IJTKIIATriJA lll.r.UKA 41 

i recuerda los acontecimientos ocurridos en el desierto. To- 
do el Pentateuco está escrito con inimitable majestad i sen- 
cillez: la parte histórica ofrece el cuadro mas vivo de las 
costumbres patriarcales i primitivas; el primero i el último 
de estos libros presentan un carácter particularmente poé- 
tico. 

Los otros libros históricos no ofrecen la sencilla gran- 
diosidad de los primeros. El de Josué refiere la conquista de 
la Palestina bajo este caudillo i la repartición del territorio. 
El libro de los Jueces trata del período verdaderamente 
heroico. El de Ruth, completamente desligado de las otras 
historias, es una especie de idilio lleno de interesante sen- 
cillez. Los dos de Samuel i los dos de los Reyes son una his- 
toria de los israelistas durante su grandeza i su decadencia 
por la división del reino hasta la destrucción del dejudá. 
Las Crónicas o Paralipómenes, repiten bajo forma mui 
abreviada la historia contenida en los libros anteriores i 
terminan con el edicto de Ciro en favor de los judíos. Los 
de Esdras i de Nehemias, llamados comunmente de Hsdras, 
comienzan por la vuelta del cautiverio i comprenden un pe- 
ríodo de 113 años. 

Entre éstos i los libros de los M acábeos hai un largo in- 
tervalo. Contienen éstos la historia de los judíos desde Ale- 
jandro hasta Antíoco Nicanor. La historia deja de ser tan 
clara como en los libros anteriormente citados. 

La serie de los libros consagrados a la historia nacional 
de los judíos es con frecuencia interrumpida por diversas 
relaciones episódicas. Hemos hablado ya del libro de Ruth; 
pero hai otros no menos iiiterestintes. El de Judit, que se 
refiere a la época de la invasión asiria;el de Tobías quecon- 
tiene una catética historia de los peores dias del cautiverio; 
el de Joñas; el de Ester, episodio de la dominación persa; i 
t\(h Daniel, cuya parce histórica está consagrada a la re- 
lación del cautiverio. En esos libros biográficos, se ve la in- 
tervención milagrosa de la providencia con respecto a indi- 
viduos escoj idos, como en los o tros se nota la acción divina 
sobre el pueblo elejido por Dios. 



42 NOOIONHS l»M lIlSrOUlA MTKUAKIA 



5. — Es difícil rejonocer en las obras poéticas de los judíos 
un metro fijo. Los versos no parecen medidos ni por el n6- 
mero de las sílabas ni por la cuantidad prosódica. No por 
esto son desprovistos de ritmo i de cadencia, pero el ritmo 
está limitado a cierta simetríaentre los miembros de la fra- 
se. La lengua, ademas, adquiere en la poesía formas parti- 
culares: las palabras toman significaciones i las frases cons- 
trucciones que son especiales al verso. A veces emplearon 
los acrósticos. Un artificio que se nota casi constantemente 
en las poesías hebraicas es la división de cada estrofa o es- 
tancia en dos partes que ofrecen ideas análogas i a veces 
opuestas, o presentan una misma bajo dos asj>ectos dife- 
rente^. Debían cantarse en el templo recitando el sacerdote 
su primera parte, a la cual contestaba el pueblo recitando 
el resto de la estrofa. 

Antes de la época de David, se encuentran en la Biblia 
diversos fragmentos poéticos consignados en los libros his- 
tóricos. Pero hai en ella libros enteros de poesía i en éstos 
se revela todo el vigor i toda la magnificencia del jenio he- 
braico. 

La poesía de los hebreosescasi toda lírica; pero hai tam- 
bién en ella un'poemajustamente admirado, el L/6ro de Job, 
que es el primero de los libros poéticos de la Biblia por el 
orden que se le ha asignado, i es ademas, el mas hermoso 
monumento de la alta poesía de los hebreos. Se ve al autor 
abordar la& cuestiones mas elevadas de la moral i de la re- 
lijion. En ese poema, en donde se describen los combates de 
un varón confiado en Dios, duramente probado por desgra- 
cias i padecimientos, i desconfiando algún tiempo de la jus- 
ticia divina, pero convertido luego a la conformidad en 
Dios, parece compuesto para la edificación relijiosa del pue- 
blo, i es una gloriosa justificación de la providencia i de sus 
medios a veces incomprensibles, pero que siempre nos guian 
al bien. Se ignora absolutamente quién es el autor de esta 
obra, i se ha discutido cuál sea la época de su composición. 
Se le hacreido anterior a Moisés, sin que falte quienes la 
atribuyan a éste mismo; i aun algunos críticos piensan que 



l.lTFKA'rrKA IIKKUKA 



43 



el Libro de Job señala el límite de las dos edades en que se 
ha dividido la literatura hebraica. 

El libro de los Salmos o Salterio, es una recopilación de 
trozos líricos de toJaespecie, en número de ciento cincuenta, 
compuesto por muchos poetas, en diversasépocas, desde Da- 
vid hasta la destrucción del reino de Judá. Algunos son pos- 
teriores a la vuelta de los judíos del cautiverio. David pasa, 
sin embargo, por autor del mayor número de ellos, i es con- 
siderado el mas notable de los poetas líricos hebreos. Los 
salmos varían mucho entre sí, según la idea o afecto domi- 
nante, ya sea el homenaje de alabanza i gratitud al Eter- 
no, ya la admiración de sus obras, ya el regocijo del justo, 
ya el arrepentimiento del alma pecadora, ya la amargura 
de la tribulación, y a el ruego fervoroso, ya las anunciaciones 
de la ira divina, ya la visión profética. En todos ellos, sin 
embargo, se notan los mismos caracteres, imájenes gran- 
diosas, jigantescas a veces, a veces incoherentes; profunda 
fé, suavísima unción del sentimiento reí ijioso, estilo conciso 
i vigoroso, i ninguna apariencia de estudio. 

6.-- Entre los libros morales o didácticos se distingue el 
de los Proverbios atribuido a Salomón. Es éste un tratado 
de moral en que se recomienda la verdadera sabiduría, que 
consiste en la recta dirección de nuestros actos i en su con- 
formidad a la lei del Señor, dándose sanos consejos para la 
conducta de la vida en todas las edades i condiciones. Las 
sentencias están espresadas en frases concisas, en fórmulas 
proverbiales, adornadas de imájenes vigorosas, a veces de- 
masiado desnudas para el refinamiento de los tiempos mo- 
dernos. El EclesiAstes, atribuido también a Salomón, tiene 
por objeto señalar la vanidad de las cosas terrenales i reco- 
mienda una prudente medianía para conservar la tranqui- 
lidad i la pureza del alma. El libro de la Sabiduría atribui- 
do con menos fundamento a Salomón, i que ha llegado 
hasta nosotros sólo por una versión griega, se dirije en es- 
pecial a los reyes i poderosos, recomendando la sabiduría 
como el mejor remedio para salvarnos de los peligros de la 
vida. Por fin, el i?c/esiasí/co, el quinto de los libros mora- 



44 MM inM.S 1>K lllsTÍIIlA I.ITKIíAIMA 



les, no es mas que una imitación de los |)receclentes, pero 
(le formas difusas i faltas de colorido. Se da por autor de 
este libro a yesus, hijo de Syracli. judío asilado en Ejipto; 
j)ero sólo se conocen fragmentos del orijinal, i una traduc- 
ción griejj^a. 

El célebre Cántico de los cánticos o C^intnr de los cantares, 
ha sido intercalado en el numero de los libros morales. Con- 
siderando con ojos humanos, es solo un canto erótico en 
que el ardor del amor está pintado con los colores mas vi- 
vos. Este |)oema, profano por su sentido literal, i que se- 
¡j^un alofunos autores no es otra cosa que el epitalamio del 
casamiento de Salomón con la hija del rei de Ejipto, ha si- 
do interpretado por los doctores de la sinagoga i de la igle- 
sia como una alegoría de la alianza entre Dios i la iglesia. 

7.— En la época de la división del reino i del cautiverio se 
hicieron notar los discursos prole ticos, jénero literario que 
se puede considerar como una rama de la poesía didáctica 
de los hebreos, i que data desde ocho siglos antes de la era 
cristiana. Los profetas han sido divididos en mayores i me- 
nores, según la importancia de sus profecías; pero conside- 
rados desde el punto de vista literario, los mas notables en- 
tre todos ellos son: Isaías, Jeremías, Oseas, Joel, Amos, 
Miíjucas, Nahum i Habacuc. Se considera a Isaías el mas 
puro de los escritores hebreos, el mas elevado en las ideas 
i el mas copiosamente magnífico en la espresion. Blair lo 
mira como el mas eminente de todos los poetas líricos. 

Jeremías, contemporáneo de la destrucción del estado 
por Nabucodonosor, resplandece por la terrificante subli- 
midad de sus pensamientos. Su libro es sombrío como el 
horizonte político de su cpoca. Bajo el título Trenos o La- 
mentaciones, se atribuyen a este poeta cinco conmovedo- 
ras elejías, poesía dejemidos, en que se llora la desolación 
de la ciudad santa i la esclavitud del pueblo. 

8. — La mas antigua de las traducciones de la Biblia es la 
versión griega llamada de los Setenta, Fué nombrada así 
por (jue la ejecutan, según unos, setenta sabios israelitas 
que nemetrio Palero reunió en la isla del Faro, cerca de 



l.n KlíATIK \ l¡KIU:i3A 45 



Alejandría, i según otros porque se llevó a cabo bajo los 
auspicios del sanhedrin, o senado judío, que era compuesto 
de setenta doctores. La versión latina, no menos célebre, 
conocida bajo el nombre de Vuls^atn, es posterior a lo me- 
nos en cuatro siglos a la traducción griega que acabamos de 
citar. San Jerónimo hizo una revisión de la Vulgata hacia 
el año 880 de la era cristiana. Estas dos traducciones no 
siempre están perfectamente de acuerdo ni entre sí ni con 
el orijinal. 

9. — Según el testimonio que se encuentra en los mismos 
libros de la Biblia que nos (|uedan, hai muchos otros que 
se han perdido. Parece también que los libros científicos o 
morales atribuidos a Salomón, tenian en su principio, según 
toda probabilidad, la forma de ¡loemas didácticos. 

El canon de los libros reconocidos como sagrados por 
los judíos no contiene mas que veinticuatro. Los rabinos 
clasifican entre los apócrifos *, muchos de los que admiten 
las iglesias cristianas en sus ediciones del antiguo Testa- 
mento. Tal es el libro de la Sabiclana de Salomón que los 
])rotestantes rechazan también. Otros son mirados como 
ajjócrifos por ambas partes: tales son un tercero i un cuar- 
to libro que se ha querido agregar a los de Esrlras, Los li- 
bros apócrifos de la Biblia se dividen, como los libroscanó- 
nicos, en composiciones históricas i en composiciones poé- 
ticas: no son una regla de fe, pero algunos merecen cierto 
respeto i no dejan de tener importancia para la recta inte- 
lijencia de la sagrada escritura. Algunos piensan que los 
libros apócrifos fueron escritos orijinariamente en caldeo, 
otros creen que son la obra de los judíos helenistas de Ale- 
jandría, i que fueron compuestos orijinariamente en griego. 



* Cuando se trata de los libros bíblicos, la palabra apócrifo tie- 
ne un sentido diferente del que se le da vulgarmente en la literatu- 
ra Llámanse apócrifos aquellos libros a los cuales no se atribuye 
un oríjen divino o revelado, i (pte sin ser enteramente falsos no 
pueden ser invocados como regla en materia de reli¡it>n ¡ de 
moral 



46 NOCIONES I»K HISTORIA L1TF3RARIA 



10. — PvStiuHando en la Biblia sólo las formas literarias, 
encontramos que hai cuatro que dominan principalmente: 
el proverbio, el paralelismo, la visión i la parábola o alego- 
ría. En efecto, los aforismos o sentencias, espresados con 
mucha sencillez, pero encerrando un pensamiento profundo, 
abundan en la Biblia. El paralelismo consiste, como ya 
hemos dicho, en la división de cada estancia en dos porcio- 
nes^^de sentido análogo, formando un ritmo no tanto de sí- 
labas como de ideas o sentimientos. En la visión, el espíritu 
es arrebatado por Dios a una rejion de puras contempla- 
ciones en que percibe i espresa cosas que no son de este- 
mundo. La alegoría no se limita a ocultar las ideas en sím- 
bolos misteriosos sino que domina los hechos mismos, que 
se refieren encerrando un sentido simbólico i como un refle- 
jo anticipado de lo futuro. 

La literatura hebrea es eminentemente pintoresca, pro- 
funda en medio de la mas injenua sencillez, i está sembrada 
de ün melancólico lirismo. La literatura moderna ha en- 
contrado un ancho campo de inspiración en los escritos de 
los judíos. Milton ha tomado del ÍTcnes/s el argumento de 
una de las mas hermosas epopeyas modernas: Racine ha 
encontrado en la Biblia asunto para magníficas trajedias. 
Otros poetas han estudiado el lirismo en David, en Isaías i 
en Jeremías; i hasta los mas elocuentes oradores sagrados 
haií ido a inspirarse en las severas pajinas del antiguo Tes- 
tamento. 



CAPITULO III. 
lilierRtnrM icriem^M. 

( PKIMBR PERIODO.— DESDE LOS TIEMPOS MAS REMOTOS HASTA 
LA LEJISLACION DE SOLÓN.) 

1. Orijinalirlad e importancia de la literatura griega.— 2. Primiti- 
va poesía de los' griegos: Orfeo i Musco.— "3. Los aedos.— 4. Ho- 
mero —5. Disensiones a que han dado lugar los poemas homé- 
ricos —6. Diversas hipótesis acerca de su oríjen. — 7. Hesíodo. 
—8. Tirteo i Safo. - 9. Solón. 

1. —La Grecia ocupa un lugar intermediario entreel orien- 
te i el occidente, entre la cuna de las sociedades i laciviliza- 
cion moderna. En todos los pueblos hai un rasgo caracte- 
rístico que distingue la marcha de su civilización. En la 
Grecia ese rasgo es la armonía. El jenio griego supo esta- 
blecer el mas perfecto acuerdo entre la ¡dea i la palabra, la 
forma i el color, la imájen i el raciocinio. Otros pueblos 
precedieron a los griegos en el cultivo de las letras; pero 
ninguno prestó mas atención a la forma estema. La supe- 
rioridad de la poesía helénica es tan incontestable, que los 
modernos, imajinando adjetivos para caracterizar los dife- 
rentes jéneros literarios, no han podido hacer nada mejor 
que sacar esos adjetivos del nombre mismo de los autores 
griegos; la poesía homérica es sinónimo de la epopeya; la 



4S NOCIONI<:S DIO lllSTf)Kl.\ IJTKK \K!A 



poesía pindárica espresa el éxtasis del lirismo; la poesía 
anacreóntica es la perfección deljénero gracioso; por fin, 
con el -nombre de jénero esópico se designa ordinariamente 
el apólogo. 

No se pueden poner en duda las relaciones de la Grecia 
con el oriente. Las poesías i las tradiciones primitivas de 
los griegos están conformes con las mas antiguas tradicio- 
nes asiáticas. Aprendieron de los fenicios el arte de la escri- 
tura; de los ejipcios los elementos de arquitectura i de ma- 
temáticas; i de los indios algunas de sus teorías mitolójicas. 
Pero si en los tiempos mas remotos los griegos tuvieron 
relaciones de parentesco con las razas del Asia, i si en sus 
emigraciones hacia el oeste, trajeron consigo los cantos, la 
lengua i las tradiciones de sus abuelos, no es menos cierto 
que se desarrollaron por sí mismos, que sacaron de su pro- 
pio jenio las obras de su literatura i de sus artes, iquecrea- 
ron casi todos los jéneros, desenvolviéndolos i perfeccionán- 
dolos por un trabajo propio. La orijinalidad i la perfección 
de sus obras en todo jénero han hecho de ellos los precepto- 
res i los niodelos de loa pueblos que han venido mas tarde. 
Basta para la gloria del pueblo griego el haber ejercido so- 
bre los modernos una influencia tan considerable. 

2. — El nombre de Homero e.- el primero que se presenta 
cuando se trata de bosquejar el cuadro de la literatura 
griega. Pero la poesía homérica no ha podido ser el estre- 
mo del espíritu griego: su misma perfección supone ensayos 
anteriores (jue la prepararon. Es preciso admitir nesaría- 
mente una éj)oca literaria ante-homérica, hija de un estado 
social profundamente diferente. En efecto, las tradiciones 
históricas i poéticas revelan que antes de la raza helénica, 
a la cual perteneció Homero, existió la raza pelásjica, aus- 
tera i triste, rejida como el Ejipto, por doctrinas sacerdota- 
les i simbólicas. La Tracia parece haber sido entonces el 
hogar de una poesía, hija de la relijion. Lo que se sabe de 
esta época ante-homérica se reduce a oscuras tradiciones, 
o mas bien, a las fábulas i a las ficciones de la mitolojía. 
Los nombres fabulosos de Orfeo, de Museo i de otros. He- 



TJTKRATUIJA OHTEÍIA 49 



nan esta época; pero al fin, é-^ta se detiene en la guerra de 
Troya, primer acontecimiento en que comienza realmente 
la historia de Grecia. 

Las numerosas obras poéticas que han llegado hasta 
nosotros con el nombre de Oj feo, sonde épocas distintas 
i mui posteriores. Dj Museo sólo se conocen los títulos de 
algunos poemas, de que hace mjncion Hosíodo. Un poema 
conservado hasta nuestros dias con su nombre, se atribuye 
con razón a otro Museo, que vivia probablemente en el si- 
glo V de la era cristiana. 

3. — Entre la toma de Troya i la aparición de Homero 
trascurrió un largo intervalo que nos es imposible llenar 
con ningún otro nombre; pero no se puede dudar que la 
poesía floreció en este intervalo. Homero mi^mo nos ensena 
que antes que él, otros poetas habian tomado la guerra de 
Troya por objeto de sus cantos. Los poetas de esta época, 
conocidos con el nombre de uédos (cantores), formaban 
parte del séquito de los reyes, i pueden cí)mpararse a los 
trovadores de la edad media. Esos pof*tas eran improvisa- 
dores ins))¡rados por cada circunstancia. Los acontecimien- 
tos producidos por Uiemigrajíiin dj los pueblos, las gue- 
rras, las espediciones lejaii.is i las revoluciones interiores 
fueron paradlos un tema inagotable. En fin, la gúerréi de 
Troya estrechó los lazos íL' Io-í p leblos griegos, acrecentó 
por tanto su p >der i ej.rció su influ.'ncia sobre las costum- 
bres i las instituciones, i preparó la revolución democráti- 
ca. Esa guerra marca, pues, una era nueva en la historia 
de los griegos. 

4.— Homero, na. 'ido en Jonia, tío lejos del teatro de esta 
guerra, fué inspirado por los recuerdos vivos que ella ha- 
bia déjalo. Na la se sal>¿ de p )sitiv.) sobre la vida do Ho- 
mero. Siete ciu lades se disput iban el honor de haberle da- 
do a luz. Se ignora la ép )ca en que vivió: el cálculo mas 
verolsímil es el í|ue fija el añ > 10 ^) antes de la era cristia- 
na. Si le supone ci^go i desgr iciatlo, i se le r/presenta can- 
tando de puerta en puerta los fragmentos de sus inmor- 

Tí>Mü IV 4 



50 NdCIONKS Ui: IIISTOUIA A.1TKRAUIA 



tales poema^; pero los libros en que están consignadas es- 
tas noticias son posteriores a él a lo menos en 900 años. 

Bajo el nombre de Homero nos quedan dos grandes epo- 
peyas, la Ilíada i la Odisea. La primera es un simple epi- 
sodio de la guerra de Troya: la segunda canta las aventu- 
ras de Ulíses hasta su vuelta a [taca. La Ilíada relata los 
hechos que pasaron en el breve espacio de cincuenta i un 
día desde la rencilla de Aquíles i Agamenón hasta las exe- 
quias de Héctor. Una acción particular, la ira i la vengan- 
za de Aquíles, ofrece al poeta la ocasión de describir com- 
bates, de presentar a la vista escenas de un profundo inte- 
rés, i de referir gran número de sucesos anteriores a la dis- 
cordia. La Odisea narra las aventuras de Ulíses desde la 
destrucción de Troya hasta que vuelve a Itaca, arroja desa 
casa a los príncipes que dilapidaban sus bienes i triunfa 
de todos sus enemigos por su valor i su prudencia; pero es- 
ta narración de peregrinaciones está hermoseada con di- 
vertidas i variadas escenas. 

Estos poemas pueden ser considerados como la enciclo- 
pedia de los tiempos heroicos: pintan i resumen toda la ci- 
vilización griega de esta época. Las costumbres, la relijion, 
todo el estado social se reproduce en rasgos fieles i natura- 
les. Desde este punto de vista, los poemas homéricos tienen 
una grande importancia porque no hai otro monumento 
de tan remota antigüedad en que se encuentren Consigna- 
das estas noticias. 

El carácter esencial de Homero es la naturalidad i la sen- 
cillez; sus cantos trazan la infancia del jénero humano con 
el candor de sus costumbres primitivas. Sus héroes i sus 
dioses son hombres apenas pulimentados por un principio 
de civilización. Pero hai un tinte poético, arrojado sobre la 
rudeza de esta naturaleza inculta. Homero agrada a todas 
las edades; cautiva aun en las pálidas traducciones en que 
todas las bellezas de la lengua han desaparecido. Ehpc^ta 
emplea imájenes físicas, i por decirlo así palpables. Uno de 
los caracteres mas admirables en los poemas homéricos es 
la individualidad de los personajes, es el poder de creación 



MTKUATI KA OUIIXÍA 51 



que barlado a cada héroe su fisonomía propia i claramente 
dibujada. Así el reí de los reyes, Agamenón, con su orgu- 
llo, el sabio Néstor i el ardiente Aquíles; el elocuente i aí>' 
tuto Ulíses, Héctor, Andrómaca, el viejo Priamo, figuras 
g^rabadas para siempre en el recuerdo de los hombres i cu- 
yo tipo nadie puede alterar, son otros tantos personajes 
reales, i otros tantos tipos que reproducen los matices mo- 
rales de humanidad. Pero hai ademas otro arte supremo 
en Homero que consiste en elevar los caracteres sin desfi- 
gurarlos ni quitarles lo que tienen de verdad. Helena, a pe- 
sar de sus debilidades i de sus crímenes, no nos parece un 
objeto odioso. Páris, el autor de tantas calamidades, apa- 
rece bajo cierto colorido que despieita las simpatías. 

5.- -A pesar de la inmensa popularidad deque goza el nom- 
bre de Homero, la crítica moderna ha negado la autentici- 
dad de esas obras i hasta la existencia del poeta, con ar- 
gumentos tales que es imposible desconocer su fuerza. 

Sin pretender entrar en el fondo de la discusión a que ha 
dado oríjen este asunto, vamos a señalar sumariamente 
los hechos sobre que descansan las diversas opiniones de 
los críticos, i en seguida a enumerar las principales hipóte- 
sis a que han dado lugar los poemas homéricos. 

De la discusión han resultado los cuatro hechos siguien- 
tes: 1' En el tiempo en que fueron compuesto los cantos 
que hoi forman la litada i la Odisea, los griegos no cono- 
cian el arte de la escritura. 2^ Hasta el tiempo de Solón las 
poesías homéricas no existian mas que bajo la forma frag- 
mentaria que los rapsodas cantaban sin observar un orden 
regular. Los rapsodas eran cantores viajeros que entrete- 
nían a sus oyentes, en reuniones privadas o en los juegos 
páblicos, con cantos ordinariamente del jénero heroico, 
3^ Sólo en el siglo VI antes de la era cristiana se ha esta- 
blecido cierto ordenen estos fragmentos, fijándolos por 
medio de una redacción escrita. V^ Durante el intervalo 
trascurrido entre su composición prtmitivaiesta redacción, 
los poemas homéricos han debido sufrir numerosas altera- 
ciones. 



f)? NOCIONES I)K HISTORIA I.ITKttARIA 

6. — Estos son los hechos reconocidos en que se fundan los 
críticos. Notando en la Ilínda algunas contradicciones de 
detalle en la narración de los sucesos, el alemán Federica 
Augusto Wolf, sostiene que la Ilíada i la Odisea no pue- 
den atribuirse a un mismo autor; que el último dees» 
tos poemas, cuya unidad reconoce, es mui posterior por 
su composición a la época que se asigna a la existencia 
de Homero. Por lo que toca a la Ilínda, Wolf i los críticos 
de su escuela creen que es una reunión de poemitas relacio- 
nados por la semejanza del asunto, refundidos por muchas 
jeneraciones de rapsodas, i constituidos en una epopeya en 
tiempo de los pisistrátidas. Esta hipótesis está fundada so- 
bre un hecho probable, a saber, que antes del poema exis- 
tieron cantos desligados; pero es inadmisible que la simple 
coordinación de cantos separados haya producido la mas 
admirable de las formas literarias, la que han imitado los 
mas grandes poetas délas edades subsiguientes sin poder 
igualarla. Supongamos que alguien se propusiera formar 
un poemacon las piezas poéticasespañolas que constituyen 
el romancero del Cid. Se coordinará una serie de aconteci- 
mientos <jue abrazarán la vida entera del héroe pero falta- 
rá la unidad i el desarrollo lójico de los acontecimientos. 
Otro crítico alemán, Godofredo Hermann, ha propuesto 
una hipótesis, que según él, esplica a la vez la unidad del 
conjunto i las contradicciones de detalle en los poemas ho- 
méricos. Supone la existencia de dos poemas primitivos, 
una Ilíadií i una Odisea, cuyo autor seria Homero o cual- 
quier otro poeta, i que no tendrian mas que una mediana 
estension. Estos poemas primitivos habrian sido desarro- 
llados sucesivamente por una serie de poetas, que ensan- 
charon la obra de sus predecesores. En efecto, no son raros 
los ejemplos de poemas formados de esta manera; pero 
entre el canto primitivo i las adiciones sucesivas se nota 
siempre una desproporción chocante que no se encuentra 
en los poemas homéricos. 

El historiador ingles Grote jíropuso una nueva hipóte- 
sis. Cree que la Odisea es la obra de un solo autor, i que la 



LITKKATUUA íiniKCA 



Hwda es formada por tíos poemas dilerentes; una Aquilei* ' 
da^ destinada a cantar la cólera de Aquíles i una Huida en 
que se refiere la lucha contra Ilion o Troya. Esta injenio- 
sa hipótesis esplica algunas incoherencias que presenta la 
Ilíadéi actual, pero dos j)oemas refundidos de esa manera 
ofrecerían mayores discordancias en el estilo, en el carácter 
de los personajes i en la sucesión de los acontecimientos, 
mientras que el poema atribuido a Homero, si bien posee 
ciertas contradicciones en los detalles, en los caracteres i en 
el estilo tiene una admirable unidad. 

Estas hipótesis, modificadas en parte por otros escrito- 
res, no alcanzan a constituir un argumento decisivo contra 
la unidad de composición de la litada i de la Odisea. La 
opinión que atribuye cada uno de estos poemas a un solo 
autor, salvo las interpolaciones mas o menos numerosas, 
es la mas verosímil i la única que resiste a la discusión. 
Como existen entre ambas obras notables diferencias en la 
lengua i en el estilo, la mayor parte de los críticos está de 
acuerdo en considecar a la Odisea como posterior a h'i Ilía- 
da, i se sostiene que esta diferencia de tiempo es tal que los 
dos poemas no han podido ser compuestos por un mismo 
hombre. Desde la antigüedad clásica, algunos gramáticos 
griegos sostuvieron la diversidad de autores, de donde les 
vino el nombre de corizontes (separadores). 

Se atribuyen también a Homero muchos himnos, i un 
poemita burlesco cuyos héroes son los ratones i las ranas. 
La mayor parte de los críticos está conforme en declarar 
qae esas obras son mui posteriores. 

7. — Homero es el cantor de la vida heroica. Hesíodo, 
coya historia completamente desconocida ha dado lugar a 
muchas hipótesis, es el primer representante de una nueva 
era. Se le supone posterior a Homero en antigüedad, i na- 
tural de Ascra o de Cumas. De dieciseis poemas que com- 
puso, sólo nos quedan tres sobre asuntos tan diferentes, que 
han hecho creer que pertenecian a otros tantos autores. 
Uno de ellos, la Teogonia es el mas antiguo monumen- 
to que se conserva de la historia del politeismo griego. 



M N()<:iONHS l»K HISTORIA LITüRAKIA 



Otro poema está destinado a cantar, bajo el título de Los 
trabajos i los dias, los beneficios de la agricultuni. cuyos 
preceptos consigna. El tercer poema de Hesíodo, cuya au- 
tenticidad ha sido niui controvertiíla, es un fra>í^mento épi- 
co titulado El escudo de Hércules. Bajo formas desprovis- 
tas de grandeza i de vigor, Hcsíodo ha consignado en sus 
poemas muciías nociones sobre el estado social e industrial 
de los primitivos griegos. 

S. — Después de Homero i de Hcsíodo, hai en la historia li- 
teraria de la (rrecia una laguna de siglos, fin este intervalo 
se preparó la revolución (pie dcbia cambiar la constitución 
de los pequeños estados. Este movimiento comienza con el 
establecimiento de las olimpiadas (776 antes de Jesucristo). 
La institucií>n de los juegos públicos contribuia a formar la 
unidad nacional acercando las diferentes fracciones de la 
familia helénica i creando un lazo de unión entres sus di- 
versos pueblos. La poesía lírica nació entonces tomando 
diversos caracteres de los diversos sentimientos (|ue la ins- 
piraron. Esta es la época de Calino i de Tirteo, cuyos can- 
tos belicosos inflamaban el valor de los efesios i de los es- 
partanos, i de muchos otros poetas relijiosos» heroicos, ele- 
jíacos, de cuyas obras no conocemos mas que fragmentos 
mui incompletos. Sólo de la célebre poetisa Safo de I^ésbos , 
ípie floreció hacia el año GOO antes de J. C, se conservan 
dos odas eróticas ardientes de pasión. 

9. — En este mismo período aparecieron también los hom- 
bres que dieron a los j^eipieños estados de la Grecia sus pri- 
ras constituciones. El mas antiguo de todos, Licurgo, hizo 
de Esparta una especie de con vento militar. El primero (|ue 
contó Atenas fué Dracon, cuyas leyes escritas con caracte- 
res de sangre, fueron abolidas cu breve. En fin. Solón 
(r)4"0-559) dio a los atenienses leyes mas en armonía con el 
carácter de acpiel pueblo. Solón fué también uno de los sie- 
te sabios de la Grecia, i compuso poesías. Una plegaria a 
las musas, Cv»mpuesta en estilo grave i noble, es la mas be- 
lla de las reliípjias que nos quedan de este poeta, lejislador 
i filósofo. 



CAPITULO IV. 



JLil«*ruiiirM icrieicM. 



(SEr.üNDO PERÍODO. -DKSDE SOLÓN HASTA ALEJANDRO 
EL <;i<ANDK. j 



1. Iniyiortaiicia literíiria de este se^^undo |)eríodo. — ?. Los filóso- 
fos.— 3. La poesía; Píndaro. — 4. Anacreonte i Siiuóoides.— 5. 
Hsopo. -0. Oríjen de la trajedia. — 7. Esquilo.— 8. Sófocles.— 9. 
Eurípides. — 10. Oríjen de la comedia: la comedia antigua. — 11. 
Aristófanes —12. La eomedia media.— 13. La comedia nueva; 
Menandro.— 14- La historia: su antigüedad.- 15 Heródoto — 
ir». Tacídides.- 17. Jenofonte. — IS. Los sofistas. — 19. Sócra- 
:es. -20. Pla'ton i .Aristóteles. — 21. Teofrasto. — 22. Hipócra- 
tes — 2»3. La oratoria. — 24-. Isócrates. — 25. Esquines. — 26. 
: ^nióstenes. 



1.— Con Solón comienza tanilúcn la época mas brillante i 
mas fecunda de la literatura griega. Hasta entonces el 
.Asia menor i las islas del Mediterráneo habian sido el tea- 
tro de la literatura: ahora la Grecia propiamente dicha, i 
Atenas en particular, van a ser el hogar de las luces. Los 
griegos divididos en un gran número de estados indepen- 
dientes, estaban mui débilmente unidos por la comunidad 
de su oríjen, de su lengua i de su relijion, por la repetición 
|)eriódica de los juegos solemnes en los cuales tomaba par- 
te toda la nación, i en fin, por el consejo de los Anfictiones, 



56 NOCIONES l»K niSTORlA LITKHAHIA 

especie de centro relijioso en que se trataban algunas veces 
los intereses políticos. Las guerras médicas, provocando a 
los pueblos a la unión para rechazar el peligro común, es- 
trecharon estos lazí)s; i desde las victorias alcanzadas so- 
bre los persas data la época de la grandaza de la Grecia. 

Mientras la ambición de los griegos no conocia nada 
mas noble ^|ue los premios dados en los juegos solemnes a 
la ajilidad i a la fu**rza corporal, los atenienses se mostra- 
ron sensibles a la gloria de los talentos i del jenio. En Ate- 
nas, la elocuencia conducia al poder: los concursos públi- 
cos, despertando el gusto jcneral i popular por la poesía, 
hicieron nacer una jeneracion que elevó el arte dramático a 
un alto grado de perfección. Hasta entonces, la poesía 
abrazando la universalidad de la vida social, habia desem- 
peñado el triple oficio de la historia, de la filosofía i de la 
relijion. La separación de estos diversos jéneros i el empleo 
usual de la prosa datan de este nuevo período, merced al 
conocimiento de la escritura, que se estendió en la Grecia 
por el siglo VI antes de J. C. junto con la introducción del 
papiro ejipcio. De la poesía épica nació la historia: de la 
poesía sentenciosa, !lamada^/7<5m/ca {ácgnómas, sentencias 
morales) bajo la cual se resumían los preceptos de la sabi- 
duría práctica i de la csperiencia de la vida, nació la filo- 
sofía especulativa en que se ilustraron tantos jenios. 

2. — La filosofía griega habia nacido como la poesía, en el 
Asia menor. Tomó por punto de partida la cuestión del 
oríjen i del principio elemental del mundo; i trató de resol- 
verla dando oríjen a tres escuelas diferentes. 

Tales de Mileto (640 A. J. C.) es el fundador de la escue- 
la jónica. Fué el primero de los griegos í|ue se ocupó de in- 
vestigaciones especulativas sobre el oríjen del mundo; i el 
agua fué para él el principio de donde vienen todas las 
cosáis. 

Pitágoras de Sámos, que vivió como ói-l años antes de 
Jesucristo, es el jefe de la escuela que lleva su nombre. Se 
pretende que pasó 22 años en Ejipto i que hizo largos estu- 
dios durante sus viajes. Su nombre es glorioso en la histo- 



MTiiUA'n n\ «ikiKOA 57 

riadel desenvolvimiento del espíritu humano por haber 
dado un vigoroso impulso a las ciencias matemáticas i a 
la moral. 

La escuela eleática data también de una remota antigüe- 
dad. Jenófanes de Colofón, que fué contemporáneo de Pitá- 
goras, la fundó en Elea, ciudad de Italia. Mentificó a Dios 
con el mundo, reduciendo toda la realidad del universo a la 
intelijencia como la sustancia única, i creando así el pan- 
teísmo idealista. 

La filosofía fué considerada por estos primeros maestros 
i por sus discípulos como la ciencia universal de que se des- 
prendían todos los otros conocimientos humanos. La arit- 
mética, la astronomía, el oríjen de la tierra i de los seres 
que la pueblan, eran estudiados en las escuelas de los filó- 
sofos. 

3. — La poesía, i particularmente el jénero lírico, liego tara- 
bien en poco tiempo a un alto grado de perfección. Pínda- 
ro, nacido en Cinocéfalas cerca de Tébas en Bcocia. por los 
años 550 antes de Jesucristo, marca la transición entre la 
Grecia antigua i la Grecia nueva. Compuso himnos relijio- 
sos, odas triunfales, canciones báquicas, epigramas, etc., 
pero no nos quedan mas que cuarenta i cinco cantos de vic- 
toria en honor de los vencedores en los juegos píiblicos i de 
las divinidades que presidian estas fiestas. Tienen un carác- 
ter solemne, (|ue suponen una representación de aparato, 
como que eran compuestas para ser cantadas delante de la 
multitud i en medio de un espectáculo pomposo, Bl poeta 
no se limitaba a hablar de la hazaña que cantaba; recorda- 
ba también la gloria de los antepasados de su héroe i de las 
fábulas que envolvían su nacimiento. Su principal carácter 
es el entusiasmo lírico, que se manifiesta por sus movimien- 
tos fogosos e irregulares, por metáforas itrevidas, imájenes 
grandes i sublimes en medio de las cuales el estilo se hace 
oscuro a fuerza de atrevimiento. Los críticos de la antigüe- 
dad que conocieron todas las obras de Píndaro, lo conside- 
ran el primero de los poetfis líricos. **Pretender igualar a 
Píndaro, dice Horacio en una de sus mejores odas, es querer 



58 NOriíINKS I)K IIISTOMA LITKHAUiA 



elevíirse en los aires, como el hijo de Délalo, para dar des 
pues su nombre al cristal de los mares/' 

4. — Los otros poetas líricos de aquel siglo nos son muelle 
menos conocidos todavía. Anacreonte de Téos en Jonia, 
establecido, según sí cree, en Sámos, en la corte del célebr 
tirano Polícrates, se hizo famoso por las canciones en qu< 
cantaba.el amor i los placeres. Toda la antigüedad habh 
con gran admiración de este p(»eta; pero las obras que co 
rren con su nombre, compuestas en un metro semejante a 
de nuestras anacreónticas, son del quinto siglo de la én 
cristiana. Simónides de Ceos, nacido en 558 antes de J. C 
cultivó también la poesía lírica. Sus principales títulos ch 
gloria son las elejías o lamentaciones, jénero inventado poi 
é^i en que desplegó un estilo lleno de elegancia i de dulzura 
Los pocos fragmentos que quedan de este poeta, justiíicaí 
su renombre. 

5 — En esta época también floreció ei. Grecia, según la tra 
dicion jcneral, uno de los jenios mas orijinales de su litera 
tura, poeta por inspiración, pero que talvez escribia suí 
obras en prosa o quizá las consignaba simplemente en h 
memoria de sus contemporáneos. Era éste, Esopo, esclavc 
en Atenas i en Sámos, i favorito después de Creso, rei d< 
Lidia. Su vida es un tejido de aventuras muchas veces in 
verosímiles; i sus obras no han llegado hasta nosotros baje 
su forma primitiva. La crítica moderna ha puesto en dudí 
la existencia del célebre fabulista con razones tales que nc 
es dado desconocer su fuerza. De todos modos, Esopo no ei 
el inventor del apólogo, puesto que hai obras de este jénerc 
mui anteriores; pero lo cultivó con verdadero talento en U 
invención de sus fábulas, en su oportunidad i en la exacti 
tud de su aplicación. Los escritores antiguos i modernoí 
han encontrado en los apólogos conocidos con el nomhn 
de Esopo un vasto campo de imitación. 

G.— La poesía dramática resultó en (irecia del concurso d< 
las dos grandes formas poéticasque se habian desarrollado 
ya. De la epopeya tomó la narración, que luego se dividid 
en diálogos: la poesía lírica le dio sus coros. 



mti:k.\ti'I{a <5RrK<;.\ 59 

\i\ oríjen de I;i trajedla «»;rreii^£i se relaciona con la relijion 
nacional, lín las tiestas de los dioses una parte del culto 
consistía en los coros que, cantando i danzando al son de 
mCisica, representaban alguna fíibula relativa a la divini- 
dad <|ue se celebraba. En Atenas estos coros hacían parte 
de Jas fiestas de Baco.que se celebraban a la época de las ven- 
dimias. En esas fiestas se inmolaba un cabro en honor de 
aquel dios; i de allí nació el nombre de trajedia (canto del 
cabro I de tragos cabro) i ocie (canto). No siempre las cosas 
mas bellas tienen un oríjen hermoso. 

Téspis i Frínico, contemporáneos de Pisístrato, pasan 
por los inventores de la trajedia. Regularizaron los coros 
i entrecortaron el canto con alguna narración recitada por 
el corifeo, jefe del cí)r(). Este recitado recibió el nombre de 
episodio, i era sólo la parto accesoria i accidental de la pie- 
za; la parte fundamental de ella fueron siempre los coros 
cantados. De esos primeros ensayos al teatro de Esquilo hai 
iin cambio tan radical i completo que sólo se comprende su- 
poniendo el trabajo constante de muchos poetas. La poste- 
ridad, (jue apenas conoce algunos lijeros fragmentos de los 
primeros trájicos, ha darlo a Esquilo el glorioso título de 
padre de la trajedia griega. 

7. — Esquilo era ateniense, nacido en el pequeño pueblo de 
Eleúsis, |)or los afios de 523 antes de j. C. Guerrero intrépi- 
do, se distinguió en las batallas de Maratón, de Salamina 
i de Platea. No sólo dio forma al poema trájico componien- 
do sesenta o noventa piezas, sino que inventólas máquinas 
i las decí)raciones del teatro. I)es¡)ues de una larga i glorio- 
sa carrera, vencido por Sófocles en una jiusta poética, se re- 
tiró a Sicilia cerca del rci Rieron, en donde murió de una 
edad mui avanzada. Según una tradición que nadie cree, su 
muerte fué causada |)ar una tortuga (jue una águila habia 
dejado caer sobre su cabeza. 

Esquilo hizo do la fábula la parte esencial del poema trá- 
jico, i estableció una íntima relación entre el drama i el co- 
ro. Comehzt) por introducir un segundo actor, i después, a 
ejemplo de su rival, el joven Sófocles, un tercero i a veces 



60 NUl'IONES l>W HISTORIA LITIJUAKIA 



un cuarto. Abrcvirt los coros limitando su importancia, i 
quiso que uno íle los pL*rsonajes atrajese sobre sí todo el ín- 
teres, mostrándose de esa manera severo observador de la 
unidad de acción. Ene ambio descuido las unidades de tiem- 
po i de lu::^^ ir. Los planes de sus trajedias son siempre muí 
sencillos: p ircce desconocer el arte de anudar i de desenla- 
zar la intri^^^a; sin embargo, el atrevimiento de las ideas, la 
grandiosid 1 1 de los caracteres i la riqueza del estilo hacen 
, olvidar los defectos de la fábula. Esquilo pone en escena los 
dioses i los senii-dioses; i cuando intervienen los hombres, 
los eleva sobre el nivel de la humanidad por la enerjía de 
sus sentimientos i por la majestad de las proporciones. Só- 
lo han llea^ado hasta nosotros siete piezas de este célebre 
trájico; pero entre éstas se encuentran algunas de sus obras 
mas célebres. De este número es Prometeo encndenado, que 
representa a este simi-dios castigado por Júpiter i atado a 
una roca por haber robado el fuego del cielo para mejorar 
la condición de los hombres, pero conservando en medio de 
los tormentos una sublime entereza, como el emblema de 
la libertad moral que sobrevive en el hombre al poder per- 
dido. 

8.--Sófocles de Colona, ateniense como Esquilo, pero trein- 
ta años menor que éste, llevó la trajedia a la mayor perfec- 
ción que conocieron los antiguos. Concurrió con Esquilo a 
un certamen i lo venció cuando sólo tenia veintinueve 
años. El pueblo ateniense, tan apasionado por lo bello, pre- 
mió una de sus trajedias nombrándolo jeneral de una espe- 
dicion a Sámos, en compañía de Feríeles i de Tucídides. Só- 
focles, como queda dicho, introdujo un tercer personaje en 
la escena; pero hizo mucho mas que esto: dio importancia 
a la acción dramática i la desenvolvió con singular habili- 
dad. El coro pasó a ser la parte accesoria de la pieza, así 
como antes habia sido el recitado. De esta manera su drama 
fué mas animado i mas interesante que el de todos sus an. 
tecesores. El interés del espectador por los personajes está 
hábilmente graduado de escena en escena i se sostiene hasta 
el desenlace. La invención i la disposición de las partes, la 



T.ITMKATUUA ORIIJGA f>l 



elegancia i la armoiiííi continua del estilo, la claridad habi- 
tual de la frase i la rareza de los defectos constituyen el mé- 
rito de Sófocles. Un conocimiento profundo dd corazón hu- 
mano le permitió |>intar las pasiones i los caracteres con 
singular maestría. Sólo han quedado siete trajedias délas 
ciento seis que Je atribuyen los escritores de la anti;;4Üedad. 

9. — Hemos dicho que Es(|uilo se habia batido como sol- 
dacK> en la batalla de Salamina. Se refiere (|uc Sófocles, en- 
tonces d - ed.'ul de quince ailos, cantó el himno de la victo- 
ria a la cabeza de la juventud ateniense. Se cuenta también 
que el dia de la batalla (480 antes de J. C.) nació en la mis- 
ma isla de Salamina un joven llamado Eurípides que habia 
de cultivar la trajedia como Es(|UÍlo i Sófocles. Discípulí> 
del hlósíjfo Anaxá^i^oras i amigo de Sócrates, llevó a la es- 
cena las ideas i el lenguaje de la filosofía i algunas veces el 
refinamiento de la retórica. Eurí|)ides trata siempre de con- 
mover i de excitar la compasión. En sus obras la pasión es 
lo que domina, i los car.Mctéres están subordinados a los 
efectos ])atéticos. Su estilo es claro, elegante, armonioso i 
fácil: con frecuencia tiene pasajes de una belleza encantado- 
ra, 1 otras veces cae en trivialidades. A pesar de todos sus 
defectos, Eurípides ejerce una seducción irresistible, i sus 
obras fueron mui apreciarlas en toda la Grecia. Aristóteles 
lo llama el mas tiájico de los |)oetas; i Plutarco refiere que 
después de la derrota de los atenienses en Sicilia, muchos 
prisioneros escaparon de la muerte o de la esclavitud reci- 
tando los versos de Eurípides, de (|ue gustaban mucho los 
vencedores. 

Eurípides compuso ciento veintitrés piezas dramáticas, 
de las cuales sólo han llegado hasta nosotros dieciocho 
trajedias i un drama satírico Es éste un jénero misto en el 
cuíit aparecen los personajes habi*:uales de la trajedia cím la 
dignidail de sus costumbres i de su lenguaje, es decir, dio- 
ses i héroes, pero rebajados por la familiaridad de la intri 
gi i las relaci(jnes con los personajes de un orden subal- 
terno. 

10 -En la época en queflorecia Eurípides, la comedia ha- 



62 NiKIONES I»i: IIISTOKIA MTKKAKIA 



bia llegado a ser en Atenas la hurla de la democracia, de la 
filosofía i hasta de la trajedia. Eurípides mismo habia sido 
ridiculizado con estraordinario rigor. 

La comedia tuvo entre los griegos un oríjen diferente que 
la trajedia. En las ñestas de algunas divinidades campes- 
tres, los habitantes de las aldeas se reunia^ en banquetes 
para cantar ciertos coros, en los cuales reinaba la mas de- 
senfrenada licencia. Conducidos en carros, se trasladaban 
de una aldea a otra atacando a los paseantes con sus sar- 
casmos. Tal fué el oríjen de la comedia; pero la historia de 
su desenvolvimiento nos es casi enteramente desconocida. 
Se habla de Epicarmo, poeta dórico que vivió en Sicilia, al 
cual atribuyen algunos escritores el haber inventado una 
acción cómica; pero sus obras, así como las de los otros 
poetas cómicos anteriores a Aristófanes, nos son conocidas 
por numerosos fragmentos que sólo pueden dar una escasa 
idea de su jenio. La comedia griega, a lómenos para la pos- 
teridad, aparece formada de repente i en un alto grado de 
perfección en los últimos años del siglo V antes de Jesu- 
cristo, 

A pesar de la diversidad de orijen de estos dos jéneros de 
poesía dramática, el coro fué común a ambos. En la come- 
dia, sin embargo, tenia una importancia especial. Llamá- 
base parábasis una digresión en que el poeta, representado 
por el coro, se dirijia a los espectadores, i conversaba con 
ellos sobre sí mismo, sus rivales, sus enemigos i aun sobre 
cuestiones relativas a los negocios públicos. La parábasis, 
impacientemente esperada por el auditorio, era el trozo 
capital de la pieza, porque la comedia tenia un ca- 
rácter político entre los atenienses, i era el complemento de 
sus instituciones democráticas. Atacaba indistintamente a 
los particulares o a los hombres de estado. Los jefes de par- 
tido, losjenerales, los oradores, los escritores, todos esta- 
ban espuestos a sus burlas. El teatro era una tribuna des- 
de la cual el poeta cómico daba consejos sobre los negocios 
mas importantes. 

11. — Aristófanes es el autor cómico mas antiguo de la 



MTKIÍATIJKA r.KIBGA {)0 

Grecia, cuyas obras hayan llegado hasta nosotros. En la 
historia de la literatura griega, la comedia tal como la cul- 
tivó Aristófanes, es denominada la comedia antigua, la cual 
se diferencia mucho de este jénero de literatura como es culti- 
vado por los modernos. Aristófanes de Atañas, misántropo 
brillante, dotado de una imajinacion cáustica, hizo de la co- 
me lia una sátira licenciosa, que no perdonó a lo mas dis- 
tinguido de su patria, ni a los dioses. Censuró los abusos 
i las faltas del gobierno, las intrigas de los ambiciosos, la 
incapacidad de los jenerales, la venalidad de los jueces i la 
necia credulidad de la muchedumbre. Los escritores satíri- 
cos han encontrado siempre en todas las innovaciones un 
ancho campo para sus burlas. Aristófanes tomó también 
p«'irte en la eterna querella de las ideas antiguas i de las ideas 
nuevas; i haciéndose el defensor de las primeras se burló 
con una audacia increible de los innovadores i del pueblo 
ffue los seguia. Pero en su crítica fué injusto i cruel. En las 
Nubes, Sócrates fué atrozmente ridiculizado como sofista 
vulgar i como un maestro pernicioso: i en las Ranas, el 
poeta se burló de Eurípides. Esas comedias, a pesar de este 
defecto, nos presentan el cuadro mas fiel de las costumbres 
de Atenas. Aristófanes es el historiador mas verdadero de 
la vida pública i privada de la democracia griega. Nos hace 
la pintura de la corrupción naciente en Atenas a la época 
de la guerra del Peloponeso, con una enerjía i con una ver- 
dad de colorido, que no puede ofrecer ningún otro monu- 
mento histórico. Desgraciadamente, la sal ática de sus 
burlas está mezclada con bufonadas de un cinismo repug- 
nante. No es posible buscar en ellas la verdad de los carac- 
teres que ha censurado, ni mucho menos la decencia. De se- 
senta comedias de Aristófanes sólo han llegado once hasta 
nosotros. Murió este poeta por los años 386 antes de J. C. 
La comedia personal, castigo a veces de los corruptores 
i de los charlatanes, pero con frecuencia motivo de escán- 
dalo o de injusta censura, no fué modificada sino cuando 
espiró la libertad política en Atenas. Después de la toma de 
esta ciudad por Lisandro, i bajo el gobierno de los treinta 



Gl NOCIONES I)H 1IT8T011IA WTKRARTA 



tíranos, se prohibió por una leí (404 antes de Jesucristo) 
presentar en la escena los sucesos del dia i la? personas vi- 
vas. La parábasis fue prohibida terminantemente. Este 
golpe decisivo puso término a la comedia antigua. 

12. — Líi comedia media tuvo menos brillo, porque no se 
levantó ningún jenio superior que. como Aristófanes, supie- 
ríi ca|)tarse el entusiasmo del auditorio. A pesar d^ la pro- 
hibición legal, la comedia no perdió casi nada de su amar- 
gura. Representáronse acontecimientos verdaderos bajo 
nombres supuestos. Los poetas designaban, por medio de 
alusiones, los caracteres que querian entregar a la risa del 
público. De setenta autores que se ejercitaron en esta espe- 
cie de comedia, íi mas de sus nombres, nos queda Únicamen- 
te un gran número de fragmentos mas o menos adultera- 
dos. Aun las comedias compuestas por Aristófanes en esta 
segunda éj)Oca, se han perdiilo la mayor parte. 

13.— La comedia nueva nació con Menandro en la segun- 
da mitad de siglo IV antes de la era cristiana. Menandro 
de Atenas estudió la filosofía con Teofrastro, el célebre 
autor de los Curnctéres; i de él aprendió el arte supe- 
rior de pintar las costumbres. Hace la censura de los 
vicios i do los defectos del corazón humano en rasgos jene- 
rales, l)OS(|uejando,nó las pasiones particulares de su tiem- 
po, sino las (|ue son inherentes a la naturaleza humana. In- 
Iroilujo como elemento dramático un amor verdadero, tal 
como el que han Silbido esplotar los escritores modernos. 
Lii variedad en los caracteres i los matices de éstos esta- 
ban perfectamente señalados, en medio de argumentos casi 
siempre sencillos pero interesantes. 

Las obras de Menandro no han llegado hasta nosotros; 
pero U)S fragmentos que se conservan, prueban cuan mere- 
cidos eran los elojios que le tributaban los que le conocie- 
ron sus obras. Por otra parte, Terencio, el célebre cómico 
latino, ha imitado a Menandro, dándonos a conocer al 
, través de la imitación, el jenio del gran poeta griego. Cé- 
sar mui admirador de Terencio, lo llama medio Menandro, 
.lo que da una idea aproximativa del valor de las obras 
perdidas. 



LlTERATIIltA (SIUKÍIA '*5 



En tiempo de Menandro i después de él, florecieron mas 
de sesenta autores cómicos, cuyas obras han llegado hasta 
nosotros. 

14. — La historia estuvo en su principio confundida con la 
poesía. Los poetas heroicos fueron por mucho tiempo los 
historiadores de la Grecia, porque consignaban en sus can- 
tos el recuerdo de los tiempos pasados, los triunfos de los 
vencedores en los juegos públicos i las hazañas de los hé- 
roes. Bajo la forma armoniosa de los versos, la memoria 
conservaba los recuerdos históricos en una época en que la 
escritura era desconocida. En el siglo VI antes de nuestra 
era, el uso mas frecuente de la escritura dio orfjen al naci- 
miento de la prosa, es decir, los hombres tuvieron otro me- 
dio mas sencillo deconservar i de trasmitir a la posteridad, 
los sucesos pasados. 

Los primeros ensayos históricos datan de esa misma 
época. Los escritores recojieron las tradiciones i los recuer- 
dos del pasado, confundidos todavía con numerosas fábu- 
las, i los espusieron en sus libros. Son mui reducidos los 
fragmentos que nos quedan de los primitivos historiadores 
de la Grecia. La posteridad encuentra formado el arte his- 
tórico de los griegos en íleródoto, i por eso lo ha denomi- 
nado el padre de la historia. Una cosa semejante ha pasado 
en Ta trajedia i en la comedia con Esquilo i Aristófanes. 

15.— Heródoto de Halicarnaso, nacido en 484 antes de 
Jesucristo, fué un viajero infatigable que recorrió casi todos 
los paises conocidos, la Grecia, la Macedonia, la Tracia, 
una porción del Asia, el Ejipto i otras rejiones del África, 
recojiendo en todas partes los materiales de una historia. 
Su plan primitivo no comprendia mas que las guerras entre 
persas i griegos, pero a su alrededor fué agrupando varia- 
das noticias hasta formar el mas rico repertorio histórico 
de aquellos tiempos. Su obra, tal como ha llegado hasta 
nosotros, está dividida en nueve libros, a cada uno de los 
cuales dieron los griegos el nombre de imade las nueve mu- 
sas. Los cuatro libros primeros tratan déla historia de los 
asirios, de los medos, de los persas i de los ejipcios; i sirven 

TOMO IV T) 



6G NOCIONES DE IlIOTORIA LITERARIA 

de introducción a los cinco últimos que encieran la narra- 
ción de la guerra de Jonia i de las guerras médicas. En He- 
ródoto se percibe la inspiración de Homero. La misma cla- 
ridad, la misma sencillez, la misma variedad pintoresca en 
las descripciones i en las narraciones, la misma riqueza, un 
poco difusa a veces, pero siempre llena de naturalidad i de 
armonía. Heródotono tiene mas propósito queel de narrar 
la vida interior de sus personajes, los motivos de sus accio- 
nes i las causas de los acontecimientos se revelan por el mo- 
vimiento mismo i por la verdad de la narración. Algunas 
veces es crédulo i aun supersticioso; intercala en su libíro 
multitud de cuentos, con frecuencia maravillosos, i casi 
siempre poco dignos de crédito; sin embargo, la veracidad 
jeneral de sus escritos es reconocida en nuestro tiempo. Las 
esploraciones jeográficas i arqueolójicas de los modernos 
en los paises que describió Heródoto, han confirmado sus 
aserciones. Heródoto pasó los últimos años de su vida en 
Túrios, en Italia, i ahí murió en una edad mui avanzada, 
en el tiempo de la guerra del Peloponeso. 

16. — Las narraciones de Heródoto revelan la infancia del 
arte; pero antes de medio siglo la historia llegó a un alto 
grado de elevación en manos de Tucídides. Nacido en Ate- 
nas en 472 antes de Jesucristo, Tucídides era hombre de es- 
tado i guerrero, i tomó una parte principal en la guerra -del 
Peloponeso. Mandaba la flota ateniense en el mar Ejeo, en 
el octavo año de aquella guerra; pero no habiendo podido 
llegar a tiempo para impedir la toma de Anfípolis, fué con- 
denado a destierro i se estableció durante veinte años en 
varios puntos de la Grecia, en donde recojió materiales para 
su historia. Nosotros debemos quizás esta obra a la injus- 
ta severidad de los atenienses. La compuso vuelto a su pa- 
tria, sin terminarla definitivamente, porque no comprende 
mas que los primeros veintiún años de esa célebre lucha 
entre Esparta i Atenas. 

Tucídides ha tomado la historia en la parte en que la ha- 
bia dejado Heródoto, para contar esclusivamentela guerra 
del Peloponeso; pero no se asemeja en nada al historiador 



LITERATIJKA GRIEGA 67 



a quien continúa. La sencillez que la historia tiene en ma- 
nos de Heródoto desaparece en el libro de Tucídides. El pri- 
mero se dilata en digresiones siempre amenas e interesan- 
tes, pero estrañas al asunto principal: Tucídides marcha 
derecho a su objeto. Heródoto ve en los sucesos el cumpli- 
miento de las órdenes del destino; Tucídides atribuye el de- 
senlace de los acontecimientos a la habilidad o a las faltas 
de los hombres de estado o de los jenerales. Heródoto intro- 
dujo en su historia los diálogos: Tucídides creó las arengas, 
en que ha sabido hacer entrar la política, la moral i la tác- 
tica militar. En efecto. los admirables discursos que Tucí- 
dides pone en boca de sus personajes, constituyen un recur- 
so histórico para trasmitir al lector- las noticias que el 
escritor no puede hacer entrar en la narración. El alma del 
historiador, sus juicios sobre los acontecimientos que re- 
fiere, las pasiones políticas que describe, el carácter del pue- 
blo cuyos anales ha trazado, se encuentran principalmente 
en los discursos que pronuncian los personajes de Tucídi- 
des. La oración fúnebre de los atenienses muertos en los 
primeros combates de la guerra del Peloponeso, que el his- 
toriadqr pone en la boca de Feríeles, es una verdadera obra 
maestra de elocuencia i de elevación. La descripción de la 
peste de Atenas, imitada por el poeta latino Lucrecio, ha 
servido de modelo a lá mayor parte de las descripciones que 
se han hecho después, pero es superior a todas las imitacio- 
nes. La catástrofe de los atenienses en Sicilia es uno de los 
trozos mas dramáticos que encierra cualíjuicra historia. 

La historia de Tucídides es realmente una trajedia, en 
que Atenas desempeña el primer papel: el verdadero interés 
consiste en saber si los atenienses serán vencedores o ven- 
cidos. Tucídides confunde hábilmente en ella la causa de su 
patria con la causa de la civilización. Se puede reprocharle, 
sin embargo, el haber dado una imájcn incompleta de Ate- 
ñas. En su obra no se encuentra una sola palabra sobre el 
magnífico desarrollo de las artes bajo Perícles, ni sobre la 
comedia antigua, tan íntimamente ligada a la política, ni 
sobre Sócrates i su influencia en la educación de la juventud. 



68 NOCIONES DR IIISTOIIIA LITERARIA 



17. — Tucídides dejó inconclusa su historia. Un escritor de 
mucho menos mérito, pero notable por la suavidad del esti- 
lo ¡por la variedad de sus conocimientos, se encargó de con- 
tinuarla. Fue éste Jenofonte de Atenas (nacido en 447 an- 
tes de J. C), discípulo de Sócrates en filosofía i de Isócrates 
en elocuencia. Como amigo del joven Ciro de Persia, tomó 
parte en la espedicion de este príncipe contra su hermano 
Artajérjes, en una división de ausiliares griegos. Después 
de la matanza de los jeucrales griegos, Jenofonte, aunque 
simple voluntario, dirijió esa admirable retirada de los diez 
mil, de que mas tarde fué el historiador. En las Helénicas 
trazó la historia de Grecia desde el punto en que la habia 
dejado Tucídides hasta después de la batalla de Mantinea. 
En el Anábnsis refirió la historia de la espedicion de los 
griegos a Persia i de la retirada de los diez mil. Compuso 
también una vida de Ajesilao; i una novela histórico-polí* 
tica titulada la CiropcJia, o la infancia de Ciro el grande y 
en la cual al través de acontecimientos i bajo nombres to- 
mados a la historia de los persas, desarrolla sus ideas so- 
bre la educación i sobre el arte de la guerra. Jenofonte es- 
cribió ademas algunos libros filosóficos en que espone las 
doctrinas de Sócrates, obras didácticas sobre la caza i el 
arte militar, i opúsculos políticos sobre el gobierno i la ha- 
cienda pública de Atenas. Lafecundidad de Jenofonte no 
es su único mérito. Los antiguos lo llamaban la abeja áti- 
ca, a causa de la suavidad de estilo. Raras veces se eleva, 
pero agrada siempre. La posteridad le debe el que haya 
dado a conocer con gran fidelidad las doctrinas i las ideas 
de Sócrates. 

18. — El siglo de oro de la literatura griega, nombre con que 
és designado el siglo de Perícles se ilustró también por los 
trabajos de los mas grandes jenios que hayan cultivado la 
filosofía. 

Hasta mediados del siglo \ los filósofos i sus escuelas 
habian estado diseminados en todas las ciudades de la Gre- 
cia. En esa época Atenas fué su cuartel jeneral. El pueblo 
lo denominó sofista^ voz griega que significa hombre hábil, 



Í.ITKRATl'RA (:KIEf¡A 69 



sabio. Gloriábanse de poseer la ciencia universal, discutian 
sobre todas las materias i enseñaban mediante un honora- 
rio el arte de discutir. El fondo de la sofística era un escep- 
ticismo absoluto. La dialéctica era para ellos un arma 
cómoda en el arte de disputar i de probar indiferentemente 
el pro i el contra. Los sofistas conservaron por largo 
* tiempo su importancia como retóricos, porque en un esta- 
do democrático en donde el talento de la palabra era de 
primera necesidad, cualquiera (juc aspirase a tomar par- 
te en los negocios públicos debia estudiar el arte de con- 
vencer. 

19. — Las sutilezas filosóficas de los sofistas, el desemba- 
razo con que so^tenian alternativamente las opiniones 
mas opuestas i la duda universal que resultaba de sus 
principios, habian provocado una reacción saludable. Esta 
fué principalmente la obra de Sócrates. 

La historia de Sócrates es demasiada conocida para que 
necesitemos repetirla aquí. Su ocupación constante, dice el 
mas ilustre de sus discípulos, era persuadir a todos, jóve- 
nes o viejos, que sólo la virtud es la fuente de todos los 
bienes. Durante cuarenta años atacó a los sofistas descu- 
briendo el artificio i la vaciedad de sus doctrinas por me- 
dio de un sistema de interrogaciones destinadas a confun- 
dirlos, i que ha merecido el nombre de método Socrático. 
"Sócrates, dice Plutarco, no tenia cátedra: enseñaba siem- 
pre i en todas partes. Siempre i en todas partes el buen ciu- 
dadano encuentra el modo de desempeñar su misión**. Con 
Sócrates, la filosofía se separa definitivamente de las otras 
ciencias, cambia de carácter i de dirección. ** Hasta él, dice 
Cicerón, la filosofía enseñaba la ciencia de los números, 
los principios del movimiento, el oríjen de la jeneracion i 
de la corrupción de todos los seres; observaba cuidadosa- 
mente el tamaño, las distancias, el curso de los astros, en 
fin, las cosas celestes. Sócrates fue el primero que la hizo 
bajar del cielo a la tierra'*. En efecto, tomó por punto de 
partida el hombre mismo, poniendo en práctica la inscrip- 
ción del templo de Délfos: "conócete a tí mismo**. Por 



70 NOCTOXRS DE mSTORTA LITERARIA 

este medio la filosofía se sustrajo a las vanas especulacio- 
nes que la habian estraviado anteriormente. Imprimió a la 
enseñanza un carácter práctico; creando así la ciencia de 
la mora!; i, sin combatir abiertamente las creencias de sus 
compatriotas, reveló la existencia de un ser superior a los 
dioses del Olimpo, creador i regulador del Universo. Sócra- 
te no ha escrito nada; pero el espíritu de su enseñanza nos 
ha sido trasmitido por sus discípulos. 

20.— Después de Sócrates, otros filósofos fundaron es- 
cuelas. La mas célebre de todas fué la Academia^ que tuvo 
por jefe a Platón, jenio vasto i brillante que imia todo el 
encanto de la inspiración poética a las concepciones mas 
altas de la razón. 

Nacido en Atenas el año de 4?30 antes de J. C, e hijo de 
una de las mas ilustres familias de su ciudad natal, Platón 
se aplicó a la poesía en su juventud, pero dio a su inteli- 
jencia un nuevo rumbo cuando oyó las lecciones de Sócra- 
tes; i después de muchos viajes en Grecia, en Italia, en Ejip- 
to i en Sicilia, volvió a Atenas donde abrió en los jardines 
de Academo uncí escuela de filosofía que tomó el nombre de 
Academia. Esta famosa escuela, en que Platón dio sus lec- 
ciones durante cerca de medio siglo, fué un semillero de 
hombres virtuosos i de pensadores distinguidos. Platón vi- 
vió mas de ochenta años; i al morir dejó su escuela flore- 
ciente a cargo de uno de sus discípulos. 

Platón elijió el diálogo para esplicar sus doctrinas dán- 
doles de este modo una forma hasta cierto punto dramáti- 
ca, diferenciando siempre la escena i los caracteres, entre 
los cuales sobresale con particular viveza i propiedad el de 
Sócrates. Entre sus cincuenta i seis diálogos, los principa- 
les son: el Górjias i el Protúgoras, donde los sofistas reci- 
ben un cruel castigo por medio del ridículo; el Fedon, que 
pintando con admirable sublimidad los últimos momento^ 
de Sócrates, afirma con argumentos invencibles la creencia 
en la inmortalidad del alma; el Fedro i el Banquete^ discu- 
sión injeniosa, profunda i poética que demuestra la espiri- 
tualidad del amor, cuyo verdadero objeto es la virtud; la 



LITERATURA GRIEGA 71 



República, ideal de una sociedad organizada según la idea 
de lo justo, tomada en un sentido absoluto pero que con- 
duce a los mas estraños resultados; Critoa, en que hai una 
hermosa personificación de las leyes recordando a Sócrates 
sus d;?beres de ciudadano. 

En las obras de Platón se encuentran reunidos el espíritu 
poético i el espíritu filosófico. Su jenio vasto i brillante sa- 
be unir todo el encanto de la imajinacion a las concepcio- 
nes mas altas del pensamiento. Como escritor es conside- 
rado el mas puro i mas perfecto de los prosadores griegos. 
** Las palabras que componen sus frases, dice un célebre 
crítico francés, Thomas, las frases que componen el discur- 
so, todo se atrae i desplega armónicamente; así como las 
ideas se encadenan con las ideas**. Por lo que toca a su 
fondo, sus doctrinas están fundadas en el principio de la 
unidad de Dios i de la inmortalidad del alma. La virtud pa- 
ra el hombre consiste en el esfuerzo pan alcanzar a la se- 
mejanza con su criador. No hai mas que una virtud, com- 
puesta de cuatro elementos, prudencia, justicia, fortaleza i 
templanza, cuyo ejercicio nos hace alcanzar nuestra liber- 
tad, es decir, la enerjía moral que nos eleva sobre los inte- 
reses sensibles. La virtud puede aprenderse; de donde se 
sigue que la educación es un cultivo libre i moral del espíri- 
tu. Platón ha estendido sus doctrinas filosóficas al estudio 
de !a política, que según él, no es mas que la aplicación en 
grande de la lei moral; así como el estado no es mas que la 
reunión de una masa de hombres bajo una misma lei, cuyo 
objeto es la libertad i la concordia. En las. artes, que son 
una aplicación de las fuerzas del pensamiento humano di- 
rijido hacia lo ideal por medio de procedimientos materia- 
les. Platón asienta que el principio fundamental es la be- 
lleza, la cual, como representación sensible de la perfección 
física i moral, es una con lo verdadero i con lo bueno. 

Aristóteles, su rival en gloria, nació en Estajira, en Ma- 
cedonia, el año de 384- antes de J. C. Huérfíino en su niñez, 
pasó a Atenas a la edad de veintisiete años, siguió las 
lecciones de Platón hasta la muerte de este filósofo, i vol- 



XOCIONKS DE HISTORIA LITERARIA 



vio mas tarde a Macedonia llamado por el rei Filipo, que 
quería confiarle la educación de su hijo Alejandro. Cuando 
este príncipe emprendió su campaña contra el imperio per 
sa, Aristóteles se estableció en Atenas i fundó su escuela. 
Enseñaba paseándose en las galerías del Liceo, antiguo 
templo de Apolo Liceo, i de allí nació el nombre de su doc- 
trina llamada peripatética (de per/patos^ paseo). Acusado- 
de impiedad después de ¡a muerte de»Alejandro, Aristóteles 
huyó a Cálsis, en Eubea, i aUí murió a la edad de sesenta i 
dos años. 

Jenio enciclopédico, pensador profundo i observador pers- 
picaz, Aristóteles desterró de sus obras la imajinacion. 
Abrazó todos los ramos de investigación científica que se 
habían conocido hasta su tiempo, i no hubo ninguno que 
no le debiese grandes adelantamientos. Inventó la injenio- 
sa teoría del silojismo, dio el primer sistema de lójica i creó 
la historia natural. Su Metafísica, primer ensayo en una 
ciencia nueva, es digna todavía de estudiarse. Su Política 
está llena de máximas i de observaciones admirables. En 
su Moral resplandecen ideas tan delicadas como sólidas so- 
bre la naturaleza del hombre, espuestas con una sencillez a 
veces sublime. En su Retórica i en su Poética se elevó a una 
inmensa altura sobre los escritores de su tiempo promul- 
gando reglas literarias que serán respetadas siempre. La 
variedad de sus conocimientos, i la penetración de su talen- 
to hacen de Aristóteles uno de los mas grandes jenios que 
haya producido el mundo, i un escritor muí distinguido. 

Discípulo asiduo de Platón durante veinte años, Aristó- 
teles es considerado comunmente un contradictor perpetuo 
de su maestro. Este es un error: lejos de marchar siempre 
contra las doctrinas platónicas, no ha hecho de ordinario 
mas que darles formas mas netas, mas científicas, mas con- 
formes a la rigorosa severidad de la razón. No se debe tam- 
poco aceptar el reproche de sequedad i de aridez que se ha 
hecho a su estilo, en el cual por el contrarío, Cicerón admi- 
raba la finura, la suavidad i la variedad. Debe sí decirse 
que en sus escritos domina mas la razón que la imajinacion. 



LITERATUnA fSUlEOA 



Ha¡ en ellos una tendencia a hacer predominar la práctica 
sobre la teoría, la observación de los hechos sobre la espli- 
cacion de las ideas. Al revés de Platón, se dirije mas a la 
intelijencia que a la sensibilidad, mas a la lójica que a las 
facultades poéticas de nuestra alma. Colocando delante 
del hombre un fin hacia el cual debe tender el ejercicio simul- 
táneo de la razón i de la libertad, hace de la virtud el fun- 
damento del soberano bien. 

La influencia de Platón i de Aristóteles sobre la posteri- 
dad ha sido inmensa. El idealismo de Platón i el espíritu 
práctico de Aristóteles, son los dos polos inmutables de los 
sistemas filosóficos. Aun hoi dia, toda filosofía es inevita- 
blemente aristotélica o platónica. 

21. — El estudio de estas escuelas filosóficas pertenece pro- 
piamente a la historia de la filosofía; pero aquí debemos 
hablar de uno de esos pensadores, que merece un lugar en 
la historia literaria. Teofrasto, nacido en Ereso, en la isla 
de Lésbos (371 años antes de J. C), fué el discípulo, o mas 
bien el amigo i el compañero de trabajos de Aristóteles, i el 
segundo jefe de la escuela del Liceo. Su nombre era Tirta- 
mo, pero sus discípulos lo llamaron Teofrasto (divino ha- 
blador). Compuso un gran número de obras, de las cuales 
sólo han llegado hasta nosotros algunas que tratan de his- 
toria natural, de física i de meteorolojía. Pero su título de 
gloria es otro libro que conocemos con el nombre de Los 
caractéreSy i que quizás es formado de fragmentos de una 
obra mas estensa en que el autor propondría tipos morales 
para la comedia. Teofrasto considera un vicio o una ma- 
nía de la naturaleza humana o de la jente de su siglo; lo 
nombra; lo define o lo describe, enumerando rasgo por ras- 
go las maneras de hablar i de obrar de hombres dominados 
por ese vicio o por esa manía. Las observaciones son exac- 
tas, delicadas i con frecuencia cómicas: muchos de sus per- 
sonajes se presentan como seres verdaderos que el lector 
cree reconocer; pero con frecuencia se nota monotonía, ras- 
gos arbitrarios i a veces oscuros, lo que hace suponer tam- 
bién que la obra de Teofrasto ha sido retocada por manos 



74 NOCIONES PE mSTORIA LITERARIA 

menos hábiles. Ese libro, debe su gran reputación al mora- 
lista francés La Bruyére, que lo tradujo i lo imitó en el si- 
glo XVII. 

22. — Entre los filósofos contemporáneos de Sócrates es 
preciso colocar a Hipócrates, que aplicó el método filosófi- 
co al estudio de la naturaleza física del hombre i la curación 
délas dolencias que lo aquejan. Hipócrates es el primer 
médico i uno de los mas grandes escritores de la antigüedad. 
Nacido en la isla de Cos' (460 años antes de J. C), practicó 
la medicina en Atenas i murió de una edad mui avanzada. 
Sobre su vida se han conservado diversas tradiciones que 
la crítica no acepta. Se le ha supuesto curando milagrosa- 
mente los enfermos de la peste que asoló a Atenas en tiem- 
po de Feríeles i rechazando los ofrecimientos hechos por 
Artajérjes, rei de Persia, para establecerse en sus estados. 
Lo que parece fuera de duda, es que hizo sus estudios via- 
jando en la Grecia i en el Asia i recojiendo en todas partes 
las observaciones que la esperiencia habia reunido sobre la 
medicina; pero lo que hasta su época habia sido preceptos 
prácticos, fué convertido por Hipócratesen nociones funda-' 
mentales i lójicas de la ciencia. Su método admirable de 
describir las enfermedades, la exactitud rigorosa de sus 
preceptos de réjimen, la observación constante de la natu- 
raleza que lo alejaba de toda hipótesis i lo hacia fundarse 
solamente en la esperimentacion, en un tiempo en que la 
anatomía i la fisiolojía estaban mui atrasadas, colocan a 
Hipócrates en el número de los sabios mas profundos i sa- 
gaces de la Grecia; pero su talento de escritor, la singular 
concisión para encerrar axiomas complejos en. un simple 
aforismo, hacen que sus obras sean hasta ahora mui esti- 
madas por su mérito literario. 

23.— La teoría del arte de la palabra habia sido inventa- 
da en Sicilia; pero la elocuencia nació en Atenas. Una lei de 
Solón mandaba que cuando se reuniese el pueblo para tra- 
tar de algún negocio grave, un heraldo gritase: ¿hai algún 
ciudadano mayor de cincuenta años que quiera tomar la 
palabra? La democracia pura, que formaba la esencia del 



LITET?ATÍ T?A OHTEOA 75 



gobierno de Atenas, fué, pues, el oríjen de la oratoria, que 
constituyó una de las mas vigorosas i espléndidas manifes- 
taciones del jenio griego. 

Han llegado hasta nosotros algunas obras de diez ora- 
dores atenienses, fuera délos discursos de dudosa autentici- 
dad que se encuentran consignados en las obras históricas. 
Aunque muchos de esos discursos se refieren sólo a asnutt» 
particulares, a pleitos privados sobre cuestiones de intere- 
ses, revelan, sin embargo, el grado de perfección a que al- 
canzó el arte oratorio, i contienen importantes noticias 
sobre la jurisprudencia de I09 atenienses i sobre los proce- 
dimientos judiciales. Nos limitaremos aquí a dar a cono- 
cer sumariamente a los principales de ellos. 

24. — Isócrates de Atenas (436-438), el mas célebre de to- 
dos los profesores de elocuencia, carecia de la voz i de la 
presencia de ánimo tan necesaria para el ejercicio de la ora- 
toria. Fundó una escuela de retórica en que se formaron 
los mas grandes oradores de la Grecia i compuso varios 
discursos que fueron jeneralmente admirados. Desde su es- 
cuela ejerció una poderosa influencia sobre la política i la 
administración de Atenas. Después de la batalla de Que- 
ronea, para no sobrevivir a la ruina de la independencia de 
su patria, se dejó morir de inanición a la edad de noventa i 
ocho años. El mejor discurso de los veintiuno que nos 
han quedado de Isócrates, es uno titulado Panejirico. Los 
griegos daban ese nombre a todo discurso pronunciado de- 
lante de un gran concurso nacional. El Panejirico de Isó- 
crates, pronunciado, según se cree, en los juegos olímpicos, 
tiene por objetos ensalzar la preeminencia de Atenas i exci- 
tar a los griegos para hacer la guerra a los persas. ¡Sócra- 
tes no es un orador enérjico; pero se le considera el modelo 
de la pureza ática. 

25. — Esquines de Atenas, aunque de condición oscura, fué 
el mas ilustre de los oradores griegos después de su anta- 
gonista Demóstenes. Cómico en su juventud, en seguida 
abogado, se ejercitó en la elocuencia a unaedad avanzada, i 
como orador tomó parte entonces en la política. El pueblo 



76 NOCIONES I>K mSTOTlIA LITERARIA 

* 

le honró con importantes misiones a Lacedemonia, cerca 
de Filipo de Macedonia que se hallaba en aquel pais i ante 
el consejo de los Anfictiones. Colega de Demóstenes en la 
embajada a la corte de Macedonia (344), se declaró, sin 
embargo, entre ellos durante esa misma misión una pro- 
funda enemistad. Esquines, hombre oscuro por su oríjen i 
por su primera educación, pero dotado de un gran talento, 
carecia de moralidad, i se dejó ganar por las lisonjas de 
Filipo, i tal vez por su jenerosidad. Tenia las cualidades 
oratorias que seducen al pueblo; pero le faltaba la conside- 
ración que dan una vida irreprochable, la fijeza en los prin- 
pios i la elevación de pensamientos. Los tres discursos que 
nos quedan de Esquines se refieren a su lucha con Demóste- 
nes, i de ellos vamos a hablar mas adelante. 

26 Demóstenes (385-322) es el mas grande orador de la 

Grecia i quizás de todos los paises i de todos los tiempos. 
A la edad de diecisiete años pronunció contra sus tutores, 
que habian dilapidado su patrimonio, cinco alegatos que 
hasta ahora se conservan. Habiendo ganado aquel juicio, 
se sintió estimulado a arengar al póbHco en la tribuna. Su 
voz débil, su respiración laboriosa, la poca gracia de su 
jesticulacion i lo desordenado de sus períodos le atrajeron 
los silbos de la muchedumbre. Demóstenes estuvo a punto 
de renunciar a la oratoria: un cómico llamado Sátiro lo 
reanimó. A fuerza de ])aciencia i de estudio, Demóstenes 
triunfó de sus defectos naturales: por el ejercicio, fortificó su 
pecho, depuró su pronunciación, corrijió sus movimientos i 
acabó por hacerse dueño de todos estos secretos de la ora- 
toria a que los antiguos daban tanta importancia. Algu- 
nos escritores hablan de un gabinete subterráneo en que 
Demóstenes se encerraba meses enteros copiando a Tucí- 
dides, declamando, meditando, escribiendo. A la edad 
veinticinco años reapareció en la tribuna pronunciando 
dos oraciones contra Léptines, autor de una lei que impo- 
nia a todo ciudadano la obligación de aceptar funciones 
onerosas. En seguida trabajó mucho en causas judiciales, 
haciendo casi siempre el papel de acusador a que lo incli- 



LITRRATÜHA (miFíOA 77 



naba su jenio áspero i violento. Sin embargo, su principal 
gloría fué adquirida por sus discursos políticos^ que le die- 
ron grande influencia en el gobierno i reanimaron algún 
tanto a la república decadente. Las Wes habian perdido 
su poder: a la austeridad de las costumbres antiguas ha- 
bian sucedido la lijereza, la pereza, la vanidad i una pasión 
inmoderada por los placeres i diversiones. De las virtudes 
de sus padres no quedaban ya a los atenienses mas que el 
amor al suelo natal que los hacia susceptibles todavía de 
esfuerzos heroicos para sostener su independencia. Nadie 
mejor que Demóstenes conoció el arte de exitarlos. Adivinó 
los proyectos del ambicioso Filipo, i los conoció a fondo 
durante su embajada a Lacedemonia. Desde entonces no 
tuvo mas que un pensamiento, el de levantar a Atenas pa- 
ra poner obstáculo al poder siempre creciente del rei de 
Macedonia. Por todas partes le busca enemigos: Filipo 
no puede dar paso sin que su política no sea descubier- 
ta. Demóstenes no se cansa de anunciar a Atenas el peligro 
que corre i de llamarla al sentimiento de sus deberes. Las 
Filípicas i las Olínticas son los monumentos de esta vijilan- 
cia patriótica. Esta lucha de la elocuencia de un hombre 
contra las armas de un gran monarca duró los catorce 
años que precedieron a la subyugación de la Grecia. En 
ella, Demóstenes recibió la mas honrosa recompensa a que 
puede aspirar un ciudadano. Ctesifon propuso al pueblo 
que se le decretara una corona de oro: Esquines, enemista- 
do ya con Demóstenes, se declaró en contra del proyecto i 
lo acusó de grandes delitos. El combate de la elocuencia 
suscitado entonces entre los dos mas célebres oradores, 
trajo un concurso inmenso. Demóstenes triunfó, i su anta- 
gonista fué desterrado, según la lei, por no haber obtenido 
la quinta parte de los votos. 

Aquel célebre proceso, que duró años de su iniciación 
hasta su final desenlace, dio lugar al mas famoso discurso 
de Demóstenes, que es conocido con el nombre de Arenga 
por la corona; pero el triunfo de éste no fué duradero. Es- 
quines habia ido a Rodas a fundar una escuela de retórica, 



78 NOCIONES DE HISTORIA ILITERARIA 

de donde se trasladó a Sámos para acabar sus dias pacífi- 
camente. Demóstenes mucho menos feliz que él, fué también 
condenado al destierro bajo el reinado de Alejandro Mag- 
no. Después de la muerte de este príncipe, trató todavía de 
formar una liga de las ciudades griegas contra los macedo- 
nios. Antípatro la disuelve. Demóstenes, condenado a 
muerte, huye a la isla de Calauría, se asila en el templo de 
Neptuno i allí se envenena para no caer vivo en manos de 
sus perseguidores. 

Demóstenes, volvemos a repetirlo, pasa por el primer 
modelo de oratoria que nos haya legado la antigüedad. 
Sus sesenta i un discursos, que se conservan, son un monu- 
mento de concisión en la forma i de fecundidad en las prue- 
bas. La lójica, el tejido de sus razonamientos es indestruc- 
tible. Sus discursos están llenos de calor, de vehemencia, i 
aun ahora, después de mas de dos mil años, nos hacen sen- 
tir las impresiones que él mismo esperimentaba. Su dicción 
es a un tiempo magnífica i sencilla, elaborada con un arte 
supremo, que a veces se deja conocer, pero que siempre en- 
canta i conmueve. 

Al lado de esos grandes maestros de la palabra florecie- 
ron en Atenas otros ilustres oradores, cuyas obras, o a lo 
menos una parte, han llegado hasta nosotros. 



CAPÍTULO V. 

liiteratnra yrlefc». 

(tercer período.— desde alejandro hasta el siglo iy 
de nuestra era.) 

1. Alejandría convertida en centro del movimiento literario. — 2. 

Los poetas de Alejandría.— 3 Teócríto. — 4. Historia; Polibio. 

—5. Strabot).- 6. Diodoro de Sicilia i Dionisio deHalicarnaso. 

—7. Flaviojosefo.— 8. Plutarco.— 9. Otros historíadores 10. 

Pausáüias i Ptolemeo. — 11. Ateneo i Diójenes Laertio.— 12. 
Dion Crisóstomo.— 13. Luciano; la novela griega. — 14. Marco 
Aurelio. — 15. Plotino; I.onjino.- 16. Opiano i Babrio. 

1.— Después de Demóstenes i de Aristóteles, la literatura 
griega cambia de carácter i de dirección. Desde entonces 
produjo jenios menos atrevidos i menos fecundos, pero el 
progreso de las luces i una civilización mas jeneral compen- 
san aquella falta. Los jenios inventores se hicieron mas ra- 
ros: pero el espíritu crítico se desarrolló en proporción 
opuesta. Hasta entonces Atenas habia sido el centro prin- 
cipal de las letras i de las artes: Alejandría, la nueva capi- 
tal del Ejipto, la reemplazó en su influencia. Por su posición 
admirable entre la Europa, el Asia i el África, Alejandría se 
hizo el depósito del comercio del mundo i la confluencia de 
las doctrinas orientales que vinieron a secundar la filosofía 
griega. Los Ptolemeos,\que reinaron con alguna gloria en 



80 NOCIONES I)K IIISTOIIIA LITIflRARlA 



Ejipto, fomentaron las ciencias i las artes. La famosa biblio- 
teca de Alejandría i el Museo, edificio estenso en que los li- 
teratos i los sabios mas distinguidos eran mantenidos a 
espensas del estado, fueron el espléndido asilo de las letras 
i de los literatos. La misma abundancia del papiro facilita- 
ba la multiplicación de los manuscritos. El papiro es una 
hermosa planta que crece en Ejipto a orillas de los rios i de 
los lagos, i cuyos tallos formados de una finísima hoja en- 
vuelta en forma de rollo, scrvian en vez de papel. 

Bajo un orden semejante, todo concurxió para hacer pre- 
valecer la erudición sobre el libre desarrollo de las intelijen- 
cias. Así fué como la literatura cambió de carácter. Enton- 
ces hubo sabios, tal como los comprendemos en el dia. En 
Alejandría fué trazado el círculo de conocimientos humanos 
que era necesario recorrer para aspirar al título de hombre 
de letras. En la corte de los Ptolemeos también, la protec- 
ción de los príncipes, si bien contribuyó poderosamente al 
desenvolvimiento de las ciencias exactas i naturales, de las 
matemáticas, la astronomía, la botánica i la medicina, 
produjo un mal que se ha desarrollado siempre en circuns- 
tancias análogas. El espíritu de servilismo se hizo sentir en 
la literatura, prostituyéndose ésta hasta convertirse en 
una baja lisonja. 

2. — Los poetas de Alejandría eran sabios, pero carecian 
de imajinacion i de gusto: gastaban mucha paciencia en 
hacer anagramas u otras futilezas del mismo jénero. Bas- 
taria citar a Licofron, autor de algunas trajedias que no 
han llegado hasta nosotros, i de un poema titulado Casnri' 
dra, que se refiere a la guerra de Troya, i que es sólo un 
largo enigma casi impenetrable en que el poeta oscurece in- 
tencionalmente su pensamiento por perífrasis i por alusio- 
nes inintelijibles. Apolonio de Rodas, discípulo del anterior 
e igualmente erudito, compuso un poema titulado Las ar- 
gonáuticaSy en que celebra la espedicion de los argonautas 
en busca del vellocino de oro, revistiendo la narración his- 
tórica con versos bien hechos, con una dicción pura i con 
una agradable suavidad de estilo, i adornándola ademas 



' LirKHATI HA (.hik<;a 81 

con descripciones pintorescas, pero sin haber podido hacer 
un verdadero poema. Arato de Solos, (pie floreció 250 años 
antes de J. C, compuso un poema didáctico titulado Los 
fenómenos i las se fw les, en que espone la astronomía i la 
astrolojía, es decir, el curso de los astros i su influencia so- 
bre el porvenir. Algunos pasajes de esta obra revelan un 
verdadero poeta; pero a pesar de ello, Arato es sólo el mas 
celebre de los poetas (|ue tomaron la ciencia por la poesía. 

3. — En esta época, sin em})ar^o, encontramos un verda- 
dero poeta, en Teócrito de Siracusa, que florecia en el siglo 
III antes de J. C; i que cultivó en Sicilia i en Alejandría el 
jénero bucólico o pastoral. Según la opinión mas. común, 
esta especie de poesía nació en Sicilia. El mas antiguo poe- 
ta bucólico de la Grecia es el pastor Dáfnis» que vino a ser 
el héroe de la pastoral artificial. Como el tiempo no ha res- 
petado ningún fragmento de las obras de este célebre can- 
tor, Teócrito pasa por el creador i por padre de este jénero 
de poesía. Se distingue entre todos los poetas pastorales 
por su fidelidad en la descripción del paisaje en que coloca 
la escena, por la pintura de los caracteres, i ])or la sencilla 
naturalidad de sus cuadros. 

De sus obras sólo han llegado hasta nosotros treinta 
piezas poéticas reunidas con el nombre de Idilios, voz que 
orijinariamente significaba pequeños cuadros, poesías lije- 
ras. Como cierto numero délas poesías que contiene esa 
recopilación, son cantos bucólicos, la palabra Idilio ha 
sido considerada mas tarde como la designación del jénero 
pastoral; i vulgarmente se considera a Teócrito como can- 
tor de los pastores. Sin embargo, en algunas de esas poe- 
sías, tomando alternativamente el tono de la oda i el de 
la epopeya, su musa se eWva casi tan alto como la de 
Homero. 

4- Las conquistas de Alejandro ensancharon el campo 

de la historia. Esta es la época en íjue floreció Polibio de 
Megalópolis (205-123), hombre de estado, militar forma- 
do por Filopémen, i uno de los jefes de la liga aquea. A la 
edad de cuarenta años fué conducido a Roma en rehenes i 

'lOMC» IV O 



82 XOCIONKS l)K HISTORIA LITERARIA 



permaneció allí diecisiete. Entonces fué el amigo i compa- 
nero de armas del joven. Scipion Emiliano. Para reunir los 
materiales de la grande obra que proyectaba, hizo viajes a 
Galia, a la Iberia i hasta al mar Atlántico. Scipion hizo que 
se le permitiera estudiar los libros censuales, rejistros con- 
servados en el Capitolio, i los otros documentos históricos. 
De vuelta a Grecia, Polibio prestó grandes servicios a sus 
compatriotas i se opuso en vano a la guerra contra los ro- 
manos. Esta guerra estalló cuando él se hallaba con Sci- 
pion en África, en donde asistió a la toma de Cartago. Po- 
libio no volvió a Grecia sino después de la toma deCorinto; 
¡ entonces, reducida su patria a provincia romana, recorrió 
el Poloponeso en calidad de comisario, estableció el nuevo 
réjimen con suavidad, i mereció. el reconocimiento de los 
habitantes. Después de un viaje a Ejipto i a España, en 
que acompañaba a Scipion, volvió a Acaya i murió en 
una edad mui avanzada de resultas de una caida del ca- 
ballo. 

Polibio pasó largos años preparando materiales i escri- 
biendo una prolija Historia jeneral que abrazaba los cin- 
cuenta i tres años (de 220 a 146) mas notables del desen- 
volvimiento i progreso de la república romana, las guerras 
púnicas i la conquista de Grecia. Desgraciadamente no nos 
quedan mas que los cinco primeros años de esta historia i 
algunos fragmentos desligados del resto. Escritor menos 
puro i elegante talvez que los historiadores que lo habian 
precedido. Polibio era en cambio un hombre de una grande 
honradez i poseía un profundo buen sentido. Jamas la his- 
toria ha sido escrita por un hombre de mas juicio, de una 
penetración mas profunda i de un criterio mas libre de 
toda preocupación. Pocos escritores han reunido en mas 
alto grado los conocimientos militares i políticos i ningu- 
no ha llevado mas lejos la imparcialidad i el respeto por la 
verdad. 

5.— Convertida en provincia romana, la Grecia perdió 
hasta su nombre: sus vencedores la llamaron Acaya. La 
Grecia ejipcia, es decir, la monarquía de los Ptolomeos, fué 



LlTEUAXrUA GRIEGA 83 



reducida también a provincia romana. Toda sombra de 
independencia pereció entonces; pero la literatura griega 
prolongó todavía su existencia durante muchos siglos i 
siguió arrojando vivos resplandores. La historia i la jeo- 
grafía siguieron cultivándose con singular pasión. Stra- 
bon, nacido en Amasea, en el Asia Menor, a mediados del 
primer siglo antes de J. C, estudió en Alejandría i compuso 
unas memorias históricas que no han llegado hasta noso- 
tros, i una jeografía, que era el complemento de aquéllas. 
A pesar de este propósito modesto la jeografía de Strabon 
es una obra mui notable por el número i la precisión de los 
detalles que contiene, i a veces por el juicio i la profundidad 
de las frecuentes reflexiones que hace sobre la historia, las 
instituciones i las costumbres de los diversos pueblos. 

G. — Contemporáneo de Strabon fué Diodoro de Sicilia, 
que en los cuarenta libros de su Bibiotcca histórica habia 
resumido todo lo que los historiadores precedentes habian 
escrito sobre el Ejipto, la Persia, la Grecia, Roma i Carta- 
go. Mas de la mitad de la obra de Diodoro se ha perdido; 
pero la parte que nos queda es una mina inagotable de 
hechos i de detalles curiosos que no se encuentran en nin- 
guna otra parte. Bajo el título de Autií*üeda(les romanas, 
Dionisio de Halicarnaso compuso una historia de los pri- 
meros tiempos de Roma, de la cual no conocemos mas que 
una parte notable por su exactitud. 

7. — Flavio Josefo, nacido en Jei usalen el año 37 de la era 
cristiana, habia tomado parte en la rebelión de los judíos 
contra los romanos, después de haberse opuesto a ella con 
todo su poder. Hecho prisionero, predijo a Flavio Vespa- 
siano su futura grandeza; i cumplida la predicción, obtuvo 
su libertad, i tomó el sobrenombre de Flavio, para indicar 
que era liberto de aquel príncipe. ."Xcompañó a Tito en el 
sitio de Jerusalen, lo siguió después a Roma i jiasó el resto 
de sus dias al lado de la familia imperial. Josefo compuso 
varias obras, unas en hebreo, que él mismo traducia al 
griego, CííUio la Historia de ¡a guerra de Jadea i otras que 
compuso primitivamente en griego, como las Antigüeda- 



84 NO( IONES DE IIISTOIUA LITBlJAlilA 



(hs jtidaicns. En la primera refiere con gran talento i colo- 
rido la rebelión de Judea i la destrucción dejerusalen. En 
la segunda cuenta la historia del pueblo hebreo con grande 
habilidad, pero suprimiendo de ella o modificando todo 
aquello que, a su juicio, no da idea favorable de sus compa- 
triotas. Josefo escribió también su propia vida, notable 
por la claridad i por las noticias que contiene. 

8. — Pero elmas famoso de los historiadores de esta é|)oca 
así como también de todos los escritores de ella, i el mas 
popular de todos los prosadores de la antigüedad, es sin 
duda Plutarco. Nacido en (Jueronea, en Beocia, el año 50 
de nuera era, estudió la filosofía en Atenas, i viajó en se- 
guida. En Roma enseñó la filosofía al emperador Adriano, 
que le hizo cónsul i gobernador de Iliria. Vuelto a su patria, 
fué en ella majistrado i sacerdote de Apolo, i ahí murió de 
una edad mui avanzada en medio del respeto de sus com- 
patriotas. Por sus creencias i por su carácter. Plutarco fué 
casi el líltimo representante serio del politeismo griego i 
del espíritu de los tiempos antiguos. 

Plutarco escribió sobre muchas materias. Sus Obras mo- 
rales son un vasto repertorio de anécdotas, de diserta- 
ciones i de consideraciones sobre las materias mas diversas, 
en que se encuentran siempre algo que instruye o que de- 
leita. En sus Vicias paralelas traza las biografías de los mas 
señalados personajes de la historia griega i romana, agru- 
pándolas artificiosamente de dos en dos por la identidad 
de los ceractéres para compararlos en seguida; Teseo con 
Rómulo, Licurgo con Xuma, Temístocles con Camilo, Arís- 
tides con Catón, Alejandro con Julio César, Demóstenes 
con Cicerón, i así otras muchas hasta el número de cuaren- 
ta i cuatro. Compuso también algunas biografías sueltas. 
Como escritor. Plutarco ha snbido revestir sus biografías 
de una sencillez casi inimitable. Nos j)rese:ita a los i)erso" 
najes no sólo en los negocios [)úl)licos, sino en el seno de la 
familia, i mediante anécdotas no siem¡)re escojidas con se- 
vera crítica. Se distingue particularmente en la pintura de 
los caracteres; pero exajera la unidad de éstos haciendo 



LTTtíRATniA (iRIBGA 85 



aparecerá cada hombre como dominado por una sola idea, 
por una pasión exclusiva, o como dechado de una virtud 
perfecta. Plutarco no conoce la infinidad de matices que se- 
paran la virtud del vicio. Muí poco prolijo como historiador 
en ciertas ocasiones, ha consignado, sin embargo, en sus 
biografías noticias históricas de suma importancia i ciertos 
datos que nos dan a conocer algunas fases de la civilización 
i de la vida social de los griegos. Sus obras están serabra- 
clas de máximas morales, hijas las unas de la filosofía, fruto 
otras de un patriotismo sincero i a veces exajerado. 

9. — Después de Plutarco flíjrecieron muchos otros histo- 
riadores que escribieron sus obras en griego. Arriano de 
Nicomedia, nacido en el segundo siglo de la era cristiana, 
escribió, aparte de una obra sobre filosofía, la Historia de 
la espedicion de, Alejandro, en que ha imitado el estilo de 
Jenofonte, i ha consignado las mejores noticias sobre aque- 
llas g^uerras memorables. Apiano de Alejandría escribió 
una historia de las guerras civiles de Roma, en que ha tra- 
zado el cuadro vigoroso de la corrupción del imperio. Dion 
Casio escribió una historia romana, de la cual se conserva 
sólo una parte. Herodiano es el historiador de un período 
de cincuenta i nueve años del imperio romano, desde Mar- 
co Aurelio hasta Gordiano el joven, i ha reunido en su libro 
noticias mui interesantes. Aunque las obras de estos escri- 
tores tengan una grande importancia como documentos 
históricos, i aunque literariamente no carezcan de mérito, 
son mui inferiores o los grandes modelos que nos ha lega- 
do la antigüedíid en el arte de escribir la historia. 

10. — En esta época, (segundo siglo de la era cristiana), 
Horecieron dos grandes jeógrafos. Pausánias, natural de 
Frijia, compuso una Descripción de la Grecia, que contiene 
los mas prolijos pormenores sol)re las obras de arquitectu- 
ra, de escultura i de pintura de las ciudades griegas. Clau- 
dio Ptolomeo, natural de íijipto, aprovechándose de algu- 
nos trabajos anteriores perdidos j)cira nosotros, resumió 
todo lo que los antiguos conocieron sobre la jeografía 
matemática. Su Sistema dejcognüía^ a pesar de los erro- 



R6 NOCIONES DE TTlSTOniA LITERARIA 



res que contiene respecto de la ciencia moderna, es una obra 
monumental de estudio i de observación. 

11. — Debemos hablar también aquí de dos escritores grie- 
gos cuyas obras, sin poseer un verdadero mérito literario 
contienen, sin embargo, importantes noticias para conocer 
la literatura i la filosofía de la antigüedad. Hablamos de 
Ateneo i de Diójenes Laertio. 

Ateneo, natural de Náucratis, en Ejipto, vivia a fines del 
segundo siglo de la era cristiana i principios del siguiente, i 
enseñaba con cierto brillo la gramática i la retórica. Pero 
su reputación está fundada en un libro que compuso con el 
título de Las cenas de los sabios. Es esta una obra preciosa 
por las estensas citas de grandes escritores i poetas, cuyos 
trabajos nos serian enteramente desconocidos sin Ateneo. 
Esta :jbra no nos ha llegado completa, pero la parte que 
se conserva tiene en cierto modo la importancia de una 
historia literaria. 

Diójenes Laertio, era orijinarlo de Laerte, en Cilicla, de 
donde le vino su segundo nombre, i vivia en el siglo III de 
nuestra era. Compuso un libro sobre la vida de los grandes 
filósofos griegos, en que estos están clasificados en las dos 
grandes escuelas, la Jónica i la Itálica, dejando un libro 
entero para la filosofía de Epicuro. La obra de Diójenes es 
preciosa por la muchedumbre de hechos i de pormenores 
que nos suministra, i por el gran número de pasajes de es- 
critos perdidos que nos ha conservado. Con frecuencia cré- 
dulo e inexacto, es sin embargo, mui imparcial. Su libro, 
sin ser propiamente un resumen histórico de la filosofía, fué 
escrito en una época en que esa filosofía iba a espirar, i tie- 
ne por tanto una grande importancia para la posteridad. 

12. — La retórica i la elocuencia, aunque circunscritas en 
esta época a las defensas jurídicas i a los discursos de cere- 
monia, puesto que la oratoria de la antigua democracia 
habia enmudecido, florecieron, sin embargo, con mucho 
brillo i alcanzaron una gran boga. Las declamaciones lle- 
garon a ser una parte de las fiestas públicas, una necesidad 
para el ocio de los ricos, un espectáculo en fin que reempla- 



LITERATURA GRIEGA 87 



zaba las emociones de las luchas de la elocuencia política. 

Este jénero falso i bastardo hizo célebres a algunos retó- 
ricos de segundo mérito; pero brilló en el un hombre que, 
por su talento i sus virtudes, merecia haber florecido en los 
mejores tiempos de la Grecia. Dion, nacido en Bitinia, a 
mediados del primer siglo de la era cristiana, compuso so- 
bre diversos asuntos de filosofía, de moral i de literatura 
un número de discursos i de disertaciones, de los cuales han 
llegado ochenta, que forman un curso completo de moral 
en que domina la doctrina estoica. Trata en ellas muchas 
cuestiones sociales, del destierro, de la servidumbre, de la 
libertad, de las enfermedades morales; aborda también las 
cuestiones políticas, i siempre deja ver una alma grande e 
inclinada al bien. 

Dion habia viajado i estudiado mucho, i el estudio habia 
desarrollado su carácter. Estando en Siria, Vespasiano, 
que acababa de ser nombrado emperador, le consultó lo 
que debia hacer en el gobierno: Dion le recomendó que res- 
tableciese la república. Sus virtudes lo hicieron sospechoso 
bajo Domiciano: refujióse entonces entre los escitas; i allí, 
cuando se supo la muerte de ese emperador, él indujo al 
ejército del Danubio a proclamar a Nerva. En Roma llegó 
a ser el consejero íntimo de Trajano; fué elevado a altos 
honores i alcanzó una reputación sólida de grande orador 
i de hombre probo. Dion pretendia elevar el paganismo, es- 
piritualizándolo por la moral, en una época en que tocaba 
a su fin el culto de los dioses del Olimpo. Sus contemporá- 
neos dieron a Dion el sobrenombre de Crisóstomo (boca de 
oro) con que es jencral mente conocido. 

13. — Otro retórico mas brillante o a lo menos mucho mas 
popular, comprendió también en esa época (¡ue habia llega- 
do su término al paganismo; pero en vez de intentar re- 
construir el edificio, como Dion Crisóstomo, se empeñó en 
derribarlo completamente. Era éste Luciano, nacido en 
Samósata en Siria, a mediados del siglo II de la era cristia- 
na. Cultivó la filosofía i la oratoria en Atenas, hizo largos 
viajes por el Asia menor, i al fin enseñó la retórica en la 



88 NOCIONES DK HISTORIA ILITERARIA 



Galia. En el reinado de Marco Aurelio obtuvo el cargo de 
intendente de una parte del Bjipto. Entre el paganismo que 
desaparecia, i el cristianismo, combatido todavía por los 
poderosos, hubo en aquel siglo muchos espíritus escépticos 
e indolentes que vcian sin inmutarse la lucha entre la civi- 
lización antigua i el elemento nuevo (¡ue habia de modifi- 
carla. Luciano es el mas ilustre ejemplo de esta es|)ectante 
neutralidad. Indiferente a todos los sistemas filosóficos en- 
tonces en boga, no vio en ellos mas que su lado débil, el que 
se prestaba al ridículo. Escritor esmerado i elegante, espí- 
ritu sarcástico i burlón, Luciano es uno de los tipos mas 
orijinales que nos ha legado la literatura antigua. Casi to- 
das sus obras tienen la forma de diálogos,, que son verda- 
deras conversaciones, realmente dramáticas, que dejan ver 
el injenio picante i la sátira acerada de Aristófanes. La 
avaricia de los viejos, los chascos de los buscadores de he- 
rencias, la credulidad del vulgo, el énfasis de los retóricos, 
la arrogancia de los filósofos son para él fuentes inagota- 
bles de finísimas burlas i de agradables lecciones. Bajo apa- 
riencias festivas i lijeras, Luciano encierra un profundo 
buen sentido. Se le ha llamado el Yoltaire de su tiempo; 
i en efecto, es difícil encontrar dos jenios que ofrezcan ma- 
yores semejanzas. 

Luciano no atacaba sólo a los filósofos; de sus burlas no 
se escaparon los dioses del Olimpo. Sus Diálogos de los 
dioses i los de los muertos son la sátira mas atrevida i fe- 
liz que se haya hecho del paganismo. Los dioses están des- 
pojados allí de todo prestijio, i aparecen como hombres 
animados de todas las pasiones, dejando ver sus rivalida- 
des, sus amores, su cólera i sus tribulaciones domésticas. 
Luciano hizo también del cristianismo el objeto de sus ata- 
ques; pero sus dardos, vagos e inciertos, van dirijidos con- 
tra un fantasma, que no es la relijion cristiana, que era to- 
davía mal conocida. 

Las obras mas populares de Luciano son quizás sus no- 
velas. Este jcncro literario no era completamente descono- 
oido a los griegos. Los filósofos habian empleado la narra- 



LITERATURA (tRIEíIA 80 

cion de hechos fabulosos para divulgar sus ideas. La 
Ciropedia de Jenofonte, la Atlántida de Platón, alegoría en 
que este filósofo espone sus teorías políticas i sociales, al- 
gunas de las disertaciones de Dion Crisóstorao i muchas 
otras obras de la antigüedad, son verdaderas novelas de 
un carácter filosófico. Con el título de biografías de Ho- 
mero, de Esopo i de otros personajes, se compusieron ver- 
daderas novelas llenas de aventuras de pura imajinacion. 
Pero los griegos conocieron también novelas de otro jénero, 
cuentos de un carácter amoroso, ordinariamente libres, que 
sin duda se conservaban sólo en la memoria, i que se supo- 
nian orijinarios de la rica i voluptuosa Mileto, de donde les 
vino el nombre de Cuentos miksios. \]n tal Arístides de Mi- 
leto, acerca del cual se ignora hasta el siglo en que vivió, 
reunió algunos de esos cuentos en un libro, que no ha llega- 
do hasta nosotros. Fueron también comunes las historias 
maravillosas de metamorfosis, o trasformaciones de hom- 
bres en plantas o en animales, i los viajes a paises descono- 
cidos i muchas veces fabulosos, llenos de aventuras por- 
tentosas. Luciano compuso una obra en cada uno de estos 
dos jéneros en que brilla su talento. Lucio o El Asno es la 
historia de la transformación de un hombre en asno por me- 
dio de un hechizo. Las aventuras de ese asno, que termi' 
nan por su vuelta a su estado de hombre, forman una no- 
vela sumamente divertida, pero empañada por la libertad 
excesiva de algunos pasajes. La Historia verdadera es la 
relación de un viaje imajinario en que el autor recorre paí- 
ses desconocidos i maravillosos, visita los astros, toma par- 
te en las guerras que sostienen sus habitantes, i permanece 
siete meses en una isla en (jue viven los grandes hombres de 
la antigüedad. En ambas novelas domina el espíritu bur- 
lón i escéptico de Luciano. 

10. —Hemos dicho que Luciano contribuyó poderosamen- 
te con sus burlas a desprcstijiar el politeismo griego. Su 
protector Marco Aurelio ayudó a esta obra con su tole- 
rancia ilustrada, mediante la cual la filosofía derrocaba a 
los dioses del Olimpo, i el cristianismo traia a su vez nue- 



90 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

VOS elementos de civilización. Aquel filósofo coronado, i co- 
ronado emperador romano, tiene también un lugar entre 
los escritores griegos. Formado en la escuela de los filóso- 
fos estoicos, Marco Aurelio probó al parecer la verdad de 
una profecía de Platón que hacia del reinado de la filosofía 
la condición de la felicidad de los pueblos. Ademas del re- 
cuerdo de sus virtudes, ha dejado un libro admirable que 
contiene Uis observaciones morales que escribia para su 
propio uso. Los Pensamientos de Marco Aurelio son má- 
ximas morales que escribia en griego para sí mismo i sin 
intención de hacerlas públicas. Ese libro es el que mas se 
acerca a la moral del evanjelio de cuantos nos ha legado la 
antigüedad profana. 

Otro emperador romano, Juliano, denominado el após. 
tata, escribió también en griego, en un estilo brillante, con 
el proyecto quimérico de combatir el cristianismo i de reje- 
nerar el politeismo esplicando sus absurdos por medio de 
una interpretación mística e inaceptable. 

15.— La filosofía sufrió en esta época las mismas vicisitu- 
des de resurrección i de decadencia. El contacto de las doc- 
trinas orientales con la filosofía griega, i la fusión que se 
operó entre estos dos elementos en la escuela de Alejandría, 
produjeron una revolución de la- cual el mas notable repre- 
sentante fué el ejipcio Plotino, que floreció en el siglo 111 de 
la era cristiana. Plotino como jefe de la escuela neo-plató- 
nica, trató de refundir las doctrinas de Platón i de Aristó- 
teles con las doctrinas orientales. 

Plotino se ocupó también en estudiar la cuestión de lo 
bello, definiendo estaidea como esplendor de lo verdadero. 
Ya Platón liabia iniciado el estudio de estas cuestiones 
dando oríjen a la ciencia denominada estética, Plotino 
adelantó sus teorías; pero un discípulo suyo; el sirio Lonji- 
no, (jue enseñó la retórica en Atenas, la adelantó estraor- 
dinariamente. De las muchas obras de Lonjino, sólo nos 
quedan algunos fragmentos, i como dos tercios de su Tra- 
tado de lo sublimcy que sirven de fundamento a su renom- 
bre. Bs este un examen elegante c injenioso de los ciernen- 



LITERATUBA GRIEGA 91 



tos i de los modelos de sublimidad en oratoria ¡ en poética, 
en que sin embargo no se ha estudiado filosóficamente el 
oríjen de lo sublime. 

16.— En estos siglos de decadencia de la literatura grie- 
ga, la poesía casi no se deja entrever. La poesía lírica no 
presenta ninguna huella. La trajedií i la comedia no figu- 
ran ni aun de nombre. Al mismo tiempo que unosjéneros 
perecen otros se alteran i debilitan. Así, los ensayos épi- 
cos, que casi nos son desconocidos, son simples tratados 
cronolójicos o jeográficos, en que se encuentra alguna cien- 
cia, i una falta casi absoluta de inspiración. 

En el jénero descriptivo, floreció sin embargo un poeta 
que merece recordarse. Opiano de Cilicia, contemporáneo 
de Marco Aurelio, compuso dos poemas, uno sobre la pes- 
ca i otro sobre la caza. El primero, interesante por los co- 
nocimientos de historia natural que encierra, es también 
notable por la elegancia i la pureza continua del estilo. El 
segundo es inferior. Se cree con algún fundamente que cada 
una de estas dos obras sea de un poeta distinto. 

Se coloca también en esta última época de la literatura 
griega el nombre de un poeta, de cuya vida i de cuya patria 
no se tiene la mas remota noticia. Babrio, éste es su nom- 
bre, es autor de una recopilación de fábulas griegas del jé- 
nero esópico, desconocidas durante muchos siglos, que se 
suponen escritas en tiempo de Augusto, i que sólo fueron 
encontradas en 1840, en un monasterio del monte Atos. 
Algunas de estas fábulas son pueriles i obscenas; pero a ve- 
ces se elevan a la verdadera poesía; i mas de una de esas 
narraciones es una pequeña obra maestra. 

Las letras griegas no desaparecieron con estos escrito- 
res. La lengua de Homero i de Platón sirvió todavía a nue- 
.vas jeneraciones de prosadores i de poetas; pero éstos, aun- 
que herederos del jenio helénico, forman parte del período 
denominado bizantino. 



CAPITULO VI. 

liJteratura romana. 

(primer período: desde los tiempos primitivos hasta 
césar i cicerón.) 

1. Carácter jeneral de la literatura romana.— 2. Primitivos monu- 
mentos literarios, anteriores a la importación del gusto grie- 
go.--.3. Livio Andrónico i Ncvio.— 4. Enio.— 5. La comedia: 
Plauto i Terencio.—6. La sátira.— 7. Historiadores: Catón.— 
8. La elocuencia i la ñlosoíia. 

1. -Los griegos, como hemos visto, recibieron del oriente 
la herencia de las doctrinas ejipcias e indianas, pero las im- 
pregnaron de un espíritu nuevo, i crearon formas propias, 
de modo que con justo título se les puede llamar creadores. 
Otros pueblos, esencialmente imitadores, se contentan con 
marchar siguiendo la huella desús predecesores. Los roma- 
nos deben ser considerados en este segundo rango. Consa- 
grados enteramente a la guerra i a la conquista, cuando 
pretendieron tener literatura i artes, se contentaron con 
imitar a los griegos. Sólo crearon la sátira i la epístola 
poética, o a lo menos la forma de estos dos jéneros. Pero 
aun reconociendo esta falta de orijinalidad de la literatura 
romana, es menester ir a buscar entre sus escritores los mo- 
delos mas perfectos del arte de la imitación, i aun en ellos 



94 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 



se percibe la influencia de las costumbres del mas orgulloso 
i el mas atrevido de todos los pueblos del irmndo. 

A la época de la fundación de Roma había en la Italia 
tantas lenguas como pueblos diferentes, los celtas al norte, 
los etruscos en el centro con los samnitas i todas las tribus 
oseas. Las colonias de la Grt^cia estaban al sur. Todas es- 
tas razas diversas se ajitaban en Italia cuando Roma em- 
prendió su grande obra de monopolización i de conquista. 
La lucha fué larga, pero la victoria destruyó la lengua, la 
libertad, las costumbres de los vencidos. Roma en su carác- 
ter de conquistadora, se lo apropió todo, i lo convirtió en 
provecho del progreso de su propia civilización. La lengua 
osea, nacida de la misma fuente del idioma de los griegos, 
vino a ser el foco i el principal elemento del latin, modifica- 
do, sin embargo, por otros elementos, i particularmente por 
la lengua griega. 

2. — El período de quinientos años que precedió a la im- 
portación de la literatura griega en Roma no ha dejado 
mas que recuerdos oscuros i fragmentos incompletos. Agri- 
cultores i relijiosos en su principio, la poesía primitiva de 
los romanos está marcada por este doble oríjen. Con moti- 
vo de la institución de los Arrales, se compusieron los pri- 
meros cantos tradicionales que han llegado hasta nosotros. 
Los hermanos Arvales eran una corporación de doce sacer- 
dotes que todos los años, a principios de la primavera, 
paseaban en los campos un cerdo lechon para obtener la 
protección de los dioses. Los eruditos modernos, venciendo 
grandes dificultades, han alcanzado a interpretar los frag- 
mentos que nos quedan de aquel canto, i se ha reconocido 
que es una deesas plegarias que los labradores de todos los 
países dirijen al cielo para pedir que caigan sus dones sobre 
los campos. 

Los cantos de los sacerdotes vSr'í //os, llamados Axfimenta 
se refieren también a las ceremonias relijiosas. El fervor se 
espresaba en ellos por una especie de delirio obligado i por 
danzas acompañadas de cantos i de ceremonias estra va- 
gantes. Esos cantos estaban compuestos en un idioma que 



LITKKATI'RA KOMANA 95 



no se entendía en tiempo de Horacio. Ciertas invectivas 
satíricas dirijidas por los soldados a los triunfadores, cier- 
tas fiestas de los campos celebradas en los alrededores de 
las ciudades, daban también lugar a bailes en que se mez- 
claban los cantos llamados fesceninos, i a diálogos que te- 
nian alguna apariencia dramática. Tal es el oríjen que se 
atribuye al gusto escénico de los romanos. Los diálogos 
estaban compuestos en versos saturnio^, horribles a juicio 
de Horacio, i sobre cuyo artificio métrico discuten mucho 
los eruditos. A fines del siglo IV antes de Jesucristo, la in- 
troducción en Roma de danzantes i de actores etruscos dio 
una forma mas regular a estos elementos groseros. 

Desde esa época se sintió la necesidad de reunir en una 
especie de catálogo los hechos i los nombres relativos a la 
política i a la relijion. Se habla de trabajos de estejénero 
atribuidos a Numa Pompilio, que nos son desconocidos, 
como lo son igualmente los* trabajos de sus sucesores. Se 
recuerdan también los primeros cuerpos de leyes, algunos 
de los cuales remontan al tiempo de la monarquía. A prin- 
cipios del siglo IV, siendo necesario poner orden en esas 
disposiciones, i adaptar la lei a las instituciones republica- 
nas, los decenviros, después de haber recojido una copia de 
las leyes de Atenas i de las otras ciudades, publicaron la lei 
de las Doce Tablas, código compacto que fuéenseñado a los 
jóvenes. Otras leyes posteriores manifiestan los progresos 
rápidos que hizo el jenio romano reglamentando las rela- 
ciones de la vida social. 

Parece fuera de duda que durante muchos siglos la histo- 
ria de Roma estuvo confiada al gran pontífice, el cual *Ve- 
cojia, dice Cicerón, todos los acontecimientos de cada año i 
los escribia en una tabla blanca, que esponia en su casa a 
fin de que el pueblo pudiese consultarlos.'* Estos libros con- 
tenían sólo algunas notas, añadidas a los nombres de los 
majistrados de cada año, i una mención lacónica de los he- 
chos cstraordinarios, en forma de cuadros cronolójicos. De 
manera, pues, que la historia que nació en Grecia de la poe- 
sía, tuvo en Roma su oríjen en una especie de calendario. 



0() NOCIONES 1>K HISTORIA LITERARIA 



A estos antiguos monumentos deben agregarse algunas 
inscripciones destinadas a recordar importantes hechos his- 
tóricos. Puede señalarse entre éstas la inscripción de la co- 
lumna de Duilio, elevada en memoria de la victoria naval 
alcanzada sobre los cartajineses en 260, i las inscripciones 
de las tumbas de los^Scipiones. La historia no recuerda 
otras producciones literarias d¿ los romanos anteriores a 
la época en que se Hizo sentir la influencia griega. 

»3. — Las primeras conquistas de los romanos estrecharon 
sus relaciones con los griegos i les presentaron la ocasión 
de conocer el arte i la literatura de aquella gran nación. Los 
romanos'la imitaron; pero los primeros escritores latinos 
fueron griegos de nacimiento; i al trasportar a Roma la lite- 
ratura de su patria, cultivaron i perfeccionaron la lengua 
de sus conquistadores. 

El sur de Italiaestaba |>obladopor colonias griegas. Los 
antiguos conocian esíi rejion con el nombre de \Ligna Gre- 
cia, i sus habitantes hablaban el griego. Cuando Tarento 
cayo en poder de los romanos, fué llevado a Roma un pri- 
sionero llamado Androníco, que en el repartimiento ca\'6 
en poderdel cónsul Livio Salinátor. Ese prisionero comenzó 
en Roma la gloriosa falanje de esclavos sabios, (jue resca- 
taron su libertad por medio de su talento; i como los de- 
mas libertos, tomó el nombre de Livio Androníco. Cultivó 
diversos jéneros literarios: compuso himnos relijiosí^s i tra- 
dujo en versos latinos la Odisea de Homero. En el siglo III 
antes de nuestra era, Androníco hizo representar en esa ciu- 
dad la primera pieza teatral, sirviendo él mismo de actor. 
Compuso cerca de veinte obras dramáticas que no han lle- 
gado hasta nosotros, pero que desarrollaron entre los ro- 
manos el gusto por este jénero de composición. 

Casi a la misma época otro griego de Italia, Cneo Nevio, 
natural de Campania, según se cree, (jue acompañó al ejér- 
cito romano en la primera guerra púnica, tradujo en versos 
latinos la Epojjeyn de Chipre de Stasincj, i escribió algunas 
obras dramáticas imitadas del griego, en (jue criticaba con 
tanta dureza las costumbres romanas, que se atrajo el odio 



LITERATURA ROMANA 97 



de la aristocracia i fué casti^ijado con prisión i destierro. 
Nevio murió en Útica (en África) el año 550 de Roma. De 
sus obras sólo han llegado hasta nosotros algunos frag- 
mentos que no bastan para dar una idea de su talento. 

4. — Pero el mas célebre de todos estos poetas enciclopédi- 
cos fué Quinto Enio, griego de Italia como sus antecesores, 
i soldado en el ejército romano. Amigo de Catón el antiguo 
i de Scipion el mayor, obtuvo los derechos de ciudadano 
romano i vivió en la capital de la república honrado por su 
ciencia i por sus talentos. Según Quintiliano, Enio es el in- 
ventor de un jcnero nuevo de poesía, la sátira, si bien los 
griegos conocieron la esencia de ésta i la cultivaron en sus 
comedias. Como autor trájico, Enio imitó a Eurípides, ma- 
nifestando, sin embargo, cierto desden por los dioses del 
paganismo. Pero la obra mas notable de Enio, es una gran- 
de epopeya escrita en versos hexámetros con el nombre de 
Anales, En ella la historia romana estaba revestida con for- 
mas poética? i vigorosas; pero, a juzgar por los fragmentos 
que nos quedan, le faltaban muchos délos caracteres del 
verdadero poema épico. 

Pacuvio, sobrino de Enio, i Accio, escritor del segundo 
siglo antes de la era cristiana, cultivaron también la traje- 
diacon aplauso de sus cont< m )oráncos, pero con poca ori- 
jinalidad. Los trájicos román )S apenas pusieron en escena 
los grandes recuerdos de su patria. En lugar de emplear pa- 
ra sus trajedias las magníficas figuras de Camilo i de Lu- 
crecia, prefirieron de ordinario los grandes personajes de la 
antigua Grecia. Se contentaron co'i retocar el drama grie- 
go: lo tiñeron de énfasis i lo desnaturalizaron. Las bellezas 
declamatorias reemplazaron a los sencillos acentos de la 
pasión i del heroismo. 

5.— Hastíi la época en que la comedia nueva de Atenas 
fué importada a Roma, no se conocian en este pais otras 
diversiones de esa especie, que la poesía fescenina, i las ate- 
lanas. Eran los primeros ciertos versos licenciosos Canta- 
dos en algunas fiestas privadas, particularmente en las fies- 

'lOMO IV 7 



98 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

tas nupciales. Estos cantos tuvieron su oríjen en Fescenia, 
ciudad de Etruria, donde eran el acompañamiento de las 
fiestas campestres. La lei de las Doce Tablas prohibió es- 
presamente que en esos cantos licenciosos se introdujesen 
jas injurias personales. Las atelanas eran especies de come- 
dias informes, nombradas así de Átela, ciudad de los Óseos, 
en que fueron inventadas. En Roma, eran ejecutadas por 
jóvenes de buena familia que las perfeccionaron. Se las re- 
presentaba ordinariomente después de una trajedia, i ser- 
vian sólo para producir la risa por sus bufonadas ordina- 
rias i grotescas. Estas farsas fueron abandonadas a la ple- 
be desde que la Grecia vencida llevó a Roma sus elegantes 
espectáculos. 

La comedia griega fué trasplantada a Roma por Livio 
Androníco, el mismo que habia importado la trajedia. Des- 
de entonces, la población ilustrada no quiso mas que pie- 
zas griegas. Sin duda, algunos poetas pensaron componer 
sobre este modelo comedias verdaderamente romanas, pero 
no se conoce el resultado de sus ensayos. Todas las piezas 
que conservamos de Planto i de Terencio están modeladas 
tan fielmente sobre las comedias griegas, que casi se las 
puede considerar como simples imitaciones, por mas que 
ambos autores hayan impreso en ellas el sello de su propio 
jenio. La sociedad griega se ofrece siempre a nuestra vista, 
i la escena pasa ordinariamente en Atenas. 

Planto (227-183) nacidoen la Umbría, floreció en la épo- 
ca de la segunda guerra púnica. Autor, actor i empresario 
de teatro, conoció casi todas las condiciones déla vida. Fué 
rico, i se vio también obligado a servir a un molinero. En 
medio de su desgracia, continuó trabajando para el teatro, 
que lo colmó de gloria. Con el nombre de Planto, los roma- 
nos conocian mas de ciento treinta comedias, pero los mas 
distinguidos gramáticos sólo reconocian veintitrés como 
auténticas. Hasta nosotros han llegado veinte que dan a 
conocer de una manera completa el jenio de este autor. Ba- 
jo formas tomadas a los escritores de la comedia nueva de 
Grecia, Planto conserva el cuadro de la vidainterior de Ro- 



LITERATURA ROMANA 99 



ma. Atacando los vicios de todas las clases sociales, supo 
sin embargo, evitar el resentimiento de los grandes i com- 
placer a los pequeños. Para agradar a todos, ha unido una 
elegancia esquisita a los trasportes de su licenciosa al(»gría. 
Es un poeta culto que combina un plan injenioso con ca- 
racteres bien estudiados, i los desarrolla en diálogos llenos 
de animación i de alegría; pero empaña estas dotes con las 
groserías que estaban destinadas a arrancar los aplausos 
del populacho, i que le merecieron las censuras de Horacio 
1 de muchos críticos posteriores. Planto, a pesar de este de- 
fecto, ha proporcionado modelos llenos de observación i de 
colorido a los mas ilustres escritores del teatro mcderno. 
Moliere ha imitado el Anfítruon del poeta latino; i la Aula- 
¡aria le sirvió de tipo para la composición del Avaro, 

Terencio (192 J 59 antes de J. C.) tenia nueve años cuan- 
do murió Planto. Como la mayor parte de los introducto- 
res de l^i poesía dramática en Roma, Terencio no era de 
oríjen latino. Era natural de Cartago; pero robado mui jo- 
ven por unos piratas, fué vendido como esclavo i h\ fin lle- 
vado a Roma en esa humilde condición. Su amo, el senador 
Terencio Lucano, le dio la libertad i una educación liberal. 
Su talento le valió la amistad de los hombres mas distin- 
guidos de su tiempo. Mucho mas culto que Planto, Teren- 
cio es el poeta de lajente ilustrada. Las huellas de la lite- 
ratura griega, son evidentes en las seis comedias que nos 
ha dejado. Menandro sobre todo es el modelo que se ha 
propuesto imitar. Su procedimiento ordinario consiste en 
refundir dos o mas piezas de aquel autor en una sola, de 
donde resulta una doble intriga i una complicación de inci- 
dentes que, si no prueban mucha invención, aumentan el 
interés de la comedia. Su gran mérito está en la verdad de 
los caracteres i de las costumbres, en la pureza i en la ele- 
gancia del estilo. 

Después de éstos, florecieron otros poetas cómicos, algu- 
nos de los cuales son mui eU)jiados por Horacio i p<ir otros 
escritores latinos; pero sus obras nos son conocidas sólo 
por tan pequeños fragmentos que no bastan para inferir si 



100 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 

las alabanzas que les tributaron sus contemporáneos i sus 
sucesores eran verdaderamente justas. 

6. — La sátira fué eljénero verdaderamente nacional en la 
literatura romana. La sátira de los griegos era la comedia 
con su intriga, sus actores i sus diálogos. La sátira roma- 
na no tenia nada de eso: fué una diatriba violenta contra 
ciertos personajes o contra los vicios i las ridiculeces de la 
sociedad. Tomaba indiferentemente todas las formas mé- 
tricas. Enio fué el primero que la cultivó. El nombre de la 
sátira, que por una casualidad se asemeja a la denomina- 
ción griega del drama satírico, en que aparecian los sátiros, 
proviene del adjetivo latino satur, harto, repleto. En tiem- 
po de la cosecha o de las vendimias, se ofrecia a Céres i a 
Baco un jarrón lleno de frutas de toda especie: esto era lo 
que se llamaba lanx satura, fuente en que están mezcladas 
las primicias. La facilidad que Enio tenia para admitir en 
este jénero todas las especies de ritmos i de metros le hizo 
dar el nombre de sátira, i la lengua romana consagró esta 
denominación. Por la misma razón se llamó íex satura^ 
una lei que contenia muchos títulos sobre diversas ma- 
terias. 

Pacuvio, el sobrino de Enio, hizo también sátiras, pero 
el mas célebre escritor de este jénero de antes de Horacio 
fué Cayo Lucilio, caballero romano, que compuso treinta 
libros de sátiras. Soldado en España, bajo las órdenes de 
Scipion el Africano, amigo de éste i de los hombres mas dis- 
tinguidos de su tiempo, Lucilio conoció la parte mas ilustre 
de la sociedad romana i pudo censurar los vicios después 
de una observación atenta. Sus obras no han llegado hasta 
nosotros; pero Horacio i Quintiliano, que las conocieron» 
les tributan grandes elojios. El primero le concede mucha 
finura i urbanidad, una gran pureza de dicción, un excelen- 
te juicio en la elección de los vicios i de las ridiculeces que 
atacaba. 

7. — La historia tuvo un desarrollo menos brillanteen es- 
te largo período. Comenzó a aparecer en el siglo III antes 
dej. C; i aun los primeros historiadores escribieron en 



LITERATURA ROMANA lOl 



griego. Quinto Fabío Pictor, que fué el primero que se sir- 
vió de la lengua nacional, vivia en tiempo de la segunda 
guerra pánica; pero sus obras no nos son conocidas sino 
por pequeños fragmentos. Después de éste, el célebre Catón 
el antiguo, denominado el Censor, compuso en siete libros 
lí)s Orí/enes de Roma. El conocimiento que poseia de los 
hechos que señalaron los primeros tiempos de su patria, i 
su posición personal en medio de los negocios públicos de- 
bian dar a este libro un alto interés histórico; pero desgra- 
ciadamente sólo conocemos algunos fragmentos. Catón 
escribió también muchas obras didácticas sobre la educa- 
ción i sobre el arte militar; pero sólo se conserva un trata- 
do de agricultura titulado De re rustica, monumento curio- 
so de la lengua, de las costumbres i del carácter romano, 
del cual Catón es la espresion mas vigorosa. 

En los historiadores de los tiempos subsiguientes se en- 
cuentran citados los nombres de muchos escritores que 
compusieron libros de historia. Sila mismo escribió sus 
memorias. Pero todas esas obras son perdidas para no- 
sotros. 

8.— Desde la espulsion de los reyes la elocuencia fué mui 
honrada en Roma, porque la constitución republicana ne- 
cesitaba oradores. Como en Atenas, la oratoria era en Ro- 
ma el oríjen de la popularidad i llevaba a los honores i a la 
fortuna. Cicerón nos ha dejado áridas nomenclaturas de 
oradores romanos. En la historia de Tito Livio se encuen- 
tran hermosísimas arengas embellecidas con todos los re- 
cursos del arte oratorio; pero es mui probable que el histo- 
riador tenga una parte principal en esos discursos. Desgra- 
ciadamente, no conocemos otras muestras de la oratoria 
latina de aquella época. 

La filosofía hizo progresos mucho mas tardíos. En los 
primeros tiempos de la República, la filosofía era del todo 
desconocida. La antigua austeridad de las costumbres ro- 
manas no la aceptaba porque la creia peligrosa para el es- 
tado i para la relijion. La introducción de una ciencia que 
enseñaba el pro i el contra i que hacia alternativamente el 



102 .". NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 
r^^ 

elojió-n-Ig. 'sátira de la virtud, alarmó a los senadores i par- 
tieiüarmente a Catón el Censor. Pero la iuventud romana 
^."Se'd^jó arrastrar por sus lecciones, i en breve se propagó el 
.•.'•..entusiasmo por la nueva filosofía. Luego llegaron otros 
'.* V* estranjeros; i a pesar de las frecuentes prohibiciones del se- 
nado, el gusto por la filosofía i particularmente por las 
doctrinas que enseñaba la escuela estoica, adquirió un ver- 
dadero predominio en Roma. 

En este largo período de seis a siete siglos, todos los jé- 
neros literarios habian sido cultivados en 1^ lengua latina; 
pero el jenio de Roma esperaba todavía el siglo de Augusto 
para ostentar todo su brillo i su vigor. 



CAPITULO VIII. 
liiteratara Romana. 

íSe<íUNDO FERIoDO: DEHDK riCEWON I CÉSAH HASTA FINEH DEL SIC.LO DE AüfíUHTO) 

1. Importancia literaria de este segundo período.— 2 Lucrecio. — 
3 Cátulo — 4. Yirjilio.— 5. Horacio. — 6. Ovidio — 7 Tihulo i 
Propercio.— 8 Publio Siro.-9. Varron — 10. César— 11. Ci- 
cerón.— 12 Salustio i Cornelio Ne|)ote — 13. Tito Livio. — 14. 
Prematura decadencia de las letras latinas. 

1.— El retórico Apolonio Molón decía a un joven que es- 
cuchaba sus lecciones en Rodas: **Te alabo i te admiro; p)e- 
ro lloro la suerte de la Grecia viendo que la sola superiori- 
dad que nos queda, la del saber i de la elocuencia, va a pasar 
contigo a los romanos.'' Este joven era Cicerón, el jenio 
mas vasto i mas brillante que produjo la literatura latina. 

Esas palabras envolvian un doble pronóstico, la futura 
grandeza de Cicerón i la revolución literaria que iba a ope- 
rarse. Roma, conquistadora del mundo, recibió de los ven- 
cidos los primeros elementos de su literatura; pero, una vez 
que su jenio se desarrolló por medio de la imitación, i aun- 
que las letras romanas quedaron siempre sujetas a la in- 
fluencia griega, alcanzaron éstas a un alto grado de esplen- 
dor, comparable sólo al brillo del siglo de Feríeles. 

En el primer período de la literatura romana, la grande 



104 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 

obra de los escritores había sido la formación del lenguaje; 
i como de ordinario no se crean a la vez la lengua i las ideas, 
las traducciones habian sido numerosas. La Grecia habia 
suministrado a Roma su rica colección de obras maestras; 
habia pensado por los romanos, cuyo idioma incompleto, 
no permitia grandes progresos literarios. Pero una vez que 
se fijó la lengua, la iniajinacion tomó vuelo, i las grandes 
creaciones poéticas no se dejaron esperar. El ascendiente de 
los estudios griegos, que la juventud romana seguia en Ate- 
nas i Rodas, como complemento indispensable de toda edu- 
cación bien hecha, cultivó los espíritus i depuró el gusto. 

Este segundo período tiene para la posteridad una im- 
portancia especial. De los antiguos escritores latinos, casi 
no nos quedan mas que algunas citaciones sin importancia 
i los testimonios lisonjeros de los hombres que vinieron des- 
pués de ellos. En el período que vamos a recorrer, la epope- 
peya, la poesía didáctica, la sátira, la oda, la historia i la 
elocuencia se han conservado hasta nosotros salvándose 
así del olvido en que cayeron las obras de la mayor parte 
de sus predecesores. 

2. — Lucrecio señala el principio de este segundo período. 
Nació en Roma 95 años antes dej. C, i, según se dice, se 
dio la muerte a la edad de cuarenta i cuatro años. Se ha es- 
crito que Lucrecio era loco i que en los momentos lúcidos 
compuso su gran poema. Esta tradición es del todo inad- 
misible: el poema de Lucrecio, formado de seis cantos, en 
que el asunto se desenvuelve hábilmente, i titulado De na- 
tura rerum (De la naturaleza de las cosas), está tan estre- 
chamente entrelazado, que no puede ser el fruto de un cere- 
bro enfermizo. Contiene una esposicion completa del siste- 
ma del filósofo griego Epicuro, esplicado prolijamente en 
todos sus detalles, i tal como no nos lo dá a conocer nin- 
guna otra obra de la antigüedad. El objeto del poeta es 
tranquilizar a los hombres suprimiendo los temores i las 
esperanzas en la vida futura i en los dioses del paganismo, 
y concluyendo en una especie de panteismo i en la materia- 
lidad del alma. A pesar de la aridez del sistema que desarro- 



LITERATURA ROMANA ^ 105 



Ha en su poema, Lucrecio ha sabido hacerlo interesante con 
la introducción de episodios oportunos, de brillantes des- 
cripciones i de cuadros admirables. Su pintura de los estra- 
gos de la peste, de la creación de las artes i de los primeros 
descubrimientos de la industria dejan ver un gran poeta. . 
Su horror por los abusos sanguinarios del paganismo i su 
entusiasmo por el espectáculo de las fuerzas naturales, le 
inspiran rasgos de la mas rica sublimidad. Le faltan a ve- 
ces armonía i elegancia; sin embargo, en sus descripciones 
i en sus cuadros se halla una gracia vigorosa i natural que 
agrada infinito. Su estilo didáctico es seco como si buscara 
sólo la lójica del raciocinio; de tal manera que las teorías 
físicas i filosóficas desarrolladas en su libro parecerian diri- 
jidas únicamente para alcanzar el convencimiento, si no se 
hallaran revestidas de las formas poéticas con que el autor 
se propone agradar. El poema de Lucrecio aunque menos 
conocido que otras obras poéticas de los romanos, es con- 
siderado por eminentes críticos la mas preciada joya de la 
literatura latina; i jeneralmente se le estima como el mas 
notable de los poemas didácticos. 

3. — Su contemporáneo Cátulo cultivó mui diversos jéne- 
ros de poesía. Nació en el norte de la Italia, 86 años antes 
de J. C. i murió a los treinta de edad, dejando un nombre 
inmortal en las letras romanas. Es el primero délos poetas 
latinos en el jénero erótico i lijero. En el epigrama, no tiene 
otro rival que Marcial, que vino después de él; i en la elejía 
abrió el camino a Ovidio, a Propercio i a Tíbulo, como lo 
abrió a Horacio en la oda. Dos de sus poemas, i4í /si las Bo- 
das de Tétis i Peleo^ ofrecen bellezas dignas de Virjilio. Las 
obras de Cátulo poseen una graciosa naturalidad, i una 
sencilla elegancia. En sus poesías de corta estension,ha dis- 
tribuido a manos llenas la sal ática, la gracia injeniosa, el 
sarca.smo amargo, i la delicadeza de sentimientos. Suespre- 
sion es a veces cruda, como sus epigramas son en ocasiones 
groseros; pero estos defectos son el fruto de una época en 
que el libertinaje era de buen tono en Roma. 
4. — Pero el mas grande de los poetas de este siglo, i el prín- 



106 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 



cipe de los poetas de Roma, es Virjilio Marón, nacido en 
Mantua, en el norte de Italia, el año 70 antes de J. C. i 
muerto a la edad de 52 años. Virjilio fué favorecido por 
Augusto, i llevó una vida tranquila i feliz. Dedicado a las 
* pacíficas faenas de la agricultura, cultivó con buen éxito 
tres diferentes jéneros de poesía, el pastoral, el didáctico i 
el épico. En sus églogas, denominadas Bucólicas, ^s inferior 
a Teócrito, que le sirvió de modelo. Sus pastores son dema- 
siado elegantes i demasiado injeniosos, de tal modo que sus 
cuadros i sus personajes carecen con frecuencia de naturali- 
dad. En las Jeórjicás i en \a Eneida, es en donde se debe bus- 
car la superioridad de este gran poeta. Las [eórjicas son 
un poema didáctico sobre la agricultura, dividido en cuatro 
libros: el primero trata del cultivo de los campos; el segun- 
do de los árboles i particularmente del olivo i de la vid; el 
tercero de los ganados; i el cuarto de las abejas, cuyas cos- 
tumbres merecian un lugar aparte. De este modo el interés 
va creciendo en gradación. Virjilio varia hasta el infinito 
las formas didácticas: su verso es sencillo i fácil en los pre- 
ceptos, rico i brillante en Uis descripciones. Se interesa por 
las plantas; las ama o las aborrece según son útiles o dañi- 
nas al hombre. Los episodios están íntimamente ligados al 
pensamiento del autor. En medio del amor al campo i de su 
admiración por la agricultura, Virjilio deja ver sus senti- 
mientos patrióticos; i lamentando los horrores de la guerra 
civil, ve en Augusto el término de ella, i en el imperio el úni- 
co gobierno posible de esa época. 

La Eneida es el primero i quizá el único poema épico de 
la literatura latina. Los repetidos ensayos anteriores a 
Virjilio, deque hablan los escritores de la antigüedad, no 
han llegado hasta nosotros. La Eneida deja traslucir el 
espíritu de imitación de los poemas homéricos, i sin duda 
se ha quedado atrás en el interés de la acción i en la pintu- 
ra de los caracteres; pero ningún poema antiguo ni moder- 
no es mas constantemente bello en los detalles que el de Vir- 
jilio. El poeta se propuso celebrar los oríjenes tradicionales 
del p'ieblo romano, i el establecimiento de Eneas i de sus 



LITERATURA ROMANA 107 



compañeros en la Italia. Los seis primeros cantos, que sort 
casi estraños al asunto, son los mas interesantes. Forman 
tinaespecie deOd/sea,esdecir, un tejido de aventuras anima- 
das e interesantes. La destrucción de Troya, las peregrina-- 
ciones de Eneas i de sus compañeros, su perman ncia en 
Cartago, etc., sucesos todos anteriores a la acción princi- 
pal, que es el establecimiento de los tróvanos en Italia. Su 
héroe, Eneas, es frió i en cierto modo vul^^ar: por eso no 
despierta tanto nuestro interés como algunos de los otros 
personajes: pero Virjilioes itiimitable en la pintura de otros 
caracteres, como el de la desgraciada Dido, la r^^ina de Car- 
tago que se da la muerte al verse abandonada por Eneas» 
i en el estudio de las pasiones i sobre todo de las pasiones 
suaves, en que el poeta revela su penetrante sensibilidad. 
Sus versos tienen la masesquisita perfección: poseen una 
armonía flexible, variada, que se eleva i se abaja con ei 
asunto i que refleja con una admirable espresion 1<js mo- 
vimientos i los afjctos. Virjilio dejó sin concluir su poema 
i aun sin retocarla parte que habia compuesto. Al morir 
pidió que sus manuscritos fueran quemados. Si se hubiera 
respetado su última voluntad, la literatura romana ha- 
bría perdido una de las obras que mas han contribuido a 
su gloria. 

5. — Si Virjilio es el primero de los poetas épicos de Roma, 
Horacio es el primero de los líricos. Nacido en Venusa el 
año 64 antes de J. C, Quinto Horacio Flaco, de oríjen hu- 
milde, hizo algunos estudios en Roma i en Atenas. En esta 
ciudad se alistó en el rango de tribuno militar en el ejérci- 
to de Bruto que fué derrotado en Filipos. En seguida se 
acojió al indulto proclamado por los triunviros, i pasó el 
resto de sus dias en Roma, mereciendo en sus últimos años 
la mas decidida protección de Augusto i de uno de los cor- 
tesanos de éste, Mecenas, el célebre protector de las letras 
i de los literatos. Horacio escribió odas, sátiras i epístolas, 
i sobresalió en estos tres jéneros componiendo oliras in- 
mortales que vivirán tanto como el buen gusto en mate- 
rias literarias. 



108 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 



La.s Odas de Horacio representan bajo todas sus fases 
la poesía lírica, desde el ditirambo mas elevado hasta la 
canción. La flexibilidad de este talento tan puro, tan va- 
riado, tan poderoso, que ha tocado todas las cuerdas de 
la lira, ha sido admirada siempre por los críticos. Todos 
los tonos le parecen naturales: celebra alternativamente 
los placeres, la grandeza moral i los destinos de la patria; 
i siempre una maravillosa claridad presta su luz a estas 
trasformaciones del talento que se burla de las dificulta- 
des. Las Epístolas de Horacio, jénero nuevo, que llevó a 
la perfección, dirijidas a sus diversos amigos, a su protec- 
tor Mecenas i al emperador Augusto, son un código de 
buen sentido, de buen gusto i de gracia. El Arte poética 
no es mas que una de estas epístolas. Trata en ellas de la 
moral, de la filosofía, de los preceptos i de la historia lite- 
raria con un tono familiar i de conversación diferente de 
la elegancia severa de ális odas, pero llena de injenio i de 
lucidez. Demasiado libre a veces, con frecuencia inclinado a 
los placeres, Horacio ha juntado a los juegos de su injenio 
i a los caprichos de su imajinacion un profundo buen senti- 
do que hace que sean leidas aun aquellas piezas mas licen- 
ciosas. En sus Sátiras, Horacio ataca mas los defectos que 
los vicios. Son burlas agradables tan desprovistas de amar- 
gura como de lisonja; o a lo menos cuando ésta aparece, es 
mui injeniosa i toma los visos del reconocimiento i de la 
amistad. Su espíritu delicado i burlón no se presta a las 
inspiraciones del odio. En sus Sátiras como en las Epísto- 
las, Horacio conversa familiarmente, i pasa en revista las 
pasiones humanas, en particular aquellas que son mas ene- 
migas de la felicidad, como la ambición, los celos, la codi- 
cia i la avaricia. Cuando encuentra en su camino un mal- 
vado, un tonto, un importuno, lo hace servir de prueba de 
lo que ha dicho, pero no se detiene mucho tiempo en vitu- 
perarlo. 

Colmado de favores i de distinciones por el poderoso Me- 
cenas i por el emperador Augusto, Horacio pasó la última 
parte de su vida en una situación que garantizaba su inde- 



LITERATURA ROMANA 109 



pendencia, pero que no le hizo olvidar los deberes de la 
gratitud hacia sus benefactores. En sus obras recomienda, 
sobre todo, la moderación en los deseos para vivir conten- 
to i para ser feliz él mismo practicó esta máxima con toda 
sinceridad. Murió a los cincuenta i siete años de edad, le- 
gando a su patria i a la posteridad un libro de poesías, 
que le han asegurado uno de los nombres mas ilustres de 
la historia literaria. 

6. — Si Ovidio no puede rivalizar con Horacio ni con Vir- 
jilio en riqueza de inspiración, los aventaja a ambos en fe- 
cundidad. Ovidio es el poeta latino de quien nos han que- 
dado mas obras, i talvez el que mas poesías compuso. Na- 
cido en el sur de Italia el año de 43 antes de J. C, Ovidio se 
dedicó desde temprano al cultivo de la poesía, abandonan- 
do al efecto los estudios jurídicos a que lo destinaba su pa- 
dre. En Roma fué amigo de Virjilio, de Gracio i de otros 
poetas, i mereció los favores de Augusto. El año 9 de nues- 
tra era fué relegado por orden de este emperador, a Tomos, 
cerca de la desembocadura del Danubio, bajo pretesto de 
que una de sus obras era licenciosa, pero en realidad por 
otro motivo que la posteridad no ha podido conocer. AlP 
murió después de nueve años de destierro. 

Aunque se han perdido muchas obras de Ovidio (decla- 
maciones, epigramas i una trajedia titulada Medea)^ las 
que nos quedan son,^como ya hemos dicho, mui numerosas. 
Comprenden poesías de cuatro especies: los Amores, cuyo 
héroe es el mismo Ovidio, en donde describe con mas injenio 
que pasión los placeres i tormentos del amor; las Hero'tdas^ 
en que bajo la forma de cartas que supone dirijidas a sus 
amantes por heroinas tales como Safo, Fedra, etc., el poe- 
ta analiza hábilmente las pasiones en medio de difusas refe- 
rencias a la mitolojía; los Tristes, escritos durante su des- 
tierro, en que el poeta se queja con voz dolorida i con ver- 
dadero sentimiento de la desgracia de su situación; las 
Epístolas del Ponto, otra obra de destierro compuesta de 
peticiones dirijidas a sus amigos de Roma para obtener su 
intercesión cerca de Augusto. Ovidio compuso ademas al- 



lio NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 

gunos poemas eróticos; el Arte de amar, notable por el in* 
jenio i la gracia del estilo, como también por su desmedida 
libertad; los Remedios del amor, en que el poeta quiere en- 
señar a vencer un amor desgraciado por la ausencia, las 
distracciones, el estudio de los defectos de la persona ama- 
da, etc.; los Medicamentos del rostro, fragmento gracioso 
sobre los cosméticos empleado por las mujeres. Ovidio ha 
dejado ademas dos poemas mitolójicos: los Fastos, enume- 
ración (le las principales fiestas en el orden del calendario, 
en que están contadas las tradiciones que han dado lugar 
a las espresadas fiestas, con cierto aire de escepticismo filo- 
sófico; i las Metamorfosis compuestas de doscientas cua- 
renta i seis fábulas que comienzan en el caos i que terminan 
en la muerte de Julio César, i referentes todas ellas a las 
tradiciones mitolójicas de los griegos i los romanos. Ovidio 
ha sal)ido unir en un conjunto armónico esa multitud de 
partf s heterojéneas, ligarlas por transiciones variadas ani- 
mando |)intorcscamente las pasiones humanas. En ésta, 
como en sus otras obras, se descubre que si Oviedo no es el 
mas eminente de todos los jenios poéticos, de Roma, es el 
mas fácil i fibundante. 

7. — Hemos visto que la elejía, creación de los griegos, ha- 
bla sido cultivada con buen éxito por los romanos. En el 
siglo de Augusto, dos poetas contemporáneos de Ovidio 
sobresalieron en este jénero. 

Tibulo, nacido en Roma de una familia rica el año 48 
antes de J. C, i muerto el año 18 de la era Cristina» nos ha 
legado cuatro libros de elejías que revelan un verdadero je- 
nio poético. El gran mérito de Tibulo es la naturalidad, la 
suavidad, la delicadeza i la armonía. Su ternura es verda- 
dera, llena de abandono i de melancolía, aunque un poco 
afe niñada. En Tibulo no hai nada de romano: ama la paz 
por odio a la espada. La monotonía, que se le puede repro- 
char, nace mas que de su talento, del jénero literario que 
cultiva. 

Muí inferior a Tibulo por el sentimiento i por la falta de 
naturalidad, Propercio (nacido en Umbría en 52 antes de 



LITERATURA ROMANA 111 



J. C), lo sobrepuja en la en la variedad de sus composicio" 
nes, en la vivacidad i a veces en el lirismo de su estilo. En* 
Propercio se desc^ubre con frecuencia la imitación de algu- 
nos poetas griegos de la decadencia, de los cuales ha toma- 
do la erudición rebuscada que se manifiesta por alusiones 
mitolójicas. 

8. — En ^1 siglo de oro de la literatura romana casi todos 
los jéneros literarios que cultivaron los griegos alcanzaron 
a un alto grado de esplendor i perfección. Sólo el teatro 
no llegó a esa altura. Los romanos habian poseido dos 
autores cómicos de verdadero mérito, i algunos tráji- 
cos, c.uyas obras no han llegado hasta nosotros, pero que 
no parecen haber sido de mérito sobresaliente. Esta esteri- 
lidad tiene una esplicacion sencilla: el pueblo romano esta- 
ba acostumbrado a espectáculos que debian causar una im- 
presión mas profunda. Las luchas de gladiadores i los com- 
bates de fieras lo habian habituado a verel derramamiento 
verdadero de sangre humana; i las ficciones teatrales no 
podían alcanzar a conmoverlo. 

Sin embargo, en esa época se cultivó un jénero dramáti- 
co bastante orijinal, los Mimos, pequt-ñas comedias burles- 
cas de oríjen griego, en que las jesticulaciones i los movi- 
miento teniíin una' grande importancia, i que representa- 
ban la caricatura fiel de ciertos accidentes de la vida priva- 
da. En este jénero se distinguió Publio Siró, esclavo liberto 
natura] de Siria, contemporáneo de César i de Augusto 
Han llegado hasta nosotros lassentencias morales estraidas 
de los mimos de este escritor, que prueban que en sus pie- 
zas habia algo mas que simples bufonadas. En jeneral, no 
son mas qtie meros proverbios que encierran la moral i la 
filosofía práctica de aquella época; i que por lo tanto dan 
a conocer el espíritu i los sentimientos de los antiguos ro- 
manos. Los mimos, espectáculos destinados al populacho 
de Roma, perdieron poco a poco su carácter primitivo i 
llegaron a convertirse en ese jénero de composición dramá- 
tica en que se emplean los movimientos como único medio 
de espresion. 



112 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 

9. — La historia de la prosa en este segundo período de la 
literatura roman«a presenta nombres no menos ilustres que 
los que dejamos indicados al hablar de la poesía. Marco 
Terencio Varron (116 26 antes de J. C), teniente de Pom- 
peyo en la guerra contra los piratas de Sicilia, i de Sesto 
Porapeyo en Lusitania contra César, goza de la reputación 
del hombre mas erudito de su siglo i de haber poseido uno 
de los talentos mas enciclopédicos de la antigüedad. Amnis- 
tiado por César, proscrito después por Marco Antonio, ¡ 
despojado de sus bienes, Varron encontró al fin una protec- 
ción poderosa en Augusto, que le confió la dirección de la 
biblioteca de los Césares. Gramático, historiador, filósofo i 
poeta, Varron escribió cerca de quinientas obras, de las 
cuales la mayor parte se ha perdido completamente. Com- 
puso sátiras mui aplaudidas por sus contemporáneos, a 
las cuales les dio el nombre de Menipeas^ por el nombre 
de Menipo, filósofo cínico mui afamado por la hiriente vi- 
vacidad de su injenio. Enio habia empleado en sus sátiras 
metros diferentes: Varron fué mas lejos todavía, i mezcló la 
prosa con versos de varios metros. Se habla de una de esas 
sátiras en que hacia una burla injeniosa del primer triunvi- 
rato. Los pocos fragmentos que nos quedan de esas sátiras 
no bastan para manifestarnos si son o nó fundados los elo- 
jios que les tributaron sus contemporáneos. 

Se conservan igualmente algunos fragmentos de otras 
obras de Varron s(»bre historia, filosofía moral i literatura 
crítica; pero su gran reputación proviene de un tratado de 
agricultura (De re rustica ), el mejor i el mas metódico que 
nos haya legado la antigüedad; i de una obra sobre la len- 
gua latina de la cual conocemos sólo seis libros, que se- 
rán la cuarta parte de lo que escribió, i que revelan una 
inmensa erudición filolójica i un espíritu profundamente 
observador. 

10.— Julio César, el mas grande de los jenerales roma- 
nos, i uno de los mas notables hombres de estado de una 
nación que produjo tan hábiles políticos, figura también 
entre los primeros escritores de su siglo. El renombre de 



LITERATURA ROMANA 113 



este ilustre personaje nos exime del deber de dar noticias 
acerca de su vida. 

La elocuencia de César tiene todas las cualidades del es- 
tadista i del guerrero, la vivacidad, la firmeza, la precisión. 
Uno de sus discursos, pronunciado en el senado romano pa- 
ra combatir la pena de muerte por delitos políticos, cuan- 
do se trataba de castigar a Catilina i a sus cómplices 
que conspiraban contra la república, nos ha sido conser- 
vado, talvez con notables modificaciones por el historiador 
Salustio, i hace sentir que no se conserven otras 'muestras. 
César escribió un poema didáctico sobre la astronomía, 
ciencia a que fué mui dedicado, una trajedia i un trata- 
do de gramática, pero no han llegado hasta nosotros. 

La posteridad no conoce mas que sus escritos histó- 
ricos, sus Comentarios sobre ¡a (guerra de las Galias i so- 
bre la guerra civil, **Estos comentarios, dice Cicerón, son 
una obra excelente: el estilo es puro, fácil, despojado de to- 
do adorno oratorio, i por decirlo así, desnudo: se ve que el 
autor no ha querido dejar otra cosa que materiales para 
los que mas tarde quisieren tratar el mismo asunto. Talvez 
algunos-escritores vulgares pretendan bordar esta tela; pe- 
ro los hombres de buen gusto se guardarán bien de tocar- 
la.*' Este juicio ha sido confirmado i repetido por todos los 
siglos. La claridad, la rapidez, la heroica sencillez de la na- 
rración, la exactitud de los detalles estratéjicos, hacen de 
ese libro de memorias, escrito sin aparato, i talvez de carre- 
ra, uno de los mas preciosos documentos de la literatura 
i de la historia romana. Los grandes jenerales de los tiem- 
pos modernos. Conde i Napoleón, entre otros, leian habi- 
tualmente los Comentarios de César, buscando en ellos úti- 
les lecciones. César ha escrito sus memorias como Jenofonte 
escribió su AnAbasis, es decir, habla de sí mismo en tercera 
persona, i con una modestia hábilmente estudiada; pero se 
le reprocha el pasar mui a la lijera sobre las acciones de 
otros, o el alterar los hechos cuando habla de sí mismo, sea 
por falta de memoria, sea intencionalmente. 

11. — Pero el escritor mas ilustre de este período i de toda 

Tí»MO IV 8 



114 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

la literatura romana es Marco Tulio Cicerón, el primero de 
todos los oradores en la elocuencia judiciaria, i el segundo 
en la elocuencia política, puesto que no alcanzó a igualar a 
Demóstenes. No tenemos que bosquejar la vida de un perso- 
naje que pertenece todo entero a la historia. Soldado en su 
juventud, estudió mas tarde la filosofía i la elocuencia en 
Atenas i en Rodas; i aunque sus primeros escritos fueron 
algunas composiciones poéticas de no escaso mérito, su 
gran reputación provino de sus defensas como abogado, i 
mas tarde de sus magníficos discursos como senador i co- 
mo hombre público. Sus obras oratorias se componen, en 
lo que respecta a la política, de un discurso sobre la lei A/a- 
mV/a, especie de arenga de aparato en alabanza de Pompe. 
yo; de tres discursos sobre la lei agraria; de las cuatro 
Catilinan'as o discursos.contra Catiliua; i de las catorce 
Filípicas contra Antonio. Los otros discursos de Cicerón, 
en número de treinta i cuatro, pertenecen al jénero judicia- 
rio. Son famosos entre éstos las siete Verrinas, en que acu- 
só con un ardor i con una lójica verdaderamente admira- 
bles, a Vérres gobernador de Sicilia, por las inicuas 
exacciones ejercidas allí. . 

Las dotes oratorias de Cicerón son sin disputa de pri- 
mer orden. En todos sus discursos hai jeneralmente mucho 
orden: comienza por un exordio bien dispuesto para insi- 
nuarse a sus oyentes i granjearse su afecto. Su plan es cla- 
r3, i el orden de sus argumentos el mas propio para con- 
vencer i para conmover: todo se halla en su propio lugar. 
El orador no intenta apasionar al auditorio sino cuando 
está seguro de haber producido el convencimiento, i enton- 
ces es felicísimo para ajitar el corazón de los oyentes, i so- 
bre todo las pasiones suaves. No ha habido escritor alguno 
que conozca mejor que Cicerón el poder de las palabras, la 
claridad i el vigor que la estructura gramatical suele dar a 
la sentencia. Sin embargo, buscando la unidad, amplifica 
los pensamientos culminantes, quitando a sus discursos el 
relieve de ciertas ideas capitales; pero ha conseguido, en 
cambio, ser uniforme, claro, elegante i magnífico. Esto mis- 



LITERATURA ROMANA 115 



mo es la causa de uno de sus pocos defectos. Cicerón es a 
veces mas pomposo que sólido, i es difuso cuando convenia 
ser preciso. 

Los discursos de Cicerón dejan ver el arte supremo con 
que han sido compuestos. El mismo ha enseñado la teoría 
del arte oratorio en un libro titulado Del orador. Cicerón 
le dio la forma de diálogo para hacer mas interesantes los 
preceptos; i en él habla de cada una de las partes del arte 
oratorio con la ciencia i con la profundidad de un maestro 
esperimentando. 

Sus obras morales i filosóficas, compuestas también en 
forma de diálogo a imitación de Platón, están escritas con 
mucho brillo, con un estilo mui cuidado i con verdadera 
elocuencia. En ninguna parte, la filosofía pagana se ha 
mostrado bajo una forma tan seductora como en los escri- 
tos del orador romano. El Tratado de los deberes (De 
ofñciis) señala el límite a que alcanzó la moral antigua an- 
tes del cristianismo. Otros tratados (Las cuestiones tuscu- 
lanas i el Diálogo sobre la vejez) no son menos importantes; 
dan todos los remedios que ofrece la sabiduría humana 
contra el dolor, la vejez i la muerte. El Sueño de Escipion, 
episodio i fragmento de la República, se refiere a la moral i 
a la política por medio de consejos dictados por la pruden- 
cia i la esperiencia sobre el gobierno de los estados. 

Sus Cartas familiares no son la parte menos interesante 
de sus obras. Ellas nos han hecho conocer muchos porme- 
nores de la vida privada de los romanos i lian contribuido 
a dar una idea mas completa de algunos grandes persona- 
jes de su historia. En todas ellas, por otra parte, el mérito 
literario es siempre el mismo. Sea que Cicerón converse so- 
bre los asuntos mas ordinarios de la vida, sea que trate 
con sus amigos de la suerte de la repíibiicH, se reconoce 
siempre en su len^^uaje al hombre de jenio i de buen gusto. 

El nombre de Cicerón es, como dice Quintiliano, el de la 
elocuencia misma; pero su carácter como orador i como 
hombre público ha sido juzgado de mui diversas maneras. 
Aparte de una vanidad muchas veces pueril que se deja 



116 NOCIONBS DE HIOTORIA LITERARIA 

traslucir en sus escritos, i particularmente en sus cartas, se 
le ha censurado falta de carácter en circunstancias en que 
necesitó manifestar grande entereza **La debilidad, o mas 
bien, la indecisión que se le reprocha, dice Géruzez, a pesar 
de todas las pruebas de intrepidez que dio, parece nacer de 
la estension de sus luces i de su probidad. En las épocas de 
discordia i de corrupción, en que la línea del deljer no está 
bien trazada, los que quieren seguirla no se deciden tan fá- 
cilmente como los ambiciosos i los intrigantes que van al 
asalto del poder i de lá fortuna sin reparar en medios.*' Ci- 
cerón, en efecto, no tuvo todas las cualidades del hombre 
de estado; pero fué, como decia Augusto, **un gran ciudada- 
no que amó mucho a su patria, cuya causa jamas aban- 
donó/' 

Cualesquiera que sean los defectos que se reprochen a Ci- 
cerón como hombre público, su jenio como escritor i como 
orador ha sido desde la antigüedad un motivo de admira- 
ción, **Este grande hombre, dice Villemain, no ha perdido 
nada de su gloria al través de los siglos: queda en primera 
línea como orador i como escritor. Quizas, si se le conside- 
ra en el conjunto i en la variedad de sus obras, es permiti- 
do ver en él al primer escritor del mundo; i aunque las crea- 
ciones mas sublimes i mas orijinales del arte de escribir 
pertenezcan a otros, Cicerón es quizas el hombre que se ha 
servido de la palabra con mas ciencia i con mas jenio, r que. 
en la perfección habitual de su elocuencia i de su estilo, ha 
empleado mas bellezas i dejado menos defectos." 

12. — Mientras la elocuencia política i judiciaria lanzaba 
tan vivos resplandores, la historia se elevaba a las cualida- 
des literarias que debian constituirla a lo menos para la 
posteridad, en un reemplazante de la tribuna próxima a 
enmudecer. El terreno habla sido preparado por ensayos 
anteriores; pero luego aparecieron los grandes maestros de 
que se enorgullece la literatura latina. 

El primero de los grandes historiadores, en el orden ero- 
nolójico, después de César, es Crispo Salustio, nacido en 
Amiterno el año de 85 antes de J. C. Compuso una historia 



LITERATURA ROMANA 117 



romana desde Sila hasta la conjuración de Cati lina; pero 
no poseemos de esta obra mas que algunos discursos admi- 
rables. En cambio han llegado hasta nosotros dos histo- 
rias particulares, la Guerra de Jugurta i la Conjuración de 
Cntilina, Salustio es el escritor mas preciso i mas rigoroso 
que haya producido la literatura latina. Aunque menos 
profundo i majestuoso que Tucídides, a quien se propuso 
imitar en su? consideraciones jenerales, en sus retratos i en 
sus discursos, es sin embargo un gran pintor de historia. 
Es ademas un moralista admirable. Nada es mas imponen- 
te que el tono en que castiga el vicio i con que honra la vir- 
tud. Salustio prodiga talvez demasiado estos cuadros, i en 
ellos se percibe a veces alguna afectación. Sus retratos pue- 
den no ser a veces mui exactos; pero siempre son admirables 
como obra de arte. En sus hi<itorias no se encuentran mas 
que los hechos de la vida pública; por ejemplo, los aconte- 
cimientos políticos i militares de la guerra de Jugurta, la 
topografía de los combates, pero mui poco sobre las cos- 
tumbres i la jeografía de una rejion (el norte del África), 
que él mismo habia gobernado. No hace comprender la in- 
fluencia ni cotiocer los pensamientos políticos de Catilina: 
acoje fácilmente todas las imputaciones odiosas que con- 
vienen a sus prevenciones de partido; pero se muestra 
siempre grande escritor. Ha buscado en su lenguaje i en el 
colorido jeneral de su obra ciertos tintes de los tiempos an- 
tiguos, lo que en ocasiones perjudica a su claridad. Se le 
reprocha con razón no haber corroborado sus disertacio- 
nes morales con el ejemplo de su vida. Salustio fué espulsa- 
do del senado i castigado por los censores. Encargado por 
Julio César del gobierno de la Numidia, saqueó esta pro- 
vincia i reunió en ella inmensas riquezas. 

Contemporáneo de Salustio fué Cornelio Nepote, de cu- 
yas obras históricas no conocemos sino sus Vidas de los 
grandes capitanes, que comprenden las biografías de veinte 
i dos jenerales griegos o cartajineses i dos de personajes ro- 
manos. Se cree que aun esta obra fué retocada en el siglo 
IV de la era cristiana, i que nosotros no conocemos del li- 



118 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

bro de Cornelio Nepote mas que «n compendio sumario 
pero elegante, i sembrado de juiciosas reflexiones. 

13. — Pero el mas grande de los historiadores romanos en 
el siglo de Augusto fué Tito Livio, nacido en Padua el año 
de 58 antes de J. C. Se sabe que fué protejido por aquel em- 
perador, i que durante algún tiempo tuvo a su cargo ht 
educación del joven Claudio, que mas tarde reinó eu Roma. 
Tito Livio empleó mas de veinte años en la coinposi ion de 
su grande Historia romana. Este hermoso monumento ele- 
vado a la gloria de una gran nación nosha llegado mutila- 
do por el tiempo. De los ciento cuarenta i dos libros que 
contenia, sólo poseemos treinta i cinco; i la parte mas inte- 
resante es la que nos falta. Tito Livio, siempre prolijo i mi- 
nucioso, sabe dar a los acontecimientos un interés dramá- 
tico: saca a la escena a los héroes de su historia retratán- 
dolos con maestría, i poniendo en su boca discursos que 
son modelos de elocuencia. Como Tucídides, Tito Livio se 
aprovechó de esos discursos para hacer entrar en su obra 
las noticias que no cabian en la narración; i aunque ellos 
parecen ser un simple artificio literario elaborado por el 
historiador, éste ha sabido variar hasta lo infinito el estilo 
de esas arengas para reflejar en ellas el alma de sus perso- 
najes. 

Se ha reprochado mucho a este grande historiador su su- 
perstición i su credulidad a causa de los prodijios i de las 
maravillas de que está sembrada su narración. Pero esos 
prodijios eran creídos por el pueblo romano, formaban 
parte esencial de sus tradiciones históricas i de la relijioa 
del estado; i Tito Livio, que se propuso contar sencilla- 
mente loque sus contemporáneos creian como historia, ha 
consignado esos hechos para acabir el cuadro de las cos- 
tumbres i la pintura de los caracteres. Por esto mismo, la 
obra monumental de Tito Livio no merece entero crédito 
cuando trata de la historia de los primeros siglos de Ro- 
ma, no porque se le pueda acusar de haberla adulterado 
con fábulas de su invención, sino porque esa parte de los 
anales de su patria era completamente tradicional, i esas 



L.ITBRATÜRA ROMANA 119 



tradiciones no habian sido alumbradas con la antorcha 
de la crítica. 

Los antiguos colocaban en el rango de los grandes histo- 
riadores a TrogoPompeyo, contemporáneo de Tito Livio i 
autor de una Historia de Macedonia i de los oríjenes del 
mundo. De esta obra no conocemos nosotros mas que un 
extracto mui imperfecto hecho en tiempo de los Antoninos 
por un escritor llamado Justino. 

14. — Al lado de estos grandes escritores del siglo de oro 
de la literatura latina, florecieron muchos otros de un orden 
inferior, o que a lo menos no son tan conocidos de la poste- 
ridad por haberse perdido todas o la mayor parte de las 
obras que compusieron. Cicerón nos habla en uno de sus 
tratados de Quinto Hortensio, su rival en la oratoria du- 
rante algunos años, i lo colma de alabanzas. Se recuerdan 
los trabajos históricosde Pomponio Ático, de Asinio Polion 
i de muchos otros escritores, cuyas obras están completa- 
mente perdidas. En la poesía se ejercitaron Mecenas, el cé- 
lebre protector de las letras i de los literatos, Lucio Vario i 
otros, cuyas obras tampoco han llegado hasta nuestros 
dias. 

Se creería que el siglo de Augusto iba a ser el principio 
brillante de una vigorosa literatura. Sin embargo, la deca- 
dencia literaria data casi de la misma época del mayor es- 
plendor de las letras romanas. Esta decadenciano fué instan- 
tánea, el gusto no se estravió en un momento; pero después 
de medio siglo de corrupción i de tiranía, la literatura ro- 
mana no se conocia a sí misma. La poesía se cambió en de- 
clamación; la historia i laelocuencia fueron la propiedad de 
los retóricos, que hicieron gala de un lujo banal de frases i 
de palabras. El establecimiento i el progreso del despotismo, 
el abatimiento de los espíritus por la esclavitud, fueron la 
causa que en Romn, como en todos los pueblos civiliza- 
dos, limitó el desenvolvimiento del jenio i precipitó su deca- 
dencia. 

El imperio de Augusto fué una época de esplendor en la 
literatura, porque heredó una muchedumbre de jénios naci- 



120 KOCIONBS DE HISTORIA LITERARIA 

dos bajo la república, a quienes aseguró el descanso mas 
bien que la servidumbre. Comparado, en efecto, a los recien- 
tes furores de la proscripción i a las tiranías de Mario i de 
Síla, el gobierno de Augusto se asemejaba al restablecimien- 
to de las leyes. El nombre del senado era poderoso todavía; 
las formas de la república habian sido conservadas; habia 
aun elecciones populares; i la usurpación imperial se disfra- 
zaba porque temia la luz. Augusto repetia con frecuencia 
que no se sentía con fuerzas para gobernar mas de diez años; 
i este fínjido desprendimiento contribuia a mantener un sen- 
timiento de libertad en las almas. Por otra parte, Augusta 
tenia en todos sus hábitos privados i en su vida familiar al- 
go de sencillo que lo acercaba a los otros ciudadanos. Casi 
observaba la igualdad republicana; rehusaba el título de 
señor que cincuenta años mas tarde fué dado en Roma aun 
a los personajes menos importantes. No tenia ningún fausto 
de corte, ninguna imitación de los déspotas del Asia. A juz- 
gar por las apariencias, al imperio no le faltaba mas que la 
grande elocuencia, la elocuencia del foro para ser igual a la 
república. En cambio, la gloria de Roma, la inmensidad de 
su imperio, esta sumisión pacífica de tantos pueblos lison. 
jeaba el orgullo de los romanos. Se creian señores de laá 
otras naciones mas bien que subditos de Augusto; i Virjilio» 
no pudiendo denominarlos el pueblo libre, lo llamaba el pue- 
blo reí. De esta manera, con los elementos de jenio que habia 
dejado la república, debia formarse en Roma una literatu- 
ra elegante i majestuosa. Augusto puso todo empeño en fa 
vorecerla i en seducirla. Durante su reinado, la literatura 
parecia colocada bajo la protección de la gloria i de la li- 
bertad, porque si bien es cierto que Augusto reservaba los 
dones i los honores para los literatos que seguian su fortu- 
na, no les exijia una absoluta sumisión, i ademas soporta- 
ba la independencia de los otros. 

Aun en medio de su esplendor, la litt^ratura del siglo de 
Augusto deja traslucir este estado de cosas. Se percibe que 
el jenio está sujeto por cadenas, que, sin embargo, carga 
con mucha gracia. Horacio es admirable en la poesía fami- 



LITERATURA ROMANA 121 



liar i en la ironía satírica; pero en sus odas heroicas se nota 
que falta algo de la antigua alma de Roma. Virjilio, siem- 
pre suave, carece del vigor que se percibe en Lucrecio, que 
fué anterior al imperio. El jenio poético se reconcentró en 
los trabajos solitarios i pacíficos, lejos de la vida pública, 
que fué el campo de la literatura griega del siglo de Feríeles; 
i la imitación debió naturalmente ocupar una gran parte de 
sus producciones. De este modo, el brillo dé las letras, naci", 
do de tantas causas que templaban el poder de Augusto, se 
alteró aun bajo su reinado. La afectación i el mal gusto, 
que parecen inseparables de las costumbres serviles, comen- 
zaron a marchitar el injenio de los romanos. Se nota esta 
corrupción en los mas grandes poetas de este tiempo, en 
Ovidio, sobretodo, en cuyas largas elejías, escritasen el des- 
tierro, se descubre con frecuencia el abatimiento que la ser- 
vidumbre impone al jenio. 

Si esta decadencia prematura se deja ver aun en el siglo 
de Augusto, ¿cuan rápida no debia ser bajo el reinado de 
sus sucesores? En efecto, se la ve avanzar al mismo tiempo 
que la tiranía. Es digno de notarse el odio contra la litera- 
tura de que estabati animado^ todos esos malos emperado- 
res. Los mas insensatos tenian a este respecto los mismos 
instintos que los mas hábiles. Tiberio, reemplazando la dic- 
tadura moderada de Augusto por un despotismo sangui- 
nario, dio el primer golpe mortal al jenio romano. El des- 
potismo, al mismo tiempo que hacia enmudecer las letras 
por la esclavitud, debia en cierto modo corromperlas con 
sólo suprimir todo sentimiento del bien o del mal por el 
espectáculo continuo del crimen i la bajeza premiados en 
Roma. (ViLLEMAiN, De la corruption des lettres romaines,) 



CAPITULO VIII. 
liiteratara Romana. 

(tercer período, desde la murrte de augusto hasta la 
destrucción del imperio.) 

1. La trajedía; Séneca.— 2. Lucano — 3. Otras epopeyas —4. La 
sátira; Persiojjuvenal.— 5. Kl epigrama; Marcial.— 6. El apó- 
logo; Pedro.— 7. La historia; Tácito — 8. Suetonio i Quinto 
Curcio.— 9. Las ciencias; Plinio el antiguo.— 10. Líi filosofía; 
Séneca.— 11. La retórica; Quintiliano. — 12. Plinio el joven.— 
13. Apuleyo.— 14. Aulo Jelio.— 15. Últimos poetas.— 16. Últi- 
mos prosadores: los compiladores de la Historia Augusta. 

1. — La decadencia déla literatura romana, iniciada bajo 
el reinado de Augusto, lenta e imperceptible en su principio, 
toma cuerpo i se desarrolla rápidamente desde el gobierno 
de su sucesor, el sombrío Tiberio. El temor a una muerte 
casi siempre segura para los poetas que no ensalzaban el 
poder, la necesidad i el gusto del servilismo, la rivalidad o 
el despotismo de los emperadores, pervierten las condicio- 
nes de la literatura i le quitan todo sentimiento del bien i 
del mal. Cuando ese despotismo, en lugar de ser friamente 
perverso, como lo era bajo Tiberio, se mostraba por medio 
de un bárbaro frenesí, como sucedió bajo los reinados de 
Calígula o de Nerón, la imajinacion de los escritores dejó 



124 NOCIONES DE HISTORIA LITEBARIA 

ver algo de esa locura desordenada i de esos vergonzosos 
caprichos que el pueblo romano tenia a su vista. Esta de- 
cadencia poderosa e irresistible, pareció detenerse algunos 
momentos: bajo los gobiernos de príncipes mas ilustrados i 
mas grandes, bajo Vespasiano, Trajano, Adriano i Marco 
Aurelio, las letras latinas hacen todaviaun último esfuerzo 
para salir de su postración; i en efecto, dan nacimiento a 
algunos jénios vigorosos que no alcanzaron, sin embargo, 
a formar una verdadera escuela, ni a sustraer las letras de 
su ruina. 

Hemos visto que el teatro trájico de los romanos nos es 
casi completamente desconocido. Podemos decir que solo 
conocemos un solo poeta trájico, i éste vivió en la época de 
la decadencia. Lucio Aneo Séneca, éste es su nombre, era 
español de nacimiento, natural de la ciudad de Córdoba. 
Se tienen mui escasas noticias acerca de su vida. Se le supo- 
ne hijo de un célebre filósofo i orador del mismo nombre; i 
aun algunos creen que fué mui posterior a éste último, ha- 
ciéndole, al efecto, contemporáneo de Trajano. Sin embar- 
go, como el estilo i las ideas morales de ambos autores pre- 
sen-tan mucha analojía,es probable, i así se cree hoi jeneral- 
mente, que los dos Sénecas el trájico i el filósofo, no son 
mas que una sola persona que floreció a mediados del pri- 
mer siglo de la era cristiana (3— -68 después de J. C.) 

Con el nombre de Séneca han llegado hasta nosotros 
nueve trajedias formadas sobre asuntos^riegos, tratados 
con gran vigor i riqueza por Sófocles i Eurípides. Las tra- 
jedias latinas, sin embargo, están modificadas, no sólo en 
muchos detalles, sino en su conjunto jeneral por la filosofía 
estoica i poruña mezcla no siempre feliz de máximas i de 
discursos que de ordinario perjudican a las mejores situa- 
ciones. Todas estas trajedias parecen escritas mas bien pa- 
ra la lectura que para la representación. Nos ha llegado 
ademas otra obra dramática con el nombre de Séneca, Oc- 
tavia^ basada sobre un asunto romano, contemporánea 
del autor, desprovista de interés i escrita al parecer para 
lisonjear a Nerón. 



litbrati;ra romana 125 



2. — Un sobrino de Séneca, Lucano, nacido también en 
Córdoba el año 38 de la era cristiana, es quizas el mas gran 
poeta de este período de decadencia. Después de haber he- 
cho brillantes estudios de filosofía i de retórica en Roma 
i en Atenas, fué presentado a Nerón por su tio, i mereció 
que el emperador lo colmase de honores. Pero Nerón tenia 
entre otras locuras la de creerse poeta i la de celebrar cer- 
támenes literarios con sus cortesanos. Lucano que se atre- 
vió a competir con él en una de esas justas, le venció i ¡cosa 
singular! mereció que se le concediese el premio apesar del 
terror que inspiraba el tirano. La venganza de Nerón no se 
hizo esperar. Prohibió a Lucano que declamase en público 
esos discursos de ceremonia que habian reemplazado a la 
antigua elocuencia; i como luego descubriese que éste ha- 
bia tomado parte en una conspiración malograda, lo hizo 
condenar al último suplicio concediéndole por única gracia 
la elección de la muerte. Lujano se hizo abrir las venas, i 
murió a los veinte i siete años de tdad, dejando dos poe- 
mas, una trajedia i muchas poesías sueltas que revelaban 
el poder de su talento. 

De todas esas obras solo ha llegado hasta nosotros la 
Fnrsalia, poema épico en diez cantos, en que celebró la gue- 
rra civil entre César i Pompeyo. Mas que una epopeya pro- 
piamente tal, es un poema heroico i filosófico, notable por 
la fuerza del estilo, la elevación de los pensamientos i el vi- 
gor de los caracteres. El poeta suprimió en su obra casi to- 
do lo que los poemas suelen tener de maravilloso: solo una 
vez ha empleado los resortes sobrenaturales poniendo en 
escena al fantasma de la patria que se presenta a César 
cuando éste va a pasar el Rubicon. Lucano ha dejado a 
sus héroes las proporciones humanas i a los sucesos un aire 
demasiado histórico, aunque los ha engalanado con las 
mas hermosas descripciones i con interesantes discursos. 
La Farsalia carece ademas de unidad épica, tanto en su 
acción como en los lugcires en que pasan los acontecimien- 
tos; pero a pesar de este grave defecto i de que su estilo es 
frecuentemente hinchado i mas sonoro que armonioso, ese 



12í> NOC IONES DE HISTORIA LITERARIA 

poema es una obra de alta poesía. Lucano, muerto a los 
veinte i siete años de edad, no pudo componerun poema tan 
acabado como la Eneida; pero por la belleza intrínsecti de 
los detalles, por la riqueza de las descripciones i por la ver- 
dad de los caracteres, se ha mantenido a la altura de la 
epopeya. 

3. — La Farsalia no fué el único ensayo de poema épico en 
aquellos siglos de decadencia; pero todos los otros son muí 
inferiores a la famosa obra de Lucano. Valerio Flaco, naci- 
do en el norte de Italia, floreció bajo Vespasiano i compu- 
so un poema con el tí culo de las ArgonáuticaSy que dejó 
inconcluso, i del cual conocemos ocho libros. Es una imita- 
ción de Apolonio de Rodas, a quien ha tomado todo, aun 
las ideas de detalle. La acción es la espedicion de los Argo- 
nautas; i a causa de los frecuentes episodios i de las diva- 
gaciones poéticas, no se sabe cómo ni cuándo terminará el 
viaje de los intrépidos nave^jantes que conquistaron el ve- 
llocino de oro. El poema de Valerio Flaco, amanerado en 
el estilo, desordenado en la erudición, es mui inferior al ori- 
jinal; si bien se notan en él algunas descripciones poéticas. 

Silio Itálico (25-100 después de J. C.) fué también un 
poeta imitador. Nacido en Italia, según unos, en España 
(en la ciudad de Itálica), según otros, Silio Itálico se ilustró 
primero en la oratoria, i mas tarde se dedicó a la poesía, 
como distracción de una vida pasada en medio de las como- 
didades que dan el lujo i la fortuna, i de los afanes de la po- 
lítica i de la corte, pues fué el amigo de Nerón i desempeñó 
tres veces el consulado. Al fin, se dejó morir de hambre pa- 
ra no soportar los dolores de una enfermedad incurable. 
Aparte de algunas poesías de corta estension, compuso un 
poema en diez i siete cantos, en que se propuso celebrar la 
segunda guerra púnica. El asunto era dramático, nacional, 
i bastante remoto para que el poeta pudiese permitirse la 
ficción en los detalles: Silio Itálico, sin embargo, lo trató 
con sumí pobreza. Tomó todo el fondo de su poema a Tito 
Livio i a Polibio, i todas sus ideas poéticas a Virjilio, sal- 
vo las imitaciones secundarias. De ¿iquí resultó una gran 



LITERATURA ROMANA 127 



compilación en verso en que los personajes no carecen de 
verdad histórica, pero a quienes falta elevación i nobleza 
poética. 

El cuarto poeta épico de este tiempo fué Publio Stacio, 
nacido en Ñapóles (61 después de J. C), i uno de los pre- 
ceptores de Domiciano. Poeta mui fecundo, Stacio compu- 
so muchas obras, de las cuales solo conocemos algunas 
poesias líricas i un poema épico, la Tebaida, en que celebra 
la guerra civil entre los hijos de Edipo. Aunque simple 
imitador de un poema griego sobre el mismo asunto que 
no ha llegado hasta nosotros, Stacio es verdaderamunte 
poeta, i su obra está llena de imájenes graciosas i de cua- 
dros poéticos, sobre todo cuando hace intervenir los afec- 
tos suaves. En cambio tiene todos los defectos de su siglo, 
la hinchazón, la exajeracion de los caracteres, la manía 
de las sutilezas, las descripciones pomposas, i sobre todo 
las lisonjas prodigadas a un tirano repugnante, Domi- 
ciano. 

4. — La sátira latina es en este período el retrato fiel de 
la corrupción romana. En tiempo de Horacio, siglo de epi- 
cureismo i de decencia aparente, la sátira se. ocultó bajo 
la forma de una injeniosa burla, de un epigrama severo, 
pero amistoso. Horacio fué un censor espiritual, que no 
pudo abandonarse a los impulsos de la indignación, por- 
que el estado de la sociedad romana en que vivia, no cho- 
caba abiertamente con sus ideas. El tercer período de la 
sátira romana tiene un nuevo alimento, mas irritante tal 
vez que todos los otros, la opresión i el ejemplo del poder. 
Los ríjidos estoicos, los hombres virtuosos que Roma ence- 
rraba en su seno, se levantaron contra este desborde de 
las malas pasiones de que muchos emperadores daban el 
primer ejemplo. La degradación deMesalina.las saturnales 
de Nerón, fueron el tema constante de declamaciones, pa- 
gadas jeneralmen te con el último suplicio. En estejénero, 
comprendido bajo este segundo aspecto, brillaron dos de 
los ilustres poetas de esos siglos de postración i de deca- 
dencia, Persio i Juvenal. 



128 NOCIONBS DB HISTORIA LITERARIA 

Aulo Persio Flaco, nacido en Volaterra, en Toscana, el 
año 34 de la era cristiana, pertenecia al orden de los ca- 
balleros; i después de haber hecho excelentes estudios en 
Roma, compuso numerosas obras, de las cuales sólo co- 
nocemos las sátiras. Persio murió a la edad de veintio- 
cho años cuando su talento habia llegado apenas a todo 
su vigor. 

La misión del poeta satírico nació en Persio de su ar- 
diente amor a la virtud i del disgusto que le inspiraba la 
corrupción de sus contemporáneos, de la cual estuvo siem- 
pre alejado. La timidez de su carácter i la debilidad de su 
salud lo apartaron del trato de los hombres. Nacido en la 
opulencia, educado en la virtud, Persio no tiene esa amar- 
gura que la envidia da a los miserables, ni en la persecu- 
ción del vicio esa imprudencia del lenguaje que hace al mis- 
mo poeta cómplice de la corrupción que condena. En sus 
sátiras se reconoce una alma joven inspirada por la doctri- 
na austera de la escuela estoica. La corrupción para Per- 
sio tiene algo de abstracto; así, la ataca en jeneral i nó en 
los individuos; no se encarniza contra los vicios i las ridi- 
culeces de lo.s personajes de su época; i ataca sólo los es- 
travíos jenerales de la sociedad. Su estilo es trabajado; i el 
exceso de su concisión dejenera en oscuridad, de tal modo 
que para tomar el sentido de su pensamiento^ se necesita a 
veces un largo estudio. 

Décimo Junio Juv^enal, contemporáneo de Persio, nació 
en la ciudad de Aquinio el año 42 de la era cristiana, i 
pasó su juventud en las escuelas de los retóricos. Las no- 
ticias que ordinariamente se dan sobre su vida no merecen 
entero crédito; pero sus obras revelan perfectamente su 
carácter. 

Aunque cqltivó esclusivamente el jénero satírico, el jenio 
dejuvenalno tiene nada de común con el de Persio. En 
manos de éste, la sátira era jeneral: aquél por el contrario, 
la hizo enteramente personal. En vez de emplear la burla i la 
ironía como Horacio, Juvenal parece enrojecerse de cólera 
i cargar con un puñal en la mano contra el hombre cuyas 



LITERATURA ROMANA 1 2!> 



costumbres censura con tanto ardor. Estudiando sus dieci- 
seis sátiras, pasamos en revista los vicios de que adolecia 
Roma, la corrupción de los grandes, la degradación del se- 
nado que delibera con Domiciano sobre la mejor manera 
de preparar un pescado, la lujuria de Mesalina, la insolen- 
cia del rico para con el pobre, el libertinaje de las mujeres, 
sti despotismo i sus intrigas. La profundidad i la perspica- 
cia de Ju venal no ha perdonado ninguno de los vicios de su 
siglo, que sin embargo eran mui numerosos. Su obra es 
por esto mismo la pintura mejor i mas completa de la so- 
ciedad romana ¿ti aquella época, pintura que refleja el in- 
terior de la vida privada y la plaza pública, al rico i al po- 
bre con la misma tendencia d^ censurar amarga i enérjica- 
mente. La indignación del poeta ha hecho sospechar que 
en sus obras hai menos odio contra el vicio que cólera o 
envidia contra los corrompidos felices. Si tuviera tanto 
respeto por la virtud, como el odio que manifiesta contra 
el vicio, se añade, no habría manchado sus versos con 
tantas imájones libres i obcenas. 

Dj esta época se cree j neralmente que proviene un libro 
titulado el Satirnon, en que se ha pensado encontrar la his- 
toria del libertinaje de Nerón bajo una forma alegórica i 
novelesca. Se atribuye esta obra a Petronio, cónsul de Biti- 
nia i favorito de N«.-ion. Tácito refiere que Petronio tomó 
p irte en una conspiración contra su protector, i que descu. 
bierto en sus trabajos, se diÓ la muerte para sustraerse a la 
venganza, escribiendo antes de morir la historia de la co« 
mipcion de aquf I tirano. De aquí proviene que se le haya 
atribuido el Satincon, Pero la crítica moderna no ha reco- 
nocido la auienticirlad de esta obra, de que solo poseemos 
fragmentos mas o menos interesantes, pero casi siempre 
obcen<»s i repng antes. 

5. — El ep'grama fué cultivado en Roma en este tercer pe- 
ríodo como una derivación de la sátira. Marcial, nacido en 
Bílbiiis (hoi Baul)ola)en España, el año 40 de la era cris- 
tiana, pasó en Roma la mayorparte de su vida, fué elevado 
a altos honores por Tito i Domiciano, i es hasta ahora el 

TOMO IV 9 



130 NOCIÓME» DE HISTORIA LITERARIA 



primero de los poetas epigramáticos. Compuso como mil 
doscientos epigramas que son todavía un modelo de com- 
posición de este jénero, aunque muchos de ellos son obcenos 
i vulgares. Hirientes en su mayor parte, li-^onjeros algunos, 
como los madrigales de nuestros dias, todos ayudan pode- 
rosamente a dar a conocer la sociedad romana para la cual 
fueron escritos, mostrándonos muchos de sus defectos i es- 
travíos. El cinismo de estilo, las groseras obcenidades que 
se notan en muchos de ellos, se esplican hasta cierto punto 
por la corrupción délas costumbre? de su tiempo. En efecto, 
la poesía licenciosa de Marcial no mereció de sus contem- 
poráneos la dura desaprobación a que es acreedora. 

6. — El apólogo fué cultivado en este siglo por Pedro, poe- 
ta de injenio notable, sobre cuya vida se tienen mui escasas 
noticias. Se le supone lil>erto de Augusto i faví)recido por 
este emperador, i mas tarde perseguido por Sejano, bajo el 
reinado de Tiberio. Con su nombre han llegado hasta noso- 
tros noventa fábulas escritas en un verso fácil i agradable, 
cuyo argumento es tomado ordinariamente de los apólo- 
gos griegos atribuidos a Esopo. El apólogo no es para Pe- 
dro un pequeño drama bajo el cual se oculta la moralidad: 
por el contrario, estima en poco la narración de un hecho, 
i se contrae casi esclusivamente a la lección moral. De aquí 
nace cierta se(|uedad i cierta falta de interés, corrw) también 
un espíritu mas moralizador (]ue malicioso. Aunque Pedro 
es ün escritor casi siempre puro, su lenguaje presenta algu- 
nas alteraciones que indican el principio de la 'decadencia. 

7. — Si en los primeros tiempos del tercer período de la li- 
teratura romana vemos declinar rápidnmeite la p )esí i, la 
prosa está Ic^os de llevíir el mismo rumbo. Táeití) en la his- 
toria, Quintiliano en la retórica. Séneca en la filosofía i Pli- 
nio en las ciencias, mantuvieron el brillo de las letnis lati- 
nas en una época en (|ue la musa de Horacio i de Virjdio 
parecia haber enmulecido. 

Después de Tisto Livio la historia romana habia sido cul- 
tivada por escritores de escaso mérití). Veleyo Patérculo i 
V^alerio Máximo, cpie escribieroii bajo el reinado de Tiberio, 



LITEll ATURA KOMANA 131 



lian consignado en sus obras algunas noticias interesantes 
sobre ese siglo, retratos vigorosos i cuadros animados, pero 
han narrado sumariamente los hechos, i por último se de- 
jaron arrastrar por los honores i la ambición hasta lison- 
jear a aquel sombrío tirano. Es menester llegar hasta el 
reinado de Trajano para encontrar en Tácito uno de los 
mas grandes historiadores que haya producido la anti- 
güedad. 

C«)rnelio Tácito nació en Iterramna, en Umbría, hacia el 
año 60 después de J. C. Se ignora el año de su m aerte, pero 
se sabe que alcanzó a los honores del consulado bajoNerva, 
cjue escribió bajo el reinado de Trajano, i que se casó con la 
hija de Julio Agrícola, el célebre jeneral que r^'dujo la mayor 
parte de la Gran Bretaña. De sus obras solo nos quedan 
una vida de su suegro; un tratado sobre las costumb1"es de 
los jermanos, cuadro de una admirable exactitud que supo- 
ne en el historiador un grande espíritu de observación i que 
se ha considerado como una amarga crítica de la corrup- 
ción romana: los Anales, historia del imperio desde Augus- 
to hasta Nerón, de la cual solo conocemos una tercera par- 
te; i por ultimo, las Hi:itorias, narración de acontecimien- 
tos contemporáneos al autor desde Galba hasta la maerte 
de Domiciano, que también conocemos incompleta. El em- 
perador Tácito, que riji^ el imperio solo unos pocos meses 
en 275, pretendía descender del historiador; le erijió esta- 
tuas, i mandó que sus obras fuesen depositadas en las bi- 
bliotecas publicas i que el gobierno hiciese sacar numerosas 
copias cada diez años. Apesar de estas precauciones, las 
obras de Tácito estuvieron perdidas casi en su totalidad 
durante mucho tiempo; i cuando se las encontró estaban 
lastimosamente mutiladas e incompletas. 

El mérito singular de Tácito consiste en haber unido la 
elevación de un alma grande, formada por la virtud i el pa- 
triotismo, al espíritu observador de un filósofo i a la habi- 
lidad consumada del escritor, ** Esa alma, dice un crítico' 
alemán, Hegewisch, alirfientada desde la infancia de todo 
lo que el espíritu republicano déla antigua Roma habia 



132 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 

producido de grande i de inmortal, ardiente de patriotismo 
i de amor por la verdadera gloria, penetrada por el recuer- 
do de los fundadores de la grandeza romana, de sus virtu- 
des cívicas, llena de una admiración profunda por esos 
grandes hombres i de indignación contra toda degradación 
del carácter antiguo de los romanos, desea trasportarse a 
un ideal de pureza i de patriotismo de que lo aleja triste- 
mente el cortejo de vicios i de monstruosas inmoralidades, 
en medio deí cual estaba condenado a vivir el historiador. "^ 

Ausiliados por estas cualidades. Tácito dio a sus histo> 
rias un carácter profundamente moral, convirtiéndolas en 
un castigo severo de los malvados, i en un premio de los 
pocos hombres virtuosos que aparecieron en aquel siglo de 
decajlencia i de degradación. Su espíritu observador le per- 
mite penetrar en el fondo del corazón i encadenar natural- 
mente las causas i los efectos de los sucesos históricos. No 
se limita a esponer lo que ha sucedido refiriendo los hechos 
en todos sus detalles. Por el contrario suprime los porme- 
nores que pueden servir p'ira caracterizar a un hombre, i 
se limita a pronunciar su fallo siempre recto i justiciero. Es 
un filósofo profumlo que ha estudiado la natur¿ileza huma- 
na bajo todos sus aspectos i que no ve en la historia mas 
que la manifestación esterior de los móviles que tienen in- 
fluencia sobre el hombre i que determinan su acción. 

Como escritor. Tácito es considerado el primer pintor de 
la antigüedad, no solo por la habilidad incomparable con 
que sabe pintar las costumbres i bosquejar lowS retratos, 
sino por lo animación i el colorido que da a todas sus na- 
rraciones. Ningún historiador ha reunido con la misma fe- 
licidad el vigor i la precisión a la riqueza i a la abundancia 
de las imájenes. Una palabra le basta para indicar el ca- 
rácter de un personaje, i una corta reflexión le permite pe- 
netrar en el secreto de todos los acontecimientos. Su estila 
sin embargo, deja ver algunas irregularidades gramatica- 
les, locuciones viciosas, i por fin cierto desden por lo que se 
refiere a la lójica del estilo, que es uno de los caracteres de 
una época de decadencia. 



LITERATURA ROMANA 133 



8. — La historia fué cultivada todavía en esta época por 
otros escritores de menor mérito, pero cuyas obras tienen 
para nosotros un grande interés. 

Cayo Suetonio Tranquilo, que floreció bajo los reinados 
de Trajano i de Adriano, aparte de varios estudios biográ- 
ficos de algunos gramáticos i de algunos poetas de que so- 
lo conocemos pequeños fragmentos nos ha dejado un libro 
inestimable en sus Vidas de los doce Césares, historia de 
todos los emperadores romanos desde Julio César hasta 
Domiciano. Suetonio se ha contraido especialmente a con- 
tar la vida privada tie esos príncipes, penetrando en el in- 
terior de su palacio, observando todo lo que pasa i espo- 
niéndolo con una frialdad i una indiferencia que son una 
garantía de su imparcialidad. No desplega ninguno de los 
grandes sentimiento que elevan el alma de Tácito i la indig- 
nan contra la bajeza i la corrupción de su siglo: no ha to- 
mado como éste el tono moralizador paracondenar el vicio 
o aplaudir la virtud; pero su narración minuciosa, fria i 
desapasionada produce en el ánimo del lector impresiones 
mas profunda i verdaderas. Refiere sólo con gran sencillez, 
pero sin reflexiones ni críticas, preciosos detalles privados 
sobre los caracteres, las virtudes, los vicios, la manera de 
vestir i de vivir de los emperadores. El libro de Suetonio 
contiene, como debe suponerse, anécdotas escandalosas i 
escenas repugnantes; pero sin su ausilio la posteridad no 
conoceria aquella vid¿i de libertinaje i de corrupción que 
nos da a conocer las costumbres romanas de la decadencia. 

Lucio Aneo Floro, español de nacimiento i probablemen- 
te de la familia de Séneca, escribió bajo el reinado de Tra- 
jano un compendio de historia romana desde los primeros 
^ tiempos hasta el reinado de Augusto, en que los hechos es- 
tán agrupados con grande habilidad i los caracteres dise- 
ñados con cierto relieve, i en que se descubre una unidad 
de pensamiento i de composición mui rara en obras de esta 
naturaleza. 

Otro historiador mui famoso, a quien se coloca jeneral- 
mente en esta época, auque no tenemos ninguna noticia de 



1H4 MOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

SU vida, es Quinto Curcio, que nos ha dejado incompleta 
una Historia de Alejandro, o mas bien una novela, cuyo 
héroe es el famoso reí de Macedonia. Es la producción de 
un retórico que sacrifica la verdad al deseo d^ dar brillo a su 
libro i a su pasión por lo maravilloso. Las arengas que po- 
ne en boca de sus héroes son ejercicios de escuela en que no se 
descubre el carácter de los personajes a quienes los atribu- 
ye. Quinto Curcio carece enteramente de crítica. Ha cono- 
cido superficialmente los buenos historiadores de Alejandro 
Magno, i ha seguido con preferencia a^ algunos escritores 
griegos que habían desnaturalizado su historia, con nume- 
rosas fábulas. 

9.— La literatura científica no tiene entre los romanos re- 
presentantes tan eminentes como entre los griegos. No se 
encuentran en Roma observadores atentos de la naturale- 
za, jénios verdaderamente creadores, sino sabios mas mo- 
destos, simples compiladores délas noticias agrupadas por 
otros; pero algunos de ellos merecen mencionarse porque 
fueron notables escritores. 

A este número pertenece Columela,orijinario de España^ 
escritor de los primeros tiempos de la decadencia, que com- 
puso un tratado de agricultura mui estimado. La última 
parte de esta obra fué escrita en verso, i tiene por objeto 
el cultivo de los jardines, i completa, por decirlo así, el 
poema de Virjilio, en que esta materia no se encuentra 
tratada. 

Se coloca también en esta época a Aurelio Comelio Cel- 
so, célebre escritor de medicina, de cuya vida no se tienen 
noticias, i que ha recibido de sus administradores el sobre- 
nombre de Hipócrates latino. Lo merece, en efecto, sino 
por la ciencia, a lo menos por su elegante precisión. No se 
sabe si Celso ha ejercido la medicina, pero es evidente que 
conocia todos sus secretos. 

Pero el mas notable de todos los escritores latinos que 
se ocuparon de ciencias, es Cayo Plinio Segundo, denomi- 
nado comunmente Plinio el antiguo. Nacido en Como, en 
el norte de Italia, el año 23 de nuestra era, figuró en los 



LITERATURA Rí)MANA loí) 



altos puestos de la administración pública, se distinguió 
como jurisconsulto, i escribió muchas obras sobre historia 
civil, filolojía e historia natural. Plinio murió en Estabia el 
año 79 asfixiado por las emanaciones gaseosas que se des- 
prendían del suelo' durante la terrible erupción del Vesu- 
bio, que sepultó a Herculano i a Pompeya. Guiado por su 
amor a la ciencia, se habia trasladado a aquella ciudad 
para observar el famoso cataclismo que ocasionó su muerte. 
De todas las obras de Plinio solo ha llegado hasta nos- 
otros una a la cual la posteridad da el título de Historia 
nntural. El primer libro de esta obra contiene un índice de 
las materias i una lista de los autores que consultó. En los 
restantes trata de la cosmografía i de lajeografía, déla 
histí^ria de los animales i de las plantas, de las sustancias 
minerales o vejetales empleadas en la medicina, i en fin de 
la historia de los metales, de la escultura i de la pintura, 
como también de los principales artistas, i de las mas no 
tables obras maestras del comercio i de la industria. Pli 
nio no es un observador atento como Aristóteles, sino un 
compilador curioso que ha reunido eo su obra lo que en 
contraba escrito en mis de dos mil autores, la mayor par 
te griegos, i casi todos perdidos para la posteridad; pero 
con frecuencia no ha podido apreciar la verdad de esos tes- 
timonios ni comprender lo que quisieron decir. En una pa 
labra, es un autor sin crítica, que después de haber pasado 
algunos años en hacer sus estractos, los ha colocado en 
cierto orden, añadiéndoles algunas reflexiones que no se 
refieren a la ciencia propiamente dicha, sino que ofrecen 
alternativamente las creencias mas supersticiosas o las de- 
clamaciones de una filosofía melancólica. Apesar de la ver- 
dad que encierra esta crítica hecha por la ciencia moder 
na, la obra de Plinio, que por largos siglos indujo en 
groseros errores a muchos naturalistas, tiene aun en nues- 
tros dias una grande importancia. Nos esclarece sobre mu- 
chos puntos de la vida, los antiguos de la industria, de las 
artes, de las costumbres que sin ella serian oscuros enig- 
mas. En la obra de Plinio, ademas, como lo observa M. Vi- 



136 NOCIONBS DE HISTORIA L1TBRAR1A 



llemaín, **se nota también un sentimiento nuevo, descono- 
cido en los buenos tiempos de la libertad griega i romana: 
es una especie de afección i de interés por ¡a humanidad 
es el tratamiento de hombre, sustituido al de bárbaro; es el 
reproche dirijido a César por la sangre que ha vertido; es el 
elojio dispensado al mismo Tiberio porel cuidado que tuvo 
de abolir en Jermania i en África las supersticiones ho- 
micidas." 

10. — Hemos dicho que la elevación de' Augusto al poder 
imperial habia muerto la elocuencia, i que en su lugar flo- 
reció otro jénero de oratoria que sólo se manifestaba por 
discursos de ceremonia. Esta es la época de los retóricos, 
algunos de los cuales desplegaron un verdadero talento en 
obras en que las bellezas, sin embargo, están acompañadas 
por muchas sutilezas i por frias declamaciones, i en que se 
percibe la decadencia del buen gusto. 

En este jénero brilló Séneca el filósofo, a quien se supone 
padre de Séneca el trájico, i que probablemente es el mismo 
personaje que compuso las trajedias que han llegado hasta 
nosotros con su nombre. Nacido en Córdoba, en España, 
el año 3 de la era cristiana, fué educado en Roma, i estrenó 
su talento en el foro con tanto brillo que Calígula, celoso 
de su popularidad, quiso condenarlo a muerte. Entonces 
Séneca se consagró a la filosofía; pero luego fué llamado a 
los honores públicos bajo el reinado de Claudio, i pasó el 
resto de su vida en una posición espectable, alternativa- 
mente colmado de favores o perseguido, pero siempre atra« 
yendo sobre sí la atención de sus contemporáneos. Perse- 
guido bajo la instigación de Mesalina, fué desterrado a la 
isla de Córcega, i pasó allí ocho años; hasta que Agripina, 
la segunda mujer de Claudio, lo llamó a la corte para con- 
fiarle la educación de Nerón. Séneca fué impotente para re- 
primir los malos instintos de su discípulo, i al fin tuvo 
que doblegarse en cierto modo a sus caprichos, creyendo 
sin duda suavizar el carácter feroz de Nerón, ya que no le 
era posible darle otra dirección. Bajo el reinado de ese tira- 
no, fué colmado de honores i de riquezas hasta el momento 



LITERATURA ROMANA 137 



«n que un capricho de su mismo protector lo obligó a dar- 
se la muerte. Séneca se hizo abrirlas venas i murió con va- 
lor, dejando un gran nombre manchado por la sospecha de 
no haber combatido con suficiente enerjía los malos ins- 
tintos de Nerón i de haber escrito la apulojía del asesinato 
<le Agripina. 

Entre los escritores de la decadencia, Séneca es uno de 
los mas notables. Sedujo a sus contemporáneos por la cua- 
lidades i por los defectos de su estilo: sus obras admiradas 
«n todas partes, fueron puestas en manos de I9S jóvenes e 
hicieron olvidar en las escuelas los modelos del siglo de 
Augusto. En los siglos posteriores, en la edad media sobre 
todo, Séneca gozó de una reputación comparable sólo a la 
de Aristóteles: su nombre era sinónimo de ciencia. Esta re- 
putación provino particularmente de sus obras oratorias. 
En su mayor parte son éstas disertaciones sobre ciertas 
cuesuonesjeneral mente mui frivolas, en que Séneca revela 
una grande habilid¿id de escritor i una sutileza de injenio 
mui al gusto de los ..controversistas de las universidades de 
la edad media. Esas disertaciones dan a conocer las diver- 
sas cuestiones que se ajitaban en las escuelas de retórica 
durante el imperio. Séneca discute, por ejemplo, si los tres- 
cientos espartanos colocados en las Termopilas debian o 
no huir siendo abandonados por los otros griegos; si Cice- 
rón podia o no solicitar gracia de Marco Antonio. Las 
otras disertaciones son talvez menos interesantes: en todas 
ellas, sin embargo, se encuentran hermosos pensamientos i 
rasgos de una verdadera elocuencia, pero deslumhrados 
por las sutilezas i la fria declamación. 

El gran título de gloria de Séneca en sus obras filosófi- 
cas. Conociendo a fondo el corazón humano, estudiándolo 
en medio de una corte brillante i corrompida i en las clases 
inferiores de la sociedad, habiendo pasado por todas las 
vicisitudes a que están espuestos los hombres, elevándose 
alternativamente de la condición de desterrado al colmo 
de la grandeza para precipitarse en seguida en el abismo de 
la miseria. Séneca es ante todo un filósofo práctico. Tomó 



138 NOCIONES DE HISTORIA LITJIJRAHIA 



de los estoicos su severa moral, i difundió en sus obras pre- 
ceptos tan sabios i tan puros para la práctica de la vida» 
que algunos escritores cristianos han sostenido sin funda- 
mento que los liabia tomado del Evanjelio. Sin duda las 
cartas que se suponen dirijidas por Séneca a San Pablo sen 
apócrifas; aunque no es imposible que el célebre filósofo co- 
nicit-ra las doctrinas del cristianismo. El tratado de la Cd- 
hra, el de la Clemencia, en que se cuenta la historia de la 
conspiración de Ciña, el tratado de la Providencia, los sie- 
te libros de los Beneficios^ i sobre todo, la compilación de 
sus Cartas a Lucillo, (|ue contienen, por trozos dciligados, 
un curso completo de filosofía moral, abundan en lecciones 
de verdadera sabiduiía i ofrecen un vasto campo a la me- 
ditación. La forma esterna de todas estas obras, que atra- 
jo la admiración de sus contemporáneos i que sin duda re- 
vela un escritor mui distinguido, se aparta mucho de la 
s?ncillez i de la noble pureza de los buenos modelos del siglo 
dj Augusto. El dffecto de Séneca consiste en no escribir na- 
da naturalmente: busca siempre el defacto, i lo consigue por 
medio de procedimientos uniformes, la brusquedad de los 
jiros, la frase cortada, el lenguaje metafórico i las frecuen- 
tes antítesis. ** Este escritor, dice un célebre crítico, rompe 
el trozo de mármol o de pórfiro que posee para convertir 
los fragmentos en figuritas, salientes i brillantes sin duda, 
pero que están lejos de valer la estatua que un arte supe- 
rior habria sacado de la misma materia". 

11. — Hemos dicho que las obras de Séneca fueron mui 
aplaudidas por sus contemporáneos. La misma afectación 
de su estilo, fué un motivo de admiración. Pero el buen gus- 
to no habia desaparecido del todo; i una voz bien templa- 
da se hizo oir con la esperanza de restablecer la antigua 
pureza de la literatura romana. Esa voz era la de un céle- 
bre orador que practicó la elocuencia i que le dio reglas con 
una rara erudición i con una gran fijeza de principios. 

Mareo Fabio Quintiliano,este es el nombré de ese célebre 
orador, nació en Calahorra, en España, el año 42, después 
de f. C. Cuando apareció en Roma en todo el brillo de su 



LITERATIKA ROMANA 139 



talento de orador i de escritor, la pureza del gusto estaba 
profundamente alterada. Séneca se había levantado con- 
tra los autores del siglo de Augusto, i había seducido a la 
juventud con la lucidez de su talento, estraviándola con'sus 
paradojas, e inclinándola a buscar ante todo los juegos de 
palabras, las antítesis i los adornos brillantes. Quintilíano 
protestó contra estos errores, presentando a sus discípu- 
los los admirables modelos que ofrecen Cicerón i los otros 
grandes jénios que florecieron en el periodo anterior. Sus 
lecciones no fueron infructuosas: ellas ejercieron una pode- 
rosa influencia sobre sus contemporáneos, i contribuyeron 
a formar a los mas ilustres escritores de la época de los 
Antonino^. Quintiliano vivió en Roma colmado de distin- 
ciones, mereciendo la protección de varios emperadores. 
Domiciano le confió la educación de su familia; i el célebre 
orador se creyó obligado por el reconocimiento, a alabar 
a ese monstruo de crueldad, i llevó la lisonja hasta compa- 
rarlo con un dios. Quintiliano murió en Roma en 120, des- 
pués de haber dirijido por largos años una escuela de retó- 
rica, sostenida por los emperadores mediante emolumentos 
muí crecidos. 

Quintiliano compuso muchos discursos que nos son casi 
desconocidos; los unos eran declamaciones destinadas para 
la enseñanza, como las cóntrovcrsiaJrde Séneca: los otros 
simples alegatos jurídicos. Pero su gran fama está fundada 
en un libro, en que con el título de Instituciones oratorias, 
reunió sus doctrinas sobre la retórica. Esa obra es un tra- 
tado que encierra un plan de estudios completo para for- 
mar un orador, desde los primeros elementos de la gramá- 
tica hasta e! arte propiamente dicho, la invención, la dis- 
posición, la elocución, la pronunciación, la memoria, la ac- 
ción, i en fin las costumbres. Toma a su discípulo en la 
cuna, determina el carácter de su educación primaria, i lo 
sigue en su desarrollo hasta que se halle enteramente for- 
mado. Su erudición literaria le sirve para colocar el ejem- 
plo al lado del precepto, haciendo así su libro tan intere- 
sante como instructivo, al mismo tiempo que su imajina- 



140 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

cíon le suministra comparaciones ¡njeniosas,ímájenes vivas 
i una belleza de elocución que, si bien es mui inferior a la de 
Cicerón, reviste sus preceptos con agradables formas lite- 
rarias. Quintiliano se ha aprovechado de los trabajos de 
sus antecesores, compara i juzga sus sistemas; pero ha aña- 
dido excelentes preceptos i juiciosas observaciones, i ha 
dado a sus teorías un plan propio i enteramente nuevo, lo 
que ha permitido hacer de su libro una especie de curso de 
educación, de moral i de literatura. 

12.— El mas ilustre del os discípulos de Quintiliano fué 
Plinio el joven, nacido en Como el año 62 de la era cristia- 
na, sobrino e hijo adoptivo de Plinio el naturalista. Plinio 
el joven es el escritor mas injenioso i el mejor orador de su 
tiempo. Hizo sus primeros ensayos en el foro; i éstos le va- 
lieron la amistad de Tácito i su elevación a las primeras 
dignidades del imperio. Todos sus discursos se han perdi- 
do; pero nos quedan el Pnnejírico de Trajnno, pronunciado 
en su carácter de cónsul delante de ese emperador, i sus 
Cartas familiares. 

El Panejírico, que sin duda fué retocado por su autor 
después de haberlo pronunciado hasta dejarlo en la forma 
en que lo conocemos, es un monumento de elocuencia. No 
se comprende cómo, bnjo el imperio, la oratoria habria po- 
dido producir un trozo mas acabado. El el »jio obligado, 
pero merecido cuando se trataba de Trajano, desciende 
rara vez a la lisonja, i puede con frecuencia ser tomado 
como un consejo indirecto o como un estímulo. Los senti- 
mientos son nobles, los pensamientos vigorosos; i el ador- 
no del estilo es-severo, sobre todo sise com|>ara con la afec- 
tación de los retóricos contemporáneos. Agreguemos a esto 
que el Panejírico de Trajano está lleno de hechos que la his- 
toria ha rccoj i do. Las Cartas de Plinio el joven tienen la 
misma importancia histórica, junto con el encantorde una 
variedad infinita, revelado por un estilo elegante, nervioso 
i a veces satírico. 

13. — Los últimos escritores notables de esta época del re- 
nacimiento literario iniciado bajo el reinado de los Antoni- 



LITERATURA ROMANA 141 



nos, son Apuleyo i Aulo Jelio, cuyas obras, aunque de muí 
diverso jénero, ofrecen un poderoso ausilio para conocer la 
antigüedad. 

Lucio Apuleyo nació en Madaure, en África, el año 128 
después de J. C. Estudió la jurisprudencia, la retórica i la 
filosofía neo-platónica en Roma i en Atenas, e hizo largos 
viajes para adquirir nuevos conocimientos. De vuelta a su 
patria, restableció su fortuna agotcida por un casamiento 
ventajoso. Acusado de haberse hecho amar por m¿ijia, jus- 
tificó su conducta por medio de su Apolojín, discurso escri- 
to en un estilo correcto que encierra sobre las relijionesi las 
supersticiones antiguas algunas preciosas nociones, i en 
que el autor desplega mucho injenio i maneja mui hábil- 
mente la sátira. Ademas de algunos fragmentos de decla- 
maciones, que no carecen de mérito, Apuleyo nos ha legado 
las Metamorfosis, novela singular (|ue ha merecido ile sus 
admiradores el nombre enfácico de Asno dó oro, con que es 
mas conocida. La novela de Apuleyo es uüa imitación del 
Asno de Luciano, esto es, la hiscoria de 1 is aventuras de 
un hombre convertido en asno por ciertos secretos de ma- 
jia. Tomando el fondo de su narra.'ion de la n*)vela g 'iega^ 
Apuleyo ha trazad») un cuadro alegórico de las costumbres 
depravadas de su siglo i lo ha hecho con m uho injenio i 
con gran conocimiento de los hombre. Algunos de sus epi- 
sodios son mui injeniosos; pc'ro hai uno, el de Cupido i Psi- 
que, que es considerado como un i de las mis hermosas ma- 
ravillas dvT la imajinacion antii^ua, i qUv! ha tenido el honor 
de ser imitada pi)r muchosescritoresm xl^rnos, entreoros, 
por La- Fontal ne, el gran fabulista francés. 

14. — Auliojelio, que vivia en el segunda) siglo de la era 
cristiana (117-181)) es un gramático i un retórico d^* gran- 
de eruiicion, que escribió una obra mui curiosa sin t)tro 
fin que el de suministrar a sus hij js algunas recreaciones 
literarias. Bn sus variadas lecturas de libr<)s griegi>^ i latir 
nos i durante una residencia en Atenas, recojia sin orden ni 
método notas de todo lo que llamaba su atención, i en se- 
guida las arregló en el orden que se le presentaban sus es- 



142 NOCIONES de: historia literaria 



tractos. Sus Noches áticas son una recopilación deobser- 
vac¡í)nes diversas sobre historia, gramática i antigü.'dades 
en que los filólogos i los historiadores modernos han en- 
contrado un vasto caudal de noticias, que se habrían per- 
dido sin el libro de Aulo Jelio, o que no serian conocidas 
sino mui imperfectamente, /pesar de la desigualdad del 
estilo i del desór len en que están espuestas las materias, 
las Noches áticas es una de las obras mas útiles i mas inte- 
resantes que nos haya lega lo la antigüvida 1. 

15. — Después de estos escritores, la decadencia de la lite- 
ratura romana fué rápida e irresistible. No f.iltaron algu- 
nos hí)mbres de verdadero talento, pero sus obras revelan 
unaépí)ca de mal gusto i de abatimiento. La poesía, sobre 
to lo, que se habia mantenido en su postraciíin aun bajo el 
reinaílo de los .\ntoninos, no pru lujo después de éstos na- 
da que merezca llam irse notable. Terenciano Mauro, p )eta 
nacido en África, i que probiblemente vivia en tiempo de 
Trajano. compuso un poema didáetico sobre la prosodia i 
el arte mécrieo de los latinos, en que los preceptos están es- 
puestos con clarilla 1 i elegancia. Calpurnio de Sicilia i Ne- 
mesiano,que escribieron b ijo el reina lo de Diocleciano, cul- 
tivaron la poesía pastoral con algún talento, pero sin ori- 
jinalidad. Ambos son imitadores «le Teócrito i <le Virjilio. 

Algunos de esí)s poetas habrian brillado talvez en otro 
siglo; pero en la éj)oca en que vivieron, la lengua latina ha- 
bia perdid<í su pureza, i la literatura que ilustraron Cice- 
rón, Virjilio i H )rajio estaba a punto de desaparecer. 

16. — La prosa siguió en estos siglos de dt-cadencia i de 
postración la mism i m ircha rápida e irresistible hacia su 
wiina que habia segtiid ) la p )esí i. L )s pocos escritores que 
en esta época |)reteiidieron s ic ir 1 is letras ro. nanas de ese 
estado de al> iciniento, cayeron en la afectacit)n i no alcan- 
zaron a elevarse a la altur.i a q-K-a-ípiraban. D: este nú:ne- 
ro es M i:ro')io, co item^) )rá leo iL' Teo losio, que compuso 
las S íturn iIcs, lihn) esjnto en liálo^ )s, pero cuyo fon li> es 
una imitación de las Noches áticis de Aulo Jelio. L\ obra 
de Macrobio mucho mas pretenciosa que la de su modelo. 



LITERATURA ROMANA 143 



es al mismo tiempo mucho menos curioso e interesante que 
aquella. 

La historia fué cultivarla por numerosos escritores; pero 
todos ellos no aumentan en mucho los fastos literarios de 
Roma. Por otra parte, arli.'mas ríe la decadencia del gusto 
literario. Ja época no era f ivorable para esa clase de traba- 
jos. Como los caprichos dt-l poder absolutoeran un nelig^ro 
constante para el histf)riador, era bien difícil componer 
una historia franca e imparcial del pueblo romano bajo el 
réjimen imperial. El miedf> lo minaba todo. Después de los 
Antoninos, los emperadores no permitieron el examen de 
sus actos, que ya no estaban sometidos a las deliberacio- 
nes del senado. Los historiadores queíb»ron así reducidos 
a contar los acontecimientos militares sin reflexiones ni crí- 
ticas. 

De esta manera escribieron los compiladores déla Histo- 
ria Avf^vstfi, colección de biografí is de los emperadores 
des'Ie Adriano hast" Caro, especie de cnntinu'icion de la 
obra de Suetonio, aunqiie de escasísimo mérito literario. Se 
atribuye esta cí>mpilacion aséis escritores diferentes; pero 
s61i> uno de ellos, Vopisco, refiere acontecimientos de que 
ha s-do testigo, o ha hecho investigaciones serias para es- 
clarecer los sucesos, i los ha ordeníido con algún método í 
con cierto juicio. Los demás no han hecho otra cosa que 
copiar lo (|ue encontraban escrito. Según las fuentes c\\\t 
han consultado, algunos pasajes están escritos en un estilo 
soportable, pero vienen seguidos de otros mui malos. **Tal 
es la falta de criterio de esto-^ historiadores, dice Schoell, 
que con fr'cuencia, después de haber estractado un autor, 
pasan a otro, i toman de él los mismos acontedmientos, 
sin percibir esta repetición: así es como algunos hechos 
están contados hasta tres veces Historiadores que no sos- 
pechan lo que se llama crítica, no merecen ninguna confian- 
za." Apesar de la exactitud de este juicio, aquella compila- 
ción es un documento precioso, pon|ue contiene las únicas 
noticia -í que poseamos sobre ciertos períodos de la historia 
del imperio romano,* i porque nos da detalles de costumbres 



144 NOGIONBS DB HISTORIA LITBRABIA 

de aquellos siglos de decadencia, con un rico caudal de anéc- 
dotas, en las cuales se detienen con particular interés los 
compiladores. 

La literatura romana llegaba entonces a su término. Un 
elemento nuevo, el cristianismo Jlevaba a cabo en esa época 
un revolución completa. El latin, pin embargo, no desapa- 
reció: fué cultivado como la lengua de la nueva religión, i 
conservado durante mucho tiempo como el idioma de las 
ciencias i de las letras. 



CAPITULO IX 

MéOH padreM de la licleiiia. 

1. El evaqjelio.— 2. Clasificación jeneral de Iob padres de la igle* 
sia.— 3. Padres apostólicos de la iglesia griega — 4-. Padres 
apolojéticos; Oríjcnes — 5. Padres dogmáticos; San Atanasio. 
6. San Gregorio Nadanceno —7. San Basilio i San Gregorio 
de Nisa.-.8. San Crisóstomo.^B. I^adres apolojéticos de la 
iglesia latina; Tertuliano. — 10. Lactancio — 1 1 . Padres dog- 
máticos; San Hilario.— 12. San Ambrosio. — 13. San Jeróni- 
mo. — 14. San Agnstin. 

1. — En la época en que las letras griegas i romanas co- 
menzaban a decaer, se alzaba en el seno mismo del impe- 
rio una nueva literatura, inspirada por un espíritu también 
nuevo. La predicación del evanjelio hecha por los discí- 
pulos de Jesucristo, era el oríjen de esta revolución litera- 
ria, que fué a la vez la causa de una completa revolución 
social. 

La palabra evanjelio es griega en su oríjen, i signiñca 
buena noticia; pero tiene dos sentidos diferentes según sea 
empleada por los escritores profanos, o por los escritores 
sagrados i eclesiásticos. Los primeros se sirven de ella para 
designar una buena noticia en jeneral. Los últimos han 
dado este nombre a la segunda parte de la Biblia, denomi- 
nada también Nuevo Testamento, en que está consignada 
la noticia de la venida del Mesías. Posteriormente se lia 

TOMO IV 10 



146 NOCIONES 1»E HISTORIA LITERARIA 

dado el título de evanjelio a cada una de las narraciones 
que contienen los principales sucesos déla vida de Jesucristo 
i de las doctrinas que predicó. 

El evanjelio, la buena noticia, fué trasmitida primero 
oralmente por los apóstoles i por sus adeptos. Los discípu- 
los de Jesús iban por el mundo anunciando las circunstan- 
cias de su vida, de su muerte i de su resurrección. Pero lue- 
go se hizo sentir la necesidad de conocer de una manera 
mas precisa la historia del Salvador; i entre los maestros 
de. la nueva fé hubo algunos especialmente encargados de 
la enseñanza de esta historia: estos fueron los evanjelistas 
propiamente dichos. Otros se encargaron de otros ramos 
de la enseñanza cristiana. Los evanjelistas a fin de fijar 
mejor en la memoria las diversas circunstancias de la vi- 
da de Jesucrito, ¡^la consignaron en narraciones particula- 
res. San Lúeas hace referencia a esas narraciones, cuando 
dice que no estando sus autores perfectamente informados, 
él se cree en el deber de escribir en orden los hechos verda- 
deros. 

La iglesia cristiana ha elejido cuatro de esos libros o 
evanjelios, que han sido declarados canónicos. El estudio 
detenido de estas cuatro obras hace creer que fueron escri- 
tas en el orden siguiente: 1*^ El evanjelio de San Mateo, 
compuesto por los judíos hacia el año 41 de nuestra era, 
en hebreo o sirio caldeo, cuyo testo orijinal fué perdido en 
el siglo XI, i del cual sólo conocemos una traducción griega 
i otra latina; 2^ El evanjenlio de San Marcos, escrito pri- 
mitivamente en griego para los romanos, i que no es otra 
cosa que.el precedente modificado en parte; 3^ El evanjelio 
de San Lúeas, escrito en grjego, por los años de 53 de nues- 
tra era, i que complétalos otros dos. I por último, 4*^ El 
de San Juan, escrito también en griego, como sesenta años 
después de la muerte de Jesús, para los cristianos del Asia 
menor. De estos evanjelios, el primero i el último, son los 
mas notables. Se recomienda el de San Mateo por la ele- 
vación i la profundidad, por el grande acopio de nociones 
para conocer la moral de Jesucristo i por la enerjía i conci- 



LOS PADRKS 1>K LA IGLESIA 147 



sion de su estilo. El de San Juan revela un fondo vaporoso 
de pasión i de poesía que nos hace conocer i admirar el 
alma del escritor. 

Estos cuatro libros, aunque de un mérito literario mui 
diferente, han sido inspirados por un mismo espíritu i por 
los mismos sentimientos. Los cuatro cuentan los mismos 
hechos; pero unos tienen mas incidentes i pormenores que 
otros, de tal manera que todos se completan entre sí. La 
iglesia, declarándolos auténticos i canónicos, ha considera- 
do apócrifos los otros evanjelios compuestos en diferentes 
tiempos i lugares para referir también la vida de Jesús. 
Ya hemos dicho en otra parte, que cuando se habla de la 
Biblia, la palabra apócrifo no tiene el sentido que se le da 
ordinariamente. Los libros bíblicos denominados apócri- 
fos son aquellos a los cuales no se atribuj^e un oríjen di- 
vino o revelado, i que, sin ser enteramente falsos, no pue- 
den ser invocados como regla en materia de relijion i de 
moral. 

2. — La predicación del evanjelio pasó por tres períodos 
diferentes: la primera predicación; la lucha i el triunfo. Esos 
atrevidos propagandistas que consumaron la conquista 
del imperio romano por la doctrina cristiana venciendo 
mil peligros i sufriendo muchos de ellos el martirio, son de- 
nominados padres de la iglesia, i sus escritos hacen regla 
en materia de fé. Los predicadores del primer período, que 
con sus palabras o sus escritos dieron a conocer la vida i 
la moral de Jesucristo, son denominados padres apostóli- 
cos. Los del segundo, que hasta el reinado de Constantino 
tuvieron que luchar contra el paganismo para defender sus 
doctrinas contra las calumnias de sus enemigos, son deno- 
minados joaí/res apolojéticos. Los del tercero, que encontra- 
ron la iglesia victoriosa de las creencias paganas, i que tu- 
vieron, sin embargo, que contraer sus esfuerzos contra las 
sectas disidentes i que fijar él dogma i la constitución defi- 
nitiva de la iglesia, merecieron la denominación de padres 
dogmáticos. 

En el rápido bosquejo que vamos a trazar de los trabajos 



148 NOCIONES DK HISTOUIA UTPBARIA 

de los santos padres, distinguiremos estos tres períodos; 
pero hablaremos primero de los padres de la iglesia griega, 
i en seguida de los de iglesia latina. 

S.^Entre los padres del primer período seria necesario 
colocar a los apóstoles que, como San Pablo, predicaron i 
escribieron para dar a conocer la doctrina de Jesucristo. 
Figuran también en este período San Bernabé, San Clemen- 
te papa, San Ignacio obispo de Antioquía i San Dionisio 
obispo de Alejandría, que dejaron algunos escritos, homi- 
lías o epístolas, en que se encuentran hermosos pasajes i en 
que se nota un estilo puro i una elocuencia inspirada. 

4.— Entre los padres apolojéticos deben colocarse San Jus- 
tino, notable por su fé i por la sinceridad fervorosa de su 
piedad cristiana; Hermas, que en el segundo siglo de la era 
cristiana empleó, como Luciano, las armas del ridículo para 
combatir el politeísmo, pero que, a diferencia de aquél, se 
contrajo a defender el cristianismo; San Clemente de Ale- 
jandría, tan notable por su erudición como por la elegancia 
de su estilo i la solidez de sus principios; i por último, Orí- 
jenes, discípulo del anterior, que es uno de los mas hermo- 
sos jenios del cristianismo naciente. Director de la escuela 
cristiana de Alejandría, en reemplazo de su maestro, le 
eclipsó en breve por su reputación. Los paganos acudian 
a oir sus lecciones, i no hubo entre ellos mas que una voz 
para alabar con entusiasmo la estension de su saber, el vi- 
gor de su espíritu, el encanto de su elocución, la gracia i la 
unción de su palabra. Se admiraban al mismo tiempo de 
su desinterés absoluto, sus austeridades voluntarias i su 
perseverancia en la meditación i en la oración. Sus discur- 
sos i sus ejemplos inflamaban de tal modo a sus oyentes, 
que se vio a muchos de éstos correr al martirio al salir de 
sus lecciones. Este maestro elocuente fué también un escri- 
tor mui fecundo. Según San Jerónimo, compuso mas volú- 
menes que los que otros habrían podido leer. Son notables 
sobre todo sus trabajos de profunda erudición sobre la 
Biblia i sus traducciones en lengua griega, sus homilías o 
sermones, i sus obras de controversia contra los filósofos 



LOS PADRÍJ8 DE LA IGLlCSlA 149 



paganos enemigos del cristianismo. Orfjenes pensó colocdf 
en un orden sistemático las principales partes de la fe cató- 
lica para darle una esplicacion científica; pero no alcanzó a 
ejecutar esta obra. 

5.— Pero la época mas brillante de esta literatura es el 
período de los padres dogmáticos, a cuyo influjo debió la 
iglesia su unidad i la destruccio-i de las herejías que surjie- 
ron en los primeros siglos. En esta épocabrilláron entfé 
los padresgriegos San Atanasio,San Gregorio de Nisa,San 
Gregorio Nacianceno, i sobre todos ellos, San Basilio i Satí 
Juan Crisóstomo. 

La vida de San Anastasio es una prolongada lucha con- 
tra la herejía de Arrio i contra los emperadores que qui- 
sieron sostener el arrianismo o restaurar el paganismo, 
lucha mezclada de triunfos i de reveses, i coronada al fin 
por una victoria decisiva. Nació en Alejandría, hacia el 
afio 296, de una familia distinguida. San Anastasio se 
hizo notar en el concilio de Nicea por su celosa ortodojia i 
por su elocuencia. Elevado a la dignidad de patriarca de 
Alejandría, fué desde entonces el sostén i el guía de la igle- 
sia de Ejipto. La intrepidez con que se contrajo al cumpli- 
líiiento de sus deberes al través de las persecuciones mas 
pertinaces, le granjearon el amor i la veneración de los 
católicos, para quienes sus destierros fueron duelos públi- 
cos, i sus restituciones a la silla patriarcal, verdaderas 
triunfos. El 2 de mayo del año 373 murió tranquilo i glo- 
rioso en su sede de Alejandría. Mas que por el brillo i lo 
patético del estilo, la elocuencia de San Anastasio se dis* 
tingue por el vigor i la lójica del razonamiento. Su pala- 
bra se considera como la fórmula inmutable de la doctri- 
na, porque él deslindó i fijó todos los elementos de la creen- 
cia católica, en que resplandece cierta sencillez luminosa 
qüt arrastra e instruye a la vez. La historia le admira 
por la firmeza inquebrantable de su carácter. 

6.— San Gregorio Nacianceno, que ocupa un puesto dis- 
tinguido entre los poetas cristianos, merece eofflo orador, 
tin rango de primer orden. Nacido en el pueblecillo de Acian- 



150 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

za, á inmediaciones de Nacianza, cuya iglesia episcopal 
gobernó algunos años, murió en un retiro el año 389, .en- 
tregado a la penitencia i al cultivo de la poesía. Dotado 
de una alma tierna i contemplativa, sólo por abnegación 
aceptó el episcopado, cuyas penosas obligaciones cumplió 
con celo i desprendimiento. Las obras notables de este pre- 
dicador lleno de unción i de vehemencia, son numerosas, i 
han servido de modelo a los oradores cristianos. 
' 7. — Nacido en Cesárea en 329, amigoicondiscipulo.de 
San Gregorio, i muerto en 379, San Basilio, sucesor de Eu- 
sebio en la sede de aquella ciudad, no llevó esa vida de 
aventuras i de azares que tanto nos interesa en la historia 
de San Atanasio i de San Jerónimo; pero in^pone respeto el 
espectáculo de una virtud constante unida a un hermoso 
injenio. San Basiüo fué el verdadero obispo del evanjelio, 
el padre de los pobres. Gastó sus rentas en obras de cari- 
dad, que alcanzaban no sólo a los cristianos, sino también 
a los herejes i a los judíos. No tenia mas que una sola tú- 
nica i se alimentaba sólo con pan i legumbres; pero em- 
pleaba grandes tesoros en embellecer a Cesárea. 

**San Basilio i San Gregorio de Nacianza, dice M. de Vi- 
llemain, son los primeros modelos de esa docta i piadosa 
elocuencia consagrada a la enseñanza regular del pueblo. 
En su boca, la relijion no tiene ese ardor en que se consu- 
mia el celo de Atanasio: no es la espada qire corta i que 
divide, sino el lazo que acerca i que une suavemente las 
almas. Menos ocupada del dogma, su elocuencia se con- 
trae sobre todo a la reforma de las costumbres i al con- 
suelo de los aflijidos". La obra maestra de San Basilio 
tiene por objeto esplicar el Jénesis en la parte relativa a 
la creación del mundo; pero compuso ademas muchas obras 
dogmáticas i morales como también panejíricos i escritos 
de controversia qu2 conservan su reputación aun en núes 
tros dias. 

San Gregorio de Nisa, hermano menor de San Basalio- 
siguió la misma carrera que éste con un brillo casi igual. 
Los mismos estudios desarrollaron su jénio, i después de 



LOS PADRES DE LA IGLESIA 151 



haber enseñado la retórica i practicado la jurisprudencia, 
se hizo sacerdote i fué elevado en 372 a la silla episcopal 
de Nisa, ciudad de la Capadocia,que ocupó hasta su muer- 
te, ocurrida en 396 a la edad de sesenta i cinco años. La 
pureza, la fuerza i la magnificencia de su estilo le señalan 
tin puesto elevado entre los oradores cristianos. 

8. — El mas famoso de los padres de la iglesia griega es 
sin disputa San Juan Crisóstomo, que no tiene en la elo- 
cuencia cristiana otro rival que San Basilio, a quien sobre- 
puja, a 1q menos por su fecundidad. San Juan nació en 
Antioquía hacia el año 344, i fué instruido en el arte ora- 
torio. Del foro pasó al piilpito para merecer el nombre de 
Crisóstomo (boca de oro), como otro célebre orador i filó- 
sofo profano. Cuando Antioquía se rebeló contra Teodo- 
sioise entregó a la consternación temiendo la venganza 
imperial, Crisóstomo se encontró en el caso de calmar dia- 
riaraente las pasiones del pueblo, consolando sus miserias i 
tristezas i persuadiendo a la práctica de las virtudes, en 
tanto que se obtenia en Constantinopla el perdón de Teo- 
dosio, que el obispo de Antioquía, Flavio, fué a implorar 
de rodillas. Llamado mas tarde a la sede de la capital del 
imperio, desplegó igual celo i la misma elocuencia; pero las 
intrigas de una corte corrompida acabaron por desposeer- 
lo: i este glorioso apóstol de la fe cristiana murió en el des- 
tierro, conservando siempre su inalterable virtud. Suélese 
comparar a San Juan Crisóstomo con Cicerón; i a la ver- 
dad, no tendría por ello de qué quejarse el orador romano. 
El estudio de las obras de este santo padre puede por sí 
sólo bastar a formar un teólogo consumado i un orador 
excelente. 

Su gloria como orador, consiste, en efecto, en haber fijado 
el verdadero carácter de la elocuencia cristiana. **Su méto- 
do, dice M. Guillon, llegó a ser la regla de este jénero i el 
sello de la verdad. Este evanjelio, que la orgullosa filosofía 
del siglo habia desconocido, fué considerado desde entonces 
como el código de la mas perfecta sabiduría i la fuente de 
las mas sublimes concepciones que pudiesen ofrecerse al jé- 



152 KoClONlfib ÚE HISTORIA LITERARIA 

nio." "Bajo el peso de la palabra de Crisóstomo, agrega el 
mismo autor, el paganismo fué vencido en la tribuna; como 
lo había sido en los templos." 

9.— La elocuencia cristiana comenzó a florecer en Rama 
en el siglo II de la nuestra era. La iglesia latina, como la 
iglesia griega, tuvo sus padres apólojético, que defendieron 
la rclijion mientras fué necesario combatir cóütra el paga- 
nismo; i sus padres dogmáticos, que purificaron la doctri- 
na, limpiándola de las ideas i principios con que las sectas 
disidentes habian comenzado a enturbiarla. 

El mas notable de los apolojistas latinos es Tertuliano, 
nacido en Cartago el año 160 i muerto a la edad de 85 
años. Habiendo recibido una excelente educación i adqui- 
rido estensos i variados conocimientos, abrazó el cristia- 
nismo a la edad de treinta años. Después de haber defendí- 
do vigorosamente la iglesia de Jesucristo í su doctrina, ca- 
yó en los errores de Montano, i fundó en seguida una decta 
aparte. 

La mas famosa de las obras de Tertuliano es su ApolO" 
¡ética. Compúsola bajo el reinado de Séptimo Severo i la 
dio a conocer en los últimos años del siglo II. Se pregunta 
qué crímenes han cometido los cristianos para ser atormen- 
tados i muertos, i examina en detalle las calumnias forja- 
das contra ellos i los justifica de los reproches que se les 
han hecho, presentándolos como hombres puros por su con- 
ducta i dóciles i sumisos a la autoridad del soberano. Su 
estilo es frecuentemente duro a fuerza de vigor, oscuro a 
fuerza de precisión, bárbaro i afectado a fuerza de ídeolojis- 
mo i de brillo; pero estos defectos están indemnizados por 
la belleza de las imájenes, por la profundidad i la enerjía de 
las ideas i por el poder patético de los movimientos. 

Viene en seguida San Cipriano, obispo de Cartago, mar- 
tirizado en 258. Aunque su estilo se resiente del mal gusto 
de la época i de la rudeza africana, tiene sin embargo, fuer- 
za i elocuencia, dejando siempre ver una alma elevada. Sus 
obras, que son mui numerosas, ofrecen un cuadro completo 



LOS PADRBd DB LA laLBSIA 153 

del espíritu i de la vida, de la disciplina i de la administra- 
ción de !a iglesia. 

10.— Lactancio, que vivió en los siglos III i lY, que fué 
testigo de la persecución de Diocleciano i del triunfo de la 
nacva relijion bajo Constantino, nació en África i muriér en 
Tréveris hacia el año 325. En su juventud fué pagano i, por 
nombramiento del primero de aquellos emperadores, rejentó 
una escuela de retórica en Nicomedia; pero las persecucio- 
nes diríjidas contra los cristianos, lo inclinaron a abrazar 
la relijion de éstos, i fué al fin uno de sus mas ilustres apo- 
lojistas. No compuso discursos, sino tratados majistrales, 
notables por la acertada disposición de su plan, por la 
abundancia i limpieza del estilo i por la elevación de la elo- 
cuencia. Sus Instituciones divinas, aunque débiles talvez en 
su parte teolójica, son el resultado de una grande erudición, 
i contienen una vigorosa refutación de los errores del paga- 
nismo; pero el dogma cristiano no se encuentra establecido 
con toda solidez i claridad. Sus dotes de escritor, sin em- 
bargo, le han merecido el glorioso sobrenombre de Cicerón 
cristiano. 

11.— Entre los padres dogmáticos de la iglesia latina, 
figuran en primera línea San Hilario, San Ambrosio, San 
Jerónimo i San Agustin. 

San Hilario nació en Poitiers a principios del siglo IV, i 
murió de obispo de esta misma ciudad en 367. Por el denue- 
do de su carácter, por el temple superior de su injenio, San 
Hilario fué el Atanasio de occidente. Perseguido i victorioso 
como éste, enemigo implacable del arrianismo, desencadenó 
contra esta secta el turbión de su elocuencia hasta aniqui- 
larla, sin que se escapara de sus ataques el mismo empera- 
dor. Su obra principal, el Tratado de la Trinidad, ha fijado 
definitivamente la doctrina sobre este punto. 

12.-^an Ambrosio, nacido en 340 en la Galia meridio- 
nal, era miembro de una familia ilustre; i en su juventud se 
distinguió en el foro i en el desempeño de altos puestos. 
Elevado, sin pretenderlo; a la dignidad de arzobispo de 
Milán, ejerció este cargo con valor i con celo ejemplares. Se 



154 NOCIONR8 DE HISTORLA LITBRA&IA 



ha hecho famosa su enerjía por hal>er rechazado de la cate- 
dral de Milán al emperador Teodosio, que quería penetrar 
en el templo sin haber hecho antes penitencia por las ma- 
tanzas de Tesalónica, como lo exijia San Ambrosio. Las 
numerosas obras de este santo se distinguen por la firmeza 
de sus convicciones i por la suavidad i ternura de sus senti- 
mientos; pero están también afeadas por los defectos inhe- 
rentes al mal gusto de la época. Su tratado de Los deberes 
es un libro de moral en que San Ambrosio ha tomado lo 
que hai de mejor en el libro de Cicerón sobre el mismo asun- 
to, pero al cual ha añadido las luces nuevas propagadas 
por el cristianismo. 

13. — San Jerónimo, nacido. en Dalmacia por los años de 
331, murió en Belén el año 420 de Jesucristo. Su vida es 
utío de los mas curiosos episodios del cristianismo. Dotado 
de una imajinacion vigorosa i ardiente, nutrido a la vez 
con la ciencia de las Jetras profanas i con la de las Santas 
Escrituras, San Jerónimo es el mas orijinal de los escritores 
católicos. Sus espresiones son varoniles; i aunque es poco 
igual i perfecto en su estilo, es mucho mas elocuente que 
otros escritores que se han hecho notar por su esmero. Las 
querellas relijiosas en que intervino como lidiador, las pa- 
siones mundanas que perturbaron su espíritu, su austeridad 
en el desierto sus lejanas correrías, la ajitacion de las ciu- 
dades i la calma de la soledad, todo contríbuyó a robuste- 
cer i a exaltar su imajinacion, así como sus luchas interio- 
res acabaron por imprimir mayor fuerza a su injenio. Po- 
cos escrítores han llevado mas lejos el don de cautivar los 
espírítus con la palabra. Sus obras no ofrecen un sólo tro- 
zo que no pertenezca por el vigor persuasivo al jénero ora- 
torío; pero en sus cartas es donde brílla mejor su elocuen- 
cia, porque ha derramado en ellas toda la st^nsibilidad de 
su alma, los tesoros de su erudición i de su entusiasmo re- 
lijioso. 

14.— Llegamos por fin al hombre mas admirable déla 
iglesia latina. Colocado en otro siglo, San Agustin habría 
sido incomparable por la estension i la facilidad de su inje- 



LOS PADRES DE LA IGLESIA 156 



nio. Metafísica, historia, antigüedades, ciencias, costum- 
bres, artes, todo lo abarcó. Escribió sobre la miisica con la 
misma facilidad que sobre el libre albedrío: esplica los fenó- 
menos de la memoria con la misma firmeza de criterio con 
que razona sobre la decadencia romana. Su elocuencia, aun- 
que empañada a veces por la afectación i los barbarismos 
de una época de decadencia, es a menudo sencilla i familiar, 
como que estaba destinada de ordinario a los habitantes 
incultos i casi bárbaros de la Mauritania. Sus obras, in- 
menso depósito de ciencia teolójica, son la imájen mas viva 
de la sociedad cristiana de fines del siglo IV. 

San Ambrosio conquistó para la iglesia a este aguerrido 
i formidable campeón, San Agustin, en efecto, fué pagano 
de oríjen. Nació en Tagasto, en África, en 354, estudió las 
letras profanas i obtuvo la cátedra de elocuencia en Milán. 
Allí se convirtió al cristianismo i volvió al África, en donde 
fné proclamado obispo de Hipona. En este puesto se dis- 
tinguió tanto por su virtud como por sus talentos; i murió 
allí (4?30) durante el sitio de la ciudad puesto por los ván- 
dalos. Las obras mas célebres de este santo son la dudad 
de Dios i \sis Confesiones. Sus tratados contra los herejes, 
sus sermones, sus homilías i sus obras filosóficas son por 
su número i por su mérito un testimonio de la fecundidad i 
de la pujanza de su injenio. Para templar la admiración 
que inspira el jenio de San Agustin, es menester añadir que 
su doctrina sobre la gracia, que pone en peligro el libre al- 
bedrío, ha ocasionado debates que han ajitado con frecuen- 
cia la iglesia. 

Después de estos grandes oradores, es menester todavía 
citar a los papas San León i San Gregorio Magno, que flo- 
recieron en el siglo V, i que dejaron obras notables a pesar 
de haber vivido en una época poco favorable para las le- 
tras. Con ellos se estinguieron en el occidente, i durante 
algunos siglos, los últimos restos de la elocuencia sagrada. 



PARTE SEGUNDA. 

EDAD MEDIA. 



CAPITULO PRIMERO 



Gn^ntfe» 4iviMo»ir« de ln literatura de la Edad 

media. 

1. Importancia literaria de la edad media.— 2. Clasifícacion jene- 
ral de la literatura durante este período: literatura oriental; 
bizantina; latina; vulgar o literatura de las lenguas modernas. 

1. '*Se cuentan en la historia mas de diez sigloB durante 
!o8 cuales, según se cree jeneralmente, el espíritu humano 
ha retrogradado. Una porción tan considerable de los tiem- 
pos que nos son conocidos, durante la cual la grande obra 
de la perfectibilidad hubiese retrocedido, seria sin duda 
una fuerte objeción contra el sistema de progresión en las 
luces; pero esta objeción, que si fuese fundada seria abru- 
madora, la refuto de una manera sencilla. No pienso que la 
especie humana ha retrogrado en esta época: creo, por eL 
contrario, que en el trascurso de estos diez siglos se han 
dado pasos inmensos. 



I 



15S XOCKíXBS DE HISTORIA LITERARIA 

''Me parece que cuando se estudia la historia se adquie- 
re la convicción de que todos los acontecimientos principa- 
les tienden al mismo objeto, la civilización universal. Se ve 
que en cada siglo nuevos pueblos han sido admitidos al 
goce de los beneficios inherentes al orden social; i que la 
guerra, a pesar de todos sus desastres, ha estendido con 
frecuencia el imperio de las luces. Los romanos civilizaron 
el mundo que habian sometido. Un pueblo guerrero reunió 
así bajo las mismas leyes una parte del mundo para civili- 
zarla conquistándola. Las naciones del norte haciendo de- 
saparecer durante algún tiempo las letras i las artes que 
reinaban en el sur, adquiriendo, sin embargo, algunos de 
los conocimientos que poseian los vencidos; i los habitan- 
tes de mas déla mitad de la Europa, estraños hasta enton- 
ces a la sociedad civilizada, participaron sus ventajas. 

**La invasión de los bárbaros fué sin duda una gran des- 
gracia para las naciones contemporáneas de esta revolu- 
ción, pero las luces se propagaron por este mismo aconte- 
cimiento. Los enervados habitantes del sur, mezclándose 
con los hombres del norte, tomaron de ellos una especie de 
enerjía i cierta flexibilidad, que debian servir para comple- 
tar las facultades intelectuales." (Madame de Staél. De 
la Uttérature,) 

Se ha dicho jeneralmente que la edad media era un pa- 
réntesis, un desierto si se quiere, colocado entre la civiliza- 
ción antigua i la civilización moderna, se ha creído apo- 
yar esta opinión con la pobreza, mui exajerada, de la lite- 
ratura de los tiempos medios. Sin embargo, seria mui di- 
fícil probar que durante ese período se haya dejado estin- 
guir una sola chispa de la ciencia i de la literatura de los 
tiempos antiguos; i seria mui fácil manifestar que bajo mu- 
chas fases la literatura i las ciencias hicieron grandes pro- 
gresos en esos siglos que se llamaban Ijárbaros^ Las letras, 
es verdad, perdieron la corrección antigua, i no alcanza* 
ron al razonamiento que constituye el mérito de las litera- 
turas modernas: pero hicieron ostentación de una imajina- 
cion poderosa, formaron la transición de dos épocas mui 



LITERATURA DK T.A* KDAD MMDTA 159 

. . • 

diversas, i prepararon el gran movimiento revolucionario 
que se realizó en los siglos posteriores. 

2.— Estas reflexiones son verdaderas históricamente; pero 
lajencracion de entonces debió llevar una existencia mi- 
serable. El imperio se encontró rodeado de una aterradora 
red de bárbaros. En el Rhin, en el Danubio, en África i en 
Asia, las irrupciones repentinas se sucedían a cada instan- 
te. Agregúense a esto la desorganización interior, la co- 
rrupción jeneral, los goces enervantes del lujo, i se verá que 
aquella era una época de muerte para la literatura. La 
Italia pasó a ocupar un rol de segundo orden, mientras 
que en Constantinopla la lengua griega se perpetuaba con 
una literatura mucho menos brillante que la del siglo de 
Pendes, pero bastante rica todavía, sobre todo en traba- 
jos de erudición i jurisprudencia. Esta literatura es deno- 
minada bizantina, el nombre antiguo de la capital del im- 
perio, Bizancio. 

El occidente de la Europa estuvo por algunos siglos su- 
mido en una especie de postración literaria e intelectual 
causada por la decadencia de la literatura latina i por el 
dcsquiciamento social producido por las invasiones de los 
bárbaros i por el establecimiento de un nuevo orden de co- 
sas. El arte conservó, sin embargo, todas sus ramas, poe- 
sía, filosofía, historia; pero en su admiración por los inje- 
nios de la decadencia romana, casi todos los escritores la- 
tinos de la edad media buscaron los modelos secundarios, i 
equivocaron su camino creando una literatura bastarda, 
pálida i enfermiza. Por fin, nacieron las lenguas modernas, 
es decir, el latin se corrompió con el contacto de las lenguas 
bárbaras del norte, i entonces nacieron nuevas literaturas, 
derivaciones en gran parte de las literaturas de la antigüe- 
dad, aunque modificadas en su forma i en su fondo, como 
que también era el fruto i el reflejo de una civilización mui 
diferente. Eljenio moderno comenzaba a manifestarse en 
todo su esplendor. 

Pero al mismo tiempo que se desarrollaban estas dos li- 
teraturas diversas en el occidente, es decir, la latina que 



160 NOCIONB8 DK >il8Tü|tIA LITBRAIIIA 

vivía de los recuerdos clásicos de la antigüedad, i la vulgar, 
hija de los nuevos idiomas, i al mismo tiempo que Constan- 
tinopla era el centro de una literatura griega, producto de 
las tradiciones helénicas i de la civilización cristiana, se de- 
sarrollaban otra civilización i otra literatura en el oriente, 
de que fueron creadores los árabes, cuyas conquistas i cu- 
yas influencias se hicieron sentir durante muchos años en 
Europa. 

Según esto, la literatura de la edad media debe ser clasi- 
ficada en tres grupos distintos: 1" literatura oriental o ará- 
biga; 2* literatura bizantina, o griega moderna; i 3^ litera- 
tura neo-latina u occidental. Esta última debe a su vez di- 
vidirse en otros dos grupos: I*' literatura latina propia^ 
mente dicha; i 2^ literatura vulgar, es decir, escrita en los 
idiomas modernos, derivados muchos de ellos del latín, o 
nacidos de las relaciones entre conquistados i conquistado^ 
res después de las invasiones que destruyeron el imperio ro- 
mano. 



CAPITULO II. 
£i itera tur as orientales. 



El Coran; su importancia literaria.— 2. Civilización de los ára- 
bes; su influencia en Occidente. — 3. Literatura arábiga; la his- 
toria i la jeografia. — 4?. La poesía.- -5. Las mil i una noches.— 
6. El apólog^o; Lockman. — 7. Literatura persa; Ferduci i Sadi. 
—8. Calila i Dimna, 



1.— Como hemos visto en otra parte, (Part. I, cap. I), 
mucho tiempo antes de Mahoma la Arabia tenia un lengua- 
je formado, i había producido poetas de alguna distinción; 
pero el verdadero desarrollo de su jenio literario data de la 
reforma predicada por el profeta. El Coran, cuya perfec- 
ción literaria fué aducida por el mismo Mahoma como una 
prueba de que era una obra divina, llegó a ser el estandar- 
te de la elocuencia arábiga i el modelo de las futuras com- 
posiciones. 

El Coran (Al-Coran, que en árabe significa la lectura) es 

el libro sagrado de los musulmanes, i fué compuesto por 

Mahoma. Decía éste que lo habia recibido Üe boca del án- 

jel Gabriel por versitos o fragmentos que los compañeros 

del profeta escribian bajo su dictado en hojas de palma. 

Código rclijioso, moral, civil, criminal, político i militar, el 

Coran es para los musulmanes la fuente de toda lei i de 

toda ciencia. Los preceptos morales, muchas de sus pres- 

TOMO IV 11 



162 NOCIONES DE HIStÓRIA LITERARIA 

cripcíones i de los hechos referidos en él, sontomadosde las 
libros sagrados de los cristianos; pero todo esto está mez^ 
ciado con las tradiciones arábigas i con descripciones ani- 
madas, pero perdidas en medio de repeticiones fastidiosas. 
Como obra literaria, el Coran es un libro sin orden, sin uni- 
dad i contradictorio en muchos de sus capítulos. El estilo, 
que es árabe puro, es mui conciso, i a veces oscuro a causa 
de las elipsis i de los equívocos. Los mismos árabes, para 
comprender su sentido, están obligados a recurrir a los nu. 
mcrosos comentarios que se han hecho. 

Ese libro, fundamento de las creencias i de la organiza- 
ción política de los árabes, es también la primera base de 
su literatura. Mahoma, en efecto, fijó la lengua de su pa- 
tria, que ya habian perfeccionado los poetas, i que se apre- 
suraron a adoptar los pueblos sometidos al yugo del isla- 
mismo. El Coran sirvió de modelo para las reglas de la 
gramática i del estilo. Como estaba escrito sin vocales, pe- 
dia ser leido i esplicado de diferentes maneras. En el siglo 
VII de la era cristiana se estableció la vocalización del libro 
sagrado, i se abrió un vasto campo a las esplicaciones gra- 
maticales i literarias. El arte de leer i de interpretar el Co- 
ran dio lugar a una infinidad de escritos de toda especie. 
Cuando los sectarios de Mahoma emprendieron la conquista 
de remotos paises, lejos de corromperse por el contacto de 
otros idiomas, el árabe se enriqueció con una multitud de 
espresiones nuevas, se desarrolló i llegó a ser la lengua sa- 
bia del oriente. La literatura persa no fué mas que una di- 
visión de la literatura árabe. Pero lo que hai de mas curio- 
so i mas notable es que, en medio de los numerosos dialec- 
tos que hablan las naciones musulmanas i que ofrecen dife- 
rencias tan radicales, el Coran es comprendido por todas, i 
mantiene en medio de estas poblaciones tan opuestns por 
sus costumbres i por sus usos, una especie de unidad de len- 
guaje i de sentimientos. 

2. — La predicación del islamismo, llevada a cabo por me- 
dio de conquistas militares i de sangrientas ajitaciones, no 
fué inmediatamente favorable al cultivo de las letras. La 



LITERATURAS ORIENTALES 163 

poesía pareció estinguirse. Sin embargo, los árabes, ni aun 
durante el fanatismo de esas primeras conquistas, han me- 
recido los reproches con que han sido condenados. Se les ha 
hecho responsables de la pérdida de muchas de las obras de 
la antigüedad, refiriendo que incendiaron la famosa biblio- 
teca de Alejandría. La crítica moderna casi ha desmentido 
este hecho. Se ha demostrado que aquel rico depósito de 
la ciencia i de la literatura antiguas habia sufrido gran- 
des pérdidas bajo el gobierno de los emperadores roma- 
nos; i que cuando los árabes invadieron el Ejipto, debia 
encontrarse sumamente reducida. De todos modos, si el fa- 
natismo relijioso de los sectarios de Mahoma pudo hacerse 
culpable de ese atentado literario destruyendo los últimos 
restos de la célebre biblioteca, se sabe que ese espíritu de 
vandalismo no se conservó por largo tiempo. Bajo el rei- 
nado de los califas Abasidas, las letras comenzaron a pros- 
perar de nuevo, i las luces de la ciencia árabe contribuye- 
ron a alumbrar a la Europa en una época en que la mayor 
parte del Occidente estaba sumido en una barbarie casi 
completa. 

El califa Haroun-al-Raschidconvocólos sabios de todos 
los paises a su corte de Bagdad, premió sus trabajos i man- 
dó traducir los mas afamados aurores griegos, Aristóteles, 
Hipócrates, Euclídes, etc., (fines del siglo VII de la era cris- 
tiana). Su hijo Almamoud, después de una guerra contra 
los emperadores de Constantinopla,hizola paz a condición 
deque sus enemigos le cediesen algunos millares de libros i 
permitiesen ir a Bagdad al filósofo León. Fundó escuelas, 
estableció bibliotecas i mandó ejecutar grandes trabajos de 
un carácter puramente científico. 

Bajo los Omniades, las letras i las ciencias no fueron 
protejidas con menor empeño. La ciudad de Córdoba en 
España, llegó a ser en el Occidente lo que Bagdad era en el 
Oriente, un ceVitro científico al cual concurrían en el siglo X 
l(is sabios de todas las naciones cristianas a estudiar las 
matemáticas i la medicina. La España arábiga contó ade- 
mas catorce universidades, cinco biblioteciis i muchos colé- 



164 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

jios i escuelas. Se atribuye a los árabes la invención de los 
números empleados en los tiempos modernos, i que simpli- 
fica tanto las operaciones aritméticas; pero se cree con mu- 
cho fundamento que este sistema de numeración fue conoci- 
do en los últimos años del imperio romano. Atribuyeseles 
igualmente la invención del áljebra, que talvez aprendieron 
de los filósofos griegos de la escuela de Alejandría. Cultiva- 
ron la astronomía i la jeodesia, i construyeron mapas de 
los países coaquistados. Cultivando la alquimia, fundaron 
la química; i si su relijion no les permitió disecar los cadá- 
veres i estudiar la anatomía, hicieron admirables progresos 
en la terapéutica i en la botánica. Se les niega la invención 
de la brújula, del papel i de la pólvora que, según se cree, 

ueron inventos tomados por los árabes de los chinos; pero 
parece fuera de duda que ellos contribuyeron a hacerlos co- 
nocer en Europa i a jeneralizar su uso. Los árabes hicieron 
mas que esto todavía; comunicaron a los europeos las obras 
de algunos de los sabios de la antigüedad, que, como las de 

Aristóteles, eran imperfectamente conocidas en el Occi- 
dente. 

Esta simple enumeración hará conocer la influencia que 
los árabes ejercieron sobre las ciencias i la industria en Eu- 
ropa. Su literatura tuvo sin duda menos importancia, pero 
no por esto dejó de hacerse sentir su acción sobre las leerás 
europeas. 

3. — El movimiento literario no fué universal entre los ára- 
bes, o mas bien dicho, no abrazó todos los ramos de la lite- 
ratura. La política i la elocuencia les fueron desconocidas: 
desde las predicaciones de Mahoma, el despotismo oriental 
no permitía ajitar de viva voz o por escrito las grandes 
cuestiones que se refieren a la existencia >ocial i política de 
los pueblos. Rara vez hicieron remontar la historia mas allá 
de la éjira, porque la vida política de los árabes databa 
solo de allí i porque ellos desdeñaban todos los sucesos an* 
teriores. Aunque hicieron grandes progresos en casi todos 
los jéneros de poesía, no cultivaron el drama. La filosofía, 
estudiada en Aristóteles, se redujo a algunas argumenta- 



LITERATURAS ORIENTALES 165 



Clones escolásticas; i la jurisprudencia, así como la metafí- 
sica, se resumieron en el Coran, 

Los árabes han cultivado la historia con particular ar- 
dor. Las obras de este jéne^o que posee su literatura, aun 
haciendo abstracción de las muchas que se han perdido, 
bastarian para formar una biblioteca. En jcneral, los his" 
toriadores árabes no se distinguen por el talento descrip" 
tivo: son ordinariamente secos i áridos, enuncian los nom. 
bres propios i las fech as, esponen los hechos sin método, i 
entrelazan fragmentos, mas o menos largos de poesías, que 
con frecuencia tienen escasa relación con el asunto princj" 
pal, i numerosas anécdotas de sospechosa autenticidad o 
máximas triviales. Sin embargo, esas obras, que son de ab- 
soluta necesidad para conocer la historia del Oriente, son 
mai útiles para correjir algunos errores i llenar muchos va- 
cíos en la historia délos paises occidentales que, como la 
España, estuvieron en contacto con los árabes. 

Lajeografía debe a los árabes grandes progresos. Sus 
vastas conquistas, el gusto que tenian por los viajes lejanos 
i de aventuras, el deber de hacer largas peregrinaciones, la 
• necesidad de fundar sobre observaciones astronómicas la 
orientación de las nuevas mezquitas que elevaban en las 
ciudades conquistadas, arrojaron yivas luces sobre el cono- 
cimieato de la Tierra. Muchos escritores árabes, entre los 
cuales se distingue Abulfeda (1272-1331), historiador igual- 
mente célebre, han contribuido poderosamente al progreso 
íle la jeografía en la edad media. Edrisi, nacido en Ceuta en 
1099, i educado en Córdoba, construyó en la corte de Ro* 
jcrio II, reí de Sicilia, un globo jeográfico en que estaban 
indicados todos los paises entonces conocidos. Este globo 
no ha llegado hasta nosotros; pero sí un tratado descripti- 
vo que servia para su esplicacion. La obra de Edrisi, titu- 
lida Distracciones del hombre qne desea conocer los diver- 
sos paises de] mando, contiene todavía errores groseros, 
c )piados de los jeógrafos de la antigüedad; pero en muchos 
pantos los reforma i corrije con el ausilio de los itinerarios 
de los viajeros posteriores. Los jeógrafos de Occidente, sal- 



166 MOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

vo variaciones mui poco importantes, no hicieron mas que 
copiar a Edrisi, hasta que los descubrimientos de los por- 
tugueses en el siglo XV dieron otro rumbo i un desarrollo 
mayor a la jeografía. Fueron notables sobre todo, los pro- 
gresos de los árabes en jeografía matemática, en que to- 
mando por base los conocimientos de la escuela de Alejan- 
dría, los estendieron i perfeccionaron. Dando una teoría 
mas exacta de la marcha del Sol, los árabes corrijieron un 
gran número de faltas en las tablas de Ptolemeo, calcula" 
ron mas exactamente la oblicuidad de la eclíptica, la excen- 
tricidad del Sol, su movimiento medwi i la precesión de los 
.equinoccios; determinaron la diferencia que existe entre el 
año solar i el año sideral; perfeccionaron los antiguos ins- 
trumentos, e inventaron otros con cuya ayuda midieron la 
circunferencia del globo terrestre. 

4. — En la poesía, los árabes hicieron mayores progresos 
que en cualquier otro ramo de la literatura. Hemos habln- * 
do ya de los cantos anteriores a la predicación de Mahoma ^ 
pero ese carácter primitivo comenzó a perderse poco a 
poco, i la poesía arábiga se atavió de elegancia i se hizo 
filosófica i sentenciosa. No hai pueblo que haya producido 
tan gran núnero de poetas como los árabes, nijénerode 
poesía que no haya sido cultivado porellos, a escepcion del 
drama. Aun después de consumada la reforma i de estable- 
cido el islamismo, el talento poético fué entre los árabes 
un verdadero poder. El poeta reinaba por la fuerza del jé- 
nio como los califas reinaban por el derecho divino. Busca - 
d(í con frecuencia como arbitro, daba su fallo en las dificul- 
tades que se suscitaban en las familias. En una nación tan 
ávida de poesía, cada cual se esforzaba por adornar su me- 
moria con piezas poéticas. Se citan los nombres de muchos 
de esos poetas, como también los de otros que adquirieron 
una alta reputación recopilando las antiguas poesías. Bu 
todas esas obras abundan las sentencias i proverbios mo- 
rales, que constituyen entre los árabes uno de los elementos 
mas sólidos de poesía. 

Hai ademas en ella otro carácter jeneral i común a toda 



LITERATURAS ORIENTALES 167 

la poesía oriental. **Nosotros, dice el célebre crítico francés 
Ginguené, cuidamos de suavizar las espresiones figuradas: 
los astáticos se empeñan en darles mas audacia i mas teme- 
ridad: nosotros exijimos que las metáforas se insinúen sin 
esfuerzo: ellos desean que se precipiten con violencia. Noso- 
tros queremos que no sólo tengan brillo sino que no sean 
tomadas de mui lejos: ellos van a tomar a cualquier parte 
las imájenes que amontonan hasta el hastío. En ñn, los 
poetas europeos buscan sobre todo la naturalidad, el agra- 
do, la claridad: los poetas asiáticos aspiran a la grandiosi- 
dad, al lujo i a ¡a exajeracion. Los europeos hallan las poe- 
sías orientales hinchadas, jigantescas i casi locas, mientras 
que los orientales hallan las poesías europeas pálidas, tími- 
das i casi arrastradas." 

Los árabes cultivaron con preferencia la oda, el idilio i 
la elejía. No les faltaron los asuntos épicos; pero no se for- 
mó nunca un poema homérico. Su sistema métrico no tenia 
una gran variedad, i aun fueron comunes entre ellos las 
composiciones monorímTcas. Se cree, sin embargo, que los 
españoles tomaron de ellos algunos de los artificios rítmi" 
eos de la versificación castellana. 

Las alteraciones sucesivas del gusto poético entre los 
árabes crearon el uso de una prosa rimada. Sin embargo, 
algunos hombres de un gran talento crearon con el ausilio 
de este estilo estravagante obras verdaderamente notables. 
Se recomienda particularmente el Mokamat, compuesto 
por Hariri, célebre i fecundo escritor del siglo XI. Esa pa- 
labra significa sesiones literarias; i en efecto la obra está 
formada por cincuenta sesiones que son otros tantos episo- 
dios de la vida del héroe de este libro. AbuZayd, así se lla- 
ma este personaje, recorre todas las condiciones de la vida: 
predicador, hace verter lágrimas; abogado, burla al juez; 
mendigo, cojo, ciego, maestro de escuela, improvisador, 
médico, siempre esplota a las jentes. Por último, hallán- 
dose al fin de una vida llena de aventuras, se convierte sin- 
ceramente i se entrega a las prácticas relijiosas. La narra- 
ción es hecha alternativamente en verso o en prosa rimada. 



IbS NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

Esta obra, que se conserva como uno de los mas hermosos 
monumentos de la literatura arábiga, hizo olvidar otras 
novelas que habian gozado de una gran reputación. 

5. — Pero la obra arábiga verdaderamente popular entre 
las naciones occidentales, es la que lleva por titulo Las mil 
i una noches, conocida en Europa sólo desde principios del 
siglo XVIII, por la traducción que de ella hizo el orienta- 
lista francés Galland. Según la fábula de este libro, un so- 
berano esta dispuesto a hacer morir a su mujer, la sultana 
Scheherazade; pero ésta, lo obliga a diferir la ejecución dia 
por dia, durante tres años, excitando su curiosidad i su in- 
terés por oir el dia siguiente la continuación o el fin de una 
historia que ella ha comenzado. El libro carece de filosofía, 
de un propósito verdaderamente moral: contiene muchas 
locuras, pero es fecundo i variado, divierte e interesa. Por 
el empleo de lo maravilloso, lisonjea la inclinación que te- 
nemos a dejamos engañar, i nos acerca a la edad de las ilu- 
siones infantiles. Se encuentra en esta obra una pintura fiel 
del carácter i de las costumbres de'los pueblos orientales: a 
la vista del lector se presentan los artificios de las mujeres 
corrompidas por la servidumbre, las astucias de los escla- 
vos, etc. 

Se ha discutido mucho acerca del oríjen probable de esa 
obra, o a lo menos de los cuentos que la forman. Se ha su- 
puesto que datan de una remota antigüedad, i que su pri- 
mera redacción tuvo lugar en la India o en la Persia. Un 
célebre orientalista francés, Silvestre de Sacy, cree poder es- 
tablecer definitivamente que este libro fué escrito en lengua 
árabe en Siria, a fines del siglo XIV o principios del siglo 
XV de nuestra era, i que su autor lo dejó incompleta, dando 
lugar a que copistas posteriores lo continuaran con otros 
cuentos de menor mérito. Todo esto no es mas que una hi- 
pótesis mas o menos probable: en definitiva, la posteridad 
no conoce el nombre del autor de Las mil i una noches; i 
apenas se infiere el lugar i la época en que se escribió este 
libro admirable. 



LITHRATURAS ORJBNTALBS 169 

•?.— La fábula o el apólogo, fué otro jéoero literario mni 
estimado entre los árabes. Se aprecian sobre todo las que 
se conocen con el nombre de Lockman, personaje misterioso 
decayavidano se tiene noticias fidedignas. Se sabe que 
existió antes de Mahoma, el cual dice en el capítulo XXXI 
del Coran que la sabiduría de Lockman fué un don de Dios; 
pero de la semejanza que hai entre las tradiciones referentes 
ala vida de Esopo i a la del fabulista árabe, i de la igual- 
dad casi constante que existe entre los argumento? de los 
apólogos de ambos, se ha pretendido deducir que Esopo i 
Lockman son una misma persona. 

7.- La actividad literaria que se siguió a la predicación 
del islamismo no estuvo limitada a los árabes. Otras nació* 
nes orientales produjeron también escritores de grande ha- 
bilidad e importancia. La Persia especialmente fué rica en 
poesía, en el tiempo en que la literatura arábiga comenzaba 
a decaer. La época de su mayor riqueza comienza en el si- 
glo X i termina en el XIV. 

A este período pertenece Ferduci (siglo XI; autor de 
Chab-Namab o libro de los reyes, poema épico de ciento 
▼cinte mil versos, cuya acción dura 3700 años, i que tiene 
por objeto referir la historia de los reyes de Persia. Mas 
que una epopeya, es una crónica poética enriquecida con 
numerosos episodios, en que abundan las mas variadas in- 
venciones de la imajinacion oriental. Ferduci celebra prin- 
cipalmente la guerra de los persas contra los tártaros que, 
atisiliados por los soberanos de la India i de la China, i por 
todos los jenios. maléficos i los encantadores del Asia, inva- 
den la Persia i se establecen en ella, hasta que el heroico 
Rustan, poniéndose a la cabeza de sus compatriotas, arro- 
ja a los invasores, i íos obliga a volver a sus desiertos. Este 
poema, que algunos han comparado a la ///ada de Homero, 
tiene hermosas descripciones, i animadas narraciones de 
combates, pero sus caracteres son poco variados, el plan 
desordenado i sus ideas exajeradas i jigantescas. 

Otro poeta persa de gran reputación es Sadi, que vivia 



170 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 



eñ el siglo XIII, >que después de haberse educado en Bag- 
dad, llevó una vida de aventuras. Algunas de sus obras es- 
tán escritas en verso, otras en prosa, i otras, por fin, alter- 
nativamente en prosa i verso. De este número es Gulistan 
o el jardín de rosas, colección interesante de preceptos polí- 
ticos i morales, de sentencias filosóficas i epigramáticas, de 
anécdotas i rasgos históricos. Las otras obras de este poe- 
ta son mui inferiores a la que dejamos citada; pero en todas 
ellas domina cierta sencillez de estilo i cierta naturalidad 
que es raro hallar en los otros poetas persas. 

En el siglo siguiente floreció Hastíz, que goza de la repu- 
tación del primer poeta lírico del Asia. En sus odas, en que 
canta el amor, el vino, los placeres, se muestra tierno i sen- 
sible, i a veces licehcioso. De ordinario envuelve pensamien- 
tos profundos c(m espresiones misteriosas. 

8 — Los persas forman el único pueblo mahometano que 
haya cultivado la poesía dramática. Las piezas de su tea- 
tro tienen cierta analojía con los dramas relijiosos de las 
naciones europeas en la edad media. Abundan también en 
aquella literatura las novelas, cuentos i apólogos. Los per- 
sas imitaron o tradujeron las fábulas indianas de Pilpai, 
de tal manera que a ellos ha debido en gran parte el Occi- 
dente el conocimiento de aquellas obras. Con el nombre de 
Calila i Dhnna se conoce una colección de apólogos en pro- 
sa, traducida del sánscrito al idioma persa, e importada 
por los árabes a los pueblos de Occidente. Dos animales, 
especie de chacales, que son los héroes de la obra, i que tie- 
nen los nombres que le sirven de título, conversan en ella 
sobre diversos asuntos i se cuentan numerosos apólogos e 
historietas en que la crítica moderna cree reconocer la re- 
producción de las fábulas atribuiílas a Pilpai. Este libro 
tuvo gran reputación en Europa durante la edad media: 
sólo en España se hicieron dos traducciones castellanas an- 
tes del siglo XV. 

La literatura persa es mui rica en obras históricas. Mu- 
chas de ellas han sido traducidas a las lenguas de la Euro- 



LITERATURAS ORIRNTALBS 171 

pa moderna, i particularmente al ingles i al francés, i han 
prestado útiles servicios para el conocimiento de la histo- 
ria del Oriente: pero hasta ahora se las conoce superficial- 
mente. 



CAPITULO III 
liiterNturi» bi#.i»iitinii. 



1. Carácter jeneral de la historia i de la literatura bizantinas. — 
2. Poesía; epigramas.— 3. Diversos poemas; Museo i Nonno. — 

4. Imitadores de Homero; Quinto de Smima i Trifiodoro.^ 

5. La novela; Eliodoro i Aquiles Tacio.— 6. Longo. —7. La 
historia; Zózimo i Procopio. — 8. Los jeógrafos; Cosmasjndi- 
copleustes.— 9. Decadencia de la literatura bizantina.*— 10. Re- 
nacimiento en el siglo IX; Focio.— 11. Vicisitudes posteriores 
de las letras griegas. -12. Últimos historiadores; Ana Com- 
neno 13. Influencia de la civilización bizantina en Occidente. 



1.— La historia política del imperio de Oriente ofrece en 
jeneral un escaso ínteres, i de ordinario ha sido mirada has. 
ta con cierta indiferencia. Fundado en 395, a consecuencia 
de la muerte de Teodosio el grande i de la división del im- 
perio romano entre sus dos hijos, se sostuvo en pié durante 
mas de mil años en medio de calamidades espantosas que 
habrian bastado por si solas para destruirlo, i a pesar de 
los diluvios de bárbaros que lo acometieron durante todo 
el curso de la edad media, i que destruyeron hasta sus ci- 
mientos el imperio de Occidente. **La situación inatacable 
de la capital, cuya suerte decide ordinariamente de todo, 
bajo gobiernos semejantes, i el despotismo, que es con fre- 
cuencia el último apoyo de las naciones en su decadencia, 



174 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 



pueden hasta cierto punto esplicar un fenómeno que no tie- 
ne semejante en la historia del mundo*' (Heerbn). 

El imperio de Oriente, conocido también con el nombre de 
Bajo Imperio, era un despotismo de forma regular, que en 
medio de frecuentes revoluciones conservaba inalterable su 
jenio i su enervante influencia sobre las costumbres i sobre 
la literatura. Esasrevoluciorues eran tramadas en el palacio 
mismo de los emperadores por mujeres ambiciosas i disolu- 
tas, que inmolaban a sus esposos para reinar a nombre de 
sus hijos i a sus hijos para coronar a sus amantes; por hijos 
desnaturalizados impacientes por subir al trono; o por mi- 
nistros desleales que, viendo vacilar la corona sobre la frente 
de sus amos, osaban arrebatársela. Produjéronlds a veces 
disenciones puramente teolójicas, el desafecto del clero i del 
pueblo a príncipes que se arrogaban el derecho de interpre- 
tar el dogma; o la ambición de un jeneral victorioso que se 
aprovechaba de la adhesión de su «ejército para usurpar el 
trono. Pero de todos modos el cetro pasaba de una mano 
a otra sin que la organización del Estado se alterase: el 
príncipe destronado, sus hijos, sus fieles partidarios eran 
privados de la vista, aprisionados en monasterios o entre- 
gados al suplicio; i al cabo de pocos dias todo recobraba 
su acostumbrada marcha, sin quejarnas ocurriera al pue- 
blo el pensamiento de valerse de las circunstancias para re- 
cabar de sus tiranos una concesión que alijerase el yugo o 
mitigase su miseria (Bello, estractando a Shoell), El nom- 
bre de griego del Bajo Imperio sirve todavía en las lenguas 
modernas para espresar un pueblo enervado por la corrup- 
ción jeneral, indiferente a la prosperidad pública, al despo- 
tismo o a la libertad. 

La influencia de este orden de cosas no podia dejar de 
ser fatal a las ciencias i a la literatura. En efecto, ese pe- 
ríodo de cerca de 1100 años no es mas que una agonía pro- 
longada del jenio literario de la antigua Grecia Por monó- 
tona (jue sea la historia civil de ese período, su historia li- 
teraria ofrece un interés particular. El imperio griego no ha 
esperimentado ninguna interrupción entre el mundo anti- 



LITBRATUKA BIZANTINA 175 



guo i el mod&mo, es decir, no ha estado sometido al paso 
de la barbarie, de nmtiefia. que mientras en. cL tíLMáa &e' Ta 
Buropa civilizada, las grandes invasiones destruian por to- 
das partes la vieja sociedad i la recomenzaban con una raza 
nueva, el imperio griego guardó sus leyes, sus costumbres i 
la forma de su soberanía h ista mediados del siglo XV. 

Esa época de la literatura griega, denominada jeneral- 
mente período bizantino^ del nombre antiguo de la capital 
del imperio, produjo algunos cantos poéticos inspirados, 
estimables tentativas para poner en boga por medio de 
nuevas epopeyas las tradiciones de los tiempos heroicos, 
historiadores notables, compilaciones bibliográficas de 
grande erudición» i casi todas las novelas que nos ha lega- 
do la antigüedad. La lengua griega, hablada en la mitad 
del imperio romano, aun bajo la supremacía política i mili- 
tarde Roma, sirvió de instrumento a los escritores bizan- 
tinos. 

2.— A la época de la fundación del imperio de Oriente, la 
poesía griega estaba reducida casi esclusivamente a epi- 
gramas e inscripciones. Conviene observar aquí que los 
epigramas de los primero . días de la literatura bizantina 
eran simplemente elojios puestos en versos para ensalzar 
al emperador, a los príncipes, a los ministros i a los favo- 
ritos. Al lado de estas obras se compusieron algunos poe- 
mas didácticos i mitolójicos, i diversas poesías que no ca- 
recen de cierto mérito. 

3.— La poesía elejíaca, o mas bien erótica, hizo también 
oír algunos dulces i tiernos acentos. Museo el gramático, 
de cuya vida no se tiene ninguna noticia i de quien se su- 
pone que existió en el siglo V, cantó en un estilo armonio- 
so i puro los amores de Hero i Leandro, Este poema, com- 
puesto de trescientos cuarenta hexámetros, es una de las 
producciones mas graciosas de la musa griega. La ternura 
de los dos amantes, la delicadeza misteriosa de sus amo- 
res, sus placeres tan naturales i tan sencillos, seguidos de 
una catástrofe pronta, todo este contraste conmovedor, i 
sin embargo tan natural, de felicidad i de infortunio, está 



176 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 

hábilmente presentado. Museo ha sabido unir a estas opo- 
siciones morales las armonías i los contrastes de los luga- 
res. La acción que se abre en lá primavera, bajo los mas 
risueños auspicios, en medio de la pompa i de la alegría de 
una iiesta relijiosa en honor de Venus i de Adonis, se cierra 
a entradas de invierno, en la soledad i el horror de una 
tempestad en que perece uno de los héroes del poema. La 
relación de este fin tan triste es un trozo digno, por la sen- 
cillez del estilo i por la verdad de los sentimientos, de los 
mejores siglos de la Grecia. 

Muí inferior a Museo es Nonno, oriundo de Panápolis 
en el Ejipto, que vivia también en el siglo V (nacido pro- 
bablemente en 410). Con el título de Dionisiacas, compuso 
un poema en cuarenta i ocho cantos en honor de Baco. 
Nada es mas desigual que este poema: a rasgos de una ver- 
dadera inspiración, se siguen trozos de una estéril abun- 
dancia de palabras. El predominio del elemento descripti- 
vo i el abuso de la erudición mitolójica hacen fatigosa su 
lectura, en que por otra parte se nota una excelente versi- 
ficación. Se atribuye también a Nonno otro poema titula- 
do Paráfrasis del evanjelio de San Juan. 

4.— Los recuerdos de Troya i mas que todo, la admira- 
ción por los poemas de Homero, produjeron en el siglo VI 
varios poemas, de los cuales los mas famosos fueron los 
de Quinto de Esmirna i de Trifiodoro de Ejipto. Quinto es 
autor de un poema en catorce cantos titulado Paralipóme- 
nes, o lo que ha sido pmitido por Homero. Este poema, 
que es simplemente una continuación de la Ilíada\ tiene el 
defecto de todas las obras de los poetas de Alejandría. Es 
una historia en verso mas bien que una epopeya. Quinto 
imita algunas veces a Homero con felicidad; pero no sabe 
variar las descripciones de los combates ni dar unidad de 
interés i de acción. 

Trifiodoro compuso también dos poemas imitando a 
Homero. Su Odisea en veinticuatro cantos que no ha lle- 
gado hasta nosotros, era talvez una obra de paciencia que 
revelaba la corrupción del gusto de la época. Se dice que 



LITERATl'RA BIZANTINA 177 



en cada canto el poeta se abstuvo de usar una de las letras 
del alfabeto: otros dicen que en todo el poema habia des- 
terrado la letra s. Triüod >ro compuso otro poeinéi titula- 
do la Destrucción Je Troya, crónica seca, nial ligadci i fal- 
ta de vidií, i escrita en un ieniJ^uaje rebuscado en que sólo 
se encuentra un corto pasaje de al^^un interés. Inferiores 
todavía a éste son otros poetas que en el mismo siglo VI 
cantaron en versos griegos el ríipto de iílena i la vida de 
Jesucristo. 

5.— Pero el jénero cultivado con mejor éxito en esta época 
fie la literatura griega, es sin duda la novela. Hemos ha- 
blado ya (páj. 89), de algunas novelas griegíis; pero sola- 
mente a fines del siglo IV apareció la primera relación de 
aventiir¿is imajinarias escritas en prosa con algún arte 
para el placer del lector, tipo primero de la novela de amor 
como se comprende en nuestros dias. Un escritor llamado 
Heliudoro, del cual se cree jeneralmente que sea Hcliodoro 
de Kmesa, en Fenicia, que mas tarde fué obispo de Trica en 
Tesalia, compuso las Etió/jicnSf historia ficticia de los 
araures de Teajeénes i Cariclea, hija del rei de Etiopía. Esta 
novela tiene algunos de los méritos exijidos en las compi>si- 
ci.>nes de este jénero: plan regularmente concebido, intriga 
bien anudada. e[jisodios oportuníiS, caracteres bien soste- 
nidos i acontecimientos nuevos i verosímiles. La novela de 
Heliodoro ha servicio íIc modelo a los novelistas grieg is 
posteriores i a muchos escritores modernos. Lo que prin- 
cipalmente constituye su atractivo es la delicadeza cri>tia- 
na, el pud«)r de sentimiento, la castidad de los afectos, cjue 
hasta entonces oscuros i vagos en las producciones del 
mismo jénero, se revelan aquí en toda su naturalidad i en 
toda su gracia. Las costumbres, sin embargo, son ficticias: 
el autor no describe pueblo ni tiempo alguno, de tal manera 
que, según ese libro, no se po Iria indicar en qué pais ni en 
qué época viven los personajes. 

Aquíles Tacio de Alejandría viene en seguida; pero sus 
Amores de Leusipa i Clitofon son mui inferiores a la nove- 
la de Heliodoro. Escrito bajo una influencia enteramente 

lOMO IV 12 



178 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 

pagana, i como una alusión continua a las fábulas volup- 
tuosas de la mitolojía, ese libro es menos casto en sus sen- 
timientos i en los detalles, menos variado en los caracte- 
res, menos feliz en el desenlace. Los sucesos, es verdad, 
tienen verosimilitud, i la composición interés: sus cuadros 
son numerosos i diversos, sus descripciones variadas aun- 
que mui frecuentes, i sus sentimientos pintados con vigor; 
pero se pierde en digresiones, i dt-ja entrever las huellas 
mas chocantes de la infamia de las costumbres antiguas. 

6. — Nada se sabe de positivo acerca de la vida de Aquíles 
Tacio, i ni siquiera la época exacta en que escribió. La mis- 
ma incertidumbre existe respecto de otros novelistas que se 
creen posteriores a aquél. El mas famoso de todos ellos es 
Longo, cuyo nombre mismo es un motivo de dudas, puesto 
que aunque de forma latina (Longus) se le ve al frente de 
un libro griego. La obra de éste es una novela pastoral ti- 
. tulada Dáfnis i Cloe, que si bien manifiesta poca invención, 
no carece de cierta finura, aun cuando se deja ver el arte i 
el cuidado con que ha sido compuesta. Una pintura mas 
viva que conmovedora de las primeras emociones i de los 
primeros sentimientos de dos jóvenes amantes, criados en 
la sencillez de la vida campestre, es el argumento de la 
obra; pero en ella, ninguna idtra de bondad moral viene a 
mezclarse a este cuadro, a purificarlo o a embellecerlo. M. 
Villemain cree que Dáfnis i Cloe ha servido de modelo para 
la composición de Pablo i Virjinta, **Pero la superioridad 
del autor francés, añade, aparece no sólo en la sencillez del 
estilo, en la naturalidad i verdad, sino en la pureza moral 
i en ti espíritu de pudor cristiano que han hecho de esta 
obra una de las producciones mas atractivas de los tiem- 
pos modernos. El cuadro de Longo no es mas que volup- 
tuoso: el de Bernardino de Saint-Pierre es apasionado i 
casto.*' 

7. — Los siglos V i VI de la era cristiana vieron también 
brillar grandes historiadores en el imperio de Oriente, pero 
entre todos ellos sobresalen Zózimo i Procopio. 

El primero de éstos, que vivia en el siglo V, compuso una 



JJTER ATURA BIZANTINA 179 

— — — — fc 

historia romana, en jeneral poco interesante en la parte 
que sé refiere a los sucesos anteriores a la vida del autor, 
pero in díspensable para conocer a fondo la decadencia i rui- 
na del imperio romano. Zózimo es el enemip^o franco i de- 
clarado del cristianismo, al cual atribuye el ser una de las 
causas de la decadencia del imperio i es, por tanto, enemi- 
go de Constantino, cuya conducta interpreta de ordinario 
con mucha severidad; pero aparte de la pasión que deja ver 
al tratar esos puntos, debeconsiderárseleconio un historia- 
dor verdaderamente filósofo. En la apreciación de los hom- 
bres i de los sucesos muestra una penetración i una exacti- 
tud de juicio admirables. Aun en la primera parte de su 
obra, Zózimo no es un simple abreviador; compara las au- 
toridades, i resuelve siempre con verdadera sagacidad. 
Desgraciadamente, su obra no se conserva íntegra, i aun 
hai motivos para creer que nunca la terminó. 

Procopio, natural de Cesárea, en Palestina, vivia en el 
siglo VI. Brilló en Ccnstantinopla en donde desempeñó el 
cargo de prefecto, i fué secretario de Belisario durante sus 
campañas. En la Historia de su tiempo refiere los sucesos 
interiores i las guerras del imperio contra los persas, ván- 
dalos, moros i godos, ya como testigo de vista, ya con los 
mejores informes. Jeneralmente verídico i sencillo en su na- 
rración, es sin embargo, lisonjero i cortesano con los pode- 
rosos de su siglo. Sin duda, para correjir esta falta, com- 
puso otra obra con el título de Anécdotas o historia se- 
creta, que escribió en sus últimos años i que sólb fué cono- 
cida después de su muerte. Esta es la historia privada i 
doméstica de su siglo, así como la otra era la historia ofi- 
cial i pública. A los héroes que aparecen con cierta majes- 
tad en su primera obra, Procopio los pinta en la segunda 
con todos sus vicios i debilidades; a Justiniano, hipócrita i 
cobarde; a la emperatriz Teodora, ruin i vengativa; i a Be- 
lisario, dominado por una mujer intrigante i disoluta. La 
moral no puede aprobar este compromiso entre la verdad i 
el miedo; pero ¿la responsabilidad de este acto debe recaer 



180 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 



sobre el escritor que toma estas precauciones, o sobre el 
príncipe que las hacia necesarias? 

8. — Al lado de esos historiadores, es preciso colocar a los 
jeógrafos entre los cuales hai algunos mui recomendables 
por sus investigaciones prolijas i por la variedad de sus co- 
nocimientos. Pero el mas notable de todos es un monje de 
Alejandría que vivia en el siglo VI i que, como comerciante, 
habia viajado mucho en Afri'^a i en Asia. Conócesele con el 
nombre de Cosmns Inclicopleastes, palabras que sin duda 
indican sólo su profesión de viajero i Je jcógrafo (derivada 
de cosmos, mundo, i de índico p/e«s¿es, navegador india- 
no.) Cristiano ferviente, Cósmas compuso varias obras 
con el objeto de demostrar la armonía que, según él, existe 
entre las Sagradas Escrituras i las ciencias jeográfica i as- 
tronómica. De sus obras sólo nos h i llegado la Topos^rafía 
cristinnR, uno de los libros mis curiosos que haya produci- 
do la edad media. *'Como hai, dice, falsos cristianos, lecto- 
res de las Escrituras que se atreven a sostener que la Tierra 
es esférica, combato esos errores tomados de los griegos, 
por medio de citaciones irrefutables de los libros sagrados". 
Después de combatir esa doctrina por medio d^ numerosas 
citaciones de la Biblia, entra a esponer sus propias ideas. 
La Tierra, según él, es un rectángulo limitado por todas 
partes por murallas que forman encima de ella, reuniéndo- 
se, el firmamento o la bóveda celeste. Para esplicarse el 
sistema sideral, supone una alta montaña al rededor de la 
cual jiran las estrellas, la Luna i el Sol, siendo este último 
mucho mas pequeño que la Tierra. Cósmas combate la es- 
fericidad de la Tierra no sólo por m?dio de citaciones bíbli- 
cas, sino en nombre de la **sana razón." Encuentra ridicu- 
las las teorías mas verdadeiasifundamentaiesíie Ptolemeo; 
i al hablar de los antípodas dice que esos son **cuentos de 
viejas.'' Por lo que toca a la jeografía, supone que el rec- 
tángulo de que hemos hablado contiene en el interior otro 
mas pequeño formado por las partes conocidas de la Euro- 
pa, e! Asia i el África, las cuales están rodeadas por el océa- 
no. Al lado de estos absurdos espuestos con un candor 



litkrati:ra bizantina 181 

admirable, la obra de Cósmas contiene noticias mui intere- 
santes respecto de los paises orientales, casi completamente 
desconocidos de los europeos. La parte cosmográfica de es- 
te libro pudo agradar tal vez al vulgo de los lectores; pero 
los ho mbres ilustrados c|uc podiíin apreciar los trabajos de 
los sabios de la escuela de Alejandría, continuaron desen- 
tendiéndose de las teorías de Cósmas i respetando los [)rin- 
cipios fundamentales establecidos por Ftolemeo. 

9. — La filosofía, la retórica, la gramática, la medicina i 
las ciencias matemáticas se cultivaron con grande ardor en 
el imperio de Oriente durante los primeros emperadores. 
Atenas poseia filósofos que esplicaban las obras de Platón 
i de Aristóteles, i profesores de gramática i de retórica, de- 
nominaciones bajo las cuales se comprendia la elocuencia i 
todo jénero de erudición filolójica. Constantinopla i otras 
íi:randes ciudades tenían escuelas de derecho i de teolojía. 
En Edesa (Mesopotamia setentrional) se enseñaban las cien- 
cias en griego i en siriaco. En Bérito (Fenicia) florecia la 
mas celebrada escuela de derecho. Alejandría, cuya escuela 
habia sido destruida por Diocleciano, continuaba ahora 
siendo el centro de las ciencias, i particularmente de la me- 
dicina i de las matemáticas. Su biblioteca, sin embargo, 
Iiabia sido dispersada a consecuencia de las contiendas reli- 
jiosas. 

No fiíeron los bárbaros del norte los que destru\^eron es- 
tos establecimientos, como habia pasado en el Occidente- 
Fué el fanatismo relijioso de los emperadores de Constan- 
tinopla el que causó tan gran mal. Justiniano quitó a los 
profesores los sueldos que sus predecesores les habian asig- 
nado, i espulsó de Atenas a los filósofos i retóricos que mi- 
raba como enemigos del cristianismo. Estos encontraron 
un asilo en la corte de Cosróes, rei de Persia. Los suceso- 
res de Justiniano que no conocian mayor prerrogativa del 
poder soberano que el mantenimiento de la ortodojia, per- 
siguieron a los sabios de Edesa, por ser adictos a la herejía 
de Nestorio, que un concilio habia condenado. Justiniano, 
en cambio, dispuso la compilación completa de los tesoros 



182 NOCIONBS DE HISTORIA LITERARIA 



de la jurisprudencia romana; i bajo sus auspicios el emi- 
nente jurisconsulto Triboniano redujo a un cuerpo ordena- 
do de leyes las disposiciones reunidas en mas de mil trata- 
dos que existian entonces. Este trabajo colosal fué llevado 
a cabo en catorce meses, con el ausiiio de otros diez juris- 
consultos que estaban a las órdenes de Triboniano. 

Otras calamidades aflijieron a la literatura griega desde 
el siglo VIL Las conquistas de los árabes arrebataron al 
imperio una gran parte de su territorio, con las ciudades 
mas sabias i cultas del Oriente. Perdido el Ejipto para los 
griegos, no tuvieron éstos el. papiro, aquella planta pre- 
ciosa que suministraba a los antiguos el papel para la es- 
critura. El pergamino llegó a ser excesivamente caro, i por 
tanto los manuscritos alcanzaron precios fabulosos. Las 
discordias relijiosas suscitadas por el fanatismo de los ico- 
noclastas (destructores de imájenes) fueron causa de la des- 
trucción de muchos conventos i de la dispersión de sus bi- 
bliotecas, último asilo de la moribunda literatura. Los sa- 
bios griegos solicitados por los califas de Bagdad, fueron a 
prestar a la civilización arábiga el continjente de sus luces. 

10. — Este estado de cosas duró cerca de dos siglos. Por 
fin, desde fines del siglo IX se hizo sentir una especie de re- 
nacimiento que algunos emperadores fomentaron con todo 
su poder. Desgraciadamente, el vigor i la fecundidad del je- 
nio griego parecian estinguidos. Este período no produjo 
mas que cronistas, eruditos, comentadores de gramática i 
de literatura. 

Esta es la época en que floreció Focio ( muerto en 892). 
personaje político de grande importancia, i patriarca de 
Constantinopla, que fué oríjen del cisma que separó la igle- 
sia griega de la latina. Con el título de Miriobiblon o Bi- 
blioteca, compuso un libro mui desordenado de bibliografía 
i crítica literaria en que da noticia de doscientas setenta 
obras, una buena parte de las cuales ho nos es conocida 
sino por las noticias que nos ha dejado Focio. En medio de 
una gran confusión, están analizados los historiadores, los 
filósofos, los poetas, los teólogos, los jurisconsultos i los 



LITERATURA BIZANTINA 183 



médicos, sobre todos los cuales suministra interesantes no- 
ticias. 

11. — La revolución literaria fué fomentada por los empe- 
radores de la familia Comneno hasta mediados del siglo 
XII. Los estudios cobraron nuevo vigor, aun cuando la 
dirección que se les imprimió no fué siempre la mas acerta- 
da. Bajo el gobierno funesto de los emperadores latinos, en 
el siglo XIII, decayeron otra vez las letras; i las riquezas 
literarias reunidas en la época anterior, desaparecieron en 
gran parte, en los incendios que asolaron a Constantino- 
pla. La lengua griega, corrompida por el contacto con las 
lenguas orientales, con el latin i con el idioma de los pue* 
bles occidentales, sufrió una modificación tal, que fué nece- 
sario estudiar en las escuelas el griego de Heródoto i de 
Platón como se estudia una lengua muerta. Por último, 
los emperadores Paleólogos, se empeñaron desde el siglo 
XIV en comunicar a los espíritus cierta actividad i en 
sacudir" el letargo jeneral, pero su influencia fué casi impo- 
tente. 

12. — Entre los escritores de este siglo de decadencia i de 
postración son famosos los que han contribuido a formar 
la copiosa colección de historiadores bizantinos, que han 
llegado a ser para la posteridad la única fuente de la histo- 
ria de la edad media en el imperio de Oriente i en los paises 
limítrofes. En jeneral, esos historiadores carecen de crítica 
dan crédito a las patrañas mas ridiculas, i dejan ver la par 
cialidad i la superstición; pero algunos de ellos poseian do 
tes superiores i nos han dejado obras de verdadero mérito 
No citaremos aquí mas que a Ana Comneno, mujer mui 
erudita, hija del emperador Alejo I, que después de haber 
tramado una conspiración contra su hermano el empera- 
dor Juan II, en 1118, fué perdonada por éste i reducida a 
dominar sobre los literatos i los filósofos ya que no habia 
alcanzado a dominar el imperio. Ana escribió la historia 
del reinado de su padre con el título de Alexiada^ apolojía 
constante i apasionada de aquel emperador. En todas sus 
pajinas revela el estudio de los antiguos autores clásicos: el 



184 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 



estilo es para ella la primera cualidad del historiador, i por 
eso lo cubre de flores i lo rccartra de erudición, queriendo 
dar a la historia la grandiosidad de la epopeya. Esa obra 
nos da a conocer a los campeones do la primera cruzada, a 
quienes conoció Ana durante la residencia-de éstos enCons- 
tantinopla, i a quienes profesa un odio que no ha podido 
disimular. 

13. — No faltaron tampoco los poetas en esta época de 
decadencia. En el siglo XIT se compusieron algunas nove- 
las en verso, que fueron olvidadas en breve. Otros escrito- 
res compusieron poemas didácticos, heroicos o encomiásti- 
cos de ciertos personajes, pero en jeneral apenas son poco 
conocidos i no merecen ningún aprecio. 

Los griegos del Bajo Imperio, volvemos a repetirlo, no 
se distinguieron por las dotes creadoras de la imajinacion; 
pero llevaron a cabo grandes trabajos de la erudición i con- 
servaron las obras de la antigüedad, jenerah'zándolas en el 
Occidente. Si desde el siglo IV enriquecieron mui poco el 
dominio de la literatura, a lo menos lo conservaron en 
cuanto dependió de ellos; i en el siglo XV, cuando la con- 
quista de Constantinopla por los turcos los obligó a bus- 
car un asilo en los paises del Occidente, ellos tuvieron la 
gloria de contribuir a la revolución del renacimiento que 
hizo revivir en Europa el brillo de la antigua civilización 
intelectual. 



CAPITULO IV. 

iJteratiira latina en lá ednd media. 

1. Literatura contemporánea de las invasiones: los poetas. — 2. 
Historiadores.— 3. Escritores enciclopédicos. — 4-. Decadencia 
literaria que se siguió a la invasión 5. Escasez de libros du- 
rante los primeros siglos de la edad media. -6. Corrupción 
del latin. — 7. La literatura i las ciencias se asilan en los claus- 
tros. — 8. Primeros albores de un renacimiento literario parti- 
cularmente bajo el reinado de Cario Magno— .9. Juan Scot. — 

10. Las universidades. -11. La escolástica 12. Literatura 

ascética; la Imitación de Jesucristo 13. La historia; crónica 
fabu4osa de Turpin. — 14. El latin fué en la edad media el idio- 
ma de las ciencias. 

1. — Uno de los resultados casi inmediatos del estableci- 
miento de los pueblos bárbaros sobre las ruinas del impe- 
rio romano de Occidente, fue la desaparición de la litera- 
tura denominada clásica, i la pérdida de una gran parte de 
los tesoros de ciencia que se liabian acumulado en las len- 
guas griega i latina. Esta revolución, preparada desde 
mucho tiempo atrás por la decadencia del gusto i del saber, 
fué acelerada en el siglo V por las desgracias públicas, i 
marchó a su completo fin con irresistible rapidez. 

Sin embargo, en medio de esta revolución, cuando los 
bárbaros amenazaban oinvadian por todas partes el impe- 
rio romano, la literatura resistió por algunos años alamina 



186 NOCIONBS DB HISTORIA LITBRARIA 

del mundo antiguo, i produjo varios poetas. Claudiano de 
Alejandría, muerto en 408. poeta pagano en un siglo en que 
el cristianismo aseguraba su triunfo definitivo, compuso 
varias obras i poemas, el mas famoso de ios cuales es uno 
que tiene por asunto el Rapto de Proserpina. El é^ifasis de 
este poeta, sa estilo declamatorio, el constante rebusca- 
miento del efecto i hasta la monotonía del ritmo debían 
agradar en un siglo dej enerado; pero esos defectos no bo- 
rran completamente ciertas cualidades que colocan a Clau- 
diano en el rango de los poetas. Rutilo Numaciano, galo 
de Poitiers, i pagano como Claudiano, pasa por uno de los 
mejores versificadores del siglo V. Prefecto de Roma en 413, 
volvió a su patria a defender sus propiedades contra los 
bárbaros que acababan de invadir la Galia. Compuso en- 
tonces un poema titulado De reditu (De la vuelta), en que 
espresa en armoniosos versos su dolor por tener que dejar 
su cortejo de amigos i la ciudad querida. Sidonio Apolina- 
rio, galo de Lion, cultivó la poesía en Roma con raro ta- 
lento; i elevado al rango de obispo de Clermont, en la 
Galia, se consagró a la enseñanza de sus feligreses i compu- 
so escritos notables sobre el d jgma i la moral del cristia- 
nismo. La lengua latina tuvo todavía otros poetas con- 
temporáneos de las grandes invasiones del imperio romano 
o poco posteriores a ellas, pero quizas todos son de menos 
mérito que los tres que dej ¿irnos mencionados. 

2. — No faltaron tampoco los historiadores en aquella 
época de destrucción. VA siglo IV habia visto florecer eu 
Roma a Eutropo, contemporáneo de Juliano, que compuso 
un compendio de historia romana justamente estimado; i 
a Aniiano Marcelino, que vivía en la misma época, i que 
continuó la obra de Tácito, adelantando la historia de los 
emperadores hasta el reinado de Valente. Amiano, historia- 
dor imparcial i juicioso, habria brillado en un siglo de me- 
jor gusto; pero, discípulo dejenerado de los grandes histo- 
riadores, tiene los defectos de su tiempo. 

Aun entre los mismos bárbaros aparecieron algunos his- 
toriadores estimados por las interesantes noticias que con- 



LITERATURA LATINA BN LA BDAD MEDIA 187 

signaron en sus obras. Jorriándes, godo de oríjen que vivía 
en Italia a mediados del siglo VI, i que habiéndose hecho 
cristiano abrazó la carrera sacerdotal, compuso una histo- 
ria latina de los godos que por haberse perdido otras obras 
que trataban del mismo asunto, ha conservado hasta 
nuestros dias grande estimación. San Gregorio, obispo.de 
Tours, galo de oríjen que vivia en el mismo siglo, i que 
compuso muchas obras sobre relijion, escribió también en 
un latin bárbaro, pero con una agradable injenuidad, la 
historia de los francos i de los oríjenes de la monarquía 
francesa que conserva también su crédito. Gíldas el sabio, 
bretón de nacimiento, del cual no se tienen noticias mui 
exactas, i aun se le confunde con otros personajes del mis- 
mo nombre, escribió también en efíe siglo una historia de la 
Gran Bretaña, mui interesante para conocer la invasión de 
los sajones i las luchas c^ue se siguieron a este suceso. 

3 Pero los escritores mas populares de esos siglos de 

irresistible decadencia, son los que pusieron en boga el mé- 
todo enciclopédico por medio de compilaciones mediocres 
de todos los ramos de las ciencias. Boecio, filósofo i políti- 
co romano, educado en Atenas i elevado a las mas altas 
dignidades por Teodorico, rei ostrogodo de Italia, aunque 
pertenece al número de esos sabios de la decadencia, fué 
también el último de los jenios antiguos. Después de haber 
enseñado todas las ciencias que entonces constituían el sa- 
ber humano i de haber desempeñado las altas funciones de 
cónsul i de senador en la corte de Teodorico, Boecio fué 
sacrificado por este mismo soberano, i ejecutado en Pavía 
en medio de horribles torturas (524). La principal obra de 
Boecio, el Consuelo de lá filosofía, diálogo en prosa i en 
verso, fué escrito en su prisión. Allí se muestra a la altura 
de los filósofos de la antigüedad por la elevación de los sen- 
timientos i por un estilo que no carece de pureza. 

Los otros escritores enciclopédicos son inferiores a Boe- 
cio. Marciano Capella, nacido en África en el siglo V, com- 
paso dos obras en que reunió con mucha superficialidad i 
con un estilo oscuro i bárbaro, toda la ciencia de su tiempo, 



188 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 



como si quisiera salvarla del olvido consignando en prosa i 
en verso sus ])rincipales elementos. Casiodoro nacido en el 
sur de Italia, figuró en la primera mitad del siglo VI como 
ministro de Teodorico i de sus sucesores, i como escritor de 
gran nota. Aparte de una historia de los godos, que solóse 
conoce por los estractos de Jornándes, Casiodoro compuso 
tratados de gramática, de matemáticas i de música, en que 
aparece de ordinario la sutileza i la finura i a veces la pro- 
fundidad del pensamiento, i fijó la enseñanza tal como fué 
seguida durante casi toda la edad media. Por fin, San Isi- 
doro, obispo de Sevilla, que vivia a fines del siglo VI i prin 
cipios del VII, compuso muchas obras sobre historia i reli- 
jión, i una especie de enciclopedia compendiada de toda la 
erudición de su tiempo. 

4. — Las obras de estos tres escritores, en las cuales (sobre 
todo en las de los últimos), se encuentran pasajes notables 
i noticias dignas de ser estudiadas, revelan, con todo, el 
abatimiento i la ruina de las ciencias i de la literatura en el 
siglo siguiente a la destrucción del imperio romano. Según 
el espíritu i los preceptos de dichos libros, la enseñanza se 
dividió mas tarde en dos cursos de estudio: el trivium, que 
comprendia la gramática, la retórica i la dialéctica; i el 
quadrivium, que comprendia la aritmética, la jeometría, la 
música i la astronomía. Estos ramos de estudio, que toma- 
ron el nombre de las siete artes liberales, fueron enseñados 
durante algunos siglos con toda la imperfección posible. 
Bastará decir que la aritmética de Casiodoro o de Capella 
se limita a algunas definicionesentremezcladas de absurdos 
supersticiosos sobre las virtudes de ciertos números i de 
cieitas cifras. 

Aun la enseñanza de esas nociones superficiales de las 
ciencias fué posterior a la primera época de oscurantismo 
que se siguió al establecimiento de los bárbaros. Los siglos 
VI i VII marcan la época del mayor atraso i de la mayor 
ignorancia de la edad media. **Nc) hacia todavía un siglo 
que los bárbaros se habian establecido en los países con- 
quistados, dice el historiador Robertson, i ya las huellas de 



LITERATURA LATINA EN LA EDAD MKDIA 189 



los conocimientos i de la cultura que los romanos hablan 
derramado en toila la Europa estaban completamente bo- 
rradas. Se descuidaban o se habian perdido no solamente 
esas artes de elegancia que sirven al lujo i que el lujo sos- 
tiene, sino también muchas de las artes a las cuales debe- 
mos las dulzuras de las comodidades de la vida. En esos 
tiempos desgraciados, apenas se conocían los nombres de 
literatura, de filosofía o de gusto; o si se hacia algún uso 
de ellos era para prostituirlos aplicándolos a objetos tan 
despreciables, que parece que no se conocia su verdadera 
acepción*'. Los bárbaros atribuian en gran parte al amor 
a las letras la decadencia del imperio romano i la corrup- 
ción de la costumbre quehabia facilitíido la conquista. Una 
vez establecidos en los paises concpiistados, no quisieron 
consentir en que se diese a sus hijos ninguna especie de ins- 
trucción. Las personas de mas alto rango entre ellos no sa- 
bían leer ni escribir. Los señores se limitaban a estampar 
al pié de los documentos el signo déla cruz, de donde el ver- 
bo signare tomó en la edad media el significadt> de firmar. 
Esta ignorancia no era sólo el patrimonio de los laicos: 
muchos eclesiásticos no entendian el Breviario que estaban 
obligados a recitar cada dia, i aun algunos no estaban en 
estado de leerlo. Un gran número de los dignatarios de la 
iglesia no podia firmar los cánones de los concilios de que 
eran miembros. La tradición de los acontecimientos pasa- 
dos se perdia, o se conservaba sólo en crónicas Urnas de 
circunstancias pueriles i de cuentos absurdos. Los mismo» 
códigos de leyes, proi^ulgados ordinariamente por los con- 
cilios, dejaron de tener autoridad, i fueron sustituidos por 
costumbres vagas i estravagantes. Los |)ueblos, sin hber- 
tad, sin cultura, sin emulación, cayeron en la mas profunda 
ignorancia. Durante cuatrocientos años (del siglo VI al X), 
la Europa entera no produjo un solo autor que merezca ser 
leido, sea por la elegancia del estilo, sea por la exactitud o 
la novedad de las ideas (Robkrtson). 

5. — Debe señalarse aquí una causa que contribuye consi- 
derablemente a producir este estado de ignorancia, la esca- 



190 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

sez de libros. Los libros de los antiguos eran escritos, en 
tiras de pergamino o en hojas de papiro, que se conserva- 
ban enrolladas en forma de espiral, de donde les vino el 
nombre de volumen (espiral). Esos manuscritos eran exce- 
sivamente caros. La conquista del Ejipto por los árabes en 
el siglo VII privó a la Europa del papiro; i el material para 
escribir se hizo mucho mas escaso i mas costoso. Se puede 
juzgar por una sola circunstancia de la dificultad para en- 
contrar materiales de escritura. Se conservan todavía algu- 
nos manuscritos de los siglos VlII i siguientes, trazados so- 
bre pergamino, del cual se habia hecho desaparCser la anti- 
gua escritura para sustituir una nueva. Es aprobable quede 
esta manera se hayan perdido muchas obras de los anti- 
guos. Se raspaba un libro de Tito Livio o de Tácito para 
reemplazarlo por la vida de un santo o las oraciones del 
misal. Muchas circunstancias prueban cuan escasos eran 
los libros en los tiempos de que hablamos. Habia pocos 
particulares que poseyesen algunos volúmenes: aun ciertos 
monasterios no tenian masque un misal. El precio de los 
libros se hizo tan subido que sólo las personas o corpora- 
ciones que poseian grandes riquezas podian adquirirlos. 
Esto esplica por qué en nuestros dias son tan excesivamen- 
te raros los manuscritos anteriores al siglo XI, época en 
que se jeneralizó un poco el uso del papel. 

6 — Otra causa que se oponia al cultivo de la literatura 
en aquellos siglos de oscurantismo, era la falta de un idio- 
.ma formado que sirviese de instrumento a los poetas i a 
los escritores. El latin, hablado aun después de la invasión 
de los bárbaros en casi todo el imperio romano de Occiden- 
te, pasaba entonces por una transformación completa de 
que resultó el nacimiento de nuevos idiomas. Creemos ne- 
cesario dar a conocer aquí sumariamente esta revolución. 

El latin en toda su pureza, tal como lo leemos en los me- 
jores autores antiguos, posee una sintaxis complicada i 
numerosas formas elípticas, que dan vigor i elegancia al 
estilo, pero que no pueden ser empleadas fácilmente por el 
pueblo. Ese idioma era, según la hermosa comparación de 



LITBRATUBA LATINA EN LA BDAD V1SDIA 191 

M. Villemaín, un instruniento delicado que sólo un artista 
p uede tocar i que se descompone o se rompe en manos gro- 
seras i poco diestras. Aun suponiendo que los habitantes de 
Roma lo hubiesen hablado con pureza, es menester no olvi- 
dar que el latin en los últimas tiempos de la república o 
bajo el imperio, no era el idioma de una sola ciudad, sino 
nna lengua esparcida en paises en que no era la lengua or- 
dinaria, e impuesta por la conquista a una gran parte de 
la Italia, como lo fué mas tarde a la España i a las Galias. 
Así encontramos pruebas de una época mui antigua que 
manifiestan que los solecismos, las locuciones bárbaras, las 
es presiones no autorizadas ()or el uso de los buenos escri- 
tores eran mui comunes, aun en Roma; i de jeneracion en 
jeneracion, estos defectos se hicieron mas frecuentes e inevi- 
tables. Existia, pues, en Roma, al lado del latin clásico de 
los grandes escritores, un dialecto vulgar, que los gramáti- 
sos i retóricos llamaban alternativamente cuotidiano, pe- 
destre, usual i rústico. 

Algunos ejemplos acabarán de dar a conocer esta co- 
rrupción del latin, que al fin produjo la formación de las 
lenguas nuevas. La declinación latina i las inflexiones de 
los verbos, hacían innecesario el uso constante de las pre- 
posiciones que abundan en las lenguas modernas; pero en 
la edad media se tenia un conocimiento tan inexacto de 
esas circunstancias, o se .confundían con tanta frecuencia 
las inflexiones de los verbos o las desinencias de los casos, 
qne fué necesario recurrir a las preposiciones para reempla- 
zarlos. Así las preposiciones de i ad sirvieron, como se ve 
en las escrituras que nos quedan de los siglos VI al X,para 
espresar el jenitivo i el dativo. La ausencia de los artículos 
defini Jo e indefinido es un defecto real de la lengua latina: 
las palabras Ule i unas fueron empleadas para llenar esta 
necesidad, i pasaron a desempeñaren las lenguas modernas 
el oficio de artículos. Establecióse también mayor unifor- 
midad en los casos de los nombres, sea suprimiendo las in- 
flexiones, sea disminuyendo su número. El ausiliar activo, 
qne forma la diferencia gramatical mas notable entre las 



192 NOOlONlíS I)K HISTORIA LITERARIA 

len^juas modernas i el latin, debió su introducción a una 
causa ariálo<T^¿i, la neglijencici, el abandono de las diversas 
inflexiones de los tiempos; a lo que conviene agregar que 
desdeeste punto también Ja lengua latina es singularmente 
defectuosa, puesto que no tiene modo de distinguir el pasa- 
do indefiíii lo (ante presente) del pasado definido (pretéri- 
to),/!:? hablado de bciblc i. Los latinos com ) los griegos te- 
nian hi v )z |)asiva en su conjugación, i aplicaban el verbo 
str (sum) (le una manera accesorin, en los tiempos denomi- 
nados perfcctosi pluscuamperfectos, como que podían dejar 
de usar este recurso, puesto que tenian otros medios en las 
variadas iuflexiones de sus verbos. El idioma vulgar que 
nacia del latín, empleó el verbo ser para todos los tiempos 
pasivos. E-ito era mas espcdito i mas sencillo: se repetía un 
verbo que se sabia, en lugar de aprender uno nuevo. Se 
unia al participio pasado de cada verbo las modifijaciones 
del verbo ser. Las lenguas modernas ofrecieron desde luego 
los proceliuiientos sencillos i fáciles que se encuentran en 
todos los i liornas actuales de la Europa latina. Tomaron 
de la 'euLCua madre las palabras, pero no siguieron las nu- 
merosas inflexiones ni la construcción que complicaban el 
idiom i le Cicerón i de Virjilio. 

E-íC i re\'«)lucion fué, como debe suponerse, mui lenta. Se 
dice qiK* L-^ le el siglo VI liabia pocas personas en la Galia 
que cnieii lie^cel latin de Sfilustio; pero el idioma vulgar 
que come iz.iba a reemjjlazarlo, era enteramente informe 
tod iví.i. .\1 is adelantie, cuando aparecieron los primeros 
alb )res dj un renacimiento literario, se miró con tanto des- 



1 Se aii •!> «ye jeneral mente a la influencia de las lenguas de! nor- 
te la inir» l.uvion del verbo aiisiliar haber, babfn (en godo); sin 
embarg ». a i.i t*ii los eseritores latinos ilei siglo de Augusto se en- 
cuentra i »i m líos del empleo del verbo habco como ausiliar: De 
deparo ^.it'< ilictum haheiy. he dicho bastante de César. Qucm 
ju^su< h thchat (al cual había ordena«lo), dice Salu-^tio, Jui^urtha 
(§ LXX/. v-t js i otras coincidencias hacen sospechar que existió 
una reía i mi primitiva entre esas dos lenguas. Véase sobre este 
punto a Vii.-.KMAiN, Tablenu de labttératurc ait moyeaái^e, le^. III. 



LITERATURA LATTSX BX LA EDAD MEDIA 198 

den esta segunda lenjjua, que el esfuerzo de los hombres 
mas ¡lustrados se dirijió a restaurar el latín, como el idioma 
indispensable de las ciencias i de las letras. A pesar de esos 
esfuerzos, las lenguas vulgares siguieron perfeccionándose i 
desarrollándose. 

7. — Si se preguntan cómo pjidieron conservarse durante 
un largo período de cuatro siglos algunas chispas de la li- 
teratura antigua, no se puede dejar de íi tribuir al estableci- 
ftiiento de las órdenes relijiosas el haber arrojado un puente 
al través de este caos para unir entre sí la civilización anti- 
gua i la moderna. 

Hemos dicho antes que la ignorancia de esos siglos se 
había estendido hasta los miembros de la iglesia. No sólo 
era común el encontrar monjes i prelados que no compren- 
dian el Breviario, sino que algunos mnjistradosde la iglesia 
habían prohibido la lectura de los escritores profanos. Fe- 
lizmente, San Benito (4S0-54-3), cuya orden monástica, 
fundada en el sur de Italia, se estendió con gran rapidez en 
el Occidente, prescribió a los monjes el trabajo, la lectura, 
la copia i la reunión de libros, sin explicarse sobre la natu- 
raleza de ellos. Este fué un meflio de conservación i de mul- 
tiplicación de los manuscritos clásicos, que salvóde su com- 
pleta ruina los monumentos literarios de la antigüedad. 
Iduchos conventos se hicieron un honor en reunir libros i en 
formar bibliotecas mas menos numerosas. Así se formaron 
los primeros centros de luz que debian esclarecer al mundo 
oscurecido por las tinieblas de los primeros siglos de la edad 
media. 

Como debe suponerse, el cultivo de la lengua latina lla- 
mó con preferencia la atención de los benedictinos, como 
debia llamar la de los otros monjes i dignatarios de la igle- 
sia. El gobierno del papa mantenia relaciones con las di- 
ferentes ilaciones de Europa, de suerte que una lengua 
eomun era necesaria a la iglesia. Las sagradas escrituras 
i la liturjia, por otra parte, se conservaban sólo en latin a 
la época en que esta lengua dejó da. ser intelijible, de tal 
suerte que los monjes tuvieron que consagrarse a su 

TOMO IT IS 



194 N0UIONB8 DB HISTORIA LITERARIA 



estudio para entender el dogma i la moral del cristia- 
nismo. 

8. — El historiador ingles Hallam,que ha escritocon rara 
erudición la historia de las letras en esos siglos de oscuran- 
tismo, reclama para las Islas Británicas el honor de haber 
abierto la marcha en la restauración de las ciencias. Los 
monasterios de Irlanda dejaban ver una débil luz desde el 
siglo VI: en Inglaterra, dos legados del papa, Teodoro i 
Adriano, jeneralizaron poco mas tarde el conocimiento del 
latin i del griego en la iglesia anglo-sajona. A principios del 
siglo VIII, Beda, denominado el Venerable, monje del mo- 
nasterio ingles de Jarrow, muerto en 735, estudió todas las 
ciencias de su tiempo, i compuso mas de cincuenta obras 
sobre las materias mas diversas, para la instrucción de los 
relijiosos en su convento. Son célebres entre éstas su Lójica, 
i una Historia eclesiástica de los ingleses desde Julio César 
hasta la época del autor. 

Pero el primer renacimiento de las letrasdatade la época 
de Cario Magno. Hasta entonces, los eclesiásticos habian 
sido los únicos escritores, i todos los escritos tenian un ca- 
rácter mas o menos relijioso. Desde la época del famoso em- 
perador, sin embargo, el injenio se dirijió a otros asuntos; 
las ciencias profanas, así se las llamaba, la gramática, la 
retórica, la astronomía, comenzaron a ser conocidas en las 
escuelas de la iglesia. Cario Magno tiene la gloria de haber 
levantado las letras de su postración i de haber querido ha- 
cer desaparecer de su imperio la ignorancia que los bar* 
baros habian sembrado por todas partes. Escribia difícil- 
mente, i aun se cree que no sabia hacerlo; pero no por esto 
deja de ser uno de los espíritus mas cultivados de su tiem- 
po. Hizo correjir por algunos eruditos griegos o sirios los 
cuatro Evanjelios, comenzó una grama tica tudesca o alema- 
na, i compuso un tratado sobre los eclipses, otro sobre las 
auroras boreales i ciertas poesías latinas. Es probable que 
en estas obras tuvieran una parte principal sus consejeros, 
pero no puede ponerse en duda el celo con que trabajó en el 
fomento de los estudios. En una de sus ordenanzas o capi- 



LITERATURA LATINA KN LA KDAD MBDLV 195 

tu lares se encuentran estas palabras: ** Deseando de todo 
corazón que el estado de nuestras iglesias se mejoren mas i 
mas, i queriendo elevar por un cuidado asiduo el cultivo de 
las letras, que casi ha ¡merecido enteramente por la inercia 
de nuestros antecesores, excitamos hasta por nuestro ejem- 
plo al estudio de las artes liberales a todos los que puedan 
consagrarse a ellas.'' Creó una especie de academia llama- 
da escuela de palacio, de que formaban parte él mismo, sus 
hijos i sus hijas i los principales personajes de la corte. 
Cario Magno ademas atrajo a su lado a los hombres mas 
notables de su siglo. 

El mas distinguido de todos ellos fué Alcuino (Alcuin), 
monje sajón, al cual llamó a su corte i le dio la rica abadía 
de San Martin de Tours. Escribió éste tratados de teolojía 
i d¿ filosofía, libros de historia i algunas poesías latinas: 
pero todas estas obras, si bien dejan traslucir un estilo su- 
perior al de su época i una variada ilustración, reflejan poca 
orijinalidad i no son en muchas ocasiones mas que ideas 
tomadas de Boecio o de los padres de la iglesia. 

Al lado de Cario Magno figuraron también otros perso- 
najes, cuyas obras son consultadas todavía, para conocer 
la historia i el espíritu de los siglos bárbaros. Mencionare- 
mos a Ejinardo (Éginhard), secretario de Cario Magno, 
que escribió en latin su historia i los anales de la época. Su 
Vida de Cario Magno se distingue por un arte de composi- 
ción muí notable en aquel siglo. 

9.-— EHmpulso impreso por Cario Magno al cultivo de las 
ciencias i de las letras tendia nada menos que a formar una 
sociedad laica ilustrada, lo que habria niorlificado comple- 
tamente la civilización de la edad media; pero aunque fué se- 
gundado en esta empresa por alguno de sus sucesores, i 
particularmente por Carlos el calvo, el espíritu jeneral de 
la época, la ignorancia de la nobleza i las guerras civiles 
tan frecuentes en aquellos siglos, pusieron un obstáculo po- 
deroso a la difusión de las luces i redujeron la enseñanza a 
los conventos i a las escuelas episcopales. En Inglaterra, 
Alfredo el Grande (muerto en 901 j secundó este impulso da- 



196 K0CI0KB8 DE IIIBTORIA LITERARIA 

do a los estudios sin conseguir un resultado mas satisfac- 
torio. 

Florecieron, sin embargo, en aquella época algunos hom- 
bres distinguidos por su ciencia i por el influjo que ejercie- 
ron sobre su siglo. De todos ellos, ninguno ha llamado tan- 
to la atención como el irlandés Juan Scot Erijena (de Erin, 
nombre antiguo de Irlanda). Nacido en los primeros años 
del siglo IX, después de adquirir la mejor educación de su 
tiempo, viajó por Europa ensanchanrlo sus conocimientos. 
Instruido en el latin i en las ciencias eclesiásticas de su épo- 
ca, estudió el griego i el liel)reo i se hizo conocedor de algu- 
nos de los clásicos de la antigüedad. .\ mediados de aquel 
siglo se estableció en la brillante corte de Carlos el calvo; i 
allí escribió dos grandes obras sobre la predestinación 5 la 
división (le la naturaleza en que consignó opiniones filosófi- 
cas enteramente orijinales. S\giin Juan Scot, nuestra inteli- 
jencia está ocupada por emanaciones de la intelijencia de 
Dios, i nuestras ideas principales son manifestaciones del 
creador en el seno de su creatura, como lo es la naturaleza 
misma. Pero lo que hai de mas singular en sus doctrinas es 
el desden que manifiesta por toda autoridad que no esté 
apoyada en la razón. 

10. — ^Juan Scot puede ser consi'lerado e! primero de cierta 
especie de escritores peculiares de la edad media conocidos 
en la historia literaria con la denominación áe escolásticos. 
En este tiempo, así como en el siglo siguiente, sucedió que 
ciertas esrnelas fundadas en diferentes paises de Europa 
c )menzaron a a Iquirirmuclia celebridad i a atraer un gran 
número de estudiantes como también a asumir aquel carác- 
ter de actividad intelectual en todos los ramos déla ciencia 
que pertenece a esas corporaciones conocidas con el nom- 
bre de iwiversidndcs. Este nombre, sin embargo, no fué em- 
pleado sino mucho mas tarde: decíase universltns maíris- 
trorum et auditonim (reunión de maestros i discípulos; i 
de allí nació la palabra con que han sido designadas las al- 
tas corporaciones encargadas de la enseñanzarLas de Pa- 



LÍTBHATüRA LATINA EK tA BDAC MBDIA 197 



ris i Bolonia fueron las mas ant¡fj;iias; pero su verdadera 
organización es posterior al siglo XI. 

Esas escudas o universidades, fueron de «grande utilidad 
para la proj^agacion de las cii-ncias. La de Bolonia fué fa- 
mosa en la ensenan/a del (Icrecho, i particularmente de la 
jur¡sj)rude!icia roaiaiia. La universidad de Montpelier fué 
la mas célebre por la enseñan/./i de la medicina. Los profe- 
sores de esta ciencia, como los (pie enseñaban la física, la 
química i las matcináticas, habían frecuentado las escuelas 
de los árabes de España. Gerbet, la mas alta personifica- 
ción ele la ciencia en el siglo X, mas conocido en la historia 
con el nombre de Silvestre U.ípie tomó en 991) al ocupar la 
silla pontificia, hizo sus estudios entre los árabes de Espa- 
ña i sorprendió a la Europa entera por sus estensos cono- 
cimientos en jeometría, en mecánica i en astronomía. 

IL—Pero mientras la jurisprudencia, la^ medicina i las 
ciencias físicas comenzaban a ser cultivadas en muchas es- 
cuelas o universidades, el estudio preferente de aquellos fo- 
cos de instrucción era la filosofía ola teolojía filosófica. 
El nombre de escolástica era ordinariamente aplicado a 
estas ciencias; i con la denominación de escolásticos, fueron 
designados aquellos doctores o profesores que se hicieron 
famosos en las discusiones teolójicas i filosóficas de la edad 
media. Las universidades de Paris i de Oxford fueron los 
mas célebres centros de la filosofía escolástica. El carácter 
ptculiar de esta filosofía consiste en el estudio de la metafí- 
caide la lójica de Aristóteles, i en la aplic¿icion de las for- 
mas aristotélicas del raciíícinio al estudio de los mas suti- 
les problemas de la teolojía. La lójica de Aristóteles era co- 
nocida en Europa por medio ríe las traducciones latinas; 
pero su metafísica fue conocida sólo a principios del siglo 
XII por el intermedio de los árabes, i acompañada de los 
sutiles comentarios de los filó<ofi;s de Bagdad i de Cór- 
doba. 

La filosofía escolástica, tan famosa durante mucho siglos 
hacaido ahora en un olvido casi completo. Sin embargo, el 



198 NOCIONES DE HISTORÍA. LITERARIA 



espíritu investigador de los modernos ha ido a buscar en 
los escritos que nos quedan de las escuelas de la edad media 
la filiación i la historia de los progresos del espíritu huma- 
no. De ese estudio resulta que algunos de esos filósofos 
fueron hombres verdaderamente superiores, i que en otro 
siglo, i libres de las preocupaciones de su tiempo, habrian 
ejercido una poderosa influencia en el desenvolmiento de la 
humanidad. Los nombres de Roscelin, Lanfranc, San An- 
selmo, Abelardo. Pedro Loijibardo, Santo Tomas, Duns 
Scot i Ockam, pertenecen mas propiamente a la historia de 
la filosofía, a pesar de que ellos resumieron casi esclusiva- 
mente la ciencia de su tiempo. 

Dos fueron los mas célebres puntos de discusión en que 
estuvieron divididos los famosos argumentadores de la 
edad media: el libre arbitrio i la realidad de las ideas uni- 
versales consideradas como si tuviesen una existencia inde- 
pendiente de nuestro espíritu. Las discusiones a que dieron 
lugar estas dos cuestiones contribuyeron singularmente a 
desarrollar la sutileza i la sagacidad del injenio en la espli- 
cacion i la distinción de las ideas abstractas; pero al mismo 
tiempo hicieron nacer una multitud de especulaciones minu- 
ciosas i pueriles con desprecio de los conocimientos positi- 
vos especiales. 

De cualquier modo que sea, las discusiones escolásticas 
desarrollaron en muchas ciudades de Europa una gran pa- 
sión por el estudio i contribuyeron a estirpar la profunda 
ignorancia de los siglos precedentes. Se eleva a muchos mi- 
llares el número de los estudiantes que concurrrian a tales 
o cuales escuelas, particularmente a la de Paris; pero este 
mismo ardor por el estudio habria tomado una dirección 
mas feliz si no hubiese estado absorbido por la pasión que 
inclinaba los espíritus a la metafísica. Las ciencias mate- 
máticas, la filosofía i hasta la misma historia, fueron casi 
desatendidas durante algunos siglos. 

12. — Los claustros, i)r¡mcr asilo de las letras durante la 
edad media, tuvieron también una literatura propia, apar- 
te de esas discusiones filosóficas i teolójicas en que con fre- 



LTTERATITRA LATINA EN LA EDAD M^blA 199 



cuencia tomaban parte los laicos. La vida monástica, las 
largas horas de meditación i de aislamiento, la soledad del 
corazón la fermentación secreta de las pasiones concentra- 
das en sí mismas, hicieron nacer una literatura íntima que 
sirvió de espresion a aquel estado de cosas, así como la so- 
ciedad guerrera i mundana se revelaba en las epopeyas ca- 
ballerescas i en los cantos de los trovadores. Sin duda, se 
ha perdido un gran número de esas efusiones místicas i 
poéticas que reflejaban la calma tranquila de la vida de los 
claustros. Sin embargo, nos queda un monumento admira- 
ble en un pequeño libro escrito en un latin defectuoso, pero 
que resume toda esa filosofía suave i melancólica del misti- 
cismo de la edad media. Ese libro se llama la Imitación de 
Jesucristo. Enseña a imitar a Jesucristo, a despreciar las 
vanidades del mundo, a ser siempre humildes, manifestan- 
do la felicidad que se esperimenta en la obediencia i en la 
sumisión a los superiores, las ventajas de la adversidad i 
del amor al retiro i al silencio. Toda la obra está fundada 
sobre una profunda humildad, que llega hasta a sustituir 
la voluntad de Dios, la de los superiores i aun la del próji- 
mo a la nuestra, a desdeñar las vanidades del mundo, a so- 
portar con paciencia las miserias de esta vida, i a no espe- 
rar paz i felicidad sino en la vida eterna. Esta obra, tradu- 
cida muchas veces en verso i prosa a las lenguas modernas, 
ha sido considerada como el libro mas perfecto por la uni- 
dad del pensamiento i por la unción relijiosa que lo ha dic- 
tado. Se cuentan cerca de dos mil ediciones de este libro 
admirable. 

El autor de la Imitación de Jesucristo dice en una parte 
de ella: **¡Dios mió! Haced que yo quede ignorado. Qué 
vuestro nombre sea alabado i no el mió!'* Este voto espre- 
sado con tanto fervor, ha sido realizado: la posteridad no 
conoce el nombre del auto:* que compuso el mas hermoso 
libro del cristianismo después del Evanjelio. Mas de dos- 
cientas disertaciones se han escrito para ilustrar este punto 
de historia literaria. La Francia, la Italia i la Alemania re- 
claman el honor de haberle dado nacimiento; i se han pre- 



too KOCIOKIDS DB mSTOHÍA LITBRAKU 

sentado tres personajes a los cuales se ha atribuido aquel 
libro. Juan Gesen o Gcrscn,abad de un monasterio de Ix)m- 
bardía en el siglo XIII es el pretendiente señalado por lo8 
italianos. Tomas A. Kcmpis, canónigo de la diócesis de Co- 
lonia, tiene en su apoyo a los críticos alemanes i flamencos. 
Los franceses la atribuyen a Juan Gerson, canciller de la 
universidad de Paris en el siglo XV. A pesar de tantas dis- 
cusiones, la crítica moderna está reducida hasta ahora a 
oponer unas a otras las conjeturas i las probabilidades. 
Cada cual demuestra perentoriamente que sus adversarios 
están en el error, pero nadie exhibe una prueba que haga 
desaparecer todas las dudas: la polémica no ha dado mas 
que resultados negativos. 

En nuestros dias lia adquirido gran crédito una opinión 
que sostiene que aquel libro es una obra impersonal, nacida 
en hi edad media, en una época que no se podría fijar con 
precisión, i conducida por desarrollos sucesivos a la forma 
en que se encontraba a mediados del siglo XV. "¿Quién sa- 
be, dice M. Michelet, si la Imitación no ha sido la epopeya 
interior de la vida monástica, si no ha sido formada poco a 
poco, si no ha sido suspendida i recomenzada, si no ha sido, 
en ñn, la obra colectiva que el espíritu monástico de la edad 
media nos ha Kgado como su pensamiento mas profundo í 
su monumento mas glorioso?". Se ha creido reconocer en 
las diversas partes de este libro interpolaciones sucesivas 
de formas literarias diferentes, aunque animadas todas por 
el mismo espíritu. En efecto, la unidad no existe mas que 
en el fondo de las cosas i nó en la forma; porque cada libro 
es un todo, cada capítulo es una instrucción completa i 
cada versículo tiene un sentido propio. La Imitación parece 
un trabajo colectivo i secular, cuya redacción definitiva, 
obra de un autor desconocido, de Gerson quizas, fué ejecu- 
tada a fines del siglo XIV o a principios del XV. 

13.— En los claustros se cultivó también la historia; pero 
esta rama de la literatura perdió en los siglos medios el ca- 
rácter vasto i jeiieral que le habian dado los escritores de la 
antigüedad. Nació entonces la Crónica, nombre con e| cual 



tTTttATVRA LATmA feX tA iBDAt) HfeDlA 201 

9e quería designar una historia redactada según el orden 
cronolójico, pero que ha recibido mas tarde una significa- 
cien mas estensa, refiriéndolo sobre todo al espíritu de las 
obras a las cuales se aplicaba. Son enjeneral historias de- 
talladas de un pais, de una localidad, de una época, o de un 
hombre, escritas por un testigo ocular o por un contempo« 
raneo que ha consignado sin comentarios todo lo que ha 
visto o lo que le han trasmitido. Esas crónicas, mui minu- 
ciosas en ciertos sucesos, mui incompletas en otros, recar- 
gadas de ordinario de invenciones fabulosas e incrcibles» 
son, sin embargo, las únicas fuentes que nos quedan para 
conocer largos períodos de la historía de la edad media. 
Abundan particularmente las que se refieren a la historía 
de Inglaterra, de Francia i de Italia; pero las crónicas mas 
interesantes, aquellas que reflejan con mas colorído i ani- 
mación el siglo en que fueron compuestas, son escrítas en 
lengua vulgar, i forman por esto mismo parte de otra lite- 
ratura. 

La mas famosa de aquellas obras es una crónica fabulo- 
sa atribuida falsamente a Turpin, arzobispo de Reims, con- 
temporáneo de Cario Magno, que fué considerada durante 
mucho tiempo como una historia verdadera. Según el títu- 
lo de la obra, De la vida i hechos de Cario Magno {De vita 
et gestis Caroli Magiii)^ el autor quería contar la historía 
de aquel famoso emperador; pero esceptuando algunas fra- 
ses consagradas a sus primeras proezas i a su muerte, la 
crónica se limita a referír la espedicion emprendida contra 
los sarracenos de España i la derrota de la retaguardia 
francesa en Roncesvalles. Esta crónica, escrita sin duda por 
algttn eclesiástico, asigna un objeto relijioso a la espedicion 
de Cario Magno; el emperador inspirado por un sueño en 
qtie se le ha aparecido el apóstol Santiago, emprende la 
campaña para salvar del poder de los sarracenos las reli- 
quias de este santo; construye iglesias, i dota monasterios 
para alcanzar el cielo. La Crónica de Turpin^ considerada 
como fuente auténtica de las leyendas del ciclo carlovinjio, 
de que hablaremos mas adelante, era citada como una es* 



202 NOCIONES DB HISTORIA LITBRABIA 



pecie de fórmula, i aun en asuntos enteramente estraños a 
ella, por los poetas que en los siglos XV i XVI cantaron las 
proezas caballerescas. Por esto se ha mirado como el orí- 
jen de los poemas carlovinjios; pero ahora está probado 
que la crónica es por el contrario, una compilación informe 
sacada de los cantos populares rjue tenia por héroes a Car- 
io Magno i a Roldan, i en la cual las tradicciones caballe- 
rescas han perdido lo que en ellas habia de mas poético. No 
se sabe la época en que fué escrita esta famosa crónica ni se 
conoce quién sea el autor. Don Andrés Bello, que dilucidó 
esta cuestión con una asombrosa erudición, ha probado 
que la crónica fué compuesta mas o menos el año 1100; que 
su autor era eclesiástico, i que sin ser español, habia resi- 
dido largo tiempo en la península hasta el punto de conocer 
perfectamente su jeogr^fía; i cree poder sostener que su au- 
tor fué un monje francés llamado Dalmacio, que ocupó en 
España la silla episcopal de Iría, que fué trasladada mas 
tarde a Compostela. La Crónica de Tiirpin por su escaso 
mérito no es acreedora, en realidad, a estas investigaciones: 
sin embargo, ellas le han arrebatado la importancia que se 
le habia atribuido creyéndola el oríjen i fundamento de la 
literatura caballeresca. 

14. — Al terminar esta rápida revista de la literatura la- 
tina en la edad media, es menester recordar que esa lengua, 
estraña ya al uso vulgar i decaida de su antiguo esplendor, 
fué el idioma en que escribieron los sabios de esos siglos, 
los alquimistas que, buscando la piedra filosofal, i los que 
estudiando la astrolojía para descubrir el porvenir en la 
marcha de los astros, fundaron la química i prepararon 
los progresos de la astronomía. Alberto el Grande, fraile 
alemán de la orden dominicana, que vivia en el siglo XIII, 
abrazó tod^s las ciencias e hizo importantes descubrimien- 
tos sobre las propiedades químicas de las piedras, de los 
metales i de las sales. Raimundo Luí i o, fraile franciscano, 
natural de la isla de Mallorca, que vivia a fines de ese mis- 
mo siglo i principios del siguiente, fijó la atención sobre los 
productos volátiles de la descomposición de los cuerpos, 



LITBRATXmA LATIXA BX LA EDAD MEDIA 203 

i preparó los progresos posteriores de la química. Rojerio 
Bacon. ingles de nacimiento que vivió en el mismo siglo i 
que también fué fraile franciscano, fué un verdadero prodi- 
jio para su tiempo. Reconoció los errores del calendario 
jaliano, esplicó su causa i los corrijió; hizo injeniosas ob- 
servaciones sobre la óptica, la refracción de la luz, el arco 
iris ¡ el tamañt) aparente de los cuerpos; i por último se le 
atribuye la invención de la pólvora. Estos i otros grandes 
jenios que escribieron en latin, porque las lenguas vulgares 
no estaban formadas todavía i porque por esto mismo no 
se las consideraba el idioma de la ciencia, habrian operado 
una revolución mas importante en el desenvolvimiento dtl 
espíritu humano si hubiesen vivido en siglos mas adelan- 
tados. 



CAPITULO V. 
lJter.*fnra friiiieeiía. 



1. Oríjcn fie la lengra frnncesn; el vascuence, el céltico i el latín.— 
2. Los francos— 3. Lengua de o»7i lengua de oc, - 4. Forma- 
ción definitiva del francés.- 5. Literatura provcnzal: los tro- 
vadores — 6. Corta duración de esta literatura.— 7. Literatu- 
ra walona: los tru veres. — 8. Cantos épicos: la Chanson de Ro- 
Innd. ' 0. Carácter jeneral de los poemas del ciclo carlovinjio. 
—10. Ciclo del rei Arturo; Wace i sus imitadores — 11. Ciclo gre- 
co-asiático; la Chanson d* Alexfíndre.'—\2, Incertidumbre so- 
bre el oríjen de estos poemas. — 13. Los /aib//Viux.— 14. El apólo- 
fro i la sátira; Román du Renart. 15. La alegoría; Román de 
Ja /?oí»e.— 16. Poesía lírica; Thibaut i Carlos de Orleans. - 17. 
Teatro francés de la edad media.— 18. Las crónicas; ViHehar- 
douin i Joinville. — 19. Froissart. 

1. — Los diferentes puebhiS que han ocupado el suelo de la 
Francia han dejado sus huellas en la lengua francesa. Sus 
idiomas respectivos, sobrepuestos primero unos a losotros, 
confundidos en seguida, han concurrido a formar esta len- 
gua en proporciones mui desiguales. 

Según las mas remotas tradiciones, la Francia fué po- 
blada primeramente por los iberos, raza de oríjen imperfec- 
tamente conocido, que se estableció en la rejion del sur i 
que ocupó también la España. Después llegaron los celtas, 
pueblo vigoroso e intelijente, que invadió la Europa occi» 



206 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 

dental muchos siglos antes de la era cristiana, i cuyo idio- 
ma estaba enlazado por su oríjen con la gran familia indo- 
europea, que comprende el sánscrito, el zend, i los que se 
derivan de éstos. Antes de la conquista romana, se habla- 
ba, pues, en la Aquitania, esto es el pais situado inmedia- 
tamente al norte de los Pirineos, el idioma ibérico, llama- 
do comunmente el vascuense. El idioma céltico se hablaba 
en las otras partes de la Galia. 

El vascuence no subsiste ahora sino en las faldas de los 
Pirineos occidentales, i ha suministrado al francés un nú- 
mero mui pequeño'de palabras. Se podria citar en este nú- 
mero la voz ennui (enojuo.en vascuence, eno/o, en español). 
La parte del céltico en la formación de la lengua francesa 
es indudablemente mas considerable. Ese idioma estirpa- 
do en gran parte por la conquista romana, subsiste toda- 
vía en la Baja Bretaña. Parece queMos fenicios i los grie- 
gos, que fundaron diversas colonias en la costa de la Ga- 
lia, no ejercieron una verdadera influencia sobre la lengua 
del pais. 

El latín, impuesto por la conquista romana, llegó a ser 
desde el primer siglo de la era cristiana, la lengua dominan- 
te en la Galia. El idioma nacional desapareció poco a poco 
por influjo de la civilización de los conquistadores, de tal 
modo que en el siglo IV se hablaba el latín desde los Piri- 
neos hasta el Rhín; i la población indíjena, con mui peque- 
ñas escepciones, había abandonado su lenguaje nacional. 
Pero el latín, que dominaba en la Galia, no era esa lengua 
elegante de los escritores del siglode Augusto, ni tampoco el 
lenguaje un poco viciado de los escritores de la decadencia: 
era un idioma menos culto en el cual se habían deslizado al- 
gunas palabras célticas tomando la forma latina. 

2. — Las invasiones de los bárbaros, burgundas, visigo- 
dos i francos, llevaron de la Jermanía idiomas tan estraños 
al latín como al céltico. Esos idiomas, que tenían entre sí 
una grande afinidad, i entre los cuales el de los francos llegó 
a prevalecer, fueron designados con la denominación común 
de tudescos. Esta era la lengua de los conquistadores, que 



LITERATURA FRANCESA 207 

pasaron a ser también los señores casi esclusivos del terri- 
torio francés. 

Pero en la monarquía de los reyes francos se hablaba 
ademas otro idioma mucho mas popular, el idioma de los 
pueblos conquistados, cuya base principal era la lengua de 
los romanos. El latín notablemente alterado por una des- 
composición natural en la boca de poblaciones ignorantes i 
sin modelos literarios, i por la introducción de términos cél- 
ticos o jermánicos, tomó el nombre de lengua romana. 

Hubo, pues, dos idiomas diferentes en la misma Galia 
durante algunos siglos; pero ambos se modificaron recípro- 
camente por el contacto íntimo de conquistadores i con- 
quistados. Por un momento, el tudesco estuvo a punto de 
adquirir un gran predominio sobre el otro. Cario Magno, 
tudesco de oríjen. colocó la caf)ital de su imperio en .\quis- 
gran (Aix la Chapelle),a las puertas del territorio jermáni- 
co, i dio a su propio idioma una grande importancia sobre 
la lengua romana, derivada del latín. Se sabe que este em- 
perador preparó o hizo preparar una gramática de la len- 
gua tudesca o alemana. Pero después del desmembramien- 
to del imperio carlovinjio, Paris, ciudad mucho mas apar- 
tada del territorio jermánico, vino a ser la capital del reino 
de Francia; i allí la lengua romana recobró su supremacía. 

La fuente primera del francés es esta lengua romana, for- 
mada por la mezcla del latin, del tudesco i de algunas pala- 
bras célticas. Como en esta mezcla el latin ha sido con mu- 
cho el elemento mas considerable, la lengua francesa se co- 
loca entre las del oríjen neo-latino. No se llega a conocerla 
de una manera profunda sino con el ausilio del latin. El 
mas antiguo monumento que se conozca de esta lengua es 
el testo del juramento que Luis el jermánico i su hermano 
Carlos el calvo i, nietos de Cario Magno, se prestaron recí- 



í Creemos interesante transcribir aquí un fragmento (le esta 
pieza. Es d juramento de Luis el jermánico. 

"Pro Deo amur, et pro christian poplo, et nostro commun sal- 
rament, dist di en avant, in quant Deus savir et potir me dunat, 



908 XOCIOKBR DW HISTORIA TJTBRABIA 

procamente en Estrasburgo en 842. Se notan ahí algunas* 
de esas terminaciones latinas que ahora son frecuentes to- 
davía en el italiano i en e^ español, pero la influencia del tu- 
desco es también visible. 

3.— Esta lengua tomó diversos caracteres i recibió dife- 
rentes nombres, según la mayor o menor influencia del la- 
tin. En el norte de la Francia, donde el tudesco dejó mas 
profundas huellas i le comunicó su aspereza, tomó el nom- 
bre de romance walon. En el mediodía, donde la presencia 
de los bárbaros fué mas tardía i sus invasiones menos fre- 
cuentes, i donde subsistió en cierto modo la antigua orga- 
nización, la nueva lengua conservó mejor las palabras i las 
terminaciones sonoras del latín. Abundante en vocales, rica 
en inflexiones, tuvo menos eneijía, pero mas gracia i suavi- 
dad: éste fuéel romance provenzal. En el norte, el tudesco 
ejercía su influencia, porque al otro lado de sus fronteras, 
en la Jermania,se hablaban lenguas análogas: en el sur, los 
provenzales estaban en comunicación con la España i con 
la Italia, en donde la dominación del latin era mas notable. 
Los dominios de las dos lenguas estaban separados por el 
curso del rio Loira. La primera recibió el nombre vulgar de 
lengua de oil (Jungue d*oil): la segunda el de la lengua de oc 
{langue d*oc), denominaciones tomadas de las palabras 
por medio de las cuales se espresaba en cada pais la afirma- 
ción sí. 



si salvara jeo cist meon fradre Karlo, et ín adjudha et in cadhuna 
cosa, si com om per dreit son fradra salvar dist, in o quid il mi aU 
tresi fazet, et ab Ludhcr nul plaid nunquam prindrai, qui, meon 
vol, cist meon fradre Karle in damno sit." 

Tbadüccion: — "Por el amor de Dios i por el pueblo cristiano, 
nuestra común salvación, de este dia en adelante mientras Dios 
me dé el saber i el poder, yo salvaré a mi hermano aquí presente, i 
le seré en ayuda en cualquiera cosa, así como un hombre, según la 
justicia, del^e salvar a su hermano, en todo lo que él hiciese de la 
misma manera por mí, i yo no haré con Lotario ningún convenio 
que, por mi voluntad, lleve perjuicio a mi hermano Carlos aquí 
prestnte/' 



LITERATURA LATINA EN LA EDAD MEDÍA 209 

Las relaciones que los acontecimientos políticos i los en- 
laces de diversos príncipes establecieron entre la Francia 
meridional i la Cataluña i el Aragón, i el brillo de las cor- 
tes feudales de Arles i de Tolosa, dieron a la lengua, de oc 
una form.'i notablemente regular, i la estmdieron desde 
el Loira hasta el Ebro i el Mediterráneo. Esta lengua, cul- 
tivada por los trovadores, recibió en la guerra contra los 
albijenses, a principios del siglo XII, un golpe de (jue no 
debia levantarse: un concilio l¿i proscribió **conio sospe- 
cha de herejía," al mismo tiempo en que los estados feu- 
dales donde habia estallado la guerra, eran absorbidos 
en los dominios de los reyes de Francia. Después de haber 
sido una lengua literaria, se desmenbró en dialectos vulga- 
res hallados todavía en Cataluña, en Valencia i en algunas 
de las provincias meridionales de Francia. Hasta el siglo 
XIV la diferencia de lenguaje entre el norte i el sur era tan 
notable que, bajo el reinado de Juan el Bueno, fué necesario 
reunir dos asambleas distintas de estados jenerales, para 
representar las dos diversas ramas del idioma francés. 

La lengua de oil fué mas tosca en su nacimiento: las pa- 
labras latinas revestidas de terminaciones tudescas, daban 
al oído un sonido duro. Se necesitó de mucho tiempo para 
suavizar i depurar esta lengua i para darle elegancia. Los 
truveres (trouveres) de Picardía, de Normandía, de Borgo- 
ña, de Champaña i de Flándes concurrieron a esta forma- 
ción laboriosa. Si los progresos de esta lengua fueron len- 
tos durante la edad media, es menester atribuirlo a la igno- 
rancia de la nobleza, al reinado del feudalismo que habia 
destruido todo centro i toda autoridad común, a las des- 
gradas de la guerra contra los ingleses i al predominio en 
las clases instruidas de la lengua latina, que era siempre el 
idioma de la relijion, del derecliQ i de la enseñanza. 

4-. —El francés, sin embargo, aparece formado en el siglo 
XIII; a lo menos entonces lo cultivaron numerosos escrito- 
res. Entre otros elementos que contribuyeron a enriquecer- 
lo» deben contarse el árabe, por las relaciones con las es- 
cuelas de los moros de España, i por efecto de las cruzadas, 

lOMO IV 14 



210 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

i el griego que conocieron los franceses en Constantinopl 
pero sus verdaderas fuentes son las que dejamos señaladí 
mas arriba. P>n el siglo XIII esa lengua gozaba de prerrog 
tivas semejantes a las del francés moderno: era conocida < 
casi toda la Europa, i usada como una especie de idion 
universal. En 1275, un escritor veneciano traducía al fra 
ees una crónica de su país declarando que **esta lengua o 
rre en el mundo, i que es mas agradable al oído que cu 
quiera otra.*' Diez años mas tarde, Rninetto Latini, 
maestro del Dante, escribia en francés un libro, **porque,d 
cia, el habla de Francia es mas común a todas las jentes'\ 

5.— La literatura provenzal se desarrolló con mayor r 
pidez que la literatura v^'alona. Este progreso prematuí 
fué el resultado de las circunstancias en medio de las cual» 
habia nacido. El mediodía liabia sido siempre mas civiliz 
do que el norte, porque la influencia romana habia sic 
mucho mas profunda. La invasión de los bárbaros hab: 
causado allí grandes estragos; pero las poblaciones no 1: 
bian estado constantemente ajitadas i combatidas por le 
terribles trastornos cjue ensangrentaban los paises situ; 
dos al norte del Loira. Los iiabitantes del sur gozaban c 
las dulzuras de la paz bajo un réjimen feudal que im) tevu' 
la dureza, ni conducia a los mismos excesos de crueldad i c 
venganza que se hacian sentir bajo el gobierno de los rud( 
señores del norte. La civilización de los árabes de Espaf 
pudo también reflejarse mejor en las rejiones del mediod 
de la Francia. 

Casi todo lo que nos (pieda de la literatura provenzal e 
tá representado por las poesías de los trovadores. Es 
nombre, derivado de una voz provenzal troü6¿ir, encontra 
crear, prueba que se tenia entonces de los poetas una id< 
verdadera. El trovador debia cantar sus versos; pero cua 
do no tenia el talento músico, tomaba un juglar a su se 
vicio. Limitábanse principalmente a celebrar asuntos ( 
amor, o mas bien de galantería, i a componer sátiras (sí 
ven tes) que algunas veces eran vivas i aceradas. No faltí 
tampoco algunos cantos de guerra, ni ciertos diálogos (te 



LITERATURA LATINA EN LA EI>AI) MEDIA 211 

son, (le contentio) en que dos interlocutores sostenían dos 
opiniones contradictorias, de ordinario sobre cuestiones 
de amor o de galantería i en que se respondían por co- 
plas o estrofas de una medida semejante. Existían también 
las quéjíis (phmhs), elejías destinadas a llorar la muerte de 
un amigo o de un héroe. Pero las poesías amorosas o ga- 
lantes formaban en su ma\'or parte la literatura proven- 
zal. Xo tuvo ni dramas ni epopeyas; i parece que no perci' 
bió esta falta. Salvo algunas poesías narrativas que po- 
drían compararse al poema histórico, no se nota que los 
poetas pro vénzales hayan hecho esfuerzo alguno para 
agrandar su horizonte. 

Uno de los principales méritos de estas poesías consiste 
en las combinaciones armónicas, en las cadencias simétri- 
cas, en la complicación de las estrofas i en la repetición de 
la rima. Los trovadores provenzales, como todos los poe- 
tas primitivos de las lenguas modernas, tomaron del latín 
la forma de su versificación. Es inútil repetir aquí que toda 
composición métrica tanto en latín como en griego, era un 
arreglo de versos for^nados de pié iguales o equivalentes; 
pero en el desórdt;n inherente a la descomposición del latin, 
las jentes incultas, en lugar de tomar por base en los ver- 
sos la prolongación relativa de los sonidos, tomaron cada 
silaba como unidad respecto de otra sílaba: no se midieron 
las sílabas, sino que se contaron; i no es difícil encontrar 
ejemplos de versos en que se ha olvidado la cantidad des- 
de los primeros tiempos de decadencia de la literatura la- 
^i"«i. Fué necesario que el poeta marcase el lugar en que 
había cumplido la única condición que se exijia de él: en- 
tonces apareció la rima, la cual, según la espresion de M. 
Sainte-Beuve, está colocada en el lugar que ocupa como 
"na campanada.píi ra advertir que concluye un verso i que 
^a u comenzar otro. La rima se usó en la versificación la- 
tida en la época de la corrupción de esta lengua. Escora- 
plíítamente infundada la opinión sostenida por^grandes es- 
critores i que atribuye a la influencia de los árabes la 
introducción de la rima en la versificación moderna. Los 



212 NOCIONBS DB HISTORIA LITBRARIA 

trovadores provenzales usaron ordinariamente la rima 
consonante; i rara vez la asonante; todas las lenguas mo- 
dernas han seguido emplean^do la primera; Ips castellanos 
emplean con frecuencia la segunda. 

6. — Esta literatura contó dos siglos de existencia. >Io se 
conoce obra alguna de ella anterior al año 1100, i se sabe 
que fué aniquilada en los primeros años del siglo XIII. Se 
conocen las vidas de cerca de ciento cincuenta trovadores, 
entre los cuales se cuentan reyes, príncipes i condes. La mo- 
nótona uniformidad de esta literatura nos dispensa, sin 
embargo, de entrar aquí en detalles sobre aquellos trova- 
dores. Sus producciones anuncian un vivo sentimiento del 
arie; pero faltó el tiempo a los provenzales. Su lengua 
como lengua literaria, i su literatura fueron arrastradas 
en la revolución que destruyó su nacionalidad. Después de 
la guerra contra los albijenses, la nacionalidad provenzal 
fué estinguida en su primavera, i la política se encargó de 
impedir que reviviese. En 1222, se fundó en Tolosa la uni- 
versidad i el tribunal de la inquisición, se prohibió el t-m- 
pleo de la lengua provenzal en los actos públicos i se pros- 
cribieron los libros escritos en esta lengua para hacer 
desaparecer todo lo que recordaba la nacionalidad o la he- 
rejía. La lengua de oc, sin embargo, se ha perpetuado, como 
ya hemos dicho, en algunos dialectos vulgares. 

7. — Al lado de la poesía de los trovadores, se elevaba 
otra poesía menos injeniosa, la de los truveres, trovadores 
de la lengua de o/7, o francesa propiamente dicha. Cual- 
quiera que fuese la conformidad primitiva de la lengua ro- 
mana del mediodía i la del norte, la separación en el siglo 
XII era visible: la lengua de los truveres i la de los trova- 
dores^ ofrecen entonces grandes i curiosas diferencias en las 
palabras i en el espíritu. Una especie de vivacidad burlona 
i satírica anima también la lengua de los truveres; pero en 
lugar de manifestarse por imájenes brillantes i líricas i de 
tener algo de musical, su espíritu es prosaico i produce un 
cuento mas bien que una oda. En sus obras no hai de poe- 
sía mas que un cierto metro, una versificación mui grose- 



LITERATURA LATINA EN LA EDAD MEDIA 213 

ra. pocas imájencs i casi ninguna armonía. Cuando se exa» 
mina el objeto de sus cantos, la diferencia entre el trovador 
i el truver se hace mas sensible. El primero se ha con- 
sagrado particularmente al jénero lírico: el segundo, por el 
contrario, se contrae a asuntos narrativos. La poesía épi- 
ca es especialmente el objeto de sus cuidados. Los norman- 
dos, que durante algún tiempo habi?in asolado una parte 
de Francia, fueron, después de su conversión, los mas ar- 
dientes apasionados de ese jénero. 

8. — Los primeros asuntos cantados por la musa del nor- 
te fueron las hazañas de los paladines de Cario Magno o de 
otros personajes, mitad verdaderos, mitad ficticios, que se 
prestaban para servir de héroes de las epopeyas caballe- 
rescas. Conócense con el nombre de chansons de gestes, 
los romances de caballerías en que se celebran las acciones 
(en latino-es ía), las hazañas délos héroes, por medio de 
coplas raonofinias, destinadas a ser cantadas, como las 
rapsodias de los antiguos griegos, con acompañamiento 
de música. 

La mejor i mas antigua de estas informes epopeyas es la 
Chanson de Roland, que por un arte verdadero de compo- 
sición, por la fuerza de las imájenes, merece ser clasifica- 
da entre las composiciones de aquel jénero. Rolando, cono- 
cido también con los nombres de Orlando i de Roldan, es el 
héroe de este poema, en que se canta la espedicion de Car- 
io Magno a España i la batalla de Roncesvalles. Ignórase 
la época en que esta obra fué compuesta: se cuenta que un 
truver, llamado Taillefer, cantaba un fragmento de este 
poeraa en la célebre batalla de Hasting, que consumó la 
conquista de la Inglaterra por los normandos (1066); pero 
la obra que ha llegado hasta nosotros bajo el nombre pro- 
blemático de un poeta llamado Théroulde, parece ser de 
los primeros años del siglo XII. Es posible, sin embargo, 
que haya existido una obra primitiva, contemporánea tai- 
vez de Cario Magno, modificada después con los cambios i 
ampliaciones de un gusto posterior, pero conservando 
siempre el carácter guerrero i relijioso. 



214 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 



9.— Aceptando esta edad probable de la Chanson de Ro- 
land seria menester considerarla el mas antiguo de los poe- 
mas del ciclo carlovinjio. Con este nombre se conoce en la 
historia de la literatura un conjunto de poemas franceses 
de la edad media en que están narradas las empresas i las 
conquistas de Cario Magno i de otros jefes de la raza car- 
lovinjia. El jenio de Cario Magno, opuesto a la debilidad 
de sus sucesores, i sus gloriosas proezas, después de las 
cuales el imperio franco sufrió la vergüenza de las invasio- 
nes normandas, habian dejado en el pueblo un recuerdo 
imperecedero de respeto i admiración. La vida del grande 
emperador llegó a ser una leyenda que cada jenefacion am- 
pliaba i embellecia a su gusto. El sentimiento popular bo- 
rró los recuerdos históricos; i Cario Magno llegó a ser la 
personificación del cristianismo triunfante sobre la relijion 
musulmana. Los poetas atribuyen a él soló todas las ha- 
zañas de su familia: su abuelo Carlos Martel, el verdadero 
vencedor de los árabes en Poitiers (732), figura apenas en 
los poemas carlovinjios. Los terribles recuerdos que habian 
dejado en la Galia las invasiones de los árabes i el entu- 
siasmo de los pueblos de occidente para llevar la guerra a 
Tierra Santa, esplican la causa por qué en la tradición po- 
pular todos los pueblos no cristianos fueron' trasforma^los 
en musulmanes, i todas las espediciones de Cario Magno 
en guerra contra los infieles. Los sajones i los hunos, que 
aparecen en dos de esos poemas carlovinjios, son conside- 
rados sarracenos. Los poetas fueron mas lejos todavía 
que la imajinacion popular; i cuando el ardor de las cruza- 
das hubo inflamado todos los corazones, ellos hicieron de 
Cario Magno el héroe de estas espediciones. 

En todos los poemas en que se trata de celebrar el triunfo 
de los cristianos sobre los musulmanes, el carácter de Car- 
io Magno es noble, imponente i caballeresco. Es la imájen 
de una reyecía fuerte i grande que se sostiene por su propia 
majestad i por el respeto que inspira a los pueblos. Pero la 
época misma en que estas obras fueron compuestas, época 



LITERATURA LATINA EX LA EDAD MEDIA 2l5 

en que la reyecía era atacada diariamente por las preten- 
siones feudales, debia imponer a los poetas la obligación 
de cantar las hazañas de los señores contra el rei. En las 
obras de esta especie, el carácter de Cario Magno es inde- 
ciso, disimulado i brutal. Los poetas le atribuyen todas 
las debilidades de sus sucesores respecto de los poderosos 
señores feudales. 

Los poemas carlovinjios parecen haber sido escritos en- 
tre los siglos XII i XIV. Algunos, sin embargo, son poste- 
riores al año 1300; pero es probable que sólo sean versio- 
nes o paráfrasis de los poemas mas antiguos. El interés 
principal que hasta ahora ofrecen estas obras es la fiel pin- 
tura de la edad media, el espíritu caballeresco i feudal, a la 
vez que la superstición relijiosa de los paladines. Comba- 
tes interminables, luchas contra poderosos encantadores, 
i proezas inauditas i maravillosas llenan de ordinario esos 
poemas. Algunos existen en prosa, como el afamado Fie- 
rahras; pero se supone que son traducciones de antiguas 
obras poéticas, i pueden considerarse como las primeras 
entre las novelas caballerescas, tan en boga en los siglos 
XV i XVL 

10. — El segundo ciclo de poemas caballerescos tienen por 
héroe a Arturo, rei de Bretaña, i es conocido indiferente- 
mente con el ncmibre de este monarca, i con el de Mesa re- 
donda. La baja Bretaña en Francia, como hemos dicho 
antes, fué el último asilo de la lengua céltica en el continen- 
te, i de los bardos o poetas galos que celebraban las anti- 
g^uas tradiciones. A principios del siglo VI, los sajones in- 
vadieron la gran Bretaña; i después de una lucha, cuya 
grandiosidad han exajerado mucho los poetas, los breto- 
nes derrotados i fujitivos se establecieron en gran número 
en la parte de la Francia conocida hasta ahora con su 
nombre. La poesía conservó el recuerdo de losjíltimoe 
combates de la independencia que el valiente Arturo habia 
defendido con gran gloria. Ese reyezuelo, que a la luz de la 
verdadera historia gobernaba sólo el pequeño reino de Gá- 



216 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 

les i que era un jefe bárbaro, violento i pendenciero, fué 
trasfigurado por la imajinacion de los poetas populares en 
una especie de persoYiaje mitolójico. 

A mediados del siglo XII estas tradiciones poéticas re- 
cibieron una forma fija. Roberto Wace, natural de la isla 
de Jersey, compuso en Caen, en Normandía, una larga his- 
toria en verso en que cuenta los hechos de los reyes de la 
Gran Bretaña casi desde la ruina de Troya hasta el año 
680 de la era cristiana. Este poema de quince mil trescien- 
cientos versos, es conocido con el nombre de ídoman de Briit 
(romance de Bruto, por suponer que un hombre llamado 
Bruto, nieto de Ascanio i biznieto de Bnéas, fué el primer 
rei de la Gran Bretaña). Wace compuso un segundo poema 
casi tan largo como el primero, en que refiere la histo- 
ria de los duques de Normandía hasta el reinado de Enri- 
que I de Inglaterra. Lleva esta obra el nombre de Román 
de Rou (Romance de Roll o Rollón, jefe normando que se 
estableció en Francia, i cuyos sucesores conquistaron mas 
tarde la Inglaterra). Estas obras reunieron las tradiciones 
fabulosas consignadas sin duda antes de esa época en los 
cantos bretones i en las crónicas latinas; pero la multitud 
de incidentes relativos al rei Arturo que se encuentren en 
el primero de esos poemas, han servido de base a las obras 
poéticas que constituyen este ciclo. 

Según el Román de Brut, el héroe bretón (o gales, del 
pais de Gales) es el ideal de la caballería. Recorre el mundo 
libertándolo de jigantes i de monstruos, tiene una corte 
brillante en que celebra grandes fiestas i en que reúne la 
flor de los reyes, de los barones i de los caballeros. Sién- 
tanse todos ellos alrededor de una mesa, que por ser re- 
donda no tiene sitio de preferencia i permite que todos los 
convidados sean servidos sin distinción, cualesquiera que 
sean su rango i sus títulos. Esos caballeros, como los (|ue 
acompañan a Cario Magno, están animados de un pensa- 
miento relijioso: no se proponen por principal objeto com- 
batir a los sarracenos, pero en algunas de las obras que 
forman este ciclo, se empeñan en buscar un vaso sagrado 



LITERATURA LATINA KN LA BDAD MEDIA 217 

(saint graa/), hecho todo él de una sola piedra preciosa, 
que después de haber servido en la última cena del Salva- 
dor, fué empleado para recojer su sangre. 

Pero la principal diferencia entre los poemas de ambos 
ciclos no está allí. Los carlovinjios están animados del es" 
píritu guerrero: no conocen mas que una virtud, el valor; 
un sólo crimen, la traición. Los poemas del ciclo de Arturo 
se complican con todos los matices del amor, de la casti- 
dad, del misticismo caballeresco, esparcidos sobre un fon- 
do de poesía i de sentimiento. Esa fábula consignada en el 
libro de Wace, abrió un nuevo horizonte a los poetas, i fué 
esplotada con bastante felicidad i en numerosas obras que 
han llegíido hasta nosotros. Chrestien de Troyes, el poeta 
mas fecundo i estimado del siglo XII, pasa por autor de 
cuatro poemas en que dominan los mismos sentimientos 
que caracterizan a las obras de este ciclo. En ese mismo 
siglo, la tradición poética relativa al rei Arturo fué con- 
signada en prosa, formando así la verdadera novela caba- 
lleresca. Los diferentes Amadis^ tan famosos en la historia 
de la literatura de los siglos posteriores, tienen allí su orí- 
jen, i pertenecen al ciclo de la mesa redonda. 

11 La antigüedad greco-asiática, proporcionó también 

asunto para sus cantos. Sin embargo, la materia suminis- 
trada por la antigua civilización recibió el sello común en 
el conjunto de obras conocidas con el nombre de ciclo gre- 
co-asiático. La mas antigua de estas obras es un poema 
provenzai en que se cuentan las aventuras de un caballero 
llamado Raimundo de Bousquet, el cual ofrece mucha se- 
mejanza con el Ulíses de Homero. Esc poema que data de 
mediados del.siglo XI, es el mas antiguo de este ciclo; pero 
hai otros posteriores en que se celebran el sitio de Troya, 
la espedicion de los Argonautas i la guerra de Tébas, con 
caracteres mui diferentes a los que los poetas de la anti- 
g^üedad hablan dado a aquellos sucesos. Los héroes de esas 
obras son los mismos que figuran en los poemas de las lite- 
raturas clásicas; pero los poetas de la edad media los con- 
vierten en paladines llenos de valor i de galantería. Esas 



218 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

obras en que la antigüedad ha sufrido un cambio caballe- 
resco, gracias a la ignorancia de los autores i al gusto de-' 
cidido del público, dejaron huellas profundas en la litera- 
tura de la Europa. Sus autores no conocian los escritos de 
los grandes poetas de la antigüedad; pero habían estudia, 
do los sucesos que cantaban en escritores de segunda o ter- 
cera mano. 

Alejandro el Grande, cuyas hazañas fueron celebradas 
por los árabes, los persas i los armenios, suministró a los 
poetas de la edad media un abundante campo de inspira- 
ción. En el siglo XII, utir Ale/andriada qh versos latinos, 
obra de Gautier (Gualterio) de Lille, era enseñada en las 
escuelas; pero a mediados de ese siglo, fué compuesto so- 
bre el mismo tema uno de los poemas mas. curiosos de la 
antigua literatura francesa. La Chanson dAlexandre, poe- 
ma de mas de veinte mil versos atribuidos a Lamberto Li 
Cors (le court, el corto) i a Alejandro Bernay, refiere la 
conquista del célebre rei de Macedonia con una multitud 
de aventuras maravillosas semejantes a las que se encuen- 
tran en los otros poemas caballerescos. Los poetas dan a 
Alejandro, por compañero de sus empresas, doce pares, 
como los que acompañan a Cario Magno, lo hacen con- 
quistar castillos encantados i ciudades magníficas; i lo ha- 
cen subir a los aires en un carro que arrastran dragones, 
para penetrar después en los abismos del océano. Alejandro 
i todos sus compañeros toman parte en torneos i en fiestas 
características de la edad media. 

12.— Los poemas que forman estos tres ciclos diferentes 
fueron, sin duda, en el principio composiciones breves, com- 
puestas i cantadas por los truveres o trovadores, i se con- 
servan los nombres de muchos de sus autores; pero nuevas 
jeneraciones de poetas las ensancharon posteriormente co- 
rrijiéndolas i modificándolas para darles la estension con 
que han llegado hasta nosotros. En todas ellas, dominan 
ciertos caracteres jenerales, una gran pasión por las em- 
presas militares, i por los resortes maravillosos, jigantes. 



LITERATURA LATINA HN LA BDAI> MEDIA 219 

enanos, encantadores, animales desconocidos, caballos ala- 
dos, armas irresistibles. 

13. — Los siglos XI i XII fueron la época de esos poemas 
caballerescos; pero el gusto por ellos se conservó, sin em- 
bargo, mas largo tiempo. Los truveres, ademas, abarca- 
ron luego un campo mas vasto i compusieron obras nota- 
bles de imajinacion i de gusto. El siglo XIII es considera- 
do con justicia el siglo de oro de la literatura francesa de 
la edad media. 

Esta es la época de los ñibiiaux. Con este nombre, dimi- 
nutivo de la palabre fahh (fábula), se designan ciertos 
cuentos que los poetas cantaban de ordinario en los casti- 
llos de los feudales para distraerlos en su aislamiento. El 
autor era llamado fábleor o fablier. Estas composiciones, 
escritas en verso de ocho sílabas, dejan entrever las cuali" 
dades esenciales del injenio francés, la vivacidad, el buen 
sentido maligno, la burla alegre, la nitidez de la forma, la 
proporción. Los fabliaux son a los poemas caballerescos, 
lo que la comedia es a la trajedia. Refieren un suceso diver- 
tido, se ocupan mucho de mujeres i de maridos, de clérigos 
i de frailes; i se dispensan de ordinario de ser morales: rara 
vez dejan de ser libres i hasta obscenos. Cultivados con par- 
ticular interés en el siglo XIII, han sido imitados con fre- 
cuencia por los poetas modernos. Uno de ellos titulado 
Vilain Miré (mal médico) ha servido de modelo a Moliere 
para componer su comedia El médico a su pesar (í^e méde- 
cin malgré lui), que ha pasado a la escena española con el 
título de lil médico a palos. 

14.— Los poetas franceses de ese siglo se ocuparon tam- 
bién del apólogo, al cual dieron la denominación de isopet, 
del nombre del fabulista griego Esopo. Son famosos entre 
otros los apólogos compuestos por María de Francia, poe- 
tisa natural de Compiégne, de cuj^a vida casi no se tienen 
noticias. Los truveres compusieron también sátiras pican- 
tes que cantaban en todas partes, i que el pueblo repetia 
con su natural alegría; pero éstas no eran obras de una 



220 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

forma distinta i propia como las sátiras de Horacio i de 
Juvenal, sino apólogos i fabliaux en que dominaba la ale- 
gría i la crítica. 

Es famoso entre las obras de este jénero un poema cono- 
cido con el nombre de K ornan du Renard (romance o poe- 
ma del zorro). Basado sobre una antigua composición 
cuyo oríjen se disputan diversos pueblos, adquirió todo su 
desarrollo en el siglo XIII. Luego nacieron otros poemas 
destinados a celebrar el mismo asunto, que reunidos al pri- 
mero formarían mas de ochenta mil versos. Se diría que el 
primer poema es un centro de un ciclo de epopeyas cómicas 
i burlescas que tienen los mismos personajes. El asunto de 
esta obra es las aventuras de un zorro, en que está repre- 
sentada la astucia, que recorre toda la sociedad feudal, sin 
hacer de ella otra burla que el contraste de los personajes 
que en el poema son simples animales, i que representan en 
él un papel análogo al que les corresponde por sus instintos. 
El zorro llamado Goupil le Renard, es alternativamente ju- 
glar, peregrino, médico, caballero, emperador; i siempre 
bellaco, sale bien en todas las empresas que acomete i bur- 
la a todos los animales con quienes se encuentra. 

15. — Esta pasión de alegoría, tolerable cuando encierra 
un principio satírico, se convirtió en el siglo XIII en un 
verdadero furor. Todos los caracteres de esta clase de 
obras se encuentran en un poema célebre, el Román de la 
Rose (el romance de la rosa) alegoría sabia i fastidiosa de 
mas de veintidós mil versos, en que se trata de saber si el 
héroe llegará a tomar una rosa que ha divisado en un jar- 
din, que defienden veinte abstracciones personificadas, ta- 
les como el Peligro, la Maledicencia, la Felonía, la Bajezat 
el Odio i la Avaricia. El héroe tiene por ausiliares otras 
cualidades, con cuya protección llega al palacio del Placer, 
donde encuentra al Amor en medio de un cortejo de perso- 
nificaciones. Es fácil presentir cuan fría e inanimada es 
toda esta mitolojía simbólica. La menor aventura de un 
ser vivo i real despierta mas intereres que el fuego fantás- 
tico de todas estas vanas nebulosidades. El Román de la 



LITERATURA LATINA EN LA EDAD MEDIA 221 



Rose es la obra de dos jeneraciones. La primera parte fué 
compuesta por Guillermo de Lorris, contemporáneo de San 
Luis, i contiene, a pesar de su monotonía, algunos detalles 
agradables i rasgos de sentimiento i descripciones injenio- 
sas. La segunda parte, mucho mas estensa, es la obra de 
Juan de Meung (siglo XIV),*i se distingue por la erudición 
i el espíritu satírico. Su héroe es Falso Semblante, símbolo 
de la hipocresía, i su asunto es todo el siglo con su ciencia» 
su corrupción, sus prácticas supersticiosas i sus preocupa- 
ciones. 

16. — La poesía lírica de esos siglos nos ofrece también 
una multitud de composiciones lijeras que son casi la obra 
esclusiva de los nobles, de los condes i aun de los príncipes. 
El mas célebre de todos estos grandes señores cancioneros 
es Thibaut, conde de Champagne (1201-1253), que formó 
su gusto poético en el estudio de las obras de los trovado- 
del mediodía. **Sus canciones, dice, M. Villemain, están es- 
critas en ese idioma setentrional de la Francia, en que apa- 
rece ya la forma francesa: pero se encuentra, sin embargo, 
un reflejo de los trovadores. Su lenguaje es el de la pasión 
delicada, el lenguaje de las fiestas i de los cantos Thi- 
baut, mezcló en sus versos el jenio de las dos nacijones i de 

las dos lenguas Es la primera reputación clásica, en 

poesía vulgar, que encontramos en la Francia septentrio- 
nal en la edad media: es el primer escritor que se cita en 
todas partes, i cuyos versos puedan oirse i leerse.** 

Al hallar un poeta tan notable en el siglo XIII, se podria 
creer que en el siglo siguiente la poesía se desarrolló de una 
manera brillante. Pero esta época no fué mas que un tiem- 
po de calamidades i de desastres. La Francia, humillada 
por los ingleses en los campos de Crécy i de Poitiers, no po- 
día pensar mucho en su gloria literaria en el momento en 
que su propia existencia estaba en peligro. 

Es menester llegar a los primeros años del siglo XV, para 
encontrar un verdadero poeta, Carlos de Orleans, nieto 
del rei de Francia Carlos V. Carlos de Orleans que vivió en 
medio de las guerras civiles, se arrojó en ellas para vengar 



222 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 



a SU padre que había sido asesinado por el duque de Bor- 
goña. En la famosa batalla de Azincourt (1415), i cuando 
apenas contaba veinte i cuatro años, cayó herido i prisio- 
nero en poder de los ingleses. Durante los tristes ocios de 
un cautiverio de veinte iaños, compuso el volumen de poe- 
sías que lo coloca en el primer ¿-ango entre los poetas de su 
tiempo. 

Esa obra es, ajuicio de M. Villemain, la primera produc- 
ción francesa en que la imajinacion sea correcta i natural, 
en que el estilo ofrezca una elegancia prematura para su 
tiempo, i en que el poeta encuentre esas espresiones que no 
tienen fecha, i que viven en la lengua i en la memoria de un 
pueblo. Aunque parezca ligado con aquella escuela sutil i 
alegórica a la cual sirve de código el Román de la Rose; 
aunque con frecuencia aparecen en sus versos personajes 
alegóricos, sus obras respiran gracia i sentimiento; i cuan- 
do lamenta su audiencia de la patria, es poeta de corazón. 

17.— El drama nació en las literaturas modernas, como 
habia nacido entre los griegos, en medio de las fiestas reli- 
jiosas. Reprodujéronse los sucesos que recuerda la historia 
de la relijion, primero por medio de figuras, i en seguida, 
por medio de los mismos sacerdotes o de ios fieles, que, to- 
mando el rol de los personajes, traducían sus pensamientos 
i sus sentimientos por medio de la acción i del lenguaje vul- 
gar. Las guerras contra los árabes fueron otro motivo de 
inspiración dramática, de tal suerte que en el teatro apa- 
recían alternativamente los judíos con los romanos, i los 
cristianos con los sarracenos. Los actores iban i venían, 
cambiando algunas palabras^ tratando de interesar a los 
espectadores, mas por sus trajes i por su acción que por 
sus discursos. 

Estas representaciones se hicieron mas frecuentes; i como 
interesaban mucho al pueblo, algunas personas piadosas 
tundaron una sociedad particular, autorizada por un edic- 
to real de 1402, con el título de Cofradía de la Pasión i que 
tenia por objeto lA representación de las escenas mas inte- 
resantes del Antiguo i Nuevo Testamento. Estas piezas to- 



LITERATURA LATINA KN LA EDAD MBDLV 223 

marón el nombre de misterios. Otras dos asociaciones vi- 
nieron a completar el teatro francés de la ed.'id media. La 
Basochc (diminutivo burlesco de basílica), sociedad funda- 
da por los abogados i ajen tes subalternos de justicia, i los 
mozos de buen humor (eníknts sáns souci)^ asociación de 
estudiantes, fueron reconocidas casi en la misma época, i 
representaban piezas de diferentes caracteres, designadas 
con el nombre de moralidades (moralitésr) las de los prime- 
ros, i de tonterías (sottises) las de los segundos. Las mora- 
lidades eran piezas alegóricas o representaciones de ciertos 
sucesos de invención o de las parábolas del Evarijelio,como 
el hijo pródigo, etc.; las tonterías eran falsas grotescas des- 
tinadas a hacer reir haciendo la crítica de la sociedad ente- 
ra. Las dos últimas asociaciones, aunque independientes 
entre sí, solian reunirse, i sus producciones se confunden de 
ordinario. En todas estas obras, la influencia de las tradi- 
ciones del teatro antiguo era sumamente débil. 

Los misterios ofrecian, pues, la enseñanza de la historia 
de la relijion bajo forma dramática. No son producciones 
tan despreciables como algunos han creido, puesto que en 
su estudio se han encontrado frecuentes rasgos felices. Per- 
feccionándose, habrían podido producir la trajedia. Las 
otras representaciones, por su espíritu burlón i satírico, 
recuerdan la comedia política de los antiguos, i de esos pri- 
meros jérmenes, habría podido producirse una verdadera 
comedia. El renacimiento iniciado a fines del siglo XV, 
que, haciendo revivir las literaturas clásicas, echó el des- 
prestijio sobre las producciones toscas e imperfectas de la 
edad media, ahogó por entonces estos ensayos del teatro 
nacional francés. 

18. — El desenvolvimiento de la prosa fué en Francia, co- 
mo de ordinario, posterior al cultivo de la poesía. Los cro- 
nistas escribian sus obras en latin; i de los sermones predi- 
cados en lengua vulgar, como de los tratados relijiosos que 
debieron ser comunes en la edad media, no nos quedan 
muestras anteriores al siglo XIV. Para la posteridad, la 



224 NOCIONES DR HISTORIA LITflRARlÁ 

« 

historia fué el único jénero literario cultivado con buen 
éxito en prosa francesa. 

Uno de los primeros monumentos de esta lengua, i la 
primera crónica francesa es la relación de la conquista de 
Constantinopla escrita por Godofredo de Villehardouin, 
caballero nacido en Champaña en 1167, que tomó parte 
con el rango de mariscal en la cruzada que dio por resulta- 
do el establecimiento de un imperio francés en Constanti- 
nopla, i que obtuvo la ciudad de Mesinopla con todas sus 
dependencias. Retirado en esta ciudad, compuso esa obra 
que le ha asegurado el renombre de que goza. Esa crónica 
heroica, escrita con una noble sencillez, inaugura digna- 
mente la serie de trabajos históricos de que se honra la 
Francia. Ese cuadro, por la unidad de su acción, una sola 
empresa, i por la unidad de tiempo, só1í> nueveaños, es una 
especie de epopeya primitiva en que los hechos i los carac. 
teres están puestos de relitve con grandeza i naturalidad, 
Villehardouin es, sin arte i sin esfuerzo, historiador, orador 
i poeta. 

Este cronista abre el siglo XIII con un libro justamente 
estimado. Cierra ese período Juan, señorde Joinville, natu- 
ral también de Champaña i amigo de San Luis, a quien 
acompañó en muchas de sus espediciones, i cuya vida escri- 
bió con toda franqueza i con toda verdad. Su libro, mui 
notable e importante como documento, lo es también por 
su mérito literario. El ha enriquecido la lengua francesa 
con una multitud de jiros particulares, contribuyendo así 
a su perfección. 

19.— El siglo XIV ha tenido su historiador en el mas cé- 
lebre de los cronistas, Juan Froissart, clérigo natural de 
Valenciennes, que conocia los torneos i fiestas de su siglo 
tanto como los caballeros i paladines. Se propuso escribir 
la historia de su tiempo; pero, como necesitaba adquirir 
informes positivos, i como en esos siglos de revueltas i gue- 
rras entre los señores, en que las relaciones i comunicacio- 
nes eran casi nulas, no habria otro medio de asegurarse de 
los hechos que el recorrer las diversas provincias para reco- 




LITERATURA LATINA ES LA MDAD MBDIA 225 

jer noticias de los hombres mas intelijentes, Froissart se 
hizo caballero errante, visitó la Escocia, acompañó al prín- 
cipe negro a Aquitania, Burdeos i España, volvió a Ingla- 
terra, i, en seguida visitó la Italia con el duque de Clarence- 
Al paáo que recojia i apuntaba todo jénero de noticias, com- 
ponia versos delicados, canciones galantes i romances 
heroicos. Pero su obra monumental es la Crónica de Fran- 
cia, de Inglaterra, de Escocia, de España i de Portugal, 
obra estensa en que ocupan el lugar mas importante las 
dos primeras naciones, pero que casi puede considerarse la 
historia universal de la mayor parte de su siglo (de 1326 a 
1400;. 

••Las pinturas de la vida feudal, dice M. Villemain, tra- 
zadas por Froissart, presentan todos los contrastes de ru- 
deza i de cortesía caballeresca, de barbarie i de humanidad. 
Una infinita variedad nace de; su natural exactitud. Su 

alma es un espejo en que se refleja toda la edad media 

El rei Juan, prisionero en la tienda del príncipe de Gales, 

ofrece una pintura admirable En ciertas descripciones 

de batallas, es verdaderamente homérico. No se podría des- 
cribir con mas vigor esos choques de hombres armados 
qae se atacan. Llegáis al castillo de Gastón de Foix, i veis 
que es imposible pintar con mas gracia la vida ociosa, las 
fiestas de esta corte. Pasáis a España, i la tiranía de Pedro 
el cruel, el atrevimiento de Enrique de Trastamara, el jenio 
del Príncipe negro, se presentan delante de vosotros. En- 
tráis a Francia, i la prudencia de Carlos V., su actividad, 
su administración, están descritas con cuidado. Grandes 
acontecimientos, anécdotas familiares, nociones diversas, 
todo se mezcla i se sucede sin confusión.** 

La Crónica de Froissart, por su animación i su colorido, 
es única para conocer la edad media. 

Tras de Froissart, aparecieron muchos otros historiado- 
res de menor mérito. Cristina de Pisan, poetisa francesa, aun- 
que nacida en Venecia, compuso también una Historia de 
Carlos F., que se consulta todavía con ínteres. Pero ésta, 

TOMO IV 15 



226 NOCIONES DB HISTORIA LITERilRIA 

como los otros historiadores de su tiempo i de la primera 
mitad del siglo XV, no alcanzó a dar a la historia ni e^ 
color, ni la animación que abundan en la famosa Crónica 
de Froissart. 



CAPITULO VI. 



lilterataras española i portuguesa. 

1. Oríjen de la lengua española; los iberos. — 2. Los celtas, los fe- 
nicios i los cartajineses. — 3. Los romanos. —4'. Los godos — 5. 
Los árabes.— 6. Formación de la lengua castellana.— 7. Diver- 
sos elementos que la componen.— 8. El Poema, del Cid.— 9, 
Otros poemas.— 10. Gonzalo de Berceo.— 11. Juan Lorenzo de 
Segura. — 12. Don Alfonso el sabio; Las siete partidas.— 13, 
Otras obras de don Alfonso; la Crónica jeneral, las Cánticas i 
la Conquista de Ultramar. — 14 El infante don Juan Manuel. 
15. Juan Kuiz, arcipreste de Hita. — 16. Don Pedro López de 
Ayala; sus obras.— 17. Rabbi don Santob.— 18. El Poema de 
José.-^19, Movimiento literario en el siglo XV.— 20. Don Enri- 
que de Villena.— 21. Don Iñigo López de Mendoza, marques 
de Santillana.— 22. Juan de Mena. — 23. Jorje Manrique.— 24. 
I..OS Cancioneros; carácter jeneral de las poesías que contienen. 
25. El Romancero.— 26, Romances caballerescos. 27. Roman- 
ces históricos— 28. Romances moriscos. — 29. Romances de 
costumbres.— 30. Romances sobre la antigüedad clásica.— 31. 
Eí Centón epistolario. — 32. Fernán Pérez de Guzman i Her- 
nando del Pulgar. — 33. Las crónicas.- 34. Alonso de la Torre 
—35. El idioma portugués. - 36. Primeros poetas portugueses. 
— 37. Primeros prosadores. 

1. — La cuestión de saber cuál fué la lengua primitiva de 
España ha sido discutida durante largo tiempo sin que se 
haya podido llegar a conclusiones definitivas. Entre las opi- 
niones vertidas sobre este asunto, se ha llegado a decir que 
la len^^a castellana, tal como se hablaba en la edad me- 



228 NOCIONBS DB HISTORIA LITBBARIA 



día, era contemporánea del latín, i aun, que este idioma 
había tomado de aquella algunas de sus voces i de sus for- 
mas. Una antigüedad semejante se ha reclamado también 
para el italiano i para el francés; pero esta opinión aconse- 
jada por una vanidad nacional, ha sido desatendida jene- 
ralmente. 

La filiación de la lengua española o castellana es mas 
oscura que la de cualquiera otra lengua de Europa. El país 
que hoi se conoce con el nombre de España haesperimenta- 
do, mas que otro alguno de la Europa moderna, revolucio- 
nes i cambios que han dejado rastros permanentes en su 
población, en su lengua i en su literatura. Ocupado alter- 
nativamente por hombres de razas diferentes i de lenguas 
opuestas, todas ellas han ejercido una influencia sucesiva 
sobre el idioma nacional hasta dejarlo definitivamente 
constituido después *de mas de dos mil años de cambios i 
modificaciones. 

Se considera jeneralmente a los iberos como el pueblo 
primitivo que pobló la península española. Por descendien- 
tes de ellos son tenidos los vascos, que después de ocupar 
todo el dilatado territorio de aquel país, se reconcentraron 
en las rejiones vecinas a los Pirineos, conservando hasta 
ahora un idioma propio, del cual se encuentran, sin embar- 
> go, algunos vestijios en el castellano moderno. 

2.— Losprimerosinvasores de la España fueron los celtas 
pueblo de oríjen asiático, que había ocupado también la 
Galia. Parece que después de largas luchas con los anti- 
guos dominadores, se refundieron las dos razas i las dos 
lenguas; pero en las montañas del norte, se conservó el ibe- 
ro o vascuence en toda su pureza, hablado por tribus va- 
roniles que se defendieron victoriosamente contra la inva- 
sión. El idioma de los celtas se trasluce todavía en el cas- 
tellano, así como en el francés i en el italiano, aunque 
lijeramente en todos ellos. 

Las revolucicoies posteriores de la lengua española son 
mas recientes i como tales mucho mejor conocidas. Los fe- 
nicios, el pueblo mas comercial de la antigüedad, reconocie- 



LITERATURA B K8PAN0LA I PORTUGUESA 239 



ron las costas de España i esplotaron las minas de metales 
preciosos que entonces abundaban en la península. Duran- 
te largo tiempo, ellos fueron los únicos que tuvieron noti- 
cia de esas riquezas: para utilizarlas fundaron colonias, i 
junto con su comercio introdujeron sus costumbres i su len- 
gua en una gran parte de la rejion del sur. 

Mas influencia que los fenicios ejercieron todavía los car- 
tajineses sobre la lengua i las costumbres de los españoles. 
Habiendo recorrido las costas de la península como simples 
comerciantes, fundaron también colonias quedefendiancon 
fuertes guarniciones para imponer a la población indíjena; 
pero después de la guerra púnica, emprendieron su comple- 
ta conquista i ocupación. Por los años 227 antes de la era 
cristiana, los cartagineses eran dueños de casi toda la re- 
jion del sur de España hasta las orillas del Ebro. Su lengua 
produjo, como debe suponerse, una notable revolución en- 
tre los idiomas que se hablaban en la península. 

3.— Es sabido que la dominación cartajinesa en España 
no fué de larga duración. Los romanos, después de una lar- 
ga guerra, vinieron a suplantarlos i a establecerse definiti- 
vamente en la península, estableciendo al mismo tiempo su 
lengua junto con su civilización. Encontraron en España 
ranchos idiomas diferentes, diez, según el historiador ita- 
liano Luitprando, que vivia en el siglo X; pero esta misma 
diversidad de lenguas favoreció su estincion, como las divi- 
siones políticas favorecieron el sometimiento de todo el 
pais. Habria sido, sin duda, mucho mas difícil desterrar una 
lengua única, común a todas las partes de la población, 
qne esa multitud de dialectos que no tenian la fuerza de un 
lazo nacional ni et interés de una literatura. Estas circuns- 
tancias esplican el progreso del latin en la península, de tal 
modo que en ninguna parte, fuera de la Italia, la lengua 
latina, fué cultivada tan jeneral i tan felizmente como en 
España. Hemos dicho ya que este pais produjo muchos es- 
critores que, como Quintialiano, Séneca, Marcial i Lucano. 
honraron las letras romanas durante el imperio. El latin 
mantuvo su preponderancia hasta el siglo V de nuestra 



230 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 

era; pero es probable que al lado de esta lengua existieran 
dialectos vulgares, o a lo tnénos un latin corrompido ha- 
blado por el pueblo. 

4.-— Cuando las bárbaros del norte vinieron a reemplazar 
a los romanos en su dominación sobre el suelo español, 
adoptaron la lengua en el estado en que la encontraron. 
Los godos, sobre todo, se inclinaban mas a tomar las cos- 
tumbres i el idioma de los vencidos que a imponerles los 
suyos; pero no pudieron despojarse completamente de su 
propio idioma sin dejar huellas profundas en el que se ha- 
blaba en España. Las lenguas de oríjen jermánico cambia- 
ron después la fisonomía de la lengua española, ya sea por 
la introducción de nuevas voces, ya por la modificación de 
la estructura gramatical. Los godos, como los demás pue- 
blos rudos, aprendían con facilidad palabras aisladas de 
una lengua mas perfecta que la suya; pero les era mas difí- 
cil entender el espíritu filosófico de su gramática. Así, pues, 
al paso que adoptaron libremente el estenso i rico vocabu- 
lario de la lengua latina, amoldaron sus complicadas i ar- 
tificiosas formas al mecanismo mas sencillo i natural de 
sus idiomas nativos. 

5.— Cuando se consumaba esta revolución, la España fué 
presa de una invasión rápida e imprevista que amenazaba 
destruir los restos de la civilización antigua que aun que- 
daban en pie o los que habian surjido bajo los últimos do- 
minadores. A principios del siglo VIII, los árabes se apo- 
deraron de la España i arrojaron a los visigodos i su in- 
fluencia, espulsándolos por un lado hacia las costas del 
Atlántico, en las montañas de Asturias i de Galicia, i por 
el otro hacia los Pirineos, en los valles de Aragón. Mucho 
mas civilizados que las hordas jermánicas, a las cuales 
reemplazaban en la dominación del pais, los árabes traían 
consigo una lengua que era el objeto de una brillante cultu- 
ra, i que por lo tanto ejerció su influencia en la formación 
del español. El árabe se estendió rápidamente en toda Es- 
paña i fué adoptado aun por algunos príncipes cristianos. 
Un escritor español, que escribia en latin, en Córdoba, por 



LITERATURAS ESPAÑOLA I PORTrOUESA 231 



•los años 854, dice que entre mil cristianos era difícil hallar 
uno que supiese escribir una carta latina, al paso que mu- 
chos componian versos en árabe. Un obispo de Sevilla tra- 
dujo la Biblia en lengua árabe para ponerla al alcance de 
los cristianos. El idioma de los conquistadores llegó a ser, 
pues, la lengua de las ciencias i de la jente culta. 

6. — Pero al mismo tiempo, se mantenia en pie el antiguo 
idioma vulgar en las provincias del norte que no domina- 
ron los conquistadores, o que poco a poco fueron sustra- 
yéndose de su dominación. El aislamiento en que vivian 
los cristianos i la influencia de diferentes elementos, dieron 
lugar a la formación de diversos dialectos derivados mas o 
menos del latin i que, como tales, recibieron el nombre de 
romanos o romances. Durante la lucha entre los cristianos 
i los musulmanes, hubo tantos dialectos como distintos 
estados políticos; pero comenzaron a agruparse i refundir- 
se a consecuencia de la reunión gradual de las provincias, i 
por tanto, a disminuir el número a medida que desapare- 
cían las divisiones políticas del pais. A principios del siglo 
XII, todos estos dialectos podian reducirse a tres principa- 
les: los de Cataluña i Valencia, que traian su oríjen del 
provenzal o la lengua de oc; el gallego nacido en la costa 
occidental de la península, i dio oríjen al portugués; i el 
castellano propiamente dicho que, nacido en las montañas 
de Castilla la vieja, siguió invadiendo al sur de la penínsu- 
la tan luego como los árabes iban perdiendo el territorio 
conquistado. Esta preponderancia de ese dialecto sobre 
todos los otros es debida a la importancia del papel que el 
pueblo que lo hablaba desempeñó en la guerra contra los 
musulmanes. Cuando los cristianos del norte, después de 
una lucha tenaz i prolongada, lograban reconquistar pal- 
mo a palmo el suelo de la patria, iban estendiendo lenta- 
mente su idioma entre aquellos de sus compatriotas que 
habian vivido bajo el yugo de los árabes, i recibiendo de 
éstos las voces arábigas que pasaron a formar parte del 
español. 

No es fácil fijar la época en que se consumó esta revolu- 



232 )(0C10NB6 DE HISTORIA LITBRARIA 



cion: pero todo hace creer que fue lenta e iusensible. El mas 
antiguo documento que ha llegado hasta nosotros en esta 
lengua es la confirmación de los fueros de Aviles, en Astu" 
rías, hecha en 1155 por Alfonso VII; i por lo tanto por mui 
lenta i oscura que haya sido la formación del castella- 
no, se puede asegurar que a mediados del siglo XII había 
conseguido ya elevarse a la categoría de lengua escrita, i 
figuraba en los documentos públicos importantes de aquel 
tiempo ^ Conocida primero con el nombre de romance, 
esa lengua tomó luego la denominación de español, del 



1 Aunque se ha puesto en duda la autenticidad de este docu- 
mento (V. el vohimen publicado en Madrid en 1865 con el título 
de El fuero de Aviles por don Aureliano Fernández Guerra i Orbe), 
conserva su crédito como uno de los monumentos n^s antiguos 
de la lengua castellana. Vamos a copiar un fragmento para que 
los jóvenes conozcan algunas líneas de los primeros ensayos escri- 
tos en idioma español. 

**Hom qui soaver perder; si sospecta over de suo vezino, et homo 
leal sia '1 vezino que ladrón non siat de altro furto provado per 
concilio, sálvese per sua cabeza, et non lide por en. Et si homo fur 
qui leal non sit, que altro furto aia facto on pro vado sea per con- 
cilio, deféndase per lith. Et si lidiar non quisen leve ferro kaldo: 
et si se crcmar, pectet illo aver cum suas novenas al don del avcr^ 
et sólidos X per las tangantes al maiorino. Et si mulier fur que in 
altro furto sia prisa provada per concilio, leve ferro caldo. Et si 
marito aver o párente .o filio, que la defenda et lith per illa, et si 
vencido fur. pectet la aver cum suas novenas, et X sólido a mato- 
riño per suas tangantes.'' 

Traducción.— El hombre que su haber perdiere, si tuviere sos- 
pecha de su vecino, i si el vecino fuere hombre leal que no sea acu- 
sado de otro hurto prohado por el consejo ( por decisión del con- 
sejo;, sálvese su persona i no lidie por esta causa. I si fuere hom- 
bre que no sea leal, que haya hecho otro hurto i que sea prohado 
por el consejo, defiéndase por lidia (por duelo judicial). I si no qui- 
siere lidiar, lleve un fierro candente; i si se quemare pague aquello 
con sus novenas (nueve veces su valor) al dueño del haber, i diez 
sueldos por los honorarios al juez. 1 si fuere mujer que en otro 
hurto probíido por consejo fuere tomada, lleve fierro candente. I 
si tuviere marido, pariente o hijo que la defienda, lidie por ella: i si 
fuere vencido, pague el haber con sus novenas, i diez sueldos al 
juez por sus honorarios. 



LITBBATURA8 M8PAÑ0I.A' I POHTUGIJB8A 233 



pueblo que la usó: i ha sido llamada después castellano, 
por aquella parte del pais en que se perfeccionó i cuyo po- 
der político predominó mas tarde. 

7. — Esa primera muestra de nuestra lengua revela la pre- 
ponderancia del latin. Diversas veces se ha tratado de sa- 
ber la proporción exacta en que cada una de las lenguas 
componentes contribuyó a la Formación del castellano, sin 
arribar a un resultado definitivo. Un erudito español, el 
padre frai Martin Sarmiento, que estudió detenidamente 
este asunto en el siglo XVIII, es de opinión que divididas 
las voces castellanas en cien partes iguales, sesenta son la- 
tinas puras o corruptas, diez eclesiásticas o griegas, diez 
septentrionales (célticas, visigodas, etc., etc.), diez orienta- 
les (arábigas), i las otras diez son voces de las Indias orien- 
tales u occidentales, alemanas o del lenguaje de los jitanos 
Es probable que este cálculo no diste mucho de la verdad; 
pero en él falta el elemento vascuence, i talvez se da al ára- 
be mas importancia de la que realmente tiene, porque du' 
rante mucho tiempo se atribuyó a la lengua i a la civiliza- 
ción de ese pueblo una influencia exajerada. Sea de esto lo 
que se quiera, hai un hecho indudable, i es que el óríjen prin- 
cipal, el cimiento, por decirio así, del castellano, se encuen- 
tra en el latin. 

8. — Los primeros frutos de esa lengua i de esa literatura 
nos son completamente» desconocidos. Es probable que la 
musa castellana se ejercitara desde tiempos mui antiguos 
en la poesía lírica, i particularmente en los cantos heroicos 
para recordar las proezas de los campeones que brillaron 
en la guerra contra los moros: pero- esas producciones no 
han llegado hasta nosotros, de manera que la posteridad 
considera como el monumento mas venerable de la litera- 
tura castellana un poema de mas de cuatro mil versos, que 
ha debido ser precedido de muchas otras obras de menor 
aliento. 

Como las Cbansons de gesta de los truveres franceses, 
que indudablemente fueron conocidas en España desde una 
época mui lejana, ese poema tiene por objeto el recordar 



234 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

las hazañas militares consignadas en la memoria del pue- 
blo. Su héroe es Rodrigo o Rui Díaz de Vivar, mas conoci- 
do con el nombre de Cid Campeador, cuyas proezas en la 
guerra contra los moros tienen tanto de la historia como 
de la fábula, i a quien la posteridad considera defensor de la 
España contra la invasión musulmana, de tal modo que su 
imájen i su nombre han llegado a apoderarse de la fíintasía 
i del cariño de sus conciudadanos hasta el punto que la his- 
toria i la tradición se complacen en rodearlo con una larga 
serie de hechos fabulosos, dignos sólo de los paladines de 
de los libros caballerescos. 

El poema del Cid ha sido considerado por algunos críti- 
cos una obra puramente histórica, una crónica rimada; i 
en efecto, escasean en él las ficciones poéticas que abundan 
en las obras de los tiempos medios. Sin embargo, está de- 
mostrado históricamente que algunos de los hechos referi- 
dos allí no han podido verificarse; i por otra parte domina 
en todo el poema cierto colorido romántico que se aviene 
mal con la historia. No se busque en él la unidad de acción: 
sólo se hallará la unidad de héroe, el Cid que toma parte 
en empresas diferentes, que vence i arrolla a los sarracenos 
en todas ellas i que se hace respetar de su propio rei por la 
rectitud de sus acciones i por la prudencia de sus consejos. 
El carácter del Cid, que se desprende noble i majestuoso del 
medio de una fábula mui complicada i heterojénea, es una 
verdadera obra maestra. En todas ocasiones se muestra 
**buen amigo, desinteresado i jeneroso, comedido i obedien- 
te subdito de un rei que le habia tratado mal, dice un críti- 
co español, don Eujenio de Tapia. En las cortes de Toledo 
aparece como un hombre superior a cuantos le rodean. El 
rei i los infantes le acatan: todos le miran con asombro; i 
él, sin orgullo, sin exajeracion, sereno como el águila que 
vuela sobre la nube tormentosa, presenta su queja, pide 
satisfacción, la alcanza i vuelve a Valencia a morir en el 
seno de su adorada esposa, cercado de gloriosos laureles." 
No faltan en el poema pasajes notables por el vigor i el co- 
lorido, i a veces por la animación del relato; pero se notan 



LITERATURAS HSPAÑOLA I PORTÜ(tUBSA 235 



muchas transiciones, i sobre todo violentas divisiones en 
la acción i en la manera de contarla. **Aun se leeria hoi 
con gusto esta composición, continúa Tapia, si el estilo co- 
rrespondiese a la elevación del asunto; pero desgraciada- 
mente es prosaico i aun vulgar en la mayor parte, aunque 
de cuando en cuando agrada por cierta naturalidad mui 
conforme a las costumbres de aquellos tiempos. También 
tiene a veces el estilo cierta enerjía, señaladamente en la 
descripción de los combates; mas este fuego se apaga bien 
pronto, i vuelve a reinar la prosa monótona, fria i cansa- 
da. Digo prosa, porque no sólo falta el colorido poético, 
sino porque en realidad no hai sistema alguno de versifi- 
cación, sino renglones desiguales, unas veces de docCySÍla- 
bas, otras de catorce, de dieciseis, i aun mas, según convie- 
ne al autor para concluir un período. Ya toma un asonan- 
te, i lo sigue hasta hasta que le cansa, ya un consonante, 
i hace lo mismo, o mezcla unos i otros a su antojo.*^ 

El oríjen de este poema es completamente desconocido 
para nosotros. Conservado en un manuscrito al cual fal- 
tan algunas hojas al principio, una en el medio i algunas 
líneas sueltas en diversas partes, sólo fué dado a luz por 
medio de la imprenta en 1779, i reimpreso después dos ve- 
ces mas, pero siempre con groseros errores, nacidos ya de 
la copia única que existe, ya de equivocaciones de sus dife- 
rentes editores. El primero de éstos, don Tomas Antonio 
Sánchez, fué el que le dio el nombre de Poema del Cid, con 
que se conoce esta obra. Se ignora el nombre del autor; { 
aunque al fin del manuscrito se hallan estas palabras: Pero 
Abat lo escribió, se supone con fundamento que éste fué so- 
lamente un simple copista. Las mismas dudas existen res- 
pecto de la antigüedad de esta obra: don Andrés Bello, que 
ha estudiado mejor que otro alguno esta cuestión, cree que 
el poema en su forma actual, no se compuso antes del siglo 
XIII, ni probablemente antes de 1221. Algunos críticos dis- 
tinguidos han llegado a creer que este poema, en que, como 
hemos dicho, se descubren ciertas transiciones en la acción 
i en el relato, es formado de cantos sueltos, compuestos por 



236 NOCIONBS DK HISTORIA LITERARIA 

diversos autores i reunidos después con algún método, pera 
sin poderle dar la unidad indispensable en una obra de esta 
clase. 

9.— De esta misma época datan, sin duda, tres poemas de 
autores desconocidos, que sólo fueron publicados en 1841. 
En el primero se cuenta la historia fabulosa de Apolonia 
rei de Tiro, i constituye una especie de poema caballeresco 
del ciclo greco asiático, lleno de aventuras guerreras i ma- 
ravillosas. El segundo refiere la vida de Santa María Ejip- 
ciaca, i forma un poema concebido con espíritu relijioso en 
que está contada la vida de esa mujer piadosa, tan conoci- 
da i venerada en otro tiempo, con los caracteres que hacen 
desagradable i chocante la historia de las liviandades de 
sus primeros años. La crítica ha creido reconocer en esta 
obra una incitación de algunos de los antiguos fablianx de 
la literatura francesa. El tercero tiene por objeto la ado- 
ración de los reyes magos, con algunos hechos relativos a 
los primeros años de la vida de Jesús, consignados en el 
evanjelio i en la tradición piadosa de la iglesia. Estas tres 
composiciones, de las cuales la mas estensa i la mejor es la 
primera, adolecen de la misma aspereza de versificación de' 
poema del Cid, pero se nota en ellas mayor perfección en 
la lengua i un esfuerzo a modificar la estructura de la es- 
tancia i del ritmo. 

10.— Hemos dicho que todas esas obras son anónimas. 
Una cosa idéntica ocurre en la literatura primera de las 
otras naciones de Europa, porque la gloria literaria era 
poco codiciada i estimada, i los escritores no tenian mucho 
interés en poner su nombre en las obras quecomponian. En 
el siglo XIII, sin embargo, la literatura española produjo 
dos poetas, de cuya vida se conocen algunos hechos, que 
se encuentran consignados en sus propios versos. 

Uno de ellos, llamado Gonzalo, clérigo secular agregado 
al monasterio de san Millan, o Emiliano, en la diócesis de 
Calahorra, i apellidado Berceo por el lugar donde nació, 
escribia por los años de 1220 a 1246, i compuso nueve poe- 
mas sobre diversos asuntos relijiosos, sacados de la histo- 



IJTBRATURAS ESPAÑOLA I PORTUGUBSA 237 

ría de la madre de Jesucristo, i de la vida de algunos san- 
tos. Con escepcíoQ de algunos pasajes, todos estos poemas 
están escritos en estancias regulares de cuatro versos mo- 
norrímicos; i aunque su versificación sea de ordinario bas- 
tante imperfecta, i su estilo trivial i aun bajo, se encuentran 
trozos de verdadera poesía. Es notable sobre todo uno 
titulado el Duelo de la Vírjen, en que se refieren los dolores 
i tormentos de la madre de Jesús, durante la pasión i muer- 
te de su hijo. 

11. — El otro poeta a que nos hemos referido es Juan Lo- 
renzo de Segura, clérigo natural de Astorga que vi^rtaa me- 
diados del siglo XIII, i que compuso un poema como de 
diez mil versos para celebrar las hazañas de Alejandro, rei 
de Macedonia. Formado sobre el poema latino de Gautier 
de Lille, i el francés de Lambertto Li-Cort i de Alejandro 
Beraay, el poema de Segura es sólo un romance caballeres- 
co en que el famoso rei de Macedonia aparece con el carác 
ter i las inclinaciones de un caballero andante, i acomete 
empresas sobrehumanas de las que sale con frecuencia por 
medio de resortes maravillosos. Tanto el poema francés 
como el castellano han dado oríjen en sus respectivas len- 
guas a la denominación de un verso, el alejandrino, detrece 
sílabas en francés i de catorce en castellano. Aunque la ver* 
sificacion de Segura no posee flexibilidad i aunque su obra 
sea una narración prosaica de aventuras que se aparta po- 
co délos dos poemas que le sirvieron de modelo, es un do- 
cumento importante para la historia déla literatura cas- 
tellana. 

12.— La prosa hizo en el siglo XIII progresos mas sólidos 
i rápidos que la poesía. No puede establecerse ninguna 
comparación sea por el fondo sea por la forma, entre la me- 
jor composición poética de ese siglo i la recopilación de le- 
yes formada por Alfonso X, bajo el título de Las Siete Par- 
tidas, * 

Esrte príncipe, que por unánime consentimiento recibió el 
nombre de sabio, con que es conocido en la historia, había 
nacido para al cultivo de las ciencias i de las letras, mucho 



238 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 



mas que para el gobierno de vasallos orgullosos i turbulen- 
tos. ''Contemplaba el cielo i miraba las estrellas, dice el 
historiador Mariana; mas en el entretanto perdió la tierra 
i el reino." Durante un reinado turbulento i ajitado con 
guerras esteriores i con la rebelión de su propio hijo, Alfon- 
so el sabio se ocupó mas de la ciencia i de las letras que de 
los negocios políticos; i si en el gobierno de sus estados no 
llevó a cabo empresas tan importantes como algunos de 
sus antecesores o de sus descendientes, dio su nombre a un 
precioso cuerpo de leyes i otras obras que son un motivo 
de orgullo para las letras españolas de la edad media. 

El libro conocido con el nombre de Las siete Partidas es 
un cuerpo de leyes formado de las decretales de los papas, 
de los códigos romanos publicados bajo el reinado de Jus' 
liniano i del Fuero Juzgo, antiguo código español. Induda- 
blemente, Alfonso el sabio asoció a sus trabajos numerosos 
colaboradores, cuyas tareas dirijia personalmente; pero 
aun después de eruditas discusiones sobre este punto, no se 
puede asegurar si la redacción de la obra le pertenece. Las 
Partidas no son una compilación de leyes i de estatutos, ni 
un código como los de Justiniano o los de los pueblos mo- 
dernos. Son mas bien una serie de tratados sobre la lejisla- 
cion, la relijion i la moral, divididos según la materia, en 
partes (partidas), títulos i leyes. Muchas veces éstas no 
tienen forma imperativa, sino que se discuten en ellas los 
principios morales en que están basadas las leyes, o se dan 
noticias de las opiniones i hábitos de aquel tiempo, lo que 
hace de aquella recopilación una mina curiosa e inagotable 
para el estudio de las antigüedades españolas. Las Parti- 
das, sin embargo, encierran un sistema completo de lejisla- 
cion eclesiástica i civil, deslindando los deberes relativos de 
un rei i de sus subditos, las relaciones de la iglesia i del es- 
tado, i la organización de la familia i de la sociedad. Ese 
código rechazado por largo tiempo en varias provincias i 
ciudades, que estaban rejidas por fueros especiales, fué mas 
tarde la lei invocada i reconocida por muchos siglos en to- 
dos los dominios españoles. 



LITERATURAS ESPAÑOLA I PORTUGUESA 239 

Si por SU fondo Las siete Partidas son el resumen de la 
ciencia política i social del siglo XiII, por su' estilo son su- 
periores a todo lo que hasta entonces habia producido la 
prosa española; i aun se puede afirmar que hasta mediados 
del siglo XV, esa prosa no produjo nada que inerezca com- 
parársele en pureza, en vigor i en elevación. 

13. — Entre las otras obras atribuidas a aquel rei,haiuna 
que iguala a ese código en importancia literaria, si no en 
valor moral. La Crónica jcner al de España, la mas anti- 
gua i la mas interesante de todas las crónicas españolas, 
es también el primer trabajo de este jénero que haya sido 
hecho en una lengua moderna. Comprende desde la crea- 
ción del mundo hasta la muerte de Fernando III el santo, 
padre de Alfonso el sabio, i constituye un monumento cu- 
rioso desde el punto de vista puramente histórico, i como 
un resumen de las invenciones poéticas que se han mezcla- 
do a la historia. Los autores que trabajaron esta Crónica 
bajo la dirección del monarca, puesto que no es posible su- 
poner que este mismo la haya redactado, tenian la inten- 
ción seria de escribir la historia de su pais; i para ello, con- 
sultaron las fuentesquepodian conocer; pero faltándoles to- 
dos los datos apetecibles, aceptáronlas tradiciones conser 
vadasen los cantos populares i sembraron su libro de narra- 
ciones poéticas embellecidas por la imajinacion i alterada 
por recuerdos remotos. De todos modos i a pesar de este 
defecto, la Crónica atribuida a Alfonso el sabio es la única 
fuente de noticias de una gran parte de la historia de Espa- 
ña, i está escrita con una injénua i agradable sencillez que 
Je han merecido el alto honor de ser comparada al libro de 
Heródoto. 

Con el nombre de Alfonso X han llegado hasta nosotros 
algunos tratados científicos sobre la astronomía i la alqui. 
mía, en los cuales los críticos modernos no han visto mas 
que un reflejo de la ciencia de los árabes de Córdoba, algu- 
nos de los cuales vivieron en Toledo en la corte misma de 
reí sabio. Con el nombre de Cantigas se conoce una recopi- 
lación de cantos compuestos en honor de la vírjen i escritos 



240 NOCIONES DB HISTORIA LITBRARIA 

en gallego. Se le atribuyen con menos fundamento otras 
obras en verso castellano; i una estensa historia de las cru- 
zadas, mitad romanescas, mitad histórica, conocida con el 
nombre de la Gran conquista de Ultramary que, sin embar- 
go, no parece ser mas que la traducción libre de una anti- 
gua crónica francesa en que la historia está confundida con 
las difusas fábulas de la mitolojía caballeresca. 

14. — El siglo XIV en España, como en Francia es una 
edad de discordias i de sangre. Luchas fratricidas ensan- 
grentaron los campos de Castilla: la violación de las leyes 
divinas i humanas, la consumación de grandes crímenes 
turbaron la tranquilidad pública i detuvieron en su desa. 
rrollo la literatura que habia comenzado a tomar un gran 
vuelo. Las letras, sin embargo, se cultivaron en aquel siglo 
por diversos escritores, sobre todos los cuales dominan el 
infante don Juan Manuel i Juan Ruiz, mas conocido con el 
nombre de arcipreste de Hita. 

Don Juan Manuel era nieto de Fernando III el santo, rei 
de Castilla, i sobrino de Alfonso el sabio. Fué rejente del 
reino durante la minoridad de Alfonso XI, i llevó una vida 
ajitada por las contiendas civiles i por la guerra contra los 
moros. En medio de estos afanes i trabajos, compuso un 
gran número de obras, algunas de las cuales se han perdido 
desgraciadamente; pero han llegado otras que nos dan a 
conocer su jenioi su ilustración. La principal de todas éstas 
tiene por título El conde Lucanor. Contiene la historia de 
un personaje de este nombre, sencillo de espíritu, que en las 
circunstancias difíciles consulta a un hombre llamado Pa- 
tronio, el cual le da excelentes consejos envueltos en un afo- 
rismo de mora!, que encierra siempre la solución de un pro- 
blema de conducta. La obra es notable por una burla seria 
i por el injenio con que los principios morales se presentan 
bajo una forma sensible a la razón i a la memoria. Se ha 
creido que este libro era una imitación de ciertas obras 
orientales, como la colección de apólogos conocida con el 
nombre Calila i Dimna^ de la cual existia una traducción 
castellana. Según las conjeturas de algunos eruditos, el 



LITERATURAS BSPAIÍOLA I PORTUGUESA 241 

mismo nombre de Lucanor, proviene de Lucanam, que es 
para los áral>es el sabio Lokman. 

15. — Juan Ruiz vivió en la primera mitad del siglo XIV; 
se le supone natural de Alcalá, i se sabe que era presbítero, 
que vivia de ordinario en la villa de Hita, i que sufrió una 
prisión por orden de un arzobispo de Toledo, durante la 
cual compuso la mayor parte de sus obras. Forman éstas 
cerca de siete mil versos, en los críales empleó no sólo los 
metros conocidos hasta entonces en la poesía castellana, 
sinoalgunos otros evidentemente tomados de la poesía pro- 
venzal. La narración de las aventuras de un relijioso sirve 
de cuadro a una multitud de composiciones de mérito i de 
carácter diversos: apólogos agradables, cuentos grotescos, 
pastorales, himnos relijiosos, capítulos de epopeyas burles- 
cas, se mezclan a la ficción perturbando su plan, pero dejan- 
do entrever bajólas formas lijerasi superficiales, un sentido 
profundo, i el fondo de una historia verdadera, que talvez 
es la del mismo autor. Las obras del arcipreste de Hita 
abundan en alegorías; pero en ellas se descubre un espíritu 
sagaz de crítica i de burla. Son notables entre otros frag- 
mentos ciertos apólogos imitados de algunos fabulistas 
antiguos con rara felicidad. 

Otros escritores españoles siguieron la forma simbólica 
adoptada por Juan Ruiz; pero todas sus obras son pálidas 
ante las poesías del célebre arcipreste de Hita. 

16.--A. pesar del mérito comparativo de estos escritores 
se puede decir que el vigoroso impulso dado a la lengua i a 
la literatura española por el rei don Alfonso el sabio no fué 
de larga duración, Don Pedro López de Ayala, aunque pro- 
sador i poeta de verdadero talento; es inferior a los buenos 
escritores del siglo anterior. 

López de Avala, por su nacimiento i por su carácter, per- 
tenecia a esa nobleza española altiva i guerrera que se ilus- 
tró en las azarosas discordias civiles de la última mitad del 
siglo XIV. Adherido desde su juventud a la persona del rei 
f don Pedro, lo sirvió fielmente hasta que, destronado por 
su hermano el bastardo don Enrique de Trastamara, se vio 

TOMO IV 16 



242 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 

ese soberano reducido a abandonar su patria i a buscar un 
asilo entre los ingleses, que entonces dominaban en el m^ 
diodía de la Francia (1366). Creyéndose desligado de todo 
juramento, López de Avala ofreció su espada al vencedor, i 
recibió el título de gran canciller de Castilla. Combatiendo 
bajo la bandera de don Enrique, fué hecho prisionero por 
los ingleses en la célebre batalla de Nájera (1367J i llevado 
a Londres. Después de su cautiverio, volvió a brillar en 
Castilla como militar i como diplomático, fué el consejero 
indispensable de los reyes i murió en 14?07, dejando un nom- 
bre ilustre en la historia i en las letras. 

Con el nombre de López de Ayala han llegado hasta nc>- 
^ sotros dos obras notables. El Rimado de pnlac/o, libro es- 
crito en su mayor parte durante el cautiverio del autor en 
Inglaterra, es un poema didáctico que trata de los deberes 
del príncipe i de sus ministros en el gobierno del estado, en 
que se mezclan sátiras contra la corte, i contra las diversas 
clases sociales, con reflexiones morales i teolójicas sobre el 
decálogo, sobre los siete pecados capitales i sobre las obras 
de misericordia. El prólogo encierra una confesión jcncral 
del autor; i el epílogo se compone de himnos en honor de la 
vírjen. En todo el poema se revela una alma elevada, llena 
de rectitud i de humanidad, que da reglas de gobierno sa- 
bias aunque sencillas, i que deplora los males de la guerra i 
celebra los beneficios de la paz. 

La otra obra de López de Ayala es una Cróntca en que 
narra las guerras civiles entre don Pedro i don Enrique. 
El cronista habia traducido a Tito Livio en lengua cas te 
llana, i lo ha imitado poniendo en boca de los personajes 
ciertas arengas que tienen ppr objeto dar mas relieve a sus 
propios sentimientos i opiniones. Esta obra deja ver un 
juicio certero para apreciar los sucesos i los hombres i un 
.profundo buen sentido político. **La misma impasibilidad 
del cronista en medio de los sucesos mas terribles, dice M. 
Villemain, es un lenguaje que espresa maravillosamente la 
ferocidad de la edad media; i quizás en ninguna parte está 



LITERATURAS ESPAÑOLA I PORTUGUESA 243 



reproducida con mayor ñdelidad la sombría dureza del je- 
nio de ese tiempo." 

17.— No se podría terminar esta rápida revista de los pro- 
gresos literarios de España durante el siglo XIV sin hablar 
de algunos judíos o moriscos que cultivaron la poesía cas- 
tellana. El mas famoso es Rabbi don Santob, nombre i)ro- 
bablemente corrompido del hebreo Rab don Sem Tob (el 
maestro de buen nombre). Este escritor, natural de Ca- 
rrion, en Castilla la vieja, vivia a mediados de ese siglo, i 
compuso, o a lo menos se le atribuyen, varias obras, de las 
cuales sólo dos parecen auténticas. La primera conocida 
con el título vulgar de Consejos i documentos al rei don Pe- 
dro, es un poema informe, sin plan alguno, destinado a dar 
preceptos de moral, de relijion i de política, lleno de consi- 
deraciones sobre la instabilidad de las cosas humanas, la 
vanidad de las riquezas i de los placeres,! los peligros de la 
ambición i de la avaricia. A pezar de las repeticiones frecuen- 
tes i de cierta difusión, este poema no carece de gravedad i 
de solidez en. los principios ni de gracia i vigor en el estilo. 
La segunda obra de Rabbi don Santob es mucho mas esti- 
mada. Se titula Z)anirarfe /a moerte, i es una especie de drama 
«o que figuran la muerte, un predicador i algunos hombres 
de diversas edades. Este asunto, mui esplotado durante la 
edad media, está revestido del carácter sombrío i terrible 
con que los poetas de esa época representaban la muerte, a 
diferencia de los escritores de la antigüedad que habian sa- 
bido darle cierta apariencia melancólica pero no rechazan- 
te. El poema está sembrado de observaciones morales i sa- 
tíricas i de sentencias graves, i escrito en versos de arte 
mayor, es decir de doce sílabas, en que se descubre gracia, 
facilidad i armonía. 

18.— Las otras obras castellanas compuestas por judíos 
en el siglo XIV, algunas de las cuales son igualmente atri- 
buidas a Rabbi don Santob, no carecen de mérito, pero son 
inferiores a las dos mencionadas. Debemos hablar del poe- 
ma de José, narración poética de la vida del hijo de Jacob, 
tal como se encuentra referida en uno de los capítulos del 



244 NOOIONBS DB HISTORIA LITERARIA 



Coran. Este poema, compuesto sin duda por algún moro 
establecido en Castilla, cuyo nombre no se conoce, tiene la 
particularidad de eistar escrito en lengua española pero con 
caracteres arábigos, de tal modo que durante mucho tiem- 
po se le consideró como una obra estraña a la literatura 
castellana. 

10.— El siglo siguiente es para la historia de la literatura 
española una época del mayor interés por la notable acti- 
vidad literaria que la caracteriza. Tiempo de grandes ajita- 
ciones i de grandes trabajos de organización, el siglo XV a 
la [vez que afianzó la grandeza i el poderío de la España, 
preparó todos losjérmenes del resplandor que las letras 
van a arrojar en el siglo XVI. El renacimiento literario se 
inicia en la península! junto con la reunión de las coronas 
de Castilla i Aragón, con la ruina del poder de los-árabes i 
con la formación de la nacionalidad española. 

Este período fué a la vez una edad de erudición i una edad 
de poesía: de erudición en la aristocracia i de poesía en el 
pueblo. El jenio español, grave, severo i sentencioso, sale 
de repente de sus tradiciones nacionales para marchar por 
las huellas de la literatura de Provenza, de la Italia i de la 
antigüedad greco-latina. Esta fué la obra de los nobles^ 
de los señores poetas que descansaban de los combates en 
las luchas pacíficas de la intelijencia i de la imajinacion. El 
estadio del latin, sejeneralizó tanto, que muchas señoras 
de alto rango llegaron a comprender el idioma de Cicerón 
i de Virjilio. A esa escuela de poetas cultos pertenecen don 
Enrique de Villena, el marques de Santillana, Juan de Me- 
na i Jorje Manrique. 

Mientras que los poetas de la corte se entregaban a su» 
juegos de injenio, nacia i se desarrollaba en el seno de las 
masas la poesía popular que ha formado el Romancero. 

20.— Don Enrique de Villena (1384r-1434), descendiente 
de los reyes de Aragón por su padre, i de los reyes de Casti- 
lla por su madre, ejerció sobre su siglo una verdadera ma. 
jistratura literaria, i aunque compuso muchas obras, fué 
menos notable como escritor que como iniciador i propa- 



LITBRATUBAS BSPAÑOLA I PORTUQUBSA 245 

gador del movimiento literario. Antes que los reinos de 
Castilla i de Aragón se unieran por el enlace de Fernando 
c Isabel, Villena comenzó a unirlos en el terreno déla litera- 
tura, entrelazando la poesía castellana a la poesía proven- 
zal, que era la de Aragón. Estableció en Barcelona una 
academia (consistorio) de ]agaya ciencia^ nombre con que 
era distinguido el arte de los trovadores, i en seguida creó 
en Castilla una institución semejante. Hizo mas que esto 
para fomentar el cultivo de las letras. Fijó las reglas de la 
poesía provenzal, i mostró el partido que se podía sacar del 
latin para el perfeccionamiento de la literatura española. 
En efecto, Villena tradujo al castellano la Retórica de Ci- 
cerón, la Farsalia i la Eneida, i por último la Divina come- 
dia dal Dante. Todos estos trabajos están perdidos en su 
mayor parte. De sus obras orijinales, sólo se conocen tres, 
el Arte cisoria, o Arte de cortar, especie de ensayo didáctico 
sobre el arte culinario, que en realidad no tiene otro mérito 
que tal o cual referencia a las costumbres españolas del si- 
glo XV, el Arte de trovar, primer libro de preceptos litera- 
rios escrito en Castilla, i que sólo es conocido por algunos 
fragmentos que se conservan; i por último los Trabajos de 
Hércules, que muchos críticos han señalado como un poe- 
ma, i que en realidad es sólo una obra de moral, de cortas 
dimensiones, i escrita en prosa. Está dividido en doce ca- 
pítulos que corresponden a los doce trabajos de aquel semi- 
diós por medio de alegorías con cada uno de los 'doce esta- 
dos principales del hombre, el rei, el prelado, el caballero, 
el relijioso, etc. Bajo la forma mitolójica, este libro que no 
carece de interés ni de mérito literario, encierra observacio- 
nes morales, envueltas en citaciones indijestas de algunos 
escritores de la antigüedad i en una fatigosa erudición. 

En medio de las ajitaciones de la corte, el ilustre Villena 
pasó su vida reuniendo manuscritos en varias lenguas, que 
él mismo poseía con cierta perfección, i cultivó las ciencias 
ai mismo tiempo que las letras. Su injenio vasto abrazaba 
la filosofía, las matemáticas, la astrolojía i la historia. Pa- 
ra sus contemporáneos, tanta ciencia debia ser considerada 



246 NOCIONB8 DB HISTORIA LITBRARIA 

producto de majia; i en efecto, después de su muerte sus 
manuscritos fueron quemados, bajo la inspección de un frai- 
le dominicano, como obra del demonio. Hoi mismo, la re- 
putación de nigromántico es entre el vulgo español insepa- 
rable del nombre de Villena, 

21.--Don Iñigo López de Mendoza, marques de Santilla- 
na (1398-1458), ha dejado en la historia de las letras es- 
pañolas una reputación mas sólida i mas duradera. Políti- 
co i militar en una época de revueltas, el noble marques se 
distinguió entre los señores que se confederaron contra don 
Alvaro de Luna, pero conservó siempre la entereza de su 
alma i la rectitud de su carácter cuando la probidad i la 
buena fé abandonaban a muchos. Llevando por largo tiem- 
po una vida llena de azares en los campos de batalla i en 
los consejos del rei, el marques de Santillana no descuidó 
jamas el estudio. **La ciencia, decia, no embota el hierro 
de la lanza ni hace floja la espada en la mano del caballe- 
ro." Su opulencia, rival de la de los reyes, igualaba a su 
jenerosidad. Los hombres de letras encontraban en él un 
celoso protector; i en su palacio de Guadalajara, como su- 
cedía entonces en el palacio del rei don Juan II, los poetas i 
los escritores recibian con una hospitalidad espléndida, to- 
pos los homenajes que el talento puede ambicionar. 

El marques de Santillana fué iniciado en el estudio de la 
poesía provenzal por Vrllena; i en efecto imitó de ella la for- 
ma métrich; i durante el primer tiempo los asuntos fáciles i 
lijeros de sus obras. Pertenecen a esta última clase las Can- 
ciones i decires i las Serranillas, agradable pastoral en que 
se percibe el espíritu de imitación. Sin embargo, en sus so- 
netos se deja ver de una manera mui marcada la influencia 
de los poetas italianos, de quienes imitó también la Come- 
dietta de Ponza, especie de drama que tiene por asunto la 
batalla naval de este nombre, perdida por los reyes de Ara- 
gón i de Navarra contra los jenoveses. Pero el verdadero 
talento del marques se revela sobre todo en sus obras ori- 
jinales. El jiro sentencioso, característico del jenio espjañol 
se encuentra en el Diálogo de Blas i la Fortuna^ en que el 



LITERATURAS ESPAÑOLA I PORTUGUESA 247 



poeta desarrolla con cierta gracia que no carece de vigor» 
la doctrina estoica sobre la vanidad de las cosas del mun- 
do, i un poema sobre la caída de don Alvaro de Luna, que 
se titula Doctrinal de privados. 

La obra más característica del marques de Santillana es 
una recopilación de proverbios compuestos para la instruc" 
cion del heredero presuntivo de don Juan II, i que por ence- 
rrar cien coplas es conocida cnn el nombre de Centiloquio. 
Eti esta recopilación, aumentada por el mismo autor con 
glosas curiosas, se debe buscar mas que la poesía, un mo- 
numento del jenio particular de la España. . 

Debemos mencionar también aquí otra obra del marques 
de Santillana que tiene un grande interés para la historia 
délas letras. Habiéndole pedido el condestable de Portugal 
una copia de sus poesías, el marques se la envió con una 
epístola, a manera de introducción, que contiene un curio- 
so resumen de las reglas de la poesía provenzal, i una noti- 
cia razonada de todos los poetas españoles anteriores al 
autor i de sus contemporáneos en el estranjero. Esta epís* 
tolíi constituye un documento importante sobre los pri- 
meros tiempos de la poesía española, así como sobre la lite- 
ratura de la Europa meridional en la edad media. 

22.— Los poetas castellanos del siglo XV no se limitaron 
a reproducir la poesía provenzal. Fueron mas lejos toda- 
vía. Muchos de ellos asistieron a las célebres escuelas de 
Roma, de Florencia i de Bolonia, i tomaron de los poeta» 
latinos e italianos no tanto la forma esterna como el arti- 
fiáo literario en la distribución de las materias i en la elec- 
ción de los asuntos. Juan de Mena, nacido en Córdoba en 
1411 i muerto en Torrelaguna en 1456 de resultas de una 
caida del caballo, simboliza esta faz de la poesía castellana- 
Poeta de verdadero talento, Juan Mena, tal vez por des- 
confianza de sí mismo, no se atrevió a crear formas pro» 
pías, i fué a buscar en la Divina comedia del Dante, el pro- 
cedimiento artístico para la composición de un poema. En 
esta empresa, mereció el castigo de la mayor parte de los 
imitadores: no pudo construir mas que un mecanismo se- 



218 MOCIONBS DB HIBTO&IA LITKRABIA 

mejante al del poeta florentino; pero en que falta la vida, i 
en que las inspiraciones de la naturaleza están reemplaza- 
das por un artificio mas o menos hábil. 

Dominado por sus conocimientos astrolójicos, mitolóji- 
cos e históricos, el poeta castellano esperimenta una visión 
alegórica que va a revelarle los secretos del destino huma- 
no. Vése trasportado en el carro de Belona a una llanura 
envuelta por espesas nubes i poblada por innumerables 
creaturas. Se hace oir un gran ruido; i de repente se ofrece 
a su vista una mujer joven, de májica belleza i coronada de 
flores. Es la Providencia en persona, que tomándolo por la 
mano, como Beatriz a Dante, lo conduce a una altura desde 
donde el sol de la verdad disipa la niebla que ofuscaba su 
vista. Entonces el poeta ve los tres círculos del destiníi, el 
Pasado, el Presente i el Porvenir. Este último está cubierto 
por un velo que no tiene trasparencia mas que para la mi- 
rada profética. Solo el círculo del Presente tiene movimien- 
to; pero los tres están sometidos a la influencia de los siete 
planetas, que constituyen los siete órdenes o divisiones del 
poema. La historia entera con sus principales personajes 
se desarrolla a la vista de Juan Mena. Todos los hombres 
están gobernados en su destino por la influencia de tal o 
cual astro. Sobre su frente no se lee mas que una palabra: 
fatalidad. 

Tal es el asunto del Laberinto, poema estravagantc lle- 
no de estrofas de pesada erudición, que sin duda fueron las 
mas admiradas por sus contemporáneos, i en que consagra 
muchos pasajes a hacer hiperbólicas alabanzas de don Juan 
II de Castilla. Todo esto es pálido i frió; pero Juan de Me- 
na celebra los hechos mas memorables de la historia de 
España, su jenio poético brilla por la elevación del senti. 
miento moral i por los impulsos de un exaltado patriotis- 
mo. Entonces es verdadero poeta: su musa encuentra accn. 
tos varoniles que han triunfado sobre la estravagancia de 
ja ficción i sobre su intempestiva erudición. Este poema que 
constaba de trescientas octavas de versos de arte mayor, i a 
las cuales se agregan otras estrofas de sospechosa aiüten- 



LITERATURAS ESPAÑOLA 1 PORTUGUESA 249 

ticidad, es la obra maestra de Juan de Mena. Sus otras poe- 
sías, en que domina también el gusto por la alegoría erudi- 
ta, son mui inferiores por su mérito i por su estension al 
Laberinto. 

23.— Al lado de los anteriores, aunque en segundo térmi- 
no, brillaron en la corte de don Juan II muchos otros poe- 
tas eruditos, algunos de los cuales son notables por una 
verdadera inspiración. Pero uno sólo de ellos supo hacerse 
superior al gusto de su siglo, i sacar de su lira acentos tier 
nos i patéticos, producidos en su alma por una inspiración 
profunda. Jorjc Manrique, éste era su nombre, desccndia de 
un linaje ilustre, se ilustróen la guerra i en la corte, i murió 
el año de 147i^ en el campo de batalla, i *'en lo mejor de su 
edad'*, según la espresion del historiador Mariana. En su 
juventud liabia compuesto poesías de amor, metafísicas i 
alegóricas, mui al gusto de su siglo; pero el dolor causado 
por la muerte de su padre, que era un cumplido caballero, 
le arrancó una elejía de quinientos versos, conocida con el 
modesto título de Coplas de Jorje Manrique. Es un monu- 
mento elevado por la piedad filial, que por su colorido i su 
sentimiento es considerado como un modelo en su jénero. 
Este poema, aunque compuesto con una naturalidad i una 
sencillez verdaderamente inimitables, es la obra de una 
emoción reflexiva. Según el poeta, todo lo que el hombre 
hace conduce al mismo abismo, la muerte. Pasa en revista 
todos los goces mundanos, los torneos i las fiestas de la 
corte, en que brillaban la juventud i la belleza. Sus jenero- 
«os lamentos se estienden a todas las grandezas que ha 
visto caer, hasta don Alvaro de Luna, cuyo trájico destino 
ie merece un recuerdo de compasión. De aquí nace la apaci- 
ble melancolía de esas estrofas, cuyo ritmo sencillo i delica- 
do ha deservir admirablemente al poeta para verter sus 
sentimientos. 

24.-La poesía española del siglo XV, se deja conocer tam- 
bién en los numerosos Cancioneros, recopilacioness de can- 
ciones de diversos autores, en que están confundidas algu- 
nas obras llenas de graciosa poesía, con muchos cantos 



250 NOCIONB8 DB HISTORIA LITORARIA 

empañados por una pretenciosa erudición. Entre estas 
compilaciones se distinguen una formada por Juan Alfonso 
de Baena, judío converso, que fué secretario de don Juan 
II, i otra por Femando del Castillo. El deseo de ser injenio- 
sos estravió con frecuencia a esos poetas: en sus versos, la 
pasión ha sido reemplazada por lo rebuscado, i la ternura 
por el injenio, cuando no por el pedantismo. Sus versos tie- 
nen rara vez un sentimiento verdadero; careciendo así de 
los elementos indispensables de la poesía, la naturalidad i 
la solidez. Su mérito casi esclusivo consiste en haber doble- 
gado la lengua por la gran variedad de metros que usaron. 
Viviendo en un siglo caballeresco i poético por los hechos, 
esos poetas no cantaron la patria ni las gloriosas hazañas 
de su tiempo. Pensar como Petrarca i como los trovadores 
provenzales, modelar en cuanto fuera posible sobre el mol- 
de latino, tal fué el újiico propósito de muchos injenios rjue, 
mejor encaminados, habrian logrado hacerse famosos. A 
esas poesías no se les puede exijir otro interés, ni conceder 
otro mérito que el del espresar el estado del espíritu de los 
caballeros que seguian la corte. 

25.— Pero al mismo tiempo se cultivaba en España otra 
poesía verdaderamente popular, nó una epopeya, sino mu- 
chas epopeyas en mil fragmentos diversos en que no se en- 
cuentra ningún nombre de poeta, pero donde se respira el 
alma i el jenio de un pueblo. Todo lo que los españoles han 
visto, conocido, sentido, en todas las épocas de su historia» 
desde el reinado de los godos hasta el de la casa de Austria, 
i todo lo que han tomado de las otras naciones, ha venido 
a alimentar estos cantos populares a que se ha dado el 
nombre de Romances, Es éste un conjunto de recuerdos i de 
tradiciones nacionales que se trasmitían de jeneracion en 
jeneracion en todas las clases de la sociedad, como un teso- 
ro común, como una herencia de gloria, como el patrimo- 
nio de la intelijencia. Esta literatura que se ha formado de 
siglo en siglo, parte por parte, no pertenece a un siglo mas 
que a otro ( LoisE, Ilistoirc de la poésie espagnole). El ro- 



LITERATITRAfl ESPAÑOLA I PORTÜOUBSA 351 

manee nace i se desarrolla en la edad media, pero se culti- 
va también con brillo en los tiempos modemoá. 

El Romancero español contiene piezas mui diferentes por 
su jénero i por su mérito, no solo por su asunto sino por la 
fecha de su composición. Sucede ademas que tnuchos de los 
cantos verdaderamente populares i primitivos de la España 
han sido imitados i rehechos posteriormente por Lope de 
Vega, Quevedo, Timoneda, Cervantes, i otros poetas, i han 
perdido así en naturalidad i sencillez lo que han ganado en 
arte. Los eruditos que en nuestros dias se han dedicado a 
compilar esos romances se han visto por esa causa en la ca- 
si imposibihdad de asignar a cada pieza una fecha aproxi- 
mativa. Don Agustin Duran que ha consagrado a este 
trabajo el estudio paciente de muchos años i una rara sa- 
gacidad, ha distinguido romances de ocho épocas diferen- 
tes; i de ellos los mas antiguos son los mejores i los mas 
curiosos, como eco natural de los sentimientos i de las opi- 
niones populares. Pero considerando no tanto la diversi- 
dad de fechas como la variedad de asuntos, el Romancero 
puede dividirse en cinco grupos diferentes, cada uno de los 
cuales ofrece elementos poéticos que le son especiales: 1*^ 
los romances caballerescos; 2^ los romances histéricos; 3*^ 
los romances moriscos; 4*^ los, romances de costumbre; i 5*^ 
los romances que se refieren a la antigüedad fabulosa o his- 
tórica, i que son los peores de todos. 

26.— Los romances caballerescos cantan héroes diferen- 
tes, históricos los unos, imajinarios los otros, pero todos 
revestidos de un tinte poético inspirado por un patriotismo 
lleno de orgullo. La espedicion de Cario Magno a España, 
qoe terminó por la jornada de Ronces valles, objeto de los 
poemas franceses del ciclo carlovinjio, es el asunto de mu- 
chos romances; pero la vanidad española opone al jefe de 
los francos un héroe nacional, Bernardo del Carpió, fruto 
de los amores furtivos del Conde de Saldaña i de una her- 
mana de Alfonso el Casto. Estos son los elementos fabulo- 
sos de esos cantos, cuyo final desenlace es el triunfo del hé- 
roecastellano sobre Cario Magno i sus doce pares. El conde 



252 N0C10NB8 DIQ HISTORIA LITBBARIA 

Fernán González, que reconquistó a Burgos i casi toda 
Castilla del poder de los árabes, i cuya memoria era vene- 
rada por los españoles, es otro de los héroes de los roman- 
ces caballerescos. Los siete infantes de Lara, entregados 
por traición a los moros por su tio Rui Velásquez, i venga- 
dos por el bastardo Mudarra, ofrecen también un asunto 
animado i dramático i han inspirado algunas de las mas 
hermosas composiciones del Romancero. Pero cualquiera 
que sea el interés que presentan estos diversos asuntos, el 
Cid es el objeto del mayor número de esos romances, i sin 
duda de los mas hermosos. Jamas hubo un carácter poéti- 
co mas querido por un pueblo. La imajinacion española se 
ha complacido en dotar a su héroe de las mas estimables i 
de las mas nobles cualidades. La realidad se ha perdido en 
el ideal; í en lugar del condottiero famoso que la historia 
nos muestra valiente, heroico, sin duda, pero poco escru- 
puloso en materia de lealtad, de humanidad i aun de reli- 
jion, puesto que mas de una vez puso su espada al servicio 
de los emires musulmanes contra su propio rei, la tradición 
poética ha hecho de él un héroe perfecto, un vasallo leal i 
fiel, un campeón de la iglesia, un caballero cortes i desinte- 
resado, que merece a cada paso la protección del cielo. Este 
carácter ideal ha dado oríjen a un gran número de roman- 
ces destinados a cantar las acciones del héroe desde su in- 
fancia hasta su muerte. Celebran el apoyo prestado por el 
Cid al rei don Sancho, su fidelidad al ingrato don Alfonso, 
su lucha contra los moros, la conquista de Valencia, el ca- 
samiento de sus hijas doña Elvira i doña Sol, su insulto 
vengado en los infantes de Carrion, i por último, la histo- 
ria desús amorescondoñajimena. Cuando se estudian estos 
romances, se siente que la leyenda varonil i heroica ha^'a 
sido empeñada a veces por los poetas posteriores, que al 
rehacer esos romances en el siglo XVI, introdujeron en ellos 
la galantería provenzal o italiana, elemento literario des- 
conocido por los primitivos poetas populares de Castilla. 

27. — El grupo de los romances históricos abraza la histo- 
ria entera de España hasta terminar el siglo XV. En este 



LITBUATURAH ESPAÑOLA I F0RTUGUB8A 253 



vasto cuadro, la imajinacion popular se ha apoderado na- 
taralmente de todos los acontecimientos que debían impre- 
sionarla. Ha cantado particularmente la conquista de Es- 
paña por los sarracenos, causada por el amor de don 
Rodrigo hacia la Cava, la famosa hija del conde don Ju- 
lián; la defensa de Zamora por la infanta doña Urraca; las 
batallas de Rio Verde i del Rio Salado; él sitio de Calatra- 
va la vieja; la adhesión de don Diego de Mendoza en la ba- 
talla de Aljubarrota; la muerte trájica de don Alvaro de 
Luna; i por último, el sitio de Granada. Todas esas compo- 
siciones marcadas con el sello de una encantadora natura- 
lidad, son una fuente variada i verdadera de inagotable in- 
terés. -. 

28.— Los romances moriscos, compuestos en los últimos 
tiempos del poder de los árabes en la península i aun des- 
pués de la toma de Granada, no presentan en jeneral el in- 
terés poderoso que tiene la poesía natural i apasionada Ce 
los romances anteriores; pero en cambio, tiene un color 
orijinal que toman de las costumbres i de los usos que 
describen. Se encuentra en ellos algo de la orijinalidad orien- 
tal; i no se pueden leer sin impresión los amores del hermo- 
so Gazul i de Xariza, las descripciones de las justas árabes 
en la rambla de Granada, el desafío de Alboacen i de Ponce 
de Lcon. Añádase a esto la pintura de las armas, de los 
corceles, de los trajes i se verá que toda la civilización 
árabe de la península aparece a nuestra vista en estos ro- 
mances. 

29.— La imajinacion del pueblo español en toda su liber- 
tad, tomando alternativamente el tono elejíaco, pastoral, 
burlesco, satírico o picaresco, se encuentra en esas compo- 
siciones populares que hemos denominado romances de 
costumbres. Todos los asuntos que puede suministrar la 
vida usual, los vicios i los estravíos de un pueblo, los ru- 
mores de cada dia, son tratados con esa naturalidad que 
constituye hasta ahora su principal valor. 

30. — El quinto grupo de romances es el que posee un me- 
nor mérito. Composiciones pedantescas i de un jénero falso. 



254 NOGIONBS DB HISTORIA UTBRARIA 

están basadas en hechos verdaderos o fabulosos de la anti- 
güedad, i son escritas por poetas eruditos que han suprimi- 
do de ordinario en sus obras ese aire de natural injenuidad 
que forma el principal mérito de los romances. 

31. — La prosa hizo también en el siglo XV progresos mui 
notables. La mayor parte de los que la cultivaron son hom- 
bres de estado i g..erreros que ocuparon lósanos de des- 
canso en trasmitir a la posteridad sus juicios sobre los hom- 
bres i las cosas de su tiempo. Fernán Gómez de Cibdareal, 
médico de Juan II, es considerado autor de una compila- 
ción de cartas, conocida con el nombre de Centón epistola- 
rio a causa del número de ciento cinco epístolas que lo for- 
man. Escritas en un estilo natural ¡ a veces hiriente, esas 
cartas tienen, a mas de su valor literario, una verdadera 
importancia histórica, a pesar de que en nuestro tiempo se 
ha negado su autenticidad con razones tales que no es po- 
sible desconocer su fuerza. Es probable, sin embargo, i esta 
es la opinión de los críticos mas autorizados, que sobre una 
base verdadera se haj^an hecho interpolaciones posteriores 
que han dado lugar a las justas desconfianzas con que ha 
comenzado a mirarse aquella compilación. 

32. — La biografía i la historia fueron cultivadas no sólo 
con buen gusto literario, sino con buen sentido poco co- 
mún. No se encuentra entre esos primeros cronistas espa- 
ñoles aquella sencilla naturalidad, aquel colorido inimita- 
ble de Froissart; pero se halla vigor en el estilo, gravedad 
en la narración i rectitud en los juicios. Fernán Pérez de 
Guzman, nacido en 1400, que en su mocedad habla cultiva- 
do la poesía erudita i alegórica, después de una vida ajita- 
da por los azares de la guerra, corrijió i continuó una cró- 
nica del reinado de don Juan II, que habia comenzado Juan 
de Mena. Pero su mejor obra es una compilación biográ- 
fica que tiene por título Jeneraciones i semblanzas. Traza 
en ella con mano maestra el retrato de treinta i cuatro 
de los principales personajes de su tiempo; cuenta su orí- 
jen i describe la parte que tomaron en los acontecimien- 
tos públicos. En esta obra, escrita en estilo grave, sem- 



LITERATURAS ESPAÑOLA I PORTUGUBSA 255 



brada de reflexiones vigorosas i orijinales, se descubre un 
espíritu superior a su siglo, i un gran carácter lleno de 
rectitud e imparcialidad que hace plena justicia a don 
Alvaro de Luna, cuyo poder habia combatido Pérez de 
Guzman. 

Hernando del Pulgar, secretario de Enrique IV i des- 
pués canciller e historiógrafo de los reyes católicos, compu- 
so una obra análoga con el título de Claros varones de Cas- 
tilla. Sus retratos biográficos interesan tanto por el fondo, 
es decir, por los sucesos que narra, como por la forma que 
ha dado a sus escritos, por su estilo rico, injenioso, senci- 
llo con corrección, conciso con elegancia. Pinta los carac- 
teres con rasgos vigorosos, sin acritud i sin lisonja, i mues- 
tra siempre mucho juicio i mucha rectitud. 

33.*-Aparte de estos trabajos, la literatura española de- 
siglo XV cuenta un gran número de crónicas, entre las cual 
les figura la de don Alvaro de Luna, escrita por un judío 
convertido, que tomó el nombre de Alvaro García de Santa 
María. El exacto conocimiento de los hechos, la adhesión 
que conservó siempre por el desgraciado favorito que lo 
habia honrado con su confianza, i la exaltación causada en 
su ánimo por el horror de la catástrofe que llevó al cadalso 
a su protector, han hecho de Alvaro García un escritor de 
un mérito superior por la elocuencia que, como testigo ocu- 
lar, ha desplegado al narrar los sucesos de su tiempo. 

Séf.— Este período de la prosa castellana se cierra con una 
obra de moral que, con el título de Vision deleitable^ com- 
puso el bachiller Alonso de la Torre para instrucción del 
príncipe de Navarra, don Carlos de Viana. En este libro, 
enteramente alegórico, figuran la gramática, la música, la 
astrolojía, la verdad, la razón i* la naturaleza; i por medio 
de discursos que el autor les hace pronunciar, traza una 
reseña de cada ciencia, i particularmente de la moral. La 
facilidad i la elegancia del estilo, a pesar de las trasposicio- 
nes estudiadas i violentas, colocan a Alonso de la Torre 
entre los mejores prosadores del siglo XV. 

Podríamos recordar aquí los primeros ensayos dramáti- 



256 NOCIONES DB HISTORIA laTERARIA 



eos españoles; pero ellos pertenecen mas propiamente al 
siglo de oro de la literatura castellana, que se abre al co- 
menzar los tiempos modernos. Después de tres siglos de en- 
sayos literarios mas o menos felices, la lengua aparece casi 
completamente formada; i la poesía, dejando las formas 
pedantescas i pretenciosas que la habian encadenado du- 
rante mucho tiempo, busca al fin en otras vías un campa 
mas vasto de verdadera inspiración. 

35. — La literatura portuguesa, mucho menos conocida 
que la literatura castellana, ha sido confundida de ordina- 
rio con ésta, o a lo menos considerada como una rama su- 
ya, del mismo modo que se ha creido que su lengua no era 
mas que un dialecto del español. La semejanza de razas, de 
condiciones i de influencias bajo las cuales se desarrollaron 
el idioma i el jenio de ambos pueblos, no ha permitido a la 
literatura portuguesa tener una fisonomía bien demarcada 
i propia; de modo que aun habiendo producido grandes 
prosadores i grandes poetas, i aun habiéndose adelantado 
a veces a la literatura castellana en el orden de los tiempos, 
i en el mérito de algunas de su obras, no siempre se le ha 
reconocido una vida independiente. 

La oscuridad en que están envueltos los antiguos idio- 
mas de las otras provincias de la península ibérica, existe 
también respecto del Portugal. Sin embargo, todo hace 
creer que allí, como en el resto de la España, existian los 
mismos elementos a la época de la conquista de los roma- 
nos; i que, si bien éstos no alcanzaron a imponer completa- 
mente el latin, a lo menos esta lengua estuvo bastante je- 
neralizada. Los bárbaros del norte mezclaron al elemento 
romano el elemento jermánico o gótico. 

El idioma formado de esta manera, como hemos visto 
anteriormente, se asiló en las montañas de Galicia después 
de la conquista de P^spaña por los sarracenos. Ese idioma 
gallego, derivado principalmente del latin, fué como hemos 
dicho, el oríjen del castellano, i lo fué igualmente del portu- 
gués. De manera que, mientras en Castilla se formaba i de- 
sarrollaba una lengua sonora i vigorosa, asimilándose mu- 



LITBBATUBAS ESPAÑOLA I PORTUGUESA 257 

chas palabras arábigas, en el occidente de la península, en 
la Lusitania, se formaba otra lengua semejante a aquella, 
por provenir de un oríjen CDmun, pero que tomó formas di- 
versas bajo el influjo de elementos estraños. Los idiomas 
diversos de los numerosos auxiliares estranjeros que pasa- 
ron en el séquito de Enrique de Borgoña a ayudar a los 
portugueses a libertar su país del yugo de los musulmanes, 
le comunicaron a su vez muchas voces nuevas. 

Tales fueron las circunstancias históricas de la formación 
del portugués. En él se encuentra una de las formas moder- 
nas de esa múltiple lengua romance que en la edad media 
reemplazó insensiblemente al latin, como éste habia reem- 
plazado a las lenguas indíjenas en la mayor parte de las 
provincias europeas del antiguo imperio romano. En el 
principio, el portugués se apartó poco del gallego o idioma 
romance de la provincia española de Galicia; pero adquirió 
consistencia i solidez desde que el Portugal alcanzó una 
existencia política independiente. 

36.— La dirección que desde el principiotomaron los es- 
fuerzos literarios de los portugueses, fué esencialmente poé- 
tica, i sus primeras composiciones escritas, que datan de la 
fundación de la monarquía, es decir, de principios del siglo 
XII, fueron ejecutadas bajo la influencia i a imitación de 
las poesías de los trovadores del mediodía de la Francia. 
El idioma de éstos era el que usaban el fundador de la mo- 
narquía portuguesa, i sus sucesores inmediatos. Los poetas 
provenzales visitaban la corte portuguesa para entretener 
con sus cantos a los grandes señores, i despertaron entre 
éstos el gusto por la poesía i por las letras. Entre los pri- 
[ meros que compusieron versos portugueses, se encuentran 
dos señores de la corte del rei Alfonso Enríquez, el segundo 
monarca de Portugal. Estos señores, llamados Gonzalo 
Henríquez i Egaz Moniz Coelho escribieron canciones, mu- 
chas de las cuales han sido conservadas. 

En los siglos XIII i XIV, la poesía fué fomentada por el 
ejemplo de los mismos príncipes. Diniz (Dionisio), que fundó 

TOMO IV 17 



258 NOCIONES DR HISTORIA LITERARIA 



ia universidad de Coimbra, Alfonso IV i Pedro el cruel se 
cuentan entre los poetas de su tiempo. Los cantos atribuí, 
dos a este último, tienen por asunto la trájica muerte de 
Inés de Castro i son el reflejo de una alma agobiada por el 
dolor. Todas esas poesías son simples imitaciones de las 
canciones provenzales; pero los poetas portugueses fueron 
mas tarde a buscar sus modelos en otra parte. El infante 
don Pedro, hijo de Juan II, tradujo muchos sonetos de Pe- 
trarca, i se conquistó uno de los puestos mas elevados en- 
tre los escritores del primer período de la historia literaria 
del Portugal. 

La prosa no produjo mas que simples cronistas. En los 
estudios teolójicos, cientíBcos i médicos, cultivados estos 
últimos bajo la influencia de los árabes, se empleaba solo el 
latin. Los reyes instituyeron el cargo de cronistas del reino; 
i uno de éstos Fernán López (1380-1449), que fué ademas 
guardián de los archivos del Estado, compuso una crónica 
del reinado de don Pedro el cruel de Portugal, notable por 
la exactitud i por las cualidades de estilo. Gómez Eaniies 
de Azurara, cronista oficial también, ha dejado varias 
obras históricas de un grande interés, en que ha narrado, 
entre otros sucesos, las campañas de los portugueses en 
África. 

Algunos reyes cultivaron igualmente la prosa con éxito 
notable. Duarte (Eduardo), que reinó sólo cinco años (1433- 
1438), compuso varias obras, dos de las cuales gozan de 
cierta reputación: el Arte de! caballero i el Leal consejero. 
Esta última, en que ese príncipe desplega una grande ins- 
trucción para su tiempo, es un tratado de moral escrito en 
un estilo serio i de ordinario elegante. El sucesor del rei 
Duarte, Alfonso V el Africano (1438-1481), no solamente 
fomentó los estudios históricos, sino que escribió sobre la 
táctica i la astronomía. Su Tratado de la milicia hace co- 
nocer la manera de combatir de los antiguos portugueses. 

Mientras tanto, la universidad de Coimbra, fundada, 
como hemos dicho, por el rei Diniz (1290), habia jeneraliza- 



LITERATURAS ESPAÑOLA I PORTUGUESA 259 

do en cierto modo el gusto por los estudios, i preparado el 
renacimiento literario, que se inicia en el siglo XVI. Enton- 
ces se abre para el Portugal la época mas brillante de su li- 
teratura. 



CAPÍTULO VIL 

Ijiteratiira italiana. 

1. Causas que retardaron la formación del italiano. — 2. Forma- 
ción de esta lengua. — 3. Literatura latina en Italia.— 4. Pri- 
mitiva poesía italiana. — 5. Dante Alighieri; la Divina comedia. 
— 6. Movimiento literario del siglo XVI. — 7. Francisco Pe- 
trarca; sus obras. — 8. Bocaccio; el Decameron, — 9. Influencia 
literaria de aquellos escritores. 

1. — El provenzal había llegado a su mas alto grado de 
cultura; la España i el Portugal habían producido algunos 
poetas; la lengua de oil era cultivada en el norte de la Fran- 
cia, antes que el italiano se hubiese conquistado un puesto 
entre las lenguas de Europa i que se hubiese sospechado la 
riqueza de un idioma nacido oscuramente entre el pueblo. 
Pero un gran poeta nació en el siglo XIII; i el jenio de un 
solo hombre la hizo adelantarse sobre todas sus rivales. 
Este hombre es el Dante (Sismondi). 

Ese mi.smo^poeta, en una obra que compuso sobre la len- 
gua vulgar, nos ha esplicado las causas de este atraso del 
idioma italiano. "La lengua de s/, dice Dante, se divide en 
catorce idiomas que ocupan toda la Italia a uno i otro lado 
de los Apeninos, al norte, al mediodía, al centro; i cada uno 
de estos idiomas se gubdivide en un gran número, de tal 
manera que yo podria elevar a mil los dialectos, las varie- 
dades de lenguaje que se hablan en la península.'* En me- 



262 NOCIONES DB HISTORIA LITBRARIA 

dio de esta multitud de idiomas, los hombres de algunos co- 
nocimientos i de alguna invención que querían darse a en- 
tender mas allá de los límites de su ciudad, se vieron obli- 
gados a emplear una lengua mas jeneral, i cultivaron el 
latin con cuidadoso anhelo. Es inmenso el número de escri- 
tores italianos que compusieron obras de historia, de poe- 
sía o de ciencias en lengua latina; i algunos de ellos alcan- 
zaron a cierto grado de perfección que los acerca a los bue- 
nos escritores de la antigüedad. 

2.— La historia del oríjen i desenvolvimiento de la lengua 
italiana ha sido estudiada con rara prolijidad. 

Leonardo Bruni, escritor del siglo XV, sostiene que el 
italiano es tan antiguo como el latin, i que uno i otro eran 
usados en la antigua Roma. El latin, según Bruni, era la 
lengua que los hombres ilustres empleaban en sus discursos 
públicos i en sus escritos; mientras que lo que se llama ita- 
liano era la lengua del pueblo, la que se empleaba en la con- 
versación familiar. Esta opinión, sostenida posteriormente 
por otros escritores, está fundada principalmente en ciertas 
espresiones que Planto i Terencio ponen en boca de aque 
líos personajes que pertenecen a la clase plebeya, i las cua- 
les ofrecen cierta semejanza con el italiano. Pero este hecha 
apreciado en su justo valor, manifiesta solamente que si 
bien los romanos desterraron la lengua primitiva de la Ita- 
lia, no pudieron aboliría i estirparla completamente, de 
manera que existió siempre en los diversos dialectos some- 
tida a transformaciones parciales. Esa lengua conjunta- 
mente con el latin, tuvo una parte principal en la formación 
del italiano. 

A la época de la invasión de los pueblos del norte, el la- 
tin, que se habia corrompido desde tiempo atrás, acabó por 
desnaturalizarse. Así es como las radicales góticas i lom- 
bardas se naturalizaron en Italia, como se introdujo el ar- 
tículo, como se sustituyeron las proposiciones a las desi- 
nencias de las declinaciones, i como el verbo ausiliar domi- 
nó en la conjugación italiana. En esta última lengua, no 
puede buscarse el latin clásico descompuesto por el contac- 



LITERATURA ITALIANA 263 

to de los bárbaros, sino los idiomas de éstos refundidos en 
el latin rustico o vulgar. 

No se puede fijar con exactitud la época de la formación 
del italiano, o, mas bien dicho, de esa gran variedad de dia- 
lectos hablados en la península itálica. Se encuentran ves- 
tijios de ella desde el siglo VIII en los nombres propios de 
personas i de lugares; pero el monumento mas antiguo que 
se conozca de esta nueva lengua data de 1135; i es una ins- 
cripción en verso grabada sobre una piedra de la catedral 
de Ferrara, cuyo significado no es fácil comprender, si bien 
el carácter jeneral de la lengua italiana se percibe perfecta- 
mente. Entonces, como dice Dante, no habia en toda la pe- 
nínsula un idioma uniforme: numerosos dialectos mas o 
menos diferentes entre sí formaban el idioma vulgar a la 
época en que una literatura fuerte i vigorosa vino a dar 
unidad a esos elementos dispersos, i a formar el instrumen- 
to con que desde el siglo XIII algunos artífices de primer 
orden comenzaron a componer obras admirables, con que 
se ha formado ese rico monumento del injenio moderno que 
se denomina literatura italiana. 

3. — Durante el largo período de vacilaciones i de forma- 
ción de una lengua, el jenio italiano, como ya hemos dicho, 
empleó el latin para la composición de sus obras, pero no 
se crea por esto que la literatura italiana procede inmedia- 
tamente de la literatura latina: las letras romanas, preci- 
pitadas en una rápida decadencia desde el tiempo de los 
emperadores, llegaron a un estado de casi completo aniqui- 
lamiento cuando Constantino trasladó a Bizancio la capi- 
tal del imperio. Después del triunfo del cristianismo, sólo la 
literatura eclesiástica produjo obras notables. La invasión 
Je los bárbaros, sin embargo, no fué en Italia tan fatal 
para las letras como en los otros pueblos de Europa. Los 
vencedores tomaron algo del pueblo conquistado; i los re- 
yes godos tuvieron a honor el protejer el cultivo intelec- 
tual. En la época de Cario Magno, la Italia estaba mas ci- 
vilizada que los otros pueblos de Europa. Pero también 
desde esa época, las tinieblas van haciéndose mas i mas 



264 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 

densas. Los únicos estudios de esas edades remotas son la 
jurisprudencia i la teolojía; i aun así, miserables disputas 
de escuela absorben el pequeño número de injenios que se 
preocupan todavía de estas ciencias. Las palabras se sus- 
tituyen a las ideas; la sutileza i el sofisma toman el lugar 
de la sencillez de los buenos tiempos. 

El pontificado de Gregorio VII (1073-1085) vio apare- 
cer las primeras luces del renacimiento de las letras en Ita- 
lia. Este papa ordenó que cada obispo fundase una escuela 
para la enseñanza de las letras. En el mismo tiempo se fun- 
daba en Bolonia, bajo los auspicios de la condesa Matilde, 
la primera universidad para la enseñanza de la jurispruden- 
cia romana. Todos los grandes hombres de esta época son 
eclesiásticos o prelados; i los dos mas célebres, aunque na- 
cidos en Italia, pasaron su vida lejos de la patria. Son és- 
tos Lanfránco de Pavía, que fundó una escuela famosa en 
un convento de Normandía, i su discípulo San Anselmo, ar- 
zobispo de Cantorbery, cuyas obras son hoi olvidadas, 
como las disputas teolójicas que las orijinaron, pero cuyos 
títulos de gloria son la admiración i el respeto que les tri- 
butaron sus contemporáneos. 

Desde el siglo XIT, las cruzadas establecieron comunica- 
ciones entre Constantinopla i la Italia; i los obispos italia- 
nos enviados en embajada al imperio de Oriente, se inicia- 
ron en el estudio de la lengua i de la literatura de los grie- 
gos. Desgraciadamente la Iglesia i la Italia estaban de or- 
dinario envueltas en profundas perturbaciones; las letras 
languidecían, i la Italia no suministraba otro hombre céle- 
bre que Pedro Lombardo, el maestro de las sentencias^ teó- 
logo famoso que fué a fundar escuela a Paris, i que alcanzó 
el rango de arzobispo de esta ciudad. La literatura se redu- 
cía a la gramática i la dialéctica; i no tenia mas campo que 
las discusiones de las escuelas. El italiano no existia aun, o 
si se hablaba comunmente una lengua vulgar, ésta no se 
escribía. El latín, convertido ya en lengua muerta, era el 
idioma de los escritores i de la enseñanza, i había perdido 
su antigua pureza. Lo que hai de mas notable en toda esta 



LITERATURA ITALUNA 265 



época son las crónicas locales. Pisa, Jénova, Milán i Sicilia 
tenian^su historiador oficial que contaba los sucesos de que 
había sido testigo, con gran parcialidad sin duda, pero nó 
sin interés. 

Pero la literatura latina de la Italia en la edad-media 
puede presentar dos jenios poderosos en el campo de la teo- 
lojía i de las controversias escolásticas. Santo Tomas de 
Aquino, natural de Calabria (1227-1274), i denominado 
por sus contemporáneos el Anjel de la escuela^ cultivó la 
teolojía i la enseñó con una penetración i con una profun- 
didad que no se encuentran en los escritores de esa época. 
Nunca facultades mas altas, dice M. Ozanam, se hallaron 
reunidas en un conjunto mas feliz; pero todas estaban do- 
minadas por una razón alta, solemne i poderosamente me- 
ditativa". San Buenaventura, su contemporáneo, natural 
de Toscana, i llamado por su siglo el Doctor seráfico, aun- 
que dotado de una intelijencia menos poderosa, pero alma 
templada en el ejercicio de las virtudes mas puras, no con- 
<íebiael mundo sino por la caridad, i encaminaba sus estu- 
dios i sus escritos a la enseñanza de esas doctrinas. 

i.— Sin embargo, el italiano se formaba a la sombra de 
€se idioma que aquel iba a destronar. Dominando desde 
largo tiempo en las clases bajas de la nación, se infiltraba 
poco a poco en las altas jerarquías de la escala social; i de- 
jando la tosca corteza que lo hacia poco armonioso en la 
boca del pueblo, se revelaba el pensamiento de algunos 
hombres privilejiados con todo el brillo poético de su por- 
venir. Este desarrollo de la lengua fué debido particular- 
mente a un impulso estraño a la misma Italia. 

Hemos dicho que mientras que la lengua italiana se ela- 
boraba lenta i oscuramente, *Íos trovadores provenzales, 
-eran ya célebres por sus cuentos, sus versos i sus tensons. 
Mirados como los ministros de los placeres de los principes, 
dice Shlfi, el elegante historiador de la literatura italiana, 
ellos eran el alma i el adorno principal de todas las fiestas 
públicas i particulares. Federico II i Manfredo, su hijo, los 
atrajeron a la corte de Palermo, En seguida, Carlos de An- 



2(>6 NOCIONBS DB HISTORIA LITERARIA 



jou, conde de Provenza, elevado al trono de Ñapóles, ad- 
quirió una grande autoridad sobre la Italia, e introdujo en 
todas partes los placeres de la corte i el gusto por los tro- 
vadores. Los italianos comenzaron por imitarlos i acaba- 
ron bien pronto por sobrepujarlos". 

El primer italiano señalado, como poeta provenzal es Al- 
berto Malaspina, que florecia a fines del siglo XII. La in- 
fluencia de esos poetas hizo también nacer los primeros 
poetas italianos que se sirvieron de la lengua de su pais. 
Desde 1220, Federico II tuvo en Sicilia una corte brillante^ 
donde se cultivó la poesía nacional; i esta escuela fué tan 
célebre, que, según refiere Dante, en su tiempo se daba el 
nombre de siciliana a toda obra en verso. Se cita como el 
escrito mas antiguo en lengua siciliana una canción de 
Ciuido d' Alcamo, de cuya vida no se sabe sino que vivia a 
fines del siglo XII. Después de éste, fué el mismo Federico II 
el primer poeta de Sicilia, con su consejero i amigo Pedro 
de las Viñas. La erudición de\ese príncipe era vasta para 
su siglo i para un emperador: sabia varias lenguas, era un 
filósofo escolástico de alguna distinción, i escribió, ademas 
de sus poesías, una obra sobre la historia natural. Pedro 
de las Viñas, natural de Cápua, habia hecho sus estudios 
en Bolonia, i mereció la confianza i la protección de aquel 
rei, hasta que cre^-^éndose éste traicionado, lo encerró en un 
calabozo i lo condenó a perder la vista. El viejo servidor se 
suicidó de desesperación. De él nos quedan muchas cancio- 
nes, casi todas amorosas, una de las cuales es por su forma 
un verdadero soneto, primer modelo de este jénero de es- 
trofas. 

Dado el primer impulso, no faltaron imitadores. En Sici- 
lia se hicieron famosos algunos de ellos: i en Bolonia se for- 
mó de 1250 a 1270, una nueva escuela de poesía cuyo jefe 
fué Guido Guinicelli. Cuando se comparan las obras de este 
autor con las de sus antecesores, se encuentran en ell&s mas 
ilación i mas arte en el conjunto, pero tienen por asunto 
el amor caballeresco, i con mui pocas escepciones, son com- 
puestas con arreglo al gusto i al sistema de los trovadores. 



LITERATURA ITALIANA 267 



"En los versos de todos estos poetas, dice Salfi, se recono- 
cen las formas de la poesía provenzal. Los poetas italianos 
se las han apropiado, las han desarrollado mas i aun las 
han embellecido. Tales son el empleo de la rima, la canción, 
sobre la cual los italianos han formado su oda, i la dedica- 
toria que siempre la termina; las narraciones fabulosas de 
aventuras caballerescas o galantes; las moralidades saca- 
das de esas mismas narraciones,^ los tensons o debates poé- 
ticos; las baladas, i sobre todo los cuentos que tuvieron 
tanta boga en Italia. Ademas de estas formas puramente 
esteriores, los italianos tomaron de los provenzales los ji- 
ros de pensamientos injeniosos o galantes, que constituyen 
uno de los caracteres de la poesía moderna. 

Fruto de este movimiento fueron otros muchos poetas 
que brillaron en Bolonia i en To5cana, cultivando ese mis- 
mo jénero de poesía durante el siglo XIII. Este siglo vio 
también florecer a Brunetto Latini, el maestro de Dante, 
que hizo a su vez algunos versos amorosos, pero que culti- 
vó ademas las ciencias, la filosofía i la literatura, i propagó 
ciertos principios de buen gusto con la traducción italiana 
de algunos fragmentos de Cicerón. La principal obra de 
Brunetto, escrita en francés con el título de Le trésor (el 
tesoro), es un resumen de toda la ciencia de su tiempo, que 
él habia recojido en numerosos viajes. La tendencia hacia 
los estudios i las especulaciones filosóficas se fortificó por 
d doble efecto de los preceptos i de los ejemplos de Brune- 
tto Latini, produciendo un jénero de poesía sabio, abstrac- 
to i filosófico que no alcanzó a diseñarse perfectamente a 
causa de la aparición de uno de esos grandes jenios que es- 
tán destinados a modificar el gusto de una época i a abrir 
nuevos horizontes a la imajinacion i a la poesía. Ese jenio 
era Dante. 

5. — Durante Alighieri, cuyo nombre abreviado ha sido 
convertido en el de Dante, inaugura magníficamente una 
civilización nueva. Nacido en Florencia en 1265, de una 
familia ilustre, aunque huérfano desde sus primeros años, 
estudió en su ciudad natal, en Bolonia i en Padua, i adquj- 



268 NOCIONBJS DB HISTORIA LITBRARIA 

rió conocimientos verdaderamente enciclopédicos en las le- 
tras, en las ciencias i en las ar'tes. En su primera edad con- 
cibió un amor tan vivo como puro por una joven de rara 
belleza i discreción, la célebre Beatriz Portinari de quien ha 
hecho uno de los tipos mas puros i mas encantadores de 
la poesía, i cuya muerte prematura penetró su alma de una 
melancolía profunda, sobreviviendo en él ese recuerdo a 
todas las vicisitudes de su ajitada existencia. Después de al- 
gunos años de un matrimonio en que no encontró la paz i el 
consuelo que deseaba, el Dante i arrastrado por la inquie- 
tud de su alma motile^ como él mismo dice, se arroja en la 
política, combate por la causa de losgüelfos en la batalla de 
Campaldino, desempeña varias misiones diplomáticas i al- 
canza el puesto de miembro del consejo supremo de Floren- 
cia en 1300. Esta era la época en que las facciones interio- 
res, los Cerchi i los Donati, o como entonces se les llamaba, 
los blancos i los negros, desgarraban la república i el par- 
tido güelfo. Dante concibe la esperanza de restablecer la 
paz desterrando de Florencia a los jefes de los dos bandos; 
pero mientras se hallaba en Roma desempeñando una 
misión de la república, los negros consuman una revolución 
i llaman al poder a Carlos de Valois, príncipe francés. El 
partido vencedor saquea su casa, confisca sus bienes, des- 
tierra al poeta i lo condena al fuego si pretende volver a su 
patria. El destierro que lo aleja de su querida Florencia, 
sumió al Dante en una profunda desesperación; i aunque 
güelfo hasta entonces, se une a los jibelinos, toma parte en 
una empresa hifructuosa contra su patria, i recorre en se- 
guida, devorado por un profundo dolor, casi toda la Italia, 
Verona, Mantua i Ravena, sin hallaren parte alguna la paz 
apetecida. En esta última ciudad murió en 1321, después 



1 Los italianos emplean ordinariamente el artículo definido de- 
lante de los nombres propios. Esta singularidad gramatical ha 
sido seguida en otras lenguas modernas, tratándose de los nom- 
bres de algunos grandes escritores italianos. Así en español se di- 
ce el Dante, el Petrarca, el Taso, el Ariosto etc. 



LITERATURA ITALIANA 269 

de haber terminado la obra que lo .ha hecho inmortal. 
El Dante escribió sobre diversas materias en latin i en 
italiano. En el primero de esos idiomas compuso un trata- 
do de retórica i poética titulada De eloquio vulgar! {át la 
elocuencia vulgar), i en la segunda la Vita nuova (la vida 
nueva), en que ha reunido las poesías que dan a conocer su 
pasión por Beatriz i los dolores que agobiaron su alma en 
sa juventud. Pero, aunque en algunas se encuentran los 
destellos de su jenio, la gran fama de su autor descansa so- 
bre un poema inmortal que lleva el título de Divina come- 
dia. Este qombre de comedia no tiene absolutamente nada 
de común con las piezas de teatro que llamamos del mismo 
modo: entonces no se conocia el drama sino por las obras 
de la antigüedad. Dante distinguia en su libro de retórica 
tres estilos diferentes: el trájico, el cómico i el elejíaco. Des- 
tinaba el estilo sublime para la trajedia; el que viene en se- 
guida para la comedia; i el lamen tativo, que conviene a los 
desgraciados, para la elejía. Es claro que ha dado a su 
poema el título de Comedia porque creia haber escrito la 
mayor parte en ese estilo medio que está mas abajo del su- 
blime i mas arriba del elejíaco. El epíteto divina se esplica 
suficientemente por las materias teolójicas de que trata el 
poema. 

Este poema, uno de los mas vastos monumentos del espí- 
ritu humano, es el resumen, a veces estravagante, pero 
siempre sorprendente i grandioso, del movimiento intelec- 
tual i de la sociedad en cuyo seno se ha compuesto. Ábrese 
poruña especie de prólogo alegórico en que el poeta supo- 
ne que se encontró perdido en una selva oscura en medio 
del camino de la vida. Habiendo llegado al pie de una alta 
colina, quiere subir a ella; pero tres monstruos terribles se 
Jo impiden. Entonces aparece Virjilio, enviado por la divi- 
na Beatriz, que desde los cielos vela por su amigo, i se ofre- 
ce a servirle de guía esplicándole los diversos cuadros de 
que sucesivamente son testigos. Pasan ambos las formida- 
bles puertas del infierno i comienzan su 1 ú gubre peregrina 
don. Dante i su guia oyen resonar idiomas diferentes, ho- 



270 NOCIONES I>B HISTORIA LITERARIA 

rríbles lenguajes, palabras de dolor, acentos de cólera, voces 
agudas i roncas, i el choque de las manos que redobla el 
tumulto: los suspiros, los llantos, los jemidos, el rechinar 
de los dientes llegan sucesivamente a su oidos. El infierno, 
según el poeta, está dispuesto en forma de espiral, que se 
va estrechando así que se desciende: los viajeros recorren 
sus nueve círculos i sus numerosas subdivisiones donde una 
multitud infinita espía en eternos suplicios las faltas come- 
tidas en la tierra o algunos instantes de goces mundanos. 
Habiendo bajado hasta el ultimo círculo, Dante i Virjilio 
encuentran a Satanás, el jefe de los reinos del dolor, monstruo 
de tres cabezas, sumido allí en el corazón mismo de la tie- 
rra, como la base del edificio infernal. Los dos poetas s« 
dejan deslizar, arrastrándose por las espaldas para sali- 
del abismo; i después de haber atravesado por un camim. ^ 
surcado por un arroj^o de sinuoso curso, salen al fin paK:— 
volver a ver las estrellas. En esta parte del poema, desi ^^ 
nada con el nombre de El infierno {II inferno), la mas ac ^ 
bada; sin duda, i la mas terriblemente poética, Dante lr-3 
desplegado toda la enerjía de su jenio i todo el vigor de ^s 
imajinacion. 

Después de salir del abismo, los viajeros llegan al pie <i 
ima montaña que comienzan a subir. Allí los suaves coló 
res del záfiro oriental, que se mezclan a la serenidad del ^' 
re puro, vuelven la alegría a los ojos del poeta escapado a/ 
aire muerto que habia entristecido sus miradas i su cora- 
zón. Dante i Virjilio penetran al fin en el purgatorio, qae 
está dividido en círculos ascendentes, así como el infierno 
está en círculos descendentes. Los viajeros recorren los sie- 
te círculos, en que se purgan los siete pecados capitales, i 
se imponen de cuanto pasa en los reinos de la purificación, 
sin encontrar allí las grandes pasiones, los males incura- 
bles; i si sólo una dulce esperanza que ocupa el alma de los 
que saben que sus sufrimientos son pasajeros. Dante hace 
proferir a las almas,* amargas críticas sobre los vicios del 
mundo i la corrupción de la corte de Roma. 

Dante sigue su viaje al cielo; pero ya no le acompaña 



LITERATURA ITALIANA 271 



Virjilio, poeta pagano, que no tiene entrada en la mansión 
de los elejidos. La hermosa Beatriz, símbolo de la teolojía, 
es la que conduce íil Dante i lo hace recorrer los cielps de 
los siete planetas, contestando todas sus preguntas, escla- 
reciendo todas sus dudas, hasta colocarlo delante del divi- 
no triángulo, en cuya descí ipcion se estasía i abisma elpoe- 
ta, desesperando de comprender el misterio que representa. 
Esta parte es sin duda la mas débil del poema: todalaima- 
jinacion del Dante no ha bastado para revestir de formas 
poéticas la erudición teolójica de que ha sembrado esta sec- 
ción de su obra. 

Conocido este tejido informe que sirve de asunto al poe- 
ma se puede comprender cuan poderosa imajinacion ha ne- 
cesitado Dante para trazar el plan de su obra i para darle 
unidad. Pero la admiración redobla cuando se penetra en 
los detalles de esta obra jigantesca; cuando se consideran 
los diversos personajes de este drama^ místico, esas almas 
qiac corren sin cesar detras de un inmenso estandarte, o 
bien sacudidas por un huracán eterno, marchando bajo una 
11 u via de fuego, cubiertas con capas de plomo que las obli- 
gan a doblar la cabeza, acostadas en sepulcros ardientes o 
su rnid as en estanques de hielo, mudas e inmóviles por el 
cx^ceso del dolor; cuando se le ve conversar con las almas de 
grandes personajes antiguos o contemporáneos del autor, 
i referir su historia con una enerjía de estilo i con un colo- 
rido que no han encontrado imitadores; i cuando se leen 
esos mil episodios enlazados entre sí sólo por la presencia 
;del poeta. Entonces se descubre el jenio poderoso del Dante 
que ha dado forma i unidad a tantas concepciones i a tan- 
tos pormenores. Pensador orijinal i vigoroso, versificador 
brillante i armonioso, gran pintor de costumbres i de ca- 
racteres, no necesita jamas de una larga frase para retra- 
tar a un hombre i aun a muchos á la vez. 

Los defectos del poeta del Dante nacen de su erudición, 
de su propio jenio i de las ajitadas pasiones políticas de su 
siglo, cuyo retrato fiel ha trazado. Los críticos se han pre- 
guntado si \r Divina comedia era un poema épico, o si de- 



272 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 

hería dársele otro nombre. Esta cuestión no tiene en rea- 
lidad una grande importancia: si se ha convenido en que el 
nombre de epopeya corresponde a las obras primitivas, 
orijinales, nacionales, que llevan el sello particular de un 
jenio al rededor del cual vengan a preocuparse todos los 
escritores de la misma época o del mismo pais, el poema 
del Dante puede ser considerado como la grande epopeya 
de la Italia en la edad media. Si bien es cierto que faltan la 
acción heroica i la unidad épica, allí se encuentran retrata- 
das las costumbres, las creencias, la ciencia i hasta la his- 
toria del siglo en que vivió el poeta. Aunque pronuncia su 
fallo como soberano juez cuando trata de los mas célebres 
personajes colocados en el infierno o en el paraiso según sus 
méritos o sus faltas, esos fallos no son sin apelación. Las 
pasiones políticas que ajitaban al Dante en el momento de 
escribir, lo han arrastrado a alabanzas o a censuras infun- 
dadas, que en realidad dañan a la severidad de su obra; pe- 
ro el poeta ha observado perfectamente la unidad de doc- 
trina. La Divina comedia es una verdadera enciclopedia de 
los conocimientos del siglo en que fué compuesta; i por esto 
ha sido objeto de numerosos comentarios. Los sabios i los 
teólogos fueron encargados de esplicar lo que hubiese en 
ella de oscuro; i se fundaron dos cátedras, una en Florencia 
i otra en Bolonia, para comentar este gran poema a la ju- 
ventud estudiosa de la Italia. 

6.— Dante habia dado a la poesía ua poderoso impulso. 
Distribuyendo sus pensamientos en estrofas de tres versos 
endecasílabos rimados como los tercetos castellanos, habia 
enseñado el arte de encerrar vigorosos conceptos o anima- 
das descripciones en un corto número de palabras sonoras 
i armoniosas. Su nombre como poeta, i aun deberíamos 
agregar como sabio, domina sobre todo un siglo; pero se- 
ria una injusticia no dar a conocer el movimiento literario 
que entonces mismo se hizo sentir en toda la Italia. Esta 
fué la época en que Roberto de Anjou, rei de Ñapóles i con. 
de de Provenza,protejia los sabios i aun tenia la noble emu- 
lación de igualarlos. La mayor parte de los príncipes de 



IJTKRAJURA ITALIANA 273 

Italia, i a sq ejemplo, los ciudadanos ricos, se gToriaban de 
protejer a los escritores i a los artistas, a quienes nunca se 
han dispensado mayores socorros i mayores honores. 

La aparición de la Divina comedia hizo nacer muchas 
epopeyas mas o menos felices. Ceceo di Ascoli, astrólogo, 
profesor en Bolonia, compuso con el nombre de Acerba (de 
Accrvum. recopilación) un poema en que trata, con un es- 
tilo duro i desprovisto de elegancia i de armonía, de las 
ciencias astronómicas, de los vicios, de las virtudes, de la 
historia i de la relijion. Acusado de impiedad por ciertas 
opiniones consignadas en su obra, el infeliz poeta fué que- 
mado vivo en Florencia a la edad de setenta años. Fazio 
degli Uberti, en otro poema titulado Dittamondo^ narró 
un viaje alegórico en Italia, Grecia i el Asia; su obra es 
una especie de imitación del poema del Dante; i aunque 
alcanzó gran boga en el siglo XIV, nndie la lee ahora. 
Federico Frezzi en su Quadrirejio, describió los reinos del 
Amor, de Satanás, de los Vicios, de las Virtudes i de Ve- 
nus; pero la erudición teolójica i las alusiones a los suce- 
sos del tiempo del poeta, reemplazan a la inspiración. 

Aparte de estas obras puramente poéticas, la literatura 
italiana del siglo XIV puede presentar grandes trabajos 
en prosa que revelan una notable cultura. Las universida- 
des de Bolonia i de Padua dieron impulso al movimiento 
científico i produjeron eminentes profesores de jurispruden- 
cia. La historia comenzaba a tener intérpretes que hacen 
autoridad por la lengua i por Jos hechos. Juan i Mateo Vi- 
liani escribieron con talento i con arte verdaderamente clá- 
sico la historia de Florencia; Andrés Dandalo, dux de Ve- 
necia, consignó en una interesante obra latina la historia 
de su patria. Albertino Mussato, historiador i poeta, na- 
tural de Padua, escribió la historia del emperador Enri- 
que VII i los sucesos de su tiempo, a la vez que elejías i 
églogas de mérito. 

7. — Pero el poeta que eclipsó a todos los de su época, 
es Francisco Petrarca, que después de haber esperimeuta- 
do la influencia de la poesía provenzal, ejerció a su turno 

TOMO IV 18 



274 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

un imperio' incontestable sobre el gusto poético de la Ita- 
lia i de la Europa entera. Nacido en Arezzo, cerca de Pa- 
dua, en 1304, Petrarca pasó su juventud en el sur de Fran- 
cia al lado de su familia, que hahia seguido a Aviñon a la 
corte pontificia. Petrarca cursó la jurisprudencia en Mont- 
pelier, pero la poesía i la elocuencia fueron sus estudios 
favoritos. Compuso enlatin sus primeros ensayos poéticos, 
pero luego empleó la lengua vulgar, a la cual comunicó una 
gracia i una suavidad que le eran desconocidas. Se sirvió 
de ella particularmente para celebrar la pasión que habia 
excitado en su alma la hermosa Laura de Noves, esposa de 
un caballero de Aviñon, por la cual habia concebido desde 
la edad de veinte años un amor cast-) i puro que ha que- 
dado famoso en los anales de la poesía. Buscando un re- 
medio contra ese amor desgraciado que dominaba su espí- 
ritu, Petrarca se mezcló en los negocios públicos fomentan- 
do el movimiento democrático que tuvo lugar en Roma 
bajo el impulso del célebre tribuno Rienzzi, i desempeñando 
algunas misiones diplomáticas. Viajó también por el norte 
de la Francia; pero a todas partes le acompañó su dolor, 
i en todas partes, también, repitió sus cantos de amor, los 
cuales, si bien aumentaron estraordinariamente su gloria, 
no produjeron ningún alivio a sus males. El senado roma- 
no, por sujestion de Roberto de Anjou, rei de Ñapóles, le 
ofreció una corona de laurel que debia ceñir en medio de 
una fiesta verdaderamente triunfal. En efecto, el 8 de abril 
de 1341, dia de Pascua, Petrarca recibió al Capitolio ro- 
deado de los principales ciudadanos i precedido de doce 
niños que cantaban i declamaban sus versos. Allí tuvo 
lugar su coronación en medio de una suntuosa solemni- 
dad. Por fin, ea 1348, Laura pereció víctima de una peste 
horrible que asolaba el mediodía de la Europa. Petrarca 
se conservó fiel a su memoria: durante la primera parte de 
su vida iiahia cantado las perfecciones de Laura, i su entu- 
siasmo se liabia elevado hasta el éxtasis: durante la segun- 
da mitad, cantó su dolor; i sus poesías tomaron un acento 
profundamente penetrante i Sí^lemne. Después de numero- 



LMBKATITRA ITALIANA 275 



sas peregrinaciones, durante las cuales no ceso de cantar 
a Laura, se estableció en Arqua, cerca de Padua. Allí se 
le encontró muerto en su biblioteca el 15 de julio de 1374, 
con la cabeza encorvada sobre un libro abierto. Un ata- 
que de apoplejía fulminante lo habia privado de la vida a 
la edad de setenta años. 

Petrarca no fué sólo un gran poeta, fué también un eru- 
dito ilustre que escribió con facilidad i elegancia la lengua 
de^Ciceron i de Virjilio,i que compuso en ella muchas obras 
de filosofía i un poema épico, en que, con el título de África, 
celebraba la segunda guerra púnica, i particularmente las 
hazañas i el carácter de Escipion. Petrarca creia que esas 
composiciones latinas eran el fundamento de su gloria, i 
que sus poesías italianas eran un simple accesorio. La pos- 
teridad ha juzgado en este asunto de mui diversa manera; 
sus versos latinos no son conocidos mas que por algunos 
eruditos, mientras que sus sonetos i sus canciones son po- 
pulares i han fundado una de las mas altas reputaciones 
poéticas de los tiempos modernos. 

Aparte de algunas composiciones puramente patrióticas 
en que Petrarca ostenta un amor ardiente por la Italia, 
Laura ocupa casi esclusivamente la imajinacion del poeta. 
Para celebrarla, Petrarca tn\fentó una poesía nueva que no 
tenia modelo entre los antiguos i que no encontró mas que 
predecesores mui im perfectos entre los trovadores. Sin du- 
íla debe mucho al Dante; pero viniendo inmediatamente 
ílespues del gran creador de la poesía italiana, él supo a su 
vez ser creador. Debe también mucho a los poetas proven- 
zales; pero perfeccionó infinitamente los elementos que to- 
mó de ellos. Dio a su sutil galantería una sinceridad i una 
l>e11eza de espresion que la transformaron. Tiene sin duda 
rilgunos de sus defectos; abusa de los adornos, prodiga las 
inetáforas no siempre exactas, las antítesis con frecuencia 
forzadas, las hipérboles pueriles, i los complica hasta ha- 
cerlos incomprensibles u oscuros; pero todas estas faltas 
;t|>énas alteran el efecto de su poesía, elaborada con un cui- 
<lado infinito, sin que el trabajo mas minucioso resfrie su 



276 NOGIONBS DB HISTORIA LITBBARIA 

inspiración. La vivacidad i la pureza de los sentimientos^ 
la variedad i el brillo de las imájenes, el arte esquisito de la 
composición, la elegancia i la frescura del lenguaje i la ar- 
monía de la versificación, dan a sus sonetos i a sus cancio- 
nes amorosas un encanto que quizas no ha conseguido nin- 
gún poeta. 

8. — Bocaccio fué para la prosa lo que Dante i Petrarca fue- 
ron para la poesía, i forma con ellos el famoso triunvirato 
que ocupa casi toda la historia de la literatura italiana -de 
la edad media. Sus escritos son el tipo del lenguaje correcto 
i elegante; su estilo pintoresco i gracioso, libre en sus jiros, 
pero siempre castigado en sus términos, es hasta hoi el mo- 
delo de los prosadores italianos. 

Hijo natural de un comercianteflorentino, Juan Bocaccio 
nació en Paris en 1313. En Florencia se consagró al estudio 
de la literatura, contra la voluntad de su padre que queria 
dedicarlo primero al comercio i después al foro. Aprendió 
el griego i el latin, i compuso varias obras en esta última 
lengua, entre otras una sobre la mitolojín i otra sobre la 
jeografía antigua que suponen una grande erudición. Cul- 
tivó la poesía épica; pero abandonó sus ensayos desespe- 
rando de alcanzar al Dante. La lectura de las obras de Pe- 
trarca le hizo abandonar también la poesía lírica en que 
habia comenzado a distinguirse. Parece que un poder secre- 
to arrastraba a Bocaccio al jénero literario que habia de 
constituir su gloria. 

Bocaccio no se hizo gran prosador el mismo dia en que 
comenzó a escribir en prosa italiana. En la serie de sus 
obras de esta especie, casi todas formadas por novelas sa- 
tíricas de aventuras mas o menos libres i licenciosas, hai 
un progreso evidente en el trascurso de los añ(js. Aunque 
algunas de ellas posean un mérito real por la invención del 
asunto i por el arte literario, es su última obra la que le ha 
granjeado su gran reputación, i la que le ha asegurado su 
brillante puesto en la historia de las letras. El Decameron 
(II Decamerone),estQ es el título, es una simple compilación 
de cuentos o novelas cortas, basadas algunas sobre histo- 



LITERATURA ITALIANA 277 



rietas poéticas, o f'abliaux de los truveres, pero cuya mayor 
parte es de invención de Bocaccio. 

El plan del Decameron es mui sencillo. Su nombre es 
-<:ompuesto de dos voces griegas que significan diez dias. 
J5n la época de la terrible peste que asolaba a Florencia en 
1344, diez jóvenes, siete de ellos mujeres i tres hombres, se 
-retiran al campo para huir del contajio i distraerse de las 
lúgubres ideas que dominaban en la ciudad. Cada uno debe 
-^rontar una historia cada dia, durante diez dias; de manera 
^^ue al fin del término fijado se completan las cien novelas 
djue componen el libro. La narración se abre con una des- 
<rTÍpcion de la peste, trazada en estilo natural i sencillo, pe- 
-rocon gran penetración i profundidad. Boccacio se muestra 
liistoriador, filósofo i poeta. Lucrecio, Tucídides e Hipócra- 
tes parecian haber agotado el asunto; pero Boccacio ha sa- 
bido revelar una multitud de particularidades, de fenóme- 
nos físicos i morales, que denotan un espíritu observador, i 
firmeza de carácter en el hombre que estudiaba esos hechos 
en medio de los mayores peligros i de las escenas de la mas 
espantosa desolación. Esta especie de prólogo forma un 
verdadero contraste con las novelas de los diez dias. 

El Decameron es una obra singular. Hai en él historias 
detodojénero, serias i burlescas, tristes i alegres, satíri- 
cas! sentimentales. Bocaccio hapuestoen escenacasi todos 
los tipos sociales cuyas costumbres i cuya vida entran en 
el dominio de la observación, i lo ha hecho con un notable 
talento, con un buen humor casi constante i con un arte de 
escritor que casi ha quedado sin rival. Por desgracia, una 
parte de sus cuentos versa sobre asuntos licenciosos e in- 
morales, en que los hechos mas escandalosos están referi- 
dos con una vituperable libertad de espresion. Los mari- 
dos burlados, los jóvenes seductores, los viejos avaros, los 
caballeros, los frailes i las monjas desempeñan un papel 
principal. Bocaccio se ha reido también de las supersticio- 
nes relijiosas de la edad-media; i ha dejado traslucir al tra- 
res de sus burias cierto escepticismo que no debió ser del 
agrado de los hombres de su siglo. Así, en unos de los cuen- 



278 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 

tos, un judío dice al sultán Saladino que las relijiones cris- 
tianas, hebrea i .musulmana son tres jojas, de las cuales 
sólo una es la verdaderamente fina, pero que no es posible 
distinguirla de las otras dos. 

Haciendo abstracción de lo que hai de chocante i de cen- 
surable en el Decameron, Bocaccio se ha granjeado por su 
mérito literario i por los recursos de su injenio la admira- 
ción de todos los grandes escritores. La Fontaine ha pues- 
to en verso francés algunos de los cuentos del novelista 
italiano. Rabelais i Moliere en Francia, Chaucer i Dryden 
en Inglaterra, han encontrado en ellos numerosos inciden- 
tes que imitar o que reproducir en sus obras. La prosa ita- 
liana le debe, si no el haberla creado, a lo menos el haberla 
elevado a un rango no menos distinguido que el que ocu- 
paba la poesía. 

Bocaccio empleó en un trabajo constante la mayor parte 
de su vida. Como Petrarca, buscaba con un ardor increíble 
los manuscritos antiguos, i exortaba a sus contemporáneos 
a hacer un estudio serio de los escritores griegos i romii- 
nos. Lleno de admiración por el Dante, escribió su vida i 
comentó su poema desde una cátedra de Florencia. Por fin, 
murió en Certaldo, en 1375, a la edad de sesenta i dos 
años, dejando un nombre imperecedero en la historia de las 
letras italianas. 

9. — La segunda mitad del siglo XIV se resintió del im- 
pu/so dado a la literatura por esos tres poderosos jenios 
(|ue cultivando jéneros tan diversos, fijaron la lengua i 
abrieron a la poesía i a la prosa horizontes desconocidos. 

Así como después de Dante surjieron numerosos poetas 
épicos i después de Petrarca muchos poetas líricos, así tam- 
bién detras de Bocaccio nacieron varios novelistas dotados 
algunos de ellos de un injenio burlón i satírico, i de una 
imajinacion rica i fecunda; pero que carecian del arte su- 
prema que aquel empleaba en la composición de sus cuen- 
tos. Pero el verdadero trabajo de este período fué el estu- 
dio de las grandes obras de la antigüedad, la rebusca de 
los manuscritos perdidos durante tanto tiempo i la restau- 



LITERATURA ITALIANA 279 



^»" -ación de la literatura clásica. Petrarca i Bocaccio habian 
^ xiiciado este movimiento; i luego encontraron ardorosos 
i xnitadores. 

¡untos con esos trabajos se continuó con gran ardor el 
estudio de la jurisprudencia, de la astronomía i de las ma- 
temáticas. Las universidades producian hombres muí no- 
tables en todos los ramos del saber, i atraían a Italia los 
sabios mas distinguidos de Europa. La península iba a 
ser el centro desde el cual debía irradiar la luz de una nue- 
va era, conocida en la historia de las letras i de las artes 
con el nombre de Renacimiento, 



CAPITULO VIII. 



Literaturas! del Norte 



1. La lengua alemana.— 2. Los Mmnesin^er, — 3. El poema de ios 
Stbelangen, ~4. Poesía alemana anterior al siglo XV. — 5. Lite- 
ratura escandinava. 6. Literatura eslava. ' 



1. — La lengua alemana ha sido considerada largo tiem- 
po, a lo menos bajo su forma mas antigua, como una len- 
gua radical e independiente de toda derivación estranjera. 
Sin embargo, los trabajos filolójicos modernos han demos- 
trado sus relaciones no sólo con el griego sino también con 
el sánscrito i el persa. Forma la rama moderna mas intere- 
sante de la familia de las lenguas indo-jermánicas, i puede 
ser considerada como la hermana mayor, sino como la ma- 
dre del flamenco, del holandés, del danés, del sueco i del in- 
gles. La historia de las emigraciones que han trasportado 
ese idioma del Asia a la Europa ha dado lugar a muchas 
hipótesis que no tenemos para qué recordar en este lugar. 

Desde los tiempos mas remotos, la lengua jermánica se 
ha encontrado dividida en idioma del sur o de la Alta Ale- 
mania; i en idioma del norte o de la Baja Alemania. Sobre 
la autoridad de Tácito, se habla de cantos guerreros com- 
puestos por los jer manos ya sea para celebrar sus triunfos, 
va para producir el entusiasmo antes de entrar al combate. 
El míis antiguo monumento escrito que se conozca de esta 



282 NOCIONES DR HISTORIA LITifiRARlA 

lengua parece por su forma estar concebido en el irlioma 
del sur. En una traducción de la Biblia hecha por lósanos 
de 360 |}or Ulfilas, obispo de los godos de Mesia. Este li- 
bro que nos ha dejado incompleto, es todo lo queconoa- 
mos en la lengua gótica. Se atribuye al mismo tiempo a sü 
autor, aunque sin fundamento bólido, la invención de los 
caracteres de formas angulosas usados después en la tras- 
cripción de los idiomas jermánicos. 

El dialecto que hablaban los francos formaba partede 
esos idiomas; pero no comenzó a escribirse hasta el siglo 
VIL Para su estudio era la gramática que redactó oque 
mandó redactar Cario Magno. Ese libro, asi como una tra- 
ducción de la Biblia que mandó hacer Luis I, están perdi- 
dos para nosotros. El idioma del norte prevaleció bajólos 
emperadores sajones; pero después del advenimiento déla 
casa de Hohenstaufen (1138), una nueva rama del idioma 
de la Alta Alemania, el dialecto de Suabia, denomi:.ado 
alemán, vino a ser el idioma del imperio; i desde esta época 
data su preponderancia sobre el alemán del norte. Ba3^ 
Otón IV, a principios del siglo XIII, comenzó a ser empica' 
do en las dietas i en los documentos püíblicos. Forma ^^ 
base de la lengua moderna, i aun se puede decir que has*^ 
cierto punto subsiste aun en la Alsacia i en la Suiza. 

2. — A pesar de las modificaciones sucesivas introducida^ 
en esta lengua por la influencia de los diferentes dialecto^ 
se puede decir que el alemán es el idioma europeo que h^ 
sufrido menos alteración durante la edad media. Se conser- 
vó puramente jermánico, porque ninguna invasión intro- 
dujo allí un elemento nuevo. Es sorprendente por esto mis- 
mo que no haya producido una literatura propia antes que 
los otros pueblos. En efecto, las obras alemanas anteriores 
al siglo XII se reducen a cantos heroicos i relijiosos que 
sólo conocemos por referencias o por simples fragmentos, : 
a trabajos mas estensos compuestos en lengua latina. Lí 
elevación de los príncipes de la casa de Hohenstaufen abn 
la era d*» los grandes dias para la literatura jermánico d< 
la edad media. 



LITERATURAS I>ML NORTE 283 

Establecida la unidad de la Alemania, una raza de sobe- 
ranos apasionados por la guerra, por la poesía i por las 
artes da impulso al jenio nacional; i por todas partes se le- 
vantan poetas para cantar la gloriosa casa de los Hohens- 
tatjfen. Las cruzadas, las guerras de Italia, los intereses 
délos emperadores en el sur de Francia, ponen a los pue- 
blos alemanes en contacto con el mediodía. Los primeros 
acentos de la poesía italiana, las melodías de la Provenza, 
los poemas de los tru veres walones, las epopeyas místicas 
¡caballerescas fundadas en las tradiciones bretonas, pene- 
tran en los países jermánicos i producen inspiraciones ori- 
jinales. La imajinacion de la Alemania se despierta i la 
lengua se desembaraza. Ya toma esas viejas leyendas cuyo 
gusto habia perdido, i las consigna en obras en que un 
estilo mas cultivado no borra, sin embargo, la heroica ru- 
deza de la tradición; ya se inspira en los cantos de amor 
délos poetas provenzales o en las epopeyas místicas de la 
Bretaña, adornando ambos asuntos con ideas i con senti- 
mientos que le son propios. 

Viéronse, en efecto, muchos hombres pertenecientes a las 
ciases mas elevadas cultivar la poesía como un medio de 
''cgar a los honores o a la fortuna. A imitación de los tro- 
^'íidores, los Minnesinger (cantores de amor), aparecieron 
^•^ las reuniones brillantes para deleitar al auditorio. Se 
^"uentan mas de trescientos poetas que ilustraron esta épo- 
^a.;i se ha dicho de ellos que jamas la ternura, la adhesión, 
■^ unión casi mística del amorf^rrenal i de los éxtasis celes- 
"^^^ han encontrado una espresion mas suave. Se cita como 
^1 mas notable de todos ellos a Walter de Vogelweide, muer- 
do en 1288, cuya musa lejos de cantar sólo el amor puro i 
^Ipanejírico de las mujeres, no fué indiferente a ninguna de 
'as grandes cuestiones de su siglo. 

3.— La poesía épica alemana esplotó también en esa épo- 
ca diversos asuntos, nacionales los unos sobre los antiguos 
jefes jermanos, feudales, caballerescos i relijiosos los otros 
sobre Cario Magno i el rei Arturo de Bretaña. El mas famo- 
so de todos ellos es formado de las tradiciones francas bor- 



284 NociONBs Dn historia literaria 



goñonas, góticas i lombardas que se refieren a los nombre^' 
célebres de Herraanrico, de Atila i de Teodorico. Su nombre 
es los Niebelungen (los hijos de la nube, de Niebel, nube, i 
Jung, hijo). Esta epopeya que los críticos alemanes no vaci- 
lan en colocar al lado i aun encima de la Ilíada, es según se 
cree, un conjunto de cantos nacionales de una remota anti- 
güedad, a los cuales uu autor desconocido ha dado, por los 
años de 1210. la forma bajo la cual han llegado hasta no- 
sotros. Se atribuye este trabajo a cuatro poetas diferentes; 
pero Enrique de Ofterdingen, natural de Turinjia es el que 
cuenta con mayor número de sufrajios en las discusiones 
histórico-literarias a que esta obra ha dado lugar. 

En los Niebelungen la historia se mezcla con la leyenda 
i la alegoría. Los hechos históricos son la ruina de la anti- 
gua casa de Borgoña i las proezas de Atila: las leyendas 
son tomadas de las tradiciones escandinavas modificadas 
por los sentimientos cristianos; i la alegoría estriba en una 
lucha incesante entre las divinidades de la luz i las divini- 
dades de las tinieblas, entre las fuerzas emanadas del bueno 
i del mal principio. 

Su primera parte está consagrada a la narración de las 
aventuras i de la muerta de Siegfried. Este héroe, hijo del 
rei de los Países Bajos, hace un viaje a Worms, donde resi- 
de Gunter, rei de los borgoñones. Gracias a la fuerza i al 
don de in visibilidad que leda una capa májica, ayuda a este 
príncipe a vencer a la hermosa Brunilda, reina guerrera de 
Islanda que habia jurado no cacarse sino con su vencedor. 
Gunter realiza sus deseos; i queriendo premiar el heroismo 
de Siegfried, sin cuyo brazo no habria podido realizar sus 
propósitos, le da en matrimonio a su hermana Crimilda. 
Los amores de estas dos parejas constituyen el asunto prin- 
cipal de esta parte del poema; pero la felicidad de ambos 
guerreros no fue de larga duración. Brunilda, elevada al 
trono de los borgoñones, tiene una querella con Crimilda; i 
sabe entonces que no es Gunter sino Siegfried el que la ha 
vencido. Llena de indignación i de dolor, Brunilda toma 
una venganza terrible: hace asesinara Siegfried en una par- 



LITERATURAS I>RL NORTE 28j 



tida de caza, i arroja al Rin el tesoro que este liéroe había 
quitado en otro tiempo a los Niebelungen, príncipes esta- 
blecidos en el norte. La segunda parte refiere la venganza 
de Crimilda. Esta princesa meditnba el castigo de sus ene- 
migos cuando el rei de los Hunos, el poderoso Etzel(Atila), 
pierde a su mujer i quiere casarse en segundas nupcias. Cri- 
milda, aunque era cristiana, no vacila en casarse con Atila. 
Después de siete años de felicidad doméstica en la ciudad de 
Yiena, Crimilda venga cruelmente la muerte de su primer 
marido: invita a los borgoñones, que el poeta llama ahora 
Niebelungen, a una fiesta en que los hace asesmar, iella ma- 
ta por su propia mano al que habia herido a su infeliz es- 
poso. 

Tal es en su conjunto, i desligado de las hechos episódicos 
que lo alargan i a veces lo oscurecen, el asunto del poema 
de los Niebelungen, la epopeya nacional de alemania. A pe- 
sar de la estra vagancia de algunos detalles, *de la difusión 
vaporosa de ciertas figuras, i del caos en que están confun- 
didos los sucesos finales, no se puede dejar de reconocer en 
él bellezas reales, profundas, duraderas, quese ha convenido 
en llamar clásicas. *'Este poema, dice uno de sus traducto- 
res, M. de la Laveleye, ha llegado a ser el objeto de la vene- 
ración de la Alemania, la que lo considera como la litada 
nacional. En todos los grados de la enseñanza, es puesto 
en manos de los jóvenes, que lo estudian i que aprenden de 
memoria los pasajes mas notables. Los profesores los es- 
plican i los comentan en las cátedras de las universidades. 
Los sabios mas afamados le han consagrado sus veladas. 
Así como los cantos heroicos que celebraban la muerte de 
Síegfried o la venganza de Crimilda resonaban en otro tiem- 
po en todas partes donde se hablaba uno de los dialectos 
del viejo idioma jermánico, así también en nuestros dias 
estepoema ha venido a ser el patrimonio literario común de 
todos los pueblos que componen la Alemania moderna.'* 

Ademas de esta obra orijinal, que los alemanes fundaron 
en los recuerdos de su propia historia, compusieron otros 
poemas heroicos que se refieren a las crónicas cario vinjias i 



'2Si] NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 



a las tradiciones de Arturo i de la mesa redonda, i en l^F=t 
cuales se descubre de ordinario una imitación o una simjm» 
traducción de los poemas caballerescos franceses. Exist^^ 
ademas tres g-randes epopeyas alemanas de los siglos X- J 
i XIII, imitadas de la antigüedad, i que tienen por asun^ífc 
las aventuras de Eneas, la guerra de Troya i la espedicic=z3 
de los Art^onautas. Pero aunque en algunas de esas obr-^s 
se encuentren frecuentes rasi^os de una verdridera poesía, ^ 
poema de los Niebelungen mantiene su indisputable suj.:^^ 
rioridad sobre todas ellas. 

4. — La poesía alemana sufrió un gran golpe con la cair^ 
de los Hohenstaufen. No se levantó sino en el siglo XVI ♦ 
fué para revestirse de un carácter particular. En vez de h .^» 
bitar los castillos con los príncipes i los nobles, bajó a 1^*^ 
ciudades i a las aldeas entre los mas humildes artesanos 
Abriéronse certámenes poéticos en Maguncia, en Estras- 
burgo, en Nüremberg; pero a ellos concurrían sólo zapa te- ^ 
ros, herreros, sastres, etc. Estos poetas de un orden nuevo, 
tomaron el nombre de Meistersaenger, o maestros canto- 
res. Sus composiciones, que no eran mas que trozos líricos, 
son pálidas, vulgares, sin inspiración, i desfiguran los gran- 
des asuntos consagrados por la época precedente. Sin em- 
bargo, se las ha conservado; i recorriéndolas se tlota que 
ordinariamente tenían por asunto las querellas intestinas 
de las ciudades de Alemania. El tono de jovialidad i la li- 
bre alegría de la sátireí forman su carácter distintivo. 

En breve, la tendencia moral i alegórica quitó a esos 
poetas su verdadero elemento lírico, para arrojarlos en el 
dominio de la poesía didáctica, jénero que florecia desde el 
siglo XIII, i que sin embargo, no habia alcanzado gran 
desarrollo. Se pueden citar como pertenecientes a este jéne- 
ro algunas poesías sentenciosas, o fábulas esópicas. La 
obra mas notable entre éstas, es el NarrenschitTila nave de 
los locos), compuesta por Sebastian Brandt (1458-1520), 
en que el poeta ha castigado, con una indignación mas o 
menos caballeresca, los vicios i las ridiculeces de su tiempo, 
suponiendo una nave cargada de bibliómanos, melómanos. 



LITBUATI liAS DBJ. NOKTK .-^87 



ebrios, gastrónomos, elegantes, enamorados, ambiciosos, 
jentiles, hombres i campesinos, i que se embarcan en él 
mismo. 

La inspiración jermánica parecia haber renunciado defi- 
nitivamente a los grandes poemas, porque entre las compo- 
siciones de este jénero de los siglos XIV i XV, sólo se en- 
cuentran cuentos rimados que versan sobre acontecimientos 
contemporáneos, o son estractos tomados de las leyendas 
caballerescas. En cambio, el gusto por poesías cortas i lije- 
ras, i por las novelas se hizo jeneral. Los poetas se ocupa- 
ron sobre todo de las composiciones aparentes para el can- 
to, las canciones populares o baladas, los cánticos guerre- 
ros, los himnos relijiosos, que se multiplicaron hasta lo 
infinito, ostentando las verdaderas dotes de la poesía. 

Los primeros ensayos del drama nacieron también por 
'^::;nt6nces en la Alemania. Tras de los misterios, o represen- 
"^aciones de ciertos pasajes de la historia de la relijion, apa- 
"■r-ecieron en Nüremberg, a mediados del siglo XV, bajo el 
^^^ lombre de p/ezas í/e carnaval, de mascaradas i farsas, las 
"X^rimeras piezas dramáticas. Pero estos ensayos, informes 
^i groseros todavía, no constituyen un jénero literario. 

5. — La prosa alemana se hallaba en esa época mas avan- 

-^=^.ada que en las otras naciones. Ensayándose particular 

^*tnente en los cuentos i en las novelas imitadas de las le- 

^I^endas carlovinjias i de las novelas francesas, adquirió 

'^Cw.'onsistencia i armonía. Luego contó la historia con bas- 

^^ante gracia e interés en numerosas crónicas; i se desarrolló 

'^t.jn las complicaciones de leyes que en las necesidades de la 

'^^poca hicieron escribir, i en las predicaciones que poducia 

^^1 movimiento de las ideas relijiosas. Juan Tauler, fraile 

"^cdomicano, natural de Alsacia, que vivia en la primera mi- 

^*ad del siglo XIV (1292-13()1 ), compuso sermones i obras 

^^eolójicas notables porel hábil empleo que supo hacer de la 

'X^rosa, i que son estimadas todavía p<;r el misticismo ar- 

•^liente que respiran todas sus pajinas. La prosa alemana 

¡ejercitó también en la argumentación filosófica; i desde 

entonces ostentó la facultad de combinar las palabras i de 



\ 



288 NOCIONBS DB HISTORIA LITERARIA 

crear nuevas voces, mediante la cual el idioma adquirió 
una estraordinaria riqueza para la esposicion de las ideas 
mas metafísicas i abstractas. Lutero debia fijar el idioma 
nacional perfeccionado en el siglo XVI. 

6. — El mismo oríjen jermánico tiene la literatura escan- 
dinava. Las Eddas, recopilación de antiguos cantos poéti- 
cos de los paises del norte i de tratados en prosa sobre la 
historia i la moral, son la fuente mas pura de la mitolojía 
jermánica, i los principales monumentos antes de la intro- 
ducción del cristianismo. En ellos se encuentra una parte 
de los hechos del poema alemán de los Niebelungen. Esos 
cantos estaban compuestos en un idioma llamado Norse, 
que era común a toda la Escandinavia, pero hablado con 
variedad de dialectos. Desde el siglo X, sin embargo, el Nor- 
te dio oríjen a las lenguas modernas de Noruega, de Suecia 
i de Dinamarca, i fué conservado únicamente en toda su 
pureza en Islandia. Allí fué donde se reunieron, en el siglo 
XII, los libros que forman las Eddas. Allí también, i en la 
misma época, un célebre personaje llamado Snorre Sturle- 
son, escribió una notable historia de Noruega. La estéril 
isla de Islanda, tan olvidada hoi, fué el teatro de un nota- 
ble movimiento literario. 

En la remota antigüedad a que alcanzan las mas leja- 
nas tradiciones escandinavas, se encuentra un alfabeto 
designado con el nombre de rúnico, i cuyos caracteres son 
conocidos con la denominación de runas (secreto), por 
ser conocidos sólo por unos pocos sabios, a quienes se mi- 
raba como magos o hechiceros. Este alfabeto, que diver- 
sas analojías deforma han hecho mirar como derivado 
ya del hebreo, ya del griego, no nacia, sin embargo, de nin- 
gunícde esas lenguas. Era sólo una mezcla de caracteres 
simbólicos, usados principalmente para escribir la leuguu 
gótica o antigua jermánica, fuente común de los dialectos 
del norte. En Noruega se encuentran todavía ruinas con 
inscripciones en caracteres rúnicos, que son el objeto de las 
discusiones de los anticuarios para encontrarles un sentido. 



LITERATURAS DEL NORTE 289 

Parece que los antiguos escandinavos escribían sobre ta- 
blas de acacia. 

Junto con el cristianismo i a la época de la formación de 
los nuevos idiomas, penetró en el* norte la influencia del me- 
diodía, i llevó allí las ideas caballerescas de la Francia. 
Compusiéronse en los tres reinos muchos poemas según 
este nuevo espíritu. En unos se consignaban las narracio- 
nes heroicas fundadas en los antiguos recuerdos escandina- 
vos: en otros se cantaron las hazañas de los paladines de 
las cortes de Arturo de Bretaña i de Cario Magno, mezclán- 
dolas con episodios nacionales. Esos poemas revelan, a 
juicio de los intelijentes, un verdadero vigor poético. 

Las tradiciones primitivas de la Escandinavia, i parti- 
cularmente de la Dinamarca, se encuentran consignadas 
en una notable crónica latina escrita a fines del siglo XII. 
Su autor es un famoso erudito conocido con el nombre de 
Sajón el gramático, que recojió con gran laboriosidad to- 
das las leyendas antiguas i les dio forma en su importante 
historia. 

7.— Desígnanse con el nombre de literaturas eslavas las 
que se desarrollaron en Rusia, en Polonia i en Bohemia. 
Sus idiomas respectivos pertenecen auna sola i vasta fa- 
milia subdividida en muchas ramas. Ese tipo común parece 
nacer de lá fuente indo-persa, i por lo tanto, reconocen por 
oríjen el sánscrito i el zend. Esa misma lengua estuvo mui 
jeneralizada en el territorio que forma las provincias orien- 
tales de la Prusia actual; pero bajo la influencia del idioma 
jermánico, el elemento eslavo casi ha desaparecido. 

Las manifestaciones de las literaturas eslavas durante 
la edad media no fueron mui numerosas. La Rusia tuvo al- 
gunos escritores entre los siglos XI i XV, de los cuales los 
mas notables fueron Néstor, monje de Kiew (1056-1116), 
que escribió una historia del imperio; el autor desconocido 
de un poema heroico compuesto en el siglo XII con el títu- 
lo de Espedicion de Igor, i algunos teólogos que florecieron 
doscientos años rñas tarde. Los progresos de esta litera- 
tura fueron embarazados por las conquistas tártaras. 

TOMO IV lil 



290 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

La muestra mas antigua de la literatura polaca filé u: 
himno a la Vírjen, atribuido a San Adalberto, que muri< 
en 1167. Entre aquel tiempo i los principios del siglo XV] 
la Polonia produjo un número considefable de sabios; per< 
casi todos ellos escribieron en latin, porque el idioma vul 
gar era usado únicamente en los cantos populares. 

La literatura bohemia fué la mas importante de las qui 
produjo la rama eslava en la edad media. En ese idioma 
hai cerca de veinte poemas i de cincuenta composiciones 
en prosa de mérito considerable, antes de las predicacionei 
de Juan Huss, que comunicaron un poderoso impulso a 
lenguaje vulgar. En un libro como el presente, seria com 
pletamente inoficioso el consignar aquí noticias mas deta 
Hadas acerca de estas diferentes literaturas, poco conocida 
en la Europa occidental, i que, sin embargo, han sido es 
tudiadas con notable prolijidad. 



CAPITULO IX. 
liiter'atnra inglesa. 

1- Xos bretones; Ossian.— 2. Los sajones.— 3. Normandos; forma- 
ción de la lengua inglesa.— 4. Primeros ensayos poéticos; Chati- 
cer.— 5. Desarrollo i decadencia de la literatura inglesa hasta 
el siglo XV. 

1.— La literatura inglesa nació i se desarrolló mucho mas 
^^-r"de que la mayor parte de las literaturas europeas. A 
c^.i3sa de las numerosas conquistas que esperimentó, la In- 
glaterra tardó mucho tiempo en formar su idioma. Mién- 
^^'^s que en el continente se pueden considerar las invasio- 
^^s§ casi terminadas en el siglo V, se las ve repetirse en In- 
glaterra hasta el siglo XI, llevando cada una de ellas, los 
sajones, los daneses i los normandos franceses, sus diversas 
lenguas. 

El primer idioma conocido en las islas británicas fué uno 
completamente olvidado hoi en la Inglaterra propia, pero 
<|ue existe con algunas alteraciones en el pais de Gales, en 
las montañas de Escocia, en muchas partes de Irlanda; i en 
el continente en la provincia francesa de Bretaña. Esta len- 
gua que es denominada bretón en Gales i en Francia, gaé- 
lico en Escocia e irlandés en Irlanda, era el idioma de los 
celtas, que como hemos visto en otra parte, invadieron la 
Europa occidental muchos siglos antes de la era cristiana. 



292 NOCIÓNOS DB HISTORIA LITBKARIA 

Las conquistas de los romanos que modificaron las lenguas 
primitivas en Francia i en España, i que impusieron el latín 
por todas partes, casi no ejercieron influencia alguna sobre 
la lengua que se hablaba en las islas británicas. 

Esa lengua tuvo poetas que la enriquecieron i perfeccio- 
naron con cantos guerreros i amorosos de los cuales se con- 
servan cortos recuerdos en las montañas de Escocia. A me- 
diados del siglo XVIII (1769—1762) un literato escoces. 
James Macpherson, publicó en prosa inglesa una colección 
de poemas, que suponia compuesto por üssian, bardo bre- 
tón o gaélico, del siglo IV de la era cristiana, i copiados 
algunos siglos después, cuando se introdujo en Escocia el 
arte de la escritura. Esos poemas, en parte heroicos, cuen- 
tan con un estilo rudo, pero vigoroso i sentimental las tra- 
diciones históricas de los montañeses. Su publicación pro- 
dujo una gran sensación en toda Europa: el pretendido Os- 
sian, a quien se suponia ciego, fué elevado por muchos 
críticos sobre el mismo Homero. Esta admiración, sin em- 
bargo, no fué duradera: eruditos eminentes declararon que 
esos poemas eran una simple impostura Hteraria, i que eran 
compuestos por el mismo Macpherson imitando sus princi- 
pales rasgos de la Biblia i de algunos poetas de la antigüe- 
dad. Los mismos defensores de su autenticidad no la sos- 
tienen ya de una manera absoluta i se han visto obligados 
a reconocer que la ma3'or parte de su redacción actual es 
moderna, i bien creen que contiene los mas antiguos testimo- 
nios de una época remota. M. Villemain, que ha estudiado 
esta cuestión de historia literaria con tanta erudición como 
buen gusto, llega a las conclusiones siguientes: **Ossian, di- 
ce, no es mas que un efecto de rejuvenecimiento literario por 
la imitación de las formas antiguas, uno de los primeros 
ensayos de imitación del pensamiento i del estilo, común a 
las literaturas envejecidas; i es digno de notarse que parti- 
cularmente en los sentimientos propios del siglo XVIIl, en 
esa melancolía poética, en esa vaga relijiosidad, en esa tris- 
teza sustituida al culto, Macpherson-Ossian ha sido oriji- 
nal, singular, atrevido. Es el hombre del siglo XVIII que 



LITERATURA INGLESA 293 



interesa bajo la máscara, bajo la capa del bardo ciego. Su 
Osear, su Malvina, su Fingal, todos esos personajes que 
MacphersQn ha correjido, embellecido i puesto en movi- 
miento en su poema, tienen un reflejo del espíritu sentimen- 
tal de esa época/' 

2.— En el siglo V, un pueblo llamado sajón, orijinario de 
la baja Jermania, invadió el pais conocido ahora con el 
nombre de Inglaterra, i arrojó ^ sus primitivos habitantes 
a las rejiones del norte i del occidente, dondelos descendien- 
tes5 de éstos conservan todavía su antiguo idioma. De una 
ra.ma de los sajones, denominada los anglos^ aquel pais to- 
rnas el nombre dé Inglaterra, i su lengua fué denominada 
ari ^lo-sajona. Era ésta una rama del jermánico, como el 
d^^ues, el holandés i el alemán, que como hemos dicho en el 
csi^pítulo anterior, era el idioma de los antiguos pobladores 
d^ la Europa central. 

Desde esa época hasta el siglo XI, el anglosajón siguió 
«i^ndo, con mui pequeños cambios, el lenguaje de la Ingla- 
teirra. Recibió sólo algunas voces latinas, llevadas por los 
tt^isioneros que predicaron el cristianismo, i otras danesas, 
<^c>tnunicadas por los intrépidos guerreros del norte, que 
^^as de una vez hicieron sus irrupciones en la isla preten- 
diendo establecerse en ella. En este período, la literatura no 
'^ué descuidada por los anglo-sajones. Bastaría recordar los 
^'iombres de Gildas i de Beda el venerable, para probar que 
la historia, que siempre nace en los pueblos nuevos después 
^e la poesía, fué también cultivada; pero casi todos los es- 
'^ritores anglo-sajones compusieron sus obras en latin. Se 
xronservan, sin embargo, algunos fragmentos de cantos 
poéticos en anglo-sajon, i se sabe que el rei Alfredo empleó 
-ese mismo idioma para traducir i popularizar algunas 
obras notables de la antigüedad. 

3. — Una nueva conquista vino a producir otra revolución 
^n la lengua i en la literatura de la Inglaterra. Guillermo 
de Normandía invadió i conquistó la Inglaterra en 1066, i 
«ste pais fué repartido entre los capitanes de su ejército vic- 
torioso. Esos capitanes, aunque por sus antepasados eran 



294 MOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 



orijinarios de las rejiones del norte, eran nacidos en Fran- 
cia, en donde sus mayores se habían establecido dos siglos 
antes, hablaban el francés i tenian los hábitos i los gustos 
de los pueblos del medio dia. Coexistieron entonces en In- 
glaterra dos lenguas diferentes: el francés, hablado por las 
altas clases sociales, los conquistadores; i el sajón, idioma 
del pueblo de los campos i de las ciudades, de los conquista- 
dos. Desarrolláronse igualmente dos literaturas. Los nor- 
mandos llevaron a Inglaterra su gusto por la poesía caba- 
lleresca, los certámenes poéticos, las fiestas ostentosas en 
que un cantor, llamado en Inglaterra menestrel, celebraba 
un suceso heroico o el ardor de una pasión. Los poetas can- 
taron principalmente a los caballeros del ciclo del rei Artu- 
ro, que exaltaban la imajinacioa de los normandos. Ricar- 
do corazón de león, el valiente campeón de la tercera cruza- 
da, fué también del número de los trovadores. Sus versos 
se asemejan mucho a los que hicieron la gloria de los poetas 
de Provenza. Los bardos anglo-sajones, por su parte, aun- 
que despreciados i perseguidos, se habian atrincherado en 
su antiguo idioma, i en .sus baladas, muchas veces heroicas, 
pero siempre hirientes para los señores normandos, recor- 
daban los antiguos triunfos i las recientes desgracias de su 
raza. Con el trascurso del tiempo, estas dos lenguas se mez- 
claron gradualmente: a pesar de sus prevenciones mutuas, 
los conquistados i los conquistadores se acercaron, i forma- 
ron de los dos un idioma común que vino a ser la base del 
ingles. El sajón, sin embargo, predominó en esta mezcla i 
fué empleado principalmente para espresar las ideas mas 
familiares. Se ha calculado que sobre treinta i ocho mil vo- 
ces inglesas, veintiocho mil son de procedencia sajona. 

Esa lengua habia servido ya en el siglo XIII para la 
composición de dos crónicas poéticas de la historia de In- 
glaterra, i de algunas otras obras de no escaso mérito; pero 
el francés de los conquistadores era el único idioma usado 
en los documentos públicos. Eduardo III le quitó este pri- 
vilejio: por un estatuto de 1362, mandó que todo negocio 
sometido a los tribunales fuese deltndido, discutido i juzga- 



LITERATURA INGLESA , 295 



do en ingles. Esto importaba la rehabilitación oficial del 
lenguaje proscrito. 

4. — Esta declaración díó un vigoroso impulso a la lengua 
i a la literatura inglesa. Aparecieron en Inglaterra nuevos 
poemas históricos de largo aliento, en que secelebraban las 
victorias de Eduardo III contra los franceses; i en Escocia, 
para cantar las hazañas de -Roberto Bruce en sosten de la 
independencia de su patria. En el primero de esos paises 
apareció entonces también un poeta notable, Guongland o 
Langland, que hizo una crítica hiriente de las costumbres 
del clero ingles, i que censuró también con injenio la socie- 
dad laica.del siglo XIV. 

Pero el poeta mas notable de esta época es Godofredo 
Chaucer, que es llamado el padre de la verdadera poesía 
inglesa. Floreció en las cortes de Eduardo III i de Ricar 
Jo II, entre los años de 1360 i 1400; i no sólo poseyó un 
jenio orijinal de primer orden, sino que lo desarrolló con 
los viajes i con los mas estensos estudios que podian hacer- 
se en su tiempo. Desdeñando las crónicas poéticas i los 
cantos de los mepestreles, Chaucer quiso escribir con la 
manera regular de los tres grandes jenios de la literatura 
italiana, tomando la alegoría del Dante, la ternura de Pe- 
trarca i la humorística anécdota de Bocaccio Observador 
atento de los caracteres i de las costumbres, Chaucer pare- 
ce haber conocido mucho el mundo i las ideas de su siglo. 
Su obra capital tiene por título Los cuentos deCantorbery, 
¡consiste en una colección de historietas escritas en prosa, 
i que se suponen referidas por treinta personas diferentes 
que hacen una peregrinación a Cantorbery. La obra co- 
mienza con una descripción de la comitiva con un retrato 
^c los viajeros, los cuales están perfectamente caracteriza- 
rlos, no sólo por la esposicion del poeta, sino por el espíri- 
tu de los sucesos que narran. Los cuentos son en parte his- 
torias burlescas de la vida ordinaria, en parte cuentos ro- 
mánticos de caballería, i mui pocos sonde invención orijinal 
^cl poeta. La ideajeneral de la obra, ademas, es tomada 
del Decameron de Bocaccio; pero Chaucer ha puesto en ella 



296 K0G10NB8 DB HISTORIA LITERARIA 

SU injenio, su estilo i ha hecho nn libro verdaderamente 
propio por medio de la sátira acerada, aunque con frecuen- 
cia licenciosa de los hombres i de las costumbres de su tiem- 
po. Chaucer escribió en verso muchos poemas, narrativos 
los unos, descriptivos los otros, i aun algunos alegóricos, 
al gusto de su siglo, pero oscuros para nosotros. Imitó las 
obras poéticas de los italianos i de los franceses, i ganó 
para sí la mas alta reputación literaria de la Inglaterra en 
la edad-media. A él se le atribuye el perfeccionamiento de 
la lengua i la invención de muchos artificios métricos que 
íibrieron el camino a los poetas posteriores. 

5.— La prosa, cultivada también, Vomo lo hentos visto, 
con habilidad por Chaucer, hizo rápidos progresos en ma- 
nos de otros escritores contemporáneos o posteriores a éste. 
Aunque el latin era la lengua culta, el idioma de la teolojía, 
de la enseñanza i de la historia, el ingles comenzó a ser usa- 
do en algunas obras de jurisprudencia, i sirvió luego para 
trabajos de otro jénero. John Mandeville, célebre viajero 
que recorrió los paises del oriente en el siglo XIV, escribió 
la relación de sus viajes con gran naturalidad e interés. 
John Wycliffe, el famoso reformador de ese mismo siglo, 
popularizó las sagradas escrituras en lengua vulgar i escri 
bió mucho contra el papa i contra la iglesii católica, dando 
a la prosa una soltura que le era desconocida. Otros escri- 
tores compusieron también algunas crónicas en lengua in- 
glesa. 

Después de este tiempo de pasajero esplendor, vino para 
la literatura inglesa un período de oscuridad i retroceso. 
En el siglo XV, la Inglaterra quedó absolutamente estraña 
al movimiento literario que por entonces naciaen Italia i 
^e jeneralizaba en una gran parte de Europa. Abismado 
por los furores de la guerra civil, el pueblo ingles quería en- 
gañar su tristeza i sus sufrimientos por algunas canciones 
o baladas, cantos de verdaderas lamentaciones. La histo- 
ria ha conservado el recuerdo de una estancia que el infor- 
tunado Enrique Vlcompuso en su prisión sobre la nada del 
])oder i sobre la vanidad de las grandezas. Desde la muerte 



LITERATURA INGLESA 297 



de este príncipe hasta el advenimiento de los Tudores, no 
se cita mas que el nombre de una poetisa, lady Juliana, que 
escribió un gran número de poesías en el convento de Spo- 
wel, de que era priora. Pero desde que la paz se asentó 
bajo bases sólidas, i la nación adquirió, junto con la estabi- 
lidad, su grandeza i su preponderancia nacjó allí una lite- 
ratura rica i vigorosa que habia de ilustrar en los tiempos 
modernos las obras de Shakespeare i de Milton. 






PARTE TERCERA. 

TIEMPOS MODERNOS. 

CAPÍTULO I. 
£1 Renacimiento. 

1. Hl renacimiento.— 2. Impulso dado a los estudios clásicos en 
Italia.— 3. Resultado de la conquista de Constantinopla por los 
turcos.— 4. Invención de la imprenta.— 5. Influencia de esta in- 
vención — El renacimiento se propaga fuera de Italia. — 7. Im- 
portancia literaria del renacimiento. 

1 . — Se da el nombre de Renacimiento a una gran revolu- 
ción literaria i artística que se inicia a fines del siglo XV i 
se propaga a principios del siguiente en Europa, i princi- 
palmente en Italia i en Francia, bajo la influencia de las 
obras maestras de la antigüedad. 

"La palabra agradable de Renacimiento no recuerda a 
los amigos de lo bello, dice M. Michelet, mas que el adve- 
nimiento de un arte nuevo i el libre desarrollo de la fanta- 
sía. Para el erudito, es la renovación de los estudios de la 
antigüedad; para los lejistas, la luz que comienza a lucir 
sobre el caos discordante de las antiguas prácticas jurídi- 



300 KOCIONBS DE HISTORIA LITERARIA 

; i " 

cas.'* Esa revolución, como lo manifiesta en seguida esc 
mismo autor, tiene, sin embargo, un alcance mucho mayor 
todavía; no abraza sólo las letras, las artes, la jurispru- 
dencia: inicia también el progreso sólido i racional de todas 
las ciencias i señala el fin de todas las preocupaciones vul- 
gares de la edad media. **Es el radiante despertar de la ra- 
zón humana, dice M. Duruy, la primavera de la inteli- 
jencia.*' 

2. —El renacimiento literario no fué una resurrección re- 
pentina e imprevista de las letras antiguas. Desde el siglo 
XIV, se habia desarrollado en Italia un entusiasmo ardien- 
te por el estudio de las literaturas griega i latina. Dante, 
Petrarca i Bocaccio, al mismo tiempo que creaban la poesía 
i la prosa en Italia, contribuyeron eficazmente a preparar 
este movimiento de los espíritus. Mientras revelaban a su 
patria otros destinos, un jenio nacional i una literatura 
nueva, ensalzaron el latin, pasaron su vida en la admira- 
ción de los antiguos, ostentaron una predilección particu- 
lar por las obras escritas en la lengua de Roma, i consi- 
guieron quizá sin esperarlo, que sus propios escritos fuesen 
en cierto modo desdeñados por sus contemporáneos, para 
tributar el homenaje de la admiración a las obras de Virji- 
lio i Horacio. 

Dado este primer impulso, no faltaron quienes imitasen 
aquel mismo empeño en estudiar la antigüedad. Muchos 
príncipes italianos, Cosme de Médicis en Florencia, Nicolás 
de Este en Ferrara, Alfonso de Aragón en Ñapóles, i el Pa- 
pa Nicolás V en Roma, entre otros, empleaban sus tesoros 
en descubrir obras antiguas, asignando al mismo tiempo 
fuertes pensiones a los eruditos que visitaban las mas leja- 
nas bibliotecas. El oficio de copista llegó a ser considerado 
en cierta valía, i a dar ocupación a muchas personas. Por 
un manuscrito de Tito Livio, Alfonso de Aragón, reí de Ña- 
póles, renunciaba a hacer la guerra a los florentinos. En 
varias ciudades surjieron profesores de griego i de latin que 
a la par con sus discípulos preconizaban las ventajas de 
esas dos lenguas muertas sobre todos los idiomas vivos. 



EL RBNACIMIBNTU 301 



Tradujéronse algunas obras de la antigua Grecia^ de 
Platón, de Plutarco, de Diodoro de Sicilia, de Jenofonte i de 
Strabon;pero esas traducciones se Imcian en lengua latina. 
En latín se escribieron también libros de historia i de poe- 
sía, que eran mu i aplaudidos en toda Italia. Pocos fueron 
los eruditos italianos que se dignaron escribir en su propio 
idioma su correspondencia familiar. Fundáronse acade- 
mias, para el estudio de la filosofía antigua i en ellas se de- 
batieron con grande ardor, de palabras i por escrito, las 
doctrinas de Platón i de Aristóteles. Los eruditos no se 
limitaron a buscar los manuscritos de la edad clásica, a 
estudiar sus lenguas i a interpretar sus obras maestras; 
rebuscaron las antigüedades, las medallas, los monumen- 
tos de todo jénero: formábanse colecciones, esplicábanse 
las inscripciones, sirviéndose de ellas para la intelijencia de 
los autores, los cuales ayudaban a su turno a espHcar los 
monumentos. 

"Es interesante, dice Hallan, investigar cuáles fueron 
las causas de este entusiasmo por la antigüedad, que seña- 
^ 16 el principio del siglo XV. Fué aquella una esplosion del 
sentimiento público, en apariencias bastante repentina, 
pero en realidad preparada por muchas circunstancias que 
remontan mas alto en la historia de Italia. Los italianos 
hablan aprendido desde algunas jeneraciones a identificar- 
se mas i mas con el gran pueblo que habia conquistado el 
mundo. La caida de la casa de Suabia, libertándolos de un . 
yugo estranjero, les habia inspirado un sentimiento mas 
orgulloso de su nacionalidad: al mismo tiempo, el título de 
emperador romano era asociado sistemáticamente por un 
partido a las antiguas tradiciones. El estudio del derecho 
civil, por imperfecto que fuera, produjo a lo menos el efecto 
de mantener una misteriosa veneración por la antigüedad. 
Los monumentos de la vieja Italia estaban allí como testi- 
gos perpetuos: descifráronse sus inscripciones. Bastó que 
un pequeño número de hombres como Petrarca diesen el 
primer impulso a las masas: basto que se honrase la cien- 
da i que hubiese medios de adquirirla.'* La revolución eje- 



302 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 

cutada en Roma en la primera mitad del siglo XIV por el 
tribuno Rienzi para establecer la antigua república, es un 
ejemplo del entusiasmo que despertaban en Italia los re- 
cuerdos de los tiempos pasados. Al mismo tiempo que los 
laicos se hacian mas instruidos cada dia, los escrúpulos re- 
lijiosos, que en siglos menos ilustrados habian prohibido a 
los clásicos la lectura de los autores paganos, desaparecían 
gradualmente. 

3. — Los italianos comenzaron el estudio de la antigüe- 
dad en las escuelas de Constantinopla. Míis tarde, algunos 
sabios bizantinos pasaron a Italia a continuar la enseñan- 
za en Roma, en Florencia i en Milán, atrayendo a su alre- 
dedor una numerosa juventud, ávida de saber. Esos sabios 
buscaban en la Italia la paz i la tranquilidad que no encon- 
traban en su propia patria, próxima a sucumbir bajo el pe- 
so de la conquista de los turcos. 

Al fin, el imperio de oriente sucumbió. La toma de Cons- 
tantinopla por Mahomet II, en 1453, arrojó a las orillas 
hospitalarias de la entusiasta Italia algunos sabios griegos 
que hasta el último momento habian quedado en medio 
de las ruinas del imperio. Llevaron estos, junto con el cau- 
dal de su ciencia, diversos manuscritos de la antigüedad 
helénica. Figuraban entre ellos Argyropoulo i Calc(^ndyIos, 
que enseñaban sucesivamente su propia lengua, Andrónico 
Calixto, que, según se cuenta, ejerció la misma profesión 
en Roma i en la Grecia propia, i Constantino Lascaris, des- 
cendiente de una familia imperial, que durante muchos años 
dio lecciones en Milán i después en Mesina. 

Pero si estos sabios pusieron a la moda el cultivo de la 
ciencia, si contribuyeron eficazmente a desarrollar el entu- 
siasmo siempre creciente por los recuerdos literarios de la 
antigüedad clásica, inauguraron también esas disputas 
casi siempre ociosas que apasionaban los espíritus. Este 
fué el tiempo de las querellas entre Platón i Aristóteles. Dos 
griegos, nombrados ambos Jorje de Trebisonda, escribieron 
el uno en pro i el otro en contra de Platón. Cosme oe Me- 
diéis fundó en Florencia una academia platónica, consagra- 



EL RENACIMIENTO 303 



<ia a la esplicacion i al estudio del filósofo cuyo nombre He- 
rraba. Muchos eruditos italianos se engolfaban en esas 
cuestiones con un ardor inconcebible. Juan Pico de la Mi- 
rándola (1463 — 1494) caballero noble de una intelijencia 
maravillosa, tomó parte en esas discusiones arrancando la 
admiración de sus contemporáneos. Tipo verdadero del es- 
tudio i del saber precoz, Pico de la Mirándola habia reco. 
rrido las mas famosas universidades de Italia i de Francia, 
sabia veintidós lenguas i entre ellas el latin, el griego, el 
hebreo, el árabe i el caldeo; hablaba con rara facilidad de 
todas las ciencias, i a la edad de veintiún años, se presentó 
en Roma a sostener en las escuelas novecientas proposicio- 
nes de omni re scibih\ es decir, sobre todos los asuntos de 
ciencias, que son un prodijio de talento mal empleado. En 
una obra titulada HeptaptOf en que se declara admirador 
ardiente de Platón, se propuso esplicar el Jénesis por medio 
de las alegorías que a cada paso se encuentran en las obras 
del filósofo griego . 

4.— La escasez de libros, como hemos dicho en otra par- 
te, habia sido durante la edad media un obstáculo podero- 
so opuesto al desarrollo de las ciencias i de las letras. Las 
bibliotecas mas ricas contaban en el siglo XV apenas algu- 
nos centenares de volúmenes, i las materias contenidas en 
cada uno de ellos eran mucho mas reducidas que la de cual- 
quiera de nuestros libros. Carlos V rei de Francia, elevó a 
novecientos el número de los volúmenes de la biblioteca 
real de París. Las universidades de Oxford, en Inglaterra, i 
la de Heidelberg en Alemania, recibieron como legados ines- 
timables, debidos a la munificencia de dos poderosos prín- 
dpes, la primera seiscientos volúmenes i la segunda ciento 
veinte. En todos los centros de población donde existían 
universidades o escuelas, se habian establecido pequeñas 
colonias de copistas que trascribian sobre el pergamino i 
con una artística prolijidad, las obras mas aplaudidas de 
ese tiempo ^. Una de las invenciones mas maravillosas del 

1 Se ignora la fecha precisa de la introducción del papel en Bu- 



804 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

injenio humano vino a canibíarcomo por encanto aquel es- 
tado de cosas i a ofrecer un importante ausilio al movi- 
miento jeneral de los espíritus. Hablamos de la imprenta, 
inventada a mediados del siglo XV para poner término a 
las tinieblas de la edad media i para abrir la era de la civi- 
lización moderna. 

La invención de la imprenta ha dado oríjen a inmensas 
investigaciones históricas en que se ha ejercitado una asom- 
brosa erudición sin llegar a resultados que puedan llamar- 
se definitivos. En las líneas siguiente vamos a esponer los 
hechos que se aceptan jeneralmente como verdaderos, o a 
lo menos, como los mejor probados. 

Desde fines del siglo XIV se conocia un procedimiento 
mecánico para imprimir por medio de trozos de madera 
grabados. Estas impresiones servian ya para fabricar car- 
tas de naipes; que se usaban desde el siglo anterior, ya 
para hacer imájenes de santos, sumamente toscas, que 
iban acompañadas de algunas líneas de testos, grabadas 



ropa, pero todo hace creer que debió ocurrir entre los siglos X 
i XI. 

Parece que desde fines del siglo I de nuestra era, o desde princi: 
pios del II, los chinos conocian el arte de convertir en hojas seme- 
jantes a nuestro papel las cortezas de algunos árboles, i los frag- 
mentos de las telas de seda, de algodón i de cáñamo. Desde 650, 
se fabricaba en Samarcanda i en Bockara. liste papel de algodón, 
o de Damasco (charta damasceena), como entonces se le llamaba, 
fué conocido luego en Europa. Llevado a Ñapóles por los griegos 
del bajo imperio, fué empleado allí frecuentemente en los diplomas 
reales. Los árabes lo llevaron también a España, en donde la in- 
dustria empleó otro material, mui abundante en este país, el lino. 
De aquí pasó a Francia, i fué, al fin, conocido en toda la Europa. 
Sin embargo, la mayor solidez del pergamino aseguró la preemi- 
nencia de éste por mui largo tiempo. El empleo del papel en los 
instrumentos públicos fué formalmente prohibido. El pergamino, 
ademas, era preferido para la copia de los libros; pero desde fines 
del siglo XV, el papel tuvo la preeminencia no sólo por sus venta- 
jas para recibir la impresión tipográfica, que acababa de inven- 
tarse, sino también por su bajo precio, lo que ponia los libros ¡il 
alcance de todo el mundo. 



KL KMNACI MIENTO *.iOb 



ifi^ualmente en la madera. Poco a poco se imprimieron de 
este modo pajinas enteras, i aun se formaron pequeños li- 
bros. Se cree con fundatnento que todos ellos fueron ejecu- 
tíidos en los Paises Bajos, cuya industria eclipsaba por en- 
tonces la de todos los pueblos del centro i del norte Europa. 
I>ebemos también observar aquí que ese procedimiento que 
consiste en hacer impresiones por medio de tablas de ma- 
dera grabadas ha estado en uso en la China desde tiempo 
inmemorial. 

Estos trabajos no hicieron mas que preparar la inven- 
ción de la imprenta en la acepción moderna de esta pala- 
bra, es decir, por medio de caracteres movibles. La mayor 
parte de los sabios que se han ocupado de la historia de 
este invento, lo atribuyen a Juan Gensfleisch,mas conocido 
con el nombre de Gutenberg, que era el apellido de su ma- 
dre. Nacido en Maguncia por los años de 1400. salió mui 
joven de esta ciudad con toda su familia, que habia sido 
desterrada a consecuencia de los disturbios políticos, i fué 
a establecerse en Estrasburgo. En esta ciudad, Gutenberg 
concibió la idea de movilizar los caracteres, es decir, de 
cortar las tablas destinadas a la impresión en pequeños 
paralelipípedos, en cada uno de los cuales se gravaba una 
letra del alfabeto. Se sabe en efecto que en 1439 se ocupaba 
en estos trabajos, que tenia una prensa i que se empeñaba 
en mantener su industria en el mas profundo secreto. Esta 
reserva se espHca perfectamente por dos razones conclu- 
yentes: 1*^ En esa época, toda industria se rodeaba de 
misterio, para conservar el monopolio de cada invento; 
2.* Gutenberg, sin conocer talvez toda la importancia de 
su invención, pensaba sólo en imitar los libros manuscri- 
tos por un método mecánico, para bajar el costo de pro- 
ducf ion i aumentar considerablemente las utilidades indus- 
triales. Se cree que antes de 1450 habia impreso ya por 
^ medio de tipos movibles algunas obras de un reducido níí- 
mero de pajinas; pero faltan las pruebas para fundar esta 
trndicioi. 

Los títulos de Gutenberg a la prioridad de esta inver.- 

TOMO IV 20 



306 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 



cion sor puestos en duda por otros eruditos, que la atribu- 
yen a Lorenzo Coster, de Harlem, en Holanda. Según una 
tradición, que sólo encontramos consignada a mediados 
del siglo XVI, es decir, un siglo después de la invención de 
la imprenta, pero que se presenta revestida de grandes 
apariencias de verdad, Coster habia usado las letras mo- 
vibles de madera desde 1430, i aun habia publicado un li- 
bro con caracteres mui toscos. La tradición agrega que un 
criado infiel, que se hu\'6 con el secreto, se estableció en Es-- 
trasburgo o en Maguncia. Este abuso de confianza fué5 
imputado a Gutenberg o a Fust, que fué mas adelante si^ 
socio; pero desde que la inocencia de ambos ha sido plena- 
mente reconocida, la acusación de fraude cayó sobre uncm 
de los hermanos de Gutenberg. Sin embargo, las prueban 
presentadas en apoyo de estos hechos no son mui concita 
yentes ni incontestables. Por el contrario, aun acojienda^ 
las pretensiones de Coster, no se ve ninguna razón par¿^^ 
pretender que (yutenherg no haya podido, por su part^= 
encontrar una idea que, dadas las condiciones anteriores 
que la produjeron, no exijia en realidad un jenio estrao:^^ 
dinario. La movilización de los caracteres no era mas qc:^* 
una parte de las dificultades de la empresa, i faltaba tod^a- 
vía crear las prensas i esa multitud de aparatos que nec^^* 
sitó el arte de imprimir desde sus primeros dias; i es^c 
mérito pertenece incontestablemente a Gutenberg i sus 
asociados. 

En efecto, todos los escritores están de acuerdo en un 
punto. Hacia 1450, Gutenberg, que estaba de vuelta en 
Maguncia, formó una asociación con el objeto de esplotar 
el nuevo invento, con un negociante rico de esa ciudad ape« 
llidado Fust, el cual suministraba fondos considerables 
para la em|>resa. Las operaciones subsiguientes de la socie- 
dad no son bien conocidas. Se habla de otro socio llamado 
Pedro Scheffer, al cual se atribuyen importantes perfeccio- 
namientos en Ui invención, i entre otros la fundición de ti- 
pos para obtener la igualdad en la forma de todos los ca- 



BL RENACIMIENTO 307 



racteres. Lo que es evidente es que desde que el arte de im- 
primir dio su primer paso por medio de la movilización de 
las letras de madera, la industria marchó rápidamente, pri- 
mero por medio de letr&s de metal grabadas a mano, i en 
seíjnida por el invento de los caracteres fundidos. La poste- 
ridad, así como la mayor parte de los eruditos que se han 
dedicado a estas investigaciones, atribuyen a Gutemberg 
no sólo la primera idea sino también la ejecución de estas 
tres modificaciones en el desarrollo i en el progreso de la im- 
prenta. Se cree jeneralmeute que el primer libro impreso fué 
una biblia latina, designada ordinariamente con el nombre 
de Biblia Mazarina, porque a mediados del siglo último se 
encontró un ejemplar de ella en la biblioteca del cardenal 
Mazarino en Paris. Este libro no tiene fecha; pero los eru- 
ditos han fijado la época de su publicación entre los años 
de 1450 i l-i-oo. ** Podemos representarnos en la imajina- 
cion, dice el historiador ingles Hallam, de quien tomamos 
principalmente estas -noticias, este venerable i magnífico 
volumen, avanzando a la cabeza de los innumerables millo- 
nes de sus sucesores, i llamando en cierto modo la bendi- 
ción divina sobre el nuevo arte que consagra sus primicias 
al servicio del cielo.*' 

5. — La imprenta nació en el momento en que era mas ne- 
cesaria, cuando una jcneracion buscaba con grande ansie- 
dad la ciencia i la literatura de los siglos pasados para tra- 
zar un nuevo sendero ala marcha del espíritu humano. **La 
invención de la imprenta, dice M. Didot, separa el mundo 
antiguo del mundo moderno; abre un nuevo horizonte al 
jenio del hombre, por su relación íntima con las ideas pare- 
ce ser un nuevo sentido deque todos estamos dotados. Una 
inmensa diferencia lo separa de los otros grandes descubri- 
mientos de la misma época, la pólvora i el Nuevo Mundo: 
otro que es contemporáneo, el vapor, no podría tampoco 
comparársele. En efecto, esos grandes i útiles descubrimien- 
tos no han obrado mas que sobre la parte material de la 
humanidad: la pólvora igualando la fuerza bruta, el Nuevo 



/ 



808 NOCIONES DB HISTORIA I.1TP3RAR1A 



Mundo completando los dones que nos ofrece la tierra; eD 
fin el vapor, acrecentando las fuerzas productivas del hom- 
bre, que liberta del exceso de trabajo a que habia sido con- 
denado; mientras que la imprenta, que no ha terminado 
aun su misión de ilustrar al mundo, eleva el nivel de la in. 
telijencia humana propagando la palabra que habia fijada 
el arte de escribir." 

La invención maravillosa de Gutenberg fué esplotada 
durante algunos años sólo por la sociedad de impresores 
establecida en Maguncia. Esta ciudad fué tomada en 1462 
por Adolfo, conde de Nassau, i el establecimiento de Fust i 
de sus socios fué disuelto. Los trabajadores que se habiai^ 
comprometido a guardar secreto bajo la fe del juramento^^ 
se dispersaron por diferentes partes; i creyéndose desligado^ 
de sus obligaciones, fueron a ejercer su industria en otro^ 
paises. El arte de imprimir no tardó en estenderse en la ^ 
ciudades inmediatas alKhin,i luego en casi toda Europa. Ekti 
1465 se estableció la primera imprenta en Italia, en la cita- 
dad de Subiaco. Paris poseyó otra en 1469. Caxton, el pri- 
mer impresor ingles, se estableció en Westminster en 1474-- 
La primera imprenta española funcionó en Barcelona en 
1475. Otros paises i ciudades siguieron este ejemplo; de tai 
modo que en 1530 habia en Europa doscientas imprentas 
en ejercicio. 

La impresión de las obras de la antigüedad clásica que 
se habian salvado de las borrascas de la edad media, fuéei 
])rimer trabajo a que se consagraron los impresores del si- 
glo XV. Dieron también a luz algunas obras de teolojía i 
de filosofía escolástica, i muchos tratados ascéticos; pero 
se pub ico poco en lengua vulgar, por considerarse siempre 
el latin como el idioma de las ciencias i de las letras. En je- 
neral, el número de ejemplares de cada obra que se impri- 
mía en el siglo XV, no pasaba de algunos centenares, mal 
pocas alcanzaron el honor de una edición de mil ejemplares, 
aunque de muchas de ellas se hicieron numerosas ediciones; 
pero se podrá calcular el alcance de la revolución operada 
por la imprenta tomando en cuenta la dificultad que antes 



EL RBNACIMIBNTO « 309 






-existía para proporcionarse un libro * . Esos viejos volú- 
ixienes que señalan el oríjen i los piimeros progresos del ar- 
i:ede imprimir, se conservan hoi cuidadosamente en las bi- 
bliotecas, i han merecido el significativo nombre de incuna- 
bles, voz derivada del sustantivo íatino incunabula, que 
significa cuna. 

La rápida multiplicación de los libros no fué mas que el 
primer beneficio de la imprenta. Pero, ademas de facilitar 
losmedios jenerales de instrucción, ello vino a dar nueva 
vida al espíritu de investigación prolija que ya habia co- 
menzado a desarrollarse. La necesidad de publicar testos 
bien correjidos i depurados de los errores cometidos por los 
copistas, proporcionó ocupación a centenares de profesores 
para coordinar i comentar los manuscritos. Por otra par- 
te, la facilidad de publicar i de dar gran circulación a sus 
pensamientos, desarrolló en muchos hombres el deseo de es" 
tudiar i de escribir. Sin duda esta misma facilidad fué cau- 
sa de que los escritores meditaran menos sus obras, puli- 
mentaran menos las formas literarias por el deseo de darlas 
a luz cuanto antes, al revés los que hacian los injenios de la 
antigüedad clásica; pero en cambio se produjo una fernien* 
tacion intelectual que el mundo no habia conocido hasta 
entonces. 

6.— La revt>lucion literaria i artística conocida con el 
nombre de Renacimiento tuvo su oríjen, como hemos visto, 
en Italia. La admiración apasionada, el culto verdadero 
por la antigüedad, nació i se propagó allí antes que en los 
otros paises de Europa. El aislamiento en que vivian los 
pueblos durante la edad media, impidió el queesemovimien- 






í Existia, en la biblioteca de los Celestinos de Paris, un her- 
moso ejemplar nianuscrito de los Canotiés de Graciano: el copista 
anotó en el que habia empleado veintiún meses en escribirlo. Según 
esto, tres hombres habrian necesitado 1,750 años para copiar tres 
rail ejeniplares. Por medio de la imprenta, los mismos trabajado- 
res habrían ejecutado igual número de ejemplares en menos de un 
año. Este cálculo esplica mejor que muchas disertaciones, la im- 
portancia de aquel prodijioso invento. 



310 NOCIONBS DB HISTORIA LITERARIA 

to se jeneralizara con mayor rapidez; i quizá la imprenta^ 
misma no habría alcanzado a producir su difusión, si los 
sucesos políticos no hubiesen acercado i estrechado a las 
naciones que hasta entonces habian vivido en grande aleja- 
miento. 

La espedicion de Carlos VIH, rei de Francia, a Ñapóles 
(1493) llevó primero a los franceses i luego a los españoles 
a Italia. Esos estranjeros, los bárbaros, como los llama- 
ban los eruditos italianos, llegaron a la península precisa- 
mente en el momento en que la revolución literaria i artís- 
tica se pronunciaba con mayor enerjía; i ellas llevaron a 
sus paises respectivos el gasto por las letras i por las artes. 
La antigüedad tuvo en todas partes ardientes guardianes; 
i bajo la protección jenerosa i decidida de los monarcas, se 
jeneralizó el conocimiento de los libros i de las artes grie- 
gas i romanas, formáronse bibliotecas, coleccionáronse pin- 
turas, estatuas, monedas i otros objetos de la antigüedad, 
se desarrolló el gusto por una arquitectura nueva i se des- 
pertó en todas partes la pasión por el estudio i por la imi- 
tación de a(|ucllas obras. 

7. — **E1 renacimiento, dice un célebre crítico alemán, Fe- 
derico Schlegel, no fué una vida nueva: fué sólo una viíla 
ficticia, fue el espíritu de una filolojía de baja lei que quiso 
reconstituir la antigüedad en medio de la civilización cris- 
tiana. Desdeña las lenguas i las literaturas nacionales para 
copiar servilmente las formas de una lengua muerta: si se 
hubiese escuchado a los humanistas, los franceses i los ale- 
manes se habrían hechos romanos, los cristianos se habrían 
vuelto a los altares de Júpiter.*' 

Este juicio apasionadamente severo contra la revolución 
literaria iniciada al terminar el siglo XV, tiene, sin embar^^o^ 
alguna verdad. Un carácter particular de esta revolución 
es que los hombres de ese edad miraban mas el pasado 
que el porvenir. No se creian, como dice M. Duru\% bastan- 
te fuertes por sí mismos, como se creerán sus sucesores. Si 
abandonan los maestros que seguian hasta entonces, es 
para buscar los maestros mas antiguos. Deseaban encon- 



EL RENACIMIENTO *U1 



trar otro mundo, no marchando hacia adelante, sino diri- 
jiendo sus miradas hacia atrás. Como Colon, ellos creian 
llegar a la tierra antigua; i en su camino encontraron una 
nueva tierra. 

La literatura quiso buscar ante todo las formas antiguas 
tomando por modelo los grandes escritores de la edad clá- 
sica, que no alcanzó a imitar. La poesía perdióla frescura. 
Ja espontánea naturalidad de la délos siglos XII i XIII 
para adaptarse a las formas castigadas i correcta de Virji 
lio i de Horacio. La historia perdió la animación i colorido 
de las buenas crónicas para imitar la gravedad de los his- 
toriadores antiguos, para copiar sus discursos, sus retra- 
tos i sus disertaciones. La erudición llevó mas lejos toda- 
yx^t, a los escritores de esa época: muchos de ellos prefirieron 
el latin a los idiomas modernos para ¡a composición de sus 
ohras i hasta de su correspondencia epistolar, porque l.'i 
opinión de la jen te ilustrada condenaba el empleo de la 
lengua vulgar en las obras literarias. Era aquel un tiempo 
de erudición i de culteranismo que perjudicaba ai talento 
de los escritores. Sin embargo, sucedió al fin lo que acon- 
tece siempre en literatura. Fueron los hombres que se hicie- 
ron superiores a las ideas dominantes, los que desdeñaron 
el espíritu de servil imitación, los que buscaron ante todo 
la naturalidad i el libre vuelo de la imajinacion, quienes 
c impusieron las obras notables i los que consiguieron ha- 
cerse admirar de sus contemporáneas i de la posteridad. El 
cardenal Bembo, erudito ilustre i protector poderoso de las 
letras, recomendaba a Ariosto que compusiera su epopeya 
en latin: si el poeta de Regio hubiese oido ese consejo, el 
Orlando Furioso no serirf leido por nadie en nuestro tiem- 
po, i su nombre apenas seria recordado por los eru- 
ditos. 

Si bajo este aspecto, el renacimiento puede ser censurado 
en cierto modo por la crítica moderna, si la pasión exajera- 
da por los escritores de la antigüedad clásica condujo los 
espíritus a esas estravagancias, es preciso convenir en que 
aquella revolución vino abrir nuevos horizontes a la inte- 



.^12 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

lijencia i a desterrar las tinieblas de la edad media. Las 
ciencias, faltas de todo método, marchaban a la ventura, 
entregadas a prácticas supersticiosas. Las lenguas modernfi s 
habian adquirido cierta frescura i cierta naturalidad, pero 
carecian de elevación i de nitidez. Si la imajinacion, el buen 
sentido i la alegría se dejaban entreveren los escritos tanto 
en prosa como en verso, la trivialidad, la difusión, el mal 
gusto empañaban los mejores libros. El estudio de la anti- 
güedad, despertando primero el amor por la erudición, de- 
sarrolló las facultades literarias, la imajinacion, el buen gus- 
to i el criterio i mas tarde provocó el espíritu de libre exa- 
men, la libertad del pensamiento i el principio esperimental, 
como base única*de las ciencias i de la filosofía. Este espíritu 
de discusión, aplicado desde luego a las cuestiones teolójicas 
i relijiosas, aceleró la reforma del siglo XVI; i produjo después 
la revolución científico moderna, cuyo primer representante 
fué Copérnico. Copérnicío (14?73 — 1543) sacerdote polaco, 
canónigo de la diócesis de Frauenbur fué, como se sabe, el 
primero que demostró que el sol era el centro del sistema 
planetario, i que la tierra no era mas que uno de sus satéli- 
tes. Tras de este paso majestuoso en el progreso de las 
ciencias de observación, se las ye abandonar la vieja rutina, 
marchar con seguridad i fijat* por fin con Bacon i Descar- 
tes el método científico que habia de transformarlo todo 
en los tiempos modernos. 



CAPITULO II. 

fiiteratnra italiana 

Siglo xyi. — 1. Epopeyas caballerescas. — 2. Pulci i Boiardo. — 3. 
ArÍDSto. — 4f. Tasso. — 5. Otros jéneros poéticos: la poesía líri 

caja poesía didáctica, la sátira. — 6. La trajedia i la comedia 

7. Maquiavelo. — 8 Guicciardine i Pablo Jovio 9. La novela. 

— Siglo xvii. — 10. Decadencia literaria. — 11. Marini i Filicaia. 
— 12. La epopeya épico-burlesca, Tassoni. — 13. El drama. — 14. 
Los prosadores: la historia. — Siglo xviu. — 15. Reacción lite- 
raria. - 16. El teatro; Zedo i Mafíei. — 17. Metastacio. -18. 
Godoni. — 19. Alfieri — 20 Poesía lírica: Casti.— 21. Prosado- 
res. — 22. Beccaria i Filanguieri. — 23. Conclusión. 

SIGLO XYI 

1.— Después de un siglo de estudios clásicos, la Italia ini- 
cia, como hemos visto, el renacimiento literario délos tiem- 
pos modernos. Aunque según el espíritu de esta revolución, 
el latín debia ser el lenguaje de las letras, de la poesía i de 
la prosa, i aunquedesde mediados del siglo XV se hizo sentir 
una verdadera irrupción de poetas latinos, algunos de los 
cuales merecieron con justicia los aplausos que le tributa- 
ron sus contemporáneos, la lengua vulgar fué, como debia 
serlo, el idioma de la poesía del pueblo, ne los improvisado- 
res que entonces pululaban en Italia, i el instrumento de 
una poesía mas elevada que desplegó toda su riqueza i to- 
do su vigor en el cultivo de la epopeya. 



314 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 

La epopeya caballeresca se inspiró en Italia en la cróni- 
ca fabulosa de Cario Magno i de los doce pares, atribuida 
al arzobispo Turpin. Pero sirviéndose del nombre de Tur- 
pin para contar las historias mas maravillosas, cada autor 
introdujo sin escrúpulos las invenciones i los caracteres que 
le suministraba su imajinacion. La familia de Carlomagna 
se modifica al antojo de cada cual, como se modifica tam- 
bién la mitolojía caballeresca, revistiendo a los paladines 
de pasiones i de sentimientos que los poetas anteriores no 
les habian atribuido. En estos poemas, casi siempre el poe- 
ta encuentra medio de emparentar con el gran emperador 
o con sus famosos adalides al príncipe italiano que lo pro- 
teje. Todos esos poemas tienen un aire de familia por la 
incoherencia en el estilo, por la profusión de los detalles i 
por las mismas fórmulas. El autor comienza cada canto 
por algunas estrofas estrañas al asunto, por una oración 
muchas veces, i lo concluye dirijiéndose a sus lectores para 
pedirles su induljencia. 

2.— Seria inoficioso el detenernos en algunas de esas cora- 
posiciones, que, si bien dejan ver cierta imajinacion en los 
detalles, no están marcadas por el sello de una verdadera 
orijinalidad. Pero sin llegar todavía hasta Ariosto,el prín- 
cipe de los poetas de este jénero, es preciso hablar de dos 
que le abrieron el camino que aquel le habia de recorrer 
con tanto brillo. 

Luis Pulci (1432-1487), el menor de tres hermanos poe- 
tas, cultivó la poesía en Florencia, su patria, en la corte de » 
Lorenzo de Médicis, i compuso un poema justamente céle- 
bre, que fué publicado enVeneciaen 1481 . Morgante el grande 
( Margante maggiore), tal es el título de .la obra, es un poe- 
ma cómico heroico en que se encuentran cuentos estrava- 
gantes, pasajes Hcenciosos i burlescos al lado de la a)ta poe- 
sía. El héroe verdadero no es el jigante,Morgante sino el pa- 
ladín Orlando, que después de vencer a aquel en un combate 
singular, lo bautiza i lo hace su escudero. La acción co- 
mienza en el momento en que el noble caballero es desterra- 
do de la corte por las intrigas del traidor Ganelon de Ma- 



LITERATURA ITALIANA 315 



í^uncia.ise termina en la batalla deRoncesvallcs, recomen- 
cío una serie de areiituras maravillosas, de luchas contra 
las serpientes, los jigantes i ios encantadores. En este poe- 
ma, la burla mas franca está mezclada constantemente con 
his ideas mas serias. Pulci se rie de todo, de Jas disputas 
teolójicas. de algunas ceremonias relijiosas i hasta ciertos 
]>asajes de la Biblia: pero aunque ostenta orijinalidad en 
los detalles, se ha sujetado casi siempre a la mitolojía ca- 
balleresca, de la cual toma los hechos principales i el carác- 
ter de los héroes. La fina galantería de los paladines no se 
deja entrever todavía. 

El conde Mateo Boiardo íl4-34- — 14-94) fué todavía mas 
orijinal. Hombre de estado en Fernfra, caballero rico, eru- 
dito distinguido, Boiardo estudiaba i escribia sus versos 
para distraer los ocios de una vida pasada en la opulencia. 
Como Pulci, él tomó por héroe a Orlando, pero creándole 
un carácter concebido bajo otro punto de vista, i llamando 
su poema Or/anc/o enamorado. Antes de Boiardo, era aquél 
un caballero valiente, pero brutal, leal i denodaflo, pero in- 
diferente al amor. El poeta quiso hacerlo enamorado i creó 
para él el tipo encantador de Anjélica, venida del reino de 
Catai (la China) a la corte de Cario Magno. liai dos arro- 
yos que tienen una grande importancia en el poema, el del 
Amor i el del Odio. Anjélica bebe el primero, i se enamora 
ardientemente de Reinaldo: Reinaldo bebe en el segundo i 
concibe un odio violento por la princesa, que a su vez ins- 
pira a Orlando un amor vehemente. De este modo, Reinaldo 
huj'e constantemente de Anjélica, que lo persigue en todas 
partes. Esta idea bastante feliz, que sirve de fondo al poe- 
ma, está embellecida por episodios maravillosos, aventuras 
i combates contra monstruos i jigantes. Los personajes se- 
cundarios vienen a agruparse al rededor de aquel triunvi- 
rato, ostentando cada cual un carácter propio, perfecta- 
mente diseñado, i tomando parte en escenas llenas de ani- 
mación i de colorido. Del mismo modo, al lado de la acción 
principal, se desenvuelven numerosos incidentes en que bri- 
lla la gracia i la imajinacion del ])oeta. 



316 NOCIONES UB HI810RIA LITERARIA 

Este poema compuesto de setenta i nueve cantos, quedó 
inconcluso por muerte del autor i solo fué publicado en 
1495. Un poeta florentino, Francisco Berni (1490—1536), 
rehizo mas tarde el Orlando enamorado^ despojándolo de 
las formas serias que Boiardo le habia dado, pero siguien- 
do su acción canto por canto, con e¡ mas escrupuloso cui- 
dado. Dejando a su an teces c:)r todo el mérito de la inven- 
ción, Berni ha revestido sus ídeai con otro estilo mas ale- 
gre, mas libre i mas armonioso. 

3. — La obra de Boiardo produjo una grande admiración 
en el siglo XV; pero ha (jucdado eclipsada por otro poema 
caballeresco escrito para servirle de continuación. Quere- 
mos hablar del Orlando furioso de Ariosto. 

Ludo vico Ariosto (1474 — 1533), natural de Regio de 
Módena, pasó su vida en Ferrara al lado de los príncipes 
de la casa de Este. Después de haber estudiado la jurispru- 
dencia, desempeñó algunos cargos públicos; pero su pasión 
por las letras i por la poesía lo sustrajo casi completamen- 
te de las otras ocupaciones. Compuso sátiras, elejías i uira 
comedia; pero todas estas obras, aunque provistas de mé- 
rito, le habrían asignado un lugar de poeta de segundo or- 
den si no hubiera escrito su inmortal poema. 

El Orlando furioso fue publicado por primera vez en 
1516, si bien los seis ííltimos cantos no salieron a luz hasta 
1532. Tres acciones f)rincipales se dividen el poema: 1^ los 
amores i las hazañas de Rojerio i. de Bradomanta,cuyo ma- 
trimonio forma el desenlace de la obra; 2^ la guerra imaji- 
naria (jue los sarracenos hicieron a Cario Magno, i los es- 
fuerzos de este emperador i de sus paladines para libertar 
la Francia i la Europa de estos bárbaros; 3*^ el amor de Or- 
lando por la insensible Anjélica, i la locura de aquel, a la 
vez terrible i conmovedora, cuando sabe el casamiento de 
esta reina con el hermoso Medoro. En medio de estas tres 
acciones, que el autor lleva casi siempre de frente, nace una 
multitud de incidentes maravillosos que se entrelazan sin 
dañar el conjunto. Algunas veces el autor olvida su asunto 
para contar una historieta que se le ocurre, después de lo 



[JTBKATIJRA ITALIANA 317 



cual se escusa de su distracción, i toma de nuevo el hilo de 
su historia. Esos episodios burlescos o tristes, libres o seve- 
ros, graciosos o terribles, están siempre encadenados con 
grande arte. Como la epopeya caballeresca admite todos 
los tonos, Ariosto ha podido dar un libre vuelo a su jenio 
inventivo, siendo patético, heroico i cómico según las cir- 
cunstancias que refiere. Describe sin cesar combates terri- 
bles; pero siempre encuentra medios de variar hasta lo infi- 
nito las descripciones que nos hace. "De ordinario, cuando 
cuenta un hecho increíble, añade con gran naturalidad: **Yo 
no lo habria creido: pero Turpin lo ha escrito i es menester 
creerle'*; i aun entonces atribuye a la crónica fabulosa de 
Turpin lo que ésta no dice. Los rasgos de la mas profun- 
da ironía están sembrados con profusión en todo el poema. 
Citaremos sólo dos. Astolfo hace un viaje a la luna a bus- 
car la razón de su primo Orlando, i encuentra la suya i la 
de muchas otras personas que hasta entonces habia creido 
raui cuerdas. El ánjel San Miguel, enviado a la tierra para 
buscar el silencio, se dirije a un convento de frailea donde 
no encuentra mas que la discordia bullici(jsa. La variedad 
de los personajes, de sus caracteres, de sus situaciones i de 
las descripciones es infinita. Ariosto ha llegado a crear se- 
res fantásticos que pueden considerarse reales, tan familia- 
res son a nuestra imajinacion: tal es el caballo alado, el hi. 
pógrifo, en el cual viajan Anjélica i Rojerio. Todos los tonos 
del estilo son naturales al autor; su colorido, de una frescu- 
ra estremada, se adapta a los cuadros i a los retratos mas 
diversos. La versificación se distingue por la riqueza, la ele- 
gancia, la armonía, i por un gracioso abandono que proba- 
ria unaprodijiosa espontaneidad, si no se supiera que Arios- 
to pulia i limaba sus obras con un cuidado verdaderamente 
esquisito. En resumen, ningún poeta ha igualado a Ariosto 
<n este jénero de epopeya, en que la imajinacion se dilata en 
un campo mucho mas vasto que el de la epopeya puramen- 
te heroica. 

4. — Muchos otros poemas del mismo jénero aparecieron 
por entonces en Italia, que si bien alcanzaron cierta boga, 



318 



NOCIONES DB HISTOIUA LITERARIA 



ahora están casi olvidados. Tras de las epopeyas de Cario 
• Magno i los doce pares, vinieron otras tomadas de asuntos 
antiguos, sobre todo de la Uíada i de la Odisea. Hubo tam- 
bién j)oemas del ciclo bretón sobre el rei Arturo i la mesa 
redonda, en que la imajinacion italiana se desplegó libre- 
mente creando nuevos f)etsonajes i aventuras maravillosas. 
Bernardo Tasso (1493— 1 569), natural de Bérgamo i padre 
del famoso poeta de este nombre, compuso el mas célebre 
poema de este ciclo, Amadis de /*>anc/a,inntacion de la no 
vela caballeresca de ese título, ostentando una imajinacion 
rica en las descripciones, en las aventuras i en los caracte- 
res, un estilo correcto, una versificación pura, noble i agra- 
dable. Esa epopeya ocupa, sin embargo, un lugar secunda- 
rio aliado del inmortal poema de Ariosto. 

Pero el jenio italiano tenia otro campo no menos vasto 
en (jue espaciarse, la epopeya hcroico-séria. Estefué el jé- 
nero que llevó a la perfección Torcuato Tasso. 

Este poeta, conocido con el nombre de el Tasso, nació en 
1544, en Sorrento, en el reino de Ñapóles. Desde su niñez, 
acostumbró su oido a la armonía poética aprendiendo de 
memoria los versos de su ])adre. Dotado de una intelijcncia 
precoz, sabia el griego i el latin a los nueve años, escribía 
en verso i en prosa, i recibió poco mas tarde los tftulos de 
doctoren teolojía, filosofía i jurisprudencia. A la edad de 
diecisiete años, habia publicado en Venecia una epopeya 
caballeresca en doce cantos, titulada Reinaido^que mereció 
una favorable acojida; pero en lugar de descansar sobre sus 
laureles, no pensó desde entonces mas que en una obra de 
una grandiosidad mas seria i de un interés mas sólido. Dis- 
traido algún tiempo de este trabajo por el tumulto de la 
corte de Ferrara, donde lo habia introducido la protección 
amistosa del cardenal Luis de Este, por una pasión secreta 
hacia la princesa Leonor, hermana del duque Alfonso, por 
un viaje a Francia cerca del rei Carlos IX, i por la publica- 
ción de una encantadora pastoral, la Aminta^ el Tasso ter- 
minó al fin, a principios del año 1575, el poema que lo ha- 
bia hecho inmortal. Sea fatiga, sea disposición física, desde 



LITERATIHA ITALIANA ÍUH 

«sta época la salud del poeta sufrió una conmoción dolo ro- 
sa i terrible que acabó |)or perturbar su juicio. Su imajina- 
don se llenó de vanos terrores, de injustas desconfianzas. 
Desde entonces su vida fué un tejido de aventuras, de difi- 
cultades, de pendencias i de persecuciones que la tradición 
ha cxajerado f|uizá. Después de azarosas peregrinaciones, 
e/ Tasso fué encerrado en un hospital de locos en Ferrara 
(lo89j, i retenido allí durante siete anos. Los sufrimientos 
<Je su prisión han inspirado muchas veces la poesía moder- 
na. Al fin la influencia de algunos príncipes i señores italia- 
nos alcanzó la libertad del Tasso; pero su desgracia no ce- 
só con esto. Vióse obligado a reccorrcr de nuevo varias 
ciucJades de Italia, llevando una vida llena de azares i de 
contratiempos. En Roma, bajo el pontificado de Clemente 
Vlll^ se le preparaba una coronación triunfal en el Capito- 
lio, semejante a la de Petrarca: la muerte lo sorprendió el 
23 de abril de 1595, en un convento de R'^)ma, antes de la 
^^^íremonia que se había dispuesto. 

El Tasso ha escrito prodijiosamente: trajedias, come- 
*^ias, sonetos, madrigales, discursos filosóficos, cartas fa- 
miliares, refutaciones, apolojías; pero su mas hermoso 
título de gloria es su gran epopeya, /eri/Se'í/en libertada, o 
Tclacion semi-histórica i semi-romancsca de la primera cru- 
zada, asunto cuya elección i cuya feliz ejecución lo acercan 
a Homero, a Virjilio i al Dante. La acción comienza el dia 
en que los cruzados van a plantar sus tiendas delante de la 
ciudad santa, i acaba después de la gran batalla contra los 
sarracenos de Ejipto. F*ero, en esta marcha noble i sencilla 
de la epopeya, el Tasso ha sabido encuadrar una multitud 
de episodios que enriquecen la acción principal sin debili- 
tarla. El patético episodio de Olindo i de Sofronia, que se 
declaran culpables de un robo que no han cometido para 
salvar a los cristianos de Jerusalen, i que cuando están en 
la hoguera para ser quemados vivos, son libertados por la 
<^uerrera Clorinda; el amor romanesco de Tancredo hacia 
esta ultima; la fuga de Herminia; los jardines de Armida; 
el viaje descriptivo de los dos libertadores de Reinaldo; el 



320 XOCIOXKS I»B HISTORIA T.ITflRARIA 



combate de Tancredo i de Argante; i las maravillas de la 
selva encantada son otros tantos pasajes, que, annque in- 
dependientes a veces de la acción principal, encantan al 
lector. 

La narración de los combates, la descripción de los lu- 
gares i el retrato de los caracteres, revelan gran riqueza 
de imajinacion, i un notable arte de escritor. **EUTasso, 
dice Voltaire, tiene tanto fuego como Homero en las bata- 
llas, con mas variedad. Todos sus héroes tienen caracteres 
diferentes; como los de la Ufada, i algunos de estos carac- 
teres están mejor presentados, mas fuertemente descritos i 
mejor sostenidos*'. Aunque en este elojio hai cierta exajera — 
cion, no se puede dejar de reconocer que, cuando se ha leidf^- 
\ajernsalen libertada, no es posible olvidar o confundir lo5= 
caracteres. Argante es el feroz jigante asiático que une lav 
insolencia i la brutalidad al vigor corporal i a la bravura. 
Tancredo i Reinaldo son nobles paladines de la Edad Me 
dia, valientes i enamorados, que vacilan sólo entre el amo^ 
a su dama i el amor a Dios, o mas bien, que unen ámbo^ 
sentimientos en un corazón fiel i sincero, Godofredo repre 
senta a la vez el jeneral de ejército i el soldado piadoso qu^E 
no ve en el fin de la cruzada mas que la corona de espinan. 
Solimán, el sultán de Nicea, no es grande sino por su odio 
contra los cristianos. Los caracteres secundarios están 
trazados con igual maestría. Uno sólo hai ideal en el poema 
Clorinda la guerrera, especie de amazona de la antigüedad. 
Armida es la hada qne se deja impresionar por los encan- 
tos de Reinaldo, i que nos muestra el lado hermoso de la 
majia, mientras el encantador Ismen es el mal jenio que el 
demonio suscita contra los cruzados, i que muere aplasta- 
do por un golpe de ballesta. Mas prudente que sus antece- 
sores i que algunos de sus contemporáneos, ha suprimido 
esa monstruosa contusión de la mitolojía pagana i de los 
milagros cristianos, conservando las hadas de la edad me- 
dia, los encantos i las conjuraciones májicas. 

A las bellezas que resultan del asunto mismo, el Tasso 
ha añadido las gracias de un estilo siempre claro, armo* 



LITERATURA ITALIANA 321 



nioso i preciso, sin que esto escluya la riqueza i la vivaci- 
dad en las imájenes i en la narración. Cuando el asunto 
exije elevación, la lengua italiana abandona su suavidad 
natural i toma en manos del poeta un carácter nuevo, lleno 
de majestad i de fuerza. 

5.— La gloria del Tasso eclipsó la de todos los poetas de 
su tiempo, así como, medio siglo antes, Ariosto habia os- 
curecido a sus contemporáne<js; pero tras de él, aparecie- 
ron diversos ensayos épicos que hoi están casi olvidados. 
El tiempo de la epopeya caballeresca habia pasado; i como 
sucede casi siempre, después de lo serio, vino la parodia. 
Nacieron entonces Igis burlas del carácterguerrero, desarro- 
lladas en obras estensas; en que abundan las estravagan-. 
cias mas grotescas de los paladines, descritas ordinaria- 
mente de una manera vivíi i pintoresca. 

Junto con estos jéneros, el jenio italiano habia cultivado 
la poesía lírica i pastoral, el poema didáctico i descriptivo, 
i la sátira. Las mujeres mismas no fueron estrañas fil mo- 
vimiento literario de este siglo: algunas de ellas escribieron 
versos agradables en el idioma vulgar, i aun en latin i en 
griego, o se distinguieron por una ilustración tan variada 
como sólida en literatura i en filosofía. 

Lorenzo de Mediéis denominado el Magnífico (1448 — 
1492), gobernador de Florencia, habia dado a la poesía 
una protección i un impulso cuyas consecuencias se hicie- 
ron sentir en breve. líl mismo escribió canciones, églogas i 
poesías morales notables por la elegancia del estilo i la 
fuerza de los pensamientos. Anjel Ambrogini, mas conocido 
con el nombre de Píjliziano ( 1454—1494?), sabio universal, 
filósofo por obedecer al gusto de su tiempo, pero poeta por 
naturaleza, a los catorce años comj)uso en honor de Julián 
de Mediéis, vendedor en un torneo, ciento cincuenta octa- 
vas que son considerarlas todavía como una de las obras 
maestnis de la lengua italiana. Poliziano, ademas, escribió 
canciones populares, una pieza teatral sobre Orfeo, que es 
estimada como el modelo de la prim^rra composición dra- 
mática moderna, poesías griegas i latinas, i diversos tra-, 

TOMO IV 21 



822 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

tados sobre historia, filosofía i jurispradencia; Jacobo San- 
nazar (1458— 1530), poeta napolitano, de oríjen español, 
que escribia con la misma elegancia el latin o la lengua 
vulgar, espresó sus' sentimientos patrióticos en sonetos 
armoniosos, i mereció el nombre de Virjilio cristiano por 
sus pastorales, que son modelos de elegancia i de suavidad. 
Los otros poetas líricos italianos de esa época son inferio- 
res a los tres nombrados, 

La poesía didáctica i descriptiva tratólas materias mas 
variadas. Cantáronse los misterios de la relijion i los su- 
cesos mas memorables de su historia, las tradiciones de la 
mitol ojia griega con la descripción de la residencia encan- 
tada de los dioses del politeismo, los preceptos de la moral, 
los principios de la medicina i de alquimia, i hasta las re- 
glas de la gramática i de la métrica. En algunas de esas 
obras, la imajinacion italiana brilla con todo su esplendor. 
La alegoría es de ordinario bien conducida i las descrip- 
ciones son ricas i armoniosas. 

La sátira tuvo también en ese siglo distinguidos repre- 
sentantes. La degradación política de la Italia en una 
época de tanto esplendor literario, llevaba a las armas ese 
amargo descontento que se manifiesta en las sátiras. En 
este jénero, se distinguió Francisco Berni, de quien dijimos 
mas atrás que habia dailo nueva forma al Orlando ennmo- 
rfido de Boiardo. Aunque canónigo de la catedral de Flo- 
rencia, i aunque dotado de un carácter suave i bondadoso, 
atacó de frente todos los vicios i todos los estravíos de su 
tiempo, conservando siempre la sonrisa en los labios, 
como si el criticar no hubiese sido para él mas que una di- 
versión i un simple pasatiempo. Las sátiras de Berni, frias 
e indiferentes en apariencia, llevaban siempre un gran fon- 
do (le malicia. Sus burlas, muchas veces crueles i persona- 
Ios, no se detuvieron ni siíjuiera ante el mismo clero, íjue 
aborrccia sistemáticamente. En una de sus sátiras, pre- 
tendia (jue la peste era un bien, porque libertaba al hom- 
bre, primero de morir rodeado de frailes, i en seguida de los 
gastos de entierro. Esta tendencia del espíritu burlón fué 



LITERATURA ITALIAÍÍA ^2^ 



mas lejos todavía. Francisco Molza (1489 1544), poeta 

natural de Módena que escribía también indiferentemente 

en latín e italiano, cantó la felicidad terrestre de los esco. 

mulgados, que no tenían nada que ver con la corte de 

Roma ni con sus adeptos. 

Pero los escritores satíricos mas famosos de la Italia en 
el siglo XVI fueron el Aretino i el Aríosto, cada uno en su 
jénero. Pedro Bacci, natural de Arezzo en Toscana (1492- 
1559), mas conocido con el nombre de Aretino, atrabilia- 
rio como escritor i como crítico, panejirísta i calumniador, 
mereció, sin embargo, el apodo de divino, que él mismo se 
daba con una arrogancia inconcebible. Poseia injenio, íma 
jinacion, delicadeza aun en sus estravíos mas vituperables 
pero se le considera el tipo de los escritores dignos del des 
precio universal. Sus obras son numerosas, i todas respí 
ran la ironía mas amarga, todas pintan de color negro ei 
siglo i sus mas negros personajes. El Aretino no perdona 
ba anadie: amigos o enemigos eran sacrificados por los ace 
rados filos de su pluma; i muchos grandes señores le paga 
ban pensiones para escapar a sus burlas. La sátira de 
Aretino era eminentemente orijinal: él no habia estudiado 
los clásicos para imitarlos; pero habia tomado la sociedad 
como se encontraba en su tiempo, con el libertinaje uni- 
versal i el cinismo mas cómodo en las ideas políticas; i fre- 
cuentemente, aun en medio de Ins mentiras i de las calum- 
nias que respiran sus obras, se dejan ver tristes verdades 
espuestas a toda luz con una enerjía terrible. 

El Aretino poseia un carácter torcido i malo: el Ariosto, 
por el contrario, era un buen hombre, que nimca tuvo hiél 
en el corazón, i sí sólo algunas impaciencias. Hizo sátiras 
como Horacio, pero con menos jénio filosófico, porque en- 
contró mas de un defecto intolerable en la sociedad en que 
vivia, porque tuvo por protector a un cardenal vanidoso i 
prosaico. Hipólito de Este, que creía que el Orlando ena- 
morado era sólo un conjunto de sonrisas mas o menos di- 
vertidas, í por último, porque nunca gozó de esas ventajas 
ílc la vida que aseguran la independencia del escritor. Por 



324 MOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 

lo demás, sus cuadros son fínos i espirituales, algunas re- 
ces violentos, pero sin acritud. En sus sátiras, como en las 
de casi todos los poetas de su siglo, los eclesiásticos, gran- 
des o pequeños, los frailes i los cardenales, son las primeras 
víctimas de las burlas. 

6.— La poesía dramática alcanzó también en .italia en. el 
siglo XVI cierto grado de esplendor. Habíase desarrollado 
este arte allí mucho antes que en los otros paises de Euro- 
pa. Desde el siglo XIV, los italianos tenian representacio- 
nes dramáticas i poseian obras de cierto mérito. El drama 
de entonces, sin embargo, con tenia todos los jérmenes de la. 
trajedia, de la comedia, del drama pastoral, de la ópera^ 
misma. La pieza no tenia verdadera esposicion, ni intriga^ 
ni desenlace: se pasaba de una idea a otra con plena lícen — 
cia, atropellando las reglas teatrales i las unidades griegas,^ 

A la época del renacimiento, las representaciones dramá- 
ticas formaban la principal diversión de todas las cortes^ 
sin esceptuar la de Roma. León X hizo representar a su 
costa la trajedia de Sofonisba que el Trissino le había dedi- 
cado. Juan Jorje Trissino (14781550), caballero veneciano 
que sirvió en diversas ocasiones como embajador del papa, 
cultivó con talento la epopeya antigua i devolvió a la tra- 
jedia toda la sencillez del teatro griego. Los coros resuci- 
taron para ocupar la escena cuando por la marcha de la 
acción, aquella debía quedar vacía, i para llenar el interva- 
lo de los entreactos. La trajedia tuvo una acción bien des- 
arrollada i caracteres diseñados con arte. Sofonisba es esa 
orguUosa princesa de Numidia que bebe el veneno de Masi- 
nisa para no dejarse amarrar al carro de triunfo de Esci- 
pión. 

Dado este impulso, la trajedia siguió su marcha de pro- 
greso. Los asuntos griegos tratados por Sófocles i Eurípi- 
des fueron imitados con regular acierto por los poetas ita- 
lianos del siglo XVI, o se tomaron de ellos los caracteres 
principales, las situaciones mas dramáticas para apli^^arlas 
a otros asuntos. Pero luego nació un movimiento mas 
orijinal todavía. Los poetas buscaron en la historia roma- 



LITERATURA ITALIANA 325 

1 

na sucesos que la trajedia no había esplotado. El Aretino 
tomó de Tito Livio el argumento de su Horacio, que trató 
con toda la seriedad trájica, respetando fielmente la histo- 
ria i manifestando en los detalles un gran conocimiento de 
los usos civiles i relijiosos de la antigua Roma. Otros toma- 
ron asuntos mas modernos: así el Tasso compuso el Tor- 
rísmundo, trajedia romanesca basada sobre los amores 
desgraciados de este rei de los godos con una hija descono- 
cida de un rei de Noruega. En todas las piezas de esta úl- 
tima especie, se desplega libremente el talento lírico de los 
poetas italianos; pero su acción es violenta, terrible, recar- 
gada de pasiones desenfrenadas i de crímenes atroces, que 
nos recuerdan las mayores exajeraciones del romanticismo * 
moderno. 

La comedia no habia existido en Italia antes del siglo 
XVI mas queenfel estado de farsa o de pantomina. En 
esta época de renacimiento, los escritores fueron a buscar 
sus modelos en la antigüedad clásica. Las comedias de 
Planto i de Terencio fueron estudiadas i aun representadas, 
ya traducidas al italiano, ya en latín. En esta escuela se 
'ornió una pléyade de autores cómicos tan notables por el 
talento como por la inmoralidad. El primero en orden cro- 
nolójico fué el cardenal Bernardo de Dovizio de Bibbiena 
(14'701520), que hizo representar delante de León X su 
Calandria, comedia divertida por la intriga i por lo grotes- 
co de los caracteres, pero excesivamente libre por el argu- 
mento i por el lenguaje. 

El Ariosto cultivó también este jénero imitando a Plan- 
to i a Terencio. Sus comedias son menos libres en la espre- 
sion que la del'cardenal Bibbiena, pero no son menos inmo- 
rales. A pesar de esto, es todavía uno de los autores cómi- 
cos mas aplaudidos en Italia por lo picante de la intriga, 
por la animación del diálogo, por la soltura i claridad, que 
no tienen iguales en la poesía italiana. Ademas, pocos es- 
critores han tenido en el mismo grado que el Ariosto el don 
de pintar los caracteres, los vicios i las .ridiculeces de los 
hombres. 



.-(26 NOCIONBH Dfl HISTORIA LITERARIA 



Al lado de éstos, la Italia del siglo XVI contó muchos 
otros autores cómicos de mas o menos injenio, que fueron 
aplaudidos por sus contemporáneos. Deberemos citar sólo 
a dos de ellos. El Aretino, tan famoso por sus sátiras, com- 
puso también cinco comedias en que ha bosquejado bien al- 
gunos accidentes de las costumbres de su siglo. El otro es 
Nicolás Maquiavelo, de cuyos escritos políticos e históricos 
hablaremos mas adelante. Entre las obras dramáticas de 
éste, se distingue la Mandragora, comedia licenciosa, cuya 
intriga es hábilmente dirijida i cuyos caracteres son traza- 
dos con la mas franca alegría. Esta pieza, que es considera- 
da por algunos críticos como la mejor del teatro italiano, 
fué representada con aplauso en la corte de LeonX. Es una 
sátira amarga de los charlatanes, de los abogados i hasta 
de los frailes; empañada por la libertad de la espresion i de 
algunos incidentes de su fábula. 

La comedia no pasó mas lejos en el siglo XVI después de 
las obras de Maqniavclo, del Ariosto i del Aretino: perma- 
neció estacionaria como la trajedia en el punto a que se 
habia elevado. Es menester llegar al siglo siguiente para 
encontrar una verdadera innovación en el jénero dramá- 
tico. 

Sin embargo, no se puede dejar "pasar desapercibido e| 
drama pastoral, cuyos primeros ensayos pertenecen a la 
edad media, pero que hizo revivir con nuevo ardor el estu- 
dio de las literaturas clásicas, i en especial, de las obras de 
Teócrito i de Virjilio, en la época del renacimiento. Las pri- 
meras obras de esta clase fueron églogas dialogadas, frias 
i pesadas, en que se morían dos o tres personas en medio 
de largas elejías i tle tristes lamentaciones, en que el mérito 
del estilo no suplia la falta de pasión, en que las ninfas de- 
sempeñaban el primer papel i en (¡ue se presentaban los 
pastores como las víctimas del amor, pero sin in^pimrel 
interés. El Tasso, (|uc ya se habia hecho célebre en otros 
jéneros, quiso crear al drama pastoral un brillante destino, 
i compuso la Aminta Í1573). 

lista obra es el modelo de ese estilo delicado i gracioso, 



LITERATURA ITALIANA 327 



i de ese jénero literario mui poco natural que estuvo tan en 
boga en el siglo XVI. Su argumento es sencillo i suplan 
está fácilmente desenvuelto, Amjrntas (i no Aminta como 
decimos nosotros), nieto del dios Pan, ama a Silvia, nieta 
del rio que baña aquella comarca (los alrededores de Ferra- 
ra). Ellos han pasado junto su juventud, nunca se han se- 
parado; pero el dia en que Amyntas declara su amor, Silvia 
ofendida lo destierra de su presencia. Sin embargo, aquél 
tuvo ocasión de salvar a Silvia délas violencias de un viejo 
sátiro; pero la pastora, tan pronto como se ve libre, i siem- 
pre indiferente al amor, huye al bosque, Amyntas recibe la 
falsa noticia de que Silvia ha sido devorada por los lobos: 
la desesperación se apodera de él, i va a precipitarse de lo 
alto de una roca. Cuando Silvia sabe la muerte de su aman- 
te, se enternece, corre en su busca para rendir al cadáver el 
último tributo; pero encuentra a Amyntas en medio de los 
pastoresque lo vuelven a la vida, porque un zarzal lo habia 
detenido en su cairla, i sólo estaba desmayado. Silvia lo 
colma de caricias; i el himeneo asegura la felicidad de am- 
bos pastores. El éxito de la Aminta fue preparado por la 
situación de la sociedad italiana, que queria descansar de 
las sangrientas ajitaciones en la representación de las esce- 
nas campestres; pero provino principalmente de la estrema- 
da elegancia del estilo, de la variedad de los jiros i de las 
imájenes, i de ese corte fácil i armonioso de sus versos desi- 
guales. El cielo, la luz de los paisajes italianos, animan, 
alumbran esta encantadora composición, en que el poeta 
ha encontrado el arte de vaciar con una naturalidad per- 
fecta i con un talento maravilloso los pasajes,mas agrada- 
bles de los poetas pastorales de Grecia* i de Roma. La tra- 
ducción de la .lm//7¿a en verso castellano hecha por Juan 
de Jáuregui, es consicl;írada clásica, a pesar de cierto ama- 
neramiento que le ha hecho perder una parte de la natura- 
lidad del orijinal. 

La misma delicadeza de estilo se encuentra en el Pastor 

fído (el fiel pastor) de Juan Bautista Guarini. poeta ferra- 

^res (1537—1612; i rival del Tasso. Su argumento está to- 



328 NCCIONB8 DB HISTORIA UTBRARIA 

mado de una leyenda de la antigua Grecia. Una ninfa olvi- 
da los votos de amor que ha hecho a un joven pastor, sa- 
cerdote de Üiana:esta diosa castiga aquella falta enviando 
a la Arcadia una peste atroz que la desoía. El oráculo, a 
quien consultan los arcadios aterrorizados) declara que la 
ninfa debe ser sacrificada por ese mismo sacerdote. La víc- 
tima avanza hacia el altar; pero el sacrificador, siempre 
enamorado, en vez de herirla se da la muerte a sí mismo: la 
ninfa en medio de la desesperación, se inmola sobre el cadá- 
ver de su amante. Guarini ha complicado esta acción por 
medio de numerosos incidentes, i la ha adornado con dan> 
zas, pantomima i canto, alargando su pieza hasta darle 
siete mil versos. En realidad, su obra no tiene mas de pas- 
toral que el carácter de los personajes i debería mas bien 
ser clasificada como un drama trájico. A pesar de su féilta 
de naturalidad en algunos incidentes i de cierta sutileza de 
estilo, esta obra contiene trozos de una rara belleza, que 
no han podido ser imitados por los numerosos escritores 
que, después del Tasso i de Guarini, han querído cultivar 
en Italia la comedia pastoral. 

7. — La prosa italiana no hizo menores progresos en 
aquel siglo. Aunque el estudio de las lenguas antiguas es- 
tuviera estendido en toda la península, i aunque la im- 
prenta multiplicase con gran prodigalidad las obras de la 
edad clásica i el latin fuera por mucho tiempo el idioma 
de las letras i de las ciencias, la lengua vulgar seguia ga- 
nando terreno, i acabó por suplantarlo. Esta revolución, 
mui lenta en sus primeros pasos, quedó casi completamen- 
te consumada a mediados del siglo XVL No solamente se 
usaba el italiano en los escritos, sino que se compusieron 
grandes tratados sobre la excelencia de esta lengua i sobre 
los medios de usarla con ventaja. 

El mas célebre de los prosadores de ese tiempo i uno de 
los mas famosos que haya producido la Italia, es Nicolás 
Maquiavelo (Nicolo di Machiavelli). Nació en Florencia 
en 14G8 de una familia cuyos miembros habian ocupado 
altos empleos en su patria, Maquiavelo desempeñó eleva- 



LITERATURA ITALIANA 329 

dos cargos í sirvió treinta i dos legaciones cerca de varios 
príncipes. AI lado de éstos, i particularmente en la corte 
deCéfar Borjia, pudo conocer de cerca las perfidias, las 
maldades i los crímenes de que se componia el arte de rei- 
nar. Comprometido en Florencia en una conjuración que 
fué descubierta i sofocada por la facción opuesta (1512)» 
apresado i torturado por orden de los Médicis, Maquiave- 
lo sufrió estas pruebas terribles con un valor heroico, sin 
descubrir los nombres de sus cómplices. Puesto en liber- 
tad, pasó el resto de sus dias en la pobreza i en el retiro, 
escribiendo las obras que lo han hecho famoso. Maquiave- 
lo murió en 1527. 

La mas conocida i la mas célebre de las obras de Ma- 
quiavelo tiene por título Tratado del Príncipe, En ella ha 
consignado todas sus reflexiones sobre el gobierno abso- 
luto, i constituye, por decirlo así, el código de la tiranía 
mas infame e inmoral. Enseña, en efecto, como un usurpa- 
dor hábil, que no está contenido por ningún principio de 
moral, puede consolidar su poder no considerando los gru- 
pos sociales mas que como combinaciones de intereses 
contrarios i de cálculos egoistas, en que la autoridad co- 
rresponde de derecho al mas fuerte, es decir, al mas malo i 
al mas hipócrita. ¿Participaba el autor de estas opiniones 
inmorales, señalaba sólo hechos conocidos de su tiempo, 
o hacia la crítica disimulada de la política de su siglo? 
••Dudamos, dice Lord Macaulay que haya en la historia li- 
teraria un hombre tan jeneralmente odioso como el de Ma- 
quiavelo. Las espresiones que se emplean de ordinario para 
designarlo, parecen implicar que ha sido el tentador, el 
mal espíritu, el revelador de la ambición i de la venganza, 
el inventor orijinal del perjurio, que antes de la publica- 
ción del Príncipe, su obra fatal, no hubo jamas ni un hi 
pócrita, ni un tirano, ni un traidor, ni una virtud finjida, 
ni un crimen utilitario. En efecto, es casi imposible a los 
que no están instruidos en la historia i en la literatura de 
Italia, el leer sin horror i sin estupefacción el célebre tra- 
tado que ha traido tantos ataques al nombre de Maquia" 



. B30 NOCIÓN iQ8 DE HISTORIA LITBRARIA 

velo. La ostentación de una perversidad tan desnada i, sii 
embargo, tan poco vergonzosa, la atrocidad fría, juiciosc 
reducida a ciencia, parecen ser de un demonio mas bie 
que de un hombre, aunque éste fuese el mas depravad 
de los hombres. Los principios que el malvado mas endt 
recido osaria apenas invocar por una reticencia delant 
del mas esperimentado de sus cómplices, o que no ^e con 
fesaria a sí mismo sin disfrazarlos bajo algún sofisma ate 
nuante, son profesados sin el menor circunloquio, i toma 
dos por axiomas fundamentales de toda la ciencia política 
No es, pues, singular que los lectores vulgares considercí 
al autor de tal libro como la mas depravada i la mas dea 
vergonzada de las criaturas humanas. Pero los hombre 
prudentes se sienten inclinados a mirar de cerca i con ui 
ojo desconfiado a los ánjeles i los demonios que se forja 1í 
muchedumbre; i en el caso que nos ocupa, diversas circuns 
tancias han conducido aun a los observadores superficiale 
a poner en tela de juicio la decisión del vulgo. Es notorii 
que Maquiavclo fué durante toda su vida un celoso rcpu 
blicano. El mismo año en que compuso su manual del art 
de reinar, sufrió la prisión i la tortura por la causa de lai 
libertades públicas. Parece inconcebible que el mártir de h 
libertad haya podido convertirse deliberadamente en após 
tol de la tiranía. Por esto, muchos autores eminentes har 
tratado de descubrir en esta obra desgraciada un sentid c 
oculto, mas conciliable con el carácter i con la conducta de 
autor, que el sentido que se revela a primera vista'*. Se ha 
pretendido que Maquiavelo, íi\ paso que enseñaba a los 
príncipes a constituirse en tiranos, enseñaba también a loa 
pueblos a desembarazarse de la tiranía; pero es probable 
que el célebre escritor no tuvo otro propósito que el de re- 
ducir a axiomas la política de su siglo, perversa i desleal, 
(|iie autorizal)a los mayores crímenes para llegar a un fin 
<kscadí), (|ue sacrificaba al individuo, su fortuna, su vida i 
lia.«í:ta su honradez, para alcanzar la prospei^iilad de! estíido 
a la del príncipe. 

Maquiavelo ha escrito también sobre muchas otras ma- 



LITERATURA ITALI ' NA 331 



tenas, aparte de su correspondencia diplomática que tiene 
un grande interés para la historia de ese siglo. Sus Discur- 
sos sobre Tito Livio, donde estudia las causas de la gran- 
deza de los romanos i de la debilidad de otros pueblos, ma- 
nifiestan una erudición profunda, un juicio seguro, una 
singular fuerza de espíritu para jeneralizar, i un gran cono- 
cimiento del corazón humano. Su Historia de Florencia es 
una obra maestra de claridad i de elegancia en cuanto al 
<stilo, i de crítica histórica respecto a los pensamientos, 
a pesar de su odio sistemático al poderde los papas. El au- 
-tor se ha ocupado menos de las guerras esteriores que de 
los movimientos interiores i de sus perturbaciones demo- 
cráticas. Por último, en su Arte de //i guerra, escrito en for- 
ma de diálogo, Maquiavelo ha enseñado a la posteridad la 
manera cómo peleaban los soldados del siglo XV, con una 
multitud de pormenores de un alto interés histórico. 

8.— La reputación de Maquiavelo ha eclipsado la de los 
otros escritores políticos de su siglo; pero como historia- 
dor, tuvo un rival poderoso en Francisco Guicciardini, si 
no en la profundidad filosófica i en el vigor para reproducir 
]a verdad con unas cuantas pinceladas, a lo menos por el 
arte literario, por la claridad de esposicion i por el estudio 
prolijo i concienzudo de los hechos. 

Nacido en F'lorencia en 1482, Guicciardini fué en su ju- 
ventud profesor de jurisprudencia, desempeñó mas tarde 
una misión diplomática cerca del rei de Espfiña i varios 
cargos políticos i militares por orden de diversos papas, i 
pasó sus últimos años en el retiro, consagrado a poner en 
orden sus recuerdos i a escribir la obra que lo ha hecho in- 
mortal, La fí/.síor/a de Italia de Guicciardini comienza en 
1494 con la invasión de los franceses bajo Carlos VIII, i 
termina en 1584. Está dividida en veinte libros, de los cua- 
les los dieciseis primeros son de un mérito superior. La 
muerte sorprendió al autor en 1540, antes de haber revisa- 
do los cuatro últimos. A esta circunstancia debe atribuirse 
el que aquella obra famosa circulara manuscrita durante 



332 NOCIONB8 DB HISTOBIA LITBRARIA 



mas de veinte años sin alcanzar los honores de la im- 
presión. 

Concebida i ejecutada sobre el plan i según el método de 
los antiguos, la historia de Guicciardini abunda en retra- 
tos bien dibujados i en discursos de una prolijidad a veces 
fatigosa, pero donde se encuentran rasgos elocuentes, pen- 
samientos nuevos i profundos, imájenes verdaderas i pal- 
pables que hacen olvidar que el autor se sustituye al perso- 
naje que pone en escena. Verídico, imparcial hasta el punto 
daño paliar ningún hecho histórico, trata a la corte de 
Roma, a la cual servia, con la misma libertad que a sus 
enemigos. Al revés de Maquiavelo, Guicciardini se muestra 
siempre amigo de la humanidad i de la justicia, enemigo de 
los abusos del poder soberano, vengador de la virtud opri- 
mida por la arbitrariedad, filósofo ilustrado, político hábil, 
republicano prudente. Su estilo, a veces nervioso i enér- 
j ico, a veces vivo i rápido, siempre correcto, armonioso i 
elegante, cautiva i encanta al lector. 

Al lado de esos dos grandes maestros en el arte de escri- 
bir la historia, figura sobre otros muchos un escritor de 
mérito distinguido, cuyas obras son leidas con interés. Pa- 
blo Jovio (Paolo Govioj, eclesiástico natural de Como 
(1483-1552), i protejido alternativamente por los mas no- 
tables personajes^ nacionales o estranjeros que intervinie- 
ron en los negocios de Italia, escribió en latin varias obras 
i entre ellas una historia jenenil de su tiempo i muchos elo- 
jios biográficos de contemporáneos suyos. Reconociendo 
el buen método de su plan, la claridad i elegancia de su es- 
tilo, i la abundancia de las noticias que consigna en sus 
obras, se debe censurarle la parcialidad con que ha ensal- 
zado a los protectores que le pagan sus elojios i denigrado 
con sus sátiras a los que se mostraban poco jenerosos. 

9. — Eneljénero novelesco, volvemos a encontrar toda- 
vía a Maquiavelo. Una novela suya titulada Belphegor, es 
una sátira de las mujeres en jeneral, i de la suya propia en 
particular, según se dice. Como todas sus obras, ésta está 
escrita en un estilo vivo i brillante i con una elegancia que 



LITBRATUKA ITALIANA 333 



la ha hecho colocar en el número de los textos clásicos de la 
lengua. 

En jeneral, la*; novelas italianas del siglo XVI, se distin- 
guen por la orijinalidad a veces estravagante de la fábula, 
i con frecuencia por la purera del estilo; pero se ostenta 
también en casi todas ellas una licencia desmedida en los 
sucesos que se narran i hasta en el lenguaje. Cintio Giral- 
di, médico i poeta ferrares (1504-1575). i Sebastian Erizzo, 
anticuario veneciano (1522-1585), quisieron moderar por 
su ejemplo la libertad de la mayor parte de los íiovelistas; 
pero tuvieron pocos lectores en medio de la corrupción je- 
neral. Shakspeare tomó mas tarde del primero de ellos el 
argumento del Ótelo, al cual dio nueva vida en su drama 
inmortal. Las únicas novelas que estuvieron exertas de 
ese defecto fueron las que pertenecen al jénero trájico. De 
este número es Romeo i Julieta de Luis da Porto, poeta i 
novelista nacido en Vicencio en 1485, que, tratando un 
asunto basado en una antigua tradición, preparó también 
una acción que ha inmortalizado el mismo Shakspeare. 

SIGLO xvii 

10. — La literatura italiana del siglo XVI habia sido la 
mas rica i la mas brillante de toda la Europa. Desde prin- 
cipio del siglo siguiente, comienza a percibirse una sensible 
decadencia política. Aunque el papel de los diversos esta- 
dos que componian la península fué en cierto modo pasivo 
desde que principiaron las guerras de Italia, hubo siempre 
algún movimiento en las luchas sostenidas por Venecia i 
por los papas para arrojar fuera a los bárbaros, Pero des- 
de que las armas decidieron definitivamente quién seria el 
señor, desde que la dominación absoluta de la España no 
encuentra rivales ni contradictores en el Milanesado, en 
Ñapóles i en Sicilia, el espíritu pú])lico desaparece, i la pos- 
tración literaria cunde con gran rapidez. 

Aun en los estados que escaparon a la dominación, pero 
nó a la influencia española, las letras no tenian mas por- 



334 NOCIÓN B8 DB HISTORIA LITBRARIA 



vemir. En Venecia, la tiranía del consejo de los diez, con 
su sistema de prohibición universal, hacia imposible todo 
desarrollo literario. En Florencia, los últimos Mediéis» 
fieles a sus tradiciones de familia, protejian aun las artes 
i las ciencias; pero su protección no se atrevía a luchar con 
el poder de la inquisición, i tuvo que limitarse a las cien- 
cias o a las bellas artes. Los Médicis no ptidieron salvar 
a Galileo del poder de los inquisidores, que lo obligaron a 
abjurar su herejía astronómica (1533). Las familias de 
los otros príncipes italianos habían decaido tanto que ni 
aun podian ejercer ese patronato literarrio, último resto de 
su soberanía. 

11. — Los poetas italianos de esta época de decadencia 
que se inicia en los últimos años del siglo XVI i que se es- 
tiende hasta mediados del siglo XVIII, son conocidos en la 
historia literaria con el nombre de secentisti (seiscientis- 
tas),del número 1600, que ha pasado a designar la falta de 
gusto. 

El primero de estos poetas por orden cronolójico tuvo 
algo de mas varonil que sus contemporáneos. Gabriel Cliia- 
brera, nacido en Savona a mediados del sig'o XVI i muerto 
en 1637, pasó su larga vida consagrado al cultivo de la 
poesía, i escribió cinco poemas caballerescos, muchas come- 
dias destinadas a tener acompañamiento de música i que 
son las primeras en este jénero, i tres volúmenes de poesías 
líricas en que está fundada su re[)utacion. Abandonando 
las huellas trazadas por Petrarca, la canción i el soneto, se 
hizo nuevo remontando en su imitación en busca de mode- 
los mas antiguos, Píndaro i Anacreon. Los imitó en efecto 
algunas veces con felicidad; pero se reprocha a su estilo mu- 
cho arte i rcl)uscamiento. 

Viene en seguida Juan Bautista Marini (1569-1625), el 
héroe de esta época de decadencia, a (juien Sismondi llama 
el gran corruptor del gusto de los italianos. Nacido en Ña- 
póles en el seno de una familia acomodada, Marini se sepa- 
ró (le su padre, que quería dedicarlo a la carrera del foro, 
pasó a Roma i en seguida a Saboya, donde cultivó libre- 



LITERATURA ITALIANA 335 



mente la poesía, al mismo tiempo que desempeñaba algu- 
nos cargos públicos. Engolfado en querellas de oríjen lite- 
rario, pero que alguna vez pusieron en peligro su vida, Ma" 
rini se trasladó a Francia, donde la reina Maria de Médicis 
lo tomó bajo su protección. 

Dotado de un verdadero talento i de una facilidad mara- 
villosa, puso una versificación feliz, un estilo vivo i pinto- 
resco al servicio de una imajinacion sin freno; i los contem- 
poráneos acabaron por creer con él que mientras mas se 
alejaba el escritor de la naturalidad mas se acercaba a la 
verdadera poesía. Ademas de un gran número de madriga- 
les i de sonetos, Marini escribió un poema con el título de 
Adónisy que le valió la mayor parte de su celebridad, i que 
es un resumen de sus cualidades i de sus defectos. Se encuen- 
tran en é\ los recuerdos de la mitolojía griega mezclados a 
las leyendas jermánicas. El Amor, irritado contra su ma- 
dre, hace venir del fondo de la Arabia al hermoso Adonis, 
íKl cual ella se enamora perdidamente. Marte, celoso del re- 
cien venido, se confabula con una hada maléfica que se roba 
a .-Vdónis. Este, sin embargo, vuelve al lado de la diosa, 
ptro muere en la caza como lo hace morir Ovidio, bajo el 
diente de un jabalí. La exajeracion en el estilo, las figuras 
ampulosas, los juegos de injenio i de palabras, i sobre todo, 
la falta de naturalidad, son los defectos que empañan esta 
obra, en cpie, sin embargo, se encuentran las verdaderas 
dotes de insjJracion i una agradable armonía en la versifi- 
cación. A pesar de todo, Marini gozó largo tiempo de una 
gran nombradía. Sus admiradores dieron a ese estilo afee, 
tadf; el nombre de marinesco. En Francia i en España, se le 
tributó un verdadero culto, (|ue en realidad no prueba gran 
cosa en favor del gusto entonces reinante. Cuando Marini 
volvió a Italia, obtuvo un triunfo a su |)aso por Roma, i al 
fin murió en Ñapóles rodeado de elojios i de respe co. 

Los aplausos tributados a Marini produjeron, como de- 
bía esperarse, un gran número de imitadores que gozaron 
tambierí en su tiempo de una alta reputación en toda Ita- 
lia. Pocos fueron los poetas que conservaron la tradición de 



336 NOGIONBS DB HISTORIA LITBRARIA 

la sencillez i del buen gusto, o que lloraron la decadencia 
moral i política de la patria con acentos dignos de este 
grande asunto. A este número pertenece el Florentino Vi- 
cente Felicaia (1642-1707), el mas noble, el mas moral i el 
mas patriota de los poetas italianos. Muchas de sus obras 
tienen por objeto la Italia decaída de su antiguo esplendor; 
pero las mas justamente célebres canean las victorias de los 
cristianos sobre los turcos que habian sitiado a Viena i que 
fueron derrotados por el rei de Polonia, Juan Sobieski. 

12. — La literatura italiana del siglo XVII es mui rica en 
poemas didácticos. Diversos poetas cantaron la filosofía 
moral, el arte de la navegación, el cultivo de la seda, i has- 
ta los principios de la versificación. Pero entre todas las 
obras poéticas de alguna estension, son las epopeyas bur- 
lescas las mas justamente célebres. 

La mas famosa de todas es el Cubo robado (la Secchia 
rápita) de Alejandro Tassoni. Nacido en Módena (1563) i 
muerto en 1635, Tassoni desempeñó en su patria impor- 
tantes destinos i escribió varias obras, de las cuales el poe- 
ma mencionado es la mas famosa. El asunto está tomado 
de lino de los recuerdos históricos de Módena. 

En una de las numerosas guerras del siglo XIII, los mo- 
deneses penetraron a mano armada en Bolonia i tomaron 
un cubo qué encontraron atado a la cuerda de un pozo ea 
meíjio de la ciudad, llevándi)lo al campanario de la cate- 
dral de Módena, donde lo conservaron hasta el siglo XVII 
como un trofeo militar. Sobre este asunto, mui favorable 
para la burla, el poeta ha escrito doce cantos épicos, en que 
ha sabido aplicar con buen éxito, el estilo heroico a los ob- 
jetos mas lijeros i mas ridículos, i mezclar lo grotesco a lo 
serio. Tassoni, no contento con celebrar todos los inciden, 
tes burlescos a que da lugar este asunto, introduce también 
a los dioses del Olimpo, que se interesan en tomar parte en 
la guerra accediendo así a las súplicas de los belijerante*S; 
pero aquellos aparecen en la escena revestidos de un carác- 
ter grotesco (jue da a la obra un sabor especial. Dotado de 
un espíritu injenioso i sin hiél, de una graciosa facilidad, de 



LITERATURA ITALIANA 337 



una alegría Hjera, i empleando una versificación cuidada, el 
poeta casi hace olvidar algunas trivialidades de su obra i 
ciertos pasajes poco noble. Al lado de ella, los otros poe- 
mas burlescos italianos compuestos en ese mismo siglo, ca- 
ái son desconocidos. 

13. — La comedia italiana de esta época deja ver también 
los síntomas de la decadencia literaria. No hablamos aquí 
de la ópera o drama en música, cuyo primer ensaN'o fué re- 
presentado en 1594., i que tomó gran desarrollo en el siglo 
siguiente. En jeneral, las comedias italianas de este tiempo 
compuestas con el solo objeto de agradar al populacho, no 
se elevaron mas allá de la farsa, en que los puntapiés i los 
golpes que se dan los personajes ocupan el primer lugar. El 
gusto de lo estraordinario i de lo maravilloso rompia toda 
unidad en la acción aun en las piezas serias. Veíanse en 
ellas monstruos, combates, muchedumbres de pueblo, ca- 
rros que corrian en la escena tirados por caballos verdade- 
ros, en fin, todos los resortes que en nuestro tiempo ha 
puesto en juego la escuela romántica. 

14-.— Esta afectación literaria, ese falso brillo que con 
tanto anhelo buscaban los poetas, invadió también la ora- 
toria i casi todos los jéneros en prosa. Los prosadores bus- 
caban ante todo los efectos de palabras, los pensamientos 
rebuscados i sorprendentes, los jiros inesperados; pero hubo 
algunos de ellos que, apartándose cuando era posible de ese 
mal camino, dejaron obras duraderas. Vamos a ocuparnos 
lijeramente de' tres de ellos. 

Galileo Galilei, nacido en I^isa en 1564, enseñó las mate- 
máticas en Florencia i en Padua, inventó curiosos instru- 
mentos de observación, tales como el péndulo i el telesco- 
pio, i cultivó las ciencias aplicando a su estudio el método 
esperimental. Así fué como llegó a probar la verdad del sis- 
tema planetario de Copérnico, quien medio siglo antes ha- 
bía anunciado que la tierra jiraba al rededor del sol. No es 
éste lugar (le referir las persecuciones que estos descubri- 
mientos atrajeron a Galileo, ni la retractación que se vio 
obh'gado a hacer para recobrar su libertad. Juzgado sim- 

TOMO IV 22 



338 NOCIONBS DB HISTORIA LITERARIA 

plemente como escritor, el sabio materna tico se recomienda 
por la pureza del estilo, por una elocuencia fácil i llena de 
gracia, i por un gran vigor de raciocinio cuando combate 
los errores de los pretendidos sabios que en pleno siglo 
XVII vivían aun enredados en las discusiones escolásticas 
Es notable entre otra piezas una estensa carta en que re- 
fiere el proceso que se le siguió en Roma para obligarlo a 
abjurar sus errores astronómicos. Galileo murió en Floren- 
cip en 1641, el mismo año que nació en Inglaterra Isaac 
Newton, uno de los mas portentosos injenios que la ciencia 
haya producido. 

Enrique Caterino Dávila, aunque descendiente de una fa- 
milia española, nació en los alrededores de Padua en 1576. 
Habiendo pasado a Francia de mui corta edad, sirvió en la 
corte de Catalina de Médicis, i después en el ejército de Enri- 
que IV, i tomó parte en casi todas las guerras civiles que 
mantuvieron ajitado a aquel pais en la última parte del si- 
glo XVI. De vuelta a Italia, i después del prolijo estudio 
de todos los documentos, escribió una minuciosa Historia 
de las guerras civiles de Francia de 1559 a 1598. Aunque 
falto de fuerza i de gusto por el excesivo refinamiento. Dá- 
vila escribe con elegancia i rapidez, cuenta los sucesos con 
orden, con claridad i con buen método, i juzga los aconte- 
cimientos i los hombres con una gran frialdad i bajo cierto 
punto de vista filosófica que revelan al discípulo aventaja- 
do de Maquiavelo. Dávila murió asesinado en Verona en 
1(331. 

Pedro Sarpi (15521623), mas conocido con en el nom- 
bre de I"ra Paolo (juc él mismo se dio al abrazar la vida 
monástica, era un fraile veneciano famoso por su ciencia i 
por las escentricidades de su carácter. Sarpi es conocido 
]>articularmente por una Historia del Concilio de Trento, 
obra notable |)or la manera orijinal de esponer los hechos, 
de anudarlos i de juzgarlos, por la elección de los materia- 
les, 1 por un estilo claro, nutrido i agradable, pero escrita 
con espíritu manifiesto de hostilidad a la corte de Roma, lo 
íjue a veces daña a la rectitud del juicio del autor, i lo que 



LITERATURA ITALIANA 339 



ha hecho creer que éste profesaba secretamente ideas calvi- 
tiistas. Para refutar esta obra, el cardenal Pallavicino 
< 1607*1667) escribió otra historia del mismo concilio nota- 
ble por el grande acopio de documentos i noticias i por el 
^rte con que las ha coordinado. 

SIGLO XVIII 

15.— La literatura italiana habia ejercido una grande in- 
fluencia en Francia duranteel siglo XVII, en el siglosiguien- 
te, fué al contrario la influencia francesa la que predominó 
en Italia, e introdujo en ella las ideas filosóficas que enton- 
ces ocupaban todos los espíritus. Ya los italianos habian 
tratado de operar una reacción contra la escuela de Mari- 
ni, para volver a la lengua su elegante sencillez. La reina 
Cristina de Succia, después de haber abdicado su corona, 
se habia establecido en Roma, i en 1690, reunió en el pala- 
cio de Corsini una sociedad de sabios i de literatos con el 
nombre de Arcadia romana. Sus miembros, hombres i mu- 
jeres, eran inscritos con un nombre de pastores griegos, i al 
principio concurrian a las sesiones con el traje de pastores 
de Arcadia. Para corresponder a su título, los arcades cul- 
tivaron esclusivamente la poesía pastoral; i en breve no se 
vio en toda la Italia mas que poetas bucólicos que aumen- 
taban de una manera sorprendente las églogas, los idilios i 
ios sonetos, perdiendo al cabo toda orijinahdad. Pero si es- 
ta sociedad no se distinguió mucho por las obras que pro- 
dujo, prestó grandes servicios depurando el gusto, i volvien- 
do al estilo la sencillez que habia perdido. La influencia 
francesa vino en breve a consumar esta revolución. 

Esta influencia de la escuela filosófica no se hizo sentir 
solamente en las ideas sino también en el estilo. Los auto- 
res itaHanos tomaron de ella la elegante precisión; el jiro 
natural, vivo i feliz de la frase, i fueron hasta aumentar su 
propio idioma con numerosos neolojismos. Compusiéron- 
se entonces ademas grandes trabajos de crítica sobre la len- 
gua, que demostraron su valor intrínseco i las ventajas 



340 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 

de la naturalidad para dar brillo i realce en los pensa- 
mientos. 

No fué menor la importancia de esta revolución por 1í>- 
que toca al fondo de las grandes obras que entonces se com- 
pusieron, Juan Baustista Vico, filósofo napolitano (1664 — 
1744), fundó en Italia la filosofía de la historia, buscándole 
una base indestructible en el estudio de la sociedad, i pro- 
bando que el escepticismo razonado es uno de los medios 
mas seguros de investigación. Estos estudios aplicados por 
algunos hombres de un mérito sólido, produjeron en breve 
una notable literatura histórico filosófica. 

16. — La revolución se hizo sentir en el drama antes que 
en cualquier otro jénero de bella literatura. La ópera, com- 
puesta de drama i de música, estaba por esto mismo es- 
puesta a dejenerar. En efecto, a principios del siglo XVIIL 
la música habia dominado de tal suerte que la parte litera- 
ria había sido completamente sacrificada. Apostólo Zeno 
(1568 — 1750), literato veneciano de una inmensa erudición, 
emprendió una reforma que se creia necesaria; i aparte de 
muchas otras obras de diferentes jéneros, escribió sesenta i 
tres piezas dramáticas, trajedias, comedias, óperas, etc. 
Admirador de los griegos i de la trajedia francesa, trató de 
asuntos griegos según el método clásico de los grandes 
trájicos franceses. Aunqne mui poco orijinal de ordinario, 
i aunque ha revestido de cierta monotonía los asuntos que 
trata, Zeno puede considerarse como el iniciador de la re. 
forma en el arte dramático. 

Casi en la misma época, otro poeta de grande ilustración 
también, Escipion Maffei (1675 — 1755), caballero noble de 
Verona, autor de algunas obras históricas i de un tratado 
crítico sobre el teatro, compuso una trajedia que hizo gran- 
de impresión en toda Italia. La Mérope, tal es su título, 
tiene por objeto probar que un asunto trájico no necesita 
del amor para interesar a los espectadores. El autor ha 
descuidado algo la forma esterior de su obra, i ha multipli- 
cado los acontecimientos haciéndolos confusos e inverosí- 
miles; pero estos defectos están compensados por el interés 



LITERATURA ITALIANA 341 



siempre creciente que exita entre los espectadores una an- 
siedad continua. 

17.— Los nombres de Zeno i de Maffei, aunque familiares 
todavía para los literatos, han perdido mucho de su popu- 
laridad aun en la misma Italia. No sucede lo mismo con 
otros tres poetas dramáticos, que consumaron la revolu- 
ción literaria. Queremos hablar de Metastasio, de Goldoni 
i de Alfieri. 

Perí) Antonio Trapassi, mas conocido con el nombre de 
Metastasio, que él mismo se dio ^ nació en los estados de 
la iglesia en 169S, de una familia de artesanos; pero reci- 
bió una esmerada educación bajo el amparo de un podero- 
so protector, que al fin le dejó en herencia toda su fortuna. 
Desde mui joven, Metastasio cultivó la poesía dramática 
con jenio fecundo, imajinacion lijera i sensibilidad delicada. 
Brilló poco en el jénero trájico, que era el que estimaba 
mas; pero no tiene rival en el drama lírico, que elevó a la 
mayor altura a que ha alcanzado jamas. Colmado de 
aplausos en Italia i en Francia, vivió, sin embargo, en la 
corte de Viena, donde los 'emperadores Carlos VI i José II 
lo honraron con los favores mas distinguidos a que haya 
podido aspirar literato alguno, sin perder por un instante 
su modestia i su sencillez habituales. Allí murió en 1782, 
a la edad de ochenta i dos años. 

Metastasio ha dejado, ademas de un gran numero de 
idilios, de elejías i de sonetos, sesenta i tres trajedias líricas 
u óperas, doce oratorios o melodramas sagrados, cuyos 



1 El nombre de Trapassi significa cambio. El poeta tradujo 
«sta palabra en griego i se llamó Metastasio. Este jénero de va- 
riación de nombres no ha sido raro entre los literatos i los sabios 
europeos después del renacimiento. Gerardo Kaufmíinn, célebre 
jeógrafo alemán (1512—1594?) cuyo apellido significa mercader^ lo 
tradujo al latin i se llamó Mercator, con que es justamente cono- 
cido por haber inventado una proyección orijinal para la cons- 
trucción de las cart«s jeográficas. El famoso Erasmo de Roter- 
dam, uno de los mas ilustrados sabios de la época del renacimien- 
to (14-67-1536), tomó este nombre del griego, traduciendo a este 
idioma su nombre Desiré, que significa De^eado 



342 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 

asuntos son tomados regularmente de las sagradas escri- 
turas, i cuarenta i ocho cantatas, poemas cortos compues- 
tos de recitados i de canto, en que el recitado espone el 
asunto i el aria cantada espresa el sentimiento que ese 
asunto hace nacer. "La reputación de Metastasio, dice el 
famoso crítico alemán Guillermo Schlegel, ha oscurecido la 
de Apostólo Zeno, porque proponiéndose un mismo objeto» 
aquél tuvo un talento mucho mas flexible i supo doblegar- 
se mejor a las conveniencias de la música. Una pureza per- 
fecta en la dicción i una gracia i una elegancia sostenida 
han hecho mirar a Metastasio por sus compatriotas como 
un autor clásico, i por decirlo así, como el Racine de la Ita- 
lia. Tiene sobre todo una suavidad encantadora en los 
versos destinados al canto. Jamas poeta alguno ha poseído 
quizá en el mismo grado el don reunir en un estrecho espa- 
cio los rasgos mas conmovedores en una situación pato- 
tica. Los monólogos líricos, al fin de las escenas, son la 
espresion armoniosa mas concisa i mas exacta a la vez, de 
una disposición del ánimo. Es menester, sin embargo, con- 
venir en que Metastasio no pinta las pasiones mas que bajo 
colores mui jenerales, no da a los sentimientos del corazón 
nada que pertenezca al carácter individual ni a la contem- 
plación universal. Así, sus piezas no son concebidas vigo- 
rosamente..: Cuando se han leido algunas se las conoce a 
todas. Es menester, sin embargo, no ser mui severo: lo?, 
héroes de Metastasio son galanes, es verdad: sus heroinas 
llevan la delicadeza hasta la exajeracion; pero quizá no se 
ha censurado esta poesía afeminada, sino porque no se 
pensaba en la naturaleza de la ópera." 

18. — Carlos Goldoni, el mas célebre poeta cómico de Ita* 
lia, nació en Venecia en 1707. Arrastrado por una inclina- 
ción irresistible hacia el arte dramático, desdeñó las diver- 
sas carreras a que quiso dedicarlo su padre i se contrajo 
sólo a trabajar para el teatro. Dotado de un espíritu sagaz 
i observador i de una fecundidad verdaderamente prodijio- 
sa, Goldoni compuso cerca de ciento cincuenta piezas. La 
gran variedad de los asuntos que trata le ha suministrado 



LITERATURA ITALIANA 34i^ 



la ocasión de poner en escena todas las clases de hombres 
desde la jente de corte hasta el populacho, i de represen- 
tarlos tales como eran en su país i en su tiempo. Ya son 
escenas domésticas, familias pintadas en el interior; ya es- 
tados de la sociedad i de los hombres públicos, representa- 
dos en sus funciones; i ya caracteres particulares sea de 
hombres, sea de mujeres en situación que los hacen resal- 
tar; éstas son las mas numerosas, porque la comedia de 
carácter era el objeto principal de sus trabajos. Goldoni 
no se limitó sólo a este retrato de las condiciones sociales: 
puso también en escena a algunos hombres célebres en las 
letras, como Terencio, Moliere i el Tasso, con los rasgos 
jenerales que pueden convenir a todos los hombres de esta 
clase i las pasiones a que están sujetos o que se suscitan a 
su alrededor, i con los rasgos-particulares del carácter i de 
la vida del grande hombre que se exhibe en el teatro. 

Se ha llamado a Goldoni el Moliere italiano; i en efecto 
ha llevado a cabo en el teatro italiano una revolución se- 
mejante a la que consumó el gran cómico francés, reem- 
plazando las farsas burlescas por verdaderas comedias de 
intriga i de carácter. Sin embarí^jo, no tiene ni el jenio ni 
la fuerza de concepción de Moliere, a quien habia tomado 
por modelo, i que sin duda le sujirió los medios de abrir 
un nuevo camino a la literatura cómica italiana. Goldoni, 
por otra parte, componía sus obras rápidamente, i esta 
rapidez ha dañado con frecuencia a la pureza de su lengua- 
je por el empleo de espresiones impropias i de jiros vicio- 
sos. 

Estos defectos le acarrearon críticas amargas e injustas 
de algunos de sus compatriotas. Sus piezas fueron paro- 
diadas, al mismo tiempo que se le hacia una guerra cruel 
de epigramas. Goldoni no pudo soportar estos ultrajes i 
se retiró a París, donde murió en 1791, después de treinta 
años de residencia fuera de su patria. 

19. — La trajedia, abandonada por la ópera hasta el tiem- 
po de Maffei, hizo desde entonces vigorosos esfuerzos para 
salir de su postración. Los grandes trájicos franceses del 



344 KOCIONBS DB HISTORIA LITBRARÍA 

siglo XVII fueron los modelos de los poetas italianos. Víc- 
tor Alfieri, nacido en Asti en el Piamonte en 1749, quiso 
innovar todavía, i lo consiguió añadiendo a la poesia un 
jénero nuevo de trajedia. Después de una juventud tempes- 
tuosa i disipada, se decidió a los veinte i seis años a reco- 
menzar sus estudios, buscando en ellos los elementos para 
consumar una reacción contra las ideas literarias predo- 
minantes, que eran nacidas de la escuela clásica francesa. 
Su vida inactiva i desaplicada, se hizo de repente laborío 
sa. En menos de siete años, compuso catorce trajedias i 
escribió muchas otras obras tanto en prosa como en verso. 
Ha tomado el asunto de sus trajedias ya de la mitolojía 
griega, ya de la historia romana o de los acontecimientos 
modernos. 

Alíieri poseia un carácter altivo, elevado, violento, impa- 
ciente, i un instinto de independencia que le hacia aborre- 
cer toda especie de servidumbre i de despotismo. Desplegó 
todas esas cualidades en sus piezas, e inspiró esos mismos 
sentimientos a sus propios personajes, lo que los hace de 
ordinario uniformes. Concibió un sistema dramático en- 
teramente contrario al de Metastasio, en el cual encontra- 
ba mucha molicie: quiso dar a la trajedia esa dignidad que 
le habian dado los griegos, consagrándola a los intereses 
(le su siglo í de su pais para rejenerar por medio de ella al 
pueblo italiano. Imitador, casi a su pesar, del teatro clá- 
sico francés, se somete a la lejislacion clásica mas rigorosa 
por lo que toca a las unidades dromáticas. Sencillo en la 
construcción del drama, casi no admite los golpes de esce- 
na, las sorpresas, los reconocimientos inesperados. Elo- 
cuente i vigoroso en las pasiones fuertes, habla rara vez 
al corazón, i es mas orador que poeta. En sus manos, la 
trajedia queda reducida a los personajes importantes: Al- 
fieri proscribe los personajes subalternos, los confidentes 
ociosos, los amores inútiles. De este modo la acción está 
mas condensada, pero también hai mayor sequedad, i los 
soliloquios se multiplican. El diálogo es rápido i preciso, 
el estilo varonil i sin adornos, el ritmo grave i severo, la 



LITERATURA ITALIANA 345 

dicción algunas veces dura i de un laconismo pretencioso. 
Alfieri trabajaba con una gran constancia estudiaba i pu- 
lia sus obras con particular esmero; i cuando la muerte lo 
sorprendió a los cincuenta i cuatro años de edad, en 1803^ 
ysi dejaba un material considerable que le ha asegurado su 
reputación en la historia literaria de Italia. 

20. — Al lado de estos grandes poetas, figuraron en Italia 
muchos otros de menos mérito, sin duda, pero que poseian 
un verdadero talento i que gozaron de una gran re])uta- 
cion. Cantaron a veces asuntos serios, pero en jeneral 
preferían para sus versos accidentes ordinarios de la vida, 
la burla de un avaro, la muerte de un perro querido, etc. 
Era aquel un siglo de improvisadores en que la poesía era 
considerada jeneralmente como objeto de diversión i de 
placer, a pesar de los esfuerzos de algunos hombres que 
I>ensaron convertirla en un instrumento de moral i de ele- 
vación. 

El mas notable de estos poetas lijeros fué el abate Juan 
Bautista Casti, nacido en 1721 i muerto en 1803. Alumno 
primero i después profesor de un seminario, Casti viajó 
mas tarde por casi toda la Europa, i mereció la protección 
de varios soberanos, i particularmente de Catalina de Ru- 
sia i del Emperador de Alemania José II, que le aseguró 
una considerable pensión vitalicia. Casti escribia en verso 
con una facilidad verdaderamente maravillosa, aunque de 
ordinario con poca elevación. Compuso novelas galantes 
en el jénero de Bocaccio, pero mas licenciosa todavía, dos 
óperas cómicas, una parodia de la conjuración de Catili- 
na en que Cicerón es el héroe cómico, i una gran cantidad 
de sonetos sobre asuntos lijeros i con frecuencia licencio- 
sos. Cien de ellos tienen por objeto hacer la burla de un 
acreedor, verdadero o finjido, a quien debia algunas mo- 
nedas. Pero su obra capital es un poema heroico, cómico, 
los Animales parlanteSy que ha gozado de cierta nombra- 
día. No es otra cosa que la fábula esópica desarrollada 
^n poema regular, dirijida sobre todo contra las cortes i 
los cortesanos. Esta alegoría poética i satírica es orijinal i 



346 N0C10B8 DB HISTORIA LITERARIA 



divertida, bien que demasiado prolija i escrita en un estilo 
con frecuencia flojo, que deja traslucir la improvisación. 

Este gusto por la poesía lijera produjo, como debia es- 
perarse, la protesta de algunos críticos de un mérito dis- 
tinguido; pero a pesar de todo, el espíritu de burla rápida 
i superficial fué uno de los caracteres distintivos de la poe- 
sía lírica italiana del siglo XVIII. 

21. — Los prosadores italianos de este siglo fueron mas 
bien eruditos que literatos. Pedro Giannone, abogado na- 
politano (1676—1748), escribió una prolija historia del rei- 
no de Ñapóles; pero mas que a la relación de los aconte- 
cimientos interiores, se contrajo al estudio de las leyes i 
de las costumbres del reino i a todos los puntos que tienen 
relación con la constitución civil i eclesiástica. Su obra 
es mucho mas notable por la investigación que por el arte» 
Luis Antonio Muratori, sabio modenes (1672 — 1750), es- 
tudió la historia de Italia con una gran laboriosidad, re- 
copiló todos los escritores antiguos desde el año 500 has- 
ta el de 1500, facilitando de esta manera los trabajos de 
los que después se han consagrado a la investigación de 
la historia italiana, i compuso por fin los Anales de Italia^ 
obra estensa i prolija que se estima mucho por su impar- 
cialidad i por su exactitud. 

Lo que Muratori habia hecho con la historia civil, lo 
ejecutó con la historia literaria otro escritor igualmente 
erudito e igualmente investigador. Jerónimo Tiraboschi, 
nacido en Bérgamo en 1731 i muerto en 1794, compuso 
una monumental Historia de la literatura italiana, que 
comienza en la historia de los etruscos i se detiene a fines 
del siglo XVI I. A pesar de haber anunciado que queria es- 
cribir sobre la literatura i no sobre los literatos de Italia» 
Tiraboschi se estiende sobre la biografía de los autores res 
tituyendo a cada cual sus obras aunque sean desconoci- 
das o anónimas, determinando las fechas precisas, i dis- 
cutiendo con grande erudición algunos puntos de historia 
literarin intrincados i oscuros; pero entra poco en el exa- 
men de las obras, no hace conocer sus opiniones i su mé- 



LITEUATURA ITALIANA 347 



rito relativo, i nunca presenta un juicio que sea propio al 
historiador. La obra de Tiraboschi es por esto mismo un 
arsenal inmenso de excelentes materiales; que serán estu- 
diados por todos los que deseen conocer a fondo la litera- 
tura italiana; pero no puede considerarse como una verda- 
dera historia literaria. 

22. — No terminaremos esta rápida reseña de los prosa- 
dores italianos del siglo XVIII sin hablar de dos que, aun- 
que inspirados por las ideas filosóficas francesas, supieron 
posesionarse de ellas i dar a sus obras el sello de una ver- 
dadera orijinalidad por la elevación de sus ¡deas i por el 
talento i el vigor con que fueron espuestas. Hablaremos 
de Beccaria i de Filangieri. 

César Bonesana, marques du Beccaria, nació en Milán 
en 1738 i murió en 179+. Fortificado con buenos estudios 
filosóficos i después de haberse señalado como periodista, 
publicó en 1764 un Tratado de los delitos / de las penas, 
libro pequeño, pero que señala el principio de una revolu- 
ción completaen materia de lejislacion penal. En esta obra, 
Beccaria estaca ardorosamente las preocupaciones mas 
arraigadas, condena los procedimientos secietos, la tortu- 
ra, los suplicios atroces; declara inútil i bárbara la pena 
de muerte, pide la abolición del apremio personal, la pro- 
porcionalidad de las penas a los delitos, i la separación 
dei poder judicial i del poder lejislativo. Este libro, obra 
de un corazón sensible i jeneroso, inspirado, como ya he- 
mos dicho, en las doctrinas filosóficas francesas, no descue- 
lla verdaderamente por su orijinalidad, pero está escrito 
con precisión i con vigor, i produjo en todas partes un ar- 
doroso entusiasmo entre las almas liberales i bien inten- 
cionadas, como también acarreó al autor numerosos ene- 
migos entre los partidarios del réjimen vicioso i corrompi. 
do que comenzaba a desplomarse. Fué necesario la inter- 
vención de poderosos protectores para libertar a Beccaria 
de injustas persecuciones. 

Cayetano Filangieri, nacido en Ñapóles en 1752, i muer- 
to en 1788, debe su inmensa reputación a una obra publi- 



348 NOGIONBS DE HISTORIA LITERARIA 

cada en los últimos años de su vida con el título de Cien- 
cia de la lejislacion. Trata en ella de las reglas jenerales de 
la lejislacion universal, de las leyes políticas i económicas, 
de las leyes criminales, de la educación, de las costumbres, 
de la instrucción pública, i por último, de las leyes relati- 
vas a la relijion. **E1 amor a la verdad i al progreso, dice 
Mr. Villemain, que distinguia a Beccaria i a los otros filó- 
sofos italianos, obedeciendo a la influencia francesa del si- 
glo XVIII, se encuentra con mas elocuencia en Filangieri. 
Lejislador filantrópico, piensa que la filosofía debe refor- 
mar las naciones que los gobiernos son demasiado lentos i 
demasiado tímidos en sus reformas. La Ciencia de la lejis- 
lacion es un libro hecho de carrera por un hombre dema- . 
siado joven, para una nación demasiado joven también, 
pero lleno de un sentimiento jeneroso i puro, i de verdades 
practicables. No se limita a describir las leyes existentes, 
sino que no piensa mas que en reformar. Son mui sabias, 
sobre todo las que propone respecto de las le\'es crimina- 
les. Filangieri critica vivamente la constitución política de 
Inglaterra, cosa estraña en una época es que casi todos los 
filósofos presentaban como modelo de buen gobierno al 
gobierno ingles* \ 

23.— Los trastornos que la revolución produjo en Italia, 
el espíritu militar i las ideas de libertad que ella despertó, 
las aspiraciones a la unidad que han sido la consecuencia, 
han tenido, como era natural, un grande influjo en la lite- 
ratura italiana. En el lenguaje, el partido de los puristas 
tuvo una tendencia pronunciada a libertarse de las locu- 
ciones francesas, i a remontar a la frente nacional de Dante 
i de los otros escritores. En poesías se trabó una lucha en- 
tre los clásicos que quedaban fieles a las tradiciones mito- 
lójicas, i U s románticos a quienes el conocimiento de las 
literaturas inglesa i alemana, habia abierto horizontes nue- 
vos. Los puristas han triunfado; pero los estados sucesi- 
vos de opresión i de revuelta, de desaliento i de excitación 
política porque ha pasado la Italia hasta nuestros dias, 
no han dejado a los espíritus bastante calma para adhe* 



literati:ka italiana 349 



rirse fuertemente a las cuestiones literarias, i la querella 
entre los clásicos i los románticos están aun por deci- 
dirse. 

Estas diversas escuelas han producido escritores de mu- 
cha distinción. Así al lado de los puristas i de los clásicos 
se ha colocado Vicente Monti, poeta dramático ferrares 
(1754-1828) cuyas obras son notables por la nobleza de 
los caracteres, la enerjía de los sentimientos i la sencillez 
de la acción, al mismo tiempo que por la elegancia, la 
armonía i la poesía del lenguaje. A la misma escuela per 
tenecen otros dos escritores igualmente distinguidos. Hugo 
Foseólo i Silvio Pellico. El primero, natural de la isla de 
Zanta (1776— 1827), es menos conocido por sus trajedias, 
imitadas de Alfieri, que por sus trabajos de crítica sobre 
los grandes escritores italianos de la edad media, i por 
sus Ultimas cartas de Jacobo Ortiz^ imitación vigorosa del 
Werther de Goethe. Silvio Pellico, poeta i literato pia- 
montes (1788— 1854-), autor de siete trajedias, de varias 
poesías i de un tratado de moral {Los deberes)^ es célebre 
sobre todo por un libro pequeño {Mis prisiones), en que re- 
fiere los sufrimientos de nueve años de cautividad por de- 
litos políticos con una sencillez conmovedora i con la sua- 
ve resignación de un mártir que no ha concebido ningún , 
odio contra sus perseguidores. 

La escuela romántica puede exhibir representantes no 
menos distinguidos. Kl mas famoso de todos es Alejandro 
Manzoni, poeta i novelista milanes nacido en 1784 i muer- 
to en 1873, autor de dos trajedias, de muchas poesías, 
entre las que descuella un canto elejíaco a la muerte de 
Napoleón, i de una novela, Los desposados, cuadro bri- 
llante, animado i concienzudo de las costumbres i de la 
historia del siglo XVII en el norte de Italia. Al lado de él, 
se ha formado una falanje de poetas i de novelistas nota- 
bles por su talento ardiente i vigoroso. 

La historia ha sido cultivada en el siglo XIX con tanto 
cuidado como buen éxito. A parte de algunos sabios que 
han hecho las mas prolijas investigaciones, debemos ter- 



350 NOCIONES [>B HISTORIA LITERARIA 



minar esta rápida reseña consignando el nombre de César 
Cantú, fecundo escritor milancs nacido en 1805. Poeta i 
novelista, es ademas autor de una notable Historut Uni- 
versal i de otra Historia de los Italianos, frutos ambos de 
una estensa I variada instrucción i de un talento fácil i 
metódico para combinar i distribuir los materiales. 



^l^^&í^ i^.í^-1^; 



CAPITULO III. 
Literatura española. 



'^■^^ »Lo XVI.— 1. El renacimiento en España. — 2. Boscan i Garcilaso. 
— 3. Frai Luis de León i Fernando de Herrera. — 4. Oríjenes 
del teatro español. — 5. Primeros autores conocidos. — 6 La 
epopeya: Ercilla. —7. Poesía didáctica; Céspedes. — 8. Novelas 
caballerescas. — 9. Novelas pastorales. — 10. Novelas picares- 
cas. — 11. Historiadores; Hurtado de Mendoza i Mariana. — 
12. Escritores políticos i místicos — Siglo xvii. — 13. Miguel 
de Cervantes Saavedra. — 14. Pon Quijote. — 15. Algunas opi- 
niones a que ha dado lugar esta obra. —16. Lope de Vega. — 
17. Calderón. — 18. Otros autores dramáticos; Tirso de Moli- 
na, Alarcon, Moreto i Roja». — 19. Poetas líricos; Rioja i los 
Arjensola.— 20. Quevedo. — 21. Góúgora: el culteranismo.— 
22. Los historiadores; Solis, Moneada i Meló— 23. Conside- 
raciones jenerales sobre la edad de oro de la literatura espa- 
ñola.— Síglo XYiii.— 24 Influencia de la literatura francesa so- 
bre la española.— 25. Iriarte i Samaniego.— 26. Meléndez Val- 
des, Jovellanos, Cien fuegos i Moratin.— 27. Prosadores; Peijóo 
e Isla — 28. Conclusión. 

SIGLO XVI. 

1. — El siglo Xv^ fué para la España una época de erudi- 
ción, casi de adoración por la antigüedad. Junto con !a 
influencia que ejercieron los poetas italianos del siglo XIY, 
comenzó a hacer sentir la suva la literatura clásica latina, 
que al fin alcanzó un verdadero culto en toda la sociedad 



852 • NOCIOXB8 DB HISTORIA LITERARIA 

ilustrada. Antonio de Lebrija, conocido comunmente con 
el nombre latino de Nebrissensis ^ (1444 — 1522), fué, pue- 
de decirse así, el iniciador de este movimiento. Después 
de diez años de estudios en Italia, aquel célebre erudito je- 
neralizó en España el conocimiento del latin entre los ca- 
balleros i aun entre las mujeres de la alta sociedad. La 
reina Isabel i su hija Juana estudiáronla lengua de Cice- 
rón i de Virjilio. Otros eruditos, italianos en su mayor par- 
te, comunicaron nuevo impulso a este renacimiento. 

Constituida politicamente por la unión de Aragón i 
Castilla, i |K)r la conquista del reino moro de Granada pro- 
tejida por la inquisición contra las convulsiones suscitadas 
por la reforma, i por los triunfos de Carlos V, sobre los 
comuneros contra las rebeliones interiores, la España se 
vio libre de revueltas i pudo contraer todas sus fuerzas a 
dilatíir sus dominios en Italia i en el nuevo mundo. 

A la sombra de este estado de cosas, se desarrolló la li- 
teratura española a principios del siglo XVI; pero casi to- 
dos sus jéneros sufrieron la influencia italiana. La conquis- 
ta (le Ñapóles i del Milanesado inició a los es¡)añoles en el 
conocimiento de las artes i de la literatura italianas. En 
el siglo precedente, Dante i Petrarca no habian sido cono- 
cidos en Castilla mas que de lejos: bajo Carlos V i durante 
los reinados siguientes, la P^spíiña entera, puede decirse así, 
fué en cierto modo a admirarlos en su propia patria. 

2. — Los iniciadores de la revolución que colocó la poesía 
castellana en la huella abierta por la Italia, fueron Bosciii 
i Garcilaso de la Vega. 

Juan Boscan Almogader (1485—1543) era un caballero 
natural fie Barcelona. Repudiando su lengua nativa, la ca- 
talana, se ejercitó desde su juventud en escribir versos cas- 
tellanos en el estilo i en las formas usadas en el siglo XV. 



1 La ciudad de I^ebrija, en Andídiicía, era llamada Xebrissa 
por los romanos. Como este escriior latinizó su ihombre, se dcci.i 
Antonio Nebrissensis; de donde resultó el hábito vulgar de llamar- 
lo Nebrija en lugar de Lebrija. 



LITERATURA ESPAÑOLA 353 

Habiendo conocido en Granada a Andrés Navagiero, em- 
bajador de Venecia i hombre docto en materias literarias, 
éste lo persuadió a que adoptase el endecasílabo italiano i 
a que introdujese en la lengua de Castilla el soneto, la can- 
ción i las otras formas de poesía lírica usadas en Italia. 
Esta conversación, referida por el mismo Boscan, produjo 
el efecto de cambiar las formas déla poesía de todo un 
pueblo. La primera tentativa tuvounéxito inesperado. Los 
versos de Boscan, aunque notables por la corrección i la ar- 
monía, carecen de colorido i poseen cierta rudeza que los ale 
ja del modelo que el poeta se propuso imitar. Aunque Bos- 
can escribía por mero pasatiempo i sin pretender el título 
de reformador, sus poesías ejercieron una grande influencia. 
Garcilaso de la Vega, descendiente de una de las familias 
mas ilustres de España, nació en Toledo en 1503 i sirvió 
en los ejércitos de Carlos V en Italia, en Alemania i en 
África. En la desgraciada campaña del eniperador a Pro- 
venza, Garcilaso fué muerto de una pedrada a la edad de 
33 años en el asalto de una torre que defendia un puñado 
de paisanos. Sin estudios clásicos verdaderamente serios i 
ayudado sólo por su talento i por su gusto, Garcilaso saca 
de repente la poesía española de su infancia, la hace mar- 
char por las huellas de los antiguos i de los modernos mas 
célebres, i adornándola con las gracias i con los sentimientos 
tomados en su propia alma, le da un lenguaje puro, elegan- 
te i armonioso. Sus obras se reducen a treinta i siete sone- 
tos, cinco canciones, una epístola en el jénero lijero, i tres 
í'stensas églogas que fueron representadas en diversas oca- 
siones. Son estas últimas las mas aplaudidas de sus obras. 
"Sus bellos pasajes, dice Quintana, corren de boca en boca 
por todos los que gustan de pensamientos tiernos i de 
imájenes apacibles; i si no es el mas grande poeta castella- 
no, esel mas clásico a lo menos, el que se ha conciliado mas 
aplausos i m^s votos, aquel cuya reputación se ha mante- 
nido mas intacta, i que probablemente no perecerá mien- 
tras haya lengua i poesía castellanas. Los estranjeros le 
llaman el Petrarca español." 

TOMO IV 23 



354 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

Esta revolución iniciada por Boscan i Garctlaso no 
consumó sin oposición. El antiguo sistema conservó p ^^_r- 
ti larios, entre los cuales se distinguen Cristóbal del C ^^^ s- 
t¡llejo(1494? — 1576), autor de algunas comedias de po^cz^o 
mérito, pero poeta satírico notable por la gracia i la na.fc u- 
ralidad. En las que escribió contra los petrarqaistas, EJm.sí 
llamaba a Boscan i a Garcilaso, comparaba la novedad m ^• 
troducida por éstos en la poesía castellana a las predic^ -^" • 
ciones de Lutero; i haciendo comparecer a aquellos en ^^ 
otro mundo ante el tribunal de Juan de Mena, de Jor;;iJ^ 
Manrique i de otros poetas anteriores, ponia en hocRC^^ 
éstos la condenación terminante de la nueva poesía. 

3.— El impulso dado por Garcilaso fué seguido por otrrr:^^ 
injenios de su tiempo, pero todos mui inferiores a él. Pai^ — ^ 
encontrar un escritor en que el arte haga algún progreso ^ 
en que se noten lo^ acentos inspirados i sublimes que con^^- 
tituyen la verdadera poesía lírica, es preciso buscarleen frz. ai 
Luis de León. 

Nacido en Granada en 1527, Luis de León entró m^m^ji 
joven en un convento de agustinos de Salamanca, fué prcí^- 
fesor de teolojía en la universidad de esta ciudad i se ^ra »t 
jeó una gran reputación como comentador de la Bibli^ri. 
Denunciado al tribunal de la inquisición por una esplic*^' 
cion del sentido místico del Cántico de los cánticos, sufrió 
uña penosa prisión de cinco años, durante los cuales ^^ 
tramitó un proceso cjue al fin dio por resultado la declara* 
cion (le su inocencia. Vuelto al goce de su libertad i al Cl^' 
sempefio de sus cátedras, frai Luis de León fué provine! -^^' 
(le su orden i murió en 1591. 

Este ilustre relijioso escribió algunos tratados ascética ^^ 
n()tal)lcs por la |)¡e(lad cristiana i por la pureza de la (1"5 '^'* 
cion i tradujo o imitó muchos salmos de David i las cltI ^^ ^ 
gas (k- A'irjilio; pero es famoso sobre todo como j)(»et -^ 
Alma j)ura, elevada, enérjiea, frai Luis de León une a eí^ti ^ 
dotes una razón vigorosa i una imajinacion ins|»iratl£::^ 
Alimentado en la lectura de la Sagrada Escritura, toin 
de ella sin í|uererIo sus golj)es mas vigorosos. Uniendo 



'i. 






LITERATURA ESPAÑOLA 355 



a meditación asidua de la Biblia el estudio de la antigüe- 
3ad profana, se ha propuesto a Horacio por modelo, i mez- 
rla con orijinalidad a los movimientos líricos del poeta pa- 
cano la suavidad del cristianismo. En Horacio aprendió a 
;cr sencillo en la espresion de los' mas altos pensamientos, 
grande sin énfasis, natural sin vulgaridad. Es el primer 
^oeta castellano que se haya abstenido de imitar a la Pro- 
■renza i a la Italia. Las dos fuentes de que emana su poesía 
íon la relijion i la patria. Sólo cuando Je falta la inspira- 
ción, pierde su colorido; pero aun entonces conserva cierta 
navidad de lenguaje. Entre sus odas, se recomiendan par- 
icularmente la Vida del campo i la Profecía del Tajo, imi- 
adas de Horacio, i la Noche serena i la Ascensión del Se- 
íor, que son de un carácter puramente relijioso. 

El rival de frai Luis de León fué Fernando de Herrera, 
llamado el divino por sus contemporáneos. Nacido en Se- 
villa en 1534, Herrera hizo estudios verdaderamente asom- 
brosos para su tiempo, llegando a familiarizarse con las 
lenguas latinas, griega i hebrea. De su vida se sabe que re- 
cibió las primeras órdenes sacerdotales, que vivió de los 
frutos de un beneficio eclesiástico, i que murió en 1597- 
Sus amigos lo estimaban por su saber, por la amenidad de 
su trato i por sus virtudes. 

Herrera se dedicó, a imitación de los grandes escritores 
antiguos, a formar un lenguaje poético que compitiese en 
pompa i en riqueza con e! que ellos usaron en sus versos. 
I'íi parte física de la lengua estaba ya fijada; pero en ma- 
nos de este poeta, la parte pintoresca recibió grandes me- 
J'>ras. A este esmero añadió el cuidado de agradar al oido 
P^^r medio de la armonía imitativa, haciendo que los soni- 
dos tuviesen analojía con la imájen. Por lo que toca íil 
fondo de su poesía. Herrera dio al amor un tono mas ideal 
í nías sublime convirtiéndolo en una cs[)ccie de relijion, 
^•^cnta de toda intervención de los sentidos i reduciendo 
su actividad a admirar i a adorar continuamente las per- 
fecciones de la cosa amada. Sin embargo, los sonetos i las 
elejías de Herrera, consagrados de ordinario a espresar 



356 N0CI0NB8 DB FU8TORIA LITBRAJUA 

esos sentimientos, hacen sospechar que su amor sea una 
simple ficción poética, porque en ellos se percibe mas estu- 
dio i sutileza que verdadera pasión. Pero su> jenio vigoroso 
brilla en toda su grandeza i con todo su esplendor en la 
oda elevada. Cantando la victoria de Lepanto o la trájica 
muerte de don Sebastian rei de Portugal, Herrera es verda. 
deramente poeta. Su himno a la gran victoria de los cris- 
tianos contra los musulmanes es una obra maestra de no. 
bleza i de vigor. El poeta adopta el estilo bíblico, el tono 
del profeta para cantar dignamente este gran triunfo, que 
en su ilimitado entusiasmo relijioso, atribuye sólo a la pro- 
tección del Dios de los ejércitos. 

4.— En España, como en todos los países nacidos de la 
dominación romana, el arte dramático nació de los restos 
del paganismo conservados por las costumbres populares. 
Las representaciones sensibles del culto caido sobrevivie. 
ron naturalmente a las creencias que aquellas simboliza- 
ban; i largo tiempo después de su conversión al cristianis- 
mo, el pueblo reproducia aun en sus diversiones los cantos 
i losjuegos de las relijiones paganas. En el siglo VI, estos 
restos del paganismo formaban un conjunto de diversiones, 
que era como la representación popular de las pompas del 
antiguo culto. El pueblo gustaba por hábito i por necesi- 
dad de estos espectáculos, cuyo óríjen habia olvidado sin 
duda. El clero, cuyo esfuerzo no alcanzaron a prescribirlos, 
tuvo la idea de santificarlos aplicándolos a las fiestas del 
culto católico: las representaciones dramáticas tuvieron la- 
gar en las iglesias en presencia i con la cooperación de los 
ministros del culto. Representábase, por ejemplo, en la fies- 
ta de la natividad del Señor, el viaje de los reyes magos 
que, conducidos por la estrella maravillosa, iban a Belén a 
adorar al hijo de Dios. 

Al principio, las piezas de este jénero eran compuestas en 
el latin corrompido que hablaban los frailes de la edad media; 
pero luego se introdujeron en ellas algunos cantos en el idio. 
ma vulgar. Este tomó al fin su verdadera importancia: los 
diálogos de los actores, aunque concebidos en su estilo rus- 



LiTEü atura' española 357 



tico, eran escritos en verso. Poco a poco se aplicó esta es- 
{>ecie de drama a los asuntos de la vida ordinaria, abriendo 
así lina vida nueva al arte naciente. Estos fuegos escénicos 
se dividieron naturalmente en dos clases: las representacio- 
nes piadosas i las representaciones profanas. Esta revolu- 
c¡ on efectuada a fines del siglo XV, se operó sin influencia 
estiranjera, sin intervención de la literatura sabia, de suerte 
q-ue la popularidad fué siempre su carácter principal. Los 
dos jéneros, el piadoso i el profano, fueron cultivados hasta 
el siglo XVIII con el mismo celo, con un éxito igual i por 
lo^ mismos autores. 

S. — El primer período del teatro español comprende cua-. 
tro autores principales, cuyas producciones pueden dar una 
id^^ de lo que fué en su principio el arte dramático en aquel 
pa.js. El mas antiguo de todos ellos, Juan de la Encina 
("L -4.68—1534) era un eclesiástico natural de la villa de En- 
cina, en los alrededores de Salamanca, que hizo la peregri- 
nación de la Tierra Santa i que residió largo tiempo en Ro- 
v^Sk, como cantor de la capilla de León X. Comenzó por tra- 
dueir, o mas bien, por parafrasear las églogas de Virjilio; i 
después compuso piecesitas dialogadas en estrofas líricas, 
algunas de las cuales indican la intención de representar o 
mas bien de cantar los tormentos del amor. La mayor phr- 
te de ellas tratan de asuntos relijiosos, relativos a la muer- 
te i a la resurrección del Salvador. Sólo en dos piezas se 
notn un principio de intención dramática. Aunque las pie- 
zas dé Juan de la Encina no sean, en jeneral, mas que ensa- 
yos informes, merece ser mirado como un gran poeta a cau- 
sa de la armonía de su versificación, de la pureza i de la 
elegancia de su lenguaje. Se encuentran en ella trozos de 
qtie las literaturas mas felices i mas avanzadas podrian 
enorgullecerse. 

El portugués Jil Vicente (1480 — 1557) fue amigo i dis- 
cípulo de'Juan de la Encina, i cultivó en lengua españoL'i el 
drama naciente con un verdadero talento. Sus piezas, en 
ctianto a la forma i a laintencion dramática, no son mucho 
lUas avanzadas que la de su predecesor; pero son mas desa- 



858 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

rroUadas, presentan mas detalles, un alcance mas poético i, 
sobre todo, mas variedad en la condición de los perso- 
najes. 

Bartolomé Torres Naharro, contemporáneo de los ante- 
riores, era un eclesiástico natural de un villorrio vecino a 
Badajoz, i vivió algún tiempo cautivo entre los moros de 
Arjel, i pasó sus últimos años en Italia. Este poeta habia 
estudiado a Plauto i parecía imitarlo en sus obras. En efec- 
to, aunque todavía no está creada la acción regular, se per- 
cibe en sus piezas el propósito de agrupar sus invenciones 
al rededor de un asunto principal, i una tendencia manifies- 
ta a trasportar al drama los personajes i los acontecimien 
tos de la vida real. 

En el desarrollo posterior del drama español, tuvo gran- 
de influencia una novela dialogada justamente célebre pu- 
blicad¿i a fines del siglo XV. Es ésta \s.' Celestina, llamada 
así por el nombre de su principal personaje. Celestina es 
una vieja que toma el disfraz de la devoción para cometer 
sus maldades, recorriendo las iglesias i los conventos. Ca- 
listo, caballero gallardo, se enamora de la joven i hermosa 
Melibea i se dirije a Celestina. Esta pone en juego las ace- 
chanzas mas infernales i hace triunfar la seducción. Des- 
j)ues (le muchas aventuras mui bien desarrolladas, Calixto 
se mata saltando una pared; i Melibea, en medio de la ma- 
yor desesperación, confiesa sus faltas a su padre i se preci- 
pita de una alta torre. Esta novela está dividida en vein- 
tiún actos o jornadas; pero no se representó nunca. El ar- 
gumento es mui poca cosa, todo el mérito de la obra con- 
siste en los caracteres i en los detalles, que están llenos de 
vigor, de verdad i de encanto. Son notables, entre otros 
rasgos, los caracteres de los |)ersonajes principales, i las 
sentencias i proverbios que el autor pone en boca de todos 
ellos. Toda la obra ha sido escrita en prosa: la lengua cas- 
tellana no tiene ningún libro escrito en un estilo mas natu- 
ral, inas puro i mas elegante. Esta obra fué impresa mu- 
clias veces sin nombre de autor, i por tanto era atribuida a 
muchos escritores celebres; pero posteriormente un corree* 



í 



LITEKATUHA ESPAÑOLA ¿^59 



tor de pruebas de una imprenta observó que en un prólogo 
en verso puesto al frente de la obra, las letras iniciales de 
cíida verso, unidas entre sí, formaban el nombre de Fernan- 
do de Rojas, que debía ser el autor de la obra. Rojas era un 
allegado que florecía a principios del siglo XVI, i que temía 
C'uic la obra pareciese indigna de la gravedad de su profe- 
sio>n, aun cuando su propósito era correjirlos vicios pintán- 
dcz> los con toda enerjía. Pero cuando los aplausos con que 
fue recibido su libro lo hubieron absuelto en cierto modo, se 
co :K=ifesó autor. Su obra hí\ sido de tal modo celebrada en el 
es fc ranjero, que solo en lengua francesa ha sido traducida 
CL» ^itro veces. 

Usta novela fué cuidadosamente estudiada por un céle- 
bi.-<=± poeta a quien con justicia se proclama el verdadero pa- 
dt-<^ del teatro español. Lope de Rueda, éste era su nombre, 
nc^^MÓ en Sevilla por los años 1500 i murió en Córdoba en 
1^ 137. Fué a la vez autor dramático, miembro i jefe de una 
ctz^ «Tipañía de cómicos, a cuya cabeza recorrió una gran par- 
te de la España dando representaciones. Al principio, com- 
pi^^íso sólo pequeños diálogos que se recitaban en los entre- 
acrtos; pero luego formó comedias sobre un asunto dado, i 
oü xros personajes eran pintados con una rara perfección. Se 
ad «nira principalmente la sal de su burla, la viveza de su 
di^^logo, el jiro castigado de su frase i la armonía del es- 
tilcD. 

El desarrollo del tea ti o nacional español se encontró 
bt~tiscaraente interrumpido por una revolución literariaque 
<*í"í:i.enazaba cambiar para siempre su forma i su fondo. Los 
esii>añoles habían traído de Italia elconocímiento i el gusto 
P^~> r- la literatura clásica, tomaron con pasión el estudio de 
í<^2?^ antiguos modelos, i muchos eruditos se ejercitaron en 
tr^^ducirlos i en imitarlos. Entre 1560 i 1580, se formó este 
tc^^ tro rival del que comenzaba a desarrollarse en P^spaña. 
L^^S5 piezas de esta época pertenecen mas o menos a la imi- 
^^c^ion de las formas antiguas. Unas reproducen los asun- 
tas déla literatura clásica: otras, aunque buscando sus 
a^í^umentos en la historia o en las costumbres modernas. 



360 MOGIONBS DB HISTORIA LITERARIA 

tratan de ajustarse cuanto es posible a las reglas del dra- 
ma antiguo. Todas las piezas de esta época que no son 
simples traducciones no pueden considerarse sino come 
dramas informes en que dominad mal gusto: se ven en ellas 
las imájenes i los lugares comunes de la literatura clásica 
torpemente asociados a los jiros romanescos del teatro es* 
pañol. Estos ensayos de restauración clásica, en que toma 
ron parte algunos poetas de distinción^ entre otros el gran 
Cervantes, se malograron, i el teatro nacional pudo elevar 
se en breve a la altura a que debía alcanzar. 

6.— La grandeza política de la España en el siglo XVI, 
la gloria de tantos triunfos, de tantas conquistas i de tan- 
tos descubrimientos, debia estimular el injenio castellano 
al cultivo de la poesía épica. En efecto, seducidos por el es- 
tudio de la antigüedad que acababa de salir de sus ruinas, 
i por el ejemplo de las grandes composiciones poéticas de 
Italia, algunos versificadores se inflamaron con el laudable 
deseo de inmortalizar en sus versos las grandezas de la pa- 
tria. La España tuvo así mas de cincuenta poemas mas o 
menos estensos destinados a cantar asuntos relijiosos, ca- 
ballerescos, guerreros i ^patrióticos; pero en jeneral sus au- 
tores no compusieron mas que pesadas crónicas en verso, 
vaciadas de ordinario sobre el molde de las grandes epof^e- 
yas italianas, pero concebidas sin jenio i sin ninguna mues- 
tra de ese vigor de imajinacion que distingue al verdadero 
poeta épico. De esta censura debe esceptuarsesólo La Arau- 
cana de Ercilla. 

Don Alfonso de Ercilla i Zúñiga nació en Madrid en 
1533. En su primera juventud, sirvió de paje del príncipe 
real, después Felipe II, a quien acompañó en sus viajes a 
Alemania i Flándes. Hallábase en Londres con el príncipe, 
que habia ido a Inglaterra a celebrar su matrimonio con 
la reina María Tudor, cuando se supo allí la rebelión de los 
indios de Chile, i la muerte del gobernador español de esta 
provincia, Pedro de Valdivia. Preparóse con gran presteza 
una nueva espedicion bajo el mando del capitán Jerónimo 
de Alderete. Ercilla, joven de veinte i un años, ardiente e 



f 



LITERATURA ESPAÑOLA 301 



impetuoso, se enroló en el ejército i se embarcó para Amé- 
'i'íca, no buscando el oro, como la mayor parte de sus cora- 
patriotas, sino un campo en que ilustrar su nombre. Alde- 
irete murió durante el viaje: en su lu^ar, tomó el mando de 
J^s tropas don García Hurtado de Mendoza, el hijo de^ vi- 
x-«i del Perú. A las órdenes de este jefe, Ercilla hizo la glo- 
i^íosa campaña que dio por resultado la momentánea paci- 
ficación del territorio araucano. No es éste el tiempo de 
■-"acordar los incidentes de aquella vida llena de aventuras 
i de peligros que él mismo ha referido en su poema. Vuelto 
^1^1 fin a España, pasó sus últimos años en la corte, pero lle- 
v-^xído una vida en cierto modo alejada de los honores, i 
murió en 1594. 

X^a Araucana es un poema de grande estension. Contiene 
tT-^inta i siete cantos en octavas reales semejantes en su es- 
t:i:""tictura i, aun podria decirse, en su elegancia, a las estro- 
fas de los poetas épicos italianos del siglo XVI. El poeta 
<1 vto, al conocimiento de la literatura de su tiempo, unia la 
í^ctura de las grandes obras poéticas de la antigüedad {:]á- 
s^ca, no ha tomado de ellas mas que ciertos atavíos de for- 
"^^3.; pero no los ha imitado en el arte de la esposicion del 
^í^uiito i de la combinación de la fábula. Comienza por ha- 
^^r una descripción sumaria pero exacta del territorio chi- 
*^iio i de sus habitantes primitivos, tal como podria exijirse 
^"^ lana obra puramente histórica. Voltaire, que juzga este 
í^^^e'ma con notable induljencia, aplaude esta introducción. 
-Bste principio, dice que seria insoportable en cualquier 
^^^i"o poema, es aquí necesario, i no desagrada en un asun- 
^^^ ouya escena pasa en el otro trópico, i cuyos héroes son 
^^-Iv-ajes que nos habrían sido siempre desconocidos si Erci- 
^^ no los hubiese celebrado. El asunto, que era nuevo, ha 
^^Cílio nacer pensamientos nuevos también". El desenvolvi- 
^^^i^tjto de toda la acción, sigue el orden cronolójico de los 
^^c>Titecimientos. La verdad se muestra casi sin accesorios, 
^^^^1 sin personajes ficticios; como si el poema fuese sólo una 
"^^^toria narrada de una manera brillante, pero conservan- 
do siempre su carácter de cuadro fiel de los hechos. El mis- 



NOCIONES OB HISTORIA LITERARIA 



mo Ercílla dice en varias partes de su libro que escfibe sólo 
una historia de verso. 

Este es el carácter esencial de la primera parte de La 
Araucana, que fué publicada en Madrid en 1570. El poeta 
conoció entonces que la simple narración en verso de los 
hechos históricos acabaria por parecer monótona, i se em- 
peñó en sembrar las dos partes restantes de su poema (pu- 
blicadas la segunda en 1570 i la tercera en 1590) de inci- 
dentes creados en su imajinacion í de episodios destinados 
a reanimar el interés. Ercilla inventa entonces la aparición 
de Belona que refiere al poeta la batalla de San Quintin; la 
descripción de la caverna del encantador Fitan, desde don- 
de asiste el espíritu a la batalla de Lepanto; la disputa que 
tienen dos soldados durante una marcha, acerca de la 
muerte de Dido permite a Ercilla, como caballero cumplido, 
defender la virtud de esta reina contra las imputaciones 
calumniosas de Virjilio. Estos episodios, demasiado desli- 
gados del asunto principal, son por esto mismo mui poco 
interesantes. 

La falta de un plan verdaderamente épico hace (|ue la 
acción no llegue a un desenlace como el que debe servir de 
termino a una epopeya. Así es que después de cantar los 
triunfos de los españoles sobre los araucanos, Ercilla refie- 
re sumariamente la rebelión de Lope de Aguirre, llamado 
el tirano, en los valles orientales del Perú, i habla de la 
muerte de don Sebastian, rei de Portugal, lo que le permite 
defender las pretensiones de Felipe II a esa corona. El poe- 
ta termina su obra recordando los desencantos de su vejez, 
i la ruina de sus esperanzas, i anunciando el proyecto de 
consagrar sus últimos días a la penitencia i a la devoción. 

Si todos estos incidentes estraños a la acción no alcm- 
zan a darle la grandiosidad épica, no quitan tampoco a La 
Araucana su mérito indisputable de documento histórico, 
s )bre todo tratándose de sucesos en que el poeta ha toma- 
do ])arte i que no es posible estudiar en otra fuente. Un ob- 
servador medianamente acostumbrado a este jénero de 
investigaciones, descubre sin mucha dificultad la parte 



f 



IJTKUATL'RA KSPANOLA SlJ:] 



ú til para la historia, dejando a un lado los accesorios poé- 
ticos. 

Como conjunto, volvemos a repetirlo, Lh Araucana no 

ess una verdadera epopv^va; pero en los detalles, puede com- 

p^^tircon las mas acabadas obras del arte. Iinladescri¡)cion 

d^ los lugares, Ercilla emplea una precisión elegante i llena 

ti ef* claridad. Rn la narración de los combates desplega un 

^' cii^rdadero vigor poético con rasgos siempre nuevos i ani- 

'^^'i. ados. Algunos de sus caracteres son tríizados con mano 

í^"i ^estra, sobre todo cuando el poeta hace hablar a suspcr- 

^ <^^najes. Algunos de esos discursos son, a juicio de Voltaire, 

^ ^-^^periores a los de los héroes de Homero. Por otra parte, 

''=^>- versificación fluida i armoniosa, la feliz construcción de 

^^ ^ estrofa, a la cual sólo selepodria reprochar cierta pobre- 

^ -^"^en la rima, defecto mui disculpable en una época en que 

'^*^ ' )cran conocidos aun todos los recursos de líi lengua, ha- 

^ ^-^n de este poema una de K'is mas preciadas joyas de la lite- 

^'^ «altura española. 

Aparte de todos estos atractivos La Arnncann ofreceotro 

^ iteres especialísimo. Niice éste del cíirácter noble i elevado 

'^ <?I mismo Ercilla. En efecto, se leen con un verdadero pla- 

^-^ ^er los numerosos pasajes en ((ue el poeta, actor también en 

*^ ^ js sucesos que narra, deja descubrir su carácter siempre 

"*^ "^ííal, sus sentimientos humanos en favor de los indios, i su 

^~Xlma incontrastable en la desgracia. 

7. — Hemos dicho (piecon escepcion de Ln ArnucíninV^^ 

^^^^tros ensayos de poemas épicjs españoles casi no merecen 

^"^ecordarse. Se encuentran a veces en ellos rasgos brillantes, 

^^^i^scenas animadas, versificación cuidada; pero analizados 

^=^n su conjunto, aun los mejores son mal concebidos, desor- 

^ leñados, i tan lánguidos, que es casi imposible terminar la 

lectura de uno de ellos. Casi lo mismo podríamos decir de 

Aos poemas didácticos, contraidos en su mayor parte acon- 

^^ignar las reg!as de la j)oética. DjIk'iuos, sin embargo, hacvr 

^n este jénero otra esce|)cion en favor de Céspedes, i de su 

poema incompleto sobre el arte de la pintura. 

Pablo de Céspedes (153S—1()()S) era natural de Córdo- 



364 NOCIONBS DB HISTORIA LITBRARIA 

ba: hizo brillantes estudios de lenguas i de literaturas clá- 
sicas, cultivó las bellas artes en Italia i fué pintor, escultor 
i arquitecto. Su ciudad natal conserva todavía con orgullo 
algunos de sus cuadros mas famosos. De su obra, que tal 
vez dejó inconclusa i sin correjir, sólo han llegado hasta 
nosotros seiscientos versos distribuidos en armoniosas oc- 
tavas. Estos cortos fragmentos, que ni siquiera tienen uni- 
dad entre sí, no pueden dar idea alguna del plan del poema, 
pero hai en ellos ciertas descripciones como la del caballo 
i la de los útiles que emplea un pintor, que dejan ver un 
verdadero poeta. Es igualmente notable el trozo en que 
celebra a los grandes filósofos i a los grandes poetas, 
cuyas obras duran mas que los monumentos i las ciu- 
dades. 

8 La prosa española llevó también en el siglo XVI su 

marcha de progreso. Empleáronla distinguidos escritoresen 
la novela, en la historia i en las obras morales i políticas. La 
novela, sobre todo, fué cultivada con grande ardor. 

Los romances caballerescos habian comenzado a caer en 
el olvido en Francia, enltaliai en Inglaterra. Las ¡deas mo- 
dernas habian traido consigo nuevas costumbres; i las aven- 
turas estra vagantes i burlescas de los Orlandosi de los Rei- 
naldos eran leidas con gran placer, no ya en las serias epo- 
peyas de la edad media, sino en los ]K)emas cómicosherói- 
cos de la escuela moderna italiana. Sólo la España habia 
conservado íntegras todas las tradiciones caballerescas i el 
entusiasmo militar i relijioso mantenido por el recuerdo de 
la lucha contra los moros. Los romances populares no ha- 
bian cesado de celebrar la memoria de los viejos cristianos, 
vencedores o vencidos combatiendo a los sarracenos. Así se 
esplica cómo nació en este pais, en medio de la decadencia 
jeneral de las ideas i de Ins tradiciones caballerescas, una fa- 
milia de novelas en que los sentimientos borrados en otras 
partes, reaparecían en su enerjía primitiva, con un aire de 
novedad tomado del clima i del suelo natal. 

La mas notable de estas novelas es una que se titula 
Amadis de Caula, publicada en Salamanca en 1519. Por 



LITERATURA ESPAÑOLA 365 



largo tiempo se ha discutido la cuestión de saber quién es 
d autor de este libro, i se le ha atribuido un oríjen portu- 
guez o francés: parece, sin embargo, que sobre una antigua 
novela se formó la obra española; i que ésta bajo* la forma 
en que fué dada a luz pertenece a un escritor castellano lla- 
mado García Ordóñez de Moltalvo, que vivía a fines del si- 
glo XV. Por su fondo es uno de los romances del cielo del 
rei Arturo, cuya escena pasa en su mayor parte en el pais 
de Gales, en Inglaterra. Pero al retocar el libro que le sir- 
vió de base para su novela, Ordóñez de Montalvo lo ha 
adornado de aventuras nuevas, con arengas o discursos 
imitados de los historiadores de la antigüedad, con cartas, 
diálogos i descripciones ajustadas al gusto del renaci- 
miento. El mérito real de este libro es el haber purificado 
este jénero de composición romanesca por un sentimiento 
elevado de delicadeza de la edad media, para traernos al 
umbral de la vida i de la delicadeza de los tiempos moder- 
nos. Aun en medio de la exajeracion de sentimientos indis- 
pensables en esta clase de obras, se encuentra en sus carac- 
teres i en su acción un gran fondo de verdad que hace que 
esta obra haya sobrevivido al torbellino de imitaciones que 
se le siguieron, i que mientras éstas son completamente 
desconocidas, aquella conserve todavía su crédito i su esti- 
mación. Desde el punto de vista del estilo, esta obra merece 
ser estudiada aun como una de las mejores fuentes de la 
lengua española. 

9. — Los antiguos libros de caballerías ofrecian la pintura 
de las costumbres, de los sentimientos i de las ideas parti- 
culares de la edad media. Los inhábiles imitadores de estas 
epopeyas romanescas, condenados a exajerar los defectos. 
de sus predecesores para ofrecer alguna novedad, cayeron 
en inconcebibles estravíos de imajinacion, verdaderamente 
peligrosos para la razón i para el gusto. El público princi- 
pió a cansarse de esas eternas historias de castillos encan- 
tados, de grandes espadas, de jigantes vencidos i de mons- 
truos inmolados. Algunos escritores comenzaron a aban, 
donar el cuadro caballeresco pero como los cuentos han 



:^66 XOCIONBS DE HISTORIA LITERARIA 

tenido siempre tan grande atractivo para el hombre, se 
bascó otro campo, i en lugar de caballeros andantes, los 
héroes de la novela fueron los pastores. 

Es un hecho curioso de la literatura moderna cómo esta 
manía paistoral se apoderó de toda la Europa al terminar 
la edad media i duró casi todo un siglo. La admiración por 
los idilios de Teócrito i por las églogas de Vi rj i lio a la épo- 
ca del renacimiento, produjo en todas partes el deseo de 
imitarlos. 

- Las primeras obras de éste jénero fueron, como hemos 
visto, diálogosen versos adaptables ala representación dra- 
mática; pero en 1504, el poeta napolitano Jacobo Sannazar 
compuso una narración en prosa con el título de Arcadia ,^ 
en que estaban mezclados versos, décimas, sonetos, etc., i 
donde figuraban pastores de fantasía, contando en ella el 
poeta, bajo nombres finjidos, las aventuras de su propia 
vida i sobre todo la historia de un amor des>j;raciado que 
la ocupó toda entera. Esta obra, que tuvo un éxito prodi- 
jioso, estimuló las imitaciones que se le siguieron. La lite- 
ratura española produjo muchos libros de esta naturaleza; 
pero sólo dos de ellos son dignos de que hagamos aquí es- 
pecial mención. 

\^R Diana ilejorje de Monteniayor, publicada en 154-Ó, 
es el mas antiguo de ellos. Su autor '1520-15G4) era por- 
tugués de nacimiento, viajó en Europa como cantor de la 
capilla ambulante de Fcli])e II, i por iiltimo se domicilió en 
España, cuyo idioma cultivó con rara perfección» i donde 
pereció en un duelo. Montcmayor no se inspira en la anti- 
güedad, (|ue 61 desconoce: su modelo es Sannazar. Como él, 
vivió bajo el imperio de una pasión desgraciada; i como C\ 
l)uscó taniÍ3¡en un asunto novelesco e interesante para refe- 
rir sus penas, i contar sus |>r()])¡as íiven turas mezcladas con 
las *!•.* sus aniii(()s. lia efs.*et(), los pasto¡*es de la Diana ocul- 
tan torios ])ersonajes reales, como lo advierte el autor en 
el ()reraci(>: él mismo a])arece bajo el nombre del enamora- 
do i in<.!ancólico Sireno. Esta circunstancia tuvo sin duda 
al;;una influencia en el éxito de esta obra; pero la primera 



LITERATURA ESPAÑOLA o67 

causa de la gran popularidad de este libro, es la admirable 
pureza del estilo. Montemayor pertenece a ese siglo en que 
la imajinacion española, en su primera frescura, no ha sido 
marchitada por el contajio del culteranismo. Es notable, 
sobre todo, la elegancia de los versos de que está sembrada 
la narración. 

La novela de Montemayor no quedó concluida. Otros 
escritores quisieron terminarla; pero sólo una de esas con- 
tinuaciones se acerca al orijinal. Un escritor valenciano, 
Gaspar Jil Polo (1516-1572) dio a luz la Diana enamora- 
da, novela en prosa mezclada de muchos versos, como la 
obra que queria continuar. Jil Polo toma los personajes en 
la situación en que los habia dejado su predecesor; pero 
cambia completamente la acción con habilidad i buen gus- 
to. Así Diana, insensible al amor de Sireno en la novela de 
Montemayor, se enamora apasionamente del joven pas- 
tor, que a su vez se hace indiferente. Al fin una encantado* 
ra consigue reunir a los dos amantes en una pasión mutua. 
Inferior a su predecesor en la invención, Jil Polo cambia sólo 
los papeles sin crear nuevos caracteres; pero la elegancia sos. 
tenida del estilo, la nitidez de la espresÍGn,el brillante colo- 
rido del pensamiento, que ha conservado en la parte poética 
de la novela, constituyen el verdadero mérito de su obra. 

10. — Pista clase de novelas, en que se ejercitaron niuclios 
otros injenios, i entre ellos el mismo Cervantes, no produ- 
jo mas obras notables que las que dejamos señaladas. En 
cambio, los españoles cultivaron con rara felicidad el jéne- 
rc> picaresco, iniájen viva de las costumbres de la España 
del siglo XYI, espresion pintoresca de su estado político i 
civil, de su orgullo en medio de la mendicidad, de sus llagas 
sociales i sobre todo, del espíritu aventurero inherente a la 
raza. La novela picaresca, cuyos héroes son los mendigos, 
los bandid )s, los estudiantes, los jitanos, los espadachines, 
no es una imitación, como jiodrici creerse de los fablianx 
franceses que ins¡)iraron a Boccacio i a otros escritores: es 
una propiedad tan esclusiva de la imajinacion española 
(jue el nombre con (|ue se designa este jénero no tiene tra- 



368 NOCIONBS DB HISTORIA LITERARIA 



duccion ni equivalente en ninguna otra lengua. Nacieron 
de la necesidad de renovar el interés agotado por las estra- 
vagancias monótonas de las novelas caballerescas, i las 
elegancias refinadas de la novela pastoral. Del ideal exaje- 
rado en aquellos dos jéneros, se cayó, buscando la verdadt 
en el realismo de mas baja clase. 

La fantasía de un estudiante de la alta aristocracia 
abrió la carrera en que se precipitaron después de él otros 
escritores de inferior jerarquía. Don Diego Hurtado de 
Mendoza, nacido en Granada en 1503 i muerto en Vallado- 
lid en 1575, fué a la vez diplomático, militar, historiador 
i poeta, i figuró en su época por su ilustre nacimiento, por 
la entereza de su carácter, por su gran talento político i 
por su amor a las letras i a las ciencias. Siendo joven toda- 
vía compuso una novela de corta estension, pero de gran- 
de alcance social, que vio la luz pública sin nombre de su 
autor. Lazarillo de Tórwes, éste es su título, es la historia 
de un niño espósito, mendigo desde su nacimiento, recojido 
por un ciego maligno que se servia de él como de un ins- 
trumento de conmiseración. Las circunstancias de vida lle- 
na de aventuras i de sinsabores, han producido en su cora- 
zón un gran fondo de misantropía: pero la desgracia no lo 
abate; soporta su destino con una resignación filosófica; i 
desde lo alto de su miseria juzga a todo el mundo que lo 
rodea. Ha estudiado sucesivamente todas las clases socia- 
les de su nación: ha mostrado a los nobles con sus orgullo- 
sas miserias, con una capa ostentosa, con una espada de 
la mejor fábrica de Toledo, pero que no tienen que comer, 
que por ser nobles no consienten en ser comerciantes ni en 
tener una profesión, i que prefieren que su lacayo mendigue 
para ellos algunos maravedises; ha pintado el interior de 
los conventos, la codicia de los frailes i los piadosos frau- 
des con que esplotaban al pobre pueblo. Esta novela es un 
verdadero cuadro, o mas bien una serie de cuadros en que 
las figuras se destacan del fondo de las circunstancias, con 
todo el poder de colorido que caracteriza a los pintores es- 
pañoles. Hurtado de Mendoza se ha reido de todo con un 



LITERATURA ESPAÑOLA 369 



bviacn humor que deja traslucir la amargura de una crítica 
acr^rada. 

El nuevo jénero hizo furor: el gusto picaresco tuvo un 
período brillante en la historia de la literatura española, 
I>^To aunque todos los otros ensayos son pálidos al lado 
^l^^I Lazarillo, se produjeron otras obras notables no tanto 
fx^r el fondo satírico como por la amena variedad de las 
'«^ xr enturas. Entre los escritores que cultivaron este ¡enero 
s^ distinguen particularmente Mateo Alemán, escritor an- 
^^xluz que florcciaa fines del siglo XVI, i Vicente Espinel, 
l><^eta de cierta distinción, natural de Ronda (1544 1634). 
Srl primero es autor de Guzman de Alfnrache, i el segundo 
^^ algunas novelas del mismo jénero, la mas notable de las 
^^^ales es El escudero Marcos de Ohregon. Ambas obras se 
^ partan en cierto modo del sendero abierto por Hurtado 
^« Mendoza: la narración ha perdido algo de su naturali- 
dad i de su sencillez; las aventuras están contadas con ma- 
>^or desarrollo i acompañadas de reflexiones morales, algu- 
*XíiS veces difusas e innecesarias. 

11. — En el jénero histórico es donde la prosa española 
Via elevado sus mas hermosos monumentos en el siglo 
XVI. Algunos de sus historiadores fueron hombres de esta- 
do, capitanes célebres, pero casi todos poseyeron notables 
talentos literarios para comprender la belleza artística de 
las obras maestras de la antigüedad i amaron el arte para 
tratar de imitarlo. Pero si la España cuenta muchos his- 
toriadores artistas, posee también un gran número de com- 
piladores. Los reyes nombrabiin un empleado con el tít.Jo 
de cronista que tenia el encargo de escribir la historia de 
8u tiempo; i cuando el descubrimiento del nuevo mundo 
abrió un nuevo teatro a la actividad de los castellanos, se 
creó también el cargo de cronista de Indias. Florinn de 
Ocamp.-), historiógrafo de Carlos V, compuso una Crónica 
jeneral de España, que fué continuada por Ambrosio de 
Morales hasta la reunión de las coronas de Castilla i de 
Aragón. Ambas obras, notables por el conjunto de hechos 
que contienen, están, sin embargo, escritas en poca crítica 

TOMO IV 24 



'ólO NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 



i con desaliño en el estilo. Gonzalo Fernández de Oviedo, 
nacido en Austria en 1478. viajó largo tiempo en America, 
i como cronista de Indias, compuso entre otras obras, una 
notable Historiajeneral i natural de his Indias que sólo ha 
sido publicada por completo hace pocos años. Esta obra, 
aunque algo desordenada en la narración, está concebida 
con un espíritu recto i escrita con una elegante sobriedad 
de estilo. Pero el mas notable de estos cronistas es Jeróni- 
mo Zurita (1512—1581 , natural de Zaragoza, que compu- 
so los Anales históricos de Aragón, con grande acopio de 
hechos no sólo para conocer hi historia propiamente dicha, 
sino también las instituciones políticas de aquel interesante 
reino. 

Aunque esos cronistas conocian mas o menos los gran- 
des modelos de la antigüedad clásica, se puede decir que fal- 
ta el arte en sus obras. Pero otros escritores dieron a la 
historia todo el esplendor a que alcanzó en ese siglo. Don 
Diego Hurtado de Mendoza, de quien hemos hablado pí)co 
antes como novelista, se habia retirado a su ciudad natal. 
Granada, como confinado por el rei, i con el deseo de pasar 
allí sus últimos años, cuando estalló la grande insurrección 
de los moriscos. Mendoza estudió las causas políticas; vio 
que la opresión mas cruel, los ultrajes mas violentos, las 
perfidias mas injustificables ejercidas por la autoridad civil 
i por la inquisición, habian producido la desesperación de 
ese desgraciado resto de los árabes: vio nacer la insurrec- 
ción a la señal del último de los Abencerrajes, estenderse 
rápidamente en las Al puj arras, i los sangrientos combates 
de la lucha, la represión mas sangrienta todavía, la destruc- 
ción de poblaciones enteras i la venta de los vencidos co- 
mo miserables esclavos (15G8— 1570). El noble caballero, 
testigo desa()asionado de esta guerra, recojió todas las no- 
ticias i documentos, i escribió su historia con una grande 
habilidad. Felipe II no toleraba crítica de sus actos: Men- 
doza, no pudiendo pronunciar su juicio, se limitó a consig- 
nar los hechos con toda claridad. La sola arenga que ha 
introducido en su obra a la manera de los antiguos, se en- 



LITERATURA ESPAÑOLA 371 



cuentra en la boca de uno de los principales jefes de la insu- 
rrección, ocultando así hábilmente la censura contra el sis- 
tema empleado por el rei. La Historia de I¿i guerrn contra 
Icjs moriscos de Granada es ademas una obra maestra de 
elegancia histórica. Tomando el asunto por su lado mas 
serio. Mendoza ha querido reproducir la manera de los 
/L^ríiTid-'S escritores de la antigüedad: su modelo es visible- 
nicnte Salustio. Favorecido por el oríjen latino del español, 
i rn i ta los jiros i las sentencias, i algunas veces la concisión 
i li^i.sta la oscuridad del orijinal. Su estilo tiene nn relieve 
í>«^clcroso, un vigor admirable, i con frecuencia cierto énfa- 
s¡25 i cierta pompa que no le sientan mal. A pesar de todas 
**i-*^ precauciones, su obra no obtuvo permiso parala im- 
í^'^^^ion i circuló manuscrita hasta 1610 en que fué |)ubli- 
^^^<rl a. A esta circun'itancia se atribuyen algunas incorrec- 
^*^^> ríes de estilo que se notan en ella. 

^Bnjo un plan mucho mas vasto ha sido trazada la Ws- 
^^-^'^áa jenerul de España del padre Mariana. Nacido en la 
*^*^^c]a(l de Talaveraen 1537, el padre Juan de Mariíma en- 
*-^^ mui joven en la Compañía de Jesús i se hizo famoso co- 
*'*^<'-> profesor en Roma i en Paris. Diversos escritos en que 
■^^^eia ostentación de la independencia de su carácter, i del 
"^^gor de sus convicciones, contribuyeron a darle celebri- 
^* ^d. En uno de ellos en que se trata de la autoridad real, 
T^urtiendo del principio de la soberanía popular, llega a 
'determinar ciertos casos en que es permitido a un simple 
l^articular el dar muerte al depositario de la autoridad, al 
^ei. El otro reveló al público los robos que se cometian en 
'a fabricación de las monedas. Por fin, en otro tratado 
^lesMibria con singular franqueza las desgracias de que es- 
taba amenazada la Compañía de Jesús, si no correjia los 
clesórdenes de su gobierno, sobre lo cual daba buenos con- 
^5ejc>s. Un hombre semejante, a pesar de su prodijioso mé- 
Hto i de sus vastos conocimientos, no jiodia tomar parte 
tíii la dirección de la compañía. En efecto, el padre Mariana 
murió en 162 1, a los ochenta i siete añ.).s de edad, sin haber 
obtenido ninguna de las dignidades de su orden. 



\ 



372 NOCIONBS DE HISTORIA LITERARIA 

Las obras que acabamos de recordar no son las que han 
dado su inmensa fama al pa Ire M iriana. Su gloria descan- 
sa sobre un monumento mas duradero, la Historia jeneraí 
de España, Escribióla primero en latin, lengua en que ha- 
bía compuesto sus otras obras; pero queriendo hacerla 
verdaderamente popular i siguiendo el consejo de algunos 
amigos, la tradujo él mismo al castellano corrijiéndola i 
completándola hasta la muerte de Fernando el católico, en 
1516. Mas tarde le añadió un bosquejo compendioso hasta 
su tiempo. Comprende esta obra la historia de España 
desde los tiempos primitivos i fabulosos en que supone que 
un de hijo Jafet, llamado Tübal, llevó los primeros pobla- 
dores a la península ibérica. Según sus propias palabras, no 
se propuso escribir una historia crítica, ni mucho menos 
detenerse en todos los detalles, lo que le habría impuesto 
un trabajo infinito; quiso solamente adornar con el estilo 
los materiales reunidos por sus predecesores. Si hubiera 
sido necesario comprobar todos los hechos, anadia, se ha- 
brían pasado muchos centenares de años antes que se hu- 
biese ofrecido una historia de España a la curiosidad i a 
la instrucción de sus compatriotas. El historiador ha es- 
crito, pues, como Tito Livio, consignando en su obra todo 
lo que en su tiempo pasaba por historia, ordenando los 
hechos i metodizando la esposicion para darles toda la cla- 
ridad apetecible. Por esto mismo su libro debe ser leido 
con precaución; pero no por esto se le debe considerar in- 
digno de su fama. Mariana sabe dar colorido a su narra- 
ción i vigor a las pinturas de los caracteres. Su estilo es 
noble i puro, sin ninguna mezcla de afectación ni de falso 
brillo. Su gravedad dejenera a veces en aridez, su conci- 
sión en dureza; sus máximas en lugares comunes de moral. 
Pero reina en este vasto conjunto algo de grande i de im- 
ponente que dependa; del arte con que el escritor hace en- 
trar en su obra los hechos mas considerables que han 
pasado en el mundo. Se le ha reprochado la ausencia de esas 
consideraciones jenerales sobre las leyes^ las costumbres, 
las causas de la grandeza i de la decadencia de los impe- 



LITERATURA ESPAÑOLA 373 



ríos que se encuentran en los historiadores modernos; pero 
estas faltas, que nacen del tiempo en que escribió i de la 
manera como entonces se comprendia la historia, están 
compensadas con el buen sentido que ostenta en cada una 
de sus pajinas, con el colorido de que reviste los hechos. 
Bajo este punto de vista, ningún historiador español ha 
igualado todavía al padre Mariana, que por otra parte se 
conserva su obra aun hoi diacomo el modelo del castellano 
clásico. 

12. — Bajo el réjimen despótico a que estuvo sometida la 
España desde el siglo XVI por el absolutismo de los reyes i 
por el terror de la inquisición, no debia esperarse que este 
país produjese escritores políticos ni mucho menos filóso- 
fos. En los siglos anteriores se encuentran espíritus tran- 
quilos vigorosos, que raciocinan sobre la libertad en la ple- 
nitud de su buen sentido, sin calor ficticio i sin declama- 
ción. Desde esta época, la imajinacion parece reemplazar a 
la razón: los escritores tienen que apelar a la novela o a la 
historia para emitir sus ideas, otrabajar sobre palabras, 
porque les están vedados los grandes asuntos. Un gusto 
detestable le hace tomar una metáfora por un pensamiento 
T confundir la elocución con la elocuencia. Juan Luis Vives 
^1492-1540), natural de Valencia, el mas distinguido hu- 
mianista español del siglo XVI, vivió siempre fuera de su 
'j)atria. i ademas escribió en latin. 

Entre los escritores españoles que disertando sobre la 
^«noral i la política, se han elevado a alguna altura, debe- 
^■nos mencionar a Antonio de Guevara i a Antonio Pérez. El 
primero era un fraile franciscano natura'l de la provincia de 
-Álava (1470-1545) que alcanzó el puesto de obispo de Cá- 
^iz. Su obra principal es una especie de novela política i fi- 
losófica titulada Marco Aurelio o reloj de príncipes. Traza 
en ella un retrato fantástico del famoso emperador roma no 
para servir de modelo a Carlos V, ostentando algo de la 
gravedad imponente i varonil de los escritores de la anti- 
güedad, a quienes ha querido imitar, i acompañando su es- 
posición de máximas i sentencias que revelan una intelijcn- 



374 NOCIONER 1>K HISTORIA LITRRARIA 

da habituada a los negocios de estado i un corazón recto. 
Antonio Pérez (1539 1611), el célebre ministro de Felipe II, 
mucho menos puro, pero no menos hábil, ocupa un lugar 
distinguido en las letras españolas por sus Relaciones, o 
memorias históricas con que ha pretendido justificarse des- 
pués de su fuga de España de los cargos que le hacia el rei i 
por los cuales fué sometido ajuicio ante la inquisición. , 

Entre los prosadores españoles que florecían en este si- 
glo, es preciso contar a los escrit')res místicos. Algunos de 
ellos son hasta ahora modelos de estilo; i todos ejercieron 
una poderosa influencia sobre las ideas de su siglo, mani- 
festadas por una notable inclinación ala vida contempla- 
tiva, por la multiplicación de los conventos i de los monas- 
terios, por la grandiosa magnificencia de los monumentos 
relijiosos, i por los tesoros consagra ios a su adorno. Nos 
limitaremos a recordar aquí a los mas famosos de esos es- 
critores. 

Teresa de Cepeda, canonizada por la iglesia con el nom- 
bre de Santa Teresa de Jesús, nació en la ciudad de Avila en 
1515, fué monja carmelita, ocupó su vida en la reforma de 
su orden i en la práctica de las virtudes ascéticas, i murió 
en 1582, dejando un nombre ilustre en la historia de las le- 
tras españolas, i la fama de su santidad consignada en la 
tradición i en numerosos documentos. Santa Teresa escri- 
bió, aparte de su correspondencia, cuatro obras justamen- 
te admiradas por la fe profunda, por la piedad fervorosa 
que respiran i por el tono vigoroso i natural en que están 
concebidas. Las mas notable de esas obras es su propia vi- 
da, escrita no por un impulso de vanidad sino cediendo a 
los mandatos de su confesor. 

Juan de Ávila (15001569), llamado el apóstol de Anda- 
lucía, ha dejado sermones llenos de vida, de ardor i de pa- 
sión; pero que rápidamenee improvisados, dejan mucho que 
desear por lo que respecta a la forma. Fué el amigo de fríii 
Luis de Granada, que aprendió en sus defectos a moderai 
el fuego de su juvenil elocuencia. 

Frai Luis de Granada, relijioso dominico, natural dt 



f 



LITERATURA ESPAÑOLA 375 



Granada (1504-1588), ocupó los mas altos puestos cíe su 
orden i escribió numerosas obras que le han asegurado el 
renombre del primer escritor místico de España. Conocedor 
profundo de la antigüedad, admirador apasionado de Cice- 
rón, ha trasportado a sus sermones algo de la perfección 
antigua. Los críticos españoles lo consideran el primer pro- 
sador de su siglo. Admiran, sobre todo, la abundancia, la 
enerjía, la majestad de su estilo, cualidades que van siem- 
pre acompañadas de la elegancia en la espresion i de la per- 
fección en el período. 

Estos escritores, considerados como modelos de ascetis- 
mo, no se sustrajeron en su tiempo a la desconfianza de la 
inquisición. El terrible tribunal, encargado de mantener la 
pureza de la fe, creyó descubrir en las obras de los mas dis- 
tinguidos escritores místicos españoles tendencias a la im- 
piedad o errores condenables; i de allí nacieron las persecu- 
ciones de que fueron víctimas muchos de ellos. Cuando frai 
Luis de León, frai Juan de Avila, San Juan de la Cruz, San- 
ta Teresa, frai Luis de Granada i otros escritores de piedad 
igualmente acendrada, se atraian las sospechas de la inqui- 
sición, i se acarreaban sus censuras, ¿podria el pensamiento 
elevaise a las rejiones de la filosofía i de las ciencias políti- 
cas i sociales? 

SIGLO xvii 

13 El siglo de oro de la literatura española no es pro* 

piamente el siglo XVL La época de mayor grandeza lite- 
raria comienza entonces, es verdad; pero continúa i se de- 
sarrolla en el siguiente, en que fl orecieron Cervantes, Lope 
de Vega, Calderón i muchos otros injenios de que vamos a 
ocuparnos. 

Miguel de Cervantes Saavedra es sin disputad mas gran- 
de escritor español i el mas popular de todos los escritores 
de cualquier tiempo i de cualquier pais. Su obra capital ha 
sido traducida muchas veces a todos los idiomas de Euro- 
pa, i lo que es mas singular, vertida al latin, puesta en ver- 



37f' NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

SO, en Inglaterra ¡ en Italia, ilustrada por insignes dibu- 
jantes i admirada por los mas grandes críticos. I sin em- 
bargo, un siglo después de su muerte la España no sabia 
nada de la vida de tan ilustre escritor: como sucedia con 
Homero, ocho ciudades se disputaban el honor de haberlo 
visto nacer. Hoi, por fortuna, todas las dudas se han disi- 
pado: la historia de Cervantes es casi perfectamente cono- 
cida; i la España, tardía siempre para premiar a sus inje- 
nios, le ha elevado una modesta estatua, honor que no ha 
alcanzado, según creemos, ningún otro escritor español. 

Nació Cervantes en Alcalá de Henares el 8 de octubre de 
154-7, de una familia noble pero pobre. Hizo sus estudios 
en Madrid, i allí hizo también su primer estreno litera- 
rio a la edad de veinte i ua años, componiendo algunos 
versos en honor de Isabel de Valois, tercera mujer de 
Felipe II, para celebrar su arribo a España. P^sta era la 
época en que el famoso Lope de Rueda representaba sus 
dramas ¡)opulares. Cervantes se aficionó a este jénero de 
espectáculos; i quizá esta circunstancia ejerció una grande 
influencia en su carrera literaria. 

lin 15G9 Cervantes pasó a Italia como avuda de cáma- 
i secretario dei cardenal Aq laviva, que habia ido a Espa- 
ña a preparar una coalición de las potencias cristianas 
contra los turcos; pero arrastrado por su ardor militar se 
embarcó como soldado en las galeras de don Juan de Aus- 
tria, i a su lado se batió heroicamente en la memorablejor- 
nada de Lepanto. Cervantes recibió en la pelea tres heri- 
das, una de las cuales le dejó inutilizada para siempre la 
mano izquierda. Cuando en sus últimos años sus émulos 
le reprochai):in ser m meo, el célebre escritor decia lleno de 
un justo orgullo: **mi mancjuedad no ha nacido en una ta- 
berna sino en la mas alta ocasión (jue vieron los siglos pa- 
sados, los presentes, ni esperan ver los venideros**. Después 
de diversas campañas, Cervantes volvia a su patria cuan- 
do la nave í|ue m )ntal)afué apresada por los corsarios ber- 
beriscos, i llevado a Arjel. Allí sufrió un largo i duro cauti- 
verio durante el cual hizo muchas i mui atrevidas tentati- 



LITERATURA ESPAÑOLA 377 



I vas de evasión. Rescatado en 1580 por los frailes mercena- 
F r-¡os, sirvió todavía como soldado en Portugal i en la es- 
oíaadra del almirante Santa Cruz, en su espedicion en las is- 
las Azores (1584). 

Ea este mism i añ) publicó la primera parte de una no- 

ir^a pastoral, la Gnlatea, que ha dejado inconclusa. En esta 

olDra, escrita a imitación de la Diana de Montemnyor i de 

l^m. dejil Polo, Cervantes ha puesto en escena, bajo los 

rm ombres de pastores, a sí mismo, a su mujer i algunos es- 

c "«"itores amigos suyos. Un estilo puro, descripciones bri- 

' 1 -tintes i situaciones llenas de interés no indemnizan mas 

c^ ^mje en parte la falta de plan i de sencillez, ni hacen desapa- 

I" ^^cer lo que este ¡enero tiene en sí de falso. 

Este HbTo comenzó la reputación de Cervantes. Trabajó 

^ «~» seguida para el teatro tanto por necesidad como por 

ST'^JSto. e hizo representar cerca de treinta comedias i una 

^ '•^ajedia, mas regulares i masmoralesque las de ese tiempo, 

P^^ro igualmente complicada de incidentes romanescos o de 

^'•^ venciones fantásticas. Aunque sus piezas dramáticas son 

^"^^u¡ poco interesantes,' se le puede considerar como el mas 

^ventajado de los escritores españoles que pretendieron re- 

*^<>rmarel teatro con la imitación de las obras clásicas de 

la antigüedad o de la Italia moderna. I.a mayor partf de 

^sas piezas se ha perdido. 

El teatro no proporcionó a Cervantes recursos que ase- 
gurasen su existencia. La aparición de Lope de Vega eclip- 
só su fama casi completamente. En medio de las angustias 
de su situación, solicitó del rei que se le diese alguna ocu- 
pacionen América, **refujio i amparo de los desesperados de 
España", como él mismo decia. Todo lo que pudo conseguir 
fué el cargo de ájente de un comisario de víveres de líi es- 
cuadraen Cádiz i poco después el modesto destino de cobra" 
dor de contribuciones en Andalucía. El provecho que obtu- 
vo en este empleo fué una prisión i un proceso por la pér- 
dida de algunos fondos acaecida contra toda previsión. 
Encargado mas tarde de percibir las entradas de la orden 
de San Juan en los pueblos de la Mancha, Cervantes fué 



378 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

todavía víctima de otra violencia. Los deudores se subk 
varón, sin que la autoridad local quisiese intervenir en < 
negocio; i el cobrador fué puesto en una prisión en el pm 
blo de Argamacilla. Allí fué donde concibió el plan de Do 
Quijote^ cuya primera parte publicó en Madrid en 1605. 

Aunque esta obra alcanzó una gran popularidad al poc 
tiempo de publicada, el resto de la vida de Cervantes fu 
siempre una serie no interrumpida de aventuras i de ni¡s< 
rias. El trabajo era talvez el único consuelo de sus maleí 
Entonces fué cuando escribió sus Novelas ejemplares, cuei 
tos cortos, sentimentales los unos, críticos i picarescos 1< 
otros, que por el buen plan i por la naturalidad del estil 
son considerados como modelos en su jénero. Mientras tai 
to, parece que Cervantes daba por terminada su obra cap 
tal, Don Quijote. Habia dejado a su héroe de vuelta en s 
casa después de sus singulares aventuras; pero en 1614, u 
émulo suyo, que se cree sea el padre dominicano frai Lui 
de Aliaga, dio a luz con el nombre supuesto^e Avellanedc 
una pretendida continuación, en que abundaban las alusic 
nes injuriosas contra Cervantes. DHerminóse entonces éí 
tea publicar su segunda parte (1615) que termina con 1 
sentida muerte de su héroe, digno coronamiento de su obr 
inimitable. Por fin, poco antes de su fallecimiento, Cerv/ír 
tes terminó otra novela, Persiles i Sljismunda, historia n 
cargada de aventuras, verdadero dédalo de hechos dram¿ 
ticos, pero mal coordinados, que sólo es digno de su non 
bre por el estilo. Cervantes murió el 23 de abril de 1611 
sin ver publicada esta novela que era la obra de su vejes 
de su predilección. 

14.— Si no hubiese escrito el Don Quijote, Cervantes oci 
paria un puesto distinguido en la historia de las letras cí 
pañolas; pero esta sola obra le ha dado el alto rango qu 
tiene en la historia de la literatura universal. El objet 
aparente que se propuso Cervantes al escribirla, fué el ri 
destruir las novelas de caballerías de que estaba inundad 
la España: el mismo ha declarado de la manera mas term 
nante este propósito. Ha imajinado para esto la histori 



LITKUATURA E8l»AN(>r,A H7Í) 

de un hidalgo que pierde el juicio con la lectura de esa clase 
de libros, i que creyéndose en la época de los paladines i de 
los encantadores, se resuelve a salir al mundo, cubierto con 
una armadura vieja i mohosa i montado en un mal rocín, 
para correr aventuras, reparar injusticias, socorrer a los 
^>primidos i defender a las damas. Fuera de la caballería, 
<lon Quijote es un modelen de buen sentido i de razón, un 
<c:rítico llení) de sal i de finura, un pensador Rventajadr> i 
profundo. Su estravío mental lo aleja, sin embargo, de la 
^da práctica: sus ojos están fijos sobre su imajinaria Dul- 
cinea del Toboso, su mente no piensa mas que en jigantc^, 
encantadores i paladines. Del contraste completo que exis- 
te entre estas ilusiones de su desordenada fantasía i la ver- 
dad de la vida real, resulta ese conjunto armonioso i agra- 
dable que nos deleita i encanta. El inmenso jigante de cien 
brazos que ve don Quijote es un molino de viento; esos 
innumerables ejércitos venidos de oriente i de occidente que 
están próximos a entrar en combate ¡ cuyos jefes cree reco- 
nocer, son rebaños de pacíficas ovejas; ese castillo de eleva- 
das almenas, rodeado de fosos profundos, es una miserable 
venta; esa brillante castellana, esa princesa encantada, es 
M^aritornes, la mas fea de las sirvientes de una posada; el 
yelmo de oro de Mambrino, quitado por don Quijote en un 
combate singular, es simplemente una bacía de barbero. 

A.I lado del caballero está Sancho Panza, el rústico es- 
^^dero, que no participa de las locuras de su amo, a quien 
acompaña montado sobre un asno, pero que se deja ganar 
poco a poco por sus brillantes promesas. Sancho es la ma- 
teria, la personificación mas natural de la utilidad desear" 
^ada: todas las cualidades del hombre vulgar se encuen- 
tran en su carácter. La bondad, la fidelidad, la sensibili- 
dad que posee en cierto grado, hacen escusar su sensuali- 
dad, su glotonería, su pureza, su egoismo. Estos dos per- 
sonajes se completan el uno al otro, i se hacen resaltar mu- 
damente, de tal manera que no se puede concebir a don 
Quijote sin su escudero i al escudero sin su amo, así como 



380 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 

cada uno está identificado a su cabalgadura: el caballero 
a Rocinante, Sandio a su rucio. 

Tales son los protagonistas de este drama admirable de 
cien actos diversos. Abierta la escena, las aventuras se su- 
ce<len, siempre nuevas i siempre cómicas: ios golpes i los 
accidentes de todo jénero llueven sobre el caballero andan- 
te i sobre su escudero; apaleados, manteados, estropeados, 
conservan toda su serenidad i discuten sobre la injusticia i 
los vicios de los hombres. Don Quijote aplica juiciosamente 
a las circunstancias algunas máxim is filosóficas, i Sancha 
responde al pensamiento de su amo con un rosario de pro- 
verbios. En todas las situaciones, don Quijote conserva su 
caballeresca gravedad; i cuando se trata de asuntos estra- 
ñosalos(|ue han producido su monomanía, desplega un 
juicio admirable i a veces una elocuencia distinguida. Con- 
vertido en gobernador de la ínsula Barataria. Sancho reina 
i juzga como un Salomón de aldea, sin salir jamas de los 
límites (le la mas franca i espontánea naturalidad. 

Alejados como estamos del siglo de Cervantes, nosotros 
no podemos encontrar la clave de las innumeral)les alusio- 
nes que debe contener su libro, i que sin duda fueron jene- 
ralmente comprendidas entonces; pero lo que es de todo 
tiempo, i lo que constituye a nuestros ojos el principal mé- 
rito'de la novela, es la perfecta organización del plan, es Ic^ 
acabado de los detalles, la riqueza singular d¿ los inciden — 
tes, la elegancia i la admirable pureza del estilo, la armonías 
esqjuisita que resulta del contraste de los caracteres, tantea 
principales como accesorias. Cervantes, ademas, pinta coi^ 
una escrupulosa fiJelidad el aspecto del pais, las costum — 
bres de los habitantes, la fisonomía de líis ciudades i de lo^ 
despoblados. 

15. — Hemos vi«to que el objeto aparente que se propuso- 
Cervantes al escribir su libro inmortal fue el de destruir' 
por el ridículo las novelas de caballerías. Talvez éste fué su 
propósito al emprender la obra; pero una vez en el trabajo, 
su imajiuacion se ensanchó, cobró vuelo i se remontó a un 
campo mas vasto. En medio délos numerosos incidentes 



LITERATURA ESPAÑOLA 381 



que sobrevienen al desventurado caballero, Cervantes ha 
sabido introducir sus juicios personales sobre algunas de 
las cuestiones mas importantes de la literatura, de la mo- 
ral i de la política, las reflexionen de todo jénero que en el 
curso de su larga vida habia formado su jenio escrutador 
sobre todas las clases, sobre todos los vicios, sobre todas 
las ridiculeces de la sociedad de su tiempo. Si su obra fuese 
sólo una crítica injeniosa de las novelas decaballerías, aun- 
que hubiese conseguido destruirlas para siempre, estaría 
hoi olvidada, como tantos libros de circunstancias que 
sólo consulta después uno que otro erudito. Es preciso, 
pues, que haya en Don Quijote otro mérito, otro pensa- 
miento, que asegure la inmortalidad que se tiene con- 
quistada. 

No han faltado las teorías especulativas sobre este pun 
to de historia literaria. Se ha creido reconocer en el libro 
de Cervantes un poema inspirado por la Eneida o por la 
Odisea, o por otras obras clásicas. Es evidente, sin embar- 
ga, que Cervantes no ha imitado a nadie, porque los inje- 
nios colosales cuando obran inspirados, no tienen mas 
guia que su propio jenio. Los opiniones que sostienen qtie 
Cervantes ha querido ridiculizar en su obra a Carlos V o 
al duque de Lerma, el valido de Felipe III, no merecen ser 
examinadas. Don Quijote no tiene nada de ese espíritu po- 
lítico amargo i concentrado que respiran otros libros. No 
1108 detendremos en combatir otra opinión que supone que 
Cervantes quizo hacer su propio retrato, refiriendo las 
contrariedades de su vida en una forma alegórica i ponien- 
do sus ideas en boca de don Quijote. 

Pero la crítica filosóAv^^a alemana no se ha detenido en 
la impresión lijera i risueña que resulta de Don Quijote, i 
ha querido ver en esta obra otra cosa mas. Bouterwek co- 
^enzó atribuyendo a Cervantes una idea mas alta que la 
de querer desacreditar las malas novelas de caballerías, 
^^endo que esta seria sólo una intención ocasional i se- 
^ndaria Otro crítico distinguido por su ciencia i por su 
Juicio, Sismondi, se ha encargado de desarrollar i de dar 



382 NOCIONES DE lilSTOIilA LITBRABIA 

cuerpo al pensamiento insinuado por Bouterwek. **Lain 
vención fundamental de Don Quijote, dice Sismondi, ese 
contraste eterno del espíritu poético i del espíritu de la pro 
sa. La imajinacion, la sensibilidad, todas las cualidades je 
nerosas tienden a la exaltación de don Quijote. Los hom 
bres de una alma elevada se proponen en la vida el ser lo; 
defensores de los débiles, el apoyo de los oprimidos, lo 
campeones de la justicia i de la inocencia. Como don Qui 
jote, encuentran por todas partes la imájen de la virtud j 
que rinden culto; creen que el desinterés, la nobleza, el valoi 
que la caballería andante, en fin, reina aun; i sin calcula 
sus fuerzas, se esponen por servir a los ingratos, se sacrifí 
can a las leyes i a los principios de un orden imajinaric 
Este sacrificio continuo del heroismo, estas ilusiones de 1¡ 
virtud, son lo que la historia del jénero humano nos prc 
senta de mas noble i de mas conmovedor...: es el tema d 
la alta poesía, que no es otra co^a que el culto de los senti 
mientos desinteresados... Se presiente ya por que alguna 
personas han considerado a Don Quijote como el libro ma 
triste que se haya escrito jamas; i en efecto, la idea funda 
mental, la moral del libro, es profundamente triste... Cei 
vántes nos pinta en don Quijote un hombre cumplido, 
que, sin embargo, es el objeto constante del ridículo... Su 
empresas mas jenerosas no le producen mas que palizas 
golpes.*' Esta opinión, desarrollada con mucho injenio, lu 
hecho lei durante algún tiempo, en materia de crítica lite 
raria. 

En estas diferentes maneras de apreciar aquella obra in 
mortal, hai mucho de la intelijencia i de las inclinaciones es 
peciales de cada crícico.Cada lectUKíes como un licor que s 
tiñe del color i toma el sabor del vaso en que se sirve. I sii 
embargo, la obra de Cervantes parece no prestarse a esa 
interpretaciones especulativas. Criticando los malos libro 
de caballerías, el escritor se ha dejado arrastrar por su j( 
nio, ha agrupado las observaciones que acerca del mund 
le sujeria su esperiencia, i les ha dado vida por medio d 
una acción tan sencilla como admirablemente llevada a s 



I.ITERATITRA ESPAÑOLA 383 



lesenlace. Es preciso, pues, quitar a Don Quijote ese mérito 
leí velo ¡ del misterio, aun a r¡es«fo de disminuir su valor 
ante algunos espíritus. Cervantes ha hecho una obra maes^ 
tra. «lo una claridad perfecta, agradable, sensata, sin prece. 
líente en la antigüedad, sin reproducción en lostiemj)os mo- 
dernos, sin abrigar, quizá, ninguno de los pensamientos que 
la crítica especulativa le ha atribuido. Pensando hacer un 
libro de circunstancias, su jenio colosal creó un libro para 
lodos los tiempos i para todos los hombres. 

16. — Con.temporáneos de Cervantes fueron los mas gran- 
iles j^'uios que ha producido la poesía española. Cultivaron 
:as¡ todos ellos el drama, i apartándose de los ensayos de 
restauración clásica intentada a fines del siglo XVI, eleva- 
ron rápidamente el teatro nacional a la mayor altura a que 
lebia alcanzcir en manos de Lope de Vega. Como sucede 
siempre, la posteridad ha sido injusta con los antecesores 
Je este poeta, i le ha atribuido el honor de haber trasfor. 
n.'ido el ilrama castelhino croéindo piezas orijinales i dis- 
luestas artísticamente. Sin embargo, en su tiempo la refor. 
na habia sido iniciada por poetas dramáticos que mereceu 
|ue se recuerden sus nombres i sus obras. 

El arte dramático debió sus mas notables progresos a 
ina escuela literaria que se habia creado en Valenciíi, de la 
mal formaban jjarte varios injenios justamente admirados. 
Bl mas famoso de todos fué don Guillen de Castro (1569- 
1631 ), poeta fecundo, (|ue compuso la mayor parte de sus 
)iezas, en particular a(|uellas a que debe su celebridad, an- 
tes que Lope de Vega hubiese alcanzado la soberanía abso- 
uta en el teatro. Talento serio i grave. Castro se propone 
ron mover mas bien que divertir. De todos los escritores 
Iramáticos españoles es el (|ue ha mostrado mas respeto 
> )r las tradiciones de su pais. En ellas encontró un verda- 
loro caudal de ins[)iracion (pie supo esplotar con felicidad. 
^^as mocedades del Cid, su obra maestra, está fundada en 
os romances que contienen esas tradiciones. El drama está 
lividido en dos partes: la primena, que ha imitado i en par- 
:e traducido el célebre trájico francés Pedro Corneille, se de- 



384 NOCIÓNOS DE HISTORIA LITERARIA 

senlaza por el casamiento del Cid con Jimena; la segur 
versa sobre la vida del héroe durante el reinado de don S 
cho i el sitio de Zamora. Son en realidad dos piezas difer 
tes, enlazadas entre sí por la unidad del héroe: el Cid do 
na siempre en la escena. En medio de situaciones altamei 
dramáticas que el poeta sabe encadenar, el honor nacioi 
se encuentra entero con su valor indomable, su fé entusi 
ta, su lealtad incorraptible. El sentimiento del patriotisi 
mas verdadero i mas elevado se ostenta en toda la pieza 
medio de una constante lucha de afectos contrarios/ C 
neille mismo, que lo ha copiado casi fielmente en algui 
escenas, ha quedado en ciertos detalles mas abajo que 
poeta español; peo ha sabido en cambio crear un conjuí 
mas armónico i mas grandioso, porque el jenio sabe en 
aun imitando. 

17.— Las obras dramáticas de don Guillen de Castro f 
ron afamadas dentro i fuera de España; pero la fecundid 
inagotable de Lope de Vega vino a eclipsar con su repu 
cion inmensa la de todos sus antecesores. Nació Lope Fé 
de Vega Carpió en Madrid, el año 1362. A la edad de cin 
años, dicen sus biógrafos i él mismo lo indica, compor 
versos que hacia escribir por otros. En su ciudad natal hi 
sus estudios de gramática i de retórica; pero a la edad 
catorce años, su espíritu inquieto lo indujo a fugarse de 
casa paterna para correr el mundo. Después de haber t 
mado parte en una espedicion a la isla Tercera (una de 1 
Azores), cursó la filosofía en la famosa universidad de / 
cala, por instancias del obispo de Avila que se habia cons 
tuido en su protector. Sus estudios clásicos, sin erabarg 
no fueron nunca completos, como se deja ver en sus obra 
El resto de su juventu 1 fué un tejido de aventuras estrac 
diñarías, algunas de las cuales fueron dos procesos que 
le siguieron por asuntos' orijinados de lances amoroso 
A consecuencia de un fluelo en que hirió a su adversario, s 
frió un destierro a Valencia. Sea por patriotismo o por p 
breza, Lope de Vega se alistó como soldado en la armac 
invencible, dispuesta por Felipe IT contra Inglaterra, i si 



LITERATURA ESPAÑOLA 385 



vio mas tarde como secretario de algunos grandes señores 

-c'spañoles. Viudo dos veces, abrazó la carrera eclesiástica, 

ssin renunciar a la poesía, i sin someterse a la clausura con- 

^^entual. Mas de dos tercios de sus obras dramáticas fueron 

<^ompuestas después que el autor recibió las órdenes sacer- 

^lotales. Parece, sin embargo, que el exceso de devoción 

^rabrevió sus dias. Lope de Vega murió en Madrid en 1635» 

r»- la edad de setenta i tres años. 

Jamas poeta alguno gozó durante su vida de mayores 
cronsíderaciones. Dante, Tasso, Canioens. Cervantes, vivie- 
x"on i murieron oscuramente o tuvieron que soportar una 
vida llena de desgracias. Lope de Vega fué admirado por 
sus contemporáneos, i obtuvo por sus obras grandes su- 
mas de dinero (jue repartía jenerosamente. Cervantes lo lla- 
maba injenio monstruo de naturaleza; cuando Lope pasa- 
ba por la calle, la muchedumbre se estrechaba a su alrede- 
dor; el rei mismo hacia parar su coche para mirarlo, i los 
niños lo seguian en medio de gritos de entusiasta alegría^ 
El nombre de fénix de los injenioSy con que es conocido to- 
davía, resonaba sin cesaren sus oidos. El papa Urbano VIII 
le envió la cruz de Malta con los títulos de doctor en teolo- 
jía i de fiscal apostólico. En fin. el dia de su muerte, sus fu- 
nerales fueron celebrados con una pompa real. Nueve obis- 
pos oficiaron durante nueve dias por el reposo de su alma; 
^cl teatro no se dejó sobrepasar por la iglesia. 

La historia literaria no recuerda una fecundidad mas 
prodijiosa. Se dice que compuso mil ochocientas comedias 
profanas, i cuatrocientas relijiosas. A éstas hai que agregar 
las numerosas obras de otro jénero, poemas épicos i poesías 
líricas, con las cuales se hacen subir sus escritos a la enor- 
"le cifra de veinte i un millones de versos. Se ha calculado 
M^eha debido escribir durante toda su vida, inclusa la ni- 
'*^, el tiempo de sus viajes i de sus correrías militares, no- 
vecientos versos por dia. Un erudito bibliógrafo español 
contemporáneo, don Cayetano de la Barrera, ha reducido 
^-considerablemente estas cifras, manifestando con citacio- 
nes del mismo Lope, que ya en tiempo de éste era común el 

TOMO IV 2ó 



f < 

íO* 









386 XOCIOXBH DE HISTORIA LITBRARIA 



, atribuirle obras que nunca habia visto; pero no por eso la 
fecundidad de este escritor deja de ser un prodijio portento- 
so. El mismo ha dicho que muchas de sus piezas no le cos- 
taron mas de un dia de trabajo '• 

Lope de Vega pretendió a la universalidad en todos los 
jcneros poéticos; pero no sólo en el teatro fué verdadera-* 
mente creador. En los demás se contentó con imitar; i no 
siempre fué feliz. Compuso como el Tasso una Jerusalen 
conquistada, para contar la espedicion de Ricardo Corazón 
(le León a la Palestina, poema que está mui lejos del oriji 
nal. La hermosura de Anjélica, con que quiso continuar 
el Orlando furioso de Ariosto no se acerca siquiera al mo- 
delo. Sus otras epopeyas, sin contar en este número los 
poemas de un carácter relijioso, son la Corona trájica, o 
historia poética de los infortunios de María Stuardo; la 
Circe, ampliación no mui feliz de un episodio de la Odisea, 
i la Dragontea en que celebra la muerte del marino ingles 
IVancisco Drake, a quien maldice con grande enerjia, lla- 
mándolo aborto del infierno. Si en estas obras Lope no fué 
afortunado, cultivó en cíimbio la sátira, la epístola, la églo- 
ga, la letrilla burlesca, la canción tierna, el soneto i el ro- 
mance con rara felicidad. En esta rápida e incompleta enu- 
meración, debemos recordar un ensayo de poema didáctico 
titulado Arte nuevo de hacer comedias: una novela pasto- 
red en verso; la (ratomaquia, poema burlesco dé gran méri- 
to cuyos héroes son los gatos, i dos novelas en prosa. 

Pero para apreciar la grandeza del jenio de Lopede Vega 
es preciso estudiar sus dramas. El ha creado las dos gran- 
des clases de piezas del teatro español, las comedias divinas 
i las comedias humanas. Las primeras versan sobre la vida 
<le algún santo, o son simples ficciones alegóricas cuyos 
|)ersonajes eran la muerte, el pecado, el maometisto elju- 



i Así lo dice en su égloga a Claudio, pñj.^Sl del tomo XXXVIII 
<Ie la BihliotccH (h Autores Españoles de Rivadeneirn. 

"Pues mas de ciento en horas veinticuatro 
Pa,saron de las musas al teatro** 



LITERATURA RSPAÑOLA :Í87 

(leismo, la candad, la justicia, etc., por medio de los cuales 
<?l poeta esplicaba uno de los dogpias de la relijion o un 
principio de la moral cristiana. Estas piezas, que estuvie- 
ron mui en boga en España, i que eran representadas en 
ciertos dias de gran solemnidad relijiosa, son conocidascon 
d nombre de autos sacramentales. Las comedias humanas 
■eran también de dos clases; las unas heroicas, cuyos perso- 
najes i cuya acción son tomados de la historia; las otras 
<le aventuras inventadas a imitación de la vida real i ordi- 
naria. Estas ííltigias, que losespañoles hanelevado a cierto 
grado de perfección, se conocen con el nombre de comedias 
<¡e capa i espada, por los lances que abundan en ellas. En 
esta clase es también en la que mas ha descollado Lope de 
Vega; pero ha tratado con raro talento la historia, las tra- 
diciones relijiosas, los personajes alegóricos, las comedias 
de costumbre, de intriga i de carácter. 

La trama de sus piezas es ordinariamente mui compli- 
cada; las intrigas se cruzan en todos sentidos, los inciden- 
tes se suceden i el desenlace sorprende a todo el mundo. En 
«US comedias de capa i espada hai ciertos caracteres que 
reaparecen siempre pintados con una fidelidad singular, el 
vejete, el galán, la dama, la vieja, el criado i el gracioso. 
Aparte de estos personajes que se repiten en casi todas las 
]»iezas con caracteres casi idénticos, Lope se cuida poco de 
los otros accesorios. Una vez concebida la idea; primera, 
-agrupaba descuidadamente las escenas burlescas i las sen- 
timentales, proseguia su intriga hasta el fin, reuniendo to- 
llos los incidentes que se levenian a la imajinacion; i cuando 
-<reia que la pieza iba a salir mui larga, cortaba brusca- 
Tiiente los nudos que habia formado i casaba a todas las 
|)arejas de amantes que tenia entre las m*anos. En verdad, 
no podia exijirse mas a un hombre que en veinticuatro ho- 
ras debia inventar el asunto de sus piezas, crear los perso. 
Tiajes i versificar sus diálogos. Por otra parte, el público no 
l)uscaba en el teatro mas que los contrastes cómicos, las 
-escenas burlescas i los episodios conmovedores: poco le im- 
1 cortaba que las leyes del gusto fuesen violadas a cada 



388 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 



paso, que los preceptos referentes a las unidades fuesen 
atropellados de una manera chocante. Lope de Vega cono- 
cía esto mismo, i por eso se cuidaba principalmente de 
agradar a los espectadores sin acordarse de las reglas lite- 
rarias ^ . De esta manera, compuso escenas admirables^ 
pero piezas imperfectas i descuidadas en que se descubre la 
precipitación, i por decirlo así, la improvisación. Si hai al- 
gún hombre de quien se pueda decir que es superior a sus 
obras, ese es Lope de Vega. En efecto, dotado de un talento 
creador de primer orden, fijó la forma del 'drama español, 
ejerció sobre la literatura de su patria una influencia in- 
mensa, i compuso obras numerosas que revelan su injenio; 
pero ninguna puede ser citada como modelo. Lope cultivó 
todos los jéneros dramáticos, el cómico i el serio, pero en 
ambos ha sido sobrepujado por algunos de sus compatrio- 
tas. Pero cualesquiera que sean sus defectos, la crítica re- 
conoce en este fecundo poeta al iniciador de una revolución 
literaria que otros consumaron felizmente. Uno de sus mas 
juiciosos biógrafos. Lord Holland, ha dicho con mucha ra- 
zón: **Si Lope de Vega no hubiese escrito, quizá no habrian 
existido jamas las obras maestras deCorneille i de Moliere; 
i si nosotros no conociésemos las obras de éstos, Lope pa- 
saría aun por uno de. los mas grandes autores dramáticos 
de Europa." 

17. — El fénit de los injenios, como se llama todavía a 



1 En su Arte nueio de hacer comedias (páj. 230 del tomo 
XXX VIH de la Biblioteca de Autores Españolea) se encuentran 
estos versos: 

**I cuando he de escribir una comedia 
Encierro los preceptos con cien llaves; 
Saco a Terencio i Plauto de mi estunio 
Para que no me den voces... 



1 escribo por el arte que inventaron 
Los que el vulgar aplauso pretendieron; 
Porque, como las paga el vulgo, es justo 
Hablarle en necio para darle gusto.'' 



LITERATURA ESPAÑOLA 389 



Lope de Vega, fué el modelo de sus contemporáneos i de 
sus sucesores. Sus imitadores, sin embargo, que no tenian 
su jenio, exajeraron sus defectos copiando sus procedimien- 
tos. Pero en el tiempo en que la España perdia su influen- 
cia política, iluminaba todavía al mundo con los últimos 
rayos de su gloria literaria bajo la protección de un rei 
apasionado por el teatro, Felipe IV, poeta dramático él 
mismo, según una tradición jeneralmente aceptada. Otros 
injenios vinieron a desarrollar el teatro español completan- 
do la obra de Lope de Vega. El mas notable de todos, sino 
por otros méritos a lo menos por la fecundidad, es don Pe- 
<lro Calderón de la Barca. 

Nacido en Madrid en 1600, Calderón hizo buenos estu- 
dios literarios, i desde mui temprano dio muestras de sus 
talentos poéticos. Sin embargo, se enroló en el ejército co- 
mo simple soldado e hizo algunas campañas en los Paises- 
Bajos i en Italia, que le permitieron conocer el mundo. Fe- 
lipe IV oyó hablar de sus talentos como autor dramático i 
lo llamó a Madrid en 1636, para ofrecerle los medios de 
representar sus piezas. Desde luego alcanzó una gran popu- 
laridad junto con la protección decidida del monarca. Hizo 
todavía una nueva campaña en Cataluña para sofocar la 
insurrección que habia estallado allí; pero su principal ocu- 
pación fué la poesía dramática que enriqueció considerable- 
mente. Calderón tenia casi la fecundidad de Lope de Vega. 
"Se cuentan entre sus obras 127 comedias, 95 autos sacra- 
mentales i muchas otras poesías no dialogadas. A la edad 
^le cincuenta i un años recibió las órdenes sacerdotales, i 
--<lesde entonces se contrajo especialmente a escribir stis aú- 
llos sacramentales i otras poesía? relijiosas. Murió en 
11681, en el pleno uso de su intelijencia, trabajando hasta 
^1 último dia de su vida i gozando de los aplausos a que lo 
•'licieron acreedor su obras. 

Calderón no intentó grandes mudanzas en punto a las 
í^ormas dramáticas. No aumentó jénero nuevo al teatro, ni 
■~nodicó en cosa alguna importante las formas ya consa- 
gradas por Lope de Vega; en cambio manifestó mas cono- 



i 



390 NOCIONRS DE HISTORIA TJTEKARIA 



cimiento en la combinación de los incidentes, i en la dispo- 
sición del plan. Dio a todo un nuevo colorido, i bien puede 
dtcirse que hastn una fisonomía enteramente nueva. Su 
drama es mas ideal i con tendencias mas poéticas, i por 
consiguiente menos real i positivo que e! de su predecesor. 
Las mismas situaciones i los mismos caracteres reaparecen 
con frecuencia; pero su jenio fértil ha sabido encontrar una 
admirable complicación de intriga en medio de estos resor- 
tes uniformes. Los encantos de una versificación siempre 
elegante i fácil, aunque afeada a veces por el culteranismo^ 
de que hablaremos mas adelante, arrojan un velo sobre los 
defectos de sus composiciones. Sus piezas relijiosas fueron 
las mas admiradas por los contemporáneos de Calderón ;= 
hoi su gloria descansa sobre todo en las comedias de capa 
i espada, tejidos de aventuras recargados quizá, pero con — 

cébidos con tíilento i desenvueltos con grande habilidad 

Algunos críticos han exajerado sin embargo la importan 
cia literaria de Calderón: Guillermo Schiegel ha'llegado ;k^ 
asignarle el primer lugar entre los dramáticos modernos 
En esta opinión del famoso profesor alemán, desarrolladaE= 
por él con bastante estension, debe notarse sobre todo un?^^^ 
parte considerable del espíritu de secta: Schiegel veia em 
Calderón al iniciador del romanticismo moderno, i por es( j 
no ha vacilado en darle un puesto que en realidad no le co ^ 
rresponde. 

18.— Al lado de estos dos grandes astros de la escena es ^ 
pañola, brillaron muchos otros injenios, casi todos ello^ 
menos fecundos que Lope i Calderón, pero entre los cualeí¡==! 
hai algunos que perfeccionaron el arte dramático mediantes 
un estudio mas detenido de los caracteres i de la acción^ 
Hablaremos sólo de cuatro de ellos, que son sin disputa to^ 
mas notables. 

Tirso de Molina, cuyo verdadero nombre es Gabriel Te- 
Hez (1570-1648), fué un poeta mui fecundo, natural de Ma- 
drid. Después de haber hecho buenos estudios clásicos, i 
haber llevado una juventud ajitada, se hizo fraile mercena- 
rio i alcanzó a ocupar algunos puestos elevados en su ór- 



LITERATURA ESPAÑOLA 391 



den. Fué predicador, teólogo e historiador, escribió nume- 
rosas poesías de varios jéneros i cerca de trescientas come- 
dias. De éstas, que en su mayor parte fueron compuestas 
antes que Tirso de Molina se hiciese sacerdote, sólo nos 
quedan setenta i siete que bastan para darlo a conocer. 
Sus piezas históricas i relijiosas no tienen importancia; la 
verdadera orijinalidad de este poeta está en sus comedias 
de intriga i en sus comedias de carácter, de la cual puede 
considerarse el creador entre los españoles. Sus argumen- 
tos se asemejan casi todos; la invención no existe mas que 
en los detalles en los cuales Tirso agrupa hábilmente los 
mas variados incidentes, sin acordarse muchas veces de la 
decencia. Lo que lo distingue sobre todo de sus paedeceso- 
res es la picante vivacidad, los rasgos maliciosos, i la incom- 
parable jovialidad de sus burlas, concebidas casi siempre 
en el estilo mas natural i mas verdadero. A él se debe la 
creación del tipo de Don Juan, el libertino audaz i sacrilego, 
que ha servido mas tarde para la formación de muchos 
dramas i poemas. Tirso lo tomó de las tradiciones popula- 
res de Sevilla, i le dio vida en una de sus comedias mas 
aplaudidas, pero que sin embargo no es la mejor de sus 
obras. 

Donjuán Ruiz de Alarcon nació en Tasco, pueblo minero 
de Méjico, por los años de 1580. Después de haber hecho 
sus estudios en América i en Salamanca, hasta obtener el 
título de licenciado en leyes, llevó la vida de pretendiente 
en busca de algún destino. Residió en Sevilla i en Madrid, 
i como no viera realizadas sus pretensiones, se dedicó a la 
poesía i al teatro, i compuso muchas comedias de carácter, 
veinte de las cuales se conservan i gozan de una justa esti- 
mación. Su jenio violento, su nacimiento americano i hasta 
sus defectos físicos, pues era jorobado, le atrajeron las bur- 
las i las sátiras de algunos poetas contemporáneos. Al fin 
obtuvo el empleo de relator del consejo de Indias, que des- 
empeñó hasta su muerte, ocurrida en 1639. Los dramas 
de Alarcon suponen un estudio notable de las pasiones i de 
los resortes teatrales; pero su orijinalidad se manifiesta 



392 NOCIOMBS DB HISTORIA LITERARIA 



sobre todo en sus comedías, i consiste precisamente en la 
intención filosófica. El ha elevado este jénero literario de 
la pintura esclusiva de las costumbres a la pintura de los 
caracteres. Para esto, renunció resueltamente al interés 
de la intriga que exijia el público español como primera 
necesidad de una obra dramática, para elevarse hasta los 
tipos jenerales de la humanidad. Moralista en medio de 
hombres que tenian imajinacion sobre todo, pretende co- 
rrejir cuando sus contemporáneos querían sólo agradar. 
Alarcon miraba en tan poco la aprobación que podía dis- 
pensarle el vulgo que, en una época en que comentaba la 
corrupción del gusto, se mantuvo fiel a los graneles escrito- 
res del siglo XVI, i escapó casi enteramente al contajio del 
culteranismo, entonces jeneral. Estas circunstancias esplí- 
can en parte el poco aprecio que se hizo de sus comedias, i 
el desden con que lo miraban sus émulos. En efecto, la sen- 
cillez, la claridad, la pureza del estilo de Alarcon, hacen 
olvidar que han pasado dos siglos sobre sus obras. 

Don Agustín Moreto fué natural de Madrid (16181669). 
De su vida casi no se tienen otras noticias que las de haber 
abrazado el estado sacerdotal i haber pasado sus últimos 
años en la mayor austeridad. Aunque los dramas histó- 
ricos de Moreto sean concebidos con talento i escritos con 
vigor, no se debe buscar en ellos el jenio particular de este 
autor. Se le encontrará sí en las comedías en que se propu- 
so desarrollar un carácter particular. Tomaba a veces la 
acción de alguna pieza olvidada o desconocida de sus pre- 
decesores; pero la hacia orijinal en sus manos, porque po- 
seía en alto grado el arte de. la composición. Sus intrigas, 
menos complicadas que las de Calderón i Lope, se anudan 
i desenlazan mas naturalmente. Su estilo por otra par- 
te, es mas sencillo, i en jeneral mas adaptado a la co- 
media. Todas estas circunstancias han hecho que esas 
piezas, aunque no las mas orijinales, sean las mas 
acabadas del teatro español. **Me parece, dice Viardot, 
que si se abriese un concurso entre todos los teatros de 
Europa i fuese necesario representar el de España por 



LITERATURA ESPAÑOLA 393 



una sola pieza, no se podría elejir nada mejor, entre las in- 
numerables riquezas que posee, que la comedia de Moreto 
titulada El desden con el desden, de que Moliere ha hecho 
una imitación descolorida.** 

Si El desden con él desden de Moreto es la mejor come- 
dia española, el mejor drama, en la acepción especial de esta 
]>alabra, es García del Castañar de don Francisco de Ro- 
jas. De la vida de este poeta se sabe sólo que nació en To- 
ledo en 1607, que vivió ordinariamente en la corte, que fué 
caballero de la orden de Santiago i que escribió muchas 
obras dramáticas, de las cuales no todas se conservan. Sus 
autos sacramentales, que son numerosos, casf no son leidos 
-en nuestro tiempo sino por algunos curiosos eruditos. Hai 
piezas suyas que son de una estravagancia i de una afecta- 
ción singulares. Mas tarde se corrijió de estos defectos de 
juventud; i cuando la reflexión concentró las riquezas de su 
injenio, en vez de perderlas en trabajos medio improvisa- 
dos, como algunos de sus predecesores, se contrajo a for- 
mar obras maestras. Algunas de sus comedias de costum- 
bres son justamente estimadas; pero es en el drama propia- 
mente dicho, eh el retrato délas pasiones fuertes i vigorosas 
i de los caracteres elevados, donde Rojas desplega todos 
los recursos de su jenio. 

Pero cualquiera que sea el mérito de todos estos poetas, 
<ís preciso reconocer que el teatro español no ha pintado 
mas que a los españoles. De allí nace su grande importan- 
cia bajo el punto de vista histórico. Revela los sentimien- 
tos mas íntimos de la nación, la galantería caballeresca, el 
espíritu relijioso, el buen humor; pero carece de esa jenera- 
lidad en la pintura de los caracteres; que constituye el pri- 
mer mérito del teatro francés. Al lado de estos defectos, 
ofrece eminentes cualidades, el interés, la invención dramá- 
tica en el tejido de la fábula, i por fin la pasión. El drama 
•español, ademas, aspira siempre a la grandiosidad, i algu- 
nas veces exajera; pero jamas idealiza el crimen, como se 
ha pretendido hacerlo después en otros paises; i se deja 
^tras la naturalidad, no pretende dorar lo que es inmundo. 



894 NOilONRS I>fi HISTORIA LITERARIA 



Los poetas dramáticos de España, por inclinación natural» 
se proponen pintar los grandes sentimientos, los grandes 
sacrificios por un interés de amor, de familia, de patria: el 
honor es el alma del teatro i el Cid su símbolo inmortal. 
Aun la pintura de preocupaciones falsas i hasta peligrosas, 
tiene por escusa el ser las preocupaciones de un siglo, que, 
después de todo, no era mas que la exajcracion de una idea 
moral, respetable en principio. En fin, el arte del diálogo 
fué elevado por esos poetas a un alto grado de perfección. 
Son ellos los que han enseñado ese arte a los grandes auto- 
res dramáticos franceses del siglo de Luis XIV. 

19.— Esta era de prosperidad de la poesía dramática, fué 
como debe suponerse, contemporánea de un gran desarro- 
llo de los otros jéneros literarios. La poesía lírica, sobre 
todo, tuvo todavía mayor número de adeptos que en el si- 
glo anterior. Los romances populares de esta época son 
también mui numerosos, i abrazaron todos los asuntos que 
trataban los antiguos poetas. Muchos de los mas ilustres 
poetas de los siglos XVI i XVII, Lope de Vega, Cervantes, 
etc., rehicieron los antiguos romances, dando a su lenguaje 
formas mas nuevas i mas estudiadas; pero la naturalidad 
de este jénero de composiciones desapareció también en 
parte. 

Pero el mas grande délos poetas líricos españoles deeste 
siglo, i uno de los mas notables que haya producido la Es» 
paña, es don Francisco de Rioja. Nacido en Sevilla por los 
años de 1600, Rioja abrazó el estado eclesiástico desem- 
peñó las temibles funciones de miembro del tribunal de la 
inquisición en Madrid, i obtuvo la protección del famoso 
conde duque de Olivares, a quien sirvió como bibliotecario. 
La desgracia de su protector le acarreó algunas persecu- 
ciones, después de las cuales se asiló en un convento de su 
ciudad natal, donde murió en 1658. Hombre de una vasta 
ilustración, Rioja la empleó, no en revestir sus versos de for- 
mas eruditas, sino en darle toda la perfección apetecible en 
los detalles i en hacerlas sencillas i puras. Sólo se conservan 
algunas de sus obras; pero por su elegancia i por su bueii 



\ 



LITERATURA B8PAÑ0LA 395 



gusto, son consideradas en España como el mejor modelo 
que pueda ser presentado a las meditaciones de la juventud. 
Respiran todas ellas un sentimiento de fílosofía melancóli- 
ca que sabe contenerse en sus justos límites. Aparte de al- 
gunas piezas cortas, recomendables por la armonía i el 
buen gusto, es notable su Epístola moral a Fabio, por la 
elevación de los pensamientos, la solidez de las máximas i 
el vigor de la inspiración. 

La canción a Las ruinas de Itálica, inspirada por el 
recuerdo de la grandeza romana, considerada como el trozo 
mas acabado de todo el parnaso español, i que se atribuyó 
durante algún tiempo a Rioja, fué escrita por Rodrigo de 
Caro, ecleéiástico andaluz mui erudito que dejó algunas 
obras en prosa bastante estimadas.^ 

Inferiores a Rioja, pero también mui celebrados, son los 
dos hermanos Arjensola, jemelos no por el nacimiento, ni 
por la posición que ocuparon, pero sí por el carácter, el ta- 
lento, la instrucción i el estilo. Lupercio i Bartolomé Leo- 
nardo de Arjensola *^ nacieron en Barbastro, en el Aragón, 
el primero en 1565 i el segundo en 1566. El mayor siguió 
la carrera de los empleos en España i en Ñapóles, fué cro- 
nista de la corona de Aragón, con cuyo motivo compuso 
una obra histórica mui apreciable por las noticias que con- 
tiene: murió en 1613. El segundo, Bartolomé, fué sacerdo- 
te, escribió también una nistoria de la conquista de las is- 
las Moldeas por los españoles, i murió en 1631. En los mo- 
mentos en que la literatura española marchaba a su deca- 
dencia por el influjo del culteranismo, loshernanos Arjenso- 
la desempeñaron el papel de moderadores, i sin producir 
obras maestras, mantuvieron el gusto cuando comenzaba 
a perderse. **Sin intentar dismmuir la justa e&timacion que 

1 Caro nació en 1585 i murió en 164-8. V. el Manual de Com- 
posición Literaria, Sección VII, § VI. 

- El apellido de estos dos poetas era Leonardo de Arjensola. Su 
padre, Juan Leonardo, era un italiano de Ravena, i su madre una 
señora aragonesa, llamada Alfonsa de Arjensola. En la literatura 
española son conocidos principalmente con el apellido materno. 



396 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

se debe a los Arjensola, dice Quintana, nos parece que su 
fama es mucho maj-or que su mérito; i que si la lengua es- 
|)año]a les debe mucho por el esmero i la propiedad con que 
la escribiac, la poesía no tanto, donde su reputación está 
al parecer mas afíanzada en los vicios que les faltan que en 
las virtudes que poseen.*' 

20. — Al lado de estos poetas figura uno de los jenios mas 
singulares de la literatura española, cuyo nombre es popu- 
lar en todas partes donde se habla la lengua castellana, i 
cuj'^as obras abrazan casi todos los jéneros literarios. Ha- 
blamos de don Francisco de Quevedo i Villegas. Nacido en 
Madrid en 1580, era por sus conocimientos filolójicos, jurí- 
dicos i teolójicos, un verdadero sabio al salir de la univer- 
sidad de Alcalá. Su vida entera fué un tejido de las mas es- 
t rañas aventuras. En la noche del jueves santo (1600), se 
hallaba en una iglesia cuando un caballero desconocido se 
acerca a una señora i le da una bofetada. Quevedo se hace 
el defensor de la dama ultrajada, provoca al agresor a un 
duelo, i le deja muerto en el pórtico de la iglesia. Obligado 
a huir de las persecuciones de la justicia, Quevedo pasó a 
Sicilia para buscar un asilo al lado del virei duque de Osu- 
na, que era su protector. Como ájente de éste, de«?empeñ6 
diversas comisiones diplomáticas en Italia. De vuelta a Es- 
paña, arrastrado en la desgracia de su protector, a quien 
se acusaba nada menos que de haber intentado hacer inde- 
pendiente el reino de Ñapóles, sufrió tres años de prisión 
( 1620-1623). Llamado nuevamente a la corte, i nombrado 
secretario del rei, se le acusó en breve de ser autor de una 
sátira sangrienta contra el conde-duque de Olivares, i de 
nuevo fué sometido a una dura prisión (1639) en que pasó 
otros cuatro años. Al fin, después de muchas aventuras en 
la corte, en que tuvieron parte las asechanzas que le ten- 
dian algunas damas principales para vengarse de su mor- 
dacidad contra las mujeres, murió en 1645, dejando en la 
historia de las letras españolas uno de los nombres mas 
ilustres que ellas recuerden. 

Ouevedo se ejercitó en casi todos los jéneros, desde la le- 



LITERATURA ESPAÑOLA 397 

trilla hasta la comedia; desde los escritos mas serios de 
moral i de relijion hasta la sátira mas hiriente i mas gro- 
tesca. Su obras serias, entre las cuales se distinguen la Vida 
de San Pablo, la Vida de Marco Bruto i la Política de Dios, 
son notables por la unión de la mas pura moral i délos mas 
elevados pensamientos políticos, pero cuyo estilo está con 
frecuencia empañado por los diversos jéneros de afectación 
que caracterizan a todos los escritores españoles de esta 
época en materias de filosofía i de política. En el jénero sa- 
tírico i con frecuencia burlesco, descuellan El sueño de las 
calaveras, El alguacil alguacilado. Las zahúrdas de Plu- 
ton, publicado primero con el título de El sueño del inñer- 
no, i las Cartas del caballero de la tenaza, ^s famosa igual- 
raen te El gran tacaño o Historia del buscón, novela del jé- 
nero picaresco. En las obras de esta segunda clase es donde 
se debe buscar el verdadero jenio de Quevedo. Allí se en- 
cuentran esos rasgos espirituales, esas ilusiones picantes, 
esas metáforas felices, esas vivas imájenes que han enrique- 
cido la lengua española con una multitud de proverbios fa- 
miliares. Por ellas es uno de los escritores mas populares 
de su patria, donde es conocido i designado como el padre 
de la risa, el tesoro de los chistes, el maestro de la agudeza 
i de la jocosidad. Desgraciadamente, estremado en todo, 
Quevedo no sabe guardar en la elección de sus burlas la me- 
sura del buen gusto, de la decencia, ni aun la claridad en la 
elección de sus espresiones. Su sátira, aunque demasiado 
violenta casi de ordinario, deja ver, sin embargo, una alma 
jenerosa i atrevida que condena los vicios de su tiempo sin 
pensar en los sinsabores que esa crítica ha de acarrearle. 

Las obras poéticas de Quevedo fueron igualmente nu- 
merosas; i es probable que las que conocemos, que casi en 
su totalidad sólo vieron la luz pública después de su muer- 
te, sólo sean una parte reducida de las que compuso. Desde 
luego, sus comedias han desaparecido casi del todo. Las 
demás poesías, así como sus obras en prosa, son de dos jé 
ñeros diferentes: serias las unas, destinadas a asuntos mo- 
rales o filosóficos; lijeras, burlonas i satíricas las otras. En 



398 NOCIONES I>M HISTORIA LITKUAKIA 



/imbos jéneros domina un estilo análogo al de sus obras en 
prosa. Afectado i casi oscuro en la poesía seria, Quevedo 
revela en el jénero burlesco una sal cómica, viva, aunque a 
veces grosera; de ordinario una amargura digna de Juve- 
nal i un injenio prodijioso para agrupar equívocos, retrué- 
canos i alusiones de toda especie, en ocasiones inintelijibles 
para nosotros. Sus sonetos burlescos, imitados del italia- 
no, son los mejores que se han escrit<> en lengua castellana, 
Sus romances, sus quintillas, sus canciones son a veces ini- 
mitables por la gracia i por el buen humor. Pero en todas 
estas composiciones, Quevedo no ha querido contenerse 
siempre en los límites de la naturalidad i del buen gusto, i 
frecuentemente ha llevado la caricatura hasta el exceso. En 
prueba de ello podríamos citar el fragmento de un poema 
i)urlesco sobre el asunto de los amores de Orlando, escrito 
a la manera de Berni, pero tan recargado de estravagan- 
cia que la imitación ha perdido toda la delicadeza i buen 
sabor del orijinal. 

21.— Este inagotable arsenal de burlas fué puesto algu- 
nas veces al servicio de una buena causa. Quevedo quiso 
<lesterrar de la poesía española una pedante afectación, o 
mas bien una estraordinaria cstravagancia de formas que 
en su tiempo estaba mui en boga; i en efecto la censuró con 
amargura, pero sin conseguir el resultado que se proponía. 
El gusto literario pasaba entonces en España por una re- 
volución semejante a la que Marini habia producido en 
Italia; i todos los esfuerzos de injenios poderosos fueron 
impotentes para contenerlo en sus estravíos. 

Se atribuye esta perversión del gusto en España a un 
poeta de verdadero talento, don Luis de Góngora (1516— 
1628). Nacido en Córdoba; Góngora hizo buenos estudios 
literarios i abrazó la carrera eclesiástica para librarse de 
la miseria. Sus primeras obras poéticas, que consisten en 
sonetos, canciones i romances, son notables por la natura- 
lidad i por la gracia, i lo colocan en la categoría de los me- 
jores poetas líricos de España. Pero disgustado^del poco 
aprecio que sus contemporáneos hacían de sus obras, Gón- 



I 



LITBRATIRA KSPAXOLA 3i>9 



;i^ora concibió la idea de crear para la poesía seria un estilo 
'Has elevado, que denominó estilo culto. ** Quiso, dice Lope 
<le Vega, enriquecer el arte i aun la lengua con tales exor- 
'^ liciones i figuras, cuales nunca fueron imajinadas, ni hasta 
stx tiempo vistas". Con este propósito, i mediante todo el 
í^T-abajo iniajinable, formó un lenguaje particular i lleno de 
^^fttravagancias, que desafiaba todas las reglas recibidas 
I > orla lengua española en prosa i verso. Se esforzó sobre 
^c:>do en introducir en esta nueva lengua las inversiones i 
I >^s construcciones del griego i del latin, i en apartar los 
^íS ustantivos de las palabras que los modifican mas inme- 
suatamente. Para conseguir este resultado, le fué también 
«"lecesario inventar una nueva manera de puntuar, sin la 
^•ual no se habria podido adivinar jamas el sentido de sus 
versos, los cuales a pesar de este recurso, son de una oscu- 
ridad casi indecifrable. No contento con haber desfigurado 
así la lengua, quiso dar a la dicción mas dignidad i a cada 
palabra una intención profunda. Las voces conocidas to- 
maron en sus versos una significación nueva, lín fin, para 
acabar de perfeccionar este estilo culto, vació en sus versos 
toda su erudición en mitolojía i en jeografía antigua, con 
lo que la oscuridad fué todavía mas completa. En esta for- 
ma literaria, que se llamó el nuevo arte, escribió Góngora 
^us Soledades, su Polifemo, i algunas poesías cortas, mui 
aplaudidas en su tiempo i menospreciadas ahora. 

Góngora, sin embargo, era un hombre de jenio que supo 
sacar cierto provecho de estas formas estravagantes. Pero 
el nuevo arte tuvo en poco tiempo numerosos imitadores 
(|ue le cultivaron con mucho menos talento. '*A muchos ha 
llevado la novedad a este jénero de poesía, dice Lope de 
Vega, i no se han engañado, pues en el estilo antiguo en 
su vida llegaran a ser poetas, i en el moderno lo son en el 
mismo dia; porque con a(|uellas trasposiciones, cuatro pre- 
ceptos i seis voces latinas, frases enfáticas, se hallan levan- 
tados a donde ellos mismos no se conocen ni sé si se entien- 
den". El estilo culto invadió todos los jéneros poéticos, i 
pasó también a la prosa i hasta a la oratoria sagrada. 



400 NOCIONES 1>K HISTORIA LITERA lU A 



Basta abrir algunos libros españoles de esa época i de todo 
el resto del siglo XVII, para encentrar en ellos, salvo muí 
pocas escepciones, ese estilo pretencioso que bajo las apa- 
riencias mas trabajadas i oscuras, no encierra mas que 
pensamientos vulgares, interpretados muchas veces por 
prolijos comentadores. Lo que prueba el poder de la nueva 
escuela es que el mismo Lope de Vega, que la condenaba de 
una manera tan esplícita, que Quevedo, que la combatió 
toda su vida con raro injenio, i que Calderón, que poseia 
un talento de primer orden, cedieron algunas veces^a las 
exijencias de la moda. 

22.— El culteranismo invadió, como hemos dicho, la pro- 
sa; pero algunos escritores pudieron sin escapar sino com- 
pletamente, a lo menos en gran parte a la corrupción jene- 
ral. Debemos recordar aquí los nombres de tres historia- 
dores distinguidos, que hasta ahora son presentados como 
modelos de arte i de estilo. Son estos Solis, Moneada 
i Meló. 

Don Antonio de Solis (1610-1686) nació en la ciudad de 
Alcalá de Henares, hizo excelentes estudios clásicos i se de- 
dicó desde su juventud al cultivo de la poesía dramática, 
en la que alcanzó una justa nombradía. Después de desem- 
pefíar diversos destinos importantes, Solis, como tantos 
otros poetas españoles, recibió las órdenes sacerdotales. El 
rei le confió el cargo de cronista de Indias; i en desempeño 
de este destino escribió el libro que lo ha hecho célebre. Su 
Historia de la conquista de la América setentrional, publi- 
cada en 1684, es la narración de las campabas de Hernán 
Cortés en la Nueva España hasta la ocupación de la ciudad 
de Méjico. Esta obra es un verdadero monumento literario 
por lo que toca al esti lo i al arte de la disposición. El asun- 
to se desarrolla con una gran maestría, deteniéndose el au- 
tor en aquellas partes que mas interesan, i avivando siem 
pre la excitación del lector, de tal manera que la historia 
])arece tomar la grandiosidad de la epopej^a. Sus formas 
literarias tienen una pureza, una corrección i una armonía 
verdaderamente inimita1)les. Esta obra mereció los hono- 



LITERATURA BSPANOLA 401 



res de ser impresa muchas veces i traducida a casi todos 
los idiomas; pero para la posteridad que busca en la histo- 
ria algo mas que los efectos del arte i la elegancia del esti- 
lo, Solis es una especie de Quinto Curcio, español que, me- 
nos empeñado en instruir que en ngradar, hace intervenir 
en su historia la imajinacion del poeta, subordina la ver- 
dad a los adornos, i busca los incidentes que pueden des- 
pertar la curiosidad o el interés, mas bien que los que tie- 
nen una verdatlera importancia histórica. Con este mismo 
objeto, el autor hace pronunciar a los indios de Méjico dis- 
cursos floridos i solemnes, como si se tratara de los retóri- 
cos de Atenas i de los senadores de Roma. Solis, por otra 
parte, aunque mui superior a los historiadores españoles 
de su tiempo por las dotes del csti o, no lo es ni por la crí- 
tica ni por la filosofía. Cree en las patrañas mas ridiculas, 
como las apariciones de santos i del diablo; i ha ensalzado 
a los conquistffdores de Méjico sin acordarse un momento 
de los principios de la moral que a(iuellos ultrajaban a ca- 
da paso. 

Don Francisco de Moneada i don Francisco Manuel de 
Meló son inferiores a Si>lis, pero goz.'in sin embargo de una 
gran nombradla en las historia de las letras españolas. El 
primero (1586—1633), valenciano de oríjen,pertenecia a la 
alta nobleza española i fué jeneralísimo de los ejércitos de 
Felipa IV i gobernador de los estados de Flándes. 

Con el título de Espclicion de los catalanes i nrago neses 
contra los turcos /^A/e;f 05, escribió en un pequeño volumen 
las proezas de una división de aventureros españoles en el 
imperio de Orienteen los primaros años del siglo XIV. Este 
asunto, interesante porsí mismo, ha sido tratado con gran- 
de habilidad,. Aunque Moneada ha dado a su narración 
cierto aire romanesco, la historia estuliada en buenas fuen- 
tes, no ha perdido nada de su solilez ni de su gravedad. 

Meló (1611— 1667) era portugués de nacimiento, pero 
escribiael español en verso i prosa con rara felicidad. Su vi- 
da está sembrada de las m is singulares peripecias. Militar 
en Flándes i en Cataluña, perseguido varias veces en lis- 
'lOMO jv 2G 



402 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 

paña i Portugal, Meló cultivó las letras como descanso de 
las ajitaciones de su vida. La Historia de los movimientos 
de Cataluña en tiempo de Felipe IV es su obra capital. 

Refiere sólo los principios de la insurrección catalana; 
pero si la obra ha quedado incompleta, ofrece por el arte 
de la composición, por el estilo i por la independencia i la 
sinceridad del autor, un cuadro tan animado como ver- 
dadero de una rebelión famosa en la historia de Es- 
paña. 

23.— Al terminar esta rápida reseña de la historia de la 
edad de oro de la literatura española, nos será permitido 
hacer algunas consideraciones jenera les para completar su 
estudio. 

Bn la literatura española, como ha podido verse, el do- 
minio de la poesía es verdaderamente inmenso. Todos los 
jéneros que ella encierní han sido cultivados con mas o me- 
nos buen éxito, i todos han producidos sus frutos. Pero, 
como lo ()b>erva Quintana, el jéiiero poético de esta época 
no se alzó al nivel de las circunstancias que por todas par- 
tes le rodeaban. Las musís castellanas, sordas, indiferen- 
tes a la ajitacion universal en que la líspaña desem|)eñaba 
el papel mas im|)ortaiite, apenas saben inspirar a sus favo- 
ritos otra cosíi que moralidades vagas, imájenes campes- 
tres, amores i galantería. E^-eptuando uno que otro trozo 
lírico, como ciertas canciones heroicas de Fernando de 
Herrera, la poesía española en que se cantan las glorias 
nacionales, aun incluyendo en ella los diversos ensayos de 
poemas épicos, no está a la altura del asunto. La Arauca- 
na misma no alcanza a ser una escepcion de esta idea jene- 
ral, puesto que los verdaderos héroes de este poema no son 
los es|>añoIes sino los indios. A esta falta de grandeza 
en el asunto puede agregarse otro defecto jeneral. Por mas . 
que muchos de estos |)í)etas hayan poseido un talento ad- 
mirable i un conocimiento sóli lo de la literatura clásica, 
no es comim en ellos la elegancia sostenida i la |)erfeccion 
del gusto, que otros autores modernos han bebido en las 
mismas fuentes. Esto ha díido oríjen a la contrariedad de 



LITERATURA ESPAÑOLA 403 



opiniones sobre el mérito de los antiguos poetas españoles, 
a qnienes algunos reputan como modelos excelentes, mién~ 
tras que otros los desprecian hasta el punto de considerar- 
los indignos de leerse. 

En el dominio de la prosa, muchos jéneros han quedado 
completamente estériles. Las producciones intelectuales que 
constituyen el mas justo título de orgullo de las lenguas 
estranjeras, son precisamente las que faltan en la lengua 
española. Así, por ejtmplo, no se encuentra ninguna obra 
de filosofía, sea que se mantenga en el campo de la especu- 
lación, como la metafísica, sea que descienda a la aplica- 
ción en la lejislacion i la política; ninguna obra de ciencia 
ya sea natural o exacta, que por la elevación del estilo i del 
asunto merezca un verdadero renombre literario. Aun en 
relijion, la Bspaña posee un caudal inmenso de escritores 
ascéticos i de teólog )S que se i)ierden en un diluvio de sutile- 
zas; pero nose busque en esta literatura verdaderos filósofos 
cjue pDr la elocuencia i l«'i profundidad merezcan la esti- 
mación de las nuevas jeneraciones. Así. para vo tomar 
comparaciones mas que en la literatura francesa, en Espa- 
ña no se encuentran Descartes ni Pasc;il; Montesquieu n¡ 
Rosseau; Buñon ni Cuvier; Bossuet ni Fenelon. 

¿A qué deben atribuirse estos vncíos? Será, como han 

iretendido algunos espíritus sistemáticos, al clima meridio- 

al que solo desarrtílla las dotes de la iniajinacion? Pero la 

^sicion jec^gráfica de la Italia es la misma que l.'i de Espa- 

i; i sin embargo, allí se encuentra la aparición simultánea 

la reflexión filpsófica i de la im.'íjinacion poética, de Dan- 

i de Galileo, de Aiiosto i de Colon, de Petrarca i de Ma- 

iavejo, del Tasso i de Torricelli, de Alfieri i de Volta. La 

isa de la ausencia de nombres filosóficos de España es 

a mui diversa. Es la inquisición, que ahogando la liber- 

del pensamiento, ha impeJilo el (le«<arrollo de las inte- 

tcias; que proscribiendo la historia de la guerra de Gra- 

a de Hurtado de Mendoza, mutihmdo el i^azarillo de 

nes, persiguienílo hasta los mas ardorosos escritores 

:icos, ha comprometido gravemente el porvenir filosó- 

le España, bajo su mano de fierro. 



/ 
404 NOGIONBB DB HISTORIA LITBEIARIA 



SIGLO XVIII 

24. — La decadencia literaria de la Bspaña, como hemos 
visto, comienza a mediados del siglo XVII. DesiJe e¿a épo- 
ca, i casi sin otra escepcion que Solis, la literatura españo. 
la, vaciada por el mal gusto, decaida de su antiguo esplen- 
dor como la grandeza nacional, no produce mas que jenios 
mediocres, i casi poJr a decirse nulos. La postración habia 
llegado a su colmo, cuando nuevas influencias vinieron a 
comunicar otra savia a aquel cadáver próximo a descom- 
ponerse. 

La historia de la literatura española como espresion orí, 
jinal i espontánea del jenio de la España, termina con la es- 
tincion de la dinastía austríaca. La elevación de la casa de 
Borbon, llevando a la península las vigorosas tradiciones 
del gobierno de Luis XIV, introdujo junto con uji gusto 
mas depurado i mas correcto, las instituciones mas litera- 
rias de la Francia. Creáronse entonces bajo los auspicios 
del nuevo rei, Felipe V, numenjsas academias en toda Es- 
paña, que fueron otros tantos propagadores del gusto fran- 
cés en las letras i en las artes. Esta revolución, operada por " 
la fuerza de las cosas, i cuando las letras castellanas habían a 
llegiido al último punto de su postración, reveló inmediata- — 

mente a los españoles el mal proiluciilo por el culteranis 

mo; i a pesar de las resistencias opuestas por aigunos par — 
tidarios exaltados de la antigua escuela nacional, la litera^ • 
tura clásica francesa vino a ser el modelo de los mas distin- -. 
guidos escritores españoles del siglo XVIII. 

El primer síntoma de esta revolución en el gusto fué 1f=3 
publicación (1737) de la Poética de don Ignacio de Luzan m 
que llegó a ser en poco tiempo el có.ligo literario de los me-^ 
jores escritores. Nacido en Zaragoza, pero educado en Ita.^ 
lia, Luzan (1702— 1754«), desempeñó en Francia destinos 
diplomáticos, que le |)ermit¡eron estudiar las literatunis es^^ 
tranjeras, i en España el cargo de ministro de comercio qu^ -* 
le permitió prestar protección i estímulo a los literatos 



LITERATURA ESPAÑOLA 405 

Buscó los principios de su Poética en las literaturas anti- 
guas i estranjeras; los espuso con juicio sano i seguro, i con 
una erudición oportuna i sin pretensiones; pero, arrastrado 
por su deseo de acercarse al clasicismo francés, fué excesi- 
vamente severo con muchos de los antiguos poetas españo- 
les, i sobre todo con Lope de Vega i Góngora. Queriendo 
unir el ejemplo al consejo, compuso algunas obras poéticas, 
despojadas, es verdad, de los defectos del culteranismo, i 
cuidados en todos sus detalles, pero también faltas de fuego 
i de vigor. 

Entre los mas ardorosos sectarios de esta revolución se 
cuentan, don Nicolás Fernández de Moratin i don José Ca- 
dalso. El primero (1737—1780). ademas de algunas poe- 
sías líricas, sátiras i epigramas, compuso un poema didác- 
tico sobre l.'i cazíi, un corto ensayo de epopeya coii el título 
de Las naves de Cortes destrvidas, i tres piezas dramáti- 
cas. *'Moratin, dice Quintana, es ya un verdadero poeta... 
La naturaleza le habia dotado (Je una imajinacion mas 
grande i robusta que amena i delicada, i su injenio se incli- 
naba mas a lo apacible. Así es que donde quiera que la ma- 
teria cuadraba con el carácter de su espíritu, mostraba fue- 
go, fantasía i orijinalidad, i sacaba de la lira española to- 
nos mucho mas altos i felices que los demás poetas de su 
época, i dignos de los mejores tiempos de la musa castella' 
na. Es lástima que escribiese tan de prisa, i que confiado en 
sus felices disposiciones ien el conocimiento que tenia en las 
reglas del arte, creyese que esto bastaba para ejercitarse en 
jéneros tan distintos entre sí." 

En Cadalso se nota una tendencia mas señalada a la imi- 
tación estranjera. Nacido en Cádiz en 1741, Cadalso hizo 
buenos estudios, cultivó las letras con verdadero amor, 
abrazó la carrera militar i fué muerto en el sitio de Jibral- 
tar, en 1782. Como prosador i como poeta, imitó constan- 
temente las formas estranjeras, i particularmente las fran- 
cesas. Un opúsculo satírico quecon el título de Los eruditos 
a ¡a violeta, publicó contra la superficialidad de los estu- 
dios de su tiempo, es un modelo de gracia i de buena crítica. 



406 NOCIONB8 DB HISTORIA LITERARIA 

25.— La poesía dramática, que en manos de los indignos 
sucesores de Calderón, habla caido en la mayor degrada- 
ción, recibió también la influencia poderosa de la literatura 
clásica francesa. Tradujéronse al castellano las trajedias de 
Corneille i de Racine, i las comedias de Moliere; pero las 
imitaciones españolas quedaron siempre mui abajo de los 
orijinales. Pero esta revolución no se hizo sin vivas resis- 
tencias de parte de algunos injenios españoles. Don Vicente 
García de la Huerta (1729-1797) fué el mas impetuoso de 
todos. Atrabiliario i orgulloso por carácter, se encarnizó 
contra la nueva escuela, ensalzando a los anti^^uos poetas 
españoles a quienes atacaban sin piedad los imitadores de 
la literatura francesa. Dotado de mas voluntad que de ta- 
lento verdadero. Huerta no hizo en realidad mas que infla- 
mar la guerra literaria, apasionando asilos espíritus que» 
huyendo de los términos medios, se alejaban también de la 
verdad i de la razón. 

En efecto, el deseo de no acercarse a los poetas españoles 
de los tiempos de Góngora, llevó demasiado lejos a algunos 
escritores del siglo XVIH, a Iriarte i a Samaniego, entre 
otros, que dotados de instrucción i de talento, i cultivando 
los dos un mismo jénero literario, revistieron sus obras de 
una sencillez casi prosaica. 

Don Tomas de Iriarte (1750-1791) era natural de Tene- 
rife, en las islas Canarias: hizo hueros estudios literarios 
i sirvió en Madrid un destino de archivero. Compuso algu- 
nas epístolas i dos poemas didácticos, uno sobre la música 
i otro sobre el dibujo; pero es principalmente célebre por 
sus Fábulas literarias. La moral de éstas tiene la particu- 
laridad de ser completamente literaria, es decir, el autor, en 
vez de censurar los vicios del corazón, se contrae a sustraer 
al escritor de los errores del estilo i del gusto, i algunas ve- 
ces a reirse de los estravíos de la jente de letras. Iriarte des- 
plega' en sus fábulas un injenio creador en sus argumentos, 
i bastante habilidad para adaptarlos a la crítica literaria. 
Su estilo siem|)re puro, tiene una claridad i una naturalidad 
constantes. Pero su horror por los enormes defectos intro- 



LITERATURA ESPAÑOLA 407 

ducidos por el culteranismo, lo arrojó a un estremo no me- 
nos vitup>erable. La sencillez habitual de sus versos va has- 
ta lo prosaico. 

Don Félix Maria Samaniego (1745— 1801), heredero de 
una fortuna considerable, se contmjo al estudio i cultivó la 
poesía por mero pasatiempo. Sus fábulas, imitadas i casi 
traducidas del célebre fabulista francés La Fontaine, son el 
fundamento de su gloria. Samnniego las escribió para 
los niños de las escuelas, i empleó ?n ellas ordinariamente, 
junto con la naturalidad i la malicia del modelo que imi- 
tíiba, una versificación Huida i armoniosa, un estilo correc- 
to i claro i una sobriedad que casi escluye todo adorno. 

La influencia de la literatura francesa se limitó, pues, a 
dar al estilo correv.cion, sencillez i claridad, desterrando los 
abusos del culteranismo; pero no consiguió restaurar ni el 
entusiasmo ni el vigor de los buenos poetas castellanos de 
la época anterior. Casi se |)ue(le decir que fuera de ciertos 
pasajes de Moratin, la poesía debía considerarse muerta. 
Los Luzan, los Cadalso, los Iriarte son sin duda hombres 
de talento, injenios elegantes, (jue sabian limar i pulir sus 
escritos; pero Us faltó ese impulso vigoroso que constituye 
la verdadera poesía. 

26. — Pero tras de estos poetas vinieron otros, que aun- 
que nacidos bajo la nueva escuela, supieron dar a sus poe- 
sías la elevación junto cí)n la sencillez. Bajo el reinado de 
Carlos III se inauguró una nueva época ])ara las letras es- 
pañolas. Este monarca que prestó una jenerosa protección 
al estudio razonado de las ciencias, desconocido antes de 
entonces en España, fomentó también la bella literatura 
concediendo mas amplia libertad de íiccion a los que líi cul- 
tivaban. La inquisición, auncjue menos violenta, (|uedó 
siempre en pié; pero se limitó la censura previa de loses 
critos, i se permitió tratar todas las materias, con tal que 
no se atacase directamente la relijion i la autoridad, real. 
Las ciencias de observación, sin llegar a un alto grado de 
desarrollo, comenzaron a cultivarse bajo el patrocinio del 



408 KOOIONBS DB HISTORIA LITBRAKIA 

rei, i las letras alcanzaron una nueva era de prosperidad^ 
que por desgracia no fué de larga duración. 

Don Juan Meléndez Valdes (1754— 1817)es quizá el mas 
ilustre poeta de esta nueva era. Cultivó la anacreóntica, la 
elejía, la égloga, el romance serio i la oda heroica; i eií to- 
das estas clames de poesía desplegó una suavidad de senti- 
mientos, una corrección de gusto i una delicadeza de arte 
que si bien no lo colocan sobre los grandes poetas de la edad 
de oro, lo acercan a ellos. Aun podria decirse que Meléndez 
los aventajó a todos por la perfección constante de sus 
obras. Sin embargo, su carácter propendia mas ala gracia, 
a la morbidez i a la ternura que al vigor i a la enerjfa, lo 
que da a sus versos un tono de continua afeminación que 
les quita casi toda la fuerzR i toda variedad. Este mismo 
defecto lo hace repetir muchos sus descripciones campestres 
i caer con frecuencia en una especie de desagradable mono- 
tonía. 

Contemporáneos i admiradores suyos fueron don Gaspar 
Melchor de Jovellanos ( 174.4—1811) i don Nicasio Alvarez 
de Cienfuegos (1764—1809). El primero, hombre de estado 
ilustre por su honradez, economista distinguido, gran ju- 
risconsulto, cultivó con gusto el drama, la sátira i la poe- 
sía lírica, en medio de las ajitaciones de una vida siempre 
ocupada. El segundo, aparte de algunas trnjedias poco 
leidas hoi, se ejercitó en la oda i en la epístola. La pasión 
de lo grande i de lo honrado anima sus versos líricos. ''Su 
imajinacion tan ardiente como viva, dice Quintana, se po- 
nia fácilmente al nivel de estos sentimientos. Nadie lo exce- 
de en fuerza i en vehemencia, i no seria mucho decir que 
tampoco nadie le igtiaha. Aun(|ue el fondo de ideas sobre 
que su imajinacion se ejercita puede decirse tomado de la 
filosofía francesa, no ciertamente el tono ni el carácter, que 
guardan mas semejanza con la poesía osiánica i con la poe- 
sía alemana'*. 

La historia de la poesía española de esta época cuen 
todavía otro nombre célebre, que gozó por largos años d 
una popularidad inmensa, i que aun conserva ungranpreí 





LITBRATURA B8PA&0LA 409 

tijio. Don Leandro Fernández de Moratin (1760—1828), 
hijo de otro poeta afamado, merece por la pureza del estilo, 
por la elegancia de sus versos, por el buen gusto constante 
i por la inspiración verdadera, uno de los mas elevados 
puestos entre los poetas líricos españoles. ''Siguiendo las 
huellas de su padre, dice Ticknor, modificó sin embargo su 
estilo, de tal manera que bajo la influencia de los poetas 
italianos, llegó a conciliar la ternura i delicadeza de la len- 
gua italiana con la pureza i enerjía del castellano. Obsérva- 
, se ésto particularmente en sus odas i sonetos, i en el bello 
coro de Los padres del limbo^ composición solemne que se 
acerca a la majestad fervorosa de frai Luis de León. Sus ro- 
mances son mas nacionales por su entonación; pero las 
poesfas mejores i mas interesantes de este autor, son aque- 
llas en que se abandona por completo a las impresiones de 
su propio temperamento o de sus afectos." 

Ejercitóse también Moratin en la comedia de carácter. 
Tomando por modelo a Moliere, el poeta español compuso 
sus piezas con argumentos mui sencillos, pero desenvueltos 
C!on gran cuidado, i escribió sobre todo con una naturali- 
dad i con una limpieza de estilo verdaderamente notables. 
El rigorismo con que se somete a los preceptos que reglan 
íl arte dramatice», su respeto por todas las tradiciones del 
eatro clásico francés del siglo XVII, han podido ser censu- 
ados por el romanticismo moderno. Pero, a pesar de estas 
ijusticias pasajeras de la opinión, don Leandro Fernández 
* Moratin ocupará siepipreen el parnaso español un lugar 
>norable al lado de Calderón, de Moreto i de Alarcon. 
27.-— A principios del siglo X VIH la prosa española se ha- 
ba en peor estado que la poesía. La afectación i el culte- 
lismo habian corrompido el gusto de tal manera, que 
\to el orador sagrado como el escritor profano no emplea- 
\ otro lenguaje que una jerga que habia llegado a hacer- 
lintelijible por la pretensio:; de encerrar pensamientos 
liosos i de usar voces i jiros estraños a la índole de la 
ua. Sólo.cuando estos abusos fueron intolerables setra- 
í ponerles un dique. Algunos hombres de juicio, en la 



410 MOCIONES OB HISTORIA LITBRARIA 

misma época en que Luzan acometíala reforma poétíca tra- 
taron de reintegrar en las producciones de la prosa la razón 
desterrada de ella desde tanto tiempo atrás. Crearon al 
efecto los primeros ensayos de crítica literaria, concebidos 
en iin estilo mas natural i sencillo que el que se usaba co- 
munmente, i destinados a ensalzar la forma clásica de los 
grandes escritores franceses. Estas laudables tentativas tu- 
vieron un resultado funesto; la frase española ha ganado 
sin duda en claridad i en sencillez; pero al formarse sobre 
el tipo francés, ha perdido su carácter nacional. La revolu- 
ción es menos sensible en poesía por la necesidad en (|ue se 
encuentra el poeta de recurrir a los antiguos modelos; |jero 
en prosa, la modificación ha sido llevada tan lejos que en 
ninguna parte se encuentra la lengua que usaron frai Luis 
de Granada, Mendoza i Cervantes. Los que han querido 
imitarlos, han caido en una afectación vituperable. 

Entre los primeros escritores que aceptaron esta reforma 
de la prosa no faltan algunos eruditos que, consagrándose 
al estudio de la historia civil o de la historia literaria, com- 
pusieron obras notables por la investigación i por el crite- 
rio. El padre Enrique Flores (1701—1773), don Antonio 
Capmany i Montpaiau (1742—1813), i el jesuita Francis- 
co Masdeu (1740—1817), pertenecen al primer grupo. El 
padre Martin Sarmiento (1695—1770), don Juan Antonio 
F'eliicer (1740—1806) i don Gregorio Mayans i Ciscar ■ 1699 
— 1781), pertenecen al segundo. Pero los modelos de buena 
prosa de este siglo se deben buscar especialmente en los es- 
critos de Feijóo i de Isla . 

El padre benedictino frai Benito Jerónimo Feijóo (1701 — 
1764), es autor de muchas obras, la mas importante de las 
cuales es el Teatro crítico universal, colección inmensa de 
tratados sueltos sobre una gran variedad de materias. Do- 
tado de una vasta erudición adquirida en cuarenta años de 
estudios, Feijóo recorre en esa obra la moral, la física, la 
metafísica, la mcíHciiia, la astronomía, la historia, la gra 
mática, la política, combatiendo los errores i las preocupa- 
ciones que la intolerancia, la superstición i la ignorancia 



LITBRATIJRA B>PAÑOLA 411 



habían sembrado a manos llenas en España, i enseñando 
las reliólas que pueden conducimos al descubrimiento de la 
verdad. Con el progreso jeneral de las luces i de las ciencias, 
sus ideas que se estimaron tan atrevidas en su tiempo, nos 
parecen hoi mui atrasadas i mui tfmidas. En una época en 
que las universidades españolas sostenían firmemente que 
no habia nada que sacar de Newton para formar buenos 
filósofos, i que Descartes i Gassendi estaban en m«iyordesn- 
cuerdo que Aristóteles con la verdad revelada, se necesitaba 
un gran valor moral para acometer la obra que emprendió 
Feijóo. Sus trabajos, en efecto, sirvieron mas a la causa de 
la civilización que todo lo que se habia escrito en España 
desde un siglo atrás. No se busque, sin embargo, en las obras 
de este escritor la verdadera orijinalidad: sus ideas i sus co- 
nocimientos son tomados de los libros franceses, i hasta su 
estilo se resiente de la influencia de los modelos que tenia a 
1^ vista. Sus doctrinas i su método de demostración eran 
nuevos solamente para España, que hasta mediados del si- 
glo XVIII permaneciacompletamenteestraña al movimien- 
to científico europeo. 

El padre jesuíta José Francisco de Isla (1703 — 1781), cul- 
tivó con preferencia el jénero satírico, i escribió entre otras 
obras una novela notable, poco leida hoi, pero que en su 
época le dio un gran renombre. La Historia del fumoso pre- 
dicador frni Jerundio de Campazas, es la biografía imajina- 
ria (1^ un predicador, su nacimiento, sus estuílios en el con- 
vento, i sus aventuras como misionero. El padre Isla ha 
copiado del natural los incidentes de su novela, las descrip- 
ciones i los episodios de la vida monástica i devota; i por 
eso su libro es el retrato fiel de una buena parte de la socie- 
dad española del siglo XVIII. Con él se ha propuesto com- 
batir el gusto detestable que se habia apoderado de la elo- 
cuencia del pulpito, bajo la influencia del culteranismo, del 
mismo modo que Cervantes, en una obra mucho mas famo- 
sa, se dedicó a combatir las estravagancias de los libros de 
caballerías. El padre Isla ha conseguido su objeto: las pa- 
labras que pone en boca de su héroe, copiadas, según se ase- 



412 NOCIONnS DB HISTORIA UTBRARIA 

gura, de sermones verdaderos, son de tal modo ridiculas 
que atrajeron el desden hacia las predicaciones pretenciosas 
i absurdas de aquella época i contribuyeron a depurar el 
gusto viciado i corrompido. El éxito que alcanzó aquella 
obra poco después de su publicación fué verdaderamente 
prodijioso; el estilo puro i notable por la ir' nía filia i pican- 
te, contribuyó sin duda a este resultado. Pero ísa estima- 
cion ha decaido algo en nuestro tiempo, cuando han dejado 
de existir los defectos que aquella quiso correj:r. En electo, 
el conjunto de la novela es fastidioso; las aventuras de un 
mal predicador no podian suministrar materia para un li- 
bro verdaderamente interesante. Sólo un jénio de primer 
orden como el autor del Quijote^ ha podido hacer una obra 
de mérito eterno de una novela escrita con un propósito de 
circunstancias. 

28.— La influencia de la revolución francesa se hizo sen- 
tir en España como en todo el resto de Europa. La liber 
tad política, aunque asentada siempre sobre bases débiles, 
ha producido el movimiento intelectual. El renacimiento 
literario ha sido ausiliado particularmente por los refujia- 
dos políticos que en el estranjero completaron sus estudios. 
La literatura moderna española ha tomado algo de to- 
das partes; i al fin estudiando prolijamente los modelos 
nacionales que ofrecian los siglos XVI i XVII, ha adqui- 
rido alguna orijinalidad, aunque no todavía una iniciativa 
vigorosa. 

Don Manuel José Quintana (1872-1857). poeta, crítico 
e historiador, es uno de los mas poderosos iniciadores de 
este movimiento. Sus poesías líricas i sus dramas, notables 
por el buen gusto constante, continúan mediante la pureza 
de la lengua, la tradición de los antiguos poetas españoles. 
Sus estudios críticos, concebidos con un espíritu libre de 
toda preocupación de nacionalidad, han cornjido el gusto 
español, enseñando lo que hai de bueno i lo que hai de 
malo en la antigua poesía. Sus Vidas de españoles célebres 
son, por la investigación i por el arte, verdaderos modelos 
de biografías. 



LITBR ATURA BSPAÑOLA 418 

Don P^rí\nc¡sco Martínez de la Rosa i don Anjel de Saa- 
vedra, duque de Sívas, pertenece a la misma escuela de 
Quintana, i han contribuido a la misma obra de rejenera.- 
cion literaria. El primero (17891862), personaje político a 
la vez que literato, ha cultivado casi todos los jéneros, la 
poesía lírica, la poesía didáctica, el drama, la trajedia, la co* 
media, la historia, la novela i la crítica literaria; i aunque 
en ninguno de ellos ha compuesto verdaderas obras maesi- 
tras, en todos ha desplegado mucho estudio i notables do- 
tes de escritor. El duque de Rívas (17911865), poeta, ante 
todo, ha celebrado en su Moro Espósito i en otras leyen- 
das de menor estension, las antiguas tradiciones españolas 
con un buen gusto adquirido en el estudio de las literatu- 
ras estranjeras. 

Dado el primer impulso por estos i otros escritores de 
mérito inferior, las letras españolas han tomado mayor 
vuelo en manos de una nueva jeneracion. Pertenecen a ella 
«ntre otros muchos escritores i poetas don Mariano )osé 
Je Larra (1800 1837), escritor humorista i uno de los mas 
intclijentes propagadores de la revolución literaria que pre- 
tendía concillar la orijinalidad española con la imitación 
<le la Francia; don José de Bspronceda (18 )8 1842) cuyas 
obras poéticas llevan el sello de una sombría enerjía que lo 
acerca a los poetas mas distinguidos de la escuela rrmAn. 
"tica moderna; don Modesto Lafuente (1806 1866) autor 
•Je una estensa i apreciable Historia de Espuñn, escrita se- 
^un los principios de la ciítica moderna; don Antonio jil \ 
:2árate (1791 1861), poeta dr.amático que sabe buscar los 
•afectos del arte mediante un notable conocimiento del cora- 
,3son humano; don Manuel Bretón de los Herreros (1796- 
1873), autor cómico de una gran fecundidad que sabe pin- 
gar en sus obras los caracteres i las costumbres nacionales; 
d por último, don José Zorrilla, nacido en 1817, poeta igual- 
mente fccundí), cuyos versos siempre armoniosos i fáciles, 
revelan un injenio rico, pero también mui poco estudio i 
^meditación. Al lado de ellos han brillado muchos otros es- 
^:ritores que seria largo enumerar. 



414 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 

A pesar de esto, la Kspaña moderna no ha producido 
acín un jefe deescuela que venga a dar cohesión a elementos 
dispersos i a imprimir a la literatura un carácter verdade- 
ramente nacional. La poesía lírica, la poesía dramática, la 
historia i la novela, a pesar del talento de algunos de sus 
autores, carecen aun de una decidida superioridad. La Es- 
paña es todavía un discípulo de la Italia, de la Alemania, 
de la Inglaterra i sobre todo de la Francia, al cual falta la 
verdadera iniciativa, i "que, como dice muí bien un distin- 
guido crítico francés, M. Baret, no se mueve sino bajo un 
impulso venido de afuera, semejante a un convaleciente que 
después de una larga enfermedad vacila i busca un apoyo." 



CAPITULO IV. 



liiteratara francesa. 



Si<-i i.o XVI.— 1. Últimos escritores del siglo XV; Villon t Comines. 
—2. El renacimiento en Francia.— 3. Poesía; Marot. Konsard, 

Mallierbe, Repnier 4. Litf ratura dramáiica— 5. Lu poesía; 

Rabelais.— 6. Mortaijiíne.— 7. Otros prosadores, la Sñtira Me- 

nifjea, Siü.o xvii.— 8. El teatro. — 9. Corneille 10. Hacine. 

11. La Fontaine 12. Boileaii.— 1»3. Mol¡ére.-14 Otros poe- 
tas.— 15. Los prosadores; Balzac. — 16. Descartts. 17. Pas- 
cal. — 18. Bossnet. — 19. Fenelon. — 20. Otros predicadores; 
Bourdaloiie, Flévhier, Massillon.— 21. Los moralistas; la Ro- 
clirfoiicault i La Bruvére.— 22. Otros prosadores; Saint Simón, 
Madcmoisselle de Sciidtry, ma<lame de Scvignc. — Siglo xyiii.— 

23. Carácter jcneral de la literatura francesa de este siglo. — 

24. Le Sage.- 25. Montesquitru.- 26. Voltaire 27. Juan Ja- 
cobo Rousseau.— 28 Los enciclopedistas 29. Las cienciae; 

Bulfon.— »30 La poe>ía; Beaumarchais i Bernardino de Saint- 
Fierre. — 31. La revolución. — 32 Conclusión. 

SIGLO XVI 

^ ."-La historia de la literatura francesa de la edad media 

^^ ^^ierra con dos grandes escritores, que por la flexibilidad 

^^ «9u estilo, la novedad de las ideas i hasta por sus senti- 

^^*^ntos parecen pertenecer a una época adelantada. Sin 

^''*^í)argo, aunque contemporáneos del renacimiento, no era- 

T^^^<in las formas sabias que aquella revolución puso ala 

'^^da; buscan sólo la naturalidad i la verdad, la encuen- 



Ilv> MOCIONBS DB HISTORIA LITBRARIA 

tran i la vierten sin atavíos estraños i sin graneles esfuer- 
zos. Queremos hablar de Villon i de Comines, j)oeta el pri- 
mero, historiador el segundo. 

Francisco Villon, nacido en París en 1431, no es conocido 
mas que por sus versos en que ha trazado el cuadro, a ve- 
ces alegre, a veces melancólico, de sus placeres, de sus des- 
gracias i de los espedientes vergonzosos a que lo precipita, 
ron la ociosidad, la miseria i sus inclinaciones. Apresado 
flos veces i condenado a la horca por robos, debió su sal /a- 
cion a Luis XI. que se dejó impresionar por las poesías en 
que Villon se despcdia de la vida entre risas i lágrimas. 
Criado en las calles de París, parroquiano de las pulperías, 
sus obras dejan conocer los lugares que frecuentaba el au- 
tor. Sus cuentos jeneralmente obscenos i sus poesías líricas 
casi siempre libres i burlescas^ reflejan el carácter del estu- 
diante libertino, i del libertino de baja lei; pero cuando no 
se ríe, cuando se enternece seriamente, habla con una gracia 
encantadora i con el acento de un poeta filósofo, de la fraji- 
lidad de los bienes de la tierra. Villon, a pesar de todos sus 
defectos, hace época en la historia de la literatura francesa. 
En sus manos, la poesía se desembaraza de la erudición iii- 
dijesta, de la fastidiosa galantetía, de las alegorías metafí- 
sicas i alambicadas que estíiban a la moda. 

Felipe de Comines, nacido en Flándes en'1445 i muerto 
en Francia en 1509, pasó los primeros años de su vidíi al 
lado (le los duques de Borgoña; pero liabiendo abandonado 
al ííinioso Carlos el Temerario, Luis XI lo colmó de hono- 
res i (le riquezas, i le confió importantes cargos i\u*^ Comi- 
nes desempeñó bajo ese rei i bajo su sucesor, no sin alternat 
tivas i contrastes de fortuna. Por su intelijencia.por su ins- 
trucción, i sobre todo por su conocimiento del mundo, Co- 
mines fué un esperto consejero de los reyes i un hábil diplo- 
mático. Retirado del servicio en sus últimos años, ocupó 
sus ocios en escribir 8us Memorias, en que contando con 
toda frialdad los sucesos de su tiempo, se muestra político 
lleno de sagacidad i de penetración, observador de un juicio 
recto i sano, i narrador verídico. N¡ las persecuciones que 



LITERATURA FRANCESA " 417 



sufrió de unos» ni los beneficios con que otros lo colmaron 
han influido sobre sus juicios. Siguiendo las ideas de su 
tiempo, Comines juzga de las acciones buenas o malas, no 
por los principios de la justicia, sino por los resultados que 
ellas producen; pero sino como moralista, a lo menos como 
hombre versado en los negocios, ha mostrado que el res- 
peto por los bienes ajenos i por la vida de los hombres, es 
la mayor de las habilidades. A diferencia de los cronistas 
anteriores, Comines, sin dejar de ser natural, es menos sen- 
cillo, pero también es mucho mas claro, mas correcto i ma^ 
elevado. 

2. — Comines habia ensanchado el campo de sus estudios 
durante las guerras de Italia. Consideradas desde el punto 
<le vista literario, estas guerras prestaron un servicio in- 
menso a la Francia. En esa península, ajitada entonces por 
la revolución del renacimiento, los franceses se impregna- 
ron insensiblemente de las nuevas ideas, i volvieron a su 
patria llevando junto con algunos manuscritos de la anti 
güedad, los sabios i los artistas que quisieron seguirlos. 
Luis XII i Francisco I fueron los promotores de esa emi- 
gracion literaria que iba a transformar el gusto i los estu- 
dios en Francia. Bajo el patrocinio del segundo de estos 
monarcas se fundó en París un célebre colejio para la ense- 
ñanza de las lenguas griega i hebrea, que casi nadie cono- 
cía. El latin mismo, que era todavía el idioma de los tribu- 
nales, fué estudiado mejor, i sacado por fin de la corrupción 
♦n que lo habia sumido la ignorancia. La imprenta, favore- 
cida igualmente por el rei, publicó centenares de libros an- 
tiguos, que pasaron a ser los modelos de los escritores de 
«^se siglo. La filosofía, la medicina, la jurisprudencia, la ar- 
^tteolojía i la filolojía hicieron grandes progresos en manos 
^e algunos hombres que devorados por la ambición de sa- 
"^i", lo revolucionaron todo i echaron los cimientos de la 
^'"uidicion moderna. 

Pero, si tanto en Italia como en Francia, la tendencia 
J^Ti^ral de esta revolución era el restablecimiento de la an- 
^'giíedad i de los idiomas clásicos, en uno i otro pais el es- 
i"c>Mo IV 27 



418 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

píritu moderno luchó con los eruditos, i al fin los venció. 
Los mismos reyes Luis XII i Francisco I, no tanto por 
respeto a la lengua de Cicerón i de Virjilio, como por deste- 
rrar una costumbre que no tenia razón de existir, proscri- 
bieron de los tribunales de justicia el empleo del latin bár- 
baro i degradado de la edad media, mandando que en 
adelante, el lenguaje forense fuera el francés. Escritores dis- 
tinguidos, poetas i prosadores, conservando la tradición 
literaria de la edad media, así como su sentimiento i su na- 
turalidad, intentaron amalgamar esas dotes con la correc- 
ción de la literatura antigua, i dieron a la poesía i a la pro- 
sa un poderoso impulso imprimiéndoles un carácter verda- 
deramente nacional. 

3.— El movimiento poético, sin embargo, fué menos vi- 
goroso que el de la prosa. Faltaron jenios verdaderamente 
creadores; pero cada dia seña4a un progreso, cada nombre 
una tentativa hacia direcciones nuevas, i después de tres 
esfuerzos diferentes, la verdadera poesía nacional que V¡- 
llon habia dejado en la infancia, llegó a fines del siglo XVI 
a un estado vecino a la virilidad. 

Clemente Marot (1495—1544), representa la primera de 
esas revoluciones. Paje de Margarita de Navarra, hermana 
de Francisco I. en su juventud, Marot hizo con este rei las 
campañas de Italia, i con él cayó prisionero en Pavía. Acu- 
sado de abrigar simpatías por la relijion reformada, el poe- 
ta sufrió prisiones, procesos i persecusiones que lo obliga- 
ron a salir dos veces de Francia, i a pasar sus últimos dias 
en Turin. Inferior aVillon por el jenio,pero mucho mas cul- 
tivado, supo ser elegante sin dejar de ser popular. Marot 
encontró el secreto de agradar al pueblo i a los grandes, 
cultivando la poesía burlesca con buen humor, pero sin ba- 
jar hasta la chocarrerin. Imitó a los escritores latinos e ita- 
lianos, pero respetó las condiciones de la lengua francesa, i 
la enriqueció considerablemente. Sus obras consisten en 
epístoUis, baladas, epigramas, rondos, especie de composi- 
ción particular a la poesía francesa, i en una traducción de 
los salmos, (jue manifiesta que la elevación en el tono 



LITERATURA FRANCESA 419 



1 la seriedad no se avenían bien con el talento de Marot . 
Este jénero de poesías tuvo muchos imitadores; pero esa 
naturalidad singular, esa ausencia de toda afectación, que 
constituye el encanto de los escritos de Marot. era un de- 
fecto para los espíritus eruditos. Pedro de Ronsard (1525- 
1585), es el jefe de una nueva escuela. Después de diversos 
viajes por varias partes de Europa, que le permitieron co- 
nocer otras lenguas vivas, i sintiéndose atacado de una sor- 
dera completa, se consagró con una avidez insaciable al es- 
tudio del latín, del griego i de las literaturas antiguas. 
Asociado con otros escritores, que son denominados en la 
historia de la literatura con el nombre de la pléy^dcy conci- 
bió el proyecto de rejenerar la lengua francesa i de adap- 
tarla a ciertos jéneros de poesía descuidados o desconoci- 
dos hasta entonces, i de enriquecerla con jiros i con pala- 
bras tomadas de las lenguas griega i latina. El mas ilustre 
de sus adeptos, Joaquín Du-Bellaj' (1524-1560), lanzó el 
manifiesto de la nueva escuela. **Las vijilias pasadas en el 
estudio, decía, son las alas con que los escritos de los hom- 
bres suben al cielo. Leed i releed día i noche los modelos 
griegos i latinos... Reemplazad las canciones por las odas, 
las burlas grotescas por la sátira, las farsas i las moralida- 
des por las comedias i las trajedias: escojed según los pre- 
ceptos de Aristóteles, algunos de esos viejos romances fran- 
ceses i haced renacer al mundo una admirable Ilíada o una 
laboriosa Eneida,^' En seguida, las odas, las epopeyas, los 
scDnetos, las trajedias, los ensayos de todo jénero anuncia- 
<3 CDS en ese manifiesto, aparecieron de repente. Ronsard fué 
el jefe reconocido de la escuela, i mereció de sus contempo- 
r,^S.neos una admiración que rara vez han alcanzado los poe- 
t,^^.s, ique no ha confirmado la posteridad. Era sin duda 
i» «r^a noble empresa la reforma del lenguaje, i la inaugura- 
^» <ZDn de nuevos jéneros i de nuevas formas poéticas; pero se 
<| w-:»iso marchar muí de prisa, i no se logró el objeto deseado. 
í^ ^::=3nsard escribió odas según el modelo de Píndaro,empren- 
<^ '^ ^ una epopeya, la Franciada, imitada de la Eneida i de la 
í^^"^^rsa//a, i que no pudo concluir, introdujo en la literatura 



420 NOCIONES DE HISTORIA LITBRABJA 

francesa el himno i el epitalamio; pero en todos estos jéne- 
ros reproducidos de la antigüedad, confundió de la manera 
mas estravagante las c:ístumbres antiguas i las costum- 
bres modernas, ahogó la poesía bajo el peso de la erudición,, 
i desnaturalizó la lengua por una multitud de inversiones^ 
de desinencias i de palabras nuevas. Sin embargo, tiene bos- 
quejos felices, fecundidad, i cierta elevación que era un pro- 
greso en la poesía francesa. Por una singular anomalía, 
Ronsard era particularmente poeta en los jéneros que mas 
desdeñaba, la canción i la poesía familiar. 

Esta segunda faz de la poesía francesa del siglo XVI no 
fué de larga duración. Entre la naturalidad de Marot que 
sólo admitia el tono familiar, i el arte pretencioso de Ron- 
sard, había un término medio. A Francisco Malherbe(1555 
—1628). cabe la gloria de haberlo hallado. Aunque favore- 
cido por Enrique IV i por Luis XIII, vivió siempre pobre», 
mas ocupado de sus versos que de su. fortuna. Malherbe ha- 
bia comenzado por ser ronsardista, como el mismo dice, 
pero su buen sentido i su talento regular lo inclinaron a to- 
mar otro camino i lo hicieron jefe de una nueva escuela. Do- 
tado de un talento mas vigoroso que fecundo, de un juicio 
recto i de un gusto severo mas bien que de una imajinacion 
brillante, poeta por arte i dramático por naturaleza, Mal- 
herbe emprendió a la vez la reforma de la versificación i de 
la lengua, i prosiguió su empresa hasta el fin de sus días 
con una constancia singular. Como poeta, su gloria no con- 
siste solamente en haber perfeccionado el mecanismo de los 
versos, depurado el lenguaje poético, i **reducido la musa 
a las reglas del deber,** como dice Boileau, sino en haber 
creado en Francia el jcnero lírico elevado i en haber llevado 
la elocuencia a la poesía. Sus odas i sus estancias, compues- 
tas i limadas con una paciencia i con un trabajo infinitos, 
están llenas de fuerza, de armonía i de elevación, con un ji- 
ro vigoroso de pensamiento, de versificación i de estilo de 
que no se tenia idea antes de él, i que pocas veces se encuen- 
tra en los poetas posteriores. Los discípulos de esta nueva 
escuela han quedado mui atrás de su ilustre fundador. 



LITERATURA FRANCESA 421 



Se puede decir que el mérito principal de Malherbe con» 
siste en la severidad del gusto. Esta cualidad falta a otro 
poeta contemporáneo suyo mui distinguido por el jenio i 
por la pureza del estilo, a Maturino Regnier (1573-1613). 
Destinado en su juventud a la carrera eclesiástica, recibió 
en efecto, las primeras órdenes, hizo dos viajes a Roma, i 
vivió favorecido por el rei; pero su afición a los placeres del 
mundo i su pasión por la poesía lo ocuparon toda su vida. 
Sus obras se componen principalmente de sátiras, i ellas re- 
velan que Regnier no debió todos sus triunfos a un trabajo 
profundo i asiduo. Se distingue sobre todo en escojer el ri- 
dículo i en pintarlo con rasgos indelebles. Ademas de las 
frecuentes imitaciones de los poetas latinos, ha tomado 
mucho de los escritores satíricos italianos, lo que disminu- 
ye el mérito de orijinalidad; pero aparté de que en esa épo- 
ca la sátira, como jénero literario era desconocida en Fran- 
cia, el gusto imperfecto i la lengua informe todavía, Regnier 
:leja ver siempre un talento propio i un espíritu observador 
lleno de finura, de sagacidad, de buen sentido i de una ma- 
icia esquisita i casi sin arte. Por ¡a pureza i por la riqueza, 
5u estilo es superior al de todos los poetas franceses que lo 
precedieron, i aun hoi mismo agrada por su vigorosa 
ínerjía. 

4. — La literatura dramática pasó por las mismas tras- 
brmaciones que la poesía lírica. Durante la mayor parte 
leí siglo XVI, el arte estuvo reducido como en la época 
interior a las moralidades (moralités), a las farsas, i a las 
onterías {sotises). Numerosas persecuciones dirijidas con- 
ra el teatro, inclinaban los injenios a la comedia de cos- 
umbres, puesto que se les prohibieron las libertades satin- 
as i todas las personalidades. 

Pero al fin, el manifiesto de Du-Bellay vino a abrir 
luevo rumbo al arte dramático. Buscóse, como en la poe- 
ía lírica, nuevo campo en la imitación de la antigüedad, 
^ntes de seguir las huellas de los antiguos, los poetas tra- 
lujeron algunas piezas de Sófocles, de Eurípides i de 
Aristófanes. Las imitaciones no se hicieron esperar: varios 



422 N0C10KE8 DB .HISTORIA LITERARIA 



poetas de la escuela de Ronsard, entre los cuales descollaba 
Estévan Jodelle (1532-1573), compusieron dramas cuya 
intriga tenia algo de orijinal, pero cuya acción era griega 
o romana, i en que copiaban servilmente el carácter del 
teatro antiguo. Sólo a fines del siglo, el drama se apart6 
de ese camino; i entonces el teatro español, i mui en parti- 
cular las obras de Lope de Vega, que en esa época comen- 
zaban a estar mui en boga, fué el modelo de los poetas 
franceses. 

5. — Hasta el siglo XVI la prosa francesa casi nosehabia 
ejercitado mas que en las crónicas. En esa época se la ve 
tratar todos los asuntos i desarrollarse en las obras mas 
variadas. Francisco Rabelais, nacido en Turena en 1487 i 
muerto en Paris en 1553, es el iniciador de esta revolución. 
Se han escrito muchas tradiciones de dudosa veracidad i 
muchas anécdotas sobre su vida; pero lo que hai de verdad 
es que Rabelais, médico i sabio de profesión, comenzó desde 
temprano una vida disipada, i llena de contradicciones i de 
aventuras, en que la piedad na tuvo siempre la mayor par- 
te, aunque fué fraile franciscano, benedictino, clérigo secu- 
lar i por último cura de Meudon. A pesar de su profundo 
buen sentido, i de su inmensa erudición en literatura anti- 
gua, su imajinacion que no tiene otro rival que la de Aris- 
tófanes, lo arrastra sin cesar, quizá contra su voluntad, 
mas allá de los límites de la licencia. 

La obra que le ha asegurado la inmoitalidad es una no- 
vela satírica i alegórica que tiene por título Hechos i dichos 
del j ¡gante Gargantúa i de su hijo PantagrueL En reali- 
dad, este libro no pertenece a jénero alguno determinado, 
no se somete a ningún orden, no imita ningún modelo, no 
permite ninguna imitación. Todo allí es fantástico i oriji- 
nal. Las aventuras singularmente variadas del personaje 
principal, forman un cuadro injenioso en que se encuentran 
todas las cualidades, todos los defectos, todos los jéneros 
desde el injenio mas fino i la imajinacion mas viva, hasta 
las invenciones mas desvergonzadas i la mas grosera inco- 
herencia de ideas, desde la sátira mas elevada hasta las bu- 



) 



LITERATUUA FRANCESA 32íí 



fonadas mas grotescas i aun algunas veces las mas obce- 
nas. **Este libro, ha dicho La Bruyére, es un monstruoso 
conjunto de una moral fina e injeniosa i de una sucia co- 
rrupción: donde es malo, pasa los límites de lo peor: forma 
el encanto de la canalla: donde es bueno, va hasta lo esquí- , 
sito i lo excelente: puede ser uno de los bocados mas deli- 
cados/' La sátira fina, las consideraciones filosóficas llenas 
de grandeza i de atrevimiento, el odio por ciertos vicios de 
su tiempo que estalla en vehementes indignaciones o en bu- 
fonadas picantes, las alusiones cuya audacia sin velo es 
llevada hasta la temeridad, la comedia con todo su injenio, 
la sátira bajo todas las formas, sátira relijiosa, sátira filo- 
sófica, científica, política; lo serio, lo grotesco, la burla, la 
alta erudición, todo está confundido, sin orden, sin regla, 
sin plan concebido de antemano, presentando el conjunto 
mas estra vagan te i también el mas curioso, el mas sor- 
prendente i el mas atrayente que se puede encontrar. Este 
interés incesante, este mérito sin lado débil, es debido, 
aparte de la orijinalidad de la invención, i del vigor del 
pensamiento, a las inapreciables cualidades del estilo. Este 
estilo firme, elegante, cuidado, dotado de una notabfe pre- 
cisión i de un gran colorido, añade vigor al pensamiento. 
(Saint-Agnan Choler). 

Se han escrito muchas obras sobre el libro de Rabelais, 
se le ha censurado con injusticia i se le ha ensalzado con 
exajeracion. Los comentadores, violentando con frecuencia 
su sentido, como cuando se trata del monumento inmortal 
de Cervantes, han dichoque la caprichosa burla era un velo 
arrojado sobre un pensamiento serio, i se han dado nom- 
bres reales a sus personajes fantásticos i un sentido pro- 
fundo a las bufonadas mas claras. Según ellos, Grangou- 
sier, el rei bueno i suave, es Luis XII; Gargantúa, la fuerza 
que se desplega sin reflexión, es Francisco I; Pantagruel, el 
poder benévolo i fuerte, Enrique II; Picrochole, la ambición 
sin prudencia, Maximiliano Sforza; Panurgo, la audacia, 
la malicia, el sarcasmo forradg de buen sentido,. la capaci- 
dad que se aplica a todo, pero poco escrupulosa en los me- 



424 NOGIONBS DB HISTORIA LITERARIA 

dios de triunfo, el cardenal de Lorena; i así los demás per- 
sonajes. Este sistema de interpretación, así como otros que 
se han aplicado al libro de Rabelais,son mas injeniosos que 
sólidos» i no resisten a una crítica detenida. El autor, como 
dice el historiador de Thou, **ha puesto en escena, bajo 
nombres falsos todas las condiciones de la sociedad; todos 
los órdenes del estado, i los ha entregado a la risa del pue- 
blo;'' pero para ello ha creado tipos iinajtnarios, como sue- 
len hacerlo los grandes maestros. 

6. — Rabelais, abordó, riendo, las mas altas cuestiones 
sociales, i les buscó una solución sin abandonar un instan- 
te su buen humor. Otro escritor igualmente ilustre. Miguel 
de Montaigne, siguiendo un camino mui diferente, reunió 
en un libro no menos singular todas las observaciones que 
el estudio i la esperiencia le habian sujerido sobre el hom- 
bre i la sociedad. Nacido en Perigord en 1533, Montaigne- 
desempeñó, como maire de Burdeos, un papel importante 
en los trastornos civiles que produjeron las contiendas reH- 
jiosas, conservando siempre la serenidad de su alma i la 
honradez de su corazón, i murió en 1592. La educación es- 
merada que le hizo dar su padre, lo inició desde temprana 
en el conocimiento profundo de los escritores de la antigüe- 
dad, i le preparó para ser un verdadero escritor. Montaig. 
ne debe su celebridad a una ojjra sin plan, sin asuntos es- 
]>eciales, titulada' Ensayos, porque quiso, dice, hacer en 
este libro el ensayo de sus facultades naturales. Es unai 
amalgama de historia, de moral, de filosofía, de política i 
de literatura, dividida en tres libros, subdivididos en capí- 
tulos, repertorio abundante de recuerdos de una vasta eru- 
dición i de reflexiones nacidas de esos recuerdos. En ella, 
las cuestiones se siguen i se encadenan llamadas lai? unas 
por las otras, i no traidas de intento por una resolución 
concebida de antemano. **La inagotable memoria de Mon- 
taigne, dice M. Villemain, pone a su disposición todo lo 
que los hombres han pensado. Su juicio, su gusto, su instin- 
to, su mismo capricho le suministran fácilmente pensamien- 
tos nuevos. Sol)re cada materia comienza por decir lo que 



LITBRATIRA FRANCESA 425 



«abe, i, lo que vale mas, ^caba por decir lo que cree. Este 
hombre que eri la discusión cita todas las autoridades, es- 
cucha todos los partidos, acoje todas las opiniones, cuan- 
do al fin llega a decidir, no consulta mas que el suyo, i da 
su parecer no porque lo crea bueno, sino porque es duyo. 
Esta marcha es larga, pero es agradable e instructiva: en- 
sena a dudar, i este principio de la sabiduría es algunas ve- 
ces el ííltimo término.'* ¿Quién sabe? es con frecuencia la 
última palabra que se obtiene de él sobre los problemas 
mas graves i mas serios. 

Esta obra en que están tratadas tantas i tan variadas 
cuesti"ines, es considerada hoi como el primer monumento 
de la literatura clásica francesa, porque a pesar de esa fal- 
ta de plan, que re vela que Montaigne escribía sus ideas como 
se le presentaban a la mente, se deja ver en todas sus pajinas 
un espíritu eminentemente filosóficoii observador. Los pen- 
samientos vienen sin6rden;pero el lector los encuentra siem 
pre oportunos; porque es imposible traducirlaideaen un len- 
guaje mas pintoresco, mas vigoroso, mas preciso, mas nutri- 
-do de sustancia i deimájenes. **Su estilo, continúa M. Ville. 
main, es una alegoría siempre verdadera, en que todas las 
-fibstracciones del espíritu visten una forma material, to- 
man un cuerpo, un rostro, i por decirlo así, se dejan tocar 
i manejar. Montaigne abusa con frecuencia de sus lectores. 
Esos capítulos que hablan de todoescepto de lo que prome- 
tiael título, esas digresiones que se embarazan unas a otras, 
^sos largos paréntesis, podrían fatigar.. .si un rasgo inespe- 
rado, un pensamiento injénuo i vigoroso, una palabra ori- 
jinal no reavivasen nuestra atención a cada paso''. 

7.— Al lado de estos dos grandes prosadores, la Francia 
posej'-ó en el siglo XVI muchos otros que le son inferiores 
ísino por la forma literaria, a lo menos por la variedad de 
los conocimientos i por la novedad de las ideas. Algunos 
<1e ellos, sin embargo, ejercieron grande influencia sobre su 
siglo i contribuyeron eficazmente a fijar la lengua. Vamos 
^s\ recordar a la lijera los nombres de los mas notables. 

Juan Calvino (1509-1564), considerado siempre como 



426 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 

hombre de secta, i pocas veces como escritor, ha escrito 
sin embargo, pajinas en qae ostenta un estilo firme, auste- 
ro i de una corrección rara para su época. Se le llama por 
esto mismo uno de los padres de la lengua francesa. 

Santiago Amyot 1513—1593), ocupa un puesto distin- 
guido entre los escritores orijinales por sus traducciones de 
Plutarco i de Longo. El candor, la elegancia i la riqueza de 
su lenguaje han transformado i naturalizado en Francia 
los escritores que imita. Su traducción de Plutarco ha lle- 
gado a ser una de las obras clásicas mas estimadas de una 
literatura que posee tanto i tan ricos monumentos. 

Pedro de Bourdeilles, señor de Brantome, conocido jene- 
raímente con este último nombre (1527 — 1614), escribió- 
por fragmentos biográficos la historia de todos los escán- 
dalos de su siglo. Sin pronunciar jamas su juicio, i sin dis — 
tinguir quizá lo justo ^e lo injusto, Brantome ha contado» 
con gran naturalidad todo lo que sabia, consignando asE" 
en sus obras importantes datos deque se han aprovechadc^»— 
los historiadores subsiguientes. 

Pero, si es inútil prolongar esta nomenclatura de prosa 

dores franceses del siglo XVI, es indispensable, en cambio^^ » 
recordar una obra que, aunque publicada bajo el anónimo»^ ^* 
i aunque escrita con un propósito de circunstancias, hizo-i^ ^^ 
un gran ruido en su época i conserva todavía su crédito,^ ^*» 
como monumento de burla picante i de alta elocuencia. En^cL^^^^ 
medio de las pasiones relijiosas i de los graves intereses^^ "^^ 
que impulsaban los partidos a los medios estremos, com*^ — ^ 

prendiendo en ellos el asesinato, cuando, la Liga se obsti ^ 

naba en no reconocer a Enrique IV i en prolongar la gue- - — " ' 
rra civil, cuando el rei de España enviaba a la causa cató- — *•' 
lica soldados i dinero, i cuando los estados jenerales se 
reunian i se separaban sin haber resuelto nada, algunos 
hombres de talento i de patriotismo se asociaron para 
combatir con la pluma las ambiciones maléficas i ridiculas 
de los caudillos de la Liga, i compusieron la Sátira Meni- 
pea (1593), llamada así en memoria del cínico Menipo, que 
Varron i Luciano habían hecho intervenir en sus sátiras. 



LITERATURA FRAN'CKSA 427 



Se encuentra en esta obra el sello diverso de muchos talen- 
tos igualmente notables. Uno puso en juego la burla mas 
fina i mas hiriente, otro los acentos de la elocuencia mas 
varonil, todos ese injenio francés siempre presto para 
consolarse del infortunio riéndose de los que lo producen- 
Los autores de la Menipea eran hombre honrados i con- 
vencidos, católicos sinceros i al mismo tiempo escritores de 
primer orden. No escucharon mas que la voz de su concien- 
cia i de su amor por el bien público; el sentimiento del de- 
ber les dio el valor de decir la verdad. Pedro Le-Roy, canó- 
nigo de la catedral de Rouen. concibió la idea primera, 
trazó el plan de la obra, i escribió una parte de ella; pero 
fué ayudado por otros injenios escojidos. La Menipea pro- 
dujo un efecto maravilloso; fué reimpresa varias veces en 
pocas semanas, i contribuyó a la pacificación jeneral, 
atrayendo al sentimiento de la verdad i de la justicia a los 
espíritus a quienes cegaba la intolerancia i la ambición. 
£lla dio a la Liga un golpe mas terrible que la batalla 
de Ivr}\ 

SIGLO XVII 

8. — La verdadera edad de oro de la literatura francesa 
«n el siglo XVII, denominado comunmente siglo de Luis 
XIV, por el nombre del monarca bajo cuyo reinado se de- 
sarrolló ese gran movimiento de los espíritus. Fué entón- 
eles cuando el gusto de lo bello en las letras i en las artes 
xrino a ser uno de las rasgos distintivos del carácter nacio- 
X3al, cuando grandes prosadores, grandes poetas i grandes 
^.rtistas dan a la civilización francesa, fina i culta ya, algo 
tíe esa majestad i de ese esplendor que caracterizan a los 
grandes siglos XVl, o las tendencias sociales, políticas i 
emancipadoras del siglo XVIII; pero no se puede negar 
Yiana profunda admiración a la riqueza i a la grandiosidad 
<3el período literario que vamos a pasar en rápida revista. 

La nueva era literaria se inaugura con grandes progre- 
sos en el arte dramático. Al lado del teatro mas bien po- 



428 NOGIONBS DB HISTORIA LITBRARIA 

pulachero que popular del siglo XV, se había formado en 
el siguiente, como hemos visto, un teatro sabio i pedantes- 
co, obra de los discípulos de Ronsard. En esas obras co- 
leadas con poca intelijencia de los griegos i de los latinos, 
no se encuentran otros méritos que el estilo, algunos ver- 
sos líricos i las declamaciones del gusto de Séneca. Este 
jénero de obras no tuvo una larga vida; desde fines del si- 
glo XVI se formó un teatro verdaderamente popular, no 
grosero como el de los cofrades de la Pasión, ni pedante 
como el Jodelle, sino capaz divertir a los espectadores de 
todas las condiciones. Alejandro Hardy, poeta de una 
compañía de cómicos, fué considerado en los primeros años 
del siglo XVII como el jefe de una gran revolución en el 
arte dramático. En realidad, no tenia otro mérito que la 
fecundidad i cierta riqueza en la versificación; pero imitan- 
do a les latinos, a los italianos, i particularmente a los es- 
pañoles, compuso trajedias, comedias, pastorales, histo 
rias dramáticas i traji-comedias. 

El año de la muerte de Hardy (1629), es una gran fecha 
literaria. El vio terminar el privilejio de los cofrades de la 
Pasión, comenzar dos teatros duraderos i definitivos, colo- 
car a los autores i a los cómicos bajo la alta dirección del 
])oderoso ministro, cardenal de Richelieu, promulgar las 
reglas de Aristóteles como el código de la poesía, represen- 
tar la primera trajedia regular i admitir la primera come- 
dia de un poeta llegado de Kouen, que se llamaba Pedro 
Corneille. En el sentido mas rigoroso, éste es el padre de la 
trajedia francesa. Otros poetas habian conocido i practica- 
<lo 3'a las reglas de Aristóteles; pero no habian llegado a 
pulimentar i a mejorar la forma del drama. 

9. — Corneille, nacido en Rouen en 1606 i muerto en Paris 
en 1684, estudió la jurisprudencia i fué abogado de algún 
crédito, pero el amor, según se dice, lo hizo poeta, i la poe- 
sía lo arrebató al foro. Habiéndose trasladado a Paris, se 
ensayó primero en la comedia, i escribió algunas que hicie- 
ron desde luego cierto ruido. Compuestas según el gusto 
poco severo de las piezas de su tiempo, pero mas razona- 



LITERATURA FRANCESA 429 



bles en el fondo, i escritas con mas corrección, con mas ani- 
mación i con mas injenio, esas obras anunciaron un poeta 
distinguido i un talento verdadero. F*oco mas tarde, su je. 
nio trájico se reveló por la Medea, pieza imitada de Séneca, 
sin arte i sin verosimilitud, pero en donde brillan rasgos de 
elocuencia i de sublimidad. Por fin, en 1636, sacó de un 
drama español de Guillen de Castro la trajedia titulada Et 
Cid que debia hacer inmortal su nombre. Inspirado por 
este noble i patético asunto, el jenio vigoroso i profundo 
de Corneille creó, por decirlo así, de un solo golpe, el tipo 
de la trajedia clásica francesa, esa incomparable forma dra- 
mática, en la cual con asuntos sencillos i de una rigorosa 
unidad, sin cambios de escena, sin máquina, sin incidentes 
estraordinarios, por sólo el desarrollo de las situaciones^ 
de los caracteres i de los sentimientos, sostenido por un es 
tilo puro, noble i poético a la vez que elocuente, el poeta 
atrae i conmueve los espíritus mostrándoles sobre todo las 
grandes luchas morales, i el movimiento de las pasiones 
humanas en lucha con las necesidades o con la virtud. El 
éxito brillante del C/d descontentó a Richelieu: la trajedia 
fué el objeto de críticas mezquinas i poco sinceras, pero la 
admiración unánime de la F'rancia aseguró su triunfo. Can. 
sado de oir decir que carecia de inventiva, i que tomaba el 
fondo desús piezas de otros teatros, Corneille hizo repre 
sentar su Horacio (1639), pintura elocuente de la antigua 
virtud romana, elevándose por el amor a la patria sobre 
las mas tiernas afecciones de la familia; i luego muchas 
otras trajedias eminentemente orijinales. 

No se limitó Corneille al jénero trájico. Escribió también 
comedias, i algunas de ellas fueron obras maestras. To- 
mando por modelo La verdad sospechosa del poeta espa- 
ñol Alarcon, pero adaptánd ila perfectamente a las ideas i 
a las costumbres francesas de su tiempo, i vistiéndola con 
un estilo lleno de movimiento, de naturalidad i de sal cómi- 
^si, escribió el Embustero (Le menteur) i creó en Francia^ 
por medio de una imitación, la verdadera comedia de ca- 
^S^cter. Corneille, ademas, dio a luz muchas poesías líricas; 



430 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 

pero ni en estas obras ni en todas sus trajedias se debe buscar 
la perfección constante, porque dotado de mas jenio que 
gusto, se dejó arrastrar algunas veces por el deseo de pro- 
ducir el efecto teatral, o por las tendencias todavía incier- 
tas de la literatura de su época. Sin embargo, cualesquiera 
que sean estos defectos de detalle, Corneille, es el primero 
de los trájicos del mundo que haya excitado el sentimiento 
de la admiración, i que haya hecho de él la base de la traje- 
dia. Nos sorprende por la grandeza de los sentimientos i 
por la elevación de los caracteres. Sus piezas elevan el alma 
sin desesperarla, porque a la altura a que nos trasporta 
sentimos que la virtud, de que nos ofrece un ejemplo acaba- 
do, no es superior a nuestras fuerzas i que podemos alcan- 
zarla. Mas heroico que patético i conmovedor, tiene con 
todo acentos de ternura i de suavidad apasionada. Por lo 
demás, no hai nada que desdeñar en sus obras: aun las me- 
nos buenas tienen alguna grandeza, i ofrecen un ancho cam- 
po al estudio i a la observación. 

10.— Corneille vivia aun, i ya tenia un sucesor. Juan Ra- 
cine, que vivió entre los años de 1639 i 1699, alcanzó el se- 
gundo puesto en la historia de la trajedia francesa, si bien 
muchos de sus contemporáneos le asignaron el primero. 
Fortificado con sólidos estudios en la severa escuela de 
Port-Ro\'al, adquirió allí el conocimiento i la admiración 
de las obras maestras de la antigüedad. Después de algu- 
nos ensayos imperfectos, que sin embargo revelan el jérmen 
de su talento, hizo representar en 1669 el Británico, traje- 
dia basada en uno de los mas admirables capítulos de Tá- 
cito, que marca el principio de su gloria. Muchas otras pie- 
zas fundadas en la historia antigua i en la historia moder- 
na afianzaron esa gloria sobre cimientos indestructibles. 
Racine fué mas lejos todavía: sacó de la Biblia la acción de 
dos trajedias admirables, la Ester i la i4ta//a, i compuso 
una comedia justamente estimada. Los litigantes (Les plai- 
deurs), hurla agradable e incisiva de las jen tes que frecuentan 
los tribunales de justicia o que intervienen en su idminis- 
tracion, i alguiías poesías líricas. Escribió además una his- 



LITERATURA FRANCESA 431 

toria de la escuela de Port-Royal i las cartas familiares, 
que le han asegurado un puesto eminente entre los escritores 
epistolares i los prosadores franceses. 

Racine, dejando a Corneille la grandeza ideal de los ca- 
racteres i la representación de los combates de la voluntad 
contra la pasión, quiso analizar la marcha i las revolucio- 
nes de los sentimientos en el alma humana ¡ mostrar el cu- 
rioso espectáculo de esos resortes morales que imprimen a 
las pasiones una marcha tan desordenada en apariencia, 
tan regular i tan lójica en realidad. 

No se ha empeñado como su antecesor en la pintura de 
las pasiones fuertes, de los caracteres estremos, ni de las 
tendencias ideales i caballerescas, lo que quita algo de su 
grandeza a la trajedia; pero ha retratado con gran felici- 
dad las pasiones suaves, el amor, el pudor, la ternura de 
una madre, la probidad, la adhesión, la fidelidad. Sin em- 
bargo, este método que consiste en poner en escena las abs- 
tracciones morales bajo formas de individualidades mui 
completas para ser verdaderas, esta propensión a adornar- 
lo todo, a embellecerlo, a suavizarlo, esta tendencia a 
reemplazar la emoción que resulta de los hechos por esa 
especie de interés que trae consigo la perfecta ejecución de 
un plan meditado, no es lo que un espectador va a buscar 
al teatro ni lo que se reclama de un poeta dramático. Por 
otra parte, la misma perfección pareja i constante que se 
encuentra en el teatro de Racine, tanto en la concepción 
como en la ejecución de la obra, en el pensamiento como en 
el estilo, esa armonía tan igual, esa corrección tan sosteni- 
da, tienen también sus inconvenientes. La poesía es como 
Anteo: no se eleva a los sublimes espacios sino a condición 
de reponer a veces sus fuerzas tocando la tierra, i la perfec- 
ción no puede existir uniforme sino manteniéndose en cierta 
elevación, i sin p()der subir de allí. Racine cuida con tanto 
ira teres el plan de sus trajedias como la construcción de cada 
1^X10 de sus versos, i la elección de cada una de sus palabras. 
Bn su elocución no se puede cambiar, añadir o suprimir 
^1^0, porque todo está bien dispuesto, bien elejido, bien co- 



432 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 



locado. Una trajedia de Racine puede ser comparada a una 
llanura hermosa pero uniforme, al azul inalterable de un 
cielo puro; pero nuestra vista se cansa de esa misma uni- 
formidad, i prefiere las grandes montañas que se elevan a 
las rejiones de donde se desprende el rayo i que tienen a sus 
pies hondos precipicios. 

11. — Al lado de los mas gloriosos nombres de la litera- 
tura francesa del siglo XVII es menester colocar el de un 
poeta que, sin cultivar los grandes jéneros literarios, sin bri- 
llar en la corte como alguno de sus contemporáneos, i sin 
tener siquiera una conciencia cabal de su jenio, compuso 
obras maestras de naturalidad i de arte, sin precedente en 
la literatura antigua, i sin imitadores felices en los tiempos 
modernos. «Nuestro verdadero Homero, el Homero de los 
franceses ¿quién lo creeria? es La Fontaine»,dice un célebre 
crítico. «En él, dice M. Demogeot, se realiza de la manera 
mas completa la fusión de todos los elementos del pasado 
en el seno de un pensamiento moderno, dotado de la oriji- 
nalidad mas poderosa... La Fontaine, añade mas adelante, 
el mas sencillo, el menos pretensioso de los poetas, es el 
único que relaciona el siglo XVII a la vez al pasado i al 
porvenir». 

Juan de La Fontaine (1621-1695) recibió por indolencia 
suya una educación mui descuidada, i llegó a la edad de 
veinte i dos años sin dejar presentir su jenio. Una oda de 
Malherbe que oyó leer un día despertó en su alma el senti- 
miento poético. Entonces recomenzó sus estudios sin inte- 
rés i sin ambición, creyendo que el estudio era una simple 
distracción. Leyó los antiguos autores franceses, los admi- 
ró i aprendió en ellos los resortes de la lengua. Estudió 
igualmente los escritores italianos, i para llegar a conocer 
a fondo los poetas antiguos, aprendió el latin bastante 
bien; pero en estos estudios hechos sin un plan fijo, sin el 
propósito de adquirir nombradla, la orijinalidad de su je 
nio fué bastante poderosa para asimilarse tantos elementos 
diversos sin perder un solo rasgo de su carácter propio. 
Las obligaciones de un empleo, el cuidado de la familia, la 



LlTBRATt'RA FRANCESA 433 

conservación de su patrimonio, fueron trabas que La Fon- 
taine no sufrió largo tiempo. Vendió su empleo, descuidó a 
su mujer i a sus hijos, a quienes olvidó también en breve, 
consumió su patrimonio; i perezoso, indolente siempre so- 
bre su porvenir, sin escrúpulos de amor propio i sin ambi- 
ciones de ningún jénero, pasó el resto de su vida recibiendo 
favores de sus amigos, durmiendo mucho, i trabajando sólo 
cuando la inspiración venia naturalmente a ponerle la plu- 
ma en la mano. Tocaba i retocaba incesantemente lo que 
liabia escrito, de tal manera que esa distracción perpetua, 
esa distancia por todos los negocios de la vida que se le 
reprocha, era sólo una meditación continua i perpetua. 
Marcaba con el mayor cuidado todas las divisiones del dis- 
curso, las comas, las interjecciones. Así es como se trabaja 
para la posteridad i como se levantan monumentos indes- 
tructibles de perfección i de belleza. 

Hasta la edad de cuarenta años, La Fontaine parecia 
esperar sin impaciencia, i en una suave pereza, la tardía 
madurez de su jenio. Sus primeros ensayos fueron algunas 
poesías de circunstancias que respiraban naturalidad en los 
sentimientos i en laespresion. En seguida escribió sus Cueii' 
tos, narraciones poéticas de aventuras divertidas i con fre- 
cuencia mui poco morales, que muestran una faz del gusto 
i de las costumbres de aquel siglo, encubierta hasta enton- 
ces por el brillo de una decencia oficial i de una literatura 
grave i solemne. Esos Cuentos son la última i definitiva re- 
fundición de los fabliaux^que desde la edad media divertian 
u la Europa. Tomando las fábulas de Bocaccio o de las poe- 
sías narrativas conservadas por la tradición. La Fontaine 
ha sabido ser oríjinal en la imitación, revistiendo sus histo 
rielas con un injenio puramente francés i con una sencillez 
llena de la mas fina malicia. 

Esta obra, es, sin embargo, la menos conocida entre las 
que hacen la gloria de La Fontaine. Sus Fábulas lo eleva- 
ron a la altura que ocupa tanto por la pureza irreprocha- 
ble de su moral, como por la inimitable perfección de su es- 
tilo. El apólogo, tal como lo ha comprendido La Fontaine, 

TOMO JV 28 



4M N0CI0NB8 DB HISTORIA LITERARIA 

es una de las mas felices creaciones del espíritu humano, 
porque reúne todos los recursos de la poesía en un pequeño 
espacio. Pertenece a la epopeya por la narración, aljénero 
descriptivo por los cuadros, al drama por el juego de los 
personajes i la pintura de los caracteres, a la poesía gnó- 
mica por los preceptos, al lirismo por la elevación del pen- 
samiento i por los encantos del estilo. A estas cualidades 
literarias añade las aptitudes de artista i pensador, lleva- 
das al mas alto grado de perfección o deenerjía. El primero 
de todos los fabulistas, La Fontaine ha hecho de cada apó- 
logo un pequeño drama, en que arroja a manos llenas las 
pinturas i las imájenes tomadas en la observación del mun- 
do moral, i del mundo físico, i todas de una verdad fami- 
liar, graciosa, cómica o conmovedora. 

La Fontaine declara aun en el frontispicio de su libro 
que no ha hecho mas que poner en verso los apólogos de la 
antigüedad, los orientales, los griegos i los romanos. En 
efecto, con escepcion de unas pocas fábulas orijinales, las 
demás tienen por base un asunto tomado de Esopo, de Pe- 
dro o de otros escritores; pero en sus manos, esos asuntos 
pasan a ser completamente orijinales. La orijinalidad poé- 
tica no consiste en inventar una acción, sino en descubrir la 
poesía que tiene esa acción. Los jenios mas creadores de or- 
dinario no han inventado otra cosa. La invención de La 
F'ontaine consiste en su manera de contar, en su estilo ad- 
mirable, en esa feliz imajinacion que siembra por todo el in- 
terés i la vida, en esa buena fe, en esa aparente credulidad 
del narrador, en esa seriedad con que mezcla las mas gran- 
des cosas a las pequeñas. La cualidad característica i dis- 
tintiví'i de La Fontaine es su inimitable candor. El lector se 
imajina oir a un hombre sencillo que cree los cuentos de la 
niñez i que espera que se los crean. Su erudición, su elocuen- 
cia su filosofía, su imajinacion. su memoria, su sensibilidad, 
todo se pone en ejercicio para interesar. Por eso es, volve- 
mos a repetirlo, que la fábula tal como la comprendió el 
poeta francés, no tiene precedente en la antigüedad, i por 



LITERATURA FRANCBSA 435 



•eso también ha quedado muí arriba de todos sus imitado- 
res modernos. 

12. — Pero no se crea que en la época en que Racine i La 
Fontaine comenzaron a escribir, el gusto francés estaba for- 
mado, i que las obras de esos i de otros grandes poetas de 
aquel siglo fueron aplaudidas desde el primer momento. Le- 
jos de eso, el gusto incierto admitía confusamente lo bueno 
i lo mediocre, i una muchedumbre de escritores de escaso 
mérito embarazaba el camino que debian recorrer los hom- 
bres de verdadero jenio. Muchos de éstos tuvieron rivales 
mui aplaudidos en su época i completamente olvidados 
ahora. La poesía imitaba todavía los modelos legados por 
la antigüedad, por la Italia i por la España, pero no se ha- 
bia jeneralizado el arte de dar vigor a esas imitaciones, i de 
hacerlas propiamente orijinales, como lo hizo La Fontaine 
con la mayor parte de sus fábulas, i Corneille con alguna 
de sus trajedias. Faltaba todavía acertar el gusto: esta fué 
la obra de Boileau. 

Nicolás Boileau Despréaux nació en Paris en 1636, i mu- 
rió en 1711. Destinado por sus padres a la 'carrera del 
foro, él abandonó los estudios legales para dedicarse a la 
jurisprudencia literaria, llegó a ser el gran juez de la litera- 
tura de su tiempo, i dio, como lejislador del Parnaso, leyes 
que hasta ahora están en vigor. La gloria de Boileau con- 
siste en haber desembrollado el arte confuso del siglo 
XVII, en haber asignado a cada hombre i a cada cosa su 
rango en la estimación pública, en haberlo hecho con un 
discernimiento infalible, con un valor intrépido, i en fin, en 
haber dado sus sentencias en versos tan armoniosos, en 
tina forma tan feliz, en un lenguaje tan perfecto, que no se 
puede retocar nada sin desmejorarlo. 

Nadie podia ejercer esta dictadura literaria con mas 
justo título que Boileau. Poseia todas las cualidades 
opuestas a los defectos que queria correjir. Pero sobre to- 
cias las dotes poéticas, sobre la imajinacion i sobre la sen- 
sibilidad, estaba su razón clara, serena, despejada de toda 



436 N0C10NBU9 1>B HIRTOKIA LITERARIA 

preocupación, de todo estravío de gusto. Su Arte poética^ 
superior a la de Horacio por la disposición de las materias 
i porque comprende mejor casi todos los jéneros de poesía, 
es la esposicion mas clara, mas nítida i mas elegante de las 
doctrinas que consisten en colocar siempre la razón sobre 
la imajinacion, en preferir lo verdadero en su sencillez a lo 
bello disfrazado bajo la hinchazón i bajóla hipérbole. Para 
unir el ejemplo a la doctrina, Boileau escribió muchas otras 
obras. De sus nueve Sátiras, compuestas todas con gusto 
delicado, con un injenio hiriente pero sin odio, i con la pu- 
reza de estilo que domina en todos sus escritos, cuatro son 
esclusivamente literarias, i las otras cinco contienen ras- 
gos picantes i oportunos contra los malos escritores. Sus 
Epístolas, obras de la madurez de la razón i de la fuerza 
del talento, se refieren a muchos asuntos, pero todas ellas 
son notables bajo su aspecto moral i bajo su aspecto lite- 
rario. Por último, el Lutrin, poema heroico sobre un asun- 
to cómico en que el autor ha revelado que conocia a fondo 
todo el poder de la maquinaria épica, el arte de pintar los 
caracteres, de describir los combates i de hacer reir conser- 
vando la mas imperturbable seriedad, narrando los acon- 
tecimientos mas vulgares i grotescos sin palabras descom- 
puestas, sin imájenes indignas de la poesía mas templada. 
La querella de los canónigos de una catedral sobre la colo- 
cación que debia tener cierto facistol, ha permitido a Boi- 
leau introducir en su poema con rara felicidad los mas di- 
fíciles resortes épicos, la personificación de cualidades abs- 
tractas, como la discordia, la fama i la molicie. 

Es preciso reconocer que la orijinalidad absoluta no es 
el don de Boileau. El habia estudiado mucho las literatu- 
ras antiguas, i se habia asimilado con gran talento i con 
gran gusto las formas cuidadas i el espíritu de Horacio i 
de otros poetas; pero ha sabido revestir la imitación de im 
colorido nuevo i de cierta novedad que casi vale tanto 
como la orijinalidad misma. Por otra parte, cualesquiera 
que sean los reproches que bajo este concepto deban hacér- 
sele, no se puede negar que Boileau ha prestado servicios 



LITERATURA FRANCBSA 437 



indisputables. La guerra obstinada que declaró a los ri- 
madores que se creían poetas, ha hecho triunfar el gusto i 
ha ilustrado la admiración que vacilaba entre lo verdadero 
i lo falso, i ha hecho servir la burla al progreso del buen 
gusto i de la moral en literatura. 

13. — Un dia Luis XIV preguntaba a Boileau cuál era el 
«scritor que mas honraba su reinado. — **Moliére", respon- 
dió Boileau sin vacilar. Pero Moliere no es sólo el honor 
del reinado de Luis XIV; lo es de la Francia, de la Europa, 
del mundo entero; es el primer autor cómico de todas las 
■edades i de todos los paises. Nadie como él ha conseguido 
crear personajestan vivos i que sean al mismo tiempo tipos 
jenerales de la humanidad. Sus contemporáneos se recono- 
cian en sus piezas; i nosotros, salvo la diferencia de hábitos, 
i casi de trajes, vemos allí nuestros retratos. Otros cómicos 
lian podido igualarle en el chiste, en el arte de esposieion, 
en el buen humor; pero ninguno se le acerca en la profundi- 
dad filosófica, en el verdadero estudio de las pasiones ordi- 
narias de la vida i en el retrato acabado de los caracteres. 

Juan Bautista Poquelin, que se ha hecho inmortal con 
«el nombre de Moliere, nació en Parisel 15 de enero de 1622. 
Era hijo de un modesto tapicero; pero habiendo asistido a 
algunas representaciones tomó tal gusto por el teatro que 
comenzó a estudiar con un ardor admirable, i al fin se en- 
roló en una compañía de cómicos que recorria las provin- 
cias. Habia compuesto algunas comedias cuando en 1658, 
fué a representar en un teatro de Paris. Sus talentos de 
actor, i mas que todo su jenio de escritor le merecieron los 
favores de Luis XIV. Desgraí^iado en sus afeccionas con3''u- 
gales, i después de una vida llena de ajitaciones, Moliere 
murió víctima de su adhesión a los cómicos que estaban 
colocados bajo sus órdenes. Aunque mui indispuesto, quiso 
representar una de sus comedias mas admirables. El enfer- 
mo de aprehensión (Le malade imaginaire) para no privar 
de su sustento diario a los empleados del teatro, i murió 
pocas horas después de la representación, a los cincuenta i 
un años de edad, el 17 de febrero de 1673. 



438 NOCIONES DE HISTORIA LITBRARIA 

El teatro que nos queda de Moliere consiste en treinta 
piezas, trabajadas en el espacio de veinte años. La mitad, 
a lo menos, es formada por obras maestras; i catorce de 
ellas son escritas en verso. Moliere ha suprimido casi por 
completo las grotescas bufonadas i las costumbres de con- 
vención que reinaban en el teatro, i en su lugar ha puesto 
en la escena el cuadro fiel de la realidad, la pintura de las 
pasiones jenerales i de los caracteres. El pone en pccion 
esta verdad sorprendente en las costumbres por medio de 
una fábula verosímil i de una proporcionada estension, » 
da a los caracteres que crea tal relieve, que sus tipos pasan 
a ocupar un puesto en la familia humana, no como una in- 
dividualidad particular, sino para representar las varieda* 
des mas distintas de la especie Este es el supremo esfuerzo 
del arte. 

Moliere nos instruye mas que la esperiencia. El nos ha 
dado a conocer la clase media i la nobleza, los mercaderes^ 
los médicos, los notarios, los provincianos, los pedan tes»^ 
los rabiosos, los fanfarrones, los intrigantes, los malvados*^ 
las sirvientes, los criados i los amos; ha puesto en escena* 
siempre con el mismo buen éxito, las ridiculeces de la igno- 
rancia pretenciosa, los peligros de la inocencia entregada a 
sf misma, el candor rústico, la devoción obstinada, la au 
toritlad paterna, el res|>eto filial, la avaricia, la prodigali- 
dad, la debilidad, la hipocresía, el amor bajo todas sus for- 
mas, en todas las edades i en todas las condiciones, los 
celos, el matrimonio con sus escollos, el libertinaje, en una 
palabra todos los sentimientos i todos los caracteres jene- 
rales de la humanidad con una sorprendente exactitud. La 
comedia, tal como la ha comprendido Moliere, no es una 
advertencia estéril, sino una enseñanza indirecta en que la 
lección se mezcla al placer, en que el poeta nos enseña a reir 
sin acritud i nos hace aprovechar sin fatiga. Moliere, ob- 
servador profundo, filósofo práctico, sin cólera i sin debili- 
dad, alma elevada i tierna, corazón jeneroso, ha cumplidcv 
con la dignidad del jenio su misión de poeta i de moralista. 
La crítica coloca en primer orden entre sus piezas El A/i- 



LITERATURA FRANCESA 439 



sántropo {Le Misantrhope), Tartufo i ¡as majeres sabias 
{Les femmes savantes). Al lado de ella, sin embargo, es me- 
nester colocar El avaro {Uavare) i Ei enfermo de aprehen- 
sión [Le malade imaginaire); pero en todas sus piezas, aun 
en los rápidos bocetos que improvisaba para divertir a la 
corte o al público, se descubre al gran pintor, al observa- 
dor profundo de los vicios i de las ridiculeces de la humani- 
dad. En todas ellas domina el mismo estilo incorrecto i 
descuidado a veces, pero siempre sólido i vigoroso: su prosa 
es nítida i firme; i su verso espresivo i bien cortado es uno 
con el pensamiento, al cual da siempre un jiro sentencioso 
pero natural. 

Moliere tuvo en vida rivales i enemigos que le reprocha- 
ron el haber tomado algunos de sus asuntos del teatro de 
Planto o de las comedias españolas, sin embargo de que 
esos mismos asuntos han adquirido por el arte del gran 
poeta un sello de orijinaliSad; pero en nuestro tiempo se 
le estudia i se le admira en todas partes. Si bien la escuela 
romántica moderna ha pretendido alguna vez menoscabar 
su mérito, los grandes maestros han pronunciado un juicio, 
que han confirmado todos los hombres de verdadero gusto. 
•'Moliere, ha dicho Goethe, es tan grande que cada vez que 
se lee se esperimenta una nueva sorpresa. Es un hombre 
único: sus piezas tocan a la trajedia, porque sobrecojen, i 
nadie se atreve a imitarlo.'' 

14. — Al lado de estos grandes jenios poéticos del siglo 
XVII, la Francia produjo muchos otros que con justo títu- 
lo ocupan un lugar distinguido en el Parnaso. Pero vivie- 
ron en una época de jigantes; i sus nombres han quedado 
no completamente oscurecidos, pero a lo menos eclipsados 
ante la gloria de sus contemporáneos. Algunos de ellos me- 
recen, sin embargo, ser estudiados. 

Juan Francisco Regnard (1656— 171C), que seria un 
gran poeta cómico, si Moliere no hubiera elevado este arte 
a tanta altura, hace brillar por su propio mérito el jenio 
prodijioso de su antecesor. Regnard divierte pero no ins- 
truye ni tampoco corrije: divierte sacrificando con frecuen- 



440 N0C10NBS DB HISTORIA LITBRARIA 

<cia la verdad; i aunque sus comedias tienen una acción 
bien comprendida i bien desenvuelta, no poseen caracteres 
jenerales perfectamente demarcados; ni señalan con clari- 
dad los vicios que pretenden corréjir. Todo su teatro no 
contiene una sola lección moral ni un carácter propiamen- 
te dicho. 

Juan Bautista Rousseau (1670—1741), que algunos crí- 
ticos han denominado el primer poeta lírico de Francia, 
posee mas armonía que vigor, mas industria que inspira- 
ción, i tiene en un alto grado las cualidades secundarias 
del poeta i del escritor. La musa francesa no ha ostentado 
jamas mayor melodía, i pocas veces mas pompa esterior 
que la que ostenta Rousseau; pero en sus obras no debe 
buscarse el fuego sagrado de la verdadera inspiración. Su 
lejítima superioridad no se encuentra en sus odas sagradas 
ni en sus odas profanas, en que se cree descubrir que los 
sentimientos son pura ficción: es menester buscarla en sus 
epigramas. 

Antonio de Lamotte Houdar (1672—1731) ha hecho 
odas de todo jénero que ahora se leen mui poco i que están 
casi Olvidadas, aunque se encuentran en ellas hermosísi- 
mas estrofas, i auncjue en el jénero anacreóntico se haya 
colocado cerca de los poetas mas hábiles. Ha hecho tam. 
bien fábulas; i entre ellas, hai algunas injeniosas; pero por 
desgracia de su gloria, vinieron después de las de La Fon- 
taine. 

15 La prosa siguió en Francia; en el siglo XVII, una 

marcha semejante a la poesía. 

La gloria de haber iniciado este movimiento pertenece 
a Juan Luis Gncz, señor de Balzac (1594 — 1664). Admira- 
dor apasionado de de la lengua i de la literatura latinas, 
conocedor de las lenguas italiana i española, que en esa 
época estaban definitivamente formadas, gramático labo- 
rioso e intelijente, Balzac supo antes que ningún otro dar 
ritmo, elegancia i dignidad a la prosa francesa. Se le admi- 
ró largo tiempo como un grande escritor; i en realidad tie- 
ne todas las esterioridades, pero carece siempre de natura* 



LITERATURA FRANCB8A 441 



lidad, i con frecuencia de solidez. Sin embargo, su Arístipo, 
estudio de lo que debe pasar al rededor del príncipe, i su 
Sócrates cristiano, armonía de la razón i de la fe, tienen 
muchas pajinas admirables, en que la elevación de los pen- 
samientos está en relación con la nobleza del lenguaje. La 
recopilación de sus cartas deja ver las cualidades del escri- 
tor artista. 

16. — Otros escritores retóricos como Balzac, cu tivaron 
la lengua francesa enriqueciéndola con nuevas voces i con 
jiros mas desembarazados i elegantes; pero no tuvo sus 
verdaderos maestros, no llegó a su completo deí?arrollo si- 
no cuando sirvió de instrumento a una revolución radical 
en la filosofía, i cuando la palabra pasó a ser fielmente 
una idea. 

Reinaba entóncej una especie de fermentación en los es- 
píritus que debia conducirlos a consumar un gran cambio 
en los métodos de observación i en la dirección de las inte- 
lijencias. El renacimiento del siglo XV habia despertado a 
toda la Europa; Colon i sus compañeros i sucesores habian 
descubierto un nuevo mundo i probado la figura esférica de 
la tierra; Copérnico habia echado las bases de la astrono- 
mía moderna descubriendo el sistema solar, que Kepler i 
Galileo comprobaban con nuevas observaciones; la medici- 
na buscaba en la observación i en la esperiencia la única 
fuente de luz i de razón, pero las universidades seguian aun 
los sistemas de fátil controversia que se usaban en la edad 
media. Mientras las ciencias daban pasos aislados para 
llegar al descubrimiento de la verdad, el principio de auto- 
ridad, la sentencia dictatorial concebida en estas breves 
palabras: **el maestro lo ha dicho*', resolvía todas las cues- 
tiones, que se ventilaban en los cuerpos literarios i científi- 
cos. Francisco Bacon, en Inglaterra, habia iniciado la gran 
revolución proponiendo ensanchar el campo del saber hu- 
mano por medio de la observación esperimental. Entonces 
fué cuando apareció Descartes, i cuando la revolución em- 
prendida en Inglaterra en el dominio de la filosofía, fué 
consumada para siempre. 



442 NOCIONES DE H18TORIA UITBRAUA 

Renato Descartes nació en la Haya, en Totirena,en 1596. 
A los dieciseis años habia adquirido toda la ciencia que se 
daba en los colejios, i conoció que habia un gran vacío. Pe- 
ro, en lugar de abandonarse a la duda, el niño comprendió 
que si la ciencia no existia aun, la verdad existia i que era 
menester buscarla. Desde entonces renunció a los libros que 
no le enseñaban nada, i no quiso buscar otro maestro que 
la razón. Estudió los hombres en los viajes i en la guerra, i 
estudió sobre todo la única ciencia que satisficiese su espí- 
ritu, las matemáticas. Desligó el áljebra de las considera- 
ciones estrañas, i después de hacerla progresar por la abs 
tracción, la aplicó a la jeometría i por medio de la jenerali- 
zacion del cálculo, resolvió como jugando los problemas 
jeométricos que habian detenido a toda la antigüedad. 

Pero estos maravillosos descubrimientos no eran mas 
que los primeros ensayos de su jenio. Aislándose del trato 
de los hombres para consagrarse enteramente a la medita, 
cion, escribió en Holanda su famoso Discurso sobre el mé- 
todo, i tras ésta, muchas otras obras de un carácter filosó- 
fico, que hicieron gran ruido desde su primera publicación, 
i que si bien le atrajeron nuevos discípulos, le suscitaron 
igualmente enemigos temibles. A fin de escapar a sus ace- 
chanzas, Descartes se refujió cerca de la reina Cristina de 
Suecia, que lo habia llamado a su corte. No pudo, sin em- 
bargo, resistir al rigor del clima, i murió en Bstocolmo en 
febrero de 1650. 

Descartes habia comenzado por desechar provisoriamen- 
te de su espíritu todas las creencias admitidas hasta enton- 
ces, **a fin, decia, de colocar mas tarde otras mejores, o bien 
las mismas, cuando las hubiere ajustado al nivel de la ra- 
zón." Para reconstruir el edificio, se creó un método toma- 
do de las ciencias que habia estudiado largamente. No ad- 
mitir mas (¡ue lo evidente, dividir las dificultades para ven- 
cerlas, ir siempre de lo simple a lo compuesto, hacer siempre 
separaciones, tales son las cuatro reglas que dirijieron su 
marcha. El encadenamiento que observaba en las propor- 
ciones matemáticas, le daba la esperanza de encontrar algo 



LITERATURA FKANCB^-A 443 



de parecido en todas las cosas que pueden caer bajo el cono- 
cimiento del hombre. 

Este solo método importaba en los dominios de la filoso- 
fía i de la investigación científica una verdadera revolución, 
cuyo análisis no es de este lugar. Pero su libro hizo otra re- 
volución no menos notable en el dominio de la literatura. 
El estilo de Descartes es el de la verdadera elocuencia. Es 
admirable por la naturalidad, la verdad, la precisión, la 
trasparencia, la limpieza: la palabra i el pensamiento son 
consustanciales, es decir, que es imposible separar la una de 
la otra. En todas partes, el deseo de probar lo arrastra so- 
bre el cuidado de adornar: condensado como la lójica, ní- 
tido como el razonamiento, la frase se desarrolla sin apara- 
to, se sigue i se encadena sin otro lazo que el del sentido. 

17. — El estilo de Descartes no se dirije mas que a la inte- 
lijcncia. Apóstol de la razón, él desdeña todos los atavíos 
que animan i vivifican el discurso, porque para producir el 
convencimiento no son necesarios los adornos. Es menester 
llegar a Pascal para encontrar en la prosa francesa el alma 
i el corazón del escritor unidos a todas las gracias del es- 
tilo. 

Blas Pascal nació en Clermont en 1623. Desde su niñez 
asombró a sus padres por el poder de su jenio. A los doce 
años, solo i sin libros, inventaba los elementos de jeome- 
tría, cuyos términos ignoraba, i a los dieciseis componia 
un notable tratado de secciones cónicas. Su constitución 
débil i enfermiza se doblegó bajo el peso de esa actividad 
devoradora, de tal modo que desde los veinte años no pasó 
un solo dia sin sufrir, i murió al fin en 1662, a los treinta i 
nueve de su edad, sin haber terminado algunas desús obras, 
pero dejando uno de los mas brillantes nombres que recuer- 
den la historia de las ciencias i de las letras. La física, las 
matemáticas i la mecánica le deben algunos de sus mas no- 
tables descubrimientos; i la literatura dos libros que vivi- 
rán mientras se conserve recuerdo de la lengua francesa. 

No es éste el lugar de dar a conocer las famosas cues- 
tiones entre jansenistas i molinistas que ajitaron a los teó- 



444 NOCIONBS DB HISTORIA LITERARIA 

logos durante la primera mitad del siglo XVII. La famosa 
escuela de Port-Royal, que servia de asilo a los mas distin- 
guidos sectarios de las doctrinas de Jansenio, tuvo que lu- 
char con los jusuitas, partidarios de Molina, sobre el dog- 
ma de la gracia i de la predestinación. La autoridad ecle- 
siástica i los doctores de la Sorbona condenaron* a los jan- 
senistas. Pascal, que pertenecía de corazón a la escuela 
condenada, creyó ver en ese fallo una resolución que mas 
que la voz de la razón, era el fruto de la influencia de los 
jesuitas. No pudicndo, sin separarse de lleno de la iglesia, 
defender abiertamente lo que ella condenaba, los discípulos 
de Jansenio dirijieron contra los molinistas escritos anóni- 
mos o seudónimos que revelan el ardor con que se debatia 
aquella cuestión. 

Las mas notables de esas producciones son sin disputa 
las Cartas a un provincial, firmadas con el nombre de Luis 
de Montalto, i escritas por Pascal, i mas conocidas con el 
nombre popular de Cartas provinciales. Son diez i ocho 
epístolas que aparecieron sucesivamente en opúsculos se- 
parados desde enero de 1656 hasta marzo de 1657. Las 
cuatro primeras no tienen otro objeto que las disputas so- 
bre la gracia i la censura pronunciada por la Sorbona. En 
las siguientes, Pascal* ataca directamente a los jesuitas pa- 
ra condenar su casuística, su doctrina de la probabilidad, 
su política i la moral relajada de muchos de sus teólogos; 
i los persigue con el ridículo i la invectiva, empleando pa- 
ra esto un talento cómico i una elevación de estilo descono- 
cido hasta entonces **La precisión, la claridad, una elegan- 
cia desconocida, dice M. Villemain, una burla hiriente i na- 
tural, palabras que la memoria conserva, hicieron popular 
el triunfo de Pascal. Admiraríamos menos las Cartas pro- 
vinciales si no hubiesen sido escritas antes que escri!>iese 
Moliere. Pascal ha adivinado la buena comedia. Intro- 
duce en la escena muchos actores: un indiferente que recibe 
todas las confidencias de la cólera i de la pasión, hombres 
de partido sinceros, falsos hombres de partido, mas atre- 
vidos que los otros, conciliadores de buena fe, rechazados 



LITERATURA FRAN*CE6A 445 

en todas partes, hipócritas siempre acojidos. Es una ver- 
dadera comedia de costumbres sin Ja apariencia de tal". 
Aparte de estos méritos puramente literarios, las Provin- 
ciales son una obra maestra de dialéctica por la instruc- 
ción que revelan, por la hábil disposición de las pruebas, i 
por la claridad i fluidez con que se desprenden las deduccio- 
nes. Si se puede reprochar a Pascal el haber atribuido a 
una sociedad entera las opiniones de algunos de sus miem- 
bros, jamas se ha podido negar que esos opúsculos reuni- 
dos cuidadosamente, han contribuido mas que otro libro 
a fijar la prosa francesa i a darle el gusto por una elocuen- 
cia verdadera i natural. Las cuestiones entre jansenistas i 
molinistas están hoi completamente olvidadas, como to- 
dos los escritos a que dieron motivo: sólo los de Pascal vi- 
ven como un monumento literario. 

Otro trabajo mas grave, pero menos ardiente, ocupó los 
últimos años de Pascal en los intervalos que les dejaban 
libres sus sufrimientos físicos i las prácticas austeras. Em- 
prendió una apolojía del cristianismo contra los escépti- 
eos i los incrédulos, ya mui numerosos, i mas amenazado- 
res para la relijion que todas las herejías. Con su ardor 
acostumbrado, se ocupó en recojer los argumentos de 
la incredulidad razonada, para destruirlos por medio del 
raciocinio puesto al servicio de la fe, con ese poder de de- 
ducción, ese rigor de análisis que la jeometría le habia en- 
señado, i que pasando de sus ideas a su lenguaje, produ- 
cía el vigor i la orijinalidad inimitables de su estilo. La 
muerte lo sorprendió en este trabajo; los fragmentos que 
dejó escritos de carrera, sin ser revisados i en desorden, 
han sido recojidos i publicados con el nombre de Pensa* 
mientoSy i atestiguan su poderosa intelijencia i su gran ta- 
lento de escritor. Las primeras ediciones de estosfragmen- 
tos fueron, sin embargo, incompletas i defectuosas: sólo en 
1844 se han publicado los Pensamientos en su forma ver- 
dadera, después dcf una escrupulosa revisión de los manus- 
critos orijinales. 

18.— Aunque el cultivo de la palabra i la disposición ora- 



446 KOCIOKES DE HISTORIA LITERARIA 

toría sean un gusto particular de la nación francesa, la 
verdadera elocuencia, en el sentido usual de esta voz fué 
largo tiempo desconocida en Francia. La elocuencia foren- 
se se había estraviado largo tiempo en una imitación infor- 
me de la antigüedad. Los oradores políticos no tenían un 
campo de acción: i cuando en los consejos del rei o en otras 
corporaciones, cuvas sesiones no fueron nunca públicas, se 
trataba de los negocios del estado, se iba di^recho al asunto 
en debate, cuidándose mui poco de la forma. En fin, ios 
oradores sagrados, permitiéndose todos los estravíos de 
una imajinacion desordenada, no alcanzaron a la verdadera 
elocuencia. 

De estos tres jéneros de elocuencia, fué el último el que 
llegó antes que ningún otro a la perfección. El siglo de Luis 
XIV que vio elevarse grandes poetas i grandes filósofos, vio 
también lo? mas grandes oradores sagrados que el mundo 
haya conocido; ¡ a la cabeza de éstos a Bossuet, llamado 
el ííltimo de los padres de la iglesia por su fe i por su cien- 
cia, tomando en cuenta e' orden cronolójico; [>ero el pri- 
mero de los escritores sagrados por su talento i por su arte 
literario. 

Santiago Benigno Bossuet nació en Dijon en 1627. Des- 
pués íle haber hecho brillantes i concienzudos estudios en 
su ciu huí natal i en París, recibió las órdenes eclesiásticas, 
i se\ió elevado naturalmente i por su propio mérito al ran- 
go de obispo de Meaux, diócesis subalterna, es verdad, pero 
desde donde fué el jefe i el director del clero francés. Bossuet 
pasó su vida entera en el trabajo, no solo como escritor i 
predicador, sino como defensor de las prerrogativas de la 
iglesia francesa contra las pretensiones de la corte romana. 
.Murió en 1704 dejando en sus numerosas obras un reper- 
torio inmenso de su sal)er i el monumento indestructible de 
su gloria. 

Teólogo, orador, historiador, filósofo i político, Bossuet 
ha cultivado diversos jéneros con la misma rectitud de jui- 
cio, con la misma ciencia i con el mismo talento literario. 
Aunque sus sermones sean una obra acabada en su clase. 



LITERATURA FRANCHSA 447 

íiunquela crítica los haya considerado un verdadero tesoro 
<\e elocuencia i de razón, se estiman sobre todo las seis ora- 
ciones fúnebres que pronunció durante el largo trascurso 
<le sus predicaciones. Ellas se desarrollan a la vista de la 
])osteridad como las pajinas de una imponente historia. 
Cada discurso parece 'ser una parte de un vasto conjunto 
en que los grandes acontecimientos i los personajes ilustres 
ile la época aparecen alternativamente iluminados por la 
antorcha lúgubre de las solemnidades de la muerte. Parece 
que la providencia los llama sucesivamente, a los hombres 
i a los sucesos, a los pies del orador que va a juzgarlos. La 
elevación de los pensamientos, la grandeza de las imájenes, 
la magnificencia del estilo, no lo abandonan un momento 
cuando recorriendo la vida de los muertos saca de ella 
grandes i terribles lecciones para los vivos. Pero, por san. 
tas que sean las lecciones dadas por Bossuet en sus oracio- 
ciones fúnebres, la verdad déla historia, santa también, 
tiene que reclamar contra la mayor parte de sus aprecia- 
ciones. Eí3te es el escollo casi inevitable de este jénero de 
elocuencia: el orador se ve fácilmente arrastrado a erijir en 
tipos cumplidos de virtud, algunos personajes mui alejados 
de este ideal. 

Hai otro jénero literario cultivado, casi podría decirse 
creado por Bossuet, la filosofía de la historia, a la cual aplicó 
el arte oratorio que se ostenta en sus otras obras. Su Discurso 
sobre la historia universal nos muestra a la humanidad aji- 
lándose en vano en la tierra, donde cree obrar con comple- 
ta independencia, mientras que una mano invisible, pero 
.siempre presente, la guia hacia un fin que sólo Dios conoce. 
Bossuet es el primer historiador que hnya presentado a los 
hombres obrando bajo la mano de Dios; pero nadie habia 
concebido la historia del jénero humanb en un conjunto tan 
armonioso en que todos los hechos examinados desde una 
grande altura, están encadenados en una idea capital, co- 
mo en la epopeya mas interesante i majestuosa. Lo que en 
la pluma de otro escritor no habria sido mas que un cua- 
dro crónolójico, una fría esposicion de hechos i de fechas. 



i4S NOCIONES 1>B HISTORIA LITERARIA 

se anima i vivifica en manos de Bossuet. Los pensamientos, 
las observaciones jenerales, se mezclan a los hechos, se 
combinan con la narración i adquieren tal fuerza i precisión 
que aceleran la marcha de la historia en lugar de retardar 
la, como sucede de ordinario. El estilo pinta las ideas i ]•> 
deja ver todo. Se admiran particularinente los capitule s 
que destina a la Persia, a la Grecia, al Ejipto i a Roma. 

No es éste el lugar de examinar el talento de Bossuet 
como teólogo, como político i como polemista; pero en to- 
das sus obras, aun en las mas Hjeras, dominan las mismas 
dotes de estilo, que le han valido la gloria de ser considera- 
do uno de los mas grandes escritores del mundo. •'Bossutt. 
dice un célebre historiador de Francia, H. Martin, form.'i 
por sí solo un mundo aparte en el gran mundo literario del 
siglo XVII. Los otros son hijos adoptivos de Roma i de 
Grecia: él también ha pasado por Roma, |3ero viene de mas 
lejos, trasporta el oriente a occidente por alianzas de pala- 
bras de un atrevimiento i de una novedad increibles, por 
figuras jigantescas que no le ha sujerido el gusto europeo, 
pero que él sabe someter a las leyes de la proporción lle- 
vando la medida de la misma inmensi«lad. Tal es el fruto 
de su frecuente contacto con la Biblia, único alimento bas- 
tante fuerte para su alma. Los otros teólogos estudiaban 
fríamente la Escritura como la materia de su ciencia. Bos- 
suet ve en ella la ciencia viva, la palabra siempre vibrante 
e inflamada: hace suyos a la vez el espíritu i la forma tan- 
to como lo i erniite la diferencia de tiempos i de lenguas." 

19.- Adversario de Bossuet en algunas discusiones teo- 
lójicas, i su rival en gloria literaria, fue Fenelon, el célebre 
arzobispo de Cambrai. Ambos marchaban sin embargo íiI 
mismo objeto, la unidad relijiosa de la Francia; pero áni- 
bcs imprimieron a suá escritos un sello especial, lo que ha 
permitido la diversidad de apreciaciones. Bossuet es tod»» 
vigor i enerjía: F'enelon descuella por la suavidad i la dul- 
zura en sus escritos i en su carácter. 

Francisco de Saligiiac de Lamothe-Fenelon, nació en d 
castillo de sus padres, en Perigord, el año de 1631. Üespucs 



LITERATURA FRANCB8A 449 



de haber hecho brillantes estudios, i de haber recibido las 
órdenes sacerdotales, se ocupó en la enseñanza i en la pre- 
dicación entre los protestantes. Luis IV le confió la educa- 
ción de su nieto, el duque de Borgoña, heredero del trono, 
que murió antes de reinar, i lo elevó al arzobispado de 
Cambrai. Entonces hacia su reaparición en Francia la doc- 
trina mística del quietismo, que hacia consistir la perfec- 
ción del amí)r divino en una contemplación pasiva, en una 
inacción completa de las facultades del alma, en una indi- 
ferencia absoluta, en una quietad jeneral, por todo lo qué 
pueda ocurrimos en este estado. Fenelon se inclinó en fa- 
vor de la nueva secta, i en vez de condenarla, como lo exi- 
jia Bossuet, la sostuvo lucidamente en sus escritos. Este 
fué el oríjcn de una ruidosa controversia entre los dos ilus- 
tres prelados, en que se interesaron todos los fieles. El papa 
intervino, al fin, i condenó la nueva doctrina; pero, aun- 
que Fenelon se sometió a la decisión de Roma con una sua- 
ve humildad, perdió desde entonces la estimación de Luis 
XIV. Poco después, su desgracia fué completa. F*enelon ha- 
bía escrito para la educación de su real discípulo una no- 
vela, Tclémaco, en que bajo las apariencias de un encade- 
namiento de aventuras romanescas, enseñaba, junto con la 
admiración por la antigüedad clásica, el horrorporlos ma- 
los gobiernos i la moral mas pura. La publicación de ese 
libro, hecha por la indiscreción de un escribiente encargado 
de copiarlo, le atrajo nuevos disgustos. Luis XIV creyó 
ver en él una amarga sátira de su gobierno; i todas las 
protestaciones de Fenelon no pudieron libertarlo de caer 
en desgracia i de que su libro, aunque escrito sin ninguna 
intención oculta, fuese prohibido en Francia. En esa situa- 
ción murió Fenelon en los primeros dias de 1715, con el 
dolor de ver que por la muerte del duque de Borgoña, su 
discípulo, la Francia no seria gobernada por el hombre a 
quien él habia sabido inocular los principios de una virtud 
sólida. 

"Aunque Fenelon haya escrito mucho, dice M. Ville- 
main, jamas pareció buscar la gloria de autor; todas sus 

TOMO IV 29 



450 NCCIONBS DE HISTORIA LITERARIA 



obras fueron inspiradas por los deberes de su estado, por 
sus desgracias o por las de su patria. La mayor parte de 
ellas no fué conocida sino después de su muerte." Se han 
conservado algunos sermones menos vigorosos i cuidados 
que los que nos quedan de los grandes jenios del pulpito 
francés, pero en que se deseu]>reuna imajinacion fácil i viva 
i una elegancia natural. Sus diversos estudios relativos a 
la retórica i sobre todo sus Diálogos sobre la elocuencia^ 
por la solidez de sus principios i por el arte con que los de- 
sarrolla, lo colocan en el primer rango entre los críticos, i 
sil ven para esplicar la sencillez orijinal de sus propios es- 
critos. Sus Fábulas escritas en prosa, sus Diálogos de los 
muertos i sus Vidas de los ñlósofos antiguos, son libros de 
educación en que el hábil escritor ha sabido desarrollar en 
el estilo mas natural i agradable la moral mas pura i mas 
sim|)ática. 

Pero la obra capital de Fenelon es su Telémaco, novela 
poética, o si se quiere, epopeya en prosa, en que el héroe es 
el hijo de Ulíses, i el asunto las peregrinaciones de ese joven 
que recorre muchos paises buscando a su padre después de 
la ruina de Troya. Un estudio acabado de la antigüedad, 
la imitación, ?^^ se quiere, de Homero i de Sófocles, de Jeno- 
fonte, de Platón i de Virjilio, han permitido a Fenelon for- 
mar un tejido de aventuras interesantes i bien encadena- 
das, en cuya lectura se cree respirar el aire de la antigua 
Grecia, en cuya moral ha demostrado la manera de educar 
a los príncipes, de fortificar sus corazones en la virtud i de 
enseñarles que su verdadera gloria i su íínica felicidad con- 
siste en hacer felices a los pueblos que gobiernan. Todos 
los incidentes del poema, toda la variedad de aventuras te- 
rribles o conmovedoras que retardan la reunión de Ulíses i 
<le Telemaco, no son mas que grados por los cuales el jo- 
ven príncipe se forma las cualidades mas puras i perfec- 
ciona el carácter mas estimable i mas jeneroso. La grande 
orijinalidad del Tclcmnco no consiste en el tejido injenioso 
<le esas aventuras ni en el vivo reflejo de la antigüedad al 
través de las formas i de unalengrua moderna: se encuentra. 



LITIO&ATUKA FllANCBSA 451 

como lo ha observado M. Villemain, en la feliz inspiración 
del espíritu cristiano en medio de los recuerdos del paga- 
nismo. Con una habilidad infinita, Fenelon ha tomado a 
manos llenas pensamientos i teorías de la filosofía antigua; 
pero los ha depurado, i ha sabido asociar a las tradicio- 
nes paganas la moral del evanjelio, sin que el gusto tenga 
que qufjarse jamas de esta difícil trasformacion. El estilo 
mismo es una mezcla de gracia i de vigor en que el gusto 
antiguo está revestido deformas modernas i que servirá de 
eterno modelo. 

Fenelon es, ademas, autor de muchas obras filosófico- 
relijiosas. Al lado de una lójica vigorosa, desplega en ellas 
la imajinacion en las descripciones, i una grande elegancia, 
pinta la naturaleza, e iguala las riquezas i los colores con 
el brillo del estilo i con los sentimientos tiernos i apasiona- 
dos que brotan de su corazón. En éstos, como en los demás 
escritos de Fenelon, "se siente, dice uno de sus contemporá- 
neos, La-Bru>'ére, la fuerza i el ascendiente de este talento 
raro, sea que predique sin preparación, sea que pronuncie 
un discurso escudiado i oratorio, sea que esplique sus pen- 
samientos en la conversación." 

20.— La oratoria sagrada produjo todavía en Francia, 
en este siglo, muchos otros escritores de gran mérito. El 
analizarlos a todos ellos, aunque sólo fuera muí lijeramen- 
te, nos llevaría demasiado lejos. Nos vemos por tanto redu- 
cidos a no hablar sino de los principales. 

El padre Luis Bourdaloue (1632-1704), jesuíta de un 
raro talento i de una notable instrucción, se ocupó muchos 
años en la enseñanza, i no se hizo predicador sino cuando 
t?ra ya un literato formado i un teólogo formidable; i en- 
tonces ya podia competir con Bossuet en elocuencia. Sus 
sermones atraian al templo una numerosa concurrencia, 
ísierapre ávida de oirlo, a pesar que descuidaba todos los 
medios de agradar que suministran la pasión i los artifi- 
<.MOs del lenguaje. La severidad de su estilo iguala al rigor 
de sus razonamientos. El poder de Bourdaloue se encuen- 
tra en la autoridad de la verdad i de la lójica. Se admiran 



452 N0CI0NB8 DB HISTORIA UTSIRARIA 

la fecundidad ¡ los recursos de su talento inagotable, que 
sabía dar iK,vedad a los asuntos profundizándolos. Com- 
puso muchos sermones sobre la pasión de Jesucristo: si se 
les considera aisladamente, el asunto aparece agotado en 
cada uno de ellos; si se les compara, no se encuentra una 
sola repetición. 

Fléchier * (1632-1710), clérigo secular, es notable sobre 
todo como escritor. La elección de las palabras, la armonía 
del lengnaie, el jiro injenioso del pensamiento, el arte de co- 
locar las imájenes i de encontrar los movimientos oratorios 
convenientes al sentimiento que espresa, producen algunas 
veces los efectos de la grande elocuencia. Pero se en^añaria 
quien no viese en Fléchier mas que un retórico injenioso que 
finje la elocuencia con habilidad. Fléchier es realmente ora- 
dor; pero distrae la atención con los atavíos que emplea 
para adornar pensamientos sólidos. La oración fúnebre de 
Turena es su obra maestra. Sus escritos históricos son mui 
inferiores a sus producciones oratorias. 

Juan Bautista Masillon (1663-1742), sacerdote de la 
congregación del Oratorio, fué por largos años profesor, lo 
que le permitió ensanchar el campo de sus estudios clásicos. 
No hai un orador cristiano que haya movido las pasiones 
con mas verdad i con mas poder. Los discursos de Masi- 
llon descubren todos los misterios i todas las llagas del 
alma humana, i señalan el remedio para ellas, dando leccio- 
nes a los depositarios del poder i de las riquezas i consuelos 
a los que sufren en las últimas escalas de la sociedad hu- 
mana. Son famosos particularmente sus sermones de cua- 
resma. 

21.— La Francia del siglo XVII conoció otros moralis- 
tas que, fuera del templo i lejos del teatro donde Moliere 
daba sus eternas lecciones, señalaron los vicios i las ridicu- 
leces de los hombres con una gran finura de observación i 
con un notable talento literario. El duque de La Rochefou- 



1 El nombre de Fléchier era Esprit, que como nombre propio oo 
liene, según creemos, traducción en castellano. 



LITERATURA FBANCBSA 453 



cault (Francisco de Marcíllac) 1613-1680), dio la forma de 
pensamientos sueltos, i el nombre de Máximas, a una serie 
de observaciones sobre el carácter humano, escritas c<»n ele- 
gancia, naturalidad i gracia, en que parece querer probar 
que todas las acciones humanas no tienen ma'< que un solo 
móvil, el amor propio. Estejénero de escritos, aparte del 
principio demasiado absoluto que el autor ha desenvuelto, 
tiene algo de monótono en su concisión afectada. Otro es- 
critor mas eminente, La Bruyére, evitó este escollo con un 
arte supremo. 

Juan de La Bruyére, nacido, según la opinión mas fun- 
dada en Paris, en 1645, i muerto en 1696, llevó una vida 
oscura hasta que publicó un libro admirable, el único que 
haya escrito, i que lo hizo célebre en pocos ílias. Tan poco 
caso se hacia de él que para encontrar un editor que qnisie- 
ra dar a luz su manuscrito, La Bruyére lo ol)sequió íi un 
librero para que dotase a una hija con el producto de la 
venta. Nueve ediciones se agotaron en pocos años: ti autor 
fué llevado a la academia francesa: los grandes escritores 
se honraron con su amistad; i los grandes señores tuvieron 
a gloria el favorecerlo. 

El libro de La Bruyére se titula Los caracteres. Según su 
título, era una traducrion de los famosos retratos morales 
que trazó Teofrasto, los cuales completó el moralista fran- 
cés con una galería de retratos orijinales, modelados sobre 
los homl)res de su siglo, convirtiendo las ideas abstractas 
«n fisonomías reales, en hombres que viven, que hablam 
que obran. **En el espacio de pocas líneas, dice La-Harpe, 
pone sus personajes en escenas de mil maneras diferentes; i 
«n una pajina agota todas las ridiculeces de un necio, o to- 
cios los vicios de un malvado, o toda la historia de una pa. 
^ion, o todos los rasgos de una semejanza moral. Ningún 
prosador ha inventado mas espresiones nueva-?, ni ha crea- 
do mas jiros vigorosos o picantes. Su concisiones pinto- 
resca i su r(ipidez luminosa.'* Como sabe que nadie tendrá 
paciencia para leer una serie numerosa de retratos, varia 
Viasta lo infinito sus formas de esposicion. Al retrato pro* 



454 NOCIONfCS DB HISTORIA LITERARIA 

píamente dicho, sustituye aquí una anécdota, acá un diálo- 
go, en otra parte una máxima jenera!, algunas veces anili* 
sis abstractos. Es tan variado como si muchos injenios hu- 
biesen trabajado en la misma obra; pero en todas partes se 
percibe la presencia de un juez severo, de un homlire honra- 
do, de un buen ciudadano herido en su corazón; de un hom- 
bre de juicio i de gusto a quien apesadumbra a veces, i a 
veces fastidia la necedad de los otros. Sea que cuente, sea 
que pinte, sea que analice, su estilo est¿ llen<i de vivacidad» 
de sal, de amargura, de ironía; i con frecuencia, una sola 
palabra colocada al fin, deja ver su sentimiento comprimida 
hasta entonces; i aun ajgunas veces su reticencia misma 
hace comprender su |>ensam¡ento. 

22.— La historia tuvo en Francia durante e! siglo XVII 
un gran número de representantes distinguichiS, que la es- 
tudiaron con verdadera pasión i que la escribieron con cier- 
to arte. Sin embargo, las obras mas acabadas desde el pun- 
to de vista literario, son poco estimadas en nuestros dias» 
porque sus autores buscaron mas la idea de agradar que 
la de representar los hechos i los tiempos con ese colorido 
prolij«> i profundamente verdadero que los modernos exi- 
jen en las obras de esta naturaleza. Subsisten, con todo, i 
conservan su mérito; los trabajos de erudita investigación 
en que, con una laboriosidad admirable, se agruparon los 
materiales que han utilizado los historiadores subsiguien- 
tes. El mas famoso entre los escritores de este jénero es 
Claudio Fleury (161-0-1723), sacerdote secular, que con 
una erudición verdaderamente prodijiosa i con un método 
notable escribió una estensa Historia eclesiástica que al- 
canza hasta 1517. En ella se encuentran, junto con la his- 
toria de la iglesia las noticias mas curiosas que es posible 
recojcr sobre los progresos de la civilización al travesde los 
siglos medios. 

La historia del reinado de Luis XIV con sus grandezas 
i sus miserias, mejor que en todos los historiadores de ese 
siglo, se encuentra consignada en una obra mui volumino- 
sa que tiene por título Memorias del duquede Saiat Simon^ 



LiTBRATUKA FRANCB8A 455 



libro Único en su jénero por la verdad constante de sus 
narraciones i por la serenidad imperturbable con que ha 
sido escrito. Su autor Luis de Roubray, duque de Saint 
Simón (1675-1755), pariente i ahijado del rei, vivió casi 
siempre en la corte, conoció a todos los hombres que figu- 
raron en su época i bajo la rejencia del duque de Orleans, i 
ha consignado en su obra todo lo que vio, todo lo que supo 
de una manera auténtica, i ha formado así una mina fe- 
cunda e inagotable en que la historia ha ido a buscar no- 
ticias i colorido. Toda obra análoga parece pálida i pobre 
al lado de ésta. Es un drama siempre en movimiento, i que 
se renueva siempre, en que se suceden los acontecimien- 
tos, las escenas de la corte, los matrimonios, Ic^s favores i 
las desgracias como un flujo i reflujo de innumerables fiso- 
nomías. Síiint Simón, sin ser escritor de profesión, tiene 
un tino admirable no sólo para penetrar a fondo los secre- 
tos de la corte, los pliegues mas ocultos del corazón huma- 
no, i la acción de las diversas pasiones, sino también para 
darlo a conocer todo con una naturalidad inimitable i con 
un interés que no hace fatigosa la lectura de una obra in- 
mensa. 

Las novelas de ese siglo son también ún ausiliar pode- 
roso para conocer aquella sociedad. En efecto, bajo nom- 
bres persas, griegos i romanos, bajo el disfraz de aventuras 
¡majinarias i estravagantes, los novelistas dieron a cono- 
cer a muchos personajes famosos i particularmente a las 
mujeres literatas, i consignaron tn sus. libros noticias im- 
portantes para la historia. El mas famoso entre los escri- 
tores de este jénero es Magdalena de Scudéry (1607-1701), 
mas conocida con el nombre de Mademoiselle de Scudéry, 
cuyas interminables novelas fueron el encanto de los lec- 
tores de su siglo. Hoi nadie lee esas obras para buscar en 
ellas el entretenimiento; pero los eruditos que la consul- 
tan con gran prolijidad han encontrado noticias fidedig- 
nas para escribir la noticia íntima i familiar de aquella so- 
ciedad. 

Un ausilio no menos importante para conocer la historia 



456 NOCIOHSB DB HlS Tg MA U' 



i el espirita de ese siglo, presta la compilación de las cartas 
de madama Sevigné. María de Rabutin-Chantal, mar- 
quesa de Sevigné (1626 1696), ocupa un lugar eminente en 
la literatura francesa nada mas que por la puhlicacion de 
su correspondencia epistolar hecha muchos años des]>aes 
su muerte, si bien fué conocida de sus contem|)<)iáneos por 
medio de copias que admiraban los literatos. Rsta mujer, 
dotada de una rara instrucción, escribia sus cartns a una 
hija ausente, con un estilo tan natural, tan fácil, i sin em- 
bargo, tan animado i tan pintoresco, que los críticos han 
Hegíido a decir que la literatura francesa no tirne libro al- 
guno que refleje mejor el injenio nacional. A elKns se referia 
sin duda La Bruyére cuando decia que las mujeres "en- 
cuentran jiros i espresiones que con frecuencia son en los 
hombres el efecto de un largo trabajo i de una penosa re- 
busca. Ellas son felices ep la elección de las pxilíibras, que 
colocan tan bien que por conocidas que nos sean tienen el 
encanto de la novedad i parecen ser hechas únicamente pa- 
ra el uso que ellas les dan. Ellas no mas pueden hacer leer 
en una sola palabra todo un sentimiento i verter delicada- 
mente un pensamiento que es delicado. Ella, tienen un en- 
cadenamiento inimitable en el discurso, que se sigue natu- 
ralmente i que no está ligado sino por el sentido." Estas 
palabras hacen el retrato ^literario de Madama S^'vigné; 
pero sus cartas encierran ademas una cantidad infinita i 
vanada de hechos históricos, de finas alusiones, de detalles 
interesantes, de anécdotas escritas con plena independen- 
cia de injenio i de estilo, de apreciaciones juiciosas de los 
acontecimientos i de los personajes, i de juicios literarios 
casi siempre ratificados por la posteridad. 

SIGLO XVIII 

23. — Después del siglo brillante que acabamos de reco- 
rrer en rápida revista, la literatura francesa pasó por una 
reforma radical. El espíritu literario i social del siglo XVII 
estaba dominado por la influencia de tres elementos que es 



UTBRATÜRA FRANCESA 457 



fácil reconocer en todas las manifestaciones literarias. La 
antigüedad reanimada i rejuvenecida por el renacimiento; 
la relijion practicada sin disjusion; i el poder monárquico 
soportado sin resistencia. La poesía bajo todas sus formas 
aspirando siempre a la corrección, ala armonía i a la gran- 
diosidad antiguas;el sentimiento relijioso manifestado aun 
por los filósofos que enseñaban que la duda razonada era 
el camino mas seguro para llegar a la ciencia; i la venera- 
ción constante por el ^^^r^n re/, aparecen mas o menos en 
todas las obras literarias de ese siglo. 

Pero, a medida que la sociedad francesa envejece, el en* 
tusiíismo se cstingue, las ideas se hacen mas positivas i el 
fondo domina sobre la forma. Así el siglo XVIII es el siglo 
de la prosa. Fecundo en hombres de injenio, en escritores 
elocuentes, en sabios profundos, es casi estéril en poetas. 
Montes(|uieu i Buffiín, dos de las mas altas glorias de la 
nueva época, declaraban paladinamente su antipatía por 
los jéiieros poéticos. **La poesía lírica, decia el primero, es 
una armoniosa estravagancia." Oyendo BuíTon leer unos 
versos que lo impresionaban, no encontró mejor modo de 
espresar su admira.ion que decir: **¡Esto es bello como la 
prosa!" 

Pero éste no es propiamente el carácter distintivo de la 
literatura del siglo XVIII. A la creencia dócil de la época 
anterior, ala sumisión humilde a la autoridad real, sucedió 
un espíritu de discusión que no respetaba nada. La litera- 
tura no se encerró como en el siglo precedente en el dominio 
del arte, sino que lo invadió todo pretendiendo reglarlo 
todo. Su obra es principalmente subversiva. Las creencias, 
las costumbres, las antiguas instituciones son el blanco de 
sus golpes formidables. Ataca las relijiones positivas, ame- 
naza la r yecía, rompe con la tradición histórica i busca en 
otras fuentes el principio de lo justo i de lo verdadero. Era 
aquello una obra de destrucción de todo el pasado acome- 
tida en nombre de la razgn i de la filosofía. Esta última pa- 
labra tomó un sentido especial, que conserva todavía cuan- 
do se trata de ese siglo: es la hostilidad a todas las cosas 



458 NOCIONES DB HISTORIA L.ITBRAKIA 

establecidas, la oposición razonada en materias de relijion, 
de moral i de política. 

El gobierno, las instituciones, la lejislacion, la ciencia 
mism;i estaban sin duda mucho mas atrás de lo que exijia 
este movimiento de los espíritus; pero la literatura se con- 
quistó la importancia de un poder publico, a pesar de todas 
las trabíis que se le oponian inútilmente. Los literatos no 
fueron una casta aislada que gozaba aparte de sus oscuros 
honores: lejías de eso, ellos reinaron en la opinión por el 
derecho del talento i de la moda. Sus nombres i sus oliras 
no redujeron su acción al sólo recinto de la patria; pasaron 
mas allá i fueron a ejercer su influencia en lejanos paises. 
Así, esa revolución provocada en parte por el ejemplo prác- 
tico de las libertades civiles i políticas de que gozaba en esa 
época la Inglaterra, fué aceptada en casi toda Europa por 
los talentos mas aventajados, lo que dio al movimiento un 
espíritu desconocido hasta entonces. Se llegó a soñar en 
una lengua común a todos los pueblos de Europa, a todas 
las naciones del globo, que sirviera de lazo a la gran socie- 
dad humana, i se indicó el francés como el idioma mas 
apropiado para esta obra. 

24. — Estudiando cronolójicamente la historia literaria 
de este siglo, el primer nombre ilustre que se nos presenta 
es el de Le Sage, en cuyas obras no se encuentran todavía 
desru rolladas las tendencias revolucionarias. 

Renato Le Sage '1668—1745), merece por mas de un 
motivo el título del primer novelista francés. Fortificado 
con un estudio prolijo de los escritores españoles, conoc*e- 
dor profundo de su teatro, de sus novelas i de sus poesías, 
aprendió en ellos el arte de inventar i de encadenar aven- 
turas; i en Moliere la manera de pintar los caracteres po- 
niéndolos en acción i haciéndolos hablar. Compuso varias 
comedias, una de las cuales, Ti/rca reí, critica de los ban. 
queros de entonces, es una obra maestra, i muchas nove- 
las, mas o menos imitadas del español. Pero c\Jil Blas de 
Santillann, publicada por partes entre 1715 i 1735, eclipsó 



iJTHRATURA FRANCIMA 459 



todas SUS obras i le conquistó un nombre inmortal en la 
historia literaria. 

Lo que asegura a una novela la fama i la duración no 
es únicamente la pintura de las pasiones, la disposición de 
la intriga, el interés de las aventuras, la multiplicidad de 
las escenas que producen la emoción: es, ante todo, la ver- 
dad permanente de los caracteres, la naturalidad constan- 
te de los tipos, el cuidado prolijo del estilo. Esto es lo que 
Le Sage ha sal)ido hacer con una habilidad verdaderamen- 
te asombrosa. El héroe principal, Jil Blas, que cuenta él 
mismo su historia con sus propias reflexiones, parece un 
personaje tan real que no se puede dudar de su existencia. 
Es a la vez un carácter tan verdadero, un tipo tan humano, 
que se encuentran en él todas las debilidades, todas las 
miserias i todos los sentimientos honrados que un corazón 
puede tener en jérmen. Naturalmente bueno, dejándose ven- 
cer a veces por el ejemplo i por la ocasión; pero, víctima 
constante de las acechanzas de otros i a veces de su propia 
vanidad, Jil Blas tiene bastante injenio para reirse de las 
tonterías estrañas; i bastante honradez para reirse de sí 
mismo. 

**Si examinamos los detalles, dice Saint-Marc Girardin, 
¡cuánta finura de observación cuando Le Sage nos muestra 
a Jil Blas que, burlado en su pobreza, lo es mas en su opu- 
lencia, pero que se eleva, por decirlo así, de las manos de 
los bribones subalternos a las de los bribones titulados, 
siempre engañado, pero ahora con mas ceremonia!" El 
héroe de la novela que recorre todas las condiciones de la 
vida, que de la cocina pasa a las antesalas de palacio; que 
de criado humilde llega a ser el confidente de un ministro, 
encuentra por todas partes caracteres diferentes, o mas 
bien dicho una galería interminable Je fatuos, de viciosos, 
de malvados que retrata sin odio, sin pasión pero sí con un 
colorido indeleble, poniéndolos en acción con tanta verdad 
que nosotros creemos reconocerlos i que se graban en nues- 
tra memoria de una manera indeleble. **La gracia i la fa- 



460 MOCIOKBS DB HISTORIA UTERARIA 

cílidad del estilo, añade Saint- Marc Girardin, han perpe- 
tuado i ensanchado cada dia la fama de esta novela. En 
efecto, su espresion es como su pensamiento, sencilla i sin 
afectación; rápida i espiritual, se presta con flexibilidad a 
la alegría en la narración, i a la sátira en los retratos. Pa- 
rece que en cierto modo Le Sage ha querido pintar su es- 
tilo cuando el conde-duque de Olivares, después de haber 
leido una memoria redactada por Jil Blas, le dice: **Santi- 
llana, tu estilo es conciso i aun elegante: no tiene mas de- 
fecto que el ser bastante natural". Esa senciHcz que podia 
deSc'igradar al conde-duque, ha agradado i agradará siem- 
pre al público, que en una novela quiere que el estilo, siem- 
pre rápido i fácil, se preste a la impaciencia de su curio- 
sidad/' 

La España es el teatro en que tienen lugar las aventa- 
ras de Jil Blas, Le Sage habia hecho un estudio tan deteni- 
do de la literatura, de la historia i de la jeografía de la 
península, que sin haberla visitado nunca ha podido retra- 
tarla con gran fidelidad. Esta circunstancia ha hecho que 
se ponga en discusión la orijinalidad de su obra inmortal. 
Voltaire, de quien Le Sage ha hecho en su novela un retra- 
to burlesco bajo el nombre de Gabriel Triaquero, el poeta 
a lamoílaen Valencia, anunció con una lijcreza im|>erdo- 
nabIe que eiy// Bhis de SnntíUnna era tomado pí>r entero 
de una novela picaresca española. La vida del escudero 
Marcos de Ohregon, Basta examinar a la lijera esta obra 
para conocer cuan antoj-idiza es esa opinión. Posterior- 
mente, dos escritores españoles, el padre Isla en el siglo pa- 
sado, i «Ion Juan Antonio Llórente en nuestra época, han 
querido revindicar para España la gloria de haber dado 
nacimiento a esta obra, sosteniendo que Le Sage debió ha- 
berla traducido de algún manuscrito castellano, que des- 
truyó sin duda para ocultar el fraude. Esta opinión, como 
se com|)renderá, no tiene otro valor que una afirmación 
sin pruebas i sin fundamentos sólidos. 

Esta cuestión ha sido dilucidada con grande erudición. 
Dejando a un lado las pueriles exijenciasde un mal entendí- 



LITKRATUKA FRANCESA 461 

do amor propio nacional, se puede afirmar que la discusión 
ha producido resultados positivos. Es tan absurdo soste- 
ner que la novela de Le Sage ha sido traducida por entero 
de un español, impreso o manuscrito, como el afirmar que 
todo en ella es orijinal, como el Don Quijote^ o como cual- 
quier otro libro que no ha tenido precedente en la literatura 
anterior. Le Síige conocia a fondo el teatro i los novelistas 
españoles, tomó de ellos algunos caracteres, numerosos in- 
cidentes, i episodios casi completos, como es fácil reconocer; 
pero los encuadró en un tejido orijinal, en que no ha retra- 
tado a la España i los españoles solamente, sino los vicios 
i las ridiculeces de todos los tiempo, i de todos los lugares. 
La crítica ilustrada ha reconociilo que muchos de los per- 
sonajes de la novela son retratos satíricos de algunos con- 
temporáneos de Le Sage, como Gabriel Triaquero, i que al- 
gunos de los incidentes son copiados de hechos verdaderos 
ocurridos en Francia. Por último, la disposición jeneral, el 
carácter filosófico délas lecciones morales, la burla cons- 
tante de los grandes señores, de los ministros, de los prín- 
cipes i de los favoritos, el jiro incisivo, franco i directo de la 
sátira, la composición, el estilo i el gusto de la obra son 
eminentemente franceses. La orijinalidaddel libro de Le Sa- 
ge ha sido, ()ues, defendida victoriosamente i reconocida; i 
esa orijinalidad aun circunscrita a estos límites, es un mé- 
rito que casi vale tanto como la creación absoluta. **No es, 
dice WalterScott, el simple cuadro de una Listoria, ni aun 
la adopción de detalles inventados por un autor anterior, 
lo que constituye el crimen literario deplajio. El propietario 
de un terreno de donde un escultor saca su arcilla, podría 
pretender con el mismo derecho la propiedad de las figuras 
que este artista forma con sus ded )S creadores. En ambos 
casos la cuestión es la misma: poco importa de donde viene 
lamateriji |)rima i sin forma, pero¿dequién recibe su mérito 
i su excelencia?" 

25.— Aunque el//7 Blas de SantiUnna, por sus formas cui- 
dadas i aun por la imitación española en una época en que 
los franceses iban a buscar sus modelos en la literatura 



4fí2 KOCIONE» I>B HISTORIA UTHRARIA 



inglesa, parece pertenecer al siglo XVII, la crítica acerada, 
la burla constante de la corte i de los cortesanos son entera- 
mente del siglo XVIII, que comenzaba a revolverlo todo 
con una audacia inconcebible. Pero Le Sage se liabia dete- 
nido en ciertos límites: otros escritores fueron mucho mas 
lejos en esta obra de destrucción de las antiguas sociedades. 
Carlos de Secondat, barón de Mí)ntesquieu, nacido cerca 
de Burdeos en 1689, i muerto en 1755, vigorizado por in- 
mensos estudios, no se contentó con ridiculizar la sociedad 
de su tiempo sino que pensó en reformarla. Majistrado en 
su juventud, dejó luego la carrera judicial, por la que no 
tenia inclinaciones, i después de algunos años de residencia 
en Paris i de haber viajado en Italia, en Inglaterra, en Ale- 
mania i en Holanda, se retiró a sus tierras patrimoniales, 
i allí se consagró completamente al trabajo de una grande 
obra que lo ha hecho inmortal, i que ejerció una grande 
influencia sobre su siglo. 

Su primer estreno fué un libro titulado Cartas persianas 
( Lettrcs persannes) sátira incisiva de las costumbres de la 
época. Montesquieu supone que muchos persas que viajan 
por Europa, se escriben entre sí, i con sus amigos de Ispa- 
han, sirviéndose hábilmente de este cuadro para hacer con- 
trastar las costumbres deoccidente con lasdel oriente. Una 
intriga de serrallo da unidad a la cartas, i excita la curiosi- 
dad (le los lectores. En medio de estas pinturas orientales, 
de esas burlas lijeras en apariencia, i muchas veces dema- 
siado libres, se deja ver el jenio de un observador profundo 
que encuentra sólidos motivos de crítica en cuanto ve, i 
que señala los males que descubre en el gobierno, en las 
costumbres, en el comercio i en la industria con una eneijia 
que no deja lugar a duda sobre sus verdaderas intenciones. 
Mas tarde, creyendo que la esperiencia adquirida es el 
mejor medio de guiarnos en el porvenir, i que mirar hacia 
atrás sirve mucho para marchar hacia adelante, Montes- 
(juieu volvió su vista a la antigüedad, profundiza la histo- 
ria romana, i escribe sus Consideraciones sobre la grande- 
za i ¡a decadencia de los romanos. Este libro, aunque de 



LITERATURA FRANCESA 463 



raui corta estension. es un modelo de crítica histórica, en 
que Montesquieu ha revelado el talento de un escritor de 
primer orden. No se podría llevar mas lejos la precisión del 
estilo i la firmeza del pensamiento: cada frase es una idea 
^spresada con todo vigor. 

Pero la grande obra de Montesquieu, la que ocu])ó toda 
su vida, i el primer libro del siglo XVIII, es el Espíritu de 
las leyes. Escrito después de veinte años de constante me- 
ditación i publicado en Jinebra, cuando algunos de sus 
amigos le decian que era indigno de su nombre, este libro 
tuvo veinte i dos ediciones en dieciocho meses, i fué tradu- 
cido inmediatamente a casi todas las lenguas de Europa. 
Estudiando los gobiernos en su oríjen i las leyes a la luz de 
la razón, Montesquieu analiza las diferentes formas de go- 
Tiierno i hace el estudio de todas las lejislaciones. En ningu- 
na parte se encuentra una aversión mas declarada, una 
crítica mas amarga i mas sangrienta del despotismo; en 
ninguna parte una pintura mas apasionada de las monar- 
quías templadas i libres, i aun mas inclinaciones en favor 
de las repúblicas i de los gobiernos populares. Sorprende 
sobre todo el elojio de la constitución inglesa, que Mon- 
tesquieu habia estudiado de cerca. Nadie combatió mas 
eficazmente que él los últimos restos de la barbarie, la cruel- 
dad en las leyes, la esclavitud, i sobre todo la esclavitud de 
los negros, la contradicción chocante entre una moral di- 
vina i un culto perseguidor. Esta obra, en que están exa- 
minadas con vista certera todas las cuestiones sociales, 
tiene ademas el mérito de estar dispuesta con un orden, un 
método i una claridad admirables, de tal modo que no hai 
capítulo que no conduzca a alguna conclusión ni frase que 
no haga pensar. Quizá no se le podria reprochar otro de- 
fecto, aparte de algunos descuidos en ciertos puntos, que 
el no haber tratado todas las materias con la misma de- 
tención i escrupulosidad. 

26. — **Cuando las familias se conservan largo tiempo, 
dice Goethe, la naturaleza acaba por producir, un indivi- 
duo, que reuniendo las cualidades de sus antepasados, reu- 



401 NOCIONB8 DB HISTORIA LITBRARIA 

ne i espresa en su conjunto las disposiciones que hasta en- 
tonces se habian mostrado aisladas i en jérmen. Lo mismo 
sucede con las naciones, que encuentran algún dia su espre- 
sion en un individuo único. Esto es lo que ha ocurrido con 
Luis XIV, el rei francés en toda la fuerza de la palabra; i 
esto es también lo que ha ocurrido con Voltaire, el francés 
supremo, el escritor que ha estado mas en armonía con su 
nación.*' I ciertamente, si el siglo XVII es el siglo del rei 
Luis XIV, el siglo XVIII es el siglo del rei Voltaire. Las 
gnindes figuras que están a su alrededor, pueden compa- 
rarse a los satélites que rodean a un astro mas brillante.— 
Vaniiis a dar a conocer sumariamente este jenio singular, 
recorricnilo a la tijera las diversas faces de su vida, para 
pasar en revista sus obras, que abrazaron todos los jéne- 
ros i que trataron casi todas las ciencias. 

Francisco María Arouet, mas conocido con el nombre de 
Volt lirc, nació en París en 1G94. Su padre, que era nota- 
rio, quiso dedicarlo a la carrera del foro; pero el joven 
Arouet, después de haber hecho regulares estudios clásicos 
en uii colcjio de jesuitas, manifestó desde temprano una 
afición tan decidida por la poesía i por la vida del mundo, 
que sn padre se vio al fin obligado a alejarlo de París i a 
renunciar íi sus esperanzas. Desarrollóse desde luego en él 
ese injenio incisivo i burlón que constituyó mas tarde su 
arma mas pi^derosa i terrible. Cuando apenas contaba 
veinte años de edad se habia adquirido ya tal reputación 
en líis tertulias literarias, que habiendo circulado una sá- 
tira sangrienta contra el reinado de Luis XIV, que acaba- 
ba de morir, Arouet fué encerrado en la Bastilla durante 
un año entero, porque se lecreia, sin fundamento alguno, 
autor de los versos injuriosos para la memoría del rei di- 
funto. Esta prisión le dió a conocer la injusticia i la arLi- 
trariedad, contra las cuales combatió mas tarde con tanto 
ardor, i lo obligó a trabajar. Allí, sin pluma ni papel, com- 
puso su primera trajedia, el Ed¡po, i la mayor parte de una 
epopeya. Al salir de la prisión, declarando que hasta enton- 
ces habia sido mui desgraciado con el nombre de Arouet, 



LITERATURA FRANCESA 466 



O abandonó i tomó en su lugar el de Voltaíre, con que se 
la hecho tan famoso K 

El teatro fué el punto de apoyo de la popularidad de 
/^oltaire. El Edipo, representado en 1718, inició su reputa- 
ion literaria, que se sostuvo con muchas otras trajedias, 
con algunas comedias. Desde su primera obra introdujo 
n la escena mas de una innovación, que desarrolló en el 
urso de su larga carrera. Simplificó la acción, hizo diálo- 
gos mas cortos, suprimió las conversaciones amorosas i 
jalantes, i buscó efectos nuevos para el espectáculo, el gus- 

del aparato i de los colores locales, las máximas frecuen- 
es, las sentencias filosóficas, las alusiones que de ordinario 
evelan la presencia del poeta i perjudican a la ilusión, 
)ero que cambian el teatro en tribuna i dan un cuerpo a 
odas las ideas nuevas que el siglo sujiere al poeta, i que 
'ste devuelve al siglo revestidas con el ropaje de la elocuen- 
ia. Voltaire modificó así el jénero literario (jue habian ilus- 
;rado Corneille i Racine,- buscó un campo de imitación en 

1 teatro ingles, i particularmente en los dramas de Shaks- 
eare i creó algunas piezas que merecieron el grande aplau- 
:) que le tributaron sus contemporáneos. Su obra maestra 

la Zaira, trajedia cristiana, fundada en los recuerdos de 
5 cruzadas, i representada mucho mas tarde. La crítica 
considera el primer trájico francés, después de Corneille 
e Racine. 

^u talento le abrió los salones de los grandes señores; 

1 luego tuvo Voltaire motivos para arrepentirse de ser 

migo de los nobles. A consecuencia de una disputa aca- 

da con el caballero de Rohan-Chabot, éste se vengó 



\\ nombre de Voltaire es un anagrama del que antes usaba 
'scritor, Arovct I.j. le jeune, el joven, porque tenia un herma- 
yor Es menester advertir que según la ortografía de entón- 
t' i la / eran consideradas como la misma letra; i que igual 
ucedia con la u i la v\ de manera que el anagrama es com- 
perfecto. Escritores muí acreditados dicen, sin embargo, 
'taire tomó este nombre de la denominación que se daba a 
ueña propiedad rústica de su madre. 

IV 30 



4G6 NOGiONias db historia literaria 



como noble i como cobarde, haciendo que sus lacayos apa 
leasen una noche a su adversario. Voltaire, que no tenía 
If^cayos, aprendió la esgrima i el ingles, la esgrima para 
provocar a un duelo a Rohan-Chabot, i el ingles para huir 
a Inglaterra. Pero su provocación fué recibida con despre- 
cio, i el ministro mandó encerrar de nuevo en la Bastilla 
al hombre que sin títulos i sin nobleza pretendia medir sus 
armas con un gran señor. Voltaire se consideró feliz con 
salir de la prisión para marchar al destierro (1726). 

La Inglaterra fué por tres años el lugar de su residencia. 
Este destierro tuvo una importancia decisiva en su carrera 
posterior. Allí estudió la literatura, la política, la lejisla- 
cion, las costumbres i las ciencias de un pais que gozaba 
de una gran libertad en una época en que la ma\'or parte 
de las naciones del continente vivian oprimidas por el mas 
absoluto despotismo. Ai)roveclió también de este destierro 
para dar la última mano i para publicar la epopeya que 
habia principiado en la Bastilla. Con el noml)re de La liga, 
un amigo infiel habia publicado poco antes en Francia una 
edición incompleta e incorrecta de ese poema. Voltaire lo 
corrijió cuidadosamente i lo dio a la prensa (1728), con el 
título de la Enriíuln, (¡ue conserva todavía. Canta en él a 
Enricjue IV i el sitio de Paris; i para dar a su obra el inte- 
rés épico, intercala por via de episodios la historia de las 
guerras civiles entre católicos i ])ro testan tes, i la matanza 
de San Bartolomé, cjue Bririque refiere a la reina Isabel de 
Inglaterra. Este poema escrito cuando Voltaire no habia 
adquirido aun todo el desarrollo de su jenio, i cuando, 
como él mismo lo dice, no conocia en (jué consiste la grjm- 
diosidad del jétiero épico, no merece el título de epopeva 
con (|iie lo saludaron sus contemporáneos. Su j>lan carece 
de unidad, i la acción de grandeza i de verdadero ínte- 
res. Hai en él liL-rniosas descripciones, episodios felices, re- 
tratos llenos de vigor; pero no se encuentran esos cuadros 
de costumbres locales (|ue hacen el encanto de otras e|^o- 
peyas; i en el conjunto reina cierta frialdad que produce el 
cansancio en el ánimo del lector. El asunto elejido, por 



LITERATURA FRANCESA 467 



Otra parte, no le permitía introducir en la acción esos re- 
sortes que dan tono i vigor a la.epopeya. Así fué que la ad- 
miración de sus contemporáneos se convirtió mas tarde en 
un injusto desden por una obra que revela, sin embargo, 
un verdadero talento poético. **En la Enriada, decia Deli- 
lle, no hai siquiera pasto para alimentar caballos, ni agua 
para saciar su sed''. 

Vol taire volvió a Francia con mas gloria, con nuevos 
conocimientos i con veinte proyectos de obras en que se 
proponia desarrollar las ideas adquiridas durante su des- 
tierro i, sobre todo, dar a conocer la Inglaterra, que lo ha- 
bía fascinado. Nuevas obras dréimá ticas lo colmaron de 
aplausos; i la Historia de Carlos Xlly rei de Sueaay reveló 
que no sólo sabia componer un libro histórico, sino que 
era uno de los mas grandes prosadores que hubiera tenido 
la Francia. Bse libro, dispuesto con un arte irreprochable, 
es hasta ahora un modelo de narración elegante i fácil i de 
verdadero estilo histórico. Pero los escritos que le granjea- 
ron el titulo de corifeo de las ideas de su siglo, no son esos. 
Al mismo tiempo que popularizaba en Francia los descu- 
brimientos científicos de Newton, que daba a conocer por 
sus imitaciones el* teatro de Shakspeare, publicaba sus fa- 
mosas Cartas sobre los ingleses, mas conocidas con el nom- 
bre de Cartas ñíosóñcas, en que, bajo el pretcsto de hacer 
conocer la Inglaterra, combatia indirectamente todas las 
. ¡deas recibidas en filosofía, en política i en relijion i ataca- 
ba todas las oj)iniones del siglo de Luis XIV, la autoridad 
del clero i del poder absoluto. Esta obra, así como una pie- 
za poética en que ponía en duda, o mas bien negaba la di- 
vinidad de Jesucristo, fueron quemadas por la mano del 
verdugo, le atrajeron una nueva persecución i lo obligaron 
a fugar de París i a ir a buscar un asilo en un castillo de 
Champagne. 

Animado por una actividad verdaderamente prodijiosa 
i compartiendo su vida entre los placeres mundanos i un 
trabajo constante, lanzó desde su retiro nuevas obras dra- 
máticas, poesías líricas de un carácter filosófico, lil Siglo 



468 NOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 

de Lais XIV, historia admirable de un reinado famoso, i eí 
Ensayo sobre las costumbres i el espíritu de las naciones^ 
que debia hacer una revolución en el arte de escribir la his- 
toria. Tomando los hechos desde la época de CarloMagno, 
en que se habia detenido Bossuet en su célebre Discurso so- 
bre ¡a historia universal, pero colocándose desde un punto 
de vista diametralmente opuesto, ha referido la historia de 
los pueblos de Europa hasta mediados del siglo XVII con 
una claridad i una elegancia inimitables, pero también con 
una prevención injusta contra el cristianismo, al cual atri- 
buye todos los males de la humanidad. 

La reputación de Vol taire fué inmensa desde entonces. 
Su escepticismo, burlón i lijero en el principio, serio i razo- 
nado mas adelante, su espíritu de crítica de todas las 
instituciones i de todas las creencias de su época, su odio 
al despotismo, su amor por la libertad del pensamiento, 
pasaron a ser el programa de la filosofía, de la ciencia i de 
la literatura de su si^lo. Su incomparable talento de escri- 
tor popularizaba las ideas mas abstractas i complejas, i su 
injenio satírico cautivaba a todos los lectores. Federico II 
de Prusia, filósofo también como Voltaire, lo llamó a su 
corte, i lo retuvo allí durante tres años para distraer en la 
conversación i en el estudio los ocios que le permitian to- 
mar los afanes del gobierno. Pero esta amistad, iniciada 
bajo los mejores auspicios, se convirtió luego en una mal 
disimulada antipatía. Voltaire se convenció al fin de que 
los re^-es, aun los reyes filósofos, eran malos amigos; i des- 
pués de varias peregrinaciones, fué a establecerse definiti- 
vamente al castillo de Ferne\% en la frontera del cantón de 
Jinebra en Suiza (1758). 

Veinte aiíos vivió allí rodeado de todas las comodidades 
apetecibles. Voltaire habia heredado de su padre una for- 
tuna considerable, que él incrementó con el producto de sus 
escritos. El Patriarca de Ferney, como se le llamaba, era 
una potencia i un ídolo. De todos los paises de Europa iban 
a verlo en peregrinación, i recibia hospitalariamente a to- 
dos los que lo visitaban. Tenia correspondencia seguida 



LITERATURA FRANCESA 469 

con muchos soberanos que le prodigaban las lisonjas para 
rendir homenaje a la opinión pública, que habia llegado a 
ser la reina del mundo. En medio de esta corte, Voltaire 
pasaba su vida en el trabajo, escribia versos, comedias, tra- 
jedias, sátiras, novelas en que bajo las formas lijeras desa- 
rrollaba su crítica siempre acerada e hiriente contra la 
relijion i las instituciones de su siglo. Merced al réjimen 
hijiénico que se habia prescrito, llegó a los ochenta i cuatro 
años conservando toda su actividad i toda su intelijencia. 
Entonces fué llamado a Paris para gozar de un triunfo que 
no habia alcanzado ningún escritor. Se le paseó por las ca- 
lles, se le llevó al teatro para coronar su busto, i se le acla- 
mó el primer poeta i el primer filósofo de su siglo. Dos me- 
ses mas tarde (el 30 de mayo de 1778) murió después de 
haber pasado algunos dias en un estado de letarjia que le 
habia hecho perder todo conocimiento. 

Las obras de Voltaire forman un repertorio inmenso en 
<iue están tratadas con mas o menos estension todas las 
cuestiones que ajitaron a sp siglo. La poesía bajo todas 
sus formas; la historia, la novela, la filosofía, la física, la 
polémica relijiosa sobre todo, están comprendidas en esa 
vasta compilación, marcada toda ella, a pesar de la diver- 
sidad de matices i de algunas diverjenciasde detalles, con el 
sello del jenio que ha querido desarrollar un pensamiento 
largo tiempo meditado i que ha adquirido toda su fijeza i 
consistencia. 

Sobre el teatro de Voltaire, así como sobre su ensayo de 
poema épico, hemos dicho mas arriba algunas palabras que 
resumen la opinión de los críticos mas esperimentados. En 
sus otras poesías que ocupan un puesto entre las mejores 
de su siglo, dominan las cualidades jenerales de su jenio i 
de su estilo; elevación filosófica, calor no siempre sostenido 
i alusiones frecuentes contra las ideas de su siglo, en las 
obras serias; un buen humor inagotable, una crítica atre- 
vida i universal en sus sátiras i en sus poesías burlescas. 
Debe censurársele, sin embargo, el haber profanado la me- 
moria de Juana de DWrc, falseándola historia i haciendo 



470 NOCIONES DB HISTORIA LrmtARIA 

reír a costa de uno de los tipos mas puros de patriotismo i 
de heroicidad. 

Voltaire historiador, es el prosador por excelencia, i el 
creador, puede decirse así, de la historia filosófica, tal como 
la entienden los modernos. Comprendiendo claramente que 
la historia de un pueblo no es la de sus reyes i de sus cau- 
dillos, la de las guerras o de los tratados; que la historia 
de las costumbres, de las artes, de las ciencias i de las leyes 
son la parte pnnci¡)al de los anales de las naciones; que el 
jénero humano no ha sido creado para dar brillo a los ta- 
lentos políticos i militares de algunos individuos; i que lo 
que|mas import.i que conozcan los hombres es los efectos 
que han producido pnra la felicidad o la desgracia de la 
humanidad las preocupaciones, las luces, las virtudes o los 
vicios, los US' s, la industria i las leyes de los diferentes 
siglos; Voltaire se propuso escribir la historia verdadera- 
mente crítica i razonada haciendo intervenir junto con los 
hechos todos los elementos de civilización para demostrar 
la influencia recíproca que ellos ejercen sobre la marcha de 
la humanidad, i si no vio completamente cumplidos sus 
propósitos, los realizó en gran parte i abrió el camino que 
con tanto lustre han seguido los historiadores modernos. 
Su Ensayo sobre las costumbres es, desde este punto de 
vista, i sobre todas sus obras históricas, un libro capitíil: 
pero es menester convenir en que su odio sistemático al 
cristianismo, así'como su falta de estudios mas prolijos 
sobre algunos hechos, lo han estraviado con frecuencia. 
**Sin embargo, dice Barante, este libro es cómodo t ins- 
tructivo, de un estilo agradable i natural; los hechos están 
bien dispuestos, los detalles dados con mesura, las reflexio- 
nes son algunas veces lijeras pero frecuentemente sensatas: 
el cuadro de algunas épocas, los retratos de muchos gran- 
des hombres son trazados con un vigor i con una vivaci- 
dad notables: pocas historias modernas son mas útiles i 
mas agradables para leerse." Basta recorrer las pajinas 
que Voltaire ha dedicado al descubrimiento de AíPérica» 
trazadas de carrera i antes que se hubieran hecho las prcli- 



LITERATURA FRANCB8A 471 ' 



jas investiíjaciones de que Colon ha sido objeto, para com- 
prender cuan "grande era la sagacidad histórica de aquel 
distinguido escritor. 

No insistiremos aquí sobre las obrns filosóficas de Vol- 
taire. Sus teorías están repartidas en todos sCis libros i con- 
densadas también en algunos de ellos, como su Diccionario 
filosóñco. En ellas reclama siempre, con una vigorosa ener- 
jía, contra la^ preocupaciones i contra los abusos, en nom- • 
bre de la justicia i del buen sentido; pero con frecuencia se 
deja arrastrar por los caprichos de su humor hasta la eter- 
nidad i hace intervenir siempre la cuestión relijiosa, confun- 
diendo en la misma proscripción la doctrina evanjélica i 
las ciegas supersticiones. Por esto mismo es difícil juzgar 
a Voltaire sin ciertas restricciones, si se quiere ser justo 
e imparcial. Sus partidarios i sus enemigos caen alterna- 
tivamente en la pasión que quiere absolverlo todo o con- 
denarlo todo: la verdad está en el medio. Si debe censurár- 
sele su exaltado espíritu de partido, su odio sistemático 
contra todo lo existente, su perpetuo reir, debe también re- 
conocérsele su talento de escritor, su enerjía para condenar 
los abusos, su jenio cosmopolita i la gran variedad de sus . 
conocimientos. 

Voltaire, en efecto, trata todos los asuntos con igual fa- 
cilidad; i a juzgarlo por las primeras impresiones, se creeria 
que habia hecho estudios profundos sobre todas materias. 
Sin embargo, esta admiración desaparece desde que se estu- 
dian las cosas mas de cerca; i la crítica ha probado que el 
adquirir conocimientos sólidos sobre tanta variedad de 
asuntos es mas de lo que se puede alcanzar aun con inteli- 
jenciás tan poderosas como la de Voltaire. Para probarlo» 
bastaria citar una obra mui erudita: Cartas de algunos ju- 
díos portugueses, alemanes i polacos a M. de Voltaire, en 
que su autor, Antonio Guenée (1717-1803), sacerdote fran- 
cés de raros conocimientos en la lengua i en la literatura de 
los hebreos, refutó victoriosamente muchas de sus opiniones, 
no sólo con gran ciencia sino con un sarcasmo comparable 
al de su rival. 



472 NOCIONES DB HISTORIA UTMRARIA 

27.--Las tendencias de Yoltaire están clara i esplícita- 
mente manifestadas en todos sus escritos. No sucede lo mis. 
mo con otro escritor casi igualmente célebre, cuvo nombre 
se asocia al suyo cada vez que se habla de la obra revolu- 
cionaría de las fílósofos del sigJo XVIII. Rousseau fué para 
sus contemporáneos, i es todavía para la posteridad, un ca- 
rácter inesplicable. En su vida todo es raro i singular; i en 
sus escritos, marcados con el sello de un gran talento, se 
descubre un amor tan pronunciado por todo lo que es pa- 
radójico, que el espíritu no puede darse cuenta exacta de 
sus inclinaciones. 

Juan Jacobo Rousseau nació en Jinebra en 1712. Hijo de 
padres pobres, hizo en su niñez estudios mui reducidos i su- 
perficiales, i llevó una vida llena de aventuras, sin ocuparse 
de las letras que mas tarde habian de hacer su gloria. Ha- 
biendo concebido un nuevo sistema para la escritura de la 
música, pasó a Paris creyendo sacar partido de su invento; 
pero los artistas lo miraron con desprecio. Rousseau se 
consagró entonces al estudio con uria gran pasión, i se ocu- 
pó en la enseñanza de algunas familias i en la composición 
de óperas que no pudo hacer representar. Su talento de es- 
critor no se reveló sino a la edad de treinta i siete años i 
por una circunstancia singular. La academia de Dijon habia 
propuesto para un premio de elocuencia el tema siguiente: 
**¿EI progreso de las ciencias i de las artes ha contribuido a 
corromper o a depurar las costumbres?" Testigo de la mas 
grande corrupción en medio de la societlad mas culta que 
hubiera existido, Rousseau trató este asunto en un discur- 
so lleno de paradojas, pero brillante por el atrevimiento de 
las imájenes, la novedad de las ideas i el colorido del estilo, 
i alcanzó el premio ofrecido. Según él, las letras i las cien- 
cias habian corrompido el mundo: para correjirlo, era pre- 
ciso volver a la naturalidad, a la sencillez, a las virtudes 
primitivas. Voltaire, que siempre tenia una palabra pican- 
te para caracterizar los sucesos de su época, dijo con mucha 
oportunidad después de haber leido ese discurso — **Rous- 
seau nos hace sentir el que no andemos en cuatro patas." 



LITERATURA FRANCESA 473 



Inmensa fué la reputación que le dio este escrito. La mis- 
ma estravagancia de sus conclusiones llamó la atención so- 
bre Rousseau, i le granjeó la amistad de muchos literatos; 
pero su carácter misantrópico i rencilloso, i hasta su falta 
de civilidad, contribuyeron a aislarlo. Vivia retirado en el 
campo cuando supo que uno de sus amigos, D'Alembert, de 
vuelta de un viaje a Suiza, habia espresado su pesar de que 
no hubiese teatro en Jinebra. Se creería que Rousseau, que 
habia escrito algunas comedias, debia apoyar esa opinión» 
pero lejos de eso, se aprov^ejhó de esta ocasión para publi- 
car un opúsculo famoso titulado Cartas sobre los espec- 
táculos, para probar que la mejor comedia es siempre funes- 
ca a las costumbres públicas. 

Estos dos escritos que revelan en Rousseau su pasión 
decidida por la paradoja, porgrande que sea su mérito lite- 
rario, iTt) le habrían dado la fama de que goza; pero sus úl- 
timas obras, lo colocan en el alto rango que ocupa. La pri- 
mera de éstas, en orden cronolójico, fué Julia o la nueva 
Eloísa, novela epistolar en que trata bajo formas seducto- 
ras las mas arduas cuestiones de moral. La novela francesa 
casi no habia sido hasta entonces mas que una sencilla na- 
rración de aconteciniientos: Rousseau, hizo en ella la pintu- 
ra analítica de los sentimientos, i encontró así el secreto de 
trazar todos los movimientos del alma en medio de un dra- 
ma conmovedor. La invención no es notable; i los senti- 
mientos, encuadrados en una intriga de una moralidad 
equívoca, son falsos i exajerados; pero muchas disertacio- 
nes filosóficas, por ejemplo, las cartas sobre el duelo i sobre 
el suicidio, se elevan a una grande altura de estilo. 

Pero las obras en que Rousseau ha vaciado sus ideas re- 
formadoras son el Contrato social i el Emilio, El primero 
es un tratado de derecho público revestido de una forma 
severa,pero brillante. La precisión del estilo, el estrecho en- 
cadenamiento de las proposiciones i el tono dogmático c 
imponente del lenguaje son sus principales méritos literarios. 
El hombre, dice Rousseau, nace libre, i si sale de su estado 
natural es por un acto de su voluntad i en virtud de un con- 



474 XOCIOXBS DE HISTORIA LITKRARIA 



trato que hace con los otros hombres. El Est;ido descansa 
sobre esta convención; de modo que el conjunto de las v«>- 
luntades particulares, el pneblQ, es el único S4»l)erano« i su 
voluntad es absoluta e inviolable. Estas teorías, eminente- 
mente novadoras, están desarrolladas con claridad i ener- 

El Emilio contiene su sistema de educación. Sejrun él, el 
hombre nace bueno: la sociedad lo deprava. Es preciso vol- 
ver al estado de naturaleza, reconstruir la sociedad, i dar 
una educa :iin nueva a las nuevas jeneraciones. Para desa- 
rrollar su sistema, coloca al niño fuera de la civilización pre- 
sente i del contacto de los demás hí)mbres: en vez de com- 
batir sus instintos i sus pasiones naturales, las dtrja desa- 
rrollarse libremente, para que el mismo niño construya el 
sistema de sus confxrimientos e invente todo lo (|ue necesita 
saljer en materia de ciencia i de virtud. Se^n Rou ^seau, 
conviene que el joven pase el mayor tiempo posible sin que 
se le den a conocer las ideas de Dios i de relijion. "Para que 
la educación de Emilio se logre, dice M. Méziéres, es preciso 
que Emilio habite una casa aislada, que nadie penetre en 
ella, que el alumno no oiga otra voz que la de su maestro^ 
no reciba mas que los ejemplos autorizados por él. Una con- 
versación (le algunos minutos con un estraño podría des 
truir el efecto «le muchos años de precauciones. Emilio no 
del)e aprender ma*< que lo que le importa saber, i esto en una 
época determinada, en circunstancias previstas. Si sal)e al 
gunacosa mas pronto o mas tarde, el edificio se desploma... 
Rousseau nos anunciaba un qiedio infalible de educar a los 
niños; pero su procedimiento no seria aplicable quizá mas 
que una sola vez en todo un siglo." Este libro, escrito con 
una elocuencia que cautiva i arrastra, resume todas las ideas 
de Rousseau, i es una mezcla de verdades i de quimeras pe- 
ligrosas. El aislamiento del niño, en la forma propuesta, no 
puede dejar de conducirlo a la mas salvaje barbarie. Sí la 
teoría fundamental de esta obra es un grande absurdo, es 
necesario convenir en que ella nos hace meditar sobre noso- 
tros mismos i sobre nuestros deberes. Las ideas sociales i 



LITBU ATURA FKANCK8A 475 



relíjiosas de este libro fueron condenadas por los catóticos 
en París, por los calvinistas en Jinebra; la obra fué quema- 
da, como terriblemente [)erniciosa. i el autor tuvo que bus- 
car un refujio en Inglaterra. 

Esta vida llena de contratiempos i de las vicisitudes mas 
singulares, llegó a su término de una manera igualmente 
singular. El 3 de julio de 1778 se le encontró muerto en su 
habitación, con una herida en la cabeza, sin que se hayasa- 
bido si esta catástrofe era el resultado de un suicidio o la 
consecuencia de una apoplejía. Entre sus papeles se encon- 
tró el manuscrito de sus Confesiones^ historia patética de 
sus sufrimientos i de su orgullo. Hasta entonces, las memo- 
rias auto-biográficas tenian por objeto ordinario el referir 
la historia de los sucesos en que el autor habia tomado par- 
te; pero I<otisseau ha contado con grande habilidad su vidíi 
íntima, todos los sufrimientos de su existencia, i t<jdas las 
miserias de su naturaleza, sin tratar de disimular lo que en 
ella habia de mas indigno i de mas repugnante. 

Cualesquiera que sean las apreciaciones que puedan ha- 
cerse de las doctrinas filosóficas i sociales de Juan Jacobo 
Rousseau, es preciso reconocer un grande escritor en todas 
sus obras. Su estilo es lleno de pompa, pero corre siempre 
fácil i siempre natural. Aun en sus sofismas más inacepta- 
bles, su razonamiento es tan condensado que no puede dejar 
de hacer una profunda impresión. El prestijio de su lengua- 
je es tal que hace pasar al espíritu de sus lectores todos los 
sentimientos que lo ajitaban al escribir. Pero tomando sus 
obras en conjunto, se encuentran en ellas tantas paradojas 
que con un poco de cuidado se pueden sacar de allí las doc- 
trinas mas contradictorias i opuestas. Pocos adversarios 
mas francos i resueltos ha tenido el cristianismo; i sin em- 
bargo, de sus diversos libros se ha estractado una apolojía 
evanjélica. Esas obras, a pesar de todo, ejercieron una in- 
fluencia incontestable en su época, i prepararon muchas de 
las teorías que se desarrollaron mas tarde. 

28.— Hemos hecho un análisis mas detenido de Montes- 
quieu, de Voltaire i de Rousseau, porque presiden el movi- 



476 NOciONns db historia literaria 

miento filosófico del siglo XVIII; pero tras de ellos viene una 
falanje de soldados cuyas doctrinas mas o menos análogas, 
contribuyeron a consumar la revolución de los espíritus que 
trajo por resultado la revolución francesa. 

Las ideas de esos aud'.ices pensadores, i casi podría decir- 
se las de su siglo, están concentradas en una obra famosa 
que se llama la Enciclopedia, publicación inmensa por su 
estension, atrevida i revolucionaría por sus tendencias. Ba- 
jo la forma de un diccionario universal i razonado de cien- 
cias i artes, esta obra, espresion completa del movimiento 
filosófico, novador, crítico e irrelijioso del siglo XVIII, tu- 
vo por objeto resumir desde el punto de vista del libre pen- 
samiento, todos los conocimientos, las ideas i la historia de 
la humanidad, combatiendo las creencias, las costumbres i 
las instituciones del pasado, ha Enciclopedia fué concebida 
i llevada a cabo en un período de veinte años (1751—1772) 
por el espíritu entusiasta e infatigable de un sólo hombre, 
Diderot, a cuya voz se reunieron majistrados, jenerales, in- 
jenieros, literatos i sobre todo los filósofos, en la acepción 
que entonces se daba a esta palabra. 

Dionisio Diderot (1713—1784), escritor fogoso, pero de- 
sigual, fué el alma de la empresa. No sólo escribió numero- 
sos artículos sobre filosofía, relijion, historia, política, gra- 
mática i artes mecánicas, sino que lo revisó todo, e impri" 
mió a la obra entera nó un carácter constante de unidad, 
que le falta, pero sí una dirección jeneral hacia un objetoco- 
mun, la libertad de pensar i de escribir, la soberanía de los 
pueblos i el poder de las artes i de la industria. La publica* 
cion de la Enciclopedia, mui combatida en nombre de la re- 
lijion, fué embarazada muchas veces: algunos de los cola- 
boradores se fatigaron en vista de los entorpecimientos que 
se suscitaban; pero Diderot siguió siempre en el trabajo i 
alcanzó a verlo terminado. 

El mas constante de sus colaboradores fué Juan D'Alem- 
bert (1717— 1783j, matemático distinguido, que 3'a había 
alcanzado un brillante renombre en las ciencias, antes de 
cultivar la literatura. Su obra capital, como escritor, es el 



LIIBRATURA FKANX'BSA 477 



discurso preliminar fie la Enciclopedia, bosquejo jeneral i 
elegante en que pasa en revista todas las ciencias, indican- 
do con gran talento i con sólida instrucción, la historia su- 
maria de cada una, su objeto i las relaciones mutuas que 
tienen entre sí. 

Voltaire i Montesquieu trabajaron también en esta obra 
monumental; pero junto con ellos se distinguieron muchos 
otros escritores que seria largo enumerar. Recordaremos 
sólo a Turgot (1727—1781). el célebre ministro de Luis 
XVI, que s n dejar una obra verdaderamente tal, reveló en 
cada uno de sus escritos i aun en los documentos públicos 
que salian de su mano, un notable talento de escritor, i un 
jenio filosófico de primer orden. 

29.— Este espíritu lleno de actividad i de enerjía de que 
estaba animado ese poder que se denomina la filosofía del 
siglo XVIII, no tenia por íínico objeto atacar i destruir 
cuanto cxistin. Por el contrario, sobre las ruinas del pasa- 
do levantaba un nuevo edificio mucho mas sólido i consis- 
tente que el anterior. Uno de los resultados mas inmediatos 
de esa revolución fué el impulso vigoroso que recibieron las 
ciencias. El método esperimental i de observación, cuyas 
reglas habia trazado Bacon, fué rigorosamente aplicado, i 
a su sombra nacieron nuevas ciencias o se perfeccionaron 
de una manera sorprendente las queyaexistian. Aunque no 
fueron franceses todos los reformadores en materias cientí- 
ficas, a la Francia cupo la gloria indisputable de haber da- 
do el impulso al movimiento i de haberle servido de centro. 

Aplicando la esperiencia i la observación al estudio de las 
sociedades i por decirlo así, de la fisiolojía social, se encon- 
traron las leyes que reglan la producción i la distribución 
de las riquezas, i se dio un cuerpo a las doctrinas que sobre 
los impuestos i la prosperidad material de las naciones ha- 
bían sido enunciadas en diferentes tiempos. Esta ciencia que 
recibió el nombre impropio de economía política, colocó la 
primera fuente de la riqueza en el trabajo, en una época en 
que las preocupaciones reinantes lo consideraban todavía 
deshonroso; i pidió la libertad industrial, cuando un siste- 



478 NOCIONES DB HISTOKIA LITERARIA 

nía absurdo de gremios i corporaciones en la industria ma- 
nufacturera, i de trabas monstruosas en el comercio i en la 
agricultura, impedían el desarrollo de la riqueza pública. 

Pero estos progresos fueron todavía mas sólidos i mas 
palpables en las ciencias exactas i naturales. Después deuna 
serie de descubrimientos portentosos en astronomía, La- 
Place pudo fijar la marcha i las revoluciones de los astros 
con la misma seguridad con que se señala l.i marcha de un 
reloj, i dar a su libro inmortal el título tan verdadero como 
hermoso de Mecúnicn celeste. La tierra fué casi enteramen- 
te reconocida por numerosas espediciones científicas, ingle- 
sas i francesas en su mayor parte, i lo que es mas, estudia- 
da prolijamente su verdadera forma, i medido su tamaño. 
La física, en manos de observadores de una alta intelijen- 
cia, entre otras muchas cosas, descubrió en la naturaleza 
fuerzas desconocidas, el vapor i la electricidad, cuyo poder 
aun no han acabado de aplicar las nuevas jeneraciones. La 
química que por falta de buenos métodos no habia hecho 
mas que oi)servar fenómenos aislados sin deducir leyes je- 
nerales, fué elevada al rango de verdadera ciencia por el jé- 
nio vigoroso de Lavoisier. La historia natural, la zoolojía, 
la botánica i la jeolojía, alcanzaron su verdadero desarro- 
llo por el trabajo incesante de una falanje tle sabios, a cuya 
cabeza están colocados Huffon, Linneo i Cuvier. 

Buffuii es, ademas, uno de los mas grandes escritores de 
la Francia. Nacido en 1707, Jorje Luis Lcclerc, conde de 
Buffon, pasó casi su vida entera consagrado al estudio 
de la historia natural, aprovechando para esto el puesto 
de director del jardin del rei, «ahora jardín de plantas, de 
Paris. Ayudado por algunos colabora<lorcs mas prolijos 
que él, Buffon confiaba a é.-^tos las clasificaciones científi- 
cas, la descripción técnica de los animales, i él trataba las 
consideraciones jer^erales, los grandes cuadros de la natu- 
raleza, lascostiunbres de loscuadrúpedos i de las aves, todo 
a(|uelIo en fin, en que podia dar libre vuelo a su prodijioso 
talento de escritor. Su obra colosal fué recibida en todas 
partes con aplausos entusiastas: dos academias le llamaron 



LITBRATI^RA FKANCBSA 479 



a SU seno: se le elevó una estatua en el museo de historia 
natural, que tanto liabia enriquecido; i su muerte ocurrida 
en 1788, fué considerada una calamidad para las ciencias i 
para las letras. Buffon puede considerarse el primer histo- 
riador de nuestro planeta, cuyas trasformaciones ha des- 
crito con rara sagacidad en una época en que la jeolojía no 
habia sido creada; i el gran pintor del hombre i de los ani- 
males. La ciencia moderna ha encontrado muchos errores 
de detalle i muchos vacíos en su obra; pero sus contempo- 
ráneos i la posteridad están de acuerdo en considerarlo un 
escritor de primer orden. La elevación de las ideas, la pom- 
pa i majestad (le lasimájenes, la noble gravedad de la espre- 
sion,la armonía constante delestilo son sólo algunas de las 
dotes literarias de este admirable pintor de la naturaleza. 
Deben también tomarse en cuenta las tendencias filosóficas 
i humanitarias de sus escritos; que lo han hecho llamar^ 
tanto por ellas conio por la jeneralidad de las materias que 
trata, el Plinio moderno. Bastaria citar en apoyo de esta 
opinión la brillante pajina en que ha condenado la esclavi- 
tud de la raza negra. 

30.— La poesía, hemos dicho ya, tuvo en el siglo XVIII 
una importancia secundaria. En efecto, en el movimiento 
jeneral, la prosa atrae naturalmente todas las miradas; i 
los poetas, por mas que entre ellos hubiera algunos do- 
tados de mérito notable, ocupan el segundo término. La 
poesía, a pesar de todo, i aunque muchas veces sus for- 
mas sean elegantes i correctas, no refleja sino raras veces 
la revolución de los espíritus. Entre otros jéneros, se cul. 
tivó con predilección la poesía descriptiva, lánguida i mo 
nótona en su conjunto, aunque contiene con frecuencia ver- 
daderas bellezas de detalle. Otros poetas de talento fácil 
i agradable buscaron asuntos burlescos para componer 
poemas de formas serias. Esto fué lo que hizo Juan Bau- 
tista Gressct (1709-1777j, poeta orijinal i lleno de gracia, 
que cantó las aventuras de un loro en el poema titulado 
Vertvcrt, 

La trajediá tuvo también muchos apasionados, pero 



480 NO0IONB8 I)B HISTORIA LITERARIA 

fuera de Voltaire, de cuyas obras dramáticas hemos habla- 
do mas atrás, el teatro trájico francés del siglo XVIII, a 
pesar de (|ue posee muchas obras, no puede ofrecer verdade- 
ros modelos. En la comedia no faltaron hombres de un 
verdadero talento; pero, **se puede decir, añade un crítico 
moderno, M. Etienne, que el espejo de que habla Moliere, i 
en cual reproducía la imájen de la sociedad estaba roto, i 
que los poetas cómicos del siglo XVIII recojieron los pe- 
dazos para tomar algunas imájenes aisladas del mundo 
que pasaba delante de ellos.'* Así fué como Le-Sagc se apo- 
deró el tipo de los ajiotistas, para representarlo en una co- 
media famosa. 

Uno de esos autores cómicos supo, sin embargo, reflejar 
en sus obras ese espíritu de crítica que dominaba en todas 
partes. Pedro Agustin Carón de Beaumarchais (1732- 
1799j, relojero, comerciante, diplomático, proveedor de 
ejército, hombre de acción ])or gusto, que escribia para 
distraerse, lanzó al teatro la burla hf)stil a la autoridad. 
El Biirbcro ele Scvillíiy i sobre todo ¿7 matrimonio de Fi 
garó, que le sirve de continuación, era la crítica amarga de 
esos hombres que ])ara ocupar una brillante ocupación en 
el mundo **se bandado sólo el trabajo de nacer**. La ad- 
ministración de justicia, la jerarquía aristocrática, el clero, 
todo sufría en esas comedias de Beaumarchais los golpes 
acerados de una censura llena de sal i de injenio. A(|uellas^ 
obras que por sí solas tienen cierto mérito, alcanzaron en 
su época una boga a que no habría aspirado jamas cómico 
algimo en el mundo. 

Al lado (le los poetas del siglo XVIII es menester colo- 
car un prosador que sembró la poesía «i manos llenas en 
todas las obras que salieron de su pluma. Beniardino de 
Saint rierre (1737-1814), habia hecho algunos estudios 
científicos; i después de ciertos viajes en las colonias fran- 
cesas como injeniero militar, se hizo escritor. Sus Estudios 
de Jn jiniurulezH dejan o un lado las leyes i las clasificacio- 
nes de la ciencia: en ellos se encuentran los errores mas in- 
concebibles en física i en historia natural, pero se hallan 



LITERATURA FRANCESA 481 



también allí los cuadros encantadores en que pinta las be- 
llezas de la creación, la poesía i la gracia de los detalles, un 
estilo sencillo i animado i el sentimiento de admiración por 
la naturaleza. Pero su obra capital es Pablo i Virjinia, 
novela pastoral del gusto mas puro, concepción nueva, 
completamente orijinal, **que se admira con el corazón i se 
aplaude llorando**. En el seno de una naturaleza rica e 
imponente, la isla de Francia, se desarrolla esa sencilla i 
feliz creación en que se descubren los sentimientos delicados 
delidilio junto con el dolor de la elejía mas tierna i desga- 
rradora. Ese libro, publicado la víspera de la revolución 
de 1789, produjo una impresión inmensa en los mismos es- 
píritus que comenzaban a sentirse ajitados por las pasiones 
mas violentas i ardorosas. La descripción de la naturaleza 
tropical es admirada todavía como el título principal del 
escritor artista que, según la espresion de la crítica mo- 
derna, sabia pintar con la pluma. 

31. — La verdadera literatura de la revolución está en la 
tribuna. A la elocuencia de los grandes oradores de esa 
época podría reprochársele talvez el defecto de ser dema- 
siado literaria. Las teorías de Montesquieu i de Rousseau 
encontraron entonces en las asambleas revolucionarias ar- 
dientes sostenedores, entre los cuales dominan Mirabeau 
con toda la superioridad del jenio, i Vergniaud por la tran- 
quilidad de espíritu i la pureza del lenguaje, cualquiera que 
sea la exaltación de Ja pasión que lo anima. Es menester 
buscar en la historia de esas asambleas la elocuencia de 
esos oradores, que sacaban de la lucha i de !a contradic- 
ción la mejor parte de su poder. Sus discursos, considera- 
dos aisladamente, pierden mucho de ^u valor. Porel efecto 
local, ellos han igualado i a veces sobrepujado a los ora- 
dores de la antigüedad; pero no siempre tuvieron el arte de 
. fijar en el estilo toda la pasión que los ajitaba. Para apre- 
ciar debidamente sus talentos oratorios, es menester estu- 
diarlos en la historia misma, frente a frente de las circuns- 
tancias que los hacian hablar i obrar. 

Durante todo el siglo XVIII, la literatura forma una 

TOMO IV 31 



482 KOCIONBS DB HISTORIA UTSEARIA 

gran corriente que arrastra los espíritus a las innovacio* 
nes políticas. Llegada la época de la revolución, parece re- 
concentrarse en el recinto de esas asambleas; pero con es- 
cepcion de los tres o cuatro años mas tempestuosos, el do- 
minio de la literatura no queda enteramente estéril. Las 
letras buscaron un asilo lejos de las borrascas revolucio- 
narias, i volvieron a brillar de nuevo en el teatro, en el 
campo de la poesía, en la crítica razonada i en la propaga- 
ción de las ciencias; pero en jeneral, respetaron las tradicio- 
nes del pasado, de manera que la literatura carecía de un 
sello de verdadera orijinalidad, i parecia no haber recibido 
el movimiento que la revolución había impreso a todos los 
elementos sociales. 

La política de Napoleón durante el consulado i el impe- 
rio, aunque muí favorable a las ciencias i a todas las aplL 
caciones prácticas de la intelijencia, fué contraria a la li- 
teratura propiamente dicha. El despotismo imperial no 
admitía las especulaciones del jenio,de manera que, a pesar 
de los halagos i de las promesas del poder, casi todos los 
escritores, í en particular los de verdadero talento; le fue- 
ron decididamente hostiles. La literatura del imperio no 
fué mas que el ensayo de un arte, de un pasatiempo inte- 
lectual, sin acción i sin poder en la sociedad. Esta época no 
debia ser estéril en literatura; pero el movimiento literario 
estaba, por decirlo así, fuera del imperio, i vivía en el es- 
tranjero o en el destierro. 

32.— En efecto, lejos de la Francia vivían los escritores 
que debían imprimir a la literatura un carácter de verda- 
dera orijinalidad, Chateaubriand i Madama de Stael. El 
primero 1768- 1848 , poeta en prosa, cultivó a la vez mu- 
chos jéneros sin ser en ninguno de ellos vigorosamente su- 
perior i orijinal; pero por su talento descriptivo, por su 
estilo lleno de colorido i por sus tendencias políticas i so 
ciales, ejerció una grande influencia sobre su siglo. Chateau-. 
brinnd, aprovechando el cansancio jeneral que la revolu- 
ción había producido, el horror que inspiraba la sangre 
vertida en el cadalso i en los campos de batalla, i el vacío 



LITBRATUKA FRANCESA 483 

que dejaba en los espíritus la supresión del sentimiento re- 
lijioso, contrajo sus fuerzas a combatir el escepticismo del 
siglo XVIII; i sus numerosos libros, fruto todos ellos de un 
verdadero talento, ejercieron una influencia poderosa sobre 
los corazones, que ya estaban preparados para dejarse do- 
minar. 

Madama de Stael (1766-1817), dotada de un talento 
notable para la observación moral i de un arte lleno de 
elocuencia, contrajo sus fuerzas, no a combatir las tenden- 
cias liberales sino a dirijirlas en un sentido razonable. Cul- 
tivó la novela con verdadero gusto, estudió las pasiones 
-con elevación filosófica, desarrolló la lei del progreso en el 
"estudio de las literaturas, i enseñó a los franceses que en 
las naciones del norte, en Alemania sobre todo, había un 
verdadero jenio literario. 

Esos dos grandes escritores imprimieron un impulso vi- 
goroso a la literatura, apartando los espíritus de los sen- 
deros trillados. El primero enseñó a los poetas; la segunda 
a los prosadores. Los filósofos, los historiadores, los poe- 
tas i los naturalistas fueron a buscar en el mundo moral 
un campo de estudio i de meditación. La literatura buscó 
en los siglos pasados un campo de inspiración; i los estu- 
dios históricos renacieron con un ardor inconcebible i con 
un espíritu de crítica juiciosa casi desconocido. 

En breve se manifestaron entre los jóvenes, i bajo la di- 
rección de un jefe poderoso por el talento, Víctor Hugo, 
nuevas tendencias literarias. Desde el renacimiento, i so- 
bre todo desde el siglo XVII, las obras maestras de las li- 
teraturas antiguas eran la única regla del gusto. En los 
escritos de Madama de Stael se descubre ya una tendencia 
en busca de otro ideal, o a lo menos se manifiesta que las 
literaturas del norte habian alcanzado a la belleza con 
otrcis modelos que los que nos han legado las literaturas 
clásicas. Pero la revolución no fué llevada a cabo sino 
mas adelante. De repente, muchos escritores de un talento 
incontestable, protestaron contra aquella regla inflexible i 
absoluta que condenaba para siempre el jenio a moverse 



484 NOCIONES DE hlSTOklA UTERAKlA 

en un círculo mui estrecho, i oponía al progreso una barre- 
ra casi insubsanable. Esta revolución iniciada en 1822, re- 
cibió el nonibre de romanticismo, denominación vaga para 
ideas mal definidas. En 1827, Víctor Hugo lanzó el mani- 
fiesto del partido en el prefacio de uno de sus dramas, ti- 
tulado CromweIL Ese manifiesto era la declaración de 
guerra contra todas las reglas convencionales del arte: la 
nueva escuela no buscaba preceptos definidos ni modelos 
irreprochables; quería sólo que las reglas naciesen de la 
naturaleza i como las condiciones de existencia de cada 
asunto. 

La es(*uela romántica tuvo sectarios ardorosos en Fran- 
cia. Las literaturas alemana e inglesa, que también habian 
tenido sus románticos, en el sentido que se dio a esta espre. 
sion, ejercieron una vigorosa influencia. Pero el romanti- 
cismo francés se dejó llevar, en el teatro sobre todo, a las 
mayores estravagaiicias. Las pasiones mas fuertes i desor- 
denadas, los contrastes mas violentos, los caracteres mas 
exajerados, fueron exhibidos en la escena. La lucha entre 
la escuela clásica que reconocía por jefe a Boileau, i la ro- 
mántica o moderna, fué tenaz i encarnizada, pero no duró 
largo tiempo. **En resumen, decia el mismo Víctor Hugo 
algunos años mas tarde en el prefacio de otro drama, el ro- 
manticismo a pesar de sus exajeraciones, prestó al arte el 
eminente servicio de acabar por el ridículo con toda regla 
arbitraria. Hoi dia, esas miserables palabras de clásico i de 
romántico que sirvieron durante la lucha, no son mas que 
un recuerdo: **el arte sólo ha quedado*'. En efecto, la litera- 
tura ha buscado un camino mas seguro en el realismo, imi- 
tación de la vida real, sin las exajeraciones del romanticis- 
mo, sin la frialdad pálida de la imitación clásica. 

Durante esta lucha i después de ella, casi todos los jéne- 
ros en verso i prosa han sido honrosamente representados 
en Francia en el siglo XIX, i algunos de ellos con gran bri- 
llo. Es verdad que la poesía épica se puede considerar casi 
muerta; pero en cambio han nacido o se han desarrollado 
otros jéneros que la reemplazan. Como no entra en el cua- 



LITERATURA FRANCESA 485 

dro reducido que nos hemos trazado el analizar la litera- 
tura de nuestro siglo, lo que nos Uevaria demasiado lejos» 
nos vemos obligados a indicar sólo algunos nombres délos 
escritores que han adquirido mayor fama. 

La poesía lírica ha encontrado sentimientos tiernos i 
apasionados, a la vez que acentos armoniosos i casi podría 
decirse sublimes, si bien ha sufrido muchas veces la influen- 
cia estranjera. Sus mas distinguidos representantes han 
sido Alfonso de Lamartine (1790 1869), Víctor Hugo 
(1802). Alfredo de Musset (1810-1857), Alfredo de Vijrny 
Í1799 1863)i Augusto Brizeux (1806 1858). La sátira, cul- 
tivada con rara felicidiad por Enrique Ausjusto Barbier 
(1805), ha encontrado en la canción el medio de espresion 
míis popular, en que, bajo las formas de una burla cómica 
i alegre, se encierran pensamientos elevados i conmovedo- 
res. Juan Pedro Beránger (1780-1 857) es con mucho el mas 
famoso de todos los poetas que la han usado como melio 
de censura de los gobiernos, de las costumbresi de las preo- 
cupaciones. 

El teatro no ha producido trajedias que posean la gran- 
diosidad que Corneille i Racine supieron darles, ni comedias 
comparables aun a los cuadros secundarios de Moliere; 
pero en su lugar ha nacido el drama, ese jénero misto que 
reúne en sí aquellas dos especies. Con inclinaciones i con 
gusto diferentes, se han ilustrado en este arte Víctor Hugo, 
Alejandro Dumas (1803-1870), Casimiro Delavigne (1793- 
1843) i Eujenio Scribe (1791-1861). 

Pero si en la poesía es preciso reconocer que el jenio fran- 
cés no ha desplegado en el siglo XIX una superioridad in- 
contestable sobre los otros siglos, en la prosa, i sobre todo 
en los jéneros que mas necesitan del raciocinio i del estudio, 
su literatura dejará huellas indelebles en la historia de los 
progresos del espíritu humano. 

Jamas la historia ha sido mas jeneralmente cultivada en 
Francia, ni con mas ardor, ni comprendida con mas inteli- 
jencia, ni escrita con mas interés. La historia no es ya, 
como lo fué or liuariamente en otros siglos, la narración de 



486 KOCIOXBS DB HI8TOKIA UTSKABIA 

los hechos, Mseados con frecaeiicia no sólo en su espíritu* 
sino materialnmte, ni tampoco ana reprodnccioa mas o 
menos servil de los Historiadores anteriores. Se distingue 
por nna crítica ilustrada, compulsa los hechos en las me- 
morias, en las crónicas, en los documentos, en las medallas 
en los monumentos, en las ruinas, en £n. en todo lo que nos 
queda de las edades pasadas, i ha llegado « ser no sólo ve- 
rídicas sino también literaria. Las instítuciones» los pro- 
gresos políticos, la lejislacion, las costumbres, las ideas, los 
trajes, las ciencias, las artes, las letras, todo entra en d 
dominio de la historia, de tal modo que el cuadro de los 
siglos pasados es ahora tan completo como instructivo e 
interesante. En este movimiento en que han tomado parte 
casi todas las naciones modernas, la Francia ocupa el pri> 
mer lugar; i entre los numerosos escritores que le han im- 
preso un vigoroso impulso, descuellan Francisco Gnizot 
1 1 787-1874,. \gustin Thierry 1795-1844 , Sismondi 1773- 
1842, Julio Michelet ; 1798— 1873, Guillermo Barante 
(1782-186S , Augusto Mignet 1796 i .\doIib Thiers 1^197 . 

La jeografía. que ha sido llamada con mucha oportuni- 
dad uno de los ojos de ta historia, esciende también sus 
dominios como consecuencia de numerosos viajes en que 
se estudian no sólo la naturaleza de los países leíanos, si- 
no también sus monumentos, sus antigüedades i su his- 
toria. 

La crítica literaria ocupa un puesto mui elevado en l->s 
trabajos modernos. Se distingue por el iuienio, por !a cien- 
cia i sobre todo por las formas cuidadas i cultas que se le 
han dado. Juzga ieneralmente con imparcialidad i con ta- 
lento; colocándose bajo el punto de vista del autor, toman- 
do en consideración el tiempo en que vivió i apreciando siis 
obras en conjunto, antes de analizar minuciosamente I*:* 
detalles. Abel Francisco Villemain 179<j 1S70 , Gasiaro 
Planche 1 S0>-1 S5S . .\^jstin Sainre-Beuve 1S«-H-1S^V , 
sjn "os n:.is a!t?s representantes de ia crítica siooema. 
ene cuenta c?n tantos escritores famosos a su serrxrtc- 

La ncTe'.a tiene también en el sisrlo XIX un la^ratr ntni 



LITERATURA FRANCESA 487 



importante. Ha querido sobre todo^ reflejar las costumbres 
contemporáneas, estudiar la vida íntima, propagar las re- 
formas sociales i popularizar principios abstractos. Pero 
en el torbellino de novelistas de nuestra época, ¿cuántos 
conseguirán legar su nombre a la posteridad? 

Las ciencias morales i políticas, así como los grandes es- 
tudios de'erudicion en filolojía i antigüedades históricas i 
literarias, ocupan un lugar mui importante entre los tra- 
bajos del siglo XIX; pero su análisis no entra, por mas de 
un motivo, en el reducido cuadro de la historia literaria que 
nos hemos trazado. Antes de terminar esta reseña, debe- 
mos, sin embargo, indicar como una de las faces del movi- 
miento literario de la época contemporánea en Francia, la 
vulgarización de las ciencias exactas i naturales por medio 
de obras escritas con gran claridad, con una elegancia sos- 
tenida i con un notable arte literario. 



CAPITULO V. 

Literatura portan^nesa. 

1. Poesía portuguesa en el siglo XVI. — 2. Camoens.— 3. Los 
prosadores; Juan de Barros.— 4. Conclusión. 

1.— La literatura portuguesa es la menos rica de las que 
poseen las naciones occidentales de Europa. Cuenta, es 
verdad, un crecido número de escritores, pero sólo algunos 
de ellos han dejado obras maestras, i mui pocos son los que 
han ejercido influencia sobre las otras literaturas o que a 
lo menos han alcanzado que sus obras sean conocidas fue- 
ra de los límites del Portugal. Por otra parte, la semejanza 
de la lengua portuguesa con la lengua castellana, ha hecho 
que se considere muchas veces a aquella literatura como 
una simple derivación de la literatura española. Muchos 
escritores portugueses que escribian indiferentemente en las 
dos lenguas, han contribuido a dar consistencia a esta 
opinión. 

La verdadera edad de oro de la literatura portuguesa es 
el siglo XVI, i comienza en el reinado de; don Manuel. El 
jenio nacional exaltado con la gloria de las navegaciones 
lejanas i de las conquistas en la India, ostenta todo su vi- 
gor en la poesía i en la prosa. Las primeras producciones 
fueron, sin embargo, pastorales llenas de sentimiento i de 
animación, en c(ue los personajes, pastores i pescadores, 



490 NOCIONES DE HISTORIA UTERAKIA 

cuentan sus aventuras con notable naturalidad. Bernardi- 
no Ril^eiro, jentil hombre de la Cámara del re¡, pasa por el 
iniciador de este jénero en Portugal, i ha dejado, junto con 
una novela en prosa, algunas églogas en que se complace 
en describir sin cesar la lenta desesperación de un amor des- 
graciado. Muchos otros poetas cultivaron después de él 
este mismo jénero de poesía con grande aplauso de sus con- 
temporáneos. 

Luego nacieron otros jéneros, la oda heroica, el cántico 
místico i la elejía. Francisco Saa de Miranda (1493-1558 s 
caballero de alta alcurnia i de grande erudición, que escri- 
bia con la misma facilidad el portugués que el castellano, 
estimuló a los poetas al estudio de la antigüedad clásica, 
enriíjueció considerablemente la lengua con nuevos metros 
i nuevos jiros e imitó algunas comedias de Planto i de Te- 
rencio. Antonio Ferreira (1528-1569) pasó por el lejislador 
del parnaso lusitano i es denominado el Horacio portu- 
gués. Entre otras muchas obras, en que se notan nuevas 
formas introducidas en el lenguaje, es autor de una pieza 
dramática, Inés de Castro, que es considerada una de las 
mas antiguas trajedias regulares de los tiempos modernos. 
Esta obra ha tenido el honor de ser traducida dos veces al 
francés. Por lo demás, el teatro tuvo en Portugal el mismo 
oríjen que en España, i sus primeros ensayos se confunden 
con frecuencia. Bastaria citar el nombre del portugués Jil 
Vicente, que fué, como hemos visto en otra parte, uno de 
los creadores del teatro español. 

2. — Pero, al lado de estas obras, i desde mediados del si- 
glo XVI, la musa portuguesa comenzó a inspirarse en el 
renombre de las grandes hazañas de la época. Las memo- 
rables espediciones a la India, las victorias i las conquistas 
alcanzadas en África i en el oriente, fueron el objeto de nu- 
merosas epopeyas en que el patriotismo mas ardiente i mu- 
chas veces una rica imajinacion produjeron cantos dignos 
del poema épico en toda su grandeza i magnificencia. To- 
das esas obras, sin embargo, son pálidas al lado de la epo- 



LITERATURA PORTUGUESA 491 

peya inmortal de Camoens, que basta para dar lustre a la 
poesía portuguesa. 

Luis de Camoens, vastago de una familia ilustre pero 
pobre, nació en Lisboa en 1524. En la célebre universidad 
de Coimbra hizo sus estudios i se aficionó particularmente 
a la historia i a la mitolojía. El resto de su vida fué un te- 
jido constante de aventuras i de miserias que sus biógrafos 
no han podido conocer perfectamente. Habiendo contraido 
una pasión violenta por una dama principal de la corte, 
sacrificó a ella su porvenir i se hizo poeta para cantar sus 
amores. Para mejorar su fortuna, o talvez para olvidar 
esa pasión, se enroló como voluntario en una espedicion 
que partia para Marruecos. En el sitio de Ceuta perdió un 
ojo de un balazo; i cuando creia que su heroismo le merece- 
ria alguna recompensa, se vio olvidado, i se lanzó en busea 
de nuevas aventuras en tas Indias. Camoens desplegó en 
todas partes un valor indomable i aa talento superior; pe- 
ro sus servicios no fueron mejor atendidos. Al fin^ lanzó 
•una sátira violenta contra la administración de las colo- 
nias portuguesas; i entonces se le mandó a Macao con un 
destino, pero en realidad para alejarlo de la India. Nuevas 
desgracias le esperaban todavía: acusósele de malversación 
de los fondos confiados a su cuidado; i sólo después de un 
largo proceso pudo probar su honradez. Camoens volvió al 
fin a Lisboa, i allí publico el poema que lo ha hecho inmor- 
tal (1572). Esta obra no mejoró, sin embargo, su situa- 
ción; i siete años después el gran poeta moria oscuramente 
en un hospital. Este hombre ilustre, al cual se elevaron mo- 
numentos después de su muerte, porque habia compuesto 
una obra imperecedera, vivió durante los últimos años con 
el producto de las limosnas que un negro esclavo, que ha- 
bia llevado de la India, recojia de noche en las calles de 
Lisboa. 

Tres piezas teatrales, numerosos sonetos, églogas, odas 
i sátiras han llegado hasta nosotros con el nombre de Ca- 
moens, pero esas obras, que indudablemente tienen cierto 



492 NOCIONES DE HISTORIA LITERARIA 



mérito, no son las que le han conquistado el gran renom- 
bre de poeta. Su obra está basada en el poema titulado 
Los Lusiadas, o descendientes de Luso, hermano de Baco, 
que según una tradición fabulosa, se estableció en la rejion 
occidental de la península ibérica, i le dio el nombre de Lu- 
sitania con que en otro tiempo fué conocido el Portugal. 

El asunto de ese poema es el descubrimiento de la India 
por Vasco de Gama; pero cantando esta espedicion memo- 
rable, Camoens ha introducido en su obra los cuadros mas 
brillantes, los recuerdos mas populares de toda la historia 
nacional. El poema se abre por la pintura de la escuadra 
portuguesa que navega en las c )stas orientales del África. 
Los dioses se reúnen en el Olimpo, porque saben que del 
éxito de esta empresa depende la suerte del mundo oriental. 
Júpiter declara que los portugueses lograrán su intento, i 
que los decretos del destino les prometen un nuevo imperio. 
Baco combate la resolución del rei de los dioses; pero Venus 
i Marta se declaran en favor de los lusitanos, i envían a* 
Mercurio a la tierra para que les sirva de guía, i los lleve a 
Mozambique. Baco, bajo las apariencias de un viejo, suble- 
va el fanatismo relijioso de los musulmanes que habitan 
aquella rejion. Allí se empeña una batalla; pero los infieles 
son derrotados, i la escuadra victoriosa continúa su mar- 
cha bajo la dirección de un piloto moro, el cual aconseja a 
los portugueses que se dirijan a Quiloa. Todo estaba pre- 
parado para su ruina en aquel lugar; pero la protección de 
Venus los salva de todos los peligros. Al fin llegan a Melin- 
de, donde son recibidos por el rei del pais con una obsequio- 
sa hospitalidad. La admiración que nace en el pecho del 
jefe árabe, prepara al lector para un episodio que ocupa la 
mayor parte del poema, i en que se encuentran los pasajes 
mas acabados i grandiosos. 

Gama cuenta al rei la historia del Portugal, las hazañas 
de sus hijos en las guerras contra los árabes dominadores 
de la península ibérica, sus conquistas en África, sus espedi- 
ciones lejanas, i por último su viaje a la India. En esta re- 
lación, sembrada, como debe suponerse, de episodio ssubal- 



LÍTBU ATURA POKTUGUMSA 41\] 



temos, Camoens se ha alzado a la altura de los mas gran- 
des poetas épicos. La figura de Gama dasaparece, es ver- 
dad; pero en su lugar se levantan otras no menos grandio- 
sas e interesantes. Dos de esos pasajes son especialmente 
celebrados: la muerte de Inés de Castro, esposa del infante 
don Pedro, mandada asesinar por el rei don Alfonso, padre 
del príncipe; i la aparición del jigante Adamastor, personi- 
ficación del cabo de las Tormentas o de Buena Esperanza, 
que trata en vano de impedir a los portugueses el paso para 
los mares de la India. 

La narración de esta historia impresiona al rei de Melin- 
de. Lleno de admiración por ese pueblo valeroso, da a Gama 
un piloto fiel que dirije sus naves hacia la India. Nuevos 
episodios se entrelazan otra vez con la acción principal. 
Acaece una tempestad descrita con un colorido digno de 
Virjilio; los portugueses hacen votos a Jesucristo para que 
los libre de este nuevo peligro; i Venus se presenta para 
tranquilizar las olas. Al fin, los navegantes llegan a Cali- 
cut, con cuyo rei celebran alianza antes de volver a Europa 
a anunciar el resultado de su viaje. Para recompensar el 
valor de estos héroes, Venus los atrae a una isla encantada, 
que pueblan bellísimas ninfas, representantes de todas las 
nobles virtudes. En la cima de una montaña, en un palacio 
de oro i de cristal, Tétis le anuncia el porvenir glorioso que 
está deparado al Portugal. Así, bajo la forma de profecía, 
el poeta pasa en revista las hazañas i las conquistas poste- 
riores de sus compatriotas. El poema ^ termina con la 
vuelta de los portugueses a Lisboa. 

**No se puede negar, dice Sismondi, que el asunto elejido 
por Camoens es grande i verdaderamente heroico. Es ver- 
dad que en la epopeya portuguesa, el héroe es un pueblo i 
nó un hombre; pero no solamente es brillante la empresa 
sino que sus resultados tienen también una importancia 
que se refleja en todo el plan i leda el interés i la vida. Es el 
descubrimiento del paso a las Indias, la comunicación esta- 
blecida entre los paises de la nueva i de la antigua civiliza- 
ción, en fin, el acrecentamiento ilimitado del poder europeo. 



491 X0CI05E8 DB HISTORIA LITKBABIA 

Hai allí un contraste verdaderamente épico entre las cos- 
tumbres del oriente i las del occidente; i si este contraste no 
aparece siempre con bastante fuerza, suministra, sin embar- 
go, numerosas bellezas para justificar la admiración.** 

Se ha criticado con frecuencia a Camoens la parte mara- 
villosa de su poema por la intervención simultánea del cris- 
tianismo i de la mitolojía griega. Aunque este defecto sea 
basta cierto punto justificable atendida la época en que es- 
cribió el poeta, i tomando ^n cuenta que las divinidades pa- 
ganas son para él personificaciones alegóricas mas bien que 
seres reales, es evidente, con todo, que habría sido mas inte- 
resante poner en escena las divinidades de la India comba- 
tiendo resueltamente a los portugueses, i dejándose al fin 
vencer por ellos. 

Pero si el poema de Camoens adolece de este defecto, si 
en realidad no hai én él una verdadera unidad de acción, la 
grandiosidad en el conjunto i la esmerada belleza en los de- 
talles, indemnizan de sobra esos defectos. Su versificación, 
formada por estrofas de ocho versos endecasílabos, se adap- 
ta bien a todos los tonos, i es alternativamente graciosa, 
enérjica, tierna i apasionada, pero siempre noble en la es- 
presion i oríjinal en las ideas. Su patriotismo lo arrastra 
coíi frecuencia a rasgos de un grande orgullo nacional; pero 
del>e tomarse en cuenta que Camoens escribia en un tiempo 
en que los portugueses ejecutaban hazañas verdaderamente 
portentosas. 

3. — La prosa no se ostentó con menos exuberancia que 
la poesía durante el siglo de oro de la literatura portugue- 
sa. Numerosas novelas de caballerías, historias prolijas e 
interesantes, animadas relaciones de viajes, fueron las obras 
que mas abun(|^ron en esa época. El jenio nacional, excita- 
do por tantas glorias, se manifestó en la prosa con cierto 
vanidoso patriotismo, es verdad, pero también con un ta- 
lento muchas veces superior. 

Durante algún tiempo se ha creído que las mas famosas 
novelas caballerescas eran de oríjen portugués, tan gran- 
de era la pasión de este pueblo por ese jénero de literatura; 



LITERATURA PORTUGUBSA 495 

pero después se ha probado que muchas de las obras que 
parecían oríjinales son simples traducciones, mas o menos 
modificadas. Sin embargo, es todavía mui considerable el 
caudal que queda como propiedad esclusiva de los portu- 
gueses. 

En ellas se ejercitó un célebre escritor que se ha conquis- 
tado una gran fama como historiador. Juan de Barros, 
nacido en Viceo en 1496 i muerto en 157C, fué paje en la 
corte del rei don Manuel, gobernador de los establecimien- 
tos portugueses de Guinea i después tesorero jeneral de las 
colonias. Dotado de una vasta erudición. Barros escribió 
en su juventud una novela de caballerías titulada Ciarí- 
mundo, mas notable por el estilo que por la invención i el 
interés. Mas tarde, aprovechándose de las ventajas que le 
ofrecia su destino para consultar los documentos oficiales, 
pasó cerca de cuarenta años consagrado al estudio de la 
historia nacional, i particularmente al de las conquistas de 
los portugueses en el oriente. Su plan era sin duda mui vas- 
to, pero no alcanzó a escribir mas que una parte de la obra 
que meditaba. Sus Décadas de Asia son la historia de los 
descubrimientos i conquistas de los portuguesesen la India, 
escrita con gran exaltación patriótica, pero con un espíritu 
de rectitud i justicia que lo lleva hasta ;*eferirlo todo con 
verdad, i a condenar lo que considera malo, aunque se tra- 
te de Gama o de cualquiera de los prohombres de esas cam- 
pañas. En esa historia se descubre una investigación proli- 
ja de los hechos, i un gran cuidado para dar a conocer la 
jeografía, las costumbres e instituciones de los diversos 
pueblos, así como el carácter moral de los personajes. Ba- 
rros es denominado por sus compatriotas el Tito Livio 
portugués; i en efecto, ha imitado con habilidad al historia- 
dor latino, introduciendo en su libro las arengas i los retra- 
tos que se encuentran en los escritores antiguos. Su estilo, 
ademas, es elegante i puro, i contribuyó a fijar la lengua, 
de la cual Barros compuso una gramática, que hasta ahora 
goza de crédito. 

Muchos otros historiadores continuaron la obra de Ba- 



496 MOCIONES DB HISTORIA LITERARIA 

rros, o escribieron sobre otros sucesos. Aquí sólo recorda- 
remos el nombre de un célebre viajero, Fernando Méndez 
Pinto, que después de haber recorrido la India, la Etiopía, 
la Arabia Feliz, la China, la Tartaria i la maj'or parte del 
archipiélago oriental, de haber sido tres veces pautivo i 
vendido veintisiete como esclavo,, escribió sus aventuras 
con una naturalidad i con una orijinalidaddeespresion que 
han hecho que se le considere clásico. Las esploraciones re- 
cientes en los paises que visitó Méndez Pinto han probado 
que no eran invenciones de un espíritu caballeresco las no- 
ticias que durante mucho tiempo despertaron la desconfian- 
za de los críticos. 

4. — Después de esta época, comienza para la literatura 
portuguesa una era de visible decadencia. La conquista del 
reino por Felipe II de España, fué la señal de ese decaimien- 
to, que se continuó durante cerca de dos siglos, a pesar de 
los esfuerzos de algunos talentos privilejiados. Las ideas de 
la escuela clásica francesa penetraron allí desde principios 
del siglo XVIII; pero la revolución literaria fué tardía e 
incompleta. No han faltado, es verdad, predicadores nota- 
bles, poetas de cierta distinción, historiadores prolijos i 
aun elegantes, i eruditos ilustres; pero faltaron esos jenios 
que imprimen un carácter nuevo a las literaturas o que ha- 
cen sentir una vigorosa influencia. 

Es menester llegar al siglo XIX para encontrar el prin- 
cipio de una verdadera revolución literaria en el Portugal. 
En ella han tomado parte algunos anticuarios mui eruditos 
i varios publicistas; pero no es éste el lugar de ocuparse de 
sus obras. Debemos sí mencionar a Francisco Manuel del 
Nacimiento (1734-1819) que después de haber estudiado 
prolijamente las literaturas estranjeras, cultivó la poesía 
lírica con raro talento, tradujo con admirable felicidad las 
fábulas de La Fontaine, i puso en verso Los Mártires de 
Chateaubriand; al padre José Agustin de Macedo, que ha 
cultivado con buen éxito casi todos los jéneros de poesía 
i que es el autor de un poema titulado El Oriente, sobre el 
mismo asunto de Los Lusiadas, que los críticos portugue- 



LITERATURA PORTUGUESA 497 



ses consideran apasionadamente como la primera epopeya 
de nuestro siglo; i por último, Alejandro Herculano (1810) 
autor de varias obras, i entre otras de una Historia del 
Portí/ora/, incompleta todavía, escrita bajo el punto de vista 
filosófico i elevado en que se colocan los mas eminentes 
inaestros de nuestra época en el arte de investigar i de es- 
cribir la historia. 



TOMO IV 



32- 



CAPITULO VI. 

Eilteratnra In^^leifia. 

1. Hl renacimiento en Inglaterra. - 2. Prosadores; More, Burton 
i Raleigh.- 3. Bacon.- 4. La poe§¡a; el teatro.- 5. Shakspea- 
re.— 6. Milton.-7. Butler i Dryden.— 8. Hobbeai Locke.-9. 
Poetas del siglo XVIII; Pope. — 10. Young i Thompson. — 11. 
I. os Et.sayistas; Addison i Blair. — 12. Los novelistas; Swift i 
De Foe— 13. Otros novelistas; Richarson. - 14. Los historia- 
dores; Hume, Robertson i Gibbon. — 15. Otros prosadores. — 
16. Siglo XIX; Walter Scott i Bjron.— 17. Conclusión. 

1.— El renacimiento penetró en Iglaterra después de ha- 
ber revolucionado los espíritus en Italia i en Francia. Opri- 
mida por el despotismo bajo el reinado de los primeros 
Tudores, salvada apenas de los horrores de una sangrienta 
guerra civil, ajilada por las violentas discordias relijiosas, 
aquella nación produjo en los principios del siglo XVI 
algunos poetas de eacasomérito, controversistas en mate- 
rias teolójicas, cronistas minuciosos i prolijos; pero bajo 
el punto de vista literario, talvez no se podria citar otro 
<fscritor de verdadero fondo que Tomas More, de quien ha- 
blaremos mas adelante. En la segunda mitad de esejsiglo, 
bajo el reinado de Isabel, la literatura inglesa llega casi 
súbitamente a un alto grado de esplendor. El estudio de 
las obras de la antigüedad clásica propagadas por la im- 
prenta, la mayor libertad concedida a sus subditos por esa 



QOO HOCIOKB8 DB HISTORIA IJTBHARIA 

reina, el espectáculo de la grandeza naciente de la patria^ 
el orgullo de las victorias i de las grandes e mpre sas, realiza- 
das, despiertan súbitamente el jenio nacional i producen las 
obras mas orijinales, sino las mas perfectas de la literatura 
inglesa. 

La reina Isabel, por la protección jenerosa que dispensó 
a las letras, ha merecido dar su nombre a la era literaria 
que se abre con el Renacimiento i se termina con la revolu- 
ción inglesa, comprendiendo, como es fácil ver, a escritores 
que brillaron antes i después de su reinado. Dotada de un 
verdadero talento natural, la reina sabia el griego i el latín 
i, según se dice, ella misma cultivaba la poesía; pero su ver- 
dadero mérito no se debe buscar sino en la dirección que 
dio a los es píritus . En efecto, el estudio de las bellas letras 
fué en cierto modo, considerado como un requisito indis- 
pensable de todo hombre de corte, i todas las fiestas de pa* 
lacio tuvieron alguna manifestación literaria. Esto mismo 
fué causa de que la literatura de esta era, a lo menos en su 
principio, estuviera casi completamente circunscrita a la 
alta aristocracia. 

2. — Si se quisieran resumir los caracteres jenerales de los 
escritores de este período, i particularmente de los prosado- 
res, se reconocería que lo que domina en ellos es la lil>ertad 
de composición reunida a cierto amor por la antigüedad. 
Allí no se encuentran ni escuelas ni jéneros determinados. 
Muchos poetas escriben en prosa i muchos prosadores ha- 
cen versos. Los mismos hombres se ejercitan en los asuntos 
mas variados i en aparíencia los mas opuestos; pero todos 
o a lo menos muchos de ellos dan a sus obras un sello de 
verdadera orí jinalidad. Vamosa pasarlosen rápida revista, 
señalando sólo los mas notables. 

Tomas More, mas conocido con el nombre latino de Mo. 
rus (14-80-1535', fué un gran 4^anci 11er de Inglaterra bajo el 
tiránico reinado de Enrique VIII. desplegó en el poder una 
honradez i una firmeza que le valieron una injusta persecu- 
ción de parte del monarca, i por último, el ser decapitado. 
De sus numerosas obras, escrítas en su mayor parte enlatin. 



LITERATURA INGLESA ' »» 501 



sólo una es verdaderamente memorable, la í7íop/a, palabra 
formada de dos voces griegas que significan ninguna parte. 
El autor refiere _u n viaje a una isla imajinaria de ese nom" 
bre, donde se encuentra establecido un gobierno democrá- 
tico perfecto i una sociedad completamente feliz. Allí viven 
todos los hombres contentos, sin conocer la propiedad, en 
una apacible comunidad de bienes i de intereses, consagra- 
dos al trabajo i rodeados de comodidades, pero con modes- 
tia, porque el lujo está espresamcnte prohibido por la lei. 
Su plan de gobierno ideal está desarrollado en todos sus 
detalles; pero si More es poderoso en la crítica de lo que 
existia, es mui inferior en la invención del orden de cosas 
que quiere sustituir. A pesar de este defecto, la obra de More 
obtuvo gran boga ala época de su publicación i aun ahora 
se lee con agrado. Ella llamaba la atención de los espíritus 
pensadores hacia la necesidad de acometer una reforma ra- 
dical en la organización de las sociedades. La palabra aío- 
pia ha pasado a significar en las lenguas modernas un es- 
tado de cosas perfecto, pero ideal e irrealizable i que no se 
encuentra en ninguna parte. 

More escribió su obra en latin, si bien circuló en breve 
traducida al ingles. Esta lengua, por otra parte, adquiría 
cada dia mas vigor, i se adaptaba a todo jénero de obras. 
Un caballero noble por su nacimiento i distinguido por 
su cultura, Felipe Sidney (1554-1586) introdujo en Ingla- 
terra la novela pastoral, a imitación de las obras italianas 
i españolas de esta clase, i en ellas mezcló el verso i la prosa 
con gran aplauso de sus contemporáneos. Otro escritor de 
una inmensa erudición, Roberto Burton (1576-1639), lla- 
mado el Montaigne ingles, compuso un libro oríjinalísimo 
con el título de Anatomía de la melancolía^ en que analiza 
las diferentes clases de melancolía, i presenta una increible 
cantidad de citaciones singulares de los clásicos antiguos 
i de los escritores latinos modernos, con una reunión de 
crítica delicada, de sencillez, de razón i de credulidad, que 
lo lleva hasta admitir la "astrolojía judiciaria. **Eneste cua- 
dro suministrado por la edad media, dice M. Taine, Bur- 



502 MOGIONB8 DB HISTORIA LJTIIBARfá 

ton, como hombre del renacimiento, lo amasa todo, la pin- 
tura literaria de las pasiones i la descripción médica de la 
enajenadon mental, los detalles de hospital con la sátira de 
las necedades humanas, los documentos físiolójicos al lado 
de las confidencias personales, las recetas de boticario con 
los consejos morales, las observaciones sobre el amor con 
la historia de una enfermedad;" De este conjunto raro, re- 
sulta, sin embargo, un fondo singular de pensamientos ori- 
iinales i estimables, que muchos escritores posteriores han 
esplotado con ventaja . 

Contemporáneo suyo fué el caballero sir Walter Raleigh 
(1552—1618), tan famoso por su espíritu emprendedor, por 
sus campañas militares contra los españoles, por sus des* 
cubrimientos i espediciones en el Nuevo Mundo, por su ca- 
rácter heroico i cortesano a la ves i por su fin trájico, pues 
murió en el patíbulo bajo el reinado de Jacobo I, mas que 
por sus faltas, por debilidad del rei que queria aplacar así 
el odio de la corte de España, cuyas posesiones fi^aleighha- 
bia hostilizado crudamente. En medio de una vida llena de 
ajitaciones encontró tiempo para componer algunas poesías 
i para comenzar una Historia del mundos especie de histo* 
ria universal, qtie_de)ó«in haber salido todavía de los tiem- 
pos^antiguos. En ella se encuentran muchas digresiones 
inútiles i absurdas que la critica no habia aun suprimido 
de la historia, pero se ve fácilmente que Raleigh ha creado 
en ese libro el jénero i el estilo histórico que debia inspirar 
mas tarde tan notables trabajos. ""La historia de los grie* 
gos i de los romanos, dice Haliam, está contada alK de una 
manera mas completa i mas exacta que lo que habia sido 
hasta entonces por ningún historiador ingles i con una elo- 
cuencia sencilla, que ha dado a este libro una reputación 
clásica en nuestra lengua." Su estilo ha envejecido poco, a 
pesar del tiempo; i en jeneral, es menos pedantesco que la 
mayor parte de sus contemporáneos, rara vez bajo i nunca 
afectado. 

3. — Pero el jenio verdaderamente profundo i grandioso 
de la literatura inglesa de este periodo, es Francisco Bacon 



UTBBATUKA INGLBSA 503 



(1560-1626). Abogado en el consejo de la reina Isabel» pro- 
curador jeneral de la corona, gran canciller de Inglaterra, 
barón de Veralan i conde de Sant-Alban, Bacon, amparado 
por su talento de primer orden i por poderosos protectores, 
recorrió los mas altos puestos; pero no siempre sacó incó- 
lumes su honor i su delicadeza. Fué ingrato i hasta hostil 
con algunos de sus bienhechores» i en el ejercicio de sus al- 
tos cargos se dejó corromper por el cohecho. Su nombre 
como hombre público seria maldecido si Bacon no hubiera 
operado en la filosofía i en la dirección de la intelijencia en 
los estudios la mas importante i trascendental de las revolu- 
ciones. 

. Disgustado con los abusos del método silojístico de Aris- 
tóteles, que entonces se usaba en todas las escuelas, i que 
mas que como un instrumento para llegar al descubrimien- 
to de la verdad, servia sólo para sostener i alargar discu- 
siones inútiles i sin resultado práctico, Bacon creó para las 
ciencias un método nuevo, el estudio de la naturaleza, la 
esperiencia fecundada por la inducción. Con este objeto 
emprendió la renovación i la clasificación de los conocimien- 
tos humanos; pero de su obra proyectada con el titulo de 
Instaurado magna (la gran restauración), no publicó mas 
que dos partes, que dan a conocer perfectamente su pen> 
Sarniento. Una de ellas se titula De dlgnitatis et augmen- 
tis scientiarum (De la dignidad i aumento de las ciencia.s) i 
la otra Novam org^num (Bl nuevo órgano). Bacon publicó 
muchas obras, i entre ellas algunas de historia; i aunque 
parece que las escribió todas en ingles, dio a luz la mas im- 
portante en latín, como lo hacian casi todos los sabios i 
filósofos de su época, para que pudieran ser leidas en la Eu- 
ropa entera. Su estilo jeneral se distingue por la elegancia, 
la vivacidad i la precisión. 

A pesar de los ataques dirijidos muchas veces contra su 
gloria, Bacon es una alta i vasta intelijencia. Espíritu teó 
rico i práctico a la vez, poseía esa percepción i ese golpe de 
vista del jenio que sin conocer los detalles de las cosas, 
abraza i domina el conjunto, juzga el pasado, comprende el 



504 NOCIOXB8 DB BI8TOUA ttTMSLAMIA 

presenté i domina el porvenir. Sas jnicíos sobre la anti^e- 
dad, la edad media, el estado de las ciencias en sn época i 
sns progresos faturos, son